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diff --git a/.gitattributes b/.gitattributes new file mode 100644 index 0000000..6833f05 --- /dev/null +++ b/.gitattributes @@ -0,0 +1,3 @@ +* text=auto +*.txt text +*.md text diff --git a/29831-8.txt b/29831-8.txt new file mode 100644 index 0000000..3382ffd --- /dev/null +++ b/29831-8.txt @@ -0,0 +1,12548 @@ +The Project Gutenberg EBook of Riverita, by D. Armando Palacio Valdés + +This eBook is for the use of anyone anywhere at no cost and with +almost no restrictions whatsoever. You may copy it, give it away or +re-use it under the terms of the Project Gutenberg License included +with this eBook or online at www.gutenberg.org + + +Title: Riverita + +Author: D. Armando Palacio Valdés + +Release Date: August 28, 2009 [EBook #29831] +[Last updated: March 26, 2012] + +Language: Spanish + +Character set encoding: ISO-8859-1 + +*** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK RIVERITA *** + + + + +Produced by Chuck Greif and the Online Distributed +Proofreading Team at http://www.pgdp.net + + + + + + + + +RIVERITA + + +NOVELA DE COSTUMBRES + +POR + +ARMANDO PALACIO VALDÉS + +MADRID +TIPOGRAFIA DE MANUEL G. HERNÁNDEZ +Libertad, 16 duplicado + +1886 + +ES PROPIEDAD + +* * * + +RIVERITA TOMO I: I, II, III, IV, V, VI, VII, VIII, IX, X, XI, XII + +RIVERITA TOMO II: I, II, III, IV, V, VI, VII, VIII, IX, X, XI, XII, +XIII, XIV, XV, XVI, XVII + +* * * + + + + +TOMO I + + + +I + + +La primera noticia que Miguel tuvo del matrimonio de su padre se la dio +el tío Bernardo, persona de extremada respetabilidad y carácter. Tomole +de la mano gravemente momentos antes de comer, y le llevó a su +escritorio, una pieza de aspecto sombrío, llena de cachivaches antiguos, +grandes armarios de libros y cuadros al óleo que el tiempo había +oscurecido hasta no percibirse siquiera las figuras. Las sillas eran de +roble viejo, las cortinas de terciopelo viejo también, la alfombra más +vieja todavía, la mesa de escribir un verdadero prodigio de vejez. +Miguel sólo dos veces en su vida había visto este aposento sagrado y +augusto para la familia. Una vez se lo había enseñado su primo Enrique +desde la puerta alzando discretamente la cortina y mirando con temor +hacia atrás para no ser sorprendido en flagrante profanación. Otra vez +había sido residenciado por su tío en aquel recinto en compañía del +mismo Enrique por haber ambos maltratado de palabra y de obra a la +cocinera de la casa bajo el pretexto infundado de que no eran +suficientes dos peras por barba para merendar. No es fácil imaginar, +pues, el respeto que esta pieza le merecía a Miguel, aunque su +temperamento no fuese demasiadamente respetuoso, según constaba de modo +incontestable en la escuela y en otros diversos parajes de la villa. + +D. Bernardo dejó a su sobrino arrimado a la mesa de escribir y comenzó a +pasear silenciosamente y con las manos atrás; sopló con fuerza tres o +cuatro veces, desgarró otras tantas, y dijo al fin parándose un +instante: + +--Miguel, tú tienes uso de razón, ¿no es cierto? + +Miguel le miró, abriendo mucho los ojos, sin contestar. + +--¿Has cumplido los siete años?--manifestó su tío poniendo el concepto +más al alcance del niño. + +--Tengo ocho. + +--Tanto mejor... En efecto, tu padre se casó diez años después que +yo... hace nueve aproximadamente... Muy niño eres aún para entender +ciertas cosas. ¡Muy niño! ¡Muy niño! + +Y D. Bernardo contempló con expresión de lástima a su sobrino, que +apenas podía posar, estirándose mucho, la barba sobre la mesa, y meditó +breves momentos: después continuó paseando. + +--Sin embargo, pienso, Miguel, que harás un esfuerzo para entenderme... +¿no es verdad que lo harás?... No es menester que penetres por completo +el sentido de mis palabras, porque en edad tan tierna no es posible; +basta con que te hagas cargo de lo que voy a decirte... de lo que tengo +encargo de decirte--añadió rectificando.--Has tenido la desgracia de +perder a tu madre cuando naciste, de no haberla conocido; era una +verdadera dama, noble, distinguida, de modales muy finos, y que se hacía +respetar de todos. En este concepto, nuestra familia nada tuvo que +oponer al matrimonio de Fernando, por más que tu madre no fuese rica, +que no lo era en verdad: la distinción, los modales, las relaciones +compensan muy bien la falta de fortuna. Mercedes estaba relacionada con +la mejor sociedad de Madrid y sabía hacer los honores de un salón como +la primera. Desgraciadamente para tu padre, falleció al año de estar +unidos, cuando el tapicero no había terminado aún de arreglar los dos +salones que habían destinado para recibir, cuando aún no se habían +repartido todas las papeletas de enlace. Si algo pudo mitigar el dolor +de Fernando, fue el testimonio de respeto que en aquella ocasión se +apresuró a darle la espuma de la sociedad madrileña: más de doscientos +coches particulares siguieron el entierro de la pobre Mercedes; S. M. +mandó el coche de respeto con los lacayos enlutados; después se +recogieron a la puerta más de seiscientas tarjetas de pésame, y a los +funerales que por el eterno descanso de su alma se celebraron en San +Isidro, acudió un sinnúmero de personas de calidad, y en representación +de S. M., el mayordomo de Palacio. Yo presidí el duelo de familia, el +segundo cabo el de militares, y Monseñor Giner el de sacerdotes. Sobre +este punto no hay más que decir: todo fue conforme a los usos +establecidos y a lo que exigía el decoro de nuestra familia. + +D. Bernardo se detuvo para echar una mirada a Miguel, quien al compás +que escuchaba a su tío, o no lo escuchaba (que esto nunca pudo +averiguarlo D. Bernardo), daba infinitas vueltas entre los dedos a un +vaso griego de barro que servía de prensa-papeles. Quitóselo de la mano +suavemente, colocolo en su sitio y tornó a recoger con el paseo el hilo +de su interrumpido discurso. + +--El dolor que tu padre experimentó fue grande, y supo guardar como +quien es todo el tiempo de su viudez el respeto que debía a la memoria +de una dama tan principal como tu madre. Por espacio de dos años, no +solamente gastó luto él, sino que lo hizo llevar a toda la servidumbre, +al coche y a los caballos; no pisó los salones hasta bien trascurrido el +año, ni recibió en los suyos más que a los amigos de entera confianza; +de este modo se adquiere el respeto y la consideración de la gente. Pero +como las cosas no deben ni pueden llevarse al extremo, pasados dos o +tres años, tu padre entró nuevamente en la vida de la sociedad +distinguida, donde por su nombre, por su grado en el ejército y por su +fortuna tiene derecho a brillar entre los primeros. Entonces empezó a +tocar los verdaderos inconvenientes de su estado. En una casa de la +importancia de la de Fernando una señora es absolutamente indispensable; +tú no puedes comprender esto porque eres muy niño, Miguel, ¡muy niño!... + +D. Bernardo consideró de nuevo a su sobrino con profunda compasión. + +--La presencia de una señora, de una dama, comunica a la casa cierto +brillo que ni el nombre ni el dinero por sí solos pueden alcanzar. Tu +pobre papá se ha visto privado hace ocho años de dar bailes, comidas, ni +un té siquiera... ¿Quién había de hacer los honores?... Y vuestra casa +es una de las mejores de Madrid, está decorada con mucho gusto, aunque +un tanto abandonada de algún tiempo a esta parte. Es lástima y grande +que no haya podido aprovecharse hasta ahora el espacioso y elegante +salón que tenéis. Además, por lo que he podido observar y han observado +también algunas personas de la familia y de fuera, en casa de Fernando +reina cierto desconcierto inevitable; por buena que sea una ama de +llaves, por buenos que sean los criados, no es posible que atiendan como +corresponde a todos los pormenores... Tu misma educación, Miguel, anda +bastante descuidada al decir de la gente. Me han dicho que juras en casa +como un carretero... + +Estas últimas palabras las dijo D. Bernardo con más alta entonación y +parándose frente a su sobrino. Éste sonrió avergonzado; pero al ver que +el tío fruncía las cejas, quedose otra vez serio. + +--¡Claro está! un padre por más que se esfuerce no puede conseguir +inculcar a sus hijos ciertas reglas de urbanidad, so pena de no +perderlos de vista un solo instante. Esto sólo puede hacerlo una señora, +una madre... Así que desde largo tiempo vengo aconsejando a mi hermano, +y conmigo toda la familia, y no sólo la familia, sino cuantos amigos se +interesan por él, que de nuevo tome estado, organice su casa sobre el +pie que le corresponde y salve el decoro de la familia... Al fin, +cediendo a mis reiteradas súplicas, y repito que no solamente a las +mías, sino a las de todos sus parientes y amigos, tu papá ha pensado en +dar a su casa una señora y a ti una mamá... Pero entiéndelo bien, +Miguel, sólo por las razones antes apuntadas, no por otra alguna, tu +padre ha consentido en tomar estado... ¿Te haces bien el cargo?.... + +Miguel le miraba y le remiraba con los ojos muy abiertos, sin moverse; +sentía deseos atroces de irse a jugar con su primo Enrique. + +--Ahora bien; lo mismo tu padre que yo, que toda la familia, esperamos +que con la presencia de tu nueva mamá se opere en tu conducta un cambio +favorable; que dejes esos modales, propios de gentuza, no de caballeros; +que no pases el día metido en la cocina, escuchando las sandeces de los +criados; que no te arrastres por los suelos como un perro, estropeando +los vestidos; que seas, en fin, menos cerril y desvergonzado. + +A Miguel se le figuró que su tío le estaba insultando, por lo que, +aprovechando una de sus vueltas, le hizo algunas muecas despreciativas, +y, no satisfecho con esto, a otra vuelta una seña harto más grosera que +le había enseñado el lacayo, y que a poder verla hubiera dejado absorto +al respetable caballero. + +--Con eso contamos, Miguel, aparte de otros muchos cambios beneficiosos +que en vuestra casa se han de efectuar seguramente, y que tú no tienes +edad aún para comprender..... Y, nada más por hoy. He cumplido el +encargo que tu padre me ha dado, el cual, entre paréntesis, es muy débil +contigo..... ¡pero muy débil! más de cien veces se lo he dicho..... Tú +eres un chico que hay que educar _virga férrea_, y si no, llegarás a dar +muchos disgustos..... + +Miguel no entendió el latín, pero calculó bien que aquello debía ser +algo como palos o azotes, y lleno de ira volvió a enseñar los puños a su +tío por la espalda. + +--Vamos, vete ahora con tus primos, y cuidado con las +travesuras--concluyó diciendo D. Bernardo mientras empujaba al niño +hacia la puerta. + +Era aquel señor alto, seco, aguileño, bajo de color, de edad de +cincuenta años, poco más o menos, pelo ralo y entrecano, cejas espesas, +las mejillas cuidadosamente rasuradas, dejando solamente debajo de la +nariz un exiguo bigote, que cada día iba siendo más exiguo merced a los +trabajos invasores que por entrambos lados llevaba a cabo la navaja: la +expresión de su rostro, severa e imponente, a lo cual ayudaban en no +pequeña parte aquellas cejas pobladas que el buen caballero había +recibido del cielo, y que solía arquear y extender en la conversación de +un modo prodigioso; y en mayor porción todavía cierta manera +extraordinaria de hinchar los carrillos y soplar el aire lenta y +suavemente, que infundía en el interlocutor respeto y veneración. Había +desempeñado algunos cargos de importancia en la administración pública, +y había estado a pique una vez de ser nombrado senador ministerial: este +era el sueño de su vida; tenía bienes de fortuna, y gozaba mucha +consideración entre sus deudos y amigos: para coronar, no obstante, el +edificio de su respetabilidad, que piedra sobre piedra había ido +levantando con trabajo durante muchos años, faltaba aquel remate; pero +lo alcanzaría, no había quien lo dudase; la familia lo esperaba con +afán; los amigos lo daban como seguro en un plazo más o menos breve. + + + + +II + + +En el pasillo aguardaba Enrique a su primo Miguel, el cual, así que le +vio levantó los brazos y sonando las castañuelas dio tres o cuatro +zapatetas en el aire para acercarse a él. + +--¿Quieres que bajemos a la cochera hasta la hora de comer? + +--¿Y si viene mamá? + +Miguel hizo un gesto de desprecio. Enrique vaciló algunos instantes, mas +al fin se decidió a abrir con sigilo la puerta y escaparse por la +escalera de servicio. + +Era Enrique un muchacho que guardaba en aquella época semejanza +increíble con un perro ratonero de los que hoy tienen prestigio entre +las damas; después se compuso bastante, pero aún es feo hasta donde un +hombre de bien puede serlo. Traía por lo común el cabello hecho greñas y +aborrascado, las narices llenas de mocos, las manos sucias y el vestido +roto y cuajado de lamparones. Sólo cuando a doña Martina su madre le +venía en mientes sacarlo a paseo o llevarlo a misa o de visita a alguna +casa se le podía ver; mas para esto era necesario que aquella señora le +condujese al piso segundo y se encerrase con él en un cuarto que pudiera +llamarse de las abluciones; al cabo de media hora después de haber +sufrido una razonable cantidad de repelones, estirones de orejas y +bofetadas, que doña Martina creía indispensable asociar siempre a su +tarea, salía el buen Enrique lloroso y suspirando, pero más limpio que +una patena. Y hasta otra. En la casa, donde imperaba la pulcritud, se le +miraba de mal ojo y era a menudo víctima por su aversión a aquella +preciosa cualidad, no sólo de las correcciones paternales, sino de las +crueles e impensadas arremetidas de su hermana mayor Eulalia, joven de +diez y seis abriles no muy floridos, casta, limpia, hacendosa, +diligente, llena, en fin, de virtudes domésticas, el mimo de sus papás y +el blanco del odio de Enrique y del primo Miguel. + +--Oyes, Miguel--le dijo Enrique en voz baja, mientras descendían +cautelosamente por la escalera del patio;--¿para qué te quería papá? + +--Para decirme que mi papá va a casarse--respondió Miguel alzando los +hombros con indiferencia. + +--¿Con quién? + +--Con una señora. + +--¿Entonces vas a tener mamá pronto? + +Miguel no juzgó necesario contestar. + +--¿Estás contento? + +--¿A mí qué me importa? + +--¿No tienes miedo que haya?... (Enrique hizo una seña expresiva de +vapuleo.) + +Miguel le miró un poco turbado. + +--¿Por qué? + +--Las mamás pegan siempre más que los papás--afirmó sentenciosamente +Enrique. + +Miguel calló unos instantes y al fin dijo: + +--Si me pegase, le pegaría a ella papá. + +Enrique no quiso insistir. + +En esto cruzaron el patio y entraron en la cochera. Lo que allí hicieron +no es para contado y menos para descrito; un sinnúmero de travesuras, +todas en manifiesta oposición con la integridad y aseo de los trajes: +baste decir que a última hora entraron en la cuadra, montaron los +caballos, les llenaron los pesebres de paja, les barrieron la porquería, +y no satisfechos aún, tomando el cepillo y el rascador, se pusieron a +sacarles el polvo (y a echárselo a sí mismos encima). Cuando se fue +acercando la hora de comer, estaban ambos que daba asco mirarlos; tanto, +que Enrique, el cual, como ya hemos dicho, no tenía inclinación bien +determinada hacia la limpieza, quedó un momento pensativo mirándose y +mirando a su primo. + +--¿Sabes que estamos muy puercos, Miguel? + +Éste asintió con la cabeza, mirándose y mirando a su primo también. + +--Si vamos al comedor así, me da mamá una tocata... ¡Recontra qué +tocata! + +Miguel, con quien no había de ir el asunto, se contentó con sacudirse un +poco el polvo. + +--Mira, vamos al cuarto de Eulalia, al piso segundo, y allí nos podemos +lavar... Yo con estas manos no voy al comedor. + +En efecto, las manos de Enrique en aquella sazón no estaban visibles. + +Subieron con la misma cautela que habían bajado por la escalera de +servicio, echó Enrique una ojeada al gabinete de su madre, y enterándose +de que estaba allí Eulalia, subieron ya sin temor alguno al piso segundo +y se posesionaron del cuarto de aquella señorita. Lo primero que +hicieron fue echar el pasador a la puerta a fin de que no los +sorprendiesen. Después comenzaron a usar y a abusar de los copiosos +medios de aseo que allí existían; sumergieron ambos las manos en la +jofaina, que trasvertía de agua clarísima; apoderáronse de una +magnífica pastilla de jabón de almendras, y en pocos minutos, a fuerza +de sobarse con ella, la redujeron casi una tercera parte; tomaron las +esponjas, las empaparon en el agua del jarro y se las pasaron repetidas +veces por el rostro y la cabeza; no contentos con esto, llevaron sus +manos sacrílegas al tarro de la pomada, al frasco del aceite y a los +pomos de las esencias, adobándose y perfumándose con todo ello sin duelo +alguno; no satisfechos aún, osaron coger la misma borla de los polvos de +arroz que servía a la pulcrísima sultana para ocultar ciertas rosetas +importunas que la erisipela había hecho nacer en su rostro, y se +embadurnaron con ella en medio de groseras carcajadas; después llevaron +todavía su audacia a usar de un frasco de colorete, pintándose los +labios, las narices y hasta las orejas, como cerdos inmundos que eran; +después tornaron a lavarse con la esponja y a secarse con las +inmaculadas toallas colgadas de entrambos lados del tocador; finalmente, +se lavaron los dientes y las muelas esmeradísimamente con los cepillos +que para este efecto allí estaban, frotándolos primero en una cajita de +polvos dentífricos. Este magnífico y escrupuloso lavatorio del aparato +dental, coronó, en opinión de ambos, la obra de aseo que con tan buen +éxito habían emprendido, y se decidieron a bajar al comedor. Pero antes +de salir, se les ocurrió casualmente que tenían los pantalones cubiertos +de polvo y porquería; vuelta a echar mano de la esponja, porque no +hallaron cepillos, y a frotarse con ella hasta tapar las manchas. Las +botas se hallaban también, y aún más que los pantalones, en estado de +merecer, y Miguel acudió solícito con la esponja a limpiarlas; pero +Enrique, no encontrando el medio bastante adecuado, entró en la alcoba +de su hermana y se las limpió muy bien con la colcha de la cama. ¡Ea! ya +están arreglados aquel par de pájaros; se miran en la luna del armario y +dejan escapar un suspiro de satisfacción. Sin embargo, Miguel medita un +momento, y dice: + +--¡Mira, tú, que si Eulalia viniera ahora!... + +--Ya no sube hasta la hora de dormir... ¿No ves que vamos a comer en +este momento? Y si viene, ¿qué, recontra? El día que me vuelva a pegar, +le doy en las narices con esta badila (aquí Enrique sacó una de bronce +que tenía escondida _ad hoc_ en el forro de la chaqueta). ¡Ella no tiene +por qué pegarme, contra! ¿Es mi madre por si acaso? ¡Ah, recontra; pega +porque sabe meter baza a papá! Cuando está mamá delante, ya se guarda +ella de tocarme el pelo de la ropa. ¡Y que lo diga! ¡Menudo coscorrón se +ha mamado ayer!... Ya me dijo mamá: «no seas tonto, Enrique; el día que +te pegue tu hermana, tírale a la cabeza con lo que tengas a mano.» Aquí +está la badila; ¡que venga, que venga!... ¡Vaya, hombre, que ya no se +puede sufrir! ¡todo el día pega que te pegarás, como si yo fuese un mulo +de artillería!... + +--¡Pero chico, si la das con la badila la matas! + +--¡Que la mate, recontra! ¿Para qué sirve en el mundo esa puerca? +¡Siempre metiéndose donde no la llaman! ¡Caciplándolo todo! ¡Metiendo +las narizotas en las cosas de sus hermanos!... ¡Ya no la aguanto más, +recontra! + +Apesar de las disposiciones belicosas de Enrique respecto a su hermana, +quedose un instante suspenso y pálido escuchando pasos en el corredor, +lo cual probó a su primo Miguel que aún no le había abandonado +enteramente el instinto de conservación. Los pasos se alejaron al fin +sin dar el resultado desastroso que fue de temer, y Enrique con voz más +sosegada dijo: + +--Me parece que ya es hora de comer. Vamos abajo antes que nos llamen. + +En efecto, cuando los dos primos llegaron al piso principal, la familia +estaba ya en el comedor, que era una pieza espaciosa, amueblada también +a la antigua. En el centro una gran mesa de roble tallado cubierta con +el mantel y atestada de platos, copas, fruteras y dulceras; a juzgar por +el número de cubiertos, había convidados. Sobre la mesa ardía una +lámpara de bronce colgada del techo. Los aparadores casi tocaban en él y +eran también de roble tallado; las sillas de roble igualmente; todo de +roble. Esta madera dura, maciza y adusta, parecía el símbolo de aquella +respetable familia. + +Sentado ya a la mesa leyendo un periódico, estaba el dueño de la casa, +D. Bernardo Rivera, con la frente espantosamente fruncida, no porque +estuviese disgustado, sino porque tal era su costumbre siempre que leía +algo; guardaba frente a los periódicos y los libros la actitud prevenida +y hostil del que no quiere ser juguete de sofismas o frases +relumbrantes. Doña Martina, su esposa, daba vueltas por la estancia, +atenta a que nada faltase, ni sobrase, en la mesa y en los aparadores. +Era mujer de unos cuarenta años, de regular estatura, metida en carnes, +que no habría sido fea a los veinte, de fisonomía abierta y simpática, +pero ordinaria; el talle y la figura más ordinarios aún, porque el +vientre le había crecido en los últimos años mucho más de la cuenta y no +había corsé que lo sujetase; la voz aguda y desentonada, los ademanes +bruscos y el mirar dulce y halagüeño: vestía un traje de terciopelo de +color castaño, que en aquella época era el sumo lujo entre las señoras +de calidad; mas advertíase que aquel terciopelo no estaba tan bien +pegado a sus carnes como era de esperar, dado el aspecto imponente y el +concertado gusto y elegancia que reinaban en la casa. Consistía esto +(vamos a decirlo en secreto al lector, porque en secreto y al oído se lo +decían los amigos de la familia cuando tocaban este asunto), en que doña +Martina había sido planchadora en sus juveniles años, planchadora de la +casa de su esposo, o por mejor decir, de los padres de su esposo. Cómo +D. Bernardo Rivera había descendido tan abajo y doña Martina había +subido tan arriba, no era fácil de explicar en aquel tiempo; años atrás +no había tal dificultad para los que apreciaban, en su justo valor, las +carnes macizas y sonrosadas de la buena señora. Se contaban a este +propósito mil anécdotas más o menos chistosas, que todas redundaban en +elogio de ella; doña Martina había sido, en sus tiempos floridos, una +fortaleza inexpugnable; el fuerte de Figueras y la ciudadela de Santoña, +eran castillitos de naipes al lado suyo; sus condiciones de resistencia +la habían llevado al término feliz en que hoy la vemos. Verdaderos o +falsos estos dichos maliciosos, el resultado es que D. Bernardo se +encontró casado, y fue necesario que su esposa salvase de un golpe la +enorme distancia que mediaba entre su humildad y la grandeza y autoridad +que habían acompañado al Sr. de Rivera desde sus más tiernos años. ¿La +salvó en efecto esta señora? En concepto de D. Bernardo no, y esta era +la espina más dolorosa de su vida, la que le amargaba las muchas +satisfacciones que la sociedad le había proporcionado. Sin embargo, hay +que convenir en que ella había hecho todo lo que estaba de su parte; si +no lo había conseguido, acháquese a todo menos a falta de buena +voluntad. Y todavía creemos que andaba su esposo algo exagerado en este +punto; porque doña Martina supo muy bien, al cabo de pocos años, recibir +a los amigos de su esposo con dignidad, ya que no con distinción, y supo +también preparar una mesa con elegancia y pasear en carretela por la +Castellana sin ir rígida e incómoda en el asiento; aprendió igualmente a +no dormirse en el Teatro Real y a saludar a sus amigas desde lejos +abriendo y cerrando repetidas veces la mano; ofrecía la casa bastante +bien, aunque siempre con las mismas frases; se enteraba de las últimas +modas y se las aplicaba; se echaba polvos de arroz y se pintaba las +cejas cuando iba a algún sarao; por último, aunque con marcado acento +español, había llegado a hablar medianamente el francés. + +Apesar de todo esto, el Sr. de Rivera no estaba satisfecho. No que lo +manifestase tontamente y al primero que llegase, pues la circunspección +era una de sus cualidades predominantes, pero lo dejaba traslucir a sus +íntimos amigos. Hallaba don Bernardo que su cara esposa reñía demasiado +con los criados y a voces, que sus frases de cortesía eran siempre las +mismas y pronunciadas en retahíla como una lección, que daba confianza a +cualquier amiga y la iniciaba sin reparo en los asuntos domésticos, que +no observaba, en fin, con las personas que frecuentaban la casa, aquella +dignidad y reserva, aquel sosiego imponente propios de una perfecta +señora. Este capítulo de cargos que el Sr. de Rivera tenía guardado +contra su esposa, había ocasionado serios disgustos matrimoniales. + +Sentada en una butaca trabajando con aguja de marfil en una colcha de +estambre estaba Eulalia, cuya fisonomía semejaba notablemente a la de su +papá: era también larga de cara, aguileña, de cejas pobladas y labios +colgantes que expresaban un profundo desprecio a todo lo que abarcaban +sus ojos: como él, tenía fruncida la frente casi siempre, lo cual daba a +su rostro una expresión hostil, no muy común por fortuna en las +doncellas de sus años; porque Eulalia estaba en la edad del amor, de las +ilusiones, de la ternura, del rubor y la inocencia, por más que ninguna +de estas cosas se advirtiesen en ella. + +Cuando los dos primitos pisaron el comedor, levantó la cabeza y les +clavó una intensa mirada escrutadora, que ellos por tácito acuerdo +fingieron no advertir. Mas contra lo que esperaban, en vez de +convertirla de nuevo a la labor, siguió cada vez más fija y más +escrutadora sobre ellos, hasta el punto de turbarlos. Para evitar su +fascinadora influencia se acercaron a los señores que allí había, los +cuales les saludaron con palmaditas en el rostro. Doña Martina, después +de dar a Miguel un beso sonoro en la frente, les preguntó que dónde +habían estado: contestó Miguel en voz alta, para que lo oyese Eulalia, +que se habían pasado la tarde en el cuarto de Enrique y Carlos jugando +con el mapa de rompe-cabezas. Al oír esto Carlos, que tenía un año más +que Enrique, se puso hecho un energúmeno, diciendo que si le enredaban +otra vez con sus mapas, iba a hacer una en las narices de su hermano y +su primo que fuese sonada; pero aquél le tranquilizó en seguida, +manifestándole por lo bajo que no habían andado con su rompe-cabezas, +sino con los frascos de Eulalia: no sólo se sosegó, sino que tuvo una +verdadera satisfacción, porque para odiar a Eulalia estaban todos de +acuerdo en la casa, menos su padre y su madre. + +Carlitos era el hijo más guapo que tenían los Sres. de Rivera, y el más +aplicado también. Cara redonda y sonrosada, facciones correctas, ojos +negros y expresivos y poblados de largas pestañas. Todos sus estudios en +la escuela fueron coronados por un éxito lisonjero; diplomas con orla +de colores, libros, medallas de metal azogado, hasta una corona de +laurel con cintas de seda que hizo llorar y moquear copiosamente a doña +Martina, cuando de las manos del maestro la vio bajar solemnemente a la +cabeza de su hijo. Pero su estudio favorito había sido siempre la +geografía, sobre todo la astronómica. Los globos terráqueos y las +esferas armilares que había hecho comprar a su padre, no pueden +fácilmente contarse; apesar de ser un hombre de ciencia, estos +artefactos duraban poco tiempo íntegros en sus manos; y consistía en que +Carlitos no se limitaba a estudiar la lección, como cualquier chico +vulgar, sino que la alteza de su pensamiento le arrastraba a escudriñar +los secretos topográficos de nuestro planeta, para lo cual ideaba +grandes vías de comunicación que tenía cuidado de señalar con tinta +sobre el globo, atravesando las montañas más altas y salvando mares y +lagos por medio de asombrosos puentes que ningún ingeniero del mundo se +hubiera atrevido siquiera a imaginar. Muchas veces, sin embargo, la +tinta se corría sobre la piel de que estaba revestido y quedaba el globo +hecho un asco, y vuelta a comprar otro su padre, para que el fuego de la +pasión geográfica no se extinguiese en el niño. Pues tocante a las +esferas, pasaba lo propio. Carlitos no consideraba los espacios celestes +con el asombro del hombre ignorante ni respetaba debidamente las leyes +inmutables que determinan las revoluciones de los astros; familiarizado +con todos sus movimientos de rotación y traslación, formaba cuando se le +antojaba nuevos sistemas planetarios, convirtiendo a un simple satélite, +a la luna, verbi y gracia, en estrella fija y haciendo girar a su +alrededor a todos los planetas, incluso la tierra: o bien imaginaba +nuevos y caprichosos eclipses, poniendo en conjunción astros que jamás +se vieran, ni fuera posible, en tal postura. De todo lo cual resultaba a +menudo que cuando más embebecido en su obra estaba Carlitos, hacía el +aparato ¡crac! saltaban algunas de las piezas más importantes, +dislocábanse con esto otras cuantas, y la bóveda celeste padecía un +completo trastorno, como si fuese llegado el día del juicio final. Pero +como Carlitos manifestaba vocación tan decidida para Gran Arquitecto del +Universo y su papá no quería de modo alguno contrariársela, al día +siguiente ya tenía otra esfera en que proseguir sus experiencias +astronómicas. + +Enrique había conseguido sosegar a su hermano; no de la misma suerte a +Eulalia, quien, después de alzar muchas veces la cabeza y tragárselo a +miradas, se resolvió a levantarse de la butaca y acercarse +disimuladamente a él y a su primito; con gran disimulo también puso la +nariz sobre la cabeza de ambos, y cerciorándose de que despedían un +tufo aromático muy marcado, salió repentina y apresuradamente de la +estancia. Enrique y Miguel se miraron consternados; mas sacando fuerzas +de flaqueza, se acercaron a Vicente, el primero de los hijos varones del +Sr. de Rivera, y se pusieron a examinar atentamente la cadena de reloj +que recientemente le había comprado su papá. + +Tenía Vicente tres años más que Carlos; esto es, trece; pero semejaba +tener diez y seis por la estatura, y treinta por su extraordinaria +gravedad. Era un muchacho de rostro largo y amarillo, seco de carnes y +anguloso, mirada fija y opaca, cabeza erguida y ademanes reposados, de +hombre ya maduro. No era tan aplicado ni tenía las felices disposiciones +de su hermano para las ciencias y las artes; mas en cambio poseía una +elegancia y una distinción de modales, que tenía completamente subyugado +a D. Bernardo. Hablaba muy poco; no jugaba nunca; sus placeres +consistían en salir de paseo con su papá y otros señores mayores, y que +así le viesen sus amigos y compañeros de Instituto. Preocupábale la +indumentaria muy más de la cuenta, al decir de su mamá, que le miraba +por esto con alguna ojeriza: no había sastre que le hiciese bien la +ropa, ni planchadora que le diese gusto; con tal motivo, siempre que +estrenaba un traje o unas botas o se ponía camisa limpia, armaba un +jollín que se oía en toda la casa; verdad que estos eran los únicos +momentos en que daba cuenta de sí y mostraba algún arranque, porque todo +lo demás de este mundo parecía tenerle sin cuidado; pero de todos modos, +era un posma que molestaba mucho; y lo que decía doña Martina con +muchísima razón:--Si este niño es tan impertinente ahora para la ropa, +¡qué hará cuando tenga veinte años! En efecto; cuando tuvo veinte años, +no había quien lo aguantase. Hay que decir que D. Bernardo no +participaba de la ojeriza de su esposa hacia Vicente; antes consideraba +aquella pulcritud como una preciosa cualidad, que le recordaba las que +le adornaban a él en su infancia. Regalábale a menudo, unas veces con un +bastón, otras con un alfiler de corbata, otras con alguna sortija de +poco precio, y el día que cumplió los trece años le compró reloj de +plata con cadena de _doublé_. Este regalo había puesto frenéticos lo +mismo a Enrique que al Gran Arquitecto, los cuales venían ya muy +agriados por las preferencias injustificadas de su señor padre; así que +tan pronto como tuvieron noticia de la injuria que se les hacía, armaron +un formidable pronunciamiento, que, por fortuna, hubo de sofocarse +pronto, gracias a una ballena larga y bastantemente gruesa que doña +Martina poseía para los casos difíciles. Después de todo, D. Bernardo +tenía razón en no entregar a sus hijos menores ningún objeto delicado, +porque hubiera durado muy poco en sus manos; en las del mayor duraba +todo eternidades. Cuando para disimular mejor el miedo se fueron +aquéllos a jugar con su cadena, no pudo reprimir la indignación y les +advirtió con un manotazo de que aquello era de «mírame y no me toques,» +y para evitar más conflictos, se levantó de la silla y se puso a dar +vueltas por la estancia, sin perder un átomo de su ingénita gravedad. + +Además de Miguel, que comía todos los domingos en casa de su tío, había +otros dos señores convidados, los cuales conversaban en un rincón. A +juzgar por la confianza que D. Bernardo y su señora hacían de ellos, +dejándolos solos, debían ser amigos íntimos, de la casa. El uno era un +gigante, sin pecar de exagerados al decirlo; en todo Madrid no se +hallarían seguramente dos hombres que le aventajasen en estatura. +Llamábase D. Pablo Bembo, pero nadie le conocía sino por el coronel +Bembo, porque lo era, hacía ya bastantes años, de caballería. Las +facciones de su rostro abultadas, talladas en colosal, como la figura; +la voz tan áspera y gruesa que daba miedo; por fortuna hablaba poco: +gastaba patillas, entrecanas ya, unidas al bigote a la moda de algunos +años atrás. Las manos y los pies eran cosa de ver; no había hallado +hormas para los zapatos en ninguna parte; por lo que siempre que +viajaba llevaba en el baúl unas que había mandado hacerse a la medida. +Pasaba por hombre rico, a quien el sueldo no importaba nada, y estaba +casi siempre de reemplazo para vivir en la corte a su gusto. Sus modales +torpes y bruscos como los de un elefante, la palabra estropajosa, la +inteligencia tarda y oscura al parecer: sin embargo, después de tratarle +se comprendía que era más socarrón que lerdo: rara vez miraba de frente +a la persona con quien hablase. + +El otro era un caballero de mediana estatura y edad, delgado, pálido, +ojos hermosos, de mirar suave y humilde, cara rasurada enteramente, a +semejanza de los clérigos y comediantes; frente espaciosa, aumentada por +una calva brillante, y modales tímidos. Se llamaba D. Facundo Hojeda y +era el amigo íntimo y el adlátere eterno del señor de Rivera; no se +concebía a D. Bernardo paseando por el Retiro o el Prado sin llevar a su +izquierda a D. Facundo: éste le daba siempre la derecha o le dejaba la +acera según los casos, reconociendo la inmensa superioridad de aquél. +Tal superioridad se había mostrado ya desde la infancia, cuando ambos +asistían a la escuela; no que D. Bernardo fuese un discípulo más +aventajado, pues aunque los dos gozaran opinión de aplicados, todavía +Hojeda le sacaba alguna ventaja en estudiar con ahínco las lecciones y +escribir las cuentas con limpieza; pero D. Bernardo, toda su vida había +tenido un nosequé de alto y superior, que infundía respeto. Esta +superioridad se fue señalando cada vez más con el trascurso del tiempo; +los caminos que los dos amigos tomaron contribuyeron poderosamente a +ello. Mientras D. Bernardo, por virtud de la riqueza heredada de sus +padres, comenzó desde muy joven a figurar en la sociedad madrileña y a +ser un factor indispensable en los salones y teatros, Hojeda veíase +necesitado a seguir la modesta carrera de farmacéutico y a abrir botica, +una vez terminada, en la calle de Fuencarral. Aunque su amistad, merced +a estas circunstancias, parecía bastante dispuesta a entibiarse por lo +que tocaba a la parte de D. Bernardo, los esfuerzos de Hojeda no lo +consintieron. Todos los momentos que la farmacia le dejaba libre, +aprovechábalos para correr a casa de su amigo y prestarle cualquier +servicio que estuviese a su alcance: era tan bueno, tan cariñosote, tan +respetuoso, que apesar de la distancia que los separaba y que el +boticario se complacía en reconocer, D. Bernardo condescendió +magnánimamente a tratarle, a dejar que le acompañase en el paseo y hasta +a dar alguna que otra vez una vuelta por la botica y jugar allí un +tresillo. No es posible figurarse la profunda gratitud que el bueno de +Hojeda guardaba a su amigo por estas mercedes. Había permanecido +célibe, y gracias a sus economías, consiguió formar en algunos años un +capitalito, cuyas rentas debían ir acumulándose a él, porque lo mismo +gastaba hoy que el día en que abrió al público su farmacia. No podían +ser más sencillas sus costumbres: habitaba un cuartito bajo detrás de la +tienda en compañía del mancebo y una cocinera vieja que arreglaba sus +fugaces refacciones: dos o tres veces por semana comía en casa de +Rivera, y una que otra se autorizaba el lujo de entrar en un +_restaurant_ y engullirse un cubierto de diez reales; jamás iba al +teatro, pero tenía dos pasiones decididas, los toros y los sermones, las +cuales procuraba ocultar porque entendía que la primera era una +flaqueza, y dejar ver la segunda acusaba vanidad o jactancia. De nada +huía D. Facundo como de esto último; jamás le había oído nadie +vanagloriarse de cosa alguna ni hablar siquiera de sus asuntos, con tal +que de la conversación resultase él en buen lugar por cualquier +concepto; su reserva era proverbial en casa de Rivera y en las demás que +frecuentaba, que no eran muchas; esta cualidad, en vez de respeto, +inspiraba risa a sus amigos, los cuales se complacían en mortificarle +haciéndole preguntas referentes a su vida y negocios, y hasta le +espiaban los pasos para decir después en plena tertulia lo que había +hecho, dónde había entrado, con quién le habían visto hablar, etcétera. +Lo que esto molestaba a Hojeda no es decible: al principio se turbaba y +le venían los colores a la cara; más adelante, cuando advirtió que era +broma, se negaba a contestar al impertinente, limitándose a alzar los +hombros en señal de resignación o a masticar alguna frase de disgusto. +Por lo demás, su candor rayaba en lo inverosímil: cualquier disparate, +por grande que fuese, con tal que se lo dijesen en serio, lo creía; no +le entraba en la cabeza que una persona de años y de carácter se +atreviese a decir delante de gente una patraña por sólo el placer de +embromar a un amigo; no obstante, tanto abusaron de las mentiras con él, +que andando el tiempo llegó a no creer siquiera las verdades, o por +mejor decir, éstas eran las que se le atravesaban con más frecuencia. + + + + +III + + +A comer, a comer--dijo doña Martina. + +Y en el mismo instante un criado apareció con la humeante sopera entre +las manos. + +D. Bernardo se levantó para ofrecer el asiento al coronel Bembo; pero +éste, conociendo las costumbres de la casa, se guardó muy bien de +aceptarlo; si el anfitrión hubiera cambiado de sitio, quizá no le +sentase tan bien la comida. Ocupó un puesto a su derecha; sentáronse +Vicente, Carlos y Miguel en las sillas que doña Martina les fue +designando, mientras Hojeda aguardaba en pie a que todos estuviesen +colocados para acomodarse. + +Faltaba Eulalia. + +--¿Dónde está Eulalia?--preguntó su madre. + +El criado manifestó que la había visto hacía un instante subir a su +cuarto. Enrique y Miguel se miraron y sonrieron como cazurros; pero +estaban un poco pálidos. + +--A ver--dijo doña Martina al criado,--suba usted al cuarto de la +señorita y dígale que ya estamos a la mesa. + +No hubo necesidad. En aquel momento apareció Eulalia, toda sofocada, con +los ojos llorosos y una jofaina entre las manos. + +--¿Qué es eso?--preguntó doña Martina con sorpresa. + +--¡Mamá, no sabes lo que han hecho en mi cuarto esos chicos!--profirió +Eulalia con trabajo y dispuesta a sollozar.--¡Todo lo han revuelto y +estropeado!... ¡Los polvos de los dientes llenos de agua!... ¡Los +frascos de esencia abiertos y menos de mediados!... ¡El jabón hecho una +repla!... ¡Los cepillos de dientes por el suelo!... ¡La esponja llena de +porquería!... ¡La colcha de mi cama llena de betún! Y la toalla ¡mira +cómo la han dejado!... + +Y exhibió a los circunstantes con una mano la toalla donde estaban +señalados como carbón los dedazos asquerosos de su primo y hermano, y +con la otra la jofaina, conteniendo un licor negro y espeso, que al +moverse la dejaba teñida. + +--¿Pero quién ha hecho eso?--preguntó doña Martina. + +--Enrique y Miguel. + +--¡Se habrá visto muchacho más cerdo!--exclamó, dando la vuelta a la +mesa para acercarse al primero. + +Y luego que se hubo acercado le arrimó un par de bofetadas que se oyeron +en la cocina, y sobre éste otro par, y otro después, y así +sucesivamente, hasta que D. Bernardo exclamó en voz alta e imperiosa: + +--¡Mujer! + +Doña Martina suspendió la corrección y volvió los ojos a su esposo con +sorpresa. + +--Observa--dijo éste bajando la voz y señalando al coronel--que hay +personas delante... + +--Dispénseme V., coronel--manifestó la señora sofocada aún por la +ira;--pero no lo puedo remediar... ¡Este hijo con sus cochinerías me +quita la vida! + +El hijo, en tanto, daba tales gritos, que no diré en la cocina, sino en +toda la vecindad debieran oírse perfectamente. + +Se había levantado de la silla, y en el colmo del furor pegaba allá en +un rincón patadas horrendas en el suelo. + +--¡Contra! ¡recontra! ¡me c... en diez!... ¡Por esa cochina!... ¡por esa +sinvergüenza!... ¡por esa metebaza!... + +--¡Chis! ¡chis!... ¡Silencio, niño!--dijo D. Bernardo, frunciendo aún +más la frente, lo cual, en verdad, parecía imposible. + +--¡Vamos, Enrique!--exclamó doña Martina, procurando reprimirse. + +--¿Y por qué no le pegan a Miguel que hizo más que yo, recontra?--gritó +con furor. + +--¡Vamos, Enrique!--volvió a exclamar doña Martina.--¡Tengamos la fiesta +en paz! + +Y acercándose a él y metiéndole la voz por el oído, comenzó a decirle: + +--¿No comprendes, mentecato, que Miguel no es hijo mío?... Si lo fuese +le pegaría como a ti... Pero tú eres mayor qué él, y estás en tu casa... +Debieras dar ejemplo... ¡A quién se le ocurren sino a ti esas cosas, +majadero!... Eres capaz tú solo de revolver esta casa y todas las de +Madrid... ¿Es eso lo que te enseña el maestro en la escuela? ¿Di, +gaznápiro, di?... + +Le tenía cogido por un brazo, y cada una de estas frases iba acompañada +de una fuerte sacudida. Cuando hubo concluido su filípica, le dejó +llorando en el rincón y se fue detrás de Eulalia, que se había subido de +nuevo al cuarto, para cerciorarse del número y de la clase de estragos +allí ejecutados. + +Mientras tanto, D. Bernardo, de malísimo talante, no tanto por la +travesura de su hijo como por las _incorrecciones_ de su esposa, sirvió +la sopa a todos los comensales, llenando también el plato de aquélla y +el de su hija ausente. Al llegar al de Enrique, dijo en tono perentorio: + +--Niño, ven a sentarte a la mesa. + +Pero Enrique se hizo el sueco y siguió gimiendo y pataleando a ratos. + +--¡Niño!--gritó D. Bernardo con voz estentórea.--¡Ven ahora mismo a +sentarte a la mesa! + +El muchacho levantó la cabeza atemorizado y mirando a su padre que tenía +los ojos clavados en él con terrible expresión de cólera, comenzó a +caminar a regañadientes y como arrastrado hacia la mesa. Y acaso hubiera +llegado a ella sin novedad si en aquel momento no viese aparecer por la +puerta a la causante de los bofetones, a Eulalia, que entraba en el +comedor seguida de su mamá. Verla y sentirse poseído de insano furor fue +todo uno. + +--¡Indecente! ¡por ti me han pegado! ¡Ya me las pagarás todas juntas, +recontra!... ¡Te he de romper esas narizotas de trompeta! ¡Metebaza!... +¡Fea!... ¡Feona!... ¡Chula!... + +Al oírse insultar de este modo, Eulalia no pudo contenerse y se arrojó +como una fiera sobre su hermano, dándole tal estirón de pelos, que el +berrido de Enrique, al sentirlo, hizo levantarse asustados a los +presentes. Doña Martina, que apesar de sus travesuras tenía pasión +decidida por aquél y que ya estaba medio arrepentida de haberle +castigado, se indignó muchísimo. + +--¡Oyes, mentecata! ¿quién eres tú para pegar a tu hermano? ¿No estamos +aquí tu padre y yo para eso? ¡Aguarda, aguarda un poco, que yo te bajaré +los humillos!... + +Y se dirigió a su hija con la mano levantada: esta circunspecta joven lo +hubiera pasado mal a no ponerse en salvo corriendo en torno de la mesa; +doña Martina no pudo atraparla: al mismo tiempo, lo mismo Hojeda que el +coronel, procuraron poner paz. + +D. Bernardo estaba tan irritado con las tosquedades de su esposa, que no +pudo decir ni hacer nada: siguió sentado con los ojos clavados en el +plato mientras un enjambre de pensamientos sombríos y melancólicos +relacionados con su desigual matrimonio, le bullía en la cabeza. + +Finalmente, fuéronse calmando poco a poco los ánimos que estaban +irritados. Doña Martina dejó de perseguir a su hija y se sentó a la +mesa, aunque murmurando amenazas; aquélla también se sentó mirando +recelosa a su madre; D. Bernardo, haciendo un prodigioso esfuerzo de +diplomacia para sobreponerse a su justo desabrimiento, entabló +conversación con el coronel. El único que pagó los vidrios rotos fue el +mísero Enrique: la autoridad del padre y de la madre, de común acuerdo, +decidieron que se quedara sin comer, ¡por insolente! Mas, como sucede +siempre que en España se castiga a un criminal, no faltaron empeños en +seguida para que la sentencia se casara; los ruegos de Hojeda y el +coronel lograron al fin que la pena se redujera solamente a la privación +del postre. Y el buen Enrique (a quien hay que agradecer por lo menos el +que en medio de su cólera rabiosa no sacase la badila homicida que tenía +en el forro de la chaqueta) vino a sentarse a la mesa con las mejillas +coloradas de los cachetes, los ojos y las narices húmedas y los pelos +caídos por la frente. Estaba tan horroroso, que su primo Miguel, +compadeciéndole muy de veras, sintió unos deseos atroces de reír; los +cuales, como es natural, trató de contener por cuantos medios estuvieron +a su alcance, mordiéndose los labios, mirando hacia otro sitio, etc., +etc. Pero quiso su mala suerte que Enrique vino a entender, por la +contracción del rostro sin duda, las ganas que le retozaban por el +cuerpo, y con tal motivo empezó a lanzarle unas miradas feroces, +envenenadas. Entonces Miguel ya no fue dueño de sí, y de improviso, en +un momento de silencio, soltó el trapo de la risa, y con él a +chorretazos por boca y narices la cucharada de sopa que acababa de +tragar. Todos los rostros se volvieron con asombro. + +--¿De qué te ríes, Miguel?--le preguntó su tía. + +--¡De mí, recontra, de mí!--gritó Enrique desesperado. + +--¡Vamos, silencio!--le dijo doña Martina encarándose severamente con +él.--¿Tienes ganas de llevarlas otra vez? Miguel no se ríe de ti... ¿Por +qué se ha de reír, tontuelo?... + +--Porque sí... yo bien lo sé... ¡Porque es un hipócrita!... + +--¡Silencio, te digo... y a comer! + +Miguel se había puesto muy serio, comprendiendo que había cometido una +grosería, y que se la disimulaban por ser convidado. Durante un rato +largo pudo conseguir reprimirse, haciendo para ello titánicos esfuerzos. +Enrique tenía fijos en él sus ojazos saltones cargados de ira, +adivinando perfectamente lo que le andaba por dentro. Si levantaba la +vista y veía aquel rostro mocoso, más feo aún por la cólera, estaba +perdido. Por eso no la movía un instante del plato, devorando el cocido +que su tía le había servido, sin mascar los bocados. Llegó un instante, +sin embargo, en que por casualidad o por atracción magnética se +encontraron sus ojos. Y ya no pudo más. Otro flujo de risa; los +garbanzos esparcidos por la mesa; los rostros de los comensales vueltos +de nuevo hacia él. Pero esta vez había más severidad que asombro pintada +en ellos, mayormente en el de su tío. + +--¿Qué es eso, Miguel?--le dijo con aparente calma.--¿Por qué estamos +tan risueños? + +Miguel se puso muy colorado, y no contestó. + +--¿Te ríes acaso porque han castigado a tu primo por faltas que los dos +habéis cometido?... No está bien eso, Miguel, no está bien eso.... +Debieras ser un poco más generoso..... Si a ti no te han pegado, no es +porque no lo merecieses, bien lo sabes, sino porque tu tía no tiene +autoridad para hacerlo. Pero afortunadamente para todos, y para ti +también--añadió mirando al coronel con sonrisa maliciosa,--no faltará +dentro de poco tiempo quien la tenga y ponga las cosas en orden, que +buena falta está haciendo. Entonces, amiguito, quizá le toque a Enrique +reírse de ti, aunque tampoco haría bien... La buena educación y la +moral cristiana prohíben reírse de los males del prójimo... + +Miguel, que se había ido poniendo cada vez más colorado, al llegar a +este punto rompió a llorar, y se echó de bruces sobre la mesa. D. +Bernardo sonrió satisfecho del triunfo obtenido por su oratoria. Doña +Martina acudió inmediatamente a consolar al niño. + +--Vamos, Miguelito, no llores, tonto.... Si tu tío te quiere mucho..... +No tomes a mal lo que te dice..... Si él..... Tú eres un buen chico, ya +lo sé, y lo saben todos..... Eres incapaz de reírte de Enrique porque +le hayan pegado..... ¿Verdad que no te ríes de eso? + +Miguel se abstuvo de hablar, porque no quería mentir, ni tampoco llamar +feo a su primo. Siguió todavía algunos momentos con las narices metidas +por el mantel como en son de protesta contra las reticencias mal +intencionadas de su tío. Al fin, vencido de los ruegos y los halagos de +la tía, levantó la cabeza: aquélla se apresuró a secarle las lágrimas y +los mocos con su propio pañuelo. Tomó otra vez el tenedor y siguió +comiendo. + +La conversación giró en seguida, por iniciativa del mismo D. Bernardo, +sobre la necesidad absoluta que tenía su hermano de llevar a casa una +señora, opinión que ya le oímos emitir no hace mucho tiempo. + +--Si mi hermano se empeña en permanecer soltero, mucho más valdría que +se deshiciese de los muebles y se fuese a vivir a una fonda..... + +Hay que advertir que D. Bernardo consideraba lo de vivir en fonda punto +menos que una deshonra: por no pisar estos establecimientos vulgares, +donde las personas se confunden ridículamente en torno de la mesa +redonda, procuraba tener siempre en las poblaciones que visitaba una +casa de respeto (así la llamaba) donde no hubiera más huéspedes que él. +De este modo se comprenderá fácilmente la inflexión desdeñosa que dio a +la palabra fonda cuando pasó por sus labios. + +--No sé si V. habrá observado, D. Pablo--siguió dirigiéndose al coronel +(a Hojeda rara vez le concedía este honor),--qué desbarajuste hay en +casa de Fernando..... Rara vez se encuentra una cosa en su sitio: el +polvo anda esparcido por los muebles: los criados por donde les parece. +A mí me ha pasado más de una vez ir a ella y no haber uno para quitarme +el abrigo. ¡Si le dijese a V., coronel, que en cierta ocasión mi hermano +fue a mudarse de camisa, y no pudo, porque no había ninguna planchada! + +--¡Hum!--gruñó el gigante en señal de admiración, pero sin apartar los +sentidos del _roast-beef_ que tenía delante. + +--¡Qué horror!--exclamó doña Martina, como siempre que se hablaba de +este suceso inaudito: ya sabemos que su fuerte era la plancha. + +--¡Vea V., vea V. cómo come su hijo!..... soltando la carne ya mascada +en el plato! + +Miguel se puso colorado otra vez hasta las orejas. + +--¡Vamos, Bernardo, déjale ya!--manifestó su esposa; y dirigiéndose +después al coronel:--Aprenda V., amigo Bembo; las mujeres hacen más +falta en las casas de lo que a V. se le figura. + +--No lo dudo, no lo dudo--murmuró el gigante sin apartar los ojos del +plato. + +--Y si no lo duda V., picaronazo, ¿por qué no sigue V. el ejemplo de mi +cuñado? + +--Señora, no me siento aún preparado. + +Doña Martina soltó una carcajada estrepitosa, burda, que hizo arquear +levemente las cejas a D. Bernardo. + +--No lo estará V. nunca, si Dios no pone en ello la mano, ¡que ojalá la +ponga pronto! + +--Esa felicidad, primero le ha de tocar a don Facundo que a mí--murmuró +con voz cavernosa. + +Hojeda levantó la cabeza turbado. Pocas cosas le molestaban tanto como +verse aludido en este asunto de mujeres: por eso el socarrón del coronel +lo hacía siempre que hallaba oportunidad. + +--¡Yo!..... coronel..... ruego a V..... el matrimonio..... + +--¡A buena parte va V., amigo Bembo!..... Hojeda es un egoistazo..... +Más de veinte veces le he querido casar, y siempre me ha dado calabazas +a la novia. + +--Permítame V., Martinita--se apresuró a decir D. Facundo,--yo no he +dado calabazas a nadie..... Estas son cosas muy graves, Martinita..... + +--Hojeda no se casa--prosiguió la señora,--por no abandonar su vida de +solterón egoísta. ¿Quién le quita a él de dar su paseíto por la mañana +en el Retiro, su sermoncito por la tarde en las Calatravas o en la +Encarnación, sus toros o novillos los domingos, etc., etc.? + +--Sepamos lo que está comprendido en esas etcéteras, D. +Facundo--manifestó el coronel. + +Hojeda le miró con ira, y no contestó. + +--Pero V. es otra cosa, coronel; V. es un hombre de mundo, menos +arregladito que Hojeda, y puede hacer feliz a cualquier muchacha. + +--Ya lo oye V., D. Facundo--dijo el coronel.--Los hombres arregladitos +no pueden hacer felices a las muchachas. + +--No, hombre, no; no quiero decir eso--manifestó doña Martina riendo... + +Pero en aquel instante entraron en el comedor dos nuevos tertulios y se +suspendió la conversación. Ninguno de los dos llegaría a veinticinco +años: dieron la mano con gran confianza a los señores y besaron a los +niños, lo cual testimoniaba su amistad con la familia de Rivera. El uno +era delgado, pálido, ojos pequeños, bastante feo todo él, aunque vestido +con gran pulcritud y elegancia: se llamaba Juan Romillo, hijo de un rico +camisero de la calle del Príncipe: su padre le había destinado al foro, +en el cual no había hecho grandes adelantos; en cambio desde muy niño +había despuntado en el arte de vestirse y en el conocimiento pleno, +absoluto, de cuantas noticias verdaderas o falsas corrían por la villa: +en las casas donde él entraba no se leían los diarios noticieros, +porque eran inútiles: a esto se reducía su ciencia y sus partes. El otro +era un guapo chico, rubio, sonrosado, de barba rala e incipiente, ojos +azules y húmedos, los labios siempre plegados con sonrisa tierna y +humilde, los ademanes respetuosos sin ser encogidos. Había nacido en +Cuba de una familia opulenta, que después se arruinó en el juego de +Bolsa al establecerse en España. Era abogado también, como su amigo y +condiscípulo Romillo, pero mucho más estudioso y aprovechado, lo cual +era de necesidad, pues Romillo tenía en perspectiva una fortuna +considerable, mientras él solamente la que adquiriese con su trabajo. +Figuraba en la Academia de Jurisprudencia como orador de esperanzas, y +había fundado en compañía de otros una sociedad para la abolición de la +esclavitud, y otra para abolir las quintas y matrículas de mar. En estos +asuntos de interés humanitario mostraba Valle (Arturo del Valle era su +nombre) una actividad y un interés tan laudables como prodigiosos: el +número de asambleas, o _meetings_, como se decía en los periódicos, y de +banquetes que por su iniciativa se habían promovido, era incalculable; +el de artículos y folletos que había escrito en apoyo de sus ideas +generosas, tampoco podía apreciarse con exactitud. En estos folletos +solía venir debajo del título, a modo de sello, un pésimo grabado +representando un negrito de rodillas y aherrojado con las manos +levantadas al cielo. En los banquetes figuraba también otro negrito, +pero de carne y hueso: a los postres de estos festines humanitarios rara +vez dejaba Valle de levantarse diciendo en voz alta y solemne: + +--Se me dise, señore, que ahí afuera hay un hombre de coló que desea +fraternisá con nosotros. ¿Tenéis inconveniente en que esta víctima de la +injustisia sosial entre a saludaros? + +--¡Que entre, que entre ahora mismo!--gritaba la asamblea como un solo +hombre, presa de entusiasmo abolicionista. + +Entonces Valle abría la puerta y sacaba de la mano al negrito, el cual +se dejaba abrazar de todos los comensales entre vítores y aplausos. Y +después se emborrachaba como cualquier blanco, y aun mejor algunas +veces. Este personaje oportuno, que llegaba siempre por casualidad al +final de los banquetes abolicionistas, andando el tiempo llegó a ser +conocido en Madrid. La gente solía decir cuando pasaba por la calle: +«Ahí va el negrito de Valle.» + +Las ideas políticas de éste, aunque muy democráticas, estaban templadas +por aquella eterna y dulce y amable sonrisa de que hemos hecho mención: +esta sonrisa era el mejor salvo-conducto para entrar y ser bien acogido +en todos los salones de la corte: gracias a ella, D. Bernardo Rivera, +que no tenía pizca de demócrata ni abolicionista, se dignaba otorgarle +su amistad protectora:--«Es un muchacho excelente--solía decir,--salvo +sus ideas...; pero ya las irá modificando con el tiempo.» Con aquella +sonrisa, beneficiada con acierto, se podía hacer una gran carrera. + +Los dos pollos (como doña Martina los llamaba) fueron saludados con +efusión por los presentes. D. Bernardo les entregó generosamente su +mano, aunque sin perder un punto la gravedad que tan bien le sentaba. Al +instante se entabló una conversación animadísima acerca de los asuntos +que entonces embargaban la atención de la corte: uno de ellos era la +llegada reciente del célebre tenor Mario. Romillo lo esclareció de un +modo notabilísimo; entre otros datos importantes, hizo saber que Mario +había dado orden a L'Hardy, el pastelero de la Carrera de San Jerónimo, +de que no vendiese más botellas de _champagne_, pues probablemente +necesitaría él las existencias que hubiese. + +--¡Ave María purísima! ¿Pero se las va a beber todas?--exclamó +cándidamente Hojeda. + +--Sí señor--repuso gravemente Romillo.--Se bebe por término medio una +docena de botellas todos los días. + +--¡No haga V. caso, hombre!--exclamó doña Martina riendo.--Este Romillo +siempre tiene ganas de bromas. Se las beberán entre él y sus amigachos. + +Estaban a los postres. Romillo y Valle fueron invitados a tomar café y +se sentaron a la mesa. Después del tenor Mario, versó la plática sobre +los fusilamientos de algunos sargentos que se habían sublevado. Romillo +dio acerca de este punto pormenores no menos interesantes: uno de los +reos no había quedado muerto en el acto; se levantó pidiendo +misericordia; el confesor trató de interponerse entre él y los cañones +de los fusiles; pero el General que mandaba las tropas acudió, y alzando +la espada lleno de cólera, le dijo: + +--¡Padre cura, a su puesto, o le fusilo a V. en el acto! + +--¡Qué horror!--exclamó Valle, poniendo los ojos en blanco y posándolos +después blandamente sobre Eulalia. + +--En efecto--dijo D. Bernardo,--es muy triste todo eso, pero de absoluta +necesidad. ¿Dónde iríamos a parar si no se castigase con mano fuerte la +rebelión? + +--Que se castigue de otro modo señó; la pena de muerte debe ser +proscrita de los códigos. + +--No vayamos a las declamaciones, amigo Valle: la pena de muerte debe de +subsistir mientras haya criminales que la merezcan. V. es muy joven, +querido, y tiene las ideas generosas, pero irreflexivas, propias de la +juventud. Cuando V. haya vivido más, verá que no puede gobernarse con el +corazón, sino con la inteligencia. + +--Tal ves sea lo que usté dise... pero yo no lo puedo remediá... ¡me +causan horró todas las penas corporale! + +Al pronunciar estas palabras sus labios estaban contraídos por una +sonrisa de inefable dulzura, mientras sus ojos seguían mirando a la +primogénita de Rivera. + +D. Bernardo todavía se dignó contradecir otras cuantas veces al joven +abolicionista, favor que éste supo apreciar en lo que valía, procurando +dar a sus argumentos un sesgo sentimental que no molestase poco ni mucho +al respetable prohombre: dejábase acorralar algunas veces, otras se +escapaba por medio de un sofisma evidente, otras se confesaba vencido, +aunque persistiendo en sus creencias. + +--Sus rasone son poderosa, no tienen vuelta de hoja, lo comprendo +perfectamente; pero no puedo juzgá a la humanidad tan mal; sigo creyendo +que lo medio suave son preferible. + +La discusión de esta suerte era sabrosa para don Bernardo, y nada perdía +con ello el joven cubano. Doña Martina le contemplaba con admiración y +simpatía, participando de sus opiniones caritativas. Eulalia le +escuchaba sin disgusto, que era lo mejor que podía esperarse de esta +severa doncella. + +Al fin Romillo llamó la atención de todos, sacando del bolsillo del +gabán un lindo artefacto, que según dijo le acababan de enviar de París. +Era un estereoscopio de nuevo sistema; de otro bolsillo sacó una +colección de vistas, iluminadas unas, otras sin luz, representando los +paisajes y monumentos más notables del universo. En torno de él se +agruparon inmediatamente todos, exceptuando el jefe de la familia, a +quien no podían interesar tales bagatelas, y Romillo fue colocando las +vistas y mostrándoselas, explicando previamente lo que significaban. + +--Alrededores de Nápoles... Ahí tienen VV. el Vesubio a un lado... el +golfo debajo... + +--¡Hermoso país!--exclamó D. Facundo, que después de los niños, y acaso +antes, era el que con más afán ponía los ojos en los cristales.--Hombre, +qué ganas tengo yo de hacer un viaje por Italia. + +--Pues a ello. + +--¡Si no se gastase tanto! + +--Pero, hombre de Dios, ¿para quién quiere usted ese gatazo que tiene en +casa? ¿No es mejor que se divierta por cuenta de los herederos?--dijo +doña Martina. + +--Mi gato está más flaco de lo que V. piensa, Martinita. + +--La torre inclinada de Pisa. + +--¡Vaya una cosa rara y sorprendente!--exclamó el coronel.--Yo no sé +cómo ha podido construirse esa torre. + +--Haciendo que la vertical que pasa por el centro de gravedad, caiga +dentro de la base--manifestó Carlitos, que había estudiado su poquito de +física en la escuela. + +--Muy bien, chico, muy bien--repuso el coronel mirándole.--Eres ya un +sabio. + +Carlitos se puso colorado de gusto. Pero Enrique, que estaba detrás, se +indignó con aquella prueba de sabiduría que acababa de dar su hermano, y +le dijo al oído: + +--¡Farol! ¿Ya has metido la cucharada? ¡Farol de retreta! + +El Gran Arquitecto, que tenía mucho puntillo y no estaba avezado a +sufrir injurias tan manifiestas, le alumbró por toda contestación una +soberana morrada en las narices. Pero Enrique, que conocía a dónde +llegaban las fuerzas de su erudito hermano, sin proferir una queja, se +arrojó sobre él como un león, y le hubiera despedazado a no intervenir +muy oportunamente en la contienda doña Martina. + +--Envía esos niños a la cama--ordenó D. Bernardo. + +--Ahora, ahora; en cuando lleven a Miguel a su casa--repuso la +señora.--Estoy esperando que el criado concluya de comer. + +--El puerto de la Habana--dijo Romillo poniendo el estereoscopio delante +al coronel. + +--Su país de V.--dijo Eulalia a Valle, con un amago de sonrisa. + +--¿Tiene V. deseos de ver su tierra?--preguntó doña Martina. + +--¡Y cómo no, señora!--respondió el cubano poniendo otra vez los ojos en +blanco y con afluencia admirable.--¿No he de tener deseo de ver a mi +paí, lo sitio donde se han deslisado lo año de mi infansia? ¿No he de +tener grabado en mi corasón aquello paraje tan delisioso, aquella +naturalesa tan rica? ¿No he de apetesé encontrarme otra ves en medio de +aquella selva vírgene, bajo un sielo siempre asul, y bebé el agua del +coco y comé la piña y el plátano y la guayaba? + +Hablaba de carrera y sin detenerse cual si le hubiesen dado cuerda. + +Cuando terminó el panegírico, volvió a poner los ojos en su sitio, y el +rostro perdió repentinamente su expresión animada, como si el mecanismo +interior se hubiese parado. + +--Paisaje de las orillas del Nilo--manifestó Romillo. + +--De aquí salieron las siete vacas gordas y las siete flacas que vio +José en sueños, ¿no es verdad?--preguntó doña Martina mientras miraba +con atención por los cristales. + +--Justamente--contestó Hojeda,--las que simbolizaban los años de +abundancia y de miseria. ¿No anda por ahí el palacio de Faraón, +Martinita? + +--No señor, no le veo; lo que sí hay son unos animales muy feos, así +como serpientes grandes... + +--A ver, mamá, déjame ver...--dijo Carlitos con mucho afán. + +Su mamá le puso el estereoscopio delante. + +--Son cocodrilos--manifestó enseguida el niño con +suficiencia.--Pertenecen a la clase de los _reptiles_, orden de los +_saurios_, familia de los _crocodílidos_. + +--¡Mucho, mucho, chico!--manifestó el coronel con la misma sorna. + +--Todos los animales se dividen en cinco tipos... + +--¿Nada mas? + +--No señor, nada más: _vertebrados_, _articulados_, _moluscos_, +_radiados_ y _heteremorfos_... Lo que hay es que después se dividen en +clases, órdenes, familias, géneros y especies... Los _vertebrados_ se +dividen en cinco clases: _mamíferos_, _aves_, _reptiles_, _anfibios_ y +_peces_; los _mamíferos_ en catorce órdenes: _bimanos_, _cuadrumanos_, +_quirópteros_, _insectívoros_, _fieras_, _pinnípedos_... + +--Vamos, niño, basta--dijo a esta sazón don Bernardo, que comenzaba a +ver lo ridículo de todo aquello. + +--_Roedores, desdentados, proboscideos, paquidermos_... + +--¡Basta te digo, niño! + +--_Solípedos, rumiantes, sirenios y cetáceos._ + +--¡Si no te callas, Carlitos, voy allá y te arranco las orejas! Cuidado +con lo cargante que se pone este chiquillo algunas veces! + +--¡Anda, bien empleado te está, por farol!--le dijo por lo bajo Enrique. + +--Déjele V., amigo Rivera, déjele V. esplayarse. ¿V. no sabe que la +ciencia a veces produce indigestiones?--manifestó el coronel. + +Carlitos cerró la boca muy mohíno. + +--El templo de Santa Sofía en Constantinopla--vea V., coronel--dijo +Romillo. + +--¡Hombre, muy hermoso!... No sabía yo que en Constantinopla hubiese un +templo semejante. ¡Qué columnas tan preciosas! ¡qué columnas!... + +--Vea V., D. Facundo, vea V.--dijo Romillo quitándoselo al coronel y +poniéndoselo delante al boticario. + +Al mismo tiempo apretó un resorte que el aparato tenía, y trocó la vista +del templo por la de una figura obscena. Sólo para esta broma había +comprado y traído el estereoscopio. + +Hojeda apartó instantáneamente los ojos horrorizado, y encarándose con +el coronel, le preguntó con retintín: + +--¿Y le gusta a V. esto, coronel?... ¡No están malas columnas! + +El coronel le miró sorprendido. + +--A ver, a ver...