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authorRoger Frank <rfrank@pglaf.org>2025-10-14 19:53:57 -0700
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+Project Gutenberg's El origen del pensamiento, by Armando Palacio Valdés
+
+This eBook is for the use of anyone anywhere at no cost and with
+almost no restrictions whatsoever. You may copy it, give it away or
+re-use it under the terms of the Project Gutenberg License included
+with this eBook or online at www.gutenberg.org
+
+
+Title: El origen del pensamiento
+
+Author: Armando Palacio Valdés
+
+Release Date: November 23, 2009 [EBook #30535]
+[Last updated: October 7, 2011]
+
+Language: Spanish
+
+Character set encoding: ISO-8859-1
+
+*** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK EL ORIGEN DEL PENSAMIENTO ***
+
+
+
+
+Produced by Chuck Greif and the Online Distributed
+Proofreading Team at https://www.pgdp.net
+
+
+
+
+
+
+
+
+
+EL ORIGEN
+
+DEL
+
+PENSAMIENTO
+
+NOVELA
+
+POR
+
+D. ARMANDO PALACIO VALDÉS
+
+MADRID
+
+IMPRENTA DE LOS HIJOS DE M. G.-HERNÁNDEZ
+
+Libertad, 16 duplicado, bajo.
+
+1893
+
+ES PROPIEDAD
+
+
+
+
+I
+
+
+Mario tenía encendidos los pómulos y el resto de la cara bien pálido: la
+mano le temblaba al llevarse la cucharilla a la boca: la garganta se
+resistía a dar paso al café, que tragaba apresuradamente y sin gustarlo.
+Sus ojos se volvían frecuentemente hacia una de las próximas mesas donde
+una familia compuesta de padre, madre y dos niñas de veinte a
+veinticuatro abriles tomaban igualmente café. Los papás leían los
+periódicos; las niñas escuchaban distraídas las notas prolongadas,
+quejumbrosas, del violín.
+
+El violín se quejaba bien amargamente aquella noche; ya sabremos por
+qué. El vasto salón del café estaba poblado de sus habituales
+parroquianos. Eran, por regla general, modestos empleados que por el
+módico precio de la taza de café se regalaban con sus familias toda la
+noche escuchando al piano y al violín todas las sinfonías y todos los
+nocturnos habidos y por haber, conversaban, leían los periódicos y se
+daban tono de personas pudientes. Había también estudiantes, militares
+subalternos, comerciantes de escasa categoría y artesanos de mucha. Los
+domingos, la clase de horteras aportaba un contingente considerable.
+
+De todas las calles céntricas de Madrid, la única que conserva cierta
+tranquilidad burguesa que le da aspecto honrado y amable es la calle
+Mayor. Entrando por ella vienen a la memoria nuestras costumbres
+patriarcales de principios del siglo, la malicia inocente de nuestros
+padres, los fogosos doceañistas, la Fontana de Oro, y se extraña no ver
+a la izquierda las famosas gradas de San Felipe. El café del Siglo,
+situado hacia el promedio de esta calle, participa del mismo carácter
+burgués, ofrece igual aspecto apacible y honrado. Hasta la hora
+presente no se han dado cita allí las bellezas libres y nocturnas que
+invadieron sucesivamente a temporadas muchos otros establecimientos de
+la capital. Ni a primera ni a última hora de la noche reina allí Príapo,
+numen impuro, sino su hermano Himeneo, protector de los castos afectos.
+
+Cualquiera podría observar que una de las niñas, la más llena de carnes
+y redondita, pagaba algunas, no todas, de las miradas que Mario enfilaba
+en aquella dirección. Cuando esto acaecía, la joven sonreía leve y
+plácidamente mientras aquél hacía una mueca singular que nada tenía de
+sonrisa, aunque pretendía serlo.
+
+Mario era un joven delgado, no muy correcto de facciones, los labios y
+la nariz grandes, los ojos pequeños y vivos, el cabello negro, crespo y
+ondeado, la tez morena. Una frente alta y despejada era lo único que
+prestaba atractivo y ennoblecía singularmente aquel rostro vulgar. No
+sólo miraba con más recelo que entusiasmo hacia la niña de la mesa
+inmediata; también dirigía sus ojos asustados hacia la puerta de
+cristales que se abría y cerraba a cada momento para dejar paso a los
+tertulios. El chirrido del resorte le producía vivos estremecimientos.
+
+--¡Cuánto tarda hoy D. Laureano!--exclamó al fin en voz alta
+dirigiéndose al compañero que tenía enfrente.
+
+Era éste joven también, de rostro pálido adornado con gafas; gastaba la
+barba y los cabellos largos en demasía; su traje, más desaseado que
+mezquino. Ni respondió ni levantó siquiera la cabeza al oír la
+exclamación de su amigo, atento a la lectura del periódico que tenía
+entre las manos. Mario quedó algo confuso por aquella indiferencia, y
+añadió sacando el reloj:
+
+--Las nueve y media ya... Otros días está aquí a las nueve.
+
+El mismo silencio por parte del joven de la luenga barba.
+
+Una miradita a la puerta, otra a su regordeta vecina y un sorbo de café
+fueron las tres cosas que supo hacer para indemnizarse del desdén de su
+compañero. Y se propuso firmemente no volver a dirigirle la palabra.
+Pero a los cinco minutos sacó de nuevo el reloj y, sin acordarse de su
+propósito, preguntó:
+
+--Adolfo, ¿sabes si D. Laureano está enfermo?
+
+Adolfo hizo un leve movimiento de indiferencia con los hombros sin
+pronunciar palabra.
+
+--Es que como ya son cerca de las diez menos cuarto...
+
+Adolfo era realmente un hombre superior, como se verá en el curso de la
+presente historia. Hablaba poco, reía menos, y el espectáculo de las
+pasiones humanas no lograba turbar el vuelo elevado de sus pensamientos.
+Sin embargo, al cabo de un rato, observando la impaciencia de su amigo,
+traducida en vivos movimientos descompasados que hacían rechinar la
+silla y ponían en peligro inminente la botella del agua y las tazas de
+café, levantó los ojos hacia él, y una benévola sonrisa de compasión se
+esparció por su rostro reflexivo. Mario, que admiraba profundamente a
+Adolfo, se puso colorado e hizo esfuerzos colosales para estarse
+quieto.
+
+--¡Al fin!--exclamó a los pocos instantes, viendo aparecer por la puerta
+a un caballero alto, de figura distinguida, vestido con exquisita
+elegancia.
+
+Pero en vez de manifestarse alegre, como era de esperar, su fisonomía
+adquirió la misma expresión que si viera un fantasma.
+
+D. Laureano, que, aunque viejo, conservaba en su rostro fino, expresivo,
+adornado con pequeño bigote, la mejor prueba de los numerosos triunfos
+sobre el sexo femenino que se le atribuían, acercose lentamente, con un
+cigarro puro en la boca, fijando su mirada en todas las mujeres que por
+allí había sentadas. Saludó alegremente a los jóvenes, con la misma
+libertad y franqueza que si fuera uno de ellos, dio un par de palmadas
+para llamar al mozo y dirigió unas cuantas sonrisas amicales a los
+parroquianos de las mesas inmediatas.
+
+--Aquí tiene usted a Mario deshecho de impaciencia. Ya preguntaba si
+estaría usted enfermo--dijo Adolfo.
+
+--¿Pues?... ¡Ah, sí!... No me acordaba que debo presentarle a su
+Julieta... ¡Oh! ¡La juventud!... ¡el amor!... ¡Qué pena para mí ver
+esas cosas ya de lejos!--añadió con un suspiro.
+
+Pero sus ojos codiciosos, atrevidos, dirigiéndose al mismo tiempo hacia
+una hermosa mujer sentada cerca del mostrador, pregonaban bien claro que
+no andaban tan lejos como decía.
+
+--Usted me permitirá que tome café, ¿verdad?--preguntó en tono de burla
+a Mario.
+
+Éste sonrió, ruborizándose.
+
+--Tome usted lo que quiera. No hay prisa.
+
+--Muchas gracias.
+
+Mientras D. Laureano tomaba el café, enfilando miradas incendiarias a la
+belleza que había descubierto, y Adolfo se enfrascaba nuevamente en la
+lectura del periódico, nuestro joven enamorado cambiaba sonrisas de
+inteligencia con la vecinita.
+
+Había estado muchísimo tiempo asistiendo al café sin fijarse en ella. Un
+día le dijo don Laureano: «¿Sabe usted que una de las vecinitas, la más
+gruesa, no le mira a usted con malos ojos?» Lo dijo por bromear; pero
+bastó para que nuestro joven fijase su atención en ella, la fuese
+hallando cada día más bonita, aunque en opinión de todos no fuese más
+que pasable, se interesase un poco y concluyese por enamorarse
+perdidamente. Mario no había conocido a su madre. Su padre, hombre
+público importante, subsecretario, consejero de Estado varias veces,
+había fallecido hacía tres años. Como acaece algunas veces, más de las
+que el vulgo imagina, D. Joaquín de la Costa, que había tenido tantas
+ocasiones de hacerse rico, murió sin dejar hacienda alguna a su hijo.
+Tuvo que vivir éste exclusivamente con el empleo de doce mil reales que
+le había dado en el ministerio de Ultramar. El dinero que recabó de la
+almoneda de su casa lo gastó muy pronto en una escapatoria que hizo a
+Francia y a Italia. Como testimonio de respeto a la memoria de su padre,
+el ministro que a la sazón desempeñaba la cartera de Ultramar le había
+ascendido a catorce mil reales, y tal sueldo era lo único que poseía.
+Alojaba en una casa de huéspedes donde por tres pesetas le daban
+habitación y almuerzo. Comía siempre en casa de alguno de los amigos de
+su padre. Con lo que le restaba de la paga atendía pasablemente a sus
+necesidades, que no eran muchas: un traje decente, una taza de café, al
+teatro los sábados y a los conciertos los domingos de primavera. Había,
+no obstante, cierto agujero por donde se le escapaban más pesetas de las
+que podía destinar a sus placeres, colocándole a veces en situación
+angustiosa. Hay que decirlo en secreto, porque a Mario no le gustaba que
+se divulgase entre sus amigos. Era aficionado a la escultura. En
+modelos, vaciadores y utensilios se le iban lindamente los cuartos.
+
+Desde muy niño había mostrado afición al dibujo. Su padre, por
+complacerle, le puso maestro: llegó a dibujar muy correctamente. Luego
+emprendió la pintura, venciendo sin trabajo la resistencia de su padre.
+Sentía éste verle malgastar tanto tiempo en las clases de adorno,
+dejando abandonados los estudios serios. En la pintura no hizo tantos
+progresos. El color ofrecía para él dificultades insuperables. En
+cambio, por la amistad que trabó con algunos de los discípulos de la
+clase de escultura en la Academia, comenzó a ensayarse en el modelado,
+y se sintió desde luego tan apto que siguió trabajando con ahínco. En
+poco tiempo hizo progresos extraordinarios. Tantos le parecieron y tanto
+le llenaron la cabeza de viento sus amiguitos, que un día tuvo la
+audacia de presentarse a su padre manifestándole que quería dejar la
+carrera de abogado para dedicarse exclusivamente a la escultura. No se
+sabe cómo D. Joaquín le dejó vivo. Su indignación estalló de tal manera
+fragorosa, que el pobre Mario corrió a refugiarse en su cuarto, donde
+lloró con abundantes lágrimas la ruina de sus ilusiones artísticas.
+
+Mal que bien y a trompicones terminó la carrera de leyes. Pero,
+ocultándose cuidadosamente de su padre, seguía modelando en casa de un
+amigo que le facilitaba para ello su estudio. Allí perdía horas y horas
+mientras los tratados de derecho civil y canónico yacían en los rincones
+de su cuarto solitarios, cubiertos de polvo, en ignominioso e inmerecido
+abandono. Cuando su padre falleció, experimentó profunda sensación de
+soledad y tristeza. Había vivido siempre en total ignorancia de las
+condiciones materiales de la existencia. La bondad de su padre le
+consentía gastar todo su sueldo en caprichos y placeres. Era un hijo de
+familia mimado que vivía en su casa como en una fonda. Al revelársele su
+situación quedó sumido en profundo abatimiento. Salió de él bastante
+cambiado. Sus pensamientos fueron más graves, más tristes, más
+prosaicos. Comprendió que era necesario cambiar de todo en todo sus
+costumbres, reducir al último grado posible sus necesidades y vivir
+modestamente atenido al sueldo que felizmente la previsión de su padre
+le había alcanzado.
+
+No obstante, estos sanos propósitos estaban tan frescos que se borraron
+al contacto de las ocho o diez mil pesetas que la almoneda de su casa le
+produjo. En vez de guardarlas como reserva para cualquier apuro o sacar
+de ellas algún interés, así que las tuvo en la mano surgió en su cerebro
+el pensamiento de hacer un largo viaje. Aprovechando la compasión del
+ministro obtuvo licencia ilimitada y recorrió durante cuatro meses las
+principales ciudades de Italia y algunas de Francia, Alemania e
+Inglaterra. Era el sueño de su vida. Conocer los monumentos
+arquitectónicos y ver los mármoles auténticos de la antigüedad pagana
+era una aspiración intensa que en su espíritu exaltado había llegado a
+convertirse en fiebre. Al subir los escalones del peristilo del museo
+del Louvre y descubrir al final de larga sala, arrimada a un cortinaje
+rojo, sola sobre su pedestal la célebre _Venus de Milo_, sintiose
+poseído de una emoción indefinible: las piernas quisieron doblársele, y
+si no le detuviese el temor al ridículo, hubiera caído de rodillas ante
+la majestad de la diosa, a semejanza de los marinos griegos, que al
+arribar a la costa de Milo se apresuraban a rendir adoración a la
+hermosa _Aphrodita_. El mismo sentimiento de alegría y respeto que a
+ellos les embargaba embargábale a él. Si no la creía como ellos nacida
+de la espuma del mar, fecundada por la sangre de Urano, juzgábala nacida
+de la mente divina de un artista que hasta ahora nadie igualó jamás.
+Algo semejante, aunque no con tal fuerza, le acaeció en presencia del
+Apolo del Belvedere, y el Fauno de Praxíteles en Roma, de la Niobe y la
+Venus de Cleomenes en Florencia.
+
+Al regresar a Madrid y tocar nuevamente la prosa de los expedientes y la
+vida mezquina de la casa de huéspedes, experimentó una sensación de
+tristeza mortal como si le hubiesen condenado a presidio. Disgustose de
+la práctica de la escultura. Después de ver las obras maestras, la
+estatuaria de sus compañeros le parecía tan afectada, tan pobre, tan
+ridícula, que por no parecerse a uno de ellos, halló mejor abandonar
+enteramente los palillos y el cincel. Comenzó a pasar horas y horas en
+el café y se aficionó con frenesí a la música. Gozaba también con
+escuchar las disputas científicas y filosóficas que su amigo Moreno
+mantenía con cualquiera que le llevase la contraria. Jamás intervino en
+ellas. Pero divertían su espíritu de la muchedumbre de pensamientos
+melancólicos que constantemente se cernían sobre él.
+
+Asistía ordinariamente a la misma mesa del café, además de Moreno y D.
+Laureano, otro amigo llamado Miguel Rivera, viudo, antiguo periodista,
+secretario particular en la actualidad de un ministro, hombre de
+carácter festivo y alegre conversación cuando no abatía su espíritu el
+recuerdo de un terrible pesar que había experimentado. Iban asimismo un
+caballero de edad media, barba gris y voz de sochantre, llamado D.
+Dionisio, y un jovencito sonrosado, de fisonomía dulce e interesante que
+respondía por Godofredo Llot.
+
+D. Laureano no daba señales de recordar el compromiso contraído. Mario
+sentía al mismo tiempo pesar y alegría de este olvido porque, si
+anhelaba acercarse a su ídolo, temía el instante de la presentación como
+un trance apuradísimo.
+
+--Buenas noches, señores--dijo una voz bronca, profunda.
+
+--Hola, D. Dionisio, ¿cómo estamos?--preguntó distraídamente D.
+Laureano, sin apartar la vista de la preciosa chula que había
+descubierto.
+
+--Medianamente; horriblemente fatigado--respondió el caballero que
+acababa de sentarse.
+
+Y adoptó una actitud tal de cansancio hundiendo la cabeza en el pecho,
+dejando pendientes las manos y respirando con anhelo por su boca
+entreabierta, que en realidad parecía deshecho por una serie de
+esfuerzos colosales. Paseó su mirada lánguida por los circunstantes
+esperando que se le pidiese explicación de aquel cansancio. Pero D.
+Laureano atendía a su juego; Adolfo Moreno seguía enfrascado en la
+lectura; Miguel Rivera, que hacía un rato había llegado, se le quedó
+mirando fijamente y con cierta sonrisa burlona. El único asequible en
+aquel momento era Mario. A él se dirigió metiéndole la boca por el oído.
+
+--Diez y siete cuartillas.
+
+--¿Cómo?
+
+--Diez y siete cuartillas. He terminado el capítulo onceno.
+
+--¡Ah!
+
+--Es un trabajo espantoso. En veinte días llevo escritas cerca de
+trescientas cuartillas.
+
+--Trabaja usted demasiado, D. Dionisio--dijo con gesto de aburrimiento
+Mario.
+
+--No hay más remedio--murmuró modestamente el caballero.--Para
+conseguir una plaza en la república de las letras, es necesario trabajar
+mucho.
+
+Era D. Dionisio Oliveros un antiguo empleado del ministerio de Ultramar,
+jefe del negociado donde servía Mario, que ya muy tarde, cuando pasaba
+de los cuarenta, se sintió irresistiblemente llamado a conquistar la
+gloria de la literatura. Y comprendiendo, con admirable instinto, que
+había perdido mucho tiempo, quiso compensar a las musas de su largo
+alejamiento por medio de una constancia y una adhesión ilimitadas. Todo
+el tiempo que le dejaban libre los expedientes le parecía escaso para
+cortejarlas. Dramas, comedias, poemas grandes y chicos, novelas, cuantos
+géneros comprende la bella literatura, salían en atropellada procesión
+de su pluma. Vivía en una verdadera fiebre de producción. Había
+publicado dos o tres cositas, en cuya impresión agotó sus cortos
+ahorros. Ahora se dedicaba a buscar editor o empresario, pero sin
+abandonar por eso su labor incesante. Esperaban, guardadas en legajos y
+admirablemente copiadas en letra inglesa, que llegase el día de ver la
+luz, cuatro novelas, siete dramas, un poema, cinco comedias y un número
+considerable de poesías líricas, que según sus cálculos podrían formar
+tres tomos voluminosos.
+
+--Oiga usted, D. Dionisio--dijo Miguel Rivera, que no quitaba del
+laborioso poeta sus ojos risueños.--¿No le han pasado a usted recado
+nunca los vecinos?
+
+--¿Por qué me lo habían de pasar?--preguntó sorprendido Oliveros.
+
+--¡Toma! Por el ruido que usted hará en las altas horas de la noche al
+fabricar sus poemas.
+
+--Yo no hago ruido ninguno--repuso el otro, amoscado.
+
+--¡Ah! Pues yo pensaba que esas redondillas tan vigorosas necesitaban
+grandes martillazos.
+
+D. Laureano y Mario volvieron la cabeza para reírse. Adolfo Moreno metió
+la cara por el periódico para hacer lo mismo.
+
+--Usted siempre de broma, amigo Rivera--dijo el poeta, avergonzado.
+
+El café estaba en su momento álgido. Las luces, el humo del tabaco, el
+aliento de los centenares de personas allí reunidas, formaban una
+atmósfera espesa donde sólo respiraban bien los seres adaptados a ella
+desde largo tiempo. El violín exhalaba sus notas arrastradas,
+lamentables, quejándose siempre de un dolor tan amargo como misterioso.
+La mayor parte no le comprendían; pero había algunos seres privilegiados
+y poéticos, casi todos ellos del ramo de sedería, en quienes sus
+lamentos hallaban eco y simpatía. Dejaban de intervenir en la
+conversación de sus compañeros, se echaban hacia atrás en la silla, y
+enteramente abstraídos, con los ojos entornados, daban claro testimonio
+de la delicadeza de sus sentimientos. ¡Qué contraste con los del ramo de
+ultramarinos, hombres por lo general incultos y zafios, incapaces de
+distinguir un _nocturno_ de una _barcarola_!
+
+D. Laureano andaba conmovido con los ojos hermosísimos de aquella chula
+sentada cerca del mostrador. Mientras tomaba el café a breves sorbos no
+apartaba la mirada de ella, sin atender poco ni mucho a la conversación
+de sus compañeros. Así que dio fin a la taza, levantose de la silla, y
+sin decir adiós se alejó a paso lento, solapado, balanceando el tronco
+esbelto de su figura al través de las mesas y las sillas, en dirección
+del mostrador.
+
+--Ya empezó el ojeo. Matusalén toma vientos--dijo Rivera mirándole con
+curiosidad.
+
+Los demás volvieron también la cabeza y sonrieron.
+
+--¡Qué hombre tan singular!--murmuró Adolfo Moreno.--¡A su edad tener
+las pasiones tan despiertas! Indudablemente es un caso de anomalía
+orgánica: el exceso de nutrición se ha prolongado mucho más que en el
+tipo común.
+
+Miguel Rivera le echó una mirada de reojo donde se leían mil cosas
+irónicas y, poniéndole una mano sobre el hombro, le dijo:
+
+--¡Bien, _técnico_, bien! Advierto con placer que cada día penetra usted
+más adentro en los misterios de la morfología.
+
+Adolfo hizo un gesto de mal humor, mientras los demás sonreían. Le
+mortificaba profundamente el apodo que Rivera le había puesto y las
+bromas constantes que le merecían sus aficiones científicas.
+Calificábalo por detrás de hombre frívolo, ignorante, y periodista
+insustancial; pero nada se atrevía a replicarle, en parte, porque Miguel
+le llevaba bastantes años y, en parte también, porque temía a su
+proverbial causticidad.
+
+D. Laureano había llegado al mostrador y, arrimado a él, hablaba
+secretamente con el encargado. ¿Por qué le llamaba Matusalén Rivera?
+Porque, aunque parezca maravilloso, increíble, D. Laureano tenía cerca
+de sesenta años. Nadie le supondría más de cuarenta y cuatro o cuarenta
+y seis. Era un hombre alto, esbelto, de cabellos negros y rizados donde
+sólo se advertía tal cual hebra plateada, la tez fresca y sonrosada, el
+pequeño bigote retorcido hacia arriba, la dentadura perfectamente
+conservada. Vestía con suprema elegancia, con una distinción tan poco
+afectada que aun las formas más extravagantes impuestas por la moda
+sobre su cuerpo parecían sencillas y adecuadas. Hacía cuarenta años que
+llevaba la misma vida de joven alegre y elegante. Jamás había trabajado
+en nada. Dos hermanos, que ya se habían muerto, honrados comerciantes
+que tuvieron un almacén de tejidos en la calle de la Montera, habían
+provisto con cariño a sus necesidades y hasta a sus vicios mientras
+vivieron. A su fallecimiento le dejaron por heredero de una regular
+hacienda. Le llevaban bastantes años, y más que hermano fue siempre para
+ellos un hijo mimado. Complacíanse en verle montar a caballo, guiar un
+faetón, alternar con los jóvenes de la aristocracia, y se engreían
+infinitamente cuando oían hablar de su elegancia, de sus queridas, de
+los triunfos que obtenía en sociedad. Aquellos dos pobres hombres,
+encerrados en su oscura tienda, haciendo números y midiendo telas todo
+el día, no tenían con los goces de la existencia otro contacto. Una sola
+condición ponían a este sacrificio: que no se casase. Formando nueva
+familia rompía aquel lazo filial, dejaba de ser su orgullo; la ola
+perfumada del mundo ya no llegaría al tétrico rincón de su almacén. D.
+Laureano hacía valer mucho esta prohibición para sacarles lindamente
+los cuartos: en realidad, importábale tan poco que jamás se le había
+pasado por la mente enajenar su grata libertad. Aborrecía de muerte el
+matrimonio y la familia. Cuando algún amigo se casaba, considerábale
+como un suicida. Las enfermedades y los caprichos de la esposa, los
+gastos exorbitantes de la casa, el llanto de los chiquillos, las
+exigencias de la nodriza, todas las miserias y contrariedades de la vida
+matrimonial en suma, se ofrecían a su imaginación con tal relieve y
+sabía describirlas tan gráficamente que, escuchándole, a nadie le
+entraba en apetito el probarlas.
+
+Tenía alquilado un cuarto en la plaza de la Independencia, con un solo
+criado a su servicio. Comía fuera de casa, generalmente en el Casino.
+Cuando iba a alguna reunión o le tocaba el turno del Real, el criado le
+traía la ropa en un cajoncito expresamente fabricado con este objeto, y
+en el mismo Casino se mudaba.
+
+Como hombre enteramente resuelto a gozar todos los placeres de la
+existencia, no limitaba sus relaciones a un círculo determinado. Tenía
+amigos y amigas, más particularmente amigas, en todas las clases de la
+sociedad. Era tertulio del club aristocrático de los Salvajes, del
+Casino, del Suizo, de la cervecería Inglesa y del café del Siglo. En
+todos estos lugares había un grupo de jóvenes o de viejos que le
+juzgaban parte integrante de la tertulia. No había tal. D. Laureano no
+se entregaba a ninguna sociedad; saltaba de una a otra con la mayor
+indiferencia. Cuando se hallaba entre los viejos del café Suizo no se
+acordaba de que le aguardaban los jóvenes bulliciosos de la Gran Peña
+para perpetrar alguna terrible broma; cuando charlaba con sus amiguitos
+del café del Siglo, gente de humilde posición, parecía ignorar la
+existencia de sus compañeros los duques del club de los Salvajes.
+Asistía ocho días seguidos a cualquiera de estas sociedades: de repente
+se cansaba y tardaba en venir un mes. Miguel Rivera solía compararlo a
+_Milord_, un famoso perro que asistía con su amo al café del Siglo.
+Mientras le daban terrones de azúcar se mostraba muy solícito y
+cariñoso. En cuanto observaba que los platillos quedaban vacíos, se
+alejaba de la mesa afectando no conocerles siquiera. D. Laureano no
+estaba con ellos sino mientras le divertían.
+
+Pues si pasamos al sexo femenino, aquí sí que se dilataba
+desmesuradamente la esfera de sus conocimientos. Tan pronto se le veía
+asiduo galanteador de una marquesa averiada, como festejando a alguna
+hermosa horchatera. Una noche formaba el encanto de alguna tertulia
+cursi y enamoraba a cualquier zagalilla de quince años, dulce y tímida;
+a la siguiente se le veía cenando en algún colmado con dos rameras. Su
+amor no reconocía clases, ni estados, ni edades.
+
+Tenía un carácter apacible y su trato era cortés y afectuoso. No
+disputaba jamás, pero gozaba oyendo disputar a los otros. Poseía
+inteligencia bastante lúcida y una ilustración que, aunque superficial,
+le servía para no hacer papel desairado en ningún sitio. Tocaba el piano
+medianamente, leía muchas novelas francesas y hablaba con alguna
+competencia de pintura. Toleraba fácilmente los defectos del prójimo y
+se hacía perdonar los suyos por la frescura y la gracia con que los
+confesaba. Se refería a sus vicios y se jactaba de ellos con suave
+cinismo que a algunos hacía gracia y a otros repugnaba. De todos modos,
+era un compañero agradable y hombre con quien había seguridad de no
+tener choque alguno por palabra de más o de menos. En todas partes
+inspiraba alegría su presencia, la alegría serena, apacible que su
+rostro reflejaba constantemente.
+
+--Manuel, vas a decirme en seguida quién es esa chiquilla que está aquí
+sentada a la derecha con un viejo--dijo al encargado del café
+inclinándose y metiéndole los labios por el oído.
+
+--No puedo darle muchas noticias, Sr. Romadonga. Son padre e hija y me
+parece que los conoce Remigio, uno de los mozos... Aguarde usted un
+poco.
+
+Llamó el encargado a Remigio y éste les manifestó que eran vecinos suyos
+y vivían en la calle de Lavapiés. El padre era viudo, de oficio sillero
+y no tenía más hija que ésta. La muchacha estaba aprendiendo a peinar.
+Buena gente. El sillero un infeliz. La chica muy trabajadora y muy
+recatada, pero con un genio de dos mil diablos. Armaba cada pelotera de
+vez en cuando con la vecina del segundo, que la casa temblaba.
+
+--¡Así me gustan a mí!--murmuró D. Laureano atusándose con mano trémula
+el bigote y devorando con los ojos a la hermosa chula,--¡Que muerdan y
+arañen como los gatos!
+
+No habían pasado inadvertidas para aquélla ni las miradas apetitosas del
+bizarro señor ni el conciliábulo que celebraba con el encargado y el
+mozo su vecino. Bien entendió que se trataba de ella y que el elegante
+caballero la encontraba muy de su gusto. Moviose con inquietud en la
+silla, dirigió dos o tres furtivas miradas al grupo y se llevó la mano a
+la cabeza para alisarse el pelo, primera y graciosa respuesta de
+inteligencia que da siempre la mujer a los homenajes que le dirigen con
+la vista.
+
+--¡Preciosa criatura!--añadió como hablando consigo mismo.--¡Qué ojos!
+¡qué tez de nácar! ¡qué dentadura!... Las formas superiores. Debe de
+ser muy joven... Lo más que tendrá serán veinte años.
+
+--Atiende, Concha--dijo entonces el mozo en voz alta dirigiéndose a la
+chula.--¿Cuántos años tienes?
+
+--¿Qué te importa?--replicó la joven.
+
+--A mí nada... pero este señor...
+
+--Le importa menos.
+
+--Eso no lo sabe usted--dijo D. Laureano en voz alta también.
+
+--Por sabido.
+
+--Acaba de echarte veinte años--dijo Remigio.
+
+--Es que no me ha reparado bien.
+
+--¿Tiene usted más?--preguntó D. Laureano.
+
+--No lo sé. ¿Es usted por causalidad del registro civil?
+
+Concha afectaba al hablar un tono desdeñoso y ponía esos ojos tan
+graciosamente agresivos que caracterizan a las hijas del pueblo en
+Madrid.
+
+--Pues si usted tiene más no los aparenta--manifestó Romadonga, que era
+un psicólogo práctico para quien ni el alma de las chulas ni el de las
+duquesas guardaban secreto alguno.
+
+Acercose al mismo tiempo con paso firme y sosegado a la mesa donde padre
+a hija se sentaban y, haciendo una cortés inclinación de cabeza, añadió
+gravemente:
+
+--Estoy seguro de que no tiene más y apelo al testimonio de su papá, de
+cuya amabilidad espero que no me ha de engañar.
+
+El sillero se llevó con serio ademán la mano al sombrero, sonrió y dijo
+lleno de amabilidad:
+
+--El 8 de Diciembre, día de Nuestra Señora, ha cumplido los diez y seis.
+
+--¡Qué atrocidad!
+
+¡Ea! Ya está D. Laureano en su terreno. A los cinco minutos se había
+sentado formando triángulo con el sillero y su hija. A los diez parecía
+su íntimo amigo, departía con ellos familiarmente y hacía reír a la
+hermosa chula con la batería de chascarrillos y donaires que tenía
+reservados para las hijas del pueblo.
+
+Mientras tanto el semblante de nuestro buen amigo Mario expresaba una
+muda y profunda desesperación que causaba pena. Romadonga era capaz de
+pasarse toda la noche hablando con la chula. Dirigíale desde su mesa
+miradas intensísimas, unas veces suplicantes, otras coléricas, las
+cuales no advertía siquiera el viejo trovador, y si alguna vez se
+tropezaban casualmente sus ojos, los de éste expresaban indiferencia
+absoluta como si nada hubiese ofrecido a su amiguito. El rostro de la
+vecina también se había puesto sombrío, y ya no se volvía sino muy rara
+vez hacia su afligido adorador.
+
+Miguel Rivera se había ido. En su lugar estaba Godofredo Llot. Éste era
+un joven, casi un adolescente, de rostro afeminado, cabellos rubios, tez
+nacarada, ojos azules y agradable presencia.
+
+Adolfo Moreno le acogió con sonrisa irónica.
+
+--¿Has estado hoy en Nuestra Señora de Loreto, Godofredo? Acabo de leer
+en _La Correspondencia_ que se han celebrado esta tarde solemnes
+vísperas.
+
+--No, no he estado--replicó el chico con visible malestar, poniendo los
+ojos serios y distraídos para atajar, si era posible, las bromas
+insulsas con que Moreno solía regalarle.
+
+--Pues, hombre, me sorprende muchísimo, porque unas vísperas me parece a
+mí que no son para desperdiciar... sobre todo solemnes. ¡Anda, que
+cuándo te verás en otra!
+
+--Pues en seguida--replicó Llot malhumorado.--A cada momento las hay.
+
+--¡Hombre, me dejas sorprendido! ¿Y a beneficio de quién eran éstas?
+
+--¡Cómo a beneficio?...
+
+--Sí; ¿a beneficio de qué cura se daba la función esta tarde?
+
+Godofredo hizo un gesto de resignación y no contestó.
+
+Adolfo gozaba extremadamente en embromar y hasta escandalizar a aquel
+pobre muchacho, fervoroso creyente y dado a las devociones piadosas.
+
+Godofredo Llot era de Alicante. Habíase educado en un colegio de
+jesuitas, permaneciendo allí hasta los diez y ocho años, casi los que
+ahora representaba, aunque hubiese cumplido los veintitrés. Sus maestros
+le habían inculcado tan profundamente el sentimiento religioso, que
+apenas vivía más que para darle desahogo. Oía misa todos los días,
+confesábase a menudo, aunque no tanto como sus amigos pretendían;
+alumbraba con un cirio en las procesiones o llevaba en hombros alguna
+imagen cuando los estatutos de la cofradía en que estaba inscrito lo
+exigían. Era amigo de todos los clérigos, con quienes departía
+familiarmente en las sacristías. Gozaba igualmente el honor de ser
+recibido en el palacio episcopal y de que el Nuncio de Su Santidad le
+llamase por su nombre cuando le besaba el anillo en el paseo. Y sobre
+estas bellas cualidades que le hacían estimable y simpático en sociedad,
+particularmente a las señoras, poseía Godofredo algunas otras dignas de
+aprecio. Era estudioso, y un escritor que comenzaba a adquirir renombre
+entre los suyos. Escribía en los periódicos católicos artículos
+literarios que se distinguían por un estilo florido y pintoresco, cuyo
+efecto entre las devotas suscritoras era asombroso. Respiraban tal vivo
+entusiasmo por las glorias del catolicismo, una fe tan ardiente y
+cierta frescura de corazón, que rara vez suelen hallarse en la
+escéptica juventud del día. Sobre todo al recordar las hazañas de los
+héroes cristianos en la Edad Media, «aquellos caballeros de armadura
+resplandeciente como su conciencia, que con la cruz bendita sobre el
+corazón marchaban al combate a pelear por su Dios,» o al tocar el asunto
+de las catedrales góticas, «donde la luz se filtraba misteriosa por los
+vidrios de color de sus ventanas ojivales, y cuyas elevadas torres
+destacándose severas en medio de la noche parecen un dedo que señala al
+cielo,» realmente la pluma de Godofredo despedía vivos destellos de
+elocuencia que hacían presagiar un futuro apóstol, una columna en que se
+apoyaría el catolicismo con el tiempo. Esto se pensaba por lo menos en
+las sacristías y en las redacciones de los periódicos ultramontanos,
+donde se le mimaba a porfía y donde había llegado a adquirir maravilloso
+ascendiente.
+
+Con tales ideas y piadosas inclinaciones, ¿cómo se entiende que Llot
+asistiese al café del Siglo? Él daba a tal exceso una explicación
+bastante plausible. Había conocido a Moreno en la Universidad, en la
+clase de derecho romano. Trabó estrecha amistad con él conversando
+largamente por los corredores en espera de las clases. Esta amistad se
+rompió inopinadamente porque Moreno abandonó la carrera de leyes. No
+volvió a verle hasta pasados dos años en que le halló casualmente en un
+teatro. Reanudaron entonces con alegría sus relaciones. Pero, con grande
+y dolorosa sorpresa suya, observó que su desgraciado amigo había rodado
+en los abismos de la incredulidad: las malas compañías le habían
+pervertido por completo. Contristado hasta un punto indecible, previo el
+consentimiento de su confesor, en vez de apartarse de él como de un
+apestado, tuvo la caridad de proseguir su amistad, esperando que con el
+tiempo y los constantes y oportunos consejos se reconciliaría con la
+Iglesia. Pero Moreno no quería oír hablar de tal reconciliación. Cada
+vez más ciego en su extravío, burlábase amargamente de la fe sencilla y
+ardiente de su amigo. No desmayaba éste: sufría con resignación los
+sarcasmos y hasta los insultos que a menudo le dirigía, esperando con
+paciencia el día en que Dios le tocase en el corazón.
+
+--Moreno, hace usted mal en burlarse de las cosas de la religión. ¡Quién
+sabe si algún día se arrepentirá usted de esas bravatas!--dijo D.
+Dionisio con su voz cavernosa.
+
+--¿Yo?--replicó vivamente Adolfo haciendo un gesto furioso, lo mismo que
+si le hubiesen llamado ladrón. Pero reponiéndose súbito y dejando asomar
+a su rostro una sonrisa sarcástica, dijo tranquilamente:--Eso queda para
+ustedes los poetas, que proceden siempre, lo mismo en la vida que en la
+esfera del conocimiento, por los impulsos ciegos del sentimiento. Quien
+ha llegado a cierta clase de conclusiones por un método rigorosamente
+científico, no hay peligro de que cerdee jamás.
+
+--Convengo, amigo Moreno, en que los hombres de imaginación no somos a
+propósito para escudriñar los problemas abstrusos de la ciencia--replicó
+dulcemente Oliveros, relamiéndose interiormente con el dictado de poeta
+que el otro le había otorgado.--Pero no me negará usted que sólo por el
+sentimiento se han llevado a cabo las grandes empresas, todos los actos
+heroicos que registra la historia.
+
+--No me opongo a ello: lo único que deseo hacer constar es que ese
+sentimiento que usted juzga tan elevado, tan sublime, no depende más que
+de algunas gotas de sangre de más o de menos en el cerebro. En cuanto al
+sentimiento religioso de que hablábamos, está plenamente demostrado que
+no es una facultad primitiva y distintiva del hombre: sólo corresponde a
+un estado transitorio.
+
+--Pero todos los pueblos tienen religión--clamó profundamente D.
+Dionisio.
+
+--Se engaña usted, querido Oliveros--manifestó Moreno sonriendo de
+felicidad por hallarse en situación de poder desbaratar aquel error tan
+pernicioso.--Se engaña usted, no todos los pueblos tienen religión. En
+el África central existen algunos pueblos que carecen de ideas
+religiosas. Los cafres Makololos tampoco las tienen muy claras, ni los
+Papouas de la costa Maclay en Nueva Guinea, ni los Esquimales de la
+bahía de Baffin...
+
+Entablose una acalorada disputa filosófico-religiosa con los caracteres
+esenciales que ofrecen tales discusiones en los lugares cerrados
+dedicados a expender licores y refrescos. Las ideas, cuando parecían
+luminosas, se repetían indefinidamente y en tono cada vez más elevado, a
+fin de que se grabaran profundamente en el cerebro del contrincante.
+
+--¡Es que todas las religiones tienen sus milagros!--Permítame usted,
+Moreno...--¡Es que todas las religiones tienen sus
+milagros!...--Permítame usted, Moreno; el mundo sería...--¡Es que, amigo
+Oliveros, todas las religiones tienen sus milagros!--¡Pero permítame
+usted, Moreno! el mundo sin religión sería...--¡Es que...
+
+Cada cual, enamorado de sus proposiciones juzgándolas de todo punto
+incontrovertibles, no quería escuchar siquiera las del contrario.
+
+Apelábase con bastante frecuencia a símiles de orden corporal, que son
+los que en tales casos presentan más dificultad al adversario. Y se
+tomaban como puntos de comparación los objetos que tenían más a la mano.
+
+--¿Ve usted esta mesa?... Aquí hay materia, aquí hay forma.--Ahora
+bien, si yo tomo en la mano esta copa y la trasporto desde este sitio a
+este otro...--¿Por qué esta copa es trasparente y esta taza no lo es?...
+
+El resultado ordinario de tales símiles es desconcertar al adversario y
+destruir por entero el tejido de sus sofismas. Pero a veces, cuando el
+preopinante esfuerza demasiado la argumentación, las copas o las tazas
+suelen rodar por el suelo y quebrarse. Entonces es el preopinante quien
+se desconcierta y dirige con turbado semblante miradas tímidas hacia el
+mostrador.
+
+Adolfo Moreno gozaba incomparablemente en estas discusiones que le
+permitían lucir sus conocimientos en las ciencias naturales. Y como
+estos conocimientos solían ser tan recientes que muchas veces databan de
+la noche anterior o del mismo día, su fuerza era irresistible. ¡Qué
+serie asombrosa de pormenores, cuánta erudición desplegaba en ocasiones!
+Los contrarios quedaban silenciosos y confundidos y los parroquianos de
+las mesas inmediatas henchidos de admiración. Algunos de éstos que
+habían concluido por trabar amistad con ellos, se trasladaban en
+ocasiones a la mesa de los filósofos y tomaban parte en las disputas.
+
+Mientras la discusión religiosa se desenvolvía, profunda y acalorada,
+Godofredo Llot aparecía agitado, convulso. Varias veces había querido
+intervenir, pero como lo hacía tímidamente no se le escuchaba. Y las
+impías proposiciones que su amigo sustentaba le llegaban tan al alma,
+turbaban de tal manera sus facultades, que apenas tenía alientos para
+formular un argumento. Estaba consternado: su corazón se iba apretando
+de pena. Aquella noche Moreno parecía un demonio terrible y batallador,
+escupiendo con furia sus blasfemias, manifestando con cinismo infernal
+su odio a los misterios de la religión.
+
+El pobre Godofredo se sintió tan abatido que, mientras miraba con
+espanto a su amigo, algunas lágrimas brotaron a sus ojos y resbalaron
+por sus tersas mejillas. Nadie lo advirtió, embebidos como estaban en la
+disputa. Mas cuando Moreno, en un rapto de feroz incredulidad, gritó
+que para él nuestro Redentor no era más que un judío exaltado, dejose
+oír un sollozo. Todos volvieron la cabeza. Godofredo, tapándose la cara
+con las manos, lloraba amargamente.
+
+La compasión se apoderó entonces de unos y de otros. ¿A qué conducía
+aquella discusión? El que tuviese la desgracia de no creer, que se lo
+callase. De todos modos, herir sin necesidad las almas timoratas, como
+la de aquel pobre muchacho, era poco caritativo y además una falta de
+consideración.
+
+Moreno, algo amoscado, guardaba silencio, maldiciendo en su interior de
+la facilidad que su amiguito tenía para liquidarse.
+
+
+
+
+II
+
+
+Romadonga se acercó al grupo cuando la discusión religiosa acababa de
+zanjarse de aquel modo imprevisto y húmedo. Mario vio el cielo abierto.
+D. Laureano le hizo con sonrisa de condescendencia una seña, y nuestro
+impaciente joven se disponía a levantarse cuando uno de los mozos que
+servían allá abajo, cerca de la puerta, se acercó al viejo tenorio y le
+habló algunas palabras al oído.
+
+--Soy con usted al momento--dijo éste a Mario.
+
+Y se alejó.
+
+--¿Qué pasará?--preguntó uno de los tertulios.
+
+--¿Qué ha de pasar? ¡Lo de siempre!--repuso Mario de mal humor.--¿No lo
+ve usted?--añadió fijándose en la puerta.
+
+Por detrás de los cristales se traslucía la silueta de una mujer.
+
+Al cabo de pocos instantes viose llegar de nuevo a Romadonga mordiendo
+el imprescindible cigarro y con el mismo paso tranquilo, dirigiendo
+miradas insolentes a las parroquianas.
+
+--¿Por qué se ríen ustedes?--dijo al llegar.--¿Se figuran que se trata
+de una aventura amorosa? Pues no hay tal... Es decir, sí ha sido una
+aventura amorosa, pero en tiempos remotos. Ahora no es más que una vieja
+que viene a pedirme diez duros.
+
+--¿Se los ha dado usted?
+
+--¡Nunca! y eso que me ha dicho que tiene un hijo muriendo. No quiero
+sentar precedentes funestos. Hija mía, lo siento mucho, le dije, pero yo
+no mantengo clases pasivas.
+
+No faltó quien celebrase el chiste y quien admirase la firmeza de
+corazón del empedernido seductor. Mario no pudo reprimir un gesto de
+repugnancia. Aquel rasgo de crueldad expresado en forma tan cínica le
+dio frío. Pero este frío y esta repugnancia se disiparon cuando
+Romadonga, poniéndole cariñosamente una mano sobre el hombro, le dijo:
+
+--A las órdenes de usted, amigo Costa.
+
+Lo que ahora le acometió fue una extraña sensación de terror, unos
+deseos atroces, de echar a correr. Levantose, sin embargo,
+automáticamente y, pálido y trémulo como si le condujesen al suplicio,
+siguió a D. Laureano.
+
+--Buenas noches, señores--dijo éste acercándose al patíbulo.--¿Cómo
+sigue usted, doña Carolina?... ¿Qué tal, D. Pantaleón? ¿Y ustedes,
+niñas?
+
+Todos buenos, todos buenos, y todos sonrientes, acogiendo a D. Laureano
+con la misma alegría que a un bienhechor de la humanidad. La sonrisa de
+la más regordeta de las muchachas iba acompañada de un poco de carmín en
+las mejillas que se propagó instantáneamente al resto de la cara, sin
+excluir las orejas, cuando Romadonga, dando un paso atrás, dijo estas
+solemnes palabras:
+
+--Tengo el honor de presentar a ustedes a mi amigo D. Mario de la Costa.
+
+D. Mario de la Costa, a juzgar por su palidez, estaba rezando en aquel
+momento el credo, preparado a morir cristianamente. Alargó al jefe de la
+familia su mano temblorosa y fría, y preguntó con voz que semejaba un
+estertor:
+
+--¿Cómo está usted?
+
+El jefe de la familia estaba bueno y celebraba la ocasión de conocer al
+señor de la Costa. Éste volvió a alargar su mano a la esposa del jefe,
+pero su garganta ya no pudo dejar salir el más leve soplo. En cuanto a
+las niñas, podían sacudir la cabeza, sonreír, ruborizarse, hacer, en
+suma, lo que tuvieran por conveniente. De todos modos, no lograrían
+obtener la más mínima atención por parte del joven presentado. Éste
+permaneció de pie e inmóvil esperando el golpe fatal cuando la mano
+protectora de D. Laureano le obligó a sentarse en una silla que
+previamente había acercado. Presentación, la más delgada de las jóvenes,
+se apartó un poco haciendo signos de inteligencia a Romadonga, y la
+silla quedó colocada al lado de Carlota, la más gruesa. Pero Mario
+sorprendió aquel signo de inteligencia y la sonrisita burlona con que
+fue acompañado. Inmediatamente el blanco cera de sus mejillas se tornó
+en un rojo ladrillo no menos interesante.
+
+¿Por qué les da a todos en seguida por hablar entre sí, sin cuidarse de
+él para nada? Su regordeta vecina era víctima del mismo abandono. Ambos
+parecían consternados. Carlota, inquieta, temblorosa, pidió auxilio a su
+hermanita llamándole la atención acerca de una manteleta que vestía
+cierta señora que acababa de entrar. La cruel Presentación no hizo caso
+alguno; les echó una mirada burlona y se volvió de espaldas riendo como
+una tonta. Mario tuvo fortaleza bastante para mantener a salvo su
+dignidad en tan críticas circunstancias. A nadie demandó socorro. Y
+comprendiendo que el hombre debe hallar en sí mismo recursos suficientes
+para flotar en esta clase de naufragios, supo toser y sonarse muy a
+propósito, limpió la ceniza del cigarro que le había caído sobre el
+pantalón con admirable oportunidad, no dejando tampoco, claro es, de
+mirar con cierta insistencia las mangas de la levita a fin de descubrir
+si era posible alguna mancha salvadora. Es más, cuando gracias a estos
+heroicos manejos se encontró medianamente tranquilo, tuvo serenidad
+bastante para decir a su vecina sin temblarle demasiado la voz:
+
+--Es increíble el calor que aquí se desarrolla al llegar esta hora.
+
+--Es verdad, sobre todo los domingos, en que viene tanta gente--repuso
+la vecina con voz suave, dulcísima, como las notas de una flauta sonando
+en un bosque de laureles y mirtos.
+
+--¡Eso es!--se apresuró a exclamar Mario, vivamente impresionado por
+esta profunda observación.
+
+Inmediatamente la vecina emitió otra muchísimo más luminosa, y es que
+los días no festivos el café estaba más tranquilo y agradable.
+
+Naturalmente, Mario al oír esto cayó en un verdadero espasmo de
+admiración, y asintió frenéticamente, no sólo con la boca, sino también
+con los ojos, con el cuello, con las manos, con todos los componentes de
+su organismo en suma. Y acometido a su vez del fuego de la inspiración,
+halló en las profundidades de su espíritu un rasgo feliz que a él mismo
+le dejó sorprendido.
+
+--Basta que haya pocas personas si éstas nos agradan.
+
+La vecina hizo un signo de aquiescencia bajando modestamente los
+hermosos ojos. Mario quedó tan encantado del éxito de su frase que,
+excitado por él, supo hallar en poco tiempo otras dos o tres no menos
+felices.
+
+Ambos quedaron en breve tan abstraídos de los ruidos mundanales que
+sonaban a su alrededor como si se hallasen en las profundidades de una
+selva virgen. La soledad que antes les parecía aterradora hallábanla
+ahora gratísima y gozaban cambiando frases de admirable sentido, como la
+primera pareja creada por Dios en los jardines del Paraíso.
+
+No fue un ángel quien vino a arrojarles de él, sino el propio creador de
+la mitad de la pareja, esto es, D. Pantaleón Sánchez, papá de las dos
+niñas.
+
+--He tenido el honor, Sr. Costa, de conocer a su señor padre hace años,
+cuando era subsecretario de Hacienda. Entré en su despacho formando
+parte de una comisión de almacenistas para pedirle una rebaja en el
+arancel.
+
+Mario daría cualquier cosa en aquel momento porque D. Pantaleón no
+hubiera tenido semejante honor. Sin embargo, pareció encantado de la
+noticia. Y sobre este tema departieron algunos instantes.
+
+Era D. Pantaleón un hombre que se hallaría entre los sesenta y los
+sesenta y cinco años; el cabello enteramente blanco y lo mismo el
+bigote, largo, poblado y caído de puntas: conservaba el cutis fresco,
+los dientes seguros y cierta firmeza y decisión en los movimientos, que
+denotaban vigor corporal. La mirada profunda de sus grandes ojos
+pregonaba bien claro que tampoco había perdido el espiritual. Hablaba
+reposadamente y con una gravedad afable que infundía a la vez respeto y
+simpatía.
+
+Cuando le pareció oportuno suspendió la conversación volviéndose hacia
+Romadonga, y Mario quedó nuevamente perdido y solo. No tardó, sin
+embargo, haciendo un esfuerzo poderoso de ingenio como el anterior, en
+hallar el camino de la selva donde le aguardaba su simpática vecina.
+
+--El café que sirven los domingos es peor que el de los demás días.
+
+Y se ruborizó al expresar esta juiciosa opinión, lo mismo que si hubiera
+dicho postrado de hinojos:--¡Te adoro, ángel mío!
+
+--Es imposible que salga bien haciendo tan gran cantidad--repuso
+Carlota, igualmente ruborizada.
+
+Ambos se perdieron instantáneamente en lo más espeso e intrincado del
+bosque.
+
+Esta vez no fue D. Pantaleón, sino su último retoño, quien vino a su
+encuentro.
+
+Presentación se volvió hacia ellos con ademán tan vivo, expresando tal
+furor en su movible fisonomía, que lo mismo Mario que su dulce compañera
+quedaron sorprendidos y levantaron los ojos para saber cuál era la
+causa. Un joven pálido, de pómulos salientes, nariz remangada y ojos
+claros, pero no serenos, se acercaba en aquel momento a la mesa con la
+cabeza descubierta.
+
+Mario reconoció en seguida al violinista.
+
+--Buenas noches, D. Pantaleón... Buenas noches, D.ª Carolina... Buenas
+noches, Presentacioncita... Buenas noches, señores... ¿Cómo siguen
+ustedes? ¿Están ustedes bien?
+
+La boca del joven artista se dilataba al pronunciar estas palabras con
+una sonrisa que no dejaba ocioso el más insignificante músculo, la fibra
+más diminuta de su semblante incoloro. La voz se arrastraba lenta,
+gangosa por aquella formidable boca antes de salir, de tal modo que al
+llegar a los oídos de sus interlocutores parecía venir cargada de
+saliva. Y así era en efecto.
+
+--Buenas noches, Timoteo, buenas noches.
+
+Todos respondieron amicalmente al saludo, menos Presentación. Y, sin
+embargo, los que la boca temerosa del artista había dejado escapar, y
+muchos otros que habían quedado dentro, a ella exclusivamente iban
+dirigidos. Mientras hablaba en pie y arrimado a la mesa con los papás y
+con Romadonga, sus ojos de pez, claros y fríos, no se apartaban de la
+gentil muchacha.
+
+¿Gentil? Sí, Presentación era una lindísima joven que acababa de cumplir
+los veinte. Delgadita, morena, de rostro fino y expresivo, los ojos
+picarescos con afectación, los cabellos negros y pegados a la frente, la
+boca tan pronto grande como chica, de una extrema movilidad, lo mismo
+que los ojos, que el talle, que las manos, que todo lo demás. Una mujer,
+en suma, hecha de rabos de lagartija. El reverso de su hermana Carlota,
+tan redondita, tan sosegada, de una pasta tan excelente que no había
+medio de alterarla. No era bella, al decir de los inteligentes; su nariz
+no estaba bien modelada; los labios eran demasiado gruesos. No obstante,
+había quien la prefería a Presentación por la dulzura de sus grandes
+ojos, suaves, hermosos, por la frescura nacarada de su tez, por lo
+macizo y bien torneado de su talle. Pero eran los menos.
+
+Presentación se había vuelto de espaldas por completo. Su rostro y todo
+su cuerpo reflejaban agitación violentísima que se traducía en muecas y
+contorsiones y se exhalaba también en frases incoherentes pronunciadas
+en voz baja, que ni Carlota ni Mario llegaban a comprender. La causa de
+tal estado espasmódico no podía ser otra que la influencia magnética de
+la mirada del violinista pesando continuamente sobre su cogote.
+
+Carlota la contemplaba con sonrisa benévola y le decía por lo bajo:
+
+--¡Calma, niña, calma!
+
+--¡Sí, sí, calma!... ¡Que te pasase a ti lo que a mí me está
+pasando!--exclamaba con coraje, esforzándose en apagar la voz.
+
+--Buenas noches, Carlotita--dijo en aquel momento Timoteo, tratando de
+dar a su voz gangosa acento picaresco.--No se las he dado antes porque
+la veía a usted muy entretenida.
+
+--Abre el paraguas, Carlota--dijo Presentación por lo bajo.
+
+Pero no tan bajo que no llegase como un rumor a los oídos del joven.
+Éste, sin percibir las palabras, comprendió su tristísimo sentido y
+quedó avergonzado y confuso.
+
+--Buenas noches, Presentacioncita--dijo entonces abriendo la boca
+desmesuradamente para sonreír.
+
+--Buenas noches--respondió la joven sin volver la cabeza, mirando con
+fijeza al frente.
+
+--Hoy la he visto a usted en un comercio de la calle de la
+Montera--profirió el artista abriendo la boca un poco más.
+
+--Puede ser--repuso Presentación sin dejar de mirar al frente.
+
+--Estaba usted comprando unas enaguas.
+
+--¡Enaguas!--replicó la joven con el acento más despreciativo que pudo
+hallar.--¡Vamos, debe usted tener los ojos en el cogote para confundir
+enaguas con chambras!
+
+Timoteo quedó anonadado. Apenas pudo murmurar algunas frases de excusa.
+
+Y he aquí por qué el violín se quejaba tan amargamente hacía poco
+tiempo, por qué arrastraba las notas de un modo tan lamentable.
+Presentía el infortunado que las chambras jamás deben confundirse con
+las enaguas.
+
+D.ª Carolina acudió generosamente al socorro de aquella desgracia.
+
+--Los hombres no entienden nada de nuestra ropa, muchacha, y además,
+mirando por los cristales del escaparate no es fácil distinguir lo que
+se compra.
+
+Timoteo le dirigió una mirada de carnero moribundo agradeciendo el cable
+de salvación. Pero convencido de que era inútil luchar contra un
+temporal tan deshecho, renunció a agarrarse a él.
+
+D.ª Carolina era del mismo corte y figura que su hija Presentación, esto
+es, delgada, nerviosa y con unos ojillos vivos y penetrantes que los
+años habían hundido y rodeado de un círculo oscuro y fruncido.
+
+--¡Hija, ten un poco de educación!--añadió por lo bajo ásperamente,
+tratando al mismo tiempo de alargar la mano con disimulo para darle un
+pellizco corroborante.
+
+Presentación separó las piernas instantáneamente y soltó una carcajada
+que puso más nerviosa y más arrebatada a su mamá. Vivían ambas en
+constante guerra. Sus genios eran igualmente vivos. Pero así y todo, no
+podían prescindir la una de la otra y formaban dentro de la casa un
+partido. Presentación era la preferida de su madre, como Carlota de su
+padre.
+
+--Oiga usted, Timoteo--dijo de pronto la niña volviéndose hacia el
+violinista con ojos risueños.--¿Qué era lo que usted tocaba hace poco?
+
+--¿Lo último?... Un _stornello_ titulado _Día de sol_.
+
+--¡Qué bonito es!
+
+--¿Le gusta a usted?--preguntó dilatando su boca para sonreír de tal
+modo que dejó estupefactos a los circunstantes a pesar de hallarse
+acostumbrados a los prodigios que la naturaleza solía obrar en su
+fisonomía.
+
+--¡Muchísimo! Es precioso... precioso...
+
+--¿Quiere usted oírlo otra vez?
+
+--¡Ya lo creo!
+
+--Pues lo tocaré, lo tocaré, Presentacioncita--dijo el artista lleno de
+condescendencia, rebosando de orgullo.
+
+--El caso es--manifestó la maligna joven con tristeza--que nos vamos a
+ir pronto.
+
+--Eso no importa. Voy a tocarlo en seguida... Verá usted.
+
+Y se fue a buscar al pianista. Éste no parecía por ningún lado. Timoteo
+daba vueltas como loco por todos los rincones del café.
+
+--Vamos--decía en tanto Presentación a su hermana,--el _Día de sol_ nos
+librará de la lluvia.
+
+--¡Pobre chico! ¿Qué culpa tiene él de que se le escape la
+saliva?--repuso aquélla sonriendo.
+
+--¡Anda! ¿Y qué culpa tengo yo?--exclamó enfurecida la otra.
+
+Mario rió la ocurrencia, irritado contra el violinista que le había
+impedido extraviarse por la floresta. Romadonga la amenazó con el dedo.
+
+--¡Niña! ¡niña!
+
+--¿Qué le duele a usted, D. Laureano?
+
+--A mí nada. A Timoteo es a quien le arden las orejas... Diga usted,
+¿cómo no han estado ustedes esta tarde en la Castellana?
+
+--Eso cuénteselo usted a mamá.
+
+--¿A mi, niña?--exclamó vivamente doña Carolina.--¿Qué estás ahí
+diciendo? ¿No sabes que tienes padre?--Y volviéndose hacía
+Romadonga:--Pantaleón no ha querido que hoy fuésemos a paseo, sin duda
+temiendo a la humedad por lo mucho que ha llovido estos días.
+
+--Eso es... No lo he juzgado conveniente--corroboró D. Pantaleón
+dirigiendo una mirada tímida a su mujer.
+
+Presentación hizo un mohín de desdén y se volvió hacia Mario y Carlota.
+Pero juzgando que era ya tiempo de dejarlos abandonados a sí propios,
+entabló conversación con una señora que se refrescaba con grosella en la
+mesa inmediata.
+
+--¿Qué es eso, D.ª Rafaela, no lee usted hoy _La Correspondencia_?
+
+--Ya la he leído, querida... No trae más que esquelas de defunción.
+
+--¿Pues y la noticia del matrimonio de la infanta?
+
+--No sé nada. Ya sabe usted que yo no leo más que los anuncios.
+
+No era una señora en la acepción que se da usualmente a la palabra, ni
+tampoco una mujer del pueblo. Participaba de ambas clases. No gastaba
+sombrero ni mantilla, pero el mantón alfombrado que cubría sus hombros
+era riquísimo; el vestido, de seda pura; en los dedos y en las muñecas
+sortijas y brazaletes de valor y en las orejas dos orlas de brillantes
+con zafiro en el medio; todo lo cual pregonaba que, si D.ª Rafaela no
+vestía de señora, no era seguramente por falta de dinero.
+
+Nadie lo ponía en duda, D.ª Rafaela poseía en la calle de Hortaleza un
+comercio de antigüedades que en otro tiempo había sido prendería y aún
+lo era cuando le venía bien. Unas veces predominaban los objetos
+antiguos, otras los viejos. Como complemento indispensable de tal
+negocio, D.ª Rafaela prestaba con usura. Hallaríase entre los cincuenta
+y sesenta años. Gruesa, morena, de facciones abultadas y con un extenso
+lunar de pelos largos, cerdosos, en la mejilla derecha, cerca de la
+boca. Vivía sola con una sobrina a quien dejaba cerrada en casa mientras
+acudía invariablemente todas las noches a tomar un vaso de grosella y a
+leer la cuarta plana de _La Correspondencia_. Era campechana, servicial
+y sencilla hasta la simpleza, pero en sus negocios de prendera y
+prestamista mostrábase inflexible y astuta como pocas.
+
+--Acérquese un poquito si ha concluido de tomar su grosella.
+
+D.ª Rafaela trasladó su silla cerca de la joven y en seguida se pusieron
+a departir amigablemente en voz baja. Claro está que el tema de su
+plática fue el acontecimiento de la noche, la presentación de Mario a la
+familia de Sánchez.
+
+--Al fin parece que eso lleva buen camino. Me alegro mucho... mucho. No
+deje de decírselo a su mamá, y que sea para bien. Es un chico muy
+decente, y si tira a su padre... ya ve usted... Por supuesto que
+Carlota, por lo guapa y bonachona, merecía un infante de Ingalaterra...
+Pero, hijita, los tiempos no están para andar a escobazos con los
+hombres. Así se lo digo muchas veces a la gazmoñita de mi sobrina, que
+hace melindres al vidriero de la esquina... Ahora, si usted me pregunta
+mi sentir, le diré que el que más me gusta de esa cuadrilla que se
+sienta en el rincón es aquel muchacho rubio que llaman Godofredo. No es
+que tenga que decir ni pensar nada malo de éste. Al contrario, me parece
+bastante formal y simpático; guapo no lo es... ¿para qué más de la
+verdad?... pero el otro... el otro es una alhaja, un bendito... ¡Si le
+viese usted, como yo le veo muchos días, comulgar en San Antón!...
+Vamos, que enternece hallar un chico tan humilde y devoto ahora en que a
+todos les da por despreciar las cosas santas y decir mil borricadas y
+escandalizar a las personas honradas. A veces se pasa media hora y más
+de rodillas delante del altar de la Virgen... Hijita, ¡qué feliz será su
+madre! Y la mujer que le lleve bien puede decir que no tiene que
+envidiar a ninguna duquesa.
+
+Presentación se ruborizó levemente con estas palabras y dirigió una
+mirada rápida hacia el rincón, tropezando sus ojos vivarachos con los
+suaves y místicos de Llot, que estuvieron posados buen rato sobre ella.
+D.ª Rafaela lo advirtió bien, y adoptando un semblante enteramente
+picaresco, le dijo bajando aún más la voz:
+
+--Ya sé, ya sé, querida, que usted y él... ¡vamos!... Apriete, hijita,
+apriete, y que no se escape, que bien merece la pena... Al que no puedo
+ver ni en pintura es a aquel otro que se come los periódicos, aquel de
+las barbas y las gafas...
+
+--¡Ah, sí, Moreno!...
+
+--¡Un moreno bien desaborío!... tan desgarbadote y tan sucio... Creo que
+no tiene más gusto que escandalizar a ese pobrecito de Godofredo.
+¡Desalmadote! ¡pordiosero! ¡Puhá!
+
+Y miraba al mismo tiempo con ojos coléricos a la mesa donde Adolfo
+Moreno seguía enfrascado en la lectura, muy lejos de pensar que en aquel
+instante excitaba la cólera de la prendera.
+
+Mario y Carlota habían desaparecido, no corporalmente, pero sí en
+espíritu. Timoteo gemía y se lamentaba amargamente, por conducto de su
+violín, de que la niña menor de Sánchez se hubiese vuelto de espaldas y
+hablase tan animadamente con la señá Rafaela, sin cuidarse para nada del
+_Día de sol_ ni de su intérprete. D.ª Carolina decía a Romadonga
+mientras su marido se atusaba gravemente el triste y pacífico bigote:
+
+--No necesito decirle, Sr. Romadonga, que entiendo perfectamente la
+intención con que su amiguito se ha hecho presentar por usted esta
+noche. Sabía hace tiempo que Carlota y él se miraban con buenos ojos, y
+cuando lo supe yo lo supo éste, porque yo no tengo costumbre de ocultar
+jamás nada a mi marido. Le pregunté si le parecía mal el muchacho. Me
+dijo que no, y entonces pensé: bueno, pues que corra el agua por donde
+quiera. El otro día me dijo Carlota: «Mamá, ese chico desea ser
+presentado.--¿A mí qué me cuentas? le respondí. Díselo a tu papá.--Es
+que yo no me atrevo... Si tú te encargases...--Está bien, hija, para mí
+han de ser todos los apuros.» Y armándome de valor me atreví a decírselo
+a éste. Crea usted que temblaba como una hoja, porque no sabía cómo lo
+iba a tomar; tenía miedo que me echase con viento fresco.
+Afortunadamente, estaba de buen humor aquel día, ¿verdad, querido?
+
+D. Pantaleón bajó los párpados, manifestando de este modo solemne y
+augusto que su esposa no se equivocaba acerca del estado de su espíritu
+en aquella ocasión.
+
+--Me respondió que no tenía inconveniente en que lo presentasen con tal
+que fuese por medio de una persona respetable. ¿Te parece bien D.
+Laureano?--Perfectamente.--Pues ya está hecho. Ahora no nos resta más
+que darle a usted las gracias por la molestia que ha querido tomarse.
+
+Romadonga levantó la mano para alejar de sí aquellas gracias que no
+merecía, y volvió la cabeza para mirar a la hermosísima chula, que en
+aquel instante se levantaba del asiento para marcharse. Al pasar junto a
+ellos D. Laureano le dijo familiarmente:
+
+--Adiós, Concha: hasta mañana.
+
+--Buenas noches--respondió ella sonriendo tímidamente.
+
+Su padre se llevó la mano al sombrero. Romadonga siguiola con la vista
+hasta que desapareció por la cancela. Antes de trasponerla Concha se
+volvió a medias y le echó una rápida mirada de latiguillo. Lo cual le
+puso de tan excelente humor, que desde entonces no cerró boca y
+consiguió tener suspensos y embelesados con su charla insinuante lo
+mismo a D. Pantaleón que a su esposa.
+
+Pero la noche corría. Habían sonado ya las once y media, hora en que
+aquella respetable familia tenía por costumbre retirarse. Doña Carolina
+se inclinó hacia el oído de su hija Carlota, y le dijo en voz baja,
+aunque no lo bastante para no ser oída de Mario:
+
+--Por mi gusto, querida, estaríamos aquí un ratito más; pero ya ves, tu
+papá acostumbra a retirarse a esta hora... y ahora más que nunca
+necesitamos tenerle contento, ¿verdad?--añadió con un guiño picaresco.
+
+Luego, volviéndose a su marido:
+
+--Pantaleón, nos iremos cuando tú lo ordenes.
+
+--Bien, pues vámonos ya--respondió el venerable jefe de la familia
+levantándose de la silla.
+
+Los demás le imitaron. La señá Rafaela y Romadonga manifestaron que
+también se iban. Mario no se atrevió a acompañarlos, aunque bastantes
+ganas se le pasaron. La despedida fue tímida y significativa por parte
+de Carlota, franca y afectuosa por la de su hermana, propia de una
+futura hermana política; por la de D.ª Carolina maternal, aunque
+templada por el respeto que le merecía la autoridad de su marido; y por
+éste tan cortés, tan suave, tan condescendiente, que Mario se mostró
+hondamente conmovido, y apenas pudo articular con voz temblorosa algunas
+palabras de ofrecimiento.
+
+Quedó solo al fin. El corazón no le cabía en el pecho. Permaneció un
+instante inmóvil contemplando la puerta, por donde acababa de
+desaparecer, la última, su gentil Carlota. Y bajando de pronto desde las
+nubes de oro y rosa donde se mecía a esta tierra prosaica, se dirigió a
+la mesa del rincón, donde sólo se hallaba ya Adolfo Moreno. El salto no
+podía ser mayor. Moreno era, en sentir de Mario, el ser más distante de
+la poética idealidad que en aquel momento inundaba su espíritu, el menos
+a propósito para recibir la confesión de sus impresiones. Sin embargo,
+eran éstas tan vivas, tan avasalladoras, que si no se desahogaba pronto
+de ellas, era de temer una congestión. Sentose enfrente de su amigo,
+pidió un vaso de leche y esperó a que aquél, en gracia del trascendental
+acontecimiento que acababa de efectuarse, se dignase hacerle algunas
+preguntas. Nada. Moreno había dejado los periódicos políticos y leía con
+atención uno ilustrado que andaba siempre de mesa en mesa metido en una
+carpeta sucia y despellejada. Mario no pudo más. Comprendía que era una
+humillación, pero no tenía fuerzas para resistir al anhelo de
+confesarse.
+
+--Adolfo.
+
+--¿Qué hay?--respondió éste sin apartar la vista del periódico.
+
+--Dame la enhorabuena.
+
+Al pronunciar estas palabras se ruborizó.
+
+--¡Ah, sí!--exclamó el otro alzando la cabeza y mirándole con sonrisa
+entre burlona y benévola.--Al cabo has logrado la dicha de sentarte a la
+misma mesa que D. Pantaleón Sánchez.
+
+--Como tú comprenderás, Adolfo, lo que menos me importa a mí es D.
+Pantaleón. Lo que me interesaba, y mucho, era hablar con su hija. No
+puedes figurarte la impresión que he sentido. Ya sabes que estaba
+enamorado, ¡pero de verdad! Pues bien, ahora lo estoy mucho más, cien
+veces más. ¡Qué mujer tan simpática! ¡Qué tranquilidad, qué dulzura
+respiran todas sus palabras y movimientos! ¡Qué timbre de voz tan
+delicioso! Parece que viene impregnado de la claridad y armonía que
+reinan en su alma. Es una voz que suena más en el corazón que en el
+oído, que nada dice a los sentidos, que despierta el anhelo de las
+alegrías íntimas y serenas del hogar; una voz hecha como los bálsamos
+para curar las heridas que el mundo nos infiere... Nada nos hemos dicho
+de nuestro amor, pero en el brillo de sus ojos, en el cuidado con que
+evitaba el mirarme, he gustado más dicha que si me prometiese amarme
+eternamente. El único signo que advertí de su emoción fue cuando le di
+la mano al acercarme. ¡Qué encarnada se puso la pobrecita!
+
+Moreno continuaba sonriendo con la misma condescendencia, mientras su
+amigo se desahogaba tan fogosamente. Al cabo le atajó.
+
+--No te forjes muchas ilusiones por eso del rubor ni te subas al
+trípode. El rubor es un fenómeno muy prosaico, querido. No significa más
+que un cambio de la circulación sanguínea. Las arterias, al aumentar o
+disminuir de diámetro, enrojecen la piel o la hacen empalidecer. Ni te
+vayas a figurar que sólo las vírgenes se ruborizan, o que sea este
+fenómeno privativo del ser humano. Los animales también se enrojecen. El
+conejo es un animal tan sensible que con la más leve impresión se tiñen
+de carmín sus orejas, y se ha observado que los conejos jóvenes se
+enrojecen más fácilmente que los viejos.
+
+Mario quedó acortado. Le miró fijamente con ojos de asombro y al fin
+murmuró entre triste y colérico:
+
+--Pero, Adolfo, ¡por Dios! ¿qué tienen que ver ahora los conejos
+jóvenes?...
+
+--No... yo no quería decirte... Es simplemente un dato fisiológico.
+
+Recobrose el joven y volvió a coger el hilo de sus impresiones. Las iba
+narrando con entusiasmo, de un modo incoherente, como si estuviese solo.
+Tal vez comprendía vagamente que lo estaba; porque Moreno, a juzgar por
+su mirada distraída y su continente reflexivo, debía de hallarse en
+aquel momento meditando sobre algún oscuro problema de la morfología.
+
+Después de describir y pesar una por una las gracias de Carlota y
+colocarla sobre un rico pedestal de mármol ornado de bajos relieves de
+Fidias, por encima de todas las mujeres de este mundo, casi a la altura
+de la Niobé de Praxíteles, vino a soñar despierto, a pintar de un modo
+plástico la única dicha a que aspiraba uniéndose a ella...
+
+--No soy hombre de grandes ambiciones, Adolfo, bien lo sabes. Para ser
+feliz, no necesito más que cariño, sosiego y un mediano pasar. Un
+cuartito al Mediodía con ventanas al campo aunque esté sobre el tejado;
+una mujercita sana, risueña, que venga a abrirme la puerta; oírla
+teclear después de comer alguna sonata de Beethoven... y que me dejen
+libre alguna hora para modelar cualquier muñeco. Estoy solo en el
+mundo. Apenas he conocido a mi madre. Mi padre se esforzó toda la vida
+en hacerme menos terrible esta pérdida. ¡Dios le bendiga por ello! Pero
+el amor de una madre es insustituible, no tanto por lo vivo y profundo,
+sino por lo que tiene de femenino. El hombre necesita en todos los
+momentos de su vida del amor de la mujer; primero de la madre, luego de
+la esposa, más tarde de la hija. Además, el hombre sin familia no se
+comprende; es un ser incompleto, absurdo, está fuera de la naturaleza.
+
+--Permíteme, querido--manifestó Moreno extendiendo la diestra con
+solemnidad y acentuando aún más la superioridad de su sonrisa.--Más vale
+que no te metas a definir las leyes de la naturaleza. Esas cosas hay que
+estudiarlas con atención y tú no creo que te hayas entretenido hasta
+ahora en ello. El que la familia sea una ley natural y que no podamos
+pasar sin ella me parece una de tantas afirmaciones gratuitas como
+sientan los metafísicos. No se apoya en ningún dato experimental. Entre
+los Bochimanos no existe la familia; entre algunos pueblos polinésicos
+tampoco... En cambio se encuentra algo semejante establecido entre
+ciertos monos ordinarios. Y desde luego entre los antropoides. El
+chimpanzé y el gorila suelen constituir familia.
+
+La exhibición de este preciosísimo dato le dejó tan satisfecho que, en
+el exceso de su alegría, tosió dos o tres veces de un modo modesto,
+indicando que estaba dispuesto a rechazar toda enhorabuena. Acto
+continuo echó mano a la botella de agua, se escanció un vaso y lo apuró
+lentamente con majestuoso ademán, a fin de serenarse.
+
+Mario le contemplaba fijamente.
+
+--Mira, Adolfo--dijo al fin procurando reprimir la indignación,--yo
+nunca he dudado de tu ciencia. Reconozco que sabes mucho más que yo, y
+aunque a mí no me interesen gran cosa los Bochimanos, les concedo toda
+la importancia que tú quieras, por más que tú mismo dices que son unos
+salvajes... Pero, francamente--añadió poniéndose fuertemente colorado y
+clavando una mirada colérica en la mesa,--eso de que hablándote yo de mi
+amor por Carlota, que es un ángel bajado del cielo, me saques a relucir
+el gorila y el chimpanzé, no es decente... no es decente... ¡vamos, que
+no es decente!
+
+
+
+
+III
+
+
+Vivió desde aquella noche memorable en un estado de exaltación próximo a
+la locura. En su casa dejó de ser, con sorpresa de la patrona, el
+huésped silencioso, tolerante, que ésta se complacía en ofrecer de
+modelo a los demás. Se mostró impaciente, huraño, imperioso; armaba con
+la criada cada pelotera que la vajilla retemblaba con los apóstrofes;
+todo porque le había servido el almuerzo diez minutos más tarde de lo
+que le había ordenado, o no había podido llevarle el sombrero a
+planchar. De igual modo andaba constantemente a la greña con la
+planchadora sobre si los puños, sobre si los cuellos, y con la camarera
+sobre si las botas, sobre si el botón de la levita. La misma D.ª Romana,
+su respetabilísima patrona, a pesar de su continente digno y talento
+persuasivo, no se libraba de las amargas recriminaciones del joven, y a
+veces de sus violentísimos apóstrofes.
+
+--Pero, D. Mario--decía la diplomática señora mientras los ricitos
+postizos de su cabeza se agitaban con elocuencia,--¿cómo quiere usted
+que la comida esté sazonada o no se la sirvan fría, cómo quiere usted
+que le tenga el cuarto arreglado a tiempo ni las cosas a punto, si desde
+hace una temporada no tiene hora fija para nada; tan pronto se le ocurre
+almorzar a las once como a las dos, unas veces se levanta a las siete de
+la mañana, otras duerme hasta las tres de la tarde? Y sobre esto, los
+criados siempre en danza, a casa del sastre, del camisero, a llevar
+cartas y recados a la calle de Ramales.
+
+Era el mismo Evangelio lo que la buena señora alegaba. Los tirabuzones
+sujetos a su frente lo corroboraban con vivos movimientos de
+trepidación. Mario cometía estos desórdenes y otros más. La causa
+estaba en la calle de Ramales, bien lo sabía D.ª Romana; pero no se
+atrevía a expresarlo, aunque lo indicaba recalcando un poquito la
+palabra. Es decir, no estaba en la calle de Ramales. Donde estaba
+realmente era en el cerebro exaltado del joven escultor. Porque ¿qué
+culpa tenía Carlota de que se levantase a las seis de la mañana,
+habiéndole dicho la noche anterior que oiría misa a las diez en el
+Sacramento? ¿Ni por qué pedía a grandes voces el almuerzo a las once, si
+le constaba que hasta las dos lo menos no había de salir de tiendas D.ª
+Carolina con sus hijas? Tampoco era Carlota responsable de que nuestro
+joven perdiese la razón al ver una minúscula arruga en el planchado de
+los puños o las botas sin el conveniente brillo, porque no tenía la
+costumbre de reconocer minuciosamente ni los puños ni las botas de su
+novio. Es más, aunque advirtiese la arruga del planchado o la opacidad
+de las botas, era tan bonachona que se lo perdonaría sin gran esfuerzo.
+
+Al principio nuestro joven iba dos veces por semana a pasar un ratito
+después de la oficina a casa de D. Pantaleón. Poco después, un día sí y
+otro no; luego, todos los días. Esto sin perjuicio de verse y hablarse
+diariamente en el café del Siglo y de las salidas extraordinarias a misa
+y a tiendas, en que _casualmente_ se tropezaban. Pero no bastaba todavía
+a calmar las ansias amorosas del escultor. Todavía ideó el acudir
+también algunas mañanas a casa de su novia con diferentes pretextos;
+luego descaradamente y todos los días. De modo que, lo que decía
+confidencialmente D.ª Carolina a la señora Rafaela:--Hija, estos
+muchachos no me dejan tiempo para arreglar mi casa ni para vigilar la
+cocina; no puedo cepillar la ropa a Pantaleón, no puedo escribir una
+carta, no puedo hacer una visita. ¡Siempre clavada a la silla en el
+gabinete! Luego, si Presentación me ayudase un poco a soportar la carga;
+pero ¡que si quieres!
+
+En efecto, cuando por algún apuro imprescindible D.ª Carolina la llamaba
+para que se estuviese al lado de los novios, mientras ella permanecía
+fuera, Presentación levantaba los brazos al cielo exclamando:
+
+--¡Dios mío, qué pecado habré cometido para desempeñar tan joven estos
+papeles!
+
+Y si la señora tardaba mucho, se escapaba diciendo:
+
+--No puedo más. Dispensadme. Cuidado con ser buenos.
+
+En vano la pobre Carlota le gritaba ruborizada:
+
+--¡Niña, niña! ¡Por Dios, no marches!
+
+--No puedo más--repetía huyendo,--no puedo más. La carga es superior a
+mis fuerzas.
+
+D.ª Carolina, por estas y otras contrariedades, tenía frecuentes accesos
+de mal humor; gritaba a sus hijas, las llenaba de improperios; a veces,
+de esta marejada salpicaba también alguna espuma a Mario. Pero no se
+daba por ofendido; al contrario, sentía cierto deleite en que la mamá de
+su adorada le reprendiese, le tratase con tal excesiva confianza: le
+parecía que de tal modo se acortaba cada vez más la distancia que
+mediaba para ser su hijo.
+
+Pero la gran dificultad para esto y para todo en aquella casa era D.
+Pantaleón. No lo parecía. Mario hallaba en él un hombre grave, pero
+dulce, afectuoso, de una cortesía exquisita. Apenas se le sentía en la
+casa. Sin embargo, D.ª Carolina, a quien trasmitía sus órdenes, estaba
+siempre pendiente de ellas, y no daba jamás un paso sin consultarle y
+pedirle la venia. Así que nuestro joven, a fuerza de sentir su
+influencia en todos los momentos sin escuchar su voz, sin ver el ademán
+imperativo de su diestra, había llegado a profesarle un respeto
+profundísimo, una veneración sin límites, contemplando su cara
+enigmática y misteriosa como la de un dios impenetrable. Cuando le
+tropezaba por los pasillos de la casa, y sucedía bastantes veces, porque
+el Sr. Sánchez era muy dado a pasear por ellos con zapatillas, le daba
+un vuelco en el corazón y le saludaba con una turbación que, lejos de
+disminuir, aumentaba cada día.--He aquí el hombre--se decía al apartarse
+de él--en cuyas manos se encuentra mi felicidad o mi desgracia.
+
+La influencia de D. Pantaleón se sentía en todos los momentos y se
+extendía a los pormenores más insignificantes de la vida doméstica. Para
+salir a tiendas, para ir a paseo, para comprarse unas botas, para
+suscribirse al periódico de modas, para cambiar de panadero, se
+necesitaba acudir a su autoridad suprema. Mario la encontraba
+asfixiante, pero se sometía.
+
+La vida de aquel déspota no podía ser más sencilla. Levantábase
+invariablemente a las nueve de la mañana, y después de desayunarse
+terminaba la lectura de _La Época_, que había comenzado la noche
+anterior. La leía toda, hasta el folletín y los anuncios, encerrado en
+su habitación, sin que bajo ningún pretexto consintiese D.ª Carolina que
+se le fuese a interrumpir. Esta escrupulosidad concienzuda aplicada a la
+lectura de un periódico, que ordinariamente suele hacerse a la ligera,
+¿no es indicio de un carácter reflexivo a investigador, de una
+inteligencia firme y ansiosa de nutrirse? El curso de la presente
+historia lo dejará cumplidamente demostrado. Aquella lectura, trivial
+para la mayor parte de los hombres, despertaba en el cerebro de Sánchez
+copiosa serie de pensamientos graves o frívolos, según su orden.
+
+Para meditarlos, para clasificarlos, para extraerles el jugo, se salía
+al pasillo, y envuelto en su bata alfombrada y provisto de silenciosas
+zapatillas suizas, paseaba grave y acompasadamente hasta la hora de
+almorzar. Después del almuerzo y de reposar algunos minutos, se salía a
+dar un largo paseo contemplativo por el Retiro. Cualquiera que le viese
+recorriendo lentamente, con las manos atrás y la cabeza inclinada hacia
+la izquierda, los arenosos caminos del Parque, diputaríale por un
+ocioso, un militar retirado, un propietario, algo, en suma, vulgar y
+hasta inútil en la sociedad. ¡Cuán engañosas son las apariencias! Algo
+así pensaban los habitantes de la ciudad de Heidelberg cuando el gran
+Emmanuel Kant cruzaba de paseo con su paraguas bajo el brazo. Y si le
+hallasen sentado en un banco frente al Estanque grande, inmóvil, con la
+mirada fija, tal vez imaginaran que aquel hombre no pensaba en nada. Y
+así era, en efecto. D. Pantaleón en aquellos momentos tenía el
+pensamiento tan inmóvil como su cuerpo; yacía entregado a una sensación
+de bienestar animal, que inundaba su ser como una ola tibia y lo
+paralizaba. Muchas veces duerme así el espíritu cuando se prepara a una
+actividad enérgica, como el luchador que reposa para disponer de toda la
+fuerza de sus músculos. El genio dormía en el fondo de su alma, sin que
+nadie, ¡nadie! ni él mismo, sospechase su presencia.
+
+D. Pantaleón Sánchez no era rico. Sólo tenía un pasar adquirido en el
+comercio de géneros de punto a fuerza de economías y privaciones. Y aquí
+salta una observación, que merece ser expresada, es a saber: que casi
+ninguno de los hombres que han influido poderosamente sobre sus
+semejantes o han dado impulso y dirección al progreso dispusieron de
+grandes bienes de fortuna. Después de traspasar la tienda al primero y
+único de sus dependientes, sólo poseía en valores del Estado una renta
+de ocho a diez mil pesetas. Gracias al orden y economía de su fiel
+esposa podían vivir cómoda y decorosamente.
+
+A los quince días de entrar en la casa ya nuestro joven escultor ardía
+en deseos de formar parte integrante de la familia. Pero no se atrevió
+a expresarlo sino de un modo indirecto y vago, y con las mejillas
+coloradas, a Carlota, que a su vez le respondió, ruborizada también, que
+«no se pensase todavía en aquello.» Pero ambos siguieron pensando, cada
+cual por su lado; de tal suerte, que si sus bocas estaban calladas, se
+lo decían a todas horas con los ojos. Cuando estaban juntos y se
+quedaban algunos instantes silenciosos con la mirada extática, bien
+podría apostarse doble contra sencillo a que ambos pensaban en
+_aquello_.
+
+Un día, después de larga pausa, dijo Mario repentinamente:
+
+--¿Por qué no se _lo_ dices a tu mamá?
+
+--No me atrevo. Díselo tú--respondió la joven anudando naturalmente la
+tácita conversación que sus pensamientos mantenían hacía tiempo.
+
+--¡Oh, si yo me atreviera!
+
+Hizo coraje algunos días: al fin se atrevió. ¡Cuánta duda, cuánta
+vacilación antes que las abrasadoras palabras saliesen de sus labios!
+
+Estaba D.ª Carolina subida encima de una silla sujetando un visillo del
+balcón. Carlota había salido en busca de tijeras. Sin saber cómo,
+aprovechándose tal vez de que la buena señora se hallaba de espaldas y
+no podía anonadarle con una mirada fulgurante, dijo con voz bastante
+entera:
+
+--D.ª Carolina, cuando usted termine ahí voy a darle un susto.
+
+--¿Un susto?--repuso la señora volviendo la cabeza con sorpresa.
+
+--¡Sí, un susto!--repitió el joven sonriendo alegremente, cada vez más
+animado.--Pero no tenga usted miedo. Es un susto puramente moral.
+
+--¡Bueno!--exclamó en actitud vacilante, sonriendo también.--No sé qué
+será... Voy a concluir.
+
+En los breves instantes que duró la operación tuvo tiempo a perder todo
+el valor que había mostrado. De suerte que cuando D.ª Carolina se bajó
+de la silla, con la misma ligereza que una niña, y se volvió, encontrose
+con un hombre desencajado, tembloroso, que daba pena mirarle.
+
+--Usted me dirá... ¿qué susto es ése?
+
+--¡El que yo tengo!--debió responder Mario, pero no lo dijo. Limitose a
+llevarse la mano a la boca para toser, sin gana por supuesto, y profirió
+con trabajo:
+
+--Si a usted le parece, podemos sentarnos.
+
+--Con mucho gusto. Nada nos darán por estar de pie.
+
+D.ª Carolina aparentaba indecisión y sorpresa que no sentía. No se
+necesitaba ser lince para comprender de qué se trataba.
+
+--Debo ante todo... Cuando tuve el honor de ser presentado a ustedes...
+Sentiría muchísimo...
+
+No hallaba medio de tomar la embocadura. Estaba cada vez más turbado. En
+aquel momento apareció en la puerta Carlota. Al ver su encantadora
+figura, de formas elegantes y redondeadas, sus ojos animados, sus
+mejillas frescas adornadas de un par de hoyos como dos nidos de amor,
+sus labios de cereza, una verdadera rosa, en fin, de carne y hueso,
+recobró de pronto todo el aplomo y dijo con voz segura:
+
+--Me alegro de que venga Carlota y escuche lo que le voy a decir...
+
+Carlota se acercó. En la actitud de su novio adivinó en seguida lo que
+pasaba.
+
+--Pues bien, señora, lo que tengo que manifestar a usted es que, lo
+mismo Carlota que yo, deseamos casarnos cuanto más antes.
+
+--¡No, no! ¡yo no!--exclamó la joven encendida en rubor y echando a
+correr.
+
+D.ª Carolina se mostró sorprendidísima.
+
+--¡Pero eso es un escopetazo, Costa! Razón tenía usted en decir que me
+iba a dar un susto. ¡Ave María Purísima! ¡Quién había de pensar!...
+
+Y por algunos momentos no dejó de hacerse cruces y proferir
+exclamaciones. Repuesta al fin un poco, llamó a Carlota.
+
+--¡Niña, no seas ridícula, ven aquí!
+
+Y en voz baja añadió:
+
+--¡Pobrecilla! La ha puesto usted en un apuro.
+
+Vino Carlota hecha una rosa de Alejandría por lo roja y por lo hermosa.
+Sentáronse los tres en el sofá, la mamá en el medio, y cogiendo
+amorosamente las manos de su hija y mirando a Mario de reojo, se expresó
+de esta manera:
+
+--A pesar del susto, no le guardo rencor. Me esperaba que algún día
+había de suceder esto, aunque, a la verdad, no tan pronto. Mentiría,
+Costa, si le dijese que no me es usted muy simpático y hasta que le
+quiero ya como cosa propia. No tiene nada de particular. Basta que una
+persona quiera a mis hijas para que la adore yo. Lo que mis hijas
+desean, eso es precisamente lo que a mí me complace. Soy una débil
+criatura sin voluntad propia; todo el mundo lo sabe. ¡Hablarme a mí de
+que desean casarse!... ¿Para qué? De antemano tienen ya mi
+consentimiento para eso como para todo lo que se les antoje. Mi carácter
+es así. Aunque me parezca prematuro el matrimonio y que convendría
+esperar algo más, porque usted no se halla, desgraciadamente, en
+posición de sostener las cargas de una familia, no lo puedo remediar...
+Por mí, mañana mismo les echa la bendición el cura. Es una desgracia
+tener este carácter, señor Costa, créame usted. Mis amigas me dicen con
+razón: «Tú no eres una mujer, Carolina, eres un trapo.» ¿Y qué le vamos
+a hacer? Cada cual es como Dios le crió. De todos modos, le agradezco
+en el alma que haya contado conmigo... Demasiado sé que es pura
+galantería, pero lo agradezco... Vamos ahora a lo más principal, mejor
+dicho, a lo único principal que hay en este negocio. ¿Quién se lo dice a
+Sánchez? ¿Quién le pone el cascabel al gato?
+
+--Mamaíta, díselo tú--manifestó Carlota, cuyas mejillas no habían
+perdido su vivo color rojo.
+
+--¿Lo ve usted?--exclamó la buena señora, volviendo el rostro lleno de
+dulce condescendencia hacia Mario.--¡Cuando yo lo decía!... Bien, hija
+mía, bien; yo se lo diré... Para mí será el desaire si lo hay. Prefiero
+sufrirlo yo todo. Y para que vean ustedes adónde llega mi complacencia,
+ahora mismo se lo voy a decir; ahora que está solo en su cuarto... ¡Ea,
+valor!
+
+D.ª Carolina se alzó del sofá y dio tres o cuatro pasos.
+
+--¡Si supieran ustedes cuánto lo temo!--dijo parándose.--No lo puedo
+remediar; siempre que voy a decir algo importante a Pantaleón, me sucede
+lo mismo, me pongo temblorosa; toda me aturrullo... Mire usted cómo me
+tiembla la mano, Costa.
+
+Mario apretó la mano de su futura suegra, pero no pudo comprobar el
+temblor. Lo único que advirtió es que estaba fría.
+
+--Sí, sí--dijo galantemente,--y además está fría.
+
+--¡Friísima!... Lo mismo me pasa siempre... Vaya, armémonos de valor.
+Voy antes a beber una copita de Jerez para criar fuerzas... Hasta luego,
+hijos míos, hasta luego y ¡buena suerte!
+
+Todavía desde la puerta se volvió con semblante risueño, radiante de
+condescendencia.
+
+--¡Cómo me late el corazón!--exclamó llevándose la mano al
+pecho.--¡Adiós! ¡Buena suerte!
+
+A quien le latía hasta querer saltársele del pecho era al pobre Mario.
+No se atrevió a mirar a Carlota. Tampoco ésta volvió su rostro hacia él.
+Felizmente vino a sacarlos del apuro la bella Presentación. Entró seria,
+ceñuda y, sentándose cerca del balcón, exclamó con un suspiro:
+
+--¡Ea! ¡Ya estoy en funciones!
+
+Lo mismo Carlota que su novio no pudieron menos de sonreír.
+Trascurrieron algunos minutos en silencio.
+
+--Pero vamos a ver--profirió después volviéndose airada hacia
+ellos,--¿cuándo me van ustedes a dejar en paz? ¿Se quieren ustedes casar
+pronto, empachosos?
+
+--De eso se trata--respondió gravemente Mario.
+
+Y como la joven le mirase sorprendida, su hermana añadió tímidamente:
+
+--Mamá se lo está comunicando en este momento a papá.
+
+La cara de Presentación expresó un gozo sincero.
+
+--¿Es de veras? ¡Cuánto me alegro, hermana de mi alma!--exclamó
+levantándose y abrazándola con efusión.--¡Toma un beso, toma dos, toma
+veinte!... Sea enhorabuena. Démela usted a mí también, Costa, y pídame
+perdón por las mil iniquidades que ha hecho conmigo... ¡Qué gusto,
+Virgen de Atocha!... Ya concluyeron las centinelas. Ahora son ustedes
+los que me van a guardar a mí. ¡Y que no te voy a dar poca tarea,
+Carlota! Me vas a sacar a paseo todos los días, ¿sabes? todos, sin
+faltar uno. Y por la mañana me llevarás a misa... y después... después
+unas vueltas entre calles para lucir este cuerpecito...
+
+Daba saltos de alegría y batía las palmas la revoltosa niña, tanto por
+la perspectiva de aquella bienandanza como por ver a su hermana feliz;
+porque en el fondo no era mala, aunque Timoteo la apellidase casi todas
+las noches ingrata y orgullosa con el violín.
+
+Mas he aquí que en lo más recio de esta alegría turbulenta aparece D.ª
+Carolina. Nada más que con mirarla comprendieron Mario y Carlota lo que
+había. Traía la cara larga, larga como si viniese de un entierro. ¡Ay,
+sí, el entierro de las esperanzas de Mario! Mientras se acercaba
+lentamente hacia ellos ejecutó un sinnúmero de muecas y visajes,
+expresando alternativamente el dolor, la protesta y la resignación.
+Sentose de nuevo en silencio entre los dos, y en silencio también y con
+rara energía apretó las manos a Mario fijando en él al mismo tiempo una
+mirada de indefinible tristeza.
+
+--No se apure, señora--exclamó éste haciendo de tripas corazón,
+esforzándose por sonreír.--¿No puede ser? Lo siento muchísimo; pero lo
+mismo Carlota que yo sabremos tener calma y esperar con paciencia.
+
+D.ª Carolina se llevó el pañuelo a los ojos como si quisiera llorar.
+
+--¿Qué es eso? ¿No hay boda?--preguntó Presentación; y, levantándose con
+ademán desabrido, añadió:--¡Bah, bah! La culpa ya sé yo de quién es.
+
+No hubo más remedio que resignarse. Don Pantaleón hallaba prematuro el
+matrimonio. Los hombres, según decía su esposa, miran las cosas de un
+modo prosaico; se fijan en el porvenir, en las necesidades y
+obligaciones que trae consigo; todo lo ven de color negro. Nosotras
+procedemos de otro modo, por entusiasmo, por cariño; cuando se nos
+interesa el corazón no queremos ver las dificultades. Por mi parte,
+aunque no tuviese usted empleo ninguno, aunque fuese un pobre de la
+calle, bastaría el afecto que le tengo para que le entregase a mi hija
+sin reparar en nada.
+
+
+
+
+IV
+
+
+Esperaron, pues, pacientemente a que Sánchez se ablandara. La vida
+siguió deslizándose en la misma forma que antes, creciendo de día en día
+la confianza y el cariño entre nuestro joven y la familia de su novia.
+No salía de la casa. Cuando iban a paseo por Recoletos, Mario y Carlota
+marchaban delante y detrás D.ª Carolina y Presentación. Al poco tiempo
+todo Madrid los conocía. «Ahí vienen _los novios_,» se decían los
+paseantes al verlos. Entre algunos chistosos comenzó a llamárseles _I
+promessi spossi_. Y como suele suceder, al cabo de algunos meses
+llegaron a aburrir a la gente. ¡Pero, señor! ¿cuándo se casan estos
+chicos?
+
+D.ª Carolina consintió al fin, a ruego de Mario, en tutearle, y hasta
+llevó su condescendencia a permitir que la llamase mamá, todo en secreto
+por supuesto y cuando Sánchez no se hallaba presente. Un día que delante
+de éste se le escapó llamarle de tú, ¡Jesucristo, lo colorada que se
+puso la buena señora! Mario estaba hechizado; la adoraba.
+
+Pocos meses después acaeció un cambio en la política. Cayó el ministerio
+y se formó otro nuevo. El ministro de Ultramar saliente se acordó de
+Mario por la amistad que había mantenido con su padre y le dejó
+ascendido en lo que se denomina en términos burocráticos testamento.
+Tenía diez y seis mil reales de sueldo. D.ª Carolina mostró al saberlo
+una alegría verdaderamente maternal. Tanto que a los pocos días le llevó
+sigilosamente hacia un rincón y le dijo con misterio que si se lo
+permitía iba a dar «otro tiento» a Sánchez: desconfiaba bastante del
+éxito, pero iba a hacer un esfuerzo supremo... «Ya veríamos.»
+
+En el pecho del joven escultor renacieron súbito las esperanzas. Se puso
+tan nervioso, que la bondadosa señora, para completar su caritativa
+obra, mostrose propicia a ir en aquel mismo momento al cuarto del severo
+esposo. Mario no pudo contenerse; poco menos que la hizo salir a
+empujones de la habitación. Ella sonreía dulcemente llamándole loco.
+
+¡Qué zozobra! ¡qué congojas las de los novios mientras permaneció por
+allá! Llegó a tal extremo, que Mario ¡pobre muchacho! consintió en rezar
+con Carlota algunos padres nuestros para obtener un resultado favorable.
+
+El cielo escuchó sus oraciones. D.ª Carolina se presentó al cabo de
+media hora radiante de dicha. Y antes de que saliese una palabra de sus
+labios, corrió hacia su hija y la abrazó estrechamente derramando un
+torrente de lágrimas. Después hizo lo mismo con Mario. Éste experimentó
+tan fuerte emoción, que quiso volverse loco. Lloró, rió, bailó, besó las
+manos a su futura suegra llamándola madre, prometiéndole amarla y
+obedecerla siempre como un hijo sumiso; en fin, mil ridiculeces que
+harán sonreír a todo el que no haya estado de veras enamorado.
+
+Desde entonces no se habló más que de la boda. Comenzaron a comprar la
+ropa blanca; esto es, comenzó el único período de la existencia que
+puede dar idea aproximada de lo que acontece en el cielo. Esta memorable
+etapa de la ropa interior ejerció tal influencia en la felicidad de
+Mario, que muchos años después, al pasar delante de un bazar de ropa
+blanca y ver colgadas en el escaparate algunas enaguas y camisas de
+señora, aún sentía latir su corazón conmovido. D.ª Carolina fue el
+Espíritu Santo de este almo cielo. Cuando nuestro joven la veía ponerse
+las gafas y tomar entre sus dedos una chambra, frotarla cuidadosamente,
+acercarla a los ojos para ver si descubría alguna pérfida hebra de
+algodón entre su cándido hilo, un estremecimiento de dicha inefable
+corría por su cuerpo; la emoción le ahogaba; necesitaba volverse de
+espaldas para no caer a sus pies y expresarle en términos fervorosos
+delante de los horteras toda la veneración, todo el entusiasmo que su
+conducta generosa le inspiraba.
+
+Luego se fijó el día: se discutió la forma en que había de celebrarse.
+Antes se había convenido en que los novios no vivirían aparte «por
+ahora.» El pequeño sueldo de Mario no lo consentía. D. Pantaleón
+manifestó por boca de su esposa que mientras el matrimonio no se hallase
+en condiciones de establecerse, viviría en su compañía. El mismo D.
+Pantaleón resolvió que la boda se celebrase con un día de campo en los
+Viveros, como era uso y costumbre entre el elemento distinguido del
+comercio de Madrid.
+
+Fue en el primer domingo de Agosto. Mario convidó a sus amigos los
+tertulios del café del Siglo, Miguel Rivera, Adolfo Moreno, Llot,
+Oliveros, Romadonga y tres o cuatro compañeros de oficina: los señores
+de Sánchez, a varias distinguidas familias del comercio, y entre ellas a
+la del mismísimo presidente de la _Liga de Productores_, propietario de
+una gran fábrica de ladrillo refractario en las afueras de Madrid. Los
+esposos Sánchez no mantenían amistad muy íntima con esta familia; pero
+comprendiendo todo el lustre que sobre la fiesta recaería si lograban
+que asistiese a ella, les escribieron una rendida carta. Los señores de
+Corneta, que así se llamaba el presidente de la Liga, respondieron con
+una muy amable esquela aceptando y enviando al propio tiempo una precisa
+licorera, que enriqueció la serie de regalos que los novios recibieron
+en aquellos días. D.ª Carolina los había colocado todos en un gabinete
+de la casa en medio de una bonita decoración de percalina para que
+hiciesen más impresión. Había muchos y muy lindos, pero entre todos
+predominaba una rica colección de barómetros y termómetros de todas
+formas y tamaños. Los amigos habían comprendido, con admirable instinto,
+que nada puede interesar tanto a unos recién casados como la observación
+atenta de los fenómenos meteorológicos.
+
+El primer domingo de Agosto amaneció tan espléndido, tan claro y
+caliente como casi todos sus colegas del estío en Madrid. Los asistentes
+a las primeras misas en la iglesia de Santiago pudieron ver en una de
+las capillas laterales a un joven correctamente vestido de negro hincado
+delante de un confesonario. Nada tenía de particular. Pero en el
+confesonario de enfrente había una joven también vestida de negro con la
+cara pegada a la ventanilla. Esto era ya grave. Así lo entendieron los
+fieles, y por eso, pecando contra el tercer mandamiento, no les quitaron
+ojo mientras duró la confesión.
+
+El cura tenía abrazado al joven, de suerte que los asistentes no podían
+observar más que sus piernas, que no decían nada. Pero la joven dejaba
+ver un cacho de mejilla, y este cacho de mejilla, por lo suave, por lo
+terso, por lo sonrosado, interesaba profundamente al auditorio, y muy
+especialmente al monaguillo que ayudaba a la misa.
+
+«Son unos novios,» se dijeron los fieles rebosando de curiosidad y
+penetración. En efecto, eran ellos, la fresca y simpática Carlota y el
+venturoso Mario.
+
+Después de la ceremonia y de tomar chocolate en la morada de D.
+Pantaleón, trasladaronse los recién casados y su cortejo en dos grandes
+ómnibus a los Viveros. Los Viveros guardan entre las filas de sus
+árboles enanos y bajo sus cenadores rústicos toda la poesía del comercio
+madrileño. Los gremios expresan allí en los días festivos que no son
+insensibles al encanto misterioso de la Naturaleza ni ajenos a las
+dulces emociones del campo. Como testimonios mudos pero elocuentes de
+este fondo poético que algunos pretenden negar, suelen verse bajo los
+frescos emparrados, donde la luz se cierne mansa y dormida, o sobre el
+fino tapiz de la yerba, entre setos de boj y cinamomo, algunas cabezas
+de sardina y no pocos residuos de huevos cocidos.
+
+El Sr. Sánchez, que a pesar de su temperamento meditabundo y soñador no
+olvidaba ningún pormenor interesante, había contratado el día antes un
+piano mecánico. No fue obstáculo el calor para que aquella juventud
+florida se pusiese inmediatamente a bailar con frenesí. Un caballero
+tuvo la ocurrencia de quitarse la levita; los demás le imitaron. Se
+bailó en mangas de camisa, con esa grata familiaridad que caracteriza a
+los hombres de negocios en momentos de alegría. Así y todo, se sudaba
+como en los primeros días de la creación. Las mejillas de las damas
+echaban fuego. ¡Ah, si pudieran utilizar el hielo que envolvía en aquel
+instante el corazón del violinista del café del Siglo, qué bien se
+refrescarían!
+
+A fuerza de inteligencia y diplomacia había logrado Timoteo que D.ª
+Carolina le invitase a la boda. Por cierto que este rasgo de generosidad
+le valió un disgusto. Su hija menor armó la de San Quintín al enterarse,
+profiriendo tan pesadas palabras que la buena señora se vio necesitada a
+zanjar la cuestión por el método usual, con un par de pellizcos. La niña
+puso el grito en el cielo. Y en estas simpáticas disposiciones hacia el
+violinista fue a la boda de su hermana. ¡Qué había de suceder! Un
+desastre. A la primer coyuntura aquellos dos pellizcos se los aplicó en
+el alma al causante de todo.
+
+--Presentacioncita, ¿me haría usted el honor de bailar conmigo esta
+polka?
+
+--Gracias, no bailo.
+
+Pocos instantes después llega otro joven y le hace la misma invitación.
+Presentación vacila un momento, mira de reojo al violinista, sonríe
+maliciosamente y se deja arrastrar al baile por tal odiosísimo sujeto, a
+quien desde aquel punto dedica Timoteo toda la hiel que elabora su
+organismo.
+
+Este ser repugnante y abyecto, llamado Grass, dedicaba las horas en que
+no medita o ejecuta alguna acción vergonzosa, a llevar los libros de
+comercio en dos camiserías de la calle del Príncipe. De aquí que
+pretendiese eclipsar a todos los demás por el brillo y la forma de su
+cuello a la marinera y por el esplendor de la corbata de raso azul con
+lunares blancos. Timoteo sentía la superioridad de Grass en este punto,
+pero antes le hicieran rajas que confesarlo.
+
+Presentación era, con mucho, la más linda de las niñas que la industria
+y el comercio habían enviado a la boda de Mario. Por eso todos los
+jóvenes le bailaban el agua, acudían a servirla y festejarla como un
+tropel de esclavos. Quién solicitaba humildemente la honra de tener por
+su abanico, quién extendía la levita sobre la yerba para que se sentase;
+los unos corrían a buscarle un vaso de agua cuando tenía sed y se lo
+presentaban con azucarillo y gotas de azahar, o con anís o con jarabe de
+grosella, para que eligiese; los otros se consideraban felices con que
+de lejos les enviase una ligera sonrisa. Con esto la niña, que había
+mostrado siempre marcada inclinación a las pompas mundanas, se puso
+insufrible. Parecía una sultana cruel y despótica. A fuerza de ver
+inmediatamente obedecidos sus caprichos, ni sabía ella misma lo que
+quería. Tan pronto llamaba a un mancebo y le permitía sentarse a sus
+pies y le escuchaba y le miraba amablemente, como le arrojaba con ademán
+feroz y viento fresco. Unas veces exigía que le contasen algo, otras les
+obligaba a permanecer inmóviles y silenciosos. Fortuna fue que no se le
+ocurrierra mandar ahorcar de un árbol a Timoteo, porque en el estado en
+que se hallaban los espíritus, ¡quién sabe lo que sucedería!
+
+Pero el que logró presto sobreponerse a sus colegas y fijar la atención
+de la bella fue Grass. Y esto no sólo por el prestigio de su corbata,
+sino porque además era hombre de iniciativa y ocurrente. Cada una de sus
+frases, un poema de gracia. Cuando tenía que referirse a su propia
+cabeza, la llamaba «la calabaza.» «Yo conocí en Sevilla una
+señora--decía--que comía por la boca.»
+
+Poseía asimismo una imaginación fecunda y audaz para toda clase de
+farsas divertidas y talento especial para imitar la voz, el gesto y el
+modo de andar de cualquier persona. Corría y brincaba con agilidad
+pasmosa, a pesar de su obesidad bien pronunciada. Cantaba con voz de
+tiple, de tenor, de barítono y bajo, y se sabía que proyectaba figuras
+en la pared con la sombra de las manos de modo maravilloso. Finalmente,
+era un prestidigitador consumado. A ruego de varias muchachas, hizo
+algunos juegos de manos que produjeron entusiasmo en los invitados.
+Claro está que para efectuarlos necesitaba ayudantes. Grass los elegía
+entre las jóvenes más lindas. Y aunque todas le servían con agrado y
+diligencia, se distinguía particularmente por su entusiasmo
+Presentación. ¡Las diabluras que aquel hombre festivo llevó a cabo con
+ella, sacándole monedas del pelo, de las narices, del cuello!...
+
+¡Timoteo ansiaba beber su sangre!
+
+A las once, poco más o menos, hizo su entrada triunfal en el Vivero la
+familia del presidente de la Liga de Productores. En cuanto se tuvo
+noticia de que un carruaje estaba a la puerta, la mayor parte de los
+invitados abandonaron los placeres y corrieron hacia allá, deseando
+hacer ostensible su amistad con personas tan distinguidas, que hacían
+viso en la sociedad madrileña y tenían carruaje propio. Venían el
+presidente, su esposa y dos hijas. El Sr. Corneta tenía la misma
+elegante figura que un carnicero en día de fiesta. Pequeño, obeso,
+colorado, con gabán muy largo, las enormes manos aprisionadas por
+guantes de color de sangre. Llevaba la cabeza echada hacia atrás y
+hablaba a gritos. Los millones, la Liga, la fábrica de ladrillo
+refractario, todo le salía de una vez a la cara, pugnando por arrojarse
+sobre los infelices que se le acercaban y aplastarlos. ¡Qué modo de
+tender la mano mirando hacia otro lado! ¡Qué voz ruda e impertinente
+para saludar de lejos! Imposible imaginarse una superioridad más
+protectora. Y, sin embargo, mucho más protectoras aún las miradas, las
+sonrisas y los saludos de su amable esposa e hijas. Era el juicio final.
+Los dos pimpollos vestían con pintoresca elegancia, y la mamá, a pesar
+de sus años, no les iba en zaga. Ni feas ni bonitas, pero majestuosas;
+con esa calma imponente que presta a los seres superiores la conciencia
+de su gloria. Las tres venían provistas de sendos impertinentes, con los
+cuales empezaron inmediatamente a llevar a cabo atentas y concienzudas
+observaciones sobre los invitados, como el naturalista que estudia al
+microscopio la figura y los movimientos de algunos infusorios.
+Naturalmente, bajo el poder de esta mirada investigadora, las niñas del
+comercio se ruborizaron y los jóvenes dependientes no sabían dónde poner
+los pies ni las manos, sobre todo las manos.
+
+--¿No viene Juanito?--preguntó no se sabe quién.
+
+--¡Oh, Juanito!
+
+Las tres damas cayeron al escuchar tal pregunta en un acceso de alegría
+que les impidió responder, aunque sin interrumpir por eso el estudio
+microscópico de aquellos curiosos seres.
+
+--Juanito no acostumbra a levantarse a estas horas--dijo al cabo una de
+ellas.
+
+«¡A estas horas! ¡Las once de la mañana! ¡Qué elegancia! ¡qué
+distinción!» pensaban los dependientes a quienes el hado adverso
+obligaba a levantarse de la cama a las seis todos los días.
+
+La familia Corneta fue conducida en triunfo hacia uno de los cenadores,
+donde Mario y su esposa fueron agasajados por ellos con algunas frases
+amabilísimas, de las cuales tanto D.ª Carolina como su digno esposo D.
+Pantaleón conservaron por mucho tiempo vivo recuerdo.
+
+Nadie osaría poner en duda entre los convidados la inmensa superioridad
+de las señoritas de Corneta en cuanto a brillo aristocrático y gracia
+protectora. Sobre todo permaneciendo calladas tales cualidades
+adquirían maravilloso relieve. Cuando tomaban la palabra quizá algún
+crítico escrupuloso pusiera reparos a la voz bronca un poco aguardentosa
+de la menor y a las frases libres y a los ademanes harto sueltos y
+descocados de la mayor. Tal vez le arrastrase su espíritu analítico a
+encontrar algún vago parecido entre estas distinguidas señoritas y las
+jóvenes que comercian con churros y buñuelos en los parajes excéntricos
+de la población. Y ¡quién sabe! una vez puesto el pie en el camino de la
+investigación, es posible que llegara a explicar este fenómeno por las
+leyes de la evolución, viendo en él la supervivencia o degeneración
+patológica de las aptitudes orgánicas de su abuela, que freía y vendía
+tales comestibles cerca de la puerta de Segovia. Pero como en aquella
+florida juventud comercial no imperaban los procedimientos analíticos,
+se aceptaron sin controversia alguna el señorío y los privilegios de las
+citadas señoritas y se las colocó en el cenador en unión de sus papás
+como dioses mayores, a quienes D.ª Carolina y D. Pantaleón y algunas
+otras personas de edad asistían como dioses menores.
+
+Por esta razón y porque nadie podía disputar a Presentación el premio de
+la belleza, aquélla continuó imperando despóticamente entre los jóvenes
+invitados. Su caballero era siempre el odioso Grass, como observaba cada
+vez con mayor encono Timoteo. Pero de vez en cuando dirigía intensas
+miradas del lado de Godofredo Llot. Esto no lo observaba Timoteo. Aquel
+piadoso joven apenas si osaba corresponder levantando de vez en cuando
+hacia ella sus ojos místicos. La mayor parte del tiempo parecía no
+advertir la honrosa atención de que era objeto, embargado sin duda por
+los graves pensamientos ascéticos que continuamente ocupaban su mente.
+
+Después de almorzar, bastante después, cerca ya de las cuatro de la
+tarde, apareció a lo lejos la silueta elegantísima del primogénito del
+Sr. Corneta. Se acercó sonriente, benigno, y todos pudieron admirar sus
+botas de gamuza, el pantalón de punto con botoncitos de nácar a los
+lados y la preciosa americana de franela que ceñía su talle. Este arreo
+campestre y el látigo con que venía azotando suavemente las ramas de los
+arbustos demostraba que había llegado a caballo. Los jóvenes
+dependientes, al verle, quedaron petrificados de respeto y admiración.
+Juanito era miembro del club de los Salvajes, y en calidad de tal solía
+ponerse el frac todas las noches; tenía queridas, caballos, desafíos y
+deudas, y pronunciaba mal las erres. A pesar de esto, hay que confesar
+que en aquella ocasión no abusó demasiado del prestigio y la gloria que
+el cielo había derramado próvidamente sobre él. Saludó al concurso con
+impensada afabilidad, llevándose dos o tres veces el látigo a las
+narices, y dijo con voz bastante clara que se alegraba de encontrarse
+entre tantas chicas bonitas; así; palabras textuales. Naturalmente, las
+jóvenes, al escuchar tan favorable sentencia, temblaron de gozo, se
+ruborizaron hasta las orejas y la guardaron en el fondo de su corazón
+como recuerdo de aquella dichosa tarde. Juanito estaba dotado de mil
+preciosas cualidades que saltaban a la vista; pero la que realmente le
+caracterizaba era la languidez. Imposible imaginarse nada más lánguido
+que este glorioso joven. Cuando hablaba, cuando sonreía, cuando se
+atusaba el bigote, cuando se estiraba las piernas, una irresistible
+languidez resplandecía debajo de estos actos vulgares.
+
+Presentación no pudo resistirla. Se encontró subyugada desde el primer
+momento. En cuanto el joven Corneta, dando pruebas de buen gusto, se
+acercó a ella y le hizo el honor de dirigirle algunas palabras galantes,
+¡adiós Grass! ¡adiós Godofredo también! Aquellos lindos ojos maliciosos
+ya no tuvieron miradas sino para Corneta; aquella fresca boca movible
+sólo para él formó sonrisas.
+
+Timoteo observó esto con mezcla de dolor y satisfacción. Le apenaba el
+entusiasmo de su ídolo por el sietemesino; pero la derrota de Grass le
+llenaba de regocijo. Y en la expansión de su alegría amarga no pudo
+menos de acercarse al grupo donde aquel despreciable personaje se
+empeñaba todavía en imponerse a la atención por medio de sus ridículos
+juegos de manos. No trascurrieron dos minutos sin que le dirigiese una
+pulla de mal gusto. Grass no hizo caso. Volvió a la carga con otra:
+tampoco el catalán se dio por ofendido. Era hombre de buena pasta y
+amigo de las bromas. Mas el violinista llegó a ponerse tan agresivo, que
+al fin no pudo menos de decirle seriamente, suspendiendo su juego:
+
+--Oiga usted, amigo, ruego a usted que sea más comedido en las bromas;
+de otro modo, me parece que no vamos a parar bien.
+
+Timoteo sonrió ferozmente. Y sin tomar nota de esta severa advertencia,
+al poco rato volvió a las reticencias y sarcasmos; de tal suerte que
+Grass perdió al cabo la paciencia. Ciego de ira alzó la mano... y el
+dulce sosiego del bosque fue turbado por una estrepitosa bofetada.
+
+Veinte manos vinieron instantáneamente a sujetarle. Otras tantas lo
+menos acudieron a contener a Timoteo. Formáronse dos grupos a respetable
+distancia el uno del otro. Y donde todo era antes alegría y expansión
+reinó súbito silencio lúgubre y amenazador. Los de un grupo trataban
+confidencialmente de convencer a Grass de que no era sensato ofenderse
+por las palabras de un badulaque como Timoteo. Los del grupo de éste le
+persuadían de que una bofetada no tenía valor alguno cuando la daba un
+ser tan insignificante como Grass. Todos por acuerdo tácito hablaban en
+falsete. No se oía más que un murmullo suave como el de un confesonario.
+Pero la voz fuerte, estridente de Timoteo rompía de vez en cuando aquel
+silencio.
+
+--¡Lo que yo quiero saber es por qué me pega a mí ese tío gordo!
+
+¡Chis! ¡chis! Un gran siseo sumergía y apagaba aquel grito interrogante.
+Reinaba otra vez el silencio. Pero cuando parecía que todo iba a quedar
+sofocado se oía otra vez a Timoteo que desde el centro clamaba con voz
+agria:
+
+--¡Es que yo deseo saber por qué me pega a mí ese tío gordo!
+
+Al cabo estas preguntas peligrosas se fueron atenuando; se hicieron más
+raras y débiles. Poco después aquella sociedad bulliciosa volvía con
+ansia a los recreos inocentes.
+
+No faltaron los brindis ni las improvisaciones poéticas, ni el joven que
+canta a la guitarra con poca afinación y mucha gracia unas coplitas
+picantes, ni la niña de seis u ocho años que en esta clase de
+solemnidades recita siempre, comiéndose la mitad de las sílabas, un
+monólogo de comedia. Don Dionisio Oliveros leyó un largo epitalamio en
+tercetos, que pudo escribir, según confesó, robando a duras penas
+algunos momentos a sus abrumadoras tareas poéticas, entre el tercero y
+el cuarto acto de un drama. Romadonga gozaba de todo paseando su mirada
+serena por los circunstantes, en particular por el sexo femenino,
+recorriendo los grupos y dejando en cada uno testimonios de su gracia y
+amabilidad. Al contrario de los jóvenes del comercio que gustaban de
+vocear, don Laureano lo hacía y lo decía todo con sordina. No se le
+sentía cuando profería suavemente alguna frase galante que conmovía y
+ruborizaba a las doncellitas o hacía soltar alegres carcajadas a las
+matronas. Placíanle, sobre todo, los apartes, las conferencias íntimas.
+A pesar de los años, sus ojos, a la vez desvergonzados y respetuosos,
+dulces y chispeantes, fascinaban a las damas. Todas se hacían lenguas de
+él y le pregonaban como uno de los hombres más agradables que hubiesen
+conocido en su vida.
+
+Después de varias tentativas había logrado tener un aparte con la novia.
+Allá lejos, al pie de un árbol, charlaban los dos animadamente; él
+inclinando su gran torso para ponerse a la altura de ella, en actitud
+insinuante; ella risueña y tan roja como una amapola.
+
+Miguel Rivera, que paseaba con Mario, había mirado dos o tres veces con
+inquietud hacia allá. Al fin, no pudiendo contenerse, exclamó:
+
+--Mira, chico, haz el favor de llamar a tu mujer, porque ese bandido de
+Romadonga debe de estar diciéndole alguna desvergüenza.
+
+Mario se apresuró a cumplir el encargo, con gran satisfacción de la
+pobre Carlota, que estaba en brasas. Don Laureano, sin darse por
+ofendido, se fue deslizando pian piano hacia otro grupo.
+
+En este momento crítico de la jira campestre se efectuó en el Vivero de
+Migas Calientes un suceso insignificante en la apariencia, realmente de
+una trascendencia tan grande que sólo otros tiempos y otras generaciones
+podrán medir por completo su alcance. En la historia del género humano
+suele presentarse cuando menos se espera uno de esos fenómenos
+humildísimos que determinan por la fuerza portentosa y oculta que
+consigo traen cambios radicales, trastornos inmensos en la esfera
+científica y más tarde en la vida de los pueblos. Un día Newton, sentado
+a la sombra de un pomar, ve caer una manzana. La caída de aquella
+manzana le sugiere una idea. Se descubre la teoría de la gravitación.
+Otro día Watt ve hervir un puchero. Observa cómo la tapa se levanta.
+Medita sobre este hecho vulgarísimo. Se descubre la máquina de vapor.
+Otro, cae por casualidad en manos de Carlos Darwin el libro de Malthus
+sobre el _principio de la población_. La idea de la selección natural se
+presenta a su espíritu. El origen de las especies queda descubierto. De
+este orden es el hecho de que vamos a dar cuenta.
+
+Acaeció que el Sr. Sánchez, huyendo el bullicio, que no se compadecía
+con su temperamento melancólico y reflexivo, se alejó de los amigos y se
+puso a vagar distraídamente por las calles de árboles. Acaeció al mismo
+tiempo que nuestro amigo Moreno, arrastrado por sus aficiones
+naturalistas, había seguido antes el mismo camino y se ocupaba en
+examinar algunas yerbas y flores con una lente de que siempre venía
+provisto para casos semejantes. En la confluencia de dos senderos al pie
+de una mata se encontraron. ¡Feliz encuentro que a la larga había de dar
+por resultado una de las más grandes conquistas del espíritu humano!
+
+Moreno y Sánchez se saludaron cortésmente. Ni uno ni otro podían
+sospechar en aquel momento lo que tal saludo iba a representar en la
+historia del progreso humano. Cambiadas algunas palabras indiferentes,
+Sánchez se quiso enterar de lo que Moreno hacía. Éste, cuya ciencia
+estaba siempre al servicio de los amigos y hasta de los que no lo eran,
+le mostró la rama que tenía en la mano; le hizo ver con la lente la
+textura de las hojas y del tallo, el tejido delicadísimo de sus fibras,
+la complejidad maravillosa de su organización. Y una vez en el camino
+didáctico no quiso abandonarlo sin dar a D. Pantaleón un curso de
+botánica: un curso peripatético. Con las manos a la espalda,
+deteniéndose a cada instante para comprobar prácticamente su enseñanza
+teórica, Moreno le inició paseando en los secretos del mundo vegetal.
+
+El espíritu virgen de D. Pantaleón recogió con avidez aquella enseñanza,
+como la tierra seca recibe la lluvia fecundante. Pocos minutos le
+bastaron para enterarse de que en el mundo existían dos reinos
+distintos, el uno llamado vegetal y el otro animal, que aquellas plantas
+y árboles que tenían a la vista pertenecían al reino vegetal, y él y
+Moreno al animal, que los árboles se nutrían por la raíz y por las hojas
+y que se reproducían por medio de órganos que tienen a semejanza de los
+animales, los cuales están situados en lo que comúnmente se llama la
+_flor_, etc.
+
+Por cierto que al hacer el examen minucioso de estos órganos Moreno tuvo
+una frase feliz que causó profunda impresión en el antiguo comerciante.
+
+--Este polvo, residuo de la digestión de la planta, es precisamente lo
+que, al herir la mucosa de la nariz, nos causa esa sensación agradable
+que llamamos aroma. De suerte--añadió con sonrisa de benévola
+ironía--que el perfume de las flores, cantado por los poetas y que
+enloquece de placer a los temperamentos románticos, no es otra cosa en
+realidad que el olor de su excremento.
+
+
+
+
+V
+
+
+A la manera que el grano depositado en la tierra germina bajo la acción
+combinada del calor y la humedad, así las preciosas ideas depositadas
+por Moreno en el cerebro del ingenioso Sánchez germinaron allí toda la
+noche bajo la tibia temperatura de las sábanas. Hasta que el sueño vino
+a apoderarse de sus facultades mentales no dejó de repetirse con
+creciente asombro: «¡El excremento!» Y esta idea, maravillosamente
+fecunda, iba penetrando poco a poco en su ser, se apoderaba de él y le
+abría repentinamente inmensos horizontes en los cuales su genio dormido
+jamás había soñado.
+
+Cuando se levantó por la mañana tenía las mejillas enrojecidas, los ojos
+brillantes, todo el cuerpo en tan ágil disposición, que su digna esposa
+quedó, al verle entrar en el comedor, no poco sorprendida. La sorpresa
+fue en aumento cuando Sánchez, después de tomar el desayuno, en vez de
+retirarse a su gabinete para terminar concienzudamente la lectura de _La
+Época_, se dirigió a la cocina y preguntó si había alguna legumbre
+fresca. Como la criada no hubiese traído ninguna aquel día, se apoderó
+al fin de una cebolla y se fue a su cuarto; destornilló el objetivo de
+unos gemelos de teatro, y con esta lente improvisada se pasó la mañana
+dando cortes trasversales al vegetal y examinando detenidamente su
+estructura. Por la tarde salió a dar su acostumbrado paseo por el
+Retiro. ¡Ah, este paseo tenía ahora muy diversa significación! Hasta
+entonces Sánchez había paseado por puros motivos higiénicos, arrastrado
+de la costumbre. Su pensamiento permanecía inactivo lo mismo cuando daba
+vueltas en torno del _Ángel caído_ que cuando se sentaba frente al
+Estanque grande y descansaba horas enteras haciendo rayas en la arena
+con el bastón. Mas ahora aquellos senderos, aquellas calles de árboles
+estaban iluminadas por la chispa que ardía en su cerebro. Ya no las
+cruzaba con la indiferencia vituperable del ignorante. La Naturaleza
+comenzaba a hablarle su lenguaje grave y solemne, prometiendo revelarle
+los secretos que guarda en su seno.
+
+D. Pantaleón, dándose cuenta vagamente del alto destino a que estaba
+llamado y del importante papel que pronto iba a representar en el
+progreso de los conocimientos humanos, respondió dignamente a los
+llamamientos del reino vegetal. No daba cuatro pasos sin que se
+detuviese a conversar con algún árbol del camino. Arrancaba
+delicadamente una ramita y, aplicando el ojo a la lente, examinaba con
+atención sus particularidades morfológicas. No sólo los grandes árboles
+añosos, que bordaban el paseo, eran objeto de su atención investigadora.
+Con admirable intuición comprendía ya que las plantas más diminutas
+merecían el mismo examen atento que los árboles seculares, porque en
+todas partes la Naturaleza revela su inmensa riqueza. Por eso brincaba a
+menudo por encima de los setos y se metía por los cuadros de flores para
+estudiar los organismos inferiores.
+
+--¡Eh, abuelo! ¿Qué hace usted ahí plantado en medio del cuadro? ¿No
+sabe Usted que está prohibido entrar?
