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You may copy it, give it away or +re-use it under the terms of the Project Gutenberg License included +with this eBook or online at www.gutenberg.org + + +Title: El origen del pensamiento + +Author: Armando Palacio Valdés + +Release Date: November 23, 2009 [EBook #30535] +[Last updated: October 7, 2011] + +Language: Spanish + +Character set encoding: ISO-8859-1 + +*** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK EL ORIGEN DEL PENSAMIENTO *** + + + + +Produced by Chuck Greif and the Online Distributed +Proofreading Team at https://www.pgdp.net + + + + + + + + + +EL ORIGEN + +DEL + +PENSAMIENTO + +NOVELA + +POR + +D. ARMANDO PALACIO VALDÉS + +MADRID + +IMPRENTA DE LOS HIJOS DE M. G.-HERNÁNDEZ + +Libertad, 16 duplicado, bajo. + +1893 + +ES PROPIEDAD + + + + +I + + +Mario tenía encendidos los pómulos y el resto de la cara bien pálido: la +mano le temblaba al llevarse la cucharilla a la boca: la garganta se +resistía a dar paso al café, que tragaba apresuradamente y sin gustarlo. +Sus ojos se volvían frecuentemente hacia una de las próximas mesas donde +una familia compuesta de padre, madre y dos niñas de veinte a +veinticuatro abriles tomaban igualmente café. Los papás leían los +periódicos; las niñas escuchaban distraídas las notas prolongadas, +quejumbrosas, del violín. + +El violín se quejaba bien amargamente aquella noche; ya sabremos por +qué. El vasto salón del café estaba poblado de sus habituales +parroquianos. Eran, por regla general, modestos empleados que por el +módico precio de la taza de café se regalaban con sus familias toda la +noche escuchando al piano y al violín todas las sinfonías y todos los +nocturnos habidos y por haber, conversaban, leían los periódicos y se +daban tono de personas pudientes. Había también estudiantes, militares +subalternos, comerciantes de escasa categoría y artesanos de mucha. Los +domingos, la clase de horteras aportaba un contingente considerable. + +De todas las calles céntricas de Madrid, la única que conserva cierta +tranquilidad burguesa que le da aspecto honrado y amable es la calle +Mayor. Entrando por ella vienen a la memoria nuestras costumbres +patriarcales de principios del siglo, la malicia inocente de nuestros +padres, los fogosos doceañistas, la Fontana de Oro, y se extraña no ver +a la izquierda las famosas gradas de San Felipe. El café del Siglo, +situado hacia el promedio de esta calle, participa del mismo carácter +burgués, ofrece igual aspecto apacible y honrado. Hasta la hora +presente no se han dado cita allí las bellezas libres y nocturnas que +invadieron sucesivamente a temporadas muchos otros establecimientos de +la capital. Ni a primera ni a última hora de la noche reina allí Príapo, +numen impuro, sino su hermano Himeneo, protector de los castos afectos. + +Cualquiera podría observar que una de las niñas, la más llena de carnes +y redondita, pagaba algunas, no todas, de las miradas que Mario enfilaba +en aquella dirección. Cuando esto acaecía, la joven sonreía leve y +plácidamente mientras aquél hacía una mueca singular que nada tenía de +sonrisa, aunque pretendía serlo. + +Mario era un joven delgado, no muy correcto de facciones, los labios y +la nariz grandes, los ojos pequeños y vivos, el cabello negro, crespo y +ondeado, la tez morena. Una frente alta y despejada era lo único que +prestaba atractivo y ennoblecía singularmente aquel rostro vulgar. No +sólo miraba con más recelo que entusiasmo hacia la niña de la mesa +inmediata; también dirigía sus ojos asustados hacia la puerta de +cristales que se abría y cerraba a cada momento para dejar paso a los +tertulios. El chirrido del resorte le producía vivos estremecimientos. + +--¡Cuánto tarda hoy D. Laureano!--exclamó al fin en voz alta +dirigiéndose al compañero que tenía enfrente. + +Era éste joven también, de rostro pálido adornado con gafas; gastaba la +barba y los cabellos largos en demasía; su traje, más desaseado que +mezquino. Ni respondió ni levantó siquiera la cabeza al oír la +exclamación de su amigo, atento a la lectura del periódico que tenía +entre las manos. Mario quedó algo confuso por aquella indiferencia, y +añadió sacando el reloj: + +--Las nueve y media ya... Otros días está aquí a las nueve. + +El mismo silencio por parte del joven de la luenga barba. + +Una miradita a la puerta, otra a su regordeta vecina y un sorbo de café +fueron las tres cosas que supo hacer para indemnizarse del desdén de su +compañero. Y se propuso firmemente no volver a dirigirle la palabra. +Pero a los cinco minutos sacó de nuevo el reloj y, sin acordarse de su +propósito, preguntó: + +--Adolfo, ¿sabes si D. Laureano está enfermo? + +Adolfo hizo un leve movimiento de indiferencia con los hombros sin +pronunciar palabra. + +--Es que como ya son cerca de las diez menos cuarto... + +Adolfo era realmente un hombre superior, como se verá en el curso de la +presente historia. Hablaba poco, reía menos, y el espectáculo de las +pasiones humanas no lograba turbar el vuelo elevado de sus pensamientos. +Sin embargo, al cabo de un rato, observando la impaciencia de su amigo, +traducida en vivos movimientos descompasados que hacían rechinar la +silla y ponían en peligro inminente la botella del agua y las tazas de +café, levantó los ojos hacia él, y una benévola sonrisa de compasión se +esparció por su rostro reflexivo. Mario, que admiraba profundamente a +Adolfo, se puso colorado e hizo esfuerzos colosales para estarse +quieto. + +--¡Al fin!--exclamó a los pocos instantes, viendo aparecer por la puerta +a un caballero alto, de figura distinguida, vestido con exquisita +elegancia. + +Pero en vez de manifestarse alegre, como era de esperar, su fisonomía +adquirió la misma expresión que si viera un fantasma. + +D. Laureano, que, aunque viejo, conservaba en su rostro fino, expresivo, +adornado con pequeño bigote, la mejor prueba de los numerosos triunfos +sobre el sexo femenino que se le atribuían, acercose lentamente, con un +cigarro puro en la boca, fijando su mirada en todas las mujeres que por +allí había sentadas. Saludó alegremente a los jóvenes, con la misma +libertad y franqueza que si fuera uno de ellos, dio un par de palmadas +para llamar al mozo y dirigió unas cuantas sonrisas amicales a los +parroquianos de las mesas inmediatas. + +--Aquí tiene usted a Mario deshecho de impaciencia. Ya preguntaba si +estaría usted enfermo--dijo Adolfo. + +--¿Pues?... ¡Ah, sí!... No me acordaba que debo presentarle a su +Julieta... ¡Oh! ¡La juventud!... ¡el amor!... ¡Qué pena para mí ver +esas cosas ya de lejos!--añadió con un suspiro. + +Pero sus ojos codiciosos, atrevidos, dirigiéndose al mismo tiempo hacia +una hermosa mujer sentada cerca del mostrador, pregonaban bien claro que +no andaban tan lejos como decía. + +--Usted me permitirá que tome café, ¿verdad?--preguntó en tono de burla +a Mario. + +Éste sonrió, ruborizándose. + +--Tome usted lo que quiera. No hay prisa. + +--Muchas gracias. + +Mientras D. Laureano tomaba el café, enfilando miradas incendiarias a la +belleza que había descubierto, y Adolfo se enfrascaba nuevamente en la +lectura del periódico, nuestro joven enamorado cambiaba sonrisas de +inteligencia con la vecinita. + +Había estado muchísimo tiempo asistiendo al café sin fijarse en ella. Un +día le dijo don Laureano: «¿Sabe usted que una de las vecinitas, la más +gruesa, no le mira a usted con malos ojos?» Lo dijo por bromear; pero +bastó para que nuestro joven fijase su atención en ella, la fuese +hallando cada día más bonita, aunque en opinión de todos no fuese más +que pasable, se interesase un poco y concluyese por enamorarse +perdidamente. Mario no había conocido a su madre. Su padre, hombre +público importante, subsecretario, consejero de Estado varias veces, +había fallecido hacía tres años. Como acaece algunas veces, más de las +que el vulgo imagina, D. Joaquín de la Costa, que había tenido tantas +ocasiones de hacerse rico, murió sin dejar hacienda alguna a su hijo. +Tuvo que vivir éste exclusivamente con el empleo de doce mil reales que +le había dado en el ministerio de Ultramar. El dinero que recabó de la +almoneda de su casa lo gastó muy pronto en una escapatoria que hizo a +Francia y a Italia. Como testimonio de respeto a la memoria de su padre, +el ministro que a la sazón desempeñaba la cartera de Ultramar le había +ascendido a catorce mil reales, y tal sueldo era lo único que poseía. +Alojaba en una casa de huéspedes donde por tres pesetas le daban +habitación y almuerzo. Comía siempre en casa de alguno de los amigos de +su padre. Con lo que le restaba de la paga atendía pasablemente a sus +necesidades, que no eran muchas: un traje decente, una taza de café, al +teatro los sábados y a los conciertos los domingos de primavera. Había, +no obstante, cierto agujero por donde se le escapaban más pesetas de las +que podía destinar a sus placeres, colocándole a veces en situación +angustiosa. Hay que decirlo en secreto, porque a Mario no le gustaba que +se divulgase entre sus amigos. Era aficionado a la escultura. En +modelos, vaciadores y utensilios se le iban lindamente los cuartos. + +Desde muy niño había mostrado afición al dibujo. Su padre, por +complacerle, le puso maestro: llegó a dibujar muy correctamente. Luego +emprendió la pintura, venciendo sin trabajo la resistencia de su padre. +Sentía éste verle malgastar tanto tiempo en las clases de adorno, +dejando abandonados los estudios serios. En la pintura no hizo tantos +progresos. El color ofrecía para él dificultades insuperables. En +cambio, por la amistad que trabó con algunos de los discípulos de la +clase de escultura en la Academia, comenzó a ensayarse en el modelado, +y se sintió desde luego tan apto que siguió trabajando con ahínco. En +poco tiempo hizo progresos extraordinarios. Tantos le parecieron y tanto +le llenaron la cabeza de viento sus amiguitos, que un día tuvo la +audacia de presentarse a su padre manifestándole que quería dejar la +carrera de abogado para dedicarse exclusivamente a la escultura. No se +sabe cómo D. Joaquín le dejó vivo. Su indignación estalló de tal manera +fragorosa, que el pobre Mario corrió a refugiarse en su cuarto, donde +lloró con abundantes lágrimas la ruina de sus ilusiones artísticas. + +Mal que bien y a trompicones terminó la carrera de leyes. Pero, +ocultándose cuidadosamente de su padre, seguía modelando en casa de un +amigo que le facilitaba para ello su estudio. Allí perdía horas y horas +mientras los tratados de derecho civil y canónico yacían en los rincones +de su cuarto solitarios, cubiertos de polvo, en ignominioso e inmerecido +abandono. Cuando su padre falleció, experimentó profunda sensación de +soledad y tristeza. Había vivido siempre en total ignorancia de las +condiciones materiales de la existencia. La bondad de su padre le +consentía gastar todo su sueldo en caprichos y placeres. Era un hijo de +familia mimado que vivía en su casa como en una fonda. Al revelársele su +situación quedó sumido en profundo abatimiento. Salió de él bastante +cambiado. Sus pensamientos fueron más graves, más tristes, más +prosaicos. Comprendió que era necesario cambiar de todo en todo sus +costumbres, reducir al último grado posible sus necesidades y vivir +modestamente atenido al sueldo que felizmente la previsión de su padre +le había alcanzado. + +No obstante, estos sanos propósitos estaban tan frescos que se borraron +al contacto de las ocho o diez mil pesetas que la almoneda de su casa le +produjo. En vez de guardarlas como reserva para cualquier apuro o sacar +de ellas algún interés, así que las tuvo en la mano surgió en su cerebro +el pensamiento de hacer un largo viaje. Aprovechando la compasión del +ministro obtuvo licencia ilimitada y recorrió durante cuatro meses las +principales ciudades de Italia y algunas de Francia, Alemania e +Inglaterra. Era el sueño de su vida. Conocer los monumentos +arquitectónicos y ver los mármoles auténticos de la antigüedad pagana +era una aspiración intensa que en su espíritu exaltado había llegado a +convertirse en fiebre. Al subir los escalones del peristilo del museo +del Louvre y descubrir al final de larga sala, arrimada a un cortinaje +rojo, sola sobre su pedestal la célebre _Venus de Milo_, sintiose +poseído de una emoción indefinible: las piernas quisieron doblársele, y +si no le detuviese el temor al ridículo, hubiera caído de rodillas ante +la majestad de la diosa, a semejanza de los marinos griegos, que al +arribar a la costa de Milo se apresuraban a rendir adoración a la +hermosa _Aphrodita_. El mismo sentimiento de alegría y respeto que a +ellos les embargaba embargábale a él. Si no la creía como ellos nacida +de la espuma del mar, fecundada por la sangre de Urano, juzgábala nacida +de la mente divina de un artista que hasta ahora nadie igualó jamás. +Algo semejante, aunque no con tal fuerza, le acaeció en presencia del +Apolo del Belvedere, y el Fauno de Praxíteles en Roma, de la Niobe y la +Venus de Cleomenes en Florencia. + +Al regresar a Madrid y tocar nuevamente la prosa de los expedientes y la +vida mezquina de la casa de huéspedes, experimentó una sensación de +tristeza mortal como si le hubiesen condenado a presidio. Disgustose de +la práctica de la escultura. Después de ver las obras maestras, la +estatuaria de sus compañeros le parecía tan afectada, tan pobre, tan +ridícula, que por no parecerse a uno de ellos, halló mejor abandonar +enteramente los palillos y el cincel. Comenzó a pasar horas y horas en +el café y se aficionó con frenesí a la música. Gozaba también con +escuchar las disputas científicas y filosóficas que su amigo Moreno +mantenía con cualquiera que le llevase la contraria. Jamás intervino en +ellas. Pero divertían su espíritu de la muchedumbre de pensamientos +melancólicos que constantemente se cernían sobre él. + +Asistía ordinariamente a la misma mesa del café, además de Moreno y D. +Laureano, otro amigo llamado Miguel Rivera, viudo, antiguo periodista, +secretario particular en la actualidad de un ministro, hombre de +carácter festivo y alegre conversación cuando no abatía su espíritu el +recuerdo de un terrible pesar que había experimentado. Iban asimismo un +caballero de edad media, barba gris y voz de sochantre, llamado D. +Dionisio, y un jovencito sonrosado, de fisonomía dulce e interesante que +respondía por Godofredo Llot. + +D. Laureano no daba señales de recordar el compromiso contraído. Mario +sentía al mismo tiempo pesar y alegría de este olvido porque, si +anhelaba acercarse a su ídolo, temía el instante de la presentación como +un trance apuradísimo. + +--Buenas noches, señores--dijo una voz bronca, profunda. + +--Hola, D. Dionisio, ¿cómo estamos?--preguntó distraídamente D. +Laureano, sin apartar la vista de la preciosa chula que había +descubierto. + +--Medianamente; horriblemente fatigado--respondió el caballero que +acababa de sentarse. + +Y adoptó una actitud tal de cansancio hundiendo la cabeza en el pecho, +dejando pendientes las manos y respirando con anhelo por su boca +entreabierta, que en realidad parecía deshecho por una serie de +esfuerzos colosales. Paseó su mirada lánguida por los circunstantes +esperando que se le pidiese explicación de aquel cansancio. Pero D. +Laureano atendía a su juego; Adolfo Moreno seguía enfrascado en la +lectura; Miguel Rivera, que hacía un rato había llegado, se le quedó +mirando fijamente y con cierta sonrisa burlona. El único asequible en +aquel momento era Mario. A él se dirigió metiéndole la boca por el oído. + +--Diez y siete cuartillas. + +--¿Cómo? + +--Diez y siete cuartillas. He terminado el capítulo onceno. + +--¡Ah! + +--Es un trabajo espantoso. En veinte días llevo escritas cerca de +trescientas cuartillas. + +--Trabaja usted demasiado, D. Dionisio--dijo con gesto de aburrimiento +Mario. + +--No hay más remedio--murmuró modestamente el caballero.--Para +conseguir una plaza en la república de las letras, es necesario trabajar +mucho. + +Era D. Dionisio Oliveros un antiguo empleado del ministerio de Ultramar, +jefe del negociado donde servía Mario, que ya muy tarde, cuando pasaba +de los cuarenta, se sintió irresistiblemente llamado a conquistar la +gloria de la literatura. Y comprendiendo, con admirable instinto, que +había perdido mucho tiempo, quiso compensar a las musas de su largo +alejamiento por medio de una constancia y una adhesión ilimitadas. Todo +el tiempo que le dejaban libre los expedientes le parecía escaso para +cortejarlas. Dramas, comedias, poemas grandes y chicos, novelas, cuantos +géneros comprende la bella literatura, salían en atropellada procesión +de su pluma. Vivía en una verdadera fiebre de producción. Había +publicado dos o tres cositas, en cuya impresión agotó sus cortos +ahorros. Ahora se dedicaba a buscar editor o empresario, pero sin +abandonar por eso su labor incesante. Esperaban, guardadas en legajos y +admirablemente copiadas en letra inglesa, que llegase el día de ver la +luz, cuatro novelas, siete dramas, un poema, cinco comedias y un número +considerable de poesías líricas, que según sus cálculos podrían formar +tres tomos voluminosos. + +--Oiga usted, D. Dionisio--dijo Miguel Rivera, que no quitaba del +laborioso poeta sus ojos risueños.--¿No le han pasado a usted recado +nunca los vecinos? + +--¿Por qué me lo habían de pasar?--preguntó sorprendido Oliveros. + +--¡Toma! Por el ruido que usted hará en las altas horas de la noche al +fabricar sus poemas. + +--Yo no hago ruido ninguno--repuso el otro, amoscado. + +--¡Ah! Pues yo pensaba que esas redondillas tan vigorosas necesitaban +grandes martillazos. + +D. Laureano y Mario volvieron la cabeza para reírse. Adolfo Moreno metió +la cara por el periódico para hacer lo mismo. + +--Usted siempre de broma, amigo Rivera--dijo el poeta, avergonzado. + +El café estaba en su momento álgido. Las luces, el humo del tabaco, el +aliento de los centenares de personas allí reunidas, formaban una +atmósfera espesa donde sólo respiraban bien los seres adaptados a ella +desde largo tiempo. El violín exhalaba sus notas arrastradas, +lamentables, quejándose siempre de un dolor tan amargo como misterioso. +La mayor parte no le comprendían; pero había algunos seres privilegiados +y poéticos, casi todos ellos del ramo de sedería, en quienes sus +lamentos hallaban eco y simpatía. Dejaban de intervenir en la +conversación de sus compañeros, se echaban hacia atrás en la silla, y +enteramente abstraídos, con los ojos entornados, daban claro testimonio +de la delicadeza de sus sentimientos. ¡Qué contraste con los del ramo de +ultramarinos, hombres por lo general incultos y zafios, incapaces de +distinguir un _nocturno_ de una _barcarola_! + +D. Laureano andaba conmovido con los ojos hermosísimos de aquella chula +sentada cerca del mostrador. Mientras tomaba el café a breves sorbos no +apartaba la mirada de ella, sin atender poco ni mucho a la conversación +de sus compañeros. Así que dio fin a la taza, levantose de la silla, y +sin decir adiós se alejó a paso lento, solapado, balanceando el tronco +esbelto de su figura al través de las mesas y las sillas, en dirección +del mostrador. + +--Ya empezó el ojeo. Matusalén toma vientos--dijo Rivera mirándole con +curiosidad. + +Los demás volvieron también la cabeza y sonrieron. + +--¡Qué hombre tan singular!--murmuró Adolfo Moreno.--¡A su edad tener +las pasiones tan despiertas! Indudablemente es un caso de anomalía +orgánica: el exceso de nutrición se ha prolongado mucho más que en el +tipo común. + +Miguel Rivera le echó una mirada de reojo donde se leían mil cosas +irónicas y, poniéndole una mano sobre el hombro, le dijo: + +--¡Bien, _técnico_, bien! Advierto con placer que cada día penetra usted +más adentro en los misterios de la morfología. + +Adolfo hizo un gesto de mal humor, mientras los demás sonreían. Le +mortificaba profundamente el apodo que Rivera le había puesto y las +bromas constantes que le merecían sus aficiones científicas. +Calificábalo por detrás de hombre frívolo, ignorante, y periodista +insustancial; pero nada se atrevía a replicarle, en parte, porque Miguel +le llevaba bastantes años y, en parte también, porque temía a su +proverbial causticidad. + +D. Laureano había llegado al mostrador y, arrimado a él, hablaba +secretamente con el encargado. ¿Por qué le llamaba Matusalén Rivera? +Porque, aunque parezca maravilloso, increíble, D. Laureano tenía cerca +de sesenta años. Nadie le supondría más de cuarenta y cuatro o cuarenta +y seis. Era un hombre alto, esbelto, de cabellos negros y rizados donde +sólo se advertía tal cual hebra plateada, la tez fresca y sonrosada, el +pequeño bigote retorcido hacia arriba, la dentadura perfectamente +conservada. Vestía con suprema elegancia, con una distinción tan poco +afectada que aun las formas más extravagantes impuestas por la moda +sobre su cuerpo parecían sencillas y adecuadas. Hacía cuarenta años que +llevaba la misma vida de joven alegre y elegante. Jamás había trabajado +en nada. Dos hermanos, que ya se habían muerto, honrados comerciantes +que tuvieron un almacén de tejidos en la calle de la Montera, habían +provisto con cariño a sus necesidades y hasta a sus vicios mientras +vivieron. A su fallecimiento le dejaron por heredero de una regular +hacienda. Le llevaban bastantes años, y más que hermano fue siempre para +ellos un hijo mimado. Complacíanse en verle montar a caballo, guiar un +faetón, alternar con los jóvenes de la aristocracia, y se engreían +infinitamente cuando oían hablar de su elegancia, de sus queridas, de +los triunfos que obtenía en sociedad. Aquellos dos pobres hombres, +encerrados en su oscura tienda, haciendo números y midiendo telas todo +el día, no tenían con los goces de la existencia otro contacto. Una sola +condición ponían a este sacrificio: que no se casase. Formando nueva +familia rompía aquel lazo filial, dejaba de ser su orgullo; la ola +perfumada del mundo ya no llegaría al tétrico rincón de su almacén. D. +Laureano hacía valer mucho esta prohibición para sacarles lindamente +los cuartos: en realidad, importábale tan poco que jamás se le había +pasado por la mente enajenar su grata libertad. Aborrecía de muerte el +matrimonio y la familia. Cuando algún amigo se casaba, considerábale +como un suicida. Las enfermedades y los caprichos de la esposa, los +gastos exorbitantes de la casa, el llanto de los chiquillos, las +exigencias de la nodriza, todas las miserias y contrariedades de la vida +matrimonial en suma, se ofrecían a su imaginación con tal relieve y +sabía describirlas tan gráficamente que, escuchándole, a nadie le +entraba en apetito el probarlas. + +Tenía alquilado un cuarto en la plaza de la Independencia, con un solo +criado a su servicio. Comía fuera de casa, generalmente en el Casino. +Cuando iba a alguna reunión o le tocaba el turno del Real, el criado le +traía la ropa en un cajoncito expresamente fabricado con este objeto, y +en el mismo Casino se mudaba. + +Como hombre enteramente resuelto a gozar todos los placeres de la +existencia, no limitaba sus relaciones a un círculo determinado. Tenía +amigos y amigas, más particularmente amigas, en todas las clases de la +sociedad. Era tertulio del club aristocrático de los Salvajes, del +Casino, del Suizo, de la cervecería Inglesa y del café del Siglo. En +todos estos lugares había un grupo de jóvenes o de viejos que le +juzgaban parte integrante de la tertulia. No había tal. D. Laureano no +se entregaba a ninguna sociedad; saltaba de una a otra con la mayor +indiferencia. Cuando se hallaba entre los viejos del café Suizo no se +acordaba de que le aguardaban los jóvenes bulliciosos de la Gran Peña +para perpetrar alguna terrible broma; cuando charlaba con sus amiguitos +del café del Siglo, gente de humilde posición, parecía ignorar la +existencia de sus compañeros los duques del club de los Salvajes. +Asistía ocho días seguidos a cualquiera de estas sociedades: de repente +se cansaba y tardaba en venir un mes. Miguel Rivera solía compararlo a +_Milord_, un famoso perro que asistía con su amo al café del Siglo. +Mientras le daban terrones de azúcar se mostraba muy solícito y +cariñoso. En cuanto observaba que los platillos quedaban vacíos, se +alejaba de la mesa afectando no conocerles siquiera. D. Laureano no +estaba con ellos sino mientras le divertían. + +Pues si pasamos al sexo femenino, aquí sí que se dilataba +desmesuradamente la esfera de sus conocimientos. Tan pronto se le veía +asiduo galanteador de una marquesa averiada, como festejando a alguna +hermosa horchatera. Una noche formaba el encanto de alguna tertulia +cursi y enamoraba a cualquier zagalilla de quince años, dulce y tímida; +a la siguiente se le veía cenando en algún colmado con dos rameras. Su +amor no reconocía clases, ni estados, ni edades. + +Tenía un carácter apacible y su trato era cortés y afectuoso. No +disputaba jamás, pero gozaba oyendo disputar a los otros. Poseía +inteligencia bastante lúcida y una ilustración que, aunque superficial, +le servía para no hacer papel desairado en ningún sitio. Tocaba el piano +medianamente, leía muchas novelas francesas y hablaba con alguna +competencia de pintura. Toleraba fácilmente los defectos del prójimo y +se hacía perdonar los suyos por la frescura y la gracia con que los +confesaba. Se refería a sus vicios y se jactaba de ellos con suave +cinismo que a algunos hacía gracia y a otros repugnaba. De todos modos, +era un compañero agradable y hombre con quien había seguridad de no +tener choque alguno por palabra de más o de menos. En todas partes +inspiraba alegría su presencia, la alegría serena, apacible que su +rostro reflejaba constantemente. + +--Manuel, vas a decirme en seguida quién es esa chiquilla que está aquí +sentada a la derecha con un viejo--dijo al encargado del café +inclinándose y metiéndole los labios por el oído. + +--No puedo darle muchas noticias, Sr. Romadonga. Son padre e hija y me +parece que los conoce Remigio, uno de los mozos... Aguarde usted un +poco. + +Llamó el encargado a Remigio y éste les manifestó que eran vecinos suyos +y vivían en la calle de Lavapiés. El padre era viudo, de oficio sillero +y no tenía más hija que ésta. La muchacha estaba aprendiendo a peinar. +Buena gente. El sillero un infeliz. La chica muy trabajadora y muy +recatada, pero con un genio de dos mil diablos. Armaba cada pelotera de +vez en cuando con la vecina del segundo, que la casa temblaba. + +--¡Así me gustan a mí!--murmuró D. Laureano atusándose con mano trémula +el bigote y devorando con los ojos a la hermosa chula,--¡Que muerdan y +arañen como los gatos! + +No habían pasado inadvertidas para aquélla ni las miradas apetitosas del +bizarro señor ni el conciliábulo que celebraba con el encargado y el +mozo su vecino. Bien entendió que se trataba de ella y que el elegante +caballero la encontraba muy de su gusto. Moviose con inquietud en la +silla, dirigió dos o tres furtivas miradas al grupo y se llevó la mano a +la cabeza para alisarse el pelo, primera y graciosa respuesta de +inteligencia que da siempre la mujer a los homenajes que le dirigen con +la vista. + +--¡Preciosa criatura!--añadió como hablando consigo mismo.--¡Qué ojos! +¡qué tez de nácar! ¡qué dentadura!... Las formas superiores. Debe de +ser muy joven... Lo más que tendrá serán veinte años. + +--Atiende, Concha--dijo entonces el mozo en voz alta dirigiéndose a la +chula.--¿Cuántos años tienes? + +--¿Qué te importa?--replicó la joven. + +--A mí nada... pero este señor... + +--Le importa menos. + +--Eso no lo sabe usted--dijo D. Laureano en voz alta también. + +--Por sabido. + +--Acaba de echarte veinte años--dijo Remigio. + +--Es que no me ha reparado bien. + +--¿Tiene usted más?--preguntó D. Laureano. + +--No lo sé. ¿Es usted por causalidad del registro civil? + +Concha afectaba al hablar un tono desdeñoso y ponía esos ojos tan +graciosamente agresivos que caracterizan a las hijas del pueblo en +Madrid. + +--Pues si usted tiene más no los aparenta--manifestó Romadonga, que era +un psicólogo práctico para quien ni el alma de las chulas ni el de las +duquesas guardaban secreto alguno. + +Acercose al mismo tiempo con paso firme y sosegado a la mesa donde padre +a hija se sentaban y, haciendo una cortés inclinación de cabeza, añadió +gravemente: + +--Estoy seguro de que no tiene más y apelo al testimonio de su papá, de +cuya amabilidad espero que no me ha de engañar. + +El sillero se llevó con serio ademán la mano al sombrero, sonrió y dijo +lleno de amabilidad: + +--El 8 de Diciembre, día de Nuestra Señora, ha cumplido los diez y seis. + +--¡Qué atrocidad! + +¡Ea! Ya está D. Laureano en su terreno. A los cinco minutos se había +sentado formando triángulo con el sillero y su hija. A los diez parecía +su íntimo amigo, departía con ellos familiarmente y hacía reír a la +hermosa chula con la batería de chascarrillos y donaires que tenía +reservados para las hijas del pueblo. + +Mientras tanto el semblante de nuestro buen amigo Mario expresaba una +muda y profunda desesperación que causaba pena. Romadonga era capaz de +pasarse toda la noche hablando con la chula. Dirigíale desde su mesa +miradas intensísimas, unas veces suplicantes, otras coléricas, las +cuales no advertía siquiera el viejo trovador, y si alguna vez se +tropezaban casualmente sus ojos, los de éste expresaban indiferencia +absoluta como si nada hubiese ofrecido a su amiguito. El rostro de la +vecina también se había puesto sombrío, y ya no se volvía sino muy rara +vez hacia su afligido adorador. + +Miguel Rivera se había ido. En su lugar estaba Godofredo Llot. Éste era +un joven, casi un adolescente, de rostro afeminado, cabellos rubios, tez +nacarada, ojos azules y agradable presencia. + +Adolfo Moreno le acogió con sonrisa irónica. + +--¿Has estado hoy en Nuestra Señora de Loreto, Godofredo? Acabo de leer +en _La Correspondencia_ que se han celebrado esta tarde solemnes +vísperas. + +--No, no he estado--replicó el chico con visible malestar, poniendo los +ojos serios y distraídos para atajar, si era posible, las bromas +insulsas con que Moreno solía regalarle. + +--Pues, hombre, me sorprende muchísimo, porque unas vísperas me parece a +mí que no son para desperdiciar... sobre todo solemnes. ¡Anda, que +cuándo te verás en otra! + +--Pues en seguida--replicó Llot malhumorado.--A cada momento las hay. + +--¡Hombre, me dejas sorprendido! ¿Y a beneficio de quién eran éstas? + +--¡Cómo a beneficio?... + +--Sí; ¿a beneficio de qué cura se daba la función esta tarde? + +Godofredo hizo un gesto de resignación y no contestó. + +Adolfo gozaba extremadamente en embromar y hasta escandalizar a aquel +pobre muchacho, fervoroso creyente y dado a las devociones piadosas. + +Godofredo Llot era de Alicante. Habíase educado en un colegio de +jesuitas, permaneciendo allí hasta los diez y ocho años, casi los que +ahora representaba, aunque hubiese cumplido los veintitrés. Sus maestros +le habían inculcado tan profundamente el sentimiento religioso, que +apenas vivía más que para darle desahogo. Oía misa todos los días, +confesábase a menudo, aunque no tanto como sus amigos pretendían; +alumbraba con un cirio en las procesiones o llevaba en hombros alguna +imagen cuando los estatutos de la cofradía en que estaba inscrito lo +exigían. Era amigo de todos los clérigos, con quienes departía +familiarmente en las sacristías. Gozaba igualmente el honor de ser +recibido en el palacio episcopal y de que el Nuncio de Su Santidad le +llamase por su nombre cuando le besaba el anillo en el paseo. Y sobre +estas bellas cualidades que le hacían estimable y simpático en sociedad, +particularmente a las señoras, poseía Godofredo algunas otras dignas de +aprecio. Era estudioso, y un escritor que comenzaba a adquirir renombre +entre los suyos. Escribía en los periódicos católicos artículos +literarios que se distinguían por un estilo florido y pintoresco, cuyo +efecto entre las devotas suscritoras era asombroso. Respiraban tal vivo +entusiasmo por las glorias del catolicismo, una fe tan ardiente y +cierta frescura de corazón, que rara vez suelen hallarse en la +escéptica juventud del día. Sobre todo al recordar las hazañas de los +héroes cristianos en la Edad Media, «aquellos caballeros de armadura +resplandeciente como su conciencia, que con la cruz bendita sobre el +corazón marchaban al combate a pelear por su Dios,» o al tocar el asunto +de las catedrales góticas, «donde la luz se filtraba misteriosa por los +vidrios de color de sus ventanas ojivales, y cuyas elevadas torres +destacándose severas en medio de la noche parecen un dedo que señala al +cielo,» realmente la pluma de Godofredo despedía vivos destellos de +elocuencia que hacían presagiar un futuro apóstol, una columna en que se +apoyaría el catolicismo con el tiempo. Esto se pensaba por lo menos en +las sacristías y en las redacciones de los periódicos ultramontanos, +donde se le mimaba a porfía y donde había llegado a adquirir maravilloso +ascendiente. + +Con tales ideas y piadosas inclinaciones, ¿cómo se entiende que Llot +asistiese al café del Siglo? Él daba a tal exceso una explicación +bastante plausible. Había conocido a Moreno en la Universidad, en la +clase de derecho romano. Trabó estrecha amistad con él conversando +largamente por los corredores en espera de las clases. Esta amistad se +rompió inopinadamente porque Moreno abandonó la carrera de leyes. No +volvió a verle hasta pasados dos años en que le halló casualmente en un +teatro. Reanudaron entonces con alegría sus relaciones. Pero, con grande +y dolorosa sorpresa suya, observó que su desgraciado amigo había rodado +en los abismos de la incredulidad: las malas compañías le habían +pervertido por completo. Contristado hasta un punto indecible, previo el +consentimiento de su confesor, en vez de apartarse de él como de un +apestado, tuvo la caridad de proseguir su amistad, esperando que con el +tiempo y los constantes y oportunos consejos se reconciliaría con la +Iglesia. Pero Moreno no quería oír hablar de tal reconciliación. Cada +vez más ciego en su extravío, burlábase amargamente de la fe sencilla y +ardiente de su amigo. No desmayaba éste: sufría con resignación los +sarcasmos y hasta los insultos que a menudo le dirigía, esperando con +paciencia el día en que Dios le tocase en el corazón. + +--Moreno, hace usted mal en burlarse de las cosas de la religión. ¡Quién +sabe si algún día se arrepentirá usted de esas bravatas!--dijo D. +Dionisio con su voz cavernosa. + +--¿Yo?--replicó vivamente Adolfo haciendo un gesto furioso, lo mismo que +si le hubiesen llamado ladrón. Pero reponiéndose súbito y dejando asomar +a su rostro una sonrisa sarcástica, dijo tranquilamente:--Eso queda para +ustedes los poetas, que proceden siempre, lo mismo en la vida que en la +esfera del conocimiento, por los impulsos ciegos del sentimiento. Quien +ha llegado a cierta clase de conclusiones por un método rigorosamente +científico, no hay peligro de que cerdee jamás. + +--Convengo, amigo Moreno, en que los hombres de imaginación no somos a +propósito para escudriñar los problemas abstrusos de la ciencia--replicó +dulcemente Oliveros, relamiéndose interiormente con el dictado de poeta +que el otro le había otorgado.--Pero no me negará usted que sólo por el +sentimiento se han llevado a cabo las grandes empresas, todos los actos +heroicos que registra la historia. + +--No me opongo a ello: lo único que deseo hacer constar es que ese +sentimiento que usted juzga tan elevado, tan sublime, no depende más que +de algunas gotas de sangre de más o de menos en el cerebro. En cuanto al +sentimiento religioso de que hablábamos, está plenamente demostrado que +no es una facultad primitiva y distintiva del hombre: sólo corresponde a +un estado transitorio. + +--Pero todos los pueblos tienen religión--clamó profundamente D. +Dionisio. + +--Se engaña usted, querido Oliveros--manifestó Moreno sonriendo de +felicidad por hallarse en situación de poder desbaratar aquel error tan +pernicioso.--Se engaña usted, no todos los pueblos tienen religión. En +el África central existen algunos pueblos que carecen de ideas +religiosas. Los cafres Makololos tampoco las tienen muy claras, ni los +Papouas de la costa Maclay en Nueva Guinea, ni los Esquimales de la +bahía de Baffin... + +Entablose una acalorada disputa filosófico-religiosa con los caracteres +esenciales que ofrecen tales discusiones en los lugares cerrados +dedicados a expender licores y refrescos. Las ideas, cuando parecían +luminosas, se repetían indefinidamente y en tono cada vez más elevado, a +fin de que se grabaran profundamente en el cerebro del contrincante. + +--¡Es que todas las religiones tienen sus milagros!--Permítame usted, +Moreno...--¡Es que todas las religiones tienen sus +milagros!...--Permítame usted, Moreno; el mundo sería...--¡Es que, amigo +Oliveros, todas las religiones tienen sus milagros!--¡Pero permítame +usted, Moreno! el mundo sin religión sería...--¡Es que... + +Cada cual, enamorado de sus proposiciones juzgándolas de todo punto +incontrovertibles, no quería escuchar siquiera las del contrario. + +Apelábase con bastante frecuencia a símiles de orden corporal, que son +los que en tales casos presentan más dificultad al adversario. Y se +tomaban como puntos de comparación los objetos que tenían más a la mano. + +--¿Ve usted esta mesa?... Aquí hay materia, aquí hay forma.--Ahora +bien, si yo tomo en la mano esta copa y la trasporto desde este sitio a +este otro...--¿Por qué esta copa es trasparente y esta taza no lo es?... + +El resultado ordinario de tales símiles es desconcertar al adversario y +destruir por entero el tejido de sus sofismas. Pero a veces, cuando el +preopinante esfuerza demasiado la argumentación, las copas o las tazas +suelen rodar por el suelo y quebrarse. Entonces es el preopinante quien +se desconcierta y dirige con turbado semblante miradas tímidas hacia el +mostrador. + +Adolfo Moreno gozaba incomparablemente en estas discusiones que le +permitían lucir sus conocimientos en las ciencias naturales. Y como +estos conocimientos solían ser tan recientes que muchas veces databan de +la noche anterior o del mismo día, su fuerza era irresistible. ¡Qué +serie asombrosa de pormenores, cuánta erudición desplegaba en ocasiones! +Los contrarios quedaban silenciosos y confundidos y los parroquianos de +las mesas inmediatas henchidos de admiración. Algunos de éstos que +habían concluido por trabar amistad con ellos, se trasladaban en +ocasiones a la mesa de los filósofos y tomaban parte en las disputas. + +Mientras la discusión religiosa se desenvolvía, profunda y acalorada, +Godofredo Llot aparecía agitado, convulso. Varias veces había querido +intervenir, pero como lo hacía tímidamente no se le escuchaba. Y las +impías proposiciones que su amigo sustentaba le llegaban tan al alma, +turbaban de tal manera sus facultades, que apenas tenía alientos para +formular un argumento. Estaba consternado: su corazón se iba apretando +de pena. Aquella noche Moreno parecía un demonio terrible y batallador, +escupiendo con furia sus blasfemias, manifestando con cinismo infernal +su odio a los misterios de la religión. + +El pobre Godofredo se sintió tan abatido que, mientras miraba con +espanto a su amigo, algunas lágrimas brotaron a sus ojos y resbalaron +por sus tersas mejillas. Nadie lo advirtió, embebidos como estaban en la +disputa. Mas cuando Moreno, en un rapto de feroz incredulidad, gritó +que para él nuestro Redentor no era más que un judío exaltado, dejose +oír un sollozo. Todos volvieron la cabeza. Godofredo, tapándose la cara +con las manos, lloraba amargamente. + +La compasión se apoderó entonces de unos y de otros. ¿A qué conducía +aquella discusión? El que tuviese la desgracia de no creer, que se lo +callase. De todos modos, herir sin necesidad las almas timoratas, como +la de aquel pobre muchacho, era poco caritativo y además una falta de +consideración. + +Moreno, algo amoscado, guardaba silencio, maldiciendo en su interior de +la facilidad que su amiguito tenía para liquidarse. + + + + +II + + +Romadonga se acercó al grupo cuando la discusión religiosa acababa de +zanjarse de aquel modo imprevisto y húmedo. Mario vio el cielo abierto. +D. Laureano le hizo con sonrisa de condescendencia una seña, y nuestro +impaciente joven se disponía a levantarse cuando uno de los mozos que +servían allá abajo, cerca de la puerta, se acercó al viejo tenorio y le +habló algunas palabras al oído. + +--Soy con usted al momento--dijo éste a Mario. + +Y se alejó. + +--¿Qué pasará?--preguntó uno de los tertulios. + +--¿Qué ha de pasar? ¡Lo de siempre!--repuso Mario de mal humor.--¿No lo +ve usted?--añadió fijándose en la puerta. + +Por detrás de los cristales se traslucía la silueta de una mujer. + +Al cabo de pocos instantes viose llegar de nuevo a Romadonga mordiendo +el imprescindible cigarro y con el mismo paso tranquilo, dirigiendo +miradas insolentes a las parroquianas. + +--¿Por qué se ríen ustedes?--dijo al llegar.--¿Se figuran que se trata +de una aventura amorosa? Pues no hay tal... Es decir, sí ha sido una +aventura amorosa, pero en tiempos remotos. Ahora no es más que una vieja +que viene a pedirme diez duros. + +--¿Se los ha dado usted? + +--¡Nunca! y eso que me ha dicho que tiene un hijo muriendo. No quiero +sentar precedentes funestos. Hija mía, lo siento mucho, le dije, pero yo +no mantengo clases pasivas. + +No faltó quien celebrase el chiste y quien admirase la firmeza de +corazón del empedernido seductor. Mario no pudo reprimir un gesto de +repugnancia. Aquel rasgo de crueldad expresado en forma tan cínica le +dio frío. Pero este frío y esta repugnancia se disiparon cuando +Romadonga, poniéndole cariñosamente una mano sobre el hombro, le dijo: + +--A las órdenes de usted, amigo Costa. + +Lo que ahora le acometió fue una extraña sensación de terror, unos +deseos atroces, de echar a correr. Levantose, sin embargo, +automáticamente y, pálido y trémulo como si le condujesen al suplicio, +siguió a D. Laureano. + +--Buenas noches, señores--dijo éste acercándose al patíbulo.--¿Cómo +sigue usted, doña Carolina?... ¿Qué tal, D. Pantaleón? ¿Y ustedes, +niñas? + +Todos buenos, todos buenos, y todos sonrientes, acogiendo a D. Laureano +con la misma alegría que a un bienhechor de la humanidad. La sonrisa de +la más regordeta de las muchachas iba acompañada de un poco de carmín en +las mejillas que se propagó instantáneamente al resto de la cara, sin +excluir las orejas, cuando Romadonga, dando un paso atrás, dijo estas +solemnes palabras: + +--Tengo el honor de presentar a ustedes a mi amigo D. Mario de la Costa. + +D. Mario de la Costa, a juzgar por su palidez, estaba rezando en aquel +momento el credo, preparado a morir cristianamente. Alargó al jefe de la +familia su mano temblorosa y fría, y preguntó con voz que semejaba un +estertor: + +--¿Cómo está usted? + +El jefe de la familia estaba bueno y celebraba la ocasión de conocer al +señor de la Costa. Éste volvió a alargar su mano a la esposa del jefe, +pero su garganta ya no pudo dejar salir el más leve soplo. En cuanto a +las niñas, podían sacudir la cabeza, sonreír, ruborizarse, hacer, en +suma, lo que tuvieran por conveniente. De todos modos, no lograrían +obtener la más mínima atención por parte del joven presentado. Éste +permaneció de pie e inmóvil esperando el golpe fatal cuando la mano +protectora de D. Laureano le obligó a sentarse en una silla que +previamente había acercado. Presentación, la más delgada de las jóvenes, +se apartó un poco haciendo signos de inteligencia a Romadonga, y la +silla quedó colocada al lado de Carlota, la más gruesa. Pero Mario +sorprendió aquel signo de inteligencia y la sonrisita burlona con que +fue acompañado. Inmediatamente el blanco cera de sus mejillas se tornó +en un rojo ladrillo no menos interesante. + +¿Por qué les da a todos en seguida por hablar entre sí, sin cuidarse de +él para nada? Su regordeta vecina era víctima del mismo abandono. Ambos +parecían consternados. Carlota, inquieta, temblorosa, pidió auxilio a su +hermanita llamándole la atención acerca de una manteleta que vestía +cierta señora que acababa de entrar. La cruel Presentación no hizo caso +alguno; les echó una mirada burlona y se volvió de espaldas riendo como +una tonta. Mario tuvo fortaleza bastante para mantener a salvo su +dignidad en tan críticas circunstancias. A nadie demandó socorro. Y +comprendiendo que el hombre debe hallar en sí mismo recursos suficientes +para flotar en esta clase de naufragios, supo toser y sonarse muy a +propósito, limpió la ceniza del cigarro que le había caído sobre el +pantalón con admirable oportunidad, no dejando tampoco, claro es, de +mirar con cierta insistencia las mangas de la levita a fin de descubrir +si era posible alguna mancha salvadora. Es más, cuando gracias a estos +heroicos manejos se encontró medianamente tranquilo, tuvo serenidad +bastante para decir a su vecina sin temblarle demasiado la voz: + +--Es increíble el calor que aquí se desarrolla al llegar esta hora. + +--Es verdad, sobre todo los domingos, en que viene tanta gente--repuso +la vecina con voz suave, dulcísima, como las notas de una flauta sonando +en un bosque de laureles y mirtos. + +--¡Eso es!--se apresuró a exclamar Mario, vivamente impresionado por +esta profunda observación. + +Inmediatamente la vecina emitió otra muchísimo más luminosa, y es que +los días no festivos el café estaba más tranquilo y agradable. + +Naturalmente, Mario al oír esto cayó en un verdadero espasmo de +admiración, y asintió frenéticamente, no sólo con la boca, sino también +con los ojos, con el cuello, con las manos, con todos los componentes de +su organismo en suma. Y acometido a su vez del fuego de la inspiración, +halló en las profundidades de su espíritu un rasgo feliz que a él mismo +le dejó sorprendido. + +--Basta que haya pocas personas si éstas nos agradan. + +La vecina hizo un signo de aquiescencia bajando modestamente los +hermosos ojos. Mario quedó tan encantado del éxito de su frase que, +excitado por él, supo hallar en poco tiempo otras dos o tres no menos +felices. + +Ambos quedaron en breve tan abstraídos de los ruidos mundanales que +sonaban a su alrededor como si se hallasen en las profundidades de una +selva virgen. La soledad que antes les parecía aterradora hallábanla +ahora gratísima y gozaban cambiando frases de admirable sentido, como la +primera pareja creada por Dios en los jardines del Paraíso. + +No fue un ángel quien vino a arrojarles de él, sino el propio creador de +la mitad de la pareja, esto es, D. Pantaleón Sánchez, papá de las dos +niñas. + +--He tenido el honor, Sr. Costa, de conocer a su señor padre hace años, +cuando era subsecretario de Hacienda. Entré en su despacho formando +parte de una comisión de almacenistas para pedirle una rebaja en el +arancel. + +Mario daría cualquier cosa en aquel momento porque D. Pantaleón no +hubiera tenido semejante honor. Sin embargo, pareció encantado de la +noticia. Y sobre este tema departieron algunos instantes. + +Era D. Pantaleón un hombre que se hallaría entre los sesenta y los +sesenta y cinco años; el cabello enteramente blanco y lo mismo el +bigote, largo, poblado y caído de puntas: conservaba el cutis fresco, +los dientes seguros y cierta firmeza y decisión en los movimientos, que +denotaban vigor corporal. La mirada profunda de sus grandes ojos +pregonaba bien claro que tampoco había perdido el espiritual. Hablaba +reposadamente y con una gravedad afable que infundía a la vez respeto y +simpatía. + +Cuando le pareció oportuno suspendió la conversación volviéndose hacia +Romadonga, y Mario quedó nuevamente perdido y solo. No tardó, sin +embargo, haciendo un esfuerzo poderoso de ingenio como el anterior, en +hallar el camino de la selva donde le aguardaba su simpática vecina. + +--El café que sirven los domingos es peor que el de los demás días. + +Y se ruborizó al expresar esta juiciosa opinión, lo mismo que si hubiera +dicho postrado de hinojos:--¡Te adoro, ángel mío! + +--Es imposible que salga bien haciendo tan gran cantidad--repuso +Carlota, igualmente ruborizada. + +Ambos se perdieron instantáneamente en lo más espeso e intrincado del +bosque. + +Esta vez no fue D. Pantaleón, sino su último retoño, quien vino a su +encuentro. + +Presentación se volvió hacia ellos con ademán tan vivo, expresando tal +furor en su movible fisonomía, que lo mismo Mario que su dulce compañera +quedaron sorprendidos y levantaron los ojos para saber cuál era la +causa. Un joven pálido, de pómulos salientes, nariz remangada y ojos +claros, pero no serenos, se acercaba en aquel momento a la mesa con la +cabeza descubierta. + +Mario reconoció en seguida al violinista. + +--Buenas noches, D. Pantaleón... Buenas noches, D.ª Carolina... Buenas +noches, Presentacioncita... Buenas noches, señores... ¿Cómo siguen +ustedes? ¿Están ustedes bien? + +La boca del joven artista se dilataba al pronunciar estas palabras con +una sonrisa que no dejaba ocioso el más insignificante músculo, la fibra +más diminuta de su semblante incoloro. La voz se arrastraba lenta, +gangosa por aquella formidable boca antes de salir, de tal modo que al +llegar a los oídos de sus interlocutores parecía venir cargada de +saliva. Y así era en efecto. + +--Buenas noches, Timoteo, buenas noches. + +Todos respondieron amicalmente al saludo, menos Presentación. Y, sin +embargo, los que la boca temerosa del artista había dejado escapar, y +muchos otros que habían quedado dentro, a ella exclusivamente iban +dirigidos. Mientras hablaba en pie y arrimado a la mesa con los papás y +con Romadonga, sus ojos de pez, claros y fríos, no se apartaban de la +gentil muchacha. + +¿Gentil? Sí, Presentación era una lindísima joven que acababa de cumplir +los veinte. Delgadita, morena, de rostro fino y expresivo, los ojos +picarescos con afectación, los cabellos negros y pegados a la frente, la +boca tan pronto grande como chica, de una extrema movilidad, lo mismo +que los ojos, que el talle, que las manos, que todo lo demás. Una mujer, +en suma, hecha de rabos de lagartija. El reverso de su hermana Carlota, +tan redondita, tan sosegada, de una pasta tan excelente que no había +medio de alterarla. No era bella, al decir de los inteligentes; su nariz +no estaba bien modelada; los labios eran demasiado gruesos. No obstante, +había quien la prefería a Presentación por la dulzura de sus grandes +ojos, suaves, hermosos, por la frescura nacarada de su tez, por lo +macizo y bien torneado de su talle. Pero eran los menos. + +Presentación se había vuelto de espaldas por completo. Su rostro y todo +su cuerpo reflejaban agitación violentísima que se traducía en muecas y +contorsiones y se exhalaba también en frases incoherentes pronunciadas +en voz baja, que ni Carlota ni Mario llegaban a comprender. La causa de +tal estado espasmódico no podía ser otra que la influencia magnética de +la mirada del violinista pesando continuamente sobre su cogote. + +Carlota la contemplaba con sonrisa benévola y le decía por lo bajo: + +--¡Calma, niña, calma! + +--¡Sí, sí, calma!... ¡Que te pasase a ti lo que a mí me está +pasando!--exclamaba con coraje, esforzándose en apagar la voz. + +--Buenas noches, Carlotita--dijo en aquel momento Timoteo, tratando de +dar a su voz gangosa acento picaresco.--No se las he dado antes porque +la veía a usted muy entretenida. + +--Abre el paraguas, Carlota--dijo Presentación por lo bajo. + +Pero no tan bajo que no llegase como un rumor a los oídos del joven. +Éste, sin percibir las palabras, comprendió su tristísimo sentido y +quedó avergonzado y confuso. + +--Buenas noches, Presentacioncita--dijo entonces abriendo la boca +desmesuradamente para sonreír. + +--Buenas noches--respondió la joven sin volver la cabeza, mirando con +fijeza al frente. + +--Hoy la he visto a usted en un comercio de la calle de la +Montera--profirió el artista abriendo la boca un poco más. + +--Puede ser--repuso Presentación sin dejar de mirar al frente. + +--Estaba usted comprando unas enaguas. + +--¡Enaguas!--replicó la joven con el acento más despreciativo que pudo +hallar.--¡Vamos, debe usted tener los ojos en el cogote para confundir +enaguas con chambras! + +Timoteo quedó anonadado. Apenas pudo murmurar algunas frases de excusa. + +Y he aquí por qué el violín se quejaba tan amargamente hacía poco +tiempo, por qué arrastraba las notas de un modo tan lamentable. +Presentía el infortunado que las chambras jamás deben confundirse con +las enaguas. + +D.ª Carolina acudió generosamente al socorro de aquella desgracia. + +--Los hombres no entienden nada de nuestra ropa, muchacha, y además, +mirando por los cristales del escaparate no es fácil distinguir lo que +se compra. + +Timoteo le dirigió una mirada de carnero moribundo agradeciendo el cable +de salvación. Pero convencido de que era inútil luchar contra un +temporal tan deshecho, renunció a agarrarse a él. + +D.ª Carolina era del mismo corte y figura que su hija Presentación, esto +es, delgada, nerviosa y con unos ojillos vivos y penetrantes que los +años habían hundido y rodeado de un círculo oscuro y fruncido. + +--¡Hija, ten un poco de educación!--añadió por lo bajo ásperamente, +tratando al mismo tiempo de alargar la mano con disimulo para darle un +pellizco corroborante. + +Presentación separó las piernas instantáneamente y soltó una carcajada +que puso más nerviosa y más arrebatada a su mamá. Vivían ambas en +constante guerra. Sus genios eran igualmente vivos. Pero así y todo, no +podían prescindir la una de la otra y formaban dentro de la casa un +partido. Presentación era la preferida de su madre, como Carlota de su +padre. + +--Oiga usted, Timoteo--dijo de pronto la niña volviéndose hacia el +violinista con ojos risueños.--¿Qué era lo que usted tocaba hace poco? + +--¿Lo último?... Un _stornello_ titulado _Día de sol_. + +--¡Qué bonito es! + +--¿Le gusta a usted?--preguntó dilatando su boca para sonreír de tal +modo que dejó estupefactos a los circunstantes a pesar de hallarse +acostumbrados a los prodigios que la naturaleza solía obrar en su +fisonomía. + +--¡Muchísimo! Es precioso... precioso... + +--¿Quiere usted oírlo otra vez? + +--¡Ya lo creo! + +--Pues lo tocaré, lo tocaré, Presentacioncita--dijo el artista lleno de +condescendencia, rebosando de orgullo. + +--El caso es--manifestó la maligna joven con tristeza--que nos vamos a +ir pronto. + +--Eso no importa. Voy a tocarlo en seguida... Verá usted. + +Y se fue a buscar al pianista. Éste no parecía por ningún lado. Timoteo +daba vueltas como loco por todos los rincones del café. + +--Vamos--decía en tanto Presentación a su hermana,--el _Día de sol_ nos +librará de la lluvia. + +--¡Pobre chico! ¿Qué culpa tiene él de que se le escape la +saliva?--repuso aquélla sonriendo. + +--¡Anda! ¿Y qué culpa tengo yo?--exclamó enfurecida la otra. + +Mario rió la ocurrencia, irritado contra el violinista que le había +impedido extraviarse por la floresta. Romadonga la amenazó con el dedo. + +--¡Niña! ¡niña! + +--¿Qué le duele a usted, D. Laureano? + +--A mí nada. A Timoteo es a quien le arden las orejas... Diga usted, +¿cómo no han estado ustedes esta tarde en la Castellana? + +--Eso cuénteselo usted a mamá. + +--¿A mi, niña?--exclamó vivamente doña Carolina.--¿Qué estás ahí +diciendo? ¿No sabes que tienes padre?--Y volviéndose hacía +Romadonga:--Pantaleón no ha querido que hoy fuésemos a paseo, sin duda +temiendo a la humedad por lo mucho que ha llovido estos días. + +--Eso es... No lo he juzgado conveniente--corroboró D. Pantaleón +dirigiendo una mirada tímida a su mujer. + +Presentación hizo un mohín de desdén y se volvió hacia Mario y Carlota. +Pero juzgando que era ya tiempo de dejarlos abandonados a sí propios, +entabló conversación con una señora que se refrescaba con grosella en la +mesa inmediata. + +--¿Qué es eso, D.ª Rafaela, no lee usted hoy _La Correspondencia_? + +--Ya la he leído, querida... No trae más que esquelas de defunción. + +--¿Pues y la noticia del matrimonio de la infanta? + +--No sé nada. Ya sabe usted que yo no leo más que los anuncios. + +No era una señora en la acepción que se da usualmente a la palabra, ni +tampoco una mujer del pueblo. Participaba de ambas clases. No gastaba +sombrero ni mantilla, pero el mantón alfombrado que cubría sus hombros +era riquísimo; el vestido, de seda pura; en los dedos y en las muñecas +sortijas y brazaletes de valor y en las orejas dos orlas de brillantes +con zafiro en el medio; todo lo cual pregonaba que, si D.ª Rafaela no +vestía de señora, no era seguramente por falta de dinero. + +Nadie lo ponía en duda, D.ª Rafaela poseía en la calle de Hortaleza un +comercio de antigüedades que en otro tiempo había sido prendería y aún +lo era cuando le venía bien. Unas veces predominaban los objetos +antiguos, otras los viejos. Como complemento indispensable de tal +negocio, D.ª Rafaela prestaba con usura. Hallaríase entre los cincuenta +y sesenta años. Gruesa, morena, de facciones abultadas y con un extenso +lunar de pelos largos, cerdosos, en la mejilla derecha, cerca de la +boca. Vivía sola con una sobrina a quien dejaba cerrada en casa mientras +acudía invariablemente todas las noches a tomar un vaso de grosella y a +leer la cuarta plana de _La Correspondencia_. Era campechana, servicial +y sencilla hasta la simpleza, pero en sus negocios de prendera y +prestamista mostrábase inflexible y astuta como pocas. + +--Acérquese un poquito si ha concluido de tomar su grosella. + +D.ª Rafaela trasladó su silla cerca de la joven y en seguida se pusieron +a departir amigablemente en voz baja. Claro está que el tema de su +plática fue el acontecimiento de la noche, la presentación de Mario a la +familia de Sánchez. + +--Al fin parece que eso lleva buen camino. Me alegro mucho... mucho. No +deje de decírselo a su mamá, y que sea para bien. Es un chico muy +decente, y si tira a su padre... ya ve usted... Por supuesto que +Carlota, por lo guapa y bonachona, merecía un infante de Ingalaterra... +Pero, hijita, los tiempos no están para andar a escobazos con los +hombres. Así se lo digo muchas veces a la gazmoñita de mi sobrina, que +hace melindres al vidriero de la esquina... Ahora, si usted me pregunta +mi sentir, le diré que el que más me gusta de esa cuadrilla que se +sienta en el rincón es aquel muchacho rubio que llaman Godofredo. No es +que tenga que decir ni pensar nada malo de éste. Al contrario, me parece +bastante formal y simpático; guapo no lo es... ¿para qué más de la +verdad?... pero el otro... el otro es una alhaja, un bendito... ¡Si le +viese usted, como yo le veo muchos días, comulgar en San Antón!... +Vamos, que enternece hallar un chico tan humilde y devoto ahora en que a +todos les da por despreciar las cosas santas y decir mil borricadas y +escandalizar a las personas honradas. A veces se pasa media hora y más +de rodillas delante del altar de la Virgen... Hijita, ¡qué feliz será su +madre! Y la mujer que le lleve bien puede decir que no tiene que +envidiar a ninguna duquesa. + +Presentación se ruborizó levemente con estas palabras y dirigió una +mirada rápida hacia el rincón, tropezando sus ojos vivarachos con los +suaves y místicos de Llot, que estuvieron posados buen rato sobre ella. +D.ª Rafaela lo advirtió bien, y adoptando un semblante enteramente +picaresco, le dijo bajando aún más la voz: + +--Ya sé, ya sé, querida, que usted y él... ¡vamos!... Apriete, hijita, +apriete, y que no se escape, que bien merece la pena... Al que no puedo +ver ni en pintura es a aquel otro que se come los periódicos, aquel de +las barbas y las gafas... + +--¡Ah, sí, Moreno!... + +--¡Un moreno bien desaborío!... tan desgarbadote y tan sucio... Creo que +no tiene más gusto que escandalizar a ese pobrecito de Godofredo. +¡Desalmadote! ¡pordiosero! ¡Puhá! + +Y miraba al mismo tiempo con ojos coléricos a la mesa donde Adolfo +Moreno seguía enfrascado en la lectura, muy lejos de pensar que en aquel +instante excitaba la cólera de la prendera. + +Mario y Carlota habían desaparecido, no corporalmente, pero sí en +espíritu. Timoteo gemía y se lamentaba amargamente, por conducto de su +violín, de que la niña menor de Sánchez se hubiese vuelto de espaldas y +hablase tan animadamente con la señá Rafaela, sin cuidarse para nada del +_Día de sol_ ni de su intérprete. D.ª Carolina decía a Romadonga +mientras su marido se atusaba gravemente el triste y pacífico bigote: + +--No necesito decirle, Sr. Romadonga, que entiendo perfectamente la +intención con que su amiguito se ha hecho presentar por usted esta +noche. Sabía hace tiempo que Carlota y él se miraban con buenos ojos, y +cuando lo supe yo lo supo éste, porque yo no tengo costumbre de ocultar +jamás nada a mi marido. Le pregunté si le parecía mal el muchacho. Me +dijo que no, y entonces pensé: bueno, pues que corra el agua por donde +quiera. El otro día me dijo Carlota: «Mamá, ese chico desea ser +presentado.--¿A mí qué me cuentas? le respondí. Díselo a tu papá.--Es +que yo no me atrevo... Si tú te encargases...--Está bien, hija, para mí +han de ser todos los apuros.» Y armándome de valor me atreví a decírselo +a éste. Crea usted que temblaba como una hoja, porque no sabía cómo lo +iba a tomar; tenía miedo que me echase con viento fresco. +Afortunadamente, estaba de buen humor aquel día, ¿verdad, querido? + +D. Pantaleón bajó los párpados, manifestando de este modo solemne y +augusto que su esposa no se equivocaba acerca del estado de su espíritu +en aquella ocasión. + +--Me respondió que no tenía inconveniente en que lo presentasen con tal +que fuese por medio de una persona respetable. ¿Te parece bien D. +Laureano?--Perfectamente.--Pues ya está hecho. Ahora no nos resta más +que darle a usted las gracias por la molestia que ha querido tomarse. + +Romadonga levantó la mano para alejar de sí aquellas gracias que no +merecía, y volvió la cabeza para mirar a la hermosísima chula, que en +aquel instante se levantaba del asiento para marcharse. Al pasar junto a +ellos D. Laureano le dijo familiarmente: + +--Adiós, Concha: hasta mañana. + +--Buenas noches--respondió ella sonriendo tímidamente. + +Su padre se llevó la mano al sombrero. Romadonga siguiola con la vista +hasta que desapareció por la cancela. Antes de trasponerla Concha se +volvió a medias y le echó una rápida mirada de latiguillo. Lo cual le +puso de tan excelente humor, que desde entonces no cerró boca y +consiguió tener suspensos y embelesados con su charla insinuante lo +mismo a D. Pantaleón que a su esposa. + +Pero la noche corría. Habían sonado ya las once y media, hora en que +aquella respetable familia tenía por costumbre retirarse. Doña Carolina +se inclinó hacia el oído de su hija Carlota, y le dijo en voz baja, +aunque no lo bastante para no ser oída de Mario: + +--Por mi gusto, querida, estaríamos aquí un ratito más; pero ya ves, tu +papá acostumbra a retirarse a esta hora... y ahora más que nunca +necesitamos tenerle contento, ¿verdad?--añadió con un guiño picaresco. + +Luego, volviéndose a su marido: + +--Pantaleón, nos iremos cuando tú lo ordenes. + +--Bien, pues vámonos ya--respondió el venerable jefe de la familia +levantándose de la silla. + +Los demás le imitaron. La señá Rafaela y Romadonga manifestaron que +también se iban. Mario no se atrevió a acompañarlos, aunque bastantes +ganas se le pasaron. La despedida fue tímida y significativa por parte +de Carlota, franca y afectuosa por la de su hermana, propia de una +futura hermana política; por la de D.ª Carolina maternal, aunque +templada por el respeto que le merecía la autoridad de su marido; y por +éste tan cortés, tan suave, tan condescendiente, que Mario se mostró +hondamente conmovido, y apenas pudo articular con voz temblorosa algunas +palabras de ofrecimiento. + +Quedó solo al fin. El corazón no le cabía en el pecho. Permaneció un +instante inmóvil contemplando la puerta, por donde acababa de +desaparecer, la última, su gentil Carlota. Y bajando de pronto desde las +nubes de oro y rosa donde se mecía a esta tierra prosaica, se dirigió a +la mesa del rincón, donde sólo se hallaba ya Adolfo Moreno. El salto no +podía ser mayor. Moreno era, en sentir de Mario, el ser más distante de +la poética idealidad que en aquel momento inundaba su espíritu, el menos +a propósito para recibir la confesión de sus impresiones. Sin embargo, +eran éstas tan vivas, tan avasalladoras, que si no se desahogaba pronto +de ellas, era de temer una congestión. Sentose enfrente de su amigo, +pidió un vaso de leche y esperó a que aquél, en gracia del trascendental +acontecimiento que acababa de efectuarse, se dignase hacerle algunas +preguntas. Nada. Moreno había dejado los periódicos políticos y leía con +atención uno ilustrado que andaba siempre de mesa en mesa metido en una +carpeta sucia y despellejada. Mario no pudo más. Comprendía que era una +humillación, pero no tenía fuerzas para resistir al anhelo de +confesarse. + +--Adolfo. + +--¿Qué hay?--respondió éste sin apartar la vista del periódico. + +--Dame la enhorabuena. + +Al pronunciar estas palabras se ruborizó. + +--¡Ah, sí!--exclamó el otro alzando la cabeza y mirándole con sonrisa +entre burlona y benévola.--Al cabo has logrado la dicha de sentarte a la +misma mesa que D. Pantaleón Sánchez. + +--Como tú comprenderás, Adolfo, lo que menos me importa a mí es D. +Pantaleón. Lo que me interesaba, y mucho, era hablar con su hija. No +puedes figurarte la impresión que he sentido. Ya sabes que estaba +enamorado, ¡pero de verdad! Pues bien, ahora lo estoy mucho más, cien +veces más. ¡Qué mujer tan simpática! ¡Qué tranquilidad, qué dulzura +respiran todas sus palabras y movimientos! ¡Qué timbre de voz tan +delicioso! Parece que viene impregnado de la claridad y armonía que +reinan en su alma. Es una voz que suena más en el corazón que en el +oído, que nada dice a los sentidos, que despierta el anhelo de las +alegrías íntimas y serenas del hogar; una voz hecha como los bálsamos +para curar las heridas que el mundo nos infiere... Nada nos hemos dicho +de nuestro amor, pero en el brillo de sus ojos, en el cuidado con que +evitaba el mirarme, he gustado más dicha que si me prometiese amarme +eternamente. El único signo que advertí de su emoción fue cuando le di +la mano al acercarme. ¡Qué encarnada se puso la pobrecita! + +Moreno continuaba sonriendo con la misma condescendencia, mientras su +amigo se desahogaba tan fogosamente. Al cabo le atajó. + +--No te forjes muchas ilusiones por eso del rubor ni te subas al +trípode. El rubor es un fenómeno muy prosaico, querido. No significa más +que un cambio de la circulación sanguínea. Las arterias, al aumentar o +disminuir de diámetro, enrojecen la piel o la hacen empalidecer. Ni te +vayas a figurar que sólo las vírgenes se ruborizan, o que sea este +fenómeno privativo del ser humano. Los animales también se enrojecen. El +conejo es un animal tan sensible que con la más leve impresión se tiñen +de carmín sus orejas, y se ha observado que los conejos jóvenes se +enrojecen más fácilmente que los viejos. + +Mario quedó acortado. Le miró fijamente con ojos de asombro y al fin +murmuró entre triste y colérico: + +--Pero, Adolfo, ¡por Dios! ¿qué tienen que ver ahora los conejos +jóvenes?... + +--No... yo no quería decirte... Es simplemente un dato fisiológico. + +Recobrose el joven y volvió a coger el hilo de sus impresiones. Las iba +narrando con entusiasmo, de un modo incoherente, como si estuviese solo. +Tal vez comprendía vagamente que lo estaba; porque Moreno, a juzgar por +su mirada distraída y su continente reflexivo, debía de hallarse en +aquel momento meditando sobre algún oscuro problema de la morfología. + +Después de describir y pesar una por una las gracias de Carlota y +colocarla sobre un rico pedestal de mármol ornado de bajos relieves de +Fidias, por encima de todas las mujeres de este mundo, casi a la altura +de la Niobé de Praxíteles, vino a soñar despierto, a pintar de un modo +plástico la única dicha a que aspiraba uniéndose a ella... + +--No soy hombre de grandes ambiciones, Adolfo, bien lo sabes. Para ser +feliz, no necesito más que cariño, sosiego y un mediano pasar. Un +cuartito al Mediodía con ventanas al campo aunque esté sobre el tejado; +una mujercita sana, risueña, que venga a abrirme la puerta; oírla +teclear después de comer alguna sonata de Beethoven... y que me dejen +libre alguna hora para modelar cualquier muñeco. Estoy solo en el +mundo. Apenas he conocido a mi madre. Mi padre se esforzó toda la vida +en hacerme menos terrible esta pérdida. ¡Dios le bendiga por ello! Pero +el amor de una madre es insustituible, no tanto por lo vivo y profundo, +sino por lo que tiene de femenino. El hombre necesita en todos los +momentos de su vida del amor de la mujer; primero de la madre, luego de +la esposa, más tarde de la hija. Además, el hombre sin familia no se +comprende; es un ser incompleto, absurdo, está fuera de la naturaleza. + +--Permíteme, querido--manifestó Moreno extendiendo la diestra con +solemnidad y acentuando aún más la superioridad de su sonrisa.--Más vale +que no te metas a definir las leyes de la naturaleza. Esas cosas hay que +estudiarlas con atención y tú no creo que te hayas entretenido hasta +ahora en ello. El que la familia sea una ley natural y que no podamos +pasar sin ella me parece una de tantas afirmaciones gratuitas como +sientan los metafísicos. No se apoya en ningún dato experimental. Entre +los Bochimanos no existe la familia; entre algunos pueblos polinésicos +tampoco... En cambio se encuentra algo semejante establecido entre +ciertos monos ordinarios. Y desde luego entre los antropoides. El +chimpanzé y el gorila suelen constituir familia. + +La exhibición de este preciosísimo dato le dejó tan satisfecho que, en +el exceso de su alegría, tosió dos o tres veces de un modo modesto, +indicando que estaba dispuesto a rechazar toda enhorabuena. Acto +continuo echó mano a la botella de agua, se escanció un vaso y lo apuró +lentamente con majestuoso ademán, a fin de serenarse. + +Mario le contemplaba fijamente. + +--Mira, Adolfo--dijo al fin procurando reprimir la indignación,--yo +nunca he dudado de tu ciencia. Reconozco que sabes mucho más que yo, y +aunque a mí no me interesen gran cosa los Bochimanos, les concedo toda +la importancia que tú quieras, por más que tú mismo dices que son unos +salvajes... Pero, francamente--añadió poniéndose fuertemente colorado y +clavando una mirada colérica en la mesa,--eso de que hablándote yo de mi +amor por Carlota, que es un ángel bajado del cielo, me saques a relucir +el gorila y el chimpanzé, no es decente... no es decente... ¡vamos, que +no es decente! + + + + +III + + +Vivió desde aquella noche memorable en un estado de exaltación próximo a +la locura. En su casa dejó de ser, con sorpresa de la patrona, el +huésped silencioso, tolerante, que ésta se complacía en ofrecer de +modelo a los demás. Se mostró impaciente, huraño, imperioso; armaba con +la criada cada pelotera que la vajilla retemblaba con los apóstrofes; +todo porque le había servido el almuerzo diez minutos más tarde de lo +que le había ordenado, o no había podido llevarle el sombrero a +planchar. De igual modo andaba constantemente a la greña con la +planchadora sobre si los puños, sobre si los cuellos, y con la camarera +sobre si las botas, sobre si el botón de la levita. La misma D.ª Romana, +su respetabilísima patrona, a pesar de su continente digno y talento +persuasivo, no se libraba de las amargas recriminaciones del joven, y a +veces de sus violentísimos apóstrofes. + +--Pero, D. Mario--decía la diplomática señora mientras los ricitos +postizos de su cabeza se agitaban con elocuencia,--¿cómo quiere usted +que la comida esté sazonada o no se la sirvan fría, cómo quiere usted +que le tenga el cuarto arreglado a tiempo ni las cosas a punto, si desde +hace una temporada no tiene hora fija para nada; tan pronto se le ocurre +almorzar a las once como a las dos, unas veces se levanta a las siete de +la mañana, otras duerme hasta las tres de la tarde? Y sobre esto, los +criados siempre en danza, a casa del sastre, del camisero, a llevar +cartas y recados a la calle de Ramales. + +Era el mismo Evangelio lo que la buena señora alegaba. Los tirabuzones +sujetos a su frente lo corroboraban con vivos movimientos de +trepidación. Mario cometía estos desórdenes y otros más. La causa +estaba en la calle de Ramales, bien lo sabía D.ª Romana; pero no se +atrevía a expresarlo, aunque lo indicaba recalcando un poquito la +palabra. Es decir, no estaba en la calle de Ramales. Donde estaba +realmente era en el cerebro exaltado del joven escultor. Porque ¿qué +culpa tenía Carlota de que se levantase a las seis de la mañana, +habiéndole dicho la noche anterior que oiría misa a las diez en el +Sacramento? ¿Ni por qué pedía a grandes voces el almuerzo a las once, si +le constaba que hasta las dos lo menos no había de salir de tiendas D.ª +Carolina con sus hijas? Tampoco era Carlota responsable de que nuestro +joven perdiese la razón al ver una minúscula arruga en el planchado de +los puños o las botas sin el conveniente brillo, porque no tenía la +costumbre de reconocer minuciosamente ni los puños ni las botas de su +novio. Es más, aunque advirtiese la arruga del planchado o la opacidad +de las botas, era tan bonachona que se lo perdonaría sin gran esfuerzo. + +Al principio nuestro joven iba dos veces por semana a pasar un ratito +después de la oficina a casa de D. Pantaleón. Poco después, un día sí y +otro no; luego, todos los días. Esto sin perjuicio de verse y hablarse +diariamente en el café del Siglo y de las salidas extraordinarias a misa +y a tiendas, en que _casualmente_ se tropezaban. Pero no bastaba todavía +a calmar las ansias amorosas del escultor. Todavía ideó el acudir +también algunas mañanas a casa de su novia con diferentes pretextos; +luego descaradamente y todos los días. De modo que, lo que decía +confidencialmente D.ª Carolina a la señora Rafaela:--Hija, estos +muchachos no me dejan tiempo para arreglar mi casa ni para vigilar la +cocina; no puedo cepillar la ropa a Pantaleón, no puedo escribir una +carta, no puedo hacer una visita. ¡Siempre clavada a la silla en el +gabinete! Luego, si Presentación me ayudase un poco a soportar la carga; +pero ¡que si quieres! + +En efecto, cuando por algún apuro imprescindible D.ª Carolina la llamaba +para que se estuviese al lado de los novios, mientras ella permanecía +fuera, Presentación levantaba los brazos al cielo exclamando: + +--¡Dios mío, qué pecado habré cometido para desempeñar tan joven estos +papeles! + +Y si la señora tardaba mucho, se escapaba diciendo: + +--No puedo más. Dispensadme. Cuidado con ser buenos. + +En vano la pobre Carlota le gritaba ruborizada: + +--¡Niña, niña! ¡Por Dios, no marches! + +--No puedo más--repetía huyendo,--no puedo más. La carga es superior a +mis fuerzas. + +D.ª Carolina, por estas y otras contrariedades, tenía frecuentes accesos +de mal humor; gritaba a sus hijas, las llenaba de improperios; a veces, +de esta marejada salpicaba también alguna espuma a Mario. Pero no se +daba por ofendido; al contrario, sentía cierto deleite en que la mamá de +su adorada le reprendiese, le tratase con tal excesiva confianza: le +parecía que de tal modo se acortaba cada vez más la distancia que +mediaba para ser su hijo. + +Pero la gran dificultad para esto y para todo en aquella casa era D. +Pantaleón. No lo parecía. Mario hallaba en él un hombre grave, pero +dulce, afectuoso, de una cortesía exquisita. Apenas se le sentía en la +casa. Sin embargo, D.ª Carolina, a quien trasmitía sus órdenes, estaba +siempre pendiente de ellas, y no daba jamás un paso sin consultarle y +pedirle la venia. Así que nuestro joven, a fuerza de sentir su +influencia en todos los momentos sin escuchar su voz, sin ver el ademán +imperativo de su diestra, había llegado a profesarle un respeto +profundísimo, una veneración sin límites, contemplando su cara +enigmática y misteriosa como la de un dios impenetrable. Cuando le +tropezaba por los pasillos de la casa, y sucedía bastantes veces, porque +el Sr. Sánchez era muy dado a pasear por ellos con zapatillas, le daba +un vuelco en el corazón y le saludaba con una turbación que, lejos de +disminuir, aumentaba cada día.--He aquí el hombre--se decía al apartarse +de él--en cuyas manos se encuentra mi felicidad o mi desgracia. + +La influencia de D. Pantaleón se sentía en todos los momentos y se +extendía a los pormenores más insignificantes de la vida doméstica. Para +salir a tiendas, para ir a paseo, para comprarse unas botas, para +suscribirse al periódico de modas, para cambiar de panadero, se +necesitaba acudir a su autoridad suprema. Mario la encontraba +asfixiante, pero se sometía. + +La vida de aquel déspota no podía ser más sencilla. Levantábase +invariablemente a las nueve de la mañana, y después de desayunarse +terminaba la lectura de _La Época_, que había comenzado la noche +anterior. La leía toda, hasta el folletín y los anuncios, encerrado en +su habitación, sin que bajo ningún pretexto consintiese D.ª Carolina que +se le fuese a interrumpir. Esta escrupulosidad concienzuda aplicada a la +lectura de un periódico, que ordinariamente suele hacerse a la ligera, +¿no es indicio de un carácter reflexivo a investigador, de una +inteligencia firme y ansiosa de nutrirse? El curso de la presente +historia lo dejará cumplidamente demostrado. Aquella lectura, trivial +para la mayor parte de los hombres, despertaba en el cerebro de Sánchez +copiosa serie de pensamientos graves o frívolos, según su orden. + +Para meditarlos, para clasificarlos, para extraerles el jugo, se salía +al pasillo, y envuelto en su bata alfombrada y provisto de silenciosas +zapatillas suizas, paseaba grave y acompasadamente hasta la hora de +almorzar. Después del almuerzo y de reposar algunos minutos, se salía a +dar un largo paseo contemplativo por el Retiro. Cualquiera que le viese +recorriendo lentamente, con las manos atrás y la cabeza inclinada hacia +la izquierda, los arenosos caminos del Parque, diputaríale por un +ocioso, un militar retirado, un propietario, algo, en suma, vulgar y +hasta inútil en la sociedad. ¡Cuán engañosas son las apariencias! Algo +así pensaban los habitantes de la ciudad de Heidelberg cuando el gran +Emmanuel Kant cruzaba de paseo con su paraguas bajo el brazo. Y si le +hallasen sentado en un banco frente al Estanque grande, inmóvil, con la +mirada fija, tal vez imaginaran que aquel hombre no pensaba en nada. Y +así era, en efecto. D. Pantaleón en aquellos momentos tenía el +pensamiento tan inmóvil como su cuerpo; yacía entregado a una sensación +de bienestar animal, que inundaba su ser como una ola tibia y lo +paralizaba. Muchas veces duerme así el espíritu cuando se prepara a una +actividad enérgica, como el luchador que reposa para disponer de toda la +fuerza de sus músculos. El genio dormía en el fondo de su alma, sin que +nadie, ¡nadie! ni él mismo, sospechase su presencia. + +D. Pantaleón Sánchez no era rico. Sólo tenía un pasar adquirido en el +comercio de géneros de punto a fuerza de economías y privaciones. Y aquí +salta una observación, que merece ser expresada, es a saber: que casi +ninguno de los hombres que han influido poderosamente sobre sus +semejantes o han dado impulso y dirección al progreso dispusieron de +grandes bienes de fortuna. Después de traspasar la tienda al primero y +único de sus dependientes, sólo poseía en valores del Estado una renta +de ocho a diez mil pesetas. Gracias al orden y economía de su fiel +esposa podían vivir cómoda y decorosamente. + +A los quince días de entrar en la casa ya nuestro joven escultor ardía +en deseos de formar parte integrante de la familia. Pero no se atrevió +a expresarlo sino de un modo indirecto y vago, y con las mejillas +coloradas, a Carlota, que a su vez le respondió, ruborizada también, que +«no se pensase todavía en aquello.» Pero ambos siguieron pensando, cada +cual por su lado; de tal suerte, que si sus bocas estaban calladas, se +lo decían a todas horas con los ojos. Cuando estaban juntos y se +quedaban algunos instantes silenciosos con la mirada extática, bien +podría apostarse doble contra sencillo a que ambos pensaban en +_aquello_. + +Un día, después de larga pausa, dijo Mario repentinamente: + +--¿Por qué no se _lo_ dices a tu mamá? + +--No me atrevo. Díselo tú--respondió la joven anudando naturalmente la +tácita conversación que sus pensamientos mantenían hacía tiempo. + +--¡Oh, si yo me atreviera! + +Hizo coraje algunos días: al fin se atrevió. ¡Cuánta duda, cuánta +vacilación antes que las abrasadoras palabras saliesen de sus labios! + +Estaba D.ª Carolina subida encima de una silla sujetando un visillo del +balcón. Carlota había salido en busca de tijeras. Sin saber cómo, +aprovechándose tal vez de que la buena señora se hallaba de espaldas y +no podía anonadarle con una mirada fulgurante, dijo con voz bastante +entera: + +--D.ª Carolina, cuando usted termine ahí voy a darle un susto. + +--¿Un susto?--repuso la señora volviendo la cabeza con sorpresa. + +--¡Sí, un susto!--repitió el joven sonriendo alegremente, cada vez más +animado.--Pero no tenga usted miedo. Es un susto puramente moral. + +--¡Bueno!--exclamó en actitud vacilante, sonriendo también.--No sé qué +será... Voy a concluir. + +En los breves instantes que duró la operación tuvo tiempo a perder todo +el valor que había mostrado. De suerte que cuando D.ª Carolina se bajó +de la silla, con la misma ligereza que una niña, y se volvió, encontrose +con un hombre desencajado, tembloroso, que daba pena mirarle. + +--Usted me dirá... ¿qué susto es ése? + +--¡El que yo tengo!--debió responder Mario, pero no lo dijo. Limitose a +llevarse la mano a la boca para toser, sin gana por supuesto, y profirió +con trabajo: + +--Si a usted le parece, podemos sentarnos. + +--Con mucho gusto. Nada nos darán por estar de pie. + +D.ª Carolina aparentaba indecisión y sorpresa que no sentía. No se +necesitaba ser lince para comprender de qué se trataba. + +--Debo ante todo... Cuando tuve el honor de ser presentado a ustedes... +Sentiría muchísimo... + +No hallaba medio de tomar la embocadura. Estaba cada vez más turbado. En +aquel momento apareció en la puerta Carlota. Al ver su encantadora +figura, de formas elegantes y redondeadas, sus ojos animados, sus +mejillas frescas adornadas de un par de hoyos como dos nidos de amor, +sus labios de cereza, una verdadera rosa, en fin, de carne y hueso, +recobró de pronto todo el aplomo y dijo con voz segura: + +--Me alegro de que venga Carlota y escuche lo que le voy a decir... + +Carlota se acercó. En la actitud de su novio adivinó en seguida lo que +pasaba. + +--Pues bien, señora, lo que tengo que manifestar a usted es que, lo +mismo Carlota que yo, deseamos casarnos cuanto más antes. + +--¡No, no! ¡yo no!--exclamó la joven encendida en rubor y echando a +correr. + +D.ª Carolina se mostró sorprendidísima. + +--¡Pero eso es un escopetazo, Costa! Razón tenía usted en decir que me +iba a dar un susto. ¡Ave María Purísima! ¡Quién había de pensar!... + +Y por algunos momentos no dejó de hacerse cruces y proferir +exclamaciones. Repuesta al fin un poco, llamó a Carlota. + +--¡Niña, no seas ridícula, ven aquí! + +Y en voz baja añadió: + +--¡Pobrecilla! La ha puesto usted en un apuro. + +Vino Carlota hecha una rosa de Alejandría por lo roja y por lo hermosa. +Sentáronse los tres en el sofá, la mamá en el medio, y cogiendo +amorosamente las manos de su hija y mirando a Mario de reojo, se expresó +de esta manera: + +--A pesar del susto, no le guardo rencor. Me esperaba que algún día +había de suceder esto, aunque, a la verdad, no tan pronto. Mentiría, +Costa, si le dijese que no me es usted muy simpático y hasta que le +quiero ya como cosa propia. No tiene nada de particular. Basta que una +persona quiera a mis hijas para que la adore yo. Lo que mis hijas +desean, eso es precisamente lo que a mí me complace. Soy una débil +criatura sin voluntad propia; todo el mundo lo sabe. ¡Hablarme a mí de +que desean casarse!... ¿Para qué? De antemano tienen ya mi +consentimiento para eso como para todo lo que se les antoje. Mi carácter +es así. Aunque me parezca prematuro el matrimonio y que convendría +esperar algo más, porque usted no se halla, desgraciadamente, en +posición de sostener las cargas de una familia, no lo puedo remediar... +Por mí, mañana mismo les echa la bendición el cura. Es una desgracia +tener este carácter, señor Costa, créame usted. Mis amigas me dicen con +razón: «Tú no eres una mujer, Carolina, eres un trapo.» ¿Y qué le vamos +a hacer? Cada cual es como Dios le crió. De todos modos, le agradezco +en el alma que haya contado conmigo... Demasiado sé que es pura +galantería, pero lo agradezco... Vamos ahora a lo más principal, mejor +dicho, a lo único principal que hay en este negocio. ¿Quién se lo dice a +Sánchez? ¿Quién le pone el cascabel al gato? + +--Mamaíta, díselo tú--manifestó Carlota, cuyas mejillas no habían +perdido su vivo color rojo. + +--¿Lo ve usted?--exclamó la buena señora, volviendo el rostro lleno de +dulce condescendencia hacia Mario.--¡Cuando yo lo decía!... Bien, hija +mía, bien; yo se lo diré... Para mí será el desaire si lo hay. Prefiero +sufrirlo yo todo. Y para que vean ustedes adónde llega mi complacencia, +ahora mismo se lo voy a decir; ahora que está solo en su cuarto... ¡Ea, +valor! + +D.ª Carolina se alzó del sofá y dio tres o cuatro pasos. + +--¡Si supieran ustedes cuánto lo temo!--dijo parándose.--No lo puedo +remediar; siempre que voy a decir algo importante a Pantaleón, me sucede +lo mismo, me pongo temblorosa; toda me aturrullo... Mire usted cómo me +tiembla la mano, Costa. + +Mario apretó la mano de su futura suegra, pero no pudo comprobar el +temblor. Lo único que advirtió es que estaba fría. + +--Sí, sí--dijo galantemente,--y además está fría. + +--¡Friísima!... Lo mismo me pasa siempre... Vaya, armémonos de valor. +Voy antes a beber una copita de Jerez para criar fuerzas... Hasta luego, +hijos míos, hasta luego y ¡buena suerte! + +Todavía desde la puerta se volvió con semblante risueño, radiante de +condescendencia. + +--¡Cómo me late el corazón!--exclamó llevándose la mano al +pecho.--¡Adiós! ¡Buena suerte! + +A quien le latía hasta querer saltársele del pecho era al pobre Mario. +No se atrevió a mirar a Carlota. Tampoco ésta volvió su rostro hacia él. +Felizmente vino a sacarlos del apuro la bella Presentación. Entró seria, +ceñuda y, sentándose cerca del balcón, exclamó con un suspiro: + +--¡Ea! ¡Ya estoy en funciones! + +Lo mismo Carlota que su novio no pudieron menos de sonreír. +Trascurrieron algunos minutos en silencio. + +--Pero vamos a ver--profirió después volviéndose airada hacia +ellos,--¿cuándo me van ustedes a dejar en paz? ¿Se quieren ustedes casar +pronto, empachosos? + +--De eso se trata--respondió gravemente Mario. + +Y como la joven le mirase sorprendida, su hermana añadió tímidamente: + +--Mamá se lo está comunicando en este momento a papá. + +La cara de Presentación expresó un gozo sincero. + +--¿Es de veras? ¡Cuánto me alegro, hermana de mi alma!--exclamó +levantándose y abrazándola con efusión.--¡Toma un beso, toma dos, toma +veinte!... Sea enhorabuena. Démela usted a mí también, Costa, y pídame +perdón por las mil iniquidades que ha hecho conmigo... ¡Qué gusto, +Virgen de Atocha!... Ya concluyeron las centinelas. Ahora son ustedes +los que me van a guardar a mí. ¡Y que no te voy a dar poca tarea, +Carlota! Me vas a sacar a paseo todos los días, ¿sabes? todos, sin +faltar uno. Y por la mañana me llevarás a misa... y después... después +unas vueltas entre calles para lucir este cuerpecito... + +Daba saltos de alegría y batía las palmas la revoltosa niña, tanto por +la perspectiva de aquella bienandanza como por ver a su hermana feliz; +porque en el fondo no era mala, aunque Timoteo la apellidase casi todas +las noches ingrata y orgullosa con el violín. + +Mas he aquí que en lo más recio de esta alegría turbulenta aparece D.ª +Carolina. Nada más que con mirarla comprendieron Mario y Carlota lo que +había. Traía la cara larga, larga como si viniese de un entierro. ¡Ay, +sí, el entierro de las esperanzas de Mario! Mientras se acercaba +lentamente hacia ellos ejecutó un sinnúmero de muecas y visajes, +expresando alternativamente el dolor, la protesta y la resignación. +Sentose de nuevo en silencio entre los dos, y en silencio también y con +rara energía apretó las manos a Mario fijando en él al mismo tiempo una +mirada de indefinible tristeza. + +--No se apure, señora--exclamó éste haciendo de tripas corazón, +esforzándose por sonreír.--¿No puede ser? Lo siento muchísimo; pero lo +mismo Carlota que yo sabremos tener calma y esperar con paciencia. + +D.ª Carolina se llevó el pañuelo a los ojos como si quisiera llorar. + +--¿Qué es eso? ¿No hay boda?--preguntó Presentación; y, levantándose con +ademán desabrido, añadió:--¡Bah, bah! La culpa ya sé yo de quién es. + +No hubo más remedio que resignarse. Don Pantaleón hallaba prematuro el +matrimonio. Los hombres, según decía su esposa, miran las cosas de un +modo prosaico; se fijan en el porvenir, en las necesidades y +obligaciones que trae consigo; todo lo ven de color negro. Nosotras +procedemos de otro modo, por entusiasmo, por cariño; cuando se nos +interesa el corazón no queremos ver las dificultades. Por mi parte, +aunque no tuviese usted empleo ninguno, aunque fuese un pobre de la +calle, bastaría el afecto que le tengo para que le entregase a mi hija +sin reparar en nada. + + + + +IV + + +Esperaron, pues, pacientemente a que Sánchez se ablandara. La vida +siguió deslizándose en la misma forma que antes, creciendo de día en día +la confianza y el cariño entre nuestro joven y la familia de su novia. +No salía de la casa. Cuando iban a paseo por Recoletos, Mario y Carlota +marchaban delante y detrás D.ª Carolina y Presentación. Al poco tiempo +todo Madrid los conocía. «Ahí vienen _los novios_,» se decían los +paseantes al verlos. Entre algunos chistosos comenzó a llamárseles _I +promessi spossi_. Y como suele suceder, al cabo de algunos meses +llegaron a aburrir a la gente. ¡Pero, señor! ¿cuándo se casan estos +chicos? + +D.ª Carolina consintió al fin, a ruego de Mario, en tutearle, y hasta +llevó su condescendencia a permitir que la llamase mamá, todo en secreto +por supuesto y cuando Sánchez no se hallaba presente. Un día que delante +de éste se le escapó llamarle de tú, ¡Jesucristo, lo colorada que se +puso la buena señora! Mario estaba hechizado; la adoraba. + +Pocos meses después acaeció un cambio en la política. Cayó el ministerio +y se formó otro nuevo. El ministro de Ultramar saliente se acordó de +Mario por la amistad que había mantenido con su padre y le dejó +ascendido en lo que se denomina en términos burocráticos testamento. +Tenía diez y seis mil reales de sueldo. D.ª Carolina mostró al saberlo +una alegría verdaderamente maternal. Tanto que a los pocos días le llevó +sigilosamente hacia un rincón y le dijo con misterio que si se lo +permitía iba a dar «otro tiento» a Sánchez: desconfiaba bastante del +éxito, pero iba a hacer un esfuerzo supremo... «Ya veríamos.» + +En el pecho del joven escultor renacieron súbito las esperanzas. Se puso +tan nervioso, que la bondadosa señora, para completar su caritativa +obra, mostrose propicia a ir en aquel mismo momento al cuarto del severo +esposo. Mario no pudo contenerse; poco menos que la hizo salir a +empujones de la habitación. Ella sonreía dulcemente llamándole loco. + +¡Qué zozobra! ¡qué congojas las de los novios mientras permaneció por +allá! Llegó a tal extremo, que Mario ¡pobre muchacho! consintió en rezar +con Carlota algunos padres nuestros para obtener un resultado favorable. + +El cielo escuchó sus oraciones. D.ª Carolina se presentó al cabo de +media hora radiante de dicha. Y antes de que saliese una palabra de sus +labios, corrió hacia su hija y la abrazó estrechamente derramando un +torrente de lágrimas. Después hizo lo mismo con Mario. Éste experimentó +tan fuerte emoción, que quiso volverse loco. Lloró, rió, bailó, besó las +manos a su futura suegra llamándola madre, prometiéndole amarla y +obedecerla siempre como un hijo sumiso; en fin, mil ridiculeces que +harán sonreír a todo el que no haya estado de veras enamorado. + +Desde entonces no se habló más que de la boda. Comenzaron a comprar la +ropa blanca; esto es, comenzó el único período de la existencia que +puede dar idea aproximada de lo que acontece en el cielo. Esta memorable +etapa de la ropa interior ejerció tal influencia en la felicidad de +Mario, que muchos años después, al pasar delante de un bazar de ropa +blanca y ver colgadas en el escaparate algunas enaguas y camisas de +señora, aún sentía latir su corazón conmovido. D.ª Carolina fue el +Espíritu Santo de este almo cielo. Cuando nuestro joven la veía ponerse +las gafas y tomar entre sus dedos una chambra, frotarla cuidadosamente, +acercarla a los ojos para ver si descubría alguna pérfida hebra de +algodón entre su cándido hilo, un estremecimiento de dicha inefable +corría por su cuerpo; la emoción le ahogaba; necesitaba volverse de +espaldas para no caer a sus pies y expresarle en términos fervorosos +delante de los horteras toda la veneración, todo el entusiasmo que su +conducta generosa le inspiraba. + +Luego se fijó el día: se discutió la forma en que había de celebrarse. +Antes se había convenido en que los novios no vivirían aparte «por +ahora.» El pequeño sueldo de Mario no lo consentía. D. Pantaleón +manifestó por boca de su esposa que mientras el matrimonio no se hallase +en condiciones de establecerse, viviría en su compañía. El mismo D. +Pantaleón resolvió que la boda se celebrase con un día de campo en los +Viveros, como era uso y costumbre entre el elemento distinguido del +comercio de Madrid. + +Fue en el primer domingo de Agosto. Mario convidó a sus amigos los +tertulios del café del Siglo, Miguel Rivera, Adolfo Moreno, Llot, +Oliveros, Romadonga y tres o cuatro compañeros de oficina: los señores +de Sánchez, a varias distinguidas familias del comercio, y entre ellas a +la del mismísimo presidente de la _Liga de Productores_, propietario de +una gran fábrica de ladrillo refractario en las afueras de Madrid. Los +esposos Sánchez no mantenían amistad muy íntima con esta familia; pero +comprendiendo todo el lustre que sobre la fiesta recaería si lograban +que asistiese a ella, les escribieron una rendida carta. Los señores de +Corneta, que así se llamaba el presidente de la Liga, respondieron con +una muy amable esquela aceptando y enviando al propio tiempo una precisa +licorera, que enriqueció la serie de regalos que los novios recibieron +en aquellos días. D.ª Carolina los había colocado todos en un gabinete +de la casa en medio de una bonita decoración de percalina para que +hiciesen más impresión. Había muchos y muy lindos, pero entre todos +predominaba una rica colección de barómetros y termómetros de todas +formas y tamaños. Los amigos habían comprendido, con admirable instinto, +que nada puede interesar tanto a unos recién casados como la observación +atenta de los fenómenos meteorológicos. + +El primer domingo de Agosto amaneció tan espléndido, tan claro y +caliente como casi todos sus colegas del estío en Madrid. Los asistentes +a las primeras misas en la iglesia de Santiago pudieron ver en una de +las capillas laterales a un joven correctamente vestido de negro hincado +delante de un confesonario. Nada tenía de particular. Pero en el +confesonario de enfrente había una joven también vestida de negro con la +cara pegada a la ventanilla. Esto era ya grave. Así lo entendieron los +fieles, y por eso, pecando contra el tercer mandamiento, no les quitaron +ojo mientras duró la confesión. + +El cura tenía abrazado al joven, de suerte que los asistentes no podían +observar más que sus piernas, que no decían nada. Pero la joven dejaba +ver un cacho de mejilla, y este cacho de mejilla, por lo suave, por lo +terso, por lo sonrosado, interesaba profundamente al auditorio, y muy +especialmente al monaguillo que ayudaba a la misa. + +«Son unos novios,» se dijeron los fieles rebosando de curiosidad y +penetración. En efecto, eran ellos, la fresca y simpática Carlota y el +venturoso Mario. + +Después de la ceremonia y de tomar chocolate en la morada de D. +Pantaleón, trasladaronse los recién casados y su cortejo en dos grandes +ómnibus a los Viveros. Los Viveros guardan entre las filas de sus +árboles enanos y bajo sus cenadores rústicos toda la poesía del comercio +madrileño. Los gremios expresan allí en los días festivos que no son +insensibles al encanto misterioso de la Naturaleza ni ajenos a las +dulces emociones del campo. Como testimonios mudos pero elocuentes de +este fondo poético que algunos pretenden negar, suelen verse bajo los +frescos emparrados, donde la luz se cierne mansa y dormida, o sobre el +fino tapiz de la yerba, entre setos de boj y cinamomo, algunas cabezas +de sardina y no pocos residuos de huevos cocidos. + +El Sr. Sánchez, que a pesar de su temperamento meditabundo y soñador no +olvidaba ningún pormenor interesante, había contratado el día antes un +piano mecánico. No fue obstáculo el calor para que aquella juventud +florida se pusiese inmediatamente a bailar con frenesí. Un caballero +tuvo la ocurrencia de quitarse la levita; los demás le imitaron. Se +bailó en mangas de camisa, con esa grata familiaridad que caracteriza a +los hombres de negocios en momentos de alegría. Así y todo, se sudaba +como en los primeros días de la creación. Las mejillas de las damas +echaban fuego. ¡Ah, si pudieran utilizar el hielo que envolvía en aquel +instante el corazón del violinista del café del Siglo, qué bien se +refrescarían! + +A fuerza de inteligencia y diplomacia había logrado Timoteo que D.ª +Carolina le invitase a la boda. Por cierto que este rasgo de generosidad +le valió un disgusto. Su hija menor armó la de San Quintín al enterarse, +profiriendo tan pesadas palabras que la buena señora se vio necesitada a +zanjar la cuestión por el método usual, con un par de pellizcos. La niña +puso el grito en el cielo. Y en estas simpáticas disposiciones hacia el +violinista fue a la boda de su hermana. ¡Qué había de suceder! Un +desastre. A la primer coyuntura aquellos dos pellizcos se los aplicó en +el alma al causante de todo. + +--Presentacioncita, ¿me haría usted el honor de bailar conmigo esta +polka? + +--Gracias, no bailo. + +Pocos instantes después llega otro joven y le hace la misma invitación. +Presentación vacila un momento, mira de reojo al violinista, sonríe +maliciosamente y se deja arrastrar al baile por tal odiosísimo sujeto, a +quien desde aquel punto dedica Timoteo toda la hiel que elabora su +organismo. + +Este ser repugnante y abyecto, llamado Grass, dedicaba las horas en que +no medita o ejecuta alguna acción vergonzosa, a llevar los libros de +comercio en dos camiserías de la calle del Príncipe. De aquí que +pretendiese eclipsar a todos los demás por el brillo y la forma de su +cuello a la marinera y por el esplendor de la corbata de raso azul con +lunares blancos. Timoteo sentía la superioridad de Grass en este punto, +pero antes le hicieran rajas que confesarlo. + +Presentación era, con mucho, la más linda de las niñas que la industria +y el comercio habían enviado a la boda de Mario. Por eso todos los +jóvenes le bailaban el agua, acudían a servirla y festejarla como un +tropel de esclavos. Quién solicitaba humildemente la honra de tener por +su abanico, quién extendía la levita sobre la yerba para que se sentase; +los unos corrían a buscarle un vaso de agua cuando tenía sed y se lo +presentaban con azucarillo y gotas de azahar, o con anís o con jarabe de +grosella, para que eligiese; los otros se consideraban felices con que +de lejos les enviase una ligera sonrisa. Con esto la niña, que había +mostrado siempre marcada inclinación a las pompas mundanas, se puso +insufrible. Parecía una sultana cruel y despótica. A fuerza de ver +inmediatamente obedecidos sus caprichos, ni sabía ella misma lo que +quería. Tan pronto llamaba a un mancebo y le permitía sentarse a sus +pies y le escuchaba y le miraba amablemente, como le arrojaba con ademán +feroz y viento fresco. Unas veces exigía que le contasen algo, otras les +obligaba a permanecer inmóviles y silenciosos. Fortuna fue que no se le +ocurrierra mandar ahorcar de un árbol a Timoteo, porque en el estado en +que se hallaban los espíritus, ¡quién sabe lo que sucedería! + +Pero el que logró presto sobreponerse a sus colegas y fijar la atención +de la bella fue Grass. Y esto no sólo por el prestigio de su corbata, +sino porque además era hombre de iniciativa y ocurrente. Cada una de sus +frases, un poema de gracia. Cuando tenía que referirse a su propia +cabeza, la llamaba «la calabaza.» «Yo conocí en Sevilla una +señora--decía--que comía por la boca.» + +Poseía asimismo una imaginación fecunda y audaz para toda clase de +farsas divertidas y talento especial para imitar la voz, el gesto y el +modo de andar de cualquier persona. Corría y brincaba con agilidad +pasmosa, a pesar de su obesidad bien pronunciada. Cantaba con voz de +tiple, de tenor, de barítono y bajo, y se sabía que proyectaba figuras +en la pared con la sombra de las manos de modo maravilloso. Finalmente, +era un prestidigitador consumado. A ruego de varias muchachas, hizo +algunos juegos de manos que produjeron entusiasmo en los invitados. +Claro está que para efectuarlos necesitaba ayudantes. Grass los elegía +entre las jóvenes más lindas. Y aunque todas le servían con agrado y +diligencia, se distinguía particularmente por su entusiasmo +Presentación. ¡Las diabluras que aquel hombre festivo llevó a cabo con +ella, sacándole monedas del pelo, de las narices, del cuello!... + +¡Timoteo ansiaba beber su sangre! + +A las once, poco más o menos, hizo su entrada triunfal en el Vivero la +familia del presidente de la Liga de Productores. En cuanto se tuvo +noticia de que un carruaje estaba a la puerta, la mayor parte de los +invitados abandonaron los placeres y corrieron hacia allá, deseando +hacer ostensible su amistad con personas tan distinguidas, que hacían +viso en la sociedad madrileña y tenían carruaje propio. Venían el +presidente, su esposa y dos hijas. El Sr. Corneta tenía la misma +elegante figura que un carnicero en día de fiesta. Pequeño, obeso, +colorado, con gabán muy largo, las enormes manos aprisionadas por +guantes de color de sangre. Llevaba la cabeza echada hacia atrás y +hablaba a gritos. Los millones, la Liga, la fábrica de ladrillo +refractario, todo le salía de una vez a la cara, pugnando por arrojarse +sobre los infelices que se le acercaban y aplastarlos. ¡Qué modo de +tender la mano mirando hacia otro lado! ¡Qué voz ruda e impertinente +para saludar de lejos! Imposible imaginarse una superioridad más +protectora. Y, sin embargo, mucho más protectoras aún las miradas, las +sonrisas y los saludos de su amable esposa e hijas. Era el juicio final. +Los dos pimpollos vestían con pintoresca elegancia, y la mamá, a pesar +de sus años, no les iba en zaga. Ni feas ni bonitas, pero majestuosas; +con esa calma imponente que presta a los seres superiores la conciencia +de su gloria. Las tres venían provistas de sendos impertinentes, con los +cuales empezaron inmediatamente a llevar a cabo atentas y concienzudas +observaciones sobre los invitados, como el naturalista que estudia al +microscopio la figura y los movimientos de algunos infusorios. +Naturalmente, bajo el poder de esta mirada investigadora, las niñas del +comercio se ruborizaron y los jóvenes dependientes no sabían dónde poner +los pies ni las manos, sobre todo las manos. + +--¿No viene Juanito?--preguntó no se sabe quién. + +--¡Oh, Juanito! + +Las tres damas cayeron al escuchar tal pregunta en un acceso de alegría +que les impidió responder, aunque sin interrumpir por eso el estudio +microscópico de aquellos curiosos seres. + +--Juanito no acostumbra a levantarse a estas horas--dijo al cabo una de +ellas. + +«¡A estas horas! ¡Las once de la mañana! ¡Qué elegancia! ¡qué +distinción!» pensaban los dependientes a quienes el hado adverso +obligaba a levantarse de la cama a las seis todos los días. + +La familia Corneta fue conducida en triunfo hacia uno de los cenadores, +donde Mario y su esposa fueron agasajados por ellos con algunas frases +amabilísimas, de las cuales tanto D.ª Carolina como su digno esposo D. +Pantaleón conservaron por mucho tiempo vivo recuerdo. + +Nadie osaría poner en duda entre los convidados la inmensa superioridad +de las señoritas de Corneta en cuanto a brillo aristocrático y gracia +protectora. Sobre todo permaneciendo calladas tales cualidades +adquirían maravilloso relieve. Cuando tomaban la palabra quizá algún +crítico escrupuloso pusiera reparos a la voz bronca un poco aguardentosa +de la menor y a las frases libres y a los ademanes harto sueltos y +descocados de la mayor. Tal vez le arrastrase su espíritu analítico a +encontrar algún vago parecido entre estas distinguidas señoritas y las +jóvenes que comercian con churros y buñuelos en los parajes excéntricos +de la población. Y ¡quién sabe! una vez puesto el pie en el camino de la +investigación, es posible que llegara a explicar este fenómeno por las +leyes de la evolución, viendo en él la supervivencia o degeneración +patológica de las aptitudes orgánicas de su abuela, que freía y vendía +tales comestibles cerca de la puerta de Segovia. Pero como en aquella +florida juventud comercial no imperaban los procedimientos analíticos, +se aceptaron sin controversia alguna el señorío y los privilegios de las +citadas señoritas y se las colocó en el cenador en unión de sus papás +como dioses mayores, a quienes D.ª Carolina y D. Pantaleón y algunas +otras personas de edad asistían como dioses menores. + +Por esta razón y porque nadie podía disputar a Presentación el premio de +la belleza, aquélla continuó imperando despóticamente entre los jóvenes +invitados. Su caballero era siempre el odioso Grass, como observaba cada +vez con mayor encono Timoteo. Pero de vez en cuando dirigía intensas +miradas del lado de Godofredo Llot. Esto no lo observaba Timoteo. Aquel +piadoso joven apenas si osaba corresponder levantando de vez en cuando +hacia ella sus ojos místicos. La mayor parte del tiempo parecía no +advertir la honrosa atención de que era objeto, embargado sin duda por +los graves pensamientos ascéticos que continuamente ocupaban su mente. + +Después de almorzar, bastante después, cerca ya de las cuatro de la +tarde, apareció a lo lejos la silueta elegantísima del primogénito del +Sr. Corneta. Se acercó sonriente, benigno, y todos pudieron admirar sus +botas de gamuza, el pantalón de punto con botoncitos de nácar a los +lados y la preciosa americana de franela que ceñía su talle. Este arreo +campestre y el látigo con que venía azotando suavemente las ramas de los +arbustos demostraba que había llegado a caballo. Los jóvenes +dependientes, al verle, quedaron petrificados de respeto y admiración. +Juanito era miembro del club de los Salvajes, y en calidad de tal solía +ponerse el frac todas las noches; tenía queridas, caballos, desafíos y +deudas, y pronunciaba mal las erres. A pesar de esto, hay que confesar +que en aquella ocasión no abusó demasiado del prestigio y la gloria que +el cielo había derramado próvidamente sobre él. Saludó al concurso con +impensada afabilidad, llevándose dos o tres veces el látigo a las +narices, y dijo con voz bastante clara que se alegraba de encontrarse +entre tantas chicas bonitas; así; palabras textuales. Naturalmente, las +jóvenes, al escuchar tan favorable sentencia, temblaron de gozo, se +ruborizaron hasta las orejas y la guardaron en el fondo de su corazón +como recuerdo de aquella dichosa tarde. Juanito estaba dotado de mil +preciosas cualidades que saltaban a la vista; pero la que realmente le +caracterizaba era la languidez. Imposible imaginarse nada más lánguido +que este glorioso joven. Cuando hablaba, cuando sonreía, cuando se +atusaba el bigote, cuando se estiraba las piernas, una irresistible +languidez resplandecía debajo de estos actos vulgares. + +Presentación no pudo resistirla. Se encontró subyugada desde el primer +momento. En cuanto el joven Corneta, dando pruebas de buen gusto, se +acercó a ella y le hizo el honor de dirigirle algunas palabras galantes, +¡adiós Grass! ¡adiós Godofredo también! Aquellos lindos ojos maliciosos +ya no tuvieron miradas sino para Corneta; aquella fresca boca movible +sólo para él formó sonrisas. + +Timoteo observó esto con mezcla de dolor y satisfacción. Le apenaba el +entusiasmo de su ídolo por el sietemesino; pero la derrota de Grass le +llenaba de regocijo. Y en la expansión de su alegría amarga no pudo +menos de acercarse al grupo donde aquel despreciable personaje se +empeñaba todavía en imponerse a la atención por medio de sus ridículos +juegos de manos. No trascurrieron dos minutos sin que le dirigiese una +pulla de mal gusto. Grass no hizo caso. Volvió a la carga con otra: +tampoco el catalán se dio por ofendido. Era hombre de buena pasta y +amigo de las bromas. Mas el violinista llegó a ponerse tan agresivo, que +al fin no pudo menos de decirle seriamente, suspendiendo su juego: + +--Oiga usted, amigo, ruego a usted que sea más comedido en las bromas; +de otro modo, me parece que no vamos a parar bien. + +Timoteo sonrió ferozmente. Y sin tomar nota de esta severa advertencia, +al poco rato volvió a las reticencias y sarcasmos; de tal suerte que +Grass perdió al cabo la paciencia. Ciego de ira alzó la mano... y el +dulce sosiego del bosque fue turbado por una estrepitosa bofetada. + +Veinte manos vinieron instantáneamente a sujetarle. Otras tantas lo +menos acudieron a contener a Timoteo. Formáronse dos grupos a respetable +distancia el uno del otro. Y donde todo era antes alegría y expansión +reinó súbito silencio lúgubre y amenazador. Los de un grupo trataban +confidencialmente de convencer a Grass de que no era sensato ofenderse +por las palabras de un badulaque como Timoteo. Los del grupo de éste le +persuadían de que una bofetada no tenía valor alguno cuando la daba un +ser tan insignificante como Grass. Todos por acuerdo tácito hablaban en +falsete. No se oía más que un murmullo suave como el de un confesonario. +Pero la voz fuerte, estridente de Timoteo rompía de vez en cuando aquel +silencio. + +--¡Lo que yo quiero saber es por qué me pega a mí ese tío gordo! + +¡Chis! ¡chis! Un gran siseo sumergía y apagaba aquel grito interrogante. +Reinaba otra vez el silencio. Pero cuando parecía que todo iba a quedar +sofocado se oía otra vez a Timoteo que desde el centro clamaba con voz +agria: + +--¡Es que yo deseo saber por qué me pega a mí ese tío gordo! + +Al cabo estas preguntas peligrosas se fueron atenuando; se hicieron más +raras y débiles. Poco después aquella sociedad bulliciosa volvía con +ansia a los recreos inocentes. + +No faltaron los brindis ni las improvisaciones poéticas, ni el joven que +canta a la guitarra con poca afinación y mucha gracia unas coplitas +picantes, ni la niña de seis u ocho años que en esta clase de +solemnidades recita siempre, comiéndose la mitad de las sílabas, un +monólogo de comedia. Don Dionisio Oliveros leyó un largo epitalamio en +tercetos, que pudo escribir, según confesó, robando a duras penas +algunos momentos a sus abrumadoras tareas poéticas, entre el tercero y +el cuarto acto de un drama. Romadonga gozaba de todo paseando su mirada +serena por los circunstantes, en particular por el sexo femenino, +recorriendo los grupos y dejando en cada uno testimonios de su gracia y +amabilidad. Al contrario de los jóvenes del comercio que gustaban de +vocear, don Laureano lo hacía y lo decía todo con sordina. No se le +sentía cuando profería suavemente alguna frase galante que conmovía y +ruborizaba a las doncellitas o hacía soltar alegres carcajadas a las +matronas. Placíanle, sobre todo, los apartes, las conferencias íntimas. +A pesar de los años, sus ojos, a la vez desvergonzados y respetuosos, +dulces y chispeantes, fascinaban a las damas. Todas se hacían lenguas de +él y le pregonaban como uno de los hombres más agradables que hubiesen +conocido en su vida. + +Después de varias tentativas había logrado tener un aparte con la novia. +Allá lejos, al pie de un árbol, charlaban los dos animadamente; él +inclinando su gran torso para ponerse a la altura de ella, en actitud +insinuante; ella risueña y tan roja como una amapola. + +Miguel Rivera, que paseaba con Mario, había mirado dos o tres veces con +inquietud hacia allá. Al fin, no pudiendo contenerse, exclamó: + +--Mira, chico, haz el favor de llamar a tu mujer, porque ese bandido de +Romadonga debe de estar diciéndole alguna desvergüenza. + +Mario se apresuró a cumplir el encargo, con gran satisfacción de la +pobre Carlota, que estaba en brasas. Don Laureano, sin darse por +ofendido, se fue deslizando pian piano hacia otro grupo. + +En este momento crítico de la jira campestre se efectuó en el Vivero de +Migas Calientes un suceso insignificante en la apariencia, realmente de +una trascendencia tan grande que sólo otros tiempos y otras generaciones +podrán medir por completo su alcance. En la historia del género humano +suele presentarse cuando menos se espera uno de esos fenómenos +humildísimos que determinan por la fuerza portentosa y oculta que +consigo traen cambios radicales, trastornos inmensos en la esfera +científica y más tarde en la vida de los pueblos. Un día Newton, sentado +a la sombra de un pomar, ve caer una manzana. La caída de aquella +manzana le sugiere una idea. Se descubre la teoría de la gravitación. +Otro día Watt ve hervir un puchero. Observa cómo la tapa se levanta. +Medita sobre este hecho vulgarísimo. Se descubre la máquina de vapor. +Otro, cae por casualidad en manos de Carlos Darwin el libro de Malthus +sobre el _principio de la población_. La idea de la selección natural se +presenta a su espíritu. El origen de las especies queda descubierto. De +este orden es el hecho de que vamos a dar cuenta. + +Acaeció que el Sr. Sánchez, huyendo el bullicio, que no se compadecía +con su temperamento melancólico y reflexivo, se alejó de los amigos y se +puso a vagar distraídamente por las calles de árboles. Acaeció al mismo +tiempo que nuestro amigo Moreno, arrastrado por sus aficiones +naturalistas, había seguido antes el mismo camino y se ocupaba en +examinar algunas yerbas y flores con una lente de que siempre venía +provisto para casos semejantes. En la confluencia de dos senderos al pie +de una mata se encontraron. ¡Feliz encuentro que a la larga había de dar +por resultado una de las más grandes conquistas del espíritu humano! + +Moreno y Sánchez se saludaron cortésmente. Ni uno ni otro podían +sospechar en aquel momento lo que tal saludo iba a representar en la +historia del progreso humano. Cambiadas algunas palabras indiferentes, +Sánchez se quiso enterar de lo que Moreno hacía. Éste, cuya ciencia +estaba siempre al servicio de los amigos y hasta de los que no lo eran, +le mostró la rama que tenía en la mano; le hizo ver con la lente la +textura de las hojas y del tallo, el tejido delicadísimo de sus fibras, +la complejidad maravillosa de su organización. Y una vez en el camino +didáctico no quiso abandonarlo sin dar a D. Pantaleón un curso de +botánica: un curso peripatético. Con las manos a la espalda, +deteniéndose a cada instante para comprobar prácticamente su enseñanza +teórica, Moreno le inició paseando en los secretos del mundo vegetal. + +El espíritu virgen de D. Pantaleón recogió con avidez aquella enseñanza, +como la tierra seca recibe la lluvia fecundante. Pocos minutos le +bastaron para enterarse de que en el mundo existían dos reinos +distintos, el uno llamado vegetal y el otro animal, que aquellas plantas +y árboles que tenían a la vista pertenecían al reino vegetal, y él y +Moreno al animal, que los árboles se nutrían por la raíz y por las hojas +y que se reproducían por medio de órganos que tienen a semejanza de los +animales, los cuales están situados en lo que comúnmente se llama la +_flor_, etc. + +Por cierto que al hacer el examen minucioso de estos órganos Moreno tuvo +una frase feliz que causó profunda impresión en el antiguo comerciante. + +--Este polvo, residuo de la digestión de la planta, es precisamente lo +que, al herir la mucosa de la nariz, nos causa esa sensación agradable +que llamamos aroma. De suerte--añadió con sonrisa de benévola +ironía--que el perfume de las flores, cantado por los poetas y que +enloquece de placer a los temperamentos románticos, no es otra cosa en +realidad que el olor de su excremento. + + + + +V + + +A la manera que el grano depositado en la tierra germina bajo la acción +combinada del calor y la humedad, así las preciosas ideas depositadas +por Moreno en el cerebro del ingenioso Sánchez germinaron allí toda la +noche bajo la tibia temperatura de las sábanas. Hasta que el sueño vino +a apoderarse de sus facultades mentales no dejó de repetirse con +creciente asombro: «¡El excremento!» Y esta idea, maravillosamente +fecunda, iba penetrando poco a poco en su ser, se apoderaba de él y le +abría repentinamente inmensos horizontes en los cuales su genio dormido +jamás había soñado. + +Cuando se levantó por la mañana tenía las mejillas enrojecidas, los ojos +brillantes, todo el cuerpo en tan ágil disposición, que su digna esposa +quedó, al verle entrar en el comedor, no poco sorprendida. La sorpresa +fue en aumento cuando Sánchez, después de tomar el desayuno, en vez de +retirarse a su gabinete para terminar concienzudamente la lectura de _La +Época_, se dirigió a la cocina y preguntó si había alguna legumbre +fresca. Como la criada no hubiese traído ninguna aquel día, se apoderó +al fin de una cebolla y se fue a su cuarto; destornilló el objetivo de +unos gemelos de teatro, y con esta lente improvisada se pasó la mañana +dando cortes trasversales al vegetal y examinando detenidamente su +estructura. Por la tarde salió a dar su acostumbrado paseo por el +Retiro. ¡Ah, este paseo tenía ahora muy diversa significación! Hasta +entonces Sánchez había paseado por puros motivos higiénicos, arrastrado +de la costumbre. Su pensamiento permanecía inactivo lo mismo cuando daba +vueltas en torno del _Ángel caído_ que cuando se sentaba frente al +Estanque grande y descansaba horas enteras haciendo rayas en la arena +con el bastón. Mas ahora aquellos senderos, aquellas calles de árboles +estaban iluminadas por la chispa que ardía en su cerebro. Ya no las +cruzaba con la indiferencia vituperable del ignorante. La Naturaleza +comenzaba a hablarle su lenguaje grave y solemne, prometiendo revelarle +los secretos que guarda en su seno. + +D. Pantaleón, dándose cuenta vagamente del alto destino a que estaba +llamado y del importante papel que pronto iba a representar en el +progreso de los conocimientos humanos, respondió dignamente a los +llamamientos del reino vegetal. No daba cuatro pasos sin que se +detuviese a conversar con algún árbol del camino. Arrancaba +delicadamente una ramita y, aplicando el ojo a la lente, examinaba con +atención sus particularidades morfológicas. No sólo los grandes árboles +añosos, que bordaban el paseo, eran objeto de su atención investigadora. +Con admirable intuición comprendía ya que las plantas más diminutas +merecían el mismo examen atento que los árboles seculares, porque en +todas partes la Naturaleza revela su inmensa riqueza. Por eso brincaba a +menudo por encima de los setos y se metía por los cuadros de flores para +estudiar los organismos inferiores. + +--¡Eh, abuelo! ¿Qué hace usted ahí plantado en medio del cuadro? ¿No +sabe Usted que está prohibido entrar? + +La voz ruda de un guarda le arrancaba inesperadamente de su profunda +contemplación y le obligaba a volver al camino. La ciencia, el progreso, +la humanidad perdían cada vez que esto sucedía inapreciables tesoros de +observación. Mas los guardas no lo sabían. El mismo D. Pantaleón, en la +inconsciencia de su genio, tampoco lo sospechaba. + +Durante varios días realizó, tanto en el Retiro como en el silencio de +su gabinete, estudios profundos y minuciosos sobre la estructura de +todos los vegetales que pudo procurarse. Al cabo llegó con poderosa +intuición a persuadirse de que el mundo vegetal está constituido por un +tejido de una complicación maravillosa; que en las frutas y las +legumbres este tejido es blando, lo cual permite que sean masticadas, +mientras en la madera duro y resistente, por cuya razón no sirve para la +alimentación. Una vez comprobadas estas preciosas observaciones, se +apresuró a formularlas por escrito en su cuaderno de notas. + +Mientras D. Pantaleón se alzaba de golpe con raudo vuelo a las esferas +más altas del pensamiento, su amistad con Adolfo Moreno, origen de este +memorable suceso, se estrechaba cada vez más. Moreno comenzó a visitar +la casa; se pasaba las horas encerrado con aquél en su gabinete. Había +hallado por fin el hombre por quien siempre suspirara; un hombre +callado, atento, que se interesase por la morfología y que le creyese un +sabio. En efecto, Sánchez llegó pronto a convencerse de que Moreno era +un hombre distinguidísimo. Al oírle disertar extensamente, unas veces +sobre la fuerza repulsiva del sol, otras sobre el radiómetro, ahora +sobre el estómago de las plantas, más tarde acerca de la organización y +las costumbres de los coleópteros, quedó vivamente asombrado. Adolfo +Moreno era un ingenio universal. Economía política, medicina, zoología, +química, astronomía, estadística, arte de construcciones, material de +guerra, etc., todo lo abrazaba su inteligencia realmente excepcional. Y +lo más pasmoso del caso era que cuando tocaba cualquiera de estos ramos +del saber lo hacía siempre en un punto concreto y especialísimo, lo cual +probaba la solidez de sus conocimientos. Alguno de sus muchos envidiosos +quería suponer que esta especialidad no tanto dependía de la profundidad +de su ciencia cuanto de la forma en que ciertas revistas esparcen los +conocimientos útiles. Pero esta venenosa observación no merece siquiera +que se la refute. Su fuerte era la biología y particularmente el +desenvolvimiento fisiológico del tipo humano. + +--Me sorprende muchísimo, señor de Moreno--le dijo un día D. Pantaleón, +después de oírle exponer asombrosamente durante media hora lo menos «las +enfermedades de la sangre del ratón,»--me extraña muchísimo que con los +grandes conocimientos que usted posee no sea usted médico o ingeniero, +o por lo menos doctor en ciencias. + +La boca de Adolfo se contrajo con una sonrisa dolorosa y sarcástica. +Sacudió la cabeza en silencio, resopló tres o cuatro veces por la nariz, +y dijo al cabo sordamente: + +--Empecé a prepararme hace algunos años para la carrera de ingeniero de +minas, pero comprendí muy pronto que no era ésa mi vocación verdadera, y +la dejé después de tener aprobadas algunas asignaturas. Quise estudiar +medicina, que, como usted habrá comprendido, es lo que más concuerda con +mis inclinaciones. Pues bien, al segundo año he tenido que abandonarla +por dignidad. ¿A que no sabe usted en qué asignatura me han dejado tres +veces _suspenso_? + +Sánchez le miró con ojos interrogantes. + +--Vamos, imagíneselo usted. + +D. Pantaleón hizo una mueca para significar que le era imposible. + +--¡En fisiología! + +Ambos cayeron a la vez en un espasmo violentísimo de risa. + +--¡Pero eso es un absurdo!