--dijeron todos. + +Romillo volvió a colocar la vista primitiva, que fue muy celebrada. +Entonces D. Facundo, viéndole sonreír, cayó en la broma y comenzó a +dirigirle miradas iracundas; y hasta se acercó a él disimuladamente para +decirle por lo bajo con voz irritada: + +--¡Parece mentira que un joven bien educado traiga aquí esas porquerías! + +--¿Qué tiene V., D. Facundo?--preguntó Juanito en voz alta. + +El boticario, desconcertado con la audacia de aquel mequetrefe, contestó +lleno de confusión: + +--Nada, nada; le preguntaba a V. si aún faltaban muchas vistas... porque +deseo retirarme temprano esta noche. + +--Si no te molesta mucho, Facundo--dijo don Bernardo,--desearía que te +quedases un ratito aún con nosotros. Tengo una sorpresa que darte... + +--Molestarme... de ningún modo... aguardaré lo que tú quieras... + +El estereoscopio continuó dando juego algún tiempo, y mientras lo daba, +apareció en el comedor el último retoño de los Sres. de Rivera, que +venía dormido en brazos de la nodriza. Era una niña de catorce meses, de +carita ovalada y pálida, con cierta expresión triste y reflexiva. + +--Aquí está mi Serafina--exclamó la madre llena de gozo y orgullo. + +Los tertulios fueron depositando un beso en la frente de la criatura, +procurando no despertarla, y la nodriza se retiró. + +Terminaron al fin las vistas. Romillo guardó su estereoscopio, no sin +recibir antes algunas miradas como saetazos del indignado Hojeda. Valle +había conseguido acercarse a la primogénita de los Rivera, y procuraba +entretenerla agradablemente hablándole de sus muchísimas ocupaciones, lo +requerido y solicitado que era de todo el mundo, los aplausos que ganaba +donde quiera que pedía la palabra, etc., etc. Los niños habían formado +un grupo y se divertían en un rincón, exceptuando el comedido Vicente, +que se paseaba silenciosamente a lo largo de la estancia, bien resuelto +a no ser confundido con aquella _chiquillería_. Doña Martina, el +coronel, Romillo y Hojeda, formaban el núcleo de la tertulia, +departiendo alegremente en torno de la mesa, mientras el señor de Rivera +se mantenía un poco alejado de ellos con un periódico en la mano. Al +cabo, dejándolo sobre la mesa y acercándose, les dijo soplando antes +repetidas veces: + +--Voy a darles a VV. una noticia que creo ha de serles grata, dada la +amistad que me profesan y el cariño y el interés con que han compartido +hasta ahora, lo mismo nuestros pesares que nuestras alegrías. + +Todos alzaron la cabeza con sorpresa. + +--Pero antes de dársela, les ruego que me aguarden aquí algunos +instantes. Trataré de ser breve, para que la curiosidad no les pique +mucho tiempo. + +Y salió del comedor. + +--¿De qué se trata, doña Martina, de qué se trata?--preguntaron a una +voz todos. + +--Señores, yo no lo sé tampoco--repuso ésta, dejando no obstante +adivinar en sus ojos gozosos que lo sabía perfectamente. + +--Vamos, Martinita, dígalo V. + +--¡No lo sé, Hojeda, no lo sé!... + +--Señores, aguardemos, ya que doña Martina no quiere decirlo--manifestó +Romillo.--D. Bernardo no puede tardar mucho. + +Tardó, sin embargo, más de lo que contaban; un buen cuarto de hora lo +menos. Al fin se oyó en el pasillo algo como repiqueteo de armas y +espuelas, y apareció en la puerta el Sr. de Rivera vestido de máscara. + +Gran asombro en todos los circunstantes. + +--Pero, ¿qué es eso, D. Bernardo? + +--Señores--dijo éste solemnemente;--el capítulo de caballeros de la +orden de San Juan de Jerusalem, me ha hecho la honra de recibirme en su +seno. Aquí me tienen VV. de gran uniforme... + +--Muy lindo, Rivera, muy lindo... está V. admirablemente--dijo el +coronel, sin poder comprenderse bien, por la entonación, si hablaba +seria o irónicamente. Lo más cierto debía ser lo último, porque D. +Bernardo estaba hecho un verdadero adefesio. El uniforme era de color +rojo subido. Parecía una langosta cocida; y para que la semejanza fuese +más notable, la muchedumbre de cordones y correas que le envolvían +remedaban bastante bien las antenas de aquel animalucho. Un espadón +disforme le colgaba de la cintura; el tricornio estaba adornado con +plumas. + +--¡Y qué calladito se lo tenía!--dijo Valle. + +--Yo lo sabía ya hace días, pero no me atrevía a publicarlo, +comprendiendo que D. Bernardo se estaba haciendo el uniforme para dar +una sorpresa a sus amigos, como así resultó--repuso Juanito Romillo, a +quien molestaba muchísimo el ignorar cualquier noticia. + +--Está muy bien, ¿no es verdad?--preguntó doña Martina, llena de cándido +orgullo. + +--Admirable, señora, admirable--contestó el coronel con voz +cavernosa.--A ver Rivera, dé V. la vuelta para que le examinemos por +todas partes... + +D. Bernardo giró gravemente en redondo, haciendo sonar el terrible +espadón y las espuelas. En aquel instante se oyó un resuello singular en +la estancia, al cual siguió una explosión de carcajada contenida. Era el +pobre Miguel que, después de haber trabajado como un héroe para contener +la risa, poniéndose colorado como un pimiento, había reventado al fin, +con gran dolor de su alma. Su tío le clavó una mirada capaz de dejarle +seco en el acto; los demás le miraron también severamente y con asombro; +nadie dijo nada, sin embargo. Después que se hubo desahogado, bajó la +cabeza lleno de confusión y vergüenza. D. Bernardo se retiró +inmediatamente, y en el comedor hubo unos momentos de silencio +embarazoso. Hojeda, para templar el mal efecto de la imprudencia del +niño, se apresuró a entablar conversación acerca de la orden de San +Juan, haciendo de ella y de sus miembros calurosos elogios. Sin embargo, +doña Martina, que estaba realmente enojada, al cabo de pocos minutos +llamó al ayo de los niños para que subiera a acostarlos, y ordenó al +lacayo que condujese a Miguel a su casa. + +El chico se despidió, todavía confuso, de la tertulia, y dejó la casa de +su tío, situada en la calle del Prado, y se fue paso entre paso con el +lacayo hasta la suya, que estaba en la del Arenal. + + + + +IV + + +El abuelo de Miguel había sido uno de los negociantes más ricos de +Madrid durante el reinado de Fernando VII. Al morir dejó a cada uno de +sus tres hijos, Bernardo, Manuel (de quien hablaremos en seguida) y +Fernando, una renta de catorce o quince mil duros, que sólo D. Bernardo +había conseguido, merced a ciertas negociaciones con el Tesoro, aumentar +considerablemente. La de Fernando permanecía en tal estado; y en cuanto +a la de Manuel, se había mermado bastante. + +Fernando, el último de los hermanos y padre de Miguel, era un hombre de +rostro enjuto y avinagrado, como D. Bernardo, cejas espesas y terribles +bigotes. Nadie diría que detrás de este rostro imponente y marcial, se +ocultaba un espíritu fino y sensible como el de una damisela, y que +debajo de la cruz laureada de San Fernando, ganada por un acto de arrojo +que asombró a la nación, latía un corazón de paloma. Nada más cierto, +sin embargo. Aquellos bigotes terribles no servían, en realidad, más que +para que todo el mundo se subiese a ellos: y el más encaramado de todos +era Miguel, a quien su padre no sabía negar nada, que hacía cuanto se le +antojaba, fuese tuerto o derecho, y que con su mala educación daba pie a +que se dijese lo que su tío le había dicho aquella tarde. + +Cuando llegó a casa y fue a dar las buenas noches a su papá, encontró a +éste sentado en una butaca de su gabinete, fumando y envuelto en la +sombra que proyectaba la pantalla del quinqué. + +--Buenas noches, papá. + +--Buenas noches, hijo mío. + +Miguel se acercó para darle un beso. El brigadier le retuvo entre sus +rodillas acariciándole los cabellos. + +--¿Cómo lo has pasado en casa de tu tío? + +--Bien. + +--¿Te has divertido mucho? + +--Bastante. + +--¿Supongo que no habréis hecho ninguna travesura que enfadase a la tía +Martina? + +--No, papá--respondió el chico sin vacilar, y le contó todo lo que había +hecho aquella tarde, omitiendo lo que bien le pareció. + +--Bien, así me gusta. Ahora tendrás ya deseos de irte a la cama, +¿verdad?... Vaya, pues a la cama, hijo mío, a la cama..... No quiero +retenerte más..... a la cama, a la cama..... + +Sin embargo, seguía reteniéndole entre las rodillas. Al fin Miguel, +forzándolas un poco, logró salir de ellas, y se dirigió a la puerta. +Cuando ya estaba cerca, volvió a llamarle su padre. + +--Oyes, Miguel..... ¿No te ha hablado tu tío Bernardo?... preguntole con +voz algo alterada. + +Miguel se detuvo y no contestó. + +--¿No te ha hablado de cierto asunto? + +--Sí--murmuró el chico, también cortado. + +--¿Y qué te ha dicho?... Cuenta..... + +Miguel comenzó a colocarse los dedos de la mano izquierda unos sobre +otros y no dijo palabra. + +--¿No te ha dicho que ibas a tener pronto una mamá?--articuló el +brigadier cada vez más turbado. + +--Sí--murmuró sordamente el niño. + +--¿Y qué te parece a ti de eso, Miguel?.... + +Silencio sepulcral por parte de éste. + +--Vamos, ven aquí, tonto, ven aquí--le dijo con voz cariñosa; y +metiéndole de nuevo entre sus rodillas, comenzó a besarle con afán. + +--¿No es verdad que a ti no te disgusta tener una mamá?... ¿No ves cómo +todos tus amigos la tienen menos tú?... Ya verás cómo la quieres... pero +nunca más que a mí, ¿no es cierto?... Y cuando vayas al colegio ya +podrás decir a los compañeros:--Tengo una mamá, como vosotros... Y lo +mismo a tus primos Enrique y Carlos... Y saldrás con ella a paseo en +coche para que todos la vean. Ella, que es muy buena, te ha de querer +mucho, y tú no la darás ningún disgusto, ¿verdad? Ya te conoce por el +retrato... Y tú la conocerás muy pronto a ella... ¿Quieres conocerla +ahora mismo? + +Y con mano febril, por donde se podía adivinar el grado de +apasionamiento a que el brigadier había llegado, sacó del bolsillo una +cartera y de la cartera un retrato de mujer, que puso delante de los +ojos a su hijo. + +--Mírala, ¿te gusta? + +Miguel la echó una rápida mirada por complacer a su padre y bajó la +cabeza en señal afirmativa. + +--Vamos--dijo el brigadier en voz baja y temblorosa,--dala un beso. + +El chico obedeció posando levemente los labios sobre el retrato. Su papá +le pagó este acto de galantería con un sinnúmero de caricias y le fue a +despedir hasta la puerta muy conmovido. + +Al día siguiente el brigadier anunció a su hijo que se marchaba en +busca de la mamá y que tardaría en volver cuatro o cinco días; +recomendole con mucho encarecimiento la formalidad durante su ausencia, +el respeto al ama de llaves, la mesura con los demás criados, la puntual +asistencia al colegio, el estudio, etc., etc. + +--Aquí llega tu tío Manolo--dijo viendo entrar a su hermano,--a quien te +dejo recomendado: él se encargará de dar una vuelta por aquí todos los +días y enterarse de cómo sigues y qué tal te portas... + +El tío Manolo, que acababa de entrar, era, con mucho, el mejor mozo de +los tres hermanos. Apesar de sus cuarenta y cinco años, conservaba una +frescura de cutis y una gallardía de talle que ni en sus mocedades +habían ellos disfrutado: era un hombre verdaderamente notable por su +figura: alto como sus hermanos, pero mejor proporcionado, de facciones +correctas y varoniles, cabello negro y naturalmente rizado, donde apenas +se advertía aún tal cual hebra de plata, patillas negras también, +largas, sedosas, el cuello blanco y redondo como el de una mujer, el pie +menudo y las manos finas y aristocráticas. En honra y gloria de esta +figura, para regalarla y darla el debido esplendor, había sacrificado D. +Manuel Rivera todo su tiempo y casi todo su capital. D. Bernardo hablaba +de él con poco respeto y le trataba con cierto despego: el mismo +brigadier, aun queriéndole bien, no se mostraba muy impresionado por +aquella famosísima estampa, y solía reprenderle suavemente algunas cosas +que llamaba puerilidades. En cambio, su sobrino Miguel le adoraba: ya de +niño ansiaba volar a él desde los brazos de la nodriza: el tufo de los +perfumes que gastaba, el roce de aquellas sedosas patillas al besarle, y +sobre todo, la franca alegría que respiraba, le habían seducido siempre +y aún le tenían completamente subyugado. + +--Pierde cuidado, Fernando--dijo gravemente el real mozo.--Yo haré que +Miguel cumpla con sus deberes y se porte como una persona formal... Ni +tú, ni Bernardo--añadió dirigiéndose a su hermano en tono +confidencial--sabéis tratar a los chicos. Bernardo con su rigor +inoportuno, y tú con tu debilidad, no servís para el caso... Yo hubiera +sido un gran padre... A los chicos es menester tratarles con +familiaridad, darles expansión, hablarles como amigos... y cuando llega +el momento de ponerse serios, se les echa un terno redondo y se les +dice: ¡c... chico, no hay más remedio que hacer esto!... ¡y se hace! +¡vaya si se hace! + +El brigadier sonrió al oír aquel discurso, y dijo: + +--Bueno, Manolo, tú te encargas de dar algunas vueltas por esta casa y +vigilar que todo marche bien... Y si quieres y tienes tiempo para sacar +a Miguel a paseo, sácale... + +--Nada, hombre, pierde cuidado, te digo. + +En efecto, el brigadier partió aquella noche para Sevilla dejando a +Miguel al cuidado de los criados y bajo la vigilancia de su tío. Este al +día siguiente vino a enterarse de cómo había pasado la noche, y tuvo la +amabilidad de conducirle hasta el colegio; al dejarlo a la puerta, le +prometió venir a buscarle y llevarle a almorzar consigo. Y así fue; pero +en vez de llevarle a la fonda donde alojaba, prefirió irse a almorzar al +_restaurant_ del Iris. Comieron y bebieron alegremente como dos +camaradas: el tío puso en práctica su tema pedagógico de la expansión. A +los postres tenía las mejillas bastante coloradas y hablaba por los +codos. + +--¿Sabes, Miguel?... Ahora, por la tarde te perdono el colegio. Una +tarde más o menos importa poco. Vamos a dar un paseíto en coche, que es +muy higiénico después de almorzar bien... porque hemos almorzado bien; +¿no es verdad, Miguel? Es lástima que no te encuentres en edad de +fumar... te daría un cigarro... Pero ya llegarás a allá... + +Al levantarse del asiento, Miguel se tambaleó un poco, lo cual hizo reír +a su tío. Como éste ya no tenía coche, se fueron a casa del brigadier, y +mandó enganchar el _tílbury_, y subiéndose a él y poniendo al sobrino a +su lado, empuñó con muy gentil disposición las riendas, y enderezó los +pasos del caballo hacia la Casa de Campo. El tío Manolo era uno de los +primeros mayorales de España; daba lástima que aquellas extraordinarias +facultades hubiesen quedado tan pronto oscurecidas por falta de materia +donde aplicarlas. Miguel iba en sus glorias, admirado de ver al tío +aflojar y recoger las riendas y fustigar al caballo, con tanto arte, +para ponerle al trote corto o largo, y hacerle revolver en poco espacio. + +--¿Qué tal, Miguel?--le preguntó muy complacido de aquella +admiración.--¿Quién lo entiende mejor, Pedro el cochero o yo? + +--¡Tú!--contestó el chico con entusiasmo. + +--Pues aún no has visto nada... Guiar con un caballo lo hace cualquiera. +Mañana pondremos los dos, el Centauro y el Veloz, a la _tendée_, y verás +cómo me las sé arreglar. + +Desde la Casa de Campo vinieron a dar una vueltecita al Prado. El tío +Manolo fue enseñando a Miguel los trenes más lujosos y nombrándole sus +dueños: también le enseñó las bellezas de la corte. + +--¡Guapa mujer esa que acabo de saludar! ¿eh? Es hija de Bustamante el +banquero...; ligerita..., ligerita!... Allá va la Condesa de +Fuenteseca... no me ha visto... a la otra vuelta la saludaré... ¡Cuidado +que se conserva bien esa mujer!... Adiós, Lucía, a los pies de +V.,--dijo, quitando el sombrero, a una joven rubia que venía en +carretela con otras señoras.--Esa chica que acabo de saludar es +sevillana y muy amiga de la que va a ser tu mamá... ¡muy romántica! +¡muy espiritual!... No tiene una peseta, ¿sabes?... Si va en coche, es +porque la convidan las amigas... De eso hay mucho en Madrid, chico... +¡Te digo que a este caballo le han estropeado la boca! ¡Ese Pedro!... +¡ese Pedro!... No sé cómo tu padre se ha encaprichado por él... yo le +había recomendado otro magnífico que había sido muchos años de +Villamejor, pero no me ha hecho caso, y ha preferido ese bruto... + +Miguel echó una mirada atrás porque estaba seguro de que el lacayo se lo +iba a contar todo a Pedro. + +--Espérate un poco... ahí viene la Albini... + +El tío Manolo saludó a la última moda agitando el sombrero en el aire. +La blonda y obesa cantante, que venía arrellanada en una carretela, le +contestó con sonrisa amistosa. + +--Es la primera tiple absoluta del Teatro Real... ¡Una hermosa mujer!... +y nada arisca... Si te parece, vamos a dar la vuelta para que la veas +bien... + +Y sin más aguardar, hizo revolver al caballo y se puso a seguir el coche +de la Albini, y en toda la tarde no le perdió de vista. Cuando oscureció +se fueron a tomar un sorbete al Iris y después a casa. + +Al día siguiente no hubo colegio tampoco por la tarde, y salieron en +coche como habían convenido a la _tendée_, luciendo el tío Manolo sus +aptitudes prodigiosas en el Prado. Miguel iba embelesado y orgulloso de +ver que la gente les miraba mucho. Aquella manera de enganchar los +caballos era todavía rara y un poco peligrosa no contando con jacas +amaestradas. Por la noche el tío le llevó al Teatro Real a un palco que +tenían abonado entre varios amigos, le presentó a todos ellos y fue muy +besuqueado y obsequiado de dulces. El tío desapareció del palco durante +un acto, y Miguel supo por los amigos que debía de estar en el cuarto de +la Albini. En efecto, al cabo de una hora vino muy sonriente y +satisfecho y sufrió con alegría la matraca que sus amigos le dieron por +haber dejado al sobrino abandonado. Al otro día después de paseo le +llevó a casa de unos amigos, donde se ensayaban hacía ya tiempo dos +actos de ópera que debían cantarse y representarse en el cumpleaños de +la señora. Esta era una gran música y tocaba el piano admirablemente; de +voz andaba tal cual. Su hija la tenía penetrante y bastante +desagradable, pero sabía cantar. El Sr. de Trujillo, esposo y papá +respectivamente de las mencionadas damas, intendente de ejército, ni +tenía voz ni sabía cantar, pero cantaba. Había otra porción de +tertulianos que con las mismas disposiciones para el arte musical que el +intendente, se habían prestado a tomar parte en la función. Entre todos +ellos descollaba como la robusta encina en bosque de madroños, el tío +Manolo. Miguel pudo convencerse en seguida de que era el gallo de la +quintana. Rivera para aquí, Rivera para allí, Rivera esto, Rivera lo +otro, en todas partes hacía falta y para todo se le consultaba. ¡Cómo +no, si sabía casi tanta música como la intendenta y poseía una voz +aceptable de tenor! Así que de hecho él era el director de la fiesta, +por más que aquella lo fuese de derecho. + +Se iba a cantar un acto de la _Lucía_, de Donizetti, y otro del +_Coradino_, de Rossini. Los ensayos hacía ya mas de tres meses que +habían comenzado; todo el invierno había estado el tío Manolo +preguntando a la intendenta: «_¿Son tue cifre? A me risponde_,» y +contestándole aquélla con voz temblona «_Siii._» Apesar de eso no salía +bien; y era porque las partes secundarias no lo tomaban con la misma +afición y calor que las primeras. Los coros de ambos sexos, +particularmente, estaban rematados; cada cual por su lado. En vano la +intendenta ponía mala cara a las señoritas que la secundaban y les +dirigía de vez en cuando alguna pulla amarga: en vano el tío Manolo, con +más paciencia y amabilidad, hacía repetir infinitas veces los pasajes +difíciles. Nada; las señoritas y señoritos que componían la reunión, +tomaban aquellos ensayos como pretexto para verse todas las noches y +decirse recaditos y ternezas; y cuando por indicación de Rivera se +colocaban los varones frente a las hembras a los dos lados del piano, +había un fuego graneado de miradas y señas que ardía Troya; la +intendenta estaba dada a los diablos. + +Cuando la tertulia pareció mostrar interés fue al hablarse de los +trajes. Comenzaron con calor los preparativos de indumentaria; las +coristas encargaron vestidos riquísimos a París y se retrataron con +ellos: los caballeros también fatigaron a los sastres con menudencias +impertinentes. Todo esto era motivo de indignación para la intendenta. +«De trapos muy bien--solía decir con amargura;--pero de música están VV. +tan desnudos como su madre los parió.» El tío Manolo lo tomaba con más +filosofía, sobre todo en lo que tocaba a las señoritas. La intendenta no +estaba lejos de sospechar que también él andaba metido en alguna de +aquellas intrigas amorosas que se urdían descaradamente en su salón. + +Se hicieron en éste algunas reformas necesarias para el caso, esto es, +se construyó en uno de los extremos un bonito escenario. El tío Manolo, +a quien se le alcanzaba también algo de pintura, bosquejó dos +decoraciones bastante regulares. La de la ópera de Rossini representaba +las inmediaciones de un castillo feudal, donde habitaba aquel señor que +aborrecía las mujeres; a la puerta había un gran letrero que decía: _Il +feroce Coradino odia il sexo feminino_. La de la obra de Donizetti +representaba el salón de un palacio; en el fondo tenía una plataforma +para que se viese bien al tenor cuando entrase a pedir cuentas de la +perrada que su novia le estaba haciendo y causara su aparición más +efecto. El escenario tenía una puerta al foro que daba al gabinete de la +casa; por la puerta de escape de la alcoba habían de salir los artistas +a vertirse en las habitaciones que se les había destinado. + +Todo esto vio Miguel con asombro y deleite. Su tío le llevó varios días +al ensayo y le iba explicando minuciosamente lo que cada objeto del +diminuto teatro significaba y para lo que servía. Los futuros +intérpretes de Rossini y Donizetti le agasajaban mucho; pero una cosa no +podía sufrir con paciencia, y era que todos al besarle o darle +afectuosas palmaditas en el rostro le mostrasen compasión.--¿Dónde +tienes a papá?--En Sevilla, contestaba él.--¿Y qué fue a hacer a +Sevilla? le preguntaban sonriendo. Miguel se encogía de hombros.--¿No +fue a buscarte una mamá? Él se callaba. Entonces le daban un beso y +volviéndose a los demás exclamaban por lo bajo:--¡Pobrecito! Estas +exclamaciones le inquietaban un poco; mas al instante se disipaba la +mala impresión. Aquellos días su tío le traía sumamente divertido; al +colegio por la tarde ya no había vuelto; después de almorzar en casa o +fuera, al paseo, al casino, donde veía a tío Manolo jugar una partida de +carambolas, algunas veces a los toros y por la noche al ensayo o al +teatro. El ama de llaves le decía sacudiendo la cabeza con +disgusto:--¡Buena vida te estás dando, Miguelito! ¡No sé en qué pararán +estas misas!--El brigadier hacía ya más de ocho días que se había ido y +no daba noticia del retorno. En casa del tío Bernardo no había vuelto a +poner los pies; sin duda la antipatía, o por mejor decir, el miedo que +aquél inspiraba a tío Manolo era la causa principal de este alejamiento. +Sin embargo, una tarde vino Enrique a convidarle a comer de parte de sus +papás y fue muy recriminado de toda la familia por su ingratitud. + +Llegó por fin el cumpleaños de Anita; así llamaban los amigos a la +intendenta apesar de hallarse ya cerca de los cuarenta y no poder +revolverse de gorda. Desde las primeras horas de la mañana tío Manolo +anduvo tan diligente y afanoso, que no pudo el sobrino echarle la vista +encima hasta que vino a decirle que a las siete volvería por él. Y en +efecto, antes que fuesen sonadas se presentó a buscarle y con el bocado +en la boca le llevó a casa de Trujillo. Si inquieto y preocupado andaba +el tío Manolo, no lo estaba menos la intendenta; a más del temor natural +de que se desluciesen por culpa de los otros sus reconocidas y acatadas +facultades de cantante, el negocio de las invitaciones le daba mucha +guerra; para no agraviar a ninguna se habían convidado más personas de +las que cabían en el salón; cuando empezó a llegar la gente hubo algunos +disgustos; varias señoras se vieron obligadas a quedarse de pie por +falta de asiento y algunas se marcharon muy desabridas antes de comenzar +la fiesta. ¡Buenos irían poniendo a los Trujillo! Para que no ocupase +silla, tío Manolo llevó a Miguel al escenario. No le pesó de ello; al +contrario, los preparativos, el trajín de los artistas, las voces, las +risas le llenaban de gozo. Cuando comenzaron a llegar de los cuartos +perfectamente disfrazados todos aquellos señores y señoras, tardó en +reconocerlos; al pasar por delante de él le preguntaban acariciándole la +cara:--¿Me conoces, Miguelito?--Y él, después de mirarlos con atención, +decía:--Sí, Fulano--y esto le causaba un vivo placer. Pero el que le +dejó confuso, absorto y entusiasmado fue tío Manolo vestido de señor +feudal; llevaba botas de ante amarillo que le llegaban hasta los muslos +y el cuerpo ceñido con loriga que brillaba como un espejo; el casco era +enorme y asombroso por la cantidad de águilas, grifos y dragones y otros +animales emblemáticos que le adornaban; la barba le llegaba casi hasta +la cintura, y hasta el medio de la espalda los cabellos. Finalmente, en +esto, como en todo lo demás, se reconocía el gusto y la esplendidez de +Rivera. + +Su aparición causó mágico efecto en el auditorio y fue saludado con una +salva de aplausos. También a la intendenta se la aplaudió al salir. El +acto de _Coradino_ fue un triunfo para ambos: tío Manolo _dijo_ su aria +de salida admirablemente, según dos o tres _dilettantti_ sietemesinos +que allí se encontraban, y eso que era difícil de _vocalizar_; era +precisamente el fuerte de Rivera; no tenía gran voz, pero vocalizaba +perfectamente. Donde la intendenta le llevó mucha ventaja fue en la +mímica: Anita era una consumada actriz, mientras el tío Manolo se movía +poco y con trabajo en la escena. El acto de _Lucía_ comenzó igualmente +muy bien: los coros, contra lo que se esperaba, estuvieron bastante +acertados: Rivera dijo sus primeras frases de indignación con buen +éxito: el concertante tampoco salió mal. Mas al terminarse el acto, +cuando el célebre _¡Ah maledetto!_ del tenor, el tío Manolo tuvo la +desgracia de soltar un gallo. Nunca había dado las notas altas muy +claras y las temía mucho. En el auditorio se levantó un leve murmullo, +al cual siguió un estrepitoso aplauso en testimonio de simpatía y +perdón. Rivera, sin embargo, se desconcertó completamente y cantó lo que +quedaba rematadamente mal. En cambio la intendenta apretó de firme, +sobre todo en la declamación: al echar los brazos al cuello a Rivera +para retenerle, estuvo inimitable. Cuando bajó el telón, tío Manolo, +desesperado, saltándosele las lágrimas, agitó los puños contra el suelo +exclamando: + +--¡Infame tierra! ¿por qué no te abres y me tragas? + +Miguel, que presenciaba el espectáculo desde los bastidores, se conmovió +profundamente al ver el dolor de su tío. + +Así terminó la ópera casera. Al día siguiente tío Manolo, cuando fue a +visitarle, estaba muy triste y avergonzado y no tuvo humor para sacarle +a paseo. El brigadier no acababa de anunciar su salida: sin embargo, se +sospechaba que no tardaría en llegar. Para acabar de ponerle de mal +humor, el tío Manolo recibió una carta del director del colegio +noticiándole que Miguel se descuidaba mucho en sus estudios hacía ya +algunos días. Esto ocasionó una muy fuerte desazón entre tío y sobrino. + +--¡Mira, mira, majaderillo, lo que me dice el director!--exclamó lleno +de cólera.--¿Es ésta manera de portarse? ¿Qué dirá tu padre cuando venga +y lo sepa? ¿Para eso procuro yo que te diviertas?... + +El fuerte de tío Manolo no era la lógica: porque procurar que se +divierta un chico no es procurar que estudie. Bien lo comprendió Miguel, +pero no quiso contestarle conociendo su carácter arrebatado: además, no +le convenía ponerse mal con él. + +--¡Chiquillo! ¡Tontuelo! ¡Ponerme a mí en berlina de esta manera!... +¡Vaya un modo decente de corresponder a mis condescendencias!... Nada, +si con estos chicos es mejor ser malo que bueno... ya me voy +convenciendo de eso... ¡El palo, el palo... esto es lo único que +respetan!... ¿A que no harías esto con tu tío Bernardo si él se hubiese +encargado de ti?... ¡Hombre, me parece que si fueses hijo mío te rompía +el trasero a azotes en este momento! + +Miguel aguantó el chubasco con la cabeza baja y sin chistar. Y ya que se +hubo bien desahogado tío Manolo se marchó dando un gran portazo. + +Pero al otro día vino tan risueño como si tal cosa, salieron juntos a +paseo y por la noche le llevó al cuarto de la Albini. Todavía disfrutó +el hijo del brigadier otros cuatro o cinco días de vida regalona, porque +su tío no volvió a acordarse de mandarle estudiar más que del santo de +su nombre; al cabo llegó carta de Sevilla anunciando la salida del +brigadier y su nueva esposa, y las cosas tomaron repentinamente un +aspecto más serio. Por convenio expreso entre ambos, Miguel había de ir +por la mañana a buscar a su tío con la carretela, y desde la fonda irían +a esperar a los viajeros. + +Cuando subió a la fonda a eso de las siete, tío Manolo comenzaba a +aderezarse, en cuya grave y prolija ocupación no gustaba de que nadie le +turbase. Sin embargo, Miguel logró entrar en el cuarto y se sentó +respetuosamente en una silla a esperar que se diese por terminada. El +negocio no era tan fácil y expedito como a primera vista parecía: el Sr. +de Rivera había sido siempre extremadamente escrupuloso en el lavado, +planchado y demás artes decorativas; gustaba asimismo de que todas las +prendas que usaba le viniesen como anillo al dedo; cualquier +discrepancia en esta materia conseguía alterarle la bilis. Cuando Miguel +entró estaba vivamente satisfecho porque los pantalones que estrenaba le +habían salido muy bien. Dio tres o cuatro vueltecitas taconeando por el +gabinete, y parándose delante del espejo, dijo: + +--¿Qué tal, Miguel, te gustan estos pantalones? + +Miguel no entendía casi nada, pero contestó afirmativamente. + +--Yo creo--manifestó Rivera con voz conmovida--que son los que mejor me +ha sacado Utrilla hasta ahora... Y el género es muy rico... inglés +legítimo... tócalo, haz el favor de tocarlo... + +Miguel le dio un pellizquito al paño y dijo que sí, que era bueno. + +--¡Doce duros, amiguito!--Y viendo que el sobrino le miraba sin +comprender, repitió: + +--Que me han costado doce duros como doce soles... Pero chico, qué +quieres, cuando las cosas salen bien, doy por bien empleado el dinero... +Lo triste es darlo cuando salen mal... ¡La verdad, se ha portado el +amigo Utrilla! Y que no hay otro pantalón en Madrid igual... Es el único +que ha venido de este dibujo... + +Lo decía en un tono que rebosaba de alegría, moviéndose delante del +espejo y dando pataditas en el suelo. Después se puso a silbar _La donna +e móvile_ y se fue a la alcoba a buscar la camisa que ya tenía preparada +sobre la cama. Pero la camisa no logró satisfacerle como el pantalón; la +pechera hacía bomba y el cuello estaba poco descotado. Después de +mirarse gravemente al espejo muchas veces y de procurar arreglarla +tirando de ella hacia abajo, el tío Manolo soltó un terno y echó una +mirada feroz a Miguel. En seguida, procurando refrenarse, sin poder +conseguirlo, exclamó por lo bajo y sonriendo forzadamente: + +--¡A que no me visto hoy, Miguelito! + +Pero éste, en vez de contestar a la sonrisa con otra, permaneció muy +serio y asustado adivinando la tempestad que hervía debajo de tales +palabras. En efecto, Rivera no tardó en murmurar una blasfemia +espantosa. Estaba muy pálido y se le había formado un círculo oscuro en +torno de los ojos. + +--Oyes, Miguelito, ¿quieres hacerme el favor de salirte a la +sala?--dijo a su sobrino en un tono almibarado, pero muy sospechoso. + +Miguel se apresuró a escapar del gabinete. No tardó en oír fuertes +trastazos, acompañados de vivas interjecciones, paseos y un resuello +lúgubre de malísimo agüero. Al fin todo quedó en silencio, y curioso de +saber en qué consistía, miró por la rendija de la puerta, y vio a su tío +sentado en una butaca, en mangas de camisa, hundida la cabeza en el +pecho, el pelo caído por la frente en la más triste y desesperada +actitud que nadie pudiera imaginarse. Después de permanecer algunos +minutos en tal estado, vecino de la locura, vio que se levantaba, y con +cristiana resignación sacaba del armario la tercer camisa, y después de +meterle los botones, se la ponía dando un profundo suspiro. Al cabo de +un cuarto de hora, concluida su tarea, salió del gabinete serio, +tranquilo, un poco pálido, como sucede siempre después de las grandes +crisis. Al encontrarse sus ojos con los de Miguel, sonrió avergonzado. A +éste le acometieron aquellas malditas ganas de reír que tanto daño le +causaron, y no faltó mucho para echarlo todo a perder. Por fortuna +consiguió refrenarlas. + +Encamináronse lo más pronto posible al parador de la silla de posta, que +no tardó en llegar. Abrió la portezuela el tío Manolo, y se apresuró a +dar la mano a su cuñada, que saltó en tierra con mucha compostura y +elegancia. El brigadier, después de abrazar a su hijo, lo presentó a su +nueva mamá, quien le dio un beso en la mejilla, reparando poco en él. +Era una mujer hermosa, alta, maciza de carnes, el rostro blanco y +ovalado, negros y grandes los ojos, pestaña larga, cabello castaño +tirando a rubio, derecha de espaldas y cogida de cintura, gallarda y +briosa en sus movimientos y un tantico soberbia. Miguel entendió que no +había visto nunca nada tan bello, y la expresó su rendimiento mirándola +hasta comérsela con los ojos. Terminados los saludos y las preguntas que +en casos tales suelen repetirse bastante, se entraron los cuatro en la +carretela. Sentose la dama en el fondo a la derecha, y el brigadier a su +lado: Miguel y el tío Manolo se acomodaron enfrente. Comprendiendo el +buen efecto que en su hijo había causado la mamá que le traía, el +brigadier iba muy complacido y estaba harto locuaz; mucho más de lo que +acostumbraba. El tío Manolo, por cierto instinto de coquetería que jamás +le abandonaba, hacía esfuerzos por mostrarse agudo y chistoso delante de +su cuñada, y la abrumaba a galanterías.--«Ángela, ¿te molestan las +ventanillas abiertas?--la decía llamándola por su nombre y tuteándola +ya.--¿Quieres que cerremos ésta de la derecha? ¿Llevas los pies fríos? +Dame acá esa sombrilla. Échate hacia atrás, que irás más cómoda.» La +hermosa dama contestaba a estos homenajes con leves sonrisas no exentas +de displicencia. + +--Vamos, Miguel--dijo el brigadier.--¿No te parece mejor tu mamá que el +retrato? + +Miguel, ruborizado y gozoso, contestó que sí con la cabeza. + +--De modo que votas a mi favor, ¿verdad?--le preguntó la nueva +brigadiera con gracioso acento andaluz. + +Miguel, avergonzado, no se atrevió a contestar. + +--¡Ya lo creo que vota!--respondió por él su padre.--Y está dispuesto a +hacer todo lo que esté de su parte por que le quieras mucho. ¿No es +verdad que serás siempre obediente a tu mamá, y no la darás ningún +disgusto? + +El muchacho afirmó otra vez con la cabeza. + +--Vaya, dala un beso ahora. + +Miguel fue muy gustoso a besarla en la mejilla, pero en aquel instante +la dama sacó la cabeza por la ventanilla para ver los edificios de la +Puerta del Sol, mientras le tendía su mano enguantada. El niño, +obedeciendo a un signo de su padre, la tomó entre las suyas y la besó. + +Al llegar a casa volvió el tío Manolo a ayudarla a saltar del coche y +ofrecerla caballerosamente su brazo para subir la escalera. El brigadier +y su hijo marchaban detrás. + + + + +V + + +Aquella hermosa señora que estusiasmó a Miguel, era hija de una familia +sevillana, tan necesitada de bienes de fortuna como rica en timbres y +blasones. Había tenido innumerables admiradores, algunos novios y casi +ningún pretendiente. Los hombres en esta edad prosaica rara vez se +vuelven locos por amor; y locura era casarse con Ángela Guevara no +poseyendo mucho dinero y buenos deseos de gastarlo: porque esta joven +esclarecida, educada en la adoración de su estirpe, tenía de ella tan +alto concepto y tan pagada estaba igualmente de su belleza, gallardo +ingenio, despejo y gentileza, que ningún palacio consideraba bastante +suntuoso, ningún trono suficiente elevado para contener y soportar tal +suma de perfecciones. Su entrada en los teatros y paseos de Sevilla +levantaba siempre un murmullo de admiración en la gente: los forasteros +se apresuraban a preguntar a los naturales:--¿Quién es esa joven?--¿Le +gusta a V., verdad?--solían contestar chuscamente,--pues tenga V. +cuidado, porque es de mírame y no me toques.--Y era cierto: la noble +doncella pasó bastantes años (hasta alcanzar casi los treinta), sin que +nadie se atreviese más que a mirarla: era una soberbia figura +decorativa, el mejor ornamento quizá, exceptuado la Giralda, de la +ciudad que baña Guadalquivir famoso; pero como aquélla, ni los ingleses +siquiera osaban llevársela. + +Y así se hubiera estado la pobre hasta desmoronarse, a no haber +arribado, en comisión del servicio, el brigadier Rivera. Ángela había +llegado en materia de novios a un escepticismo desconsolador: tanto la +habían requebrado con la vista y con la lengua sin ulteriores +consecuencias, que concluyó por imaginar que el amor era un frívolo +entretenimiento para no aburrirse en las tertulias, y el marido (el +suyo, por supuesto) un ser hipotético, una incógnita imposible de +despejar. Así, cuando el brigadier, rendido a tanta hermosura, se +resolvió a pedir su mano, entregola apresuradamente como si fuera un +peso que la molestase: y no reparó en la diferencia de edad, ni en la +figura quijotesca del pretendiente, ni en la viudez, ni en el hijo que +estaba allá por Madrid: todo era nada comparado con el magno problema +que se resolvía: casarse y vivir con boato en la corte. Sevilla entera +se alegró; dio un suspiro de descanso, exclamando: ¡Al fin la hemos +casado! + +Aquí dan comienzo las desdichas del héroe de nuestra historia. Tan +pronto como la noble doncella andaluza pisó los umbrales de la casa de +Rivera, tomó las llaves de los armarios y se encargó de su dirección, +tuvo a bien arrojarle el guante. No se detuvo en melindres hipócritas, +ni preparó el terreno, ni dejó trascurrir siquiera el tiempo de +cortesía, como hacen la mayor parte de las madrastras; desde el primer +momento reveló que Miguel no le agradaba y le declaró la guerra; por lo +menos tuvo el mérito de la franqueza. Aquél tardó bastante tiempo en +recoger el guante. La impresión que su nueva mamá le había producido era +demasiado grata para que se borrase fácilmente; pensó que se entraba un +ángel del cielo por su casa. Pronto se hubiera trocado la admiración en +amor, si la gentil señora le hubiese tendido su mano protectora. Pero no +fue así: la nueva brigadiera rechazó indignamente la fija mirada de +adoración que Miguel tenía como muda caricia posada constantemente sobre +ella. En vez de agradecerla y de sentirse lisonjeada, comenzó a exclamar +ásperamente en presencia de los criados: «¿Por qué me mirará tanto este +niño?» Miguel no comprendió en un principio que su madrastra le daba +calabazas. Su inteligencia infantil no podía darse cuenta de que un ser +tan hermoso aborreciese a quien no le había hecho ningún daño, y +persistió cándidamente en su amor platónico. Mas a la postre no tuvo más +remedio que percibir que se le declaraba la guerra, ¡guerra bien injusta +por cierto, y bien desigual! Sintió las espinas de aquella rosa +espléndida, y quedó confuso y apenado. Era un temperamento muy nervioso +el suyo; no cabía en él la indiferencia: o amaba o aborrecía. Por eso, +pasada la sorpresa, sin buscar la razón de tal antipatía, trocose presto +su amor en odio. Y a los pocos días la brigadiera Ángela, si quiso, pudo +observar que los ojos de Miguel no expresaban ninguna clase de +adoración. + +Encendiose más con esto la mala voluntad de aquélla; la guerra estalló +con todos sus horrores, sin tregua y sin cuartel. Si Miguel salía de +paseo con el lacayo, los ojos penetrantes de la andaluza siempre +descubrían a la vuelta en su traje alguna mancha, algún _siete_ mal +recosido por una sirviente piadosa:--«¡Jesú, qué niño ma susio y ma +revoltoso! ¿Qué dirá la gente que le vea? Dirá que yo le abandono y le +dejo andar hecho un pordiosero. ¡Es una vergüensa!» Si se quedaba en +casa y jugaba con los criados, la señora se ponía furiosa, le dolía la +cabeza, hablaba de la bajeza de sentimientos que el muchacho revelaba, +allanándose a estar siempre entre la servidumbre, e increpaba duramente +al brigadier porque _no sabía educar a su hijo_. Si, por complacer a su +padre, tomaba la resolución de estarse quieto y sentadito en una silla +toda la tarde, esto era lo que no podía ver _el pasmo de +Sevilla_:--«¡Jesú qué niño tan posma! ¡Siempre en las mismitas faldas de +una, mirándolo todo, observándolo todo!... ¡Ay, qué fatiga!» + +Ni era fácil, como se ve, que le diese gusto en nada. El brigadier +padecía mucho con esta injustificada aversión y procuraba mitigarla, sin +resultado alguno. Necesitábase la pasión loca que su mujer le había +inspirado y su carácter pacífico, para que algunas veces no hubiese un +escándalo en casa. Los parientes, en cuanto se hicieron cargo de lo que +pasaba, mostraron mucho disgusto. El más indignado fue tío Manolo:--«¡El +día que vea a esa _petenera_ tratar mal a mi sobrino--había dicho en +cierta casa,--como no se tape las orejas con cera va a escuchar cosas +muy lindas!» Y pasó como había previsto. La brigadiera, que no se +recataba de nadie para hacer lo que se le antojaba, reprendió agriamente +a Miguel en presencia suya, y entre otros insultos cometió la ligereza +de llamarle _mala casta_. Oír esto y volverse loco tío Manolo, fue todo +uno; por milagro no acabó allí mismo con su cuñada. Así y todo la agarró +fuertemente por el brazo, y soltando tres o cuatro ternos seguidos, le +escupió más que le dijo: «Oyes tú, grandísimo pendón; su casta es mejor +que la tuya siete mil veces... ¿Qué hubiera sido de ti si no te hubieras +casado con el calzonazos de mi hermano? ¿Así pagas el bien que te ha +hecho, insultándole a él y a todos nosotros?... ¡Pues mira, chica, que +el porvenir de tu casta hubiera sido lucido como hay Dios!... Estabais +con el agua al cuello, más pobres que las arañas, ¿y todavía vienes +echando fieros?... ¡Si le digo a V., hombre, que es morirse de risa!... +¡Vaya un hermano babieca que tengo!... ¡Babieca!... ¡Más que +babieca!...» + +La brigadiera, respuesta al instante del susto, se revolvió airada y le +vomitó tres o cuatro insultos feroces, y después tuvo por oportuno +desmayarse. Tío Manolo salió del gabinete batiendo las puertas y +soltando juramentos. Encontrose en la escalera a su hermano, y +encarándose con él, le dijo: «¡Parece mentira que con esos bigotazos te +traiga alineado la cursilona de tu mujer! ¡El día que vuelva a poner los +pies en tu casa, que me entierren vivo!» + +Y sin aguardar la respuesta del atónito brigadier, bajó en cuatro saltos +la escalera y desapareció. + +La bella andaluza logró al cabo de poco tiempo indisponerse con todos +los parientes de su marido, y lo que es más grave, que éste apenas se +tratase con ellos. En cambio comenzaron a frecuentar la casa bastantes +miembros de la colonia sevillana amigos de la familia Guevara: la +mayoría señoras y señoritas. Entre estas últimas la más íntima y asidua +fue Lucía Población, aquella joven rubia que D. Manuel de Rivera saludó +en el Prado llevando a Miguel en su compañía. Los pormenores biográficos +que había dado a su sobrino eran exactos. + +Lucía no tenía fortuna; vivía atenida a una pensión que el Estado le +pagaba por haber sido su padre regente de la Audiencia de Puerto Rico. +Relacionada y aun emparentada por su madre con varias familias +aristocráticas de Sevilla y Madrid, disfrutó, aunque sin poseerlo, del +bienestar y esplendor que el dinero procura. Desde que había quedado +huérfana de padre, sus ricos parientes habían tenido la amabilidad de +invitarla a comer con frecuencia y llevarla al teatro y al paseo. A los +diez y siete años perdió también a su madre y fue recogida por los +Marqueses de Cisneros, sus parientes más próximos establecidos en +Madrid. Como Lucía era una joven hermosa, discreta y bien educada, y +como por otra parte contaba con diez o doce mil reales de orfandad, fue +carga muy liviana para aquellos señores, que sólo tenían dos hijos y +gozaban buena renta. Había sido en Sevilla muy íntima de la familia +Guevara, y en particular de Angelita, por más que ésta la aventajase en +edad siete u ocho años lo menos. Enfriadas un poco las relaciones por la +separación, volvieron a calentarse tan pronto como se encontraron en +Madrid. Al poco tiempo de llegar Ángela, su amiga apenas salía de casa +sino para dormir; ni al paseo, ni al teatro, ni a misa siquiera dejaban +de salir juntas. + +Era Lucía una rubia de las dichas vulgarmente vaporosas; ojos azules y +claros y un poco húmedos, tersa y blanca la frente, los cabellos como +madejas de oro, las cejas perfiladas en arco, algo aguileña, el talle +fino y esbelto, el rostro alegre y muy apacible. Formaba su hermosura +dichoso contraste con la de la brigadiera; quizás fuera este el +fundamento más sólido de su amistad. También se diferenciaban +notablemente en el humor. Ángela era desdeñosa, irascible, absolutamente +incapaz de enternecerse, amiga de los placeres de la mesa sobre todos +los demás. Lucía era romántica, llorona, con ribetes de literata, amiga +de contar los sueños y los presentimientos, muy habladora, astuta y +zahorí para explicar los misterios y laberintos del corazón; apenas +comía. De tal diversidad de cuerpo y espíritu nacía el acuerdo que +entre ellas existía. Ángela mandaba sobre Lucía, pero a condición de +escucharla, lo cual no le costaba trabajo; ejercía sobre ella un cierto +protectorado maternal. Lucía en sus adentros compadecía a su amiga por +estar tan ignorante de los inefables deleites de la poesía y del amor, y +en este mutuo aprecio y desprecio vivían ambos genios acordados y +tranquilos. + +Lucía notó en seguida la antipatía de su amiga por el hijastro, y trató +de vencerla suavemente; pues no hallaba fundamento para ello. Recordaba +Miguel después de hombre que la belleza de esta señora no le había +impresionado como la de su madrastra; mas el cariño que le mostró y su +carácter afable y expansivo, concluyeron, no obstante, por seducirle. Un +día, recién casado su padre, charlaban las dos amigas mientras él jugaba +en un rincón; debía referirse la conversación a su persona, porque ambas +le miraban a menudo, la mamá con ojos severos y desdeñosos, Lucía con +dulzura. + +--Ven acá, Miguelito--le dijo ésta de pronto. Miguel acudió al +llamamiento. La amable señorita le hizo unas cuantas preguntas de poca +sustancia, y cogiéndole después por la barba y mirándole fijamente, dijo +como si atase el hilo a una conversación empezada: + +--¡Pues no es feo este chico, Ángela! + +La brigadiera calló. Miguel, que tenía ya más penetración de lo que se +figuraban, comprendió que había estado su rostro sobre el tapete, y +agradeció toda su vida a la blonda sevillana esta buena opinión. + +Otra vez su nueva mamá, cuya antipatía fue siempre en aumento, le +castigó por haber roto con la pelota un juego de tocador que le habían +regalado en su boda. Dejolo encerrado en el cuarto ropero con orden a los +criados de que bajo ningún pretexto le diesen de merendar, y se fue de +visita con su marido. Llegó al poco rato la señorita de Población, y +enterándose de que no había nadie en casa más que Miguel, y éste sumido +en oscura mazmorra, tuvo a bien sacarle de ella, apesar de las +advertencias de las doncellas, que temían a su señora más que al mismo +demonio. Llevolo al comedor, hizo que le diesen de merendar y le +acarició y agasajó cortesísimamente. De este y otros favores fue Miguel +deudor a esta dama durante su permanencia en la casa paterna, y siempre +se los tuvo muy en cuenta. + +A la brigadiera se le había metido en la cabeza casar a su amiga, y +casarla ventajosamente. Como Miguel era muy niño y no se recataban de +él, pudo oír varias conversaciones acerca de este punto y hasta percibió +alguna vez el nombre del novio que su mamá proponía. A todos los +encontraba la amable señorita poco adecuados; juraba y perjuraba que +sólo se casaría cuando hallase el marido que había visto en sueños o al +menos el que más se le pareciese. A esto contestaba la brigadiera que no +fuese tonta, que todo era música celestial y que lo importante era +casarse con un hombre capaz de mantenerla en la categoría y con el +bienestar que había disfrutado siempre. Digamos que la vaporosa rubia no +echó en saco roto los consejos de su buena amiga y aun que supo +aprovecharlos. Pero esto se verá más adelante. + +Al año de casarse el brigadier diole su esposa, como fruto de bendición, +una hermosa niña que se bautizó con el nombre de Julia: fue refuerzo de +desgracia para el pobre Miguel, aunque de modo inocente. Como astro de +primera magnitud, oscureció a los demás seres racionales e irracionales +de la casa, y pasó a ser el centro de todas las miradas y atenciones, y +el tema de todos los discursos. En los días que siguieron a su +nacimiento Miguel vivió completamente ignorado, haciendo lo que bien le +placía, gozando una calma dichosa. Por desgracia, duró poco. Las negras +pupilas de la brigadiera no tardaron en caer de nuevo sobre él, y detrás +de aquellas pupilas se agitaba ahora un pensamiento tan egoísta y +mezquino como acorde con nuestra flaca naturaleza. Aquel chicuelo que +tenía delante iba a privar a su hermosa y adorada hija de una mitad de +fortuna, por lo menos. Este pensamiento, siempre fijo, siempre presente +en el cerebro no muy sólido de la brigadiera, llegó a exasperarla a tal +punto, que convirtió la casa muy pronto, de monarquía absoluta, pero +discreta, que era, en feroz e insufrible despotismo. El mismo brigadier, +que tenía a mucha honra no haberse pronunciado jamás contra las +instituciones vigentes, estuvo a pique de sublevarse con toda la +guarnición, representada por Miguel y tres o cuatro criados antiguos. Y +como la soga quiebra siempre por lo más delgado, la guarnición padeció +más en este lance que su digno jefe. Después de frecuentes combates, +emboscadas, escaramuzas y hasta batallas campales en que la brigadiera +dio pruebas de ser consumada estratégica, muy superior por cierto a su +marido, que no pasaría jamás de mediano general de división, a los tres +fieles y antiguos servidores se les dio la absoluta, y a Miguel... +también se la dieron. Veamos de qué modo. + +Tenía Julita dos años, poco más o menos. Era una niña encantadora, que +se reía hasta desternillarse cuando caía cualquier objeto al suelo, y +decía ya papá y mamá correctamente y con propiedad. Al mismo tiempo +demostraba felices y excepcionales disposiciones para la música clásica. +Cuando su padre entonaba con vozarrón de sochantre el aria de bajo de +_Lucrezia Borgia_ o la serenata de _Fausto_, la niña se enternecía, +empezaba a hacer pucheritos, y concluiría por llorar frenéticamente, si +antes no diese la brigadiera la voz preventiva de: «¿Quieres callarte, +Fernando?» + +No es posible negar, sin embargo, que Julita profesaba algunas ideas +equivocadas acerca del régimen gramatical y del valor de las palabras. +Por ejemplo, ¿qué razón podía tener para llamar a la carne _chicha_ y a +la niñera _Tita_, nombrándose Felisa? Comprendemos perfectamente que +para pedir queso dijese _quis quis_: aquí, por lo menos, existe la raíz +del verdadero vocablo. Sus opiniones acerca de los instintos y carácter +de los animales domésticos eran igualmente absurdas. Al paso que +exageraba hasta lo indecible el poder y la fiereza de las gallinas, +huyendo de ellas con gritos de terror, guardaba simpatía viva y profunda +hacia los gatos, la cual no pudo destruirse con los frecuentes arañazos +que estas ingratas criaturas infligían sobre sus tiernas manecitas. Así +que tropezaba con uno perdía nuestra Julia la chabeta, y gritando con la +dulzura de un ruiseñor «¡papá, _mamo_! ¡papá, _mamo_!» se iba hacia él y +le cogía por el rabo. En la misma categoría que los gatos, o acaso un +poco más alto, colocaba Julita a su hermano Miguel, a quien llamaba +_Michel_. Era un cariño ciego el que le tenía: lo mismo era verle, que +sus bracitos se agitaban de alegría, lanzaban chispas de gozo los ojos, +y pedía con toda la fuerza de sus pulmones que trajesen a _Michel_, o le +diesen a ella la muerte. Así que le tenía cerca, le tiraba por los +cabellos hasta hacerle llorar, en señal de admiración, o bien llenaba su +rostro de baba. Miguel, más galante que los gatos, no sólo se dejaba +tirar de los pelos con la paciencia de un mártir, pero hasta buscaba con +afán las ocasiones del martirio. Con una generosidad de que hay muy +pocos ejemplos en la historia, no solamente perdonaba a su hermanita sus +feroces caricias, sino también los malos tratos y desabrimientos que por +causa de ella estaba obligado a padecer. Porque la brigadiera no podía +sufrir con paciencia esta simpatía: se irritaba contra su hija cuando +pedía que le trajesen a Miguel sin demora, y mucho más cuando éste, +_motu propio_, se llegaba a darla un beso. Teníale formalmente prohibido +el tomarla en brazos, jugar con ella, y en general acercarse cuando no +se lo mandasen: pero nuestro Miguel, desafiando las iras de la +brigadiera unas veces, y otras burlando su vigilancia, pasaba largos +ratos con ella, haciendo payasadas para verla reír, o acariciándola +buenamente. + +Una mañana se hallaba Julita muy arrellanada en su cuna, contemplando +fijamente el cielo raso. La niñera la había dejado sola por irse a +retozar a la cocina. Su rostro ofrecía una gravedad desusada; los ojos +inmóviles, estáticos; los labios plegados en señal de reflexión; las +manos descansando tranquilamente sobre el vientre. Todo parecía indicar +que estaba embebida en alguna meditación fantástica. De vez en cuando +levantaba un poco la mano y chasqueaba la lengua, lo cual comunicaba una +melancolía profunda a su meditación: otras veces decía en voz baja y +ronca: «¡upa, upa!» Arrastrada por el torbellino de sus tristísimas +ideas, hubiera concluido sin duda por llorar y gritar desesperadamente, +si al entornar un poco la vista hacia la puerta no hubiese visto en ella +admirablemente peinado y acicalado a su hermano Miguel. + +--_¡Michel, Michel!_--dijo saliendo de su estupor doloroso y extendiendo +hacia él los bracitos desnudos. + +Miguel se dirigió a ella mirando a todas partes como un ladrón que teme +ser sorprendido. Al instante quedaron los dos confundidos en un estrecho +abrazo: del cual abrazo resultó Miguel completamente despeinado, con la +cara llena de baba y sin corbata. Julita la blandía en señal de triunfo. + +El muchacho, que había sufrido con harta impaciencia que le asease la +doncella, permitió ahora muy complaciente que su hermana le desasease, y +acercando a ella los labios, le preguntó bajito: + +--Di, ¿me quieres, mona? + +La niña volvió a tirarle de los pelos y a sobarle la cara en fe de +eterno cariño. + +--¿A quién quieres más, a mí o a Tita? + +--Michel, Michel--dijo Julita trayéndole hacia sí y dándole un furioso +puñetazo en la nuca. Y no contenta con esta clara manifestación, +prosiguió con énfasis: + +--Tita feya... Michel apo. + +Miguel enajenado besó apasionadamente los brazos de su hermanita. +Después le preguntó: + +--¿Quieres que te coma? + +Habiendo asentido Julita con una docena de inclinaciones de cabeza, el +chico comenzó a figurar que la comía los brazos, la cara, el pecho, las +piernas, en fin, toda su diminuta persona. La niña se deshacía de gozo +al verse devorada de tan gentil manera. + +--¿Te como más? + +Claro está. Julita deseaba que la comiese hasta no dejar rastro de ella. +El tigre, así que hubo terminado, descansó algunos instantes sobre la +misma almohada de su víctima. Esta todavía se arrancaba la carne del +pecho a puñados para ofrecérsela. + +--Oyes, Julita, ¿cómo hace el gato? + +--¡Mau, mau! + +--¡Ca! no es así, verás tú como hace. + +Y poniéndose en cuatro patas, comenzó a dar vueltas por la estancia, +lanzando tales y tan verdaderos maullidos, que Julita quedó suspensa y +estática, creyendo tener delante de sí y en realidad un individuo de la +raza felina. Como no era cosa de dejar pasar tan oportuna ocasión de dar +a conocer sus benévolos sentimientos hacia esta familia, dijo con +profunda convicción: + +--Mamo, apo. + +Miguel vino triunfante a ella, y la dio un beso. + +--¿Quieres agua, monina?--le preguntó de repente. + +No sabemos qué clase de motivos habrían impulsado a Miguel a ofrecer tan +espontáneamente agua a su hermana. Sean los que quieran, lo cierto es +que ésta, como no podía negarle nada, aceptó el ofrecimiento. Mas al +servírsela el bueno de Miguel, dejó caer sobre la cuna el vaso lleno. La +niña estuvo tres veces para llorar y otras tantas para reír: al fin se +decidió por lo último, hallando muy gracioso, aunque demasiadamente +húmedo, el chiste de su hermanito. Para recompensar su tolerancia, éste +tornó a hacer el gato con más voluntad aún y maestría. Después imitó al +perro y al burro menos que medianamente. Al fin, queriendo terminar de +un modo digno y brillante sus trabajos zoológicos, propuso hacer la +gallina. Todas las antipatías, terrores y resentimientos de Julita se +despertaron al escuchar este nombre malhadado. + +--¡No... ina no... ina feya! + +Pero Miguel, arrastrado del deseo de lucir su habilidad en este nuevo +ejercicio, no quiso atender a la negativa y se puso a cacarear de lo +lindo en todos los tonos agudos y graves. La niña, agitada, convulsa, +con los ojos espantados, gritaba cada vez con más fuerza: + +--¡No... ina no...! ¡feya, feya! + +Fue necesario terminar. El artista quedose un tanto mohíno viendo +despreciados sus esfuerzos. + +--Upa, upa--dijo la niña al cabo de un rato de silencio, tendiendo a +Miguel los brazos. + +--No, no te levanto, que riñe mamá. + +--¡Valiente cosa me importa a mí que riña mamá!--dijo la niña; esto es, +debió decirlo; en realidad no hizo más que repetir con un gesto que no +daba lugar a réplica: + +--¡Upa, upa! + +Miguel se sometió. Cuando la tomó en brazos hallose con que estaba hecha +una sopa. ¡El maldito vaso! Al pensar en su madrastra se le puso la +carne de gallina. Fuese porque tal pensamiento le privara repentinamente +de las fuerzas, o porque nunca las hubiera tenido muy hercúleas, es lo +cierto que al sacarla de la cuna, sin saber cómo la niña se le deslizó +de los brazos, y cayó dando un fuerte porrazo con la barba en la +barandilla. + +¡Oh Dios clemente! ¿qué pasó allí? La sangre de Julita corrió en +abundancia; los gritos se oyeron en media legua a la redonda. Acudió la +servidumbre, y el portero, y los vecinos, y los guardias municipales de +la calle, y el médico de la casa de socorro, y la guardia del Principal, +fuerza de artillería y carabineros, y lo que es aún más espantable que +todo esto... acudió la brigadiera. + +En la misma noche el consejo de guerra, presidido por aquélla, condenó +al reo nombrado Miguel Rivera a seis años de presidio con retención, que +debían purgarse en un edificio grande, feo y sucio, sito en la calle del +Desengaño donde se leía con caracteres borrosos este rótulo: _Colegio de +1.ª y 2.ª enseñanza bajo la advocación de Nuestra Señora de la +Merced_. + + + + +VI + + +Tan sucio era aquel caserón por dentro como por fuera; la enseñanza y el +alimento que se daba correspondían muy bien con el local. El fundador y +director del establecimiento era un excoronel de artillería andaluz y +amigo de la familia Guevara; por eso Miguel había ido a dar allí con sus +huesos. El tal coronel, llamado D. Jaime, había salido del cuerpo por un +asunto de honor en que el suyo no había quedado bien parado; tuvo +algunas palabras con otro oficial de ingenieros, nombráronse los +padrinos, y cuando llegó la ocasión de formalizarse el desafío, nuestro +D. Jaime se achicó y dio toda clase de satisfacciones; los artilleros se +ofendieron mucho con esta conducta, dejaron de saludarle, y el coronel +al cabo se vio obligado a pedir la absoluta. Por supuesto que los +alumnos no sabían palabra de todo esto; antes se tenían formada, de la +braveza y esfuerzo de su director, una idea superior a toda hipérbole; +no había en el colegio quien no le tuviese por más áspero y belicoso que +Roldán y más denodado que Oliveros de Castilla, y quien no le temblase. +El propio coronel había fomentado esta opinión refiriendo a sus +discípulos en los momentos en que el álgebra les dejaba algún respiro, +un sin número de hazañas portentosas y aventuras sangrientas llevadas a +término por su mano, o en cuya ejecución, por lo menos, había tenido +parte muy lucida. Además, cuando se incomodaba, y era muy a menudo, +acostumbraba a desafiar al muchacho delincuente, y no sólo a él, sino +también a toda la cátedra y al colegio entero lo mismo que hizo el Cid +con el pueblo de Zamora.--«¡Hombre, tendría gracia que uztede ze +burlasen de mí!... Nada, zeñore, el que quiera reírze que lo diga +francamente. Lo hombre han de zer hombre siempre. ¡Que lo diga y le daré +una piztola para que nos peguemo un tiro! ¡Y zi viene el papá, ze lo +pego al papá, canazto! ¡Y zi viene el hermano, ze lo pego al hermanito! +¡Y zi viene el abuelito, al abuelito! ¿Eztamo?» Los chicos quedaban +petrificados de terror. + +Había otro profesor para la geografía y las _Historias_ de mediana +edad, hombre tímido y pusilánime hasta el exceso, que ganaba el sustento +suyo y el de su madre y hermanas con grandísimo esfuerzo, corriendo todo +el día de un colegio a otro, dando además lección particular en algunas +casas y cantando de tiple en las funciones religiosas. Llamábase D. +Leandro; era de estatura baja y bajo también de color, con grandes ojos +negros y dulces que pedían misericordia; andaba siempre vestido de negro +y cuidadosamente rasurado, como convenía a su estado semisacerdotal; +poco le faltaba para gastar corona. Daba lección de música a los alumnos +que la pagasen, y era en lo que más se placía; todo su amor y pasiones +se cifraban en el arte; no tenía grandes facultades para él, bien lo +sabía y no se avergonzaba de confesarlo; pero lo amaba platónicamente, y +adoraba a quien brillase cultivándolo. Hablarle a él de los grandes +maestros y aun de los pequeños, era verle caerse boca abajo como un +indio en presencia de sus ídolos. También dibujaba un poquito, muy +poquito; pero en secreto. En cuanto le mirasen fijamente se ruborizaba; +cuando por casualidad hablaba con una mujer, tenía los ojos puestos en +el suelo. + +El profesor de Psicología, Lógica y Ética era el reverso de éste: +pedante, charlatán sin pizca de sustancia, procaz de palabra y de obra, +y colérico cuando se creía denigrado. No llegaba a los treinta años de +edad y había hecho ya nueve o diez oposiciones a cátedras sin resultado +alguno; sólo una vez había obtenido un segundo lugar. Fuera de los +momentos en que estaba sentado en cátedra, no hablaba de otra cosa; +oposiciones por arriba y por abajo; conocía los nombres de todos los +catedráticos de España, de instituto y de facultad, sabía cómo habían +ingresado en el profesorado (casi siempre por intrigas según él), +llevaba la cuenta exacta de todas las cátedras vacantes y aun de las que +iban a vacar, las que tocaban a turno de oposición o a concurso, los +tribunales que se habían nombrado desde diez años hasta la fecha, y +calculaba los que podían nombrarse en lo sucesivo, y mejor aún los que +le convendría que se nombrasen. Apesar de sus ínfulas, era un gorrón que +se dejaba regalar tabaco, alfileres de corbata y hasta tal cual peseta +por los alumnos. Llamábase D. Benigno, pero estos le apodaban +Pppsicología recalcando mucho la p, como él acostumbraba a hacer. + +El catedrático de Física e Historia natural, señor Marroquín, era un +antiguo republicano de barricada, que había perdido la plaza de auxiliar +en el Instituto de San Isidro por sus ideas políticas y religiosas. En +toda España no había hombre más heterodoxo que él: no creía ni en la +madre que le parió. D. Jaime, que no era intolerante, y la prueba es +que lo sostenía en su colegio, le había prohibido, no obstante, que +hiciese alarde de sus ideas, contrarias a toda religión positiva, +delante de sus discípulos.--«Amigo Marroquín, no zea uzté balzamina en +zu vía; too eztamo enterao de que eso de Dio y lo santo son arma al +hombro; pero si los papá y laz mamá quieren que zuz hijos lo crean, ¿qué +lez va V. a hacé? Ojo, pue, con el pico, ¿eztamo? No vaya a atufárseme +D. Juan (D. Juan era el cura), y tengamo un lío.»--Por instinto de +conservación, que tarde o nunca abandona ni aun a los enemigos de Dios, +procuraba Marroquín refrenarse: pero con mucho trabajo lo conseguía. +Halló un medio ingenioso de manifestar su rencor al Ser Supremo sin +comprometerse, y fue la preterición: ni por casualidad se le escapaba el +nombre de Dios; en reemplazo suyo decía siempre la naturaleza, y cuando +algún chico lo nombraba, solía rectificarle suave y disimuladamente, +diciendo:--«Eso es, las fuerzas de la naturaleza, perfectamente.»