+
+La voz ruda de un guarda le arrancaba inesperadamente de su profunda
+contemplación y le obligaba a volver al camino. La ciencia, el progreso,
+la humanidad perdían cada vez que esto sucedía inapreciables tesoros de
+observación. Mas los guardas no lo sabían. El mismo D. Pantaleón, en la
+inconsciencia de su genio, tampoco lo sospechaba.
+
+Durante varios días realizó, tanto en el Retiro como en el silencio de
+su gabinete, estudios profundos y minuciosos sobre la estructura de
+todos los vegetales que pudo procurarse. Al cabo llegó con poderosa
+intuición a persuadirse de que el mundo vegetal está constituido por un
+tejido de una complicación maravillosa; que en las frutas y las
+legumbres este tejido es blando, lo cual permite que sean masticadas,
+mientras en la madera duro y resistente, por cuya razón no sirve para la
+alimentación. Una vez comprobadas estas preciosas observaciones, se
+apresuró a formularlas por escrito en su cuaderno de notas.
+
+Mientras D. Pantaleón se alzaba de golpe con raudo vuelo a las esferas
+más altas del pensamiento, su amistad con Adolfo Moreno, origen de este
+memorable suceso, se estrechaba cada vez más. Moreno comenzó a visitar
+la casa; se pasaba las horas encerrado con aquél en su gabinete. Había
+hallado por fin el hombre por quien siempre suspirara; un hombre
+callado, atento, que se interesase por la morfología y que le creyese un
+sabio. En efecto, Sánchez llegó pronto a convencerse de que Moreno era
+un hombre distinguidísimo. Al oírle disertar extensamente, unas veces
+sobre la fuerza repulsiva del sol, otras sobre el radiómetro, ahora
+sobre el estómago de las plantas, más tarde acerca de la organización y
+las costumbres de los coleópteros, quedó vivamente asombrado. Adolfo
+Moreno era un ingenio universal. Economía política, medicina, zoología,
+química, astronomía, estadística, arte de construcciones, material de
+guerra, etc., todo lo abrazaba su inteligencia realmente excepcional. Y
+lo más pasmoso del caso era que cuando tocaba cualquiera de estos ramos
+del saber lo hacía siempre en un punto concreto y especialísimo, lo cual
+probaba la solidez de sus conocimientos. Alguno de sus muchos envidiosos
+quería suponer que esta especialidad no tanto dependía de la profundidad
+de su ciencia cuanto de la forma en que ciertas revistas esparcen los
+conocimientos útiles. Pero esta venenosa observación no merece siquiera
+que se la refute. Su fuerte era la biología y particularmente el
+desenvolvimiento fisiológico del tipo humano.
+
+--Me sorprende muchísimo, señor de Moreno--le dijo un día D. Pantaleón,
+después de oírle exponer asombrosamente durante media hora lo menos «las
+enfermedades de la sangre del ratón,»--me extraña muchísimo que con los
+grandes conocimientos que usted posee no sea usted médico o ingeniero,
+o por lo menos doctor en ciencias.
+
+La boca de Adolfo se contrajo con una sonrisa dolorosa y sarcástica.
+Sacudió la cabeza en silencio, resopló tres o cuatro veces por la nariz,
+y dijo al cabo sordamente:
+
+--Empecé a prepararme hace algunos años para la carrera de ingeniero de
+minas, pero comprendí muy pronto que no era ésa mi vocación verdadera, y
+la dejé después de tener aprobadas algunas asignaturas. Quise estudiar
+medicina, que, como usted habrá comprendido, es lo que más concuerda con
+mis inclinaciones. Pues bien, al segundo año he tenido que abandonarla
+por dignidad. ¿A que no sabe usted en qué asignatura me han dejado tres
+veces _suspenso_?
+
+Sánchez le miró con ojos interrogantes.
+
+--Vamos, imagíneselo usted.
+
+D. Pantaleón hizo una mueca para significar que le era imposible.
+
+--¡En fisiología!
+
+Ambos cayeron a la vez en un espasmo violentísimo de risa.
+
+--¡Pero eso es un absurdo!--profirió al cabo con trabajo D. Pantaleón.
+
+--¡Ahí verá usted!--repuso Moreno quitándose las gafas para limpiar los
+cristales, que se habían empañado con el vapor de las lágrimas
+producidas por la risa.
+
+--¿Y usted se ha resignado con tal fallo? Ese tribunal merecía un severo
+castigo--manifestó el caballero, volviendo a su seriedad habitual.
+
+--Yo les hubiera puesto de buena gana una corrección por mi mano...
+pero... amigo don Pantaleón, estoy muy débil. El hambre me tiene muy
+débil.
+
+--¡El hambre!--exclamó Sánchez estupefacto.
+
+--Sí; el hambre, querido Sánchez, el hambre. Para la lucha por la
+existencia se necesitan fuerzas; para tener fuerzas se necesitan
+glóbulos rojos en la sangre; para que haya glóbulos rojos en la sangre
+precisa nutrirse... Yo no me nutro, porque no como carne.
+
+D. Pantaleón le miraba cada vez con mayor asombro. Algo había traslucido
+de la mala situación económica en que Moreno se hallaba; pero viéndole
+tomar café muy sosegadamente todas las noches y vestir con relativa
+elegancia, aunque siempre sucio y desaliñado, no podía sospechar que su
+estado llegase a tal extremo de necesidad. En la tertulia del Siglo muy
+poco o nada se sabía de sus medios de vivir. Por las frases amargas que
+a menudo dejaba escapar se suponía que no eran muchos, y por el cuidado
+con que ocultaba su domicilio y evitaba el hablar de su familia
+calculaban que debían de ser bien humildes.
+
+--Señor Moreno, yo no pensaba...
+
+--¡Piénselo usted todo, amigo Sánchez, piénselo usted todo!--exclamó el
+joven con un gesto de resolución desesperada.
+
+Y después de permanecer largo rato silencioso, con la mirada fija en el
+balcón, profirió al fin sordamente:
+
+--La Naturaleza no ha sido para mí suave como para otros. Yo soy un
+hombre del arroyo. Entre torbellinos de polvo, arrastrado por el viento,
+un germen viene a caer cierto día en las inmundicias de la calle. Los
+transeúntes lo pisotean, los barrenderos arrojan sobre él montones de
+basura; todo parece conspirar para que el grano no germine. Pero como
+guarda dentro de sí una fuerza de expansión superior a la mayor parte de
+sus hermanos, como tiene además una capa dura que le preserva contra las
+influencias nocivas, el germen no sucumbe. Los agentes externos
+consiguen tener en suspenso por algún tiempo sus funciones biológicas,
+pero al cabo el grano logra germinar, hunde sus raíces en la tierra y
+alza al aire su tallo. ¿Por qué? Porque viene provisto de armas para la
+lucha por la existencia... Tal es la historia de mi vida. Fui arrojado
+un día en medio de la sociedad, que me rechazó, que me persiguió, que
+hizo todo lo posible por que sucumbiese. Lo mismo que pasa exactamente
+en un bosque en la época de la germinación y durante el desenvolvimiento
+de los árboles nuevos. Los árboles grandes me interceptaban el sol y la
+lluvia benéfica, me robaban el alimento de la tierra. Gracias a la
+energía indomable de mi carácter pude luchar, sin embargo, y logré
+triunfar. Es la ley de la selección que ya conoce usted. En esta gran
+batalla de la existencia perecen los débiles; sólo viven los más
+aptos... He padecido en este mundo muchas privaciones, amigo Sánchez,
+mucha hambre y mucho frío (guarde usted el secreto); aun hoy los padezco
+a menudo. Realmente necesité verme admirablemente dotado por la
+Naturaleza para no haber perecido hasta ahora.
+
+D. Pantaleón se mostró profundamente interesado por estas confidencias,
+y su admiración hacia Moreno, aquel germen tan apto, creció
+desmesuradamente. No se atrevió a pedirle pormenores sobre las
+peripecias de la lucha ni sobre qué terreno se estaba realizando ahora.
+Lo único que se aventuró a decir fue:
+
+--Espero, señor Moreno, que no tardará usted en triunfar por completo de
+los agentes externos. Un hombre de tanto mérito como usted no puede
+menos de abrirse camino en el mundo.
+
+--¡El mérito! ¡el mérito!--murmuró Adolfo con sonrisa sarcástica.--Ahí
+está precisamente el pecado. A causa de su mérito se persigue a los
+hombres, como al almizclero por la bolsa donde guarda el almizcle.
+
+Este símil zoológico causó tan profunda sensación en Sánchez que, con la
+viva imaginación que le caracterizaba, desde aquel día, cuando tropezaba
+con un hombre de mérito, no podía representárselo sin una bolsita llena
+de sustancia aromática debajo del ombligo.
+
+Adolfo se pasaba las horas muertas en aquella casa; tantas, que era
+difícil averiguar cuáles destinaba a la lucha por la existencia. D.
+Pantaleón se instruía rápidamente con las mil noticias científicas que
+diariamente le suministraba. Su inteligencia poderosa y predestinada a
+las grandes investigaciones no se desenvolvía como la de la mayoría de
+las personas, sino que dando saltos prodigiosos escalaba en poco tiempo
+las cimas más altas del saber. Las conversaciones con Moreno sugerían en
+su mente grandes, profundas ideas y provocaban deseos y propósitos que
+no habían de tardar en realizarse.
+
+Como hubieran hablado durante algunos días de _Zoología_, habiéndole
+citado Moreno hechos muy curiosos acerca de los sentidos y el instinto
+de los animales, D. Pantaleón quiso hacer por su cuenta inmediatamente
+algunos estudios prácticos. Pesó y meditó algún tiempo sobre qué clase
+de animales había de dirigir su investigación. Descartó desde luego los
+invertebrados. Tenía escasísimas noticias de ellos. Entre los
+vertebrados eligió los mamíferos, y entre éstos, después de mucho
+vacilar entre los perros y los gatos, decidiose al fin por los primeros.
+La razón de esta preferencia no fue exclusivamente científica. Su hija
+Presentación tenía un perrillo faldero llamado Clavel, que había dado
+repetidas pruebas de inteligencia e ilustración. Por otra parte, en casa
+no había gatos ni D.ª Carolina los soportaba. Las circunstancias le
+empujaban, felizmente para la civilización, a escribir la monografía del
+perro.
+
+Clavel era un perrillo como un puño, tan lanudo que apenas se hallaba
+hueso y carne debajo de aquel felpudo sedoso con que la Naturaleza le
+había abrigado. Con esto, dotado de una inteligencia enorme y de un
+temperamento excesivamente nervioso. Esto dependía, sin duda, del
+desequilibrio que existía entre aquel cuerpecillo minúsculo y su
+espíritu poderoso. Era sensible, puntilloso, tierno, irascible, terco y
+goloso, reflejándose en él alternativamente mil sentimientos opuestos,
+todos expresados con igual viveza. No había ejemplar más a propósito
+para el estudio.
+
+D. Pantaleón comenzó por observarle atentamente durante horas enteras.
+Esta atención inesperada escamó muy pronto al Clavel. La mirada de
+Sánchez le ponía inquieto, nervioso. A los pocos minutos no podía menos
+de levantarse del sitio donde se hallaba para ir a tumbarse más lejos.
+Desde allí, haciéndose el dormido, observaba entreabriendo un ojo al
+papá de su dueño; si le veía acercarse para seguir mirándole, se
+levantaba acto continuo y salía de la habitación de malísimo humor.
+
+Mientras las observaciones de Sánchez fueron simplemente visuales, las
+cosas no pasaron de ahí; pero cuando quiso poner en práctica algunos
+medios de cerciorarse del instinto y los sentidos del perro, éste
+comenzó claramente a demostrar su desabrimiento.
+
+--Clavel, ven aquí. Mira (y le enseñaba unos guantes). Ve a mi cuarto y
+tráeme los otros.
+
+¡Que si quieres! El Clavel le echaba una mirada recelosa y daba la
+vuelta con soberano desprecio.
+
+--Toma, Clavel, toma este pañuelo, llévaselo a tu ama.
+
+Algunas veces lo cogía por compromiso y lo dejaba a la mitad del camino.
+Otras ladraba tres o cuatro veces para indicar que no eran de su gusto
+aquellos insulsos experimentos.
+
+Pero cuando Clavel tomó realmente por lo serio las pretendidas
+observaciones de D. Pantaleón fue cuando éste se valió de un medio
+ingenioso para convencerse de que los perros distinguían los colores.
+Cortó cuatro cartones iguales, dos pintó de azul y dos de rojo. Dejó uno
+de cada color en el suelo, y tomando el otro azul se lo mostró al perro,
+ordenándole que recogiese del suelo el compañero. ¡Caso extraño! Este
+acto tan sencillo como inofensivo despertó profunda indignación en el
+ánimo de Clavel. Gruñó, ladró, se revolvió como un loco por la
+habitación. Últimamente, después que se hubo bien desahogado, se salió
+de la estancia sin dejar de ladrar y gruñir y vomitar amenazas de
+muerte.
+
+A la segunda vez que Sánchez le presentó el cartón no se satisfizo con
+esto. Lo cogió airado entre los dientes y en menos de un segundo lo hizo
+trizas. Sánchez comprendió que era necesario esperar que se calmase
+aquella cólera insensata. Dejó trascurrir algunos días sin repetir el
+experimento. Y cuando pensó que había desaparecido tal estado de
+ferocidad, una mañana antes de almorzar, hallándose el Clavel en el
+regazo de su ama dormitando, se presenta en el gabinete con los
+cartoncitos en la mano. Verlos el Clavel, lanzarse sobre el sabio a
+hincarle los dientes en la mano pecadora, fue una misma cosa. Gritos,
+confusión, vivísimas interjecciones. D. Pantaleón, pálido y secándose la
+sangre con el pañuelo, se retira profundamente afectado a su dormitorio.
+La ciencia, la humanidad pierden una interesante monografía del perro.
+
+
+
+
+VI
+
+
+La familia Sánchez se estrechó un poquito para que cupiese Mario. En el
+cuarto donde antes alojaban las dos hermanas se aposentó ahora el
+matrimonio. Presentación pasó a dormir en un cuartito interior, donde
+antes tenían los armarios de la ropa.
+
+Mario nadó los primeros días en una gloria azul y luminosa sembrada de
+estrellas, cercada de querubines alados como las que colocan los
+pintores en la esquina del cuadro cuando quieren representar la muerte
+de un santo. Don Pantaleón era el Padre Eterno, D.ª Carolina la esposa
+del Padre Eterno, Presentación un ángel, y hasta la cocinera Rita
+guardaba alguna semejanza con Santa Mónica, madre de San Agustín. En
+cuanto a Carlota, era la misma Virgen Santísima concebida sin mancha en
+el primer instante de su ser natural.
+
+No se saciaba de mirarla. Por la mañana, con un pañolito rojo de seda al
+cuello, los negros cabellos anudados al desgaire y un traje de percal
+color lila, barriendo y arreglando el cuarto, estaba verdaderamente
+deliciosa. Un poco más tarde, haciendo el café, cortando el pan y
+distribuyendo el azúcar y la manteca, le parecía la bella diosa Pomona
+cargada de frutos ultramarinos. Por la tarde, lavada, peinada,
+perfumada, con una linda bata color crema, sentada al lado del balcón
+bordándole a él unas zapatillas, no podía darse nada más correcto y a la
+vez más interesante. Cuando salían de paseo y se ponía un sombrerito de
+paja adornado con campanillas rojas y el traje negro de seda, regalo de
+sus papás, era maravillosa. Por la dignidad del continente, por la
+delicadeza del cutis, por su belleza sencilla y serena, no había en todo
+Madrid quien pudiese competir con ella. Pero esto no era nada si se
+compara a la forma en que se le aparecía los sábados. En este día
+Carlota tenía por costumbre lavar sus camisas. Con la cabeza ceñida por
+un pañuelo que dejaba sólo ver algunos rizos, la garganta y una buena
+porción del pecho al descubierto y los brazos por completo al aire,
+estaba sencillamente sublime. ¡Qué ondulaciones de torso! ¡qué pureza de
+líneas! ¡qué armonía! ¡qué majestad!
+
+Un día, con el alma llena de esta belleza plástica que nadie mejor que
+él podía apreciar, le propuso, no sin ruborizarse, que le dejase tomar
+apuntes de uno de sus brazos. Carlota le miró risueña y sorprendida, y
+le entregó su hermoso brazo para que lo copiase. Quiso inmediatamente
+modelar la cabeza, el pecho, la espalda. La joven se resistió algún
+tiempo, y al fin, viéndole triste, se prestó a servirle de modelo.
+Consideraba aquella afición de su marido como un capricho, una manía;
+pero pensando, como mujer sensata, que esta distracción podía librarle
+de otras más peligrosas, no se oponía resueltamente a ella. Limitábase
+a sonreír benévolamente y a darle algunos golpecitos maternales en las
+mejillas cuando le veía, lleno de ardor y entusiasmo, pasarse el día
+modelando alguna Juno (la de los hermosos brazos, como la llama Homero),
+que era ella, Carlota, o alguna Diana (la de las hermosas piernas), que
+también era ella, por más que no lo confesase.
+
+--¡Qué niño eres, Mario!
+
+En efecto, pocos o ninguno lo serían tanto a su edad.
+
+Su alegría ruidosa, inmotivada, era realmente infantil; su inocencia
+para las cosas de la vida rayaba en simpleza. Tan sólo cuando se tocaba
+a su arte adquirían aquellos ojos una expresión grave, concentrada, y su
+palabra, por lo general incoherente, tomaba inflexiones profundas, se
+hacía precisa y enérgica.
+
+Había alquilado en la misma casa una guardilla donde modelaba libre y
+tranquilamente. Para estos gastos y para los placeres del matrimonio,
+pues en ropa no había que pensar en algún tiempo, le bastaba su sueldo,
+del cual nadie le pedía cuentas. Por las noches algunas veces iban al
+café con la familia; otras, las más, se escapaban a algún teatro o
+vagaban cogidos del brazo por las calles solitarias, mirando los
+escaparates, entrando a lo mejor en cualquier tienda para comprar
+orejones o cacahuetes. Carlota empezaba a tener caprichos. ¡Qué noches
+aquéllas de dicha inefable! Paseaban horas enteras charlando. Mario
+dejaba que su mujercita le contase lo que pensaba hacer con el vestido
+color fresa cuando la falda se ensuciase demasiado, o bien el número de
+camisas que iba a poner apartadas y las que dedicaría al uso, o las
+reformas trascendentales que proyectaba en el ramo de chambras. De vez
+en cuando también él emitía tímidamente su opinión, y ella en no pocas
+ocasiones la aceptaba como muy sesuda, y si no la aceptaba, por lo menos
+se reía, que era mucho mejor. Todas estas cosas expresadas con voz
+suave, insinuante, entre las sombras de la noche, se convertían en un
+arrullo poético, delicioso, que enajenaba los sentidos de nuestro joven.
+Sus pies no querían tocar el suelo. A veces el asunto de las chambras y
+de las tiras bordadas le conmovía tan profundamente, que sin poder
+contenerse, después de cerciorarse con rápida mirada de que nadie
+cruzaba por la calle, abrazaba a su esposa con efusión y le aplicaba un
+beso en la mejilla. Cierta noche se equivocó. Por la calle no cruzaba
+nadie, pero en un balcón debía de haber gente, porque después de su beso
+sonó otro más fuerte seguido de alegre carcajada. Carlota, ruborizada
+hasta querer saltársele la sangre, echó a correr desatinadamente, lloró
+de vergüenza y le hizo jurar que se abstendría en adelante de tales
+expansiones imprudentes.
+
+Pues caminando por esta senda deliciosa, alumbrada por los astros más
+propicios, tapizada de flores que embalsamaban el ambiente, una espinita
+vino al fin a clavarse en el pie de Mario. D.ª Carolina le llamó aparte
+un día, estando Carlota con su hermana fuera de casa, y le dijo:
+
+--Me causa pena tener que hablarte de un asunto... No sólo me causa
+pena, sino que me repugna, puedes creerlo... Ya sabes que soy una
+infeliz mujer que represento poco o nada en la casa... Por mí, toda la
+vida seguiríamos lo mismo... Mi dicha consiste en veros a todos vosotros
+felices... Pero, hijo mío, donde hay patrón no manda marinero. Pantaleón
+me ha advertido el otro día que hacía tres meses que vivías con nosotros
+y que aún no habías contribuido con nada a los gastos de la casa...
+
+Una ola de carmín inundó repentinamente las mejillas de Mario. La
+vergüenza le impidió al pronto articular palabra. Aturdido hasta un
+grado indecible, pudo al cabo balbucir:
+
+--Tiene usted razón... no había pensado... dispénseme usted... En cuanto
+cobre este mes le entregaré la parte que a usted le parezca...
+
+D.ª Carolina, perfectamente serena, sonriendo dulcemente, repuso
+poniéndole una mano sobre el hombro:
+
+--Lo mejor será que me entregues todo el sueldo. Vosotros los jóvenes no
+conocéis el valor del dinero. Cuando lo tenéis en el bolsillo gastáis
+sin reparo. En este punto lo mismo eres tú que tu mujer. Dámelo a mí y
+yo os iré facilitando poco a poco lo que necesitéis.
+
+Así lo prometió sin reparar lo que hacía. Cuando llegó Carlota se
+apresuró a comunicarle lo que con su madre le había pasado. La joven se
+puso igualmente colorada. Ambos permanecieron silenciosos un rato sin
+saber qué decirse.
+
+--¿Dices que mamá echaba la culpa de este paso a papá?--profirió al cabo
+ella.
+
+--Sí, sí, no cabe duda. ¡La pobre mamá es tan bondadosa! ¡Si supieras
+qué trabajo le ha costado decírmelo!... Después de todo, no hay por qué
+quejarse; tu papá tiene razón.
+
+Carlota hizo una leve mueca de desdén y se fue a su cuarto.
+
+Desde entonces los placeres mundanos de los recién casados sufrieron
+merma considerable, quedaron reducidos casi exclusivamente a los paseos
+vespertinos y nocturnos. Adiós teatros, adiós regalos y caprichos. Doña
+Carolina se apoderaba de la paga íntegra, y a duras penas soltaba de
+ella una parte insignificante. Cuando su hija, muerta de vergüenza, le
+pedía algún dinero para Mario, la buena señora reía, echaba a broma la
+petición y la mitad de las veces no hacía caso de ella. Otras decía que
+la llave de la gaveta la tenía su marido y no se atrevía a pedírsela.
+Otras, en fin, se dirigía a Mario.
+
+--¿Verdad, Mario, que tú no has pedido dinero? ¿que es esta manirrota la
+que se vale de tu nombre para sacarme los cuartos?
+
+El pobre no se atrevía a contradecirla y se resignaba a andar con el
+bolsillo vacío. Hubo necesidad de dejar la guardilla que le servía de
+taller. Para seguir modelando se vio obligado a pedir licencia a
+Presentación para meter en su cuarto los trastos y aprovechar las horas
+en que el comedor quedaba desembarazado. Estas molestias no bastaban,
+sin embargo, a turbar su ventura.
+
+¡Qué efecto tan grato y a la vez tan melancólico producía esta felicidad
+en Miguel Rivera! Frecuentaba la casa, los acompañaba algunas veces en
+sus paseos, les demostraba un afecto paternal y les prestaba los
+servicios que podía y en todo caso el auxilio de su experiencia.
+¡Cuántas veces, sorprendiendo sin querer alguna caricia furtiva, se le
+rasaron los ojos de lágrimas recordando los contados días de su dicha
+conyugal! Mario lo observaba y le hacía una seña a Carlota. Esta, a
+quien impresionaba vivamente la fidelidad de Rivera a su esposa muerta,
+se ponía grave y redoblaba sus atenciones cariñosas hacia aquel buen
+amigo.
+
+Un día le dijo muy bajito metiéndole la boca por el oído:
+
+--Si es niña, se llamará Maximina.
+
+Miguel le apretó la mano fuertemente y volvió la cabeza para ocultar su
+emoción.
+
+Así trascurrieron dos meses más. La dicha de Mario comenzaba a molestar
+ya a los dioses. Fuerza era que pagase el tributo debido a su condición
+mortal.
+
+En los últimos tiempos había descuidado bastante la oficina. Su amigo y
+antiguo jefe Oliveros le había advertido que el director no estaba
+satisfecho de él. La culpa no era de Carlota, como pudiera presumirse.
+Al contrario, su mujer tenía buen cuidado de recordarle la hora, ponerle
+el almuerzo y la ropa a punto para que no se retrasase. Pero aquella
+bendita afición a modelar el barro enajenaba sus sentidos. Cuando tenía
+entre manos una obra que le agradase, o no iba al ministerio, o iba
+tarde. La casa estaba llena ya de adornos esculturales: cabezas, brazos,
+torsos, andaban diseminados sobre las mesas y cómodas o colgados de la
+pared. Carlota sentía un desprecio profundo hacia estos cachivaches
+aunque se abstenía de manifestarlo abiertamente por miedo de disgustar a
+su marido. Pero cuando se quedaba sola y tenía que sacudirles el polvo,
+en la displicencia con que empuñaba el plumero y en el gesto desabrido
+con que tarareaba cualquier cancioncilla de zarzuela se advertía
+perfectamente que el arte de Fidias no había logrado apoderarse de su
+alma.
+
+Mario fue un lunes algo tarde a la oficina, como de costumbre. En el
+despacho, a más de la de él, que era el jefe, había otras tres mesas
+para los oficiales. Éstos no levantaron la cabeza cuando entró, ni menos
+le recibieron con las alegres chanzas que usaban de continuo, pues
+nuestro joven era muy estimado de sus subordinados, por su tolerancia.
+Aquel silencio lúgubre le sorprendió un poco. Avanzó hasta su mesa y vio
+encima de la carpeta un pliego cerrado con el sobre escrito a su
+nombre. Lo abrió con mano trémula, presintiendo su contenido. En efecto,
+era la cesantía. Quedó un instante suspenso y pálido; pero, reponiéndose
+en seguida, exclamó con alegre semblante:
+
+--¡Caballeros, ya no soy jefe de ustedes!
+
+--Lo habíamos comprendido--dijo uno tristemente.
+
+Y todos a la vez se alzaron de la silla y vinieron a él, expresando su
+disgusto con afectuosas palabras. Mario hizo de tripas corazón. Se
+mostró tranquilo, risueño; hasta se autorizó algunas bromitas. Pero
+cuando después de despedirse cariñosamente salió a la calle, pensó que
+el mundo se le venía encima, sintió su corazón atravesado por vivo dolor
+y casi se le doblaron las piernas. No se daba razón de tanta congoja.
+Era un contratiempo, no una desgracia. Sin embargo, algo lloraba allá en
+el fondo de su alma, la ruina de su felicidad.
+
+No quiso ir a casa directamente. Necesitaba refrescar la cabeza,
+coordinar las ideas, pensar en algo que pudiera contrarrestar aquel
+golpe. Paseó algún tiempo entre calles: al cabo, rendido moral y
+físicamente, entró en el café Suizo y pidió una botella de cerveza. Allá
+en un rincón, formando tertulia con algunos señores graves, vio a su
+amigo Romadonga, que le dirigió un cariñoso saludo con la mano. Poco
+después, aburrido de la conversación, o quizá por su característica
+necesidad de variar de compañía, se vino hacia él con su paso silencioso
+de gato, balanceando gentilmente el torso.
+
+--¿Qué hay, hombre feliz?--dijo sentándose enfrente.--A nadie envidio
+hoy en Madrid más que a usted. ¡Qué buenos ratitos! ¿eh?
+
+Mario, a quien molestaban muchísimo las bromas cínicas de D. Laureano,
+hizo un esfuerzo penoso para sonreír y no contestó.
+
+--La verdad es, querido Costa, que en nuestra corta y miserable
+existencia sólo hay un punto luminoso, un oasis ameno, la mujer.
+
+Chupó en silencio y con placer su cigarro habano, cerró los ojos, como
+para mirar el pasado, y prosiguió:
+
+--Ríase usted de la caza, de la música, de los viajes, de todos los
+placeres en general. Los he gustado todos. No valen la pena de
+molestarse. El único que tiene sabor exquisito, delicado, embriagador,
+es la mujer... Mejor dicho, las mujeres, si es que usted no se
+ofende.... ¡Las mujeres! ¡muchas mujeres!... Unas por uno, otras por
+otro, casi todas merecen ser amadas. La que no tiene el rostro bonito,
+tiene un cuerpo escultural; si la mano es fea, el pie es un primor...
+¡Usted no ha escogido mal, picarillo!... Carlota no tiene las facciones
+correctas de su hermana, pero es una estatua. Mejor que yo lo sabrá
+usted. Delgada de talle y ancha de caderas, la cabeza graciosa y bien
+plantada, el pecho alto, firme, valiente...
+
+Mario estaba en brasas. Al llegar aquí no pudo reprimir un gesto de
+disgusto. Don Laureano lo observó, y soltando la carcajada y poniéndole
+una mano sobre el hombro, exclamó:
+
+--Pero ¡qué empeño tienen ustedes los maridos en que nadie admire a sus
+mujeres! ¿Por qué? Yo imagino que debiera ser lo contrario. La
+convicción de que sólo ustedes son poseedores de sus encantos y que los
+demás nos morimos de envidia, debiera ser para ustedes un manantial de
+goces. ¿Te gusta mi mujer, eh? Pues contempla y rabia. Nada más
+agradable. Ahora también debo de advertirle que yo no serviría para
+marido. Una sola mujer me aburre pronto. La misma Carlota, a pesar de
+ser tan escultural, pienso que llegaría a cansarme. Es cuestión de
+organismo. El mío pide la variedad. A otros les basta la unidad...
+
+Entre el hondo pesar que le embargaba y aquellas palabras desvergonzadas
+que le herían como latigazos, el pobre Mario no podía disimular ya más.
+Su rostro se iba poniendo sombrío por momentos. Tanto que Romadonga,
+aunque no solía fijarse en el semblante de sus amigos, concluyó por
+preguntarle:
+
+--¿Qué tiene usted? Me parece que está usted preocupado.
+
+Mario lo negó.
+
+--Vamos, algún disgustillo matrimonial. ¡La ley, querido, la ley! Si el
+matrimonio no fuese más que el placer, ¿quién no se casaría? Pero
+entiendo que ante todo es sacrificio y que sólo conviene a los hombres
+virtuosos. Por eso yo, que no me tengo por tal, he renunciado a sus
+placeres como a sus dolores. Es el estado más decoroso, más noble, no lo
+niego; pero a las naturalezas egoístas y sensuales como la mía (según
+dice Godofredo Llot) les va mejor el celibato. Tiene también sus
+quiebras; el hombre jamás puede ser feliz por completo. Los solteros no
+tenemos quien nos repase los calcetines ni quien nos enfríe el caldo al
+lado de la cama cuando estamos constipados; pero en cambio hay otras
+ventajillas, y bien pesadas las de uno y otro estado, me parece que
+nosotros no llevamos la peor parte.
+
+Volvió a chupar el cigarro entornando un poco los párpados. Una sonrisa
+feliz se esparcía por su rostro correcto y expresivo. Cuando exponía sus
+teorías acerca del matrimonio solía hacerlo con moderación: no quería
+ofender a nadie. Pero allá en su fuero interno diputaba a los casados
+por unos mentecatos que habían venido a hacer el _primo_ a la
+existencia. No se hartaba de felicitarse a sí propio de haber tenido
+bastante habilidad para no haber caído en la red.
+
+--Amigo Romadonga, por esta vez se ha equivocado usted. No hay tal
+disgusto matrimonial--dijo resueltamente Mario.
+
+--Me alegro, me alegro muchísimo. Ojalá no haya entre ustedes jamás
+motivo de discordia--repuso Matusalem con amabilidad.
+
+Pero en su afable sonrisa se advertía un leve matiz de duda, algo que
+decía: «Si no han venido aún las reyertas, vendrán, querido, no lo dude
+usted.»
+
+--Le confieso que tengo un disgusto, pero es de orden más inferior y más
+soportable. Acabo de saber que he quedado cesante.
+
+Romadonga se mostró sorprendido. Después procuró poner la cara triste
+adaptándose a las circunstancias. Quiso enterarse de los pormenores.
+
+--¡Bah! Yo creo que eso se arreglará. No se apure usted. Su papá tenía
+muy buenas relaciones. En cuanto los amigos se enteren, será usted
+repuesto. ¿Y no ha habido razón alguna para esa cesantía? ¿Ha tenido
+usted algún choque con los jefes?
+
+Mario confesó avergonzado que desde hacía algún tiempo no asistía a la
+oficina con la asiduidad que antes.
+
+--...Qué quiere usted, me ha vuelto otra vez la manía de modelar en
+barro. Cuando tengo entre manos alguna figura que me interesa no me
+acuerdo de nada. Comprendo que hago mal, ¡pero se pasan tan buenos
+ratos!
+
+Romadonga le miró risueño, embelesado, con su acostumbrada benevolencia
+para todas las locuras.
+
+--¡Bravo! Es usted un hombre original. No deja de tener gracia eso de
+perder un empleo por hacer figuras de barro. Comprendo que usted se
+arruinara por mujeres de carne y hueso... pero por muchachas de barro o
+de mármol, eso, francamente, excede para mí los límites de lo
+comprensible.
+
+Pocos momentos después nació en su espíritu la sospecha aterradora de
+que la conversación empezaba a aburrirle. Apresurose a levantarse, y
+dando algunas palmaditas amicales a su amigo en el hombro y deseándole
+que se arreglase pronto el asunto, se alejó balanceando su figura
+distinguida, como los perros cuando ya no hay terrones de azúcar que
+ofrecerles.
+
+
+
+
+VII
+
+
+No se arruinaría él, no, por mujeres de mármol. Tampoco por las de carne
+y hueso, aunque lo comprendiese mejor. Hasta entonces al menos ninguna
+había logrado tomar de su bolsillo más que lo que en cuenta corriente
+había destinado a este ramo exquisito de sus placeres. A fuerza de
+experiencia y de cálculo, cuando emprendía alguna nueva conquista, sabía
+de antemano lo que iba a costarle; trazaba su presupuesto con la
+exactitud de un experto maestro de obras.
+
+El de la pobre Concha, la hermosa chula que hacía algunos meses había
+conocido en el café del Siglo, fue de los más modestos que en su
+carrera galante había formado.
+
+--Estas chicas populares son el género más barato, y no por eso menos
+sabroso--solía decir a sus amiguitos del café.
+
+--Supongo, D. Laureano--replicaba alguno,--que el más caro será el de
+las entretenidas de alto rango.
+
+--Tampoco. Las más caras de todas son las mujeres ricas--manifestaba
+profundamente aquel hombre ingenioso y erudito, para quien la naturaleza
+femenina no guardaba secreto alguno.
+
+El cerco de Concha siguió las mismas vicisitudes que el de todas las
+plazas de este orden. Sin embargo, la hija del sillero, aunque inocente
+y simple como humilde menestrala, tenía un genio impetuoso, arrebatado,
+que en más de una ocasión estuvo a punto de dar al traste con los
+proyectos de D. Laureano, quien procedía con tiento, con la habilidad
+suprema que había logrado adquirir en cuarenta años de práctica. Un
+bloqueo prudentísimo primero, intimando poco a poco, acercándose
+algunos ratos a la mesa y cambiando con la chula bromitas más o menos
+picantes. Después, un día, con pretexto de que llevaba el mismo camino,
+les acompañó de noche hasta cerca de su casa. Estos acompañamientos se
+hicieron frecuentes. Otro día les trajo butacas para uno de los teatros
+por horas. Más tarde les facilitó entradas para las exposiciones, y
+sabiendo lo aficionado que era el sillero a los toros, fingiéndose
+ocupado, más de la mitad de los domingos le daba el billete de su abono.
+Finalmente entró en la casa.
+
+Romadonga era hombre flexible y dúctil hasta un grado increíble. Con el
+mismo aplomo entraba en la casa de un grande de España que en la de un
+menestral. En todas partes desplegaba la misma franqueza cordial, un
+buen humor y una gracia que hacía apetecer su compañía. Necesitaba
+pretexto para visitar a menudo la pobre vivienda de Concha. Hallolo en
+la ignorancia supina de ésta. La infeliz no sabía siquiera leer y
+escribir. Romadonga, lleno de celo pedagógico, se brindó a enseñarla en
+poco tiempo. Y todos los días sin faltar uno pasaba una hora o más
+haciéndole combinar letras y sílabas
+(_ma-ña-na-ba-ja-ra-cha-fa-lla-da-la-pa-ca-ta-ra-ga-sa-lla-da_) o seguir
+con mano inexperta los trazos de un curso de escritura inglesa.
+
+Cuando la vio medianamente impuesta en estas materias no por eso se
+apagó su ardor instructivo. Prosiguió su obra civilizadora con creciente
+entusiasmo. Y determinó iniciarla en los misterios de la Geografía
+enseñándole cuántas son las partes del mundo y las capitales de los
+principales países, y con más interés aún en la Historia sagrada,
+haciéndole aprender de memoria las grandes vicisitudes por que pasó el
+pueblo de Dios antes de la venida de Nuestro Señor Jesucristo.
+
+En el café del Siglo se tenía noticia de estos cursos instructivos. Se
+le embromaba con ellos, se comentaban con gracia por toda la tertulia.
+Pero en aquellas bromas el que marchaba delante y brillaba por su
+procacidad era él mismo.
+
+--¿Qué tal, D. Laureano, se va instruyendo la niña?
+
+--Admirablemente. Tiene disposiciones asombrosas, sobre todo para la
+geografía política. Conoce al dedillo todas las capitales del mundo.
+Ayer, porque se le olvidó la de Venezuela, lloró como una Magdalena y se
+tiró de los cabellos.
+
+--¿Y en Historia sagrada?
+
+--Tampoco marcha mal. Tiene una memoria envidiable. Se sabe sin borrar
+un punto ya desde la creación hasta Abraham. Ahora se está aprendiendo
+desde Abraham hasta Moisés.
+
+Y a los pocos días, si no le embromaban, él mismo tomaba la iniciativa.
+
+--¡Estoy maravillado! Hoy me relató Concha desde Moisés hasta el
+cautiverio de Babilonia sin errar un punto.
+
+--Bueno; ¿y el amor cómo marcha?--preguntó uno.
+
+--Eso es clase de adorno. Se deja para lo último--repuso con amable y
+cínica sonrisa el viejo elegante.
+
+¡Pobre Concha! ¡Qué ajena estaba de que aquel caballero tan fino, tan
+suave, tan delicado, hacía escarnio de su inocencia en la mesa del
+café!
+
+Poco a poco se había ido interesando. Don Laureano era viejo (mucho más
+de lo que ella suponía, por supuesto), pero conservaba gallarda figura,
+un aire distinguido y varonil que a cualquier mujer podía impresionar;
+mejor todavía a una humilde hija del pueblo que no había tratado más que
+con hombres zafios y mal vestidos. Aquel señor tan pulcro despedía un
+vaho de elegancia que despertaba el instinto del arte y la belleza que
+en toda naturaleza femenina reside. El perfume de sus pañuelos la
+embriagaba, deslumbrábale el brillo de sus joyas, y las palabras
+lisonjeras, insinuantes, con que la envolvía sin cesar arrullaban
+dulcemente su corazón virginal.
+
+Según trascurría el tiempo iba perdiendo paulatinamente aquel humor
+chancero. Se había hecho más grave, más reservada y tímida. Creció
+asimismo su susceptibilidad hasta lo indecible. Cualquier broma de
+Romadonga la interpretaba en el peor sentido, retorcía sus frases más
+sencillas, queriendo ver en ellas algún signo de desprecio. Y con el
+temperamento impetuoso de que estaba dotada, cuando menos podía
+esperarse armaba una gresca de dos mil diablos, le cubría de dicterios y
+le arrojaba de su presencia. D. Laureano no parecía disgustado con esta
+nueva fase de su conquista, aunque se dilatase más de lo que había
+imaginado. En esta materia había llegado a un sibaritismo refinado. Sólo
+tenía valor para él lo que costaba trabajo. Sin impaciencia ni inquietud
+esperaba alegremente que la naranja estuviese madura para sacudir el
+árbol y hacerla caer en su seno.
+
+Para lograr este dulce desenlace apelaba a los medios que los galanes
+han usado siempre en tales casos; los mismos que Ovidio recomendaba en
+su _arte amatoria_. Solía llevarle regalitos de poco valor, un abanico,
+un dedal, peinetas para el cabello, etc. La niña los aceptaba con
+regocijo y gratitud. Cierto día el experto seductor quiso dar un avance.
+Se fue a una joyería y compró una sortija con tres brillantitos en forma
+de trébol: total sesenta duros. La hermosa chula también aceptó este
+regalo con un gozo que le hizo prorrumpir en exclamaciones. Aquella
+tarde estuvo amabilísima y jovial como nunca. Mas he aquí que a la
+tarde siguiente la decoración había cambiado por completo. Quizá alguna
+amiga o conocida, al ver la sortija, le había hecho comprender lo que
+significaba, le habría dirigido pérfidas insinuaciones. Lo cierto es que
+D. Laureano halló a su ninfa con un semblante más negro y temeroso que
+nube de galerna. Antes de cinco minutos estalló la tormenta. Gritó,
+pateó, le arrojó la sortija a los pies y con ella todos los regalos que
+le había hecho antes. ¿Qué se había creído el tío silbante? ¿que ella
+era una tal y una cual? ¡Anda, que se había llevado buen chasco!
+Sortijitas a ella, ¿eh? Ya vería lo que lograba con sus alhajas...
+
+Romadonga aguantó a pie firme y con bastante calma el chubasco. Luego
+procuró calmarla con sofística dialéctica que hizo poca mella en su
+ánimo irritado. Al fin, por sí misma se fue serenando y se avino a
+volverle a su gracia con tal que se llevase todos los regalos que le
+había hecho y le jurase solemnemente no traerle más.
+
+D. Laureano cargó con todos aquellos chirimbolos. Por la noche decía en
+el café, chupando con delicia un cigarro habano:
+
+--No hay nada en el mundo como una chula de Lavapiés. Estoy hechizado
+con mi Conchilla. Ni la mitad del presupuesto voy a invertir. El que
+tenga la suerte de embarcarse en una de estas fragatas, puede viajar
+hasta el fin del universo con tres pesetas.
+
+Con razón lo pudo decir, pues a los pocos días había logrado rendirla.
+La pobre Concha cayó en sus brazos por generosa y amante, no por
+interesada.
+
+Fue una luna de miel. Romadonga, en la alegría de su conquista, se dejó
+arrastrar a mil delicadas atenciones, demostrando cerca de ella una
+asiduidad que rara vez había tenido con otras. Iba a su casa dos o tres
+veces al día; apenas salía de allí. De noche la acompañaba paseando por
+las calles más extraviadas, donde tuviera seguridad de no tropezar a
+algún conocido. Los domingos solía llevarla en coche a cualquier
+pueblecito próximo; merendaban, bebían lo bastante para ponerse alegres
+y regresaban con las mejillas rojas, diciéndose mil disparates
+deliciosos. Hasta se aventuró varias veces a llevarla a un palco segundo
+en el teatro y a permanecer allí metido detrás de las cortinas. Se
+comprendía que aquel triunfo de última hora halagaba su amor propio, le
+enajenaba de gozo.
+
+Pero aunque ambos hacían esfuerzos de habilidad para engañar al sillero,
+guardándose cuanto podían, inventando mil pretextos explicativos para
+sus actos, el padre no pudo menos de advertir el nuevo género de
+relaciones que entre ellos existía. El señor Ángel era un buen hombre,
+hábil en su oficio y de sentimientos honrados, pero extremadamente
+pusilánime. Cuando se hizo cargo de lo que pasaba, se entristeció
+profundamente, mostrose serio lo mismo con su hija que con D. Laureano,
+andaba cabizbajo y mudo por la casa; pero no se atrevió a adoptar una
+resolución enérgica. Tan sólo una vez dijo a Concha que no le parecía
+bien la confianza que había tomado con Romadonga. La chica rechazó con
+indignación la malévola sospecha que había debajo de sus palabras, se
+encrespó de tal manera que el pobre no volvió a entrar en
+explicaciones.
+
+Se retrajo de la compañía de sus amigos. Andaba avergonzado, siempre
+temiendo que le echaran en cara aquella indecente complacencia. Y así
+fue. Un día, en la taberna, se lo dijeron bien clarito.
+
+--No eres hombre si no echas al viejo de tu casa.
+
+No, no era hombre para hacerlo el infeliz. Se avergonzó, lloró y quiso
+retirarse. Pero un amigo le dijo:
+
+--No te amilanes, Ángel. Si no te atreves a armarle bronca al tío,
+bébete unas copitas de más y le echas por el balcón.
+
+El sillero hizo caso del consejo. Se atracó de vino, y cuando estuvo
+hecho una cuba se fue para su casa dando tumbos, diciendo a voces que
+iba a sentar las costuras a un caballero.
+
+Romadonga estaba allí como de costumbre. El sillero se le plantó delante
+con los brazos cruzados y le escupió más que le dijo:
+
+--¿Y usted qué hace aquí, vamos a ver?
+
+--¿Yo?...
+
+--Sí, usted...
+
+Y descomponiéndose de pronto comenzó a vociferar bárbaramente, a
+proferir blasfemias y amenazas que hacían retemblar la casa. Concha
+corrió a refugiarse en su cuarto. Romadonga trató de calmarle; pero
+viendo que eran inútiles sus esfuerzos y que la vecindad se estaba
+enterando, tomó el sombrero y se fue. Al bajar la escalera oyó que una
+vecina decía a otra:
+
+--El señor Ángel ha echado de su casa al tío... ¡Ya era tiempo!
+
+De tal modo inopinado se cortó el curso de aquellas sabrosas relaciones.
+D. Laureano no cejó por esto. Procuró ponerse inmediatamente en
+correspondencia con su amante. Hubo cartas y recaditos y entrevistas.
+Como hombre que sabía extraer delicadamente de este mundo amargo su jugo
+azucarado, halló nuevo aliciente de placer en la contradicción del
+sillero y en el misterio que se veía obligado a desplegar. Pero Concha
+no se avenía tan de buen grado. Disipada la embriaguez de su padre, no
+le perdonó aquel acto de energía. Comenzó a mortificarle con su
+constante mal humor, con el descuido de sus obligaciones domésticas: la
+comida fría, la cama sucia, la ropa sin coser. De vez en cuando le
+dirigía venenosas indirectas o burlas insolentes, de tal modo que al
+pobre hombre ya le iba pesando de haberse mostrado tan digno. La
+dignidad no es absolutamente indispensable para vivir; la ropa y el
+alimento sí. Finalmente, la resuelta chula, no pudiendo sufrir más
+aquella situación y convencida de que su padre iría donde le llevasen si
+se le sujetaba fuertemente por el cuello, aceptó la proposición que
+tiempo hacía le había hecho D. Laureano: irse a vivir a un cuartito
+independiente que él le alquilaría. Pero no había necesidad de
+escaparse. Estaba segura de que su padre cedería si Romadonga sabía
+hablarle con diplomacia.
+
+Dio un salto el viejo elegante cuando Concha le propuso una entrevista
+con el sillero. Sin embargo, le convenció de que su padre era un bendito
+y, no estando borracho, incapaz de entregarse a ninguna violencia de
+palabra y mucho menos de obra. Sobre esta base el afortunado seductor
+no tuvo inconveniente en que la chula concertase el cuándo y el dónde de
+aquella trascendental conferencia. En casa no podía ser. La dignidad le
+impedía a D. Laureano ir a la del sillero sin obtener antes una
+satisfacción. En la calle no era decoroso, ni en el café del Siglo
+prudente. Se convino en que se hablarían en el de Platerías, de la misma
+calle, a las seis de la tarde, hora en que solía estar solitario.
+
+D. Laureano llegó el primero a la cita y esperó meditando los falaces
+argumentos con que pretendía persuadir al sillero. Vino éste a los pocos
+minutos y se acercó a la mesa acortadísimo, balbuciendo las buenas
+tardes. Romadonga se apresuró a levantarse, y con franqueza campechana
+le puso la mano en el hombro.
+
+--¿Cómo va ese valor, amigo D. Ángel? En realidad no necesito
+preguntarlo. Lleva usted la contestación en la cara. ¿Qué va usted a
+tomar?
+
+--Muchas gracias, no tomo nada.
+
+--¡Hombre, tendría eso que ver!... ¡Mozo! Unas copitas de manzanilla...
+Ya sabes, de la especial... ¿Y cómo está Concha?--añadió osadamente.
+
+--No va mal--respondió con visible malestar el sillero.
+
+--¿Le han dejado aquellas punzadas dolorosas en el estómago?... Ya le
+decía yo que ella se tenía la culpa. No guarda regla alguna para comer.
+Su placer mayor consiste en hacer comistrajos a las horas más
+extravagantes: tomates, huevos duros, naranjas, todo revuelto con aceite
+y vinagre. Se necesitaría tener el estómago chapado en cobre para
+resistir este desorden. Yo le di unas pastillitas que no le han venido
+mal... Pero lo principal es que tenga método.
+
+D. Laureano hablaba de Concha afectando desembarazo, como si no hubiera
+pasado nada, como si fuese todavía el amigo íntimo de la familia. El
+señor Ángel asentía sonriente y turbado. Sin embargo, el aplomo y la
+franca naturalidad de Romadonga fueron disipando poco a poco su
+turbación. ¡Era un hombre tan llano, tan jovial y corriente aquel D.
+Laureano!: le bastaban pocos momentos para inspirar confianza a
+cualquiera y ganarle el corazón.
+
+Como por la mano supo llevar el discurso desde la salud corporal de la
+joven a las cualidades de su carácter. Era una pólvora aquella criatura;
+buenísima en el fondo, con un corazón de cordera, pero arrebatada como
+pocas. Dejándola serenarse, incapaz de hacer daño a una hormiga, pero en
+un instante de cólera Dios sabe adónde podía llegar...
+
+--Por supuesto--añadió con un guiño malicioso--que tiene a quien
+parecerse; porque usted, señor Ángel, que ordinariamente es una malva,
+¡tiene un modo de dispararse!
+
+El sillero levantó el brazo y bajó la cabeza, manifestando con mímica
+expresiva que de aquello no había que acordarse.
+
+--No, no lo traigo a cuento en son de queja. Únicamente quiero
+significar que a Concha su genio le viene de herencia, y que por lo
+tanto hay que perdonárselo... De todos modos, es una chica que se hace
+querer, porque inmediatamente se ve que no hay allí doblez, que no hay
+engaño...
+
+--¡Eso no!--exclamó el sillero atacado de súbita vanidad.--En nuestra
+familia nunca se ha engañado a nadie. Podremos, si a mano viene, dar un
+golpe desgraciado o una cuchillada en un pronto, pero ha de ser por
+delante. Hacer traición, ¡jamás!
+
+No quedó muy satisfecho el viejo galanteador de estas cualidades nativas
+de la familia. Casi casi, al golpe desgraciado o a la cuchillada francos
+y nobles prefería la traición rastrera si no venía acompañada de
+violencia en las personas.
+
+--Perfectamente; tiene usted razón; pero los prontos hay que
+refrenarlos, si no, ¡dónde vamos a parar!... Dejemos esto y vamos al
+caso. Yo me he encariñado con su hija hasta el punto de que nada me
+agrada ya en el mundo sin su compañía. No lo digo porque sea usted su
+padre, pero no he hallado en ninguna parte una muchacha más hermosa, más
+sencilla y al mismo tiempo mejor educada...
+
+--¡Eso sí! ¡Bien criada sí! En ese punto ni su madre ni yo nos hemos
+descuidado. Cada pie de paliza la hemos dado, que algunas veces se iba
+a la cama y no podía levantarse en cuatro días. ¡No la hemos dejado
+pasar una!... Ahí está ella que no me dejará mentir.
+
+--La prueba mejor de que tiene buen natural y que sus instintos son
+finos y distinguidos es que, en vez de enamorarse de cualquier pilluelo
+de su edad, ha preferido un hombre maduro como yo, educado en una esfera
+más elevada que la suya. Su falta tiene, pues, origen en las cualidades
+más admirables de su corazón. Yo creo que, en vez de sentirse
+avergonzado por ello, debiera usted estar satisfecho de tener una hija
+de aspiraciones tan nobles y delicadas... Bueno; ya está consumada la
+falta. ¿Y qué vamos a hacer ahora?... Pues ahora no nos toca más que
+procurar remediar en lo posible las malas consecuencias que pueda traer
+consigo.
+
+El señor Ángel se puso muy grave, bajó la vista y mostró señales de
+inquietud.
+
+--Mozo, echa otra copita al señor... Lo primero que salta a la vista es
+que su hija de usted y yo no podemos ni debemos separarnos. Nuestros
+corazones se hallan tan compenetrados, que sería una verdadera crueldad
+por parte de usted o de cualquiera otra persona tratar de romper el lazo
+que nos une...
+
+--Bueno, pues cásese usted con ella--murmuró con timidez el sillero.
+
+--Le diré a usted--repuso sin inmutarse D. Laureano.--Hace ya muchísimo
+tiempo que no pienso en otra cosa. Mi felicidad mayor consistiría en
+poderla llamar esposa y presentarla en todas partes como tal... pero...
+pero el hombre pocas veces consigue lo que apetece con ansia. En la
+actualidad existen una porción de obstáculos que se oponen a la
+realización de mi proyecto... Por supuesto que espero vencerlos--añadió
+con un gesto soberbio de primer actor.--¡Vaya si los venceré!... Ahora,
+si usted me preguntase ¿cuándo? ¿cómo? yo le respondería: «Querido señor
+Ángel, soy ante todo un hombre sincero y leal. Si le dijese tal día, de
+tal manera me casaré con su hija, como yo mismo no lo sé, mentiría, y la
+mentira jamás ha manchado mis labios.»
+
+Pausa. Romadonga vacía de un trago la copa que tiene delante, se limpia
+con el pañuelo los labios que jamás manchó la mentira, y prosigue:
+
+--En estas circunstancias especiales, especialísimas, en que nos
+hallamos, ¿qué partido adoptar?... Conviene que meditemos.
+
+Pausa y meditación.
+
+--Si usted no lo tomase a mal... pero temo que usted lo tome en el
+sentido peor... yo, teniendo presente que a lo hecho no hay remedio y
+que mi entrada en su casa es más escandalosa y perjudicial a su decoro,
+le propondría que Concha se fuese a vivir independiente en un cuartito
+mientras no desaparezcan las circunstancias que me imposibilitan unirme
+a ella...
+
+El señor Ángel se puso pálido y reclinó la frente sobre su mano, mirando
+fijamente al mármol de la mesa.
+
+--¡Lo ve usted!... ¡Ya se está usted figurando una porción de
+atrocidades!
+
+--No me figuro más que la verdad, don Laureano--profirió con voz
+alterada el pobre hombre sin abandonar su postura.
+
+--Convengo en que a primera vista esta proposición parece fea; pero,
+créame usted, aceptándola, evitamos mayores males. Se mudará a un barrio
+lejano donde no la conozcan, cambiará de nombre mientras no pueda
+ostentar el mío honrosamente, se guardará el mayor sigilo posible...
+
+El señor Ángel levantó sus ojos doloridos y exclamó con amargura:
+
+--¡Proponer eso a un padre, D. Laureano!
+
+--¡Vamos, señor Ángel, tenga usted mundo!--exclamó Romadonga dándole
+palmaditas cariñosas en el hombro.--Hoy la sociedad es muy distinta de
+cuando nosotros nos criamos. Lo que a nuestros padres les parecía
+imperdonable, ahora es cosa corriente... Mozo, échanos otra copa... Al
+contrario, en la actualidad se considera de mal gusto y hasta cursi esa
+virtud austera de nuestros mayores. Los tiempos cambian, amigo D. Ángel,
+y no hay más remedio que transigir y acomodarse al progreso. La vida se
+compone de transacciones.
+
+--¡Proponer eso a un padre!--volvió a exclamar el pobre diablo, con la
+misma amargura, vaciando la copa en el estómago.
+
+--No se fije usted en su condición de padre. Colóquese usted en un punto
+de vista más elevado. En seguida comprenderá usted que es el acuerdo más
+conveniente. Si usted se obstina en retenerla en casa y consigue que
+rompamos nuestras relaciones, un día u otro, créame usted, Concha caerá
+en la perdición. Usted, entregado a sus quehaceres, no puede vigilarla;
+yo sí. Y si llega a caer, como es probable, ¿no será para usted un
+remordimiento el pensar que la ha privado de acomodarse con un hombre
+que está en posición de sostenerla decorosamente? Además, usted se hará
+viejo, no podrá trabajar... Para ese caso Concha le podrá ayudar,
+mientras que de otra suerte...
+
+Todavía prosiguió el viejo seductor por largo rato amontonando
+argumentos con la fluidez insinuante que caracterizaba su discurso.
+
+Su elocuencia, secundada poderosamente por el manzanilla, logró al cabo
+marear, si no convencer, al sillero.
+
+Una hora después salían ambos del café con sendas brevas en la boca,
+colorados, risueños; despidiéndose muy afectuosamente en la primer
+esquina.
+
+
+
+
+VIII
+
+
+Seis meses nada más bastaron para que el genio que dormía en el fondo
+del espíritu de D. Pantaleón Sánchez se levantase y echase a andar por
+la tierra. En este corto espacio de tiempo su mirada penetrante abarcó
+de una vez la existencia toda y sondó sus inefables arcanos. En el mundo
+no había más que hechos, hechos _constatados_, como decía un libro
+traducido del francés que Moreno le había dado.
+
+Todas las supersticiones se borraron de pronto de su privilegiada
+inteligencia: no sólo la superstición de Dios, la del alma y la moral,
+inventadas por la debilidad de los hombres secundada por la ambición de
+los sacerdotes, sino ciertas nociones ridículas en que el género humano
+se había entretenido puerilmente hasta ahora; las ideas de lo verdadero,
+lo bueno y lo bello. Risa inextinguible le causaban los que sostienen
+que se ignora el origen de estas ideas. Lo ignorarían ellos. Moreno y él
+sabían perfectamente a qué atenerse. Eran sensaciones, nada más que
+sensaciones, agradables o desagradables, como las que produce la
+humedad, el calor o la fetidez de las alcantarillas.
+
+Las profundas observaciones que había llevado a cabo en los últimos
+tiempos sobre las cebollas, las patatas y otros ejemplares del reino
+vegetal, lo mismo que el estudio atento de algunos animales domésticos,
+le habían empujado tan fuertemente al análisis que no comprendía otro
+método. Lo que por medio del análisis no se hallara, inútil era buscarlo
+por otro procedimiento. Es así que ni el escalpelo ni el microscopio
+habían tropezado jamás con el alma ni con un Ser Supremo; luego, etc.
+
+Esta inclinación al análisis despertó en su inteligencia poderosa una
+tendencia razonadora de tal precisión que ni el más pequeño argumento
+podía escaparse entre sus apretadas mallas. Caía sobre las ideas como un
+águila, las sujetaba entre sus garras, las examinaba por todas partes y
+sólo después que mostraba a sus oyentes todos los aspectos las dejaba
+escapar.
+
+--Papá, ¿te parece que vayamos hoy al Retiro?
+
+--No; está muy húmedo. La humedad es mala para el organismo. ¿Y por qué
+es mala para el organismo? Porque ataca los tejidos. ¿Y por qué ataca
+los tejidos? Porque les roba calórico. ¿Y de dónde procede este
+calórico? De la introducción del oxígeno en la sangre.
+
+--¿Sabes una cosa, Carlota?--decía Presentación otra vez a su
+hermana.--Margarita está enamorada del chico de Roda. Ella misma me lo
+confesó ayer.
+
+D. Pantaleón sonrió benévolamente.
+
+--¿Sabéis por qué está enamorada? ¿A que no?
+
+--Toma, porque le gusta. Es un chico muy guapo.
+
+--No, hija, no es eso. Está enamorada porque es joven aún, y como es
+joven hay un desequilibrio entre la asimilación y la desasmilación. Ésta
+es la única y positiva razón de ese amor, como de todos los demás. La
+ternura de las mujeres, ese cariño que os impulsa a hacer locuras, a
+llorar, a quitaros la vida, no significa sino que los productos de la
+nutrición, la albúmina, la grasa, el azúcar y el almidón, entran con
+exceso en la sangre y no bastan para expeler el sobrante la urea, el
+ácido carbónico y las deyecciones intestinales.
+
+--Pero, papá, ¿qué dices ahí?
+
+--El amor no es más que un exceso de nutrición.
+
+--Ésas no son cosas tuyas, papá--exclamó con indignación la hija
+menor.--Tú no eres capaz de inventar tales extravagancias. Eso viene del
+pelmazo de Moreno que, como no hay chica que le quiera, se venga
+diciendo borricadas de nosotras.
+
+--Las mujeres, hija mía--repuso Sánchez con toda la calma y la autoridad
+del verdadero sabio,--no podrán jamás llegar a darse cuenta de estas
+profundas verdades. Yo he hecho mal en revelároslas sabiendo que hay una
+imposibilidad física para que las entendáis. Si no lo tomaseis a mal, os
+diría que vuestro cerebro pesa algunos gramos menos que el del hombre
+por término medio.
+
+--¿También dice eso Moreno? Pues tiene mucha razón. ¡Cómo no ha de pesar
+menos mi cabeza que la de ese fenómeno! ¡Tendría que ver!
+
+D. Pantaleón sonrió lleno de lástima, y con la flexibilidad peculiar de
+los grandes hombres se apresuró a llevar la conversación a otro asunto
+más adecuado a la capacidad craneana del sexo femenino.
+
+Toda la vida había sido un hombre excesivamente sensible. Su mujer se
+reía de la facilidad que tenía para llorar. La música era su pasión más
+viva. Para él no había placer comparable a escuchar en una delantera del
+paraíso del teatro Real con su hija Carlota, aficionada también a la
+música, la _Sonámbula_ o la _Norma_, o cualquier otra ópera del género
+dulzón y pegajoso. Lloraba y moqueaba copiosamente en los pasajes más
+líricos, avergonzando no pocas veces a su hija.
+
+--¡Papá, que te están reparando!
+
+--¡Qué quieres, hija mía, esto enternece a una roca!
+
+Después de la música lo que más le placía eran los dramas y novelas
+sentimentales. Había visto infinidad de veces _La huérfana de Bruselas_,
+_La aldea de San Lorenzo_ y _La carcajada_. Se sabía de memoria la
+comedia _Flor de un día_ y su segunda parte _Espinas de una flor_. Nunca
+le fue posible recitar aquellos famosos versos:
+
+ «Si oyes contar de un náufrago la historia,
+ ya que en la tierra hasta el amor se olvida, etc.»
+
+sin hacer pucheritos y que la voz se anudase en la garganta. Y lloraba
+también como un buey con las aventuras de las costureras sentimentales y
+reinas afligidas de las novelas por entregas.
+
+Pues bien, Moreno le infundió en seguida un desprecio supremo hacia
+estos lirismos que retrasaban la marcha de la humanidad en el camino
+del progreso. Se avergonzó de haber empleado tanto tiempo en leer tales
+quimeras, cuando estaban ahí los hechos, los hechos _constatados_, la
+albúmina, el ácido úrico, el almidón, en triste e injustificado
+abandono. Y un día que se trató de la prensa en el café sostuvo con D.
+Dionisio Oliveros, el vate burocrático, una acalorada discusión.
+Entonces fue cuando profirió aquella frase felicísima que más tarde dio
+la vuelta al mundo en alas de la fama.
+
+--Ha concluido el reinado de los poetas y comienza el de los fisiólogos.
+Llegó la hora de arrancarse la toga y ponerse la blusa del operador. El
+alma está hecha de sustancia gris, el corazón es un músculo encargado de
+dar movimiento a la sangre.
+
+Y, sin embargo, después de escuchar tan grandes pensamientos, todavía D.
+Dionisio se obstinaba en escribir sonetos en la oficina.
+
+Todos en la casa experimentaban los efectos benéficos de las corrientes
+científicas que soplaban en el privilegiado cerebro del jefe de la
+familia. Pero la que los sentía más a menudo era Carlota por su buena
+pasta. Mario se sustraía cuanto le era posible; inventaba cualquier
+pretexto para irse; se hacía el ocupado. Si esto no daba resultado,
+escuchaba distraído las disertaciones fisiológicas de su suegro: al cabo
+solía dormirse beatamente en la butaca. Presentación era mucho más
+expedita.
+
+--Mira, papá, no me des más jaqueca con el ovario, la fecundación y todo
+eso. Son porquerías que no debo oír. El confesor me lo ha prohibido.
+
+--Lo creo--respondía con acento profundo el sabio.--Pero si el confesor
+tiene interés en mantenerte en la ignorancia, mi deber de padre me
+obliga a disipar las tinieblas en que vives. Has de saber que los
+espermatozoos...
+
+--¡Dale! Te digo, papá, que no quiero saber eso.
+
+--Son unos microrganismos dotados de movimientos rápidos...
+
+--¡Vaya, esto es insufrible! Me voy a coser a otro lado.
+
+Aquella rebelión contra la ciencia producía en Sánchez grave desaliento.
+¡Cuánto tiempo se necesita aún para que la humanidad marche exenta de
+preocupaciones por el camino de la experimentación! se decía
+tristemente.
+
+Con su esposa no se atrevía a comunicar aquellos altos pensamientos que
+continuamente le embargaban. ¡Tenía un genio tan raro! No obstante,
+cierta noche, hallándose acostados, habló D.ª Carolina con admiración
+del talento y la bondad de una amiga suya que, dando lecciones por las
+casas, mantenía a sus padres ancianos y a una caterva de hermanos. La
+pobre, no teniendo tiempo a almorzar, llevaba algún fiambre en un papel
+y se lo comía en el portal de cualquier casa. ¡Y a pesar de eso siempre
+contenta y siempre ingeniosa!
+
+D. Pantaleón se atrevió a decir con voz temblorosa:
+
+--¿Sabes lo que es eso?
+
+--¿El qué?
+
+--¿Esa caridad y ese talento que te admiran?
+
+--¿Qué es?
+
+--Cloruro potásico.
+
+--¿Cómo?
+
+--Que no depende más que de una mayor cantidad de cloruro de potasa en
+el cerebro.
+
+--Pero, hombre, ¿qué jerigonza es la que estás hablando?
+
+--Para entenderlo es necesario que sepas que todas nuestras ideas y
+sentimientos dependen exclusivamente de los alimentos que ingerimos en
+el estómago. La albúmina...
+
+--Mira, Pantaleón, déjame en paz, que quiero dormir. ¿Qué te importan a
+ti esas cosas? Bien se conoce que estás ocioso. Por ningún motivo nos ha
+convenido dejar la tienda.
+
+--Únicamente te quería decir que la albúmina y la fibrina...
+
+--¡Pues yo te digo que no quiero oír sandeces, ea!... Buenas noches.
+
+Y se volvió del otro lado. D. Pantaleón suspiró hondamente y se volvió
+también para dormir.
+
+Pero a los pocos días, lleno de celo científico y de buena fe, dijo otra
+vez a su esposa:
+
+--Carolina, la otra noche estaba equivocado y te dije una falsedad.
+
+--¿Qué falsedad?--preguntó la buena señora sorprendida.
+
+--El talento de nuestra amiga Felipa no es cloruro potásico, sino ácido
+fosfórico.
+
+--¿Volvemos a las andadas?--exclamó irritada.
+
+--El hombre de ciencia debe rectificar con nobleza todos los errores.
+
+--Tú no eres hombre de ciencia, sino de tejidos de algodón y de hilo y
+géneros de punto. A mí no me vengas con embelecos, porque no estoy de
+humor de oírlos, y además te prohíbo que digas borricadas a la niña,
+porque la tienes escandalizada. ¡Vergüenza es que necesite yo recordarte
+tu deber!
+
+D. Pantaleón se abstuvo en adelante de verter ninguna de sus fecundas
+ideas delante de D.ª Carolina. ¡Era tan severa aquella señora en el seno
+de la intimidad!
+
+Sin embargo, cuando llegó la necesidad supo mantener sus derechos de
+animal humano frente a su esposa y frente a toda la familia que trataba
+de vulnerarlos. Por consejo de Moreno había prohibido que le sirvieran
+en las comidas hortalizas, porque éstas no proporcionaban ningún ácido
+fosfórico al cerebro, cosa que ellos necesitaban grandemente para sus
+dificilísimas investigaciones sobre la naturaleza. A pesar de esta
+prohibición, la cocinera se obstinaba en mandar a la mesa patatas,
+coles, lentejas, incapaces de producir más que ácido carbónico, celulosa
+y otras sustancias no menos despreciables e indignas. Sufrió con
+paciencia algún tiempo. Pero llegó un momento en que la lucha por la
+existencia exigió de él un rasgo de energía para salvar las
+circunvoluciones de su cerebro amenazadas. Y lo tuvo.
+
+--He dicho ya muchas veces, y lo repito ahora por última vez, que estoy
+resuelto a no ingerir ningún alimento vegetal. De hoy para siempre sepan
+todos ustedes que no quiero carbonatos en mi sangre, sino fosfatos. Si
+ustedes se obstinan en servirme vegetales, seré capaz de volverme a mi
+gabinete sin comer.
+
+Aunque la amenaza no espantó a la familia tanto como era de esperar, se
+convino, no obstante, en no servirle más que alimentos fosfatados.
+
+
+
+
+IX
+
+
+Sintió Carlota profundo pesar cuando su marido le notició la cesantía.
+Quedaron ambos larguísimo rato silenciosos y tristes. Algo sonaba
+también lúgubremente dentro del alma de ella, profetizando la muerte de
+su dicha. D.ª Carolina la recibió con tranquilidad. Únicamente se le
+advirtió más seria a la hora de comer. Después, habiéndose suscitado una
+conversación propicia, expresó algunos conceptos acerca de la
+holgazanería, de la presunción y la ligereza que a Mario se le antojaron
+alusivos. Tal vez no serían: no había motivo fundado para suponerlo,
+pues su suegra le había dado repetidas pruebas de afecto y
+consideración. De todos modos, no pudo menos de sentir el corazón
+apretado. Cuando se retiraron a su cuarto nada dijo de esta sospecha a
+su esposa. Se acostaron en silencio y fuertemente preocupados.
+
+La vida de la familia siguió el mismo curso metódico y apacible. No
+había pasado nada. Mario, a las horas de oficina, se iba de paseo solo o
+con su mujer. Por las noches continuaban asistiendo al café. A las
+comidas la conversación solía animarse. Presentación embromaba a su
+cuñado. Mario la embromaba a ella. Carlota escuchaba sonriente aquel
+tiroteo, tomando parte alguna vez por su marido. D. Pantaleón les asaba
+a explicaciones científicas: el vino, el pan, el azúcar, todo era motivo
+para exponer largamente la muchedumbre de secretos que iba arrancando a
+la naturaleza. D.ª Carolina seguía con el mismo humor benigno, rigiendo
+la casa a su talante, aunque siempre por delegación de su esposo.
+
+No obstante, una nube de malestar y tristeza, de la cual en el fondo
+todos se daban cuenta, envolvía a la familia. Las relaciones entre ella
+seguían siendo en la apariencia tan cordiales; pero cada cual percibía
+un dejo de inquietud, cierto embarazo que procuraban ocultar exagerando
+la sonrisa, acentuando la nota cómica. Mario sentía la falsedad de su
+situación en aquella casa y notaba bien que todos los demás la sentían
+igualmente. La mayor amabilidad de su cuñada con él era un modo de
+expresárselo; el silencio de D.ª Carolina, la humildad de su esposa para
+responder a una y a otra, lo mismo. Un sentimiento insoportable de
+vergüenza iba apoderándose de él.
+
+Carlota también lo padecía. D.ª Carolina y Presentación dejaron poco a
+poco de llamarla a cónclave para resolver los asuntos domésticos. Entre
+las dos se lo arreglaban todo, callando cuando ella aparecía. Con esto
+se hizo más tímida, más humilde; no se atrevía a quejarse de las faltas
+de la criada; trabajaba cada día más en la casa, echando sobre sí,
+cuando podía, el trabajo de su hermana; hacía esfuerzos por aparecer
+amable y simpática como si estuviera en casa extraña.
+
+D.ª Carolina trataba a su yerno con más ceremonia. Mario se sentía
+turbado por esta actitud, sin entender por completo lo que significaba.
+No se le mandaba cerrar la puerta, ni escribir los sobres de las cartas,
+ni que las acompañase hasta casa de unas amigas, ni se le daban encargos
+para la calle. Cuando doña Carolina rechazaba cualquiera de sus
+servicios el inocente exclamaba:
+
+--¡Pero, mamá, no tiene usted confianza conmigo!
+
+--Sí, hijo, sí; pero no hay necesidad de que tú te molestes. Pantaleón,
+que no tiene nada que hacer, se encargará de ello.
+
+¡Que no tiene nada que hacer! Estas palabras, pronunciadas con perfecta
+naturalidad y hasta con la sonrisa en los labios, sonaban a sarcasmo.
+Tampoco él tenía nada que hacer; demasiado le constaba a ella. A veces,
+cuando el matrimonio joven venía de paseo y entraba en el gabinete donde
+estaban la señora y su hija Presentación, aquélla les interrogaba con
+cierta condescendencia irónica:
+
+--¿Qué tal, hijos míos, habéis paseado muy largo? ¿Hasta dónde habéis
+llegado? ¿Os habéis divertido? El tiempo está muy hermoso. Hacéis bien
+en no desperdiciar tardes tan deliciosas.
+
+Carlota sorprendió en estas conversaciones más de una mirada burlona
+entre su mamá y hermana; pero había devorado la vergüenza sin decírselo
+a Mario. Era tan inocente, tan bondadoso, aquel muchacho, que daba pena
+hacerle sentir las espinas de la vida. Como esposa fiel y generosa las
+guardaba todas para sí.
+
+Pero el poco dinero con que Mario se había quedado para sus gastos
+feneció muy pronto. Llegó un instante en que no tuvo un solo ochavo en
+el bolsillo. Nada dijo. Aquel día no fumó; al día siguiente tampoco. Su
+mujer lo observó al cabo y le preguntó la causa. No estaba bien del
+estómago, le repugnaba el cigarro. Pero ella, no fiándose, le registró
+los bolsillos cuando se hubo dormido y los halló vacíos. ¡Pobre Mario!
+Lloró en silencio largo rato. Por la mañana salió temprano a misa y tuvo
+valor para subir a una casa de préstamos y empeñar una sortija. Cuando
+su marido se levantó, le dijo sacando un billete de su cómoda:
+
+--Oye, Mario. Cuando salgas hazme el favor de pasarte por la Mahonesa y
+traerme unas yemas de coco... pero que no se enteren en casa. Ya sabes
+que me da vergüenza... ¡Ah! Y quédate con el resto del dinero, porque a
+ti puede hacerte falta y a mí no.
+
+Mario quedó suspenso. Una vaga inquietud agitó momentáneamente su
+espíritu; pero con la inconsciencia que le caracterizaba no pensó más en
+ello. Sin embargo, a la segunda vez que esto pasó no pudo menos de
+preguntar:
+
+--¿Y de dónde sacas tú el dinero?
+
+Carlota se puso colorada.
+
+--He ido ahorrando algún dinerillo estos meses pasados para los dulces
+del bautizo, ¿sabes?... Pero le encajaré la cuenta a mamá... ¡vaya si se
+la encajaré!
+
+Y reía a carcajadas. Pero su corazón lloraba, porque sabía muy bien que
+si esperaba por su madre no se comerían dulces en el bautizo del hijo de
+sus entrañas.
+
+El dinero de la sortija concluyó pronto. Empeñó otra. Tampoco tardó en
+gastarse. A Mario le hacían falta botas y guantes; el sombrero de copa
+estaba ya grasiento; llegaba el verano y era necesario también hacerse
+ropa. Todas sus joyas de poco valor fueron pasando por la casa de
+préstamos. El aderezo regalo de sus padres, que era lo que más valía, lo
+guardaba D.ª Carolina.
+
+--¿Pero ese gato que tienes no se agota nunca?--le preguntó inquieto
+Mario.
+
+Tenía la respuesta preparada.
+
+--Sí, hijo, sí; ya hace tiempo que se ha agotado. Pero papá me ha
+llamado el otro día a su cuarto y me dio dinero.
+
+El semblante de Mario se oscureció. Quedó profundamente pensativo. No,
+aquello no podía tolerarse. Era preciso buscarse alguna ocupación donde
+quiera que fuese. Hasta entonces todas sus gestiones habían sido
+infructuosas. Visitó a los amigos de su padre: no le faltaron buenas
+palabras, promesas magníficas. Nada llegaba sin embargo. Miguel Rivera
+habló al ministro de quien era secretario, y éste prometió colocarle en
+una carrera que iba a organizar para la inspección de los
+ferrocarriles.
+
+Carlota había concluido con sus objetos más o menos preciosos. Entonces
+la mentira que había dicho a su marido convirtiose en realidad. Antes de
+verle sin dinero en el bolsillo se arriesgó heroicamente a pedírselo a
+su madre. Fue una escena baja, sórdida, repugnante. Carlota sufrió con
+valor los sarcasmos de su madre y venció a fuerza de paciencia y
+tenacidad sus repetidas negativas. Consiguió arrancarle diez duros: se
+fue a su cuarto y dio rienda suelta a las lágrimas que había podido
+reprimir. Su marido la encontró con los ojos hinchados.
+
+--¿Por qué has llorado?--preguntole impetuosamente.
+
+--Por nada, hombre; no te asustes. Son cosas de mujeres. ¿No sabes el
+estado en que me encuentro?
+
+Se convenció. Había oído a los médicos hablar de estas crisis.
+
+Pero la pobre Carlota fue desde aquel día la víctima, la cenicienta de
+la casa. Su madre la trataba con increíble desprecio; no perdonaba
+ocasión de vejarla con indirectas crueles. Presentación la ayudaba en
+esta tarea simpática.
+
+--A mí me gustaría colocarme así, espléndidamente, como mi hermana.
+¡Casarme con un pobrete! ¡Puf! Oyes, Carlota, ¿tu marido compra por fin
+_mylord_ o _faetón_? Supongo que este año no dejaréis pasar la temporada
+del Real sin abonaros como el año pasado...
+
+Su madre le mandaba callar con risita maligna, que era una invitación a
+proseguir. Rara era la tarde en que Carlota se sentase a coser con ellas
+que al fin no se levantase llorando. Un día, encarándose con
+Presentación, los ojos rasados de lágrimas, le dijo:
+
+--Haces mal en burlarte de mí. Pretendes que deje de querer a mi marido
+porque no es rico. Piensa que Dios puede castigarte algún día.
+
+De estos sufrimientos no daba cuenta a su esposo. Al contrario, en su
+presencia mostraba el mismo semblante tranquilo, risueño. Pero volviendo
+a necesitar dinero, la escena con su madre fue mucho más cruel. D.ª
+Carolina se enfureció, llamó pobrete, hambrón y holgazán a Mario, y se
+negó resueltamente a soltar un cuarto.
+
+--Si te figuras--concluyó diciendo--que nosotros vamos a mantener vagos
+toda la vida, estás muy equivocada.
+
+Esta amenaza la llenó de terror. Se humilló, procuró desarmarla
+prometiendo no volver a pedirle dinero. Y corrió, como siempre, a
+encerrarse en su cuarto para llorar perdidamente.
+
+Mario no fumó otra vez en dos días. En su semblante no se traslució, sin
+embargo, ningún malestar. Su esposa le miraba con el rabillo del ojo
+haciendo esfuerzos por reprimir las lágrimas. Pero al pasar por delante
+del cuarto de su padre vio las llaves puestas en el cajón de la cómoda.
+Se detuvo herida por una tentación irresistible; echó una mirada en
+torno, y no viendo a nadie, avanzó con cautela, tiró del cajón sin hacer
+ruido y escudriñó rápidamente su contenido. Allá, en un rincón, había
+dos libras de tabaco picado. Tomó una y, cerrando de nuevo, salió
+precipitadamente, ocultándola debajo del vestido. Por la noche se la dio
+a su marido, diciendo con afectada naturalidad:
+
+--Toma; luego dirás que no me acuerdo de ti.
+
+--¿Dónde has comprado este tabaco?
+
+Respondió que a una prendera amiga suya que lo vendía de contrabando. La
+había hallado en la calle y habían hecho mercado en un portal para
+evitar indiscreciones. Pero a los dos o tres días su padre lo echó de
+menos y se armó el consiguiente tumulto. Hubo quejas, recriminaciones.
+D. Pantaleón sospechaba de la criada, que tenía un novio soldado.
+Carlota, viendo con terror aquel motín y temblando que D.ª Carolina
+averiguase la verdad, llamó en secreto a su padre al cuarto, le echó los
+brazos al cuello y le dijo llorando:
+
+--He sido yo, papá; he sido yo la que te ha llevado el tabaco... Pero
+que no se entere mamá, que no se entere Mario cuando vuelva. Sé que no
+fuma porque no tiene dinero y yo tampoco lo tengo para dárselo.
+
+El sabio naturalista quedó estupefacto.
+
+--Pero, hija, ¿por qué no me lo has pedido? Dinero no puedo daros,
+porque ya sabes...
+
+--Sí, papá... no me digas nada.
+
+El ingenioso Sánchez aprovechó la ocasión para instruir a su hija. El
+tabaco era una planta solanácea de olor fuerte y característico, cáliz
+tubulado, raíz fibrosa, tallo velloso de médula blanca, hojas alternas
+laureadas y glutinosas, etc.
+
+Carlota escuchó llorosa y distraída aquellas científicas explicaciones
+que por el estado de su alma no produjeron el resultado que era de
+esperar. D. Pantaleón rebañó de su bolsillo algunas pesetas y se las
+dio.
+
+La situación de la infeliz muchacha era cada día más triste. Todos los
+rencores y desprecios que D.ª Carolina y su hija menor atesoraban para
+Mario, que no había tenido talento para hacerse inamovible en el puesto
+que ocupaba, se los arrojaban a ella a la cara. Con el verdadero
+culpable estaban reservadas, pero finas. No se le hería directamente,
+pero la atmósfera estaba cargada de electricidad, y a la postre había de
+estallar el rayo. D.ª Carolina sacudía la cabeza con ira cada vez que su
+yerno volvía la espalda.
+
+Al fin, una mañana en que Carlota estaba fuera de casa, la sagaz señora
+hizo una seña expresiva a su hija menor, y ésta se apresuró a
+levantarse y salir del gabinete. Quedaron solos suegra y yerno. Sin
+alzar la cabeza de la costura D.ª Carolina comenzó a hablar con voz un
+poco alterada.
+
+--Mira, Mario, hacía días que necesitaba hablarte de un asunto bastante
+desagradable lo mismo para ti que para mí. Lo he ido aplazando de un
+momento a otro, porque a la verdad me duele en el alma tocar este
+punto... Pantaleón me ha mandado decirte que sus medios de fortuna no le
+permiten manteneros a ti y a tu esposa. «Si fuéramos ricos, me dijo, no
+tendría mayor inconveniente en que Mario se divirtiese y pasase la vida
+holgando, pero, hija, nosotros tenemos sólo lo necesario para vivir
+decorosamente... Dile que la obligación primera de todo casado es
+sostener a su familia con el producto de su trabajo. Así lo he hecho yo
+y así espero que lo haga él. Es joven y tiene el mundo por delante; que
+trabaje y se haga hombre...» Hijo mío, yo cumplo el encargo. Espero que
+no te ofenderás por ello.
+
+Mario quedó tan aturdido que no habló una sola palabra. Las de su
+suegra le sonaban en el cerebro como martillazos. Una vergüenza inmensa,
+infinita, corrió por todo su ser hasta las últimas fibras y le paralizó
+enteramente. D.ª Carolina, con una rápida ojeada, advirtió su estado
+lastimoso.
+
+--No creas que esto es puñalada de pícaro. Te habla así Pantaleón por mi
+boca porque tiene confianza en tu honradez, en tu dignidad, en que
+sabrás cumplir perfectamente tus obligaciones. Yo creo que con el tiempo
+le darás las gracias. Si no te ofendieras--añadió con benévola
+sonrisa,--te diría que te hace falta un estímulo como éste para abrirte
+camino.
+
+La lengua se le desató aunque no de buen modo. Se excusó balbuciendo de
+no haber tomado él la iniciativa en este asunto. Su suegro llevaba mucha
+razón en lo que decía. Él buscaría trabajo inmediatamente en cualquier
+parte y de cualquier clase. Estaba dispuesto a dejar la casa al
+instante...
+
+--Ya te he dicho que no es cosa de apuro...
+
+--Sí, señora; lo es para mí--replicó con dignidad el joven.
+
+Pero la grave cuestión era que Carlota no podía irse con él a la
+ventura. Se hallaba ya bastante adelantada en su embarazo, y mientras no
+tuviera casa era expuesto llevársela. D.ª Carolina se mostró magnánima.
+Carlota se quedaría con sus padres hasta que Mario hallase un medio de
+vivir. Éste le dio las gracias con acento sincero. Desde aquel punto
+doña Carolina se hizo de miel, le agasajó cuanto pudo, le auguró un
+bello porvenir, haciendo visibles esfuerzos para borrar la mala
+impresión que sus palabras habían causado. Mario se retiró al fin grave
+y tranquilo.
+
+Al llegar Carlota adivinó a la primera mirada su disgusto.
+
+--¿Qué te ha pasado?
+
+--Nada... he tenido una conversación algo seria con tu madre. Me ha
+dicho--añadió sonriendo tristemente y tomándole las manos--que tu papá
+no puede sostenerme más tiempo en su casa...
+
+Carlota se puso blanca como un papel.
+
+--¿Ha dicho eso de veras?
+
+--Sí; a mí no me sorprende; creo que lleva razón. Ya ves, parece feo un
+hombre sin trabajar, comiendo la sopa boba... Así que me voy desde
+luego... Pero no te apures, que yo encontraré ocupación; todo se
+arreglará.
+
+Al proferir estas palabras sonreía con esfuerzo, apretando las dos manos
+a su esposa. Ésta permaneció muda y pálida mirando con insistencia por
+encima de su cabeza a un punto fijo. Al fin sus ojos grandes, serenos,
+se nublaron de lágrimas y dijo sin que los rasgos de su fisonomía se
+alterasen poco ni mucho:
+
+--Está bien; me voy contigo.
+
+--¡No!--exclamó Mario aterrado.--¿Dónde quieres ir?
+
+--A pedir limosna, si es necesario--repuso tranquilamente.
+
+--¡Pero eso es una locura! No te precipites...
+
+Y con palabra fogosa le puso de manifiesto los terribles inconvenientes
+de tal resolución. Un hombre puede rodar por cualquier lado, dormir en
+un desván, al sereno si es necesario; ¡pero una señora y en el estado en
+que ella se encontraba! La separación era de absoluta necesidad por el
+momento. Cuando diese a luz y él hallase medio de vivir, que lo hallaría
+pronto seguramente, entonces vendría a sacarla para siempre de casa y
+vivir juntitos hasta la muerte.
+
+Carlota se dejó convencer. La idea de causar el más insignificante daño
+al ser cuya aparición esperaba con impaciencia la llenaba de congoja.
+Quedaron, pues, en que él sólo se marcharía.
+
+--¿Pero dónde te vas?--preguntó clavándole una mirada de estupor
+doloroso.
+
+--No te preocupes de eso. Tengo infinidad de sitios donde ir. Lo
+importante es que tú estés tranquila. Piensa en que se trata de muy poco
+tiempo.
+
+Carlota permaneció algunos instantes inmóvil con la cabeza baja.
+
+--Bueno, te arreglaré la ropa--repuso al cabo enjugándose las lágrimas.
+
+Y ahogando los suspiros en la garganta y reprimiendo los sollozos que
+pugnaban por estallar, su naturaleza tranquila, razonable, valerosa,
+concluyó por triunfar. Empezó a sacar ropa de la cómoda y a colocarla
+esmeradamente en un baúl. En aquella operación se mostraba su carácter
+paciente y sólido. Mario la contemplaba con interés, trataba de
+ayudarla, pero lo hacía tan mal que renunció en seguida. Poco a poco, en
+la absorción de aquel trabaja mecánico, se fueron olvidando de su pena.
+Discutían lo que se había de meter en el cofre como si se tratase de un
+viaje. A Carlota todo le parecía mucho, creyendo así reducir los días de
+separación. Mario, al contrario, insistía suavemente en que se pusieran
+más camisas, calcetines, etc. Preveía que el viaje iba a ser largo,
+aunque se guardaba de manifestar esta opinión.
+
+Al fin quedó arreglado el equipaje. Entonces permanecieron turbados uno
+frente a otro sin saber qué decirse, afectando serenidad, insistiendo
+una y otra vez en tono indiferente sobre pormenores ya resueltos. La
+emoción que les embargaba advertíase en el timbre velado de la voz, en
+el leve temblor de las manos. El corazón se les quería salir por la
+garganta.
+
+--Bueno--dijo al fin Mario poniéndose el sombrero.--Quedamos en que
+tendrás el baúl preparado. Ya enviaré por él, y me mandarás al mismo
+tiempo la sombrerera. Por los útiles de modelar ya mandaré más adelante.
+
+Estas palabras provocaron en Carlota una explosión del sentimiento
+comprimido. Quedaron abrazados estrechamente y llorando en silencio
+largo rato. Mario logró desasirse, y besando con efusión las manos de su
+esposa, exclamó sonriendo, mientras bañaban su rostro las lágrimas:
+
+--¡Qué niños somos! Parece que me estoy despidiendo para el fin del
+mundo.
+
+Y salió de la estancia precipitadamente. Carlota le siguió, y en lo alto
+de la escalera volvieron a abrazarse.
+
+
+
+
+X
+
+
+Cuando hubo salido a la calle y traspuesto la esquina, se detuvo.
+Aquellos infinitos sitios de que había hablado a Carlota eran una
+piadosa mentira. Quedó inmóvil, con el pensamiento vacío y el corazón
+apretado. Unas ansias atroces de sollozar le subían del pecho a la
+garganta amenazando ahogarle. Pero logró tenerlas encerradas: sólo
+algunas lágrimas brotaron a sus ojos sin darse cuenta hasta que vio la
+mirada de los transeúntes fijarse con curiosidad en él. Entonces se
+llevó el pañuelo a la cara como para sonarse, y prosiguió su camino.
+
+¿Adónde iba? Marchó a la ventura largo rato, tratando de coordinar sus
+ideas. Al fin no halló otra cosa mejor que dirigirse a su antiguo
+alojamiento. Pero esto le causaba profundo disgusto y humillación. ¿Cómo
+responder a las preguntas de su antigua patrona? ¿Qué explicación iba a
+dar a sus compañeros? Al llegar a la puerta cambió de resolución y pasó
+de largo sin entrar. Subió a la primera fonda que tropezó, alquiló una
+habitación y volvió a salir. Su inquietud y dolor no menguaron por esto.
+Al contrario, la idea de que no tenía dinero para pagar el pupilaje le
+atormentó de modo indecible. Pensó entonces en algún amigo con quien
+comunicar sus pesares y que le diese algún buen consejo, y los pies le
+guiaron a casa de Miguel Rivera. Aunque le llevase éste bastantes años y
+tuviese un carácter burlón y agresivo que a menudo pinchaba a los que se
+le acercaban, Mario sentía hacia él irresistible inclinación: debajo de
+aquella cáscara amarga adivinaba un corazón dulce y generoso. Además, si
+para alguno limaba un poco la punta afilada de su lengua Rivera, era
+para nuestro joven. Fácilmente se advertía su predilección cuando se
+hallaba en la tertulia del café.
+
+El antiguo periodista vivía solo con su hijo en un cuarto sin lujo, pero
+limpio y agradable, de la calle de Recoletos.
+
+--¿Qué traes por aquí a estas horas, Praxíteles?--exclamó alegremente al
+ver a nuestro joven entrar en su despacho.
+
+--Molestias para usted, D. Miguel. ¿Está usted muy ocupado?
+
+La sonrisa de Rivera se desvaneció al ver la triste y penosa que
+contraía los labios de su amigo. El semblante de Mario expresaba
+abatimiento profundo.
+
+--¡Ocupado! Sólo lo está el que espera algo. Yo he renunciado a todo
+hace tiempo, querido. Di lo que quieras y tómate el tiempo que se te
+antoje.
+
+Tímidamente y ruborizándose muchas veces, Mario le contó lo que le
+pasaba, rogándole con insistencia el secreto. Cuando terminó de hablar,
+Miguel permaneció grave y pensativo. Al cabo dejó escapar un leve bufido
+de desprecio.
+
+--¡Camarada, qué suegra te ha tocado! Es de lo más fino que he visto en
+su género.
+
+--¡Si mi suegra no se ha mezclado para nada en este asunto! No ha hecho
+más que cumplir las órdenes de su marido. ¡Anda, pues si dependiera de
+mi suegra, ni ahora ni nunca saldría yo de su casa! Usted no sabe el
+cariño que me profesa la buena señora. Me quiere como una madre, una
+verdadera madre, don Miguel.
+
+Este le contempló en silencio unos momentos asombrado de su inocencia.
+Tuvo impulsos de proferir una de sus chufletas sangrientas, pero se
+contuvo. La maciza bondad y el candor de aquel muchacho le conmovían.
+Después de todo, pensó, ¿qué se adelanta con sacar a los hombres de los
+errores que los hacen felices?
+
+--Sí, sí; D.ª Carolina es muy buena--dijo al cabo, sin gran
+calor.--Puede que tenga en realidad la culpa el loco de su marido.
+
+--Yo creo que mi suegro nada tiene de loco, D. Miguel--se apresuró a
+decir Mario.--Aunque un poco difuso en sus explicaciones, siempre le he
+hallado muy razonable. Y además, crea usted que es bastante instruído y
+que tiene un corazón excelente.
+
+Volvió a contemplarle Rivera con sorpresa, y repuso sin poder evitar una
+sonrisa de lástima:
+
+--Puede, puede ser. Yo le he tratado muy poco, ¿sabes? Desde que ese
+idiota de Moreno le ha tomado por su cuenta, temía que se hubiese
+extraviado.
+
+Mario sonrió algo contrariado.
+
+--¡Qué duro está usted con Adolfo, D. Miguel!
+
+--¡Alto ahí, amigo! Pase por tu suegro y tu suegra, pero lo que es ése
+me lo tienes que dejar entre las uñas. En todos los días de mi vida he
+conocido un ser más pedante y grotesco. ¡Es un infame!
+
+--¿Cómo infame?--exclamó asustado.
+
+--Sí, cuando la tontería llega a cierto límite degenera en infamia. Creo
+haberlo leído en Santo Tomás.
+
+--Pues Adolfo estudia mucho: se pasa la vida entre libros.
+
+--No importa, es un infame. ¿Tú has estudiado lógica? Bien, pues sabrás
+que para que el conocimiento se produzca son necesarios dos términos:
+_sujeto_ y _objeto_. Aquí falta sujeto... Pero dejemos eso ahora.
+Hablemos de ti. ¿Qué piensas hacer? ¿Cuáles son tus proyectos?
+
+Mario alzó los hombros sonriendo y no despegó los labios. Aquel gesto
+volvió a poner serio y meditabundo a Rivera.
+
+--Es necesario ante todo buscarte una ocupación lo más pronto posible.
+La carrera de que te he hablado en los ferrocarriles aún tardará en
+organizarse... ¿Quieres ayudarme en los trabajos de la secretaría? Hace
+falta un empleado inteligente... Aunque el sueldo es pequeño.
+
+--¡Cualquier cosa, D. Miguel!--exclamó Mario, viendo el cielo abierto.
+
+No existía tal plaza vacante en la secretaría, pero Rivera la inventó
+proponiéndose pagarle con una parte de su sueldo. Además le obligó a
+quedarse en su casa. Nada le estorbaría: al contrario, en la soledad en
+que vivía le estaba haciendo falta un amigo con quien comunicar sus
+pensamientos. Mario, embargado por la emoción, le apretó la mano
+llorando de gratitud.
+
+Poco después escribió una larga carta a su esposa rebosando de ternura.
+Al final le decía que al día siguiente iría a verla. Al despertarse por
+la mañana recibió la contestación de Carlota.
+
+«No vengas a verme. No quiero que pises esta casa. Espera a que te
+indique el sitio y la hora donde podemos vernos. Eres demasiado bueno,
+Mario.»
+
+Y otras frases por el estilo que indicaban que la fiel esposa volvía por
+la dignidad de su marido con más cuidado que él mismo. En cambio, ella
+se humillaba la pobrecilla y siguió padeciendo los desdenes de su madre
+y de su hermana sin quejarse.
+
+Mario no pudo resistir la tentación de pasar aquella mañana por delante
+de la casa. Los balcones estaban cerrados y no vio a nadie. Pero al
+llegar de nuevo a la de Rivera se encontró con una esquela de Carlota.
+
+«A las cinco espérame en la plaza de la Independencia, esquina a la
+calle de Alfonso XII.»
+
+Y una hora antes de la convenida ya estaba nuestro joven en espera con
+la impaciencia de un galán primerizo. Al verla llegar, al cabo, con su
+vestidito gris, soportando gallardamente las dos existencias en que su
+ser se partía, una emoción intensa hizo palpitar su corazón. Corrió
+hacia ella y se apretaron las manos y se miraron a los ojos con
+embeleso. Luego, cogiéndose del brazo, entraron en el Retiro, y pasearon
+charlando bajo los árboles. Carlota no se cansaba de preguntarle todos
+los pormenores de su existencia en aquellas veinticuatro horas. Mario no
+tenía tiempo para darle completas explicaciones. Se quitaban la palabra
+de la boca, se perdían en divagaciones insustanciales, gozando el placer
+de hallarse juntos, como si no se hubiesen visto en largo tiempo.
+Carlota aprendió que su marido tenía ya un sueldo, aunque pequeño, y que
+esperaba en plazo no muy lejano obtener la plaza en los ferrocarriles
+que le habían prometido.
+
+--Creo que no se pasarán muchos meses sin que vuelva otra vez a casa y
+vivamos unidos--dijo dando palmaditas cariñosas en el dorso de la mano a
+su esposa.
+
+Ésta se puso repentinamente grave.
+
+--No pienses en eso, Mario. Nosotros no podemos vivir ya con mis padres.
+Aunque sea en una buhardilla viviremos si es preciso. ¡En casa, nunca!
+
+--¡Oh, qué orgullosita!--exclamó él pellizcándola.--¿Y por qué, si yo no
+me doy por ofendido?
+
+--Porque yo no quiero, y basta--replicó ella con firmeza.
+
+Mario se había acostumbrado a obedecerla y no le iba mal. Así que no
+insistió.
+
+La noche se echaba encima y bajaron despacio por la calle de Alcalá. Al
+pasar por delante de un _restaurant_, Mario tuvo una inspiración.
+
+--¡Si entrásemos aquí a comer!
+
+Carlota se opuso. No estaban ellos para gastar el dinero tontamente. Y
+siguieron caminando hacia casa. Pero Mario se había quedado silencioso y
+melancólico. Unos pasos antes de llegar Carlota se volvió hacia él con
+semblante risueño.
+
+--¿Qué? ¿Estás triste porque no comemos juntos?
+
+Mario sonrió avergonzado.
+
+--Bien, pues volvámonos. Pero nada más que hoy, ¿sabes?
+
+La alegría entró de nuevo como un torrente en el alma de nuestro joven.
+Volvieron sobre sus pasos, entraron en el _restaurant_ y pidieron un
+gabinete.
+
+¡Qué hermosas y puras emociones experimentaron en aquella comida! Mario
+parecía un colegial escapado. Todo lo hallaba sabrosísimo: hablaba por
+los codos; cubría de atenciones y finezas a su esposa. Estaba como loco;
+formaba proyectos descabellados; perdonaba a todo el mundo y se deshacía
+en elogios de su suegra.
+
+--¿Sabes lo que te digo, Carlota? Que quiero a tu madre como si fuese la
+mía, y que me alegraría que viniese un día a comer con nosotros.
+
+Ella, serena, tranquila, sonreía dulcemente contemplando la ruidosa
+alegría de su marido con el placer no exento de protección con que se
+miran los juegos de los niños. Cuando el camarero salía, Mario se alzaba
+repentinamente, corría a su esposa, la besaba frenéticamente y volvía a
+sentarse.
+
+--No sé lo que tienes en la cara hoy, cielo mío, que me enajena. Hay en
+tu fisonomía una dulce gravedad que me recuerda siempre la expresión de
+la Diana cazadora del Louvre.
+
+--¡Ya salió la mitología!
+
+--Sí, ya salió y saldrá siempre, porque veo en tu rostro la misma
+expresión dulce, grave, protectora que en las estatuas de las diosas;
+porque no hallo en el mundo ninguna mujer que se parezca a ti, y sobre
+todo, te comparo a ellas porque no tengo nada más hermoso a que
+compararte.
+
+Carlota sonrió y le tendió su mano por encima de la mesa. Mario la besó
+con el mismo tierno respeto que Peleo besaría la de Tetis, su inmortal
+querida.
+
+Pero acabado de hacerlo, casi en el mismo instante pareció el mozo con
+una fuente entre las manos, y Carlota reveló su condición mortal
+ruborizándose hasta las orejas. Como la puerta hubiese quedado abierta,
+Mario vio cruzar por el pasillo un hombre que por su figura arrogante y
+proporcionada, por su alto desprecio de los cuidados terrenales, por la
+varonil grandeza con que había matado en su corazón hasta los más
+pequeños gérmenes de la sensibilidad, por la perfecta seguridad con que
+gozaba de la vida debía de recordarle aún mejor que su esposa los seres
+que habitaban en la cima del Olimpo. Este hombre privilegiado, semejante
+a un dios, no podía ser otro que don Laureano Romadonga. Iba acompañado
+de una joven con mantón y pañuelo a la cabeza.
+
+--¿Has visto?
+
+--Sí.
+
+--¿Esa joven es la del café?
+
+--Me parece que sí. ¡No obstante, como ese hombre trae tantos líos!...
+
+El mismo D. Laureano, entrando repentinamente en el gabinete, vino a
+sacarlos de dudas.
+
+--¿Conque tenemos juerga conyugal, eh? ¡Bien por los esposos!... También
+yo vengo a gozar honestamente como un burgués tranquilo... Mi Conchita
+cumple hoy diez y ocho años, ¿sabéis? y me dijo: «Convídame a comer en
+la fonda» (para Concha, comer fuera de casa es comer en la fonda). Yo le
+contesté: «Sí, hija de mi alma, te llevaré a la fonda y beberás
+champagne.» El champagne es para Concha algo elevado, de un orden
+sobrenatural, inaccesible a todo el mundo excepto al patriarca de las
+Indias, a los ministros y al capitán general.
+
+--¿Dónde la ha dejado usted?
+
+--Ahí, en un gabinete. Carlota, no me mire usted con severidad. Yo no
+tengo más que un defecto. Soy aficionado a pasarlo bien en este pícaro
+mundo. ¿Y quién no lo es? ¿Quién, pudiendo divertirse, opta por estar
+aburrido?
+
+--¡No, si yo no le recrimino a usted ni con los ojos ni de
+palabra!--exclamó la joven sonriendo.--Lo único que me atreveré a
+decirle es que valdría más que usted se divirtiera con placeres lícitos.
+
+--No lo crea usted. Yo no he podido gozar jamás los placeres lícitos. Me
+aburren. Soy una naturaleza móvil y subversiva. Necesito saber que soy
+independiente en todos los momentos de la existencia. La idea de que el
+goce que disfruto es un goce impuesto le quita todo su encanto... Pero
+perdone usted, Carlota, yo no sé si debo...
+
+--Siga usted, siga usted; no me escandalizo.
+
+--El matrimonio no ha tenido nunca para mí color. Y ya sabe usted que yo
+soy excesivamente colorista. Considero esto como una desgracia, pero si
+he nacido así, ¿qué culpa tengo? ¿Por qué disfrutar de una sola obra
+hermosa de Dios, me he dicho, cuando en el mundo existen tantas y tan
+preciosas? ¿Hay nada más agradable que repetir la luna de miel, ese
+feliz estado en que ustedes se encuentran ahora, una y otra vez? Crea
+usted que aquellos versos de Musset
+
+ _Parlons de nos amours; la joie et la beauté_
+ _Sont mes dieux les plus chers, après la liberté._
+
+deben tomarse por divisa. Mientras el corazón tenga fuerzas, echarle
+combustible para que palpite con las dulces emociones de la pasión.
+Quiero cantar endechas como el ruiseñor mientras me quede un soplo de
+vida.
+
+El rostro varonil, expresivo, de Romadonga se contraía con sonrisa
+mefistofélica al pronunciar estas palabras. Se había sentado; puso los
+codos sobre la mesa con su habitual libertad y enviaba columnas de humo
+al aire, revelando un estado de beatitud envidiable. Mario reía; pero en
+el fondo de su alma estaba inquieto y molesto, como siempre que don
+Laureano hablaba delante de su esposa.
+
+--No está mal que usted ame lo que quiera--dijo ésta.--Lo malo que hay
+es que ese amor de usted cuesta muchas lágrimas a algunas criaturas
+inocentes.
+
+--¡Es la ley de la vida!--repuso el seductor alzando los hombros con
+resignación y sacudiendo la ceniza del cigarro con su dedo meñique
+cubierto de sortijas.--Balzac ha dicho muy bien que en el amor hay
+siempre un dios y un esclavo... Después de todo--añadió al cabo de una
+pausa,--el destino de la mujer es ése, amar y llorar. El amor en las
+mujeres engendra fatalmente el llanto, y esto consiste en que es más
+vivo y más tierno que en nosotros. No hay, pues, que compadecerlas a
+ustedes tanto, porque si la pena es mayor, mayor ha sido también el
+goce... Pongamos el caso de esa muchacha que está ahí. Esa chica vivía
+en un estado de marasmo casi vegetativo. Comer, dormir, barrer la casa,
+lavar la ropa. Si se hubiera casado con un hombre de su misma condición,
+ese estado se hubiera prolongado hasta la muerte, corregido y aumentado
+por los mil dolores que la vida miserable trae consigo. Llegué yo, y no
+por mis méritos, sino por cierta práctica del oficio, he logrado
+despertar esa alma, infundir en ella nueva vida, hacer vibrar su corazón
+con ciertas emociones y gozar de ciertos placeres que probablemente
+hubiera desconocido...
+
+--¡Pobrecilla!--exclamó Carlota.--¿Y no sentirá usted pena y
+remordimiento cuando abandone a esa niña y la deje entregada a la
+desesperación?
+
+--¿Pena? ¿remordimiento? No sé lo que es, ni quiero saberlo. Sospecho
+que será algo triste que me impida divertirme a mi gusto. No es mi
+negocio. Creo que la vida no se nos ha dado para sentir pena,
+remordimiento, sino amor, alegría. Si se desespera cuando deje de
+quererla, suya será la culpa. Yo, cuando entablo relación con una mujer,
+no me considero comprometido a amarla siempre, sino mientras pueda. Lo
+que hace la desgracia de las mujeres es esa inclinación particular que
+sienten hacia la eternidad. Si vivieran convencidas de que en este mundo
+todo es temporal y finito, comprenderían que el amor no puede sustraerse
+a esa ley y estarían de antemano resignadas a todo lo que pueda
+sobrevenirlas. Por mi parte, tengo horror instintivo a la eternidad. La
+palabra _siempre_ me crispa los nervios.
+
+--¡Oh, qué malvado!--dijo riendo Carlota.--No puedo creer, por más que
+usted lo asegure, que le falte a usted de tal modo el corazón.
+
+--Al contrario, precisamente por tener demasiado corazón es por lo que
+cometo esos pecados que usted me echa en cara. Lo tengo tan grande, que
+caben en él todas las mujeres hermosas que hay sobre la tierra. Con
+todas quisiera poder hacer lo que con esa chica que está ahí.
+
+--Infundirles nueva vida, ¿verdad?--dijo Carlota maliciosamente.
+
+--¡Eso es!--repuso D. Laureano riendo.
+
+En aquel momento apareció en la puerta la arrogante figura de Concha.
+
+--Oye tú, guasón, ¿qué te has figurao? ¿Piensas que voy a estar hasta
+que amanezca sola en esa alcoba?--profirió sin dirigir el más leve
+saludo a la compañía, clavando su mirada colérica en Romadonga.
+
+--No, hija, me iba a marchar en seguida--contestó aquél, bastante
+confuso y apresurándose a levantarse.
+
+--¡Te ibas, te ibas! Adonde te vas a ir es a lo que tú sabes, hablando
+con perdón de estos señores. Pus hombre, ni que fuera una...
+
+Hablaba con el desgarro peculiar a la chula de Madrid, acentuando cada
+sílaba de un modo tan insolente que D. Laureano, avergonzado, no pudo
+menos de salir por su dignidad.
+
+--¡Niña, niña, cuidado con la lengua! Mira que te puede costar un
+disgusto.
+
+--¿A mí? ¡Ja, ja! ¡Qué infeliz eres!
+
+--¡A ti, sí, desvergonzada!--profirió colérico el tenorio avanzando
+hacia ella con ademán amenazador.
+
+Concha permaneció absolutamente inmóvil con una calma provocativa capaz
+de irritar a un santo.
+
+Sus labios perdieron, no obstante, el hermoso carmín que tenían y sus
+grandes ojos negros brillaron con expresión sombría.
+
+--No corras tanto, que puedes tropezar--dijo con sosiego impertinente,
+mientras una sonrisa de burla contraía sus labios descoloridos.
+
+--Ahora verás--dijo Romadonga mordiendo los suyos de coraje,
+abalanzándose a ella.
+
+--No me toques, que puedes pincharte--manifestó con la misma
+tranquilidad, sin mover un dedo siquiera.
+
+--¡Sí te toco! ¡te toco, deslenguada!--gritó aquél, ciego de ira,
+sacudiéndola violentamente por un brazo.
+
+Concha cambió repentinamente de actitud. Todo lo que antes fue calma y
+sorna se convirtió en feroz exaltación. Luchó valerosamente por
+desasirse chillando al mismo tiempo.
+
+--¿A mí me pegas tú, viejo gorrino? ¿A mí? ¿a mí?
+
+No logrando arrancar de sí las tenazas que la oprimían, le echó la mano
+a la cara y le clavó en ella las uñas.
+
+La lucha había hecho rodar algunos vasos. Carlota estaba aterrada: se
+había refugiado en un rincón, mientras Mario, ayudado por el mozo que
+había acudido al ruido, trataba inútilmente de separarlos. Al cabo de
+muchos esfuerzos lo consiguieron.
+
+D. Laureano tenía un arañazo en la mejilla, del cual brotaban algunas
+gotas de sangre.
+
+--¡Qué loca! ¡qué loca!--decía limpiándose con el pañuelo.--Perdonen
+ustedes el mal rato.
+
+Concha, en pie debajo del dintel de la puerta, se arreglaba con mano
+nerviosa la ropa y los cabellos.
+
+--Ven aquí--dijo en tono imperioso a su querido.
+
+Pero éste hizo un gesto de desprecio y se volvió hacia el matrimonio
+para disculparse.
+
+--¡Vaya unos postres que les he dado!... ¿Quién iba a suponer?...
+Carlota, usted es muy buena y me perdonará esta grosería.
+
+--¡Ven aquí!--gritó con más furia la joven.
+
+D. Laureano la miró, sacudiendo al mismo tiempo la cabeza con
+indignación.
+
+--¡Allá voy, escandalosa, allá voy!--respondió entre resignado y
+furioso, y volviéndose a los esposos añadió bajando la voz:--Me voy por
+evitarles otro disgusto. El peor de los males no es tratar con animales,
+sino con locos. Perdonen ustedes. Buenas noches.
+
+Y salió detrás de su querida. En el pasillo se oyó la voz de la chula
+que decía dirigiéndose al mozo:
+
+--Chico, traiga usted un poco de agua y vinagre.
+
+Los esposos quedaron solos. Se miraron uno a otro con asombro, y ambos a
+la vez soltaron la carcajada.
+
+--Me parece--dijo Mario cuando hubo sosegado la risa--que D. Laureano ha
+infundido demasiada vida a esa chica.
+
+
+
+
+XI
+
+
+Repitiéronse metódicamente aquellos festines conyugales todas las
+semanas. Esta singular posición les apenaba y alegraba a un mismo
+tiempo. Sentían dolor cuando pensaban en que vivían separados, como si
+no estuvieran unidos para siempre por vínculo indisoluble. Pero sus
+entrevistas tenían por esto mismo sabor dulcísimo, un encanto especial
+que compensaba todos sus dolores. Hasta que una noche sintió Carlota los
+precursores del alumbramiento. Se envió recado al médico y a Mario, y
+éste corrió desalado a la casa de sus suegros, pisándola otra vez contra
+la voluntad de su esposa. Vino al mundo un niño robusto y hermoso.
+Según los datos suministrados por algunas vecinas que asistieron o
+tuvieron conocimiento inmediato de su presentación, había motivos para
+afirmar que poseía además ingenio profundo y ameno a la vez, unido a un
+corazón verdaderamente heroico.
+
+Con tal motivo, Mario siguió entrando en la casa, aunque sin comer ni
+dormir en ella. Su suegra, viéndole en camino de hacerse independiente,
+le acogía con más agrado, pero siempre mostrando reserva, apercibida a
+romper toda relación en cuanto tuviese la osadía de quedarse sin qué
+comer. D. Pantaleón comenzó a sentir por él una predilección tan
+señalada que el muchacho estaba sorprendido. Al fin paró en lo que paran
+generalmente estas predilecciones repentinas, en leerle un par de
+folletos manuscritos que pensaba dar muy pronto a la imprenta. El uno se
+titulaba _Ensayo para una patología administrativa_; el otro era una
+_Terapéutica del comercio_. Se estudiaba en ellos lo mismo la
+administración pública que el comercio desde un punto de vista
+fisiológico, con los modernos métodos de la ciencia positiva,
+explicándose admirablemente los reglamentos y los aranceles por la
+acción combinada de las fuerzas naturales, como un simple fenómeno de la
+vida orgánica, sin necesidad de acudir para nada a la voluntad de los
+directores y jefes de sección.
+
+Todavía le dio otra prueba de particular confianza y afecto. Después que
+le hubo hecho saborear los interesantes fenómenos patológicos que su
+penetrante inteligencia había logrado arrancar a la vida administrativa
+y comercial, un día le llamó aparte con misterio y le dijo:
+
+--Te voy a enseñar, Mario, una cosa que te ha de sorprender y admirar.
+
+Abrió el cajón de la cómoda y sacó una cajita de madera, y de ella un
+sello de cauchouc. Tomó un papel blanco después y lo selló.
+
+--Mira.
+
+--¿Qué es esto?
+
+--Un sello que pienso aplicar sobre las dos obras que voy a dar a luz y
+sobre todas las demás que escriba en adelante.
+
+--¿Pero qué dice aquí? No leo nada.
+
+--No hay palabras; no hay más que una figura. Obsérvala bien.
+
+--Parece una mancha de tinta.
+
+El ingenioso Sánchez sonrió con benevolencia.
+
+--Fíjate bien.
+
+--Pues no puedo descifrarla--repuso después de sacarse los ojos y dar
+vueltas al papel cerca de la ventana.
+
+--Es un zoófito.
+
+--¿Cómo?
+
+--La figura de un zoófito.
+
+Y como viese el asombro pintado en el rostro de su hijo político, añadió
+con sonrisa triunfal:
+
+--Lo he escogido como blasón por ser un símbolo. El zoófito es el primer
+peldaño de la escala animal. De él procede todo el género humano. Por lo
+tanto, así como los nobles ponen en sus escudos las hazañas de sus
+abuelos, yo, como hombre de ciencia, pongo en el mío con orgullo el
+primero de mis antepasados. ¿Qué te parece? ¿No es una idea feliz?
+
+Mario le contempló con la misma estupefacción, pero sin revelar que se
+hallase poco ni mucho admirado. Y es porque su espíritu aún no se
+hallaba maduro para las grandes concepciones científicas.
+
+Luego su suegro le llevó a la buhardilla, donde él había modelado en
+otro tiempo, y le mostró un verdadero laboratorio. Frascos, retortas,
+cristales, cacharros grandes y pequeños, se hallaban esparcidos por el
+suelo y sobre una gran mesa de cocina. Allí era donde don Pantaleón y su
+amigo Moreno se encerraban para impulsar el progreso de la humanidad.
+
+--De esta pequeña buhardilla saldrá al fin algo que el mundo acogerá con
+asombro y aplauso--dijo con profética iluminación poniendo una mano
+sobre el hombro a su yerno.
+
+Éste volvió a mirarle estupefacto.
+
+--¿Tiene usted algún proyecto?
+
+El ingenioso Sánchez no contestó. Quedó largo rato pensativo, y por sus
+grandes ojos tristes, meditabundos, pasó algo grandioso.
+
+--Sí, tengo un proyecto--dijo al cabo con voz solemne, llevándose una
+mano a la frente.--Es un proyecto grande, asombroso. Nadie tiene de él
+conocimiento, ni el mismo Moreno. No saldrá una palabra de mis labios
+mientras no lo haya realizado.
+
+Mario no quiso preguntarle más, respetando su silencio, y cambió de
+conversación.
+
+D. Pantaleón le manifestó que le molestaba mucho no tener fogón en el
+laboratorio. Todos los ingredientes que necesitaba poner al fuego los
+llevaba abajo. Pero esto turbaba la cocina y además era expuesto. Su
+esposa se enfadaba y amenazaba con tirar las retortas al patio. La única
+que le ayudaba algo era Presentación.
+
+--Pero esto es por interés--dijo tristemente,--porque me necesita para
+llevarla a paseo. En cuanto se case me abandonará.
+
+En efecto, el amor había hecho presa al fin en el corazón de la hija
+menor del naturalista. Los ojos místicos, el cutis nacarado y la
+inocencia de querubín de Godofredo Llot lograron lo que no pudieron el
+ingenio ático y los modales desenvueltos de los chicos del comercio que
+la festejaban a porfía en el café del Siglo. Estos jóvenes, por lo
+general, eran hombres de mundo. El trato frecuente con las damas de la
+aristocracia que entraban por la mañana a escoger enaguas o medias les
+había hecho adquirir formas elegantes y distinguidas. Todos sabían
+decir: «¡Ah! no señora, a nosotros nos cuesta más» de modo tan correcto
+y con sonrisa tan persuasiva que no era posible resistirles. Al mismo
+tiempo, las aventuras galantes que los domingos solían correr les
+infundían la audacia y habilidad indispensables para apoderarse de los
+corazones femeninos. En este punto llevaban inmensa ventaja al piadoso
+Godofredo, que era todo candor, y que al acercarse a cualquier mujer se
+arrebolaba como una nube herida por el sol.
+
+Pero las dotes de Godofredo eran interiores y por lo mismo más sólidas.
+No sólo poseía alma pura y virginal y un cuerpo inmaculado, sino que su
+inteligencia, acalorada por el entusiasmo místico, producía hermosas
+obras, frescas y brillantes como las rosas de Mayo. Sus artículos,
+leyendas y poesías en _El Pensamiento Católico_ y en otras publicaciones
+religiosas eran cada día más gustadas por el público sano de la España
+tradicional. Lo que caracterizaba estos trabajos literarios y les
+prestaba aroma penetrante y embriagador eran la devoción de la Virgen y
+el entusiasmo por la Edad Media; los dos amores de Godofredo Llot. A la
+Virgen la requebraba en sus odas con un ardoroso flujo de epítetos que
+no se agotaba jamás. La Edad Media era el tema constante de sus
+ditirambos. Las catedrales góticas. ¡Ah, las catedrales góticas!
+Godofredo no se hartaba jamás de describir la luz «filtrándose por los
+cristales de colores, la voz del órgano resonando en sus altas bóvedas,
+las oraciones de los fieles elevándose entre nubes de incienso, la
+flecha calada de la torre señalando como un dedo al cielo.»
+
+Por esta razón todas las damas caían en éxtasis cuando se hablaba de él.
+Presentación, cansada de hacer víctimas en el comercio, sintió el
+encanto de aquel estilo florido, y le amó. D.ª Carolina se inflamó casi
+al mismo tiempo de amor maternal hacia él. Las relaciones de Godofredo
+siguieron las mismas etapas que las de Mario. Fue presentado en el
+café. ¡Qué rubor tiñó sus mejillas nacaradas! Después, en actitud
+humilde, rogó a D.ª Carolina que le permitiese, no acompañarlas en el
+paseo, sino tan sólo seguirlas de cerca respetuosamente. Y por muchos
+días se vio a aquel rubicundo joven por los paseos a tres o cuatro pasos
+de distancia de dos señoras, sin osar acercarse a ellas. Por último,
+entró en la casa y comenzó a hablarse de matrimonio.
+
+En este tiempo Godofredo se hallaba terminando una historia de Santa
+Isabel de Hungría, que se preparaba a dar a la imprenta. Y como quisiese
+poner al frente del libro el retrato de la Santa, pidió a Presentación
+el suyo para hacerlo grabar. Este rasgo ingenioso y delicado causó
+impresión profunda, tanto en su novia como en D.ª Carolina. La buena
+señora empezó a ser para él lo que había sido para Mario, una verdadera
+madre. Convinieron en que Godofredo la llamase mamá, pero no en
+presencia de D. Pantaleón, ¡cuidado! y le tuteó y le permitió besarla, y
+le reprendía, y le gobernaba. En fin, se repitió punto por punto lo que
+había pasado con Mario. Y si tuviera veinte hijas, veinte veces se
+repetirían aquellas escenas conmovedoras; porque D.ª Carolina tenía un
+corazón muy grande y muy maternal.
+
+Cualquiera podría imaginar que Timoteo el violinista del Siglo, en vista
+del curso torcido de los sucesos, había desistido de su desgraciada
+pasión por la hija menor de los señores de Sánchez. ¡Ah! Los que tal
+imaginasen no saben lo que es el amor cuando prende en el corazón de un
+artista. Timoteo se complace siempre en alimentar este amor con
+incesantes y secretas meditaciones y gusta de exhalar sus quejas
+lánguidamente por medio del violín. Presentación lo sabe. Sabe que todos
+los nocturnos melancólicos, lo mismo que las arias trágicas
+desgarradoras, a ella van dirigidos. Percibe el dejo amargo del
+_andante_, la fuga impetuosa del _allegro_ y hasta la ficticia, nerviosa
+alegría del _scherzo_. Y no se enternece. Al contrario, en cuanto
+observa que el violín arrastra las notas de cierto modo particular
+extraordinariamente lánguido, se pone inquieta, nerviosa, no sabe lo que
+dice, se muerde los labios y sacude la cabeza con desesperación. Es
+posible que la niña menor de D. Pantaleón suponga que un violín no tiene
+derecho a expresarse de modo tan ardoroso, o bien considere como un
+insulto personal aquel juego inusitado de las corcheas.
+
+Todavía si se circunscribiese al lenguaje musical la pasión de Timoteo,
+podría hallar tolerancia, si no en Presentación, cuyo entendimiento
+estaba lleno de prejuicios desfavorables para el artista, al menos para
+las personas sensatas e imparciales. El lenguaje de la música es vago;
+las ofensas que puede inferir débiles; se expresan generalmente por un
+_trémolo_ donde hay más resignación que soberbia. Pero en cuanto
+terminaba con el violín nuestro joven se venía hacia la mesa donde la
+familia Sánchez tomaba café y les rociaba de saliva a poco que se
+descuidasen. Esto, en verdad, no lo sufriría ninguna persona, por
+sensata que fuese.
+
+--Buenas noches, D.ª Carolina. Buenas noches, D. Pantaleón. Buenas
+noches, Presentacioncita.
+
+Era horrible. Presentación le deseaba de todas veras la muerte.
+
+La actitud de Timoteo respecto a Godofredo, su aborrecido rival, estaba
+llena de calma y desdén. La mayor parte de las veces cuando se acercaba
+a la mesa no le daba las buenas noches ni le dirigía siquiera una
+mirada. Pero en ocasiones, atacado de cierto espíritu sarcástico y
+jocoso, pretendía burlarse repitiendo del modo más desdichado las bromas
+de Moreno.
+
+--Hola, Sr. Llot, ¿cuántas misas ha oído usted hoy? ¿Ha estado usted en
+las Góngoras esta tarde?
+
+Godofredo no se daba por ofendido; sonreía dulcemente, acostumbrado a
+aquellos martirios que a causa de su piedad le infligían los amigos.
+Pero su novia se crispaba, se ponía pálida de ira y solía responder por
+él:
+
+--¡Caramba, que tiene usted gracia, Timoteo! Es usted espontáneo como
+pocos.
+
+D.ª Carolina no se ofendía menos con la insistencia irracional que el
+violinista mostraba en enamorar a su hija. Podía perdonarle que su boca
+fuese una regadera cuando hablaba, y la medida anormal de esta boca, y
+otros defectos corporales; pero, francamente, que pretendiese estorbar
+el matrimonio de su niña, que un rasca-tripas como él tratase de
+competir con aquel claro fanal de todas las virtudes, con aquel lirio
+fragante que la Providencia iba a darle por yerno, para esto no había
+perdón ni en la tierra ni en el cielo. Se enfurecía cuando le veía
+acercarse a la mesa, le daba toda clase de desaires, le demostraba de
+mil maneras que estaba ejecutando una acción infame. Nada, Timoteo no
+cejaba. «Buenas noches, D.ª Carolina.--Buenas noches, D.
+Pantaleón.--Buenas noches, Presentacioncita.» La irritada señora llegó a
+pretender que Mario le hablase para hacerle desistir de su locura, y si
+fuera necesario le amenazase. Pero aquél se negó a este paso ridículo.
+
+Afortunadamente el matrimonio de su niña avanzaba rápidamente hacia su
+consumación, y muy pronto quedarían libres de tan enfadosa mosca.
+Godofredo había insinuado ya varias veces su casto deseo. D.ª Carolina
+le presentó al instante las consabidas dificultades. Era necesario
+arrancar el consentimiento de Sánchez, un hombre severo, intratable;
+ella intercedería; haría cuanto estuviese en su mano, etc., etc. Con
+esto el deseo de Godofredo se encendió más y más, y no paró hasta que lo
+puso en vía de ejecución. Pero, como joven virtuoso y timorato, quiso
+dar a este asunto la solemnidad debida, haciendo intervenir en él un
+representante de la religión.
+
+Godofredo tenía numerosos amigos en el clero de Madrid, alto y bajo. Era
+el niño mimado de las sacristías. Pero con quien mantenía amistad más
+estrecha era con cierto presbítero pálido, delgado, huesudo y miope
+llamado don Jeremías Laguardia. Este D. Jeremías desempeñaba un cargo en
+el Tribunal de la Rota, tenía el título de predicador de S. M. y el de
+prelado doméstico de S. S. Era activo, intrigante, de genio vivo y trato
+campechano. Godofredo y él se hicieron en poco tiempo íntimos amigos.
+Laguardia tenía tendencias a la dominación; le gustaba servir a los
+amigos, pero dominándolos. Godofredo, por su temperamento suave y dócil,
+se acomodaba admirablemente a estas tendencias. Todas las tardes, sin
+dejar una, venía D. Jeremías a buscar a Godofredo para salir de paseo, y
+todas las mañanas, sin dejar una tampoco, iba Godofredo a oír la misa
+que D. Jeremías decía en San Ginés. Recientemente el prelado doméstico
+había hecho un viaje a Roma, y trajo para su amigo nada menos que un
+título de _hijo predilecto de la Iglesia_. Godofredo estaba loco de
+alegría. Decía que no cambiaría aquella distinción por la cartera de
+ministro. D.ª Carolina lloró de gozo y le abrazó con efusión al saber la
+noticia. Presentación se ruborizó de placer.
+
+Pues este presbítero, tan servicial como voluntarioso, fue el encargado
+de conducir las negociaciones para el matrimonio. Godofredo le confió
+sus poderes o se los tomó él; no es fácil averiguarlo. De todos modos,
+cierta mañana llegó a casa del ingenioso Sánchez y tuvo una larga y
+secreta conferencia con los señores. Lo que pasó en esta entrevista no
+se supo, pero sí pudo observar quien le siguiera los pasos que Laguardia
+se quitó las gafas para limpiarlas tres o cuatro veces antes de llegar a
+casa; signo evidente de preocupación: las habituales contracciones
+nerviosas de su rostro se multiplicaron hasta llamar la atención de los
+transeúntes.