--profirió al cabo con trabajo D. Pantaleón. + +--¡Ahí verá usted!--repuso Moreno quitándose las gafas para limpiar los +cristales, que se habían empañado con el vapor de las lágrimas +producidas por la risa. + +--¿Y usted se ha resignado con tal fallo? Ese tribunal merecía un severo +castigo--manifestó el caballero, volviendo a su seriedad habitual. + +--Yo les hubiera puesto de buena gana una corrección por mi mano... +pero... amigo don Pantaleón, estoy muy débil. El hambre me tiene muy +débil. + +--¡El hambre!--exclamó Sánchez estupefacto. + +--Sí; el hambre, querido Sánchez, el hambre. Para la lucha por la +existencia se necesitan fuerzas; para tener fuerzas se necesitan +glóbulos rojos en la sangre; para que haya glóbulos rojos en la sangre +precisa nutrirse... Yo no me nutro, porque no como carne. + +D. Pantaleón le miraba cada vez con mayor asombro. Algo había traslucido +de la mala situación económica en que Moreno se hallaba; pero viéndole +tomar café muy sosegadamente todas las noches y vestir con relativa +elegancia, aunque siempre sucio y desaliñado, no podía sospechar que su +estado llegase a tal extremo de necesidad. En la tertulia del Siglo muy +poco o nada se sabía de sus medios de vivir. Por las frases amargas que +a menudo dejaba escapar se suponía que no eran muchos, y por el cuidado +con que ocultaba su domicilio y evitaba el hablar de su familia +calculaban que debían de ser bien humildes. + +--Señor Moreno, yo no pensaba... + +--¡Piénselo usted todo, amigo Sánchez, piénselo usted todo!--exclamó el +joven con un gesto de resolución desesperada. + +Y después de permanecer largo rato silencioso, con la mirada fija en el +balcón, profirió al fin sordamente: + +--La Naturaleza no ha sido para mí suave como para otros. Yo soy un +hombre del arroyo. Entre torbellinos de polvo, arrastrado por el viento, +un germen viene a caer cierto día en las inmundicias de la calle. Los +transeúntes lo pisotean, los barrenderos arrojan sobre él montones de +basura; todo parece conspirar para que el grano no germine. Pero como +guarda dentro de sí una fuerza de expansión superior a la mayor parte de +sus hermanos, como tiene además una capa dura que le preserva contra las +influencias nocivas, el germen no sucumbe. Los agentes externos +consiguen tener en suspenso por algún tiempo sus funciones biológicas, +pero al cabo el grano logra germinar, hunde sus raíces en la tierra y +alza al aire su tallo. ¿Por qué? Porque viene provisto de armas para la +lucha por la existencia... Tal es la historia de mi vida. Fui arrojado +un día en medio de la sociedad, que me rechazó, que me persiguió, que +hizo todo lo posible por que sucumbiese. Lo mismo que pasa exactamente +en un bosque en la época de la germinación y durante el desenvolvimiento +de los árboles nuevos. Los árboles grandes me interceptaban el sol y la +lluvia benéfica, me robaban el alimento de la tierra. Gracias a la +energía indomable de mi carácter pude luchar, sin embargo, y logré +triunfar. Es la ley de la selección que ya conoce usted. En esta gran +batalla de la existencia perecen los débiles; sólo viven los más +aptos... He padecido en este mundo muchas privaciones, amigo Sánchez, +mucha hambre y mucho frío (guarde usted el secreto); aun hoy los padezco +a menudo. Realmente necesité verme admirablemente dotado por la +Naturaleza para no haber perecido hasta ahora. + +D. Pantaleón se mostró profundamente interesado por estas confidencias, +y su admiración hacia Moreno, aquel germen tan apto, creció +desmesuradamente. No se atrevió a pedirle pormenores sobre las +peripecias de la lucha ni sobre qué terreno se estaba realizando ahora. +Lo único que se aventuró a decir fue: + +--Espero, señor Moreno, que no tardará usted en triunfar por completo de +los agentes externos. Un hombre de tanto mérito como usted no puede +menos de abrirse camino en el mundo. + +--¡El mérito! ¡el mérito!--murmuró Adolfo con sonrisa sarcástica.--Ahí +está precisamente el pecado. A causa de su mérito se persigue a los +hombres, como al almizclero por la bolsa donde guarda el almizcle. + +Este símil zoológico causó tan profunda sensación en Sánchez que, con la +viva imaginación que le caracterizaba, desde aquel día, cuando tropezaba +con un hombre de mérito, no podía representárselo sin una bolsita llena +de sustancia aromática debajo del ombligo. + +Adolfo se pasaba las horas muertas en aquella casa; tantas, que era +difícil averiguar cuáles destinaba a la lucha por la existencia. D. +Pantaleón se instruía rápidamente con las mil noticias científicas que +diariamente le suministraba. Su inteligencia poderosa y predestinada a +las grandes investigaciones no se desenvolvía como la de la mayoría de +las personas, sino que dando saltos prodigiosos escalaba en poco tiempo +las cimas más altas del saber. Las conversaciones con Moreno sugerían en +su mente grandes, profundas ideas y provocaban deseos y propósitos que +no habían de tardar en realizarse. + +Como hubieran hablado durante algunos días de _Zoología_, habiéndole +citado Moreno hechos muy curiosos acerca de los sentidos y el instinto +de los animales, D. Pantaleón quiso hacer por su cuenta inmediatamente +algunos estudios prácticos. Pesó y meditó algún tiempo sobre qué clase +de animales había de dirigir su investigación. Descartó desde luego los +invertebrados. Tenía escasísimas noticias de ellos. Entre los +vertebrados eligió los mamíferos, y entre éstos, después de mucho +vacilar entre los perros y los gatos, decidiose al fin por los primeros. +La razón de esta preferencia no fue exclusivamente científica. Su hija +Presentación tenía un perrillo faldero llamado Clavel, que había dado +repetidas pruebas de inteligencia e ilustración. Por otra parte, en casa +no había gatos ni D.ª Carolina los soportaba. Las circunstancias le +empujaban, felizmente para la civilización, a escribir la monografía del +perro. + +Clavel era un perrillo como un puño, tan lanudo que apenas se hallaba +hueso y carne debajo de aquel felpudo sedoso con que la Naturaleza le +había abrigado. Con esto, dotado de una inteligencia enorme y de un +temperamento excesivamente nervioso. Esto dependía, sin duda, del +desequilibrio que existía entre aquel cuerpecillo minúsculo y su +espíritu poderoso. Era sensible, puntilloso, tierno, irascible, terco y +goloso, reflejándose en él alternativamente mil sentimientos opuestos, +todos expresados con igual viveza. No había ejemplar más a propósito +para el estudio. + +D. Pantaleón comenzó por observarle atentamente durante horas enteras. +Esta atención inesperada escamó muy pronto al Clavel. La mirada de +Sánchez le ponía inquieto, nervioso. A los pocos minutos no podía menos +de levantarse del sitio donde se hallaba para ir a tumbarse más lejos. +Desde allí, haciéndose el dormido, observaba entreabriendo un ojo al +papá de su dueño; si le veía acercarse para seguir mirándole, se +levantaba acto continuo y salía de la habitación de malísimo humor. + +Mientras las observaciones de Sánchez fueron simplemente visuales, las +cosas no pasaron de ahí; pero cuando quiso poner en práctica algunos +medios de cerciorarse del instinto y los sentidos del perro, éste +comenzó claramente a demostrar su desabrimiento. + +--Clavel, ven aquí. Mira (y le enseñaba unos guantes). Ve a mi cuarto y +tráeme los otros. + +¡Que si quieres! El Clavel le echaba una mirada recelosa y daba la +vuelta con soberano desprecio. + +--Toma, Clavel, toma este pañuelo, llévaselo a tu ama. + +Algunas veces lo cogía por compromiso y lo dejaba a la mitad del camino. +Otras ladraba tres o cuatro veces para indicar que no eran de su gusto +aquellos insulsos experimentos. + +Pero cuando Clavel tomó realmente por lo serio las pretendidas +observaciones de D. Pantaleón fue cuando éste se valió de un medio +ingenioso para convencerse de que los perros distinguían los colores. +Cortó cuatro cartones iguales, dos pintó de azul y dos de rojo. Dejó uno +de cada color en el suelo, y tomando el otro azul se lo mostró al perro, +ordenándole que recogiese del suelo el compañero. ¡Caso extraño! Este +acto tan sencillo como inofensivo despertó profunda indignación en el +ánimo de Clavel. Gruñó, ladró, se revolvió como un loco por la +habitación. Últimamente, después que se hubo bien desahogado, se salió +de la estancia sin dejar de ladrar y gruñir y vomitar amenazas de +muerte. + +A la segunda vez que Sánchez le presentó el cartón no se satisfizo con +esto. Lo cogió airado entre los dientes y en menos de un segundo lo hizo +trizas. Sánchez comprendió que era necesario esperar que se calmase +aquella cólera insensata. Dejó trascurrir algunos días sin repetir el +experimento. Y cuando pensó que había desaparecido tal estado de +ferocidad, una mañana antes de almorzar, hallándose el Clavel en el +regazo de su ama dormitando, se presenta en el gabinete con los +cartoncitos en la mano. Verlos el Clavel, lanzarse sobre el sabio a +hincarle los dientes en la mano pecadora, fue una misma cosa. Gritos, +confusión, vivísimas interjecciones. D. Pantaleón, pálido y secándose la +sangre con el pañuelo, se retira profundamente afectado a su dormitorio. +La ciencia, la humanidad pierden una interesante monografía del perro. + + + + +VI + + +La familia Sánchez se estrechó un poquito para que cupiese Mario. En el +cuarto donde antes alojaban las dos hermanas se aposentó ahora el +matrimonio. Presentación pasó a dormir en un cuartito interior, donde +antes tenían los armarios de la ropa. + +Mario nadó los primeros días en una gloria azul y luminosa sembrada de +estrellas, cercada de querubines alados como las que colocan los +pintores en la esquina del cuadro cuando quieren representar la muerte +de un santo. Don Pantaleón era el Padre Eterno, D.ª Carolina la esposa +del Padre Eterno, Presentación un ángel, y hasta la cocinera Rita +guardaba alguna semejanza con Santa Mónica, madre de San Agustín. En +cuanto a Carlota, era la misma Virgen Santísima concebida sin mancha en +el primer instante de su ser natural. + +No se saciaba de mirarla. Por la mañana, con un pañolito rojo de seda al +cuello, los negros cabellos anudados al desgaire y un traje de percal +color lila, barriendo y arreglando el cuarto, estaba verdaderamente +deliciosa. Un poco más tarde, haciendo el café, cortando el pan y +distribuyendo el azúcar y la manteca, le parecía la bella diosa Pomona +cargada de frutos ultramarinos. Por la tarde, lavada, peinada, +perfumada, con una linda bata color crema, sentada al lado del balcón +bordándole a él unas zapatillas, no podía darse nada más correcto y a la +vez más interesante. Cuando salían de paseo y se ponía un sombrerito de +paja adornado con campanillas rojas y el traje negro de seda, regalo de +sus papás, era maravillosa. Por la dignidad del continente, por la +delicadeza del cutis, por su belleza sencilla y serena, no había en todo +Madrid quien pudiese competir con ella. Pero esto no era nada si se +compara a la forma en que se le aparecía los sábados. En este día +Carlota tenía por costumbre lavar sus camisas. Con la cabeza ceñida por +un pañuelo que dejaba sólo ver algunos rizos, la garganta y una buena +porción del pecho al descubierto y los brazos por completo al aire, +estaba sencillamente sublime. ¡Qué ondulaciones de torso! ¡qué pureza de +líneas! ¡qué armonía! ¡qué majestad! + +Un día, con el alma llena de esta belleza plástica que nadie mejor que +él podía apreciar, le propuso, no sin ruborizarse, que le dejase tomar +apuntes de uno de sus brazos. Carlota le miró risueña y sorprendida, y +le entregó su hermoso brazo para que lo copiase. Quiso inmediatamente +modelar la cabeza, el pecho, la espalda. La joven se resistió algún +tiempo, y al fin, viéndole triste, se prestó a servirle de modelo. +Consideraba aquella afición de su marido como un capricho, una manía; +pero pensando, como mujer sensata, que esta distracción podía librarle +de otras más peligrosas, no se oponía resueltamente a ella. Limitábase +a sonreír benévolamente y a darle algunos golpecitos maternales en las +mejillas cuando le veía, lleno de ardor y entusiasmo, pasarse el día +modelando alguna Juno (la de los hermosos brazos, como la llama Homero), +que era ella, Carlota, o alguna Diana (la de las hermosas piernas), que +también era ella, por más que no lo confesase. + +--¡Qué niño eres, Mario! + +En efecto, pocos o ninguno lo serían tanto a su edad. + +Su alegría ruidosa, inmotivada, era realmente infantil; su inocencia +para las cosas de la vida rayaba en simpleza. Tan sólo cuando se tocaba +a su arte adquirían aquellos ojos una expresión grave, concentrada, y su +palabra, por lo general incoherente, tomaba inflexiones profundas, se +hacía precisa y enérgica. + +Había alquilado en la misma casa una guardilla donde modelaba libre y +tranquilamente. Para estos gastos y para los placeres del matrimonio, +pues en ropa no había que pensar en algún tiempo, le bastaba su sueldo, +del cual nadie le pedía cuentas. Por las noches algunas veces iban al +café con la familia; otras, las más, se escapaban a algún teatro o +vagaban cogidos del brazo por las calles solitarias, mirando los +escaparates, entrando a lo mejor en cualquier tienda para comprar +orejones o cacahuetes. Carlota empezaba a tener caprichos. ¡Qué noches +aquéllas de dicha inefable! Paseaban horas enteras charlando. Mario +dejaba que su mujercita le contase lo que pensaba hacer con el vestido +color fresa cuando la falda se ensuciase demasiado, o bien el número de +camisas que iba a poner apartadas y las que dedicaría al uso, o las +reformas trascendentales que proyectaba en el ramo de chambras. De vez +en cuando también él emitía tímidamente su opinión, y ella en no pocas +ocasiones la aceptaba como muy sesuda, y si no la aceptaba, por lo menos +se reía, que era mucho mejor. Todas estas cosas expresadas con voz +suave, insinuante, entre las sombras de la noche, se convertían en un +arrullo poético, delicioso, que enajenaba los sentidos de nuestro joven. +Sus pies no querían tocar el suelo. A veces el asunto de las chambras y +de las tiras bordadas le conmovía tan profundamente, que sin poder +contenerse, después de cerciorarse con rápida mirada de que nadie +cruzaba por la calle, abrazaba a su esposa con efusión y le aplicaba un +beso en la mejilla. Cierta noche se equivocó. Por la calle no cruzaba +nadie, pero en un balcón debía de haber gente, porque después de su beso +sonó otro más fuerte seguido de alegre carcajada. Carlota, ruborizada +hasta querer saltársele la sangre, echó a correr desatinadamente, lloró +de vergüenza y le hizo jurar que se abstendría en adelante de tales +expansiones imprudentes. + +Pues caminando por esta senda deliciosa, alumbrada por los astros más +propicios, tapizada de flores que embalsamaban el ambiente, una espinita +vino al fin a clavarse en el pie de Mario. D.ª Carolina le llamó aparte +un día, estando Carlota con su hermana fuera de casa, y le dijo: + +--Me causa pena tener que hablarte de un asunto... No sólo me causa +pena, sino que me repugna, puedes creerlo... Ya sabes que soy una +infeliz mujer que represento poco o nada en la casa... Por mí, toda la +vida seguiríamos lo mismo... Mi dicha consiste en veros a todos vosotros +felices... Pero, hijo mío, donde hay patrón no manda marinero. Pantaleón +me ha advertido el otro día que hacía tres meses que vivías con nosotros +y que aún no habías contribuido con nada a los gastos de la casa... + +Una ola de carmín inundó repentinamente las mejillas de Mario. La +vergüenza le impidió al pronto articular palabra. Aturdido hasta un +grado indecible, pudo al cabo balbucir: + +--Tiene usted razón... no había pensado... dispénseme usted... En cuanto +cobre este mes le entregaré la parte que a usted le parezca... + +D.ª Carolina, perfectamente serena, sonriendo dulcemente, repuso +poniéndole una mano sobre el hombro: + +--Lo mejor será que me entregues todo el sueldo. Vosotros los jóvenes no +conocéis el valor del dinero. Cuando lo tenéis en el bolsillo gastáis +sin reparo. En este punto lo mismo eres tú que tu mujer. Dámelo a mí y +yo os iré facilitando poco a poco lo que necesitéis. + +Así lo prometió sin reparar lo que hacía. Cuando llegó Carlota se +apresuró a comunicarle lo que con su madre le había pasado. La joven se +puso igualmente colorada. Ambos permanecieron silenciosos un rato sin +saber qué decirse. + +--¿Dices que mamá echaba la culpa de este paso a papá?--profirió al cabo +ella. + +--Sí, sí, no cabe duda. ¡La pobre mamá es tan bondadosa! ¡Si supieras +qué trabajo le ha costado decírmelo!... Después de todo, no hay por qué +quejarse; tu papá tiene razón. + +Carlota hizo una leve mueca de desdén y se fue a su cuarto. + +Desde entonces los placeres mundanos de los recién casados sufrieron +merma considerable, quedaron reducidos casi exclusivamente a los paseos +vespertinos y nocturnos. Adiós teatros, adiós regalos y caprichos. Doña +Carolina se apoderaba de la paga íntegra, y a duras penas soltaba de +ella una parte insignificante. Cuando su hija, muerta de vergüenza, le +pedía algún dinero para Mario, la buena señora reía, echaba a broma la +petición y la mitad de las veces no hacía caso de ella. Otras decía que +la llave de la gaveta la tenía su marido y no se atrevía a pedírsela. +Otras, en fin, se dirigía a Mario. + +--¿Verdad, Mario, que tú no has pedido dinero? ¿que es esta manirrota la +que se vale de tu nombre para sacarme los cuartos? + +El pobre no se atrevía a contradecirla y se resignaba a andar con el +bolsillo vacío. Hubo necesidad de dejar la guardilla que le servía de +taller. Para seguir modelando se vio obligado a pedir licencia a +Presentación para meter en su cuarto los trastos y aprovechar las horas +en que el comedor quedaba desembarazado. Estas molestias no bastaban, +sin embargo, a turbar su ventura. + +¡Qué efecto tan grato y a la vez tan melancólico producía esta felicidad +en Miguel Rivera! Frecuentaba la casa, los acompañaba algunas veces en +sus paseos, les demostraba un afecto paternal y les prestaba los +servicios que podía y en todo caso el auxilio de su experiencia. +¡Cuántas veces, sorprendiendo sin querer alguna caricia furtiva, se le +rasaron los ojos de lágrimas recordando los contados días de su dicha +conyugal! Mario lo observaba y le hacía una seña a Carlota. Esta, a +quien impresionaba vivamente la fidelidad de Rivera a su esposa muerta, +se ponía grave y redoblaba sus atenciones cariñosas hacia aquel buen +amigo. + +Un día le dijo muy bajito metiéndole la boca por el oído: + +--Si es niña, se llamará Maximina. + +Miguel le apretó la mano fuertemente y volvió la cabeza para ocultar su +emoción. + +Así trascurrieron dos meses más. La dicha de Mario comenzaba a molestar +ya a los dioses. Fuerza era que pagase el tributo debido a su condición +mortal. + +En los últimos tiempos había descuidado bastante la oficina. Su amigo y +antiguo jefe Oliveros le había advertido que el director no estaba +satisfecho de él. La culpa no era de Carlota, como pudiera presumirse. +Al contrario, su mujer tenía buen cuidado de recordarle la hora, ponerle +el almuerzo y la ropa a punto para que no se retrasase. Pero aquella +bendita afición a modelar el barro enajenaba sus sentidos. Cuando tenía +entre manos una obra que le agradase, o no iba al ministerio, o iba +tarde. La casa estaba llena ya de adornos esculturales: cabezas, brazos, +torsos, andaban diseminados sobre las mesas y cómodas o colgados de la +pared. Carlota sentía un desprecio profundo hacia estos cachivaches +aunque se abstenía de manifestarlo abiertamente por miedo de disgustar a +su marido. Pero cuando se quedaba sola y tenía que sacudirles el polvo, +en la displicencia con que empuñaba el plumero y en el gesto desabrido +con que tarareaba cualquier cancioncilla de zarzuela se advertía +perfectamente que el arte de Fidias no había logrado apoderarse de su +alma. + +Mario fue un lunes algo tarde a la oficina, como de costumbre. En el +despacho, a más de la de él, que era el jefe, había otras tres mesas +para los oficiales. Éstos no levantaron la cabeza cuando entró, ni menos +le recibieron con las alegres chanzas que usaban de continuo, pues +nuestro joven era muy estimado de sus subordinados, por su tolerancia. +Aquel silencio lúgubre le sorprendió un poco. Avanzó hasta su mesa y vio +encima de la carpeta un pliego cerrado con el sobre escrito a su +nombre. Lo abrió con mano trémula, presintiendo su contenido. En efecto, +era la cesantía. Quedó un instante suspenso y pálido; pero, reponiéndose +en seguida, exclamó con alegre semblante: + +--¡Caballeros, ya no soy jefe de ustedes! + +--Lo habíamos comprendido--dijo uno tristemente. + +Y todos a la vez se alzaron de la silla y vinieron a él, expresando su +disgusto con afectuosas palabras. Mario hizo de tripas corazón. Se +mostró tranquilo, risueño; hasta se autorizó algunas bromitas. Pero +cuando después de despedirse cariñosamente salió a la calle, pensó que +el mundo se le venía encima, sintió su corazón atravesado por vivo dolor +y casi se le doblaron las piernas. No se daba razón de tanta congoja. +Era un contratiempo, no una desgracia. Sin embargo, algo lloraba allá en +el fondo de su alma, la ruina de su felicidad. + +No quiso ir a casa directamente. Necesitaba refrescar la cabeza, +coordinar las ideas, pensar en algo que pudiera contrarrestar aquel +golpe. Paseó algún tiempo entre calles: al cabo, rendido moral y +físicamente, entró en el café Suizo y pidió una botella de cerveza. Allá +en un rincón, formando tertulia con algunos señores graves, vio a su +amigo Romadonga, que le dirigió un cariñoso saludo con la mano. Poco +después, aburrido de la conversación, o quizá por su característica +necesidad de variar de compañía, se vino hacia él con su paso silencioso +de gato, balanceando gentilmente el torso. + +--¿Qué hay, hombre feliz?--dijo sentándose enfrente.--A nadie envidio +hoy en Madrid más que a usted. ¡Qué buenos ratitos! ¿eh? + +Mario, a quien molestaban muchísimo las bromas cínicas de D. Laureano, +hizo un esfuerzo penoso para sonreír y no contestó. + +--La verdad es, querido Costa, que en nuestra corta y miserable +existencia sólo hay un punto luminoso, un oasis ameno, la mujer. + +Chupó en silencio y con placer su cigarro habano, cerró los ojos, como +para mirar el pasado, y prosiguió: + +--Ríase usted de la caza, de la música, de los viajes, de todos los +placeres en general. Los he gustado todos. No valen la pena de +molestarse. El único que tiene sabor exquisito, delicado, embriagador, +es la mujer... Mejor dicho, las mujeres, si es que usted no se +ofende.... ¡Las mujeres! ¡muchas mujeres!... Unas por uno, otras por +otro, casi todas merecen ser amadas. La que no tiene el rostro bonito, +tiene un cuerpo escultural; si la mano es fea, el pie es un primor... +¡Usted no ha escogido mal, picarillo!... Carlota no tiene las facciones +correctas de su hermana, pero es una estatua. Mejor que yo lo sabrá +usted. Delgada de talle y ancha de caderas, la cabeza graciosa y bien +plantada, el pecho alto, firme, valiente... + +Mario estaba en brasas. Al llegar aquí no pudo reprimir un gesto de +disgusto. Don Laureano lo observó, y soltando la carcajada y poniéndole +una mano sobre el hombro, exclamó: + +--Pero ¡qué empeño tienen ustedes los maridos en que nadie admire a sus +mujeres! ¿Por qué? Yo imagino que debiera ser lo contrario. La +convicción de que sólo ustedes son poseedores de sus encantos y que los +demás nos morimos de envidia, debiera ser para ustedes un manantial de +goces. ¿Te gusta mi mujer, eh? Pues contempla y rabia. Nada más +agradable. Ahora también debo de advertirle que yo no serviría para +marido. Una sola mujer me aburre pronto. La misma Carlota, a pesar de +ser tan escultural, pienso que llegaría a cansarme. Es cuestión de +organismo. El mío pide la variedad. A otros les basta la unidad... + +Entre el hondo pesar que le embargaba y aquellas palabras desvergonzadas +que le herían como latigazos, el pobre Mario no podía disimular ya más. +Su rostro se iba poniendo sombrío por momentos. Tanto que Romadonga, +aunque no solía fijarse en el semblante de sus amigos, concluyó por +preguntarle: + +--¿Qué tiene usted? Me parece que está usted preocupado. + +Mario lo negó. + +--Vamos, algún disgustillo matrimonial. ¡La ley, querido, la ley! Si el +matrimonio no fuese más que el placer, ¿quién no se casaría? Pero +entiendo que ante todo es sacrificio y que sólo conviene a los hombres +virtuosos. Por eso yo, que no me tengo por tal, he renunciado a sus +placeres como a sus dolores. Es el estado más decoroso, más noble, no lo +niego; pero a las naturalezas egoístas y sensuales como la mía (según +dice Godofredo Llot) les va mejor el celibato. Tiene también sus +quiebras; el hombre jamás puede ser feliz por completo. Los solteros no +tenemos quien nos repase los calcetines ni quien nos enfríe el caldo al +lado de la cama cuando estamos constipados; pero en cambio hay otras +ventajillas, y bien pesadas las de uno y otro estado, me parece que +nosotros no llevamos la peor parte. + +Volvió a chupar el cigarro entornando un poco los párpados. Una sonrisa +feliz se esparcía por su rostro correcto y expresivo. Cuando exponía sus +teorías acerca del matrimonio solía hacerlo con moderación: no quería +ofender a nadie. Pero allá en su fuero interno diputaba a los casados +por unos mentecatos que habían venido a hacer el _primo_ a la +existencia. No se hartaba de felicitarse a sí propio de haber tenido +bastante habilidad para no haber caído en la red. + +--Amigo Romadonga, por esta vez se ha equivocado usted. No hay tal +disgusto matrimonial--dijo resueltamente Mario. + +--Me alegro, me alegro muchísimo. Ojalá no haya entre ustedes jamás +motivo de discordia--repuso Matusalem con amabilidad. + +Pero en su afable sonrisa se advertía un leve matiz de duda, algo que +decía: «Si no han venido aún las reyertas, vendrán, querido, no lo dude +usted.» + +--Le confieso que tengo un disgusto, pero es de orden más inferior y más +soportable. Acabo de saber que he quedado cesante. + +Romadonga se mostró sorprendido. Después procuró poner la cara triste +adaptándose a las circunstancias. Quiso enterarse de los pormenores. + +--¡Bah! Yo creo que eso se arreglará. No se apure usted. Su papá tenía +muy buenas relaciones. En cuanto los amigos se enteren, será usted +repuesto. ¿Y no ha habido razón alguna para esa cesantía? ¿Ha tenido +usted algún choque con los jefes? + +Mario confesó avergonzado que desde hacía algún tiempo no asistía a la +oficina con la asiduidad que antes. + +--...Qué quiere usted, me ha vuelto otra vez la manía de modelar en +barro. Cuando tengo entre manos alguna figura que me interesa no me +acuerdo de nada. Comprendo que hago mal, ¡pero se pasan tan buenos +ratos! + +Romadonga le miró risueño, embelesado, con su acostumbrada benevolencia +para todas las locuras. + +--¡Bravo! Es usted un hombre original. No deja de tener gracia eso de +perder un empleo por hacer figuras de barro. Comprendo que usted se +arruinara por mujeres de carne y hueso... pero por muchachas de barro o +de mármol, eso, francamente, excede para mí los límites de lo +comprensible. + +Pocos momentos después nació en su espíritu la sospecha aterradora de +que la conversación empezaba a aburrirle. Apresurose a levantarse, y +dando algunas palmaditas amicales a su amigo en el hombro y deseándole +que se arreglase pronto el asunto, se alejó balanceando su figura +distinguida, como los perros cuando ya no hay terrones de azúcar que +ofrecerles. + + + + +VII + + +No se arruinaría él, no, por mujeres de mármol. Tampoco por las de carne +y hueso, aunque lo comprendiese mejor. Hasta entonces al menos ninguna +había logrado tomar de su bolsillo más que lo que en cuenta corriente +había destinado a este ramo exquisito de sus placeres. A fuerza de +experiencia y de cálculo, cuando emprendía alguna nueva conquista, sabía +de antemano lo que iba a costarle; trazaba su presupuesto con la +exactitud de un experto maestro de obras. + +El de la pobre Concha, la hermosa chula que hacía algunos meses había +conocido en el café del Siglo, fue de los más modestos que en su +carrera galante había formado. + +--Estas chicas populares son el género más barato, y no por eso menos +sabroso--solía decir a sus amiguitos del café. + +--Supongo, D. Laureano--replicaba alguno,--que el más caro será el de +las entretenidas de alto rango. + +--Tampoco. Las más caras de todas son las mujeres ricas--manifestaba +profundamente aquel hombre ingenioso y erudito, para quien la naturaleza +femenina no guardaba secreto alguno. + +El cerco de Concha siguió las mismas vicisitudes que el de todas las +plazas de este orden. Sin embargo, la hija del sillero, aunque inocente +y simple como humilde menestrala, tenía un genio impetuoso, arrebatado, +que en más de una ocasión estuvo a punto de dar al traste con los +proyectos de D. Laureano, quien procedía con tiento, con la habilidad +suprema que había logrado adquirir en cuarenta años de práctica. Un +bloqueo prudentísimo primero, intimando poco a poco, acercándose +algunos ratos a la mesa y cambiando con la chula bromitas más o menos +picantes. Después, un día, con pretexto de que llevaba el mismo camino, +les acompañó de noche hasta cerca de su casa. Estos acompañamientos se +hicieron frecuentes. Otro día les trajo butacas para uno de los teatros +por horas. Más tarde les facilitó entradas para las exposiciones, y +sabiendo lo aficionado que era el sillero a los toros, fingiéndose +ocupado, más de la mitad de los domingos le daba el billete de su abono. +Finalmente entró en la casa. + +Romadonga era hombre flexible y dúctil hasta un grado increíble. Con el +mismo aplomo entraba en la casa de un grande de España que en la de un +menestral. En todas partes desplegaba la misma franqueza cordial, un +buen humor y una gracia que hacía apetecer su compañía. Necesitaba +pretexto para visitar a menudo la pobre vivienda de Concha. Hallolo en +la ignorancia supina de ésta. La infeliz no sabía siquiera leer y +escribir. Romadonga, lleno de celo pedagógico, se brindó a enseñarla en +poco tiempo. Y todos los días sin faltar uno pasaba una hora o más +haciéndole combinar letras y sílabas +(_ma-ña-na-ba-ja-ra-cha-fa-lla-da-la-pa-ca-ta-ra-ga-sa-lla-da_) o seguir +con mano inexperta los trazos de un curso de escritura inglesa. + +Cuando la vio medianamente impuesta en estas materias no por eso se +apagó su ardor instructivo. Prosiguió su obra civilizadora con creciente +entusiasmo. Y determinó iniciarla en los misterios de la Geografía +enseñándole cuántas son las partes del mundo y las capitales de los +principales países, y con más interés aún en la Historia sagrada, +haciéndole aprender de memoria las grandes vicisitudes por que pasó el +pueblo de Dios antes de la venida de Nuestro Señor Jesucristo. + +En el café del Siglo se tenía noticia de estos cursos instructivos. Se +le embromaba con ellos, se comentaban con gracia por toda la tertulia. +Pero en aquellas bromas el que marchaba delante y brillaba por su +procacidad era él mismo. + +--¿Qué tal, D. Laureano, se va instruyendo la niña? + +--Admirablemente. Tiene disposiciones asombrosas, sobre todo para la +geografía política. Conoce al dedillo todas las capitales del mundo. +Ayer, porque se le olvidó la de Venezuela, lloró como una Magdalena y se +tiró de los cabellos. + +--¿Y en Historia sagrada? + +--Tampoco marcha mal. Tiene una memoria envidiable. Se sabe sin borrar +un punto ya desde la creación hasta Abraham. Ahora se está aprendiendo +desde Abraham hasta Moisés. + +Y a los pocos días, si no le embromaban, él mismo tomaba la iniciativa. + +--¡Estoy maravillado! Hoy me relató Concha desde Moisés hasta el +cautiverio de Babilonia sin errar un punto. + +--Bueno; ¿y el amor cómo marcha?--preguntó uno. + +--Eso es clase de adorno. Se deja para lo último--repuso con amable y +cínica sonrisa el viejo elegante. + +¡Pobre Concha! ¡Qué ajena estaba de que aquel caballero tan fino, tan +suave, tan delicado, hacía escarnio de su inocencia en la mesa del +café! + +Poco a poco se había ido interesando. Don Laureano era viejo (mucho más +de lo que ella suponía, por supuesto), pero conservaba gallarda figura, +un aire distinguido y varonil que a cualquier mujer podía impresionar; +mejor todavía a una humilde hija del pueblo que no había tratado más que +con hombres zafios y mal vestidos. Aquel señor tan pulcro despedía un +vaho de elegancia que despertaba el instinto del arte y la belleza que +en toda naturaleza femenina reside. El perfume de sus pañuelos la +embriagaba, deslumbrábale el brillo de sus joyas, y las palabras +lisonjeras, insinuantes, con que la envolvía sin cesar arrullaban +dulcemente su corazón virginal. + +Según trascurría el tiempo iba perdiendo paulatinamente aquel humor +chancero. Se había hecho más grave, más reservada y tímida. Creció +asimismo su susceptibilidad hasta lo indecible. Cualquier broma de +Romadonga la interpretaba en el peor sentido, retorcía sus frases más +sencillas, queriendo ver en ellas algún signo de desprecio. Y con el +temperamento impetuoso de que estaba dotada, cuando menos podía +esperarse armaba una gresca de dos mil diablos, le cubría de dicterios y +le arrojaba de su presencia. D. Laureano no parecía disgustado con esta +nueva fase de su conquista, aunque se dilatase más de lo que había +imaginado. En esta materia había llegado a un sibaritismo refinado. Sólo +tenía valor para él lo que costaba trabajo. Sin impaciencia ni inquietud +esperaba alegremente que la naranja estuviese madura para sacudir el +árbol y hacerla caer en su seno. + +Para lograr este dulce desenlace apelaba a los medios que los galanes +han usado siempre en tales casos; los mismos que Ovidio recomendaba en +su _arte amatoria_. Solía llevarle regalitos de poco valor, un abanico, +un dedal, peinetas para el cabello, etc. La niña los aceptaba con +regocijo y gratitud. Cierto día el experto seductor quiso dar un avance. +Se fue a una joyería y compró una sortija con tres brillantitos en forma +de trébol: total sesenta duros. La hermosa chula también aceptó este +regalo con un gozo que le hizo prorrumpir en exclamaciones. Aquella +tarde estuvo amabilísima y jovial como nunca. Mas he aquí que a la +tarde siguiente la decoración había cambiado por completo. Quizá alguna +amiga o conocida, al ver la sortija, le había hecho comprender lo que +significaba, le habría dirigido pérfidas insinuaciones. Lo cierto es que +D. Laureano halló a su ninfa con un semblante más negro y temeroso que +nube de galerna. Antes de cinco minutos estalló la tormenta. Gritó, +pateó, le arrojó la sortija a los pies y con ella todos los regalos que +le había hecho antes. ¿Qué se había creído el tío silbante? ¿que ella +era una tal y una cual? ¡Anda, que se había llevado buen chasco! +Sortijitas a ella, ¿eh? Ya vería lo que lograba con sus alhajas... + +Romadonga aguantó a pie firme y con bastante calma el chubasco. Luego +procuró calmarla con sofística dialéctica que hizo poca mella en su +ánimo irritado. Al fin, por sí misma se fue serenando y se avino a +volverle a su gracia con tal que se llevase todos los regalos que le +había hecho y le jurase solemnemente no traerle más. + +D. Laureano cargó con todos aquellos chirimbolos. Por la noche decía en +el café, chupando con delicia un cigarro habano: + +--No hay nada en el mundo como una chula de Lavapiés. Estoy hechizado +con mi Conchilla. Ni la mitad del presupuesto voy a invertir. El que +tenga la suerte de embarcarse en una de estas fragatas, puede viajar +hasta el fin del universo con tres pesetas. + +Con razón lo pudo decir, pues a los pocos días había logrado rendirla. +La pobre Concha cayó en sus brazos por generosa y amante, no por +interesada. + +Fue una luna de miel. Romadonga, en la alegría de su conquista, se dejó +arrastrar a mil delicadas atenciones, demostrando cerca de ella una +asiduidad que rara vez había tenido con otras. Iba a su casa dos o tres +veces al día; apenas salía de allí. De noche la acompañaba paseando por +las calles más extraviadas, donde tuviera seguridad de no tropezar a +algún conocido. Los domingos solía llevarla en coche a cualquier +pueblecito próximo; merendaban, bebían lo bastante para ponerse alegres +y regresaban con las mejillas rojas, diciéndose mil disparates +deliciosos. Hasta se aventuró varias veces a llevarla a un palco segundo +en el teatro y a permanecer allí metido detrás de las cortinas. Se +comprendía que aquel triunfo de última hora halagaba su amor propio, le +enajenaba de gozo. + +Pero aunque ambos hacían esfuerzos de habilidad para engañar al sillero, +guardándose cuanto podían, inventando mil pretextos explicativos para +sus actos, el padre no pudo menos de advertir el nuevo género de +relaciones que entre ellos existía. El señor Ángel era un buen hombre, +hábil en su oficio y de sentimientos honrados, pero extremadamente +pusilánime. Cuando se hizo cargo de lo que pasaba, se entristeció +profundamente, mostrose serio lo mismo con su hija que con D. Laureano, +andaba cabizbajo y mudo por la casa; pero no se atrevió a adoptar una +resolución enérgica. Tan sólo una vez dijo a Concha que no le parecía +bien la confianza que había tomado con Romadonga. La chica rechazó con +indignación la malévola sospecha que había debajo de sus palabras, se +encrespó de tal manera que el pobre no volvió a entrar en +explicaciones. + +Se retrajo de la compañía de sus amigos. Andaba avergonzado, siempre +temiendo que le echaran en cara aquella indecente complacencia. Y así +fue. Un día, en la taberna, se lo dijeron bien clarito. + +--No eres hombre si no echas al viejo de tu casa. + +No, no era hombre para hacerlo el infeliz. Se avergonzó, lloró y quiso +retirarse. Pero un amigo le dijo: + +--No te amilanes, Ángel. Si no te atreves a armarle bronca al tío, +bébete unas copitas de más y le echas por el balcón. + +El sillero hizo caso del consejo. Se atracó de vino, y cuando estuvo +hecho una cuba se fue para su casa dando tumbos, diciendo a voces que +iba a sentar las costuras a un caballero. + +Romadonga estaba allí como de costumbre. El sillero se le plantó delante +con los brazos cruzados y le escupió más que le dijo: + +--¿Y usted qué hace aquí, vamos a ver? + +--¿Yo?... + +--Sí, usted... + +Y descomponiéndose de pronto comenzó a vociferar bárbaramente, a +proferir blasfemias y amenazas que hacían retemblar la casa. Concha +corrió a refugiarse en su cuarto. Romadonga trató de calmarle; pero +viendo que eran inútiles sus esfuerzos y que la vecindad se estaba +enterando, tomó el sombrero y se fue. Al bajar la escalera oyó que una +vecina decía a otra: + +--El señor Ángel ha echado de su casa al tío... ¡Ya era tiempo! + +De tal modo inopinado se cortó el curso de aquellas sabrosas relaciones. +D. Laureano no cejó por esto. Procuró ponerse inmediatamente en +correspondencia con su amante. Hubo cartas y recaditos y entrevistas. +Como hombre que sabía extraer delicadamente de este mundo amargo su jugo +azucarado, halló nuevo aliciente de placer en la contradicción del +sillero y en el misterio que se veía obligado a desplegar. Pero Concha +no se avenía tan de buen grado. Disipada la embriaguez de su padre, no +le perdonó aquel acto de energía. Comenzó a mortificarle con su +constante mal humor, con el descuido de sus obligaciones domésticas: la +comida fría, la cama sucia, la ropa sin coser. De vez en cuando le +dirigía venenosas indirectas o burlas insolentes, de tal modo que al +pobre hombre ya le iba pesando de haberse mostrado tan digno. La +dignidad no es absolutamente indispensable para vivir; la ropa y el +alimento sí. Finalmente, la resuelta chula, no pudiendo sufrir más +aquella situación y convencida de que su padre iría donde le llevasen si +se le sujetaba fuertemente por el cuello, aceptó la proposición que +tiempo hacía le había hecho D. Laureano: irse a vivir a un cuartito +independiente que él le alquilaría. Pero no había necesidad de +escaparse. Estaba segura de que su padre cedería si Romadonga sabía +hablarle con diplomacia. + +Dio un salto el viejo elegante cuando Concha le propuso una entrevista +con el sillero. Sin embargo, le convenció de que su padre era un bendito +y, no estando borracho, incapaz de entregarse a ninguna violencia de +palabra y mucho menos de obra. Sobre esta base el afortunado seductor +no tuvo inconveniente en que la chula concertase el cuándo y el dónde de +aquella trascendental conferencia. En casa no podía ser. La dignidad le +impedía a D. Laureano ir a la del sillero sin obtener antes una +satisfacción. En la calle no era decoroso, ni en el café del Siglo +prudente. Se convino en que se hablarían en el de Platerías, de la misma +calle, a las seis de la tarde, hora en que solía estar solitario. + +D. Laureano llegó el primero a la cita y esperó meditando los falaces +argumentos con que pretendía persuadir al sillero. Vino éste a los pocos +minutos y se acercó a la mesa acortadísimo, balbuciendo las buenas +tardes. Romadonga se apresuró a levantarse, y con franqueza campechana +le puso la mano en el hombro. + +--¿Cómo va ese valor, amigo D. Ángel? En realidad no necesito +preguntarlo. Lleva usted la contestación en la cara. ¿Qué va usted a +tomar? + +--Muchas gracias, no tomo nada. + +--¡Hombre, tendría eso que ver!... ¡Mozo! Unas copitas de manzanilla... +Ya sabes, de la especial... ¿Y cómo está Concha?--añadió osadamente. + +--No va mal--respondió con visible malestar el sillero. + +--¿Le han dejado aquellas punzadas dolorosas en el estómago?... Ya le +decía yo que ella se tenía la culpa. No guarda regla alguna para comer. +Su placer mayor consiste en hacer comistrajos a las horas más +extravagantes: tomates, huevos duros, naranjas, todo revuelto con aceite +y vinagre. Se necesitaría tener el estómago chapado en cobre para +resistir este desorden. Yo le di unas pastillitas que no le han venido +mal... Pero lo principal es que tenga método. + +D. Laureano hablaba de Concha afectando desembarazo, como si no hubiera +pasado nada, como si fuese todavía el amigo íntimo de la familia. El +señor Ángel asentía sonriente y turbado. Sin embargo, el aplomo y la +franca naturalidad de Romadonga fueron disipando poco a poco su +turbación. ¡Era un hombre tan llano, tan jovial y corriente aquel D. +Laureano!: le bastaban pocos momentos para inspirar confianza a +cualquiera y ganarle el corazón. + +Como por la mano supo llevar el discurso desde la salud corporal de la +joven a las cualidades de su carácter. Era una pólvora aquella criatura; +buenísima en el fondo, con un corazón de cordera, pero arrebatada como +pocas. Dejándola serenarse, incapaz de hacer daño a una hormiga, pero en +un instante de cólera Dios sabe adónde podía llegar... + +--Por supuesto--añadió con un guiño malicioso--que tiene a quien +parecerse; porque usted, señor Ángel, que ordinariamente es una malva, +¡tiene un modo de dispararse! + +El sillero levantó el brazo y bajó la cabeza, manifestando con mímica +expresiva que de aquello no había que acordarse. + +--No, no lo traigo a cuento en son de queja. Únicamente quiero +significar que a Concha su genio le viene de herencia, y que por lo +tanto hay que perdonárselo... De todos modos, es una chica que se hace +querer, porque inmediatamente se ve que no hay allí doblez, que no hay +engaño... + +--¡Eso no!--exclamó el sillero atacado de súbita vanidad.--En nuestra +familia nunca se ha engañado a nadie. Podremos, si a mano viene, dar un +golpe desgraciado o una cuchillada en un pronto, pero ha de ser por +delante. Hacer traición, ¡jamás! + +No quedó muy satisfecho el viejo galanteador de estas cualidades nativas +de la familia. Casi casi, al golpe desgraciado o a la cuchillada francos +y nobles prefería la traición rastrera si no venía acompañada de +violencia en las personas. + +--Perfectamente; tiene usted razón; pero los prontos hay que +refrenarlos, si no, ¡dónde vamos a parar!... Dejemos esto y vamos al +caso. Yo me he encariñado con su hija hasta el punto de que nada me +agrada ya en el mundo sin su compañía. No lo digo porque sea usted su +padre, pero no he hallado en ninguna parte una muchacha más hermosa, más +sencilla y al mismo tiempo mejor educada... + +--¡Eso sí! ¡Bien criada sí! En ese punto ni su madre ni yo nos hemos +descuidado. Cada pie de paliza la hemos dado, que algunas veces se iba +a la cama y no podía levantarse en cuatro días. ¡No la hemos dejado +pasar una!... Ahí está ella que no me dejará mentir. + +--La prueba mejor de que tiene buen natural y que sus instintos son +finos y distinguidos es que, en vez de enamorarse de cualquier pilluelo +de su edad, ha preferido un hombre maduro como yo, educado en una esfera +más elevada que la suya. Su falta tiene, pues, origen en las cualidades +más admirables de su corazón. Yo creo que, en vez de sentirse +avergonzado por ello, debiera usted estar satisfecho de tener una hija +de aspiraciones tan nobles y delicadas... Bueno; ya está consumada la +falta. ¿Y qué vamos a hacer ahora?... Pues ahora no nos toca más que +procurar remediar en lo posible las malas consecuencias que pueda traer +consigo. + +El señor Ángel se puso muy grave, bajó la vista y mostró señales de +inquietud. + +--Mozo, echa otra copita al señor... Lo primero que salta a la vista es +que su hija de usted y yo no podemos ni debemos separarnos. Nuestros +corazones se hallan tan compenetrados, que sería una verdadera crueldad +por parte de usted o de cualquiera otra persona tratar de romper el lazo +que nos une... + +--Bueno, pues cásese usted con ella--murmuró con timidez el sillero. + +--Le diré a usted--repuso sin inmutarse D. Laureano.--Hace ya muchísimo +tiempo que no pienso en otra cosa. Mi felicidad mayor consistiría en +poderla llamar esposa y presentarla en todas partes como tal... pero... +pero el hombre pocas veces consigue lo que apetece con ansia. En la +actualidad existen una porción de obstáculos que se oponen a la +realización de mi proyecto... Por supuesto que espero vencerlos--añadió +con un gesto soberbio de primer actor.--¡Vaya si los venceré!... Ahora, +si usted me preguntase ¿cuándo? ¿cómo? yo le respondería: «Querido señor +Ángel, soy ante todo un hombre sincero y leal. Si le dijese tal día, de +tal manera me casaré con su hija, como yo mismo no lo sé, mentiría, y la +mentira jamás ha manchado mis labios.» + +Pausa. Romadonga vacía de un trago la copa que tiene delante, se limpia +con el pañuelo los labios que jamás manchó la mentira, y prosigue: + +--En estas circunstancias especiales, especialísimas, en que nos +hallamos, ¿qué partido adoptar?... Conviene que meditemos. + +Pausa y meditación. + +--Si usted no lo tomase a mal... pero temo que usted lo tome en el +sentido peor... yo, teniendo presente que a lo hecho no hay remedio y +que mi entrada en su casa es más escandalosa y perjudicial a su decoro, +le propondría que Concha se fuese a vivir independiente en un cuartito +mientras no desaparezcan las circunstancias que me imposibilitan unirme +a ella... + +El señor Ángel se puso pálido y reclinó la frente sobre su mano, mirando +fijamente al mármol de la mesa. + +--¡Lo ve usted!... ¡Ya se está usted figurando una porción de +atrocidades! + +--No me figuro más que la verdad, don Laureano--profirió con voz +alterada el pobre hombre sin abandonar su postura. + +--Convengo en que a primera vista esta proposición parece fea; pero, +créame usted, aceptándola, evitamos mayores males. Se mudará a un barrio +lejano donde no la conozcan, cambiará de nombre mientras no pueda +ostentar el mío honrosamente, se guardará el mayor sigilo posible... + +El señor Ángel levantó sus ojos doloridos y exclamó con amargura: + +--¡Proponer eso a un padre, D. Laureano! + +--¡Vamos, señor Ángel, tenga usted mundo!--exclamó Romadonga dándole +palmaditas cariñosas en el hombro.--Hoy la sociedad es muy distinta de +cuando nosotros nos criamos. Lo que a nuestros padres les parecía +imperdonable, ahora es cosa corriente... Mozo, échanos otra copa... Al +contrario, en la actualidad se considera de mal gusto y hasta cursi esa +virtud austera de nuestros mayores. Los tiempos cambian, amigo D. Ángel, +y no hay más remedio que transigir y acomodarse al progreso. La vida se +compone de transacciones. + +--¡Proponer eso a un padre!--volvió a exclamar el pobre diablo, con la +misma amargura, vaciando la copa en el estómago. + +--No se fije usted en su condición de padre. Colóquese usted en un punto +de vista más elevado. En seguida comprenderá usted que es el acuerdo más +conveniente. Si usted se obstina en retenerla en casa y consigue que +rompamos nuestras relaciones, un día u otro, créame usted, Concha caerá +en la perdición. Usted, entregado a sus quehaceres, no puede vigilarla; +yo sí. Y si llega a caer, como es probable, ¿no será para usted un +remordimiento el pensar que la ha privado de acomodarse con un hombre +que está en posición de sostenerla decorosamente? Además, usted se hará +viejo, no podrá trabajar... Para ese caso Concha le podrá ayudar, +mientras que de otra suerte... + +Todavía prosiguió el viejo seductor por largo rato amontonando +argumentos con la fluidez insinuante que caracterizaba su discurso. + +Su elocuencia, secundada poderosamente por el manzanilla, logró al cabo +marear, si no convencer, al sillero. + +Una hora después salían ambos del café con sendas brevas en la boca, +colorados, risueños; despidiéndose muy afectuosamente en la primer +esquina. + + + + +VIII + + +Seis meses nada más bastaron para que el genio que dormía en el fondo +del espíritu de D. Pantaleón Sánchez se levantase y echase a andar por +la tierra. En este corto espacio de tiempo su mirada penetrante abarcó +de una vez la existencia toda y sondó sus inefables arcanos. En el mundo +no había más que hechos, hechos _constatados_, como decía un libro +traducido del francés que Moreno le había dado. + +Todas las supersticiones se borraron de pronto de su privilegiada +inteligencia: no sólo la superstición de Dios, la del alma y la moral, +inventadas por la debilidad de los hombres secundada por la ambición de +los sacerdotes, sino ciertas nociones ridículas en que el género humano +se había entretenido puerilmente hasta ahora; las ideas de lo verdadero, +lo bueno y lo bello. Risa inextinguible le causaban los que sostienen +que se ignora el origen de estas ideas. Lo ignorarían ellos. Moreno y él +sabían perfectamente a qué atenerse. Eran sensaciones, nada más que +sensaciones, agradables o desagradables, como las que produce la +humedad, el calor o la fetidez de las alcantarillas. + +Las profundas observaciones que había llevado a cabo en los últimos +tiempos sobre las cebollas, las patatas y otros ejemplares del reino +vegetal, lo mismo que el estudio atento de algunos animales domésticos, +le habían empujado tan fuertemente al análisis que no comprendía otro +método. Lo que por medio del análisis no se hallara, inútil era buscarlo +por otro procedimiento. Es así que ni el escalpelo ni el microscopio +habían tropezado jamás con el alma ni con un Ser Supremo; luego, etc. + +Esta inclinación al análisis despertó en su inteligencia poderosa una +tendencia razonadora de tal precisión que ni el más pequeño argumento +podía escaparse entre sus apretadas mallas. Caía sobre las ideas como un +águila, las sujetaba entre sus garras, las examinaba por todas partes y +sólo después que mostraba a sus oyentes todos los aspectos las dejaba +escapar. + +--Papá, ¿te parece que vayamos hoy al Retiro? + +--No; está muy húmedo. La humedad es mala para el organismo. ¿Y por qué +es mala para el organismo? Porque ataca los tejidos. ¿Y por qué ataca +los tejidos? Porque les roba calórico. ¿Y de dónde procede este +calórico? De la introducción del oxígeno en la sangre. + +--¿Sabes una cosa, Carlota?--decía Presentación otra vez a su +hermana.--Margarita está enamorada del chico de Roda. Ella misma me lo +confesó ayer. + +D. Pantaleón sonrió benévolamente. + +--¿Sabéis por qué está enamorada? ¿A que no? + +--Toma, porque le gusta. Es un chico muy guapo. + +--No, hija, no es eso. Está enamorada porque es joven aún, y como es +joven hay un desequilibrio entre la asimilación y la desasmilación. Ésta +es la única y positiva razón de ese amor, como de todos los demás. La +ternura de las mujeres, ese cariño que os impulsa a hacer locuras, a +llorar, a quitaros la vida, no significa sino que los productos de la +nutrición, la albúmina, la grasa, el azúcar y el almidón, entran con +exceso en la sangre y no bastan para expeler el sobrante la urea, el +ácido carbónico y las deyecciones intestinales. + +--Pero, papá, ¿qué dices ahí? + +--El amor no es más que un exceso de nutrición. + +--Ésas no son cosas tuyas, papá--exclamó con indignación la hija +menor.--Tú no eres capaz de inventar tales extravagancias. Eso viene del +pelmazo de Moreno que, como no hay chica que le quiera, se venga +diciendo borricadas de nosotras. + +--Las mujeres, hija mía--repuso Sánchez con toda la calma y la autoridad +del verdadero sabio,--no podrán jamás llegar a darse cuenta de estas +profundas verdades. Yo he hecho mal en revelároslas sabiendo que hay una +imposibilidad física para que las entendáis. Si no lo tomaseis a mal, os +diría que vuestro cerebro pesa algunos gramos menos que el del hombre +por término medio. + +--¿También dice eso Moreno? Pues tiene mucha razón. ¡Cómo no ha de pesar +menos mi cabeza que la de ese fenómeno! ¡Tendría que ver! + +D. Pantaleón sonrió lleno de lástima, y con la flexibilidad peculiar de +los grandes hombres se apresuró a llevar la conversación a otro asunto +más adecuado a la capacidad craneana del sexo femenino. + +Toda la vida había sido un hombre excesivamente sensible. Su mujer se +reía de la facilidad que tenía para llorar. La música era su pasión más +viva. Para él no había placer comparable a escuchar en una delantera del +paraíso del teatro Real con su hija Carlota, aficionada también a la +música, la _Sonámbula_ o la _Norma_, o cualquier otra ópera del género +dulzón y pegajoso. Lloraba y moqueaba copiosamente en los pasajes más +líricos, avergonzando no pocas veces a su hija. + +--¡Papá, que te están reparando! + +--¡Qué quieres, hija mía, esto enternece a una roca! + +Después de la música lo que más le placía eran los dramas y novelas +sentimentales. Había visto infinidad de veces _La huérfana de Bruselas_, +_La aldea de San Lorenzo_ y _La carcajada_. Se sabía de memoria la +comedia _Flor de un día_ y su segunda parte _Espinas de una flor_. Nunca +le fue posible recitar aquellos famosos versos: + + «Si oyes contar de un náufrago la historia, + ya que en la tierra hasta el amor se olvida, etc.» + +sin hacer pucheritos y que la voz se anudase en la garganta. Y lloraba +también como un buey con las aventuras de las costureras sentimentales y +reinas afligidas de las novelas por entregas. + +Pues bien, Moreno le infundió en seguida un desprecio supremo hacia +estos lirismos que retrasaban la marcha de la humanidad en el camino +del progreso. Se avergonzó de haber empleado tanto tiempo en leer tales +quimeras, cuando estaban ahí los hechos, los hechos _constatados_, la +albúmina, el ácido úrico, el almidón, en triste e injustificado +abandono. Y un día que se trató de la prensa en el café sostuvo con D. +Dionisio Oliveros, el vate burocrático, una acalorada discusión. +Entonces fue cuando profirió aquella frase felicísima que más tarde dio +la vuelta al mundo en alas de la fama. + +--Ha concluido el reinado de los poetas y comienza el de los fisiólogos. +Llegó la hora de arrancarse la toga y ponerse la blusa del operador. El +alma está hecha de sustancia gris, el corazón es un músculo encargado de +dar movimiento a la sangre. + +Y, sin embargo, después de escuchar tan grandes pensamientos, todavía D. +Dionisio se obstinaba en escribir sonetos en la oficina. + +Todos en la casa experimentaban los efectos benéficos de las corrientes +científicas que soplaban en el privilegiado cerebro del jefe de la +familia. Pero la que los sentía más a menudo era Carlota por su buena +pasta. Mario se sustraía cuanto le era posible; inventaba cualquier +pretexto para irse; se hacía el ocupado. Si esto no daba resultado, +escuchaba distraído las disertaciones fisiológicas de su suegro: al cabo +solía dormirse beatamente en la butaca. Presentación era mucho más +expedita. + +--Mira, papá, no me des más jaqueca con el ovario, la fecundación y todo +eso. Son porquerías que no debo oír. El confesor me lo ha prohibido. + +--Lo creo--respondía con acento profundo el sabio.--Pero si el confesor +tiene interés en mantenerte en la ignorancia, mi deber de padre me +obliga a disipar las tinieblas en que vives. Has de saber que los +espermatozoos... + +--¡Dale! Te digo, papá, que no quiero saber eso. + +--Son unos microrganismos dotados de movimientos rápidos... + +--¡Vaya, esto es insufrible! Me voy a coser a otro lado. + +Aquella rebelión contra la ciencia producía en Sánchez grave desaliento. +¡Cuánto tiempo se necesita aún para que la humanidad marche exenta de +preocupaciones por el camino de la experimentación! se decía +tristemente. + +Con su esposa no se atrevía a comunicar aquellos altos pensamientos que +continuamente le embargaban. ¡Tenía un genio tan raro! No obstante, +cierta noche, hallándose acostados, habló D.ª Carolina con admiración +del talento y la bondad de una amiga suya que, dando lecciones por las +casas, mantenía a sus padres ancianos y a una caterva de hermanos. La +pobre, no teniendo tiempo a almorzar, llevaba algún fiambre en un papel +y se lo comía en el portal de cualquier casa. ¡Y a pesar de eso siempre +contenta y siempre ingeniosa! + +D. Pantaleón se atrevió a decir con voz temblorosa: + +--¿Sabes lo que es eso? + +--¿El qué? + +--¿Esa caridad y ese talento que te admiran? + +--¿Qué es? + +--Cloruro potásico. + +--¿Cómo? + +--Que no depende más que de una mayor cantidad de cloruro de potasa en +el cerebro. + +--Pero, hombre, ¿qué jerigonza es la que estás hablando? + +--Para entenderlo es necesario que sepas que todas nuestras ideas y +sentimientos dependen exclusivamente de los alimentos que ingerimos en +el estómago. La albúmina... + +--Mira, Pantaleón, déjame en paz, que quiero dormir. ¿Qué te importan a +ti esas cosas? Bien se conoce que estás ocioso. Por ningún motivo nos ha +convenido dejar la tienda. + +--Únicamente te quería decir que la albúmina y la fibrina... + +--¡Pues yo te digo que no quiero oír sandeces, ea!... Buenas noches. + +Y se volvió del otro lado. D. Pantaleón suspiró hondamente y se volvió +también para dormir. + +Pero a los pocos días, lleno de celo científico y de buena fe, dijo otra +vez a su esposa: + +--Carolina, la otra noche estaba equivocado y te dije una falsedad. + +--¿Qué falsedad?--preguntó la buena señora sorprendida. + +--El talento de nuestra amiga Felipa no es cloruro potásico, sino ácido +fosfórico. + +--¿Volvemos a las andadas?--exclamó irritada. + +--El hombre de ciencia debe rectificar con nobleza todos los errores. + +--Tú no eres hombre de ciencia, sino de tejidos de algodón y de hilo y +géneros de punto. A mí no me vengas con embelecos, porque no estoy de +humor de oírlos, y además te prohíbo que digas borricadas a la niña, +porque la tienes escandalizada. ¡Vergüenza es que necesite yo recordarte +tu deber! + +D. Pantaleón se abstuvo en adelante de verter ninguna de sus fecundas +ideas delante de D.ª Carolina. ¡Era tan severa aquella señora en el seno +de la intimidad! + +Sin embargo, cuando llegó la necesidad supo mantener sus derechos de +animal humano frente a su esposa y frente a toda la familia que trataba +de vulnerarlos. Por consejo de Moreno había prohibido que le sirvieran +en las comidas hortalizas, porque éstas no proporcionaban ningún ácido +fosfórico al cerebro, cosa que ellos necesitaban grandemente para sus +dificilísimas investigaciones sobre la naturaleza. A pesar de esta +prohibición, la cocinera se obstinaba en mandar a la mesa patatas, +coles, lentejas, incapaces de producir más que ácido carbónico, celulosa +y otras sustancias no menos despreciables e indignas. Sufrió con +paciencia algún tiempo. Pero llegó un momento en que la lucha por la +existencia exigió de él un rasgo de energía para salvar las +circunvoluciones de su cerebro amenazadas. Y lo tuvo. + +--He dicho ya muchas veces, y lo repito ahora por última vez, que estoy +resuelto a no ingerir ningún alimento vegetal. De hoy para siempre sepan +todos ustedes que no quiero carbonatos en mi sangre, sino fosfatos. Si +ustedes se obstinan en servirme vegetales, seré capaz de volverme a mi +gabinete sin comer. + +Aunque la amenaza no espantó a la familia tanto como era de esperar, se +convino, no obstante, en no servirle más que alimentos fosfatados. + + + + +IX + + +Sintió Carlota profundo pesar cuando su marido le notició la cesantía. +Quedaron ambos larguísimo rato silenciosos y tristes. Algo sonaba +también lúgubremente dentro del alma de ella, profetizando la muerte de +su dicha. D.ª Carolina la recibió con tranquilidad. Únicamente se le +advirtió más seria a la hora de comer. Después, habiéndose suscitado una +conversación propicia, expresó algunos conceptos acerca de la +holgazanería, de la presunción y la ligereza que a Mario se le antojaron +alusivos. Tal vez no serían: no había motivo fundado para suponerlo, +pues su suegra le había dado repetidas pruebas de afecto y +consideración. De todos modos, no pudo menos de sentir el corazón +apretado. Cuando se retiraron a su cuarto nada dijo de esta sospecha a +su esposa. Se acostaron en silencio y fuertemente preocupados. + +La vida de la familia siguió el mismo curso metódico y apacible. No +había pasado nada. Mario, a las horas de oficina, se iba de paseo solo o +con su mujer. Por las noches continuaban asistiendo al café. A las +comidas la conversación solía animarse. Presentación embromaba a su +cuñado. Mario la embromaba a ella. Carlota escuchaba sonriente aquel +tiroteo, tomando parte alguna vez por su marido. D. Pantaleón les asaba +a explicaciones científicas: el vino, el pan, el azúcar, todo era motivo +para exponer largamente la muchedumbre de secretos que iba arrancando a +la naturaleza. D.ª Carolina seguía con el mismo humor benigno, rigiendo +la casa a su talante, aunque siempre por delegación de su esposo. + +No obstante, una nube de malestar y tristeza, de la cual en el fondo +todos se daban cuenta, envolvía a la familia. Las relaciones entre ella +seguían siendo en la apariencia tan cordiales; pero cada cual percibía +un dejo de inquietud, cierto embarazo que procuraban ocultar exagerando +la sonrisa, acentuando la nota cómica. Mario sentía la falsedad de su +situación en aquella casa y notaba bien que todos los demás la sentían +igualmente. La mayor amabilidad de su cuñada con él era un modo de +expresárselo; el silencio de D.ª Carolina, la humildad de su esposa para +responder a una y a otra, lo mismo. Un sentimiento insoportable de +vergüenza iba apoderándose de él. + +Carlota también lo padecía. D.ª Carolina y Presentación dejaron poco a +poco de llamarla a cónclave para resolver los asuntos domésticos. Entre +las dos se lo arreglaban todo, callando cuando ella aparecía. Con esto +se hizo más tímida, más humilde; no se atrevía a quejarse de las faltas +de la criada; trabajaba cada día más en la casa, echando sobre sí, +cuando podía, el trabajo de su hermana; hacía esfuerzos por aparecer +amable y simpática como si estuviera en casa extraña. + +D.ª Carolina trataba a su yerno con más ceremonia. Mario se sentía +turbado por esta actitud, sin entender por completo lo que significaba. +No se le mandaba cerrar la puerta, ni escribir los sobres de las cartas, +ni que las acompañase hasta casa de unas amigas, ni se le daban encargos +para la calle. Cuando doña Carolina rechazaba cualquiera de sus +servicios el inocente exclamaba: + +--¡Pero, mamá, no tiene usted confianza conmigo! + +--Sí, hijo, sí; pero no hay necesidad de que tú te molestes. Pantaleón, +que no tiene nada que hacer, se encargará de ello. + +¡Que no tiene nada que hacer! Estas palabras, pronunciadas con perfecta +naturalidad y hasta con la sonrisa en los labios, sonaban a sarcasmo. +Tampoco él tenía nada que hacer; demasiado le constaba a ella. A veces, +cuando el matrimonio joven venía de paseo y entraba en el gabinete donde +estaban la señora y su hija Presentación, aquélla les interrogaba con +cierta condescendencia irónica: + +--¿Qué tal, hijos míos, habéis paseado muy largo? ¿Hasta dónde habéis +llegado? ¿Os habéis divertido? El tiempo está muy hermoso. Hacéis bien +en no desperdiciar tardes tan deliciosas. + +Carlota sorprendió en estas conversaciones más de una mirada burlona +entre su mamá y hermana; pero había devorado la vergüenza sin decírselo +a Mario. Era tan inocente, tan bondadoso, aquel muchacho, que daba pena +hacerle sentir las espinas de la vida. Como esposa fiel y generosa las +guardaba todas para sí. + +Pero el poco dinero con que Mario se había quedado para sus gastos +feneció muy pronto. Llegó un instante en que no tuvo un solo ochavo en +el bolsillo. Nada dijo. Aquel día no fumó; al día siguiente tampoco. Su +mujer lo observó al cabo y le preguntó la causa. No estaba bien del +estómago, le repugnaba el cigarro. Pero ella, no fiándose, le registró +los bolsillos cuando se hubo dormido y los halló vacíos. ¡Pobre Mario! +Lloró en silencio largo rato. Por la mañana salió temprano a misa y tuvo +valor para subir a una casa de préstamos y empeñar una sortija. Cuando +su marido se levantó, le dijo sacando un billete de su cómoda: + +--Oye, Mario. Cuando salgas hazme el favor de pasarte por la Mahonesa y +traerme unas yemas de coco... pero que no se enteren en casa. Ya sabes +que me da vergüenza... ¡Ah! Y quédate con el resto del dinero, porque a +ti puede hacerte falta y a mí no. + +Mario quedó suspenso. Una vaga inquietud agitó momentáneamente su +espíritu; pero con la inconsciencia que le caracterizaba no pensó más en +ello. Sin embargo, a la segunda vez que esto pasó no pudo menos de +preguntar: + +--¿Y de dónde sacas tú el dinero? + +Carlota se puso colorada. + +--He ido ahorrando algún dinerillo estos meses pasados para los dulces +del bautizo, ¿sabes?... Pero le encajaré la cuenta a mamá... ¡vaya si se +la encajaré! + +Y reía a carcajadas. Pero su corazón lloraba, porque sabía muy bien que +si esperaba por su madre no se comerían dulces en el bautizo del hijo de +sus entrañas. + +El dinero de la sortija concluyó pronto. Empeñó otra. Tampoco tardó en +gastarse. A Mario le hacían falta botas y guantes; el sombrero de copa +estaba ya grasiento; llegaba el verano y era necesario también hacerse +ropa. Todas sus joyas de poco valor fueron pasando por la casa de +préstamos. El aderezo regalo de sus padres, que era lo que más valía, lo +guardaba D.ª Carolina. + +--¿Pero ese gato que tienes no se agota nunca?--le preguntó inquieto +Mario. + +Tenía la respuesta preparada. + +--Sí, hijo, sí; ya hace tiempo que se ha agotado. Pero papá me ha +llamado el otro día a su cuarto y me dio dinero. + +El semblante de Mario se oscureció. Quedó profundamente pensativo. No, +aquello no podía tolerarse. Era preciso buscarse alguna ocupación donde +quiera que fuese. Hasta entonces todas sus gestiones habían sido +infructuosas. Visitó a los amigos de su padre: no le faltaron buenas +palabras, promesas magníficas. Nada llegaba sin embargo. Miguel Rivera +habló al ministro de quien era secretario, y éste prometió colocarle en +una carrera que iba a organizar para la inspección de los +ferrocarriles. + +Carlota había concluido con sus objetos más o menos preciosos. Entonces +la mentira que había dicho a su marido convirtiose en realidad. Antes de +verle sin dinero en el bolsillo se arriesgó heroicamente a pedírselo a +su madre. Fue una escena baja, sórdida, repugnante. Carlota sufrió con +valor los sarcasmos de su madre y venció a fuerza de paciencia y +tenacidad sus repetidas negativas. Consiguió arrancarle diez duros: se +fue a su cuarto y dio rienda suelta a las lágrimas que había podido +reprimir. Su marido la encontró con los ojos hinchados. + +--¿Por qué has llorado?--preguntole impetuosamente. + +--Por nada, hombre; no te asustes. Son cosas de mujeres. ¿No sabes el +estado en que me encuentro? + +Se convenció. Había oído a los médicos hablar de estas crisis. + +Pero la pobre Carlota fue desde aquel día la víctima, la cenicienta de +la casa. Su madre la trataba con increíble desprecio; no perdonaba +ocasión de vejarla con indirectas crueles. Presentación la ayudaba en +esta tarea simpática. + +--A mí me gustaría colocarme así, espléndidamente, como mi hermana. +¡Casarme con un pobrete! ¡Puf! Oyes, Carlota, ¿tu marido compra por fin +_mylord_ o _faetón_? Supongo que este año no dejaréis pasar la temporada +del Real sin abonaros como el año pasado... + +Su madre le mandaba callar con risita maligna, que era una invitación a +proseguir. Rara era la tarde en que Carlota se sentase a coser con ellas +que al fin no se levantase llorando. Un día, encarándose con +Presentación, los ojos rasados de lágrimas, le dijo: + +--Haces mal en burlarte de mí. Pretendes que deje de querer a mi marido +porque no es rico. Piensa que Dios puede castigarte algún día. + +De estos sufrimientos no daba cuenta a su esposo. Al contrario, en su +presencia mostraba el mismo semblante tranquilo, risueño. Pero volviendo +a necesitar dinero, la escena con su madre fue mucho más cruel. D.ª +Carolina se enfureció, llamó pobrete, hambrón y holgazán a Mario, y se +negó resueltamente a soltar un cuarto. + +--Si te figuras--concluyó diciendo--que nosotros vamos a mantener vagos +toda la vida, estás muy equivocada. + +Esta amenaza la llenó de terror. Se humilló, procuró desarmarla +prometiendo no volver a pedirle dinero. Y corrió, como siempre, a +encerrarse en su cuarto para llorar perdidamente. + +Mario no fumó otra vez en dos días. En su semblante no se traslució, sin +embargo, ningún malestar. Su esposa le miraba con el rabillo del ojo +haciendo esfuerzos por reprimir las lágrimas. Pero al pasar por delante +del cuarto de su padre vio las llaves puestas en el cajón de la cómoda. +Se detuvo herida por una tentación irresistible; echó una mirada en +torno, y no viendo a nadie, avanzó con cautela, tiró del cajón sin hacer +ruido y escudriñó rápidamente su contenido. Allá, en un rincón, había +dos libras de tabaco picado. Tomó una y, cerrando de nuevo, salió +precipitadamente, ocultándola debajo del vestido. Por la noche se la dio +a su marido, diciendo con afectada naturalidad: + +--Toma; luego dirás que no me acuerdo de ti. + +--¿Dónde has comprado este tabaco? + +Respondió que a una prendera amiga suya que lo vendía de contrabando. La +había hallado en la calle y habían hecho mercado en un portal para +evitar indiscreciones. Pero a los dos o tres días su padre lo echó de +menos y se armó el consiguiente tumulto. Hubo quejas, recriminaciones. +D. Pantaleón sospechaba de la criada, que tenía un novio soldado. +Carlota, viendo con terror aquel motín y temblando que D.ª Carolina +averiguase la verdad, llamó en secreto a su padre al cuarto, le echó los +brazos al cuello y le dijo llorando: + +--He sido yo, papá; he sido yo la que te ha llevado el tabaco... Pero +que no se entere mamá, que no se entere Mario cuando vuelva. Sé que no +fuma porque no tiene dinero y yo tampoco lo tengo para dárselo. + +El sabio naturalista quedó estupefacto. + +--Pero, hija, ¿por qué no me lo has pedido? Dinero no puedo daros, +porque ya sabes... + +--Sí, papá... no me digas nada. + +El ingenioso Sánchez aprovechó la ocasión para instruir a su hija. El +tabaco era una planta solanácea de olor fuerte y característico, cáliz +tubulado, raíz fibrosa, tallo velloso de médula blanca, hojas alternas +laureadas y glutinosas, etc. + +Carlota escuchó llorosa y distraída aquellas científicas explicaciones +que por el estado de su alma no produjeron el resultado que era de +esperar. D. Pantaleón rebañó de su bolsillo algunas pesetas y se las +dio. + +La situación de la infeliz muchacha era cada día más triste. Todos los +rencores y desprecios que D.ª Carolina y su hija menor atesoraban para +Mario, que no había tenido talento para hacerse inamovible en el puesto +que ocupaba, se los arrojaban a ella a la cara. Con el verdadero +culpable estaban reservadas, pero finas. No se le hería directamente, +pero la atmósfera estaba cargada de electricidad, y a la postre había de +estallar el rayo. D.ª Carolina sacudía la cabeza con ira cada vez que su +yerno volvía la espalda. + +Al fin, una mañana en que Carlota estaba fuera de casa, la sagaz señora +hizo una seña expresiva a su hija menor, y ésta se apresuró a +levantarse y salir del gabinete. Quedaron solos suegra y yerno. Sin +alzar la cabeza de la costura D.ª Carolina comenzó a hablar con voz un +poco alterada. + +--Mira, Mario, hacía días que necesitaba hablarte de un asunto bastante +desagradable lo mismo para ti que para mí. Lo he ido aplazando de un +momento a otro, porque a la verdad me duele en el alma tocar este +punto... Pantaleón me ha mandado decirte que sus medios de fortuna no le +permiten manteneros a ti y a tu esposa. «Si fuéramos ricos, me dijo, no +tendría mayor inconveniente en que Mario se divirtiese y pasase la vida +holgando, pero, hija, nosotros tenemos sólo lo necesario para vivir +decorosamente... Dile que la obligación primera de todo casado es +sostener a su familia con el producto de su trabajo. Así lo he hecho yo +y así espero que lo haga él. Es joven y tiene el mundo por delante; que +trabaje y se haga hombre...» Hijo mío, yo cumplo el encargo. Espero que +no te ofenderás por ello. + +Mario quedó tan aturdido que no habló una sola palabra. Las de su +suegra le sonaban en el cerebro como martillazos. Una vergüenza inmensa, +infinita, corrió por todo su ser hasta las últimas fibras y le paralizó +enteramente. D.ª Carolina, con una rápida ojeada, advirtió su estado +lastimoso. + +--No creas que esto es puñalada de pícaro. Te habla así Pantaleón por mi +boca porque tiene confianza en tu honradez, en tu dignidad, en que +sabrás cumplir perfectamente tus obligaciones. Yo creo que con el tiempo +le darás las gracias. Si no te ofendieras--añadió con benévola +sonrisa,--te diría que te hace falta un estímulo como éste para abrirte +camino. + +La lengua se le desató aunque no de buen modo. Se excusó balbuciendo de +no haber tomado él la iniciativa en este asunto. Su suegro llevaba mucha +razón en lo que decía. Él buscaría trabajo inmediatamente en cualquier +parte y de cualquier clase. Estaba dispuesto a dejar la casa al +instante... + +--Ya te he dicho que no es cosa de apuro... + +--Sí, señora; lo es para mí--replicó con dignidad el joven. + +Pero la grave cuestión era que Carlota no podía irse con él a la +ventura. Se hallaba ya bastante adelantada en su embarazo, y mientras no +tuviera casa era expuesto llevársela. D.ª Carolina se mostró magnánima. +Carlota se quedaría con sus padres hasta que Mario hallase un medio de +vivir. Éste le dio las gracias con acento sincero. Desde aquel punto +doña Carolina se hizo de miel, le agasajó cuanto pudo, le auguró un +bello porvenir, haciendo visibles esfuerzos para borrar la mala +impresión que sus palabras habían causado. Mario se retiró al fin grave +y tranquilo. + +Al llegar Carlota adivinó a la primera mirada su disgusto. + +--¿Qué te ha pasado? + +--Nada... he tenido una conversación algo seria con tu madre. Me ha +dicho--añadió sonriendo tristemente y tomándole las manos--que tu papá +no puede sostenerme más tiempo en su casa... + +Carlota se puso blanca como un papel. + +--¿Ha dicho eso de veras? + +--Sí; a mí no me sorprende; creo que lleva razón. Ya ves, parece feo un +hombre sin trabajar, comiendo la sopa boba... Así que me voy desde +luego... Pero no te apures, que yo encontraré ocupación; todo se +arreglará. + +Al proferir estas palabras sonreía con esfuerzo, apretando las dos manos +a su esposa. Ésta permaneció muda y pálida mirando con insistencia por +encima de su cabeza a un punto fijo. Al fin sus ojos grandes, serenos, +se nublaron de lágrimas y dijo sin que los rasgos de su fisonomía se +alterasen poco ni mucho: + +--Está bien; me voy contigo. + +--¡No!--exclamó Mario aterrado.--¿Dónde quieres ir? + +--A pedir limosna, si es necesario--repuso tranquilamente. + +--¡Pero eso es una locura! No te precipites... + +Y con palabra fogosa le puso de manifiesto los terribles inconvenientes +de tal resolución. Un hombre puede rodar por cualquier lado, dormir en +un desván, al sereno si es necesario; ¡pero una señora y en el estado en +que ella se encontraba! La separación era de absoluta necesidad por el +momento. Cuando diese a luz y él hallase medio de vivir, que lo hallaría +pronto seguramente, entonces vendría a sacarla para siempre de casa y +vivir juntitos hasta la muerte. + +Carlota se dejó convencer. La idea de causar el más insignificante daño +al ser cuya aparición esperaba con impaciencia la llenaba de congoja. +Quedaron, pues, en que él sólo se marcharía. + +--¿Pero dónde te vas?--preguntó clavándole una mirada de estupor +doloroso. + +--No te preocupes de eso. Tengo infinidad de sitios donde ir. Lo +importante es que tú estés tranquila. Piensa en que se trata de muy poco +tiempo. + +Carlota permaneció algunos instantes inmóvil con la cabeza baja. + +--Bueno, te arreglaré la ropa--repuso al cabo enjugándose las lágrimas. + +Y ahogando los suspiros en la garganta y reprimiendo los sollozos que +pugnaban por estallar, su naturaleza tranquila, razonable, valerosa, +concluyó por triunfar. Empezó a sacar ropa de la cómoda y a colocarla +esmeradamente en un baúl. En aquella operación se mostraba su carácter +paciente y sólido. Mario la contemplaba con interés, trataba de +ayudarla, pero lo hacía tan mal que renunció en seguida. Poco a poco, en +la absorción de aquel trabaja mecánico, se fueron olvidando de su pena. +Discutían lo que se había de meter en el cofre como si se tratase de un +viaje. A Carlota todo le parecía mucho, creyendo así reducir los días de +separación. Mario, al contrario, insistía suavemente en que se pusieran +más camisas, calcetines, etc. Preveía que el viaje iba a ser largo, +aunque se guardaba de manifestar esta opinión. + +Al fin quedó arreglado el equipaje. Entonces permanecieron turbados uno +frente a otro sin saber qué decirse, afectando serenidad, insistiendo +una y otra vez en tono indiferente sobre pormenores ya resueltos. La +emoción que les embargaba advertíase en el timbre velado de la voz, en +el leve temblor de las manos. El corazón se les quería salir por la +garganta. + +--Bueno--dijo al fin Mario poniéndose el sombrero.--Quedamos en que +tendrás el baúl preparado. Ya enviaré por él, y me mandarás al mismo +tiempo la sombrerera. Por los útiles de modelar ya mandaré más adelante. + +Estas palabras provocaron en Carlota una explosión del sentimiento +comprimido. Quedaron abrazados estrechamente y llorando en silencio +largo rato. Mario logró desasirse, y besando con efusión las manos de su +esposa, exclamó sonriendo, mientras bañaban su rostro las lágrimas: + +--¡Qué niños somos! Parece que me estoy despidiendo para el fin del +mundo. + +Y salió de la estancia precipitadamente. Carlota le siguió, y en lo alto +de la escalera volvieron a abrazarse. + + + + +X + + +Cuando hubo salido a la calle y traspuesto la esquina, se detuvo. +Aquellos infinitos sitios de que había hablado a Carlota eran una +piadosa mentira. Quedó inmóvil, con el pensamiento vacío y el corazón +apretado. Unas ansias atroces de sollozar le subían del pecho a la +garganta amenazando ahogarle. Pero logró tenerlas encerradas: sólo +algunas lágrimas brotaron a sus ojos sin darse cuenta hasta que vio la +mirada de los transeúntes fijarse con curiosidad en él. Entonces se +llevó el pañuelo a la cara como para sonarse, y prosiguió su camino. + +¿Adónde iba? Marchó a la ventura largo rato, tratando de coordinar sus +ideas. Al fin no halló otra cosa mejor que dirigirse a su antiguo +alojamiento. Pero esto le causaba profundo disgusto y humillación. ¿Cómo +responder a las preguntas de su antigua patrona? ¿Qué explicación iba a +dar a sus compañeros? Al llegar a la puerta cambió de resolución y pasó +de largo sin entrar. Subió a la primera fonda que tropezó, alquiló una +habitación y volvió a salir. Su inquietud y dolor no menguaron por esto. +Al contrario, la idea de que no tenía dinero para pagar el pupilaje le +atormentó de modo indecible. Pensó entonces en algún amigo con quien +comunicar sus pesares y que le diese algún buen consejo, y los pies le +guiaron a casa de Miguel Rivera. Aunque le llevase éste bastantes años y +tuviese un carácter burlón y agresivo que a menudo pinchaba a los que se +le acercaban, Mario sentía hacia él irresistible inclinación: debajo de +aquella cáscara amarga adivinaba un corazón dulce y generoso. Además, si +para alguno limaba un poco la punta afilada de su lengua Rivera, era +para nuestro joven. Fácilmente se advertía su predilección cuando se +hallaba en la tertulia del café. + +El antiguo periodista vivía solo con su hijo en un cuarto sin lujo, pero +limpio y agradable, de la calle de Recoletos. + +--¿Qué traes por aquí a estas horas, Praxíteles?--exclamó alegremente al +ver a nuestro joven entrar en su despacho. + +--Molestias para usted, D. Miguel. ¿Está usted muy ocupado? + +La sonrisa de Rivera se desvaneció al ver la triste y penosa que +contraía los labios de su amigo. El semblante de Mario expresaba +abatimiento profundo. + +--¡Ocupado! Sólo lo está el que espera algo. Yo he renunciado a todo +hace tiempo, querido. Di lo que quieras y tómate el tiempo que se te +antoje. + +Tímidamente y ruborizándose muchas veces, Mario le contó lo que le +pasaba, rogándole con insistencia el secreto. Cuando terminó de hablar, +Miguel permaneció grave y pensativo. Al cabo dejó escapar un leve bufido +de desprecio. + +--¡Camarada, qué suegra te ha tocado! Es de lo más fino que he visto en +su género. + +--¡Si mi suegra no se ha mezclado para nada en este asunto! No ha hecho +más que cumplir las órdenes de su marido. ¡Anda, pues si dependiera de +mi suegra, ni ahora ni nunca saldría yo de su casa! Usted no sabe el +cariño que me profesa la buena señora. Me quiere como una madre, una +verdadera madre, don Miguel. + +Este le contempló en silencio unos momentos asombrado de su inocencia. +Tuvo impulsos de proferir una de sus chufletas sangrientas, pero se +contuvo. La maciza bondad y el candor de aquel muchacho le conmovían. +Después de todo, pensó, ¿qué se adelanta con sacar a los hombres de los +errores que los hacen felices? + +--Sí, sí; D.ª Carolina es muy buena--dijo al cabo, sin gran +calor.--Puede que tenga en realidad la culpa el loco de su marido. + +--Yo creo que mi suegro nada tiene de loco, D. Miguel--se apresuró a +decir Mario.--Aunque un poco difuso en sus explicaciones, siempre le he +hallado muy razonable. Y además, crea usted que es bastante instruído y +que tiene un corazón excelente. + +Volvió a contemplarle Rivera con sorpresa, y repuso sin poder evitar una +sonrisa de lástima: + +--Puede, puede ser. Yo le he tratado muy poco, ¿sabes? Desde que ese +idiota de Moreno le ha tomado por su cuenta, temía que se hubiese +extraviado. + +Mario sonrió algo contrariado. + +--¡Qué duro está usted con Adolfo, D. Miguel! + +--¡Alto ahí, amigo! Pase por tu suegro y tu suegra, pero lo que es ése +me lo tienes que dejar entre las uñas. En todos los días de mi vida he +conocido un ser más pedante y grotesco. ¡Es un infame! + +--¿Cómo infame?--exclamó asustado. + +--Sí, cuando la tontería llega a cierto límite degenera en infamia. Creo +haberlo leído en Santo Tomás. + +--Pues Adolfo estudia mucho: se pasa la vida entre libros. + +--No importa, es un infame. ¿Tú has estudiado lógica? Bien, pues sabrás +que para que el conocimiento se produzca son necesarios dos términos: +_sujeto_ y _objeto_. Aquí falta sujeto... Pero dejemos eso ahora. +Hablemos de ti. ¿Qué piensas hacer? ¿Cuáles son tus proyectos? + +Mario alzó los hombros sonriendo y no despegó los labios. Aquel gesto +volvió a poner serio y meditabundo a Rivera. + +--Es necesario ante todo buscarte una ocupación lo más pronto posible. +La carrera de que te he hablado en los ferrocarriles aún tardará en +organizarse... ¿Quieres ayudarme en los trabajos de la secretaría? Hace +falta un empleado inteligente... Aunque el sueldo es pequeño. + +--¡Cualquier cosa, D. Miguel!--exclamó Mario, viendo el cielo abierto. + +No existía tal plaza vacante en la secretaría, pero Rivera la inventó +proponiéndose pagarle con una parte de su sueldo. Además le obligó a +quedarse en su casa. Nada le estorbaría: al contrario, en la soledad en +que vivía le estaba haciendo falta un amigo con quien comunicar sus +pensamientos. Mario, embargado por la emoción, le apretó la mano +llorando de gratitud. + +Poco después escribió una larga carta a su esposa rebosando de ternura. +Al final le decía que al día siguiente iría a verla. Al despertarse por +la mañana recibió la contestación de Carlota. + +«No vengas a verme. No quiero que pises esta casa. Espera a que te +indique el sitio y la hora donde podemos vernos. Eres demasiado bueno, +Mario.» + +Y otras frases por el estilo que indicaban que la fiel esposa volvía por +la dignidad de su marido con más cuidado que él mismo. En cambio, ella +se humillaba la pobrecilla y siguió padeciendo los desdenes de su madre +y de su hermana sin quejarse. + +Mario no pudo resistir la tentación de pasar aquella mañana por delante +de la casa. Los balcones estaban cerrados y no vio a nadie. Pero al +llegar de nuevo a la de Rivera se encontró con una esquela de Carlota. + +«A las cinco espérame en la plaza de la Independencia, esquina a la +calle de Alfonso XII.» + +Y una hora antes de la convenida ya estaba nuestro joven en espera con +la impaciencia de un galán primerizo. Al verla llegar, al cabo, con su +vestidito gris, soportando gallardamente las dos existencias en que su +ser se partía, una emoción intensa hizo palpitar su corazón. Corrió +hacia ella y se apretaron las manos y se miraron a los ojos con +embeleso. Luego, cogiéndose del brazo, entraron en el Retiro, y pasearon +charlando bajo los árboles. Carlota no se cansaba de preguntarle todos +los pormenores de su existencia en aquellas veinticuatro horas. Mario no +tenía tiempo para darle completas explicaciones. Se quitaban la palabra +de la boca, se perdían en divagaciones insustanciales, gozando el placer +de hallarse juntos, como si no se hubiesen visto en largo tiempo. +Carlota aprendió que su marido tenía ya un sueldo, aunque pequeño, y que +esperaba en plazo no muy lejano obtener la plaza en los ferrocarriles +que le habían prometido. + +--Creo que no se pasarán muchos meses sin que vuelva otra vez a casa y +vivamos unidos--dijo dando palmaditas cariñosas en el dorso de la mano a +su esposa. + +Ésta se puso repentinamente grave. + +--No pienses en eso, Mario. Nosotros no podemos vivir ya con mis padres. +Aunque sea en una buhardilla viviremos si es preciso. ¡En casa, nunca! + +--¡Oh, qué orgullosita!--exclamó él pellizcándola.--¿Y por qué, si yo no +me doy por ofendido? + +--Porque yo no quiero, y basta--replicó ella con firmeza. + +Mario se había acostumbrado a obedecerla y no le iba mal. Así que no +insistió. + +La noche se echaba encima y bajaron despacio por la calle de Alcalá. Al +pasar por delante de un _restaurant_, Mario tuvo una inspiración. + +--¡Si entrásemos aquí a comer! + +Carlota se opuso. No estaban ellos para gastar el dinero tontamente. Y +siguieron caminando hacia casa. Pero Mario se había quedado silencioso y +melancólico. Unos pasos antes de llegar Carlota se volvió hacia él con +semblante risueño. + +--¿Qué? ¿Estás triste porque no comemos juntos? + +Mario sonrió avergonzado. + +--Bien, pues volvámonos. Pero nada más que hoy, ¿sabes? + +La alegría entró de nuevo como un torrente en el alma de nuestro joven. +Volvieron sobre sus pasos, entraron en el _restaurant_ y pidieron un +gabinete. + +¡Qué hermosas y puras emociones experimentaron en aquella comida! Mario +parecía un colegial escapado. Todo lo hallaba sabrosísimo: hablaba por +los codos; cubría de atenciones y finezas a su esposa. Estaba como loco; +formaba proyectos descabellados; perdonaba a todo el mundo y se deshacía +en elogios de su suegra. + +--¿Sabes lo que te digo, Carlota? Que quiero a tu madre como si fuese la +mía, y que me alegraría que viniese un día a comer con nosotros. + +Ella, serena, tranquila, sonreía dulcemente contemplando la ruidosa +alegría de su marido con el placer no exento de protección con que se +miran los juegos de los niños. Cuando el camarero salía, Mario se alzaba +repentinamente, corría a su esposa, la besaba frenéticamente y volvía a +sentarse. + +--No sé lo que tienes en la cara hoy, cielo mío, que me enajena. Hay en +tu fisonomía una dulce gravedad que me recuerda siempre la expresión de +la Diana cazadora del Louvre. + +--¡Ya salió la mitología! + +--Sí, ya salió y saldrá siempre, porque veo en tu rostro la misma +expresión dulce, grave, protectora que en las estatuas de las diosas; +porque no hallo en el mundo ninguna mujer que se parezca a ti, y sobre +todo, te comparo a ellas porque no tengo nada más hermoso a que +compararte. + +Carlota sonrió y le tendió su mano por encima de la mesa. Mario la besó +con el mismo tierno respeto que Peleo besaría la de Tetis, su inmortal +querida. + +Pero acabado de hacerlo, casi en el mismo instante pareció el mozo con +una fuente entre las manos, y Carlota reveló su condición mortal +ruborizándose hasta las orejas. Como la puerta hubiese quedado abierta, +Mario vio cruzar por el pasillo un hombre que por su figura arrogante y +proporcionada, por su alto desprecio de los cuidados terrenales, por la +varonil grandeza con que había matado en su corazón hasta los más +pequeños gérmenes de la sensibilidad, por la perfecta seguridad con que +gozaba de la vida debía de recordarle aún mejor que su esposa los seres +que habitaban en la cima del Olimpo. Este hombre privilegiado, semejante +a un dios, no podía ser otro que don Laureano Romadonga. Iba acompañado +de una joven con mantón y pañuelo a la cabeza. + +--¿Has visto? + +--Sí. + +--¿Esa joven es la del café? + +--Me parece que sí. ¡No obstante, como ese hombre trae tantos líos!... + +El mismo D. Laureano, entrando repentinamente en el gabinete, vino a +sacarlos de dudas. + +--¿Conque tenemos juerga conyugal, eh? ¡Bien por los esposos!... También +yo vengo a gozar honestamente como un burgués tranquilo... Mi Conchita +cumple hoy diez y ocho años, ¿sabéis? y me dijo: «Convídame a comer en +la fonda» (para Concha, comer fuera de casa es comer en la fonda). Yo le +contesté: «Sí, hija de mi alma, te llevaré a la fonda y beberás +champagne.» El champagne es para Concha algo elevado, de un orden +sobrenatural, inaccesible a todo el mundo excepto al patriarca de las +Indias, a los ministros y al capitán general. + +--¿Dónde la ha dejado usted? + +--Ahí, en un gabinete. Carlota, no me mire usted con severidad. Yo no +tengo más que un defecto. Soy aficionado a pasarlo bien en este pícaro +mundo. ¿Y quién no lo es? ¿Quién, pudiendo divertirse, opta por estar +aburrido? + +--¡No, si yo no le recrimino a usted ni con los ojos ni de +palabra!--exclamó la joven sonriendo.--Lo único que me atreveré a +decirle es que valdría más que usted se divirtiera con placeres lícitos. + +--No lo crea usted. Yo no he podido gozar jamás los placeres lícitos. Me +aburren. Soy una naturaleza móvil y subversiva. Necesito saber que soy +independiente en todos los momentos de la existencia. La idea de que el +goce que disfruto es un goce impuesto le quita todo su encanto... Pero +perdone usted, Carlota, yo no sé si debo... + +--Siga usted, siga usted; no me escandalizo. + +--El matrimonio no ha tenido nunca para mí color. Y ya sabe usted que yo +soy excesivamente colorista. Considero esto como una desgracia, pero si +he nacido así, ¿qué culpa tengo? ¿Por qué disfrutar de una sola obra +hermosa de Dios, me he dicho, cuando en el mundo existen tantas y tan +preciosas? ¿Hay nada más agradable que repetir la luna de miel, ese +feliz estado en que ustedes se encuentran ahora, una y otra vez? Crea +usted que aquellos versos de Musset + + _Parlons de nos amours; la joie et la beauté_ + _Sont mes dieux les plus chers, après la liberté._ + +deben tomarse por divisa. Mientras el corazón tenga fuerzas, echarle +combustible para que palpite con las dulces emociones de la pasión. +Quiero cantar endechas como el ruiseñor mientras me quede un soplo de +vida. + +El rostro varonil, expresivo, de Romadonga se contraía con sonrisa +mefistofélica al pronunciar estas palabras. Se había sentado; puso los +codos sobre la mesa con su habitual libertad y enviaba columnas de humo +al aire, revelando un estado de beatitud envidiable. Mario reía; pero en +el fondo de su alma estaba inquieto y molesto, como siempre que don +Laureano hablaba delante de su esposa. + +--No está mal que usted ame lo que quiera--dijo ésta.--Lo malo que hay +es que ese amor de usted cuesta muchas lágrimas a algunas criaturas +inocentes. + +--¡Es la ley de la vida!--repuso el seductor alzando los hombros con +resignación y sacudiendo la ceniza del cigarro con su dedo meñique +cubierto de sortijas.--Balzac ha dicho muy bien que en el amor hay +siempre un dios y un esclavo... Después de todo--añadió al cabo de una +pausa,--el destino de la mujer es ése, amar y llorar. El amor en las +mujeres engendra fatalmente el llanto, y esto consiste en que es más +vivo y más tierno que en nosotros. No hay, pues, que compadecerlas a +ustedes tanto, porque si la pena es mayor, mayor ha sido también el +goce... Pongamos el caso de esa muchacha que está ahí. Esa chica vivía +en un estado de marasmo casi vegetativo. Comer, dormir, barrer la casa, +lavar la ropa. Si se hubiera casado con un hombre de su misma condición, +ese estado se hubiera prolongado hasta la muerte, corregido y aumentado +por los mil dolores que la vida miserable trae consigo. Llegué yo, y no +por mis méritos, sino por cierta práctica del oficio, he logrado +despertar esa alma, infundir en ella nueva vida, hacer vibrar su corazón +con ciertas emociones y gozar de ciertos placeres que probablemente +hubiera desconocido... + +--¡Pobrecilla!--exclamó Carlota.--¿Y no sentirá usted pena y +remordimiento cuando abandone a esa niña y la deje entregada a la +desesperación? + +--¿Pena? ¿remordimiento? No sé lo que es, ni quiero saberlo. Sospecho +que será algo triste que me impida divertirme a mi gusto. No es mi +negocio. Creo que la vida no se nos ha dado para sentir pena, +remordimiento, sino amor, alegría. Si se desespera cuando deje de +quererla, suya será la culpa. Yo, cuando entablo relación con una mujer, +no me considero comprometido a amarla siempre, sino mientras pueda. Lo +que hace la desgracia de las mujeres es esa inclinación particular que +sienten hacia la eternidad. Si vivieran convencidas de que en este mundo +todo es temporal y finito, comprenderían que el amor no puede sustraerse +a esa ley y estarían de antemano resignadas a todo lo que pueda +sobrevenirlas. Por mi parte, tengo horror instintivo a la eternidad. La +palabra _siempre_ me crispa los nervios. + +--¡Oh, qué malvado!--dijo riendo Carlota.--No puedo creer, por más que +usted lo asegure, que le falte a usted de tal modo el corazón. + +--Al contrario, precisamente por tener demasiado corazón es por lo que +cometo esos pecados que usted me echa en cara. Lo tengo tan grande, que +caben en él todas las mujeres hermosas que hay sobre la tierra. Con +todas quisiera poder hacer lo que con esa chica que está ahí. + +--Infundirles nueva vida, ¿verdad?--dijo Carlota maliciosamente. + +--¡Eso es!--repuso D. Laureano riendo. + +En aquel momento apareció en la puerta la arrogante figura de Concha. + +--Oye tú, guasón, ¿qué te has figurao? ¿Piensas que voy a estar hasta +que amanezca sola en esa alcoba?--profirió sin dirigir el más leve +saludo a la compañía, clavando su mirada colérica en Romadonga. + +--No, hija, me iba a marchar en seguida--contestó aquél, bastante +confuso y apresurándose a levantarse. + +--¡Te ibas, te ibas! Adonde te vas a ir es a lo que tú sabes, hablando +con perdón de estos señores. Pus hombre, ni que fuera una... + +Hablaba con el desgarro peculiar a la chula de Madrid, acentuando cada +sílaba de un modo tan insolente que D. Laureano, avergonzado, no pudo +menos de salir por su dignidad. + +--¡Niña, niña, cuidado con la lengua! Mira que te puede costar un +disgusto. + +--¿A mí? ¡Ja, ja! ¡Qué infeliz eres! + +--¡A ti, sí, desvergonzada!--profirió colérico el tenorio avanzando +hacia ella con ademán amenazador. + +Concha permaneció absolutamente inmóvil con una calma provocativa capaz +de irritar a un santo. + +Sus labios perdieron, no obstante, el hermoso carmín que tenían y sus +grandes ojos negros brillaron con expresión sombría. + +--No corras tanto, que puedes tropezar--dijo con sosiego impertinente, +mientras una sonrisa de burla contraía sus labios descoloridos. + +--Ahora verás--dijo Romadonga mordiendo los suyos de coraje, +abalanzándose a ella. + +--No me toques, que puedes pincharte--manifestó con la misma +tranquilidad, sin mover un dedo siquiera. + +--¡Sí te toco! ¡te toco, deslenguada!--gritó aquél, ciego de ira, +sacudiéndola violentamente por un brazo. + +Concha cambió repentinamente de actitud. Todo lo que antes fue calma y +sorna se convirtió en feroz exaltación. Luchó valerosamente por +desasirse chillando al mismo tiempo. + +--¿A mí me pegas tú, viejo gorrino? ¿A mí? ¿a mí? + +No logrando arrancar de sí las tenazas que la oprimían, le echó la mano +a la cara y le clavó en ella las uñas. + +La lucha había hecho rodar algunos vasos. Carlota estaba aterrada: se +había refugiado en un rincón, mientras Mario, ayudado por el mozo que +había acudido al ruido, trataba inútilmente de separarlos. Al cabo de +muchos esfuerzos lo consiguieron. + +D. Laureano tenía un arañazo en la mejilla, del cual brotaban algunas +gotas de sangre. + +--¡Qué loca! ¡qué loca!--decía limpiándose con el pañuelo.--Perdonen +ustedes el mal rato. + +Concha, en pie debajo del dintel de la puerta, se arreglaba con mano +nerviosa la ropa y los cabellos. + +--Ven aquí--dijo en tono imperioso a su querido. + +Pero éste hizo un gesto de desprecio y se volvió hacia el matrimonio +para disculparse. + +--¡Vaya unos postres que les he dado!... ¿Quién iba a suponer?... +Carlota, usted es muy buena y me perdonará esta grosería. + +--¡Ven aquí!--gritó con más furia la joven. + +D. Laureano la miró, sacudiendo al mismo tiempo la cabeza con +indignación. + +--¡Allá voy, escandalosa, allá voy!--respondió entre resignado y +furioso, y volviéndose a los esposos añadió bajando la voz:--Me voy por +evitarles otro disgusto. El peor de los males no es tratar con animales, +sino con locos. Perdonen ustedes. Buenas noches. + +Y salió detrás de su querida. En el pasillo se oyó la voz de la chula +que decía dirigiéndose al mozo: + +--Chico, traiga usted un poco de agua y vinagre. + +Los esposos quedaron solos. Se miraron uno a otro con asombro, y ambos a +la vez soltaron la carcajada. + +--Me parece--dijo Mario cuando hubo sosegado la risa--que D. Laureano ha +infundido demasiada vida a esa chica. + + + + +XI + + +Repitiéronse metódicamente aquellos festines conyugales todas las +semanas. Esta singular posición les apenaba y alegraba a un mismo +tiempo. Sentían dolor cuando pensaban en que vivían separados, como si +no estuvieran unidos para siempre por vínculo indisoluble. Pero sus +entrevistas tenían por esto mismo sabor dulcísimo, un encanto especial +que compensaba todos sus dolores. Hasta que una noche sintió Carlota los +precursores del alumbramiento. Se envió recado al médico y a Mario, y +éste corrió desalado a la casa de sus suegros, pisándola otra vez contra +la voluntad de su esposa. Vino al mundo un niño robusto y hermoso. +Según los datos suministrados por algunas vecinas que asistieron o +tuvieron conocimiento inmediato de su presentación, había motivos para +afirmar que poseía además ingenio profundo y ameno a la vez, unido a un +corazón verdaderamente heroico. + +Con tal motivo, Mario siguió entrando en la casa, aunque sin comer ni +dormir en ella. Su suegra, viéndole en camino de hacerse independiente, +le acogía con más agrado, pero siempre mostrando reserva, apercibida a +romper toda relación en cuanto tuviese la osadía de quedarse sin qué +comer. D. Pantaleón comenzó a sentir por él una predilección tan +señalada que el muchacho estaba sorprendido. Al fin paró en lo que paran +generalmente estas predilecciones repentinas, en leerle un par de +folletos manuscritos que pensaba dar muy pronto a la imprenta. El uno se +titulaba _Ensayo para una patología administrativa_; el otro era una +_Terapéutica del comercio_. Se estudiaba en ellos lo mismo la +administración pública que el comercio desde un punto de vista +fisiológico, con los modernos métodos de la ciencia positiva, +explicándose admirablemente los reglamentos y los aranceles por la +acción combinada de las fuerzas naturales, como un simple fenómeno de la +vida orgánica, sin necesidad de acudir para nada a la voluntad de los +directores y jefes de sección. + +Todavía le dio otra prueba de particular confianza y afecto. Después que +le hubo hecho saborear los interesantes fenómenos patológicos que su +penetrante inteligencia había logrado arrancar a la vida administrativa +y comercial, un día le llamó aparte con misterio y le dijo: + +--Te voy a enseñar, Mario, una cosa que te ha de sorprender y admirar. + +Abrió el cajón de la cómoda y sacó una cajita de madera, y de ella un +sello de cauchouc. Tomó un papel blanco después y lo selló. + +--Mira. + +--¿Qué es esto? + +--Un sello que pienso aplicar sobre las dos obras que voy a dar a luz y +sobre todas las demás que escriba en adelante. + +--¿Pero qué dice aquí? No leo nada. + +--No hay palabras; no hay más que una figura. Obsérvala bien. + +--Parece una mancha de tinta. + +El ingenioso Sánchez sonrió con benevolencia. + +--Fíjate bien. + +--Pues no puedo descifrarla--repuso después de sacarse los ojos y dar +vueltas al papel cerca de la ventana. + +--Es un zoófito. + +--¿Cómo? + +--La figura de un zoófito. + +Y como viese el asombro pintado en el rostro de su hijo político, añadió +con sonrisa triunfal: + +--Lo he escogido como blasón por ser un símbolo. El zoófito es el primer +peldaño de la escala animal. De él procede todo el género humano. Por lo +tanto, así como los nobles ponen en sus escudos las hazañas de sus +abuelos, yo, como hombre de ciencia, pongo en el mío con orgullo el +primero de mis antepasados. ¿Qué te parece? ¿No es una idea feliz? + +Mario le contempló con la misma estupefacción, pero sin revelar que se +hallase poco ni mucho admirado. Y es porque su espíritu aún no se +hallaba maduro para las grandes concepciones científicas. + +Luego su suegro le llevó a la buhardilla, donde él había modelado en +otro tiempo, y le mostró un verdadero laboratorio. Frascos, retortas, +cristales, cacharros grandes y pequeños, se hallaban esparcidos por el +suelo y sobre una gran mesa de cocina. Allí era donde don Pantaleón y su +amigo Moreno se encerraban para impulsar el progreso de la humanidad. + +--De esta pequeña buhardilla saldrá al fin algo que el mundo acogerá con +asombro y aplauso--dijo con profética iluminación poniendo una mano +sobre el hombro a su yerno. + +Éste volvió a mirarle estupefacto. + +--¿Tiene usted algún proyecto? + +El ingenioso Sánchez no contestó. Quedó largo rato pensativo, y por sus +grandes ojos tristes, meditabundos, pasó algo grandioso. + +--Sí, tengo un proyecto--dijo al cabo con voz solemne, llevándose una +mano a la frente.--Es un proyecto grande, asombroso. Nadie tiene de él +conocimiento, ni el mismo Moreno. No saldrá una palabra de mis labios +mientras no lo haya realizado. + +Mario no quiso preguntarle más, respetando su silencio, y cambió de +conversación. + +D. Pantaleón le manifestó que le molestaba mucho no tener fogón en el +laboratorio. Todos los ingredientes que necesitaba poner al fuego los +llevaba abajo. Pero esto turbaba la cocina y además era expuesto. Su +esposa se enfadaba y amenazaba con tirar las retortas al patio. La única +que le ayudaba algo era Presentación. + +--Pero esto es por interés--dijo tristemente,--porque me necesita para +llevarla a paseo. En cuanto se case me abandonará. + +En efecto, el amor había hecho presa al fin en el corazón de la hija +menor del naturalista. Los ojos místicos, el cutis nacarado y la +inocencia de querubín de Godofredo Llot lograron lo que no pudieron el +ingenio ático y los modales desenvueltos de los chicos del comercio que +la festejaban a porfía en el café del Siglo. Estos jóvenes, por lo +general, eran hombres de mundo. El trato frecuente con las damas de la +aristocracia que entraban por la mañana a escoger enaguas o medias les +había hecho adquirir formas elegantes y distinguidas. Todos sabían +decir: «¡Ah! no señora, a nosotros nos cuesta más» de modo tan correcto +y con sonrisa tan persuasiva que no era posible resistirles. Al mismo +tiempo, las aventuras galantes que los domingos solían correr les +infundían la audacia y habilidad indispensables para apoderarse de los +corazones femeninos. En este punto llevaban inmensa ventaja al piadoso +Godofredo, que era todo candor, y que al acercarse a cualquier mujer se +arrebolaba como una nube herida por el sol. + +Pero las dotes de Godofredo eran interiores y por lo mismo más sólidas. +No sólo poseía alma pura y virginal y un cuerpo inmaculado, sino que su +inteligencia, acalorada por el entusiasmo místico, producía hermosas +obras, frescas y brillantes como las rosas de Mayo. Sus artículos, +leyendas y poesías en _El Pensamiento Católico_ y en otras publicaciones +religiosas eran cada día más gustadas por el público sano de la España +tradicional. Lo que caracterizaba estos trabajos literarios y les +prestaba aroma penetrante y embriagador eran la devoción de la Virgen y +el entusiasmo por la Edad Media; los dos amores de Godofredo Llot. A la +Virgen la requebraba en sus odas con un ardoroso flujo de epítetos que +no se agotaba jamás. La Edad Media era el tema constante de sus +ditirambos. Las catedrales góticas. ¡Ah, las catedrales góticas! +Godofredo no se hartaba jamás de describir la luz «filtrándose por los +cristales de colores, la voz del órgano resonando en sus altas bóvedas, +las oraciones de los fieles elevándose entre nubes de incienso, la +flecha calada de la torre señalando como un dedo al cielo.» + +Por esta razón todas las damas caían en éxtasis cuando se hablaba de él. +Presentación, cansada de hacer víctimas en el comercio, sintió el +encanto de aquel estilo florido, y le amó. D.ª Carolina se inflamó casi +al mismo tiempo de amor maternal hacia él. Las relaciones de Godofredo +siguieron las mismas etapas que las de Mario. Fue presentado en el +café. ¡Qué rubor tiñó sus mejillas nacaradas! Después, en actitud +humilde, rogó a D.ª Carolina que le permitiese, no acompañarlas en el +paseo, sino tan sólo seguirlas de cerca respetuosamente. Y por muchos +días se vio a aquel rubicundo joven por los paseos a tres o cuatro pasos +de distancia de dos señoras, sin osar acercarse a ellas. Por último, +entró en la casa y comenzó a hablarse de matrimonio. + +En este tiempo Godofredo se hallaba terminando una historia de Santa +Isabel de Hungría, que se preparaba a dar a la imprenta. Y como quisiese +poner al frente del libro el retrato de la Santa, pidió a Presentación +el suyo para hacerlo grabar. Este rasgo ingenioso y delicado causó +impresión profunda, tanto en su novia como en D.ª Carolina. La buena +señora empezó a ser para él lo que había sido para Mario, una verdadera +madre. Convinieron en que Godofredo la llamase mamá, pero no en +presencia de D. Pantaleón, ¡cuidado! y le tuteó y le permitió besarla, y +le reprendía, y le gobernaba. En fin, se repitió punto por punto lo que +había pasado con Mario. Y si tuviera veinte hijas, veinte veces se +repetirían aquellas escenas conmovedoras; porque D.ª Carolina tenía un +corazón muy grande y muy maternal. + +Cualquiera podría imaginar que Timoteo el violinista del Siglo, en vista +del curso torcido de los sucesos, había desistido de su desgraciada +pasión por la hija menor de los señores de Sánchez. ¡Ah! Los que tal +imaginasen no saben lo que es el amor cuando prende en el corazón de un +artista. Timoteo se complace siempre en alimentar este amor con +incesantes y secretas meditaciones y gusta de exhalar sus quejas +lánguidamente por medio del violín. Presentación lo sabe. Sabe que todos +los nocturnos melancólicos, lo mismo que las arias trágicas +desgarradoras, a ella van dirigidos. Percibe el dejo amargo del +_andante_, la fuga impetuosa del _allegro_ y hasta la ficticia, nerviosa +alegría del _scherzo_. Y no se enternece. Al contrario, en cuanto +observa que el violín arrastra las notas de cierto modo particular +extraordinariamente lánguido, se pone inquieta, nerviosa, no sabe lo que +dice, se muerde los labios y sacude la cabeza con desesperación. Es +posible que la niña menor de D. Pantaleón suponga que un violín no tiene +derecho a expresarse de modo tan ardoroso, o bien considere como un +insulto personal aquel juego inusitado de las corcheas. + +Todavía si se circunscribiese al lenguaje musical la pasión de Timoteo, +podría hallar tolerancia, si no en Presentación, cuyo entendimiento +estaba lleno de prejuicios desfavorables para el artista, al menos para +las personas sensatas e imparciales. El lenguaje de la música es vago; +las ofensas que puede inferir débiles; se expresan generalmente por un +_trémolo_ donde hay más resignación que soberbia. Pero en cuanto +terminaba con el violín nuestro joven se venía hacia la mesa donde la +familia Sánchez tomaba café y les rociaba de saliva a poco que se +descuidasen. Esto, en verdad, no lo sufriría ninguna persona, por +sensata que fuese. + +--Buenas noches, D.