--Era +hombre de complexión recia, hirsuto como un jabalí (así le llamaban en +el colegio), le salían los pelos hasta por debajo de los ojos, firmes y +erizados como púas; los de la cabeza andaban siempre revueltos y +aborrascados por la imposibilidad absoluta de domeñarlos, y los gastaba +largos para que mejor se observase. Pues no diremos nada de las cerdas +que le salían por las manos y las muñecas, que podían competir muy bien +con las de los cepillos más ásperos. Cuando Marroquín escribía, uno de +los trabajos mayores era pelear con aquel vello de la muñeca, que le +borraba a lo mejor los renglones: no tenía otro remedio que metérselos a +cada momento debajo del puño de la camisa; pero a veces se impacientaba +terriblemente. ¡Estos pelos indecentes! Y se arrancaba con rabia un +puñado de ellos. «Tantos pelos tiene en el alma como en el cuerpo,» +decía de él el capellán del colegio con sorda cólera. No estamos +conformes con este juicio. Marroquín era un pobre diablo, no exento de +las pasioncillas que atormentan a los humanos, tales como la envidia, la +lujuria, la gula, pero no en más alto grado que la mayoría de ellos. Sin +embargo, erraba mucho en echárselas de austero y hombre acrisolado, +rompiendo en presencia de los discípulos tarjetas de recomendación y +tratando con afectado desdén al hijo de algún título, porque en realidad +estaba muy lejos de serlo, y de ello tenemos datos inconcusos. + +Enemigo irreconciliable de éste era el capellán D. Juan Vigil, director +espiritual de los alumnos, maestro de doctrina cristiana, y catedrático +de latinidad y retórica y poética. Es persona tan notable desde varios +puntos de vista, que de ella nos ocuparemos con alguna detención más +adelante. Sólo diremos ahora que era hombre de cuarenta años de edad, +rubio, pálido, de pocas carnes y no muy apretadas, de mediana estatura y +grandes extremidades. Después del director, la persona más influyente en +el colegio: dormía dentro de él, y aun se decía que tenía alguna +participación en las ganancias. + +Además de estos personajes principales, había algunos otros secundarios: +un maestro de primeras letras, un pasante, un inspector, dos criados, +una cocinera, una doncella de labor y una planchadora. + +El régimen interno del colegio no era un modelo de orden y disciplina. +El director se cuidaba poco de él: decíase que tiraba de la oreja a +Jorge en el casino, y tal vez fuese cierto: lo indudable era que las +cosas casi nunca andaban bien, que más de cuatro veces faltó dinero en +la caja para pagar al almacenista, y que a los profesores se les +adeudaban casi siempre tres o cuatro meses de sueldo. A pesar de esto, +D. Jaime tenía suerte; no se le marchaba un chico: el colegio siempre +lleno. Tal vez contribuyese a ello su mismo desorden, que tenía algo de +patriarcal; aquella amable indisciplina era muy del gusto de los niños. +Aunque la comida era de inferior calidad, no estaba tasada ni había gran +rigor en las horas: si un chico tenía hambre, bajaba a la cocina, pedía +pan y queso, y sin inconveniente alguno, se lo daban, y si la cocinera, +de natural francota y bonachona, estaba de humor, hasta le freía un +huevo o una magra. Cuando D. Jaime «estaba en fondos,» los _gaudeamus_ +se sucedían en el colegio; variedad de postres, vino de Jerez y hasta se +improvisaba una que otra merendeta en el campo: D. Jaime era muy +aficionado a pintar paisajes, muy malos, eso sí, pero que no por eso +dejaban de ser celebrados por discípulos y profesores. En cambio, si se +daban bizcas y el bolsillo se desmayaba, adiós confites y la mantequilla +del chocolate y las copitas a las once; nadie comía más que lo +estrictamente indispensable para no fenecer de hambre. Además, aquellos +días no había quien dirigiese la palabra a D. Jaime, ni aun le mirase a +la cara: los castigos eran más frecuentes: el palo andaba listo y la +sopa perezosa. Hay que confesarlo, porque es la pura verdad, los únicos +progresos literarios y científicos del colegio de la Merced se hacían en +estos días de crisis monetaria. + +La llegada de Miguel no causó efecto alguno, ni en profesores, ni en +discípulos: un niño más, y bien atrasadito por cierto. Sin embargo, no +tardó en llamar la atención de unos y de otros por su condición inquieta +y ruidosa: en cuanto tomó confianza, y le bastaron pocos días, mostrose +tan travieso, tan turbulento, que los maestros comenzaron a murmurar y a +tenerle sobre ojo, y los alumnos a contar con él para todas las +jugarretas. Don Jaime dijo que aquel chico «era de la piel del diablo y +había que apretarle un poco los tornillos.» El cura, aficionado a los +motes, le puso por sobrenombre _Bullita_, y por él se le conoció mucho +tiempo en el colegio. Apesar de esto, no despertó rencores, ni +antipatías; había en su rostro expresivo cierta nobleza que atraía +generalmente, y en sus travesuras nunca dejaba de hallarse alguna +gracia: así que, los profesores, aunque le castigasen con dureza, no +dejaban muchas veces de reírse y de celebrar al hallarse reunidos «la +buena sombra de aquel muchacho.» El único que le odió cordialmente desde +su entrada, fue el famoso Pppsicología, el eterno y asendereado +opositor. Por supuesto que el odio fue recíproco al instante, y que +Miguel no perdonó medio humano de vejarle y tenerle en continuo +sobresalto: cuando iba a pronunciar la palabra Psicología, nunca dejó en +su vida de prepararse con cierta tosecilla, que hacía inmediatamente +sonreír a los compañeros. Los castigos que por esta broma hubo de +padecer, no son para contados: pasaba casi todas las horas de recreo +encerrado en unas jaulas de madera con rejas de hierro que D. Jaime +había hecho construir en el patio para los delincuentes: sobre estas +jaulas, y debido a la inventiva de Pppsicología, se habían puesto +grandes cartelones con nombres de animales; en uno decía _Hipopótamo_, +en otro _Rinoceronte_, en otro _Bucéfalo_, en otro _Mastodonte_, +etcétera, etc. Miguel recorrió innumerables veces la fauna moderna y la +antediluviana, pero ya no le daba bendita la vergüenza; se distraía el +tiempo de prisión tocando la trompeta con los puños hasta que venía el +inspector a hacerle callar: los chicos, de quienes era querido, solían +traerle los postres que les sobraban, o bien cigarrillos, o cualquiera +otro entretenimiento para que no lo pasase tan mal. + +No por virtud de los castigos y reprensiones, sino por otra causa muy +distinta, la conducta de Miguel reformose algún tanto durante una +temporada de varios meses, a los dos años próximamente de hallarse en el +colegio. Fue el amor quien operó este cambio, si merece tal nombre la +afición prematura que le prendió por la planchadora del colegio. Había +establecido ésta en su cuarto de trabajo, situado en la guardilla, una +tertulia donde acudían algunos niños en las horas de recreo: contábales +historias maravillosas mientras repasaba la ropa blanca o la aplanchaba. +Desde un día que subió casualmente aficionose tanto a ellas, que comenzó +a acudir asiduamente para escucharlas. Sentado a los pies de la +narradora, con la cabeza apoyada en sus rodillas, pasaba admirablemente +las horas embebecido y suspenso. Por delante de sus ojos desfilaron las +aventuras estupendas de _Los doce pares de Francia_, la historia de +_Aladino o la lámpara maravillosa_, la de _Flores y Blanca-Flor_ «su +descendencia, amores y peligros que pasaron por ser Flores moro y +Blanca-Flor cristiana,» la de _Pierres de Provenza y la hermosa +Magalona_, la de _El esforzado Clamades y la hermosa Clermonda_, o sea +_El caballo de madera_, y otras muchas interesantísimas donde la virtud +sale triunfante y el vicio corrido. Sabida de todos es la particular +inclinación que tienen las planchadoras a ver a los buenos ricos y +felices y a los malos abatidos y miserables. Miguel participó muy pronto +de estas ideas: y aunque la bella narradora agotó prontamente el +repertorio de sus fábulas, cada día las escuchaba con más atención y +deleite. Fuerza es confesar, como ya indicamos, que algo, bastante y aun +mucho influía en su atención el placer que empezaba a sentir +contemplando la vigorosa y agraciada figura de Petra (así se llamaba). +Llegó a admirarla como un bruto: el ideal de la belleza se encarnó para +él en sus carnes frescas, sonrosadas y un tanto crasas. + +El cuarto de la planchadora era una verdadera estufa en las tardes de +verano. La proximidad del tejado, lo bajo del techo y la hornilla +encendida se conjuraban para hacerlo intolerable. No obstante, Miguel +encontrábase allí como el pez en el agua: la mayor parte de las tardes, +cuando llegó esta época, se las pasaba nuestro héroe mano a mano con el +ideal, sin que nadie viniese a turbarlo. Los tertulianos de la guardilla +desertaban hostigados por el calor. El ideal se mostraba en su posible +desnudez, los brazos remangados hasta el sobaco, el liviano pañuelo de +percal arriado hasta donde el pudor empezaba a gritar con fuerza. El +mórbido cuello relucía con el sudor, las mejillas se inflamaban y los +negros y mal peinados cabellos caían en crenchas sobre la espalda y en +rizos sobre la frente salpicada también de menudas y brillantes gotas de +agua. Ahumaba la planchadora, o por mejor decir, despedía un vaho sutil +y punzante que Miguel aspiraba embriagándose sin darse cuenta de ello. + +Cuando no venían otros chicos, Petra no se decidía a malgastar sus +talentos de novelista, y se dedicaba con alma y vida a la tarea que se +le había encomendado; el hijo del brigadier seguía con atención +profunda, como un aprendiz que desea imponerse pronto en el arte, las +manos de la bella. Algunas veces le daba a ésta por hacerle un sin +número de preguntas, enterándose de todos los pormenores de su vida; los +disgustos de Miguel con su madrastra la enternecieron sobremanera, y se +desató en injurias contra ella, diciendo que no tenía corazón y que era +peor que las fieras de los montes; después alargó su diatriba a todas +las señoras.--«Mira Miguelito, que te lo digo yo; ninguna señora sabe lo +que es conciencia; tienen el corazón más duro que una piedra; si es +caso, vale más una pobre de la calle que todas esas señoras con su +colorete y su ringo rango... No llevan nada que no sea postizo: el pelo, +el color, los dientes... y otras cosas que no quiero decirte porqué eres +todavía pequeño... Pocas gracias que sean bonitas de ese modo... ¡anda, +anda!... ¡pues si las pobres nos pusiéramos todos esos perendengues!... +Pero más vale lo natural, ¿no es verdad, Miguelito? ¿Llevo yo polvos de +arroz? ¿llevo colorete? ¿eh?... Toca, toca lo que quieras... frota bien +(Miguel frotaba con mano temblorosa). Y apesar de eso, no cambio mis +colores por los de ninguna de esas señoritas tísicas que van al Prado en +carretela...» + +El hijo del brigadier asentía incondicionalmente a estas atrevidas +proposiciones; quizá las llevase en su pensamiento más allá que la misma +interesada. La verdad es que la admiración de Petrarca a Laura y la de +Dante a Beatriz eran nada en comparación con la apasionada y vehemente +que nuestro chico profesaba a la planchadora. La admiraba sin comprender +que la naturaleza pudiese formar otro ser que rivalizase con ella; todo +lo encontraba hechicero, desde sus cabellos, un tantico revueltos, hasta +sus pies, nada breves y nada bien calzados. Petra, que al principio no +había reparado, concluyó por fijarse en aquel niño que tan asiduamente +la visitaba, y vencida de su constancia o por ventura halagada por la +adoración que en él veía, testimoniole algún afecto. Un día que estaban +solos, como Miguel la mirase desde su taburete hasta comérsela con los +ojos, le dijo con sonrisa burlona y placentera a la par: + +--¿Por qué me miras tanto, Miguelito?... ¿Te gusto? + +La vergüenza y la confusión se apoderaron del chico; se puso como una +cereza y concluyó por llorar desconsoladamente como si le hubiese dicho +alguna injuria. Petra le consoló y le mimó, dándole algunos besos, que +fueron los hierros con que le esclavizó para siempre. + +De allí en adelante mostrose muy benévola hacia él; le cosía con esmero +cualquier rotura que hubiese en su vestido; le pegaba los botones y le +arreglaba la corbata; cuando venía despeinado, con sus propios peines le +aliñaba el pelo. Miguel vivía entre los bienaventurados; el roce de +aquellas manos en su cabeza le producían espasmos de dicha, y el perfume +de la pomada de heliotropo que la planchadora usaba, causábale una +embriaguez dulce y feliz como no volvió a sentirla jamás en su vida. + +Es condición precisa de las planchadoras, y también de las que no lo +son, hacer con gusto el papel de ídolos y propender a la dominación. +Petra, dejándose adorar, adoptó cierta actitud protectora y maternal. Se +interesó vivamente por todo lo que a Miguel concernía, revolvió su baúl, +contó las camisas y los pañuelos, fue depositaria del dinero que le +daban, en una palabra, se hizo cargo por completo de la dirección de sus +negocios, tanto morales como económicos. Las pocas cartas que el +muchacho recibía leíalas ella de cabo a rabo, y frecuentemente dictaba +la respuesta: cuando le castigaban, le llevaba la comida a la prisión; +algunas veces llegó por su propia autoridad a levantar el castigo, y lo +que aún es más grave, a recriminar al profesor que se lo había impuesto. + +Por la pendiente de la soberanía se llega muy pronto al absolutismo. +Petra empezó a mandar en Miguel como en cosa propia, y a dictarle reglas +de conducta para todos los actos de la vida, haciéndole estudiar a su +lado el tiempo que juzgaba necesario y prohibiéndole los juegos cuando +lo creía oportuno. Porque perdió dos pañuelos en pocos días, tomó la +resolución de cosérsele al bolsillo. Tenía que darle cuenta del empleo +de todos los momentos:--«¿Qué has hecho después de salir de clase? ¿Con +quién estabas hablando en el patio? ¡Cuidado que vuelvas otra vez a +subirte al pasamano de la escalera! No andes más con Pepito; no me +gusta ese chico. Ya me han dicho que ayer no has sabido la lección. ¿Qué +haces el tiempo que estás en la sala de estudio? Por de contado, +enredar: ¡si te tuviese siempre a mi lado andarías un poco más +derecho!»--Llegó a reprenderle duramente las faltas como si tuviese +sobre él autoridad. Miguel temblaba cuando subía al cuarto de la +guardilla con el pantalón roto, lo mismo que cuando iba a ver a su +madrastra. Mas en cambio de estos apuros tenía compensaciónes: la +planchadora se mostraba amable y generosa a ratos: algunas veces le +levantaba entre sus robustos brazos y le tiraba al aire volviendo a +recogerle; le daba vivos y sonoros besos; le llamaba pichoncito, rico +mío, querido, y le estrechaba con tal fuerza contra su seno, que andaba +cerca de asfixiarle. Era nuestro héroe ya muy hombre y todavía al +recordar estos abrazos experimentaba una dulzura inexplicable. + +Desgraciadamente, como sucede casi siempre, Petra se desvaneció con el +poder; en vez de mantener su dominio en los límites discretos y +convenientes, empujolo lentamente hasta los últimos extremos, +convirtiéndolo en un despotismo escandaloso y repugnante. Miguel pasó al +cabo de algunos meses a ser su paje de cola: «Miguel, tráeme las +tenazas.--Miguel, echa carbón en la hornilla.--Miguel, corre a pedir a +la cocinera agujas.--Miguel, abre esa ventana.» El hijo del brigadier +se apresuraba a cumplimentar estas órdenes como el caballero que busca +ocasión de festejar a su dama y ansía testimoniarle su rendimiento. La +dama recibía el homenaje sin pestañar, cual si le fuese debido. Poco a +poco empezó a mostrarse impertinente y descontentadiza: «¿Cómo has +tardado tanto, chico?--No es eso lo que te pido, hombre, no es eso, +¡parece que estás en Babia!--¿Dónde tienes los ojos? ¡tonto, +retonto!--¡Me estás consumiendo la paciencia, chiquillo!» Nuestro +muchacho llegó prontamente a ejecutar los oficios más viles. La +planchadora se complacía en tenerle horas enteras abanicándola mientras +trabajaba, en obligarle a dar lustre a sus zapatos y en general en +proporcionarle todos los oficios de un consumado _negrito_. Pero él los +desempeñaba con gusto; después de todo, era el favorito y nadie le +disputaba este título. La sultana, aunque cada día más altiva y +desdeñosa, todavía le consentía apoyar la barba en su regazo y +contemplarla largos ratos fijamente. Aquellos ojos ardientes y ávidos +demandaban tímidamente una caricia. Petra era cada vez menos expresiva; +pero aunque de mala gana y con semblante hosco, aún se dignaba +hacérselas. + +La verdad es que se iba cansando del chico; la adoración ferviente sin +límites que éste la tributaba, llegó a empalagarla. ¡Tal es la condición +humana! Este cansancio manifestose en frecuentes enojos y +desabrimientos, sin motivo alguno la mayor parte de las veces. +Mostrábase amable con todo el mundo menos con Miguel, para quien +reservaba tan sólo su mal humor. Esto le hizo padecer bastante, y aun +conmovido por sus desprecios y reprensiones, lloró lágrimas amargas que +la planchadora concluía por enjugar con el pañuelo. Acariciaba, más le +hacía pagar las caricias: «¡Ahora le da el sentimiento al niño! ¡Quieres +callarte, tontuelo! ¿Te figuras que estoy yo aquí para templar gaitas? +¡Bueno, bueno, ya empieza el lloriqueo!» Con estas y otras tales +expresiones abría la llave de las lágrimas que su mano trataba de secar. +Mas no pararon todavía aquí las cosas. Un día trasladando Miguel una +cesta con ropa aplanchada de un sitio a otro, la dejó caer al suelo y se +manchó una buena parte. Petra, hasta entonces, en sus más fuertes enojos +no había hecho mas que cogerle por el brazo y sacudirle; ahora le dio +una soberbia bofetada que le encendió el rostro. En vez de ponerlo en +conocimiento del director, o por lo menos marcharse y no subir más al +cuarto, como aconsejaba su dignidad, contentose con llorar perdidamente. +¡Y bien perdido quedó desde entonces! Petra, para resarcirle, le hizo +caricias muy exquisitas, con lo cual dio por bien empleado el bofetón y +se dispuso a recibir todos los que en adelante aquélla fuera servida +darle, como así acaeció en efecto. Las reprensiones comenzaron a ir casi +siempre con acompañamiento; segura ya de que se aceptaban los golpes, no +los escaseó; más por una contradicción, bien explicable por cierto, +desde que comenzó a dárselos, le mostró al mismo tiempo mayor afecto; +tan suyo le consideraba, tan pobre y miserable le veía a sus pies, y +tanto le sorprendió su paciencia, que no es mucho si después de una +buena granizada de mojicones, le otorgase algunas pruebas de afecto. El +muchacho se creía bien indemnizado recibiéndolas; lejos de apagarse el +fuego de su pecho, creció y se sobresaltó hasta lo sumo. Era una pasión +encarnizada, furiosa, bestial, como sólo existen en esa edad en que los +sentidos amanecen. Los hombres pueden hablar cuanto gusten de sus +pasiones, los poetas y novelistas exaltar la violencia de las de sus +héroes como plazca a su fantasía; nada es comparable a la afición +concentrada, fija y ardiente que alguna vez despiertan en el alma y en +el cuerpo de un niño las formas exuberantes y macizas de una mujer. +Miguel despreciaba en el fondo de su corazón a Petra. Con la precoz +viveza de comprensión de los niños cortesanos, no se le ocultaban sus +defectos ni el despreciable papel que desempeñaba cerca de ella; pero +una adoración ciega y frenética que le hacía soñar noche y día, le tenía +fatalmente encadenado. Los malos tratos de su ídolo, eran un aliciente +que comunicaba sabor más exquisito a los deleites que disfrutaba. +Aquella dependencia absoluta en que estaba, aquel temor y zozobra en que +vivía, ejercían sobre él cierta suave fascinación, un encanto +irresistible. Después de gustarlo, por nada en el mundo quisiera que su +dueño cambiase de condición y templase sus rigores. + +Ni se crea tampoco que los castigos de Petra le produjesen mucho dolor. +Al principio le hicieron llorar, más por la humillación que por su +efecto físico; pero más tarde halló en esta misma humillación una nueva +fuente de dulces y halagüeños placeres. Por una aberración que a +nosotros sólo nos toca hacer constar, los golpes de aquellos brazos +tersos y mórbidos, en vez de causarle dolor, evocaron en su natural +fogoso un mundo de ignotas voluptuosidades. Y desde entonces, no sólo +los sufría con resignación, pero aun llegó a provocarlos con astucia, +contrariando a su terrible dueño hasta verlo fuera de sí. ¡Oh, cuando se +irritaba, era Petra una mujer realmente hermosa! Sus mejillas se +coloreaban fuertemente, los labios se encendían, las narices se +dilataban, los ojos adquirían una expresión de olímpico orgullo, y todo +su cuerpo se estremecía al soplo de la ira. Miguel permanecía aterrado, +y al propio tiempo embelesado ante ella. Cuando la iracunda planchadora +le estrujaba entre sus manos, sentíase poseído de espanto, de amor, de +respeto y de gozo, lo mismo que los héroes de la gentilidad cuando +incurrían en el desagrado de alguna de sus diosas, tan bellas como +terribles y vengativas. Caía de rodillas a sus pies pidiendo perdón, y +se los abrazaba y besaba temblando de terror y voluptuosidad. La diosa, +vencida de tanta humildad, solía tenderle una mano y levantarle +haciéndole jurar que no volvería más a quebrantar sus preceptos. De muy +buen grado lo haría Miguel si no se huyeran de este modo los misteriosos +deleites que gozaba en sus enojos. + +Finalmente, también llegó a aburrirse la regia planchadora de ejercer un +mando tan despótico; que la mujer, como dicen los que filosofan acerca +de ella en las mesas de los cafés, es más feliz dejándose dominar que +dominando. El pobre Miguel la cansó y apestó de tal manera, que vino a +cobrarle verdadero aborrecimiento. Apenas se pasaba día sin que no le +arrojase de junto a sí con algún insulto que iba a clavársele en el +corazón: en no pocas ocasiones le cerró la puerta o le tuvo aguardando +horas enteras para dejarle entrar. Coincidió este desvío con frecuentar +el cuarto de la guardilla un nuevo muchacho de los años de Miguel, pero +gordo y crecido, y tan rubio y blanco como una inglesa. El reciente +tertuliano rindió pleito homenaje a la planchadora, y comenzó a +visitarla con asiduidad. ¡Ah miserable Miguel! En un instante perdió +hasta las pocas migajas de favor que le quedaban. El chico gordo quedó +alzado sobre el pavés a los pocos días y proclamado favorito exclusivo, +dueño absoluto del cuarto de la plancha y sus alrededores. No obstante, +Miguel insistió en acudir a él por las tardes, sin obedecer las órdenes +de Petra, que formalmente se lo había prohibido. Un día entró nuestro +niño muy descuidado: la traición le acechaba: de entre las faldas de la +planchadora salió repentinamente el nuevo favorito y cayó sobre él con +el ímpetu y rabia de una fiera; arrojole al suelo y comenzó a golpearle +con tal furia, que en pocos minutos no le dejó sitio en el rostro sin su +correspondiente señal. Mientras duraba el vapuleo, Petra lo contemplaba +riendo, ¡que a tal grado de fiereza llevó su despego! Molido, deshecho y +ensangrentado bajó nuestro Miguel, y al verlo en tal estado diose parte +al director. El cual, enterado del suceso y sospechando lo demás que en +el cuarto de la guardilla ocurría, tuvo a bien prohibir, bajo penas +severas, que ningún chico pusiese los pies en la guardilla, ¿eztamo? + + + + +VII + + +Aquel chico gordo, rubio y tan espigado que aporreó al hijo del +brigadier, tenía un nombre sonoro y aristocrático, Pedro Mendoza y +Pimentel. Era en el fondo un muchacho excelente, tranquilo, amable, +inofensivo: si había cometido aquella vileza fue solamente por +instigación de la planchadora. A los pocos días, arrepentido sin duda, +procuró hacer las paces con Miguel; éste, que no era rencoroso, le +perdonó fácilmente y le aceptó por amigo: en poco tiempo llegaron a ser +íntimos. No poco contribuyó a estrechar esta amistad por parte de +nuestro héroe la ojeriza injustificada que el cura había tomado a +Mendoza, y que le hacía padecer bastante. Mendoza era en la clase de +don Juan el blanco de todos sus donaires y el hazme reír de los chicos. +Llamábale alternativamente _brutandor_ o _parisiense_; el primer mote, +como la palabra misma indica, porque le tenía por el mayor majadero que +comía pan; el segundo, porque era muy pulcro, aficionado a vestir a la +moda y a llevar esencias en el pañuelo. Aquella vaya continua, aquel +martilleo, parecíale muy pesado a Miguel. El pobre Mendoza no hacía en +clase nada que no fuese tuerto; en todo hallaba motivos el cura para +soltar una cuchufleta o un sarcasmo que hacía prorrumpir en carcajadas a +los alumnos: cuando le sacaba al medio para traducir, ya sabían todos +que había jarana para rato. + +La verdad es que el pobre Mendoza no era de los más despiertos, pero no +se podía negar que estudiaba y trataba de cumplir con su deber, y que +solamente por capricho o por algún sentimiento menos digno, el cura se +ensañaba con él. Miguel le compadecía de veras: si carecía de +inteligencia para aprender y explicar bien las lecciones, la culpa no +era suya. Así que, cedió en seguida al ruego que le hizo, poco tiempo +después de trabar amistad con él, de estudiar juntos y ayudarse a «sacar +las composiciones.» Y como Miguel era de comprensión rápida y expedita, +aunque un poco aturdido, no fue pequeño el servicio que le prestó; +tanto, que al verle traducir con más facilidad y al examinar sus temas +mejor concertados, el cura no salía de su asombro: «¡Brutandor, parece +que la Providencia ha querido al fin mandarte un rayo de sentido común; +alabada sea ella!» El capellán, aunque presumía de perspicaz, no dio en +la razón de este favorable cambio hasta pasados algunos meses; cuando al +fin averiguó que las composiciones y las traducciones se sacaban con +ayuda de vecinos, no quisiera equivocarme, pero tuvo un verdadero +alegrón, porque veía confirmado su juicio: «¡Hola! ¿conque Bullita se ha +dignado tenderte su mano protectora? ¡Oh generoso niño!... Ven aquí, +Bullita... declíname _generoso puer_.......... y tú, Brutandor, +declíname _asinus_.......... a un tiempo.» Y en verlos ir declinando a +voces formando algarabía holgábase D. Juan y se divertía la clase. + +Este capellán era un hombre bastante original. Miguel tuvo ocasión de +conocerle muy bien, porque le mostró predilección desde el principio, +aunque no dejaba por eso de castigarle duramente y a menudo; en los +últimos años de la segunda enseñanza llegó a ser su favorito, y hasta le +trajo a dormir a su mismo cuarto; le hizo algunas confidencias, y +gustaba de charlar con él, o, más propiamente, murmurar del personal del +colegio, lo mismo del masculino que del femenino. Tenía un amor propio +exagerado; presumía de todo lo que un hombre puede presumir, hasta de +guapo, pero muy singularmente de forzudo, aunque no lo era gran cosa. +Nada había que le placiese tanto como enseñar los músculos del brazo y +los tendones, y ponerlos contraídos y tiesos. Los demás eran hombres +afeminados por los vicios; sólo conservándose puro como él, no bebiendo +más que agua, no tomando café y huyendo de las _porcuzas_ (las mujeres), +se podía llegar a tal robustez, energía, ánimo y hermosura. + +No obstante el cariño que Miguel tenía a su amigo Mendoza, no dejaba de +jugarle algunas pasadas. Había notado que el capellán era muy aficionado +a las palabras terminadas en amen, emen, imen, omen y umen, y que +experimentaba cierto deleite pronunciándolas; a cada momento decía +examen, o resumen, o dictamen, y a veces traía poco apropósito algunas +raras, y que no eran muy castellanas, como el velamen de los barcos, el +cacumen, etc. Pues bien; preguntándole un día a Mendoza cierto punto que +no traía el libro, Miguel, que estaba a su lado, le dijo rápidamente al +oído: «Di que no lo trae el _textumen_.» El infeliz, que estaba +atortolado, lo repitió sin fijarse, y..... ¡aquí fue ella! D. Juan, +pensando que uno y otro se burlaban de él, les dio a entrambos una +corrida de mojicones que por poco les arde el pelo. Miguel lloraba y +reía a un mismo tiempo. En otra ocasión el hijo del brigadier, que +dormía en la misma sala que Mendoza, se levantó por la noche, y con un +pedazo de nitrato de plata que se había procurado, le pintó las manos +mientras se hallaba dormido. Al día siguiente Mendoza le preguntó muy +apenado lo que serían aquellas manchas. Miguel quedose grave y pensativo +y le contestó:--«Mientras estén en las manos me parece que no tienen +mucha importancia; pero oí decir a mi padre que si salen en la cara es +muerte segura, porque manifiesta que la sangre está corrompida; un tío +mío se murió de esa enfermedad.» Con estas noticias se quedó Mendoza más +apenado aún. Por la noche no dejó Miguel de pintarle tres o cuatro +manchas en el rostro, con lo cual, al verse por la mañana en el espejo, +comenzó a dar tales gritos y a proferir tales lamentos, que acudió el +director y algunos profesores. Enterados del caso y hechas las +correspondientes averiguaciones, se le impuso a Miguel un severo +castigo. El capellán, que sabía la amistad que ambos chicos mantenían, +salió de la sala diciendo:--«Tanto quiso el diablo a su madre, que al +fin le sacó los ojos.» + +Sin embargo, la amistad seguía inalterable. Mendoza le perdonaba al +instante estas y otras bromas, y Miguel, que no las llevaba a cabo con +intención malévola, sino por el afán irresistible de reírse, le pagaba +su paciencia «sacándole los significados» y metiéndole en la cabeza las +lecciones. Y eso que Brutandor, según todas las señas, continuaba siendo +el favorito de la planchadora; pero a Miguel ya se le había pasado +aquella prematura inclinación amorosa y no se le daba un bledo por el +antiguo objeto de sus ansias. Este burlaba las órdenes perentorias del +director, llevando a Mendoza a su cuarto, si bien con secreto; y digo +que era ella y no éste quien las burlaba, porque el muchacho nunca +hubiera osado hacerlo si no fuese porque ella le obligaba. Al fin, tanto +miedo tuvo de que el terrible coronel lo supiese, que con precoz sentido +determinó separarse de aquel devaneo que no le convenía y no subir más +al cuarto de la planchadora. Miguel le dio por ello la enhorabuena. +Petra le persiguió todavía algún tiempo; pero el nuevo Teseo se hizo el +sordo y la dejó abandonada. No lo estuvo mucho tiempo, sin embargo, +porque el demagogo Marroquín comenzó a romper con desusada frecuencia +los botones de la levita y el pantalón, y con la misma frecuencia a +subir a su morada buscando remedio para tales desperfectos. Y era lo +extraño, que aunque Petra era expedita y tenía la mano larga para el +trabajo, nunca tardó menos de media hora en pegar un botón a Marroquín o +en coserle el más insignificante siete. + +Estos retrasos injustificados comenzaron a notarse en el colegio; los +chicos se pusieron en observación y al instante se propalaron entre +ellos mil especies, absurdas unas, verosímiles otras, pero todas +graciosas. Uno decía que había visto a Marroquín por el agujero de la +llave, de rodillas delante de Petra y besándola una mano lo mismo que un +caballero andante; otro le había visto pellizcarla un muslo al pasar por +su lado; otro le había oído decir, estando los dos asomados a un +balcón:--«Petra, te amo;» otro, más serio que los demás y más digno de +crédito, aseguraba que su criado había visto un domingo a Marroquín en +un merendero de las Ventas del Espíritu Santo, mano a mano con la +planchadora. Estas noticias volaban por el colegio y se comentaban entre +risa y algazara. Pero los demás profesores, sus compañeros, no se reían; +estaban indignados. Distinguíase entre todos el cura D. Juan, a quien no +le faltaba más que esto para aborrecer de muerte al heterodoxo +naturalista. Después que éste salía de la estancia destinada a los +profesores, entregábase a furiosos comentarios y soltaba toda la bilis +que tenía acumulada: «¡Barájoles, si no fuese mirando a Dios, le ponía +los cinco dedos en la cara a ese puerco!... ¿Han visto ustedes nunca un +hombre más rijoso?... ¡Ese hombre quema por donde pasa, barájoles!... ¡Y +luego, con quién va a ensuciarse!... ¡con una porcuza!...» Este +desprecio que D. Juan testimoniaba a Petra, no era sincero, según pudo +convencerse más adelante Miguel; el odio a Marroquín, sí. Otro de los +que expresaban con más calor su indignación era Pppsicología: propuso +que se diese parte a don Jaime y que se arrojase ignominiosamente a +Marroquín del colegio, y que él se comprometía a desempeñar sus clases +hasta fin de curso, mediante una corta gratificación; pero los +compañeros se negaron a dar este paso. Al poco tiempo, el mismo +Pppsicología fue sorprendido por el inspector durmiendo la siesta con la +cocinera, una mujerota fea y obesa hasta la monstruosidad, y enterado el +coronel, los puso a ambos en la calle, con alegría general de los +alumnos por lo que se refería a D. Benigno y con sentimiento en lo que +tocaba a la cocinera, que era generosa y amable en sumo grado. + +Con este suceso, que llamó extraordinariamente la atención, dejose en +paz al hirsuto Marroquín, «el cual por lo menos sabía guardar las +formas,» según decía D. Leandro, el tiple de San Isidro. Andando el +tiempo se supo que aquél estaba enseñando a leer y escribir a Petra, que +después le dio lecciones de Historia, Geografía, Aritmética, Física e +Historia natural, que en seguida la hizo leer la Historia de los Papas y +la Inquisición y algunos folletos materialistas, y que después de +haberla separado convenientemente de toda religión positiva, la hizo su +esposa «ante el altar de la propia conciencia.» Pero cuando sucedió esto +ya había salido Miguel del colegio. + +El carácter del hijo del brigadier nunca pudo modificarse, ni por las +buenas ni por las malas; últimamente ya se había renunciado a corregirle +y se le castigaba únicamente cuando las travesuras subían de punto. +Todos reconocían que tenía mucha disposición y que si se aplicase sería +el número uno del colegio; desgraciadamente, durante el curso estudiaba +poco, y sólo al llegar el último mes apretaba de firme; pero le bastaba +para sacar en el Instituto tan buenas notas como el primero. Tampoco era +buen guardador de los deberes religiosos; el cura le tenía encerrado +muchas veces por hincarse sólo con una rodilla en misa o pellizcar a los +compañeros; durante el rosario se entretenía en comer castañas y meter +las cortezas en los bolsillos de los otros, o en prolongar la ese del +_ora pro nobis_ más de la cuenta, o en cualquier otra irreverencia que +solía costarle cara. Cada seis meses confesaba todo el colegio con su +director espiritual, quien los preparaba previamente en el estudio de la +doctrina cristiana y con un examen de conciencia colectivo; se hacía en +el salón mayor del establecimiento a fin de que cupieran todos los +alumnos; las ventanas se entornaban para que en la estancia hubiese una +luz discreta y misteriosa que convidase al éxtasis y la meditación; cada +cuál estaba sentado en una silla formando círculo en torno del cura, el +cual iba leyendo por un libro los diversos pecados que en la vida pueden +cometerse y explicándolos en seguida con proligidad invitándoles después +a recordar si tenían que acusarse de ellos. Reinaba un silencio profundo +durante algunos minutos. Volvía el cura a leer otro pecado, y así se +pasaba casi toda la tarde. «Terminado el examen de conciencia--dijo una +vez don Juan--el niño se prosternará ante una imagen de Jesús +crucificado (el cura tendió la vista en torno, y no viendo ninguna, dijo +cambiando de tono:)--A ver, Miguel, ve al oratorio y trae el crucifijo +grande de madera.» Miguel se presentó en seguida con él en las +manos.--«Ponte ahí de frente y levántalo.» Todos se arrodillaron frente +al hijo del brigadier, que estaba de pie sosteniendo la imagen. +«Terminado el examen, el niño se prosternará ante una imagen de Jesús +crucificado y dirá conmigo con el mayor fervor posible: ¡Dios!...» El +cura pronunció esta palabra en voz tan alta y tan lastimera, que Miguel, +sin poder contenerse, soltó el trapo de la risa, cayéndole los mocos +sobre las manos. Don Juan se indignó tanto, que levantándose de un salto +y agarrando la vara de señalar en los mapas, arremetió con él hecho un +basilisco. Fue de ver entonces a Miguel correr por la sala y brincar +sobre las mesas con el Cristo en alto, perseguido de cerca por el cura, +que cuando le tenía al alcance de la vara, se la arrimaba a las carnes +no suavemente. Los alumnos que aún viven recordarán seguramente aquel +incidente chistoso, que terminó mandando a Miguel al encierro y +poniéndose otro chico en su lugar. + +Al día siguiente por la mañana, iban a confesarse uno por uno al +oratorio, y desde allí a comulgar a la iglesia de San Martín. El cura +era muy aficionado a imponer penitencias extrañas y severas. A uno le +mandó una vez que cuando sintiese tentaciones de pecar, arrimase el dedo +índice a una luz hasta quemárselo, rezando después un padrenuestro: a +Miguel le mandó en cierta ocasión que metiese ortigas en la cama y se +acostase en cueros con ellas una noche; pero el muchacho no tuvo ánimos +para cumplir esta penitencia, y a la postre el cura se vio precisado a +conmutársela por otra. Mandole también en otra ocasión que cuando +soltase alguna palabra obscena, besase inmediatamente la tierra: esta sí +la cumplió, con no poca risa y algazara de los compañeros, pues cuando +se hallaba más embebecido en el juego y se le escapaba cualquier palabra +de aquéllas, se bajaba rápidamente a dar un beso en el suelo; mas él no +se ruborizaba y llegó a tomarlo a risa como ellos. + +Los domingos, y también algunas tardes serenas y templadas entre semana, +iba todo el colegio de paseo, alumnos y profesores: marchaban de dos en +dos uniformados por las calles de Madrid, y salían a menudo por el Salón +del Prado hacia Atocha o por la puerta de Toledo hacia San Isidro. Los +transeúntes se detenían un instante para ver pasar aquella comitiva +donde abundaban los rostros delicados de cutis nacarado, un tanto +pálidos por la clausura y los hábitos viciosos del colegio: cruzaban +poblando el aire de un murmullo suave, como un enjambre de abejas, más +atentos a la conversación que llevaban entablada que a la perspectiva de +las calles y a las bellezas del campo. Delante iban los más pequeños, y +detrás los mayores; el capellán, el inspector y los demás profesores +cerraban la marcha. Cuando llegaban a un paraje solitario y apartado, se +hacía alto y se rompían filas. Durante una hora entregábanse todos a los +juegos peculiares de la infancia, el salto, la pelota, la peonza, etc. A +veces, los profesores alternaban con ellos en estos juegos y llegaban a +interesarse y a herirse en el amor propio; el capellán, principalmente, +ya sabemos que se jactaba de sobresalir en toda clase de ejercicios +corporales, y creía poseer las fuerzas de Sansón; así que le pinchaban +un poco, se despojaba de los manteos y la sotana y se ponía a dar +brincos como un zagal, cogía a los bueyes de las carretas por los +cuernos, sacudía los árboles, enseñaba los brazos, levantaba los chicos +a pulso y ejecutaba otras prodigiosas hazañas que recordaban las +celebradas de Orlando furioso. + +Si el director los acompañaba, que no era siempre, había sesión de +pintura; un chico le llevaba la caja, y en cuanto se hallaban frente a +un objeto digno de ser pintado (y el coronel no era escrupuloso en la +elección de asunto), sentábase en una tijerita formada con el mismo +bastón y comenzaba el degüello del arte de Vinci y Rafael. D. Leandro, +por su parte, sacando del bolsillo la flauta hecha pedazos, y uniéndolos +después con esmero, y templándola con pausa, principiaba a atormentar a +Rossini y Mercadante, aunque más tímidamente y confesando su indignidad. +Los chicos se reunían en torno de uno o de otro, según sus aficiones; +pero los más preferían los ejercicios gimnásticos del capellán. +Marroquín, el velloso, no tomaba parte casi nunca en el juego; prefería +apartarse un buen trecho de todos y sentarse sobre alguna piedra y +entregarse a la meditación; últimamente había descubierto que el estudio +servía de muy poco para ilustrarse; lo principal era pensar, meditar +mucho. + +Ya hemos dicho que el cura mostró predilección por Miguel, apesar de su +conducta nada ejemplar. Sin duda la misma travesura del chico le caía +en gracia; además, tenía en mucho sus partes intelectuales y creía de +buena fe «que en formalizando llegaría a ser algo de provecho.» Cuando +hubo un poco de aprieto en el colegio por el excesivo número de +muchachos, no tuvo inconveniente en llevarle a su habitación y en que se +le armase una cama a su lado. El hijo del brigadier, al principio no +encontró de su gusto este cambio; prefería la celda formada con biombos +en el salón, donde a hurtadillas del inspector, recorría las camas +tirando de los pies a los compañeros o «haciéndoles carteras con las +sábanas.» Después se halló mucho mejor, cuando el capellán comenzó a +tratarle con cierta familiaridad de amigo más que de profesor. Las +extravagancias y el carácter de aquél llegaron a hacerle tanta gracia, +que no había para él mayor placer que tirarle de la lengua y escuchar. +D. Juan necesitaba un oyente a quien exponer los muchos pensamientos que +le fatigaban la cabeza, sus teorías, su braveza, sus fuerzas, su higiene +y su horror a «las porcuzas.» Miguel, que era ya un mancebo de quince +años, le servía admirablemente para el caso; a veces el capellán, +pensando que hablaba con un hombre ya formado, se deslizaba un poco en +ciertas materias escabrosas. Observó Miguel que apesar de su odio al +sexo femenino, D. Juan gustaba mucho de esta conversación y venía a +ella con frecuencia. Por las noches, después que se acostaban y apagaban +la luz, era cuando se departía largamente acerca de este y otros +asuntos. Decíale el cura muchas veces, que había aceptado aquella plaza +en el colegio por no ir de párroco a un pueblo, y eso que le habían +ofrecido curatos muy lucrativos.--«Pero en un pueblo está uno muy +expuesto; no tendría más remedio que tomar ama de gobierno, y eso +siempre es comprometido... ¡Cuántos han caído y se han roto las +narices!... El que ama el peligro, perecerá en él, dice el apóstol... +Figúrate, Miguel, que meto de ama a Petra u otra así por el estilo, y +que una noche la gran porcuza, con mala intención, viene a mi cuarto a +llamar.--¿Quién está ahí?--Señor cura, tengo miedo.--¿A qué tienes +miedo, gran yegua?--Señor cura, tengo miedo a los truenos... ¿Y qué hace +un hombre en este caso, barájoles? Lo más probable es que uno abra la +puerta, y entonces ¡adiós con la colorada!... El hombre más santo mete +la cara en el barro y queda perdido para siempre jamás, amén.» Observaba +Miguel que cuando el capellán describía tales escenas, nunca dejaba de +traer como elemento de ellas a Petra, si bien en calidad de término de +comparación; esto le hizo presumir que todo aquel desprecio que hacia +ella afectaba era pura música, y que la gentil planchadora obraba sobre +su corazón la misma mágica influencia que sobre otros muchos del +colegio. Y entonces penetró también la razón del odio profundo que +Marroquín le inspiraba de algún tiempo a aquella parte, y hasta de la +antipatía hacia Mendoza, de quien todos los alumnos creían que estaba +Petra enamorada. Riose no poco en su interior al descubrir aquella +flaqueza, y con intención poco caritativa, comenzó a soliviantarle +siempre que podía, sacándole conversación acerca de las relaciones de +Marroquín y la planchadora, noticiándole todo lo que corría por el +colegio acerca de ellas, y agregando él mismo cuanto podía para +abrasarle de celos. El cura llegaba a ponerse frenético y se le oía dar +vueltas después en la cama sin lograr conciliar el sueño. + +En cierta ocasión descubrió en el baúl de un alumno un libro de +mitología con estampas deshonestas, y se lo llevó a su cuarto. Miguel le +sorprendió con él entre las manos mirándole atentamente: el capellán +quedó algo confuso:--«Barájoles, acabo de encontrar este libraco en el +baúl de Adolfito Medina... ¡Con estas cosas se entretiene ese cerdo!» +Miguel tomó el libro y comenzó a hojearlo, sin que el cura se lo +impidiese; antes echaba miradas intensas y escrutadoras cada vez que +daba vuelta a la página y aparecía una nueva figura, que era por lo +general la de una mujer desnuda o medio desnuda; pero nunca dejaba de +hacer algún comentario despreciativo.--«¡Mire V., barájoles, mire V. +esa porcuza enseñando todo lo que Dios la dio!... ¿Y todo eso qué es, +Miguel?... ¡Nada!... ¡Porquería!... ¡Barájoles! ¿No es vergüenza que los +hombres se pierdan por esas cochinadas?» Tales comentarios servían de +contrapeso a las miradas; pero Miguel no se dejaba engañar.--«¿No le +parece a V., señor cura, que esta sirena se parece a Petra?--Pchs... un +poco, pero no debe de ser tan gorda como ésta.--¿Que no? Anda, anda, +pues se conoce que V. no la ha reparado bien.--Puede ser, puede +ser--decía el cura bajando los ojos,--yo no reparo mucho en esas cosas.» +Después que las hubieron visto con detención sin dejar una, D. Juan le +echó un largo sermón acerca de la necesidad de mantenerse puro, para ser +vigoroso física e intelectualmente, tomándolo nada más que desde el +punto de vista utilitario.--«Aquí me tienes a mí, que derribo de una +mocada a un hombre fornido. ¿Por qué? Porque en cuanto amanece me +levanto de la cama, y... ¡al agua, patos! Sin temor de ninguna clase me +echo el jarro lleno sobre el cuerpo... Por la noche me acuesto en cuanto +puedo... A la comida, agua pura... Los alimentos sanos, nutritivos... Y +en cuanto a esas porcuzas que acaban con los hombres, siempre procuré +tenerlas lejos... Cuando era estudiante, hubo una que hasta quiso +ponerme casa; pero yo alcé el bastón ¡barájoles! y, si no se me escapa +pronto, la dejo como una breva. Nada... en cuanto alguna se me acercaba +en la calle, mocada limpia... ¡Vayan allá, al infierno, a tener tratos +indignos!...» + +A pesar de esta higiene y régimen espartano, el cura tuvo la desgracia +de enfermar. Comenzó a ponerse triste y amarillo, que daba pena verlo: +comer, comía bien, pero no le aprovechaba. El médico del colegio, que +vino a visitarlo, le dijo que tenía una afección hepática, una +ictericia, y que era de todo punto necesario que se distrajese, pasease +largo, y mejor que a pie, a caballo. Pero don Juan no era jinete, por +más que sobresaliese en otros ejercicios gimnásticos, y no quería verse +expuesto a ser derribado. Sin embargo, como el médico insistía en los +paseos a caballo, se determinó a alquilar un jamelgo para dar una vuelta +por las afueras, de madrugada. Miguel alquiló otro para acompañarle, y +así que Dios amanecía, salíanse ambos por la puerta de Toledo o San +Vicente, y se espaciaban por aquellos campos media legua o una, según el +tiempo y la ocasión. El cura llevaba en el bolsillo una onza de +chocolate, y había aconsejado a Miguel que llevase otra: en el primer +merendero o taberna que tropezaban, las tomaban disueltas en agua, y +proseguían su marcha. A Miguel le gustaba mucho trotar, pero el cura se +oponía, porque según él «se batían demasiado los hipocondrios:» en +realidad era que temía caerse. Ordinariamente iban emparejados, +departiendo amigablemente: el capellán mostraba a su discípulo cada día +más estimación: en una cosa no estaba conforme con él, y se la +recriminaba a menudo: era la amistad que Miguel profesaba a +Brutandor.--«¡Mentira parece ¡barájoles! que seas amigo de ese jumento! +Y él ha sabido bien aprovecharse. Si no fuese por ti, no sale adelante +nunca de algunas asignaturas.» Nuestro héroe pensaba mal del cura por +esta antipatía, achacándola a lo que ya hemos dicho, porque si bien +Mendoza no era un águila, ni había de sobresalir jamás en los estudios +especulativos, tampoco le parecía un asno; discurría bastante +acertadamente en ocasiones, era amigo de cumplir con su deber, y tenía +un carácter, aunque grave, muy apacible y simpático. Por este +aborrecimiento injusto, por su presunción y ridiculeces, Miguel no +pagaba al cura su estimación; antes buscaba modo de reírse de él y +remedarle delante de los compañeros. Un suceso de poca monta vino a +aumentar este desprecio y a hacerle formar una idea más ruin aún de su +carácter. + +Ni los paseos ecuestres, ni otras medicinas que el médico le propinó, +consiguieron ponerle bueno. Iba decayendo de día en día y en poco estuvo +que se muriese; pero la providencia de Dios, que sin duda le reservaba +todavía para algo útil, quiso que, cuando menos lo pensaba, arrojase +algunas varas de solitaria. Averiguada con tal motivo la enfermedad que +le aquejaba, era fácil curarle, y en efecto, en poco tiempo se curó y +quedó tan bueno como antes. Así que se vio sano comenzó de nuevo a +bravear y hacer piernas esforzándose en levantar pesos enormes y +enseñando de nuevo los músculos del brazo. Pero no bastaba esto a sus +ánimos y a su presunción de varón atlético y gladiador: quería demostrar +alguna vez que estas fuerzas que el cielo le había concedido podían +utilizarse y dejar bien sentada en el colegio su fama de valiente y +esforzado. Había en el establecimiento un criado gallego, mozo de +veinticinco años a lo sumo, alto, grueso, fornido, del cual se contaba +entre los chicos que había levantado dos hombres con los dientes y otras +proezas; con éste determinó de habérselas nuestro capellán. Un día +descubrió que el gallego se había puesto sus botas para ir a paseo; no +quiso mejor ocasión, y ardiendo en cólera, le dijo a Miguel:--«¿Sabes +que el bribón de Manuel se puso ayer mis botas para irse a tunantear por +las tabernas?... ¡Pero no se ha de reír de mí ese jayanote indecente!... +Ahora vas a ver, barájoles.» Y le llamó desde su cuarto. Acudió Manuel; +el cura cerró la puerta y comenzó a recriminarle durísimamente; Manuel, +bajando la cabeza, se disculpó torpemente; mas el cura, en vez de +suavizarse con esta actitud humilde, siguió alzando el gallo cada vez +más, y concluyó por pasar a vías de hecho, dándole una tremenda +bofetada, que resonó en toda la casa. El pobre Manuel, avezado a llevar +palizas de cabos y sargentos cuando estaba en el servicio y penetrado +desde niño del profundo respeto que se debe a los sacerdotes, no se +movió y aguardó, escondiendo la cara, la granizada de mojicones y +puñadas que el cura le descargó. No bastaron a desarmarle ni la humildad +evangélica del gallego (que por cierto a levantar la mano le hubiera +deshecho), ni las súplicas de Miguel que presenciaba conmovido aquel +escándalo. Hasta que se cansó estuvo aporreando al infeliz criado, +dejándole con varios chichones en la cara y las narices ensangrentadas. +Esta conducta indignó a Miguel en alto grado, y lo que acabó de +desprestigiar al cura fue que, en vez de avergonzarse de haber pegado a +un hombre que no se defendía, aún se jactaba de ello el muy ruin.--«¿Has +visto, barájoles, has visto qué mocada tan gorda le asesté la primera? +¿Qué bien sonó, eh?... Pues aún fueron mejores las que le di por debajo, +en las narices, aunque no sonaban tanto... ¡Barájoles, ya le tenía yo +ganas a ese mastuerzo!... ¡que eche roncas ahora con sus dientes de +caimán!» + +Pero no se pasaron muchos días sin que el cielo vengara al pobre Manuel, +dejando a Miguel en extremo complacido, y fue del modo siguiente: +Salieron una tarde de paseo hacia la Moncloa todos los alumnos y +profesores, y cuando hubieron llegado a sitio a propósito, mandó el +director romper filas, y los chicos comenzaron, como ordinariamente, a +recrearse acompañados por sus maestros. Armose juego de peonza en un +paraje, en otro de salto, más allá de aro, y así se distribuyeron en un +instante todos; el coronel se puso, como siempre, a dibujar, copiando +del natural un carromato, y don Leandro se fue a un lugar apartado a +sonar la flauta acompañado solamente de tres o cuatro discípulos; +mientras el cura, que desde que había expulsado la solitaria andaba muy +galán y boyante, se divertía, tumbado en el suelo, en levantar a pulso +dos niños, uno en cada brazo. Mas cansado al fin de este ejercicio, se +levantó y comenzó a pasear buscando medio de utilizar nuevamente sus +músculos poderosos: y sin darse cuenta de ello, fue acercándose en +silencio al paraje donde tocaba la flauta D. Leandro. Una vez cerca de +él, no se le ocurrió nada más gracioso que agarrar por detrás al infeliz +preceptor, levantarle en alto y apretarle con todas sus +fuerzas:--«¡Suélteme, D. Juan, que me hace daño!»--gritó el tiple de San +Isidro medio asfixiado y pataleando. D. Juan se reía sin soltar. Pero +no contó con la huéspeda, la cual en esta ocasión fue Marroquín, quien +indignado de aquel acto brutal, o por ventura cediendo a la aversión que +le inspiraban todos los clérigos, acudió velozmente en auxilio de su +compañero, y sujetando a su vez al cura por la espalda, le apretó tanto +la cintura, que aquél se vio obligado, no solamente a dejar en paz a D. +Leandro, sino a pedir con voz quejumbrosa misericordia. Dejole al cabo +de un rato Marroquín, pero tan estropeado y maltrecho, que en vez de +reírse de la broma, comenzó a toser y a quejarse; la verdad es que +estaba muy pálido:--«¡Barájoles! esto pasa de broma, Sr. +Marroquín.--¿Pues no estaba V. haciendo lo mismo con D. Leandro?--Pero +yo no le apretaba con todas mis fuerzas, como V. ha hecho conmigo.» + +Los chicos se rieron del percance, hallando el castigo de Marroquín muy +en su lugar. En cambio, el cura se puso cada vez más hosco, y comenzó a +pasearse solo tosiendo y escupiendo a menudo y llevando la mano al bajo +vientre. Cuando llegó la hora de la cena, no probó bocado; los alumnos +se hacían guiños y contenían a duras penas la risa. Al tiempo de +acostarse, Miguel se vio obligado por más de media hora a oírle vomitar +injurias contra su mortal enemigo. Al fin concluyó diciendo:--«Por las +buenas, Miguel, ya sabes que no hay hombre mejor que yo... ¡Pero por las +malas, soy una fiera! Marroquín me las ha de pagar. Se figura, +barájoles, que porque soy clérigo no he de pedirle satisfacción... Se +equivoca... yo lo mismo visto los hábitos del sacerdote, que empuño la +espada del militar. Mañana hablaremos.» + +Durmiose, por último, en estas disposiciones belicosas, mientras Miguel +sonreía entre sábanas, pensando que todo quedaría en agua de cerrajas. +No fue así, sin embargo. Al día siguiente el cura continuaba taciturno y +encrespado, meditando feroces venganzas: el apretón del día anterior +hacía rebasar la copa, y sentía la necesidad de dar cualquier desahogo a +su odio. Mientras duraron las clases se mantuvo grave, y sosegado: +actitud digna del que piensa jugar la vida a las pocas horas: comió poco +y sin hablar palabra. Al llegar la noche comenzó a pasear, agitadamente, +por uno de los corredores. Poco rato después pasó por allí Marroquín que +iba al comedor a cenar: el cura le dejó cruzar a su lado sin saludarle; +pero cuando estaba a unos cuantos pasos de distancia, le llamó:--«Oiga +usted una palabra, Sr. Marroquín.»--Miguel, que estaba en acecho, vio +que Marroquín se volvía y el cura le hablaba al oído; el profesor +heterodoxo levantó la cabeza con sorpresa y se apresuró a decir en voz +bastante alta y nada pacífica:--«Cuando usted quiera.»--D. Juan volvió a +hablarle al oído, y tornaron a separarse. Miguel, interesado y afanoso +por saber el resultado de aquella aventura, no perdió de vista al cura +un instante: viole sentarse a la mesa y no probar apenas bocado. +Marroquín comió como si tal cosa. Concluida la cena, el cura subió a su +cuarto y se estuvo allí un ratito: después salió cautelosamente y subió +a la boardilla. Marroquín, que estaba paseando por el corredor y le vio +subir, no tardó en seguirle también sin hacer ruido. A entrambos los +siguió Miguel con más sigilo aún. Cerraron tras sí la puerta de la +boardilla; pero esta puerta, vieja y desvencijada, tenía tales rendijas, +que le permitieron a Miguel enterarse de lo que dentro ocurría: el cura +encendió un quinqué, que había sobre la mesa de la plancha, y acto +continuo se despojó de la sotana, y quedó en mangas de camisa hecho un +gladiador; y para que todavía la semejanza fuese más perfecta, +remangóselas, y lo mismo los pantalones. Marroquín se limitó a quitarse +el gorro y la levita. Todo se volvía ojos Miguel tratando de ver dónde +estaban las espadas a que el cura había aludido la noche anterior; pero +no parecían por ninguna parte. Y con gran sorpresa y desengaño, pues +estaba creído de que iba a presenciar una extraña y terrible aventura, +vio que los campeones se ponían a darse de morradas como mozos de +cuerda. El cura, que estaba espantosamente lívido, dijo con voz +ronca:--«Podemos empezar,»--y al instante arremetió con Marroquín, +dándole una granizada de puñetazos que, por precipitados y +descompuestos, no consiguieron aturdir al hirsuto profesor, el cual +echando dos pasos atrás, y alzando la mano, asestó al cura, en medio de +la cara, tan tremenda bofetada, que medio le volcó, y si no hubiera sido +por la mesa, en que tropezó, le hubiera volcado por entero. Y sin +aguardar a que el clérigo se repusiese, le alumbró una nueva, por el +otro lado, de tal manera que le puso derecho. El cura entonces se trabó +con él, cuerpo a cuerpo, procurando con todas sus fuerzas arrojarle al +suelo; pero Marroquín, sujetándole a su vez por el cuello y metiéndole +la cabeza debajo del brazo, principió a darle con el otro tan fieros +golpes en las narices, que el cura gritó con voz sofocada:--«¡Socorro; +que me matan!»--Miguel le dejó gritar un poco más, pues no le pesaba de +aquel merecido vapuleo, y sólo cuando vio que Marroquín persistía +incansable en solfearle, bajó a escape la escalera llamando al +inspector:--«D. Ruperto, creo que D. Juan y el Sr. Marroquín se están +pegando allá arriba en la guardilla.»--Subió el inspector a saltos y +halló al cura en un estado que daba lástima verlo: echando sangre por +las narices y los dientes. No quiso, sin embargo, que se diese parte al +director, ni se dijese nada en el colegio. Entre D. Ruperto y Miguel +lleváronle a su cuarto, le pusieron algunos paños de árnica, y le +dejaron acostado. Al día siguiente se quedó en la cama, porque tenía la +nariz muy hinchada y un ojo también. Miguel fue a hacerle compañía y +procuró consolarle del mejor modo que pudo con alguna piadosa lisonja. +Lo que más alivió la pesadumbre del vencido atleta fue oírle decir:--«V. +está malo, señor cura; pero Marroquín tampoco anda muy bueno... Tiene la +cara como un pan... Además, dicen que va a quedar resentido del +pecho.» + + + + +VIII + + +En los dos primeros años vino el asistente de su padre a sacarle todos +los domingos del colegio y llevarle a casa. El corazón le palpitaba de +alegría cuando el inspector le avisaba para que se vistiese el uniforme +y se preparase a salir. En casa, sin embargo, no le aguardaban grandes +recreos: comer con su padre, besar a su hermanita, retozar con los +criados en la cocina y salir a paseo en coche: y a cambio de estos +gustos, contemplar todo el día el rostro de su madrastra que cada vez le +parecía más aborrecible, y sufrir sus reprensiones y desdenes. Pero el +pobre chico apetecía con ansia el amor y los cuidados de la familia: +ante la bárbara indiferencia del colegio, el cariño y la consideración +que le testimoniaban los criados de su casa éranle sabrosos. + +Fácil es de suponer que la antipatía de la brigadiera no cedió nada +durante este tiempo; antes se fue recrudeciendo gradualmente, por más +que no tuviese tantas ocasiones como antes de mostrarla. Otro tanto +acaeció con Miguel: en su naturaleza impresionable fue echando raíces de +tal suerte, que apenas podía mirarla sin advertir que se le encendían +las mejillas y la cólera le roía el corazón. En ciertos momentos, cuando +se hallaba bajo el peso de algún nuevo agravio, volaba su imaginación en +alas de la cólera y se complacía en ir estudiando detenidamente todos +los tormentos de que había oído hablar, los que empleaba la Inquisición +con los herejes y los Emperadores romanos con los cristianos, y todos +ellos se los aplicaba con fruición a su madrastra. Al cabo sucedió lo +que era de esperar. Una tarde, al regresar del paseo con sus compañeros, +cruzando desde el Prado a la calle de Alcalá, se vieron obligados a +pararse por no ser atropellados de los carruajes. Los ojos de Miguel, +que estaba en primera fila aguardando el desfile, tropezaron con los de +su madrastra, que venía en carretela abierta. La brigadiera le hizo un +signo con la cabeza; pero el niño contestó clavando en ella una mirada +fría y apartando después los ojos con desdén. ¡Ay! la brigadiera llegó +a su casa en tal estado de exaltación, que los criados pensaron que se +había vuelto loca: hubo necesidad del frasco del éter, fricciones de +agua fría en las sienes y una cucharada del anti-espasmódico; al cabo de +media hora la irascible andaluza rompió a llorar perdidamente, +llamándose la mujer más infeliz de la tierra. La brigada toda padeció +durante quince días por causa de la grosería de Miguel; pero muy +particularmente su digno jefe, que tardó algunos meses en ver limpio de +nubarrones el cielo conyugal. Desde entonces el colegial no volvió a +pisar las escaleras de la casa, mal llamada de su padre, pues era de +todo en todo de su madrastra. + +No le pesó tanto a Miguel como era de presumir: por aquella época +comenzaban a estrecharse sus relaciones singulares con Petra, y los +domingos en que a la planchadora no le tocaba salir, pasaba la mayor +parte del tiempo en su grata compañía. Lo único que sintió positivamente +fue el verse privado de acariciar a su hermana, de la cual continuaba +siendo el gato predilecto. En cuanto a su padre, empezó a visitar con +más frecuencia que antes el colegio de la Merced: dos o tres veces por +semana le llamaban a la hora de recreo para decirle que su papá le +aguardaba en el salón, y al oírlo, volaba hacia allá con el corazón +henchido de alegría. El brigadier le recibía con los brazos abiertos y +le apretaba contra el pecho preguntándole después con sonrisa dulce y +triste:--«¿Cómo te va, hijo mío?»