+
+No se alteró el curso de los sucesos en apariencia. Godofredo siguió
+acudiendo a casa de su novia. El matrimonio parecía definitivamente
+concertado. No obstante, cuando menos podía esperarse, Presentación
+recibió una larga epístola de su futuro en que a vueltas de mil frases
+dulces, untuosas, impregnadas de resignación cristiana, le manifestaba
+que por el momento le era imposible pensar en casarse. ¡Rudo golpe para
+él, que se juzgaba próximo a realizar el sueño de su vida! El deber, un
+deber penosísimo, le obligaba a desatar el lazo que con tal anhelo
+aspiraba a hacer indisoluble. Sólo la Religión (con r grande), la fe y
+la tranquilidad de la conciencia podrían esparcir un bálsamo sobre
+aquella herida incurable. Godofredo guardaba silencio sobre la
+naturaleza del deber que le obligaba a faltar a su palabra.
+
+La carta cayó como una bomba sobre la familia Sánchez. D. Pantaleón,
+aunque sintió el disgusto de su hija, sólo vio en la determinación de
+Llot un fenómeno fisiológico, pero se guardó bien de explicarlo. En el
+estado de exaltación en que se hallaban los ánimos pudiera levantar un
+conflicto. D.ª Carolina era la única que sabía a qué atenerse. El
+presbítero, en su conferencia, había insinuado la palabra dote. La buena
+señora manifestó que no eran ricos y que sus hijas no podían llevarla al
+matrimonio. Con esto el presbítero protestó de su intención al
+pronunciar aquella palabra, declarando que nada había más indiferente a
+insignificante en el matrimonio que el dinero. «Una niña virtuosa,
+inocente, piadosa, como su hija, era un tesoro inapreciable. Los
+intereses cosa deleznable que un joven virtuoso también y de talento,
+como su amigo, despreciaba absolutamente.» Sin embargo, D.ª Carolina
+tenía la certeza que ésta era la clave de la incomprensible epístola.
+
+Presentación lloró, pateó, escribió una carta llena de insultos al
+traidor, y durante varios días fue el tormento y la compasión de sus
+padres. Mario tomó parte también muy viva en su pesar. Con él desahogó
+su pecho la dolorida niña, comunicándole las sospechas que agitaban su
+alma.
+
+--Créeme, Mario, Godofredo está muy engreído. Tanto le adulan por lo
+bien que escribe, tantos piropos le echan las condesas y las duquesas
+con quienes trata, que ha llegado a despreciarnos. Sobre todo, desde que
+le han hecho hijo predilecto de la Iglesia, te aseguro que se había
+puesto irresistible. Me hablaba con un tono de superioridad y hasta de
+compasión que me hería; estaba distraído, me contradecía en todo lo que
+hablaba y se manifestaba tan frío que me dejaba casi todos los días
+llorando. Ya ves... Mario--añadió limpiándose las lágrimas que le
+brotaban a los ojos,--el que sea hijo predilecto de la Iglesia no me
+parece motivo para que desprecie a una mujer que tanto le quería.
+
+--¡Claro que no!
+
+Tan mal le pareció la conducta de su amigo que resolvió pedirle
+explicaciones acerca de ella. Presentación se oponía.
+
+--No es por ti solamente--le respondió Mario.--Es que lo que contigo ha
+hecho resulta en ofensa mía, y quiero saber si puedo seguir siendo su
+amigo.
+
+Trató de verle en el café; pero Godofredo no asistía allí desde el
+rompimiento de sus relaciones, por no tropezar con la familia Sánchez.
+Entonces se decidió a ir a su casa. Llot vivía en una de huéspedes,
+modesta y patriarcal, de la calle de Jesús del Valle. El paraje
+tranquilo, los tiestos de flores que observó en los balcones, la
+escalera limpia y blanqueada y la sencilla amabilidad de la portera
+produjeron excelente impresión en nuestro escultor. La casa tenía
+marcado sabor conventual; había allí algo puro, inmaculado, que
+correspondía admirablemente con la inocencia y las costumbres devotas de
+su amigo. Es imposible, pensó al tirar del cordón de la campanilla, que
+ese muchacho haya ejecutado una acción tan fea si no es por algún motivo
+invencible. Salió a abrirle una vieja, y luego acudió otra, y luego
+otra, todas muy limpias, muy charlatanas, muy risueñas. La primera se
+informó de lo que traía por allí. Al saberlo, cayó en un espasmo de
+alegría tal que nuestro joven no pudo menos de sonreír.
+
+--Viene a ver a D. Godofredo--dijo comunicándole la feliz noticia a la
+segunda.
+
+Ésta la recibió con el mismo gozo y se apresuró a ponerla en
+conocimiento de la tercera, que se sintió no menos satisfecha. Las tres
+se le quedaron mirando en silencio, dulces y placenteras, como si
+estuviesen contemplando una persona querida que no hubiesen visto en
+mucho tiempo.
+
+--Pero en fin, ¿está en casa?--preguntó al cabo, un poco molesto de
+aquella risa inmotivada.
+
+--¡Pues no ha de estar, señor! ¡A estas horas no ha de estar!--exclamó
+la primera en el colmo de la sorpresa.
+
+--D. Godofredo no sale nunca después de almorzar--dijo otra.
+
+--Espera a D. Jeremías para tomar café. No hace más que un momento que
+ha llegado--manifestó la última.
+
+--¡Ah! ¿Tiene visita? Entonces me vuelvo--replicó Mario retrocediendo.
+
+Pero ya una de las viejas había cerrado la puerta.
+
+--¡Cómo! ¡No faltaba más! Pase usted, caballero, pase usted. D. Jeremías
+no es visita. Siga, siga, señor; siga adelante.
+
+Y las tres le empujaban por el pasillo hablando a un tiempo, asustadas
+sin duda de que por motivo tan baladí quisiera destruir su felicidad.
+
+El pasillo resplandecía de blancura. Aquí y allá había colgadas algunas
+estampas piadosas. Mario creía percibir el olor del incienso. Al llegar
+a cierta puertecita adornada con una cortina de cuero, como sólo se ve
+en las iglesias, una de las viejas llamó con los nudillos.
+
+--¿Se puede?
+
+--Adelante--respondió de adentro una voz que no era la de Godofredo.
+
+La vieja levantó el pestillo y empujó la puerta. La estancia que
+apareció a los ojos de Mario semejaba talmente una capilla. Había allí
+tanta estampa con marco dorado, tanto fanalito, tantas palmas y flores
+contrahechas, que sorprendía no oír el sonido del órgano y el rezo de
+los fieles. Las cortinas de damasco con una franja de galón dorado. Los
+muebles viejos y lustrosos por el uso. Había una cómoda con un San
+Antonio de madera encima y dos candeleros de plata a los lados, que
+parecía exactamente un altar. Para que la semejanza fuese más completa,
+había también su pila de agua bendita.
+
+En aquel tabernáculo no podía alojar un hombre como los demás, sino un
+alma pura y virginal, una blanca paloma, un cordero místico, un San Luis
+Gonzaga o una Santa Catalina de Sena. Mario notó, al poner el pie
+dentro, el perfume de placidez y candor que exhalaba y sintiose poseído
+de respeto. Sin embargo, en el fondo de la estancia no había ningún
+ángel en oración o virgen en éxtasis, sino dos hombres tomando café al
+pie de un velador y saboreando copitas de ron. D. Jeremías Laguardia,
+muellemente recostado en una mecedora, chupaba un tabaco habano de
+tamaño disforme. Se había quitado los manteos, quedándose en sotana,
+libre y desembarazado como si estuviera en su casa. Godofredo se
+levantó apresuradamente al ver a Mario y sus cándidas mejillas se
+tiñeron de vivo carmín.
+
+--¿Tú por aquí? ¡Cuánto me alegro!
+
+Y le abrazó cariñosamente y le obligó a sentarse, poniéndole una copa
+delante.
+
+D. Jeremías no se levantó. Su cortesía se satisfizo con incorporarse
+levemente y enviar al advenedizo, a guisa de saludo, una mueca que
+quería parecer sonrisa. Mario se sintió cohibido. Aquel cura no le era
+simpático.
+
+Godofredo, repuesto de la sorpresa, se mostró amabilísimo con su amigo,
+le colmó de atenciones, hablando sin cesar. De tal modo, que parecía
+evitar cuidadosamente por medio de una conversación varia e interesante
+que Mario tuviese ocasión para decirle a qué había venido. Pero éste se
+mostraba a cada instante más taciturno. Bruscamente le dijo:
+
+--Godofredo, necesitaba hablarte algunos instantes a solas. Tú me dirás
+a qué hora puede ser.
+
+--¿A solas?--preguntó el terso joven, ruborizándose de nuevo.--¿Por qué
+a solas?
+
+--Pueden ustedes hacerlo ahora mismo, porque yo me voy--dijo el
+presbítero levantándose.
+
+Pero Godofredo le tiró de la sotana y le obligó a sentarse de nuevo.
+
+--De ninguna manera, padre. ¡No faltaba más! Todo lo que Mario ha de
+decirme puede usted escucharlo muy bien. ¿Verdad, querido?--añadió
+dirigiéndose a su amigo con amable sonrisa.
+
+Mario quedó confuso.
+
+--Sin embargo, podemos dejarlo para otro día... Yo quisiera que nuestra
+conversación fuese sin testigos.
+
+--¡Si el padre Laguardia es mi director espiritual!--exclamó el piadoso
+joven volviendo hacia éste su rostro iluminado por una sonrisa de
+afección filial y sumisión.--Cuanto puedas decirme no importa que sea
+escuchado por él. Si no tiene importancia, porque es indiferente que lo
+sepa. Si atañe a mi conciencia, porque estoy obligado a comunicárselo en
+el tribunal de la penitencia.
+
+La fisonomía nerviosa del presbítero ejecutó algunas fuertes
+contracciones. Para mostrarse enteramente neutral dio un largo chupetón
+al cigarro, envió la bocanada de humo al aire y se quedó mirando al
+techo.
+
+La sorda irritación que Mario abrigaba contra su amiguito creció. Pensó
+que no quería quedarse a solas con él por miedo a las recriminaciones. Y
+resolviéndose de pronto dijo con cierta aspereza:
+
+--Pues bien, el objeto de mi visita ya debes suponerlo.
+
+Godofredo le miró con ojos de asombro, tan dulces y candorosos que su
+irritación se calmó un poco.
+
+--No quiero que supongas--añadió evitando su mirada--que nadie me envía
+a ti. Lo mismo mi cuñada que sus padres tienen bastante dignidad para no
+acordarse más del santo de tu nombre. Pero has sido mi amigo hasta
+ahora, me has dado parte de tu matrimonio con mi hermana política, y al
+romperlo tan bruscamente creo tener derecho a pedirte una explicación.
+Deseo saber si desde que este señor ha ido a casa de mis suegros a
+pedirles la mano de Presentación tienes algún agravio de ellos o de
+ella.
+
+Godofredo se puso rojo de nuevo y luego pálido. Al cabo balbució con
+trabajo:
+
+--Yo creo que mi carta...
+
+--Tu carta es un verdadero cien pies. Después de haberla leído con
+cuidado dos veces, nada he sacado en limpio. Hay en ella una vaguedad
+que parece premeditada y hasta ofensiva. Reconozco tu derecho a romper
+un lazo que la ley no había consagrado todavía, pero debes de comprender
+que sobre la ley está la decencia, y que entre personas decentes la
+palabra algo vale. El que la rompe sin motivo podrá no tener pena, pero
+desde luego queda castigado en la conciencia de las personas honradas.
+
+--¡Mario, por Dios! Me estás tratando con mucha dureza--respondió
+atribulado el joven, haciendo pucheros para llorar.
+
+--Va usted a dispensarme que intervenga en este asunto--manifestó
+entonces el presbítero con voz que parecía el chirrido de una bisagra
+enmohecida, incorporándose un poco y llevándose nerviosamente la mano a
+las gafas para sujetarlas.--Las relaciones que mi amigo Llot sostenía
+con su señora cuñada han terminado no porque mediase agravio alguno,
+sino por un deber de conciencia.
+
+--¡Ah, no sabía que Godofredo tuviese un compromiso de honor! De todos
+modos, debiera declararlo antes del paso que ha dado, o usted en su
+nombre.
+
+--No es eso, querido, no es eso--repuso el cura con sonrisa de lástima,
+recostándose de nuevo y chupando el cigarro.--No se trata de un
+compromiso como el que usted supone maliciosamente. Mi amigo Llot es un
+joven de costumbres intachables. ¡Ojalá hubiese muchos como él! Lo que
+hay es que por las cualidades que Dios le ha concedido se le ofrece un
+porvenir brillante, y que este porvenir brillante puede ser cortado por
+un matrimonio hecho a tontas y a locas, esto es, sin ciertas condiciones
+que yo juzgo de absoluta necesidad en este caso.
+
+Mario se sintió molestado por estas palabras y replicó con viveza:
+
+--¿Pero qué tiene que ver con esto el deber de conciencia de que usted
+hablaba?
+
+--¡Ahí verá usted!--replicó el presbítero con la misma sonrisa de
+lástima. Y añadió después de una pausa que se prolongó hasta rayar en la
+insolencia:--Los hombres a quienes la Providencia tiene reservados
+ciertos destinos, Sr. Costa, no se pertenecen.
+
+Mario quedó sorprendido.
+
+--¡Ah! ¿De modo que porque Godofredo tiene un porvenir brillante está
+exento de cumplir sus palabras?
+
+--¡Eso es!--replicó el padre Laguardia, sonriendo de igual modo
+insolente.
+
+Levantó un poco los pies para mecerse y chupó el cigarro con
+voluptuosidad.
+
+Aunque nuestro joven no tuviese un temperamento irritable, antes al
+contrario había dado siempre pruebas de paciencia, los modales groseros,
+despreciativos, del presbítero estaban a punto de hacérsela perder.
+
+--El porvenir de Llot--se dignó al cabo decir--es de un género
+particular. En la actualidad, como usted debe de saber, no es fácil
+hallar hombres que desde el comienzo de la vida manifiesten
+sentimientos piadosos, se unan con el corazón y la inteligencia a la
+doctrina de nuestra madre la Iglesia. La juventud está corrompida hasta
+los huesos. No hay muñeco que no haga gala en el día de pisotear los
+preceptos religiosos. Así, cuando aparece un joven como Llot, que a un
+corazón puro y a una piedad ardiente une el talento, la ilustración, la
+elocuencia...
+
+--¡Padre, por Dios!--exclamó Godofredo angustiosamente.
+
+--Cuando al talento, la ilustración y la elocuencia--siguió Laguardia
+sin mirar hacia él y dirigiéndose siempre a Mario--une además la
+modestia, entonces cualquiera puede decir: «Ese muchacho está llamado
+por Dios para algo grande, para ser un baluarte de la fe y combatir los
+perniciosos errores que andan esparcidos por el mundo.» Los que tenemos
+la dicha de mantenernos firmes en medio de la tempestad, los que
+flotamos por la gracia de Dios en este mar de la incredulidad, tenemos
+el deber de ayudarle. Ahora bien, un matrimonio realizado con ciertos
+requisitos que no necesito explicarle puede matar en flor las esperanzas
+que sobre él tenemos fundadas.
+
+--Usted me permitirá. Yo pienso que un hombre debe portarse bien en
+todos los momentos de su vida, cualesquiera que sean las esperanzas que
+sobre él funden sus amigos.
+
+--Hay que distinguir, amigo; hay que distinguir--dijo el presbítero
+volviendo a su actitud grosera.--Los hombres no somos iguales. Hay
+deberes generales a todos y los hay particulares a cada uno según sus
+circunstancias. Si Llot fuese un cualquiera, un empleadillo de mala
+muerte, eso que usted dice estaría perfectamente. Siendo un hombre
+excepcional no puede sacrificar deberes altísimos a otros más pequeños,
+teniendo en cuenta que en sus relaciones amorosas nada hubo que pueda
+perjudicar en lo más mínimo la honra de su señora cuñada.
+
+Mario se sintió herido y confuso. Pensó, y acaso no le faltaba razón,
+que lo del empleadillo de mala muerte iba con él. La sonrisa
+despreciativa del presbítero le enrojecía la cara como una bofetada.
+
+--Dígale usted ahora, padre--profirió Godofredo,--que yo, en este
+asunto, no he hecho más que acatar los consejos de mi confesor.
+
+--Los consejos no; los mandatos--chilló Laguardia.--Yo, como su director
+espiritual, le he ordenado renunciar a ese matrimonio. Sé que se ha
+hecho violencia para ello. ¡Tanto más meritorio!
+
+Al pobre Mario, poco diestro y menos aficionado a las polémicas, no se
+le ocurrió nada para combatir las teorías del presbítero. Las dio por
+buenas guardando silencio. Sintió malestar indecible y pesar de haber
+venido.
+
+Godofredo se apresuró a cambiar de conversación. Se habló de los amigos
+del café; le hizo mil preguntas acerca de él mismo, enterándose con vivo
+interés de su niño. Estuvo obsequioso y amable como él solo sabía
+estarlo. Era la dulzura personificada. En cambio Laguardia, que por lo
+visto había medido el alcance de Mario en los negocios de la vida, no
+hizo ya de él caso alguno. Habló, chilló, rió, manoteó, dirigiéndose a
+su amigo como si estuvieran solos. Imposible mostrar una indiferencia
+más despreciativa.
+
+Cada vez más triste y confuso, Mario se levantó al fin y se despidió
+fríamente. Godofredo le acompañó hasta la puerta de la escalera.
+
+--Puedes creerme, Mario; me ha costado muchas lágrimas el obedecerle. Si
+no fuese por el cumplimiento de mi deber, jamás hubiera renunciado a la
+dicha de contraer matrimonio con tu cuñada. Te ruego se lo hagas
+presente, y que nunca la olvidaré en mis oraciones--le dijo al darle la
+mano, mientras dos gruesas lágrimas rodaban por sus mejillas.
+
+¡Pero qué facilidad tenía aquella criatura para liquidar sus penas!
+
+Mario marchó, con la cabeza baja y el alma llena de repugnancia, hacia
+casa de sus suegros. Y en el camino fue cuando se le ocurrieron mil
+argumentos para desbaratar el sofisma del cura Laguardia. Siempre le
+pasaba lo mismo. No era pronto más que para ver y sentir: su
+inteligencia perezosa necesitaba tomarse tiempo para formar
+razonamientos. Llevaba el propósito de aconsejar a su cuñada que
+olvidase enteramente a Godofredo. Éste, en su concepto, era un chico de
+corazón excelente, dulce y sensible como pocos, pero tan débil de
+carácter que cualquiera le dominaba. Esto, unido a su devoción
+exagerada, le haría vivir en poder del padre Laguardia.
+
+Cuando llamó a la puerta de su suegro percibió algo que le inquietó.
+Tardaban en abrirle: creyó oír un gemido doloroso y llamó de nuevo con
+sobresalto. La criada tenía la fisonomía descompuesta y le miró con ojos
+extraviados.
+
+--¿Qué pasa?--exclamó anhelante.
+
+Pero en aquel instante su suegra salió de uno de los cuartos y se abrazó
+a él sollozando.
+
+--¡Ay, Mario del alma, no sabes lo que acaba de suceder!
+
+El joven se puso horriblemente pálido y profirió con voz ronca:
+
+--¡Carlota!...
+
+Su mujer apareció por el extremo del pasillo pálida y grave y avanzó
+lentamente.
+
+--¡Carlota! ¿el niño?...--volvió a gritar acongojadamente.
+
+Carlota hizo un signo negativo con la cabeza. En aquel momento, un grito
+desgarrador hirió sus oídos. Era la voz de Presentación.
+
+D.ª Carolina quiso contarle lo que pasaba, pero los sollozos le impedían
+hablar: no articulaba más que frases incoherentes, de dolor unas y de
+indignación otras. Su mujer entonces le cogió por la muñeca, le arrastró
+hacia la sala y le puso al cabo de lo que ocurría. D. Pantaleón había
+dado como otras veces una retorta a Presentación para que la pusiera al
+fuego. La niña cumplió el encargo, pero al llevársela de nuevo a su
+padre, cuando éste se la pidió, el líquido se había inflamado y le quemó
+la cara espantosamente. Se llamó al médico corriendo y la estaba curando
+en aquel momento.
+
+Mario experimentó vivo dolor. Aunque la desgracia no hubiera recaído en
+los dos seres que más amaba en el mundo, era tan afectuoso y tenía tal
+predilección por su cuñada, que el disgusto no fue mucho menor. Trémulo,
+acongojado, acudió al cuarto de la enferma. La desdichada Presentación
+exhalaba gemidos lastimeros mientras el médico reconocía las heridas
+minuciosamente. Eran tan fieras, que Mario al verlas volvió la cabeza
+con espanto. Sin embargo, pudo vencerse y dijo esforzándose en dar a su
+voz una inflexión natural:
+
+--No te asustes, mujer, que eso no vale nada. Tu madre y tu hermana me
+habían asustado. ¿Verdad, doctor, que eso no es nada?
+
+--¡Mario! ¿Eres tú, Mario?--gritó la niña.--¡No te veo, Mario!... ¡No te
+veo!... ¡no te veo!
+
+Y su grito era cada vez más alto y desgarrador.
+
+--Ya me verás... No te asustes--repuso el joven, a cuyos ojos acudieron
+las lágrimas.
+
+Al mismo tiempo hizo un signo interrogativo al médico. Éste respondió
+sacudiendo la cabeza con expresión de duda.
+
+Un ayudante preparaba hilas. La criada iba y venía atortolada. D.ª
+Carolina sollozaba en un rincón. Sólo Carlota tenía ánimo para sostener
+a su hermana y mirar sin pestañear las horribles quemaduras. Su honda
+emoción no se leía más que en la blancura de cera de su tez.
+
+La desdichada Presentación no cesaba de exhalar quejas a las cuales
+añadía frases desesperadas que desgarraban el alma.
+
+--¡Dios mío, qué pronto se ha concluido el mundo para mí!... ¡Quién
+había de pensar hace un instante que no os volvería a ver más! Decidme,
+mamá, Carlota, Mario, ¿he sido tan mala que merezca este horrible
+castigo?
+
+--Calla, calla, Presentación--decía suavemente su hermana.--Es más el
+susto que el daño. Dentro de ocho días no tienes nada.
+
+Cuando terminaba la cura, Mario preguntó a su esposa en voz baja:
+
+--¿Y tu padre, dónde está?
+
+No lo dijo tan bajo que no llegara a los oídos de D.ª Carolina.
+
+--¡En el infierno!--exclamó con acento rabioso.--¡Allí debía estar ese
+bárbaro!
+
+Todo el respeto que durante una larga vida había ido acumulando sobre la
+cabeza de su marido huyó repentinamente, barrido por la tempestad que
+rugía en su alma. ¡Qué recriminaciones! ¡Qué desprecios! ¡Cuánto
+denuesto! Carlota y Mario hacían esfuerzos inútiles por calmarla.
+
+Al cabo éste, pensando en la tribulación de su suegro, le buscó por toda
+la casa sin hallarlo. Subió a la buhardilla, que le servía de
+laboratorio, y antes de llegar escuchó sus pasos, firmes, acompasados,
+por la habitación. Miró por el agujero de la cerradura. En efecto, el
+célebre fisiólogo se paseaba lentamente, con las manos en los bolsillos,
+de un rincón a otro de la estancia, atestada de frascos y retortas,
+estampas de anatomía e instrumentos de física. Tenía los bigotes aún más
+caídos que de ordinario; los ojos aún más opacos. Éstas eran las únicas
+insignificantes alteraciones que se observaban en su continente. Por lo
+demás, la misma suave serenidad se esparcía por su rostro reflexivo; la
+misma dignidad científica surgía de sus movimientos. Mario empujó la
+puerta. D. Pantaleón detuvo el paso y volvió hacia él su mirada vaga.
+Avanzó algunos pasos y le estrechó largo tiempo entre sus brazos en
+silencio. Al cabo dijo, apartándose, con acento solemne:
+
+--Transformaciones de la materia. ¡Una mártir más de la ciencia!
+
+Mario le contempló lleno de pasmo, como siempre que se acercaba desde
+hacía algún tiempo a aquel hombre extraordinario.
+
+
+
+
+XII
+
+
+Presentación no quedó ciega, pero sí desfigurada. Era un dolor ver aquel
+rostro, tan hechicero en otro tiempo, ultrajado por repugnantes
+costurones. La infeliz no cesaba de llorar, aunque con esto dañase a sus
+ojos, aún no curados por completo. Una honda tristeza dominaba a toda la
+familia.
+
+Sin embargo, su digno jefe D. Pantaleón, por virtud de una actividad
+incesante, atenta siempre a los hechos, aun los más insignificantes, del
+mundo de la Naturaleza, y resguardado por las grandes verdades del orden
+físico y químico que había podido adquirir, se hallaba fuera del
+alcance de toda emoción penosa. Había publicado ya la _Terapéutica del
+comercio_ y la _Patología administrativa_. Pero su inteligencia había
+crecido de tal manera con el régimen de los alimentos fosfatados a que
+se hallaba sometido, que estos interesantes libros nada valían al lado
+de las empresas prodigiosas que su mente proyectaba. Por de pronto,
+entre él y Moreno comenzaron a redactar dos revistas científicas
+mensuales, una titulada _El Mundo Orgánico_ y la otra _El Mundo
+Inorgánico_, para dar a conocer al público las observaciones que en los
+dos mundos iban haciendo con maravillosa penetración.
+
+Estas observaciones no se limitaban al laboratorio. El estudio directo
+de la Naturaleza y de la vida social se las ofrecía muy varias. Para
+ello hacían frecuentes excursiones a los alrededores y pueblos
+comarcanos de Madrid. Generalmente las hacían a pie, vistiendo ambos el
+largo y vueludo gabán característico de los sabios, sombrero de alas
+amplísimas y zapatos claveteados; en la nariz, las imprescindibles gafas
+de cristales ahumados y en la mano sendos paraguas de tela de algodón.
+Con este arreo nadie dudaría que aquellos hombres estaban destinados a
+arrancar a la Naturaleza sus secretos. Pero D. Pantaleón llevaba gran
+ventaja en este punto a su compañero. Ningún sabio moderno estuvo dotado
+de figura más grave, majestuosa y verdaderamente científica. Era
+necesario remontarse con la fantasía a Solón o a Anacharsis el Viejo
+para representarse algo tan profundo y reflexivo.
+
+Las excursiones duraban siempre un día. Era condición imprescindible que
+había puesto Moreno. Y aun así apuraba casi siempre para la vuelta a fin
+de no llegar después de las siete de la tarde. Traía maravillado esto al
+ingenioso Sánchez y un sí es no es inquieto, porque ¿cómo acordar estas
+costumbres metódicas y sedentarias con la existencia azarosa que su
+amigo había llevado hasta entonces? ¿Cómo no sorprenderse de que un
+hombre nacido en el arroyo y en lucha constante con la sociedad tuviese
+tal cuidado de retirarse cuando las gallinas? Llegó a pensar en estas
+perplejidades si Moreno estaría afiliado a la secta de los anarquistas,
+y fuese la hora destinada para reunirse y concertar sus planes
+siniestros de destrucción. Y andaba receloso y observándole; porque
+Sánchez era un revolucionario del pensamiento nada más y no le hacía
+gracia alguna hallarse complicado en el asunto de los explosivos.
+
+Algunos meses después del desgraciado accidente de Presentación, el
+causante directo y el indirecto de aquella desgracia resolvieron hacer
+una excursión al vecino pueblo de G... distante unas dos leguas, donde
+les dijeron que había un reo de muerte que sería ejecutado a los pocos
+días. Uno y otro deseaban tener con él una conferencia, estudiar sus
+anormalidades orgánicas y comprobar sobre el terreno los datos
+antropológicos que ya conocían teóricamente. Salieron bien de madrugada
+una mañana en la disposición que otras veces y caminaron por la
+empolvada carretera sin hablarse, entregados a las profundas reflexiones
+que les sugería siempre el gran libro de la Naturaleza, que hoja por
+hoja se proponían leer hasta el fin. El sol nadaba en un cielo azul y
+límpido; el cielo de Madrid. Por todas partes se extendía una tierra
+ondulante de lomos anchos redondeados y vestidos de verde por el trigo y
+la cebada nacientes. D. Pantaleón, saliendo al fin de su mutismo, hizo
+en voz alta la observación de que «las gramíneas estaban muy hermosas,»
+a lo cual respondió su compañero que «era la época del crecimiento de
+las monocotiledóneas.»
+
+Prosiguieron en silencio su camino, y poco antes de llegar a G..., se
+detuvieron en un ventorro a refrescarse. Había allí un hombre de baja
+estatura y recias espaldas que paladeaba un vaso de vino para marcharse
+también. Este hombre trabó inmediatamente conversación con ellos, lo que
+no es raro en España. El ingenioso Sánchez aprovechó la ocasión para
+pedirle datos acerca del reo que iba a ver.
+
+--¿Quién, el _Pollo_? ¡Anda, que buen polvo lleva a estas
+horas!--exclamó soltando la carcajada.
+
+--¿Cómo?
+
+--¡Na, que se ha fugado esta misma noche de la cárcel! Abrió un agujero
+en la pared con una palanqueta, que nadie sabe quién se la dio ni cómo
+la escondía, y se tiró al patio. De allí gateó por la pared y subió al
+tejado de un almacén, y de allí se echó a las huertas. Hay quien cree
+que está escondido en el pueblo: los civiles vigilan mucho los
+alrededores.
+
+D. Pantaleón y Moreno quedaron muy disgustados. Había fracasado su
+excursión. Pagaron los refrescos y salieron de la taberna. El hombre que
+les diera la noticia salió con ellos, y al verlos tomar el camino de
+Madrid, les preguntó con sorpresa:
+
+--¿Pero no iban ustedes a G...?
+
+--Sí, señor, pero íbamos a visitar al _Pollo_.
+
+El hombre se les quedó mirando con respeto.
+
+--¿Son ustedes, por casualidad, de la Audiencia?
+
+Los sabios quedaron un poco embarazados. Al cabo Moreno dijo:
+
+--No, señor; somos antropólogos.
+
+El hombre les contempló con gran sorpresa y mayor respeto aún. No sabía
+qué era aquello, pero calculaba que debía de estar relacionado de cerca
+con el gobierno.
+
+--Pues si quieren pasar por V..., adonde voy, tendrán compañía y menos
+polvo.
+
+Aceptaron la oferta. Tomaron la vereda que a aquel pueblo conducía, y
+Moreno y Sánchez, que no perdían la ocasión de enriquecer su cuaderno de
+notas con las observaciones antropológicas que podían recoger, le
+abrumaron instantáneamente a preguntas. El caminante les respondía de
+buen grado. Era de fisonomía inquieta, ademanes sueltos y voz propensa a
+alterarse. Parecía de carácter franco y alegre. Moreno, encargado de las
+observaciones botánicas, geológicas y zoológicas, le hizo bastantes
+preguntas sobre la naturaleza del suelo y sus productos. El ingenioso
+Sánchez, a quien competían las biológicas y sociológicas, se informó
+minuciosamente del carácter y costumbres de los habitantes. La
+conversación vino por fin a recaer sobre el _Pollo_.
+
+--¿Tiene familia?--preguntó D. Pantaleón.
+
+--Sí, señor; cinco hijos.
+
+--¡Ah! Pues entonces no se hubiera hecho nada con ahorcarle si no se
+ahorca también a sus cinco hijos.
+
+--¡Cómo!--exclamó el caminante dando un paso atrás.--¿Quería usted que a
+esas criaturas, que la mayor tiene nueve años...
+
+--Desde luego--repuso grave y firmemente D. Pantaleón.--Para destruir el
+delito es absolutamente indispensable destruir los gérmenes.
+
+--Pero ¿qué culpa tienen esos pobres niños?--exclamó cada vez más
+estupefacto el hombre.--¿Qué culpa tienen esos pobres niños de que su
+padre sea un bandido?
+
+Una sonrisa de lástima contrajo los labios e hizo brillar un momento los
+ojos mortecinos de Sánchez.
+
+--¿Culpa? Esa palabra es un absurdo científico. El delito es un
+fenómeno, ¿sabe usted? un fenómeno natural. Nadie tiene culpa de él. Al
+criminal se le debe matar, no porque tenga culpa, sino porque produce
+una perturbación en el organismo social. Y como esa perturbación se ha
+de prolongar si tiene hijos por medio de la herencia, precisa eliminar
+también a esos hijos.
+
+--Me parece a mí, señor--repuso el caminante, que sólo vagamente había
+comprendido las palabras de D. Pantaleón,--que si a esos niños se les
+educara con cariño serían personas honradas. Yo conozco al mayor, y
+parece muy humilde el pobrecillo.
+
+--Sería inútil, créame usted. Hoy se ha adelantado mucho en esa materia.
+Hoy se sabe perfectamente, examinando el cráneo y los antecedentes
+hereditarios de cada hombre, quién ha de ser criminal y a qué clase ha
+de pertenecer, esto es, si ha de ser asesino, incendiario, estafador,
+etc. Así es que yo creo, y me propongo publicar un folleto
+sosteniéndolo, que todos los hombres deben ser reconocidos al llegar a
+cierta edad por antropólogos competentes, y si presentan los caracteres
+del tipo criminal, que sean eliminados inmediatamente de la sociedad, si
+no por la muerte, al menos por la deportación.
+
+No respondió el caminante. Volvió a examinarlos con un poco de recelo y
+cambió de conversación. Al cabo de un rato, deteniéndose, les propuso
+desviarse de la vereda y tomar un atajo a campo traviesa. Nuestros
+antropólogos aceptaron sin vacilar, porque estaban ya bastante
+rendidos.
+
+Marchaba el desconocido delante y ellos detrás. A los pocos minutos,
+fijándose por necesidad en él D. Pantaleón, creyó notar en su figura
+algunos signos que le llamaron la atención. Inmediatamente volvió la
+cabeza y comunicó en voz baja sus observaciones con Moreno. Éste se fijó
+con más cuidado y corroboró lo que su sabio compañero decía.
+Cuchichearon animadamente a intervalos. Por último, D. Pantaleón, no
+pudiendo resistir la gran curiosidad, con mezcla de inquietud, que
+sentía, tocó en el hombro con su paraguas al desconocido y le dijo:
+
+--Va usted a dispensarme que le pida un favor. Mi compañero y yo nos
+dedicamos a los estudios antropológicos, como ya he tenido el honor de
+decirle. Estoy observando en su cabeza, algo que me llama la atención, y
+si usted no tuviera inconveniente, le agradecería me permitiese tomarle
+algunas medidas...
+
+El hombre se detuvo, les miró con estupor unos instantes y luego echó
+una mirada recelosa en torno para cerciorarse sin duda de que se
+hallaban en completa soledad. Esta mirada ávida causó gran impresión en
+nuestros antropólogos.
+
+--Bueno--dijo el desconocido.--Tomen ustedes las medidas que gusten,
+pero les advierto que hace mucho tiempo que estoy cerrado.
+
+Estas ambiguas palabras les puso aún más inquietos.
+
+D. Pantaleón sacó de los profundos bolsillos de su gabán un compás de
+gruesos y le midió la longitud de la cabeza. Luego leyó en voz baja los
+milímetros a Moreno, el cual torció el hocico. Tomó después el ancho, y
+su resultado tampoco les satisfizo. En ambos iba creciendo la inquietud.
+Sin embargo, procuraban estar finos, y lo echaban a broma de modo que el
+hombre no se incomodase.
+
+--Cuidado con que no me apriete el sombrero--dijo éste riendo.
+
+Le tomaron después la medida de la talla y la longitud de los brazos en
+cruz. Al ver el número que señalaba la cinta se dirigieron una mirada
+de ansiedad: la consternación más profunda se pintó en sus semblantes.
+
+--El traje holgadito, ¿eh?
+
+Pero ni Moreno ni el ingenioso Sánchez estaban de humor para reírse. Lo
+hicieron, sin embargo, pero resultó la risa del conejo.
+
+--Si usted me hiciera ahora el favor de la mano...--dijo D. Pantaleón
+con voz temblorosa.
+
+--Hombre, es usted muy viejo... pero, en fin, allá va.
+
+--No, la derecha no, la izquierda.
+
+--¡Vaya por la zurda!--exclamó el hombre alargándola.
+
+D. Pantaleón sacó otro compás, parecido al cartabón de los zapateros, y
+con las manos trémulas le dobló el dedo medio y se lo midió. Mientras
+tanto Moreno inclinaba su rostro pálido haciendo esfuerzos para
+averiguar el número de milímetros. Cuando Sánchez lo leyó en voz alta,
+dio un salto y emprendió una carrera vertiginosa al través de los
+campos. Don Pantaleón dejó caer el compás que tenía en las manos y le
+siguió, esforzándose inútilmente en alcanzarle.
+
+Corrieron hasta que la fatiga les obligó a detenerse. Volvieron la
+cabeza, y observando que el desconocido no los seguía, se calmaron un
+poco. El estallido de unos cohetes les hizo comprender que el pueblo
+estaba cerca, y se dirigieron hacia el sitio donde sonaban a paso largo.
+
+--¡Es el _Pollo_!--exclamó al fin D. Pantaleón con respiración
+anhelante.
+
+--¡Quién puede dudarlo!--repuso Moreno echando hacia atrás otra mirada
+de terror.
+
+Y mientras no se acercaron a las primeras casas, no cambiaron otra
+palabra.
+
+El pequeño pueblo de V..., contra lo que ellos imaginaban, estaba
+animadísimo. Los vecinos, en traje de día de fiesta, discurrían por las
+calles. Las jóvenes, adornadas con lindos pañuelos de colores, formaban
+grupos a las puertas de las casas. Vendedores de frutas y confites
+atronaban con sus gritos. Las tabernas rebosaban de gente, y los puestos
+de vino entoldados que había en medio de las calles lo mismo. Repicaban
+las campanas y estallaban sin cesar los cohetes. El sol reía en el
+espacio.
+
+Nuestros antropólogos se enteraron en seguida de que se celebraba la
+fiesta de la santa patrona del pueblo, y no les pesó de llegar a este
+tiempo, porque el estudio concienzudo del instinto religioso en el
+animal humano les preocupaba hacía tiempo, sobre todo a Moreno. Así que,
+después de descansar unos minutos en los bancos de una taberna, se
+encaminaron a la iglesia, donde les dijeron que iba a comenzar pronto la
+solemne misa cantada. Sus figuras, un poco raras, aunque científicas, no
+dejaban de llamar la atención en el pueblo, aunque estuviese éste tan
+próximo a Madrid. Quizá en Madrid llamasen también la atención; porque
+en la capital de España, no hay más remedio que confesarlo, tampoco es
+frecuente ver a los sabios en su verdadero traje por las calles.
+
+La iglesia resplandecía por dentro de luces y ornamentos. Parecía, según
+la expresión vulgar, un ascua de oro. Los fieles comenzaban a acudir y
+se iba llenando lentamente; y según se iba llenando el calor se hacía
+insoportable. Cerca del altar mayor, en otro portátil, estaba la santa
+patrona rodeada de cirios y flores. Al cabo de larga espera el órgano
+hizo vibrar sus notas poderosas por el ámbito del templo, y en la
+puertecilla de la sacristía aparecieron los tres sacerdotes con sus
+brillantes capas de tisú de oro y se dirigieron al altar. Detrás de
+ellos entraron algunos otros clérigos y varios particulares
+privilegiados, que se acomodaron en el presbiterio para oír la misa.
+Nuestros sabios quedaron sorprendidos al ver entre estos últimos a su
+joven amigo Godofredo Llot. A Moreno le hizo extremada gracia, y se
+propuso sacar mucho partido cuando fuese por el café. A D. Pantaleón no
+le hizo tanta por las relaciones especiales que entre ellos habían
+existido. Cerca de él vieron al presbítero Laguardia, y esto contribuyó
+aún más a ponerle de mal humor; porque odiaba a este clérigo como tal, y
+además por el papel que había representado en el fracasado matrimonio de
+su hija.
+
+Pero la observación de aquellos curiosos ritos religiosos que ambos
+examinaban como si por primera vez los hubieran visto en su vida, le
+distrajo de todo incómodo pensamiento. De vez en cuando se comunicaban
+en voz baja las profundas reflexiones que el culto les sugería.
+
+--Siendo todas las divinidades en su origen, como usted sabe muy
+bien--decía Moreno metiéndole la boca por el oído a su
+amigo,--individuos humanos que han demostrado alguna superioridad y han
+hecho algún beneficio, sería curioso saber quién era esa mujer que está
+ahí en el altar antes de ser divinidad y a qué se dedicaba.
+
+--Yo imagino--respondía el ingenioso Sánchez en voz de falsete
+también,--teniendo en cuenta su traje rico de brocado, que debía de ser
+alguna señora pudiente de los contornos que en su tiempo se dedicaba a
+proteger a los labradores, tal vez facilitándoles dinero sin interés o
+semillas para la siembra.
+
+--No; yo creo más bien que sería una comercianta que expendía los
+géneros más baratos, y de este modo se captó la admiración del pueblo,
+que después de su muerte la erigió en divinidad. ¿No ve usted la cajita
+que tiene en la mano derecha? Parece un azucarero.
+
+--Es un jarro; repárelo usted bien. Puede que tuviera una gran lechería
+y diese los sobrantes de la leche a los pobres. El perro que lleva a su
+lado parece confirmarlo, dado que los perros son los encargados de la
+guarda del ganado. De todos modos, ya nos informaremos de los vecinos
+más viejos.
+
+Por más que hablasen bajo, aquel coloquio en el momento de celebrarse el
+santo sacrificio de la misa estaba escandalizando a una vieja, que al
+fin les reprendió ásperamente y les obligó a guardar silencio.
+Obedecieron los sabios pensando que no era prudente despertar «los
+instintos salvajes del hombre primitivo emocional.»
+
+La misa duró una buena hora. Paulatinamente iban perdiendo la gana de
+hacer observaciones antropológicas y sintiendo la necesidad de restaurar
+el estómago, pues eran ya las doce del día. Cuando los clérigos se
+retiraron, la muchedumbre, que se agolpaba a la puerta para salir, les
+impidió hacerlo en un buen rato. Al poner el pie en el pórtico se
+tropezaron con un grupo de clérigos, y entre ellos a Godofredo Llot, que
+sin duda había salido por otra puerta. Aunque tuvo intentos de eludir
+su saludo no pudo hacerlo: al cabo vino hacia ellos sonriente y
+afectuoso como lo estaba siempre aquel joven eminente, y les abrazó con
+efusión.
+
+--¡Ustedes por aquí!... ¡Cuánto me alegro!
+
+Moreno correspondió con agrado a este saludo, pero empezando a cultivar
+la nota humorística, repuso:
+
+--Pues nosotros al entrar en la iglesia casi teníamos la seguridad de
+hallarte en ella.
+
+Godofredo no hizo caso y les presentó a los clérigos con quienes se
+hallaba. D. Pantaleón estuvo digno y cortés. Salieron todos del pórtico,
+y cuando hubieron andado un corto trecho, Moreno preguntó a Llot si
+sabía de algún sitio donde se pudiera almorzar medianamente. Oyó la
+pregunta el párroco del pueblo, que venía entre ellos, y atajó la
+respuesta diciendo en voz alta, imperativa:
+
+--Ustedes, señores míos, no van a almorzar a ningún lado, sino a mi
+casa. Los amigos de nuestros amigos son nuestros amigos.
+
+Los antropólogos quisieron rehusar la invitación porque no les placía
+comer entre curas; pero no fue posible.
+
+--No se hable del asunto. Ustedes hacen hoy penitencia con nosotros.
+Aquí ejerzo yo de pontífice: impongo ayunos y vigilias. Otra vez tengan
+cuidado de no caer en mis dominios.
+
+Era el párroco un hombre de cincuenta años de edad próximamente, alto,
+seco, moreno, cabellos negros aún, revueltos y crespos, los ojos vivos y
+severos, la expresión de su rostro franca y resuelta. A pesar de la
+dureza que en él se notaba inspiraba confianza y simpatía desde luego.
+Parecía un veterano afeitado y con los hábitos de sacerdote.
+
+Su casa estaba próxima. Entráronse todos por ella, subieron la estrecha
+y antigua escalera, y en una sala no muy espaciosa hallaron la mesa
+puesta. Sentáronse presto y dio comienzo el festín. Estaban bien
+apretados, porque eran más de veinte los comensales, casi todos
+clérigos, y la mesa no daba comodidad para más de doce o catorce. Se
+comió y bebió gallardamente. Moreno se mostraba torvo y receloso,
+hallándose tristísimo en la aborrecible compañía de «tanto explotador de
+la ignorancia humana.» En cambio D. Pantaleón, siempre grande y
+profundo, parecía hechizado; no se cansaba de hacer observaciones
+antropológicas sobre todo lo que veía y oía, sacando a cada instante su
+cuaderno de notas y escribiendo en él, sin advertir la curiosidad de que
+era objeto.
+
+--Oiga usted, amigo--dijo al cabo con mal humor un presbítero que
+reventaba de gordo y se había quitado el alzacuello para comer
+mejor.--¿Es usted el encargado de las cédulas personales?
+
+Sánchez le miró estupefacto.
+
+--¿De las cédulas?... No, señor. Éste es un libro de memorias.
+
+--El señor--dijo Moreno con sentido irónico y sonriendo
+maliciosamente--no es el encargado de las cédulas, sino de las
+_células_.
+
+D. Pantaleón cambió con él una risueña mirada de inteligencia y quedó
+admirado de la gracia y penetración de su amigo.
+
+Los clérigos los miraban con sorpresa y desconfianza. Godofredo estaba
+inquieto, y se apresuró a distraer a los comensales con nueva
+conversación.
+
+El vino despierta siempre con viveza los sentimientos tiernos y las
+ideas metafísicas. Así que a los postres, varios de aquellos presbíteros
+se juraban, estrechándose la mano, eterna fidelidad. Algunos se
+prometían ayuda corporal en el caso de que el sagrado pasto de los
+mansos parroquiales fuese violado por las ovejas de los incrédulos. Se
+hacían reticencias oscuras sobre el obispo, que les hacía prorrumpir en
+carcajadas desaforadas; se dirigían pullas amistosas acerca de los
+derechos de pie de altar que cada cual recogía; se hablaba con
+enternecimiento de la cosecha y se probaba matemáticamente la existencia
+de Dios.
+
+Esto último no quería oírlo Moreno, quien alimentaba hacia el Ser
+Supremo un rencor que D. Pantaleón hallaba bien justificado. En
+realidad, no se abandona así a un hombre en medio del arroyo, expuesto a
+que todo el mundo lo pise. Y claro está, Moreno hacía contra él lo que
+más rabia podía darle: le negaba la existencia. Sin embargo, como se
+hallaba entre sus ministros, le guardaba ciertos miramientos que en otro
+sitio se hubiera desdeñado de concederle.
+
+--Con permiso de usted, a mí me parece que la existencia de un ser
+creador de todas las cosas no es tan fácil de probar.
+
+--Se prueba, como tres y dos son cinco--gritó un presbítero
+escanciándose una copita de aguardiente.--Verá usted si lo pruebo...
+
+Y así que la hubo bebido comenzó a soltar con calma una serie de
+silogismos en latín que haría estremecer a Tito Livio en su tumba. Los
+compañeros le escuchaban con poca atención, pero movían la cabeza
+afirmando. Desde hacía muchos años no se celebraba en los contornos
+ninguna fiesta parroquial en que después de la comida faltasen los
+silogismos del cura de N... En cuanto bebía la tercer copa de anisado,
+ya se sabía, era necesario probar las verdades de la fe.
+
+--Todo eso estará muy bien--replicó atajándole Moreno,--pero dígalo
+usted en castellano para que yo pueda contestarle.
+
+El clérigo le echó una mirada de soberano desprecio.
+
+--¿No sabe usted latín?... ¡Vaya, vaya a la escuela!
+
+Los compañeros rieron mucho. Moreno, picado en lo vivo, replicó que el
+latín sólo servía para hacer pedantes, que lo que se había escrito en
+este idioma no tenía ya utilidad para los grandes adelantos de la
+ciencia, y que las mismas Escrituras no se habían escrito en latín, sino
+en hebreo. Con este motivo se empelotaron en una disputa violenta y
+agria. En el curso de ella Moreno, aunque procuraba tener la lengua por
+hallarse en casa ajena y entre gente fanática, no pudo menos de verter
+algunos conceptos poco respetuosos hacia Moisés. El presbítero gordo,
+que era sin duda el más irritable del concurso y había escuchado la
+disputa con visible impaciencia, se enfureció de pronto.
+
+--Oiga usted, amiguito, eso que está usted diciendo es herético.
+
+--Yo digo lo que se me antoja.
+
+--Es usted un badulaque.
+
+--Y usted un...
+
+--¡Alto, señores!... ¡Alto!... ¡Un poco de calma!... ¡No irritarse!...
+
+Hubo algunos instantes de confusión. El presbítero quería arrojarse
+sobre Moreno y Moreno sobre el presbítero. A duras penas lograron
+contenerlos, sobre todo al primero, que era hombre de bríos.
+
+Cuando se restableció un poco el sosiego, el ingenioso Sánchez, radiante
+de majestad filosófica, se levantó de la silla, y con grave ademán y
+sonrisa dulce, cerrando los ojos con un sentimiento de completo
+bienestar, habló de esta manera:
+
+--Señores, en este momento acaba de producirse aquí un fenómeno del
+orden natural, y siendo del orden natural, absolutamente necesario. ¿Y
+por qué es necesario? Porque como ha dicho muy bien un ilustre pensador,
+las leyes de la Naturaleza son eternas e inmutables. El fenómeno que
+aquí se ha producido es el de dos cuerpos que, caminando por el espacio
+en sentido contrario, se encuentran. ¿Qué acontece entonces? Que si la
+fuerza de ambos es idéntica se neutraliza y quedan en reposo; si la del
+uno es mayor que la del otro, el primero consigue arrastrar al
+segundo... Yo espero, señores, que en el presente caso sucederá lo
+último...
+
+La sonrisa de Sánchez se hizo aún más dulce. Sus ojos opacos, benignos,
+pasearon una mirada por los circunstantes, que le escuchaban con la boca
+abierta.
+
+--Señores: una piedra que no esté sostenida por algo caerá seguramente.
+Es un hecho comprobado por la experiencia. Éstos son los hechos que nos
+competen a mi amigo Moreno y a mí. Pero hay otros hechos, tales como las
+ideas de Dios, de la inmortalidad, de lo bello y de lo justo, que no
+están comprobados por la experiencia y esos os competen a vosotros.
+Vosotros representáis la infancia de la humanidad; por eso en vosotros
+existe la debilidad y la inocencia que caracterizan a los niños, algo
+amable y hasta cierto punto digno de respeto, que yo me complazco en
+reconoceros. Nosotros representamos la edad viril; por eso en nosotros
+existe la fuerza, el poder, la dureza si es caso, que son las
+cualidades del hombre en la plenitud de la vida. Vosotros sois los
+apóstoles dulces de los sueños infantiles: encariñados con vuestras
+ideas como los niños con sus juguetes, tembláis y suspiráis cada vez que
+un hombre inflexible como mi amigo Moreno extiende brutalmente su mano
+para arrancároslos... Por desgracia, tal dureza es de absoluta
+necesidad, y así como a los niños se les quita los juguetes para
+encaminarlos a la escuela, mi amigo Moreno ha necesitado mostraros su
+poder y su fuerza para que os hagáis cargo de que ha llegado el momento
+de someter vuestro criterio al yugo inflexible de los hechos. La
+ciencia, incansable en la investigación de la verdad, ha arrancado a los
+dioses el cetro y la corona. ¿Y para qué les ha arrancado el cetro y la
+corona? Para dárselo al calórico, al magnetismo, a la electricidad...
+Pero vosotros permanecéis fieles a las antiguas ilusiones; lloráis la
+ruina de vuestras creencias: no seré yo el que os recrimine por esto.
+Sin embargo, creo que ha llegado ya la hora de secarse las lágrimas, de
+abandonar los lirismos, de despojaros de esos hábitos y poneros la
+blusa del operador. ¿Y para qué os habéis de poner la blusa del
+operador? Para ayudarnos a desterrar de la humanidad todo lirismo, toda
+poesía, toda superstición. Es necesario abrir los ojos y comprender que
+el misterio de la existencia no es tal misterio. La ciencia lo ha
+explicado ya cumplidamente. Es necesario entender que no hay un solo
+Dios, sino cuatro, que son el oxígeno, el hidrógeno, el carbono y el
+ázoe...
+
+Al llegar a este punto dio una gran voz el párroco y se levantó de la
+silla, irguiéndose su figura recia, avellanada, sobre todas las demás,
+fulminando rayos por los ojos.
+
+--¡Alto ahí, señor mío! Yo no puedo consentir que en mi propia casa, en
+la casa de un sacerdote y en presencia de otros sacerdotes, profiera
+usted semejantes blasfemias. Hemos estado escuchando por no faltar a la
+hospitalidad; ya mi paciencia se ha acabado y no toleraré que usted
+pronuncie otra sola palabra...
+
+Los demás clérigos se levantaron también, y pálidos y trémulos y
+clavando en nuestro sabio antropólogo miradas de indignación, gritaban
+agitando los puños:
+
+--¡Eso es!... ¡No debemos escucharle!... ¡A la calle!... ¡a la calle!
+
+No es fácil representarse el estupor que se apoderó del ingenioso
+Sánchez al ver a aquellos energúmenos vociferando frente a él y
+metiéndole los puños por la cara. Todo su discurso estaba lleno de
+benevolencia, de ideas conciliadoras; creía estar lisonjeándoles; hasta
+esperaba verlos enternecidos como él andaba cerca de estarlo. Y he aquí
+que de repente se levantan frenéticos, amenazadores. Tan estupefacto
+quedó que no acertaba a decir palabra. Inmóvil, con la copa en la mano,
+les contemplaba con ojos de espanto. En cambio a su amigo Moreno se le
+desató la lengua mejor de lo que hacía al caso y, encarándose con ellos,
+les dijo en términos crudos que aquella intolerancia era bien propia de
+los defensores del oscurantismo, que cuando faltan las razones se acude
+a las amenazas, y que su amigo Sánchez había hecho mal en malgastar su
+ciencia con quien no había de entenderle.
+
+--¡Ah! ¿Chillas todavía, pendón?--gritó entonces el presbítero gordo,
+espíritu impetuoso como ya sabemos. Y alzando la mano, le sacudió un
+terrible bofetón.
+
+Fue la señal. Más de veinte manos se posaron alternativa o
+simultáneamente sobre las mejillas del joven naturalista. D. Pantaleón
+acudió a socorrer a su amigo y también le tocaron algunos porrazos. El
+furor se enseñoreó de todas las cabezas clericales. Ruedan las sillas,
+quiébranse platos y botellas; la pequeña sala resuena con los gritos de
+los enfurecidos presbíteros. Godofredo, llorando a lágrima viva, trata
+de contenerlos, implorando, persuadiéndoles con palabras fervorosas. El
+padre Laguardia le ayuda en esta tarea, haciendo lo posible por sujetar
+al presbítero gordo, el más sanguinario de todos.
+
+--¡Dejadme, dejadme!--gritaba con voz estentórea.--Quiero arrancar todas
+las muelas a ese _esprit fort_.
+
+Y este deseo extravagante, más propio de un dentista que de un
+licenciado en sagrada teología, llenaba de terror el alma de Moreno.
+Cada vez que llegaba a sus oídos se le doblaban las piernas. Porque
+nunca había imaginado necesitar, tan joven, dentadura postiza.
+
+Acudieron al estrépito el ama del cura y las mozas que le ayudaban en la
+cocina; pero en vez de echar aceite a las olas irritadas, soplaron sobre
+ellas el viento de la cólera. El ama imaginó en seguida que su señor
+estaba en peligro de muerte por las asechanzas del cura de F..., con
+quien mantenía rivalidad desde la compra de cierta mula que ambos
+apetecían, y sin más reparar, con la paleta del fogón le dio un golpe en
+la cabeza. _Similia similibus curantur._ Gracias a este revulsivo
+poderoso apaciguose la cólera de los clérigos. Todos acudieron al pobre
+cura de F..., que yacía herido en el suelo. La lluvia de bofetadas que
+caía sobre las mejillas de Moreno cesó como por ensalmo. Hízose el
+silencio y vino el arrepentimiento. El ama lloraba y pedía perdón. El
+presbítero gordo también se recriminaba duramente como causante
+indirecto de aquella desgracia. El párroco dictaba disposiciones para
+curar la herida de su colega. Entre ellas, la primera fue enviar en
+busca del médico. Y mientras llegaba se le pusieron compresas de agua
+fría y se le trasladó a la cama. La desolación reinaba en aquel recinto
+donde pocos momentos antes todo era júbilo. Y en resumen, ¿por qué? Por
+si Moisés había echado mal o bien la cuenta de los días de la creación.
+¡Una cosa tan lejana!
+
+Los clérigos debieron de entender que se habían excedido un poco en la
+defensa de aquel patriarca, porque dirigían la palabra con semblante
+humilde tanto a D. Pantaleón como a Moreno. El mismo presbítero gordo
+vino a decirles que retiraba todas las bofetadas que había dado. Con
+esto D. Pantaleón se dio enteramente por satisfecho, y no comprendía
+cómo Moreno se mostraba aún torvo y enojado.
+
+El médico no estaba en el pueblo. En su lugar vino el albéitar. Los
+sabios antropólogos dieron un paso atrás, abriendo los ojos
+desmesuradamente al ver entrar al Pollo.
+
+--¿Quién es ese hombre?--preguntó D. Pantaleón a un clérigo.
+
+--¿Quién ha de ser? El albéitar.
+
+Los dos sabios se miraron uno a otro largamente, con sorpresa por parte
+de Sánchez, con sorpresa y reconvención por la de Moreno.
+
+--¿Ha tomado usted con exactitud las medidas?--dijo éste, al fin, en voz
+baja.
+
+--Perfectamente--repuso D. Pantaleón muy quedo también.
+
+--¿No se habrá corrido el compás?
+
+--Ni un milímetro; estoy seguro.
+
+Moreno sacudió la cabeza con gesto dubitativo, mientras su amigo
+continuaba asegurando por medio de expresivos ademanes la exactitud de
+los datos antropométricos que había tomado.
+
+El albéitar reconoció al herido y recetó un bálsamo. Al levantar una de
+las veces la cabeza y reconocer a sus compañeros de viaje preguntó con
+semblante risueño:
+
+--¡Hola, camarás! ¿están ustedes por aquí? ¿Quieren explicarme por qué
+han escapado de mí hace poco, como si fuese del diablo?
+
+Los fisiólogos se pusieron colorados.
+
+--No escapamos--balbuceó Sánchez,--es que teníamos prisa de llegar al
+pueblo.
+
+El albéitar les miró un instante con sorpresa y bajó de nuevo la cabeza
+para atender a la del herido.
+
+Moreno y Sánchez se hicieron una seña, y aprovechándose de la
+distracción general, se escabulleron bonitamente, bajaron la escalera y
+se plantaron en la calle. Desde allí dirigiéronse a la estación del
+tranvía, y metiéndose en el primero que salió, regresaron en pocos
+minutos a Madrid, no muy contentos del resultado de aquella famosa
+salida antropológica.
+
+
+
+
+XIII
+
+
+Durante año y medio Mario desempeñó atentamente cuantos trabajos le
+encomendaba su amigo y protector Rivera. Mas no se despidió por eso de
+su antigua afición a la escultura. En su gabinete, a las horas que tenía
+libres, seguía rindiéndole el mismo culto fervoroso y humilde. Miguel
+había hecho poco caso hasta entonces de aquellas aficiones. Mas un día,
+al pasar por delante del cuarto de su amigo, viendo por la puerta, que
+se hallaba entreabierta, una figura tapada con un lienzo, se decidió a
+entrar. Levantó la tela y quedó gratamente sorprendido. Era una pequeña
+figura de cuatro pies de alto que representaba a Ofelia coronada de
+flores. Había tanto desembarazo en la postura, tal delicadeza en las
+facciones, tanta inocencia en la expresión, que jamás había visto una
+interpretación más viva de la inmortal heroína de Shakespeare. Quedó
+pensativo y preocupado. Cuando Mario llegó a comer le preguntó afectando
+indiferencia:
+
+--¿Cuándo has terminado esa figurita que tienes en el cuarto?
+
+Mario se puso colorado.
+
+--Aún no está terminada; faltan algunos detalles.
+
+--No está mal hecha. Hay verdadero sentimiento en ella; se conoce que el
+Hamlet te ha impresionado hondamente.
+
+Como Miguel era parco en los elogios y su espíritu más propenso a la
+burla que al entusiasmo, al menos en apariencia, Mario experimentó al
+oír tales palabras vivo placer.
+
+Trascurridos algunos días, Rivera volvió a sacarle la conversación de la
+escultura. Se anunciaba una exposición de bellas artes para la próxima
+primavera. Con tal motivo hablaron de los pintores y escultores más en
+boga, ponderando los méritos de cada uno. Después de larga pausa en que
+Miguel quedó pensativo, dijo de pronto:
+
+--¿Por qué no haces algo para la exposición?
+
+Mario pareció confuso. Bajó la cabeza balbuceando algunas frases que
+revelaban su modestia.
+
+--Creo que estás un poco equivocado respecto a tus fuerzas--replicó
+Rivera.--No es malo, porque el artista que se engríe se amanera: precisa
+estar descontento siempre de lo que se hace para progresar. Pero no
+basta que tú te juzgues: es necesario que te juzguen los demás, y no
+sólo los amigos, sino el público, o por mejor decir, los hombres de
+gusto que hay dentro de él. Cuando conozcas una muchedumbre de juicios,
+comparándolos después con el tuyo, podrás formar idea aproximada de lo
+que vales. El mío es que tienes aptitud para el arte que cultivas. Si
+creyese que no la tenías me guardaría de proponerte que presentases obra
+alguna en el certamen, porque te quiero demasiado para exponerte a
+hacer un papel desairado o ridículo. Piénsalo, pues, bien, y si hallas
+en tu imaginación algún asunto adecuado a tus facultades, dímelo y
+hablaremos.
+
+Con estas palabras Mario quedó profundamente meditabundo. Anduvo varios
+días inquieto, preocupado, silencioso. Al cabo, dirigiéndose a Miguel
+con brusco ademán y una particular sonrisa, cuya amargura no se le
+escapó a aquél, le dijo de pronto:
+
+--He pensado en aquello, D. Miguel. No se me ocurre nada. Más vale que
+olvidemos eso y sigamos como hasta ahora rindiendo culto al arte de
+Fidias en secreto y en los ratos de ocio.
+
+Miguel le miró en silencio y con atención algunos momentos.
+
+--No es verdad. Me estás engañando y te invito a que no lo hagas. Creo
+tener derecho a que me hables con franqueza.
+
+Se obstinó todavía algún tiempo; pero viendo a su amigo triste y
+disgustado, le dijo al fin esforzándose por sonreír:
+
+--Hace ya tiempo que se me ha ocurrido un pensamiento; pero no me creo
+con fuerzas para llevarlo a cabo... Además, se exigen una porción de
+medios...
+
+--Explícame el pensamiento.
+
+Se trataba de un grupo representando la profecía del Tajo al rey D.
+Rodrigo tal como se describe en la famosa poesía del maestro Fray Luis
+de León. Aparecerían en él tres figuras: la del rey y la Cava en tamaño
+natural; la del río en colosal. El pedestal iría cubierto de bajos
+relieves representando diversos episodios de la invasión árabe y la
+caída del imperio gótico.
+
+--Ya usted ve que necesito todo mi tiempo--concluyó diciendo,--si he de
+terminarlo para la época de la exposición, y un local a propósito.
+
+Miguel no respondió. Se apartaron en silencio. Al día siguiente le
+condujo de paseo al barrio del Pacífico. Al pasar por delante de unos
+almacenes sacó una llave, abrió una puerta y empujándole dijo:
+
+--Ahí tienes taller. El tiempo también es tuyo. ¡A trabajar!
+
+Mario le abrazó con efusión. El recinto era espacioso, de techo elevado,
+lleno de luz. Se trasportaron los útiles inmediatamente, se compró lo
+que hacía falta y desde la mañana siguiente bien temprano Mario apenas
+salió de allí más que para dormir. Por espacio de algunos meses vivió en
+un estado febril; apenas comía, apenas dormía; tan profundamente
+distraído, que se le olvidaban los menesteres más corrientes de la vida.
+Si Carlota no le vigilase saldría a la calle con las botas rotas o sin
+corbata. Hablaba poco y no siempre acorde.
+
+Algunas veces Miguel y Carlota iban a visitarle al taller. Pero, aunque
+no lo manifestase, estas visitas le turbaban. Únicamente cuando traían a
+su hijo olvidábase de la obra que tenía entre las manos, como del resto
+del mundo; lo estrechaba contra su corazón, lo besaba con frenesí y
+parecía que de aquel contacto mágico sacaba nuevas fuerzas y nueva
+inspiración.
+
+Una tarde Rivera y Carlota llegaron al taller. Al empujar la puerta
+vieron al joven revolcándose por el suelo y mesándose los cabellos
+mientras lanzaba imprecaciones y palabras incoherentes. Carlota quiso
+precipitarse a su socorro, pero la retuvo Miguel.
+
+--¡Silencio!--le dijo al oído.--No temas. Tu marido se halla en la hora
+negra del artista. Las sacras musas duermen o están ocupadas en este
+momento y no pueden atenderle. Pero descuida, no tardará en levantarse.
+
+Dieron una vuelta por los alrededores, y en efecto, cuando tornaron
+Mario se hallaba de nuevo trabajando y con tal ardor que no advirtió su
+presencia hasta que le tocaron en el hombro.
+
+Pero Carlota no concedía la importancia que Miguel a los trabajos
+artísticos de su esposo. El arte para ella era un recreo, una
+distracción: nada tenía que ver con el problema serio de ganar el
+sustento, que aún no estaba resuelto. Así que no podía menos de mostrar
+su indiferencia cuando se trataba de la escultura. En cambio se enteraba
+con gran interés de cualquier empleo vacante de que le hablasen. Mario
+notaba esta indiferencia y no podía menos de sentirse entristecido y
+desalentado. Un día, muy tímidamente, porque adoraba a su mujer, se
+atrevió a quejarse a Miguel. Quedó éste pensativo unos momentos y le
+dijo:
+
+--No te pese de la manera de ser de tu esposa. Carlota es un espíritu
+sensato, lúcido, equilibrado. No tiene la imaginación propensa a los
+sueños, ni facultades para introducirse en el mundo del arte y la
+poesía. ¡Qué importa! La poesía es ella misma. Basta mirar su bella
+figura escultural y contemplar sus grandes ojos suaves, claros,
+hermosos; basta escuchar sus nobles palabras y ver sus acciones, más
+nobles aún, para sentirse cerca del origen de toda poesía... Además,
+nunca he creído que al artista le convenga una esposa de imaginación
+exaltada, de temperamento nervioso, inquieto y refinado como el suyo.
+Esta paridad de humores produce casi siempre funestos resultados. Tú
+sabes muy bien, y perdona lo indecoroso de la comparación, en gracia de
+su exactitud, que a un caballo demasiado vivo y fogoso se le pone por
+compañero en el tronco otro firme y resistente, aunque de menos sangre,
+para que contrarreste sus ímpetus. Pues en el matrimonio sucede lo
+mismo. Si el hombre de imaginación tiene una compañera de temperamento
+fantástico como el suyo, ambos corren peligro de precipitarse en la
+desgracia. Duerme, pues, tranquilo sobre el corazón de tu Carlota;
+acepta su cariño con gratitud y bendice a la Providencia que te ha
+concedido una mano fiel para atravesar esta existencia tan triste y
+oscura... ¡Ay! ¡Yo también tuve una mano!... ¡también tuve un corazón
+sobre el cual mi alma reposaba sin cuidado!...
+
+Los ojos del antiguo periodista se rasaron de lágrimas al pronunciar
+estas palabras. Mario le estrechó la mano en silencio.
+
+Llegó por fin el mes de Febrero, época en que debía inaugurarse la
+exposición de Bellas Artes. Mario hizo un esfuerzo supremo, y el magno
+grupo quedó terminado a tiempo y vaciado en yeso. Cuando Rivera, que
+había dejado de ir al estudio en los últimos tiempos adrede, lo vio en
+esta forma, quedó gratamente sorprendido. La obra superaba a todas las
+esperanzas que había concebido. Sin embargo, temiendo que su cariño por
+el artista le cegase, llevó a algunos amigos suyos entendidos en el
+arte. Los inteligentes confirmaron su juicio. La obra se apartaba
+bastante de las tendencias dominantes en la escultura. Sus figuras eran
+menos activas y movidas, pero en cambio brillaban por la gracia y la
+ingenuidad. Se conocía a la legua que su espíritu se hallaba
+profundamente impresionado por la estatuaria griega, y que adoraba en
+ella el sentimiento de la medida, la vida en el reposo, la grave
+serenidad, el desdén de los efectos. Pero este desdén, que se advertía
+demasiado en el grupo del joven escultor, en concepto de los amigos de
+Rivera le perjudicaría mucho para el éxito en el certamen.
+
+Felizmente no fue así. El público se detuvo con placer delante de
+aquellas nobles figuras ejecutadas sin esfuerzo. La delicadeza y
+valentía con que estaban modelados los bajos relieves llamaron asimismo
+la atención. Aunque hubiese en la sala obras de más apariencia y
+estuviesen firmadas por escultores reputados, al cabo de algunos días
+nadie dudaba que el autor de la _Profecía del Tajo_ era un artista
+sobresaliente que se revelaba con originalidad e independencia. Un
+periódico llegó a decir que parecía un griego resucitado y que si
+continuase con la misma fortuna trabajando llegaría a desempeñar en
+España el papel que hizo Canova en Italia, esto es, sería un regenerador
+de la escultura.
+
+Estos elogios prematuros le perdieron. El artista cuyos límites se
+perciben pronto encuentra fácil y llano el camino: las puertas se le
+abren, las bocas le sonríen. Mas ¡ay! aquel cuyo alcance no se mide de
+golpe eternamente tropezará con la desconfianza y la aversión de sus
+émulos. Éstos ocultaban artificiosamente el favor que el público
+tributaba a la obra del joven escultor. Cuando _un maestro_ se veía
+obligado a emitir su opinión acerca de ella, lo hacía con esa habilidad
+que todos conocen.
+
+--¡Oh! ¡Costa!... ¡Buen muchacho!...No cabe duda que tiene felices
+disposiciones. Cuando se le quite ese encogimiento natural del que
+principia será un verdadero artista. Hay algunos pormenores en su grupo
+dignos de llamar la atención... ¿Pero ha visto usted el _Titiritero_ de
+Suárez? ¡Qué admirable! ¿verdad? ¡Qué expresión! Es la obra de un
+maestro.
+
+A los oídos de Mario no llegaban estos juicios de sus compañeros. Sólo
+el rumor del público y de sus amigos le traían elogios y plácemes. Los
+miembros del jurado se mostraban con él deferentes y afectuosos, le
+ponían la mano sobre el hombro, le decían palabritas lisonjeras. Uno de
+ellos, viejo escultor cargado de laureles, le dijo un día contemplándole
+con admiración:
+
+--¡Qué joven ha subido usted al pináculo de la gloria! Yo no he ganado
+primera medalla hasta los treinta y seis años de edad y usted la
+consigue a los veinticinco.
+
+--Aún no la he ganado, señor--se apresuró a decir el joven, avergonzado.
+
+--¡Bah, bah!--exclamó el gran escultor haciendo un gesto de
+indiferencia.--Demasiado sabe usted que la tiene ganada.
+
+Carlota gozaba tranquilamente del triunfo de su marido, aunque sin
+comprender bien por qué la gente daba tal importancia a aquellos muñecos
+de yeso. D.ª Carolina estaba igualmente asombrada de que se hablase de
+dinero tratándose de estatuas. El día que supo que una de aquellas que
+había en la exposición estaba vendida en tres mil duros no pudo menos de
+abrazar y besar a su yerno. El mismo D. Pantaleón, aunque refractario a
+estas frivolidades, pasó por la exposición para ver la obra de su hijo
+político. El sabio fisiólogo, en presencia de varios amigos y del mismo
+Mario, expresó sus opiniones acerca de las bellas artes, basadas todas,
+como es lógico, sobre los últimos adelantos de las ciencias naturales.
+No admitía más arte que el fundado en la experimentación. Todo lo que se
+había hecho hasta entonces le parecía enteramente pueril. El método de
+la experimentación debía de extenderse a la literatura también; los
+poemas y novelas debían ser estudios de casos patológicos; la poesía una
+clínica social del animal humano. Sin dos cursos de anatomía, uno de
+patología quirúrgica y algunas nociones de química orgánica, D.
+Pantaleón sostenía que era ridículo pensar en hacer versos.
+
+Llegó por fin el día de la adjudicación de los premios. Mario supo el
+fallo del jurado con una sorpresa que le dejó clavado al suelo. No
+estaba comprendido entre los premiados con primera medalla, ni entre los
+de segunda, ni entre los de tercera. Nada: su nombre no se veía
+estampado en ninguna parte. Apenas podía creerlo. Leía y releía el papel
+pensando que estaba ofuscado. Pero la compasión de varios colegas que se
+le acercaron le hizo muy pronto cerciorarse. ¡Dios mío, cuánta compasión
+le prodigaron en pocos minutos! ¡Qué lamentos! ¡Cuántas invectivas
+contra el jurado! ¡Oh! ¡No hay nada más grandioso que la compasión de un
+compañero de oficio!
+
+Mario se mostró sereno. Les dio las gracias con sonrisa dulce y se
+retiró. Marchó automáticamente al través de las calles, embargado por
+una honda tristeza que le apretaba el corazón. No era vanidoso ni había
+cifrado quiméricas esperanzas sobre su obra. Pero había sentido ya el
+aroma de la gloria; el favor del público le había hecho soñar con
+adquirir por medio de su arte una posición con que pudiera vivir
+tranquilamente con su esposa y su hijo. Todo se derrumbaba de golpe.
+Otra vez se sentía solo, pobre y desvalido; tornaba a ser un mísero
+escribiente, el mismo ser vulgar en quien nadie fijaba la mirada. Pero
+más cruelmente aún que este dolor le mordía el alma otro que pocos
+conocen; el del artista que duda de sí mismo. Mientras trabajó en la
+oscuridad tenía la vaga conciencia de su genio: una voz interior le
+decía que las obras que salían de sus manos valían más que otras loadas
+por la crítica. Sentíase con fuerzas para llevar a cabo algo grande y
+bello. Cuando escuchó los elogios que se tributaban a su grupo no quedó
+sorprendido: era la misma dulce canción con que su corazón le arrullaba
+siempre. De repente un tribunal de hombres competentes le cierra las
+puertas del templo de la gloria. Podría equivocarse el tribunal o estar
+apasionado. Pero ¿no era más fácil que él y sus amigos se hubiesen
+engañado? ¿No sería él uno de tantos aficionados que confunden el
+entusiasmo por el arte con la inspiración, la voluntad con el ingenio?
+
+Había llegado hasta el Retiro, y por sus caminos arenosos iba a la
+ventura sin darse apenas cuenta de dónde se hallaba. Al fin, rendidos el
+cerebro y las piernas, dejose caer sobre un banco y metió la cabeza
+entre las manos. Acordose de Carlota. ¡Qué triste desengaño para la fiel
+esposa! Ya no vivirían juntos como pensaban; otra vez volvería a luchar
+por una miserable plaza en cualquier ministerio, sin saber cuándo la
+lograría. Las lágrimas se agolparon a sus ojos y sollozó amargamente un
+buen rato.
+
+El ruido de unos pasos precipitados le obligó a levantar la cabeza. No
+muy lejos vio a un viejo trabajador con blusa azul, boina raída y
+alpargatas, que venía corriendo, perseguido de un joven que, a juzgar
+por las mangas postizas de tartán sujetas al codo y su cabeza peinada y
+relamida, que llevaba descubierta, debía de ser dependiente de alguna
+tienda de comestibles. El viejo pasó por delante de Mario sin verlo, y
+al llegar a la orilla del Estanque grande se precipitó en él. El
+dependiente sé paró. Mario corrió instantáneamente al sitio, y viendo al
+viejo luchar con la muerte, sé despojó súbito de la levita y se arrojó a
+salvarlo.
+
+Aunque sabía sostenerse en el agua no era gran nadador: por otra parte,
+los pantalones y las botas le embarazaban extremadamente. Frío, aunque
+corría el mes de Marzo, no lo sintió, sin duda por la emoción de que iba
+poseído. Acercose como pudo al viejo y trató de cogerlo; pero éste, al
+sentir su mano, dio una vuelta rápida, y con las ansias de la agonía le
+agarró por un brazo. Mario se sintió perdido y luchó en vano por
+desasirse: con el brazo libre trató de ganar la orilla que estaba
+próxima; pero el suicida le sujetaba férreamente; no era posible nadar.
+Sumergiose por dos veces. Al salir la segunda gritó con fuerza:
+
+--¡Socorro!
+
+Estaba a punto de perder el conocimiento y dejarse ir al fondo.
+
+Felizmente, dos dependientes del embarcadero que vieron al viejo tirarse
+al agua, habían saltado en un esquife y bogaban con toda fuerza hacia
+aquel sitio. Pocos segundos más, y hubiera perecido.
+
+Izáronles a los dos. El viejo en mal estado, con mucha agua dentro del
+cuerpo. Le pusieron cabeza abajo y se la sacaron como pudieron. Después
+que recobró el conocimiento dijo los motivos que había tenido para
+arrojarse al estanque. Debía tres duros al joven que le perseguía; no
+podía pagárselos, y aquél, enfurecido, salió de la tienda para pegarle.
+En parte por miedo y en parte por desesperación había querido matarse.
+El hortera, a quien los guardas del Retiro habían detenido, no negó lo
+que su deudor decía. Estaba perfectamente sereno y hasta parecía
+encontrar justo que un hombre que no podía pagar tres duros se
+suicidase. Mario, indignado, sacó del bolsillo esta cantidad y se la
+entregó diciéndole al mismo tiempo algunas frases duras. Los guardas y
+la gente que había acudido le hicieron coro.
+
+Pero en estas contestaciones se pasó bastante tiempo. El joven sintió de
+pronto un frío intenso. Se apresuró a salir del Retiro y tomó un coche
+para dirigirse a su casa. Durante el camino fueron en aumento los
+escalofríos; la vista se le turbaba; creyó no poder llegar sin
+desmayarse. Al fin pudo subir la escalera y meterse en la cama. Poco
+después se le declaró una fuerte calentura.
+
+
+
+
+XIV
+
+
+--Pues yo sostengo que lo que ha hecho mi yerno esta mañana es un acto
+inmoral.
+
+Los tertulios del café del Siglo quedaron estupefactos al escuchar tan
+singular afirmación. Todos protestaron más o menos suavemente contra
+ella. El arrojo de Mario había despertado admiración en la tertulia del
+café. Se hacían elogios calurosos de su noble corazón y valentía.
+
+El ingenioso Sánchez paseó tranquilamente sobre ellos sus ojos opacos,
+reflexivos, donde se leía constantemente la concentración profunda de un
+cerebro positivo, y dijo sin advertir siquiera la indignación de
+aquellos hombres-niños:
+
+--¿Y por qué es un acto inmoral? Porque ataca los fundamentos mismos de
+la moralidad. ¿Y cuáles son los fundamentos positivos de la moral? Se
+creía hasta hace poco tiempo que era algo extraño a las fuerzas que
+obran dentro de nuestra naturaleza física. ¡Error profundo! Uno de
+tantos sueños como han turbado la mente infantil de nuestros
+antepasados. La moral es el resultado de una de tantas combinaciones en
+que descansa el desarrollo orgánico del animal humano. La moral no es
+más que el instinto social arraigándose cada vez más de generación en
+generación. Pero este instinto puramente animal que el hombre comparte
+honrosamente con los demás seres vivientes, en particular con las focas
+y los bisontes machos, cuyo sentido moral es admirable, no tiene más
+razón de ser que el bien general. La moral está fundada, pues, en el
+bien general. ¿Qué era lo que exigía el bien general cuando ese
+desgraciado viejo se arrojó al agua? ¿Exigía que mi yerno expusiese su
+vida por salvarle? No, ciertamente, porque la vida de ese infeliz, sin
+fuerzas para el trabajo y sin ninguna cualidad sobresaliente, era inútil
+para la humanidad, mientras que la de mi yerno, joven, inteligente y
+activo, tiene importancia. Luego Mario, al arriesgar una existencia
+valiosa por otra que no tiene valor, ha atentado contra el bien general.
+Luego ha cometido un acto inmoral.
+
+Nadie pudo contrarrestar el empuje de aquella lógica inflexible. Rivera,
+que era quien solía comentar las proposiciones de Sánchez (siempre con
+el espíritu frívolo que le caracterizaba), no se hallaba en el café.
+Asistía en aquel momento a Mario, presa de una pulmonía. El único que se
+atrevió a protestar, «aunque sólo desde el punto de vista de la
+estética,» fue D. Dionisio Oliveros, el bardo del ministerio de
+Ultramar. Oliveros confesaba con su voz de bajo profundo que él no era
+filósofo, odiaba el análisis.
+
+--Usted, amigo Sánchez, al observar cualquier suceso tratará de
+investigar su razón de ser. Consiste en que usted es filósofo. Yo no veo
+más que la situación, porque soy poeta, poeta dramático principalmente.
+Así que no diré que el acto de su hijo político sea bueno o malo. Lo
+único que afirmo es que es un acto bello. Para mí basta. Puede usted
+decirle de mi parte que en cuanto termine el segundo acto de la comedia
+que ya conoce (que será en la semana próxima, Dios mediante), pienso
+escribir sobre su acción heroica unos tercetos que mandaré a _La
+Ilustración Española_. Quizá esto le sirva de consuelo en su enfermedad,
+porque Mario es, como yo, artista ante todo.
+
+Al pronunciar estas consoladoras palabras la voz del poeta burocrático
+resonaba lúgubre, profunda, como si en vez de ofrecer a la imaginación
+imágenes brillantes de dicha y alegría se hallase invocando a los
+espíritus infernales en algún cementerio a las doce de la noche.
+
+Los tertulios, bajo la influencia de esta voz sepulcral, quedaron
+sombríos y mudos. El mismo D. Pantaleón, con ser un espíritu tan
+analítico, no pudo menos de experimentar el sentimiento de desolación
+que la voz de D. Dionisio producía. Atusose el desmayado bigote con
+inconcebible gravedad, tosió ligeramente y manifestó por lo bajo a su
+amigo Moreno que la poesía no era más que un estado congestivo y muchas
+veces morboso del cerebro. Moreno hacía ya tiempo que había adquirido
+esta preciosa certidumbre; pero acogió la observación con el respeto
+debido a las grandes verdades del orden físico.
+
+Guardó silencio unos momentos, y al cabo respondió que en su concepto
+los poetas no eran otra cosa que alienados. También D. Pantaleón sabía
+esto hacía tiempo, mas no por eso dejó de mostrarse satisfecho por
+escucharlo una vez más. Moreno prosiguió sus observaciones en voz baja,
+afirmando que donde se conocía perfectamente la identidad del poeta y
+del loco era en la orina. En uno y en otro aumenta considerablemente la
+urea en ciertos períodos.
+
+--Verá usted--añadió tocando en el muslo a Sánchez--cómo comprobamos en
+seguida este dato.--Oiga usted, D. Dionisio--siguió, dirigiéndose al
+bardo,--después que usted termina de escribir una composición poética
+¿no siente usted cierto prurito en la vejiga?
+
+--Sí, señor; suelo tener deseos de orinar, sobre todo cuando estoy
+demasiado tiempo sentado a la mesa--respondió con extremada amabilidad
+Oliveros.
+
+--¿Y no ha observado usted si en la orina suelen quedar algunos
+sedimentos?
+
+--Muchos sedimentos. Yo orino casi siempre barroso.
+
+Moreno dirigió a su amigo una sonrisa triunfal, hizo algunos guiños
+expresivos y por último le dijo al oído:
+
+--Fosfato úrico. La orina de los dementes se caracteriza por el
+predominio de la urea.
+
+--Y diga usted--prosiguió en voz alta,--¿no suele usted tener los pies
+fríos?
+
+--Helados. En el invierno gasto dos pares de calcetines porque no los
+puedo sufrir.
+
+--Y la cabeza ¿no se le calienta a usted?
+
+--¿La cabeza? ¡hecha un volcán!
+
+D. Dionisio comprendía que se trataba de ciertas particularidades
+propias de los poetas y estaba satisfechísimo de ostentarlas.
+
+--Los locos--repuso Moreno a la oreja de su amigo--tienen siempre las
+extremidades frías y la cabeza caliente.
+
+Con esto el ingenioso Sánchez se creyó en el caso de responder que
+muchos de los hombres que la humanidad admira como genios sublimes han
+sido verdaderos dementes. Moreno se hallaba tan conforme con esta
+observación, que la hizo extensiva no sólo a los poetas, sino a los
+grandes filósofos, reformadores, matemáticos, historiadores, y por
+supuesto a todos los santos y santas que la religión venera. Sócrates,
+Newton, Rousseau, Corneille, Séneca, Catón, Beethoven, Dante y otros
+varios, fueron verdaderos orates. Estudiando con atención la vida de los
+grandes hombres, se encontraría siempre un ramo de locura en ellos.
+
+--Lo que ha dado en llamarse genio, para mí es una enfermedad de los
+lóbulos cerebrales--resumió Moreno.--La santidad, una declarada locura.
+¿Qué me dice usted de San Francisco de Asís abrazando y besando a los
+leprosos? ¿No es un caso de locura inmunda como la de esos desgraciados
+que suelen verse en las celdas de los manicomios gozando en revolcarse
+entre sus excrementos? ¿Qué opina usted de Santa Teresa de Jesús? ¿No le
+parece a usted increíble que haya aún quien tome en serio los desatinos
+que escribe?
+
+--¡Oh! Santa Teresa es un curiosísimo caso de alucinación. El doctor
+Charcot hubiera sacado gran partido de ella a haber vivido en su
+tiempo--respondió Sánchez reflexivamente.
+
+Hubo algunos instantes de silencio. Los dos fisiólogos meditaban. Al
+cabo se dibujó una significativa sonrisa en los labios de Moreno y
+profirió, dando a sus palabras marcada intención irónica:
+
+--¿Y qué me dice usted del gran judío?
+
+--¿Quién?--preguntó Sánchez sin comprender.
+
+--¿Quién ha de ser? El judío de Nazareth.
+
+--¡Ah! Jesucristo... ¡Oh! ¡oh! ¡oh!...
+
+D. Pantaleón fue atacado instantáneamente de una risa convulsiva.
+Aquello realmente era cosa perdida.
+
+Mientras los sabios antropólogos se solazaban experimentando esa
+inefable alegría del que se siente en posesión de la verdad entre
+tantos seres como se hallan sumidos en el error, nuestra antigua
+conocida D.ª Rafaela saboreaba sola, como siempre, en una mesa su
+invariable refresco de grosella. Los dedos, cargados de sortijas de
+todas las épocas y todos los tamaños, apenas podían jugar para llevar la
+copa a los labios. Su traje, debajo del mantón alfombrado, brillaba con
+reflejos metálicos de oro viejo como una casulla de la Edad Media. Quizá
+fuera el traje de corte de alguna dama de las que acompañaron a María
+Luisa de Saboya cuando vino a desposarse con Felipe V. La señá Rafaela
+tenía la costumbre de ponerse las antigüedades de indumentaria femenina
+que venían a parar a su tienda. Era a la vez un prospecto y un goce para
+ella.
+
+Como estuviese leyendo con atención la cuarta plana de _La
+Correspondencia_, vino a distraer su atención la presencia de un joven
+que se acercó dándole las buenas noches con acento melifluo.
+
+--¡Hola, Godofredito! ¿es usted?
+
+--¿Cómo sigue usted, D.ª Rafaela? Me había dicho Timoteo que no había
+usted venido en dos días, y temía que estuviese indispuesta; pero la he
+visto esta tarde en las Góngoras a las cuarenta horas y me tranquilicé.
+
+--¡Ah! ¿Estuvo usted en las Góngoras? ¿Y por qué no se llegó a
+saludarme, pícaro?
+
+--Salía con el padre Iturralde cuando usted entraba, y no podía
+detenerme porque íbamos de prisa a la conferencia de San Vicente.
+
+--Pues yo estuve dos días con un catarro, pero ya pasó. Siéntese usted,
+criatura, que me da pena verle en pie.
+
+Godofredo Llot, elegantemente vestido, y con el mismo rostro nacarado y
+candoroso de siempre, obedeció a la invitación y se sentó frente a la
+prendera.
+
+--¿Y cuándo es la boda?--preguntó ésta después de algunas frases
+insignificantes.
+
+El hijo predilecto de la Iglesia sonrió lleno de confusión.
+
+--¡Oh! No hay aún plazo señalado, D.ª Rafaela, pero contando con la
+voluntad de Dios, me parece que no está muy lejos.
+
+--Me alegro, me alegro, hijo. Ella va bien y usted lo mismo. Creo que
+es muy rica.
+
+--Señora, esas cosas son para mí tan secundarias que no he querido
+averiguar nada--respondió Llot modestamente.--Sólo sé que es muy piadosa
+y que pertenece a una familia cristiana.
+
+--Eso es lo principal, querido--repuso la señá Rafaela adoptando
+repentinamente una actitud de mística beatitud.--Los bienes terrenales
+¿qué son comparados con los del cielo? Hay que sembrar aquí para recoger
+allá. Los sentimientos religiosos ante todo. Pero voy a decirle una
+cosa: las muchachas ricas son tan buenas como las pobres... y además son
+ricas.
+
+--Es lo mismo que me dice el padre Laguardia--manifestó Godofredo con un
+acento de inocencia que conmovió a la buena prendera.
+
+--D. Jeremías es hombre de muchas letras. Algo me parece que habrá
+mojado en este matrimonio, porque le quiere a usted mucho.
+
+--Es quien lo ha hecho todo--respondió con la misma inocencia el
+joven.--Él me presentó a la familia y fue quien dio todos los pasos...
+¿Quiere usted conocer a mi novia?... Voy a darle un ejemplar de la
+_Historia de Santa Isabel_ que trae su retrato...
+
+El hijo predilecto de la Iglesia, sonriente y ruborizado, sacó del
+bolsillo del gabán un librito de cubierta elegantemente impresa a dos
+tintas, lo abrió por la primera página, donde aparecía el retrato de la
+santa duquesa de Turingia grabado en madera, y lo entregó abierto a la
+señá Rafaela.
+
+--Es guapa la chica y muy joven... y le sienta bien la corona--manifestó
+la prendera después de calarse los lentes.--Oiga, Godofredito, tengo una
+idea de que había usted pedido el retrato a Presentación, su antigua
+novia, para este mismo libro...
+
+--Sí, señora, se lo había pedido--respondió el joven con embarazo.--Y ya
+estaba grabado, pero las circunstancias... ya ve usted...
+
+--Sí, sí; me hago cargo... La pobrecita está bien desfigurada. El otro
+día la he visto con su madre en la calle del Carmen.
+
+--No ha sido precisamente eso lo que me ha detenido.
+
+--Tiene mucha razón; la hermosura es cosa pasajera... Pero no le
+convenía por la posición. Usted merece una chica rica...
+
+--Tampoco es eso--se apresuró a decir Llot.--Lo único que ha enfriado
+nuestras relaciones y ha concluido por romperlas son las ideas de su
+padre. De algún tiempo a esta parte ¡se ha vuelto tan impío y
+materialista! No hace más que escandalizar en todas partes.
+
+--¡Eso, eso es precisamente lo que yo estaba pensando!--exclamó la
+anticuaria.--Un caballero de tanta religión como usted no podía
+emparentar con un hombre tan escandaloso. ¡Toda, la culpa la tiene ese
+bribón de las gafas!--añadió arrojando miradas fulgurantes hacia el
+sitio donde estaba Moreno.--¡Si don Pantaleón antes era un bendito!
+Recuerdo que una vez que estuve en su casa se levantó una tempestad de
+truenos y relámpagos. Pues él fue quien cerró los balcones y encendió la
+tenebraria y el primero que se puso a rezar a Santa Bárbara.
+
+Godofredo estaba inquieto, porque la plática se inclinaba demasiado a
+la murmuración. Así que, bajando los ojos con suave expresión de
+mansedumbre, dijo en voz apagada:
+
+--A uno y a otro les ha de juzgar Dios. A nosotros no nos toca más que
+compadecerlos y hacerles todo el bien que podamos.
+
+La prendera le miró enternecida.
+
+--¡Oh, qué dichosa sería su mamá si fuera todavía de este mundo! Desde
+el cielo le estará bendiciendo.
+
+--¡Así sea!--exclamó el joven levantando sus ojos límpidos al techo.--Mi
+mamá era una santa, y podría suponerse que está en el cielo; pero como
+nadie conoce los inescrutables designios de Dios, yo hago por su alma
+cuanto puedo. Me haría usted, D.ª Rafaela, un favor inmenso, que no
+olvidaría jamás, si la encomendase a Dios en sus oraciones.
+
+--Con todo mi corazón. Pierda usted cuidado. No dejaré un día de rezar
+por ella y en el aniversario confesaré y comulgaré por su intención.
+
+--¡Oh, señora, eso es demasiado!--exclamó Llot abrumado por tanto
+favor.
+
+--Eso no significa nada. Ya sabe que yo me confieso cada ocho días.
+
+--Sí, ya conozco sus costumbres piadosas; pero de todos modos, ya le
+debo otras atenciones que aunque de categoría menos elevada...
+
+--No hablemos de eso, Sr. Llot--se apresuró a decir la señá Rafaela
+extendiendo la mano.
+
+--Hablemos, sí, señora. Yo no puedo olvidar ni un instante los favores
+que se me hacen. Precisamente había venido esta noche a arreglar
+nuestras cuentas.
+
+--¿Pero qué prisa corre, criatura? Tan seguro tengo el dinero en su
+poder como en el mío.
+
+--Sin embargo, por lo mismo que ha sido usted tan buena siempre para mí,
+no quisiera perjudicarla en lo más mínimo. Vamos a ver lo que le debo.
+
+Al mismo tiempo sacó del bolsillo un librito de memorias y leyó con voz
+suave diversas cantidades que la anticuaria le había prestado en
+distintas ocasiones: un día treinta duros, otro setenta, otro cincuenta.
+Entre todas sumaban mil quinientas cincuenta pesetas.
+
+--Bueno--dijo el joven metiendo la cartera de nuevo en el
+bolsillo.--Vamos a hacer una cifra redonda. Le debo a usted dos mil
+pesetas.
+
+--No, señor; no me debe usted más que mil quinientas cincuenta.
+
+--Sí, señora, le debo a usted dos mil, porque va usted a hacerme el
+favor de prestarme otros noventa duros... Necesito hacer algún regalito
+a mi novia y tengo poco dinero--manifestó el joven poniéndose rojo como
+una amapola.
+
+D.ª Rafaela quedó un poco sorprendida de aquel modo original de saldar
+cuentas; pero viendo el rostro de Godofredo cubierto de rubor, sus ojos
+serenos, inocentes, posarse dulcemente sobre ella con encantadora
+expresión de vergüenza, no pudo menos de sonreír.
+
+--¡Conque regalitos, eh! Vamos, no se ponga usted colorado.
+
+El hijo predilecto de la Iglesia se puso mucho más rojo aún. Parecía que
+iba a saltar la sangre de sus tersas mejillas.
+
+A la prendera le hacía extremada gracia aquel rubor: para gozar más de
+él le mortificó todavía algún tiempo. Al fin echó mano al portamonedas.
+Pero Godofredo la detuvo dirigiendo una mirada de susto a la mesa de sus
+antiguos amigos.
+
+--No; aquí no, señora. Hay muchos curiosos. ¿Quiere usted salir a la
+calle un momento?
+
+--Con mucho gusto. De todos modos, es hora ya de retirarme.
+
+D.ª Rafaela se levantó de la silla y salió. El hijo predilecto de la
+Iglesia saludó a un amigo para figurar que no iba con ella, pero la
+siguió inmediatamente.
+
+Una vez en la calle, libre de la vergüenza que le producía la luz y la
+presencia de la gente, dejó escapar los tiernos sentimientos de cariño y
+gratitud que rebosaban de su virgen corazón. Mientras caminaba hacia la
+Puerta del Sol en compañía de la prendera, con labio balbuciente y
+seductora timidez le hizo algunas candorosas confidencias sobre su
+situación y sus proyectos. La señá Rafaela sonreía siempre con
+extraordinaria complacencia, sorprendida de hallar en estos tiempos
+miserables un joven de corazón tan sano. Godofredo se mostraba hacia
+ella atento y respetuoso, como pocos hijos suelen estarlo con sus
+madres. Al llegar a una estrecha travesía la anticuaria se detuvo,
+avanzó algunos pasos por ella y, protegida de la obscuridad, sacó su
+portamonedas y le entregó la cantidad del pico en billetes. Godofredo
+los tomó con mano temblorosa y permaneció mudo frente a su bienhechora
+sin acertar a emitir una palabra de gracias, embargado enteramente por
+la emoción. Al fin, con voz alterada, pudo exclamar:
+
+--¡Oh, señora, cuántos beneficios la debo! ¡Si yo pudiera expresar lo
+que pasa por mi corazón en este momento!
+
+Tan bien le sentaba el embarazo que en aquel momento sentía que doña
+Rafaela le dio una palmadita en el hombro, lisonjeada hasta un punto
+indecible.
+
+--Eso no vale la pena, querido. Para mí es un gusto el hacerle
+cualquier pequeño favor como éste.
+
+--Lo sé, señora, lo sé--exclamó con voz melodiosa el joven--. Pero me
+siento turbado, porque desde que murió mi santa madre no hallé en nadie
+tanta dulzura. No por el dinero, sino por el cariño que usted me
+demuestra, no puedo menos de sentir hacia usted un afecto y un respeto
+parecidos a los que se sienten por una madre... Todavía voy a pedirle a
+usted un favor...
+
+--Lo que usted quiera, Godofredito.
+
+--Que me permita usted besar su mano.
+
+La prendera quedó suspensa; vaciló un momento, pero viendo aquel rostro
+infantil cubierto de rubor, viendo sus ojos azules y límpidos como los
+de un querubín resplandecientes de gratitud, le entregó la mano
+sonriendo de la humildad y la inocencia de aquel niño.
+
+--¡Qué cordero de Dios!--murmuró la buena mujer mientras sentía su mano
+mojada por las lágrimas de Godofredo.
+
+Quiso éste acompañarla hasta su casa: la prendera no lo consintió.
+
+Pero cuando se estaban despidiendo cruzó como un huracán a su lado don
+Laureano Romadonga.
+
+--¿Qué le pasa a ese hombre?--preguntó la seña Rafaela.
+
+--No sé; va muy pálido.
+
+--Nunca le he visto de ese modo.
+
+La señá Rafaela se apresuró a despedirse de su protegido e hizo ademán
+de irse hacia su casa; pero en cuanto vio a Godofredo lejos, dio la
+vuelta hacia el café del Siglo, porque la picaba mucho la curiosidad.
+
+Romadonga entró efectivamente en el café del Siglo en tal estado de
+alteración que sorprendió a sus amigos. Sentose, o por mejor decir
+dejose caer sobre una silla, pidió un vaso de agua con azahar al mozo y,
+respirando trabajosamente, profirió roncamente:
+
+--¡Si supieran ustedes lo que me acaba de pasar!
+
+Eso es lo que todos querían: saber lo que le pasaba. Pero a pesar de sus
+vivas instancias sólo después que hubo bebido el vaso de agua a sorbos y
+limpiado repetidas veces el frío sudor que le manaba de la frente
+consintió en explayarse.
+
+El suceso era portentoso, inaudito. Para mejor comprenderlo Romadonga
+hizo presente que desde hacía mucho tiempo mantenía amistad cariñosa con
+la marquesa viuda de Zamara y con su hija Matilde, viuda también de un
+primo comandante de ingenieros. Pues bien, de esta viudita tan linda
+como ingeniosa tenía celos su querida, la Concha, la hija del sillero,
+que todos ellos conocían. Celos infundados, por supuesto, porque jamás
+se le había pasado por la imaginación mirarla sino como una buena
+amiga...
+
+La duda se infiltró en el pecho de los circunstantes al escuchar esta
+afirmación. Pero nadie osó producirla. D. Laureano continuó.
+
+Ya en varias ocasiones habían tenido peloteras sobre este vano supuesto.
+Concha no quería que asistiese los lunes a la tertulia de la marquesa, y
+se ponía frenética si sabía que las había acompañado en el paseo. Un día
+le había amenazado con ir a casa de aquellas señoras y armarles un
+escándalo. Pero él no había hecho caso. ¿Cómo suponer que su locura
+había de llegar a tal punto? Sin embargo, llegó y aun pasó muchísimo más
+allá.
+
+--Hace un momento me hallaba en el teatro de la Comedia. Era el
+beneficio del primer galán. La sala estaba de bote en bote. En el
+segundo entreacto fui a saludar a la marquesa de Zamara y a su hija
+Matilde, que estaban en la primera fila de butacas, cerca del pasillo
+lateral de los números pares. Me senté al lado de ellas en una butaca
+que había dejado un caballero, y estábamos bromeando alegremente, cuando
+de repente veo delante de mí a Concha, de pañuelo a la cabeza y mantón.
+Y antes de que pudiera reponerme del susto, se arroja como una fiera
+sobre Matilde a bofetada limpia...
+
+Los tertulios lanzaron un grito de asombro.
+
+--¡Qué atrocidad!... ¡No puede ser!
+
+--Lo que ustedes están oyendo; a bofetada limpia y llamándola al mismo
+tiempo cuanto puede llamarse a una mujer--profirió trabajosamente el
+viejo libertino, volviendo a limpiarse el sudor.
+
+--¿Y usted qué hizo?
+
+--¿Yo?... Ya ven ustedes lo que hice... escapar. Los ojos se me
+nublaron. No vi más que una masa de gente que se levantaba gritando,
+riendo. Vi a Concha sujeta por dos acomodadores, gritando como ella sabe
+hacerlo, y vi también que el rey, que estaba en su palco, precisamente
+sobre nosotros, sacaba todo el cuerpo fuera del antepecho para
+enterarse, y sonreía... Y no vi más... Es decir, me vi en medio de la
+calle, sin abrigo y con el sombrero en la mano, lo mismo que estaba
+cuando el cataclismo.
+
+Las exclamaciones de los circunstantes ante aquel caso extraño fueron
+interminables. Todos compadecían al viejo elegante: no tenían palabras
+bastante fuertes para condenar el brutal proceder de la chica. Sin
+embargo, debajo de los comentarios se adivinaba cierto regocijo que
+hacía brillar los ojos y pugnaba por salir en forma de carcajadas. El
+suceso era chistoso. Uno de ellos, cierto almacenista de camas que solía
+acercarse a la mesa de vez en cuando, se atrevió a decir
+respetuosamente:
+
+--La verdad es que esa mujer, en mi pobre opinión, no le conviene a
+usted, señor Romadonga.
+
+--¡Ya lo creo que no me conviene!--exclamó el seductor con furia.--¡Vaya
+una noticia que usted me da! Pero si usted hubiera visto la navaja que
+trae consigo constantemente, de seguro no hablaría usted con tanto
+desahogo.
+
+--¿Pero sería capaz?...
+
+--¿Capaz? ¡Anda con la niña! La mujer que tiene hígados para lo de esta
+noche, los tiene para todo. Me ha jurado muchísimas veces que si algún
+día la abandono me dará una puñalada por la espalda... Y yo estoy
+convencido de que me la pega... ¡Vaya si me la pega!--profirió con
+exaltación.--¿No lo cree usted, D. Dionisio?
+
+--¡Qué situación, si pudiera llevarse al teatro!--exclamó el bardo con
+voz sepulcral, saliendo de su abstracción poética.
+
+--Pero, hombre, ¿la quiere usted más dentro del teatro todavía?--dijo
+Romadonga sacudiendo la cabeza desesperadamente.
+
+
+
+
+XV
+
+
+Mientras una cruel pulmonía postraba en el lecho a Mario, su nombre
+corría por la prensa periódica, era objeto de apasionadas discusiones.
+El fallo del jurado, en lo que a él se refería, fue condenado como
+injusto por varios críticos. Otros lo sostuvieron, o por convicción o
+por amistad hacia los jurados, o por envidia al nuevo artista. Rivera
+había quedado casi tan estupefacto como Mario y casi tan acobardado.
+Temía que su cariño le hubiese ofuscado. Pero cuando vio la lucha
+empeñada lanzose intrépidamente a ella. Y la pluma del viejo periodista,
+tanto tiempo colgada, nada había perdido de su destreza y proverbial
+causticidad; vibraba a impulso de la indignación con tal donaire y
+desenfado que puso inmediatamente de su lado al público indiferente. Al
+propio tiempo, como poseía y sabía tocar la cuerda del sentimiento, sacó
+mucho partido de la enfermedad de su amigo, víctima de su arrojo heroico
+en los momentos mismos en que lo era de una miserable injusticia.
+
+De tal modo que cuando el joven escultor se levantó de la cama gozaba de
+mayor reputación y gloria que si le hubiesen dado la medalla de honor.
+Por esta vez la envidia había errado el golpe. La primer noche que se
+presentó en el café, sus amigos se pusieron en pie y palmotearon
+briosamente. Los demás asistentes siguieron el ejemplo: se le hizo una
+ruidosa ovación, de la cual dieron cuenta al día siguiente los
+periódicos.
+
+--El arte es la apoteosis de la inutilidad--vertió sentenciosamente
+Moreno al oído de don Pantaleón, ya que se hubo calmado el
+entusiasmo.--Cuando los objetos útiles dejan de serlo, pasan a la
+categoría de artísticos. Un ánfora antes servía para contener agua o
+vino. Hoy es objeto decorativo sobre las chimeneas o sobre columnas.
+Éstas, a su vez, antes servían para sostener los techos; hoy adornan los
+rincones de los gabinetes.
+
+El ingenioso Sánchez se mostró profundamente interesado por estas
+observaciones luminosas. Cerró sus grandes ojos apagados en señal de
+asentimiento y meditó.
+
+--Se ha observado--prosiguió Moreno--que los países donde se hallan más
+desarrolladas las tendencias artísticas son los que dan mayor
+contingente a los manicomios. Y es porque el arte es ante todo un juego
+estéril de la imaginación. El arte, lo mismo que el misticismo,
+concluyen por alterar nuestro desenvolvimiento orgánico. En mi concepto,
+lo mismo uno que otro deben ser rechazados como tendencias morbosas.
+
+D. Pantaleón agitó las manos convulsivamente, abrió los ojos y profirió
+una serie de exclamaciones corroborantes. Siempre le pasaba igual al oír
+la palabra morboso. Este adjetivo ejercía sobre su organismo un efecto
+extraordinario, mágico, una sensación de deleite inefable que se le
+advertía en el brillo inusitado de los ojos y en el movimiento de
+trepidación del bigote. Cuando tenía ocasión de pronunciarlo (y la
+buscaba con harta más diligencia de lo que convenía a la armonía del
+discurso), lo mascaba, lo paladeaba con gozo indecible, percibiendo en
+los labios el mismo grato sabor que algunos santos experimentaban al
+proferir el nombre de la Virgen María. Así que sin darse cuenta de ello,
+el ingenioso Sánchez declaraba morbosas casi todas las cosas de este
+mundo. En su entusiasmo por el vocablo hubiera declarado morbosa a la
+misma madre que lo había parido.
+
+Nada nuevo, pues, le decía Moreno. Muy de antemano sabía ya el ilustre
+fisiólogo que el arte y el misticismo eran elementos morbosos del
+organismo social. Lo eran también otra porción de cosas que Moreno no
+sospechaba siquiera. D. Pantaleón, hay que decirlo con toda claridad,
+había llegado más arriba en el camino de la indagación, poseía un
+conocimiento más completo de los resortes de la Naturaleza que su
+amigo. Apenas le faltaba explicación para ninguno de los infinitos
+fenómenos de la creación natural. Como hay de ello muchos ejemplos en la
+historia de la ciencia, el discípulo sobrepujaba notablemente al
+maestro. En alas de su genio, Sánchez había volado de golpe a regiones
+donde el pobre Moreno, a pesar de su aplicación asidua, no llegaría
+jamás.
+
+Por eso continuaba admirando en su joven amigo la fiera independencia
+del carácter, la increíble fuerza de que había dado muestras para salir
+triunfante en la lucha por la existencia que para él había sido tan
+ruda, la brusca franqueza de su palabra propia del hombre primitivo
+nacido para el combate. Pero en cuanto al conocimiento de los problemas
+de la ciencia positiva no tenía por qué admirarle. Don Pantaleón poseía
+lo menos veinte centímetros más de circunvolución en los lóbulos
+cerebrales, como ha de probarse en el curso de esta verídica historia.
+
+Desde hacía algún tiempo venía consagrando toda la fuerza de estos
+lóbulos a la resolución de un problema magno, el mismo que había
+anunciado vagamente a su yerno como algo que el mundo debía de acoger
+con asombro y aplauso. Este problema, hora es ya de revelarlo, no era
+otro que _el origen del pensamiento_. El ingenioso Sánchez, a la hora
+presente, sabía de un modo perfecto la geografía cerebral. Con ayuda de
+su microscopio había escrutado las innumerables células nerviosas de
+varios animales, siguiendo con ojo avizor la inmensa red de fibras que
+de ellos parten. Luego había obtenido algunos cerebros humanos y había
+hecho lo mismo. Conocía las piezas de la máquina. En aquella vasta
+ciudad de células gustaba de pasear a menudo y seguir la intrincada red
+de sus caminos y senderos. Pero ignoraba por completo el secreto del
+mecanismo: recorría las calles, pero nada sabía de lo que pasaba dentro
+de las casas. Su genio colosal ansiaba apoderarse del secreto. Algunos
+sostenían que era imposible. El ingenioso Sánchez sonreía y meditaba.
+
+Las noticias que los fisiólogos anteriores a él le suministraban eran
+muy vagas. Uno sostenía que el pensamiento era una secreción semejante a
+la bilis o a la orina. D. Pantaleón en sus experimentos no había hallado
+señal de estas secreciones en la masa encefálica. Otro, que el
+pensamiento se producía en el cerebro por un método análogo al de la
+fabricación del pan. Era más verosímil. Sin embargo, pensaba que debía
+de parecerse más a la fabricación de la cerveza a causa del sistema de
+destilación, pues no le cabía duda de que las sensaciones para
+trasformarse en ideas debían de pasar por un finísimo alambique. Mas a
+pesar de cuantos esfuerzos llevó a cabo para descubrir con el
+microscopio este cedazo, no lo había logrado hasta entonces.
+
+La resolución de este gran problema le agitaba a todas las horas del día
+y en muchas de la noche. Su labor era incesante, hasta el punto de no
+dejarle pensar ni sentir apenas otra cosa. Sin embargo, en los actuales
+momentos un suceso, al parecer insignificante, le preocupaba bastante,
+le tenía más silencioso y meditabundo que de costumbre. Viniendo al
+café aquella noche había tropezado en la calle con un hombre tendido
+sobre la acera. Quiso levantarle. El hombre no podía tenerse en pie a
+causa de su extrema debilidad: según dijo no había tomado alimento en
+treinta y seis horas. Lleno de compasión le arrastró como pudo hasta un
+_restaurant_ próximo; hizo que le sirviesen caldo y le pagó una buena
+comida. Después le dejó casi todo el dinero, que llevaba en el bolsillo.
+
+Pues bien, el célebre antropólogo estaba pesaroso, descontento de sí
+mismo. Sabía muy bien que los llamados sentimientos de humanidad y
+filantropía son, como el sentimiento religioso, peculiares de las
+sociedades primitivas. Una sociedad civilizada no puede admitirlos
+porque se oponen abiertamente a las leyes de la selección y de la lucha
+por la existencia, que se cumplen en el organismo social como en los
+inferiores. En esta lucha los débiles deben perecer: así es conveniente
+para el progreso de la especie. Protegerlos, ayudarles a eludir las
+leyes indeclinables de la Naturaleza es indigno de un hombre civilizado,
+y mucho más de quien como él se dedicaba al estudio de la ciencia
+positiva. El que deba vivir que viva; el que deba caer que caiga. De
+aquí su remordimiento y tristeza. Y lo que más le avergonzaba era que,
+viendo comer a aquel desgraciado con apetito voraz, había llorado de
+ternura. Resabios de su educación primera, llena de juicios absurdos y
+de imaginaciones infantiles.
+
+Este hecho insignificante probará hasta qué punto aquel hombre insigne
+había sacudido de su inteligencia el polvo de las preocupaciones y había
+avanzado en el camino de la perfección positiva.
+
+Una de las cosas que logró dar más luz a sus lóbulos cerebrales fue la
+compra de un mono. Era el sueño de su vida. Por fin tropezó con ciertos
+bohemios que se prestaron a venderle uno valetudinario y sarnoso. Se lo
+hicieron pagar bastante caro, visto el afán que por él mostraba. Cuando
+nuestro fisiólogo se encontró a solas en su laboratorio en presencia de
+aquel ser, su precursor inmediato, sintió emoción indefinible. Un
+respeto profundísimo se apoderó de su mente. Delante de sí tenía al
+hombre, al hombre primitivo en toda su augusta sencillez y verdad, sin
+absurdas ideas metafísicas, sin religión, sin moral, sin los tristes
+idealismos que tuercen y adulteran el curso sagrado de la Naturaleza.
+¡Ah, no! Aquel hombre no pretendía ridículamente oponerse, como
+nosotros, a sus leyes inflexibles, a la ley de la lucha por la
+existencia, o de la selección. Era el producto espontáneo de la
+Naturaleza, resplandeciente como ella de majestad y de inocencia.
+
+Acurrucado en un rincón, el hombre primitivo clavaba en el secundario
+una mirada inquieta y temerosa. Pero viendo que éste no trataba de
+hacerle daño, concluyó lógicamente por rascarse la barriga, ejecutando
+después otra serie de maniobras candorosas que el gran antropólogo
+seguía con mirada escrutadora y reflexiva. La ciencia estaba de
+enhorabuena. En el cerebro del ingenioso Sánchez germinaban pensamientos
+fecundos, admirables proyectos de experimentación. Desgraciadamente no
+pudieron realizarse por una alteración funesta de los nervios de la
+esposa del fisiólogo.
+
+D.ª Carolina no tenía noticia de la compra del mono. D. Pantaleón, que
+sabía cuán poca simpatía le inspiraban los adelantos de la ciencia,
+había cuidado de ocultársela. Hallábase, por tanto, la buena señora
+ajena enteramente a la presencia del hombre primitivo en su domicilio,
+cuando aquél se encargó de hacérsela notar en la forma más inconveniente
+que pudo verse jamás. Una noche, atravesando el corredor de la casa con
+una bujía en la mano, sintió que dos brazos peludos la agarraban por el
+cuello, y unas uñas infernales se le clavaban en el rostro. La infeliz
+pensó que el mismo demonio venía a arrebatarla. Dio un grito horrísono y
+se le cayó la palmatoria de la mano. Cuando la gente de casa acudió
+yacía en el suelo privada de conocimiento. El mono se balanceaba en lo
+alto de una percha, revelando en su fisonomía expresiva la sublime
+indiferencia que caracteriza a los seres no adulterados aún por ideas
+metafísicas.
+
+Claro está que desde entonces no volvió a hablarse de él en la casa del
+fisiólogo; es decir, sí se habló, y mucho, pero fue siempre para vejar
+al ilustre antropólogo, quien por largo tiempo no pudo gozar de
+tranquilidad a la hora de comer.
+
+Por fortuna, un suceso próspero vino a borrar aquella impresión fatal.
+Ya sabemos que la hija menor de Sánchez, desde que perdiera su belleza
+en aras de la ciencia, apenas pisaba la calle. Al café del Siglo no
+había vuelto jamás. El desengaño de Godofredo al tiempo mismo que le
+había herido la desgracia, no poco contribuyó también a dejarla en el
+profundo abatimiento en que vivía. Silenciosa y melancólica la que antes
+era todo ruido y alegría, parecía una sombra vagando por la casa. A
+veces se la oía gemir. Su madre sacudía entonces la cabeza, terrible,
+amenazadora como una euménida; el ingenioso Sánchez bajaba la suya,
+sometiéndose a aquel castigo, pero satisfecho en el fondo de sus lóbulos
+cerebrales de haber sacrificado una hija en el altar de la ciencia, no
+en el del fanatismo metafísico. Si en aquellas negras horas de
+desesperación todos sus pensamientos eran para el ingrato Llot, sin que
+un vago e insignificante recuerdo mereciese la pasión de Timoteo, no es
+fácil averiguarlo. Lo que sí puede afirmarse es que el violín de aquel
+desgraciado joven seguía exhalando quejas melancólicas por la noche lo
+mismo que en los tiempos de esplendor de su adorada. Para él no existían
+quemaduras ni costurones; todo era como antes tersura, nácar y
+alabastro; sus notas se arrastraban siempre lánguidas, voluptuosas,
+enamoradas.
+
+En casa del fisiólogo nada se sospechaba del fondo sensual que
+encerraban. Sánchez no podía reparar en tales futilezas. D.ª Carolina
+iba poco por el café y estaba muy lejos de presumir que existiese en la
+tierra tal desinteresado amor. Así que fue viva su sorpresa al recibir
+un día la visita del artista en traje de ceremonia. La esposa del
+antropólogo no estaba sola. Su hija Presentación bordaba a su lado cerca
+del balcón. El artista avanzó con tan amable sonrisa que su boca se
+dilataba de un modo imponente.
+
+--Buenas noches, D.ª Carolina... ¡digo no! Buenos días, D.ª Carolina;
+buenos días, Presentacioncita.
+
+Inmediatamente el heroico joven quedó envuelto en una nube de lluvia
+menudísima, de la cual por fortuna sólo algunas gotas vinieron a caer a
+los pies de la buena señora. Después se creyó en el caso de refrenar el
+vuelo de su fisonomía, dándole la gravedad apropiada al caso; pero tan
+pronto como consiguió llevarlo a cabo, su boca volvió a dilatarse,
+recobrando la posición anterior como un resorte que se suelta. Tornó a
+cerrarla con esfuerzo y de nuevo volvió a soltarse, repitiendo la
+operación algunas veces antes de pronunciar una palabra. Esto, unido a
+cierto modo extraño y constante de sobarse las rodillas con la palma de
+las manos como si estuviera dándoles fricciones de algún bálsamo
+antirreumático, produjo en D.ª Carolina un movimiento de impaciencia que
+procuró refrenar con su amabilidad característica. Al cabo rompió.
+
+--Señora, aquí Presentacioncita sabe perfectamente...
+
+Pero en el mismo instante la aludida se alzó bruscamente de la silla y
+salió de la sala. El artista, detenido en los comienzos de su discurso,
+la miró alejarse con sorpresa y dolor.
+
+Presentación, desde que perdiera su belleza, se había vuelto suspicaz,
+recelosa; pensaba que todos se burlaban de ella. Ésta fue la razón de su
+brusca partida. Imaginó que Timoteo, desdeñado en otro tiempo, venía a
+gozarse en su desgracia y a satisfacer una miserable venganza.
+
+¡Cuán lejos se hallaba de la verdad! Lo que en aquel instante sentía el
+corazón de Timoteo era idéntico a lo que vibraba en el alma de su
+violín, todo lánguido, todo voluptuoso.
+
+--Señora, yo sé que soy un gusano indigno...
+
+Este comienzo no le pareció mal a D.ª Carolina y procuró dárselo a
+entender con una sonrisa benévola.
+
+--Un gusano... eso es...
+
+--Vamos, Timoteo, cálmese usted. Le veo un poco agitado.
+
+--¡Cómo no he de estarlo, señora! ¡Cómo no he de estarlo si lo que me
+pasa a mí!...--exclamó el joven apretando las rodillas con sus manos
+crispadas.
+
+--¿Pero qué le pasa, criatura?--preguntó la señora con una entonación
+que decía bien claro que lo sabía.
+
+--Ya sé que soy un indigno gusano...
+
+--¡Dale! ¡Cálmese usted, Timoteo, cálmese!
+
+--Yo venía con intención de hablar con usted, señora... pero ya no puedo
+hablar... ¡no puedo hablar!--profirió con creciente agitación.
+
+D.ª Carolina le contempló un instante con sonrisa maliciosa y dijo al
+cabo:
+
+--Pues yo voy a decirle a usted lo que usted tenía que decirme a mí.
+
+Timoteo la miró estupefacto.
+
+--Señora--venía usted a decirme,--yo sigo tan enamorado de su hija
+Presentación como el primer día. A pesar de su desgracia la quiero con
+todo mi corazón, porque mi cariño no se cifraba en la hermosura del
+cuerpo, que es perecedera, sino en la del alma, que jamás muere.
+
+El violinista se puso horriblemente pálido. Alzose de la silla y comenzó
+a dar vueltas por la estancia agitando el sombrero con frenesí. Todo su
+amor, sus tristezas y anhelos, los pensamientos todos que ocupaban su
+mente desde hacía tanto tiempo salieron de golpe en frases cortadas,
+incoherentes, que resonaron lúgubremente en la sala como la confesión
+de un reo en capilla. Pero venían envueltas en una nube tan espesa de
+rocío que D.ª Carolina se vio precisada a apartarse más de una vez y
+refugiarse por los rincones para no quedar completamente empapada.
+
+Al fin se dejó caer otra vez en la silla, rendido, aniquilado. D.ª
+Carolina también se sentó y le contempló largo rato con mirada
+chispeante de malicia.
+
+--¡Pícaro, qué bien me conoce usted!--exclamó dándole un pellizco.
+
+Timoteo clavó en ella una mirada de besugo atónito.
+
+--A usted no se le ha escapado el cariño con que siempre le he mirado.
+Es una debilidad, una manía; nunca he podido remediarlo. Mis hijas me
+tienen dicho un millón de veces: «¡Pero, mamá, no callas con Timoteo! ¿Y
+qué le voy a hacer, hijas mías? El cariño no puede razonarse, y yo se lo
+he tomado a ese muchacho. No digo a Presentación solamente: si diez
+hijas tuviera y Timoteo me las pidiese, las diez le daría sin vacilar un
+momento.»
+
+Aquella prueba poligámica de simpatía conmovió de tal manera al
+violinista que se alzó de nuevo agitando el sombrero; pero D.ª Carolina
+logró hacer que se sentase tirándole de la levita.
+
+Finalmente, el artista pidió con más humildad que ceremonia la mano de
+Presentación, añadiendo que, si no lograba verse unido a ella, sus
+medidas estaban ya tomadas, su resolución era irrevocable. Y no se
+explicó más; pero bastaba y sobraba, atento el tono fúnebre con que
+profirió tales palabras. Timoteo pensaba en divorciarse de la
+existencia.
+
+D.ª Carolina adoptó inmediatamente un continente grave, protector, de
+una importancia tal que el violinista comprendió que su vida estaba en
+manos de aquella señora. Largo rato estuvo pensativa. Luego manifestó
+que por ella todo quedaría arreglado en seguida. ¡Ah, por ella no había
+dificultad alguna! Desgraciadamente era necesario consultar otras
+voluntades: primero la de Presentación...
+
+La esposa del fisiólogo se levantó del asiento, tomó de la mano
+gravemente al artista y le llevó consigo fuera de la sala. Timoteo se
+dejó arrastrar presa de una emoción que le privaba por completo del uso
+de sus facultades mentales y a medias del juego de las rodillas.
+Llegaron al pasillo, y allá a lo lejos columbraron la silueta de
+Presentación. Mas apenas los divisó ésta, corrió a refugiarse en su
+cuarto, que cerró con un violento portazo.
+
+D.ª Carolina dirigió una sonrisa dulce al violinista, en cuyos ojos se
+pintaba el espanto.
+
+--Presentación, abre--dijo aquélla llamando con los nudillos a la
+puerta.--Timoteo necesita hablar contigo dos palabras.
+
+--Nada tiene que hablar Timoteo conmigo--respondieron de adentro.
+
+D.ª Carolina volvió de nuevo su fisonomía condescendiente hacia Timoteo,
+dibujándose en ella otra dulce sonrisa.
+
+--Sí, hija mía, sí. Es una cosa seria lo que tiene que decirte. Abre.
+
+--Ni seria ni risueña: no quiero oír nada--repuso Presentación.--Que se
+vaya.
+
+D.ª Carolina sonrió nuevamente y apretó la mano del violinista. Éste se
+hallaba consternado.
+
+--Vamos, no seas terca. Abre, hija.
+
+--¡Que se vaya! ¡que se vaya!--repitió la joven con más fuerza.
+
+--Háblele usted por el agujero de la llave. No hay otro medio--dijo la
+esposa del fisiólogo empujando a Timoteo.
+
+Éste bajó la cabeza y aplicó su boca húmeda a la cerradura.
+
+--¡Presentacioncita! Yo soy un indigno gusano...
+
+--¡Váyase usted! No quiero oírle.
+
+--Pero la adoro a usted con toda mi alma. Es usted desde hace mucho
+tiempo la estrella confidente de mis amores, y adonde quiera que el
+destino me arrastre bien puede estar segura que eternamente será mi
+bandera, bajo la cual pelearé hasta derramar la última gota de mi
+sangre...
+
+La voz del violinista, al pasar por el agujero de la llave, producía un
+zumbido oscuro, lamentable, en el cual apenas podían percibirse las
+palabras. Presentación no respondía. Sin embargo, la imagen expresiva
+de la bandera y de la gota de sangre debieron de enternecer un poco su
+corazón. Al cabo de un rato repitió por máquina y con menos fuerza:
+
+--Que se vaya... que se vaya.
+
+--Presentacioncita--aulló de nuevo Timoteo,--¡quisiera morir por usted!
+Quisiera morir cuando el sol traspone los montes lejanos del horizonte,
+cuando muere la luz entre celajes de ópalo y grana. Quisiera morir, y
+sería feliz si supiese que en mi tumba solitaria vendría usted a
+depositar algunas margaritas silvestres...
+
+Timoteo repetía los conceptos poéticos que más habían herido su
+imaginación en la letra de los nocturnos y _canzonetas_ que tocaba.
+Presentación guardó silencio. Al cabo de un rato aquél volvió a zumbar,
+incurriendo en flagrante contradicción.
+
+--¡Presentacioncita, por Dios, no me deje usted morir así!
+
+Después de una larga pausa se oyó la voz de la niña que profería estas
+notabilísimas palabras:
+
+--Mamá, haz lo que quieras.
+
+Inmediatamente Timoteo se sintió en los brazos de su futura suegra.
+Pálido, trémulo, aniquilado de emoción, se dejó arrastrar de nuevo por
+aquélla a la sala.
+
+¿Qué pasó allí? Apenas es necesario manifestarlo. D.ª Carolina dio
+rienda suelta a su corazón magnánimo. Se mostró ante los ojos húmedos de
+Timoteo, no con la apariencia desagradable que hasta entonces se había
+visto precisada a adoptar, sino como lo que era en realidad, un tesoro
+de indulgencia y generosidad. Media hora de conversación íntima bastó
+para que Timoteo se viese tratado con la confianza y cariño de un hijo
+mimado. No sólo aquella bondadosa señora dio su pleno consentimiento
+para la boda, sino que ofreció su apoyo para vencer la única grave
+dificultad que para ella se presentaba, la voluntad de su marido. D.
+Pantaleón, el terrible D. Pantaleón, seguía pesando como una losa sobre
+los deseos y aspiraciones de la familia. Aún más: D.ª Carolina llegó a
+consentir que la llamase mamá cuando estuviesen solos, y le prometió
+tutearle en el mismo caso. ¡Pero cuidado con que llegase a noticia de su
+marido! No satisfecho su tierno corazón con esto, al despedirse, cerca
+de la escalera, de su futuro hijo político le dio un beso maternal en la
+frente. De tal modo que Timoteo bajó los peldaños tambaleándose de gozo,
+no sin besar antes las manos de aquella adorable señora, derramando
+sobre ellas un raudal de lágrimas y saliva.
+
+Los dioses no se fatigan jamás cuando quieren hacer a un mortal feliz o
+desgraciado. Aún le tenían reservado a nuestro artista un nuevo triunfo
+que saboreó al llegar a su casa. En ella le aguardaba el padre
+Laguardia, más huesudo y más inquieto que jamás lo había sido. Timoteo
+no le conocía más que de vista. Después de saludarle rápidamente, el
+presbítero le preguntó con agitación:
+
+--Venía a que usted me dijese, si es que lo sabe, dónde vive actualmente
+su amigo Llot.
+
+--¿Mi amigo Llot?
+
+--O su enemigo. Es igual. Dónde vive es lo que me importa averiguar.
+
+--Pues no lo sé, ni lo he sabido nunca.