ª Carolina. Buenas noches, D. Pantaleón. Buenas +noches, Presentacioncita. + +Era horrible. Presentación le deseaba de todas veras la muerte. + +La actitud de Timoteo respecto a Godofredo, su aborrecido rival, estaba +llena de calma y desdén. La mayor parte de las veces cuando se acercaba +a la mesa no le daba las buenas noches ni le dirigía siquiera una +mirada. Pero en ocasiones, atacado de cierto espíritu sarcástico y +jocoso, pretendía burlarse repitiendo del modo más desdichado las bromas +de Moreno. + +--Hola, Sr. Llot, ¿cuántas misas ha oído usted hoy? ¿Ha estado usted en +las Góngoras esta tarde? + +Godofredo no se daba por ofendido; sonreía dulcemente, acostumbrado a +aquellos martirios que a causa de su piedad le infligían los amigos. +Pero su novia se crispaba, se ponía pálida de ira y solía responder por +él: + +--¡Caramba, que tiene usted gracia, Timoteo! Es usted espontáneo como +pocos. + +D.ª Carolina no se ofendía menos con la insistencia irracional que el +violinista mostraba en enamorar a su hija. Podía perdonarle que su boca +fuese una regadera cuando hablaba, y la medida anormal de esta boca, y +otros defectos corporales; pero, francamente, que pretendiese estorbar +el matrimonio de su niña, que un rasca-tripas como él tratase de +competir con aquel claro fanal de todas las virtudes, con aquel lirio +fragante que la Providencia iba a darle por yerno, para esto no había +perdón ni en la tierra ni en el cielo. Se enfurecía cuando le veía +acercarse a la mesa, le daba toda clase de desaires, le demostraba de +mil maneras que estaba ejecutando una acción infame. Nada, Timoteo no +cejaba. «Buenas noches, D.ª Carolina.--Buenas noches, D. +Pantaleón.--Buenas noches, Presentacioncita.» La irritada señora llegó a +pretender que Mario le hablase para hacerle desistir de su locura, y si +fuera necesario le amenazase. Pero aquél se negó a este paso ridículo. + +Afortunadamente el matrimonio de su niña avanzaba rápidamente hacia su +consumación, y muy pronto quedarían libres de tan enfadosa mosca. +Godofredo había insinuado ya varias veces su casto deseo. D.ª Carolina +le presentó al instante las consabidas dificultades. Era necesario +arrancar el consentimiento de Sánchez, un hombre severo, intratable; +ella intercedería; haría cuanto estuviese en su mano, etc., etc. Con +esto el deseo de Godofredo se encendió más y más, y no paró hasta que lo +puso en vía de ejecución. Pero, como joven virtuoso y timorato, quiso +dar a este asunto la solemnidad debida, haciendo intervenir en él un +representante de la religión. + +Godofredo tenía numerosos amigos en el clero de Madrid, alto y bajo. Era +el niño mimado de las sacristías. Pero con quien mantenía amistad más +estrecha era con cierto presbítero pálido, delgado, huesudo y miope +llamado don Jeremías Laguardia. Este D. Jeremías desempeñaba un cargo en +el Tribunal de la Rota, tenía el título de predicador de S. M. y el de +prelado doméstico de S. S. Era activo, intrigante, de genio vivo y trato +campechano. Godofredo y él se hicieron en poco tiempo íntimos amigos. +Laguardia tenía tendencias a la dominación; le gustaba servir a los +amigos, pero dominándolos. Godofredo, por su temperamento suave y dócil, +se acomodaba admirablemente a estas tendencias. Todas las tardes, sin +dejar una, venía D. Jeremías a buscar a Godofredo para salir de paseo, y +todas las mañanas, sin dejar una tampoco, iba Godofredo a oír la misa +que D. Jeremías decía en San Ginés. Recientemente el prelado doméstico +había hecho un viaje a Roma, y trajo para su amigo nada menos que un +título de _hijo predilecto de la Iglesia_. Godofredo estaba loco de +alegría. Decía que no cambiaría aquella distinción por la cartera de +ministro. D.ª Carolina lloró de gozo y le abrazó con efusión al saber la +noticia. Presentación se ruborizó de placer. + +Pues este presbítero, tan servicial como voluntarioso, fue el encargado +de conducir las negociaciones para el matrimonio. Godofredo le confió +sus poderes o se los tomó él; no es fácil averiguarlo. De todos modos, +cierta mañana llegó a casa del ingenioso Sánchez y tuvo una larga y +secreta conferencia con los señores. Lo que pasó en esta entrevista no +se supo, pero sí pudo observar quien le siguiera los pasos que Laguardia +se quitó las gafas para limpiarlas tres o cuatro veces antes de llegar a +casa; signo evidente de preocupación: las habituales contracciones +nerviosas de su rostro se multiplicaron hasta llamar la atención de los +transeúntes. + +No se alteró el curso de los sucesos en apariencia. Godofredo siguió +acudiendo a casa de su novia. El matrimonio parecía definitivamente +concertado. No obstante, cuando menos podía esperarse, Presentación +recibió una larga epístola de su futuro en que a vueltas de mil frases +dulces, untuosas, impregnadas de resignación cristiana, le manifestaba +que por el momento le era imposible pensar en casarse. ¡Rudo golpe para +él, que se juzgaba próximo a realizar el sueño de su vida! El deber, un +deber penosísimo, le obligaba a desatar el lazo que con tal anhelo +aspiraba a hacer indisoluble. Sólo la Religión (con r grande), la fe y +la tranquilidad de la conciencia podrían esparcir un bálsamo sobre +aquella herida incurable. Godofredo guardaba silencio sobre la +naturaleza del deber que le obligaba a faltar a su palabra. + +La carta cayó como una bomba sobre la familia Sánchez. D. Pantaleón, +aunque sintió el disgusto de su hija, sólo vio en la determinación de +Llot un fenómeno fisiológico, pero se guardó bien de explicarlo. En el +estado de exaltación en que se hallaban los ánimos pudiera levantar un +conflicto. D.ª Carolina era la única que sabía a qué atenerse. El +presbítero, en su conferencia, había insinuado la palabra dote. La buena +señora manifestó que no eran ricos y que sus hijas no podían llevarla al +matrimonio. Con esto el presbítero protestó de su intención al +pronunciar aquella palabra, declarando que nada había más indiferente a +insignificante en el matrimonio que el dinero. «Una niña virtuosa, +inocente, piadosa, como su hija, era un tesoro inapreciable. Los +intereses cosa deleznable que un joven virtuoso también y de talento, +como su amigo, despreciaba absolutamente.» Sin embargo, D.ª Carolina +tenía la certeza que ésta era la clave de la incomprensible epístola. + +Presentación lloró, pateó, escribió una carta llena de insultos al +traidor, y durante varios días fue el tormento y la compasión de sus +padres. Mario tomó parte también muy viva en su pesar. Con él desahogó +su pecho la dolorida niña, comunicándole las sospechas que agitaban su +alma. + +--Créeme, Mario, Godofredo está muy engreído. Tanto le adulan por lo +bien que escribe, tantos piropos le echan las condesas y las duquesas +con quienes trata, que ha llegado a despreciarnos. Sobre todo, desde que +le han hecho hijo predilecto de la Iglesia, te aseguro que se había +puesto irresistible. Me hablaba con un tono de superioridad y hasta de +compasión que me hería; estaba distraído, me contradecía en todo lo que +hablaba y se manifestaba tan frío que me dejaba casi todos los días +llorando. Ya ves... Mario--añadió limpiándose las lágrimas que le +brotaban a los ojos,--el que sea hijo predilecto de la Iglesia no me +parece motivo para que desprecie a una mujer que tanto le quería. + +--¡Claro que no! + +Tan mal le pareció la conducta de su amigo que resolvió pedirle +explicaciones acerca de ella. Presentación se oponía. + +--No es por ti solamente--le respondió Mario.--Es que lo que contigo ha +hecho resulta en ofensa mía, y quiero saber si puedo seguir siendo su +amigo. + +Trató de verle en el café; pero Godofredo no asistía allí desde el +rompimiento de sus relaciones, por no tropezar con la familia Sánchez. +Entonces se decidió a ir a su casa. Llot vivía en una de huéspedes, +modesta y patriarcal, de la calle de Jesús del Valle. El paraje +tranquilo, los tiestos de flores que observó en los balcones, la +escalera limpia y blanqueada y la sencilla amabilidad de la portera +produjeron excelente impresión en nuestro escultor. La casa tenía +marcado sabor conventual; había allí algo puro, inmaculado, que +correspondía admirablemente con la inocencia y las costumbres devotas de +su amigo. Es imposible, pensó al tirar del cordón de la campanilla, que +ese muchacho haya ejecutado una acción tan fea si no es por algún motivo +invencible. Salió a abrirle una vieja, y luego acudió otra, y luego +otra, todas muy limpias, muy charlatanas, muy risueñas. La primera se +informó de lo que traía por allí. Al saberlo, cayó en un espasmo de +alegría tal que nuestro joven no pudo menos de sonreír. + +--Viene a ver a D. Godofredo--dijo comunicándole la feliz noticia a la +segunda. + +Ésta la recibió con el mismo gozo y se apresuró a ponerla en +conocimiento de la tercera, que se sintió no menos satisfecha. Las tres +se le quedaron mirando en silencio, dulces y placenteras, como si +estuviesen contemplando una persona querida que no hubiesen visto en +mucho tiempo. + +--Pero en fin, ¿está en casa?--preguntó al cabo, un poco molesto de +aquella risa inmotivada. + +--¡Pues no ha de estar, señor! ¡A estas horas no ha de estar!--exclamó +la primera en el colmo de la sorpresa. + +--D. Godofredo no sale nunca después de almorzar--dijo otra. + +--Espera a D. Jeremías para tomar café. No hace más que un momento que +ha llegado--manifestó la última. + +--¡Ah! ¿Tiene visita? Entonces me vuelvo--replicó Mario retrocediendo. + +Pero ya una de las viejas había cerrado la puerta. + +--¡Cómo! ¡No faltaba más! Pase usted, caballero, pase usted. D. Jeremías +no es visita. Siga, siga, señor; siga adelante. + +Y las tres le empujaban por el pasillo hablando a un tiempo, asustadas +sin duda de que por motivo tan baladí quisiera destruir su felicidad. + +El pasillo resplandecía de blancura. Aquí y allá había colgadas algunas +estampas piadosas. Mario creía percibir el olor del incienso. Al llegar +a cierta puertecita adornada con una cortina de cuero, como sólo se ve +en las iglesias, una de las viejas llamó con los nudillos. + +--¿Se puede? + +--Adelante--respondió de adentro una voz que no era la de Godofredo. + +La vieja levantó el pestillo y empujó la puerta. La estancia que +apareció a los ojos de Mario semejaba talmente una capilla. Había allí +tanta estampa con marco dorado, tanto fanalito, tantas palmas y flores +contrahechas, que sorprendía no oír el sonido del órgano y el rezo de +los fieles. Las cortinas de damasco con una franja de galón dorado. Los +muebles viejos y lustrosos por el uso. Había una cómoda con un San +Antonio de madera encima y dos candeleros de plata a los lados, que +parecía exactamente un altar. Para que la semejanza fuese más completa, +había también su pila de agua bendita. + +En aquel tabernáculo no podía alojar un hombre como los demás, sino un +alma pura y virginal, una blanca paloma, un cordero místico, un San Luis +Gonzaga o una Santa Catalina de Sena. Mario notó, al poner el pie +dentro, el perfume de placidez y candor que exhalaba y sintiose poseído +de respeto. Sin embargo, en el fondo de la estancia no había ningún +ángel en oración o virgen en éxtasis, sino dos hombres tomando café al +pie de un velador y saboreando copitas de ron. D. Jeremías Laguardia, +muellemente recostado en una mecedora, chupaba un tabaco habano de +tamaño disforme. Se había quitado los manteos, quedándose en sotana, +libre y desembarazado como si estuviera en su casa. Godofredo se +levantó apresuradamente al ver a Mario y sus cándidas mejillas se +tiñeron de vivo carmín. + +--¿Tú por aquí? ¡Cuánto me alegro! + +Y le abrazó cariñosamente y le obligó a sentarse, poniéndole una copa +delante. + +D. Jeremías no se levantó. Su cortesía se satisfizo con incorporarse +levemente y enviar al advenedizo, a guisa de saludo, una mueca que +quería parecer sonrisa. Mario se sintió cohibido. Aquel cura no le era +simpático. + +Godofredo, repuesto de la sorpresa, se mostró amabilísimo con su amigo, +le colmó de atenciones, hablando sin cesar. De tal modo, que parecía +evitar cuidadosamente por medio de una conversación varia e interesante +que Mario tuviese ocasión para decirle a qué había venido. Pero éste se +mostraba a cada instante más taciturno. Bruscamente le dijo: + +--Godofredo, necesitaba hablarte algunos instantes a solas. Tú me dirás +a qué hora puede ser. + +--¿A solas?--preguntó el terso joven, ruborizándose de nuevo.--¿Por qué +a solas? + +--Pueden ustedes hacerlo ahora mismo, porque yo me voy--dijo el +presbítero levantándose. + +Pero Godofredo le tiró de la sotana y le obligó a sentarse de nuevo. + +--De ninguna manera, padre. ¡No faltaba más! Todo lo que Mario ha de +decirme puede usted escucharlo muy bien. ¿Verdad, querido?--añadió +dirigiéndose a su amigo con amable sonrisa. + +Mario quedó confuso. + +--Sin embargo, podemos dejarlo para otro día... Yo quisiera que nuestra +conversación fuese sin testigos. + +--¡Si el padre Laguardia es mi director espiritual!--exclamó el piadoso +joven volviendo hacia éste su rostro iluminado por una sonrisa de +afección filial y sumisión.--Cuanto puedas decirme no importa que sea +escuchado por él. Si no tiene importancia, porque es indiferente que lo +sepa. Si atañe a mi conciencia, porque estoy obligado a comunicárselo en +el tribunal de la penitencia. + +La fisonomía nerviosa del presbítero ejecutó algunas fuertes +contracciones. Para mostrarse enteramente neutral dio un largo chupetón +al cigarro, envió la bocanada de humo al aire y se quedó mirando al +techo. + +La sorda irritación que Mario abrigaba contra su amiguito creció. Pensó +que no quería quedarse a solas con él por miedo a las recriminaciones. Y +resolviéndose de pronto dijo con cierta aspereza: + +--Pues bien, el objeto de mi visita ya debes suponerlo. + +Godofredo le miró con ojos de asombro, tan dulces y candorosos que su +irritación se calmó un poco. + +--No quiero que supongas--añadió evitando su mirada--que nadie me envía +a ti. Lo mismo mi cuñada que sus padres tienen bastante dignidad para no +acordarse más del santo de tu nombre. Pero has sido mi amigo hasta +ahora, me has dado parte de tu matrimonio con mi hermana política, y al +romperlo tan bruscamente creo tener derecho a pedirte una explicación. +Deseo saber si desde que este señor ha ido a casa de mis suegros a +pedirles la mano de Presentación tienes algún agravio de ellos o de +ella. + +Godofredo se puso rojo de nuevo y luego pálido. Al cabo balbució con +trabajo: + +--Yo creo que mi carta... + +--Tu carta es un verdadero cien pies. Después de haberla leído con +cuidado dos veces, nada he sacado en limpio. Hay en ella una vaguedad +que parece premeditada y hasta ofensiva. Reconozco tu derecho a romper +un lazo que la ley no había consagrado todavía, pero debes de comprender +que sobre la ley está la decencia, y que entre personas decentes la +palabra algo vale. El que la rompe sin motivo podrá no tener pena, pero +desde luego queda castigado en la conciencia de las personas honradas. + +--¡Mario, por Dios! Me estás tratando con mucha dureza--respondió +atribulado el joven, haciendo pucheros para llorar. + +--Va usted a dispensarme que intervenga en este asunto--manifestó +entonces el presbítero con voz que parecía el chirrido de una bisagra +enmohecida, incorporándose un poco y llevándose nerviosamente la mano a +las gafas para sujetarlas.--Las relaciones que mi amigo Llot sostenía +con su señora cuñada han terminado no porque mediase agravio alguno, +sino por un deber de conciencia. + +--¡Ah, no sabía que Godofredo tuviese un compromiso de honor! De todos +modos, debiera declararlo antes del paso que ha dado, o usted en su +nombre. + +--No es eso, querido, no es eso--repuso el cura con sonrisa de lástima, +recostándose de nuevo y chupando el cigarro.--No se trata de un +compromiso como el que usted supone maliciosamente. Mi amigo Llot es un +joven de costumbres intachables. ¡Ojalá hubiese muchos como él! Lo que +hay es que por las cualidades que Dios le ha concedido se le ofrece un +porvenir brillante, y que este porvenir brillante puede ser cortado por +un matrimonio hecho a tontas y a locas, esto es, sin ciertas condiciones +que yo juzgo de absoluta necesidad en este caso. + +Mario se sintió molestado por estas palabras y replicó con viveza: + +--¿Pero qué tiene que ver con esto el deber de conciencia de que usted +hablaba? + +--¡Ahí verá usted!--replicó el presbítero con la misma sonrisa de +lástima. Y añadió después de una pausa que se prolongó hasta rayar en la +insolencia:--Los hombres a quienes la Providencia tiene reservados +ciertos destinos, Sr. Costa, no se pertenecen. + +Mario quedó sorprendido. + +--¡Ah! ¿De modo que porque Godofredo tiene un porvenir brillante está +exento de cumplir sus palabras? + +--¡Eso es!--replicó el padre Laguardia, sonriendo de igual modo +insolente. + +Levantó un poco los pies para mecerse y chupó el cigarro con +voluptuosidad. + +Aunque nuestro joven no tuviese un temperamento irritable, antes al +contrario había dado siempre pruebas de paciencia, los modales groseros, +despreciativos, del presbítero estaban a punto de hacérsela perder. + +--El porvenir de Llot--se dignó al cabo decir--es de un género +particular. En la actualidad, como usted debe de saber, no es fácil +hallar hombres que desde el comienzo de la vida manifiesten +sentimientos piadosos, se unan con el corazón y la inteligencia a la +doctrina de nuestra madre la Iglesia. La juventud está corrompida hasta +los huesos. No hay muñeco que no haga gala en el día de pisotear los +preceptos religiosos. Así, cuando aparece un joven como Llot, que a un +corazón puro y a una piedad ardiente une el talento, la ilustración, la +elocuencia... + +--¡Padre, por Dios!--exclamó Godofredo angustiosamente. + +--Cuando al talento, la ilustración y la elocuencia--siguió Laguardia +sin mirar hacia él y dirigiéndose siempre a Mario--une además la +modestia, entonces cualquiera puede decir: «Ese muchacho está llamado +por Dios para algo grande, para ser un baluarte de la fe y combatir los +perniciosos errores que andan esparcidos por el mundo.» Los que tenemos +la dicha de mantenernos firmes en medio de la tempestad, los que +flotamos por la gracia de Dios en este mar de la incredulidad, tenemos +el deber de ayudarle. Ahora bien, un matrimonio realizado con ciertos +requisitos que no necesito explicarle puede matar en flor las esperanzas +que sobre él tenemos fundadas. + +--Usted me permitirá. Yo pienso que un hombre debe portarse bien en +todos los momentos de su vida, cualesquiera que sean las esperanzas que +sobre él funden sus amigos. + +--Hay que distinguir, amigo; hay que distinguir--dijo el presbítero +volviendo a su actitud grosera.--Los hombres no somos iguales. Hay +deberes generales a todos y los hay particulares a cada uno según sus +circunstancias. Si Llot fuese un cualquiera, un empleadillo de mala +muerte, eso que usted dice estaría perfectamente. Siendo un hombre +excepcional no puede sacrificar deberes altísimos a otros más pequeños, +teniendo en cuenta que en sus relaciones amorosas nada hubo que pueda +perjudicar en lo más mínimo la honra de su señora cuñada. + +Mario se sintió herido y confuso. Pensó, y acaso no le faltaba razón, +que lo del empleadillo de mala muerte iba con él. La sonrisa +despreciativa del presbítero le enrojecía la cara como una bofetada. + +--Dígale usted ahora, padre--profirió Godofredo,--que yo, en este +asunto, no he hecho más que acatar los consejos de mi confesor. + +--Los consejos no; los mandatos--chilló Laguardia.--Yo, como su director +espiritual, le he ordenado renunciar a ese matrimonio. Sé que se ha +hecho violencia para ello. ¡Tanto más meritorio! + +Al pobre Mario, poco diestro y menos aficionado a las polémicas, no se +le ocurrió nada para combatir las teorías del presbítero. Las dio por +buenas guardando silencio. Sintió malestar indecible y pesar de haber +venido. + +Godofredo se apresuró a cambiar de conversación. Se habló de los amigos +del café; le hizo mil preguntas acerca de él mismo, enterándose con vivo +interés de su niño. Estuvo obsequioso y amable como él solo sabía +estarlo. Era la dulzura personificada. En cambio Laguardia, que por lo +visto había medido el alcance de Mario en los negocios de la vida, no +hizo ya de él caso alguno. Habló, chilló, rió, manoteó, dirigiéndose a +su amigo como si estuvieran solos. Imposible mostrar una indiferencia +más despreciativa. + +Cada vez más triste y confuso, Mario se levantó al fin y se despidió +fríamente. Godofredo le acompañó hasta la puerta de la escalera. + +--Puedes creerme, Mario; me ha costado muchas lágrimas el obedecerle. Si +no fuese por el cumplimiento de mi deber, jamás hubiera renunciado a la +dicha de contraer matrimonio con tu cuñada. Te ruego se lo hagas +presente, y que nunca la olvidaré en mis oraciones--le dijo al darle la +mano, mientras dos gruesas lágrimas rodaban por sus mejillas. + +¡Pero qué facilidad tenía aquella criatura para liquidar sus penas! + +Mario marchó, con la cabeza baja y el alma llena de repugnancia, hacia +casa de sus suegros. Y en el camino fue cuando se le ocurrieron mil +argumentos para desbaratar el sofisma del cura Laguardia. Siempre le +pasaba lo mismo. No era pronto más que para ver y sentir: su +inteligencia perezosa necesitaba tomarse tiempo para formar +razonamientos. Llevaba el propósito de aconsejar a su cuñada que +olvidase enteramente a Godofredo. Éste, en su concepto, era un chico de +corazón excelente, dulce y sensible como pocos, pero tan débil de +carácter que cualquiera le dominaba. Esto, unido a su devoción +exagerada, le haría vivir en poder del padre Laguardia. + +Cuando llamó a la puerta de su suegro percibió algo que le inquietó. +Tardaban en abrirle: creyó oír un gemido doloroso y llamó de nuevo con +sobresalto. La criada tenía la fisonomía descompuesta y le miró con ojos +extraviados. + +--¿Qué pasa?--exclamó anhelante. + +Pero en aquel instante su suegra salió de uno de los cuartos y se abrazó +a él sollozando. + +--¡Ay, Mario del alma, no sabes lo que acaba de suceder! + +El joven se puso horriblemente pálido y profirió con voz ronca: + +--¡Carlota!... + +Su mujer apareció por el extremo del pasillo pálida y grave y avanzó +lentamente. + +--¡Carlota! ¿el niño?...--volvió a gritar acongojadamente. + +Carlota hizo un signo negativo con la cabeza. En aquel momento, un grito +desgarrador hirió sus oídos. Era la voz de Presentación. + +D.ª Carolina quiso contarle lo que pasaba, pero los sollozos le impedían +hablar: no articulaba más que frases incoherentes, de dolor unas y de +indignación otras. Su mujer entonces le cogió por la muñeca, le arrastró +hacia la sala y le puso al cabo de lo que ocurría. D. Pantaleón había +dado como otras veces una retorta a Presentación para que la pusiera al +fuego. La niña cumplió el encargo, pero al llevársela de nuevo a su +padre, cuando éste se la pidió, el líquido se había inflamado y le quemó +la cara espantosamente. Se llamó al médico corriendo y la estaba curando +en aquel momento. + +Mario experimentó vivo dolor. Aunque la desgracia no hubiera recaído en +los dos seres que más amaba en el mundo, era tan afectuoso y tenía tal +predilección por su cuñada, que el disgusto no fue mucho menor. Trémulo, +acongojado, acudió al cuarto de la enferma. La desdichada Presentación +exhalaba gemidos lastimeros mientras el médico reconocía las heridas +minuciosamente. Eran tan fieras, que Mario al verlas volvió la cabeza +con espanto. Sin embargo, pudo vencerse y dijo esforzándose en dar a su +voz una inflexión natural: + +--No te asustes, mujer, que eso no vale nada. Tu madre y tu hermana me +habían asustado. ¿Verdad, doctor, que eso no es nada? + +--¡Mario! ¿Eres tú, Mario?--gritó la niña.--¡No te veo, Mario!... ¡No te +veo!... ¡no te veo! + +Y su grito era cada vez más alto y desgarrador. + +--Ya me verás... No te asustes--repuso el joven, a cuyos ojos acudieron +las lágrimas. + +Al mismo tiempo hizo un signo interrogativo al médico. Éste respondió +sacudiendo la cabeza con expresión de duda. + +Un ayudante preparaba hilas. La criada iba y venía atortolada. D.ª +Carolina sollozaba en un rincón. Sólo Carlota tenía ánimo para sostener +a su hermana y mirar sin pestañear las horribles quemaduras. Su honda +emoción no se leía más que en la blancura de cera de su tez. + +La desdichada Presentación no cesaba de exhalar quejas a las cuales +añadía frases desesperadas que desgarraban el alma. + +--¡Dios mío, qué pronto se ha concluido el mundo para mí!... ¡Quién +había de pensar hace un instante que no os volvería a ver más! Decidme, +mamá, Carlota, Mario, ¿he sido tan mala que merezca este horrible +castigo? + +--Calla, calla, Presentación--decía suavemente su hermana.--Es más el +susto que el daño. Dentro de ocho días no tienes nada. + +Cuando terminaba la cura, Mario preguntó a su esposa en voz baja: + +--¿Y tu padre, dónde está? + +No lo dijo tan bajo que no llegara a los oídos de D.ª Carolina. + +--¡En el infierno!--exclamó con acento rabioso.--¡Allí debía estar ese +bárbaro! + +Todo el respeto que durante una larga vida había ido acumulando sobre la +cabeza de su marido huyó repentinamente, barrido por la tempestad que +rugía en su alma. ¡Qué recriminaciones! ¡Qué desprecios! ¡Cuánto +denuesto! Carlota y Mario hacían esfuerzos inútiles por calmarla. + +Al cabo éste, pensando en la tribulación de su suegro, le buscó por toda +la casa sin hallarlo. Subió a la buhardilla, que le servía de +laboratorio, y antes de llegar escuchó sus pasos, firmes, acompasados, +por la habitación. Miró por el agujero de la cerradura. En efecto, el +célebre fisiólogo se paseaba lentamente, con las manos en los bolsillos, +de un rincón a otro de la estancia, atestada de frascos y retortas, +estampas de anatomía e instrumentos de física. Tenía los bigotes aún más +caídos que de ordinario; los ojos aún más opacos. Éstas eran las únicas +insignificantes alteraciones que se observaban en su continente. Por lo +demás, la misma suave serenidad se esparcía por su rostro reflexivo; la +misma dignidad científica surgía de sus movimientos. Mario empujó la +puerta. D. Pantaleón detuvo el paso y volvió hacia él su mirada vaga. +Avanzó algunos pasos y le estrechó largo tiempo entre sus brazos en +silencio. Al cabo dijo, apartándose, con acento solemne: + +--Transformaciones de la materia. ¡Una mártir más de la ciencia! + +Mario le contempló lleno de pasmo, como siempre que se acercaba desde +hacía algún tiempo a aquel hombre extraordinario. + + + + +XII + + +Presentación no quedó ciega, pero sí desfigurada. Era un dolor ver aquel +rostro, tan hechicero en otro tiempo, ultrajado por repugnantes +costurones. La infeliz no cesaba de llorar, aunque con esto dañase a sus +ojos, aún no curados por completo. Una honda tristeza dominaba a toda la +familia. + +Sin embargo, su digno jefe D. Pantaleón, por virtud de una actividad +incesante, atenta siempre a los hechos, aun los más insignificantes, del +mundo de la Naturaleza, y resguardado por las grandes verdades del orden +físico y químico que había podido adquirir, se hallaba fuera del +alcance de toda emoción penosa. Había publicado ya la _Terapéutica del +comercio_ y la _Patología administrativa_. Pero su inteligencia había +crecido de tal manera con el régimen de los alimentos fosfatados a que +se hallaba sometido, que estos interesantes libros nada valían al lado +de las empresas prodigiosas que su mente proyectaba. Por de pronto, +entre él y Moreno comenzaron a redactar dos revistas científicas +mensuales, una titulada _El Mundo Orgánico_ y la otra _El Mundo +Inorgánico_, para dar a conocer al público las observaciones que en los +dos mundos iban haciendo con maravillosa penetración. + +Estas observaciones no se limitaban al laboratorio. El estudio directo +de la Naturaleza y de la vida social se las ofrecía muy varias. Para +ello hacían frecuentes excursiones a los alrededores y pueblos +comarcanos de Madrid. Generalmente las hacían a pie, vistiendo ambos el +largo y vueludo gabán característico de los sabios, sombrero de alas +amplísimas y zapatos claveteados; en la nariz, las imprescindibles gafas +de cristales ahumados y en la mano sendos paraguas de tela de algodón. +Con este arreo nadie dudaría que aquellos hombres estaban destinados a +arrancar a la Naturaleza sus secretos. Pero D. Pantaleón llevaba gran +ventaja en este punto a su compañero. Ningún sabio moderno estuvo dotado +de figura más grave, majestuosa y verdaderamente científica. Era +necesario remontarse con la fantasía a Solón o a Anacharsis el Viejo +para representarse algo tan profundo y reflexivo. + +Las excursiones duraban siempre un día. Era condición imprescindible que +había puesto Moreno. Y aun así apuraba casi siempre para la vuelta a fin +de no llegar después de las siete de la tarde. Traía maravillado esto al +ingenioso Sánchez y un sí es no es inquieto, porque ¿cómo acordar estas +costumbres metódicas y sedentarias con la existencia azarosa que su +amigo había llevado hasta entonces? ¿Cómo no sorprenderse de que un +hombre nacido en el arroyo y en lucha constante con la sociedad tuviese +tal cuidado de retirarse cuando las gallinas? Llegó a pensar en estas +perplejidades si Moreno estaría afiliado a la secta de los anarquistas, +y fuese la hora destinada para reunirse y concertar sus planes +siniestros de destrucción. Y andaba receloso y observándole; porque +Sánchez era un revolucionario del pensamiento nada más y no le hacía +gracia alguna hallarse complicado en el asunto de los explosivos. + +Algunos meses después del desgraciado accidente de Presentación, el +causante directo y el indirecto de aquella desgracia resolvieron hacer +una excursión al vecino pueblo de G... distante unas dos leguas, donde +les dijeron que había un reo de muerte que sería ejecutado a los pocos +días. Uno y otro deseaban tener con él una conferencia, estudiar sus +anormalidades orgánicas y comprobar sobre el terreno los datos +antropológicos que ya conocían teóricamente. Salieron bien de madrugada +una mañana en la disposición que otras veces y caminaron por la +empolvada carretera sin hablarse, entregados a las profundas reflexiones +que les sugería siempre el gran libro de la Naturaleza, que hoja por +hoja se proponían leer hasta el fin. El sol nadaba en un cielo azul y +límpido; el cielo de Madrid. Por todas partes se extendía una tierra +ondulante de lomos anchos redondeados y vestidos de verde por el trigo y +la cebada nacientes. D. Pantaleón, saliendo al fin de su mutismo, hizo +en voz alta la observación de que «las gramíneas estaban muy hermosas,» +a lo cual respondió su compañero que «era la época del crecimiento de +las monocotiledóneas.» + +Prosiguieron en silencio su camino, y poco antes de llegar a G..., se +detuvieron en un ventorro a refrescarse. Había allí un hombre de baja +estatura y recias espaldas que paladeaba un vaso de vino para marcharse +también. Este hombre trabó inmediatamente conversación con ellos, lo que +no es raro en España. El ingenioso Sánchez aprovechó la ocasión para +pedirle datos acerca del reo que iba a ver. + +--¿Quién, el _Pollo_? ¡Anda, que buen polvo lleva a estas +horas!--exclamó soltando la carcajada. + +--¿Cómo? + +--¡Na, que se ha fugado esta misma noche de la cárcel! Abrió un agujero +en la pared con una palanqueta, que nadie sabe quién se la dio ni cómo +la escondía, y se tiró al patio. De allí gateó por la pared y subió al +tejado de un almacén, y de allí se echó a las huertas. Hay quien cree +que está escondido en el pueblo: los civiles vigilan mucho los +alrededores. + +D. Pantaleón y Moreno quedaron muy disgustados. Había fracasado su +excursión. Pagaron los refrescos y salieron de la taberna. El hombre que +les diera la noticia salió con ellos, y al verlos tomar el camino de +Madrid, les preguntó con sorpresa: + +--¿Pero no iban ustedes a G...? + +--Sí, señor, pero íbamos a visitar al _Pollo_. + +El hombre se les quedó mirando con respeto. + +--¿Son ustedes, por casualidad, de la Audiencia? + +Los sabios quedaron un poco embarazados. Al cabo Moreno dijo: + +--No, señor; somos antropólogos. + +El hombre les contempló con gran sorpresa y mayor respeto aún. No sabía +qué era aquello, pero calculaba que debía de estar relacionado de cerca +con el gobierno. + +--Pues si quieren pasar por V..., adonde voy, tendrán compañía y menos +polvo. + +Aceptaron la oferta. Tomaron la vereda que a aquel pueblo conducía, y +Moreno y Sánchez, que no perdían la ocasión de enriquecer su cuaderno de +notas con las observaciones antropológicas que podían recoger, le +abrumaron instantáneamente a preguntas. El caminante les respondía de +buen grado. Era de fisonomía inquieta, ademanes sueltos y voz propensa a +alterarse. Parecía de carácter franco y alegre. Moreno, encargado de las +observaciones botánicas, geológicas y zoológicas, le hizo bastantes +preguntas sobre la naturaleza del suelo y sus productos. El ingenioso +Sánchez, a quien competían las biológicas y sociológicas, se informó +minuciosamente del carácter y costumbres de los habitantes. La +conversación vino por fin a recaer sobre el _Pollo_. + +--¿Tiene familia?--preguntó D. Pantaleón. + +--Sí, señor; cinco hijos. + +--¡Ah! Pues entonces no se hubiera hecho nada con ahorcarle si no se +ahorca también a sus cinco hijos. + +--¡Cómo!--exclamó el caminante dando un paso atrás.--¿Quería usted que a +esas criaturas, que la mayor tiene nueve años... + +--Desde luego--repuso grave y firmemente D. Pantaleón.--Para destruir el +delito es absolutamente indispensable destruir los gérmenes. + +--Pero ¿qué culpa tienen esos pobres niños?--exclamó cada vez más +estupefacto el hombre.--¿Qué culpa tienen esos pobres niños de que su +padre sea un bandido? + +Una sonrisa de lástima contrajo los labios e hizo brillar un momento los +ojos mortecinos de Sánchez. + +--¿Culpa? Esa palabra es un absurdo científico. El delito es un +fenómeno, ¿sabe usted? un fenómeno natural. Nadie tiene culpa de él. Al +criminal se le debe matar, no porque tenga culpa, sino porque produce +una perturbación en el organismo social. Y como esa perturbación se ha +de prolongar si tiene hijos por medio de la herencia, precisa eliminar +también a esos hijos. + +--Me parece a mí, señor--repuso el caminante, que sólo vagamente había +comprendido las palabras de D. Pantaleón,--que si a esos niños se les +educara con cariño serían personas honradas. Yo conozco al mayor, y +parece muy humilde el pobrecillo. + +--Sería inútil, créame usted. Hoy se ha adelantado mucho en esa materia. +Hoy se sabe perfectamente, examinando el cráneo y los antecedentes +hereditarios de cada hombre, quién ha de ser criminal y a qué clase ha +de pertenecer, esto es, si ha de ser asesino, incendiario, estafador, +etc. Así es que yo creo, y me propongo publicar un folleto +sosteniéndolo, que todos los hombres deben ser reconocidos al llegar a +cierta edad por antropólogos competentes, y si presentan los caracteres +del tipo criminal, que sean eliminados inmediatamente de la sociedad, si +no por la muerte, al menos por la deportación. + +No respondió el caminante. Volvió a examinarlos con un poco de recelo y +cambió de conversación. Al cabo de un rato, deteniéndose, les propuso +desviarse de la vereda y tomar un atajo a campo traviesa. Nuestros +antropólogos aceptaron sin vacilar, porque estaban ya bastante +rendidos. + +Marchaba el desconocido delante y ellos detrás. A los pocos minutos, +fijándose por necesidad en él D. Pantaleón, creyó notar en su figura +algunos signos que le llamaron la atención. Inmediatamente volvió la +cabeza y comunicó en voz baja sus observaciones con Moreno. Éste se fijó +con más cuidado y corroboró lo que su sabio compañero decía. +Cuchichearon animadamente a intervalos. Por último, D. Pantaleón, no +pudiendo resistir la gran curiosidad, con mezcla de inquietud, que +sentía, tocó en el hombro con su paraguas al desconocido y le dijo: + +--Va usted a dispensarme que le pida un favor. Mi compañero y yo nos +dedicamos a los estudios antropológicos, como ya he tenido el honor de +decirle. Estoy observando en su cabeza, algo que me llama la atención, y +si usted no tuviera inconveniente, le agradecería me permitiese tomarle +algunas medidas... + +El hombre se detuvo, les miró con estupor unos instantes y luego echó +una mirada recelosa en torno para cerciorarse sin duda de que se +hallaban en completa soledad. Esta mirada ávida causó gran impresión en +nuestros antropólogos. + +--Bueno--dijo el desconocido.--Tomen ustedes las medidas que gusten, +pero les advierto que hace mucho tiempo que estoy cerrado. + +Estas ambiguas palabras les puso aún más inquietos. + +D. Pantaleón sacó de los profundos bolsillos de su gabán un compás de +gruesos y le midió la longitud de la cabeza. Luego leyó en voz baja los +milímetros a Moreno, el cual torció el hocico. Tomó después el ancho, y +su resultado tampoco les satisfizo. En ambos iba creciendo la inquietud. +Sin embargo, procuraban estar finos, y lo echaban a broma de modo que el +hombre no se incomodase. + +--Cuidado con que no me apriete el sombrero--dijo éste riendo. + +Le tomaron después la medida de la talla y la longitud de los brazos en +cruz. Al ver el número que señalaba la cinta se dirigieron una mirada +de ansiedad: la consternación más profunda se pintó en sus semblantes. + +--El traje holgadito, ¿eh? + +Pero ni Moreno ni el ingenioso Sánchez estaban de humor para reírse. Lo +hicieron, sin embargo, pero resultó la risa del conejo. + +--Si usted me hiciera ahora el favor de la mano...--dijo D. Pantaleón +con voz temblorosa. + +--Hombre, es usted muy viejo... pero, en fin, allá va. + +--No, la derecha no, la izquierda. + +--¡Vaya por la zurda!--exclamó el hombre alargándola. + +D. Pantaleón sacó otro compás, parecido al cartabón de los zapateros, y +con las manos trémulas le dobló el dedo medio y se lo midió. Mientras +tanto Moreno inclinaba su rostro pálido haciendo esfuerzos para +averiguar el número de milímetros. Cuando Sánchez lo leyó en voz alta, +dio un salto y emprendió una carrera vertiginosa al través de los +campos. Don Pantaleón dejó caer el compás que tenía en las manos y le +siguió, esforzándose inútilmente en alcanzarle. + +Corrieron hasta que la fatiga les obligó a detenerse. Volvieron la +cabeza, y observando que el desconocido no los seguía, se calmaron un +poco. El estallido de unos cohetes les hizo comprender que el pueblo +estaba cerca, y se dirigieron hacia el sitio donde sonaban a paso largo. + +--¡Es el _Pollo_!--exclamó al fin D. Pantaleón con respiración +anhelante. + +--¡Quién puede dudarlo!--repuso Moreno echando hacia atrás otra mirada +de terror. + +Y mientras no se acercaron a las primeras casas, no cambiaron otra +palabra. + +El pequeño pueblo de V..., contra lo que ellos imaginaban, estaba +animadísimo. Los vecinos, en traje de día de fiesta, discurrían por las +calles. Las jóvenes, adornadas con lindos pañuelos de colores, formaban +grupos a las puertas de las casas. Vendedores de frutas y confites +atronaban con sus gritos. Las tabernas rebosaban de gente, y los puestos +de vino entoldados que había en medio de las calles lo mismo. Repicaban +las campanas y estallaban sin cesar los cohetes. El sol reía en el +espacio. + +Nuestros antropólogos se enteraron en seguida de que se celebraba la +fiesta de la santa patrona del pueblo, y no les pesó de llegar a este +tiempo, porque el estudio concienzudo del instinto religioso en el +animal humano les preocupaba hacía tiempo, sobre todo a Moreno. Así que, +después de descansar unos minutos en los bancos de una taberna, se +encaminaron a la iglesia, donde les dijeron que iba a comenzar pronto la +solemne misa cantada. Sus figuras, un poco raras, aunque científicas, no +dejaban de llamar la atención en el pueblo, aunque estuviese éste tan +próximo a Madrid. Quizá en Madrid llamasen también la atención; porque +en la capital de España, no hay más remedio que confesarlo, tampoco es +frecuente ver a los sabios en su verdadero traje por las calles. + +La iglesia resplandecía por dentro de luces y ornamentos. Parecía, según +la expresión vulgar, un ascua de oro. Los fieles comenzaban a acudir y +se iba llenando lentamente; y según se iba llenando el calor se hacía +insoportable. Cerca del altar mayor, en otro portátil, estaba la santa +patrona rodeada de cirios y flores. Al cabo de larga espera el órgano +hizo vibrar sus notas poderosas por el ámbito del templo, y en la +puertecilla de la sacristía aparecieron los tres sacerdotes con sus +brillantes capas de tisú de oro y se dirigieron al altar. Detrás de +ellos entraron algunos otros clérigos y varios particulares +privilegiados, que se acomodaron en el presbiterio para oír la misa. +Nuestros sabios quedaron sorprendidos al ver entre estos últimos a su +joven amigo Godofredo Llot. A Moreno le hizo extremada gracia, y se +propuso sacar mucho partido cuando fuese por el café. A D. Pantaleón no +le hizo tanta por las relaciones especiales que entre ellos habían +existido. Cerca de él vieron al presbítero Laguardia, y esto contribuyó +aún más a ponerle de mal humor; porque odiaba a este clérigo como tal, y +además por el papel que había representado en el fracasado matrimonio de +su hija. + +Pero la observación de aquellos curiosos ritos religiosos que ambos +examinaban como si por primera vez los hubieran visto en su vida, le +distrajo de todo incómodo pensamiento. De vez en cuando se comunicaban +en voz baja las profundas reflexiones que el culto les sugería. + +--Siendo todas las divinidades en su origen, como usted sabe muy +bien--decía Moreno metiéndole la boca por el oído a su +amigo,--individuos humanos que han demostrado alguna superioridad y han +hecho algún beneficio, sería curioso saber quién era esa mujer que está +ahí en el altar antes de ser divinidad y a qué se dedicaba. + +--Yo imagino--respondía el ingenioso Sánchez en voz de falsete +también,--teniendo en cuenta su traje rico de brocado, que debía de ser +alguna señora pudiente de los contornos que en su tiempo se dedicaba a +proteger a los labradores, tal vez facilitándoles dinero sin interés o +semillas para la siembra. + +--No; yo creo más bien que sería una comercianta que expendía los +géneros más baratos, y de este modo se captó la admiración del pueblo, +que después de su muerte la erigió en divinidad. ¿No ve usted la cajita +que tiene en la mano derecha? Parece un azucarero. + +--Es un jarro; repárelo usted bien. Puede que tuviera una gran lechería +y diese los sobrantes de la leche a los pobres. El perro que lleva a su +lado parece confirmarlo, dado que los perros son los encargados de la +guarda del ganado. De todos modos, ya nos informaremos de los vecinos +más viejos. + +Por más que hablasen bajo, aquel coloquio en el momento de celebrarse el +santo sacrificio de la misa estaba escandalizando a una vieja, que al +fin les reprendió ásperamente y les obligó a guardar silencio. +Obedecieron los sabios pensando que no era prudente despertar «los +instintos salvajes del hombre primitivo emocional.» + +La misa duró una buena hora. Paulatinamente iban perdiendo la gana de +hacer observaciones antropológicas y sintiendo la necesidad de restaurar +el estómago, pues eran ya las doce del día. Cuando los clérigos se +retiraron, la muchedumbre, que se agolpaba a la puerta para salir, les +impidió hacerlo en un buen rato. Al poner el pie en el pórtico se +tropezaron con un grupo de clérigos, y entre ellos a Godofredo Llot, que +sin duda había salido por otra puerta. Aunque tuvo intentos de eludir +su saludo no pudo hacerlo: al cabo vino hacia ellos sonriente y +afectuoso como lo estaba siempre aquel joven eminente, y les abrazó con +efusión. + +--¡Ustedes por aquí!... ¡Cuánto me alegro! + +Moreno correspondió con agrado a este saludo, pero empezando a cultivar +la nota humorística, repuso: + +--Pues nosotros al entrar en la iglesia casi teníamos la seguridad de +hallarte en ella. + +Godofredo no hizo caso y les presentó a los clérigos con quienes se +hallaba. D. Pantaleón estuvo digno y cortés. Salieron todos del pórtico, +y cuando hubieron andado un corto trecho, Moreno preguntó a Llot si +sabía de algún sitio donde se pudiera almorzar medianamente. Oyó la +pregunta el párroco del pueblo, que venía entre ellos, y atajó la +respuesta diciendo en voz alta, imperativa: + +--Ustedes, señores míos, no van a almorzar a ningún lado, sino a mi +casa. Los amigos de nuestros amigos son nuestros amigos. + +Los antropólogos quisieron rehusar la invitación porque no les placía +comer entre curas; pero no fue posible. + +--No se hable del asunto. Ustedes hacen hoy penitencia con nosotros. +Aquí ejerzo yo de pontífice: impongo ayunos y vigilias. Otra vez tengan +cuidado de no caer en mis dominios. + +Era el párroco un hombre de cincuenta años de edad próximamente, alto, +seco, moreno, cabellos negros aún, revueltos y crespos, los ojos vivos y +severos, la expresión de su rostro franca y resuelta. A pesar de la +dureza que en él se notaba inspiraba confianza y simpatía desde luego. +Parecía un veterano afeitado y con los hábitos de sacerdote. + +Su casa estaba próxima. Entráronse todos por ella, subieron la estrecha +y antigua escalera, y en una sala no muy espaciosa hallaron la mesa +puesta. Sentáronse presto y dio comienzo el festín. Estaban bien +apretados, porque eran más de veinte los comensales, casi todos +clérigos, y la mesa no daba comodidad para más de doce o catorce. Se +comió y bebió gallardamente. Moreno se mostraba torvo y receloso, +hallándose tristísimo en la aborrecible compañía de «tanto explotador de +la ignorancia humana.» En cambio D. Pantaleón, siempre grande y +profundo, parecía hechizado; no se cansaba de hacer observaciones +antropológicas sobre todo lo que veía y oía, sacando a cada instante su +cuaderno de notas y escribiendo en él, sin advertir la curiosidad de que +era objeto. + +--Oiga usted, amigo--dijo al cabo con mal humor un presbítero que +reventaba de gordo y se había quitado el alzacuello para comer +mejor.--¿Es usted el encargado de las cédulas personales? + +Sánchez le miró estupefacto. + +--¿De las cédulas?... No, señor. Éste es un libro de memorias. + +--El señor--dijo Moreno con sentido irónico y sonriendo +maliciosamente--no es el encargado de las cédulas, sino de las +_células_. + +D. Pantaleón cambió con él una risueña mirada de inteligencia y quedó +admirado de la gracia y penetración de su amigo. + +Los clérigos los miraban con sorpresa y desconfianza. Godofredo estaba +inquieto, y se apresuró a distraer a los comensales con nueva +conversación. + +El vino despierta siempre con viveza los sentimientos tiernos y las +ideas metafísicas. Así que a los postres, varios de aquellos presbíteros +se juraban, estrechándose la mano, eterna fidelidad. Algunos se +prometían ayuda corporal en el caso de que el sagrado pasto de los +mansos parroquiales fuese violado por las ovejas de los incrédulos. Se +hacían reticencias oscuras sobre el obispo, que les hacía prorrumpir en +carcajadas desaforadas; se dirigían pullas amistosas acerca de los +derechos de pie de altar que cada cual recogía; se hablaba con +enternecimiento de la cosecha y se probaba matemáticamente la existencia +de Dios. + +Esto último no quería oírlo Moreno, quien alimentaba hacia el Ser +Supremo un rencor que D. Pantaleón hallaba bien justificado. En +realidad, no se abandona así a un hombre en medio del arroyo, expuesto a +que todo el mundo lo pise. Y claro está, Moreno hacía contra él lo que +más rabia podía darle: le negaba la existencia. Sin embargo, como se +hallaba entre sus ministros, le guardaba ciertos miramientos que en otro +sitio se hubiera desdeñado de concederle. + +--Con permiso de usted, a mí me parece que la existencia de un ser +creador de todas las cosas no es tan fácil de probar. + +--Se prueba, como tres y dos son cinco--gritó un presbítero +escanciándose una copita de aguardiente.--Verá usted si lo pruebo... + +Y así que la hubo bebido comenzó a soltar con calma una serie de +silogismos en latín que haría estremecer a Tito Livio en su tumba. Los +compañeros le escuchaban con poca atención, pero movían la cabeza +afirmando. Desde hacía muchos años no se celebraba en los contornos +ninguna fiesta parroquial en que después de la comida faltasen los +silogismos del cura de N... En cuanto bebía la tercer copa de anisado, +ya se sabía, era necesario probar las verdades de la fe. + +--Todo eso estará muy bien--replicó atajándole Moreno,--pero dígalo +usted en castellano para que yo pueda contestarle. + +El clérigo le echó una mirada de soberano desprecio. + +--¿No sabe usted latín?... ¡Vaya, vaya a la escuela! + +Los compañeros rieron mucho. Moreno, picado en lo vivo, replicó que el +latín sólo servía para hacer pedantes, que lo que se había escrito en +este idioma no tenía ya utilidad para los grandes adelantos de la +ciencia, y que las mismas Escrituras no se habían escrito en latín, sino +en hebreo. Con este motivo se empelotaron en una disputa violenta y +agria. En el curso de ella Moreno, aunque procuraba tener la lengua por +hallarse en casa ajena y entre gente fanática, no pudo menos de verter +algunos conceptos poco respetuosos hacia Moisés. El presbítero gordo, +que era sin duda el más irritable del concurso y había escuchado la +disputa con visible impaciencia, se enfureció de pronto. + +--Oiga usted, amiguito, eso que está usted diciendo es herético. + +--Yo digo lo que se me antoja. + +--Es usted un badulaque. + +--Y usted un... + +--¡Alto, señores!... ¡Alto!... ¡Un poco de calma!... ¡No irritarse!... + +Hubo algunos instantes de confusión. El presbítero quería arrojarse +sobre Moreno y Moreno sobre el presbítero. A duras penas lograron +contenerlos, sobre todo al primero, que era hombre de bríos. + +Cuando se restableció un poco el sosiego, el ingenioso Sánchez, radiante +de majestad filosófica, se levantó de la silla, y con grave ademán y +sonrisa dulce, cerrando los ojos con un sentimiento de completo +bienestar, habló de esta manera: + +--Señores, en este momento acaba de producirse aquí un fenómeno del +orden natural, y siendo del orden natural, absolutamente necesario. ¿Y +por qué es necesario? Porque como ha dicho muy bien un ilustre pensador, +las leyes de la Naturaleza son eternas e inmutables. El fenómeno que +aquí se ha producido es el de dos cuerpos que, caminando por el espacio +en sentido contrario, se encuentran. ¿Qué acontece entonces? Que si la +fuerza de ambos es idéntica se neutraliza y quedan en reposo; si la del +uno es mayor que la del otro, el primero consigue arrastrar al +segundo... Yo espero, señores, que en el presente caso sucederá lo +último... + +La sonrisa de Sánchez se hizo aún más dulce. Sus ojos opacos, benignos, +pasearon una mirada por los circunstantes, que le escuchaban con la boca +abierta. + +--Señores: una piedra que no esté sostenida por algo caerá seguramente. +Es un hecho comprobado por la experiencia. Éstos son los hechos que nos +competen a mi amigo Moreno y a mí. Pero hay otros hechos, tales como las +ideas de Dios, de la inmortalidad, de lo bello y de lo justo, que no +están comprobados por la experiencia y esos os competen a vosotros. +Vosotros representáis la infancia de la humanidad; por eso en vosotros +existe la debilidad y la inocencia que caracterizan a los niños, algo +amable y hasta cierto punto digno de respeto, que yo me complazco en +reconoceros. Nosotros representamos la edad viril; por eso en nosotros +existe la fuerza, el poder, la dureza si es caso, que son las +cualidades del hombre en la plenitud de la vida. Vosotros sois los +apóstoles dulces de los sueños infantiles: encariñados con vuestras +ideas como los niños con sus juguetes, tembláis y suspiráis cada vez que +un hombre inflexible como mi amigo Moreno extiende brutalmente su mano +para arrancároslos... Por desgracia, tal dureza es de absoluta +necesidad, y así como a los niños se les quita los juguetes para +encaminarlos a la escuela, mi amigo Moreno ha necesitado mostraros su +poder y su fuerza para que os hagáis cargo de que ha llegado el momento +de someter vuestro criterio al yugo inflexible de los hechos. La +ciencia, incansable en la investigación de la verdad, ha arrancado a los +dioses el cetro y la corona. ¿Y para qué les ha arrancado el cetro y la +corona? Para dárselo al calórico, al magnetismo, a la electricidad... +Pero vosotros permanecéis fieles a las antiguas ilusiones; lloráis la +ruina de vuestras creencias: no seré yo el que os recrimine por esto. +Sin embargo, creo que ha llegado ya la hora de secarse las lágrimas, de +abandonar los lirismos, de despojaros de esos hábitos y poneros la +blusa del operador. ¿Y para qué os habéis de poner la blusa del +operador? Para ayudarnos a desterrar de la humanidad todo lirismo, toda +poesía, toda superstición. Es necesario abrir los ojos y comprender que +el misterio de la existencia no es tal misterio. La ciencia lo ha +explicado ya cumplidamente. Es necesario entender que no hay un solo +Dios, sino cuatro, que son el oxígeno, el hidrógeno, el carbono y el +ázoe... + +Al llegar a este punto dio una gran voz el párroco y se levantó de la +silla, irguiéndose su figura recia, avellanada, sobre todas las demás, +fulminando rayos por los ojos. + +--¡Alto ahí, señor mío! Yo no puedo consentir que en mi propia casa, en +la casa de un sacerdote y en presencia de otros sacerdotes, profiera +usted semejantes blasfemias. Hemos estado escuchando por no faltar a la +hospitalidad; ya mi paciencia se ha acabado y no toleraré que usted +pronuncie otra sola palabra... + +Los demás clérigos se levantaron también, y pálidos y trémulos y +clavando en nuestro sabio antropólogo miradas de indignación, gritaban +agitando los puños: + +--¡Eso es!... ¡No debemos escucharle!... ¡A la calle!... ¡a la calle! + +No es fácil representarse el estupor que se apoderó del ingenioso +Sánchez al ver a aquellos energúmenos vociferando frente a él y +metiéndole los puños por la cara. Todo su discurso estaba lleno de +benevolencia, de ideas conciliadoras; creía estar lisonjeándoles; hasta +esperaba verlos enternecidos como él andaba cerca de estarlo. Y he aquí +que de repente se levantan frenéticos, amenazadores. Tan estupefacto +quedó que no acertaba a decir palabra. Inmóvil, con la copa en la mano, +les contemplaba con ojos de espanto. En cambio a su amigo Moreno se le +desató la lengua mejor de lo que hacía al caso y, encarándose con ellos, +les dijo en términos crudos que aquella intolerancia era bien propia de +los defensores del oscurantismo, que cuando faltan las razones se acude +a las amenazas, y que su amigo Sánchez había hecho mal en malgastar su +ciencia con quien no había de entenderle. + +--¡Ah! ¿Chillas todavía, pendón?--gritó entonces el presbítero gordo, +espíritu impetuoso como ya sabemos. Y alzando la mano, le sacudió un +terrible bofetón. + +Fue la señal. Más de veinte manos se posaron alternativa o +simultáneamente sobre las mejillas del joven naturalista. D. Pantaleón +acudió a socorrer a su amigo y también le tocaron algunos porrazos. El +furor se enseñoreó de todas las cabezas clericales. Ruedan las sillas, +quiébranse platos y botellas; la pequeña sala resuena con los gritos de +los enfurecidos presbíteros. Godofredo, llorando a lágrima viva, trata +de contenerlos, implorando, persuadiéndoles con palabras fervorosas. El +padre Laguardia le ayuda en esta tarea, haciendo lo posible por sujetar +al presbítero gordo, el más sanguinario de todos. + +--¡Dejadme, dejadme!--gritaba con voz estentórea.--Quiero arrancar todas +las muelas a ese _esprit fort_. + +Y este deseo extravagante, más propio de un dentista que de un +licenciado en sagrada teología, llenaba de terror el alma de Moreno. +Cada vez que llegaba a sus oídos se le doblaban las piernas. Porque +nunca había imaginado necesitar, tan joven, dentadura postiza. + +Acudieron al estrépito el ama del cura y las mozas que le ayudaban en la +cocina; pero en vez de echar aceite a las olas irritadas, soplaron sobre +ellas el viento de la cólera. El ama imaginó en seguida que su señor +estaba en peligro de muerte por las asechanzas del cura de F..., con +quien mantenía rivalidad desde la compra de cierta mula que ambos +apetecían, y sin más reparar, con la paleta del fogón le dio un golpe en +la cabeza. _Similia similibus curantur._ Gracias a este revulsivo +poderoso apaciguose la cólera de los clérigos. Todos acudieron al pobre +cura de F..., que yacía herido en el suelo. La lluvia de bofetadas que +caía sobre las mejillas de Moreno cesó como por ensalmo. Hízose el +silencio y vino el arrepentimiento. El ama lloraba y pedía perdón. El +presbítero gordo también se recriminaba duramente como causante +indirecto de aquella desgracia. El párroco dictaba disposiciones para +curar la herida de su colega. Entre ellas, la primera fue enviar en +busca del médico. Y mientras llegaba se le pusieron compresas de agua +fría y se le trasladó a la cama. La desolación reinaba en aquel recinto +donde pocos momentos antes todo era júbilo. Y en resumen, ¿por qué? Por +si Moisés había echado mal o bien la cuenta de los días de la creación. +¡Una cosa tan lejana! + +Los clérigos debieron de entender que se habían excedido un poco en la +defensa de aquel patriarca, porque dirigían la palabra con semblante +humilde tanto a D. Pantaleón como a Moreno. El mismo presbítero gordo +vino a decirles que retiraba todas las bofetadas que había dado. Con +esto D. Pantaleón se dio enteramente por satisfecho, y no comprendía +cómo Moreno se mostraba aún torvo y enojado. + +El médico no estaba en el pueblo. En su lugar vino el albéitar. Los +sabios antropólogos dieron un paso atrás, abriendo los ojos +desmesuradamente al ver entrar al Pollo. + +--¿Quién es ese hombre?--preguntó D. Pantaleón a un clérigo. + +--¿Quién ha de ser? El albéitar. + +Los dos sabios se miraron uno a otro largamente, con sorpresa por parte +de Sánchez, con sorpresa y reconvención por la de Moreno. + +--¿Ha tomado usted con exactitud las medidas?--dijo éste, al fin, en voz +baja. + +--Perfectamente--repuso D. Pantaleón muy quedo también. + +--¿No se habrá corrido el compás? + +--Ni un milímetro; estoy seguro. + +Moreno sacudió la cabeza con gesto dubitativo, mientras su amigo +continuaba asegurando por medio de expresivos ademanes la exactitud de +los datos antropométricos que había tomado. + +El albéitar reconoció al herido y recetó un bálsamo. Al levantar una de +las veces la cabeza y reconocer a sus compañeros de viaje preguntó con +semblante risueño: + +--¡Hola, camarás! ¿están ustedes por aquí? ¿Quieren explicarme por qué +han escapado de mí hace poco, como si fuese del diablo? + +Los fisiólogos se pusieron colorados. + +--No escapamos--balbuceó Sánchez,--es que teníamos prisa de llegar al +pueblo. + +El albéitar les miró un instante con sorpresa y bajó de nuevo la cabeza +para atender a la del herido. + +Moreno y Sánchez se hicieron una seña, y aprovechándose de la +distracción general, se escabulleron bonitamente, bajaron la escalera y +se plantaron en la calle. Desde allí dirigiéronse a la estación del +tranvía, y metiéndose en el primero que salió, regresaron en pocos +minutos a Madrid, no muy contentos del resultado de aquella famosa +salida antropológica. + + + + +XIII + + +Durante año y medio Mario desempeñó atentamente cuantos trabajos le +encomendaba su amigo y protector Rivera. Mas no se despidió por eso de +su antigua afición a la escultura. En su gabinete, a las horas que tenía +libres, seguía rindiéndole el mismo culto fervoroso y humilde. Miguel +había hecho poco caso hasta entonces de aquellas aficiones. Mas un día, +al pasar por delante del cuarto de su amigo, viendo por la puerta, que +se hallaba entreabierta, una figura tapada con un lienzo, se decidió a +entrar. Levantó la tela y quedó gratamente sorprendido. Era una pequeña +figura de cuatro pies de alto que representaba a Ofelia coronada de +flores. Había tanto desembarazo en la postura, tal delicadeza en las +facciones, tanta inocencia en la expresión, que jamás había visto una +interpretación más viva de la inmortal heroína de Shakespeare. Quedó +pensativo y preocupado. Cuando Mario llegó a comer le preguntó afectando +indiferencia: + +--¿Cuándo has terminado esa figurita que tienes en el cuarto? + +Mario se puso colorado. + +--Aún no está terminada; faltan algunos detalles. + +--No está mal hecha. Hay verdadero sentimiento en ella; se conoce que el +Hamlet te ha impresionado hondamente. + +Como Miguel era parco en los elogios y su espíritu más propenso a la +burla que al entusiasmo, al menos en apariencia, Mario experimentó al +oír tales palabras vivo placer. + +Trascurridos algunos días, Rivera volvió a sacarle la conversación de la +escultura. Se anunciaba una exposición de bellas artes para la próxima +primavera. Con tal motivo hablaron de los pintores y escultores más en +boga, ponderando los méritos de cada uno. Después de larga pausa en que +Miguel quedó pensativo, dijo de pronto: + +--¿Por qué no haces algo para la exposición? + +Mario pareció confuso. Bajó la cabeza balbuceando algunas frases que +revelaban su modestia. + +--Creo que estás un poco equivocado respecto a tus fuerzas--replicó +Rivera.--No es malo, porque el artista que se engríe se amanera: precisa +estar descontento siempre de lo que se hace para progresar. Pero no +basta que tú te juzgues: es necesario que te juzguen los demás, y no +sólo los amigos, sino el público, o por mejor decir, los hombres de +gusto que hay dentro de él. Cuando conozcas una muchedumbre de juicios, +comparándolos después con el tuyo, podrás formar idea aproximada de lo +que vales. El mío es que tienes aptitud para el arte que cultivas. Si +creyese que no la tenías me guardaría de proponerte que presentases obra +alguna en el certamen, porque te quiero demasiado para exponerte a +hacer un papel desairado o ridículo. Piénsalo, pues, bien, y si hallas +en tu imaginación algún asunto adecuado a tus facultades, dímelo y +hablaremos. + +Con estas palabras Mario quedó profundamente meditabundo. Anduvo varios +días inquieto, preocupado, silencioso. Al cabo, dirigiéndose a Miguel +con brusco ademán y una particular sonrisa, cuya amargura no se le +escapó a aquél, le dijo de pronto: + +--He pensado en aquello, D. Miguel. No se me ocurre nada. Más vale que +olvidemos eso y sigamos como hasta ahora rindiendo culto al arte de +Fidias en secreto y en los ratos de ocio. + +Miguel le miró en silencio y con atención algunos momentos. + +--No es verdad. Me estás engañando y te invito a que no lo hagas. Creo +tener derecho a que me hables con franqueza. + +Se obstinó todavía algún tiempo; pero viendo a su amigo triste y +disgustado, le dijo al fin esforzándose por sonreír: + +--Hace ya tiempo que se me ha ocurrido un pensamiento; pero no me creo +con fuerzas para llevarlo a cabo... Además, se exigen una porción de +medios... + +--Explícame el pensamiento. + +Se trataba de un grupo representando la profecía del Tajo al rey D. +Rodrigo tal como se describe en la famosa poesía del maestro Fray Luis +de León. Aparecerían en él tres figuras: la del rey y la Cava en tamaño +natural; la del río en colosal. El pedestal iría cubierto de bajos +relieves representando diversos episodios de la invasión árabe y la +caída del imperio gótico. + +--Ya usted ve que necesito todo mi tiempo--concluyó diciendo,--si he de +terminarlo para la época de la exposición, y un local a propósito. + +Miguel no respondió. Se apartaron en silencio. Al día siguiente le +condujo de paseo al barrio del Pacífico. Al pasar por delante de unos +almacenes sacó una llave, abrió una puerta y empujándole dijo: + +--Ahí tienes taller. El tiempo también es tuyo. ¡A trabajar! + +Mario le abrazó con efusión. El recinto era espacioso, de techo elevado, +lleno de luz. Se trasportaron los útiles inmediatamente, se compró lo +que hacía falta y desde la mañana siguiente bien temprano Mario apenas +salió de allí más que para dormir. Por espacio de algunos meses vivió en +un estado febril; apenas comía, apenas dormía; tan profundamente +distraído, que se le olvidaban los menesteres más corrientes de la vida. +Si Carlota no le vigilase saldría a la calle con las botas rotas o sin +corbata. Hablaba poco y no siempre acorde. + +Algunas veces Miguel y Carlota iban a visitarle al taller. Pero, aunque +no lo manifestase, estas visitas le turbaban. Únicamente cuando traían a +su hijo olvidábase de la obra que tenía entre las manos, como del resto +del mundo; lo estrechaba contra su corazón, lo besaba con frenesí y +parecía que de aquel contacto mágico sacaba nuevas fuerzas y nueva +inspiración. + +Una tarde Rivera y Carlota llegaron al taller. Al empujar la puerta +vieron al joven revolcándose por el suelo y mesándose los cabellos +mientras lanzaba imprecaciones y palabras incoherentes. Carlota quiso +precipitarse a su socorro, pero la retuvo Miguel. + +--¡Silencio!--le dijo al oído.--No temas. Tu marido se halla en la hora +negra del artista. Las sacras musas duermen o están ocupadas en este +momento y no pueden atenderle. Pero descuida, no tardará en levantarse. + +Dieron una vuelta por los alrededores, y en efecto, cuando tornaron +Mario se hallaba de nuevo trabajando y con tal ardor que no advirtió su +presencia hasta que le tocaron en el hombro. + +Pero Carlota no concedía la importancia que Miguel a los trabajos +artísticos de su esposo. El arte para ella era un recreo, una +distracción: nada tenía que ver con el problema serio de ganar el +sustento, que aún no estaba resuelto. Así que no podía menos de mostrar +su indiferencia cuando se trataba de la escultura. En cambio se enteraba +con gran interés de cualquier empleo vacante de que le hablasen. Mario +notaba esta indiferencia y no podía menos de sentirse entristecido y +desalentado. Un día, muy tímidamente, porque adoraba a su mujer, se +atrevió a quejarse a Miguel. Quedó éste pensativo unos momentos y le +dijo: + +--No te pese de la manera de ser de tu esposa. Carlota es un espíritu +sensato, lúcido, equilibrado. No tiene la imaginación propensa a los +sueños, ni facultades para introducirse en el mundo del arte y la +poesía. ¡Qué importa! La poesía es ella misma. Basta mirar su bella +figura escultural y contemplar sus grandes ojos suaves, claros, +hermosos; basta escuchar sus nobles palabras y ver sus acciones, más +nobles aún, para sentirse cerca del origen de toda poesía... Además, +nunca he creído que al artista le convenga una esposa de imaginación +exaltada, de temperamento nervioso, inquieto y refinado como el suyo. +Esta paridad de humores produce casi siempre funestos resultados. Tú +sabes muy bien, y perdona lo indecoroso de la comparación, en gracia de +su exactitud, que a un caballo demasiado vivo y fogoso se le pone por +compañero en el tronco otro firme y resistente, aunque de menos sangre, +para que contrarreste sus ímpetus. Pues en el matrimonio sucede lo +mismo. Si el hombre de imaginación tiene una compañera de temperamento +fantástico como el suyo, ambos corren peligro de precipitarse en la +desgracia. Duerme, pues, tranquilo sobre el corazón de tu Carlota; +acepta su cariño con gratitud y bendice a la Providencia que te ha +concedido una mano fiel para atravesar esta existencia tan triste y +oscura... ¡Ay! ¡Yo también tuve una mano!... ¡también tuve un corazón +sobre el cual mi alma reposaba sin cuidado!... + +Los ojos del antiguo periodista se rasaron de lágrimas al pronunciar +estas palabras. Mario le estrechó la mano en silencio. + +Llegó por fin el mes de Febrero, época en que debía inaugurarse la +exposición de Bellas Artes. Mario hizo un esfuerzo supremo, y el magno +grupo quedó terminado a tiempo y vaciado en yeso. Cuando Rivera, que +había dejado de ir al estudio en los últimos tiempos adrede, lo vio en +esta forma, quedó gratamente sorprendido. La obra superaba a todas las +esperanzas que había concebido. Sin embargo, temiendo que su cariño por +el artista le cegase, llevó a algunos amigos suyos entendidos en el +arte. Los inteligentes confirmaron su juicio. La obra se apartaba +bastante de las tendencias dominantes en la escultura. Sus figuras eran +menos activas y movidas, pero en cambio brillaban por la gracia y la +ingenuidad. Se conocía a la legua que su espíritu se hallaba +profundamente impresionado por la estatuaria griega, y que adoraba en +ella el sentimiento de la medida, la vida en el reposo, la grave +serenidad, el desdén de los efectos. Pero este desdén, que se advertía +demasiado en el grupo del joven escultor, en concepto de los amigos de +Rivera le perjudicaría mucho para el éxito en el certamen. + +Felizmente no fue así. El público se detuvo con placer delante de +aquellas nobles figuras ejecutadas sin esfuerzo. La delicadeza y +valentía con que estaban modelados los bajos relieves llamaron asimismo +la atención. Aunque hubiese en la sala obras de más apariencia y +estuviesen firmadas por escultores reputados, al cabo de algunos días +nadie dudaba que el autor de la _Profecía del Tajo_ era un artista +sobresaliente que se revelaba con originalidad e independencia. Un +periódico llegó a decir que parecía un griego resucitado y que si +continuase con la misma fortuna trabajando llegaría a desempeñar en +España el papel que hizo Canova en Italia, esto es, sería un regenerador +de la escultura. + +Estos elogios prematuros le perdieron. El artista cuyos límites se +perciben pronto encuentra fácil y llano el camino: las puertas se le +abren, las bocas le sonríen. Mas ¡ay! aquel cuyo alcance no se mide de +golpe eternamente tropezará con la desconfianza y la aversión de sus +émulos. Éstos ocultaban artificiosamente el favor que el público +tributaba a la obra del joven escultor. Cuando _un maestro_ se veía +obligado a emitir su opinión acerca de ella, lo hacía con esa habilidad +que todos conocen. + +--¡Oh! ¡Costa!... ¡Buen muchacho!...No cabe duda que tiene felices +disposiciones. Cuando se le quite ese encogimiento natural del que +principia será un verdadero artista. Hay algunos pormenores en su grupo +dignos de llamar la atención... ¿Pero ha visto usted el _Titiritero_ de +Suárez? ¡Qué admirable! ¿verdad? ¡Qué expresión! Es la obra de un +maestro. + +A los oídos de Mario no llegaban estos juicios de sus compañeros. Sólo +el rumor del público y de sus amigos le traían elogios y plácemes. Los +miembros del jurado se mostraban con él deferentes y afectuosos, le +ponían la mano sobre el hombro, le decían palabritas lisonjeras. Uno de +ellos, viejo escultor cargado de laureles, le dijo un día contemplándole +con admiración: + +--¡Qué joven ha subido usted al pináculo de la gloria! Yo no he ganado +primera medalla hasta los treinta y seis años de edad y usted la +consigue a los veinticinco. + +--Aún no la he ganado, señor--se apresuró a decir el joven, avergonzado. + +--¡Bah, bah!--exclamó el gran escultor haciendo un gesto de +indiferencia.--Demasiado sabe usted que la tiene ganada. + +Carlota gozaba tranquilamente del triunfo de su marido, aunque sin +comprender bien por qué la gente daba tal importancia a aquellos muñecos +de yeso. D.ª Carolina estaba igualmente asombrada de que se hablase de +dinero tratándose de estatuas. El día que supo que una de aquellas que +había en la exposición estaba vendida en tres mil duros no pudo menos de +abrazar y besar a su yerno. El mismo D. Pantaleón, aunque refractario a +estas frivolidades, pasó por la exposición para ver la obra de su hijo +político. El sabio fisiólogo, en presencia de varios amigos y del mismo +Mario, expresó sus opiniones acerca de las bellas artes, basadas todas, +como es lógico, sobre los últimos adelantos de las ciencias naturales. +No admitía más arte que el fundado en la experimentación. Todo lo que se +había hecho hasta entonces le parecía enteramente pueril. El método de +la experimentación debía de extenderse a la literatura también; los +poemas y novelas debían ser estudios de casos patológicos; la poesía una +clínica social del animal humano. Sin dos cursos de anatomía, uno de +patología quirúrgica y algunas nociones de química orgánica, D. +Pantaleón sostenía que era ridículo pensar en hacer versos. + +Llegó por fin el día de la adjudicación de los premios. Mario supo el +fallo del jurado con una sorpresa que le dejó clavado al suelo. No +estaba comprendido entre los premiados con primera medalla, ni entre los +de segunda, ni entre los de tercera. Nada: su nombre no se veía +estampado en ninguna parte. Apenas podía creerlo. Leía y releía el papel +pensando que estaba ofuscado. Pero la compasión de varios colegas que se +le acercaron le hizo muy pronto cerciorarse. ¡Dios mío, cuánta compasión +le prodigaron en pocos minutos! ¡Qué lamentos! ¡Cuántas invectivas +contra el jurado! ¡Oh! ¡No hay nada más grandioso que la compasión de un +compañero de oficio! + +Mario se mostró sereno. Les dio las gracias con sonrisa dulce y se +retiró. Marchó automáticamente al través de las calles, embargado por +una honda tristeza que le apretaba el corazón. No era vanidoso ni había +cifrado quiméricas esperanzas sobre su obra. Pero había sentido ya el +aroma de la gloria; el favor del público le había hecho soñar con +adquirir por medio de su arte una posición con que pudiera vivir +tranquilamente con su esposa y su hijo. Todo se derrumbaba de golpe. +Otra vez se sentía solo, pobre y desvalido; tornaba a ser un mísero +escribiente, el mismo ser vulgar en quien nadie fijaba la mirada. Pero +más cruelmente aún que este dolor le mordía el alma otro que pocos +conocen; el del artista que duda de sí mismo. Mientras trabajó en la +oscuridad tenía la vaga conciencia de su genio: una voz interior le +decía que las obras que salían de sus manos valían más que otras loadas +por la crítica. Sentíase con fuerzas para llevar a cabo algo grande y +bello. Cuando escuchó los elogios que se tributaban a su grupo no quedó +sorprendido: era la misma dulce canción con que su corazón le arrullaba +siempre. De repente un tribunal de hombres competentes le cierra las +puertas del templo de la gloria. Podría equivocarse el tribunal o estar +apasionado. Pero ¿no era más fácil que él y sus amigos se hubiesen +engañado? ¿No sería él uno de tantos aficionados que confunden el +entusiasmo por el arte con la inspiración, la voluntad con el ingenio? + +Había llegado hasta el Retiro, y por sus caminos arenosos iba a la +ventura sin darse apenas cuenta de dónde se hallaba. Al fin, rendidos el +cerebro y las piernas, dejose caer sobre un banco y metió la cabeza +entre las manos. Acordose de Carlota. ¡Qué triste desengaño para la fiel +esposa! Ya no vivirían juntos como pensaban; otra vez volvería a luchar +por una miserable plaza en cualquier ministerio, sin saber cuándo la +lograría. Las lágrimas se agolparon a sus ojos y sollozó amargamente un +buen rato. + +El ruido de unos pasos precipitados le obligó a levantar la cabeza. No +muy lejos vio a un viejo trabajador con blusa azul, boina raída y +alpargatas, que venía corriendo, perseguido de un joven que, a juzgar +por las mangas postizas de tartán sujetas al codo y su cabeza peinada y +relamida, que llevaba descubierta, debía de ser dependiente de alguna +tienda de comestibles. El viejo pasó por delante de Mario sin verlo, y +al llegar a la orilla del Estanque grande se precipitó en él. El +dependiente sé paró. Mario corrió instantáneamente al sitio, y viendo al +viejo luchar con la muerte, sé despojó súbito de la levita y se arrojó a +salvarlo. + +Aunque sabía sostenerse en el agua no era gran nadador: por otra parte, +los pantalones y las botas le embarazaban extremadamente. Frío, aunque +corría el mes de Marzo, no lo sintió, sin duda por la emoción de que iba +poseído. Acercose como pudo al viejo y trató de cogerlo; pero éste, al +sentir su mano, dio una vuelta rápida, y con las ansias de la agonía le +agarró por un brazo. Mario se sintió perdido y luchó en vano por +desasirse: con el brazo libre trató de ganar la orilla que estaba +próxima; pero el suicida le sujetaba férreamente; no era posible nadar. +Sumergiose por dos veces. Al salir la segunda gritó con fuerza: + +--¡Socorro! + +Estaba a punto de perder el conocimiento y dejarse ir al fondo. + +Felizmente, dos dependientes del embarcadero que vieron al viejo tirarse +al agua, habían saltado en un esquife y bogaban con toda fuerza hacia +aquel sitio. Pocos segundos más, y hubiera perecido. + +Izáronles a los dos. El viejo en mal estado, con mucha agua dentro del +cuerpo. Le pusieron cabeza abajo y se la sacaron como pudieron. Después +que recobró el conocimiento dijo los motivos que había tenido para +arrojarse al estanque. Debía tres duros al joven que le perseguía; no +podía pagárselos, y aquél, enfurecido, salió de la tienda para pegarle. +En parte por miedo y en parte por desesperación había querido matarse. +El hortera, a quien los guardas del Retiro habían detenido, no negó lo +que su deudor decía. Estaba perfectamente sereno y hasta parecía +encontrar justo que un hombre que no podía pagar tres duros se +suicidase. Mario, indignado, sacó del bolsillo esta cantidad y se la +entregó diciéndole al mismo tiempo algunas frases duras. Los guardas y +la gente que había acudido le hicieron coro. + +Pero en estas contestaciones se pasó bastante tiempo. El joven sintió de +pronto un frío intenso. Se apresuró a salir del Retiro y tomó un coche +para dirigirse a su casa. Durante el camino fueron en aumento los +escalofríos; la vista se le turbaba; creyó no poder llegar sin +desmayarse. Al fin pudo subir la escalera y meterse en la cama. Poco +después se le declaró una fuerte calentura. + + + + +XIV + + +--Pues yo sostengo que lo que ha hecho mi yerno esta mañana es un acto +inmoral. + +Los tertulios del café del Siglo quedaron estupefactos al escuchar tan +singular afirmación. Todos protestaron más o menos suavemente contra +ella. El arrojo de Mario había despertado admiración en la tertulia del +café. Se hacían elogios calurosos de su noble corazón y valentía. + +El ingenioso Sánchez paseó tranquilamente sobre ellos sus ojos opacos, +reflexivos, donde se leía constantemente la concentración profunda de un +cerebro positivo, y dijo sin advertir siquiera la indignación de +aquellos hombres-niños: + +--¿Y por qué es un acto inmoral? Porque ataca los fundamentos mismos de +la moralidad. ¿Y cuáles son los fundamentos positivos de la moral? Se +creía hasta hace poco tiempo que era algo extraño a las fuerzas que +obran dentro de nuestra naturaleza física. ¡Error profundo! Uno de +tantos sueños como han turbado la mente infantil de nuestros +antepasados. La moral es el resultado de una de tantas combinaciones en +que descansa el desarrollo orgánico del animal humano. La moral no es +más que el instinto social arraigándose cada vez más de generación en +generación. Pero este instinto puramente animal que el hombre comparte +honrosamente con los demás seres vivientes, en particular con las focas +y los bisontes machos, cuyo sentido moral es admirable, no tiene más +razón de ser que el bien general. La moral está fundada, pues, en el +bien general. ¿Qué era lo que exigía el bien general cuando ese +desgraciado viejo se arrojó al agua? ¿Exigía que mi yerno expusiese su +vida por salvarle? No, ciertamente, porque la vida de ese infeliz, sin +fuerzas para el trabajo y sin ninguna cualidad sobresaliente, era inútil +para la humanidad, mientras que la de mi yerno, joven, inteligente y +activo, tiene importancia. Luego Mario, al arriesgar una existencia +valiosa por otra que no tiene valor, ha atentado contra el bien general. +Luego ha cometido un acto inmoral. + +Nadie pudo contrarrestar el empuje de aquella lógica inflexible. Rivera, +que era quien solía comentar las proposiciones de Sánchez (siempre con +el espíritu frívolo que le caracterizaba), no se hallaba en el café. +Asistía en aquel momento a Mario, presa de una pulmonía. El único que se +atrevió a protestar, «aunque sólo desde el punto de vista de la +estética,» fue D. Dionisio Oliveros, el bardo del ministerio de +Ultramar. Oliveros confesaba con su voz de bajo profundo que él no era +filósofo, odiaba el análisis. + +--Usted, amigo Sánchez, al observar cualquier suceso tratará de +investigar su razón de ser. Consiste en que usted es filósofo. Yo no veo +más que la situación, porque soy poeta, poeta dramático principalmente. +Así que no diré que el acto de su hijo político sea bueno o malo. Lo +único que afirmo es que es un acto bello. Para mí basta. Puede usted +decirle de mi parte que en cuanto termine el segundo acto de la comedia +que ya conoce (que será en la semana próxima, Dios mediante), pienso +escribir sobre su acción heroica unos tercetos que mandaré a _La +Ilustración Española_. Quizá esto le sirva de consuelo en su enfermedad, +porque Mario es, como yo, artista ante todo. + +Al pronunciar estas consoladoras palabras la voz del poeta burocrático +resonaba lúgubre, profunda, como si en vez de ofrecer a la imaginación +imágenes brillantes de dicha y alegría se hallase invocando a los +espíritus infernales en algún cementerio a las doce de la noche. + +Los tertulios, bajo la influencia de esta voz sepulcral, quedaron +sombríos y mudos. El mismo D. Pantaleón, con ser un espíritu tan +analítico, no pudo menos de experimentar el sentimiento de desolación +que la voz de D. Dionisio producía. Atusose el desmayado bigote con +inconcebible gravedad, tosió ligeramente y manifestó por lo bajo a su +amigo Moreno que la poesía no era más que un estado congestivo y muchas +veces morboso del cerebro. Moreno hacía ya tiempo que había adquirido +esta preciosa certidumbre; pero acogió la observación con el respeto +debido a las grandes verdades del orden físico. + +Guardó silencio unos momentos, y al cabo respondió que en su concepto +los poetas no eran otra cosa que alienados. También D. Pantaleón sabía +esto hacía tiempo, mas no por eso dejó de mostrarse satisfecho por +escucharlo una vez más. Moreno prosiguió sus observaciones en voz baja, +afirmando que donde se conocía perfectamente la identidad del poeta y +del loco era en la orina. En uno y en otro aumenta considerablemente la +urea en ciertos períodos. + +--Verá usted--añadió tocando en el muslo a Sánchez--cómo comprobamos en +seguida este dato.--Oiga usted, D. Dionisio--siguió, dirigiéndose al +bardo,--después que usted termina de escribir una composición poética +¿no siente usted cierto prurito en la vejiga? + +--Sí, señor; suelo tener deseos de orinar, sobre todo cuando estoy +demasiado tiempo sentado a la mesa--respondió con extremada amabilidad +Oliveros. + +--¿Y no ha observado usted si en la orina suelen quedar algunos +sedimentos? + +--Muchos sedimentos. Yo orino casi siempre barroso. + +Moreno dirigió a su amigo una sonrisa triunfal, hizo algunos guiños +expresivos y por último le dijo al oído: + +--Fosfato úrico. La orina de los dementes se caracteriza por el +predominio de la urea. + +--Y diga usted--prosiguió en voz alta,--¿no suele usted tener los pies +fríos? + +--Helados. En el invierno gasto dos pares de calcetines porque no los +puedo sufrir. + +--Y la cabeza ¿no se le calienta a usted? + +--¿La cabeza? ¡hecha un volcán! + +D. Dionisio comprendía que se trataba de ciertas particularidades +propias de los poetas y estaba satisfechísimo de ostentarlas. + +--Los locos--repuso Moreno a la oreja de su amigo--tienen siempre las +extremidades frías y la cabeza caliente. + +Con esto el ingenioso Sánchez se creyó en el caso de responder que +muchos de los hombres que la humanidad admira como genios sublimes han +sido verdaderos dementes. Moreno se hallaba tan conforme con esta +observación, que la hizo extensiva no sólo a los poetas, sino a los +grandes filósofos, reformadores, matemáticos, historiadores, y por +supuesto a todos los santos y santas que la religión venera. Sócrates, +Newton, Rousseau, Corneille, Séneca, Catón, Beethoven, Dante y otros +varios, fueron verdaderos orates. Estudiando con atención la vida de los +grandes hombres, se encontraría siempre un ramo de locura en ellos. + +--Lo que ha dado en llamarse genio, para mí es una enfermedad de los +lóbulos cerebrales--resumió Moreno.--La santidad, una declarada locura. +¿Qué me dice usted de San Francisco de Asís abrazando y besando a los +leprosos? ¿No es un caso de locura inmunda como la de esos desgraciados +que suelen verse en las celdas de los manicomios gozando en revolcarse +entre sus excrementos? ¿Qué opina usted de Santa Teresa de Jesús? ¿No le +parece a usted increíble que haya aún quien tome en serio los desatinos +que escribe? + +--¡Oh! Santa Teresa es un curiosísimo caso de alucinación. El doctor +Charcot hubiera sacado gran partido de ella a haber vivido en su +tiempo--respondió Sánchez reflexivamente. + +Hubo algunos instantes de silencio. Los dos fisiólogos meditaban. Al +cabo se dibujó una significativa sonrisa en los labios de Moreno y +profirió, dando a sus palabras marcada intención irónica: + +--¿Y qué me dice usted del gran judío? + +--¿Quién?--preguntó Sánchez sin comprender. + +--¿Quién ha de ser? El judío de Nazareth. + +--¡Ah! Jesucristo... ¡Oh! ¡oh! ¡oh!... + +D. Pantaleón fue atacado instantáneamente de una risa convulsiva. +Aquello realmente era cosa perdida. + +Mientras los sabios antropólogos se solazaban experimentando esa +inefable alegría del que se siente en posesión de la verdad entre +tantos seres como se hallan sumidos en el error, nuestra antigua +conocida D.ª Rafaela saboreaba sola, como siempre, en una mesa su +invariable refresco de grosella. Los dedos, cargados de sortijas de +todas las épocas y todos los tamaños, apenas podían jugar para llevar la +copa a los labios. Su traje, debajo del mantón alfombrado, brillaba con +reflejos metálicos de oro viejo como una casulla de la Edad Media. Quizá +fuera el traje de corte de alguna dama de las que acompañaron a María +Luisa de Saboya cuando vino a desposarse con Felipe V. La señá Rafaela +tenía la costumbre de ponerse las antigüedades de indumentaria femenina +que venían a parar a su tienda. Era a la vez un prospecto y un goce para +ella. + +Como estuviese leyendo con atención la cuarta plana de _La +Correspondencia_, vino a distraer su atención la presencia de un joven +que se acercó dándole las buenas noches con acento melifluo. + +--¡Hola, Godofredito! ¿es usted? + +--¿Cómo sigue usted, D.ª Rafaela? Me había dicho Timoteo que no había +usted venido en dos días, y temía que estuviese indispuesta; pero la he +visto esta tarde en las Góngoras a las cuarenta horas y me tranquilicé. + +--¡Ah! ¿Estuvo usted en las Góngoras? ¿Y por qué no se llegó a +saludarme, pícaro? + +--Salía con el padre Iturralde cuando usted entraba, y no podía +detenerme porque íbamos de prisa a la conferencia de San Vicente. + +--Pues yo estuve dos días con un catarro, pero ya pasó. Siéntese usted, +criatura, que me da pena verle en pie. + +Godofredo Llot, elegantemente vestido, y con el mismo rostro nacarado y +candoroso de siempre, obedeció a la invitación y se sentó frente a la +prendera. + +--¿Y cuándo es la boda?--preguntó ésta después de algunas frases +insignificantes. + +El hijo predilecto de la Iglesia sonrió lleno de confusión. + +--¡Oh! No hay aún plazo señalado, D.ª Rafaela, pero contando con la +voluntad de Dios, me parece que no está muy lejos. + +--Me alegro, me alegro, hijo. Ella va bien y usted lo mismo. Creo que +es muy rica. + +--Señora, esas cosas son para mí tan secundarias que no he querido +averiguar nada--respondió Llot modestamente.--Sólo sé que es muy piadosa +y que pertenece a una familia cristiana. + +--Eso es lo principal, querido--repuso la señá Rafaela adoptando +repentinamente una actitud de mística beatitud.--Los bienes terrenales +¿qué son comparados con los del cielo? Hay que sembrar aquí para recoger +allá. Los sentimientos religiosos ante todo. Pero voy a decirle una +cosa: las muchachas ricas son tan buenas como las pobres... y además son +ricas. + +--Es lo mismo que me dice el padre Laguardia--manifestó Godofredo con un +acento de inocencia que conmovió a la buena prendera. + +--D. Jeremías es hombre de muchas letras. Algo me parece que habrá +mojado en este matrimonio, porque le quiere a usted mucho. + +--Es quien lo ha hecho todo--respondió con la misma inocencia el +joven.--Él me presentó a la familia y fue quien dio todos los pasos... +¿Quiere usted conocer a mi novia?... Voy a darle un ejemplar de la +_Historia de Santa Isabel_ que trae su retrato... + +El hijo predilecto de la Iglesia, sonriente y ruborizado, sacó del +bolsillo del gabán un librito de cubierta elegantemente impresa a dos +tintas, lo abrió por la primera página, donde aparecía el retrato de la +santa duquesa de Turingia grabado en madera, y lo entregó abierto a la +señá Rafaela. + +--Es guapa la chica y muy joven... y le sienta bien la corona--manifestó +la prendera después de calarse los lentes.--Oiga, Godofredito, tengo una +idea de que había usted pedido el retrato a Presentación, su antigua +novia, para este mismo libro... + +--Sí, señora, se lo había pedido--respondió el joven con embarazo.--Y ya +estaba grabado, pero las circunstancias... ya ve usted... + +--Sí, sí; me hago cargo... La pobrecita está bien desfigurada. El otro +día la he visto con su madre en la calle del Carmen. + +--No ha sido precisamente eso lo que me ha detenido. + +--Tiene mucha razón; la hermosura es cosa pasajera... Pero no le +convenía por la posición. Usted merece una chica rica... + +--Tampoco es eso--se apresuró a decir Llot.--Lo único que ha enfriado +nuestras relaciones y ha concluido por romperlas son las ideas de su +padre. De algún tiempo a esta parte ¡se ha vuelto tan impío y +materialista! No hace más que escandalizar en todas partes. + +--¡Eso, eso es precisamente lo que yo estaba pensando!--exclamó la +anticuaria.--Un caballero de tanta religión como usted no podía +emparentar con un hombre tan escandaloso. ¡Toda, la culpa la tiene ese +bribón de las gafas!--añadió arrojando miradas fulgurantes hacia el +sitio donde estaba Moreno.--¡Si don Pantaleón antes era un bendito! +Recuerdo que una vez que estuve en su casa se levantó una tempestad de +truenos y relámpagos. Pues él fue quien cerró los balcones y encendió la +tenebraria y el primero que se puso a rezar a Santa Bárbara. + +Godofredo estaba inquieto, porque la plática se inclinaba demasiado a +la murmuración. Así que, bajando los ojos con suave expresión de +mansedumbre, dijo en voz apagada: + +--A uno y a otro les ha de juzgar Dios. A nosotros no nos toca más que +compadecerlos y hacerles todo el bien que podamos. + +La prendera le miró enternecida. + +--¡Oh, qué dichosa sería su mamá si fuera todavía de este mundo! Desde +el cielo le estará bendiciendo. + +--¡Así sea!--exclamó el joven levantando sus ojos límpidos al techo.--Mi +mamá era una santa, y podría suponerse que está en el cielo; pero como +nadie conoce los inescrutables designios de Dios, yo hago por su alma +cuanto puedo. Me haría usted, D.ª Rafaela, un favor inmenso, que no +olvidaría jamás, si la encomendase a Dios en sus oraciones. + +--Con todo mi corazón. Pierda usted cuidado. No dejaré un día de rezar +por ella y en el aniversario confesaré y comulgaré por su intención. + +--¡Oh, señora, eso es demasiado!--exclamó Llot abrumado por tanto +favor. + +--Eso no significa nada. Ya sabe que yo me confieso cada ocho días. + +--Sí, ya conozco sus costumbres piadosas; pero de todos modos, ya le +debo otras atenciones que aunque de categoría menos elevada... + +--No hablemos de eso, Sr. Llot--se apresuró a decir la señá Rafaela +extendiendo la mano. + +--Hablemos, sí, señora. Yo no puedo olvidar ni un instante los favores +que se me hacen. Precisamente había venido esta noche a arreglar +nuestras cuentas. + +--¿Pero qué prisa corre, criatura? Tan seguro tengo el dinero en su +poder como en el mío. + +--Sin embargo, por lo mismo que ha sido usted tan buena siempre para mí, +no quisiera perjudicarla en lo más mínimo. Vamos a ver lo que le debo. + +Al mismo tiempo sacó del bolsillo un librito de memorias y leyó con voz +suave diversas cantidades que la anticuaria le había prestado en +distintas ocasiones: un día treinta duros, otro setenta, otro cincuenta. +Entre todas sumaban mil quinientas cincuenta pesetas. + +--Bueno--dijo el joven metiendo la cartera de nuevo en el +bolsillo.--Vamos a hacer una cifra redonda. Le debo a usted dos mil +pesetas. + +--No, señor; no me debe usted más que mil quinientas cincuenta. + +--Sí, señora, le debo a usted dos mil, porque va usted a hacerme el +favor de prestarme otros noventa duros... Necesito hacer algún regalito +a mi novia y tengo poco dinero--manifestó el joven poniéndose rojo como +una amapola. + +D.ª Rafaela quedó un poco sorprendida de aquel modo original de saldar +cuentas; pero viendo el rostro de Godofredo cubierto de rubor, sus ojos +serenos, inocentes, posarse dulcemente sobre ella con encantadora +expresión de vergüenza, no pudo menos de sonreír. + +--¡Conque regalitos, eh! Vamos, no se ponga usted colorado. + +El hijo predilecto de la Iglesia se puso mucho más rojo aún. Parecía que +iba a saltar la sangre de sus tersas mejillas. + +A la prendera le hacía extremada gracia aquel rubor: para gozar más de +él le mortificó todavía algún tiempo. Al fin echó mano al portamonedas. +Pero Godofredo la detuvo dirigiendo una mirada de susto a la mesa de sus +antiguos amigos. + +--No; aquí no, señora. Hay muchos curiosos. ¿Quiere usted salir a la +calle un momento? + +--Con mucho gusto. De todos modos, es hora ya de retirarme. + +D.ª Rafaela se levantó de la silla y salió. El hijo predilecto de la +Iglesia saludó a un amigo para figurar que no iba con ella, pero la +siguió inmediatamente. + +Una vez en la calle, libre de la vergüenza que le producía la luz y la +presencia de la gente, dejó escapar los tiernos sentimientos de cariño y +gratitud que rebosaban de su virgen corazón. Mientras caminaba hacia la +Puerta del Sol en compañía de la prendera, con labio balbuciente y +seductora timidez le hizo algunas candorosas confidencias sobre su +situación y sus proyectos. La señá Rafaela sonreía siempre con +extraordinaria complacencia, sorprendida de hallar en estos tiempos +miserables un joven de corazón tan sano. Godofredo se mostraba hacia +ella atento y respetuoso, como pocos hijos suelen estarlo con sus +madres. Al llegar a una estrecha travesía la anticuaria se detuvo, +avanzó algunos pasos por ella y, protegida de la obscuridad, sacó su +portamonedas y le entregó la cantidad del pico en billetes. Godofredo +los tomó con mano temblorosa y permaneció mudo frente a su bienhechora +sin acertar a emitir una palabra de gracias, embargado enteramente por +la emoción. Al fin, con voz alterada, pudo exclamar: + +--¡Oh, señora, cuántos beneficios la debo! ¡Si yo pudiera expresar lo +que pasa por mi corazón en este momento! + +Tan bien le sentaba el embarazo que en aquel momento sentía que doña +Rafaela le dio una palmadita en el hombro, lisonjeada hasta un punto +indecible. + +--Eso no vale la pena, querido. Para mí es un gusto el hacerle +cualquier pequeño favor como éste. + +--Lo sé, señora, lo sé--exclamó con voz melodiosa el joven--. Pero me +siento turbado, porque desde que murió mi santa madre no hallé en nadie +tanta dulzura. No por el dinero, sino por el cariño que usted me +demuestra, no puedo menos de sentir hacia usted un afecto y un respeto +parecidos a los que se sienten por una madre... Todavía voy a pedirle a +usted un favor... + +--Lo que usted quiera, Godofredito. + +--Que me permita usted besar su mano. + +La prendera quedó suspensa; vaciló un momento, pero viendo aquel rostro +infantil cubierto de rubor, viendo sus ojos azules y límpidos como los +de un querubín resplandecientes de gratitud, le entregó la mano +sonriendo de la humildad y la inocencia de aquel niño. + +--¡Qué cordero de Dios!--murmuró la buena mujer mientras sentía su mano +mojada por las lágrimas de Godofredo. + +Quiso éste acompañarla hasta su casa: la prendera no lo consintió. + +Pero cuando se estaban despidiendo cruzó como un huracán a su lado don +Laureano Romadonga. + +--¿Qué le pasa a ese hombre?--preguntó la seña Rafaela. + +--No sé; va muy pálido. + +--Nunca le he visto de ese modo. + +La señá Rafaela se apresuró a despedirse de su protegido e hizo ademán +de irse hacia su casa; pero en cuanto vio a Godofredo lejos, dio la +vuelta hacia el café del Siglo, porque la picaba mucho la curiosidad. + +Romadonga entró efectivamente en el café del Siglo en tal estado de +alteración que sorprendió a sus amigos. Sentose, o por mejor decir +dejose caer sobre una silla, pidió un vaso de agua con azahar al mozo y, +respirando trabajosamente, profirió roncamente: + +--¡Si supieran ustedes lo que me acaba de pasar! + +Eso es lo que todos querían: saber lo que le pasaba. Pero a pesar de sus +vivas instancias sólo después que hubo bebido el vaso de agua a sorbos y +limpiado repetidas veces el frío sudor que le manaba de la frente +consintió en explayarse. + +El suceso era portentoso, inaudito. Para mejor comprenderlo Romadonga +hizo presente que desde hacía mucho tiempo mantenía amistad cariñosa con +la marquesa viuda de Zamara y con su hija Matilde, viuda también de un +primo comandante de ingenieros. Pues bien, de esta viudita tan linda +como ingeniosa tenía celos su querida, la Concha, la hija del sillero, +que todos ellos conocían. Celos infundados, por supuesto, porque jamás +se le había pasado por la imaginación mirarla sino como una buena +amiga... + +La duda se infiltró en el pecho de los circunstantes al escuchar esta +afirmación. Pero nadie osó producirla. D. Laureano continuó. + +Ya en varias ocasiones habían tenido peloteras sobre este vano supuesto. +Concha no quería que asistiese los lunes a la tertulia de la marquesa, y +se ponía frenética si sabía que las había acompañado en el paseo. Un día +le había amenazado con ir a casa de aquellas señoras y armarles un +escándalo. Pero él no había hecho caso. ¿Cómo suponer que su locura +había de llegar a tal punto? Sin embargo, llegó y aun pasó muchísimo más +allá. + +--Hace un momento me hallaba en el teatro de la Comedia. Era el +beneficio del primer galán. La sala estaba de bote en bote. En el +segundo entreacto fui a saludar a la marquesa de Zamara y a su hija +Matilde, que estaban en la primera fila de butacas, cerca del pasillo +lateral de los números pares. Me senté al lado de ellas en una butaca +que había dejado un caballero, y estábamos bromeando alegremente, cuando +de repente veo delante de mí a Concha, de pañuelo a la cabeza y mantón. +Y antes de que pudiera reponerme del susto, se arroja como una fiera +sobre Matilde a bofetada limpia... + +Los tertulios lanzaron un grito de asombro. + +--¡Qué atrocidad!... ¡No puede ser! + +--Lo que ustedes están oyendo; a bofetada limpia y llamándola al mismo +tiempo cuanto puede llamarse a una mujer--profirió trabajosamente el +viejo libertino, volviendo a limpiarse el sudor. + +--¿Y usted qué hizo? + +--¿Yo?... Ya ven ustedes lo que hice... escapar. Los ojos se me +nublaron. No vi más que una masa de gente que se levantaba gritando, +riendo. Vi a Concha sujeta por dos acomodadores, gritando como ella sabe +hacerlo, y vi también que el rey, que estaba en su palco, precisamente +sobre nosotros, sacaba todo el cuerpo fuera del antepecho para +enterarse, y sonreía... Y no vi más... Es decir, me vi en medio de la +calle, sin abrigo y con el sombrero en la mano, lo mismo que estaba +cuando el cataclismo. + +Las exclamaciones de los circunstantes ante aquel caso extraño fueron +interminables. Todos compadecían al viejo elegante: no tenían palabras +bastante fuertes para condenar el brutal proceder de la chica. Sin +embargo, debajo de los comentarios se adivinaba cierto regocijo que +hacía brillar los ojos y pugnaba por salir en forma de carcajadas. El +suceso era chistoso. Uno de ellos, cierto almacenista de camas que solía +acercarse a la mesa de vez en cuando, se atrevió a decir +respetuosamente: + +--La verdad es que esa mujer, en mi pobre opinión, no le conviene a +usted, señor Romadonga. + +--¡Ya lo creo que no me conviene!--exclamó el seductor con furia.--¡Vaya +una noticia que usted me da! Pero si usted hubiera visto la navaja que +trae consigo constantemente, de seguro no hablaría usted con tanto +desahogo. + +--¿Pero sería capaz?... + +--¿Capaz? ¡Anda con la niña! La mujer que tiene hígados para lo de esta +noche, los tiene para todo. Me ha jurado muchísimas veces que si algún +día la abandono me dará una puñalada por la espalda... Y yo estoy +convencido de que me la pega... ¡Vaya si me la pega!--profirió con +exaltación.--¿No lo cree usted, D. Dionisio? + +--¡Qué situación, si pudiera llevarse al teatro!--exclamó el bardo con +voz sepulcral, saliendo de su abstracción poética. + +--Pero, hombre, ¿la quiere usted más dentro del teatro todavía?--dijo +Romadonga sacudiendo la cabeza desesperadamente. + + + + +XV + + +Mientras una cruel pulmonía postraba en el lecho a Mario, su nombre +corría por la prensa periódica, era objeto de apasionadas discusiones. +El fallo del jurado, en lo que a él se refería, fue condenado como +injusto por varios críticos. Otros lo sostuvieron, o por convicción o +por amistad hacia los jurados, o por envidia al nuevo artista. Rivera +había quedado casi tan estupefacto como Mario y casi tan acobardado. +Temía que su cariño le hubiese ofuscado. Pero cuando vio la lucha +empeñada lanzose intrépidamente a ella. Y la pluma del viejo periodista, +tanto tiempo colgada, nada había perdido de su destreza y proverbial +causticidad; vibraba a impulso de la indignación con tal donaire y +desenfado que puso inmediatamente de su lado al público indiferente. Al +propio tiempo, como poseía y sabía tocar la cuerda del sentimiento, sacó +mucho partido de la enfermedad de su amigo, víctima de su arrojo heroico +en los momentos mismos en que lo era de una miserable injusticia. + +De tal modo que cuando el joven escultor se levantó de la cama gozaba de +mayor reputación y gloria que si le hubiesen dado la medalla de honor. +Por esta vez la envidia había errado el golpe. La primer noche que se +presentó en el café, sus amigos se pusieron en pie y palmotearon +briosamente. Los demás asistentes siguieron el ejemplo: se le hizo una +ruidosa ovación, de la cual dieron cuenta al día siguiente los +periódicos. + +--El arte es la apoteosis de la inutilidad--vertió sentenciosamente +Moreno al oído de don Pantaleón, ya que se hubo calmado el +entusiasmo.--Cuando los objetos útiles dejan de serlo, pasan a la +categoría de artísticos. Un ánfora antes servía para contener agua o +vino. Hoy es objeto decorativo sobre las chimeneas o sobre columnas. +Éstas, a su vez, antes servían para sostener los techos; hoy adornan los +rincones de los gabinetes. + +El ingenioso Sánchez se mostró profundamente interesado por estas +observaciones luminosas. Cerró sus grandes ojos apagados en señal de +asentimiento y meditó. + +--Se ha observado--prosiguió Moreno--que los países donde se hallan más +desarrolladas las tendencias artísticas son los que dan mayor +contingente a los manicomios. Y es porque el arte es ante todo un juego +estéril de la imaginación. El arte, lo mismo que el misticismo, +concluyen por alterar nuestro desenvolvimiento orgánico. En mi concepto, +lo mismo uno que otro deben ser rechazados como tendencias morbosas. + +D. Pantaleón agitó las manos convulsivamente, abrió los ojos y profirió +una serie de exclamaciones corroborantes. Siempre le pasaba igual al oír +la palabra morboso. Este adjetivo ejercía sobre su organismo un efecto +extraordinario, mágico, una sensación de deleite inefable que se le +advertía en el brillo inusitado de los ojos y en el movimiento de +trepidación del bigote. Cuando tenía ocasión de pronunciarlo (y la +buscaba con harta más diligencia de lo que convenía a la armonía del +discurso), lo mascaba, lo paladeaba con gozo indecible, percibiendo en +los labios el mismo grato sabor que algunos santos experimentaban al +proferir el nombre de la Virgen María. Así que sin darse cuenta de ello, +el ingenioso Sánchez declaraba morbosas casi todas las cosas de este +mundo. En su entusiasmo por el vocablo hubiera declarado morbosa a la +misma madre que lo había parido. + +Nada nuevo, pues, le decía Moreno. Muy de antemano sabía ya el ilustre +fisiólogo que el arte y el misticismo eran elementos morbosos del +organismo social. Lo eran también otra porción de cosas que Moreno no +sospechaba siquiera. D. Pantaleón, hay que decirlo con toda claridad, +había llegado más arriba en el camino de la indagación, poseía un +conocimiento más completo de los resortes de la Naturaleza que su +amigo. Apenas le faltaba explicación para ninguno de los infinitos +fenómenos de la creación natural. Como hay de ello muchos ejemplos en la +historia de la ciencia, el discípulo sobrepujaba notablemente al +maestro. En alas de su genio, Sánchez había volado de golpe a regiones +donde el pobre Moreno, a pesar de su aplicación asidua, no llegaría +jamás. + +Por eso continuaba admirando en su joven amigo la fiera independencia +del carácter, la increíble fuerza de que había dado muestras para salir +triunfante en la lucha por la existencia que para él había sido tan +ruda, la brusca franqueza de su palabra propia del hombre primitivo +nacido para el combate. Pero en cuanto al conocimiento de los problemas +de la ciencia positiva no tenía por qué admirarle. Don Pantaleón poseía +lo menos veinte centímetros más de circunvolución en los lóbulos +cerebrales, como ha de probarse en el curso de esta verídica historia. + +Desde hacía algún tiempo venía consagrando toda la fuerza de estos +lóbulos a la resolución de un problema magno, el mismo que había +anunciado vagamente a su yerno como algo que el mundo debía de acoger +con asombro y aplauso. Este problema, hora es ya de revelarlo, no era +otro que _el origen del pensamiento_. El ingenioso Sánchez, a la hora +presente, sabía de un modo perfecto la geografía cerebral. Con ayuda de +su microscopio había escrutado las innumerables células nerviosas de +varios animales, siguiendo con ojo avizor la inmensa red de fibras que +de ellos parten. Luego había obtenido algunos cerebros humanos y había +hecho lo mismo. Conocía las piezas de la máquina. En aquella vasta +ciudad de células gustaba de pasear a menudo y seguir la intrincada red +de sus caminos y senderos. Pero ignoraba por completo el secreto del +mecanismo: recorría las calles, pero nada sabía de lo que pasaba dentro +de las casas. Su genio colosal ansiaba apoderarse del secreto. Algunos +sostenían que era imposible. El ingenioso Sánchez sonreía y meditaba. + +Las noticias que los fisiólogos anteriores a él le suministraban eran +muy vagas. Uno sostenía que el pensamiento era una secreción semejante a +la bilis o a la orina. D. Pantaleón en sus experimentos no había hallado +señal de estas secreciones en la masa encefálica. Otro, que el +pensamiento se producía en el cerebro por un método análogo al de la +fabricación del pan. Era más verosímil. Sin embargo, pensaba que debía +de parecerse más a la fabricación de la cerveza a causa del sistema de +destilación, pues no le cabía duda de que las sensaciones para +trasformarse en ideas debían de pasar por un finísimo alambique. Mas a +pesar de cuantos esfuerzos llevó a cabo para descubrir con el +microscopio este cedazo, no lo había logrado hasta entonces. + +La resolución de este gran problema le agitaba a todas las horas del día +y en muchas de la noche. Su labor era incesante, hasta el punto de no +dejarle pensar ni sentir apenas otra cosa. Sin embargo, en los actuales +momentos un suceso, al parecer insignificante, le preocupaba bastante, +le tenía más silencioso y meditabundo que de costumbre. Viniendo al +café aquella noche había tropezado en la calle con un hombre tendido +sobre la acera. Quiso levantarle. El hombre no podía tenerse en pie a +causa de su extrema debilidad: según dijo no había tomado alimento en +treinta y seis horas. Lleno de compasión le arrastró como pudo hasta un +_restaurant_ próximo; hizo que le sirviesen caldo y le pagó una buena +comida. Después le dejó casi todo el dinero, que llevaba en el bolsillo. + +Pues bien, el célebre antropólogo estaba pesaroso, descontento de sí +mismo. Sabía muy bien que los llamados sentimientos de humanidad y +filantropía son, como el sentimiento religioso, peculiares de las +sociedades primitivas. Una sociedad civilizada no puede admitirlos +porque se oponen abiertamente a las leyes de la selección y de la lucha +por la existencia, que se cumplen en el organismo social como en los +inferiores. En esta lucha los débiles deben perecer: así es conveniente +para el progreso de la especie. Protegerlos, ayudarles a eludir las +leyes indeclinables de la Naturaleza es indigno de un hombre civilizado, +y mucho más de quien como él se dedicaba al estudio de la ciencia +positiva. El que deba vivir que viva; el que deba caer que caiga. De +aquí su remordimiento y tristeza. Y lo que más le avergonzaba era que, +viendo comer a aquel desgraciado con apetito voraz, había llorado de +ternura. Resabios de su educación primera, llena de juicios absurdos y +de imaginaciones infantiles. + +Este hecho insignificante probará hasta qué punto aquel hombre insigne +había sacudido de su inteligencia el polvo de las preocupaciones y había +avanzado en el camino de la perfección positiva. + +Una de las cosas que logró dar más luz a sus lóbulos cerebrales fue la +compra de un mono. Era el sueño de su vida. Por fin tropezó con ciertos +bohemios que se prestaron a venderle uno valetudinario y sarnoso. Se lo +hicieron pagar bastante caro, visto el afán que por él mostraba. Cuando +nuestro fisiólogo se encontró a solas en su laboratorio en presencia de +aquel ser, su precursor inmediato, sintió emoción indefinible. Un +respeto profundísimo se apoderó de su mente. Delante de sí tenía al +hombre, al hombre primitivo en toda su augusta sencillez y verdad, sin +absurdas ideas metafísicas, sin religión, sin moral, sin los tristes +idealismos que tuercen y adulteran el curso sagrado de la Naturaleza. +¡Ah, no! Aquel hombre no pretendía ridículamente oponerse, como +nosotros, a sus leyes inflexibles, a la ley de la lucha por la +existencia, o de la selección. Era el producto espontáneo de la +Naturaleza, resplandeciente como ella de majestad y de inocencia. + +Acurrucado en un rincón, el hombre primitivo clavaba en el secundario +una mirada inquieta y temerosa. Pero viendo que éste no trataba de +hacerle daño, concluyó lógicamente por rascarse la barriga, ejecutando +después otra serie de maniobras candorosas que el gran antropólogo +seguía con mirada escrutadora y reflexiva. La ciencia estaba de +enhorabuena. En el cerebro del ingenioso Sánchez germinaban pensamientos +fecundos, admirables proyectos de experimentación. Desgraciadamente no +pudieron realizarse por una alteración funesta de los nervios de la +esposa del fisiólogo. + +D.ª Carolina no tenía noticia de la compra del mono. D. Pantaleón, que +sabía cuán poca simpatía le inspiraban los adelantos de la ciencia, +había cuidado de ocultársela. Hallábase, por tanto, la buena señora +ajena enteramente a la presencia del hombre primitivo en su domicilio, +cuando aquél se encargó de hacérsela notar en la forma más inconveniente +que pudo verse jamás. Una noche, atravesando el corredor de la casa con +una bujía en la mano, sintió que dos brazos peludos la agarraban por el +cuello, y unas uñas infernales se le clavaban en el rostro. La infeliz +pensó que el mismo demonio venía a arrebatarla. Dio un grito horrísono y +se le cayó la palmatoria de la mano. Cuando la gente de casa acudió +yacía en el suelo privada de conocimiento. El mono se balanceaba en lo +alto de una percha, revelando en su fisonomía expresiva la sublime +indiferencia que caracteriza a los seres no adulterados aún por ideas +metafísicas. + +Claro está que desde entonces no volvió a hablarse de él en la casa del +fisiólogo; es decir, sí se habló, y mucho, pero fue siempre para vejar +al ilustre antropólogo, quien por largo tiempo no pudo gozar de +tranquilidad a la hora de comer. + +Por fortuna, un suceso próspero vino a borrar aquella impresión fatal. +Ya sabemos que la hija menor de Sánchez, desde que perdiera su belleza +en aras de la ciencia, apenas pisaba la calle. Al café del Siglo no +había vuelto jamás. El desengaño de Godofredo al tiempo mismo que le +había herido la desgracia, no poco contribuyó también a dejarla en el +profundo abatimiento en que vivía. Silenciosa y melancólica la que antes +era todo ruido y alegría, parecía una sombra vagando por la casa. A +veces se la oía gemir. Su madre sacudía entonces la cabeza, terrible, +amenazadora como una euménida; el ingenioso Sánchez bajaba la suya, +sometiéndose a aquel castigo, pero satisfecho en el fondo de sus lóbulos +cerebrales de haber sacrificado una hija en el altar de la ciencia, no +en el del fanatismo metafísico. Si en aquellas negras horas de +desesperación todos sus pensamientos eran para el ingrato Llot, sin que +un vago e insignificante recuerdo mereciese la pasión de Timoteo, no es +fácil averiguarlo. Lo que sí puede afirmarse es que el violín de aquel +desgraciado joven seguía exhalando quejas melancólicas por la noche lo +mismo que en los tiempos de esplendor de su adorada. Para él no existían +quemaduras ni costurones; todo era como antes tersura, nácar y +alabastro; sus notas se arrastraban siempre lánguidas, voluptuosas, +enamoradas. + +En casa del fisiólogo nada se sospechaba del fondo sensual que +encerraban. Sánchez no podía reparar en tales futilezas. D.ª Carolina +iba poco por el café y estaba muy lejos de presumir que existiese en la +tierra tal desinteresado amor. Así que fue viva su sorpresa al recibir +un día la visita del artista en traje de ceremonia. La esposa del +antropólogo no estaba sola. Su hija Presentación bordaba a su lado cerca +del balcón. El artista avanzó con tan amable sonrisa que su boca se +dilataba de un modo imponente. + +--Buenas noches, D.ª Carolina... ¡digo no! Buenos días, D.ª Carolina; +buenos días, Presentacioncita. + +Inmediatamente el heroico joven quedó envuelto en una nube de lluvia +menudísima, de la cual por fortuna sólo algunas gotas vinieron a caer a +los pies de la buena señora. Después se creyó en el caso de refrenar el +vuelo de su fisonomía, dándole la gravedad apropiada al caso; pero tan +pronto como consiguió llevarlo a cabo, su boca volvió a dilatarse, +recobrando la posición anterior como un resorte que se suelta. Tornó a +cerrarla con esfuerzo y de nuevo volvió a soltarse, repitiendo la +operación algunas veces antes de pronunciar una palabra. Esto, unido a +cierto modo extraño y constante de sobarse las rodillas con la palma de +las manos como si estuviera dándoles fricciones de algún bálsamo +antirreumático, produjo en D.ª Carolina un movimiento de impaciencia que +procuró refrenar con su amabilidad característica. Al cabo rompió. + +--Señora, aquí Presentacioncita sabe perfectamente... + +Pero en el mismo instante la aludida se alzó bruscamente de la silla y +salió de la sala. El artista, detenido en los comienzos de su discurso, +la miró alejarse con sorpresa y dolor. + +Presentación, desde que perdiera su belleza, se había vuelto suspicaz, +recelosa; pensaba que todos se burlaban de ella. Ésta fue la razón de su +brusca partida. Imaginó que Timoteo, desdeñado en otro tiempo, venía a +gozarse en su desgracia y a satisfacer una miserable venganza. + +¡Cuán lejos se hallaba de la verdad! Lo que en aquel instante sentía el +corazón de Timoteo era idéntico a lo que vibraba en el alma de su +violín, todo lánguido, todo voluptuoso. + +--Señora, yo sé que soy un gusano indigno... + +Este comienzo no le pareció mal a D.ª Carolina y procuró dárselo a +entender con una sonrisa benévola. + +--Un gusano... eso es... + +--Vamos, Timoteo, cálmese usted. Le veo un poco agitado. + +--¡Cómo no he de estarlo, señora! ¡Cómo no he de estarlo si lo que me +pasa a mí!...