--Se enteraba minuciosamente de sus +estudios, de sus recreos, de sus faltas, de sus premios, de cuanto le +ocurría, en suma, y no se cansaba de recomendarle la formalidad y la +aplicación; casi nunca se marchaba sin dejarle algún regalo o dinero, +que no pocas veces pasaba íntegro a las manos de la gentil planchadora, +dueño absoluto de sus acciones y pensamientos. + +Miguel empezó a notar que el abrazo que su padre le daba al verle era +cada vez más prolongado, y la sonrisa con que le saludaba cada día más +dulce y más triste. El corazón le dijo que era muy desgraciado, y a +medida que lo era aumentaba el cariño que le profesaba. El brigadier +Rivera, que ostentaba en su pecho los días de besamanos la cruz laureada +de San Fernando, gemía en una esclavitud insoportable. La red en que la +soberbia andaluza le tenía aprisionado, era ya tan tupida, que el triste +no podía sacar un dedo fuera sin riesgo de provocar algún conflicto. +¡Quién sabe los esfuerzos y la habilidad que desplegaba, los peligros +que corría para lograr el ver tan a menudo a su hijo! Apagado el fuego +de la pasión amorosa que le había arrastrado a un segundo matrimonio, +padeciendo los vejámenes que éste trajo consigo, despertose en su +memoria la pura felicidad que había gozado con el primero y el recuerdo +de las virtudes de su infeliz esposa; el amor del hijo que le había +dejado, creció en su pecho con estas dulces memorias, y la común +desgracia que sobre ellos pesaba, contribuyó también a acalorar su +cariño. Al fin era su primogénito, el fruto deseado de sus primeros +amores, el depositario de su apellido y el único que podía trasmitirlo, +por cuanto de su esposa Ángela no tenía varón: todo se fue agregando en +favor del colegial. Además, su hija Julia se criaba con tanto mimo y +melindres, producía tales disturbios en la casa y originaba tantos +disgustos, que en medio del amor de padre, que no muere nunca, el +brigadier Rivera no podía menos de sentir hacia ella cierto leve rencor +que la desgracia de Miguel contribuía a sostener. Por eso su tremenda +esposa, al verle algunas veces salir de casa sin dar un beso a la niña, +le llamaba padre desnaturalizado. + +Los momentos de verdadera dicha para el brigadier eran aquellos en que +se encerraba con su hijo en el salón del colegio. Lejos de las miradas +del enemigo común, podía entregarse libremente a las expansiones del +afecto paternal, y se entregaba de buen grado. Teníale larguísimo rato +entre sus rodillas, mirándole fijamente con ojos aterradores para +cualquiera menos para Miguel, que ya sabía a qué atenerse; tirábale por +los cabellos suavemente, y a menudo le rozaba las mejillas con sus +feroces y encrespados bigotes. Algunas veces le montaba sobre los muslos +y se entregaba, sin saber por qué, a un movimiento vertiginoso de +caballo desbocado haciéndole saltar más de lo que el chico deseara. +Cuando el furioso corcel quedaba rendido y jadeante, nuestro colegial +veía a menudo deslizarse por el rostro de su padre una lágrima abultada +que se deshacía al llegar al bigote, después de lo cual, el bravo +brigadier apretaba a su hijo contra el pecho hasta descoyuntarlo, +murmurándole al oído palabras amorosas. Algunas veces solía +decirle:--«Tú no sabes, hijo mío, lo que te quiere tu padre; ya lo +sabrás, ya lo sabrás... ¡y a alguno le pesará!» añadía en tono triunfal. +Miguel no sabía lo que estas palabras significaban; pero veía sonreír a +su padre, y esto le ensanchaba el corazón. + +Un día aquél vino a noticiarle con tristeza que había pedido el cuartel +para Sevilla. Miguel comprendió inmediatamente que quien lo había pedido +era su madrastra. El brigadier le abrazó llorando y se despidió +repitiéndole al oído las mismas incomprensibles palabras: «¡Ya sabrás, +ya sabrás lo que te quiere tu padre!» La andaluza no quiso decirle +adiós, ni Miguel se humilló a solicitarlo. Desde Sevilla su padre le +escribía muy a menudo, y cada cinco o seis meses venía a hacerle una +visita; pero jamás intentó llevarle a pasar las vacaciones en su casa. +El pobre colegial, al llegar el mes de junio, veía partirse a todos sus +compañeros alegres como las golondrinas, y durante algunos días lloraba +a solas en su cuarto. Mas pronto se consolaba, que en su edad las penas +no abren surco profundo en el corazón, y aceptaba la vida monótona y +holgazana del colegio con gusto. + +Su respetable tío D. Bernardo Rivera venía a visitarle de vez en cuando, +y si él no podía hacerlo a causa de sus graves ocupaciones, comisionaba +al bueno de Hojeda, para que fuese en su nombre. Miguel prefería estas +visitas por representación. D. Facundo era un hombre corriente que le +enteraba de todo lo que ocurría por el mundo (el mundo de D. Facundo), +le traía siempre alguna golosina y se dejaba interrogar con la paciencia +de un santo. Por él supo que su prima Eulalia se casaba al fin con +Arturo Valle, el joven abolicionista que había conocido en casa de tío +Bernardo, quien había consentido en este matrimonio en vista de que +Valle iba templando un poco sus opiniones avanzadas y había renunciado a +los banquetes antiesclavistas. Pero como la naturaleza sensible de este +joven necesitaba algún tierno desahogo, sustituyó a los esclavos por los +niños, dedicando toda su actividad a la protección de estos seres +inocentes; fundó una sociedad para el efecto, e inauguró una serie de +banquetes que dieron mucho que decir a los periódicos; también escribió +algunos folletos acerca de «_la educación física intelectual y +sentimental de los niños_,» «_los juegos de la infancia_,» «_el trabajo +de los párvulos_,» etc., etc. D. Bernardo le dejó este recurso +inofensivo, aunque hubiera deseado más que se dedicase a los trabajos +del foro y a la resolución de otros problemas jurídicos de mayor +importancia. También supo por Hojeda (y esto le llenó de asombro), que +Lucía Población, aquella señorita rubia, tan dulce, tan poética, amiga +de su madrastra había dado su mano al coronel Bembo, ascendido hacía +poco tiempo a brigadier. En esto habían venido a parar aquellas largas +disertaciones acerca del amor, el ideal, los presentimientos y otras +reconditeces psíquicas que le había oído, aunque sin comprenderlas, +cuando iba a comer a casa; en casarse con un elefante. Su tío Manolo +venía también a verle; pero era muy caprichoso y desigual en sus +visitas; le daba una temporada por ir casi diariamente y sacarle a +menudo a paseo, violentando para ello la voluntad del director y las +prácticas del establecimiento; después se pasaba dos o tres meses sin +parecer por el colegio. + +Cuando Miguel se hizo bachiller, con la nota de sobresaliente en letras +y la de aprobado en ciencias, vino su padre de Sevilla, y tuvieron una +larga conferencia para tratar de la elección de carrera: el brigadier se +inclinaba a la de ingeniero; pero Miguel quiso ser abogado, y aquél no +se atrevió a contrariarle. Ofreciose después la cuestión de alojamiento; +en el colegio ya no podía permanecer; el brigadier pensó en la casa de +su hermano Bernardo; pero habiéndole tocado el asunto con delicadeza, +halló una acogida tan fría, quizá por la fama que Miguel tenía adquirida +de travieso, que le dejó muy ofendido, y jurando no volver a pedir jamás +un favor a su hermano. En Manuel no pensó, porque conocía demasiado su +género de vida, incompatible con los cuidados y la vigilancia que exige +un muchacho de diez y siete años. Al fin no tuvo más remedio que dejarlo +acomodado en una casa de huéspedes, modesta, pero decente, de la calle +de Jacometrezo. Antes de marchar le pronunció un sentido discurso acerca +de la necesidad de ser formal y estudioso, «siquiera porque _aquella_ no +me saque loco echándome todo el día a la cara tus travesuras.» + +Con esta etapa dio comienzo para nuestro mancebo un modo de vida +totalmente distinto del que hasta entonces había tenido. El goce +inefable de la independencia le embargó por algunos meses; entraba y +salía de casa cien veces al día, sin necesidad alguna, sólo para +convencerse de que era libre, dueño de sus acciones; tiraba de la +campanilla y se hacía traer vasos de agua sin tener sed; compró una +petaca y algunas libras de tabaco picado, y para aprender a hacer +cigarros, se ensayó, por consejo de un teniente de artillería que se +alojaba en la misma casa, haciéndolos con arenilla de la salvadera; +corría por las calles deteniéndose largo rato delante de los +escaparates, y gastaba el dinero alquilando por horas berlinas de punto; +entraba en los cafés y pedía copas de ron o cognac, sólo por enjuagarse +la boca, pues no podía atravesar los licores. Se enamoraba de cuantas +corbatas veía, y no pudiendo resistir a la tentación de comprarlas, +llegó pronto a poseer una colección asombrosa: después le dio por los +gemelos y trasladó a su cómoda toda una tienda de bisutería; después, +por las boquillas de espuma de mar. Últimamente se enfrascó en la +lectura de novelas: leía bueno y malo, cuanto caía en sus manos. + +En los primeros meses de curso asistió unas cuantas veces a la +Universidad: los profesores le aburrieron: usaban todos una jerga +filosófica que le parecía necia e incomprensible. Prefirió corretear por +Madrid en compañía del teniente de artillería y otros amigos, que no +tardó en adquirir, de los cuales fue al instante muy querido por su +genio abierto y simpático y su «buena sombra.» Su vida durante aquel +curso hay que confesar que no fue muy edificante. Su amigo íntimo y +compañero de colegio, Perico Mendoza, también comenzó cuando él la +carrera de derecho, pero con muy diversos auspicios. Desde la apertura +del curso no hubo estudiante más puntual ni más diligente; cargado +siempre de cuadernos camino de la Universidad, o metido en su cuarto +poniendo los apuntes en limpio; esta era su vida. Alojaba en una +modestísima posada de la Corredera baja de San Pablo, pagando nueve +reales al día. El pobre Brutandor, apesar de sus apellidos ilustres y +sonoros, estaba muy lejos de nadar en la opulencia. Su padre, según pudo +averiguar más adelante Miguel, era un cirujano de un pueblecillo de +Extremadura; la carrera se la costeaba un tío cura. Pero nada de esto +dejaba traslucir su exterior, siempre pulcro y aliñado. Había crecido y +engordado hasta convertirse en lo que el vulgo suele llamar «un real +mozo.» Su rostro, aunque sin expresión, no tenía nada de repulsivo; era +fresco, sonrosado, rebosando de salud y cercado por una patilla rubia y +precoz que le sentaba admirablemente. Lo único que afeaba aquella figura +hermosa e imponente, era cierta desproporción entre la cabeza y el +tronco: era un poco cabezudo. Miguel se había quedado pequeñito y +menudo: poseía en cambio una fisonomía expresiva y simpática, modales +sueltos y un modo de hablar tan agraciado, que cautivaba a cuantos le +trataban. Su temperamento inquieto se había modificado, o, por mejor +decir, había tomado otro sesgo, manifestándose ahora en su conversación, +siempre viva y salpicada de frases oportunas: para intimar con cualquier +persona le bastaba media hora. + +Pocos meses después de abierto el curso, se encontraron Miguel y Mendoza +en la calle. Aunque seguían siendo muy amigos, estaban algo alejados en +el trato, a consecuencia de la vida tan distinta que hacían; pues +mientras Mendoza asistía con puntualidad a las cátedras y pasaba muchas +horas en casa, el hijo del brigadier rodaba en compañía del teniente y +sus nuevos amigos por los cafés, teatros y otros sitios menos santos +todavía de la corte. Se saludaron con efusión y se contaron su vida. +Mendoza aconsejó a su amigo que fuese por la Universidad, porque era muy +fácil perder curso; los profesores tenían fama de severos; las +asignaturas eran largas y difíciles, y acostumbraban a apretar más a los +que no asistían a clase. Miguel se encogió de hombros, riose un poco de +la gravedad con que Mendoza le decía todas aquellas cosas, y prometió ir +a la Universidad y empezar a estudiar de firme. Después Brutandor le +habló con rubor de ciertos apuros económicos que a la sazón padecía. + +--En este momento--le dijo--iba pensando en ti y trataba de ir a +visitarte por si pudieras sacarme de este pilanco... Debo a la patrona +cerca de dos meses... + +--¿Qué dinero necesitas?--le preguntó Miguel en seguida. + +--Cuarenta duros. + +--Pues no los tengo; pero mañana se los pediré a mi tío con cualquier +pretexto, y te los daré... Pásate a la hora de comer por mi casa. + +Al día siguiente se pasó, en efecto, por la calle de Jacometrezo, y +Miguel le dio los cuarenta duros. + +Trascurrido algún tiempo, Mendoza volvió a visitarle y le pidió +veinticinco. Se encontraba en deuda con otra patrona, pues se había +mudado a la calle del Pez. Miguel volvió a abrir su bolsa y a +remediarle. Por fin, cierta noche en los últimos días de enero, +regresando Miguel a casa, le dijo el criado al entregarle la luz: + +--Señorito, en su cuarto está un joven que ha venido ya otras veces a +verle... Llegó en mangas de camisa y sin sombrero y me pidió por favor +que le dejase entrar a esperarle... No sé si habré hecho bien... Me dijo +que le había pasado una desgracia... + +Miguel, lleno de asombro, se dirigió a su habitación: al entrar oyó la +voz de Perico. + +--Buenas noches, Miguelito. + +Miró a todos los rincones del gabinete, y no vio a nadie. + +--Estoy aquí, en la alcoba. + +Miguel fue a allá y le encontró metido dentro de su cama. + +--¡Pero hombre!... + +--Perdóname... me hallaba medio desnudo y tenía mucho frío... + +--Pero ¿qué ha sido eso? + +--El patrón de la calle del Pez... Me quitó el baúl con la ropa, me +arrancó la levita que llevaba puesta, el sombrero, la corbata... y +después de darme unas cuantas bofetadas, me echó a la calle a las diez +de la noche... + +Dijo esto con la misma calma que si hablase de otro. Miguel le miró +estupefacto. + +--¿Y tú qué has hecho? + +--Venir aquí. + +--Ya lo veo, ¿pero antes no has devuelto ninguna de las bofetadas que te +han dado? + +--Ninguna. + +--¿Y para qué quieres entonces esas manazas que Dios te ha concedido? + +--Si le hubiera pegado, me llevarían a la cárcel. + +Miguel volvió a mirarle de hito en hito, y quitándose el sombrero con +afectado respeto, le dijo: + +--¡Oh, varón prudentísimo, yo te saludo! Aunque no esté bien averiguado +todavía si es mejor llevar bofetadas que ir a la cárcel, no puedo menos +de admirar tu profunda sabiduría... ¿Y por qué ha osado poner las manos +en tu rostro virginal y aligerarte tanto de ropa? + +Mendoza un poco amoscado contestó: + +--Porque le debía mes y medio de pupilaje. + +--¡Problema!--exclamó Miguel.--Si por adeudarle mes y medio de pupilaje +el patrón te ha dado quince bofetadas... ¿Fueron más o menos?... + +Mendoza, más amoscado y fruncido, no quiso contestar. + +--Pongamos quincé... Si hubieses llegado a deberle año y medio, ¿cuántas +bofetadas te hubiera dado? + +--Me parece que el lance no es para reírse. + +--Si no me río: es que soy muy aficionado, como sabes, a las +matemáticas. Pero vamos a otra cosa: ¿y por qué debías mes y medio en la +posada cuando no hace uno que te he dado veinticinco duros? + +Mendoza tampoco contestó. + +--Este problema te lo voy a resolver yo. Consiste en que tú, en vez de +pagar la posada, gastas todo el dinero en levitas, sombreros, guantes, +corbatas, etc., etc. Siempre has tenido la manía de ponerte muy +guapote... y sin consecuencias ulteriores, como no sea la de enseñarte +de balde por esas calles de Dios... Hasta ahora no te he visto +conquistar a nadie más que a la planchadora del colegio... + +Esto último se lo dijo en un tono más irritado, que podía achacarse muy +bien al recuerdo de su derrota. + +--¿Qué te propones saliendo a la calle tan perfilado? Que digan: «¡ahí +va un buen mozo!» Pues para tan flojo resultado, no merece la pena que +sacrifiques a tu familia, que pases tantos apuros y te expongas como hoy +a coger una pulmonía. + +Mendoza escuchó la reprensión sin impacientarse. La irritación de Miguel +pasó al instante. Llegándose a la cama, y tirándole cariñosamente de los +pelos, comenzó a decir riendo: + +--Animal, procura estrecharte un poco, y no ronques, porque voy a +acostarme contigo. ¡Qué honor para ti y para tu familia! ¿verdad?... +Pero has de ser modesto. Perico, ¡cuidado que lo propales por ahí! + +La consecuencia de todo fue que Brutandor se quedó definitivamente a +vivir con Miguel: éste pagaba un duro por su gabinete; el ama de la +casa, acomodándose los dos en él, rebajó el pupilaje a cuatro pesetas +cada uno; de las cuatro pesetas que le tocaban, quedó convenido entre +ambos que Mendoza pagaría diez reales y Miguel supliría los otros seis +en tanto que aquél no mejorase de fortuna. Mas aunque así se convino, lo +que acaeció fue que la mayor parte de los meses se vio necesitado el +hijo del brigadier a pagar íntegra o casi íntegra la cuenta de ambos. +Mendoza continuó perfilándose, como decía Miguel, a más y mejor; cuando +éste, encolerizado después de pagar la cuenta desahogaba con él su +bilis, ponía una cara tan compungida e inclinaba la frente con tanta +humildad, que la ira de su amigo disipábase como por encanto y concluía +por reírse y resarcirse del dinero que soltaba con algunos sarcasmos que +también resbalaban sobre la piel de Brutandor, sin lograr hacerle +cambiar de conducta. + +Los dos últimos meses Miguel asistió puntualmente a las clases, y se dio +tal atracón de estudiar, que obtuvo en los exámenes la nota de +sobresaliente en una asignatura, y la de notable en otras dos. Mendoza, +apesar de su constante aplicación y de sus voluminosos cuadernos de +apuntes, no consiguió más que la de bueno en las tres asignaturas. Por +más que esto le dejase un poco despechado, no lo manifestó; estaba +acostumbrado ya a ver a Miguel meterse en la cabeza los libros +rápidamente; por otra parte, el hijo del brigadier tenía la delicadeza +de no comentar el asunto de las notas y darle muy poca importancia. + +En el curso siguiente Miguel dejó la compañía del teniente y sus +disipados amigos y se aplicó de todas veras al estudio. Pronto adquirió +fama en la Universidad de buen estudiante, y más particularmente de +muchacho despejado e ingenioso. Comenzó a llamársele entre los +compañeros Riverita a causa de su figura exigua y también por su +carácter alegre y decidor. El suyo y el de Mendoza formaban contraste +notable, y quizá en esto consistiera aquella mutua simpatía que a +entrambos los tenía sujetos: mientras Miguel tenía a todas horas suelta +la llave de la conversación, a Mendoza había que sacarle las palabras +del cuerpo con tirabuzón. Si por casualidad aquél guardaba silencio, no +había miedo que éste lo turbase; horas enteras se pasarían sin +comunicarse nada. Muchas veces, después de comer, se sentaban ambos al +par de la chimenea; era el momento en que a Miguel le asaltaba la +melancolía; se acordaba de su padre, de la triste suerte que le había +cabido separado de él, viviendo sin familia hacía ya tantos años. Solía +permanecer callado y taciturno algún tiempo, durante el cual Mendoza le +seguía el humor y se mostraba más taciturno todavía, aunque sin motivo +alguno. Al fin, cuando los malos pensamientos de Miguel se disipaban, +rompía súbito el silencio poniéndose a cantar o a brincar, si es que no +se le ocurría alguna cosa para embromar a su amigo: + +--Oyes, Perico, ¿sabes lo que estoy observando? + +--¿Qué?--decía éste levantando los medio caídos párpados. + +--Que te suena la cabeza. + +Perico abría los ojos desmesuradamente sin comprender. + +--Sí; ya rato que la estoy oyendo sonar: hace _glu, glu_, como las ollas +cuando hierben... + +--¡Qué tonterías tienes, Miguel! + +--Te digo que sí, que te está sonando. ¡Milagro que tú no la oyes! + +Perico, entendiendo al fin la broma, se encerraba de nuevo en su +mutismo. + +Otras veces, cuando paseaban juntos por el Retiro y llevaban largo rato +sin despegar los labios, decía Miguel: + +--¿A que no sabes, Perico, para lo que me sirves tú en el paseo? + +--¿Para qué? + +--Para darme sombra. + +En efecto, Mendoza era tan alto y tan gordo, que la figurilla de Rivera +se resguardaba perfectamente detrás de él. + +--En resumidas cuentas, lo mismo me da caminar contigo por aquí que con +un árbol frondoso: eres tan fresco y tan sombrío como cualquiera del +Retiro. + +Y cuando algún amigo los tropezaba y les decía:--Siempre juntitos, +¿eh?--Miguel contestaba guiñando el ojo:--El que a buen árbol se arrima, +buena sombra le cobija. + +Perico ponía una cara muy indigesta y masticaba algunas palabras de +disgusto. + +Siguió aplicándose el hijo del brigadier al estudio del derecho, si bien +con cierta desigualdad: mientras en algunas asignaturas apretaba de +firme y llamaba poderosamente la atención del profesor y los compañeros, +otras las abandonaba casi por completo. Su padre le seguía visitando una +que otra vez y se mostraba en extremo complacido de su conducta y +aplicación: no tanto de su economía; fuese por motivo del gasto +suplementario que Mendoza le ocasionaba o por su propia prodigalidad, o +por ambas cosas a la vez, lo cierto es que gastaba bastante más de lo +que debiera. Cuando el brigadier se lo advertía suavemente, quedaba +algunas horas triste y pesaroso, formaba propósitos de enmienda; pero a +los pocos días olvidábase enteramente de ellos y seguía dando acometidas +crueles al bolsillo paterno. Pasaba las vacaciones en Madrid, o a todo +más se iba algunos días al Escorial en compañía de una familia conocida. +El brigadier, cuando llegaba el verano, le invitaba a irse con ellos a +un pueblecito de la costa donde solían pasar los meses de calor; pero +Miguel observaba tal vacilación y frialdad en este convite, que +comprendía perfectamente que no debía aceptarlo: su presencia en la casa +era ocasionada a muchos disgustos, y de ningún modo quería que su buen +padre padeciese ninguno por su causa. + +En el cuarto año de su carrera se hizo presentar como socio en el +Ateneo. Desde entonces fue asiduo discípulo de sus cátedras y tertuliano +de sus pasillos; mañana, tarde y noche, en todas las horas que las +clases le dejaban libre, se encerraba en el clásico establecimiento, +centro resplandeciente en aquella época de las ciencias y las letras; +ordinariamente pedía un libro y se enfrascaba en la lectura; en poco +tiempo se tragó un número considerable de volúmenes, versando casi todos +sobre estética y filosofía. Era el terror del bibliotecario, pues le +traía constantemente en ejercicio, encaramado sobre los armarios. Una +vez en posesión del libro apetecido, nuestro mancebo corría a sentarse +al lado de la chimenea y se dejaba tostar las pantorrillas, mientras el +cerebro navegaba por los mares ignotos de la metafísica; primero +faltaría el sol en su carrera, que nuestro estudiante en una de las +butacas de terciopelo carmesí del Ateneo. Al llegar el mes de octubre +empezaba éste a poblarse, y sus pasillos a rebosar de campeones +literatos y filósofos que noche y día se ejercitaban en el arte de la +discusión; no sin detrimento de los tímpanos de otros socios más +pacíficos. Al mismo tiempo se abrían la cátedras donde se explicaban las +materias más indispensables para la vida: los orígenes de los pueblos +semíticos; examen del código Gregoriano; el hombre en el terreno +terciario, etc., etc. En la sesión de ciencias morales se debatían +arduos e interesantes problemas: en la de literatura se leían versos tan +arduos, aunque menos interesantes. + +Una noche al levantarse la sesión, Miguel sintió que le tocaban en el +hombro; era Valle, el marido de su prima Eulalia, uno de los oradores +más importantes a la sazón, no sólo del Ateneo, sino también del +Congreso. Los años habían arrancado a su rostro aquel tinte afeminado y +poético de que hemos hecho mención y se lo habían dado más varonil, +trasformándolo en un hombre hermoso y distinguido; gastaba largos +bigotes, donde brillaba ya tal cual hebra de plata; vestía con refinada +elegancia y continuaba sonriendo con dulzura a cuanto le decían. Por lo +demás, hacía ya tiempo que era moderado, y de los más intransigentes; +había sido gobernador en varias provincias y diputado en dos +legislaturas. Desde algunos años antes, los niños a cuya protección +había dedicado tantos desvelos yacían abandonados a sus propias fuerzas, +lo mismo que los negritos. De aquella fervorosa manifestación de +entusiasmo democrático y tierna sensibilidad, sólo quedaban en las +librerías de viejo algunos residuos acusadores. En varias de ellas solía +verse todavía algún folleto abolicionista de Valle con su +correspondiente negrito aherrojado en la cubierta, las manos levantadas +al cielo en demanda de justicia. Ningún transeúnte le hacía caso, y era +más que probable que así se estuviese de rodillas hasta que fuese a +parar más tarde o más temprano al montón del papel inútil; el mismo +Valle, al cruzar por delante de él, solía apartar los ojos con +desprecio, no exento de rencor. El negrito auténtico, esto es, el de +carne y hueso que asistía a los banquetes abolicionistas, hacía ya +tiempo que había desaparecido de Madrid sin que nadie supiese dónde +había ido a parar: tal vez cansado y ahíto de las comidas sentimentales, +se hubiera marchado al África a reponer el estómago con los platos más +nutritivos de la cocina antropófaga. + +--Oyes, Miguel, ¿tienes noticia de tu familia?--le dijo con amable +entonación, pero rápidamente, como si le llamasen en otra parte y +tuviese muy poco tiempo que perder. + +--No señor; hace una porción de días que no tengo carta de papá; hoy le +he escrito otra vez... + +--Pues sé que está un poco enfermo. + +A Miguel le dio un brinco el corazón. + +--¿Ha habido carta? + +--Sí, ha habido carta. + +--¿Y cómo no me han escrito a mí? + +--No lo sé; lo que hay de cierto es que tu padre no está bueno, que es +un hombre, aunque no viejo, muy gastado por los achaques, y que debéis +estar prevenidos para cualquier suceso desagradable. + +Nuestro estudiante se sintió profundamente conmovido; guardó silencio un +instante y no queriendo preguntar más porque adivinaba vagamente que +algo terrible le querían comunicar, dijo únicamente: + +--Bien, mañana por la mañana tomaré el tren mixto. + +--Es inútil--repuso Valle, después de vacilar un poco.--Puesto que has +de saberlo, más vale que sea cuanto antes... Tu padre ya ha fallecido... +Vaya, resignación... y queda con Dios. Te ha mejorado en tercio y +quinto. Adiós. + +De este modo dulce y consolador recibió Miguel la noticia de la muerte +de su padre. Quedose algunos minutos clavado en el suelo lleno de +estupor, y por último, haciendo un esfuerzo, se dirigió con paso +vacilante a un departamento solitario y se dejó caer en un diván; metió +la cabeza entre las manos y sollozó largo rato, sin que nadie viniese a +acompañarle: solo el conserje, al dar una vuelta de inspección por la +sala, hallándole de aquella suerte, le preguntó con solicitud: + +--¿Qué es eso, D. Miguel? ¿llora V.? + +Cuando supo la causa se sentó a su lado y le prodigó los consuelos que +pudo. En el pasillo se discutía con gritos horrísonos la cuestión del +Syllabus. + + + + +IX + + +Pasados algunos días supo que, en efecto, su padre le había mejorado en +tercio y quinto, lo que constituía a su favor, teniendo presente que en +los últimos años el capital del brigadier se había mermado, una renta de +siete mil duros; supo también que su madrastra, en el frenesí de la +cólera intentaba ponerle pleito. Entonces se explicó perfectamente +aquella sonrisa triunfal del brigadier cuando al abrazarle en el colegio +de la Merced le decía: «¡Ya sabrás lo que te quiere tu padre... ya lo +sabrás!» El pleito, como era lógico, no pudo prosperar; la soberbia +madrastra se vio precisada a desistir, aunque guardando odio profundo, +no sólo a Miguel, sino a la memoria de su marido; éste se había vengado +cumplidamente de trece años de suplicio. + +El curador que en el testamento le dejaba era su tío Bernardo, elección +que le mortificó un poco, porque jamás había logrado simpatizar con él. +El temperamento inquieto y el espíritu sarcástico del sobrino se +compadecían muy mal con la gravedad y el sosiego y el perfecto +equilibrio intelectual y moral del tío. D. Bernardo le trataba con +afectado desdén, no concediendo importancia alguna a sus triunfos +universitarios; parecía decirle con el gesto, ya que no con la palabra: +«Apesar de esas notas y esos estudios filosóficos, nunca serás un hombre +respetable.» Sin embargo, en este desdén mezclábase un poquito de miedo, +el miedo que profesan generalmente los hombres sin ingenio a los que lo +tienen: estaba siempre en guardia, temiendo que Miguel le hiriese con +alguna de sus salidas habituales, y para evitarlo se mostraba con él más +serio y más reservado que con los demás. + +Por otra parte, se habían pasado ya bastantes días desde el +fallecimiento del brigadier, y el tío Bernardo sólo había ido a hacerle +una visita, y en ella no le habló de intereses, ni se dio por entendido +del cargo que la voluntad del finado le imponía. Miguel sospechó que no +tenía ganas de ser su tutor: lejos de disgustarle esta sospecha, le +causó verdadera alegría y se propuso verificarla pronto, y aun poner +todos los medios por convertirla en realidad. Una mañana salió de su +casa en dirección a la de su tío, dispuesto a tener con él una +conferencia y resolver de una vez el problema de la gestión de sus +intereses. D. Bernardo seguía viviendo en la casa de la calle del Prado, +de su propiedad. El criado, en vez de dejarle pasar buenamente, por +tratarse de un pariente tan cercano de los señores, le introdujo, como +siempre, ceremoniosamente en el salón, y le mandó esperar.--«Empieza la +comedia»--dijo Miguel para sí sonriendo. Y sin hacer caso del ruego del +lacayo, luego que éste se fue, salió del salón, y subiendo la escalera +interior, se fue derecho al cuarto de su primo Enrique. Era la única +persona con quien simpatizaba en la casa, si se exceptúa también su tía +Martina, a quien siempre había profesado sincero cariño. Enrique se +había preparado para tres o cuatro carreras especiales, y en ninguna +había logrado ingresar. Por último, y para tener siquiera alguna, se +decidió a entrar en la Academia de Infantería: a la hora presente era +alférez de este cuerpo, de reemplazo, sin vestir jamás el uniforme, que +le parecía ridículo, viviendo en la corte como un señorito rico, gozando +de todos los placeres y singularmente de los toros, que era su afición +predilecta, casi una manía. Los papás habían pasado muchos disgustos por +su causa: era la única nota que desafinaba en el concierto casero. Cada +vez que le traían a D. Bernardo la noticia de una nueva calaverada, de +un nuevo suspenso, se ponía a las puertas de la muerte, dejaba de comer, +de hablar, de fumar, y se pasaba dos o tres días dando paseos por el +corredor y lanzando de vez en cuando unos ayes sofocados, que +traspasaban el corazón de su fiel esposa doña Martina.--«Distráete, +hombre; no pienses más en ello: vas a enfermar, y primero eres tú que +él... Además, no todos los chicos han de ser modelos como Carlitos y +Vicente...» D. Bernardo no hacía caso de estas justas observaciones, y +sólo salía de su voluntario ostracismo cuando algún grave que hacer +venía dichosamente a embargar su atención. Por lo demás, Enrique +continuaba siendo el favorito de su madre, la cual, aunque no lo +confesaba ni a ella misma siquiera, porque lo consideraba como una +injusticia de marca, no podía menos de sentirse atraída hacia aquel hijo +que representaba en la casa, en aquella casa severa y reglamentada como +un convento, la alegría, la espontaneidad, la bondad franca y +campechana. Allá a la postre también D. Bernardo, sus hijos y su yerno +comprendieron que hasta desde el punto de vista estético hacía falta en +la familia quien representase la indisciplina, algo que formase +contraste y rompiese la monotonía de aquella vida correcta. En secreto, +cuando estaban en familia, murmuraban todos de él, le ponían como un +trapo, según la expresión vulgar, y esto no dejaba de ser también un +placer, o por lo menos, un pie socorrido de conversación: de vez en +cuando D. Bernardo le llevaba a su cuarto y le pronunciaba un largo +discurso para llamarle al orden y recordarle sus deberes naturales y +sociales, la dignidad del caballero, el decoro de la familia, etc., etc. +Pero si había alguna persona de fuera, al hablar de Enrique todos +sonreían alegremente, como diciendo: «No nos pregunten VV. por ese +calavera, ese aturdido. ¿Quién pone puertas al campo?» La tolerancia que +mostraban les hacía simpáticos, y al mismo tiempo prestaba más realce a +su conducta intachable. + +Carlitos había terminado la carrera de ingeniero de caminos y se +disponía a emprender la de ciencias. Fue constantemente el número uno de +su clase, y había escrito ya algunos artículos sobre mineralogía en una +revista científica. Continuaba siendo el sabio de la familia, con +beneplácito de todos. Vicente había pasado algunos años en Inglaterra, +estudiando no se sabía qué, probablemente los usos y costumbres de la +Gran Bretaña, hacia los cuales se sintió desde un principio tan +inclinado, que toda su vida vistió, comió, durmió, y hasta tosió a la +inglesa. Trajo además de allá, entre otra infinidad de manías, la de las +antigüedades, la cual fue muy del agrado de su padre, y contribuyó no +poco en adelante al esplendor y respetabilidad siempre creciente de la +familia. Compró en Inglaterra un número considerable de trastos viejos, +platos, tapices, y adornó la casa con ellos: además, con permiso de su +padre, todos los veranos daba una vueltecita por las provincias y +regresaba abundantemente provisto de objetos antiguos. La casa de esta +suerte llegó pronto a parecer un museo arqueológico: era cada vez más +sombría y más triste. Vicente consiguió también ejercer poderosa +influencia en ella, particularmente en lo que tocaba al orden y la +etiqueta: los criados considerábanle como su jefe inmediato, y hacia él +volvían los ojos siempre que iba a hacerse algo que no fuese la rutina +de todos los días. Doña Martina a cada instante le preguntaba:--Vicente, +¿dónde colocamos a Romillo? Vicente, ¿debe templarse el Burdeos? ¿Dónde +ponemos la estatua que han traído hoy? ¿A qué hora se sirve en Londres +ese licor que hemos recibido?--El mismo D. Bernardo, apesar de su no +discutida infalibilidad, no se desdeñaba alguna vez de consultarle en +asuntos de ceremonia; v. gr.: si había de visitar a D. Fulano o dejarle +simplemente una tarjeta; si debía aceptar la invitación a comer de D. +Mengano, etc., etc. Valle vivía también en la casa y tenía ya dos niñas +de tres y dos años respectivamente; se había adaptado tan admirablemente +al modo de ser de aquella familia, que parecía nacido y criado con +todos ellos; la misma pulcritud en el vestir, la misma afectada +cortesía, el mismo cuidado extremoso en no decir ni hacer nada de +particular, la misma gravedad y énfasis para expresar las cosas más +triviales. Aún en esto les sacaba ventaja: el antiguo abolicionista no +podía preguntar a un amigo la hora o lo que pensaba del tiempo, sin +llamarle aparte con cierto aparato de misterio: los que le veían, +siempre juzgaban que estaba tratando algún asunto muy serio y muy +escabroso. Apesar de esta adaptación, no había perdido importancia +alguna ni dentro ni fuera de la casa; al contrario, el matrimonio se la +había dado grande, y había contribuido no poco a que saliese elegido +diputado y a que gozase de respeto y consideración universales. Por otra +parte, en el hogar tenía su puesto señalado, su esfera de acción, y de +esta suerte no podía haber choques ni rivalidades: era el hombre +público, el estadista; como Carlitos era el sabio; Vicente, el maestro +de ceremonias; Enrique, el calavera, y D. Bernardo, el varón respetable +y respetado que esparcía su sombra protectora sobre todos. Eulalia +continuaba siendo la misma grave y árida persona que cuando hemos tenido +el honor de conocerla, un poco más grave y un poco más árida. El labio +inferior le colgaba con expresión más señalada aún de desprecio hacia +todas las cosas terrestres. De este general desprecio se salvaba, no +obstante, su marido, su padre y hermanos, exceptuando Enrique, y todos +los usos y costumbres de la buena sociedad, de las cuales era, como su +señor padre, fiel guardadora. La misma doña Martina, apesar de su gran +corazón y su espontaneidad, y de aquel temperamento franco y campechano +que Dios la diera, no había tenido más remedio que sucumbir y doblegarse +a la férrea etiqueta de la familia, haciéndose más seria, más comedida, +y perdiendo con ello mucho del atractivo que su carácter tenía para el +sobrino Miguel. + +Cuando éste penetró en el cuarto de Enrique, le halló afeitándose frente +a un espejo, tan preocupado y atento a su tarea, que no le vio ni oyó +los pasos. + +--Hola, Enriquillo, ¿cómo va? + +Enrique volvió asustado la cabeza. + +--Ah, ¿eres tú, Miguelito? Siéntate, hombre, me alegro mucho de verte +aquí. + +Miguel, en vez de obedecer, se puso a dar vueltas por el cuarto, +observando con semblante risueño cuanto en él había. Estaba lleno de +atributos taurómacos: sobre la puerta una cabeza disecada de toro; a los +lados unas moñas lujosas, con los colores caídos ya por el tiempo; por +las paredes algunos cromos, representando las distintas suertes del +toreo; una espada y una muleta formando trofeo. + +Miguel se detuvo frente a un par de banderillas simétricamente colocadas +debajo de la espada y la muleta. + +--La última vez que he estado aquí no tenías estas banderillas. + +--Me las ha regalado, no hace más que ocho días, Marmita... ya sabes... +Marmita--dijo, volviendo el rostro que rebosaba de orgullo y +satisfacción. + +--Sí, sí... ya sé... Marmita... cualquier bruto, vamos... + +Enrique se quedó repentinamente serio y triste. + +--Hombre, Marmita es un amigo... Además, hoy no hay quien ponga +banderillas como él en ninguna plaza de España... ¿Le has visto el +domingo? + +--No fui a los toros. + +--Pues chico te digo que en mi vida he visto colgarlas al quiebro de +aquel modo... ¡Como si no se hubiera movido, chico... lo mismo! La plaza +se vino abajo... ¡Era cosa de comérselo!... En el quinto toro puso otras +al relance, cuando menos se pensaba, que dejó pasmado a todo el mundo... +Sobre el mismo morrillo las dos... ¡Ni pintadas, chico!... La plaza se +vino abajo... + +--¿Pero no estaba en el suelo ya? + +--¿Cómo? + +--Sí, hombre, acabas de decirme que se vino abajo en el primer par. + +--¡Bueno, bueno!... tú siempre de guasita. + +Y dando la vuelta continuó afeitándose. + +--Pues hacía ya tiempo--dijo Miguel, después de dar otras cuantas +vueltas por la habitación--que echaba de menos aquí unas banderillas. Me +extrañaba que teniendo tantas cosas de toros, no hubiera por lo menos un +par. + +--¿Querrás creer, chico--repuso Enrique, dejándose engañar como muchas +veces por el tono serio que comunicaba Miguel a sus palabras,--que no se +me había ocurrido?... Cuando Marmita me las mandó, tuve un verdadero +alegrón... + +--Sí, sí, comprendo que habrá sido una de las más puras satisfacciones +de tu vida. + +Enrique volvió a mirarle serio y amoscado, y continuó afeitándose. Ya no +era su fisonomía enteramente la de un perro ratonero como de niño; había +mejorado un poco; no mucho; la mejoría principalmente consistía en que +andaba más limpio, sin mocos en las narices, ni repegones en las +mejillas; aquel pelo indómito había conseguido, a fuerza de pomadas y +cosméticos, domeñarlo, y lo llevaba aplastado sobre las sienes como los +chulos. Gastaba la barba cerrada, pero en aquel momento la estaba +modificando, dejándose unas patillas de picador muy cucas. Así que hubo +acabado esta operación, se volvió hacia Miguel un poco avergonzado; mas +como éste le dijese que estaba muy bien y que había ganado bastante con +aquel cambio, se puso en seguida de un humor excelente, abrazó a su +primo cordialmente, le dio un puñado de tabacos habanos, y comenzó a +charlar de cosas alegres. + +--¡Lástima, Miguelillo, que no tengas afición a los toros!--le dijo +cortando repentinamente el hilo de la conversación y mirándole fijamente +con ojos compasivos.--¡Si vieras qué buenos ratos se pasan! + +--Si suprimiesen la suerte de las picas, iría con gusto--dijo Miguel con +deseo de complacer a su primo, soltando una bocanada de humo. + +--¡No digas eso, Miguel, por Dios! ¿Tú no sabes que sin picas no puede +haber toros? + +--¿Pues? + +--Porque irían enteritos a la muerte y quedaría todos los días algún +diestro sobre la plaza. + +--Debían defender los caballos, al menos, para que no anduvieran las +tripas rodando por el suelo. + +--¡Ese es otro error!--exclamó Enrique, a quien la discusión interesaba +extremadamente.--Los caballos no pueden defenderse, porque si el toro no +hallase donde cebarse y tirase siempre los derrotes al aire, concluiría +por huirse, como es natural, y no se podría lidiar en las otras suertes. +Los que no sois aficionados, siempre empleáis los mismos argumentos, +¡los caballos!... ¡las tripas!... Si atendieseis a la lidia, no +repararíais en esas menudencias... pero, ¡claro está! no sabéis lo que +está pasando, no os ocupáis de estudiar el toro, os aburrís, y vais a +mirar allá al otro extremo de la plaza a ver si a algún caballo se le ha +salido el mondongo... Y en último resultado, ¿qué? ¡No parece más que no +habéis visto nunca las tripas de un animal! ¿No os coméis todos los días +el chorizo en el cocido? + +Miguel, que fumaba tranquilamente en una butaca sin atender a lo que su +primo decía, preguntó en tono distraído: + +--¿Pero no habría algún medio de sustituir esa suerte de picas? + +--¡Ninguno!--gritó Enrique.--¡Absolutamente ninguno! + +--Bien, hombre, bien; no te enfurezcas. + +--¿Te figuras que los toros son una cosa de ayer mañana?... Todo lo que +se refiere a los toros está muy pensado... ¡muy calculado!... Los que no +entienden una palabra, ven correr al toro detrás de los toreros, y nada +más; pero los que han estudiado algo, saben la razón de todos los +movimientos que se ejecutan en la plaza... + +--Pues entonces--dijo Miguel seria y pausadamente soltando otra bocanada +de humo,--te anuncio que cuando sea ministro de la Gobernación, tendré +el honor de suprimir las corridas de toros. + +Enrique le echó una mirada torva. + +--¡Ya se librará ningún ministro de la Gobernación de suprimir los +toros! + +--¿Y dónde está tu padre ahora?--dijo Miguel levantándose. + +La fisonomía de Enrique volvió a adquirir repentinamente su habitual +expresión de bondad e inocencia. + +--Me parece que no ha salido esta mañana. ¿Quieres verle? + +--Sí, tengo que hablar con él. + +--Vamos allá. + +Y poniéndose apresuradamente una chaqueta, sin haberse metido aún el +chaleco, condujo a su primo por los corredores hasta cerca del cuarto de +su padre. Allí vaciló un poco, porque seguía profesando a aquella +habitación el mismo respeto que cuando niño. + +--Raimundo--dijo, viendo a un criado pasar,--entra en el cuarto de papá +y pregúntale si puede recibir al señorito Miguel, que desea hablarle. + +El criado tardó un rato en salir con la respuesta afirmativa. Miguel +entró solo. + +Estaba el tío Bernardo sentado en su poltrona, leyendo los periódicos +con la misma expresión de hostilidad con que siempre había acogido todas +las ideas expresadas por escrito. Había envejecido bastante: la calva, +ya dilatada, se la cubría un gorro de terciopelo morado; más flaco y +más pálido; el bigote canoso había quedado reducido, merced al lento +pero continuado trabajo de la navaja, por entrambos lados, a una motita +debajo de la nariz. + +--Buenos días, tío, ¿cómo sigue V.? + +--Hola, Miguel: bien, ¿y tú?--respondió D. Bernardo sin apartar la vista +del periódico. + +--De salud, bien. + +--¿Te vas resignando?--le preguntó, siempre con la vista fija en el +periódico y con un tono ligero que hirió vivamente a Miguel. + +--No, señor--contestó éste un poco picado. + +D. Bernardo se dignó levantar la vista hacia él manifestando sorpresa; +tornó a bajarla y dijo en voz baja y cavernosa: + +--Pues no adelantarás nada con atormentarte; hay que someterse a la +voluntad de Dios. + +--Yo me someto a la fuerza. Resignarse y someterse tranquilamente lo +hacen los que no sienten con intensidad las desgracias. + +--Supongo que no querrás decirme que yo no he sentido profundamente a tu +padre. + +--Debo creer que V. lo ha sentido mucho, porque era un modelo de padres, +de hermanos y de caballeros. + +--Así es, y te aconsejo que lo imites siempre. + +--Hago lo que puedo; por de pronto le lloro mucho, como él me lloraría. + +--No juzgo que deben condenarse las lágrimas en absoluto; pero me +parecen más propias de las mujeres que de los hombres. Te aconsejo +entereza para soportar esta prueba terrible. Pasados ya los primeros +días, es absurdo seguir entregado al dolor, y precisa darse cuenta +exacta de su situación y pensar en lo porvenir. + +--A eso venía precisamente; a tratar con V. la cuestión de intereses. + +Casi todas las conversaciones entre tío y sobrino desde hacía algún +tiempo, tomaban este tono un si es no es picante. Miguel era díscolo, y +cada día iba formando una idea más pobre de las dotes intelectuales del +tío Bernardo. Este, si no despreciaba a su sobrino en el fondo, +aborrecía su carácter y le tenía miedo. Ambos se hallaban perfectamente +convencidos de esta antipatía y procuraban demostrársela con más o menos +disimulo. La conversación que sobre intereses entablaron no fue larga: +desde los primeros momentos comprendió Miguel que su tío no deseaba +hacerse cargo de la curaduría, y grandemente satisfecho, aunque +ocultándolo lo mejor que pudo, le facilitó el camino para zafarse de +ella. + +--Sí, tío, sí; comprendo perfectamente que las graves ocupaciones que V. +tiene en su vida pública y privada no le permitirán dedicarse al arreglo +de mis negocios con la atención que V. quisiera... Yo lo siento +muchísimo... pero más vale que desde el principio hablemos claro... + +--Por mi parte estoy dispuesto a cumplir en un todo la voluntad del +finado; bien lo sabes... Pero temo que apesar de sacrificar otros +quehaceres... + +--Nada, no hablemos más de eso. Como en el testamento se señala, en +defecto de V., a tío Manolo, que él se encargue, ya que está desocupado. + +D. Bernardo sonrió irónicamente al escuchar el nombre de su hermano. + +--Sí; él bien puede encargarse; los quehaceres no le matan. + +Con la solución dada al asunto, ambos se habían puesto de buen humor; la +plática fue en adelante más expansiva y afable. D. Bernardo invitó a su +sobrino a almorzar, y éste aceptó sin que se lo rogase. + +Cuando bajaron al comedor, estaba ya reunida la familia. Como era +costumbre, todos aguardaban en pie al jefe de ella, quien después de +saludarles grave y cortésmente, se sentó y les invitó a sentarse con un +ademán tan imponente y señorial, que Miguel no pudo menos de sonreír. +Nadie más que él sonrió: los demás, incluso Valle, que era ya un +personaje político, aceptaban aquella severa etiqueta, persuadidos de +que practicándola, se alejaban del vulgo y ganaban en prestigio y +respetabilidad. Miguel, exagerando un poco el desdén que le inspiraba +tal farsa, decía para sí:--«¡Pero, señor, esta es una familia de +sainete!» Durante el almuerzo se habló de varios asuntos políticos y +domésticos, pero siempre con el mayor orden, sin que bajo ningún +pretexto se quitasen la palabra unos a otros; después que todos +expresaban su opinión, D. Bernardo solía resumir y dar la suya, y en su +defecto, lo hacía Valle, como segunda persona de la casa. Casi siempre +coincidían todos en el modo de ver las cosas; cuando así no era, se +mostraban tal deferencia los unos a los otros para contradecirse, que +concluían por estar conformes. Alzar la voz para discutir se consideraba +allí como la manifestación más acabada del mal gusto; sólo en las +tabernas se disputaba a gritos. A veces había también sus rasgos de +ironía, sus chistes; Carlitos y Valle se autorizaban algunos; entonces +todos sonreían con benevolencia y hasta se reía suave y discretamente, +nunca con fuertes o sonoras carcajadas. En casi todos los asuntos que en +la mesa se trataban, manifestábase claramente el desdén que la mayor +parte de las cosas y personas inspiraba a aquella privilegiada familia, +y el íntimo convencimiento que todos profesaban de su indiscutible +superioridad. Esta superioridad era el dogma de la casa. + +Enrique tomaba muy pocas veces parte en la conversación; no se +consideraba a la altura de sus hermanos, conocía su genio sulfúrico y +temía desafinar. Desde que se sentaron a la mesa, la transformación que +acababa de operar en su rostro había llamado la atención de todos, hasta +de su padre, que no se dignaba reparar sino en muy contadas cosas: +habíale dirigido durante el almuerzo cuatro o cinco miradas largas y +escrutadoras, y él, por no soportarlas, bajaba la vista y se hacía el +distraído; estaba avergonzado, y hubiera dado cualquier cosa por ponerse +de nuevo los pelos que se había quitado. Nadie se atrevió, sin embargo, +a hablarle de ellos. Cuando concluyeron de almorzar se procedió a hacer +el café sobre la misma mesa, tarea en que de antiguo se placía la +familia de Rivera, y a la cual concedía extremada importancia. En esta +ocasión, la importancia era mucho más grande porque se trataba de +ensayar una nueva maquinilla que Carlitos había encargado a París. Todos +se prepararon con ansiedad a ver funcionar el aparato. Carlitos se había +encargado de armarlo; desgraciadamente, apesar de su reconocido talento +mecánico, no había logrado encajar algunas piezas en su verdadero sitio; +el café salió tan revuelto y malo, que fue imposible atravesarlo. +Entonces se produjo en la familia de Rivera un movimiento de sorpresa +dolorosa; pero nadie osó dirigir cargo alguno al causante de la +desgracia; sólo por medio de rodeos y perífrasis, Valle declaró que el +café pudiera estar más claro aún, lo cual no sabía si debiera achacarse +a la calidad del mismo café, a la deficiencia del aparato o a alguna +ligera imperfección en la manera de armarlo. D. Bernardo tosió dos o +tres veces, lo cual indicaba siempre que iba a decir algo, y era la +señal preventiva para que todo el mundo se callase. En efecto, guardaron +silencio. + +--Para que sepamos cuál es la causa de lo que ha ocurrido, y si Arturo +ha acertado en alguna de las diversas indicaciones que acaba de hacer, +precisa, ante todo, que se lave el aparato, se le desarme y lo volvamos +a armar con detenimiento.... A ver, Raimundo, llévate esa máquina, que +se lave bien, y después de secarla, la traes. + +Mientras Raimundo estuvo por allá, apenas se habló en la mesa, como si +estuvieran todos bajo el peso de alguna grave preocupación: se esperaba +su vuelta con mal disimulada impaciencia. Cuando llegó y dejó de nuevo +el aparato sobre la mesa, los ojos se volvieron anhelantes hacia el jefe +de la familia, quien, después de toser otras dos o tres veces, dijo +solemnemente, dirigiéndose a su hijo Carlos: + +--Carlitos, ten la bondad de desarmar el aparato, a fin de que sepamos, +si es posible, dónde reside la falta. + +Carlitos se apresuró a tomar la máquina, y con mano un poco temblorosa, +comenzó a desarmarla, bajo la mirada fija y atenta de su familia. Según +iba sacando las piezas, dejábalas esparcidas a granel sobre la mesa. + +--¡Alto allá!--exclamó D. Bernardo extendiendo las manos.--Las distintas +piezas no pueden ni deben dejarse de este modo confundidas, +exponiéndonos a que después no sepamos para qué sirven. Coloquémoslas +ordenadamente, a derecha e izquierda, según vayan saliendo, y no habrá +más tarde dificultades. + +Carlitos comenzó a alargar las piezas a su padre, y éste a colocarlas en +diversos parajes de la mesa, no sin vacilar antes algún tiempo y pensar +bien el pro y el contra de cada sitio. + +--Esta tapadera de cristal la colocaremos aquí junto a Eulalia, ¿no es +eso?... El recipiente superior lo pondremos delante de Vicente, ¿qué +tal?... Bien; queda colocado... acordarse bien... queda colocado delante +de Vicente... El pasador aquí a mi derecha... no olvidarse... El +recipiente de la leche, ¿dónde colocaremos el recipiente de la leche?... +Aguárdate un instante, hombre... lo colocaremos, si no os parece mal, +aquí delante de Arturo... acordarse bien, delante de Arturo... + +Una vez desarmado el aparato, Carlos principió a encajar de nuevo unas +piezas con otras, con seguridad y desembarazo, como el que conoce bien +el terreno que pisa. Su padre, no obstante, a quien disgustaba siempre +la prisa, le atajó en seguida. + +--Alto ahí, Carlos; eso no es resolver la dificultad... Hay que tomar +las cosas con más calma; si no, obtendremos el mismo resultado. Antes de +proceder a la colocación de una pieza cualquiera, es necesario +cerciorarse si la anterior está bien colocada; esto es, si ajusta +perfectamente con la otra... Nada de precipitarse... ¿A qué conduce la +prisa?... ¿No tenemos sobrado tiempo?... Caminemos con cautela... ¿No es +eso?... + +D. Bernardo echó una mirada en torno buscando la aprobación, que todos +le concedieron sin vacilar. Después, tosió dos o tres veces, en +testimonio de hallarse satisfecho. + +Apesar de la cautela y del espacio que Carlitos se tomó para armar la +máquina, y a despecho de los graves y sensatos consejos que su padre le +iba dando, y que él respetuosamente seguía, cuando de nuevo se hizo el +café, salió tan malo como la vez anterior. Fue necesario apelar a la +antigua maquinilla. La familia tomó el café pensativa y silenciosa. +Miguel se puso a jugar con sus sobrinitas, las niñas de Eulalia. D. +Bernardo se levantó al fin de la mesa, encendiendo un cigarro habano. +Aunque su continente era frío y grave, como siempre, adivinábase que no +estaba de buen humor: el negocio del café le había excitado un poco la +bilis. Antes de salir se volvió hacia Enrique, que aún continuaba +sentado, y le dijo severamente: + +--¿Por qué te has dejado esas ridículas patillas de torero? + +--Me estorbaba la barba--contestó el alférez humildemente, un poco +ruborizado. + +--Y porque la barba te estorbase, ¿había razón para poner la cara como +la de un chulo o un chispero?... ¿No sabes que eres hijo de una familia +respetable, y que debes imitar a las personas decentes, lo mismo +interior que exteriormente?... A ver si te quitas inmediatamente esos +adornos... ¡No quiero chulos o picadores en mi casa!... Tiempo hace que +me estás disgustando con tus groseras inclinaciones... Ya sé que tienes +por amigos a unos cuantos toreros o granujas de la calle, olvidando lo +que debes a tu familia y lo que debes a ti mismo... que no tienes otros +placeres, que ver encerrar y apartar los toros... Me hiere profundamente +tener un hijo tan insensato... ¿De dónde has sacado esas aficiones?... +¿No ves a tus hermanos, de quien nadie tuvo que decir jamás una +palabra?... + +Hizo aquí una pausa larga el irritado señor de Rivera, y dijo después en +tono perentorio, saliendo del comedor: + +--¡Que no te vuelva a ver esas patillas! + +Enrique recibió la reprensión de malísimo talante, con los codos +apoyados en la mesa y la cabeza metida entre las manos en señal de +protesta. Cuando su padre volvió las espaldas y estaba un poco lejos, +dejó repentinamente aquella postura, y agitando frente a él los puños +con frenesí, exclamó con voz sofocada a fin de que no le oyese: + +--¡En mi cara mando yo! + +Todos guardaron silencio, incluso doña Martina, ante la cólera del +alférez. Sólo Eulalia se atrevió a decir solemnemente: + +--Eso, Enrique, está muy mal hecho: papá tiene razón... + +No pudo concluir: su hermano se le echó encima convertido en basilisco. + +--¡Ya me extrañaba a mí que tú no metieses la cucharada! ¿Quién te pide +a ti consejo, ni qué se me da a mí que tú lo encuentres malo o bueno?... +¡Es decir, que mamá se calla, y que esta tontuela ¡mentecata! se ha de +meter siempre en mis cosas!... Yo hago lo que me parece; ¿sabes?... Me +dejo las patillas o me las quito; ¿sabes?... Y tú te callas; ¿sabes?... + +Nadie protestó; el mismo Valle, que era a quien correspondía poner +correctivo a aquellas palabras, se las tragó; el alférez pudo seguir +gritando cuanto quiso. + +--¿Sabes--le dijo Miguel cuando estuvieron solos en el cuarto--que no es +precisamente la dulzura lo que te caracteriza cuando tienes que +dirigirte a tu hermana? + +Enrique encogió los hombros en señal de desprecio. + + + + +X + + +El hotel de Puerto Rico, donde tío Manolo se alojaba, no era, en +realidad, más que una mediana casa de huéspedes. Nada de cuanto +caracteriza a los hoteles se encontraba en él; ni movimiento de criados, +ni entrada y salida de viajeros y equipajes, ni ruido de ninguna clase. +Lo único en que remedaba un poco la manera de ser de aquellos +establecimientos, era en los números pintados (con tinta de escribir) +sobre la puerta de los cuartos y en los impresos con la cuenta que a fin +de mes repartía una criada entre los huéspedes. Por lo demás, éstos eran +fijos y no pasaban mucho de una docena. Entre ellos, el más antiguo un +Marqués diplomático retirado del servicio hacía veinte años, seco, +avellanado, fruncido, sin pizca de dientes y enteramente sordo +(soltero). Otro de los que llevaban más tiempo en la casa, era un mayor +del Consejo de Estado, buen mozo, muy dado al aseo y a los perfumes, +gastrónomo, abonado perpetuo a la ópera, animal dañino entre el bello +sexo, disimulando sus cuarenta y cinco años con arte diabólico +(soltero). Un ex-diputado carlista aniquilado por el reuma, viviendo de +sus rentas, pasando los días húmedos en la cama, los secos en el café de +la esquina, jugando al dominó, entrado ya en días, gran narrador de +cuentos verdes, silencioso en todos los demás asuntos, hombre dulce y +servicial (separado de su mujer). Un oficial de marina, joven, terrible +discutidor de cuantos problemas o cuestiones se suscitasen, por +especiales y técnicos que fuesen; todo lo sabía, todo lo analizaba, los +asuntos religiosos como los financieros, lo perteneciente al orden +físico y lo que tocaba al espiritual; con todo eso, hablaba poco de +barcos; asistía invariablemente a los estrenos de los dramas, y emitía +su opinión a gritos en los pasillos de los teatros, y después, en la +mesa de la fonda (soltero). Este oficial constituía el tormento y la +penitencia de un médico anciano que ya no ejercía, y que también se +hospedaba en el hotel; hombre ilustrado y meticuloso, que jamás +aventuraba una opinión sin haberla meditado con gran espacio. Vivía allí +disfrutando de un capital que había juntado en su larga carrera +profesional, procurándose, con escrúpulos de monja, cuantos goces +higiénicos, cuantos cuidados y regalos puede inventar una imaginación +experta y dedicada exclusivamente a tan grata tarea; los razonamientos, +o por mejor decir, la charla insustancial del oficial de marina, le +ponía fuera de sí, le alteraba la bilis, era su única cruz en esta vida. + +--¡Pero, hombre de Dios! ¿Sabe V. por ventura obstetricia? + +--¡A mí qué me importa la obstetricia! Lo que le sé a V. decir, es que +una mujer puede concebir de un animal, y que está probado. + +--¡Cómo ha de estar probado semejante disparate! + +--Dispénseme V., D. Agustín, dispénseme V.; no es un disparate, ni mucho +menos. Hay un médico alemán llamado Grotte... + +--No conozco semejante médico. + +--Usted no lo conocerá; pero el que V. no lo conozca, no prueba nada... +Digo, que Grotte, que es el médico de más reputación que existe en +Alemania, y que ha escrito infinidad de libros, afirma terminantemente +que una mujer puede concebir de un mono, y hasta de un perro... + +--¡Jesús, qué barbaridad! ¡No estará mal mono sabio ese señor Grotte! + +--¡Dispénseme V., D. Agustín; dispénseme V.! Grotte goza de reputación +europea, es miembro honorario de la Academia de Ciencias de Berlín y de +la de París, director de uno de los hospitales más importantes, médico +del Emperador... + +A D. Agustín le retozaban las ganas de decir: «¡Todo eso es una patraña, +y V. un mentecato sin pizca de sentido común!» Pero se contenía por +educación, y cortaba las discusiones diciendo en tono sarcástico preñado +de cólera: + +--Bueno, hombre, bueno; tiene V. razón... V. lo sabe todo... Conoce V. +la fisiología, la anatomía, la obstetricia... para eso es V. marino... +Yo no sé una palabra de esas cosas... para eso soy médico... Nada, nada, +tiene V. razón... dejemos eso. + +Estas retenciones de bilis le producían a don Agustín algunos disturbios +en el estómago; estuvo tentado algunas veces a dejar la casa, pero le +dolía en el alma abandonar un gabinete muy gentil al mediodía, que él +había amueblado con particular esmero. Nuestro D. Manuel Rivera, por sus +prendas personales, por sus relaciones con la alta sociedad madrileña y +por los años que llevaba en la casa, representaba también papel +principal en ella. + +Los demás huéspedes eran figuras secundarias, que presenciaban riendo +las disputas de la mesa redonda, aventurando pocas veces su opinión y +aceptando resignadamente la oligarquía de los seis que hemos enumerado, +los cuales gobernaban la fonda a su talante, dictando al cocinero los +platos y al dueño las horas de las comidas; los criados, que se +renovaban a menudo, poníanse muy pronto al tanto de la existencia de +este primer estamento, y empezaban a servir siempre por aquella parte de +la mesa en que se situaba, lo que hacía montar en cólera a una señora +viuda, ajamonada, que en las discusiones daba siempre la razón al +oficial de marina. + +Cuando éste comía en casa, era sabido que habría gran calor en la mesa, +mucho ruido, gritos desaforados: el dueño de la fonda, el cocinero y el +pinche, cuando la algazara subía de punto, asomaban disimuladamente las +narices por la puerta un poco asustados; mas al instante se +tranquilizaban oyendo palabras que no comprendían, y se retiraban de +nuevo a la cocina. Pero el oficial comía con frecuencia fuera de casa; +entonces la mesa redonda languidecía, quedaba sumida en un letargo +triste y silencioso; se oía el ruido de los platos y el de las +mandíbulas; el mayor del Consejo de Estado era el encargado de animar la +escena, y lo hacía llamando la atención del Marqués, que comía +abstraído, y dándole siempre la misma broma: el diplomático había +prestado cinco duros a un tunante llamado Laguna, que vivía del juego y +la estafa, y como es natural, no había vuelto a echarle la vista encima. + +--D. Lorenzooo--gritaba el atusado mayor. + +D. Lorenzo seguía comiendo tranquilamente. + +--D. Lorenzoooo--tornaba a gritar. + +--¿Cómo?--decía aquél levantando la cabeza y poniendo la mano por detrás +de la oreja. + +--Que hoy he visto a Lagunaaa. + +--¡Hum!--gruñía el viejo bajando de nuevo la cabeza y dándose ya por +enterado de la broma. + +--Me ha dicho, que es V. una persona muy simpáticaaa. + +--¿Sí, eh?--refunfuñaba D. Lorenzo sin levantar la vista. + +--Muchooo... y que probablemente vendrá un día de estos a hacerle a V. +una visitaaa. + +Esta noticia producía siempre risa entre los comensales, que estaban +perfectamente enterados de todo. + +--No lo creo. + +--Pues créalo V.; está muy agradecidooo. + +--Eso sí lo creo--murmuraba con sorna. + +--Dice, que a ninguna persona pedirá él cinco duros con más libertad que +a V... en caso de necesidaaad. + +--¡Hum! + +--Que ha sido V. para él un padre... + +--¡Ya, ya! + +--Me ha preguntado qué formalidades se exigían para la adopcióoon... +Desea que V. le declare hijo adoptivo. + +--Mejor sería hijo pródigo. + +La ocurrencia levantaba algazara en la mesa. El mayor volvía a la carga. + +--¿Cuánto piensa V. darle para sus gastos particulares cuando sea su +hijooo? + +--Nada... le dejaré letra abierta en todas las tabernas y _chamizos_. + +--Eso está bien; ¿pero y los gastos imprevistos? + +--Habiendo aguardiente de Chinchón, está todo previsto... + +El Marqués hablaba pausadamente, dejando trascurrir un espacio regular +entre la pregunta y la respuesta; de este modo, su ironía causaba más +efecto. Y la broma se prolongaba al través de la comida con grandes +intervalos de silencio. Al día siguiente, si el marino no llegaba a +sazonarla con alguna discusión científica o literaria, se repetía la +vaya con leves variantes: los comensales encontraban muy donoso al +mayor, y cuando se descuidaba en embromar al Marqués, le guiñaban el ojo +excitándole a hacerlo; la charla del marino los mareaba y aburría un +poco; pero siempre se encontraban dispuestos a confesar su talento y sus +conocimientos poco comunes. + +Desde la última vez que le vimos, D. Manuel Rivera había envejecido +bastante en realidad, en apariencia muy poco; el vientre le había +crecido, las patas de gallo se habían acentuado, el cabello y la barba +estaban poblados de canas. Mas como acudía, casi tan pronto como su +compañero el mayor del Consejo, al reparo de estos mandobles del tiempo, +amortiguaba su fuerza y la herida apenas se mostraba. Hacía algunos años +que usaba constantemente justillo de gamuza (en verano de hilo), que +recogía y aprensaba el abdomen; jamás se lavaba sin frotarse después con +una llamada «agua de Circasia para refrescar y embellecer el cutis;» +todos los meses daba una vuelta por casa del dentista para limpiar la +dentadura y orificar los muchos agujeritos que iban pareciendo en ella; +en cuanto a las canas, ahí estaba su fuerte; las tinturas que usaba, +traídas por él todos los años de París, eran la envidia del mayor por lo +finas y exquisitas. Sin embargo, por las mañanas antes que el barbero +llegase, cuando tío Manolo envuelto en su bata le esperaba sentado en la +butaca leyendo los periódicos, tenía todo el aspecto de una ruina +venerable: aun después de salir fresco y rozagante del cuarto, un ojo +experto y curioso podía notar en ocasiones, en que andaba la tintura +descuidada, ciertas vislumbres de plata en la raíz de la patilla. Esto +en cuanto a lo corporal; por lo que toca al espíritu, nuestro D. Manuel +no necesitaba componer ni aliñar absolutamente nada; teníalo tan +fresco, tan vivo y juvenil como a los veinte años. Y eso que por efecto +de sus constantes prodigalidades, padecía con frecuencia serios +disgustos en el orden económico; hacía ya bastante tiempo que tenía +vendidas o empeñadas las fincas que sus padres le dejaron; esto no le +impedía vivir holgadamente y recrearse con el mismo sosiego que si +estuviese recién heredado. Nunca había retrocedido ni pensaba retroceder +ante los gastos indispensables a un hombre que frecuenta la buena +sociedad, que es galán y divertido. El cómo proveía a ellos nadie lo +sabía, ni el mismo Miguel, que después de la muerte de su padre se fue a +vivir con él en el Hotel de Puerto Rico. Tenía noticia por sus primos y +por algunos amigos del mal estado de la hacienda de su tío; pero se +asombraba de que éste nada le dijese ni hallase en sus actos algo que +acusase la ruina de que se hablaba. + +Como el pez en el agua se encontró nuestro mancebo en el hotel de su +tío; aunque muy joven para ello, formó inmediatamente parte del primer +estamento o directorio, en atención quizá a los méritos de aquél, en +parte también a los suyos propios; pues muy pronto se mostró en la mesa +como muchacho de entendimiento, alegre y despejado. El médico D. Agustín +halló en él poderoso auxiliar contra las afirmaciones disparatadas del +oficial de marina, y desde que se vio secundado, se las tuvo tiesas en +todas las discusiones, y no quiso retroceder ni humillarse ante ninguna +cita de autor exótico. Perdió terreno el oficial de día en día y +comenzó a decirse entre los comensales que formaban el público, que +tenía una ciencia superficial y que el sobrinito de D. Manuel le ponía +muchas veces las peras a cuarto. Hasta la viuda ajamonada que le daba +siempre la razón comenzó a quitársela y apoyar con vivas cabezadas lo +que Miguel manifestaba; pero esto, según se supo después, fue porque la +viuda le propuso un cambio de habitaciones, fundándose en que el oficial +paraba muy poco en casa y le bastaba un cuarto más pequeño; no tuvo +aquél la galantería de aceptar el trueque, y se captó para siempre su +antipatía. + +Pocos días después de vivir juntos, dijo D. Manuel a su sobrino: + +--¿Sabes quién tiene muchos deseos de verte?... Aquella señora del +intendente Trujillo, a cuya casa te llevé yo una noche cuando eras +chico... ¿No te acuerdas que cantó unos dúos de ópera conmigo?... Ha +quedado viuda la pobre hace ya dos años... Es una buena señora, muy +amable y obsequiosa... + +--¿Y aquella hija que tenía y también cantaba?... + +--Se murió antes que su padre... Anita se ha quedado completamente sola. +Cuando sucedió tu desgracia me preguntó con mucho interés por ti, y me +hizo prometerle que te llevaría alguna noche por su casa... No es +tertulia formal; nos reunimos solamente tres o cuatro amigos, de modo +que puedes venir sin inconveniente. + +Aquella noche fue, en efecto, Miguel con su tío a casa de la intendenta, +quien le recibió con mucho agasajo: no tanto a los tres o cuatro amigos +de que había hablado tío Manolo, y que fueron entrando uno después de +otro. Todos ellos eran entrados en días; uno era coronel retirado; otro, +catedrático de matemáticas en la facultad de ciencias; otro, +ex-gobernador de provincia. Observó Miguel que la intendenta ejercía una +soberanía absoluta, casi despótica, sobre esta diminuta tertulia; +ordenaba en tono perentorio cualquier servicio, contestaba con acritud a +las observaciones que la hacían, y en general se mostraba bastante +indiferente a las atenciones y acatamientos que a cada instante la +prodigaban aquellos señores, incluso el tío Manolo. Sin embargo, éste +era el único con quien se humanizaba a ratos. Echando la vista en torno +y advirtiendo el lujo que allí reinaba, pronto se convenció Miguel de +que los tertulianos todos, sin exceptuar a su tío, apetecían la mano un +poco rugosa ya de la intendenta. Frisaba ésta en los cincuenta, pero no +estaba mal conservada, y apoyada sobre el pedestal de una más que +regular fortuna, parecía a los ojos de sus amigos como una diosa. Bien +persuadida estaba también ella de su influencia fascinadora, y por eso +abusaba; quizá se juzgase digna de un marido más fresco y juvenil. Lo +cierto es que trataba a sus pretendientes con ostensible despego. ¡Qué +esfuerzos hacía cada uno de ellos por aventajar a los otros en cortesía, +donaire y gentileza! ¡Cuántos cartuchos de confites entregados con +emoción y olvidados inmediatamente sobre la mesa! ¡Cuánto requiebro, +cuánta galantería perdidos en el aire! El gesto habitual de la +intendenta era de disgusto; cuando la preguntaban por su salud, siempre +contestaba: _regular_. Los tertulios tocaban con mucha habilidad este +registro, porque era el único al cual solía responder: cuando se hablaba +de sus debilidades y sus nervios, era cuando Anita se mostraba +comunicativa; a veces la tertulia se pasaba horas enteras hablando de +gastralgias y dispepsias o de otras enfermedades del aparato digestivo. +Tenía además la intendenta otro defecto que, apesar de su acreditada +paciencia, solía indignar a los pretendientes; se dormía a menudo en la +butaca y los tenía toda la noche hablando entre sí y en voz baja; noches +perdidas para el bloqueo de la plaza, que causaban profundo desaliento +en los tertulios. Pues aún no era esto lo peor: lo peor era que Anita, +que tenía un temperamento linfático exhausto de sangre, gustaba de +mantener viva y cargada incesantemente, hasta en los días templados, la +chimenea de su gabinete; merced a esto y al cuidado con que se cerraban +todas las puertas y rendijas, aquella habitación era un horno; en +ocasiones la atmósfera se ponía casi irrespirable; el coronel y el +catedrático, que eran obesos y sanguíneos, sudaban gotas de tinta y +estaban expuestos a una congestión; pero el ex-gobernador y tío Manolo, +lejos de compadecerles, se complacían muy mucho en aquel tormento, y +hasta se hubieran alegrado quizá de un amago de apoplejía que les +impidiese salir de casa por las noches. + +Anita recibió a Miguel, como ya hemos dicho, con inusitada afabilidad: +aquella novedad, aquella frescura despertó en ella, acostumbrada a los +semblantes graves y ajados que diariamente la rodeaban, ideas risueñas, +la alegría de la juventud. Los tertulios disfrutaron del buen humor de +la intendenta aquella noche; en vez de dormitar tristemente en la butaca +o de describir con voz apagada los fenómenos nerviosos del día, se +mostró en extremo locuaz y divertida; hablose de los teatros, de +política, de las aventuras galantes de la corte, se rió, se dijeron +chistes más o menos ingeniosos por todos. Anita se avino hasta a abrir +el piano después de varios meses que permanecía cerrado, y cantar una +romanza. Pero contra lo que debía esperarse y formando extraño contraste +con los demás, tío Manolo empezó a ponerse, poco después de haber +llegado, serio y taciturno; apenas contestaba a lo que le preguntaban, +cual si se hallase bajo el peso de alguna triste preocupación. Miguel le +examinó con inquietud, sin saber a qué atribuir aquella tristeza, pues +no sabía que hubiese tenido disgusto alguno. Sin embargo, observó que su +tío miraba con frecuencia a las solapas de la levita y se las arreglaba +con mano trémula: y como le conocía muy bien hacía tiempo, al instante +comprendió que había motivo grave para aquel singular y repentino cambio +de humor; el cuello de la levita no ajustaba bien; hacía un fuellecito +por atrás siempre que bajaba la cabeza. D. Manuel al ponerse la prenda +en casa no había podido apreciar bien este defecto; sólo se había dado +cuenta vaga de que existía. Mas así que se sentó cerca de un armario de +luna, logró descubrirlo de modo evidente, y como es natural, sintió una +profunda y dolorosa impresión que le impidió desde entonces tomar parte +en la alegre plática que se había entablado. En un principio limitose a +arreglar el cuello, disimulando lo mejor que pudo su disgusto; pero la +bilis se le fue exacerbando poco a poco, perdió al cabo la paciencia, y +cuándo creía que no le observaban, comenzó a dar vivos y fuertes tirones +a las solapas. No consiguió sino excitarse más y más; el endiablado +cuello, aunque quedaba en su sitio después de cada tirón, no tardaba +dos minutos en bajarse y ahuecarse de nuevo. La desesperación se iba +apoderando velozmente del gallardo caballero; hasta se le descompuso un +poco el semblante. Por último, sintiéndose enteramente incapaz de +permanecer por más tiempo en aquella angustiosa situación, se levantó de +pronto y dijo con voz alterada, que se le había olvidado dar un recado a +un amigo, que le dispensasen un momento, que no tardaría en volver. +Viéronle marchar todos con cierta sorpresa a causa de su manifiesta +turbación: en la risa que se dibujó en la cara del ex-gobernador, quiso +adivinar Miguel que había atribuido la salida a algún malestar del +cuerpo. No tardó siquiera media hora en entrar: traía puesta otra +levita, el rostro se le había serenado por completo y se mostró en +seguida tal cual era: jovial, divertido, siguiendo durante toda la noche +de un humor excelente. + +Cuando a las doce, poco más o menos, se deshizo la tertulia y salieron, +cogió del brazo a Miguel y le preguntó alegremente: + +--¿Qué te parece de Anita? + +--Es una señora muy amable. + +--Bien conservada, ¿eh? + +--Sí; para su edad... + +--¿Cómo para su edad? No vayas a figurarte que es una vieja... Después, +muy distinguida, ¿verdad? + +Y bajando la voz y acercando la boca al oído del sobrino añadió: + +--¡Ciento cincuenta mil duros en casas, y acciones del Banco!... ¿He +dicho algo Miguel? + +No necesitó éste tirarle mucho de la lengua para averiguar sus planes. +Acometido de súbito deseo de expansión, D. Manuel le abrió enteramente +el pecho. Hacía tiempo que «le estaba poniendo los puntos» a Anita. El +deseo de formar una familia que nunca sintiera en su vida, había +concluido por enseñorearse de su alma. «Qué cosa más rara, ¿eh Miguel? +Al llegar a cierta edad, todos caemos. Es una ley providencial.»