+
+--¡Nadie! ¡nadie!--exclamó el clérigo terciando el manteo y comenzando a
+dar vueltas por la habitación como un loco.--¡Nadie sabe dónde se
+esconde ese pillo!... Porque es un pillo, ¿sabe usted?--añadió
+encarándose con Timoteo ferozmente como si no esperase más que éste le
+contradijese para arrojarse sobre él.--¡Un granuja! ¡un miserable! ¡un
+estafador! ¡En cuanto le tropiece le piso la cara!
+
+--¡No puede ser!--dijo Timoteo inundado de gozo.
+
+--¿Que no puede ser?--chilló el cura abalanzándose a él y sujetándole
+por la solapa de la levita.--¿Cree usted que yo no soy capaz de pisarle
+la cara?
+
+--No es eso. Lo que yo quería decir es que me extrañaba que un muchacho
+tan inocente, que parecía una palomita sin hiel...
+
+--¡Una palomita!--exclamó D. Jeremías sonriendo sarcásticamente.--¡Una
+palomita!... ¡Un raposo!--profirió con grito horrísono.--Un raposo a
+quien hay que cortar las orejas, a quien hay que desollar vivo.
+
+Y comenzó de nuevo a dar paseos agitados lanzando al mismo tiempo
+tremendas imprecaciones.
+
+Al fin se dejó caer en una silla y se puso a contar lo que le pasaba.
+
+Godofredo le había ido sacando poco a poco y con diferentes pretextos
+algunas cantidades, las cuáles sumaban a la hora presente seiscientas y
+pico de pesetas, desapareciendo de la noche a la mañana. No era eso lo
+peor. Lo verdaderamente infame es que se había valido de su nombre para
+estafar una porción de dinero a algunos amigos: al cura de San Ginés
+sesenta duros, al capellán de las Adoratrices cuarenta y cinco, al
+excusador de San Millán diez y seis, etc., etc. Iba pidiendo estas
+cantidades como si fuesen para D. Jeremías. Cuando presumía que no
+bastaba la palabra, presentaba una carta falsificando la firma...
+Además, había encargado un sin fin de misas por el alma de su madre, y
+de toda su parentela, sin que jamás hubiese dado un cuarto a los
+sacerdotes que las dijeron. Resultaba, en fin, debiendo y estafando a
+todas las personas con quienes le había puesto en relación...
+
+D. Jeremías no podía estarse quieto mientras relataba tales infamias. Se
+sentaba, se alzaba, paseaba, manoteaba, chillando al mismo tiempo como
+un energúmeno.
+
+Timoteo sentía correr por sus venas un estremecimiento dulcísimo. A la
+agitación y cólera que reflejaba el rostro del presbítero oponía su
+semblante una placidez verdaderamente paradisíaca.
+
+Y más se acentuó esta expresión de beatitud celeste cuando vio salir a
+D. Jeremías como un huracán, sin decirle adiós siquiera, gritando al
+trasponer la puerta:
+
+--En cuanto le tropiece, no hay más, ¡le piso la cara!
+
+
+
+
+XVI
+
+
+Don Laureano Romadonga no era hombre que se dejase aprisionar fácilmente
+por los artificios femeninos; que comprometiese el sosiego de su vida,
+sus placeres, su independencia por una mujer, cualquiera que ella fuese.
+Conocedor profundo de la existencia, había formado hacía mucho tiempo su
+plan, y de él no se apartaba una línea. Sus días se deslizaban serenos,
+risueños, libando voluptuosamente la corta cantidad de miel que sólo
+proporciona este valle de lágrimas a los solterones ricos y sanos.
+
+Desgraciadamente la impetuosidad absurda de su última querida había
+venido a turbar el curso sereno de estos días. Hacía ya algún tiempo
+que el viejo seductor comprendiera que le convenía cortar estas
+relaciones enfadosas. Si no lo ponía en práctica, como en casos
+semejantes había hecho, no era por falta de voluntad, sino por el
+temorcillo que la navaja de la chula había logrado inspirarle. No
+obstante, después de la escena escandalosa del teatro, la separación
+quedó resuelta en principio. Aunque por un refinamiento de hombre
+gastado le placiesen para queridas las mujeres de genio vivo y hasta un
+poco agresivas, los arranques de la hija del sillero rebasaban ya los
+límites de lo tolerable. No era posible continuar. Sus planes sabios
+corrían peligro de hundirse para siempre con aquella chiquilla violenta
+y caprichosa.
+
+Era demasiado listo, sin embargo, para dejar traslucir sus propósitos.
+Continuó en apariencia tan enamorado. Mantuvo a la Conchita en la
+ilusión de ser su última y definitiva querida. Hasta le dejó entrever
+algunos tenues y lejanos rayos de luz matrimonial. Mientras tanto, allá
+en el fondo de su cerebro artificioso se elaboraba tranquilamente un
+plan maquiavélico que iba a marchitar en flor tanta dulce esperanza.
+Romper con la chula quedándose en Madrid era expuestísimo. Aunque
+avisase a la policía, tenía la seguridad de que Concha le daba una
+puñalada por la espalda. ¡La conocía bien! A aquella muchacha fiera y
+escandalosa le importaba un bledo ir a presidio o a la horca con tal de
+satisfacer su venganza. Era necesario escapar de Madrid. ¿Adónde?
+Después de meditar varios días este punto, se decidió por París. Aquella
+inmensa ciudad, emporio de todos los placeres, convenía admirablemente a
+los fines interesantes que Romadonga perseguía en esta vida. Pasar el
+invierno en París; desde allí, cuando viniese el verano, trasladarse a
+Biarritz o San Sebastián; en el mes de Octubre, trascurrido ya cerca de
+un año, regresar a Madrid. En todo este tiempo la hija del sillero le
+olvidaría, hallaría otro acomodo, desaparecería de Madrid. ¿Quién sabe
+lo que podía suceder?
+
+Resuelto, pues, a llevar a cabo el proyecto, comenzó sigilosamente a
+hacer sus preparativos. Vendió los coches y los caballos, giró a la
+capital de Francia dinero, envió a su criado por delante con los objetos
+necesarios, hizo la maleta; y una tarde se metió cautelosamente en un
+coche del Sud-exprés y huyó de Madrid sin dar cuenta a nadie de su
+viaje. Una hora antes había estado en casa de su querida. Con sarcasmo
+mefistofélico pasó largo rato hablándole de planes para lo porvenir,
+prometiendo llevarla pronto a vivir consigo y viajar con ella algunos
+meses y comprarla una magnífica cama que juntos habían visto en un
+escaparate de la calle de Alcalá. Estuvo jocoso y seductor como nunca.
+Al despedirse le dijo que vendría de noche a buscarla para ir a un
+teatrito por horas, y que estuviese ya vestida y no se hiciese esperar.
+La sonrisa cruel que plegaba sus labios al bajar la escalera inspiraba
+frío y miedo.
+
+¡Pobre niña! ¡Cuán ajena estaba del pensamiento que bullía en la mente
+de aquel hombre egoísta, sin entrañas!
+
+Mientras corrió el tren por los campos de España, todavía la imagen de
+la chula venía de vez en cuando a turbar su espíritu. Pero en cuanto
+atravesó la frontera se le borró por completo. Al llegar a París buscó
+un cuartito amueblado en lo más céntrico; alquiló coche, compró caballo,
+se hizo socio de dos clubs aristocráticos y comenzó a hacer la vida a
+que sus convicciones filosóficas le arrastraban. De tal suerte, que a
+los quince días se encontraba infinitamente mejor que en Madrid, y
+principiaba a sospechar que no sólo aquel invierno, sino todos los que a
+Dios pluguiere concederle, iba a pasar en aquella hermosa capital.
+
+La existencia de Romadonga se deslizaba serena, feliz, egoísta como la
+de un dios, viviendo únicamente para sí y contemplando con augusta
+indiferencia los dolores y las alegrías de los otros. Excusado es decir
+que el sol que más iluminaba y amenizaba aquella existencia era la
+mujer. Pero no una mujer determinada; la mujer en general; hoy una,
+mañana otra. Después de paladear la fruta hermosa, pero un poco
+insípida, de las burguesas madrileñas y morder en la guindilla de las
+chulas, las cortesanas parisienses, tan elegantes, tan ingeniosas y
+cultas, le parecían un bocado exquisito. Y hay que confesar que supo
+aprovecharse. En poco tiempo fue popularísimo entre ellas. Le llamaban
+riendo el _fidalgo español_. Su carácter frío, su ingenio reconocido y
+el cinismo con que se expresaba logró dominarlas. Hasta el exagerado
+acento extranjero contribuía a dar más gracia a sus frases insolentes en
+el fondo y correctas en la forma.
+
+Gozando de más libertad que en Madrid, con gozar aquí mucha, tan pronto
+se le veía con una dama del brazo como con otra, creyendo a puño cerrado
+que la Naturaleza sólo es bella por su rica variedad. A ciertas horas
+del día hallaríasele invariablemente paseando por los boulevares con el
+cigarro en la boca balanceando su esbelta figura entre la muchedumbre;
+dirigiendo su mirada atrevida, escrutadora, a las bellezas que cruzaban
+cerca, inclinándose a un lado y a otro para ver mejor; a veces teniendo
+el paso y siguiéndolas con la vista largo rato.
+
+--Es guapa esa barbiana, ¿verdá tú?
+
+Romadonga sintió un escalofrío mortal correr por sus venas. Volvió el
+rostro espantado y se encontró con la mismísima Concha. Instintivamente
+puso las manos por delante.
+
+--¡No seas tan jindamón, hombre!--profirió la chula con voz ronca,
+apoyándose en cada sílaba y mirándole de arriba abajo con ojos torvos,
+despreciativos.--¿No ves que soy una mujer?
+
+La vergüenza hizo que volvieran los colores a las pálidas mejillas del
+_fidalgo español_.
+
+--Es que tú no eres una mujer como otras... ¡Ya lo creo, caramba!...
+¡Pues si me descuido, caramba!
+
+--¡Ya lo creo! ¡Si te descuidas, caramba!--exclamó haciendo burla la
+chula.
+
+En verdad que Romadonga estaba descompuesto y aturdido que daba lástima.
+
+--Si te descuidas, ¡na!--prosiguió Concha.--El día que se me meta en el
+moño te clavo el corazón, con cuidao o sin él... ¿Qué te has figurao,
+viejo silbante, que después de lo que has hecho conmigo me ibas a tirar
+a la barredura, como un papel sucio?... ¡Ja, ja!... Que se te quite,
+infeliz.
+
+El traje, la actitud y la voz de la chula habían hecho pararse a algunos
+curiosos. D. Laureano, avergonzado y alentado al mismo tiempo, exclamó
+irguiéndose:
+
+--Vaya, vaya, déjame en paz y sigue tu camino. Nada tengo que partir
+contigo.
+
+--¿Nada tienes que partir conmigo, malvao? Y la criatura que he dejao en
+Madrid ¿es la punta de un cigarro que tiras a la calle cuando empieza a
+quemarte, verdá tú? Y mi honra es otra colilla ¡puf! que se escupe y no
+se vuelve a mirar... Aquí tienen ustedes un hombre, señores (volviéndose
+a los circunstantes, que no entienden una palabra y contemplan
+asombrados la escena). ¿Ven ustedes este viejo baboso, que tiene más
+años que Matusalén, más pintao que un monumento y más perfumao que una
+corista? Pues este tío ha conseguío chalarme no sé por qué... por la
+labia, por la fachenda, por las mentiras... en fin, por lo que a ustedes
+no les importa. Y luego que me ha visto chalá, y me ha deshonrao, y me
+ha tenío tres años sujeta como una mona, de la noche a la mañana y sin
+decir «agur Conchita,» se escapa a París, y ¡venga juerga con las
+suripantas!... ¡Qué bonito! ¿verdá ustedes?... Pero como yo soy hija de
+mi padre y de mi madre, y no hay más que una vida que perder, y de mí no
+se ha reído ningún roío dao por tal como éste, a este tío asqueroso
+nadie le mata más que yo, ¿saben ustedes?
+
+D. Laureano vio un agente de policía acercarse y, envalentonado, se
+atrevió a decir con tono despreciativo:
+
+--Anda, anda, sigue tu camino, que todo lo que te he quitado te lo he
+pagado en buenos billetes de Banco.
+
+Los ojos de Concha relampaguearon como los de una pantera.
+
+--¿Dinero por mi honra, canalla?--gritó en el paroxismo de la cólera.
+
+Y llevándose la mano al seno, sacó rápidamente una navaja de grandes
+dimensiones, la navaja de marras. Pero en aquel instante las manos del
+agente la sujetaron por detrás, D. Laureano retrocedió más pálido que la
+cera.
+
+--Déjenme ustedes que saque las tripas a ese infame--gritaba la chula
+tratando de desasirse.
+
+Pero al volver la cabeza para ver quién la sujetaba, quedose
+repentinamente inmóvil.
+
+--¡Un guindilla! Está bien. Tome usted--dijo entregándole la navaja
+tranquilamente; luego, subiéndose el mantón y apretando el nudo del
+pañuelo, añadió:--Lléveme usted a la cárcel.
+
+Y volviéndose a Romadonga en una actitud fría, desesperada, que
+inspiraba miedo y lástima al mismo tiempo, con terrible calma dijo:
+
+--No tardaré en salir. Te juro por la salud de mi hijo que pronto
+tendrás noticias mías. Cuando recibas el golpe, si tienes tiempo a
+pensar, ya sabes quién te lo ha dado.
+
+Estas palabras desgarraron el corazón magnánimo de D. Laureano. La vida
+es dulce a todos los mortales, pero muy especialmente lo era para aquel
+hombre venerable. Recibir una puñalada por la espalda sin aviso de
+ninguna clase, le era profundamente desagradable. Así que, antes de que
+el policía llevase consigo a Concha, se dirigió a él y, en francés
+chapurrado, le manifestó que aquella señora era su esposa y que le
+hiciese el favor de soltarla.
+
+Esto fue lo único que comprendió el círculo de curiosos que les rodeaba.
+La noticia causó sorpresa y no poca risa. El agente no se avino a ello
+sin llevarlos a ambos antes a las oficinas de la policía. Entonces
+Romadonga, con la galantería propia de un fidalgo español, ofreció el
+brazo a la chula y se fueron escoltados por el guardia. La muchedumbre
+aplaudía riendo.
+
+
+
+
+XVII
+
+
+Mario llegó a ser un escultor distinguido. Llovieron las demandas de
+obra en su estudio. Bustos, estatuas, jarrones, mausoleos, todo lo
+trabajó con gloria y provecho. Comenzó a ganar sumas considerables.
+
+Alquilaron un buen cuarto en la calle Mayor, cerca de la de Ramales,
+donde sus padres habitaban. Vivieron con desahogo, hasta con lujo; pero
+sin despilfarro. El ingenioso Sánchez y D.ª Carolina andaban un poco
+apurados de dinero por los gastos del primero en publicaciones,
+instrumentos científicos, excursiones, etc, etc. Carlota los protegía.
+Pero a Mario le parecía siempre poco lo que les daba. Era tan infeliz
+aquel muchacho, que cuando doña Carolina venía a llorarle alguna
+lástima, por su gusto le entregaría todo el dinero que había en la casa.
+
+--¿Para qué necesitamos nosotros tanto?--decía a menudo a su esposa.
+
+--Para nuestro hijo y para los que puedan venir--respondía Carlota.
+
+Mario le apretaba la cara con entusiasmo.
+
+--Lo que yo pido para mi hijo--exclamaba--es que le gusten las artes y
+encuentre una mujer como tú. ¡Entonces vale la pena el haber nacido!
+
+El pequeño Mario tenía ya cerca de cuatro años. Era un niño fresco,
+sonrosado, con grandes ojos suaves y límpidos y una boca de cereza
+plegada siempre por sonrisa angelical. El escultor le adoraba con
+frenesí por ser su hijo y además porque era un retrato en miniatura de
+Carlota. La misma dulzura en la mirada, la misma apacibilidad, la misma
+igualdad de humor. Cuando aquélla quería que su marido descansase, no
+tenía más que enviar al niño al estudio. Mientras estuviese allí tenía
+la certeza de que Mario no tomaría los palillos o el cincel en la mano.
+
+Todo sonreía, pues, a la familia del célebre antropólogo, el cual no
+cesaba un instante en sus indagaciones preparando a sus descendientes
+gloria inmortal.
+
+El descubrimiento del origen del pensamiento, aunque no realizado
+todavía, se hallaba en camino. Últimamente, D. Pantaleón había levantado
+la tapa de los sesos a un perro, y por espacio de algunos segundos pudo
+observar el juego de su mecanismo cerebral. Por desgracia, el perro
+falleció al instante. Sólo ligerísimos apuntes sacó para el famoso
+descubrimiento. Pero estos apuntes fueron agua preciosa para su molino.
+El insigne fisiólogo vio hasta cierto punto comprobadas sus felices
+adivinaciones. En el corto tiempo de que dispuso observó que la sangre
+de la masa encefálica cambiaba de color en diferentes sitios, tornándose
+unas veces más clara, otras más oscura. Era, pues, exacto que la
+fabricación del pensamiento debía de semejar bastante a una
+_destilería_, como él había presumido.
+
+Una contrariedad de otro orden vino a perturbar momentáneamente el curso
+de estas indagaciones. El matrimonio de su hija Presentación iba a
+llevarse pronto a efecto. Timoteo entraba a todas horas del día en la
+casa y era considerado ya como un hijo más. Se hacía el equipo, se
+amueblaba un cuarto en sitio próximo, se arreglaban los papeles. Mas he
+aquí que un día, al bajarse Timoteo para recoger un corcho que se había
+caído al suelo, vio don Pantaleón en su cuello una mancha encarnada que
+al punto le pareció de carácter herpético. Nada dijo por entonces.
+Procuró con maña cerciorarse. Pronto logró averiguar que Timoteo, en
+efecto, padecía de herpetismo. El fisiólogo comprendió que era de todo
+punto imposible la realización de aquel matrimonio.
+
+Por la noche, hallándose a solas, se lo hizo entender así a su esposa
+con la debida suavidad: no habría exageración en decir timidez. Expuso
+las razones que tenía para hallar tal unión desacertada, todas
+rigorosamente científicas y basadas en los últimos progresos de la
+antropología. El herpetismo significaba una degradación física como
+todos los vicios de la sangre. Nosotros estamos obligados no tan sólo a
+no contrariar la selección natural, sino a favorecerla por cuantos
+medios podamos. Debemos evitar a todo trance que procreen los seres que
+no estén perfectamente sanos si queremos que la raza vaya siempre
+mejorando, etc.
+
+D.ª Carolina no hizo caso alguno de estas observaciones. Antes tomó pie
+de ellas para vejar al fisiólogo, maldiciendo de sus aficiones y
+recordándole con pesadísimas palabras las quemaduras de su hija.
+Insistió a los pocos días con idéntica suavidad. Nada. La esposa
+respondió aún con más acritud y desprecio. Entonces, viendo que sus
+esfuerzos eran inútiles para impedir aquel matrimonio rechazado por los
+progresos biológicos, se le declaró una tristeza negra que le privaba
+del apetito y del gusto por la experimentación. Esta gran melancolía
+hizo crisis a los pocos días con una extraña explosión que puso en
+espanto a toda la familia.
+
+Pasando una mañana Timoteo desde la sala al comedor, D. Pantaleón, que
+al parecer estaba apostado en uno de los cuartos del pasillo, se arrojó
+sobre él de improviso, le echó las manos al cuello y hubiera concluido
+probablemente por estrangularle si al ruido no hubiera acudido la gente
+de casa. A duras penas consiguieron arrancárselo de las manos. Todavía,
+sujeto por Mario, Carlota, D.ª Carolina y la criada, gritaba como un
+energúmeno, los ojos inyectados, el semblante descompuesto:
+
+--¡No se casará usted con mi hija, no! ¡Yo lo impediré aunque sea a
+costa de mi sangre!... En mi casa no atacará nadie impunemente la ley de
+la selección... ¡Vergüenza había de darle, con los caracteres orgánicos
+que usted presenta, intentar un matrimonio que ha de ser funesto para la
+raza!... Yo no quiero una descendencia degradada... ¿Lo oye usted
+bien?... ¡No la quiero!
+
+La excitación fue tanta que al fin cayó privado de conocimiento,
+echando espuma por la boca.
+
+Recobró al poco rato el sentido; estuvo enfermo algunos días; al cabo
+curó por completo sin que el ataque hubiese dejado rastro alguno como se
+temía. La boda de Presentación se realizó sin ningún otro incidente
+desagradable. Todo volvió a quedar en paz.
+
+Mario y Carlota no dejaban de aprovechar los momentos que aquél tenía
+libres para solazarse, unas veces yendo a paseo, otras al teatro, otras,
+en fin, comiendo en los _restaurants_. Era tanto lo que se placía el
+escultor en estos festines matrimoniales que Carlota consentía en ellos
+de buen grado, aunque no le gustasen por espíritu de orden y economía.
+
+Una de las pocas amigas que tenía vino un día a invitarla para asistir a
+cierta comedia casera. Esta amiga era a su vez invitada, pero tenía
+libertad para llevar a quien quisiese. Consultó el caso con su marido.
+Hallolo bien Mario y aun prometió acompañarlas si alguna ocupación
+urgente no se lo impedía. Como era domingo el día señalado, y por la
+tarde, no hubo inconveniente. Ambos se fueron, pues, de bracero a
+buscar a la amiguita y de allí a la calle del Amor de Dios, donde estaba
+la casa en que la representación iba a efectuarse. Era un edificio bajo,
+antiguo, bien conservado, de un solo piso, en el cual vivía únicamente
+su propietaria, una señora viuda con dos hijas solteras, un hijo y una
+nieta de catorce a quince años. Desde que se ponía el pie en el portal
+se observaba el espíritu religioso, la economía y la limpieza que
+reinaban en aquella casa. Los muebles de la antesala eran feos y
+antiguos, pero brillaban por el frote de la bayeta y el cepillo. En uno
+de los ángulos había un pedestal con una Purísima de yeso, pintada. Los
+pasillos amplísimos y enjalbegados como los de un convento.
+
+Pasaron a un gabinete donde había ya reunidas bastantes personas y donde
+la señora de la casa los recibió con amabilidad grave y protectora. Era
+una dama extremadamente alta, de bastantes años, enjuta, con ojos negros
+de mirar imponente, los blancos cabellos pegados a la frente con goma.
+Vestía de negro y estaba sentada en un elevado sillón de cuero,
+mientras que todos los demás se hallaban acomodados en sillas más bajas.
+De suerte que D.ª Fredesvinda, que así se llamaba, parecía una reina
+rodeada de su corte. Y ciertamente, la pausa con que hablaba y la
+majestad de sus ademanes contribuían bastante a hacer la semejanza más
+perfecta. Las dos hijas solteras que se encontraban en el círculo de los
+tertulios pasaban ya de los treinta, y vestían el traje con que iban a
+representar, lo mismo que la nieta. Estaba también el padre de ésta,
+viudo, hijo de la señora, y que no habitaba la casa porque sus
+costumbres independientes no se compadecían con el régimen austero que
+allí se observaba.
+
+D.ª Fredes era aficionadísima a la literatura, a la música y en general
+a todas las artes; se creía muy competente, y sus tertulios asiduos la
+creían también. Reuníanse en aquella casa los domingos varios poetas y
+poetisas, alguna de las cuales tocaba asimismo el piano. Solía ir un
+pintor de marinas que había presentado algunas en distintas
+exposiciones, sin que hasta la fecha le hubiesen dado recompensa
+alguna. D.ª Fredes juzgaba esto una de las grandes injusticias del siglo
+diez y nueve. Para ella, Martínez, que así se llamaba el pintor, era uno
+de los artistas más eminentes que hubiese producido la España
+contemporánea. Con lo cual dicho se está que D.ª Fredes era para
+Martínez el más profundo de los críticos actuales. Era igualmente
+tertulio un profesor de flauta que había compuesto y publicado varias
+tandas de valses, una de las cuales había tenido el honor de dedicar a
+aquella señora. No quedaba sin representación, pues, más que la
+escultura. Por eso Mario fue acogido con extraordinaria benevolencia.
+
+Inmediatamente, lo mismo él que Carlota, a una señal, mitad amable mitad
+imperiosa, de la notabilísima señora, fueron a sentarse, formando como
+los demás círculo en torno de ella. Pasados algunas instantes se dignó
+dirigirle desde su alto sitial las siguientes palabras:
+
+--Ha llegado a mis oídos, Sr. Costa, que es usted un escultor muy
+distinguido. Tengo verdadero placer en verle en esta casa, por donde
+tantos artistas eminentes han pasado y pasan todos los días.
+
+Tan benévolas palabras, pronunciadas con extraordinaria calma y firmeza,
+produjeron en el auditorio emoción respetuosa. Todos los rostros se
+volvieron hacia Mario, felicitándole con la mirada por ser objeto de
+ellas. El escultor dio las gracias sin parecer tan sensible a la honra
+que se le dispensaba.
+
+Después de algunos momentos de silencio D.ª Fredes volvió a tomar la
+palabra con idéntica calma y majestad.
+
+--La escultura es un arte muy bella. Sé que los griegos la han cultivado
+con mucho lucimiento. Pero yo no puedo aprobar de ningún modo que
+presenten sus estatuas desnudas. Ésta es mi opinión y la he expresado ya
+en varias ocasiones, como alguno de los que me escuchan sabe
+perfectamente.
+
+Hubo un murmullo de aprobación en el gabinete. El profesor de flauta
+apuntó tímidamente que, en efecto, él conocía la opinión de D.ª
+Fredesvinda hacía ya mucho tiempo. Ésta le dirigió una mirada grave y
+afectuosa.
+
+Mario iba a contestar, pero ya D.ª Fredes, cumpliendo un deber de
+cortesía, había convertido la atención a otro asunto.
+
+--Recareda--dijo volviéndose a una de sus hijas,--enseña el pañuelo de
+que hemos hablado el domingo pasado a tu amiga Marcela.
+
+La hija, que era ya una mujer bien ajada, próxima a los cuarenta, se
+apresuró a cumplir la orden sacando de un estuche que descansaba sobre
+la chimenea un pañuelo de narices bordado. Elogiolo su amiga con
+entusiasmo; después lo hizo pasar de mano en mano, recibiendo de todos
+las mismas alabanzas. Cuando volvió de nuevo al estuche, doña Fredes
+dijo:
+
+--Este pañuelo fue bordado por mi hermana Práxedes, que Dios haya.
+Cuando lo estrenó en un baile del Círculo de Cosecheros, llamó tanto la
+atención, que se supo en Palacio al día siguiente. La reina envió por él
+para verlo y quiso que se le hiciese otro igual. No fue posible. Ninguna
+bordadora de Madrid osó comprometerse a ello.
+
+Las palabras de D.ª Fredes produjeron, como siempre, un efecto inmenso
+en la tertulia.
+
+Mario y Carlota estaban asombrados de todo aquello. La majestad de la
+señora, el aparato de que se rodeaba y las ideas extrañas que salían de
+su boca les hacía mirarse de vez en cuando llenos de estupor. Pero tanto
+y más que esto les impresionaba el respeto profundo que todos los
+tertulios la tributaban. De tal modo que, cuando por el gesto se conocía
+que iba a hablar, inmediatamente quedaba todo en silencio. Mientras
+permanecía callada, charlaban unos con otros, pero siempre en voz baja,
+como si se hallasen en un templo o en la misma cámara real. Sus hijas
+Recareda y Valeria, jamonas de alto bordo, se mostraban ante ella tan
+respetuosas, tan obedientes y sumisas como niñas de diez años; y lo
+mismo su hijo viudo, lleno de canas. Un gesto, una mirada de su madre
+bastaban para paralizarlos cuando estaban hablando. Y si no sucedía
+tanto con los demás tertulios, algo se aproximaba. Todos parecían tener
+fe ciega en las altas disposiciones de aquella señora singular y
+reconocían de buen grado su autoridad.
+
+En el gabinete no había lujo. Los muebles y el decorado no acusaban gran
+riqueza, sino el mediano bienestar de una familia burguesa. Pero todo
+ello tenía un sello de antigüedad y de orden que lo hacía más respetable
+que el suntuoso decorado de un palacio moderno. La autoridad indiscutida
+de D.ª Fredesvinda parecía reflejarse en las paredes de la estancia.
+
+Habiendo quedado ésta en silencio algunos instantes, un jovencito
+escuálido, de pelo rubio y ojos tiernos, se atrevió a levantarse, y con
+voz turbada pidió permiso a D.ª Fredesvinda para leer una poesía que
+había escrito en su honor. Concedióselo la señora con ademán soberano, y
+acto continuo el poeta sacó del bolsillo interior de su levita un pliego
+de papel de barba que desdobló con mano temblorosa. No se oía en el
+gabinete una mosca.
+
+«A la esclarecida señora D.ª Fredesvinda Bejarano.»
+
+Era una oda en que se la ensalzaba hasta las nubes, presentándola como
+una protectora de las bellas artes, una nueva Cristina de Suecia. Los
+artistas se amparaban bajo su manto; hallaban en ella la mano que los
+sostenía y la luz que los guiaba. En torno suyo juntábase lo más selecto
+que el arte español había producido en los últimos tiempos, formando un
+divino cenáculo sólo comparable al que la reina de Navarra presidía allá
+en los tiempos de la Edad Media.
+
+Mientras el poeta de los ojos tiernos dejaba escapar de su boca esta
+cascada de elogios, D.ª Fredesvinda, grave y atenta, hacía con la cabeza
+signos de aprobación: el gesto era tan benévolo, tan protector, que es
+imposible que su émula la reina de Suecia fuese más allá en este punto.
+Al terminar, después de unos momentos de pausa, extendió la mano y tuvo
+a bien expresarse de este modo:
+
+--La poesía que usted nos acaba de leer, Juanito, es bellísima como todo
+lo que brota de su privilegiado ingenio. Creo que ni Bécquer ni
+Garcilaso de la Vega han escrito nada mejor.
+
+Fue la señal para que todos los tertulios felicitasen calurosamente al
+joven escuálido, el cual, ruboroso, confuso, sonriente, daba las
+gracias haciendo mil contorsiones, manifestando repetidas veces que no
+por su mérito, sino porque el asunto se prestaba admirablemente, «la
+poesía había resultado regular.»
+
+--Si usted no tuviese inconveniente en ello--manifestó D.ª Fredes
+dirigiéndose al poeta,--le rogaría me dejase el manuscrito de esa poesía
+para guardarlo en mi colección de autógrafos y firmas ilustres.
+
+El poeta, confundido por tamaña honra, avanzó tropezando hasta el trono
+de D.ª Fredesvinda y depositó en sus manos el pliego de papel de barba.
+La imperial señora lo alargó inmediatamente a su hija Recareda y ésta se
+apresuró a llevarlo con la misma unción que si fuese una reliquia a la
+caja donde su madre guardaba los manuscritos más preciosos.
+
+--Mi colección de autógrafos--se dignó decir la señora, paseando su
+mirada imponente por el concurso--es acaso la más rica que hoy existe en
+Europa. Exceden de seiscientas las firmas de poetas españoles
+contemporáneos que poseo. No hace muchos días que un amigo me decía
+que, si se tratase de ponerla en venta, el gobierno inglés me daría por
+ella una suma fabulosa.
+
+Los tertulios dejaron escapar un grito reprimido de admiración. Luego en
+voz baja se autorizaron mil comentarios lisonjeros que llegaban a los
+oídos de D.ª Fredes y la arrullaban dulcemente. Un muchacho músico,
+discípulo del profesor de flauta, se atrevió a manifestar que sería
+lástima que tal preciosidad saliese nunca de los dominios españoles. D.ª
+Fredes le miró con indulgencia y respondió que aunque se viese en la
+miseria jamás enajenaría al extranjero esta gloriosa colección. Con lo
+cual respiró libremente la tertulia. Se la felicitó calurosamente por su
+desinterés y patriotismo.
+
+Mario se había hallado en bastantes tertulias de todas clases, pero
+jamás viera una que se pareciese remotamente a la presente. Su asombro
+iba creciendo cada vez que la señora de la casa tomaba la palabra. Todo
+lo que oía y veía era tan estrambótico que le parecía no estar en la
+realidad, sino asistiendo ya a la comedia.
+
+El gabinete iba quedando en tinieblas. Doña Fredes dio orden de que se
+encendiesen las luces y que se iluminase también el salón donde se había
+colocado el escenario. Las damas que debían tomar parte en la
+representación, entre ellas las dos hijas de la casa, Recareda y
+Valeria, salieron para concluir de arreglarse; su nieta Medarda, que
+según se decía en la tertulia era un portento y estaba destinada a
+eclipsar a todas las actrices españolas, lo mismo. Acudía cada vez más
+gente; no cabiendo en el gabinete, andaba distribuída por los pasillos y
+el comedor. Se aproximaban la cinco, hora en que debía de comenzar la
+función.
+
+D.ª Fredesvinda apretó con sus manos venerables los brazos del sillón, a
+inclinándose un poco para hablar, reinó silencio en la estancia.
+
+--Ha llegado a mi noticia--manifestó con voz solemne--que en Madrid se
+ha dicho que yo hacía descansar todo el peso de las representaciones
+sobre mi nieta Medarda, lo cual podría causarle fatiga por ser aún muy
+niña. Para evitar estos comentarios desfavorables he determinado que en
+la comedia de hoy tomen parte principal mis dos hijas y lo mismo
+sucederá en las representaciones sucesivas.
+
+Este discurso lleno de prudencia causó viva impresión en la tertulia. El
+poeta de los ojos tiernos tomó la palabra a nombre de todos y manifestó
+sin ningún rodeo que sólo desprecio merecían tales rumores y que al
+vulgo en general le gusta zaherir a las personas elevadas. Los demás
+hicieron coro al poeta; pero D.ª Fredesvinda se mantuvo inflexible. Sus
+hijas, de allí en adelante, trabajarían tanto como su nieta.
+
+En aquel instante, mirando Carlota hacia la puerta, creyó ver cruzar por
+el pasillo unas barbas y unas gafas muy semejantes a las de Moreno. Su
+duda se desvaneció al instante oyendo a D.ª Fredesvinda llamar en voz
+alta:
+
+--¡Adolfo!... ¡Adolfo!
+
+--No puedo ir ahora--contestó éste desde el corredor sin dar la cara.
+
+--¡Soy yo quien te llama, hijo!--profirió la señora irguiendo
+altivamente la cabeza.
+
+Todavía tardó aquél en aparecer. Al fin se presentó y cruzó el gabinete
+tan confuso que bien se notaba que había visto a Mario, por más que
+afectase otra cosa.
+
+--¿Qué tenías que hacer, hijo?--le preguntó la señora con acento
+altanero.
+
+Moreno balbuceó una disculpa ininteligible. Doña Fredes le miró un buen
+espacio con fijeza y severidad. Al cabo dijo:
+
+--Todavía no te he presentado a unos señores que han venido hoy por
+primera vez a esta casa, los señores de Costa... Mi hijo menor
+Adolfo--añadió presentándolo a Mario y Carlota.
+
+--¡Ah! ¿Eres tú, Mario?... ¿Y usted, Carlota?--exclamó el joven
+antropólogo fingiendo sorpresa y con un semblante tan colorado que daba
+miedo.
+
+Mario, reprimiendo a duras penas la risa, le saludó afectuosamente, y lo
+mismo su esposa.
+
+--¿Conque se conocen ustedes?--preguntó la augusta señora.
+
+--¡Muchísimo!--respondió el escultor--. Somos íntimos amigos hace
+bastante tiempo.
+
+Doña Fredes dirigió una mirada de sorpresa a su hijo.
+
+--¿Y por qué no me has dicho que tenías por amigo a un artista de tanto
+mérito?
+
+Moreno comenzó a murmurar cosas extrañas, tan agitado y descompuesto que
+verdaderamente inspiraba lástima. Sus mejillas parecían de escarlata.
+Mario temió que le fuese a dar un ataque.
+
+Al fin vino a sacarle de aquel purgatorio su hermana Valeria llamándole
+para que fuese a arreglar un bastidor del teatro que se había caído.
+
+Doña Fredes entonces hizo que Carlota y Mario se sentasen cerca de ella
+y comenzó a hablarles de su hijo menor con la misma gravedad solemne que
+empleaba para todo. Observábase, no obstante, cierta satisfacción y una
+alegría que les hizo colegir que Adolfo era su predilecto. Se mostró muy
+contenta de aquella amistad que les ligaba y esperaba que jamás se
+entibiaría.
+
+--Por parte de mi hijo me parece que no sucederá--añadió--. Es un
+infeliz, un pobre chico incapaz de ofender a nadie. Peca gravemente el
+que le infiera daño alguno. De todos mis hijos ha sido siempre el más
+cariñoso y el que me profesa más respeto. Sus hermanas le motejan
+constantemente, le llaman holgazán a hipócrita y dicen que me tiene
+embaucada. Esto me causa bastantes pesadumbres. Yo creo más bien que son
+ellas las que están prevenidas contra él y que le buscan defectos.
+Hipócrita no lo es. Holgazán, convengo en ello. Emprendió varias
+carreras y ninguna ha llegado a concluir; de suerte que hoy se encuentra
+el pobre sin profesión alguna y viviendo a expensas de su familia. Pasa
+la vida azotando las calles o leyendo allá en su cuarto libros de
+medicina. ¡Ya ve usted! ¿Para qué quiere él esos libros sin ser
+médico?... Pero yo no puedo estar dura con él aunque me lo proponga. Es
+tan obediente, tan sumiso, que me desarma. Un niño de seis años no
+estaría más sujeto que él a mi voluntad. Por supuesto que no abuso de
+este dominio. Le dejo toda la libertad compatible con las costumbres de
+la familia. Le tengo ordenado que a las siete venga a rezar el rosario
+conmigo. Pues hasta ahora no recuerdo que haya faltado un solo día. Por
+la noche le permito que vaya con sus amigos hasta las doce, salvo los
+domingos en que recibimos, o los días en que rezamos alguna novena.
+Jamás se ha quejado ni me ha contradicho en nada.
+
+Mario y Carlota se hallaban tan admirados, que apenas podían creer lo
+que oían. Todavía estaba D.ª Fredes loando la obediencia de Adolfo
+cuando vinieron a avisar que eran las cinco y los actores se hallaban
+preparados. La egregia protectora de las letras y las artes dio la señal
+y descendió gravemente de su trono: pidió el brazo a Mario y salió
+majestuosamente de la estancia seguida de sus adeptos.
+
+Tocoles un buen sitio a aquél y a su esposa para ver la comedia, que era
+del género llorón; mas apenas lograron fijarse en ella, preocupados con
+el descubrimiento que habían hecho. Como tenían cerca a D.ª Fredesvinda
+no podían comunicarse las alegres ideas que cruzaban por sus cabezas, y
+sólo se desahogaban dándose codazos y pisotones. Más de una vez tuvieron
+que apretarse la boca para no dar suelta a las carcajadas que les
+retozaban por el cuerpo. Por mucho que hicieron no lograron volver a
+echar la vista encima en toda la noche a Adolfo. El feroz materialista,
+el producto bravío de la Naturaleza en lucha eterna con la sociedad, sin
+duda se había escondido entre bastidores.
+
+Pero cuando al fin salieron de aquella casa y se vieron solos en la
+calle, ¡entonces sí que rieron a su gusto! Cada cual recordaba una frase
+patibularia de Moreno, alguna de sus maldiciones y amenazas contra el
+orden religioso y político. De este modo las carcajadas fluían sin
+cesar. Mario se dejaba caer contra los quicios de las puertas y se
+quitaba el sombrero y se apretaba el estómago para no reventar de risa.
+Casi otro tanto le pasaba a Carlota. Ambos repetían a cada instante:
+
+--¡Dios mío, lo que se va a reír Rivera!
+
+De esta suerte caminaron alegremente la vuelta de su casa. Pero al
+llegar cerca de la Puerta del Sol Carlota se puso repentinamente seria,
+como si un soplo de viento helado cruzase por su alma, y exclamó:
+
+--¡Mucho me he reído hoy, Mario! Tengo miedo que me suceda algo malo.
+
+--¡Qué superstición! No seas tonta, mujer--respondió el escultor sin
+dejar de reír.
+
+¡Pobre Mario! El tonto lo era él en tal instante. El corazón femenino
+mantiene, sin duda, más estrechas relaciones que el masculino con las
+fuerzas magnéticas que obran secretamente en el seno de la Naturaleza.
+
+Cuando hubieron andado buen trecho por la calle Mayor, donde vivían,
+cruzaron a su lado sin verlos Vicenta y Encarnación, doncella y niñera
+respectivamente de su casa. Marchaban en tal estado de agitación que los
+esposos se detuvieron sorprendidos y recelosos.
+
+--¡Vicenta!
+
+Las domésticas tuvieron el paso, y al verles, el miedo y el dolor se
+pintó en sus semblantes.
+
+--¡Ay, señoritos del alma!--exclamaron casi a un tiempo las dos.
+
+--¿Qué ocurre?--preguntó Mario petrificado de terror.
+
+--¿El niño?... ¿un coche?...--gritó Carlota sacudiendo a la niñera por
+el brazo.
+
+--No, señorita... no le ha atropellado ningún coche. Se ha perdido.
+
+--¡Búsquenlo ustedes! ¡búsquenlo!--gritó a su vez Mario
+desesperadamente.
+
+--Hace tres horas que lo estamos buscando, señorito--respondió
+Encarnación rompiendo a sollozar.
+
+Vicenta explicó el caso. Su compañera no acertaba a hablar. Ambas habían
+ido con el niño al Retiro, permaneciendo allí toda la tarde. El chico se
+divertía con otros junto a la fuente de la Alcachofa, mientras ellas
+charlaban con las demás niñeras sentadas en un banco. Los chicos se
+escapaban de vez en cuando corriendo hasta cierta distancia, como
+siempre; pero a una voz que les daban volvían a la plazoleta. Pues
+cuando se acercaba el oscurecer, al llamarlos para irse a casa, se
+encontraron con que no parecía el pequeño. Llamaron a gritos,
+recorrieron todos los sitios próximos, avisaron a los guardas. Nada. Los
+demás niños no daban más razón sino que estaban jugando al _escondite_ y
+que le habían visto correr entre los árboles para ocultarse, y que
+luego no le habían visto más.
+
+Mario sé puso a gemir como una criatura increpándolas furiosamente.
+Carlota, pálida, pero tranquila en apariencia, le mandó callar.
+
+--¿Y no han dicho los niños si habían visto cerca de él a alguna
+persona?
+
+--Sí, señorita; detrás de él dijeron que iba un hombre cojo con
+americana clara y sombrero ancho.
+
+--¿No han dado ustedes ese detalle a los guardas?
+
+--Sí, señorita.
+
+Carlota meditó un instante en silencio.
+
+--Y el hombre ese ¿no se había acercado antes al niño?
+
+--No lo hemos visto, ni los demás niños tampoco.
+
+--¿En toda la tarde no se ha acercado nadie al chico?
+
+--Nadie.
+
+--Sí, mujer--interrumpió Vicenta.--Le ha dado un beso esa prendera que
+conocen los señoritos, que se llama D.ª Rafaela. Le besó y le regaló
+unos caramelos.
+
+--Pensé que la señorita hablaba sólo de hombres--replicó la niñera.
+
+Carlota guardó silencio de nuevo y meditó.
+
+--Está bien--dijo al cabo.--Ustedes se vienen conmigo a recorrer las
+delegaciones de policía para dar aviso. Tú, Mario, te vas ahora mismo a
+casa de D.ª Rafaela a ver si por casualidad se ha quedado en el Retiro y
+el niño se ha ido con ella. ¡Quién sabe! Tal vez esté allí. ¿En casa de
+mamá han preguntado ustedes?
+
+--Sí, señorita, y en casa de la señorita Presentación lo mismo.
+
+--Bien, pues si no parece, hay que seguir la pista a ese cojo. Buena
+seña tiene para que la policía dé pronto con él... Vamos, no te apures
+tanto, hombre, que el niño no se ha muerto, y si Dios quiere parecerá.
+
+Y aquella animosa mujer detuvo un coche que pasaba y se metió en él con
+las dos criadas, mientras su marido, sin dejar de sollozar, corría a la
+calle de Hortaleza, donde la vieja prendera tenía su domicilio.
+
+
+
+
+XVIII
+
+
+Doña Rafaela había estado en las Ventas del Espíritu Santo a recoger un
+dinero que le debían. A la vuelta se apeó del tranvía frente al Retiro,
+paseó un rato, y mucho antes de llegar la noche se fue a su casa. Allí
+se encontró una carta, fechada en la cárcel, que decía:
+
+«Mi respetable y amada protectora: Desde hace tres días me hallo en este
+lugar vergonzoso, tratado como un criminal. La infinita bondad de Dios
+me envía esta prueba, que no sé si podré resistir, porque soy una
+criatura débil y pecadora. Bendito por siempre sea su santo nombre. Si
+no temiera abusar de su bondad le suplicaría que viniese en algún
+momento libre a consolarme y a fortalecerme con sus sanos consejos.
+¡Ojalá no me hubiese apartado jamás de ellos! Si no le fuese posible le
+ruego por la salvación de su alma que vaya a San José y ponga un cirio
+en el altar de Nuestra Señora y rece con fervor una salve por su
+desgraciado amigo que de veras necesita de sus oraciones.--_Godofredo
+Llot._»
+
+No bien la hubo leído cuando, volviendo a echarse el mantón sobre los
+hombros, salió a la calle, montó en un coche y se hizo trasladar a la
+cárcel. Tenía allí la prendera un sobrino empleado, quien por favor
+especial hizo llamar a Godofredo a la sala de declaraciones.
+
+Bajó éste con el capuchón de reglamento. Al quitárselo y dejar al
+descubierto su hermosa cabeza blonda, D.ª Rafaela no pudo menos de
+recordar las estampas piadosas que representan a los primeros mártires
+del cristianismo en los calabozos de Roma. La luz, dando de lleno en
+aquella cabeza angelical, hacía resaltar como en apoteosis la delicadeza
+de sus facciones, la seráfica limpidez de su mirada, las tintas
+sonrosadas de sus mejillas. Éstas se tiñeron de vivo carmín al instante.
+Bajó los ojos humildemente, y sin decir palabra rompió a llorar en
+silencio.
+
+--¡Valor, Godofredo! ¡Valor, hijo de mi corazón!--exclamó la prendera.
+
+Pero la buena mujer estaba tan necesitada como él mismo. No bien
+pronunció estas palabras tuvo que sacar el pañuelo para secarse las
+lágrimas. Ambos permanecieron silenciosos bastante rato. Al fin aquélla,
+enjugándose bien los ojos y sonándose con estrépito, dijo:
+
+--Pero ¿cómo fue eso, hijo querido? ¡Explíquemelo! ¿Cómo fue?...
+
+El candoroso joven, que siempre parecía adolescente, permaneció en la
+misma actitud humilde, como si estuviese esperando el golpe de la
+cuchilla que había de segarle el cuello.
+
+--Soy muy malo, D.ª Rafaela--articuló dulcemente.--No merezco las
+bondades con que usted me favorece.
+
+--No le tengo a usted por tal, querido, ni lo tiene nadie... Habrá sido
+una calumnia...
+
+--No, no es calumnia por desgracia...
+
+Entonces el hijo predilecto de la Iglesia se acercó a la reja, y con
+labio balbuciente y el rostro encendido se confesó con D.ª Rafaela.
+
+Por no abusar más de su inagotable bondad había tenido precisión de
+pedir seiscientas pesetas al padre Laguardia, que era quien le perseguía
+y le había hecho prender.
+
+--¡Pero eso es una picardía!--exclamó la prendera sin poder
+contenerse.--¿Por seiscientas pesetas le deshonra a usted ese mal
+sacerdote?
+
+--¡Por Dios le pido que no lo califique así!--profirió el joven con
+semblante dolorido.--D. Jeremías es muy virtuoso y ha tenido razón para
+tratarme de ese modo. Mucho más merezco yo...
+
+--¡Qué ha de merecer, cordero de Dios!
+
+--Sí, sí, D.ª Rafaela, por Dios, no me juzgue usted bueno... Soy muy
+malo... ya verá usted...
+
+La prendera no pudo menos de sonreír llena de benevolencia al ver el
+calor con que hablaba aquel inocente.
+
+--Vamos, diga usted, criatura, diga usted. A ver qué maldades son ésas.
+
+--¡Sí que lo son!... ¡Ay, señora! La idea de que usted me tiene por
+mejor de lo que soy me martiriza.
+
+La sonrisa de D.ª Rafaela se hizo más benévola aún y más indulgente.
+
+Godofredo le contó una historia larguísima de un cuñado comerciante que
+había dado quiebra a causa de cierta fianza. Quedó en la miseria y con
+nueve hijos. Su hermana, no teniendo pan que darles, le escribía a
+menudo pidiéndole dinero. Él publicaba artículos en los periódicos
+católicos y hacía algunas traducciones; trabajaba cuando podía, pero
+ganaba poco dinero. Los periódicos y las revistas católicas cuentan con
+escasos recursos. La riqueza se halla en manos de los impíos. Entonces,
+sabiendo que su hermana y sus sobrinos pasaban hambre, se aventuró a
+pedir algunas pequeñas cantidades a varios amigos de D. Jeremías,
+esperando poder devolverlas pronto cuando en _La Paz del Hogar_, _La
+España Mística_ y otros periódicos le pagasen lo que le debían. Hizo
+más. Cometió un pecado gravísimo... un pecado que le costaba trabajo
+inmenso confesar... D.ª Rafaela le animó a hacerlo, manifestando que el
+arrepentimiento borra todas las culpas.
+
+--Pues bien, señora--profirió el joven derramando un torrente de
+lágrimas.--Para pedir ese dinero he usado del nombre del padre
+Laguardia. ¿No ve usted bien claro ahora que soy un perverso?
+
+--Ese es un pecado, hijo, pero ya sabe usted que el justo peca siete
+veces al día. Si usted está arrepentido, Dios en su infinita
+misericordia...
+
+--¡Oh, sí, señora, a la misericordia de Dios he acudido ya!--exclamó
+Llot con un hondo suspiro que partía el corazón.--En cuanto llegué a
+este sitio mandé a llamar al capellán de la cárcel, y a sus pies de
+rodillas he confesado mis pecados.
+
+--Pues si se ha lavado ya en el tribunal de la penitencia no tenga
+cuidado. Ya veremos de arreglar eso con D. Jeremías.
+
+--¡Oh! D. Jeremías ha hecho bien en perseguirme y en maltratarme de
+palabra y de hecho. Merezco mucho más.
+
+--¿Pero le ha maltratado de veras?--preguntó sorprendida la prendera.
+
+--Sí, señora; días pasados, en la sacristía de San Ginés, me injurió y
+me abofeteó delante de varias personas.
+
+--¡Qué escándalo!
+
+--No, no es escándalo, señora. El escándalo ha sido el mío cometiendo un
+delito. El castigo ha sido muy pequeño para culpa tan grave. Le estoy
+profundamente agradecido por los golpes que me ha dado y las injurias
+que me ha hecho, y sólo siento que no hayan sido aún más dolorosos para
+poder pagar a mi Divino Señor las ofensas que le he inferido.
+
+D.ª Rafaela cruzó las manos y levantó los ojos al cielo con un gesto de
+viva admiración. Después, convirtiéndolos al cautivo, le miró con
+asombro y cariño largo rato, embargada por la emoción, como si estuviese
+en presencia del mismo San Luis Gonzaga.
+
+En efecto, el semblante del joven, rebosando de calma celeste y
+resignación, merecía un nimbo de luz. Todo era puro, inefable, en aquel
+semblante radioso. Sus mejillas nacaradas parecían hechas de una materia
+trasparente a fin de que pudiera verse que aquel cuerpo no contenía
+ninguna sustancia inmunda: todo era puro, blanco, luminoso. Lo que
+caracterizaba aquel rostro, lo que resplandecía en sus ojos, en su
+frente, en sus cabellos, hasta en sus orejas, era una ausencia absoluta
+de malicia. En sus ojos límpidos, húmedos, brillaba siempre la sonrisa
+dulce y resignada de los seres que han nacido para víctimas. Había en
+tal adorable criatura algo de cordero y mucho también de paloma, como si
+estos dos animales hubiesen cedido de buen grado el uno su resignación,
+el otro su inocencia, para formarle.
+
+Godofredo Llot no era un muchacho de estos tiempos, como decía muy bien
+D.ª Rafaela. Merecía haber nacido en un siglo menos escéptico y
+malicioso. Su naturaleza candorosa, ideal, estaba divorciada de la
+triste realidad presente, tenía la nostalgia de la Edad Media. En esta
+edad de fe y entusiasmo debía de haber vivido. Así que, como si
+presintiera que aquélla era su verdadera época, Godofredo la estudiaba,
+la fantaseaba sin cesar. Había publicado unos estudios muy notables
+sobre las Cruzadas, escritos con tal fervoroso estilo que el obispo de
+Astorga le había mandado su bendición; y en cuantos artículos daba a la
+estampa seguían saliendo las catedrales góticas, de las cuales vivía
+profundamente enamorado. Y realmente su rostro angelical, destacándose
+en aquel momento del tosco capuchón, parecía el de uno de esos monjes
+ideales que cruzaban misteriosamente por los claustros de los templos
+góticos para ir a postrarse ante el altar de la Virgen.
+
+Por eso algunos de sus actos que parecían extraños no lo eran, si se
+atendía a que este joven vivía con el espíritu en otros tiempos más
+nobles y santos. Cuando D.ª Rafaela, después de haberle confortado con
+sentidos consuelos y haberle prometido trabajar cuanto pudiera por
+arreglar el asuntito, se despidió de Godofredo, éste le dijo con rostro
+humilde:
+
+--¿No me permitirá usted antes de irse besar su mano?
+
+Esto, que sería ridículo en cualquiera, en aquel candoroso joven no lo
+era.
+
+D.ª Rafaela introdujo su mano derecha por las rejas mientras llevaba la
+izquierda a la faltriquera, preguntando:
+
+--¿Cuánto necesita usted, querido?
+
+Ahora bien, estos dos actos realizados simultáneamente ¿indicaban que
+Godofredo después de la mano pedía siempre algún metálico? Si hay algún
+malicioso que lo conjeture, allá se las haya con su conciencia.
+
+El hijo predilecto de la Iglesia besó con respeto la mano carnosa llena
+de sortijas de la prendera, y todo ruboroso balbució:
+
+--Si usted me hiciese el favor de veinte duros...
+
+D.ª Rafaela sacó del portamonedas dos billetes de cincuenta pesetas y se
+los entregó. Después se despidió con muy cariñosas palabras. Pero
+todavía antes de marcharse le pidió Godofredo otro favor: que oyese una
+misa por su intención. Y la bondad de ella fue tanta que le prometió oír
+dos, cosa que Godofredo rechazó, como es natural; pero la buena mujer
+se empeñó y no hubo más remedio. El joven, embargado por el
+agradecimiento, rompió de nuevo a llorar.
+
+En cuanto salió de la cárcel se fue la prendera derecha a casa de D.
+Jeremías. El iracundo presbítero no quiso oírla, ni aun prometiéndole
+salir por fiadora de las cantidades que Godofredo adeudaba a él y a sus
+amigos. Juraba y perjuraba que había de llevarle a presidio y prometía
+ir a verle salir en la cuerda de presos con el mismo placer que si fuese
+a la misa del Papa. Desde allí fue a visitar al cura de San Ginés y al
+capellán de las Adoratrices. Tampoco logró nada en favor de su
+protegido. Estos presbíteros estaban ferocísimos, tanto o más que el
+prelado doméstico.
+
+Cuando la buena mujer, fatigada, regresó a su domicilio, hallolo turbado
+por la presencia de Mario, que después de buscarla en vano por todo
+Madrid había venido a esperarla. El estado del escultor era tan
+lamentable que la sobrina tuvo que hacer tila y sacar el frasco del
+antiespasmódico. Cuando D.ª Rafaela le dijo que nada sabía del niño
+después de haberle besado en el Retiro a eso de las tres, fue acometido
+de un desmayo. Salió de él en seguida gracias a los cuidados que le
+prodigaron. Y en cuanto recobró el sentido tomó el sombrero y salió
+acompañado de D.ª Rafaela. Fueron a su casa. Carlota estaba ya de vuelta
+y con ella su madre, su hermana, D. Pantaleón y Timoteo. Rivera llegó
+también a los pocos momentos. La casa era un campo de desolación: no se
+oían más que lamentos y sollozos. Todos parecían haber perdido la razón
+menos Carlota. La infeliz madre, blanca siempre como una estatua, no se
+entregaba a vanos gritos de dolor; ocupábase en disponer los medios de
+recuperar a su hijo. En aquel momento hablaba con el delegado de policía
+del distrito. Éste se inclinaba a creer que se trataba de un secuestro.
+
+--Verán ustedes cómo no se pasan muchas horas sin que reciban una carta
+pidiendo dinero por el niño--decía.
+
+--Le daremos todo lo que poseemos, y si no es bastante no faltará quien
+nos lo preste.
+
+--Nada de eso. No hay necesidad. Como ustedes sigan mis instrucciones,
+yo me comprometo a rescatarlo y a echar mano a los bandidos.
+
+--¿Para qué? Mi marido y yo nos quedamos con gusto sin nada y
+trabajaremos toda la vida por nuestro hijo.
+
+Por si la carta no llegaba convinieron en seguir la pista al cojo que
+habían visto detrás del niño en el Retiro. El delegado había ya dado las
+órdenes oportunas. Dos agentes llegaron a decirle que este cojo había
+salido aquella misma tarde por el ferrocarril de Arganda, montando en la
+estación que se halla detrás de las tapias del Retiro.
+
+Inmediatamente Mario y el delegado tomaron un coche y se fueron a dicha
+estación. El delegado interrogó al jefe y a los mozos, y todos
+convinieron en que efectivamente había salido un cojo de las señas
+indicadas, pero convinieron asimismo en que no iba con él niño alguno.
+Este dato los desalentó. Mario quedó profundamente abatido y se dejó
+caer en un banco mientras el delegado telegrafiaba, por si acaso, a los
+jefes de las estaciones intermedias y al alcalde de Arganda para que en
+todo caso le detuviera.
+
+Pero hallándose de aquel modo sentado con la cabeza entre las manos, oyó
+a un mozo decir a otro que no había visto más niño que uno que llevaba
+una mujer. El escultor levantó vivamente la cabeza.
+
+--¿Qué señas tenía ese niño?
+
+--Pues yo no he reparado bien... Era rojito él y blanco.
+
+--¿Cuántos años tendría?
+
+--Tampoco puedo decirle... Era pequeñito...
+
+--¿Pero iba en brazos?
+
+--Ca, no, señor; andaba él solo perfectamente. Lo llevaba la mujer de la
+mano.
+
+--¿Tendría cuatro años?
+
+--Por ahí... por ahí...
+
+Mario se alzó agitado y preguntó con anheló:
+
+--¿Qué traje llevaba?
+
+--Un trajecito azul de pantalón corto y con las piernas al aire.
+
+--¿Y un sombrero claro?
+
+--Sí, señor, y un sombrero blanco.
+
+--¡Es mi hijo!--gritó, y echó a correr al telégrafo, donde se hallaba el
+delegado.
+
+Éste, al escuchar la relación que trémulo y con palabra entrecortada le
+hizo, quedose pensativo, llamó al mozo y le interrogó de nuevo:
+
+--Bien puede ser--dijo al fin--que ese cojo haya traído consigo una
+mujer y le haya entregado el niño para despistar. Telegrafiaremos este
+dato al alcalde, y mañana, en el primer tren, iremos a Arganda.
+
+Mario se le puso delante con las manos cruzadas en actitud suplicante.
+
+--Por lo que más quiera usted en este mundo, amigo García, le ruego que
+vayamos ahora mismo.
+
+--¡Pero si no hay tren, Sr. Costa!
+
+--No importa, iremos en coche.
+
+Vaciló el delegado algunos instantes, puso varios reparos, pero al fin,
+vencido de las súplicas del desgraciado padre, se decidió a ir. El coche
+que les había llevado a la estación no servía por ser de un caballo.
+Mientras Mario fue a alquilar otro, el delegado telegrafiaba a los jefes
+de las estaciones intermedias para cerciorarse de que tanto el cojo como
+la mujer y el niño no se habían apeado en ninguna de ellas. Se mandó un
+recado a Carlota; trajeron ropa al delegado y se tomaron las
+disposiciones necesarias para el viaje. Cuando salieron de Madrid habían
+dado ya las doce de la noche.
+
+Era clara y fría como suelen serlo las del invierno en la capital de
+España. El disco de la luna resplandecía sobre la llanura árida que se
+extiende a entrambos lados de la carretera. La augusta serenidad del
+cielo tachonado de estrellas no logró mitigar la tortura del artista.
+Otras veces el magnífico espectáculo de la Naturaleza había sido un
+precioso calmante para las heridas de su corazón. Mas ¡ay! para la que
+ahora sentía no hay bálsamo en la tierra.
+
+El sordo rumor de las ruedas y las campanillas de los caballos
+adormecieron pronto a su compañero. Mario le contemplaba con ira. Su
+imaginación se revolvía atormentada por el dolor, presentándole mil
+cuadros aterradores. Su hijo secuestrado, su hijo maltratado, su hijo
+pasando hambre y frío en cualquiera cueva, su hijo llamándole con acerbo
+llanto, mientras unas manos brutales le tapaban la boca... ¡Hijo de mi
+alma!
+
+Se apretaba las sienes con las manos temiendo que fuesen a estallar. De
+su garganta se escapaba un débil y continuo quejido como el de un animal
+en la agonía. A ratos empujaba convulsivamente la delantera del coche,
+como si con este esfuerzo le hiciese correr más. A ratos imaginaba
+saltar fuera y emprender una carrera vertiginosa para llegar antes.
+Imposible que el infierno haya inventado un suplicio más cruel.
+
+Las estrellas brillaban. Los árboles que orlaban las riberas del Jarama
+balanceaban sus negros penachos sobre el fondo azul de la noche. El
+trote de los caballos y sus cascabeles rompían el silencio de la campiña
+dormida. La luna esparcía sobre ella su luz suave donde flotaban algunos
+jirones de niebla. García roncaba.
+
+Llegaron a Arganda después de las tres. Mario se hallaba tan trastornado
+que quería llamar en todas las casas y preguntar por el secuestrador. El
+delegado procuró calmarle. Fueron a la del alcalde, y éste se levantó
+solícito y se prestó a ayudarles en todas las indagaciones. Llamaron al
+jefe de estación y a los mozos y se averiguó en seguida el mesón donde
+el cojo paraba. Fueron a detenerle con auto del juez municipal. El
+hombre recibió tal sorpresa que apenas podía hablar. Esto dio fuerza a
+las sospechas que sobre él recaían. También la dio el ser ave de paso en
+el pueblo, pues afirmaba que iba a Colmenar, y había hecho noche allí
+para arreglar por la mañana cierto asunto con un comerciante de la
+villa. Se avisó a este comerciante y, en efecto, vino a declarar que era
+cierto lo que el cojo decía, y que le trataba hacía tiempo y le tenía
+por una persona honradísima. Mario, a pesar de todo, ansiaba echarle las
+manos al cuello y apretarle hasta hacerle confesar dónde estaba su hijo.
+
+Se indagó el paradero de la mujer y el niño. Nadie daba razón de ella;
+nadie la había visto. Se trabajó asiduamente. El pueblo se había puesto
+en conmoción y muchos vecinos, aunque todavía era noche, salieron a la
+calle para enterarse. Cuando amaneció las calles se llenaron de gente y
+todos se convirtieron en agentes de policía para averiguar el paradero
+del niño secuestrado. El asunto preocupaba sobre todo a las mujeres que
+no cesaban en sus comentarios. De tal suerte, que en menos de una hora
+corrieron tres o cuatro novelas por el pueblo. El niño fue hijo de un
+gran señor que daba diez millones por su rescate; fue un expósito a
+quien su madre, no pudiendo reclamarlo, hacía secuestrar; fue un
+huérfano al cuidado de aquel señor que allí estaba y que unos tíos
+quisieron hacer desaparecer, etc., etc. En los corrillos se saboreaban
+con deleite estas noticias de gusto romancesco.
+
+Pero en uno de ellos, cerca del cual se hallaban Mario y el delegado,
+una mujer que acababa de acercarse dijo:
+
+--Pues ayer tarde he venido de Madrid con el niño de D. Ricardo y no he
+visto esa mujer.
+
+Todos los rostros se volvieron hacia ella. El delegado preguntó
+inmediatamente:
+
+--¿Pero ha venido usted ayer de Madrid con un chico?
+
+--Sí, señor.
+
+--Pues usted es la mujer del niño.
+
+--¡Yo, señor!--exclamó la infeliz asustada.--¡No lo crea usted! ¡No lo
+crea por Dios, señor!
+
+--Sí; usted es la mujer del niño... del niño de D. Ricardo... Vamos a
+ver a ese D. Ricardo ahora mismo.
+
+Y volviéndose a Mario añadió:
+
+--Me parece, Sr. Costa, que ya nada tenemos que hacer aquí. Hemos
+seguido una pista falsa. Vamos a cerciorarnos de ello y en seguida
+emprenderemos la marcha otra vez.
+
+En efecto, aquella misteriosa secuestradora no era otra que el ama de
+gobierno de D. Ricardo Fanjul, un rico propietario viudo. El niño era su
+hijo, que había pasado algunos días en Madrid en casa de una hermana.
+
+La novela quedó deshecha en un instante. En su vista el delegado y Mario
+tornaron el tren de la mañana para la capital, por ir más de prisa. El
+cojo quedó detenido por si acaso, y se dio orden para que se le
+trasladase a Madrid.
+
+Mario, profundamente abatido, guardaba silencio mientras el tren se
+acercaba velozmente a la capital. Las lágrimas corrían a menudo por su
+rostro pálido y ojeroso. García permanecía silencioso también. Una
+arruga profunda cruzaba su frente, signo de intensa meditación. Al cabo,
+cuando ya se aproximaban al término del viaje, preguntó con afectada
+indiferencia:
+
+--¿Hace mucho tiempo que ustedes conocen a esa prendera que se llama D.ª
+Rafaela?
+
+--Sí, señor, hace ya algunos años que somos amigos--respondió el artista
+con voz alterada.
+
+Y súbito, sin poder contenerse, apretó la muñeca al delegado diciendo:
+
+--Sea usted franco, García... Empieza usted a tener sospechas de esa
+mujer.
+
+--No tengo por qué ocultarlo--replicó aquel con sosiego mirando por la
+ventanilla.--La circunstancia de ser la última persona que ha hablado
+con el niño me da mucho que pensar... Luego, esa visita a la cárcel...
+
+--Pues bien--manifestó Mario con creciente agitación,--le confieso que
+yo vengo también pensando en lo mismo hace largo rato. Pero al mismo
+tiempo me parece tan absurdo, tan insensato, que procuro desecharlo de
+la cabeza como una tentación. D.ª Rafaela es una excelente amiga, una
+mujer buenísima...
+
+El delegado, sin abandonar su actitud reflexiva, alzó los hombros con
+desdén.
+
+--¡Ps! Eso no significa nada. Todos los delincuentes han sido buenos
+antes de dejar de serlo. Hay cosas tan misteriosas en materia de
+crímenes que nadie puede explicárselas. Allá los médicos. Lo que puedo
+decirle es que después de lo que he visto en mi carrera ya no me asusta
+nada.
+
+Mario volvió a sentirse acometido de una inquietud insufrible. Quería
+que volase el tren. En cuanto llegaron corrió a su casa por si se tenían
+noticias o habían recibido alguna carta. Nada se sabía. Habían llegado,
+sí, muchas personas a enterarse, porque la prensa hizo circular la
+noticia y el escultor tenía bastantes amigos. Pero ni un rayo de luz.
+
+Mientras tanto el delegado fue a dar parte al juez de sus
+investigaciones. Se llamó a doña Rafaela a declarar. Cuando hubo
+terminado la declaración, el juez le dijo:
+
+--Señora, no se asuste usted. Me veo en la precisión de dejarla a usted
+detenida.
+
+La infeliz mujer, al escuchar estas palabras, cayó desmayada. Después
+vertió un torrente de lágrimas y protestó con tan sentidas palabras de
+su inocencia que logró conmover a los que presenciaban la escena. Se la
+trasladó a la cárcel de mujeres.
+
+En todo aquel día el juzgado no cesó de trabajar. Se tomó declaración a
+cuantas personas pudieron haber tenido relación con el niño en aquellos
+días, a las niñeras que le habían visto en el Retiro, a los chicos, a
+sus padres, etc. Mario y Carlota recorrían llorosos, anhelantes las
+casas de todos los conocidos buscando alguna noticia. Al llegar la noche
+nada se sabía aún. Todos los trabajos que se hicieron para hacer
+declarar otra cosa a D.ª Rafaela resultaron infructuosos.
+
+Cuando regresaban a su casa tropezaron a D. Dionisio Oliveros que salía
+de ella. El poeta venía a ponerse a disposición de sus amigos. Abrazó
+conmovido a Mario, y éste tuvo la satisfacción de escuchar de su boca
+estas palabras aladas:
+
+--¡Qué tremenda desgracia pesa sobre su cabeza, amigo Costa! La vida
+ofrece tragedias bien dolorosas. Tengo la esperanza de que al cabo
+después de tanta peripecia conmovedora el nudo de la horrible intriga se
+desatará; logrará usted hallar a su hijo sano y salvo. Si esto sucede,
+como yo confío, le ruego guarde en la memoria y me reserve todos los
+incidentes de esta misteriosa trama. Nosotros los poetas modernos
+necesitamos inspirarnos en la realidad. Cuando tropezamos casualmente
+con una acción de un interés tan palpitante como ésta, lo consideramos
+como un hallazgo y hay que evitar que otro se aproveche... Quizá después
+que todo se haya arreglado felizmente tendrá usted la satisfacción de
+ver, sobre las tablas, reproducidos los sentimientos que ahora agitan su
+corazón, y derramará usted abundantes lágrimas. Pero estas lágrimas
+serán dulces como lo son siempre las que el arte nos hace llorar.
+
+Esto dijo el bardo del ministerio de Ultramar con voz ronca. Carlota le
+miró con ojos coléricos; pero Mario, trastornado por el dolor, se abrazó
+a él sollozando.
+
+--¡Gracias, D. Dionisio, gracias!
+
+--No lo dude usted, amigo Costa. Más tarde o más temprano tendrá usted
+esa satisfacción--replicó con profunda convicción el poeta.
+
+Y sin pronunciar otra palabra, aquel hombre magnánimo, instruído por las
+musas, se aleja gravemente, feliz porque tiene la conciencia del alto
+destino que la Providencia le ha asignado.
+
+¡Qué noche terrible para los desgraciados padres! Aunque les obligaron a
+acostarse algunas horas, el sueño no cerró sus párpados ni un instante.
+Al amanecer estaban en pie, con el semblante descompuesto, los ojos
+hundidos y rodeados de círculo oscuro, testimonio de su acerbo padecer.
+
+Y otra vez emprendieron aquel fatídico calvario por las calles,
+recorriendo las oficinas de policía, el juzgado de guardia, las casas de
+los conocidos. Tampoco hallaron noticia alguna. Las tinieblas más
+espesas seguían envolviendo aquel misterioso secuestro. El juez parecía
+desalentado. Ni las declaraciones de D.ª Rafaela ni las del cojo de
+Arganda arrojaban luz ninguna. Nueva pista no se presentaba.
+
+Mario llegó a las once de la mañana a casa de Rivera con el alma y el
+cuerpo deshechos. En cuanto pisó el despacho del antiguo periodista las
+fuerzas le abandonaron por completo. Dejose caer en un diván, y los
+sollozos, largo tiempo comprimidos, estallaron, amenazando romperle el
+pecho. A los ojos de Rivera brotaron también las lágrimas y, sentándose
+al lado de su desdichado amigo, le dirigió tímidas palabras de consuelo.
+Bien sabía que para aquel dolor no había consuelo posible. Vanas
+esperanzas no se atrevía a darle, temiendo que el golpe fuera después
+más rudo. Al fin le dejó llorar en silencio largo rato. Quedó abstraído
+en intensa meditación con los ojos fijos en el suelo. Pero lo que en su
+cerebro bullía reflejábase en ellos pasando como ráfagas vivas. A medida
+que el tiempo trascurría estas ráfagas se fueron haciendo más recias.
+Algún pensamiento extraño sacudía furiosamente su alma, porque al cabo
+de un rato, no sólo los ojos, sino todo el cuerpo, ofrecía singular
+inquietud. Miraba de vez en cuando a su amigo, se pasaba la mano por la
+frente, rascábase la cabeza. Por último, no pudiendo vencer su
+agitación, alzose de la silla donde estaba y comenzó a dar vivos paseos.
+Mario seguía llorando con la cabeza entre las manos.
+
+Más de una vez se detuvo delante de él como si quisiera decirle algo,
+pero se arrepentía antes de abrir la boca y continuaba paseando. Al cabo
+hizo un gesto de resolución y, acercándose y poniéndole una mano sobre
+el hombro, profirió:
+
+--Escucha, Mario. En estos momentos terribles es conveniente expresar
+todo lo que cruza por nuestro pensamiento, por disparatado que parezca.
+Todos los disparates imaginables caben en este mundo absurdo en que
+vivimos... ¿No has observado que tu suegro presenta desde hace algún
+tiempo señales extrañas... que ha dicho y hecho cosas muy raras... en
+una palabra, que su espíritu ofrece síntomas de enajenación?...
+
+Mario alzó la cabeza bruscamente; abrió los ojos de un modo desmesurado,
+mirando a su amigo con vaga expresión de terror; se puso horriblemente
+pálido, y, alzándose del diván, salió corriendo de la estancia sin
+pronunciar una palabra. Rivera quedó un instante inmóvil con la vista
+fija en la puerta; luego salió también a la carrera en pos de él.
+
+
+
+
+XIX
+
+
+Don Pantaleón se hallaba en el período de fiebre que suele preceder a
+los grandes descubrimientos. No comía, no dormía, no sosegaba. Pasaba
+pocas horas en el laboratorio. Los preparados y el microscopio ya le
+habían dicho la última palabra. Su pensamiento corría desatado en busca
+del misterioso origen, esperando una feliz casualidad como las que han
+entregado muchas veces los secretos de la Naturaleza a los hombres de
+ciencia. Discurría horas y horas al través de las calles, o por las
+afueras, abstraído, ojeroso, inquieto, torturado por recónditos anhelos
+de indagación, incomprensibles para los seres que cruzaban a su lado.
+
+Sin embargo, aquel largo, vueludo gabán, que el gran antropólogo gastaba
+desde su memorable conversión a las ciencias positivas, llamaba la
+atención de los transeúntes. La llamaba especialmente cuando el viento,
+introduciéndose entre sus pliegues, lo agitaba. Entonces el insigne
+fisiólogo tomaba la apariencia de un negro bergantín desplegando sus
+velas para alguna lejana región desconocida. Los transeúntes, al hacer
+esta observación, se hallaban muy lejos de sospechar que tal fugaz
+apariencia era un símbolo. Porque Sánchez, en las altas esferas de la
+indagación científica, marchaba osadamente a regiones jamás exploradas
+hasta entonces.
+
+Una cosa le preocupaba hondamente en aquellos días. Había leído en un
+libro reciente que el pensamiento debía de producirse en el cerebro por
+medio de continuas explosiones, trasmitidas desde las células por las
+fibras nerviosas. No lo creía; más aún: lo rechazaba indignado. Ya
+sabemos que su teoría era la de la destilación. Pero necesitaba
+demostrarla con pruebas irrefragables, necesitaba convencer al mundo de
+la inepcia de los fisiólogos sus predecesores. Sólo sorprendiendo al
+cerebro en funciones podía lograrse este resultado, que llenaría a los
+hombres de felicidad y le coronaría a él de gloria.
+
+¿Cómo alcanzar semejante sorpresa? He aquí el pequeño obstáculo en que
+tropezaba este gran hombre. La primera idea que se le ocurrió fue
+notabilísima, como todas las que brotaban de aquel cerebro privilegiado:
+valerse de los reos condenados a muerte para una experimentación
+adecuada. En este sentido llegó a escribir un artículo luminoso que
+envió a los _Anales de las ciencias naturales_, ya que sus revistas _El
+mundo orgánico_ y _El mundo inorgánico_ no se publicaban hacía tiempo
+por falta de dinero. Desgraciadamente no fue posible insertarlo, ni allí
+ni en otra revista extranjera adonde lo remitió. Los celos de sus
+colegas le perseguían, como ha sucedido siempre en tales casos. El
+ingenioso Sánchez sabía de largo tiempo atrás que existía una formidable
+conjuración de antropólogos españoles, con ramificaciones en varios
+puntos del extranjero, para destruir o evitar que se propagasen los
+resultados de sus investigaciones. Así que no le sorprendió aquella
+nueva contrariedad. A pesar de sus indignos perseguidores, estaba seguro
+de llegar donde se había propuesto.
+
+Pensó después encontrar algún hombre generoso, dispuesto a sacrificar su
+vida en aras de la ciencia. Lo buscó con afán; pero no fue posible
+hallarlo. Moreno, a quien propuso indirectamente y con muchas reservas
+hacerle un agujero de siete milímetros de diámetro en el cráneo, por el
+frontal, rechazó irritadísimo la proposición y se mostró desde entonces
+tan huido que apenas lograba echarle la vista encima.
+
+Entonces el ingenioso Sánchez, devorado por la pasión científica,
+anhelando escrutar aquel gran misterio y temiendo fundadamente que si
+retrasaba su descubrimiento algún otro sabio, nacional o extranjero, le
+cogiese la delantera, en un rapto de admirable heroísmo, resolvió
+ejecutar sobre sí mismo la experimentación. No se le ocultaba que
+corría grave riesgo de morir; mas, en el caso de que esto sucediese, la
+humanidad no perdería ninguno de los datos que había adquirido para su
+gran descubrimiento. Escribió previamente una larga memoria donde se
+apuntaban con toda claridad. Llegó el momento al fin. Encerrose en su
+laboratorio; se colocó delante de un espejo con todos los instrumentos
+necesarios al alcance de la mano. Y tomando la barrena fatal, comenzó a
+horadarse la frente. La mucha sangre que brotaba le cegó. En vano se la
+enjugó una y otra vez: necesitaba tener los ojos cerrados, lo cual hacía
+inútil la operación. Además, cuando la barrena tocó en el hueso, el
+dolor se hizo irresistible. Estuvo a punto de perder el sentido.
+Suspendió el experimento y pensó si sería mejor que otro lo efectuase.
+Pero en tal caso no sería él quien sorprendiese el misterioso origen del
+pensamiento, sino el operador. Nada podría revelar por su cuenta.
+Además, la operación necesitaba llevarse a cabo con cloroformo: de eso
+estaba bien seguro. Una vez cloroformizado, sus facultades mentales
+quedaban en suspenso. ¿Para qué valía entonces el agujero?
+
+Se puso un trozo de aglutinante sobre la herida; vendose la frente con
+el pañuelo y se dejó caer en una butaca. La tristeza y el desaliento se
+apoderaron de aquel hombre ilustre. Era forzoso renunciar a la gloria
+del gran descubrimiento que había de resolver de una vez todas las
+dudas, que confundiría para siempre las insensatas aspiraciones de los
+idealistas y metafísicos. Tal vez ¡oh dolor! no se pasaría mucho tiempo
+sin que otro sabio tuviese la fortuna de hallar quien se prestase a
+exhibir el cerebro voluntariamente; y entonces el nombre de aquel sabio
+brillaría eternamente al través de las edades, mientras el suyo
+eternamente quedaría sepultado en el olvido.
+
+La voz dulce como un gorjeo de su nietecito Mario le sacó del letargo
+doloroso en que yacía. El pequeño Mario solía subir a la guardilla a
+interrumpirle en sus largos y profundos trabajos. Para el fisiólogo era
+un descanso la llegada del niño. Le besaba, se entretenía algunos
+instantes en charlar con él, y cuando le parecía que había robado
+demasiado tiempo al estudio de la _sustancia gris_, le decía empujándole
+hacia la puerta:
+
+--Anda, chiquito, baja con tu abuelita, que yo no puedo perder un solo
+minuto.
+
+Dejole llegar hasta sus rodillas y le acarició distraídamente pasándole
+la mano por los cabellos. Mas al tropezar sus dedos con la tersa frente
+de la criatura quedó súbito paralizado. Sus grandes ojos opacos
+brillaron con extraño fulgor. Incorporose vivamente y se llevó ambas
+manos a las sienes como si temiera que por allí fuera a salir algo grave
+y terrible que convenía tener encerrado. Se alzó de la silla y comenzó a
+dar agitados paseos por la estancia. De vez en cuando se paraba delante
+del niño y le clavaba una mirada ansiosa, profunda.
+
+--Abuelo, ¿por qué me miras así?... ¿He sido malo?
+
+--¡No, hermoso mío, no!--respondió el antropólogo cambiando de expresión
+y volviendo a su benévola sonrisa habitual.
+
+Tornó a pasear, y otra vez se detuvo frente a su nieto y le cogió la
+cabeza con sus manos trémulas, febriles.
+
+--¿Por qué me palpas, abuelo? ¡Si no tengo nada en la cabeza!... No me
+he caído.
+
+--¡Oh, sí!... ¡Aquí está! ¡aquí está!--exclamó con expresión concentrada
+de rabia y de dolor el ingenioso Sánchez.
+
+--¡No, no! ¡No hay nada! De veras no tengo nada, abuelito.
+
+--¡Sí, sí! ¡Aquí está el gran misterio!... No hay más que abrir y
+mirar... Pero yo no puedo mirar; yo, que he hecho dar tales pasos
+gigantescos a la ciencia, me veo precisado a detenerme delante de esta
+pequeña barrera... Necesito cruzarme de brazos y aguardar con paciencia
+que llegue otro a recoger la gloria del descubrimiento... ¿Y para esto
+he pasado los días y las noches contemplando con el microscopio los
+cerebros de tanto organismo? ¿Para eso he comprado a peso de oro a los
+mozos del hospital la masa encefálica de más de un cadáver?...
+
+Su exaltación al proferir estas palabras era inmensa. Enrojeciósele el
+rostro y sus ojos se inyectaron mientras con las manos crispadas
+palpaba la cabeza del niño. De tal modo que éste, asustado, se echó a
+llorar. D. Pantaleón recobró instantáneamente la calma y, abrazándole y
+besándole, le bajó acto continuo a su casa.
+
+Pero no sosegó desde entonces. Un pensamiento fatal le perseguía, le
+atormentaba sin cesar. De día se le clavaba en el cerebro impidiendo la
+entrada a otra idea cualquiera; de noche le despertaba con sobresalto y
+le hacía pasar largas horas sin reposo revolcándose en el lecho,
+sintiendo la sangre hervir y murmurar dentro de las venas y la frente
+bañada por grandes gotas de un sudor frío. ¡Qué tormento espantoso! De
+un lado la ciencia, los intereses de la humanidad, la gloria
+inmarcesible de la más grande conquista que haya llevado a cabo el
+entendimiento humano: de otro lado, la ternura instintiva de todo animal
+a su progenie, los respetos tradicionales, las convenciones sociales.
+¡Oh, si pudiera arrancarse de una vez toda ridícula preocupación y,
+contemplando serenamente el pro y el contra de cada asunto, decidirse
+por lo más útil!
+
+En pocos días aquel hombre ingenioso se desmejoró visiblemente. Sus
+grandes ojos melancólicos se hundieron, la nariz se afiló, las mejillas
+se plegaron y todo su inteligente rostro antropológico adquirió un tinte
+sombrío de dolor y desfallecimiento que puso en alarma a la familia.
+Pero no quería oír que estaba enfermo. Se encontraba perfectamente. Su
+abatimiento dependía del exceso en el estudio.
+
+Al fin, como era de esperar, el interés de la ciencia predominó sobre la
+lepra tradicional del sentimentalismo. Cierta mañana, después de haber
+pasado una terrible noche de insomnio, noche de fiebre y terror en que
+de todos los rincones de la estancia acudieron flotando grandes figuras
+sombrías a incitarle a proseguir en su obra de regeneración; en que
+escuchó voces proféticas que le anunciaron gloria inmortal, se arrojó
+violentamente del lecho dispuesto a todo. ¡A todo!
+
+Observó, vigiló, espió los pasos de su familia con astucia sorprendente.
+Trascurrieron varios días sin que pudiese ejecutar su resolución, en
+forma que no se descubriese. Al cabo cierto domingo, hallándose
+apostado en uno de los portales de la calle Mayor, vio salir a las
+criadas de su hija con el pequeño Mario. Siguiolas de lejos hasta el
+Retiro. Allí, ocultándose detrás de los troncos de los árboles, estuvo
+en acecho largo rato. El niño al fin en una de sus escapatorias acertó a
+pasar junto a él. Le llamó, le besó, y rápidamente le arrastró consigo
+lejos para comprarle confites. Cuando estuvo a buena distancia de las
+criadas comenzó a seguir los caminos más extraviados del parque, y por
+ellos fue a salir a Atocha. Desde allí, dando un gran rodeo para evitar
+las calles céntricas, se trasladó a su casa. El pequeño se quejaba de
+cansancio, lloraba. D. Pantaleón le cogía a ratos en brazos.
+
+Antes de llegar a la puerta el fisiólogo dejó al niño en la acera solo,
+después de cerciorarse de que no había nadie observándolos, y
+adelantándose con premura ordenó a la portera que fuese a comprarle
+cigarros mientras él se quedaba al cuidado. Salió la mujer al
+estanquillo, que estaba a la derecha de la casa. Mientras tanto él cogió
+al niño, que se hallaba a la izquierda, y más ligero que un gamo subió
+a la guardilla. Inmediatamente, encargándole que le aguardase sin
+chistar, bajó al portal y allí recibió los cigarros que la portera le
+trajo. Luego, con la mayor tranquilidad, subió de nuevo a su
+laboratorio.
+
+¡Momentos de amarga felicidad para el sabio! Tenía en su poder el
+instrumento que tanto apetecía. Iba por fin a sorprender el gran secreto
+de la Naturaleza. Pero esta grandiosa invención costaría la vida tal vez
+a una criatura de su misma sangre. Una agitación irresistible se apoderó
+de su cerebro. Los lóbulos todos debían de hallarse en descompasado
+movimiento. Presa de horribles vacilaciones, de temor, de anhelo y
+compasión, se sentó delante de una mesa y metió la cabeza entre las
+manos mientras el niño, en completa libertad, curioseaba por la estancia
+enredando con los objetos que estaban a su alcance.
+
+El ingenioso D. Pantaleón salió de su ensimismamiento para mirar el
+reloj. Eran ya más de las seis. No tardarían en llamarle para comer. No
+había más remedio que dilatar el experimento, tanto por esto cuanto
+porque convenía hacerlo a la luz del día. Cogió a su nieto, y sin
+decirle palabra lo llevó hasta una pieza que había debajo del alero del
+tejado y servía de trastera. Al abrir la puerta y ver aquella cueva
+tenebrosa, el niño retrocedió asustado.
+
+--No, yo no entro ahí, abuelito.
+
+--¡Silencio!--exclamó el antropólogo con terrible mirada. Y sacando al
+mismo tiempo del bolsillo del gabán un enorme cuchillo resplandeciente,
+añadió:--Como digas una sola palabra te corto ahora mismo el cuello.
+
+El niño quedó paralizado por el terror. Hizo un pucherito y pronto
+rompería a gritar si el fisiólogo con certero movimiento no le hubiese
+tapado la boca. Sujetole al mismo tiempo por el cuerpo y lo metió en la
+trastera de golpe. Tomó del suelo una mordaza y un cordel que allí tenía
+preparados; le puso la primera; atole con el segundo las piernas y los
+brazos y lo dejó tendido boca arriba sobre un felpudo diciéndole:
+
+--No te muevas. Si haces el más pequeño movimiento, hay ahí unos
+ratones que vendrán a comerte las narices.
+
+Cerró la puerta, apagó la luz y se bajó a su casa, sentándose poco
+después a la mesa con la tranquilidad que otras veces. Pero apenas se
+habían sentado llegaron las criadas de Carlota con la noticia de la
+desaparición del niño. Alarmose la casa vivamente. D.ª Carolina corrió
+desalada a la de su hija. D. Pantaleón se vio precisado a acompañarla.
+
+No le fue posible volver hasta las altas horas de la noche. Dejó a su
+esposa acompañando a Carlota y vino pretextando una indisposición. Tomó
+del comedor algunos comestibles, pan, leche, pastas y subió de nuevo
+cautelosamente a su laboratorio. Abrió la puerta de la trastera, desató
+al chico, y amenazándole de nuevo con el cuchillo si daba una voz le
+quitó la mordaza. Le mandó comer. La infeliz criatura, entumecida, fría,
+aniquilada por el miedo, no pudo hacerlo. D. Pantaleón le introdujo a la
+fuerza algunas galletas en la boca y le hizo beber unos tragos de leche.
+
+--¿Por qué me has atado, abuelito?--articuló al fin el niño.--Yo no
+hice nada. Llévame con mamá.
+
+D. Pantaleón le miró fijamente. Por sus ojos pasó un relámpago de razón.
+Le trajo hacia sí, abrazole tiernamente y le besó con efusión repetidas
+veces. El niño, animado, repitió:
+
+--Llévame con mamá. Me has hecho mucho daño, abuelito, con el cordel.
+Papá no me ata ni me encierra.
+
+Aquel relámpago inteligente se desvaneció en los ojos del viejo. No
+quedó más que una triste expresión de extravío y ferocidad.
+
+--Tu papá es un ser frívolo, un hombre desequilibrado que prefiere
+sentir a conocer, un hombre que se ha quedado atrás en la evolución. Yo
+no puedo consentir en mi familia un degenerado y le he de matar más
+tarde o más temprano con este cuchillo.
+
+--¡No! ¡No mates a papá!--exclamó el chico aterrado, viendo a su abuelo
+blandir el arma con ademán sanguinario.
+
+--¡Silencio!--profirió con voz ronca aquél.--La ley de la selección se
+cumplirá... Tú también morirás quizá, pobre niño, pero tu nombre vivirá
+eternamente unido al mío en los anales de la ciencia y en el
+agradecimiento de la humanidad.
+
+Dicho esto con brusco ademán le puso de nuevo la mordaza, arrastrole
+hasta la trastera, le amarró otra vez y le dejó como antes estaba
+tendido sobre el felpudo.
+
+Al día siguiente no le fue posible realizar el experimento. Se le
+encargaron tantas comisiones para coadyuvar al descubrimiento del chico,
+que sólo tuvo tiempo para subir dos o tres veces a desatarlo y a darle
+algún alimento. Además, tenía miedo de engendrar sospechas si se
+retiraba a su laboratorio por largo rato. Maravillaba la serenidad, la
+energía y la astucia que desplegó durante aquellas críticas
+circunstancias.
+
+Nada se logró en todo el día del lunes ni en toda la noche. Las
+esperanzas de la familia se disipaban poco a poco. Todos se entregaban
+desfallecidos al dolor y gemían por los rincones de la casa menos la
+valiente Carlota, cuya actividad crecía a medida que las esperanzas
+mermaban. Acompañada del inspector y algunos guardias recorría
+incesantemente los parajes más apartados en pos de cualquiera vaga
+noticia, cruzando, como una Dolorosa, las calles en busca de su hijo.
+
+Mientras tanto, D.ª Carolina y Presentación experimentaban fuertes
+ataques de nervios. El mismo Mario se veía necesitado a apelar a los
+antiespasmódicos para no ser presa de ellos.
+
+Amaneció por fin el martes. El ingenioso Sánchez, sintiéndose olvidado,
+comprendió que había llegado el instante de realizar su famoso
+experimento, tanto más cuanto que el estado de la criatura ofrecía ya
+temores. Una de las veces que fue a desatarlo lo halló privado de
+sentido. Necesitó hacerle respirar algunas esencias y frotarle
+vigorosamente encima del corazón para volverle a la vida.
+
+A las once de la mañana subió el antropólogo a su laboratorio, echó
+cuidadosamente el pestillo de la puerta y se dirigió al oscuro desván
+donde yacía su nieto. Había llegado el momento supremo. Desatolo, le
+quitó la mordaza y, después de reanimarlo con palabras y caricias, lo
+llevó a la pieza más clara de la guardilla y lo sentó sobre una mesa
+que tenía al objeto preparada. El estado del pobre niño inspiraría
+compasión a una fiera. Pálido el rostro como la cera y descompuesto, los
+ojos extraviados por el terror, los labios amoratados, las manos
+trémulas, todo su cuerpecito agitado por un intenso temblor, parecía
+realmente que iba a exhalar el último suspiro.
+
+Ya no hablaba, ya no imploraba como antes. El fisiólogo lo contempló con
+expresión de sorpresa, como si por primera vez le viese en aquel
+momento. Volvió a brillar en sus ojos opacos la luz de la razón. Su faz
+se enrojeció fuertemente, sus labios temblaron, tapose la cara con las
+manos y gritó con un sollozo:
+
+--¿Quién ha sido; quién? ¿Quién ha puesto así a mi nieto?... Alguno de
+esos infames que me persiguen... ¡La cabeza me arde!... ¡Quitadlo,
+quitadlo de aquí! Que yo no lo vea... ¡No, no! ¡no he sido yo! Ha sido
+un malvado fisiólogo que quería hacer con él un experimento... ¡Matadlo!
+¡Matad a ese asesino!...Me ha robado mi nieto... Me ha robado el
+descubrimiento. ¡Matadlo! ¡matadlo!
+
+Después de este rapto de exaltación quedó tranquilo. Paseó con extravío
+sus ojos por la estancia, convirtiolos a su nieto, y su faz reflexiva se
+fue serenando poco a poco.
+
+--¡Es preciso! ¡es preciso!--repitió sordamente. Y dirigiéndose a su
+nieto, exclamó con acento profético:--¡Alégrate, hijo mío!... Los
+dolores que has padecido y los que vas a padecer serán los más
+fructíferos que haya experimentado jamás hombre alguno. Con ellos
+comprarás la inmortalidad. Tu nombre, unido al mío, se repetirá de
+generación en generación al través de las edades. Ni Colón, ni Galileo,
+ni Arquímedes han prestado a la humanidad un servicio como el que tú y
+yo vamos a prestarle...
+
+--Dame agua--dijo con voz débil el niño, dejando caer su cabecita hacia
+atrás.
+
+D. Pantaleón se la alzó; pero como no podía ya sostenerse sentado, lo
+tendió sobre la mesa y fue a buscarle agua.
+
+El fuego de la inspiración ardió de nuevo en las pupilas del sabio. Un
+estremecimiento poderoso sacudió su cuerpo. En un instante juntó los
+instrumentos que le hacían falta; trajo esponjas, agua, paños. Después
+de echar una profunda mirada investigadora al microscopio y cerciorarse
+de que estaba limpio y preparado, sujetó al niño a la mesa con una larga
+cuerda. Se detuvo unos momentos. Luego, con rápido ademán, tomó la
+mordaza y fue a ponérsela...
+
+En aquel instante un golpe violentísimo hizo saltar el pestillo de la
+puerta. Batió ésta con estrépito contra la pared. Escuchose un grito
+extraño, desgarrador; y unas manos crispadas se agarraron como tenazas a
+la garganta del fisiólogo.
+
+Éste y su yerno rodaron por el suelo. Fue una lucha furiosa, terrible.
+Las sillas se volcaban; la palangana, las retortas y los frascos caían y
+se hacían cachos. Los gritos, las imprecaciones de uno y otro aumentaban
+el fragor del combate. Parecía que había veinte hombres luchando en
+aquel pequeño recinto.
+
+No era fuerte Mario, pero la defensa de su hijo quintuplicaba el vigor
+de sus músculos. D. Pantaleón era un anciano, pero el estado de
+exaltación de sus nervios le prestaba una fuerza portentosa. Por algunos
+momentos la lucha se mantuvo indecisa. Varias veces cayeron el uno
+debajo del otro y otras tantas se alzaron. Los gritos se fueron
+apagando. El combate se hizo sordo, feroz, desesperado. La voz dolorida
+del niño, amarrado a la mesa, repetía sin cesar:
+
+--¡Abuelito, deja a papá!... ¡deja a papá!
+
+El loco al fin fue adquiriendo alguna ventaja. Las fuerzas de Mario
+mermaban. Sus dedos cedían: el peso y el volumen de D. Pantaleón le
+asfixiaba. Logró éste al fin ponerse encima de él y sujetarle.
+
+--¡Ya eres mío! ¡ya eres mío!--gritó lanzando feroces carcajadas.--Ahora
+voy a verte el cerebro. ¡Aguarda un poco!
+
+Y le oprimía con sus rodillas el pecho. De tal suerte que el infeliz
+escultor hubiera perecido si Miguel Rivera no entrase en aquel momento.
+Con su ayuda pudo levantarse, y con la de los vecinos que acudieron al
+ruido se logró sujetar al loco y atarlo con la misma cuerda que
+aprisionaba a la desgraciada criatura.
+
+
+
+
+XX
+
+
+Algunos medicamentos recetados por el doctor calmaron en pocas horas el
+terrible acceso de Sánchez. Se le quitó la camisa de fuerza. Siguiose un
+estado de grave postración; se temió por su vida. Pero a los pocos días
+se inició la mejoría; no tardó en ponerse bueno, aunque disparatando
+cada vez más. Su locura tomó un aspecto apacible. Hablaba de todo con
+bastante lucidez menos cuando se tocaba el punto de la antropología. El
+médico, temiendo y aun augurando un nuevo acceso de furia, aconsejó a la
+familia que lo recluyese cuanto más pronto en alguna casa de salud,
+Mario se resistía, lleno de compasión.
+
+--¡Pobre viejo!--decía.--Le vamos a dar la muerte encerrándolo en un
+manicomio. ¡Dejadlo al pobre! ¿Quién sabe si irá mejorando poco a poco
+hasta ponerse enteramente bueno? Con un par de criados que le vigilen
+día y noche todo queda arreglado.
+
+Pero Carlota no quería oír de este arreglo. Su temperamento sano,
+equilibrado, rechazaba con profunda aversión toda insanidad del
+espíritu. Mientras Mario perdonaba y aun olvidaba el martirio de su
+hijo, ella lo tenía grabado a fuego en el corazón; no podía arrojar de
+su alma cierto rencor contra su padre, aunque fuese irresponsable.
+Tampoco Presentación le había perdonado las quemaduras del rostro. Fue
+necesario pensar en el establecimiento adonde le habían de conducir.
+Después de varias conferencias se convino en llevarlo a un manicomio de
+Carabanchel. Para efectuarlo sin violencia forjaron, como suele hacerse
+en tales casos, una comedia. Miguel Rivera fue el inventor de ella. Se
+escribió desde Carabanchel una carta al loco, «el más insigne
+antropólogo con que hoy contaba la Europa civilizada,» noticiándole la
+existencia de cierto individuo que ofrecía en sus funciones vitales
+algunas anomalías reversivas con extraños caracteres zoológicos que
+hasta entonces no había podido descifrar ningún fisiólogo. Se hacía una
+descripción, bastante cómica por cierto, de estas anomalías y se le
+invitaba a él, gran anatómico, gran paleontólogo, gran embriólogo, para
+que viniese a examinarlo y emitir su opinión.
+
+No bien hubo leído la carta el ingenioso Sánchez, cuando comunicó a la
+familia su propósito de trasladarse aquella misma tarde a Carabanchel.
+Se aplaudió su decisión: se le facilitaron los medios. Timoteo salió a
+alquilar un carruaje. Tanto él como Mario se brindaron a acompañarle y
+sus esposas respectivas lo mismo. Miguel Rivera, que estaba allí
+casualmente, también quiso ser de la partida.
+
+A las tres de la tarde salieron todos, en un _familiar_, de la calle de
+Ramales, célebre ya en todo el orbe, en dirección a la puerta de Toledo.
+El día claro y apacible. Saltaba alegremente el carruaje sobre el
+empedrado de las calles. El gran fisiólogo iba de humor excelente y
+departía sobre su famoso descubrimiento con Rivera, que apoyaba con
+vivos movimientos de cabeza sus disquisiciones.
+
+Luego que salieron de la villa y empezaron a correr por la carretera
+tuvieron un gracioso encuentro. D. Laureano Romadonga iba de paseo en la
+misma dirección en compañía de su querida; una nodriza delante llevando
+en brazos un niño. La chula vestía ya de señora con capota y sombrilla:
+no le sentaba mal. Por iniciativa de Rivera, al tiempo de cruzar a su
+lado sacaron todos la cabeza por las ventanillas y gritaron:
+
+--¡Adiós, D. Laureano! ¡Adiós!
+
+El viejo seductor saludó visiblemente molestado. La chula les clavó una
+mirada inquisitorial, agresiva, sin hacer la más leve inclinación de
+cabeza.
+
+--¿Pero se ha casado ese hombre?--preguntó Presentación.
+
+--No lo sé--contestó Miguel riendo.--Dicen que sí. Al fin ha encontrado
+lo que tanto apetecía: una mujer enérgica. Creo que le da cada pie de
+paliza que lo deja verde.
+
+--¡Qué horror!--exclamó la joven estupefacta.--¡Parece mentira!
+
+--¿Mentira? Repárela usted bien.
+
+La chula no apartaba del carruaje sus ojos con expresión tan fiera y
+despreciativa que fascinaban como los de una pantera.
+
+--En efecto, debe de ser bien dominante--manifestó Carlota.
+
+--¡Un cabo de vara!--repuso Rivera.--Lo que le hacía falta a ese cínico
+que se ha pasado la vida burlándose de todas las leyes divinas y
+humanas.
+
+Llegaron por fin al manicomio. Carlota y Presentación se quedaron a la
+puerta, haciendo esfuerzos desesperados para ocultar su emoción. Los
+tres hombres subieron con el fisiólogo con pretexto de examinar también
+el curioso caso de atavismo. Recibioles el director cortésmente. D.
+Pantaleón se dejó conducir por él a otra estancia para conferenciar
+secretamente acerca de las anomalías orgánicas del ser que iba a
+mostrarle. Trascurrió media hora. Al cabo se presentó de nuevo el jefe.
+
+--Ya está, arreglado el asunto. Pueden ustedes retirarse cuando gusten.
+
+--¿Ha puesto alguna resistencia?--preguntó Rivera.
+
+--Absolutamente ninguna. Queda tan sosegado esperando que mañana le he
+de enseñar el consabido individuo... Hoy no puede ser--añadió
+sonriendo;--se encuentra ya durmiendo.
+
+Quedaron los tres silenciosos y tristes. Mario preguntó al fin
+tímidamente:
+
+--¿Sería posible verlo sin que él nos viese, antes de irnos?
+
+--No hay inconveniente. Se halla en el jardín en este momento... Pasen
+ustedes por aquí.
+
+Los condujo al través de varias estancias y corredores hasta una
+puertecita. Abrió un ventanillo que tenía y les invitó a mirar. Miró
+primero Timoteo, luego Rivera; el último fue Mario. El ingenioso D.
+Pantaleón se hallaba sentado en uno de los bancos de piedra del jardín
+rodeado de seis u ocho individuos. Llevaba él la palabra acompañándola
+con graves y persuasivos ademanes. Aunque no oían lo que decía,
+supusieron con fundamento que disertaba sobre algún interesante problema
+antropológico.
+
+Retiráronse al fin en silencio. Todos iban serios. El semblante de
+Mario, sobre todo, reflejaba tristeza profunda, una emoción que en vano
+trataba de ocultar. Después de dar algunos pasos por el corredor,
+todavía se volvió para mirar otra vez por el ventanillo. Le costaba
+trabajo arrancarse de aquel sitio donde la compasión le tenía clavado.
+
+Cuando salieron no hallaron a la puerta a Carlota y Presentación. El
+cochero les dijo que las dos señoras se habían ido llorando por el
+camino de la derecha. No estarían lejos. En efecto, apenas habían dado
+algunos pasos las vieron a lo lejos en medio del campo. Sus elegantes
+siluetas se destacaban del fondo claro del cielo con líneas bien
+recortadas. Ambas se llevaban con frecuencia el pañuelo a los ojos.
+
+Juntáronse los hombres a ellas, y sin decirse una palabra volvieran
+lentamente en busca del coche. Marchaban mudos y cabizbajos. Carlota,
+acercándose a Rivera, le preguntó al fin en voz baja y temblorosa:
+
+--¿Ha hecho resistencia?
+
+--Nada. Queda muy contento. Tranquilízate. El director nos ha asegurado
+que no tardará mucho tiempo en volver sano a su casa.
+
+Mario se había quedado atrás y contemplaba abstraído la puesta del sol.
+El cielo estaba azul. Sus profundidades se extendían sin nubes sobre su
+cabeza. Pero la brisa del Norte había amontonado allá en el horizonte
+montañas flotantes de nubes de fuego formando fantásticas ciudades,
+cuyas flechas y cúpulas resplandecían temblorosas al través de una gasa
+azul. La campiña estaba dormida: el aire callado. La tierra se extendía
+desnuda y árida.
+
+La bóveda celeste brillaba como un inmenso fanal de luces de oro,
+sublime, infinito, envolviendo los mundos que pueblan sus abismos y
+soledades profundas. Algunas estrellas azuladas se encendían tímidamente
+en los confines del Oriente. Desde el Occidente el ojo sangriento del
+sol las miraba severo.
+
+El sol se acostaba en un mar de púrpura, sobre un vapor flotante y
+encendido, exhalando sus ardores de reposo y de amor. Balanceábase
+majestuoso sobre las nubes resplandecientes con melancolía infinita,
+escuchando graves y sublimes armonías que no llegarán jamás al oído de
+ningún mortal. El manto carmesí de la tarde tachonado de estrellas caía
+de las profundidades del firmamento.
+
+Ante el esplendor glorioso de aquel ocaso Mario permaneció inmóvil de
+sorpresa y admiración. En el paisaje no había más que luz, pero la luz
+bastaba para llenar de colores y formas el cielo y la llanura. Allá a lo
+lejos las torres de Madrid temblaban en un vapor azulado debajo de la
+fantástica ciudad flotante de las nubes.
+
+La noche llega. ¡Oh, quién pudiera vagar por las regiones del aire entre
+las brisas y los rayos de luz! El joven artista sintió una emoción
+intensa que enajenó su alma y la suspendió en un paraíso de inmortal
+claridad y alegría.
+
+--¡Oh, quién fuese una de esas nubes de oro--pensó--para hender con mis
+alas el abismo azul, para flotar en el rosicler de la tarde y sacudir
+el fresco rocío sobre las flores dormidas! ¡Oh, quién pudiera huir sobre
+las olas del aire hasta el trono del sol y habitar el palacio de las
+noches sin nubes! Las espinas de la vida hieren mis carnes; el frío de
+la vida hiela mi corazón. ¡Glorioso sol, llévame contigo, llévame por
+encima de las montañas y las olas, sobre las verdes llanuras y las
+espumas del Océano; llévame lejos del triste sueño de la existencia, a
+reposar bajo tu pabellón tejido de estrellas! He visto a mi hijo
+inocente padecer horribles martirios. He visto a ese desgraciado que ahí
+queda infligírselos por un impulso fatal. Mi espíritu sangra y no
+comprende nada. ¡Glorioso sol, arrástrame contigo; condúceme al templo
+de la Verdad y la Bondad infinitas, a la morada de ese Poder en cuyo
+seno divino todas las contradicciones se resuelven, todos los dolores se
+apagan! Quiero ver desde esas puras estrellas que ocultas con tu
+presencia a esta mísera tierra encadenada a su feroz egoísmo, a su
+tristeza y oscuridad...
+
+Un estremecimiento de anhelo sacudía, el cuerpo del escultor. Su faz
+parecía iluminada por una luz inmortal: sus nervios se dilataban por la
+emoción: en sus ojos extáticos, clavados en el cielo, temblaba una
+lágrima.
+
+--¿Qué hace Mario allí parado?--preguntó Carlota volviendo la vista
+atrás.
+
+Rivera se volvió también y, al observar la actitud contemplativa del
+artista y la extraña expresión mística de sus ojos, comprendió lo que
+pasaba en su alma.
+
+--Déjalo--manifestó gravemente.--Tu marido quizá sepa en este momento
+dónde se halla el origen del pensamiento.
+
+--¡No, por Dios!--exclamó la fiel esposa, asustada, corriendo hacia él.
+
+
+
+
+
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+Armando Palacio Valdés
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+works. See paragraph 1.E below.
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+and how your efforts and donations can help, see Sections 3 and 4
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+ The Project Gutenberg eBook of El origen del pensamiento, por
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+Project Gutenberg's El origen del pensamiento, by Armando Palacio Valdés
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+with this eBook or online at www.gutenberg.org
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+Title: El origen del pensamiento
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+Author: Armando Palacio Valdés
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+Release Date: November 23, 2009 [EBook #30535]
+[Last updated: October 7, 2011]
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+*** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK EL ORIGEN DEL PENSAMIENTO ***
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+Produced by Chuck Greif and the Online Distributed
+Proofreading Team at https://www.pgdp.net
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+<h3>EL ORIGEN</h3>
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+<p class="c">DEL</p>
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+<p class="c15">MADRID<br />
+<span class="sml">IMPRENTA DE LOS HIJOS DE M. G.-HERNÁNDEZ</span><br />
+Libertad, 16 duplicado, bajo.<br />
+1893</p>
+
+<p class="c">ES PROPIEDAD</p>
+
+
+<table summary="toc"
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+cellpadding="0"><tr><td><a href="#I">I, </a>
+<a href="#II">II, </a>
+<a href="#III">III, </a>
+<a href="#IV">IV, </a>
+<a href="#V">V, </a>
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+<a href="#X">X, </a>
+<a href="#XI">XI, </a>
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+<a href="#XX">XX</a>
+</td></tr>
+</table>
+
+
+
+<h3><a name="I" id="I"></a>I</h3>
+
+
+<p>Mario tenía encendidos los pómulos y el resto de la cara bien pálido: la
+mano le temblaba al llevarse la cucharilla a la boca: la garganta se
+resistía a dar paso al café, que tragaba apresuradamente y sin gustarlo.
+Sus ojos se volvían frecuentemente hacia una de las próximas mesas donde
+una familia compuesta de padre, madre y dos niñas de veinte a
+veinticuatro abriles tomaban igualmente café. Los papás leían los
+periódicos; las niñas escuchaban distraídas las notas prolongadas,
+quejumbrosas, del violín.</p>
+
+<p>El violín se quejaba bien amargamente aquella noche; ya sabremos por
+qué. El vasto salón del café estaba poblado de sus habituales
+parroquianos. Eran, por regla general, modestos empleados que por el
+módico precio de la taza de café se regalaban con sus familias toda la
+noche escuchando al piano y al violín todas las sinfonías y todos los
+nocturnos habidos y por haber, conversaban, leían los periódicos y se
+daban tono de personas pudientes. Había también estudiantes, militares
+subalternos, comerciantes de escasa categoría y artesanos de mucha. Los
+domingos, la clase de horteras aportaba un contingente considerable.</p>
+
+<p>De todas las calles céntricas de Madrid, la única que conserva cierta
+tranquilidad burguesa que le da aspecto honrado y amable es la calle
+Mayor. Entrando por ella vienen a la memoria nuestras costumbres
+patriarcales de principios del siglo, la malicia inocente de nuestros
+padres, los fogosos doceañistas, la Fontana de Oro, y se extraña no ver
+a la izquierda las famosas gradas de San Felipe. El café del Siglo,
+situado hacia el promedio de esta calle, participa del mismo carácter
+burgués, ofrece igual aspecto apacible y honrado. Hasta la hora
+presente no se han dado cita allí las bellezas libres y nocturnas que
+invadieron sucesivamente a temporadas muchos otros establecimientos de
+la capital. Ni a primera ni a última hora de la noche reina allí Príapo,
+numen impuro, sino su hermano Himeneo, protector de los castos afectos.</p>
+
+<p>Cualquiera podría observar que una de las niñas, la más llena de carnes
+y redondita, pagaba algunas, no todas, de las miradas que Mario enfilaba
+en aquella dirección. Cuando esto acaecía, la joven sonreía leve y
+plácidamente mientras aquél hacía una mueca singular que nada tenía de
+sonrisa, aunque pretendía serlo.</p>
+
+<p>Mario era un joven delgado, no muy correcto de facciones, los labios y
+la nariz grandes, los ojos pequeños y vivos, el cabello negro, crespo y
+ondeado, la tez morena. Una frente alta y despejada era lo único que
+prestaba atractivo y ennoblecía singularmente aquel rostro vulgar. No
+sólo miraba con más recelo que entusiasmo hacia la niña de la mesa
+inmediata; también dirigía sus ojos asustados hacia la puerta de
+cristales que se abría y cerraba a cada momento para dejar paso a los
+tertulios. El chirrido del resorte le producía vivos estremecimientos.</p>
+
+<p>&mdash;¡Cuánto tarda hoy D. Laureano!&mdash;exclamó al fin en voz alta
+dirigiéndose al compañero que tenía enfrente.</p>
+
+<p>Era éste joven también, de rostro pálido adornado con gafas; gastaba la
+barba y los cabellos largos en demasía; su traje, más desaseado que
+mezquino. Ni respondió ni levantó siquiera la cabeza al oír la
+exclamación de su amigo, atento a la lectura del periódico que tenía
+entre las manos. Mario quedó algo confuso por aquella indiferencia, y
+añadió sacando el reloj:</p>
+
+<p>&mdash;Las nueve y media ya... Otros días está aquí a las nueve.</p>
+
+<p>El mismo silencio por parte del joven de la luenga barba.</p>
+
+<p>Una miradita a la puerta, otra a su regordeta vecina y un sorbo de café
+fueron las tres cosas que supo hacer para indemnizarse del desdén de su
+compañero. Y se propuso firmemente no volver a dirigirle la palabra.
+Pero a los cinco minutos sacó de nuevo el reloj y, sin acordarse de su
+propósito, preguntó:</p>
+
+<p>&mdash;Adolfo, ¿sabes si D. Laureano está enfermo?</p>
+
+<p>Adolfo hizo un leve movimiento de indiferencia con los hombros sin
+pronunciar palabra.</p>
+
+<p>&mdash;Es que como ya son cerca de las diez menos cuarto...</p>
+
+<p>Adolfo era realmente un hombre superior, como se verá en el curso de la
+presente historia. Hablaba poco, reía menos, y el espectáculo de las
+pasiones humanas no lograba turbar el vuelo elevado de sus pensamientos.
+Sin embargo, al cabo de un rato, observando la impaciencia de su amigo,
+traducida en vivos movimientos descompasados que hacían rechinar la
+silla y ponían en peligro inminente la botella del agua y las tazas de
+café, levantó los ojos hacia él, y una benévola sonrisa de compasión se
+esparció por su rostro reflexivo. Mario, que admiraba profundamente a
+Adolfo, se puso colorado e hizo esfuerzos colosales para estarse
+quieto.</p>
+
+<p>&mdash;¡Al fin!&mdash;exclamó a los pocos instantes, viendo aparecer por la puerta
+a un caballero alto, de figura distinguida, vestido con exquisita
+elegancia.</p>
+
+<p>Pero en vez de manifestarse alegre, como era de esperar, su fisonomía
+adquirió la misma expresión que si viera un fantasma.</p>
+
+<p>D. Laureano, que, aunque viejo, conservaba en su rostro fino, expresivo,
+adornado con pequeño bigote, la mejor prueba de los numerosos triunfos
+sobre el sexo femenino que se le atribuían, acercose lentamente, con un
+cigarro puro en la boca, fijando su mirada en todas las mujeres que por
+allí había sentadas. Saludó alegremente a los jóvenes, con la misma
+libertad y franqueza que si fuera uno de ellos, dio un par de palmadas
+para llamar al mozo y dirigió unas cuantas sonrisas amicales a los
+parroquianos de las mesas inmediatas.</p>
+
+<p>&mdash;Aquí tiene usted a Mario deshecho de impaciencia. Ya preguntaba si
+estaría usted enfermo&mdash;dijo Adolfo.</p>
+
+<p>&mdash;¿Pues?... ¡Ah, sí!... No me acordaba que debo presentarle a su
+Julieta... ¡Oh! ¡La juventud!... ¡el amor!... ¡Qué pena para mí ver
+esas cosas ya de lejos!&mdash;añadió con un suspiro.</p>
+
+<p>Pero sus ojos codiciosos, atrevidos, dirigiéndose al mismo tiempo hacia
+una hermosa mujer sentada cerca del mostrador, pregonaban bien claro que
+no andaban tan lejos como decía.</p>
+
+<p>&mdash;Usted me permitirá que tome café, ¿verdad?&mdash;preguntó en tono de burla
+a Mario.</p>
+
+<p>Éste sonrió, ruborizándose.</p>
+
+<p>&mdash;Tome usted lo que quiera. No hay prisa.</p>
+
+<p>&mdash;Muchas gracias.</p>
+
+<p>Mientras D. Laureano tomaba el café, enfilando miradas incendiarias a la
+belleza que había descubierto, y Adolfo se enfrascaba nuevamente en la
+lectura del periódico, nuestro joven enamorado cambiaba sonrisas de
+inteligencia con la vecinita.</p>
+
+<p>Había estado muchísimo tiempo asistiendo al café sin fijarse en ella. Un
+día le dijo don Laureano: «¿Sabe usted que una de las vecinitas, la más
+gruesa, no le mira a usted con malos ojos?» Lo dijo por bromear; pero
+bastó para que nuestro joven fijase su atención en ella, la fuese
+hallando cada día más bonita, aunque en opinión de todos no fuese más
+que pasable, se interesase un poco y concluyese por enamorarse
+perdidamente. Mario no había conocido a su madre. Su padre, hombre
+público importante, subsecretario, consejero de Estado varias veces,
+había fallecido hacía tres años. Como acaece algunas veces, más de las
+que el vulgo imagina, D. Joaquín de la Costa, que había tenido tantas
+ocasiones de hacerse rico, murió sin dejar hacienda alguna a su hijo.
+Tuvo que vivir éste exclusivamente con el empleo de doce mil reales que
+le había dado en el ministerio de Ultramar. El dinero que recabó de la
+almoneda de su casa lo gastó muy pronto en una escapatoria que hizo a
+Francia y a Italia. Como testimonio de respeto a la memoria de su padre,
+el ministro que a la sazón desempeñaba la cartera de Ultramar le había
+ascendido a catorce mil reales, y tal sueldo era lo único que poseía.
+Alojaba en una casa de huéspedes donde por tres pesetas le daban
+habitación y almuerzo. Comía siempre en casa de alguno de los amigos de
+su padre. Con lo que le restaba de la paga atendía pasablemente a sus
+necesidades, que no eran muchas: un traje decente, una taza de café, al
+teatro los sábados y a los conciertos los domingos de primavera. Había,
+no obstante, cierto agujero por donde se le escapaban más pesetas de las
+que podía destinar a sus placeres, colocándole a veces en situación
+angustiosa. Hay que decirlo en secreto, porque a Mario no le gustaba que
+se divulgase entre sus amigos. Era aficionado a la escultura. En
+modelos, vaciadores y utensilios se le iban lindamente los cuartos.</p>
+
+<p>Desde muy niño había mostrado afición al dibujo. Su padre, por
+complacerle, le puso maestro: llegó a dibujar muy correctamente. Luego
+emprendió la pintura, venciendo sin trabajo la resistencia de su padre.
+Sentía éste verle malgastar tanto tiempo en las clases de adorno,
+dejando abandonados los estudios serios. En la pintura no hizo tantos
+progresos. El color ofrecía para él dificultades insuperables. En
+cambio, por la amistad que trabó con algunos de los discípulos de la
+clase de escultura en la Academia, comenzó a ensayarse en el modelado,
+y se sintió desde luego tan apto que siguió trabajando con ahínco. En
+poco tiempo hizo progresos extraordinarios. Tantos le parecieron y tanto
+le llenaron la cabeza de viento sus amiguitos, que un día tuvo la
+audacia de presentarse a su padre manifestándole que quería dejar la
+carrera de abogado para dedicarse exclusivamente a la escultura. No se
+sabe cómo D. Joaquín le dejó vivo. Su indignación estalló de tal manera
+fragorosa, que el pobre Mario corrió a refugiarse en su cuarto, donde
+lloró con abundantes lágrimas la ruina de sus ilusiones artísticas.</p>
+
+<p>Mal que bien y a trompicones terminó la carrera de leyes. Pero,
+ocultándose cuidadosamente de su padre, seguía modelando en casa de un
+amigo que le facilitaba para ello su estudio. Allí perdía horas y horas
+mientras los tratados de derecho civil y canónico yacían en los rincones
+de su cuarto solitarios, cubiertos de polvo, en ignominioso e inmerecido
+abandono. Cuando su padre falleció, experimentó profunda sensación de
+soledad y tristeza. Había vivido siempre en total ignorancia de las
+condiciones materiales de la existencia. La bondad de su padre le
+consentía gastar todo su sueldo en caprichos y placeres. Era un hijo de
+familia mimado que vivía en su casa como en una fonda. Al revelársele su
+situación quedó sumido en profundo abatimiento. Salió de él bastante
+cambiado. Sus pensamientos fueron más graves, más tristes, más
+prosaicos. Comprendió que era necesario cambiar de todo en todo sus
+costumbres, reducir al último grado posible sus necesidades y vivir
+modestamente atenido al sueldo que felizmente la previsión de su padre
+le había alcanzado.</p>
+
+<p>No obstante, estos sanos propósitos estaban tan frescos que se borraron
+al contacto de las ocho o diez mil pesetas que la almoneda de su casa le
+produjo. En vez de guardarlas como reserva para cualquier apuro o sacar
+de ellas algún interés, así que las tuvo en la mano surgió en su cerebro
+el pensamiento de hacer un largo viaje. Aprovechando la compasión del
+ministro obtuvo licencia ilimitada y recorrió durante cuatro meses las
+principales ciudades de Italia y algunas de Francia, Alemania e
+Inglaterra. Era el sueño de su vida. Conocer los monumentos
+arquitectónicos y ver los mármoles auténticos de la antigüedad pagana
+era una aspiración intensa que en su espíritu exaltado había llegado a
+convertirse en fiebre. Al subir los escalones del peristilo del museo
+del Louvre y descubrir al final de larga sala, arrimada a un cortinaje
+rojo, sola sobre su pedestal la célebre <i>Venus de Milo</i>, sintiose
+poseído de una emoción indefinible: las piernas quisieron doblársele, y
+si no le detuviese el temor al ridículo, hubiera caído de rodillas ante
+la majestad de la diosa, a semejanza de los marinos griegos, que al
+arribar a la costa de Milo se apresuraban a rendir adoración a la
+hermosa <i>Aphrodita</i>. El mismo sentimiento de alegría y respeto que a
+ellos les embargaba embargábale a él. Si no la creía como ellos nacida
+de la espuma del mar, fecundada por la sangre de Urano, juzgábala nacida
+de la mente divina de un artista que hasta ahora nadie igualó jamás.
+Algo semejante, aunque no con tal fuerza, le acaeció en presencia del
+Apolo del Belvedere, y el Fauno de Praxíteles en Roma, de la Niobe y la
+Venus de Cleomenes en Florencia.</p>
+
+<p>Al regresar a Madrid y tocar nuevamente la prosa de los expedientes y la
+vida mezquina de la casa de huéspedes, experimentó una sensación de
+tristeza mortal como si le hubiesen condenado a presidio. Disgustose de
+la práctica de la escultura. Después de ver las obras maestras, la
+estatuaria de sus compañeros le parecía tan afectada, tan pobre, tan
+ridícula, que por no parecerse a uno de ellos, halló mejor abandonar
+enteramente los palillos y el cincel. Comenzó a pasar horas y horas en
+el café y se aficionó con frenesí a la música. Gozaba también con
+escuchar las disputas científicas y filosóficas que su amigo Moreno
+mantenía con cualquiera que le llevase la contraria. Jamás intervino en
+ellas. Pero divertían su espíritu de la muchedumbre de pensamientos
+melancólicos que constantemente se cernían sobre él.</p>
+
+<p>Asistía ordinariamente a la misma mesa del café, además de Moreno y D.
+Laureano, otro amigo llamado Miguel Rivera, viudo, antiguo periodista,
+secretario particular en la actualidad de un ministro, hombre de
+carácter festivo y alegre conversación cuando no abatía su espíritu el
+recuerdo de un terrible pesar que había experimentado. Iban asimismo un
+caballero de edad media, barba gris y voz de sochantre, llamado D.
+Dionisio, y un jovencito sonrosado, de fisonomía dulce e interesante que
+respondía por Godofredo Llot.</p>
+
+<p>D. Laureano no daba señales de recordar el compromiso contraído. Mario
+sentía al mismo tiempo pesar y alegría de este olvido porque, si
+anhelaba acercarse a su ídolo, temía el instante de la presentación como
+un trance apuradísimo.</p>
+
+<p>&mdash;Buenas noches, señores&mdash;dijo una voz bronca, profunda.</p>
+
+<p>&mdash;Hola, D. Dionisio, ¿cómo estamos?&mdash;preguntó distraídamente D.
+Laureano, sin apartar la vista de la preciosa chula que había
+descubierto.</p>
+
+<p>&mdash;Medianamente; horriblemente fatigado&mdash;respondió el caballero que
+acababa de sentarse.</p>
+
+<p>Y adoptó una actitud tal de cansancio hundiendo la cabeza en el pecho,
+dejando pendientes las manos y respirando con anhelo por su boca
+entreabierta, que en realidad parecía deshecho por una serie de
+esfuerzos colosales. Paseó su mirada lánguida por los circunstantes
+esperando que se le pidiese explicación de aquel cansancio. Pero D.
+Laureano atendía a su juego; Adolfo Moreno seguía enfrascado en la
+lectura; Miguel Rivera, que hacía un rato había llegado, se le quedó
+mirando fijamente y con cierta sonrisa burlona. El único asequible en
+aquel momento era Mario. A él se dirigió metiéndole la boca por el oído.</p>
+
+<p>&mdash;Diez y siete cuartillas.</p>
+
+<p>&mdash;¿Cómo?</p>
+
+<p>&mdash;Diez y siete cuartillas. He terminado el capítulo onceno.</p>
+
+<p>&mdash;¡Ah!</p>
+
+<p>&mdash;Es un trabajo espantoso. En veinte días llevo escritas cerca de
+trescientas cuartillas.</p>
+
+<p>&mdash;Trabaja usted demasiado, D. Dionisio&mdash;dijo con gesto de aburrimiento
+Mario.</p>
+
+<p>&mdash;No hay más remedio&mdash;murmuró modestamente el caballero.&mdash;Para
+conseguir una plaza en la república de las letras, es necesario trabajar
+mucho.</p>
+
+<p>Era D. Dionisio Oliveros un antiguo empleado del ministerio de Ultramar,
+jefe del negociado donde servía Mario, que ya muy tarde, cuando pasaba
+de los cuarenta, se sintió irresistiblemente llamado a conquistar la
+gloria de la literatura. Y comprendiendo, con admirable instinto, que
+había perdido mucho tiempo, quiso compensar a las musas de su largo
+alejamiento por medio de una constancia y una adhesión ilimitadas. Todo
+el tiempo que le dejaban libre los expedientes le parecía escaso para
+cortejarlas. Dramas, comedias, poemas grandes y chicos, novelas, cuantos
+géneros comprende la bella literatura, salían en atropellada procesión
+de su pluma. Vivía en una verdadera fiebre de producción. Había
+publicado dos o tres cositas, en cuya impresión agotó sus cortos
+ahorros. Ahora se dedicaba a buscar editor o empresario, pero sin
+abandonar por eso su labor incesante. Esperaban, guardadas en legajos y
+admirablemente copiadas en letra inglesa, que llegase el día de ver la
+luz, cuatro novelas, siete dramas, un poema, cinco comedias y un número
+considerable de poesías líricas, que según sus cálculos podrían formar
+tres tomos voluminosos.</p>
+
+<p>&mdash;Oiga usted, D. Dionisio&mdash;dijo Miguel Rivera, que no quitaba del
+laborioso poeta sus ojos risueños.&mdash;¿No le han pasado a usted recado
+nunca los vecinos?</p>
+
+<p>&mdash;¿Por qué me lo habían de pasar?&mdash;preguntó sorprendido Oliveros.</p>
+
+<p>&mdash;¡Toma! Por el ruido que usted hará en las altas horas de la noche al
+fabricar sus poemas.</p>
+
+<p>&mdash;Yo no hago ruido ninguno&mdash;repuso el otro, amoscado.</p>
+
+<p>&mdash;¡Ah! Pues yo pensaba que esas redondillas tan vigorosas necesitaban
+grandes martillazos.</p>
+
+<p>D. Laureano y Mario volvieron la cabeza para reírse. Adolfo Moreno metió
+la cara por el periódico para hacer lo mismo.</p>
+
+<p>&mdash;Usted siempre de broma, amigo Rivera&mdash;dijo el poeta, avergonzado.</p>
+
+<p>El café estaba en su momento álgido. Las luces, el humo del tabaco, el
+aliento de los centenares de personas allí reunidas, formaban una
+atmósfera espesa donde sólo respiraban bien los seres adaptados a ella
+desde largo tiempo. El violín exhalaba sus notas arrastradas,
+lamentables, quejándose siempre de un dolor tan amargo como misterioso.