--exclamó el joven apretando las rodillas con sus manos +crispadas. + +--¿Pero qué le pasa, criatura?--preguntó la señora con una entonación +que decía bien claro que lo sabía. + +--Ya sé que soy un indigno gusano... + +--¡Dale! ¡Cálmese usted, Timoteo, cálmese! + +--Yo venía con intención de hablar con usted, señora... pero ya no puedo +hablar... ¡no puedo hablar!--profirió con creciente agitación. + +D.ª Carolina le contempló un instante con sonrisa maliciosa y dijo al +cabo: + +--Pues yo voy a decirle a usted lo que usted tenía que decirme a mí. + +Timoteo la miró estupefacto. + +--Señora--venía usted a decirme,--yo sigo tan enamorado de su hija +Presentación como el primer día. A pesar de su desgracia la quiero con +todo mi corazón, porque mi cariño no se cifraba en la hermosura del +cuerpo, que es perecedera, sino en la del alma, que jamás muere. + +El violinista se puso horriblemente pálido. Alzose de la silla y comenzó +a dar vueltas por la estancia agitando el sombrero con frenesí. Todo su +amor, sus tristezas y anhelos, los pensamientos todos que ocupaban su +mente desde hacía tanto tiempo salieron de golpe en frases cortadas, +incoherentes, que resonaron lúgubremente en la sala como la confesión +de un reo en capilla. Pero venían envueltas en una nube tan espesa de +rocío que D.ª Carolina se vio precisada a apartarse más de una vez y +refugiarse por los rincones para no quedar completamente empapada. + +Al fin se dejó caer otra vez en la silla, rendido, aniquilado. D.ª +Carolina también se sentó y le contempló largo rato con mirada +chispeante de malicia. + +--¡Pícaro, qué bien me conoce usted!--exclamó dándole un pellizco. + +Timoteo clavó en ella una mirada de besugo atónito. + +--A usted no se le ha escapado el cariño con que siempre le he mirado. +Es una debilidad, una manía; nunca he podido remediarlo. Mis hijas me +tienen dicho un millón de veces: «¡Pero, mamá, no callas con Timoteo! ¿Y +qué le voy a hacer, hijas mías? El cariño no puede razonarse, y yo se lo +he tomado a ese muchacho. No digo a Presentación solamente: si diez +hijas tuviera y Timoteo me las pidiese, las diez le daría sin vacilar un +momento.» + +Aquella prueba poligámica de simpatía conmovió de tal manera al +violinista que se alzó de nuevo agitando el sombrero; pero D.ª Carolina +logró hacer que se sentase tirándole de la levita. + +Finalmente, el artista pidió con más humildad que ceremonia la mano de +Presentación, añadiendo que, si no lograba verse unido a ella, sus +medidas estaban ya tomadas, su resolución era irrevocable. Y no se +explicó más; pero bastaba y sobraba, atento el tono fúnebre con que +profirió tales palabras. Timoteo pensaba en divorciarse de la +existencia. + +D.ª Carolina adoptó inmediatamente un continente grave, protector, de +una importancia tal que el violinista comprendió que su vida estaba en +manos de aquella señora. Largo rato estuvo pensativa. Luego manifestó +que por ella todo quedaría arreglado en seguida. ¡Ah, por ella no había +dificultad alguna! Desgraciadamente era necesario consultar otras +voluntades: primero la de Presentación... + +La esposa del fisiólogo se levantó del asiento, tomó de la mano +gravemente al artista y le llevó consigo fuera de la sala. Timoteo se +dejó arrastrar presa de una emoción que le privaba por completo del uso +de sus facultades mentales y a medias del juego de las rodillas. +Llegaron al pasillo, y allá a lo lejos columbraron la silueta de +Presentación. Mas apenas los divisó ésta, corrió a refugiarse en su +cuarto, que cerró con un violento portazo. + +D.ª Carolina dirigió una sonrisa dulce al violinista, en cuyos ojos se +pintaba el espanto. + +--Presentación, abre--dijo aquélla llamando con los nudillos a la +puerta.--Timoteo necesita hablar contigo dos palabras. + +--Nada tiene que hablar Timoteo conmigo--respondieron de adentro. + +D.ª Carolina volvió de nuevo su fisonomía condescendiente hacia Timoteo, +dibujándose en ella otra dulce sonrisa. + +--Sí, hija mía, sí. Es una cosa seria lo que tiene que decirte. Abre. + +--Ni seria ni risueña: no quiero oír nada--repuso Presentación.--Que se +vaya. + +D.ª Carolina sonrió nuevamente y apretó la mano del violinista. Éste se +hallaba consternado. + +--Vamos, no seas terca. Abre, hija. + +--¡Que se vaya! ¡que se vaya!--repitió la joven con más fuerza. + +--Háblele usted por el agujero de la llave. No hay otro medio--dijo la +esposa del fisiólogo empujando a Timoteo. + +Éste bajó la cabeza y aplicó su boca húmeda a la cerradura. + +--¡Presentacioncita! Yo soy un indigno gusano... + +--¡Váyase usted! No quiero oírle. + +--Pero la adoro a usted con toda mi alma. Es usted desde hace mucho +tiempo la estrella confidente de mis amores, y adonde quiera que el +destino me arrastre bien puede estar segura que eternamente será mi +bandera, bajo la cual pelearé hasta derramar la última gota de mi +sangre... + +La voz del violinista, al pasar por el agujero de la llave, producía un +zumbido oscuro, lamentable, en el cual apenas podían percibirse las +palabras. Presentación no respondía. Sin embargo, la imagen expresiva +de la bandera y de la gota de sangre debieron de enternecer un poco su +corazón. Al cabo de un rato repitió por máquina y con menos fuerza: + +--Que se vaya... que se vaya. + +--Presentacioncita--aulló de nuevo Timoteo,--¡quisiera morir por usted! +Quisiera morir cuando el sol traspone los montes lejanos del horizonte, +cuando muere la luz entre celajes de ópalo y grana. Quisiera morir, y +sería feliz si supiese que en mi tumba solitaria vendría usted a +depositar algunas margaritas silvestres... + +Timoteo repetía los conceptos poéticos que más habían herido su +imaginación en la letra de los nocturnos y _canzonetas_ que tocaba. +Presentación guardó silencio. Al cabo de un rato aquél volvió a zumbar, +incurriendo en flagrante contradicción. + +--¡Presentacioncita, por Dios, no me deje usted morir así! + +Después de una larga pausa se oyó la voz de la niña que profería estas +notabilísimas palabras: + +--Mamá, haz lo que quieras. + +Inmediatamente Timoteo se sintió en los brazos de su futura suegra. +Pálido, trémulo, aniquilado de emoción, se dejó arrastrar de nuevo por +aquélla a la sala. + +¿Qué pasó allí? Apenas es necesario manifestarlo. D.ª Carolina dio +rienda suelta a su corazón magnánimo. Se mostró ante los ojos húmedos de +Timoteo, no con la apariencia desagradable que hasta entonces se había +visto precisada a adoptar, sino como lo que era en realidad, un tesoro +de indulgencia y generosidad. Media hora de conversación íntima bastó +para que Timoteo se viese tratado con la confianza y cariño de un hijo +mimado. No sólo aquella bondadosa señora dio su pleno consentimiento +para la boda, sino que ofreció su apoyo para vencer la única grave +dificultad que para ella se presentaba, la voluntad de su marido. D. +Pantaleón, el terrible D. Pantaleón, seguía pesando como una losa sobre +los deseos y aspiraciones de la familia. Aún más: D.ª Carolina llegó a +consentir que la llamase mamá cuando estuviesen solos, y le prometió +tutearle en el mismo caso. ¡Pero cuidado con que llegase a noticia de su +marido! No satisfecho su tierno corazón con esto, al despedirse, cerca +de la escalera, de su futuro hijo político le dio un beso maternal en la +frente. De tal modo que Timoteo bajó los peldaños tambaleándose de gozo, +no sin besar antes las manos de aquella adorable señora, derramando +sobre ellas un raudal de lágrimas y saliva. + +Los dioses no se fatigan jamás cuando quieren hacer a un mortal feliz o +desgraciado. Aún le tenían reservado a nuestro artista un nuevo triunfo +que saboreó al llegar a su casa. En ella le aguardaba el padre +Laguardia, más huesudo y más inquieto que jamás lo había sido. Timoteo +no le conocía más que de vista. Después de saludarle rápidamente, el +presbítero le preguntó con agitación: + +--Venía a que usted me dijese, si es que lo sabe, dónde vive actualmente +su amigo Llot. + +--¿Mi amigo Llot? + +--O su enemigo. Es igual. Dónde vive es lo que me importa averiguar. + +--Pues no lo sé, ni lo he sabido nunca. + +--¡Nadie! ¡nadie!--exclamó el clérigo terciando el manteo y comenzando a +dar vueltas por la habitación como un loco.--¡Nadie sabe dónde se +esconde ese pillo!... Porque es un pillo, ¿sabe usted?--añadió +encarándose con Timoteo ferozmente como si no esperase más que éste le +contradijese para arrojarse sobre él.--¡Un granuja! ¡un miserable! ¡un +estafador! ¡En cuanto le tropiece le piso la cara! + +--¡No puede ser!--dijo Timoteo inundado de gozo. + +--¿Que no puede ser?--chilló el cura abalanzándose a él y sujetándole +por la solapa de la levita.--¿Cree usted que yo no soy capaz de pisarle +la cara? + +--No es eso. Lo que yo quería decir es que me extrañaba que un muchacho +tan inocente, que parecía una palomita sin hiel... + +--¡Una palomita!--exclamó D. Jeremías sonriendo sarcásticamente.--¡Una +palomita!... ¡Un raposo!--profirió con grito horrísono.--Un raposo a +quien hay que cortar las orejas, a quien hay que desollar vivo. + +Y comenzó de nuevo a dar paseos agitados lanzando al mismo tiempo +tremendas imprecaciones. + +Al fin se dejó caer en una silla y se puso a contar lo que le pasaba. + +Godofredo le había ido sacando poco a poco y con diferentes pretextos +algunas cantidades, las cuáles sumaban a la hora presente seiscientas y +pico de pesetas, desapareciendo de la noche a la mañana. No era eso lo +peor. Lo verdaderamente infame es que se había valido de su nombre para +estafar una porción de dinero a algunos amigos: al cura de San Ginés +sesenta duros, al capellán de las Adoratrices cuarenta y cinco, al +excusador de San Millán diez y seis, etc., etc. Iba pidiendo estas +cantidades como si fuesen para D. Jeremías. Cuando presumía que no +bastaba la palabra, presentaba una carta falsificando la firma... +Además, había encargado un sin fin de misas por el alma de su madre, y +de toda su parentela, sin que jamás hubiese dado un cuarto a los +sacerdotes que las dijeron. Resultaba, en fin, debiendo y estafando a +todas las personas con quienes le había puesto en relación... + +D. Jeremías no podía estarse quieto mientras relataba tales infamias. Se +sentaba, se alzaba, paseaba, manoteaba, chillando al mismo tiempo como +un energúmeno. + +Timoteo sentía correr por sus venas un estremecimiento dulcísimo. A la +agitación y cólera que reflejaba el rostro del presbítero oponía su +semblante una placidez verdaderamente paradisíaca. + +Y más se acentuó esta expresión de beatitud celeste cuando vio salir a +D. Jeremías como un huracán, sin decirle adiós siquiera, gritando al +trasponer la puerta: + +--En cuanto le tropiece, no hay más, ¡le piso la cara! + + + + +XVI + + +Don Laureano Romadonga no era hombre que se dejase aprisionar fácilmente +por los artificios femeninos; que comprometiese el sosiego de su vida, +sus placeres, su independencia por una mujer, cualquiera que ella fuese. +Conocedor profundo de la existencia, había formado hacía mucho tiempo su +plan, y de él no se apartaba una línea. Sus días se deslizaban serenos, +risueños, libando voluptuosamente la corta cantidad de miel que sólo +proporciona este valle de lágrimas a los solterones ricos y sanos. + +Desgraciadamente la impetuosidad absurda de su última querida había +venido a turbar el curso sereno de estos días. Hacía ya algún tiempo +que el viejo seductor comprendiera que le convenía cortar estas +relaciones enfadosas. Si no lo ponía en práctica, como en casos +semejantes había hecho, no era por falta de voluntad, sino por el +temorcillo que la navaja de la chula había logrado inspirarle. No +obstante, después de la escena escandalosa del teatro, la separación +quedó resuelta en principio. Aunque por un refinamiento de hombre +gastado le placiesen para queridas las mujeres de genio vivo y hasta un +poco agresivas, los arranques de la hija del sillero rebasaban ya los +límites de lo tolerable. No era posible continuar. Sus planes sabios +corrían peligro de hundirse para siempre con aquella chiquilla violenta +y caprichosa. + +Era demasiado listo, sin embargo, para dejar traslucir sus propósitos. +Continuó en apariencia tan enamorado. Mantuvo a la Conchita en la +ilusión de ser su última y definitiva querida. Hasta le dejó entrever +algunos tenues y lejanos rayos de luz matrimonial. Mientras tanto, allá +en el fondo de su cerebro artificioso se elaboraba tranquilamente un +plan maquiavélico que iba a marchitar en flor tanta dulce esperanza. +Romper con la chula quedándose en Madrid era expuestísimo. Aunque +avisase a la policía, tenía la seguridad de que Concha le daba una +puñalada por la espalda. ¡La conocía bien! A aquella muchacha fiera y +escandalosa le importaba un bledo ir a presidio o a la horca con tal de +satisfacer su venganza. Era necesario escapar de Madrid. ¿Adónde? +Después de meditar varios días este punto, se decidió por París. Aquella +inmensa ciudad, emporio de todos los placeres, convenía admirablemente a +los fines interesantes que Romadonga perseguía en esta vida. Pasar el +invierno en París; desde allí, cuando viniese el verano, trasladarse a +Biarritz o San Sebastián; en el mes de Octubre, trascurrido ya cerca de +un año, regresar a Madrid. En todo este tiempo la hija del sillero le +olvidaría, hallaría otro acomodo, desaparecería de Madrid. ¿Quién sabe +lo que podía suceder? + +Resuelto, pues, a llevar a cabo el proyecto, comenzó sigilosamente a +hacer sus preparativos. Vendió los coches y los caballos, giró a la +capital de Francia dinero, envió a su criado por delante con los objetos +necesarios, hizo la maleta; y una tarde se metió cautelosamente en un +coche del Sud-exprés y huyó de Madrid sin dar cuenta a nadie de su +viaje. Una hora antes había estado en casa de su querida. Con sarcasmo +mefistofélico pasó largo rato hablándole de planes para lo porvenir, +prometiendo llevarla pronto a vivir consigo y viajar con ella algunos +meses y comprarla una magnífica cama que juntos habían visto en un +escaparate de la calle de Alcalá. Estuvo jocoso y seductor como nunca. +Al despedirse le dijo que vendría de noche a buscarla para ir a un +teatrito por horas, y que estuviese ya vestida y no se hiciese esperar. +La sonrisa cruel que plegaba sus labios al bajar la escalera inspiraba +frío y miedo. + +¡Pobre niña! ¡Cuán ajena estaba del pensamiento que bullía en la mente +de aquel hombre egoísta, sin entrañas! + +Mientras corrió el tren por los campos de España, todavía la imagen de +la chula venía de vez en cuando a turbar su espíritu. Pero en cuanto +atravesó la frontera se le borró por completo. Al llegar a París buscó +un cuartito amueblado en lo más céntrico; alquiló coche, compró caballo, +se hizo socio de dos clubs aristocráticos y comenzó a hacer la vida a +que sus convicciones filosóficas le arrastraban. De tal suerte, que a +los quince días se encontraba infinitamente mejor que en Madrid, y +principiaba a sospechar que no sólo aquel invierno, sino todos los que a +Dios pluguiere concederle, iba a pasar en aquella hermosa capital. + +La existencia de Romadonga se deslizaba serena, feliz, egoísta como la +de un dios, viviendo únicamente para sí y contemplando con augusta +indiferencia los dolores y las alegrías de los otros. Excusado es decir +que el sol que más iluminaba y amenizaba aquella existencia era la +mujer. Pero no una mujer determinada; la mujer en general; hoy una, +mañana otra. Después de paladear la fruta hermosa, pero un poco +insípida, de las burguesas madrileñas y morder en la guindilla de las +chulas, las cortesanas parisienses, tan elegantes, tan ingeniosas y +cultas, le parecían un bocado exquisito. Y hay que confesar que supo +aprovecharse. En poco tiempo fue popularísimo entre ellas. Le llamaban +riendo el _fidalgo español_. Su carácter frío, su ingenio reconocido y +el cinismo con que se expresaba logró dominarlas. Hasta el exagerado +acento extranjero contribuía a dar más gracia a sus frases insolentes en +el fondo y correctas en la forma. + +Gozando de más libertad que en Madrid, con gozar aquí mucha, tan pronto +se le veía con una dama del brazo como con otra, creyendo a puño cerrado +que la Naturaleza sólo es bella por su rica variedad. A ciertas horas +del día hallaríasele invariablemente paseando por los boulevares con el +cigarro en la boca balanceando su esbelta figura entre la muchedumbre; +dirigiendo su mirada atrevida, escrutadora, a las bellezas que cruzaban +cerca, inclinándose a un lado y a otro para ver mejor; a veces teniendo +el paso y siguiéndolas con la vista largo rato. + +--Es guapa esa barbiana, ¿verdá tú? + +Romadonga sintió un escalofrío mortal correr por sus venas. Volvió el +rostro espantado y se encontró con la mismísima Concha. Instintivamente +puso las manos por delante. + +--¡No seas tan jindamón, hombre!--profirió la chula con voz ronca, +apoyándose en cada sílaba y mirándole de arriba abajo con ojos torvos, +despreciativos.--¿No ves que soy una mujer? + +La vergüenza hizo que volvieran los colores a las pálidas mejillas del +_fidalgo español_. + +--Es que tú no eres una mujer como otras... ¡Ya lo creo, caramba!... +¡Pues si me descuido, caramba! + +--¡Ya lo creo! ¡Si te descuidas, caramba!--exclamó haciendo burla la +chula. + +En verdad que Romadonga estaba descompuesto y aturdido que daba lástima. + +--Si te descuidas, ¡na!--prosiguió Concha.--El día que se me meta en el +moño te clavo el corazón, con cuidao o sin él... ¿Qué te has figurao, +viejo silbante, que después de lo que has hecho conmigo me ibas a tirar +a la barredura, como un papel sucio?... ¡Ja, ja!... Que se te quite, +infeliz. + +El traje, la actitud y la voz de la chula habían hecho pararse a algunos +curiosos. D. Laureano, avergonzado y alentado al mismo tiempo, exclamó +irguiéndose: + +--Vaya, vaya, déjame en paz y sigue tu camino. Nada tengo que partir +contigo. + +--¿Nada tienes que partir conmigo, malvao? Y la criatura que he dejao en +Madrid ¿es la punta de un cigarro que tiras a la calle cuando empieza a +quemarte, verdá tú? Y mi honra es otra colilla ¡puf! que se escupe y no +se vuelve a mirar... Aquí tienen ustedes un hombre, señores (volviéndose +a los circunstantes, que no entienden una palabra y contemplan +asombrados la escena). ¿Ven ustedes este viejo baboso, que tiene más +años que Matusalén, más pintao que un monumento y más perfumao que una +corista? Pues este tío ha conseguío chalarme no sé por qué... por la +labia, por la fachenda, por las mentiras... en fin, por lo que a ustedes +no les importa. Y luego que me ha visto chalá, y me ha deshonrao, y me +ha tenío tres años sujeta como una mona, de la noche a la mañana y sin +decir «agur Conchita,» se escapa a París, y ¡venga juerga con las +suripantas!... ¡Qué bonito! ¿verdá ustedes?... Pero como yo soy hija de +mi padre y de mi madre, y no hay más que una vida que perder, y de mí no +se ha reído ningún roío dao por tal como éste, a este tío asqueroso +nadie le mata más que yo, ¿saben ustedes? + +D. Laureano vio un agente de policía acercarse y, envalentonado, se +atrevió a decir con tono despreciativo: + +--Anda, anda, sigue tu camino, que todo lo que te he quitado te lo he +pagado en buenos billetes de Banco. + +Los ojos de Concha relampaguearon como los de una pantera. + +--¿Dinero por mi honra, canalla?--gritó en el paroxismo de la cólera. + +Y llevándose la mano al seno, sacó rápidamente una navaja de grandes +dimensiones, la navaja de marras. Pero en aquel instante las manos del +agente la sujetaron por detrás, D. Laureano retrocedió más pálido que la +cera. + +--Déjenme ustedes que saque las tripas a ese infame--gritaba la chula +tratando de desasirse. + +Pero al volver la cabeza para ver quién la sujetaba, quedose +repentinamente inmóvil. + +--¡Un guindilla! Está bien. Tome usted--dijo entregándole la navaja +tranquilamente; luego, subiéndose el mantón y apretando el nudo del +pañuelo, añadió:--Lléveme usted a la cárcel. + +Y volviéndose a Romadonga en una actitud fría, desesperada, que +inspiraba miedo y lástima al mismo tiempo, con terrible calma dijo: + +--No tardaré en salir. Te juro por la salud de mi hijo que pronto +tendrás noticias mías. Cuando recibas el golpe, si tienes tiempo a +pensar, ya sabes quién te lo ha dado. + +Estas palabras desgarraron el corazón magnánimo de D. Laureano. La vida +es dulce a todos los mortales, pero muy especialmente lo era para aquel +hombre venerable. Recibir una puñalada por la espalda sin aviso de +ninguna clase, le era profundamente desagradable. Así que, antes de que +el policía llevase consigo a Concha, se dirigió a él y, en francés +chapurrado, le manifestó que aquella señora era su esposa y que le +hiciese el favor de soltarla. + +Esto fue lo único que comprendió el círculo de curiosos que les rodeaba. +La noticia causó sorpresa y no poca risa. El agente no se avino a ello +sin llevarlos a ambos antes a las oficinas de la policía. Entonces +Romadonga, con la galantería propia de un fidalgo español, ofreció el +brazo a la chula y se fueron escoltados por el guardia. La muchedumbre +aplaudía riendo. + + + + +XVII + + +Mario llegó a ser un escultor distinguido. Llovieron las demandas de +obra en su estudio. Bustos, estatuas, jarrones, mausoleos, todo lo +trabajó con gloria y provecho. Comenzó a ganar sumas considerables. + +Alquilaron un buen cuarto en la calle Mayor, cerca de la de Ramales, +donde sus padres habitaban. Vivieron con desahogo, hasta con lujo; pero +sin despilfarro. El ingenioso Sánchez y D.ª Carolina andaban un poco +apurados de dinero por los gastos del primero en publicaciones, +instrumentos científicos, excursiones, etc, etc. Carlota los protegía. +Pero a Mario le parecía siempre poco lo que les daba. Era tan infeliz +aquel muchacho, que cuando doña Carolina venía a llorarle alguna +lástima, por su gusto le entregaría todo el dinero que había en la casa. + +--¿Para qué necesitamos nosotros tanto?--decía a menudo a su esposa. + +--Para nuestro hijo y para los que puedan venir--respondía Carlota. + +Mario le apretaba la cara con entusiasmo. + +--Lo que yo pido para mi hijo--exclamaba--es que le gusten las artes y +encuentre una mujer como tú. ¡Entonces vale la pena el haber nacido! + +El pequeño Mario tenía ya cerca de cuatro años. Era un niño fresco, +sonrosado, con grandes ojos suaves y límpidos y una boca de cereza +plegada siempre por sonrisa angelical. El escultor le adoraba con +frenesí por ser su hijo y además porque era un retrato en miniatura de +Carlota. La misma dulzura en la mirada, la misma apacibilidad, la misma +igualdad de humor. Cuando aquélla quería que su marido descansase, no +tenía más que enviar al niño al estudio. Mientras estuviese allí tenía +la certeza de que Mario no tomaría los palillos o el cincel en la mano. + +Todo sonreía, pues, a la familia del célebre antropólogo, el cual no +cesaba un instante en sus indagaciones preparando a sus descendientes +gloria inmortal. + +El descubrimiento del origen del pensamiento, aunque no realizado +todavía, se hallaba en camino. Últimamente, D. Pantaleón había levantado +la tapa de los sesos a un perro, y por espacio de algunos segundos pudo +observar el juego de su mecanismo cerebral. Por desgracia, el perro +falleció al instante. Sólo ligerísimos apuntes sacó para el famoso +descubrimiento. Pero estos apuntes fueron agua preciosa para su molino. +El insigne fisiólogo vio hasta cierto punto comprobadas sus felices +adivinaciones. En el corto tiempo de que dispuso observó que la sangre +de la masa encefálica cambiaba de color en diferentes sitios, tornándose +unas veces más clara, otras más oscura. Era, pues, exacto que la +fabricación del pensamiento debía de semejar bastante a una +_destilería_, como él había presumido. + +Una contrariedad de otro orden vino a perturbar momentáneamente el curso +de estas indagaciones. El matrimonio de su hija Presentación iba a +llevarse pronto a efecto. Timoteo entraba a todas horas del día en la +casa y era considerado ya como un hijo más. Se hacía el equipo, se +amueblaba un cuarto en sitio próximo, se arreglaban los papeles. Mas he +aquí que un día, al bajarse Timoteo para recoger un corcho que se había +caído al suelo, vio don Pantaleón en su cuello una mancha encarnada que +al punto le pareció de carácter herpético. Nada dijo por entonces. +Procuró con maña cerciorarse. Pronto logró averiguar que Timoteo, en +efecto, padecía de herpetismo. El fisiólogo comprendió que era de todo +punto imposible la realización de aquel matrimonio. + +Por la noche, hallándose a solas, se lo hizo entender así a su esposa +con la debida suavidad: no habría exageración en decir timidez. Expuso +las razones que tenía para hallar tal unión desacertada, todas +rigorosamente científicas y basadas en los últimos progresos de la +antropología. El herpetismo significaba una degradación física como +todos los vicios de la sangre. Nosotros estamos obligados no tan sólo a +no contrariar la selección natural, sino a favorecerla por cuantos +medios podamos. Debemos evitar a todo trance que procreen los seres que +no estén perfectamente sanos si queremos que la raza vaya siempre +mejorando, etc. + +D.ª Carolina no hizo caso alguno de estas observaciones. Antes tomó pie +de ellas para vejar al fisiólogo, maldiciendo de sus aficiones y +recordándole con pesadísimas palabras las quemaduras de su hija. +Insistió a los pocos días con idéntica suavidad. Nada. La esposa +respondió aún con más acritud y desprecio. Entonces, viendo que sus +esfuerzos eran inútiles para impedir aquel matrimonio rechazado por los +progresos biológicos, se le declaró una tristeza negra que le privaba +del apetito y del gusto por la experimentación. Esta gran melancolía +hizo crisis a los pocos días con una extraña explosión que puso en +espanto a toda la familia. + +Pasando una mañana Timoteo desde la sala al comedor, D. Pantaleón, que +al parecer estaba apostado en uno de los cuartos del pasillo, se arrojó +sobre él de improviso, le echó las manos al cuello y hubiera concluido +probablemente por estrangularle si al ruido no hubiera acudido la gente +de casa. A duras penas consiguieron arrancárselo de las manos. Todavía, +sujeto por Mario, Carlota, D.ª Carolina y la criada, gritaba como un +energúmeno, los ojos inyectados, el semblante descompuesto: + +--¡No se casará usted con mi hija, no! ¡Yo lo impediré aunque sea a +costa de mi sangre!... En mi casa no atacará nadie impunemente la ley de +la selección... ¡Vergüenza había de darle, con los caracteres orgánicos +que usted presenta, intentar un matrimonio que ha de ser funesto para la +raza!... Yo no quiero una descendencia degradada... ¿Lo oye usted +bien?... ¡No la quiero! + +La excitación fue tanta que al fin cayó privado de conocimiento, +echando espuma por la boca. + +Recobró al poco rato el sentido; estuvo enfermo algunos días; al cabo +curó por completo sin que el ataque hubiese dejado rastro alguno como se +temía. La boda de Presentación se realizó sin ningún otro incidente +desagradable. Todo volvió a quedar en paz. + +Mario y Carlota no dejaban de aprovechar los momentos que aquél tenía +libres para solazarse, unas veces yendo a paseo, otras al teatro, otras, +en fin, comiendo en los _restaurants_. Era tanto lo que se placía el +escultor en estos festines matrimoniales que Carlota consentía en ellos +de buen grado, aunque no le gustasen por espíritu de orden y economía. + +Una de las pocas amigas que tenía vino un día a invitarla para asistir a +cierta comedia casera. Esta amiga era a su vez invitada, pero tenía +libertad para llevar a quien quisiese. Consultó el caso con su marido. +Hallolo bien Mario y aun prometió acompañarlas si alguna ocupación +urgente no se lo impedía. Como era domingo el día señalado, y por la +tarde, no hubo inconveniente. Ambos se fueron, pues, de bracero a +buscar a la amiguita y de allí a la calle del Amor de Dios, donde estaba +la casa en que la representación iba a efectuarse. Era un edificio bajo, +antiguo, bien conservado, de un solo piso, en el cual vivía únicamente +su propietaria, una señora viuda con dos hijas solteras, un hijo y una +nieta de catorce a quince años. Desde que se ponía el pie en el portal +se observaba el espíritu religioso, la economía y la limpieza que +reinaban en aquella casa. Los muebles de la antesala eran feos y +antiguos, pero brillaban por el frote de la bayeta y el cepillo. En uno +de los ángulos había un pedestal con una Purísima de yeso, pintada. Los +pasillos amplísimos y enjalbegados como los de un convento. + +Pasaron a un gabinete donde había ya reunidas bastantes personas y donde +la señora de la casa los recibió con amabilidad grave y protectora. Era +una dama extremadamente alta, de bastantes años, enjuta, con ojos negros +de mirar imponente, los blancos cabellos pegados a la frente con goma. +Vestía de negro y estaba sentada en un elevado sillón de cuero, +mientras que todos los demás se hallaban acomodados en sillas más bajas. +De suerte que D.ª Fredesvinda, que así se llamaba, parecía una reina +rodeada de su corte. Y ciertamente, la pausa con que hablaba y la +majestad de sus ademanes contribuían bastante a hacer la semejanza más +perfecta. Las dos hijas solteras que se encontraban en el círculo de los +tertulios pasaban ya de los treinta, y vestían el traje con que iban a +representar, lo mismo que la nieta. Estaba también el padre de ésta, +viudo, hijo de la señora, y que no habitaba la casa porque sus +costumbres independientes no se compadecían con el régimen austero que +allí se observaba. + +D.ª Fredes era aficionadísima a la literatura, a la música y en general +a todas las artes; se creía muy competente, y sus tertulios asiduos la +creían también. Reuníanse en aquella casa los domingos varios poetas y +poetisas, alguna de las cuales tocaba asimismo el piano. Solía ir un +pintor de marinas que había presentado algunas en distintas +exposiciones, sin que hasta la fecha le hubiesen dado recompensa +alguna. D.ª Fredes juzgaba esto una de las grandes injusticias del siglo +diez y nueve. Para ella, Martínez, que así se llamaba el pintor, era uno +de los artistas más eminentes que hubiese producido la España +contemporánea. Con lo cual dicho se está que D.ª Fredes era para +Martínez el más profundo de los críticos actuales. Era igualmente +tertulio un profesor de flauta que había compuesto y publicado varias +tandas de valses, una de las cuales había tenido el honor de dedicar a +aquella señora. No quedaba sin representación, pues, más que la +escultura. Por eso Mario fue acogido con extraordinaria benevolencia. + +Inmediatamente, lo mismo él que Carlota, a una señal, mitad amable mitad +imperiosa, de la notabilísima señora, fueron a sentarse, formando como +los demás círculo en torno de ella. Pasados algunas instantes se dignó +dirigirle desde su alto sitial las siguientes palabras: + +--Ha llegado a mis oídos, Sr. Costa, que es usted un escultor muy +distinguido. Tengo verdadero placer en verle en esta casa, por donde +tantos artistas eminentes han pasado y pasan todos los días. + +Tan benévolas palabras, pronunciadas con extraordinaria calma y firmeza, +produjeron en el auditorio emoción respetuosa. Todos los rostros se +volvieron hacia Mario, felicitándole con la mirada por ser objeto de +ellas. El escultor dio las gracias sin parecer tan sensible a la honra +que se le dispensaba. + +Después de algunos momentos de silencio D.ª Fredes volvió a tomar la +palabra con idéntica calma y majestad. + +--La escultura es un arte muy bella. Sé que los griegos la han cultivado +con mucho lucimiento. Pero yo no puedo aprobar de ningún modo que +presenten sus estatuas desnudas. Ésta es mi opinión y la he expresado ya +en varias ocasiones, como alguno de los que me escuchan sabe +perfectamente. + +Hubo un murmullo de aprobación en el gabinete. El profesor de flauta +apuntó tímidamente que, en efecto, él conocía la opinión de D.ª +Fredesvinda hacía ya mucho tiempo. Ésta le dirigió una mirada grave y +afectuosa. + +Mario iba a contestar, pero ya D.ª Fredes, cumpliendo un deber de +cortesía, había convertido la atención a otro asunto. + +--Recareda--dijo volviéndose a una de sus hijas,--enseña el pañuelo de +que hemos hablado el domingo pasado a tu amiga Marcela. + +La hija, que era ya una mujer bien ajada, próxima a los cuarenta, se +apresuró a cumplir la orden sacando de un estuche que descansaba sobre +la chimenea un pañuelo de narices bordado. Elogiolo su amiga con +entusiasmo; después lo hizo pasar de mano en mano, recibiendo de todos +las mismas alabanzas. Cuando volvió de nuevo al estuche, doña Fredes +dijo: + +--Este pañuelo fue bordado por mi hermana Práxedes, que Dios haya. +Cuando lo estrenó en un baile del Círculo de Cosecheros, llamó tanto la +atención, que se supo en Palacio al día siguiente. La reina envió por él +para verlo y quiso que se le hiciese otro igual. No fue posible. Ninguna +bordadora de Madrid osó comprometerse a ello. + +Las palabras de D.ª Fredes produjeron, como siempre, un efecto inmenso +en la tertulia. + +Mario y Carlota estaban asombrados de todo aquello. La majestad de la +señora, el aparato de que se rodeaba y las ideas extrañas que salían de +su boca les hacía mirarse de vez en cuando llenos de estupor. Pero tanto +y más que esto les impresionaba el respeto profundo que todos los +tertulios la tributaban. De tal modo que, cuando por el gesto se conocía +que iba a hablar, inmediatamente quedaba todo en silencio. Mientras +permanecía callada, charlaban unos con otros, pero siempre en voz baja, +como si se hallasen en un templo o en la misma cámara real. Sus hijas +Recareda y Valeria, jamonas de alto bordo, se mostraban ante ella tan +respetuosas, tan obedientes y sumisas como niñas de diez años; y lo +mismo su hijo viudo, lleno de canas. Un gesto, una mirada de su madre +bastaban para paralizarlos cuando estaban hablando. Y si no sucedía +tanto con los demás tertulios, algo se aproximaba. Todos parecían tener +fe ciega en las altas disposiciones de aquella señora singular y +reconocían de buen grado su autoridad. + +En el gabinete no había lujo. Los muebles y el decorado no acusaban gran +riqueza, sino el mediano bienestar de una familia burguesa. Pero todo +ello tenía un sello de antigüedad y de orden que lo hacía más respetable +que el suntuoso decorado de un palacio moderno. La autoridad indiscutida +de D.ª Fredesvinda parecía reflejarse en las paredes de la estancia. + +Habiendo quedado ésta en silencio algunos instantes, un jovencito +escuálido, de pelo rubio y ojos tiernos, se atrevió a levantarse, y con +voz turbada pidió permiso a D.ª Fredesvinda para leer una poesía que +había escrito en su honor. Concedióselo la señora con ademán soberano, y +acto continuo el poeta sacó del bolsillo interior de su levita un pliego +de papel de barba que desdobló con mano temblorosa. No se oía en el +gabinete una mosca. + +«A la esclarecida señora D.ª Fredesvinda Bejarano.» + +Era una oda en que se la ensalzaba hasta las nubes, presentándola como +una protectora de las bellas artes, una nueva Cristina de Suecia. Los +artistas se amparaban bajo su manto; hallaban en ella la mano que los +sostenía y la luz que los guiaba. En torno suyo juntábase lo más selecto +que el arte español había producido en los últimos tiempos, formando un +divino cenáculo sólo comparable al que la reina de Navarra presidía allá +en los tiempos de la Edad Media. + +Mientras el poeta de los ojos tiernos dejaba escapar de su boca esta +cascada de elogios, D.ª Fredesvinda, grave y atenta, hacía con la cabeza +signos de aprobación: el gesto era tan benévolo, tan protector, que es +imposible que su émula la reina de Suecia fuese más allá en este punto. +Al terminar, después de unos momentos de pausa, extendió la mano y tuvo +a bien expresarse de este modo: + +--La poesía que usted nos acaba de leer, Juanito, es bellísima como todo +lo que brota de su privilegiado ingenio. Creo que ni Bécquer ni +Garcilaso de la Vega han escrito nada mejor. + +Fue la señal para que todos los tertulios felicitasen calurosamente al +joven escuálido, el cual, ruboroso, confuso, sonriente, daba las +gracias haciendo mil contorsiones, manifestando repetidas veces que no +por su mérito, sino porque el asunto se prestaba admirablemente, «la +poesía había resultado regular.» + +--Si usted no tuviese inconveniente en ello--manifestó D.ª Fredes +dirigiéndose al poeta,--le rogaría me dejase el manuscrito de esa poesía +para guardarlo en mi colección de autógrafos y firmas ilustres. + +El poeta, confundido por tamaña honra, avanzó tropezando hasta el trono +de D.ª Fredesvinda y depositó en sus manos el pliego de papel de barba. +La imperial señora lo alargó inmediatamente a su hija Recareda y ésta se +apresuró a llevarlo con la misma unción que si fuese una reliquia a la +caja donde su madre guardaba los manuscritos más preciosos. + +--Mi colección de autógrafos--se dignó decir la señora, paseando su +mirada imponente por el concurso--es acaso la más rica que hoy existe en +Europa. Exceden de seiscientas las firmas de poetas españoles +contemporáneos que poseo. No hace muchos días que un amigo me decía +que, si se tratase de ponerla en venta, el gobierno inglés me daría por +ella una suma fabulosa. + +Los tertulios dejaron escapar un grito reprimido de admiración. Luego en +voz baja se autorizaron mil comentarios lisonjeros que llegaban a los +oídos de D.ª Fredes y la arrullaban dulcemente. Un muchacho músico, +discípulo del profesor de flauta, se atrevió a manifestar que sería +lástima que tal preciosidad saliese nunca de los dominios españoles. D.ª +Fredes le miró con indulgencia y respondió que aunque se viese en la +miseria jamás enajenaría al extranjero esta gloriosa colección. Con lo +cual respiró libremente la tertulia. Se la felicitó calurosamente por su +desinterés y patriotismo. + +Mario se había hallado en bastantes tertulias de todas clases, pero +jamás viera una que se pareciese remotamente a la presente. Su asombro +iba creciendo cada vez que la señora de la casa tomaba la palabra. Todo +lo que oía y veía era tan estrambótico que le parecía no estar en la +realidad, sino asistiendo ya a la comedia. + +El gabinete iba quedando en tinieblas. Doña Fredes dio orden de que se +encendiesen las luces y que se iluminase también el salón donde se había +colocado el escenario. Las damas que debían tomar parte en la +representación, entre ellas las dos hijas de la casa, Recareda y +Valeria, salieron para concluir de arreglarse; su nieta Medarda, que +según se decía en la tertulia era un portento y estaba destinada a +eclipsar a todas las actrices españolas, lo mismo. Acudía cada vez más +gente; no cabiendo en el gabinete, andaba distribuída por los pasillos y +el comedor. Se aproximaban la cinco, hora en que debía de comenzar la +función. + +D.ª Fredesvinda apretó con sus manos venerables los brazos del sillón, a +inclinándose un poco para hablar, reinó silencio en la estancia. + +--Ha llegado a mi noticia--manifestó con voz solemne--que en Madrid se +ha dicho que yo hacía descansar todo el peso de las representaciones +sobre mi nieta Medarda, lo cual podría causarle fatiga por ser aún muy +niña. Para evitar estos comentarios desfavorables he determinado que en +la comedia de hoy tomen parte principal mis dos hijas y lo mismo +sucederá en las representaciones sucesivas. + +Este discurso lleno de prudencia causó viva impresión en la tertulia. El +poeta de los ojos tiernos tomó la palabra a nombre de todos y manifestó +sin ningún rodeo que sólo desprecio merecían tales rumores y que al +vulgo en general le gusta zaherir a las personas elevadas. Los demás +hicieron coro al poeta; pero D.ª Fredesvinda se mantuvo inflexible. Sus +hijas, de allí en adelante, trabajarían tanto como su nieta. + +En aquel instante, mirando Carlota hacia la puerta, creyó ver cruzar por +el pasillo unas barbas y unas gafas muy semejantes a las de Moreno. Su +duda se desvaneció al instante oyendo a D.ª Fredesvinda llamar en voz +alta: + +--¡Adolfo!... ¡Adolfo! + +--No puedo ir ahora--contestó éste desde el corredor sin dar la cara. + +--¡Soy yo quien te llama, hijo!--profirió la señora irguiendo +altivamente la cabeza. + +Todavía tardó aquél en aparecer. Al fin se presentó y cruzó el gabinete +tan confuso que bien se notaba que había visto a Mario, por más que +afectase otra cosa. + +--¿Qué tenías que hacer, hijo?--le preguntó la señora con acento +altanero. + +Moreno balbuceó una disculpa ininteligible. Doña Fredes le miró un buen +espacio con fijeza y severidad. Al cabo dijo: + +--Todavía no te he presentado a unos señores que han venido hoy por +primera vez a esta casa, los señores de Costa... Mi hijo menor +Adolfo--añadió presentándolo a Mario y Carlota. + +--¡Ah! ¿Eres tú, Mario?... ¿Y usted, Carlota?--exclamó el joven +antropólogo fingiendo sorpresa y con un semblante tan colorado que daba +miedo. + +Mario, reprimiendo a duras penas la risa, le saludó afectuosamente, y lo +mismo su esposa. + +--¿Conque se conocen ustedes?--preguntó la augusta señora. + +--¡Muchísimo!--respondió el escultor--. Somos íntimos amigos hace +bastante tiempo. + +Doña Fredes dirigió una mirada de sorpresa a su hijo. + +--¿Y por qué no me has dicho que tenías por amigo a un artista de tanto +mérito? + +Moreno comenzó a murmurar cosas extrañas, tan agitado y descompuesto que +verdaderamente inspiraba lástima. Sus mejillas parecían de escarlata. +Mario temió que le fuese a dar un ataque. + +Al fin vino a sacarle de aquel purgatorio su hermana Valeria llamándole +para que fuese a arreglar un bastidor del teatro que se había caído. + +Doña Fredes entonces hizo que Carlota y Mario se sentasen cerca de ella +y comenzó a hablarles de su hijo menor con la misma gravedad solemne que +empleaba para todo. Observábase, no obstante, cierta satisfacción y una +alegría que les hizo colegir que Adolfo era su predilecto. Se mostró muy +contenta de aquella amistad que les ligaba y esperaba que jamás se +entibiaría. + +--Por parte de mi hijo me parece que no sucederá--añadió--. Es un +infeliz, un pobre chico incapaz de ofender a nadie. Peca gravemente el +que le infiera daño alguno. De todos mis hijos ha sido siempre el más +cariñoso y el que me profesa más respeto. Sus hermanas le motejan +constantemente, le llaman holgazán a hipócrita y dicen que me tiene +embaucada. Esto me causa bastantes pesadumbres. Yo creo más bien que son +ellas las que están prevenidas contra él y que le buscan defectos. +Hipócrita no lo es. Holgazán, convengo en ello. Emprendió varias +carreras y ninguna ha llegado a concluir; de suerte que hoy se encuentra +el pobre sin profesión alguna y viviendo a expensas de su familia. Pasa +la vida azotando las calles o leyendo allá en su cuarto libros de +medicina. ¡Ya ve usted! ¿Para qué quiere él esos libros sin ser +médico?... Pero yo no puedo estar dura con él aunque me lo proponga. Es +tan obediente, tan sumiso, que me desarma. Un niño de seis años no +estaría más sujeto que él a mi voluntad. Por supuesto que no abuso de +este dominio. Le dejo toda la libertad compatible con las costumbres de +la familia. Le tengo ordenado que a las siete venga a rezar el rosario +conmigo. Pues hasta ahora no recuerdo que haya faltado un solo día. Por +la noche le permito que vaya con sus amigos hasta las doce, salvo los +domingos en que recibimos, o los días en que rezamos alguna novena. +Jamás se ha quejado ni me ha contradicho en nada. + +Mario y Carlota se hallaban tan admirados, que apenas podían creer lo +que oían. Todavía estaba D.ª Fredes loando la obediencia de Adolfo +cuando vinieron a avisar que eran las cinco y los actores se hallaban +preparados. La egregia protectora de las letras y las artes dio la señal +y descendió gravemente de su trono: pidió el brazo a Mario y salió +majestuosamente de la estancia seguida de sus adeptos. + +Tocoles un buen sitio a aquél y a su esposa para ver la comedia, que era +del género llorón; mas apenas lograron fijarse en ella, preocupados con +el descubrimiento que habían hecho. Como tenían cerca a D.ª Fredesvinda +no podían comunicarse las alegres ideas que cruzaban por sus cabezas, y +sólo se desahogaban dándose codazos y pisotones. Más de una vez tuvieron +que apretarse la boca para no dar suelta a las carcajadas que les +retozaban por el cuerpo. Por mucho que hicieron no lograron volver a +echar la vista encima en toda la noche a Adolfo. El feroz materialista, +el producto bravío de la Naturaleza en lucha eterna con la sociedad, sin +duda se había escondido entre bastidores. + +Pero cuando al fin salieron de aquella casa y se vieron solos en la +calle, ¡entonces sí que rieron a su gusto! Cada cual recordaba una frase +patibularia de Moreno, alguna de sus maldiciones y amenazas contra el +orden religioso y político. De este modo las carcajadas fluían sin +cesar. Mario se dejaba caer contra los quicios de las puertas y se +quitaba el sombrero y se apretaba el estómago para no reventar de risa. +Casi otro tanto le pasaba a Carlota. Ambos repetían a cada instante: + +--¡Dios mío, lo que se va a reír Rivera! + +De esta suerte caminaron alegremente la vuelta de su casa. Pero al +llegar cerca de la Puerta del Sol Carlota se puso repentinamente seria, +como si un soplo de viento helado cruzase por su alma, y exclamó: + +--¡Mucho me he reído hoy, Mario! Tengo miedo que me suceda algo malo. + +--¡Qué superstición! No seas tonta, mujer--respondió el escultor sin +dejar de reír. + +¡Pobre Mario! El tonto lo era él en tal instante. El corazón femenino +mantiene, sin duda, más estrechas relaciones que el masculino con las +fuerzas magnéticas que obran secretamente en el seno de la Naturaleza. + +Cuando hubieron andado buen trecho por la calle Mayor, donde vivían, +cruzaron a su lado sin verlos Vicenta y Encarnación, doncella y niñera +respectivamente de su casa. Marchaban en tal estado de agitación que los +esposos se detuvieron sorprendidos y recelosos. + +--¡Vicenta! + +Las domésticas tuvieron el paso, y al verles, el miedo y el dolor se +pintó en sus semblantes. + +--¡Ay, señoritos del alma!--exclamaron casi a un tiempo las dos. + +--¿Qué ocurre?--preguntó Mario petrificado de terror. + +--¿El niño?... ¿un coche?...--gritó Carlota sacudiendo a la niñera por +el brazo. + +--No, señorita... no le ha atropellado ningún coche. Se ha perdido. + +--¡Búsquenlo ustedes! ¡búsquenlo!--gritó a su vez Mario +desesperadamente. + +--Hace tres horas que lo estamos buscando, señorito--respondió +Encarnación rompiendo a sollozar. + +Vicenta explicó el caso. Su compañera no acertaba a hablar. Ambas habían +ido con el niño al Retiro, permaneciendo allí toda la tarde. El chico se +divertía con otros junto a la fuente de la Alcachofa, mientras ellas +charlaban con las demás niñeras sentadas en un banco. Los chicos se +escapaban de vez en cuando corriendo hasta cierta distancia, como +siempre; pero a una voz que les daban volvían a la plazoleta. Pues +cuando se acercaba el oscurecer, al llamarlos para irse a casa, se +encontraron con que no parecía el pequeño. Llamaron a gritos, +recorrieron todos los sitios próximos, avisaron a los guardas. Nada. Los +demás niños no daban más razón sino que estaban jugando al _escondite_ y +que le habían visto correr entre los árboles para ocultarse, y que +luego no le habían visto más. + +Mario sé puso a gemir como una criatura increpándolas furiosamente. +Carlota, pálida, pero tranquila en apariencia, le mandó callar. + +--¿Y no han dicho los niños si habían visto cerca de él a alguna +persona? + +--Sí, señorita; detrás de él dijeron que iba un hombre cojo con +americana clara y sombrero ancho. + +--¿No han dado ustedes ese detalle a los guardas? + +--Sí, señorita. + +Carlota meditó un instante en silencio. + +--Y el hombre ese ¿no se había acercado antes al niño? + +--No lo hemos visto, ni los demás niños tampoco. + +--¿En toda la tarde no se ha acercado nadie al chico? + +--Nadie. + +--Sí, mujer--interrumpió Vicenta.--Le ha dado un beso esa prendera que +conocen los señoritos, que se llama D.ª Rafaela. Le besó y le regaló +unos caramelos. + +--Pensé que la señorita hablaba sólo de hombres--replicó la niñera. + +Carlota guardó silencio de nuevo y meditó. + +--Está bien--dijo al cabo.--Ustedes se vienen conmigo a recorrer las +delegaciones de policía para dar aviso. Tú, Mario, te vas ahora mismo a +casa de D.ª Rafaela a ver si por casualidad se ha quedado en el Retiro y +el niño se ha ido con ella. ¡Quién sabe! Tal vez esté allí. ¿En casa de +mamá han preguntado ustedes? + +--Sí, señorita, y en casa de la señorita Presentación lo mismo. + +--Bien, pues si no parece, hay que seguir la pista a ese cojo. Buena +seña tiene para que la policía dé pronto con él... Vamos, no te apures +tanto, hombre, que el niño no se ha muerto, y si Dios quiere parecerá. + +Y aquella animosa mujer detuvo un coche que pasaba y se metió en él con +las dos criadas, mientras su marido, sin dejar de sollozar, corría a la +calle de Hortaleza, donde la vieja prendera tenía su domicilio. + + + + +XVIII + + +Doña Rafaela había estado en las Ventas del Espíritu Santo a recoger un +dinero que le debían. A la vuelta se apeó del tranvía frente al Retiro, +paseó un rato, y mucho antes de llegar la noche se fue a su casa. Allí +se encontró una carta, fechada en la cárcel, que decía: + +«Mi respetable y amada protectora: Desde hace tres días me hallo en este +lugar vergonzoso, tratado como un criminal. La infinita bondad de Dios +me envía esta prueba, que no sé si podré resistir, porque soy una +criatura débil y pecadora. Bendito por siempre sea su santo nombre. Si +no temiera abusar de su bondad le suplicaría que viniese en algún +momento libre a consolarme y a fortalecerme con sus sanos consejos. +¡Ojalá no me hubiese apartado jamás de ellos! Si no le fuese posible le +ruego por la salvación de su alma que vaya a San José y ponga un cirio +en el altar de Nuestra Señora y rece con fervor una salve por su +desgraciado amigo que de veras necesita de sus oraciones.--_Godofredo +Llot._» + +No bien la hubo leído cuando, volviendo a echarse el mantón sobre los +hombros, salió a la calle, montó en un coche y se hizo trasladar a la +cárcel. Tenía allí la prendera un sobrino empleado, quien por favor +especial hizo llamar a Godofredo a la sala de declaraciones. + +Bajó éste con el capuchón de reglamento. Al quitárselo y dejar al +descubierto su hermosa cabeza blonda, D.ª Rafaela no pudo menos de +recordar las estampas piadosas que representan a los primeros mártires +del cristianismo en los calabozos de Roma. La luz, dando de lleno en +aquella cabeza angelical, hacía resaltar como en apoteosis la delicadeza +de sus facciones, la seráfica limpidez de su mirada, las tintas +sonrosadas de sus mejillas. Éstas se tiñeron de vivo carmín al instante. +Bajó los ojos humildemente, y sin decir palabra rompió a llorar en +silencio. + +--¡Valor, Godofredo! ¡Valor, hijo de mi corazón!--exclamó la prendera. + +Pero la buena mujer estaba tan necesitada como él mismo. No bien +pronunció estas palabras tuvo que sacar el pañuelo para secarse las +lágrimas. Ambos permanecieron silenciosos bastante rato. Al fin aquélla, +enjugándose bien los ojos y sonándose con estrépito, dijo: + +--Pero ¿cómo fue eso, hijo querido? ¡Explíquemelo! ¿Cómo fue?... + +El candoroso joven, que siempre parecía adolescente, permaneció en la +misma actitud humilde, como si estuviese esperando el golpe de la +cuchilla que había de segarle el cuello. + +--Soy muy malo, D.ª Rafaela--articuló dulcemente.--No merezco las +bondades con que usted me favorece. + +--No le tengo a usted por tal, querido, ni lo tiene nadie... Habrá sido +una calumnia... + +--No, no es calumnia por desgracia... + +Entonces el hijo predilecto de la Iglesia se acercó a la reja, y con +labio balbuciente y el rostro encendido se confesó con D.ª Rafaela. + +Por no abusar más de su inagotable bondad había tenido precisión de +pedir seiscientas pesetas al padre Laguardia, que era quien le perseguía +y le había hecho prender. + +--¡Pero eso es una picardía!--exclamó la prendera sin poder +contenerse.--¿Por seiscientas pesetas le deshonra a usted ese mal +sacerdote? + +--¡Por Dios le pido que no lo califique así!--profirió el joven con +semblante dolorido.--D. Jeremías es muy virtuoso y ha tenido razón para +tratarme de ese modo. Mucho más merezco yo... + +--¡Qué ha de merecer, cordero de Dios! + +--Sí, sí, D.ª Rafaela, por Dios, no me juzgue usted bueno... Soy muy +malo... ya verá usted... + +La prendera no pudo menos de sonreír llena de benevolencia al ver el +calor con que hablaba aquel inocente. + +--Vamos, diga usted, criatura, diga usted. A ver qué maldades son ésas. + +--¡Sí que lo son!... ¡Ay, señora! La idea de que usted me tiene por +mejor de lo que soy me martiriza. + +La sonrisa de D.ª Rafaela se hizo más benévola aún y más indulgente. + +Godofredo le contó una historia larguísima de un cuñado comerciante que +había dado quiebra a causa de cierta fianza. Quedó en la miseria y con +nueve hijos. Su hermana, no teniendo pan que darles, le escribía a +menudo pidiéndole dinero. Él publicaba artículos en los periódicos +católicos y hacía algunas traducciones; trabajaba cuando podía, pero +ganaba poco dinero. Los periódicos y las revistas católicas cuentan con +escasos recursos. La riqueza se halla en manos de los impíos. Entonces, +sabiendo que su hermana y sus sobrinos pasaban hambre, se aventuró a +pedir algunas pequeñas cantidades a varios amigos de D. Jeremías, +esperando poder devolverlas pronto cuando en _La Paz del Hogar_, _La +España Mística_ y otros periódicos le pagasen lo que le debían. Hizo +más. Cometió un pecado gravísimo... un pecado que le costaba trabajo +inmenso confesar... D.ª Rafaela le animó a hacerlo, manifestando que el +arrepentimiento borra todas las culpas. + +--Pues bien, señora--profirió el joven derramando un torrente de +lágrimas.--Para pedir ese dinero he usado del nombre del padre +Laguardia. ¿No ve usted bien claro ahora que soy un perverso? + +--Ese es un pecado, hijo, pero ya sabe usted que el justo peca siete +veces al día. Si usted está arrepentido, Dios en su infinita +misericordia... + +--¡Oh, sí, señora, a la misericordia de Dios he acudido ya!--exclamó +Llot con un hondo suspiro que partía el corazón.--En cuanto llegué a +este sitio mandé a llamar al capellán de la cárcel, y a sus pies de +rodillas he confesado mis pecados. + +--Pues si se ha lavado ya en el tribunal de la penitencia no tenga +cuidado. Ya veremos de arreglar eso con D. Jeremías. + +--¡Oh! D. Jeremías ha hecho bien en perseguirme y en maltratarme de +palabra y de hecho. Merezco mucho más. + +--¿Pero le ha maltratado de veras?--preguntó sorprendida la prendera. + +--Sí, señora; días pasados, en la sacristía de San Ginés, me injurió y +me abofeteó delante de varias personas. + +--¡Qué escándalo! + +--No, no es escándalo, señora. El escándalo ha sido el mío cometiendo un +delito. El castigo ha sido muy pequeño para culpa tan grave. Le estoy +profundamente agradecido por los golpes que me ha dado y las injurias +que me ha hecho, y sólo siento que no hayan sido aún más dolorosos para +poder pagar a mi Divino Señor las ofensas que le he inferido. + +D.ª Rafaela cruzó las manos y levantó los ojos al cielo con un gesto de +viva admiración. Después, convirtiéndolos al cautivo, le miró con +asombro y cariño largo rato, embargada por la emoción, como si estuviese +en presencia del mismo San Luis Gonzaga. + +En efecto, el semblante del joven, rebosando de calma celeste y +resignación, merecía un nimbo de luz. Todo era puro, inefable, en aquel +semblante radioso. Sus mejillas nacaradas parecían hechas de una materia +trasparente a fin de que pudiera verse que aquel cuerpo no contenía +ninguna sustancia inmunda: todo era puro, blanco, luminoso. Lo que +caracterizaba aquel rostro, lo que resplandecía en sus ojos, en su +frente, en sus cabellos, hasta en sus orejas, era una ausencia absoluta +de malicia. En sus ojos límpidos, húmedos, brillaba siempre la sonrisa +dulce y resignada de los seres que han nacido para víctimas. Había en +tal adorable criatura algo de cordero y mucho también de paloma, como si +estos dos animales hubiesen cedido de buen grado el uno su resignación, +el otro su inocencia, para formarle. + +Godofredo Llot no era un muchacho de estos tiempos, como decía muy bien +D.ª Rafaela. Merecía haber nacido en un siglo menos escéptico y +malicioso. Su naturaleza candorosa, ideal, estaba divorciada de la +triste realidad presente, tenía la nostalgia de la Edad Media. En esta +edad de fe y entusiasmo debía de haber vivido. Así que, como si +presintiera que aquélla era su verdadera época, Godofredo la estudiaba, +la fantaseaba sin cesar. Había publicado unos estudios muy notables +sobre las Cruzadas, escritos con tal fervoroso estilo que el obispo de +Astorga le había mandado su bendición; y en cuantos artículos daba a la +estampa seguían saliendo las catedrales góticas, de las cuales vivía +profundamente enamorado. Y realmente su rostro angelical, destacándose +en aquel momento del tosco capuchón, parecía el de uno de esos monjes +ideales que cruzaban misteriosamente por los claustros de los templos +góticos para ir a postrarse ante el altar de la Virgen. + +Por eso algunos de sus actos que parecían extraños no lo eran, si se +atendía a que este joven vivía con el espíritu en otros tiempos más +nobles y santos. Cuando D.ª Rafaela, después de haberle confortado con +sentidos consuelos y haberle prometido trabajar cuanto pudiera por +arreglar el asuntito, se despidió de Godofredo, éste le dijo con rostro +humilde: + +--¿No me permitirá usted antes de irse besar su mano? + +Esto, que sería ridículo en cualquiera, en aquel candoroso joven no lo +era. + +D.ª Rafaela introdujo su mano derecha por las rejas mientras llevaba la +izquierda a la faltriquera, preguntando: + +--¿Cuánto necesita usted, querido? + +Ahora bien, estos dos actos realizados simultáneamente ¿indicaban que +Godofredo después de la mano pedía siempre algún metálico? Si hay algún +malicioso que lo conjeture, allá se las haya con su conciencia. + +El hijo predilecto de la Iglesia besó con respeto la mano carnosa llena +de sortijas de la prendera, y todo ruboroso balbució: + +--Si usted me hiciese el favor de veinte duros... + +D.ª Rafaela sacó del portamonedas dos billetes de cincuenta pesetas y se +los entregó. Después se despidió con muy cariñosas palabras. Pero +todavía antes de marcharse le pidió Godofredo otro favor: que oyese una +misa por su intención. Y la bondad de ella fue tanta que le prometió oír +dos, cosa que Godofredo rechazó, como es natural; pero la buena mujer +se empeñó y no hubo más remedio. El joven, embargado por el +agradecimiento, rompió de nuevo a llorar. + +En cuanto salió de la cárcel se fue la prendera derecha a casa de D. +Jeremías. El iracundo presbítero no quiso oírla, ni aun prometiéndole +salir por fiadora de las cantidades que Godofredo adeudaba a él y a sus +amigos. Juraba y perjuraba que había de llevarle a presidio y prometía +ir a verle salir en la cuerda de presos con el mismo placer que si fuese +a la misa del Papa. Desde allí fue a visitar al cura de San Ginés y al +capellán de las Adoratrices. Tampoco logró nada en favor de su +protegido. Estos presbíteros estaban ferocísimos, tanto o más que el +prelado doméstico. + +Cuando la buena mujer, fatigada, regresó a su domicilio, hallolo turbado +por la presencia de Mario, que después de buscarla en vano por todo +Madrid había venido a esperarla. El estado del escultor era tan +lamentable que la sobrina tuvo que hacer tila y sacar el frasco del +antiespasmódico. Cuando D.ª Rafaela le dijo que nada sabía del niño +después de haberle besado en el Retiro a eso de las tres, fue acometido +de un desmayo. Salió de él en seguida gracias a los cuidados que le +prodigaron. Y en cuanto recobró el sentido tomó el sombrero y salió +acompañado de D.ª Rafaela. Fueron a su casa. Carlota estaba ya de vuelta +y con ella su madre, su hermana, D. Pantaleón y Timoteo. Rivera llegó +también a los pocos momentos. La casa era un campo de desolación: no se +oían más que lamentos y sollozos. Todos parecían haber perdido la razón +menos Carlota. La infeliz madre, blanca siempre como una estatua, no se +entregaba a vanos gritos de dolor; ocupábase en disponer los medios de +recuperar a su hijo. En aquel momento hablaba con el delegado de policía +del distrito. Éste se inclinaba a creer que se trataba de un secuestro. + +--Verán ustedes cómo no se pasan muchas horas sin que reciban una carta +pidiendo dinero por el niño--decía. + +--Le daremos todo lo que poseemos, y si no es bastante no faltará quien +nos lo preste. + +--Nada de eso. No hay necesidad. Como ustedes sigan mis instrucciones, +yo me comprometo a rescatarlo y a echar mano a los bandidos. + +--¿Para qué? Mi marido y yo nos quedamos con gusto sin nada y +trabajaremos toda la vida por nuestro hijo. + +Por si la carta no llegaba convinieron en seguir la pista al cojo que +habían visto detrás del niño en el Retiro. El delegado había ya dado las +órdenes oportunas. Dos agentes llegaron a decirle que este cojo había +salido aquella misma tarde por el ferrocarril de Arganda, montando en la +estación que se halla detrás de las tapias del Retiro. + +Inmediatamente Mario y el delegado tomaron un coche y se fueron a dicha +estación. El delegado interrogó al jefe y a los mozos, y todos +convinieron en que efectivamente había salido un cojo de las señas +indicadas, pero convinieron asimismo en que no iba con él niño alguno. +Este dato los desalentó. Mario quedó profundamente abatido y se dejó +caer en un banco mientras el delegado telegrafiaba, por si acaso, a los +jefes de las estaciones intermedias y al alcalde de Arganda para que en +todo caso le detuviera. + +Pero hallándose de aquel modo sentado con la cabeza entre las manos, oyó +a un mozo decir a otro que no había visto más niño que uno que llevaba +una mujer. El escultor levantó vivamente la cabeza. + +--¿Qué señas tenía ese niño? + +--Pues yo no he reparado bien... Era rojito él y blanco. + +--¿Cuántos años tendría? + +--Tampoco puedo decirle... Era pequeñito... + +--¿Pero iba en brazos? + +--Ca, no, señor; andaba él solo perfectamente. Lo llevaba la mujer de la +mano. + +--¿Tendría cuatro años? + +--Por ahí... por ahí... + +Mario se alzó agitado y preguntó con anheló: + +--¿Qué traje llevaba? + +--Un trajecito azul de pantalón corto y con las piernas al aire. + +--¿Y un sombrero claro? + +--Sí, señor, y un sombrero blanco. + +--¡Es mi hijo!--gritó, y echó a correr al telégrafo, donde se hallaba el +delegado. + +Éste, al escuchar la relación que trémulo y con palabra entrecortada le +hizo, quedose pensativo, llamó al mozo y le interrogó de nuevo: + +--Bien puede ser--dijo al fin--que ese cojo haya traído consigo una +mujer y le haya entregado el niño para despistar. Telegrafiaremos este +dato al alcalde, y mañana, en el primer tren, iremos a Arganda. + +Mario se le puso delante con las manos cruzadas en actitud suplicante. + +--Por lo que más quiera usted en este mundo, amigo García, le ruego que +vayamos ahora mismo. + +--¡Pero si no hay tren, Sr. Costa! + +--No importa, iremos en coche. + +Vaciló el delegado algunos instantes, puso varios reparos, pero al fin, +vencido de las súplicas del desgraciado padre, se decidió a ir. El coche +que les había llevado a la estación no servía por ser de un caballo. +Mientras Mario fue a alquilar otro, el delegado telegrafiaba a los jefes +de las estaciones intermedias para cerciorarse de que tanto el cojo como +la mujer y el niño no se habían apeado en ninguna de ellas. Se mandó un +recado a Carlota; trajeron ropa al delegado y se tomaron las +disposiciones necesarias para el viaje. Cuando salieron de Madrid habían +dado ya las doce de la noche. + +Era clara y fría como suelen serlo las del invierno en la capital de +España. El disco de la luna resplandecía sobre la llanura árida que se +extiende a entrambos lados de la carretera. La augusta serenidad del +cielo tachonado de estrellas no logró mitigar la tortura del artista. +Otras veces el magnífico espectáculo de la Naturaleza había sido un +precioso calmante para las heridas de su corazón. Mas ¡ay! para la que +ahora sentía no hay bálsamo en la tierra. + +El sordo rumor de las ruedas y las campanillas de los caballos +adormecieron pronto a su compañero. Mario le contemplaba con ira. Su +imaginación se revolvía atormentada por el dolor, presentándole mil +cuadros aterradores. Su hijo secuestrado, su hijo maltratado, su hijo +pasando hambre y frío en cualquiera cueva, su hijo llamándole con acerbo +llanto, mientras unas manos brutales le tapaban la boca... ¡Hijo de mi +alma! + +Se apretaba las sienes con las manos temiendo que fuesen a estallar. De +su garganta se escapaba un débil y continuo quejido como el de un animal +en la agonía. A ratos empujaba convulsivamente la delantera del coche, +como si con este esfuerzo le hiciese correr más. A ratos imaginaba +saltar fuera y emprender una carrera vertiginosa para llegar antes. +Imposible que el infierno haya inventado un suplicio más cruel. + +Las estrellas brillaban. Los árboles que orlaban las riberas del Jarama +balanceaban sus negros penachos sobre el fondo azul de la noche. El +trote de los caballos y sus cascabeles rompían el silencio de la campiña +dormida. La luna esparcía sobre ella su luz suave donde flotaban algunos +jirones de niebla. García roncaba. + +Llegaron a Arganda después de las tres. Mario se hallaba tan trastornado +que quería llamar en todas las casas y preguntar por el secuestrador. El +delegado procuró calmarle. Fueron a la del alcalde, y éste se levantó +solícito y se prestó a ayudarles en todas las indagaciones. Llamaron al +jefe de estación y a los mozos y se averiguó en seguida el mesón donde +el cojo paraba. Fueron a detenerle con auto del juez municipal. El +hombre recibió tal sorpresa que apenas podía hablar. Esto dio fuerza a +las sospechas que sobre él recaían. También la dio el ser ave de paso en +el pueblo, pues afirmaba que iba a Colmenar, y había hecho noche allí +para arreglar por la mañana cierto asunto con un comerciante de la +villa. Se avisó a este comerciante y, en efecto, vino a declarar que era +cierto lo que el cojo decía, y que le trataba hacía tiempo y le tenía +por una persona honradísima. Mario, a pesar de todo, ansiaba echarle las +manos al cuello y apretarle hasta hacerle confesar dónde estaba su hijo. + +Se indagó el paradero de la mujer y el niño. Nadie daba razón de ella; +nadie la había visto. Se trabajó asiduamente. El pueblo se había puesto +en conmoción y muchos vecinos, aunque todavía era noche, salieron a la +calle para enterarse. Cuando amaneció las calles se llenaron de gente y +todos se convirtieron en agentes de policía para averiguar el paradero +del niño secuestrado. El asunto preocupaba sobre todo a las mujeres que +no cesaban en sus comentarios. De tal suerte, que en menos de una hora +corrieron tres o cuatro novelas por el pueblo. El niño fue hijo de un +gran señor que daba diez millones por su rescate; fue un expósito a +quien su madre, no pudiendo reclamarlo, hacía secuestrar; fue un +huérfano al cuidado de aquel señor que allí estaba y que unos tíos +quisieron hacer desaparecer, etc., etc. En los corrillos se saboreaban +con deleite estas noticias de gusto romancesco. + +Pero en uno de ellos, cerca del cual se hallaban Mario y el delegado, +una mujer que acababa de acercarse dijo: + +--Pues ayer tarde he venido de Madrid con el niño de D. Ricardo y no he +visto esa mujer. + +Todos los rostros se volvieron hacia ella. El delegado preguntó +inmediatamente: + +--¿Pero ha venido usted ayer de Madrid con un chico? + +--Sí, señor. + +--Pues usted es la mujer del niño. + +--¡Yo, señor!--exclamó la infeliz asustada.--¡No lo crea usted! ¡No lo +crea por Dios, señor! + +--Sí; usted es la mujer del niño... del niño de D. Ricardo... Vamos a +ver a ese D. Ricardo ahora mismo. + +Y volviéndose a Mario añadió: + +--Me parece, Sr. Costa, que ya nada tenemos que hacer aquí. Hemos +seguido una pista falsa. Vamos a cerciorarnos de ello y en seguida +emprenderemos la marcha otra vez. + +En efecto, aquella misteriosa secuestradora no era otra que el ama de +gobierno de D. Ricardo Fanjul, un rico propietario viudo. El niño era su +hijo, que había pasado algunos días en Madrid en casa de una hermana. + +La novela quedó deshecha en un instante. En su vista el delegado y Mario +tornaron el tren de la mañana para la capital, por ir más de prisa. El +cojo quedó detenido por si acaso, y se dio orden para que se le +trasladase a Madrid. + +Mario, profundamente abatido, guardaba silencio mientras el tren se +acercaba velozmente a la capital. Las lágrimas corrían a menudo por su +rostro pálido y ojeroso. García permanecía silencioso también. Una +arruga profunda cruzaba su frente, signo de intensa meditación. Al cabo, +cuando ya se aproximaban al término del viaje, preguntó con afectada +indiferencia: + +--¿Hace mucho tiempo que ustedes conocen a esa prendera que se llama D.ª +Rafaela? + +--Sí, señor, hace ya algunos años que somos amigos--respondió el artista +con voz alterada. + +Y súbito, sin poder contenerse, apretó la muñeca al delegado diciendo: + +--Sea usted franco, García... Empieza usted a tener sospechas de esa +mujer. + +--No tengo por qué ocultarlo--replicó aquel con sosiego mirando por la +ventanilla.--La circunstancia de ser la última persona que ha hablado +con el niño me da mucho que pensar... Luego, esa visita a la cárcel... + +--Pues bien--manifestó Mario con creciente agitación,--le confieso que +yo vengo también pensando en lo mismo hace largo rato. Pero al mismo +tiempo me parece tan absurdo, tan insensato, que procuro desecharlo de +la cabeza como una tentación. D.ª Rafaela es una excelente amiga, una +mujer buenísima... + +El delegado, sin abandonar su actitud reflexiva, alzó los hombros con +desdén. + +--¡Ps! Eso no significa nada. Todos los delincuentes han sido buenos +antes de dejar de serlo. Hay cosas tan misteriosas en materia de +crímenes que nadie puede explicárselas. Allá los médicos. Lo que puedo +decirle es que después de lo que he visto en mi carrera ya no me asusta +nada. + +Mario volvió a sentirse acometido de una inquietud insufrible. Quería +que volase el tren. En cuanto llegaron corrió a su casa por si se tenían +noticias o habían recibido alguna carta. Nada se sabía. Habían llegado, +sí, muchas personas a enterarse, porque la prensa hizo circular la +noticia y el escultor tenía bastantes amigos. Pero ni un rayo de luz. + +Mientras tanto el delegado fue a dar parte al juez de sus +investigaciones. Se llamó a doña Rafaela a declarar. Cuando hubo +terminado la declaración, el juez le dijo: + +--Señora, no se asuste usted. Me veo en la precisión de dejarla a usted +detenida. + +La infeliz mujer, al escuchar estas palabras, cayó desmayada. Después +vertió un torrente de lágrimas y protestó con tan sentidas palabras de +su inocencia que logró conmover a los que presenciaban la escena. Se la +trasladó a la cárcel de mujeres. + +En todo aquel día el juzgado no cesó de trabajar. Se tomó declaración a +cuantas personas pudieron haber tenido relación con el niño en aquellos +días, a las niñeras que le habían visto en el Retiro, a los chicos, a +sus padres, etc. Mario y Carlota recorrían llorosos, anhelantes las +casas de todos los conocidos buscando alguna noticia. Al llegar la noche +nada se sabía aún. Todos los trabajos que se hicieron para hacer +declarar otra cosa a D.ª Rafaela resultaron infructuosos. + +Cuando regresaban a su casa tropezaron a D. Dionisio Oliveros que salía +de ella. El poeta venía a ponerse a disposición de sus amigos. Abrazó +conmovido a Mario, y éste tuvo la satisfacción de escuchar de su boca +estas palabras aladas: + +--¡Qué tremenda desgracia pesa sobre su cabeza, amigo Costa! La vida +ofrece tragedias bien dolorosas. Tengo la esperanza de que al cabo +después de tanta peripecia conmovedora el nudo de la horrible intriga se +desatará; logrará usted hallar a su hijo sano y salvo. Si esto sucede, +como yo confío, le ruego guarde en la memoria y me reserve todos los +incidentes de esta misteriosa trama. Nosotros los poetas modernos +necesitamos inspirarnos en la realidad. Cuando tropezamos casualmente +con una acción de un interés tan palpitante como ésta, lo consideramos +como un hallazgo y hay que evitar que otro se aproveche... Quizá después +que todo se haya arreglado felizmente tendrá usted la satisfacción de +ver, sobre las tablas, reproducidos los sentimientos que ahora agitan su +corazón, y derramará usted abundantes lágrimas. Pero estas lágrimas +serán dulces como lo son siempre las que el arte nos hace llorar. + +Esto dijo el bardo del ministerio de Ultramar con voz ronca. Carlota le +miró con ojos coléricos; pero Mario, trastornado por el dolor, se abrazó +a él sollozando. + +--¡Gracias, D. Dionisio, gracias! + +--No lo dude usted, amigo Costa. Más tarde o más temprano tendrá usted +esa satisfacción--replicó con profunda convicción el poeta. + +Y sin pronunciar otra palabra, aquel hombre magnánimo, instruído por las +musas, se aleja gravemente, feliz porque tiene la conciencia del alto +destino que la Providencia le ha asignado. + +¡Qué noche terrible para los desgraciados padres! Aunque les obligaron a +acostarse algunas horas, el sueño no cerró sus párpados ni un instante. +Al amanecer estaban en pie, con el semblante descompuesto, los ojos +hundidos y rodeados de círculo oscuro, testimonio de su acerbo padecer. + +Y otra vez emprendieron aquel fatídico calvario por las calles, +recorriendo las oficinas de policía, el juzgado de guardia, las casas de +los conocidos. Tampoco hallaron noticia alguna. Las tinieblas más +espesas seguían envolviendo aquel misterioso secuestro. El juez parecía +desalentado. Ni las declaraciones de D.ª Rafaela ni las del cojo de +Arganda arrojaban luz ninguna. Nueva pista no se presentaba. + +Mario llegó a las once de la mañana a casa de Rivera con el alma y el +cuerpo deshechos. En cuanto pisó el despacho del antiguo periodista las +fuerzas le abandonaron por completo. Dejose caer en un diván, y los +sollozos, largo tiempo comprimidos, estallaron, amenazando romperle el +pecho. A los ojos de Rivera brotaron también las lágrimas y, sentándose +al lado de su desdichado amigo, le dirigió tímidas palabras de consuelo. +Bien sabía que para aquel dolor no había consuelo posible. Vanas +esperanzas no se atrevía a darle, temiendo que el golpe fuera después +más rudo. Al fin le dejó llorar en silencio largo rato. Quedó abstraído +en intensa meditación con los ojos fijos en el suelo. Pero lo que en su +cerebro bullía reflejábase en ellos pasando como ráfagas vivas. A medida +que el tiempo trascurría estas ráfagas se fueron haciendo más recias. +Algún pensamiento extraño sacudía furiosamente su alma, porque al cabo +de un rato, no sólo los ojos, sino todo el cuerpo, ofrecía singular +inquietud. Miraba de vez en cuando a su amigo, se pasaba la mano por la +frente, rascábase la cabeza. Por último, no pudiendo vencer su +agitación, alzose de la silla donde estaba y comenzó a dar vivos paseos. +Mario seguía llorando con la cabeza entre las manos. + +Más de una vez se detuvo delante de él como si quisiera decirle algo, +pero se arrepentía antes de abrir la boca y continuaba paseando. Al cabo +hizo un gesto de resolución y, acercándose y poniéndole una mano sobre +el hombro, profirió: + +--Escucha, Mario. En estos momentos terribles es conveniente expresar +todo lo que cruza por nuestro pensamiento, por disparatado que parezca. +Todos los disparates imaginables caben en este mundo absurdo en que +vivimos... ¿No has observado que tu suegro presenta desde hace algún +tiempo señales extrañas... que ha dicho y hecho cosas muy raras... en +una palabra, que su espíritu ofrece síntomas de enajenación?... + +Mario alzó la cabeza bruscamente; abrió los ojos de un modo desmesurado, +mirando a su amigo con vaga expresión de terror; se puso horriblemente +pálido, y, alzándose del diván, salió corriendo de la estancia sin +pronunciar una palabra. Rivera quedó un instante inmóvil con la vista +fija en la puerta; luego salió también a la carrera en pos de él. + + + + +XIX + + +Don Pantaleón se hallaba en el período de fiebre que suele preceder a +los grandes descubrimientos. No comía, no dormía, no sosegaba. Pasaba +pocas horas en el laboratorio. Los preparados y el microscopio ya le +habían dicho la última palabra. Su pensamiento corría desatado en busca +del misterioso origen, esperando una feliz casualidad como las que han +entregado muchas veces los secretos de la Naturaleza a los hombres de +ciencia. Discurría horas y horas al través de las calles, o por las +afueras, abstraído, ojeroso, inquieto, torturado por recónditos anhelos +de indagación, incomprensibles para los seres que cruzaban a su lado. + +Sin embargo, aquel largo, vueludo gabán, que el gran antropólogo gastaba +desde su memorable conversión a las ciencias positivas, llamaba la +atención de los transeúntes. La llamaba especialmente cuando el viento, +introduciéndose entre sus pliegues, lo agitaba. Entonces el insigne +fisiólogo tomaba la apariencia de un negro bergantín desplegando sus +velas para alguna lejana región desconocida. Los transeúntes, al hacer +esta observación, se hallaban muy lejos de sospechar que tal fugaz +apariencia era un símbolo. Porque Sánchez, en las altas esferas de la +indagación científica, marchaba osadamente a regiones jamás exploradas +hasta entonces. + +Una cosa le preocupaba hondamente en aquellos días. Había leído en un +libro reciente que el pensamiento debía de producirse en el cerebro por +medio de continuas explosiones, trasmitidas desde las células por las +fibras nerviosas. No lo creía; más aún: lo rechazaba indignado. Ya +sabemos que su teoría era la de la destilación. Pero necesitaba +demostrarla con pruebas irrefragables, necesitaba convencer al mundo de +la inepcia de los fisiólogos sus predecesores. Sólo sorprendiendo al +cerebro en funciones podía lograrse este resultado, que llenaría a los +hombres de felicidad y le coronaría a él de gloria. + +¿Cómo alcanzar semejante sorpresa? He aquí el pequeño obstáculo en que +tropezaba este gran hombre. La primera idea que se le ocurrió fue +notabilísima, como todas las que brotaban de aquel cerebro privilegiado: +valerse de los reos condenados a muerte para una experimentación +adecuada. En este sentido llegó a escribir un artículo luminoso que +envió a los _Anales de las ciencias naturales_, ya que sus revistas _El +mundo orgánico_ y _El mundo inorgánico_ no se publicaban hacía tiempo +por falta de dinero. Desgraciadamente no fue posible insertarlo, ni allí +ni en otra revista extranjera adonde lo remitió. Los celos de sus +colegas le perseguían, como ha sucedido siempre en tales casos. El +ingenioso Sánchez sabía de largo tiempo atrás que existía una formidable +conjuración de antropólogos españoles, con ramificaciones en varios +puntos del extranjero, para destruir o evitar que se propagasen los +resultados de sus investigaciones. Así que no le sorprendió aquella +nueva contrariedad. A pesar de sus indignos perseguidores, estaba seguro +de llegar donde se había propuesto. + +Pensó después encontrar algún hombre generoso, dispuesto a sacrificar su +vida en aras de la ciencia. Lo buscó con afán; pero no fue posible +hallarlo. Moreno, a quien propuso indirectamente y con muchas reservas +hacerle un agujero de siete milímetros de diámetro en el cráneo, por el +frontal, rechazó irritadísimo la proposición y se mostró desde entonces +tan huido que apenas lograba echarle la vista encima. + +Entonces el ingenioso Sánchez, devorado por la pasión científica, +anhelando escrutar aquel gran misterio y temiendo fundadamente que si +retrasaba su descubrimiento algún otro sabio, nacional o extranjero, le +cogiese la delantera, en un rapto de admirable heroísmo, resolvió +ejecutar sobre sí mismo la experimentación. No se le ocultaba que +corría grave riesgo de morir; mas, en el caso de que esto sucediese, la +humanidad no perdería ninguno de los datos que había adquirido para su +gran descubrimiento. Escribió previamente una larga memoria donde se +apuntaban con toda claridad. Llegó el momento al fin. Encerrose en su +laboratorio; se colocó delante de un espejo con todos los instrumentos +necesarios al alcance de la mano. Y tomando la barrena fatal, comenzó a +horadarse la frente. La mucha sangre que brotaba le cegó. En vano se la +enjugó una y otra vez: necesitaba tener los ojos cerrados, lo cual hacía +inútil la operación. Además, cuando la barrena tocó en el hueso, el +dolor se hizo irresistible. Estuvo a punto de perder el sentido. +Suspendió el experimento y pensó si sería mejor que otro lo efectuase. +Pero en tal caso no sería él quien sorprendiese el misterioso origen del +pensamiento, sino el operador. Nada podría revelar por su cuenta. +Además, la operación necesitaba llevarse a cabo con cloroformo: de eso +estaba bien seguro. Una vez cloroformizado, sus facultades mentales +quedaban en suspenso. ¿Para qué valía entonces el agujero? + +Se puso un trozo de aglutinante sobre la herida; vendose la frente con +el pañuelo y se dejó caer en una butaca. La tristeza y el desaliento se +apoderaron de aquel hombre ilustre. Era forzoso renunciar a la gloria +del gran descubrimiento que había de resolver de una vez todas las +dudas, que confundiría para siempre las insensatas aspiraciones de los +idealistas y metafísicos. Tal vez ¡oh dolor! no se pasaría mucho tiempo +sin que otro sabio tuviese la fortuna de hallar quien se prestase a +exhibir el cerebro voluntariamente; y entonces el nombre de aquel sabio +brillaría eternamente al través de las edades, mientras el suyo +eternamente quedaría sepultado en el olvido. + +La voz dulce como un gorjeo de su nietecito Mario le sacó del letargo +doloroso en que yacía. El pequeño Mario solía subir a la guardilla a +interrumpirle en sus largos y profundos trabajos. Para el fisiólogo era +un descanso la llegada del niño. Le besaba, se entretenía algunos +instantes en charlar con él, y cuando le parecía que había robado +demasiado tiempo al estudio de la _sustancia gris_, le decía empujándole +hacia la puerta: + +--Anda, chiquito, baja con tu abuelita, que yo no puedo perder un solo +minuto. + +Dejole llegar hasta sus rodillas y le acarició distraídamente pasándole +la mano por los cabellos. Mas al tropezar sus dedos con la tersa frente +de la criatura quedó súbito paralizado. Sus grandes ojos opacos +brillaron con extraño fulgor. Incorporose vivamente y se llevó ambas +manos a las sienes como si temiera que por allí fuera a salir algo grave +y terrible que convenía tener encerrado. Se alzó de la silla y comenzó a +dar agitados paseos por la estancia. De vez en cuando se paraba delante +del niño y le clavaba una mirada ansiosa, profunda. + +--Abuelo, ¿por qué me miras así?... ¿He sido malo? + +--¡No, hermoso mío, no!--respondió el antropólogo cambiando de expresión +y volviendo a su benévola sonrisa habitual. + +Tornó a pasear, y otra vez se detuvo frente a su nieto y le cogió la +cabeza con sus manos trémulas, febriles. + +--¿Por qué me palpas, abuelo? ¡Si no tengo nada en la cabeza!... No me +he caído. + +--¡Oh, sí!... ¡Aquí está! ¡aquí está!--exclamó con expresión concentrada +de rabia y de dolor el ingenioso Sánchez. + +--¡No, no! ¡No hay nada! De veras no tengo nada, abuelito. + +--¡Sí, sí! ¡Aquí está el gran misterio!... No hay más que abrir y +mirar... Pero yo no puedo mirar; yo, que he hecho dar tales pasos +gigantescos a la ciencia, me veo precisado a detenerme delante de esta +pequeña barrera... Necesito cruzarme de brazos y aguardar con paciencia +que llegue otro a recoger la gloria del descubrimiento... ¿Y para esto +he pasado los días y las noches contemplando con el microscopio los +cerebros de tanto organismo? ¿Para eso he comprado a peso de oro a los +mozos del hospital la masa encefálica de más de un cadáver?... + +Su exaltación al proferir estas palabras era inmensa. Enrojeciósele el +rostro y sus ojos se inyectaron mientras con las manos crispadas +palpaba la cabeza del niño. De tal modo que éste, asustado, se echó a +llorar. D. Pantaleón recobró instantáneamente la calma y, abrazándole y +besándole, le bajó acto continuo a su casa. + +Pero no sosegó desde entonces. Un pensamiento fatal le perseguía, le +atormentaba sin cesar. De día se le clavaba en el cerebro impidiendo la +entrada a otra idea cualquiera; de noche le despertaba con sobresalto y +le hacía pasar largas horas sin reposo revolcándose en el lecho, +sintiendo la sangre hervir y murmurar dentro de las venas y la frente +bañada por grandes gotas de un sudor frío. ¡Qué tormento espantoso! De +un lado la ciencia, los intereses de la humanidad, la gloria +inmarcesible de la más grande conquista que haya llevado a cabo el +entendimiento humano: de otro lado, la ternura instintiva de todo animal +a su progenie, los respetos tradicionales, las convenciones sociales. +¡Oh, si pudiera arrancarse de una vez toda ridícula preocupación y, +contemplando serenamente el pro y el contra de cada asunto, decidirse +por lo más útil! + +En pocos días aquel hombre ingenioso se desmejoró visiblemente. Sus +grandes ojos melancólicos se hundieron, la nariz se afiló, las mejillas +se plegaron y todo su inteligente rostro antropológico adquirió un tinte +sombrío de dolor y desfallecimiento que puso en alarma a la familia. +Pero no quería oír que estaba enfermo. Se encontraba perfectamente. Su +abatimiento dependía del exceso en el estudio. + +Al fin, como era de esperar, el interés de la ciencia predominó sobre la +lepra tradicional del sentimentalismo. Cierta mañana, después de haber +pasado una terrible noche de insomnio, noche de fiebre y terror en que +de todos los rincones de la estancia acudieron flotando grandes figuras +sombrías a incitarle a proseguir en su obra de regeneración; en que +escuchó voces proféticas que le anunciaron gloria inmortal, se arrojó +violentamente del lecho dispuesto a todo. ¡A todo! + +Observó, vigiló, espió los pasos de su familia con astucia sorprendente. +Trascurrieron varios días sin que pudiese ejecutar su resolución, en +forma que no se descubriese. Al cabo cierto domingo, hallándose +apostado en uno de los portales de la calle Mayor, vio salir a las +criadas de su hija con el pequeño Mario. Siguiolas de lejos hasta el +Retiro. Allí, ocultándose detrás de los troncos de los árboles, estuvo +en acecho largo rato. El niño al fin en una de sus escapatorias acertó a +pasar junto a él. Le llamó, le besó, y rápidamente le arrastró consigo +lejos para comprarle confites. Cuando estuvo a buena distancia de las +criadas comenzó a seguir los caminos más extraviados del parque, y por +ellos fue a salir a Atocha. Desde allí, dando un gran rodeo para evitar +las calles céntricas, se trasladó a su casa. El pequeño se quejaba de +cansancio, lloraba. D. Pantaleón le cogía a ratos en brazos. + +Antes de llegar a la puerta el fisiólogo dejó al niño en la acera solo, +después de cerciorarse de que no había nadie observándolos, y +adelantándose con premura ordenó a la portera que fuese a comprarle +cigarros mientras él se quedaba al cuidado. Salió la mujer al +estanquillo, que estaba a la derecha de la casa. Mientras tanto él cogió +al niño, que se hallaba a la izquierda, y más ligero que un gamo subió +a la guardilla. Inmediatamente, encargándole que le aguardase sin +chistar, bajó al portal y allí recibió los cigarros que la portera le +trajo. Luego, con la mayor tranquilidad, subió de nuevo a su +laboratorio. + +¡Momentos de amarga felicidad para el sabio! Tenía en su poder el +instrumento que tanto apetecía. Iba por fin a sorprender el gran secreto +de la Naturaleza. Pero esta grandiosa invención costaría la vida tal vez +a una criatura de su misma sangre. Una agitación irresistible se apoderó +de su cerebro. Los lóbulos todos debían de hallarse en descompasado +movimiento. Presa de horribles vacilaciones, de temor, de anhelo y +compasión, se sentó delante de una mesa y metió la cabeza entre las +manos mientras el niño, en completa libertad, curioseaba por la estancia +enredando con los objetos que estaban a su alcance. + +El ingenioso D. Pantaleón salió de su ensimismamiento para mirar el +reloj. Eran ya más de las seis. No tardarían en llamarle para comer. No +había más remedio que dilatar el experimento, tanto por esto cuanto +porque convenía hacerlo a la luz del día. Cogió a su nieto, y sin +decirle palabra lo llevó hasta una pieza que había debajo del alero del +tejado y servía de trastera. Al abrir la puerta y ver aquella cueva +tenebrosa, el niño retrocedió asustado. + +--No, yo no entro ahí, abuelito. + +--¡Silencio!--exclamó el antropólogo con terrible mirada. Y sacando al +mismo tiempo del bolsillo del gabán un enorme cuchillo resplandeciente, +añadió:--Como digas una sola palabra te corto ahora mismo el cuello. + +El niño quedó paralizado por el terror. Hizo un pucherito y pronto +rompería a gritar si el fisiólogo con certero movimiento no le hubiese +tapado la boca. Sujetole al mismo tiempo por el cuerpo y lo metió en la +trastera de golpe. Tomó del suelo una mordaza y un cordel que allí tenía +preparados; le puso la primera; atole con el segundo las piernas y los +brazos y lo dejó tendido boca arriba sobre un felpudo diciéndole: + +--No te muevas. Si haces el más pequeño movimiento, hay ahí unos +ratones que vendrán a comerte las narices. + +Cerró la puerta, apagó la luz y se bajó a su casa, sentándose poco +después a la mesa con la tranquilidad que otras veces. Pero apenas se +habían sentado llegaron las criadas de Carlota con la noticia de la +desaparición del niño. Alarmose la casa vivamente. D.ª Carolina corrió +desalada a la de su hija. D. Pantaleón se vio precisado a acompañarla. + +No le fue posible volver hasta las altas horas de la noche. Dejó a su +esposa acompañando a Carlota y vino pretextando una indisposición. Tomó +del comedor algunos comestibles, pan, leche, pastas y subió de nuevo +cautelosamente a su laboratorio. Abrió la puerta de la trastera, desató +al chico, y amenazándole de nuevo con el cuchillo si daba una voz le +quitó la mordaza. Le mandó comer. La infeliz criatura, entumecida, fría, +aniquilada por el miedo, no pudo hacerlo. D. Pantaleón le introdujo a la +fuerza algunas galletas en la boca y le hizo beber unos tragos de leche. + +--¿Por qué me has atado, abuelito?--articuló al fin el niño.--Yo no +hice nada. Llévame con mamá. + +D. Pantaleón le miró fijamente. Por sus ojos pasó un relámpago de razón. +Le trajo hacia sí, abrazole tiernamente y le besó con efusión repetidas +veces. El niño, animado, repitió: + +--Llévame con mamá. Me has hecho mucho daño, abuelito, con el cordel. +Papá no me ata ni me encierra. + +Aquel relámpago inteligente se desvaneció en los ojos del viejo. No +quedó más que una triste expresión de extravío y ferocidad. + +--Tu papá es un ser frívolo, un hombre desequilibrado que prefiere +sentir a conocer, un hombre que se ha quedado atrás en la evolución. Yo +no puedo consentir en mi familia un degenerado y le he de matar más +tarde o más temprano con este cuchillo. + +--¡No! ¡No mates a papá!--exclamó el chico aterrado, viendo a su abuelo +blandir el arma con ademán sanguinario. + +--¡Silencio!--profirió con voz ronca aquél.--La ley de la selección se +cumplirá... Tú también morirás quizá, pobre niño, pero tu nombre vivirá +eternamente unido al mío en los anales de la ciencia y en el +agradecimiento de la humanidad. + +Dicho esto con brusco ademán le puso de nuevo la mordaza, arrastrole +hasta la trastera, le amarró otra vez y le dejó como antes estaba +tendido sobre el felpudo. + +Al día siguiente no le fue posible realizar el experimento. Se le +encargaron tantas comisiones para coadyuvar al descubrimiento del chico, +que sólo tuvo tiempo para subir dos o tres veces a desatarlo y a darle +algún alimento. Además, tenía miedo de engendrar sospechas si se +retiraba a su laboratorio por largo rato. Maravillaba la serenidad, la +energía y la astucia que desplegó durante aquellas críticas +circunstancias. + +Nada se logró en todo el día del lunes ni en toda la noche. Las +esperanzas de la familia se disipaban poco a poco. Todos se entregaban +desfallecidos al dolor y gemían por los rincones de la casa menos la +valiente Carlota, cuya actividad crecía a medida que las esperanzas +mermaban. Acompañada del inspector y algunos guardias recorría +incesantemente los parajes más apartados en pos de cualquiera vaga +noticia, cruzando, como una Dolorosa, las calles en busca de su hijo. + +Mientras tanto, D.ª Carolina y Presentación experimentaban fuertes +ataques de nervios. El mismo Mario se veía necesitado a apelar a los +antiespasmódicos para no ser presa de ellos. + +Amaneció por fin el martes. El ingenioso Sánchez, sintiéndose olvidado, +comprendió que había llegado el instante de realizar su famoso +experimento, tanto más cuanto que el estado de la criatura ofrecía ya +temores. Una de las veces que fue a desatarlo lo halló privado de +sentido. Necesitó hacerle respirar algunas esencias y frotarle +vigorosamente encima del corazón para volverle a la vida. + +A las once de la mañana subió el antropólogo a su laboratorio, echó +cuidadosamente el pestillo de la puerta y se dirigió al oscuro desván +donde yacía su nieto. Había llegado el momento supremo. Desatolo, le +quitó la mordaza y, después de reanimarlo con palabras y caricias, lo +llevó a la pieza más clara de la guardilla y lo sentó sobre una mesa +que tenía al objeto preparada. El estado del pobre niño inspiraría +compasión a una fiera. Pálido el rostro como la cera y descompuesto, los +ojos extraviados por el terror, los labios amoratados, las manos +trémulas, todo su cuerpecito agitado por un intenso temblor, parecía +realmente que iba a exhalar el último suspiro. + +Ya no hablaba, ya no imploraba como antes. El fisiólogo lo contempló con +expresión de sorpresa, como si por primera vez le viese en aquel +momento. Volvió a brillar en sus ojos opacos la luz de la razón. Su faz +se enrojeció fuertemente, sus labios temblaron, tapose la cara con las +manos y gritó con un sollozo: + +--¿Quién ha sido; quién? ¿Quién ha puesto así a mi nieto?... Alguno de +esos infames que me persiguen... ¡La cabeza me arde!... ¡Quitadlo, +quitadlo de aquí! Que yo no lo vea... ¡No, no! ¡no he sido yo! Ha sido +un malvado fisiólogo que quería hacer con él un experimento... ¡Matadlo! +¡Matad a ese asesino!...Me ha robado mi nieto... Me ha robado el +descubrimiento. ¡Matadlo! ¡matadlo! + +Después de este rapto de exaltación quedó tranquilo. Paseó con extravío +sus ojos por la estancia, convirtiolos a su nieto, y su faz reflexiva se +fue serenando poco a poco. + +--¡Es preciso! ¡es preciso!--repitió sordamente. Y dirigiéndose a su +nieto, exclamó con acento profético:--¡Alégrate, hijo mío!... Los +dolores que has padecido y los que vas a padecer serán los más +fructíferos que haya experimentado jamás hombre alguno. Con ellos +comprarás la inmortalidad. Tu nombre, unido al mío, se repetirá de +generación en generación al través de las edades. Ni Colón, ni Galileo, +ni Arquímedes han prestado a la humanidad un servicio como el que tú y +yo vamos a prestarle... + +--Dame agua--dijo con voz débil el niño, dejando caer su cabecita hacia +atrás. + +D. Pantaleón se la alzó; pero como no podía ya sostenerse sentado, lo +tendió sobre la mesa y fue a buscarle agua. + +El fuego de la inspiración ardió de nuevo en las pupilas del sabio. Un +estremecimiento poderoso sacudió su cuerpo. En un instante juntó los +instrumentos que le hacían falta; trajo esponjas, agua, paños. Después +de echar una profunda mirada investigadora al microscopio y cerciorarse +de que estaba limpio y preparado, sujetó al niño a la mesa con una larga +cuerda. Se detuvo unos momentos. Luego, con rápido ademán, tomó la +mordaza y fue a ponérsela... + +En aquel instante un golpe violentísimo hizo saltar el pestillo de la +puerta. Batió ésta con estrépito contra la pared. Escuchose un grito +extraño, desgarrador; y unas manos crispadas se agarraron como tenazas a +la garganta del fisiólogo. + +Éste y su yerno rodaron por el suelo. Fue una lucha furiosa, terrible. +Las sillas se volcaban; la palangana, las retortas y los frascos caían y +se hacían cachos. Los gritos, las imprecaciones de uno y otro aumentaban +el fragor del combate. Parecía que había veinte hombres luchando en +aquel pequeño recinto. + +No era fuerte Mario, pero la defensa de su hijo quintuplicaba el vigor +de sus músculos. D. Pantaleón era un anciano, pero el estado de +exaltación de sus nervios le prestaba una fuerza portentosa. Por algunos +momentos la lucha se mantuvo indecisa. Varias veces cayeron el uno +debajo del otro y otras tantas se alzaron. Los gritos se fueron +apagando. El combate se hizo sordo, feroz, desesperado. La voz dolorida +del niño, amarrado a la mesa, repetía sin cesar: + +--¡Abuelito, deja a papá!... ¡deja a papá! + +El loco al fin fue adquiriendo alguna ventaja. Las fuerzas de Mario +mermaban. Sus dedos cedían: el peso y el volumen de D. Pantaleón le +asfixiaba. Logró éste al fin ponerse encima de él y sujetarle. + +--¡Ya eres mío! ¡ya eres mío!--gritó lanzando feroces carcajadas.--Ahora +voy a verte el cerebro. ¡Aguarda un poco! + +Y le oprimía con sus rodillas el pecho. De tal suerte que el infeliz +escultor hubiera perecido si Miguel Rivera no entrase en aquel momento. +Con su ayuda pudo levantarse, y con la de los vecinos que acudieron al +ruido se logró sujetar al loco y atarlo con la misma cuerda que +aprisionaba a la desgraciada criatura. + + + + +XX + + +Algunos medicamentos recetados por el doctor calmaron en pocas horas el +terrible acceso de Sánchez. Se le quitó la camisa de fuerza. Siguiose un +estado de grave postración; se temió por su vida. Pero a los pocos días +se inició la mejoría; no tardó en ponerse bueno, aunque disparatando +cada vez más. Su locura tomó un aspecto apacible. Hablaba de todo con +bastante lucidez menos cuando se tocaba el punto de la antropología. El +médico, temiendo y aun augurando un nuevo acceso de furia, aconsejó a la +familia que lo recluyese cuanto más pronto en alguna casa de salud, +Mario se resistía, lleno de compasión. + +--¡Pobre viejo!--decía.--Le vamos a dar la muerte encerrándolo en un +manicomio. ¡Dejadlo al pobre! ¿Quién sabe si irá mejorando poco a poco +hasta ponerse enteramente bueno? Con un par de criados que le vigilen +día y noche todo queda arreglado. + +Pero Carlota no quería oír de este arreglo. Su temperamento sano, +equilibrado, rechazaba con profunda aversión toda insanidad del +espíritu. Mientras Mario perdonaba y aun olvidaba el martirio de su +hijo, ella lo tenía grabado a fuego en el corazón; no podía arrojar de +su alma cierto rencor contra su padre, aunque fuese irresponsable. +Tampoco Presentación le había perdonado las quemaduras del rostro. Fue +necesario pensar en el establecimiento adonde le habían de conducir. +Después de varias conferencias se convino en llevarlo a un manicomio de +Carabanchel. Para efectuarlo sin violencia forjaron, como suele hacerse +en tales casos, una comedia. Miguel Rivera fue el inventor de ella. Se +escribió desde Carabanchel una carta al loco, «el más insigne +antropólogo con que hoy contaba la Europa civilizada,» noticiándole la +existencia de cierto individuo que ofrecía en sus funciones vitales +algunas anomalías reversivas con extraños caracteres zoológicos que +hasta entonces no había podido descifrar ningún fisiólogo. Se hacía una +descripción, bastante cómica por cierto, de estas anomalías y se le +invitaba a él, gran anatómico, gran paleontólogo, gran embriólogo, para +que viniese a examinarlo y emitir su opinión. + +No bien hubo leído la carta el ingenioso Sánchez, cuando comunicó a la +familia su propósito de trasladarse aquella misma tarde a Carabanchel. +Se aplaudió su decisión: se le facilitaron los medios. Timoteo salió a +alquilar un carruaje. Tanto él como Mario se brindaron a acompañarle y +sus esposas respectivas lo mismo. Miguel Rivera, que estaba allí +casualmente, también quiso ser de la partida. + +A las tres de la tarde salieron todos, en un _familiar_, de la calle de +Ramales, célebre ya en todo el orbe, en dirección a la puerta de Toledo. +El día claro y apacible. Saltaba alegremente el carruaje sobre el +empedrado de las calles. El gran fisiólogo iba de humor excelente y +departía sobre su famoso descubrimiento con Rivera, que apoyaba con +vivos movimientos de cabeza sus disquisiciones. + +Luego que salieron de la villa y empezaron a correr por la carretera +tuvieron un gracioso encuentro. D. Laureano Romadonga iba de paseo en la +misma dirección en compañía de su querida; una nodriza delante llevando +en brazos un niño. La chula vestía ya de señora con capota y sombrilla: +no le sentaba mal. Por iniciativa de Rivera, al tiempo de cruzar a su +lado sacaron todos la cabeza por las ventanillas y gritaron: + +--¡Adiós, D. Laureano! ¡Adiós! + +El viejo seductor saludó visiblemente molestado. La chula les clavó una +mirada inquisitorial, agresiva, sin hacer la más leve inclinación de +cabeza. + +--¿Pero se ha casado ese hombre?--preguntó Presentación. + +--No lo sé--contestó Miguel riendo.--Dicen que sí. Al fin ha encontrado +lo que tanto apetecía: una mujer enérgica. Creo que le da cada pie de +paliza que lo deja verde. + +--¡Qué horror!--exclamó la joven estupefacta.--¡Parece mentira! + +--¿Mentira? Repárela usted bien. + +La chula no apartaba del carruaje sus ojos con expresión tan fiera y +despreciativa que fascinaban como los de una pantera. + +--En efecto, debe de ser bien dominante--manifestó Carlota. + +--¡Un cabo de vara!--repuso Rivera.--Lo que le hacía falta a ese cínico +que se ha pasado la vida burlándose de todas las leyes divinas y +humanas. + +Llegaron por fin al manicomio. Carlota y Presentación se quedaron a la +puerta, haciendo esfuerzos desesperados para ocultar su emoción. Los +tres hombres subieron con el fisiólogo con pretexto de examinar también +el curioso caso de atavismo. Recibioles el director cortésmente. D. +Pantaleón se dejó conducir por él a otra estancia para conferenciar +secretamente acerca de las anomalías orgánicas del ser que iba a +mostrarle. Trascurrió media hora. Al cabo se presentó de nuevo el jefe. + +--Ya está, arreglado el asunto. Pueden ustedes retirarse cuando gusten. + +--¿Ha puesto alguna resistencia?--preguntó Rivera. + +--Absolutamente ninguna. Queda tan sosegado esperando que mañana le he +de enseñar el consabido individuo... Hoy no puede ser--añadió +sonriendo;--se encuentra ya durmiendo. + +Quedaron los tres silenciosos y tristes. Mario preguntó al fin +tímidamente: + +--¿Sería posible verlo sin que él nos viese, antes de irnos? + +--No hay inconveniente. Se halla en el jardín en este momento... Pasen +ustedes por aquí. + +Los condujo al través de varias estancias y corredores hasta una +puertecita. Abrió un ventanillo que tenía y les invitó a mirar. Miró +primero Timoteo, luego Rivera; el último fue Mario. El ingenioso D. +Pantaleón se hallaba sentado en uno de los bancos de piedra del jardín +rodeado de seis u ocho individuos. Llevaba él la palabra acompañándola +con graves y persuasivos ademanes. Aunque no oían lo que decía, +supusieron con fundamento que disertaba sobre algún interesante problema +antropológico. + +Retiráronse al fin en silencio. Todos iban serios. El semblante de +Mario, sobre todo, reflejaba tristeza profunda, una emoción que en vano +trataba de ocultar. Después de dar algunos pasos por el corredor, +todavía se volvió para mirar otra vez por el ventanillo. Le costaba +trabajo arrancarse de aquel sitio donde la compasión le tenía clavado. + +Cuando salieron no hallaron a la puerta a Carlota y Presentación. El +cochero les dijo que las dos señoras se habían ido llorando por el +camino de la derecha. No estarían lejos. En efecto, apenas habían dado +algunos pasos las vieron a lo lejos en medio del campo. Sus elegantes +siluetas se destacaban del fondo claro del cielo con líneas bien +recortadas. Ambas se llevaban con frecuencia el pañuelo a los ojos. + +Juntáronse los hombres a ellas, y sin decirse una palabra volvieran +lentamente en busca del coche. Marchaban mudos y cabizbajos. Carlota, +acercándose a Rivera, le preguntó al fin en voz baja y temblorosa: + +--¿Ha hecho resistencia? + +--Nada. Queda muy contento. Tranquilízate. El director nos ha asegurado +que no tardará mucho tiempo en volver sano a su casa. + +Mario se había quedado atrás y contemplaba abstraído la puesta del sol. +El cielo estaba azul. Sus profundidades se extendían sin nubes sobre su +cabeza. Pero la brisa del Norte había amontonado allá en el horizonte +montañas flotantes de nubes de fuego formando fantásticas ciudades, +cuyas flechas y cúpulas resplandecían temblorosas al través de una gasa +azul. La campiña estaba dormida: el aire callado. La tierra se extendía +desnuda y árida. + +La bóveda celeste brillaba como un inmenso fanal de luces de oro, +sublime, infinito, envolviendo los mundos que pueblan sus abismos y +soledades profundas. Algunas estrellas azuladas se encendían tímidamente +en los confines del Oriente. Desde el Occidente el ojo sangriento del +sol las miraba severo. + +El sol se acostaba en un mar de púrpura, sobre un vapor flotante y +encendido, exhalando sus ardores de reposo y de amor. Balanceábase +majestuoso sobre las nubes resplandecientes con melancolía infinita, +escuchando graves y sublimes armonías que no llegarán jamás al oído de +ningún mortal. El manto carmesí de la tarde tachonado de estrellas caía +de las profundidades del firmamento. + +Ante el esplendor glorioso de aquel ocaso Mario permaneció inmóvil de +sorpresa y admiración. En el paisaje no había más que luz, pero la luz +bastaba para llenar de colores y formas el cielo y la llanura. Allá a lo +lejos las torres de Madrid temblaban en un vapor azulado debajo de la +fantástica ciudad flotante de las nubes. + +La noche llega. ¡Oh, quién pudiera vagar por las regiones del aire entre +las brisas y los rayos de luz! El joven artista sintió una emoción +intensa que enajenó su alma y la suspendió en un paraíso de inmortal +claridad y alegría. + +--¡Oh, quién fuese una de esas nubes de oro--pensó--para hender con mis +alas el abismo azul, para flotar en el rosicler de la tarde y sacudir +el fresco rocío sobre las flores dormidas! ¡Oh, quién pudiera huir sobre +las olas del aire hasta el trono del sol y habitar el palacio de las +noches sin nubes! Las espinas de la vida hieren mis carnes; el frío de +la vida hiela mi corazón. ¡Glorioso sol, llévame contigo, llévame por +encima de las montañas y las olas, sobre las verdes llanuras y las +espumas del Océano; llévame lejos del triste sueño de la existencia, a +reposar bajo tu pabellón tejido de estrellas! He visto a mi hijo +inocente padecer horribles martirios. He visto a ese desgraciado que ahí +queda infligírselos por un impulso fatal. Mi espíritu sangra y no +comprende nada. ¡Glorioso sol, arrástrame contigo; condúceme al templo +de la Verdad y la Bondad infinitas, a la morada de ese Poder en cuyo +seno divino todas las contradicciones se resuelven, todos los dolores se +apagan! Quiero ver desde esas puras estrellas que ocultas con tu +presencia a esta mísera tierra encadenada a su feroz egoísmo, a su +tristeza y oscuridad... + +Un estremecimiento de anhelo sacudía, el cuerpo del escultor. Su faz +parecía iluminada por una luz inmortal: sus nervios se dilataban por la +emoción: en sus ojos extáticos, clavados en el cielo, temblaba una +lágrima. + +--¿Qué hace Mario allí parado?--preguntó Carlota volviendo la vista +atrás. + +Rivera se volvió también y, al observar la actitud contemplativa del +artista y la extraña expresión mística de sus ojos, comprendió lo que +pasaba en su alma. + +--Déjalo--manifestó gravemente.--Tu marido quizá sepa en este momento +dónde se halla el origen del pensamiento. + +--¡No, por Dios!--exclamó la fiel esposa, asustada, corriendo hacia él. + + + + + +End of the Project Gutenberg EBook of El origen del pensamiento, by +Armando Palacio Valdés + +*** END OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK EL ORIGEN DEL PENSAMIENTO *** + +***** This file should be named 30535-8.txt or 30535-8.zip ***** +This and all associated files of various formats will be found in: + https://www.gutenberg.org/3/0/5/3/30535/ + +Produced by Chuck Greif and the Online Distributed +Proofreading Team at https://www.pgdp.net + + +Updated editions will replace the previous one--the old editions +will be renamed. + +Creating the works from public domain print editions means that no +one owns a United States copyright in these works, so the Foundation +(and you!) can copy and distribute it in the United States without +permission and without paying copyright royalties. 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You may copy it, give it away or +re-use it under the terms of the Project Gutenberg License included +with this eBook or online at www.gutenberg.org + + +Title: El origen del pensamiento + +Author: Armando Palacio Valdés + +Release Date: November 23, 2009 [EBook #30535] +[Last updated: October 7, 2011] + +Language: Spanish + +Character set encoding: ISO-8859-1 + +*** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK EL ORIGEN DEL PENSAMIENTO *** + + + + +Produced by Chuck Greif and the Online Distributed +Proofreading Team at https://www.pgdp.net + + + + + + +</pre> + +<hr /> + +<h3>EL ORIGEN</h3> + +<p class="c">DEL</p> + +<h1>PENSAMIENTO</h1> + +<p class="c">NOVELA</p> + +<p class="c">POR</p> + +<h2>D. ARMANDO PALACIO VALDÉS</h2> + +<p class="c15">MADRID<br /> +<span class="sml">IMPRENTA DE LOS HIJOS DE M. G.-HERNÁNDEZ</span><br /> +Libertad, 16 duplicado, bajo.<br /> +1893</p> + +<p class="c">ES PROPIEDAD</p> + + +<table summary="toc" +cellspacing="0" +cellpadding="0"><tr><td><a href="#I">I, </a> +<a href="#II">II, </a> +<a href="#III">III, </a> +<a href="#IV">IV, </a> +<a href="#V">V, </a> +<a href="#VI">VI, </a> +<a href="#VII">VII, </a> +<a href="#VIII">VIII, </a> +<a href="#IX">IX, </a> +<a href="#X">X, </a> +<a href="#XI">XI, </a> +<a href="#XII">XII, </a> +<a href="#XIII">XIII, </a> +<a href="#XIV">XIV, </a> +<a href="#XV">XV, </a> +<a href="#XVI">XVI, </a> +<a href="#XVII">XVII, </a> +<a href="#XVIII">XVIII, </a> +<a href="#XIX">XIX, </a> +<a href="#XX">XX</a> +</td></tr> +</table> + + + +<h3><a name="I" id="I"></a>I</h3> + + +<p>Mario tenía encendidos los pómulos y el resto de la cara bien pálido: la +mano le temblaba al llevarse la cucharilla a la boca: la garganta se +resistía a dar paso al café, que tragaba apresuradamente y sin gustarlo. +Sus ojos se volvían frecuentemente hacia una de las próximas mesas donde +una familia compuesta de padre, madre y dos niñas de veinte a +veinticuatro abriles tomaban igualmente café. Los papás leían los +periódicos; las niñas escuchaban distraídas las notas prolongadas, +quejumbrosas, del violín.</p> + +<p>El violín se quejaba bien amargamente aquella noche; ya sabremos por +qué. El vasto salón del café estaba poblado de sus habituales +parroquianos. Eran, por regla general, modestos empleados que por el +módico precio de la taza de café se regalaban con sus familias toda la +noche escuchando al piano y al violín todas las sinfonías y todos los +nocturnos habidos y por haber, conversaban, leían los periódicos y se +daban tono de personas pudientes. Había también estudiantes, militares +subalternos, comerciantes de escasa categoría y artesanos de mucha. Los +domingos, la clase de horteras aportaba un contingente considerable.</p> + +<p>De todas las calles céntricas de Madrid, la única que conserva cierta +tranquilidad burguesa que le da aspecto honrado y amable es la calle +Mayor. Entrando por ella vienen a la memoria nuestras costumbres +patriarcales de principios del siglo, la malicia inocente de nuestros +padres, los fogosos doceañistas, la Fontana de Oro, y se extraña no ver +a la izquierda las famosas gradas de San Felipe. El café del Siglo, +situado hacia el promedio de esta calle, participa del mismo carácter +burgués, ofrece igual aspecto apacible y honrado. Hasta la hora +presente no se han dado cita allí las bellezas libres y nocturnas que +invadieron sucesivamente a temporadas muchos otros establecimientos de +la capital. Ni a primera ni a última hora de la noche reina allí Príapo, +numen impuro, sino su hermano Himeneo, protector de los castos afectos.</p> + +<p>Cualquiera podría observar que una de las niñas, la más llena de carnes +y redondita, pagaba algunas, no todas, de las miradas que Mario enfilaba +en aquella dirección. Cuando esto acaecía, la joven sonreía leve y +plácidamente mientras aquél hacía una mueca singular que nada tenía de +sonrisa, aunque pretendía serlo.</p> + +<p>Mario era un joven delgado, no muy correcto de facciones, los labios y +la nariz grandes, los ojos pequeños y vivos, el cabello negro, crespo y +ondeado, la tez morena. Una frente alta y despejada era lo único que +prestaba atractivo y ennoblecía singularmente aquel rostro vulgar. No +sólo miraba con más recelo que entusiasmo hacia la niña de la mesa +inmediata; también dirigía sus ojos asustados hacia la puerta de +cristales que se abría y cerraba a cada momento para dejar paso a los +tertulios. El chirrido del resorte le producía vivos estremecimientos.</p> + +<p>—¡Cuánto tarda hoy D. Laureano!—exclamó al fin en voz alta +dirigiéndose al compañero que tenía enfrente.</p> + +<p>Era éste joven también, de rostro pálido adornado con gafas; gastaba la +barba y los cabellos largos en demasía; su traje, más desaseado que +mezquino. Ni respondió ni levantó siquiera la cabeza al oír la +exclamación de su amigo, atento a la lectura del periódico que tenía +entre las manos. Mario quedó algo confuso por aquella indiferencia, y +añadió sacando el reloj:</p> + +<p>—Las nueve y media ya... Otros días está aquí a las nueve.</p> + +<p>El mismo silencio por parte del joven de la luenga barba.</p> + +<p>Una miradita a la puerta, otra a su regordeta vecina y un sorbo de café +fueron las tres cosas que supo hacer para indemnizarse del desdén de su +compañero. Y se propuso firmemente no volver a dirigirle la palabra. +Pero a los cinco minutos sacó de nuevo el reloj y, sin acordarse de su +propósito, preguntó:</p> + +<p>—Adolfo, ¿sabes si D. Laureano está enfermo?</p> + +<p>Adolfo hizo un leve movimiento de indiferencia con los hombros sin +pronunciar palabra.</p> + +<p>—Es que como ya son cerca de las diez menos cuarto...</p> + +<p>Adolfo era realmente un hombre superior, como se verá en el curso de la +presente historia. Hablaba poco, reía menos, y el espectáculo de las +pasiones humanas no lograba turbar el vuelo elevado de sus pensamientos. +Sin embargo, al cabo de un rato, observando la impaciencia de su amigo, +traducida en vivos movimientos descompasados que hacían rechinar la +silla y ponían en peligro inminente la botella del agua y las tazas de +café, levantó los ojos hacia él, y una benévola sonrisa de compasión se +esparció por su rostro reflexivo. Mario, que admiraba profundamente a +Adolfo, se puso colorado e hizo esfuerzos colosales para estarse +quieto.</p> + +<p>—¡Al fin!—exclamó a los pocos instantes, viendo aparecer por la puerta +a un caballero alto, de figura distinguida, vestido con exquisita +elegancia.</p> + +<p>Pero en vez de manifestarse alegre, como era de esperar, su fisonomía +adquirió la misma expresión que si viera un fantasma.</p> + +<p>D. Laureano, que, aunque viejo, conservaba en su rostro fino, expresivo, +adornado con pequeño bigote, la mejor prueba de los numerosos triunfos +sobre el sexo femenino que se le atribuían, acercose lentamente, con un +cigarro puro en la boca, fijando su mirada en todas las mujeres que por +allí había sentadas. Saludó alegremente a los jóvenes, con la misma +libertad y franqueza que si fuera uno de ellos, dio un par de palmadas +para llamar al mozo y dirigió unas cuantas sonrisas amicales a los +parroquianos de las mesas inmediatas.</p> + +<p>—Aquí tiene usted a Mario deshecho de impaciencia. Ya preguntaba si +estaría usted enfermo—dijo Adolfo.</p> + +<p>—¿Pues?... ¡Ah, sí!... No me acordaba que debo presentarle a su +Julieta... ¡Oh! ¡La juventud!... ¡el amor!... ¡Qué pena para mí ver +esas cosas ya de lejos!—añadió con un suspiro.