--Pero a +él ya no le convenía una chiquilla: necesitaba tranquilidad en casa; una +mujer formal.--«Fuera de casa, todo lo que tú quieras; yo no soy un +santo, y aun después de casado, no diré que alguna vez no saque la +pierna por debajo de la manta... Pero el hogar... el hogar, chico, es +una cosa muy sagrada.» Analizó después el carácter de Anita, un poco +seco en ocasiones y hasta irritable; pero en el fondo cariñoso y +expansivo como pocos; una mujer muy sensata, muy seria en todas sus +cosas y de un corazón inmejorable. Cuando llegó al capítulo de los que +pretendían disputarle su mano, el coronel, el ex-gobernador y el +catedrático, se dibujó una sonrisa de lástima en sus labios: habló de +ellos con desdén olímpico.--«Unos pobres mamarrachos, Miguel; ninguno +tiene pizca de mundo ni sabe lo que es sociedad, ni se ha visto jamás en +tales trotes: así que sin poderlo remediar enseñan la oreja a cada +instante. Anita, que es muy lista, bien lo nota y se ríe de ellos; si no +los despide de una vez es porque a todas las mujeres, hasta las más +sensatas, les gusta tener una corte de adoradores... aunque sean unos +tontos, ¿sabes?... Pero ya se irán cansando... ¿Has reparado los +pantalones de don Ladislao el catedrático?... lo mismo que unas sayas... +Anita y yo nos mirábamos y apenas podíamos contener la risa; ¡pobre +señor!... El coronel no es feo, pero tampoco sabe llevar con gusto +nada... ni las patillas.» + +Hablando de sus proyectos y murmurando de esta suerte llegaron hasta la +puerta de casa. Después de gritarle un rato, vino el sereno a abrirles y +les acompañó con el farol hasta el piso principal. Allí el criado, medio +dormido aún, les entregó a cada uno la llave de su cuarto y se +despidieron hasta el día siguiente. + +El tío Manolo, sereno, majestuoso, semejante a un dios, se fue a +descansar, meditando como Ulises la muerte de los pretendientes. + + + + +XI + + +Desde que Miguel encargó la gestión de sus negocios al tío Manolo (y lo +hizo pocos días después de haber pasado lo que acabamos de narrar), no +volvió éste a sentir en su alma aquel noble impulso que le arrastraba a +rendir culto a los dioses lares. Quizá juzgaba incompatible el cargo de +tutor diligente con los deberes que impone el yugo matrimonial, y +prefería sacrificar en provecho de su sobrino los placeres inefables con +que la familia le brindaba. Verdad es, que procuró honradamente +desquitarse aplicándose con laudable asiduidad a los goces propios del +soltero. No le fue a la zaga en esto Miguel, estimulado con su ejemplo: +ambos comenzaron a darse vida de príncipes disfrutando alegremente de +los siete mil duros de renta que el brigadier había dejado; teatros, +bailes, paseos, cenas a última hora, partidas de juego y de caza, noches +de amor y de crápula, de todo gozó el héroe de nuestra historia en los +cuatro años que siguieron a la muerte de su padre. Su inclinación al +estudio sufrió notable menoscabo durante este tiempo; sin embargo, +terminó la carrera con regular lucimiento. Una vez en posesión del +título de abogado, no volvió a abrir un libro de derecho; los momentos +que el placer le dejaba libre consagrábalos a la lectura de obras +amenas, lo cual era también un placer. + +Al llegar a la mayor edad le vino la idea de pedir cuentas a su tío: +había observado en los últimos tiempos ciertas dificultades tocantes al +numerario, que le hicieron entrar en sospechas. Las cuales tuvo el +sentimiento de ver convertidas en certidumbres: su tío y él se habían +gastado en los cuatro años, no sólo la renta anual de siete mil duros, +sino el capital correspondiente a cincuenta mil reales que estaba +colocado en acciones del Banco y papel del Estado: no le quedaban más +que tres fincas urbanas. + +Al saberlo tuvo un fuerte altercado con su tío, le recriminó con dureza +su negligencia y le dirigió algunas palabras ásperas: el pobre D. Manuel +apenas supo defenderse: quedose cortado y confundido, murmurando +torpemente algunas disculpas. Cuando a Miguel se le calmaron un poco los +nervios y se encontró solo en su cuarto, sintió grandes remordimientos; +había obrado con poca generosidad: después de todo, la misma culpa había +tenido él que su tío en el despilfarro: al recordar el semblante +avergonzado y triste de aquél, sentía tanta lástima y un pesar tan +profundo de haberle sin razón ofendido, que no pudo dormir en toda la +noche. + +La renta que le quedó era bastante para vivir con desahogo y aun con +relativo lujo en Madrid. Se hizo cargo de la administración de las casas +y puso orden en sus gastos, procurando, no obstante, que a su tío no le +faltasen ciertos goces sin los cuales el caballero no comprendía la +existencia. Y siguieron viviendo alegres y satisfechos en la mejor +armonía. + +La amistad de Miguel con su antiguo compañero de colegio y de posada, +Mendoza, se había enfriado un poco durante los últimos años, más bien +por efecto de la separación que porque hubiese mediado entre ellos +motivo alguno de disgusto. Cuando se encontraban en la Universidad o en +la calle se hablaban cariñosamente y paseaban juntos si Miguel no tenía +cosa urgente que hacer. Algunas veces también, en días de apuro, Mendoza +solía pasarse por casa de su amigo y pedirle unos cuantos duros. Por lo +demás, trascurrían a veces meses enteros sin verse. + +Poco después de terminar la carrera, Mendoza, que cada día era mejor +mozo y se aplicaba con más ahínco a parecerlo, quiso hacer oposición a +unas plazas de oficiales, vacantes en el Consejo de Estado. Antes de +resolverse vino a consultarlo con Miguel, quien le animó mucho y le +prometió aprovechar todas sus relaciones para conseguir lo que deseaba. +Miguel frecuentaba la alta sociedad y era amigo de varios personajes +políticos; se le conocía en los salones como en la Universidad por el +nombre de Riverita, y era generalmente querido por su figura simpática, +aunque exigua, y su trato franco y gracioso. Hizo Mendoza al fin su +ejercicio de preguntas, y no fue más que mediano, de suerte que aun +poniéndose en lo mejor, desconfiaba mucho de llevar número, lo cual le +traía muy cabizbajo y desalentado. No obstante, cuando llegó el segundo +ejercicio, que consistía en escribir encerrado, durante veinticuatro +horas, una disertación sobre un tema elegido entre tres y contestar +después a las objeciones que dos compañeros le hiciesen, ocurriósele una +idea salvadora; pidió por favor a Miguel, en cuyo talento fiaba mucho, +que se la escribiese. Hubo necesidad para ello de valerse de un ardid. A +la hora en que se encerraba, fue Rivera por allá, se enteró del tema +elegido y corrió a meterse en la biblioteca del Ateneo, donde en pocas +horas consultando libros y esforzando el ingenio, escribió un largo y +erudito discurso. El problema era que llegase a las manos de Mendoza. +Para conseguirlo fue a rondar a las altas horas de la noche el edificio +de los Consejos, dio un silbido penetrante, como un enamorado que +avisase a su novia, y al poco rato se abrió con cautela una ventana del +piso alto y se vio un hilo de seda flotar en el aire; Miguel amarró +apresuradamente el manuscrito y el hilo comenzó a subir arrastrándolo +consigo. + +A la mañana siguiente fue lleno de zozobra a presenciar el ejercicio de +su amigo. Este, que había copiado la disertación en buena letra, la leyó +con firme entonación y no poco aparato; los jueces quedaron sorprendidos +de tanta erudición y agradable estilo, en quien no sospechaban que +existiese. Cuando llegó el momento, sin embargo, de contestar a las +objeciones, decayó bastante; no sabía más que referirse a su discurso; +luchaba en vano por encontrar algún nuevo argumento en defensa de la +tesis. Apesar de esto y del mediano ejercicio de preguntas, el tribunal, +pagado de los conocimientos nada comunes que había demostrado, le aprobó +los ejercicios. Entonces fue cuando Miguel puso en juego todas sus +amistades para conseguir que el ministro le concediese una de las +plazas; el mayor del Consejo, su compañero de hotel, no fue uno de los +que menos trabajaron en el asunto. Finalmente, después de muchas idas y +venidas, empeños y zozobras, Mendoza fue nombrado oficial del alto +cuerpo consultivo con doce mil reales de sueldo; aunque no era muy +pingüe, tenía el empleo la ventaja de ser inamovible, y en la capital, y +muy apropósito para trabar amistad con los próceres de la política y la +administración, bajo cuya égida es como únicamente se puede hacer +fortuna en España. El hijo del cirujano estaba, pues, en franquía, o lo +que es igual, tenía asegurado su _modus vivendi_. Celebrose el triunfo +por los dos amigos con una cena y hubo brindis fervorosos en ella y se +juraron fidelidad eterna. + +Poco tiempo después de este suceso, sobrevino otro en la vida de Miguel +que dio origen a cambios importantes en ella. Ya hemos dicho que había +entrado con buen pie en la sociedad, que se le tenía por hombre ameno y +divertido, y gozaba de todos los privilegios que la fortuna y el ingenio +suelen conceder en la capital. Pocos sabían como él despertar el buen +humor en las tertulias, hablar con donaire de las mil frivolidades que +constituyen el encanto de la buena sociedad.--«Mi fuerte y mi recurso +supremo para extasiar a las tertulias--solía decir con ironía,--es el +teatro Real.» Porque entonces, como ahora, la conversación amena por +excelencia en Madrid era la de la ópera, y aquél era tenido por hombre +más discreto y agradable quien proporcionase en las reuniones datos más +fidedignos acerca de la vida privada de los tenores y barítonos. + +Pues sucedió que cierto día, habiendo fallecido un caballero con quien +mantenía alguna relación, se vistió de negro y fue a dar el pésame a la +familia. La habitación de la señora estaba medio a oscuras, como es de +rigor en tales casos, por lo que fue necesario que ella le saludase +antes para saber a dónde dirigirse. Después que la apretó la mano y le +expresó cuánto sentía, etc., etc., dio vuelta, y secándose los ojos para +ver algo, percibió una silla vacía y fue a sentarse en ella. Los +circunstantes guardaban silencio y se mantenían en la actitud rígida y +dolorosa adecuada a las circunstancias. Nuestro joven procuró también +adoptar una postura reflexiva metiendo las manos entre las rodillas, y +bajando la cabeza, lo cual no le impedía levantar los ojos que, +acostumbrados ya a la oscuridad, consiguieron al cabo distinguir las +personas y los objetos. No muy lejos observó que una cabecita de mujer +estaba vuelta hacia él, y que unos ojos negros le contemplaban sin +pestañear; la cabeza era hermosa y delicada como la de una madona, los +ojos vivos y alegres. Sintiose el joven particularmente cautivado por +aquella mirada, donde adivinaba cierta misteriosa simpatía; no sólo su +amor propio se sintió halagado por las insistentes miradas de la joven, +sino que experimentó un sentimiento de atracción, que le arrastraba +hacia ella. Contentose, al principio, con decir para sí:--¡Qué niña tan +bonita!--Después avanzó un poco más y dijo:--¡Vaya una chica simpática, +tiene cara de buena!--Por último no pudo menos de pensar:--Yo he visto +esta fisonomía ya en otra parte. Y empezó a dar vertiginosas vueltas en +la imaginación para averiguar dónde y cómo la había visto; pero por más +que hizo no pudo averiguarlo. Recorría en un instante con el +pensamiento, todas las casas conocidas, todos los parajes por donde +había andado, y no logró encontrar marco para aquella cabeza. Si no la +he conocido en el mundo, la he conocido en sueños, se dijo; yo he visto +muchísimas veces esta cara y estos ojos. Y en efecto, poco a poco el +semblante de la joven con sus rasgos delicados, con su expresión franca +y risueña, se le representó como un sueño amable que había tenido en +distintas épocas de la vida; trasladose a los días de placer, recordó +los momentos en que su fantasía le hizo entrever los campos floridos de +la dicha; días y momentos fugaces para él como para todos, pero que +dejan la huella de Dios en el espíritu y le preservan de la corrupción. +Los ojos de aquella joven le pusieron en contacto con todos los objetos +bellos que había visto en su vida, con todos los pensamientos honrados +que habían cruzado por su mente, con todas las lágrimas dulces que había +vertido. Acordose de la fe pura y sencilla con que rezaba en el colegio +ante la imagen de la Virgen y el ansia con que deseaba tener alas para +lanzarse por los espacios azules y llegar hasta su trono de estrellas y +cantar a sus pies las alabanzas de su hermosura inmortal; recordó las +veces en que su padre le había dado a besar el retrato de su madre; +recordó las dulzuras inefables que le causaba de niño la música que +acompañaba a las procesiones, y la embriaguez que le producía el perfume +del incienso, se le representaron los juegos de la infancia y el cariño +vehemente apasionado que sintió cuando niño por su hermanita Julia... + +¡Julia!... Le dio un vuelco el corazón. Había hallado lo que buscaba: +aquella cabeza semejaba extraordinariamente a la de su hermana, no sólo +juzgando por el recuerdo de la infancia, sino por el retrato que de ella +poseía, regalo de su padre. Clavó en la joven los ojos con interés +ansioso, queriendo averiguar un algo vago que empezaba a bullirle en el +pensamiento, exploró con afán todos los rasgos de su fisonomía, examinó +todos los pormenores de su vestido.--¡Si fuese realmente mi hermana!--se +dijo.--Todo cabe en lo posible. Esta familia es amiga suya.... pudieron +venir de Sevilla a pasar una temporada--¡quién sabe!--Y seguía mirándola +fijamente cada vez con más emoción: la joven tampoco apartaba de él su +mirada, llena de interés. El corazón empezó a batirle aceleradamente: se +le apoderó un gran desasosiego, que le hizo mudar de postura veinte +veces en dos minutos; sintiose sofocado, y se desabrochó la levita. Era +necesario salir de aquella terrible duda; saber si todo era pura +ilusión, o si efectivamente se encontraba cerca de la hermana de su +alma. ¿A quién preguntarlo? La señora de la casa estaba lejos; no era +oportuno levantarse y dirigirse a ella: además, todo el mundo se +enteraría. Paseó la vista en torno, y no halló ningún amigo: entonces se +decidió a preguntarlo a la señora que estaba más cerca, fuese quien +fuese; volviose cuanto pudo hacia ella, se inclinó hacia su oído, mas +cuando iba a articular la primera palabra quedó repentinamente sin voz, +pálido y estático. La señora que estaba a su lado no era otra que su +madrastra, la brigadiera Ángela en carne y hueso, mucho más ajada, con +el cabello gris, pero todavía bella y arrogante. La circunstancia de +estar tocando con ella y la oscuridad de la sala, habían hecho que no la +viese hasta entonces. La brigadiera debió conocerle en cuanto entró, +porque así que Miguel hizo ademán de dirigirle la palabra, volvió la +cabeza a otro lado en señal evidente de mal humor y desdén. El rencor +que siempre le había tenido estaba más encendido ahora por el testamento +del padre. + +Miguel permanció inmóvil largo rato, sumergido en un mar de pensamientos +tristes. Cuando alzó la vista, su hermana (porque era ella, ya no le +cabía duda) le estaba contemplando con mayor ternura. Una corriente de +simpatía, más aún, de cariño sincero y apasionado, se estableció entre +ellos; los ojos eran los encargados de trasmitirla: habló la sangre, +hablaron los dulces e inefables recuerdos de la niñez, habló la memoria +venerada del bondadoso brigadier Rivera. En poco estuvo que ambos se +levantasen y se abrazasen ante la concurrencia; mas en Miguel pudieron +los miramientos mundanos, en Julia el temor de su madre; y ambos +permanecieron en sus asientos. + +La brigadiera se sofocaba; estaba inquieta, nerviosa; hacía rechinar la +silla al moverse. Por último, no pudiendo ya contenerse, se levantó para +salir; todos la imitaron, y hubo unos instantes de confusión mientras se +despedían; merced a ella Miguel se acercó disimuladamente a su hermana, +y, sin saber cómo, sin mirarse siquiera, sus manos se encontraron y se +dieron un apretón furtivo y apasionado. Jamás experimentó nuestro joven +una emoción más dulce, ni fue tan feliz como en aquel momento; vinieron +a sus ojos algunas lágrimas que tuvo que ocultar con el pañuelo. Julia, +por su parte, estaba pálida y temblorosa, y apenas podía articular las +palabras indispensables para despedirse. Cuando se fueron, Miguel quedó +como si repentinamente le introdujesen en un calabozo lóbrego; no vio, +ni oyó nada de cuanto había a su alrededor, y, sin vergüenza alguna de +que le observasen, se echó a llorar como un niño y se despidió también. + + + + +XII + + +Averiguó que su madrastra había venido a vivir a Madrid para cobrar más +puntualmente la viudedad, y que habitaba un cuarto tercero en la calle +del Barco; esto le hizo sospechar que la hacienda de su pobre hermana +había sufrido fuerte menoscabo, si es que no había volado enteramente. +Tan luego como supo el domicilio de ellas se constituyó en asiduo +paseante de la calle y comenzó a espiar los balcones de la casa con el +celo y la insistencia del más rendido galán; pero los balcones +permanecían herméticamente cerrados como los de un convento; por más que +hizo nunca logró ver a Julia. Apeló entonces a los medios que suelen +emplear los tenorios callejeros; sobornó a la portera y pudo +cerciorarse de que su madrastra habitaba allí en efecto hacía tres +meses; pero su hermana había ido a pasar una temporada al campo con unos +amigos por no encontrarse bien de salud. Renunció por entonces a pasear +la calle aguardando su regreso. Y al cabo de algún tiempo sucedió lo que +vamos a ver. + +Cierta tarde de verano hallábase Miguel sentado en una de las sillas del +Prado con el cigarro en la boca disfrutando voluptuosamente de la +amenidad del sitio y de la temperatura, que no podía ser más agradable +en aquella hora. El vasto salón arenoso comenzaba a poblarse de los que +como él salían después de comer a gozar del fresco. Nuestro joven, con +mirada indiferente veía cruzar por delante de él grupos de señoras unas +veces, otras paseantes solitarios, niños con sus ayos o niñeras; la +disposición de su espíritu no era hacía ya algunos días tan alegre como +antes; el encuentro con su madrastra le había perturbado bastante, +inclinándole a los pensamientos serios y tristes. Los cuatro años de +vida placentera le habían hecho olvidarse de entrar en sí mismo, +recordar su historia, meditar sobre lo presente y lo porvenir. Al +tropezar con aquellos restos de su familia despertaron súbitamente en su +alma mil recuerdos dolorosos y alegres de la infancia, presentimientos y +dudas que le tuvieron por algún tiempo melancólico. Hallábase, pues, +enfrascado en tristes cavilaciones, como ordinariamente le acaecía +siempre que estaba solo, cuando acertó a ver a lo lejos dos señoras, +cuya figura le trajo a la memoria en seguida a su madrastra y hermana. +Según fueron acercándose, pudo cerciorarse de que no eran otras. Le dio +un salto el corazón, y vaciló un instante entre marcharse antes que +llegasen o permanecer en su sitio. Optó al fin por esto último y +aguardó. Pronto le divisaron, porque había pocas personas sentadas; la +brigadiera arrugó la frente en testimonio de desagrado y pasó sin +dirigirle una mirada. Julia también cruzó sin mostrar que reparaba en +él; mas a los pocos pasos volvió la cabeza, y a espaldas de su madre le +envió una sonrisa y le hizo una serie de muecas y saludos +afectuosísimos, aunque reprimidos; después con rápido y gracioso ademán +acercó la mano al pecho, arrancó un clavel que llevaba y lo tiró al +suelo. Miguel corrió al instante a recogerlo; al bajarse sintió unos +pasos precipitados detrás y vio frente a sí al levantarse a un cadete de +Estado Mayor, flaco y larguirucho como una espina, quien le dirigió una +mirada torva y colérica y hasta tuvo conatos de abocarle; pero después +de vacilar un instante siguió caminando aunque volviendo a menudo la +cabeza para mirarle de arriba abajo con expresión nada pacífica. Miguel, +sin hacerle caso, cambió todavía de lejos una sonrisa con su hermana y +llevó el clavel a los labios. + +Cierto, no dejaba de ser interesante la situación de ambos hermanos, +obligados para testimoniarse su cariño a esconderse como dos amantes +contrariados y a emplear toda la astucia y disimulo que éstos usan. +Miguel sabía apreciarla y la gustaba, y hasta se placía e interesaba en +ella, por más que la deplorase con interminables lamentaciones cuando se +hallaba entre amigos. Comenzaron a escribirse por medio de la portera, +se hacían señas desde el balcón y la calle respectivamente, citábanse +para las casas conocidas, y burlando la vigilancia de la terrible +brigadiera, se daban besos apasionados en los corredores. ¡Cuántas veces +en sus cartas se hizo mención de aquel día infausto en que Miguel dejó +caer a su hermanita sobre el borde de la cuna! ¡Cuántas hablaban de la +particular afición que Julita tenía a despeinarle! Miguel le escribía: +«Aún siento, picaronaza, tus manos entre mis cabellos y aún me duelen +los tirones que me dabas. Media hora por lo menos tardaba tu doncella +Rosalía en ponerme la cabeza como la de un querubín; y tú ni un segundo +siquiera en dejármela como una selva enmarañada! ¿Conservas fidelidad a +los gatos? Si la raza felina no te ha hecho apurar la copa del +desengaño, te proporcionaré cuando quieras un variado concierto: aún +mayo con bastante afinación.» Julia le contestaba: «Si piensas que se me +ha quitado la manía de despeinarte, te equivocas. Cuando te veo en los +salones tan perfumado y elegante, hecho un dije de reloj, ¡no sabes lo +que daría por achucharte, por chafarte la camisa, por meter las manos +entre esos pelos tan rizaditos y engomados ¡simploncillo! y ponerlos +tiesos como un escoba! Eres tonto de remate; como sabes que eres guapo +no hay quien te sufra...» + +Al fin Miguel halló el medio de reconciliarse con su madrastra. El +cariño cada día más grande a su hermanita le hizo pensar que la había +despojado de una parte considerable de fortuna: su padre no había obrado +con toda justicia al mejorarle: las mujeres necesitan siempre un dote +proporcionado a su educación, porque no pueden vivir de su carrera como +los hombres. «Después de todo, se decía, aunque mi padre me quisiera +mucho, no hay duda que al redactar el testamento ha obedecido en cierto +modo al deseo de venganza. ¿Y qué culpa tiene mi pobre hermana del +carácter altivo y dominante de su madre?» Por otra parte, le dolía verla +en un cuarto tercero viviendo con relativa estrechez mientras él gozaba +de todos los atractivos del lujo. Estas imaginaciones fueron labrando en +su cerebro una decisión que al cabo formuló por escrito en carta a su +madrastra: escribiole sin decir nada a Julia suplicándole le concediese +una entrevista «para tratar de asuntos que a ella y a su hija +interesaban mucho.» La carta, aunque seria, era afectuosa y dejaba +traslucir intentos generosos y deseos vivos de reconciliación. La +brigadiera le contestó muy atenta citándole para el día siguiente a las +tres de la tarde en su casa. Aquella noche apenas pudo dormir nuestro +joven bajo la obsesión de mil pensamientos afanosos y cambios súbitos de +temor y de alegría: los nervios se le desbocaban fácilmente y no era +poderoso a sujetarlos. + +Después de almorzar, o de haber intentado hacerlo, porque apenas pudo +pasar bocado, después de haberse vestido con pulcritud, después de haber +estado algunos minutos en el café tomando maquinalmente una copa, de +_chartreusse_, se encaminó con paso vivo a la calle del Barco, +imaginando lo que había de decir a su madrastra y gozando con la grata +perspectiva de la reconciliación. Al llegar a la esquina de la calle de +la Puebla procuró refrenar el paso y tranquilizarse: mas al doblar la +del Barco alcanzó a ver a lo lejos aquel cadete desgalichado que tan +ferozmente le había querido interrumpir cuando recogió en el paseo el +clavel de su hermana. Ya le había tropezado otras muchas veces en la +misma calle con los ojos puestos en el balcón de Julia. + +El cadete, al verle pasear la misma calle y al parecer con los mismos +intentos, le arrojaba miradas provocativas, cencellantes, cargadas del +tradicional desprecio que el elemento militar ha sentido siempre hacia +el civil tratándose de empresas amorosas. Pero Miguel, con la +imprevisión temeraria de la juventud, hacía caso omiso de este +desprecio, y solía contestar a aquellas miradas con una sonrisa dulce y +un si es no es burlona que iba amontonando la cólera en el pecho del +feroz cadete. La tempestad rugía ya sobre la cabeza de nuestro joven, y +él seguía tan sosegado como si estuviese bajo un cielo azul y sereno. +Como caminaban en sentido contrario no tardaron en acercarse y pasar uno +al lado de otro, repitiéndose la misma torva mirada por parte del +militar y la idéntica sonrisa por la del paisano. Miguel cruzó a la +acera de enfrente para entrar en casa de la brigadiera; mas antes de +efectuarlo oyó una voz cavernosa a su espalda: + +--Cabayero; oiga V. + +Volviose y se encontró frente a frente del cadete. + +--¿Qué se le ofrecía a V.?--le preguntó sonriendo. + +El cadete vaciló un instante, puso sus ojos sanguinarios en el suelo y +dijo con voz bronca de adolescente que está en la muda: + +--Cabayero, quisiera saber si V. está «en relaciones» con esa chica del +número quince... + +--¿Del número quince?--dijo Miguel, más risueño aún. + +--Sí señor, cuarto tercero. + +--Pues en efecto, estoy en muy buenas relaciones; sí señor. + +Hubo unos segundos de silencio. El hijo de Marte, apesar de su innata +ferocidad, quedose un poco turbado. Al fin rompió a trompicones +diciendo: + +--Pero bien... esas relaciones... yo hace tiempo que la hago el oso... +quisiera saber si es V. novio... + +--¡Ah! eso es otra cosa: para que yo sea novio de ella hay una pequeña +dificultad; y es que soy su hermano. + +El cadete levantó los ojos, donde se pintaba el asombro, la alegría, la +duda y algunas otras emociones secundarias que sería prolijo enumerar. + +--¿Pero de veras es V.?... + +--De padre nada más; no se asuste V. + +Al cadete no le hizo efecto esta rectificación; siguió expresando con +los ojos los mismos sentimientos, con idéntica viveza. Después, +acometido súbito de una idea, la de que aquel paisano «se estaba +quedando con él» se puso otra vez fruncido y enfoscado y volvió a sacar +la voz de las profundidades de su pecho. + +--Cabayero, yo no consiento que nadie se _guasee_ conmigo. + +--Hace V. perfectamente; aplaudo esa decisión. + +--Es que... yo no creo que V. sea hermano de esa señorita... + +--También está V. en su derecho; si le repugna creerlo, nada, nada, por +mí no se violente V. + +--Es que yo... + +--Siento en el alma no traer la fe de bautismo en el bolsillo; pero si +V. no tiene cosa más urgente que hacer, puede pasarse por la sacristía +de la iglesia de San Ginés y allí le enseñarán el libro parroquial donde +consta mi nacimiento y el de mi hermana... Si V. desea una tarjeta para +el sacristán se la daré... ¿No la quiere V.?... Bien, pues V. me +dispensará, caballero; me aguardan en este momento... Miguel Rivera, +para servir a V.... + +Y giró sobre los talones y se metió pugnando por no reír en el portal de +la casa de su madrastra. Una vez dentro de él, quedose repentinamente +serio al pensar que antes de tres minutos iba a encontrarse frente a +ésta. Era un momento solemne. Subió lentamente la escalera, creciendo su +emoción a cada peldaño que iba salvando. Cuando llegó arriba estaba tan +conmovido que no se atrevió a que le viesen en aquel estado: descansó +algunos momentos procurando serenarse, y después que lo hubo conseguido +a medias, cogió el llamador con mano temblorosa, tirando de él +suavemente. Esperó un rato sin que nadie viniese: cuando ya iba a tirar +segunda vez, oyose una voz adentro que decía con tono imperioso: + +--¡Que han llamado! + +Le dio un vuelco el corazón: era la voz de su madrastra. Al instante se +abrió el ventanillo y le preguntaron: + +--¿Qué deseaba V.? + +--¿La señora viuda de Rivera?... + +--Sí señor--dijo la criada abriendo la puerta. + +En aquel momento Miguel estaba, sin saber por qué, completamente sereno. + +--¿Cómo es su gracia? + +--Miguel Rivera. + +--Voy a avisar: tenga V. la bondad de aguardar un instante. + +En cuanto nuestro joven se quedó solo, oyó unos pasos vivos y menudos, y +divisó en la esquina del corredor a Julia que asomó la cabeza nada más +para ver quién era «la visita.» Al encontrarse con su hermano, descubrió +todo el cuerpo y se quedó pasmada, estática, mirándole fijamente con +marcada expresión de susto. Esta actitud hizo comprender a Miguel que la +brigadiera nada le había dicho de la carta ni de la cita. Después avanzó +lentamente hacia él manifestando siempre la misma sorpresa mezclada de +terror, sin hacer caso de la sonrisa tranquilizadora de su hermano: +cuando éste la tuvo cerca, avanzó también algunos pasos, y cogiéndola +por la cintura, la dio un par de sonoros besos en las mejillas. Entonces +el susto de Julia llegó a su colmo: se arrancó con extraordinaria +violencia de los brazos que la sujetaban, se puso terriblemente pálida y +se llevó el dedo a los labios, diciendo con voz de falsete: + +--¡Por Dios, Miguel, por Dios... que está ahí mamá! + +La criada apareció en aquel instante por el otro extremo del corredor. + +--Puede V. pasar cuando guste, señorito. + +Miguel hizo una mueca risueña a su hermana, le dijo adiós con la mano y +se dirigió con paso firme a la sala, precedido de la criada, quien al +llegar a la puerta levantó la cortina y le dejó el paso. + +La brigadiera Ángela, que estaba sentada en una butaca, se levantó al +ver a Miguel, pero no avanzó a su encuentro. Tenía la misma figura +gallarda y arrogante, mas el rostro estaba notablemente ajado; +dibujábase en torno de sus ojos un círculo grande azulado, y surcaban su +frente dos profundas arrugas, señales que acreditaban la violencia y +soberbia de su genio: los negros y sedosos cabellos que Miguel admiraba +en otro tiempo, blanqueaban ya por tantos sitios, que eran más grises +que negros: vestía una bata de seda, también ajada, y ajados estaban +también los muebles de la sala, y ajadas las cortinas y la alfombra. +Todo lo advirtió el hijo del brigadier de una sola pero intensa mirada, +y no sin pena, recordando el antiguo esplendor de su casa. + +--¡Oh, mamá! ¿cómo sigue V.?--dijo avanzando con efusión hacia ella. + +--Bien, ¿y tú, Miguel?--contestó tendiéndole una mano. + +Miguel, que iba decidido a abrazarla, se detuvo ante aquella actitud y +se contentó con tomarle la mano y apretarla contra su pecho. Y +reteniéndola aún entre las suyas, exclamó: + +--¡Cuánto tiempo!... + +--¡Mucho, sí!... Trae una silla y siéntate. + +Pero Miguel, sin hacer caso, siguió en pie, y volvió a exclamar, +arrasados los ojos de lágrimas: + +--¡Pobre papá! + +La mano de la brigadiera tembló un poco dentro de las suyas; pero +soltándose en seguida, le señaló de nuevo una silla. + +--Siéntate, Miguel, siéntate. + +Obedeció, colocándose al lado de la butaca de su madrastra, y metiendo +las manos entre las rodillas y la barba en el pecho, guardó silencio: +algunas lágrimas le resbalaron lenta y calladamente por las mejillas. + +--¿Hace mucho tiempo que has concluido la carrera, Miguel?--le preguntó +en tono natural la brigadiera al cabo de un rato. + +--Hace dos años nada más--repuso secándose los ojos con el pañuelo. + +--¿Y qué te haces ahora? + +Esta pregunta seca y hecha en un tono más seco aún, cortó la tierna +emoción que embargaba a nuestro joven en aquel momento y le dejó un poco +embarazado. + +--Poca cosa... Me divierto lo más que puedo. + +--Sí, sí, ya lo he sabido, que eres un joven a la moda. + +--Las modas duran poco; pasaré como han pasado las trabillas y las +corbatas de suela... + +La conversación iba a tomar un sesgo demasiado frívolo, y Miguel lo +cambió preguntando con interés: + +--¿Y VV. qué tal se encuentran en Madrid, mamá? + +--A mí me sienta bien este clima... a Julia no tanto. + +--¡Pobrecilla!... acostumbrada al calor de Sevilla, el frío de este +pueblo no le hará mucho provecho seguramente. + +--Yo también estaba acostumbrada al calor cuando vine hace años, y sin +embargo no me ha hecho daño;... depende de las naturalezas... + +--¿Pero Julia se ha puesto mala aquí?--preguntó Miguel, aunque ya lo +sabía. + +--Ha tenido un catarrillo pertinaz, pero la he mandado a Mejorada unos +días con mi prima Rafaela, y se ha puesto buena. + +--Es una chica muy graciosa... ¡Caramba cómo se ha desarrollado, y qué +monísima se ha puesto! + +--Tus flores no tienen gran valor en este caso--dijo la brigadiera +sonriendo nada más que con el borde de los labios. + +--¿Por qué? ¿Porque soy su hermano?... No crea usted que influye tanto +en mi juicio esa circunstancia; la juzgo desapasionadamente, como un +extraño... como un joven a la moda--añadió devolviendo irónicamente a su +madrastra el calificativo que le había dado. Y por si esto pudiera +ofenderla, dijo después: + +--Usted, mamá, debe escuchar con gusto que Julia es guapa, porque además +de ser su hija, se le parece notablemente. + +--Tampoco admito esa flor encubierta... ¡Te has vuelto muy galante, +Miguel!--repuso la brigadiera dignándose sonreír afablemente. + +Más había de galantería que de verdad en lo que aquél acababa de decir. +Aunque la brigadiera había sido bella, acaso más que su hija, ésta no se +le parecía sino en la forma de la frente, estrecha y delicada, y en la +boca. Los ojos de Julia eran más chicos que los de su madre, pero más +vivos, y de un mirar suave y halagüeño, que nunca los de ésta habían +tenido; la nariz no era tampoco aguileña, sino recta y fina. En la +figura aventajaba mucho la madre a la hija, y en el color también, para +los que prefieren las blancas a las morenas. Julita era una muchacha más +bien baja que alta, pero muy bien proporcionada; tenía el talle esbelto +y airoso como pocos; todos sus ademanes eran vivos y resueltos y estaban +impregnados, si vale la palabra, de una gracia singular; el color +tostado en demasía, acercándose mucho al de las gitanas, con las cuales +guardaba más de este punto de semejanza; los cabellos idénticos a los de +su madre cuando tenía su edad, negros, sutiles y lustrosos, y cayéndole +en rizos sobre la frente. No era la hermana de Miguel un dechado de +belleza, o lo que es igual, no poseía la pureza y corrección de líneas +generadoras de la armonía (la cual es más aparente que real algunas +veces); pero en cambio llevaba en sus ojos, en su garbo, en su sonrisa, +el brillo y la sal de Andalucía. + +Miguel no sabía cómo dar a la conversación un giro elevado y noble, +acomodado a los sentimientos que agitaban su alma. Hubiera querido +hablar de su padre, de su bondadosísimo padre, a quien tanto había +amado; de buena gana hubiera recordado también los pormenores de su +infancia, por más que en ella la brigadiera no desempeñase un papel muy +grato; dispuesto estaba a olvidar todas las heridas, todos los desdenes +y acordarse únicamente de los cortos momentos de dicha que había +disfrutado; hasta los castigos de su madrastra adquirían, con la velada +luz de los años, y al través de la súbita ternura que se había apoderado +de él, un aspecto maternal que borraba su injusticia; por su gusto se +reiría, trayéndolos a cuento como hacen algunas veces los hijos +cariñosos después que llegan a hombres. Pero la actitud reservada, +aunque atenta y afable de la brigadiera, le imponía respeto y le cortaba +los vuelos para desahogar el pecho. Por otra parte, deseaba también +entrar en la cuestión de intereses y no se atrevía, temiendo ofender su +orgullo. Después de hablar algunos minutos todavía en el mismo tono +indiferente, más propio de una visita de amigo que de una entrevista tan +grave y solemne como debía ser aquella, procuró encauzar la conversación +hacia lo que quería, hablando mucho de sí mismo, de sus tristezas y de +su porvenir. + +--No son todo flores en la vida, mamá: aunque me encuentre en una +posición desahogada y pueda disfrutar de los placeres que ofrece la +corte a los jóvenes, no soy tan feliz como el mundo supondrá +seguramente. Tengo muchísimos momentos de murria, de tristeza, +acordándome de que vivo solo, que me falta el calor de la familia, el +cual no puede reemplazarse con nada... Mi tío Manolo, ya sabe V. como +es... muy bueno, muy cariñoso... pero... ocupado exclusivamente en +divertirse... Y el hombre no vive sólo con el recreo de los teatros, de +los cafés y de los bailes. Cuando hay un poco de corazón, se apetece +otra cosa... + +--¿Por qué no te casas?--dijo la brigadiera secamente y sin levantar la +cabeza. + +--El casarse no es un acto tan libre como parece a primera vista... Se +casa uno cuando llega la hora y una porción de circunstancias se han +juntado para ello... Casarse porque sí, por una determinación de la +voluntad, sin haberse enamorado antes de una mujer y sin juzgarla digna +de llamarla esposa, me ha parecido siempre insensato... Además, en +Madrid, en las sociedades que yo frecuento, se encuentran muchas jóvenes +bonitas, elegantes, que tocan el piano admirablemente, y cantan a veces +como las tiples que se _chichean_ en el Real, y a veces pintan acuarelas +y paisajes al óleo demasiado verdes, y escriben cartas a los novios con +bastante ortografía... pero buenas esposas y buenas madres de familia, +¿cree V. que se encuentran con tanta facilidad? + +--¡Bah! + +--No lo crea V., mamá... En fin, a mí no me ha llegado aún la hora... Y +mientras que me llegue, lo estoy pasando mal. Me sobra gran parte de la +renta que tengo, y si no hago mal uso, no sé qué hacer de ella... + +Miguel guardó silencio un instante, y después de vacilar, dijo +tímidamente: + +--Si V. me lo permitiera, la partiría de buena gana con mi hermana... + +--Bien--dijo la brigadiera con voz un poco temblorosa. + +--¿Y consentiría V. que me viniese a vivir con ustedes? + +--¿Por qué no? + +--¡Oh mamá!--exclamó Miguel enternecido;--me hace V. feliz con esa +respuesta. ¡Tengo unos deseos tan vivos de vivir con VV.!...--Y +apoderándose al mismo tiempo de una mano de la brigadiera, la besó con +efusión repetidas veces, mientras dos lágrimas le resbalaban por las +mejillas. + +--¡Vamos, que no me negará V. que tengo un corazón muy sensible!--dijo +riéndose de su propia emoción, como tenía por costumbre. + +A la brigadiera no le pareció bien esta salida y se quedó seria. Ni era +fácil que penetrase jamás el verdadero carácter de Miguel, y lo que +aquellos arranques significaban. No obstante, se mostró después todo lo +amable y expansiva que le consentía su naturaleza, lo cual pudiera muy +bien achacarse, sin ser mal pensado, a la promesa que Miguel acababa de +hacer respecto a su fortuna, por más que ella en la apariencia no le +hubiese concedido ninguna importancia. Mas el hijo del brigadier era +tan dichoso con aquella reconciliación y con la perspectiva de vivir en +la misma casa de su hermana, que prefirió creer que también su madrastra +se enternecía y se gozaba en tenerle nuevamente por hijo. + +Cuando más embebido se hallaba en la conversación, sintió que unas manos +chiquititas le sujetaban la cabeza por detrás, y se la despeinaban con +furia. Era Julia que había entrado de puntillas sin ser notada. + +--¡Al fin has caído en mis manos! ¡Abajo los peluqueros! + +--¡Y tú en las mías! ¡Arriba las niñas sevillanas!--dijo Miguel +sujetándola para darla un beso. + +--¿De dónde sacas tú, fatigoso, que yo soy de Sevilla?--repuso Julita +con marcado acento andaluz, y comiéndose más de la mitad de las +letras.--Yo soy gata, y muy gata, y porque soy gata, te araño y te +arranco estos ricitos tan cucos de donde cuelgas los corazones. + +--¿Hay alguno colgado?--preguntó Miguel riendo y dejándose sobar +pacientemente. + +--Vamos, basta, Julia--dijo la brigadiera sonriendo también. + +--¡Oh, no!--contestó aquélla, siguiendo con más ardor en su tarea.--¿Tú +te has figurado que se puede echar impunemente flores a una chica que no +hace tres meses siquiera que ha llegado de Sevilla? ¡Y qué flores, +Virgen del Amparo, qué flores tan cursis! ¡Que me he desarrollado! ¡Que +soy muy mona!... Anda, tonto; ¿te figuras que sólo en Madrid se +desarrolla la gente? + +--¿Y cómo sabes tú que te ha estado echando flores?--le preguntó su +madre, clavándola una mirada terrible. + +Julia se puso encarnada hasta las orejas. + +--Lo he oído por casualidad al cruzar por el pasillo... + +--¿Casualidad, eh?--dijo la brigadiera con sonrisa sarcástica.--Pierde +cuidado, que ya me encargaré yo de que no se repitan esas casualidades. + +Julia se turbó ante la amenaza de su madre: quedose un momento pensativa +y triste; pero en cuanto aquélla bajó la cabeza para continuar su labor, +hizo un mohín gracioso y alzó los hombros en señal de indiferencia. +Colocada en pie al lado de su hermano, siguió acariciándole los cabellos +y la barba. Miguel se había quedado también repentinamente serio. Al +cabo de un momento, Julia, metiéndole la boca por el oído, le dijo muy +quedo: + +--Mira, vamos a sentarnos al sofá y podremos hablar lo qué queramos... +Lo haremos con disimulo; aguarda un poco. + +Y después de acercarse al balcón y echar una ojeada a la calle, dijo en +voz alta: + +--Miguel, tú no has visto los retratos que nos hemos hecho últimamente +mamá y yo, ¿verdad? + +--Como no hubiera ido a casa del fotógrafo, es difícil... + +--Voy a enseñártelos ahora mismo: verás también los de nuestros +parientes de Sevilla... Tengo unas primas muy guapas: a ver si te +conviene alguna. + +Y salió corriendo de la sala. + +--¡Qué chiquilla tan viva!--exclamo Miguel volviéndose a su madrastra. + +--Sí, muy viva y muy insufrible--repuso ésta con mal humor. + +--Es la edad--dijo Miguel, a quien parecía imposible que la brigadiera +no hallase graciosa y amable a su hija. + +--Nada de eso: ya ha cumplido diez y seis años, y cada día está peor. + +Julia entró con un álbum en la mano. + +--Ven aquí, al sofá, Miguel, y ten ánimo para ver nuestra colección de +fieras. + +--Enséñame primero tu retrato y el de mamá para que me infundan valor. + +--Aquí los tienes--dijo sentándose al lado de su hermano.--Mira a mamá +¡qué bien está!--Tan guapetona como siempre--añadió guiñando un ojo y +apuntando con los labios a su madre, que estaba sentada de espaldas a +ellos.--¿No te apetece darla un beso?... Vamos, dáselo... + +Miguel acercó, riendo, los labios al retrato. Julita quería desagraviar +a su mamá. Ésta, sin levantar la cabeza, y en un tono entre alegre y +displicente, exclamó: + +--¡Ah, aduladora! Ya sabes que me empalaga el dulce. + +Julita hizo otra mueca, se rió, y presentando con extraordinaria viveza +su retrato a Miguel, le dijo: + +--Eh, ¿qué tal? + +--Admirablemente. + +--¿No es verdad que con esta mantillita blanca y estos rizos por la +frente y estos ojillos entornados, soy capaz de dar el opio a +cualquiera? + +--Sí, a cualquier cadete--repuso su hermano por lo bajo. + +Julita quedó un segundo suspensa, y se puso otra vez encarnada; pero +reponiéndose en seguida, le dio un pellizco, diciendo: + +--¡Ah granuja! ¿Qué correo de gabinete te ha venido a dar la noticia? + +--¡Y yo que soñaba para ti lo menos con un coronel!--siguió en voz baja +y reprimiendo la risa. + +--¡Ya llegaremos allá! + +--¡Diablo! es menester que se pronuncie antes siete veces lo menos; y te +lo pueden escabechar fácilmente. + +--¡Pobrecillo de mi alma!--exclamó Julita poniendo la cara triste. + +--¿Pero le quieres de veras? + +--Un poquito. + +--Pues él también te quiere a ti: al entrar en esta casa hace un +momento, me vino a preguntar con semblante fosco si yo te galanteaba. + +--¡Qué tonto!--exclamó la niña roja de placer.--¿Y tú qué le dijiste? + +--Que no podía aunque quisiera, porque era tu hermano. + +--¿Y él que ha dicho? + +--¿De veras es V. hermano de esa joven? + +--Y tú, ¿qué dijiste entonces? + +--Y tan de veras, aunque de padre nada más. + +--Y él ¿qué dijo a eso? + +--¡Chica, no me acuerdo!--manifestó Miguel soltando a reír.--¡Qué +graciosa estás con eso de _qué dijiste y qué dijo_! + +Julia estaba tan interesada y pendiente del relato de su hermano, que no +se había dado cuenta de aquellas repeticiones. Quedose un poco cortada; +pero concluyó en seguida por reírse de sí misma. + +--Mira el retrato de tío Joaquín--dijo en voz alta.--Vivíamos en Sevilla +muy cerquita de su casa. Es fiscal de la Audiencia y tiene las tres +hijas que vas a ver... ésta es la primera, Sofía. + +--¡Uf qué fea!... Dispénseme VV., no he podido remediar este grito... + +--Di lo que gustes--manifestó la brigadiera.--Hace ya tiempo que +estamos todos en ello. + +--Mira la tercera, Gertrudis. + +--Pues ésta es más fea aún. + +--Aquí está la segunda, Lola. + +--¡Demonio, esta es verdaderamente horrible! + +Julia se echó a reír diciendo: + +--En Sevilla las llaman «las tres circunstancias agravantes.» A la +primera Premeditación, a la tercera Alevosía, y a la segunda +Ensañamiento, por orden de fealdad. + +--Tiene gracia... Cualquier día me voy a Sevilla por una de ellas. ¿Y +son esas las primas de que me hablabas? + +--No, hombre no: éstas son tías... primas segundas de mamá... Por +supuesto, te lo digo en reserva, porque si ellas supieran que yo ando +propalando este secreto, serían capaces de asesinarme, ¿no es verdad, +mamá? + +--Pues que quieran o no--respondió la brigadiera,--son tus tías, y la +menor pasa ya de los treinta. + +--Oyes, Julia--dijo Miguel hablando otra vez en voz baja.--¿Se te ha +declarado ya _ese_...? + +--El otro día me puso una carta en la mano; pero yo la dejé caer. + +--¿Pues? + +--Es un tío lila, ¿sabes? + +--¿Pero no acabas de decirme que le quieres? + +--¡Qué sé yo si le quiero!--dijo alzando los hombros con displicencia. + +--Pues eres la más interesada en el asunto. + +--Desde un día en que le vi de paisano con unos pantalones muy cortos, +se me ha quitado bastante la ilusión. + +--No te apures por eso, chica; es que está creciendo aún... debes +alegrarte. + +Siguió la conversación todavía un buen rato. Miguel prometió traer al +día siguiente sus maletas. Julia, brincando de alegría, le enseñó el +gabinete donde iba a dormir en tanto que no se buscase una casa más +capaz, como acababa de convenirse entre ellos. Al fin se despidió lleno +de gozo, prometiendo venir a buscarlas de noche para llevarlas al +teatro. + +Al poner el pie en la calle, cortó repentinamente el hilo de sus +risueños pensamientos el ver apostado en la acera de enfrente, y en +actitud de espera, a lo que podía sospecharse, al cadete enamorado de su +hermana.--«Vaya, me parece que voy a tener que andar a pescozones con +este majadero»--se dijo. Pero muy contra lo que presumía en aquel +momento, el cadete salvó rápidamente la distancia de una acera a otra y +arremetió con él con los brazos abiertos, la cara sonriente y rebosando +de júbilo. + +--Déjeme V. que le abrace, D. Miguel--y lo hizo sin aguardar el +permiso.--Acabo de saber, por la portera, que es V., en efecto, hermano +«de esa chica,» y me pesa muchísimo de haber tenido con V. esa +cuestión... + +--¿Qué cuestión? + +--La que tuvimos, antes de entrar V... ¡Caramba, si yo lo hubiera +sabido!... ¡Cómo había de atreverme! Por Dios, me dispense V. + +A Marte, al decir esto, se le había suavizado notablemente la expresión +del semblante: la voz tampoco era tan profunda. + +--No tengo por qué dispensar a V.--contestó Miguel, zafándose de sus +brazos y mirándole entre risueño y admirado. + +--¡Y yo que pensaba que era V. mi rival! Le estuve a V. esperando más de +dos horas: no quería marcharme a casa sin darle una satisfacción... He +perdido la academia por ello. + +--Lo siento mucho y se lo agradezco; pero no había necesidad. + +--Ahora voy a pedir a V. un favor--dijo vacilando un poco. + +--Usted dirá. + +--Que venga V. conmigo a beber una botella de cerveza al Suizo. + +--No me gusta la cerveza. + +--Quien dice cerveza, dice cognac, marrasquino, chartreusse..., en fin, +lo que V. guste. + +--No tengo inconveniente en ello: lo que sentiré es que, por mi causa, +pierda V. alguna otra clase. + +--No señor, ya las he perdido todas. + +--Pues vamos allá. + +Y se emparejaron caminando en dirección al café Suizo. El cadete le dejó +respetuosamente la acera. + +--Mozo, una copa... ¿de qué, D. Miguel? + +--De agua. + +--¿Cómo de agua?--dijo sorprendido y un tanto amostazado. + +--Es lo único que me apetece en este momento. + +--¿Pero?... + +--¿No quería V. antes darme una satisfacción? + +--Sí señor. + +--Pues deme V. ahora la de dejarme beber agua, puesto que tengo sed. + +--Bueno; si V. se empeña...--Y dirigiéndose al mozo con voz ronca de +mando: + +--Con azucarillo y gotas, ¿entiendes? A mí una copa de ron. Tráete +además los cigarros, para que escojamos. + +Se habían sentado uno frente a otro. El cadete, siempre galante, había +obligado a Miguel a sentarse en el diván, mientras él se había acomodado +en una silla. Examinábale aquél atentamente sin quitarle ojo, mostrando +en el semblante tal gravedad, que a leguas se adivinaba que era forzada. +Realmente el cadete era un ser curioso en su aspecto físico. Por su +delgadez parecía montado en alambres; tan rubio, que casi daba en +albino; el cuello largo como el de las girafas, y con una nuez... Miguel +no había visto jamás nuez tan desmesurada: de todo el individuo era lo +que preferentemente llamaba su atención. + +Vino el mozo con el servicio y los cigarros. Utrilla, que así se llamaba +el cadete, se empeñaba en que Miguel escogiese uno. + +--No puede ser, querido: esas brevas son demasiado fuertes para mí; yo +gasto unos cigarros más flojos... aquí tiene V... si V. gusta... + +--Muchas gracias: yo necesito que pique un poco el tabaco; lo flojo no +me sabe a nada... + +--¡Milagro será--pensó Miguel--que tú te tragues esa copaza y esa breva! + +--Pues como le iba diciendo, Sr. Rivera--manifestó Utrilla, comenzando a +pegar feroces chupetones al cigarro,--no sabe V. lo que a mí me alarmó +verle pasear la calle de su hermanita. En seguida se me subió el tufo a +las narices... Los militares somos así... Y dije para mí, entonces: Hay +que cortar esto por lo sano y jugar el todo por el todo: o tú o yo. ¿A +qué vienen esas rivalidades en que los dos se están odiando, y sin +embargo, se aguantan un día y otro sin decirse una palabra? Eso lo puede +hacer muy bien un paisano, pero un militar... creo yo... V. bien me +comprende. Así que ¡zás! en cuanto vi la cosa seria, me fui derecho al +bulto y me aboqué con V... + +--Y si yo no hubiera sido hermano de Julia y la galantease, ¿qué hubiera +V. hecho? + +--Pues nada... hubiéramos ido al terreno. + +--¿A qué terreno? + +--Al del honor. Nosotros, los militares, estamos más comprometidos que +VV., los paisanos, cuando llegan estos casos. A nosotros el uniforme nos +obliga a no transigir... + +--Con que una muchacha prefiera a otro, ¿verdad? + +--No señor, no es eso; entre nosotros hay ciertas leyes... Lo que en +otro cualquiera no es cobardía, pongo por caso, en uno de nosotros lo +es... Luego hay el espíritu de cuerpo... Si los compañeros saben que V. +no ha quedado encima en cualquier cuestión, le dejan de saludar y le +obligan a salirse del cuerpo... La verdad es que la milicia es una cosa +muy seria, y que no se puede jugar con ella. + +--Mucho--afirmó Miguel gravemente, lanzando al aire una bocanada de +humo.--¿Y cuánto tiempo hace que es V. militar, Sr. Utrilla? + +--En la academia--respondió el cadete después de vacilar un poco y +toser--no llevo más que seis meses... pero me he estado preparando antes +dos años con un comandante del cuerpo... y en realidad, desde que uno +entra en la academia preparatoria, ya se le considera como militar. + +--Mucho--volvió a afirmar Miguel inclinando la cabeza. + +--Dentro de quince días nos examinamos del primer semestre; si salgo +bien, me faltarán cuatro años y medio nada más para salir a teniente del +cuerpo...; por supuesto, si no pierdo algún semestre. Hacen falta +oficiales; de modo, que lo más probable es que no aprieten mucho... +Además, estos quince días pienso estar _empollando_ el álgebra. Soy un +hombre muy especial. ¡Caramba, si no fuera su hermanita, algo mejor +andaría yo de ella! En dibujo estoy bastante bien... ¡claro, como que mi +padre me ha hecho dibujar desde los diez años! En topografía tampoco +ando mal. Al único que tengo miedo, es al tío del álgebra... ¡Es un tío +más marrajo y más seco! Sale uno al encerado a exponer un teorema, y a +lo mejor se equivoca, porque es muy fácil equivocarse... ¿V. cree que se +lo advierte? ¡Nada! El muy perro se queda serio como un poste, y V. no +sabe que se ha equivocado hasta el fin, después de una hora... + +Miguel le escuchaba distraído, pensando en su hermana y en su madrastra, +echando cálculos alegres sobre la vida feliz que iba a hacer en su +compañía, recordando con placer los pormenores de la entrevista que con +ellas acababa de tener. + +Cuando el cadete hizo una pausa, le preguntó por hablar algo: + +--¿Y V. es natural de Madrid? + +--Sí, señor; he nacido aquí, y aquí me he criado... Mi padre tiene una +fábrica de bujías esteáricas en las afueras, cerca de los Cuatro +Caminos... acaso V. la haya visto... ¿no?... pues si V. va por allí +algún día de paseo, no tiene V. más que preguntar por mí, y le dejarán +pasar a verla. O mejor será, que el día que V. quiera ir allá, me avise, +y le acompañaré, con tal que sea después de los exámenes. Mi padre es +viudo, y tiene tres hijos; el último de ellos soy yo; mi hermano primero +es el que corre ahora con la fábrica; mi hermana Eugenia está casada con +un agente de Bolsa... A mí también quería meterme mi padre en estos +líos, pero yo soy un hombre muy especial; basta que me manden una cosa, +para hacer la contraria. A mí siempre me gustó mucho la vida del +militar; hoy aquí, mañana allí, unas veces con mucho dinero, otras veces +sin una peseta. + +--¿De modo, que a V. le gustaría viajar, conocer países? + +--Sí, señor, muchísimo; yo soy un hombre muy especial en eso. + +--¿Y qué necesidad tiene V. de hacerse militar para ello? ¿No se puede +viajar de paisano? + +--Claro; habiendo dinero... Pero a mí me gusta viajar de cierto modo; +estando en un pueblo quince días, en otro un mes... y luego que siendo +uno militar, en todas partes se le recibe con los brazos abiertos... Las +chicas se mueren por el uniforme... ¡Es una tontería, por +supuesto!--añadió sonriendo y dejando bien traslucir que no la tenía por +tal, sino por una prueba grande de sabiduría.--Mire V., a mí no me gusta +el uniforme; soy un hombre muy especial. Los primeros días, me lo ponía +con entusiasmo; pero ahora ya me apesta... Además, como uno tiene que +saludar a todos los oficiales, ¡y hay tantos en Madrid!... + +El cadete siguió todavía bastante rato hablando de sí mismo con voz de +bajo profundo, contándole cien mil cosas que no le importaban nada, y +afirmando a cada instante que era un hombre muy especial. Miguel no +podía adivinar en qué consistía esta especialidad, como no fuese en la +nuez, que, en efecto, cada vez le parecía más especial. Observó también +que estaba un poco más pálido que al principio, lo cual le movió a +preguntarle por dos veces si se sentía mal, pero el cadete afirmó +rotundamente que se encontraba admirablemente. No obstante, allá a lo +último, se puso en pie, confesando que la atmósfera del café estaba algo +pesada y que sería bueno dar una vueltecita entre calles, a lo cual +accedió muy gustoso su compañero. + +Llamaron al mozo, y ambos trataron de pagar; pero éste, sea porque +juzgase a Miguel con más edad y carácter para el caso o por otra causa +que no es fácil adivinar, rechazó el dinero que el cadete le ponía en la +mano y tomó la moneda que aquél le ofrecía. ¡Aquí fue Troya! El cadete +se indignó con esta acción, de un modo indecible, se puso aún más pálido +de lo que estaba, echó tres o cuatro ternos redondos con la voz más +cavernosa que halló entre sus registros, y amenazó con estrangular al +mozo acto continuo. Esfuerzos inauditos costó a Miguel sosegarle, y +solamente lo consiguió con la promesa de que vendría otro día a tomar +cualquier cosa para que él la pagase. Apesar de esto salió del café +taciturno y sombrío; aquello de que Miguel hubiese pagado siendo él +quien le invitara, parecíale el colmo de la humillación. Todavía cuando +iba en dirección a la puerta cruzando por entre las mesas, se volvió dos +o tres veces para lanzar una mirada de desafío al mozo, que ya estaba +sirviendo a otros parroquianos sin hacer caso. + +Una vez en la calle, Utrilla se mostró mucho menos locuaz. Miguel se vio +precisado, para sostener la conversación, a hacerle preguntas a las +cuales contestaba cada vez con más concisión. Al poco rato se detuvo +repentinamente y manifestó que no se sentía nada bien. Decir esto y +arrimarse a un portal y echar los hígados por la boca, fue todo uno. + +--¿Le habrá hecho a V. daño el cigarro?--le preguntó Miguel. + +--¡Cá, no señor!... No comprendo lo que pudo ser... Acaso el ron que me +dieron estaría malo. + +--Sin embargo, el cigarro... V. escupía mucho... + +--No señor, no; estoy acostumbrado. + +Viéndole aún bastante pálido y desfallecido, Miguel llamó a un coche de +punto, le hizo subir a él y le condujo a su casa, situada en la calle +del Sacramento. El cadete, apesar de su mal estado, quería descoyuntarse +dándole las gracias. + + +FIN DEL TOMO I + + * * * * * + + + + +RIVERITA + +NOVELA DE COSTUMBRES + +POR + +ARMANDO PALACIO VALDÉS + +MADRID +TIPOGRAFIA DE MANUEL G. HERNÁNDEZ +Libertad, 16 duplicado +1886 + + + + +TOMO II + + + + +I + + +Miguel no fue tan feliz como había imaginado viviendo con su madrastra. +Aunque Julita le proporcionaba con su alegría infantil y cándido donaire +gratísimos momentos, estaban amargamente compensados éstos por el +malestar que le producía el carácter rígido, inflexible, de la +brigadiera. Este carácter no tenía ocasión de manifestarse con él, +porque evitaba escrupulosamente todo motivo de choque o disgusto; pero +se mostraba en toda su violencia y a cada hora del día con su hija +Julia. No podía hacer la pobre niña nada, fuese tuerto o derecho, que +mereciese su aprobación; era un ordenar constante de la mañana a la +noche, primero una cosa, después otra, a menudo cosas contrarias, lo +que producía disgustos, conflictos y escenas ruidosas. Julia tenía +ocupados todos los minutos del día; cinco horas de piano, dos de +bordado, dos de estudio, etc. Por nada en el mundo podía infringirse +este régimen despótico: la menor infracción costaba muchas lágrimas. Si +por impaciencia, o arrastrada de su genio vivo y desenfadado, contestaba +alguna cosa que oliese de cien leguas a falta de respeto, ya podía +prepararse: la brigadiera se erguía como una fiera, la llenaba de +insultos, y olvidándose a menudo de lo que debía a su propia dignidad, y +apesar de los años de Julita, la pellizcaba cruelmente, la abofeteaba y +la tiraba de los cabellos:--«¡A su madre no se contesta jamás; se +obedece y se calla, aunque no tenga razón!»--Eran las palabras que +siempre salían de su boca en casos tales. La brigadiera tenía de la +patria potestad la misma idea que los romanos; no había límites para +ella. Cuando se efectuaba alguna de estas escenas, y por desgracia eran +demasiado frecuentes, siempre concluían del mismo modo: Julita se iba a +llorar la reprensión, los pellizcos o las bofetadas a su cuarto; su +madre no volvía a hablar con ella, ni a dirigirle siquiera una mirada: +para que hubiese reconciliación, era necesario que Julia fuese a ponerse +de rodillas delante de ella, y cruzadas las manos en el pecho, como +estaba acostumbrada desde niña, la pidiese perdón. Sólo así lograba +entrar en su gracia. + +Poco tiempo después de haberse trasladado Miguel, fue testigo de una de +las más repugnantes escenas de este género. Cuando terminó con el piano +una mañana, Julita se fue al comedor, y _motu propio_, por su extremada +inclinación al aseo, sacó toda la vajilla de los armarios y se puso a +limpiarla esmeradamente y a colocarla de nuevo en su sitio. Empleó en la +tarea mucho más tiempo de lo que había imaginado: cuando tornó al +gabinete donde su madre se hallaba, ésta le preguntó con la aspereza +acostumbrada si había cosido un vestido que se le había roto el día +anterior. + +--Todavía no--contestó Julita tranquilamente. + +--¿Y qué te has hecho toda la mañana? ¡holgazana! ¡más que +holgazana!--exclamó la brigadiera con ira. + +Julia, que estaba muy ufana de su labor y que pensaba dar una sorpresa +agradable a su madre, le dijo riendo: + +--¿Mamá, tiene V. vergüenza para llamarme holgazana? + +Nunca lo hubiera dicho. La brigadiera, sin oír más, se lanzó sobre ella, +la cogió por un brazo y la sacudió tan fuertemente, que la chica perdió +el equilibrio y cayó al suelo, dando con la cabeza sobre un pie del +piano: lanzó un grito y se llevó la mano a la cabeza, de donde corría +un hilo de sangre. La brigadiera, terriblemente asustada, pálida como +una muerta, se arrodilló cerca de su hija, la incorporó, y empezó a +besarla frenéticamente, mientras Miguel iba corriendo a su cuarto en +busca del frasco del árnica. Pusiéronla inmediatamente una compresa, +sujetándola con una venda, y gracias a esto la herida quedó pronto +cerrada. Julia no tardó en serenarse: su madre también se calmó poco a +poco. Pero todavía mientras la quitaba la sangre de la cara con un paño +mojado, no podía menos de dar suelta a su genio exclamando: + +--¿Lo ves? Esto te ha sucedido por desvergonzada. + +La brigadiera, aunque parezca extraño después de lo que acabamos de +decir, amaba a su hija; pero la amaba a su manera, mortificándola sin +cesar para plegarla de un modo incondicional a su voluntad. La voluntad +era la facultad dominante, característica de su espíritu; todas las +demás, el entendimiento, la sensibilidad, la memoria, estaban +avasalladas por ella, hasta poder dudarse algunas veces de si existían. +Ante el capricho más insignificante, la ternura y hasta el amor maternal +huían a esconderse; pero sería injusto afirmar que estaba desprovista de +ellos. La prueba es que en el momento en que su hija se ponía enferma, +no se apartaba de ella un instante, ni de día ni de noche. Verdad es +que, aun en tal estado, su voluntad no dejaba de seguir activa, +haciéndole tragar las medicinas con terrible exactitud, no +consintiéndole sacar un brazo fuera, ni dar tantas vueltas, etc., etc. +Esto era irremediable. Además, para vestir a Julia con elegancia, para +proporcionarle una educación brillante, no le dolía gastar todo su +caudal, ni aun sacrificar sus propias comodidades. Mientras estuvo en +Sevilla pudo competir en vestidos y sombreros con las hijas de las +familias más aristocráticas. A esto se debía, por supuesto, la gran +merma que sobrevino en la hacienda que el brigadier la había dejado. + +No obstante el régimen severo en que su madre la tenía aprisionada y el +feroz despotismo que sobre ella ejercía, Julia no era tan desgraciada +como pudiera presumirse. La naturaleza la había dotado de un carácter +alegre, bondadoso y algo tornadizo, y este carácter la salvaba de una +desdicha cierta; las impresiones en ella duraban poco y se sucedían con +pasmosa rapidez; pasaba con increíble facilidad del llanto a la risa, y +de la risa al llanto; era incapaz de meditar sobre las injurias que la +hacían, ni menos de guardar por ellas el más leve rencor. Además, como +estuvo toda su vida bajo el poder y la vigilancia de su madre, no +pensaba que hubiera más vida, y estaba tan acostumbrada a sus filípicas +que, cuando no eran extraordinarias, las escuchaba como un ruido +enfadoso, y se autorizaba una que otra vez, si el temporal no era muy +recio, ciertas salidas graciosas, aunque atrevidas. + +--Mamá, me ha dicho una persona bien enterada que en el purgatorio +acaban de suprimir los pianos. Hasta allí se van mejorando las +costumbres.