+La mayor parte no le comprendían; pero había algunos seres privilegiados
+y poéticos, casi todos ellos del ramo de sedería, en quienes sus
+lamentos hallaban eco y simpatía. Dejaban de intervenir en la
+conversación de sus compañeros, se echaban hacia atrás en la silla, y
+enteramente abstraídos, con los ojos entornados, daban claro testimonio
+de la delicadeza de sus sentimientos. ¡Qué contraste con los del ramo de
+ultramarinos, hombres por lo general incultos y zafios, incapaces de
+distinguir un <i>nocturno</i> de una <i>barcarola</i>!</p>
+
+<p>D. Laureano andaba conmovido con los ojos hermosísimos de aquella chula
+sentada cerca del mostrador. Mientras tomaba el café a breves sorbos no
+apartaba la mirada de ella, sin atender poco ni mucho a la conversación
+de sus compañeros. Así que dio fin a la taza, levantose de la silla, y
+sin decir adiós se alejó a paso lento, solapado, balanceando el tronco
+esbelto de su figura al través de las mesas y las sillas, en dirección
+del mostrador.</p>
+
+<p>&mdash;Ya empezó el ojeo. Matusalén toma vientos&mdash;dijo Rivera mirándole con
+curiosidad.</p>
+
+<p>Los demás volvieron también la cabeza y sonrieron.</p>
+
+<p>&mdash;¡Qué hombre tan singular!&mdash;murmuró Adolfo Moreno.&mdash;¡A su edad tener
+las pasiones tan despiertas! Indudablemente es un caso de anomalía
+orgánica: el exceso de nutrición se ha prolongado mucho más que en el
+tipo común.</p>
+
+<p>Miguel Rivera le echó una mirada de reojo donde se leían mil cosas
+irónicas y, poniéndole una mano sobre el hombro, le dijo:</p>
+
+<p>&mdash;¡Bien, <i>técnico</i>, bien! Advierto con placer que cada día penetra usted
+más adentro en los misterios de la morfología.</p>
+
+<p>Adolfo hizo un gesto de mal humor, mientras los demás sonreían. Le
+mortificaba profundamente el apodo que Rivera le había puesto y las
+bromas constantes que le merecían sus aficiones científicas.
+Calificábalo por detrás de hombre frívolo, ignorante, y periodista
+insustancial; pero nada se atrevía a replicarle, en parte, porque Miguel
+le llevaba bastantes años y, en parte también, porque temía a su
+proverbial causticidad.</p>
+
+<p>D. Laureano había llegado al mostrador y, arrimado a él, hablaba
+secretamente con el encargado. ¿Por qué le llamaba Matusalén Rivera?
+Porque, aunque parezca maravilloso, increíble, D. Laureano tenía cerca
+de sesenta años. Nadie le supondría más de cuarenta y cuatro o cuarenta
+y seis. Era un hombre alto, esbelto, de cabellos negros y rizados donde
+sólo se advertía tal cual hebra plateada, la tez fresca y sonrosada, el
+pequeño bigote retorcido hacia arriba, la dentadura perfectamente
+conservada. Vestía con suprema elegancia, con una distinción tan poco
+afectada que aun las formas más extravagantes impuestas por la moda
+sobre su cuerpo parecían sencillas y adecuadas. Hacía cuarenta años que
+llevaba la misma vida de joven alegre y elegante. Jamás había trabajado
+en nada. Dos hermanos, que ya se habían muerto, honrados comerciantes
+que tuvieron un almacén de tejidos en la calle de la Montera, habían
+provisto con cariño a sus necesidades y hasta a sus vicios mientras
+vivieron. A su fallecimiento le dejaron por heredero de una regular
+hacienda. Le llevaban bastantes años, y más que hermano fue siempre para
+ellos un hijo mimado. Complacíanse en verle montar a caballo, guiar un
+faetón, alternar con los jóvenes de la aristocracia, y se engreían
+infinitamente cuando oían hablar de su elegancia, de sus queridas, de
+los triunfos que obtenía en sociedad. Aquellos dos pobres hombres,
+encerrados en su oscura tienda, haciendo números y midiendo telas todo
+el día, no tenían con los goces de la existencia otro contacto. Una sola
+condición ponían a este sacrificio: que no se casase. Formando nueva
+familia rompía aquel lazo filial, dejaba de ser su orgullo; la ola
+perfumada del mundo ya no llegaría al tétrico rincón de su almacén. D.
+Laureano hacía valer mucho esta prohibición para sacarles lindamente
+los cuartos: en realidad, importábale tan poco que jamás se le había
+pasado por la mente enajenar su grata libertad. Aborrecía de muerte el
+matrimonio y la familia. Cuando algún amigo se casaba, considerábale
+como un suicida. Las enfermedades y los caprichos de la esposa, los
+gastos exorbitantes de la casa, el llanto de los chiquillos, las
+exigencias de la nodriza, todas las miserias y contrariedades de la vida
+matrimonial en suma, se ofrecían a su imaginación con tal relieve y
+sabía describirlas tan gráficamente que, escuchándole, a nadie le
+entraba en apetito el probarlas.</p>
+
+<p>Tenía alquilado un cuarto en la plaza de la Independencia, con un solo
+criado a su servicio. Comía fuera de casa, generalmente en el Casino.
+Cuando iba a alguna reunión o le tocaba el turno del Real, el criado le
+traía la ropa en un cajoncito expresamente fabricado con este objeto, y
+en el mismo Casino se mudaba.</p>
+
+<p>Como hombre enteramente resuelto a gozar todos los placeres de la
+existencia, no limitaba sus relaciones a un círculo determinado. Tenía
+amigos y amigas, más particularmente amigas, en todas las clases de la
+sociedad. Era tertulio del club aristocrático de los Salvajes, del
+Casino, del Suizo, de la cervecería Inglesa y del café del Siglo. En
+todos estos lugares había un grupo de jóvenes o de viejos que le
+juzgaban parte integrante de la tertulia. No había tal. D. Laureano no
+se entregaba a ninguna sociedad; saltaba de una a otra con la mayor
+indiferencia. Cuando se hallaba entre los viejos del café Suizo no se
+acordaba de que le aguardaban los jóvenes bulliciosos de la Gran Peña
+para perpetrar alguna terrible broma; cuando charlaba con sus amiguitos
+del café del Siglo, gente de humilde posición, parecía ignorar la
+existencia de sus compañeros los duques del club de los Salvajes.
+Asistía ocho días seguidos a cualquiera de estas sociedades: de repente
+se cansaba y tardaba en venir un mes. Miguel Rivera solía compararlo a
+<i>Milord</i>, un famoso perro que asistía con su amo al café del Siglo.
+Mientras le daban terrones de azúcar se mostraba muy solícito y
+cariñoso. En cuanto observaba que los platillos quedaban vacíos, se
+alejaba de la mesa afectando no conocerles siquiera. D. Laureano no
+estaba con ellos sino mientras le divertían.</p>
+
+<p>Pues si pasamos al sexo femenino, aquí sí que se dilataba
+desmesuradamente la esfera de sus conocimientos. Tan pronto se le veía
+asiduo galanteador de una marquesa averiada, como festejando a alguna
+hermosa horchatera. Una noche formaba el encanto de alguna tertulia
+cursi y enamoraba a cualquier zagalilla de quince años, dulce y tímida;
+a la siguiente se le veía cenando en algún colmado con dos rameras. Su
+amor no reconocía clases, ni estados, ni edades.</p>
+
+<p>Tenía un carácter apacible y su trato era cortés y afectuoso. No
+disputaba jamás, pero gozaba oyendo disputar a los otros. Poseía
+inteligencia bastante lúcida y una ilustración que, aunque superficial,
+le servía para no hacer papel desairado en ningún sitio. Tocaba el piano
+medianamente, leía muchas novelas francesas y hablaba con alguna
+competencia de pintura. Toleraba fácilmente los defectos del prójimo y
+se hacía perdonar los suyos por la frescura y la gracia con que los
+confesaba. Se refería a sus vicios y se jactaba de ellos con suave
+cinismo que a algunos hacía gracia y a otros repugnaba. De todos modos,
+era un compañero agradable y hombre con quien había seguridad de no
+tener choque alguno por palabra de más o de menos. En todas partes
+inspiraba alegría su presencia, la alegría serena, apacible que su
+rostro reflejaba constantemente.</p>
+
+<p>&mdash;Manuel, vas a decirme en seguida quién es esa chiquilla que está aquí
+sentada a la derecha con un viejo&mdash;dijo al encargado del café
+inclinándose y metiéndole los labios por el oído.</p>
+
+<p>&mdash;No puedo darle muchas noticias, Sr. Romadonga. Son padre e hija y me
+parece que los conoce Remigio, uno de los mozos... Aguarde usted un
+poco.</p>
+
+<p>Llamó el encargado a Remigio y éste les manifestó que eran vecinos suyos
+y vivían en la calle de Lavapiés. El padre era viudo, de oficio sillero
+y no tenía más hija que ésta. La muchacha estaba aprendiendo a peinar.
+Buena gente. El sillero un infeliz. La chica muy trabajadora y muy
+recatada, pero con un genio de dos mil diablos. Armaba cada pelotera de
+vez en cuando con la vecina del segundo, que la casa temblaba.</p>
+
+<p>&mdash;¡Así me gustan a mí!&mdash;murmuró D. Laureano atusándose con mano trémula
+el bigote y devorando con los ojos a la hermosa chula,&mdash;¡Que muerdan y
+arañen como los gatos!</p>
+
+<p>No habían pasado inadvertidas para aquélla ni las miradas apetitosas del
+bizarro señor ni el conciliábulo que celebraba con el encargado y el
+mozo su vecino. Bien entendió que se trataba de ella y que el elegante
+caballero la encontraba muy de su gusto. Moviose con inquietud en la
+silla, dirigió dos o tres furtivas miradas al grupo y se llevó la mano a
+la cabeza para alisarse el pelo, primera y graciosa respuesta de
+inteligencia que da siempre la mujer a los homenajes que le dirigen con
+la vista.</p>
+
+<p>&mdash;¡Preciosa criatura!&mdash;añadió como hablando consigo mismo.&mdash;¡Qué ojos!
+¡qué tez de nácar! ¡qué dentadura!... Las formas superiores. Debe de
+ser muy joven... Lo más que tendrá serán veinte años.</p>
+
+<p>&mdash;Atiende, Concha&mdash;dijo entonces el mozo en voz alta dirigiéndose a la
+chula.&mdash;¿Cuántos años tienes?</p>
+
+<p>&mdash;¿Qué te importa?&mdash;replicó la joven.</p>
+
+<p>&mdash;A mí nada... pero este señor...</p>
+
+<p>&mdash;Le importa menos.</p>
+
+<p>&mdash;Eso no lo sabe usted&mdash;dijo D. Laureano en voz alta también.</p>
+
+<p>&mdash;Por sabido.</p>
+
+<p>&mdash;Acaba de echarte veinte años&mdash;dijo Remigio.</p>
+
+<p>&mdash;Es que no me ha reparado bien.</p>
+
+<p>&mdash;¿Tiene usted más?&mdash;preguntó D. Laureano.</p>
+
+<p>&mdash;No lo sé. ¿Es usted por causalidad del registro civil?</p>
+
+<p>Concha afectaba al hablar un tono desdeñoso y ponía esos ojos tan
+graciosamente agresivos que caracterizan a las hijas del pueblo en
+Madrid.</p>
+
+<p>&mdash;Pues si usted tiene más no los aparenta&mdash;manifestó Romadonga, que era
+un psicólogo práctico para quien ni el alma de las chulas ni el de las
+duquesas guardaban secreto alguno.</p>
+
+<p>Acercose al mismo tiempo con paso firme y sosegado a la mesa donde padre
+a hija se sentaban y, haciendo una cortés inclinación de cabeza, añadió
+gravemente:</p>
+
+<p>&mdash;Estoy seguro de que no tiene más y apelo al testimonio de su papá, de
+cuya amabilidad espero que no me ha de engañar.</p>
+
+<p>El sillero se llevó con serio ademán la mano al sombrero, sonrió y dijo
+lleno de amabilidad:</p>
+
+<p>&mdash;El 8 de Diciembre, día de Nuestra Señora, ha cumplido los diez y seis.</p>
+
+<p>&mdash;¡Qué atrocidad!</p>
+
+<p>¡Ea! Ya está D. Laureano en su terreno. A los cinco minutos se había
+sentado formando triángulo con el sillero y su hija. A los diez parecía
+su íntimo amigo, departía con ellos familiarmente y hacía reír a la
+hermosa chula con la batería de chascarrillos y donaires que tenía
+reservados para las hijas del pueblo.</p>
+
+<p>Mientras tanto el semblante de nuestro buen amigo Mario expresaba una
+muda y profunda desesperación que causaba pena. Romadonga era capaz de
+pasarse toda la noche hablando con la chula. Dirigíale desde su mesa
+miradas intensísimas, unas veces suplicantes, otras coléricas, las
+cuales no advertía siquiera el viejo trovador, y si alguna vez se
+tropezaban casualmente sus ojos, los de éste expresaban indiferencia
+absoluta como si nada hubiese ofrecido a su amiguito. El rostro de la
+vecina también se había puesto sombrío, y ya no se volvía sino muy rara
+vez hacia su afligido adorador.</p>
+
+<p>Miguel Rivera se había ido. En su lugar estaba Godofredo Llot. Éste era
+un joven, casi un adolescente, de rostro afeminado, cabellos rubios, tez
+nacarada, ojos azules y agradable presencia.</p>
+
+<p>Adolfo Moreno le acogió con sonrisa irónica.</p>
+
+<p>&mdash;¿Has estado hoy en Nuestra Señora de Loreto, Godofredo? Acabo de leer
+en <i>La Correspondencia</i> que se han celebrado esta tarde solemnes
+vísperas.</p>
+
+<p>&mdash;No, no he estado&mdash;replicó el chico con visible malestar, poniendo los
+ojos serios y distraídos para atajar, si era posible, las bromas
+insulsas con que Moreno solía regalarle.</p>
+
+<p>&mdash;Pues, hombre, me sorprende muchísimo, porque unas vísperas me parece a
+mí que no son para desperdiciar... sobre todo solemnes. ¡Anda, que
+cuándo te verás en otra!</p>
+
+<p>&mdash;Pues en seguida&mdash;replicó Llot malhumorado.&mdash;A cada momento las hay.</p>
+
+<p>&mdash;¡Hombre, me dejas sorprendido! ¿Y a beneficio de quién eran éstas?</p>
+
+<p>&mdash;¡Cómo a beneficio?...</p>
+
+<p>&mdash;Sí; ¿a beneficio de qué cura se daba la función esta tarde?</p>
+
+<p>Godofredo hizo un gesto de resignación y no contestó.</p>
+
+<p>Adolfo gozaba extremadamente en embromar y hasta escandalizar a aquel
+pobre muchacho, fervoroso creyente y dado a las devociones piadosas.</p>
+
+<p>Godofredo Llot era de Alicante. Habíase educado en un colegio de
+jesuitas, permaneciendo allí hasta los diez y ocho años, casi los que
+ahora representaba, aunque hubiese cumplido los veintitrés. Sus maestros
+le habían inculcado tan profundamente el sentimiento religioso, que
+apenas vivía más que para darle desahogo. Oía misa todos los días,
+confesábase a menudo, aunque no tanto como sus amigos pretendían;
+alumbraba con un cirio en las procesiones o llevaba en hombros alguna
+imagen cuando los estatutos de la cofradía en que estaba inscrito lo
+exigían. Era amigo de todos los clérigos, con quienes departía
+familiarmente en las sacristías. Gozaba igualmente el honor de ser
+recibido en el palacio episcopal y de que el Nuncio de Su Santidad le
+llamase por su nombre cuando le besaba el anillo en el paseo. Y sobre
+estas bellas cualidades que le hacían estimable y simpático en sociedad,
+particularmente a las señoras, poseía Godofredo algunas otras dignas de
+aprecio. Era estudioso, y un escritor que comenzaba a adquirir renombre
+entre los suyos. Escribía en los periódicos católicos artículos
+literarios que se distinguían por un estilo florido y pintoresco, cuyo
+efecto entre las devotas suscritoras era asombroso. Respiraban tal vivo
+entusiasmo por las glorias del catolicismo, una fe tan ardiente y
+cierta frescura de corazón, que rara vez suelen hallarse en la
+escéptica juventud del día. Sobre todo al recordar las hazañas de los
+héroes cristianos en la Edad Media, «aquellos caballeros de armadura
+resplandeciente como su conciencia, que con la cruz bendita sobre el
+corazón marchaban al combate a pelear por su Dios,» o al tocar el asunto
+de las catedrales góticas, «donde la luz se filtraba misteriosa por los
+vidrios de color de sus ventanas ojivales, y cuyas elevadas torres
+destacándose severas en medio de la noche parecen un dedo que señala al
+cielo,» realmente la pluma de Godofredo despedía vivos destellos de
+elocuencia que hacían presagiar un futuro apóstol, una columna en que se
+apoyaría el catolicismo con el tiempo. Esto se pensaba por lo menos en
+las sacristías y en las redacciones de los periódicos ultramontanos,
+donde se le mimaba a porfía y donde había llegado a adquirir maravilloso
+ascendiente.</p>
+
+<p>Con tales ideas y piadosas inclinaciones, ¿cómo se entiende que Llot
+asistiese al café del Siglo? Él daba a tal exceso una explicación
+bastante plausible. Había conocido a Moreno en la Universidad, en la
+clase de derecho romano. Trabó estrecha amistad con él conversando
+largamente por los corredores en espera de las clases. Esta amistad se
+rompió inopinadamente porque Moreno abandonó la carrera de leyes. No
+volvió a verle hasta pasados dos años en que le halló casualmente en un
+teatro. Reanudaron entonces con alegría sus relaciones. Pero, con grande
+y dolorosa sorpresa suya, observó que su desgraciado amigo había rodado
+en los abismos de la incredulidad: las malas compañías le habían
+pervertido por completo. Contristado hasta un punto indecible, previo el
+consentimiento de su confesor, en vez de apartarse de él como de un
+apestado, tuvo la caridad de proseguir su amistad, esperando que con el
+tiempo y los constantes y oportunos consejos se reconciliaría con la
+Iglesia. Pero Moreno no quería oír hablar de tal reconciliación. Cada
+vez más ciego en su extravío, burlábase amargamente de la fe sencilla y
+ardiente de su amigo. No desmayaba éste: sufría con resignación los
+sarcasmos y hasta los insultos que a menudo le dirigía, esperando con
+paciencia el día en que Dios le tocase en el corazón.</p>
+
+<p>&mdash;Moreno, hace usted mal en burlarse de las cosas de la religión. ¡Quién
+sabe si algún día se arrepentirá usted de esas bravatas!&mdash;dijo D.
+Dionisio con su voz cavernosa.</p>
+
+<p>&mdash;¿Yo?&mdash;replicó vivamente Adolfo haciendo un gesto furioso, lo mismo que
+si le hubiesen llamado ladrón. Pero reponiéndose súbito y dejando asomar
+a su rostro una sonrisa sarcástica, dijo tranquilamente:&mdash;Eso queda para
+ustedes los poetas, que proceden siempre, lo mismo en la vida que en la
+esfera del conocimiento, por los impulsos ciegos del sentimiento. Quien
+ha llegado a cierta clase de conclusiones por un método rigorosamente
+científico, no hay peligro de que cerdee jamás.</p>
+
+<p>&mdash;Convengo, amigo Moreno, en que los hombres de imaginación no somos a
+propósito para escudriñar los problemas abstrusos de la ciencia&mdash;replicó
+dulcemente Oliveros, relamiéndose interiormente con el dictado de poeta
+que el otro le había otorgado.&mdash;Pero no me negará usted que sólo por el
+sentimiento se han llevado a cabo las grandes empresas, todos los actos
+heroicos que registra la historia.</p>
+
+<p>&mdash;No me opongo a ello: lo único que deseo hacer constar es que ese
+sentimiento que usted juzga tan elevado, tan sublime, no depende más que
+de algunas gotas de sangre de más o de menos en el cerebro. En cuanto al
+sentimiento religioso de que hablábamos, está plenamente demostrado que
+no es una facultad primitiva y distintiva del hombre: sólo corresponde a
+un estado transitorio.</p>
+
+<p>&mdash;Pero todos los pueblos tienen religión&mdash;clamó profundamente D.
+Dionisio.</p>
+
+<p>&mdash;Se engaña usted, querido Oliveros&mdash;manifestó Moreno sonriendo de
+felicidad por hallarse en situación de poder desbaratar aquel error tan
+pernicioso.&mdash;Se engaña usted, no todos los pueblos tienen religión. En
+el África central existen algunos pueblos que carecen de ideas
+religiosas. Los cafres Makololos tampoco las tienen muy claras, ni los
+Papouas de la costa Maclay en Nueva Guinea, ni los Esquimales de la
+bahía de Baffin...</p>
+
+<p>Entablose una acalorada disputa filosófico-religiosa con los caracteres
+esenciales que ofrecen tales discusiones en los lugares cerrados
+dedicados a expender licores y refrescos. Las ideas, cuando parecían
+luminosas, se repetían indefinidamente y en tono cada vez más elevado, a
+fin de que se grabaran profundamente en el cerebro del contrincante.</p>
+
+<p>&mdash;¡Es que todas las religiones tienen sus milagros!&mdash;Permítame usted,
+Moreno...&mdash;¡Es que todas las religiones tienen sus
+milagros!...&mdash;Permítame usted, Moreno; el mundo sería...&mdash;¡Es que, amigo
+Oliveros, todas las religiones tienen sus milagros!&mdash;¡Pero permítame
+usted, Moreno! el mundo sin religión sería...&mdash;¡Es que...</p>
+
+<p>Cada cual, enamorado de sus proposiciones juzgándolas de todo punto
+incontrovertibles, no quería escuchar siquiera las del contrario.</p>
+
+<p>Apelábase con bastante frecuencia a símiles de orden corporal, que son
+los que en tales casos presentan más dificultad al adversario. Y se
+tomaban como puntos de comparación los objetos que tenían más a la mano.</p>
+
+<p>&mdash;¿Ve usted esta mesa?... Aquí hay materia, aquí hay forma.&mdash;Ahora
+bien, si yo tomo en la mano esta copa y la trasporto desde este sitio a
+este otro...&mdash;¿Por qué esta copa es trasparente y esta taza no lo es?...</p>
+
+<p>El resultado ordinario de tales símiles es desconcertar al adversario y
+destruir por entero el tejido de sus sofismas. Pero a veces, cuando el
+preopinante esfuerza demasiado la argumentación, las copas o las tazas
+suelen rodar por el suelo y quebrarse. Entonces es el preopinante quien
+se desconcierta y dirige con turbado semblante miradas tímidas hacia el
+mostrador.</p>
+
+<p>Adolfo Moreno gozaba incomparablemente en estas discusiones que le
+permitían lucir sus conocimientos en las ciencias naturales. Y como
+estos conocimientos solían ser tan recientes que muchas veces databan de
+la noche anterior o del mismo día, su fuerza era irresistible. ¡Qué
+serie asombrosa de pormenores, cuánta erudición desplegaba en ocasiones!
+Los contrarios quedaban silenciosos y confundidos y los parroquianos de
+las mesas inmediatas henchidos de admiración. Algunos de éstos que
+habían concluido por trabar amistad con ellos, se trasladaban en
+ocasiones a la mesa de los filósofos y tomaban parte en las disputas.</p>
+
+<p>Mientras la discusión religiosa se desenvolvía, profunda y acalorada,
+Godofredo Llot aparecía agitado, convulso. Varias veces había querido
+intervenir, pero como lo hacía tímidamente no se le escuchaba. Y las
+impías proposiciones que su amigo sustentaba le llegaban tan al alma,
+turbaban de tal manera sus facultades, que apenas tenía alientos para
+formular un argumento. Estaba consternado: su corazón se iba apretando
+de pena. Aquella noche Moreno parecía un demonio terrible y batallador,
+escupiendo con furia sus blasfemias, manifestando con cinismo infernal
+su odio a los misterios de la religión.</p>
+
+<p>El pobre Godofredo se sintió tan abatido que, mientras miraba con
+espanto a su amigo, algunas lágrimas brotaron a sus ojos y resbalaron
+por sus tersas mejillas. Nadie lo advirtió, embebidos como estaban en la
+disputa. Mas cuando Moreno, en un rapto de feroz incredulidad, gritó
+que para él nuestro Redentor no era más que un judío exaltado, dejose
+oír un sollozo. Todos volvieron la cabeza. Godofredo, tapándose la cara
+con las manos, lloraba amargamente.</p>
+
+<p>La compasión se apoderó entonces de unos y de otros. ¿A qué conducía
+aquella discusión? El que tuviese la desgracia de no creer, que se lo
+callase. De todos modos, herir sin necesidad las almas timoratas, como
+la de aquel pobre muchacho, era poco caritativo y además una falta de
+consideración.</p>
+
+<p>Moreno, algo amoscado, guardaba silencio, maldiciendo en su interior de
+la facilidad que su amiguito tenía para liquidarse.</p>
+
+
+
+<h3><a name="II" id="II"></a>II</h3>
+
+
+<p>Romadonga se acercó al grupo cuando la discusión religiosa acababa de
+zanjarse de aquel modo imprevisto y húmedo. Mario vio el cielo abierto.
+D. Laureano le hizo con sonrisa de condescendencia una seña, y nuestro
+impaciente joven se disponía a levantarse cuando uno de los mozos que
+servían allá abajo, cerca de la puerta, se acercó al viejo tenorio y le
+habló algunas palabras al oído.</p>
+
+<p>&mdash;Soy con usted al momento&mdash;dijo éste a Mario.</p>
+
+<p>Y se alejó.</p>
+
+<p>&mdash;¿Qué pasará?&mdash;preguntó uno de los tertulios.</p>
+
+<p>&mdash;¿Qué ha de pasar? ¡Lo de siempre!&mdash;repuso Mario de mal humor.&mdash;¿No lo
+ve usted?&mdash;añadió fijándose en la puerta.</p>
+
+<p>Por detrás de los cristales se traslucía la silueta de una mujer.</p>
+
+<p>Al cabo de pocos instantes viose llegar de nuevo a Romadonga mordiendo
+el imprescindible cigarro y con el mismo paso tranquilo, dirigiendo
+miradas insolentes a las parroquianas.</p>
+
+<p>&mdash;¿Por qué se ríen ustedes?&mdash;dijo al llegar.&mdash;¿Se figuran que se trata
+de una aventura amorosa? Pues no hay tal... Es decir, sí ha sido una
+aventura amorosa, pero en tiempos remotos. Ahora no es más que una vieja
+que viene a pedirme diez duros.</p>
+
+<p>&mdash;¿Se los ha dado usted?</p>
+
+<p>&mdash;¡Nunca! y eso que me ha dicho que tiene un hijo muriendo. No quiero
+sentar precedentes funestos. Hija mía, lo siento mucho, le dije, pero yo
+no mantengo clases pasivas.</p>
+
+<p>No faltó quien celebrase el chiste y quien admirase la firmeza de
+corazón del empedernido seductor. Mario no pudo reprimir un gesto de
+repugnancia. Aquel rasgo de crueldad expresado en forma tan cínica le
+dio frío. Pero este frío y esta repugnancia se disiparon cuando
+Romadonga, poniéndole cariñosamente una mano sobre el hombro, le dijo:</p>
+
+<p>&mdash;A las órdenes de usted, amigo Costa.</p>
+
+<p>Lo que ahora le acometió fue una extraña sensación de terror, unos
+deseos atroces, de echar a correr. Levantose, sin embargo,
+automáticamente y, pálido y trémulo como si le condujesen al suplicio,
+siguió a D. Laureano.</p>
+
+<p>&mdash;Buenas noches, señores&mdash;dijo éste acercándose al patíbulo.&mdash;¿Cómo
+sigue usted, doña Carolina?... ¿Qué tal, D. Pantaleón? ¿Y ustedes,
+niñas?</p>
+
+<p>Todos buenos, todos buenos, y todos sonrientes, acogiendo a D. Laureano
+con la misma alegría que a un bienhechor de la humanidad. La sonrisa de
+la más regordeta de las muchachas iba acompañada de un poco de carmín en
+las mejillas que se propagó instantáneamente al resto de la cara, sin
+excluir las orejas, cuando Romadonga, dando un paso atrás, dijo estas
+solemnes palabras:</p>
+
+<p>&mdash;Tengo el honor de presentar a ustedes a mi amigo D. Mario de la Costa.</p>
+
+<p>D. Mario de la Costa, a juzgar por su palidez, estaba rezando en aquel
+momento el credo, preparado a morir cristianamente. Alargó al jefe de la
+familia su mano temblorosa y fría, y preguntó con voz que semejaba un
+estertor:</p>
+
+<p>&mdash;¿Cómo está usted?</p>
+
+<p>El jefe de la familia estaba bueno y celebraba la ocasión de conocer al
+señor de la Costa. Éste volvió a alargar su mano a la esposa del jefe,
+pero su garganta ya no pudo dejar salir el más leve soplo. En cuanto a
+las niñas, podían sacudir la cabeza, sonreír, ruborizarse, hacer, en
+suma, lo que tuvieran por conveniente. De todos modos, no lograrían
+obtener la más mínima atención por parte del joven presentado. Éste
+permaneció de pie e inmóvil esperando el golpe fatal cuando la mano
+protectora de D. Laureano le obligó a sentarse en una silla que
+previamente había acercado. Presentación, la más delgada de las jóvenes,
+se apartó un poco haciendo signos de inteligencia a Romadonga, y la
+silla quedó colocada al lado de Carlota, la más gruesa. Pero Mario
+sorprendió aquel signo de inteligencia y la sonrisita burlona con que
+fue acompañado. Inmediatamente el blanco cera de sus mejillas se tornó
+en un rojo ladrillo no menos interesante.</p>
+
+<p>¿Por qué les da a todos en seguida por hablar entre sí, sin cuidarse de
+él para nada? Su regordeta vecina era víctima del mismo abandono. Ambos
+parecían consternados. Carlota, inquieta, temblorosa, pidió auxilio a su
+hermanita llamándole la atención acerca de una manteleta que vestía
+cierta señora que acababa de entrar. La cruel Presentación no hizo caso
+alguno; les echó una mirada burlona y se volvió de espaldas riendo como
+una tonta. Mario tuvo fortaleza bastante para mantener a salvo su
+dignidad en tan críticas circunstancias. A nadie demandó socorro. Y
+comprendiendo que el hombre debe hallar en sí mismo recursos suficientes
+para flotar en esta clase de naufragios, supo toser y sonarse muy a
+propósito, limpió la ceniza del cigarro que le había caído sobre el
+pantalón con admirable oportunidad, no dejando tampoco, claro es, de
+mirar con cierta insistencia las mangas de la levita a fin de descubrir
+si era posible alguna mancha salvadora. Es más, cuando gracias a estos
+heroicos manejos se encontró medianamente tranquilo, tuvo serenidad
+bastante para decir a su vecina sin temblarle demasiado la voz:</p>
+
+<p>&mdash;Es increíble el calor que aquí se desarrolla al llegar esta hora.</p>
+
+<p>&mdash;Es verdad, sobre todo los domingos, en que viene tanta gente&mdash;repuso
+la vecina con voz suave, dulcísima, como las notas de una flauta sonando
+en un bosque de laureles y mirtos.</p>
+
+<p>&mdash;¡Eso es!&mdash;se apresuró a exclamar Mario, vivamente impresionado por
+esta profunda observación.</p>
+
+<p>Inmediatamente la vecina emitió otra muchísimo más luminosa, y es que
+los días no festivos el café estaba más tranquilo y agradable.</p>
+
+<p>Naturalmente, Mario al oír esto cayó en un verdadero espasmo de
+admiración, y asintió frenéticamente, no sólo con la boca, sino también
+con los ojos, con el cuello, con las manos, con todos los componentes de
+su organismo en suma. Y acometido a su vez del fuego de la inspiración,
+halló en las profundidades de su espíritu un rasgo feliz que a él mismo
+le dejó sorprendido.</p>
+
+<p>&mdash;Basta que haya pocas personas si éstas nos agradan.</p>
+
+<p>La vecina hizo un signo de aquiescencia bajando modestamente los
+hermosos ojos. Mario quedó tan encantado del éxito de su frase que,
+excitado por él, supo hallar en poco tiempo otras dos o tres no menos
+felices.</p>
+
+<p>Ambos quedaron en breve tan abstraídos de los ruidos mundanales que
+sonaban a su alrededor como si se hallasen en las profundidades de una
+selva virgen. La soledad que antes les parecía aterradora hallábanla
+ahora gratísima y gozaban cambiando frases de admirable sentido, como la
+primera pareja creada por Dios en los jardines del Paraíso.</p>
+
+<p>No fue un ángel quien vino a arrojarles de él, sino el propio creador de
+la mitad de la pareja, esto es, D. Pantaleón Sánchez, papá de las dos
+niñas.</p>
+
+<p>&mdash;He tenido el honor, Sr. Costa, de conocer a su señor padre hace años,
+cuando era subsecretario de Hacienda. Entré en su despacho formando
+parte de una comisión de almacenistas para pedirle una rebaja en el
+arancel.</p>
+
+<p>Mario daría cualquier cosa en aquel momento porque D. Pantaleón no
+hubiera tenido semejante honor. Sin embargo, pareció encantado de la
+noticia. Y sobre este tema departieron algunos instantes.</p>
+
+<p>Era D. Pantaleón un hombre que se hallaría entre los sesenta y los
+sesenta y cinco años; el cabello enteramente blanco y lo mismo el
+bigote, largo, poblado y caído de puntas: conservaba el cutis fresco,
+los dientes seguros y cierta firmeza y decisión en los movimientos, que
+denotaban vigor corporal. La mirada profunda de sus grandes ojos
+pregonaba bien claro que tampoco había perdido el espiritual. Hablaba
+reposadamente y con una gravedad afable que infundía a la vez respeto y
+simpatía.</p>
+
+<p>Cuando le pareció oportuno suspendió la conversación volviéndose hacia
+Romadonga, y Mario quedó nuevamente perdido y solo. No tardó, sin
+embargo, haciendo un esfuerzo poderoso de ingenio como el anterior, en
+hallar el camino de la selva donde le aguardaba su simpática vecina.</p>
+
+<p>&mdash;El café que sirven los domingos es peor que el de los demás días.</p>
+
+<p>Y se ruborizó al expresar esta juiciosa opinión, lo mismo que si hubiera
+dicho postrado de hinojos:&mdash;¡Te adoro, ángel mío!</p>
+
+<p>&mdash;Es imposible que salga bien haciendo tan gran cantidad&mdash;repuso
+Carlota, igualmente ruborizada.</p>
+
+<p>Ambos se perdieron instantáneamente en lo más espeso e intrincado del
+bosque.</p>
+
+<p>Esta vez no fue D. Pantaleón, sino su último retoño, quien vino a su
+encuentro.</p>
+
+<p>Presentación se volvió hacia ellos con ademán tan vivo, expresando tal
+furor en su movible fisonomía, que lo mismo Mario que su dulce compañera
+quedaron sorprendidos y levantaron los ojos para saber cuál era la
+causa. Un joven pálido, de pómulos salientes, nariz remangada y ojos
+claros, pero no serenos, se acercaba en aquel momento a la mesa con la
+cabeza descubierta.</p>
+
+<p>Mario reconoció en seguida al violinista.</p>
+
+<p>&mdash;Buenas noches, D. Pantaleón... Buenas noches, D.ª Carolina... Buenas
+noches, Presentacioncita... Buenas noches, señores... ¿Cómo siguen
+ustedes? ¿Están ustedes bien?</p>
+
+<p>La boca del joven artista se dilataba al pronunciar estas palabras con
+una sonrisa que no dejaba ocioso el más insignificante músculo, la fibra
+más diminuta de su semblante incoloro. La voz se arrastraba lenta,
+gangosa por aquella formidable boca antes de salir, de tal modo que al
+llegar a los oídos de sus interlocutores parecía venir cargada de
+saliva. Y así era en efecto.</p>
+
+<p>&mdash;Buenas noches, Timoteo, buenas noches.</p>
+
+<p>Todos respondieron amicalmente al saludo, menos Presentación. Y, sin
+embargo, los que la boca temerosa del artista había dejado escapar, y
+muchos otros que habían quedado dentro, a ella exclusivamente iban
+dirigidos. Mientras hablaba en pie y arrimado a la mesa con los papás y
+con Romadonga, sus ojos de pez, claros y fríos, no se apartaban de la
+gentil muchacha.</p>
+
+<p>¿Gentil? Sí, Presentación era una lindísima joven que acababa de cumplir
+los veinte. Delgadita, morena, de rostro fino y expresivo, los ojos
+picarescos con afectación, los cabellos negros y pegados a la frente, la
+boca tan pronto grande como chica, de una extrema movilidad, lo mismo
+que los ojos, que el talle, que las manos, que todo lo demás. Una mujer,
+en suma, hecha de rabos de lagartija. El reverso de su hermana Carlota,
+tan redondita, tan sosegada, de una pasta tan excelente que no había
+medio de alterarla. No era bella, al decir de los inteligentes; su nariz
+no estaba bien modelada; los labios eran demasiado gruesos. No obstante,
+había quien la prefería a Presentación por la dulzura de sus grandes
+ojos, suaves, hermosos, por la frescura nacarada de su tez, por lo
+macizo y bien torneado de su talle. Pero eran los menos.</p>
+
+<p>Presentación se había vuelto de espaldas por completo. Su rostro y todo
+su cuerpo reflejaban agitación violentísima que se traducía en muecas y
+contorsiones y se exhalaba también en frases incoherentes pronunciadas
+en voz baja, que ni Carlota ni Mario llegaban a comprender. La causa de
+tal estado espasmódico no podía ser otra que la influencia magnética de
+la mirada del violinista pesando continuamente sobre su cogote.</p>
+
+<p>Carlota la contemplaba con sonrisa benévola y le decía por lo bajo:</p>
+
+<p>&mdash;¡Calma, niña, calma!</p>
+
+<p>&mdash;¡Sí, sí, calma!... ¡Que te pasase a ti lo que a mí me está
+pasando!&mdash;exclamaba con coraje, esforzándose en apagar la voz.</p>
+
+<p>&mdash;Buenas noches, Carlotita&mdash;dijo en aquel momento Timoteo, tratando de
+dar a su voz gangosa acento picaresco.&mdash;No se las he dado antes porque
+la veía a usted muy entretenida.</p>
+
+<p>&mdash;Abre el paraguas, Carlota&mdash;dijo Presentación por lo bajo.</p>
+
+<p>Pero no tan bajo que no llegase como un rumor a los oídos del joven.
+Éste, sin percibir las palabras, comprendió su tristísimo sentido y
+quedó avergonzado y confuso.</p>
+
+<p>&mdash;Buenas noches, Presentacioncita&mdash;dijo entonces abriendo la boca
+desmesuradamente para sonreír.</p>
+
+<p>&mdash;Buenas noches&mdash;respondió la joven sin volver la cabeza, mirando con
+fijeza al frente.</p>
+
+<p>&mdash;Hoy la he visto a usted en un comercio de la calle de la
+Montera&mdash;profirió el artista abriendo la boca un poco más.</p>
+
+<p>&mdash;Puede ser&mdash;repuso Presentación sin dejar de mirar al frente.</p>
+
+<p>&mdash;Estaba usted comprando unas enaguas.</p>
+
+<p>&mdash;¡Enaguas!&mdash;replicó la joven con el acento más despreciativo que pudo
+hallar.&mdash;¡Vamos, debe usted tener los ojos en el cogote para confundir
+enaguas con chambras!</p>
+
+<p>Timoteo quedó anonadado. Apenas pudo murmurar algunas frases de excusa.</p>
+
+<p>Y he aquí por qué el violín se quejaba tan amargamente hacía poco
+tiempo, por qué arrastraba las notas de un modo tan lamentable.
+Presentía el infortunado que las chambras jamás deben confundirse con
+las enaguas.</p>
+
+<p>D.ª Carolina acudió generosamente al socorro de aquella desgracia.</p>
+
+<p>&mdash;Los hombres no entienden nada de nuestra ropa, muchacha, y además,
+mirando por los cristales del escaparate no es fácil distinguir lo que
+se compra.</p>
+
+<p>Timoteo le dirigió una mirada de carnero moribundo agradeciendo el cable
+de salvación. Pero convencido de que era inútil luchar contra un
+temporal tan deshecho, renunció a agarrarse a él.</p>
+
+<p>D.ª Carolina era del mismo corte y figura que su hija Presentación, esto
+es, delgada, nerviosa y con unos ojillos vivos y penetrantes que los
+años habían hundido y rodeado de un círculo oscuro y fruncido.</p>
+
+<p>&mdash;¡Hija, ten un poco de educación!&mdash;añadió por lo bajo ásperamente,
+tratando al mismo tiempo de alargar la mano con disimulo para darle un
+pellizco corroborante.</p>
+
+<p>Presentación separó las piernas instantáneamente y soltó una carcajada
+que puso más nerviosa y más arrebatada a su mamá. Vivían ambas en
+constante guerra. Sus genios eran igualmente vivos. Pero así y todo, no
+podían prescindir la una de la otra y formaban dentro de la casa un
+partido. Presentación era la preferida de su madre, como Carlota de su
+padre.</p>
+
+<p>&mdash;Oiga usted, Timoteo&mdash;dijo de pronto la niña volviéndose hacia el
+violinista con ojos risueños.&mdash;¿Qué era lo que usted tocaba hace poco?</p>
+
+<p>&mdash;¿Lo último?... Un <i>stornello</i> titulado <i>Día de sol</i>.</p>
+
+<p>&mdash;¡Qué bonito es!</p>
+
+<p>&mdash;¿Le gusta a usted?&mdash;preguntó dilatando su boca para sonreír de tal
+modo que dejó estupefactos a los circunstantes a pesar de hallarse
+acostumbrados a los prodigios que la naturaleza solía obrar en su
+fisonomía.</p>
+
+<p>&mdash;¡Muchísimo! Es precioso... precioso...</p>
+
+<p>&mdash;¿Quiere usted oírlo otra vez?</p>
+
+<p>&mdash;¡Ya lo creo!</p>
+
+<p>&mdash;Pues lo tocaré, lo tocaré, Presentacioncita&mdash;dijo el artista lleno de
+condescendencia, rebosando de orgullo.</p>
+
+<p>&mdash;El caso es&mdash;manifestó la maligna joven con tristeza&mdash;que nos vamos a
+ir pronto.</p>
+
+<p>&mdash;Eso no importa. Voy a tocarlo en seguida... Verá usted.</p>
+
+<p>Y se fue a buscar al pianista. Éste no parecía por ningún lado. Timoteo
+daba vueltas como loco por todos los rincones del café.</p>
+
+<p>&mdash;Vamos&mdash;decía en tanto Presentación a su hermana,&mdash;el <i>Día de sol</i> nos
+librará de la lluvia.</p>
+
+<p>&mdash;¡Pobre chico! ¿Qué culpa tiene él de que se le escape la
+saliva?&mdash;repuso aquélla sonriendo.</p>
+
+<p>&mdash;¡Anda! ¿Y qué culpa tengo yo?&mdash;exclamó enfurecida la otra.</p>
+
+<p>Mario rió la ocurrencia, irritado contra el violinista que le había
+impedido extraviarse por la floresta. Romadonga la amenazó con el dedo.</p>
+
+<p>&mdash;¡Niña! ¡niña!</p>
+
+<p>&mdash;¿Qué le duele a usted, D. Laureano?</p>
+
+<p>&mdash;A mí nada. A Timoteo es a quien le arden las orejas... Diga usted,
+¿cómo no han estado ustedes esta tarde en la Castellana?</p>
+
+<p>&mdash;Eso cuénteselo usted a mamá.</p>
+
+<p>&mdash;¿A mi, niña?&mdash;exclamó vivamente doña Carolina.&mdash;¿Qué estás ahí
+diciendo? ¿No sabes que tienes padre?&mdash;Y volviéndose hacía
+Romadonga:&mdash;Pantaleón no ha querido que hoy fuésemos a paseo, sin duda
+temiendo a la humedad por lo mucho que ha llovido estos días.</p>
+
+<p>&mdash;Eso es... No lo he juzgado conveniente&mdash;corroboró D. Pantaleón
+dirigiendo una mirada tímida a su mujer.</p>
+
+<p>Presentación hizo un mohín de desdén y se volvió hacia Mario y Carlota.
+Pero juzgando que era ya tiempo de dejarlos abandonados a sí propios,
+entabló conversación con una señora que se refrescaba con grosella en la
+mesa inmediata.</p>
+
+<p>&mdash;¿Qué es eso, D.ª Rafaela, no lee usted hoy <i>La Correspondencia</i>?</p>
+
+<p>&mdash;Ya la he leído, querida... No trae más que esquelas de defunción.</p>
+
+<p>&mdash;¿Pues y la noticia del matrimonio de la infanta?</p>
+
+<p>&mdash;No sé nada. Ya sabe usted que yo no leo más que los anuncios.</p>
+
+<p>No era una señora en la acepción que se da usualmente a la palabra, ni
+tampoco una mujer del pueblo. Participaba de ambas clases. No gastaba
+sombrero ni mantilla, pero el mantón alfombrado que cubría sus hombros
+era riquísimo; el vestido, de seda pura; en los dedos y en las muñecas
+sortijas y brazaletes de valor y en las orejas dos orlas de brillantes
+con zafiro en el medio; todo lo cual pregonaba que, si D.ª Rafaela no
+vestía de señora, no era seguramente por falta de dinero.</p>
+
+<p>Nadie lo ponía en duda, D.ª Rafaela poseía en la calle de Hortaleza un
+comercio de antigüedades que en otro tiempo había sido prendería y aún
+lo era cuando le venía bien. Unas veces predominaban los objetos
+antiguos, otras los viejos. Como complemento indispensable de tal
+negocio, D.ª Rafaela prestaba con usura. Hallaríase entre los cincuenta
+y sesenta años. Gruesa, morena, de facciones abultadas y con un extenso
+lunar de pelos largos, cerdosos, en la mejilla derecha, cerca de la
+boca. Vivía sola con una sobrina a quien dejaba cerrada en casa mientras
+acudía invariablemente todas las noches a tomar un vaso de grosella y a
+leer la cuarta plana de <i>La Correspondencia</i>. Era campechana, servicial
+y sencilla hasta la simpleza, pero en sus negocios de prendera y
+prestamista mostrábase inflexible y astuta como pocas.</p>
+
+<p>&mdash;Acérquese un poquito si ha concluido de tomar su grosella.</p>
+
+<p>D.ª Rafaela trasladó su silla cerca de la joven y en seguida se pusieron
+a departir amigablemente en voz baja. Claro está que el tema de su
+plática fue el acontecimiento de la noche, la presentación de Mario a la
+familia de Sánchez.</p>
+
+<p>&mdash;Al fin parece que eso lleva buen camino. Me alegro mucho... mucho. No
+deje de decírselo a su mamá, y que sea para bien. Es un chico muy
+decente, y si tira a su padre... ya ve usted... Por supuesto que
+Carlota, por lo guapa y bonachona, merecía un infante de Ingalaterra...
+Pero, hijita, los tiempos no están para andar a escobazos con los
+hombres. Así se lo digo muchas veces a la gazmoñita de mi sobrina, que
+hace melindres al vidriero de la esquina... Ahora, si usted me pregunta
+mi sentir, le diré que el que más me gusta de esa cuadrilla que se
+sienta en el rincón es aquel muchacho rubio que llaman Godofredo. No es
+que tenga que decir ni pensar nada malo de éste. Al contrario, me parece
+bastante formal y simpático; guapo no lo es... ¿para qué más de la
+verdad?... pero el otro... el otro es una alhaja, un bendito... ¡Si le
+viese usted, como yo le veo muchos días, comulgar en San Antón!...
+Vamos, que enternece hallar un chico tan humilde y devoto ahora en que a
+todos les da por despreciar las cosas santas y decir mil borricadas y
+escandalizar a las personas honradas. A veces se pasa media hora y más
+de rodillas delante del altar de la Virgen... Hijita, ¡qué feliz será su
+madre! Y la mujer que le lleve bien puede decir que no tiene que
+envidiar a ninguna duquesa.</p>
+
+<p>Presentación se ruborizó levemente con estas palabras y dirigió una
+mirada rápida hacia el rincón, tropezando sus ojos vivarachos con los
+suaves y místicos de Llot, que estuvieron posados buen rato sobre ella.
+D.ª Rafaela lo advirtió bien, y adoptando un semblante enteramente
+picaresco, le dijo bajando aún más la voz:</p>
+
+<p>&mdash;Ya sé, ya sé, querida, que usted y él... ¡vamos!... Apriete, hijita,
+apriete, y que no se escape, que bien merece la pena... Al que no puedo
+ver ni en pintura es a aquel otro que se come los periódicos, aquel de
+las barbas y las gafas...</p>
+
+<p>&mdash;¡Ah, sí, Moreno!...</p>
+
+<p>&mdash;¡Un moreno bien desaborío!... tan desgarbadote y tan sucio... Creo que
+no tiene más gusto que escandalizar a ese pobrecito de Godofredo.
+¡Desalmadote! ¡pordiosero! ¡Puhá!</p>
+
+<p>Y miraba al mismo tiempo con ojos coléricos a la mesa donde Adolfo
+Moreno seguía enfrascado en la lectura, muy lejos de pensar que en aquel
+instante excitaba la cólera de la prendera.</p>
+
+<p>Mario y Carlota habían desaparecido, no corporalmente, pero sí en
+espíritu. Timoteo gemía y se lamentaba amargamente, por conducto de su
+violín, de que la niña menor de Sánchez se hubiese vuelto de espaldas y
+hablase tan animadamente con la señá Rafaela, sin cuidarse para nada del
+<i>Día de sol</i> ni de su intérprete. D.ª Carolina decía a Romadonga
+mientras su marido se atusaba gravemente el triste y pacífico bigote:</p>
+
+<p>&mdash;No necesito decirle, Sr. Romadonga, que entiendo perfectamente la
+intención con que su amiguito se ha hecho presentar por usted esta
+noche. Sabía hace tiempo que Carlota y él se miraban con buenos ojos, y
+cuando lo supe yo lo supo éste, porque yo no tengo costumbre de ocultar
+jamás nada a mi marido. Le pregunté si le parecía mal el muchacho. Me
+dijo que no, y entonces pensé: bueno, pues que corra el agua por donde
+quiera. El otro día me dijo Carlota: «Mamá, ese chico desea ser
+presentado.&mdash;¿A mí qué me cuentas? le respondí. Díselo a tu papá.&mdash;Es
+que yo no me atrevo... Si tú te encargases...&mdash;Está bien, hija, para mí
+han de ser todos los apuros.» Y armándome de valor me atreví a decírselo
+a éste. Crea usted que temblaba como una hoja, porque no sabía cómo lo
+iba a tomar; tenía miedo que me echase con viento fresco.
+Afortunadamente, estaba de buen humor aquel día, ¿verdad, querido?</p>
+
+<p>D. Pantaleón bajó los párpados, manifestando de este modo solemne y
+augusto que su esposa no se equivocaba acerca del estado de su espíritu
+en aquella ocasión.</p>
+
+<p>&mdash;Me respondió que no tenía inconveniente en que lo presentasen con tal
+que fuese por medio de una persona respetable. ¿Te parece bien D.
+Laureano?&mdash;Perfectamente.&mdash;Pues ya está hecho. Ahora no nos resta más
+que darle a usted las gracias por la molestia que ha querido tomarse.</p>
+
+<p>Romadonga levantó la mano para alejar de sí aquellas gracias que no
+merecía, y volvió la cabeza para mirar a la hermosísima chula, que en
+aquel instante se levantaba del asiento para marcharse. Al pasar junto a
+ellos D. Laureano le dijo familiarmente:</p>
+
+<p>&mdash;Adiós, Concha: hasta mañana.</p>
+
+<p>&mdash;Buenas noches&mdash;respondió ella sonriendo tímidamente.</p>
+
+<p>Su padre se llevó la mano al sombrero. Romadonga siguiola con la vista
+hasta que desapareció por la cancela. Antes de trasponerla Concha se
+volvió a medias y le echó una rápida mirada de latiguillo. Lo cual le
+puso de tan excelente humor, que desde entonces no cerró boca y
+consiguió tener suspensos y embelesados con su charla insinuante lo
+mismo a D. Pantaleón que a su esposa.</p>
+
+<p>Pero la noche corría. Habían sonado ya las once y media, hora en que
+aquella respetable familia tenía por costumbre retirarse. Doña Carolina
+se inclinó hacia el oído de su hija Carlota, y le dijo en voz baja,
+aunque no lo bastante para no ser oída de Mario:</p>
+
+<p>&mdash;Por mi gusto, querida, estaríamos aquí un ratito más; pero ya ves, tu
+papá acostumbra a retirarse a esta hora... y ahora más que nunca
+necesitamos tenerle contento, ¿verdad?&mdash;añadió con un guiño picaresco.</p>
+
+<p>Luego, volviéndose a su marido:</p>
+
+<p>&mdash;Pantaleón, nos iremos cuando tú lo ordenes.</p>
+
+<p>&mdash;Bien, pues vámonos ya&mdash;respondió el venerable jefe de la familia
+levantándose de la silla.</p>
+
+<p>Los demás le imitaron. La señá Rafaela y Romadonga manifestaron que
+también se iban. Mario no se atrevió a acompañarlos, aunque bastantes
+ganas se le pasaron. La despedida fue tímida y significativa por parte
+de Carlota, franca y afectuosa por la de su hermana, propia de una
+futura hermana política; por la de D.ª Carolina maternal, aunque
+templada por el respeto que le merecía la autoridad de su marido; y por
+éste tan cortés, tan suave, tan condescendiente, que Mario se mostró
+hondamente conmovido, y apenas pudo articular con voz temblorosa algunas
+palabras de ofrecimiento.</p>
+
+<p>Quedó solo al fin. El corazón no le cabía en el pecho. Permaneció un
+instante inmóvil contemplando la puerta, por donde acababa de
+desaparecer, la última, su gentil Carlota. Y bajando de pronto desde las
+nubes de oro y rosa donde se mecía a esta tierra prosaica, se dirigió a
+la mesa del rincón, donde sólo se hallaba ya Adolfo Moreno. El salto no
+podía ser mayor. Moreno era, en sentir de Mario, el ser más distante de
+la poética idealidad que en aquel momento inundaba su espíritu, el menos
+a propósito para recibir la confesión de sus impresiones. Sin embargo,
+eran éstas tan vivas, tan avasalladoras, que si no se desahogaba pronto
+de ellas, era de temer una congestión. Sentose enfrente de su amigo,
+pidió un vaso de leche y esperó a que aquél, en gracia del trascendental
+acontecimiento que acababa de efectuarse, se dignase hacerle algunas
+preguntas. Nada. Moreno había dejado los periódicos políticos y leía con
+atención uno ilustrado que andaba siempre de mesa en mesa metido en una
+carpeta sucia y despellejada. Mario no pudo más. Comprendía que era una
+humillación, pero no tenía fuerzas para resistir al anhelo de
+confesarse.</p>
+
+<p>&mdash;Adolfo.</p>
+
+<p>&mdash;¿Qué hay?&mdash;respondió éste sin apartar la vista del periódico.</p>
+
+<p>&mdash;Dame la enhorabuena.</p>
+
+<p>Al pronunciar estas palabras se ruborizó.</p>
+
+<p>&mdash;¡Ah, sí!&mdash;exclamó el otro alzando la cabeza y mirándole con sonrisa
+entre burlona y benévola.&mdash;Al cabo has logrado la dicha de sentarte a la
+misma mesa que D. Pantaleón Sánchez.</p>
+
+<p>&mdash;Como tú comprenderás, Adolfo, lo que menos me importa a mí es D.
+Pantaleón. Lo que me interesaba, y mucho, era hablar con su hija. No
+puedes figurarte la impresión que he sentido. Ya sabes que estaba
+enamorado, ¡pero de verdad! Pues bien, ahora lo estoy mucho más, cien
+veces más. ¡Qué mujer tan simpática! ¡Qué tranquilidad, qué dulzura
+respiran todas sus palabras y movimientos! ¡Qué timbre de voz tan
+delicioso! Parece que viene impregnado de la claridad y armonía que
+reinan en su alma. Es una voz que suena más en el corazón que en el
+oído, que nada dice a los sentidos, que despierta el anhelo de las
+alegrías íntimas y serenas del hogar; una voz hecha como los bálsamos
+para curar las heridas que el mundo nos infiere... Nada nos hemos dicho
+de nuestro amor, pero en el brillo de sus ojos, en el cuidado con que
+evitaba el mirarme, he gustado más dicha que si me prometiese amarme
+eternamente. El único signo que advertí de su emoción fue cuando le di
+la mano al acercarme. ¡Qué encarnada se puso la pobrecita!</p>
+
+<p>Moreno continuaba sonriendo con la misma condescendencia, mientras su
+amigo se desahogaba tan fogosamente. Al cabo le atajó.</p>
+
+<p>&mdash;No te forjes muchas ilusiones por eso del rubor ni te subas al
+trípode. El rubor es un fenómeno muy prosaico, querido. No significa más
+que un cambio de la circulación sanguínea. Las arterias, al aumentar o
+disminuir de diámetro, enrojecen la piel o la hacen empalidecer. Ni te
+vayas a figurar que sólo las vírgenes se ruborizan, o que sea este
+fenómeno privativo del ser humano. Los animales también se enrojecen. El
+conejo es un animal tan sensible que con la más leve impresión se tiñen
+de carmín sus orejas, y se ha observado que los conejos jóvenes se
+enrojecen más fácilmente que los viejos.</p>
+
+<p>Mario quedó acortado. Le miró fijamente con ojos de asombro y al fin
+murmuró entre triste y colérico:</p>
+
+<p>&mdash;Pero, Adolfo, ¡por Dios! ¿qué tienen que ver ahora los conejos
+jóvenes?...</p>
+
+<p>&mdash;No... yo no quería decirte... Es simplemente un dato fisiológico.</p>
+
+<p>Recobrose el joven y volvió a coger el hilo de sus impresiones. Las iba
+narrando con entusiasmo, de un modo incoherente, como si estuviese solo.
+Tal vez comprendía vagamente que lo estaba; porque Moreno, a juzgar por
+su mirada distraída y su continente reflexivo, debía de hallarse en
+aquel momento meditando sobre algún oscuro problema de la morfología.</p>
+
+<p>Después de describir y pesar una por una las gracias de Carlota y
+colocarla sobre un rico pedestal de mármol ornado de bajos relieves de
+Fidias, por encima de todas las mujeres de este mundo, casi a la altura
+de la Niobé de Praxíteles, vino a soñar despierto, a pintar de un modo
+plástico la única dicha a que aspiraba uniéndose a ella...</p>
+
+<p>&mdash;No soy hombre de grandes ambiciones, Adolfo, bien lo sabes. Para ser
+feliz, no necesito más que cariño, sosiego y un mediano pasar. Un
+cuartito al Mediodía con ventanas al campo aunque esté sobre el tejado;
+una mujercita sana, risueña, que venga a abrirme la puerta; oírla
+teclear después de comer alguna sonata de Beethoven... y que me dejen
+libre alguna hora para modelar cualquier muñeco. Estoy solo en el
+mundo. Apenas he conocido a mi madre. Mi padre se esforzó toda la vida
+en hacerme menos terrible esta pérdida. ¡Dios le bendiga por ello! Pero
+el amor de una madre es insustituible, no tanto por lo vivo y profundo,
+sino por lo que tiene de femenino. El hombre necesita en todos los
+momentos de su vida del amor de la mujer; primero de la madre, luego de
+la esposa, más tarde de la hija. Además, el hombre sin familia no se
+comprende; es un ser incompleto, absurdo, está fuera de la naturaleza.</p>
+
+<p>&mdash;Permíteme, querido&mdash;manifestó Moreno extendiendo la diestra con
+solemnidad y acentuando aún más la superioridad de su sonrisa.&mdash;Más vale
+que no te metas a definir las leyes de la naturaleza. Esas cosas hay que
+estudiarlas con atención y tú no creo que te hayas entretenido hasta
+ahora en ello. El que la familia sea una ley natural y que no podamos
+pasar sin ella me parece una de tantas afirmaciones gratuitas como
+sientan los metafísicos. No se apoya en ningún dato experimental. Entre
+los Bochimanos no existe la familia; entre algunos pueblos polinésicos
+tampoco... En cambio se encuentra algo semejante establecido entre
+ciertos monos ordinarios. Y desde luego entre los antropoides. El
+chimpanzé y el gorila suelen constituir familia.</p>
+
+<p>La exhibición de este preciosísimo dato le dejó tan satisfecho que, en
+el exceso de su alegría, tosió dos o tres veces de un modo modesto,
+indicando que estaba dispuesto a rechazar toda enhorabuena. Acto
+continuo echó mano a la botella de agua, se escanció un vaso y lo apuró
+lentamente con majestuoso ademán, a fin de serenarse.</p>
+
+<p>Mario le contemplaba fijamente.</p>
+
+<p>&mdash;Mira, Adolfo&mdash;dijo al fin procurando reprimir la indignación,&mdash;yo
+nunca he dudado de tu ciencia. Reconozco que sabes mucho más que yo, y
+aunque a mí no me interesen gran cosa los Bochimanos, les concedo toda
+la importancia que tú quieras, por más que tú mismo dices que son unos
+salvajes... Pero, francamente&mdash;añadió poniéndose fuertemente colorado y
+clavando una mirada colérica en la mesa,&mdash;eso de que hablándote yo de mi
+amor por Carlota, que es un ángel bajado del cielo, me saques a relucir
+el gorila y el chimpanzé, no es decente... no es decente... ¡vamos, que
+no es decente!</p>
+
+
+
+<h3><a name="III" id="III"></a>III</h3>
+
+
+<p>Vivió desde aquella noche memorable en un estado de exaltación próximo a
+la locura. En su casa dejó de ser, con sorpresa de la patrona, el
+huésped silencioso, tolerante, que ésta se complacía en ofrecer de
+modelo a los demás. Se mostró impaciente, huraño, imperioso; armaba con
+la criada cada pelotera que la vajilla retemblaba con los apóstrofes;
+todo porque le había servido el almuerzo diez minutos más tarde de lo
+que le había ordenado, o no había podido llevarle el sombrero a
+planchar. De igual modo andaba constantemente a la greña con la
+planchadora sobre si los puños, sobre si los cuellos, y con la camarera
+sobre si las botas, sobre si el botón de la levita. La misma D.ª Romana,
+su respetabilísima patrona, a pesar de su continente digno y talento
+persuasivo, no se libraba de las amargas recriminaciones del joven, y a
+veces de sus violentísimos apóstrofes.</p>
+
+<p>&mdash;Pero, D. Mario&mdash;decía la diplomática señora mientras los ricitos
+postizos de su cabeza se agitaban con elocuencia,&mdash;¿cómo quiere usted
+que la comida esté sazonada o no se la sirvan fría, cómo quiere usted
+que le tenga el cuarto arreglado a tiempo ni las cosas a punto, si desde
+hace una temporada no tiene hora fija para nada; tan pronto se le ocurre
+almorzar a las once como a las dos, unas veces se levanta a las siete de
+la mañana, otras duerme hasta las tres de la tarde? Y sobre esto, los
+criados siempre en danza, a casa del sastre, del camisero, a llevar
+cartas y recados a la calle de Ramales.</p>
+
+<p>Era el mismo Evangelio lo que la buena señora alegaba. Los tirabuzones
+sujetos a su frente lo corroboraban con vivos movimientos de
+trepidación. Mario cometía estos desórdenes y otros más. La causa
+estaba en la calle de Ramales, bien lo sabía D.ª Romana; pero no se
+atrevía a expresarlo, aunque lo indicaba recalcando un poquito la
+palabra. Es decir, no estaba en la calle de Ramales. Donde estaba
+realmente era en el cerebro exaltado del joven escultor. Porque ¿qué
+culpa tenía Carlota de que se levantase a las seis de la mañana,
+habiéndole dicho la noche anterior que oiría misa a las diez en el
+Sacramento? ¿Ni por qué pedía a grandes voces el almuerzo a las once, si
+le constaba que hasta las dos lo menos no había de salir de tiendas D.ª
+Carolina con sus hijas? Tampoco era Carlota responsable de que nuestro
+joven perdiese la razón al ver una minúscula arruga en el planchado de
+los puños o las botas sin el conveniente brillo, porque no tenía la
+costumbre de reconocer minuciosamente ni los puños ni las botas de su
+novio. Es más, aunque advirtiese la arruga del planchado o la opacidad
+de las botas, era tan bonachona que se lo perdonaría sin gran esfuerzo.</p>
+
+<p>Al principio nuestro joven iba dos veces por semana a pasar un ratito
+después de la oficina a casa de D. Pantaleón. Poco después, un día sí y
+otro no; luego, todos los días. Esto sin perjuicio de verse y hablarse
+diariamente en el café del Siglo y de las salidas extraordinarias a misa
+y a tiendas, en que <i>casualmente</i> se tropezaban. Pero no bastaba todavía
+a calmar las ansias amorosas del escultor. Todavía ideó el acudir
+también algunas mañanas a casa de su novia con diferentes pretextos;
+luego descaradamente y todos los días. De modo que, lo que decía
+confidencialmente D.ª Carolina a la señora Rafaela:&mdash;Hija, estos
+muchachos no me dejan tiempo para arreglar mi casa ni para vigilar la
+cocina; no puedo cepillar la ropa a Pantaleón, no puedo escribir una
+carta, no puedo hacer una visita. ¡Siempre clavada a la silla en el
+gabinete! Luego, si Presentación me ayudase un poco a soportar la carga;
+pero ¡que si quieres!</p>
+
+<p>En efecto, cuando por algún apuro imprescindible D.ª Carolina la llamaba
+para que se estuviese al lado de los novios, mientras ella permanecía
+fuera, Presentación levantaba los brazos al cielo exclamando:</p>
+
+<p>&mdash;¡Dios mío, qué pecado habré cometido para desempeñar tan joven estos
+papeles!</p>
+
+<p>Y si la señora tardaba mucho, se escapaba diciendo:</p>
+
+<p>&mdash;No puedo más. Dispensadme. Cuidado con ser buenos.</p>
+
+<p>En vano la pobre Carlota le gritaba ruborizada:</p>
+
+<p>&mdash;¡Niña, niña! ¡Por Dios, no marches!</p>
+
+<p>&mdash;No puedo más&mdash;repetía huyendo,&mdash;no puedo más. La carga es superior a
+mis fuerzas.</p>
+
+<p>D.ª Carolina, por estas y otras contrariedades, tenía frecuentes accesos
+de mal humor; gritaba a sus hijas, las llenaba de improperios; a veces,
+de esta marejada salpicaba también alguna espuma a Mario. Pero no se
+daba por ofendido; al contrario, sentía cierto deleite en que la mamá de
+su adorada le reprendiese, le tratase con tal excesiva confianza: le
+parecía que de tal modo se acortaba cada vez más la distancia que
+mediaba para ser su hijo.</p>
+
+<p>Pero la gran dificultad para esto y para todo en aquella casa era D.
+Pantaleón. No lo parecía. Mario hallaba en él un hombre grave, pero
+dulce, afectuoso, de una cortesía exquisita. Apenas se le sentía en la
+casa. Sin embargo, D.ª Carolina, a quien trasmitía sus órdenes, estaba
+siempre pendiente de ellas, y no daba jamás un paso sin consultarle y
+pedirle la venia. Así que nuestro joven, a fuerza de sentir su
+influencia en todos los momentos sin escuchar su voz, sin ver el ademán
+imperativo de su diestra, había llegado a profesarle un respeto
+profundísimo, una veneración sin límites, contemplando su cara
+enigmática y misteriosa como la de un dios impenetrable. Cuando le
+tropezaba por los pasillos de la casa, y sucedía bastantes veces, porque
+el Sr. Sánchez era muy dado a pasear por ellos con zapatillas, le daba
+un vuelco en el corazón y le saludaba con una turbación que, lejos de
+disminuir, aumentaba cada día.&mdash;He aquí el hombre&mdash;se decía al apartarse
+de él&mdash;en cuyas manos se encuentra mi felicidad o mi desgracia.</p>
+
+<p>La influencia de D. Pantaleón se sentía en todos los momentos y se
+extendía a los pormenores más insignificantes de la vida doméstica. Para
+salir a tiendas, para ir a paseo, para comprarse unas botas, para
+suscribirse al periódico de modas, para cambiar de panadero, se
+necesitaba acudir a su autoridad suprema. Mario la encontraba
+asfixiante, pero se sometía.</p>
+
+<p>La vida de aquel déspota no podía ser más sencilla. Levantábase
+invariablemente a las nueve de la mañana, y después de desayunarse
+terminaba la lectura de <i>La Época</i>, que había comenzado la noche
+anterior. La leía toda, hasta el folletín y los anuncios, encerrado en
+su habitación, sin que bajo ningún pretexto consintiese D.ª Carolina que
+se le fuese a interrumpir. Esta escrupulosidad concienzuda aplicada a la
+lectura de un periódico, que ordinariamente suele hacerse a la ligera,
+¿no es indicio de un carácter reflexivo a investigador, de una
+inteligencia firme y ansiosa de nutrirse? El curso de la presente
+historia lo dejará cumplidamente demostrado. Aquella lectura, trivial
+para la mayor parte de los hombres, despertaba en el cerebro de Sánchez
+copiosa serie de pensamientos graves o frívolos, según su orden.</p>
+
+<p>Para meditarlos, para clasificarlos, para extraerles el jugo, se salía
+al pasillo, y envuelto en su bata alfombrada y provisto de silenciosas
+zapatillas suizas, paseaba grave y acompasadamente hasta la hora de
+almorzar. Después del almuerzo y de reposar algunos minutos, se salía a
+dar un largo paseo contemplativo por el Retiro. Cualquiera que le viese
+recorriendo lentamente, con las manos atrás y la cabeza inclinada hacia
+la izquierda, los arenosos caminos del Parque, diputaríale por un
+ocioso, un militar retirado, un propietario, algo, en suma, vulgar y
+hasta inútil en la sociedad. ¡Cuán engañosas son las apariencias! Algo
+así pensaban los habitantes de la ciudad de Heidelberg cuando el gran
+Emmanuel Kant cruzaba de paseo con su paraguas bajo el brazo. Y si le
+hallasen sentado en un banco frente al Estanque grande, inmóvil, con la
+mirada fija, tal vez imaginaran que aquel hombre no pensaba en nada. Y
+así era, en efecto. D. Pantaleón en aquellos momentos tenía el
+pensamiento tan inmóvil como su cuerpo; yacía entregado a una sensación
+de bienestar animal, que inundaba su ser como una ola tibia y lo
+paralizaba. Muchas veces duerme así el espíritu cuando se prepara a una
+actividad enérgica, como el luchador que reposa para disponer de toda la
+fuerza de sus músculos. El genio dormía en el fondo de su alma, sin que
+nadie, ¡nadie! ni él mismo, sospechase su presencia.</p>
+
+<p>D. Pantaleón Sánchez no era rico. Sólo tenía un pasar adquirido en el
+comercio de géneros de punto a fuerza de economías y privaciones. Y aquí
+salta una observación, que merece ser expresada, es a saber: que casi
+ninguno de los hombres que han influido poderosamente sobre sus
+semejantes o han dado impulso y dirección al progreso dispusieron de
+grandes bienes de fortuna. Después de traspasar la tienda al primero y
+único de sus dependientes, sólo poseía en valores del Estado una renta
+de ocho a diez mil pesetas. Gracias al orden y economía de su fiel
+esposa podían vivir cómoda y decorosamente.</p>
+
+<p>A los quince días de entrar en la casa ya nuestro joven escultor ardía
+en deseos de formar parte integrante de la familia. Pero no se atrevió
+a expresarlo sino de un modo indirecto y vago, y con las mejillas
+coloradas, a Carlota, que a su vez le respondió, ruborizada también, que
+«no se pensase todavía en aquello.» Pero ambos siguieron pensando, cada
+cual por su lado; de tal suerte, que si sus bocas estaban calladas, se
+lo decían a todas horas con los ojos. Cuando estaban juntos y se
+quedaban algunos instantes silenciosos con la mirada extática, bien
+podría apostarse doble contra sencillo a que ambos pensaban en
+<i>aquello</i>.</p>
+
+<p>Un día, después de larga pausa, dijo Mario repentinamente:</p>
+
+<p>&mdash;¿Por qué no se <i>lo</i> dices a tu mamá?</p>
+
+<p>&mdash;No me atrevo. Díselo tú&mdash;respondió la joven anudando naturalmente la
+tácita conversación que sus pensamientos mantenían hacía tiempo.</p>
+
+<p>&mdash;¡Oh, si yo me atreviera!</p>
+
+<p>Hizo coraje algunos días: al fin se atrevió. ¡Cuánta duda, cuánta
+vacilación antes que las abrasadoras palabras saliesen de sus labios!</p>
+
+<p>Estaba D.ª Carolina subida encima de una silla sujetando un visillo del
+balcón. Carlota había salido en busca de tijeras. Sin saber cómo,
+aprovechándose tal vez de que la buena señora se hallaba de espaldas y
+no podía anonadarle con una mirada fulgurante, dijo con voz bastante
+entera:</p>
+
+<p>&mdash;D.ª Carolina, cuando usted termine ahí voy a darle un susto.</p>
+
+<p>&mdash;¿Un susto?&mdash;repuso la señora volviendo la cabeza con sorpresa.</p>
+
+<p>&mdash;¡Sí, un susto!&mdash;repitió el joven sonriendo alegremente, cada vez más
+animado.&mdash;Pero no tenga usted miedo. Es un susto puramente moral.</p>
+
+<p>&mdash;¡Bueno!&mdash;exclamó en actitud vacilante, sonriendo también.&mdash;No sé qué
+será... Voy a concluir.</p>
+
+<p>En los breves instantes que duró la operación tuvo tiempo a perder todo
+el valor que había mostrado. De suerte que cuando D.ª Carolina se bajó
+de la silla, con la misma ligereza que una niña, y se volvió, encontrose
+con un hombre desencajado, tembloroso, que daba pena mirarle.</p>
+
+<p>&mdash;Usted me dirá... ¿qué susto es ése?</p>
+
+<p>&mdash;¡El que yo tengo!&mdash;debió responder Mario, pero no lo dijo. Limitose a
+llevarse la mano a la boca para toser, sin gana por supuesto, y profirió
+con trabajo:</p>
+
+<p>&mdash;Si a usted le parece, podemos sentarnos.</p>
+
+<p>&mdash;Con mucho gusto. Nada nos darán por estar de pie.</p>
+
+<p>D.ª Carolina aparentaba indecisión y sorpresa que no sentía. No se
+necesitaba ser lince para comprender de qué se trataba.</p>
+
+<p>&mdash;Debo ante todo... Cuando tuve el honor de ser presentado a ustedes...
+Sentiría muchísimo...</p>
+
+<p>No hallaba medio de tomar la embocadura. Estaba cada vez más turbado. En
+aquel momento apareció en la puerta Carlota. Al ver su encantadora
+figura, de formas elegantes y redondeadas, sus ojos animados, sus
+mejillas frescas adornadas de un par de hoyos como dos nidos de amor,
+sus labios de cereza, una verdadera rosa, en fin, de carne y hueso,
+recobró de pronto todo el aplomo y dijo con voz segura:</p>
+
+<p>&mdash;Me alegro de que venga Carlota y escuche lo que le voy a decir...</p>
+
+<p>Carlota se acercó. En la actitud de su novio adivinó en seguida lo que
+pasaba.</p>
+
+<p>&mdash;Pues bien, señora, lo que tengo que manifestar a usted es que, lo
+mismo Carlota que yo, deseamos casarnos cuanto más antes.</p>
+
+<p>&mdash;¡No, no! ¡yo no!&mdash;exclamó la joven encendida en rubor y echando a
+correr.</p>
+
+<p>D.ª Carolina se mostró sorprendidísima.</p>
+
+<p>&mdash;¡Pero eso es un escopetazo, Costa! Razón tenía usted en decir que me
+iba a dar un susto. ¡Ave María Purísima! ¡Quién había de pensar!...</p>
+
+<p>Y por algunos momentos no dejó de hacerse cruces y proferir
+exclamaciones. Repuesta al fin un poco, llamó a Carlota.</p>
+
+<p>&mdash;¡Niña, no seas ridícula, ven aquí!</p>
+
+<p>Y en voz baja añadió:</p>
+
+<p>&mdash;¡Pobrecilla! La ha puesto usted en un apuro.</p>
+
+<p>Vino Carlota hecha una rosa de Alejandría por lo roja y por lo hermosa.
+Sentáronse los tres en el sofá, la mamá en el medio, y cogiendo
+amorosamente las manos de su hija y mirando a Mario de reojo, se expresó
+de esta manera:</p>
+
+<p>&mdash;A pesar del susto, no le guardo rencor. Me esperaba que algún día
+había de suceder esto, aunque, a la verdad, no tan pronto. Mentiría,
+Costa, si le dijese que no me es usted muy simpático y hasta que le
+quiero ya como cosa propia. No tiene nada de particular. Basta que una
+persona quiera a mis hijas para que la adore yo. Lo que mis hijas
+desean, eso es precisamente lo que a mí me complace. Soy una débil
+criatura sin voluntad propia; todo el mundo lo sabe. ¡Hablarme a mí de
+que desean casarse!... ¿Para qué? De antemano tienen ya mi
+consentimiento para eso como para todo lo que se les antoje. Mi carácter
+es así. Aunque me parezca prematuro el matrimonio y que convendría
+esperar algo más, porque usted no se halla, desgraciadamente, en
+posición de sostener las cargas de una familia, no lo puedo remediar...
+Por mí, mañana mismo les echa la bendición el cura. Es una desgracia
+tener este carácter, señor Costa, créame usted. Mis amigas me dicen con
+razón: «Tú no eres una mujer, Carolina, eres un trapo.» ¿Y qué le vamos
+a hacer? Cada cual es como Dios le crió. De todos modos, le agradezco
+en el alma que haya contado conmigo... Demasiado sé que es pura
+galantería, pero lo agradezco... Vamos ahora a lo más principal, mejor
+dicho, a lo único principal que hay en este negocio. ¿Quién se lo dice a
+Sánchez? ¿Quién le pone el cascabel al gato?</p>
+
+<p>&mdash;Mamaíta, díselo tú&mdash;manifestó Carlota, cuyas mejillas no habían
+perdido su vivo color rojo.</p>
+
+<p>&mdash;¿Lo ve usted?&mdash;exclamó la buena señora, volviendo el rostro lleno de
+dulce condescendencia hacia Mario.&mdash;¡Cuando yo lo decía!... Bien, hija
+mía, bien; yo se lo diré... Para mí será el desaire si lo hay. Prefiero
+sufrirlo yo todo. Y para que vean ustedes adónde llega mi complacencia,
+ahora mismo se lo voy a decir; ahora que está solo en su cuarto... ¡Ea,
+valor!</p>
+
+<p>D.ª Carolina se alzó del sofá y dio tres o cuatro pasos.</p>
+
+<p>&mdash;¡Si supieran ustedes cuánto lo temo!&mdash;dijo parándose.&mdash;No lo puedo
+remediar; siempre que voy a decir algo importante a Pantaleón, me sucede
+lo mismo, me pongo temblorosa; toda me aturrullo... Mire usted cómo me
+tiembla la mano, Costa.</p>
+
+<p>Mario apretó la mano de su futura suegra, pero no pudo comprobar el
+temblor. Lo único que advirtió es que estaba fría.</p>
+
+<p>&mdash;Sí, sí&mdash;dijo galantemente,&mdash;y además está fría.</p>
+
+<p>&mdash;¡Friísima!... Lo mismo me pasa siempre... Vaya, armémonos de valor.
+Voy antes a beber una copita de Jerez para criar fuerzas... Hasta luego,
+hijos míos, hasta luego y ¡buena suerte!</p>
+
+<p>Todavía desde la puerta se volvió con semblante risueño, radiante de
+condescendencia.</p>
+
+<p>&mdash;¡Cómo me late el corazón!&mdash;exclamó llevándose la mano al
+pecho.&mdash;¡Adiós! ¡Buena suerte!</p>
+
+<p>A quien le latía hasta querer saltársele del pecho era al pobre Mario.
+No se atrevió a mirar a Carlota. Tampoco ésta volvió su rostro hacia él.
+Felizmente vino a sacarlos del apuro la bella Presentación. Entró seria,
+ceñuda y, sentándose cerca del balcón, exclamó con un suspiro:</p>
+
+<p>&mdash;¡Ea! ¡Ya estoy en funciones!</p>
+
+<p>Lo mismo Carlota que su novio no pudieron menos de sonreír.
+Trascurrieron algunos minutos en silencio.</p>
+
+<p>&mdash;Pero vamos a ver&mdash;profirió después volviéndose airada hacia
+ellos,&mdash;¿cuándo me van ustedes a dejar en paz? ¿Se quieren ustedes casar
+pronto, empachosos?</p>
+
+<p>&mdash;De eso se trata&mdash;respondió gravemente Mario.</p>
+
+<p>Y como la joven le mirase sorprendida, su hermana añadió tímidamente:</p>
+
+<p>&mdash;Mamá se lo está comunicando en este momento a papá.</p>
+
+<p>La cara de Presentación expresó un gozo sincero.</p>
+
+<p>&mdash;¿Es de veras? ¡Cuánto me alegro, hermana de mi alma!&mdash;exclamó
+levantándose y abrazándola con efusión.&mdash;¡Toma un beso, toma dos, toma
+veinte!... Sea enhorabuena. Démela usted a mí también, Costa, y pídame
+perdón por las mil iniquidades que ha hecho conmigo... ¡Qué gusto,
+Virgen de Atocha!... Ya concluyeron las centinelas. Ahora son ustedes
+los que me van a guardar a mí. ¡Y que no te voy a dar poca tarea,
+Carlota! Me vas a sacar a paseo todos los días, ¿sabes? todos, sin
+faltar uno. Y por la mañana me llevarás a misa... y después... después
+unas vueltas entre calles para lucir este cuerpecito...</p>
+
+<p>Daba saltos de alegría y batía las palmas la revoltosa niña, tanto por
+la perspectiva de aquella bienandanza como por ver a su hermana feliz;
+porque en el fondo no era mala, aunque Timoteo la apellidase casi todas
+las noches ingrata y orgullosa con el violín.</p>
+
+<p>Mas he aquí que en lo más recio de esta alegría turbulenta aparece D.ª
+Carolina. Nada más que con mirarla comprendieron Mario y Carlota lo que
+había. Traía la cara larga, larga como si viniese de un entierro. ¡Ay,
+sí, el entierro de las esperanzas de Mario! Mientras se acercaba
+lentamente hacia ellos ejecutó un sinnúmero de muecas y visajes,
+expresando alternativamente el dolor, la protesta y la resignación.
+Sentose de nuevo en silencio entre los dos, y en silencio también y con
+rara energía apretó las manos a Mario fijando en él al mismo tiempo una
+mirada de indefinible tristeza.</p>
+
+<p>&mdash;No se apure, señora&mdash;exclamó éste haciendo de tripas corazón,
+esforzándose por sonreír.&mdash;¿No puede ser? Lo siento muchísimo; pero lo
+mismo Carlota que yo sabremos tener calma y esperar con paciencia.</p>
+
+<p>D.ª Carolina se llevó el pañuelo a los ojos como si quisiera llorar.</p>
+
+<p>&mdash;¿Qué es eso? ¿No hay boda?&mdash;preguntó Presentación; y, levantándose con
+ademán desabrido, añadió:&mdash;¡Bah, bah! La culpa ya sé yo de quién es.</p>
+
+<p>No hubo más remedio que resignarse. Don Pantaleón hallaba prematuro el
+matrimonio. Los hombres, según decía su esposa, miran las cosas de un
+modo prosaico; se fijan en el porvenir, en las necesidades y
+obligaciones que trae consigo; todo lo ven de color negro. Nosotras
+procedemos de otro modo, por entusiasmo, por cariño; cuando se nos
+interesa el corazón no queremos ver las dificultades. Por mi parte,
+aunque no tuviese usted empleo ninguno, aunque fuese un pobre de la
+calle, bastaría el afecto que le tengo para que le entregase a mi hija
+sin reparar en nada.</p>
+
+
+
+<h3><a name="IV" id="IV"></a>IV</h3>
+
+
+<p>Esperaron, pues, pacientemente a que Sánchez se ablandara. La vida
+siguió deslizándose en la misma forma que antes, creciendo de día en día
+la confianza y el cariño entre nuestro joven y la familia de su novia.
+No salía de la casa. Cuando iban a paseo por Recoletos, Mario y Carlota
+marchaban delante y detrás D.ª Carolina y Presentación. Al poco tiempo
+todo Madrid los conocía. «Ahí vienen <i>los novios</i>,» se decían los
+paseantes al verlos. Entre algunos chistosos comenzó a llamárseles <i>I
+promessi spossi</i>. Y como suele suceder, al cabo de algunos meses
+llegaron a aburrir a la gente. ¡Pero, señor! ¿cuándo se casan estos
+chicos?</p>
+
+<p>D.ª Carolina consintió al fin, a ruego de Mario, en tutearle, y hasta
+llevó su condescendencia a permitir que la llamase mamá, todo en secreto
+por supuesto y cuando Sánchez no se hallaba presente. Un día que delante
+de éste se le escapó llamarle de tú, ¡Jesucristo, lo colorada que se
+puso la buena señora! Mario estaba hechizado; la adoraba.</p>
+
+<p>Pocos meses después acaeció un cambio en la política. Cayó el ministerio
+y se formó otro nuevo. El ministro de Ultramar saliente se acordó de
+Mario por la amistad que había mantenido con su padre y le dejó
+ascendido en lo que se denomina en términos burocráticos testamento.
+Tenía diez y seis mil reales de sueldo. D.ª Carolina mostró al saberlo
+una alegría verdaderamente maternal. Tanto que a los pocos días le llevó
+sigilosamente hacia un rincón y le dijo con misterio que si se lo
+permitía iba a dar «otro tiento» a Sánchez: desconfiaba bastante del
+éxito, pero iba a hacer un esfuerzo supremo... «Ya veríamos.»</p>
+
+<p>En el pecho del joven escultor renacieron súbito las esperanzas. Se puso
+tan nervioso, que la bondadosa señora, para completar su caritativa
+obra, mostrose propicia a ir en aquel mismo momento al cuarto del severo
+esposo. Mario no pudo contenerse; poco menos que la hizo salir a
+empujones de la habitación. Ella sonreía dulcemente llamándole loco.</p>
+
+<p>¡Qué zozobra! ¡qué congojas las de los novios mientras permaneció por
+allá! Llegó a tal extremo, que Mario ¡pobre muchacho! consintió en rezar
+con Carlota algunos padres nuestros para obtener un resultado favorable.</p>
+
+<p>El cielo escuchó sus oraciones. D.ª Carolina se presentó al cabo de
+media hora radiante de dicha. Y antes de que saliese una palabra de sus
+labios, corrió hacia su hija y la abrazó estrechamente derramando un
+torrente de lágrimas. Después hizo lo mismo con Mario. Éste experimentó
+tan fuerte emoción, que quiso volverse loco. Lloró, rió, bailó, besó las
+manos a su futura suegra llamándola madre, prometiéndole amarla y
+obedecerla siempre como un hijo sumiso; en fin, mil ridiculeces que
+harán sonreír a todo el que no haya estado de veras enamorado.</p>
+
+<p>Desde entonces no se habló más que de la boda. Comenzaron a comprar la
+ropa blanca; esto es, comenzó el único período de la existencia que
+puede dar idea aproximada de lo que acontece en el cielo. Esta memorable
+etapa de la ropa interior ejerció tal influencia en la felicidad de
+Mario, que muchos años después, al pasar delante de un bazar de ropa
+blanca y ver colgadas en el escaparate algunas enaguas y camisas de
+señora, aún sentía latir su corazón conmovido. D.ª Carolina fue el
+Espíritu Santo de este almo cielo. Cuando nuestro joven la veía ponerse
+las gafas y tomar entre sus dedos una chambra, frotarla cuidadosamente,
+acercarla a los ojos para ver si descubría alguna pérfida hebra de
+algodón entre su cándido hilo, un estremecimiento de dicha inefable
+corría por su cuerpo; la emoción le ahogaba; necesitaba volverse de
+espaldas para no caer a sus pies y expresarle en términos fervorosos
+delante de los horteras toda la veneración, todo el entusiasmo que su
+conducta generosa le inspiraba.</p>
+
+<p>Luego se fijó el día: se discutió la forma en que había de celebrarse.
+Antes se había convenido en que los novios no vivirían aparte «por
+ahora.» El pequeño sueldo de Mario no lo consentía. D. Pantaleón
+manifestó por boca de su esposa que mientras el matrimonio no se hallase
+en condiciones de establecerse, viviría en su compañía. El mismo D.
+Pantaleón resolvió que la boda se celebrase con un día de campo en los
+Viveros, como era uso y costumbre entre el elemento distinguido del
+comercio de Madrid.</p>
+
+<p>Fue en el primer domingo de Agosto. Mario convidó a sus amigos los
+tertulios del café del Siglo, Miguel Rivera, Adolfo Moreno, Llot,
+Oliveros, Romadonga y tres o cuatro compañeros de oficina: los señores
+de Sánchez, a varias distinguidas familias del comercio, y entre ellas a
+la del mismísimo presidente de la <i>Liga de Productores</i>, propietario de
+una gran fábrica de ladrillo refractario en las afueras de Madrid. Los
+esposos Sánchez no mantenían amistad muy íntima con esta familia; pero
+comprendiendo todo el lustre que sobre la fiesta recaería si lograban
+que asistiese a ella, les escribieron una rendida carta. Los señores de
+Corneta, que así se llamaba el presidente de la Liga, respondieron con
+una muy amable esquela aceptando y enviando al propio tiempo una precisa
+licorera, que enriqueció la serie de regalos que los novios recibieron
+en aquellos días. D.ª Carolina los había colocado todos en un gabinete
+de la casa en medio de una bonita decoración de percalina para que
+hiciesen más impresión. Había muchos y muy lindos, pero entre todos
+predominaba una rica colección de barómetros y termómetros de todas
+formas y tamaños. Los amigos habían comprendido, con admirable instinto,
+que nada puede interesar tanto a unos recién casados como la observación
+atenta de los fenómenos meteorológicos.</p>
+
+<p>El primer domingo de Agosto amaneció tan espléndido, tan claro y
+caliente como casi todos sus colegas del estío en Madrid. Los asistentes
+a las primeras misas en la iglesia de Santiago pudieron ver en una de
+las capillas laterales a un joven correctamente vestido de negro hincado
+delante de un confesonario. Nada tenía de particular. Pero en el
+confesonario de enfrente había una joven también vestida de negro con la
+cara pegada a la ventanilla. Esto era ya grave. Así lo entendieron los
+fieles, y por eso, pecando contra el tercer mandamiento, no les quitaron
+ojo mientras duró la confesión.</p>
+
+<p>El cura tenía abrazado al joven, de suerte que los asistentes no podían
+observar más que sus piernas, que no decían nada. Pero la joven dejaba
+ver un cacho de mejilla, y este cacho de mejilla, por lo suave, por lo
+terso, por lo sonrosado, interesaba profundamente al auditorio, y muy
+especialmente al monaguillo que ayudaba a la misa.</p>
+
+<p>«Son unos novios,» se dijeron los fieles rebosando de curiosidad y
+penetración. En efecto, eran ellos, la fresca y simpática Carlota y el
+venturoso Mario.</p>
+
+<p>Después de la ceremonia y de tomar chocolate en la morada de D.
+Pantaleón, trasladaronse los recién casados y su cortejo en dos grandes
+ómnibus a los Viveros. Los Viveros guardan entre las filas de sus
+árboles enanos y bajo sus cenadores rústicos toda la poesía del comercio
+madrileño. Los gremios expresan allí en los días festivos que no son
+insensibles al encanto misterioso de la Naturaleza ni ajenos a las
+dulces emociones del campo. Como testimonios mudos pero elocuentes de
+este fondo poético que algunos pretenden negar, suelen verse bajo los
+frescos emparrados, donde la luz se cierne mansa y dormida, o sobre el
+fino tapiz de la yerba, entre setos de boj y cinamomo, algunas cabezas
+de sardina y no pocos residuos de huevos cocidos.</p>
+
+<p>El Sr. Sánchez, que a pesar de su temperamento meditabundo y soñador no
+olvidaba ningún pormenor interesante, había contratado el día antes un
+piano mecánico. No fue obstáculo el calor para que aquella juventud
+florida se pusiese inmediatamente a bailar con frenesí. Un caballero
+tuvo la ocurrencia de quitarse la levita; los demás le imitaron. Se
+bailó en mangas de camisa, con esa grata familiaridad que caracteriza a
+los hombres de negocios en momentos de alegría. Así y todo, se sudaba
+como en los primeros días de la creación. Las mejillas de las damas
+echaban fuego. ¡Ah, si pudieran utilizar el hielo que envolvía en aquel
+instante el corazón del violinista del café del Siglo, qué bien se
+refrescarían!</p>
+
+<p>A fuerza de inteligencia y diplomacia había logrado Timoteo que D.ª
+Carolina le invitase a la boda. Por cierto que este rasgo de generosidad
+le valió un disgusto. Su hija menor armó la de San Quintín al enterarse,
+profiriendo tan pesadas palabras que la buena señora se vio necesitada a
+zanjar la cuestión por el método usual, con un par de pellizcos. La niña
+puso el grito en el cielo. Y en estas simpáticas disposiciones hacia el
+violinista fue a la boda de su hermana. ¡Qué había de suceder! Un
+desastre. A la primer coyuntura aquellos dos pellizcos se los aplicó en
+el alma al causante de todo.</p>
+
+<p>&mdash;Presentacioncita, ¿me haría usted el honor de bailar conmigo esta
+polka?</p>
+
+<p>&mdash;Gracias, no bailo.</p>
+
+<p>Pocos instantes después llega otro joven y le hace la misma invitación.
+Presentación vacila un momento, mira de reojo al violinista, sonríe
+maliciosamente y se deja arrastrar al baile por tal odiosísimo sujeto, a
+quien desde aquel punto dedica Timoteo toda la hiel que elabora su
+organismo.</p>
+
+<p>Este ser repugnante y abyecto, llamado Grass, dedicaba las horas en que
+no medita o ejecuta alguna acción vergonzosa, a llevar los libros de
+comercio en dos camiserías de la calle del Príncipe. De aquí que
+pretendiese eclipsar a todos los demás por el brillo y la forma de su
+cuello a la marinera y por el esplendor de la corbata de raso azul con
+lunares blancos. Timoteo sentía la superioridad de Grass en este punto,
+pero antes le hicieran rajas que confesarlo.</p>
+
+<p>Presentación era, con mucho, la más linda de las niñas que la industria
+y el comercio habían enviado a la boda de Mario. Por eso todos los
+jóvenes le bailaban el agua, acudían a servirla y festejarla como un
+tropel de esclavos. Quién solicitaba humildemente la honra de tener por
+su abanico, quién extendía la levita sobre la yerba para que se sentase;
+los unos corrían a buscarle un vaso de agua cuando tenía sed y se lo
+presentaban con azucarillo y gotas de azahar, o con anís o con jarabe de
+grosella, para que eligiese; los otros se consideraban felices con que
+de lejos les enviase una ligera sonrisa. Con esto la niña, que había
+mostrado siempre marcada inclinación a las pompas mundanas, se puso
+insufrible. Parecía una sultana cruel y despótica. A fuerza de ver
+inmediatamente obedecidos sus caprichos, ni sabía ella misma lo que
+quería. Tan pronto llamaba a un mancebo y le permitía sentarse a sus
+pies y le escuchaba y le miraba amablemente, como le arrojaba con ademán
+feroz y viento fresco. Unas veces exigía que le contasen algo, otras les
+obligaba a permanecer inmóviles y silenciosos. Fortuna fue que no se le
+ocurrierra mandar ahorcar de un árbol a Timoteo, porque en el estado en
+que se hallaban los espíritus, ¡quién sabe lo que sucedería!</p>
+
+<p>Pero el que logró presto sobreponerse a sus colegas y fijar la atención
+de la bella fue Grass. Y esto no sólo por el prestigio de su corbata,
+sino porque además era hombre de iniciativa y ocurrente. Cada una de sus
+frases, un poema de gracia. Cuando tenía que referirse a su propia
+cabeza, la llamaba «la calabaza.» «Yo conocí en Sevilla una
+señora&mdash;decía&mdash;que comía por la boca.»</p>
+
+<p>Poseía asimismo una imaginación fecunda y audaz para toda clase de
+farsas divertidas y talento especial para imitar la voz, el gesto y el
+modo de andar de cualquier persona. Corría y brincaba con agilidad
+pasmosa, a pesar de su obesidad bien pronunciada. Cantaba con voz de
+tiple, de tenor, de barítono y bajo, y se sabía que proyectaba figuras
+en la pared con la sombra de las manos de modo maravilloso. Finalmente,
+era un prestidigitador consumado. A ruego de varias muchachas, hizo
+algunos juegos de manos que produjeron entusiasmo en los invitados.
+Claro está que para efectuarlos necesitaba ayudantes. Grass los elegía
+entre las jóvenes más lindas. Y aunque todas le servían con agrado y
+diligencia, se distinguía particularmente por su entusiasmo
+Presentación. ¡Las diabluras que aquel hombre festivo llevó a cabo con
+ella, sacándole monedas del pelo, de las narices, del cuello!...</p>
+
+<p>¡Timoteo ansiaba beber su sangre!</p>
+
+<p>A las once, poco más o menos, hizo su entrada triunfal en el Vivero la
+familia del presidente de la Liga de Productores. En cuanto se tuvo
+noticia de que un carruaje estaba a la puerta, la mayor parte de los
+invitados abandonaron los placeres y corrieron hacia allá, deseando
+hacer ostensible su amistad con personas tan distinguidas, que hacían
+viso en la sociedad madrileña y tenían carruaje propio. Venían el
+presidente, su esposa y dos hijas. El Sr. Corneta tenía la misma
+elegante figura que un carnicero en día de fiesta. Pequeño, obeso,
+colorado, con gabán muy largo, las enormes manos aprisionadas por
+guantes de color de sangre. Llevaba la cabeza echada hacia atrás y
+hablaba a gritos. Los millones, la Liga, la fábrica de ladrillo
+refractario, todo le salía de una vez a la cara, pugnando por arrojarse
+sobre los infelices que se le acercaban y aplastarlos. ¡Qué modo de
+tender la mano mirando hacia otro lado! ¡Qué voz ruda e impertinente
+para saludar de lejos! Imposible imaginarse una superioridad más
+protectora. Y, sin embargo, mucho más protectoras aún las miradas, las
+sonrisas y los saludos de su amable esposa e hijas. Era el juicio final.
+Los dos pimpollos vestían con pintoresca elegancia, y la mamá, a pesar
+de sus años, no les iba en zaga. Ni feas ni bonitas, pero majestuosas;
+con esa calma imponente que presta a los seres superiores la conciencia
+de su gloria. Las tres venían provistas de sendos impertinentes, con los
+cuales empezaron inmediatamente a llevar a cabo atentas y concienzudas
+observaciones sobre los invitados, como el naturalista que estudia al
+microscopio la figura y los movimientos de algunos infusorios.
+Naturalmente, bajo el poder de esta mirada investigadora, las niñas del
+comercio se ruborizaron y los jóvenes dependientes no sabían dónde poner
+los pies ni las manos, sobre todo las manos.</p>
+
+<p>&mdash;¿No viene Juanito?&mdash;preguntó no se sabe quién.</p>
+
+<p>&mdash;¡Oh, Juanito!</p>
+
+<p>Las tres damas cayeron al escuchar tal pregunta en un acceso de alegría
+que les impidió responder, aunque sin interrumpir por eso el estudio
+microscópico de aquellos curiosos seres.</p>
+
+<p>&mdash;Juanito no acostumbra a levantarse a estas horas&mdash;dijo al cabo una de
+ellas.</p>
+
+<p>«¡A estas horas! ¡Las once de la mañana! ¡Qué elegancia! ¡qué
+distinción!» pensaban los dependientes a quienes el hado adverso
+obligaba a levantarse de la cama a las seis todos los días.</p>
+
+<p>La familia Corneta fue conducida en triunfo hacia uno de los cenadores,
+donde Mario y su esposa fueron agasajados por ellos con algunas frases
+amabilísimas, de las cuales tanto D.ª Carolina como su digno esposo D.
+Pantaleón conservaron por mucho tiempo vivo recuerdo.</p>
+
+<p>Nadie osaría poner en duda entre los convidados la inmensa superioridad
+de las señoritas de Corneta en cuanto a brillo aristocrático y gracia
+protectora. Sobre todo permaneciendo calladas tales cualidades
+adquirían maravilloso relieve. Cuando tomaban la palabra quizá algún
+crítico escrupuloso pusiera reparos a la voz bronca un poco aguardentosa
+de la menor y a las frases libres y a los ademanes harto sueltos y
+descocados de la mayor. Tal vez le arrastrase su espíritu analítico a
+encontrar algún vago parecido entre estas distinguidas señoritas y las
+jóvenes que comercian con churros y buñuelos en los parajes excéntricos
+de la población. Y ¡quién sabe! una vez puesto el pie en el camino de la
+investigación, es posible que llegara a explicar este fenómeno por las
+leyes de la evolución, viendo en él la supervivencia o degeneración
+patológica de las aptitudes orgánicas de su abuela, que freía y vendía
+tales comestibles cerca de la puerta de Segovia. Pero como en aquella
+florida juventud comercial no imperaban los procedimientos analíticos,
+se aceptaron sin controversia alguna el señorío y los privilegios de las
+citadas señoritas y se las colocó en el cenador en unión de sus papás
+como dioses mayores, a quienes D.ª Carolina y D. Pantaleón y algunas
+otras personas de edad asistían como dioses menores.</p>
+
+<p>Por esta razón y porque nadie podía disputar a Presentación el premio de
+la belleza, aquélla continuó imperando despóticamente entre los jóvenes
+invitados. Su caballero era siempre el odioso Grass, como observaba cada
+vez con mayor encono Timoteo. Pero de vez en cuando dirigía intensas
+miradas del lado de Godofredo Llot. Esto no lo observaba Timoteo. Aquel
+piadoso joven apenas si osaba corresponder levantando de vez en cuando
+hacia ella sus ojos místicos. La mayor parte del tiempo parecía no
+advertir la honrosa atención de que era objeto, embargado sin duda por
+los graves pensamientos ascéticos que continuamente ocupaban su mente.</p>
+
+<p>Después de almorzar, bastante después, cerca ya de las cuatro de la
+tarde, apareció a lo lejos la silueta elegantísima del primogénito del
+Sr. Corneta. Se acercó sonriente, benigno, y todos pudieron admirar sus
+botas de gamuza, el pantalón de punto con botoncitos de nácar a los
+lados y la preciosa americana de franela que ceñía su talle. Este arreo
+campestre y el látigo con que venía azotando suavemente las ramas de los
+arbustos demostraba que había llegado a caballo. Los jóvenes
+dependientes, al verle, quedaron petrificados de respeto y admiración.
+Juanito era miembro del club de los Salvajes, y en calidad de tal solía
+ponerse el frac todas las noches; tenía queridas, caballos, desafíos y
+deudas, y pronunciaba mal las erres. A pesar de esto, hay que confesar
+que en aquella ocasión no abusó demasiado del prestigio y la gloria que
+el cielo había derramado próvidamente sobre él. Saludó al concurso con
+impensada afabilidad, llevándose dos o tres veces el látigo a las
+narices, y dijo con voz bastante clara que se alegraba de encontrarse
+entre tantas chicas bonitas; así; palabras textuales. Naturalmente, las
+jóvenes, al escuchar tan favorable sentencia, temblaron de gozo, se
+ruborizaron hasta las orejas y la guardaron en el fondo de su corazón
+como recuerdo de aquella dichosa tarde. Juanito estaba dotado de mil
+preciosas cualidades que saltaban a la vista; pero la que realmente le
+caracterizaba era la languidez. Imposible imaginarse nada más lánguido
+que este glorioso joven. Cuando hablaba, cuando sonreía, cuando se
+atusaba el bigote, cuando se estiraba las piernas, una irresistible
+languidez resplandecía debajo de estos actos vulgares.</p>
+
+<p>Presentación no pudo resistirla. Se encontró subyugada desde el primer
+momento. En cuanto el joven Corneta, dando pruebas de buen gusto, se
+acercó a ella y le hizo el honor de dirigirle algunas palabras galantes,
+¡adiós Grass! ¡adiós Godofredo también! Aquellos lindos ojos maliciosos
+ya no tuvieron miradas sino para Corneta; aquella fresca boca movible
+sólo para él formó sonrisas.</p>
+
+<p>Timoteo observó esto con mezcla de dolor y satisfacción. Le apenaba el
+entusiasmo de su ídolo por el sietemesino; pero la derrota de Grass le
+llenaba de regocijo. Y en la expansión de su alegría amarga no pudo
+menos de acercarse al grupo donde aquel despreciable personaje se
+empeñaba todavía en imponerse a la atención por medio de sus ridículos
+juegos de manos. No trascurrieron dos minutos sin que le dirigiese una
+pulla de mal gusto. Grass no hizo caso. Volvió a la carga con otra:
+tampoco el catalán se dio por ofendido. Era hombre de buena pasta y
+amigo de las bromas. Mas el violinista llegó a ponerse tan agresivo, que
+al fin no pudo menos de decirle seriamente, suspendiendo su juego:</p>
+
+<p>&mdash;Oiga usted, amigo, ruego a usted que sea más comedido en las bromas;
+de otro modo, me parece que no vamos a parar bien.</p>
+
+<p>Timoteo sonrió ferozmente. Y sin tomar nota de esta severa advertencia,
+al poco rato volvió a las reticencias y sarcasmos; de tal suerte que
+Grass perdió al cabo la paciencia. Ciego de ira alzó la mano... y el
+dulce sosiego del bosque fue turbado por una estrepitosa bofetada.</p>
+
+<p>Veinte manos vinieron instantáneamente a sujetarle. Otras tantas lo
+menos acudieron a contener a Timoteo. Formáronse dos grupos a respetable
+distancia el uno del otro. Y donde todo era antes alegría y expansión
+reinó súbito silencio lúgubre y amenazador. Los de un grupo trataban
+confidencialmente de convencer a Grass de que no era sensato ofenderse
+por las palabras de un badulaque como Timoteo. Los del grupo de éste le
+persuadían de que una bofetada no tenía valor alguno cuando la daba un
+ser tan insignificante como Grass. Todos por acuerdo tácito hablaban en
+falsete. No se oía más que un murmullo suave como el de un confesonario.
+Pero la voz fuerte, estridente de Timoteo rompía de vez en cuando aquel
+silencio.</p>
+
+<p>&mdash;¡Lo que yo quiero saber es por qué me pega a mí ese tío gordo!</p>
+
+<p>¡Chis! ¡chis! Un gran siseo sumergía y apagaba aquel grito interrogante.
+Reinaba otra vez el silencio. Pero cuando parecía que todo iba a quedar
+sofocado se oía otra vez a Timoteo que desde el centro clamaba con voz
+agria:</p>
+
+<p>&mdash;¡Es que yo deseo saber por qué me pega a mí ese tío gordo!</p>
+
+<p>Al cabo estas preguntas peligrosas se fueron atenuando; se hicieron más
+raras y débiles. Poco después aquella sociedad bulliciosa volvía con
+ansia a los recreos inocentes.</p>
+
+<p>No faltaron los brindis ni las improvisaciones poéticas, ni el joven que
+canta a la guitarra con poca afinación y mucha gracia unas coplitas
+picantes, ni la niña de seis u ocho años que en esta clase de
+solemnidades recita siempre, comiéndose la mitad de las sílabas, un
+monólogo de comedia. Don Dionisio Oliveros leyó un largo epitalamio en
+tercetos, que pudo escribir, según confesó, robando a duras penas
+algunos momentos a sus abrumadoras tareas poéticas, entre el tercero y
+el cuarto acto de un drama. Romadonga gozaba de todo paseando su mirada
+serena por los circunstantes, en particular por el sexo femenino,
+recorriendo los grupos y dejando en cada uno testimonios de su gracia y
+amabilidad. Al contrario de los jóvenes del comercio que gustaban de
+vocear, don Laureano lo hacía y lo decía todo con sordina. No se le
+sentía cuando profería suavemente alguna frase galante que conmovía y
+ruborizaba a las doncellitas o hacía soltar alegres carcajadas a las
+matronas. Placíanle, sobre todo, los apartes, las conferencias íntimas.
+A pesar de los años, sus ojos, a la vez desvergonzados y respetuosos,
+dulces y chispeantes, fascinaban a las damas. Todas se hacían lenguas de
+él y le pregonaban como uno de los hombres más agradables que hubiesen
+conocido en su vida.</p>
+
+<p>Después de varias tentativas había logrado tener un aparte con la novia.
+Allá lejos, al pie de un árbol, charlaban los dos animadamente; él
+inclinando su gran torso para ponerse a la altura de ella, en actitud
+insinuante; ella risueña y tan roja como una amapola.</p>
+
+<p>Miguel Rivera, que paseaba con Mario, había mirado dos o tres veces con
+inquietud hacia allá. Al fin, no pudiendo contenerse, exclamó:</p>
+
+<p>&mdash;Mira, chico, haz el favor de llamar a tu mujer, porque ese bandido de
+Romadonga debe de estar diciéndole alguna desvergüenza.</p>
+
+<p>Mario se apresuró a cumplir el encargo, con gran satisfacción de la
+pobre Carlota, que estaba en brasas. Don Laureano, sin darse por
+ofendido, se fue deslizando pian piano hacia otro grupo.</p>
+
+<p>En este momento crítico de la jira campestre se efectuó en el Vivero de
+Migas Calientes un suceso insignificante en la apariencia, realmente de
+una trascendencia tan grande que sólo otros tiempos y otras generaciones
+podrán medir por completo su alcance. En la historia del género humano
+suele presentarse cuando menos se espera uno de esos fenómenos
+humildísimos que determinan por la fuerza portentosa y oculta que
+consigo traen cambios radicales, trastornos inmensos en la esfera
+científica y más tarde en la vida de los pueblos. Un día Newton, sentado
+a la sombra de un pomar, ve caer una manzana. La caída de aquella
+manzana le sugiere una idea. Se descubre la teoría de la gravitación.
+Otro día Watt ve hervir un puchero. Observa cómo la tapa se levanta.
+Medita sobre este hecho vulgarísimo. Se descubre la máquina de vapor.
+Otro, cae por casualidad en manos de Carlos Darwin el libro de Malthus
+sobre el <i>principio de la población</i>. La idea de la selección natural se
+presenta a su espíritu. El origen de las especies queda descubierto. De
+este orden es el hecho de que vamos a dar cuenta.</p>
+
+<p>Acaeció que el Sr. Sánchez, huyendo el bullicio, que no se compadecía
+con su temperamento melancólico y reflexivo, se alejó de los amigos y se
+puso a vagar distraídamente por las calles de árboles. Acaeció al mismo
+tiempo que nuestro amigo Moreno, arrastrado por sus aficiones
+naturalistas, había seguido antes el mismo camino y se ocupaba en
+examinar algunas yerbas y flores con una lente de que siempre venía
+provisto para casos semejantes. En la confluencia de dos senderos al pie
+de una mata se encontraron. ¡Feliz encuentro que a la larga había de dar
+por resultado una de las más grandes conquistas del espíritu humano!</p>
+
+<p>Moreno y Sánchez se saludaron cortésmente. Ni uno ni otro podían
+sospechar en aquel momento lo que tal saludo iba a representar en la
+historia del progreso humano. Cambiadas algunas palabras indiferentes,
+Sánchez se quiso enterar de lo que Moreno hacía. Éste, cuya ciencia
+estaba siempre al servicio de los amigos y hasta de los que no lo eran,
+le mostró la rama que tenía en la mano; le hizo ver con la lente la
+textura de las hojas y del tallo, el tejido delicadísimo de sus fibras,
+la complejidad maravillosa de su organización. Y una vez en el camino
+didáctico no quiso abandonarlo sin dar a D. Pantaleón un curso de
+botánica: un curso peripatético. Con las manos a la espalda,
+deteniéndose a cada instante para comprobar prácticamente su enseñanza
+teórica, Moreno le inició paseando en los secretos del mundo vegetal.</p>
+
+<p>El espíritu virgen de D. Pantaleón recogió con avidez aquella enseñanza,
+como la tierra seca recibe la lluvia fecundante. Pocos minutos le
+bastaron para enterarse de que en el mundo existían dos reinos
+distintos, el uno llamado vegetal y el otro animal, que aquellas plantas
+y árboles que tenían a la vista pertenecían al reino vegetal, y él y
+Moreno al animal, que los árboles se nutrían por la raíz y por las hojas
+y que se reproducían por medio de órganos que tienen a semejanza de los
+animales, los cuales están situados en lo que comúnmente se llama la
+<i>flor</i>, etc.</p>
+
+<p>Por cierto que al hacer el examen minucioso de estos órganos Moreno tuvo
+una frase feliz que causó profunda impresión en el antiguo comerciante.</p>
+
+<p>&mdash;Este polvo, residuo de la digestión de la planta, es precisamente lo
+que, al herir la mucosa de la nariz, nos causa esa sensación agradable
+que llamamos aroma. De suerte&mdash;añadió con sonrisa de benévola
+ironía&mdash;que el perfume de las flores, cantado por los poetas y que
+enloquece de placer a los temperamentos románticos, no es otra cosa en
+realidad que el olor de su excremento.</p>
+
+
+
+<h3><a name="V" id="V"></a>V</h3>
+
+
+<p>A la manera que el grano depositado en la tierra germina bajo la acción
+combinada del calor y la humedad, así las preciosas ideas depositadas
+por Moreno en el cerebro del ingenioso Sánchez germinaron allí toda la
+noche bajo la tibia temperatura de las sábanas. Hasta que el sueño vino
+a apoderarse de sus facultades mentales no dejó de repetirse con
+creciente asombro: «¡El excremento!» Y esta idea, maravillosamente
+fecunda, iba penetrando poco a poco en su ser, se apoderaba de él y le
+abría repentinamente inmensos horizontes en los cuales su genio dormido
+jamás había soñado.</p>
+
+<p>Cuando se levantó por la mañana tenía las mejillas enrojecidas, los ojos
+brillantes, todo el cuerpo en tan ágil disposición, que su digna esposa
+quedó, al verle entrar en el comedor, no poco sorprendida. La sorpresa
+fue en aumento cuando Sánchez, después de tomar el desayuno, en vez de
+retirarse a su gabinete para terminar concienzudamente la lectura de <i>La
+Época</i>, se dirigió a la cocina y preguntó si había alguna legumbre
+fresca. Como la criada no hubiese traído ninguna aquel día, se apoderó
+al fin de una cebolla y se fue a su cuarto; destornilló el objetivo de
+unos gemelos de teatro, y con esta lente improvisada se pasó la mañana
+dando cortes trasversales al vegetal y examinando detenidamente su
+estructura. Por la tarde salió a dar su acostumbrado paseo por el
+Retiro. ¡Ah, este paseo tenía ahora muy diversa significación! Hasta
+entonces Sánchez había paseado por puros motivos higiénicos, arrastrado
+de la costumbre. Su pensamiento permanecía inactivo lo mismo cuando daba
+vueltas en torno del <i>Ángel caído</i> que cuando se sentaba frente al
+Estanque grande y descansaba horas enteras haciendo rayas en la arena
+con el bastón. Mas ahora aquellos senderos, aquellas calles de árboles
+estaban iluminadas por la chispa que ardía en su cerebro. Ya no las
+cruzaba con la indiferencia vituperable del ignorante. La Naturaleza
+comenzaba a hablarle su lenguaje grave y solemne, prometiendo revelarle
+los secretos que guarda en su seno.</p>
+
+<p>D. Pantaleón, dándose cuenta vagamente del alto destino a que estaba
+llamado y del importante papel que pronto iba a representar en el
+progreso de los conocimientos humanos, respondió dignamente a los
+llamamientos del reino vegetal. No daba cuatro pasos sin que se
+detuviese a conversar con algún árbol del camino. Arrancaba
+delicadamente una ramita y, aplicando el ojo a la lente, examinaba con
+atención sus particularidades morfológicas. No sólo los grandes árboles
+añosos, que bordaban el paseo, eran objeto de su atención investigadora.
+Con admirable intuición comprendía ya que las plantas más diminutas
+merecían el mismo examen atento que los árboles seculares, porque en
+todas partes la Naturaleza revela su inmensa riqueza. Por eso brincaba a
+menudo por encima de los setos y se metía por los cuadros de flores para
+estudiar los organismos inferiores.</p>
+
+<p>&mdash;¡Eh, abuelo! ¿Qué hace usted ahí plantado en medio del cuadro? ¿No
+sabe Usted que está prohibido entrar?</p>
+
+<p>La voz ruda de un guarda le arrancaba inesperadamente de su profunda
+contemplación y le obligaba a volver al camino. La ciencia, el progreso,
+la humanidad perdían cada vez que esto sucedía inapreciables tesoros de
+observación. Mas los guardas no lo sabían. El mismo D. Pantaleón, en la
+inconsciencia de su genio, tampoco lo sospechaba.</p>
+
+<p>Durante varios días realizó, tanto en el Retiro como en el silencio de
+su gabinete, estudios profundos y minuciosos sobre la estructura de
+todos los vegetales que pudo procurarse. Al cabo llegó con poderosa
+intuición a persuadirse de que el mundo vegetal está constituido por un
+tejido de una complicación maravillosa; que en las frutas y las
+legumbres este tejido es blando, lo cual permite que sean masticadas,
+mientras en la madera duro y resistente, por cuya razón no sirve para la
+alimentación. Una vez comprobadas estas preciosas observaciones, se
+apresuró a formularlas por escrito en su cuaderno de notas.</p>
+
+<p>Mientras D. Pantaleón se alzaba de golpe con raudo vuelo a las esferas
+más altas del pensamiento, su amistad con Adolfo Moreno, origen de este
+memorable suceso, se estrechaba cada vez más. Moreno comenzó a visitar
+la casa; se pasaba las horas encerrado con aquél en su gabinete. Había
+hallado por fin el hombre por quien siempre suspirara; un hombre
+callado, atento, que se interesase por la morfología y que le creyese un
+sabio. En efecto, Sánchez llegó pronto a convencerse de que Moreno era
+un hombre distinguidísimo. Al oírle disertar extensamente, unas veces
+sobre la fuerza repulsiva del sol, otras sobre el radiómetro, ahora
+sobre el estómago de las plantas, más tarde acerca de la organización y
+las costumbres de los coleópteros, quedó vivamente asombrado. Adolfo
+Moreno era un ingenio universal. Economía política, medicina, zoología,
+química, astronomía, estadística, arte de construcciones, material de
+guerra, etc., todo lo abrazaba su inteligencia realmente excepcional. Y
+lo más pasmoso del caso era que cuando tocaba cualquiera de estos ramos
+del saber lo hacía siempre en un punto concreto y especialísimo, lo cual
+probaba la solidez de sus conocimientos. Alguno de sus muchos envidiosos
+quería suponer que esta especialidad no tanto dependía de la profundidad
+de su ciencia cuanto de la forma en que ciertas revistas esparcen los
+conocimientos útiles. Pero esta venenosa observación no merece siquiera
+que se la refute. Su fuerte era la biología y particularmente el
+desenvolvimiento fisiológico del tipo humano.</p>
+
+<p>&mdash;Me sorprende muchísimo, señor de Moreno&mdash;le dijo un día D. Pantaleón,
+después de oírle exponer asombrosamente durante media hora lo menos «las
+enfermedades de la sangre del ratón,»&mdash;me extraña muchísimo que con los
+grandes conocimientos que usted posee no sea usted médico o ingeniero,
+o por lo menos doctor en ciencias.</p>
+
+<p>La boca de Adolfo se contrajo con una sonrisa dolorosa y sarcástica.
+Sacudió la cabeza en silencio, resopló tres o cuatro veces por la nariz,
+y dijo al cabo sordamente:</p>
+
+<p>&mdash;Empecé a prepararme hace algunos años para la carrera de ingeniero de
+minas, pero comprendí muy pronto que no era ésa mi vocación verdadera, y
+la dejé después de tener aprobadas algunas asignaturas. Quise estudiar
+medicina, que, como usted habrá comprendido, es lo que más concuerda con
+mis inclinaciones. Pues bien, al segundo año he tenido que abandonarla
+por dignidad. ¿A que no sabe usted en qué asignatura me han dejado tres
+veces <i>suspenso</i>?</p>
+
+<p>Sánchez le miró con ojos interrogantes.</p>
+
+<p>&mdash;Vamos, imagíneselo usted.</p>
+
+<p>D. Pantaleón hizo una mueca para significar que le era imposible.</p>
+
+<p>&mdash;¡En fisiología!</p>
+
+<p>Ambos cayeron a la vez en un espasmo violentísimo de risa.</p>
+
+<p>&mdash;¡Pero eso es un absurdo!&mdash;profirió al cabo con trabajo D. Pantaleón.</p>
+
+<p>&mdash;¡Ahí verá usted!&mdash;repuso Moreno quitándose las gafas para limpiar los
+cristales, que se habían empañado con el vapor de las lágrimas
+producidas por la risa.</p>
+
+<p>&mdash;¿Y usted se ha resignado con tal fallo? Ese tribunal merecía un severo
+castigo&mdash;manifestó el caballero, volviendo a su seriedad habitual.</p>
+
+<p>&mdash;Yo les hubiera puesto de buena gana una corrección por mi mano...
+pero... amigo don Pantaleón, estoy muy débil. El hambre me tiene muy
+débil.</p>
+
+<p>&mdash;¡El hambre!&mdash;exclamó Sánchez estupefacto.</p>
+
+<p>&mdash;Sí; el hambre, querido Sánchez, el hambre. Para la lucha por la
+existencia se necesitan fuerzas; para tener fuerzas se necesitan
+glóbulos rojos en la sangre; para que haya glóbulos rojos en la sangre
+precisa nutrirse... Yo no me nutro, porque no como carne.</p>
+
+<p>D. Pantaleón le miraba cada vez con mayor asombro. Algo había traslucido
+de la mala situación económica en que Moreno se hallaba; pero viéndole
+tomar café muy sosegadamente todas las noches y vestir con relativa
+elegancia, aunque siempre sucio y desaliñado, no podía sospechar que su
+estado llegase a tal extremo de necesidad. En la tertulia del Siglo muy
+poco o nada se sabía de sus medios de vivir. Por las frases amargas que
+a menudo dejaba escapar se suponía que no eran muchos, y por el cuidado
+con que ocultaba su domicilio y evitaba el hablar de su familia
+calculaban que debían de ser bien humildes.</p>
+
+<p>&mdash;Señor Moreno, yo no pensaba...</p>
+
+<p>&mdash;¡Piénselo usted todo, amigo Sánchez, piénselo usted todo!&mdash;exclamó el
+joven con un gesto de resolución desesperada.</p>
+
+<p>Y después de permanecer largo rato silencioso, con la mirada fija en el
+balcón, profirió al fin sordamente:</p>
+
+<p>&mdash;La Naturaleza no ha sido para mí suave como para otros. Yo soy un
+hombre del arroyo. Entre torbellinos de polvo, arrastrado por el viento,
+un germen viene a caer cierto día en las inmundicias de la calle. Los
+transeúntes lo pisotean, los barrenderos arrojan sobre él montones de
+basura; todo parece conspirar para que el grano no germine. Pero como
+guarda dentro de sí una fuerza de expansión superior a la mayor parte de
+sus hermanos, como tiene además una capa dura que le preserva contra las
+influencias nocivas, el germen no sucumbe. Los agentes externos
+consiguen tener en suspenso por algún tiempo sus funciones biológicas,
+pero al cabo el grano logra germinar, hunde sus raíces en la tierra y
+alza al aire su tallo. ¿Por qué? Porque viene provisto de armas para la
+lucha por la existencia... Tal es la historia de mi vida. Fui arrojado
+un día en medio de la sociedad, que me rechazó, que me persiguió, que
+hizo todo lo posible por que sucumbiese. Lo mismo que pasa exactamente
+en un bosque en la época de la germinación y durante el desenvolvimiento
+de los árboles nuevos. Los árboles grandes me interceptaban el sol y la
+lluvia benéfica, me robaban el alimento de la tierra. Gracias a la
+energía indomable de mi carácter pude luchar, sin embargo, y logré
+triunfar. Es la ley de la selección que ya conoce usted. En esta gran
+batalla de la existencia perecen los débiles; sólo viven los más
+aptos... He padecido en este mundo muchas privaciones, amigo Sánchez,
+mucha hambre y mucho frío (guarde usted el secreto); aun hoy los padezco
+a menudo. Realmente necesité verme admirablemente dotado por la
+Naturaleza para no haber perecido hasta ahora.</p>
+
+<p>D. Pantaleón se mostró profundamente interesado por estas confidencias,
+y su admiración hacia Moreno, aquel germen tan apto, creció
+desmesuradamente. No se atrevió a pedirle pormenores sobre las
+peripecias de la lucha ni sobre qué terreno se estaba realizando ahora.
+Lo único que se aventuró a decir fue:</p>
+
+<p>&mdash;Espero, señor Moreno, que no tardará usted en triunfar por completo de
+los agentes externos. Un hombre de tanto mérito como usted no puede
+menos de abrirse camino en el mundo.</p>
+
+<p>&mdash;¡El mérito! ¡el mérito!&mdash;murmuró Adolfo con sonrisa sarcástica.&mdash;Ahí
+está precisamente el pecado. A causa de su mérito se persigue a los
+hombres, como al almizclero por la bolsa donde guarda el almizcle.</p>
+
+<p>Este símil zoológico causó tan profunda sensación en Sánchez que, con la
+viva imaginación que le caracterizaba, desde aquel día, cuando tropezaba
+con un hombre de mérito, no podía representárselo sin una bolsita llena
+de sustancia aromática debajo del ombligo.</p>
+
+<p>Adolfo se pasaba las horas muertas en aquella casa; tantas, que era
+difícil averiguar cuáles destinaba a la lucha por la existencia. D.
+Pantaleón se instruía rápidamente con las mil noticias científicas que
+diariamente le suministraba. Su inteligencia poderosa y predestinada a
+las grandes investigaciones no se desenvolvía como la de la mayoría de
+las personas, sino que dando saltos prodigiosos escalaba en poco tiempo
+las cimas más altas del saber. Las conversaciones con Moreno sugerían en
+su mente grandes, profundas ideas y provocaban deseos y propósitos que
+no habían de tardar en realizarse.</p>
+
+<p>Como hubieran hablado durante algunos días de <i>Zoología</i>, habiéndole
+citado Moreno hechos muy curiosos acerca de los sentidos y el instinto
+de los animales, D. Pantaleón quiso hacer por su cuenta inmediatamente
+algunos estudios prácticos. Pesó y meditó algún tiempo sobre qué clase
+de animales había de dirigir su investigación. Descartó desde luego los
+invertebrados. Tenía escasísimas noticias de ellos. Entre los
+vertebrados eligió los mamíferos, y entre éstos, después de mucho
+vacilar entre los perros y los gatos, decidiose al fin por los primeros.