</p> + +<p>Pero sus ojos codiciosos, atrevidos, dirigiéndose al mismo tiempo hacia +una hermosa mujer sentada cerca del mostrador, pregonaban bien claro que +no andaban tan lejos como decía.</p> + +<p>—Usted me permitirá que tome café, ¿verdad?—preguntó en tono de burla +a Mario.</p> + +<p>Éste sonrió, ruborizándose.</p> + +<p>—Tome usted lo que quiera. No hay prisa.</p> + +<p>—Muchas gracias.</p> + +<p>Mientras D. Laureano tomaba el café, enfilando miradas incendiarias a la +belleza que había descubierto, y Adolfo se enfrascaba nuevamente en la +lectura del periódico, nuestro joven enamorado cambiaba sonrisas de +inteligencia con la vecinita.</p> + +<p>Había estado muchísimo tiempo asistiendo al café sin fijarse en ella. Un +día le dijo don Laureano: «¿Sabe usted que una de las vecinitas, la más +gruesa, no le mira a usted con malos ojos?» Lo dijo por bromear; pero +bastó para que nuestro joven fijase su atención en ella, la fuese +hallando cada día más bonita, aunque en opinión de todos no fuese más +que pasable, se interesase un poco y concluyese por enamorarse +perdidamente. Mario no había conocido a su madre. Su padre, hombre +público importante, subsecretario, consejero de Estado varias veces, +había fallecido hacía tres años. Como acaece algunas veces, más de las +que el vulgo imagina, D. Joaquín de la Costa, que había tenido tantas +ocasiones de hacerse rico, murió sin dejar hacienda alguna a su hijo. +Tuvo que vivir éste exclusivamente con el empleo de doce mil reales que +le había dado en el ministerio de Ultramar. El dinero que recabó de la +almoneda de su casa lo gastó muy pronto en una escapatoria que hizo a +Francia y a Italia. Como testimonio de respeto a la memoria de su padre, +el ministro que a la sazón desempeñaba la cartera de Ultramar le había +ascendido a catorce mil reales, y tal sueldo era lo único que poseía. +Alojaba en una casa de huéspedes donde por tres pesetas le daban +habitación y almuerzo. Comía siempre en casa de alguno de los amigos de +su padre. Con lo que le restaba de la paga atendía pasablemente a sus +necesidades, que no eran muchas: un traje decente, una taza de café, al +teatro los sábados y a los conciertos los domingos de primavera. Había, +no obstante, cierto agujero por donde se le escapaban más pesetas de las +que podía destinar a sus placeres, colocándole a veces en situación +angustiosa. Hay que decirlo en secreto, porque a Mario no le gustaba que +se divulgase entre sus amigos. Era aficionado a la escultura. En +modelos, vaciadores y utensilios se le iban lindamente los cuartos.</p> + +<p>Desde muy niño había mostrado afición al dibujo. Su padre, por +complacerle, le puso maestro: llegó a dibujar muy correctamente. Luego +emprendió la pintura, venciendo sin trabajo la resistencia de su padre. +Sentía éste verle malgastar tanto tiempo en las clases de adorno, +dejando abandonados los estudios serios. En la pintura no hizo tantos +progresos. El color ofrecía para él dificultades insuperables. En +cambio, por la amistad que trabó con algunos de los discípulos de la +clase de escultura en la Academia, comenzó a ensayarse en el modelado, +y se sintió desde luego tan apto que siguió trabajando con ahínco. En +poco tiempo hizo progresos extraordinarios. Tantos le parecieron y tanto +le llenaron la cabeza de viento sus amiguitos, que un día tuvo la +audacia de presentarse a su padre manifestándole que quería dejar la +carrera de abogado para dedicarse exclusivamente a la escultura. No se +sabe cómo D. Joaquín le dejó vivo. Su indignación estalló de tal manera +fragorosa, que el pobre Mario corrió a refugiarse en su cuarto, donde +lloró con abundantes lágrimas la ruina de sus ilusiones artísticas.</p> + +<p>Mal que bien y a trompicones terminó la carrera de leyes. Pero, +ocultándose cuidadosamente de su padre, seguía modelando en casa de un +amigo que le facilitaba para ello su estudio. Allí perdía horas y horas +mientras los tratados de derecho civil y canónico yacían en los rincones +de su cuarto solitarios, cubiertos de polvo, en ignominioso e inmerecido +abandono. Cuando su padre falleció, experimentó profunda sensación de +soledad y tristeza. Había vivido siempre en total ignorancia de las +condiciones materiales de la existencia. La bondad de su padre le +consentía gastar todo su sueldo en caprichos y placeres. Era un hijo de +familia mimado que vivía en su casa como en una fonda. Al revelársele su +situación quedó sumido en profundo abatimiento. Salió de él bastante +cambiado. Sus pensamientos fueron más graves, más tristes, más +prosaicos. Comprendió que era necesario cambiar de todo en todo sus +costumbres, reducir al último grado posible sus necesidades y vivir +modestamente atenido al sueldo que felizmente la previsión de su padre +le había alcanzado.</p> + +<p>No obstante, estos sanos propósitos estaban tan frescos que se borraron +al contacto de las ocho o diez mil pesetas que la almoneda de su casa le +produjo. En vez de guardarlas como reserva para cualquier apuro o sacar +de ellas algún interés, así que las tuvo en la mano surgió en su cerebro +el pensamiento de hacer un largo viaje. Aprovechando la compasión del +ministro obtuvo licencia ilimitada y recorrió durante cuatro meses las +principales ciudades de Italia y algunas de Francia, Alemania e +Inglaterra. Era el sueño de su vida. Conocer los monumentos +arquitectónicos y ver los mármoles auténticos de la antigüedad pagana +era una aspiración intensa que en su espíritu exaltado había llegado a +convertirse en fiebre. Al subir los escalones del peristilo del museo +del Louvre y descubrir al final de larga sala, arrimada a un cortinaje +rojo, sola sobre su pedestal la célebre <i>Venus de Milo</i>, sintiose +poseído de una emoción indefinible: las piernas quisieron doblársele, y +si no le detuviese el temor al ridículo, hubiera caído de rodillas ante +la majestad de la diosa, a semejanza de los marinos griegos, que al +arribar a la costa de Milo se apresuraban a rendir adoración a la +hermosa <i>Aphrodita</i>. El mismo sentimiento de alegría y respeto que a +ellos les embargaba embargábale a él. Si no la creía como ellos nacida +de la espuma del mar, fecundada por la sangre de Urano, juzgábala nacida +de la mente divina de un artista que hasta ahora nadie igualó jamás. +Algo semejante, aunque no con tal fuerza, le acaeció en presencia del +Apolo del Belvedere, y el Fauno de Praxíteles en Roma, de la Niobe y la +Venus de Cleomenes en Florencia.</p> + +<p>Al regresar a Madrid y tocar nuevamente la prosa de los expedientes y la +vida mezquina de la casa de huéspedes, experimentó una sensación de +tristeza mortal como si le hubiesen condenado a presidio. Disgustose de +la práctica de la escultura. Después de ver las obras maestras, la +estatuaria de sus compañeros le parecía tan afectada, tan pobre, tan +ridícula, que por no parecerse a uno de ellos, halló mejor abandonar +enteramente los palillos y el cincel. Comenzó a pasar horas y horas en +el café y se aficionó con frenesí a la música. Gozaba también con +escuchar las disputas científicas y filosóficas que su amigo Moreno +mantenía con cualquiera que le llevase la contraria. Jamás intervino en +ellas. Pero divertían su espíritu de la muchedumbre de pensamientos +melancólicos que constantemente se cernían sobre él.</p> + +<p>Asistía ordinariamente a la misma mesa del café, además de Moreno y D. +Laureano, otro amigo llamado Miguel Rivera, viudo, antiguo periodista, +secretario particular en la actualidad de un ministro, hombre de +carácter festivo y alegre conversación cuando no abatía su espíritu el +recuerdo de un terrible pesar que había experimentado. Iban asimismo un +caballero de edad media, barba gris y voz de sochantre, llamado D. +Dionisio, y un jovencito sonrosado, de fisonomía dulce e interesante que +respondía por Godofredo Llot.</p> + +<p>D. Laureano no daba señales de recordar el compromiso contraído. Mario +sentía al mismo tiempo pesar y alegría de este olvido porque, si +anhelaba acercarse a su ídolo, temía el instante de la presentación como +un trance apuradísimo.</p> + +<p>—Buenas noches, señores—dijo una voz bronca, profunda.</p> + +<p>—Hola, D. Dionisio, ¿cómo estamos?—preguntó distraídamente D. +Laureano, sin apartar la vista de la preciosa chula que había +descubierto.</p> + +<p>—Medianamente; horriblemente fatigado—respondió el caballero que +acababa de sentarse.</p> + +<p>Y adoptó una actitud tal de cansancio hundiendo la cabeza en el pecho, +dejando pendientes las manos y respirando con anhelo por su boca +entreabierta, que en realidad parecía deshecho por una serie de +esfuerzos colosales. Paseó su mirada lánguida por los circunstantes +esperando que se le pidiese explicación de aquel cansancio. Pero D. +Laureano atendía a su juego; Adolfo Moreno seguía enfrascado en la +lectura; Miguel Rivera, que hacía un rato había llegado, se le quedó +mirando fijamente y con cierta sonrisa burlona. El único asequible en +aquel momento era Mario. A él se dirigió metiéndole la boca por el oído.</p> + +<p>—Diez y siete cuartillas.</p> + +<p>—¿Cómo?</p> + +<p>—Diez y siete cuartillas. He terminado el capítulo onceno.</p> + +<p>—¡Ah!</p> + +<p>—Es un trabajo espantoso. En veinte días llevo escritas cerca de +trescientas cuartillas.</p> + +<p>—Trabaja usted demasiado, D. Dionisio—dijo con gesto de aburrimiento +Mario.</p> + +<p>—No hay más remedio—murmuró modestamente el caballero.—Para +conseguir una plaza en la república de las letras, es necesario trabajar +mucho.</p> + +<p>Era D. Dionisio Oliveros un antiguo empleado del ministerio de Ultramar, +jefe del negociado donde servía Mario, que ya muy tarde, cuando pasaba +de los cuarenta, se sintió irresistiblemente llamado a conquistar la +gloria de la literatura. Y comprendiendo, con admirable instinto, que +había perdido mucho tiempo, quiso compensar a las musas de su largo +alejamiento por medio de una constancia y una adhesión ilimitadas. Todo +el tiempo que le dejaban libre los expedientes le parecía escaso para +cortejarlas. Dramas, comedias, poemas grandes y chicos, novelas, cuantos +géneros comprende la bella literatura, salían en atropellada procesión +de su pluma. Vivía en una verdadera fiebre de producción. Había +publicado dos o tres cositas, en cuya impresión agotó sus cortos +ahorros. Ahora se dedicaba a buscar editor o empresario, pero sin +abandonar por eso su labor incesante. Esperaban, guardadas en legajos y +admirablemente copiadas en letra inglesa, que llegase el día de ver la +luz, cuatro novelas, siete dramas, un poema, cinco comedias y un número +considerable de poesías líricas, que según sus cálculos podrían formar +tres tomos voluminosos.</p> + +<p>—Oiga usted, D. Dionisio—dijo Miguel Rivera, que no quitaba del +laborioso poeta sus ojos risueños.—¿No le han pasado a usted recado +nunca los vecinos?</p> + +<p>—¿Por qué me lo habían de pasar?—preguntó sorprendido Oliveros.</p> + +<p>—¡Toma! Por el ruido que usted hará en las altas horas de la noche al +fabricar sus poemas.</p> + +<p>—Yo no hago ruido ninguno—repuso el otro, amoscado.</p> + +<p>—¡Ah! Pues yo pensaba que esas redondillas tan vigorosas necesitaban +grandes martillazos.</p> + +<p>D. Laureano y Mario volvieron la cabeza para reírse. Adolfo Moreno metió +la cara por el periódico para hacer lo mismo.</p> + +<p>—Usted siempre de broma, amigo Rivera—dijo el poeta, avergonzado.</p> + +<p>El café estaba en su momento álgido. Las luces, el humo del tabaco, el +aliento de los centenares de personas allí reunidas, formaban una +atmósfera espesa donde sólo respiraban bien los seres adaptados a ella +desde largo tiempo. El violín exhalaba sus notas arrastradas, +lamentables, quejándose siempre de un dolor tan amargo como misterioso. +La mayor parte no le comprendían; pero había algunos seres privilegiados +y poéticos, casi todos ellos del ramo de sedería, en quienes sus +lamentos hallaban eco y simpatía. Dejaban de intervenir en la +conversación de sus compañeros, se echaban hacia atrás en la silla, y +enteramente abstraídos, con los ojos entornados, daban claro testimonio +de la delicadeza de sus sentimientos. ¡Qué contraste con los del ramo de +ultramarinos, hombres por lo general incultos y zafios, incapaces de +distinguir un <i>nocturno</i> de una <i>barcarola</i>!</p> + +<p>D. Laureano andaba conmovido con los ojos hermosísimos de aquella chula +sentada cerca del mostrador. Mientras tomaba el café a breves sorbos no +apartaba la mirada de ella, sin atender poco ni mucho a la conversación +de sus compañeros. Así que dio fin a la taza, levantose de la silla, y +sin decir adiós se alejó a paso lento, solapado, balanceando el tronco +esbelto de su figura al través de las mesas y las sillas, en dirección +del mostrador.</p> + +<p>—Ya empezó el ojeo. Matusalén toma vientos—dijo Rivera mirándole con +curiosidad.</p> + +<p>Los demás volvieron también la cabeza y sonrieron.</p> + +<p>—¡Qué hombre tan singular!—murmuró Adolfo Moreno.—¡A su edad tener +las pasiones tan despiertas! Indudablemente es un caso de anomalía +orgánica: el exceso de nutrición se ha prolongado mucho más que en el +tipo común.</p> + +<p>Miguel Rivera le echó una mirada de reojo donde se leían mil cosas +irónicas y, poniéndole una mano sobre el hombro, le dijo:</p> + +<p>—¡Bien, <i>técnico</i>, bien! Advierto con placer que cada día penetra usted +más adentro en los misterios de la morfología.</p> + +<p>Adolfo hizo un gesto de mal humor, mientras los demás sonreían. Le +mortificaba profundamente el apodo que Rivera le había puesto y las +bromas constantes que le merecían sus aficiones científicas. +Calificábalo por detrás de hombre frívolo, ignorante, y periodista +insustancial; pero nada se atrevía a replicarle, en parte, porque Miguel +le llevaba bastantes años y, en parte también, porque temía a su +proverbial causticidad.</p> + +<p>D. Laureano había llegado al mostrador y, arrimado a él, hablaba +secretamente con el encargado. ¿Por qué le llamaba Matusalén Rivera? +Porque, aunque parezca maravilloso, increíble, D. Laureano tenía cerca +de sesenta años. Nadie le supondría más de cuarenta y cuatro o cuarenta +y seis. Era un hombre alto, esbelto, de cabellos negros y rizados donde +sólo se advertía tal cual hebra plateada, la tez fresca y sonrosada, el +pequeño bigote retorcido hacia arriba, la dentadura perfectamente +conservada. Vestía con suprema elegancia, con una distinción tan poco +afectada que aun las formas más extravagantes impuestas por la moda +sobre su cuerpo parecían sencillas y adecuadas. Hacía cuarenta años que +llevaba la misma vida de joven alegre y elegante. Jamás había trabajado +en nada. Dos hermanos, que ya se habían muerto, honrados comerciantes +que tuvieron un almacén de tejidos en la calle de la Montera, habían +provisto con cariño a sus necesidades y hasta a sus vicios mientras +vivieron. A su fallecimiento le dejaron por heredero de una regular +hacienda. Le llevaban bastantes años, y más que hermano fue siempre para +ellos un hijo mimado. Complacíanse en verle montar a caballo, guiar un +faetón, alternar con los jóvenes de la aristocracia, y se engreían +infinitamente cuando oían hablar de su elegancia, de sus queridas, de +los triunfos que obtenía en sociedad. Aquellos dos pobres hombres, +encerrados en su oscura tienda, haciendo números y midiendo telas todo +el día, no tenían con los goces de la existencia otro contacto. Una sola +condición ponían a este sacrificio: que no se casase. Formando nueva +familia rompía aquel lazo filial, dejaba de ser su orgullo; la ola +perfumada del mundo ya no llegaría al tétrico rincón de su almacén. D. +Laureano hacía valer mucho esta prohibición para sacarles lindamente +los cuartos: en realidad, importábale tan poco que jamás se le había +pasado por la mente enajenar su grata libertad. Aborrecía de muerte el +matrimonio y la familia. Cuando algún amigo se casaba, considerábale +como un suicida. Las enfermedades y los caprichos de la esposa, los +gastos exorbitantes de la casa, el llanto de los chiquillos, las +exigencias de la nodriza, todas las miserias y contrariedades de la vida +matrimonial en suma, se ofrecían a su imaginación con tal relieve y +sabía describirlas tan gráficamente que, escuchándole, a nadie le +entraba en apetito el probarlas.</p> + +<p>Tenía alquilado un cuarto en la plaza de la Independencia, con un solo +criado a su servicio. Comía fuera de casa, generalmente en el Casino. +Cuando iba a alguna reunión o le tocaba el turno del Real, el criado le +traía la ropa en un cajoncito expresamente fabricado con este objeto, y +en el mismo Casino se mudaba.</p> + +<p>Como hombre enteramente resuelto a gozar todos los placeres de la +existencia, no limitaba sus relaciones a un círculo determinado. Tenía +amigos y amigas, más particularmente amigas, en todas las clases de la +sociedad. Era tertulio del club aristocrático de los Salvajes, del +Casino, del Suizo, de la cervecería Inglesa y del café del Siglo. En +todos estos lugares había un grupo de jóvenes o de viejos que le +juzgaban parte integrante de la tertulia. No había tal. D. Laureano no +se entregaba a ninguna sociedad; saltaba de una a otra con la mayor +indiferencia. Cuando se hallaba entre los viejos del café Suizo no se +acordaba de que le aguardaban los jóvenes bulliciosos de la Gran Peña +para perpetrar alguna terrible broma; cuando charlaba con sus amiguitos +del café del Siglo, gente de humilde posición, parecía ignorar la +existencia de sus compañeros los duques del club de los Salvajes. +Asistía ocho días seguidos a cualquiera de estas sociedades: de repente +se cansaba y tardaba en venir un mes. Miguel Rivera solía compararlo a +<i>Milord</i>, un famoso perro que asistía con su amo al café del Siglo. +Mientras le daban terrones de azúcar se mostraba muy solícito y +cariñoso. En cuanto observaba que los platillos quedaban vacíos, se +alejaba de la mesa afectando no conocerles siquiera. D. Laureano no +estaba con ellos sino mientras le divertían.</p> + +<p>Pues si pasamos al sexo femenino, aquí sí que se dilataba +desmesuradamente la esfera de sus conocimientos. Tan pronto se le veía +asiduo galanteador de una marquesa averiada, como festejando a alguna +hermosa horchatera. Una noche formaba el encanto de alguna tertulia +cursi y enamoraba a cualquier zagalilla de quince años, dulce y tímida; +a la siguiente se le veía cenando en algún colmado con dos rameras. Su +amor no reconocía clases, ni estados, ni edades.</p> + +<p>Tenía un carácter apacible y su trato era cortés y afectuoso. No +disputaba jamás, pero gozaba oyendo disputar a los otros. Poseía +inteligencia bastante lúcida y una ilustración que, aunque superficial, +le servía para no hacer papel desairado en ningún sitio. Tocaba el piano +medianamente, leía muchas novelas francesas y hablaba con alguna +competencia de pintura. Toleraba fácilmente los defectos del prójimo y +se hacía perdonar los suyos por la frescura y la gracia con que los +confesaba. Se refería a sus vicios y se jactaba de ellos con suave +cinismo que a algunos hacía gracia y a otros repugnaba. De todos modos, +era un compañero agradable y hombre con quien había seguridad de no +tener choque alguno por palabra de más o de menos. En todas partes +inspiraba alegría su presencia, la alegría serena, apacible que su +rostro reflejaba constantemente.</p> + +<p>—Manuel, vas a decirme en seguida quién es esa chiquilla que está aquí +sentada a la derecha con un viejo—dijo al encargado del café +inclinándose y metiéndole los labios por el oído.</p> + +<p>—No puedo darle muchas noticias, Sr. Romadonga. Son padre e hija y me +parece que los conoce Remigio, uno de los mozos... Aguarde usted un +poco.</p> + +<p>Llamó el encargado a Remigio y éste les manifestó que eran vecinos suyos +y vivían en la calle de Lavapiés. El padre era viudo, de oficio sillero +y no tenía más hija que ésta. La muchacha estaba aprendiendo a peinar. +Buena gente. El sillero un infeliz. La chica muy trabajadora y muy +recatada, pero con un genio de dos mil diablos. Armaba cada pelotera de +vez en cuando con la vecina del segundo, que la casa temblaba.</p> + +<p>—¡Así me gustan a mí!—murmuró D. Laureano atusándose con mano trémula +el bigote y devorando con los ojos a la hermosa chula,—¡Que muerdan y +arañen como los gatos!</p> + +<p>No habían pasado inadvertidas para aquélla ni las miradas apetitosas del +bizarro señor ni el conciliábulo que celebraba con el encargado y el +mozo su vecino. Bien entendió que se trataba de ella y que el elegante +caballero la encontraba muy de su gusto. Moviose con inquietud en la +silla, dirigió dos o tres furtivas miradas al grupo y se llevó la mano a +la cabeza para alisarse el pelo, primera y graciosa respuesta de +inteligencia que da siempre la mujer a los homenajes que le dirigen con +la vista.</p> + +<p>—¡Preciosa criatura!—añadió como hablando consigo mismo.—¡Qué ojos! +¡qué tez de nácar! ¡qué dentadura!... Las formas superiores. Debe de +ser muy joven... Lo más que tendrá serán veinte años.</p> + +<p>—Atiende, Concha—dijo entonces el mozo en voz alta dirigiéndose a la +chula.—¿Cuántos años tienes?</p> + +<p>—¿Qué te importa?—replicó la joven.</p> + +<p>—A mí nada... pero este señor...</p> + +<p>—Le importa menos.</p> + +<p>—Eso no lo sabe usted—dijo D. Laureano en voz alta también.</p> + +<p>—Por sabido.</p> + +<p>—Acaba de echarte veinte años—dijo Remigio.</p> + +<p>—Es que no me ha reparado bien.</p> + +<p>—¿Tiene usted más?—preguntó D. Laureano.</p> + +<p>—No lo sé. ¿Es usted por causalidad del registro civil?</p> + +<p>Concha afectaba al hablar un tono desdeñoso y ponía esos ojos tan +graciosamente agresivos que caracterizan a las hijas del pueblo en +Madrid.</p> + +<p>—Pues si usted tiene más no los aparenta—manifestó Romadonga, que era +un psicólogo práctico para quien ni el alma de las chulas ni el de las +duquesas guardaban secreto alguno.</p> + +<p>Acercose al mismo tiempo con paso firme y sosegado a la mesa donde padre +a hija se sentaban y, haciendo una cortés inclinación de cabeza, añadió +gravemente:</p> + +<p>—Estoy seguro de que no tiene más y apelo al testimonio de su papá, de +cuya amabilidad espero que no me ha de engañar.</p> + +<p>El sillero se llevó con serio ademán la mano al sombrero, sonrió y dijo +lleno de amabilidad:</p> + +<p>—El 8 de Diciembre, día de Nuestra Señora, ha cumplido los diez y seis.</p> + +<p>—¡Qué atrocidad!</p> + +<p>¡Ea! Ya está D. Laureano en su terreno. A los cinco minutos se había +sentado formando triángulo con el sillero y su hija. A los diez parecía +su íntimo amigo, departía con ellos familiarmente y hacía reír a la +hermosa chula con la batería de chascarrillos y donaires que tenía +reservados para las hijas del pueblo.</p> + +<p>Mientras tanto el semblante de nuestro buen amigo Mario expresaba una +muda y profunda desesperación que causaba pena. Romadonga era capaz de +pasarse toda la noche hablando con la chula. Dirigíale desde su mesa +miradas intensísimas, unas veces suplicantes, otras coléricas, las +cuales no advertía siquiera el viejo trovador, y si alguna vez se +tropezaban casualmente sus ojos, los de éste expresaban indiferencia +absoluta como si nada hubiese ofrecido a su amiguito. El rostro de la +vecina también se había puesto sombrío, y ya no se volvía sino muy rara +vez hacia su afligido adorador.</p> + +<p>Miguel Rivera se había ido. En su lugar estaba Godofredo Llot. Éste era +un joven, casi un adolescente, de rostro afeminado, cabellos rubios, tez +nacarada, ojos azules y agradable presencia.</p> + +<p>Adolfo Moreno le acogió con sonrisa irónica.</p> + +<p>—¿Has estado hoy en Nuestra Señora de Loreto, Godofredo? Acabo de leer +en <i>La Correspondencia</i> que se han celebrado esta tarde solemnes +vísperas.</p> + +<p>—No, no he estado—replicó el chico con visible malestar, poniendo los +ojos serios y distraídos para atajar, si era posible, las bromas +insulsas con que Moreno solía regalarle.</p> + +<p>—Pues, hombre, me sorprende muchísimo, porque unas vísperas me parece a +mí que no son para desperdiciar... sobre todo solemnes. ¡Anda, que +cuándo te verás en otra!</p> + +<p>—Pues en seguida—replicó Llot malhumorado.—A cada momento las hay.</p> + +<p>—¡Hombre, me dejas sorprendido! ¿Y a beneficio de quién eran éstas?</p> + +<p>—¡Cómo a beneficio?...</p> + +<p>—Sí; ¿a beneficio de qué cura se daba la función esta tarde?</p> + +<p>Godofredo hizo un gesto de resignación y no contestó.</p> + +<p>Adolfo gozaba extremadamente en embromar y hasta escandalizar a aquel +pobre muchacho, fervoroso creyente y dado a las devociones piadosas.</p> + +<p>Godofredo Llot era de Alicante. Habíase educado en un colegio de +jesuitas, permaneciendo allí hasta los diez y ocho años, casi los que +ahora representaba, aunque hubiese cumplido los veintitrés. Sus maestros +le habían inculcado tan profundamente el sentimiento religioso, que +apenas vivía más que para darle desahogo. Oía misa todos los días, +confesábase a menudo, aunque no tanto como sus amigos pretendían; +alumbraba con un cirio en las procesiones o llevaba en hombros alguna +imagen cuando los estatutos de la cofradía en que estaba inscrito lo +exigían. Era amigo de todos los clérigos, con quienes departía +familiarmente en las sacristías. Gozaba igualmente el honor de ser +recibido en el palacio episcopal y de que el Nuncio de Su Santidad le +llamase por su nombre cuando le besaba el anillo en el paseo. Y sobre +estas bellas cualidades que le hacían estimable y simpático en sociedad, +particularmente a las señoras, poseía Godofredo algunas otras dignas de +aprecio. Era estudioso, y un escritor que comenzaba a adquirir renombre +entre los suyos. Escribía en los periódicos católicos artículos +literarios que se distinguían por un estilo florido y pintoresco, cuyo +efecto entre las devotas suscritoras era asombroso. Respiraban tal vivo +entusiasmo por las glorias del catolicismo, una fe tan ardiente y +cierta frescura de corazón, que rara vez suelen hallarse en la +escéptica juventud del día. Sobre todo al recordar las hazañas de los +héroes cristianos en la Edad Media, «aquellos caballeros de armadura +resplandeciente como su conciencia, que con la cruz bendita sobre el +corazón marchaban al combate a pelear por su Dios,» o al tocar el asunto +de las catedrales góticas, «donde la luz se filtraba misteriosa por los +vidrios de color de sus ventanas ojivales, y cuyas elevadas torres +destacándose severas en medio de la noche parecen un dedo que señala al +cielo,» realmente la pluma de Godofredo despedía vivos destellos de +elocuencia que hacían presagiar un futuro apóstol, una columna en que se +apoyaría el catolicismo con el tiempo. Esto se pensaba por lo menos en +las sacristías y en las redacciones de los periódicos ultramontanos, +donde se le mimaba a porfía y donde había llegado a adquirir maravilloso +ascendiente.</p> + +<p>Con tales ideas y piadosas inclinaciones, ¿cómo se entiende que Llot +asistiese al café del Siglo? Él daba a tal exceso una explicación +bastante plausible. Había conocido a Moreno en la Universidad, en la +clase de derecho romano. Trabó estrecha amistad con él conversando +largamente por los corredores en espera de las clases. Esta amistad se +rompió inopinadamente porque Moreno abandonó la carrera de leyes. No +volvió a verle hasta pasados dos años en que le halló casualmente en un +teatro. Reanudaron entonces con alegría sus relaciones. Pero, con grande +y dolorosa sorpresa suya, observó que su desgraciado amigo había rodado +en los abismos de la incredulidad: las malas compañías le habían +pervertido por completo. Contristado hasta un punto indecible, previo el +consentimiento de su confesor, en vez de apartarse de él como de un +apestado, tuvo la caridad de proseguir su amistad, esperando que con el +tiempo y los constantes y oportunos consejos se reconciliaría con la +Iglesia. Pero Moreno no quería oír hablar de tal reconciliación. Cada +vez más ciego en su extravío, burlábase amargamente de la fe sencilla y +ardiente de su amigo. No desmayaba éste: sufría con resignación los +sarcasmos y hasta los insultos que a menudo le dirigía, esperando con +paciencia el día en que Dios le tocase en el corazón.</p> + +<p>—Moreno, hace usted mal en burlarse de las cosas de la religión. ¡Quién +sabe si algún día se arrepentirá usted de esas bravatas!—dijo D. +Dionisio con su voz cavernosa.</p> + +<p>—¿Yo?—replicó vivamente Adolfo haciendo un gesto furioso, lo mismo que +si le hubiesen llamado ladrón. Pero reponiéndose súbito y dejando asomar +a su rostro una sonrisa sarcástica, dijo tranquilamente:—Eso queda para +ustedes los poetas, que proceden siempre, lo mismo en la vida que en la +esfera del conocimiento, por los impulsos ciegos del sentimiento. Quien +ha llegado a cierta clase de conclusiones por un método rigorosamente +científico, no hay peligro de que cerdee jamás.</p> + +<p>—Convengo, amigo Moreno, en que los hombres de imaginación no somos a +propósito para escudriñar los problemas abstrusos de la ciencia—replicó +dulcemente Oliveros, relamiéndose interiormente con el dictado de poeta +que el otro le había otorgado.—Pero no me negará usted que sólo por el +sentimiento se han llevado a cabo las grandes empresas, todos los actos +heroicos que registra la historia.</p> + +<p>—No me opongo a ello: lo único que deseo hacer constar es que ese +sentimiento que usted juzga tan elevado, tan sublime, no depende más que +de algunas gotas de sangre de más o de menos en el cerebro. En cuanto al +sentimiento religioso de que hablábamos, está plenamente demostrado que +no es una facultad primitiva y distintiva del hombre: sólo corresponde a +un estado transitorio.</p> + +<p>—Pero todos los pueblos tienen religión—clamó profundamente D. +Dionisio.</p> + +<p>—Se engaña usted, querido Oliveros—manifestó Moreno sonriendo de +felicidad por hallarse en situación de poder desbaratar aquel error tan +pernicioso.—Se engaña usted, no todos los pueblos tienen religión. En +el África central existen algunos pueblos que carecen de ideas +religiosas. Los cafres Makololos tampoco las tienen muy claras, ni los +Papouas de la costa Maclay en Nueva Guinea, ni los Esquimales de la +bahía de Baffin...</p> + +<p>Entablose una acalorada disputa filosófico-religiosa con los caracteres +esenciales que ofrecen tales discusiones en los lugares cerrados +dedicados a expender licores y refrescos. Las ideas, cuando parecían +luminosas, se repetían indefinidamente y en tono cada vez más elevado, a +fin de que se grabaran profundamente en el cerebro del contrincante.</p> + +<p>—¡Es que todas las religiones tienen sus milagros!—Permítame usted, +Moreno...—¡Es que todas las religiones tienen sus +milagros!...—Permítame usted, Moreno; el mundo sería...—¡Es que, amigo +Oliveros, todas las religiones tienen sus milagros!—¡Pero permítame +usted, Moreno! el mundo sin religión sería...—¡Es que...</p> + +<p>Cada cual, enamorado de sus proposiciones juzgándolas de todo punto +incontrovertibles, no quería escuchar siquiera las del contrario.</p> + +<p>Apelábase con bastante frecuencia a símiles de orden corporal, que son +los que en tales casos presentan más dificultad al adversario. Y se +tomaban como puntos de comparación los objetos que tenían más a la mano.</p> + +<p>—¿Ve usted esta mesa?... Aquí hay materia, aquí hay forma.—Ahora +bien, si yo tomo en la mano esta copa y la trasporto desde este sitio a +este otro...—¿Por qué esta copa es trasparente y esta taza no lo es?...</p> + +<p>El resultado ordinario de tales símiles es desconcertar al adversario y +destruir por entero el tejido de sus sofismas. Pero a veces, cuando el +preopinante esfuerza demasiado la argumentación, las copas o las tazas +suelen rodar por el suelo y quebrarse. Entonces es el preopinante quien +se desconcierta y dirige con turbado semblante miradas tímidas hacia el +mostrador.</p> + +<p>Adolfo Moreno gozaba incomparablemente en estas discusiones que le +permitían lucir sus conocimientos en las ciencias naturales. Y como +estos conocimientos solían ser tan recientes que muchas veces databan de +la noche anterior o del mismo día, su fuerza era irresistible. ¡Qué +serie asombrosa de pormenores, cuánta erudición desplegaba en ocasiones! +Los contrarios quedaban silenciosos y confundidos y los parroquianos de +las mesas inmediatas henchidos de admiración. Algunos de éstos que +habían concluido por trabar amistad con ellos, se trasladaban en +ocasiones a la mesa de los filósofos y tomaban parte en las disputas.</p> + +<p>Mientras la discusión religiosa se desenvolvía, profunda y acalorada, +Godofredo Llot aparecía agitado, convulso. Varias veces había querido +intervenir, pero como lo hacía tímidamente no se le escuchaba. Y las +impías proposiciones que su amigo sustentaba le llegaban tan al alma, +turbaban de tal manera sus facultades, que apenas tenía alientos para +formular un argumento. Estaba consternado: su corazón se iba apretando +de pena. Aquella noche Moreno parecía un demonio terrible y batallador, +escupiendo con furia sus blasfemias, manifestando con cinismo infernal +su odio a los misterios de la religión.</p> + +<p>El pobre Godofredo se sintió tan abatido que, mientras miraba con +espanto a su amigo, algunas lágrimas brotaron a sus ojos y resbalaron +por sus tersas mejillas. Nadie lo advirtió, embebidos como estaban en la +disputa. Mas cuando Moreno, en un rapto de feroz incredulidad, gritó +que para él nuestro Redentor no era más que un judío exaltado, dejose +oír un sollozo. Todos volvieron la cabeza. Godofredo, tapándose la cara +con las manos, lloraba amargamente.</p> + +<p>La compasión se apoderó entonces de unos y de otros. ¿A qué conducía +aquella discusión? El que tuviese la desgracia de no creer, que se lo +callase. De todos modos, herir sin necesidad las almas timoratas, como +la de aquel pobre muchacho, era poco caritativo y además una falta de +consideración.</p> + +<p>Moreno, algo amoscado, guardaba silencio, maldiciendo en su interior de +la facilidad que su amiguito tenía para liquidarse.</p> + + + +<h3><a name="II" id="II"></a>II</h3> + + +<p>Romadonga se acercó al grupo cuando la discusión religiosa acababa de +zanjarse de aquel modo imprevisto y húmedo. Mario vio el cielo abierto. +D. Laureano le hizo con sonrisa de condescendencia una seña, y nuestro +impaciente joven se disponía a levantarse cuando uno de los mozos que +servían allá abajo, cerca de la puerta, se acercó al viejo tenorio y le +habló algunas palabras al oído.</p> + +<p>—Soy con usted al momento—dijo éste a Mario.</p> + +<p>Y se alejó.</p> + +<p>—¿Qué pasará?—preguntó uno de los tertulios.</p> + +<p>—¿Qué ha de pasar? ¡Lo de siempre!—repuso Mario de mal humor.—¿No lo +ve usted?—añadió fijándose en la puerta.</p> + +<p>Por detrás de los cristales se traslucía la silueta de una mujer.</p> + +<p>Al cabo de pocos instantes viose llegar de nuevo a Romadonga mordiendo +el imprescindible cigarro y con el mismo paso tranquilo, dirigiendo +miradas insolentes a las parroquianas.</p> + +<p>—¿Por qué se ríen ustedes?—dijo al llegar.—¿Se figuran que se trata +de una aventura amorosa? Pues no hay tal... Es decir, sí ha sido una +aventura amorosa, pero en tiempos remotos. Ahora no es más que una vieja +que viene a pedirme diez duros.</p> + +<p>—¿Se los ha dado usted?</p> + +<p>—¡Nunca! y eso que me ha dicho que tiene un hijo muriendo. No quiero +sentar precedentes funestos. Hija mía, lo siento mucho, le dije, pero yo +no mantengo clases pasivas.</p> + +<p>No faltó quien celebrase el chiste y quien admirase la firmeza de +corazón del empedernido seductor. Mario no pudo reprimir un gesto de +repugnancia. Aquel rasgo de crueldad expresado en forma tan cínica le +dio frío. Pero este frío y esta repugnancia se disiparon cuando +Romadonga, poniéndole cariñosamente una mano sobre el hombro, le dijo:</p> + +<p>—A las órdenes de usted, amigo Costa.</p> + +<p>Lo que ahora le acometió fue una extraña sensación de terror, unos +deseos atroces, de echar a correr. Levantose, sin embargo, +automáticamente y, pálido y trémulo como si le condujesen al suplicio, +siguió a D. Laureano.</p> + +<p>—Buenas noches, señores—dijo éste acercándose al patíbulo.—¿Cómo +sigue usted, doña Carolina?... ¿Qué tal, D. Pantaleón? ¿Y ustedes, +niñas?</p> + +<p>Todos buenos, todos buenos, y todos sonrientes, acogiendo a D. Laureano +con la misma alegría que a un bienhechor de la humanidad. La sonrisa de +la más regordeta de las muchachas iba acompañada de un poco de carmín en +las mejillas que se propagó instantáneamente al resto de la cara, sin +excluir las orejas, cuando Romadonga, dando un paso atrás, dijo estas +solemnes palabras:</p> + +<p>—Tengo el honor de presentar a ustedes a mi amigo D. Mario de la Costa.</p> + +<p>D. Mario de la Costa, a juzgar por su palidez, estaba rezando en aquel +momento el credo, preparado a morir cristianamente. Alargó al jefe de la +familia su mano temblorosa y fría, y preguntó con voz que semejaba un +estertor:</p> + +<p>—¿Cómo está usted?</p> + +<p>El jefe de la familia estaba bueno y celebraba la ocasión de conocer al +señor de la Costa. Éste volvió a alargar su mano a la esposa del jefe, +pero su garganta ya no pudo dejar salir el más leve soplo. En cuanto a +las niñas, podían sacudir la cabeza, sonreír, ruborizarse, hacer, en +suma, lo que tuvieran por conveniente. De todos modos, no lograrían +obtener la más mínima atención por parte del joven presentado. Éste +permaneció de pie e inmóvil esperando el golpe fatal cuando la mano +protectora de D. Laureano le obligó a sentarse en una silla que +previamente había acercado. Presentación, la más delgada de las jóvenes, +se apartó un poco haciendo signos de inteligencia a Romadonga, y la +silla quedó colocada al lado de Carlota, la más gruesa. Pero Mario +sorprendió aquel signo de inteligencia y la sonrisita burlona con que +fue acompañado. Inmediatamente el blanco cera de sus mejillas se tornó +en un rojo ladrillo no menos interesante.</p> + +<p>¿Por qué les da a todos en seguida por hablar entre sí, sin cuidarse de +él para nada? Su regordeta vecina era víctima del mismo abandono. Ambos +parecían consternados. Carlota, inquieta, temblorosa, pidió auxilio a su +hermanita llamándole la atención acerca de una manteleta que vestía +cierta señora que acababa de entrar. La cruel Presentación no hizo caso +alguno; les echó una mirada burlona y se volvió de espaldas riendo como +una tonta. Mario tuvo fortaleza bastante para mantener a salvo su +dignidad en tan críticas circunstancias. A nadie demandó socorro. Y +comprendiendo que el hombre debe hallar en sí mismo recursos suficientes +para flotar en esta clase de naufragios, supo toser y sonarse muy a +propósito, limpió la ceniza del cigarro que le había caído sobre el +pantalón con admirable oportunidad, no dejando tampoco, claro es, de +mirar con cierta insistencia las mangas de la levita a fin de descubrir +si era posible alguna mancha salvadora. Es más, cuando gracias a estos +heroicos manejos se encontró medianamente tranquilo, tuvo serenidad +bastante para decir a su vecina sin temblarle demasiado la voz:</p> + +<p>—Es increíble el calor que aquí se desarrolla al llegar esta hora.</p> + +<p>—Es verdad, sobre todo los domingos, en que viene tanta gente—repuso +la vecina con voz suave, dulcísima, como las notas de una flauta sonando +en un bosque de laureles y mirtos.</p> + +<p>—¡Eso es!—se apresuró a exclamar Mario, vivamente impresionado por +esta profunda observación.</p> + +<p>Inmediatamente la vecina emitió otra muchísimo más luminosa, y es que +los días no festivos el café estaba más tranquilo y agradable.</p> + +<p>Naturalmente, Mario al oír esto cayó en un verdadero espasmo de +admiración, y asintió frenéticamente, no sólo con la boca, sino también +con los ojos, con el cuello, con las manos, con todos los componentes de +su organismo en suma. Y acometido a su vez del fuego de la inspiración, +halló en las profundidades de su espíritu un rasgo feliz que a él mismo +le dejó sorprendido.</p> + +<p>—Basta que haya pocas personas si éstas nos agradan.</p> + +<p>La vecina hizo un signo de aquiescencia bajando modestamente los +hermosos ojos. Mario quedó tan encantado del éxito de su frase que, +excitado por él, supo hallar en poco tiempo otras dos o tres no menos +felices.</p> + +<p>Ambos quedaron en breve tan abstraídos de los ruidos mundanales que +sonaban a su alrededor como si se hallasen en las profundidades de una +selva virgen. La soledad que antes les parecía aterradora hallábanla +ahora gratísima y gozaban cambiando frases de admirable sentido, como la +primera pareja creada por Dios en los jardines del Paraíso.</p> + +<p>No fue un ángel quien vino a arrojarles de él, sino el propio creador de +la mitad de la pareja, esto es, D. Pantaleón Sánchez, papá de las dos +niñas.</p> + +<p>—He tenido el honor, Sr. Costa, de conocer a su señor padre hace años, +cuando era subsecretario de Hacienda. Entré en su despacho formando +parte de una comisión de almacenistas para pedirle una rebaja en el +arancel.</p> + +<p>Mario daría cualquier cosa en aquel momento porque D. Pantaleón no +hubiera tenido semejante honor. Sin embargo, pareció encantado de la +noticia. Y sobre este tema departieron algunos instantes.</p> + +<p>Era D. Pantaleón un hombre que se hallaría entre los sesenta y los +sesenta y cinco años; el cabello enteramente blanco y lo mismo el +bigote, largo, poblado y caído de puntas: conservaba el cutis fresco, +los dientes seguros y cierta firmeza y decisión en los movimientos, que +denotaban vigor corporal. La mirada profunda de sus grandes ojos +pregonaba bien claro que tampoco había perdido el espiritual. Hablaba +reposadamente y con una gravedad afable que infundía a la vez respeto y +simpatía.</p> + +<p>Cuando le pareció oportuno suspendió la conversación volviéndose hacia +Romadonga, y Mario quedó nuevamente perdido y solo. No tardó, sin +embargo, haciendo un esfuerzo poderoso de ingenio como el anterior, en +hallar el camino de la selva donde le aguardaba su simpática vecina.</p> + +<p>—El café que sirven los domingos es peor que el de los demás días.</p> + +<p>Y se ruborizó al expresar esta juiciosa opinión, lo mismo que si hubiera +dicho postrado de hinojos:—¡Te adoro, ángel mío!</p> + +<p>—Es imposible que salga bien haciendo tan gran cantidad—repuso +Carlota, igualmente ruborizada.</p> + +<p>Ambos se perdieron instantáneamente en lo más espeso e intrincado del +bosque.</p> + +<p>Esta vez no fue D. Pantaleón, sino su último retoño, quien vino a su +encuentro.</p> + +<p>Presentación se volvió hacia ellos con ademán tan vivo, expresando tal +furor en su movible fisonomía, que lo mismo Mario que su dulce compañera +quedaron sorprendidos y levantaron los ojos para saber cuál era la +causa. Un joven pálido, de pómulos salientes, nariz remangada y ojos +claros, pero no serenos, se acercaba en aquel momento a la mesa con la +cabeza descubierta.</p> + +<p>Mario reconoció en seguida al violinista.</p> + +<p>—Buenas noches, D. Pantaleón... Buenas noches, D.ª Carolina... Buenas +noches, Presentacioncita... Buenas noches, señores... ¿Cómo siguen +ustedes? ¿Están ustedes bien?</p> + +<p>La boca del joven artista se dilataba al pronunciar estas palabras con +una sonrisa que no dejaba ocioso el más insignificante músculo, la fibra +más diminuta de su semblante incoloro. La voz se arrastraba lenta, +gangosa por aquella formidable boca antes de salir, de tal modo que al +llegar a los oídos de sus interlocutores parecía venir cargada de +saliva. Y así era en efecto.</p> + +<p>—Buenas noches, Timoteo, buenas noches.</p> + +<p>Todos respondieron amicalmente al saludo, menos Presentación. Y, sin +embargo, los que la boca temerosa del artista había dejado escapar, y +muchos otros que habían quedado dentro, a ella exclusivamente iban +dirigidos. Mientras hablaba en pie y arrimado a la mesa con los papás y +con Romadonga, sus ojos de pez, claros y fríos, no se apartaban de la +gentil muchacha.</p> + +<p>¿Gentil? Sí, Presentación era una lindísima joven que acababa de cumplir +los veinte. Delgadita, morena, de rostro fino y expresivo, los ojos +picarescos con afectación, los cabellos negros y pegados a la frente, la +boca tan pronto grande como chica, de una extrema movilidad, lo mismo +que los ojos, que el talle, que las manos, que todo lo demás. Una mujer, +en suma, hecha de rabos de lagartija. El reverso de su hermana Carlota, +tan redondita, tan sosegada, de una pasta tan excelente que no había +medio de alterarla. No era bella, al decir de los inteligentes; su nariz +no estaba bien modelada; los labios eran demasiado gruesos. No obstante, +había quien la prefería a Presentación por la dulzura de sus grandes +ojos, suaves, hermosos, por la frescura nacarada de su tez, por lo +macizo y bien torneado de su talle. Pero eran los menos.</p> + +<p>Presentación se había vuelto de espaldas por completo. Su rostro y todo +su cuerpo reflejaban agitación violentísima que se traducía en muecas y +contorsiones y se exhalaba también en frases incoherentes pronunciadas +en voz baja, que ni Carlota ni Mario llegaban a comprender. La causa de +tal estado espasmódico no podía ser otra que la influencia magnética de +la mirada del violinista pesando continuamente sobre su cogote.</p> + +<p>Carlota la contemplaba con sonrisa benévola y le decía por lo bajo:</p> + +<p>—¡Calma, niña, calma!</p> + +<p>—¡Sí, sí, calma!... ¡Que te pasase a ti lo que a mí me está +pasando!—exclamaba con coraje, esforzándose en apagar la voz.</p> + +<p>—Buenas noches, Carlotita—dijo en aquel momento Timoteo, tratando de +dar a su voz gangosa acento picaresco.—No se las he dado antes porque +la veía a usted muy entretenida.</p> + +<p>—Abre el paraguas, Carlota—dijo Presentación por lo bajo.</p> + +<p>Pero no tan bajo que no llegase como un rumor a los oídos del joven. +Éste, sin percibir las palabras, comprendió su tristísimo sentido y +quedó avergonzado y confuso.</p> + +<p>—Buenas noches, Presentacioncita—dijo entonces abriendo la boca +desmesuradamente para sonreír.</p> + +<p>—Buenas noches—respondió la joven sin volver la cabeza, mirando con +fijeza al frente.</p> + +<p>—Hoy la he visto a usted en un comercio de la calle de la +Montera—profirió el artista abriendo la boca un poco más.</p> + +<p>—Puede ser—repuso Presentación sin dejar de mirar al frente.</p> + +<p>—Estaba usted comprando unas enaguas.</p> + +<p>—¡Enaguas!—replicó la joven con el acento más despreciativo que pudo +hallar.—¡Vamos, debe usted tener los ojos en el cogote para confundir +enaguas con chambras!</p> + +<p>Timoteo quedó anonadado. Apenas pudo murmurar algunas frases de excusa.</p> + +<p>Y he aquí por qué el violín se quejaba tan amargamente hacía poco +tiempo, por qué arrastraba las notas de un modo tan lamentable. +Presentía el infortunado que las chambras jamás deben confundirse con +las enaguas.</p> + +<p>D.ª Carolina acudió generosamente al socorro de aquella desgracia.</p> + +<p>—Los hombres no entienden nada de nuestra ropa, muchacha, y además, +mirando por los cristales del escaparate no es fácil distinguir lo que +se compra.</p> + +<p>Timoteo le dirigió una mirada de carnero moribundo agradeciendo el cable +de salvación. Pero convencido de que era inútil luchar contra un +temporal tan deshecho, renunció a agarrarse a él.</p> + +<p>D.ª Carolina era del mismo corte y figura que su hija Presentación, esto +es, delgada, nerviosa y con unos ojillos vivos y penetrantes que los +años habían hundido y rodeado de un círculo oscuro y fruncido.</p> + +<p>—¡Hija, ten un poco de educación!—añadió por lo bajo ásperamente, +tratando al mismo tiempo de alargar la mano con disimulo para darle un +pellizco corroborante.</p> + +<p>Presentación separó las piernas instantáneamente y soltó una carcajada +que puso más nerviosa y más arrebatada a su mamá. Vivían ambas en +constante guerra. Sus genios eran igualmente vivos. Pero así y todo, no +podían prescindir la una de la otra y formaban dentro de la casa un +partido. Presentación era la preferida de su madre, como Carlota de su +padre.</p> + +<p>—Oiga usted, Timoteo—dijo de pronto la niña volviéndose hacia el +violinista con ojos risueños.—¿Qué era lo que usted tocaba hace poco?</p> + +<p>—¿Lo último?... Un <i>stornello</i> titulado <i>Día de sol</i>.</p> + +<p>—¡Qué bonito es!</p> + +<p>—¿Le gusta a usted?—preguntó dilatando su boca para sonreír de tal +modo que dejó estupefactos a los circunstantes a pesar de hallarse +acostumbrados a los prodigios que la naturaleza solía obrar en su +fisonomía.</p> + +<p>—¡Muchísimo! Es precioso... precioso...</p> + +<p>—¿Quiere usted oírlo otra vez?</p> + +<p>—¡Ya lo creo!</p> + +<p>—Pues lo tocaré, lo tocaré, Presentacioncita—dijo el artista lleno de +condescendencia, rebosando de orgullo.</p> + +<p>—El caso es—manifestó la maligna joven con tristeza—que nos vamos a +ir pronto.</p> + +<p>—Eso no importa. Voy a tocarlo en seguida... Verá usted.</p> + +<p>Y se fue a buscar al pianista. Éste no parecía por ningún lado. Timoteo +daba vueltas como loco por todos los rincones del café.</p> + +<p>—Vamos—decía en tanto Presentación a su hermana,—el <i>Día de sol</i> nos +librará de la lluvia.</p> + +<p>—¡Pobre chico! ¿Qué culpa tiene él de que se le escape la +saliva?—repuso aquélla sonriendo.</p> + +<p>—¡Anda! ¿Y qué culpa tengo yo?—exclamó enfurecida la otra.</p> + +<p>Mario rió la ocurrencia, irritado contra el violinista que le había +impedido extraviarse por la floresta. Romadonga la amenazó con el dedo.</p> + +<p>—¡Niña! ¡niña!</p> + +<p>—¿Qué le duele a usted, D. Laureano?</p> + +<p>—A mí nada. A Timoteo es a quien le arden las orejas... Diga usted, +¿cómo no han estado ustedes esta tarde en la Castellana?</p> + +<p>—Eso cuénteselo usted a mamá.</p> + +<p>—¿A mi, niña?—exclamó vivamente doña Carolina.—¿Qué estás ahí +diciendo? ¿No sabes que tienes padre?—Y volviéndose hacía +Romadonga:—Pantaleón no ha querido que hoy fuésemos a paseo, sin duda +temiendo a la humedad por lo mucho que ha llovido estos días.</p> + +<p>—Eso es... No lo he juzgado conveniente—corroboró D. Pantaleón +dirigiendo una mirada tímida a su mujer.</p> + +<p>Presentación hizo un mohín de desdén y se volvió hacia Mario y Carlota. +Pero juzgando que era ya tiempo de dejarlos abandonados a sí propios, +entabló conversación con una señora que se refrescaba con grosella en la +mesa inmediata.</p> + +<p>—¿Qué es eso, D.ª Rafaela, no lee usted hoy <i>La Correspondencia</i>?</p> + +<p>—Ya la he leído, querida... No trae más que esquelas de defunción.</p> + +<p>—¿Pues y la noticia del matrimonio de la infanta?</p> + +<p>—No sé nada. Ya sabe usted que yo no leo más que los anuncios.</p> + +<p>No era una señora en la acepción que se da usualmente a la palabra, ni +tampoco una mujer del pueblo. Participaba de ambas clases. No gastaba +sombrero ni mantilla, pero el mantón alfombrado que cubría sus hombros +era riquísimo; el vestido, de seda pura; en los dedos y en las muñecas +sortijas y brazaletes de valor y en las orejas dos orlas de brillantes +con zafiro en el medio; todo lo cual pregonaba que, si D.ª Rafaela no +vestía de señora, no era seguramente por falta de dinero.</p> + +<p>Nadie lo ponía en duda, D.ª Rafaela poseía en la calle de Hortaleza un +comercio de antigüedades que en otro tiempo había sido prendería y aún +lo era cuando le venía bien. Unas veces predominaban los objetos +antiguos, otras los viejos. Como complemento indispensable de tal +negocio, D.ª Rafaela prestaba con usura. Hallaríase entre los cincuenta +y sesenta años. Gruesa, morena, de facciones abultadas y con un extenso +lunar de pelos largos, cerdosos, en la mejilla derecha, cerca de la +boca. Vivía sola con una sobrina a quien dejaba cerrada en casa mientras +acudía invariablemente todas las noches a tomar un vaso de grosella y a +leer la cuarta plana de <i>La Correspondencia</i>. Era campechana, servicial +y sencilla hasta la simpleza, pero en sus negocios de prendera y +prestamista mostrábase inflexible y astuta como pocas.</p> + +<p>—Acérquese un poquito si ha concluido de tomar su grosella.</p> + +<p>D.ª Rafaela trasladó su silla cerca de la joven y en seguida se pusieron +a departir amigablemente en voz baja. Claro está que el tema de su +plática fue el acontecimiento de la noche, la presentación de Mario a la +familia de Sánchez.</p> + +<p>—Al fin parece que eso lleva buen camino. Me alegro mucho... mucho. No +deje de decírselo a su mamá, y que sea para bien. Es un chico muy +decente, y si tira a su padre... ya ve usted... Por supuesto que +Carlota, por lo guapa y bonachona, merecía un infante de Ingalaterra... +Pero, hijita, los tiempos no están para andar a escobazos con los +hombres. Así se lo digo muchas veces a la gazmoñita de mi sobrina, que +hace melindres al vidriero de la esquina... Ahora, si usted me pregunta +mi sentir, le diré que el que más me gusta de esa cuadrilla que se +sienta en el rincón es aquel muchacho rubio que llaman Godofredo. No es +que tenga que decir ni pensar nada malo de éste. Al contrario, me parece +bastante formal y simpático; guapo no lo es... ¿para qué más de la +verdad?... pero el otro... el otro es una alhaja, un bendito... ¡Si le +viese usted, como yo le veo muchos días, comulgar en San Antón!... +Vamos, que enternece hallar un chico tan humilde y devoto ahora en que a +todos les da por despreciar las cosas santas y decir mil borricadas y +escandalizar a las personas honradas. A veces se pasa media hora y más +de rodillas delante del altar de la Virgen... Hijita, ¡qué feliz será su +madre! Y la mujer que le lleve bien puede decir que no tiene que +envidiar a ninguna duquesa.</p> + +<p>Presentación se ruborizó levemente con estas palabras y dirigió una +mirada rápida hacia el rincón, tropezando sus ojos vivarachos con los +suaves y místicos de Llot, que estuvieron posados buen rato sobre ella. +D.ª Rafaela lo advirtió bien, y adoptando un semblante enteramente +picaresco, le dijo bajando aún más la voz:</p> + +<p>—Ya sé, ya sé, querida, que usted y él... ¡vamos!... Apriete, hijita, +apriete, y que no se escape, que bien merece la pena... Al que no puedo +ver ni en pintura es a aquel otro que se come los periódicos, aquel de +las barbas y las gafas...</p> + +<p>—¡Ah, sí, Moreno!...</p> + +<p>—¡Un moreno bien desaborío!... tan desgarbadote y tan sucio... Creo que +no tiene más gusto que escandalizar a ese pobrecito de Godofredo. +¡Desalmadote! ¡pordiosero! ¡Puhá!</p> + +<p>Y miraba al mismo tiempo con ojos coléricos a la mesa donde Adolfo +Moreno seguía enfrascado en la lectura, muy lejos de pensar que en aquel +instante excitaba la cólera de la prendera.</p> + +<p>Mario y Carlota habían desaparecido, no corporalmente, pero sí en +espíritu. Timoteo gemía y se lamentaba amargamente, por conducto de su +violín, de que la niña menor de Sánchez se hubiese vuelto de espaldas y +hablase tan animadamente con la señá Rafaela, sin cuidarse para nada del +<i>Día de sol</i> ni de su intérprete. D.ª Carolina decía a Romadonga +mientras su marido se atusaba gravemente el triste y pacífico bigote:</p> + +<p>—No necesito decirle, Sr. Romadonga, que entiendo perfectamente la +intención con que su amiguito se ha hecho presentar por usted esta +noche. Sabía hace tiempo que Carlota y él se miraban con buenos ojos, y +cuando lo supe yo lo supo éste, porque yo no tengo costumbre de ocultar +jamás nada a mi marido. Le pregunté si le parecía mal el muchacho. Me +dijo que no, y entonces pensé: bueno, pues que corra el agua por donde +quiera. El otro día me dijo Carlota: «Mamá, ese chico desea ser +presentado.—¿A mí qué me cuentas? le respondí. Díselo a tu papá.—Es +que yo no me atrevo... Si tú te encargases...—Está bien, hija, para mí +han de ser todos los apuros.» Y armándome de valor me atreví a decírselo +a éste. Crea usted que temblaba como una hoja, porque no sabía cómo lo +iba a tomar; tenía miedo que me echase con viento fresco. +Afortunadamente, estaba de buen humor aquel día, ¿verdad, querido?</p> + +<p>D. Pantaleón bajó los párpados, manifestando de este modo solemne y +augusto que su esposa no se equivocaba acerca del estado de su espíritu +en aquella ocasión.</p> + +<p>—Me respondió que no tenía inconveniente en que lo presentasen con tal +que fuese por medio de una persona respetable. ¿Te parece bien D. +Laureano?—Perfectamente.—Pues ya está hecho. Ahora no nos resta más +que darle a usted las gracias por la molestia que ha querido tomarse.</p> + +<p>Romadonga levantó la mano para alejar de sí aquellas gracias que no +merecía, y volvió la cabeza para mirar a la hermosísima chula, que en +aquel instante se levantaba del asiento para marcharse. Al pasar junto a +ellos D. Laureano le dijo familiarmente:</p> + +<p>—Adiós, Concha: hasta mañana.</p> + +<p>—Buenas noches—respondió ella sonriendo tímidamente.</p> + +<p>Su padre se llevó la mano al sombrero. Romadonga siguiola con la vista +hasta que desapareció por la cancela. Antes de trasponerla Concha se +volvió a medias y le echó una rápida mirada de latiguillo. Lo cual le +puso de tan excelente humor, que desde entonces no cerró boca y +consiguió tener suspensos y embelesados con su charla insinuante lo +mismo a D. Pantaleón que a su esposa.</p> + +<p>Pero la noche corría. Habían sonado ya las once y media, hora en que +aquella respetable familia tenía por costumbre retirarse. Doña Carolina +se inclinó hacia el oído de su hija Carlota, y le dijo en voz baja, +aunque no lo bastante para no ser oída de Mario:</p> + +<p>—Por mi gusto, querida, estaríamos aquí un ratito más; pero ya ves, tu +papá acostumbra a retirarse a esta hora... y ahora más que nunca +necesitamos tenerle contento, ¿verdad?—añadió con un guiño picaresco.</p> + +<p>Luego, volviéndose a su marido:</p> + +<p>—Pantaleón, nos iremos cuando tú lo ordenes.</p> + +<p>—Bien, pues vámonos ya—respondió el venerable jefe de la familia +levantándose de la silla.</p> + +<p>Los demás le imitaron. La señá Rafaela y Romadonga manifestaron que +también se iban. Mario no se atrevió a acompañarlos, aunque bastantes +ganas se le pasaron. La despedida fue tímida y significativa por parte +de Carlota, franca y afectuosa por la de su hermana, propia de una +futura hermana política; por la de D.ª Carolina maternal, aunque +templada por el respeto que le merecía la autoridad de su marido; y por +éste tan cortés, tan suave, tan condescendiente, que Mario se mostró +hondamente conmovido, y apenas pudo articular con voz temblorosa algunas +palabras de ofrecimiento.</p> + +<p>Quedó solo al fin. El corazón no le cabía en el pecho. Permaneció un +instante inmóvil contemplando la puerta, por donde acababa de +desaparecer, la última, su gentil Carlota. Y bajando de pronto desde las +nubes de oro y rosa donde se mecía a esta tierra prosaica, se dirigió a +la mesa del rincón, donde sólo se hallaba ya Adolfo Moreno. El salto no +podía ser mayor. Moreno era, en sentir de Mario, el ser más distante de +la poética idealidad que en aquel momento inundaba su espíritu, el menos +a propósito para recibir la confesión de sus impresiones. Sin embargo, +eran éstas tan vivas, tan avasalladoras, que si no se desahogaba pronto +de ellas, era de temer una congestión. Sentose enfrente de su amigo, +pidió un vaso de leche y esperó a que aquél, en gracia del trascendental +acontecimiento que acababa de efectuarse, se dignase hacerle algunas +preguntas. Nada. Moreno había dejado los periódicos políticos y leía con +atención uno ilustrado que andaba siempre de mesa en mesa metido en una +carpeta sucia y despellejada. Mario no pudo más. Comprendía que era una +humillación, pero no tenía fuerzas para resistir al anhelo de +confesarse.</p> + +<p>—Adolfo.</p> + +<p>—¿Qué hay?—respondió éste sin apartar la vista del periódico.</p> + +<p>—Dame la enhorabuena.</p> + +<p>Al pronunciar estas palabras se ruborizó.</p> + +<p>—¡Ah, sí!—exclamó el otro alzando la cabeza y mirándole con sonrisa +entre burlona y benévola.—Al cabo has logrado la dicha de sentarte a la +misma mesa que D. Pantaleón Sánchez.</p> + +<p>—Como tú comprenderás, Adolfo, lo que menos me importa a mí es D. +Pantaleón. Lo que me interesaba, y mucho, era hablar con su hija. No +puedes figurarte la impresión que he sentido. Ya sabes que estaba +enamorado, ¡pero de verdad! Pues bien, ahora lo estoy mucho más, cien +veces más. ¡Qué mujer tan simpática! ¡Qué tranquilidad, qué dulzura +respiran todas sus palabras y movimientos! ¡Qué timbre de voz tan +delicioso! Parece que viene impregnado de la claridad y armonía que +reinan en su alma. Es una voz que suena más en el corazón que en el +oído, que nada dice a los sentidos, que despierta el anhelo de las +alegrías íntimas y serenas del hogar; una voz hecha como los bálsamos +para curar las heridas que el mundo nos infiere... Nada nos hemos dicho +de nuestro amor, pero en el brillo de sus ojos, en el cuidado con que +evitaba el mirarme, he gustado más dicha que si me prometiese amarme +eternamente. El único signo que advertí de su emoción fue cuando le di +la mano al acercarme. ¡Qué encarnada se puso la pobrecita!</p> + +<p>Moreno continuaba sonriendo con la misma condescendencia, mientras su +amigo se desahogaba tan fogosamente. Al cabo le atajó.</p> + +<p>—No te forjes muchas ilusiones por eso del rubor ni te subas al +trípode. El rubor es un fenómeno muy prosaico, querido. No significa más +que un cambio de la circulación sanguínea. Las arterias, al aumentar o +disminuir de diámetro, enrojecen la piel o la hacen empalidecer. Ni te +vayas a figurar que sólo las vírgenes se ruborizan, o que sea este +fenómeno privativo del ser humano. Los animales también se enrojecen. El +conejo es un animal tan sensible que con la más leve impresión se tiñen +de carmín sus orejas, y se ha observado que los conejos jóvenes se +enrojecen más fácilmente que los viejos.</p> + +<p>Mario quedó acortado. Le miró fijamente con ojos de asombro y al fin +murmuró entre triste y colérico:</p> + +<p>—Pero, Adolfo, ¡por Dios! ¿qué tienen que ver ahora los conejos +jóvenes?...</p> + +<p>—No... yo no quería decirte... Es simplemente un dato fisiológico.</p> + +<p>Recobrose el joven y volvió a coger el hilo de sus impresiones. Las iba +narrando con entusiasmo, de un modo incoherente, como si estuviese solo. +Tal vez comprendía vagamente que lo estaba; porque Moreno, a juzgar por +su mirada distraída y su continente reflexivo, debía de hallarse en +aquel momento meditando sobre algún oscuro problema de la morfología.</p> + +<p>Después de describir y pesar una por una las gracias de Carlota y +colocarla sobre un rico pedestal de mármol ornado de bajos relieves de +Fidias, por encima de todas las mujeres de este mundo, casi a la altura +de la Niobé de Praxíteles, vino a soñar despierto, a pintar de un modo +plástico la única dicha a que aspiraba uniéndose a ella...</p> + +<p>—No soy hombre de grandes ambiciones, Adolfo, bien lo sabes. Para ser +feliz, no necesito más que cariño, sosiego y un mediano pasar. Un +cuartito al Mediodía con ventanas al campo aunque esté sobre el tejado; +una mujercita sana, risueña, que venga a abrirme la puerta; oírla +teclear después de comer alguna sonata de Beethoven... y que me dejen +libre alguna hora para modelar cualquier muñeco. Estoy solo en el +mundo. Apenas he conocido a mi madre. Mi padre se esforzó toda la vida +en hacerme menos terrible esta pérdida. ¡Dios le bendiga por ello! Pero +el amor de una madre es insustituible, no tanto por lo vivo y profundo, +sino por lo que tiene de femenino. El hombre necesita en todos los +momentos de su vida del amor de la mujer; primero de la madre, luego de +la esposa, más tarde de la hija. Además, el hombre sin familia no se +comprende; es un ser incompleto, absurdo, está fuera de la naturaleza.</p> + +<p>—Permíteme, querido—manifestó Moreno extendiendo la diestra con +solemnidad y acentuando aún más la superioridad de su sonrisa.—Más vale +que no te metas a definir las leyes de la naturaleza. Esas cosas hay que +estudiarlas con atención y tú no creo que te hayas entretenido hasta +ahora en ello. El que la familia sea una ley natural y que no podamos +pasar sin ella me parece una de tantas afirmaciones gratuitas como +sientan los metafísicos. No se apoya en ningún dato experimental. Entre +los Bochimanos no existe la familia; entre algunos pueblos polinésicos +tampoco... En cambio se encuentra algo semejante establecido entre +ciertos monos ordinarios. Y desde luego entre los antropoides. El +chimpanzé y el gorila suelen constituir familia.</p> + +<p>La exhibición de este preciosísimo dato le dejó tan satisfecho que, en +el exceso de su alegría, tosió dos o tres veces de un modo modesto, +indicando que estaba dispuesto a rechazar toda enhorabuena. Acto +continuo echó mano a la botella de agua, se escanció un vaso y lo apuró +lentamente con majestuoso ademán, a fin de serenarse.</p> + +<p>Mario le contemplaba fijamente.</p> + +<p>—Mira, Adolfo—dijo al fin procurando reprimir la indignación,—yo +nunca he dudado de tu ciencia. Reconozco que sabes mucho más que yo, y +aunque a mí no me interesen gran cosa los Bochimanos, les concedo toda +la importancia que tú quieras, por más que tú mismo dices que son unos +salvajes... Pero, francamente—añadió poniéndose fuertemente colorado y +clavando una mirada colérica en la mesa,—eso de que hablándote yo de mi +amor por Carlota, que es un ángel bajado del cielo, me saques a relucir +el gorila y el chimpanzé, no es decente... no es decente... ¡vamos, que +no es decente!</p> + + + +<h3><a name="III" id="III"></a>III</h3> + + +<p>Vivió desde aquella noche memorable en un estado de exaltación próximo a +la locura. En su casa dejó de ser, con sorpresa de la patrona, el +huésped silencioso, tolerante, que ésta se complacía en ofrecer de +modelo a los demás. Se mostró impaciente, huraño, imperioso; armaba con +la criada cada pelotera que la vajilla retemblaba con los apóstrofes; +todo porque le había servido el almuerzo diez minutos más tarde de lo +que le había ordenado, o no había podido llevarle el sombrero a +planchar. De igual modo andaba constantemente a la greña con la +planchadora sobre si los puños, sobre si los cuellos, y con la camarera +sobre si las botas, sobre si el botón de la levita. La misma D.ª Romana, +su respetabilísima patrona, a pesar de su continente digno y talento +persuasivo, no se libraba de las amargas recriminaciones del joven, y a +veces de sus violentísimos apóstrofes.</p> + +<p>—Pero, D. Mario—decía la diplomática señora mientras los ricitos +postizos de su cabeza se agitaban con elocuencia,—¿cómo quiere usted +que la comida esté sazonada o no se la sirvan fría, cómo quiere usted +que le tenga el cuarto arreglado a tiempo ni las cosas a punto, si desde +hace una temporada no tiene hora fija para nada; tan pronto se le ocurre +almorzar a las once como a las dos, unas veces se levanta a las siete de +la mañana, otras duerme hasta las tres de la tarde? Y sobre esto, los +criados siempre en danza, a casa del sastre, del camisero, a llevar +cartas y recados a la calle de Ramales.</p> + +<p>Era el mismo Evangelio lo que la buena señora alegaba. Los tirabuzones +sujetos a su frente lo corroboraban con vivos movimientos de +trepidación. Mario cometía estos desórdenes y otros más. La causa +estaba en la calle de Ramales, bien lo sabía D.ª Romana; pero no se +atrevía a expresarlo, aunque lo indicaba recalcando un poquito la +palabra. Es decir, no estaba en la calle de Ramales. Donde estaba +realmente era en el cerebro exaltado del joven escultor. Porque ¿qué +culpa tenía Carlota de que se levantase a las seis de la mañana, +habiéndole dicho la noche anterior que oiría misa a las diez en el +Sacramento? ¿Ni por qué pedía a grandes voces el almuerzo a las once, si +le constaba que hasta las dos lo menos no había de salir de tiendas D.ª +Carolina con sus hijas? Tampoco era Carlota responsable de que nuestro +joven perdiese la razón al ver una minúscula arruga en el planchado de +los puños o las botas sin el conveniente brillo, porque no tenía la +costumbre de reconocer minuciosamente ni los puños ni las botas de su +novio. Es más, aunque advirtiese la arruga del planchado o la opacidad +de las botas, era tan bonachona que se lo perdonaría sin gran esfuerzo.</p> + +<p>Al principio nuestro joven iba dos veces por semana a pasar un ratito +después de la oficina a casa de D. Pantaleón. Poco después, un día sí y +otro no; luego, todos los días. Esto sin perjuicio de verse y hablarse +diariamente en el café del Siglo y de las salidas extraordinarias a misa +y a tiendas, en que <i>casualmente</i> se tropezaban. Pero no bastaba todavía +a calmar las ansias amorosas del escultor. Todavía ideó el acudir +también algunas mañanas a casa de su novia con diferentes pretextos; +luego descaradamente y todos los días. De modo que, lo que decía +confidencialmente D.ª Carolina a la señora Rafaela:—Hija, estos +muchachos no me dejan tiempo para arreglar mi casa ni para vigilar la +cocina; no puedo cepillar la ropa a Pantaleón, no puedo escribir una +carta, no puedo hacer una visita. ¡Siempre clavada a la silla en el +gabinete! Luego, si Presentación me ayudase un poco a soportar la carga; +pero ¡que si quieres!</p> + +<p>En efecto, cuando por algún apuro imprescindible D.ª Carolina la llamaba +para que se estuviese al lado de los novios, mientras ella permanecía +fuera, Presentación levantaba los brazos al cielo exclamando:</p> + +<p>—¡Dios mío, qué pecado habré cometido para desempeñar tan joven estos +papeles!</p> + +<p>Y si la señora tardaba mucho, se escapaba diciendo:</p> + +<p>—No puedo más. Dispensadme. Cuidado con ser buenos.</p> + +<p>En vano la pobre Carlota le gritaba ruborizada:</p> + +<p>—¡Niña, niña! ¡Por Dios, no marches!</p> + +<p>—No puedo más—repetía huyendo,—no puedo más. La carga es superior a +mis fuerzas.</p> + +<p>D.ª Carolina, por estas y otras contrariedades, tenía frecuentes accesos +de mal humor; gritaba a sus hijas, las llenaba de improperios; a veces, +de esta marejada salpicaba también alguna espuma a Mario. Pero no se +daba por ofendido; al contrario, sentía cierto deleite en que la mamá de +su adorada le reprendiese, le tratase con tal excesiva confianza: le +parecía que de tal modo se acortaba cada vez más la distancia que +mediaba para ser su hijo.</p> + +<p>Pero la gran dificultad para esto y para todo en aquella casa era D. +Pantaleón. No lo parecía. Mario hallaba en él un hombre grave, pero +dulce, afectuoso, de una cortesía exquisita. Apenas se le sentía en la +casa. Sin embargo, D.ª Carolina, a quien trasmitía sus órdenes, estaba +siempre pendiente de ellas, y no daba jamás un paso sin consultarle y +pedirle la venia. Así que nuestro joven, a fuerza de sentir su +influencia en todos los momentos sin escuchar su voz, sin ver el ademán +imperativo de su diestra, había llegado a profesarle un respeto +profundísimo, una veneración sin límites, contemplando su cara +enigmática y misteriosa como la de un dios impenetrable. Cuando le +tropezaba por los pasillos de la casa, y sucedía bastantes veces, porque +el Sr. Sánchez era muy dado a pasear por ellos con zapatillas, le daba +un vuelco en el corazón y le saludaba con una turbación que, lejos de +disminuir, aumentaba cada día.—He aquí el hombre—se decía al apartarse +de él—en cuyas manos se encuentra mi felicidad o mi desgracia.</p> + +<p>La influencia de D. Pantaleón se sentía en todos los momentos y se +extendía a los pormenores más insignificantes de la vida doméstica. Para +salir a tiendas, para ir a paseo, para comprarse unas botas, para +suscribirse al periódico de modas, para cambiar de panadero, se +necesitaba acudir a su autoridad suprema. Mario la encontraba +asfixiante, pero se sometía.</p> + +<p>La vida de aquel déspota no podía ser más sencilla. Levantábase +invariablemente a las nueve de la mañana, y después de desayunarse +terminaba la lectura de <i>La Época</i>, que había comenzado la noche +anterior. La leía toda, hasta el folletín y los anuncios, encerrado en +su habitación, sin que bajo ningún pretexto consintiese D.ª Carolina que +se le fuese a interrumpir. Esta escrupulosidad concienzuda aplicada a la +lectura de un periódico, que ordinariamente suele hacerse a la ligera, +¿no es indicio de un carácter reflexivo a investigador, de una +inteligencia firme y ansiosa de nutrirse? El curso de la presente +historia lo dejará cumplidamente demostrado. Aquella lectura, trivial +para la mayor parte de los hombres, despertaba en el cerebro de Sánchez +copiosa serie de pensamientos graves o frívolos, según su orden.</p> + +<p>Para meditarlos, para clasificarlos, para extraerles el jugo, se salía +al pasillo, y envuelto en su bata alfombrada y provisto de silenciosas +zapatillas suizas, paseaba grave y acompasadamente hasta la hora de +almorzar. Después del almuerzo y de reposar algunos minutos, se salía a +dar un largo paseo contemplativo por el Retiro. Cualquiera que le viese +recorriendo lentamente, con las manos atrás y la cabeza inclinada hacia +la izquierda, los arenosos caminos del Parque, diputaríale por un +ocioso, un militar retirado, un propietario, algo, en suma, vulgar y +hasta inútil en la sociedad. ¡Cuán engañosas son las apariencias! Algo +así pensaban los habitantes de la ciudad de Heidelberg cuando el gran +Emmanuel Kant cruzaba de paseo con su paraguas bajo el brazo. Y si le +hallasen sentado en un banco frente al Estanque grande, inmóvil, con la +mirada fija, tal vez imaginaran que aquel hombre no pensaba en nada. Y +así era, en efecto. D. Pantaleón en aquellos momentos tenía el +pensamiento tan inmóvil como su cuerpo; yacía entregado a una sensación +de bienestar animal, que inundaba su ser como una ola tibia y lo +paralizaba. Muchas veces duerme así el espíritu cuando se prepara a una +actividad enérgica, como el luchador que reposa para disponer de toda la +fuerza de sus músculos. El genio dormía en el fondo de su alma, sin que +nadie, ¡nadie! ni él mismo, sospechase su presencia.</p> + +<p>D. Pantaleón Sánchez no era rico. Sólo tenía un pasar adquirido en el +comercio de géneros de punto a fuerza de economías y privaciones. Y aquí +salta una observación, que merece ser expresada, es a saber: que casi +ninguno de los hombres que han influido poderosamente sobre sus +semejantes o han dado impulso y dirección al progreso dispusieron de +grandes bienes de fortuna. Después de traspasar la tienda al primero y +único de sus dependientes, sólo poseía en valores del Estado una renta +de ocho a diez mil pesetas. Gracias al orden y economía de su fiel +esposa podían vivir cómoda y decorosamente.</p> + +<p>A los quince días de entrar en la casa ya nuestro joven escultor ardía +en deseos de formar parte integrante de la familia. Pero no se atrevió +a expresarlo sino de un modo indirecto y vago, y con las mejillas +coloradas, a Carlota, que a su vez le respondió, ruborizada también, que +«no se pensase todavía en aquello.» Pero ambos siguieron pensando, cada +cual por su lado; de tal suerte, que si sus bocas estaban calladas, se +lo decían a todas horas con los ojos. Cuando estaban juntos y se +quedaban algunos instantes silenciosos con la mirada extática, bien +podría apostarse doble contra sencillo a que ambos pensaban en +<i>aquello</i>.</p> + +<p>Un día, después de larga pausa, dijo Mario repentinamente:</p> + +<p>—¿Por qué no se <i>lo</i> dices a tu mamá?</p> + +<p>—No me atrevo. Díselo tú—respondió la joven anudando naturalmente la +tácita conversación que sus pensamientos mantenían hacía tiempo.</p> + +<p>—¡Oh, si yo me atreviera!</p> + +<p>Hizo coraje algunos días: al fin se atrevió. ¡Cuánta duda, cuánta +vacilación antes que las abrasadoras palabras saliesen de sus labios!</p> + +<p>Estaba D.ª Carolina subida encima de una silla sujetando un visillo del +balcón. Carlota había salido en busca de tijeras. Sin saber cómo, +aprovechándose tal vez de que la buena señora se hallaba de espaldas y +no podía anonadarle con una mirada fulgurante, dijo con voz bastante +entera:</p> + +<p>—D.ª Carolina, cuando usted termine ahí voy a darle un susto.</p> + +<p>—¿Un susto?—repuso la señora volviendo la cabeza con sorpresa.</p> + +<p>—¡Sí, un susto!—repitió el joven sonriendo alegremente, cada vez más +animado.—Pero no tenga usted miedo. Es un susto puramente moral.</p> + +<p>—¡Bueno!—exclamó en actitud vacilante, sonriendo también.—No sé qué +será... Voy a concluir.</p> + +<p>En los breves instantes que duró la operación tuvo tiempo a perder todo +el valor que había mostrado. De suerte que cuando D.ª Carolina se bajó +de la silla, con la misma ligereza que una niña, y se volvió, encontrose +con un hombre desencajado, tembloroso, que daba pena mirarle.</p> + +<p>—Usted me dirá... ¿qué susto es ése?</p> + +<p>—¡El que yo tengo!—debió responder Mario, pero no lo dijo. Limitose a +llevarse la mano a la boca para toser, sin gana por supuesto, y profirió +con trabajo:</p> + +<p>—Si a usted le parece, podemos sentarnos.</p> + +<p>—Con mucho gusto. Nada nos darán por estar de pie.</p> + +<p>D.ª Carolina aparentaba indecisión y sorpresa que no sentía. No se +necesitaba ser lince para comprender de qué se trataba.</p> + +<p>—Debo ante todo... Cuando tuve el honor de ser presentado a ustedes... +Sentiría muchísimo...</p> + +<p>No hallaba medio de tomar la embocadura. Estaba cada vez más turbado. En +aquel momento apareció en la puerta Carlota. Al ver su encantadora +figura, de formas elegantes y redondeadas, sus ojos animados, sus +mejillas frescas adornadas de un par de hoyos como dos nidos de amor, +sus labios de cereza, una verdadera rosa, en fin, de carne y hueso, +recobró de pronto todo el aplomo y dijo con voz segura:</p> + +<p>—Me alegro de que venga Carlota y escuche lo que le voy a decir...</p> + +<p>Carlota se acercó. En la actitud de su novio adivinó en seguida lo que +pasaba.</p> + +<p>—Pues bien, señora, lo que tengo que manifestar a usted es que, lo +mismo Carlota que yo, deseamos casarnos cuanto más antes.</p> + +<p>—¡No, no! ¡yo no!—exclamó la joven encendida en rubor y echando a +correr.</p> + +<p>D.ª Carolina se mostró sorprendidísima.</p> + +<p>—¡Pero eso es un escopetazo, Costa! Razón tenía usted en decir que me +iba a dar un susto. ¡Ave María Purísima! ¡Quién había de pensar!...</p> + +<p>Y por algunos momentos no dejó de hacerse cruces y proferir +exclamaciones. Repuesta al fin un poco, llamó a Carlota.</p> + +<p>—¡Niña, no seas ridícula, ven aquí!</p> + +<p>Y en voz baja añadió:</p> + +<p>—¡Pobrecilla! La ha puesto usted en un apuro.</p> + +<p>Vino Carlota hecha una rosa de Alejandría por lo roja y por lo hermosa. +Sentáronse los tres en el sofá, la mamá en el medio, y cogiendo +amorosamente las manos de su hija y mirando a Mario de reojo, se expresó +de esta manera:</p> + +<p>—A pesar del susto, no le guardo rencor. Me esperaba que algún día +había de suceder esto, aunque, a la verdad, no tan pronto. Mentiría, +Costa, si le dijese que no me es usted muy simpático y hasta que le +quiero ya como cosa propia. No tiene nada de particular. Basta que una +persona quiera a mis hijas para que la adore yo. Lo que mis hijas +desean, eso es precisamente lo que a mí me complace. Soy una débil +criatura sin voluntad propia; todo el mundo lo sabe. ¡Hablarme a mí de +que desean casarse!... ¿Para qué? De antemano tienen ya mi +consentimiento para eso como para todo lo que se les antoje. Mi carácter +es así. Aunque me parezca prematuro el matrimonio y que convendría +esperar algo más, porque usted no se halla, desgraciadamente, en +posición de sostener las cargas de una familia, no lo puedo remediar... +Por mí, mañana mismo les echa la bendición el cura. Es una desgracia +tener este carácter, señor Costa, créame usted. Mis amigas me dicen con +razón: «Tú no eres una mujer, Carolina, eres un trapo.» ¿Y qué le vamos +a hacer? Cada cual es como Dios le crió. De todos modos, le agradezco +en el alma que haya contado conmigo... Demasiado sé que es pura +galantería, pero lo agradezco... Vamos ahora a lo más principal, mejor +dicho, a lo único principal que hay en este negocio. ¿Quién se lo dice a +Sánchez? ¿Quién le pone el cascabel al gato?</p> + +<p>—Mamaíta, díselo tú—manifestó Carlota, cuyas mejillas no habían +perdido su vivo color rojo.</p> + +<p>—¿Lo ve usted?—exclamó la buena señora, volviendo el rostro lleno de +dulce condescendencia hacia Mario.—¡Cuando yo lo decía!... Bien, hija +mía, bien; yo se lo diré... Para mí será el desaire si lo hay. Prefiero +sufrirlo yo todo. Y para que vean ustedes adónde llega mi complacencia, +ahora mismo se lo voy a decir; ahora que está solo en su cuarto... ¡Ea, +valor!</p> + +<p>D.ª Carolina se alzó del sofá y dio tres o cuatro pasos.</p> + +<p>—¡Si supieran ustedes cuánto lo temo!—dijo parándose.—No lo puedo +remediar; siempre que voy a decir algo importante a Pantaleón, me sucede +lo mismo, me pongo temblorosa; toda me aturrullo... Mire usted cómo me +tiembla la mano, Costa.</p> + +<p>Mario apretó la mano de su futura suegra, pero no pudo comprobar el +temblor. Lo único que advirtió es que estaba fría.</p> + +<p>—Sí, sí—dijo galantemente,—y además está fría.</p> + +<p>—¡Friísima!... Lo mismo me pasa siempre... Vaya, armémonos de valor. +Voy antes a beber una copita de Jerez para criar fuerzas... Hasta luego, +hijos míos, hasta luego y ¡buena suerte!</p> + +<p>Todavía desde la puerta se volvió con semblante risueño, radiante de +condescendencia.</p> + +<p>—¡Cómo me late el corazón!—exclamó llevándose la mano al +pecho.—¡Adiós! ¡Buena suerte!</p> + +<p>A quien le latía hasta querer saltársele del pecho era al pobre Mario. +No se atrevió a mirar a Carlota. Tampoco ésta volvió su rostro hacia él. +Felizmente vino a sacarlos del apuro la bella Presentación. Entró seria, +ceñuda y, sentándose cerca del balcón, exclamó con un suspiro:</p> + +<p>—¡Ea! ¡Ya estoy en funciones!</p> + +<p>Lo mismo Carlota que su novio no pudieron menos de sonreír. +Trascurrieron algunos minutos en silencio.</p> + +<p>—Pero vamos a ver—profirió después volviéndose airada hacia +ellos,—¿cuándo me van ustedes a dejar en paz? ¿Se quieren ustedes casar +pronto, empachosos?</p> + +<p>—De eso se trata—respondió gravemente Mario.</p> + +<p>Y como la joven le mirase sorprendida, su hermana añadió tímidamente:</p> + +<p>—Mamá se lo está comunicando en este momento a papá.</p> + +<p>La cara de Presentación expresó un gozo sincero.</p> + +<p>—¿Es de veras? ¡Cuánto me alegro, hermana de mi alma!—exclamó +levantándose y abrazándola con efusión.—¡Toma un beso, toma dos, toma +veinte!... Sea enhorabuena. Démela usted a mí también, Costa, y pídame +perdón por las mil iniquidades que ha hecho conmigo... ¡Qué gusto, +Virgen de Atocha!... Ya concluyeron las centinelas. Ahora son ustedes +los que me van a guardar a mí. ¡Y que no te voy a dar poca tarea, +Carlota! Me vas a sacar a paseo todos los días, ¿sabes? todos, sin +faltar uno. Y por la mañana me llevarás a misa... y después... después +unas vueltas entre calles para lucir este cuerpecito...</p> + +<p>Daba saltos de alegría y batía las palmas la revoltosa niña, tanto por +la perspectiva de aquella bienandanza como por ver a su hermana feliz; +porque en el fondo no era mala, aunque Timoteo la apellidase casi todas +las noches ingrata y orgullosa con el violín.</p> + +<p>Mas he aquí que en lo más recio de esta alegría turbulenta aparece D.ª +Carolina. Nada más que con mirarla comprendieron Mario y Carlota lo que +había. Traía la cara larga, larga como si viniese de un entierro. ¡Ay, +sí, el entierro de las esperanzas de Mario! Mientras se acercaba +lentamente hacia ellos ejecutó un sinnúmero de muecas y visajes, +expresando alternativamente el dolor, la protesta y la resignación. +Sentose de nuevo en silencio entre los dos, y en silencio también y con +rara energía apretó las manos a Mario fijando en él al mismo tiempo una +mirada de indefinible tristeza.</p> + +<p>—No se apure, señora—exclamó éste haciendo de tripas corazón, +esforzándose por sonreír.—¿No puede ser? Lo siento muchísimo; pero lo +mismo Carlota que yo sabremos tener calma y esperar con paciencia.</p> + +<p>D.ª Carolina se llevó el pañuelo a los ojos como si quisiera llorar.</p> + +<p>—¿Qué es eso? ¿No hay boda?—preguntó Presentación; y, levantándose con +ademán desabrido, añadió:—¡Bah, bah! La culpa ya sé yo de quién es.</p> + +<p>No hubo más remedio que resignarse. Don Pantaleón hallaba prematuro el +matrimonio. Los hombres, según decía su esposa, miran las cosas de un +modo prosaico; se fijan en el porvenir, en las necesidades y +obligaciones que trae consigo; todo lo ven de color negro. Nosotras +procedemos de otro modo, por entusiasmo, por cariño; cuando se nos +interesa el corazón no queremos ver las dificultades. Por mi parte, +aunque no tuviese usted empleo ninguno, aunque fuese un pobre de la +calle, bastaría el afecto que le tengo para que le entregase a mi hija +sin reparar en nada.</p> + + + +<h3><a name="IV" id="IV"></a>IV</h3> + + +<p>Esperaron, pues, pacientemente a que Sánchez se ablandara. La vida +siguió deslizándose en la misma forma que antes, creciendo de día en día +la confianza y el cariño entre nuestro joven y la familia de su novia. +No salía de la casa. Cuando iban a paseo por Recoletos, Mario y Carlota +marchaban delante y detrás D.ª Carolina y Presentación. Al poco tiempo +todo Madrid los conocía. «Ahí vienen <i>los novios</i>,» se decían los +paseantes al verlos. Entre algunos chistosos comenzó a llamárseles <i>I +promessi spossi</i>. Y como suele suceder, al cabo de algunos meses +llegaron a aburrir a la gente. ¡Pero, señor! ¿cuándo se casan estos +chicos?</p> + +<p>D.ª Carolina consintió al fin, a ruego de Mario, en tutearle, y hasta +llevó su condescendencia a permitir que la llamase mamá, todo en secreto +por supuesto y cuando Sánchez no se hallaba presente. Un día que delante +de éste se le escapó llamarle de tú, ¡Jesucristo, lo colorada que se +puso la buena señora! Mario estaba hechizado; la adoraba.</p> + +<p>Pocos meses después acaeció un cambio en la política. Cayó el ministerio +y se formó otro nuevo. El ministro de Ultramar saliente se acordó de +Mario por la amistad que había mantenido con su padre y le dejó +ascendido en lo que se denomina en términos burocráticos testamento. +Tenía diez y seis mil reales de sueldo. D.ª Carolina mostró al saberlo +una alegría verdaderamente maternal. Tanto que a los pocos días le llevó +sigilosamente hacia un rincón y le dijo con misterio que si se lo +permitía iba a dar «otro tiento» a Sánchez: desconfiaba bastante del +éxito, pero iba a hacer un esfuerzo supremo... «Ya veríamos.»</p> + +<p>En el pecho del joven escultor renacieron súbito las esperanzas. Se puso +tan nervioso, que la bondadosa señora, para completar su caritativa +obra, mostrose propicia a ir en aquel mismo momento al cuarto del severo +esposo. Mario no pudo contenerse; poco menos que la hizo salir a +empujones de la habitación. Ella sonreía dulcemente llamándole loco.</p> + +<p>¡Qué zozobra! ¡qué congojas las de los novios mientras permaneció por +allá! Llegó a tal extremo, que Mario ¡pobre muchacho! consintió en rezar +con Carlota algunos padres nuestros para obtener un resultado favorable.</p> + +<p>El cielo escuchó sus oraciones. D.ª Carolina se presentó al cabo de +media hora radiante de dicha. Y antes de que saliese una palabra de sus +labios, corrió hacia su hija y la abrazó estrechamente derramando un +torrente de lágrimas. Después hizo lo mismo con Mario. Éste experimentó +tan fuerte emoción, que quiso volverse loco. Lloró, rió, bailó, besó las +manos a su futura suegra llamándola madre, prometiéndole amarla y +obedecerla siempre como un hijo sumiso; en fin, mil ridiculeces que +harán sonreír a todo el que no haya estado de veras enamorado.</p> + +<p>Desde entonces no se habló más que de la boda. Comenzaron a comprar la +ropa blanca; esto es, comenzó el único período de la existencia que +puede dar idea aproximada de lo que acontece en el cielo. Esta memorable +etapa de la ropa interior ejerció tal influencia en la felicidad de +Mario, que muchos años después, al pasar delante de un bazar de ropa +blanca y ver colgadas en el escaparate algunas enaguas y camisas de +señora, aún sentía latir su corazón conmovido. D.ª Carolina fue el +Espíritu Santo de este almo cielo. Cuando nuestro joven la veía ponerse +las gafas y tomar entre sus dedos una chambra, frotarla cuidadosamente, +acercarla a los ojos para ver si descubría alguna pérfida hebra de +algodón entre su cándido hilo, un estremecimiento de dicha inefable +corría por su cuerpo; la emoción le ahogaba; necesitaba volverse de +espaldas para no caer a sus pies y expresarle en términos fervorosos +delante de los horteras toda la veneración, todo el entusiasmo que su +conducta generosa le inspiraba.</p> + +<p>Luego se fijó el día: se discutió la forma en que había de celebrarse. +Antes se había convenido en que los novios no vivirían aparte «por +ahora.» El pequeño sueldo de Mario no lo consentía. D. Pantaleón +manifestó por boca de su esposa que mientras el matrimonio no se hallase +en condiciones de establecerse, viviría en su compañía. El mismo D. +Pantaleón resolvió que la boda se celebrase con un día de campo en los +Viveros, como era uso y costumbre entre el elemento distinguido del +comercio de Madrid.</p> + +<p>Fue en el primer domingo de Agosto. Mario convidó a sus amigos los +tertulios del café del Siglo, Miguel Rivera, Adolfo Moreno, Llot, +Oliveros, Romadonga y tres o cuatro compañeros de oficina: los señores +de Sánchez, a varias distinguidas familias del comercio, y entre ellas a +la del mismísimo presidente de la <i>Liga de Productores</i>, propietario de +una gran fábrica de ladrillo refractario en las afueras de Madrid. Los +esposos Sánchez no mantenían amistad muy íntima con esta familia; pero +comprendiendo todo el lustre que sobre la fiesta recaería si lograban +que asistiese a ella, les escribieron una rendida carta. Los señores de +Corneta, que así se llamaba el presidente de la Liga, respondieron con +una muy amable esquela aceptando y enviando al propio tiempo una precisa +licorera, que enriqueció la serie de regalos que los novios recibieron +en aquellos días. D.ª Carolina los había colocado todos en un gabinete +de la casa en medio de una bonita decoración de percalina para que +hiciesen más impresión. Había muchos y muy lindos, pero entre todos +predominaba una rica colección de barómetros y termómetros de todas +formas y tamaños. Los amigos habían comprendido, con admirable instinto, +que nada puede interesar tanto a unos recién casados como la observación +atenta de los fenómenos meteorológicos.</p> + +<p>El primer domingo de Agosto amaneció tan espléndido, tan claro y +caliente como casi todos sus colegas del estío en Madrid. Los asistentes +a las primeras misas en la iglesia de Santiago pudieron ver en una de +las capillas laterales a un joven correctamente vestido de negro hincado +delante de un confesonario. Nada tenía de particular. Pero en el +confesonario de enfrente había una joven también vestida de negro con la +cara pegada a la ventanilla. Esto era ya grave. Así lo entendieron los +fieles, y por eso, pecando contra el tercer mandamiento, no les quitaron +ojo mientras duró la confesión.</p> + +<p>El cura tenía abrazado al joven, de suerte que los asistentes no podían +observar más que sus piernas, que no decían nada. Pero la joven dejaba +ver un cacho de mejilla, y este cacho de mejilla, por lo suave, por lo +terso, por lo sonrosado, interesaba profundamente al auditorio, y muy +especialmente al monaguillo que ayudaba a la misa.</p> + +<p>«Son unos novios,» se dijeron los fieles rebosando de curiosidad y +penetración. En efecto, eran ellos, la fresca y simpática Carlota y el +venturoso Mario.</p> + +<p>Después de la ceremonia y de tomar chocolate en la morada de D. +Pantaleón, trasladaronse los recién casados y su cortejo en dos grandes +ómnibus a los Viveros. Los Viveros guardan entre las filas de sus +árboles enanos y bajo sus cenadores rústicos toda la poesía del comercio +madrileño. Los gremios expresan allí en los días festivos que no son +insensibles al encanto misterioso de la Naturaleza ni ajenos a las +dulces emociones del campo. Como testimonios mudos pero elocuentes de +este fondo poético que algunos pretenden negar, suelen verse bajo los +frescos emparrados, donde la luz se cierne mansa y dormida, o sobre el +fino tapiz de la yerba, entre setos de boj y cinamomo, algunas cabezas +de sardina y no pocos residuos de huevos cocidos.</p> + +<p>El Sr. Sánchez, que a pesar de su temperamento meditabundo y soñador no +olvidaba ningún pormenor interesante, había contratado el día antes un +piano mecánico. No fue obstáculo el calor para que aquella juventud +florida se pusiese inmediatamente a bailar con frenesí. Un caballero +tuvo la ocurrencia de quitarse la levita; los demás le imitaron. Se +bailó en mangas de camisa, con esa grata familiaridad que caracteriza a +los hombres de negocios en momentos de alegría. Así y todo, se sudaba +como en los primeros días de la creación. Las mejillas de las damas +echaban fuego. ¡Ah, si pudieran utilizar el hielo que envolvía en aquel +instante el corazón del violinista del café del Siglo, qué bien se +refrescarían!</p> + +<p>A fuerza de inteligencia y diplomacia había logrado Timoteo que D.ª +Carolina le invitase a la boda. Por cierto que este rasgo de generosidad +le valió un disgusto. Su hija menor armó la de San Quintín al enterarse, +profiriendo tan pesadas palabras que la buena señora se vio necesitada a +zanjar la cuestión por el método usual, con un par de pellizcos. La niña +puso el grito en el cielo. Y en estas simpáticas disposiciones hacia el +violinista fue a la boda de su hermana. ¡Qué había de suceder! Un +desastre. A la primer coyuntura aquellos dos pellizcos se los aplicó en +el alma al causante de todo.</p> + +<p>—Presentacioncita, ¿me haría usted el honor de bailar conmigo esta +polka?</p> + +<p>—Gracias, no bailo.</p> + +<p>Pocos instantes después llega otro joven y le hace la misma invitación. +Presentación vacila un momento, mira de reojo al violinista, sonríe +maliciosamente y se deja arrastrar al baile por tal odiosísimo sujeto, a +quien desde aquel punto dedica Timoteo toda la hiel que elabora su +organismo.</p> + +<p>Este ser repugnante y abyecto, llamado Grass, dedicaba las horas en que +no medita o ejecuta alguna acción vergonzosa, a llevar los libros de +comercio en dos camiserías de la calle del Príncipe. De aquí que +pretendiese eclipsar a todos los demás por el brillo y la forma de su +cuello a la marinera y por el esplendor de la corbata de raso azul con +lunares blancos. Timoteo sentía la superioridad de Grass en este punto, +pero antes le hicieran rajas que confesarlo.</p> + +<p>Presentación era, con mucho, la más linda de las niñas que la industria +y el comercio habían enviado a la boda de Mario. Por eso todos los +jóvenes le bailaban el agua, acudían a servirla y festejarla como un +tropel de esclavos. Quién solicitaba humildemente la honra de tener por +su abanico, quién extendía la levita sobre la yerba para que se sentase; +los unos corrían a buscarle un vaso de agua cuando tenía sed y se lo +presentaban con azucarillo y gotas de azahar, o con anís o con jarabe de +grosella, para que eligiese; los otros se consideraban felices con que +de lejos les enviase una ligera sonrisa. Con esto la niña, que había +mostrado siempre marcada inclinación a las pompas mundanas, se puso +insufrible. Parecía una sultana cruel y despótica. A fuerza de ver +inmediatamente obedecidos sus caprichos, ni sabía ella misma lo que +quería. Tan pronto llamaba a un mancebo y le permitía sentarse a sus +pies y le escuchaba y le miraba amablemente, como le arrojaba con ademán +feroz y viento fresco. Unas veces exigía que le contasen algo, otras les +obligaba a permanecer inmóviles y silenciosos. Fortuna fue que no se le +ocurrierra mandar ahorcar de un árbol a Timoteo, porque en el estado en +que se hallaban los espíritus, ¡quién sabe lo que sucedería!</p> + +<p>Pero el que logró presto sobreponerse a sus colegas y fijar la atención +de la bella fue Grass. Y esto no sólo por el prestigio de su corbata, +sino porque además era hombre de iniciativa y ocurrente. Cada una de sus +frases, un poema de gracia. Cuando tenía que referirse a su propia +cabeza, la llamaba «la calabaza.» «Yo conocí en Sevilla una +señora—decía—que comía por la boca.»</p> + +<p>Poseía asimismo una imaginación fecunda y audaz para toda clase de +farsas divertidas y talento especial para imitar la voz, el gesto y el +modo de andar de cualquier persona. Corría y brincaba con agilidad +pasmosa, a pesar de su obesidad bien pronunciada. Cantaba con voz de +tiple, de tenor, de barítono y bajo, y se sabía que proyectaba figuras +en la pared con la sombra de las manos de modo maravilloso. Finalmente, +era un prestidigitador consumado. A ruego de varias muchachas, hizo +algunos juegos de manos que produjeron entusiasmo en los invitados. +Claro está que para efectuarlos necesitaba ayudantes. Grass los elegía +entre las jóvenes más lindas. Y aunque todas le servían con agrado y +diligencia, se distinguía particularmente por su entusiasmo +Presentación. ¡Las diabluras que aquel hombre festivo llevó a cabo con +ella, sacándole monedas del pelo, de las narices, del cuello!...</p> + +<p>¡Timoteo ansiaba beber su sangre!</p> + +<p>A las once, poco más o menos, hizo su entrada triunfal en el Vivero la +familia del presidente de la Liga de Productores. En cuanto se tuvo +noticia de que un carruaje estaba a la puerta, la mayor parte de los +invitados abandonaron los placeres y corrieron hacia allá, deseando +hacer ostensible su amistad con personas tan distinguidas, que hacían +viso en la sociedad madrileña y tenían carruaje propio. Venían el +presidente, su esposa y dos hijas. El Sr. Corneta tenía la misma +elegante figura que un carnicero en día de fiesta. Pequeño, obeso, +colorado, con gabán muy largo, las enormes manos aprisionadas por +guantes de color de sangre. Llevaba la cabeza echada hacia atrás y +hablaba a gritos. Los millones, la Liga, la fábrica de ladrillo +refractario, todo le salía de una vez a la cara, pugnando por arrojarse +sobre los infelices que se le acercaban y aplastarlos. ¡Qué modo de +tender la mano mirando hacia otro lado! ¡Qué voz ruda e impertinente +para saludar de lejos! Imposible imaginarse una superioridad más +protectora. Y, sin embargo, mucho más protectoras aún las miradas, las +sonrisas y los saludos de su amable esposa e hijas. Era el juicio final. +Los dos pimpollos vestían con pintoresca elegancia, y la mamá, a pesar +de sus años, no les iba en zaga. Ni feas ni bonitas, pero majestuosas; +con esa calma imponente que presta a los seres superiores la conciencia +de su gloria. Las tres venían provistas de sendos impertinentes, con los +cuales empezaron inmediatamente a llevar a cabo atentas y concienzudas +observaciones sobre los invitados, como el naturalista que estudia al +microscopio la figura y los movimientos de algunos infusorios. +Naturalmente, bajo el poder de esta mirada investigadora, las niñas del +comercio se ruborizaron y los jóvenes dependientes no sabían dónde poner +los pies ni las manos, sobre todo las manos.</p> + +<p>—¿No viene Juanito?—preguntó no se sabe quién.</p> + +<p>—¡Oh, Juanito!</p> + +<p>Las tres damas cayeron al escuchar tal pregunta en un acceso de alegría +que les impidió responder, aunque sin interrumpir por eso el estudio +microscópico de aquellos curiosos seres.</p> + +<p>—Juanito no acostumbra a levantarse a estas horas—dijo al cabo una de +ellas.</p> + +<p>«¡A estas horas! ¡Las once de la mañana! ¡Qué elegancia! ¡qué +distinción!» pensaban los dependientes a quienes el hado adverso +obligaba a levantarse de la cama a las seis todos los días.</p> + +<p>La familia Corneta fue conducida en triunfo hacia uno de los cenadores, +donde Mario y su esposa fueron agasajados por ellos con algunas frases +amabilísimas, de las cuales tanto D.ª Carolina como su digno esposo D. +Pantaleón conservaron por mucho tiempo vivo recuerdo.</p> + +<p>Nadie osaría poner en duda entre los convidados la inmensa superioridad +de las señoritas de Corneta en cuanto a brillo aristocrático y gracia +protectora. Sobre todo permaneciendo calladas tales cualidades +adquirían maravilloso relieve. Cuando tomaban la palabra quizá algún +crítico escrupuloso pusiera reparos a la voz bronca un poco aguardentosa +de la menor y a las frases libres y a los ademanes harto sueltos y +descocados de la mayor. Tal vez le arrastrase su espíritu analítico a +encontrar algún vago parecido entre estas distinguidas señoritas y las +jóvenes que comercian con churros y buñuelos en los parajes excéntricos +de la población. Y ¡quién sabe! una vez puesto el pie en el camino de la +investigación, es posible que llegara a explicar este fenómeno por las +leyes de la evolución, viendo en él la supervivencia o degeneración +patológica de las aptitudes orgánicas de su abuela, que freía y vendía +tales comestibles cerca de la puerta de Segovia. Pero como en aquella +florida juventud comercial no imperaban los procedimientos analíticos, +se aceptaron sin controversia alguna el señorío y los privilegios de las +citadas señoritas y se las colocó en el cenador en unión de sus papás +como dioses mayores, a quienes D.ª Carolina y D. Pantaleón y algunas +otras personas de edad asistían como dioses menores.</p> + +<p>Por esta razón y porque nadie podía disputar a Presentación el premio de +la belleza, aquélla continuó imperando despóticamente entre los jóvenes +invitados. Su caballero era siempre el odioso Grass, como observaba cada +vez con mayor encono Timoteo. Pero de vez en cuando dirigía intensas +miradas del lado de Godofredo Llot. Esto no lo observaba Timoteo. Aquel +piadoso joven apenas si osaba corresponder levantando de vez en cuando +hacia ella sus ojos místicos. La mayor parte del tiempo parecía no +advertir la honrosa atención de que era objeto, embargado sin duda por +los graves pensamientos ascéticos que continuamente ocupaban su mente.</p> + +<p>Después de almorzar, bastante después, cerca ya de las cuatro de la +tarde, apareció a lo lejos la silueta elegantísima del primogénito del +Sr. Corneta. Se acercó sonriente, benigno, y todos pudieron admirar sus +botas de gamuza, el pantalón de punto con botoncitos de nácar a los +lados y la preciosa americana de franela que ceñía su talle. Este arreo +campestre y el látigo con que venía azotando suavemente las ramas de los +arbustos demostraba que había llegado a caballo. Los jóvenes +dependientes, al verle, quedaron petrificados de respeto y admiración. +Juanito era miembro del club de los Salvajes, y en calidad de tal solía +ponerse el frac todas las noches; tenía queridas, caballos, desafíos y +deudas, y pronunciaba mal las erres. A pesar de esto, hay que confesar +que en aquella ocasión no abusó demasiado del prestigio y la gloria que +el cielo había derramado próvidamente sobre él. Saludó al concurso con +impensada afabilidad, llevándose dos o tres veces el látigo a las +narices, y dijo con voz bastante clara que se alegraba de encontrarse +entre tantas chicas bonitas; así; palabras textuales. Naturalmente, las +jóvenes, al escuchar tan favorable sentencia, temblaron de gozo, se +ruborizaron hasta las orejas y la guardaron en el fondo de su corazón +como recuerdo de aquella dichosa tarde. Juanito estaba dotado de mil +preciosas cualidades que saltaban a la vista; pero la que realmente le +caracterizaba era la languidez. Imposible imaginarse nada más lánguido +que este glorioso joven. Cuando hablaba, cuando sonreía, cuando se +atusaba el bigote, cuando se estiraba las piernas, una irresistible +languidez resplandecía debajo de estos actos vulgares.</p> + +<p>Presentación no pudo resistirla. Se encontró subyugada desde el primer +momento. En cuanto el joven Corneta, dando pruebas de buen gusto, se +acercó a ella y le hizo el honor de dirigirle algunas palabras galantes, +¡adiós Grass! ¡adiós Godofredo también! Aquellos lindos ojos maliciosos +ya no tuvieron miradas sino para Corneta; aquella fresca boca movible +sólo para él formó sonrisas.</p> + +<p>Timoteo observó esto con mezcla de dolor y satisfacción. Le apenaba el +entusiasmo de su ídolo por el sietemesino; pero la derrota de Grass le +llenaba de regocijo. Y en la expansión de su alegría amarga no pudo +menos de acercarse al grupo donde aquel despreciable personaje se +empeñaba todavía en imponerse a la atención por medio de sus ridículos +juegos de manos. No trascurrieron dos minutos sin que le dirigiese una +pulla de mal gusto. Grass no hizo caso. Volvió a la carga con otra: +tampoco el catalán se dio por ofendido. Era hombre de buena pasta y +amigo de las bromas. Mas el violinista llegó a ponerse tan agresivo, que +al fin no pudo menos de decirle seriamente, suspendiendo su juego:</p> + +<p>—Oiga usted, amigo, ruego a usted que sea más comedido en las bromas; +de otro modo, me parece que no vamos a parar bien.</p> + +<p>Timoteo sonrió ferozmente. Y sin tomar nota de esta severa advertencia, +al poco rato volvió a las reticencias y sarcasmos; de tal suerte que +Grass perdió al cabo la paciencia. Ciego de ira alzó la mano... y el +dulce sosiego del bosque fue turbado por una estrepitosa bofetada.</p> + +<p>Veinte manos vinieron instantáneamente a sujetarle. Otras tantas lo +menos acudieron a contener a Timoteo. Formáronse dos grupos a respetable +distancia el uno del otro. Y donde todo era antes alegría y expansión +reinó súbito silencio lúgubre y amenazador. Los de un grupo trataban +confidencialmente de convencer a Grass de que no era sensato ofenderse +por las palabras de un badulaque como Timoteo. Los del grupo de éste le +persuadían de que una bofetada no tenía valor alguno cuando la daba un +ser tan insignificante como Grass. Todos por acuerdo tácito hablaban en +falsete. No se oía más que un murmullo suave como el de un confesonario. +Pero la voz fuerte, estridente de Timoteo rompía de vez en cuando aquel +silencio.</p> + +<p>—¡Lo que yo quiero saber es por qué me pega a mí ese tío gordo!</p> + +<p>¡Chis! ¡chis! Un gran siseo sumergía y apagaba aquel grito interrogante. +Reinaba otra vez el silencio. Pero cuando parecía que todo iba a quedar +sofocado se oía otra vez a Timoteo que desde el centro clamaba con voz +agria:</p> + +<p>—¡Es que yo deseo saber por qué me pega a mí ese tío gordo!</p> + +<p>Al cabo estas preguntas peligrosas se fueron atenuando; se hicieron más +raras y débiles. Poco después aquella sociedad bulliciosa volvía con +ansia a los recreos inocentes.</p> + +<p>No faltaron los brindis ni las improvisaciones poéticas, ni el joven que +canta a la guitarra con poca afinación y mucha gracia unas coplitas +picantes, ni la niña de seis u ocho años que en esta clase de +solemnidades recita siempre, comiéndose la mitad de las sílabas, un +monólogo de comedia. Don Dionisio Oliveros leyó un largo epitalamio en +tercetos, que pudo escribir, según confesó, robando a duras penas +algunos momentos a sus abrumadoras tareas poéticas, entre el tercero y +el cuarto acto de un drama. Romadonga gozaba de todo paseando su mirada +serena por los circunstantes, en particular por el sexo femenino, +recorriendo los grupos y dejando en cada uno testimonios de su gracia y +amabilidad. Al contrario de los jóvenes del comercio que gustaban de +vocear, don Laureano lo hacía y lo decía todo con sordina. No se le +sentía cuando profería suavemente alguna frase galante que conmovía y +ruborizaba a las doncellitas o hacía soltar alegres carcajadas a las +matronas. Placíanle, sobre todo, los apartes, las conferencias íntimas. +A pesar de los años, sus ojos, a la vez desvergonzados y respetuosos, +dulces y chispeantes, fascinaban a las damas. Todas se hacían lenguas de +él y le pregonaban como uno de los hombres más agradables que hubiesen +conocido en su vida.</p> + +<p>Después de varias tentativas había logrado tener un aparte con la novia. +Allá lejos, al pie de un árbol, charlaban los dos animadamente; él +inclinando su gran torso para ponerse a la altura de ella, en actitud +insinuante; ella risueña y tan roja como una amapola.</p> + +<p>Miguel Rivera, que paseaba con Mario, había mirado dos o tres veces con +inquietud hacia allá. Al fin, no pudiendo contenerse, exclamó:</p> + +<p>—Mira, chico, haz el favor de llamar a tu mujer, porque ese bandido de +Romadonga debe de estar diciéndole alguna desvergüenza.</p> + +<p>Mario se apresuró a cumplir el encargo, con gran satisfacción de la +pobre Carlota, que estaba en brasas. Don Laureano, sin darse por +ofendido, se fue deslizando pian piano hacia otro grupo.</p> + +<p>En este momento crítico de la jira campestre se efectuó en el Vivero de +Migas Calientes un suceso insignificante en la apariencia, realmente de +una trascendencia tan grande que sólo otros tiempos y otras generaciones +podrán medir por completo su alcance. En la historia del género humano +suele presentarse cuando menos se espera uno de esos fenómenos +humildísimos que determinan por la fuerza portentosa y oculta que +consigo traen cambios radicales, trastornos inmensos en la esfera +científica y más tarde en la vida de los pueblos. Un día Newton, sentado +a la sombra de un pomar, ve caer una manzana. La caída de aquella +manzana le sugiere una idea. Se descubre la teoría de la gravitación. +Otro día Watt ve hervir un puchero. Observa cómo la tapa se levanta. +Medita sobre este hecho vulgarísimo. Se descubre la máquina de vapor. +Otro, cae por casualidad en manos de Carlos Darwin el libro de Malthus +sobre el <i>principio de la población</i>. La idea de la selección natural se +presenta a su espíritu. El origen de las especies queda descubierto. De +este orden es el hecho de que vamos a dar cuenta.</p> + +<p>Acaeció que el Sr. Sánchez, huyendo el bullicio, que no se compadecía +con su temperamento melancólico y reflexivo, se alejó de los amigos y se +puso a vagar distraídamente por las calles de árboles. Acaeció al mismo +tiempo que nuestro amigo Moreno, arrastrado por sus aficiones +naturalistas, había seguido antes el mismo camino y se ocupaba en +examinar algunas yerbas y flores con una lente de que siempre venía +provisto para casos semejantes. En la confluencia de dos senderos al pie +de una mata se encontraron. ¡Feliz encuentro que a la larga había de dar +por resultado una de las más grandes conquistas del espíritu humano!</p> + +<p>Moreno y Sánchez se saludaron cortésmente. Ni uno ni otro podían +sospechar en aquel momento lo que tal saludo iba a representar en la +historia del progreso humano. Cambiadas algunas palabras indiferentes, +Sánchez se quiso enterar de lo que Moreno hacía. Éste, cuya ciencia +estaba siempre al servicio de los amigos y hasta de los que no lo eran, +le mostró la rama que tenía en la mano; le hizo ver con la lente la +textura de las hojas y del tallo, el tejido delicadísimo de sus fibras, +la complejidad maravillosa de su organización. Y una vez en el camino +didáctico no quiso abandonarlo sin dar a D. Pantaleón un curso de +botánica: un curso peripatético. Con las manos a la espalda, +deteniéndose a cada instante para comprobar prácticamente su enseñanza +teórica, Moreno le inició paseando en los secretos del mundo vegetal.</p> + +<p>El espíritu virgen de D. Pantaleón recogió con avidez aquella enseñanza, +como la tierra seca recibe la lluvia fecundante. Pocos minutos le +bastaron para enterarse de que en el mundo existían dos reinos +distintos, el uno llamado vegetal y el otro animal, que aquellas plantas +y árboles que tenían a la vista pertenecían al reino vegetal, y él y +Moreno al animal, que los árboles se nutrían por la raíz y por las hojas +y que se reproducían por medio de órganos que tienen a semejanza de los +animales, los cuales están situados en lo que comúnmente se llama la +<i>flor</i>, etc.</p> + +<p>Por cierto que al hacer el examen minucioso de estos órganos Moreno tuvo +una frase feliz que causó profunda impresión en el antiguo comerciante.</p> + +<p>—Este polvo, residuo de la digestión de la planta, es precisamente lo +que, al herir la mucosa de la nariz, nos causa esa sensación agradable +que llamamos aroma. De suerte—añadió con sonrisa de benévola +ironía—que el perfume de las flores, cantado por los poetas y que +enloquece de placer a los temperamentos románticos, no es otra cosa en +realidad que el olor de su excremento.</p> + + + +<h3><a name="V" id="V"></a>V</h3> + + +<p>A la manera que el grano depositado en la tierra germina bajo la acción +combinada del calor y la humedad, así las preciosas ideas depositadas +por Moreno en el cerebro del ingenioso Sánchez germinaron allí toda la +noche bajo la tibia temperatura de las sábanas. Hasta que el sueño vino +a apoderarse de sus facultades mentales no dejó de repetirse con +creciente asombro: «¡El excremento!» Y esta idea, maravillosamente +fecunda, iba penetrando poco a poco en su ser, se apoderaba de él y le +abría repentinamente inmensos horizontes en los cuales su genio dormido +jamás había soñado.</p> + +<p>Cuando se levantó por la mañana tenía las mejillas enrojecidas, los ojos +brillantes, todo el cuerpo en tan ágil disposición, que su digna esposa +quedó, al verle entrar en el comedor, no poco sorprendida. La sorpresa +fue en aumento cuando Sánchez, después de tomar el desayuno, en vez de +retirarse a su gabinete para terminar concienzudamente la lectura de <i>La +Época</i>, se dirigió a la cocina y preguntó si había alguna legumbre +fresca. Como la criada no hubiese traído ninguna aquel día, se apoderó +al fin de una cebolla y se fue a su cuarto; destornilló el objetivo de +unos gemelos de teatro, y con esta lente improvisada se pasó la mañana +dando cortes trasversales al vegetal y examinando detenidamente su +estructura. Por la tarde salió a dar su acostumbrado paseo por el +Retiro. ¡Ah, este paseo tenía ahora muy diversa significación! Hasta +entonces Sánchez había paseado por puros motivos higiénicos, arrastrado +de la costumbre. Su pensamiento permanecía inactivo lo mismo cuando daba +vueltas en torno del <i>Ángel caído</i> que cuando se sentaba frente al +Estanque grande y descansaba horas enteras haciendo rayas en la arena +con el bastón. Mas ahora aquellos senderos, aquellas calles de árboles +estaban iluminadas por la chispa que ardía en su cerebro. Ya no las +cruzaba con la indiferencia vituperable del ignorante. La Naturaleza +comenzaba a hablarle su lenguaje grave y solemne, prometiendo revelarle +los secretos que guarda en su seno.</p> + +<p>D. Pantaleón, dándose cuenta vagamente del alto destino a que estaba +llamado y del importante papel que pronto iba a representar en el +progreso de los conocimientos humanos, respondió dignamente a los +llamamientos del reino vegetal. No daba cuatro pasos sin que se +detuviese a conversar con algún árbol del camino. Arrancaba +delicadamente una ramita y, aplicando el ojo a la lente, examinaba con +atención sus particularidades morfológicas. No sólo los grandes árboles +añosos, que bordaban el paseo, eran objeto de su atención investigadora. +Con admirable intuición comprendía ya que las plantas más diminutas +merecían el mismo examen atento que los árboles seculares, porque en +todas partes la Naturaleza revela su inmensa riqueza. Por eso brincaba a +menudo por encima de los setos y se metía por los cuadros de flores para +estudiar los organismos inferiores.</p> + +<p>—¡Eh, abuelo! ¿Qué hace usted ahí plantado en medio del cuadro? ¿No +sabe Usted que está prohibido entrar?</p> + +<p>La voz ruda de un guarda le arrancaba inesperadamente de su profunda +contemplación y le obligaba a volver al camino. La ciencia, el progreso, +la humanidad perdían cada vez que esto sucedía inapreciables tesoros de +observación. Mas los guardas no lo sabían. El mismo D. Pantaleón, en la +inconsciencia de su genio, tampoco lo sospechaba.</p> + +<p>Durante varios días realizó, tanto en el Retiro como en el silencio de +su gabinete, estudios profundos y minuciosos sobre la estructura de +todos los vegetales que pudo procurarse. Al cabo llegó con poderosa +intuición a persuadirse de que el mundo vegetal está constituido por un +tejido de una complicación maravillosa; que en las frutas y las +legumbres este tejido es blando, lo cual permite que sean masticadas, +mientras en la madera duro y resistente, por cuya razón no sirve para la +alimentación. Una vez comprobadas estas preciosas observaciones, se +apresuró a formularlas por escrito en su cuaderno de notas.