--Mamá, ¿será faltarte al respeto decirte que hoy te has +echado muchos polvos de arroz?--Mamá, si yo tuviese una hija, por lo +menos un día a la semana, la dejaría dormir cuanto quisiera. + +Estos donaires, cuando subían de punto, solían costarle bastante caros. + +Miguel, a quien todo aquello cogía de nuevas, y que adoraba a su +hermana, no podía sufrirlo con calma: cada vez que le tocaba ser testigo +de una de estas escenas, padecía horriblemente y le costaba esfuerzos +desesperados el reprimir sus ímpetus y no hacer a la brigadiera alguna +áspera advertencia. Pero comprendía que con esto no adelantaba nada; al +contrario, pondría las cosas en peor estado, y se callaba tragando bilis +o apelaba con timidez a los ruegos para conjurar la borrasca. Más de una +vez pensó en irse de nuevo a la fonda; pero al instante su conciencia se +rebelaba. ¿Esto no era egoísmo? ¿Qué adelantaba su hermana con que él no +estuviese en casa? Por el contrario, sabía perfectamente que Julita se +consolaba mucho teniéndole cerca, no sólo porque templaba algunas veces +el rigor de su madre, sino también, y esto era lo principal para ella, +porque desahogaba con él su pecho, porque la animaba, porque pasaba +charlando deliciosamente muchos ratos en su compañía, porque se placía +en arreglarle el cuarto, porque la llevaba con frecuencia al teatro y +procuraba, en suma, por todos los medios que estaban a su alcance, +hacerle más dulce la existencia. Por otra parte, tampoco Miguel era de +natural melancólico, como ya sabemos; Julia y él se entendían +admirablemente para bromear, reír, bailar y hasta brincar por la casa. Y +como la alegría es contagiosa, algunas veces, muy pocas, también la +brigadiera participaba de ella y sonreía a sus juegos. Miguel solía +aprovechar esta buena disposición y osaba retozar con la fiera: +cogiéndola súbito de la cintura la empujaba con alguna violencia y la +hacía correr, a su pesar, por la sala o el corredor hasta fatigarla, sin +hacer caso de sus protestas. + +--¡Estate quieto, Miguel! ¡Basta, Miguel! ¡Mira que me fatigo! + +La brigadiera, enfadada a medias, no podía menos de reírse. Miguel +comprendía bien cuándo convenía soltarla. + +--¡Eres un loco incorregible!... ¡Eres más chiquillo aún que tu +hermana! + +--Vamos, cállese V., señora, o volvemos a dar otros seis galopes. + +--No, no, me marcho, porque eres muy capaz de hacerlo--decía riendo. + +Estas sonrisas tenían para nuestros jóvenes el incalculable valor que +tiene para los habitantes de Londres un rayo de sol en medio del +invierno. + +Miguel entregaba a su madrastra puntualmente la mitad de su renta. No se +limitaba a esto su liberalidad: a menudo las hacía valiosos regalos, las +llevaba al teatro y las obsequiaba de mil modos distintos. La casa se +había montado sobre un pie más alto: vivían en un cuarto desahogado de +la calle Mayor: en vez de la cocinera y la doncella que antes tenían, +había ahora otros dos sirvientes más, una doncella para Julia y un +criado para Miguel. La brigadiera aceptaba, sin embargo, la generosidad +de su hijastro sin mostrar pizca de agradecimiento: al contrario, +parecía que tomando su dinero o sus regalos le otorgaba un gran favor, +le daba una prueba de confianza, y que él era quien estaba obligado por +ello a guardarle eterna gratitud. + +Algún tiempo después de vivir de aquel modo, tuvo nuestro joven otro +encuentro, fecundo también en graves consecuencias. Aconteció que un día +de Carnaval se disfrazó de máscara, y en compañía de otros dos amigos, +se bajó al Prado. Vestía traje de chula, y ostentaba, para mayor +regocijo de los mirones, un seno exuberante, embutido de algodón. + +El salón rebosaba de gente; pocas máscaras, no obstante. Las que había, +desfilaban entre los carruajes dando saltos para no ser atropelladas, y +se montaban en la trasera de ellos, en el estribo, y a veces se sentaban +al lado de los dueños para embromarlos. El grupo donde iba Miguel se +quedó algunos minutos inmóvil presenciando el desfile e inquiriendo con +la vista si entre las graves damas y caballeros que venían arrellanados +en los _landaux_ o _mylords_ había algunos de sus conocidos a quien +poder dirigirse. Uno de los compañeros atisbó al diputado Vidal que +guiaba un _tílbury_, y escapó a colocarse a su lado, lanzando chillidos +horrísonos. «¡Perico! ¡Perico! padre de la patria, aguárdame.» El otro +tuvo la felicidad de ver a su novia en carretela y fue a colocarse de +pie en el estribo. Quedó Miguel solamente en espera de algún amigo; pero +no acababa de pasar. Conocía bastante de vista y de oídas a la mayor +parte de las personas que ocupaban los aristocráticos trenes que +cruzaban lentamente guardando fila, pero no trataba a ninguna: el barón +de Aguilar con su señora, la marquesa viuda de Istúriz con su hija, +después los señores de Pérez Blanco, en seguida el embajador inglés, +luego la señora de Manzanillo con sus tres hijas, unas señoras que no +conocía, un consejero de Estado próximo a ser ministro, el banquero +Mendiburu con su señora y hermana, la generala Bembo:... a ésta sí la +conocía. Era Lucía Población, aquella rubia tan espiritual, amiga de su +madrastra, que había casado mientras él estuvo en el colegio con el +coronel Bembo, ascendido hacía poco a general. D. Pablo estaba en +Filipinas en un cargo importante; decíase que había ido allá a reponer +su fortuna, quebrantada por las prodigalidades de su esposa. Vivía ésta +en Madrid con sus tres hijos, gastando un arreo que confirmaba tal +juicio. Además, en los últimos tiempos había dado bastante que decir con +algunas historias galantes, lo que por otra parte la había elevado a la +categoría de «mujer a la moda.» Miguel no había hablado con ella desde +niño: y esto porque sabía que estaba hacía muchos años reñida con su +familia. La había encontrado varias veces en los salones de la corte; +pero como Lucía afectaba no conocerle, él tampoco se había decidido a +saludarla. Sin embargo, no tenía contra ella queja alguna: en la ruptura +de relaciones con su madrastra, estaba convencido de que la culpa era de +ésta. + +Viendo que no cruzaba ningún amigo, Miguel se decidió a pasar un rato +con la generala. + +--Lucía, Lucía, hermosa Lucía, déjame contemplarte un instante de +cerca... + +Y saltó sobre el estribo de la _victoria_ en que iba la dama y se sentó +a sus pies. + +--He aguardado más de una hora para verte pasar y poder ofrecerte mi +caja de dulces... toma. + +--Gracias, máscara--dijo la dama con sonrisa de complacencia, abriendo +al mismo tiempo la cajita de Miguel y sacando de ella una almendra con +sus dedos enguantados. + +--¡Qué envidia sentirán ahora los que me vean! + +--¿Por qué? + +--Porque voy sentado a los pies de la reina de la hermosura, la estrella +Sirio de los salones de Madrid. + +El joven exageraba. No obstante, Lucía era una de las bellezas que +citaban los periódicos en sus revistas de salones y teatros. Los años no +la habían hecho desaparecer; por el contrario, al redondear y abultar +sus formas, habían dado a su figura una majestad que antes no tenía. +Conservaba el rostro terso y nacarado: sus cabellos dorados no contenían +aún ninguna hebra de plata: sus ojos límpidos, azules, tenían una +expresión vaga de melancolía e inocencia que contrastaba singularmente +con lo que de ella se decía, y que la comunicaba cierto misterioso +atractivo. Vestía con extraordinaria elegancia. + +Al aspirar la tufarada de incienso que Miguel le echó de improviso, una +sonrisa placentera contrajo sus labios. + +--¡Oh! máscara, eres muy galante, muy galante... + +--No es galantería; es pura verdad: todo el mundo te admira en Madrid... + +--Vamos, acepto eso como broma de Carnaval; pero te la agradezco, porque +es delicada. + +--Agradéceselo a Dios, que te ha hecho así... Aunque alguna parte +también debió tomar el diablo cuando te ha formado, porque has hecho +muchos desgraciados. + +Y siguió un buen rato manejando el incensario: la generala sonreía +siempre y se iba interesando cada vez más por la máscara. Cuando estuvo +ya bastante preparada, el joven dio otro giro a la conversación, +enderezándola por ciertos caminos peligrosos. + +--¡Ay, Lucía, tú no sabes cuánto me has hecho pecar de pensamiento! + +--¿Y por qué?--repuso la dama; en sus ojos brilló una chispa de malicia. + +--Porque... porque... ¡bah! ¿Quieres que te lo diga? + +--Sí, dímelo. + +--No me atrevo; te vas a enfadar conmigo. + +--No me enfadaré; dímelo. + +--Sí te enfadarás; y yo quiero seguir siendo tu amigo... digo, tu +amiga... + +--¡Cuando te digo que no me enfadaré!... Vamos, me comprometo a ello +formalmente; habla. + +--¡Ay, Lucía! ¿Me lo juras? + +--Te lo juro. + +El joven se levantó, acercó su cabeza a la de la dama, y rozando con los +labios su oído, dejó caer en él unas cuantas palabritas, que la hicieron +prorrumpir en carcajadas. Miguel no esperaba tan buena acogida, y quedó +un poco cortado; inmediatamente se repuso, y comprendiendo que la +generala estaba curada de espantos, se enfrascó en una conversación +libre y desvergonzada. + +La generala, a cada nuevo equívoco o reticencia, mostraba mayor alegría, +se desternillaba de risa y daba pie con sus ingeniosas y picarescas +respuestas a que el joven se engolfase cada vez más adentro. Ya no pensó +más en cambiar de sitio; se encontraba admirablemente a los pies de +Lucía. + +La generala quería averiguar quién era la máscara que tantas y tantas +buenas cosas sabía. + +--Soy tu lavandera, ¿no me has conocido?--respondía el joven. + +--¡Oh, mi lavandera no es tan pícara como tú! + +--La careta me hace ser pícara; sin careta soy muy inocente. + +--Vamos, máscara, dime quién eres; has conseguido interesarme... si me +lo dices, prometo guardarte el secreto. + +El joven se obstinaba en sostener que era la lavandera; ambos se reían +de aquel disparate. La noche iba cayendo; los carruajes ya dejaban el +Prado, y la muchedumbre que se apiñaba en el salón se había enrarecido +bastante. + +La generala desplegó el abrigo y se lo metió con la ayuda de Miguel; +pero no acababa de dar al cochero la orden de retirarse; la máscara +había picado su curiosidad de mujer caprichosa, y buscaba una aventura +con el deseo irritado de quien va a despedirse de ellas para siempre. +Por último, Miguel se declaró: era un joven enamorado tiempo hacía, y +que devoraba en secreto su amor sin esperanza, y sus celos. Nunca había +tenido ocasión de acercarse a ella, y aunque la hubiera tenido, tal vez +no la aprovechara, porque temía ser despreciado; con la máscara puesta, +ya era otra cosa; no estaba embarazado por el miedo; se sentía con +fuerzas bastantes para decirle en voz alta: + +--Te adoro, Lucía, te adoro... te adoro... te adoro... + +Y el joven repetía casi a gritos su frase, llamando la atención de las +personas que pasaban cerca. + +La generala reía a carcajadas y hallaba cada vez más divertida a su +máscara; aparentando juzgarlo todo pura broma, dudaba en el fondo que no +fuese verdad y sentía dulcemente acariciada su vanidad. + +--¿Eres tan feo que no te atreves a decirme que me adoras, sin careta? + +--Lo soy bastante; pero sobre todo soy un ser insignificante, indigno de +que fijes en él tus hermosos ojos. + +--Por lo pronto, máscara, tienes una cualidad bastante rara en el día: +la modestia. Ya no eres, pues, tan insignificante. + +--Cuando no hay mérito, la modestia no es virtud. + +--Déjame comprobar yo misma si es verdad lo que dices. Alza un poquito +la máscara. + +--De ninguna manera; no quiero que te rías de mí. + +--Aunque fueses feo, siempre quedarías como hombre agradable e +ingenioso. + +--Muchas gracias... pero no trago el anzuelo. + +--Dime entonces tu nombre. + +--¿Para qué?... no me conoces... me llamo Juan Fernández. + +--Eso no es verdad. + +Ambos quedaron silenciosos unos instantes. La generala estaba un poco +despechada de la obstinación de Miguel: quería advertir en ella cierta +indiferencia disfrazada con el velo del temor. La conversación la había +animado también. + +--Hace ya demasiado fresco y voy a retirarme--dijo en tono más grave; y +después de una pausa, añadió con afectada desenvoltura:--¿Conque te +resignas a ser mi adorador en secreto? + +--Sí. + +--No te envidio el papel; debe de ser poco divertido. + +--¡Oh, es tristísimo! Pero le prefiero al de amante desdeñado. + +--Si no te conozco, ¿cómo puedo darte esperanzas? + +--Pues bien; ¿quieres conocerme? + +--Ya te he dicho que sí. + +--Mañana corresponde a tu turno en la ópera. ¿No es cierto?... El joven +que veas con una camelia blanca en la solapa del frac, ese soy yo. Pero +es condición precisa que tú lleves dos camelias también en la mano, una +blanca y otra encarnada: si te gusto, deja caer la encarnada y quédate +con la blanca; si no, haz lo contrario. + +--Convenido. + +--Hasta mañana, pues; adiós, adiós hermosa Lucía... Voy a pedir al cielo +que seque esta noche todas las camelias encarnadas. + + + + +II + + +Mucho vaciló Miguel antes de resolverse a entrar, con la camelia blanca, +en la sala del Teatro Real. ¿Qué diría la generala Bembo al ver a un +muchacho a quien tuvo, más de una vez, sentado en su regazo, ofrecerse +como amante? ¿Se indignaría? ¿Soltaría la carcajada? ¿Lograría despertar +con su admiración y fidelidad alguna ternura en el pecho de la hermosa +Lucía? Tales eran las dudas que le atormentaban mientras iba y venía, +del _foyer_ a la puerta de la sala, sin atreverse a poner el pie en +ella. Levantaba cautelosamente la cortina para echar los gemelos a la +generala, que estaba en un palco platea, más hermosa que nunca, +relampagueando como escaparate de joyería: tornaba al _foyer_; daba +tres o cuatro paseítos, se tiraba por el bigote hasta arancárselo; +volvía a la puerta de la sala, se arreglaba el cuello de la camisa, +echaba una mirada a la solapa del frac, donde artísticamente estaba +colocada la camelia, y otra a la mano de la generala donde brillaban una +blanca y otra encarnada; pero no acababa de decidirse. Lucía también +estaba impaciente; lo observaba nuestro joven con placer; varias veces +la había sorprendido echando una rápida e intensa mirada por todo el +ámbito de las butacas, y había querido adivinar, en sus labios, cierta +expresión de desencanto o disgusto. + +Al fin hizo un esfuerzo supremo y se coló rápidamente en medio de la +sala. Una vez allí, se encontró sereno, y poniendo con osadía los ojos +en el palco de la generala, esperó. Al tropezarse con él la mirada de +ésta, llevose la mano al sombrero y la hizo un saludo exagerado, +fantástico, de los que tanto gustaban los mancebillos elegantes en +aquella época. La generala contestó con afabilidad, y dirigió la vista a +otro sitio; mas al volverla de nuevo hacia Miguel, al ver la camelia +blanca en su frac y al observar su mirada fija, penetrante y un si es no +es risueña, recibió tal sorpresa, que no pudo contestar a lo que, en +aquel momento, le preguntaba un viejo militar que tenía a su lado. El +hijo del brigadier notó el estremecimiento de sus manos y vio +claramente que una ola de rubor había subido a sus mejillas, por más que +hubiera vuelto rápidamente la cabeza hacia la puerta del palco:--«Ya +eres mía,» pensó con la fatuidad propia de los jóvenes que aspiran a +sentar plaza de seductores. + +La generala tardó mucho en mirarle de nuevo; pero esto le importaba a él +muy poco: sabía que el golpe estaba dado y que había sido certero, y +esperaba confiadamente el resultado. En efecto, después de largo rato, +durante el cual la generala afectó sostener una conversación animadísima +con el militar, volvió la cabeza hacia la sala y paseó por ella la +mirada sin detenerla en Miguel: a la otra vez, ya la detuvo un poco; a +la otra, un poco más; a la otra, ya fue derecha a él. Estableciose +entonces un tiroteo de miradas, que no cesó en toda la noche. La +expresión de sorpresa y de vergüenza no acababa de desaparecer por +completo del rostro de Lucía; pero esto le prestaba aún más atractivo. +La camelia encarnada tampoco se deslizaba de sus manos. Miguel, cada vez +más dueño de sí mismo, se atrevió a hacerle seña de que la arrojase: la +generala bajó los ojos sonriendo, pero no hizo caso. Acaeció, no +obstante, lo que era de esperar: allá al final del cuarto acto, cuando +el tenor avanza hasta las candilejas para expresar con algún _do_ de +pecho la emoción que le embarga, y las señoras se levantan de sus +asientos dejándose poner los abrigos por sus maridos, amantes o +admiradores, la roja camelia cayó al suelo: la generala, con el abrigo +ya puesto, se precipitó fuera del palco, sin duda para ocultar su +confusión. Una sonrisa de triunfo contrajo los labios de Miguel, quien +salió también velozmente fuera de la sala y se apostó en el vestíbulo +esperando a Lucía. Al pasar ésta, rozando con él, aunque sin mirarle, +deslizó en su mano una carta que tenía preparada. En ella se confesaba +perdidamente enamorado: «una pasión de niño que el tiempo no había hecho +más que trasformar y fortalecer:» la amaba, valiéndose de la expresión +de Víctor Hugo, como un gusano ama a una estrella; la impresión que su +belleza, su angelical bondad y la dulzura de su carácter, habían hecho +en su corazón de niño, no había podido borrarse: «era su primer sueño de +amor.» Para decir esto, en resumen, había empleado dos pliegos de letra +menuda. Al día siguiente recibió la contestación en su casa: la carta de +la generala era digna y cariñosa; pero estaba escrita en un tono +protector, que no le sentó bien a nuestro joven: le recordaba su +infancia, le ponía de manifiesto lo extravagante de aquel amor, «que no +era, como él aseguraba, una pasión firme y verdadera, sino un capricho +de niño:» le indicaba el ridículo que sobre ella caería si cediese a ese +capricho y el mundo lo averiguase: por último, le aconsejaba que +desistiese de su intento y procurase olvidarla. + +Pero Miguel estaba realmente interesado en la aventura, aunque no tanto +como decía en su carta: esta contestación no hizo más que excitarle. +Detrás de aquel «olvida ese capricho y quiéreme como una segunda madre, +pues lo soy tuya por la edad y por el cariño que desde niño te profeso,» +adivinaba que la generala deseaba que insistiese, y que entendía y +alcanzaba mejor aún que él lo interesante de aquella aventura. Si no, +¿por qué había dejado caer la camelia encarnada?--Replicó, pues, +empleando una retórica más fogosa aún, describiendo su amor y sus +sufrimientos, procurando conmoverla por todos los medios imaginables. +Cruzáronse después algunas otras cartas: Miguel pedía una entrevista +para desahogar siquiera su corazón, «aunque después le despreciase.» +Lucía se negaba a darla, considerándola inútil y aun perjudicial para +ambos. Insistió el joven cada vez con más afán. La generala cedió al +cabo «por compasión, porque temía que hiciese una locura,» citándole +para el día siguiente. Miguel debía pasear a pie y por la tarde hacia la +Casa de Campo, y tropezar casualmente con el carruaje de Lucía: ésta +mandaría parar y entablarían conversación, hasta que a la postre le +invitaría a subir y dar con ella un paseo. + +Así se realizó punto por punto. Miguel acudió a la cita lleno de +emoción, tanto más, cuanto que Lucía había sabido darla un atractivo +especial con aquel misterio. Si le hubiera recibido lisa y llanamente en +su casa, no sentiría la mitad del deleite. + +--Adiós, Miguelito... Pare V., Juan... ¿Cómo tan solo por aquí, querido? +¿Te dedicas a meditar por estas soledades? + +--Phs... huyendo de la noria de la Castellana... ¿Y V., generala? ¿Le +gusta a V. también la filosofía? + +--Por haber filosofado en casa es por lo que vengo aquí--dijo +riendo.--Me duele un poco la cabeza, y temía marearme en la +Castellana... Pero súbete, y darás una vuelta conmigo: después te dejaré +donde quieras. + +Todo fue dicho en voz alta para que lo oyesen el cochero y el lacayo. +Sin embargo, cuando éste, lleno de sumisión, inclinándose con el +sombrero en la mano, abrió la portezuela, brillaban sus ojos con +maliciosa expresión: al subir al pescante dio un pellizco significativo +a su compañero, y ambos rieron groseramente sin osar decirse lo que +pensaban, por temor de ser escuchados. + +Al verse solo y mano a mano con Lucía en el carruaje, Miguel perdió la +serenidad: no supo por lo pronto más que continuar la conversación +empezada, hablando de su afición al campo y del placer que tendría en +pasear largo todos los días; pero la vida de Madrid, las visitas, la +moda... estaba cortado, aturdido; no sabía por dónde empezar. La +generala, afectando también confusión y vergüenza, le observaba, sin +embargo, sometiéndole a un atento examen, del cual, en realidad, no +salió mal librado. Miguel, aunque no era buen mozo, poseía una figura +delicada y un rostro gracioso y expresivo. + +Al fin se vio ella precisada a tomar la iniciativa. + +--Vamos, ya has conseguido lo que con tanto afán pedías. ¿Estás +contento? + +--¡Oh, sí! + +--Yo no: cualquier indiscreción en estas circunstancias, me perdería, me +pondría en ridículo: ya me voy haciendo vieja. + +Miguel protestó; no pasaba por la vejez: se atrevió a decir, aunque +mirando al paisaje por la ventanilla, que no había en Madrid niña que +pudiera competir con ella en hermosura y elegancia. + +Lucía no quiso aceptar la lisonja: no se hacía ilusiones; a los treinta +y cinco años (se quitaba cuatro) una mujer es vieja; ¡pero muy vieja! + +--Y lo más triste de todo--añadió dejando escapar un suspiro,--es que, +recorriendo con la memoria los años de mi vida, me convenzo de que nunca +he sido joven. + +--¿Cómo?... + +--No, no he sido joven, porque jamás he gozado de las puras alegrías de +la juventud, de los éxtasis apasionados del primer amor, de las dulces +zozobras que trae consigo, de los placeres ideales... Siempre +contrariada en mis sentimientos, en las afecciones de mi corazón... El +mundo, los parientes, las circunstancias, me obligaron a casarme muy +joven con un hombre a quien no quería. Echaron un cántaro de agua sobre +el fuego de mi espíritu, y lo apagaron... Yo hubiera sido algo bueno, +algo santo, algo puro, y me transformaron en un ser vulgar, +insignificante. Sentía arrebatos heroicos en mi corazón, impulsos +sublimes... Todo murió al subir al altar con un hombre que me era +repulsivo... Los demás hombres no hicieron nada por redimirme... al +contrario; contribuyeron a encenagarme más y más en la prosa de la vida. +Todos cuantos se han acercado a mí con la lisonja en los labios, +doblando la rodilla para adorarme, no traían otro objeto que el de +satisfacer su vanidad, o puramente un deseo brutal: ninguno ha venido a +entristecerse con mis tristezas, a alegrarse con mis alegrías, a +confundir su alma con la mía, a realizar el verdadero amor, el amor puro +y santo con que toda alma elevada sueña siempre... Tú mismo, Miguel, +para quien yo debiera ser sagrada, al acercarte a mí en el Prado, lo has +hecho con ese tono, con esa cruel frivolidad que tantas veces ha +traspasado mi pecho... Lo he aceptado, porque me he ido +acostumbrando... Créeme, que de todas maneras, es muy duro... ¡muy +triste! + +La generala, al pronunciar estas palabras en voz baja y reprimida, se +había ido animando poco a poco; sus mejillas se habían coloreado +fuertemente, y por ellas rodaban, al concluir, dos gruesas lágrimas. +Miguel se sintió conmovido. + +--Mucho siento haberla ofendido... ¡Perdóneme usted! + +--No; tienes razón para tratarme así--repuso llevándose el pañuelo a los +ojos.--Yo no quiero ni puedo presentarme ante ti como una santa: el +mundo te habrá enterado perfectamente de que no lo soy. Hice muchas +locuras en la vida... escandalicé con ellas a la sociedad... Pero +créeme, Miguel, yo he rodado al abismo, porque me han empujado... he +rodado, guardando en el fondo de mi alma alguna perla que aún no ha +tocado nadie. + +Riverita se quedó algunos instantes pensativo y silencioso. Cruzaron por +su espíritu las ideas románticas que tienen siempre los jóvenes de +corazón, y dijo levantando la cabeza y como hablando consigo mismo: + +--¡Quién sabe! ¡Cuántas veces nos equivocamos juzgando por la máscara +que llevamos puesta en la vida! + +--La mía ha sido siempre impenetrable--dijo con exaltación la generala, +clavando en él sus ojos húmedos y brillantes.--Se me juzga frívola, +caprichosa... y corrompida; se multiplican mis amantes, se citan mis +extravagancias y se me arrojan al rostro infinidad de flaquezas... Quizá +tengan razón: todo cuanto malo hice en mi vida, procuré que fuese pronto +sabido del público; en vez de ocultar las faltas con artificio, procuré +arrojarlas a la murmuración. ¿Y esto sabes tú por qué lo hacía?... ¡Pues +en el fondo era para vengarme del escaso placer que me causaban! + +Estas últimas palabras fueron dichas con inusitada violencia. Miguel, +que estaba bajo el hechizo de su figura distinguida, su elegancia y la +suavidad voluptuosa de su mirada, se dejó arrastrar por ellas. Lo que la +generala decía estaba de acuerdo con el espíritu que domina en la +literatura moderna, según el cual en la mujer, a más de la virginidad +material, existe una como virginidad moral independiente de la primera: +a menudo la que más amantes tiene es la que mejor guarda esta +virginidad; en medio de la corrupción y los placeres, el corazón puede +permanecer incólume y sano, y llegar a redimirse y sentir, cuando +encuentra otro semejante, el encanto de los amores inocentes. Y como en +aquel momento estos artículos halagaban su amor propio, no tuvo +inconveniente en concederles franca y cordial acogida. Ambos se +entretuvieron largo rato con ellos. Lucía se confesó derramando +lágrimas; relató sus angustias, sus sueños, las amarguras que en medio +del placer sentía, el aborrecimiento, mejor dicho, el desprecio que la +grosería de los hombres le inspiraba, el ansia de subir a otra región +más elevada, de penetrar en una atmósfera pura y diáfana donde pudiese +respirar con libertad. Miguel, lleno de íntimo regocijo, la consoló, +excusó sus faltas y expuso también sus ideas particulares acerca del +amor. + +El carruaje marchaba por la solitaria carretera, sin ruido, acusando su +linaje aristocrático. El paisaje se extendía por ambos lados áspero y +triste: los árboles que bordaban el camino, desnudos por entero, dejaban +paso a los ojos y por entre aquellos se veía la luz rojiza del sol +moribundo. La elasticidad de los muelles producía en Miguel cierta vaga +soñolencia. Dueño de sí completamente y con una hermosa mujer que le +escuchaba atenta, hablaba como si fuera para adentro, vaciando el +cargamento de ideas más o menos poéticas, de paradojas fantásticas, de +conceptos retorcidos que tenía en la cabeza: los exhibía con arrogancia, +satisfaciendo su vanidad, deseando tanto ser admirado como amado. + +Insensiblemente fueron concretando sus ideas, aplicándolas al momento +presente. La generala desenvolvió con entusiasmo un programa de +redención; pintó los encantos de una vida iluminada tan solo por el +amor. + +--¡Oh, si yo tropezase con el hombre de mis sueños, con un espíritu +noble, hermano del mío! En vano lo he buscado toda la vida... Nunca +hallé más que cinismo, frivolidad, corrupción. Algunas veces venían +disfrazados con el precioso manto de la galantería, del buen tono... +pero en el fondo, ¡siempre, siempre la misma grosería! + +Miguel, con un silencio discreto, procuró llamar la atención hacia sí. +Después se mostró también ardiente partidario del amor ideal, de la vida +sencilla. Por último, se ofreció con labio balbuciente, embargado por la +emoción, como el ejemplar o archetipo que Lucía había soñado. Esta posó +en él una larga y profunda mirada que le turbó aún más, exhaló después +un delicado suspiro y guardó silencio. Al cabo de algunos instantes tomó +de nuevo la palabra con voz temblorosa. + +--Mentiría, Miguel, si te dijese que no me inspira vivo interés y +gratitud esa adhesión que desde niño me has demostrado... y que ahora se +manifiesta de un modo bien distinto--añadió sonriendo. Mentiría--añadió +con animación y brío--si no te confesase que me seduce muchísimo la idea +de tenerte en mi poder, de ser para ti madre y amante a un mismo +tiempo... ¡Oh, qué situación tan original! Aquel niño que yo tuve sobre +mi regazo; a quien tengo lavado y peinado muchas veces; a quien tengo +librado de bastantes castigos, ¡convertirse ahora en amante y en dueño! +¡Esto es algo que se sale de lo vulgar, algo nuevo y extraño!... Pero +¡ay, Miguel! estos sueños hermosos no pueden realizarse... ¿Sabes por +qué? Porque son quimeras que no pueden halagar sino a una imaginación +loca como la mía. Tú no ves aquí sino una mujer que te agrada más o +menos y a quien deseas rendir a todo trance... + +Miguel hizo protestas fogosas: se presentó, de buena fe, como un ser +excepcional también, como un herido de la gran batalla de la vida, el +corazón goteando sangre y desengaños; relató igualmente un sin número de +sueños, pasiones y genialidades, ponderó sus amarguras, las noches de +insomnio, las vagas inquietudes. + +Ambos eran felices presentándose mutuamente como almas incomprensibles o +por lo menos no comprendidas del vulgo, y no se cansaban de exhibir con +deleite toda una muchedumbre de ideas y sentimientos imaginarios. + +Por fin la generala se convenció de que Miguel era el hombre que +buscaba, el ideal de sus ensueños; le miraba con ternura, le hacía +repetir con afán sus enmarañadas _psicologías_, se enteraba de los +últimos pormenores de su vida espiritual y no cesaba de dolerse de no +ser más joven para realizar por entero el sueño de amor que toda la +vida le había perseguido. + +--¡Cuánto daría por tener algunos años menos, y ser libre de volar +contigo a algún hermoso rincón lejos de este ruido infernal, de esta +eterna murmuración, de toda la miseria que nos rodea! Una casita a la +orilla del mar, bañada a todas horas por la brisa, un jardinillo que +cuidar, un pedazo de pan que llevarnos a la boca y salud para correr y +saltar por los campos. ¡Era lo bastante para ser felices! + +Entraron en pleno idilio. Lucía trazó con vehemencia el cuadro de la +felicidad pastoril; pintó la vida sencilla, frugal, inocente, del campo, +las inefables dulzuras de la familia; se representó a Miguel saliendo de +casa y viniendo rendido de fatiga a la hora del crepúsculo para +descansar en sus brazos; a ella cosiendo o bordando a su lado; otras +veces, yendo a la pesca juntos, o a dar un paseo a caballo, o a coger +moras silvestres por el campo... + +--¡Oh!--dijo Miguel un poco exaltado--¡aún podemos ser felices! + +--¡Si eso fuera verdad!... Pero no; yo no puedo ser para ti más que una +madre... + +Miguel no quiso de modo alguno aceptar la maternidad. + +--¡Nada de madre... no, no... yo quiero ser _tu_ amante... _tu_ +amante!--Y repetía la frase con creciente animación, un poco trastornado +ya. + +--Bien, serás lo que quieras; hijo, amante, lo que se te antoje; pero +júrame que es puro tu amor, que no hay nada de vergonzoso en esa pasión, +que no intentarás nada para profanar este lazo que ha de unir nuestras +dos almas para siempre. + +El hijo del brigadier juró. Su amor era ideal; una ardiente adoración. +Confesaba que al principio no había pensado más que en el amor vulgar; +pero ahora, al sondar los inefables misterios que encerraba el alma de +la generala, al comprender que su corazón estaba virgen y puro, al +adivinar en ella un ser superior, todos sus groseros pensamientos se +habían apartado como lava impura; sólo quedaba el oro sin mezcla de una +pasión grande y elevada. + +Y ambos disertaron mucho rato, acerca de la naturaleza de su amor, y se +extasiaron en recíproca admiración de sus almas. No; ellos no +pertenecían a la sociedad en que vivían, eran de otra pasta, estaban +criados para los grandes sentimientos, para la vida del corazón. + +--Tú eres poeta; tienes un espíritu superior; tú no puedes amar +realmente sino a una mujer que te comprenda. + +Miguel reconocía que era verdad; confesaba que hasta entonces no había +amado; era huérfano de padres y de amor, y ofrecía algunas de sus +extravagancias morbosas a la generala, como rasgos de una naturaleza +superior. Lisonjeado en su amor propio, embriagado por las miradas de la +hermosa, en aquel momento creía cuanto afirmaba, juzgándose un ser +extraño y digno de admiración. + +Pero agotada la psicología amorosa, nuestro Riverita sintió un vago +malestar, muy semejante a la vergüenza. En un intervalo de silencio se +le representó de improviso lo ridículo que había estado con aquella +palabrería altisonante y metafísica ensortijada que jamás hasta entonces +había usado, para declararse a una mujer; y no pudo menos de reírse de +sí mismo. La aventura comenzó a parecerle por demás extraña. Hallarse en +ocasión tan propicia al lado de una mujer como Lucía que le confesaba +francamente sus pecados, ser su amante, y pasar el tiempo disertando +sobre materias abstractas, y haciendo el papel de ser incomprensible y +misterioso, era cosa tan singular, que rayaba en lo absurdo. Como ya no +tenían qué decirse, los intervalos de silencio eran cada vez más +prolongados. Ambos miraban, por las ventanillas, el paisaje, que se iba +oscureciendo poco a poco. El carruaje se deslizaba suavemente con rumor +blando y voluptuoso; los caballos, enderezados hacia casa, piafaban de +vez en cuando con la perspectiva del pesebre. + +La generala, que se había quedado melancólica, le miraba en silencio +suave y tristemente. + +¡Pero esto es estúpido!--se dijo de pronto Miguel, dando un suspiro. Y +resolvió en el acto descender de las alturas y humanizarse. Era difícil, +no obstante. ¿Cómo empezar? + +Empezó tomando una mano de la generala. Esta, completamente embebecida +en sus ensueños vagos y dulces meditaciones, no pareció advertirlo. El +joven la llevó después a sus labios, sin que tampoco lo advertiese. +Entonces, un poco temeroso, pero venciendo el deseo a la timidez, +introdujo el brazo por detrás de su espalda, y quiso estrecharla la +cintura. La generala, advertida al cabo, procuró separarlo, pero tan +suavemente, que el brazo volvió al instante al mismo sitio; tornó la +dama a separarlo más blandamente todavía, y el brazo, cual si tuviera un +resorte, volvió a su posición. Después intentó besarla y la besó. +Después quiso que ella le besara a él; resistió un poco; al cabo cedió +diciendo: + +--Te doy un beso maternal; no te imagines otra cosa. + +Después... la hermosa generala le dejó en la calle Mayor a la puerta de +su casa, cuando ya los faroles, recién encendidos, rompían débilmente +las sombras del crepúsculo. + +--Hasta mañana... a las nueve en punto... ya sabes, en la esquina de la +calle de las Infantas. + + + + +III + + +A las nueve en punto de la noche, en la calle de Fuencarral, esquina a +la de las Infantas, Miguel esperaba a la generala, que debía cruzar en +un coche de alquiler. Así lo habían convenido. + +El coche se detuvo. ¡Con qué emoción placentera abrió nuestro joven la +portezuela de la berlina y se sentó al lado de Lucía! El cochero +esperaba órdenes. Viendo que no se las daban, preguntó, inclinándose a +la ventanilla y con voz áspera: + +--¿A dónde? + +Ambos se miraron indecisos. A Miguel se le ocurrió por fin decir: + +--Atocha, 145. + +Era la mayor distancia que halló. Abrigaba el designio de ir a otra +parte, pero era necesario convencer a la generala. + +Las calles estaban cuajadas de gente; las luces de los faroles y las de +los escaparates iluminaban las aceras y los rostros de los transeúntes +que se detenían a mirar los objetos exhibidos. La villa entera salía en +esta hora a gozar de las dulzuras de la civilización, que trasforma la +noche en día, el silencio en ruido, la soledad en confusión y algazara. + +Al entrar en la berlina, había apretado con efusión la mano enguantada +de la generala y la había conservado en su poder. Ésta le acogió +cariñosa, pero un poco triste y circunspecta. Hablaron en los primeros +momentos con embarazo de los pormenores de la cita, el tiempo que había +esperado Miguel, lo que había causado el retraso de la generala, etc., +etc. Lucía aprovechó, no obstante, el motivo para recomendarle de nuevo +mucha discreción. Miguel juró y perjuró que su silencio igualaría al de +las tumbas. Poco a poco fue desapareciendo la reserva natural de los +primeros instantes y entraron en íntimo y grato coloquio. Miguel volvió +a describir las fases de su amor, presentándolo más arcano y enmarañado +que nunca; la reflexión le había suministrado un sin fin de pensamientos +delicados, vagas lucubraciones, dulces psicologías y frases +espirituales, que fue vertiendo como flores de su ingenio en el regazo +de la bella. Ésta las recibió con extremado gozo, estimulando con su +admiración y con tal cual concepto atrevido, pues era mujer de viva +imaginación, el talento y la fantasía de nuestro joven. El coche rodaba +con áspero traqueteo por las calles, sin caminar por eso con gran +celeridad. La decoración de las tiendas y escaparates iluminados, el +gentío que discurría por las aceras, los coches que sin cesar cruzaban +de un lado y de otro, pasaban totalmente inadvertidos para los amantes, +que saltaban sobre los cansados muelles del simón, en animada plática, +devorándose con los ojos. + +Miguel planteó al fin el problema que bullía en su cabeza: el de ir a +pasar un rato en buen amor y compaña _a cualquier parte._ + +La generala soltó bruscamente la mano que le tenía cogida, y echó atrás +la cabeza con manifiestas señales de hallarse gravemente ofendida. +Nuestro joven se asustó un poco y pidió perdón con labio balbuciente: no +porque creyese que había cometido ninguna profanación; pero temía que +aquélla, poseída de su papel de «alma hermosa, inmaculada,» tardase +demasiado en ceder a sus instancias. + +Guardó silencio obstinado la dama, en la actitud firme e imponente de +una deidad herida. Miguel se humilló, se llamó bestia, se declaró +indigno del amor de un alma tan elevada. + +--¡Oh, nunca creyera de ti!...--exclamó ella al fin. Y un torrente de +lágrimas se desprendió de sus ojos. + +--¡Perdóname! + +--¡No! + +--¡Sí! + +--¡No! + +--¡Fue un momento de extravío! + +Al fin las súplicas vencieron su ánimo, y el joven quedó absuelto. + +Pero el carruaje se aproximaba ya al término de la carrera, y Miguel no +sabía qué partido tomar. + +Después de otro intervalo de silencio en el que procuró concentrar todas +las fuerzas de su espíritu, volvió el ataque. + +--¡Tú no me quieres!--dijo en tono quejumbroso, adoptando a su vez la +actitud de hombre agraviado. + +--Bien sabes que no es verdad; bien sabes que te quiero, que te adoro +con toda mi alma. + +--¡Oh, si me quisieras, me darías esa prueba inequívoca de tu amor! + +--¡Oh, Miguel! ¡Siento desde ayer un vacío tan grande en mi corazón!... +¡Parece como si me hubieran arrancado la última creencia, el último +pensamiento consolador! ¡Por qué habremos arrastrado nuestro amor por +el lodo! + +A Miguel le hizo poca gracia esto del lodo. Buscó con afán argumentos +para contrarrestar la lógica de la generala. + +--Pues yo te digo que desde ayer te adoro aún con más entusiasmo... que +no ha menguado el amor y la admiración que me inspiras... Pero quiero +que seas mía, completamente mía... como yo lo soy tuyo... en cuerpo y en +alma. + +Después de muchas protestas de cariño por una y otra parte, Miguel +volvió solapadamente, dando grandes rodeos, a su tema. No, él no quería +rebajar la dignidad de su dueño, él no quería manchar el amor que se +tenían; por eso buscaba un sitio que mereciera albergarlo algunos +momentos: la misma casa de la generala. + +Esta recibió la proposición sin enfado; pero no quiso aceptarla. Era +inadmisible por el riesgo que se corría; se enterarían los criados, o el +portero, o los vecinos... + +--No, no se enterarán; tomaremos precauciones; tú subes primero, después +me abres la puerta... + +--Pero los criados lo oyen todo; la puerta está cerca de la cocina; +además, hay un chico encargado de abrir... + +Miguel insistía apretando el ingenio para combatir los temores de la +generala: ésta amontonaba las dificultades, dejando, no obstante, +entrever más o menos lejano, el triunfo del joven. + +Paró el carruaje. Se encontraban frente al número designado. Miguel +vaciló un instante sin saber qué hacer: al fin salió del coche y entró +en la casa para disimular; al pasar por delante de la portería, +preguntó: + +--¿El señor don (el nombre de un personaje político que habitaba en +aquella calle), no vive aquí? + +Dentro de la garita, cenaba el portero con su mujer y sus hijos: al +escuchar la pregunta levantó la cabeza. + +--¡Oh, no señor! se ha equivocado V.; la casa de don... queda mucho más +atrás, en el núm. 62... + +--¡Ah!... pues me habían dicho... ¿Dice V. que en el núm. 62?... + +--Sí señor, hace muchos años que vive en la misma casa. + +--¿Cuarto? + +--Me parece que segundo. + +--Muchas gracias. + +--No las merece. + +Volvió a salir. Al entrar en el coche, interrogó con ojos suplicantes a +la generala, la cual se dignó hacer un signo afirmativo. Entonces dijo +rápidamente al cochero: + +--Huertas, 30... De prisa. + +Y se enderezaron a todo el correr del jamelgo hacia la casa de la +generala. Miguel le dio las gracias con acento conmovido, besándole las +manos repetidas veces. Pero Lucía guardó silencio, y se mantuvo con la +cabeza inclinada en actitud melancólica y reflexiva, dejando que el +joven exhalara con labio trémulo toda la alegría que rebosaba de su +alma. Al poco rato, Miguel pudo notar que algunas lágrimas bajaban +silenciosas por sus mejillas, y experimentó dolorosa impresión. + +--¿Por qué lloras?--preguntó, acercando su rostro al de la dama. + +Lucía no contestó. + +--¿Por qué lloras?--volvió a decir con ansiedad.--¿Te he ofendido? +¿Acaso ya no me quieres?... + +--¡Oh no; no es eso!... Lloro, Miguel, sobre nuestro amor... lloro sobre +la última ilusión perdida... Siento haberte conocido... Siento haber +dejado despertar mi corazón ya dormido, y forjarme, por algunos +instantes, ciertas quimeras deliciosas que se desvanecieron como el +humo... ¡Por qué he de ocultártelo! Cuando ayer me declaraste tu pasión, +tuve la debilidad de creer en ella, y soñé, inmediatamente, con un amor +fiel y puro, con el amor que ennoblece el espíritu y nos incita a las +ideas elevadas y a las acciones generosas... Creí volver a los años de +colegiala, cuando el mundo se ofrecía ante mi vista como un hermoso +fanal trasparente y diáfano, cuando no acertaba a ver en él más que +cosas lindas... todo risueño... todo hermoso... Volvía a entrar en la +juventud. Una nueva aurora para mi alma... Pero no fue más que un +relámpago que me hizo entrever los verjeles del cielo. Y al instante +quedé sumida otra vez en la oscuridad... Hoy ¿qué somos nosotros? ¡Dos +seres vulgares que viven como tantos otros en el cieno, queriendo +persuadirse de que son felices! Aunque me ames, Miguel, tengo la +seguridad de que no sientes por mí la admiración respetuosa, el +entusiasmo que sentías el día de Carnaval echado a mis pies en el +carruaje... ¿Comprendes ahora mi tristeza y mis lágrimas? + +Miguel comprendió que era necesario estar de acuerdo con la generala, +aunque fuese por breves instantes. Bajó la cabeza y quedó pensativo y +triste. De pronto, levantándola, exclamó: + +--¡Que no te quiero! ¡Que no te adoro! ¿Quién es el que puede dejar de +admirarte así que te vea y te escuche? No, Lucía, no; las faltas que +cometamos y las manchas que caigan sobre nuestro amor, se deberán +exclusivamente a mí. Tú has cedido por la bondad de tu carácter... +porque me quieres... y porque me compadeces. + +Al pronunciar estas palabras el hijo del brigadier creía sentir lo que +decía, y estaba realmente conmovido. + +--Gracias, Miguel, eres generoso conmigo; pero tu generosidad no me +excusa... Tengo tanta culpa como tú. + +Las lágrimas seguían cayendo en abundancia de los ojos de la generala. +Mientras procuraba convencerla de su inocencia, prodigábala nuestro +joven mil caricias apasionadas, sin miedo ya a ser visto de los +transeúntes. El interés de la escena le embargaba. Por otra parte, la +noche había avanzado un poco, y las calles que recorrían no eran de las +más transitadas. + +Llegaron a la de las Huertas. Lucía se apeó delante de su casa y entró; +Miguel siguió en el carruaje y lo despidió en la primer esquina: allí +aguardó a que la generala entreabriese el balcón de su gabinete para +entrar también. + +Lucía habitaba el piso segundo (derecha e izquierda) de una magnífica +casa recién edificada; tenía un número considerable de criados, aya +inglesa para la niña primera, cochero, lacayo, dos troncos de caballos, +uno de ellos de valor, etc., etc. Mucha prisa necesitaba darse el +general Bembo a recoger lo que por tantos agujeros se le escapaba a su +media naranja. + +Miguel, vista la señal, subió a la casa con paso firme y decidido para +que el portero no le detuviese. Lucía le esperaba en lo alto de la +escalera. + +--Entra sin hacer ruido--le dijo apagando la voz cuanto podía;--así... +sobre la punta de los pies... + +Cuando estuvieron en su gabinete, una estancia lujosamente decorada, las +paredes de raso azul, los muebles forrados de la misma tela, se dejó +caer en un diván, reteniendo la mano de Miguel que tenía cogida. + +--¿No sabes?... he despachado al chico de la puerta con un encargo, y a +mi doncella con otro... Pero aún nos pueden oír... ¡Mucho cuidado! + +El joven se sentó a su lado, y la abrazó con trasporte. + +--¡Ya estamos solos y tranquilos! ¡Qué placer tan grande! + +La generala le apartó suavemente, y dejó caer la cabeza sobre el pecho. + +--¿No estás contenta a mi lado, Lucía?--preguntó, mientras le acariciaba +con ternura una mano. + +--No. + +--¿Por qué? + +--Porque te tengo miedo: porque eres un loco... y yo otra loca--añadió +con amargura. + +--El amor, ¡qué es más que una locura sublime!--exclamó sentenciosamente +Miguel, tratando de enlazarla de nuevo con sus brazos. + +--Por lo mismo que es sublime, no debemos degradarla... Seamos fuertes +con nosotros mismos... atrincherémonos detrás de nuestras ideas +elevadas, y defendámonos de las groserías de la pasión... + +--¡Qué alma tan grande tienes!... Eres muy hermosa, Lucía... ¡Te amo! +¡te amo!... ¡te, adoro!... + +--Ámame, sí; pero ámame con un amor ideal, digno de ti y de mí... No me +humilles, por Dios, no me bajes hasta el suelo, ya que tu amor me coloca +en un sitio elevado... Te lo anuncio, Miguel..., no tardarás en +despreciarme... + +Y al proferir tales palabras, caían otra vez algunas lágrimas de sus +ojos; Miguel protestó contra esta suposición; sostuvo el idealismo de su +amor, cubriéndola de vivos y apasionados besos. Lucía se dejaba +acariciar con resignación. + +El gabinete era un nido tibio y hermoso, lleno de perfumes penetrantes; +contiguo a él, separada por columnas doradas de madera y por una cortina +de damasco azul, estaba la alcoba. Por entre los pliegues de la cortina +se veía un gran lecho matrimonial de palo santo, y cerca de él otro +pequeñito de niño: la estancia, esclarecida débilmente por una lámpara +veladora de bomba esmerilada que pendía del techo. + +--Calla--dijo la generala suspendiendo el aliento e inclinando la cabeza +hacia la alcoba,--creo que despierta mi Chuchú. + +En efecto, el más pequeño de sus hijos, que dormía en la alcoba, había +dado un leve gemido, al cual siguió otro más fuerte. Lucía corrió a allá +para que no se alborotase. + +--Calla, Chuchú, calla, que aquí estoy yo. + +El niño no hizo caso. + +--Si no callas, el hombre de las narices grandes vendrá a buscarte y te +llevará. + +--_¡Quero Ía!_--clamó el niño: _Ía_ era la doncella, que se llamaba +María. + +--No, monín, no; duerme. + +--_¡Quero Ía!_ + +--No grites... mira que va a venir el hombre feo. + +--_¡Quero Ía!_ + +--¡No grites, chiquillo!... Pronto vendrá María... Mañana te mando a +dormir con las niñas. + +--_¡Quero Ía!_ + +--¡Mira, si no te callas, te doy azotes!... Vamos, duérmete: si te +duermes, te compraré un caballo para que vayas al Retiro montado como tu +amiguito Julián... y después te llevo al Circo a ver los _clowns_... ¿no +te acuerdas de los saltos que dan? ¡Qué saltos tan grandes sobre el +caballo! ¿eh?... Y la niña rubia que se sube al trapecio, ¡qué bonita!, +¿eh?... Y después vamos a casa de Julianito, y comerás dulces... y otro +día iremos a Leganés a ver a la tía Adelaida para que te regale el +pajarito de cristal que canta dándole cuerda... y lo traeremos para +casa, ¿verdad?... ¿No te gusta? + +El niño, que había suspendido el llanto para escuchar a su madre, cuando +ésta terminó el repertorio de promesas, volvió a gritar: + +--_¡Quero Ía!_ + +No fue posible por ningún medio hacerle desistir de su empeño. + +La generala estaba furiosa. + +--¿Pero qué edad tiene el niño?--preguntó en voz baja Miguel, que se +había aproximado silenciosamente a la alcoba. + +--Tres años. + +--Pues sácalo de la cama, no hay ningún cuidado: a ver si se entretiene +con cualquier cosa. + +Lucía lo envolvió en un chal y lo sacó al gabinete. Era rubio y hermoso +como un angelito, con grandes ojos azules; no se manifestó sorprendido +al ver a Miguel; suspendió el llanto y le miró, sí, con insistencia, +pero sin preguntar nada a su madre. Miguel quedó un poco cortado ante +aquel examen, y le pesó de haber aconsejado a la generala su traslado. +Después procuró captarse su amistad; tomolo de los brazos de aquélla, y +lo sentó sobre sus rodillas; le acarició suavemente sus cabellos +ensortijados y le dio un beso sonoro en la mejilla. + +--¿Me quieres?--le preguntó con voz melosa. + +El niño le miró fijamente con ojos serenos y graves. Después pronunció +secamente: + +--¡No! + +Miguel se turbó, y quedó desde entonces mal impresionado. Al poco rato +se despidió de Lucía. + + + + +IV + + +Bajó la escalera lentamente, de mal humor, con el alma triste y +fatigada; sentía el descontento de sí mismo que acompaña siempre a los +placeres ilícitos. ¡Qué ajeno estaría el pobre D. Pablo Bembo a que el +niño que levantaba en alto con sus descomunales manos «para ver a Dios» +había de ser con el tiempo quien escarneciera su nombre! Este +pensamiento le causaba una desazón profunda. En vano se decía, para +apagar el grito de la conciencia, que la generala ya lo había deshonrado +más de una vez; que si él no, otro sería; que el pecado a fuerza de +repetirse había pasado a ser venial en la sociedad elevada; que lejos de +rebajarle a los ojos de ella, sería una gracia más entre las muchas que +le concedían. De todos modos, le decía una voz interior, la falta de la +generala no puede excusar la tuya; si todos se echasen la misma cuenta, +el mundo no sería más que un hato de pícaros; además, él estaba en peor +caso que los otros porque tenía con la generala cierto parentesco +espiritual formado por la diferencia de edad y por las relaciones +especiales que habían mediado entre ellos; el general, por otra parte, +había sido el amigo y el compañero de su padre, y nadie estaba tan +obligado como el hijo del brigadier Rivera a respetar su honor y sus +canas. + +Eran las once y media de la noche. La gente aún discurría por las +calles, sobre todo por las céntricas, donde algunos teatros comenzaban a +vomitar por sus puertas centenares de espectadores. Tan embebecido iba +Miguel en sus pensamientos, los cuales le mortificaban más de lo que +nunca imaginara, que al pasar por la calle del Príncipe no vio dos +bultos echados en la acera hasta que tropezó con ellos. Eran dos niños, +el menor de los cuales dormía o descansaba con la cabeza apoyada en las +rodillas del mayor. El frío era intenso. Miguel observó a la luz del +farol la extremada palidez de ambos, sobre todo del más pequeño. + +--Oyes, chico, ¿cómo tienes aquí a este niño medio helado? ¿por qué no +os vais a casa?--dijo encarándose con el mayor. + +Éste, que tendría seis o siete años de edad, levantó hacia él sus ojos +grandes y hermosos, en torno de los cuales se dibujaba un círculo +azulado, y balbució algunas palabras que no pudo entender. + +--¿Qué dices, querido?--manifestó Miguel en tono afectuoso y bajando la +cabeza para oírle mejor. + +--No tenemos más que tres reales--murmuró sin aliento el niño. + +--¿Y qué importa eso? + +--Tenemos que llevar cinco. + +--¡Ah!--exclamó comprendiendo lo que aquello significaba.--Y si no los +lleváis os pegan, ¿verdad? + +El chico bajó los ojos y la cabeza en señal afirmativa. + +--¿Tenéis padres? + +--Madre. + +--¿Y es la que os manda a las calles a estas horas? + +--Sí, señor. + +--¡Excelente persona!--dijo por lo bajo; y sacando unas pesetas del +bolsillo: + +--Toma; marchaos ahora mismo a casa. + +El niño fue a levantarse, pero no pudo; su hermanito se lo estorbaba. + +--Levanta, Rafaelito. + +El chiquitín no se movía. + +--¡Levanta, Rafaelito! + +Miguel lo cogió entre los brazos y lo puso en pie; pero al ver que no se +tenía, exclamó en alta voz: + +--¡Este niño está yerto! ¡Qué atrocidad! + +Y comenzó a sacudirlo y a frotarlo. + +Algunos transeúntes se habían parado y formaron en torno de nuestro +joven y de los niños un grupo que fue engrosando por momentos. Algunos +quisieron ayudarle en la tarea: otros comenzaron a interrogar al mayor. +Miguel les explicó lo que sabía, y causó gran indignación. No se oían +más que estas exclamaciones:--«¡Pobrecillos! ¡Qué vergüenza de madre! +¡La autoridad debía de intervenir en estas cosas!» etc. + +Al fin se había conseguido que el niño se tuviese en pie; pero estaba +cadavérico, haciendo rodar sus ojillos de un lado a otro sin darse +cuenta de dónde estaba. Tendría unos cuatro o cinco años. A Miguel se le +ocurrió de pronto que a más de frío tendrían hambre aquellas +desgraciadas criaturas, y tomando a cada una de la mano, rompió con +ellas, por entre la mucha gente que se había aglomerado, con intención +de llevarlas a algún sitio donde reparasen el estómago. Cuando ya se +alejaba del grupo, oyó a una joven del pueblo exclamar: + +--¡Y luego dirán que no hay caridad en Madrid! Mira, chica, mira a aquel +señorito cómo se lleva a esos pobres niños... + +El hijo del brigadier sintió un dulce estremecimiento de gozo al +escuchar aquellas palabras: y siguió triunfante con los dos niños. Pero +en la esquina de la calle del Prado sintió unos pasos precipitados que +seguían los suyos y oyó que le decían: + +--Caballero, déjeme V. llevar uno de esos niños. + +La voz era conocida. Volviose y reconoció la fisonomía del boticario +Hojeda, el fiel amigo de su tío Bernardo, el barón humilde y bondadoso +que tantas veces le había ido a visitar cuando era colegial. + +--¡D. Facundo! + +--¡Miguelito!... Me alegro mucho que seas tú, querido... ¡Dios te lo +pagará!... Dame acá el más pequeño. + +--¿De dónde venía V. a estas horas? + +--De casa de tu tío... como siempre... Hoy me he descuidado un poco más. +Cuando llegué a ese grupo de gente ya tú venías con los muchachos, pero +no te conocí: me enteré de lo que era y quise también tener mi parte en +la buena obra. + +--¿Dónde quiere V. que vayamos?... Yo pensaba llevarlos a un +_restaurant_. + +--Si te parece--dijo tímidamente D. Facundo,--entraremos en el café del +Prado que es el más próximo: conozco al dueño. + +--Adelante; vamos al café del Prado. + +Cuando llegaron a él, Hojeda propuso que entrasen por el portal, donde +había una puertecilla que comunicaba con la cocina; así evitaban la +exhibición. Entraron, pues, en la cocina, donde los pinches, el cocinero +y algunos mozos que allí estaban los examinaron con sorpresa. Hojeda +ordenó que al instante frieran un par de chuletas: el cocinero, al saber +de lo que se trataba, se puso a prepararlas con gran prisa; los pinches +también desplegaron toda su actividad. Pronto se reunieron en aquel +sitio otros cuantos mozos formando círculo en torno de los dos +muchachos, que con el calorcillo del fogón y de las luces comenzaron a +revivir. Miguel se quedó absorto contemplando los andrajos de que iban +vestidos. Acudió también el amo, a quien Hojeda mandó avisar; todos +hacían preguntas sobre preguntas a los pobres chicos, que apenas +articulaban más que monosílabos. + +--Dejadlos ahora--dijo el amo,--ya hablarán cuando tengan el estómago +lleno. + +--Vaya, _rumia_, aquí tenéis con qué llenar el fuelle--dijo el cocinero +en gallego cerrado, presentándoles las chuletas, cada una en un plato, y +colocando los platos sobre una silla. Los niños se arrojaron a ellas +como lobos. Al verlos desgarrarlas con los dientes y soplar al mismo +tiempo para no quemarse, Miguel sintió los ojos húmedos. Uno de los +pinches colocó sendas rebanadas de pan al lado de los platos. + +--A ver--dijo Miguel,--que traigan dos copas de Jerez. + +Mientras los chicos comían, enteramente abstraídos de lo que les +rodeaba, el dueño del café, Hojeda, Miguel y los demás que asistían a +esta escena los contemplaban con ojos que brillaban de alegría: todos +los rostros expresaban un deleite casi sensual. Cuando hubieron dado +buen fin al pan y a las chuletas y se hubieron bebido el Jerez, los +niños se animaron repentinamente, sobre todo el pequeño, que era el más +aterido; sus mejillas recobraron el suave color de la infancia, y +comenzaron a examinar con atención los objetos y las personas. + +--¿Habéis despachado ya?--preguntó Hojeda... Pues vamos con la música a +otra parte. + +--¿Cuánto es esto?--dijo Miguel a un mozo, llevando la mano al bolsillo. + +El dueño del café, que había oído la pregunta, se apresuró a decirle, +sujetándole el brazo: + +--Caballero, yo no cobro las limosnas. + +Miguel no insistió. + +--Dios se lo pagará a V., D. Ramón--le dijo Hojeda apretándole +efusivamente la mano. + +Y salieron a la calle llevando por delante a los niños, los cuales iban +brincando como cervatillos por la acera. + +--¡Eh chis chis!--gritó el boticario llamándolos.--¿En qué calle vivís? + +--En la calle del Tribulete--contestó el mayor. + +--¿Qué número? + +Los chicos se miraron uno a otro con sorpresa y quedaron silenciosos. + +--¿No lo sabéis? Está bien. ¿Pero sabréis ir a casa? + +--¡Ah, sí señor! + +--Bueno: ahí en la esquina tomaremos un coche, ¿no le parece a V., D. +Facundo?--manifestó Miguel. + +--Cómo quieras, Miguelito. + +Tomaron un simón en la plaza de Santa Ana, dando orden al cochero de que +parase en la esquina de la calle del Tribulete. Los chicos, que se +habían sentado en la bigotera de la berlina, iban tan sorprendidos y +gozosos, que costó gran trabajo hacerles contestar a ciertas preguntas. +Mientras D. Facundo interrogaba al mayor con extremada habilidad para +enterarse pronto de lo que necesitaba saber, Miguel hablaba con el +chiquitín. + +--¿No os habrán dado hoy de cenar? + +--No--dijo el niño moviendo la cabeza a un lado y a otro. + +--¿Y habéis comido por la mañana? + +--Sí. + +--¿Y qué habéis comido? + +--Lentejas y pan. + +--¿No habéis comido nada desde entonces? + +--Un poco de pan que me dio Pepe. + +--¿Quién es Pepe? + +Silencio y asombro del niño. + +--¿Es algún amigo tuyo? + +--Es el chico de la vecina. + +--¡Ah! ¿Y quién te ha dado ese chaquetón que te llega a los pies? + +--El tío Remigio. + +--¿Quién es el tío Remigio? + +Nuevo y mayor asombro del niño, que le mira con ojos estáticos. + +--¿Es algún hermano o pariente de tu madre? + +--Es albañil. + +--¡Ah, es albañil!--Y comprendiendo que no sacaría más en limpio, Miguel +tomó otro rumbo. + +--¿Y ganáis todos los días los cinco reales? + +--Algunos días no. + +--¿Y qué os sucede cuando no los ganáis? + +El niño vaciló un instante, y después hizo con su manecita un ademán de +vapuleo muy expresivo. + +Miguel conmovido guardó silencio. + +En la esquina de la calle del Tribulete despidieron el coche; los chicos +sin vacilar fueron derechos a la puerta de una casa vieja y sucia; el +mayor se volvió de espaldas y dio con los tacones de sus zapatos rotos +algunos golpes; al poco rato abrió una vieja, que dejó escapar al verlos +un gruñido nada pacífico; pero su mal humor se convirtió en sorpresa al +observar que Hojeda y Miguel atravesaban el portal y seguían a los +muchachos; éstos subían decididos la escalera, como hormigas que entran +en su guarida; Miguel sacó un fósforo, porque la vieja portera se había +retirado con la luz. Subieron hasta la guardilla; los niños se +detuvieron delante de una puertecita. + +--Aquí es--dijo el mayor. + +Hojeda llamó con los nudillos de los dedos, pero nadie contestó. + +--No habrá venido todavía mi madre--manifestó el mismo chico. + +--¿Y qué os hacéis cuando llegáis antes que vuestra madre? + +--Nos sentamos en la escalera. + +En esto se abrió una puertecita contigua a la primera y apareció un +hombre en traje de obrero, con una lamparilla de petróleo en la mano. Al +ver a aquellos señores les dio las buenas noches y les preguntó lo que +deseaban. Hojeda le explicó el caso en pocas palabras. El obrero les +invitó a pasar a su habitación, y una vez dentro, les manifestó en +confianza que también él y su mujer sabían la desgracia de aquellos +pobres niños, y que habían querido intervenir para remediarla, pero +inútilmente; la madre era una mujer viciosa, oficiala de sastre, +amancebada tiempo hacía con un albañil, y que había tenido aquellos +niños con un primer marido o querido, que esto no lo sabían; dioles +algunos otros pormenores, que indignaron extremadamente a Miguel. + +Pero aquella mala mujer no acababa de llegar; y fue necesario despedirse +del obrero y dejar a los chicos en la escalera, con una buena limosna +que nuestro joven les dio. Cuando ya bajaban, apareció por fin su madre. +Hojeda entró con ella en la vivienda, que era un triste y desabrigado +desván, sin otros muebles que una mesilla y dos o tres taburetes; en una +esquina había un miserable fogón apagado; en otra, un montón de trapos, +restos, al parecer, de un antiguo colchón, donde dormía toda la familia. + +Miguel quedó asombrado del tacto y la habilidad que D. Facundo desplegó +para noticiar a aquella mujer lo que habían hecho y para arrancarla +todos los datos que necesitaba saber; de dónde era, con quién había +estado casada, dónde trabajaba, etc. La mujer, que al principio los +acogiera con marcada hostilidad, ante la mirada dulce y serena y las +palabras sinceras de Hojeda, se fue poco a poco suavizando. Al fin, +cuando éste le recordó con tono afectuoso los deberes que tenía para +con sus hijos, aquellas infelices criaturas, sin otro amparo en el mundo +que ella, rompió a sollozar. El boticario la consoló, prometiéndola +volver al día siguiente y hacer por los niños todo cuanto pudiera. Lo +que más le sorprendió a Miguel fue que en ninguna de sus frases hizo don +Facundo la más leve alusión a los malos tratos que daba a los hijos ni a +la conducta licenciosa que observaba. + +Cuando al fin salieron a la calle, le dijo: + +--¿Y qué piensa V. hacer mañana, D. Facundo, con todos esos datos que ha +tomado? + +--Procuraré comprobarlos; tengo muchos conocimientos entre los pobres de +Madrid. Después trataré de sacar para ella la ración de San Vicente de +Paul y mandar al chico primero a un colegio. + +--¿Por cuenta de V.? + +--Es muy barato: no vayas a creer que se trata de una gran cantidad. +Entre unos cuantos amigos, hemos fundado un colegio para niños +desamparados y nos sale por muy poco cada plaza. + +--¡Pobres criaturas! ¡Dejarlos así abandonados a la intemperie, +expuestos a quedarse muertos en medio de la calle, y todavía si no traen +el dinero justo pegarles!... Esa mujer es una infame que no merece que +V. se ocupe de ella. + +D. Facundo dio un suspiro y dijo poniéndole la mano sobre el hombro. + +--¡Ay, Miguelito, sobre estas cosas y otras parecidas, hay mucho que +hablar! Yo no diré que no esté mal lo que hace esa mujer; pero llamarla +infame, no es tan justo como a primera vista parece. Después de haber +pasado muchos años contemplando todos los días cuadros semejantes al que +acabamos de ver; después de haberme familiarizado con los tormentos que +pasan los pobres, con sus ideas, y hasta con su lenguaje, he concluido +por hallar muchos más desgraciados que infames. En el mismo caso +presente, cierto que lo primero que salta a la vista, es la maldad de +esa mujer; pero no te detengas en la superficie; ve más adelante; +examina, investiga y hallarás seguramente que no es tan culpable. +Primero tienes que considerar que en la sastrería no gana más que siete +reales; y que con siete reales no pueden comer siquiera pan seco tres +personas en Madrid; después debes tener en cuenta que una mujer sola, +sin amparo, está expuesta siempre a caer en las garras de cualquier +tunante que la enamora; después las ideas que esa gente tiene de la +educación de los niños, no son como las tuyas y las mías, porque no han +visto ni entendido nada bueno; el golpear a los chicos es una de tantas +costumbres feas y repugnantes como tienen... + +--¡De todos modos, D. Facundo!... + +--Sí, sí, te concedo que esa mujer obra mal; pero bien examinadas y bien +pesadas todas las circunstancias, no es tan perversa, de seguro, como tú +te imaginas. + +Miguel guardó silencio y se puso a meditar sobre las palabras de Hojeda, +mientras caminaban emparejados hacia el centro de la villa. Después de +una larga pausa, levantó la cabeza y dijo: + +--¿Sabe V., D. Facundo, que no sospechaba que V. se dedicase tan +particularmente a hacer obras de caridad? + +El pedazo de cara que la enorme bufanda del boticario dejaba al +descubierto, se coloreó fuertemente. + +--¿Yo?... ¡ca hombre! no... ¡qué tontería!... de ningún modo... no lo +creas...