+La razón de esta preferencia no fue exclusivamente científica. Su hija
+Presentación tenía un perrillo faldero llamado Clavel, que había dado
+repetidas pruebas de inteligencia e ilustración. Por otra parte, en casa
+no había gatos ni D.ª Carolina los soportaba. Las circunstancias le
+empujaban, felizmente para la civilización, a escribir la monografía del
+perro.</p>
+
+<p>Clavel era un perrillo como un puño, tan lanudo que apenas se hallaba
+hueso y carne debajo de aquel felpudo sedoso con que la Naturaleza le
+había abrigado. Con esto, dotado de una inteligencia enorme y de un
+temperamento excesivamente nervioso. Esto dependía, sin duda, del
+desequilibrio que existía entre aquel cuerpecillo minúsculo y su
+espíritu poderoso. Era sensible, puntilloso, tierno, irascible, terco y
+goloso, reflejándose en él alternativamente mil sentimientos opuestos,
+todos expresados con igual viveza. No había ejemplar más a propósito
+para el estudio.</p>
+
+<p>D. Pantaleón comenzó por observarle atentamente durante horas enteras.
+Esta atención inesperada escamó muy pronto al Clavel. La mirada de
+Sánchez le ponía inquieto, nervioso. A los pocos minutos no podía menos
+de levantarse del sitio donde se hallaba para ir a tumbarse más lejos.
+Desde allí, haciéndose el dormido, observaba entreabriendo un ojo al
+papá de su dueño; si le veía acercarse para seguir mirándole, se
+levantaba acto continuo y salía de la habitación de malísimo humor.</p>
+
+<p>Mientras las observaciones de Sánchez fueron simplemente visuales, las
+cosas no pasaron de ahí; pero cuando quiso poner en práctica algunos
+medios de cerciorarse del instinto y los sentidos del perro, éste
+comenzó claramente a demostrar su desabrimiento.</p>
+
+<p>&mdash;Clavel, ven aquí. Mira (y le enseñaba unos guantes). Ve a mi cuarto y
+tráeme los otros.</p>
+
+<p>¡Que si quieres! El Clavel le echaba una mirada recelosa y daba la
+vuelta con soberano desprecio.</p>
+
+<p>&mdash;Toma, Clavel, toma este pañuelo, llévaselo a tu ama.</p>
+
+<p>Algunas veces lo cogía por compromiso y lo dejaba a la mitad del camino.
+Otras ladraba tres o cuatro veces para indicar que no eran de su gusto
+aquellos insulsos experimentos.</p>
+
+<p>Pero cuando Clavel tomó realmente por lo serio las pretendidas
+observaciones de D. Pantaleón fue cuando éste se valió de un medio
+ingenioso para convencerse de que los perros distinguían los colores.
+Cortó cuatro cartones iguales, dos pintó de azul y dos de rojo. Dejó uno
+de cada color en el suelo, y tomando el otro azul se lo mostró al perro,
+ordenándole que recogiese del suelo el compañero. ¡Caso extraño! Este
+acto tan sencillo como inofensivo despertó profunda indignación en el
+ánimo de Clavel. Gruñó, ladró, se revolvió como un loco por la
+habitación. Últimamente, después que se hubo bien desahogado, se salió
+de la estancia sin dejar de ladrar y gruñir y vomitar amenazas de
+muerte.</p>
+
+<p>A la segunda vez que Sánchez le presentó el cartón no se satisfizo con
+esto. Lo cogió airado entre los dientes y en menos de un segundo lo hizo
+trizas. Sánchez comprendió que era necesario esperar que se calmase
+aquella cólera insensata. Dejó trascurrir algunos días sin repetir el
+experimento. Y cuando pensó que había desaparecido tal estado de
+ferocidad, una mañana antes de almorzar, hallándose el Clavel en el
+regazo de su ama dormitando, se presenta en el gabinete con los
+cartoncitos en la mano. Verlos el Clavel, lanzarse sobre el sabio a
+hincarle los dientes en la mano pecadora, fue una misma cosa. Gritos,
+confusión, vivísimas interjecciones. D. Pantaleón, pálido y secándose la
+sangre con el pañuelo, se retira profundamente afectado a su dormitorio.
+La ciencia, la humanidad pierden una interesante monografía del perro.</p>
+
+
+
+<h3><a name="VI" id="VI"></a>VI</h3>
+
+
+<p>La familia Sánchez se estrechó un poquito para que cupiese Mario. En el
+cuarto donde antes alojaban las dos hermanas se aposentó ahora el
+matrimonio. Presentación pasó a dormir en un cuartito interior, donde
+antes tenían los armarios de la ropa.</p>
+
+<p>Mario nadó los primeros días en una gloria azul y luminosa sembrada de
+estrellas, cercada de querubines alados como las que colocan los
+pintores en la esquina del cuadro cuando quieren representar la muerte
+de un santo. Don Pantaleón era el Padre Eterno, D.ª Carolina la esposa
+del Padre Eterno, Presentación un ángel, y hasta la cocinera Rita
+guardaba alguna semejanza con Santa Mónica, madre de San Agustín. En
+cuanto a Carlota, era la misma Virgen Santísima concebida sin mancha en
+el primer instante de su ser natural.</p>
+
+<p>No se saciaba de mirarla. Por la mañana, con un pañolito rojo de seda al
+cuello, los negros cabellos anudados al desgaire y un traje de percal
+color lila, barriendo y arreglando el cuarto, estaba verdaderamente
+deliciosa. Un poco más tarde, haciendo el café, cortando el pan y
+distribuyendo el azúcar y la manteca, le parecía la bella diosa Pomona
+cargada de frutos ultramarinos. Por la tarde, lavada, peinada,
+perfumada, con una linda bata color crema, sentada al lado del balcón
+bordándole a él unas zapatillas, no podía darse nada más correcto y a la
+vez más interesante. Cuando salían de paseo y se ponía un sombrerito de
+paja adornado con campanillas rojas y el traje negro de seda, regalo de
+sus papás, era maravillosa. Por la dignidad del continente, por la
+delicadeza del cutis, por su belleza sencilla y serena, no había en todo
+Madrid quien pudiese competir con ella. Pero esto no era nada si se
+compara a la forma en que se le aparecía los sábados. En este día
+Carlota tenía por costumbre lavar sus camisas. Con la cabeza ceñida por
+un pañuelo que dejaba sólo ver algunos rizos, la garganta y una buena
+porción del pecho al descubierto y los brazos por completo al aire,
+estaba sencillamente sublime. ¡Qué ondulaciones de torso! ¡qué pureza de
+líneas! ¡qué armonía! ¡qué majestad!</p>
+
+<p>Un día, con el alma llena de esta belleza plástica que nadie mejor que
+él podía apreciar, le propuso, no sin ruborizarse, que le dejase tomar
+apuntes de uno de sus brazos. Carlota le miró risueña y sorprendida, y
+le entregó su hermoso brazo para que lo copiase. Quiso inmediatamente
+modelar la cabeza, el pecho, la espalda. La joven se resistió algún
+tiempo, y al fin, viéndole triste, se prestó a servirle de modelo.
+Consideraba aquella afición de su marido como un capricho, una manía;
+pero pensando, como mujer sensata, que esta distracción podía librarle
+de otras más peligrosas, no se oponía resueltamente a ella. Limitábase
+a sonreír benévolamente y a darle algunos golpecitos maternales en las
+mejillas cuando le veía, lleno de ardor y entusiasmo, pasarse el día
+modelando alguna Juno (la de los hermosos brazos, como la llama Homero),
+que era ella, Carlota, o alguna Diana (la de las hermosas piernas), que
+también era ella, por más que no lo confesase.</p>
+
+<p>&mdash;¡Qué niño eres, Mario!</p>
+
+<p>En efecto, pocos o ninguno lo serían tanto a su edad.</p>
+
+<p>Su alegría ruidosa, inmotivada, era realmente infantil; su inocencia
+para las cosas de la vida rayaba en simpleza. Tan sólo cuando se tocaba
+a su arte adquirían aquellos ojos una expresión grave, concentrada, y su
+palabra, por lo general incoherente, tomaba inflexiones profundas, se
+hacía precisa y enérgica.</p>
+
+<p>Había alquilado en la misma casa una guardilla donde modelaba libre y
+tranquilamente. Para estos gastos y para los placeres del matrimonio,
+pues en ropa no había que pensar en algún tiempo, le bastaba su sueldo,
+del cual nadie le pedía cuentas. Por las noches algunas veces iban al
+café con la familia; otras, las más, se escapaban a algún teatro o
+vagaban cogidos del brazo por las calles solitarias, mirando los
+escaparates, entrando a lo mejor en cualquier tienda para comprar
+orejones o cacahuetes. Carlota empezaba a tener caprichos. ¡Qué noches
+aquéllas de dicha inefable! Paseaban horas enteras charlando. Mario
+dejaba que su mujercita le contase lo que pensaba hacer con el vestido
+color fresa cuando la falda se ensuciase demasiado, o bien el número de
+camisas que iba a poner apartadas y las que dedicaría al uso, o las
+reformas trascendentales que proyectaba en el ramo de chambras. De vez
+en cuando también él emitía tímidamente su opinión, y ella en no pocas
+ocasiones la aceptaba como muy sesuda, y si no la aceptaba, por lo menos
+se reía, que era mucho mejor. Todas estas cosas expresadas con voz
+suave, insinuante, entre las sombras de la noche, se convertían en un
+arrullo poético, delicioso, que enajenaba los sentidos de nuestro joven.
+Sus pies no querían tocar el suelo. A veces el asunto de las chambras y
+de las tiras bordadas le conmovía tan profundamente, que sin poder
+contenerse, después de cerciorarse con rápida mirada de que nadie
+cruzaba por la calle, abrazaba a su esposa con efusión y le aplicaba un
+beso en la mejilla. Cierta noche se equivocó. Por la calle no cruzaba
+nadie, pero en un balcón debía de haber gente, porque después de su beso
+sonó otro más fuerte seguido de alegre carcajada. Carlota, ruborizada
+hasta querer saltársele la sangre, echó a correr desatinadamente, lloró
+de vergüenza y le hizo jurar que se abstendría en adelante de tales
+expansiones imprudentes.</p>
+
+<p>Pues caminando por esta senda deliciosa, alumbrada por los astros más
+propicios, tapizada de flores que embalsamaban el ambiente, una espinita
+vino al fin a clavarse en el pie de Mario. D.ª Carolina le llamó aparte
+un día, estando Carlota con su hermana fuera de casa, y le dijo:</p>
+
+<p>&mdash;Me causa pena tener que hablarte de un asunto... No sólo me causa
+pena, sino que me repugna, puedes creerlo... Ya sabes que soy una
+infeliz mujer que represento poco o nada en la casa... Por mí, toda la
+vida seguiríamos lo mismo... Mi dicha consiste en veros a todos vosotros
+felices... Pero, hijo mío, donde hay patrón no manda marinero. Pantaleón
+me ha advertido el otro día que hacía tres meses que vivías con nosotros
+y que aún no habías contribuido con nada a los gastos de la casa...</p>
+
+<p>Una ola de carmín inundó repentinamente las mejillas de Mario. La
+vergüenza le impidió al pronto articular palabra. Aturdido hasta un
+grado indecible, pudo al cabo balbucir:</p>
+
+<p>&mdash;Tiene usted razón... no había pensado... dispénseme usted... En cuanto
+cobre este mes le entregaré la parte que a usted le parezca...</p>
+
+<p>D.ª Carolina, perfectamente serena, sonriendo dulcemente, repuso
+poniéndole una mano sobre el hombro:</p>
+
+<p>&mdash;Lo mejor será que me entregues todo el sueldo. Vosotros los jóvenes no
+conocéis el valor del dinero. Cuando lo tenéis en el bolsillo gastáis
+sin reparo. En este punto lo mismo eres tú que tu mujer. Dámelo a mí y
+yo os iré facilitando poco a poco lo que necesitéis.</p>
+
+<p>Así lo prometió sin reparar lo que hacía. Cuando llegó Carlota se
+apresuró a comunicarle lo que con su madre le había pasado. La joven se
+puso igualmente colorada. Ambos permanecieron silenciosos un rato sin
+saber qué decirse.</p>
+
+<p>&mdash;¿Dices que mamá echaba la culpa de este paso a papá?&mdash;profirió al cabo
+ella.</p>
+
+<p>&mdash;Sí, sí, no cabe duda. ¡La pobre mamá es tan bondadosa! ¡Si supieras
+qué trabajo le ha costado decírmelo!... Después de todo, no hay por qué
+quejarse; tu papá tiene razón.</p>
+
+<p>Carlota hizo una leve mueca de desdén y se fue a su cuarto.</p>
+
+<p>Desde entonces los placeres mundanos de los recién casados sufrieron
+merma considerable, quedaron reducidos casi exclusivamente a los paseos
+vespertinos y nocturnos. Adiós teatros, adiós regalos y caprichos. Doña
+Carolina se apoderaba de la paga íntegra, y a duras penas soltaba de
+ella una parte insignificante. Cuando su hija, muerta de vergüenza, le
+pedía algún dinero para Mario, la buena señora reía, echaba a broma la
+petición y la mitad de las veces no hacía caso de ella. Otras decía que
+la llave de la gaveta la tenía su marido y no se atrevía a pedírsela.
+Otras, en fin, se dirigía a Mario.</p>
+
+<p>&mdash;¿Verdad, Mario, que tú no has pedido dinero? ¿que es esta manirrota la
+que se vale de tu nombre para sacarme los cuartos?</p>
+
+<p>El pobre no se atrevía a contradecirla y se resignaba a andar con el
+bolsillo vacío. Hubo necesidad de dejar la guardilla que le servía de
+taller. Para seguir modelando se vio obligado a pedir licencia a
+Presentación para meter en su cuarto los trastos y aprovechar las horas
+en que el comedor quedaba desembarazado. Estas molestias no bastaban,
+sin embargo, a turbar su ventura.</p>
+
+<p>¡Qué efecto tan grato y a la vez tan melancólico producía esta felicidad
+en Miguel Rivera! Frecuentaba la casa, los acompañaba algunas veces en
+sus paseos, les demostraba un afecto paternal y les prestaba los
+servicios que podía y en todo caso el auxilio de su experiencia.
+¡Cuántas veces, sorprendiendo sin querer alguna caricia furtiva, se le
+rasaron los ojos de lágrimas recordando los contados días de su dicha
+conyugal! Mario lo observaba y le hacía una seña a Carlota. Esta, a
+quien impresionaba vivamente la fidelidad de Rivera a su esposa muerta,
+se ponía grave y redoblaba sus atenciones cariñosas hacia aquel buen
+amigo.</p>
+
+<p>Un día le dijo muy bajito metiéndole la boca por el oído:</p>
+
+<p>&mdash;Si es niña, se llamará Maximina.</p>
+
+<p>Miguel le apretó la mano fuertemente y volvió la cabeza para ocultar su
+emoción.</p>
+
+<p>Así trascurrieron dos meses más. La dicha de Mario comenzaba a molestar
+ya a los dioses. Fuerza era que pagase el tributo debido a su condición
+mortal.</p>
+
+<p>En los últimos tiempos había descuidado bastante la oficina. Su amigo y
+antiguo jefe Oliveros le había advertido que el director no estaba
+satisfecho de él. La culpa no era de Carlota, como pudiera presumirse.
+Al contrario, su mujer tenía buen cuidado de recordarle la hora, ponerle
+el almuerzo y la ropa a punto para que no se retrasase. Pero aquella
+bendita afición a modelar el barro enajenaba sus sentidos. Cuando tenía
+entre manos una obra que le agradase, o no iba al ministerio, o iba
+tarde. La casa estaba llena ya de adornos esculturales: cabezas, brazos,
+torsos, andaban diseminados sobre las mesas y cómodas o colgados de la
+pared. Carlota sentía un desprecio profundo hacia estos cachivaches
+aunque se abstenía de manifestarlo abiertamente por miedo de disgustar a
+su marido. Pero cuando se quedaba sola y tenía que sacudirles el polvo,
+en la displicencia con que empuñaba el plumero y en el gesto desabrido
+con que tarareaba cualquier cancioncilla de zarzuela se advertía
+perfectamente que el arte de Fidias no había logrado apoderarse de su
+alma.</p>
+
+<p>Mario fue un lunes algo tarde a la oficina, como de costumbre. En el
+despacho, a más de la de él, que era el jefe, había otras tres mesas
+para los oficiales. Éstos no levantaron la cabeza cuando entró, ni menos
+le recibieron con las alegres chanzas que usaban de continuo, pues
+nuestro joven era muy estimado de sus subordinados, por su tolerancia.
+Aquel silencio lúgubre le sorprendió un poco. Avanzó hasta su mesa y vio
+encima de la carpeta un pliego cerrado con el sobre escrito a su
+nombre. Lo abrió con mano trémula, presintiendo su contenido. En efecto,
+era la cesantía. Quedó un instante suspenso y pálido; pero, reponiéndose
+en seguida, exclamó con alegre semblante:</p>
+
+<p>&mdash;¡Caballeros, ya no soy jefe de ustedes!</p>
+
+<p>&mdash;Lo habíamos comprendido&mdash;dijo uno tristemente.</p>
+
+<p>Y todos a la vez se alzaron de la silla y vinieron a él, expresando su
+disgusto con afectuosas palabras. Mario hizo de tripas corazón. Se
+mostró tranquilo, risueño; hasta se autorizó algunas bromitas. Pero
+cuando después de despedirse cariñosamente salió a la calle, pensó que
+el mundo se le venía encima, sintió su corazón atravesado por vivo dolor
+y casi se le doblaron las piernas. No se daba razón de tanta congoja.
+Era un contratiempo, no una desgracia. Sin embargo, algo lloraba allá en
+el fondo de su alma, la ruina de su felicidad.</p>
+
+<p>No quiso ir a casa directamente. Necesitaba refrescar la cabeza,
+coordinar las ideas, pensar en algo que pudiera contrarrestar aquel
+golpe. Paseó algún tiempo entre calles: al cabo, rendido moral y
+físicamente, entró en el café Suizo y pidió una botella de cerveza. Allá
+en un rincón, formando tertulia con algunos señores graves, vio a su
+amigo Romadonga, que le dirigió un cariñoso saludo con la mano. Poco
+después, aburrido de la conversación, o quizá por su característica
+necesidad de variar de compañía, se vino hacia él con su paso silencioso
+de gato, balanceando gentilmente el torso.</p>
+
+<p>&mdash;¿Qué hay, hombre feliz?&mdash;dijo sentándose enfrente.&mdash;A nadie envidio
+hoy en Madrid más que a usted. ¡Qué buenos ratitos! ¿eh?</p>
+
+<p>Mario, a quien molestaban muchísimo las bromas cínicas de D. Laureano,
+hizo un esfuerzo penoso para sonreír y no contestó.</p>
+
+<p>&mdash;La verdad es, querido Costa, que en nuestra corta y miserable
+existencia sólo hay un punto luminoso, un oasis ameno, la mujer.</p>
+
+<p>Chupó en silencio y con placer su cigarro habano, cerró los ojos, como
+para mirar el pasado, y prosiguió:</p>
+
+<p>&mdash;Ríase usted de la caza, de la música, de los viajes, de todos los
+placeres en general. Los he gustado todos. No valen la pena de
+molestarse. El único que tiene sabor exquisito, delicado, embriagador,
+es la mujer... Mejor dicho, las mujeres, si es que usted no se
+ofende.... ¡Las mujeres! ¡muchas mujeres!... Unas por uno, otras por
+otro, casi todas merecen ser amadas. La que no tiene el rostro bonito,
+tiene un cuerpo escultural; si la mano es fea, el pie es un primor...
+¡Usted no ha escogido mal, picarillo!... Carlota no tiene las facciones
+correctas de su hermana, pero es una estatua. Mejor que yo lo sabrá
+usted. Delgada de talle y ancha de caderas, la cabeza graciosa y bien
+plantada, el pecho alto, firme, valiente...</p>
+
+<p>Mario estaba en brasas. Al llegar aquí no pudo reprimir un gesto de
+disgusto. Don Laureano lo observó, y soltando la carcajada y poniéndole
+una mano sobre el hombro, exclamó:</p>
+
+<p>&mdash;Pero ¡qué empeño tienen ustedes los maridos en que nadie admire a sus
+mujeres! ¿Por qué? Yo imagino que debiera ser lo contrario. La
+convicción de que sólo ustedes son poseedores de sus encantos y que los
+demás nos morimos de envidia, debiera ser para ustedes un manantial de
+goces. ¿Te gusta mi mujer, eh? Pues contempla y rabia. Nada más
+agradable. Ahora también debo de advertirle que yo no serviría para
+marido. Una sola mujer me aburre pronto. La misma Carlota, a pesar de
+ser tan escultural, pienso que llegaría a cansarme. Es cuestión de
+organismo. El mío pide la variedad. A otros les basta la unidad...</p>
+
+<p>Entre el hondo pesar que le embargaba y aquellas palabras desvergonzadas
+que le herían como latigazos, el pobre Mario no podía disimular ya más.
+Su rostro se iba poniendo sombrío por momentos. Tanto que Romadonga,
+aunque no solía fijarse en el semblante de sus amigos, concluyó por
+preguntarle:</p>
+
+<p>&mdash;¿Qué tiene usted? Me parece que está usted preocupado.</p>
+
+<p>Mario lo negó.</p>
+
+<p>&mdash;Vamos, algún disgustillo matrimonial. ¡La ley, querido, la ley! Si el
+matrimonio no fuese más que el placer, ¿quién no se casaría? Pero
+entiendo que ante todo es sacrificio y que sólo conviene a los hombres
+virtuosos. Por eso yo, que no me tengo por tal, he renunciado a sus
+placeres como a sus dolores. Es el estado más decoroso, más noble, no lo
+niego; pero a las naturalezas egoístas y sensuales como la mía (según
+dice Godofredo Llot) les va mejor el celibato. Tiene también sus
+quiebras; el hombre jamás puede ser feliz por completo. Los solteros no
+tenemos quien nos repase los calcetines ni quien nos enfríe el caldo al
+lado de la cama cuando estamos constipados; pero en cambio hay otras
+ventajillas, y bien pesadas las de uno y otro estado, me parece que
+nosotros no llevamos la peor parte.</p>
+
+<p>Volvió a chupar el cigarro entornando un poco los párpados. Una sonrisa
+feliz se esparcía por su rostro correcto y expresivo. Cuando exponía sus
+teorías acerca del matrimonio solía hacerlo con moderación: no quería
+ofender a nadie. Pero allá en su fuero interno diputaba a los casados
+por unos mentecatos que habían venido a hacer el <i>primo</i> a la
+existencia. No se hartaba de felicitarse a sí propio de haber tenido
+bastante habilidad para no haber caído en la red.</p>
+
+<p>&mdash;Amigo Romadonga, por esta vez se ha equivocado usted. No hay tal
+disgusto matrimonial&mdash;dijo resueltamente Mario.</p>
+
+<p>&mdash;Me alegro, me alegro muchísimo. Ojalá no haya entre ustedes jamás
+motivo de discordia&mdash;repuso Matusalem con amabilidad.</p>
+
+<p>Pero en su afable sonrisa se advertía un leve matiz de duda, algo que
+decía: «Si no han venido aún las reyertas, vendrán, querido, no lo dude
+usted.»</p>
+
+<p>&mdash;Le confieso que tengo un disgusto, pero es de orden más inferior y más
+soportable. Acabo de saber que he quedado cesante.</p>
+
+<p>Romadonga se mostró sorprendido. Después procuró poner la cara triste
+adaptándose a las circunstancias. Quiso enterarse de los pormenores.</p>
+
+<p>&mdash;¡Bah! Yo creo que eso se arreglará. No se apure usted. Su papá tenía
+muy buenas relaciones. En cuanto los amigos se enteren, será usted
+repuesto. ¿Y no ha habido razón alguna para esa cesantía? ¿Ha tenido
+usted algún choque con los jefes?</p>
+
+<p>Mario confesó avergonzado que desde hacía algún tiempo no asistía a la
+oficina con la asiduidad que antes.</p>
+
+<p>&mdash;...Qué quiere usted, me ha vuelto otra vez la manía de modelar en
+barro. Cuando tengo entre manos alguna figura que me interesa no me
+acuerdo de nada. Comprendo que hago mal, ¡pero se pasan tan buenos
+ratos!</p>
+
+<p>Romadonga le miró risueño, embelesado, con su acostumbrada benevolencia
+para todas las locuras.</p>
+
+<p>&mdash;¡Bravo! Es usted un hombre original. No deja de tener gracia eso de
+perder un empleo por hacer figuras de barro. Comprendo que usted se
+arruinara por mujeres de carne y hueso... pero por muchachas de barro o
+de mármol, eso, francamente, excede para mí los límites de lo
+comprensible.</p>
+
+<p>Pocos momentos después nació en su espíritu la sospecha aterradora de
+que la conversación empezaba a aburrirle. Apresurose a levantarse, y
+dando algunas palmaditas amicales a su amigo en el hombro y deseándole
+que se arreglase pronto el asunto, se alejó balanceando su figura
+distinguida, como los perros cuando ya no hay terrones de azúcar que
+ofrecerles.</p>
+
+
+
+<h3><a name="VII" id="VII"></a>VII</h3>
+
+
+<p>No se arruinaría él, no, por mujeres de mármol. Tampoco por las de carne
+y hueso, aunque lo comprendiese mejor. Hasta entonces al menos ninguna
+había logrado tomar de su bolsillo más que lo que en cuenta corriente
+había destinado a este ramo exquisito de sus placeres. A fuerza de
+experiencia y de cálculo, cuando emprendía alguna nueva conquista, sabía
+de antemano lo que iba a costarle; trazaba su presupuesto con la
+exactitud de un experto maestro de obras.</p>
+
+<p>El de la pobre Concha, la hermosa chula que hacía algunos meses había
+conocido en el café del Siglo, fue de los más modestos que en su
+carrera galante había formado.</p>
+
+<p>&mdash;Estas chicas populares son el género más barato, y no por eso menos
+sabroso&mdash;solía decir a sus amiguitos del café.</p>
+
+<p>&mdash;Supongo, D. Laureano&mdash;replicaba alguno,&mdash;que el más caro será el de
+las entretenidas de alto rango.</p>
+
+<p>&mdash;Tampoco. Las más caras de todas son las mujeres ricas&mdash;manifestaba
+profundamente aquel hombre ingenioso y erudito, para quien la naturaleza
+femenina no guardaba secreto alguno.</p>
+
+<p>El cerco de Concha siguió las mismas vicisitudes que el de todas las
+plazas de este orden. Sin embargo, la hija del sillero, aunque inocente
+y simple como humilde menestrala, tenía un genio impetuoso, arrebatado,
+que en más de una ocasión estuvo a punto de dar al traste con los
+proyectos de D. Laureano, quien procedía con tiento, con la habilidad
+suprema que había logrado adquirir en cuarenta años de práctica. Un
+bloqueo prudentísimo primero, intimando poco a poco, acercándose
+algunos ratos a la mesa y cambiando con la chula bromitas más o menos
+picantes. Después, un día, con pretexto de que llevaba el mismo camino,
+les acompañó de noche hasta cerca de su casa. Estos acompañamientos se
+hicieron frecuentes. Otro día les trajo butacas para uno de los teatros
+por horas. Más tarde les facilitó entradas para las exposiciones, y
+sabiendo lo aficionado que era el sillero a los toros, fingiéndose
+ocupado, más de la mitad de los domingos le daba el billete de su abono.
+Finalmente entró en la casa.</p>
+
+<p>Romadonga era hombre flexible y dúctil hasta un grado increíble. Con el
+mismo aplomo entraba en la casa de un grande de España que en la de un
+menestral. En todas partes desplegaba la misma franqueza cordial, un
+buen humor y una gracia que hacía apetecer su compañía. Necesitaba
+pretexto para visitar a menudo la pobre vivienda de Concha. Hallolo en
+la ignorancia supina de ésta. La infeliz no sabía siquiera leer y
+escribir. Romadonga, lleno de celo pedagógico, se brindó a enseñarla en
+poco tiempo. Y todos los días sin faltar uno pasaba una hora o más
+haciéndole combinar letras y sílabas
+(<i>ma-ña-na-ba-ja-ra-cha-fa-lla-da-la-pa-ca-ta-ra-ga-sa-lla-da</i>) o seguir
+con mano inexperta los trazos de un curso de escritura inglesa.</p>
+
+<p>Cuando la vio medianamente impuesta en estas materias no por eso se
+apagó su ardor instructivo. Prosiguió su obra civilizadora con creciente
+entusiasmo. Y determinó iniciarla en los misterios de la Geografía
+enseñándole cuántas son las partes del mundo y las capitales de los
+principales países, y con más interés aún en la Historia sagrada,
+haciéndole aprender de memoria las grandes vicisitudes por que pasó el
+pueblo de Dios antes de la venida de Nuestro Señor Jesucristo.</p>
+
+<p>En el café del Siglo se tenía noticia de estos cursos instructivos. Se
+le embromaba con ellos, se comentaban con gracia por toda la tertulia.
+Pero en aquellas bromas el que marchaba delante y brillaba por su
+procacidad era él mismo.</p>
+
+<p>&mdash;¿Qué tal, D. Laureano, se va instruyendo la niña?</p>
+
+<p>&mdash;Admirablemente. Tiene disposiciones asombrosas, sobre todo para la
+geografía política. Conoce al dedillo todas las capitales del mundo.
+Ayer, porque se le olvidó la de Venezuela, lloró como una Magdalena y se
+tiró de los cabellos.</p>
+
+<p>&mdash;¿Y en Historia sagrada?</p>
+
+<p>&mdash;Tampoco marcha mal. Tiene una memoria envidiable. Se sabe sin borrar
+un punto ya desde la creación hasta Abraham. Ahora se está aprendiendo
+desde Abraham hasta Moisés.</p>
+
+<p>Y a los pocos días, si no le embromaban, él mismo tomaba la iniciativa.</p>
+
+<p>&mdash;¡Estoy maravillado! Hoy me relató Concha desde Moisés hasta el
+cautiverio de Babilonia sin errar un punto.</p>
+
+<p>&mdash;Bueno; ¿y el amor cómo marcha?&mdash;preguntó uno.</p>
+
+<p>&mdash;Eso es clase de adorno. Se deja para lo último&mdash;repuso con amable y
+cínica sonrisa el viejo elegante.</p>
+
+<p>¡Pobre Concha! ¡Qué ajena estaba de que aquel caballero tan fino, tan
+suave, tan delicado, hacía escarnio de su inocencia en la mesa del
+café!</p>
+
+<p>Poco a poco se había ido interesando. Don Laureano era viejo (mucho más
+de lo que ella suponía, por supuesto), pero conservaba gallarda figura,
+un aire distinguido y varonil que a cualquier mujer podía impresionar;
+mejor todavía a una humilde hija del pueblo que no había tratado más que
+con hombres zafios y mal vestidos. Aquel señor tan pulcro despedía un
+vaho de elegancia que despertaba el instinto del arte y la belleza que
+en toda naturaleza femenina reside. El perfume de sus pañuelos la
+embriagaba, deslumbrábale el brillo de sus joyas, y las palabras
+lisonjeras, insinuantes, con que la envolvía sin cesar arrullaban
+dulcemente su corazón virginal.</p>
+
+<p>Según trascurría el tiempo iba perdiendo paulatinamente aquel humor
+chancero. Se había hecho más grave, más reservada y tímida. Creció
+asimismo su susceptibilidad hasta lo indecible. Cualquier broma de
+Romadonga la interpretaba en el peor sentido, retorcía sus frases más
+sencillas, queriendo ver en ellas algún signo de desprecio. Y con el
+temperamento impetuoso de que estaba dotada, cuando menos podía
+esperarse armaba una gresca de dos mil diablos, le cubría de dicterios y
+le arrojaba de su presencia. D. Laureano no parecía disgustado con esta
+nueva fase de su conquista, aunque se dilatase más de lo que había
+imaginado. En esta materia había llegado a un sibaritismo refinado. Sólo
+tenía valor para él lo que costaba trabajo. Sin impaciencia ni inquietud
+esperaba alegremente que la naranja estuviese madura para sacudir el
+árbol y hacerla caer en su seno.</p>
+
+<p>Para lograr este dulce desenlace apelaba a los medios que los galanes
+han usado siempre en tales casos; los mismos que Ovidio recomendaba en
+su <i>arte amatoria</i>. Solía llevarle regalitos de poco valor, un abanico,
+un dedal, peinetas para el cabello, etc. La niña los aceptaba con
+regocijo y gratitud. Cierto día el experto seductor quiso dar un avance.
+Se fue a una joyería y compró una sortija con tres brillantitos en forma
+de trébol: total sesenta duros. La hermosa chula también aceptó este
+regalo con un gozo que le hizo prorrumpir en exclamaciones. Aquella
+tarde estuvo amabilísima y jovial como nunca. Mas he aquí que a la
+tarde siguiente la decoración había cambiado por completo. Quizá alguna
+amiga o conocida, al ver la sortija, le había hecho comprender lo que
+significaba, le habría dirigido pérfidas insinuaciones. Lo cierto es que
+D. Laureano halló a su ninfa con un semblante más negro y temeroso que
+nube de galerna. Antes de cinco minutos estalló la tormenta. Gritó,
+pateó, le arrojó la sortija a los pies y con ella todos los regalos que
+le había hecho antes. ¿Qué se había creído el tío silbante? ¿que ella
+era una tal y una cual? ¡Anda, que se había llevado buen chasco!
+Sortijitas a ella, ¿eh? Ya vería lo que lograba con sus alhajas...</p>
+
+<p>Romadonga aguantó a pie firme y con bastante calma el chubasco. Luego
+procuró calmarla con sofística dialéctica que hizo poca mella en su
+ánimo irritado. Al fin, por sí misma se fue serenando y se avino a
+volverle a su gracia con tal que se llevase todos los regalos que le
+había hecho y le jurase solemnemente no traerle más.</p>
+
+<p>D. Laureano cargó con todos aquellos chirimbolos. Por la noche decía en
+el café, chupando con delicia un cigarro habano:</p>
+
+<p>&mdash;No hay nada en el mundo como una chula de Lavapiés. Estoy hechizado
+con mi Conchilla. Ni la mitad del presupuesto voy a invertir. El que
+tenga la suerte de embarcarse en una de estas fragatas, puede viajar
+hasta el fin del universo con tres pesetas.</p>
+
+<p>Con razón lo pudo decir, pues a los pocos días había logrado rendirla.
+La pobre Concha cayó en sus brazos por generosa y amante, no por
+interesada.</p>
+
+<p>Fue una luna de miel. Romadonga, en la alegría de su conquista, se dejó
+arrastrar a mil delicadas atenciones, demostrando cerca de ella una
+asiduidad que rara vez había tenido con otras. Iba a su casa dos o tres
+veces al día; apenas salía de allí. De noche la acompañaba paseando por
+las calles más extraviadas, donde tuviera seguridad de no tropezar a
+algún conocido. Los domingos solía llevarla en coche a cualquier
+pueblecito próximo; merendaban, bebían lo bastante para ponerse alegres
+y regresaban con las mejillas rojas, diciéndose mil disparates
+deliciosos. Hasta se aventuró varias veces a llevarla a un palco segundo
+en el teatro y a permanecer allí metido detrás de las cortinas. Se
+comprendía que aquel triunfo de última hora halagaba su amor propio, le
+enajenaba de gozo.</p>
+
+<p>Pero aunque ambos hacían esfuerzos de habilidad para engañar al sillero,
+guardándose cuanto podían, inventando mil pretextos explicativos para
+sus actos, el padre no pudo menos de advertir el nuevo género de
+relaciones que entre ellos existía. El señor Ángel era un buen hombre,
+hábil en su oficio y de sentimientos honrados, pero extremadamente
+pusilánime. Cuando se hizo cargo de lo que pasaba, se entristeció
+profundamente, mostrose serio lo mismo con su hija que con D. Laureano,
+andaba cabizbajo y mudo por la casa; pero no se atrevió a adoptar una
+resolución enérgica. Tan sólo una vez dijo a Concha que no le parecía
+bien la confianza que había tomado con Romadonga. La chica rechazó con
+indignación la malévola sospecha que había debajo de sus palabras, se
+encrespó de tal manera que el pobre no volvió a entrar en
+explicaciones.</p>
+
+<p>Se retrajo de la compañía de sus amigos. Andaba avergonzado, siempre
+temiendo que le echaran en cara aquella indecente complacencia. Y así
+fue. Un día, en la taberna, se lo dijeron bien clarito.</p>
+
+<p>&mdash;No eres hombre si no echas al viejo de tu casa.</p>
+
+<p>No, no era hombre para hacerlo el infeliz. Se avergonzó, lloró y quiso
+retirarse. Pero un amigo le dijo:</p>
+
+<p>&mdash;No te amilanes, Ángel. Si no te atreves a armarle bronca al tío,
+bébete unas copitas de más y le echas por el balcón.</p>
+
+<p>El sillero hizo caso del consejo. Se atracó de vino, y cuando estuvo
+hecho una cuba se fue para su casa dando tumbos, diciendo a voces que
+iba a sentar las costuras a un caballero.</p>
+
+<p>Romadonga estaba allí como de costumbre. El sillero se le plantó delante
+con los brazos cruzados y le escupió más que le dijo:</p>
+
+<p>&mdash;¿Y usted qué hace aquí, vamos a ver?</p>
+
+<p>&mdash;¿Yo?...</p>
+
+<p>&mdash;Sí, usted...</p>
+
+<p>Y descomponiéndose de pronto comenzó a vociferar bárbaramente, a
+proferir blasfemias y amenazas que hacían retemblar la casa. Concha
+corrió a refugiarse en su cuarto. Romadonga trató de calmarle; pero
+viendo que eran inútiles sus esfuerzos y que la vecindad se estaba
+enterando, tomó el sombrero y se fue. Al bajar la escalera oyó que una
+vecina decía a otra:</p>
+
+<p>&mdash;El señor Ángel ha echado de su casa al tío... ¡Ya era tiempo!</p>
+
+<p>De tal modo inopinado se cortó el curso de aquellas sabrosas relaciones.
+D. Laureano no cejó por esto. Procuró ponerse inmediatamente en
+correspondencia con su amante. Hubo cartas y recaditos y entrevistas.
+Como hombre que sabía extraer delicadamente de este mundo amargo su jugo
+azucarado, halló nuevo aliciente de placer en la contradicción del
+sillero y en el misterio que se veía obligado a desplegar. Pero Concha
+no se avenía tan de buen grado. Disipada la embriaguez de su padre, no
+le perdonó aquel acto de energía. Comenzó a mortificarle con su
+constante mal humor, con el descuido de sus obligaciones domésticas: la
+comida fría, la cama sucia, la ropa sin coser. De vez en cuando le
+dirigía venenosas indirectas o burlas insolentes, de tal modo que al
+pobre hombre ya le iba pesando de haberse mostrado tan digno. La
+dignidad no es absolutamente indispensable para vivir; la ropa y el
+alimento sí. Finalmente, la resuelta chula, no pudiendo sufrir más
+aquella situación y convencida de que su padre iría donde le llevasen si
+se le sujetaba fuertemente por el cuello, aceptó la proposición que
+tiempo hacía le había hecho D. Laureano: irse a vivir a un cuartito
+independiente que él le alquilaría. Pero no había necesidad de
+escaparse. Estaba segura de que su padre cedería si Romadonga sabía
+hablarle con diplomacia.</p>
+
+<p>Dio un salto el viejo elegante cuando Concha le propuso una entrevista
+con el sillero. Sin embargo, le convenció de que su padre era un bendito
+y, no estando borracho, incapaz de entregarse a ninguna violencia de
+palabra y mucho menos de obra. Sobre esta base el afortunado seductor
+no tuvo inconveniente en que la chula concertase el cuándo y el dónde de
+aquella trascendental conferencia. En casa no podía ser. La dignidad le
+impedía a D. Laureano ir a la del sillero sin obtener antes una
+satisfacción. En la calle no era decoroso, ni en el café del Siglo
+prudente. Se convino en que se hablarían en el de Platerías, de la misma
+calle, a las seis de la tarde, hora en que solía estar solitario.</p>
+
+<p>D. Laureano llegó el primero a la cita y esperó meditando los falaces
+argumentos con que pretendía persuadir al sillero. Vino éste a los pocos
+minutos y se acercó a la mesa acortadísimo, balbuciendo las buenas
+tardes. Romadonga se apresuró a levantarse, y con franqueza campechana
+le puso la mano en el hombro.</p>
+
+<p>&mdash;¿Cómo va ese valor, amigo D. Ángel? En realidad no necesito
+preguntarlo. Lleva usted la contestación en la cara. ¿Qué va usted a
+tomar?</p>
+
+<p>&mdash;Muchas gracias, no tomo nada.</p>
+
+<p>&mdash;¡Hombre, tendría eso que ver!... ¡Mozo! Unas copitas de manzanilla...
+Ya sabes, de la especial... ¿Y cómo está Concha?&mdash;añadió osadamente.</p>
+
+<p>&mdash;No va mal&mdash;respondió con visible malestar el sillero.</p>
+
+<p>&mdash;¿Le han dejado aquellas punzadas dolorosas en el estómago?... Ya le
+decía yo que ella se tenía la culpa. No guarda regla alguna para comer.
+Su placer mayor consiste en hacer comistrajos a las horas más
+extravagantes: tomates, huevos duros, naranjas, todo revuelto con aceite
+y vinagre. Se necesitaría tener el estómago chapado en cobre para
+resistir este desorden. Yo le di unas pastillitas que no le han venido
+mal... Pero lo principal es que tenga método.</p>
+
+<p>D. Laureano hablaba de Concha afectando desembarazo, como si no hubiera
+pasado nada, como si fuese todavía el amigo íntimo de la familia. El
+señor Ángel asentía sonriente y turbado. Sin embargo, el aplomo y la
+franca naturalidad de Romadonga fueron disipando poco a poco su
+turbación. ¡Era un hombre tan llano, tan jovial y corriente aquel D.
+Laureano!: le bastaban pocos momentos para inspirar confianza a
+cualquiera y ganarle el corazón.</p>
+
+<p>Como por la mano supo llevar el discurso desde la salud corporal de la
+joven a las cualidades de su carácter. Era una pólvora aquella criatura;
+buenísima en el fondo, con un corazón de cordera, pero arrebatada como
+pocas. Dejándola serenarse, incapaz de hacer daño a una hormiga, pero en
+un instante de cólera Dios sabe adónde podía llegar...</p>
+
+<p>&mdash;Por supuesto&mdash;añadió con un guiño malicioso&mdash;que tiene a quien
+parecerse; porque usted, señor Ángel, que ordinariamente es una malva,
+¡tiene un modo de dispararse!</p>
+
+<p>El sillero levantó el brazo y bajó la cabeza, manifestando con mímica
+expresiva que de aquello no había que acordarse.</p>
+
+<p>&mdash;No, no lo traigo a cuento en son de queja. Únicamente quiero
+significar que a Concha su genio le viene de herencia, y que por lo
+tanto hay que perdonárselo... De todos modos, es una chica que se hace
+querer, porque inmediatamente se ve que no hay allí doblez, que no hay
+engaño...</p>
+
+<p>&mdash;¡Eso no!&mdash;exclamó el sillero atacado de súbita vanidad.&mdash;En nuestra
+familia nunca se ha engañado a nadie. Podremos, si a mano viene, dar un
+golpe desgraciado o una cuchillada en un pronto, pero ha de ser por
+delante. Hacer traición, ¡jamás!</p>
+
+<p>No quedó muy satisfecho el viejo galanteador de estas cualidades nativas
+de la familia. Casi casi, al golpe desgraciado o a la cuchillada francos
+y nobles prefería la traición rastrera si no venía acompañada de
+violencia en las personas.</p>
+
+<p>&mdash;Perfectamente; tiene usted razón; pero los prontos hay que
+refrenarlos, si no, ¡dónde vamos a parar!... Dejemos esto y vamos al
+caso. Yo me he encariñado con su hija hasta el punto de que nada me
+agrada ya en el mundo sin su compañía. No lo digo porque sea usted su
+padre, pero no he hallado en ninguna parte una muchacha más hermosa, más
+sencilla y al mismo tiempo mejor educada...</p>
+
+<p>&mdash;¡Eso sí! ¡Bien criada sí! En ese punto ni su madre ni yo nos hemos
+descuidado. Cada pie de paliza la hemos dado, que algunas veces se iba
+a la cama y no podía levantarse en cuatro días. ¡No la hemos dejado
+pasar una!... Ahí está ella que no me dejará mentir.</p>
+
+<p>&mdash;La prueba mejor de que tiene buen natural y que sus instintos son
+finos y distinguidos es que, en vez de enamorarse de cualquier pilluelo
+de su edad, ha preferido un hombre maduro como yo, educado en una esfera
+más elevada que la suya. Su falta tiene, pues, origen en las cualidades
+más admirables de su corazón. Yo creo que, en vez de sentirse
+avergonzado por ello, debiera usted estar satisfecho de tener una hija
+de aspiraciones tan nobles y delicadas... Bueno; ya está consumada la
+falta. ¿Y qué vamos a hacer ahora?... Pues ahora no nos toca más que
+procurar remediar en lo posible las malas consecuencias que pueda traer
+consigo.</p>
+
+<p>El señor Ángel se puso muy grave, bajó la vista y mostró señales de
+inquietud.</p>
+
+<p>&mdash;Mozo, echa otra copita al señor... Lo primero que salta a la vista es
+que su hija de usted y yo no podemos ni debemos separarnos. Nuestros
+corazones se hallan tan compenetrados, que sería una verdadera crueldad
+por parte de usted o de cualquiera otra persona tratar de romper el lazo
+que nos une...</p>
+
+<p>&mdash;Bueno, pues cásese usted con ella&mdash;murmuró con timidez el sillero.</p>
+
+<p>&mdash;Le diré a usted&mdash;repuso sin inmutarse D. Laureano.&mdash;Hace ya muchísimo
+tiempo que no pienso en otra cosa. Mi felicidad mayor consistiría en
+poderla llamar esposa y presentarla en todas partes como tal... pero...
+pero el hombre pocas veces consigue lo que apetece con ansia. En la
+actualidad existen una porción de obstáculos que se oponen a la
+realización de mi proyecto... Por supuesto que espero vencerlos&mdash;añadió
+con un gesto soberbio de primer actor.&mdash;¡Vaya si los venceré!... Ahora,
+si usted me preguntase ¿cuándo? ¿cómo? yo le respondería: «Querido señor
+Ángel, soy ante todo un hombre sincero y leal. Si le dijese tal día, de
+tal manera me casaré con su hija, como yo mismo no lo sé, mentiría, y la
+mentira jamás ha manchado mis labios.»</p>
+
+<p>Pausa. Romadonga vacía de un trago la copa que tiene delante, se limpia
+con el pañuelo los labios que jamás manchó la mentira, y prosigue:</p>
+
+<p>&mdash;En estas circunstancias especiales, especialísimas, en que nos
+hallamos, ¿qué partido adoptar?... Conviene que meditemos.</p>
+
+<p>Pausa y meditación.</p>
+
+<p>&mdash;Si usted no lo tomase a mal... pero temo que usted lo tome en el
+sentido peor... yo, teniendo presente que a lo hecho no hay remedio y
+que mi entrada en su casa es más escandalosa y perjudicial a su decoro,
+le propondría que Concha se fuese a vivir independiente en un cuartito
+mientras no desaparezcan las circunstancias que me imposibilitan unirme
+a ella...</p>
+
+<p>El señor Ángel se puso pálido y reclinó la frente sobre su mano, mirando
+fijamente al mármol de la mesa.</p>
+
+<p>&mdash;¡Lo ve usted!... ¡Ya se está usted figurando una porción de
+atrocidades!</p>
+
+<p>&mdash;No me figuro más que la verdad, don Laureano&mdash;profirió con voz
+alterada el pobre hombre sin abandonar su postura.</p>
+
+<p>&mdash;Convengo en que a primera vista esta proposición parece fea; pero,
+créame usted, aceptándola, evitamos mayores males. Se mudará a un barrio
+lejano donde no la conozcan, cambiará de nombre mientras no pueda
+ostentar el mío honrosamente, se guardará el mayor sigilo posible...</p>
+
+<p>El señor Ángel levantó sus ojos doloridos y exclamó con amargura:</p>
+
+<p>&mdash;¡Proponer eso a un padre, D. Laureano!</p>
+
+<p>&mdash;¡Vamos, señor Ángel, tenga usted mundo!&mdash;exclamó Romadonga dándole
+palmaditas cariñosas en el hombro.&mdash;Hoy la sociedad es muy distinta de
+cuando nosotros nos criamos. Lo que a nuestros padres les parecía
+imperdonable, ahora es cosa corriente... Mozo, échanos otra copa... Al
+contrario, en la actualidad se considera de mal gusto y hasta cursi esa
+virtud austera de nuestros mayores. Los tiempos cambian, amigo D. Ángel,
+y no hay más remedio que transigir y acomodarse al progreso. La vida se
+compone de transacciones.</p>
+
+<p>&mdash;¡Proponer eso a un padre!&mdash;volvió a exclamar el pobre diablo, con la
+misma amargura, vaciando la copa en el estómago.</p>
+
+<p>&mdash;No se fije usted en su condición de padre. Colóquese usted en un punto
+de vista más elevado. En seguida comprenderá usted que es el acuerdo más
+conveniente. Si usted se obstina en retenerla en casa y consigue que
+rompamos nuestras relaciones, un día u otro, créame usted, Concha caerá
+en la perdición. Usted, entregado a sus quehaceres, no puede vigilarla;
+yo sí. Y si llega a caer, como es probable, ¿no será para usted un
+remordimiento el pensar que la ha privado de acomodarse con un hombre
+que está en posición de sostenerla decorosamente? Además, usted se hará
+viejo, no podrá trabajar... Para ese caso Concha le podrá ayudar,
+mientras que de otra suerte...</p>
+
+<p>Todavía prosiguió el viejo seductor por largo rato amontonando
+argumentos con la fluidez insinuante que caracterizaba su discurso.</p>
+
+<p>Su elocuencia, secundada poderosamente por el manzanilla, logró al cabo
+marear, si no convencer, al sillero.</p>
+
+<p>Una hora después salían ambos del café con sendas brevas en la boca,
+colorados, risueños; despidiéndose muy afectuosamente en la primer
+esquina.</p>
+
+
+
+<h3><a name="VIII" id="VIII"></a>VIII</h3>
+
+
+<p>Seis meses nada más bastaron para que el genio que dormía en el fondo
+del espíritu de D. Pantaleón Sánchez se levantase y echase a andar por
+la tierra. En este corto espacio de tiempo su mirada penetrante abarcó
+de una vez la existencia toda y sondó sus inefables arcanos. En el mundo
+no había más que hechos, hechos <i>constatados</i>, como decía un libro
+traducido del francés que Moreno le había dado.</p>
+
+<p>Todas las supersticiones se borraron de pronto de su privilegiada
+inteligencia: no sólo la superstición de Dios, la del alma y la moral,
+inventadas por la debilidad de los hombres secundada por la ambición de
+los sacerdotes, sino ciertas nociones ridículas en que el género humano
+se había entretenido puerilmente hasta ahora; las ideas de lo verdadero,
+lo bueno y lo bello. Risa inextinguible le causaban los que sostienen
+que se ignora el origen de estas ideas. Lo ignorarían ellos. Moreno y él
+sabían perfectamente a qué atenerse. Eran sensaciones, nada más que
+sensaciones, agradables o desagradables, como las que produce la
+humedad, el calor o la fetidez de las alcantarillas.</p>
+
+<p>Las profundas observaciones que había llevado a cabo en los últimos
+tiempos sobre las cebollas, las patatas y otros ejemplares del reino
+vegetal, lo mismo que el estudio atento de algunos animales domésticos,
+le habían empujado tan fuertemente al análisis que no comprendía otro
+método. Lo que por medio del análisis no se hallara, inútil era buscarlo
+por otro procedimiento. Es así que ni el escalpelo ni el microscopio
+habían tropezado jamás con el alma ni con un Ser Supremo; luego, etc.</p>
+
+<p>Esta inclinación al análisis despertó en su inteligencia poderosa una
+tendencia razonadora de tal precisión que ni el más pequeño argumento
+podía escaparse entre sus apretadas mallas. Caía sobre las ideas como un
+águila, las sujetaba entre sus garras, las examinaba por todas partes y
+sólo después que mostraba a sus oyentes todos los aspectos las dejaba
+escapar.</p>
+
+<p>&mdash;Papá, ¿te parece que vayamos hoy al Retiro?</p>
+
+<p>&mdash;No; está muy húmedo. La humedad es mala para el organismo. ¿Y por qué
+es mala para el organismo? Porque ataca los tejidos. ¿Y por qué ataca
+los tejidos? Porque les roba calórico. ¿Y de dónde procede este
+calórico? De la introducción del oxígeno en la sangre.</p>
+
+<p>&mdash;¿Sabes una cosa, Carlota?&mdash;decía Presentación otra vez a su
+hermana.&mdash;Margarita está enamorada del chico de Roda. Ella misma me lo
+confesó ayer.</p>
+
+<p>D. Pantaleón sonrió benévolamente.</p>
+
+<p>&mdash;¿Sabéis por qué está enamorada? ¿A que no?</p>
+
+<p>&mdash;Toma, porque le gusta. Es un chico muy guapo.</p>
+
+<p>&mdash;No, hija, no es eso. Está enamorada porque es joven aún, y como es
+joven hay un desequilibrio entre la asimilación y la desasmilación. Ésta
+es la única y positiva razón de ese amor, como de todos los demás. La
+ternura de las mujeres, ese cariño que os impulsa a hacer locuras, a
+llorar, a quitaros la vida, no significa sino que los productos de la
+nutrición, la albúmina, la grasa, el azúcar y el almidón, entran con
+exceso en la sangre y no bastan para expeler el sobrante la urea, el
+ácido carbónico y las deyecciones intestinales.</p>
+
+<p>&mdash;Pero, papá, ¿qué dices ahí?</p>
+
+<p>&mdash;El amor no es más que un exceso de nutrición.</p>
+
+<p>&mdash;Ésas no son cosas tuyas, papá&mdash;exclamó con indignación la hija
+menor.&mdash;Tú no eres capaz de inventar tales extravagancias. Eso viene del
+pelmazo de Moreno que, como no hay chica que le quiera, se venga
+diciendo borricadas de nosotras.</p>
+
+<p>&mdash;Las mujeres, hija mía&mdash;repuso Sánchez con toda la calma y la autoridad
+del verdadero sabio,&mdash;no podrán jamás llegar a darse cuenta de estas
+profundas verdades. Yo he hecho mal en revelároslas sabiendo que hay una
+imposibilidad física para que las entendáis. Si no lo tomaseis a mal, os
+diría que vuestro cerebro pesa algunos gramos menos que el del hombre
+por término medio.</p>
+
+<p>&mdash;¿También dice eso Moreno? Pues tiene mucha razón. ¡Cómo no ha de pesar
+menos mi cabeza que la de ese fenómeno! ¡Tendría que ver!</p>
+
+<p>D. Pantaleón sonrió lleno de lástima, y con la flexibilidad peculiar de
+los grandes hombres se apresuró a llevar la conversación a otro asunto
+más adecuado a la capacidad craneana del sexo femenino.</p>
+
+<p>Toda la vida había sido un hombre excesivamente sensible. Su mujer se
+reía de la facilidad que tenía para llorar. La música era su pasión más
+viva. Para él no había placer comparable a escuchar en una delantera del
+paraíso del teatro Real con su hija Carlota, aficionada también a la
+música, la <i>Sonámbula</i> o la <i>Norma</i>, o cualquier otra ópera del género
+dulzón y pegajoso. Lloraba y moqueaba copiosamente en los pasajes más
+líricos, avergonzando no pocas veces a su hija.</p>
+
+<p>&mdash;¡Papá, que te están reparando!</p>
+
+<p>&mdash;¡Qué quieres, hija mía, esto enternece a una roca!</p>
+
+<p>Después de la música lo que más le placía eran los dramas y novelas
+sentimentales. Había visto infinidad de veces <i>La huérfana de Bruselas</i>,
+<i>La aldea de San Lorenzo</i> y <i>La carcajada</i>. Se sabía de memoria la
+comedia <i>Flor de un día</i> y su segunda parte <i>Espinas de una flor</i>. Nunca
+le fue posible recitar aquellos famosos versos:</p>
+
+<p class="poem">
+<span style="margin-left: 3em;">«Si oyes contar de un náufrago la historia,</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">ya que en la tierra hasta el amor se olvida, etc.»</span><br />
+</p>
+
+<p class="nind">sin hacer pucheritos y que la voz se anudase en la garganta. Y lloraba
+también como un buey con las aventuras de las costureras sentimentales y
+reinas afligidas de las novelas por entregas.</p>
+
+<p>Pues bien, Moreno le infundió en seguida un desprecio supremo hacia
+estos lirismos que retrasaban la marcha de la humanidad en el camino
+del progreso. Se avergonzó de haber empleado tanto tiempo en leer tales
+quimeras, cuando estaban ahí los hechos, los hechos <i>constatados</i>, la
+albúmina, el ácido úrico, el almidón, en triste e injustificado
+abandono. Y un día que se trató de la prensa en el café sostuvo con D.
+Dionisio Oliveros, el vate burocrático, una acalorada discusión.
+Entonces fue cuando profirió aquella frase felicísima que más tarde dio
+la vuelta al mundo en alas de la fama.</p>
+
+<p>&mdash;Ha concluido el reinado de los poetas y comienza el de los fisiólogos.
+Llegó la hora de arrancarse la toga y ponerse la blusa del operador. El
+alma está hecha de sustancia gris, el corazón es un músculo encargado de
+dar movimiento a la sangre.</p>
+
+<p>Y, sin embargo, después de escuchar tan grandes pensamientos, todavía D.
+Dionisio se obstinaba en escribir sonetos en la oficina.</p>
+
+<p>Todos en la casa experimentaban los efectos benéficos de las corrientes
+científicas que soplaban en el privilegiado cerebro del jefe de la
+familia. Pero la que los sentía más a menudo era Carlota por su buena
+pasta. Mario se sustraía cuanto le era posible; inventaba cualquier
+pretexto para irse; se hacía el ocupado. Si esto no daba resultado,
+escuchaba distraído las disertaciones fisiológicas de su suegro: al cabo
+solía dormirse beatamente en la butaca. Presentación era mucho más
+expedita.</p>
+
+<p>&mdash;Mira, papá, no me des más jaqueca con el ovario, la fecundación y todo
+eso. Son porquerías que no debo oír. El confesor me lo ha prohibido.</p>
+
+<p>&mdash;Lo creo&mdash;respondía con acento profundo el sabio.&mdash;Pero si el confesor
+tiene interés en mantenerte en la ignorancia, mi deber de padre me
+obliga a disipar las tinieblas en que vives. Has de saber que los
+espermatozoos...</p>
+
+<p>&mdash;¡Dale! Te digo, papá, que no quiero saber eso.</p>
+
+<p>&mdash;Son unos microrganismos dotados de movimientos rápidos...</p>
+
+<p>&mdash;¡Vaya, esto es insufrible! Me voy a coser a otro lado.</p>
+
+<p>Aquella rebelión contra la ciencia producía en Sánchez grave desaliento.
+¡Cuánto tiempo se necesita aún para que la humanidad marche exenta de
+preocupaciones por el camino de la experimentación! se decía
+tristemente.</p>
+
+<p>Con su esposa no se atrevía a comunicar aquellos altos pensamientos que
+continuamente le embargaban. ¡Tenía un genio tan raro! No obstante,
+cierta noche, hallándose acostados, habló D.ª Carolina con admiración
+del talento y la bondad de una amiga suya que, dando lecciones por las
+casas, mantenía a sus padres ancianos y a una caterva de hermanos. La
+pobre, no teniendo tiempo a almorzar, llevaba algún fiambre en un papel
+y se lo comía en el portal de cualquier casa. ¡Y a pesar de eso siempre
+contenta y siempre ingeniosa!</p>
+
+<p>D. Pantaleón se atrevió a decir con voz temblorosa:</p>
+
+<p>&mdash;¿Sabes lo que es eso?</p>
+
+<p>&mdash;¿El qué?</p>
+
+<p>&mdash;¿Esa caridad y ese talento que te admiran?</p>
+
+<p>&mdash;¿Qué es?</p>
+
+<p>&mdash;Cloruro potásico.</p>
+
+<p>&mdash;¿Cómo?</p>
+
+<p>&mdash;Que no depende más que de una mayor cantidad de cloruro de potasa en
+el cerebro.</p>
+
+<p>&mdash;Pero, hombre, ¿qué jerigonza es la que estás hablando?</p>
+
+<p>&mdash;Para entenderlo es necesario que sepas que todas nuestras ideas y
+sentimientos dependen exclusivamente de los alimentos que ingerimos en
+el estómago. La albúmina...</p>
+
+<p>&mdash;Mira, Pantaleón, déjame en paz, que quiero dormir. ¿Qué te importan a
+ti esas cosas? Bien se conoce que estás ocioso. Por ningún motivo nos ha
+convenido dejar la tienda.</p>
+
+<p>&mdash;Únicamente te quería decir que la albúmina y la fibrina...</p>
+
+<p>&mdash;¡Pues yo te digo que no quiero oír sandeces, ea!... Buenas noches.</p>
+
+<p>Y se volvió del otro lado. D. Pantaleón suspiró hondamente y se volvió
+también para dormir.</p>
+
+<p>Pero a los pocos días, lleno de celo científico y de buena fe, dijo otra
+vez a su esposa:</p>
+
+<p>&mdash;Carolina, la otra noche estaba equivocado y te dije una falsedad.</p>
+
+<p>&mdash;¿Qué falsedad?&mdash;preguntó la buena señora sorprendida.</p>
+
+<p>&mdash;El talento de nuestra amiga Felipa no es cloruro potásico, sino ácido
+fosfórico.</p>
+
+<p>&mdash;¿Volvemos a las andadas?&mdash;exclamó irritada.</p>
+
+<p>&mdash;El hombre de ciencia debe rectificar con nobleza todos los errores.</p>
+
+<p>&mdash;Tú no eres hombre de ciencia, sino de tejidos de algodón y de hilo y
+géneros de punto. A mí no me vengas con embelecos, porque no estoy de
+humor de oírlos, y además te prohíbo que digas borricadas a la niña,
+porque la tienes escandalizada. ¡Vergüenza es que necesite yo recordarte
+tu deber!</p>
+
+<p>D. Pantaleón se abstuvo en adelante de verter ninguna de sus fecundas
+ideas delante de D.ª Carolina. ¡Era tan severa aquella señora en el seno
+de la intimidad!</p>
+
+<p>Sin embargo, cuando llegó la necesidad supo mantener sus derechos de
+animal humano frente a su esposa y frente a toda la familia que trataba
+de vulnerarlos. Por consejo de Moreno había prohibido que le sirvieran
+en las comidas hortalizas, porque éstas no proporcionaban ningún ácido
+fosfórico al cerebro, cosa que ellos necesitaban grandemente para sus
+dificilísimas investigaciones sobre la naturaleza. A pesar de esta
+prohibición, la cocinera se obstinaba en mandar a la mesa patatas,
+coles, lentejas, incapaces de producir más que ácido carbónico, celulosa
+y otras sustancias no menos despreciables e indignas. Sufrió con
+paciencia algún tiempo. Pero llegó un momento en que la lucha por la
+existencia exigió de él un rasgo de energía para salvar las
+circunvoluciones de su cerebro amenazadas. Y lo tuvo.</p>
+
+<p>&mdash;He dicho ya muchas veces, y lo repito ahora por última vez, que estoy
+resuelto a no ingerir ningún alimento vegetal. De hoy para siempre sepan
+todos ustedes que no quiero carbonatos en mi sangre, sino fosfatos. Si
+ustedes se obstinan en servirme vegetales, seré capaz de volverme a mi
+gabinete sin comer.</p>
+
+<p>Aunque la amenaza no espantó a la familia tanto como era de esperar, se
+convino, no obstante, en no servirle más que alimentos fosfatados.</p>
+
+
+
+<h3><a name="IX" id="IX"></a>IX</h3>
+
+
+<p>Sintió Carlota profundo pesar cuando su marido le notició la cesantía.
+Quedaron ambos larguísimo rato silenciosos y tristes. Algo sonaba
+también lúgubremente dentro del alma de ella, profetizando la muerte de
+su dicha. D.ª Carolina la recibió con tranquilidad. Únicamente se le
+advirtió más seria a la hora de comer. Después, habiéndose suscitado una
+conversación propicia, expresó algunos conceptos acerca de la
+holgazanería, de la presunción y la ligereza que a Mario se le antojaron
+alusivos. Tal vez no serían: no había motivo fundado para suponerlo,
+pues su suegra le había dado repetidas pruebas de afecto y
+consideración. De todos modos, no pudo menos de sentir el corazón
+apretado. Cuando se retiraron a su cuarto nada dijo de esta sospecha a
+su esposa. Se acostaron en silencio y fuertemente preocupados.</p>
+
+<p>La vida de la familia siguió el mismo curso metódico y apacible. No
+había pasado nada. Mario, a las horas de oficina, se iba de paseo solo o
+con su mujer. Por las noches continuaban asistiendo al café. A las
+comidas la conversación solía animarse. Presentación embromaba a su
+cuñado. Mario la embromaba a ella. Carlota escuchaba sonriente aquel
+tiroteo, tomando parte alguna vez por su marido. D. Pantaleón les asaba
+a explicaciones científicas: el vino, el pan, el azúcar, todo era motivo
+para exponer largamente la muchedumbre de secretos que iba arrancando a
+la naturaleza. D.ª Carolina seguía con el mismo humor benigno, rigiendo
+la casa a su talante, aunque siempre por delegación de su esposo.</p>
+
+<p>No obstante, una nube de malestar y tristeza, de la cual en el fondo
+todos se daban cuenta, envolvía a la familia. Las relaciones entre ella
+seguían siendo en la apariencia tan cordiales; pero cada cual percibía
+un dejo de inquietud, cierto embarazo que procuraban ocultar exagerando
+la sonrisa, acentuando la nota cómica. Mario sentía la falsedad de su
+situación en aquella casa y notaba bien que todos los demás la sentían
+igualmente. La mayor amabilidad de su cuñada con él era un modo de
+expresárselo; el silencio de D.ª Carolina, la humildad de su esposa para
+responder a una y a otra, lo mismo. Un sentimiento insoportable de
+vergüenza iba apoderándose de él.</p>
+
+<p>Carlota también lo padecía. D.ª Carolina y Presentación dejaron poco a
+poco de llamarla a cónclave para resolver los asuntos domésticos. Entre
+las dos se lo arreglaban todo, callando cuando ella aparecía. Con esto
+se hizo más tímida, más humilde; no se atrevía a quejarse de las faltas
+de la criada; trabajaba cada día más en la casa, echando sobre sí,
+cuando podía, el trabajo de su hermana; hacía esfuerzos por aparecer
+amable y simpática como si estuviera en casa extraña.</p>
+
+<p>D.ª Carolina trataba a su yerno con más ceremonia. Mario se sentía
+turbado por esta actitud, sin entender por completo lo que significaba.
+No se le mandaba cerrar la puerta, ni escribir los sobres de las cartas,
+ni que las acompañase hasta casa de unas amigas, ni se le daban encargos
+para la calle. Cuando doña Carolina rechazaba cualquiera de sus
+servicios el inocente exclamaba:</p>
+
+<p>&mdash;¡Pero, mamá, no tiene usted confianza conmigo!</p>
+
+<p>&mdash;Sí, hijo, sí; pero no hay necesidad de que tú te molestes. Pantaleón,
+que no tiene nada que hacer, se encargará de ello.</p>
+
+<p>¡Que no tiene nada que hacer! Estas palabras, pronunciadas con perfecta
+naturalidad y hasta con la sonrisa en los labios, sonaban a sarcasmo.
+Tampoco él tenía nada que hacer; demasiado le constaba a ella. A veces,
+cuando el matrimonio joven venía de paseo y entraba en el gabinete donde
+estaban la señora y su hija Presentación, aquélla les interrogaba con
+cierta condescendencia irónica:</p>
+
+<p>&mdash;¿Qué tal, hijos míos, habéis paseado muy largo? ¿Hasta dónde habéis
+llegado? ¿Os habéis divertido? El tiempo está muy hermoso. Hacéis bien
+en no desperdiciar tardes tan deliciosas.</p>
+
+<p>Carlota sorprendió en estas conversaciones más de una mirada burlona
+entre su mamá y hermana; pero había devorado la vergüenza sin decírselo
+a Mario. Era tan inocente, tan bondadoso, aquel muchacho, que daba pena
+hacerle sentir las espinas de la vida. Como esposa fiel y generosa las
+guardaba todas para sí.</p>
+
+<p>Pero el poco dinero con que Mario se había quedado para sus gastos
+feneció muy pronto. Llegó un instante en que no tuvo un solo ochavo en
+el bolsillo. Nada dijo. Aquel día no fumó; al día siguiente tampoco. Su
+mujer lo observó al cabo y le preguntó la causa. No estaba bien del
+estómago, le repugnaba el cigarro. Pero ella, no fiándose, le registró
+los bolsillos cuando se hubo dormido y los halló vacíos. ¡Pobre Mario!
+Lloró en silencio largo rato. Por la mañana salió temprano a misa y tuvo
+valor para subir a una casa de préstamos y empeñar una sortija. Cuando
+su marido se levantó, le dijo sacando un billete de su cómoda:</p>
+
+<p>&mdash;Oye, Mario. Cuando salgas hazme el favor de pasarte por la Mahonesa y
+traerme unas yemas de coco... pero que no se enteren en casa. Ya sabes
+que me da vergüenza... ¡Ah! Y quédate con el resto del dinero, porque a
+ti puede hacerte falta y a mí no.</p>
+
+<p>Mario quedó suspenso. Una vaga inquietud agitó momentáneamente su
+espíritu; pero con la inconsciencia que le caracterizaba no pensó más en
+ello. Sin embargo, a la segunda vez que esto pasó no pudo menos de
+preguntar:</p>
+
+<p>&mdash;¿Y de dónde sacas tú el dinero?</p>
+
+<p>Carlota se puso colorada.</p>
+
+<p>&mdash;He ido ahorrando algún dinerillo estos meses pasados para los dulces
+del bautizo, ¿sabes?... Pero le encajaré la cuenta a mamá... ¡vaya si se
+la encajaré!</p>
+
+<p>Y reía a carcajadas. Pero su corazón lloraba, porque sabía muy bien que
+si esperaba por su madre no se comerían dulces en el bautizo del hijo de
+sus entrañas.</p>
+
+<p>El dinero de la sortija concluyó pronto. Empeñó otra. Tampoco tardó en
+gastarse. A Mario le hacían falta botas y guantes; el sombrero de copa
+estaba ya grasiento; llegaba el verano y era necesario también hacerse
+ropa. Todas sus joyas de poco valor fueron pasando por la casa de
+préstamos. El aderezo regalo de sus padres, que era lo que más valía, lo
+guardaba D.ª Carolina.</p>
+
+<p>&mdash;¿Pero ese gato que tienes no se agota nunca?&mdash;le preguntó inquieto
+Mario.</p>
+
+<p>Tenía la respuesta preparada.</p>
+
+<p>&mdash;Sí, hijo, sí; ya hace tiempo que se ha agotado. Pero papá me ha
+llamado el otro día a su cuarto y me dio dinero.</p>
+
+<p>El semblante de Mario se oscureció. Quedó profundamente pensativo. No,
+aquello no podía tolerarse. Era preciso buscarse alguna ocupación donde
+quiera que fuese. Hasta entonces todas sus gestiones habían sido
+infructuosas. Visitó a los amigos de su padre: no le faltaron buenas
+palabras, promesas magníficas. Nada llegaba sin embargo. Miguel Rivera
+habló al ministro de quien era secretario, y éste prometió colocarle en
+una carrera que iba a organizar para la inspección de los
+ferrocarriles.</p>
+
+<p>Carlota había concluido con sus objetos más o menos preciosos. Entonces
+la mentira que había dicho a su marido convirtiose en realidad. Antes de
+verle sin dinero en el bolsillo se arriesgó heroicamente a pedírselo a
+su madre. Fue una escena baja, sórdida, repugnante. Carlota sufrió con
+valor los sarcasmos de su madre y venció a fuerza de paciencia y
+tenacidad sus repetidas negativas. Consiguió arrancarle diez duros: se
+fue a su cuarto y dio rienda suelta a las lágrimas que había podido
+reprimir. Su marido la encontró con los ojos hinchados.</p>
+
+<p>&mdash;¿Por qué has llorado?&mdash;preguntole impetuosamente.</p>
+
+<p>&mdash;Por nada, hombre; no te asustes. Son cosas de mujeres. ¿No sabes el
+estado en que me encuentro?</p>
+
+<p>Se convenció. Había oído a los médicos hablar de estas crisis.</p>
+
+<p>Pero la pobre Carlota fue desde aquel día la víctima, la cenicienta de
+la casa. Su madre la trataba con increíble desprecio; no perdonaba
+ocasión de vejarla con indirectas crueles. Presentación la ayudaba en
+esta tarea simpática.</p>
+
+<p>&mdash;A mí me gustaría colocarme así, espléndidamente, como mi hermana.
+¡Casarme con un pobrete! ¡Puf! Oyes, Carlota, ¿tu marido compra por fin
+<i>mylord</i> o <i>faetón</i>? Supongo que este año no dejaréis pasar la temporada
+del Real sin abonaros como el año pasado...</p>
+
+<p>Su madre le mandaba callar con risita maligna, que era una invitación a
+proseguir. Rara era la tarde en que Carlota se sentase a coser con ellas
+que al fin no se levantase llorando. Un día, encarándose con
+Presentación, los ojos rasados de lágrimas, le dijo:</p>
+
+<p>&mdash;Haces mal en burlarte de mí. Pretendes que deje de querer a mi marido
+porque no es rico. Piensa que Dios puede castigarte algún día.</p>
+
+<p>De estos sufrimientos no daba cuenta a su esposo. Al contrario, en su
+presencia mostraba el mismo semblante tranquilo, risueño. Pero volviendo
+a necesitar dinero, la escena con su madre fue mucho más cruel. D.ª
+Carolina se enfureció, llamó pobrete, hambrón y holgazán a Mario, y se
+negó resueltamente a soltar un cuarto.</p>
+
+<p>&mdash;Si te figuras&mdash;concluyó diciendo&mdash;que nosotros vamos a mantener vagos
+toda la vida, estás muy equivocada.</p>
+
+<p>Esta amenaza la llenó de terror. Se humilló, procuró desarmarla
+prometiendo no volver a pedirle dinero. Y corrió, como siempre, a
+encerrarse en su cuarto para llorar perdidamente.</p>
+
+<p>Mario no fumó otra vez en dos días. En su semblante no se traslució, sin
+embargo, ningún malestar. Su esposa le miraba con el rabillo del ojo
+haciendo esfuerzos por reprimir las lágrimas. Pero al pasar por delante
+del cuarto de su padre vio las llaves puestas en el cajón de la cómoda.
+Se detuvo herida por una tentación irresistible; echó una mirada en
+torno, y no viendo a nadie, avanzó con cautela, tiró del cajón sin hacer
+ruido y escudriñó rápidamente su contenido. Allá, en un rincón, había
+dos libras de tabaco picado. Tomó una y, cerrando de nuevo, salió
+precipitadamente, ocultándola debajo del vestido. Por la noche se la dio
+a su marido, diciendo con afectada naturalidad:</p>
+
+<p>&mdash;Toma; luego dirás que no me acuerdo de ti.</p>
+
+<p>&mdash;¿Dónde has comprado este tabaco?</p>
+
+<p>Respondió que a una prendera amiga suya que lo vendía de contrabando. La
+había hallado en la calle y habían hecho mercado en un portal para
+evitar indiscreciones. Pero a los dos o tres días su padre lo echó de
+menos y se armó el consiguiente tumulto. Hubo quejas, recriminaciones.
+D. Pantaleón sospechaba de la criada, que tenía un novio soldado.
+Carlota, viendo con terror aquel motín y temblando que D.ª Carolina
+averiguase la verdad, llamó en secreto a su padre al cuarto, le echó los
+brazos al cuello y le dijo llorando:</p>
+
+<p>&mdash;He sido yo, papá; he sido yo la que te ha llevado el tabaco... Pero
+que no se entere mamá, que no se entere Mario cuando vuelva. Sé que no
+fuma porque no tiene dinero y yo tampoco lo tengo para dárselo.</p>
+
+<p>El sabio naturalista quedó estupefacto.</p>
+
+<p>&mdash;Pero, hija, ¿por qué no me lo has pedido? Dinero no puedo daros,
+porque ya sabes...</p>
+
+<p>&mdash;Sí, papá... no me digas nada.</p>
+
+<p>El ingenioso Sánchez aprovechó la ocasión para instruir a su hija. El
+tabaco era una planta solanácea de olor fuerte y característico, cáliz
+tubulado, raíz fibrosa, tallo velloso de médula blanca, hojas alternas
+laureadas y glutinosas, etc.</p>
+
+<p>Carlota escuchó llorosa y distraída aquellas científicas explicaciones
+que por el estado de su alma no produjeron el resultado que era de
+esperar. D. Pantaleón rebañó de su bolsillo algunas pesetas y se las
+dio.</p>
+
+<p>La situación de la infeliz muchacha era cada día más triste. Todos los
+rencores y desprecios que D.ª Carolina y su hija menor atesoraban para
+Mario, que no había tenido talento para hacerse inamovible en el puesto
+que ocupaba, se los arrojaban a ella a la cara. Con el verdadero
+culpable estaban reservadas, pero finas. No se le hería directamente,
+pero la atmósfera estaba cargada de electricidad, y a la postre había de
+estallar el rayo. D.ª Carolina sacudía la cabeza con ira cada vez que su
+yerno volvía la espalda.</p>
+
+<p>Al fin, una mañana en que Carlota estaba fuera de casa, la sagaz señora
+hizo una seña expresiva a su hija menor, y ésta se apresuró a
+levantarse y salir del gabinete. Quedaron solos suegra y yerno. Sin
+alzar la cabeza de la costura D.ª Carolina comenzó a hablar con voz un
+poco alterada.</p>
+
+<p>&mdash;Mira, Mario, hacía días que necesitaba hablarte de un asunto bastante
+desagradable lo mismo para ti que para mí. Lo he ido aplazando de un
+momento a otro, porque a la verdad me duele en el alma tocar este
+punto... Pantaleón me ha mandado decirte que sus medios de fortuna no le
+permiten manteneros a ti y a tu esposa. «Si fuéramos ricos, me dijo, no
+tendría mayor inconveniente en que Mario se divirtiese y pasase la vida
+holgando, pero, hija, nosotros tenemos sólo lo necesario para vivir
+decorosamente... Dile que la obligación primera de todo casado es
+sostener a su familia con el producto de su trabajo. Así lo he hecho yo
+y así espero que lo haga él. Es joven y tiene el mundo por delante; que
+trabaje y se haga hombre...» Hijo mío, yo cumplo el encargo. Espero que
+no te ofenderás por ello.</p>
+
+<p>Mario quedó tan aturdido que no habló una sola palabra. Las de su
+suegra le sonaban en el cerebro como martillazos. Una vergüenza inmensa,
+infinita, corrió por todo su ser hasta las últimas fibras y le paralizó
+enteramente. D.ª Carolina, con una rápida ojeada, advirtió su estado
+lastimoso.</p>
+
+<p>&mdash;No creas que esto es puñalada de pícaro. Te habla así Pantaleón por mi
+boca porque tiene confianza en tu honradez, en tu dignidad, en que
+sabrás cumplir perfectamente tus obligaciones. Yo creo que con el tiempo
+le darás las gracias. Si no te ofendieras&mdash;añadió con benévola
+sonrisa,&mdash;te diría que te hace falta un estímulo como éste para abrirte
+camino.</p>
+
+<p>La lengua se le desató aunque no de buen modo. Se excusó balbuciendo de
+no haber tomado él la iniciativa en este asunto. Su suegro llevaba mucha
+razón en lo que decía. Él buscaría trabajo inmediatamente en cualquier
+parte y de cualquier clase. Estaba dispuesto a dejar la casa al
+instante...</p>
+
+<p>&mdash;Ya te he dicho que no es cosa de apuro...</p>
+
+<p>&mdash;Sí, señora; lo es para mí&mdash;replicó con dignidad el joven.</p>
+
+<p>Pero la grave cuestión era que Carlota no podía irse con él a la
+ventura. Se hallaba ya bastante adelantada en su embarazo, y mientras no
+tuviera casa era expuesto llevársela. D.ª Carolina se mostró magnánima.
+Carlota se quedaría con sus padres hasta que Mario hallase un medio de
+vivir. Éste le dio las gracias con acento sincero. Desde aquel punto
+doña Carolina se hizo de miel, le agasajó cuanto pudo, le auguró un
+bello porvenir, haciendo visibles esfuerzos para borrar la mala
+impresión que sus palabras habían causado. Mario se retiró al fin grave
+y tranquilo.</p>
+
+<p>Al llegar Carlota adivinó a la primera mirada su disgusto.</p>
+
+<p>&mdash;¿Qué te ha pasado?</p>
+
+<p>&mdash;Nada... he tenido una conversación algo seria con tu madre. Me ha
+dicho&mdash;añadió sonriendo tristemente y tomándole las manos&mdash;que tu papá
+no puede sostenerme más tiempo en su casa...</p>
+
+<p>Carlota se puso blanca como un papel.</p>
+
+<p>&mdash;¿Ha dicho eso de veras?</p>
+
+<p>&mdash;Sí; a mí no me sorprende; creo que lleva razón. Ya ves, parece feo un
+hombre sin trabajar, comiendo la sopa boba... Así que me voy desde
+luego... Pero no te apures, que yo encontraré ocupación; todo se
+arreglará.</p>
+
+<p>Al proferir estas palabras sonreía con esfuerzo, apretando las dos manos
+a su esposa. Ésta permaneció muda y pálida mirando con insistencia por
+encima de su cabeza a un punto fijo. Al fin sus ojos grandes, serenos,
+se nublaron de lágrimas y dijo sin que los rasgos de su fisonomía se
+alterasen poco ni mucho:</p>
+
+<p>&mdash;Está bien; me voy contigo.</p>
+
+<p>&mdash;¡No!&mdash;exclamó Mario aterrado.&mdash;¿Dónde quieres ir?</p>
+
+<p>&mdash;A pedir limosna, si es necesario&mdash;repuso tranquilamente.</p>
+
+<p>&mdash;¡Pero eso es una locura! No te precipites...</p>
+
+<p>Y con palabra fogosa le puso de manifiesto los terribles inconvenientes
+de tal resolución. Un hombre puede rodar por cualquier lado, dormir en
+un desván, al sereno si es necesario; ¡pero una señora y en el estado en
+que ella se encontraba! La separación era de absoluta necesidad por el
+momento. Cuando diese a luz y él hallase medio de vivir, que lo hallaría
+pronto seguramente, entonces vendría a sacarla para siempre de casa y
+vivir juntitos hasta la muerte.</p>
+
+<p>Carlota se dejó convencer. La idea de causar el más insignificante daño
+al ser cuya aparición esperaba con impaciencia la llenaba de congoja.
+Quedaron, pues, en que él sólo se marcharía.</p>
+
+<p>&mdash;¿Pero dónde te vas?&mdash;preguntó clavándole una mirada de estupor
+doloroso.</p>
+
+<p>&mdash;No te preocupes de eso. Tengo infinidad de sitios donde ir. Lo
+importante es que tú estés tranquila. Piensa en que se trata de muy poco
+tiempo.</p>
+
+<p>Carlota permaneció algunos instantes inmóvil con la cabeza baja.</p>
+
+<p>&mdash;Bueno, te arreglaré la ropa&mdash;repuso al cabo enjugándose las lágrimas.</p>
+
+<p>Y ahogando los suspiros en la garganta y reprimiendo los sollozos que
+pugnaban por estallar, su naturaleza tranquila, razonable, valerosa,
+concluyó por triunfar. Empezó a sacar ropa de la cómoda y a colocarla
+esmeradamente en un baúl. En aquella operación se mostraba su carácter
+paciente y sólido. Mario la contemplaba con interés, trataba de
+ayudarla, pero lo hacía tan mal que renunció en seguida. Poco a poco, en
+la absorción de aquel trabaja mecánico, se fueron olvidando de su pena.
+Discutían lo que se había de meter en el cofre como si se tratase de un
+viaje. A Carlota todo le parecía mucho, creyendo así reducir los días de
+separación. Mario, al contrario, insistía suavemente en que se pusieran
+más camisas, calcetines, etc. Preveía que el viaje iba a ser largo,
+aunque se guardaba de manifestar esta opinión.</p>
+
+<p>Al fin quedó arreglado el equipaje. Entonces permanecieron turbados uno
+frente a otro sin saber qué decirse, afectando serenidad, insistiendo
+una y otra vez en tono indiferente sobre pormenores ya resueltos. La
+emoción que les embargaba advertíase en el timbre velado de la voz, en
+el leve temblor de las manos. El corazón se les quería salir por la
+garganta.</p>
+
+<p>&mdash;Bueno&mdash;dijo al fin Mario poniéndose el sombrero.&mdash;Quedamos en que
+tendrás el baúl preparado. Ya enviaré por él, y me mandarás al mismo
+tiempo la sombrerera. Por los útiles de modelar ya mandaré más adelante.</p>
+
+<p>Estas palabras provocaron en Carlota una explosión del sentimiento
+comprimido. Quedaron abrazados estrechamente y llorando en silencio
+largo rato. Mario logró desasirse, y besando con efusión las manos de su
+esposa, exclamó sonriendo, mientras bañaban su rostro las lágrimas:</p>
+
+<p>&mdash;¡Qué niños somos! Parece que me estoy despidiendo para el fin del
+mundo.</p>
+
+<p>Y salió de la estancia precipitadamente. Carlota le siguió, y en lo alto
+de la escalera volvieron a abrazarse.</p>
+
+
+
+<h3><a name="X" id="X"></a>X</h3>
+
+
+<p>Cuando hubo salido a la calle y traspuesto la esquina, se detuvo.
+Aquellos infinitos sitios de que había hablado a Carlota eran una
+piadosa mentira. Quedó inmóvil, con el pensamiento vacío y el corazón
+apretado. Unas ansias atroces de sollozar le subían del pecho a la
+garganta amenazando ahogarle. Pero logró tenerlas encerradas: sólo
+algunas lágrimas brotaron a sus ojos sin darse cuenta hasta que vio la
+mirada de los transeúntes fijarse con curiosidad en él. Entonces se
+llevó el pañuelo a la cara como para sonarse, y prosiguió su camino.</p>
+
+<p>¿Adónde iba? Marchó a la ventura largo rato, tratando de coordinar sus
+ideas. Al fin no halló otra cosa mejor que dirigirse a su antiguo
+alojamiento. Pero esto le causaba profundo disgusto y humillación. ¿Cómo
+responder a las preguntas de su antigua patrona? ¿Qué explicación iba a
+dar a sus compañeros? Al llegar a la puerta cambió de resolución y pasó
+de largo sin entrar. Subió a la primera fonda que tropezó, alquiló una
+habitación y volvió a salir. Su inquietud y dolor no menguaron por esto.
+Al contrario, la idea de que no tenía dinero para pagar el pupilaje le
+atormentó de modo indecible. Pensó entonces en algún amigo con quien
+comunicar sus pesares y que le diese algún buen consejo, y los pies le
+guiaron a casa de Miguel Rivera. Aunque le llevase éste bastantes años y
+tuviese un carácter burlón y agresivo que a menudo pinchaba a los que se
+le acercaban, Mario sentía hacia él irresistible inclinación: debajo de
+aquella cáscara amarga adivinaba un corazón dulce y generoso. Además, si
+para alguno limaba un poco la punta afilada de su lengua Rivera, era
+para nuestro joven. Fácilmente se advertía su predilección cuando se
+hallaba en la tertulia del café.</p>
+
+<p>El antiguo periodista vivía solo con su hijo en un cuarto sin lujo, pero
+limpio y agradable, de la calle de Recoletos.</p>
+
+<p>&mdash;¿Qué traes por aquí a estas horas, Praxíteles?&mdash;exclamó alegremente al
+ver a nuestro joven entrar en su despacho.</p>
+
+<p>&mdash;Molestias para usted, D. Miguel. ¿Está usted muy ocupado?</p>
+
+<p>La sonrisa de Rivera se desvaneció al ver la triste y penosa que
+contraía los labios de su amigo. El semblante de Mario expresaba
+abatimiento profundo.</p>
+
+<p>&mdash;¡Ocupado! Sólo lo está el que espera algo. Yo he renunciado a todo
+hace tiempo, querido. Di lo que quieras y tómate el tiempo que se te
+antoje.</p>
+
+<p>Tímidamente y ruborizándose muchas veces, Mario le contó lo que le
+pasaba, rogándole con insistencia el secreto. Cuando terminó de hablar,
+Miguel permaneció grave y pensativo. Al cabo dejó escapar un leve bufido
+de desprecio.</p>
+
+<p>&mdash;¡Camarada, qué suegra te ha tocado! Es de lo más fino que he visto en
+su género.</p>
+
+<p>&mdash;¡Si mi suegra no se ha mezclado para nada en este asunto! No ha hecho
+más que cumplir las órdenes de su marido. ¡Anda, pues si dependiera de
+mi suegra, ni ahora ni nunca saldría yo de su casa! Usted no sabe el
+cariño que me profesa la buena señora. Me quiere como una madre, una
+verdadera madre, don Miguel.</p>
+
+<p>Este le contempló en silencio unos momentos asombrado de su inocencia.
+Tuvo impulsos de proferir una de sus chufletas sangrientas, pero se
+contuvo. La maciza bondad y el candor de aquel muchacho le conmovían.
+Después de todo, pensó, ¿qué se adelanta con sacar a los hombres de los
+errores que los hacen felices?</p>
+
+<p>&mdash;Sí, sí; D.ª Carolina es muy buena&mdash;dijo al cabo, sin gran
+calor.&mdash;Puede que tenga en realidad la culpa el loco de su marido.</p>
+
+<p>&mdash;Yo creo que mi suegro nada tiene de loco, D. Miguel&mdash;se apresuró a
+decir Mario.&mdash;Aunque un poco difuso en sus explicaciones, siempre le he
+hallado muy razonable. Y además, crea usted que es bastante instruído y
+que tiene un corazón excelente.</p>
+
+<p>Volvió a contemplarle Rivera con sorpresa, y repuso sin poder evitar una
+sonrisa de lástima:</p>
+
+<p>&mdash;Puede, puede ser. Yo le he tratado muy poco, ¿sabes? Desde que ese
+idiota de Moreno le ha tomado por su cuenta, temía que se hubiese
+extraviado.</p>
+
+<p>Mario sonrió algo contrariado.</p>
+
+<p>&mdash;¡Qué duro está usted con Adolfo, D. Miguel!</p>
+
+<p>&mdash;¡Alto ahí, amigo! Pase por tu suegro y tu suegra, pero lo que es ése
+me lo tienes que dejar entre las uñas. En todos los días de mi vida he
+conocido un ser más pedante y grotesco. ¡Es un infame!</p>
+
+<p>&mdash;¿Cómo infame?&mdash;exclamó asustado.</p>
+
+<p>&mdash;Sí, cuando la tontería llega a cierto límite degenera en infamia. Creo
+haberlo leído en Santo Tomás.</p>
+
+<p>&mdash;Pues Adolfo estudia mucho: se pasa la vida entre libros.</p>
+
+<p>&mdash;No importa, es un infame. ¿Tú has estudiado lógica? Bien, pues sabrás
+que para que el conocimiento se produzca son necesarios dos términos:
+<i>sujeto</i> y <i>objeto</i>. Aquí falta sujeto... Pero dejemos eso ahora.
+Hablemos de ti. ¿Qué piensas hacer? ¿Cuáles son tus proyectos?</p>
+
+<p>Mario alzó los hombros sonriendo y no despegó los labios. Aquel gesto
+volvió a poner serio y meditabundo a Rivera.</p>
+
+<p>&mdash;Es necesario ante todo buscarte una ocupación lo más pronto posible.
+La carrera de que te he hablado en los ferrocarriles aún tardará en
+organizarse... ¿Quieres ayudarme en los trabajos de la secretaría? Hace
+falta un empleado inteligente... Aunque el sueldo es pequeño.</p>
+
+<p>&mdash;¡Cualquier cosa, D. Miguel!&mdash;exclamó Mario, viendo el cielo abierto.</p>
+
+<p>No existía tal plaza vacante en la secretaría, pero Rivera la inventó
+proponiéndose pagarle con una parte de su sueldo. Además le obligó a
+quedarse en su casa. Nada le estorbaría: al contrario, en la soledad en
+que vivía le estaba haciendo falta un amigo con quien comunicar sus
+pensamientos. Mario, embargado por la emoción, le apretó la mano
+llorando de gratitud.</p>
+
+<p>Poco después escribió una larga carta a su esposa rebosando de ternura.
+Al final le decía que al día siguiente iría a verla. Al despertarse por
+la mañana recibió la contestación de Carlota.</p>
+
+<p>«No vengas a verme. No quiero que pises esta casa. Espera a que te
+indique el sitio y la hora donde podemos vernos. Eres demasiado bueno,
+Mario.»</p>
+
+<p>Y otras frases por el estilo que indicaban que la fiel esposa volvía por
+la dignidad de su marido con más cuidado que él mismo. En cambio, ella
+se humillaba la pobrecilla y siguió padeciendo los desdenes de su madre
+y de su hermana sin quejarse.</p>
+
+<p>Mario no pudo resistir la tentación de pasar aquella mañana por delante
+de la casa. Los balcones estaban cerrados y no vio a nadie. Pero al
+llegar de nuevo a la de Rivera se encontró con una esquela de Carlota.</p>
+
+<p>«A las cinco espérame en la plaza de la Independencia, esquina a la
+calle de Alfonso XII.»</p>
+
+<p>Y una hora antes de la convenida ya estaba nuestro joven en espera con
+la impaciencia de un galán primerizo. Al verla llegar, al cabo, con su
+vestidito gris, soportando gallardamente las dos existencias en que su
+ser se partía, una emoción intensa hizo palpitar su corazón. Corrió
+hacia ella y se apretaron las manos y se miraron a los ojos con
+embeleso. Luego, cogiéndose del brazo, entraron en el Retiro, y pasearon
+charlando bajo los árboles. Carlota no se cansaba de preguntarle todos
+los pormenores de su existencia en aquellas veinticuatro horas. Mario no
+tenía tiempo para darle completas explicaciones. Se quitaban la palabra
+de la boca, se perdían en divagaciones insustanciales, gozando el placer
+de hallarse juntos, como si no se hubiesen visto en largo tiempo.
+Carlota aprendió que su marido tenía ya un sueldo, aunque pequeño, y que
+esperaba en plazo no muy lejano obtener la plaza en los ferrocarriles
+que le habían prometido.</p>
+
+<p>&mdash;Creo que no se pasarán muchos meses sin que vuelva otra vez a casa y
+vivamos unidos&mdash;dijo dando palmaditas cariñosas en el dorso de la mano a
+su esposa.</p>
+
+<p>Ésta se puso repentinamente grave.</p>
+
+<p>&mdash;No pienses en eso, Mario. Nosotros no podemos vivir ya con mis padres.
+Aunque sea en una buhardilla viviremos si es preciso. ¡En casa, nunca!</p>
+
+<p>&mdash;¡Oh, qué orgullosita!&mdash;exclamó él pellizcándola.&mdash;¿Y por qué, si yo no
+me doy por ofendido?</p>
+
+<p>&mdash;Porque yo no quiero, y basta&mdash;replicó ella con firmeza.</p>
+
+<p>Mario se había acostumbrado a obedecerla y no le iba mal. Así que no
+insistió.</p>
+
+<p>La noche se echaba encima y bajaron despacio por la calle de Alcalá. Al
+pasar por delante de un <i>restaurant</i>, Mario tuvo una inspiración.</p>
+
+<p>&mdash;¡Si entrásemos aquí a comer!</p>
+
+<p>Carlota se opuso. No estaban ellos para gastar el dinero tontamente. Y
+siguieron caminando hacia casa. Pero Mario se había quedado silencioso y
+melancólico. Unos pasos antes de llegar Carlota se volvió hacia él con
+semblante risueño.</p>
+
+<p>&mdash;¿Qué? ¿Estás triste porque no comemos juntos?</p>
+
+<p>Mario sonrió avergonzado.</p>
+
+<p>&mdash;Bien, pues volvámonos. Pero nada más que hoy, ¿sabes?</p>
+
+<p>La alegría entró de nuevo como un torrente en el alma de nuestro joven.
+Volvieron sobre sus pasos, entraron en el <i>restaurant</i> y pidieron un
+gabinete.</p>
+
+<p>¡Qué hermosas y puras emociones experimentaron en aquella comida! Mario
+parecía un colegial escapado. Todo lo hallaba sabrosísimo: hablaba por
+los codos; cubría de atenciones y finezas a su esposa. Estaba como loco;
+formaba proyectos descabellados; perdonaba a todo el mundo y se deshacía
+en elogios de su suegra.</p>
+
+<p>&mdash;¿Sabes lo que te digo, Carlota? Que quiero a tu madre como si fuese la
+mía, y que me alegraría que viniese un día a comer con nosotros.</p>
+
+<p>Ella, serena, tranquila, sonreía dulcemente contemplando la ruidosa
+alegría de su marido con el placer no exento de protección con que se
+miran los juegos de los niños. Cuando el camarero salía, Mario se alzaba
+repentinamente, corría a su esposa, la besaba frenéticamente y volvía a
+sentarse.</p>
+
+<p>&mdash;No sé lo que tienes en la cara hoy, cielo mío, que me enajena. Hay en
+tu fisonomía una dulce gravedad que me recuerda siempre la expresión de
+la Diana cazadora del Louvre.</p>
+
+<p>&mdash;¡Ya salió la mitología!</p>
+
+<p>&mdash;Sí, ya salió y saldrá siempre, porque veo en tu rostro la misma
+expresión dulce, grave, protectora que en las estatuas de las diosas;
+porque no hallo en el mundo ninguna mujer que se parezca a ti, y sobre
+todo, te comparo a ellas porque no tengo nada más hermoso a que
+compararte.</p>
+
+<p>Carlota sonrió y le tendió su mano por encima de la mesa. Mario la besó
+con el mismo tierno respeto que Peleo besaría la de Tetis, su inmortal
+querida.</p>
+
+<p>Pero acabado de hacerlo, casi en el mismo instante pareció el mozo con
+una fuente entre las manos, y Carlota reveló su condición mortal
+ruborizándose hasta las orejas. Como la puerta hubiese quedado abierta,
+Mario vio cruzar por el pasillo un hombre que por su figura arrogante y
+proporcionada, por su alto desprecio de los cuidados terrenales, por la
+varonil grandeza con que había matado en su corazón hasta los más
+pequeños gérmenes de la sensibilidad, por la perfecta seguridad con que
+gozaba de la vida debía de recordarle aún mejor que su esposa los seres
+que habitaban en la cima del Olimpo. Este hombre privilegiado, semejante
+a un dios, no podía ser otro que don Laureano Romadonga. Iba acompañado
+de una joven con mantón y pañuelo a la cabeza.</p>
+
+<p>&mdash;¿Has visto?</p>
+
+<p>&mdash;Sí.</p>
+
+<p>&mdash;¿Esa joven es la del café?</p>
+
+<p>&mdash;Me parece que sí. ¡No obstante, como ese hombre trae tantos líos!...</p>
+
+<p>El mismo D. Laureano, entrando repentinamente en el gabinete, vino a
+sacarlos de dudas.</p>
+
+<p>&mdash;¿Conque tenemos juerga conyugal, eh? ¡Bien por los esposos!... También
+yo vengo a gozar honestamente como un burgués tranquilo... Mi Conchita
+cumple hoy diez y ocho años, ¿sabéis? y me dijo: «Convídame a comer en
+la fonda» (para Concha, comer fuera de casa es comer en la fonda). Yo le
+contesté: «Sí, hija de mi alma, te llevaré a la fonda y beberás
+champagne.» El champagne es para Concha algo elevado, de un orden
+sobrenatural, inaccesible a todo el mundo excepto al patriarca de las
+Indias, a los ministros y al capitán general.</p>
+
+<p>&mdash;¿Dónde la ha dejado usted?</p>
+
+<p>&mdash;Ahí, en un gabinete. Carlota, no me mire usted con severidad. Yo no
+tengo más que un defecto. Soy aficionado a pasarlo bien en este pícaro
+mundo. ¿Y quién no lo es? ¿Quién, pudiendo divertirse, opta por estar
+aburrido?</p>
+
+<p>&mdash;¡No, si yo no le recrimino a usted ni con los ojos ni de
+palabra!&mdash;exclamó la joven sonriendo.&mdash;Lo único que me atreveré a
+decirle es que valdría más que usted se divirtiera con placeres lícitos.</p>
+
+<p>&mdash;No lo crea usted. Yo no he podido gozar jamás los placeres lícitos. Me
+aburren. Soy una naturaleza móvil y subversiva. Necesito saber que soy
+independiente en todos los momentos de la existencia. La idea de que el
+goce que disfruto es un goce impuesto le quita todo su encanto... Pero
+perdone usted, Carlota, yo no sé si debo...</p>
+
+<p>&mdash;Siga usted, siga usted; no me escandalizo.</p>
+
+<p>&mdash;El matrimonio no ha tenido nunca para mí color. Y ya sabe usted que yo
+soy excesivamente colorista. Considero esto como una desgracia, pero si
+he nacido así, ¿qué culpa tengo? ¿Por qué disfrutar de una sola obra
+hermosa de Dios, me he dicho, cuando en el mundo existen tantas y tan
+preciosas? ¿Hay nada más agradable que repetir la luna de miel, ese
+feliz estado en que ustedes se encuentran ahora, una y otra vez? Crea
+usted que aquellos versos de Musset</p>
+
+<p class="poem">
+<span style="margin-left: 2em;"><i>Parlons de nos amours; la joie et la beauté</i></span><br />
+<span style="margin-left: 2em;"><i>Sont mes dieux les plus chers, après la liberté.</i></span><br />
+</p>
+
+<p class="nind">deben tomarse por divisa. Mientras el corazón tenga fuerzas, echarle
+combustible para que palpite con las dulces emociones de la pasión.
+Quiero cantar endechas como el ruiseñor mientras me quede un soplo de
+vida.</p>
+
+<p>El rostro varonil, expresivo, de Romadonga se contraía con sonrisa
+mefistofélica al pronunciar estas palabras. Se había sentado; puso los
+codos sobre la mesa con su habitual libertad y enviaba columnas de humo
+al aire, revelando un estado de beatitud envidiable. Mario reía; pero en
+el fondo de su alma estaba inquieto y molesto, como siempre que don
+Laureano hablaba delante de su esposa.</p>
+
+<p>&mdash;No está mal que usted ame lo que quiera&mdash;dijo ésta.&mdash;Lo malo que hay
+es que ese amor de usted cuesta muchas lágrimas a algunas criaturas
+inocentes.</p>
+
+<p>&mdash;¡Es la ley de la vida!&mdash;repuso el seductor alzando los hombros con
+resignación y sacudiendo la ceniza del cigarro con su dedo meñique
+cubierto de sortijas.&mdash;Balzac ha dicho muy bien que en el amor hay
+siempre un dios y un esclavo... Después de todo&mdash;añadió al cabo de una
+pausa,&mdash;el destino de la mujer es ése, amar y llorar. El amor en las
+mujeres engendra fatalmente el llanto, y esto consiste en que es más
+vivo y más tierno que en nosotros. No hay, pues, que compadecerlas a
+ustedes tanto, porque si la pena es mayor, mayor ha sido también el
+goce... Pongamos el caso de esa muchacha que está ahí. Esa chica vivía
+en un estado de marasmo casi vegetativo. Comer, dormir, barrer la casa,
+lavar la ropa. Si se hubiera casado con un hombre de su misma condición,
+ese estado se hubiera prolongado hasta la muerte, corregido y aumentado
+por los mil dolores que la vida miserable trae consigo. Llegué yo, y no
+por mis méritos, sino por cierta práctica del oficio, he logrado
+despertar esa alma, infundir en ella nueva vida, hacer vibrar su corazón
+con ciertas emociones y gozar de ciertos placeres que probablemente
+hubiera desconocido...</p>
+
+<p>&mdash;¡Pobrecilla!&mdash;exclamó Carlota.&mdash;¿Y no sentirá usted pena y
+remordimiento cuando abandone a esa niña y la deje entregada a la
+desesperación?</p>
+
+<p>&mdash;¿Pena? ¿remordimiento? No sé lo que es, ni quiero saberlo. Sospecho
+que será algo triste que me impida divertirme a mi gusto. No es mi
+negocio. Creo que la vida no se nos ha dado para sentir pena,
+remordimiento, sino amor, alegría. Si se desespera cuando deje de
+quererla, suya será la culpa. Yo, cuando entablo relación con una mujer,
+no me considero comprometido a amarla siempre, sino mientras pueda. Lo
+que hace la desgracia de las mujeres es esa inclinación particular que
+sienten hacia la eternidad. Si vivieran convencidas de que en este mundo
+todo es temporal y finito, comprenderían que el amor no puede sustraerse
+a esa ley y estarían de antemano resignadas a todo lo que pueda
+sobrevenirlas. Por mi parte, tengo horror instintivo a la eternidad. La
+palabra <i>siempre</i> me crispa los nervios.</p>
+
+<p>&mdash;¡Oh, qué malvado!&mdash;dijo riendo Carlota.&mdash;No puedo creer, por más que
+usted lo asegure, que le falte a usted de tal modo el corazón.</p>
+
+<p>&mdash;Al contrario, precisamente por tener demasiado corazón es por lo que
+cometo esos pecados que usted me echa en cara. Lo tengo tan grande, que
+caben en él todas las mujeres hermosas que hay sobre la tierra. Con
+todas quisiera poder hacer lo que con esa chica que está ahí.</p>
+
+<p>&mdash;Infundirles nueva vida, ¿verdad?&mdash;dijo Carlota maliciosamente.</p>
+
+<p>&mdash;¡Eso es!&mdash;repuso D. Laureano riendo.</p>
+
+<p>En aquel momento apareció en la puerta la arrogante figura de Concha.</p>
+
+<p>&mdash;Oye tú, guasón, ¿qué te has figurao? ¿Piensas que voy a estar hasta
+que amanezca sola en esa alcoba?&mdash;profirió sin dirigir el más leve
+saludo a la compañía, clavando su mirada colérica en Romadonga.</p>
+
+<p>&mdash;No, hija, me iba a marchar en seguida&mdash;contestó aquél, bastante
+confuso y apresurándose a levantarse.</p>
+
+<p>&mdash;¡Te ibas, te ibas! Adonde te vas a ir es a lo que tú sabes, hablando
+con perdón de estos señores. Pus hombre, ni que fuera una...</p>
+
+<p>Hablaba con el desgarro peculiar a la chula de Madrid, acentuando cada
+sílaba de un modo tan insolente que D. Laureano, avergonzado, no pudo
+menos de salir por su dignidad.</p>
+
+<p>&mdash;¡Niña, niña, cuidado con la lengua! Mira que te puede costar un
+disgusto.</p>
+
+<p>&mdash;¿A mí? ¡Ja, ja! ¡Qué infeliz eres!</p>
+
+<p>&mdash;¡A ti, sí, desvergonzada!&mdash;profirió colérico el tenorio avanzando
+hacia ella con ademán amenazador.</p>
+
+<p>Concha permaneció absolutamente inmóvil con una calma provocativa capaz
+de irritar a un santo.</p>
+
+<p>Sus labios perdieron, no obstante, el hermoso carmín que tenían y sus
+grandes ojos negros brillaron con expresión sombría.</p>
+
+<p>&mdash;No corras tanto, que puedes tropezar&mdash;dijo con sosiego impertinente,
+mientras una sonrisa de burla contraía sus labios descoloridos.</p>
+
+<p>&mdash;Ahora verás&mdash;dijo Romadonga mordiendo los suyos de coraje,
+abalanzándose a ella.</p>
+
+<p>&mdash;No me toques, que puedes pincharte&mdash;manifestó con la misma
+tranquilidad, sin mover un dedo siquiera.</p>
+
+<p>&mdash;¡Sí te toco! ¡te toco, deslenguada!&mdash;gritó aquél, ciego de ira,
+sacudiéndola violentamente por un brazo.</p>
+
+<p>Concha cambió repentinamente de actitud. Todo lo que antes fue calma y
+sorna se convirtió en feroz exaltación. Luchó valerosamente por
+desasirse chillando al mismo tiempo.</p>
+
+<p>&mdash;¿A mí me pegas tú, viejo gorrino? ¿A mí? ¿a mí?</p>
+
+<p>No logrando arrancar de sí las tenazas que la oprimían, le echó la mano
+a la cara y le clavó en ella las uñas.</p>
+
+<p>La lucha había hecho rodar algunos vasos. Carlota estaba aterrada: se
+había refugiado en un rincón, mientras Mario, ayudado por el mozo que
+había acudido al ruido, trataba inútilmente de separarlos. Al cabo de
+muchos esfuerzos lo consiguieron.</p>
+
+<p>D. Laureano tenía un arañazo en la mejilla, del cual brotaban algunas
+gotas de sangre.</p>
+
+<p>&mdash;¡Qué loca! ¡qué loca!&mdash;decía limpiándose con el pañuelo.&mdash;Perdonen
+ustedes el mal rato.</p>
+
+<p>Concha, en pie debajo del dintel de la puerta, se arreglaba con mano
+nerviosa la ropa y los cabellos.</p>
+
+<p>&mdash;Ven aquí&mdash;dijo en tono imperioso a su querido.</p>
+
+<p>Pero éste hizo un gesto de desprecio y se volvió hacia el matrimonio
+para disculparse.</p>
+
+<p>&mdash;¡Vaya unos postres que les he dado!... ¿Quién iba a suponer?...
+Carlota, usted es muy buena y me perdonará esta grosería.</p>
+
+<p>&mdash;¡Ven aquí!&mdash;gritó con más furia la joven.</p>
+
+<p>D. Laureano la miró, sacudiendo al mismo tiempo la cabeza con
+indignación.</p>
+
+<p>&mdash;¡Allá voy, escandalosa, allá voy!&mdash;respondió entre resignado y
+furioso, y volviéndose a los esposos añadió bajando la voz:&mdash;Me voy por
+evitarles otro disgusto. El peor de los males no es tratar con animales,
+sino con locos. Perdonen ustedes. Buenas noches.</p>
+
+<p>Y salió detrás de su querida. En el pasillo se oyó la voz de la chula
+que decía dirigiéndose al mozo:</p>
+
+<p>&mdash;Chico, traiga usted un poco de agua y vinagre.</p>
+
+<p>Los esposos quedaron solos. Se miraron uno a otro con asombro, y ambos a
+la vez soltaron la carcajada.</p>
+
+<p>&mdash;Me parece&mdash;dijo Mario cuando hubo sosegado la risa&mdash;que D. Laureano ha
+infundido demasiada vida a esa chica.</p>
+
+
+
+<h3><a name="XI" id="XI"></a>XI</h3>
+
+
+<p>Repitiéronse metódicamente aquellos festines conyugales todas las
+semanas. Esta singular posición les apenaba y alegraba a un mismo
+tiempo. Sentían dolor cuando pensaban en que vivían separados, como si
+no estuvieran unidos para siempre por vínculo indisoluble. Pero sus
+entrevistas tenían por esto mismo sabor dulcísimo, un encanto especial
+que compensaba todos sus dolores. Hasta que una noche sintió Carlota los
+precursores del alumbramiento. Se envió recado al médico y a Mario, y
+éste corrió desalado a la casa de sus suegros, pisándola otra vez contra
+la voluntad de su esposa. Vino al mundo un niño robusto y hermoso.
+Según los datos suministrados por algunas vecinas que asistieron o
+tuvieron conocimiento inmediato de su presentación, había motivos para
+afirmar que poseía además ingenio profundo y ameno a la vez, unido a un
+corazón verdaderamente heroico.</p>
+
+<p>Con tal motivo, Mario siguió entrando en la casa, aunque sin comer ni
+dormir en ella. Su suegra, viéndole en camino de hacerse independiente,
+le acogía con más agrado, pero siempre mostrando reserva, apercibida a
+romper toda relación en cuanto tuviese la osadía de quedarse sin qué
+comer. D. Pantaleón comenzó a sentir por él una predilección tan
+señalada que el muchacho estaba sorprendido. Al fin paró en lo que paran
+generalmente estas predilecciones repentinas, en leerle un par de
+folletos manuscritos que pensaba dar muy pronto a la imprenta. El uno se
+titulaba <i>Ensayo para una patología administrativa</i>; el otro era una
+<i>Terapéutica del comercio</i>. Se estudiaba en ellos lo mismo la
+administración pública que el comercio desde un punto de vista
+fisiológico, con los modernos métodos de la ciencia positiva,
+explicándose admirablemente los reglamentos y los aranceles por la
+acción combinada de las fuerzas naturales, como un simple fenómeno de la
+vida orgánica, sin necesidad de acudir para nada a la voluntad de los
+directores y jefes de sección.</p>
+
+<p>Todavía le dio otra prueba de particular confianza y afecto. Después que
+le hubo hecho saborear los interesantes fenómenos patológicos que su
+penetrante inteligencia había logrado arrancar a la vida administrativa
+y comercial, un día le llamó aparte con misterio y le dijo:</p>
+
+<p>&mdash;Te voy a enseñar, Mario, una cosa que te ha de sorprender y admirar.</p>
+
+<p>Abrió el cajón de la cómoda y sacó una cajita de madera, y de ella un
+sello de cauchouc. Tomó un papel blanco después y lo selló.</p>
+
+<p>&mdash;Mira.</p>
+
+<p>&mdash;¿Qué es esto?</p>
+
+<p>&mdash;Un sello que pienso aplicar sobre las dos obras que voy a dar a luz y
+sobre todas las demás que escriba en adelante.</p>
+
+<p>&mdash;¿Pero qué dice aquí? No leo nada.</p>
+
+<p>&mdash;No hay palabras; no hay más que una figura. Obsérvala bien.</p>
+
+<p>&mdash;Parece una mancha de tinta.</p>
+
+<p>El ingenioso Sánchez sonrió con benevolencia.</p>
+
+<p>&mdash;Fíjate bien.</p>
+
+<p>&mdash;Pues no puedo descifrarla&mdash;repuso después de sacarse los ojos y dar
+vueltas al papel cerca de la ventana.</p>
+
+<p>&mdash;Es un zoófito.</p>
+
+<p>&mdash;¿Cómo?</p>
+
+<p>&mdash;La figura de un zoófito.</p>
+
+<p>Y como viese el asombro pintado en el rostro de su hijo político, añadió
+con sonrisa triunfal:</p>
+
+<p>&mdash;Lo he escogido como blasón por ser un símbolo. El zoófito es el primer
+peldaño de la escala animal. De él procede todo el género humano. Por lo
+tanto, así como los nobles ponen en sus escudos las hazañas de sus
+abuelos, yo, como hombre de ciencia, pongo en el mío con orgullo el
+primero de mis antepasados. ¿Qué te parece? ¿No es una idea feliz?</p>
+
+<p>Mario le contempló con la misma estupefacción, pero sin revelar que se
+hallase poco ni mucho admirado. Y es porque su espíritu aún no se
+hallaba maduro para las grandes concepciones científicas.</p>
+
+<p>Luego su suegro le llevó a la buhardilla, donde él había modelado en
+otro tiempo, y le mostró un verdadero laboratorio. Frascos, retortas,
+cristales, cacharros grandes y pequeños, se hallaban esparcidos por el
+suelo y sobre una gran mesa de cocina. Allí era donde don Pantaleón y su
+amigo Moreno se encerraban para impulsar el progreso de la humanidad.</p>
+
+<p>&mdash;De esta pequeña buhardilla saldrá al fin algo que el mundo acogerá con
+asombro y aplauso&mdash;dijo con profética iluminación poniendo una mano
+sobre el hombro a su yerno.</p>
+
+<p>Éste volvió a mirarle estupefacto.</p>
+
+<p>&mdash;¿Tiene usted algún proyecto?</p>
+
+<p>El ingenioso Sánchez no contestó. Quedó largo rato pensativo, y por sus
+grandes ojos tristes, meditabundos, pasó algo grandioso.</p>
+
+<p>&mdash;Sí, tengo un proyecto&mdash;dijo al cabo con voz solemne, llevándose una
+mano a la frente.&mdash;Es un proyecto grande, asombroso. Nadie tiene de él
+conocimiento, ni el mismo Moreno. No saldrá una palabra de mis labios
+mientras no lo haya realizado.</p>
+
+<p>Mario no quiso preguntarle más, respetando su silencio, y cambió de
+conversación.</p>
+
+<p>D. Pantaleón le manifestó que le molestaba mucho no tener fogón en el
+laboratorio. Todos los ingredientes que necesitaba poner al fuego los
+llevaba abajo. Pero esto turbaba la cocina y además era expuesto. Su
+esposa se enfadaba y amenazaba con tirar las retortas al patio. La única
+que le ayudaba algo era Presentación.</p>
+
+<p>&mdash;Pero esto es por interés&mdash;dijo tristemente,&mdash;porque me necesita para
+llevarla a paseo. En cuanto se case me abandonará.</p>
+
+<p>En efecto, el amor había hecho presa al fin en el corazón de la hija
+menor del naturalista. Los ojos místicos, el cutis nacarado y la
+inocencia de querubín de Godofredo Llot lograron lo que no pudieron el
+ingenio ático y los modales desenvueltos de los chicos del comercio que
+la festejaban a porfía en el café del Siglo. Estos jóvenes, por lo
+general, eran hombres de mundo. El trato frecuente con las damas de la
+aristocracia que entraban por la mañana a escoger enaguas o medias les
+había hecho adquirir formas elegantes y distinguidas. Todos sabían
+decir: «¡Ah! no señora, a nosotros nos cuesta más» de modo tan correcto
+y con sonrisa tan persuasiva que no era posible resistirles. Al mismo
+tiempo, las aventuras galantes que los domingos solían correr les
+infundían la audacia y habilidad indispensables para apoderarse de los
+corazones femeninos. En este punto llevaban inmensa ventaja al piadoso
+Godofredo, que era todo candor, y que al acercarse a cualquier mujer se
+arrebolaba como una nube herida por el sol.</p>
+
+<p>Pero las dotes de Godofredo eran interiores y por lo mismo más sólidas.
+No sólo poseía alma pura y virginal y un cuerpo inmaculado, sino que su
+inteligencia, acalorada por el entusiasmo místico, producía hermosas
+obras, frescas y brillantes como las rosas de Mayo. Sus artículos,
+leyendas y poesías en <i>El Pensamiento Católico</i> y en otras publicaciones
+religiosas eran cada día más gustadas por el público sano de la España
+tradicional. Lo que caracterizaba estos trabajos literarios y les
+prestaba aroma penetrante y embriagador eran la devoción de la Virgen y
+el entusiasmo por la Edad Media; los dos amores de Godofredo Llot. A la
+Virgen la requebraba en sus odas con un ardoroso flujo de epítetos que
+no se agotaba jamás. La Edad Media era el tema constante de sus
+ditirambos. Las catedrales góticas. ¡Ah, las catedrales góticas!
+Godofredo no se hartaba jamás de describir la luz «filtrándose por los
+cristales de colores, la voz del órgano resonando en sus altas bóvedas,
+las oraciones de los fieles elevándose entre nubes de incienso, la
+flecha calada de la torre señalando como un dedo al cielo.»</p>
+
+<p>Por esta razón todas las damas caían en éxtasis cuando se hablaba de él.
+Presentación, cansada de hacer víctimas en el comercio, sintió el
+encanto de aquel estilo florido, y le amó. D.ª Carolina se inflamó casi
+al mismo tiempo de amor maternal hacia él. Las relaciones de Godofredo
+siguieron las mismas etapas que las de Mario. Fue presentado en el
+café. ¡Qué rubor tiñó sus mejillas nacaradas! Después, en actitud
+humilde, rogó a D.ª Carolina que le permitiese, no acompañarlas en el
+paseo, sino tan sólo seguirlas de cerca respetuosamente. Y por muchos
+días se vio a aquel rubicundo joven por los paseos a tres o cuatro pasos
+de distancia de dos señoras, sin osar acercarse a ellas. Por último,
+entró en la casa y comenzó a hablarse de matrimonio.</p>
+
+<p>En este tiempo Godofredo se hallaba terminando una historia de Santa
+Isabel de Hungría, que se preparaba a dar a la imprenta. Y como quisiese
+poner al frente del libro el retrato de la Santa, pidió a Presentación
+el suyo para hacerlo grabar. Este rasgo ingenioso y delicado causó
+impresión profunda, tanto en su novia como en D.ª Carolina. La buena
+señora empezó a ser para él lo que había sido para Mario, una verdadera
+madre. Convinieron en que Godofredo la llamase mamá, pero no en
+presencia de D. Pantaleón, ¡cuidado! y le tuteó y le permitió besarla, y
+le reprendía, y le gobernaba. En fin, se repitió punto por punto lo que
+había pasado con Mario. Y si tuviera veinte hijas, veinte veces se
+repetirían aquellas escenas conmovedoras; porque D.ª Carolina tenía un
+corazón muy grande y muy maternal.</p>
+
+<p>Cualquiera podría imaginar que Timoteo el violinista del Siglo, en vista
+del curso torcido de los sucesos, había desistido de su desgraciada
+pasión por la hija menor de los señores de Sánchez. ¡Ah! Los que tal
+imaginasen no saben lo que es el amor cuando prende en el corazón de un
+artista. Timoteo se complace siempre en alimentar este amor con
+incesantes y secretas meditaciones y gusta de exhalar sus quejas
+lánguidamente por medio del violín. Presentación lo sabe. Sabe que todos
+los nocturnos melancólicos, lo mismo que las arias trágicas
+desgarradoras, a ella van dirigidos. Percibe el dejo amargo del
+<i>andante</i>, la fuga impetuosa del <i>allegro</i> y hasta la ficticia, nerviosa
+alegría del <i>scherzo</i>. Y no se enternece. Al contrario, en cuanto
+observa que el violín arrastra las notas de cierto modo particular
+extraordinariamente lánguido, se pone inquieta, nerviosa, no sabe lo que
+dice, se muerde los labios y sacude la cabeza con desesperación. Es
+posible que la niña menor de D. Pantaleón suponga que un violín no tiene
+derecho a expresarse de modo tan ardoroso, o bien considere como un
+insulto personal aquel juego inusitado de las corcheas.</p>
+
+<p>Todavía si se circunscribiese al lenguaje musical la pasión de Timoteo,
+podría hallar tolerancia, si no en Presentación, cuyo entendimiento
+estaba lleno de prejuicios desfavorables para el artista, al menos para
+las personas sensatas e imparciales. El lenguaje de la música es vago;
+las ofensas que puede inferir débiles; se expresan generalmente por un
+<i>trémolo</i> donde hay más resignación que soberbia. Pero en cuanto
+terminaba con el violín nuestro joven se venía hacia la mesa donde la
+familia Sánchez tomaba café y les rociaba de saliva a poco que se
+descuidasen. Esto, en verdad, no lo sufriría ninguna persona, por
+sensata que fuese.</p>
+
+<p>&mdash;Buenas noches, D.ª Carolina. Buenas noches, D. Pantaleón. Buenas
+noches, Presentacioncita.</p>
+
+<p>Era horrible. Presentación le deseaba de todas veras la muerte.</p>
+
+<p>La actitud de Timoteo respecto a Godofredo, su aborrecido rival, estaba
+llena de calma y desdén. La mayor parte de las veces cuando se acercaba
+a la mesa no le daba las buenas noches ni le dirigía siquiera una
+mirada. Pero en ocasiones, atacado de cierto espíritu sarcástico y
+jocoso, pretendía burlarse repitiendo del modo más desdichado las bromas
+de Moreno.</p>
+
+<p>&mdash;Hola, Sr. Llot, ¿cuántas misas ha oído usted hoy? ¿Ha estado usted en
+las Góngoras esta tarde?</p>
+
+<p>Godofredo no se daba por ofendido; sonreía dulcemente, acostumbrado a
+aquellos martirios que a causa de su piedad le infligían los amigos.
+Pero su novia se crispaba, se ponía pálida de ira y solía responder por
+él:</p>
+
+<p>&mdash;¡Caramba, que tiene usted gracia, Timoteo! Es usted espontáneo como
+pocos.</p>
+
+<p>D.ª Carolina no se ofendía menos con la insistencia irracional que el
+violinista mostraba en enamorar a su hija. Podía perdonarle que su boca
+fuese una regadera cuando hablaba, y la medida anormal de esta boca, y
+otros defectos corporales; pero, francamente, que pretendiese estorbar
+el matrimonio de su niña, que un rasca-tripas como él tratase de
+competir con aquel claro fanal de todas las virtudes, con aquel lirio
+fragante que la Providencia iba a darle por yerno, para esto no había
+perdón ni en la tierra ni en el cielo. Se enfurecía cuando le veía
+acercarse a la mesa, le daba toda clase de desaires, le demostraba de
+mil maneras que estaba ejecutando una acción infame. Nada, Timoteo no
+cejaba. «Buenas noches, D.ª Carolina.&mdash;Buenas noches, D.
+Pantaleón.&mdash;Buenas noches, Presentacioncita.» La irritada señora llegó a
+pretender que Mario le hablase para hacerle desistir de su locura, y si
+fuera necesario le amenazase. Pero aquél se negó a este paso ridículo.</p>
+
+<p>Afortunadamente el matrimonio de su niña avanzaba rápidamente hacia su
+consumación, y muy pronto quedarían libres de tan enfadosa mosca.
+Godofredo había insinuado ya varias veces su casto deseo. D.ª Carolina
+le presentó al instante las consabidas dificultades. Era necesario
+arrancar el consentimiento de Sánchez, un hombre severo, intratable;
+ella intercedería; haría cuanto estuviese en su mano, etc., etc. Con
+esto el deseo de Godofredo se encendió más y más, y no paró hasta que lo
+puso en vía de ejecución. Pero, como joven virtuoso y timorato, quiso
+dar a este asunto la solemnidad debida, haciendo intervenir en él un
+representante de la religión.</p>
+
+<p>Godofredo tenía numerosos amigos en el clero de Madrid, alto y bajo. Era
+el niño mimado de las sacristías. Pero con quien mantenía amistad más
+estrecha era con cierto presbítero pálido, delgado, huesudo y miope
+llamado don Jeremías Laguardia. Este D. Jeremías desempeñaba un cargo en
+el Tribunal de la Rota, tenía el título de predicador de S. M. y el de
+prelado doméstico de S. S. Era activo, intrigante, de genio vivo y trato
+campechano. Godofredo y él se hicieron en poco tiempo íntimos amigos.