</p> + +<p>Mientras D. Pantaleón se alzaba de golpe con raudo vuelo a las esferas +más altas del pensamiento, su amistad con Adolfo Moreno, origen de este +memorable suceso, se estrechaba cada vez más. Moreno comenzó a visitar +la casa; se pasaba las horas encerrado con aquél en su gabinete. Había +hallado por fin el hombre por quien siempre suspirara; un hombre +callado, atento, que se interesase por la morfología y que le creyese un +sabio. En efecto, Sánchez llegó pronto a convencerse de que Moreno era +un hombre distinguidísimo. Al oírle disertar extensamente, unas veces +sobre la fuerza repulsiva del sol, otras sobre el radiómetro, ahora +sobre el estómago de las plantas, más tarde acerca de la organización y +las costumbres de los coleópteros, quedó vivamente asombrado. Adolfo +Moreno era un ingenio universal. Economía política, medicina, zoología, +química, astronomía, estadística, arte de construcciones, material de +guerra, etc., todo lo abrazaba su inteligencia realmente excepcional. Y +lo más pasmoso del caso era que cuando tocaba cualquiera de estos ramos +del saber lo hacía siempre en un punto concreto y especialísimo, lo cual +probaba la solidez de sus conocimientos. Alguno de sus muchos envidiosos +quería suponer que esta especialidad no tanto dependía de la profundidad +de su ciencia cuanto de la forma en que ciertas revistas esparcen los +conocimientos útiles. Pero esta venenosa observación no merece siquiera +que se la refute. Su fuerte era la biología y particularmente el +desenvolvimiento fisiológico del tipo humano.</p> + +<p>—Me sorprende muchísimo, señor de Moreno—le dijo un día D. Pantaleón, +después de oírle exponer asombrosamente durante media hora lo menos «las +enfermedades de la sangre del ratón,»—me extraña muchísimo que con los +grandes conocimientos que usted posee no sea usted médico o ingeniero, +o por lo menos doctor en ciencias.</p> + +<p>La boca de Adolfo se contrajo con una sonrisa dolorosa y sarcástica. +Sacudió la cabeza en silencio, resopló tres o cuatro veces por la nariz, +y dijo al cabo sordamente:</p> + +<p>—Empecé a prepararme hace algunos años para la carrera de ingeniero de +minas, pero comprendí muy pronto que no era ésa mi vocación verdadera, y +la dejé después de tener aprobadas algunas asignaturas. Quise estudiar +medicina, que, como usted habrá comprendido, es lo que más concuerda con +mis inclinaciones. Pues bien, al segundo año he tenido que abandonarla +por dignidad. ¿A que no sabe usted en qué asignatura me han dejado tres +veces <i>suspenso</i>?</p> + +<p>Sánchez le miró con ojos interrogantes.</p> + +<p>—Vamos, imagíneselo usted.</p> + +<p>D. Pantaleón hizo una mueca para significar que le era imposible.</p> + +<p>—¡En fisiología!</p> + +<p>Ambos cayeron a la vez en un espasmo violentísimo de risa.</p> + +<p>—¡Pero eso es un absurdo!—profirió al cabo con trabajo D. Pantaleón.</p> + +<p>—¡Ahí verá usted!—repuso Moreno quitándose las gafas para limpiar los +cristales, que se habían empañado con el vapor de las lágrimas +producidas por la risa.</p> + +<p>—¿Y usted se ha resignado con tal fallo? Ese tribunal merecía un severo +castigo—manifestó el caballero, volviendo a su seriedad habitual.</p> + +<p>—Yo les hubiera puesto de buena gana una corrección por mi mano... +pero... amigo don Pantaleón, estoy muy débil. El hambre me tiene muy +débil.</p> + +<p>—¡El hambre!—exclamó Sánchez estupefacto.</p> + +<p>—Sí; el hambre, querido Sánchez, el hambre. Para la lucha por la +existencia se necesitan fuerzas; para tener fuerzas se necesitan +glóbulos rojos en la sangre; para que haya glóbulos rojos en la sangre +precisa nutrirse... Yo no me nutro, porque no como carne.</p> + +<p>D. Pantaleón le miraba cada vez con mayor asombro. Algo había traslucido +de la mala situación económica en que Moreno se hallaba; pero viéndole +tomar café muy sosegadamente todas las noches y vestir con relativa +elegancia, aunque siempre sucio y desaliñado, no podía sospechar que su +estado llegase a tal extremo de necesidad. En la tertulia del Siglo muy +poco o nada se sabía de sus medios de vivir. Por las frases amargas que +a menudo dejaba escapar se suponía que no eran muchos, y por el cuidado +con que ocultaba su domicilio y evitaba el hablar de su familia +calculaban que debían de ser bien humildes.</p> + +<p>—Señor Moreno, yo no pensaba...</p> + +<p>—¡Piénselo usted todo, amigo Sánchez, piénselo usted todo!—exclamó el +joven con un gesto de resolución desesperada.</p> + +<p>Y después de permanecer largo rato silencioso, con la mirada fija en el +balcón, profirió al fin sordamente:</p> + +<p>—La Naturaleza no ha sido para mí suave como para otros. Yo soy un +hombre del arroyo. Entre torbellinos de polvo, arrastrado por el viento, +un germen viene a caer cierto día en las inmundicias de la calle. Los +transeúntes lo pisotean, los barrenderos arrojan sobre él montones de +basura; todo parece conspirar para que el grano no germine. Pero como +guarda dentro de sí una fuerza de expansión superior a la mayor parte de +sus hermanos, como tiene además una capa dura que le preserva contra las +influencias nocivas, el germen no sucumbe. Los agentes externos +consiguen tener en suspenso por algún tiempo sus funciones biológicas, +pero al cabo el grano logra germinar, hunde sus raíces en la tierra y +alza al aire su tallo. ¿Por qué? Porque viene provisto de armas para la +lucha por la existencia... Tal es la historia de mi vida. Fui arrojado +un día en medio de la sociedad, que me rechazó, que me persiguió, que +hizo todo lo posible por que sucumbiese. Lo mismo que pasa exactamente +en un bosque en la época de la germinación y durante el desenvolvimiento +de los árboles nuevos. Los árboles grandes me interceptaban el sol y la +lluvia benéfica, me robaban el alimento de la tierra. Gracias a la +energía indomable de mi carácter pude luchar, sin embargo, y logré +triunfar. Es la ley de la selección que ya conoce usted. En esta gran +batalla de la existencia perecen los débiles; sólo viven los más +aptos... He padecido en este mundo muchas privaciones, amigo Sánchez, +mucha hambre y mucho frío (guarde usted el secreto); aun hoy los padezco +a menudo. Realmente necesité verme admirablemente dotado por la +Naturaleza para no haber perecido hasta ahora.</p> + +<p>D. Pantaleón se mostró profundamente interesado por estas confidencias, +y su admiración hacia Moreno, aquel germen tan apto, creció +desmesuradamente. No se atrevió a pedirle pormenores sobre las +peripecias de la lucha ni sobre qué terreno se estaba realizando ahora. +Lo único que se aventuró a decir fue:</p> + +<p>—Espero, señor Moreno, que no tardará usted en triunfar por completo de +los agentes externos. Un hombre de tanto mérito como usted no puede +menos de abrirse camino en el mundo.</p> + +<p>—¡El mérito! ¡el mérito!—murmuró Adolfo con sonrisa sarcástica.—Ahí +está precisamente el pecado. A causa de su mérito se persigue a los +hombres, como al almizclero por la bolsa donde guarda el almizcle.</p> + +<p>Este símil zoológico causó tan profunda sensación en Sánchez que, con la +viva imaginación que le caracterizaba, desde aquel día, cuando tropezaba +con un hombre de mérito, no podía representárselo sin una bolsita llena +de sustancia aromática debajo del ombligo.</p> + +<p>Adolfo se pasaba las horas muertas en aquella casa; tantas, que era +difícil averiguar cuáles destinaba a la lucha por la existencia. D. +Pantaleón se instruía rápidamente con las mil noticias científicas que +diariamente le suministraba. Su inteligencia poderosa y predestinada a +las grandes investigaciones no se desenvolvía como la de la mayoría de +las personas, sino que dando saltos prodigiosos escalaba en poco tiempo +las cimas más altas del saber. Las conversaciones con Moreno sugerían en +su mente grandes, profundas ideas y provocaban deseos y propósitos que +no habían de tardar en realizarse.</p> + +<p>Como hubieran hablado durante algunos días de <i>Zoología</i>, habiéndole +citado Moreno hechos muy curiosos acerca de los sentidos y el instinto +de los animales, D. Pantaleón quiso hacer por su cuenta inmediatamente +algunos estudios prácticos. Pesó y meditó algún tiempo sobre qué clase +de animales había de dirigir su investigación. Descartó desde luego los +invertebrados. Tenía escasísimas noticias de ellos. Entre los +vertebrados eligió los mamíferos, y entre éstos, después de mucho +vacilar entre los perros y los gatos, decidiose al fin por los primeros. +La razón de esta preferencia no fue exclusivamente científica. Su hija +Presentación tenía un perrillo faldero llamado Clavel, que había dado +repetidas pruebas de inteligencia e ilustración. Por otra parte, en casa +no había gatos ni D.ª Carolina los soportaba. Las circunstancias le +empujaban, felizmente para la civilización, a escribir la monografía del +perro.</p> + +<p>Clavel era un perrillo como un puño, tan lanudo que apenas se hallaba +hueso y carne debajo de aquel felpudo sedoso con que la Naturaleza le +había abrigado. Con esto, dotado de una inteligencia enorme y de un +temperamento excesivamente nervioso. Esto dependía, sin duda, del +desequilibrio que existía entre aquel cuerpecillo minúsculo y su +espíritu poderoso. Era sensible, puntilloso, tierno, irascible, terco y +goloso, reflejándose en él alternativamente mil sentimientos opuestos, +todos expresados con igual viveza. No había ejemplar más a propósito +para el estudio.</p> + +<p>D. Pantaleón comenzó por observarle atentamente durante horas enteras. +Esta atención inesperada escamó muy pronto al Clavel. La mirada de +Sánchez le ponía inquieto, nervioso. A los pocos minutos no podía menos +de levantarse del sitio donde se hallaba para ir a tumbarse más lejos. +Desde allí, haciéndose el dormido, observaba entreabriendo un ojo al +papá de su dueño; si le veía acercarse para seguir mirándole, se +levantaba acto continuo y salía de la habitación de malísimo humor.</p> + +<p>Mientras las observaciones de Sánchez fueron simplemente visuales, las +cosas no pasaron de ahí; pero cuando quiso poner en práctica algunos +medios de cerciorarse del instinto y los sentidos del perro, éste +comenzó claramente a demostrar su desabrimiento.</p> + +<p>—Clavel, ven aquí. Mira (y le enseñaba unos guantes). Ve a mi cuarto y +tráeme los otros.</p> + +<p>¡Que si quieres! El Clavel le echaba una mirada recelosa y daba la +vuelta con soberano desprecio.</p> + +<p>—Toma, Clavel, toma este pañuelo, llévaselo a tu ama.</p> + +<p>Algunas veces lo cogía por compromiso y lo dejaba a la mitad del camino. +Otras ladraba tres o cuatro veces para indicar que no eran de su gusto +aquellos insulsos experimentos.</p> + +<p>Pero cuando Clavel tomó realmente por lo serio las pretendidas +observaciones de D. Pantaleón fue cuando éste se valió de un medio +ingenioso para convencerse de que los perros distinguían los colores. +Cortó cuatro cartones iguales, dos pintó de azul y dos de rojo. Dejó uno +de cada color en el suelo, y tomando el otro azul se lo mostró al perro, +ordenándole que recogiese del suelo el compañero. ¡Caso extraño! Este +acto tan sencillo como inofensivo despertó profunda indignación en el +ánimo de Clavel. Gruñó, ladró, se revolvió como un loco por la +habitación. Últimamente, después que se hubo bien desahogado, se salió +de la estancia sin dejar de ladrar y gruñir y vomitar amenazas de +muerte.</p> + +<p>A la segunda vez que Sánchez le presentó el cartón no se satisfizo con +esto. Lo cogió airado entre los dientes y en menos de un segundo lo hizo +trizas. Sánchez comprendió que era necesario esperar que se calmase +aquella cólera insensata. Dejó trascurrir algunos días sin repetir el +experimento. Y cuando pensó que había desaparecido tal estado de +ferocidad, una mañana antes de almorzar, hallándose el Clavel en el +regazo de su ama dormitando, se presenta en el gabinete con los +cartoncitos en la mano. Verlos el Clavel, lanzarse sobre el sabio a +hincarle los dientes en la mano pecadora, fue una misma cosa. Gritos, +confusión, vivísimas interjecciones. D. Pantaleón, pálido y secándose la +sangre con el pañuelo, se retira profundamente afectado a su dormitorio. +La ciencia, la humanidad pierden una interesante monografía del perro.</p> + + + +<h3><a name="VI" id="VI"></a>VI</h3> + + +<p>La familia Sánchez se estrechó un poquito para que cupiese Mario. En el +cuarto donde antes alojaban las dos hermanas se aposentó ahora el +matrimonio. Presentación pasó a dormir en un cuartito interior, donde +antes tenían los armarios de la ropa.</p> + +<p>Mario nadó los primeros días en una gloria azul y luminosa sembrada de +estrellas, cercada de querubines alados como las que colocan los +pintores en la esquina del cuadro cuando quieren representar la muerte +de un santo. Don Pantaleón era el Padre Eterno, D.ª Carolina la esposa +del Padre Eterno, Presentación un ángel, y hasta la cocinera Rita +guardaba alguna semejanza con Santa Mónica, madre de San Agustín. En +cuanto a Carlota, era la misma Virgen Santísima concebida sin mancha en +el primer instante de su ser natural.</p> + +<p>No se saciaba de mirarla. Por la mañana, con un pañolito rojo de seda al +cuello, los negros cabellos anudados al desgaire y un traje de percal +color lila, barriendo y arreglando el cuarto, estaba verdaderamente +deliciosa. Un poco más tarde, haciendo el café, cortando el pan y +distribuyendo el azúcar y la manteca, le parecía la bella diosa Pomona +cargada de frutos ultramarinos. Por la tarde, lavada, peinada, +perfumada, con una linda bata color crema, sentada al lado del balcón +bordándole a él unas zapatillas, no podía darse nada más correcto y a la +vez más interesante. Cuando salían de paseo y se ponía un sombrerito de +paja adornado con campanillas rojas y el traje negro de seda, regalo de +sus papás, era maravillosa. Por la dignidad del continente, por la +delicadeza del cutis, por su belleza sencilla y serena, no había en todo +Madrid quien pudiese competir con ella. Pero esto no era nada si se +compara a la forma en que se le aparecía los sábados. En este día +Carlota tenía por costumbre lavar sus camisas. Con la cabeza ceñida por +un pañuelo que dejaba sólo ver algunos rizos, la garganta y una buena +porción del pecho al descubierto y los brazos por completo al aire, +estaba sencillamente sublime. ¡Qué ondulaciones de torso! ¡qué pureza de +líneas! ¡qué armonía! ¡qué majestad!</p> + +<p>Un día, con el alma llena de esta belleza plástica que nadie mejor que +él podía apreciar, le propuso, no sin ruborizarse, que le dejase tomar +apuntes de uno de sus brazos. Carlota le miró risueña y sorprendida, y +le entregó su hermoso brazo para que lo copiase. Quiso inmediatamente +modelar la cabeza, el pecho, la espalda. La joven se resistió algún +tiempo, y al fin, viéndole triste, se prestó a servirle de modelo. +Consideraba aquella afición de su marido como un capricho, una manía; +pero pensando, como mujer sensata, que esta distracción podía librarle +de otras más peligrosas, no se oponía resueltamente a ella. Limitábase +a sonreír benévolamente y a darle algunos golpecitos maternales en las +mejillas cuando le veía, lleno de ardor y entusiasmo, pasarse el día +modelando alguna Juno (la de los hermosos brazos, como la llama Homero), +que era ella, Carlota, o alguna Diana (la de las hermosas piernas), que +también era ella, por más que no lo confesase.</p> + +<p>—¡Qué niño eres, Mario!</p> + +<p>En efecto, pocos o ninguno lo serían tanto a su edad.</p> + +<p>Su alegría ruidosa, inmotivada, era realmente infantil; su inocencia +para las cosas de la vida rayaba en simpleza. Tan sólo cuando se tocaba +a su arte adquirían aquellos ojos una expresión grave, concentrada, y su +palabra, por lo general incoherente, tomaba inflexiones profundas, se +hacía precisa y enérgica.</p> + +<p>Había alquilado en la misma casa una guardilla donde modelaba libre y +tranquilamente. Para estos gastos y para los placeres del matrimonio, +pues en ropa no había que pensar en algún tiempo, le bastaba su sueldo, +del cual nadie le pedía cuentas. Por las noches algunas veces iban al +café con la familia; otras, las más, se escapaban a algún teatro o +vagaban cogidos del brazo por las calles solitarias, mirando los +escaparates, entrando a lo mejor en cualquier tienda para comprar +orejones o cacahuetes. Carlota empezaba a tener caprichos. ¡Qué noches +aquéllas de dicha inefable! Paseaban horas enteras charlando. Mario +dejaba que su mujercita le contase lo que pensaba hacer con el vestido +color fresa cuando la falda se ensuciase demasiado, o bien el número de +camisas que iba a poner apartadas y las que dedicaría al uso, o las +reformas trascendentales que proyectaba en el ramo de chambras. De vez +en cuando también él emitía tímidamente su opinión, y ella en no pocas +ocasiones la aceptaba como muy sesuda, y si no la aceptaba, por lo menos +se reía, que era mucho mejor. Todas estas cosas expresadas con voz +suave, insinuante, entre las sombras de la noche, se convertían en un +arrullo poético, delicioso, que enajenaba los sentidos de nuestro joven. +Sus pies no querían tocar el suelo. A veces el asunto de las chambras y +de las tiras bordadas le conmovía tan profundamente, que sin poder +contenerse, después de cerciorarse con rápida mirada de que nadie +cruzaba por la calle, abrazaba a su esposa con efusión y le aplicaba un +beso en la mejilla. Cierta noche se equivocó. Por la calle no cruzaba +nadie, pero en un balcón debía de haber gente, porque después de su beso +sonó otro más fuerte seguido de alegre carcajada. Carlota, ruborizada +hasta querer saltársele la sangre, echó a correr desatinadamente, lloró +de vergüenza y le hizo jurar que se abstendría en adelante de tales +expansiones imprudentes.</p> + +<p>Pues caminando por esta senda deliciosa, alumbrada por los astros más +propicios, tapizada de flores que embalsamaban el ambiente, una espinita +vino al fin a clavarse en el pie de Mario. D.ª Carolina le llamó aparte +un día, estando Carlota con su hermana fuera de casa, y le dijo:</p> + +<p>—Me causa pena tener que hablarte de un asunto... No sólo me causa +pena, sino que me repugna, puedes creerlo... Ya sabes que soy una +infeliz mujer que represento poco o nada en la casa... Por mí, toda la +vida seguiríamos lo mismo... Mi dicha consiste en veros a todos vosotros +felices... Pero, hijo mío, donde hay patrón no manda marinero. Pantaleón +me ha advertido el otro día que hacía tres meses que vivías con nosotros +y que aún no habías contribuido con nada a los gastos de la casa...</p> + +<p>Una ola de carmín inundó repentinamente las mejillas de Mario. La +vergüenza le impidió al pronto articular palabra. Aturdido hasta un +grado indecible, pudo al cabo balbucir:</p> + +<p>—Tiene usted razón... no había pensado... dispénseme usted... En cuanto +cobre este mes le entregaré la parte que a usted le parezca...</p> + +<p>D.ª Carolina, perfectamente serena, sonriendo dulcemente, repuso +poniéndole una mano sobre el hombro:</p> + +<p>—Lo mejor será que me entregues todo el sueldo. Vosotros los jóvenes no +conocéis el valor del dinero. Cuando lo tenéis en el bolsillo gastáis +sin reparo. En este punto lo mismo eres tú que tu mujer. Dámelo a mí y +yo os iré facilitando poco a poco lo que necesitéis.</p> + +<p>Así lo prometió sin reparar lo que hacía. Cuando llegó Carlota se +apresuró a comunicarle lo que con su madre le había pasado. La joven se +puso igualmente colorada. Ambos permanecieron silenciosos un rato sin +saber qué decirse.</p> + +<p>—¿Dices que mamá echaba la culpa de este paso a papá?—profirió al cabo +ella.</p> + +<p>—Sí, sí, no cabe duda. ¡La pobre mamá es tan bondadosa! ¡Si supieras +qué trabajo le ha costado decírmelo!... Después de todo, no hay por qué +quejarse; tu papá tiene razón.</p> + +<p>Carlota hizo una leve mueca de desdén y se fue a su cuarto.</p> + +<p>Desde entonces los placeres mundanos de los recién casados sufrieron +merma considerable, quedaron reducidos casi exclusivamente a los paseos +vespertinos y nocturnos. Adiós teatros, adiós regalos y caprichos. Doña +Carolina se apoderaba de la paga íntegra, y a duras penas soltaba de +ella una parte insignificante. Cuando su hija, muerta de vergüenza, le +pedía algún dinero para Mario, la buena señora reía, echaba a broma la +petición y la mitad de las veces no hacía caso de ella. Otras decía que +la llave de la gaveta la tenía su marido y no se atrevía a pedírsela. +Otras, en fin, se dirigía a Mario.</p> + +<p>—¿Verdad, Mario, que tú no has pedido dinero? ¿que es esta manirrota la +que se vale de tu nombre para sacarme los cuartos?</p> + +<p>El pobre no se atrevía a contradecirla y se resignaba a andar con el +bolsillo vacío. Hubo necesidad de dejar la guardilla que le servía de +taller. Para seguir modelando se vio obligado a pedir licencia a +Presentación para meter en su cuarto los trastos y aprovechar las horas +en que el comedor quedaba desembarazado. Estas molestias no bastaban, +sin embargo, a turbar su ventura.</p> + +<p>¡Qué efecto tan grato y a la vez tan melancólico producía esta felicidad +en Miguel Rivera! Frecuentaba la casa, los acompañaba algunas veces en +sus paseos, les demostraba un afecto paternal y les prestaba los +servicios que podía y en todo caso el auxilio de su experiencia. +¡Cuántas veces, sorprendiendo sin querer alguna caricia furtiva, se le +rasaron los ojos de lágrimas recordando los contados días de su dicha +conyugal! Mario lo observaba y le hacía una seña a Carlota. Esta, a +quien impresionaba vivamente la fidelidad de Rivera a su esposa muerta, +se ponía grave y redoblaba sus atenciones cariñosas hacia aquel buen +amigo.</p> + +<p>Un día le dijo muy bajito metiéndole la boca por el oído:</p> + +<p>—Si es niña, se llamará Maximina.</p> + +<p>Miguel le apretó la mano fuertemente y volvió la cabeza para ocultar su +emoción.</p> + +<p>Así trascurrieron dos meses más. La dicha de Mario comenzaba a molestar +ya a los dioses. Fuerza era que pagase el tributo debido a su condición +mortal.</p> + +<p>En los últimos tiempos había descuidado bastante la oficina. Su amigo y +antiguo jefe Oliveros le había advertido que el director no estaba +satisfecho de él. La culpa no era de Carlota, como pudiera presumirse. +Al contrario, su mujer tenía buen cuidado de recordarle la hora, ponerle +el almuerzo y la ropa a punto para que no se retrasase. Pero aquella +bendita afición a modelar el barro enajenaba sus sentidos. Cuando tenía +entre manos una obra que le agradase, o no iba al ministerio, o iba +tarde. La casa estaba llena ya de adornos esculturales: cabezas, brazos, +torsos, andaban diseminados sobre las mesas y cómodas o colgados de la +pared. Carlota sentía un desprecio profundo hacia estos cachivaches +aunque se abstenía de manifestarlo abiertamente por miedo de disgustar a +su marido. Pero cuando se quedaba sola y tenía que sacudirles el polvo, +en la displicencia con que empuñaba el plumero y en el gesto desabrido +con que tarareaba cualquier cancioncilla de zarzuela se advertía +perfectamente que el arte de Fidias no había logrado apoderarse de su +alma.</p> + +<p>Mario fue un lunes algo tarde a la oficina, como de costumbre. En el +despacho, a más de la de él, que era el jefe, había otras tres mesas +para los oficiales. Éstos no levantaron la cabeza cuando entró, ni menos +le recibieron con las alegres chanzas que usaban de continuo, pues +nuestro joven era muy estimado de sus subordinados, por su tolerancia. +Aquel silencio lúgubre le sorprendió un poco. Avanzó hasta su mesa y vio +encima de la carpeta un pliego cerrado con el sobre escrito a su +nombre. Lo abrió con mano trémula, presintiendo su contenido. En efecto, +era la cesantía. Quedó un instante suspenso y pálido; pero, reponiéndose +en seguida, exclamó con alegre semblante:</p> + +<p>—¡Caballeros, ya no soy jefe de ustedes!</p> + +<p>—Lo habíamos comprendido—dijo uno tristemente.</p> + +<p>Y todos a la vez se alzaron de la silla y vinieron a él, expresando su +disgusto con afectuosas palabras. Mario hizo de tripas corazón. Se +mostró tranquilo, risueño; hasta se autorizó algunas bromitas. Pero +cuando después de despedirse cariñosamente salió a la calle, pensó que +el mundo se le venía encima, sintió su corazón atravesado por vivo dolor +y casi se le doblaron las piernas. No se daba razón de tanta congoja. +Era un contratiempo, no una desgracia. Sin embargo, algo lloraba allá en +el fondo de su alma, la ruina de su felicidad.</p> + +<p>No quiso ir a casa directamente. Necesitaba refrescar la cabeza, +coordinar las ideas, pensar en algo que pudiera contrarrestar aquel +golpe. Paseó algún tiempo entre calles: al cabo, rendido moral y +físicamente, entró en el café Suizo y pidió una botella de cerveza. Allá +en un rincón, formando tertulia con algunos señores graves, vio a su +amigo Romadonga, que le dirigió un cariñoso saludo con la mano. Poco +después, aburrido de la conversación, o quizá por su característica +necesidad de variar de compañía, se vino hacia él con su paso silencioso +de gato, balanceando gentilmente el torso.</p> + +<p>—¿Qué hay, hombre feliz?—dijo sentándose enfrente.—A nadie envidio +hoy en Madrid más que a usted. ¡Qué buenos ratitos! ¿eh?</p> + +<p>Mario, a quien molestaban muchísimo las bromas cínicas de D. Laureano, +hizo un esfuerzo penoso para sonreír y no contestó.</p> + +<p>—La verdad es, querido Costa, que en nuestra corta y miserable +existencia sólo hay un punto luminoso, un oasis ameno, la mujer.</p> + +<p>Chupó en silencio y con placer su cigarro habano, cerró los ojos, como +para mirar el pasado, y prosiguió:</p> + +<p>—Ríase usted de la caza, de la música, de los viajes, de todos los +placeres en general. Los he gustado todos. No valen la pena de +molestarse. El único que tiene sabor exquisito, delicado, embriagador, +es la mujer... Mejor dicho, las mujeres, si es que usted no se +ofende.... ¡Las mujeres! ¡muchas mujeres!... Unas por uno, otras por +otro, casi todas merecen ser amadas. La que no tiene el rostro bonito, +tiene un cuerpo escultural; si la mano es fea, el pie es un primor... +¡Usted no ha escogido mal, picarillo!... Carlota no tiene las facciones +correctas de su hermana, pero es una estatua. Mejor que yo lo sabrá +usted. Delgada de talle y ancha de caderas, la cabeza graciosa y bien +plantada, el pecho alto, firme, valiente...</p> + +<p>Mario estaba en brasas. Al llegar aquí no pudo reprimir un gesto de +disgusto. Don Laureano lo observó, y soltando la carcajada y poniéndole +una mano sobre el hombro, exclamó:</p> + +<p>—Pero ¡qué empeño tienen ustedes los maridos en que nadie admire a sus +mujeres! ¿Por qué? Yo imagino que debiera ser lo contrario. La +convicción de que sólo ustedes son poseedores de sus encantos y que los +demás nos morimos de envidia, debiera ser para ustedes un manantial de +goces. ¿Te gusta mi mujer, eh? Pues contempla y rabia. Nada más +agradable. Ahora también debo de advertirle que yo no serviría para +marido. Una sola mujer me aburre pronto. La misma Carlota, a pesar de +ser tan escultural, pienso que llegaría a cansarme. Es cuestión de +organismo. El mío pide la variedad. A otros les basta la unidad...</p> + +<p>Entre el hondo pesar que le embargaba y aquellas palabras desvergonzadas +que le herían como latigazos, el pobre Mario no podía disimular ya más. +Su rostro se iba poniendo sombrío por momentos. Tanto que Romadonga, +aunque no solía fijarse en el semblante de sus amigos, concluyó por +preguntarle:</p> + +<p>—¿Qué tiene usted? Me parece que está usted preocupado.</p> + +<p>Mario lo negó.</p> + +<p>—Vamos, algún disgustillo matrimonial. ¡La ley, querido, la ley! Si el +matrimonio no fuese más que el placer, ¿quién no se casaría? Pero +entiendo que ante todo es sacrificio y que sólo conviene a los hombres +virtuosos. Por eso yo, que no me tengo por tal, he renunciado a sus +placeres como a sus dolores. Es el estado más decoroso, más noble, no lo +niego; pero a las naturalezas egoístas y sensuales como la mía (según +dice Godofredo Llot) les va mejor el celibato. Tiene también sus +quiebras; el hombre jamás puede ser feliz por completo. Los solteros no +tenemos quien nos repase los calcetines ni quien nos enfríe el caldo al +lado de la cama cuando estamos constipados; pero en cambio hay otras +ventajillas, y bien pesadas las de uno y otro estado, me parece que +nosotros no llevamos la peor parte.</p> + +<p>Volvió a chupar el cigarro entornando un poco los párpados. Una sonrisa +feliz se esparcía por su rostro correcto y expresivo. Cuando exponía sus +teorías acerca del matrimonio solía hacerlo con moderación: no quería +ofender a nadie. Pero allá en su fuero interno diputaba a los casados +por unos mentecatos que habían venido a hacer el <i>primo</i> a la +existencia. No se hartaba de felicitarse a sí propio de haber tenido +bastante habilidad para no haber caído en la red.</p> + +<p>—Amigo Romadonga, por esta vez se ha equivocado usted. No hay tal +disgusto matrimonial—dijo resueltamente Mario.</p> + +<p>—Me alegro, me alegro muchísimo. Ojalá no haya entre ustedes jamás +motivo de discordia—repuso Matusalem con amabilidad.</p> + +<p>Pero en su afable sonrisa se advertía un leve matiz de duda, algo que +decía: «Si no han venido aún las reyertas, vendrán, querido, no lo dude +usted.»</p> + +<p>—Le confieso que tengo un disgusto, pero es de orden más inferior y más +soportable. Acabo de saber que he quedado cesante.</p> + +<p>Romadonga se mostró sorprendido. Después procuró poner la cara triste +adaptándose a las circunstancias. Quiso enterarse de los pormenores.</p> + +<p>—¡Bah! Yo creo que eso se arreglará. No se apure usted. Su papá tenía +muy buenas relaciones. En cuanto los amigos se enteren, será usted +repuesto. ¿Y no ha habido razón alguna para esa cesantía? ¿Ha tenido +usted algún choque con los jefes?</p> + +<p>Mario confesó avergonzado que desde hacía algún tiempo no asistía a la +oficina con la asiduidad que antes.</p> + +<p>—...Qué quiere usted, me ha vuelto otra vez la manía de modelar en +barro. Cuando tengo entre manos alguna figura que me interesa no me +acuerdo de nada. Comprendo que hago mal, ¡pero se pasan tan buenos +ratos!</p> + +<p>Romadonga le miró risueño, embelesado, con su acostumbrada benevolencia +para todas las locuras.</p> + +<p>—¡Bravo! Es usted un hombre original. No deja de tener gracia eso de +perder un empleo por hacer figuras de barro. Comprendo que usted se +arruinara por mujeres de carne y hueso... pero por muchachas de barro o +de mármol, eso, francamente, excede para mí los límites de lo +comprensible.</p> + +<p>Pocos momentos después nació en su espíritu la sospecha aterradora de +que la conversación empezaba a aburrirle. Apresurose a levantarse, y +dando algunas palmaditas amicales a su amigo en el hombro y deseándole +que se arreglase pronto el asunto, se alejó balanceando su figura +distinguida, como los perros cuando ya no hay terrones de azúcar que +ofrecerles.</p> + + + +<h3><a name="VII" id="VII"></a>VII</h3> + + +<p>No se arruinaría él, no, por mujeres de mármol. Tampoco por las de carne +y hueso, aunque lo comprendiese mejor. Hasta entonces al menos ninguna +había logrado tomar de su bolsillo más que lo que en cuenta corriente +había destinado a este ramo exquisito de sus placeres. A fuerza de +experiencia y de cálculo, cuando emprendía alguna nueva conquista, sabía +de antemano lo que iba a costarle; trazaba su presupuesto con la +exactitud de un experto maestro de obras.</p> + +<p>El de la pobre Concha, la hermosa chula que hacía algunos meses había +conocido en el café del Siglo, fue de los más modestos que en su +carrera galante había formado.</p> + +<p>—Estas chicas populares son el género más barato, y no por eso menos +sabroso—solía decir a sus amiguitos del café.</p> + +<p>—Supongo, D. Laureano—replicaba alguno,—que el más caro será el de +las entretenidas de alto rango.</p> + +<p>—Tampoco. Las más caras de todas son las mujeres ricas—manifestaba +profundamente aquel hombre ingenioso y erudito, para quien la naturaleza +femenina no guardaba secreto alguno.</p> + +<p>El cerco de Concha siguió las mismas vicisitudes que el de todas las +plazas de este orden. Sin embargo, la hija del sillero, aunque inocente +y simple como humilde menestrala, tenía un genio impetuoso, arrebatado, +que en más de una ocasión estuvo a punto de dar al traste con los +proyectos de D. Laureano, quien procedía con tiento, con la habilidad +suprema que había logrado adquirir en cuarenta años de práctica. Un +bloqueo prudentísimo primero, intimando poco a poco, acercándose +algunos ratos a la mesa y cambiando con la chula bromitas más o menos +picantes. Después, un día, con pretexto de que llevaba el mismo camino, +les acompañó de noche hasta cerca de su casa. Estos acompañamientos se +hicieron frecuentes. Otro día les trajo butacas para uno de los teatros +por horas. Más tarde les facilitó entradas para las exposiciones, y +sabiendo lo aficionado que era el sillero a los toros, fingiéndose +ocupado, más de la mitad de los domingos le daba el billete de su abono. +Finalmente entró en la casa.</p> + +<p>Romadonga era hombre flexible y dúctil hasta un grado increíble. Con el +mismo aplomo entraba en la casa de un grande de España que en la de un +menestral. En todas partes desplegaba la misma franqueza cordial, un +buen humor y una gracia que hacía apetecer su compañía. Necesitaba +pretexto para visitar a menudo la pobre vivienda de Concha. Hallolo en +la ignorancia supina de ésta. La infeliz no sabía siquiera leer y +escribir. Romadonga, lleno de celo pedagógico, se brindó a enseñarla en +poco tiempo. Y todos los días sin faltar uno pasaba una hora o más +haciéndole combinar letras y sílabas +(<i>ma-ña-na-ba-ja-ra-cha-fa-lla-da-la-pa-ca-ta-ra-ga-sa-lla-da</i>) o seguir +con mano inexperta los trazos de un curso de escritura inglesa.</p> + +<p>Cuando la vio medianamente impuesta en estas materias no por eso se +apagó su ardor instructivo. Prosiguió su obra civilizadora con creciente +entusiasmo. Y determinó iniciarla en los misterios de la Geografía +enseñándole cuántas son las partes del mundo y las capitales de los +principales países, y con más interés aún en la Historia sagrada, +haciéndole aprender de memoria las grandes vicisitudes por que pasó el +pueblo de Dios antes de la venida de Nuestro Señor Jesucristo.</p> + +<p>En el café del Siglo se tenía noticia de estos cursos instructivos. Se +le embromaba con ellos, se comentaban con gracia por toda la tertulia. +Pero en aquellas bromas el que marchaba delante y brillaba por su +procacidad era él mismo.</p> + +<p>—¿Qué tal, D. Laureano, se va instruyendo la niña?</p> + +<p>—Admirablemente. Tiene disposiciones asombrosas, sobre todo para la +geografía política. Conoce al dedillo todas las capitales del mundo. +Ayer, porque se le olvidó la de Venezuela, lloró como una Magdalena y se +tiró de los cabellos.</p> + +<p>—¿Y en Historia sagrada?</p> + +<p>—Tampoco marcha mal. Tiene una memoria envidiable. Se sabe sin borrar +un punto ya desde la creación hasta Abraham. Ahora se está aprendiendo +desde Abraham hasta Moisés.</p> + +<p>Y a los pocos días, si no le embromaban, él mismo tomaba la iniciativa.</p> + +<p>—¡Estoy maravillado! Hoy me relató Concha desde Moisés hasta el +cautiverio de Babilonia sin errar un punto.</p> + +<p>—Bueno; ¿y el amor cómo marcha?—preguntó uno.</p> + +<p>—Eso es clase de adorno. Se deja para lo último—repuso con amable y +cínica sonrisa el viejo elegante.</p> + +<p>¡Pobre Concha! ¡Qué ajena estaba de que aquel caballero tan fino, tan +suave, tan delicado, hacía escarnio de su inocencia en la mesa del +café!</p> + +<p>Poco a poco se había ido interesando. Don Laureano era viejo (mucho más +de lo que ella suponía, por supuesto), pero conservaba gallarda figura, +un aire distinguido y varonil que a cualquier mujer podía impresionar; +mejor todavía a una humilde hija del pueblo que no había tratado más que +con hombres zafios y mal vestidos. Aquel señor tan pulcro despedía un +vaho de elegancia que despertaba el instinto del arte y la belleza que +en toda naturaleza femenina reside. El perfume de sus pañuelos la +embriagaba, deslumbrábale el brillo de sus joyas, y las palabras +lisonjeras, insinuantes, con que la envolvía sin cesar arrullaban +dulcemente su corazón virginal.</p> + +<p>Según trascurría el tiempo iba perdiendo paulatinamente aquel humor +chancero. Se había hecho más grave, más reservada y tímida. Creció +asimismo su susceptibilidad hasta lo indecible. Cualquier broma de +Romadonga la interpretaba en el peor sentido, retorcía sus frases más +sencillas, queriendo ver en ellas algún signo de desprecio. Y con el +temperamento impetuoso de que estaba dotada, cuando menos podía +esperarse armaba una gresca de dos mil diablos, le cubría de dicterios y +le arrojaba de su presencia. D. Laureano no parecía disgustado con esta +nueva fase de su conquista, aunque se dilatase más de lo que había +imaginado. En esta materia había llegado a un sibaritismo refinado. Sólo +tenía valor para él lo que costaba trabajo. Sin impaciencia ni inquietud +esperaba alegremente que la naranja estuviese madura para sacudir el +árbol y hacerla caer en su seno.</p> + +<p>Para lograr este dulce desenlace apelaba a los medios que los galanes +han usado siempre en tales casos; los mismos que Ovidio recomendaba en +su <i>arte amatoria</i>. Solía llevarle regalitos de poco valor, un abanico, +un dedal, peinetas para el cabello, etc. La niña los aceptaba con +regocijo y gratitud. Cierto día el experto seductor quiso dar un avance. +Se fue a una joyería y compró una sortija con tres brillantitos en forma +de trébol: total sesenta duros. La hermosa chula también aceptó este +regalo con un gozo que le hizo prorrumpir en exclamaciones. Aquella +tarde estuvo amabilísima y jovial como nunca. Mas he aquí que a la +tarde siguiente la decoración había cambiado por completo. Quizá alguna +amiga o conocida, al ver la sortija, le había hecho comprender lo que +significaba, le habría dirigido pérfidas insinuaciones. Lo cierto es que +D. Laureano halló a su ninfa con un semblante más negro y temeroso que +nube de galerna. Antes de cinco minutos estalló la tormenta. Gritó, +pateó, le arrojó la sortija a los pies y con ella todos los regalos que +le había hecho antes. ¿Qué se había creído el tío silbante? ¿que ella +era una tal y una cual? ¡Anda, que se había llevado buen chasco! +Sortijitas a ella, ¿eh? Ya vería lo que lograba con sus alhajas...</p> + +<p>Romadonga aguantó a pie firme y con bastante calma el chubasco. Luego +procuró calmarla con sofística dialéctica que hizo poca mella en su +ánimo irritado. Al fin, por sí misma se fue serenando y se avino a +volverle a su gracia con tal que se llevase todos los regalos que le +había hecho y le jurase solemnemente no traerle más.</p> + +<p>D. Laureano cargó con todos aquellos chirimbolos. Por la noche decía en +el café, chupando con delicia un cigarro habano:</p> + +<p>—No hay nada en el mundo como una chula de Lavapiés. Estoy hechizado +con mi Conchilla. Ni la mitad del presupuesto voy a invertir. El que +tenga la suerte de embarcarse en una de estas fragatas, puede viajar +hasta el fin del universo con tres pesetas.</p> + +<p>Con razón lo pudo decir, pues a los pocos días había logrado rendirla. +La pobre Concha cayó en sus brazos por generosa y amante, no por +interesada.</p> + +<p>Fue una luna de miel. Romadonga, en la alegría de su conquista, se dejó +arrastrar a mil delicadas atenciones, demostrando cerca de ella una +asiduidad que rara vez había tenido con otras. Iba a su casa dos o tres +veces al día; apenas salía de allí. De noche la acompañaba paseando por +las calles más extraviadas, donde tuviera seguridad de no tropezar a +algún conocido. Los domingos solía llevarla en coche a cualquier +pueblecito próximo; merendaban, bebían lo bastante para ponerse alegres +y regresaban con las mejillas rojas, diciéndose mil disparates +deliciosos. Hasta se aventuró varias veces a llevarla a un palco segundo +en el teatro y a permanecer allí metido detrás de las cortinas. Se +comprendía que aquel triunfo de última hora halagaba su amor propio, le +enajenaba de gozo.</p> + +<p>Pero aunque ambos hacían esfuerzos de habilidad para engañar al sillero, +guardándose cuanto podían, inventando mil pretextos explicativos para +sus actos, el padre no pudo menos de advertir el nuevo género de +relaciones que entre ellos existía. El señor Ángel era un buen hombre, +hábil en su oficio y de sentimientos honrados, pero extremadamente +pusilánime. Cuando se hizo cargo de lo que pasaba, se entristeció +profundamente, mostrose serio lo mismo con su hija que con D. Laureano, +andaba cabizbajo y mudo por la casa; pero no se atrevió a adoptar una +resolución enérgica. Tan sólo una vez dijo a Concha que no le parecía +bien la confianza que había tomado con Romadonga. La chica rechazó con +indignación la malévola sospecha que había debajo de sus palabras, se +encrespó de tal manera que el pobre no volvió a entrar en +explicaciones.</p> + +<p>Se retrajo de la compañía de sus amigos. Andaba avergonzado, siempre +temiendo que le echaran en cara aquella indecente complacencia. Y así +fue. Un día, en la taberna, se lo dijeron bien clarito.</p> + +<p>—No eres hombre si no echas al viejo de tu casa.</p> + +<p>No, no era hombre para hacerlo el infeliz. Se avergonzó, lloró y quiso +retirarse. Pero un amigo le dijo:</p> + +<p>—No te amilanes, Ángel. Si no te atreves a armarle bronca al tío, +bébete unas copitas de más y le echas por el balcón.</p> + +<p>El sillero hizo caso del consejo. Se atracó de vino, y cuando estuvo +hecho una cuba se fue para su casa dando tumbos, diciendo a voces que +iba a sentar las costuras a un caballero.</p> + +<p>Romadonga estaba allí como de costumbre. El sillero se le plantó delante +con los brazos cruzados y le escupió más que le dijo:</p> + +<p>—¿Y usted qué hace aquí, vamos a ver?</p> + +<p>—¿Yo?...</p> + +<p>—Sí, usted...</p> + +<p>Y descomponiéndose de pronto comenzó a vociferar bárbaramente, a +proferir blasfemias y amenazas que hacían retemblar la casa. Concha +corrió a refugiarse en su cuarto. Romadonga trató de calmarle; pero +viendo que eran inútiles sus esfuerzos y que la vecindad se estaba +enterando, tomó el sombrero y se fue. Al bajar la escalera oyó que una +vecina decía a otra:</p> + +<p>—El señor Ángel ha echado de su casa al tío... ¡Ya era tiempo!</p> + +<p>De tal modo inopinado se cortó el curso de aquellas sabrosas relaciones. +D. Laureano no cejó por esto. Procuró ponerse inmediatamente en +correspondencia con su amante. Hubo cartas y recaditos y entrevistas. +Como hombre que sabía extraer delicadamente de este mundo amargo su jugo +azucarado, halló nuevo aliciente de placer en la contradicción del +sillero y en el misterio que se veía obligado a desplegar. Pero Concha +no se avenía tan de buen grado. Disipada la embriaguez de su padre, no +le perdonó aquel acto de energía. Comenzó a mortificarle con su +constante mal humor, con el descuido de sus obligaciones domésticas: la +comida fría, la cama sucia, la ropa sin coser. De vez en cuando le +dirigía venenosas indirectas o burlas insolentes, de tal modo que al +pobre hombre ya le iba pesando de haberse mostrado tan digno. La +dignidad no es absolutamente indispensable para vivir; la ropa y el +alimento sí. Finalmente, la resuelta chula, no pudiendo sufrir más +aquella situación y convencida de que su padre iría donde le llevasen si +se le sujetaba fuertemente por el cuello, aceptó la proposición que +tiempo hacía le había hecho D. Laureano: irse a vivir a un cuartito +independiente que él le alquilaría. Pero no había necesidad de +escaparse. Estaba segura de que su padre cedería si Romadonga sabía +hablarle con diplomacia.</p> + +<p>Dio un salto el viejo elegante cuando Concha le propuso una entrevista +con el sillero. Sin embargo, le convenció de que su padre era un bendito +y, no estando borracho, incapaz de entregarse a ninguna violencia de +palabra y mucho menos de obra. Sobre esta base el afortunado seductor +no tuvo inconveniente en que la chula concertase el cuándo y el dónde de +aquella trascendental conferencia. En casa no podía ser. La dignidad le +impedía a D. Laureano ir a la del sillero sin obtener antes una +satisfacción. En la calle no era decoroso, ni en el café del Siglo +prudente. Se convino en que se hablarían en el de Platerías, de la misma +calle, a las seis de la tarde, hora en que solía estar solitario.</p> + +<p>D. Laureano llegó el primero a la cita y esperó meditando los falaces +argumentos con que pretendía persuadir al sillero. Vino éste a los pocos +minutos y se acercó a la mesa acortadísimo, balbuciendo las buenas +tardes. Romadonga se apresuró a levantarse, y con franqueza campechana +le puso la mano en el hombro.</p> + +<p>—¿Cómo va ese valor, amigo D. Ángel? En realidad no necesito +preguntarlo. Lleva usted la contestación en la cara. ¿Qué va usted a +tomar?</p> + +<p>—Muchas gracias, no tomo nada.</p> + +<p>—¡Hombre, tendría eso que ver!... ¡Mozo! Unas copitas de manzanilla... +Ya sabes, de la especial... ¿Y cómo está Concha?—añadió osadamente.</p> + +<p>—No va mal—respondió con visible malestar el sillero.</p> + +<p>—¿Le han dejado aquellas punzadas dolorosas en el estómago?... Ya le +decía yo que ella se tenía la culpa. No guarda regla alguna para comer. +Su placer mayor consiste en hacer comistrajos a las horas más +extravagantes: tomates, huevos duros, naranjas, todo revuelto con aceite +y vinagre. Se necesitaría tener el estómago chapado en cobre para +resistir este desorden. Yo le di unas pastillitas que no le han venido +mal... Pero lo principal es que tenga método.</p> + +<p>D. Laureano hablaba de Concha afectando desembarazo, como si no hubiera +pasado nada, como si fuese todavía el amigo íntimo de la familia. El +señor Ángel asentía sonriente y turbado. Sin embargo, el aplomo y la +franca naturalidad de Romadonga fueron disipando poco a poco su +turbación. ¡Era un hombre tan llano, tan jovial y corriente aquel D. +Laureano!: le bastaban pocos momentos para inspirar confianza a +cualquiera y ganarle el corazón.</p> + +<p>Como por la mano supo llevar el discurso desde la salud corporal de la +joven a las cualidades de su carácter. Era una pólvora aquella criatura; +buenísima en el fondo, con un corazón de cordera, pero arrebatada como +pocas. Dejándola serenarse, incapaz de hacer daño a una hormiga, pero en +un instante de cólera Dios sabe adónde podía llegar...</p> + +<p>—Por supuesto—añadió con un guiño malicioso—que tiene a quien +parecerse; porque usted, señor Ángel, que ordinariamente es una malva, +¡tiene un modo de dispararse!</p> + +<p>El sillero levantó el brazo y bajó la cabeza, manifestando con mímica +expresiva que de aquello no había que acordarse.</p> + +<p>—No, no lo traigo a cuento en son de queja. Únicamente quiero +significar que a Concha su genio le viene de herencia, y que por lo +tanto hay que perdonárselo... De todos modos, es una chica que se hace +querer, porque inmediatamente se ve que no hay allí doblez, que no hay +engaño...</p> + +<p>—¡Eso no!—exclamó el sillero atacado de súbita vanidad.—En nuestra +familia nunca se ha engañado a nadie. Podremos, si a mano viene, dar un +golpe desgraciado o una cuchillada en un pronto, pero ha de ser por +delante. Hacer traición, ¡jamás!</p> + +<p>No quedó muy satisfecho el viejo galanteador de estas cualidades nativas +de la familia. Casi casi, al golpe desgraciado o a la cuchillada francos +y nobles prefería la traición rastrera si no venía acompañada de +violencia en las personas.</p> + +<p>—Perfectamente; tiene usted razón; pero los prontos hay que +refrenarlos, si no, ¡dónde vamos a parar!... Dejemos esto y vamos al +caso. Yo me he encariñado con su hija hasta el punto de que nada me +agrada ya en el mundo sin su compañía. No lo digo porque sea usted su +padre, pero no he hallado en ninguna parte una muchacha más hermosa, más +sencilla y al mismo tiempo mejor educada...</p> + +<p>—¡Eso sí! ¡Bien criada sí! En ese punto ni su madre ni yo nos hemos +descuidado. Cada pie de paliza la hemos dado, que algunas veces se iba +a la cama y no podía levantarse en cuatro días. ¡No la hemos dejado +pasar una!... Ahí está ella que no me dejará mentir.</p> + +<p>—La prueba mejor de que tiene buen natural y que sus instintos son +finos y distinguidos es que, en vez de enamorarse de cualquier pilluelo +de su edad, ha preferido un hombre maduro como yo, educado en una esfera +más elevada que la suya. Su falta tiene, pues, origen en las cualidades +más admirables de su corazón. Yo creo que, en vez de sentirse +avergonzado por ello, debiera usted estar satisfecho de tener una hija +de aspiraciones tan nobles y delicadas... Bueno; ya está consumada la +falta. ¿Y qué vamos a hacer ahora?... Pues ahora no nos toca más que +procurar remediar en lo posible las malas consecuencias que pueda traer +consigo.</p> + +<p>El señor Ángel se puso muy grave, bajó la vista y mostró señales de +inquietud.</p> + +<p>—Mozo, echa otra copita al señor... Lo primero que salta a la vista es +que su hija de usted y yo no podemos ni debemos separarnos. Nuestros +corazones se hallan tan compenetrados, que sería una verdadera crueldad +por parte de usted o de cualquiera otra persona tratar de romper el lazo +que nos une...</p> + +<p>—Bueno, pues cásese usted con ella—murmuró con timidez el sillero.</p> + +<p>—Le diré a usted—repuso sin inmutarse D. Laureano.—Hace ya muchísimo +tiempo que no pienso en otra cosa. Mi felicidad mayor consistiría en +poderla llamar esposa y presentarla en todas partes como tal... pero... +pero el hombre pocas veces consigue lo que apetece con ansia. En la +actualidad existen una porción de obstáculos que se oponen a la +realización de mi proyecto... Por supuesto que espero vencerlos—añadió +con un gesto soberbio de primer actor.—¡Vaya si los venceré!... Ahora, +si usted me preguntase ¿cuándo? ¿cómo? yo le respondería: «Querido señor +Ángel, soy ante todo un hombre sincero y leal. Si le dijese tal día, de +tal manera me casaré con su hija, como yo mismo no lo sé, mentiría, y la +mentira jamás ha manchado mis labios.»</p> + +<p>Pausa. Romadonga vacía de un trago la copa que tiene delante, se limpia +con el pañuelo los labios que jamás manchó la mentira, y prosigue:</p> + +<p>—En estas circunstancias especiales, especialísimas, en que nos +hallamos, ¿qué partido adoptar?... Conviene que meditemos.</p> + +<p>Pausa y meditación.</p> + +<p>—Si usted no lo tomase a mal... pero temo que usted lo tome en el +sentido peor... yo, teniendo presente que a lo hecho no hay remedio y +que mi entrada en su casa es más escandalosa y perjudicial a su decoro, +le propondría que Concha se fuese a vivir independiente en un cuartito +mientras no desaparezcan las circunstancias que me imposibilitan unirme +a ella...</p> + +<p>El señor Ángel se puso pálido y reclinó la frente sobre su mano, mirando +fijamente al mármol de la mesa.</p> + +<p>—¡Lo ve usted!... ¡Ya se está usted figurando una porción de +atrocidades!</p> + +<p>—No me figuro más que la verdad, don Laureano—profirió con voz +alterada el pobre hombre sin abandonar su postura.</p> + +<p>—Convengo en que a primera vista esta proposición parece fea; pero, +créame usted, aceptándola, evitamos mayores males. Se mudará a un barrio +lejano donde no la conozcan, cambiará de nombre mientras no pueda +ostentar el mío honrosamente, se guardará el mayor sigilo posible...</p> + +<p>El señor Ángel levantó sus ojos doloridos y exclamó con amargura:</p> + +<p>—¡Proponer eso a un padre, D. Laureano!</p> + +<p>—¡Vamos, señor Ángel, tenga usted mundo!—exclamó Romadonga dándole +palmaditas cariñosas en el hombro.—Hoy la sociedad es muy distinta de +cuando nosotros nos criamos. Lo que a nuestros padres les parecía +imperdonable, ahora es cosa corriente... Mozo, échanos otra copa... Al +contrario, en la actualidad se considera de mal gusto y hasta cursi esa +virtud austera de nuestros mayores. Los tiempos cambian, amigo D. Ángel, +y no hay más remedio que transigir y acomodarse al progreso. La vida se +compone de transacciones.</p> + +<p>—¡Proponer eso a un padre!—volvió a exclamar el pobre diablo, con la +misma amargura, vaciando la copa en el estómago.</p> + +<p>—No se fije usted en su condición de padre. Colóquese usted en un punto +de vista más elevado. En seguida comprenderá usted que es el acuerdo más +conveniente. Si usted se obstina en retenerla en casa y consigue que +rompamos nuestras relaciones, un día u otro, créame usted, Concha caerá +en la perdición. Usted, entregado a sus quehaceres, no puede vigilarla; +yo sí. Y si llega a caer, como es probable, ¿no será para usted un +remordimiento el pensar que la ha privado de acomodarse con un hombre +que está en posición de sostenerla decorosamente? Además, usted se hará +viejo, no podrá trabajar... Para ese caso Concha le podrá ayudar, +mientras que de otra suerte...</p> + +<p>Todavía prosiguió el viejo seductor por largo rato amontonando +argumentos con la fluidez insinuante que caracterizaba su discurso.</p> + +<p>Su elocuencia, secundada poderosamente por el manzanilla, logró al cabo +marear, si no convencer, al sillero.</p> + +<p>Una hora después salían ambos del café con sendas brevas en la boca, +colorados, risueños; despidiéndose muy afectuosamente en la primer +esquina.</p> + + + +<h3><a name="VIII" id="VIII"></a>VIII</h3> + + +<p>Seis meses nada más bastaron para que el genio que dormía en el fondo +del espíritu de D. Pantaleón Sánchez se levantase y echase a andar por +la tierra. En este corto espacio de tiempo su mirada penetrante abarcó +de una vez la existencia toda y sondó sus inefables arcanos. En el mundo +no había más que hechos, hechos <i>constatados</i>, como decía un libro +traducido del francés que Moreno le había dado.</p> + +<p>Todas las supersticiones se borraron de pronto de su privilegiada +inteligencia: no sólo la superstición de Dios, la del alma y la moral, +inventadas por la debilidad de los hombres secundada por la ambición de +los sacerdotes, sino ciertas nociones ridículas en que el género humano +se había entretenido puerilmente hasta ahora; las ideas de lo verdadero, +lo bueno y lo bello. Risa inextinguible le causaban los que sostienen +que se ignora el origen de estas ideas. Lo ignorarían ellos. Moreno y él +sabían perfectamente a qué atenerse. Eran sensaciones, nada más que +sensaciones, agradables o desagradables, como las que produce la +humedad, el calor o la fetidez de las alcantarillas.</p> + +<p>Las profundas observaciones que había llevado a cabo en los últimos +tiempos sobre las cebollas, las patatas y otros ejemplares del reino +vegetal, lo mismo que el estudio atento de algunos animales domésticos, +le habían empujado tan fuertemente al análisis que no comprendía otro +método. Lo que por medio del análisis no se hallara, inútil era buscarlo +por otro procedimiento. Es así que ni el escalpelo ni el microscopio +habían tropezado jamás con el alma ni con un Ser Supremo; luego, etc.</p> + +<p>Esta inclinación al análisis despertó en su inteligencia poderosa una +tendencia razonadora de tal precisión que ni el más pequeño argumento +podía escaparse entre sus apretadas mallas. Caía sobre las ideas como un +águila, las sujetaba entre sus garras, las examinaba por todas partes y +sólo después que mostraba a sus oyentes todos los aspectos las dejaba +escapar.</p> + +<p>—Papá, ¿te parece que vayamos hoy al Retiro?</p> + +<p>—No; está muy húmedo. La humedad es mala para el organismo. ¿Y por qué +es mala para el organismo? Porque ataca los tejidos. ¿Y por qué ataca +los tejidos? Porque les roba calórico. ¿Y de dónde procede este +calórico? De la introducción del oxígeno en la sangre.</p> + +<p>—¿Sabes una cosa, Carlota?—decía Presentación otra vez a su +hermana.—Margarita está enamorada del chico de Roda. Ella misma me lo +confesó ayer.</p> + +<p>D. Pantaleón sonrió benévolamente.</p> + +<p>—¿Sabéis por qué está enamorada? ¿A que no?</p> + +<p>—Toma, porque le gusta. Es un chico muy guapo.</p> + +<p>—No, hija, no es eso. Está enamorada porque es joven aún, y como es +joven hay un desequilibrio entre la asimilación y la desasmilación. Ésta +es la única y positiva razón de ese amor, como de todos los demás. La +ternura de las mujeres, ese cariño que os impulsa a hacer locuras, a +llorar, a quitaros la vida, no significa sino que los productos de la +nutrición, la albúmina, la grasa, el azúcar y el almidón, entran con +exceso en la sangre y no bastan para expeler el sobrante la urea, el +ácido carbónico y las deyecciones intestinales.</p> + +<p>—Pero, papá, ¿qué dices ahí?</p> + +<p>—El amor no es más que un exceso de nutrición.</p> + +<p>—Ésas no son cosas tuyas, papá—exclamó con indignación la hija +menor.—Tú no eres capaz de inventar tales extravagancias. Eso viene del +pelmazo de Moreno que, como no hay chica que le quiera, se venga +diciendo borricadas de nosotras.</p> + +<p>—Las mujeres, hija mía—repuso Sánchez con toda la calma y la autoridad +del verdadero sabio,—no podrán jamás llegar a darse cuenta de estas +profundas verdades. Yo he hecho mal en revelároslas sabiendo que hay una +imposibilidad física para que las entendáis. Si no lo tomaseis a mal, os +diría que vuestro cerebro pesa algunos gramos menos que el del hombre +por término medio.</p> + +<p>—¿También dice eso Moreno? Pues tiene mucha razón. ¡Cómo no ha de pesar +menos mi cabeza que la de ese fenómeno! ¡Tendría que ver!</p> + +<p>D. Pantaleón sonrió lleno de lástima, y con la flexibilidad peculiar de +los grandes hombres se apresuró a llevar la conversación a otro asunto +más adecuado a la capacidad craneana del sexo femenino.</p> + +<p>Toda la vida había sido un hombre excesivamente sensible. Su mujer se +reía de la facilidad que tenía para llorar. La música era su pasión más +viva. Para él no había placer comparable a escuchar en una delantera del +paraíso del teatro Real con su hija Carlota, aficionada también a la +música, la <i>Sonámbula</i> o la <i>Norma</i>, o cualquier otra ópera del género +dulzón y pegajoso. Lloraba y moqueaba copiosamente en los pasajes más +líricos, avergonzando no pocas veces a su hija.</p> + +<p>—¡Papá, que te están reparando!</p> + +<p>—¡Qué quieres, hija mía, esto enternece a una roca!</p> + +<p>Después de la música lo que más le placía eran los dramas y novelas +sentimentales. Había visto infinidad de veces <i>La huérfana de Bruselas</i>, +<i>La aldea de San Lorenzo</i> y <i>La carcajada</i>. Se sabía de memoria la +comedia <i>Flor de un día</i> y su segunda parte <i>Espinas de una flor</i>. Nunca +le fue posible recitar aquellos famosos versos:</p> + +<p class="poem"> +<span style="margin-left: 3em;">«Si oyes contar de un náufrago la historia,</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">ya que en la tierra hasta el amor se olvida, etc.»</span><br /> +</p> + +<p class="nind">sin hacer pucheritos y que la voz se anudase en la garganta. Y lloraba +también como un buey con las aventuras de las costureras sentimentales y +reinas afligidas de las novelas por entregas.</p> + +<p>Pues bien, Moreno le infundió en seguida un desprecio supremo hacia +estos lirismos que retrasaban la marcha de la humanidad en el camino +del progreso. Se avergonzó de haber empleado tanto tiempo en leer tales +quimeras, cuando estaban ahí los hechos, los hechos <i>constatados</i>, la +albúmina, el ácido úrico, el almidón, en triste e injustificado +abandono. Y un día que se trató de la prensa en el café sostuvo con D. +Dionisio Oliveros, el vate burocrático, una acalorada discusión. +Entonces fue cuando profirió aquella frase felicísima que más tarde dio +la vuelta al mundo en alas de la fama.</p> + +<p>—Ha concluido el reinado de los poetas y comienza el de los fisiólogos. +Llegó la hora de arrancarse la toga y ponerse la blusa del operador. El +alma está hecha de sustancia gris, el corazón es un músculo encargado de +dar movimiento a la sangre.</p> + +<p>Y, sin embargo, después de escuchar tan grandes pensamientos, todavía D. +Dionisio se obstinaba en escribir sonetos en la oficina.</p> + +<p>Todos en la casa experimentaban los efectos benéficos de las corrientes +científicas que soplaban en el privilegiado cerebro del jefe de la +familia. Pero la que los sentía más a menudo era Carlota por su buena +pasta. Mario se sustraía cuanto le era posible; inventaba cualquier +pretexto para irse; se hacía el ocupado. Si esto no daba resultado, +escuchaba distraído las disertaciones fisiológicas de su suegro: al cabo +solía dormirse beatamente en la butaca. Presentación era mucho más +expedita.</p> + +<p>—Mira, papá, no me des más jaqueca con el ovario, la fecundación y todo +eso. Son porquerías que no debo oír. El confesor me lo ha prohibido.</p> + +<p>—Lo creo—respondía con acento profundo el sabio.—Pero si el confesor +tiene interés en mantenerte en la ignorancia, mi deber de padre me +obliga a disipar las tinieblas en que vives. Has de saber que los +espermatozoos...</p> + +<p>—¡Dale! Te digo, papá, que no quiero saber eso.</p> + +<p>—Son unos microrganismos dotados de movimientos rápidos...</p> + +<p>—¡Vaya, esto es insufrible! Me voy a coser a otro lado.</p> + +<p>Aquella rebelión contra la ciencia producía en Sánchez grave desaliento. +¡Cuánto tiempo se necesita aún para que la humanidad marche exenta de +preocupaciones por el camino de la experimentación! se decía +tristemente.</p> + +<p>Con su esposa no se atrevía a comunicar aquellos altos pensamientos que +continuamente le embargaban. ¡Tenía un genio tan raro! No obstante, +cierta noche, hallándose acostados, habló D.ª Carolina con admiración +del talento y la bondad de una amiga suya que, dando lecciones por las +casas, mantenía a sus padres ancianos y a una caterva de hermanos. La +pobre, no teniendo tiempo a almorzar, llevaba algún fiambre en un papel +y se lo comía en el portal de cualquier casa. ¡Y a pesar de eso siempre +contenta y siempre ingeniosa!</p> + +<p>D. Pantaleón se atrevió a decir con voz temblorosa:</p> + +<p>—¿Sabes lo que es eso?</p> + +<p>—¿El qué?</p> + +<p>—¿Esa caridad y ese talento que te admiran?</p> + +<p>—¿Qué es?</p> + +<p>—Cloruro potásico.</p> + +<p>—¿Cómo?</p> + +<p>—Que no depende más que de una mayor cantidad de cloruro de potasa en +el cerebro.</p> + +<p>—Pero, hombre, ¿qué jerigonza es la que estás hablando?</p> + +<p>—Para entenderlo es necesario que sepas que todas nuestras ideas y +sentimientos dependen exclusivamente de los alimentos que ingerimos en +el estómago. La albúmina...</p> + +<p>—Mira, Pantaleón, déjame en paz, que quiero dormir. ¿Qué te importan a +ti esas cosas? Bien se conoce que estás ocioso. Por ningún motivo nos ha +convenido dejar la tienda.</p> + +<p>—Únicamente te quería decir que la albúmina y la fibrina...</p> + +<p>—¡Pues yo te digo que no quiero oír sandeces, ea!... Buenas noches.</p> + +<p>Y se volvió del otro lado. D. Pantaleón suspiró hondamente y se volvió +también para dormir.</p> + +<p>Pero a los pocos días, lleno de celo científico y de buena fe, dijo otra +vez a su esposa:</p> + +<p>—Carolina, la otra noche estaba equivocado y te dije una falsedad.</p> + +<p>—¿Qué falsedad?—preguntó la buena señora sorprendida.</p> + +<p>—El talento de nuestra amiga Felipa no es cloruro potásico, sino ácido +fosfórico.</p> + +<p>—¿Volvemos a las andadas?—exclamó irritada.</p> + +<p>—El hombre de ciencia debe rectificar con nobleza todos los errores.</p> + +<p>—Tú no eres hombre de ciencia, sino de tejidos de algodón y de hilo y +géneros de punto. A mí no me vengas con embelecos, porque no estoy de +humor de oírlos, y además te prohíbo que digas borricadas a la niña, +porque la tienes escandalizada. ¡Vergüenza es que necesite yo recordarte +tu deber!</p> + +<p>D. Pantaleón se abstuvo en adelante de verter ninguna de sus fecundas +ideas delante de D.ª Carolina. ¡Era tan severa aquella señora en el seno +de la intimidad!</p> + +<p>Sin embargo, cuando llegó la necesidad supo mantener sus derechos de +animal humano frente a su esposa y frente a toda la familia que trataba +de vulnerarlos. Por consejo de Moreno había prohibido que le sirvieran +en las comidas hortalizas, porque éstas no proporcionaban ningún ácido +fosfórico al cerebro, cosa que ellos necesitaban grandemente para sus +dificilísimas investigaciones sobre la naturaleza. A pesar de esta +prohibición, la cocinera se obstinaba en mandar a la mesa patatas, +coles, lentejas, incapaces de producir más que ácido carbónico, celulosa +y otras sustancias no menos despreciables e indignas. Sufrió con +paciencia algún tiempo. Pero llegó un momento en que la lucha por la +existencia exigió de él un rasgo de energía para salvar las +circunvoluciones de su cerebro amenazadas. Y lo tuvo.</p> + +<p>—He dicho ya muchas veces, y lo repito ahora por última vez, que estoy +resuelto a no ingerir ningún alimento vegetal. De hoy para siempre sepan +todos ustedes que no quiero carbonatos en mi sangre, sino fosfatos. Si +ustedes se obstinan en servirme vegetales, seré capaz de volverme a mi +gabinete sin comer.</p> + +<p>Aunque la amenaza no espantó a la familia tanto como era de esperar, se +convino, no obstante, en no servirle más que alimentos fosfatados.</p> + + + +<h3><a name="IX" id="IX"></a>IX</h3> + + +<p>Sintió Carlota profundo pesar cuando su marido le notició la cesantía. +Quedaron ambos larguísimo rato silenciosos y tristes. Algo sonaba +también lúgubremente dentro del alma de ella, profetizando la muerte de +su dicha. D.ª Carolina la recibió con tranquilidad. Únicamente se le +advirtió más seria a la hora de comer. Después, habiéndose suscitado una +conversación propicia, expresó algunos conceptos acerca de la +holgazanería, de la presunción y la ligereza que a Mario se le antojaron +alusivos. Tal vez no serían: no había motivo fundado para suponerlo, +pues su suegra le había dado repetidas pruebas de afecto y +consideración. De todos modos, no pudo menos de sentir el corazón +apretado. Cuando se retiraron a su cuarto nada dijo de esta sospecha a +su esposa. Se acostaron en silencio y fuertemente preocupados.</p> + +<p>La vida de la familia siguió el mismo curso metódico y apacible. No +había pasado nada. Mario, a las horas de oficina, se iba de paseo solo o +con su mujer. Por las noches continuaban asistiendo al café. A las +comidas la conversación solía animarse. Presentación embromaba a su +cuñado. Mario la embromaba a ella. Carlota escuchaba sonriente aquel +tiroteo, tomando parte alguna vez por su marido. D. Pantaleón les asaba +a explicaciones científicas: el vino, el pan, el azúcar, todo era motivo +para exponer largamente la muchedumbre de secretos que iba arrancando a +la naturaleza. D.ª Carolina seguía con el mismo humor benigno, rigiendo +la casa a su talante, aunque siempre por delegación de su esposo.</p> + +<p>No obstante, una nube de malestar y tristeza, de la cual en el fondo +todos se daban cuenta, envolvía a la familia. Las relaciones entre ella +seguían siendo en la apariencia tan cordiales; pero cada cual percibía +un dejo de inquietud, cierto embarazo que procuraban ocultar exagerando +la sonrisa, acentuando la nota cómica. Mario sentía la falsedad de su +situación en aquella casa y notaba bien que todos los demás la sentían +igualmente. La mayor amabilidad de su cuñada con él era un modo de +expresárselo; el silencio de D.ª Carolina, la humildad de su esposa para +responder a una y a otra, lo mismo. Un sentimiento insoportable de +vergüenza iba apoderándose de él.</p> + +<p>Carlota también lo padecía. D.ª Carolina y Presentación dejaron poco a +poco de llamarla a cónclave para resolver los asuntos domésticos. Entre +las dos se lo arreglaban todo, callando cuando ella aparecía. Con esto +se hizo más tímida, más humilde; no se atrevía a quejarse de las faltas +de la criada; trabajaba cada día más en la casa, echando sobre sí, +cuando podía, el trabajo de su hermana; hacía esfuerzos por aparecer +amable y simpática como si estuviera en casa extraña.</p> + +<p>D.ª Carolina trataba a su yerno con más ceremonia. Mario se sentía +turbado por esta actitud, sin entender por completo lo que significaba. +No se le mandaba cerrar la puerta, ni escribir los sobres de las cartas, +ni que las acompañase hasta casa de unas amigas, ni se le daban encargos +para la calle. Cuando doña Carolina rechazaba cualquiera de sus +servicios el inocente exclamaba:</p> + +<p>—¡Pero, mamá, no tiene usted confianza conmigo!</p> + +<p>—Sí, hijo, sí; pero no hay necesidad de que tú te molestes. Pantaleón, +que no tiene nada que hacer, se encargará de ello.</p> + +<p>¡Que no tiene nada que hacer! Estas palabras, pronunciadas con perfecta +naturalidad y hasta con la sonrisa en los labios, sonaban a sarcasmo. +Tampoco él tenía nada que hacer; demasiado le constaba a ella. A veces, +cuando el matrimonio joven venía de paseo y entraba en el gabinete donde +estaban la señora y su hija Presentación, aquélla les interrogaba con +cierta condescendencia irónica:</p> + +<p>—¿Qué tal, hijos míos, habéis paseado muy largo? ¿Hasta dónde habéis +llegado? ¿Os habéis divertido? El tiempo está muy hermoso. Hacéis bien +en no desperdiciar tardes tan deliciosas.</p> + +<p>Carlota sorprendió en estas conversaciones más de una mirada burlona +entre su mamá y hermana; pero había devorado la vergüenza sin decírselo +a Mario. Era tan inocente, tan bondadoso, aquel muchacho, que daba pena +hacerle sentir las espinas de la vida. Como esposa fiel y generosa las +guardaba todas para sí.</p> + +<p>Pero el poco dinero con que Mario se había quedado para sus gastos +feneció muy pronto. Llegó un instante en que no tuvo un solo ochavo en +el bolsillo. Nada dijo. Aquel día no fumó; al día siguiente tampoco. Su +mujer lo observó al cabo y le preguntó la causa. No estaba bien del +estómago, le repugnaba el cigarro. Pero ella, no fiándose, le registró +los bolsillos cuando se hubo dormido y los halló vacíos. ¡Pobre Mario! +Lloró en silencio largo rato. Por la mañana salió temprano a misa y tuvo +valor para subir a una casa de préstamos y empeñar una sortija. Cuando +su marido se levantó, le dijo sacando un billete de su cómoda:</p> + +<p>—Oye, Mario. Cuando salgas hazme el favor de pasarte por la Mahonesa y +traerme unas yemas de coco... pero que no se enteren en casa. Ya sabes +que me da vergüenza... ¡Ah! Y quédate con el resto del dinero, porque a +ti puede hacerte falta y a mí no.</p> + +<p>Mario quedó suspenso. Una vaga inquietud agitó momentáneamente su +espíritu; pero con la inconsciencia que le caracterizaba no pensó más en +ello. Sin embargo, a la segunda vez que esto pasó no pudo menos de +preguntar:</p> + +<p>—¿Y de dónde sacas tú el dinero?</p> + +<p>Carlota se puso colorada.</p> + +<p>—He ido ahorrando algún dinerillo estos meses pasados para los dulces +del bautizo, ¿sabes?... Pero le encajaré la cuenta a mamá... ¡vaya si se +la encajaré!</p> + +<p>Y reía a carcajadas. Pero su corazón lloraba, porque sabía muy bien que +si esperaba por su madre no se comerían dulces en el bautizo del hijo de +sus entrañas.</p> + +<p>El dinero de la sortija concluyó pronto. Empeñó otra. Tampoco tardó en +gastarse. A Mario le hacían falta botas y guantes; el sombrero de copa +estaba ya grasiento; llegaba el verano y era necesario también hacerse +ropa. Todas sus joyas de poco valor fueron pasando por la casa de +préstamos. El aderezo regalo de sus padres, que era lo que más valía, lo +guardaba D.ª Carolina.</p> + +<p>—¿Pero ese gato que tienes no se agota nunca?—le preguntó inquieto +Mario.</p> + +<p>Tenía la respuesta preparada.</p> + +<p>—Sí, hijo, sí; ya hace tiempo que se ha agotado. Pero papá me ha +llamado el otro día a su cuarto y me dio dinero.</p> + +<p>El semblante de Mario se oscureció. Quedó profundamente pensativo. No, +aquello no podía tolerarse. Era preciso buscarse alguna ocupación donde +quiera que fuese. Hasta entonces todas sus gestiones habían sido +infructuosas. Visitó a los amigos de su padre: no le faltaron buenas +palabras, promesas magníficas. Nada llegaba sin embargo. Miguel Rivera +habló al ministro de quien era secretario, y éste prometió colocarle en +una carrera que iba a organizar para la inspección de los +ferrocarriles.</p> + +<p>Carlota había concluido con sus objetos más o menos preciosos. Entonces +la mentira que había dicho a su marido convirtiose en realidad. Antes de +verle sin dinero en el bolsillo se arriesgó heroicamente a pedírselo a +su madre. Fue una escena baja, sórdida, repugnante. Carlota sufrió con +valor los sarcasmos de su madre y venció a fuerza de paciencia y +tenacidad sus repetidas negativas. Consiguió arrancarle diez duros: se +fue a su cuarto y dio rienda suelta a las lágrimas que había podido +reprimir. Su marido la encontró con los ojos hinchados.</p> + +<p>—¿Por qué has llorado?—preguntole impetuosamente.</p> + +<p>—Por nada, hombre; no te asustes. Son cosas de mujeres. ¿No sabes el +estado en que me encuentro?</p> + +<p>Se convenció. Había oído a los médicos hablar de estas crisis.</p> + +<p>Pero la pobre Carlota fue desde aquel día la víctima, la cenicienta de +la casa. Su madre la trataba con increíble desprecio; no perdonaba +ocasión de vejarla con indirectas crueles. Presentación la ayudaba en +esta tarea simpática.</p> + +<p>—A mí me gustaría colocarme así, espléndidamente, como mi hermana. +¡Casarme con un pobrete! ¡Puf! Oyes, Carlota, ¿tu marido compra por fin +<i>mylord</i> o <i>faetón</i>? Supongo que este año no dejaréis pasar la temporada +del Real sin abonaros como el año pasado...</p> + +<p>Su madre le mandaba callar con risita maligna, que era una invitación a +proseguir. Rara era la tarde en que Carlota se sentase a coser con ellas +que al fin no se levantase llorando. Un día, encarándose con +Presentación, los ojos rasados de lágrimas, le dijo:</p> + +<p>—Haces mal en burlarte de mí. Pretendes que deje de querer a mi marido +porque no es rico. Piensa que Dios puede castigarte algún día.</p> + +<p>De estos sufrimientos no daba cuenta a su esposo. Al contrario, en su +presencia mostraba el mismo semblante tranquilo, risueño. Pero volviendo +a necesitar dinero, la escena con su madre fue mucho más cruel. D.ª +Carolina se enfureció, llamó pobrete, hambrón y holgazán a Mario, y se +negó resueltamente a soltar un cuarto.</p> + +<p>—Si te figuras—concluyó diciendo—que nosotros vamos a mantener vagos +toda la vida, estás muy equivocada.</p> + +<p>Esta amenaza la llenó de terror. Se humilló, procuró desarmarla +prometiendo no volver a pedirle dinero. Y corrió, como siempre, a +encerrarse en su cuarto para llorar perdidamente.</p> + +<p>Mario no fumó otra vez en dos días. En su semblante no se traslució, sin +embargo, ningún malestar. Su esposa le miraba con el rabillo del ojo +haciendo esfuerzos por reprimir las lágrimas. Pero al pasar por delante +del cuarto de su padre vio las llaves puestas en el cajón de la cómoda. +Se detuvo herida por una tentación irresistible; echó una mirada en +torno, y no viendo a nadie, avanzó con cautela, tiró del cajón sin hacer +ruido y escudriñó rápidamente su contenido. Allá, en un rincón, había +dos libras de tabaco picado. Tomó una y, cerrando de nuevo, salió +precipitadamente, ocultándola debajo del vestido. Por la noche se la dio +a su marido, diciendo con afectada naturalidad:</p> + +<p>—Toma; luego dirás que no me acuerdo de ti.</p> + +<p>—¿Dónde has comprado este tabaco?</p> + +<p>Respondió que a una prendera amiga suya que lo vendía de contrabando. La +había hallado en la calle y habían hecho mercado en un portal para +evitar indiscreciones. Pero a los dos o tres días su padre lo echó de +menos y se armó el consiguiente tumulto. Hubo quejas, recriminaciones. +D. Pantaleón sospechaba de la criada, que tenía un novio soldado. +Carlota, viendo con terror aquel motín y temblando que D.ª Carolina +averiguase la verdad, llamó en secreto a su padre al cuarto, le echó los +brazos al cuello y le dijo llorando:</p> + +<p>—He sido yo, papá; he sido yo la que te ha llevado el tabaco... Pero +que no se entere mamá, que no se entere Mario cuando vuelva. Sé que no +fuma porque no tiene dinero y yo tampoco lo tengo para dárselo.</p> + +<p>El sabio naturalista quedó estupefacto.</p> + +<p>—Pero, hija, ¿por qué no me lo has pedido? Dinero no puedo daros, +porque ya sabes...</p> + +<p>—Sí, papá... no me digas nada.</p> + +<p>El ingenioso Sánchez aprovechó la ocasión para instruir a su hija. El +tabaco era una planta solanácea de olor fuerte y característico, cáliz +tubulado, raíz fibrosa, tallo velloso de médula blanca, hojas alternas +laureadas y glutinosas, etc.</p> + +<p>Carlota escuchó llorosa y distraída aquellas científicas explicaciones +que por el estado de su alma no produjeron el resultado que era de +esperar. D. Pantaleón rebañó de su bolsillo algunas pesetas y se las +dio.</p> + +<p>La situación de la infeliz muchacha era cada día más triste. Todos los +rencores y desprecios que D.ª Carolina y su hija menor atesoraban para +Mario, que no había tenido talento para hacerse inamovible en el puesto +que ocupaba, se los arrojaban a ella a la cara. Con el verdadero +culpable estaban reservadas, pero finas. No se le hería directamente, +pero la atmósfera estaba cargada de electricidad, y a la postre había de +estallar el rayo. D.ª Carolina sacudía la cabeza con ira cada vez que su +yerno volvía la espalda.</p> + +<p>Al fin, una mañana en que Carlota estaba fuera de casa, la sagaz señora +hizo una seña expresiva a su hija menor, y ésta se apresuró a +levantarse y salir del gabinete. Quedaron solos suegra y yerno. Sin +alzar la cabeza de la costura D.ª Carolina comenzó a hablar con voz un +poco alterada.</p> + +<p>—Mira, Mario, hacía días que necesitaba hablarte de un asunto bastante +desagradable lo mismo para ti que para mí. Lo he ido aplazando de un +momento a otro, porque a la verdad me duele en el alma tocar este +punto... Pantaleón me ha mandado decirte que sus medios de fortuna no le +permiten manteneros a ti y a tu esposa. «Si fuéramos ricos, me dijo, no +tendría mayor inconveniente en que Mario se divirtiese y pasase la vida +holgando, pero, hija, nosotros tenemos sólo lo necesario para vivir +decorosamente... Dile que la obligación primera de todo casado es +sostener a su familia con el producto de su trabajo. Así lo he hecho yo +y así espero que lo haga él. Es joven y tiene el mundo por delante; que +trabaje y se haga hombre...» Hijo mío, yo cumplo el encargo. Espero que +no te ofenderás por ello.</p> + +<p>Mario quedó tan aturdido que no habló una sola palabra. Las de su +suegra le sonaban en el cerebro como martillazos. Una vergüenza inmensa, +infinita, corrió por todo su ser hasta las últimas fibras y le paralizó +enteramente. D.ª Carolina, con una rápida ojeada, advirtió su estado +lastimoso.</p> + +<p>—No creas que esto es puñalada de pícaro. Te habla así Pantaleón por mi +boca porque tiene confianza en tu honradez, en tu dignidad, en que +sabrás cumplir perfectamente tus obligaciones. Yo creo que con el tiempo +le darás las gracias. Si no te ofendieras—añadió con benévola +sonrisa,—te diría que te hace falta un estímulo como éste para abrirte +camino.</p> + +<p>La lengua se le desató aunque no de buen modo. Se excusó balbuciendo de +no haber tomado él la iniciativa en este asunto. Su suegro llevaba mucha +razón en lo que decía. Él buscaría trabajo inmediatamente en cualquier +parte y de cualquier clase. Estaba dispuesto a dejar la casa al +instante...</p> + +<p>—Ya te he dicho que no es cosa de apuro...</p> + +<p>—Sí, señora; lo es para mí—replicó con dignidad el joven.</p> + +<p>Pero la grave cuestión era que Carlota no podía irse con él a la +ventura. Se hallaba ya bastante adelantada en su embarazo, y mientras no +tuviera casa era expuesto llevársela. D.ª Carolina se mostró magnánima. +Carlota se quedaría con sus padres hasta que Mario hallase un medio de +vivir. Éste le dio las gracias con acento sincero. Desde aquel punto +doña Carolina se hizo de miel, le agasajó cuanto pudo, le auguró un +bello porvenir, haciendo visibles esfuerzos para borrar la mala +impresión que sus palabras habían causado. Mario se retiró al fin grave +y tranquilo.</p> + +<p>Al llegar Carlota adivinó a la primera mirada su disgusto.</p> + +<p>—¿Qué te ha pasado?</p> + +<p>—Nada... he tenido una conversación algo seria con tu madre. Me ha +dicho—añadió sonriendo tristemente y tomándole las manos—que tu papá +no puede sostenerme más tiempo en su casa...</p> + +<p>Carlota se puso blanca como un papel.</p> + +<p>—¿Ha dicho eso de veras?</p> + +<p>—Sí; a mí no me sorprende; creo que lleva razón. Ya ves, parece feo un +hombre sin trabajar, comiendo la sopa boba... Así que me voy desde +luego... Pero no te apures, que yo encontraré ocupación; todo se +arreglará.</p> + +<p>Al proferir estas palabras sonreía con esfuerzo, apretando las dos manos +a su esposa. Ésta permaneció muda y pálida mirando con insistencia por +encima de su cabeza a un punto fijo. Al fin sus ojos grandes, serenos, +se nublaron de lágrimas y dijo sin que los rasgos de su fisonomía se +alterasen poco ni mucho:</p> + +<p>—Está bien; me voy contigo.</p> + +<p>—¡No!—exclamó Mario aterrado.—¿Dónde quieres ir?</p> + +<p>—A pedir limosna, si es necesario—repuso tranquilamente.</p> + +<p>—¡Pero eso es una locura! No te precipites...</p> + +<p>Y con palabra fogosa le puso de manifiesto los terribles inconvenientes +de tal resolución. Un hombre puede rodar por cualquier lado, dormir en +un desván, al sereno si es necesario; ¡pero una señora y en el estado en +que ella se encontraba! La separación era de absoluta necesidad por el +momento. Cuando diese a luz y él hallase medio de vivir, que lo hallaría +pronto seguramente, entonces vendría a sacarla para siempre de casa y +vivir juntitos hasta la muerte.</p> + +<p>Carlota se dejó convencer. La idea de causar el más insignificante daño +al ser cuya aparición esperaba con impaciencia la llenaba de congoja. +Quedaron, pues, en que él sólo se marcharía.</p> + +<p>—¿Pero dónde te vas?—preguntó clavándole una mirada de estupor +doloroso.</p> + +<p>—No te preocupes de eso. Tengo infinidad de sitios donde ir. Lo +importante es que tú estés tranquila. Piensa en que se trata de muy poco +tiempo.</p> + +<p>Carlota permaneció algunos instantes inmóvil con la cabeza baja.</p> + +<p>—Bueno, te arreglaré la ropa—repuso al cabo enjugándose las lágrimas.</p> + +<p>Y ahogando los suspiros en la garganta y reprimiendo los sollozos que +pugnaban por estallar, su naturaleza tranquila, razonable, valerosa, +concluyó por triunfar. Empezó a sacar ropa de la cómoda y a colocarla +esmeradamente en un baúl. En aquella operación se mostraba su carácter +paciente y sólido. Mario la contemplaba con interés, trataba de +ayudarla, pero lo hacía tan mal que renunció en seguida. Poco a poco, en +la absorción de aquel trabaja mecánico, se fueron olvidando de su pena. +Discutían lo que se había de meter en el cofre como si se tratase de un +viaje. A Carlota todo le parecía mucho, creyendo así reducir los días de +separación. Mario, al contrario, insistía suavemente en que se pusieran +más camisas, calcetines, etc. Preveía que el viaje iba a ser largo, +aunque se guardaba de manifestar esta opinión.</p> + +<p>Al fin quedó arreglado el equipaje. Entonces permanecieron turbados uno +frente a otro sin saber qué decirse, afectando serenidad, insistiendo +una y otra vez en tono indiferente sobre pormenores ya resueltos. La +emoción que les embargaba advertíase en el timbre velado de la voz, en +el leve temblor de las manos. El corazón se les quería salir por la +garganta.</p> + +<p>—Bueno—dijo al fin Mario poniéndose el sombrero.—Quedamos en que +tendrás el baúl preparado. Ya enviaré por él, y me mandarás al mismo +tiempo la sombrerera. Por los útiles de modelar ya mandaré más adelante.</p> + +<p>Estas palabras provocaron en Carlota una explosión del sentimiento +comprimido. Quedaron abrazados estrechamente y llorando en silencio +largo rato. Mario logró desasirse, y besando con efusión las manos de su +esposa, exclamó sonriendo, mientras bañaban su rostro las lágrimas:</p> + +<p>—¡Qué niños somos! Parece que me estoy despidiendo para el fin del +mundo.</p> + +<p>Y salió de la estancia precipitadamente. Carlota le siguió, y en lo alto +de la escalera volvieron a abrazarse.</p> + + + +<h3><a name="X" id="X"></a>X</h3> + + +<p>Cuando hubo salido a la calle y traspuesto la esquina, se detuvo. +Aquellos infinitos sitios de que había hablado a Carlota eran una +piadosa mentira. Quedó inmóvil, con el pensamiento vacío y el corazón +apretado. Unas ansias atroces de sollozar le subían del pecho a la +garganta amenazando ahogarle. Pero logró tenerlas encerradas: sólo +algunas lágrimas brotaron a sus ojos sin darse cuenta hasta que vio la +mirada de los transeúntes fijarse con curiosidad en él. Entonces se +llevó el pañuelo a la cara como para sonarse, y prosiguió su camino.</p> + +<p>¿Adónde iba? Marchó a la ventura largo rato, tratando de coordinar sus +ideas. Al fin no halló otra cosa mejor que dirigirse a su antiguo +alojamiento. Pero esto le causaba profundo disgusto y humillación. ¿Cómo +responder a las preguntas de su antigua patrona? ¿Qué explicación iba a +dar a sus compañeros? Al llegar a la puerta cambió de resolución y pasó +de largo sin entrar. Subió a la primera fonda que tropezó, alquiló una +habitación y volvió a salir. Su inquietud y dolor no menguaron por esto. +Al contrario, la idea de que no tenía dinero para pagar el pupilaje le +atormentó de modo indecible. Pensó entonces en algún amigo con quien +comunicar sus pesares y que le diese algún buen consejo, y los pies le +guiaron a casa de Miguel Rivera. Aunque le llevase éste bastantes años y +tuviese un carácter burlón y agresivo que a menudo pinchaba a los que se +le acercaban, Mario sentía hacia él irresistible inclinación: debajo de +aquella cáscara amarga adivinaba un corazón dulce y generoso. Además, si +para alguno limaba un poco la punta afilada de su lengua Rivera, era +para nuestro joven. Fácilmente se advertía su predilección cuando se +hallaba en la tertulia del café.</p> + +<p>El antiguo periodista vivía solo con su hijo en un cuarto sin lujo, pero +limpio y agradable, de la calle de Recoletos.</p> + +<p>—¿Qué traes por aquí a estas horas, Praxíteles?—exclamó alegremente al +ver a nuestro joven entrar en su despacho.</p> + +<p>—Molestias para usted, D. Miguel. ¿Está usted muy ocupado?</p> + +<p>La sonrisa de Rivera se desvaneció al ver la triste y penosa que +contraía los labios de su amigo. El semblante de Mario expresaba +abatimiento profundo.</p> + +<p>—¡Ocupado! Sólo lo está el que espera algo. Yo he renunciado a todo +hace tiempo, querido. Di lo que quieras y tómate el tiempo que se te +antoje.</p> + +<p>Tímidamente y ruborizándose muchas veces, Mario le contó lo que le +pasaba, rogándole con insistencia el secreto. Cuando terminó de hablar, +Miguel permaneció grave y pensativo. Al cabo dejó escapar un leve bufido +de desprecio.</p> + +<p>—¡Camarada, qué suegra te ha tocado! Es de lo más fino que he visto en +su género.</p> + +<p>—¡Si mi suegra no se ha mezclado para nada en este asunto! No ha hecho +más que cumplir las órdenes de su marido. ¡Anda, pues si dependiera de +mi suegra, ni ahora ni nunca saldría yo de su casa! Usted no sabe el +cariño que me profesa la buena señora. Me quiere como una madre, una +verdadera madre, don Miguel.</p> + +<p>Este le contempló en silencio unos momentos asombrado de su inocencia. +Tuvo impulsos de proferir una de sus chufletas sangrientas, pero se +contuvo. La maciza bondad y el candor de aquel muchacho le conmovían. +Después de todo, pensó, ¿qué se adelanta con sacar a los hombres de los +errores que los hacen felices?</p> + +<p>—Sí, sí; D.ª Carolina es muy buena—dijo al cabo, sin gran +calor.—Puede que tenga en realidad la culpa el loco de su marido.</p> + +<p>—Yo creo que mi suegro nada tiene de loco, D. Miguel—se apresuró a +decir Mario.—Aunque un poco difuso en sus explicaciones, siempre le he +hallado muy razonable. Y además, crea usted que es bastante instruído y +que tiene un corazón excelente.</p> + +<p>Volvió a contemplarle Rivera con sorpresa, y repuso sin poder evitar una +sonrisa de lástima:</p> + +<p>—Puede, puede ser. Yo le he tratado muy poco, ¿sabes? Desde que ese +idiota de Moreno le ha tomado por su cuenta, temía que se hubiese +extraviado.</p> + +<p>Mario sonrió algo contrariado.</p> + +<p>—¡Qué duro está usted con Adolfo, D. Miguel!</p> + +<p>—¡Alto ahí, amigo! Pase por tu suegro y tu suegra, pero lo que es ése +me lo tienes que dejar entre las uñas. En todos los días de mi vida he +conocido un ser más pedante y grotesco. ¡Es un infame!</p> + +<p>—¿Cómo infame?—exclamó asustado.</p> + +<p>—Sí, cuando la tontería llega a cierto límite degenera en infamia. Creo +haberlo leído en Santo Tomás.</p> + +<p>—Pues Adolfo estudia mucho: se pasa la vida entre libros.</p> + +<p>—No importa, es un infame. ¿Tú has estudiado lógica? Bien, pues sabrás +que para que el conocimiento se produzca son necesarios dos términos: +<i>sujeto</i> y <i>objeto</i>. Aquí falta sujeto... Pero dejemos eso ahora. +Hablemos de ti. ¿Qué piensas hacer? ¿Cuáles son tus proyectos?</p> + +<p>Mario alzó los hombros sonriendo y no despegó los labios. Aquel gesto +volvió a poner serio y meditabundo a Rivera.</p> + +<p>—Es necesario ante todo buscarte una ocupación lo más pronto posible. +La carrera de que te he hablado en los ferrocarriles aún tardará en +organizarse... ¿Quieres ayudarme en los trabajos de la secretaría? Hace +falta un empleado inteligente... Aunque el sueldo es pequeño.</p> + +<p>—¡Cualquier cosa, D. Miguel!—exclamó Mario, viendo el cielo abierto.</p> + +<p>No existía tal plaza vacante en la secretaría, pero Rivera la inventó +proponiéndose pagarle con una parte de su sueldo. Además le obligó a +quedarse en su casa. Nada le estorbaría: al contrario, en la soledad en +que vivía le estaba haciendo falta un amigo con quien comunicar sus +pensamientos. Mario, embargado por la emoción, le apretó la mano +llorando de gratitud.</p> + +<p>Poco después escribió una larga carta a su esposa rebosando de ternura. +Al final le decía que al día siguiente iría a verla. Al despertarse por +la mañana recibió la contestación de Carlota.</p> + +<p>«No vengas a verme. No quiero que pises esta casa. Espera a que te +indique el sitio y la hora donde podemos vernos. Eres demasiado bueno, +Mario.»</p> + +<p>Y otras frases por el estilo que indicaban que la fiel esposa volvía por +la dignidad de su marido con más cuidado que él mismo. En cambio, ella +se humillaba la pobrecilla y siguió padeciendo los desdenes de su madre +y de su hermana sin quejarse.</p> + +<p>Mario no pudo resistir la tentación de pasar aquella mañana por delante +de la casa. Los balcones estaban cerrados y no vio a nadie. Pero al +llegar de nuevo a la de Rivera se encontró con una esquela de Carlota.</p> + +<p>«A las cinco espérame en la plaza de la Independencia, esquina a la +calle de Alfonso XII.»</p> + +<p>Y una hora antes de la convenida ya estaba nuestro joven en espera con +la impaciencia de un galán primerizo. Al verla llegar, al cabo, con su +vestidito gris, soportando gallardamente las dos existencias en que su +ser se partía, una emoción intensa hizo palpitar su corazón. Corrió +hacia ella y se apretaron las manos y se miraron a los ojos con +embeleso. Luego, cogiéndose del brazo, entraron en el Retiro, y pasearon +charlando bajo los árboles. Carlota no se cansaba de preguntarle todos +los pormenores de su existencia en aquellas veinticuatro horas. Mario no +tenía tiempo para darle completas explicaciones. Se quitaban la palabra +de la boca, se perdían en divagaciones insustanciales, gozando el placer +de hallarse juntos, como si no se hubiesen visto en largo tiempo. +Carlota aprendió que su marido tenía ya un sueldo, aunque pequeño, y que +esperaba en plazo no muy lejano obtener la plaza en los ferrocarriles +que le habían prometido.</p> + +<p>—Creo que no se pasarán muchos meses sin que vuelva otra vez a casa y +vivamos unidos—dijo dando palmaditas cariñosas en el dorso de la mano a +su esposa.</p> + +<p>Ésta se puso repentinamente grave.</p> + +<p>—No pienses en eso, Mario. Nosotros no podemos vivir ya con mis padres. +Aunque sea en una buhardilla viviremos si es preciso. ¡En casa, nunca!</p> + +<p>—¡Oh, qué orgullosita!—exclamó él pellizcándola.—¿Y por qué, si yo no +me doy por ofendido?</p> + +<p>—Porque yo no quiero, y basta—replicó ella con firmeza.</p> + +<p>Mario se había acostumbrado a obedecerla y no le iba mal. Así que no +insistió.</p> + +<p>La noche se echaba encima y bajaron despacio por la calle de Alcalá. Al +pasar por delante de un <i>restaurant</i>, Mario tuvo una inspiración.</p> + +<p>—¡Si entrásemos aquí a comer!</p> + +<p>Carlota se opuso. No estaban ellos para gastar el dinero tontamente. Y +siguieron caminando hacia casa. Pero Mario se había quedado silencioso y +melancólico. Unos pasos antes de llegar Carlota se volvió hacia él con +semblante risueño.</p> + +<p>—¿Qué? ¿Estás triste porque no comemos juntos?</p> + +<p>Mario sonrió avergonzado.</p> + +<p>—Bien, pues volvámonos. Pero nada más que hoy, ¿sabes?</p> + +<p>La alegría entró de nuevo como un torrente en el alma de nuestro joven. +Volvieron sobre sus pasos, entraron en el <i>restaurant</i> y pidieron un +gabinete.</p> + +<p>¡Qué hermosas y puras emociones experimentaron en aquella comida! Mario +parecía un colegial escapado. Todo lo hallaba sabrosísimo: hablaba por +los codos; cubría de atenciones y finezas a su esposa. Estaba como loco; +formaba proyectos descabellados; perdonaba a todo el mundo y se deshacía +en elogios de su suegra.</p> + +<p>—¿Sabes lo que te digo, Carlota? Que quiero a tu madre como si fuese la +mía, y que me alegraría que viniese un día a comer con nosotros.</p> + +<p>Ella, serena, tranquila, sonreía dulcemente contemplando la ruidosa +alegría de su marido con el placer no exento de protección con que se +miran los juegos de los niños. Cuando el camarero salía, Mario se alzaba +repentinamente, corría a su esposa, la besaba frenéticamente y volvía a +sentarse.</p> + +<p>—No sé lo que tienes en la cara hoy, cielo mío, que me enajena. Hay en +tu fisonomía una dulce gravedad que me recuerda siempre la expresión de +la Diana cazadora del Louvre.</p> + +<p>—¡Ya salió la mitología!</p> + +<p>—Sí, ya salió y saldrá siempre, porque veo en tu rostro la misma +expresión dulce, grave, protectora que en las estatuas de las diosas; +porque no hallo en el mundo ninguna mujer que se parezca a ti, y sobre +todo, te comparo a ellas porque no tengo nada más hermoso a que +compararte.</p> + +<p>Carlota sonrió y le tendió su mano por encima de la mesa. Mario la besó +con el mismo tierno respeto que Peleo besaría la de Tetis, su inmortal +querida.</p> + +<p>Pero acabado de hacerlo, casi en el mismo instante pareció el mozo con +una fuente entre las manos, y Carlota reveló su condición mortal +ruborizándose hasta las orejas. Como la puerta hubiese quedado abierta, +Mario vio cruzar por el pasillo un hombre que por su figura arrogante y +proporcionada, por su alto desprecio de los cuidados terrenales, por la +varonil grandeza con que había matado en su corazón hasta los más +pequeños gérmenes de la sensibilidad, por la perfecta seguridad con que +gozaba de la vida debía de recordarle aún mejor que su esposa los seres +que habitaban en la cima del Olimpo. Este hombre privilegiado, semejante +a un dios, no podía ser otro que don Laureano Romadonga. Iba acompañado +de una joven con mantón y pañuelo a la cabeza.</p> + +<p>—¿Has visto?</p> + +<p>—Sí.</p> + +<p>—¿Esa joven es la del café?</p> + +<p>—Me parece que sí. ¡No obstante, como ese hombre trae tantos líos!...</p> + +<p>El mismo D. Laureano, entrando repentinamente en el gabinete, vino a +sacarlos de dudas.</p> + +<p>—¿Conque tenemos juerga conyugal, eh? ¡Bien por los esposos!... También +yo vengo a gozar honestamente como un burgués tranquilo... Mi Conchita +cumple hoy diez y ocho años, ¿sabéis? y me dijo: «Convídame a comer en +la fonda» (para Concha, comer fuera de casa es comer en la fonda). Yo le +contesté: «Sí, hija de mi alma, te llevaré a la fonda y beberás +champagne.» El champagne es para Concha algo elevado, de un orden +sobrenatural, inaccesible a todo el mundo excepto al patriarca de las +Indias, a los ministros y al capitán general.</p> + +<p>—¿Dónde la ha dejado usted?</p> + +<p>—Ahí, en un gabinete. Carlota, no me mire usted con severidad. Yo no +tengo más que un defecto. Soy aficionado a pasarlo bien en este pícaro +mundo. ¿Y quién no lo es? ¿Quién, pudiendo divertirse, opta por estar +aburrido?</p> + +<p>—¡No, si yo no le recrimino a usted ni con los ojos ni de +palabra!—exclamó la joven sonriendo.—Lo único que me atreveré a +decirle es que valdría más que usted se divirtiera con placeres lícitos.</p> + +<p>—No lo crea usted. Yo no he podido gozar jamás los placeres lícitos. Me +aburren. Soy una naturaleza móvil y subversiva. Necesito saber que soy +independiente en todos los momentos de la existencia. La idea de que el +goce que disfruto es un goce impuesto le quita todo su encanto... Pero +perdone usted, Carlota, yo no sé si debo...</p> + +<p>—Siga usted, siga usted; no me escandalizo.</p> + +<p>—El matrimonio no ha tenido nunca para mí color. Y ya sabe usted que yo +soy excesivamente colorista. Considero esto como una desgracia, pero si +he nacido así, ¿qué culpa tengo? ¿Por qué disfrutar de una sola obra +hermosa de Dios, me he dicho, cuando en el mundo existen tantas y tan +preciosas? ¿Hay nada más agradable que repetir la luna de miel, ese +feliz estado en que ustedes se encuentran ahora, una y otra vez? Crea +usted que aquellos versos de Musset</p> + +<p class="poem"> +<span style="margin-left: 2em;"><i>Parlons de nos amours; la joie et la beauté</i></span><br /> +<span style="margin-left: 2em;"><i>Sont mes dieux les plus chers, après la liberté.</i></span><br /> +</p> + +<p class="nind">deben tomarse por divisa. Mientras el corazón tenga fuerzas, echarle +combustible para que palpite con las dulces emociones de la pasión. +Quiero cantar endechas como el ruiseñor mientras me quede un soplo de +vida.</p> + +<p>El rostro varonil, expresivo, de Romadonga se contraía con sonrisa +mefistofélica al pronunciar estas palabras. Se había sentado; puso los +codos sobre la mesa con su habitual libertad y enviaba columnas de humo +al aire, revelando un estado de beatitud envidiable. Mario reía; pero en +el fondo de su alma estaba inquieto y molesto, como siempre que don +Laureano hablaba delante de su esposa.</p> + +<p>—No está mal que usted ame lo que quiera—dijo ésta.—Lo malo que hay +es que ese amor de usted cuesta muchas lágrimas a algunas criaturas +inocentes.</p> + +<p>—¡Es la ley de la vida!—repuso el seductor alzando los hombros con +resignación y sacudiendo la ceniza del cigarro con su dedo meñique +cubierto de sortijas.—Balzac ha dicho muy bien que en el amor hay +siempre un dios y un esclavo... Después de todo—añadió al cabo de una +pausa,—el destino de la mujer es ése, amar y llorar. El amor en las +mujeres engendra fatalmente el llanto, y esto consiste en que es más +vivo y más tierno que en nosotros. No hay, pues, que compadecerlas a +ustedes tanto, porque si la pena es mayor, mayor ha sido también el +goce... Pongamos el caso de esa muchacha que está ahí. Esa chica vivía +en un estado de marasmo casi vegetativo. Comer, dormir, barrer la casa, +lavar la ropa. Si se hubiera casado con un hombre de su misma condición, +ese estado se hubiera prolongado hasta la muerte, corregido y aumentado +por los mil dolores que la vida miserable trae consigo. Llegué yo, y no +por mis méritos, sino por cierta práctica del oficio, he logrado +despertar esa alma, infundir en ella nueva vida, hacer vibrar su corazón +con ciertas emociones y gozar de ciertos placeres que probablemente +hubiera desconocido...</p> + +<p>—¡Pobrecilla!—exclamó Carlota.—¿Y no sentirá usted pena y +remordimiento cuando abandone a esa niña y la deje entregada a la +desesperación?</p> + +<p>—¿Pena? ¿remordimiento? No sé lo que es, ni quiero saberlo. Sospecho +que será algo triste que me impida divertirme a mi gusto. No es mi +negocio. Creo que la vida no se nos ha dado para sentir pena, +remordimiento, sino amor, alegría. Si se desespera cuando deje de +quererla, suya será la culpa. Yo, cuando entablo relación con una mujer, +no me considero comprometido a amarla siempre, sino mientras pueda. Lo +que hace la desgracia de las mujeres es esa inclinación particular que +sienten hacia la eternidad. Si vivieran convencidas de que en este mundo +todo es temporal y finito, comprenderían que el amor no puede sustraerse +a esa ley y estarían de antemano resignadas a todo lo que pueda +sobrevenirlas. Por mi parte, tengo horror instintivo a la eternidad. La +palabra <i>siempre</i> me crispa los nervios.</p> + +<p>—¡Oh, qué malvado!—dijo riendo Carlota.—No puedo creer, por más que +usted lo asegure, que le falte a usted de tal modo el corazón.</p> + +<p>—Al contrario, precisamente por tener demasiado corazón es por lo que +cometo esos pecados que usted me echa en cara. Lo tengo tan grande, que +caben en él todas las mujeres hermosas que hay sobre la tierra. Con +todas quisiera poder hacer lo que con esa chica que está ahí.</p> + +<p>—Infundirles nueva vida, ¿verdad?—dijo Carlota maliciosamente.</p> + +<p>—¡Eso es!—repuso D. Laureano riendo.</p> + +<p>En aquel momento apareció en la puerta la arrogante figura de Concha.</p> + +<p>—Oye tú, guasón, ¿qué te has figurao? ¿Piensas que voy a estar hasta +que amanezca sola en esa alcoba?—profirió sin dirigir el más leve +saludo a la compañía, clavando su mirada colérica en Romadonga.</p> + +<p>—No, hija, me iba a marchar en seguida—contestó aquél, bastante +confuso y apresurándose a levantarse.</p> + +<p>—¡Te ibas, te ibas! Adonde te vas a ir es a lo que tú sabes, hablando +con perdón de estos señores. Pus hombre, ni que fuera una...</p> + +<p>Hablaba con el desgarro peculiar a la chula de Madrid, acentuando cada +sílaba de un modo tan insolente que D. Laureano, avergonzado, no pudo +menos de salir por su dignidad.</p> + +<p>—¡Niña, niña, cuidado con la lengua! Mira que te puede costar un +disgusto.</p> + +<p>—¿A mí? ¡Ja, ja! ¡Qué infeliz eres!</p> + +<p>—¡A ti, sí, desvergonzada!—profirió colérico el tenorio avanzando +hacia ella con ademán amenazador.</p> + +<p>Concha permaneció absolutamente inmóvil con una calma provocativa capaz +de irritar a un santo.</p> + +<p>Sus labios perdieron, no obstante, el hermoso carmín que tenían y sus +grandes ojos negros brillaron con expresión sombría.</p> + +<p>—No corras tanto, que puedes tropezar—dijo con sosiego impertinente, +mientras una sonrisa de burla contraía sus labios descoloridos.</p> + +<p>—Ahora verás—dijo Romadonga mordiendo los suyos de coraje, +abalanzándose a ella.</p> + +<p>—No me toques, que puedes pincharte—manifestó con la misma +tranquilidad, sin mover un dedo siquiera.</p> + +<p>—¡Sí te toco! ¡te toco, deslenguada!—gritó aquél, ciego de ira, +sacudiéndola violentamente por un brazo.</p> + +<p>Concha cambió repentinamente de actitud. Todo lo que antes fue calma y +sorna se convirtió en feroz exaltación. Luchó valerosamente por +desasirse chillando al mismo tiempo.</p> + +<p>—¿A mí me pegas tú, viejo gorrino? ¿A mí? ¿a mí?</p> + +<p>No logrando arrancar de sí las tenazas que la oprimían, le echó la mano +a la cara y le clavó en ella las uñas.</p> + +<p>La lucha había hecho rodar algunos vasos. Carlota estaba aterrada: se +había refugiado en un rincón, mientras Mario, ayudado por el mozo que +había acudido al ruido, trataba inútilmente de separarlos. Al cabo de +muchos esfuerzos lo consiguieron.</p> + +<p>D. Laureano tenía un arañazo en la mejilla, del cual brotaban algunas +gotas de sangre.</p> + +<p>—¡Qué loca! ¡qué loca!—decía limpiándose con el pañuelo.—Perdonen +ustedes el mal rato.</p> + +<p>Concha, en pie debajo del dintel de la puerta, se arreglaba con mano +nerviosa la ropa y los cabellos.</p> + +<p>—Ven aquí—dijo en tono imperioso a su querido.</p> + +<p>Pero éste hizo un gesto de desprecio y se volvió hacia el matrimonio +para disculparse.</p> + +<p>—¡Vaya unos postres que les he dado!... ¿Quién iba a suponer?... +Carlota, usted es muy buena y me perdonará esta grosería.</p> + +<p>—¡Ven aquí!—gritó con más furia la joven.</p> + +<p>D. Laureano la miró, sacudiendo al mismo tiempo la cabeza con +indignación.</p> + +<p>—¡Allá voy, escandalosa, allá voy!—respondió entre resignado y +furioso, y volviéndose a los esposos añadió bajando la voz:—Me voy por +evitarles otro disgusto. El peor de los males no es tratar con animales, +sino con locos. Perdonen ustedes. Buenas noches.</p> + +<p>Y salió detrás de su querida. En el pasillo se oyó la voz de la chula +que decía dirigiéndose al mozo:</p> + +<p>—Chico, traiga usted un poco de agua y vinagre.</p> + +<p>Los esposos quedaron solos. Se miraron uno a otro con asombro, y ambos a +la vez soltaron la carcajada.</p> + +<p>—Me parece—dijo Mario cuando hubo sosegado la risa—que D. Laureano ha +infundido demasiada vida a esa chica.</p> + + + +<h3><a name="XI" id="XI"></a>XI</h3> + + +<p>Repitiéronse metódicamente aquellos festines conyugales todas las +semanas. Esta singular posición les apenaba y alegraba a un mismo +tiempo. Sentían dolor cuando pensaban en que vivían separados, como si +no estuvieran unidos para siempre por vínculo indisoluble. Pero sus +entrevistas tenían por esto mismo sabor dulcísimo, un encanto especial +que compensaba todos sus dolores. Hasta que una noche sintió Carlota los +precursores del alumbramiento. Se envió recado al médico y a Mario, y +éste corrió desalado a la casa de sus suegros, pisándola otra vez contra +la voluntad de su esposa. Vino al mundo un niño robusto y hermoso. +Según los datos suministrados por algunas vecinas que asistieron o +tuvieron conocimiento inmediato de su presentación, había motivos para +afirmar que poseía además ingenio profundo y ameno a la vez, unido a un +corazón verdaderamente heroico.</p> + +<p>Con tal motivo, Mario siguió entrando en la casa, aunque sin comer ni +dormir en ella. Su suegra, viéndole en camino de hacerse independiente, +le acogía con más agrado, pero siempre mostrando reserva, apercibida a +romper toda relación en cuanto tuviese la osadía de quedarse sin qué +comer. D. Pantaleón comenzó a sentir por él una predilección tan +señalada que el muchacho estaba sorprendido. Al fin paró en lo que paran +generalmente estas predilecciones repentinas, en leerle un par de +folletos manuscritos que pensaba dar muy pronto a la imprenta. El uno se +titulaba <i>Ensayo para una patología administrativa</i>; el otro era una +<i>Terapéutica del comercio</i>. Se estudiaba en ellos lo mismo la +administración pública que el comercio desde un punto de vista +fisiológico, con los modernos métodos de la ciencia positiva, +explicándose admirablemente los reglamentos y los aranceles por la +acción combinada de las fuerzas naturales, como un simple fenómeno de la +vida orgánica, sin necesidad de acudir para nada a la voluntad de los +directores y jefes de sección.</p> + +<p>Todavía le dio otra prueba de particular confianza y afecto. Después que +le hubo hecho saborear los interesantes fenómenos patológicos que su +penetrante inteligencia había logrado arrancar a la vida administrativa +y comercial, un día le llamó aparte con misterio y le dijo:</p> + +<p>—Te voy a enseñar, Mario, una cosa que te ha de sorprender y admirar.</p> + +<p>Abrió el cajón de la cómoda y sacó una cajita de madera, y de ella un +sello de cauchouc. Tomó un papel blanco después y lo selló.</p> + +<p>—Mira.</p> + +<p>—¿Qué es esto?</p> + +<p>—Un sello que pienso aplicar sobre las dos obras que voy a dar a luz y +sobre todas las demás que escriba en adelante.</p> + +<p>—¿Pero qué dice aquí? No leo nada.</p> + +<p>—No hay palabras; no hay más que una figura. Obsérvala bien.</p> + +<p>—Parece una mancha de tinta.</p> + +<p>El ingenioso Sánchez sonrió con benevolencia.</p> + +<p>—Fíjate bien.</p> + +<p>—Pues no puedo descifrarla—repuso después de sacarse los ojos y dar +vueltas al papel cerca de la ventana.</p> + +<p>—Es un zoófito.</p> + +<p>—¿Cómo?</p> + +<p>—La figura de un zoófito.</p> + +<p>Y como viese el asombro pintado en el rostro de su hijo político, añadió +con sonrisa triunfal:</p> + +<p>—Lo he escogido como blasón por ser un símbolo. El zoófito es el primer +peldaño de la escala animal. De él procede todo el género humano. Por lo +tanto, así como los nobles ponen en sus escudos las hazañas de sus +abuelos, yo, como hombre de ciencia, pongo en el mío con orgullo el +primero de mis antepasados. ¿Qué te parece? ¿No es una idea feliz?</p> + +<p>Mario le contempló con la misma estupefacción, pero sin revelar que se +hallase poco ni mucho admirado. Y es porque su espíritu aún no se +hallaba maduro para las grandes concepciones científicas.</p> + +<p>Luego su suegro le llevó a la buhardilla, donde él había modelado en +otro tiempo, y le mostró un verdadero laboratorio. Frascos, retortas, +cristales, cacharros grandes y pequeños, se hallaban esparcidos por el +suelo y sobre una gran mesa de cocina. Allí era donde don Pantaleón y su +amigo Moreno se encerraban para impulsar el progreso de la humanidad.</p> + +<p>—De esta pequeña buhardilla saldrá al fin algo que el mundo acogerá con +asombro y aplauso—dijo con profética iluminación poniendo una mano +sobre el hombro a su yerno.</p> + +<p>Éste volvió a mirarle estupefacto.</p> + +<p>—¿Tiene usted algún proyecto?</p> + +<p>El ingenioso Sánchez no contestó. Quedó largo rato pensativo, y por sus +grandes ojos tristes, meditabundos, pasó algo grandioso.</p> + +<p>—Sí, tengo un proyecto—dijo al cabo con voz solemne, llevándose una +mano a la frente.—Es un proyecto grande, asombroso. Nadie tiene de él +conocimiento, ni el mismo Moreno. No saldrá una palabra de mis labios +mientras no lo haya realizado.</p> + +<p>Mario no quiso preguntarle más, respetando su silencio, y cambió de +conversación.</p> + +<p>D. Pantaleón le manifestó que le molestaba mucho no tener fogón en el +laboratorio. Todos los ingredientes que necesitaba poner al fuego los +llevaba abajo. Pero esto turbaba la cocina y además era expuesto. Su +esposa se enfadaba y amenazaba con tirar las retortas al patio. La única +que le ayudaba algo era Presentación.</p> + +<p>—Pero esto es por interés—dijo tristemente,—porque me necesita para +llevarla a paseo. En cuanto se case me abandonará.</p> + +<p>En efecto, el amor había hecho presa al fin en el corazón de la hija +menor del naturalista. Los ojos místicos, el cutis nacarado y la +inocencia de querubín de Godofredo Llot lograron lo que no pudieron el +ingenio ático y los modales desenvueltos de los chicos del comercio que +la festejaban a porfía en el café del Siglo. Estos jóvenes, por lo +general, eran hombres de mundo. El trato frecuente con las damas de la +aristocracia que entraban por la mañana a escoger enaguas o medias les +había hecho adquirir formas elegantes y distinguidas. Todos sabían +decir: «¡Ah! no señora, a nosotros nos cuesta más» de modo tan correcto +y con sonrisa tan persuasiva que no era posible resistirles. Al mismo +tiempo, las aventuras galantes que los domingos solían correr les +infundían la audacia y habilidad indispensables para apoderarse de los +corazones femeninos. En este punto llevaban inmensa ventaja al piadoso +Godofredo, que era todo candor, y que al acercarse a cualquier mujer se +arrebolaba como una nube herida por el sol.</p> + +<p>Pero las dotes de Godofredo eran interiores y por lo mismo más sólidas. +No sólo poseía alma pura y virginal y un cuerpo inmaculado, sino que su +inteligencia, acalorada por el entusiasmo místico, producía hermosas +obras, frescas y brillantes como las rosas de Mayo. Sus artículos, +leyendas y poesías en <i>El Pensamiento Católico</i> y en otras publicaciones +religiosas eran cada día más gustadas por el público sano de la España +tradicional. Lo que caracterizaba estos trabajos literarios y les +prestaba aroma penetrante y embriagador eran la devoción de la Virgen y +el entusiasmo por la Edad Media; los dos amores de Godofredo Llot. A la +Virgen la requebraba en sus odas con un ardoroso flujo de epítetos que +no se agotaba jamás. La Edad Media era el tema constante de sus +ditirambos. Las catedrales góticas. ¡Ah, las catedrales góticas! +Godofredo no se hartaba jamás de describir la luz «filtrándose por los +cristales de colores, la voz del órgano resonando en sus altas bóvedas, +las oraciones de los fieles elevándose entre nubes de incienso, la +flecha calada de la torre señalando como un dedo al cielo.»</p> + +<p>Por esta razón todas las damas caían en éxtasis cuando se hablaba de él. +Presentación, cansada de hacer víctimas en el comercio, sintió el +encanto de aquel estilo florido, y le amó. D.ª Carolina se inflamó casi +al mismo tiempo de amor maternal hacia él. Las relaciones de Godofredo +siguieron las mismas etapas que las de Mario. Fue presentado en el +café. ¡Qué rubor tiñó sus mejillas nacaradas! Después, en actitud +humilde, rogó a D.ª Carolina que le permitiese, no acompañarlas en el +paseo, sino tan sólo seguirlas de cerca respetuosamente. Y por muchos +días se vio a aquel rubicundo joven por los paseos a tres o cuatro pasos +de distancia de dos señoras, sin osar acercarse a ellas. Por último, +entró en la casa y comenzó a hablarse de matrimonio.</p> + +<p>En este tiempo Godofredo se hallaba terminando una historia de Santa +Isabel de Hungría, que se preparaba a dar a la imprenta. Y como quisiese +poner al frente del libro el retrato de la Santa, pidió a Presentación +el suyo para hacerlo grabar. Este rasgo ingenioso y delicado causó +impresión profunda, tanto en su novia como en D.ª Carolina. La buena +señora empezó a ser para él lo que había sido para Mario, una verdadera +madre. Convinieron en que Godofredo la llamase mamá, pero no en +presencia de D. Pantaleón, ¡cuidado! y le tuteó y le permitió besarla, y +le reprendía, y le gobernaba. En fin, se repitió punto por punto lo que +había pasado con Mario. Y si tuviera veinte hijas, veinte veces se +repetirían aquellas escenas conmovedoras; porque D.ª Carolina tenía un +corazón muy grande y muy maternal.</p> + +<p>Cualquiera podría imaginar que Timoteo el violinista del Siglo, en vista +del curso torcido de los sucesos, había desistido de su desgraciada +pasión por la hija menor de los señores de Sánchez. ¡Ah! Los que tal +imaginasen no saben lo que es el amor cuando prende en el corazón de un +artista. Timoteo se complace siempre en alimentar este amor con +incesantes y secretas meditaciones y gusta de exhalar sus quejas +lánguidamente por medio del violín. Presentación lo sabe. Sabe que todos +los nocturnos melancólicos, lo mismo que las arias trágicas +desgarradoras, a ella van dirigidos. Percibe el dejo amargo del +<i>andante</i>, la fuga impetuosa del <i>allegro</i> y hasta la ficticia, nerviosa +alegría del <i>scherzo</i>. Y no se enternece. Al contrario, en cuanto +observa que el violín arrastra las notas de cierto modo particular +extraordinariamente lánguido, se pone inquieta, nerviosa, no sabe lo que +dice, se muerde los labios y sacude la cabeza con desesperación. Es +posible que la niña menor de D. Pantaleón suponga que un violín no tiene +derecho a expresarse de modo tan ardoroso, o bien considere como un +insulto personal aquel juego inusitado de las corcheas.</p> + +<p>Todavía si se circunscribiese al lenguaje musical la pasión de Timoteo, +podría hallar tolerancia, si no en Presentación, cuyo entendimiento +estaba lleno de prejuicios desfavorables para el artista, al menos para +las personas sensatas e imparciales. El lenguaje de la música es vago; +las ofensas que puede inferir débiles; se expresan generalmente por un +<i>trémolo</i> donde hay más resignación que soberbia. Pero en cuanto +terminaba con el violín nuestro joven se venía hacia la mesa donde la +familia Sánchez tomaba café y les rociaba de saliva a poco que se +descuidasen. Esto, en verdad, no lo sufriría ninguna persona, por +sensata que fuese.</p> + +<p>—Buenas noches, D.ª Carolina. Buenas noches, D. Pantaleón. Buenas +noches, Presentacioncita.</p> + +<p>Era horrible. Presentación le deseaba de todas veras la muerte.</p> + +<p>La actitud de Timoteo respecto a Godofredo, su aborrecido rival, estaba +llena de calma y desdén. La mayor parte de las veces cuando se acercaba +a la mesa no le daba las buenas noches ni le dirigía siquiera una +mirada. Pero en ocasiones, atacado de cierto espíritu sarcástico y +jocoso, pretendía burlarse repitiendo del modo más desdichado las bromas +de Moreno.