--comenzó a balbucir torpemente como un hombre cogido +_infraganti_ de algún delito. + +--Lo que está a la vista no se puede negar--dijo Miguel sonriendo. + +Hojeda se mantuvo silencioso algunos instantes; después, parándose de +pronto y cogiendo a nuestro joven por el brazo con mucho aparato de +misterio, y esforzándose por dar a su voz y a sus ojos la mayor +expresión posible de severidad, le dijo: + +--¿Sabes, Miguelito, por qué hago yo todas estas cosas? + +--¿Por qué? + +El boticario le estuvo mirando algunos segundos con extraordinaria +dureza; después exclamó: + +--¡Por egoísmo! + +Y soltándole el brazo, dio rápidamente unos cuantos pasos dejándole +atrás. + +--¿Cómo? ¿cómo?--dijo Miguel todo asombrado. + +El boticario sin volverse, pero haciendo un ademán expresivo con el +brazo, volvió a exclamar con más fuerza: + +--¡Por puro egoísmo! + +--¿Cómo es eso, D. Facundo?--preguntó avanzando hasta colocarse a su +lado. + +--Te lo explicaré en seguida--repuso Hojeda en tono confidencial, +parándose otra vez y otra vez cogiéndole por la manga del gabán.--Yo no +tengo familia, como tú sabes; no soy aficionado al estudio, porque +comprendo que aunque me haga pedazos los cascos nunca pasaré de cierto +límite: tampoco me gustan los juegos, pues el billar lo tomo solamente +como un medio de hacer ejercicio: los teatros no los piso jamás; entre +los espectáculos públicos únicamente me gustan... + +--Los toros, ya sé. + +--Es mi único vicio... pero no los hay más que en la primavera y una vez +por semana, aparte de algunas corridas extraordinarias. La botica no me +ocupa ningún tiempo, porque tengo al frente de ella a un pobre muchacho +que acaba de hacerse farmacéutico y al cual se la pienso dejar cuando me +muera... Si no me voy a los sermones y no me entretengo en proteger a +algunos pobrecillos, ¿qué quieres que haga yo de mí?... ¿No comprendes +que me moriría de aburrimiento? + +--Sin embargo, los actos en sí no dejan de tener mérito. + +--¡Ninguno, hombre, ninguno!--repuso con energía.--Mira: te lo explicaré +mejor. Yo, cuando subo a casa de un pobre y me entero de su vida, y le +socorro y le aconsejo; cuando doy vueltas por Madrid buscándole alguna +colocación, estoy entretenidísimo, tanto como cualquier señorito en los +bailes de Montijo, con la diferencia de que mientras él llega a casa al +amanecer, hastiado, ojeroso y mustio, yo me acuesto tranquilito a las +doce, y si he hallado empleo para mi hombre, me duermo más contento que +el Rey de Prusia, y si no lo he hallado, me levanto por la mañana con +ánimos para revolver todo Madrid... Dime tú ahora, ¿quién entiende mejor +la vida, él o yo? ¿Quién es aquí el egoísta?... Voy a ponerte otro +ejemplo. Acabas de pasar una hora conmigo desde que nos hemos encontrado +en la calle del Príncipe. Quiero que me digas con sinceridad si en esta +hora te has aburrido... + +--No sólo no me he aburrido, sino que he pasado uno de los ratos más +felices de mi vida. + +--¿Lo ves? ¿Qué mérito tiene entonces lo que hemos hecho? Lejos de +juzgarnos dignos de admiración, somos dignos de envidia por lo que hemos +disfrutado... + +--Concedo, D. Facundo, que en este caso particular, acaso tenga V. +razón; pero consagrar la vida entera como V. a hacer obras de caridad, +es digno de alabanza y recompensa. + +--¡Recompensa! ¡recompensa!--exclamó con fuego el boticario.--Pues qué, +¿te juzgarás acaso resarcido del dinero que has dado por una butaca en +el teatro después de haber pasado la noche quizá bostezando, y no te +considerarás pagado del que regalaste a esos niños, gozando una hora de +felicidad? + +--Bien, pero V. es otra cosa: yo lo acabo de hacer por casualidad, +mientras que V. lo tiene por costumbre. + +--¡Mejor que mejor! Yo gozo todos los días tanto o más de lo que tú has +gozado hoy... + +Siguió desenvolviendo con brío su tesis nuestro farmacéutico, mientras +caminaban hacia la Puerta del Sol. Miguel había concluido por guardar +silencio, escuchando con placer y curiosidad aquellas peregrinas +teorías. Al llegar a la esquina de la calle de la Montera, Hojeda volvió +en sí de pronto y dijo en el tono afectuoso y humilde que le +caracterizaba. + +--¡Buena matraca te he dado, Miguelito! Perdona a este viejo chocho y +vete con Dios a descansar, que aquí nos separamos. + +Miguel se despidió de él apretándole con efusión la mano. Cuando se hubo +apartado seis u ocho pasos, le dijo volviendo a llamarle: + +--Conste, D. Facundo, que no me ha convencido V., y que es V. una gran +persona. + +--¡Un gran egoísta!--gritó el boticario alejándose. + + + + +V + + +¿Qué te pasa hoy? ¿Parece que estás triste?--decía la generala cierta +noche, tomando las manos de su amante entre las suyas. + +--Pues no tengo nada (al menos, que yo sepa)--repuso en tono humorístico +él. + +--Sí tal; hay en tu fisonomía cierta expresión melancólica; por más que +trates de ocultarla con aparente alegría, no lo consigues; en tus ojos +hay menos brillo que otras veces; tienes la mirada vaga y perdida... + +--No; lo que tengo, es la mirada de perdido. + +--Ríete lo que quieras: tengo un corazón que no se engaña. Tú estás +triste, y me lo ocultas. + +--Si tienes mucho empeño en ello, lo estaré; pero sólo por galantería. +Por lo demás, nunca he estado más alegre. + +--Pero la tuya es una alegría marchita... no tiene frescura... no sale +del corazón... es una máscara. Yo quisiera, Miguel mío, saber todo lo +que acontece en tu espíritu, todo lo que piensas, todo lo que sientes... +No me basta saber los pensamientos y los sentimientos grandes; deseo +conocer también los más íntimos; deseo escudriñar los últimos rincones, +los últimos pliegues... quiero que no pase por tu cabeza una idea, +aunque sea tan débil como el soplo de un niño, que no llegue a mi +noticia... quiero conocer todas las emociones que experimentas, aun +aquellas que apenas sean capaces de mover tu corazón... quiero entrar +dentro de ti mismo... quiero formar una sola persona contigo... + +Los grandes ojos azules, lascivos, de la generala, se clavaban con +amorosa inquietud en su amante al proferir estas palabras. + +Miguel despertó de la indiferencia en que yacía. + +--Todo eso eres, cielo mío... Todo eso y mucho más--contestó, +apretándole con efusión las manos. + +--¡Si fuese cierto!... Pero no... tu amor va siendo cada día más +tibio... A medida que el mío se enciende, el tuyo se apaga... + +--¡No lo creas, Lucía!--exclamó el joven, dando a su exclamación mayor +fuego del que le hubiera correspondido si no se hubiera tomado un poco +de trabajo.--¡Te adoro... te adoro con pasión loca... frenética! Eres el +único pensamiento dulce que anima mi existencia... Pídeme la vida, y me +verás darla con alegría... + +--¡No quiero tu vida, chiquillo!--dijo la generala sonriendo y +haciéndole mimos con la mano en el rostro.--Quiero tu amor; pero un amor +verdadero, grande, infinito... ¡Tú no sabes las locuras que yo sueño, +los castillos que levanto en el aire! Muchas veces me figuro que en +efecto me adoras con todo tu corazón, con todas las fuerzas de tu alma, +y que yo soy para ti lo que fue Beatriz para el Dante y Laura para el +Petrarca, un objeto divino que te preserva de todo pensamiento innoble, +que gracias a mi amor se va engrandeciendo tu espíritu, despierta tu +genio, el genio que tienes en el fondo del alma... porque yo estoy +segura de que lo tienes... + +--En efecto, tengo un genio muy malo; a veces no hay quien me resista. + +--No, no; es otra clase de genio--dijo la dama riendo.--Mas aunque esto +no fuese una quimera, aunque tú alcanzases algún día la celebridad, soy +muy tonta en forjarme ilusiones... Tú estás comenzando la vida casi, +casi... el porvenir se presenta risueño. Cuando llegues a donde yo creo +que tienes derecho a llegar, ¿qué seré para ti?... Una vieja que ha +cometido la insensatez de amarte. Una pobre mujer enamorada +ridículamente... + +--¡Alto, querida! Te anuncio que ya estoy enternecido. No sigas +adelante, si no quieres verme hacer pucheritos... Hablemos de otra +cosa--añadió reclinándose perezosamente en el sofá y estirando las +piernas con demasiada confianza,--hablemos de Pérez Almagro. + +Pérez Almagro era el último amante que la generala había tenido, y que +no dejaba de inspirar cierta inquietud, ya que no celos, a nuestro +joven. + +--¡Oh, qué cruel eres! ¡No perdonas medio de hacerme sufrir! + +Miguel iba a replicar; pero en aquel instante un leve rumor lejano se +dejó oír en el pasillo. Lucía se puso en pie con súbito y pronto +movimiento; el rostro pálido, el oído atento, la mirada estática. +Escuchó un momento. + +--¡Alguien viene!... Es la doncella... ¡De prisa, de prisa! ¡Escóndete! + +--¿Dónde?--preguntó aturdido. + +La dama paseó una mirada intensa y ansiosa por la habitación. + +--Aquí--dijo corriendo a un armario embutido en la pared y abriendo el +compartimento inferior. + +Miguel se metió allá de cabeza. Lucía dio la vuelta a la llave. En aquel +momento entraba la doncella. + +--¿Qué hay, Carmen?--preguntó con gran calma, dirigiéndose al espejo +para arreglar el pelo. + +--Señorita, vengo a darle cuenta del billete que me entregó por la +mañana. + +--¡Ah! sí... el billete... ¿De cuánto era? + +--De diez duros. + +--Bien, ¿qué ha comprado V.? + +--Los botones para el vestido de la niña, han costado veintisiete +reales... + +--¿Qué más? + +La sombrilla de miss Ana, que he pagado yo; no la han querido dar menos +de tres duros. + +--Bien; son cuatro duros y siete reales. + +--La corbata para Chuchú... catorce reales. + +--Son... cinco duros y un real... ¿se la ha puesto ya? + +--No, señorita; mañana cuando vaya a paseo; es muy bonita; a María le ha +gustado; ¿no sabe usted? El chico quería ponérsela cuando salíamos del +comercio... ¡Poco trabajo que me costó quitárselo de la cabeza! + +--¡Pobre Chuchú! + +--Cuando vio que no conseguía nada por las malas, se puso a hacerme +caricias... ¡Anda, Carmelita, monina, ponme la corbata... te he de dar +un dulce de los de la mesa...--Yo le decía:--¿El que te toque a ti?--Sí, +sí, el que me toque a mí... + +--¡Oh, qué malo! + +--¡No sabe V., señorita, las monerías que hizo para sacármela! + +--¡Pobre Chuchú! ¿Por qué no se la ha puesto V.? + +--Porque en casa no habría quien se la quitase después. + +--¿Le ha encargado V. los guantes? + +--Sí, señorita. + +--¿En casa de Clement? + +--Sí, señorita: quedaron en mandarlos el sábado. + +--¿Los ha pagado? + +--Sí, señorita: doce reales. + +--Bueno, entonces son... cinco duros y trece reales. + +--He comprado también el _agremán_ que faltaba para el vestido de la +niña. + +--¿Cuánto faltaba? + +--Dos tercias: quince reales. + +--Son entonces... aguarde V.... son... seis duros y ocho reales... ¿no +es eso?... + +Carmen afirmó con la cabeza, mientras hacía mentalmente la cuenta. + +--¿Qué más? + +--No me acuerdo de más--manifestó, después de vacilar unos instantes. + +--¿Y la esponja del tocador que le he encargado? + +--¡Ah! ¡se me olvidaba, señorita!... diez y ocho reales. + +Miguel se asfixiaba en el armario. Estaba de rodillas, el cuerpo +doblado, la cabeza apoyada en uno de los rincones. Así que entró, empezó +a sentir el malestar de la postura; no podía alzar la cabeza, ni +enderezar poco ni mucho el cuerpo; las piernas encogidas también de tal +manera, que le causaban calambres. Pero a los pocos segundos, notó o +creyó notar que le faltaba aire para la respiración, y se estremeció de +congoja: hizo frecuentes y largas inspiraciones para probar, y observó +que cada vez hallaba más dificultad; trató de contener el aliento para +economizar el aire, pero esto no hizo sino fatigarle más. Entonces quiso +dar la vuelta y aplicar la boca a una rendija a ver si conseguía recoger +más oxígeno: no le fue posible. La idea de morir asfixiado cruzó por su +cerebro: un sudor frío y copioso le bañó todo el cuerpo: la congoja se +apoderó de él. En pocos segundos pensó millares de cosas aterradoras; +vio la muerte cara a cara; el miedo le dejó yerto, desmayado; estuvo a +punto de perder el sentido. Mas de pronto, el instinto de la vida +despertó, se reveló con ímpetu en su organismo y le sugirió pensamientos +de salvación: + +--«¡No, lo que es yo no me ahogo aquí como un ratón por esa!... Voy a +dar una patada a la puerta y hacer saltar la cerradura.»--Esta idea le +confortó un instante y dio tiempo a que penetrase en su mente otro +proyecto menos violento, el de llamar la atención de la generala sin ser +notado de la doncella: si este proyecto fracasaba, acudiría +inmediatamente al recurso extremo. Extendió una mano hacia atrás y rascó +la puerta con la uña, produciendo un rumor semejante al de los +ratones... + +El fino y atento oído de la dama se dio por enterado. + +--Carmen, vaya V. al comedor, y tráigame un vaso de agua... ¡Siento un +picor en la garganta!... ¡Jesús, qué tos tan rara! + +Y la dama tosió hasta querer reventar. + +Cuando Carmen hubo desaparecido, dirigiose precipitadamente al armario, +y abrió. Miguel salió a rastras del fondo con el semblante pálido, +descompuesto, completamente demudado. + +--¿Qué te pasa?--preguntó con sobresalto Lucía. + +--¡Que me ahogo! + +--¡Corre a la alcoba... métete debajo de la cama! + +El joven se apresuró a cumplir la orden, y al instante apareció de nuevo +la doncella. + +La generala se bebió el vaso de agua sin gana. + + + + +VI + + +Eh, chis, chis, Miguelito, ¿a dónde tan decidido? + +--Al Retiro. + +--Para los pies, chavó, y entra a tomar una cañita conmigo y estos +señores. + +Miguel se detuvo y sonrió al ver a su primo Enrique sentado a una mesa +del café Imperial al lado de la ventana y rodeado de varios toreros. +Como no tenía prisa, aceptó el convite y se acercó a ellos saludándoles +con un: + +--A la paz de Dios, caballeros. + +--Buenas tardes, amigo--le contestaron. + +Y se sentó en el hueco que galantemente le dejaron y se bebió de un +trago la caña que Enrique le puso delante. + +--Te presento a mi amigo José Calzada, célebre matador de toros que ya +conocerás con el nombre de el _Cigarrero_, aunque hace muchos años que +no mata en la plaza de Madrid... Su hermano Baldomero, el _Serranito_, +banderillero de fama... Sebastián Campos... + +Enrique se detuvo vacilante antes de pronunciar el alias. + +--Diga ozté _Merluza_, D. Enriquito: Merluza zoy, Merluza he zío y +Merluza me he de morí el día meno penzao. + +--Pues bien, mi amigo Merluza, el banderillero más barbián de la plaza +de Málaga... Mis amigos D. Pablo López y D. Luis María Pastor, +aficionados al arte. + +Todos saludaron a nuestro joven, muy circunspectos, sobre todo los +toreros, que son los que mejor conservan, en el trato, la gravedad +serena y afable peculiar del pueblo español, tan distante del orgullo +británico como de la extremada urbanidad de los franceses. + +El Cigarrero era un hombre ya entrado en días, con el cabello casi +blanco, pequeño, fornido, soportando sus años con mucha gallardía. +Miguel había oído varias veces citar su nombre entre los astros del +toreo; pero como gloria pasada; tanto, que lo juzgaba retirado hacía +tiempo. El hermano era un muchacho de veinticinco o veintiséis años, +buen mozo, de rostro hermoso aunque algo afeminado. Merluza un jayán +monstruosamente feo. Los dos aficionados, jovencitos barbilampiños, +escuálidos, y vestidos a la última moda. + +La conversación no se interrumpió por la llegada de nuestro joven, quien +se puso a escuchar con poca curiosidad. Se hablaba de toros; no hay para +qué decirlo: se discutía la mayor o menor severidad e inteligencia de +las plazas de Madrid y de Sevilla. Uno de los jovencitos sostenía que en +Madrid se juzgaba con más severidad y competencia. + +--Pues zarvo zu parecé, D. Luizito--decía Merluza,--y zarvo er de too lo +presente, a mí me paece, vamo... que en Zeviya hay afición... y ez lo +que digo yo, onde hay afición lo hay too. + +--Sebastián, yo no te niego que haya afición en Sevilla, pero no es para +comparar con la que hay en Madrid. Además, aquí se estudia el toreo por +principios, lo que no se estudia allí... aquí el pueblo es más +ilustrado... + +--Ya zé, ya zé, D. Luizito: no me diga ozté na. Onde no hay prencipio no +pué haber na... ¡Pero mire ozté que en Zeviya hay mucha afición!..... +¡¡Mucha afición!! + +--En Madrid hay que tener mucho de aquí, querido (apuntando a un ojo). +Si te descuidas un poco, ya tienes la bronca encima... y algo más en +ocasiones. + +--¡Calle ozté, zeñorito, zien Zeviya po una mijita le tiran a uno la +Biblia! + +Enrique aprovechó el calor de la disputa para comunicar a su primo por +lo bajo algunos datos importantes acerca de la vida del Cigarrero. + +--Ahí donde lo ves, Miguel, hace veinte años era el torero que se tiraba +más por derecho en España. En Sevilla ha recibido muchas veces. + +--¿A quién? + +--¡Al toro, hombre! + +--Muy señor mío. + +--Pero, claro, con los años se ha ido haciendo un poco tumbón... ¡Pero +como inteligente!... lo que es como inteligente, ni Cayetano ni San +Cayetano le ponen el pie delante. + +Terminada la disputa, comenzó a hablarse de los toreros en boga. Los +pollastres aficionados, y Enrique también, creyeron halagar al Cigarrero +rebajando el mérito de ellos. Asombrole a Miguel el ahínco y la +sinceridad con que aquél comenzó noblemente a defenderlos, aunque sin +levantar la voz y sin perder un punto de la gravedad que le +caracterizaba. + +--Mie usté, D. Luisito, er que má y er que meno, tiene su quebranto, y +ar mehó ecribano se le cae un borrón. Si Caytano se huye, e que está mu +castigao, el probesico ya se va pa Viyavieha como yo... Pero diga usté +que sí, D. Luisito... cuando le sale un toro de verdá, ¡Caytano tá +superió! + +--Vamos, con Cayetano todavía transijo--dijo Enrique.--Aunque +desconfiado, le he visto muchas veces torear con arte y en corto y +meterse como Dios manda... Al que no puedo resistir es al Gordo. ¡En la +vida le he visto medio aplomado, ni pinchar más que a paso de +banderillas! + +--Tampoco creo eso que usté dise: ar Gordo le pasa lo que a too nosotro; +si er toro acude bien, tá güeno; si no tiene gana, tá malo. Y aluego +¿qué se pué esí de la muleta? Con eya en la mano, hay mu poco que tengan +tan güena sombra... Lo que le tiene er Gordo, e que sabe demasiao er +terreno que pisa... y cuando se sabe mucho... vamo... ya me entiende +usté, D. Enriquito. + +--Ozté perdone, zeñó José--dijo a esta sazón Merluza.--Me paece a mí que +aquí D. Enriquito habla bien... Er Gordo poniendo banderiya, ¡la corona +de María Zantízima! pero matando, ¡la perra zin vergüenza de zu mare! + +El Cigarrero se puso muy serio y repuso enojado: + +--A ti no te toca esí na de eso, Sebastián. Too esto señore pueen hablá +lo que gusten, pero tú, hijo, no puée... ¿Tamo? + +Merluza acortado, rectificó como pudo sus brutales palabras. + +Era la primera vez que Miguel oía decir bien en un corro, de las +personas del mismo arte o profesión que los presentes; y no poco quedó +admirado de que fuesen los toreros, gente por lo regular inculta y +plebeya, quienes dieran ejemplo de nobleza y compañerismo a los que +cultivan otras artes más elevadas. + +Tampoco admitió el Cigarrero las lisonjas que le prodigaron, lo mismo +Enrique que sus amiguitos. Sin echarse por tierra con fingida modestia, +supo colocarse en su verdadero sitio, esto es, por debajo de los espadas +que entonces llevaban la atención del público, sin traer a cuento sus +glorias pasadas o los tiempos en que gozaba de más renombre. + +--Ya soy vieho. Ya no pueo competí con lo muchacho... Pero mase farta la +guita, porque mi casa siempre se ha paesío un hospisio... y hago lo que +pueo... y a vese un poquiyo meno de lo que pueo... Si Caytano aprieta en +su toro, yo aprieto en er mío; si afloha, yo afloho... Si me sale un +torito vivito y voluntario, le toreo por lo arto y le doy lo que pide er +animá. Si me sale blando y sin vergüensa le doy un goyetaso ¡y a +viví!... A mí me podrá hasé peaso un toro, ¡pero en la vía un roío buey! + +Pasó un rato agradable Miguel, oyéndoles disertar en estilo pintoresco, +sobre tauromaquia, que para ellos era el compendio de todas las +ciencias, y el fin supremo de la vida humana, y se despidió al cabo +afectuosamente, no sin haber sido antes convidado a una novillada de +aficionados que Enrique y sus amigos estaban organizando a beneficio de +unos náufragos que se habían perdido en el Adriático. Esta novillada +había de efectuarse el próximo domingo en la plaza de los Campos +Elíseos; sería presidida por la señora del ministro de Marina, dirigida +por el Cigarrero, y nadie podría asistir a ella sin entregar un duro a +la puerta, salvo los amigos invitados por los lidiadores. + +Dos o tres días antes del señalado, pasó Miguel por casa de su tío +Bernardo. Al entrar en el cuarto de Enrique, oyó gran ruido, como si +trasteasen con los muebles; quedó altamente sorprendido al ver a su +primo con sendas banderillas en las manos delante de una silla, +levantándose sobre la punta de los pies en actitud de clavárselas. +Aunque algo avergonzado a causa de la risa que a Miguel le acometió, no +tardó en reponerse y manifestarle cómo se estaba ensayando en los +cambios, salidas y cuarteos, pues era uno de los banderilleros que el +domingo debían trabajar en los Campos. + +--Pero esa silla me parece que se debe aplomar algo en la suerte de +palos--dijo Miguel. + +--Chico, no tengo otra cosa. Quise ensayar con el perrito de mi hermana, +y mira lo que me ha hecho... + +Y levantando un poco los pantalones, le enseñó las huellas de los +dientes del animalito en la carne. + +Estaba muy animado, pero confesaba que tenía los nervios un poco +excitados y que dormía mal por la noche. ¡Eso de presentarse delante de +un público tan lucido! Pero de todos modos, él conocía muy bien la +teoría de las banderillas; no le faltaba más que un poco de práctica. + +--Mira; para ponerlas al cuarteo, se coloca uno así... con los pies +juntitos. Se cita al animal... Hay que esperar que arranque, ¿entiendes? +y marchar decidido a cortarle el terreno... Si el toro no baja la cabeza +para tirar el derrote... nada... ¡Hay que andarse en esto con mucho ojo! + +--¿Y tienes esperanza de ponerlas bien el domingo? + +--Si el torete me sale bravo y arrancando bien, pienso estar hasta +guapo... + +--No te lo aconsejo; te van a desconocer. + +--Si sale blando o huido, tiraré a cumplir nada más... a salir del paso. +Todo depende de la suerte, como tú comprenderás... Eso le pasa a +Cayetano, al Cigarrero y a todo el mundo. + +Llegada la tarde del domingo, se fue Miguel a los Campos y entró en la +plaza, que ya estaba más que mediada de gente, casi toda de categoría: +los lidiadores pertenecían en su mayor parte a la aristocracia. Había en +los palcos una muchedumbre de niñas bonitas, ostentando la blanca +mantilla de encaje y la peineta: los tendidos de madera estaban poblados +de caballeros elegantemente vestidos. Miguel fue a colocarse entre +barreras al lado de el Cigarrero que dirigía la lidia, sin tomar parte +en ella. + +Dada la señal por la presidenta, que era una señora guapetona, muy +rumbosa y muy dadivosa, aparecieron en el redondel las tres cuadrillas +al son de una marcha española tocada por la banda de un batallón: cada +cuadrilla se componía del espada, tres banderilleros y los +correspondientes monos sabios: estaban suprimidas las picas. Los +alguaciles, que eran dos marqueses, marchaban delante montando briosos +caballos y haciendo piernas con ellos. Gran tempestad de aplausos al +verlos aparecer: los muchachos se presentaban vestidos de chulos con +ricas capas sobre los hombros, imitando perfectamente en el modo de +andar el aire y el contoneo peculiar de los toreros. Saludaron a la +presidenta y arrojaron con garbo las capas de gala a los amigos, +cambiándolas por las de uso. De todos los tendidos se oían voces +saludando a los lidiadores: éstos cambiaban gritos y saludos con los +espectadores, y sostenían conversación con ellos en alta voz. + +Hasta aquí todo marchaba perfectamente. El marquesito alguacil recogió +la llave que la presidenta le arrojó, y fue haciendo corvetas a +entregársela al encargado de abrir el toril, cargo que, por cierto, se +habían disputado un vizconde y el hijo del presidente del Tribunal +Supremo. Sonó el clarín y saltó al redondel un torete negro, con bragas, +de bonita lámina. El primer sentimiento que los lidiadores +experimentaron al echarle la vista encima, fue de traición o engaño +manifiesto. Todos ellos le habían visto varias veces, primero en el +encierro y después en el corral; pero nunca les pareció ni la mitad de +grande que entonces. Así que, sospechando que pérfidamente se lo habían +trocado en el chiquero, cambiaron repentinamente el color fresco y +sonrosado de sus mejillas por un blanco mate nada vistoso. Y por un +movimiento simultáneo, que probaba la unidad de sus convicciones, se +pegaron todos a la barrera y colocaron el pie en el estribo, preparados +a cualquier evento. El novillo se disparó contra uno de ellos. Todos, +como un solo hombre, saltaron la barrera. El novillo, viendo el campo +libre, se paseó por él a su talante, en medio de la gritería y algazara +de la gente. Un buen rato se estuvieron los lidiadores entre barreras, +celebrando consulta, hasta que al fin, estimulados por los amigos de los +tendidos, que no cesaban de perseguirles con gritos y pullas, y por el +poquillo de vergüenza que todavía les quedaba, después de la salida del +toro, se decidieron a entrar de nuevo en el redondel. Pero fue con toda +calma, montando sobre la barrera como si estuviesen impedidos de las +piernas, y bajándose después poquito a poco; parecía que iban a entrar +en un baño de agua fría. Uno de ellos tuvo la audacia de separarse como +cinco o seis pasos del tablero, y llamar la atención del novillo con el +capote. Una mirada severa del toro bastó para hacerle brincar la barrera +sin poner el pie en el estribo. + +La corrida fue rica en incidentes. Caídas, choques, atropellos, saltos +mayores que el de Alvarado, de todo hubo, hasta cogidas, lo cual, en +verdad que parecía imposible. Apenas tiraban el trapo, se echaban a +correr llenos de pánico, dándose con los talones en las nalgas, y +precipitándose de cabeza por encima de las tablas, sin que el toro se +hubiese movido de su sitio. Los banderilleros clavaban los palos en el +aire muchas veces; otras en alguna región ignorada del animal. Los +espadas igualmente pinchaban donde podían, sin aproximarse jamás, ni por +casualidad, al sitio verdadero. En vano saltó el Cigarrero más de veinte +veces al redondel a poner orden; en vano les arreglaba los novillos y se +los cuadraba, de suerte que no había más que dejarse caer; de todos +modos la confusión, el ruido y las atrocidades de todo género no cesaron +en toda la tarde. + +Enrique, que vestía una chaquetilla elegantísima de terciopelo color +granate, en los comienzos de la lidia dio, como sus compañeros, ejemplo +de prudencia y circunspección. Rodeó, sí, infinitas veces la plaza, pero +fue, casi siempre, por detrás de la barrera, y cuando lo hizo por +delante, era tan cerquita de ella, que a cierta distancia parecía por +detrás. Llegado el momento crítico de poner las banderillas, que fue en +el segundo novillo, las cogió, y aunque muy pálido, marchó resueltamente +hacia él; se puso con los palos en cruz, y alzándose sobre la punta de +los pies, comenzó a mugir terriblemente para llamar la atención del +animal; y en efecto, así que éste le vio en aquella actitud fanfarrona, +vino rápidamente a embestirle. Mas, con gran asombro y vergüenza de sus +amigos, en vez de clavarle las banderillas las soltó de las manos, y la +emprendió a todo correr hacia la barrera. No pudo saltarla. Antes que lo +hiciese, el toro le había cogido por la parte posterior, y le había +tirado al alto. Todos acudieron y sofocaron al becerro con los capotes. +Pero Enrique, levantándose furioso contra él, e indignado contra sí +mismo por aquella vergonzosa huida, comenzó a gritar como un +energúmeno:--¡Dejádmelo, dejádmelo!--Y arrancando unas banderillas al +primero que encontró, se fue ciego, frenético hacia el toro, y se las +clavó en el pescuezo, sufriendo por ello una nueva cogida. +Afortunadamente, ninguna de las dos tuvo serias consecuencias; los +pantalones rotos y algunas contusiones. Los espectadores, desternillados +de risa, le aplaudían con calor y hasta le tiraron cigarros. + +Quedó muy ufano de este triunfo; tanto que, acercándose al sitio donde +estaban Miguel y el Cigarrero, le preguntó a éste: + +--¿Eh? ¿Qué le ha parecido a V., maestro? + +--No ha tao mal--contestó el torero sonriendo. + + + + +VII + + +Miguel no había dejado de ser nunca uno de los socios más asiduos del +Ateneo. Aunque no tomaba parte en las discusiones sobre los pueblos +semíticos, se había hecho notar bastante en los círculos privados que se +formaban por las noches en el vasto corredor del establecimiento, y se +le tenía por un amable y despejado compañero. Trabó amistad con otros +jóvenes moluscos de los que más bullían, y éstos no tardaron en +comunicarle la fiebre de cargos honoríficos que a ellos les devoraba. La +ambición ardía en los pechos de los exploradores de la raza semítica; +apetecíanse y buscábanse con noble emulación los cargos de secretarios +de las secciones. ¡Era tan brillante el levantarse en el comienzo de +las sesiones a leer el acta de la anterior! Las intrigas tenebrosas +menudeaban; las traiciones eran cosa corriente. Había dos bandos +principales: el de los viejos y el de los jóvenes; los primeros eran más +en número, y vencían siempre que no se les cogía descuidados; los +segundos, más activos, tramaban asechanzas para derrotar a los +candidatos contrarios, unas veces presentando los suyos, en unión de +alguna persona ilustre y respetable, otras veces aprovechando las noches +de más frío en que los viejos no se atrevían a salir de casa, otras +dividiendo con astucia a los enemigos; todos los medios eran lícitos. + +Gracias a una de estas sorpresas, y secundado con energía por algunos +muchachos, que al verle tan asiduo en la asistencia le respetaban ya +como un sabio en ciernes, consiguió Miguel ser secretario tercero de la +junta directiva, encargado del alumbrado y calefacción. Y queriendo dar +una gallarda prueba de su celo por los intereses del Ateneo, así que +tomó posesión del cargo, hizo poner hornillas de cock en las chimeneas y +suprimió la leña, que ocasionaba un gasto demasiado considerable. Mas he +aquí que esta patente economía, en vez de satisfacer a los socios, les +disgusta y levanta polvareda; los viejos se pusieron inmediatamente +enfrente del audaz reformador y algunos jóvenes también. ¿Para qué +sirven esas economías? ¿Para traer más libros? Demasiados hay en la +biblioteca. Un orador novel, joven, tradicionalista e imitador de Donoso +Cortés, que en las juntas generales del Ateneo se ensayaba para el +Congreso, le apostrofó duramente, luciendo una voz y un juego de +actitudes que envidiaría Mirabeau: demostró hasta la saciedad, que +aunque el cock proporcionase el mismo calor que la leña, había en ésta +un algo espiritual que satisfacía necesidades de orden más elevado; hizo +presente que el Ateneo no era una sociedad de mercachifles ocupados en +recoger ochavos, y que el sórdido interés debía ser arrojado del templo +de la ciencia a latigazos (aquí bebió un sorbo de agua azucarada y se +limpió después los labios con esmero). Expresó su profunda sorpresa de +que un joven fuese quien tomara la iniciativa en la funesta empresa de +privar de comodidades a los hombres que trabajan en el campo de la +ciencia, y con tal motivo exaltó el respeto que le es debido y que +siempre se ha tributado al sabio, haciendo un bello y minucioso parangón +entre éste, que con sus obras eleva y enriquece los espíritus, y el +obrero de la materia, que eternamente será siervo de la gleba, +decidiéndose, claro está, por aquél. Por último, terminó diciendo que al +declararse partidario incondicional de la leña, no le impulsaba ningún +móvil bastardo, que no se hacía eco de ningún resentimiento particular, +porque no cabían en su corazón tales miserias vergonzosas; hablaba +solamente por el deseo generoso de mantener en el Ateneo el sello +espiritual que siempre le había caracterizado. Este elocuente discurso +provocó muchos aplausos entre los socios, particularmente los viejos, +los cuales en las primeras elecciones de cargos derrotaron a Miguel, +nombrando en su lugar al joven tradicionalista. + +Tanto como a Miguel le aburrían los discursos hueros y ampulosos que se +pronunciaban en el salón de sesiones, tanto le agradaban a su antiguo +amigo y condiscípulo Mendoza y Pimentel. Muy rara vez se le veía en la +biblioteca con un libro abierto; pero en cambio, por milagro perdía una +sesión lo mismo de la sección de ciencias exactas, que de la de morales +y políticas o literatura. Admiraba profundamente a casi todos los +oradores, cuanto más campanudos mejor, y se enfadaba con Miguel cuando +éste hacía burla de ellos. Poco a poco se había ido modificando la +opinión que de él tenía formada desde la infancia. Después de haber oído +a los oráculos del Ateneo, comprendía que Miguel era un chico listo, +«pero bastante ligero.» Ya no le pedía dinero, porque había ascendido a +diez y seis mil reales de sueldo, los cuales empleaba casi todos en +vestirse y una mínima parte en comer; pero su amistad continuaba +inalterable. Se hizo presentar por Riverita en algunas tertulias +políticas donde nuestro joven tenía acceso, entre ellas la del general +conde de Ríos, uno de los jefes a la sazón del partido liberal. Esta fue +la que más le plugo y donde echó raíces. El general era un hombre de +genio vivo y enérgico, hablador sempiterno, narrador de cuentos verdes, +con mucha afición a la política y poca o ninguna al arte militar. Al +principio no le cayó en gracia Mendoza: su carácter grave y silencioso +le causaba tedio:--¿Sabe V., Riverita, que ese amigo de usted es lo +mismo que un roble?--le dijo pocos días después de habérselo presentado. +Cómo se arregló Mendoza para llegar a ser al cabo de algunos meses uno +de los íntimos de la casa y acompañantes preferidos por el general, fue +cosa que nadie supo. Y, sin embargo, era muy sencillo de explicar. +Mendoza sufrió una temporada la frialdad del conde y el desdén de la +condesa con gran filosofía, y siguió asistiendo constantemente a la +tertulia. No tomaba parte muchas veces en la conversación, porque tenía +la desgracia de que no se le ocurría jamás una frase oportuna o +chistosa; cuando lo hacía, era únicamente para manifestar su aprobación +absoluta e incondicional a las palabras del conde, o para interrumpir +con un ¡oh! o con un ¡ah! que expresaban su admiración y simpatía. + +Un día el general descubrió con sorpresa, al hablar del sistema colonial +inglés, que Mendoza pensaba exactamente igual que él sobre esta +cuestión. Verdad que el mismo general había emitido su opinión, hacía +algunos días, delante de aquél; pero ya no se acordaba.--Este chico--se +dijo--es más de lo que parece. Otro día descubrió la condesa, que jugaba +peor que ella al tresillo, y que era un compañero a quien de vez en +cuando se le podía dar _codillo_: desde entonces le miró con simpatía y +le invitaba con frecuencia a hacer _el cuarto_. Si alguna vez se le +ocurría ganar, la condesa le hacía pagar cara la victoria, dirigiéndole +una granizada de bromas que cualquier tomaría por insolencias: pero +Mendoza sonreía tan candorosamente y daba pruebas tan patentes de que +sólo la suerte había ocasionado la derrota de la dama, que ésta concluía +por reírse también. En poco tiempo conquistó la simpatía y hasta el +afecto de los esposos. Habiéndose ofrecido al general para ayudarle a +escribir cartas en ocasión en que éste se hallaba muy apurado, cumplió +con tal exactitud, que apesar de que las epístolas eran un poco +pedestres y enrevesadas, aquél aprovechó sus servicios algunas otras +veces, y hasta recabó del jefe de la oficina que le dejase libre algunas +horas a fin de no molestarle tanto. Con esto casi puede decirse que fue +desde entonces el secretario particular del conde, y como tal era +considerado por las personas que frecuentaban la casa. No tardó en +hacerse indispensable a la familia. Por las mañanas, antes de ir a la +oficina, daba una vuelta por la casa: el general le encargaba algunos +recados o visitas que no podía hacer personalmente ni confiar a ningún +criado, la condesa, menos escrupulosa que su marido, le hacía muchas +veces desempeñar oficios humildes: como comprar juguetes para los niños, +pagar algunas cuentas al joyero, etc. Por las tardes solía acompañar al +conde a paseo, casi siempre a pie, pues no era aquél amigo de usar el +coche. + +Al paso que Mendoza intimaba con este personaje y se hacía de sus +familiares, Miguel seguía siendo nada más que uno de tantos como +visitaban la casa: y aun podía asegurarse que en los últimos tiempos, +sus relaciones con la generala Bembo habían traído cierto enfriamiento +en todas las demás. Lucía le reclamaba casi todo su tiempo. Por otra +parte, le desplacían cada vez más las tertulias políticas, donde los +asistentes ven y examinan todas las cuestiones por el prisma, no del +entendimiento del dueño de la casa siquiera, sino de la pasión que le +agita en cada momento, y repiten siempre como un eco las palabras del +jefe. Aunque algunas veces despertaba la risa y la alegría en la reunión +con sus frases picantes y observaciones oportunas, había con respecto a +él cierta prevención desfavorable, hija, a no dudarlo, del temor; todos +le sonreían, pero cuando estaba presente no reinaba la misma confianza +que cuando ausente. Nada hay que moleste tanto a los hombres vulgares +como el ingenio, y en la tertulia del general formaban aquéllos mayoría. +Miguel notaba vagamente esta hostilidad; comprendía que no estaba en su +centro, y por eso iba pocas veces. + +Grande fue su sorpresa cuando una noche al entrar en el salón de +sesiones del Ateneo, vio a su amigo Brutandor en el uso de la palabra. +Peroraba Mendoza desde uno de los bancos de la izquierda, donde +acostumbraban a sentarse los jóvenes demócratas, y lo hacía con tanto +desembarazo, con tan briosa entonación como si en toda la vida hubiera +hecho otra cosa.--¡Ave María!--dijo Miguel para sí--este Brutandor no +conoce la vergüenza.--Y se sentó en una silla para escucharle. Pero como +esperaba tan poco de él, quedó agradablemente sorprendido al ver que iba +saliendo del paso. Se discutía la cuestión social. Mendoza repitió todos +los lugares comunes que se encuentran en los manuales de Economía +política, manoteando muchísimo, dando cortos paseos por delante de la +silla y pronunciando las palabras con un cierto recalcamiento sonoro, de +suerte que no se perdía una sílaba. Las condiciones externas, la voz, +la figura, le favorecían en extremo. En su discurso citó infinitas veces +los nombres de Cobden y la Liga de Mánchester, sobre los cuales se +detenía con particular cariño, tanto que Miguel en una temporada no le +llamó más que «el coaligado de Mánchester.» Algunos de los socios +salieron del salón antes de concluir; la mayoría, no obstante, se quedó +escuchándole con atención. Al terminar le dieron algunos aplausos de +cortesía. Miguel, que estaba pasando un mal rato por el temor de que se +pusiera en ridículo, respiró. + +--Querido Mánchester, has estado bastante bien--le dijo abrazándole. Y +lo creía de buena fe. No podía negarse que Mendoza había progresado +mucho. Pero en el curso de las discusiones menudeó de tal modo los +discursos, que a Miguel llegó a hacersele insoportable tanta vulgaridad +y tan campanudamente dicha, y dejó de entrar a escucharle. + +A fuerza de mucho hablar, Mendoza logró hacerlo con cierta facilidad, y +adquirió pronto el aplomo y los modales de los oradores más célebres, a +los cuales imitaba (en la parte externa, por de contado) +escrupulosamente. Subía y bajaba la voz y la ahuecaba como un consumado +artista; llevaba las manos trémulas al pecho, las agitaba en el aire y +doblaba el espinazo aunque estuviese diciendo cualquier cosa natural y +corriente, sólo porque Castelar y Moreno Nieto lo hacían en los pasajes +patéticos; terminaba muchas veces los períodos con las palabras +«tribunal de la historia», «las leyes indeclinables del progreso» o «la +emancipación de los pueblos», abriendo mucho la _e_ de pueblos, como era +moda entonces. Aunque algunos inteligentes sonreían escuchándole, no +dejó de ser considerado, al cabo, como joven instruido y «de +esperanzas.» + +Una tarde, Brutandor llamó aparte a Miguel, y llevándole a uno de los +rincones del Ateneo, le propuso fundar entre los dos un periódico. Para +ello contaba con una persona que facilitaba el dinero, y con la +protección del general conde de Ríos, que sería su inspirador. Halagole +la idea a nuestro joven viendo en ello un modo de despertar su actividad +dormida y desahogar la mente de porción de ideas que allá le bullían +acerca de los sucesos políticos y de los personajes que en ellos +intervenían. Aceptó, pues, con júbilo, y Mendoza quedó encargado de dar +los pasos necesarios para sacar la autorización, alquilar cuarto, buscar +imprenta, etc. En pocos días quedaron zanjados estos asuntos, y fue +resuelto que un jueves, 1.º de abril, aparecería el primer número de _La +Independencia_, «diario liberal de la mañana.» + + + + +VIII + + +Después de la aventura del armario, Miguel quiso persuadir a la generala +a que comprase el silencio de la doncella, a fin de no pasar en adelante +un susto parecido. Lucía se opuso resueltamente a ello; no podía ni +quería fiar la llave de su honor a un criado, y hablaba a menudo de +traiciones, anónimos dirigidos al general, cartas interceptadas y otros +cuentos terroríficos que no dejaban de preocupar a Miguel por algunos +momentos. Pero al mismo tiempo se asombraba de que siendo tan públicos +los desvaneos de la dama, hubieran pasado inadvertidos para su marido. +Lo que había de positivo en todo esto, y así lo entendió pronto, era que +la naturaleza de Lucía necesitaba del aliciente del secreto y del +temor. El ansia, la zozobra, los terrores súbitos, las esperas +prolongadas, los momentos supremos de angustia, los esfuerzos de ingenio +para buscar recursos, los rasgos de osadía, el drama, en fin, del amor +perseguido con todo su aparato de misterio y disimulo, le placía +sobremanera. Lo que no fuese temblar, colocar señales en los balcones, +esconder a su amante y estar siempre a dos dedos de ser descubierta, lo +hallaba monótono y fastidioso. ¡Cuántas veces, estando en el lecho a las +altas horas de la noche, se estremecía al escuchar el rumor de un +carruaje! Levantaba vivamente la cabeza, apretaba con las manos +crispadas el brazo de su amante y escuchaba ansiosamente. ¿No podía +venir en él su marido y sorprenderlos? ¡Qué miedo! ¡Qué angustia! Sólo +cuando el coche seguía de largo por delante de la casa haciendo vibrar +los cristales, se calmaba su congoja y volvía a la vida. + +Una nueva aventura muy desagradable, semejante a la del armario, vino a +concluir con la paciencia de Miguel y a darle ánimos para exigir +seriamente de la generala que pusiera a su doncella al corriente de lo +que pasaba. + +Desde la aventura del armario, Miguel, siempre que la doncella venía, se +ocultaba en la alcoba debajo de la cama. Una noche, como de costumbre, +Lucía le mandó que se fuese al escondite para arreglar con Carmen las +cuentas del día. Le parecía esto un excelente medio para disimular y +evitar sospechas. Tiró en seguida de la campanilla, y habiendo acudido +al instante Carmen, se puso con todo sosiego a tomarle la cuenta. Era la +hora de las confidencias domésticas: la doncella, al paso que explicaba +el empleo del dinero, se entretenía a narrar todos los incidentes +insignificantes del día, las nonadas de la casa: hablaba largamente de +las gracias de Chuchú, de sus oportunas contestaciones, comprendiendo +que era el flaco de la señora; se quejaba de algunas groserías del jefe; +contaba con risita burlona que miss Ana había comprado una nueva caja de +polvos de arroz.--¡Bah! ¿para qué querrá esa buena mujer los polvos de +arroz? ¡De todos modos ha de salir a la calle más fea que Picio!--Pasaba +revista a la servidumbre y formulaba juicios y acusaciones. María no se +llevaba bien con el lacayo. El cochero daba muy mala vida a su mujer, el +miércoles la había pegado con la fusta hasta que se cansó.--¡Qué hombres +tan perversos hay! ¿verdad, señorita? Para dar con uno así, más vale +quedar soltera toda la vida. + +La generala procuraba cortar secamente los asuntos y abreviar. Carmen +acudió a la lisonja esta noche para prolongar la conversación.--¡Qué +hermosa estaba la señora con el vestido azul que se había puesto ayer +tarde! La doncella de los Ramírez había oído al señorito decírselo a su +hermana. Todos los colores le venían bien a la señora: ¡pero +particularmente el azul!... ¡Ah, el azul le sentaba como a nadie! + +Lucía se enterneció un instante: preguntó con interés por los +Ramírez.--¿Es verdad que el señorito se marchaba a París uno de estos +días? Un chico feo, pero simpático: cierto día le había oído contar un +sucedido con mucha gracia. Después habló de un vestido que proyectaba +hacerse, en color claro con adornos de terciopelo carmesí; una idea que +se le había ocurrido a ella sin consultar a la modista; estaba segura de +que había de gustar mucho. Pero súbitamente volvió en sí y dijo con +palabra rápida y seca: + +--Vamos, adelante,... el pañuelo de la niña diez y seis, ¿no es eso? + +--Sí, señorita. + +--Son cuarenta y tres... ¿Ha comprado V. el jabón? + +--Nada más que una pastilla... no me acordaba si la señora me había +mandado comprar dos o una... + +--Le había mandado comprar dos; pero no importa... ¿Dónde la ha puesto +V.? + +--En la alcoba, sobre la mesa de noche. + +Al pronunciar estas palabras entró en la alcoba para buscar la +pastilla. Cuando llegó cerca de la mesa, dio un grito de terror. + +Miguel quedó yerto en el fondo de su escondite. La generala, con voz +demudada, preguntó desde fuera: + +--¿Qué es eso, Carmen? + +--¡Señorita... un sombrero de hombre sobre su cama! + +Hubo unos instantes de silencio, durante los cuales el corazón de Miguel +daba saltos terribles. La generala se repuso muy pronto. + +--¿Y por eso se asusta V., tonta?... Revolviendo mi armario, he +tropezado con ese sombrero del señor, que no sé cómo vino a dar a él... +Me estorbaba y lo he sacado... Si V. lo quiere y puede sacar algo de él, +lléveselo... no sirve para nada. + +--Muchísimas gracias, señorita--dijo la doncella, saliendo con el +sombrero en la mano.--Tengo un hermano a quien le servirá tal vez... + +No se habló más del asunto. La generala siguió tomando la cuenta con +calma, el semblante pálido, la voz un poquito alterada. + +Miguel se vio necesitado a salir aquella noche sin sombrero. Esperó un +rato en el portal vecino y se metió en el primer coche de alquiler que +acertó a cruzar. + +Al fin la generala cedió a los deseos, vehementemente expresados por su +amante, y se confió a la doncella. Desde entonces sus entrevistas +fueron fáciles y tranquilas. Carmen les evitaba con arte toda molestia, +les suministraba completa seguridad y sosiego. Con este nuevo orden de +cosas se acomodaba muy bien nuestro héroe; parecía que le habían quitado +un gran peso de los hombros; en realidad compraba antes demasiado caros +los placeres que su amiga le proporcionaba. + +Pero la generala no se avenía tan bien con el sesgo tranquilo y prosaico +que tomaban sus amores; la seguridad, la exactitud de cronómetro de las +citas, el amable sosiego que en ellas disfrutaba, la descorazonaron, +comenzaron a aburrirla, y en sus adentros le pesaba de que Carmen se +hubiese prestado tan gustosa a servirles. Toda la vida había tenido el +flaco de las aventuras; mas a última hora esta afición se había +exacerbado de un modo notable; experimentaba un apetito voraz de lo +extraordinario, como si se le escapase la juventud y no quisiera +terminarla sin un buen golpe. Así que no pudiendo satisfacerlo con +soñadas escenas trágicas, porque Miguel se reía de sus temores, diose a +ejercitar su recalentada imaginación en otra clase de caprichos raros. +Nada podía llevarse a cabo en sus relaciones de un modo normal; era +forzoso adobarlo todo con alguna especia de misterio. En los teatros, +para comunicarle cualquier noticia, pudiendo hablarle sin obstáculo +alguno, prefería emplear un sin número de signos masónicos o señales +misteriosas hechas con el abanico, los guantes, los gemelos o cualquier +otro utensilio, de lo cual resultaba en ocasiones no poca confusión y +perplejidad para Miguel. Las cartas que le escribía iban siempre +firmadas con nombre de varón, _Alfredo_, como si fuesen de un amigo a +otro; mas no por eso dejaban de venir salpicadas con toda clase de +frases apasionadas: «Te adora con todo su corazón... _Alfredo_.» +«Querido de mi alma, los minutos lejos de ti se convierten en siglos...» +«Ayer contemplando la luna desde el balcón de mi cuarto me asaltó el +recuerdo del paseo nocturno que hemos dado hace algunos días y sentí +resbalar las lágrimas por mi rostro...» «Te manda un tierno abrazo +apasionado tu _Alfredo_.» Si las tales cartas se extraviasen darían +mucho que pensar y reír al curioso que con ellas topara. + +Y en verdad que Lucía no las escaseaba: nada le placía tanto como +disolver el ardor de su corazón gastado en renglones interminables. +Había leído muchas novelas y copiaba descaradamente los conceptos +amatorios de más bulto: particularmente Jorge Sand, su novelista +predilecto, le suministraba un cargamento de pensamientos, unas veces +delicados, otras extravagantes, con que sazonar sus inconmensurables +epístolas. Su puntillo consistía en escribirlas muy espirituales, +plagadas de signos de admiración y puntos suspensivos. No pocas veces, +después de pasar con Miguel unas cuantas horas, le mandaba por la +doncella cinco o seis pliegos de letra menuda. + +La fantasía de la generala era todavía más fecunda en la invención de +nuevos y peregrinos placeres. Cierta noche del mes de marzo, en que por +rareza cayó una fuerte nevada sobre Madrid, mirando descender lentamente +los copos por la atmósfera, le vino en apetito el hacer una escursión al +Retiro con Miguel.--¡Qué hermoso debe de estar a estas horas! Veremos la +nieve cuajarse en las calles de arena y formar alfombra. ¡Qué placer +hundir los pies en ella!... ¡Y los árboles! ¿cómo estarán los árboles? +¡Qué lindos!... A mí me encanta la nieve... ¿Te atreves a ir?... ¿A que +no? + +Claro que Miguel no se atrevía y que deploraba en el alma aquel raro +capricho; pero se avergonzaba de confesarlo. Opuso resistencia, aunque +débil; manifestó algunas dudas acerca de si les consentirían la entrada; +habló vagamente de pulmonías, fiebres catarrales, etc. La generala no le +escuchaba; le parecía su proyecto tan original, que por nada dejaría de +ponerlo en obra; era de lo más romancesco que nunca se le hubiera +ocurrido. Miguel aceptó al fin, aunque de mala gana. No obstante, cuando +salieron a la calle y vio que el cielo se iba despejando y que la luna +asomaba ya su disco plateado por los bordes de una nube, no pudo menos +de proferir una exclamación de entusiasmo. + +El Retiro estaba espléndido, arrebujado en su jaique blanco. La +amartelada pareja lo recorrió con extremado gozo, deteniéndose a menudo +para comunicarse sus impresiones. Aquel paisaje, un poco teatral, debía +enajenar de placer a la generala. Caminaba en perpetuo éxtasis, dejando +escapar exclamaciones de asombro, hablando de las dulzuras de la muerte, +del mundo invisible y de las regiones donde el amor es perdurable: nunca +se creyó tan superior, tan por encima del nivel común de la humanidad +como entonces: compadecía sinceramente a los seres vulgares que en +aquellas horas estaban tranquilamente durmiendo y no gozaban como ellos +del mágico efecto de la luna sobre la nieve. Miguel no los compadecía +tanto, sobre todo desde que había estornudado cuatro o cinco veces +seguidas. + +Al ver un rinconcito en que la nieve había cuajado en más abundancia, +circundado de alto seto de rosal donde los árboles dejaban pasar por +entre sus brazos, delgados hilos de luz, la generala se detuvo +sorprendida y cautiva; un pensamiento extravagante cruzó por su cabeza y +una sonrisa entreabrió sus labios. Tomó la mano de Miguel y lo condujo +suavemente hasta el centro de aquel fantástico recinto, y se dejó bañar +un instante por el rayo de la luna. Mil pensamientos poéticos cruzaron +entonces por la imaginación de la dama. ¡Qué desprecio y qué asco le +inspiraba en aquel momento el mundo frívolo que se veía obligada a +habitar! Desde aquel blanco nido inmaculado se debía ascender a las +puras regiones de lo ideal, al país de los ensueños, a vivir y comerciar +con los seres privilegiados, donde la pasión impera sin absurdas trabas +sociales. Sentíase trasfigurada en semi-diosa, sublimada por la pálida +luz que la inundaba y el blanco tapiz que se extendía a sus pies, +divinizada por el enjambre de altas y hermosas ideas que revoloteaban +por su cabeza. La acometió un rapto de apasionada locura, y se colgó +súbitamente al cuello de su amante, cubriéndole de besos: después, como +un pájaro herido de amor, se dejó caer sobre la nieve y obligó a Miguel +a sentarse a su lado: y comenzó a recitar con voz enternecida el poema +que más le había subyugado nunca, _Le Lac_, de Lamartine. Las manos +enlazadas, juntas las sienes, la mirada húmeda y anhelante, fija en el +disco de la luna, dejáronse arrastrar ambos dulcemente al mundo de las +quimeras deliciosas y se repitieron con acento arrobador lo que mil +veces se habían dicho ya. El blanco manto de armiño conservó su huella +hasta que el sol vino a borrarla. + + + + +IX + + +Julita soltó una estrepitosa carcajada, cuyos ecos llegaron hasta el +gabinete de Miguel. «¿De qué se reirá aquella loca?» se preguntó éste +sonriendo también frente al espejo mientras se aderezaba para salir. + +--¡Miguel! ¡Miguel!--gritó su hermana desde el pasillo.--Ven aquí, por +Dios; ¡mira, por tu vida! + +Acudió solícito, y al asomar la cara por el corredor, vio a su primo +Enrique en traje de chulo; chaquetilla corta, faja de seda, camisola +bordada sujeta al cuello por botones de oro, sombrero ancho de fieltro, +pantalón ceñido y bota de charol: el complemento del traje era una vara +en la mano, muy larga, como destinada a conducir pavos. + +Julita se arrimaba a la pared, sujetándose la cintura con las manos para +no desternillarse de risa. Enrique de pie, cerca de la puerta, sonreía +un poco avergonzado. Miguel siguió al instante el ejemplo de su hermana. + +--La cosa no merece tanta risa--concluyó por decir el primo, amostazado. + +Pero ni Julia ni Miguel hicieron caso. Cuando se hubieron sosegado un +poco, vinieron hacia él y le examinaron curiosamente. + +--¿Pero cómo diablo te ha dado la ocurrencia de ponerte así? ¿Te ha +visto tu padre? + +--No: me he ido a vestir a casa de un amigo: tengo allí el traje... + +--Pues si te ve, de fijo le da un ataque. ¿Y a qué asunto te has vestido +hoy de chulo? + +--¡Toma! ¿no sabes que se abre la temporada? + +--¡Ah! ¿hoy hay toros? ¿Mata el Cigarrero? + +--¡Ya lo creo!: después de quince años que no pisa la plaza de Madrid. A +eso venía, a ver si quieres ir conmigo. + +--Hombre--dijo indeciso,--no soy muy aficionado a los toros; pero el +Cigarrero me ha sido simpático... ¿Me traes localidad? + +--Te traigo la contrabarrera de un amigo que está enfermo. A mi lado ya +sabes que no puedes ponerte, porque todas las barreras están abonadas; +pero estamos cerca. + +--¡Ay, llévame, Miguel!--exclamó Julita saltándole al cuello.--Llévame a +los toros. + +--¿Tienes deseo? + +--¡Muy grande! Los toros me encantan. + +--¡Eso, eso!--gritó Enrique entusiasmado. Tú eres española de pura raza. +¡Pisa ese sombrero, chiquita! + +Y lo arrojó al suelo. + +Julita no se anduvo con melindres; tomó la galantería al pie de la letra +y se puso a taconear sobre el infortunado sombrero de tal suerte, que si +Enrique no acude a tiempo se lo hace pedazos. + +--Está visto que contigo no se puede ser galante--dijo de mal humor +mientras lo limpiaba con la manga de la chaqueta. + +Miguel, previo el permiso de su madrastra, mandó al criado por una +carretela a casa de Lázaro y por un palco a la de un revendedor +conocido. Después que madre e hija se vistieron la clásica mantilla y +Miguel cambió la levita y el sombrero de copa por la americana y el +hongo, subieron los cuatro al carruaje. + +Eran las dos y media de la tarde. El sol brillaba en el firmamento sin +que una sola nube asomara por el horizonte a recibir su parternal +caricia. Madrid gozaba del privilegio divino de su cielo sin dirigirle +siquiera una mirada de gratitud, como una sultana a quien las caricias +causan tedio. Al cruzar por la Puerta del Sol, vieron el chorro de su +fuente, despidiendo fúlgidos destellos elevarse por encima del tejado +del Principal. A la entrada de la calle de Alcalá había una larga fila +de ómnibus que una muchedumbre asaltaba anhelante, furiosa, cual si se +tratara de escapar a un grave e inmediato peligro. Pero muy contra lo +que sucede en casos tales, en vez de oponerse los unos a que se +encaramasen los otros, todos se ayudaban con solicitud, mostrando por +anticipado lo que debe ser y lo que será con el tiempo la fraternidad +universal. + +--Eh, buen hombre, que se va V. a caer... Deme V. la mano.--Caballero, +téngame V. por el bastón.--No ponga V. el pie sobre la rueda.--¿Quiere +V. que nos apretemos más? Bueno, hombre, bueno, nos apretaremos. + +Estos gritos se oían en todas partes, viéndose a algunos pobres viejos +por el aire, elevados a la imperial de los ómnibus en brazos de los que +ya estaban en ella. Las caras resplandecían de alegría, lo mismo que el +cielo. La acera de la derecha, donde estaba el despacho de billetes, +veíase cuajada de gente, que discurría por ella en espectativa de que +las localidades bajasen y se pusiesen al alcance de su bolsillo. Un +sinnúmero de coches particulares y de berlinas de punto cubrían más +abajo la ancha carretera, galopando en dirección a la plaza; y al +través de ellos, dejándolos atrás en seguida, corrían desbocados los +ómnibus, mientras los que iban encima, sin miedo a estrellarse, +embriagados por la carrera vertiginosa, saludaban con gritos de alegría +a los que iban dejando en pos de sí. Algunos picadores con sus chaquetas +de brocado y sombreros inmensos galopaban también sobre algún mal +caballo, llevando a las ancas a un amigo, que le abrazaba cariñosamente +para no caerse. Los peones bajaban por las aceras lentamente, en amable +plática, formando apretados y numerosos grupos. + +Una carretela abierta, donde iban toreros, se acercó un instante al +costado de la de Miguel y siguió adelante. Era la del Cigarrero, que +contestó al saludo de Enrique y Miguel con la gravedad afable que le +caracterizaba. El Serranito y Merluza, que iban con él, saludaron con +más expansión. + +--Me brindarás un par, ¿no es verdad, Baldomero?--gritó Enrique. + +--A uté no, que e mu feo: a esa señorita tan remonísima que yeva uté a +la vera--contestó el Serranito. + +Julita se echó a reír, ruborizada. + +En torno de la plaza, donde llegaron en seguida, se agitaba la multitud, +pugnando por entrar; los coches que allí se juntaban producían +disturbios y motines, que los guardias no eran suficientes a reprimir. +Después de dejar a su madrastra y hermana en el palco, Miguel se retiró +con su primo, pretextando que deseaba ver de cerca matar el primer toro +al Cigarrero, y que luego volvería; en realidad, era porque había visto +a la generala Bembo en un palco con la señora del banquero Mendiburu. +Bajó al redondel, y desde allí pudo hacerse notar de ella, y la saludó +ceremoniosamente con el sombrero. + +La arena estaba llena de aficionados; una muchedumbre abigarrada, +compuesta de estudiantes, paletos, chulos, señoritos y soldados, +elegantes unos, otros desarrapados, fraternizando todos y creyendo que +por el mero hecho de hallarse allí, en el terreno del toro, como si +dijéramos, participaban del arrojo y gallardía de los lidiadores. Los +tendidos se iban poblando lentamente, y desde aquí al redondel mediaban +saludos y gritos entre unos y otros, que convertían la plaza en un +mercado. La voz de los vendedores de naranjas salía entre todas las +demás; y las naranjas, cuando alguno las demandaba, volaban rápidas y +certeras de las manos de aquéllos a las del comprador, por encima de las +cabezas. En los tendidos de sombra, los jóvenes lechuguinos charlaban en +voz alta, levantando la cabeza para mirar a las damas de los palcos. En +los de sol, los honrados menestrales se acomodaban en sus asientos, +resueltos a dejarse tostar toda la tarde, y hablaban entre sí de +tauromaquia, muy pagados de ser los verdaderos inteligentes en la plaza. +El júbilo, la alegría nerviosa que comunica la esperanza del placer, +brillaba en todos los ojos. + +Al fin los alguaciles salieron a despejar, y los aficionados del +redondel se fueron retirando hasta dejarlo enteramente libre. Enrique y +Miguel, que habían estado en los patios interiores hablando un momento +con el Cigarrero y su cuadrilla, también fueron a ocupar los respectivos +asientos. El ruido había disminuido bastante; gracias a esto se +percibían los acordes de la charanga de hospicianos, que hasta entonces +no había logrado hacerse escuchar. Los espectadores sacaban los relojes +y dirigían miradas significativas a la presidencia. En esto la charanga +entonó con energía la marcha real; todos los rostros se volvieron al +mirador regio donde apareció la reina Isabel: algunos batieron palmas; +otros dijeron «chis, chis,» porque la atmósfera política estaba entonces +encapotada con ciertos nubarrones que descargaron no mucho tiempo +después. Hecha la señal, al cabo, las cuadrillas entraron en la arena al +son de la marcha de la zarzuela _Pan y toros_: salían, como de +costumbre, formando tres filas, al frente de cada cual iba el respectivo +espada. Al verlos estalló un prolongado aplauso. Cruzaron la plaza +graves, firmes, acompasados, escuchando la gritería que su aparición +había levantado, con la mayor indiferencia; brillaban sus ricos vestidos +y capellares despidiendo vivos destellos que alegraban la vista. + +--¡Miale, miale el viejo!... Ese es, el de la izquierda... Miale qué +cara tiene... ¡Le zumba el alma a ese tío!.. En España no queda ya quien +reciba toros más que él... + +Toda la atención de la plaza estaba concentrada sobre el Cigarrero, +apesar de que mataban también el Gordo y Lagartijo, que comenzaba +entonces a ser el niño mimado del público. Mas para el aficionado +madrileño, el ver recibir un toro es una de esas ilusiones que jamás se +realizan aunque vivan constantemente en el corazón: _aguantar_ lo hacen +varios toreros; pero _recibir_, lo que se llama recibir de verdad, no lo +han hecho más que los héroes antiguos del toreo. + +Saludaron con ademán uniforme a la presidencia, y rompieron filas, +tirando las capas de gala a los amigos de los tendidos, que se +encargaron de su custodia con más orgullo que si se tratara del Arca de +la Alianza. El presidente sacó el pañuelo; sonó el clarín; abriose la +puerta del toril: apareció el primer toro. Era un Miura castaño, +chorreao, listón, fino y de hermosa lámina, largo y levantado de cuerna. +Mostrose voluntario y noble en las varas, aguantando seis puyazos de los +picadores de tanda. Pero al llegar a los palos comenzó a defenderse. +Sin embargo, el Serranito le clavó un soberbio par cuarteando con finura +y limpieza, que sorprendió agradablemente al público: en Madrid no +sabían, como en Sevilla, que Baldomero era un chico que daría mucho que +hablar. Merluza se pasó una vez y luego colgó un palo cuarteando +también. Volvió el Serranito a coger los palos, y después de intentar en +vano colgárselos al sesgo, se los puso quebrando con limpieza y +maestría. Hubo un delirio de palmas en la plaza; su figura esbelta y la +singular corrección y delicadeza de sus facciones, cautivaron al +público; las mujeres le clavaban codiciosamente los gemelos; se paseó +triunfante en torno de la plaza recibiendo sonriente el aplauso de los +tendidos. + +Llegó su turno al Cigarrero: avanzó gravemente hacia la presidencia, se +quitó la montera y dijo con voz ronca unas cuantas palabras que nadie +pudo entender; después se fue derecho al toro, que tenía marcadas +tendencias a huirse. Persiguiole infructuosamente algún tiempo en medio +de la curiosidad expectante de la plaza. Por fin, gracias a los +esfuerzos de la cuadrilla, pudo trastearle, y lo hizo bastante ceñido, +dándole algunos pases buenos; el público aplaudió y se las prometió muy +felices. Mas en medio de la faena, el diestro sufrió una colada y perdió +enteramente el aplomo; dio otros tres o cuatro pases sin confianza y +descompuesto; y deprisa y corriendo, sin estar bien cuadrado el animal, +lió el trapo bastante lejos y se tiró a paso de banderillas. La estocada +resultó un _bajonazo_ de lo más malo que nunca se hubiera visto. Es +indescriptible la cólera que se apoderó de los espectadores. Si hubiera +sido otro torero, hubiera pasado con una silba, grande o pequeña; pero +haber concebido la esperanza de ver a un antiguo maestro toreando por el +sistema de Montes y venir a la plaza a presenciar aquella ignominia, +esto ponía fuera de sí a los aficionados. ¡Qué gritería, cielo santo! +¡Qué injurias! ¡Qué lamentos! Parecía que a cada uno le acababan de +robar el honor de su hija. + +--¡Morral, ladrón, gran cochino! ¡Así te ahorquen por los pies! ¿Eres tú +el que recibías los toros? ¡A la cárcel con ese pillo! Señor presidente, +¿para cuándo quiere V. la Guardia civil? + +Y en medio del alboroto, las naranjas, las botellas vacías y hasta +algunas piedras, volaban a la plaza, y por milagro no herían al diestro. +Éste avanzaba, pálido, avergonzado, hacia la presidencia. Al llegar +cerca del tendido donde estaban Enrique y Miguel, una naranja certera le +dio en el rostro y le sacó sangre. Enrique, que ya estaba excitado y +nervioso, no pudo reprimir la indignación, y levantándose gritó a los +que estaban detrás: + +--¿Quién ha sido ese valiente? ¿Ese valiente sin vergüenza? + +--¡Fuera el chulo sietemesino! ¡Que baile!--contestaron desde arriba. + +--¿Se dirige V. a mí?