+Laguardia tenía tendencias a la dominación; le gustaba servir a los
+amigos, pero dominándolos. Godofredo, por su temperamento suave y dócil,
+se acomodaba admirablemente a estas tendencias. Todas las tardes, sin
+dejar una, venía D. Jeremías a buscar a Godofredo para salir de paseo, y
+todas las mañanas, sin dejar una tampoco, iba Godofredo a oír la misa
+que D. Jeremías decía en San Ginés. Recientemente el prelado doméstico
+había hecho un viaje a Roma, y trajo para su amigo nada menos que un
+título de <i>hijo predilecto de la Iglesia</i>. Godofredo estaba loco de
+alegría. Decía que no cambiaría aquella distinción por la cartera de
+ministro. D.ª Carolina lloró de gozo y le abrazó con efusión al saber la
+noticia. Presentación se ruborizó de placer.</p>
+
+<p>Pues este presbítero, tan servicial como voluntarioso, fue el encargado
+de conducir las negociaciones para el matrimonio. Godofredo le confió
+sus poderes o se los tomó él; no es fácil averiguarlo. De todos modos,
+cierta mañana llegó a casa del ingenioso Sánchez y tuvo una larga y
+secreta conferencia con los señores. Lo que pasó en esta entrevista no
+se supo, pero sí pudo observar quien le siguiera los pasos que Laguardia
+se quitó las gafas para limpiarlas tres o cuatro veces antes de llegar a
+casa; signo evidente de preocupación: las habituales contracciones
+nerviosas de su rostro se multiplicaron hasta llamar la atención de los
+transeúntes.</p>
+
+<p>No se alteró el curso de los sucesos en apariencia. Godofredo siguió
+acudiendo a casa de su novia. El matrimonio parecía definitivamente
+concertado. No obstante, cuando menos podía esperarse, Presentación
+recibió una larga epístola de su futuro en que a vueltas de mil frases
+dulces, untuosas, impregnadas de resignación cristiana, le manifestaba
+que por el momento le era imposible pensar en casarse. ¡Rudo golpe para
+él, que se juzgaba próximo a realizar el sueño de su vida! El deber, un
+deber penosísimo, le obligaba a desatar el lazo que con tal anhelo
+aspiraba a hacer indisoluble. Sólo la Religión (con r grande), la fe y
+la tranquilidad de la conciencia podrían esparcir un bálsamo sobre
+aquella herida incurable. Godofredo guardaba silencio sobre la
+naturaleza del deber que le obligaba a faltar a su palabra.</p>
+
+<p>La carta cayó como una bomba sobre la familia Sánchez. D. Pantaleón,
+aunque sintió el disgusto de su hija, sólo vio en la determinación de
+Llot un fenómeno fisiológico, pero se guardó bien de explicarlo. En el
+estado de exaltación en que se hallaban los ánimos pudiera levantar un
+conflicto. D.ª Carolina era la única que sabía a qué atenerse. El
+presbítero, en su conferencia, había insinuado la palabra dote. La buena
+señora manifestó que no eran ricos y que sus hijas no podían llevarla al
+matrimonio. Con esto el presbítero protestó de su intención al
+pronunciar aquella palabra, declarando que nada había más indiferente a
+insignificante en el matrimonio que el dinero. «Una niña virtuosa,
+inocente, piadosa, como su hija, era un tesoro inapreciable. Los
+intereses cosa deleznable que un joven virtuoso también y de talento,
+como su amigo, despreciaba absolutamente.» Sin embargo, D.ª Carolina
+tenía la certeza que ésta era la clave de la incomprensible epístola.</p>
+
+<p>Presentación lloró, pateó, escribió una carta llena de insultos al
+traidor, y durante varios días fue el tormento y la compasión de sus
+padres. Mario tomó parte también muy viva en su pesar. Con él desahogó
+su pecho la dolorida niña, comunicándole las sospechas que agitaban su
+alma.</p>
+
+<p>&mdash;Créeme, Mario, Godofredo está muy engreído. Tanto le adulan por lo
+bien que escribe, tantos piropos le echan las condesas y las duquesas
+con quienes trata, que ha llegado a despreciarnos. Sobre todo, desde que
+le han hecho hijo predilecto de la Iglesia, te aseguro que se había
+puesto irresistible. Me hablaba con un tono de superioridad y hasta de
+compasión que me hería; estaba distraído, me contradecía en todo lo que
+hablaba y se manifestaba tan frío que me dejaba casi todos los días
+llorando. Ya ves... Mario&mdash;añadió limpiándose las lágrimas que le
+brotaban a los ojos,&mdash;el que sea hijo predilecto de la Iglesia no me
+parece motivo para que desprecie a una mujer que tanto le quería.</p>
+
+<p>&mdash;¡Claro que no!</p>
+
+<p>Tan mal le pareció la conducta de su amigo que resolvió pedirle
+explicaciones acerca de ella. Presentación se oponía.</p>
+
+<p>&mdash;No es por ti solamente&mdash;le respondió Mario.&mdash;Es que lo que contigo ha
+hecho resulta en ofensa mía, y quiero saber si puedo seguir siendo su
+amigo.</p>
+
+<p>Trató de verle en el café; pero Godofredo no asistía allí desde el
+rompimiento de sus relaciones, por no tropezar con la familia Sánchez.
+Entonces se decidió a ir a su casa. Llot vivía en una de huéspedes,
+modesta y patriarcal, de la calle de Jesús del Valle. El paraje
+tranquilo, los tiestos de flores que observó en los balcones, la
+escalera limpia y blanqueada y la sencilla amabilidad de la portera
+produjeron excelente impresión en nuestro escultor. La casa tenía
+marcado sabor conventual; había allí algo puro, inmaculado, que
+correspondía admirablemente con la inocencia y las costumbres devotas de
+su amigo. Es imposible, pensó al tirar del cordón de la campanilla, que
+ese muchacho haya ejecutado una acción tan fea si no es por algún motivo
+invencible. Salió a abrirle una vieja, y luego acudió otra, y luego
+otra, todas muy limpias, muy charlatanas, muy risueñas. La primera se
+informó de lo que traía por allí. Al saberlo, cayó en un espasmo de
+alegría tal que nuestro joven no pudo menos de sonreír.</p>
+
+<p>&mdash;Viene a ver a D. Godofredo&mdash;dijo comunicándole la feliz noticia a la
+segunda.</p>
+
+<p>Ésta la recibió con el mismo gozo y se apresuró a ponerla en
+conocimiento de la tercera, que se sintió no menos satisfecha. Las tres
+se le quedaron mirando en silencio, dulces y placenteras, como si
+estuviesen contemplando una persona querida que no hubiesen visto en
+mucho tiempo.</p>
+
+<p>&mdash;Pero en fin, ¿está en casa?&mdash;preguntó al cabo, un poco molesto de
+aquella risa inmotivada.</p>
+
+<p>&mdash;¡Pues no ha de estar, señor! ¡A estas horas no ha de estar!&mdash;exclamó
+la primera en el colmo de la sorpresa.</p>
+
+<p>&mdash;D. Godofredo no sale nunca después de almorzar&mdash;dijo otra.</p>
+
+<p>&mdash;Espera a D. Jeremías para tomar café. No hace más que un momento que
+ha llegado&mdash;manifestó la última.</p>
+
+<p>&mdash;¡Ah! ¿Tiene visita? Entonces me vuelvo&mdash;replicó Mario retrocediendo.</p>
+
+<p>Pero ya una de las viejas había cerrado la puerta.</p>
+
+<p>&mdash;¡Cómo! ¡No faltaba más! Pase usted, caballero, pase usted. D. Jeremías
+no es visita. Siga, siga, señor; siga adelante.</p>
+
+<p>Y las tres le empujaban por el pasillo hablando a un tiempo, asustadas
+sin duda de que por motivo tan baladí quisiera destruir su felicidad.</p>
+
+<p>El pasillo resplandecía de blancura. Aquí y allá había colgadas algunas
+estampas piadosas. Mario creía percibir el olor del incienso. Al llegar
+a cierta puertecita adornada con una cortina de cuero, como sólo se ve
+en las iglesias, una de las viejas llamó con los nudillos.</p>
+
+<p>&mdash;¿Se puede?</p>
+
+<p>&mdash;Adelante&mdash;respondió de adentro una voz que no era la de Godofredo.</p>
+
+<p>La vieja levantó el pestillo y empujó la puerta. La estancia que
+apareció a los ojos de Mario semejaba talmente una capilla. Había allí
+tanta estampa con marco dorado, tanto fanalito, tantas palmas y flores
+contrahechas, que sorprendía no oír el sonido del órgano y el rezo de
+los fieles. Las cortinas de damasco con una franja de galón dorado. Los
+muebles viejos y lustrosos por el uso. Había una cómoda con un San
+Antonio de madera encima y dos candeleros de plata a los lados, que
+parecía exactamente un altar. Para que la semejanza fuese más completa,
+había también su pila de agua bendita.</p>
+
+<p>En aquel tabernáculo no podía alojar un hombre como los demás, sino un
+alma pura y virginal, una blanca paloma, un cordero místico, un San Luis
+Gonzaga o una Santa Catalina de Sena. Mario notó, al poner el pie
+dentro, el perfume de placidez y candor que exhalaba y sintiose poseído
+de respeto. Sin embargo, en el fondo de la estancia no había ningún
+ángel en oración o virgen en éxtasis, sino dos hombres tomando café al
+pie de un velador y saboreando copitas de ron. D. Jeremías Laguardia,
+muellemente recostado en una mecedora, chupaba un tabaco habano de
+tamaño disforme. Se había quitado los manteos, quedándose en sotana,
+libre y desembarazado como si estuviera en su casa. Godofredo se
+levantó apresuradamente al ver a Mario y sus cándidas mejillas se
+tiñeron de vivo carmín.</p>
+
+<p>&mdash;¿Tú por aquí? ¡Cuánto me alegro!</p>
+
+<p>Y le abrazó cariñosamente y le obligó a sentarse, poniéndole una copa
+delante.</p>
+
+<p>D. Jeremías no se levantó. Su cortesía se satisfizo con incorporarse
+levemente y enviar al advenedizo, a guisa de saludo, una mueca que
+quería parecer sonrisa. Mario se sintió cohibido. Aquel cura no le era
+simpático.</p>
+
+<p>Godofredo, repuesto de la sorpresa, se mostró amabilísimo con su amigo,
+le colmó de atenciones, hablando sin cesar. De tal modo, que parecía
+evitar cuidadosamente por medio de una conversación varia e interesante
+que Mario tuviese ocasión para decirle a qué había venido. Pero éste se
+mostraba a cada instante más taciturno. Bruscamente le dijo:</p>
+
+<p>&mdash;Godofredo, necesitaba hablarte algunos instantes a solas. Tú me dirás
+a qué hora puede ser.</p>
+
+<p>&mdash;¿A solas?&mdash;preguntó el terso joven, ruborizándose de nuevo.&mdash;¿Por qué
+a solas?</p>
+
+<p>&mdash;Pueden ustedes hacerlo ahora mismo, porque yo me voy&mdash;dijo el
+presbítero levantándose.</p>
+
+<p>Pero Godofredo le tiró de la sotana y le obligó a sentarse de nuevo.</p>
+
+<p>&mdash;De ninguna manera, padre. ¡No faltaba más! Todo lo que Mario ha de
+decirme puede usted escucharlo muy bien. ¿Verdad, querido?&mdash;añadió
+dirigiéndose a su amigo con amable sonrisa.</p>
+
+<p>Mario quedó confuso.</p>
+
+<p>&mdash;Sin embargo, podemos dejarlo para otro día... Yo quisiera que nuestra
+conversación fuese sin testigos.</p>
+
+<p>&mdash;¡Si el padre Laguardia es mi director espiritual!&mdash;exclamó el piadoso
+joven volviendo hacia éste su rostro iluminado por una sonrisa de
+afección filial y sumisión.&mdash;Cuanto puedas decirme no importa que sea
+escuchado por él. Si no tiene importancia, porque es indiferente que lo
+sepa. Si atañe a mi conciencia, porque estoy obligado a comunicárselo en
+el tribunal de la penitencia.</p>
+
+<p>La fisonomía nerviosa del presbítero ejecutó algunas fuertes
+contracciones. Para mostrarse enteramente neutral dio un largo chupetón
+al cigarro, envió la bocanada de humo al aire y se quedó mirando al
+techo.</p>
+
+<p>La sorda irritación que Mario abrigaba contra su amiguito creció. Pensó
+que no quería quedarse a solas con él por miedo a las recriminaciones. Y
+resolviéndose de pronto dijo con cierta aspereza:</p>
+
+<p>&mdash;Pues bien, el objeto de mi visita ya debes suponerlo.</p>
+
+<p>Godofredo le miró con ojos de asombro, tan dulces y candorosos que su
+irritación se calmó un poco.</p>
+
+<p>&mdash;No quiero que supongas&mdash;añadió evitando su mirada&mdash;que nadie me envía
+a ti. Lo mismo mi cuñada que sus padres tienen bastante dignidad para no
+acordarse más del santo de tu nombre. Pero has sido mi amigo hasta
+ahora, me has dado parte de tu matrimonio con mi hermana política, y al
+romperlo tan bruscamente creo tener derecho a pedirte una explicación.
+Deseo saber si desde que este señor ha ido a casa de mis suegros a
+pedirles la mano de Presentación tienes algún agravio de ellos o de
+ella.</p>
+
+<p>Godofredo se puso rojo de nuevo y luego pálido. Al cabo balbució con
+trabajo:</p>
+
+<p>&mdash;Yo creo que mi carta...</p>
+
+<p>&mdash;Tu carta es un verdadero cien pies. Después de haberla leído con
+cuidado dos veces, nada he sacado en limpio. Hay en ella una vaguedad
+que parece premeditada y hasta ofensiva. Reconozco tu derecho a romper
+un lazo que la ley no había consagrado todavía, pero debes de comprender
+que sobre la ley está la decencia, y que entre personas decentes la
+palabra algo vale. El que la rompe sin motivo podrá no tener pena, pero
+desde luego queda castigado en la conciencia de las personas honradas.</p>
+
+<p>&mdash;¡Mario, por Dios! Me estás tratando con mucha dureza&mdash;respondió
+atribulado el joven, haciendo pucheros para llorar.</p>
+
+<p>&mdash;Va usted a dispensarme que intervenga en este asunto&mdash;manifestó
+entonces el presbítero con voz que parecía el chirrido de una bisagra
+enmohecida, incorporándose un poco y llevándose nerviosamente la mano a
+las gafas para sujetarlas.&mdash;Las relaciones que mi amigo Llot sostenía
+con su señora cuñada han terminado no porque mediase agravio alguno,
+sino por un deber de conciencia.</p>
+
+<p>&mdash;¡Ah, no sabía que Godofredo tuviese un compromiso de honor! De todos
+modos, debiera declararlo antes del paso que ha dado, o usted en su
+nombre.</p>
+
+<p>&mdash;No es eso, querido, no es eso&mdash;repuso el cura con sonrisa de lástima,
+recostándose de nuevo y chupando el cigarro.&mdash;No se trata de un
+compromiso como el que usted supone maliciosamente. Mi amigo Llot es un
+joven de costumbres intachables. ¡Ojalá hubiese muchos como él! Lo que
+hay es que por las cualidades que Dios le ha concedido se le ofrece un
+porvenir brillante, y que este porvenir brillante puede ser cortado por
+un matrimonio hecho a tontas y a locas, esto es, sin ciertas condiciones
+que yo juzgo de absoluta necesidad en este caso.</p>
+
+<p>Mario se sintió molestado por estas palabras y replicó con viveza:</p>
+
+<p>&mdash;¿Pero qué tiene que ver con esto el deber de conciencia de que usted
+hablaba?</p>
+
+<p>&mdash;¡Ahí verá usted!&mdash;replicó el presbítero con la misma sonrisa de
+lástima. Y añadió después de una pausa que se prolongó hasta rayar en la
+insolencia:&mdash;Los hombres a quienes la Providencia tiene reservados
+ciertos destinos, Sr. Costa, no se pertenecen.</p>
+
+<p>Mario quedó sorprendido.</p>
+
+<p>&mdash;¡Ah! ¿De modo que porque Godofredo tiene un porvenir brillante está
+exento de cumplir sus palabras?</p>
+
+<p>&mdash;¡Eso es!&mdash;replicó el padre Laguardia, sonriendo de igual modo
+insolente.</p>
+
+<p>Levantó un poco los pies para mecerse y chupó el cigarro con
+voluptuosidad.</p>
+
+<p>Aunque nuestro joven no tuviese un temperamento irritable, antes al
+contrario había dado siempre pruebas de paciencia, los modales groseros,
+despreciativos, del presbítero estaban a punto de hacérsela perder.</p>
+
+<p>&mdash;El porvenir de Llot&mdash;se dignó al cabo decir&mdash;es de un género
+particular. En la actualidad, como usted debe de saber, no es fácil
+hallar hombres que desde el comienzo de la vida manifiesten
+sentimientos piadosos, se unan con el corazón y la inteligencia a la
+doctrina de nuestra madre la Iglesia. La juventud está corrompida hasta
+los huesos. No hay muñeco que no haga gala en el día de pisotear los
+preceptos religiosos. Así, cuando aparece un joven como Llot, que a un
+corazón puro y a una piedad ardiente une el talento, la ilustración, la
+elocuencia...</p>
+
+<p>&mdash;¡Padre, por Dios!&mdash;exclamó Godofredo angustiosamente.</p>
+
+<p>&mdash;Cuando al talento, la ilustración y la elocuencia&mdash;siguió Laguardia
+sin mirar hacia él y dirigiéndose siempre a Mario&mdash;une además la
+modestia, entonces cualquiera puede decir: «Ese muchacho está llamado
+por Dios para algo grande, para ser un baluarte de la fe y combatir los
+perniciosos errores que andan esparcidos por el mundo.» Los que tenemos
+la dicha de mantenernos firmes en medio de la tempestad, los que
+flotamos por la gracia de Dios en este mar de la incredulidad, tenemos
+el deber de ayudarle. Ahora bien, un matrimonio realizado con ciertos
+requisitos que no necesito explicarle puede matar en flor las esperanzas
+que sobre él tenemos fundadas.</p>
+
+<p>&mdash;Usted me permitirá. Yo pienso que un hombre debe portarse bien en
+todos los momentos de su vida, cualesquiera que sean las esperanzas que
+sobre él funden sus amigos.</p>
+
+<p>&mdash;Hay que distinguir, amigo; hay que distinguir&mdash;dijo el presbítero
+volviendo a su actitud grosera.&mdash;Los hombres no somos iguales. Hay
+deberes generales a todos y los hay particulares a cada uno según sus
+circunstancias. Si Llot fuese un cualquiera, un empleadillo de mala
+muerte, eso que usted dice estaría perfectamente. Siendo un hombre
+excepcional no puede sacrificar deberes altísimos a otros más pequeños,
+teniendo en cuenta que en sus relaciones amorosas nada hubo que pueda
+perjudicar en lo más mínimo la honra de su señora cuñada.</p>
+
+<p>Mario se sintió herido y confuso. Pensó, y acaso no le faltaba razón,
+que lo del empleadillo de mala muerte iba con él. La sonrisa
+despreciativa del presbítero le enrojecía la cara como una bofetada.</p>
+
+<p>&mdash;Dígale usted ahora, padre&mdash;profirió Godofredo,&mdash;que yo, en este
+asunto, no he hecho más que acatar los consejos de mi confesor.</p>
+
+<p>&mdash;Los consejos no; los mandatos&mdash;chilló Laguardia.&mdash;Yo, como su director
+espiritual, le he ordenado renunciar a ese matrimonio. Sé que se ha
+hecho violencia para ello. ¡Tanto más meritorio!</p>
+
+<p>Al pobre Mario, poco diestro y menos aficionado a las polémicas, no se
+le ocurrió nada para combatir las teorías del presbítero. Las dio por
+buenas guardando silencio. Sintió malestar indecible y pesar de haber
+venido.</p>
+
+<p>Godofredo se apresuró a cambiar de conversación. Se habló de los amigos
+del café; le hizo mil preguntas acerca de él mismo, enterándose con vivo
+interés de su niño. Estuvo obsequioso y amable como él solo sabía
+estarlo. Era la dulzura personificada. En cambio Laguardia, que por lo
+visto había medido el alcance de Mario en los negocios de la vida, no
+hizo ya de él caso alguno. Habló, chilló, rió, manoteó, dirigiéndose a
+su amigo como si estuvieran solos. Imposible mostrar una indiferencia
+más despreciativa.</p>
+
+<p>Cada vez más triste y confuso, Mario se levantó al fin y se despidió
+fríamente. Godofredo le acompañó hasta la puerta de la escalera.</p>
+
+<p>&mdash;Puedes creerme, Mario; me ha costado muchas lágrimas el obedecerle. Si
+no fuese por el cumplimiento de mi deber, jamás hubiera renunciado a la
+dicha de contraer matrimonio con tu cuñada. Te ruego se lo hagas
+presente, y que nunca la olvidaré en mis oraciones&mdash;le dijo al darle la
+mano, mientras dos gruesas lágrimas rodaban por sus mejillas.</p>
+
+<p>¡Pero qué facilidad tenía aquella criatura para liquidar sus penas!</p>
+
+<p>Mario marchó, con la cabeza baja y el alma llena de repugnancia, hacia
+casa de sus suegros. Y en el camino fue cuando se le ocurrieron mil
+argumentos para desbaratar el sofisma del cura Laguardia. Siempre le
+pasaba lo mismo. No era pronto más que para ver y sentir: su
+inteligencia perezosa necesitaba tomarse tiempo para formar
+razonamientos. Llevaba el propósito de aconsejar a su cuñada que
+olvidase enteramente a Godofredo. Éste, en su concepto, era un chico de
+corazón excelente, dulce y sensible como pocos, pero tan débil de
+carácter que cualquiera le dominaba. Esto, unido a su devoción
+exagerada, le haría vivir en poder del padre Laguardia.</p>
+
+<p>Cuando llamó a la puerta de su suegro percibió algo que le inquietó.
+Tardaban en abrirle: creyó oír un gemido doloroso y llamó de nuevo con
+sobresalto. La criada tenía la fisonomía descompuesta y le miró con ojos
+extraviados.</p>
+
+<p>&mdash;¿Qué pasa?&mdash;exclamó anhelante.</p>
+
+<p>Pero en aquel instante su suegra salió de uno de los cuartos y se abrazó
+a él sollozando.</p>
+
+<p>&mdash;¡Ay, Mario del alma, no sabes lo que acaba de suceder!</p>
+
+<p>El joven se puso horriblemente pálido y profirió con voz ronca:</p>
+
+<p>&mdash;¡Carlota!...</p>
+
+<p>Su mujer apareció por el extremo del pasillo pálida y grave y avanzó
+lentamente.</p>
+
+<p>&mdash;¡Carlota! ¿el niño?...&mdash;volvió a gritar acongojadamente.</p>
+
+<p>Carlota hizo un signo negativo con la cabeza. En aquel momento, un grito
+desgarrador hirió sus oídos. Era la voz de Presentación.</p>
+
+<p>D.ª Carolina quiso contarle lo que pasaba, pero los sollozos le impedían
+hablar: no articulaba más que frases incoherentes, de dolor unas y de
+indignación otras. Su mujer entonces le cogió por la muñeca, le arrastró
+hacia la sala y le puso al cabo de lo que ocurría. D. Pantaleón había
+dado como otras veces una retorta a Presentación para que la pusiera al
+fuego. La niña cumplió el encargo, pero al llevársela de nuevo a su
+padre, cuando éste se la pidió, el líquido se había inflamado y le quemó
+la cara espantosamente. Se llamó al médico corriendo y la estaba curando
+en aquel momento.</p>
+
+<p>Mario experimentó vivo dolor. Aunque la desgracia no hubiera recaído en
+los dos seres que más amaba en el mundo, era tan afectuoso y tenía tal
+predilección por su cuñada, que el disgusto no fue mucho menor. Trémulo,
+acongojado, acudió al cuarto de la enferma. La desdichada Presentación
+exhalaba gemidos lastimeros mientras el médico reconocía las heridas
+minuciosamente. Eran tan fieras, que Mario al verlas volvió la cabeza
+con espanto. Sin embargo, pudo vencerse y dijo esforzándose en dar a su
+voz una inflexión natural:</p>
+
+<p>&mdash;No te asustes, mujer, que eso no vale nada. Tu madre y tu hermana me
+habían asustado. ¿Verdad, doctor, que eso no es nada?</p>
+
+<p>&mdash;¡Mario! ¿Eres tú, Mario?&mdash;gritó la niña.&mdash;¡No te veo, Mario!... ¡No te
+veo!... ¡no te veo!</p>
+
+<p>Y su grito era cada vez más alto y desgarrador.</p>
+
+<p>&mdash;Ya me verás... No te asustes&mdash;repuso el joven, a cuyos ojos acudieron
+las lágrimas.</p>
+
+<p>Al mismo tiempo hizo un signo interrogativo al médico. Éste respondió
+sacudiendo la cabeza con expresión de duda.</p>
+
+<p>Un ayudante preparaba hilas. La criada iba y venía atortolada. D.ª
+Carolina sollozaba en un rincón. Sólo Carlota tenía ánimo para sostener
+a su hermana y mirar sin pestañear las horribles quemaduras. Su honda
+emoción no se leía más que en la blancura de cera de su tez.</p>
+
+<p>La desdichada Presentación no cesaba de exhalar quejas a las cuales
+añadía frases desesperadas que desgarraban el alma.</p>
+
+<p>&mdash;¡Dios mío, qué pronto se ha concluido el mundo para mí!... ¡Quién
+había de pensar hace un instante que no os volvería a ver más! Decidme,
+mamá, Carlota, Mario, ¿he sido tan mala que merezca este horrible
+castigo?</p>
+
+<p>&mdash;Calla, calla, Presentación&mdash;decía suavemente su hermana.&mdash;Es más el
+susto que el daño. Dentro de ocho días no tienes nada.</p>
+
+<p>Cuando terminaba la cura, Mario preguntó a su esposa en voz baja:</p>
+
+<p>&mdash;¿Y tu padre, dónde está?</p>
+
+<p>No lo dijo tan bajo que no llegara a los oídos de D.ª Carolina.</p>
+
+<p>&mdash;¡En el infierno!&mdash;exclamó con acento rabioso.&mdash;¡Allí debía estar ese
+bárbaro!</p>
+
+<p>Todo el respeto que durante una larga vida había ido acumulando sobre la
+cabeza de su marido huyó repentinamente, barrido por la tempestad que
+rugía en su alma. ¡Qué recriminaciones! ¡Qué desprecios! ¡Cuánto
+denuesto! Carlota y Mario hacían esfuerzos inútiles por calmarla.</p>
+
+<p>Al cabo éste, pensando en la tribulación de su suegro, le buscó por toda
+la casa sin hallarlo. Subió a la buhardilla, que le servía de
+laboratorio, y antes de llegar escuchó sus pasos, firmes, acompasados,
+por la habitación. Miró por el agujero de la cerradura. En efecto, el
+célebre fisiólogo se paseaba lentamente, con las manos en los bolsillos,
+de un rincón a otro de la estancia, atestada de frascos y retortas,
+estampas de anatomía e instrumentos de física. Tenía los bigotes aún más
+caídos que de ordinario; los ojos aún más opacos. Éstas eran las únicas
+insignificantes alteraciones que se observaban en su continente. Por lo
+demás, la misma suave serenidad se esparcía por su rostro reflexivo; la
+misma dignidad científica surgía de sus movimientos. Mario empujó la
+puerta. D. Pantaleón detuvo el paso y volvió hacia él su mirada vaga.
+Avanzó algunos pasos y le estrechó largo tiempo entre sus brazos en
+silencio. Al cabo dijo, apartándose, con acento solemne:</p>
+
+<p>&mdash;Transformaciones de la materia. ¡Una mártir más de la ciencia!</p>
+
+<p>Mario le contempló lleno de pasmo, como siempre que se acercaba desde
+hacía algún tiempo a aquel hombre extraordinario.</p>
+
+
+
+<h3><a name="XII" id="XII"></a>XII</h3>
+
+
+<p>Presentación no quedó ciega, pero sí desfigurada. Era un dolor ver aquel
+rostro, tan hechicero en otro tiempo, ultrajado por repugnantes
+costurones. La infeliz no cesaba de llorar, aunque con esto dañase a sus
+ojos, aún no curados por completo. Una honda tristeza dominaba a toda la
+familia.</p>
+
+<p>Sin embargo, su digno jefe D. Pantaleón, por virtud de una actividad
+incesante, atenta siempre a los hechos, aun los más insignificantes, del
+mundo de la Naturaleza, y resguardado por las grandes verdades del orden
+físico y químico que había podido adquirir, se hallaba fuera del
+alcance de toda emoción penosa. Había publicado ya la <i>Terapéutica del
+comercio</i> y la <i>Patología administrativa</i>. Pero su inteligencia había
+crecido de tal manera con el régimen de los alimentos fosfatados a que
+se hallaba sometido, que estos interesantes libros nada valían al lado
+de las empresas prodigiosas que su mente proyectaba. Por de pronto,
+entre él y Moreno comenzaron a redactar dos revistas científicas
+mensuales, una titulada <i>El Mundo Orgánico</i> y la otra <i>El Mundo
+Inorgánico</i>, para dar a conocer al público las observaciones que en los
+dos mundos iban haciendo con maravillosa penetración.</p>
+
+<p>Estas observaciones no se limitaban al laboratorio. El estudio directo
+de la Naturaleza y de la vida social se las ofrecía muy varias. Para
+ello hacían frecuentes excursiones a los alrededores y pueblos
+comarcanos de Madrid. Generalmente las hacían a pie, vistiendo ambos el
+largo y vueludo gabán característico de los sabios, sombrero de alas
+amplísimas y zapatos claveteados; en la nariz, las imprescindibles gafas
+de cristales ahumados y en la mano sendos paraguas de tela de algodón.
+Con este arreo nadie dudaría que aquellos hombres estaban destinados a
+arrancar a la Naturaleza sus secretos. Pero D. Pantaleón llevaba gran
+ventaja en este punto a su compañero. Ningún sabio moderno estuvo dotado
+de figura más grave, majestuosa y verdaderamente científica. Era
+necesario remontarse con la fantasía a Solón o a Anacharsis el Viejo
+para representarse algo tan profundo y reflexivo.</p>
+
+<p>Las excursiones duraban siempre un día. Era condición imprescindible que
+había puesto Moreno. Y aun así apuraba casi siempre para la vuelta a fin
+de no llegar después de las siete de la tarde. Traía maravillado esto al
+ingenioso Sánchez y un sí es no es inquieto, porque ¿cómo acordar estas
+costumbres metódicas y sedentarias con la existencia azarosa que su
+amigo había llevado hasta entonces? ¿Cómo no sorprenderse de que un
+hombre nacido en el arroyo y en lucha constante con la sociedad tuviese
+tal cuidado de retirarse cuando las gallinas? Llegó a pensar en estas
+perplejidades si Moreno estaría afiliado a la secta de los anarquistas,
+y fuese la hora destinada para reunirse y concertar sus planes
+siniestros de destrucción. Y andaba receloso y observándole; porque
+Sánchez era un revolucionario del pensamiento nada más y no le hacía
+gracia alguna hallarse complicado en el asunto de los explosivos.</p>
+
+<p>Algunos meses después del desgraciado accidente de Presentación, el
+causante directo y el indirecto de aquella desgracia resolvieron hacer
+una excursión al vecino pueblo de G... distante unas dos leguas, donde
+les dijeron que había un reo de muerte que sería ejecutado a los pocos
+días. Uno y otro deseaban tener con él una conferencia, estudiar sus
+anormalidades orgánicas y comprobar sobre el terreno los datos
+antropológicos que ya conocían teóricamente. Salieron bien de madrugada
+una mañana en la disposición que otras veces y caminaron por la
+empolvada carretera sin hablarse, entregados a las profundas reflexiones
+que les sugería siempre el gran libro de la Naturaleza, que hoja por
+hoja se proponían leer hasta el fin. El sol nadaba en un cielo azul y
+límpido; el cielo de Madrid. Por todas partes se extendía una tierra
+ondulante de lomos anchos redondeados y vestidos de verde por el trigo y
+la cebada nacientes. D. Pantaleón, saliendo al fin de su mutismo, hizo
+en voz alta la observación de que «las gramíneas estaban muy hermosas,»
+a lo cual respondió su compañero que «era la época del crecimiento de
+las monocotiledóneas.»</p>
+
+<p>Prosiguieron en silencio su camino, y poco antes de llegar a G..., se
+detuvieron en un ventorro a refrescarse. Había allí un hombre de baja
+estatura y recias espaldas que paladeaba un vaso de vino para marcharse
+también. Este hombre trabó inmediatamente conversación con ellos, lo que
+no es raro en España. El ingenioso Sánchez aprovechó la ocasión para
+pedirle datos acerca del reo que iba a ver.</p>
+
+<p>&mdash;¿Quién, el <i>Pollo</i>? ¡Anda, que buen polvo lleva a estas
+horas!&mdash;exclamó soltando la carcajada.</p>
+
+<p>&mdash;¿Cómo?</p>
+
+<p>&mdash;¡Na, que se ha fugado esta misma noche de la cárcel! Abrió un agujero
+en la pared con una palanqueta, que nadie sabe quién se la dio ni cómo
+la escondía, y se tiró al patio. De allí gateó por la pared y subió al
+tejado de un almacén, y de allí se echó a las huertas. Hay quien cree
+que está escondido en el pueblo: los civiles vigilan mucho los
+alrededores.</p>
+
+<p>D. Pantaleón y Moreno quedaron muy disgustados. Había fracasado su
+excursión. Pagaron los refrescos y salieron de la taberna. El hombre que
+les diera la noticia salió con ellos, y al verlos tomar el camino de
+Madrid, les preguntó con sorpresa:</p>
+
+<p>&mdash;¿Pero no iban ustedes a G...?</p>
+
+<p>&mdash;Sí, señor, pero íbamos a visitar al <i>Pollo</i>.</p>
+
+<p>El hombre se les quedó mirando con respeto.</p>
+
+<p>&mdash;¿Son ustedes, por casualidad, de la Audiencia?</p>
+
+<p>Los sabios quedaron un poco embarazados. Al cabo Moreno dijo:</p>
+
+<p>&mdash;No, señor; somos antropólogos.</p>
+
+<p>El hombre les contempló con gran sorpresa y mayor respeto aún. No sabía
+qué era aquello, pero calculaba que debía de estar relacionado de cerca
+con el gobierno.</p>
+
+<p>&mdash;Pues si quieren pasar por V..., adonde voy, tendrán compañía y menos
+polvo.</p>
+
+<p>Aceptaron la oferta. Tomaron la vereda que a aquel pueblo conducía, y
+Moreno y Sánchez, que no perdían la ocasión de enriquecer su cuaderno de
+notas con las observaciones antropológicas que podían recoger, le
+abrumaron instantáneamente a preguntas. El caminante les respondía de
+buen grado. Era de fisonomía inquieta, ademanes sueltos y voz propensa a
+alterarse. Parecía de carácter franco y alegre. Moreno, encargado de las
+observaciones botánicas, geológicas y zoológicas, le hizo bastantes
+preguntas sobre la naturaleza del suelo y sus productos. El ingenioso
+Sánchez, a quien competían las biológicas y sociológicas, se informó
+minuciosamente del carácter y costumbres de los habitantes. La
+conversación vino por fin a recaer sobre el <i>Pollo</i>.</p>
+
+<p>&mdash;¿Tiene familia?&mdash;preguntó D. Pantaleón.</p>
+
+<p>&mdash;Sí, señor; cinco hijos.</p>
+
+<p>&mdash;¡Ah! Pues entonces no se hubiera hecho nada con ahorcarle si no se
+ahorca también a sus cinco hijos.</p>
+
+<p>&mdash;¡Cómo!&mdash;exclamó el caminante dando un paso atrás.&mdash;¿Quería usted que a
+esas criaturas, que la mayor tiene nueve años...</p>
+
+<p>&mdash;Desde luego&mdash;repuso grave y firmemente D. Pantaleón.&mdash;Para destruir el
+delito es absolutamente indispensable destruir los gérmenes.</p>
+
+<p>&mdash;Pero ¿qué culpa tienen esos pobres niños?&mdash;exclamó cada vez más
+estupefacto el hombre.&mdash;¿Qué culpa tienen esos pobres niños de que su
+padre sea un bandido?</p>
+
+<p>Una sonrisa de lástima contrajo los labios e hizo brillar un momento los
+ojos mortecinos de Sánchez.</p>
+
+<p>&mdash;¿Culpa? Esa palabra es un absurdo científico. El delito es un
+fenómeno, ¿sabe usted? un fenómeno natural. Nadie tiene culpa de él. Al
+criminal se le debe matar, no porque tenga culpa, sino porque produce
+una perturbación en el organismo social. Y como esa perturbación se ha
+de prolongar si tiene hijos por medio de la herencia, precisa eliminar
+también a esos hijos.</p>
+
+<p>&mdash;Me parece a mí, señor&mdash;repuso el caminante, que sólo vagamente había
+comprendido las palabras de D. Pantaleón,&mdash;que si a esos niños se les
+educara con cariño serían personas honradas. Yo conozco al mayor, y
+parece muy humilde el pobrecillo.</p>
+
+<p>&mdash;Sería inútil, créame usted. Hoy se ha adelantado mucho en esa materia.
+Hoy se sabe perfectamente, examinando el cráneo y los antecedentes
+hereditarios de cada hombre, quién ha de ser criminal y a qué clase ha
+de pertenecer, esto es, si ha de ser asesino, incendiario, estafador,
+etc. Así es que yo creo, y me propongo publicar un folleto
+sosteniéndolo, que todos los hombres deben ser reconocidos al llegar a
+cierta edad por antropólogos competentes, y si presentan los caracteres
+del tipo criminal, que sean eliminados inmediatamente de la sociedad, si
+no por la muerte, al menos por la deportación.</p>
+
+<p>No respondió el caminante. Volvió a examinarlos con un poco de recelo y
+cambió de conversación. Al cabo de un rato, deteniéndose, les propuso
+desviarse de la vereda y tomar un atajo a campo traviesa. Nuestros
+antropólogos aceptaron sin vacilar, porque estaban ya bastante
+rendidos.</p>
+
+<p>Marchaba el desconocido delante y ellos detrás. A los pocos minutos,
+fijándose por necesidad en él D. Pantaleón, creyó notar en su figura
+algunos signos que le llamaron la atención. Inmediatamente volvió la
+cabeza y comunicó en voz baja sus observaciones con Moreno. Éste se fijó
+con más cuidado y corroboró lo que su sabio compañero decía.
+Cuchichearon animadamente a intervalos. Por último, D. Pantaleón, no
+pudiendo resistir la gran curiosidad, con mezcla de inquietud, que
+sentía, tocó en el hombro con su paraguas al desconocido y le dijo:</p>
+
+<p>&mdash;Va usted a dispensarme que le pida un favor. Mi compañero y yo nos
+dedicamos a los estudios antropológicos, como ya he tenido el honor de
+decirle. Estoy observando en su cabeza, algo que me llama la atención, y
+si usted no tuviera inconveniente, le agradecería me permitiese tomarle
+algunas medidas...</p>
+
+<p>El hombre se detuvo, les miró con estupor unos instantes y luego echó
+una mirada recelosa en torno para cerciorarse sin duda de que se
+hallaban en completa soledad. Esta mirada ávida causó gran impresión en
+nuestros antropólogos.</p>
+
+<p>&mdash;Bueno&mdash;dijo el desconocido.&mdash;Tomen ustedes las medidas que gusten,
+pero les advierto que hace mucho tiempo que estoy cerrado.</p>
+
+<p>Estas ambiguas palabras les puso aún más inquietos.</p>
+
+<p>D. Pantaleón sacó de los profundos bolsillos de su gabán un compás de
+gruesos y le midió la longitud de la cabeza. Luego leyó en voz baja los
+milímetros a Moreno, el cual torció el hocico. Tomó después el ancho, y
+su resultado tampoco les satisfizo. En ambos iba creciendo la inquietud.
+Sin embargo, procuraban estar finos, y lo echaban a broma de modo que el
+hombre no se incomodase.</p>
+
+<p>&mdash;Cuidado con que no me apriete el sombrero&mdash;dijo éste riendo.</p>
+
+<p>Le tomaron después la medida de la talla y la longitud de los brazos en
+cruz. Al ver el número que señalaba la cinta se dirigieron una mirada
+de ansiedad: la consternación más profunda se pintó en sus semblantes.</p>
+
+<p>&mdash;El traje holgadito, ¿eh?</p>
+
+<p>Pero ni Moreno ni el ingenioso Sánchez estaban de humor para reírse. Lo
+hicieron, sin embargo, pero resultó la risa del conejo.</p>
+
+<p>&mdash;Si usted me hiciera ahora el favor de la mano...&mdash;dijo D. Pantaleón
+con voz temblorosa.</p>
+
+<p>&mdash;Hombre, es usted muy viejo... pero, en fin, allá va.</p>
+
+<p>&mdash;No, la derecha no, la izquierda.</p>
+
+<p>&mdash;¡Vaya por la zurda!&mdash;exclamó el hombre alargándola.</p>
+
+<p>D. Pantaleón sacó otro compás, parecido al cartabón de los zapateros, y
+con las manos trémulas le dobló el dedo medio y se lo midió. Mientras
+tanto Moreno inclinaba su rostro pálido haciendo esfuerzos para
+averiguar el número de milímetros. Cuando Sánchez lo leyó en voz alta,
+dio un salto y emprendió una carrera vertiginosa al través de los
+campos. Don Pantaleón dejó caer el compás que tenía en las manos y le
+siguió, esforzándose inútilmente en alcanzarle.</p>
+
+<p>Corrieron hasta que la fatiga les obligó a detenerse. Volvieron la
+cabeza, y observando que el desconocido no los seguía, se calmaron un
+poco. El estallido de unos cohetes les hizo comprender que el pueblo
+estaba cerca, y se dirigieron hacia el sitio donde sonaban a paso largo.</p>
+
+<p>&mdash;¡Es el <i>Pollo</i>!&mdash;exclamó al fin D. Pantaleón con respiración
+anhelante.</p>
+
+<p>&mdash;¡Quién puede dudarlo!&mdash;repuso Moreno echando hacia atrás otra mirada
+de terror.</p>
+
+<p>Y mientras no se acercaron a las primeras casas, no cambiaron otra
+palabra.</p>
+
+<p>El pequeño pueblo de V..., contra lo que ellos imaginaban, estaba
+animadísimo. Los vecinos, en traje de día de fiesta, discurrían por las
+calles. Las jóvenes, adornadas con lindos pañuelos de colores, formaban
+grupos a las puertas de las casas. Vendedores de frutas y confites
+atronaban con sus gritos. Las tabernas rebosaban de gente, y los puestos
+de vino entoldados que había en medio de las calles lo mismo. Repicaban
+las campanas y estallaban sin cesar los cohetes. El sol reía en el
+espacio.</p>
+
+<p>Nuestros antropólogos se enteraron en seguida de que se celebraba la
+fiesta de la santa patrona del pueblo, y no les pesó de llegar a este
+tiempo, porque el estudio concienzudo del instinto religioso en el
+animal humano les preocupaba hacía tiempo, sobre todo a Moreno. Así que,
+después de descansar unos minutos en los bancos de una taberna, se
+encaminaron a la iglesia, donde les dijeron que iba a comenzar pronto la
+solemne misa cantada. Sus figuras, un poco raras, aunque científicas, no
+dejaban de llamar la atención en el pueblo, aunque estuviese éste tan
+próximo a Madrid. Quizá en Madrid llamasen también la atención; porque
+en la capital de España, no hay más remedio que confesarlo, tampoco es
+frecuente ver a los sabios en su verdadero traje por las calles.</p>
+
+<p>La iglesia resplandecía por dentro de luces y ornamentos. Parecía, según
+la expresión vulgar, un ascua de oro. Los fieles comenzaban a acudir y
+se iba llenando lentamente; y según se iba llenando el calor se hacía
+insoportable. Cerca del altar mayor, en otro portátil, estaba la santa
+patrona rodeada de cirios y flores. Al cabo de larga espera el órgano
+hizo vibrar sus notas poderosas por el ámbito del templo, y en la
+puertecilla de la sacristía aparecieron los tres sacerdotes con sus
+brillantes capas de tisú de oro y se dirigieron al altar. Detrás de
+ellos entraron algunos otros clérigos y varios particulares
+privilegiados, que se acomodaron en el presbiterio para oír la misa.
+Nuestros sabios quedaron sorprendidos al ver entre estos últimos a su
+joven amigo Godofredo Llot. A Moreno le hizo extremada gracia, y se
+propuso sacar mucho partido cuando fuese por el café. A D. Pantaleón no
+le hizo tanta por las relaciones especiales que entre ellos habían
+existido. Cerca de él vieron al presbítero Laguardia, y esto contribuyó
+aún más a ponerle de mal humor; porque odiaba a este clérigo como tal, y
+además por el papel que había representado en el fracasado matrimonio de
+su hija.</p>
+
+<p>Pero la observación de aquellos curiosos ritos religiosos que ambos
+examinaban como si por primera vez los hubieran visto en su vida, le
+distrajo de todo incómodo pensamiento. De vez en cuando se comunicaban
+en voz baja las profundas reflexiones que el culto les sugería.</p>
+
+<p>&mdash;Siendo todas las divinidades en su origen, como usted sabe muy
+bien&mdash;decía Moreno metiéndole la boca por el oído a su
+amigo,&mdash;individuos humanos que han demostrado alguna superioridad y han
+hecho algún beneficio, sería curioso saber quién era esa mujer que está
+ahí en el altar antes de ser divinidad y a qué se dedicaba.</p>
+
+<p>&mdash;Yo imagino&mdash;respondía el ingenioso Sánchez en voz de falsete
+también,&mdash;teniendo en cuenta su traje rico de brocado, que debía de ser
+alguna señora pudiente de los contornos que en su tiempo se dedicaba a
+proteger a los labradores, tal vez facilitándoles dinero sin interés o
+semillas para la siembra.</p>
+
+<p>&mdash;No; yo creo más bien que sería una comercianta que expendía los
+géneros más baratos, y de este modo se captó la admiración del pueblo,
+que después de su muerte la erigió en divinidad. ¿No ve usted la cajita
+que tiene en la mano derecha? Parece un azucarero.</p>
+
+<p>&mdash;Es un jarro; repárelo usted bien. Puede que tuviera una gran lechería
+y diese los sobrantes de la leche a los pobres. El perro que lleva a su
+lado parece confirmarlo, dado que los perros son los encargados de la
+guarda del ganado. De todos modos, ya nos informaremos de los vecinos
+más viejos.</p>
+
+<p>Por más que hablasen bajo, aquel coloquio en el momento de celebrarse el
+santo sacrificio de la misa estaba escandalizando a una vieja, que al
+fin les reprendió ásperamente y les obligó a guardar silencio.
+Obedecieron los sabios pensando que no era prudente despertar «los
+instintos salvajes del hombre primitivo emocional.»</p>
+
+<p>La misa duró una buena hora. Paulatinamente iban perdiendo la gana de
+hacer observaciones antropológicas y sintiendo la necesidad de restaurar
+el estómago, pues eran ya las doce del día. Cuando los clérigos se
+retiraron, la muchedumbre, que se agolpaba a la puerta para salir, les
+impidió hacerlo en un buen rato. Al poner el pie en el pórtico se
+tropezaron con un grupo de clérigos, y entre ellos a Godofredo Llot, que
+sin duda había salido por otra puerta. Aunque tuvo intentos de eludir
+su saludo no pudo hacerlo: al cabo vino hacia ellos sonriente y
+afectuoso como lo estaba siempre aquel joven eminente, y les abrazó con
+efusión.</p>
+
+<p>&mdash;¡Ustedes por aquí!... ¡Cuánto me alegro!</p>
+
+<p>Moreno correspondió con agrado a este saludo, pero empezando a cultivar
+la nota humorística, repuso:</p>
+
+<p>&mdash;Pues nosotros al entrar en la iglesia casi teníamos la seguridad de
+hallarte en ella.</p>
+
+<p>Godofredo no hizo caso y les presentó a los clérigos con quienes se
+hallaba. D. Pantaleón estuvo digno y cortés. Salieron todos del pórtico,
+y cuando hubieron andado un corto trecho, Moreno preguntó a Llot si
+sabía de algún sitio donde se pudiera almorzar medianamente. Oyó la
+pregunta el párroco del pueblo, que venía entre ellos, y atajó la
+respuesta diciendo en voz alta, imperativa:</p>
+
+<p>&mdash;Ustedes, señores míos, no van a almorzar a ningún lado, sino a mi
+casa. Los amigos de nuestros amigos son nuestros amigos.</p>
+
+<p>Los antropólogos quisieron rehusar la invitación porque no les placía
+comer entre curas; pero no fue posible.</p>
+
+<p>&mdash;No se hable del asunto. Ustedes hacen hoy penitencia con nosotros.
+Aquí ejerzo yo de pontífice: impongo ayunos y vigilias. Otra vez tengan
+cuidado de no caer en mis dominios.</p>
+
+<p>Era el párroco un hombre de cincuenta años de edad próximamente, alto,
+seco, moreno, cabellos negros aún, revueltos y crespos, los ojos vivos y
+severos, la expresión de su rostro franca y resuelta. A pesar de la
+dureza que en él se notaba inspiraba confianza y simpatía desde luego.
+Parecía un veterano afeitado y con los hábitos de sacerdote.</p>
+
+<p>Su casa estaba próxima. Entráronse todos por ella, subieron la estrecha
+y antigua escalera, y en una sala no muy espaciosa hallaron la mesa
+puesta. Sentáronse presto y dio comienzo el festín. Estaban bien
+apretados, porque eran más de veinte los comensales, casi todos
+clérigos, y la mesa no daba comodidad para más de doce o catorce. Se
+comió y bebió gallardamente. Moreno se mostraba torvo y receloso,
+hallándose tristísimo en la aborrecible compañía de «tanto explotador de
+la ignorancia humana.» En cambio D. Pantaleón, siempre grande y
+profundo, parecía hechizado; no se cansaba de hacer observaciones
+antropológicas sobre todo lo que veía y oía, sacando a cada instante su
+cuaderno de notas y escribiendo en él, sin advertir la curiosidad de que
+era objeto.</p>
+
+<p>&mdash;Oiga usted, amigo&mdash;dijo al cabo con mal humor un presbítero que
+reventaba de gordo y se había quitado el alzacuello para comer
+mejor.&mdash;¿Es usted el encargado de las cédulas personales?</p>
+
+<p>Sánchez le miró estupefacto.</p>
+
+<p>&mdash;¿De las cédulas?... No, señor. Éste es un libro de memorias.</p>
+
+<p>&mdash;El señor&mdash;dijo Moreno con sentido irónico y sonriendo
+maliciosamente&mdash;no es el encargado de las cédulas, sino de las
+<i>células</i>.</p>
+
+<p>D. Pantaleón cambió con él una risueña mirada de inteligencia y quedó
+admirado de la gracia y penetración de su amigo.</p>
+
+<p>Los clérigos los miraban con sorpresa y desconfianza. Godofredo estaba
+inquieto, y se apresuró a distraer a los comensales con nueva
+conversación.</p>
+
+<p>El vino despierta siempre con viveza los sentimientos tiernos y las
+ideas metafísicas. Así que a los postres, varios de aquellos presbíteros
+se juraban, estrechándose la mano, eterna fidelidad. Algunos se
+prometían ayuda corporal en el caso de que el sagrado pasto de los
+mansos parroquiales fuese violado por las ovejas de los incrédulos. Se
+hacían reticencias oscuras sobre el obispo, que les hacía prorrumpir en
+carcajadas desaforadas; se dirigían pullas amistosas acerca de los
+derechos de pie de altar que cada cual recogía; se hablaba con
+enternecimiento de la cosecha y se probaba matemáticamente la existencia
+de Dios.</p>
+
+<p>Esto último no quería oírlo Moreno, quien alimentaba hacia el Ser
+Supremo un rencor que D. Pantaleón hallaba bien justificado. En
+realidad, no se abandona así a un hombre en medio del arroyo, expuesto a
+que todo el mundo lo pise. Y claro está, Moreno hacía contra él lo que
+más rabia podía darle: le negaba la existencia. Sin embargo, como se
+hallaba entre sus ministros, le guardaba ciertos miramientos que en otro
+sitio se hubiera desdeñado de concederle.</p>
+
+<p>&mdash;Con permiso de usted, a mí me parece que la existencia de un ser
+creador de todas las cosas no es tan fácil de probar.</p>
+
+<p>&mdash;Se prueba, como tres y dos son cinco&mdash;gritó un presbítero
+escanciándose una copita de aguardiente.&mdash;Verá usted si lo pruebo...</p>
+
+<p>Y así que la hubo bebido comenzó a soltar con calma una serie de
+silogismos en latín que haría estremecer a Tito Livio en su tumba. Los
+compañeros le escuchaban con poca atención, pero movían la cabeza
+afirmando. Desde hacía muchos años no se celebraba en los contornos
+ninguna fiesta parroquial en que después de la comida faltasen los
+silogismos del cura de N... En cuanto bebía la tercer copa de anisado,
+ya se sabía, era necesario probar las verdades de la fe.</p>
+
+<p>&mdash;Todo eso estará muy bien&mdash;replicó atajándole Moreno,&mdash;pero dígalo
+usted en castellano para que yo pueda contestarle.</p>
+
+<p>El clérigo le echó una mirada de soberano desprecio.</p>
+
+<p>&mdash;¿No sabe usted latín?... ¡Vaya, vaya a la escuela!</p>
+
+<p>Los compañeros rieron mucho. Moreno, picado en lo vivo, replicó que el
+latín sólo servía para hacer pedantes, que lo que se había escrito en
+este idioma no tenía ya utilidad para los grandes adelantos de la
+ciencia, y que las mismas Escrituras no se habían escrito en latín, sino
+en hebreo. Con este motivo se empelotaron en una disputa violenta y
+agria. En el curso de ella Moreno, aunque procuraba tener la lengua por
+hallarse en casa ajena y entre gente fanática, no pudo menos de verter
+algunos conceptos poco respetuosos hacia Moisés. El presbítero gordo,
+que era sin duda el más irritable del concurso y había escuchado la
+disputa con visible impaciencia, se enfureció de pronto.</p>
+
+<p>&mdash;Oiga usted, amiguito, eso que está usted diciendo es herético.</p>
+
+<p>&mdash;Yo digo lo que se me antoja.</p>
+
+<p>&mdash;Es usted un badulaque.</p>
+
+<p>&mdash;Y usted un...</p>
+
+<p>&mdash;¡Alto, señores!... ¡Alto!... ¡Un poco de calma!... ¡No irritarse!...</p>
+
+<p>Hubo algunos instantes de confusión. El presbítero quería arrojarse
+sobre Moreno y Moreno sobre el presbítero. A duras penas lograron
+contenerlos, sobre todo al primero, que era hombre de bríos.</p>
+
+<p>Cuando se restableció un poco el sosiego, el ingenioso Sánchez, radiante
+de majestad filosófica, se levantó de la silla, y con grave ademán y
+sonrisa dulce, cerrando los ojos con un sentimiento de completo
+bienestar, habló de esta manera:</p>
+
+<p>&mdash;Señores, en este momento acaba de producirse aquí un fenómeno del
+orden natural, y siendo del orden natural, absolutamente necesario. ¿Y
+por qué es necesario? Porque como ha dicho muy bien un ilustre pensador,
+las leyes de la Naturaleza son eternas e inmutables. El fenómeno que
+aquí se ha producido es el de dos cuerpos que, caminando por el espacio
+en sentido contrario, se encuentran. ¿Qué acontece entonces? Que si la
+fuerza de ambos es idéntica se neutraliza y quedan en reposo; si la del
+uno es mayor que la del otro, el primero consigue arrastrar al
+segundo... Yo espero, señores, que en el presente caso sucederá lo
+último...</p>
+
+<p>La sonrisa de Sánchez se hizo aún más dulce. Sus ojos opacos, benignos,
+pasearon una mirada por los circunstantes, que le escuchaban con la boca
+abierta.</p>
+
+<p>&mdash;Señores: una piedra que no esté sostenida por algo caerá seguramente.
+Es un hecho comprobado por la experiencia. Éstos son los hechos que nos
+competen a mi amigo Moreno y a mí. Pero hay otros hechos, tales como las
+ideas de Dios, de la inmortalidad, de lo bello y de lo justo, que no
+están comprobados por la experiencia y esos os competen a vosotros.
+Vosotros representáis la infancia de la humanidad; por eso en vosotros
+existe la debilidad y la inocencia que caracterizan a los niños, algo
+amable y hasta cierto punto digno de respeto, que yo me complazco en
+reconoceros. Nosotros representamos la edad viril; por eso en nosotros
+existe la fuerza, el poder, la dureza si es caso, que son las
+cualidades del hombre en la plenitud de la vida. Vosotros sois los
+apóstoles dulces de los sueños infantiles: encariñados con vuestras
+ideas como los niños con sus juguetes, tembláis y suspiráis cada vez que
+un hombre inflexible como mi amigo Moreno extiende brutalmente su mano
+para arrancároslos... Por desgracia, tal dureza es de absoluta
+necesidad, y así como a los niños se les quita los juguetes para
+encaminarlos a la escuela, mi amigo Moreno ha necesitado mostraros su
+poder y su fuerza para que os hagáis cargo de que ha llegado el momento
+de someter vuestro criterio al yugo inflexible de los hechos. La
+ciencia, incansable en la investigación de la verdad, ha arrancado a los
+dioses el cetro y la corona. ¿Y para qué les ha arrancado el cetro y la
+corona? Para dárselo al calórico, al magnetismo, a la electricidad...
+Pero vosotros permanecéis fieles a las antiguas ilusiones; lloráis la
+ruina de vuestras creencias: no seré yo el que os recrimine por esto.
+Sin embargo, creo que ha llegado ya la hora de secarse las lágrimas, de
+abandonar los lirismos, de despojaros de esos hábitos y poneros la
+blusa del operador. ¿Y para qué os habéis de poner la blusa del
+operador? Para ayudarnos a desterrar de la humanidad todo lirismo, toda
+poesía, toda superstición. Es necesario abrir los ojos y comprender que
+el misterio de la existencia no es tal misterio. La ciencia lo ha
+explicado ya cumplidamente. Es necesario entender que no hay un solo
+Dios, sino cuatro, que son el oxígeno, el hidrógeno, el carbono y el
+ázoe...</p>
+
+<p>Al llegar a este punto dio una gran voz el párroco y se levantó de la
+silla, irguiéndose su figura recia, avellanada, sobre todas las demás,
+fulminando rayos por los ojos.</p>
+
+<p>&mdash;¡Alto ahí, señor mío! Yo no puedo consentir que en mi propia casa, en
+la casa de un sacerdote y en presencia de otros sacerdotes, profiera
+usted semejantes blasfemias. Hemos estado escuchando por no faltar a la
+hospitalidad; ya mi paciencia se ha acabado y no toleraré que usted
+pronuncie otra sola palabra...</p>
+
+<p>Los demás clérigos se levantaron también, y pálidos y trémulos y
+clavando en nuestro sabio antropólogo miradas de indignación, gritaban
+agitando los puños:</p>
+
+<p>&mdash;¡Eso es!... ¡No debemos escucharle!... ¡A la calle!... ¡a la calle!</p>
+
+<p>No es fácil representarse el estupor que se apoderó del ingenioso
+Sánchez al ver a aquellos energúmenos vociferando frente a él y
+metiéndole los puños por la cara. Todo su discurso estaba lleno de
+benevolencia, de ideas conciliadoras; creía estar lisonjeándoles; hasta
+esperaba verlos enternecidos como él andaba cerca de estarlo. Y he aquí
+que de repente se levantan frenéticos, amenazadores. Tan estupefacto
+quedó que no acertaba a decir palabra. Inmóvil, con la copa en la mano,
+les contemplaba con ojos de espanto. En cambio a su amigo Moreno se le
+desató la lengua mejor de lo que hacía al caso y, encarándose con ellos,
+les dijo en términos crudos que aquella intolerancia era bien propia de
+los defensores del oscurantismo, que cuando faltan las razones se acude
+a las amenazas, y que su amigo Sánchez había hecho mal en malgastar su
+ciencia con quien no había de entenderle.</p>
+
+<p>&mdash;¡Ah! ¿Chillas todavía, pendón?&mdash;gritó entonces el presbítero gordo,
+espíritu impetuoso como ya sabemos. Y alzando la mano, le sacudió un
+terrible bofetón.</p>
+
+<p>Fue la señal. Más de veinte manos se posaron alternativa o
+simultáneamente sobre las mejillas del joven naturalista. D. Pantaleón
+acudió a socorrer a su amigo y también le tocaron algunos porrazos. El
+furor se enseñoreó de todas las cabezas clericales. Ruedan las sillas,
+quiébranse platos y botellas; la pequeña sala resuena con los gritos de
+los enfurecidos presbíteros. Godofredo, llorando a lágrima viva, trata
+de contenerlos, implorando, persuadiéndoles con palabras fervorosas. El
+padre Laguardia le ayuda en esta tarea, haciendo lo posible por sujetar
+al presbítero gordo, el más sanguinario de todos.</p>
+
+<p>&mdash;¡Dejadme, dejadme!&mdash;gritaba con voz estentórea.&mdash;Quiero arrancar todas
+las muelas a ese <i>esprit fort</i>.</p>
+
+<p>Y este deseo extravagante, más propio de un dentista que de un
+licenciado en sagrada teología, llenaba de terror el alma de Moreno.
+Cada vez que llegaba a sus oídos se le doblaban las piernas. Porque
+nunca había imaginado necesitar, tan joven, dentadura postiza.</p>
+
+<p>Acudieron al estrépito el ama del cura y las mozas que le ayudaban en la
+cocina; pero en vez de echar aceite a las olas irritadas, soplaron sobre
+ellas el viento de la cólera. El ama imaginó en seguida que su señor
+estaba en peligro de muerte por las asechanzas del cura de F..., con
+quien mantenía rivalidad desde la compra de cierta mula que ambos
+apetecían, y sin más reparar, con la paleta del fogón le dio un golpe en
+la cabeza. <i>Similia similibus curantur.</i> Gracias a este revulsivo
+poderoso apaciguose la cólera de los clérigos. Todos acudieron al pobre
+cura de F..., que yacía herido en el suelo. La lluvia de bofetadas que
+caía sobre las mejillas de Moreno cesó como por ensalmo. Hízose el
+silencio y vino el arrepentimiento. El ama lloraba y pedía perdón. El
+presbítero gordo también se recriminaba duramente como causante
+indirecto de aquella desgracia. El párroco dictaba disposiciones para
+curar la herida de su colega. Entre ellas, la primera fue enviar en
+busca del médico. Y mientras llegaba se le pusieron compresas de agua
+fría y se le trasladó a la cama. La desolación reinaba en aquel recinto
+donde pocos momentos antes todo era júbilo. Y en resumen, ¿por qué? Por
+si Moisés había echado mal o bien la cuenta de los días de la creación.
+¡Una cosa tan lejana!</p>
+
+<p>Los clérigos debieron de entender que se habían excedido un poco en la
+defensa de aquel patriarca, porque dirigían la palabra con semblante
+humilde tanto a D. Pantaleón como a Moreno. El mismo presbítero gordo
+vino a decirles que retiraba todas las bofetadas que había dado. Con
+esto D. Pantaleón se dio enteramente por satisfecho, y no comprendía
+cómo Moreno se mostraba aún torvo y enojado.</p>
+
+<p>El médico no estaba en el pueblo. En su lugar vino el albéitar. Los
+sabios antropólogos dieron un paso atrás, abriendo los ojos
+desmesuradamente al ver entrar al Pollo.</p>
+
+<p>&mdash;¿Quién es ese hombre?&mdash;preguntó D. Pantaleón a un clérigo.</p>
+
+<p>&mdash;¿Quién ha de ser? El albéitar.</p>
+
+<p>Los dos sabios se miraron uno a otro largamente, con sorpresa por parte
+de Sánchez, con sorpresa y reconvención por la de Moreno.</p>
+
+<p>&mdash;¿Ha tomado usted con exactitud las medidas?&mdash;dijo éste, al fin, en voz
+baja.</p>
+
+<p>&mdash;Perfectamente&mdash;repuso D. Pantaleón muy quedo también.</p>
+
+<p>&mdash;¿No se habrá corrido el compás?</p>
+
+<p>&mdash;Ni un milímetro; estoy seguro.</p>
+
+<p>Moreno sacudió la cabeza con gesto dubitativo, mientras su amigo
+continuaba asegurando por medio de expresivos ademanes la exactitud de
+los datos antropométricos que había tomado.</p>
+
+<p>El albéitar reconoció al herido y recetó un bálsamo. Al levantar una de
+las veces la cabeza y reconocer a sus compañeros de viaje preguntó con
+semblante risueño:</p>
+
+<p>&mdash;¡Hola, camarás! ¿están ustedes por aquí? ¿Quieren explicarme por qué
+han escapado de mí hace poco, como si fuese del diablo?</p>
+
+<p>Los fisiólogos se pusieron colorados.</p>
+
+<p>&mdash;No escapamos&mdash;balbuceó Sánchez,&mdash;es que teníamos prisa de llegar al
+pueblo.</p>
+
+<p>El albéitar les miró un instante con sorpresa y bajó de nuevo la cabeza
+para atender a la del herido.</p>
+
+<p>Moreno y Sánchez se hicieron una seña, y aprovechándose de la
+distracción general, se escabulleron bonitamente, bajaron la escalera y
+se plantaron en la calle. Desde allí dirigiéronse a la estación del
+tranvía, y metiéndose en el primero que salió, regresaron en pocos
+minutos a Madrid, no muy contentos del resultado de aquella famosa
+salida antropológica.</p>
+
+
+
+<h3><a name="XIII" id="XIII"></a>XIII</h3>
+
+
+<p>Durante año y medio Mario desempeñó atentamente cuantos trabajos le
+encomendaba su amigo y protector Rivera. Mas no se despidió por eso de
+su antigua afición a la escultura. En su gabinete, a las horas que tenía
+libres, seguía rindiéndole el mismo culto fervoroso y humilde. Miguel
+había hecho poco caso hasta entonces de aquellas aficiones. Mas un día,
+al pasar por delante del cuarto de su amigo, viendo por la puerta, que
+se hallaba entreabierta, una figura tapada con un lienzo, se decidió a
+entrar. Levantó la tela y quedó gratamente sorprendido. Era una pequeña
+figura de cuatro pies de alto que representaba a Ofelia coronada de
+flores. Había tanto desembarazo en la postura, tal delicadeza en las
+facciones, tanta inocencia en la expresión, que jamás había visto una
+interpretación más viva de la inmortal heroína de Shakespeare. Quedó
+pensativo y preocupado. Cuando Mario llegó a comer le preguntó afectando
+indiferencia:</p>
+
+<p>&mdash;¿Cuándo has terminado esa figurita que tienes en el cuarto?</p>
+
+<p>Mario se puso colorado.</p>
+
+<p>&mdash;Aún no está terminada; faltan algunos detalles.</p>
+
+<p>&mdash;No está mal hecha. Hay verdadero sentimiento en ella; se conoce que el
+Hamlet te ha impresionado hondamente.</p>
+
+<p>Como Miguel era parco en los elogios y su espíritu más propenso a la
+burla que al entusiasmo, al menos en apariencia, Mario experimentó al
+oír tales palabras vivo placer.</p>
+
+<p>Trascurridos algunos días, Rivera volvió a sacarle la conversación de la
+escultura. Se anunciaba una exposición de bellas artes para la próxima
+primavera. Con tal motivo hablaron de los pintores y escultores más en
+boga, ponderando los méritos de cada uno. Después de larga pausa en que
+Miguel quedó pensativo, dijo de pronto:</p>
+
+<p>&mdash;¿Por qué no haces algo para la exposición?</p>
+
+<p>Mario pareció confuso. Bajó la cabeza balbuceando algunas frases que
+revelaban su modestia.</p>
+
+<p>&mdash;Creo que estás un poco equivocado respecto a tus fuerzas&mdash;replicó
+Rivera.&mdash;No es malo, porque el artista que se engríe se amanera: precisa
+estar descontento siempre de lo que se hace para progresar. Pero no
+basta que tú te juzgues: es necesario que te juzguen los demás, y no
+sólo los amigos, sino el público, o por mejor decir, los hombres de
+gusto que hay dentro de él. Cuando conozcas una muchedumbre de juicios,
+comparándolos después con el tuyo, podrás formar idea aproximada de lo
+que vales. El mío es que tienes aptitud para el arte que cultivas. Si
+creyese que no la tenías me guardaría de proponerte que presentases obra
+alguna en el certamen, porque te quiero demasiado para exponerte a
+hacer un papel desairado o ridículo. Piénsalo, pues, bien, y si hallas
+en tu imaginación algún asunto adecuado a tus facultades, dímelo y
+hablaremos.</p>
+
+<p>Con estas palabras Mario quedó profundamente meditabundo. Anduvo varios
+días inquieto, preocupado, silencioso. Al cabo, dirigiéndose a Miguel
+con brusco ademán y una particular sonrisa, cuya amargura no se le
+escapó a aquél, le dijo de pronto:</p>
+
+<p>&mdash;He pensado en aquello, D. Miguel. No se me ocurre nada. Más vale que
+olvidemos eso y sigamos como hasta ahora rindiendo culto al arte de
+Fidias en secreto y en los ratos de ocio.</p>
+
+<p>Miguel le miró en silencio y con atención algunos momentos.</p>
+
+<p>&mdash;No es verdad. Me estás engañando y te invito a que no lo hagas. Creo
+tener derecho a que me hables con franqueza.</p>
+
+<p>Se obstinó todavía algún tiempo; pero viendo a su amigo triste y
+disgustado, le dijo al fin esforzándose por sonreír:</p>
+
+<p>&mdash;Hace ya tiempo que se me ha ocurrido un pensamiento; pero no me creo
+con fuerzas para llevarlo a cabo... Además, se exigen una porción de
+medios...</p>
+
+<p>&mdash;Explícame el pensamiento.</p>
+
+<p>Se trataba de un grupo representando la profecía del Tajo al rey D.
+Rodrigo tal como se describe en la famosa poesía del maestro Fray Luis
+de León. Aparecerían en él tres figuras: la del rey y la Cava en tamaño
+natural; la del río en colosal. El pedestal iría cubierto de bajos
+relieves representando diversos episodios de la invasión árabe y la
+caída del imperio gótico.</p>
+
+<p>&mdash;Ya usted ve que necesito todo mi tiempo&mdash;concluyó diciendo,&mdash;si he de
+terminarlo para la época de la exposición, y un local a propósito.</p>
+
+<p>Miguel no respondió. Se apartaron en silencio. Al día siguiente le
+condujo de paseo al barrio del Pacífico. Al pasar por delante de unos
+almacenes sacó una llave, abrió una puerta y empujándole dijo:</p>
+
+<p>&mdash;Ahí tienes taller. El tiempo también es tuyo. ¡A trabajar!</p>
+
+<p>Mario le abrazó con efusión. El recinto era espacioso, de techo elevado,
+lleno de luz. Se trasportaron los útiles inmediatamente, se compró lo
+que hacía falta y desde la mañana siguiente bien temprano Mario apenas
+salió de allí más que para dormir. Por espacio de algunos meses vivió en
+un estado febril; apenas comía, apenas dormía; tan profundamente
+distraído, que se le olvidaban los menesteres más corrientes de la vida.
+Si Carlota no le vigilase saldría a la calle con las botas rotas o sin
+corbata. Hablaba poco y no siempre acorde.</p>
+
+<p>Algunas veces Miguel y Carlota iban a visitarle al taller. Pero, aunque
+no lo manifestase, estas visitas le turbaban. Únicamente cuando traían a
+su hijo olvidábase de la obra que tenía entre las manos, como del resto
+del mundo; lo estrechaba contra su corazón, lo besaba con frenesí y
+parecía que de aquel contacto mágico sacaba nuevas fuerzas y nueva
+inspiración.</p>
+
+<p>Una tarde Rivera y Carlota llegaron al taller. Al empujar la puerta
+vieron al joven revolcándose por el suelo y mesándose los cabellos
+mientras lanzaba imprecaciones y palabras incoherentes. Carlota quiso
+precipitarse a su socorro, pero la retuvo Miguel.</p>
+
+<p>&mdash;¡Silencio!&mdash;le dijo al oído.&mdash;No temas. Tu marido se halla en la hora
+negra del artista. Las sacras musas duermen o están ocupadas en este
+momento y no pueden atenderle. Pero descuida, no tardará en levantarse.</p>
+
+<p>Dieron una vuelta por los alrededores, y en efecto, cuando tornaron
+Mario se hallaba de nuevo trabajando y con tal ardor que no advirtió su
+presencia hasta que le tocaron en el hombro.</p>
+
+<p>Pero Carlota no concedía la importancia que Miguel a los trabajos
+artísticos de su esposo. El arte para ella era un recreo, una
+distracción: nada tenía que ver con el problema serio de ganar el
+sustento, que aún no estaba resuelto. Así que no podía menos de mostrar
+su indiferencia cuando se trataba de la escultura. En cambio se enteraba
+con gran interés de cualquier empleo vacante de que le hablasen. Mario
+notaba esta indiferencia y no podía menos de sentirse entristecido y
+desalentado. Un día, muy tímidamente, porque adoraba a su mujer, se
+atrevió a quejarse a Miguel. Quedó éste pensativo unos momentos y le
+dijo:</p>
+
+<p>&mdash;No te pese de la manera de ser de tu esposa. Carlota es un espíritu
+sensato, lúcido, equilibrado. No tiene la imaginación propensa a los
+sueños, ni facultades para introducirse en el mundo del arte y la
+poesía. ¡Qué importa! La poesía es ella misma. Basta mirar su bella
+figura escultural y contemplar sus grandes ojos suaves, claros,
+hermosos; basta escuchar sus nobles palabras y ver sus acciones, más
+nobles aún, para sentirse cerca del origen de toda poesía... Además,
+nunca he creído que al artista le convenga una esposa de imaginación
+exaltada, de temperamento nervioso, inquieto y refinado como el suyo.
+Esta paridad de humores produce casi siempre funestos resultados. Tú
+sabes muy bien, y perdona lo indecoroso de la comparación, en gracia de
+su exactitud, que a un caballo demasiado vivo y fogoso se le pone por
+compañero en el tronco otro firme y resistente, aunque de menos sangre,
+para que contrarreste sus ímpetus. Pues en el matrimonio sucede lo
+mismo. Si el hombre de imaginación tiene una compañera de temperamento
+fantástico como el suyo, ambos corren peligro de precipitarse en la
+desgracia. Duerme, pues, tranquilo sobre el corazón de tu Carlota;
+acepta su cariño con gratitud y bendice a la Providencia que te ha
+concedido una mano fiel para atravesar esta existencia tan triste y
+oscura... ¡Ay! ¡Yo también tuve una mano!... ¡también tuve un corazón
+sobre el cual mi alma reposaba sin cuidado!...</p>
+
+<p>Los ojos del antiguo periodista se rasaron de lágrimas al pronunciar
+estas palabras. Mario le estrechó la mano en silencio.</p>
+
+<p>Llegó por fin el mes de Febrero, época en que debía inaugurarse la
+exposición de Bellas Artes. Mario hizo un esfuerzo supremo, y el magno
+grupo quedó terminado a tiempo y vaciado en yeso. Cuando Rivera, que
+había dejado de ir al estudio en los últimos tiempos adrede, lo vio en
+esta forma, quedó gratamente sorprendido. La obra superaba a todas las
+esperanzas que había concebido. Sin embargo, temiendo que su cariño por
+el artista le cegase, llevó a algunos amigos suyos entendidos en el
+arte. Los inteligentes confirmaron su juicio. La obra se apartaba
+bastante de las tendencias dominantes en la escultura. Sus figuras eran
+menos activas y movidas, pero en cambio brillaban por la gracia y la
+ingenuidad. Se conocía a la legua que su espíritu se hallaba
+profundamente impresionado por la estatuaria griega, y que adoraba en
+ella el sentimiento de la medida, la vida en el reposo, la grave
+serenidad, el desdén de los efectos. Pero este desdén, que se advertía
+demasiado en el grupo del joven escultor, en concepto de los amigos de
+Rivera le perjudicaría mucho para el éxito en el certamen.</p>
+
+<p>Felizmente no fue así. El público se detuvo con placer delante de
+aquellas nobles figuras ejecutadas sin esfuerzo. La delicadeza y
+valentía con que estaban modelados los bajos relieves llamaron asimismo
+la atención. Aunque hubiese en la sala obras de más apariencia y
+estuviesen firmadas por escultores reputados, al cabo de algunos días
+nadie dudaba que el autor de la <i>Profecía del Tajo</i> era un artista
+sobresaliente que se revelaba con originalidad e independencia. Un
+periódico llegó a decir que parecía un griego resucitado y que si
+continuase con la misma fortuna trabajando llegaría a desempeñar en
+España el papel que hizo Canova en Italia, esto es, sería un regenerador
+de la escultura.</p>
+
+<p>Estos elogios prematuros le perdieron. El artista cuyos límites se
+perciben pronto encuentra fácil y llano el camino: las puertas se le
+abren, las bocas le sonríen. Mas ¡ay! aquel cuyo alcance no se mide de
+golpe eternamente tropezará con la desconfianza y la aversión de sus
+émulos. Éstos ocultaban artificiosamente el favor que el público
+tributaba a la obra del joven escultor. Cuando <i>un maestro</i> se veía
+obligado a emitir su opinión acerca de ella, lo hacía con esa habilidad
+que todos conocen.</p>
+
+<p>&mdash;¡Oh! ¡Costa!... ¡Buen muchacho!...No cabe duda que tiene felices
+disposiciones. Cuando se le quite ese encogimiento natural del que
+principia será un verdadero artista. Hay algunos pormenores en su grupo
+dignos de llamar la atención... ¿Pero ha visto usted el <i>Titiritero</i> de
+Suárez? ¡Qué admirable! ¿verdad? ¡Qué expresión! Es la obra de un
+maestro.</p>
+
+<p>A los oídos de Mario no llegaban estos juicios de sus compañeros. Sólo
+el rumor del público y de sus amigos le traían elogios y plácemes. Los
+miembros del jurado se mostraban con él deferentes y afectuosos, le
+ponían la mano sobre el hombro, le decían palabritas lisonjeras. Uno de
+ellos, viejo escultor cargado de laureles, le dijo un día contemplándole
+con admiración:</p>
+
+<p>&mdash;¡Qué joven ha subido usted al pináculo de la gloria! Yo no he ganado
+primera medalla hasta los treinta y seis años de edad y usted la
+consigue a los veinticinco.</p>
+
+<p>&mdash;Aún no la he ganado, señor&mdash;se apresuró a decir el joven, avergonzado.</p>
+
+<p>&mdash;¡Bah, bah!&mdash;exclamó el gran escultor haciendo un gesto de
+indiferencia.&mdash;Demasiado sabe usted que la tiene ganada.</p>
+
+<p>Carlota gozaba tranquilamente del triunfo de su marido, aunque sin
+comprender bien por qué la gente daba tal importancia a aquellos muñecos
+de yeso. D.ª Carolina estaba igualmente asombrada de que se hablase de
+dinero tratándose de estatuas. El día que supo que una de aquellas que
+había en la exposición estaba vendida en tres mil duros no pudo menos de
+abrazar y besar a su yerno. El mismo D. Pantaleón, aunque refractario a
+estas frivolidades, pasó por la exposición para ver la obra de su hijo
+político. El sabio fisiólogo, en presencia de varios amigos y del mismo
+Mario, expresó sus opiniones acerca de las bellas artes, basadas todas,
+como es lógico, sobre los últimos adelantos de las ciencias naturales.
+No admitía más arte que el fundado en la experimentación. Todo lo que se
+había hecho hasta entonces le parecía enteramente pueril. El método de
+la experimentación debía de extenderse a la literatura también; los
+poemas y novelas debían ser estudios de casos patológicos; la poesía una
+clínica social del animal humano. Sin dos cursos de anatomía, uno de
+patología quirúrgica y algunas nociones de química orgánica, D.
+Pantaleón sostenía que era ridículo pensar en hacer versos.</p>
+
+<p>Llegó por fin el día de la adjudicación de los premios. Mario supo el
+fallo del jurado con una sorpresa que le dejó clavado al suelo. No
+estaba comprendido entre los premiados con primera medalla, ni entre los
+de segunda, ni entre los de tercera. Nada: su nombre no se veía
+estampado en ninguna parte. Apenas podía creerlo. Leía y releía el papel
+pensando que estaba ofuscado. Pero la compasión de varios colegas que se
+le acercaron le hizo muy pronto cerciorarse. ¡Dios mío, cuánta compasión
+le prodigaron en pocos minutos! ¡Qué lamentos! ¡Cuántas invectivas
+contra el jurado! ¡Oh! ¡No hay nada más grandioso que la compasión de un
+compañero de oficio!</p>
+
+<p>Mario se mostró sereno. Les dio las gracias con sonrisa dulce y se
+retiró. Marchó automáticamente al través de las calles, embargado por
+una honda tristeza que le apretaba el corazón. No era vanidoso ni había
+cifrado quiméricas esperanzas sobre su obra. Pero había sentido ya el
+aroma de la gloria; el favor del público le había hecho soñar con
+adquirir por medio de su arte una posición con que pudiera vivir
+tranquilamente con su esposa y su hijo. Todo se derrumbaba de golpe.
+Otra vez se sentía solo, pobre y desvalido; tornaba a ser un mísero
+escribiente, el mismo ser vulgar en quien nadie fijaba la mirada. Pero
+más cruelmente aún que este dolor le mordía el alma otro que pocos
+conocen; el del artista que duda de sí mismo. Mientras trabajó en la
+oscuridad tenía la vaga conciencia de su genio: una voz interior le
+decía que las obras que salían de sus manos valían más que otras loadas
+por la crítica. Sentíase con fuerzas para llevar a cabo algo grande y
+bello. Cuando escuchó los elogios que se tributaban a su grupo no quedó
+sorprendido: era la misma dulce canción con que su corazón le arrullaba
+siempre. De repente un tribunal de hombres competentes le cierra las
+puertas del templo de la gloria. Podría equivocarse el tribunal o estar
+apasionado. Pero ¿no era más fácil que él y sus amigos se hubiesen
+engañado? ¿No sería él uno de tantos aficionados que confunden el
+entusiasmo por el arte con la inspiración, la voluntad con el ingenio?</p>
+
+<p>Había llegado hasta el Retiro, y por sus caminos arenosos iba a la
+ventura sin darse apenas cuenta de dónde se hallaba. Al fin, rendidos el
+cerebro y las piernas, dejose caer sobre un banco y metió la cabeza
+entre las manos. Acordose de Carlota. ¡Qué triste desengaño para la fiel
+esposa! Ya no vivirían juntos como pensaban; otra vez volvería a luchar
+por una miserable plaza en cualquier ministerio, sin saber cuándo la
+lograría. Las lágrimas se agolparon a sus ojos y sollozó amargamente un
+buen rato.</p>
+
+<p>El ruido de unos pasos precipitados le obligó a levantar la cabeza. No
+muy lejos vio a un viejo trabajador con blusa azul, boina raída y
+alpargatas, que venía corriendo, perseguido de un joven que, a juzgar
+por las mangas postizas de tartán sujetas al codo y su cabeza peinada y
+relamida, que llevaba descubierta, debía de ser dependiente de alguna
+tienda de comestibles. El viejo pasó por delante de Mario sin verlo, y
+al llegar a la orilla del Estanque grande se precipitó en él. El
+dependiente sé paró. Mario corrió instantáneamente al sitio, y viendo al
+viejo luchar con la muerte, sé despojó súbito de la levita y se arrojó a
+salvarlo.</p>
+
+<p>Aunque sabía sostenerse en el agua no era gran nadador: por otra parte,
+los pantalones y las botas le embarazaban extremadamente. Frío, aunque
+corría el mes de Marzo, no lo sintió, sin duda por la emoción de que iba
+poseído. Acercose como pudo al viejo y trató de cogerlo; pero éste, al
+sentir su mano, dio una vuelta rápida, y con las ansias de la agonía le
+agarró por un brazo. Mario se sintió perdido y luchó en vano por
+desasirse: con el brazo libre trató de ganar la orilla que estaba
+próxima; pero el suicida le sujetaba férreamente; no era posible nadar.
+Sumergiose por dos veces. Al salir la segunda gritó con fuerza:</p>
+
+<p>&mdash;¡Socorro!</p>
+
+<p>Estaba a punto de perder el conocimiento y dejarse ir al fondo.</p>
+
+<p>Felizmente, dos dependientes del embarcadero que vieron al viejo tirarse
+al agua, habían saltado en un esquife y bogaban con toda fuerza hacia
+aquel sitio. Pocos segundos más, y hubiera perecido.</p>
+
+<p>Izáronles a los dos. El viejo en mal estado, con mucha agua dentro del
+cuerpo. Le pusieron cabeza abajo y se la sacaron como pudieron. Después
+que recobró el conocimiento dijo los motivos que había tenido para
+arrojarse al estanque. Debía tres duros al joven que le perseguía; no
+podía pagárselos, y aquél, enfurecido, salió de la tienda para pegarle.
+En parte por miedo y en parte por desesperación había querido matarse.
+El hortera, a quien los guardas del Retiro habían detenido, no negó lo
+que su deudor decía. Estaba perfectamente sereno y hasta parecía
+encontrar justo que un hombre que no podía pagar tres duros se
+suicidase. Mario, indignado, sacó del bolsillo esta cantidad y se la
+entregó diciéndole al mismo tiempo algunas frases duras. Los guardas y
+la gente que había acudido le hicieron coro.</p>
+
+<p>Pero en estas contestaciones se pasó bastante tiempo. El joven sintió de
+pronto un frío intenso. Se apresuró a salir del Retiro y tomó un coche
+para dirigirse a su casa. Durante el camino fueron en aumento los
+escalofríos; la vista se le turbaba; creyó no poder llegar sin
+desmayarse. Al fin pudo subir la escalera y meterse en la cama. Poco
+después se le declaró una fuerte calentura.</p>
+
+
+
+<h3><a name="XIV" id="XIV"></a>XIV</h3>
+
+
+<p>&mdash;Pues yo sostengo que lo que ha hecho mi yerno esta mañana es un acto
+inmoral.</p>
+
+<p>Los tertulios del café del Siglo quedaron estupefactos al escuchar tan
+singular afirmación. Todos protestaron más o menos suavemente contra
+ella. El arrojo de Mario había despertado admiración en la tertulia del
+café. Se hacían elogios calurosos de su noble corazón y valentía.</p>
+
+<p>El ingenioso Sánchez paseó tranquilamente sobre ellos sus ojos opacos,
+reflexivos, donde se leía constantemente la concentración profunda de un
+cerebro positivo, y dijo sin advertir siquiera la indignación de
+aquellos hombres-niños:</p>
+
+<p>&mdash;¿Y por qué es un acto inmoral? Porque ataca los fundamentos mismos de
+la moralidad. ¿Y cuáles son los fundamentos positivos de la moral? Se
+creía hasta hace poco tiempo que era algo extraño a las fuerzas que
+obran dentro de nuestra naturaleza física. ¡Error profundo! Uno de
+tantos sueños como han turbado la mente infantil de nuestros
+antepasados. La moral es el resultado de una de tantas combinaciones en
+que descansa el desarrollo orgánico del animal humano. La moral no es
+más que el instinto social arraigándose cada vez más de generación en
+generación. Pero este instinto puramente animal que el hombre comparte
+honrosamente con los demás seres vivientes, en particular con las focas
+y los bisontes machos, cuyo sentido moral es admirable, no tiene más
+razón de ser que el bien general. La moral está fundada, pues, en el
+bien general. ¿Qué era lo que exigía el bien general cuando ese
+desgraciado viejo se arrojó al agua? ¿Exigía que mi yerno expusiese su
+vida por salvarle? No, ciertamente, porque la vida de ese infeliz, sin
+fuerzas para el trabajo y sin ninguna cualidad sobresaliente, era inútil
+para la humanidad, mientras que la de mi yerno, joven, inteligente y
+activo, tiene importancia. Luego Mario, al arriesgar una existencia
+valiosa por otra que no tiene valor, ha atentado contra el bien general.
+Luego ha cometido un acto inmoral.</p>
+
+<p>Nadie pudo contrarrestar el empuje de aquella lógica inflexible. Rivera,
+que era quien solía comentar las proposiciones de Sánchez (siempre con
+el espíritu frívolo que le caracterizaba), no se hallaba en el café.
+Asistía en aquel momento a Mario, presa de una pulmonía. El único que se
+atrevió a protestar, «aunque sólo desde el punto de vista de la
+estética,» fue D. Dionisio Oliveros, el bardo del ministerio de
+Ultramar. Oliveros confesaba con su voz de bajo profundo que él no era
+filósofo, odiaba el análisis.</p>
+
+<p>&mdash;Usted, amigo Sánchez, al observar cualquier suceso tratará de
+investigar su razón de ser. Consiste en que usted es filósofo. Yo no veo
+más que la situación, porque soy poeta, poeta dramático principalmente.
+Así que no diré que el acto de su hijo político sea bueno o malo. Lo
+único que afirmo es que es un acto bello. Para mí basta. Puede usted
+decirle de mi parte que en cuanto termine el segundo acto de la comedia
+que ya conoce (que será en la semana próxima, Dios mediante), pienso
+escribir sobre su acción heroica unos tercetos que mandaré a <i>La
+Ilustración Española</i>. Quizá esto le sirva de consuelo en su enfermedad,
+porque Mario es, como yo, artista ante todo.</p>
+
+<p>Al pronunciar estas consoladoras palabras la voz del poeta burocrático
+resonaba lúgubre, profunda, como si en vez de ofrecer a la imaginación
+imágenes brillantes de dicha y alegría se hallase invocando a los
+espíritus infernales en algún cementerio a las doce de la noche.</p>
+
+<p>Los tertulios, bajo la influencia de esta voz sepulcral, quedaron
+sombríos y mudos. El mismo D. Pantaleón, con ser un espíritu tan
+analítico, no pudo menos de experimentar el sentimiento de desolación
+que la voz de D. Dionisio producía. Atusose el desmayado bigote con
+inconcebible gravedad, tosió ligeramente y manifestó por lo bajo a su
+amigo Moreno que la poesía no era más que un estado congestivo y muchas
+veces morboso del cerebro. Moreno hacía ya tiempo que había adquirido
+esta preciosa certidumbre; pero acogió la observación con el respeto
+debido a las grandes verdades del orden físico.</p>
+
+<p>Guardó silencio unos momentos, y al cabo respondió que en su concepto
+los poetas no eran otra cosa que alienados. También D. Pantaleón sabía
+esto hacía tiempo, mas no por eso dejó de mostrarse satisfecho por
+escucharlo una vez más. Moreno prosiguió sus observaciones en voz baja,
+afirmando que donde se conocía perfectamente la identidad del poeta y
+del loco era en la orina. En uno y en otro aumenta considerablemente la
+urea en ciertos períodos.</p>
+
+<p>&mdash;Verá usted&mdash;añadió tocando en el muslo a Sánchez&mdash;cómo comprobamos en
+seguida este dato.&mdash;Oiga usted, D. Dionisio&mdash;siguió, dirigiéndose al
+bardo,&mdash;después que usted termina de escribir una composición poética
+¿no siente usted cierto prurito en la vejiga?</p>
+
+<p>&mdash;Sí, señor; suelo tener deseos de orinar, sobre todo cuando estoy
+demasiado tiempo sentado a la mesa&mdash;respondió con extremada amabilidad
+Oliveros.</p>
+
+<p>&mdash;¿Y no ha observado usted si en la orina suelen quedar algunos
+sedimentos?</p>
+
+<p>&mdash;Muchos sedimentos. Yo orino casi siempre barroso.</p>
+
+<p>Moreno dirigió a su amigo una sonrisa triunfal, hizo algunos guiños
+expresivos y por último le dijo al oído:</p>
+
+<p>&mdash;Fosfato úrico. La orina de los dementes se caracteriza por el
+predominio de la urea.</p>
+
+<p>&mdash;Y diga usted&mdash;prosiguió en voz alta,&mdash;¿no suele usted tener los pies
+fríos?</p>
+
+<p>&mdash;Helados. En el invierno gasto dos pares de calcetines porque no los
+puedo sufrir.</p>
+
+<p>&mdash;Y la cabeza ¿no se le calienta a usted?</p>
+
+<p>&mdash;¿La cabeza? ¡hecha un volcán!</p>
+
+<p>D. Dionisio comprendía que se trataba de ciertas particularidades
+propias de los poetas y estaba satisfechísimo de ostentarlas.</p>
+
+<p>&mdash;Los locos&mdash;repuso Moreno a la oreja de su amigo&mdash;tienen siempre las
+extremidades frías y la cabeza caliente.</p>
+
+<p>Con esto el ingenioso Sánchez se creyó en el caso de responder que
+muchos de los hombres que la humanidad admira como genios sublimes han
+sido verdaderos dementes. Moreno se hallaba tan conforme con esta
+observación, que la hizo extensiva no sólo a los poetas, sino a los
+grandes filósofos, reformadores, matemáticos, historiadores, y por
+supuesto a todos los santos y santas que la religión venera. Sócrates,
+Newton, Rousseau, Corneille, Séneca, Catón, Beethoven, Dante y otros
+varios, fueron verdaderos orates. Estudiando con atención la vida de los
+grandes hombres, se encontraría siempre un ramo de locura en ellos.</p>
+
+<p>&mdash;Lo que ha dado en llamarse genio, para mí es una enfermedad de los
+lóbulos cerebrales&mdash;resumió Moreno.&mdash;La santidad, una declarada locura.
+¿Qué me dice usted de San Francisco de Asís abrazando y besando a los
+leprosos? ¿No es un caso de locura inmunda como la de esos desgraciados
+que suelen verse en las celdas de los manicomios gozando en revolcarse
+entre sus excrementos? ¿Qué opina usted de Santa Teresa de Jesús? ¿No le
+parece a usted increíble que haya aún quien tome en serio los desatinos
+que escribe?</p>
+
+<p>&mdash;¡Oh! Santa Teresa es un curiosísimo caso de alucinación. El doctor
+Charcot hubiera sacado gran partido de ella a haber vivido en su
+tiempo&mdash;respondió Sánchez reflexivamente.</p>
+
+<p>Hubo algunos instantes de silencio. Los dos fisiólogos meditaban. Al
+cabo se dibujó una significativa sonrisa en los labios de Moreno y
+profirió, dando a sus palabras marcada intención irónica:</p>
+
+<p>&mdash;¿Y qué me dice usted del gran judío?</p>
+
+<p>&mdash;¿Quién?&mdash;preguntó Sánchez sin comprender.</p>
+
+<p>&mdash;¿Quién ha de ser? El judío de Nazareth.</p>
+
+<p>&mdash;¡Ah! Jesucristo... ¡Oh! ¡oh! ¡oh!...</p>
+
+<p>D. Pantaleón fue atacado instantáneamente de una risa convulsiva.
+Aquello realmente era cosa perdida.</p>
+
+<p>Mientras los sabios antropólogos se solazaban experimentando esa
+inefable alegría del que se siente en posesión de la verdad entre
+tantos seres como se hallan sumidos en el error, nuestra antigua
+conocida D.ª Rafaela saboreaba sola, como siempre, en una mesa su
+invariable refresco de grosella. Los dedos, cargados de sortijas de
+todas las épocas y todos los tamaños, apenas podían jugar para llevar la
+copa a los labios. Su traje, debajo del mantón alfombrado, brillaba con
+reflejos metálicos de oro viejo como una casulla de la Edad Media. Quizá
+fuera el traje de corte de alguna dama de las que acompañaron a María
+Luisa de Saboya cuando vino a desposarse con Felipe V. La señá Rafaela
+tenía la costumbre de ponerse las antigüedades de indumentaria femenina
+que venían a parar a su tienda. Era a la vez un prospecto y un goce para
+ella.</p>
+
+<p>Como estuviese leyendo con atención la cuarta plana de <i>La
+Correspondencia</i>, vino a distraer su atención la presencia de un joven
+que se acercó dándole las buenas noches con acento melifluo.</p>
+
+<p>&mdash;¡Hola, Godofredito! ¿es usted?</p>
+
+<p>&mdash;¿Cómo sigue usted, D.ª Rafaela? Me había dicho Timoteo que no había
+usted venido en dos días, y temía que estuviese indispuesta; pero la he
+visto esta tarde en las Góngoras a las cuarenta horas y me tranquilicé.</p>
+
+<p>&mdash;¡Ah! ¿Estuvo usted en las Góngoras? ¿Y por qué no se llegó a
+saludarme, pícaro?</p>
+
+<p>&mdash;Salía con el padre Iturralde cuando usted entraba, y no podía
+detenerme porque íbamos de prisa a la conferencia de San Vicente.</p>
+
+<p>&mdash;Pues yo estuve dos días con un catarro, pero ya pasó. Siéntese usted,
+criatura, que me da pena verle en pie.</p>
+
+<p>Godofredo Llot, elegantemente vestido, y con el mismo rostro nacarado y
+candoroso de siempre, obedeció a la invitación y se sentó frente a la
+prendera.</p>
+
+<p>&mdash;¿Y cuándo es la boda?&mdash;preguntó ésta después de algunas frases
+insignificantes.</p>
+
+<p>El hijo predilecto de la Iglesia sonrió lleno de confusión.</p>
+
+<p>&mdash;¡Oh! No hay aún plazo señalado, D.ª Rafaela, pero contando con la
+voluntad de Dios, me parece que no está muy lejos.</p>
+
+<p>&mdash;Me alegro, me alegro, hijo. Ella va bien y usted lo mismo. Creo que
+es muy rica.</p>
+
+<p>&mdash;Señora, esas cosas son para mí tan secundarias que no he querido
+averiguar nada&mdash;respondió Llot modestamente.&mdash;Sólo sé que es muy piadosa
+y que pertenece a una familia cristiana.</p>
+
+<p>&mdash;Eso es lo principal, querido&mdash;repuso la señá Rafaela adoptando
+repentinamente una actitud de mística beatitud.&mdash;Los bienes terrenales
+¿qué son comparados con los del cielo? Hay que sembrar aquí para recoger
+allá. Los sentimientos religiosos ante todo. Pero voy a decirle una
+cosa: las muchachas ricas son tan buenas como las pobres... y además son
+ricas.</p>
+
+<p>&mdash;Es lo mismo que me dice el padre Laguardia&mdash;manifestó Godofredo con un
+acento de inocencia que conmovió a la buena prendera.</p>
+
+<p>&mdash;D. Jeremías es hombre de muchas letras. Algo me parece que habrá
+mojado en este matrimonio, porque le quiere a usted mucho.</p>
+
+<p>&mdash;Es quien lo ha hecho todo&mdash;respondió con la misma inocencia el
+joven.&mdash;Él me presentó a la familia y fue quien dio todos los pasos...
+¿Quiere usted conocer a mi novia?... Voy a darle un ejemplar de la
+<i>Historia de Santa Isabel</i> que trae su retrato...</p>
+
+<p>El hijo predilecto de la Iglesia, sonriente y ruborizado, sacó del
+bolsillo del gabán un librito de cubierta elegantemente impresa a dos
+tintas, lo abrió por la primera página, donde aparecía el retrato de la
+santa duquesa de Turingia grabado en madera, y lo entregó abierto a la
+señá Rafaela.</p>
+
+<p>&mdash;Es guapa la chica y muy joven... y le sienta bien la corona&mdash;manifestó
+la prendera después de calarse los lentes.&mdash;Oiga, Godofredito, tengo una
+idea de que había usted pedido el retrato a Presentación, su antigua
+novia, para este mismo libro...</p>
+
+<p>&mdash;Sí, señora, se lo había pedido&mdash;respondió el joven con embarazo.&mdash;Y ya
+estaba grabado, pero las circunstancias... ya ve usted...</p>
+
+<p>&mdash;Sí, sí; me hago cargo... La pobrecita está bien desfigurada. El otro
+día la he visto con su madre en la calle del Carmen.</p>
+
+<p>&mdash;No ha sido precisamente eso lo que me ha detenido.</p>
+
+<p>&mdash;Tiene mucha razón; la hermosura es cosa pasajera... Pero no le
+convenía por la posición. Usted merece una chica rica...</p>
+
+<p>&mdash;Tampoco es eso&mdash;se apresuró a decir Llot.&mdash;Lo único que ha enfriado
+nuestras relaciones y ha concluido por romperlas son las ideas de su
+padre. De algún tiempo a esta parte ¡se ha vuelto tan impío y
+materialista! No hace más que escandalizar en todas partes.</p>
+
+<p>&mdash;¡Eso, eso es precisamente lo que yo estaba pensando!&mdash;exclamó la
+anticuaria.&mdash;Un caballero de tanta religión como usted no podía
+emparentar con un hombre tan escandaloso. ¡Toda, la culpa la tiene ese
+bribón de las gafas!&mdash;añadió arrojando miradas fulgurantes hacia el
+sitio donde estaba Moreno.&mdash;¡Si don Pantaleón antes era un bendito!
+Recuerdo que una vez que estuve en su casa se levantó una tempestad de
+truenos y relámpagos. Pues él fue quien cerró los balcones y encendió la
+tenebraria y el primero que se puso a rezar a Santa Bárbara.</p>
+
+<p>Godofredo estaba inquieto, porque la plática se inclinaba demasiado a
+la murmuración. Así que, bajando los ojos con suave expresión de
+mansedumbre, dijo en voz apagada:</p>
+
+<p>&mdash;A uno y a otro les ha de juzgar Dios. A nosotros no nos toca más que
+compadecerlos y hacerles todo el bien que podamos.</p>
+
+<p>La prendera le miró enternecida.</p>
+
+<p>&mdash;¡Oh, qué dichosa sería su mamá si fuera todavía de este mundo! Desde
+el cielo le estará bendiciendo.</p>
+
+<p>&mdash;¡Así sea!&mdash;exclamó el joven levantando sus ojos límpidos al techo.&mdash;Mi
+mamá era una santa, y podría suponerse que está en el cielo; pero como
+nadie conoce los inescrutables designios de Dios, yo hago por su alma
+cuanto puedo. Me haría usted, D.ª Rafaela, un favor inmenso, que no
+olvidaría jamás, si la encomendase a Dios en sus oraciones.</p>
+
+<p>&mdash;Con todo mi corazón. Pierda usted cuidado. No dejaré un día de rezar
+por ella y en el aniversario confesaré y comulgaré por su intención.</p>
+
+<p>&mdash;¡Oh, señora, eso es demasiado!&mdash;exclamó Llot abrumado por tanto
+favor.</p>
+
+<p>&mdash;Eso no significa nada. Ya sabe que yo me confieso cada ocho días.</p>
+
+<p>&mdash;Sí, ya conozco sus costumbres piadosas; pero de todos modos, ya le
+debo otras atenciones que aunque de categoría menos elevada...</p>
+
+<p>&mdash;No hablemos de eso, Sr. Llot&mdash;se apresuró a decir la señá Rafaela
+extendiendo la mano.</p>
+
+<p>&mdash;Hablemos, sí, señora. Yo no puedo olvidar ni un instante los favores
+que se me hacen. Precisamente había venido esta noche a arreglar
+nuestras cuentas.</p>
+
+<p>&mdash;¿Pero qué prisa corre, criatura? Tan seguro tengo el dinero en su
+poder como en el mío.</p>
+
+<p>&mdash;Sin embargo, por lo mismo que ha sido usted tan buena siempre para mí,
+no quisiera perjudicarla en lo más mínimo. Vamos a ver lo que le debo.</p>
+
+<p>Al mismo tiempo sacó del bolsillo un librito de memorias y leyó con voz
+suave diversas cantidades que la anticuaria le había prestado en
+distintas ocasiones: un día treinta duros, otro setenta, otro cincuenta.
+Entre todas sumaban mil quinientas cincuenta pesetas.</p>
+
+<p>&mdash;Bueno&mdash;dijo el joven metiendo la cartera de nuevo en el
+bolsillo.&mdash;Vamos a hacer una cifra redonda. Le debo a usted dos mil
+pesetas.</p>
+
+<p>&mdash;No, señor; no me debe usted más que mil quinientas cincuenta.</p>
+
+<p>&mdash;Sí, señora, le debo a usted dos mil, porque va usted a hacerme el
+favor de prestarme otros noventa duros... Necesito hacer algún regalito
+a mi novia y tengo poco dinero&mdash;manifestó el joven poniéndose rojo como
+una amapola.</p>
+
+<p>D.ª Rafaela quedó un poco sorprendida de aquel modo original de saldar
+cuentas; pero viendo el rostro de Godofredo cubierto de rubor, sus ojos
+serenos, inocentes, posarse dulcemente sobre ella con encantadora
+expresión de vergüenza, no pudo menos de sonreír.</p>
+
+<p>&mdash;¡Conque regalitos, eh! Vamos, no se ponga usted colorado.</p>
+
+<p>El hijo predilecto de la Iglesia se puso mucho más rojo aún. Parecía que
+iba a saltar la sangre de sus tersas mejillas.</p>
+
+<p>A la prendera le hacía extremada gracia aquel rubor: para gozar más de
+él le mortificó todavía algún tiempo. Al fin echó mano al portamonedas.
+Pero Godofredo la detuvo dirigiendo una mirada de susto a la mesa de sus
+antiguos amigos.</p>
+
+<p>&mdash;No; aquí no, señora. Hay muchos curiosos. ¿Quiere usted salir a la
+calle un momento?</p>
+
+<p>&mdash;Con mucho gusto. De todos modos, es hora ya de retirarme.</p>
+
+<p>D.ª Rafaela se levantó de la silla y salió. El hijo predilecto de la
+Iglesia saludó a un amigo para figurar que no iba con ella, pero la
+siguió inmediatamente.</p>
+
+<p>Una vez en la calle, libre de la vergüenza que le producía la luz y la
+presencia de la gente, dejó escapar los tiernos sentimientos de cariño y
+gratitud que rebosaban de su virgen corazón. Mientras caminaba hacia la
+Puerta del Sol en compañía de la prendera, con labio balbuciente y
+seductora timidez le hizo algunas candorosas confidencias sobre su
+situación y sus proyectos. La señá Rafaela sonreía siempre con
+extraordinaria complacencia, sorprendida de hallar en estos tiempos
+miserables un joven de corazón tan sano. Godofredo se mostraba hacia
+ella atento y respetuoso, como pocos hijos suelen estarlo con sus
+madres. Al llegar a una estrecha travesía la anticuaria se detuvo,
+avanzó algunos pasos por ella y, protegida de la obscuridad, sacó su
+portamonedas y le entregó la cantidad del pico en billetes. Godofredo
+los tomó con mano temblorosa y permaneció mudo frente a su bienhechora
+sin acertar a emitir una palabra de gracias, embargado enteramente por
+la emoción. Al fin, con voz alterada, pudo exclamar:</p>
+
+<p>&mdash;¡Oh, señora, cuántos beneficios la debo! ¡Si yo pudiera expresar lo
+que pasa por mi corazón en este momento!</p>
+
+<p>Tan bien le sentaba el embarazo que en aquel momento sentía que doña
+Rafaela le dio una palmadita en el hombro, lisonjeada hasta un punto
+indecible.</p>
+
+<p>&mdash;Eso no vale la pena, querido. Para mí es un gusto el hacerle
+cualquier pequeño favor como éste.</p>
+
+<p>&mdash;Lo sé, señora, lo sé&mdash;exclamó con voz melodiosa el joven&mdash;. Pero me
+siento turbado, porque desde que murió mi santa madre no hallé en nadie
+tanta dulzura. No por el dinero, sino por el cariño que usted me
+demuestra, no puedo menos de sentir hacia usted un afecto y un respeto
+parecidos a los que se sienten por una madre... Todavía voy a pedirle a
+usted un favor...</p>
+
+<p>&mdash;Lo que usted quiera, Godofredito.</p>
+
+<p>&mdash;Que me permita usted besar su mano.</p>
+
+<p>La prendera quedó suspensa; vaciló un momento, pero viendo aquel rostro
+infantil cubierto de rubor, viendo sus ojos azules y límpidos como los
+de un querubín resplandecientes de gratitud, le entregó la mano
+sonriendo de la humildad y la inocencia de aquel niño.</p>
+
+<p>&mdash;¡Qué cordero de Dios!&mdash;murmuró la buena mujer mientras sentía su mano
+mojada por las lágrimas de Godofredo.</p>
+
+<p>Quiso éste acompañarla hasta su casa: la prendera no lo consintió.</p>
+
+<p>Pero cuando se estaban despidiendo cruzó como un huracán a su lado don
+Laureano Romadonga.</p>
+
+<p>&mdash;¿Qué le pasa a ese hombre?&mdash;preguntó la seña Rafaela.</p>
+
+<p>&mdash;No sé; va muy pálido.</p>
+
+<p>&mdash;Nunca le he visto de ese modo.</p>
+
+<p>La señá Rafaela se apresuró a despedirse de su protegido e hizo ademán
+de irse hacia su casa; pero en cuanto vio a Godofredo lejos, dio la
+vuelta hacia el café del Siglo, porque la picaba mucho la curiosidad.</p>
+
+<p>Romadonga entró efectivamente en el café del Siglo en tal estado de
+alteración que sorprendió a sus amigos. Sentose, o por mejor decir
+dejose caer sobre una silla, pidió un vaso de agua con azahar al mozo y,
+respirando trabajosamente, profirió roncamente:</p>
+
+<p>&mdash;¡Si supieran ustedes lo que me acaba de pasar!</p>
+
+<p>Eso es lo que todos querían: saber lo que le pasaba. Pero a pesar de sus
+vivas instancias sólo después que hubo bebido el vaso de agua a sorbos y
+limpiado repetidas veces el frío sudor que le manaba de la frente
+consintió en explayarse.</p>
+
+<p>El suceso era portentoso, inaudito. Para mejor comprenderlo Romadonga
+hizo presente que desde hacía mucho tiempo mantenía amistad cariñosa con
+la marquesa viuda de Zamara y con su hija Matilde, viuda también de un
+primo comandante de ingenieros. Pues bien, de esta viudita tan linda
+como ingeniosa tenía celos su querida, la Concha, la hija del sillero,
+que todos ellos conocían. Celos infundados, por supuesto, porque jamás
+se le había pasado por la imaginación mirarla sino como una buena
+amiga...</p>
+
+<p>La duda se infiltró en el pecho de los circunstantes al escuchar esta
+afirmación. Pero nadie osó producirla. D. Laureano continuó.</p>
+
+<p>Ya en varias ocasiones habían tenido peloteras sobre este vano supuesto.
+Concha no quería que asistiese los lunes a la tertulia de la marquesa, y
+se ponía frenética si sabía que las había acompañado en el paseo. Un día
+le había amenazado con ir a casa de aquellas señoras y armarles un
+escándalo. Pero él no había hecho caso. ¿Cómo suponer que su locura
+había de llegar a tal punto? Sin embargo, llegó y aun pasó muchísimo más
+allá.</p>
+
+<p>&mdash;Hace un momento me hallaba en el teatro de la Comedia. Era el
+beneficio del primer galán. La sala estaba de bote en bote. En el
+segundo entreacto fui a saludar a la marquesa de Zamara y a su hija
+Matilde, que estaban en la primera fila de butacas, cerca del pasillo
+lateral de los números pares. Me senté al lado de ellas en una butaca
+que había dejado un caballero, y estábamos bromeando alegremente, cuando
+de repente veo delante de mí a Concha, de pañuelo a la cabeza y mantón.
+Y antes de que pudiera reponerme del susto, se arroja como una fiera
+sobre Matilde a bofetada limpia...</p>
+
+<p>Los tertulios lanzaron un grito de asombro.</p>
+
+<p>&mdash;¡Qué atrocidad!... ¡No puede ser!</p>
+
+<p>&mdash;Lo que ustedes están oyendo; a bofetada limpia y llamándola al mismo
+tiempo cuanto puede llamarse a una mujer&mdash;profirió trabajosamente el
+viejo libertino, volviendo a limpiarse el sudor.</p>
+
+<p>&mdash;¿Y usted qué hizo?</p>
+
+<p>&mdash;¿Yo?... Ya ven ustedes lo que hice... escapar. Los ojos se me
+nublaron. No vi más que una masa de gente que se levantaba gritando,
+riendo. Vi a Concha sujeta por dos acomodadores, gritando como ella sabe
+hacerlo, y vi también que el rey, que estaba en su palco, precisamente
+sobre nosotros, sacaba todo el cuerpo fuera del antepecho para
+enterarse, y sonreía... Y no vi más... Es decir, me vi en medio de la
+calle, sin abrigo y con el sombrero en la mano, lo mismo que estaba
+cuando el cataclismo.</p>
+
+<p>Las exclamaciones de los circunstantes ante aquel caso extraño fueron
+interminables. Todos compadecían al viejo elegante: no tenían palabras
+bastante fuertes para condenar el brutal proceder de la chica. Sin
+embargo, debajo de los comentarios se adivinaba cierto regocijo que
+hacía brillar los ojos y pugnaba por salir en forma de carcajadas. El
+suceso era chistoso. Uno de ellos, cierto almacenista de camas que solía
+acercarse a la mesa de vez en cuando, se atrevió a decir
+respetuosamente:</p>
+
+<p>&mdash;La verdad es que esa mujer, en mi pobre opinión, no le conviene a
+usted, señor Romadonga.</p>
+
+<p>&mdash;¡Ya lo creo que no me conviene!&mdash;exclamó el seductor con furia.&mdash;¡Vaya
+una noticia que usted me da! Pero si usted hubiera visto la navaja que
+trae consigo constantemente, de seguro no hablaría usted con tanto
+desahogo.</p>
+
+<p>&mdash;¿Pero sería capaz?...</p>
+
+<p>&mdash;¿Capaz? ¡Anda con la niña! La mujer que tiene hígados para lo de esta
+noche, los tiene para todo. Me ha jurado muchísimas veces que si algún
+día la abandono me dará una puñalada por la espalda... Y yo estoy
+convencido de que me la pega... ¡Vaya si me la pega!&mdash;profirió con
+exaltación.&mdash;¿No lo cree usted, D. Dionisio?</p>
+
+<p>&mdash;¡Qué situación, si pudiera llevarse al teatro!&mdash;exclamó el bardo con
+voz sepulcral, saliendo de su abstracción poética.</p>
+
+<p>&mdash;Pero, hombre, ¿la quiere usted más dentro del teatro todavía?&mdash;dijo
+Romadonga sacudiendo la cabeza desesperadamente.</p>
+
+
+
+<h3><a name="XV" id="XV"></a>XV</h3>
+
+
+<p>Mientras una cruel pulmonía postraba en el lecho a Mario, su nombre
+corría por la prensa periódica, era objeto de apasionadas discusiones.
+El fallo del jurado, en lo que a él se refería, fue condenado como
+injusto por varios críticos. Otros lo sostuvieron, o por convicción o
+por amistad hacia los jurados, o por envidia al nuevo artista. Rivera
+había quedado casi tan estupefacto como Mario y casi tan acobardado.
+Temía que su cariño le hubiese ofuscado. Pero cuando vio la lucha
+empeñada lanzose intrépidamente a ella. Y la pluma del viejo periodista,
+tanto tiempo colgada, nada había perdido de su destreza y proverbial
+causticidad; vibraba a impulso de la indignación con tal donaire y
+desenfado que puso inmediatamente de su lado al público indiferente. Al
+propio tiempo, como poseía y sabía tocar la cuerda del sentimiento, sacó
+mucho partido de la enfermedad de su amigo, víctima de su arrojo heroico
+en los momentos mismos en que lo era de una miserable injusticia.</p>
+
+<p>De tal modo que cuando el joven escultor se levantó de la cama gozaba de
+mayor reputación y gloria que si le hubiesen dado la medalla de honor.
+Por esta vez la envidia había errado el golpe. La primer noche que se
+presentó en el café, sus amigos se pusieron en pie y palmotearon
+briosamente. Los demás asistentes siguieron el ejemplo: se le hizo una
+ruidosa ovación, de la cual dieron cuenta al día siguiente los
+periódicos.</p>
+
+<p>&mdash;El arte es la apoteosis de la inutilidad&mdash;vertió sentenciosamente
+Moreno al oído de don Pantaleón, ya que se hubo calmado el
+entusiasmo.&mdash;Cuando los objetos útiles dejan de serlo, pasan a la
+categoría de artísticos. Un ánfora antes servía para contener agua o
+vino. Hoy es objeto decorativo sobre las chimeneas o sobre columnas.
+Éstas, a su vez, antes servían para sostener los techos; hoy adornan los
+rincones de los gabinetes.</p>
+
+<p>El ingenioso Sánchez se mostró profundamente interesado por estas
+observaciones luminosas. Cerró sus grandes ojos apagados en señal de
+asentimiento y meditó.</p>
+
+<p>&mdash;Se ha observado&mdash;prosiguió Moreno&mdash;que los países donde se hallan más
+desarrolladas las tendencias artísticas son los que dan mayor
+contingente a los manicomios. Y es porque el arte es ante todo un juego
+estéril de la imaginación. El arte, lo mismo que el misticismo,
+concluyen por alterar nuestro desenvolvimiento orgánico. En mi concepto,
+lo mismo uno que otro deben ser rechazados como tendencias morbosas.</p>
+
+<p>D. Pantaleón agitó las manos convulsivamente, abrió los ojos y profirió
+una serie de exclamaciones corroborantes. Siempre le pasaba igual al oír
+la palabra morboso. Este adjetivo ejercía sobre su organismo un efecto
+extraordinario, mágico, una sensación de deleite inefable que se le
+advertía en el brillo inusitado de los ojos y en el movimiento de
+trepidación del bigote. Cuando tenía ocasión de pronunciarlo (y la
+buscaba con harta más diligencia de lo que convenía a la armonía del
+discurso), lo mascaba, lo paladeaba con gozo indecible, percibiendo en
+los labios el mismo grato sabor que algunos santos experimentaban al
+proferir el nombre de la Virgen María. Así que sin darse cuenta de ello,
+el ingenioso Sánchez declaraba morbosas casi todas las cosas de este
+mundo. En su entusiasmo por el vocablo hubiera declarado morbosa a la
+misma madre que lo había parido.</p>
+
+<p>Nada nuevo, pues, le decía Moreno. Muy de antemano sabía ya el ilustre
+fisiólogo que el arte y el misticismo eran elementos morbosos del
+organismo social. Lo eran también otra porción de cosas que Moreno no
+sospechaba siquiera. D. Pantaleón, hay que decirlo con toda claridad,
+había llegado más arriba en el camino de la indagación, poseía un
+conocimiento más completo de los resortes de la Naturaleza que su
+amigo. Apenas le faltaba explicación para ninguno de los infinitos
+fenómenos de la creación natural. Como hay de ello muchos ejemplos en la
+historia de la ciencia, el discípulo sobrepujaba notablemente al
+maestro. En alas de su genio, Sánchez había volado de golpe a regiones
+donde el pobre Moreno, a pesar de su aplicación asidua, no llegaría
+jamás.</p>
+
+<p>Por eso continuaba admirando en su joven amigo la fiera independencia
+del carácter, la increíble fuerza de que había dado muestras para salir
+triunfante en la lucha por la existencia que para él había sido tan
+ruda, la brusca franqueza de su palabra propia del hombre primitivo
+nacido para el combate. Pero en cuanto al conocimiento de los problemas
+de la ciencia positiva no tenía por qué admirarle. Don Pantaleón poseía
+lo menos veinte centímetros más de circunvolución en los lóbulos
+cerebrales, como ha de probarse en el curso de esta verídica historia.</p>
+
+<p>Desde hacía algún tiempo venía consagrando toda la fuerza de estos
+lóbulos a la resolución de un problema magno, el mismo que había
+anunciado vagamente a su yerno como algo que el mundo debía de acoger
+con asombro y aplauso. Este problema, hora es ya de revelarlo, no era
+otro que <i>el origen del pensamiento</i>. El ingenioso Sánchez, a la hora
+presente, sabía de un modo perfecto la geografía cerebral. Con ayuda de
+su microscopio había escrutado las innumerables células nerviosas de
+varios animales, siguiendo con ojo avizor la inmensa red de fibras que
+de ellos parten. Luego había obtenido algunos cerebros humanos y había
+hecho lo mismo. Conocía las piezas de la máquina. En aquella vasta
+ciudad de células gustaba de pasear a menudo y seguir la intrincada red
+de sus caminos y senderos. Pero ignoraba por completo el secreto del
+mecanismo: recorría las calles, pero nada sabía de lo que pasaba dentro
+de las casas. Su genio colosal ansiaba apoderarse del secreto. Algunos
+sostenían que era imposible. El ingenioso Sánchez sonreía y meditaba.</p>
+
+<p>Las noticias que los fisiólogos anteriores a él le suministraban eran
+muy vagas. Uno sostenía que el pensamiento era una secreción semejante a
+la bilis o a la orina. D. Pantaleón en sus experimentos no había hallado
+señal de estas secreciones en la masa encefálica. Otro, que el
+pensamiento se producía en el cerebro por un método análogo al de la
+fabricación del pan. Era más verosímil. Sin embargo, pensaba que debía
+de parecerse más a la fabricación de la cerveza a causa del sistema de
+destilación, pues no le cabía duda de que las sensaciones para
+trasformarse en ideas debían de pasar por un finísimo alambique. Mas a
+pesar de cuantos esfuerzos llevó a cabo para descubrir con el
+microscopio este cedazo, no lo había logrado hasta entonces.</p>
+
+<p>La resolución de este gran problema le agitaba a todas las horas del día
+y en muchas de la noche. Su labor era incesante, hasta el punto de no
+dejarle pensar ni sentir apenas otra cosa. Sin embargo, en los actuales
+momentos un suceso, al parecer insignificante, le preocupaba bastante,
+le tenía más silencioso y meditabundo que de costumbre. Viniendo al
+café aquella noche había tropezado en la calle con un hombre tendido
+sobre la acera. Quiso levantarle. El hombre no podía tenerse en pie a
+causa de su extrema debilidad: según dijo no había tomado alimento en
+treinta y seis horas. Lleno de compasión le arrastró como pudo hasta un
+<i>restaurant</i> próximo; hizo que le sirviesen caldo y le pagó una buena
+comida. Después le dejó casi todo el dinero, que llevaba en el bolsillo.</p>
+
+<p>Pues bien, el célebre antropólogo estaba pesaroso, descontento de sí
+mismo. Sabía muy bien que los llamados sentimientos de humanidad y
+filantropía son, como el sentimiento religioso, peculiares de las
+sociedades primitivas. Una sociedad civilizada no puede admitirlos
+porque se oponen abiertamente a las leyes de la selección y de la lucha
+por la existencia, que se cumplen en el organismo social como en los
+inferiores. En esta lucha los débiles deben perecer: así es conveniente
+para el progreso de la especie. Protegerlos, ayudarles a eludir las
+leyes indeclinables de la Naturaleza es indigno de un hombre civilizado,
+y mucho más de quien como él se dedicaba al estudio de la ciencia
+positiva. El que deba vivir que viva; el que deba caer que caiga. De
+aquí su remordimiento y tristeza. Y lo que más le avergonzaba era que,
+viendo comer a aquel desgraciado con apetito voraz, había llorado de
+ternura. Resabios de su educación primera, llena de juicios absurdos y
+de imaginaciones infantiles.</p>
+
+<p>Este hecho insignificante probará hasta qué punto aquel hombre insigne
+había sacudido de su inteligencia el polvo de las preocupaciones y había
+avanzado en el camino de la perfección positiva.</p>
+
+<p>Una de las cosas que logró dar más luz a sus lóbulos cerebrales fue la
+compra de un mono. Era el sueño de su vida. Por fin tropezó con ciertos
+bohemios que se prestaron a venderle uno valetudinario y sarnoso. Se lo
+hicieron pagar bastante caro, visto el afán que por él mostraba. Cuando
+nuestro fisiólogo se encontró a solas en su laboratorio en presencia de
+aquel ser, su precursor inmediato, sintió emoción indefinible. Un
+respeto profundísimo se apoderó de su mente. Delante de sí tenía al
+hombre, al hombre primitivo en toda su augusta sencillez y verdad, sin
+absurdas ideas metafísicas, sin religión, sin moral, sin los tristes
+idealismos que tuercen y adulteran el curso sagrado de la Naturaleza.
+¡Ah, no! Aquel hombre no pretendía ridículamente oponerse, como
+nosotros, a sus leyes inflexibles, a la ley de la lucha por la
+existencia, o de la selección. Era el producto espontáneo de la
+Naturaleza, resplandeciente como ella de majestad y de inocencia.</p>
+
+<p>Acurrucado en un rincón, el hombre primitivo clavaba en el secundario
+una mirada inquieta y temerosa. Pero viendo que éste no trataba de
+hacerle daño, concluyó lógicamente por rascarse la barriga, ejecutando
+después otra serie de maniobras candorosas que el gran antropólogo
+seguía con mirada escrutadora y reflexiva. La ciencia estaba de
+enhorabuena. En el cerebro del ingenioso Sánchez germinaban pensamientos
+fecundos, admirables proyectos de experimentación. Desgraciadamente no
+pudieron realizarse por una alteración funesta de los nervios de la
+esposa del fisiólogo.</p>
+
+<p>D.ª Carolina no tenía noticia de la compra del mono. D. Pantaleón, que
+sabía cuán poca simpatía le inspiraban los adelantos de la ciencia,
+había cuidado de ocultársela. Hallábase, por tanto, la buena señora
+ajena enteramente a la presencia del hombre primitivo en su domicilio,
+cuando aquél se encargó de hacérsela notar en la forma más inconveniente
+que pudo verse jamás. Una noche, atravesando el corredor de la casa con
+una bujía en la mano, sintió que dos brazos peludos la agarraban por el
+cuello, y unas uñas infernales se le clavaban en el rostro. La infeliz
+pensó que el mismo demonio venía a arrebatarla. Dio un grito horrísono y
+se le cayó la palmatoria de la mano. Cuando la gente de casa acudió
+yacía en el suelo privada de conocimiento. El mono se balanceaba en lo
+alto de una percha, revelando en su fisonomía expresiva la sublime
+indiferencia que caracteriza a los seres no adulterados aún por ideas
+metafísicas.</p>
+
+<p>Claro está que desde entonces no volvió a hablarse de él en la casa del
+fisiólogo; es decir, sí se habló, y mucho, pero fue siempre para vejar
+al ilustre antropólogo, quien por largo tiempo no pudo gozar de
+tranquilidad a la hora de comer.</p>
+
+<p>Por fortuna, un suceso próspero vino a borrar aquella impresión fatal.
+Ya sabemos que la hija menor de Sánchez, desde que perdiera su belleza
+en aras de la ciencia, apenas pisaba la calle. Al café del Siglo no
+había vuelto jamás. El desengaño de Godofredo al tiempo mismo que le
+había herido la desgracia, no poco contribuyó también a dejarla en el
+profundo abatimiento en que vivía. Silenciosa y melancólica la que antes
+era todo ruido y alegría, parecía una sombra vagando por la casa. A
+veces se la oía gemir. Su madre sacudía entonces la cabeza, terrible,
+amenazadora como una euménida; el ingenioso Sánchez bajaba la suya,
+sometiéndose a aquel castigo, pero satisfecho en el fondo de sus lóbulos
+cerebrales de haber sacrificado una hija en el altar de la ciencia, no
+en el del fanatismo metafísico. Si en aquellas negras horas de
+desesperación todos sus pensamientos eran para el ingrato Llot, sin que
+un vago e insignificante recuerdo mereciese la pasión de Timoteo, no es
+fácil averiguarlo. Lo que sí puede afirmarse es que el violín de aquel
+desgraciado joven seguía exhalando quejas melancólicas por la noche lo
+mismo que en los tiempos de esplendor de su adorada. Para él no existían
+quemaduras ni costurones; todo era como antes tersura, nácar y
+alabastro; sus notas se arrastraban siempre lánguidas, voluptuosas,
+enamoradas.</p>
+
+<p>En casa del fisiólogo nada se sospechaba del fondo sensual que
+encerraban. Sánchez no podía reparar en tales futilezas. D.ª Carolina
+iba poco por el café y estaba muy lejos de presumir que existiese en la
+tierra tal desinteresado amor. Así que fue viva su sorpresa al recibir
+un día la visita del artista en traje de ceremonia. La esposa del
+antropólogo no estaba sola. Su hija Presentación bordaba a su lado cerca
+del balcón. El artista avanzó con tan amable sonrisa que su boca se
+dilataba de un modo imponente.</p>
+
+<p>&mdash;Buenas noches, D.ª Carolina... ¡digo no! Buenos días, D.ª Carolina;
+buenos días, Presentacioncita.</p>
+
+<p>Inmediatamente el heroico joven quedó envuelto en una nube de lluvia
+menudísima, de la cual por fortuna sólo algunas gotas vinieron a caer a
+los pies de la buena señora. Después se creyó en el caso de refrenar el
+vuelo de su fisonomía, dándole la gravedad apropiada al caso; pero tan
+pronto como consiguió llevarlo a cabo, su boca volvió a dilatarse,
+recobrando la posición anterior como un resorte que se suelta. Tornó a
+cerrarla con esfuerzo y de nuevo volvió a soltarse, repitiendo la
+operación algunas veces antes de pronunciar una palabra. Esto, unido a
+cierto modo extraño y constante de sobarse las rodillas con la palma de
+las manos como si estuviera dándoles fricciones de algún bálsamo
+antirreumático, produjo en D.ª Carolina un movimiento de impaciencia que
+procuró refrenar con su amabilidad característica. Al cabo rompió.</p>
+
+<p>&mdash;Señora, aquí Presentacioncita sabe perfectamente...</p>
+
+<p>Pero en el mismo instante la aludida se alzó bruscamente de la silla y
+salió de la sala. El artista, detenido en los comienzos de su discurso,
+la miró alejarse con sorpresa y dolor.</p>
+
+<p>Presentación, desde que perdiera su belleza, se había vuelto suspicaz,
+recelosa; pensaba que todos se burlaban de ella. Ésta fue la razón de su
+brusca partida. Imaginó que Timoteo, desdeñado en otro tiempo, venía a
+gozarse en su desgracia y a satisfacer una miserable venganza.</p>
+
+<p>¡Cuán lejos se hallaba de la verdad! Lo que en aquel instante sentía el
+corazón de Timoteo era idéntico a lo que vibraba en el alma de su
+violín, todo lánguido, todo voluptuoso.</p>
+
+<p>&mdash;Señora, yo sé que soy un gusano indigno...</p>
+
+<p>Este comienzo no le pareció mal a D.ª Carolina y procuró dárselo a
+entender con una sonrisa benévola.</p>
+
+<p>&mdash;Un gusano... eso es...</p>
+
+<p>&mdash;Vamos, Timoteo, cálmese usted. Le veo un poco agitado.</p>
+
+<p>&mdash;¡Cómo no he de estarlo, señora! ¡Cómo no he de estarlo si lo que me
+pasa a mí!...&mdash;exclamó el joven apretando las rodillas con sus manos
+crispadas.</p>
+
+<p>&mdash;¿Pero qué le pasa, criatura?&mdash;preguntó la señora con una entonación
+que decía bien claro que lo sabía.</p>
+
+<p>&mdash;Ya sé que soy un indigno gusano...</p>
+
+<p>&mdash;¡Dale! ¡Cálmese usted, Timoteo, cálmese!</p>
+
+<p>&mdash;Yo venía con intención de hablar con usted, señora... pero ya no puedo
+hablar... ¡no puedo hablar!&mdash;profirió con creciente agitación.</p>
+
+<p>D.ª Carolina le contempló un instante con sonrisa maliciosa y dijo al
+cabo:</p>
+
+<p>&mdash;Pues yo voy a decirle a usted lo que usted tenía que decirme a mí.</p>
+
+<p>Timoteo la miró estupefacto.</p>
+
+<p>&mdash;Señora&mdash;venía usted a decirme,&mdash;yo sigo tan enamorado de su hija
+Presentación como el primer día. A pesar de su desgracia la quiero con
+todo mi corazón, porque mi cariño no se cifraba en la hermosura del
+cuerpo, que es perecedera, sino en la del alma, que jamás muere.</p>
+
+<p>El violinista se puso horriblemente pálido. Alzose de la silla y comenzó
+a dar vueltas por la estancia agitando el sombrero con frenesí. Todo su
+amor, sus tristezas y anhelos, los pensamientos todos que ocupaban su
+mente desde hacía tanto tiempo salieron de golpe en frases cortadas,
+incoherentes, que resonaron lúgubremente en la sala como la confesión
+de un reo en capilla. Pero venían envueltas en una nube tan espesa de
+rocío que D.ª Carolina se vio precisada a apartarse más de una vez y
+refugiarse por los rincones para no quedar completamente empapada.</p>
+
+<p>Al fin se dejó caer otra vez en la silla, rendido, aniquilado. D.ª
+Carolina también se sentó y le contempló largo rato con mirada
+chispeante de malicia.</p>
+
+<p>&mdash;¡Pícaro, qué bien me conoce usted!&mdash;exclamó dándole un pellizco.</p>
+
+<p>Timoteo clavó en ella una mirada de besugo atónito.</p>
+
+<p>&mdash;A usted no se le ha escapado el cariño con que siempre le he mirado.