</p> + +<p>—Hola, Sr. Llot, ¿cuántas misas ha oído usted hoy? ¿Ha estado usted en +las Góngoras esta tarde?</p> + +<p>Godofredo no se daba por ofendido; sonreía dulcemente, acostumbrado a +aquellos martirios que a causa de su piedad le infligían los amigos. +Pero su novia se crispaba, se ponía pálida de ira y solía responder por +él:</p> + +<p>—¡Caramba, que tiene usted gracia, Timoteo! Es usted espontáneo como +pocos.</p> + +<p>D.ª Carolina no se ofendía menos con la insistencia irracional que el +violinista mostraba en enamorar a su hija. Podía perdonarle que su boca +fuese una regadera cuando hablaba, y la medida anormal de esta boca, y +otros defectos corporales; pero, francamente, que pretendiese estorbar +el matrimonio de su niña, que un rasca-tripas como él tratase de +competir con aquel claro fanal de todas las virtudes, con aquel lirio +fragante que la Providencia iba a darle por yerno, para esto no había +perdón ni en la tierra ni en el cielo. Se enfurecía cuando le veía +acercarse a la mesa, le daba toda clase de desaires, le demostraba de +mil maneras que estaba ejecutando una acción infame. Nada, Timoteo no +cejaba. «Buenas noches, D.ª Carolina.—Buenas noches, D. +Pantaleón.—Buenas noches, Presentacioncita.» La irritada señora llegó a +pretender que Mario le hablase para hacerle desistir de su locura, y si +fuera necesario le amenazase. Pero aquél se negó a este paso ridículo.</p> + +<p>Afortunadamente el matrimonio de su niña avanzaba rápidamente hacia su +consumación, y muy pronto quedarían libres de tan enfadosa mosca. +Godofredo había insinuado ya varias veces su casto deseo. D.ª Carolina +le presentó al instante las consabidas dificultades. Era necesario +arrancar el consentimiento de Sánchez, un hombre severo, intratable; +ella intercedería; haría cuanto estuviese en su mano, etc., etc. Con +esto el deseo de Godofredo se encendió más y más, y no paró hasta que lo +puso en vía de ejecución. Pero, como joven virtuoso y timorato, quiso +dar a este asunto la solemnidad debida, haciendo intervenir en él un +representante de la religión.</p> + +<p>Godofredo tenía numerosos amigos en el clero de Madrid, alto y bajo. Era +el niño mimado de las sacristías. Pero con quien mantenía amistad más +estrecha era con cierto presbítero pálido, delgado, huesudo y miope +llamado don Jeremías Laguardia. Este D. Jeremías desempeñaba un cargo en +el Tribunal de la Rota, tenía el título de predicador de S. M. y el de +prelado doméstico de S. S. Era activo, intrigante, de genio vivo y trato +campechano. Godofredo y él se hicieron en poco tiempo íntimos amigos. +Laguardia tenía tendencias a la dominación; le gustaba servir a los +amigos, pero dominándolos. Godofredo, por su temperamento suave y dócil, +se acomodaba admirablemente a estas tendencias. Todas las tardes, sin +dejar una, venía D. Jeremías a buscar a Godofredo para salir de paseo, y +todas las mañanas, sin dejar una tampoco, iba Godofredo a oír la misa +que D. Jeremías decía en San Ginés. Recientemente el prelado doméstico +había hecho un viaje a Roma, y trajo para su amigo nada menos que un +título de <i>hijo predilecto de la Iglesia</i>. Godofredo estaba loco de +alegría. Decía que no cambiaría aquella distinción por la cartera de +ministro. D.ª Carolina lloró de gozo y le abrazó con efusión al saber la +noticia. Presentación se ruborizó de placer.</p> + +<p>Pues este presbítero, tan servicial como voluntarioso, fue el encargado +de conducir las negociaciones para el matrimonio. Godofredo le confió +sus poderes o se los tomó él; no es fácil averiguarlo. De todos modos, +cierta mañana llegó a casa del ingenioso Sánchez y tuvo una larga y +secreta conferencia con los señores. Lo que pasó en esta entrevista no +se supo, pero sí pudo observar quien le siguiera los pasos que Laguardia +se quitó las gafas para limpiarlas tres o cuatro veces antes de llegar a +casa; signo evidente de preocupación: las habituales contracciones +nerviosas de su rostro se multiplicaron hasta llamar la atención de los +transeúntes.</p> + +<p>No se alteró el curso de los sucesos en apariencia. Godofredo siguió +acudiendo a casa de su novia. El matrimonio parecía definitivamente +concertado. No obstante, cuando menos podía esperarse, Presentación +recibió una larga epístola de su futuro en que a vueltas de mil frases +dulces, untuosas, impregnadas de resignación cristiana, le manifestaba +que por el momento le era imposible pensar en casarse. ¡Rudo golpe para +él, que se juzgaba próximo a realizar el sueño de su vida! El deber, un +deber penosísimo, le obligaba a desatar el lazo que con tal anhelo +aspiraba a hacer indisoluble. Sólo la Religión (con r grande), la fe y +la tranquilidad de la conciencia podrían esparcir un bálsamo sobre +aquella herida incurable. Godofredo guardaba silencio sobre la +naturaleza del deber que le obligaba a faltar a su palabra.</p> + +<p>La carta cayó como una bomba sobre la familia Sánchez. D. Pantaleón, +aunque sintió el disgusto de su hija, sólo vio en la determinación de +Llot un fenómeno fisiológico, pero se guardó bien de explicarlo. En el +estado de exaltación en que se hallaban los ánimos pudiera levantar un +conflicto. D.ª Carolina era la única que sabía a qué atenerse. El +presbítero, en su conferencia, había insinuado la palabra dote. La buena +señora manifestó que no eran ricos y que sus hijas no podían llevarla al +matrimonio. Con esto el presbítero protestó de su intención al +pronunciar aquella palabra, declarando que nada había más indiferente a +insignificante en el matrimonio que el dinero. «Una niña virtuosa, +inocente, piadosa, como su hija, era un tesoro inapreciable. Los +intereses cosa deleznable que un joven virtuoso también y de talento, +como su amigo, despreciaba absolutamente.» Sin embargo, D.ª Carolina +tenía la certeza que ésta era la clave de la incomprensible epístola.</p> + +<p>Presentación lloró, pateó, escribió una carta llena de insultos al +traidor, y durante varios días fue el tormento y la compasión de sus +padres. Mario tomó parte también muy viva en su pesar. Con él desahogó +su pecho la dolorida niña, comunicándole las sospechas que agitaban su +alma.</p> + +<p>—Créeme, Mario, Godofredo está muy engreído. Tanto le adulan por lo +bien que escribe, tantos piropos le echan las condesas y las duquesas +con quienes trata, que ha llegado a despreciarnos. Sobre todo, desde que +le han hecho hijo predilecto de la Iglesia, te aseguro que se había +puesto irresistible. Me hablaba con un tono de superioridad y hasta de +compasión que me hería; estaba distraído, me contradecía en todo lo que +hablaba y se manifestaba tan frío que me dejaba casi todos los días +llorando. Ya ves... Mario—añadió limpiándose las lágrimas que le +brotaban a los ojos,—el que sea hijo predilecto de la Iglesia no me +parece motivo para que desprecie a una mujer que tanto le quería.</p> + +<p>—¡Claro que no!</p> + +<p>Tan mal le pareció la conducta de su amigo que resolvió pedirle +explicaciones acerca de ella. Presentación se oponía.</p> + +<p>—No es por ti solamente—le respondió Mario.—Es que lo que contigo ha +hecho resulta en ofensa mía, y quiero saber si puedo seguir siendo su +amigo.</p> + +<p>Trató de verle en el café; pero Godofredo no asistía allí desde el +rompimiento de sus relaciones, por no tropezar con la familia Sánchez. +Entonces se decidió a ir a su casa. Llot vivía en una de huéspedes, +modesta y patriarcal, de la calle de Jesús del Valle. El paraje +tranquilo, los tiestos de flores que observó en los balcones, la +escalera limpia y blanqueada y la sencilla amabilidad de la portera +produjeron excelente impresión en nuestro escultor. La casa tenía +marcado sabor conventual; había allí algo puro, inmaculado, que +correspondía admirablemente con la inocencia y las costumbres devotas de +su amigo. Es imposible, pensó al tirar del cordón de la campanilla, que +ese muchacho haya ejecutado una acción tan fea si no es por algún motivo +invencible. Salió a abrirle una vieja, y luego acudió otra, y luego +otra, todas muy limpias, muy charlatanas, muy risueñas. La primera se +informó de lo que traía por allí. Al saberlo, cayó en un espasmo de +alegría tal que nuestro joven no pudo menos de sonreír.</p> + +<p>—Viene a ver a D. Godofredo—dijo comunicándole la feliz noticia a la +segunda.</p> + +<p>Ésta la recibió con el mismo gozo y se apresuró a ponerla en +conocimiento de la tercera, que se sintió no menos satisfecha. Las tres +se le quedaron mirando en silencio, dulces y placenteras, como si +estuviesen contemplando una persona querida que no hubiesen visto en +mucho tiempo.</p> + +<p>—Pero en fin, ¿está en casa?—preguntó al cabo, un poco molesto de +aquella risa inmotivada.</p> + +<p>—¡Pues no ha de estar, señor! ¡A estas horas no ha de estar!—exclamó +la primera en el colmo de la sorpresa.</p> + +<p>—D. Godofredo no sale nunca después de almorzar—dijo otra.</p> + +<p>—Espera a D. Jeremías para tomar café. No hace más que un momento que +ha llegado—manifestó la última.</p> + +<p>—¡Ah! ¿Tiene visita? Entonces me vuelvo—replicó Mario retrocediendo.</p> + +<p>Pero ya una de las viejas había cerrado la puerta.</p> + +<p>—¡Cómo! ¡No faltaba más! Pase usted, caballero, pase usted. D. Jeremías +no es visita. Siga, siga, señor; siga adelante.</p> + +<p>Y las tres le empujaban por el pasillo hablando a un tiempo, asustadas +sin duda de que por motivo tan baladí quisiera destruir su felicidad.</p> + +<p>El pasillo resplandecía de blancura. Aquí y allá había colgadas algunas +estampas piadosas. Mario creía percibir el olor del incienso. Al llegar +a cierta puertecita adornada con una cortina de cuero, como sólo se ve +en las iglesias, una de las viejas llamó con los nudillos.</p> + +<p>—¿Se puede?</p> + +<p>—Adelante—respondió de adentro una voz que no era la de Godofredo.</p> + +<p>La vieja levantó el pestillo y empujó la puerta. La estancia que +apareció a los ojos de Mario semejaba talmente una capilla. Había allí +tanta estampa con marco dorado, tanto fanalito, tantas palmas y flores +contrahechas, que sorprendía no oír el sonido del órgano y el rezo de +los fieles. Las cortinas de damasco con una franja de galón dorado. Los +muebles viejos y lustrosos por el uso. Había una cómoda con un San +Antonio de madera encima y dos candeleros de plata a los lados, que +parecía exactamente un altar. Para que la semejanza fuese más completa, +había también su pila de agua bendita.</p> + +<p>En aquel tabernáculo no podía alojar un hombre como los demás, sino un +alma pura y virginal, una blanca paloma, un cordero místico, un San Luis +Gonzaga o una Santa Catalina de Sena. Mario notó, al poner el pie +dentro, el perfume de placidez y candor que exhalaba y sintiose poseído +de respeto. Sin embargo, en el fondo de la estancia no había ningún +ángel en oración o virgen en éxtasis, sino dos hombres tomando café al +pie de un velador y saboreando copitas de ron. D. Jeremías Laguardia, +muellemente recostado en una mecedora, chupaba un tabaco habano de +tamaño disforme. Se había quitado los manteos, quedándose en sotana, +libre y desembarazado como si estuviera en su casa. Godofredo se +levantó apresuradamente al ver a Mario y sus cándidas mejillas se +tiñeron de vivo carmín.</p> + +<p>—¿Tú por aquí? ¡Cuánto me alegro!</p> + +<p>Y le abrazó cariñosamente y le obligó a sentarse, poniéndole una copa +delante.</p> + +<p>D. Jeremías no se levantó. Su cortesía se satisfizo con incorporarse +levemente y enviar al advenedizo, a guisa de saludo, una mueca que +quería parecer sonrisa. Mario se sintió cohibido. Aquel cura no le era +simpático.</p> + +<p>Godofredo, repuesto de la sorpresa, se mostró amabilísimo con su amigo, +le colmó de atenciones, hablando sin cesar. De tal modo, que parecía +evitar cuidadosamente por medio de una conversación varia e interesante +que Mario tuviese ocasión para decirle a qué había venido. Pero éste se +mostraba a cada instante más taciturno. Bruscamente le dijo:</p> + +<p>—Godofredo, necesitaba hablarte algunos instantes a solas. Tú me dirás +a qué hora puede ser.</p> + +<p>—¿A solas?—preguntó el terso joven, ruborizándose de nuevo.—¿Por qué +a solas?</p> + +<p>—Pueden ustedes hacerlo ahora mismo, porque yo me voy—dijo el +presbítero levantándose.</p> + +<p>Pero Godofredo le tiró de la sotana y le obligó a sentarse de nuevo.</p> + +<p>—De ninguna manera, padre. ¡No faltaba más! Todo lo que Mario ha de +decirme puede usted escucharlo muy bien. ¿Verdad, querido?—añadió +dirigiéndose a su amigo con amable sonrisa.</p> + +<p>Mario quedó confuso.</p> + +<p>—Sin embargo, podemos dejarlo para otro día... Yo quisiera que nuestra +conversación fuese sin testigos.</p> + +<p>—¡Si el padre Laguardia es mi director espiritual!—exclamó el piadoso +joven volviendo hacia éste su rostro iluminado por una sonrisa de +afección filial y sumisión.—Cuanto puedas decirme no importa que sea +escuchado por él. Si no tiene importancia, porque es indiferente que lo +sepa. Si atañe a mi conciencia, porque estoy obligado a comunicárselo en +el tribunal de la penitencia.</p> + +<p>La fisonomía nerviosa del presbítero ejecutó algunas fuertes +contracciones. Para mostrarse enteramente neutral dio un largo chupetón +al cigarro, envió la bocanada de humo al aire y se quedó mirando al +techo.</p> + +<p>La sorda irritación que Mario abrigaba contra su amiguito creció. Pensó +que no quería quedarse a solas con él por miedo a las recriminaciones. Y +resolviéndose de pronto dijo con cierta aspereza:</p> + +<p>—Pues bien, el objeto de mi visita ya debes suponerlo.</p> + +<p>Godofredo le miró con ojos de asombro, tan dulces y candorosos que su +irritación se calmó un poco.</p> + +<p>—No quiero que supongas—añadió evitando su mirada—que nadie me envía +a ti. Lo mismo mi cuñada que sus padres tienen bastante dignidad para no +acordarse más del santo de tu nombre. Pero has sido mi amigo hasta +ahora, me has dado parte de tu matrimonio con mi hermana política, y al +romperlo tan bruscamente creo tener derecho a pedirte una explicación. +Deseo saber si desde que este señor ha ido a casa de mis suegros a +pedirles la mano de Presentación tienes algún agravio de ellos o de +ella.</p> + +<p>Godofredo se puso rojo de nuevo y luego pálido. Al cabo balbució con +trabajo:</p> + +<p>—Yo creo que mi carta...</p> + +<p>—Tu carta es un verdadero cien pies. Después de haberla leído con +cuidado dos veces, nada he sacado en limpio. Hay en ella una vaguedad +que parece premeditada y hasta ofensiva. Reconozco tu derecho a romper +un lazo que la ley no había consagrado todavía, pero debes de comprender +que sobre la ley está la decencia, y que entre personas decentes la +palabra algo vale. El que la rompe sin motivo podrá no tener pena, pero +desde luego queda castigado en la conciencia de las personas honradas.</p> + +<p>—¡Mario, por Dios! Me estás tratando con mucha dureza—respondió +atribulado el joven, haciendo pucheros para llorar.</p> + +<p>—Va usted a dispensarme que intervenga en este asunto—manifestó +entonces el presbítero con voz que parecía el chirrido de una bisagra +enmohecida, incorporándose un poco y llevándose nerviosamente la mano a +las gafas para sujetarlas.—Las relaciones que mi amigo Llot sostenía +con su señora cuñada han terminado no porque mediase agravio alguno, +sino por un deber de conciencia.</p> + +<p>—¡Ah, no sabía que Godofredo tuviese un compromiso de honor! De todos +modos, debiera declararlo antes del paso que ha dado, o usted en su +nombre.</p> + +<p>—No es eso, querido, no es eso—repuso el cura con sonrisa de lástima, +recostándose de nuevo y chupando el cigarro.—No se trata de un +compromiso como el que usted supone maliciosamente. Mi amigo Llot es un +joven de costumbres intachables. ¡Ojalá hubiese muchos como él! Lo que +hay es que por las cualidades que Dios le ha concedido se le ofrece un +porvenir brillante, y que este porvenir brillante puede ser cortado por +un matrimonio hecho a tontas y a locas, esto es, sin ciertas condiciones +que yo juzgo de absoluta necesidad en este caso.</p> + +<p>Mario se sintió molestado por estas palabras y replicó con viveza:</p> + +<p>—¿Pero qué tiene que ver con esto el deber de conciencia de que usted +hablaba?</p> + +<p>—¡Ahí verá usted!—replicó el presbítero con la misma sonrisa de +lástima. Y añadió después de una pausa que se prolongó hasta rayar en la +insolencia:—Los hombres a quienes la Providencia tiene reservados +ciertos destinos, Sr. Costa, no se pertenecen.</p> + +<p>Mario quedó sorprendido.</p> + +<p>—¡Ah! ¿De modo que porque Godofredo tiene un porvenir brillante está +exento de cumplir sus palabras?</p> + +<p>—¡Eso es!—replicó el padre Laguardia, sonriendo de igual modo +insolente.</p> + +<p>Levantó un poco los pies para mecerse y chupó el cigarro con +voluptuosidad.</p> + +<p>Aunque nuestro joven no tuviese un temperamento irritable, antes al +contrario había dado siempre pruebas de paciencia, los modales groseros, +despreciativos, del presbítero estaban a punto de hacérsela perder.</p> + +<p>—El porvenir de Llot—se dignó al cabo decir—es de un género +particular. En la actualidad, como usted debe de saber, no es fácil +hallar hombres que desde el comienzo de la vida manifiesten +sentimientos piadosos, se unan con el corazón y la inteligencia a la +doctrina de nuestra madre la Iglesia. La juventud está corrompida hasta +los huesos. No hay muñeco que no haga gala en el día de pisotear los +preceptos religiosos. Así, cuando aparece un joven como Llot, que a un +corazón puro y a una piedad ardiente une el talento, la ilustración, la +elocuencia...</p> + +<p>—¡Padre, por Dios!—exclamó Godofredo angustiosamente.</p> + +<p>—Cuando al talento, la ilustración y la elocuencia—siguió Laguardia +sin mirar hacia él y dirigiéndose siempre a Mario—une además la +modestia, entonces cualquiera puede decir: «Ese muchacho está llamado +por Dios para algo grande, para ser un baluarte de la fe y combatir los +perniciosos errores que andan esparcidos por el mundo.» Los que tenemos +la dicha de mantenernos firmes en medio de la tempestad, los que +flotamos por la gracia de Dios en este mar de la incredulidad, tenemos +el deber de ayudarle. Ahora bien, un matrimonio realizado con ciertos +requisitos que no necesito explicarle puede matar en flor las esperanzas +que sobre él tenemos fundadas.</p> + +<p>—Usted me permitirá. Yo pienso que un hombre debe portarse bien en +todos los momentos de su vida, cualesquiera que sean las esperanzas que +sobre él funden sus amigos.</p> + +<p>—Hay que distinguir, amigo; hay que distinguir—dijo el presbítero +volviendo a su actitud grosera.—Los hombres no somos iguales. Hay +deberes generales a todos y los hay particulares a cada uno según sus +circunstancias. Si Llot fuese un cualquiera, un empleadillo de mala +muerte, eso que usted dice estaría perfectamente. Siendo un hombre +excepcional no puede sacrificar deberes altísimos a otros más pequeños, +teniendo en cuenta que en sus relaciones amorosas nada hubo que pueda +perjudicar en lo más mínimo la honra de su señora cuñada.</p> + +<p>Mario se sintió herido y confuso. Pensó, y acaso no le faltaba razón, +que lo del empleadillo de mala muerte iba con él. La sonrisa +despreciativa del presbítero le enrojecía la cara como una bofetada.</p> + +<p>—Dígale usted ahora, padre—profirió Godofredo,—que yo, en este +asunto, no he hecho más que acatar los consejos de mi confesor.</p> + +<p>—Los consejos no; los mandatos—chilló Laguardia.—Yo, como su director +espiritual, le he ordenado renunciar a ese matrimonio. Sé que se ha +hecho violencia para ello. ¡Tanto más meritorio!</p> + +<p>Al pobre Mario, poco diestro y menos aficionado a las polémicas, no se +le ocurrió nada para combatir las teorías del presbítero. Las dio por +buenas guardando silencio. Sintió malestar indecible y pesar de haber +venido.</p> + +<p>Godofredo se apresuró a cambiar de conversación. Se habló de los amigos +del café; le hizo mil preguntas acerca de él mismo, enterándose con vivo +interés de su niño. Estuvo obsequioso y amable como él solo sabía +estarlo. Era la dulzura personificada. En cambio Laguardia, que por lo +visto había medido el alcance de Mario en los negocios de la vida, no +hizo ya de él caso alguno. Habló, chilló, rió, manoteó, dirigiéndose a +su amigo como si estuvieran solos. Imposible mostrar una indiferencia +más despreciativa.</p> + +<p>Cada vez más triste y confuso, Mario se levantó al fin y se despidió +fríamente. Godofredo le acompañó hasta la puerta de la escalera.</p> + +<p>—Puedes creerme, Mario; me ha costado muchas lágrimas el obedecerle. Si +no fuese por el cumplimiento de mi deber, jamás hubiera renunciado a la +dicha de contraer matrimonio con tu cuñada. Te ruego se lo hagas +presente, y que nunca la olvidaré en mis oraciones—le dijo al darle la +mano, mientras dos gruesas lágrimas rodaban por sus mejillas.</p> + +<p>¡Pero qué facilidad tenía aquella criatura para liquidar sus penas!</p> + +<p>Mario marchó, con la cabeza baja y el alma llena de repugnancia, hacia +casa de sus suegros. Y en el camino fue cuando se le ocurrieron mil +argumentos para desbaratar el sofisma del cura Laguardia. Siempre le +pasaba lo mismo. No era pronto más que para ver y sentir: su +inteligencia perezosa necesitaba tomarse tiempo para formar +razonamientos. Llevaba el propósito de aconsejar a su cuñada que +olvidase enteramente a Godofredo. Éste, en su concepto, era un chico de +corazón excelente, dulce y sensible como pocos, pero tan débil de +carácter que cualquiera le dominaba. Esto, unido a su devoción +exagerada, le haría vivir en poder del padre Laguardia.</p> + +<p>Cuando llamó a la puerta de su suegro percibió algo que le inquietó. +Tardaban en abrirle: creyó oír un gemido doloroso y llamó de nuevo con +sobresalto. La criada tenía la fisonomía descompuesta y le miró con ojos +extraviados.</p> + +<p>—¿Qué pasa?—exclamó anhelante.</p> + +<p>Pero en aquel instante su suegra salió de uno de los cuartos y se abrazó +a él sollozando.</p> + +<p>—¡Ay, Mario del alma, no sabes lo que acaba de suceder!</p> + +<p>El joven se puso horriblemente pálido y profirió con voz ronca:</p> + +<p>—¡Carlota!...</p> + +<p>Su mujer apareció por el extremo del pasillo pálida y grave y avanzó +lentamente.</p> + +<p>—¡Carlota! ¿el niño?...—volvió a gritar acongojadamente.</p> + +<p>Carlota hizo un signo negativo con la cabeza. En aquel momento, un grito +desgarrador hirió sus oídos. Era la voz de Presentación.</p> + +<p>D.ª Carolina quiso contarle lo que pasaba, pero los sollozos le impedían +hablar: no articulaba más que frases incoherentes, de dolor unas y de +indignación otras. Su mujer entonces le cogió por la muñeca, le arrastró +hacia la sala y le puso al cabo de lo que ocurría. D. Pantaleón había +dado como otras veces una retorta a Presentación para que la pusiera al +fuego. La niña cumplió el encargo, pero al llevársela de nuevo a su +padre, cuando éste se la pidió, el líquido se había inflamado y le quemó +la cara espantosamente. Se llamó al médico corriendo y la estaba curando +en aquel momento.</p> + +<p>Mario experimentó vivo dolor. Aunque la desgracia no hubiera recaído en +los dos seres que más amaba en el mundo, era tan afectuoso y tenía tal +predilección por su cuñada, que el disgusto no fue mucho menor. Trémulo, +acongojado, acudió al cuarto de la enferma. La desdichada Presentación +exhalaba gemidos lastimeros mientras el médico reconocía las heridas +minuciosamente. Eran tan fieras, que Mario al verlas volvió la cabeza +con espanto. Sin embargo, pudo vencerse y dijo esforzándose en dar a su +voz una inflexión natural:</p> + +<p>—No te asustes, mujer, que eso no vale nada. Tu madre y tu hermana me +habían asustado. ¿Verdad, doctor, que eso no es nada?</p> + +<p>—¡Mario! ¿Eres tú, Mario?—gritó la niña.—¡No te veo, Mario!... ¡No te +veo!... ¡no te veo!</p> + +<p>Y su grito era cada vez más alto y desgarrador.</p> + +<p>—Ya me verás... No te asustes—repuso el joven, a cuyos ojos acudieron +las lágrimas.</p> + +<p>Al mismo tiempo hizo un signo interrogativo al médico. Éste respondió +sacudiendo la cabeza con expresión de duda.</p> + +<p>Un ayudante preparaba hilas. La criada iba y venía atortolada. D.ª +Carolina sollozaba en un rincón. Sólo Carlota tenía ánimo para sostener +a su hermana y mirar sin pestañear las horribles quemaduras. Su honda +emoción no se leía más que en la blancura de cera de su tez.</p> + +<p>La desdichada Presentación no cesaba de exhalar quejas a las cuales +añadía frases desesperadas que desgarraban el alma.</p> + +<p>—¡Dios mío, qué pronto se ha concluido el mundo para mí!... ¡Quién +había de pensar hace un instante que no os volvería a ver más! Decidme, +mamá, Carlota, Mario, ¿he sido tan mala que merezca este horrible +castigo?</p> + +<p>—Calla, calla, Presentación—decía suavemente su hermana.—Es más el +susto que el daño. Dentro de ocho días no tienes nada.</p> + +<p>Cuando terminaba la cura, Mario preguntó a su esposa en voz baja:</p> + +<p>—¿Y tu padre, dónde está?</p> + +<p>No lo dijo tan bajo que no llegara a los oídos de D.ª Carolina.</p> + +<p>—¡En el infierno!—exclamó con acento rabioso.—¡Allí debía estar ese +bárbaro!</p> + +<p>Todo el respeto que durante una larga vida había ido acumulando sobre la +cabeza de su marido huyó repentinamente, barrido por la tempestad que +rugía en su alma. ¡Qué recriminaciones! ¡Qué desprecios! ¡Cuánto +denuesto! Carlota y Mario hacían esfuerzos inútiles por calmarla.</p> + +<p>Al cabo éste, pensando en la tribulación de su suegro, le buscó por toda +la casa sin hallarlo. Subió a la buhardilla, que le servía de +laboratorio, y antes de llegar escuchó sus pasos, firmes, acompasados, +por la habitación. Miró por el agujero de la cerradura. En efecto, el +célebre fisiólogo se paseaba lentamente, con las manos en los bolsillos, +de un rincón a otro de la estancia, atestada de frascos y retortas, +estampas de anatomía e instrumentos de física. Tenía los bigotes aún más +caídos que de ordinario; los ojos aún más opacos. Éstas eran las únicas +insignificantes alteraciones que se observaban en su continente. Por lo +demás, la misma suave serenidad se esparcía por su rostro reflexivo; la +misma dignidad científica surgía de sus movimientos. Mario empujó la +puerta. D. Pantaleón detuvo el paso y volvió hacia él su mirada vaga. +Avanzó algunos pasos y le estrechó largo tiempo entre sus brazos en +silencio. Al cabo dijo, apartándose, con acento solemne:</p> + +<p>—Transformaciones de la materia. ¡Una mártir más de la ciencia!</p> + +<p>Mario le contempló lleno de pasmo, como siempre que se acercaba desde +hacía algún tiempo a aquel hombre extraordinario.</p> + + + +<h3><a name="XII" id="XII"></a>XII</h3> + + +<p>Presentación no quedó ciega, pero sí desfigurada. Era un dolor ver aquel +rostro, tan hechicero en otro tiempo, ultrajado por repugnantes +costurones. La infeliz no cesaba de llorar, aunque con esto dañase a sus +ojos, aún no curados por completo. Una honda tristeza dominaba a toda la +familia.</p> + +<p>Sin embargo, su digno jefe D. Pantaleón, por virtud de una actividad +incesante, atenta siempre a los hechos, aun los más insignificantes, del +mundo de la Naturaleza, y resguardado por las grandes verdades del orden +físico y químico que había podido adquirir, se hallaba fuera del +alcance de toda emoción penosa. Había publicado ya la <i>Terapéutica del +comercio</i> y la <i>Patología administrativa</i>. Pero su inteligencia había +crecido de tal manera con el régimen de los alimentos fosfatados a que +se hallaba sometido, que estos interesantes libros nada valían al lado +de las empresas prodigiosas que su mente proyectaba. Por de pronto, +entre él y Moreno comenzaron a redactar dos revistas científicas +mensuales, una titulada <i>El Mundo Orgánico</i> y la otra <i>El Mundo +Inorgánico</i>, para dar a conocer al público las observaciones que en los +dos mundos iban haciendo con maravillosa penetración.</p> + +<p>Estas observaciones no se limitaban al laboratorio. El estudio directo +de la Naturaleza y de la vida social se las ofrecía muy varias. Para +ello hacían frecuentes excursiones a los alrededores y pueblos +comarcanos de Madrid. Generalmente las hacían a pie, vistiendo ambos el +largo y vueludo gabán característico de los sabios, sombrero de alas +amplísimas y zapatos claveteados; en la nariz, las imprescindibles gafas +de cristales ahumados y en la mano sendos paraguas de tela de algodón. +Con este arreo nadie dudaría que aquellos hombres estaban destinados a +arrancar a la Naturaleza sus secretos. Pero D. Pantaleón llevaba gran +ventaja en este punto a su compañero. Ningún sabio moderno estuvo dotado +de figura más grave, majestuosa y verdaderamente científica. Era +necesario remontarse con la fantasía a Solón o a Anacharsis el Viejo +para representarse algo tan profundo y reflexivo.</p> + +<p>Las excursiones duraban siempre un día. Era condición imprescindible que +había puesto Moreno. Y aun así apuraba casi siempre para la vuelta a fin +de no llegar después de las siete de la tarde. Traía maravillado esto al +ingenioso Sánchez y un sí es no es inquieto, porque ¿cómo acordar estas +costumbres metódicas y sedentarias con la existencia azarosa que su +amigo había llevado hasta entonces? ¿Cómo no sorprenderse de que un +hombre nacido en el arroyo y en lucha constante con la sociedad tuviese +tal cuidado de retirarse cuando las gallinas? Llegó a pensar en estas +perplejidades si Moreno estaría afiliado a la secta de los anarquistas, +y fuese la hora destinada para reunirse y concertar sus planes +siniestros de destrucción. Y andaba receloso y observándole; porque +Sánchez era un revolucionario del pensamiento nada más y no le hacía +gracia alguna hallarse complicado en el asunto de los explosivos.</p> + +<p>Algunos meses después del desgraciado accidente de Presentación, el +causante directo y el indirecto de aquella desgracia resolvieron hacer +una excursión al vecino pueblo de G... distante unas dos leguas, donde +les dijeron que había un reo de muerte que sería ejecutado a los pocos +días. Uno y otro deseaban tener con él una conferencia, estudiar sus +anormalidades orgánicas y comprobar sobre el terreno los datos +antropológicos que ya conocían teóricamente. Salieron bien de madrugada +una mañana en la disposición que otras veces y caminaron por la +empolvada carretera sin hablarse, entregados a las profundas reflexiones +que les sugería siempre el gran libro de la Naturaleza, que hoja por +hoja se proponían leer hasta el fin. El sol nadaba en un cielo azul y +límpido; el cielo de Madrid. Por todas partes se extendía una tierra +ondulante de lomos anchos redondeados y vestidos de verde por el trigo y +la cebada nacientes. D. Pantaleón, saliendo al fin de su mutismo, hizo +en voz alta la observación de que «las gramíneas estaban muy hermosas,» +a lo cual respondió su compañero que «era la época del crecimiento de +las monocotiledóneas.»</p> + +<p>Prosiguieron en silencio su camino, y poco antes de llegar a G..., se +detuvieron en un ventorro a refrescarse. Había allí un hombre de baja +estatura y recias espaldas que paladeaba un vaso de vino para marcharse +también. Este hombre trabó inmediatamente conversación con ellos, lo que +no es raro en España. El ingenioso Sánchez aprovechó la ocasión para +pedirle datos acerca del reo que iba a ver.</p> + +<p>—¿Quién, el <i>Pollo</i>? ¡Anda, que buen polvo lleva a estas +horas!—exclamó soltando la carcajada.</p> + +<p>—¿Cómo?</p> + +<p>—¡Na, que se ha fugado esta misma noche de la cárcel! Abrió un agujero +en la pared con una palanqueta, que nadie sabe quién se la dio ni cómo +la escondía, y se tiró al patio. De allí gateó por la pared y subió al +tejado de un almacén, y de allí se echó a las huertas. Hay quien cree +que está escondido en el pueblo: los civiles vigilan mucho los +alrededores.</p> + +<p>D. Pantaleón y Moreno quedaron muy disgustados. Había fracasado su +excursión. Pagaron los refrescos y salieron de la taberna. El hombre que +les diera la noticia salió con ellos, y al verlos tomar el camino de +Madrid, les preguntó con sorpresa:</p> + +<p>—¿Pero no iban ustedes a G...?</p> + +<p>—Sí, señor, pero íbamos a visitar al <i>Pollo</i>.</p> + +<p>El hombre se les quedó mirando con respeto.</p> + +<p>—¿Son ustedes, por casualidad, de la Audiencia?</p> + +<p>Los sabios quedaron un poco embarazados. Al cabo Moreno dijo:</p> + +<p>—No, señor; somos antropólogos.</p> + +<p>El hombre les contempló con gran sorpresa y mayor respeto aún. No sabía +qué era aquello, pero calculaba que debía de estar relacionado de cerca +con el gobierno.</p> + +<p>—Pues si quieren pasar por V..., adonde voy, tendrán compañía y menos +polvo.</p> + +<p>Aceptaron la oferta. Tomaron la vereda que a aquel pueblo conducía, y +Moreno y Sánchez, que no perdían la ocasión de enriquecer su cuaderno de +notas con las observaciones antropológicas que podían recoger, le +abrumaron instantáneamente a preguntas. El caminante les respondía de +buen grado. Era de fisonomía inquieta, ademanes sueltos y voz propensa a +alterarse. Parecía de carácter franco y alegre. Moreno, encargado de las +observaciones botánicas, geológicas y zoológicas, le hizo bastantes +preguntas sobre la naturaleza del suelo y sus productos. El ingenioso +Sánchez, a quien competían las biológicas y sociológicas, se informó +minuciosamente del carácter y costumbres de los habitantes. La +conversación vino por fin a recaer sobre el <i>Pollo</i>.</p> + +<p>—¿Tiene familia?—preguntó D. Pantaleón.</p> + +<p>—Sí, señor; cinco hijos.</p> + +<p>—¡Ah! Pues entonces no se hubiera hecho nada con ahorcarle si no se +ahorca también a sus cinco hijos.</p> + +<p>—¡Cómo!—exclamó el caminante dando un paso atrás.—¿Quería usted que a +esas criaturas, que la mayor tiene nueve años...</p> + +<p>—Desde luego—repuso grave y firmemente D. Pantaleón.—Para destruir el +delito es absolutamente indispensable destruir los gérmenes.</p> + +<p>—Pero ¿qué culpa tienen esos pobres niños?—exclamó cada vez más +estupefacto el hombre.—¿Qué culpa tienen esos pobres niños de que su +padre sea un bandido?</p> + +<p>Una sonrisa de lástima contrajo los labios e hizo brillar un momento los +ojos mortecinos de Sánchez.</p> + +<p>—¿Culpa? Esa palabra es un absurdo científico. El delito es un +fenómeno, ¿sabe usted? un fenómeno natural. Nadie tiene culpa de él. Al +criminal se le debe matar, no porque tenga culpa, sino porque produce +una perturbación en el organismo social. Y como esa perturbación se ha +de prolongar si tiene hijos por medio de la herencia, precisa eliminar +también a esos hijos.</p> + +<p>—Me parece a mí, señor—repuso el caminante, que sólo vagamente había +comprendido las palabras de D. Pantaleón,—que si a esos niños se les +educara con cariño serían personas honradas. Yo conozco al mayor, y +parece muy humilde el pobrecillo.</p> + +<p>—Sería inútil, créame usted. Hoy se ha adelantado mucho en esa materia. +Hoy se sabe perfectamente, examinando el cráneo y los antecedentes +hereditarios de cada hombre, quién ha de ser criminal y a qué clase ha +de pertenecer, esto es, si ha de ser asesino, incendiario, estafador, +etc. Así es que yo creo, y me propongo publicar un folleto +sosteniéndolo, que todos los hombres deben ser reconocidos al llegar a +cierta edad por antropólogos competentes, y si presentan los caracteres +del tipo criminal, que sean eliminados inmediatamente de la sociedad, si +no por la muerte, al menos por la deportación.</p> + +<p>No respondió el caminante. Volvió a examinarlos con un poco de recelo y +cambió de conversación. Al cabo de un rato, deteniéndose, les propuso +desviarse de la vereda y tomar un atajo a campo traviesa. Nuestros +antropólogos aceptaron sin vacilar, porque estaban ya bastante +rendidos.</p> + +<p>Marchaba el desconocido delante y ellos detrás. A los pocos minutos, +fijándose por necesidad en él D. Pantaleón, creyó notar en su figura +algunos signos que le llamaron la atención. Inmediatamente volvió la +cabeza y comunicó en voz baja sus observaciones con Moreno. Éste se fijó +con más cuidado y corroboró lo que su sabio compañero decía. +Cuchichearon animadamente a intervalos. Por último, D. Pantaleón, no +pudiendo resistir la gran curiosidad, con mezcla de inquietud, que +sentía, tocó en el hombro con su paraguas al desconocido y le dijo:</p> + +<p>—Va usted a dispensarme que le pida un favor. Mi compañero y yo nos +dedicamos a los estudios antropológicos, como ya he tenido el honor de +decirle. Estoy observando en su cabeza, algo que me llama la atención, y +si usted no tuviera inconveniente, le agradecería me permitiese tomarle +algunas medidas...</p> + +<p>El hombre se detuvo, les miró con estupor unos instantes y luego echó +una mirada recelosa en torno para cerciorarse sin duda de que se +hallaban en completa soledad. Esta mirada ávida causó gran impresión en +nuestros antropólogos.</p> + +<p>—Bueno—dijo el desconocido.—Tomen ustedes las medidas que gusten, +pero les advierto que hace mucho tiempo que estoy cerrado.</p> + +<p>Estas ambiguas palabras les puso aún más inquietos.</p> + +<p>D. Pantaleón sacó de los profundos bolsillos de su gabán un compás de +gruesos y le midió la longitud de la cabeza. Luego leyó en voz baja los +milímetros a Moreno, el cual torció el hocico. Tomó después el ancho, y +su resultado tampoco les satisfizo. En ambos iba creciendo la inquietud. +Sin embargo, procuraban estar finos, y lo echaban a broma de modo que el +hombre no se incomodase.</p> + +<p>—Cuidado con que no me apriete el sombrero—dijo éste riendo.</p> + +<p>Le tomaron después la medida de la talla y la longitud de los brazos en +cruz. Al ver el número que señalaba la cinta se dirigieron una mirada +de ansiedad: la consternación más profunda se pintó en sus semblantes.</p> + +<p>—El traje holgadito, ¿eh?</p> + +<p>Pero ni Moreno ni el ingenioso Sánchez estaban de humor para reírse. Lo +hicieron, sin embargo, pero resultó la risa del conejo.</p> + +<p>—Si usted me hiciera ahora el favor de la mano...—dijo D. Pantaleón +con voz temblorosa.</p> + +<p>—Hombre, es usted muy viejo... pero, en fin, allá va.</p> + +<p>—No, la derecha no, la izquierda.</p> + +<p>—¡Vaya por la zurda!—exclamó el hombre alargándola.</p> + +<p>D. Pantaleón sacó otro compás, parecido al cartabón de los zapateros, y +con las manos trémulas le dobló el dedo medio y se lo midió. Mientras +tanto Moreno inclinaba su rostro pálido haciendo esfuerzos para +averiguar el número de milímetros. Cuando Sánchez lo leyó en voz alta, +dio un salto y emprendió una carrera vertiginosa al través de los +campos. Don Pantaleón dejó caer el compás que tenía en las manos y le +siguió, esforzándose inútilmente en alcanzarle.</p> + +<p>Corrieron hasta que la fatiga les obligó a detenerse. Volvieron la +cabeza, y observando que el desconocido no los seguía, se calmaron un +poco. El estallido de unos cohetes les hizo comprender que el pueblo +estaba cerca, y se dirigieron hacia el sitio donde sonaban a paso largo.</p> + +<p>—¡Es el <i>Pollo</i>!—exclamó al fin D. Pantaleón con respiración +anhelante.</p> + +<p>—¡Quién puede dudarlo!—repuso Moreno echando hacia atrás otra mirada +de terror.</p> + +<p>Y mientras no se acercaron a las primeras casas, no cambiaron otra +palabra.</p> + +<p>El pequeño pueblo de V..., contra lo que ellos imaginaban, estaba +animadísimo. Los vecinos, en traje de día de fiesta, discurrían por las +calles. Las jóvenes, adornadas con lindos pañuelos de colores, formaban +grupos a las puertas de las casas. Vendedores de frutas y confites +atronaban con sus gritos. Las tabernas rebosaban de gente, y los puestos +de vino entoldados que había en medio de las calles lo mismo. Repicaban +las campanas y estallaban sin cesar los cohetes. El sol reía en el +espacio.</p> + +<p>Nuestros antropólogos se enteraron en seguida de que se celebraba la +fiesta de la santa patrona del pueblo, y no les pesó de llegar a este +tiempo, porque el estudio concienzudo del instinto religioso en el +animal humano les preocupaba hacía tiempo, sobre todo a Moreno. Así que, +después de descansar unos minutos en los bancos de una taberna, se +encaminaron a la iglesia, donde les dijeron que iba a comenzar pronto la +solemne misa cantada. Sus figuras, un poco raras, aunque científicas, no +dejaban de llamar la atención en el pueblo, aunque estuviese éste tan +próximo a Madrid. Quizá en Madrid llamasen también la atención; porque +en la capital de España, no hay más remedio que confesarlo, tampoco es +frecuente ver a los sabios en su verdadero traje por las calles.</p> + +<p>La iglesia resplandecía por dentro de luces y ornamentos. Parecía, según +la expresión vulgar, un ascua de oro. Los fieles comenzaban a acudir y +se iba llenando lentamente; y según se iba llenando el calor se hacía +insoportable. Cerca del altar mayor, en otro portátil, estaba la santa +patrona rodeada de cirios y flores. Al cabo de larga espera el órgano +hizo vibrar sus notas poderosas por el ámbito del templo, y en la +puertecilla de la sacristía aparecieron los tres sacerdotes con sus +brillantes capas de tisú de oro y se dirigieron al altar. Detrás de +ellos entraron algunos otros clérigos y varios particulares +privilegiados, que se acomodaron en el presbiterio para oír la misa. +Nuestros sabios quedaron sorprendidos al ver entre estos últimos a su +joven amigo Godofredo Llot. A Moreno le hizo extremada gracia, y se +propuso sacar mucho partido cuando fuese por el café. A D. Pantaleón no +le hizo tanta por las relaciones especiales que entre ellos habían +existido. Cerca de él vieron al presbítero Laguardia, y esto contribuyó +aún más a ponerle de mal humor; porque odiaba a este clérigo como tal, y +además por el papel que había representado en el fracasado matrimonio de +su hija.</p> + +<p>Pero la observación de aquellos curiosos ritos religiosos que ambos +examinaban como si por primera vez los hubieran visto en su vida, le +distrajo de todo incómodo pensamiento. De vez en cuando se comunicaban +en voz baja las profundas reflexiones que el culto les sugería.</p> + +<p>—Siendo todas las divinidades en su origen, como usted sabe muy +bien—decía Moreno metiéndole la boca por el oído a su +amigo,—individuos humanos que han demostrado alguna superioridad y han +hecho algún beneficio, sería curioso saber quién era esa mujer que está +ahí en el altar antes de ser divinidad y a qué se dedicaba.</p> + +<p>—Yo imagino—respondía el ingenioso Sánchez en voz de falsete +también,—teniendo en cuenta su traje rico de brocado, que debía de ser +alguna señora pudiente de los contornos que en su tiempo se dedicaba a +proteger a los labradores, tal vez facilitándoles dinero sin interés o +semillas para la siembra.</p> + +<p>—No; yo creo más bien que sería una comercianta que expendía los +géneros más baratos, y de este modo se captó la admiración del pueblo, +que después de su muerte la erigió en divinidad. ¿No ve usted la cajita +que tiene en la mano derecha? Parece un azucarero.</p> + +<p>—Es un jarro; repárelo usted bien. Puede que tuviera una gran lechería +y diese los sobrantes de la leche a los pobres. El perro que lleva a su +lado parece confirmarlo, dado que los perros son los encargados de la +guarda del ganado. De todos modos, ya nos informaremos de los vecinos +más viejos.</p> + +<p>Por más que hablasen bajo, aquel coloquio en el momento de celebrarse el +santo sacrificio de la misa estaba escandalizando a una vieja, que al +fin les reprendió ásperamente y les obligó a guardar silencio. +Obedecieron los sabios pensando que no era prudente despertar «los +instintos salvajes del hombre primitivo emocional.»</p> + +<p>La misa duró una buena hora. Paulatinamente iban perdiendo la gana de +hacer observaciones antropológicas y sintiendo la necesidad de restaurar +el estómago, pues eran ya las doce del día. Cuando los clérigos se +retiraron, la muchedumbre, que se agolpaba a la puerta para salir, les +impidió hacerlo en un buen rato. Al poner el pie en el pórtico se +tropezaron con un grupo de clérigos, y entre ellos a Godofredo Llot, que +sin duda había salido por otra puerta. Aunque tuvo intentos de eludir +su saludo no pudo hacerlo: al cabo vino hacia ellos sonriente y +afectuoso como lo estaba siempre aquel joven eminente, y les abrazó con +efusión.</p> + +<p>—¡Ustedes por aquí!... ¡Cuánto me alegro!</p> + +<p>Moreno correspondió con agrado a este saludo, pero empezando a cultivar +la nota humorística, repuso:</p> + +<p>—Pues nosotros al entrar en la iglesia casi teníamos la seguridad de +hallarte en ella.</p> + +<p>Godofredo no hizo caso y les presentó a los clérigos con quienes se +hallaba. D. Pantaleón estuvo digno y cortés. Salieron todos del pórtico, +y cuando hubieron andado un corto trecho, Moreno preguntó a Llot si +sabía de algún sitio donde se pudiera almorzar medianamente. Oyó la +pregunta el párroco del pueblo, que venía entre ellos, y atajó la +respuesta diciendo en voz alta, imperativa:</p> + +<p>—Ustedes, señores míos, no van a almorzar a ningún lado, sino a mi +casa. Los amigos de nuestros amigos son nuestros amigos.</p> + +<p>Los antropólogos quisieron rehusar la invitación porque no les placía +comer entre curas; pero no fue posible.</p> + +<p>—No se hable del asunto. Ustedes hacen hoy penitencia con nosotros. +Aquí ejerzo yo de pontífice: impongo ayunos y vigilias. Otra vez tengan +cuidado de no caer en mis dominios.</p> + +<p>Era el párroco un hombre de cincuenta años de edad próximamente, alto, +seco, moreno, cabellos negros aún, revueltos y crespos, los ojos vivos y +severos, la expresión de su rostro franca y resuelta. A pesar de la +dureza que en él se notaba inspiraba confianza y simpatía desde luego. +Parecía un veterano afeitado y con los hábitos de sacerdote.</p> + +<p>Su casa estaba próxima. Entráronse todos por ella, subieron la estrecha +y antigua escalera, y en una sala no muy espaciosa hallaron la mesa +puesta. Sentáronse presto y dio comienzo el festín. Estaban bien +apretados, porque eran más de veinte los comensales, casi todos +clérigos, y la mesa no daba comodidad para más de doce o catorce. Se +comió y bebió gallardamente. Moreno se mostraba torvo y receloso, +hallándose tristísimo en la aborrecible compañía de «tanto explotador de +la ignorancia humana.» En cambio D. Pantaleón, siempre grande y +profundo, parecía hechizado; no se cansaba de hacer observaciones +antropológicas sobre todo lo que veía y oía, sacando a cada instante su +cuaderno de notas y escribiendo en él, sin advertir la curiosidad de que +era objeto.</p> + +<p>—Oiga usted, amigo—dijo al cabo con mal humor un presbítero que +reventaba de gordo y se había quitado el alzacuello para comer +mejor.—¿Es usted el encargado de las cédulas personales?</p> + +<p>Sánchez le miró estupefacto.</p> + +<p>—¿De las cédulas?... No, señor. Éste es un libro de memorias.</p> + +<p>—El señor—dijo Moreno con sentido irónico y sonriendo +maliciosamente—no es el encargado de las cédulas, sino de las +<i>células</i>.</p> + +<p>D. Pantaleón cambió con él una risueña mirada de inteligencia y quedó +admirado de la gracia y penetración de su amigo.</p> + +<p>Los clérigos los miraban con sorpresa y desconfianza. Godofredo estaba +inquieto, y se apresuró a distraer a los comensales con nueva +conversación.</p> + +<p>El vino despierta siempre con viveza los sentimientos tiernos y las +ideas metafísicas. Así que a los postres, varios de aquellos presbíteros +se juraban, estrechándose la mano, eterna fidelidad. Algunos se +prometían ayuda corporal en el caso de que el sagrado pasto de los +mansos parroquiales fuese violado por las ovejas de los incrédulos. Se +hacían reticencias oscuras sobre el obispo, que les hacía prorrumpir en +carcajadas desaforadas; se dirigían pullas amistosas acerca de los +derechos de pie de altar que cada cual recogía; se hablaba con +enternecimiento de la cosecha y se probaba matemáticamente la existencia +de Dios.</p> + +<p>Esto último no quería oírlo Moreno, quien alimentaba hacia el Ser +Supremo un rencor que D. Pantaleón hallaba bien justificado. En +realidad, no se abandona así a un hombre en medio del arroyo, expuesto a +que todo el mundo lo pise. Y claro está, Moreno hacía contra él lo que +más rabia podía darle: le negaba la existencia. Sin embargo, como se +hallaba entre sus ministros, le guardaba ciertos miramientos que en otro +sitio se hubiera desdeñado de concederle.</p> + +<p>—Con permiso de usted, a mí me parece que la existencia de un ser +creador de todas las cosas no es tan fácil de probar.</p> + +<p>—Se prueba, como tres y dos son cinco—gritó un presbítero +escanciándose una copita de aguardiente.—Verá usted si lo pruebo...</p> + +<p>Y así que la hubo bebido comenzó a soltar con calma una serie de +silogismos en latín que haría estremecer a Tito Livio en su tumba. Los +compañeros le escuchaban con poca atención, pero movían la cabeza +afirmando. Desde hacía muchos años no se celebraba en los contornos +ninguna fiesta parroquial en que después de la comida faltasen los +silogismos del cura de N... En cuanto bebía la tercer copa de anisado, +ya se sabía, era necesario probar las verdades de la fe.</p> + +<p>—Todo eso estará muy bien—replicó atajándole Moreno,—pero dígalo +usted en castellano para que yo pueda contestarle.</p> + +<p>El clérigo le echó una mirada de soberano desprecio.</p> + +<p>—¿No sabe usted latín?... ¡Vaya, vaya a la escuela!</p> + +<p>Los compañeros rieron mucho. Moreno, picado en lo vivo, replicó que el +latín sólo servía para hacer pedantes, que lo que se había escrito en +este idioma no tenía ya utilidad para los grandes adelantos de la +ciencia, y que las mismas Escrituras no se habían escrito en latín, sino +en hebreo. Con este motivo se empelotaron en una disputa violenta y +agria. En el curso de ella Moreno, aunque procuraba tener la lengua por +hallarse en casa ajena y entre gente fanática, no pudo menos de verter +algunos conceptos poco respetuosos hacia Moisés. El presbítero gordo, +que era sin duda el más irritable del concurso y había escuchado la +disputa con visible impaciencia, se enfureció de pronto.</p> + +<p>—Oiga usted, amiguito, eso que está usted diciendo es herético.</p> + +<p>—Yo digo lo que se me antoja.</p> + +<p>—Es usted un badulaque.</p> + +<p>—Y usted un...</p> + +<p>—¡Alto, señores!... ¡Alto!... ¡Un poco de calma!... ¡No irritarse!...</p> + +<p>Hubo algunos instantes de confusión. El presbítero quería arrojarse +sobre Moreno y Moreno sobre el presbítero. A duras penas lograron +contenerlos, sobre todo al primero, que era hombre de bríos.</p> + +<p>Cuando se restableció un poco el sosiego, el ingenioso Sánchez, radiante +de majestad filosófica, se levantó de la silla, y con grave ademán y +sonrisa dulce, cerrando los ojos con un sentimiento de completo +bienestar, habló de esta manera:</p> + +<p>—Señores, en este momento acaba de producirse aquí un fenómeno del +orden natural, y siendo del orden natural, absolutamente necesario. ¿Y +por qué es necesario? Porque como ha dicho muy bien un ilustre pensador, +las leyes de la Naturaleza son eternas e inmutables. El fenómeno que +aquí se ha producido es el de dos cuerpos que, caminando por el espacio +en sentido contrario, se encuentran. ¿Qué acontece entonces? Que si la +fuerza de ambos es idéntica se neutraliza y quedan en reposo; si la del +uno es mayor que la del otro, el primero consigue arrastrar al +segundo... Yo espero, señores, que en el presente caso sucederá lo +último...</p> + +<p>La sonrisa de Sánchez se hizo aún más dulce. Sus ojos opacos, benignos, +pasearon una mirada por los circunstantes, que le escuchaban con la boca +abierta.</p> + +<p>—Señores: una piedra que no esté sostenida por algo caerá seguramente. +Es un hecho comprobado por la experiencia. Éstos son los hechos que nos +competen a mi amigo Moreno y a mí. Pero hay otros hechos, tales como las +ideas de Dios, de la inmortalidad, de lo bello y de lo justo, que no +están comprobados por la experiencia y esos os competen a vosotros. +Vosotros representáis la infancia de la humanidad; por eso en vosotros +existe la debilidad y la inocencia que caracterizan a los niños, algo +amable y hasta cierto punto digno de respeto, que yo me complazco en +reconoceros. Nosotros representamos la edad viril; por eso en nosotros +existe la fuerza, el poder, la dureza si es caso, que son las +cualidades del hombre en la plenitud de la vida. Vosotros sois los +apóstoles dulces de los sueños infantiles: encariñados con vuestras +ideas como los niños con sus juguetes, tembláis y suspiráis cada vez que +un hombre inflexible como mi amigo Moreno extiende brutalmente su mano +para arrancároslos... Por desgracia, tal dureza es de absoluta +necesidad, y así como a los niños se les quita los juguetes para +encaminarlos a la escuela, mi amigo Moreno ha necesitado mostraros su +poder y su fuerza para que os hagáis cargo de que ha llegado el momento +de someter vuestro criterio al yugo inflexible de los hechos. La +ciencia, incansable en la investigación de la verdad, ha arrancado a los +dioses el cetro y la corona. ¿Y para qué les ha arrancado el cetro y la +corona? Para dárselo al calórico, al magnetismo, a la electricidad... +Pero vosotros permanecéis fieles a las antiguas ilusiones; lloráis la +ruina de vuestras creencias: no seré yo el que os recrimine por esto. +Sin embargo, creo que ha llegado ya la hora de secarse las lágrimas, de +abandonar los lirismos, de despojaros de esos hábitos y poneros la +blusa del operador. ¿Y para qué os habéis de poner la blusa del +operador? Para ayudarnos a desterrar de la humanidad todo lirismo, toda +poesía, toda superstición. Es necesario abrir los ojos y comprender que +el misterio de la existencia no es tal misterio. La ciencia lo ha +explicado ya cumplidamente. Es necesario entender que no hay un solo +Dios, sino cuatro, que son el oxígeno, el hidrógeno, el carbono y el +ázoe...</p> + +<p>Al llegar a este punto dio una gran voz el párroco y se levantó de la +silla, irguiéndose su figura recia, avellanada, sobre todas las demás, +fulminando rayos por los ojos.</p> + +<p>—¡Alto ahí, señor mío! Yo no puedo consentir que en mi propia casa, en +la casa de un sacerdote y en presencia de otros sacerdotes, profiera +usted semejantes blasfemias. Hemos estado escuchando por no faltar a la +hospitalidad; ya mi paciencia se ha acabado y no toleraré que usted +pronuncie otra sola palabra...</p> + +<p>Los demás clérigos se levantaron también, y pálidos y trémulos y +clavando en nuestro sabio antropólogo miradas de indignación, gritaban +agitando los puños:</p> + +<p>—¡Eso es!... ¡No debemos escucharle!... ¡A la calle!... ¡a la calle!</p> + +<p>No es fácil representarse el estupor que se apoderó del ingenioso +Sánchez al ver a aquellos energúmenos vociferando frente a él y +metiéndole los puños por la cara. Todo su discurso estaba lleno de +benevolencia, de ideas conciliadoras; creía estar lisonjeándoles; hasta +esperaba verlos enternecidos como él andaba cerca de estarlo. Y he aquí +que de repente se levantan frenéticos, amenazadores. Tan estupefacto +quedó que no acertaba a decir palabra. Inmóvil, con la copa en la mano, +les contemplaba con ojos de espanto. En cambio a su amigo Moreno se le +desató la lengua mejor de lo que hacía al caso y, encarándose con ellos, +les dijo en términos crudos que aquella intolerancia era bien propia de +los defensores del oscurantismo, que cuando faltan las razones se acude +a las amenazas, y que su amigo Sánchez había hecho mal en malgastar su +ciencia con quien no había de entenderle.</p> + +<p>—¡Ah! ¿Chillas todavía, pendón?—gritó entonces el presbítero gordo, +espíritu impetuoso como ya sabemos. Y alzando la mano, le sacudió un +terrible bofetón.</p> + +<p>Fue la señal. Más de veinte manos se posaron alternativa o +simultáneamente sobre las mejillas del joven naturalista. D. Pantaleón +acudió a socorrer a su amigo y también le tocaron algunos porrazos. El +furor se enseñoreó de todas las cabezas clericales. Ruedan las sillas, +quiébranse platos y botellas; la pequeña sala resuena con los gritos de +los enfurecidos presbíteros. Godofredo, llorando a lágrima viva, trata +de contenerlos, implorando, persuadiéndoles con palabras fervorosas. El +padre Laguardia le ayuda en esta tarea, haciendo lo posible por sujetar +al presbítero gordo, el más sanguinario de todos.</p> + +<p>—¡Dejadme, dejadme!—gritaba con voz estentórea.—Quiero arrancar todas +las muelas a ese <i>esprit fort</i>.</p> + +<p>Y este deseo extravagante, más propio de un dentista que de un +licenciado en sagrada teología, llenaba de terror el alma de Moreno. +Cada vez que llegaba a sus oídos se le doblaban las piernas. Porque +nunca había imaginado necesitar, tan joven, dentadura postiza.</p> + +<p>Acudieron al estrépito el ama del cura y las mozas que le ayudaban en la +cocina; pero en vez de echar aceite a las olas irritadas, soplaron sobre +ellas el viento de la cólera. El ama imaginó en seguida que su señor +estaba en peligro de muerte por las asechanzas del cura de F..., con +quien mantenía rivalidad desde la compra de cierta mula que ambos +apetecían, y sin más reparar, con la paleta del fogón le dio un golpe en +la cabeza. <i>Similia similibus curantur.</i> Gracias a este revulsivo +poderoso apaciguose la cólera de los clérigos. Todos acudieron al pobre +cura de F..., que yacía herido en el suelo. La lluvia de bofetadas que +caía sobre las mejillas de Moreno cesó como por ensalmo. Hízose el +silencio y vino el arrepentimiento. El ama lloraba y pedía perdón. El +presbítero gordo también se recriminaba duramente como causante +indirecto de aquella desgracia. El párroco dictaba disposiciones para +curar la herida de su colega. Entre ellas, la primera fue enviar en +busca del médico. Y mientras llegaba se le pusieron compresas de agua +fría y se le trasladó a la cama. La desolación reinaba en aquel recinto +donde pocos momentos antes todo era júbilo. Y en resumen, ¿por qué? Por +si Moisés había echado mal o bien la cuenta de los días de la creación. +¡Una cosa tan lejana!</p> + +<p>Los clérigos debieron de entender que se habían excedido un poco en la +defensa de aquel patriarca, porque dirigían la palabra con semblante +humilde tanto a D. Pantaleón como a Moreno. El mismo presbítero gordo +vino a decirles que retiraba todas las bofetadas que había dado. Con +esto D. Pantaleón se dio enteramente por satisfecho, y no comprendía +cómo Moreno se mostraba aún torvo y enojado.</p> + +<p>El médico no estaba en el pueblo. En su lugar vino el albéitar. Los +sabios antropólogos dieron un paso atrás, abriendo los ojos +desmesuradamente al ver entrar al Pollo.</p> + +<p>—¿Quién es ese hombre?—preguntó D. Pantaleón a un clérigo.</p> + +<p>—¿Quién ha de ser? El albéitar.</p> + +<p>Los dos sabios se miraron uno a otro largamente, con sorpresa por parte +de Sánchez, con sorpresa y reconvención por la de Moreno.</p> + +<p>—¿Ha tomado usted con exactitud las medidas?—dijo éste, al fin, en voz +baja.</p> + +<p>—Perfectamente—repuso D. Pantaleón muy quedo también.</p> + +<p>—¿No se habrá corrido el compás?</p> + +<p>—Ni un milímetro; estoy seguro.</p> + +<p>Moreno sacudió la cabeza con gesto dubitativo, mientras su amigo +continuaba asegurando por medio de expresivos ademanes la exactitud de +los datos antropométricos que había tomado.</p> + +<p>El albéitar reconoció al herido y recetó un bálsamo. Al levantar una de +las veces la cabeza y reconocer a sus compañeros de viaje preguntó con +semblante risueño:</p> + +<p>—¡Hola, camarás! ¿están ustedes por aquí? ¿Quieren explicarme por qué +han escapado de mí hace poco, como si fuese del diablo?</p> + +<p>Los fisiólogos se pusieron colorados.</p> + +<p>—No escapamos—balbuceó Sánchez,—es que teníamos prisa de llegar al +pueblo.</p> + +<p>El albéitar les miró un instante con sorpresa y bajó de nuevo la cabeza +para atender a la del herido.</p> + +<p>Moreno y Sánchez se hicieron una seña, y aprovechándose de la +distracción general, se escabulleron bonitamente, bajaron la escalera y +se plantaron en la calle. Desde allí dirigiéronse a la estación del +tranvía, y metiéndose en el primero que salió, regresaron en pocos +minutos a Madrid, no muy contentos del resultado de aquella famosa +salida antropológica.</p> + + + +<h3><a name="XIII" id="XIII"></a>XIII</h3> + + +<p>Durante año y medio Mario desempeñó atentamente cuantos trabajos le +encomendaba su amigo y protector Rivera. Mas no se despidió por eso de +su antigua afición a la escultura. En su gabinete, a las horas que tenía +libres, seguía rindiéndole el mismo culto fervoroso y humilde. Miguel +había hecho poco caso hasta entonces de aquellas aficiones. Mas un día, +al pasar por delante del cuarto de su amigo, viendo por la puerta, que +se hallaba entreabierta, una figura tapada con un lienzo, se decidió a +entrar. Levantó la tela y quedó gratamente sorprendido. Era una pequeña +figura de cuatro pies de alto que representaba a Ofelia coronada de +flores. Había tanto desembarazo en la postura, tal delicadeza en las +facciones, tanta inocencia en la expresión, que jamás había visto una +interpretación más viva de la inmortal heroína de Shakespeare. Quedó +pensativo y preocupado. Cuando Mario llegó a comer le preguntó afectando +indiferencia:</p> + +<p>—¿Cuándo has terminado esa figurita que tienes en el cuarto?</p> + +<p>Mario se puso colorado.</p> + +<p>—Aún no está terminada; faltan algunos detalles.</p> + +<p>—No está mal hecha. Hay verdadero sentimiento en ella; se conoce que el +Hamlet te ha impresionado hondamente.</p> + +<p>Como Miguel era parco en los elogios y su espíritu más propenso a la +burla que al entusiasmo, al menos en apariencia, Mario experimentó al +oír tales palabras vivo placer.</p> + +<p>Trascurridos algunos días, Rivera volvió a sacarle la conversación de la +escultura. Se anunciaba una exposición de bellas artes para la próxima +primavera. Con tal motivo hablaron de los pintores y escultores más en +boga, ponderando los méritos de cada uno. Después de larga pausa en que +Miguel quedó pensativo, dijo de pronto:</p> + +<p>—¿Por qué no haces algo para la exposición?</p> + +<p>Mario pareció confuso. Bajó la cabeza balbuceando algunas frases que +revelaban su modestia.</p> + +<p>—Creo que estás un poco equivocado respecto a tus fuerzas—replicó +Rivera.—No es malo, porque el artista que se engríe se amanera: precisa +estar descontento siempre de lo que se hace para progresar. Pero no +basta que tú te juzgues: es necesario que te juzguen los demás, y no +sólo los amigos, sino el público, o por mejor decir, los hombres de +gusto que hay dentro de él. Cuando conozcas una muchedumbre de juicios, +comparándolos después con el tuyo, podrás formar idea aproximada de lo +que vales. El mío es que tienes aptitud para el arte que cultivas. Si +creyese que no la tenías me guardaría de proponerte que presentases obra +alguna en el certamen, porque te quiero demasiado para exponerte a +hacer un papel desairado o ridículo. Piénsalo, pues, bien, y si hallas +en tu imaginación algún asunto adecuado a tus facultades, dímelo y +hablaremos.</p> + +<p>Con estas palabras Mario quedó profundamente meditabundo. Anduvo varios +días inquieto, preocupado, silencioso. Al cabo, dirigiéndose a Miguel +con brusco ademán y una particular sonrisa, cuya amargura no se le +escapó a aquél, le dijo de pronto:</p> + +<p>—He pensado en aquello, D. Miguel. No se me ocurre nada. Más vale que +olvidemos eso y sigamos como hasta ahora rindiendo culto al arte de +Fidias en secreto y en los ratos de ocio.</p> + +<p>Miguel le miró en silencio y con atención algunos momentos.</p> + +<p>—No es verdad. Me estás engañando y te invito a que no lo hagas. Creo +tener derecho a que me hables con franqueza.</p> + +<p>Se obstinó todavía algún tiempo; pero viendo a su amigo triste y +disgustado, le dijo al fin esforzándose por sonreír:</p> + +<p>—Hace ya tiempo que se me ha ocurrido un pensamiento; pero no me creo +con fuerzas para llevarlo a cabo... Además, se exigen una porción de +medios...</p> + +<p>—Explícame el pensamiento.</p> + +<p>Se trataba de un grupo representando la profecía del Tajo al rey D. +Rodrigo tal como se describe en la famosa poesía del maestro Fray Luis +de León. Aparecerían en él tres figuras: la del rey y la Cava en tamaño +natural; la del río en colosal. El pedestal iría cubierto de bajos +relieves representando diversos episodios de la invasión árabe y la +caída del imperio gótico.</p> + +<p>—Ya usted ve que necesito todo mi tiempo—concluyó diciendo,—si he de +terminarlo para la época de la exposición, y un local a propósito.</p> + +<p>Miguel no respondió. Se apartaron en silencio. Al día siguiente le +condujo de paseo al barrio del Pacífico. Al pasar por delante de unos +almacenes sacó una llave, abrió una puerta y empujándole dijo:</p> + +<p>—Ahí tienes taller. El tiempo también es tuyo. ¡A trabajar!</p> + +<p>Mario le abrazó con efusión. El recinto era espacioso, de techo elevado, +lleno de luz. Se trasportaron los útiles inmediatamente, se compró lo +que hacía falta y desde la mañana siguiente bien temprano Mario apenas +salió de allí más que para dormir. Por espacio de algunos meses vivió en +un estado febril; apenas comía, apenas dormía; tan profundamente +distraído, que se le olvidaban los menesteres más corrientes de la vida. +Si Carlota no le vigilase saldría a la calle con las botas rotas o sin +corbata. Hablaba poco y no siempre acorde.</p> + +<p>Algunas veces Miguel y Carlota iban a visitarle al taller. Pero, aunque +no lo manifestase, estas visitas le turbaban. Únicamente cuando traían a +su hijo olvidábase de la obra que tenía entre las manos, como del resto +del mundo; lo estrechaba contra su corazón, lo besaba con frenesí y +parecía que de aquel contacto mágico sacaba nuevas fuerzas y nueva +inspiración.</p> + +<p>Una tarde Rivera y Carlota llegaron al taller. Al empujar la puerta +vieron al joven revolcándose por el suelo y mesándose los cabellos +mientras lanzaba imprecaciones y palabras incoherentes. Carlota quiso +precipitarse a su socorro, pero la retuvo Miguel.</p> + +<p>—¡Silencio!—le dijo al oído.—No temas. Tu marido se halla en la hora +negra del artista. Las sacras musas duermen o están ocupadas en este +momento y no pueden atenderle. Pero descuida, no tardará en levantarse.</p> + +<p>Dieron una vuelta por los alrededores, y en efecto, cuando tornaron +Mario se hallaba de nuevo trabajando y con tal ardor que no advirtió su +presencia hasta que le tocaron en el hombro.</p> + +<p>Pero Carlota no concedía la importancia que Miguel a los trabajos +artísticos de su esposo. El arte para ella era un recreo, una +distracción: nada tenía que ver con el problema serio de ganar el +sustento, que aún no estaba resuelto. Así que no podía menos de mostrar +su indiferencia cuando se trataba de la escultura. En cambio se enteraba +con gran interés de cualquier empleo vacante de que le hablasen. Mario +notaba esta indiferencia y no podía menos de sentirse entristecido y +desalentado. Un día, muy tímidamente, porque adoraba a su mujer, se +atrevió a quejarse a Miguel. Quedó éste pensativo unos momentos y le +dijo:</p> + +<p>—No te pese de la manera de ser de tu esposa. Carlota es un espíritu +sensato, lúcido, equilibrado. No tiene la imaginación propensa a los +sueños, ni facultades para introducirse en el mundo del arte y la +poesía. ¡Qué importa! La poesía es ella misma. Basta mirar su bella +figura escultural y contemplar sus grandes ojos suaves, claros, +hermosos; basta escuchar sus nobles palabras y ver sus acciones, más +nobles aún, para sentirse cerca del origen de toda poesía... Además, +nunca he creído que al artista le convenga una esposa de imaginación +exaltada, de temperamento nervioso, inquieto y refinado como el suyo. +Esta paridad de humores produce casi siempre funestos resultados. Tú +sabes muy bien, y perdona lo indecoroso de la comparación, en gracia de +su exactitud, que a un caballo demasiado vivo y fogoso se le pone por +compañero en el tronco otro firme y resistente, aunque de menos sangre, +para que contrarreste sus ímpetus. Pues en el matrimonio sucede lo +mismo. Si el hombre de imaginación tiene una compañera de temperamento +fantástico como el suyo, ambos corren peligro de precipitarse en la +desgracia. Duerme, pues, tranquilo sobre el corazón de tu Carlota; +acepta su cariño con gratitud y bendice a la Providencia que te ha +concedido una mano fiel para atravesar esta existencia tan triste y +oscura... ¡Ay! ¡Yo también tuve una mano!... ¡también tuve un corazón +sobre el cual mi alma reposaba sin cuidado!...</p> + +<p>Los ojos del antiguo periodista se rasaron de lágrimas al pronunciar +estas palabras. Mario le estrechó la mano en silencio.</p> + +<p>Llegó por fin el mes de Febrero, época en que debía inaugurarse la +exposición de Bellas Artes. Mario hizo un esfuerzo supremo, y el magno +grupo quedó terminado a tiempo y vaciado en yeso. Cuando Rivera, que +había dejado de ir al estudio en los últimos tiempos adrede, lo vio en +esta forma, quedó gratamente sorprendido. La obra superaba a todas las +esperanzas que había concebido. Sin embargo, temiendo que su cariño por +el artista le cegase, llevó a algunos amigos suyos entendidos en el +arte. Los inteligentes confirmaron su juicio. La obra se apartaba +bastante de las tendencias dominantes en la escultura. Sus figuras eran +menos activas y movidas, pero en cambio brillaban por la gracia y la +ingenuidad. Se conocía a la legua que su espíritu se hallaba +profundamente impresionado por la estatuaria griega, y que adoraba en +ella el sentimiento de la medida, la vida en el reposo, la grave +serenidad, el desdén de los efectos. Pero este desdén, que se advertía +demasiado en el grupo del joven escultor, en concepto de los amigos de +Rivera le perjudicaría mucho para el éxito en el certamen.</p> + +<p>Felizmente no fue así. El público se detuvo con placer delante de +aquellas nobles figuras ejecutadas sin esfuerzo. La delicadeza y +valentía con que estaban modelados los bajos relieves llamaron asimismo +la atención. Aunque hubiese en la sala obras de más apariencia y +estuviesen firmadas por escultores reputados, al cabo de algunos días +nadie dudaba que el autor de la <i>Profecía del Tajo</i> era un artista +sobresaliente que se revelaba con originalidad e independencia. Un +periódico llegó a decir que parecía un griego resucitado y que si +continuase con la misma fortuna trabajando llegaría a desempeñar en +España el papel que hizo Canova en Italia, esto es, sería un regenerador +de la escultura.</p> + +<p>Estos elogios prematuros le perdieron. El artista cuyos límites se +perciben pronto encuentra fácil y llano el camino: las puertas se le +abren, las bocas le sonríen. Mas ¡ay! aquel cuyo alcance no se mide de +golpe eternamente tropezará con la desconfianza y la aversión de sus +émulos. Éstos ocultaban artificiosamente el favor que el público +tributaba a la obra del joven escultor. Cuando <i>un maestro</i> se veía +obligado a emitir su opinión acerca de ella, lo hacía con esa habilidad +que todos conocen.</p> + +<p>—¡Oh! ¡Costa!... ¡Buen muchacho!...No cabe duda que tiene felices +disposiciones. Cuando se le quite ese encogimiento natural del que +principia será un verdadero artista. Hay algunos pormenores en su grupo +dignos de llamar la atención... ¿Pero ha visto usted el <i>Titiritero</i> de +Suárez? ¡Qué admirable! ¿verdad? ¡Qué expresión! Es la obra de un +maestro.</p> + +<p>A los oídos de Mario no llegaban estos juicios de sus compañeros. Sólo +el rumor del público y de sus amigos le traían elogios y plácemes. Los +miembros del jurado se mostraban con él deferentes y afectuosos, le +ponían la mano sobre el hombro, le decían palabritas lisonjeras. Uno de +ellos, viejo escultor cargado de laureles, le dijo un día contemplándole +con admiración:</p> + +<p>—¡Qué joven ha subido usted al pináculo de la gloria! Yo no he ganado +primera medalla hasta los treinta y seis años de edad y usted la +consigue a los veinticinco.</p> + +<p>—Aún no la he ganado, señor—se apresuró a decir el joven, avergonzado.</p> + +<p>—¡Bah, bah!—exclamó el gran escultor haciendo un gesto de +indiferencia.—Demasiado sabe usted que la tiene ganada.</p> + +<p>Carlota gozaba tranquilamente del triunfo de su marido, aunque sin +comprender bien por qué la gente daba tal importancia a aquellos muñecos +de yeso. D.ª Carolina estaba igualmente asombrada de que se hablase de +dinero tratándose de estatuas. El día que supo que una de aquellas que +había en la exposición estaba vendida en tres mil duros no pudo menos de +abrazar y besar a su yerno. El mismo D. Pantaleón, aunque refractario a +estas frivolidades, pasó por la exposición para ver la obra de su hijo +político. El sabio fisiólogo, en presencia de varios amigos y del mismo +Mario, expresó sus opiniones acerca de las bellas artes, basadas todas, +como es lógico, sobre los últimos adelantos de las ciencias naturales. +No admitía más arte que el fundado en la experimentación. Todo lo que se +había hecho hasta entonces le parecía enteramente pueril. El método de +la experimentación debía de extenderse a la literatura también; los +poemas y novelas debían ser estudios de casos patológicos; la poesía una +clínica social del animal humano. Sin dos cursos de anatomía, uno de +patología quirúrgica y algunas nociones de química orgánica, D. +Pantaleón sostenía que era ridículo pensar en hacer versos.</p> + +<p>Llegó por fin el día de la adjudicación de los premios. Mario supo el +fallo del jurado con una sorpresa que le dejó clavado al suelo. No +estaba comprendido entre los premiados con primera medalla, ni entre los +de segunda, ni entre los de tercera. Nada: su nombre no se veía +estampado en ninguna parte. Apenas podía creerlo. Leía y releía el papel +pensando que estaba ofuscado. Pero la compasión de varios colegas que se +le acercaron le hizo muy pronto cerciorarse. ¡Dios mío, cuánta compasión +le prodigaron en pocos minutos! ¡Qué lamentos! ¡Cuántas invectivas +contra el jurado! ¡Oh! ¡No hay nada más grandioso que la compasión de un +compañero de oficio!</p> + +<p>Mario se mostró sereno. Les dio las gracias con sonrisa dulce y se +retiró. Marchó automáticamente al través de las calles, embargado por +una honda tristeza que le apretaba el corazón. No era vanidoso ni había +cifrado quiméricas esperanzas sobre su obra. Pero había sentido ya el +aroma de la gloria; el favor del público le había hecho soñar con +adquirir por medio de su arte una posición con que pudiera vivir +tranquilamente con su esposa y su hijo. Todo se derrumbaba de golpe. +Otra vez se sentía solo, pobre y desvalido; tornaba a ser un mísero +escribiente, el mismo ser vulgar en quien nadie fijaba la mirada. Pero +más cruelmente aún que este dolor le mordía el alma otro que pocos +conocen; el del artista que duda de sí mismo. Mientras trabajó en la +oscuridad tenía la vaga conciencia de su genio: una voz interior le +decía que las obras que salían de sus manos valían más que otras loadas +por la crítica. Sentíase con fuerzas para llevar a cabo algo grande y +bello. Cuando escuchó los elogios que se tributaban a su grupo no quedó +sorprendido: era la misma dulce canción con que su corazón le arrullaba +siempre. De repente un tribunal de hombres competentes le cierra las +puertas del templo de la gloria. Podría equivocarse el tribunal o estar +apasionado. Pero ¿no era más fácil que él y sus amigos se hubiesen +engañado? ¿No sería él uno de tantos aficionados que confunden el +entusiasmo por el arte con la inspiración, la voluntad con el ingenio?</p> + +<p>Había llegado hasta el Retiro, y por sus caminos arenosos iba a la +ventura sin darse apenas cuenta de dónde se hallaba. Al fin, rendidos el +cerebro y las piernas, dejose caer sobre un banco y metió la cabeza +entre las manos. Acordose de Carlota. ¡Qué triste desengaño para la fiel +esposa! Ya no vivirían juntos como pensaban; otra vez volvería a luchar +por una miserable plaza en cualquier ministerio, sin saber cuándo la +lograría. Las lágrimas se agolparon a sus ojos y sollozó amargamente un +buen rato.</p> + +<p>El ruido de unos pasos precipitados le obligó a levantar la cabeza. No +muy lejos vio a un viejo trabajador con blusa azul, boina raída y +alpargatas, que venía corriendo, perseguido de un joven que, a juzgar +por las mangas postizas de tartán sujetas al codo y su cabeza peinada y +relamida, que llevaba descubierta, debía de ser dependiente de alguna +tienda de comestibles. El viejo pasó por delante de Mario sin verlo, y +al llegar a la orilla del Estanque grande se precipitó en él. El +dependiente sé paró. Mario corrió instantáneamente al sitio, y viendo al +viejo luchar con la muerte, sé despojó súbito de la levita y se arrojó a +salvarlo.</p> + +<p>Aunque sabía sostenerse en el agua no era gran nadador: por otra parte, +los pantalones y las botas le embarazaban extremadamente. Frío, aunque +corría el mes de Marzo, no lo sintió, sin duda por la emoción de que iba +poseído. Acercose como pudo al viejo y trató de cogerlo; pero éste, al +sentir su mano, dio una vuelta rápida, y con las ansias de la agonía le +agarró por un brazo. Mario se sintió perdido y luchó en vano por +desasirse: con el brazo libre trató de ganar la orilla que estaba +próxima; pero el suicida le sujetaba férreamente; no era posible nadar. +Sumergiose por dos veces. Al salir la segunda gritó con fuerza:</p> + +<p>—¡Socorro!</p> + +<p>Estaba a punto de perder el conocimiento y dejarse ir al fondo.</p> + +<p>Felizmente, dos dependientes del embarcadero que vieron al viejo tirarse +al agua, habían saltado en un esquife y bogaban con toda fuerza hacia +aquel sitio. Pocos segundos más, y hubiera perecido.</p> + +<p>Izáronles a los dos. El viejo en mal estado, con mucha agua dentro del +cuerpo. Le pusieron cabeza abajo y se la sacaron como pudieron. Después +que recobró el conocimiento dijo los motivos que había tenido para +arrojarse al estanque. Debía tres duros al joven que le perseguía; no +podía pagárselos, y aquél, enfurecido, salió de la tienda para pegarle. +En parte por miedo y en parte por desesperación había querido matarse. +El hortera, a quien los guardas del Retiro habían detenido, no negó lo +que su deudor decía. Estaba perfectamente sereno y hasta parecía +encontrar justo que un hombre que no podía pagar tres duros se +suicidase. Mario, indignado, sacó del bolsillo esta cantidad y se la +entregó diciéndole al mismo tiempo algunas frases duras. Los guardas y +la gente que había acudido le hicieron coro.</p> + +<p>Pero en estas contestaciones se pasó bastante tiempo. El joven sintió de +pronto un frío intenso. Se apresuró a salir del Retiro y tomó un coche +para dirigirse a su casa. Durante el camino fueron en aumento los +escalofríos; la vista se le turbaba; creyó no poder llegar sin +desmayarse. Al fin pudo subir la escalera y meterse en la cama. Poco +después se le declaró una fuerte calentura.</p> + + + +<h3><a name="XIV" id="XIV"></a>XIV</h3> + + +<p>—Pues yo sostengo que lo que ha hecho mi yerno esta mañana es un acto +inmoral.</p> + +<p>Los tertulios del café del Siglo quedaron estupefactos al escuchar tan +singular afirmación. Todos protestaron más o menos suavemente contra +ella. El arrojo de Mario había despertado admiración en la tertulia del +café. Se hacían elogios calurosos de su noble corazón y valentía.</p> + +<p>El ingenioso Sánchez paseó tranquilamente sobre ellos sus ojos opacos, +reflexivos, donde se leía constantemente la concentración profunda de un +cerebro positivo, y dijo sin advertir siquiera la indignación de +aquellos hombres-niños:</p> + +<p>—¿Y por qué es un acto inmoral? Porque ataca los fundamentos mismos de +la moralidad. ¿Y cuáles son los fundamentos positivos de la moral? Se +creía hasta hace poco tiempo que era algo extraño a las fuerzas que +obran dentro de nuestra naturaleza física. ¡Error profundo! Uno de +tantos sueños como han turbado la mente infantil de nuestros +antepasados. La moral es el resultado de una de tantas combinaciones en +que descansa el desarrollo orgánico del animal humano. La moral no es +más que el instinto social arraigándose cada vez más de generación en +generación. Pero este instinto puramente animal que el hombre comparte +honrosamente con los demás seres vivientes, en particular con las focas +y los bisontes machos, cuyo sentido moral es admirable, no tiene más +razón de ser que el bien general. La moral está fundada, pues, en el +bien general. ¿Qué era lo que exigía el bien general cuando ese +desgraciado viejo se arrojó al agua? ¿Exigía que mi yerno expusiese su +vida por salvarle? No, ciertamente, porque la vida de ese infeliz, sin +fuerzas para el trabajo y sin ninguna cualidad sobresaliente, era inútil +para la humanidad, mientras que la de mi yerno, joven, inteligente y +activo, tiene importancia. Luego Mario, al arriesgar una existencia +valiosa por otra que no tiene valor, ha atentado contra el bien general. +Luego ha cometido un acto inmoral.</p> + +<p>Nadie pudo contrarrestar el empuje de aquella lógica inflexible. Rivera, +que era quien solía comentar las proposiciones de Sánchez (siempre con +el espíritu frívolo que le caracterizaba), no se hallaba en el café. +Asistía en aquel momento a Mario, presa de una pulmonía. El único que se +atrevió a protestar, «aunque sólo desde el punto de vista de la +estética,» fue D. Dionisio Oliveros, el bardo del ministerio de +Ultramar. Oliveros confesaba con su voz de bajo profundo que él no era +filósofo, odiaba el análisis.</p> + +<p>—Usted, amigo Sánchez, al observar cualquier suceso tratará de +investigar su razón de ser. Consiste en que usted es filósofo. Yo no veo +más que la situación, porque soy poeta, poeta dramático principalmente. +Así que no diré que el acto de su hijo político sea bueno o malo. Lo +único que afirmo es que es un acto bello. Para mí basta. Puede usted +decirle de mi parte que en cuanto termine el segundo acto de la comedia +que ya conoce (que será en la semana próxima, Dios mediante), pienso +escribir sobre su acción heroica unos tercetos que mandaré a <i>La +Ilustración Española</i>. Quizá esto le sirva de consuelo en su enfermedad, +porque Mario es, como yo, artista ante todo.</p> + +<p>Al pronunciar estas consoladoras palabras la voz del poeta burocrático +resonaba lúgubre, profunda, como si en vez de ofrecer a la imaginación +imágenes brillantes de dicha y alegría se hallase invocando a los +espíritus infernales en algún cementerio a las doce de la noche.</p> + +<p>Los tertulios, bajo la influencia de esta voz sepulcral, quedaron +sombríos y mudos. El mismo D. Pantaleón, con ser un espíritu tan +analítico, no pudo menos de experimentar el sentimiento de desolación +que la voz de D. Dionisio producía. Atusose el desmayado bigote con +inconcebible gravedad, tosió ligeramente y manifestó por lo bajo a su +amigo Moreno que la poesía no era más que un estado congestivo y muchas +veces morboso del cerebro. Moreno hacía ya tiempo que había adquirido +esta preciosa certidumbre; pero acogió la observación con el respeto +debido a las grandes verdades del orden físico.</p> + +<p>Guardó silencio unos momentos, y al cabo respondió que en su concepto +los poetas no eran otra cosa que alienados. También D. Pantaleón sabía +esto hacía tiempo, mas no por eso dejó de mostrarse satisfecho por +escucharlo una vez más. Moreno prosiguió sus observaciones en voz baja, +afirmando que donde se conocía perfectamente la identidad del poeta y +del loco era en la orina. En uno y en otro aumenta considerablemente la +urea en ciertos períodos.</p> + +<p>—Verá usted—añadió tocando en el muslo a Sánchez—cómo comprobamos en +seguida este dato.—Oiga usted, D. Dionisio—siguió, dirigiéndose al +bardo,—después que usted termina de escribir una composición poética +¿no siente usted cierto prurito en la vejiga?</p> + +<p>—Sí, señor; suelo tener deseos de orinar, sobre todo cuando estoy +demasiado tiempo sentado a la mesa—respondió con extremada amabilidad +Oliveros.</p> + +<p>—¿Y no ha observado usted si en la orina suelen quedar algunos +sedimentos?</p> + +<p>—Muchos sedimentos. Yo orino casi siempre barroso.</p> + +<p>Moreno dirigió a su amigo una sonrisa triunfal, hizo algunos guiños +expresivos y por último le dijo al oído:</p> + +<p>—Fosfato úrico. La orina de los dementes se caracteriza por el +predominio de la urea.</p> + +<p>—Y diga usted—prosiguió en voz alta,—¿no suele usted tener los pies +fríos?</p> + +<p>—Helados. En el invierno gasto dos pares de calcetines porque no los +puedo sufrir.</p> + +<p>—Y la cabeza ¿no se le calienta a usted?</p> + +<p>—¿La cabeza? ¡hecha un volcán!</p> + +<p>D. Dionisio comprendía que se trataba de ciertas particularidades +propias de los poetas y estaba satisfechísimo de ostentarlas.</p> + +<p>—Los locos—repuso Moreno a la oreja de su amigo—tienen siempre las +extremidades frías y la cabeza caliente.</p> + +<p>Con esto el ingenioso Sánchez se creyó en el caso de responder que +muchos de los hombres que la humanidad admira como genios sublimes han +sido verdaderos dementes. Moreno se hallaba tan conforme con esta +observación, que la hizo extensiva no sólo a los poetas, sino a los +grandes filósofos, reformadores, matemáticos, historiadores, y por +supuesto a todos los santos y santas que la religión venera. Sócrates, +Newton, Rousseau, Corneille, Séneca, Catón, Beethoven, Dante y otros +varios, fueron verdaderos orates. Estudiando con atención la vida de los +grandes hombres, se encontraría siempre un ramo de locura en ellos.</p> + +<p>—Lo que ha dado en llamarse genio, para mí es una enfermedad de los +lóbulos cerebrales—resumió Moreno.—La santidad, una declarada locura. +¿Qué me dice usted de San Francisco de Asís abrazando y besando a los +leprosos? ¿No es un caso de locura inmunda como la de esos desgraciados +que suelen verse en las celdas de los manicomios gozando en revolcarse +entre sus excrementos? ¿Qué opina usted de Santa Teresa de Jesús? ¿No le +parece a usted increíble que haya aún quien tome en serio los desatinos +que escribe?</p> + +<p>—¡Oh! Santa Teresa es un curiosísimo caso de alucinación. El doctor +Charcot hubiera sacado gran partido de ella a haber vivido en su +tiempo—respondió Sánchez reflexivamente.</p> + +<p>Hubo algunos instantes de silencio. Los dos fisiólogos meditaban. Al +cabo se dibujó una significativa sonrisa en los labios de Moreno y +profirió, dando a sus palabras marcada intención irónica:</p> + +<p>—¿Y qué me dice usted del gran judío?</p> + +<p>—¿Quién?—preguntó Sánchez sin comprender.</p> + +<p>—¿Quién ha de ser? El judío de Nazareth.</p> + +<p>—¡Ah! Jesucristo... ¡Oh! ¡oh! ¡oh!...</p> + +<p>D. Pantaleón fue atacado instantáneamente de una risa convulsiva. +Aquello realmente era cosa perdida.</p> + +<p>Mientras los sabios antropólogos se solazaban experimentando esa +inefable alegría del que se siente en posesión de la verdad entre +tantos seres como se hallan sumidos en el error, nuestra antigua +conocida D.ª Rafaela saboreaba sola, como siempre, en una mesa su +invariable refresco de grosella. Los dedos, cargados de sortijas de +todas las épocas y todos los tamaños, apenas podían jugar para llevar la +copa a los labios. Su traje, debajo del mantón alfombrado, brillaba con +reflejos metálicos de oro viejo como una casulla de la Edad Media. Quizá +fuera el traje de corte de alguna dama de las que acompañaron a María +Luisa de Saboya cuando vino a desposarse con Felipe V. La señá Rafaela +tenía la costumbre de ponerse las antigüedades de indumentaria femenina +que venían a parar a su tienda. Era a la vez un prospecto y un goce para +ella.</p> + +<p>Como estuviese leyendo con atención la cuarta plana de <i>La +Correspondencia</i>, vino a distraer su atención la presencia de un joven +que se acercó dándole las buenas noches con acento melifluo.</p> + +<p>—¡Hola, Godofredito! ¿es usted?</p> + +<p>—¿Cómo sigue usted, D.ª Rafaela? Me había dicho Timoteo que no había +usted venido en dos días, y temía que estuviese indispuesta; pero la he +visto esta tarde en las Góngoras a las cuarenta horas y me tranquilicé.</p> + +<p>—¡Ah! ¿Estuvo usted en las Góngoras? ¿Y por qué no se llegó a +saludarme, pícaro?</p> + +<p>—Salía con el padre Iturralde cuando usted entraba, y no podía +detenerme porque íbamos de prisa a la conferencia de San Vicente.</p> + +<p>—Pues yo estuve dos días con un catarro, pero ya pasó. Siéntese usted, +criatura, que me da pena verle en pie.</p> + +<p>Godofredo Llot, elegantemente vestido, y con el mismo rostro nacarado y +candoroso de siempre, obedeció a la invitación y se sentó frente a la +prendera.</p> + +<p>—¿Y cuándo es la boda?—preguntó ésta después de algunas frases +insignificantes.</p> + +<p>El hijo predilecto de la Iglesia sonrió lleno de confusión.</p> + +<p>—¡Oh! No hay aún plazo señalado, D.ª Rafaela, pero contando con la +voluntad de Dios, me parece que no está muy lejos.</p> + +<p>—Me alegro, me alegro, hijo. Ella va bien y usted lo mismo. Creo que +es muy rica.</p> + +<p>—Señora, esas cosas son para mí tan secundarias que no he querido +averiguar nada—respondió Llot modestamente.—Sólo sé que es muy piadosa +y que pertenece a una familia cristiana.</p> + +<p>—Eso es lo principal, querido—repuso la señá Rafaela adoptando +repentinamente una actitud de mística beatitud.—Los bienes terrenales +¿qué son comparados con los del cielo? Hay que sembrar aquí para recoger +allá. Los sentimientos religiosos ante todo. Pero voy a decirle una +cosa: las muchachas ricas son tan buenas como las pobres... y además son +ricas.</p> + +<p>—Es lo mismo que me dice el padre Laguardia—manifestó Godofredo con un +acento de inocencia que conmovió a la buena prendera.</p> + +<p>—D. Jeremías es hombre de muchas letras. Algo me parece que habrá +mojado en este matrimonio, porque le quiere a usted mucho.</p> + +<p>—Es quien lo ha hecho todo—respondió con la misma inocencia el +joven.—Él me presentó a la familia y fue quien dio todos los pasos... +¿Quiere usted conocer a mi novia?... Voy a darle un ejemplar de la +<i>Historia de Santa Isabel</i> que trae su retrato...</p> + +<p>El hijo predilecto de la Iglesia, sonriente y ruborizado, sacó del +bolsillo del gabán un librito de cubierta elegantemente impresa a dos +tintas, lo abrió por la primera página, donde aparecía el retrato de la +santa duquesa de Turingia grabado en madera, y lo entregó abierto a la +señá Rafaela.</p> + +<p>—Es guapa la chica y muy joven... y le sienta bien la corona—manifestó +la prendera después de calarse los lentes.—Oiga, Godofredito, tengo una +idea de que había usted pedido el retrato a Presentación, su antigua +novia, para este mismo libro...</p> + +<p>—Sí, señora, se lo había pedido—respondió el joven con embarazo.—Y ya +estaba grabado, pero las circunstancias... ya ve usted...</p> + +<p>—Sí, sí; me hago cargo... La pobrecita está bien desfigurada. El otro +día la he visto con su madre en la calle del Carmen.</p> + +<p>—No ha sido precisamente eso lo que me ha detenido.</p> + +<p>—Tiene mucha razón; la hermosura es cosa pasajera... Pero no le +convenía por la posición. Usted merece una chica rica...</p> + +<p>—Tampoco es eso—se apresuró a decir Llot.—Lo único que ha enfriado +nuestras relaciones y ha concluido por romperlas son las ideas de su +padre. De algún tiempo a esta parte ¡se ha vuelto tan impío y +materialista! No hace más que escandalizar en todas partes.</p> + +<p>—¡Eso, eso es precisamente lo que yo estaba pensando!—exclamó la +anticuaria.—Un caballero de tanta religión como usted no podía +emparentar con un hombre tan escandaloso. ¡Toda, la culpa la tiene ese +bribón de las gafas!—añadió arrojando miradas fulgurantes hacia el +sitio donde estaba Moreno.—¡Si don Pantaleón antes era un bendito! +Recuerdo que una vez que estuve en su casa se levantó una tempestad de +truenos y relámpagos. Pues él fue quien cerró los balcones y encendió la +tenebraria y el primero que se puso a rezar a Santa Bárbara.</p> + +<p>Godofredo estaba inquieto, porque la plática se inclinaba demasiado a +la murmuración. Así que, bajando los ojos con suave expresión de +mansedumbre, dijo en voz apagada:</p> + +<p>—A uno y a otro les ha de juzgar Dios. A nosotros no nos toca más que +compadecerlos y hacerles todo el bien que podamos.</p> + +<p>La prendera le miró enternecida.</p> + +<p>—¡Oh, qué dichosa sería su mamá si fuera todavía de este mundo! Desde +el cielo le estará bendiciendo.</p> + +<p>—¡Así sea!—exclamó el joven levantando sus ojos límpidos al techo.—Mi +mamá era una santa, y podría suponerse que está en el cielo; pero como +nadie conoce los inescrutables designios de Dios, yo hago por su alma +cuanto puedo. Me haría usted, D.ª Rafaela, un favor inmenso, que no +olvidaría jamás, si la encomendase a Dios en sus oraciones.</p> + +<p>—Con todo mi corazón. Pierda usted cuidado. No dejaré un día de rezar +por ella y en el aniversario confesaré y comulgaré por su intención.</p> + +<p>—¡Oh, señora, eso es demasiado!—exclamó Llot abrumado por tanto +favor.</p> + +<p>—Eso no significa nada. Ya sabe que yo me confieso cada ocho días.</p> + +<p>—Sí, ya conozco sus costumbres piadosas; pero de todos modos, ya le +debo otras atenciones que aunque de categoría menos elevada...</p> + +<p>—No hablemos de eso, Sr. Llot—se apresuró a decir la señá Rafaela +extendiendo la mano.</p> + +<p>—Hablemos, sí, señora. Yo no puedo olvidar ni un instante los favores +que se me hacen. Precisamente había venido esta noche a arreglar +nuestras cuentas.</p> + +<p>—¿Pero qué prisa corre, criatura? Tan seguro tengo el dinero en su +poder como en el mío.</p> + +<p>—Sin embargo, por lo mismo que ha sido usted tan buena siempre para mí, +no quisiera perjudicarla en lo más mínimo. Vamos a ver lo que le debo.</p> + +<p>Al mismo tiempo sacó del bolsillo un librito de memorias y leyó con voz +suave diversas cantidades que la anticuaria le había prestado en +distintas ocasiones: un día treinta duros, otro setenta, otro cincuenta. +Entre todas sumaban mil quinientas cincuenta pesetas.</p> + +<p>—Bueno—dijo el joven metiendo la cartera de nuevo en el +bolsillo.—Vamos a hacer una cifra redonda. Le debo a usted dos mil +pesetas.</p> + +<p>—No, señor; no me debe usted más que mil quinientas cincuenta.</p> + +<p>—Sí, señora, le debo a usted dos mil, porque va usted a hacerme el +favor de prestarme otros noventa duros... Necesito hacer algún regalito +a mi novia y tengo poco dinero—manifestó el joven poniéndose rojo como +una amapola.</p> + +<p>D.ª Rafaela quedó un poco sorprendida de aquel modo original de saldar +cuentas; pero viendo el rostro de Godofredo cubierto de rubor, sus ojos +serenos, inocentes, posarse dulcemente sobre ella con encantadora +expresión de vergüenza, no pudo menos de sonreír.</p> + +<p>—¡Conque regalitos, eh! Vamos, no se ponga usted colorado.</p> + +<p>El hijo predilecto de la Iglesia se puso mucho más rojo aún. Parecía que +iba a saltar la sangre de sus tersas mejillas.</p> + +<p>A la prendera le hacía extremada gracia aquel rubor: para gozar más de +él le mortificó todavía algún tiempo. Al fin echó mano al portamonedas. +Pero Godofredo la detuvo dirigiendo una mirada de susto a la mesa de sus +antiguos amigos.</p> + +<p>—No; aquí no, señora. Hay muchos curiosos. ¿Quiere usted salir a la +calle un momento?</p> + +<p>—Con mucho gusto. De todos modos, es hora ya de retirarme.</p> + +<p>D.ª Rafaela se levantó de la silla y salió. El hijo predilecto de la +Iglesia saludó a un amigo para figurar que no iba con ella, pero la +siguió inmediatamente.</p> + +<p>Una vez en la calle, libre de la vergüenza que le producía la luz y la +presencia de la gente, dejó escapar los tiernos sentimientos de cariño y +gratitud que rebosaban de su virgen corazón. Mientras caminaba hacia la +Puerta del Sol en compañía de la prendera, con labio balbuciente y +seductora timidez le hizo algunas candorosas confidencias sobre su +situación y sus proyectos. La señá Rafaela sonreía siempre con +extraordinaria complacencia, sorprendida de hallar en estos tiempos +miserables un joven de corazón tan sano. Godofredo se mostraba hacia +ella atento y respetuoso, como pocos hijos suelen estarlo con sus +madres. Al llegar a una estrecha travesía la anticuaria se detuvo, +avanzó algunos pasos por ella y, protegida de la obscuridad, sacó su +portamonedas y le entregó la cantidad del pico en billetes. Godofredo +los tomó con mano temblorosa y permaneció mudo frente a su bienhechora +sin acertar a emitir una palabra de gracias, embargado enteramente por +la emoción. Al fin, con voz alterada, pudo exclamar:</p> + +<p>—¡Oh, señora, cuántos beneficios la debo! ¡Si yo pudiera expresar lo +que pasa por mi corazón en este momento!</p> + +<p>Tan bien le sentaba el embarazo que en aquel momento sentía que doña +Rafaela le dio una palmadita en el hombro, lisonjeada hasta un punto +indecible.</p> + +<p>—Eso no vale la pena, querido. Para mí es un gusto el hacerle +cualquier pequeño favor como éste.</p> + +<p>—Lo sé, señora, lo sé—exclamó con voz melodiosa el joven—. Pero me +siento turbado, porque desde que murió mi santa madre no hallé en nadie +tanta dulzura. No por el dinero, sino por el cariño que usted me +demuestra, no puedo menos de sentir hacia usted un afecto y un respeto +parecidos a los que se sienten por una madre... Todavía voy a pedirle a +usted un favor...</p> + +<p>—Lo que usted quiera, Godofredito.</p> + +<p>—Que me permita usted besar su mano.</p> + +<p>La prendera quedó suspensa; vaciló un momento, pero viendo aquel rostro +infantil cubierto de rubor, viendo sus ojos azules y límpidos como los +de un querubín resplandecientes de gratitud, le entregó la mano +sonriendo de la humildad y la inocencia de aquel niño.</p> + +<p>—¡Qué cordero de Dios!—murmuró la buena mujer mientras sentía su mano +mojada por las lágrimas de Godofredo.</p> + +<p>Quiso éste acompañarla hasta su casa: la prendera no lo consintió.</p> + +<p>Pero cuando se estaban despidiendo cruzó como un huracán a su lado don +Laureano Romadonga.</p> + +<p>—¿Qué le pasa a ese hombre?—preguntó la seña Rafaela.</p> + +<p>—No sé; va muy pálido.</p> + +<p>—Nunca le he visto de ese modo.</p> + +<p>La señá Rafaela se apresuró a despedirse de su protegido e hizo ademán +de irse hacia su casa; pero en cuanto vio a Godofredo lejos, dio la +vuelta hacia el café del Siglo, porque la picaba mucho la curiosidad.</p> + +<p>Romadonga entró efectivamente en el café del Siglo en tal estado de +alteración que sorprendió a sus amigos. Sentose, o por mejor decir +dejose caer sobre una silla, pidió un vaso de agua con azahar al mozo y, +respirando trabajosamente, profirió roncamente:</p> + +<p>—¡Si supieran ustedes lo que me acaba de pasar!</p> + +<p>Eso es lo que todos querían: saber lo que le pasaba. Pero a pesar de sus +vivas instancias sólo después que hubo bebido el vaso de agua a sorbos y +limpiado repetidas veces el frío sudor que le manaba de la frente +consintió en explayarse.</p> + +<p>El suceso era portentoso, inaudito. Para mejor comprenderlo Romadonga +hizo presente que desde hacía mucho tiempo mantenía amistad cariñosa con +la marquesa viuda de Zamara y con su hija Matilde, viuda también de un +primo comandante de ingenieros. Pues bien, de esta viudita tan linda +como ingeniosa tenía celos su querida, la Concha, la hija del sillero, +que todos ellos conocían. Celos infundados, por supuesto, porque jamás +se le había pasado por la imaginación mirarla sino como una buena +amiga...</p> + +<p>La duda se infiltró en el pecho de los circunstantes al escuchar esta +afirmación. Pero nadie osó producirla. D. Laureano continuó.</p> + +<p>Ya en varias ocasiones habían tenido peloteras sobre este vano supuesto. +Concha no quería que asistiese los lunes a la tertulia de la marquesa, y +se ponía frenética si sabía que las había acompañado en el paseo. Un día +le había amenazado con ir a casa de aquellas señoras y armarles un +escándalo. Pero él no había hecho caso. ¿Cómo suponer que su locura +había de llegar a tal punto? Sin embargo, llegó y aun pasó muchísimo más +allá.</p> + +<p>—Hace un momento me hallaba en el teatro de la Comedia. Era el +beneficio del primer galán. La sala estaba de bote en bote. En el +segundo entreacto fui a saludar a la marquesa de Zamara y a su hija +Matilde, que estaban en la primera fila de butacas, cerca del pasillo +lateral de los números pares. Me senté al lado de ellas en una butaca +que había dejado un caballero, y estábamos bromeando alegremente, cuando +de repente veo delante de mí a Concha, de pañuelo a la cabeza y mantón. +Y antes de que pudiera reponerme del susto, se arroja como una fiera +sobre Matilde a bofetada limpia...</p> + +<p>Los tertulios lanzaron un grito de asombro.</p> + +<p>—¡Qué atrocidad!... ¡No puede ser!</p> + +<p>—Lo que ustedes están oyendo; a bofetada limpia y llamándola al mismo +tiempo cuanto puede llamarse a una mujer—profirió trabajosamente el +viejo libertino, volviendo a limpiarse el sudor.</p> + +<p>—¿Y usted qué hizo?</p> + +<p>—¿Yo?... Ya ven ustedes lo que hice... escapar. Los ojos se me +nublaron. No vi más que una masa de gente que se levantaba gritando, +riendo. Vi a Concha sujeta por dos acomodadores, gritando como ella sabe +hacerlo, y vi también que el rey, que estaba en su palco, precisamente +sobre nosotros, sacaba todo el cuerpo fuera del antepecho para +enterarse, y sonreía... Y no vi más... Es decir, me vi en medio de la +calle, sin abrigo y con el sombrero en la mano, lo mismo que estaba +cuando el cataclismo.</p> + +<p>Las exclamaciones de los circunstantes ante aquel caso extraño fueron +interminables. Todos compadecían al viejo elegante: no tenían palabras +bastante fuertes para condenar el brutal proceder de la chica. Sin +embargo, debajo de los comentarios se adivinaba cierto regocijo que +hacía brillar los ojos y pugnaba por salir en forma de carcajadas. El +suceso era chistoso. Uno de ellos, cierto almacenista de camas que solía +acercarse a la mesa de vez en cuando, se atrevió a decir +respetuosamente:</p> + +<p>—La verdad es que esa mujer, en mi pobre opinión, no le conviene a +usted, señor Romadonga.</p> + +<p>—¡Ya lo creo que no me conviene!—exclamó el seductor con furia.—¡Vaya +una noticia que usted me da! Pero si usted hubiera visto la navaja que +trae consigo constantemente, de seguro no hablaría usted con tanto +desahogo.</p> + +<p>—¿Pero sería capaz?...</p> + +<p>—¿Capaz? ¡Anda con la niña! La mujer que tiene hígados para lo de esta +noche, los tiene para todo. Me ha jurado muchísimas veces que si algún +día la abandono me dará una puñalada por la espalda... Y yo estoy +convencido de que me la pega... ¡Vaya si me la pega!—profirió con +exaltación.—¿No lo cree usted, D. Dionisio?</p> + +<p>—¡Qué situación, si pudiera llevarse al teatro!—exclamó el bardo con +voz sepulcral, saliendo de su abstracción poética.</p> + +<p>—Pero, hombre, ¿la quiere usted más dentro del teatro todavía?—dijo +Romadonga sacudiendo la cabeza desesperadamente.</p> + + + +<h3><a name="XV" id="XV"></a>XV</h3> + + +<p>Mientras una cruel pulmonía postraba en el lecho a Mario, su nombre +corría por la prensa periódica, era objeto de apasionadas discusiones. +El fallo del jurado, en lo que a él se refería, fue condenado como +injusto por varios críticos. Otros lo sostuvieron, o por convicción o +por amistad hacia los jurados, o por envidia al nuevo artista. Rivera +había quedado casi tan estupefacto como Mario y casi tan acobardado. +Temía que su cariño le hubiese ofuscado. Pero cuando vio la lucha +empeñada lanzose intrépidamente a ella. Y la pluma del viejo periodista, +tanto tiempo colgada, nada había perdido de su destreza y proverbial +causticidad; vibraba a impulso de la indignación con tal donaire y +desenfado que puso inmediatamente de su lado al público indiferente. Al +propio tiempo, como poseía y sabía tocar la cuerda del sentimiento, sacó +mucho partido de la enfermedad de su amigo, víctima de su arrojo heroico +en los momentos mismos en que lo era de una miserable injusticia.</p> + +<p>De tal modo que cuando el joven escultor se levantó de la cama gozaba de +mayor reputación y gloria que si le hubiesen dado la medalla de honor. +Por esta vez la envidia había errado el golpe. La primer noche que se +presentó en el café, sus amigos se pusieron en pie y palmotearon +briosamente. Los demás asistentes siguieron el ejemplo: se le hizo una +ruidosa ovación, de la cual dieron cuenta al día siguiente los +periódicos.</p> + +<p>—El arte es la apoteosis de la inutilidad—vertió sentenciosamente +Moreno al oído de don Pantaleón, ya que se hubo calmado el +entusiasmo.—Cuando los objetos útiles dejan de serlo, pasan a la +categoría de artísticos. Un ánfora antes servía para contener agua o +vino. Hoy es objeto decorativo sobre las chimeneas o sobre columnas. +Éstas, a su vez, antes servían para sostener los techos; hoy adornan los +rincones de los gabinetes.</p> + +<p>El ingenioso Sánchez se mostró profundamente interesado por estas +observaciones luminosas. Cerró sus grandes ojos apagados en señal de +asentimiento y meditó.</p> + +<p>—Se ha observado—prosiguió Moreno—que los países donde se hallan más +desarrolladas las tendencias artísticas son los que dan mayor +contingente a los manicomios. Y es porque el arte es ante todo un juego +estéril de la imaginación. El arte, lo mismo que el misticismo, +concluyen por alterar nuestro desenvolvimiento orgánico. En mi concepto, +lo mismo uno que otro deben ser rechazados como tendencias morbosas.</p> + +<p>D. Pantaleón agitó las manos convulsivamente, abrió los ojos y profirió +una serie de exclamaciones corroborantes. Siempre le pasaba igual al oír +la palabra morboso. Este adjetivo ejercía sobre su organismo un efecto +extraordinario, mágico, una sensación de deleite inefable que se le +advertía en el brillo inusitado de los ojos y en el movimiento de +trepidación del bigote. Cuando tenía ocasión de pronunciarlo (y la +buscaba con harta más diligencia de lo que convenía a la armonía del +discurso), lo mascaba, lo paladeaba con gozo indecible, percibiendo en +los labios el mismo grato sabor que algunos santos experimentaban al +proferir el nombre de la Virgen María. Así que sin darse cuenta de ello, +el ingenioso Sánchez declaraba morbosas casi todas las cosas de este +mundo. En su entusiasmo por el vocablo hubiera declarado morbosa a la +misma madre que lo había parido.</p> + +<p>Nada nuevo, pues, le decía Moreno. Muy de antemano sabía ya el ilustre +fisiólogo que el arte y el misticismo eran elementos morbosos del +organismo social. Lo eran también otra porción de cosas que Moreno no +sospechaba siquiera. D. Pantaleón, hay que decirlo con toda claridad, +había llegado más arriba en el camino de la indagación, poseía un +conocimiento más completo de los resortes de la Naturaleza que su +amigo. Apenas le faltaba explicación para ninguno de los infinitos +fenómenos de la creación natural. Como hay de ello muchos ejemplos en la +historia de la ciencia, el discípulo sobrepujaba notablemente al +maestro. En alas de su genio, Sánchez había volado de golpe a regiones +donde el pobre Moreno, a pesar de su aplicación asidua, no llegaría +jamás.</p> + +<p>Por eso continuaba admirando en su joven amigo la fiera independencia +del carácter, la increíble fuerza de que había dado muestras para salir +triunfante en la lucha por la existencia que para él había sido tan +ruda, la brusca franqueza de su palabra propia del hombre primitivo +nacido para el combate. Pero en cuanto al conocimiento de los problemas +de la ciencia positiva no tenía por qué admirarle. Don Pantaleón poseía +lo menos veinte centímetros más de circunvolución en los lóbulos +cerebrales, como ha de probarse en el curso de esta verídica historia.</p> + +<p>Desde hacía algún tiempo venía consagrando toda la fuerza de estos +lóbulos a la resolución de un problema magno, el mismo que había +anunciado vagamente a su yerno como algo que el mundo debía de acoger +con asombro y aplauso. Este problema, hora es ya de revelarlo, no era +otro que <i>el origen del pensamiento</i>. El ingenioso Sánchez, a la hora +presente, sabía de un modo perfecto la geografía cerebral. Con ayuda de +su microscopio había escrutado las innumerables células nerviosas de +varios animales, siguiendo con ojo avizor la inmensa red de fibras que +de ellos parten. Luego había obtenido algunos cerebros humanos y había +hecho lo mismo. Conocía las piezas de la máquina. En aquella vasta +ciudad de células gustaba de pasear a menudo y seguir la intrincada red +de sus caminos y senderos. Pero ignoraba por completo el secreto del +mecanismo: recorría las calles, pero nada sabía de lo que pasaba dentro +de las casas. Su genio colosal ansiaba apoderarse del secreto. Algunos +sostenían que era imposible. El ingenioso Sánchez sonreía y meditaba.</p> + +<p>Las noticias que los fisiólogos anteriores a él le suministraban eran +muy vagas. Uno sostenía que el pensamiento era una secreción semejante a +la bilis o a la orina. D. Pantaleón en sus experimentos no había hallado +señal de estas secreciones en la masa encefálica. Otro, que el +pensamiento se producía en el cerebro por un método análogo al de la +fabricación del pan. Era más verosímil. Sin embargo, pensaba que debía +de parecerse más a la fabricación de la cerveza a causa del sistema de +destilación, pues no le cabía duda de que las sensaciones para +trasformarse en ideas debían de pasar por un finísimo alambique. Mas a +pesar de cuantos esfuerzos llevó a cabo para descubrir con el +microscopio este cedazo, no lo había logrado hasta entonces.</p> + +<p>La resolución de este gran problema le agitaba a todas las horas del día +y en muchas de la noche. Su labor era incesante, hasta el punto de no +dejarle pensar ni sentir apenas otra cosa. Sin embargo, en los actuales +momentos un suceso, al parecer insignificante, le preocupaba bastante, +le tenía más silencioso y meditabundo que de costumbre. Viniendo al +café aquella noche había tropezado en la calle con un hombre tendido +sobre la acera. Quiso levantarle. El hombre no podía tenerse en pie a +causa de su extrema debilidad: según dijo no había tomado alimento en +treinta y seis horas. Lleno de compasión le arrastró como pudo hasta un +<i>restaurant</i> próximo; hizo que le sirviesen caldo y le pagó una buena +comida. Después le dejó casi todo el dinero, que llevaba en el bolsillo.</p> + +<p>Pues bien, el célebre antropólogo estaba pesaroso, descontento de sí +mismo. Sabía muy bien que los llamados sentimientos de humanidad y +filantropía son, como el sentimiento religioso, peculiares de las +sociedades primitivas. Una sociedad civilizada no puede admitirlos +porque se oponen abiertamente a las leyes de la selección y de la lucha +por la existencia, que se cumplen en el organismo social como en los +inferiores. En esta lucha los débiles deben perecer: así es conveniente +para el progreso de la especie. Protegerlos, ayudarles a eludir las +leyes indeclinables de la Naturaleza es indigno de un hombre civilizado, +y mucho más de quien como él se dedicaba al estudio de la ciencia +positiva. El que deba vivir que viva; el que deba caer que caiga. De +aquí su remordimiento y tristeza. Y lo que más le avergonzaba era que, +viendo comer a aquel desgraciado con apetito voraz, había llorado de +ternura. Resabios de su educación primera, llena de juicios absurdos y +de imaginaciones infantiles.</p> + +<p>Este hecho insignificante probará hasta qué punto aquel hombre insigne +había sacudido de su inteligencia el polvo de las preocupaciones y había +avanzado en el camino de la perfección positiva.</p> + +<p>Una de las cosas que logró dar más luz a sus lóbulos cerebrales fue la +compra de un mono. Era el sueño de su vida. Por fin tropezó con ciertos +bohemios que se prestaron a venderle uno valetudinario y sarnoso. Se lo +hicieron pagar bastante caro, visto el afán que por él mostraba. Cuando +nuestro fisiólogo se encontró a solas en su laboratorio en presencia de +aquel ser, su precursor inmediato, sintió emoción indefinible. Un +respeto profundísimo se apoderó de su mente. Delante de sí tenía al +hombre, al hombre primitivo en toda su augusta sencillez y verdad, sin +absurdas ideas metafísicas, sin religión, sin moral, sin los tristes +idealismos que tuercen y adulteran el curso sagrado de la Naturaleza. +¡Ah, no! Aquel hombre no pretendía ridículamente oponerse, como +nosotros, a sus leyes inflexibles, a la ley de la lucha por la +existencia, o de la selección. Era el producto espontáneo de la +Naturaleza, resplandeciente como ella de majestad y de inocencia.</p> + +<p>Acurrucado en un rincón, el hombre primitivo clavaba en el secundario +una mirada inquieta y temerosa. Pero viendo que éste no trataba de +hacerle daño, concluyó lógicamente por rascarse la barriga, ejecutando +después otra serie de maniobras candorosas que el gran antropólogo +seguía con mirada escrutadora y reflexiva. La ciencia estaba de +enhorabuena. En el cerebro del ingenioso Sánchez germinaban pensamientos +fecundos, admirables proyectos de experimentación. Desgraciadamente no +pudieron realizarse por una alteración funesta de los nervios de la +esposa del fisiólogo.</p> + +<p>D.ª Carolina no tenía noticia de la compra del mono. D. Pantaleón, que +sabía cuán poca simpatía le inspiraban los adelantos de la ciencia, +había cuidado de ocultársela. Hallábase, por tanto, la buena señora +ajena enteramente a la presencia del hombre primitivo en su domicilio, +cuando aquél se encargó de hacérsela notar en la forma más inconveniente +que pudo verse jamás. Una noche, atravesando el corredor de la casa con +una bujía en la mano, sintió que dos brazos peludos la agarraban por el +cuello, y unas uñas infernales se le clavaban en el rostro. La infeliz +pensó que el mismo demonio venía a arrebatarla. Dio un grito horrísono y +se le cayó la palmatoria de la mano. Cuando la gente de casa acudió +yacía en el suelo privada de conocimiento. El mono se balanceaba en lo +alto de una percha, revelando en su fisonomía expresiva la sublime +indiferencia que caracteriza a los seres no adulterados aún por ideas +metafísicas.</p> + +<p>Claro está que desde entonces no volvió a hablarse de él en la casa del +fisiólogo; es decir, sí se habló, y mucho, pero fue siempre para vejar +al ilustre antropólogo, quien por largo tiempo no pudo gozar de +tranquilidad a la hora de comer.</p> + +<p>Por fortuna, un suceso próspero vino a borrar aquella impresión fatal. +Ya sabemos que la hija menor de Sánchez, desde que perdiera su belleza +en aras de la ciencia, apenas pisaba la calle. Al café del Siglo no +había vuelto jamás. El desengaño de Godofredo al tiempo mismo que le +había herido la desgracia, no poco contribuyó también a dejarla en el +profundo abatimiento en que vivía. Silenciosa y melancólica la que antes +era todo ruido y alegría, parecía una sombra vagando por la casa. A +veces se la oía gemir. Su madre sacudía entonces la cabeza, terrible, +amenazadora como una euménida; el ingenioso Sánchez bajaba la suya, +sometiéndose a aquel castigo, pero satisfecho en el fondo de sus lóbulos +cerebrales de haber sacrificado una hija en el altar de la ciencia, no +en el del fanatismo metafísico. Si en aquellas negras horas de +desesperación todos sus pensamientos eran para el ingrato Llot, sin que +un vago e insignificante recuerdo mereciese la pasión de Timoteo, no es +fácil averiguarlo. Lo que sí puede afirmarse es que el violín de aquel +desgraciado joven seguía exhalando quejas melancólicas por la noche lo +mismo que en los tiempos de esplendor de su adorada. Para él no existían +quemaduras ni costurones; todo era como antes tersura, nácar y +alabastro; sus notas se arrastraban siempre lánguidas, voluptuosas, +enamoradas.</p> + +<p>En casa del fisiólogo nada se sospechaba del fondo sensual que +encerraban. Sánchez no podía reparar en tales futilezas. D.ª Carolina +iba poco por el café y estaba muy lejos de presumir que existiese en la +tierra tal desinteresado amor. Así que fue viva su sorpresa al recibir +un día la visita del artista en traje de ceremonia. La esposa del +antropólogo no estaba sola. Su hija Presentación bordaba a su lado cerca +del balcón. El artista avanzó con tan amable sonrisa que su boca se +dilataba de un modo imponente.</p> + +<p>—Buenas noches, D.ª Carolina... ¡digo no! Buenos días, D.ª Carolina; +buenos días, Presentacioncita.</p> + +<p>Inmediatamente el heroico joven quedó envuelto en una nube de lluvia +menudísima, de la cual por fortuna sólo algunas gotas vinieron a caer a +los pies de la buena señora. Después se creyó en el caso de refrenar el +vuelo de su fisonomía, dándole la gravedad apropiada al caso; pero tan +pronto como consiguió llevarlo a cabo, su boca volvió a dilatarse, +recobrando la posición anterior como un resorte que se suelta. Tornó a +cerrarla con esfuerzo y de nuevo volvió a soltarse, repitiendo la +operación algunas veces antes de pronunciar una palabra. Esto, unido a +cierto modo extraño y constante de sobarse las rodillas con la palma de +las manos como si estuviera dándoles fricciones de algún bálsamo +antirreumático, produjo en D.ª Carolina un movimiento de impaciencia que +procuró refrenar con su amabilidad característica. Al cabo rompió.</p> + +<p>—Señora, aquí Presentacioncita sabe perfectamente...</p> + +<p>Pero en el mismo instante la aludida se alzó bruscamente de la silla y +salió de la sala. El artista, detenido en los comienzos de su discurso, +la miró alejarse con sorpresa y dolor.</p> + +<p>Presentación, desde que perdiera su belleza, se había vuelto suspicaz, +recelosa; pensaba que todos se burlaban de ella. Ésta fue la razón de su +brusca partida. Imaginó que Timoteo, desdeñado en otro tiempo, venía a +gozarse en su desgracia y a satisfacer una miserable venganza.</p> + +<p>¡Cuán lejos se hallaba de la verdad! Lo que en aquel instante sentía el +corazón de Timoteo era idéntico a lo que vibraba en el alma de su +violín, todo lánguido, todo voluptuoso.</p> + +<p>—Señora, yo sé que soy un gusano indigno...</p> + +<p>Este comienzo no le pareció mal a D.ª Carolina y procuró dárselo a +entender con una sonrisa benévola.</p> + +<p>—Un gusano... eso es...</p> + +<p>—Vamos, Timoteo, cálmese usted. Le veo un poco agitado.</p> + +<p>—¡Cómo no he de estarlo, señora! ¡Cómo no he de estarlo si lo que me +pasa a mí!...—exclamó el joven apretando las rodillas con sus manos +crispadas.</p> + +<p>—¿Pero qué le pasa, criatura?—preguntó la señora con una entonación +que decía bien claro que lo sabía.</p> + +<p>—Ya sé que soy un indigno gusano...</p> + +<p>—¡Dale! ¡Cálmese usted, Timoteo, cálmese!</p> + +<p>—Yo venía con intención de hablar con usted, señora... pero ya no puedo +hablar... ¡no puedo hablar!—profirió con creciente agitación.</p> + +<p>D.ª Carolina le contempló un instante con sonrisa maliciosa y dijo al +cabo:</p> + +<p>—Pues yo voy a decirle a usted lo que usted tenía que decirme a mí.</p> + +<p>Timoteo la miró estupefacto.</p> + +<p>—Señora—venía usted a decirme,—yo sigo tan enamorado de su hija +Presentación como el primer día. A pesar de su desgracia la quiero con +todo mi corazón, porque mi cariño no se cifraba en la hermosura del +cuerpo, que es perecedera, sino en la del alma, que jamás muere.</p> + +<p>El violinista se puso horriblemente pálido. Alzose de la silla y comenzó +a dar vueltas por la estancia agitando el sombrero con frenesí. Todo su +amor, sus tristezas y anhelos, los pensamientos todos que ocupaban su +mente desde hacía tanto tiempo salieron de golpe en frases cortadas, +incoherentes, que resonaron lúgubremente en la sala como la confesión +de un reo en capilla. Pero venían envueltas en una nube tan espesa de +rocío que D.ª Carolina se vio precisada a apartarse más de una vez y +refugiarse por los rincones para no quedar completamente empapada.</p> + +<p>Al fin se dejó caer otra vez en la silla, rendido, aniquilado. D.ª +Carolina también se sentó y le contempló largo rato con mirada +chispeante de malicia.</p> + +<p>—¡Pícaro, qué bien me conoce usted!—exclamó dándole un pellizco.</p> + +<p>Timoteo clavó en ella una mirada de besugo atónito.</p> + +<p>—A usted no se le ha escapado el cariño con que siempre le he mirado. +Es una debilidad, una manía; nunca he podido remediarlo. Mis hijas me +tienen dicho un millón de veces: «¡Pero, mamá, no callas con Timoteo! ¿Y +qué le voy a hacer, hijas mías? El cariño no puede razonarse, y yo se lo +he tomado a ese muchacho. No digo a Presentación solamente: si diez +hijas tuviera y Timoteo me las pidiese, las diez le daría sin vacilar un +momento.»</p> + +<p>Aquella prueba poligámica de simpatía conmovió de tal manera al +violinista que se alzó de nuevo agitando el sombrero; pero D.ª Carolina +logró hacer que se sentase tirándole de la levita.</p> + +<p>Finalmente, el artista pidió con más humildad que ceremonia la mano de +Presentación, añadiendo que, si no lograba verse unido a ella, sus +medidas estaban ya tomadas, su resolución era irrevocable. Y no se +explicó más; pero bastaba y sobraba, atento el tono fúnebre con que +profirió tales palabras. Timoteo pensaba en divorciarse de la +existencia.</p> + +<p>D.ª Carolina adoptó inmediatamente un continente grave, protector, de +una importancia tal que el violinista comprendió que su vida estaba en +manos de aquella señora. Largo rato estuvo pensativa. Luego manifestó +que por ella todo quedaría arreglado en seguida. ¡Ah, por ella no había +dificultad alguna! Desgraciadamente era necesario consultar otras +voluntades: primero la de Presentación...</p> + +<p>La esposa del fisiólogo se levantó del asiento, tomó de la mano +gravemente al artista y le llevó consigo fuera de la sala. Timoteo se +dejó arrastrar presa de una emoción que le privaba por completo del uso +de sus facultades mentales y a medias del juego de las rodillas. +Llegaron al pasillo, y allá a lo lejos columbraron la silueta de +Presentación. Mas apenas los divisó ésta, corrió a refugiarse en su +cuarto, que cerró con un violento portazo.</p> + +<p>D.ª Carolina dirigió una sonrisa dulce al violinista, en cuyos ojos se +pintaba el espanto.</p> + +<p>—Presentación, abre—dijo aquélla llamando con los nudillos a la +puerta.—Timoteo necesita hablar contigo dos palabras.</p> + +<p>—Nada tiene que hablar Timoteo conmigo—respondieron de adentro.</p> + +<p>D.ª Carolina volvió de nuevo su fisonomía condescendiente hacia Timoteo, +dibujándose en ella otra dulce sonrisa.</p> + +<p>—Sí, hija mía, sí. Es una cosa seria lo que tiene que decirte. Abre.</p> + +<p>—Ni seria ni risueña: no quiero oír nada—repuso Presentación.—Que se +vaya.</p> + +<p>D.ª Carolina sonrió nuevamente y apretó la mano del violinista. Éste se +hallaba consternado.</p> + +<p>—Vamos, no seas terca. Abre, hija.</p> + +<p>—¡Que se vaya! ¡que se vaya!—repitió la joven con más fuerza.</p> + +<p>—Háblele usted por el agujero de la llave. No hay otro medio—dijo la +esposa del fisiólogo empujando a Timoteo.</p> + +<p>Éste bajó la cabeza y aplicó su boca húmeda a la cerradura.</p> + +<p>—¡Presentacioncita! Yo soy un indigno gusano...</p> + +<p>—¡Váyase usted! No quiero oírle.</p> + +<p>—Pero la adoro a usted con toda mi alma. Es usted desde hace mucho +tiempo la estrella confidente de mis amores, y adonde quiera que el +destino me arrastre bien puede estar segura que eternamente será mi +bandera, bajo la cual pelearé hasta derramar la última gota de mi +sangre...</p> + +<p>La voz del violinista, al pasar por el agujero de la llave, producía un +zumbido oscuro, lamentable, en el cual apenas podían percibirse las +palabras. Presentación no respondía. Sin embargo, la imagen expresiva +de la bandera y de la gota de sangre debieron de enternecer un poco su +corazón. Al cabo de un rato repitió por máquina y con menos fuerza:</p> + +<p>—Que se vaya... que se vaya.</p> + +<p>—Presentacioncita—aulló de nuevo Timoteo,—¡quisiera morir por usted! +Quisiera morir cuando el sol traspone los montes lejanos del horizonte, +cuando muere la luz entre celajes de ópalo y grana. Quisiera morir, y +sería feliz si supiese que en mi tumba solitaria vendría usted a +depositar algunas margaritas silvestres...</p> + +<p>Timoteo repetía los conceptos poéticos que más habían herido su +imaginación en la letra de los nocturnos y <i>canzonetas</i> que tocaba. +Presentación guardó silencio. Al cabo de un rato aquél volvió a zumbar, +incurriendo en flagrante contradicción.</p> + +<p>—¡Presentacioncita, por Dios, no me deje usted morir así!</p> + +<p>Después de una larga pausa se oyó la voz de la niña que profería estas +notabilísimas palabras:</p> + +<p>—Mamá, haz lo que quieras.</p> + +<p>Inmediatamente Timoteo se sintió en los brazos de su futura suegra. +Pálido, trémulo, aniquilado de emoción, se dejó arrastrar de nuevo por +aquélla a la sala.</p> + +<p>¿Qué pasó allí? Apenas es necesario manifestarlo. D.ª Carolina dio +rienda suelta a su corazón magnánimo. Se mostró ante los ojos húmedos de +Timoteo, no con la apariencia desagradable que hasta entonces se había +visto precisada a adoptar, sino como lo que era en realidad, un tesoro +de indulgencia y generosidad. Media hora de conversación íntima bastó +para que Timoteo se viese tratado con la confianza y cariño de un hijo +mimado. No sólo aquella bondadosa señora dio su pleno consentimiento +para la boda, sino que ofreció su apoyo para vencer la única grave +dificultad que para ella se presentaba, la voluntad de su marido. D. +Pantaleón, el terrible D. Pantaleón, seguía pesando como una losa sobre +los deseos y aspiraciones de la familia. Aún más: D.ª Carolina llegó a +consentir que la llamase mamá cuando estuviesen solos, y le prometió +tutearle en el mismo caso. ¡Pero cuidado con que llegase a noticia de su +marido! No satisfecho su tierno corazón con esto, al despedirse, cerca +de la escalera, de su futuro hijo político le dio un beso maternal en la +frente. De tal modo que Timoteo bajó los peldaños tambaleándose de gozo, +no sin besar antes las manos de aquella adorable señora, derramando +sobre ellas un raudal de lágrimas y saliva.</p> + +<p>Los dioses no se fatigan jamás cuando quieren hacer a un mortal feliz o +desgraciado. Aún le tenían reservado a nuestro artista un nuevo triunfo +que saboreó al llegar a su casa. En ella le aguardaba el padre +Laguardia, más huesudo y más inquieto que jamás lo había sido. Timoteo +no le conocía más que de vista. Después de saludarle rápidamente, el +presbítero le preguntó con agitación:</p> + +<p>—Venía a que usted me dijese, si es que lo sabe, dónde vive actualmente +su amigo Llot.</p> + +<p>—¿Mi amigo Llot?</p> + +<p>—O su enemigo. Es igual. Dónde vive es lo que me importa averiguar.</p> + +<p>—Pues no lo sé, ni lo he sabido nunca.</p> + +<p>—¡Nadie! ¡nadie!—exclamó el clérigo terciando el manteo y comenzando a +dar vueltas por la habitación como un loco.—¡Nadie sabe dónde se +esconde ese pillo!... Porque es un pillo, ¿sabe usted?—añadió +encarándose con Timoteo ferozmente como si no esperase más que éste le +contradijese para arrojarse sobre él.—¡Un granuja! ¡un miserable! ¡un +estafador! ¡En cuanto le tropiece le piso la cara!</p> + +<p>—¡No puede ser!—dijo Timoteo inundado de gozo.</p> + +<p>—¿Que no puede ser?—chilló el cura abalanzándose a él y sujetándole +por la solapa de la levita.—¿Cree usted que yo no soy capaz de pisarle +la cara?</p> + +<p>—No es eso. Lo que yo quería decir es que me extrañaba que un muchacho +tan inocente, que parecía una palomita sin hiel...</p> + +<p>—¡Una palomita!—exclamó D. Jeremías sonriendo sarcásticamente.—¡Una +palomita!... ¡Un raposo!—profirió con grito horrísono.—Un raposo a +quien hay que cortar las orejas, a quien hay que desollar vivo.</p> + +<p>Y comenzó de nuevo a dar paseos agitados lanzando al mismo tiempo +tremendas imprecaciones.</p> + +<p>Al fin se dejó caer en una silla y se puso a contar lo que le pasaba.</p> + +<p>Godofredo le había ido sacando poco a poco y con diferentes pretextos +algunas cantidades, las cuáles sumaban a la hora presente seiscientas y +pico de pesetas, desapareciendo de la noche a la mañana. No era eso lo +peor. Lo verdaderamente infame es que se había valido de su nombre para +estafar una porción de dinero a algunos amigos: al cura de San Ginés +sesenta duros, al capellán de las Adoratrices cuarenta y cinco, al +excusador de San Millán diez y seis, etc., etc. Iba pidiendo estas +cantidades como si fuesen para D. Jeremías. Cuando presumía que no +bastaba la palabra, presentaba una carta falsificando la firma... +Además, había encargado un sin fin de misas por el alma de su madre, y +de toda su parentela, sin que jamás hubiese dado un cuarto a los +sacerdotes que las dijeron. Resultaba, en fin, debiendo y estafando a +todas las personas con quienes le había puesto en relación...</p> + +<p>D. Jeremías no podía estarse quieto mientras relataba tales infamias. Se +sentaba, se alzaba, paseaba, manoteaba, chillando al mismo tiempo como +un energúmeno.</p> + +<p>Timoteo sentía correr por sus venas un estremecimiento dulcísimo. A la +agitación y cólera que reflejaba el rostro del presbítero oponía su +semblante una placidez verdaderamente paradisíaca.</p> + +<p>Y más se acentuó esta expresión de beatitud celeste cuando vio salir a +D. Jeremías como un huracán, sin decirle adiós siquiera, gritando al +trasponer la puerta:</p> + +<p>—En cuanto le tropiece, no hay más, ¡le piso la cara!</p> + + + +<h3><a name="XVI" id="XVI"></a>XVI</h3> + + +<p>Don Laureano Romadonga no era hombre que se dejase aprisionar fácilmente +por los artificios femeninos; que comprometiese el sosiego de su vida, +sus placeres, su independencia por una mujer, cualquiera que ella fuese. +Conocedor profundo de la existencia, había formado hacía mucho tiempo su +plan, y de él no se apartaba una línea. Sus días se deslizaban serenos, +risueños, libando voluptuosamente la corta cantidad de miel que sólo +proporciona este valle de lágrimas a los solterones ricos y sanos.</p> + +<p>Desgraciadamente la impetuosidad absurda de su última querida había +venido a turbar el curso sereno de estos días. Hacía ya algún tiempo +que el viejo seductor comprendiera que le convenía cortar estas +relaciones enfadosas. Si no lo ponía en práctica, como en casos +semejantes había hecho, no era por falta de voluntad, sino por el +temorcillo que la navaja de la chula había logrado inspirarle. No +obstante, después de la escena escandalosa del teatro, la separación +quedó resuelta en principio. Aunque por un refinamiento de hombre +gastado le placiesen para queridas las mujeres de genio vivo y hasta un +poco agresivas, los arranques de la hija del sillero rebasaban ya los +límites de lo tolerable. No era posible continuar. Sus planes sabios +corrían peligro de hundirse para siempre con aquella chiquilla violenta +y caprichosa.</p> + +<p>Era demasiado listo, sin embargo, para dejar traslucir sus propósitos. +Continuó en apariencia tan enamorado. Mantuvo a la Conchita en la +ilusión de ser su última y definitiva querida. Hasta le dejó entrever +algunos tenues y lejanos rayos de luz matrimonial. Mientras tanto, allá +en el fondo de su cerebro artificioso se elaboraba tranquilamente un +plan maquiavélico que iba a marchitar en flor tanta dulce esperanza. +Romper con la chula quedándose en Madrid era expuestísimo. Aunque +avisase a la policía, tenía la seguridad de que Concha le daba una +puñalada por la espalda. ¡La conocía bien! A aquella muchacha fiera y +escandalosa le importaba un bledo ir a presidio o a la horca con tal de +satisfacer su venganza. Era necesario escapar de Madrid. ¿Adónde? +Después de meditar varios días este punto, se decidió por París. Aquella +inmensa ciudad, emporio de todos los placeres, convenía admirablemente a +los fines interesantes que Romadonga perseguía en esta vida. Pasar el +invierno en París; desde allí, cuando viniese el verano, trasladarse a +Biarritz o San Sebastián; en el mes de Octubre, trascurrido ya cerca de +un año, regresar a Madrid. En todo este tiempo la hija del sillero le +olvidaría, hallaría otro acomodo, desaparecería de Madrid. ¿Quién sabe +lo que podía suceder?</p> + +<p>Resuelto, pues, a llevar a cabo el proyecto, comenzó sigilosamente a +hacer sus preparativos. Vendió los coches y los caballos, giró a la +capital de Francia dinero, envió a su criado por delante con los objetos +necesarios, hizo la maleta; y una tarde se metió cautelosamente en un +coche del Sud-exprés y huyó de Madrid sin dar cuenta a nadie de su +viaje. Una hora antes había estado en casa de su querida. Con sarcasmo +mefistofélico pasó largo rato hablándole de planes para lo porvenir, +prometiendo llevarla pronto a vivir consigo y viajar con ella algunos +meses y comprarla una magnífica cama que juntos habían visto en un +escaparate de la calle de Alcalá. Estuvo jocoso y seductor como nunca. +Al despedirse le dijo que vendría de noche a buscarla para ir a un +teatrito por horas, y que estuviese ya vestida y no se hiciese esperar. +La sonrisa cruel que plegaba sus labios al bajar la escalera inspiraba +frío y miedo.</p> + +<p>¡Pobre niña! ¡Cuán ajena estaba del pensamiento que bullía en la mente +de aquel hombre egoísta, sin entrañas!</p> + +<p>Mientras corrió el tren por los campos de España, todavía la imagen de +la chula venía de vez en cuando a turbar su espíritu. Pero en cuanto +atravesó la frontera se le borró por completo. Al llegar a París buscó +un cuartito amueblado en lo más céntrico; alquiló coche, compró caballo, +se hizo socio de dos clubs aristocráticos y comenzó a hacer la vida a +que sus convicciones filosóficas le arrastraban. De tal suerte, que a +los quince días se encontraba infinitamente mejor que en Madrid, y +principiaba a sospechar que no sólo aquel invierno, sino todos los que a +Dios pluguiere concederle, iba a pasar en aquella hermosa capital.</p> + +<p>La existencia de Romadonga se deslizaba serena, feliz, egoísta como la +de un dios, viviendo únicamente para sí y contemplando con augusta +indiferencia los dolores y las alegrías de los otros. Excusado es decir +que el sol que más iluminaba y amenizaba aquella existencia era la +mujer. Pero no una mujer determinada; la mujer en general; hoy una, +mañana otra. Después de paladear la fruta hermosa, pero un poco +insípida, de las burguesas madrileñas y morder en la guindilla de las +chulas, las cortesanas parisienses, tan elegantes, tan ingeniosas y +cultas, le parecían un bocado exquisito. Y hay que confesar que supo +aprovecharse. En poco tiempo fue popularísimo entre ellas. Le llamaban +riendo el <i>fidalgo español</i>. Su carácter frío, su ingenio reconocido y +el cinismo con que se expresaba logró dominarlas. Hasta el exagerado +acento extranjero contribuía a dar más gracia a sus frases insolentes en +el fondo y correctas en la forma.</p> + +<p>Gozando de más libertad que en Madrid, con gozar aquí mucha, tan pronto +se le veía con una dama del brazo como con otra, creyendo a puño cerrado +que la Naturaleza sólo es bella por su rica variedad. A ciertas horas +del día hallaríasele invariablemente paseando por los boulevares con el +cigarro en la boca balanceando su esbelta figura entre la muchedumbre; +dirigiendo su mirada atrevida, escrutadora, a las bellezas que cruzaban +cerca, inclinándose a un lado y a otro para ver mejor; a veces teniendo +el paso y siguiéndolas con la vista largo rato.</p> + +<p>—Es guapa esa barbiana, ¿verdá tú?</p> + +<p>Romadonga sintió un escalofrío mortal correr por sus venas. Volvió el +rostro espantado y se encontró con la mismísima Concha. Instintivamente +puso las manos por delante.</p> + +<p>—¡No seas tan jindamón, hombre!—profirió la chula con voz ronca, +apoyándose en cada sílaba y mirándole de arriba abajo con ojos torvos, +despreciativos.—¿No ves que soy una mujer?</p> + +<p>La vergüenza hizo que volvieran los colores a las pálidas mejillas del +<i>fidalgo español</i>.</p> + +<p>—Es que tú no eres una mujer como otras... ¡Ya lo creo, caramba!... +¡Pues si me descuido, caramba!</p> + +<p>—¡Ya lo creo! ¡Si te descuidas, caramba!—exclamó haciendo burla la +chula.</p> + +<p>En verdad que Romadonga estaba descompuesto y aturdido que daba lástima.</p> + +<p>—Si te descuidas, ¡na!—prosiguió Concha.—El día que se me meta en el +moño te clavo el corazón, con cuidao o sin él... ¿Qué te has figurao, +viejo silbante, que después de lo que has hecho conmigo me ibas a tirar +a la barredura, como un papel sucio?... ¡Ja, ja!... Que se te quite, +infeliz.</p> + +<p>El traje, la actitud y la voz de la chula habían hecho pararse a algunos +curiosos. D. Laureano, avergonzado y alentado al mismo tiempo, exclamó +irguiéndose:</p> + +<p>—Vaya, vaya, déjame en paz y sigue tu camino. Nada tengo que partir +contigo.</p> + +<p>—¿Nada tienes que partir conmigo, malvao? Y la criatura que he dejao en +Madrid ¿es la punta de un cigarro que tiras a la calle cuando empieza a +quemarte, verdá tú? Y mi honra es otra colilla ¡puf! que se escupe y no +se vuelve a mirar... Aquí tienen ustedes un hombre, señores (volviéndose +a los circunstantes, que no entienden una palabra y contemplan +asombrados la escena). ¿Ven ustedes este viejo baboso, que tiene más +años que Matusalén, más pintao que un monumento y más perfumao que una +corista? Pues este tío ha conseguío chalarme no sé por qué... por la +labia, por la fachenda, por las mentiras... en fin, por lo que a ustedes +no les importa. Y luego que me ha visto chalá, y me ha deshonrao, y me +ha tenío tres años sujeta como una mona, de la noche a la mañana y sin +decir «agur Conchita,» se escapa a París, y ¡venga juerga con las +suripantas!... ¡Qué bonito! ¿verdá ustedes?... Pero como yo soy hija de +mi padre y de mi madre, y no hay más que una vida que perder, y de mí no +se ha reído ningún roío dao por tal como éste, a este tío asqueroso +nadie le mata más que yo, ¿saben ustedes?</p> + +<p>D. Laureano vio un agente de policía acercarse y, envalentonado, se +atrevió a decir con tono despreciativo:</p> + +<p>—Anda, anda, sigue tu camino, que todo lo que te he quitado te lo he +pagado en buenos billetes de Banco.</p> + +<p>Los ojos de Concha relampaguearon como los de una pantera.</p> + +<p>—¿Dinero por mi honra, canalla?—gritó en el paroxismo de la cólera.</p> + +<p>Y llevándose la mano al seno, sacó rápidamente una navaja de grandes +dimensiones, la navaja de marras. Pero en aquel instante las manos del +agente la sujetaron por detrás, D. Laureano retrocedió más pálido que la +cera.</p> + +<p>—Déjenme ustedes que saque las tripas a ese infame—gritaba la chula +tratando de desasirse.</p> + +<p>Pero al volver la cabeza para ver quién la sujetaba, quedose +repentinamente inmóvil.</p> + +<p>—¡Un guindilla! Está bien. Tome usted—dijo entregándole la navaja +tranquilamente; luego, subiéndose el mantón y apretando el nudo del +pañuelo, añadió:—Lléveme usted a la cárcel.</p> + +<p>Y volviéndose a Romadonga en una actitud fría, desesperada, que +inspiraba miedo y lástima al mismo tiempo, con terrible calma dijo:</p> + +<p>—No tardaré en salir. Te juro por la salud de mi hijo que pronto +tendrás noticias mías. Cuando recibas el golpe, si tienes tiempo a +pensar, ya sabes quién te lo ha dado.</p> + +<p>Estas palabras desgarraron el corazón magnánimo de D. Laureano. La vida +es dulce a todos los mortales, pero muy especialmente lo era para aquel +hombre venerable. Recibir una puñalada por la espalda sin aviso de +ninguna clase, le era profundamente desagradable. Así que, antes de que +el policía llevase consigo a Concha, se dirigió a él y, en francés +chapurrado, le manifestó que aquella señora era su esposa y que le +hiciese el favor de soltarla.</p> + +<p>Esto fue lo único que comprendió el círculo de curiosos que les rodeaba. +La noticia causó sorpresa y no poca risa. El agente no se avino a ello +sin llevarlos a ambos antes a las oficinas de la policía. Entonces +Romadonga, con la galantería propia de un fidalgo español, ofreció el +brazo a la chula y se fueron escoltados por el guardia. La muchedumbre +aplaudía riendo.</p> + + + +<h3><a name="XVII" id="XVII"></a>XVII</h3> + + +<p>Mario llegó a ser un escultor distinguido. Llovieron las demandas de +obra en su estudio. Bustos, estatuas, jarrones, mausoleos, todo lo +trabajó con gloria y provecho. Comenzó a ganar sumas considerables.</p> + +<p>Alquilaron un buen cuarto en la calle Mayor, cerca de la de Ramales, +donde sus padres habitaban. Vivieron con desahogo, hasta con lujo; pero +sin despilfarro. El ingenioso Sánchez y D.ª Carolina andaban un poco +apurados de dinero por los gastos del primero en publicaciones, +instrumentos científicos, excursiones, etc, etc. Carlota los protegía. +Pero a Mario le parecía siempre poco lo que les daba. Era tan infeliz +aquel muchacho, que cuando doña Carolina venía a llorarle alguna +lástima, por su gusto le entregaría todo el dinero que había en la casa.</p> + +<p>—¿Para qué necesitamos nosotros tanto?—decía a menudo a su esposa.</p> + +<p>—Para nuestro hijo y para los que puedan venir—respondía Carlota.</p> + +<p>Mario le apretaba la cara con entusiasmo.</p> + +<p>—Lo que yo pido para mi hijo—exclamaba—es que le gusten las artes y +encuentre una mujer como tú. ¡Entonces vale la pena el haber nacido!</p> + +<p>El pequeño Mario tenía ya cerca de cuatro años. Era un niño fresco, +sonrosado, con grandes ojos suaves y límpidos y una boca de cereza +plegada siempre por sonrisa angelical. El escultor le adoraba con +frenesí por ser su hijo y además porque era un retrato en miniatura de +Carlota. La misma dulzura en la mirada, la misma apacibilidad, la misma +igualdad de humor. Cuando aquélla quería que su marido descansase, no +tenía más que enviar al niño al estudio. Mientras estuviese allí tenía +la certeza de que Mario no tomaría los palillos o el cincel en la mano.</p> + +<p>Todo sonreía, pues, a la familia del célebre antropólogo, el cual no +cesaba un instante en sus indagaciones preparando a sus descendientes +gloria inmortal.</p> + +<p>El descubrimiento del origen del pensamiento, aunque no realizado +todavía, se hallaba en camino. Últimamente, D. Pantaleón había levantado +la tapa de los sesos a un perro, y por espacio de algunos segundos pudo +observar el juego de su mecanismo cerebral. Por desgracia, el perro +falleció al instante. Sólo ligerísimos apuntes sacó para el famoso +descubrimiento. Pero estos apuntes fueron agua preciosa para su molino. +El insigne fisiólogo vio hasta cierto punto comprobadas sus felices +adivinaciones. En el corto tiempo de que dispuso observó que la sangre +de la masa encefálica cambiaba de color en diferentes sitios, tornándose +unas veces más clara, otras más oscura. Era, pues, exacto que la +fabricación del pensamiento debía de semejar bastante a una +<i>destilería</i>, como él había presumido.</p> + +<p>Una contrariedad de otro orden vino a perturbar momentáneamente el curso +de estas indagaciones. El matrimonio de su hija Presentación iba a +llevarse pronto a efecto. Timoteo entraba a todas horas del día en la +casa y era considerado ya como un hijo más. Se hacía el equipo, se +amueblaba un cuarto en sitio próximo, se arreglaban los papeles. Mas he +aquí que un día, al bajarse Timoteo para recoger un corcho que se había +caído al suelo, vio don Pantaleón en su cuello una mancha encarnada que +al punto le pareció de carácter herpético. Nada dijo por entonces. +Procuró con maña cerciorarse. Pronto logró averiguar que Timoteo, en +efecto, padecía de herpetismo. El fisiólogo comprendió que era de todo +punto imposible la realización de aquel matrimonio.</p> + +<p>Por la noche, hallándose a solas, se lo hizo entender así a su esposa +con la debida suavidad: no habría exageración en decir timidez. Expuso +las razones que tenía para hallar tal unión desacertada, todas +rigorosamente científicas y basadas en los últimos progresos de la +antropología. El herpetismo significaba una degradación física como +todos los vicios de la sangre. Nosotros estamos obligados no tan sólo a +no contrariar la selección natural, sino a favorecerla por cuantos +medios podamos. Debemos evitar a todo trance que procreen los seres que +no estén perfectamente sanos si queremos que la raza vaya siempre +mejorando, etc.</p> + +<p>D.ª Carolina no hizo caso alguno de estas observaciones. Antes tomó pie +de ellas para vejar al fisiólogo, maldiciendo de sus aficiones y +recordándole con pesadísimas palabras las quemaduras de su hija. +Insistió a los pocos días con idéntica suavidad. Nada. La esposa +respondió aún con más acritud y desprecio. Entonces, viendo que sus +esfuerzos eran inútiles para impedir aquel matrimonio rechazado por los +progresos biológicos, se le declaró una tristeza negra que le privaba +del apetito y del gusto por la experimentación. Esta gran melancolía +hizo crisis a los pocos días con una extraña explosión que puso en +espanto a toda la familia.</p> + +<p>Pasando una mañana Timoteo desde la sala al comedor, D. Pantaleón, que +al parecer estaba apostado en uno de los cuartos del pasillo, se arrojó +sobre él de improviso, le echó las manos al cuello y hubiera concluido +probablemente por estrangularle si al ruido no hubiera acudido la gente +de casa. A duras penas consiguieron arrancárselo de las manos. Todavía, +sujeto por Mario, Carlota, D.ª Carolina y la criada, gritaba como un +energúmeno, los ojos inyectados, el semblante descompuesto:</p> + +<p>—¡No se casará usted con mi hija, no! ¡Yo lo impediré aunque sea a +costa de mi sangre!... En mi casa no atacará nadie impunemente la ley de +la selección... ¡Vergüenza había de darle, con los caracteres orgánicos +que usted presenta, intentar un matrimonio que ha de ser funesto para la +raza!... Yo no quiero una descendencia degradada... ¿Lo oye usted +bien?... ¡No la quiero!</p> + +<p>La excitación fue tanta que al fin cayó privado de conocimiento, +echando espuma por la boca.</p> + +<p>Recobró al poco rato el sentido; estuvo enfermo algunos días; al cabo +curó por completo sin que el ataque hubiese dejado rastro alguno como se +temía. La boda de Presentación se realizó sin ningún otro incidente +desagradable. Todo volvió a quedar en paz.</p> + +<p>Mario y Carlota no dejaban de aprovechar los momentos que aquél tenía +libres para solazarse, unas veces yendo a paseo, otras al teatro, otras, +en fin, comiendo en los <i>restaurants</i>. Era tanto lo que se placía el +escultor en estos festines matrimoniales que Carlota consentía en ellos +de buen grado, aunque no le gustasen por espíritu de orden y economía.</p> + +<p>Una de las pocas amigas que tenía vino un día a invitarla para asistir a +cierta comedia casera. Esta amiga era a su vez invitada, pero tenía +libertad para llevar a quien quisiese. Consultó el caso con su marido. +Hallolo bien Mario y aun prometió acompañarlas si alguna ocupación +urgente no se lo impedía. Como era domingo el día señalado, y por la +tarde, no hubo inconveniente. Ambos se fueron, pues, de bracero a +buscar a la amiguita y de allí a la calle del Amor de Dios, donde estaba +la casa en que la representación iba a efectuarse. Era un edificio bajo, +antiguo, bien conservado, de un solo piso, en el cual vivía únicamente +su propietaria, una señora viuda con dos hijas solteras, un hijo y una +nieta de catorce a quince años. Desde que se ponía el pie en el portal +se observaba el espíritu religioso, la economía y la limpieza que +reinaban en aquella casa. Los muebles de la antesala eran feos y +antiguos, pero brillaban por el frote de la bayeta y el cepillo. En uno +de los ángulos había un pedestal con una Purísima de yeso, pintada. Los +pasillos amplísimos y enjalbegados como los de un convento.</p> + +<p>Pasaron a un gabinete donde había ya reunidas bastantes personas y donde +la señora de la casa los recibió con amabilidad grave y protectora. Era +una dama extremadamente alta, de bastantes años, enjuta, con ojos negros +de mirar imponente, los blancos cabellos pegados a la frente con goma. +Vestía de negro y estaba sentada en un elevado sillón de cuero, +mientras que todos los demás se hallaban acomodados en sillas más bajas. +De suerte que D.ª Fredesvinda, que así se llamaba, parecía una reina +rodeada de su corte. Y ciertamente, la pausa con que hablaba y la +majestad de sus ademanes contribuían bastante a hacer la semejanza más +perfecta. Las dos hijas solteras que se encontraban en el círculo de los +tertulios pasaban ya de los treinta, y vestían el traje con que iban a +representar, lo mismo que la nieta. Estaba también el padre de ésta, +viudo, hijo de la señora, y que no habitaba la casa porque sus +costumbres independientes no se compadecían con el régimen austero que +allí se observaba.</p> + +<p>D.ª Fredes era aficionadísima a la literatura, a la música y en general +a todas las artes; se creía muy competente, y sus tertulios asiduos la +creían también. Reuníanse en aquella casa los domingos varios poetas y +poetisas, alguna de las cuales tocaba asimismo el piano. Solía ir un +pintor de marinas que había presentado algunas en distintas +exposiciones, sin que hasta la fecha le hubiesen dado recompensa +alguna. D.ª Fredes juzgaba esto una de las grandes injusticias del siglo +diez y nueve. Para ella, Martínez, que así se llamaba el pintor, era uno +de los artistas más eminentes que hubiese producido la España +contemporánea. Con lo cual dicho se está que D.ª Fredes era para +Martínez el más profundo de los críticos actuales. Era igualmente +tertulio un profesor de flauta que había compuesto y publicado varias +tandas de valses, una de las cuales había tenido el honor de dedicar a +aquella señora. No quedaba sin representación, pues, más que la +escultura. Por eso Mario fue acogido con extraordinaria benevolencia.</p> + +<p>Inmediatamente, lo mismo él que Carlota, a una señal, mitad amable mitad +imperiosa, de la notabilísima señora, fueron a sentarse, formando como +los demás círculo en torno de ella. Pasados algunas instantes se dignó +dirigirle desde su alto sitial las siguientes palabras:</p> + +<p>—Ha llegado a mis oídos, Sr. Costa, que es usted un escultor muy +distinguido. Tengo verdadero placer en verle en esta casa, por donde +tantos artistas eminentes han pasado y pasan todos los días.</p> + +<p>Tan benévolas palabras, pronunciadas con extraordinaria calma y firmeza, +produjeron en el auditorio emoción respetuosa. Todos los rostros se +volvieron hacia Mario, felicitándole con la mirada por ser objeto de +ellas. El escultor dio las gracias sin parecer tan sensible a la honra +que se le dispensaba.</p> + +<p>Después de algunos momentos de silencio D.ª Fredes volvió a tomar la +palabra con idéntica calma y majestad.</p> + +<p>—La escultura es un arte muy bella. Sé que los griegos la han cultivado +con mucho lucimiento. Pero yo no puedo aprobar de ningún modo que +presenten sus estatuas desnudas. Ésta es mi opinión y la he expresado ya +en varias ocasiones, como alguno de los que me escuchan sabe +perfectamente.</p> + +<p>Hubo un murmullo de aprobación en el gabinete. El profesor de flauta +apuntó tímidamente que, en efecto, él conocía la opinión de D.ª +Fredesvinda hacía ya mucho tiempo. Ésta le dirigió una mirada grave y +afectuosa.</p> + +<p>Mario iba a contestar, pero ya D.ª Fredes, cumpliendo un deber de +cortesía, había convertido la atención a otro asunto.</p> + +<p>—Recareda—dijo volviéndose a una de sus hijas,—enseña el pañuelo de +que hemos hablado el domingo pasado a tu amiga Marcela.</p> + +<p>La hija, que era ya una mujer bien ajada, próxima a los cuarenta, se +apresuró a cumplir la orden sacando de un estuche que descansaba sobre +la chimenea un pañuelo de narices bordado. Elogiolo su amiga con +entusiasmo; después lo hizo pasar de mano en mano, recibiendo de todos +las mismas alabanzas. Cuando volvió de nuevo al estuche, doña Fredes +dijo:</p> + +<p>—Este pañuelo fue bordado por mi hermana Práxedes, que Dios haya. +Cuando lo estrenó en un baile del Círculo de Cosecheros, llamó tanto la +atención, que se supo en Palacio al día siguiente. La reina envió por él +para verlo y quiso que se le hiciese otro igual. No fue posible. Ninguna +bordadora de Madrid osó comprometerse a ello.</p> + +<p>Las palabras de D.ª Fredes produjeron, como siempre, un efecto inmenso +en la tertulia.</p> + +<p>Mario y Carlota estaban asombrados de todo aquello. La majestad de la +señora, el aparato de que se rodeaba y las ideas extrañas que salían de +su boca les hacía mirarse de vez en cuando llenos de estupor. Pero tanto +y más que esto les impresionaba el respeto profundo que todos los +tertulios la tributaban. De tal modo que, cuando por el gesto se conocía +que iba a hablar, inmediatamente quedaba todo en silencio. Mientras +permanecía callada, charlaban unos con otros, pero siempre en voz baja, +como si se hallasen en un templo o en la misma cámara real. Sus hijas +Recareda y Valeria, jamonas de alto bordo, se mostraban ante ella tan +respetuosas, tan obedientes y sumisas como niñas de diez años; y lo +mismo su hijo viudo, lleno de canas. Un gesto, una mirada de su madre +bastaban para paralizarlos cuando estaban hablando. Y si no sucedía +tanto con los demás tertulios, algo se aproximaba. Todos parecían tener +fe ciega en las altas disposiciones de aquella señora singular y +reconocían de buen grado su autoridad.</p> + +<p>En el gabinete no había lujo. Los muebles y el decorado no acusaban gran +riqueza, sino el mediano bienestar de una familia burguesa. Pero todo +ello tenía un sello de antigüedad y de orden que lo hacía más respetable +que el suntuoso decorado de un palacio moderno. La autoridad indiscutida +de D.ª Fredesvinda parecía reflejarse en las paredes de la estancia.</p> + +<p>Habiendo quedado ésta en silencio algunos instantes, un jovencito +escuálido, de pelo rubio y ojos tiernos, se atrevió a levantarse, y con +voz turbada pidió permiso a D.ª Fredesvinda para leer una poesía que +había escrito en su honor. Concedióselo la señora con ademán soberano, y +acto continuo el poeta sacó del bolsillo interior de su levita un pliego +de papel de barba que desdobló con mano temblorosa. No se oía en el +gabinete una mosca.</p> + +<p>«A la esclarecida señora D.ª Fredesvinda Bejarano.»</p> + +<p>Era una oda en que se la ensalzaba hasta las nubes, presentándola como +una protectora de las bellas artes, una nueva Cristina de Suecia. Los +artistas se amparaban bajo su manto; hallaban en ella la mano que los +sostenía y la luz que los guiaba. En torno suyo juntábase lo más selecto +que el arte español había producido en los últimos tiempos, formando un +divino cenáculo sólo comparable al que la reina de Navarra presidía allá +en los tiempos de la Edad Media.</p> + +<p>Mientras el poeta de los ojos tiernos dejaba escapar de su boca esta +cascada de elogios, D.ª Fredesvinda, grave y atenta, hacía con la cabeza +signos de aprobación: el gesto era tan benévolo, tan protector, que es +imposible que su émula la reina de Suecia fuese más allá en este punto. +Al terminar, después de unos momentos de pausa, extendió la mano y tuvo +a bien expresarse de este modo:</p> + +<p>—La poesía que usted nos acaba de leer, Juanito, es bellísima como todo +lo que brota de su privilegiado ingenio. Creo que ni Bécquer ni +Garcilaso de la Vega han escrito nada mejor.</p> + +<p>Fue la señal para que todos los tertulios felicitasen calurosamente al +joven escuálido, el cual, ruboroso, confuso, sonriente, daba las +gracias haciendo mil contorsiones, manifestando repetidas veces que no +por su mérito, sino porque el asunto se prestaba admirablemente, «la +poesía había resultado regular.»</p> + +<p>—Si usted no tuviese inconveniente en ello—manifestó D.ª Fredes +dirigiéndose al poeta,—le rogaría me dejase el manuscrito de esa poesía +para guardarlo en mi colección de autógrafos y firmas ilustres.</p> + +<p>El poeta, confundido por tamaña honra, avanzó tropezando hasta el trono +de D.ª Fredesvinda y depositó en sus manos el pliego de papel de barba. +La imperial señora lo alargó inmediatamente a su hija Recareda y ésta se +apresuró a llevarlo con la misma unción que si fuese una reliquia a la +caja donde su madre guardaba los manuscritos más preciosos.</p> + +<p>—Mi colección de autógrafos—se dignó decir la señora, paseando su +mirada imponente por el concurso—es acaso la más rica que hoy existe en +Europa. Exceden de seiscientas las firmas de poetas españoles +contemporáneos que poseo. No hace muchos días que un amigo me decía +que, si se tratase de ponerla en venta, el gobierno inglés me daría por +ella una suma fabulosa.</p> + +<p>Los tertulios dejaron escapar un grito reprimido de admiración. Luego en +voz baja se autorizaron mil comentarios lisonjeros que llegaban a los +oídos de D.ª Fredes y la arrullaban dulcemente. Un muchacho músico, +discípulo del profesor de flauta, se atrevió a manifestar que sería +lástima que tal preciosidad saliese nunca de los dominios españoles. D.ª +Fredes le miró con indulgencia y respondió que aunque se viese en la +miseria jamás enajenaría al extranjero esta gloriosa colección. Con lo +cual respiró libremente la tertulia. Se la felicitó calurosamente por su +desinterés y patriotismo.</p> + +<p>Mario se había hallado en bastantes tertulias de todas clases, pero +jamás viera una que se pareciese remotamente a la presente. Su asombro +iba creciendo cada vez que la señora de la casa tomaba la palabra. Todo +lo que oía y veía era tan estrambótico que le parecía no estar en la +realidad, sino asistiendo ya a la comedia.</p> + +<p>El gabinete iba quedando en tinieblas. Doña Fredes dio orden de que se +encendiesen las luces y que se iluminase también el salón donde se había +colocado el escenario. Las damas que debían tomar parte en la +representación, entre ellas las dos hijas de la casa, Recareda y +Valeria, salieron para concluir de arreglarse; su nieta Medarda, que +según se decía en la tertulia era un portento y estaba destinada a +eclipsar a todas las actrices españolas, lo mismo. Acudía cada vez más +gente; no cabiendo en el gabinete, andaba distribuída por los pasillos y +el comedor. Se aproximaban la cinco, hora en que debía de comenzar la +función.</p> + +<p>D.ª Fredesvinda apretó con sus manos venerables los brazos del sillón, a +inclinándose un poco para hablar, reinó silencio en la estancia.</p> + +<p>—Ha llegado a mi noticia—manifestó con voz solemne—que en Madrid se +ha dicho que yo hacía descansar todo el peso de las representaciones +sobre mi nieta Medarda, lo cual podría causarle fatiga por ser aún muy +niña. Para evitar estos comentarios desfavorables he determinado que en +la comedia de hoy tomen parte principal mis dos hijas y lo mismo +sucederá en las representaciones sucesivas.</p> + +<p>Este discurso lleno de prudencia causó viva impresión en la tertulia. El +poeta de los ojos tiernos tomó la palabra a nombre de todos y manifestó +sin ningún rodeo que sólo desprecio merecían tales rumores y que al +vulgo en general le gusta zaherir a las personas elevadas. Los demás +hicieron coro al poeta; pero D.ª Fredesvinda se mantuvo inflexible. Sus +hijas, de allí en adelante, trabajarían tanto como su nieta.</p> + +<p>En aquel instante, mirando Carlota hacia la puerta, creyó ver cruzar por +el pasillo unas barbas y unas gafas muy semejantes a las de Moreno. Su +duda se desvaneció al instante oyendo a D.ª Fredesvinda llamar en voz +alta:</p> + +<p>—¡Adolfo!... ¡Adolfo!</p> + +<p>—No puedo ir ahora—contestó éste desde el corredor sin dar la cara.</p> + +<p>—¡Soy yo quien te llama, hijo!—profirió la señora irguiendo +altivamente la cabeza.</p> + +<p>Todavía tardó aquél en aparecer. Al fin se presentó y cruzó el gabinete +tan confuso que bien se notaba que había visto a Mario, por más que +afectase otra cosa.</p> + +<p>—¿Qué tenías que hacer, hijo?—le preguntó la señora con acento +altanero.</p> + +<p>Moreno balbuceó una disculpa ininteligible. Doña Fredes le miró un buen +espacio con fijeza y severidad. Al cabo dijo:</p> + +<p>—Todavía no te he presentado a unos señores que han venido hoy por +primera vez a esta casa, los señores de Costa... Mi hijo menor +Adolfo—añadió presentándolo a Mario y Carlota.</p> + +<p>—¡Ah! ¿Eres tú, Mario?... ¿Y usted, Carlota?—exclamó el joven +antropólogo fingiendo sorpresa y con un semblante tan colorado que daba +miedo.</p> + +<p>Mario, reprimiendo a duras penas la risa, le saludó afectuosamente, y lo +mismo su esposa.</p> + +<p>—¿Conque se conocen ustedes?—preguntó la augusta señora.</p> + +<p>—¡Muchísimo!—respondió el escultor—. Somos íntimos amigos hace +bastante tiempo.</p> + +<p>Doña Fredes dirigió una mirada de sorpresa a su hijo.</p> + +<p>—¿Y por qué no me has dicho que tenías por amigo a un artista de tanto +mérito?</p> + +<p>Moreno comenzó a murmurar cosas extrañas, tan agitado y descompuesto que +verdaderamente inspiraba lástima. Sus mejillas parecían de escarlata. +Mario temió que le fuese a dar un ataque.</p> + +<p>Al fin vino a sacarle de aquel purgatorio su hermana Valeria llamándole +para que fuese a arreglar un bastidor del teatro que se había caído.</p> + +<p>Doña Fredes entonces hizo que Carlota y Mario se sentasen cerca de ella +y comenzó a hablarles de su hijo menor con la misma gravedad solemne que +empleaba para todo. Observábase, no obstante, cierta satisfacción y una +alegría que les hizo colegir que Adolfo era su predilecto. Se mostró muy +contenta de aquella amistad que les ligaba y esperaba que jamás se +entibiaría.</p> + +<p>—Por parte de mi hijo me parece que no sucederá—añadió—. Es un +infeliz, un pobre chico incapaz de ofender a nadie. Peca gravemente el +que le infiera daño alguno. De todos mis hijos ha sido siempre el más +cariñoso y el que me profesa más respeto. Sus hermanas le motejan +constantemente, le llaman holgazán a hipócrita y dicen que me tiene +embaucada. Esto me causa bastantes pesadumbres. Yo creo más bien que son +ellas las que están prevenidas contra él y que le buscan defectos. +Hipócrita no lo es. Holgazán, convengo en ello. Emprendió varias +carreras y ninguna ha llegado a concluir; de suerte que hoy se encuentra +el pobre sin profesión alguna y viviendo a expensas de su familia. Pasa +la vida azotando las calles o leyendo allá en su cuarto libros de +medicina. ¡Ya ve usted! ¿Para qué quiere él esos libros sin ser +médico?... Pero yo no puedo estar dura con él aunque me lo proponga. Es +tan obediente, tan sumiso, que me desarma. Un niño de seis años no +estaría más sujeto que él a mi voluntad. Por supuesto que no abuso de +este dominio. Le dejo toda la libertad compatible con las costumbres de +la familia. Le tengo ordenado que a las siete venga a rezar el rosario +conmigo. Pues hasta ahora no recuerdo que haya faltado un solo día. Por +la noche le permito que vaya con sus amigos hasta las doce, salvo los +domingos en que recibimos, o los días en que rezamos alguna novena. +Jamás se ha quejado ni me ha contradicho en nada.</p> + +<p>Mario y Carlota se hallaban tan admirados, que apenas podían creer lo +que oían. Todavía estaba D.ª Fredes loando la obediencia de Adolfo +cuando vinieron a avisar que eran las cinco y los actores se hallaban +preparados. La egregia protectora de las letras y las artes dio la señal +y descendió gravemente de su trono: pidió el brazo a Mario y salió +majestuosamente de la estancia seguida de sus adeptos.</p> + +<p>Tocoles un buen sitio a aquél y a su esposa para ver la comedia, que era +del género llorón; mas apenas lograron fijarse en ella, preocupados con +el descubrimiento que habían hecho. Como tenían cerca a D.ª Fredesvinda +no podían comunicarse las alegres ideas que cruzaban por sus cabezas, y +sólo se desahogaban dándose codazos y pisotones. Más de una vez tuvieron +que apretarse la boca para no dar suelta a las carcajadas que les +retozaban por el cuerpo. Por mucho que hicieron no lograron volver a +echar la vista encima en toda la noche a Adolfo. El feroz materialista, +el producto bravío de la Naturaleza en lucha eterna con la sociedad, sin +duda se había escondido entre bastidores.</p> + +<p>Pero cuando al fin salieron de aquella casa y se vieron solos en la +calle, ¡entonces sí que rieron a su gusto! Cada cual recordaba una frase +patibularia de Moreno, alguna de sus maldiciones y amenazas contra el +orden religioso y político. De este modo las carcajadas fluían sin +cesar. Mario se dejaba caer contra los quicios de las puertas y se +quitaba el sombrero y se apretaba el estómago para no reventar de risa. +Casi otro tanto le pasaba a Carlota. Ambos repetían a cada instante:</p> + +<p>—¡Dios mío, lo que se va a reír Rivera!</p> + +<p>De esta suerte caminaron alegremente la vuelta de su casa. Pero al +llegar cerca de la Puerta del Sol Carlota se puso repentinamente seria, +como si un soplo de viento helado cruzase por su alma, y exclamó:</p> + +<p>—¡Mucho me he reído hoy, Mario! Tengo miedo que me suceda algo malo.</p> + +<p>—¡Qué superstición! No seas tonta, mujer—respondió el escultor sin +dejar de reír.</p> + +<p>¡Pobre Mario! El tonto lo era él en tal instante. El corazón femenino +mantiene, sin duda, más estrechas relaciones que el masculino con las +fuerzas magnéticas que obran secretamente en el seno de la Naturaleza.</p> + +<p>Cuando hubieron andado buen trecho por la calle Mayor, donde vivían, +cruzaron a su lado sin verlos Vicenta y Encarnación, doncella y niñera +respectivamente de su casa. Marchaban en tal estado de agitación que los +esposos se detuvieron sorprendidos y recelosos.</p> + +<p>—¡Vicenta!</p> + +<p>Las domésticas tuvieron el paso, y al verles, el miedo y el dolor se +pintó en sus semblantes.</p> + +<p>—¡Ay, señoritos del alma!—exclamaron casi a un tiempo las dos.</p> + +<p>—¿Qué ocurre?—preguntó Mario petrificado de terror.</p> + +<p>—¿El niño?... ¿un coche?...—gritó Carlota sacudiendo a la niñera por +el brazo.</p> + +<p>—No, señorita... no le ha atropellado ningún coche. Se ha perdido.</p> + +<p>—¡Búsquenlo ustedes! ¡búsquenlo!—gritó a su vez Mario +desesperadamente.</p> + +<p>—Hace tres horas que lo estamos buscando, señorito—respondió +Encarnación rompiendo a sollozar.</p> + +<p>Vicenta explicó el caso. Su compañera no acertaba a hablar. Ambas habían +ido con el niño al Retiro, permaneciendo allí toda la tarde. El chico se +divertía con otros junto a la fuente de la Alcachofa, mientras ellas +charlaban con las demás niñeras sentadas en un banco. Los chicos se +escapaban de vez en cuando corriendo hasta cierta distancia, como +siempre; pero a una voz que les daban volvían a la plazoleta. Pues +cuando se acercaba el oscurecer, al llamarlos para irse a casa, se +encontraron con que no parecía el pequeño. Llamaron a gritos, +recorrieron todos los sitios próximos, avisaron a los guardas. Nada. Los +demás niños no daban más razón sino que estaban jugando al <i>escondite</i> y +que le habían visto correr entre los árboles para ocultarse, y que +luego no le habían visto más.</p> + +<p>Mario sé puso a gemir como una criatura increpándolas furiosamente. +Carlota, pálida, pero tranquila en apariencia, le mandó callar.</p> + +<p>—¿Y no han dicho los niños si habían visto cerca de él a alguna +persona?</p> + +<p>—Sí, señorita; detrás de él dijeron que iba un hombre cojo con +americana clara y sombrero ancho.</p> + +<p>—¿No han dado ustedes ese detalle a los guardas?</p> + +<p>—Sí, señorita.</p> + +<p>Carlota meditó un instante en silencio.</p> + +<p>—Y el hombre ese ¿no se había acercado antes al niño?</p> + +<p>—No lo hemos visto, ni los demás niños tampoco.</p> + +<p>—¿En toda la tarde no se ha acercado nadie al chico?</p> + +<p>—Nadie.</p> + +<p>—Sí, mujer—interrumpió Vicenta.—Le ha dado un beso esa prendera que +conocen los señoritos, que se llama D.ª Rafaela. Le besó y le regaló +unos caramelos.</p> + +<p>—Pensé que la señorita hablaba sólo de hombres—replicó la niñera.</p> + +<p>Carlota guardó silencio de nuevo y meditó.</p> + +<p>—Está bien—dijo al cabo.—Ustedes se vienen conmigo a recorrer las +delegaciones de policía para dar aviso. Tú, Mario, te vas ahora mismo a +casa de D.ª Rafaela a ver si por casualidad se ha quedado en el Retiro y +el niño se ha ido con ella. ¡Quién sabe! Tal vez esté allí. ¿En casa de +mamá han preguntado ustedes?</p> + +<p>—Sí, señorita, y en casa de la señorita Presentación lo mismo.</p> + +<p>—Bien, pues si no parece, hay que seguir la pista a ese cojo. Buena +seña tiene para que la policía dé pronto con él... Vamos, no te apures +tanto, hombre, que el niño no se ha muerto, y si Dios quiere parecerá.</p> + +<p>Y aquella animosa mujer detuvo un coche que pasaba y se metió en él con +las dos criadas, mientras su marido, sin dejar de sollozar, corría a la +calle de Hortaleza, donde la vieja prendera tenía su domicilio.</p> + + + +<h3><a name="XVIII" id="XVIII"></a>XVIII</h3> + + +<p>Doña Rafaela había estado en las Ventas del Espíritu Santo a recoger un +dinero que le debían. A la vuelta se apeó del tranvía frente al Retiro, +paseó un rato, y mucho antes de llegar la noche se fue a su casa. Allí +se encontró una carta, fechada en la cárcel, que decía:</p> + +<p>«Mi respetable y amada protectora: Desde hace tres días me hallo en este +lugar vergonzoso, tratado como un criminal. La infinita bondad de Dios +me envía esta prueba, que no sé si podré resistir, porque soy una +criatura débil y pecadora. Bendito por siempre sea su santo nombre. Si +no temiera abusar de su bondad le suplicaría que viniese en algún +momento libre a consolarme y a fortalecerme con sus sanos consejos. +¡Ojalá no me hubiese apartado jamás de ellos! Si no le fuese posible le +ruego por la salvación de su alma que vaya a San José y ponga un cirio +en el altar de Nuestra Señora y rece con fervor una salve por su +desgraciado amigo que de veras necesita de sus oraciones.—<i>Godofredo +Llot.</i>»</p> + +<p>No bien la hubo leído cuando, volviendo a echarse el mantón sobre los +hombros, salió a la calle, montó en un coche y se hizo trasladar a la +cárcel. Tenía allí la prendera un sobrino empleado, quien por favor +especial hizo llamar a Godofredo a la sala de declaraciones.</p> + +<p>Bajó éste con el capuchón de reglamento. Al quitárselo y dejar al +descubierto su hermosa cabeza blonda, D.ª Rafaela no pudo menos de +recordar las estampas piadosas que representan a los primeros mártires +del cristianismo en los calabozos de Roma. La luz, dando de lleno en +aquella cabeza angelical, hacía resaltar como en apoteosis la delicadeza +de sus facciones, la seráfica limpidez de su mirada, las tintas +sonrosadas de sus mejillas. Éstas se tiñeron de vivo carmín al instante. +Bajó los ojos humildemente, y sin decir palabra rompió a llorar en +silencio.</p> + +<p>—¡Valor, Godofredo! ¡Valor, hijo de mi corazón!—exclamó la prendera.</p> + +<p>Pero la buena mujer estaba tan necesitada como él mismo. No bien +pronunció estas palabras tuvo que sacar el pañuelo para secarse las +lágrimas. Ambos permanecieron silenciosos bastante rato. Al fin aquélla, +enjugándose bien los ojos y sonándose con estrépito, dijo:</p> + +<p>—Pero ¿cómo fue eso, hijo querido? ¡Explíquemelo! ¿Cómo fue?...</p> + +<p>El candoroso joven, que siempre parecía adolescente, permaneció en la +misma actitud humilde, como si estuviese esperando el golpe de la +cuchilla que había de segarle el cuello.</p> + +<p>—Soy muy malo, D.ª Rafaela—articuló dulcemente.—No merezco las +bondades con que usted me favorece.</p> + +<p>—No le tengo a usted por tal, querido, ni lo tiene nadie... Habrá sido +una calumnia...</p> + +<p>—No, no es calumnia por desgracia...</p> + +<p>Entonces el hijo predilecto de la Iglesia se acercó a la reja, y con +labio balbuciente y el rostro encendido se confesó con D.ª Rafaela.</p> + +<p>Por no abusar más de su inagotable bondad había tenido precisión de +pedir seiscientas pesetas al padre Laguardia, que era quien le perseguía +y le había hecho prender.</p> + +<p>—¡Pero eso es una picardía!—exclamó la prendera sin poder +contenerse.—¿Por seiscientas pesetas le deshonra a usted ese mal +sacerdote?</p> + +<p>—¡Por Dios le pido que no lo califique así!—profirió el joven con +semblante dolorido.—D. Jeremías es muy virtuoso y ha tenido razón para +tratarme de ese modo. Mucho más merezco yo...</p> + +<p>—¡Qué ha de merecer, cordero de Dios!</p> + +<p>—Sí, sí, D.ª Rafaela, por Dios, no me juzgue usted bueno... Soy muy +malo... ya verá usted...</p> + +<p>La prendera no pudo menos de sonreír llena de benevolencia al ver el +calor con que hablaba aquel inocente.</p> + +<p>—Vamos, diga usted, criatura, diga usted. A ver qué maldades son ésas.</p> + +<p>—¡Sí que lo son!... ¡Ay, señora! La idea de que usted me tiene por +mejor de lo que soy me martiriza.</p> + +<p>La sonrisa de D.ª Rafaela se hizo más benévola aún y más indulgente.</p> + +<p>Godofredo le contó una historia larguísima de un cuñado comerciante que +había dado quiebra a causa de cierta fianza. Quedó en la miseria y con +nueve hijos. Su hermana, no teniendo pan que darles, le escribía a +menudo pidiéndole dinero. Él publicaba artículos en los periódicos +católicos y hacía algunas traducciones; trabajaba cuando podía, pero +ganaba poco dinero. Los periódicos y las revistas católicas cuentan con +escasos recursos. La riqueza se halla en manos de los impíos. Entonces, +sabiendo que su hermana y sus sobrinos pasaban hambre, se aventuró a +pedir algunas pequeñas cantidades a varios amigos de D. Jeremías, +esperando poder devolverlas pronto cuando en <i>La Paz del Hogar</i>, <i>La +España Mística</i> y otros periódicos le pagasen lo que le debían. Hizo +más. Cometió un pecado gravísimo... un pecado que le costaba trabajo +inmenso confesar... D.ª Rafaela le animó a hacerlo, manifestando que el +arrepentimiento borra todas las culpas.</p> + +<p>—Pues bien, señora—profirió el joven derramando un torrente de +lágrimas.—Para pedir ese dinero he usado del nombre del padre +Laguardia. ¿No ve usted bien claro ahora que soy un perverso?</p> + +<p>—Ese es un pecado, hijo, pero ya sabe usted que el justo peca siete +veces al día. Si usted está arrepentido, Dios en su infinita +misericordia...</p> + +<p>—¡Oh, sí, señora, a la misericordia de Dios he acudido ya!—exclamó +Llot con un hondo suspiro que partía el corazón.—En cuanto llegué a +este sitio mandé a llamar al capellán de la cárcel, y a sus pies de +rodillas he confesado mis pecados.</p> + +<p>—Pues si se ha lavado ya en el tribunal de la penitencia no tenga +cuidado. Ya veremos de arreglar eso con D. Jeremías.</p> + +<p>—¡Oh! D. Jeremías ha hecho bien en perseguirme y en maltratarme de +palabra y de hecho. Merezco mucho más.</p> + +<p>—¿Pero le ha maltratado de veras?—preguntó sorprendida la prendera.</p> + +<p>—Sí, señora; días pasados, en la sacristía de San Ginés, me injurió y +me abofeteó delante de varias personas.</p> + +<p>—¡Qué escándalo!</p> + +<p>—No, no es escándalo, señora. El escándalo ha sido el mío cometiendo un +delito. El castigo ha sido muy pequeño para culpa tan grave. Le estoy +profundamente agradecido por los golpes que me ha dado y las injurias +que me ha hecho, y sólo siento que no hayan sido aún más dolorosos para +poder pagar a mi Divino Señor las ofensas que le he inferido.</p> + +<p>D.ª Rafaela cruzó las manos y levantó los ojos al cielo con un gesto de +viva admiración. Después, convirtiéndolos al cautivo, le miró con +asombro y cariño largo rato, embargada por la emoción, como si estuviese +en presencia del mismo San Luis Gonzaga.</p> + +<p>En efecto, el semblante del joven, rebosando de calma celeste y +resignación, merecía un nimbo de luz. Todo era puro, inefable, en aquel +semblante radioso. Sus mejillas nacaradas parecían hechas de una materia +trasparente a fin de que pudiera verse que aquel cuerpo no contenía +ninguna sustancia inmunda: todo era puro, blanco, luminoso. Lo que +caracterizaba aquel rostro, lo que resplandecía en sus ojos, en su +frente, en sus cabellos, hasta en sus orejas, era una ausencia absoluta +de malicia. En sus ojos límpidos, húmedos, brillaba siempre la sonrisa +dulce y resignada de los seres que han nacido para víctimas. Había en +tal adorable criatura algo de cordero y mucho también de paloma, como si +estos dos animales hubiesen cedido de buen grado el uno su resignación, +el otro su inocencia, para formarle.</p> + +<p>Godofredo Llot no era un muchacho de estos tiempos, como decía muy bien +D.ª Rafaela. Merecía haber nacido en un siglo menos escéptico y +malicioso. Su naturaleza candorosa, ideal, estaba divorciada de la +triste realidad presente, tenía la nostalgia de la Edad Media. En esta +edad de fe y entusiasmo debía de haber vivido. Así que, como si +presintiera que aquélla era su verdadera época, Godofredo la estudiaba, +la fantaseaba sin cesar. Había publicado unos estudios muy notables +sobre las Cruzadas, escritos con tal fervoroso estilo que el obispo de +Astorga le había mandado su bendición; y en cuantos artículos daba a la +estampa seguían saliendo las catedrales góticas, de las cuales vivía +profundamente enamorado. Y realmente su rostro angelical, destacándose +en aquel momento del tosco capuchón, parecía el de uno de esos monjes +ideales que cruzaban misteriosamente por los claustros de los templos +góticos para ir a postrarse ante el altar de la Virgen.</p> + +<p>Por eso algunos de sus actos que parecían extraños no lo eran, si se +atendía a que este joven vivía con el espíritu en otros tiempos más +nobles y santos. Cuando D.ª Rafaela, después de haberle confortado con +sentidos consuelos y haberle prometido trabajar cuanto pudiera por +arreglar el asuntito, se despidió de Godofredo, éste le dijo con rostro +humilde:</p> + +<p>—¿No me permitirá usted antes de irse besar su mano?</p> + +<p>Esto, que sería ridículo en cualquiera, en aquel candoroso joven no lo +era.</p> + +<p>D.ª Rafaela introdujo su mano derecha por las rejas mientras llevaba la +izquierda a la faltriquera, preguntando:</p> + +<p>—¿Cuánto necesita usted, querido?</p> + +<p>Ahora bien, estos dos actos realizados simultáneamente ¿indicaban que +Godofredo después de la mano pedía siempre algún metálico? Si hay algún +malicioso que lo conjeture, allá se las haya con su conciencia.</p> + +<p>El hijo predilecto de la Iglesia besó con respeto la mano carnosa llena +de sortijas de la prendera, y todo ruboroso balbució:</p> + +<p>—Si usted me hiciese el favor de veinte duros...</p> + +<p>D.ª Rafaela sacó del portamonedas dos billetes de cincuenta pesetas y se +los entregó. Después se despidió con muy cariñosas palabras. Pero +todavía antes de marcharse le pidió Godofredo otro favor: que oyese una +misa por su intención. Y la bondad de ella fue tanta que le prometió oír +dos, cosa que Godofredo rechazó, como es natural; pero la buena mujer +se empeñó y no hubo más remedio. El joven, embargado por el +agradecimiento, rompió de nuevo a llorar.</p> + +<p>En cuanto salió de la cárcel se fue la prendera derecha a casa de D. +Jeremías. El iracundo presbítero no quiso oírla, ni aun prometiéndole +salir por fiadora de las cantidades que Godofredo adeudaba a él y a sus +amigos. Juraba y perjuraba que había de llevarle a presidio y prometía +ir a verle salir en la cuerda de presos con el mismo placer que si fuese +a la misa del Papa. Desde allí fue a visitar al cura de San Ginés y al +capellán de las Adoratrices. Tampoco logró nada en favor de su +protegido. Estos presbíteros estaban ferocísimos, tanto o más que el +prelado doméstico.</p> + +<p>Cuando la buena mujer, fatigada, regresó a su domicilio, hallolo turbado +por la presencia de Mario, que después de buscarla en vano por todo +Madrid había venido a esperarla. El estado del escultor era tan +lamentable que la sobrina tuvo que hacer tila y sacar el frasco del +antiespasmódico. Cuando D.ª Rafaela le dijo que nada sabía del niño +después de haberle besado en el Retiro a eso de las tres, fue acometido +de un desmayo. Salió de él en seguida gracias a los cuidados que le +prodigaron. Y en cuanto recobró el sentido tomó el sombrero y salió +acompañado de D.ª Rafaela. Fueron a su casa. Carlota estaba ya de vuelta +y con ella su madre, su hermana, D. Pantaleón y Timoteo. Rivera llegó +también a los pocos momentos. La casa era un campo de desolación: no se +oían más que lamentos y sollozos. Todos parecían haber perdido la razón +menos Carlota. La infeliz madre, blanca siempre como una estatua, no se +entregaba a vanos gritos de dolor; ocupábase en disponer los medios de +recuperar a su hijo. En aquel momento hablaba con el delegado de policía +del distrito. Éste se inclinaba a creer que se trataba de un secuestro.</p> + +<p>—Verán ustedes cómo no se pasan muchas horas sin que reciban una carta +pidiendo dinero por el niño—decía.</p> + +<p>—Le daremos todo lo que poseemos, y si no es bastante no faltará quien +nos lo preste.</p> + +<p>—Nada de eso. No hay necesidad. Como ustedes sigan mis instrucciones, +yo me comprometo a rescatarlo y a echar mano a los bandidos.</p> + +<p>—¿Para qué? Mi marido y yo nos quedamos con gusto sin nada y +trabajaremos toda la vida por nuestro hijo.</p> + +<p>Por si la carta no llegaba convinieron en seguir la pista al cojo que +habían visto detrás del niño en el Retiro. El delegado había ya dado las +órdenes oportunas. Dos agentes llegaron a decirle que este cojo había +salido aquella misma tarde por el ferrocarril de Arganda, montando en la +estación que se halla detrás de las tapias del Retiro.</p> + +<p>Inmediatamente Mario y el delegado tomaron un coche y se fueron a dicha +estación. El delegado interrogó al jefe y a los mozos, y todos +convinieron en que efectivamente había salido un cojo de las señas +indicadas, pero convinieron asimismo en que no iba con él niño alguno. +Este dato los desalentó. Mario quedó profundamente abatido y se dejó +caer en un banco mientras el delegado telegrafiaba, por si acaso, a los +jefes de las estaciones intermedias y al alcalde de Arganda para que en +todo caso le detuviera.</p> + +<p>Pero hallándose de aquel modo sentado con la cabeza entre las manos, oyó +a un mozo decir a otro que no había visto más niño que uno que llevaba +una mujer. El escultor levantó vivamente la cabeza.</p> + +<p>—¿Qué señas tenía ese niño?</p> + +<p>—Pues yo no he reparado bien... Era rojito él y blanco.</p> + +<p>—¿Cuántos años tendría?</p> + +<p>—Tampoco puedo decirle... Era pequeñito...</p> + +<p>—¿Pero iba en brazos?</p> + +<p>—Ca, no, señor; andaba él solo perfectamente. Lo llevaba la mujer de la +mano.</p> + +<p>—¿Tendría cuatro años?</p> + +<p>—Por ahí... por ahí...</p> + +<p>Mario se alzó agitado y preguntó con anheló:</p> + +<p>—¿Qué traje llevaba?</p> + +<p>—Un trajecito azul de pantalón corto y con las piernas al aire.</p> + +<p>—¿Y un sombrero claro?</p> + +<p>—Sí, señor, y un sombrero blanco.</p> + +<p>—¡Es mi hijo!—gritó, y echó a correr al telégrafo, donde se hallaba el +delegado.</p> + +<p>Éste, al escuchar la relación que trémulo y con palabra entrecortada le +hizo, quedose pensativo, llamó al mozo y le interrogó de nuevo:</p> + +<p>—Bien puede ser—dijo al fin—que ese cojo haya traído consigo una +mujer y le haya entregado el niño para despistar. Telegrafiaremos este +dato al alcalde, y mañana, en el primer tren, iremos a Arganda.</p> + +<p>Mario se le puso delante con las manos cruzadas en actitud suplicante.</p> + +<p>—Por lo que más quiera usted en este mundo, amigo García, le ruego que +vayamos ahora mismo.</p> + +<p>—¡Pero si no hay tren, Sr. Costa!</p> + +<p>—No importa, iremos en coche.</p> + +<p>Vaciló el delegado algunos instantes, puso varios reparos, pero al fin, +vencido de las súplicas del desgraciado padre, se decidió a ir. El coche +que les había llevado a la estación no servía por ser de un caballo. +Mientras Mario fue a alquilar otro, el delegado telegrafiaba a los jefes +de las estaciones intermedias para cerciorarse de que tanto el cojo como +la mujer y el niño no se habían apeado en ninguna de ellas. Se mandó un +recado a Carlota; trajeron ropa al delegado y se tomaron las +disposiciones necesarias para el viaje. Cuando salieron de Madrid habían +dado ya las doce de la noche.</p> + +<p>Era clara y fría como suelen serlo las del invierno en la capital de +España. El disco de la luna resplandecía sobre la llanura árida que se +extiende a entrambos lados de la carretera. La augusta serenidad del +cielo tachonado de estrellas no logró mitigar la tortura del artista. +Otras veces el magnífico espectáculo de la Naturaleza había sido un +precioso calmante para las heridas de su corazón. Mas ¡ay! para la que +ahora sentía no hay bálsamo en la tierra.</p> + +<p>El sordo rumor de las ruedas y las campanillas de los caballos +adormecieron pronto a su compañero. Mario le contemplaba con ira. Su +imaginación se revolvía atormentada por el dolor, presentándole mil +cuadros aterradores. Su hijo secuestrado, su hijo maltratado, su hijo +pasando hambre y frío en cualquiera cueva, su hijo llamándole con acerbo +llanto, mientras unas manos brutales le tapaban la boca... ¡Hijo de mi +alma!</p> + +<p>Se apretaba las sienes con las manos temiendo que fuesen a estallar. De +su garganta se escapaba un débil y continuo quejido como el de un animal +en la agonía. A ratos empujaba convulsivamente la delantera del coche, +como si con este esfuerzo le hiciese correr más. A ratos imaginaba +saltar fuera y emprender una carrera vertiginosa para llegar antes. +Imposible que el infierno haya inventado un suplicio más cruel.</p> + +<p>Las estrellas brillaban. Los árboles que orlaban las riberas del Jarama +balanceaban sus negros penachos sobre el fondo azul de la noche. El +trote de los caballos y sus cascabeles rompían el silencio de la campiña +dormida. La luna esparcía sobre ella su luz suave donde flotaban algunos +jirones de niebla. García roncaba.</p> + +<p>Llegaron a Arganda después de las tres. Mario se hallaba tan trastornado +que quería llamar en todas las casas y preguntar por el secuestrador. El +delegado procuró calmarle. Fueron a la del alcalde, y éste se levantó +solícito y se prestó a ayudarles en todas las indagaciones. Llamaron al +jefe de estación y a los mozos y se averiguó en seguida el mesón donde +el cojo paraba. Fueron a detenerle con auto del juez municipal. El +hombre recibió tal sorpresa que apenas podía hablar. Esto dio fuerza a +las sospechas que sobre él recaían. También la dio el ser ave de paso en +el pueblo, pues afirmaba que iba a Colmenar, y había hecho noche allí +para arreglar por la mañana cierto asunto con un comerciante de la +villa. Se avisó a este comerciante y, en efecto, vino a declarar que era +cierto lo que el cojo decía, y que le trataba hacía tiempo y le tenía +por una persona honradísima. Mario, a pesar de todo, ansiaba echarle las +manos al cuello y apretarle hasta hacerle confesar dónde estaba su hijo.</p> + +<p>Se indagó el paradero de la mujer y el niño. Nadie daba razón de ella; +nadie la había visto. Se trabajó asiduamente. El pueblo se había puesto +en conmoción y muchos vecinos, aunque todavía era noche, salieron a la +calle para enterarse. Cuando amaneció las calles se llenaron de gente y +todos se convirtieron en agentes de policía para averiguar el paradero +del niño secuestrado. El asunto preocupaba sobre todo a las mujeres que +no cesaban en sus comentarios. De tal suerte, que en menos de una hora +corrieron tres o cuatro novelas por el pueblo. El niño fue hijo de un +gran señor que daba diez millones por su rescate; fue un expósito a +quien su madre, no pudiendo reclamarlo, hacía secuestrar; fue un +huérfano al cuidado de aquel señor que allí estaba y que unos tíos +quisieron hacer desaparecer, etc., etc. En los corrillos se saboreaban +con deleite estas noticias de gusto romancesco.</p> + +<p>Pero en uno de ellos, cerca del cual se hallaban Mario y el delegado, +una mujer que acababa de acercarse dijo:</p> + +<p>—Pues ayer tarde he venido de Madrid con el niño de D. Ricardo y no he +visto esa mujer.</p> + +<p>Todos los rostros se volvieron hacia ella. El delegado preguntó +inmediatamente:</p> + +<p>—¿Pero ha venido usted ayer de Madrid con un chico?</p> + +<p>—Sí, señor.</p> + +<p>—Pues usted es la mujer del niño.</p> + +<p>—¡Yo, señor!—exclamó la infeliz asustada.—¡No lo crea usted! ¡No lo +crea por Dios, señor!</p> + +<p>—Sí; usted es la mujer del niño... del niño de D. Ricardo... Vamos a +ver a ese D. Ricardo ahora mismo.</p> + +<p>Y volviéndose a Mario añadió:</p> + +<p>—Me parece, Sr. Costa, que ya nada tenemos que hacer aquí. Hemos +seguido una pista falsa. Vamos a cerciorarnos de ello y en seguida +emprenderemos la marcha otra vez.</p> + +<p>En efecto, aquella misteriosa secuestradora no era otra que el ama de +gobierno de D. Ricardo Fanjul, un rico propietario viudo. El niño era su +hijo, que había pasado algunos días en Madrid en casa de una hermana.</p> + +<p>La novela quedó deshecha en un instante. En su vista el delegado y Mario +tornaron el tren de la mañana para la capital, por ir más de prisa. El +cojo quedó detenido por si acaso, y se dio orden para que se le +trasladase a Madrid.</p> + +<p>Mario, profundamente abatido, guardaba silencio mientras el tren se +acercaba velozmente a la capital. Las lágrimas corrían a menudo por su +rostro pálido y ojeroso. García permanecía silencioso también. Una +arruga profunda cruzaba su frente, signo de intensa meditación. Al cabo, +cuando ya se aproximaban al término del viaje, preguntó con afectada +indiferencia:</p> + +<p>—¿Hace mucho tiempo que ustedes conocen a esa prendera que se llama D.ª +Rafaela?</p> + +<p>—Sí, señor, hace ya algunos años que somos amigos—respondió el artista +con voz alterada.</p> + +<p>Y súbito, sin poder contenerse, apretó la muñeca al delegado diciendo:</p> + +<p>—Sea usted franco, García... Empieza usted a tener sospechas de esa +mujer.</p> + +<p>—No tengo por qué ocultarlo—replicó aquel con sosiego mirando por la +ventanilla.—La circunstancia de ser la última persona que ha hablado +con el niño me da mucho que pensar... Luego, esa visita a la cárcel...</p> + +<p>—Pues bien—manifestó Mario con creciente agitación,—le confieso que +yo vengo también pensando en lo mismo hace largo rato. Pero al mismo +tiempo me parece tan absurdo, tan insensato, que procuro desecharlo de +la cabeza como una tentación. D.ª Rafaela es una excelente amiga, una +mujer buenísima...</p> + +<p>El delegado, sin abandonar su actitud reflexiva, alzó los hombros con +desdén.</p> + +<p>—¡Ps! Eso no significa nada. Todos los delincuentes han sido buenos +antes de dejar de serlo. Hay cosas tan misteriosas en materia de +crímenes que nadie puede explicárselas. Allá los médicos. Lo que puedo +decirle es que después de lo que he visto en mi carrera ya no me asusta +nada.</p> + +<p>Mario volvió a sentirse acometido de una inquietud insufrible. Quería +que volase el tren. En cuanto llegaron corrió a su casa por si se tenían +noticias o habían recibido alguna carta. Nada se sabía. Habían llegado, +sí, muchas personas a enterarse, porque la prensa hizo circular la +noticia y el escultor tenía bastantes amigos. Pero ni un rayo de luz.</p> + +<p>Mientras tanto el delegado fue a dar parte al juez de sus +investigaciones. Se llamó a doña Rafaela a declarar. Cuando hubo +terminado la declaración, el juez le dijo:</p> + +<p>—Señora, no se asuste usted. Me veo en la precisión de dejarla a usted +detenida.</p> + +<p>La infeliz mujer, al escuchar estas palabras, cayó desmayada. Después +vertió un torrente de lágrimas y protestó con tan sentidas palabras de +su inocencia que logró conmover a los que presenciaban la escena. Se la +trasladó a la cárcel de mujeres.</p> + +<p>En todo aquel día el juzgado no cesó de trabajar. Se tomó declaración a +cuantas personas pudieron haber tenido relación con el niño en aquellos +días, a las niñeras que le habían visto en el Retiro, a los chicos, a +sus padres, etc. Mario y Carlota recorrían llorosos, anhelantes las +casas de todos los conocidos buscando alguna noticia. Al llegar la noche +nada se sabía aún. Todos los trabajos que se hicieron para hacer +declarar otra cosa a D.ª Rafaela resultaron infructuosos.</p> + +<p>Cuando regresaban a su casa tropezaron a D. Dionisio Oliveros que salía +de ella. El poeta venía a ponerse a disposición de sus amigos. Abrazó +conmovido a Mario, y éste tuvo la satisfacción de escuchar de su boca +estas palabras aladas:</p> + +<p>—¡Qué tremenda desgracia pesa sobre su cabeza, amigo Costa! La vida +ofrece tragedias bien dolorosas. Tengo la esperanza de que al cabo +después de tanta peripecia conmovedora el nudo de la horrible intriga se +desatará; logrará usted hallar a su hijo sano y salvo. Si esto sucede, +como yo confío, le ruego guarde en la memoria y me reserve todos los +incidentes de esta misteriosa trama. Nosotros los poetas modernos +necesitamos inspirarnos en la realidad. Cuando tropezamos casualmente +con una acción de un interés tan palpitante como ésta, lo consideramos +como un hallazgo y hay que evitar que otro se aproveche... Quizá después +que todo se haya arreglado felizmente tendrá usted la satisfacción de +ver, sobre las tablas, reproducidos los sentimientos que ahora agitan su +corazón, y derramará usted abundantes lágrimas. Pero estas lágrimas +serán dulces como lo son siempre las que el arte nos hace llorar.</p> + +<p>Esto dijo el bardo del ministerio de Ultramar con voz ronca. Carlota le +miró con ojos coléricos; pero Mario, trastornado por el dolor, se abrazó +a él sollozando.</p> + +<p>—¡Gracias, D. Dionisio, gracias!</p> + +<p>—No lo dude usted, amigo Costa. Más tarde o más temprano tendrá usted +esa satisfacción—replicó con profunda convicción el poeta.</p> + +<p>Y sin pronunciar otra palabra, aquel hombre magnánimo, instruído por las +musas, se aleja gravemente, feliz porque tiene la conciencia del alto +destino que la Providencia le ha asignado.</p> + +<p>¡Qué noche terrible para los desgraciados padres! Aunque les obligaron a +acostarse algunas horas, el sueño no cerró sus párpados ni un instante. +Al amanecer estaban en pie, con el semblante descompuesto, los ojos +hundidos y rodeados de círculo oscuro, testimonio de su acerbo padecer.</p> + +<p>Y otra vez emprendieron aquel fatídico calvario por las calles, +recorriendo las oficinas de policía, el juzgado de guardia, las casas de +los conocidos. Tampoco hallaron noticia alguna. Las tinieblas más +espesas seguían envolviendo aquel misterioso secuestro. El juez parecía +desalentado. Ni las declaraciones de D.ª Rafaela ni las del cojo de +Arganda arrojaban luz ninguna. Nueva pista no se presentaba.</p> + +<p>Mario llegó a las once de la mañana a casa de Rivera con el alma y el +cuerpo deshechos. En cuanto pisó el despacho del antiguo periodista las +fuerzas le abandonaron por completo. Dejose caer en un diván, y los +sollozos, largo tiempo comprimidos, estallaron, amenazando romperle el +pecho. A los ojos de Rivera brotaron también las lágrimas y, sentándose +al lado de su desdichado amigo, le dirigió tímidas palabras de consuelo. +Bien sabía que para aquel dolor no había consuelo posible. Vanas +esperanzas no se atrevía a darle, temiendo que el golpe fuera después +más rudo. Al fin le dejó llorar en silencio largo rato. Quedó abstraído +en intensa meditación con los ojos fijos en el suelo. Pero lo que en su +cerebro bullía reflejábase en ellos pasando como ráfagas vivas. A medida +que el tiempo trascurría estas ráfagas se fueron haciendo más recias. +Algún pensamiento extraño sacudía furiosamente su alma, porque al cabo +de un rato, no sólo los ojos, sino todo el cuerpo, ofrecía singular +inquietud. Miraba de vez en cuando a su amigo, se pasaba la mano por la +frente, rascábase la cabeza. Por último, no pudiendo vencer su +agitación, alzose de la silla donde estaba y comenzó a dar vivos paseos. +Mario seguía llorando con la cabeza entre las manos.</p> + +<p>Más de una vez se detuvo delante de él como si quisiera decirle algo, +pero se arrepentía antes de abrir la boca y continuaba paseando. Al cabo +hizo un gesto de resolución y, acercándose y poniéndole una mano sobre +el hombro, profirió:</p> + +<p>—Escucha, Mario. En estos momentos terribles es conveniente expresar +todo lo que cruza por nuestro pensamiento, por disparatado que parezca. +Todos los disparates imaginables caben en este mundo absurdo en que +vivimos... ¿No has observado que tu suegro presenta desde hace algún +tiempo señales extrañas... que ha dicho y hecho cosas muy raras... en +una palabra, que su espíritu ofrece síntomas de enajenación?...</p> + +<p>Mario alzó la cabeza bruscamente; abrió los ojos de un modo desmesurado, +mirando a su amigo con vaga expresión de terror; se puso horriblemente +pálido, y, alzándose del diván, salió corriendo de la estancia sin +pronunciar una palabra. Rivera quedó un instante inmóvil con la vista +fija en la puerta; luego salió también a la carrera en pos de él.</p> + + + +<h3><a name="XIX" id="XIX"></a>XIX</h3> + + +<p>Don Pantaleón se hallaba en el período de fiebre que suele preceder a +los grandes descubrimientos. No comía, no dormía, no sosegaba. Pasaba +pocas horas en el laboratorio. Los preparados y el microscopio ya le +habían dicho la última palabra. Su pensamiento corría desatado en busca +del misterioso origen, esperando una feliz casualidad como las que han +entregado muchas veces los secretos de la Naturaleza a los hombres de +ciencia. Discurría horas y horas al través de las calles, o por las +afueras, abstraído, ojeroso, inquieto, torturado por recónditos anhelos +de indagación, incomprensibles para los seres que cruzaban a su lado.</p> + +<p>Sin embargo, aquel largo, vueludo gabán, que el gran antropólogo gastaba +desde su memorable conversión a las ciencias positivas, llamaba la +atención de los transeúntes. La llamaba especialmente cuando el viento, +introduciéndose entre sus pliegues, lo agitaba. Entonces el insigne +fisiólogo tomaba la apariencia de un negro bergantín desplegando sus +velas para alguna lejana región desconocida. Los transeúntes, al hacer +esta observación, se hallaban muy lejos de sospechar que tal fugaz +apariencia era un símbolo. Porque Sánchez, en las altas esferas de la +indagación científica, marchaba osadamente a regiones jamás exploradas +hasta entonces.</p> + +<p>Una cosa le preocupaba hondamente en aquellos días. Había leído en un +libro reciente que el pensamiento debía de producirse en el cerebro por +medio de continuas explosiones, trasmitidas desde las células por las +fibras nerviosas. No lo creía; más aún: lo rechazaba indignado. Ya +sabemos que su teoría era la de la destilación. Pero necesitaba +demostrarla con pruebas irrefragables, necesitaba convencer al mundo de +la inepcia de los fisiólogos sus predecesores. Sólo sorprendiendo al +cerebro en funciones podía lograrse este resultado, que llenaría a los +hombres de felicidad y le coronaría a él de gloria.</p> + +<p>¿Cómo alcanzar semejante sorpresa? He aquí el pequeño obstáculo en que +tropezaba este gran hombre. La primera idea que se le ocurrió fue +notabilísima, como todas las que brotaban de aquel cerebro privilegiado: +valerse de los reos condenados a muerte para una experimentación +adecuada. En este sentido llegó a escribir un artículo luminoso que +envió a los <i>Anales de las ciencias naturales</i>, ya que sus revistas <i>El +mundo orgánico</i> y <i>El mundo inorgánico</i> no se publicaban hacía tiempo +por falta de dinero. Desgraciadamente no fue posible insertarlo, ni allí +ni en otra revista extranjera adonde lo remitió. Los celos de sus +colegas le perseguían, como ha sucedido siempre en tales casos. El +ingenioso Sánchez sabía de largo tiempo atrás que existía una formidable +conjuración de antropólogos españoles, con ramificaciones en varios +puntos del extranjero, para destruir o evitar que se propagasen los +resultados de sus investigaciones. Así que no le sorprendió aquella +nueva contrariedad. A pesar de sus indignos perseguidores, estaba seguro +de llegar donde se había propuesto.</p> + +<p>Pensó después encontrar algún hombre generoso, dispuesto a sacrificar su +vida en aras de la ciencia. Lo buscó con afán; pero no fue posible +hallarlo. Moreno, a quien propuso indirectamente y con muchas reservas +hacerle un agujero de siete milímetros de diámetro en el cráneo, por el +frontal, rechazó irritadísimo la proposición y se mostró desde entonces +tan huido que apenas lograba echarle la vista encima.</p> + +<p>Entonces el ingenioso Sánchez, devorado por la pasión científica, +anhelando escrutar aquel gran misterio y temiendo fundadamente que si +retrasaba su descubrimiento algún otro sabio, nacional o extranjero, le +cogiese la delantera, en un rapto de admirable heroísmo, resolvió +ejecutar sobre sí mismo la experimentación. No se le ocultaba que +corría grave riesgo de morir; mas, en el caso de que esto sucediese, la +humanidad no perdería ninguno de los datos que había adquirido para su +gran descubrimiento. Escribió previamente una larga memoria donde se +apuntaban con toda claridad. Llegó el momento al fin. Encerrose en su +laboratorio; se colocó delante de un espejo con todos los instrumentos +necesarios al alcance de la mano. Y tomando la barrena fatal, comenzó a +horadarse la frente. La mucha sangre que brotaba le cegó. En vano se la +enjugó una y otra vez: necesitaba tener los ojos cerrados, lo cual hacía +inútil la operación. Además, cuando la barrena tocó en el hueso, el +dolor se hizo irresistible. Estuvo a punto de perder el sentido. +Suspendió el experimento y pensó si sería mejor que otro lo efectuase. +Pero en tal caso no sería él quien sorprendiese el misterioso origen del +pensamiento, sino el operador. Nada podría revelar por su cuenta. +Además, la operación necesitaba llevarse a cabo con cloroformo: de eso +estaba bien seguro. Una vez cloroformizado, sus facultades mentales +quedaban en suspenso. ¿Para qué valía entonces el agujero?</p> + +<p>Se puso un trozo de aglutinante sobre la herida; vendose la frente con +el pañuelo y se dejó caer en una butaca. La tristeza y el desaliento se +apoderaron de aquel hombre ilustre. Era forzoso renunciar a la gloria +del gran descubrimiento que había de resolver de una vez todas las +dudas, que confundiría para siempre las insensatas aspiraciones de los +idealistas y metafísicos. Tal vez ¡oh dolor! no se pasaría mucho tiempo +sin que otro sabio tuviese la fortuna de hallar quien se prestase a +exhibir el cerebro voluntariamente; y entonces el nombre de aquel sabio +brillaría eternamente al través de las edades, mientras el suyo +eternamente quedaría sepultado en el olvido.</p> + +<p>La voz dulce como un gorjeo de su nietecito Mario le sacó del letargo +doloroso en que yacía. El pequeño Mario solía subir a la guardilla a +interrumpirle en sus largos y profundos trabajos. Para el fisiólogo era +un descanso la llegada del niño. Le besaba, se entretenía algunos +instantes en charlar con él, y cuando le parecía que había robado +demasiado tiempo al estudio de la <i>sustancia gris</i>, le decía empujándole +hacia la puerta:</p> + +<p>—Anda, chiquito, baja con tu abuelita, que yo no puedo perder un solo +minuto.</p> + +<p>Dejole llegar hasta sus rodillas y le acarició distraídamente pasándole +la mano por los cabellos. Mas al tropezar sus dedos con la tersa frente +de la criatura quedó súbito paralizado. Sus grandes ojos opacos +brillaron con extraño fulgor. Incorporose vivamente y se llevó ambas +manos a las sienes como si temiera que por allí fuera a salir algo grave +y terrible que convenía tener encerrado. Se alzó de la silla y comenzó a +dar agitados paseos por la estancia. De vez en cuando se paraba delante +del niño y le clavaba una mirada ansiosa, profunda.</p> + +<p>—Abuelo, ¿por qué me miras así?... ¿He sido malo?</p> + +<p>—¡No, hermoso mío, no!—respondió el antropólogo cambiando de expresión +y volviendo a su benévola sonrisa habitual.</p> + +<p>Tornó a pasear, y otra vez se detuvo frente a su nieto y le cogió la +cabeza con sus manos trémulas, febriles.</p> + +<p>—¿Por qué me palpas, abuelo? ¡Si no tengo nada en la cabeza!... No me +he caído.</p> + +<p>—¡Oh, sí!... ¡Aquí está! ¡aquí está!—exclamó con expresión concentrada +de rabia y de dolor el ingenioso Sánchez.</p> + +<p>—¡No, no! ¡No hay nada! De veras no tengo nada, abuelito.</p> + +<p>—¡Sí, sí! ¡Aquí está el gran misterio!... No hay más que abrir y +mirar... Pero yo no puedo mirar; yo, que he hecho dar tales pasos +gigantescos a la ciencia, me veo precisado a detenerme delante de esta +pequeña barrera... Necesito cruzarme de brazos y aguardar con paciencia +que llegue otro a recoger la gloria del descubrimiento... ¿Y para esto +he pasado los días y las noches contemplando con el microscopio los +cerebros de tanto organismo? ¿Para eso he comprado a peso de oro a los +mozos del hospital la masa encefálica de más de un cadáver?...</p> + +<p>Su exaltación al proferir estas palabras era inmensa. Enrojeciósele el +rostro y sus ojos se inyectaron mientras con las manos crispadas +palpaba la cabeza del niño. De tal modo que éste, asustado, se echó a +llorar. D. Pantaleón recobró instantáneamente la calma y, abrazándole y +besándole, le bajó acto continuo a su casa.</p> + +<p>Pero no sosegó desde entonces. Un pensamiento fatal le perseguía, le +atormentaba sin cesar. De día se le clavaba en el cerebro impidiendo la +entrada a otra idea cualquiera; de noche le despertaba con sobresalto y +le hacía pasar largas horas sin reposo revolcándose en el lecho, +sintiendo la sangre hervir y murmurar dentro de las venas y la frente +bañada por grandes gotas de un sudor frío. ¡Qué tormento espantoso! De +un lado la ciencia, los intereses de la humanidad, la gloria +inmarcesible de la más grande conquista que haya llevado a cabo el +entendimiento humano: de otro lado, la ternura instintiva de todo animal +a su progenie, los respetos tradicionales, las convenciones sociales. +¡Oh, si pudiera arrancarse de una vez toda ridícula preocupación y, +contemplando serenamente el pro y el contra de cada asunto, decidirse +por lo más útil!</p> + +<p>En pocos días aquel hombre ingenioso se desmejoró visiblemente. Sus +grandes ojos melancólicos se hundieron, la nariz se afiló, las mejillas +se plegaron y todo su inteligente rostro antropológico adquirió un tinte +sombrío de dolor y desfallecimiento que puso en alarma a la familia. +Pero no quería oír que estaba enfermo. Se encontraba perfectamente. Su +abatimiento dependía del exceso en el estudio.</p> + +<p>Al fin, como era de esperar, el interés de la ciencia predominó sobre la +lepra tradicional del sentimentalismo. Cierta mañana, después de haber +pasado una terrible noche de insomnio, noche de fiebre y terror en que +de todos los rincones de la estancia acudieron flotando grandes figuras +sombrías a incitarle a proseguir en su obra de regeneración; en que +escuchó voces proféticas que le anunciaron gloria inmortal, se arrojó +violentamente del lecho dispuesto a todo. ¡A todo!</p> + +<p>Observó, vigiló, espió los pasos de su familia con astucia sorprendente. +Trascurrieron varios días sin que pudiese ejecutar su resolución, en +forma que no se descubriese. Al cabo cierto domingo, hallándose +apostado en uno de los portales de la calle Mayor, vio salir a las +criadas de su hija con el pequeño Mario. Siguiolas de lejos hasta el +Retiro. Allí, ocultándose detrás de los troncos de los árboles, estuvo +en acecho largo rato. El niño al fin en una de sus escapatorias acertó a +pasar junto a él. Le llamó, le besó, y rápidamente le arrastró consigo +lejos para comprarle confites. Cuando estuvo a buena distancia de las +criadas comenzó a seguir los caminos más extraviados del parque, y por +ellos fue a salir a Atocha. Desde allí, dando un gran rodeo para evitar +las calles céntricas, se trasladó a su casa. El pequeño se quejaba de +cansancio, lloraba. D. Pantaleón le cogía a ratos en brazos.</p> + +<p>Antes de llegar a la puerta el fisiólogo dejó al niño en la acera solo, +después de cerciorarse de que no había nadie observándolos, y +adelantándose con premura ordenó a la portera que fuese a comprarle +cigarros mientras él se quedaba al cuidado. Salió la mujer al +estanquillo, que estaba a la derecha de la casa. Mientras tanto él cogió +al niño, que se hallaba a la izquierda, y más ligero que un gamo subió +a la guardilla. Inmediatamente, encargándole que le aguardase sin +chistar, bajó al portal y allí recibió los cigarros que la portera le +trajo. Luego, con la mayor tranquilidad, subió de nuevo a su +laboratorio.</p> + +<p>¡Momentos de amarga felicidad para el sabio! Tenía en su poder el +instrumento que tanto apetecía. Iba por fin a sorprender el gran secreto +de la Naturaleza. Pero esta grandiosa invención costaría la vida tal vez +a una criatura de su misma sangre. Una agitación irresistible se apoderó +de su cerebro. Los lóbulos todos debían de hallarse en descompasado +movimiento. Presa de horribles vacilaciones, de temor, de anhelo y +compasión, se sentó delante de una mesa y metió la cabeza entre las +manos mientras el niño, en completa libertad, curioseaba por la estancia +enredando con los objetos que estaban a su alcance.</p> + +<p>El ingenioso D. Pantaleón salió de su ensimismamiento para mirar el +reloj. Eran ya más de las seis. No tardarían en llamarle para comer. No +había más remedio que dilatar el experimento, tanto por esto cuanto +porque convenía hacerlo a la luz del día. Cogió a su nieto, y sin +decirle palabra lo llevó hasta una pieza que había debajo del alero del +tejado y servía de trastera. Al abrir la puerta y ver aquella cueva +tenebrosa, el niño retrocedió asustado.</p> + +<p>—No, yo no entro ahí, abuelito.</p> + +<p>—¡Silencio!—exclamó el antropólogo con terrible mirada. Y sacando al +mismo tiempo del bolsillo del gabán un enorme cuchillo resplandeciente, +añadió:—Como digas una sola palabra te corto ahora mismo el cuello.</p> + +<p>El niño quedó paralizado por el terror. Hizo un pucherito y pronto +rompería a gritar si el fisiólogo con certero movimiento no le hubiese +tapado la boca. Sujetole al mismo tiempo por el cuerpo y lo metió en la +trastera de golpe. Tomó del suelo una mordaza y un cordel que allí tenía +preparados; le puso la primera; atole con el segundo las piernas y los +brazos y lo dejó tendido boca arriba sobre un felpudo diciéndole:</p> + +<p>—No te muevas. Si haces el más pequeño movimiento, hay ahí unos +ratones que vendrán a comerte las narices.</p> + +<p>Cerró la puerta, apagó la luz y se bajó a su casa, sentándose poco +después a la mesa con la tranquilidad que otras veces. Pero apenas se +habían sentado llegaron las criadas de Carlota con la noticia de la +desaparición del niño. Alarmose la casa vivamente. D.ª Carolina corrió +desalada a la de su hija. D. Pantaleón se vio precisado a acompañarla.</p> + +<p>No le fue posible volver hasta las altas horas de la noche. Dejó a su +esposa acompañando a Carlota y vino pretextando una indisposición. Tomó +del comedor algunos comestibles, pan, leche, pastas y subió de nuevo +cautelosamente a su laboratorio. Abrió la puerta de la trastera, desató +al chico, y amenazándole de nuevo con el cuchillo si daba una voz le +quitó la mordaza. Le mandó comer. La infeliz criatura, entumecida, fría, +aniquilada por el miedo, no pudo hacerlo. D. Pantaleón le introdujo a la +fuerza algunas galletas en la boca y le hizo beber unos tragos de leche.</p> + +<p>—¿Por qué me has atado, abuelito?—articuló al fin el niño.—Yo no +hice nada. Llévame con mamá.</p> + +<p>D. Pantaleón le miró fijamente. Por sus ojos pasó un relámpago de razón. +Le trajo hacia sí, abrazole tiernamente y le besó con efusión repetidas +veces. El niño, animado, repitió:</p> + +<p>—Llévame con mamá. Me has hecho mucho daño, abuelito, con el cordel. +Papá no me ata ni me encierra.</p> + +<p>Aquel relámpago inteligente se desvaneció en los ojos del viejo. No +quedó más que una triste expresión de extravío y ferocidad.</p> + +<p>—Tu papá es un ser frívolo, un hombre desequilibrado que prefiere +sentir a conocer, un hombre que se ha quedado atrás en la evolución. Yo +no puedo consentir en mi familia un degenerado y le he de matar más +tarde o más temprano con este cuchillo.</p> + +<p>—¡No! ¡No mates a papá!—exclamó el chico aterrado, viendo a su abuelo +blandir el arma con ademán sanguinario.</p> + +<p>—¡Silencio!—profirió con voz ronca aquél.—La ley de la selección se +cumplirá... Tú también morirás quizá, pobre niño, pero tu nombre vivirá +eternamente unido al mío en los anales de la ciencia y en el +agradecimiento de la humanidad.</p> + +<p>Dicho esto con brusco ademán le puso de nuevo la mordaza, arrastrole +hasta la trastera, le amarró otra vez y le dejó como antes estaba +tendido sobre el felpudo.</p> + +<p>Al día siguiente no le fue posible realizar el experimento. Se le +encargaron tantas comisiones para coadyuvar al descubrimiento del chico, +que sólo tuvo tiempo para subir dos o tres veces a desatarlo y a darle +algún alimento. Además, tenía miedo de engendrar sospechas si se +retiraba a su laboratorio por largo rato. Maravillaba la serenidad, la +energía y la astucia que desplegó durante aquellas críticas +circunstancias.</p> + +<p>Nada se logró en todo el día del lunes ni en toda la noche. Las +esperanzas de la familia se disipaban poco a poco. Todos se entregaban +desfallecidos al dolor y gemían por los rincones de la casa menos la +valiente Carlota, cuya actividad crecía a medida que las esperanzas +mermaban. Acompañada del inspector y algunos guardias recorría +incesantemente los parajes más apartados en pos de cualquiera vaga +noticia, cruzando, como una Dolorosa, las calles en busca de su hijo.</p> + +<p>Mientras tanto, D.ª Carolina y Presentación experimentaban fuertes +ataques de nervios. El mismo Mario se veía necesitado a apelar a los +antiespasmódicos para no ser presa de ellos.</p> + +<p>Amaneció por fin el martes. El ingenioso Sánchez, sintiéndose olvidado, +comprendió que había llegado el instante de realizar su famoso +experimento, tanto más cuanto que el estado de la criatura ofrecía ya +temores. Una de las veces que fue a desatarlo lo halló privado de +sentido. Necesitó hacerle respirar algunas esencias y frotarle +vigorosamente encima del corazón para volverle a la vida.</p> + +<p>A las once de la mañana subió el antropólogo a su laboratorio, echó +cuidadosamente el pestillo de la puerta y se dirigió al oscuro desván +donde yacía su nieto. Había llegado el momento supremo. Desatolo, le +quitó la mordaza y, después de reanimarlo con palabras y caricias, lo +llevó a la pieza más clara de la guardilla y lo sentó sobre una mesa +que tenía al objeto preparada. El estado del pobre niño inspiraría +compasión a una fiera. Pálido el rostro como la cera y descompuesto, los +ojos extraviados por el terror, los labios amoratados, las manos +trémulas, todo su cuerpecito agitado por un intenso temblor, parecía +realmente que iba a exhalar el último suspiro.</p> + +<p>Ya no hablaba, ya no imploraba como antes. El fisiólogo lo contempló con +expresión de sorpresa, como si por primera vez le viese en aquel +momento. Volvió a brillar en sus ojos opacos la luz de la razón. Su faz +se enrojeció fuertemente, sus labios temblaron, tapose la cara con las +manos y gritó con un sollozo:</p> + +<p>—¿Quién ha sido; quién? ¿Quién ha puesto así a mi nieto?... Alguno de +esos infames que me persiguen... ¡La cabeza me arde!... ¡Quitadlo, +quitadlo de aquí! Que yo no lo vea... ¡No, no! ¡no he sido yo! Ha sido +un malvado fisiólogo que quería hacer con él un experimento... ¡Matadlo! +¡Matad a ese asesino!...Me ha robado mi nieto... Me ha robado el +descubrimiento. ¡Matadlo! ¡matadlo!</p> + +<p>Después de este rapto de exaltación quedó tranquilo. Paseó con extravío +sus ojos por la estancia, convirtiolos a su nieto, y su faz reflexiva se +fue serenando poco a poco.</p> + +<p>—¡Es preciso! ¡es preciso!—repitió sordamente. Y dirigiéndose a su +nieto, exclamó con acento profético:—¡Alégrate, hijo mío!... Los +dolores que has padecido y los que vas a padecer serán los más +fructíferos que haya experimentado jamás hombre alguno. Con ellos +comprarás la inmortalidad. Tu nombre, unido al mío, se repetirá de +generación en generación al través de las edades. Ni Colón, ni Galileo, +ni Arquímedes han prestado a la humanidad un servicio como el que tú y +yo vamos a prestarle...</p> + +<p>—Dame agua—dijo con voz débil el niño, dejando caer su cabecita hacia +atrás.</p> + +<p>D. Pantaleón se la alzó; pero como no podía ya sostenerse sentado, lo +tendió sobre la mesa y fue a buscarle agua.</p> + +<p>El fuego de la inspiración ardió de nuevo en las pupilas del sabio. Un +estremecimiento poderoso sacudió su cuerpo. En un instante juntó los +instrumentos que le hacían falta; trajo esponjas, agua, paños. Después +de echar una profunda mirada investigadora al microscopio y cerciorarse +de que estaba limpio y preparado, sujetó al niño a la mesa con una larga +cuerda. Se detuvo unos momentos. Luego, con rápido ademán, tomó la +mordaza y fue a ponérsela...</p> + +<p>En aquel instante un golpe violentísimo hizo saltar el pestillo de la +puerta. Batió ésta con estrépito contra la pared. Escuchose un grito +extraño, desgarrador; y unas manos crispadas se agarraron como tenazas a +la garganta del fisiólogo.</p> + +<p>Éste y su yerno rodaron por el suelo. Fue una lucha furiosa, terrible. +Las sillas se volcaban; la palangana, las retortas y los frascos caían y +se hacían cachos. Los gritos, las imprecaciones de uno y otro aumentaban +el fragor del combate. Parecía que había veinte hombres luchando en +aquel pequeño recinto.</p> + +<p>No era fuerte Mario, pero la defensa de su hijo quintuplicaba el vigor +de sus músculos. D. Pantaleón era un anciano, pero el estado de +exaltación de sus nervios le prestaba una fuerza portentosa. Por algunos +momentos la lucha se mantuvo indecisa. Varias veces cayeron el uno +debajo del otro y otras tantas se alzaron. Los gritos se fueron +apagando. El combate se hizo sordo, feroz, desesperado. La voz dolorida +del niño, amarrado a la mesa, repetía sin cesar:</p> + +<p>—¡Abuelito, deja a papá!... ¡deja a papá!</p> + +<p>El loco al fin fue adquiriendo alguna ventaja. Las fuerzas de Mario +mermaban. Sus dedos cedían: el peso y el volumen de D. Pantaleón le +asfixiaba. Logró éste al fin ponerse encima de él y sujetarle.</p> + +<p>—¡Ya eres mío! ¡ya eres mío!—gritó lanzando feroces carcajadas.—Ahora +voy a verte el cerebro. ¡Aguarda un poco!</p> + +<p>Y le oprimía con sus rodillas el pecho. De tal suerte que el infeliz +escultor hubiera perecido si Miguel Rivera no entrase en aquel momento. +Con su ayuda pudo levantarse, y con la de los vecinos que acudieron al +ruido se logró sujetar al loco y atarlo con la misma cuerda que +aprisionaba a la desgraciada criatura.</p> + + + +<h3><a name="XX" id="XX"></a>XX</h3> + + +<p>Algunos medicamentos recetados por el doctor calmaron en pocas horas el +terrible acceso de Sánchez. Se le quitó la camisa de fuerza. Siguiose un +estado de grave postración; se temió por su vida. Pero a los pocos días +se inició la mejoría; no tardó en ponerse bueno, aunque disparatando +cada vez más. Su locura tomó un aspecto apacible. Hablaba de todo con +bastante lucidez menos cuando se tocaba el punto de la antropología. El +médico, temiendo y aun augurando un nuevo acceso de furia, aconsejó a la +familia que lo recluyese cuanto más pronto en alguna casa de salud, +Mario se resistía, lleno de compasión.</p> + +<p>—¡Pobre viejo!—decía.—Le vamos a dar la muerte encerrándolo en un +manicomio. ¡Dejadlo al pobre! ¿Quién sabe si irá mejorando poco a poco +hasta ponerse enteramente bueno? Con un par de criados que le vigilen +día y noche todo queda arreglado.</p> + +<p>Pero Carlota no quería oír de este arreglo. Su temperamento sano, +equilibrado, rechazaba con profunda aversión toda insanidad del +espíritu. Mientras Mario perdonaba y aun olvidaba el martirio de su +hijo, ella lo tenía grabado a fuego en el corazón; no podía arrojar de +su alma cierto rencor contra su padre, aunque fuese irresponsable. +Tampoco Presentación le había perdonado las quemaduras del rostro. Fue +necesario pensar en el establecimiento adonde le habían de conducir. +Después de varias conferencias se convino en llevarlo a un manicomio de +Carabanchel. Para efectuarlo sin violencia forjaron, como suele hacerse +en tales casos, una comedia. Miguel Rivera fue el inventor de ella. Se +escribió desde Carabanchel una carta al loco, «el más insigne +antropólogo con que hoy contaba la Europa civilizada,» noticiándole la +existencia de cierto individuo que ofrecía en sus funciones vitales +algunas anomalías reversivas con extraños caracteres zoológicos que +hasta entonces no había podido descifrar ningún fisiólogo. Se hacía una +descripción, bastante cómica por cierto, de estas anomalías y se le +invitaba a él, gran anatómico, gran paleontólogo, gran embriólogo, para +que viniese a examinarlo y emitir su opinión.</p> + +<p>No bien hubo leído la carta el ingenioso Sánchez, cuando comunicó a la +familia su propósito de trasladarse aquella misma tarde a Carabanchel. +Se aplaudió su decisión: se le facilitaron los medios. Timoteo salió a +alquilar un carruaje. Tanto él como Mario se brindaron a acompañarle y +sus esposas respectivas lo mismo. Miguel Rivera, que estaba allí +casualmente, también quiso ser de la partida.</p> + +<p>A las tres de la tarde salieron todos, en un <i>familiar</i>, de la calle de +Ramales, célebre ya en todo el orbe, en dirección a la puerta de Toledo. +El día claro y apacible. Saltaba alegremente el carruaje sobre el +empedrado de las calles. El gran fisiólogo iba de humor excelente y +departía sobre su famoso descubrimiento con Rivera, que apoyaba con +vivos movimientos de cabeza sus disquisiciones.</p> + +<p>Luego que salieron de la villa y empezaron a correr por la carretera +tuvieron un gracioso encuentro. D. Laureano Romadonga iba de paseo en la +misma dirección en compañía de su querida; una nodriza delante llevando +en brazos un niño. La chula vestía ya de señora con capota y sombrilla: +no le sentaba mal. Por iniciativa de Rivera, al tiempo de cruzar a su +lado sacaron todos la cabeza por las ventanillas y gritaron:</p> + +<p>—¡Adiós, D. Laureano! ¡Adiós!</p> + +<p>El viejo seductor saludó visiblemente molestado. La chula les clavó una +mirada inquisitorial, agresiva, sin hacer la más leve inclinación de +cabeza.</p> + +<p>—¿Pero se ha casado ese hombre?—preguntó Presentación.</p> + +<p>—No lo sé—contestó Miguel riendo.—Dicen que sí. Al fin ha encontrado +lo que tanto apetecía: una mujer enérgica. Creo que le da cada pie de +paliza que lo deja verde.</p> + +<p>—¡Qué horror!—exclamó la joven estupefacta.—¡Parece mentira!</p> + +<p>—¿Mentira? Repárela usted bien.</p> + +<p>La chula no apartaba del carruaje sus ojos con expresión tan fiera y +despreciativa que fascinaban como los de una pantera.</p> + +<p>—En efecto, debe de ser bien dominante—manifestó Carlota.</p> + +<p>—¡Un cabo de vara!—repuso Rivera.—Lo que le hacía falta a ese cínico +que se ha pasado la vida burlándose de todas las leyes divinas y +humanas.</p> + +<p>Llegaron por fin al manicomio. Carlota y Presentación se quedaron a la +puerta, haciendo esfuerzos desesperados para ocultar su emoción. Los +tres hombres subieron con el fisiólogo con pretexto de examinar también +el curioso caso de atavismo. Recibioles el director cortésmente. D. +Pantaleón se dejó conducir por él a otra estancia para conferenciar +secretamente acerca de las anomalías orgánicas del ser que iba a +mostrarle. Trascurrió media hora. Al cabo se presentó de nuevo el jefe.</p> + +<p>—Ya está, arreglado el asunto. Pueden ustedes retirarse cuando gusten.</p> + +<p>—¿Ha puesto alguna resistencia?—preguntó Rivera.</p> + +<p>—Absolutamente ninguna. Queda tan sosegado esperando que mañana le he +de enseñar el consabido individuo... Hoy no puede ser—añadió +sonriendo;—se encuentra ya durmiendo.</p> + +<p>Quedaron los tres silenciosos y tristes. Mario preguntó al fin +tímidamente:</p> + +<p>—¿Sería posible verlo sin que él nos viese, antes de irnos?</p> + +<p>—No hay inconveniente. Se halla en el jardín en este momento... Pasen +ustedes por aquí.</p> + +<p>Los condujo al través de varias estancias y corredores hasta una +puertecita. Abrió un ventanillo que tenía y les invitó a mirar. Miró +primero Timoteo, luego Rivera; el último fue Mario. El ingenioso D. +Pantaleón se hallaba sentado en uno de los bancos de piedra del jardín +rodeado de seis u ocho individuos. Llevaba él la palabra acompañándola +con graves y persuasivos ademanes. Aunque no oían lo que decía, +supusieron con fundamento que disertaba sobre algún interesante problema +antropológico.</p> + +<p>Retiráronse al fin en silencio. Todos iban serios. El semblante de +Mario, sobre todo, reflejaba tristeza profunda, una emoción que en vano +trataba de ocultar. Después de dar algunos pasos por el corredor, +todavía se volvió para mirar otra vez por el ventanillo. Le costaba +trabajo arrancarse de aquel sitio donde la compasión le tenía clavado.</p> + +<p>Cuando salieron no hallaron a la puerta a Carlota y Presentación. El +cochero les dijo que las dos señoras se habían ido llorando por el +camino de la derecha. No estarían lejos. En efecto, apenas habían dado +algunos pasos las vieron a lo lejos en medio del campo. Sus elegantes +siluetas se destacaban del fondo claro del cielo con líneas bien +recortadas. Ambas se llevaban con frecuencia el pañuelo a los ojos.</p> + +<p>Juntáronse los hombres a ellas, y sin decirse una palabra volvieran +lentamente en busca del coche. Marchaban mudos y cabizbajos. Carlota, +acercándose a Rivera, le preguntó al fin en voz baja y temblorosa:</p> + +<p>—¿Ha hecho resistencia?</p> + +<p>—Nada. Queda muy contento. Tranquilízate. El director nos ha asegurado +que no tardará mucho tiempo en volver sano a su casa.</p> + +<p>Mario se había quedado atrás y contemplaba abstraído la puesta del sol. +El cielo estaba azul. Sus profundidades se extendían sin nubes sobre su +cabeza. Pero la brisa del Norte había amontonado allá en el horizonte +montañas flotantes de nubes de fuego formando fantásticas ciudades, +cuyas flechas y cúpulas resplandecían temblorosas al través de una gasa +azul. La campiña estaba dormida: el aire callado. La tierra se extendía +desnuda y árida.</p> + +<p>La bóveda celeste brillaba como un inmenso fanal de luces de oro, +sublime, infinito, envolviendo los mundos que pueblan sus abismos y +soledades profundas. Algunas estrellas azuladas se encendían tímidamente +en los confines del Oriente. Desde el Occidente el ojo sangriento del +sol las miraba severo.</p> + +<p>El sol se acostaba en un mar de púrpura, sobre un vapor flotante y +encendido, exhalando sus ardores de reposo y de amor. Balanceábase +majestuoso sobre las nubes resplandecientes con melancolía infinita, +escuchando graves y sublimes armonías que no llegarán jamás al oído de +ningún mortal. El manto carmesí de la tarde tachonado de estrellas caía +de las profundidades del firmamento.</p> + +<p>Ante el esplendor glorioso de aquel ocaso Mario permaneció inmóvil de +sorpresa y admiración. En el paisaje no había más que luz, pero la luz +bastaba para llenar de colores y formas el cielo y la llanura. Allá a lo +lejos las torres de Madrid temblaban en un vapor azulado debajo de la +fantástica ciudad flotante de las nubes.</p> + +<p>La noche llega. ¡Oh, quién pudiera vagar por las regiones del aire entre +las brisas y los rayos de luz! El joven artista sintió una emoción +intensa que enajenó su alma y la suspendió en un paraíso de inmortal +claridad y alegría.</p> + +<p>—¡Oh, quién fuese una de esas nubes de oro—pensó—para hender con mis +alas el abismo azul, para flotar en el rosicler de la tarde y sacudir +el fresco rocío sobre las flores dormidas! ¡Oh, quién pudiera huir sobre +las olas del aire hasta el trono del sol y habitar el palacio de las +noches sin nubes! Las espinas de la vida hieren mis carnes; el frío de +la vida hiela mi corazón. ¡Glorioso sol, llévame contigo, llévame por +encima de las montañas y las olas, sobre las verdes llanuras y las +espumas del Océano; llévame lejos del triste sueño de la existencia, a +reposar bajo tu pabellón tejido de estrellas! He visto a mi hijo +inocente padecer horribles martirios. He visto a ese desgraciado que ahí +queda infligírselos por un impulso fatal. Mi espíritu sangra y no +comprende nada. ¡Glorioso sol, arrástrame contigo; condúceme al templo +de la Verdad y la Bondad infinitas, a la morada de ese Poder en cuyo +seno divino todas las contradicciones se resuelven, todos los dolores se +apagan! Quiero ver desde esas puras estrellas que ocultas con tu +presencia a esta mísera tierra encadenada a su feroz egoísmo, a su +tristeza y oscuridad...</p> + +<p>Un estremecimiento de anhelo sacudía, el cuerpo del escultor. Su faz +parecía iluminada por una luz inmortal: sus nervios se dilataban por la +emoción: en sus ojos extáticos, clavados en el cielo, temblaba una +lágrima.</p> + +<p>—¿Qué hace Mario allí parado?—preguntó Carlota volviendo la vista +atrás.</p> + +<p>Rivera se volvió también y, al observar la actitud contemplativa del +artista y la extraña expresión mística de sus ojos, comprendió lo que +pasaba en su alma.</p> + +<p>—Déjalo—manifestó gravemente.—Tu marido quizá sepa en este momento +dónde se halla el origen del pensamiento.</p> + +<p>—¡No, por Dios!—exclamó la fiel esposa, asustada, corriendo hacia él.</p> + +<hr /> + + + + + + + +<pre> + + + + + +End of the Project Gutenberg EBook of El origen del pensamiento, by +Armando Palacio Valdés + +*** END OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK EL ORIGEN DEL PENSAMIENTO *** + +***** This file should be named 30535-h.htm or 30535-h.zip ***** +This and all associated files of various formats will be found in: + https://www.gutenberg.org/3/0/5/3/30535/ + +Produced by Chuck Greif and the Online Distributed +Proofreading Team at https://www.pgdp.net + + +Updated editions will replace the previous one--the old editions +will be renamed. + +Creating the works from public domain print editions means that no +one owns a United States copyright in these works, so the Foundation +(and you!) can copy and distribute it in the United States without +permission and without paying copyright royalties. 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It exists +because of the efforts of hundreds of volunteers and donations from +people in all walks of life. + +Volunteers and financial support to provide volunteers with the +assistance they need are critical to reaching Project Gutenberg-tm's +goals and ensuring that the Project Gutenberg-tm collection will +remain freely available for generations to come. In 2001, the Project +Gutenberg Literary Archive Foundation was created to provide a secure +and permanent future for Project Gutenberg-tm and future generations. +To learn more about the Project Gutenberg Literary Archive Foundation +and how your efforts and donations can help, see Sections 3 and 4 +and the Foundation web page at https://www.pglaf.org. + + +Section 3. Information about the Project Gutenberg Literary Archive +Foundation + +The Project Gutenberg Literary Archive Foundation is a non profit +501(c)(3) educational corporation organized under the laws of the +state of Mississippi and granted tax exempt status by the Internal +Revenue Service. The Foundation's EIN or federal tax identification +number is 64-6221541. Its 501(c)(3) letter is posted at +https://pglaf.org/fundraising. Contributions to the Project Gutenberg +Literary Archive Foundation are tax deductible to the full extent +permitted by U.S. federal laws and your state's laws. + +The Foundation's principal office is located at 4557 Melan Dr. S. +Fairbanks, AK, 99712., but its volunteers and employees are scattered +throughout numerous locations. Its business office is located at +809 North 1500 West, Salt Lake City, UT 84116, (801) 596-1887, email +business@pglaf.org. 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Thus, we do not necessarily +keep eBooks in compliance with any particular paper edition. + + +Most people start at our Web site which has the main PG search facility: + + https://www.gutenberg.org + +This Web site includes information about Project Gutenberg-tm, +including how to make donations to the Project Gutenberg Literary +Archive Foundation, how to help produce our new eBooks, and how to +subscribe to our email newsletter to hear about new eBooks. + + +</pre> + +</body> +</html> diff --git a/LICENSE.txt b/LICENSE.txt new file mode 100644 index 0000000..6312041 --- /dev/null +++ b/LICENSE.txt @@ -0,0 +1,11 @@ +This eBook, including all associated images, markup, improvements, +metadata, and any other content or labor, has been confirmed to be +in the PUBLIC DOMAIN IN THE UNITED STATES. + +Procedures for determining public domain status are described in +the "Copyright How-To" at https://www.gutenberg.org. + +No investigation has been made concerning possible copyrights in +jurisdictions other than the United States. 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