+Es una debilidad, una manía; nunca he podido remediarlo. Mis hijas me
+tienen dicho un millón de veces: «¡Pero, mamá, no callas con Timoteo! ¿Y
+qué le voy a hacer, hijas mías? El cariño no puede razonarse, y yo se lo
+he tomado a ese muchacho. No digo a Presentación solamente: si diez
+hijas tuviera y Timoteo me las pidiese, las diez le daría sin vacilar un
+momento.»</p>
+
+<p>Aquella prueba poligámica de simpatía conmovió de tal manera al
+violinista que se alzó de nuevo agitando el sombrero; pero D.ª Carolina
+logró hacer que se sentase tirándole de la levita.</p>
+
+<p>Finalmente, el artista pidió con más humildad que ceremonia la mano de
+Presentación, añadiendo que, si no lograba verse unido a ella, sus
+medidas estaban ya tomadas, su resolución era irrevocable. Y no se
+explicó más; pero bastaba y sobraba, atento el tono fúnebre con que
+profirió tales palabras. Timoteo pensaba en divorciarse de la
+existencia.</p>
+
+<p>D.ª Carolina adoptó inmediatamente un continente grave, protector, de
+una importancia tal que el violinista comprendió que su vida estaba en
+manos de aquella señora. Largo rato estuvo pensativa. Luego manifestó
+que por ella todo quedaría arreglado en seguida. ¡Ah, por ella no había
+dificultad alguna! Desgraciadamente era necesario consultar otras
+voluntades: primero la de Presentación...</p>
+
+<p>La esposa del fisiólogo se levantó del asiento, tomó de la mano
+gravemente al artista y le llevó consigo fuera de la sala. Timoteo se
+dejó arrastrar presa de una emoción que le privaba por completo del uso
+de sus facultades mentales y a medias del juego de las rodillas.
+Llegaron al pasillo, y allá a lo lejos columbraron la silueta de
+Presentación. Mas apenas los divisó ésta, corrió a refugiarse en su
+cuarto, que cerró con un violento portazo.</p>
+
+<p>D.ª Carolina dirigió una sonrisa dulce al violinista, en cuyos ojos se
+pintaba el espanto.</p>
+
+<p>&mdash;Presentación, abre&mdash;dijo aquélla llamando con los nudillos a la
+puerta.&mdash;Timoteo necesita hablar contigo dos palabras.</p>
+
+<p>&mdash;Nada tiene que hablar Timoteo conmigo&mdash;respondieron de adentro.</p>
+
+<p>D.ª Carolina volvió de nuevo su fisonomía condescendiente hacia Timoteo,
+dibujándose en ella otra dulce sonrisa.</p>
+
+<p>&mdash;Sí, hija mía, sí. Es una cosa seria lo que tiene que decirte. Abre.</p>
+
+<p>&mdash;Ni seria ni risueña: no quiero oír nada&mdash;repuso Presentación.&mdash;Que se
+vaya.</p>
+
+<p>D.ª Carolina sonrió nuevamente y apretó la mano del violinista. Éste se
+hallaba consternado.</p>
+
+<p>&mdash;Vamos, no seas terca. Abre, hija.</p>
+
+<p>&mdash;¡Que se vaya! ¡que se vaya!&mdash;repitió la joven con más fuerza.</p>
+
+<p>&mdash;Háblele usted por el agujero de la llave. No hay otro medio&mdash;dijo la
+esposa del fisiólogo empujando a Timoteo.</p>
+
+<p>Éste bajó la cabeza y aplicó su boca húmeda a la cerradura.</p>
+
+<p>&mdash;¡Presentacioncita! Yo soy un indigno gusano...</p>
+
+<p>&mdash;¡Váyase usted! No quiero oírle.</p>
+
+<p>&mdash;Pero la adoro a usted con toda mi alma. Es usted desde hace mucho
+tiempo la estrella confidente de mis amores, y adonde quiera que el
+destino me arrastre bien puede estar segura que eternamente será mi
+bandera, bajo la cual pelearé hasta derramar la última gota de mi
+sangre...</p>
+
+<p>La voz del violinista, al pasar por el agujero de la llave, producía un
+zumbido oscuro, lamentable, en el cual apenas podían percibirse las
+palabras. Presentación no respondía. Sin embargo, la imagen expresiva
+de la bandera y de la gota de sangre debieron de enternecer un poco su
+corazón. Al cabo de un rato repitió por máquina y con menos fuerza:</p>
+
+<p>&mdash;Que se vaya... que se vaya.</p>
+
+<p>&mdash;Presentacioncita&mdash;aulló de nuevo Timoteo,&mdash;¡quisiera morir por usted!
+Quisiera morir cuando el sol traspone los montes lejanos del horizonte,
+cuando muere la luz entre celajes de ópalo y grana. Quisiera morir, y
+sería feliz si supiese que en mi tumba solitaria vendría usted a
+depositar algunas margaritas silvestres...</p>
+
+<p>Timoteo repetía los conceptos poéticos que más habían herido su
+imaginación en la letra de los nocturnos y <i>canzonetas</i> que tocaba.
+Presentación guardó silencio. Al cabo de un rato aquél volvió a zumbar,
+incurriendo en flagrante contradicción.</p>
+
+<p>&mdash;¡Presentacioncita, por Dios, no me deje usted morir así!</p>
+
+<p>Después de una larga pausa se oyó la voz de la niña que profería estas
+notabilísimas palabras:</p>
+
+<p>&mdash;Mamá, haz lo que quieras.</p>
+
+<p>Inmediatamente Timoteo se sintió en los brazos de su futura suegra.
+Pálido, trémulo, aniquilado de emoción, se dejó arrastrar de nuevo por
+aquélla a la sala.</p>
+
+<p>¿Qué pasó allí? Apenas es necesario manifestarlo. D.ª Carolina dio
+rienda suelta a su corazón magnánimo. Se mostró ante los ojos húmedos de
+Timoteo, no con la apariencia desagradable que hasta entonces se había
+visto precisada a adoptar, sino como lo que era en realidad, un tesoro
+de indulgencia y generosidad. Media hora de conversación íntima bastó
+para que Timoteo se viese tratado con la confianza y cariño de un hijo
+mimado. No sólo aquella bondadosa señora dio su pleno consentimiento
+para la boda, sino que ofreció su apoyo para vencer la única grave
+dificultad que para ella se presentaba, la voluntad de su marido. D.
+Pantaleón, el terrible D. Pantaleón, seguía pesando como una losa sobre
+los deseos y aspiraciones de la familia. Aún más: D.ª Carolina llegó a
+consentir que la llamase mamá cuando estuviesen solos, y le prometió
+tutearle en el mismo caso. ¡Pero cuidado con que llegase a noticia de su
+marido! No satisfecho su tierno corazón con esto, al despedirse, cerca
+de la escalera, de su futuro hijo político le dio un beso maternal en la
+frente. De tal modo que Timoteo bajó los peldaños tambaleándose de gozo,
+no sin besar antes las manos de aquella adorable señora, derramando
+sobre ellas un raudal de lágrimas y saliva.</p>
+
+<p>Los dioses no se fatigan jamás cuando quieren hacer a un mortal feliz o
+desgraciado. Aún le tenían reservado a nuestro artista un nuevo triunfo
+que saboreó al llegar a su casa. En ella le aguardaba el padre
+Laguardia, más huesudo y más inquieto que jamás lo había sido. Timoteo
+no le conocía más que de vista. Después de saludarle rápidamente, el
+presbítero le preguntó con agitación:</p>
+
+<p>&mdash;Venía a que usted me dijese, si es que lo sabe, dónde vive actualmente
+su amigo Llot.</p>
+
+<p>&mdash;¿Mi amigo Llot?</p>
+
+<p>&mdash;O su enemigo. Es igual. Dónde vive es lo que me importa averiguar.</p>
+
+<p>&mdash;Pues no lo sé, ni lo he sabido nunca.</p>
+
+<p>&mdash;¡Nadie! ¡nadie!&mdash;exclamó el clérigo terciando el manteo y comenzando a
+dar vueltas por la habitación como un loco.&mdash;¡Nadie sabe dónde se
+esconde ese pillo!... Porque es un pillo, ¿sabe usted?&mdash;añadió
+encarándose con Timoteo ferozmente como si no esperase más que éste le
+contradijese para arrojarse sobre él.&mdash;¡Un granuja! ¡un miserable! ¡un
+estafador! ¡En cuanto le tropiece le piso la cara!</p>
+
+<p>&mdash;¡No puede ser!&mdash;dijo Timoteo inundado de gozo.</p>
+
+<p>&mdash;¿Que no puede ser?&mdash;chilló el cura abalanzándose a él y sujetándole
+por la solapa de la levita.&mdash;¿Cree usted que yo no soy capaz de pisarle
+la cara?</p>
+
+<p>&mdash;No es eso. Lo que yo quería decir es que me extrañaba que un muchacho
+tan inocente, que parecía una palomita sin hiel...</p>
+
+<p>&mdash;¡Una palomita!&mdash;exclamó D. Jeremías sonriendo sarcásticamente.&mdash;¡Una
+palomita!... ¡Un raposo!&mdash;profirió con grito horrísono.&mdash;Un raposo a
+quien hay que cortar las orejas, a quien hay que desollar vivo.</p>
+
+<p>Y comenzó de nuevo a dar paseos agitados lanzando al mismo tiempo
+tremendas imprecaciones.</p>
+
+<p>Al fin se dejó caer en una silla y se puso a contar lo que le pasaba.</p>
+
+<p>Godofredo le había ido sacando poco a poco y con diferentes pretextos
+algunas cantidades, las cuáles sumaban a la hora presente seiscientas y
+pico de pesetas, desapareciendo de la noche a la mañana. No era eso lo
+peor. Lo verdaderamente infame es que se había valido de su nombre para
+estafar una porción de dinero a algunos amigos: al cura de San Ginés
+sesenta duros, al capellán de las Adoratrices cuarenta y cinco, al
+excusador de San Millán diez y seis, etc., etc. Iba pidiendo estas
+cantidades como si fuesen para D. Jeremías. Cuando presumía que no
+bastaba la palabra, presentaba una carta falsificando la firma...
+Además, había encargado un sin fin de misas por el alma de su madre, y
+de toda su parentela, sin que jamás hubiese dado un cuarto a los
+sacerdotes que las dijeron. Resultaba, en fin, debiendo y estafando a
+todas las personas con quienes le había puesto en relación...</p>
+
+<p>D. Jeremías no podía estarse quieto mientras relataba tales infamias. Se
+sentaba, se alzaba, paseaba, manoteaba, chillando al mismo tiempo como
+un energúmeno.</p>
+
+<p>Timoteo sentía correr por sus venas un estremecimiento dulcísimo. A la
+agitación y cólera que reflejaba el rostro del presbítero oponía su
+semblante una placidez verdaderamente paradisíaca.</p>
+
+<p>Y más se acentuó esta expresión de beatitud celeste cuando vio salir a
+D. Jeremías como un huracán, sin decirle adiós siquiera, gritando al
+trasponer la puerta:</p>
+
+<p>&mdash;En cuanto le tropiece, no hay más, ¡le piso la cara!</p>
+
+
+
+<h3><a name="XVI" id="XVI"></a>XVI</h3>
+
+
+<p>Don Laureano Romadonga no era hombre que se dejase aprisionar fácilmente
+por los artificios femeninos; que comprometiese el sosiego de su vida,
+sus placeres, su independencia por una mujer, cualquiera que ella fuese.
+Conocedor profundo de la existencia, había formado hacía mucho tiempo su
+plan, y de él no se apartaba una línea. Sus días se deslizaban serenos,
+risueños, libando voluptuosamente la corta cantidad de miel que sólo
+proporciona este valle de lágrimas a los solterones ricos y sanos.</p>
+
+<p>Desgraciadamente la impetuosidad absurda de su última querida había
+venido a turbar el curso sereno de estos días. Hacía ya algún tiempo
+que el viejo seductor comprendiera que le convenía cortar estas
+relaciones enfadosas. Si no lo ponía en práctica, como en casos
+semejantes había hecho, no era por falta de voluntad, sino por el
+temorcillo que la navaja de la chula había logrado inspirarle. No
+obstante, después de la escena escandalosa del teatro, la separación
+quedó resuelta en principio. Aunque por un refinamiento de hombre
+gastado le placiesen para queridas las mujeres de genio vivo y hasta un
+poco agresivas, los arranques de la hija del sillero rebasaban ya los
+límites de lo tolerable. No era posible continuar. Sus planes sabios
+corrían peligro de hundirse para siempre con aquella chiquilla violenta
+y caprichosa.</p>
+
+<p>Era demasiado listo, sin embargo, para dejar traslucir sus propósitos.
+Continuó en apariencia tan enamorado. Mantuvo a la Conchita en la
+ilusión de ser su última y definitiva querida. Hasta le dejó entrever
+algunos tenues y lejanos rayos de luz matrimonial. Mientras tanto, allá
+en el fondo de su cerebro artificioso se elaboraba tranquilamente un
+plan maquiavélico que iba a marchitar en flor tanta dulce esperanza.
+Romper con la chula quedándose en Madrid era expuestísimo. Aunque
+avisase a la policía, tenía la seguridad de que Concha le daba una
+puñalada por la espalda. ¡La conocía bien! A aquella muchacha fiera y
+escandalosa le importaba un bledo ir a presidio o a la horca con tal de
+satisfacer su venganza. Era necesario escapar de Madrid. ¿Adónde?
+Después de meditar varios días este punto, se decidió por París. Aquella
+inmensa ciudad, emporio de todos los placeres, convenía admirablemente a
+los fines interesantes que Romadonga perseguía en esta vida. Pasar el
+invierno en París; desde allí, cuando viniese el verano, trasladarse a
+Biarritz o San Sebastián; en el mes de Octubre, trascurrido ya cerca de
+un año, regresar a Madrid. En todo este tiempo la hija del sillero le
+olvidaría, hallaría otro acomodo, desaparecería de Madrid. ¿Quién sabe
+lo que podía suceder?</p>
+
+<p>Resuelto, pues, a llevar a cabo el proyecto, comenzó sigilosamente a
+hacer sus preparativos. Vendió los coches y los caballos, giró a la
+capital de Francia dinero, envió a su criado por delante con los objetos
+necesarios, hizo la maleta; y una tarde se metió cautelosamente en un
+coche del Sud-exprés y huyó de Madrid sin dar cuenta a nadie de su
+viaje. Una hora antes había estado en casa de su querida. Con sarcasmo
+mefistofélico pasó largo rato hablándole de planes para lo porvenir,
+prometiendo llevarla pronto a vivir consigo y viajar con ella algunos
+meses y comprarla una magnífica cama que juntos habían visto en un
+escaparate de la calle de Alcalá. Estuvo jocoso y seductor como nunca.
+Al despedirse le dijo que vendría de noche a buscarla para ir a un
+teatrito por horas, y que estuviese ya vestida y no se hiciese esperar.
+La sonrisa cruel que plegaba sus labios al bajar la escalera inspiraba
+frío y miedo.</p>
+
+<p>¡Pobre niña! ¡Cuán ajena estaba del pensamiento que bullía en la mente
+de aquel hombre egoísta, sin entrañas!</p>
+
+<p>Mientras corrió el tren por los campos de España, todavía la imagen de
+la chula venía de vez en cuando a turbar su espíritu. Pero en cuanto
+atravesó la frontera se le borró por completo. Al llegar a París buscó
+un cuartito amueblado en lo más céntrico; alquiló coche, compró caballo,
+se hizo socio de dos clubs aristocráticos y comenzó a hacer la vida a
+que sus convicciones filosóficas le arrastraban. De tal suerte, que a
+los quince días se encontraba infinitamente mejor que en Madrid, y
+principiaba a sospechar que no sólo aquel invierno, sino todos los que a
+Dios pluguiere concederle, iba a pasar en aquella hermosa capital.</p>
+
+<p>La existencia de Romadonga se deslizaba serena, feliz, egoísta como la
+de un dios, viviendo únicamente para sí y contemplando con augusta
+indiferencia los dolores y las alegrías de los otros. Excusado es decir
+que el sol que más iluminaba y amenizaba aquella existencia era la
+mujer. Pero no una mujer determinada; la mujer en general; hoy una,
+mañana otra. Después de paladear la fruta hermosa, pero un poco
+insípida, de las burguesas madrileñas y morder en la guindilla de las
+chulas, las cortesanas parisienses, tan elegantes, tan ingeniosas y
+cultas, le parecían un bocado exquisito. Y hay que confesar que supo
+aprovecharse. En poco tiempo fue popularísimo entre ellas. Le llamaban
+riendo el <i>fidalgo español</i>. Su carácter frío, su ingenio reconocido y
+el cinismo con que se expresaba logró dominarlas. Hasta el exagerado
+acento extranjero contribuía a dar más gracia a sus frases insolentes en
+el fondo y correctas en la forma.</p>
+
+<p>Gozando de más libertad que en Madrid, con gozar aquí mucha, tan pronto
+se le veía con una dama del brazo como con otra, creyendo a puño cerrado
+que la Naturaleza sólo es bella por su rica variedad. A ciertas horas
+del día hallaríasele invariablemente paseando por los boulevares con el
+cigarro en la boca balanceando su esbelta figura entre la muchedumbre;
+dirigiendo su mirada atrevida, escrutadora, a las bellezas que cruzaban
+cerca, inclinándose a un lado y a otro para ver mejor; a veces teniendo
+el paso y siguiéndolas con la vista largo rato.</p>
+
+<p>&mdash;Es guapa esa barbiana, ¿verdá tú?</p>
+
+<p>Romadonga sintió un escalofrío mortal correr por sus venas. Volvió el
+rostro espantado y se encontró con la mismísima Concha. Instintivamente
+puso las manos por delante.</p>
+
+<p>&mdash;¡No seas tan jindamón, hombre!&mdash;profirió la chula con voz ronca,
+apoyándose en cada sílaba y mirándole de arriba abajo con ojos torvos,
+despreciativos.&mdash;¿No ves que soy una mujer?</p>
+
+<p>La vergüenza hizo que volvieran los colores a las pálidas mejillas del
+<i>fidalgo español</i>.</p>
+
+<p>&mdash;Es que tú no eres una mujer como otras... ¡Ya lo creo, caramba!...
+¡Pues si me descuido, caramba!</p>
+
+<p>&mdash;¡Ya lo creo! ¡Si te descuidas, caramba!&mdash;exclamó haciendo burla la
+chula.</p>
+
+<p>En verdad que Romadonga estaba descompuesto y aturdido que daba lástima.</p>
+
+<p>&mdash;Si te descuidas, ¡na!&mdash;prosiguió Concha.&mdash;El día que se me meta en el
+moño te clavo el corazón, con cuidao o sin él... ¿Qué te has figurao,
+viejo silbante, que después de lo que has hecho conmigo me ibas a tirar
+a la barredura, como un papel sucio?... ¡Ja, ja!... Que se te quite,
+infeliz.</p>
+
+<p>El traje, la actitud y la voz de la chula habían hecho pararse a algunos
+curiosos. D. Laureano, avergonzado y alentado al mismo tiempo, exclamó
+irguiéndose:</p>
+
+<p>&mdash;Vaya, vaya, déjame en paz y sigue tu camino. Nada tengo que partir
+contigo.</p>
+
+<p>&mdash;¿Nada tienes que partir conmigo, malvao? Y la criatura que he dejao en
+Madrid ¿es la punta de un cigarro que tiras a la calle cuando empieza a
+quemarte, verdá tú? Y mi honra es otra colilla ¡puf! que se escupe y no
+se vuelve a mirar... Aquí tienen ustedes un hombre, señores (volviéndose
+a los circunstantes, que no entienden una palabra y contemplan
+asombrados la escena). ¿Ven ustedes este viejo baboso, que tiene más
+años que Matusalén, más pintao que un monumento y más perfumao que una
+corista? Pues este tío ha conseguío chalarme no sé por qué... por la
+labia, por la fachenda, por las mentiras... en fin, por lo que a ustedes
+no les importa. Y luego que me ha visto chalá, y me ha deshonrao, y me
+ha tenío tres años sujeta como una mona, de la noche a la mañana y sin
+decir «agur Conchita,» se escapa a París, y ¡venga juerga con las
+suripantas!... ¡Qué bonito! ¿verdá ustedes?... Pero como yo soy hija de
+mi padre y de mi madre, y no hay más que una vida que perder, y de mí no
+se ha reído ningún roío dao por tal como éste, a este tío asqueroso
+nadie le mata más que yo, ¿saben ustedes?</p>
+
+<p>D. Laureano vio un agente de policía acercarse y, envalentonado, se
+atrevió a decir con tono despreciativo:</p>
+
+<p>&mdash;Anda, anda, sigue tu camino, que todo lo que te he quitado te lo he
+pagado en buenos billetes de Banco.</p>
+
+<p>Los ojos de Concha relampaguearon como los de una pantera.</p>
+
+<p>&mdash;¿Dinero por mi honra, canalla?&mdash;gritó en el paroxismo de la cólera.</p>
+
+<p>Y llevándose la mano al seno, sacó rápidamente una navaja de grandes
+dimensiones, la navaja de marras. Pero en aquel instante las manos del
+agente la sujetaron por detrás, D. Laureano retrocedió más pálido que la
+cera.</p>
+
+<p>&mdash;Déjenme ustedes que saque las tripas a ese infame&mdash;gritaba la chula
+tratando de desasirse.</p>
+
+<p>Pero al volver la cabeza para ver quién la sujetaba, quedose
+repentinamente inmóvil.</p>
+
+<p>&mdash;¡Un guindilla! Está bien. Tome usted&mdash;dijo entregándole la navaja
+tranquilamente; luego, subiéndose el mantón y apretando el nudo del
+pañuelo, añadió:&mdash;Lléveme usted a la cárcel.</p>
+
+<p>Y volviéndose a Romadonga en una actitud fría, desesperada, que
+inspiraba miedo y lástima al mismo tiempo, con terrible calma dijo:</p>
+
+<p>&mdash;No tardaré en salir. Te juro por la salud de mi hijo que pronto
+tendrás noticias mías. Cuando recibas el golpe, si tienes tiempo a
+pensar, ya sabes quién te lo ha dado.</p>
+
+<p>Estas palabras desgarraron el corazón magnánimo de D. Laureano. La vida
+es dulce a todos los mortales, pero muy especialmente lo era para aquel
+hombre venerable. Recibir una puñalada por la espalda sin aviso de
+ninguna clase, le era profundamente desagradable. Así que, antes de que
+el policía llevase consigo a Concha, se dirigió a él y, en francés
+chapurrado, le manifestó que aquella señora era su esposa y que le
+hiciese el favor de soltarla.</p>
+
+<p>Esto fue lo único que comprendió el círculo de curiosos que les rodeaba.
+La noticia causó sorpresa y no poca risa. El agente no se avino a ello
+sin llevarlos a ambos antes a las oficinas de la policía. Entonces
+Romadonga, con la galantería propia de un fidalgo español, ofreció el
+brazo a la chula y se fueron escoltados por el guardia. La muchedumbre
+aplaudía riendo.</p>
+
+
+
+<h3><a name="XVII" id="XVII"></a>XVII</h3>
+
+
+<p>Mario llegó a ser un escultor distinguido. Llovieron las demandas de
+obra en su estudio. Bustos, estatuas, jarrones, mausoleos, todo lo
+trabajó con gloria y provecho. Comenzó a ganar sumas considerables.</p>
+
+<p>Alquilaron un buen cuarto en la calle Mayor, cerca de la de Ramales,
+donde sus padres habitaban. Vivieron con desahogo, hasta con lujo; pero
+sin despilfarro. El ingenioso Sánchez y D.ª Carolina andaban un poco
+apurados de dinero por los gastos del primero en publicaciones,
+instrumentos científicos, excursiones, etc, etc. Carlota los protegía.
+Pero a Mario le parecía siempre poco lo que les daba. Era tan infeliz
+aquel muchacho, que cuando doña Carolina venía a llorarle alguna
+lástima, por su gusto le entregaría todo el dinero que había en la casa.</p>
+
+<p>&mdash;¿Para qué necesitamos nosotros tanto?&mdash;decía a menudo a su esposa.</p>
+
+<p>&mdash;Para nuestro hijo y para los que puedan venir&mdash;respondía Carlota.</p>
+
+<p>Mario le apretaba la cara con entusiasmo.</p>
+
+<p>&mdash;Lo que yo pido para mi hijo&mdash;exclamaba&mdash;es que le gusten las artes y
+encuentre una mujer como tú. ¡Entonces vale la pena el haber nacido!</p>
+
+<p>El pequeño Mario tenía ya cerca de cuatro años. Era un niño fresco,
+sonrosado, con grandes ojos suaves y límpidos y una boca de cereza
+plegada siempre por sonrisa angelical. El escultor le adoraba con
+frenesí por ser su hijo y además porque era un retrato en miniatura de
+Carlota. La misma dulzura en la mirada, la misma apacibilidad, la misma
+igualdad de humor. Cuando aquélla quería que su marido descansase, no
+tenía más que enviar al niño al estudio. Mientras estuviese allí tenía
+la certeza de que Mario no tomaría los palillos o el cincel en la mano.</p>
+
+<p>Todo sonreía, pues, a la familia del célebre antropólogo, el cual no
+cesaba un instante en sus indagaciones preparando a sus descendientes
+gloria inmortal.</p>
+
+<p>El descubrimiento del origen del pensamiento, aunque no realizado
+todavía, se hallaba en camino. Últimamente, D. Pantaleón había levantado
+la tapa de los sesos a un perro, y por espacio de algunos segundos pudo
+observar el juego de su mecanismo cerebral. Por desgracia, el perro
+falleció al instante. Sólo ligerísimos apuntes sacó para el famoso
+descubrimiento. Pero estos apuntes fueron agua preciosa para su molino.
+El insigne fisiólogo vio hasta cierto punto comprobadas sus felices
+adivinaciones. En el corto tiempo de que dispuso observó que la sangre
+de la masa encefálica cambiaba de color en diferentes sitios, tornándose
+unas veces más clara, otras más oscura. Era, pues, exacto que la
+fabricación del pensamiento debía de semejar bastante a una
+<i>destilería</i>, como él había presumido.</p>
+
+<p>Una contrariedad de otro orden vino a perturbar momentáneamente el curso
+de estas indagaciones. El matrimonio de su hija Presentación iba a
+llevarse pronto a efecto. Timoteo entraba a todas horas del día en la
+casa y era considerado ya como un hijo más. Se hacía el equipo, se
+amueblaba un cuarto en sitio próximo, se arreglaban los papeles. Mas he
+aquí que un día, al bajarse Timoteo para recoger un corcho que se había
+caído al suelo, vio don Pantaleón en su cuello una mancha encarnada que
+al punto le pareció de carácter herpético. Nada dijo por entonces.
+Procuró con maña cerciorarse. Pronto logró averiguar que Timoteo, en
+efecto, padecía de herpetismo. El fisiólogo comprendió que era de todo
+punto imposible la realización de aquel matrimonio.</p>
+
+<p>Por la noche, hallándose a solas, se lo hizo entender así a su esposa
+con la debida suavidad: no habría exageración en decir timidez. Expuso
+las razones que tenía para hallar tal unión desacertada, todas
+rigorosamente científicas y basadas en los últimos progresos de la
+antropología. El herpetismo significaba una degradación física como
+todos los vicios de la sangre. Nosotros estamos obligados no tan sólo a
+no contrariar la selección natural, sino a favorecerla por cuantos
+medios podamos. Debemos evitar a todo trance que procreen los seres que
+no estén perfectamente sanos si queremos que la raza vaya siempre
+mejorando, etc.</p>
+
+<p>D.ª Carolina no hizo caso alguno de estas observaciones. Antes tomó pie
+de ellas para vejar al fisiólogo, maldiciendo de sus aficiones y
+recordándole con pesadísimas palabras las quemaduras de su hija.
+Insistió a los pocos días con idéntica suavidad. Nada. La esposa
+respondió aún con más acritud y desprecio. Entonces, viendo que sus
+esfuerzos eran inútiles para impedir aquel matrimonio rechazado por los
+progresos biológicos, se le declaró una tristeza negra que le privaba
+del apetito y del gusto por la experimentación. Esta gran melancolía
+hizo crisis a los pocos días con una extraña explosión que puso en
+espanto a toda la familia.</p>
+
+<p>Pasando una mañana Timoteo desde la sala al comedor, D. Pantaleón, que
+al parecer estaba apostado en uno de los cuartos del pasillo, se arrojó
+sobre él de improviso, le echó las manos al cuello y hubiera concluido
+probablemente por estrangularle si al ruido no hubiera acudido la gente
+de casa. A duras penas consiguieron arrancárselo de las manos. Todavía,
+sujeto por Mario, Carlota, D.ª Carolina y la criada, gritaba como un
+energúmeno, los ojos inyectados, el semblante descompuesto:</p>
+
+<p>&mdash;¡No se casará usted con mi hija, no! ¡Yo lo impediré aunque sea a
+costa de mi sangre!... En mi casa no atacará nadie impunemente la ley de
+la selección... ¡Vergüenza había de darle, con los caracteres orgánicos
+que usted presenta, intentar un matrimonio que ha de ser funesto para la
+raza!... Yo no quiero una descendencia degradada... ¿Lo oye usted
+bien?... ¡No la quiero!</p>
+
+<p>La excitación fue tanta que al fin cayó privado de conocimiento,
+echando espuma por la boca.</p>
+
+<p>Recobró al poco rato el sentido; estuvo enfermo algunos días; al cabo
+curó por completo sin que el ataque hubiese dejado rastro alguno como se
+temía. La boda de Presentación se realizó sin ningún otro incidente
+desagradable. Todo volvió a quedar en paz.</p>
+
+<p>Mario y Carlota no dejaban de aprovechar los momentos que aquél tenía
+libres para solazarse, unas veces yendo a paseo, otras al teatro, otras,
+en fin, comiendo en los <i>restaurants</i>. Era tanto lo que se placía el
+escultor en estos festines matrimoniales que Carlota consentía en ellos
+de buen grado, aunque no le gustasen por espíritu de orden y economía.</p>
+
+<p>Una de las pocas amigas que tenía vino un día a invitarla para asistir a
+cierta comedia casera. Esta amiga era a su vez invitada, pero tenía
+libertad para llevar a quien quisiese. Consultó el caso con su marido.
+Hallolo bien Mario y aun prometió acompañarlas si alguna ocupación
+urgente no se lo impedía. Como era domingo el día señalado, y por la
+tarde, no hubo inconveniente. Ambos se fueron, pues, de bracero a
+buscar a la amiguita y de allí a la calle del Amor de Dios, donde estaba
+la casa en que la representación iba a efectuarse. Era un edificio bajo,
+antiguo, bien conservado, de un solo piso, en el cual vivía únicamente
+su propietaria, una señora viuda con dos hijas solteras, un hijo y una
+nieta de catorce a quince años. Desde que se ponía el pie en el portal
+se observaba el espíritu religioso, la economía y la limpieza que
+reinaban en aquella casa. Los muebles de la antesala eran feos y
+antiguos, pero brillaban por el frote de la bayeta y el cepillo. En uno
+de los ángulos había un pedestal con una Purísima de yeso, pintada. Los
+pasillos amplísimos y enjalbegados como los de un convento.</p>
+
+<p>Pasaron a un gabinete donde había ya reunidas bastantes personas y donde
+la señora de la casa los recibió con amabilidad grave y protectora. Era
+una dama extremadamente alta, de bastantes años, enjuta, con ojos negros
+de mirar imponente, los blancos cabellos pegados a la frente con goma.
+Vestía de negro y estaba sentada en un elevado sillón de cuero,
+mientras que todos los demás se hallaban acomodados en sillas más bajas.
+De suerte que D.ª Fredesvinda, que así se llamaba, parecía una reina
+rodeada de su corte. Y ciertamente, la pausa con que hablaba y la
+majestad de sus ademanes contribuían bastante a hacer la semejanza más
+perfecta. Las dos hijas solteras que se encontraban en el círculo de los
+tertulios pasaban ya de los treinta, y vestían el traje con que iban a
+representar, lo mismo que la nieta. Estaba también el padre de ésta,
+viudo, hijo de la señora, y que no habitaba la casa porque sus
+costumbres independientes no se compadecían con el régimen austero que
+allí se observaba.</p>
+
+<p>D.ª Fredes era aficionadísima a la literatura, a la música y en general
+a todas las artes; se creía muy competente, y sus tertulios asiduos la
+creían también. Reuníanse en aquella casa los domingos varios poetas y
+poetisas, alguna de las cuales tocaba asimismo el piano. Solía ir un
+pintor de marinas que había presentado algunas en distintas
+exposiciones, sin que hasta la fecha le hubiesen dado recompensa
+alguna. D.ª Fredes juzgaba esto una de las grandes injusticias del siglo
+diez y nueve. Para ella, Martínez, que así se llamaba el pintor, era uno
+de los artistas más eminentes que hubiese producido la España
+contemporánea. Con lo cual dicho se está que D.ª Fredes era para
+Martínez el más profundo de los críticos actuales. Era igualmente
+tertulio un profesor de flauta que había compuesto y publicado varias
+tandas de valses, una de las cuales había tenido el honor de dedicar a
+aquella señora. No quedaba sin representación, pues, más que la
+escultura. Por eso Mario fue acogido con extraordinaria benevolencia.</p>
+
+<p>Inmediatamente, lo mismo él que Carlota, a una señal, mitad amable mitad
+imperiosa, de la notabilísima señora, fueron a sentarse, formando como
+los demás círculo en torno de ella. Pasados algunas instantes se dignó
+dirigirle desde su alto sitial las siguientes palabras:</p>
+
+<p>&mdash;Ha llegado a mis oídos, Sr. Costa, que es usted un escultor muy
+distinguido. Tengo verdadero placer en verle en esta casa, por donde
+tantos artistas eminentes han pasado y pasan todos los días.</p>
+
+<p>Tan benévolas palabras, pronunciadas con extraordinaria calma y firmeza,
+produjeron en el auditorio emoción respetuosa. Todos los rostros se
+volvieron hacia Mario, felicitándole con la mirada por ser objeto de
+ellas. El escultor dio las gracias sin parecer tan sensible a la honra
+que se le dispensaba.</p>
+
+<p>Después de algunos momentos de silencio D.ª Fredes volvió a tomar la
+palabra con idéntica calma y majestad.</p>
+
+<p>&mdash;La escultura es un arte muy bella. Sé que los griegos la han cultivado
+con mucho lucimiento. Pero yo no puedo aprobar de ningún modo que
+presenten sus estatuas desnudas. Ésta es mi opinión y la he expresado ya
+en varias ocasiones, como alguno de los que me escuchan sabe
+perfectamente.</p>
+
+<p>Hubo un murmullo de aprobación en el gabinete. El profesor de flauta
+apuntó tímidamente que, en efecto, él conocía la opinión de D.ª
+Fredesvinda hacía ya mucho tiempo. Ésta le dirigió una mirada grave y
+afectuosa.</p>
+
+<p>Mario iba a contestar, pero ya D.ª Fredes, cumpliendo un deber de
+cortesía, había convertido la atención a otro asunto.</p>
+
+<p>&mdash;Recareda&mdash;dijo volviéndose a una de sus hijas,&mdash;enseña el pañuelo de
+que hemos hablado el domingo pasado a tu amiga Marcela.</p>
+
+<p>La hija, que era ya una mujer bien ajada, próxima a los cuarenta, se
+apresuró a cumplir la orden sacando de un estuche que descansaba sobre
+la chimenea un pañuelo de narices bordado. Elogiolo su amiga con
+entusiasmo; después lo hizo pasar de mano en mano, recibiendo de todos
+las mismas alabanzas. Cuando volvió de nuevo al estuche, doña Fredes
+dijo:</p>
+
+<p>&mdash;Este pañuelo fue bordado por mi hermana Práxedes, que Dios haya.
+Cuando lo estrenó en un baile del Círculo de Cosecheros, llamó tanto la
+atención, que se supo en Palacio al día siguiente. La reina envió por él
+para verlo y quiso que se le hiciese otro igual. No fue posible. Ninguna
+bordadora de Madrid osó comprometerse a ello.</p>
+
+<p>Las palabras de D.ª Fredes produjeron, como siempre, un efecto inmenso
+en la tertulia.</p>
+
+<p>Mario y Carlota estaban asombrados de todo aquello. La majestad de la
+señora, el aparato de que se rodeaba y las ideas extrañas que salían de
+su boca les hacía mirarse de vez en cuando llenos de estupor. Pero tanto
+y más que esto les impresionaba el respeto profundo que todos los
+tertulios la tributaban. De tal modo que, cuando por el gesto se conocía
+que iba a hablar, inmediatamente quedaba todo en silencio. Mientras
+permanecía callada, charlaban unos con otros, pero siempre en voz baja,
+como si se hallasen en un templo o en la misma cámara real. Sus hijas
+Recareda y Valeria, jamonas de alto bordo, se mostraban ante ella tan
+respetuosas, tan obedientes y sumisas como niñas de diez años; y lo
+mismo su hijo viudo, lleno de canas. Un gesto, una mirada de su madre
+bastaban para paralizarlos cuando estaban hablando. Y si no sucedía
+tanto con los demás tertulios, algo se aproximaba. Todos parecían tener
+fe ciega en las altas disposiciones de aquella señora singular y
+reconocían de buen grado su autoridad.</p>
+
+<p>En el gabinete no había lujo. Los muebles y el decorado no acusaban gran
+riqueza, sino el mediano bienestar de una familia burguesa. Pero todo
+ello tenía un sello de antigüedad y de orden que lo hacía más respetable
+que el suntuoso decorado de un palacio moderno. La autoridad indiscutida
+de D.ª Fredesvinda parecía reflejarse en las paredes de la estancia.</p>
+
+<p>Habiendo quedado ésta en silencio algunos instantes, un jovencito
+escuálido, de pelo rubio y ojos tiernos, se atrevió a levantarse, y con
+voz turbada pidió permiso a D.ª Fredesvinda para leer una poesía que
+había escrito en su honor. Concedióselo la señora con ademán soberano, y
+acto continuo el poeta sacó del bolsillo interior de su levita un pliego
+de papel de barba que desdobló con mano temblorosa. No se oía en el
+gabinete una mosca.</p>
+
+<p>«A la esclarecida señora D.ª Fredesvinda Bejarano.»</p>
+
+<p>Era una oda en que se la ensalzaba hasta las nubes, presentándola como
+una protectora de las bellas artes, una nueva Cristina de Suecia. Los
+artistas se amparaban bajo su manto; hallaban en ella la mano que los
+sostenía y la luz que los guiaba. En torno suyo juntábase lo más selecto
+que el arte español había producido en los últimos tiempos, formando un
+divino cenáculo sólo comparable al que la reina de Navarra presidía allá
+en los tiempos de la Edad Media.</p>
+
+<p>Mientras el poeta de los ojos tiernos dejaba escapar de su boca esta
+cascada de elogios, D.ª Fredesvinda, grave y atenta, hacía con la cabeza
+signos de aprobación: el gesto era tan benévolo, tan protector, que es
+imposible que su émula la reina de Suecia fuese más allá en este punto.
+Al terminar, después de unos momentos de pausa, extendió la mano y tuvo
+a bien expresarse de este modo:</p>
+
+<p>&mdash;La poesía que usted nos acaba de leer, Juanito, es bellísima como todo
+lo que brota de su privilegiado ingenio. Creo que ni Bécquer ni
+Garcilaso de la Vega han escrito nada mejor.</p>
+
+<p>Fue la señal para que todos los tertulios felicitasen calurosamente al
+joven escuálido, el cual, ruboroso, confuso, sonriente, daba las
+gracias haciendo mil contorsiones, manifestando repetidas veces que no
+por su mérito, sino porque el asunto se prestaba admirablemente, «la
+poesía había resultado regular.»</p>
+
+<p>&mdash;Si usted no tuviese inconveniente en ello&mdash;manifestó D.ª Fredes
+dirigiéndose al poeta,&mdash;le rogaría me dejase el manuscrito de esa poesía
+para guardarlo en mi colección de autógrafos y firmas ilustres.</p>
+
+<p>El poeta, confundido por tamaña honra, avanzó tropezando hasta el trono
+de D.ª Fredesvinda y depositó en sus manos el pliego de papel de barba.
+La imperial señora lo alargó inmediatamente a su hija Recareda y ésta se
+apresuró a llevarlo con la misma unción que si fuese una reliquia a la
+caja donde su madre guardaba los manuscritos más preciosos.</p>
+
+<p>&mdash;Mi colección de autógrafos&mdash;se dignó decir la señora, paseando su
+mirada imponente por el concurso&mdash;es acaso la más rica que hoy existe en
+Europa. Exceden de seiscientas las firmas de poetas españoles
+contemporáneos que poseo. No hace muchos días que un amigo me decía
+que, si se tratase de ponerla en venta, el gobierno inglés me daría por
+ella una suma fabulosa.</p>
+
+<p>Los tertulios dejaron escapar un grito reprimido de admiración. Luego en
+voz baja se autorizaron mil comentarios lisonjeros que llegaban a los
+oídos de D.ª Fredes y la arrullaban dulcemente. Un muchacho músico,
+discípulo del profesor de flauta, se atrevió a manifestar que sería
+lástima que tal preciosidad saliese nunca de los dominios españoles. D.ª
+Fredes le miró con indulgencia y respondió que aunque se viese en la
+miseria jamás enajenaría al extranjero esta gloriosa colección. Con lo
+cual respiró libremente la tertulia. Se la felicitó calurosamente por su
+desinterés y patriotismo.</p>
+
+<p>Mario se había hallado en bastantes tertulias de todas clases, pero
+jamás viera una que se pareciese remotamente a la presente. Su asombro
+iba creciendo cada vez que la señora de la casa tomaba la palabra. Todo
+lo que oía y veía era tan estrambótico que le parecía no estar en la
+realidad, sino asistiendo ya a la comedia.</p>
+
+<p>El gabinete iba quedando en tinieblas. Doña Fredes dio orden de que se
+encendiesen las luces y que se iluminase también el salón donde se había
+colocado el escenario. Las damas que debían tomar parte en la
+representación, entre ellas las dos hijas de la casa, Recareda y
+Valeria, salieron para concluir de arreglarse; su nieta Medarda, que
+según se decía en la tertulia era un portento y estaba destinada a
+eclipsar a todas las actrices españolas, lo mismo. Acudía cada vez más
+gente; no cabiendo en el gabinete, andaba distribuída por los pasillos y
+el comedor. Se aproximaban la cinco, hora en que debía de comenzar la
+función.</p>
+
+<p>D.ª Fredesvinda apretó con sus manos venerables los brazos del sillón, a
+inclinándose un poco para hablar, reinó silencio en la estancia.</p>
+
+<p>&mdash;Ha llegado a mi noticia&mdash;manifestó con voz solemne&mdash;que en Madrid se
+ha dicho que yo hacía descansar todo el peso de las representaciones
+sobre mi nieta Medarda, lo cual podría causarle fatiga por ser aún muy
+niña. Para evitar estos comentarios desfavorables he determinado que en
+la comedia de hoy tomen parte principal mis dos hijas y lo mismo
+sucederá en las representaciones sucesivas.</p>
+
+<p>Este discurso lleno de prudencia causó viva impresión en la tertulia. El
+poeta de los ojos tiernos tomó la palabra a nombre de todos y manifestó
+sin ningún rodeo que sólo desprecio merecían tales rumores y que al
+vulgo en general le gusta zaherir a las personas elevadas. Los demás
+hicieron coro al poeta; pero D.ª Fredesvinda se mantuvo inflexible. Sus
+hijas, de allí en adelante, trabajarían tanto como su nieta.</p>
+
+<p>En aquel instante, mirando Carlota hacia la puerta, creyó ver cruzar por
+el pasillo unas barbas y unas gafas muy semejantes a las de Moreno. Su
+duda se desvaneció al instante oyendo a D.ª Fredesvinda llamar en voz
+alta:</p>
+
+<p>&mdash;¡Adolfo!... ¡Adolfo!</p>
+
+<p>&mdash;No puedo ir ahora&mdash;contestó éste desde el corredor sin dar la cara.</p>
+
+<p>&mdash;¡Soy yo quien te llama, hijo!&mdash;profirió la señora irguiendo
+altivamente la cabeza.</p>
+
+<p>Todavía tardó aquél en aparecer. Al fin se presentó y cruzó el gabinete
+tan confuso que bien se notaba que había visto a Mario, por más que
+afectase otra cosa.</p>
+
+<p>&mdash;¿Qué tenías que hacer, hijo?&mdash;le preguntó la señora con acento
+altanero.</p>
+
+<p>Moreno balbuceó una disculpa ininteligible. Doña Fredes le miró un buen
+espacio con fijeza y severidad. Al cabo dijo:</p>
+
+<p>&mdash;Todavía no te he presentado a unos señores que han venido hoy por
+primera vez a esta casa, los señores de Costa... Mi hijo menor
+Adolfo&mdash;añadió presentándolo a Mario y Carlota.</p>
+
+<p>&mdash;¡Ah! ¿Eres tú, Mario?... ¿Y usted, Carlota?&mdash;exclamó el joven
+antropólogo fingiendo sorpresa y con un semblante tan colorado que daba
+miedo.</p>
+
+<p>Mario, reprimiendo a duras penas la risa, le saludó afectuosamente, y lo
+mismo su esposa.</p>
+
+<p>&mdash;¿Conque se conocen ustedes?&mdash;preguntó la augusta señora.</p>
+
+<p>&mdash;¡Muchísimo!&mdash;respondió el escultor&mdash;. Somos íntimos amigos hace
+bastante tiempo.</p>
+
+<p>Doña Fredes dirigió una mirada de sorpresa a su hijo.</p>
+
+<p>&mdash;¿Y por qué no me has dicho que tenías por amigo a un artista de tanto
+mérito?</p>
+
+<p>Moreno comenzó a murmurar cosas extrañas, tan agitado y descompuesto que
+verdaderamente inspiraba lástima. Sus mejillas parecían de escarlata.
+Mario temió que le fuese a dar un ataque.</p>
+
+<p>Al fin vino a sacarle de aquel purgatorio su hermana Valeria llamándole
+para que fuese a arreglar un bastidor del teatro que se había caído.</p>
+
+<p>Doña Fredes entonces hizo que Carlota y Mario se sentasen cerca de ella
+y comenzó a hablarles de su hijo menor con la misma gravedad solemne que
+empleaba para todo. Observábase, no obstante, cierta satisfacción y una
+alegría que les hizo colegir que Adolfo era su predilecto. Se mostró muy
+contenta de aquella amistad que les ligaba y esperaba que jamás se
+entibiaría.</p>
+
+<p>&mdash;Por parte de mi hijo me parece que no sucederá&mdash;añadió&mdash;. Es un
+infeliz, un pobre chico incapaz de ofender a nadie. Peca gravemente el
+que le infiera daño alguno. De todos mis hijos ha sido siempre el más
+cariñoso y el que me profesa más respeto. Sus hermanas le motejan
+constantemente, le llaman holgazán a hipócrita y dicen que me tiene
+embaucada. Esto me causa bastantes pesadumbres. Yo creo más bien que son
+ellas las que están prevenidas contra él y que le buscan defectos.
+Hipócrita no lo es. Holgazán, convengo en ello. Emprendió varias
+carreras y ninguna ha llegado a concluir; de suerte que hoy se encuentra
+el pobre sin profesión alguna y viviendo a expensas de su familia. Pasa
+la vida azotando las calles o leyendo allá en su cuarto libros de
+medicina. ¡Ya ve usted! ¿Para qué quiere él esos libros sin ser
+médico?... Pero yo no puedo estar dura con él aunque me lo proponga. Es
+tan obediente, tan sumiso, que me desarma. Un niño de seis años no
+estaría más sujeto que él a mi voluntad. Por supuesto que no abuso de
+este dominio. Le dejo toda la libertad compatible con las costumbres de
+la familia. Le tengo ordenado que a las siete venga a rezar el rosario
+conmigo. Pues hasta ahora no recuerdo que haya faltado un solo día. Por
+la noche le permito que vaya con sus amigos hasta las doce, salvo los
+domingos en que recibimos, o los días en que rezamos alguna novena.
+Jamás se ha quejado ni me ha contradicho en nada.</p>
+
+<p>Mario y Carlota se hallaban tan admirados, que apenas podían creer lo
+que oían. Todavía estaba D.ª Fredes loando la obediencia de Adolfo
+cuando vinieron a avisar que eran las cinco y los actores se hallaban
+preparados. La egregia protectora de las letras y las artes dio la señal
+y descendió gravemente de su trono: pidió el brazo a Mario y salió
+majestuosamente de la estancia seguida de sus adeptos.</p>
+
+<p>Tocoles un buen sitio a aquél y a su esposa para ver la comedia, que era
+del género llorón; mas apenas lograron fijarse en ella, preocupados con
+el descubrimiento que habían hecho. Como tenían cerca a D.ª Fredesvinda
+no podían comunicarse las alegres ideas que cruzaban por sus cabezas, y
+sólo se desahogaban dándose codazos y pisotones. Más de una vez tuvieron
+que apretarse la boca para no dar suelta a las carcajadas que les
+retozaban por el cuerpo. Por mucho que hicieron no lograron volver a
+echar la vista encima en toda la noche a Adolfo. El feroz materialista,
+el producto bravío de la Naturaleza en lucha eterna con la sociedad, sin
+duda se había escondido entre bastidores.</p>
+
+<p>Pero cuando al fin salieron de aquella casa y se vieron solos en la
+calle, ¡entonces sí que rieron a su gusto! Cada cual recordaba una frase
+patibularia de Moreno, alguna de sus maldiciones y amenazas contra el
+orden religioso y político. De este modo las carcajadas fluían sin
+cesar. Mario se dejaba caer contra los quicios de las puertas y se
+quitaba el sombrero y se apretaba el estómago para no reventar de risa.
+Casi otro tanto le pasaba a Carlota. Ambos repetían a cada instante:</p>
+
+<p>&mdash;¡Dios mío, lo que se va a reír Rivera!</p>
+
+<p>De esta suerte caminaron alegremente la vuelta de su casa. Pero al
+llegar cerca de la Puerta del Sol Carlota se puso repentinamente seria,
+como si un soplo de viento helado cruzase por su alma, y exclamó:</p>
+
+<p>&mdash;¡Mucho me he reído hoy, Mario! Tengo miedo que me suceda algo malo.</p>
+
+<p>&mdash;¡Qué superstición! No seas tonta, mujer&mdash;respondió el escultor sin
+dejar de reír.</p>
+
+<p>¡Pobre Mario! El tonto lo era él en tal instante. El corazón femenino
+mantiene, sin duda, más estrechas relaciones que el masculino con las
+fuerzas magnéticas que obran secretamente en el seno de la Naturaleza.</p>
+
+<p>Cuando hubieron andado buen trecho por la calle Mayor, donde vivían,
+cruzaron a su lado sin verlos Vicenta y Encarnación, doncella y niñera
+respectivamente de su casa. Marchaban en tal estado de agitación que los
+esposos se detuvieron sorprendidos y recelosos.</p>
+
+<p>&mdash;¡Vicenta!</p>
+
+<p>Las domésticas tuvieron el paso, y al verles, el miedo y el dolor se
+pintó en sus semblantes.</p>
+
+<p>&mdash;¡Ay, señoritos del alma!&mdash;exclamaron casi a un tiempo las dos.</p>
+
+<p>&mdash;¿Qué ocurre?&mdash;preguntó Mario petrificado de terror.</p>
+
+<p>&mdash;¿El niño?... ¿un coche?...&mdash;gritó Carlota sacudiendo a la niñera por
+el brazo.</p>
+
+<p>&mdash;No, señorita... no le ha atropellado ningún coche. Se ha perdido.</p>
+
+<p>&mdash;¡Búsquenlo ustedes! ¡búsquenlo!&mdash;gritó a su vez Mario
+desesperadamente.</p>
+
+<p>&mdash;Hace tres horas que lo estamos buscando, señorito&mdash;respondió
+Encarnación rompiendo a sollozar.</p>
+
+<p>Vicenta explicó el caso. Su compañera no acertaba a hablar. Ambas habían
+ido con el niño al Retiro, permaneciendo allí toda la tarde. El chico se
+divertía con otros junto a la fuente de la Alcachofa, mientras ellas
+charlaban con las demás niñeras sentadas en un banco. Los chicos se
+escapaban de vez en cuando corriendo hasta cierta distancia, como
+siempre; pero a una voz que les daban volvían a la plazoleta. Pues
+cuando se acercaba el oscurecer, al llamarlos para irse a casa, se
+encontraron con que no parecía el pequeño. Llamaron a gritos,
+recorrieron todos los sitios próximos, avisaron a los guardas. Nada. Los
+demás niños no daban más razón sino que estaban jugando al <i>escondite</i> y
+que le habían visto correr entre los árboles para ocultarse, y que
+luego no le habían visto más.</p>
+
+<p>Mario sé puso a gemir como una criatura increpándolas furiosamente.
+Carlota, pálida, pero tranquila en apariencia, le mandó callar.</p>
+
+<p>&mdash;¿Y no han dicho los niños si habían visto cerca de él a alguna
+persona?</p>
+
+<p>&mdash;Sí, señorita; detrás de él dijeron que iba un hombre cojo con
+americana clara y sombrero ancho.</p>
+
+<p>&mdash;¿No han dado ustedes ese detalle a los guardas?</p>
+
+<p>&mdash;Sí, señorita.</p>
+
+<p>Carlota meditó un instante en silencio.</p>
+
+<p>&mdash;Y el hombre ese ¿no se había acercado antes al niño?</p>
+
+<p>&mdash;No lo hemos visto, ni los demás niños tampoco.</p>
+
+<p>&mdash;¿En toda la tarde no se ha acercado nadie al chico?</p>
+
+<p>&mdash;Nadie.</p>
+
+<p>&mdash;Sí, mujer&mdash;interrumpió Vicenta.&mdash;Le ha dado un beso esa prendera que
+conocen los señoritos, que se llama D.ª Rafaela. Le besó y le regaló
+unos caramelos.</p>
+
+<p>&mdash;Pensé que la señorita hablaba sólo de hombres&mdash;replicó la niñera.</p>
+
+<p>Carlota guardó silencio de nuevo y meditó.</p>
+
+<p>&mdash;Está bien&mdash;dijo al cabo.&mdash;Ustedes se vienen conmigo a recorrer las
+delegaciones de policía para dar aviso. Tú, Mario, te vas ahora mismo a
+casa de D.ª Rafaela a ver si por casualidad se ha quedado en el Retiro y
+el niño se ha ido con ella. ¡Quién sabe! Tal vez esté allí. ¿En casa de
+mamá han preguntado ustedes?</p>
+
+<p>&mdash;Sí, señorita, y en casa de la señorita Presentación lo mismo.</p>
+
+<p>&mdash;Bien, pues si no parece, hay que seguir la pista a ese cojo. Buena
+seña tiene para que la policía dé pronto con él... Vamos, no te apures
+tanto, hombre, que el niño no se ha muerto, y si Dios quiere parecerá.</p>
+
+<p>Y aquella animosa mujer detuvo un coche que pasaba y se metió en él con
+las dos criadas, mientras su marido, sin dejar de sollozar, corría a la
+calle de Hortaleza, donde la vieja prendera tenía su domicilio.</p>
+
+
+
+<h3><a name="XVIII" id="XVIII"></a>XVIII</h3>
+
+
+<p>Doña Rafaela había estado en las Ventas del Espíritu Santo a recoger un
+dinero que le debían. A la vuelta se apeó del tranvía frente al Retiro,
+paseó un rato, y mucho antes de llegar la noche se fue a su casa. Allí
+se encontró una carta, fechada en la cárcel, que decía:</p>
+
+<p>«Mi respetable y amada protectora: Desde hace tres días me hallo en este
+lugar vergonzoso, tratado como un criminal. La infinita bondad de Dios
+me envía esta prueba, que no sé si podré resistir, porque soy una
+criatura débil y pecadora. Bendito por siempre sea su santo nombre. Si
+no temiera abusar de su bondad le suplicaría que viniese en algún
+momento libre a consolarme y a fortalecerme con sus sanos consejos.
+¡Ojalá no me hubiese apartado jamás de ellos! Si no le fuese posible le
+ruego por la salvación de su alma que vaya a San José y ponga un cirio
+en el altar de Nuestra Señora y rece con fervor una salve por su
+desgraciado amigo que de veras necesita de sus oraciones.&mdash;<i>Godofredo
+Llot.</i>»</p>
+
+<p>No bien la hubo leído cuando, volviendo a echarse el mantón sobre los
+hombros, salió a la calle, montó en un coche y se hizo trasladar a la
+cárcel. Tenía allí la prendera un sobrino empleado, quien por favor
+especial hizo llamar a Godofredo a la sala de declaraciones.</p>
+
+<p>Bajó éste con el capuchón de reglamento. Al quitárselo y dejar al
+descubierto su hermosa cabeza blonda, D.ª Rafaela no pudo menos de
+recordar las estampas piadosas que representan a los primeros mártires
+del cristianismo en los calabozos de Roma. La luz, dando de lleno en
+aquella cabeza angelical, hacía resaltar como en apoteosis la delicadeza
+de sus facciones, la seráfica limpidez de su mirada, las tintas
+sonrosadas de sus mejillas. Éstas se tiñeron de vivo carmín al instante.
+Bajó los ojos humildemente, y sin decir palabra rompió a llorar en
+silencio.</p>
+
+<p>&mdash;¡Valor, Godofredo! ¡Valor, hijo de mi corazón!&mdash;exclamó la prendera.</p>
+
+<p>Pero la buena mujer estaba tan necesitada como él mismo. No bien
+pronunció estas palabras tuvo que sacar el pañuelo para secarse las
+lágrimas. Ambos permanecieron silenciosos bastante rato. Al fin aquélla,
+enjugándose bien los ojos y sonándose con estrépito, dijo:</p>
+
+<p>&mdash;Pero ¿cómo fue eso, hijo querido? ¡Explíquemelo! ¿Cómo fue?...</p>
+
+<p>El candoroso joven, que siempre parecía adolescente, permaneció en la
+misma actitud humilde, como si estuviese esperando el golpe de la
+cuchilla que había de segarle el cuello.</p>
+
+<p>&mdash;Soy muy malo, D.ª Rafaela&mdash;articuló dulcemente.&mdash;No merezco las
+bondades con que usted me favorece.</p>
+
+<p>&mdash;No le tengo a usted por tal, querido, ni lo tiene nadie... Habrá sido
+una calumnia...</p>
+
+<p>&mdash;No, no es calumnia por desgracia...</p>
+
+<p>Entonces el hijo predilecto de la Iglesia se acercó a la reja, y con
+labio balbuciente y el rostro encendido se confesó con D.ª Rafaela.</p>
+
+<p>Por no abusar más de su inagotable bondad había tenido precisión de
+pedir seiscientas pesetas al padre Laguardia, que era quien le perseguía
+y le había hecho prender.</p>
+
+<p>&mdash;¡Pero eso es una picardía!&mdash;exclamó la prendera sin poder
+contenerse.&mdash;¿Por seiscientas pesetas le deshonra a usted ese mal
+sacerdote?</p>
+
+<p>&mdash;¡Por Dios le pido que no lo califique así!&mdash;profirió el joven con
+semblante dolorido.&mdash;D. Jeremías es muy virtuoso y ha tenido razón para
+tratarme de ese modo. Mucho más merezco yo...</p>
+
+<p>&mdash;¡Qué ha de merecer, cordero de Dios!</p>
+
+<p>&mdash;Sí, sí, D.ª Rafaela, por Dios, no me juzgue usted bueno... Soy muy
+malo... ya verá usted...</p>
+
+<p>La prendera no pudo menos de sonreír llena de benevolencia al ver el
+calor con que hablaba aquel inocente.</p>
+
+<p>&mdash;Vamos, diga usted, criatura, diga usted. A ver qué maldades son ésas.</p>
+
+<p>&mdash;¡Sí que lo son!... ¡Ay, señora! La idea de que usted me tiene por
+mejor de lo que soy me martiriza.</p>
+
+<p>La sonrisa de D.ª Rafaela se hizo más benévola aún y más indulgente.</p>
+
+<p>Godofredo le contó una historia larguísima de un cuñado comerciante que
+había dado quiebra a causa de cierta fianza. Quedó en la miseria y con
+nueve hijos. Su hermana, no teniendo pan que darles, le escribía a
+menudo pidiéndole dinero. Él publicaba artículos en los periódicos
+católicos y hacía algunas traducciones; trabajaba cuando podía, pero
+ganaba poco dinero. Los periódicos y las revistas católicas cuentan con
+escasos recursos. La riqueza se halla en manos de los impíos. Entonces,
+sabiendo que su hermana y sus sobrinos pasaban hambre, se aventuró a
+pedir algunas pequeñas cantidades a varios amigos de D. Jeremías,
+esperando poder devolverlas pronto cuando en <i>La Paz del Hogar</i>, <i>La
+España Mística</i> y otros periódicos le pagasen lo que le debían. Hizo
+más. Cometió un pecado gravísimo... un pecado que le costaba trabajo
+inmenso confesar... D.ª Rafaela le animó a hacerlo, manifestando que el
+arrepentimiento borra todas las culpas.</p>
+
+<p>&mdash;Pues bien, señora&mdash;profirió el joven derramando un torrente de
+lágrimas.&mdash;Para pedir ese dinero he usado del nombre del padre
+Laguardia. ¿No ve usted bien claro ahora que soy un perverso?</p>
+
+<p>&mdash;Ese es un pecado, hijo, pero ya sabe usted que el justo peca siete
+veces al día. Si usted está arrepentido, Dios en su infinita
+misericordia...</p>
+
+<p>&mdash;¡Oh, sí, señora, a la misericordia de Dios he acudido ya!&mdash;exclamó
+Llot con un hondo suspiro que partía el corazón.&mdash;En cuanto llegué a
+este sitio mandé a llamar al capellán de la cárcel, y a sus pies de
+rodillas he confesado mis pecados.</p>
+
+<p>&mdash;Pues si se ha lavado ya en el tribunal de la penitencia no tenga
+cuidado. Ya veremos de arreglar eso con D. Jeremías.</p>
+
+<p>&mdash;¡Oh! D. Jeremías ha hecho bien en perseguirme y en maltratarme de
+palabra y de hecho. Merezco mucho más.</p>
+
+<p>&mdash;¿Pero le ha maltratado de veras?&mdash;preguntó sorprendida la prendera.</p>
+
+<p>&mdash;Sí, señora; días pasados, en la sacristía de San Ginés, me injurió y
+me abofeteó delante de varias personas.</p>
+
+<p>&mdash;¡Qué escándalo!</p>
+
+<p>&mdash;No, no es escándalo, señora. El escándalo ha sido el mío cometiendo un
+delito. El castigo ha sido muy pequeño para culpa tan grave. Le estoy
+profundamente agradecido por los golpes que me ha dado y las injurias
+que me ha hecho, y sólo siento que no hayan sido aún más dolorosos para
+poder pagar a mi Divino Señor las ofensas que le he inferido.</p>
+
+<p>D.ª Rafaela cruzó las manos y levantó los ojos al cielo con un gesto de
+viva admiración. Después, convirtiéndolos al cautivo, le miró con
+asombro y cariño largo rato, embargada por la emoción, como si estuviese
+en presencia del mismo San Luis Gonzaga.</p>
+
+<p>En efecto, el semblante del joven, rebosando de calma celeste y
+resignación, merecía un nimbo de luz. Todo era puro, inefable, en aquel
+semblante radioso. Sus mejillas nacaradas parecían hechas de una materia
+trasparente a fin de que pudiera verse que aquel cuerpo no contenía
+ninguna sustancia inmunda: todo era puro, blanco, luminoso. Lo que
+caracterizaba aquel rostro, lo que resplandecía en sus ojos, en su
+frente, en sus cabellos, hasta en sus orejas, era una ausencia absoluta
+de malicia. En sus ojos límpidos, húmedos, brillaba siempre la sonrisa
+dulce y resignada de los seres que han nacido para víctimas. Había en
+tal adorable criatura algo de cordero y mucho también de paloma, como si
+estos dos animales hubiesen cedido de buen grado el uno su resignación,
+el otro su inocencia, para formarle.</p>
+
+<p>Godofredo Llot no era un muchacho de estos tiempos, como decía muy bien
+D.ª Rafaela. Merecía haber nacido en un siglo menos escéptico y
+malicioso. Su naturaleza candorosa, ideal, estaba divorciada de la
+triste realidad presente, tenía la nostalgia de la Edad Media. En esta
+edad de fe y entusiasmo debía de haber vivido. Así que, como si
+presintiera que aquélla era su verdadera época, Godofredo la estudiaba,
+la fantaseaba sin cesar. Había publicado unos estudios muy notables
+sobre las Cruzadas, escritos con tal fervoroso estilo que el obispo de
+Astorga le había mandado su bendición; y en cuantos artículos daba a la
+estampa seguían saliendo las catedrales góticas, de las cuales vivía
+profundamente enamorado. Y realmente su rostro angelical, destacándose
+en aquel momento del tosco capuchón, parecía el de uno de esos monjes
+ideales que cruzaban misteriosamente por los claustros de los templos
+góticos para ir a postrarse ante el altar de la Virgen.</p>
+
+<p>Por eso algunos de sus actos que parecían extraños no lo eran, si se
+atendía a que este joven vivía con el espíritu en otros tiempos más
+nobles y santos. Cuando D.ª Rafaela, después de haberle confortado con
+sentidos consuelos y haberle prometido trabajar cuanto pudiera por
+arreglar el asuntito, se despidió de Godofredo, éste le dijo con rostro
+humilde:</p>
+
+<p>&mdash;¿No me permitirá usted antes de irse besar su mano?</p>
+
+<p>Esto, que sería ridículo en cualquiera, en aquel candoroso joven no lo
+era.</p>
+
+<p>D.ª Rafaela introdujo su mano derecha por las rejas mientras llevaba la
+izquierda a la faltriquera, preguntando:</p>
+
+<p>&mdash;¿Cuánto necesita usted, querido?</p>
+
+<p>Ahora bien, estos dos actos realizados simultáneamente ¿indicaban que
+Godofredo después de la mano pedía siempre algún metálico? Si hay algún
+malicioso que lo conjeture, allá se las haya con su conciencia.</p>
+
+<p>El hijo predilecto de la Iglesia besó con respeto la mano carnosa llena
+de sortijas de la prendera, y todo ruboroso balbució:</p>
+
+<p>&mdash;Si usted me hiciese el favor de veinte duros...</p>
+
+<p>D.ª Rafaela sacó del portamonedas dos billetes de cincuenta pesetas y se
+los entregó. Después se despidió con muy cariñosas palabras. Pero
+todavía antes de marcharse le pidió Godofredo otro favor: que oyese una
+misa por su intención. Y la bondad de ella fue tanta que le prometió oír
+dos, cosa que Godofredo rechazó, como es natural; pero la buena mujer
+se empeñó y no hubo más remedio. El joven, embargado por el
+agradecimiento, rompió de nuevo a llorar.</p>
+
+<p>En cuanto salió de la cárcel se fue la prendera derecha a casa de D.
+Jeremías. El iracundo presbítero no quiso oírla, ni aun prometiéndole
+salir por fiadora de las cantidades que Godofredo adeudaba a él y a sus
+amigos. Juraba y perjuraba que había de llevarle a presidio y prometía
+ir a verle salir en la cuerda de presos con el mismo placer que si fuese
+a la misa del Papa. Desde allí fue a visitar al cura de San Ginés y al
+capellán de las Adoratrices. Tampoco logró nada en favor de su
+protegido. Estos presbíteros estaban ferocísimos, tanto o más que el
+prelado doméstico.</p>
+
+<p>Cuando la buena mujer, fatigada, regresó a su domicilio, hallolo turbado
+por la presencia de Mario, que después de buscarla en vano por todo
+Madrid había venido a esperarla. El estado del escultor era tan
+lamentable que la sobrina tuvo que hacer tila y sacar el frasco del
+antiespasmódico. Cuando D.ª Rafaela le dijo que nada sabía del niño
+después de haberle besado en el Retiro a eso de las tres, fue acometido
+de un desmayo. Salió de él en seguida gracias a los cuidados que le
+prodigaron. Y en cuanto recobró el sentido tomó el sombrero y salió
+acompañado de D.ª Rafaela. Fueron a su casa. Carlota estaba ya de vuelta
+y con ella su madre, su hermana, D. Pantaleón y Timoteo. Rivera llegó
+también a los pocos momentos. La casa era un campo de desolación: no se
+oían más que lamentos y sollozos. Todos parecían haber perdido la razón
+menos Carlota. La infeliz madre, blanca siempre como una estatua, no se
+entregaba a vanos gritos de dolor; ocupábase en disponer los medios de
+recuperar a su hijo. En aquel momento hablaba con el delegado de policía
+del distrito. Éste se inclinaba a creer que se trataba de un secuestro.</p>
+
+<p>&mdash;Verán ustedes cómo no se pasan muchas horas sin que reciban una carta
+pidiendo dinero por el niño&mdash;decía.</p>
+
+<p>&mdash;Le daremos todo lo que poseemos, y si no es bastante no faltará quien
+nos lo preste.</p>
+
+<p>&mdash;Nada de eso. No hay necesidad. Como ustedes sigan mis instrucciones,
+yo me comprometo a rescatarlo y a echar mano a los bandidos.</p>
+
+<p>&mdash;¿Para qué? Mi marido y yo nos quedamos con gusto sin nada y
+trabajaremos toda la vida por nuestro hijo.</p>
+
+<p>Por si la carta no llegaba convinieron en seguir la pista al cojo que
+habían visto detrás del niño en el Retiro. El delegado había ya dado las
+órdenes oportunas. Dos agentes llegaron a decirle que este cojo había
+salido aquella misma tarde por el ferrocarril de Arganda, montando en la
+estación que se halla detrás de las tapias del Retiro.</p>
+
+<p>Inmediatamente Mario y el delegado tomaron un coche y se fueron a dicha
+estación. El delegado interrogó al jefe y a los mozos, y todos
+convinieron en que efectivamente había salido un cojo de las señas
+indicadas, pero convinieron asimismo en que no iba con él niño alguno.
+Este dato los desalentó. Mario quedó profundamente abatido y se dejó
+caer en un banco mientras el delegado telegrafiaba, por si acaso, a los
+jefes de las estaciones intermedias y al alcalde de Arganda para que en
+todo caso le detuviera.</p>
+
+<p>Pero hallándose de aquel modo sentado con la cabeza entre las manos, oyó
+a un mozo decir a otro que no había visto más niño que uno que llevaba
+una mujer. El escultor levantó vivamente la cabeza.</p>
+
+<p>&mdash;¿Qué señas tenía ese niño?</p>
+
+<p>&mdash;Pues yo no he reparado bien... Era rojito él y blanco.</p>
+
+<p>&mdash;¿Cuántos años tendría?</p>
+
+<p>&mdash;Tampoco puedo decirle... Era pequeñito...</p>
+
+<p>&mdash;¿Pero iba en brazos?</p>
+
+<p>&mdash;Ca, no, señor; andaba él solo perfectamente. Lo llevaba la mujer de la
+mano.</p>
+
+<p>&mdash;¿Tendría cuatro años?</p>
+
+<p>&mdash;Por ahí... por ahí...</p>
+
+<p>Mario se alzó agitado y preguntó con anheló:</p>
+
+<p>&mdash;¿Qué traje llevaba?</p>
+
+<p>&mdash;Un trajecito azul de pantalón corto y con las piernas al aire.</p>
+
+<p>&mdash;¿Y un sombrero claro?</p>
+
+<p>&mdash;Sí, señor, y un sombrero blanco.</p>
+
+<p>&mdash;¡Es mi hijo!&mdash;gritó, y echó a correr al telégrafo, donde se hallaba el
+delegado.</p>
+
+<p>Éste, al escuchar la relación que trémulo y con palabra entrecortada le
+hizo, quedose pensativo, llamó al mozo y le interrogó de nuevo:</p>
+
+<p>&mdash;Bien puede ser&mdash;dijo al fin&mdash;que ese cojo haya traído consigo una
+mujer y le haya entregado el niño para despistar. Telegrafiaremos este
+dato al alcalde, y mañana, en el primer tren, iremos a Arganda.</p>
+
+<p>Mario se le puso delante con las manos cruzadas en actitud suplicante.</p>
+
+<p>&mdash;Por lo que más quiera usted en este mundo, amigo García, le ruego que
+vayamos ahora mismo.</p>
+
+<p>&mdash;¡Pero si no hay tren, Sr. Costa!</p>
+
+<p>&mdash;No importa, iremos en coche.</p>
+
+<p>Vaciló el delegado algunos instantes, puso varios reparos, pero al fin,
+vencido de las súplicas del desgraciado padre, se decidió a ir. El coche
+que les había llevado a la estación no servía por ser de un caballo.
+Mientras Mario fue a alquilar otro, el delegado telegrafiaba a los jefes
+de las estaciones intermedias para cerciorarse de que tanto el cojo como
+la mujer y el niño no se habían apeado en ninguna de ellas. Se mandó un
+recado a Carlota; trajeron ropa al delegado y se tomaron las
+disposiciones necesarias para el viaje. Cuando salieron de Madrid habían
+dado ya las doce de la noche.</p>
+
+<p>Era clara y fría como suelen serlo las del invierno en la capital de
+España. El disco de la luna resplandecía sobre la llanura árida que se
+extiende a entrambos lados de la carretera. La augusta serenidad del
+cielo tachonado de estrellas no logró mitigar la tortura del artista.
+Otras veces el magnífico espectáculo de la Naturaleza había sido un
+precioso calmante para las heridas de su corazón. Mas ¡ay! para la que
+ahora sentía no hay bálsamo en la tierra.</p>
+
+<p>El sordo rumor de las ruedas y las campanillas de los caballos
+adormecieron pronto a su compañero. Mario le contemplaba con ira. Su
+imaginación se revolvía atormentada por el dolor, presentándole mil
+cuadros aterradores. Su hijo secuestrado, su hijo maltratado, su hijo
+pasando hambre y frío en cualquiera cueva, su hijo llamándole con acerbo
+llanto, mientras unas manos brutales le tapaban la boca... ¡Hijo de mi
+alma!</p>
+
+<p>Se apretaba las sienes con las manos temiendo que fuesen a estallar. De
+su garganta se escapaba un débil y continuo quejido como el de un animal
+en la agonía. A ratos empujaba convulsivamente la delantera del coche,
+como si con este esfuerzo le hiciese correr más. A ratos imaginaba
+saltar fuera y emprender una carrera vertiginosa para llegar antes.
+Imposible que el infierno haya inventado un suplicio más cruel.</p>
+
+<p>Las estrellas brillaban. Los árboles que orlaban las riberas del Jarama
+balanceaban sus negros penachos sobre el fondo azul de la noche. El
+trote de los caballos y sus cascabeles rompían el silencio de la campiña
+dormida. La luna esparcía sobre ella su luz suave donde flotaban algunos
+jirones de niebla. García roncaba.</p>
+
+<p>Llegaron a Arganda después de las tres. Mario se hallaba tan trastornado
+que quería llamar en todas las casas y preguntar por el secuestrador. El
+delegado procuró calmarle. Fueron a la del alcalde, y éste se levantó
+solícito y se prestó a ayudarles en todas las indagaciones. Llamaron al
+jefe de estación y a los mozos y se averiguó en seguida el mesón donde
+el cojo paraba. Fueron a detenerle con auto del juez municipal. El
+hombre recibió tal sorpresa que apenas podía hablar. Esto dio fuerza a
+las sospechas que sobre él recaían. También la dio el ser ave de paso en
+el pueblo, pues afirmaba que iba a Colmenar, y había hecho noche allí
+para arreglar por la mañana cierto asunto con un comerciante de la
+villa. Se avisó a este comerciante y, en efecto, vino a declarar que era
+cierto lo que el cojo decía, y que le trataba hacía tiempo y le tenía
+por una persona honradísima. Mario, a pesar de todo, ansiaba echarle las
+manos al cuello y apretarle hasta hacerle confesar dónde estaba su hijo.</p>
+
+<p>Se indagó el paradero de la mujer y el niño. Nadie daba razón de ella;
+nadie la había visto. Se trabajó asiduamente. El pueblo se había puesto
+en conmoción y muchos vecinos, aunque todavía era noche, salieron a la
+calle para enterarse. Cuando amaneció las calles se llenaron de gente y
+todos se convirtieron en agentes de policía para averiguar el paradero
+del niño secuestrado. El asunto preocupaba sobre todo a las mujeres que
+no cesaban en sus comentarios. De tal suerte, que en menos de una hora
+corrieron tres o cuatro novelas por el pueblo. El niño fue hijo de un
+gran señor que daba diez millones por su rescate; fue un expósito a
+quien su madre, no pudiendo reclamarlo, hacía secuestrar; fue un
+huérfano al cuidado de aquel señor que allí estaba y que unos tíos
+quisieron hacer desaparecer, etc., etc. En los corrillos se saboreaban
+con deleite estas noticias de gusto romancesco.</p>
+
+<p>Pero en uno de ellos, cerca del cual se hallaban Mario y el delegado,
+una mujer que acababa de acercarse dijo:</p>
+
+<p>&mdash;Pues ayer tarde he venido de Madrid con el niño de D. Ricardo y no he
+visto esa mujer.</p>
+
+<p>Todos los rostros se volvieron hacia ella. El delegado preguntó
+inmediatamente:</p>
+
+<p>&mdash;¿Pero ha venido usted ayer de Madrid con un chico?</p>
+
+<p>&mdash;Sí, señor.</p>
+
+<p>&mdash;Pues usted es la mujer del niño.</p>
+
+<p>&mdash;¡Yo, señor!&mdash;exclamó la infeliz asustada.&mdash;¡No lo crea usted! ¡No lo
+crea por Dios, señor!</p>
+
+<p>&mdash;Sí; usted es la mujer del niño... del niño de D. Ricardo... Vamos a
+ver a ese D. Ricardo ahora mismo.</p>
+
+<p>Y volviéndose a Mario añadió:</p>
+
+<p>&mdash;Me parece, Sr. Costa, que ya nada tenemos que hacer aquí. Hemos
+seguido una pista falsa. Vamos a cerciorarnos de ello y en seguida
+emprenderemos la marcha otra vez.</p>
+
+<p>En efecto, aquella misteriosa secuestradora no era otra que el ama de
+gobierno de D. Ricardo Fanjul, un rico propietario viudo. El niño era su
+hijo, que había pasado algunos días en Madrid en casa de una hermana.</p>
+
+<p>La novela quedó deshecha en un instante. En su vista el delegado y Mario
+tornaron el tren de la mañana para la capital, por ir más de prisa. El
+cojo quedó detenido por si acaso, y se dio orden para que se le
+trasladase a Madrid.</p>
+
+<p>Mario, profundamente abatido, guardaba silencio mientras el tren se
+acercaba velozmente a la capital. Las lágrimas corrían a menudo por su
+rostro pálido y ojeroso. García permanecía silencioso también. Una
+arruga profunda cruzaba su frente, signo de intensa meditación. Al cabo,
+cuando ya se aproximaban al término del viaje, preguntó con afectada
+indiferencia:</p>
+
+<p>&mdash;¿Hace mucho tiempo que ustedes conocen a esa prendera que se llama D.ª
+Rafaela?</p>
+
+<p>&mdash;Sí, señor, hace ya algunos años que somos amigos&mdash;respondió el artista
+con voz alterada.</p>
+
+<p>Y súbito, sin poder contenerse, apretó la muñeca al delegado diciendo:</p>
+
+<p>&mdash;Sea usted franco, García... Empieza usted a tener sospechas de esa
+mujer.</p>
+
+<p>&mdash;No tengo por qué ocultarlo&mdash;replicó aquel con sosiego mirando por la
+ventanilla.&mdash;La circunstancia de ser la última persona que ha hablado
+con el niño me da mucho que pensar... Luego, esa visita a la cárcel...</p>
+
+<p>&mdash;Pues bien&mdash;manifestó Mario con creciente agitación,&mdash;le confieso que
+yo vengo también pensando en lo mismo hace largo rato. Pero al mismo
+tiempo me parece tan absurdo, tan insensato, que procuro desecharlo de
+la cabeza como una tentación. D.ª Rafaela es una excelente amiga, una
+mujer buenísima...</p>
+
+<p>El delegado, sin abandonar su actitud reflexiva, alzó los hombros con
+desdén.</p>
+
+<p>&mdash;¡Ps! Eso no significa nada. Todos los delincuentes han sido buenos
+antes de dejar de serlo. Hay cosas tan misteriosas en materia de
+crímenes que nadie puede explicárselas. Allá los médicos. Lo que puedo
+decirle es que después de lo que he visto en mi carrera ya no me asusta
+nada.</p>
+
+<p>Mario volvió a sentirse acometido de una inquietud insufrible. Quería
+que volase el tren. En cuanto llegaron corrió a su casa por si se tenían
+noticias o habían recibido alguna carta. Nada se sabía. Habían llegado,
+sí, muchas personas a enterarse, porque la prensa hizo circular la
+noticia y el escultor tenía bastantes amigos. Pero ni un rayo de luz.</p>
+
+<p>Mientras tanto el delegado fue a dar parte al juez de sus
+investigaciones. Se llamó a doña Rafaela a declarar. Cuando hubo
+terminado la declaración, el juez le dijo:</p>
+
+<p>&mdash;Señora, no se asuste usted. Me veo en la precisión de dejarla a usted
+detenida.</p>
+
+<p>La infeliz mujer, al escuchar estas palabras, cayó desmayada. Después
+vertió un torrente de lágrimas y protestó con tan sentidas palabras de
+su inocencia que logró conmover a los que presenciaban la escena. Se la
+trasladó a la cárcel de mujeres.</p>
+
+<p>En todo aquel día el juzgado no cesó de trabajar. Se tomó declaración a
+cuantas personas pudieron haber tenido relación con el niño en aquellos
+días, a las niñeras que le habían visto en el Retiro, a los chicos, a
+sus padres, etc. Mario y Carlota recorrían llorosos, anhelantes las
+casas de todos los conocidos buscando alguna noticia. Al llegar la noche
+nada se sabía aún. Todos los trabajos que se hicieron para hacer
+declarar otra cosa a D.ª Rafaela resultaron infructuosos.</p>
+
+<p>Cuando regresaban a su casa tropezaron a D. Dionisio Oliveros que salía
+de ella. El poeta venía a ponerse a disposición de sus amigos. Abrazó
+conmovido a Mario, y éste tuvo la satisfacción de escuchar de su boca
+estas palabras aladas:</p>
+
+<p>&mdash;¡Qué tremenda desgracia pesa sobre su cabeza, amigo Costa! La vida
+ofrece tragedias bien dolorosas. Tengo la esperanza de que al cabo
+después de tanta peripecia conmovedora el nudo de la horrible intriga se
+desatará; logrará usted hallar a su hijo sano y salvo. Si esto sucede,
+como yo confío, le ruego guarde en la memoria y me reserve todos los
+incidentes de esta misteriosa trama. Nosotros los poetas modernos
+necesitamos inspirarnos en la realidad. Cuando tropezamos casualmente
+con una acción de un interés tan palpitante como ésta, lo consideramos
+como un hallazgo y hay que evitar que otro se aproveche... Quizá después
+que todo se haya arreglado felizmente tendrá usted la satisfacción de
+ver, sobre las tablas, reproducidos los sentimientos que ahora agitan su
+corazón, y derramará usted abundantes lágrimas. Pero estas lágrimas
+serán dulces como lo son siempre las que el arte nos hace llorar.</p>
+
+<p>Esto dijo el bardo del ministerio de Ultramar con voz ronca. Carlota le
+miró con ojos coléricos; pero Mario, trastornado por el dolor, se abrazó
+a él sollozando.</p>
+
+<p>&mdash;¡Gracias, D. Dionisio, gracias!</p>
+
+<p>&mdash;No lo dude usted, amigo Costa. Más tarde o más temprano tendrá usted
+esa satisfacción&mdash;replicó con profunda convicción el poeta.</p>
+
+<p>Y sin pronunciar otra palabra, aquel hombre magnánimo, instruído por las
+musas, se aleja gravemente, feliz porque tiene la conciencia del alto
+destino que la Providencia le ha asignado.</p>
+
+<p>¡Qué noche terrible para los desgraciados padres! Aunque les obligaron a
+acostarse algunas horas, el sueño no cerró sus párpados ni un instante.
+Al amanecer estaban en pie, con el semblante descompuesto, los ojos
+hundidos y rodeados de círculo oscuro, testimonio de su acerbo padecer.</p>
+
+<p>Y otra vez emprendieron aquel fatídico calvario por las calles,
+recorriendo las oficinas de policía, el juzgado de guardia, las casas de
+los conocidos. Tampoco hallaron noticia alguna. Las tinieblas más
+espesas seguían envolviendo aquel misterioso secuestro. El juez parecía
+desalentado. Ni las declaraciones de D.ª Rafaela ni las del cojo de
+Arganda arrojaban luz ninguna. Nueva pista no se presentaba.</p>
+
+<p>Mario llegó a las once de la mañana a casa de Rivera con el alma y el
+cuerpo deshechos. En cuanto pisó el despacho del antiguo periodista las
+fuerzas le abandonaron por completo. Dejose caer en un diván, y los
+sollozos, largo tiempo comprimidos, estallaron, amenazando romperle el
+pecho. A los ojos de Rivera brotaron también las lágrimas y, sentándose
+al lado de su desdichado amigo, le dirigió tímidas palabras de consuelo.
+Bien sabía que para aquel dolor no había consuelo posible. Vanas
+esperanzas no se atrevía a darle, temiendo que el golpe fuera después
+más rudo. Al fin le dejó llorar en silencio largo rato. Quedó abstraído
+en intensa meditación con los ojos fijos en el suelo. Pero lo que en su
+cerebro bullía reflejábase en ellos pasando como ráfagas vivas. A medida
+que el tiempo trascurría estas ráfagas se fueron haciendo más recias.
+Algún pensamiento extraño sacudía furiosamente su alma, porque al cabo
+de un rato, no sólo los ojos, sino todo el cuerpo, ofrecía singular
+inquietud. Miraba de vez en cuando a su amigo, se pasaba la mano por la
+frente, rascábase la cabeza. Por último, no pudiendo vencer su
+agitación, alzose de la silla donde estaba y comenzó a dar vivos paseos.
+Mario seguía llorando con la cabeza entre las manos.</p>
+
+<p>Más de una vez se detuvo delante de él como si quisiera decirle algo,
+pero se arrepentía antes de abrir la boca y continuaba paseando. Al cabo
+hizo un gesto de resolución y, acercándose y poniéndole una mano sobre
+el hombro, profirió:</p>
+
+<p>&mdash;Escucha, Mario. En estos momentos terribles es conveniente expresar
+todo lo que cruza por nuestro pensamiento, por disparatado que parezca.
+Todos los disparates imaginables caben en este mundo absurdo en que
+vivimos... ¿No has observado que tu suegro presenta desde hace algún
+tiempo señales extrañas... que ha dicho y hecho cosas muy raras... en
+una palabra, que su espíritu ofrece síntomas de enajenación?...</p>
+
+<p>Mario alzó la cabeza bruscamente; abrió los ojos de un modo desmesurado,
+mirando a su amigo con vaga expresión de terror; se puso horriblemente
+pálido, y, alzándose del diván, salió corriendo de la estancia sin
+pronunciar una palabra. Rivera quedó un instante inmóvil con la vista
+fija en la puerta; luego salió también a la carrera en pos de él.</p>
+
+
+
+<h3><a name="XIX" id="XIX"></a>XIX</h3>
+
+
+<p>Don Pantaleón se hallaba en el período de fiebre que suele preceder a
+los grandes descubrimientos. No comía, no dormía, no sosegaba. Pasaba
+pocas horas en el laboratorio. Los preparados y el microscopio ya le
+habían dicho la última palabra. Su pensamiento corría desatado en busca
+del misterioso origen, esperando una feliz casualidad como las que han
+entregado muchas veces los secretos de la Naturaleza a los hombres de
+ciencia. Discurría horas y horas al través de las calles, o por las
+afueras, abstraído, ojeroso, inquieto, torturado por recónditos anhelos
+de indagación, incomprensibles para los seres que cruzaban a su lado.</p>
+
+<p>Sin embargo, aquel largo, vueludo gabán, que el gran antropólogo gastaba
+desde su memorable conversión a las ciencias positivas, llamaba la
+atención de los transeúntes. La llamaba especialmente cuando el viento,
+introduciéndose entre sus pliegues, lo agitaba. Entonces el insigne
+fisiólogo tomaba la apariencia de un negro bergantín desplegando sus
+velas para alguna lejana región desconocida. Los transeúntes, al hacer
+esta observación, se hallaban muy lejos de sospechar que tal fugaz
+apariencia era un símbolo. Porque Sánchez, en las altas esferas de la
+indagación científica, marchaba osadamente a regiones jamás exploradas
+hasta entonces.</p>
+
+<p>Una cosa le preocupaba hondamente en aquellos días. Había leído en un
+libro reciente que el pensamiento debía de producirse en el cerebro por
+medio de continuas explosiones, trasmitidas desde las células por las
+fibras nerviosas. No lo creía; más aún: lo rechazaba indignado. Ya
+sabemos que su teoría era la de la destilación. Pero necesitaba
+demostrarla con pruebas irrefragables, necesitaba convencer al mundo de
+la inepcia de los fisiólogos sus predecesores. Sólo sorprendiendo al
+cerebro en funciones podía lograrse este resultado, que llenaría a los
+hombres de felicidad y le coronaría a él de gloria.</p>
+
+<p>¿Cómo alcanzar semejante sorpresa? He aquí el pequeño obstáculo en que
+tropezaba este gran hombre. La primera idea que se le ocurrió fue
+notabilísima, como todas las que brotaban de aquel cerebro privilegiado:
+valerse de los reos condenados a muerte para una experimentación
+adecuada. En este sentido llegó a escribir un artículo luminoso que
+envió a los <i>Anales de las ciencias naturales</i>, ya que sus revistas <i>El
+mundo orgánico</i> y <i>El mundo inorgánico</i> no se publicaban hacía tiempo
+por falta de dinero. Desgraciadamente no fue posible insertarlo, ni allí
+ni en otra revista extranjera adonde lo remitió. Los celos de sus
+colegas le perseguían, como ha sucedido siempre en tales casos. El
+ingenioso Sánchez sabía de largo tiempo atrás que existía una formidable
+conjuración de antropólogos españoles, con ramificaciones en varios
+puntos del extranjero, para destruir o evitar que se propagasen los
+resultados de sus investigaciones. Así que no le sorprendió aquella
+nueva contrariedad. A pesar de sus indignos perseguidores, estaba seguro
+de llegar donde se había propuesto.</p>
+
+<p>Pensó después encontrar algún hombre generoso, dispuesto a sacrificar su
+vida en aras de la ciencia. Lo buscó con afán; pero no fue posible
+hallarlo. Moreno, a quien propuso indirectamente y con muchas reservas
+hacerle un agujero de siete milímetros de diámetro en el cráneo, por el
+frontal, rechazó irritadísimo la proposición y se mostró desde entonces
+tan huido que apenas lograba echarle la vista encima.</p>
+
+<p>Entonces el ingenioso Sánchez, devorado por la pasión científica,
+anhelando escrutar aquel gran misterio y temiendo fundadamente que si
+retrasaba su descubrimiento algún otro sabio, nacional o extranjero, le
+cogiese la delantera, en un rapto de admirable heroísmo, resolvió
+ejecutar sobre sí mismo la experimentación. No se le ocultaba que
+corría grave riesgo de morir; mas, en el caso de que esto sucediese, la
+humanidad no perdería ninguno de los datos que había adquirido para su
+gran descubrimiento. Escribió previamente una larga memoria donde se
+apuntaban con toda claridad. Llegó el momento al fin. Encerrose en su
+laboratorio; se colocó delante de un espejo con todos los instrumentos
+necesarios al alcance de la mano. Y tomando la barrena fatal, comenzó a
+horadarse la frente. La mucha sangre que brotaba le cegó. En vano se la
+enjugó una y otra vez: necesitaba tener los ojos cerrados, lo cual hacía
+inútil la operación. Además, cuando la barrena tocó en el hueso, el
+dolor se hizo irresistible. Estuvo a punto de perder el sentido.
+Suspendió el experimento y pensó si sería mejor que otro lo efectuase.
+Pero en tal caso no sería él quien sorprendiese el misterioso origen del
+pensamiento, sino el operador. Nada podría revelar por su cuenta.
+Además, la operación necesitaba llevarse a cabo con cloroformo: de eso
+estaba bien seguro. Una vez cloroformizado, sus facultades mentales
+quedaban en suspenso. ¿Para qué valía entonces el agujero?</p>
+
+<p>Se puso un trozo de aglutinante sobre la herida; vendose la frente con
+el pañuelo y se dejó caer en una butaca. La tristeza y el desaliento se
+apoderaron de aquel hombre ilustre. Era forzoso renunciar a la gloria
+del gran descubrimiento que había de resolver de una vez todas las
+dudas, que confundiría para siempre las insensatas aspiraciones de los
+idealistas y metafísicos. Tal vez ¡oh dolor! no se pasaría mucho tiempo
+sin que otro sabio tuviese la fortuna de hallar quien se prestase a
+exhibir el cerebro voluntariamente; y entonces el nombre de aquel sabio
+brillaría eternamente al través de las edades, mientras el suyo
+eternamente quedaría sepultado en el olvido.</p>
+
+<p>La voz dulce como un gorjeo de su nietecito Mario le sacó del letargo
+doloroso en que yacía. El pequeño Mario solía subir a la guardilla a
+interrumpirle en sus largos y profundos trabajos. Para el fisiólogo era
+un descanso la llegada del niño. Le besaba, se entretenía algunos
+instantes en charlar con él, y cuando le parecía que había robado
+demasiado tiempo al estudio de la <i>sustancia gris</i>, le decía empujándole
+hacia la puerta:</p>
+
+<p>&mdash;Anda, chiquito, baja con tu abuelita, que yo no puedo perder un solo
+minuto.</p>
+
+<p>Dejole llegar hasta sus rodillas y le acarició distraídamente pasándole
+la mano por los cabellos. Mas al tropezar sus dedos con la tersa frente
+de la criatura quedó súbito paralizado. Sus grandes ojos opacos
+brillaron con extraño fulgor. Incorporose vivamente y se llevó ambas
+manos a las sienes como si temiera que por allí fuera a salir algo grave
+y terrible que convenía tener encerrado. Se alzó de la silla y comenzó a
+dar agitados paseos por la estancia. De vez en cuando se paraba delante
+del niño y le clavaba una mirada ansiosa, profunda.</p>
+
+<p>&mdash;Abuelo, ¿por qué me miras así?... ¿He sido malo?</p>
+
+<p>&mdash;¡No, hermoso mío, no!&mdash;respondió el antropólogo cambiando de expresión
+y volviendo a su benévola sonrisa habitual.</p>
+
+<p>Tornó a pasear, y otra vez se detuvo frente a su nieto y le cogió la
+cabeza con sus manos trémulas, febriles.</p>
+
+<p>&mdash;¿Por qué me palpas, abuelo? ¡Si no tengo nada en la cabeza!... No me
+he caído.</p>
+
+<p>&mdash;¡Oh, sí!... ¡Aquí está! ¡aquí está!&mdash;exclamó con expresión concentrada
+de rabia y de dolor el ingenioso Sánchez.</p>
+
+<p>&mdash;¡No, no! ¡No hay nada! De veras no tengo nada, abuelito.</p>
+
+<p>&mdash;¡Sí, sí! ¡Aquí está el gran misterio!... No hay más que abrir y
+mirar... Pero yo no puedo mirar; yo, que he hecho dar tales pasos
+gigantescos a la ciencia, me veo precisado a detenerme delante de esta
+pequeña barrera... Necesito cruzarme de brazos y aguardar con paciencia
+que llegue otro a recoger la gloria del descubrimiento... ¿Y para esto
+he pasado los días y las noches contemplando con el microscopio los
+cerebros de tanto organismo? ¿Para eso he comprado a peso de oro a los
+mozos del hospital la masa encefálica de más de un cadáver?...</p>
+
+<p>Su exaltación al proferir estas palabras era inmensa. Enrojeciósele el
+rostro y sus ojos se inyectaron mientras con las manos crispadas
+palpaba la cabeza del niño. De tal modo que éste, asustado, se echó a
+llorar. D. Pantaleón recobró instantáneamente la calma y, abrazándole y
+besándole, le bajó acto continuo a su casa.</p>
+
+<p>Pero no sosegó desde entonces. Un pensamiento fatal le perseguía, le
+atormentaba sin cesar. De día se le clavaba en el cerebro impidiendo la
+entrada a otra idea cualquiera; de noche le despertaba con sobresalto y
+le hacía pasar largas horas sin reposo revolcándose en el lecho,
+sintiendo la sangre hervir y murmurar dentro de las venas y la frente
+bañada por grandes gotas de un sudor frío. ¡Qué tormento espantoso! De
+un lado la ciencia, los intereses de la humanidad, la gloria
+inmarcesible de la más grande conquista que haya llevado a cabo el
+entendimiento humano: de otro lado, la ternura instintiva de todo animal
+a su progenie, los respetos tradicionales, las convenciones sociales.
+¡Oh, si pudiera arrancarse de una vez toda ridícula preocupación y,
+contemplando serenamente el pro y el contra de cada asunto, decidirse
+por lo más útil!</p>
+
+<p>En pocos días aquel hombre ingenioso se desmejoró visiblemente. Sus
+grandes ojos melancólicos se hundieron, la nariz se afiló, las mejillas
+se plegaron y todo su inteligente rostro antropológico adquirió un tinte
+sombrío de dolor y desfallecimiento que puso en alarma a la familia.
+Pero no quería oír que estaba enfermo. Se encontraba perfectamente. Su
+abatimiento dependía del exceso en el estudio.</p>
+
+<p>Al fin, como era de esperar, el interés de la ciencia predominó sobre la
+lepra tradicional del sentimentalismo. Cierta mañana, después de haber
+pasado una terrible noche de insomnio, noche de fiebre y terror en que
+de todos los rincones de la estancia acudieron flotando grandes figuras
+sombrías a incitarle a proseguir en su obra de regeneración; en que
+escuchó voces proféticas que le anunciaron gloria inmortal, se arrojó
+violentamente del lecho dispuesto a todo. ¡A todo!</p>
+
+<p>Observó, vigiló, espió los pasos de su familia con astucia sorprendente.
+Trascurrieron varios días sin que pudiese ejecutar su resolución, en
+forma que no se descubriese. Al cabo cierto domingo, hallándose
+apostado en uno de los portales de la calle Mayor, vio salir a las
+criadas de su hija con el pequeño Mario. Siguiolas de lejos hasta el
+Retiro. Allí, ocultándose detrás de los troncos de los árboles, estuvo
+en acecho largo rato. El niño al fin en una de sus escapatorias acertó a
+pasar junto a él. Le llamó, le besó, y rápidamente le arrastró consigo
+lejos para comprarle confites. Cuando estuvo a buena distancia de las
+criadas comenzó a seguir los caminos más extraviados del parque, y por
+ellos fue a salir a Atocha. Desde allí, dando un gran rodeo para evitar
+las calles céntricas, se trasladó a su casa. El pequeño se quejaba de
+cansancio, lloraba. D. Pantaleón le cogía a ratos en brazos.</p>
+
+<p>Antes de llegar a la puerta el fisiólogo dejó al niño en la acera solo,
+después de cerciorarse de que no había nadie observándolos, y
+adelantándose con premura ordenó a la portera que fuese a comprarle
+cigarros mientras él se quedaba al cuidado. Salió la mujer al
+estanquillo, que estaba a la derecha de la casa. Mientras tanto él cogió
+al niño, que se hallaba a la izquierda, y más ligero que un gamo subió
+a la guardilla. Inmediatamente, encargándole que le aguardase sin
+chistar, bajó al portal y allí recibió los cigarros que la portera le
+trajo. Luego, con la mayor tranquilidad, subió de nuevo a su
+laboratorio.</p>
+
+<p>¡Momentos de amarga felicidad para el sabio! Tenía en su poder el
+instrumento que tanto apetecía. Iba por fin a sorprender el gran secreto
+de la Naturaleza. Pero esta grandiosa invención costaría la vida tal vez
+a una criatura de su misma sangre. Una agitación irresistible se apoderó
+de su cerebro. Los lóbulos todos debían de hallarse en descompasado
+movimiento. Presa de horribles vacilaciones, de temor, de anhelo y
+compasión, se sentó delante de una mesa y metió la cabeza entre las
+manos mientras el niño, en completa libertad, curioseaba por la estancia
+enredando con los objetos que estaban a su alcance.</p>
+
+<p>El ingenioso D. Pantaleón salió de su ensimismamiento para mirar el
+reloj. Eran ya más de las seis. No tardarían en llamarle para comer. No
+había más remedio que dilatar el experimento, tanto por esto cuanto
+porque convenía hacerlo a la luz del día. Cogió a su nieto, y sin
+decirle palabra lo llevó hasta una pieza que había debajo del alero del
+tejado y servía de trastera. Al abrir la puerta y ver aquella cueva
+tenebrosa, el niño retrocedió asustado.</p>
+
+<p>&mdash;No, yo no entro ahí, abuelito.</p>
+
+<p>&mdash;¡Silencio!&mdash;exclamó el antropólogo con terrible mirada. Y sacando al
+mismo tiempo del bolsillo del gabán un enorme cuchillo resplandeciente,
+añadió:&mdash;Como digas una sola palabra te corto ahora mismo el cuello.</p>
+
+<p>El niño quedó paralizado por el terror. Hizo un pucherito y pronto
+rompería a gritar si el fisiólogo con certero movimiento no le hubiese
+tapado la boca. Sujetole al mismo tiempo por el cuerpo y lo metió en la
+trastera de golpe. Tomó del suelo una mordaza y un cordel que allí tenía
+preparados; le puso la primera; atole con el segundo las piernas y los
+brazos y lo dejó tendido boca arriba sobre un felpudo diciéndole:</p>
+
+<p>&mdash;No te muevas. Si haces el más pequeño movimiento, hay ahí unos
+ratones que vendrán a comerte las narices.</p>
+
+<p>Cerró la puerta, apagó la luz y se bajó a su casa, sentándose poco
+después a la mesa con la tranquilidad que otras veces. Pero apenas se
+habían sentado llegaron las criadas de Carlota con la noticia de la
+desaparición del niño. Alarmose la casa vivamente. D.ª Carolina corrió
+desalada a la de su hija. D. Pantaleón se vio precisado a acompañarla.</p>
+
+<p>No le fue posible volver hasta las altas horas de la noche. Dejó a su
+esposa acompañando a Carlota y vino pretextando una indisposición. Tomó
+del comedor algunos comestibles, pan, leche, pastas y subió de nuevo
+cautelosamente a su laboratorio. Abrió la puerta de la trastera, desató
+al chico, y amenazándole de nuevo con el cuchillo si daba una voz le
+quitó la mordaza. Le mandó comer. La infeliz criatura, entumecida, fría,
+aniquilada por el miedo, no pudo hacerlo. D. Pantaleón le introdujo a la
+fuerza algunas galletas en la boca y le hizo beber unos tragos de leche.</p>
+
+<p>&mdash;¿Por qué me has atado, abuelito?&mdash;articuló al fin el niño.&mdash;Yo no
+hice nada. Llévame con mamá.</p>
+
+<p>D. Pantaleón le miró fijamente. Por sus ojos pasó un relámpago de razón.
+Le trajo hacia sí, abrazole tiernamente y le besó con efusión repetidas
+veces. El niño, animado, repitió:</p>
+
+<p>&mdash;Llévame con mamá. Me has hecho mucho daño, abuelito, con el cordel.
+Papá no me ata ni me encierra.</p>
+
+<p>Aquel relámpago inteligente se desvaneció en los ojos del viejo. No
+quedó más que una triste expresión de extravío y ferocidad.</p>
+
+<p>&mdash;Tu papá es un ser frívolo, un hombre desequilibrado que prefiere
+sentir a conocer, un hombre que se ha quedado atrás en la evolución. Yo
+no puedo consentir en mi familia un degenerado y le he de matar más
+tarde o más temprano con este cuchillo.</p>
+
+<p>&mdash;¡No! ¡No mates a papá!&mdash;exclamó el chico aterrado, viendo a su abuelo
+blandir el arma con ademán sanguinario.</p>
+
+<p>&mdash;¡Silencio!&mdash;profirió con voz ronca aquél.&mdash;La ley de la selección se
+cumplirá... Tú también morirás quizá, pobre niño, pero tu nombre vivirá
+eternamente unido al mío en los anales de la ciencia y en el
+agradecimiento de la humanidad.</p>
+
+<p>Dicho esto con brusco ademán le puso de nuevo la mordaza, arrastrole
+hasta la trastera, le amarró otra vez y le dejó como antes estaba
+tendido sobre el felpudo.</p>
+
+<p>Al día siguiente no le fue posible realizar el experimento. Se le
+encargaron tantas comisiones para coadyuvar al descubrimiento del chico,
+que sólo tuvo tiempo para subir dos o tres veces a desatarlo y a darle
+algún alimento. Además, tenía miedo de engendrar sospechas si se
+retiraba a su laboratorio por largo rato. Maravillaba la serenidad, la
+energía y la astucia que desplegó durante aquellas críticas
+circunstancias.</p>
+
+<p>Nada se logró en todo el día del lunes ni en toda la noche. Las
+esperanzas de la familia se disipaban poco a poco. Todos se entregaban
+desfallecidos al dolor y gemían por los rincones de la casa menos la
+valiente Carlota, cuya actividad crecía a medida que las esperanzas
+mermaban. Acompañada del inspector y algunos guardias recorría
+incesantemente los parajes más apartados en pos de cualquiera vaga
+noticia, cruzando, como una Dolorosa, las calles en busca de su hijo.</p>
+
+<p>Mientras tanto, D.ª Carolina y Presentación experimentaban fuertes
+ataques de nervios. El mismo Mario se veía necesitado a apelar a los
+antiespasmódicos para no ser presa de ellos.</p>
+
+<p>Amaneció por fin el martes. El ingenioso Sánchez, sintiéndose olvidado,
+comprendió que había llegado el instante de realizar su famoso
+experimento, tanto más cuanto que el estado de la criatura ofrecía ya
+temores. Una de las veces que fue a desatarlo lo halló privado de
+sentido. Necesitó hacerle respirar algunas esencias y frotarle
+vigorosamente encima del corazón para volverle a la vida.</p>
+
+<p>A las once de la mañana subió el antropólogo a su laboratorio, echó
+cuidadosamente el pestillo de la puerta y se dirigió al oscuro desván
+donde yacía su nieto. Había llegado el momento supremo. Desatolo, le
+quitó la mordaza y, después de reanimarlo con palabras y caricias, lo
+llevó a la pieza más clara de la guardilla y lo sentó sobre una mesa
+que tenía al objeto preparada. El estado del pobre niño inspiraría
+compasión a una fiera. Pálido el rostro como la cera y descompuesto, los
+ojos extraviados por el terror, los labios amoratados, las manos
+trémulas, todo su cuerpecito agitado por un intenso temblor, parecía
+realmente que iba a exhalar el último suspiro.</p>
+
+<p>Ya no hablaba, ya no imploraba como antes. El fisiólogo lo contempló con
+expresión de sorpresa, como si por primera vez le viese en aquel
+momento. Volvió a brillar en sus ojos opacos la luz de la razón. Su faz
+se enrojeció fuertemente, sus labios temblaron, tapose la cara con las
+manos y gritó con un sollozo:</p>
+
+<p>&mdash;¿Quién ha sido; quién? ¿Quién ha puesto así a mi nieto?... Alguno de
+esos infames que me persiguen... ¡La cabeza me arde!... ¡Quitadlo,
+quitadlo de aquí! Que yo no lo vea... ¡No, no! ¡no he sido yo! Ha sido
+un malvado fisiólogo que quería hacer con él un experimento... ¡Matadlo!
+¡Matad a ese asesino!...Me ha robado mi nieto... Me ha robado el
+descubrimiento. ¡Matadlo! ¡matadlo!</p>
+
+<p>Después de este rapto de exaltación quedó tranquilo. Paseó con extravío
+sus ojos por la estancia, convirtiolos a su nieto, y su faz reflexiva se
+fue serenando poco a poco.</p>
+
+<p>&mdash;¡Es preciso! ¡es preciso!&mdash;repitió sordamente. Y dirigiéndose a su
+nieto, exclamó con acento profético:&mdash;¡Alégrate, hijo mío!... Los
+dolores que has padecido y los que vas a padecer serán los más
+fructíferos que haya experimentado jamás hombre alguno. Con ellos
+comprarás la inmortalidad. Tu nombre, unido al mío, se repetirá de
+generación en generación al través de las edades. Ni Colón, ni Galileo,
+ni Arquímedes han prestado a la humanidad un servicio como el que tú y
+yo vamos a prestarle...</p>
+
+<p>&mdash;Dame agua&mdash;dijo con voz débil el niño, dejando caer su cabecita hacia
+atrás.</p>
+
+<p>D. Pantaleón se la alzó; pero como no podía ya sostenerse sentado, lo
+tendió sobre la mesa y fue a buscarle agua.</p>
+
+<p>El fuego de la inspiración ardió de nuevo en las pupilas del sabio. Un
+estremecimiento poderoso sacudió su cuerpo. En un instante juntó los
+instrumentos que le hacían falta; trajo esponjas, agua, paños. Después
+de echar una profunda mirada investigadora al microscopio y cerciorarse
+de que estaba limpio y preparado, sujetó al niño a la mesa con una larga
+cuerda. Se detuvo unos momentos. Luego, con rápido ademán, tomó la
+mordaza y fue a ponérsela...</p>
+
+<p>En aquel instante un golpe violentísimo hizo saltar el pestillo de la
+puerta. Batió ésta con estrépito contra la pared. Escuchose un grito
+extraño, desgarrador; y unas manos crispadas se agarraron como tenazas a
+la garganta del fisiólogo.</p>
+
+<p>Éste y su yerno rodaron por el suelo. Fue una lucha furiosa, terrible.
+Las sillas se volcaban; la palangana, las retortas y los frascos caían y
+se hacían cachos. Los gritos, las imprecaciones de uno y otro aumentaban
+el fragor del combate. Parecía que había veinte hombres luchando en
+aquel pequeño recinto.</p>
+
+<p>No era fuerte Mario, pero la defensa de su hijo quintuplicaba el vigor
+de sus músculos. D. Pantaleón era un anciano, pero el estado de
+exaltación de sus nervios le prestaba una fuerza portentosa. Por algunos
+momentos la lucha se mantuvo indecisa. Varias veces cayeron el uno
+debajo del otro y otras tantas se alzaron. Los gritos se fueron
+apagando. El combate se hizo sordo, feroz, desesperado. La voz dolorida
+del niño, amarrado a la mesa, repetía sin cesar:</p>
+
+<p>&mdash;¡Abuelito, deja a papá!... ¡deja a papá!</p>
+
+<p>El loco al fin fue adquiriendo alguna ventaja. Las fuerzas de Mario
+mermaban. Sus dedos cedían: el peso y el volumen de D. Pantaleón le
+asfixiaba. Logró éste al fin ponerse encima de él y sujetarle.</p>
+
+<p>&mdash;¡Ya eres mío! ¡ya eres mío!&mdash;gritó lanzando feroces carcajadas.&mdash;Ahora
+voy a verte el cerebro. ¡Aguarda un poco!</p>
+
+<p>Y le oprimía con sus rodillas el pecho. De tal suerte que el infeliz
+escultor hubiera perecido si Miguel Rivera no entrase en aquel momento.
+Con su ayuda pudo levantarse, y con la de los vecinos que acudieron al
+ruido se logró sujetar al loco y atarlo con la misma cuerda que
+aprisionaba a la desgraciada criatura.</p>
+
+
+
+<h3><a name="XX" id="XX"></a>XX</h3>
+
+
+<p>Algunos medicamentos recetados por el doctor calmaron en pocas horas el
+terrible acceso de Sánchez. Se le quitó la camisa de fuerza. Siguiose un
+estado de grave postración; se temió por su vida. Pero a los pocos días
+se inició la mejoría; no tardó en ponerse bueno, aunque disparatando
+cada vez más. Su locura tomó un aspecto apacible. Hablaba de todo con
+bastante lucidez menos cuando se tocaba el punto de la antropología. El
+médico, temiendo y aun augurando un nuevo acceso de furia, aconsejó a la
+familia que lo recluyese cuanto más pronto en alguna casa de salud,
+Mario se resistía, lleno de compasión.</p>
+
+<p>&mdash;¡Pobre viejo!&mdash;decía.&mdash;Le vamos a dar la muerte encerrándolo en un
+manicomio. ¡Dejadlo al pobre! ¿Quién sabe si irá mejorando poco a poco
+hasta ponerse enteramente bueno? Con un par de criados que le vigilen
+día y noche todo queda arreglado.</p>
+
+<p>Pero Carlota no quería oír de este arreglo. Su temperamento sano,
+equilibrado, rechazaba con profunda aversión toda insanidad del
+espíritu. Mientras Mario perdonaba y aun olvidaba el martirio de su
+hijo, ella lo tenía grabado a fuego en el corazón; no podía arrojar de
+su alma cierto rencor contra su padre, aunque fuese irresponsable.
+Tampoco Presentación le había perdonado las quemaduras del rostro. Fue
+necesario pensar en el establecimiento adonde le habían de conducir.
+Después de varias conferencias se convino en llevarlo a un manicomio de
+Carabanchel. Para efectuarlo sin violencia forjaron, como suele hacerse
+en tales casos, una comedia. Miguel Rivera fue el inventor de ella. Se
+escribió desde Carabanchel una carta al loco, «el más insigne
+antropólogo con que hoy contaba la Europa civilizada,» noticiándole la
+existencia de cierto individuo que ofrecía en sus funciones vitales
+algunas anomalías reversivas con extraños caracteres zoológicos que
+hasta entonces no había podido descifrar ningún fisiólogo. Se hacía una
+descripción, bastante cómica por cierto, de estas anomalías y se le
+invitaba a él, gran anatómico, gran paleontólogo, gran embriólogo, para
+que viniese a examinarlo y emitir su opinión.</p>
+
+<p>No bien hubo leído la carta el ingenioso Sánchez, cuando comunicó a la
+familia su propósito de trasladarse aquella misma tarde a Carabanchel.
+Se aplaudió su decisión: se le facilitaron los medios. Timoteo salió a
+alquilar un carruaje. Tanto él como Mario se brindaron a acompañarle y
+sus esposas respectivas lo mismo. Miguel Rivera, que estaba allí
+casualmente, también quiso ser de la partida.</p>
+
+<p>A las tres de la tarde salieron todos, en un <i>familiar</i>, de la calle de
+Ramales, célebre ya en todo el orbe, en dirección a la puerta de Toledo.
+El día claro y apacible. Saltaba alegremente el carruaje sobre el
+empedrado de las calles. El gran fisiólogo iba de humor excelente y
+departía sobre su famoso descubrimiento con Rivera, que apoyaba con
+vivos movimientos de cabeza sus disquisiciones.</p>
+
+<p>Luego que salieron de la villa y empezaron a correr por la carretera
+tuvieron un gracioso encuentro. D. Laureano Romadonga iba de paseo en la
+misma dirección en compañía de su querida; una nodriza delante llevando
+en brazos un niño. La chula vestía ya de señora con capota y sombrilla:
+no le sentaba mal. Por iniciativa de Rivera, al tiempo de cruzar a su
+lado sacaron todos la cabeza por las ventanillas y gritaron:</p>
+
+<p>&mdash;¡Adiós, D. Laureano! ¡Adiós!</p>
+
+<p>El viejo seductor saludó visiblemente molestado. La chula les clavó una
+mirada inquisitorial, agresiva, sin hacer la más leve inclinación de
+cabeza.</p>
+
+<p>&mdash;¿Pero se ha casado ese hombre?&mdash;preguntó Presentación.</p>
+
+<p>&mdash;No lo sé&mdash;contestó Miguel riendo.&mdash;Dicen que sí. Al fin ha encontrado
+lo que tanto apetecía: una mujer enérgica. Creo que le da cada pie de
+paliza que lo deja verde.</p>
+
+<p>&mdash;¡Qué horror!&mdash;exclamó la joven estupefacta.&mdash;¡Parece mentira!</p>
+
+<p>&mdash;¿Mentira? Repárela usted bien.</p>
+
+<p>La chula no apartaba del carruaje sus ojos con expresión tan fiera y
+despreciativa que fascinaban como los de una pantera.</p>
+
+<p>&mdash;En efecto, debe de ser bien dominante&mdash;manifestó Carlota.</p>
+
+<p>&mdash;¡Un cabo de vara!&mdash;repuso Rivera.&mdash;Lo que le hacía falta a ese cínico
+que se ha pasado la vida burlándose de todas las leyes divinas y
+humanas.</p>
+
+<p>Llegaron por fin al manicomio. Carlota y Presentación se quedaron a la
+puerta, haciendo esfuerzos desesperados para ocultar su emoción. Los
+tres hombres subieron con el fisiólogo con pretexto de examinar también
+el curioso caso de atavismo. Recibioles el director cortésmente. D.
+Pantaleón se dejó conducir por él a otra estancia para conferenciar
+secretamente acerca de las anomalías orgánicas del ser que iba a
+mostrarle. Trascurrió media hora. Al cabo se presentó de nuevo el jefe.</p>
+
+<p>&mdash;Ya está, arreglado el asunto. Pueden ustedes retirarse cuando gusten.</p>
+
+<p>&mdash;¿Ha puesto alguna resistencia?&mdash;preguntó Rivera.</p>
+
+<p>&mdash;Absolutamente ninguna. Queda tan sosegado esperando que mañana le he
+de enseñar el consabido individuo... Hoy no puede ser&mdash;añadió
+sonriendo;&mdash;se encuentra ya durmiendo.</p>
+
+<p>Quedaron los tres silenciosos y tristes. Mario preguntó al fin
+tímidamente:</p>
+
+<p>&mdash;¿Sería posible verlo sin que él nos viese, antes de irnos?</p>
+
+<p>&mdash;No hay inconveniente. Se halla en el jardín en este momento... Pasen
+ustedes por aquí.</p>
+
+<p>Los condujo al través de varias estancias y corredores hasta una
+puertecita. Abrió un ventanillo que tenía y les invitó a mirar. Miró
+primero Timoteo, luego Rivera; el último fue Mario. El ingenioso D.
+Pantaleón se hallaba sentado en uno de los bancos de piedra del jardín
+rodeado de seis u ocho individuos. Llevaba él la palabra acompañándola
+con graves y persuasivos ademanes. Aunque no oían lo que decía,
+supusieron con fundamento que disertaba sobre algún interesante problema
+antropológico.</p>
+
+<p>Retiráronse al fin en silencio. Todos iban serios. El semblante de
+Mario, sobre todo, reflejaba tristeza profunda, una emoción que en vano
+trataba de ocultar. Después de dar algunos pasos por el corredor,
+todavía se volvió para mirar otra vez por el ventanillo. Le costaba
+trabajo arrancarse de aquel sitio donde la compasión le tenía clavado.</p>
+
+<p>Cuando salieron no hallaron a la puerta a Carlota y Presentación. El
+cochero les dijo que las dos señoras se habían ido llorando por el
+camino de la derecha. No estarían lejos. En efecto, apenas habían dado
+algunos pasos las vieron a lo lejos en medio del campo. Sus elegantes
+siluetas se destacaban del fondo claro del cielo con líneas bien
+recortadas. Ambas se llevaban con frecuencia el pañuelo a los ojos.</p>
+
+<p>Juntáronse los hombres a ellas, y sin decirse una palabra volvieran
+lentamente en busca del coche. Marchaban mudos y cabizbajos. Carlota,
+acercándose a Rivera, le preguntó al fin en voz baja y temblorosa:</p>
+
+<p>&mdash;¿Ha hecho resistencia?</p>
+
+<p>&mdash;Nada. Queda muy contento. Tranquilízate. El director nos ha asegurado
+que no tardará mucho tiempo en volver sano a su casa.</p>
+
+<p>Mario se había quedado atrás y contemplaba abstraído la puesta del sol.
+El cielo estaba azul. Sus profundidades se extendían sin nubes sobre su
+cabeza. Pero la brisa del Norte había amontonado allá en el horizonte
+montañas flotantes de nubes de fuego formando fantásticas ciudades,
+cuyas flechas y cúpulas resplandecían temblorosas al través de una gasa
+azul. La campiña estaba dormida: el aire callado. La tierra se extendía
+desnuda y árida.</p>
+
+<p>La bóveda celeste brillaba como un inmenso fanal de luces de oro,
+sublime, infinito, envolviendo los mundos que pueblan sus abismos y
+soledades profundas. Algunas estrellas azuladas se encendían tímidamente
+en los confines del Oriente. Desde el Occidente el ojo sangriento del
+sol las miraba severo.</p>
+
+<p>El sol se acostaba en un mar de púrpura, sobre un vapor flotante y
+encendido, exhalando sus ardores de reposo y de amor. Balanceábase
+majestuoso sobre las nubes resplandecientes con melancolía infinita,
+escuchando graves y sublimes armonías que no llegarán jamás al oído de
+ningún mortal. El manto carmesí de la tarde tachonado de estrellas caía
+de las profundidades del firmamento.</p>
+
+<p>Ante el esplendor glorioso de aquel ocaso Mario permaneció inmóvil de
+sorpresa y admiración. En el paisaje no había más que luz, pero la luz
+bastaba para llenar de colores y formas el cielo y la llanura. Allá a lo
+lejos las torres de Madrid temblaban en un vapor azulado debajo de la
+fantástica ciudad flotante de las nubes.</p>
+
+<p>La noche llega. ¡Oh, quién pudiera vagar por las regiones del aire entre
+las brisas y los rayos de luz! El joven artista sintió una emoción
+intensa que enajenó su alma y la suspendió en un paraíso de inmortal
+claridad y alegría.</p>
+
+<p>&mdash;¡Oh, quién fuese una de esas nubes de oro&mdash;pensó&mdash;para hender con mis
+alas el abismo azul, para flotar en el rosicler de la tarde y sacudir
+el fresco rocío sobre las flores dormidas! ¡Oh, quién pudiera huir sobre
+las olas del aire hasta el trono del sol y habitar el palacio de las
+noches sin nubes! Las espinas de la vida hieren mis carnes; el frío de
+la vida hiela mi corazón. ¡Glorioso sol, llévame contigo, llévame por
+encima de las montañas y las olas, sobre las verdes llanuras y las
+espumas del Océano; llévame lejos del triste sueño de la existencia, a
+reposar bajo tu pabellón tejido de estrellas! He visto a mi hijo
+inocente padecer horribles martirios. He visto a ese desgraciado que ahí
+queda infligírselos por un impulso fatal. Mi espíritu sangra y no
+comprende nada. ¡Glorioso sol, arrástrame contigo; condúceme al templo
+de la Verdad y la Bondad infinitas, a la morada de ese Poder en cuyo
+seno divino todas las contradicciones se resuelven, todos los dolores se
+apagan! Quiero ver desde esas puras estrellas que ocultas con tu
+presencia a esta mísera tierra encadenada a su feroz egoísmo, a su
+tristeza y oscuridad...</p>
+
+<p>Un estremecimiento de anhelo sacudía, el cuerpo del escultor. Su faz
+parecía iluminada por una luz inmortal: sus nervios se dilataban por la
+emoción: en sus ojos extáticos, clavados en el cielo, temblaba una
+lágrima.</p>
+
+<p>&mdash;¿Qué hace Mario allí parado?&mdash;preguntó Carlota volviendo la vista
+atrás.</p>
+
+<p>Rivera se volvió también y, al observar la actitud contemplativa del
+artista y la extraña expresión mística de sus ojos, comprendió lo que
+pasaba en su alma.</p>
+
+<p>&mdash;Déjalo&mdash;manifestó gravemente.&mdash;Tu marido quizá sepa en este momento
+dónde se halla el origen del pensamiento.</p>
+
+<p>&mdash;¡No, por Dios!&mdash;exclamó la fiel esposa, asustada, corriendo hacia él.</p>
+
+<hr />
+
+
+
+
+
+
+
+<pre>
+
+
+
+
+
+End of the Project Gutenberg EBook of El origen del pensamiento, by
+Armando Palacio Valdés
+
+*** END OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK EL ORIGEN DEL PENSAMIENTO ***
+
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+Produced by Chuck Greif and the Online Distributed
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+
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+(and you!) can copy and distribute it in the United States without
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+Gutenberg is a registered trademark, and may not be used if you
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+such as creation of derivative works, reports, performances and
+research. They may be modified and printed and given away--you may do
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+
+
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+Gutenberg-tm electronic works if you follow the terms of this agreement
+and help preserve free future access to Project Gutenberg-tm electronic
+works. See paragraph 1.E below.
+
+1.C. The Project Gutenberg Literary Archive Foundation ("the Foundation"
+or PGLAF), owns a compilation copyright in the collection of Project
+Gutenberg-tm electronic works. Nearly all the individual works in the
+collection are in the public domain in the United States. If an
+individual work is in the public domain in the United States and you are
+located in the United States, we do not claim a right to prevent you from
+copying, distributing, performing, displaying or creating derivative
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+are removed. Of course, we hope that you will support the Project
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+through 1.E.7 or obtain permission for the use of the work and the
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+1.E.9.
+
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+to the Project Gutenberg-tm License for all works posted with the
+permission of the copyright holder found at the beginning of this work.
+
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+
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+electronic work, or any part of this electronic work, without
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