--dijo uno levantándose con arrogancia. + +--Me dirijo al que haya sido. + +--Pues nos veremos las caras al salir. + +--Se la veré a usted para escupírsela--contestó Enrique encolerizado. + +--¡Fuera, fuera! ¡Que se siente ese babieca!--gritaron desde arriba. + +No tuvo más remedio que hacerlo. El Cigarrero sonreía limpiándose la +sangre con el pañuelo. Era una sonrisa tan triste y tan humilde, que a +Miguel se le apretó el corazón y estuvieron a punto de saltársele las +lágrimas. + +Sólo cuando apareció el segundo toro en el ruedo, concluyó del todo la +bronca. Por más que trabajó, hasta no poder más en los quites, el pobre +Cigarrero no consiguió captarse la benevolencia, ni siquiera el perdón +del público. Cuantos esfuerzos hacía, cuantos capotes echaba (y la +justicia obliga a declarar que los echaba con arte), servían de befa y +de irrisión al enfurecido pueblo. El Gordo, en su toro, estuvo como casi +siempre, pasando de muleta con maestría y pinchando bastante mal. +Lagartijo toreó el suyo sobre corto y con frescura, y se metió por +derecho a volapié, dando una buena estocada, pero saliendo trompicado. +Muchos aplausos. + +Llegó el cuarto toro, que correspondía de nuevo al Cigarrero. Era un +Veragua colorado listón, bragado, ojinegro, abierto de cuerna y de buena +estampa, como casi todos los del Duque; un bravo y hermoso animal. + +Merluza le colgó un buen par al cuarteo. El Serranito cogió después los +palos, y en cuanto el público le vio en medio de la plaza, aplaudió. + +--¡Ole tu mare, saleroso! + +Quiso ponerlas cuarteando también, pero se pasó una vez porque el toro +no arrancó. Volvió a cuartear y volvió a pasarse por la misma razón. De +nuevo se fue hacia el toro, y otra vez se pasó. Entonces hubo cierto +movimiento de impaciencia en el público; se oyó un silbido; esta fue la +perdición del pobre mozo. Herido su amor propio, acometió ciego a la res +y quiso clavarle las banderillas a todo trance; el toro, que no se había +movido, le enganchó por debajo del brazo y lo echó al aire. Sonó un +grito de horror en la plaza. Las cuadrillas enteras se arrojaron sobre +el animal, tratando de llevárselo; pero inútilmente. Inútilmente el +Cigarrero brincaba con heroísmo delante de los cuernos, metiéndole el +trapo por los ojos; inútilmente Lagartijo y el Gordo le echaban también +los capotes, exponiéndose a morir; el toro, como si tuviese algún +agravio del infortunado Baldomero, no atendía a nada, y lo recogió otra +vez y otra vez lo tiró al aire. Entonces el Cigarrero, por última +inspiración, soltó la capa, se agarró fuertemente al rabo de la bestia y +comenzó a colearla; dio tantas vueltas, que al fin cayó mareado; el +Gordo la llevó con la capa lejos. En esto el Serranito se había puesto +en pie, sonrió forzadamente al público, como el gladiador que quiere +morir con gracia, se llevó la mano al pecho y cayó de nuevo, soltando +chorros de sangre por las heridas. Dos monos sabios lo recogieron y lo +llevaron a la enfermería; otros corrieron en seguida a tapar la sangre +con arena. + +El presidente, que debía de estar conmovido y alterado como todos los +espectadores, dio la señal de muerte, sin considerar que al toro no se +le habían puesto más que un par de banderillas, y que era peligroso para +el espada que fuese tan entero a la muerte. ¡Aquí fue ella! El público, +que gusta de mostrar buen corazón después que han sucedido las +desgracias, se levantó en masa, volviéndose iracundo contra el +presidente, como si él fuese quien hubiera pegado las cornadas al +Serranito. + +--¡Bárbaro, bárbaro, asesino! + +Agitaban frenéticos los puños y los bastones frente al palco +presidencial, los ojos llameantes, los rostros demudados por la ira. +Nadie respetaba ni se acordaba siquiera de la majestad que estaba a su +lado: se proferían los dicterios más soeces. Pero el presidente, aunque +estuviese arrepentido, y debía de estarlo, a juzgar por la confusión que +se reflejaba en su semblante, ya no podía revocar la orden; su dignidad +se lo impedía. Entonces el público se volvió al Cigarrero, que ya había +cogido los trastos, y le gritó: + +--¡No lo mates, no lo mates! ¡Que lo mate ese asesino! + +El Cigarrero encogió los hombros y se dispuso a ir en busca de la res. +En aquel instante un torero que llegaba corriendo le dijo algo al oído, +y el espada se puso terriblemente pálido. El público comprendió que +había malas noticias del Serranito. Quitose el matador la montera, se +pasó la mano por la frente con abatimiento, se la puso de nuevo y marchó +hacia el toro. Los gritos se apagaron instantáneamente; reinó un +silencio lúgubre en la plaza. + +--¡Ha matado a su hermano! ¡ha matado a su hermano!--se decían los +espectadores al oído. + +Y todos sentían ansiedad inexplicable, una simpatía profunda por el +desgraciado Cigarrero. Éste avanzaba con lentitud, el paso vacilante, +hacia el toro. Pero no se detuvo hasta dejar caer el trapo sobre los +mismos cuernos. + +--¡¡Ole!!--rugió la plaza; volvió a reinar el silencio. + +El toro brincó como si hubiera sentido un acicate, y se revolvió al +instante, furioso. El espada le dio un pase de pecho, superior. + +--¡¡Ole!!--rugió de nuevo la plaza. + +Y otra vez se hizo el silencio. + +Siguieron a éste otros pases naturales y en redondo, dados tan en corto +y con tal maestría, que el público quiso volverse loco. Los pies del +matador apenas se movían ni salían de un círculo estrechísimo; pero este +círculo parecía sagrado e infranqueable; los cuernos del toro pasaban +rozando la chaquetilla del anciano torero sin hacerle el más ligero +daño. Al fin, la fiera, harta de tanto revolverse y acometer sin fruto, +se detuvo jadeante. El toro y el torero se miraron; lió éste el trapo +tranquilamente, se echó el estoque a la cara y citó con el pie para +recibir. Acudió la bestia, furiosa, y se clavó ella misma la espada +hasta la empuñadura. Hubo un grito reprimido de entusiasmo en la plaza. +El toro se quedó un instante inmóvil frente al torero, lanzó un débil +mugido y se dejó caer desplomado sobre los brazos. + +Nadie puede representarse lo que entonces pasó: un delirio, un inmenso +ataque de nervios; diez o doce mil energúmenos gritando con toda la +fuerza de sus pulmones; una nube de cigarros, petacas y sombreros +volando por el aire y tapizando al instante de negro la blanca arena. +Veinte años hacía que no se había visto en la plaza de Madrid la suerte +de recibir, de este modo consumada. + +El Cigarrero dirigió una mirada vaga a los tendidos; se pasó otra vez la +mano por la frente, y dejando caer al suelo la muleta, se echó a correr +como un gamo sin atender a los gritos de entusiasmo, a los llamamientos +que de todos lados le hacían; brincó la barrera y desapareció de la +vista del público. + +Cuando llegó a la enfermería estaban ya allí Enrique y Miguel con el +médico y algunos amigos. El cura acababa de confesar y se disponía a +poner la unción al desdichado Baldomero, que presentaba en el rostro las +señales indefectibles de la muerte. Al entrar su hermano volvió los ojos +hacia él y sonrió con cariño. + +--¿No habrá sío náa, eh?--le preguntó éste con voz alterada y ronca, +queriendo persuadirse de que no era caso de muerte. + +--Poca cosa, Pepe... que me voy ar otro barrio... + +El cura avanzó en aquel instante con los sagrados óleos. Todos los +circunstantes doblaron la rodilla. Reinó silencio aterrador, que sólo +interrumpía el murmullo del clérigo y el estertor del moribundo. Cuando +aquél concluyó, Baldomero dirigió otra sonrisa a su hermano y le tendió +la mano diciendo con trabajo: + +--Mis chiquitine... + +--Pierde cuidiao, Baldomero--repuso el anciano con la voz anudada y +llevándose la mano al corazón.--Tus hijo serán lo mío. + +En aquel instante se oyó un gran vocerío en la plaza. Era la plebe, que +saludaba la entrada del quinto toro. + +El Cigarrero se dejó caer sollozando en los brazos de Miguel. + +--¡Qué tristesa, D. Miguelito del arma, qué tristesa! + + + + +X + + +No pocas idas y venidas costó la aparición de _La Independencia_, +«diario liberal de la mañana.» Nuestro amigo Mendoza por poco pierde la +razón a puro correr por las calles. Desde la imprenta al almacén de +papel, de aquí a la redacción, de la redacción a casa de Ríos, y así +todo el día y parte de la noche. La mayoría de los redactores fue +nombrada por el conde; algunos eran hijos de sus tertulianos asiduos, +otros periodistas famélicos a quienes debía algún suelto laudatorio. + +Por fin apareció el primer número. Grande fue la sorpresa de Miguel al +leer debajo del título otro rengloncito corto que decía: «Director: don +Pedro Mendoza y Pimentel.» No pudo reprimir un sentimiento de +indignación. + +--¿Pero este majadero, qué se habrá llegado a figurar?--murmuró +estrujando el periódico. Y al poco rato, viendo entrar jadeante, +corriéndole el sudor por la frente a Brutandor, se encaró con él +diciéndole: + +--Oyes, Perico, ¿te sientes con fuerzas para dirigirme en las arduas +tareas del periodismo? + +Mendoza se puso colorado y comenzó a balbucir: + +--¡Yo no he sido!... ¡Demasiado sé yo!... El conde se ha empeñado... +Decía que era necesaria una persona... No nos atrevimos a ponerte a ti +por si no querías... De todos modos ya sabes... + +--Bueno, bueno; ya lo sé todo--repuso Miguel con acritud.--Pero estas +cosas, querido Perico, se dicen por si no convienen. + +Así quedó el asunto. En cuanto se le fue el enojo, Miguel se rió de la +_gansada_ de su amigo y no volvió a pensar más en ella. No obstante, se +la hizo pagar con algunas bromas; era la menor venganza que podía tomar. + +--Te participo, amado _Mánchester_, que si no me das un fósforo, divulgo +el secreto que hace años te tengo guardado--decía sin levantar la cabeza +de las cuartillas que estaba escribiendo. + +Mendoza le daba el fósforo gravemente y se salía evitando en cuanto le +era posible las burlas de su amigo. + +--¿Qué secreto es ese?--le preguntaban riendo los demás redactores. + +--Hice juramento de no revelarlo. Acaso algún día él mismo lo descubra. +Tengan VV. paciencia. + +Y, en efecto, al cabo de algunos meses, habiendo escrito Miguel un +artículo de polémica personal, Mendoza se autorizó el enmendarlo +añadiéndole algunas palabras que produjeron un serio conflicto al +periódico. + +--¿Lo ven VV.?--gritaba encolerizado en medio de la redacción arrojando +el sombrero contra el suelo.--¡Hace tantos años que yo le guardo +fielmente el secreto de que es un animal, y él mismo acaba de revelarlo +ahora! + +--Ya lo sabíamos--apuntó un redactor sonriendo y mirando con recelo a la +puerta. + +--¡Ah! ¿Lo sabía V.? + +--Lo sabíamos todos--dijo otro mirando también a la puerta.--Todos menos +el conde de Ríos. + +--Eso tiene una explicación muy sencilla: consiste en que el conde de +Ríos es más animal que él. + +Los redactores se miraron consternados, y sin decir otra palabra, +bajaron la cabeza y continuaron escribiendo. + +--Oyes, Perico--le decía otra vez,--me parece que esa levita es muy +corta. + +Los compañeros se rieron porque estaba muy lejos de ser cierto. + +--Es bastante larga--contestó Mendoza un poco amostazado. + +--Para cualquier otro mortal no lo dudo, ¡pero para un director!... +Observa, Perico, que tienes contraídos con el público ciertos +compromisos ineludibles. + +La redacción se componía de una sala y gabinete en un cuarto entresuelo +de la calle del Baño. En un principio todo era redacción, mas +paulatinamente y a la sordina, Mendoza se fue quedando solo en el +gabinete. Cierto día apareció sobre la puerta de éste un letrero que +decía: _Dirección_. Perico se creyó en el caso de dar una explicación a +su amigo. + +--No extrañes lo del letrero, Miguel. Ya comprenderás que tú nada tienes +que ver con eso... Pero los demás... El general me dijo que debía haber +un cuarto reservado... Porque ya sabes... Vienen visitas... + +--Bien, hombre, bien; no te apures, Majagranzas... + +Mendoza, que no había leído el Quijote, no entendió la cruel intención +del mote y quedó muy satisfecho. + +El periódico estaba inspirado, o como empezaba a decirse entonces, era +órgano del general conde de Ríos; pero éste no se dignaba pasar casi +nunca por la redacción: cuando de uvas a brevas lo hacía, nunca dejaba +el conserje de entrar a anunciarlo a los redactores, quienes se +apresuraban a sentarse y a quedarse absortos en su tarea. El único que +seguía como estaba, paseando o fumando, con las manos en los bolsillos, +era Miguel. El general se descubría al entrar, y con afectada +amabilidad, daba las buenas noches. + +--¿Cómo siguen VV., señores? + +Al ver a Miguel en actitud un poco displicente, fruncía levemente las +cejas; pero dominándose en seguida, se apresuraba a saludarle; Miguel le +estrechaba la mano sin ceremonia. Después solía pasar al gabinete con +Mendoza, quien le seguía, embargado por el susto y el respeto. Al poco +rato se oía la voz cascada del general dictando alguna orden o +«echándole una chillería,» como se decía en la redacción. + +--¡Caramba, Mendoza, no me llamen VV. tantas veces ilustre a Serrano! Ya +me tienen VV. de ilustración hasta el cogote.--Dígale V. al encargado de +los teatros que es un adoquín; ayer da un palo al drama de Chamorro, que +es correligionario, y hace unos cuantos días ponía por las nubes una +piececita muy mala de un sobrino de González Bravo... ¡Ah! y que me +tenga cuidado con la Ferni: ya sabe V. que ha cantado en mi casa.--Vamos +a ver, Mendoza, ¿cómo consiente V. que ese Sr. Darwin diga en la sección +de Variedades que el hombre desciende del mono? (Pausa mientras +contesta Mendoza, al cual no se oye.) ¿Traducido, eh? Pues que no +traduzcan tales badajadas... ¡Buen mono estará ese traductor! + +El que se oía llamar de esta suerte, o majadero, o adoquín, se hacía el +desentendido y bajaba aún más la cabeza fingiéndose enteramente +embebecido en su trabajo. Pero alguno de los compañeros tosía +maliciosamente y los demás se echaban a reír. A Mendoza en estos casos +no se le oía el metal de la voz; por manera que desde la sala, parecía +que el general hablaba solo. Pero esto, como ya hemos dicho, sucedía muy +pocas veces: ordinariamente el director iba a tomar órdenes a casa de +aquél dos a tres veces cada día. El General mostraba en la dirección del +periódico la misma saludable energía que siempre le había caracterizado +dentro de los cuarteles. Pero allí, como en éstos, su espíritu +esencialmente analítico se detenía mucho más en los pormenores que en el +conjunto. Un remiendo mal pegado, una correa mal puesta, sacaba de +quicio y encendía la cólera en el pecho del héroe de Torrelodones (así +le llamaba _La Independencia_ un día sí y otro no). Asimismo una noticia +_fiambre_, un anuncio torcido llevaba a su noble espíritu una turbación +extraña que no era poderoso a reprimir. Mendoza tenía buen cuidado de no +turbarle a menudo. Los artículos, los sueltos no conseguían excitar el +interés del valeroso caudillo, y dejaba a la redacción bastante libertad +en esta materia. En cambio, por nada en el mundo consentiría que se +variase el título de una sección sin consultarle. Algunas veces, por +espontánea y libérrima inspiración, él mismo llegó a cambiarlos. Un día, +después de venir de su casa recibió Mendoza un volante ordenándole, en +términos que no daban lugar a torcidas interpretaciones, que la sección +del periódico titulada _Noticias generales_ llevase por nombre, de allí +en adelante, el de _Noticias universales_. Apesar de la utilidad +innegable de esta reforma, pues el adjetivo universal es, sin duda, más +comprensivo que general, algún redactor se empeñaba en sostener que los +suscritores, no sólo no la agradecerían, sino que ni siquiera se harían +cargo de ella. El único asunto vedado para los redactores era el sistema +colonial inglés, y todo lo que de él se derivase; el general se +reservaba enteramente esta materia, en la cual era indudablemente +peritísimo; como que había tocado dos veces en la India al ir a +Filipinas. Su punto de vista, en consonancia con la energía de su +carácter, era que para colonizar un país, se hacía indispensable +extirpar a los indígenas; sin extirpación, imposible la colonización. +Este fue el principio que sostuvo en una serie de artículos escritos +«con más bizarría que gramática,» al decir de un colega ministerial. +Por cierto que Ríos se empeñaba en que Mendoza fuese a desafiar al +director; pero no pudo conseguirlo. + +Lo único que se leía con agrado en el periódico, hay que decirlo a +riesgo de herir la susceptibilidad exquisita de algunos redactores, era +la sección de sueltos políticos, que estaba a cargo de Miguel, o +Riverita, como allí se le llamaba. Sin embargo, el general daba +infinitamente más importancia a los artículos de fondo. Los _fondos_ +estaban a cargo de un anciano silencioso, taciturno, viudo, con siete +hijas que se alimentaban y vestían con los cincuenta duros mensuales que +le producían estos _fondos_ a su padre. Iba a la redacción el primero y +salía el último; sus artículos, llenos de cordura, de sensatez, de +prudencia, daban vuelta siempre a los asuntos sin entrar en ellos; el +general encontraba esto más conforme con las reglas de la estrategia, +que el apoderarse del asunto «descubriendo el cuerpo.» Además, tenían la +incalculable ventaja de que comenzaban y terminaban constantemente del +mismo modo, con ligerísimas variantes. + +He aquí el modelo de su estilo: + +«Al estudiar concretamente los importantes problemas que se relacionan +con el fomento de los intereses generales, base de la prosperidad +individual y colectiva, no puede desconocerse, en manera alguna, lo +mucho que en su resolución influye una acción sistemática y continua, +en lo que toca a la administración pública, tan poderosa para remover +los múltiples obstáculos que estorban la marcha próspera de un +determinado país. No es que nosotros desconozcamos que en su esfera +respectiva se precisa el concurso inteligente de todas aquellas otras +entidades, capaces de descubrir las fuentes de riqueza, que son otros +tantos factores del bienestar social, siempre que el trabajo empleado +para obtener el fin propuesto, responda a las exigencias de una razón +ilustrada por las lecciones de la práctica, etc., etc.» + +Cuando vinieron a contar a Miguel que el general decía que los escritos +de Ramos (así se llamaba el viejo de los _fondos_), tenían más peso que +los suyos, exclamó: + +--¡Claro, por eso no pueden digerirlos más que los avestruces! + + + + +XI + + +Llegó el mes de julio. La generala Bembo se fue huyendo del calor a +Biarritz. Miguel no la siguió al instante, porque tenía que llevar a su +madrastra y hermana a Santander; pero convino con ella en ir a pasar el +mes de agosto a Pasajes, donde D. Pablo había tenido el capricho en otro +tiempo de edificar una magnífica casa de campo. En este retiro suave y +campestre contaba la generala imitar la deliciosa égloga de Pablo y +Virginia, y un poquito también, si posible fuera, la pasión libre y +salvaje de Chactas y Atala. + +Después que dejó instalada a su familia y supo que Lucía estaba ya en +Pasajes, se trasladó a este punto en un vapor. Salió de Santander al +rayar el alba: el cielo diáfano, como pocas veces suele verse en +aquella costa; la mar azul y rizada. Corría un viento fresco y ligero, +que ensanchaba el pecho y abofeteaba las mejillas. Subió al puente con +el capitán, que se reía de verle tambalearse y cogerse fuertemente a la +barandilla, y desde allí contempló el espectáculo sublime de levantarse +el sol en el mar. Se levantó como siempre, magnífico, sereno, sin +mostrar temor alguno a los _touristes_, que le describen en sus cartas a +los periódicos, ni menos a los poetas cursis, que le traen y le llevan y +algunas veces hasta le mandan pararse para que escuche sus simplezas. El +capitán se paseaba con las manos en los bolsillos, sin hacerle maldito +el caso (al sol, no a Miguel), y cuando éste, sin poder contenerse, +soltaba alguna exclamación de entusiasmo, se detenía y le preguntaba con +amabilidad: + +--¿Le gusta a V. el sol? + +--¡Muchísimo! + +El marino sonreía con semblante compasivo, como diciendo: ¡Qué sería el +mundo, si los gustos fuesen iguales! Y en voz alta contestaba: + +--No está mal, no; no está mal el sol... + +Después de transigir de este modo con las flaquezas del prójimo, +emprendía de nuevo su paseo. Y para dar señales más claras aún de su +benevolencia, se detenía de nuevo, sonriente. + +--Ahora por el verano da gusto viajar, ¿verdad? No hace frío ninguno... +Luego se va viendo toda la costa: la mar está como una seda... Cuando se +levante el piloto, le pediremos que toque la guitarra... ¡Ya verá V., ya +verá qué bien la maneja! + +Pero en medio de su discurso se detenía, mirando a la proa, fruncía las +cejas, se inclinaba sobre la barandilla, siempre con las manos en los +bolsillos, y gritaba: + +--¡Babor! + +--Babor--contestaba el timonel desde abajo, como un eco. + +Seguía el capitán un rato con las cejas fruncidas y mirando a la proa; +al cabo volvía a inclinarse y decía: + +--A la vía. + +--Vía--respondía el timonel. + +Entonces se extendían de nuevo los resortes que tenían contraído su +rostro atezado, y volvía a dibujarse en sus labios una sonrisa cándida y +afable. + +--Da gusto oírle tocar las sevillanas; ya verá usted. + +Cuando la tarde declinó pasaron por delante de San Sebastián. Miguel se +esforzaba por ver la boca de la bahía de Pasajes, sin conseguirlo. El +capitán se desesperaba porque no aparecía la lancha del práctico. Al fin +se distinguió como un punto negro allá entre las olas: se acercó al +costado del buque, trepó un hombre con boina prontamente a la obra +muerta, y en seguida al puente, y dijo con acento vizcaíno: + +--Buenas tardes, D. Isidoro y la compañía. + +Llegaron a la boca, que era estrechísima. El práctico, sin perder de +vista la proa del vapor, hablaba alegremente de la romería que acababa +de dejar allá, sobre los altos del pueblo. Entraron por una ría angosta, +entre dos sierras elevadas, y no tardaron en desembocar en la bahía, +que, en realidad, no merecía tal nombre: era una especie de lago, no muy +extenso, rodeado por todas partes de altas montañas y cuya comunicación +con el mar pasaba inadvertida, a no fijarse mucho. La hora en que +entraron era la del crepúsculo. En la bahía, por efecto del abrupto +cordón que la circundaba, había ya poca luz; el sol se había hundido +tiempo hacía por detrás de los montes, y allá en el cielo veíase el +semicírculo de la luna, fino, azulado y puntiagudo: el Héspero hacía +guiños a su lado antes de ocultarse. + +El pueblo se extendía por entrambos lados adosado a la montaña, y sus +casas estaban bañadas por el mar, al cual podían los vecinos salir por +escaleras de piedra. En muchas había también un pequeño terrado o jardín +donde merendaban o departían sosegadamente tomando el fresco, o bailaban +y reían, según el humor y la ocasión. Miguel se enteró por el práctico +de que el pueblo estaba dividido en dos parroquias; la parte de la +derecha se llamaba San Pedro, la de la izquierda San Juan. Enfrente, +bastante más lejos, había un grupo de casas y almacenes nuevamente +edificado, conocido con el nombre de Pasajes ancho, o Ancho solamente. + +El vapor ancló en medio de la bahía hasta el día siguiente. Miguel +estaba sorprendido y enamorado de aquel retiro silencioso y melancólico +que entre las sombras crepusculares tomaba apariencias aún más tristes y +fantásticas. La imaginación comenzó a hablarle un lenguaje suave y +misterioso. Miraba a las casas donde todavía no se percibía luz ninguna, +y se preguntaba:--¿Los que habitan allí, lejos del ruido, encerrados por +esta muralla natural, serán más felices que los que vivimos en la +agitación estruendosa de la corte? ¡Quién sabe! Fijose en una pareja de +jóvenes asomados a la barandilla de un terrado, y no pudo menos de +envidiarlos. Allá en Madrid no se ama, de seguro, como aquí: estamos +solicitados por tantos deseos a la vez, que el corazón no puede +recogerse y vivir en la contemplación feliz del ser que se adora. En +aquel momento no se acordaba para nada de Lucía. Su espíritu, +impresionado primero por la sublime presencia del océano, y ahora por la +dulce poesía de aquel lago, se despegaba con tedio de la vida torcida y +artificiosa que acababa de dejar, de sus placeres mentidos y +pecaminosos, y se unía con cariño al sentimiento de dicha tranquila que +aquel pueblecillo retirado y pintoresco inspiraba. + +Vino a sacarle de su meditación el capitán, que le invitaba a tomar una +copita de ginebra en la cámara: Miguel le manifestó que deseaba saltar a +tierra y buscar posada. + +--Pierda V. cuidado, ahora va a llegar Úrsula. + +--¿Quién es Úrsula? + +--La batelera: ella le llevará a tierra y se la buscará. + +Y, en efecto, al poco rato se acercó al costado del vapor un bote, y +dentro de él una joven que manejaba los remos con singular maestría. En +Pasajes, el servicio de los esquifes que trasportan la gente de un punto +a otro de la bahía está a cargo de mujeres. + +--Buenas tardes, D. Isidoro y la compañía. + +--Ahí te entrego ese señorito, Úrsula. Cuidado lo que haces con él. + +(Aquí el capitán dijo una gran barbaridad, que no es posible repetir.) + +Úrsula sonrió sin escandalizarse. + +--¡Allá él, D. Isidoro, allá él! + +Saltó en el bote nuestro joven, y fue conducido prontamente a la orilla. +Úrsula era una zagala fornida, pobremente trajeada y con unos colores +tan vivos en el rostro, que sorprendieron a Miguel: más adelante +averiguó que bebía mucho aguardiente. Amarró el bote y condujo a su +pasajero por unas toscas escaleras de piedra hasta la calle. Era ésta +bastante angosta y torcida: como domingo, no dejaba de haber alguna +animación en ella; los vecinos estaban sentados a las puertas hablando, +o jugando en las tiendas a la lotería. Al sentir los pasos del +forastero, levantaban el rostro y le examinaban con curiosidad; el que +pregonaba los números también suspendía su canto un instante para +mirarle. En las tabernas, que no eran pocas, se oía mucha algazara. Era +ya casi noche. Úrsula le fue guiando al través de aquella calle larga y +tortuosa, que era la única de la parroquia de San Pedro, hasta una +plazoleta en cuyo centro bailaba un grupo de muchachas. La batelera se +detuvo delante de una casa vieja con escudo sobre la puerta, y se arrimó +a la ventana de la tienda donde había estanquillo. Dijo algunas palabras +en vascuence, y una mujer que había dentro se inclinó para ver a Miguel. + +--No hay inconveniente--contestó en castellano.--¿Viene por mucho tiempo +ese caballero? + +--No sé decir a V., señora--dijo aquél terciando.--Probablemente todo el +mes. + +--Le puedo ofrecer a V. la sala por ahora; pero si viene una familia, +que espero dentro de algunos días, tendrá V. que trasladarse a la +habitación de arriba, que es más chica. + +--No me importa: teniendo un cuarto decente, me basta. + +La mujer con quien hablaba tendría unos cuarenta años de edad; era alta, +corpulenta, y aunque bastante descaecida, todavía conservaba en su +rostro señales de una belleza superior. Vestía un traje modesto de +merino negro, como la mayoría de las que pasan por señoras en los +pueblos chicos. Levantose al oír esto, salió al portal e invitó al joven +a subir con ella. Miguel, antes de hacerlo, despidió a la batelera, +encargándole que le mandasen el equipaje. La sala donde entró era +espaciosa: los muebles, aunque no ricos, parecían decentes. + +--Esta es su habitación, por ahora--dijo doña Rosalía (que así se +llamaba la huéspeda).--Esta es la alcoba. ¿Quiere V. que le traigan luz? + +--Hasta que venga el equipaje no la necesito. + +--Bien, pues dispénseme V.; tengo el estanquillo abandonado. + +Y la matrona salió de la estancia dejándole solo. Después que hubo dado +algunas vueltas por ella y enterádose de su disposición a la escasa luz +que allí había, encendió un cigarro, saliose al corredor y se echó de +bruces sobre la baranda de hierro, poniéndose a contemplar, con ojos +distraídos, el baile de la plazoleta. El grupo de jóvenes bailaba cada +vez con más entusiasmo y cantaba cada vez más alto. La mayor parte de +ellas eran frescas y robustas más que hermosas, pero algunas merecían el +nombre de tales. Los movimientos eran vivos, sueltos, graciosos: el que +más le agradó a Miguel fue uno que consistía en pegar los brazos al +cuerpo y dar vueltas a la danza, saltando a pie juntillas. En torno de +ellas había bastantes mirones, hombres y mujeres. Del grupo de éstas +observó que se destacó una niña y vino a sentarse sola debajo del +corredor donde él se hallaba: la miró un instante, mas no pudiendo verle +la cara, entornó de nuevo los ojos hacia la danza. Al cabo de un rato +percibió vagamente una voz detrás de sí: + +--Oiga--decía la voz. Pero no imaginando que se dirigían a él, siguió en +su cómoda postura. + +--Oiga--repitió la voz un poco más fuerte. + +--¿Eh, quién va?--dijo entonces, volviéndose. + +Entre las sombras de la sala distinguió la figura de la niña que estaba +antes sentada debajo del corredor. Podría contar quince años de edad, y +a lo que logró percibir, tenía una carita redonda y morena, bastante +insignificante, y gastaba el cabello en trenza todavía. + +--Dice mi tía que si quiere V. cenar--manifestó la chica, con voz +temblorosa. + +--Si posible fuera... Tengo algún apetito.--Y como ya deseaba hablar, +añadió, sonriendo con amabilidad: + +--¿No baila V. con las otras jóvenes? La he visto a V. muy solita ahí +debajo del corredor. + +--Nunca bailo--respondió toda confusa la niña, como si le imputasen +alguna falta grave. + +--¿No sabe V.? + +--Sí, señor, sé, pero... + +--Vamos, no le gusta. + +--Antes me gustaba mucho; ahora, no tanto. + +Todo esto lo decía cada vez más acortada, sin dejar caer de los labios +una sonrisa inocente y humilde, que agradó a Miguel. Era lo único que +podía agradarle: el rostro, sin ser feo, nada tenía que pudiese llamar +la atención; además, no lo veía claramente, a causa de la oscuridad en +que la sala se hallaba. + +Cuando dijo las últimas palabras, la niña se retiró precipitadamente. +Miguel la preguntó al desaparecer: + +--¿Cómo se llama V.? + +--Maximina--contestó sin volver la cabeza. + +Trajéronle poco después la cena: la criada era una vieja fea y +avinagrada; limitose a encender una lámpara, poner la mesa, y sobre ella +los manjares, sin pronunciar palabra. Pero al poco rato volvió doña +Rosalía a darle conversación, y sin que él la tirase de la lengua, +soltola tan bién aquella bendita señora, que antes de concluir de cenar +ya sabía Miguel todo lo concerniente a su vida. + +Doña Rosalía estaba casada con un ex-capitán de barco, retirado temprano +del oficio porque el reuma no le permitía navegar. Había hecho algunos +cuartos, pocos; con su rédito, con lo que daba el estanquillo y con lo +que dejaban algunos huéspedes por el verano, vivían modestamente, pero +sin trampas. Tenía seis hijos: el mayor, que contaba diez y nueve años, +estaba empleado en un comercio de San Sebastián; el segundo estudiaba +para piloto en Bilbao; el tercero, Adolfo, lo tenía en casa, un pedazo +de madera que no servía más que para dar disgustos; venían después dos +niñas de ocho y diez años, y por último, un niño de cinco que era, según +todas las señas, el ídolo de sus ojos. + +--¿Y esa chica que ha venido a preguntarme si quería cenar, quién es? + +--Ah, Maximina, ¡pobrecilla! Es mi sobrina; hija de un hermano de +Valentín, mi marido. No conoció a su madre; su padre era el capitán del +_Duero_, un vapor que V. habrá visto acaso. Ese vapor, yendo hace tres +años para Manila, embarrancó. Mi cuñado, sin considerar si el barco +podía salir o no, se fue corriendo a su camarote, se encerró en él y se +pegó un tiro. + +--¡Qué atrocidad! + +--Era un hombre tan delicado, que al pensar que pudieran echarle a él la +culpa, se le amontonó el juicio y cometió esa locura. El barco en cuanto +alijaron un poco salió, porque según dice Valentín, el bajo era de +arena; el pobre Bonifacio fue el que se quedó allí debajo del agua. +Maximina, por supuesto, no sabe lo del tiro; cree que su padre se murió +en Manila de enfermedad. Como se quedó sola sin padre ni madre, nosotros +la recogimos del colegio donde estaba, y la hemos traído para casa. ¿Qué +íbamos a hacer? Tenemos muchos hijos, y es un sacrificio el que nos +imponemos manteniéndola, vistiéndola y calzándola, pero algo se ha de +hacer por Dios, ¿verdad, D. Miguel? No es mala, no señor, y sabe cuánto +debe agradecer a sus tíos lo que hacen por ella... Pero la pobre sirve +para poco. Es callada, sufrida, no da ninguna mala contestación... + +--¿Qué edad tiene? + +--Quince años; va para diez y seis. + +--Pronto se casará entonces. + +--¡Ay, Dios!--exclamó doña Rosalía con profunda lástima.--Me parece que +están verdes; hoy no se casan las jóvenes hermosas si no tienen dinero, +¿cómo se ha de casar ella no siendo rica ni bonita? + +--Yo no la encuentro fea. + +--¡Ay, Dios! ¡Pobrecilla! Ya comprende que no debe pensar en esas +cosas. Últimamente se ha metido mucho por la iglesia. Confiesa y comulga +todas las semanas, y oye misa siempre que puede. Yo la dejo mientras no +falte a las obligaciones de casa, que como V. sabe, son lo primero. Hace +poco escribió a su tío (porque de palabra no se atrevería) diciéndole +que quería ser monja. Pero para ser monja, D. Miguel, se necesita un +dote, y nosotros no podemos dárselo. Valentín estaba empeñado en +hacérselo de su bolsillo, pero yo me opongo. Cuando las cosas no se +pueden, hay que resignarse. Lo mismo se gana el cielo dentro que fuera +del convento. ¡La pobrecilla lo ha sentido mucho! + +Tanta compasión dio mala espina a Miguel. Cansado de escuchar a su +huéspeda, se levantó, y con pretexto de arreglar el equipaje, se fue +hacia la alcoba. Doña Rosalía al cabo le dejó solo. + +Aquella noche no era fácil ver a la generala. Su casa se hallaba del +otro lado de la bahía, y a tal hora costaría trabajo dar con ella. Por +otra parte, Lucía deseaba que sus visitas fuesen siempre secretas: era +necesario saber en qué forma quería que las hiciera. Determinó, pues, +aguardar hasta el día siguiente. + +Era muy temprano para irse a la cama. Cogió el sombrero y el bastón para +dar una vuelta por el pueblo. Al salir, aún continuaba el baile en la +plazoleta: Maximina se hallaba otra vez sentada en la silla +contemplándolo. + +--Buenas noches, Maximina--dijo nuestro joven acercándose a ella. + +--¡Ay! buenas noches. + +--¿Aún no se ha decidido V. a bailar? + +--No señor. + +--Pues yo sí. + +La niña le miró sorprendida. + +--Pero antes quiero descansar un poco al lado de V. ¿No hay por ahí una +silla? + +--Voy por ella ahora mismo--repuso muy azorada. + +Y entrando en el estanquillo, salió con una que colocó bastante lejos de +la suya. Miguel, con gran desembarazo, las puso juntitas. En cuanto se +sentaron, las muchachas del baile comenzaron a dirigirles miradas de +curiosidad. La noche estaba estrellada, ni clara ni oscura. + +Entabló conversación, hablando del baile, del tiempo, de su viaje; agotó +en un instante todos los lugares comunes. Maximina sonreía con +amabilidad a cuanto decía; pero apenas contestaba más que con +monosílabos, aunque se conocía que hacía esfuerzos por ser más +explícita. Al fin se atrevió a decir: + +--¿No baila V.? + +--Si V. no me hubiese entretenido hasta ahora ya estaría dentro del +corro--contestó poniéndose serio. + +--¡Yo!--exclamó la niña inmutándose. + +--Sí; usted.--Miguel soltó al decirlo una carcajada.--No haga V. caso: +nunca he soñado en bailar; pero menos ahora que me encuentro en tan +agradable compañía. + +La chica estaba tan asustada todavía, que no supo dar las gracias. +Adivinando su inquietud nuestro joven, prescindió de las bromas +habituales en él y comenzó a tratarla con más respeto. Enterose con +amabilidad de los pormenores de su vida y fue poco a poco ganando su +confianza, haciéndola hablar con más desembarazo. + +Pero el baile se había deshecho. Algunas jóvenes se fueron para sus +casas; otras, y con ellas algunos galanes, vinieron a sentarse delante +del estanquillo, para lo cual doña Rosalía les consintió sacar más +sillas y un banco largo. Miguel permaneció sentado junto a Maximina. + +--Saque V. la guitarra, doña Rosalía--dijo una de las muchachas. + +--¿Va a cantar Juanito? + +Juanito era el piloto del vapor donde nuestro joven había llegado. Era +andaluz y muy conocido en Pasajes. + +En cuanto vino la guitarra, comenzó a alegrar la tertulia con playeras, +polos y sevillanas. Miguel, con gran sorpresa de las jóvenes hermosas +que allí había, echándose hacia atrás en la silla, principió a hablar al +oído a Maximina. ¿Qué le decía? Nada; tonterías: que lo estaba pasando +muy agradablemente; que era una chica muy simpática; que se alegraba de +haber venido a parar a su casa, etc. Maximina, más sorprendida que +confusa, escuchaba sonriendo aquella música tan nueva para ella (la de +Miguel, no la del piloto). Nuestro joven pasaba el rato del mejor modo +que podía, esperando la hora de irse a la cama. + +--¿Por qué no se sienta V. al lado de Paulina?--le preguntó la niña. + +--¿Quién es Paulina? + +--Aquella chica tan hermosa que está cerca de la puerta. + +Miguel se inclinó por verla. + +--No la veo bien; parece bonita, en efecto--dijo recostándose otra +vez.--Pero V. también lo es... y muy simpática además. + +--¡Oh, por Dios!--exclamó la niña ruborizándose. + +--¡Vaya si lo es!--replicó Miguel, posando su mano sobre la de ella y +dándole un cariñoso apretón. + +La chica no se movió: ambos guardaron silencio unos instantes. + +--¿Vamos a jugar un poco a las prendas?--dijo una de las jóvenes así +que Juanito hubo terminado su repertorio. + +Comenzó el juego de prendas. Encendieron un fósforo: se lo fueron +entregando unos a otros mediante ciertas palabras que había que +pronunciar en voz alta: pagaba prenda aquel en cuyas manos concluyese o +se apagase. Nuestro joven tomaba poco interés en el juego. Cuando el +fósforo llegó a él bastante disminuido, lo dejó caer sin entregárselo a +Maximina, y pagó prenda. + +--¿Por qué no me lo ha dado?--le preguntó ésta. + +--Porque no quería que V. se quemase. + +Se puso en berlina a los dueños de las prendas; se les mandó decir tres +veces _sí_ y tres veces _no_; se les hizo contentar a los presentes, +etc., etc. Miguel, mientras duraban estas operaciones, no dejaba de +depositar de vez en cuando algunas palabritas en el oído de Maximina. +Con la osadía del cortesano corrido, llegó a apoderarse de una de sus +manos y a retenerla entre las suyas. Sorprendiose al observar que la +niña no la retiraba. Era una mano de virgen, maciza y fría, un si es no +es grande, pero perfectamente torneada: le hizo recordar las de la +generala, largas y descarnadas y siempre ardorosas. La apretó +tímidamente primero, después con más energía: al cabo la acarició con +cariño, rozándola suavemente por encima. Maximina le dejaba hacer, sin +soñar con retirarla, como si fuese una cosa muy natural. No manifestó +siquiera mayor emoción o inquietud que antes: tan sólo se la quitaba +cuando iba a hacer uso de ella en el juego. ¿Qué será esto? se +preguntaba Miguel todo confuso. ¿Tendrá esta chica ya tanta malicia? +¿Será pura inocencia? Aunque su experiencia le insinuaba lo primero, una +voz interior le decía lo contrario; y atendiendo a ella, contentose con +acariciar tierna y noblemente aquella mano que con tal candidez le +entregaban. La tertulia se deshizo al fin, y nuestro joven se fue +perplejo y caviloso a la cama, proponiéndose observar atentamente a +Maximina en los días siguientes. + + + + +XII + + +Lo primero que hizo al día siguiente por la mañana fue escribir a Lucía. +«Estoy aquí desde ayer por la tarde. Dime cómo he de arreglarme para +verte.» Salió de casa y fue en busca de Úrsula la batelera. + +Así que dio con ella le preguntó. + +--¿Conoces a la señora del general Bembo? + +--¡Vaya! + +--Pues vas a llevarle esta carta ahora mismo. Aguarda contestación y +vente en seguida. En el muelle te espero. + +Cogió la batelera los remos, atravesó la bahía, amarró el bote y +desapareció allá entre los árboles. Mientras tornaba con la respuesta, +nuestro joven se fue a hacer una visita al capitán del vapor y al +piloto de las _peteneras_. + +Poco tardó Úrsula en aparecer de nuevo remando con prisa: saliole al +encuentro Miguel así que puso el pie en tierra y recibió de sus manos un +billete perfumado que había metido en el seno. + +Decía así el billete: + +«Querido mío: Una inquietud dulce y misteriosa que ayer noche +experimentó mi corazón me anunciaba sin duda que estabas cerca de mí. No +podemos vernos como antes, porque Carmen se ha quedado en Madrid y no +tengo confianza en los criados. Precisa que tus cartas sean secretas. La +chica que lleva ésta es fiel y reservada: te puede traer en su bote a +las diez de la noche. Al entrar en él debes encender un fósforo; cuando +te halles en medio de la bahía otro, y otro por fin cuando saltes en +tierra del lado de acá. A cada uno de estos fósforos contestaré yo con +la misma señal desde el mirador de casa. Nos reuniremos junto a la tapia +del jardín. Prudencia y discreción. No faltes. + +Tuyo hasta la muerte, + +ALFREDO.» + +Al leer la carta no pudo menos de sonreír, diciendo para sus +adentros:--¡Cuándo se le concluirá a esta mujer la manía de las +aventuras!--Concertose después con la batelera para su expedición +nocturna y se despidió de ella recomendándole mucho sigilo. + +Cuando entró de nuevo en la habitación encontró en ella a Maximina, que +estaba acabando de arreglarla, y a su primo Adolfo, un muchacho de trece +a catorce años con grandes cachetes, el cabello corto y erizado y unos +ojos cargados de carne, fieros y desvergonzados. Por algunas palabras +que logró percibir desde el pasillo comprendió que había reyerta entre +los dos primos y adivinó también la causa. Adolfo trataba de curiosear +en el equipaje del huésped y Maximina se oponía a ello. Cuando nuestro +joven entró, ambos quedaron sorprendidos: Maximina en medio de la sala +con la escoba en la mano sonriéndole; Adolfo arrimado a una cómoda +mirándole torvamente. + +--¡Oh, qué trabajadora es Maximina!--dijo Miguel acercándose a ella sin +hacer caso alguno de Adolfo, que le había sido antipático. + +A la luz del día pudo apreciar mejor su figura. Era una morena más +pálida que sonrosada, la nariz pequeña, la boca fresca, la cabeza y la +frente muy bien modeladas, el cabello castaño y los ojos garzos, ni +grandes ni pequeños, más baja que alta, apretadita de carnes y abultada +de formas, revelando en sus movimientos un gran vigor muscular. Nadie +podía llamar hermosa a esta muchacha con justicia, y sin embargo, la +expresión humilde e inocente de sus ojos, la sonrisa constante que +contraía sus labios, la hacían altamente simpática. Llevaba un vestido +de percal claro con un pañuelo de color de rosa, que le tapaba el pecho +y parte de la espalda. Al oír la exclamación de Miguel, contestó con +otra: + +--¡Mucho, sí! + +--Ya lo creo. Tan temprano, y ya me tiene V. arreglado el cuarto. + +--¡Toma, porque se lo ha mandado mi madre!--dijo Adolfo desde un rincón, +con deseo de mortificar a su prima; pero ésta contestó muy naturalmente: + +--Es verdad, me lo ha mandado mi tía en cuanto V. salió. + +--¿Y tú haces tan prontito lo que te mandan como ella?--dijo Miguel +encarándose con el chico.--Entonces serás ya un sabio; porque tus padres +de seguro te mandarán estudiar todos los días. + +Adolfo le echó una mirada recelosa y bajó los ojos sin contestar. + +--He dado una vuelta por el pueblo--siguió el joven dirigiéndose a +Maximina,--y después estuve en el vapor con Juanito. + +--El pueblo es feo--respondió aquélla.--Eso dicen todos los +forasteros... + +--¿Y V. no lo dice? + +--A mí me es igual un pueblo que otro. + +--¿No va V. de vez en cuando a San Sebastián? + +--Casi nunca. Mi tía me lleva cuando hay que traer algún encargo; pero +ida por vuelta. Una vez me llevó mi padre (que en gloria esté) a Bilbao +a pasar unos días... ¡Si supiera V. qué deseos tenía de volverme! + +--¿Pues? + +--Estaba cansada de andar de un sitio para otro... al teatro... al +paseo... a los comercios... Me dolían mucho los pies. Decían que era +porque no estaba acostumbrada. + +--Me ha dicho su tía que ha estado V. educándose en un colegio... + +--Sí, señor, dos años, en un convento de Vergara... + +--¿Y le gustaba a V. estar allí? + +--Muchísimo. Nunca he sido tan feliz como entonces. + +--¿De modo que de buena gana volvería V. con las monjas? + +--¡Oh, ya lo creo! + +--Ella quiere volver y hacerse monja... pero le faltan _monises_--dijo +el animal de su primo terciando de nuevo en la conversación. + +Aquella salida grosera indignó mucho a Miguel, quien dirigió al chicuelo +una mirada de desprecio. Maximina se había puesto levemente encarnada. + +--No lo crea V... Sí, desearía volver; pero no causando perjuicio a +nadie. Comprendo que ahora, mientras las niñas no sean mayores, mi tía +me necesita... + +--¿Y qué tiene de particular que V. lo desee?--dijo Miguel con +dulzura.--Eso no prueba más que tiene V. un corazón agradecido y +piadoso. + +Maximina se ruborizó entonces hasta las orejas. Adolfo, a quien sin duda +pareció muy mal esta alabanza y quería a todo trance desahogar su +resentimiento, exclamó sonriendo estúpidamente: + +--¡Es una beatona! Se pasa la vida comiendo los santos. + +--Pues ahora no estaba comiendo los santos, sino barriendo--respondió +Miguel. + +--Ya ha estado en la iglesia; comulga los jueves y los domingos y trae +una soga atada al cuerpo. ¿Quiere V. verla? + +Y el gran bárbaro se fue derecho a su prima, con intención sin duda de +abrirla el vestido. + +--¡Estate quieto, Adolfo!--exclamó aquélla, asustada, nerviosa. + +Pero Adolfo no hizo caso y llegó a poner las manos sobre ella. Entonces +la niña, con una fuerza que sorprendió a Miguel, le rechazó haciéndole +tambalear. Adolfo volvió a la carga riendo groseramente. + +--¡Adolfo, que llamo a mi tía!--gritó Maximina, roja como una cereza y +saltándosele las lágrimas, y otra vez le rechazó con brío. + +--Eso no se hace, chico--dijo Miguel queriendo intervenir. + +Pero Adolfo, irritado por la superioridad muscular de su prima, se había +agarrado a ella y forcejeaba por abrirle el vestido, aunque sin +resultado. Miguel le arrancó a viva fuerza y le puso a la puerta de la +sala diciéndole: + +--¡Ya podían tus padres darte un poco mejor educación! + +Cuando volvió hacia Maximina, la halló sollozando, tapándose la cara con +las manos. + +--Vamos, Maximina, serénese V.... eso ya pasó. + +Pero Adolfo, desde el pasillo, empezó a vociferar: + +--Que salga, que salga esa hipócrita... No me marcho de aquí hasta que +le atice unas cuantas _piñas_. + +A las voces que daba y al ruido que acababan de hacer, subió doña +Rosalía preguntando enojada: + +--¿Pero qué es esto? ¿qué pasa aquí? + +--Nada, señora--contestó Miguel,--que ese muchacho quería abrir el +vestido a Maximina para enseñar una soga que dice que trae. + +--No, madre--gritó Adolfo,--es que ella me pegó, porque la llamé +beatona. + +--Tú te callas, tunante--le dijo la madre encolerizada, aplicándole al +mismo tiempo una soberbia bofetada que le enrojeció la mejilla. + +Adolfo se puso a clamar al verdadero Dios. Entonces doña Rosalía, +arrepentida sin duda de haber lastimado a su hijo, se revolvió furiosa +contra Maximina. + +--¡Buena hipocritilla estás tú también! Haces la comedia y lloriqueas, +hasta que consigues que yo le pegue... + +Ante aquella injusticia, la pobre niña quedó como aturdida un instante; +en su semblante descompuesto se adivinaban los esfuerzos que hacía para +no romper a llorar a gritos. Dejó escapar un sollozo ahogado, se llevó +la mano al corazón y salió corriendo de la estancia. + +--Vamos; a encerrarse a su cuarto, como siempre--dijo doña Rosalía, +sonriendo irónicamente. + +No obstante, como veía claro que Miguel no aprobaba su conducta y su +propia conciencia tampoco, se esforzó en demostrar que Adolfo era un +muchacho aturdido, pero de un fondo excelente; que Maximina era muy +susceptible, que no sabía aguantar una broma y tratar a su primo como lo +que era... un niño. Por último, allá se fue con él acariciándole y +prometiéndole varias cosas para que se calmase. Miguel quedó tristemente +impresionado por aquella escena. + +Pasó el día vagando de un lado a otro, leyó un poco, escribió otro rato; +al fin llegó la noche. Después que hubo cenado y sufrido media hora a su +locuacísima huéspeda, se dispuso a acudir a la romántica cita que le +había dado la generala. Mientras iba por la calle en busca de la +escalera de piedra donde Úrsula había quedado en esperarle, no podía +menos de reírse del amor que Lucía profesaba al misterio. Después de +todo, puede que tenga razón, concluyó por decirse; si no fuese por estos +granos de pimienta echados sobre nuestras relaciones, la verdad es que +llegarían a ser muy fastidiosas. Halló a Úrsula sentada en las escaleras +dormitando. Al sentir sus pasos se puso en pie vivamente. + +--¿Es V., señorito? + +--Yo soy: ¿tienes ahí el bote? + +--Lo tengo amarrado donde siempre para que no sospechen. Voy a buscarlo +en seguida. + +La batelera bajó a la orilla y por ella se fue rozando el agua hasta +desaparecer enteramente su silueta de la vista de nuestro joven. Pocos +minutos tardó en oír el chapoteo de los remos y en percibir el bulto del +esquife. Así que encalló, se apresuró a saltar en él; pero antes de que +Úrsula lo pusiese otra vez a flote y se alejase de la orilla, tuvo +cuidado de sacar un fósforo y mantenerlo encendido hasta que se +concluyó. En el mismo instante surgió otra luz, allá a lo lejos sobre +la masa oscura de los árboles de la opuesta orilla. La batelera comenzó +a manejar los remos procurando no hacer ruido. El pueblo de Pasajes +reposaba. En los buques surtos en la bahía habíanse apagado ya los +fogones, y los tripulantes se entregaban descuidadamente al sueño. La +noche estaba encapotada y apacible. Aunque avezado a las citas nocturnas +y secretas, la de ahora, por lo original, consiguió interesar a nuestro +joven. No poco contribuyó a ello también el no haber visto a su amante +hacía ya cerca de un mes. Con la separación se había refrescado un poco +el recuerdo de sus fortunas, que en los últimos tiempos habían perdido +para él bastante atractivo. Al llegar al medio de la ensenada, Úrsula le +dijo: + +--Estamos a medio camino, señorito. + +Miguel se puso en pie, encendió otro fósforo y lo mantuvo vivo todo el +tiempo que duró. + +--¿Sabe V., señorito--le dijo Úrsula,--que si hay alguno por ahí en +vela, y nos observa, no sé qué pensará de nosotros? + +--Pensará que somos novios, ¿y qué mal hay en eso? + +--Para V. ninguno. ¡A mí, buena me pondrían! + +En aquel instante surgió otra luz en tierra, pero no ya sobre los +árboles, sino más baja. + +--¡Mire V., mire V. el fosforito!--exclamó con acento malicioso. + +--Rema, rema: a ver si llegamos pronto a la orilla--repuso Miguel. + +Un toque de corneta se dejó oír en el silencio de la noche, claro, +estridente, partiendo del Ancho. + +--¿Qué es eso?--preguntó el joven, asombrado. + +--No sé--contestó la batelera con no menos asombro. + +Otro toque contestó al primero desde la opuesta orilla. Oyéronse después +voces de mando y ruido de pasos a la carrera. + +--Boga, boga de prisa, a ver qué diablos significa ese trajín--dijo +Miguel. + +Úrsula obedeció, y no tardaron muchos minutos en llegar cerca de tierra. +Pero al saltar en ella nuestro joven, un grupo de seis o siete soldados +avanzó hacia él, poniéndole las bocas de los fusiles sobre el pecho. + +--Darse preso todo el mundo. + +Miguel quedó pasmado. + +--¿Pero por qué?... + +--A ver--dijo el sargento, sin escucharle,--uno de vosotros que registre +el bote, y vosotros dos meteos por ahí entre los árboles y pilladme a +los cómplices. + +--¿De qué se trata, señores?--preguntó Miguel, procurando calmarse y +calmar a los carabineros (porque aquellos soldados eran carabineros). + +--Ya lo sabrá V. en la cárcel--contestó el sargento. + +Lo supo antes, por fortuna. Los carabineros, al ver aquellas señales +misteriosas hechas desde la bahía y contestadas en tierra, se figuraron +que se trataba de un alijo de contrabando, y promovieron todo aquel +alboroto. Grandes esfuerzos hizo Miguel para convencerles de que no +había semejante cosa, que iba dando un paseo por placer y nada más. Al +cabo de media hora de discusión, el sargento tuvo que rendirse a la +evidencia, pues no había motivo alguno que confirmase sus sospechas. El +joven madrileño le manifestó que había llegado el día anterior en el +vapor _Carmen_, que allí estaba, y a cuyo capitán podían preguntar si +era verdad lo que decía: que estaba hospedado en casa de D. Valentín +Vázquez, etc., etc. Después de mucho vacilar, el sargento le permitió +volverse a su casa, aunque acompañado de un carabinero que averiguase si +efectivamente alojaba en la posada que decía. + + + + +XIII + + +Irritado por aquella aventura peligrosa y ridícula, se presentó al día +siguiente en casa de la generala, sin tomar precaución ninguna, y la +manifestó que no quería oír hablar de citas misteriosas. Lucía, que la +noche anterior le había esperado en vano, se condolió extremadamente de +su percance, aunque no pudo menos de reír al oírselo contar. Desde +entonces se vieron todos los días a la hora que a Miguel le placía +visitar el _hotel_ de D. Pablo Bembo. + +El tiempo que estas visitas le dejaban libre aprovechábalo para hacer +excursiones a San Sebastián, trabajar para el periódico o salir a la +pesca con su huésped. Este D. Valentín, antiguo capitán de _El Rápido_, +bergantín redondo que hacía la carrera de la Habana, era una persona +bastante original. Tendría a lo sumo cincuenta años; era alto y enjuto y +de complexión recia, si no fuese el reumatismo que a largas temporadas +le atormentaba mucho; gastaba el cabello largo y la barba, ya gris, en +forma de cazo. En su vida había visto Miguel, ni pensaba ver, hombre más +silencioso: estuvo una porción de días sin oírle el metal de la voz: +cuando le tropezaba en la calle o en casa, el marino se llevaba la mano +al sombrero y gruñía algo que debía ser «buenos días» o «buenas tardes» +juzgando por hipótesis. En la casa jamás se le oía pedir ni ordenar +nada: parecía una sombra cuando entraba o salía o se sentaba a la mesa a +comer. Con su mujer y con Maximina, más se entendía por gestos que por +palabras: como sus necesidades eran poco complicadas, no costaba gran +trabajo tenerle siempre satisfecho. Si el reuma no le tenía postrado, +salía, casi todos los días, a pescar en un bote de su propiedad: horas y +horas se pasaba el ex-capitán fondeado cerca de tierra, inmóvil, con el +aparejo en la mano, dejándose tostar por el sol y azotar por el aire. A +fuerza de no mantener relaciones más que con los peces, se había +identificado con su naturaleza fría, grave y silenciosa; era un +verdadero derviche del mar, cuya aspiración única parecía consistir en +penetrar más y más en este elemento y fundirse y disolverse al cabo en +él, como una piedra de sal. Por lo demás, en el pueblo era considerado +como un buen vecino y marino muy inteligente. + +Este hombre, que cruzaba por el mundo en zapatillas, fue el compañero +constante de Miguel en sus excursiones marítimas. Claro está que +hablaban poco, casi nada; pero nuestro joven había creído comprender por +gestos, por gruñidos, más que por palabras, que era simpático a D. +Valentín, lo cual podía achacarse a la afición que mostraba a la pesca. +Sobre todo desde cierto día en que enganchó (pura casualidad) una +magnífica robaliza y consiguió meterla a bordo, el ex-capitán le guardó, +aunque tácitas, altas consideraciones. Además, había adivinado también +que el ex-capitán profesaba un afecto vivísimo a su sobrina Maximina, +bien pagado por parte de ésta: ambos se comprendían admirablemente, con +sólo mirarse, y se tributaban todas las pruebas de cariño que podían. Y +digo podían, porque doña Rosalía estaba al tanto de este cariño y no +manifestaba tendencias muy decididas a alentarlo. + +Por todo esto Miguel fue estrechando su amistad con él. Maximina cada +día se mostraba a sus ojos más simpática e interesante. Las personas +candorosas y sinceras tienen la ventaja de no repetirse. Así que, sin +que ella pudiese sospecharlo, al mismo tiempo que le abría su alma para +que hundiese la mirada en ella, iba cautivando la de su joven huésped, +en términos que a éste llegaron a fastidiarle todos en la casa si no +eran Maximina y su tío. Hablaba con aquélla largos ratos aprovechando +los momentos en que venía a arreglar su sala. + +--¿Está V. ocupado, D. Miguel? + +--Ahora voy a dejar la tarea. + +Y mientras salía del cuarto y Maximina se ponía a asearlo, charlaban +alegremente. Miguel la embromaba con el convento: ella se defendía +negando que tuviese por entonces intención de encerrarse en él. Sin +embargo, al través de estas negativas se traslucía que acaso con el +tiempo llegase a realizarlo. Un día poniéndose serio le dijo: + +--No soy partidario de los conventos. Las virtudes más hermosas de la +religión cristiana, que son la caridad y el sacrificio por los demás, no +pueden practicarse sino en medio de la sociedad. ¿Para qué sirven todas +las que una joven llega a adquirir si han de quedar encerradas entre +cuatro paredes; si el mundo no se ha de aprovechar de ellas jamás? Las +únicas monjas a quienes respeto y admiro con todo mi corazón son las +hermanas de la caridad. + +Maximina le miró sorprendida y no contestó. Todo el día estuvo un poco +pensativa. + +Solían reunirse diariamente a la hora del oscurecer algunos jóvenes +delante del estanquillo, aunque no en tanto número como los domingos. +Las noches eran apacibles y calurosas, y la tertulia se prolongaba a +veces hasta las nueve y media o las diez. Miguel se fue acostumbrando a +asistir a ella, dejando las visitas a la generala para otras horas. +Sentábase a menudo al lado de Maximina y se complacía en regalarle el +oído. Si nos preguntasen si creía lo que la iba diciendo, nos sería casi +imposible contestar. Lo único que podemos decir es que no la requebraba +por burlarse, ni aun por pasar el rato: es posible que a fuerza de serle +simpática, la fuese encontrando hermosa. Pero Maximina estaba tan +convencida de lo contrario, que rechazaba las lisonjas del joven con +tanto más empeño cuanto más grata le iba siendo su compañía. Una noche +le dijo con acento suplicante: + +--Por Dios, no me diga V. que soy bonita. + +--¿Por qué? + +--Porque se me figura que está V. haciendo burla de mí, y me causa mucha +pena... + +--Aunque V. no lo fuese, a mí me lo parece, y con esto bastaría; pero ya +que V. se enfada, la llamaré simpática únicamente. + +--Tampoco. No me llame V. nada. + +Las demás muchachas que allí había, todas de más edad que Maximina, les +echaban miradas penetrantes y comenzaban a murmurar de la persistencia +con que el joven forastero se sentaba al lado de aquélla. Los juegos +con que se mataba el tiempo en aquella reunión al aire libre, eran poco +variados: esconder un objeto para que uno de ellos lo hallase, mientras +los demás cantaban, unas veces suave y otras fuerte, según se alejaba o +aproximaba a él: adivinar quién era la persona cuyo retrato fuesen +trazando de palabra los presentes: correr el florón por la cuerda.... +Este juego del florón era el que más agradaba a Miguel: de él conservó +toda su vida un recuerdo vivo y placentero. Consistía en introducir una +sortija por una cuerda y agarrarse a ésta todos los tertulianos formando +corro; uno se quedaba en el medio, y los demás corrían la sortija +disimuladamente gritando: + + _El florón está en la mano._ + _Siga el florón._ + _Siga el florón._ + +El corifeo hacía una señal: el coro callaba y quedaba inmóvil: si +adivinaba quién tenía la sortija, éste pasaba al centro del corro, y +aquél ocupaba su sitio; si no, volvía a seguir el florón su carrera. +Nuestro joven gozaba con este juego, porque le trasladaba a la infancia, +y acaso también porque al agitar las manos sentía el contacto de las de +Maximina. Muchas veces se reía pensando: ¡Si el conde de Ríos me viera +jugando al florón! + +Al domingo siguiente se bailó, como el día en que él llegara había +prometido a Maximina entrar en el corro si ella bailaba. La niña, +confiando en esta promesa, se decidió a ello, pero el huésped no quiso +cumplir la palabra, y se quedó sentado delante del estanquillo como +simple espectador. La pobre Maximina, defraudada, le miraba con ojos +tristes, dejando adivinar que sin él estaba allí aburrida. + +--Oyes, Lolita--dijo el joven llamando a una de las pequeñas de doña +Rosalía,--ve a decir a Maximina que en cuanto oscurezca un poco más, +bailaré. + +Maximina, al recibir la noticia, se puso alegre. Y, en efecto, cuando +las sombras de la noche invadieron la plazoleta, seguro ya de no llamar +la atención, el forastero se aventuró a tomar parte en el baile. No se +mostró todo lo suelto y airoso que fuera de desear, por lo cual tuvo que +escuchar algunas carcajadas reprimidas; pero las llevó con paciencia, y +a los pocos minutos ya no se fijaba en él nadie... nadie más que +Maximina, que le decía en voz baja:--«Levante V. más los brazos.»--«No +salte V. tanto.» Consejos todos muy oportunos, que el joven iba +siguiendo al pie de la letra. La niña estaba alegre, satisfecha: Miguel +la sacaba a bailar con más frecuencia que a las otras: luego procuraba +colocarse a su lado para tenerla cogida de la mano, que se complacía en +apretar suavemente y acariciar. Después de bailar uno frente a otro, +los jóvenes tenían la costumbre de abrazarse un instante al concluir. +Miguel, aprovechando uno de estos abrazos, y a favor de la oscuridad, +cogió la trenza de Maximina, que colgaba por la espalda con un lazo de +seda en la punta, y la llevó a los labios. + +--¿Qué hace V.?--dijo la niña volviéndose rápidamente. + +--Besar la trenza de su pelo. + +--¿Y por qué hace V. eso?--preguntó con sorpresa. + +--Porque me gusta. + +Maximina bajó los ojos y guardó silencio. + +Poco después, el hijo del brigadier quiso besarle una mano; pero la niña +la bajó con fuerza sin soltarse, y no le fue posible. + +Maximina, desde entonces hasta que el baile se deshizo, se manifestó un +poco más circunspecta, aunque sin dejar de estar cariñosa con su amigo. +Al concluirse y venir los jóvenes a su acostumbrada reunión, dijo que le +dolía un poco la cabeza, y en vez de permanecer en la tertulia, se +retiró. Creyó Miguel, en vista de esto, haberla causado algún disgusto, +y estaba con deseos de hablar con ella. Al día siguiente de madrugada la +halló bordando en el estanquillo. Estaba un poco pálida, y sus ojos, al +levantarlos hacia Miguel, aunque sonrientes, expresaban una suave +melancolía. + +--¿Cómo ha descansado V., Maximina?--la preguntó. + +--No he podido dormir en toda la noche--respondió la niña. + +--¿Pues? + +--No sé... daba vueltas y más vueltas... y nada. + +Miguel sonrió admirando aquella ingenuidad. + +En los días siguientes, a medida que buscaba las ocasiones de hablar con +ella a solas, la niña las evitaba cuidadosamente. Sin embargo, una vez +que doña Rosalía se levantó dejándolos solos en el estanquillo, Miguel +la cogió una mano y casi a viva fuerza se la besó. Maximina se puso +encarnada y no supo más que decir: + +--¡Oh, por Dios!... + +Otra vez le dijo al oído hallándose de tertulia: + +--Tengo que pedir a V. un favor, Maximina. + +--¿Qué es? + +--Que me dé V. un rizo de su pelo. + +La chica levantó los ojos con sorpresa. + +--¿Me lo dará V.?--repitió mirándola atrevidamente. + +Maximina bajó los ojos haciendo una señal afirmativa. + +Pero trascurrió un día y trascurrieron dos, y tres, y no daba señales de +cumplir su promesa. Miguel le preguntaba por señas: ella sonreía sin +contestar. Entonces el joven se hizo el enojado y evitó a su vez el +encontrarse con ella. Maximina comenzó a echarle miradas tristes y +tímidas, que observaba riendo interiormente. Al fin, una noche por +propia iniciativa, aquélla vino a sentarse a su lado. Nuestro joven se +mostró inflexible; no quiso hablar; afectó tomar una parte muy activa en +los juegos de prendas. Entonces la pobre niña dijo con voz débil: + +--Tome V. + +Miguel no la oyó. + +--Tome V.--repitió un poco más alto. + +Al volverse vio que tenía en las manos un papelito blanco. Comprendió +que era el rizo de pelo y lo tomó apretándole al mismo tiempo los dedos +con ternura. + +--Muchas gracias, Maximina--le dijo con acento conmovido.--Es V. muy +buena, y cada día... + +Antes que pudiese concluir, la niña se levantó, entrando en la casa. +Miguel quedó saboreando una dulce felicidad que nunca hasta entonces +había gustado, la de ser querido de aquel modo tan ingenuo y tan puro. +Tenía el corazón henchido de suaves sentimientos; una ternura inefable +invadía su alma, y se dijo: ¿Por qué no he de querer yo a esta niña +también? ¿Por qué no he de decírselo? Agitado por este deseo súbito, se +levantó de la silla y entró en casa con la esperanza de encontrar a +Maximina y expresarle lo que en aquel momento sentía. Recorrió a +oscuras la sala, el comedor y el pasillo, llamándola suavemente; pero no +pudo hallarla. Echó una mirada a la cocina y no vio en ella más que a la +taciturna criada mondando patatas. Se habrá ido a su cuarto, se dijo, y +bajó tristemente la escalera para restituirse a la tertulia; pero al +cruzar por delante de la puerta del estanquillo que estaba a oscuras, se +le ocurrió meter la cabeza dentro y decir: + +--Maximina. + +--¿Qué?--contestó una voz apagada. + +--¡Oh, picarilla! ¿está V. aquí? + +Y se introdujo en la tienda. + +--¿Dónde está V.? + +--Aquí. + +--Deme V. la mano. + +--¿Para qué, para besarla? No quiero; es V. muy malo. + +Miguel soltó una carcajada, reprimiéndola para que no le oyesen fuera. + +--No, criatura; es para saber dónde está V. nada más. + +Se sentó al lado de ella en una silla baja. + +--¿Por qué se ha escapado V. de la tertulia? + +--¿Y V. por qué me anda buscando? + +--Para decirla a V. una cosa. + +--¿Qué es? + +--...Que la voy queriendo a V. mucho--dijo con acento apasionado, +cogiéndola una mano. + +La niña guardó silencio. + +--Y que V. también me va queriendo a mí un poco, ¿no es verdad? + +Tampoco contestó. + +--Vamos, dígame V. que sí... aunque sea mentira. + +--Yo no digo mentiras--manifestó la niña con voz dulce. + +--¿Entonces, no me quiere V.?... + +--Tampoco digo eso. + +Miguel entusiasmado la abrazó. + +--Pues yo te quiero, te quiero por lo hermosa y lo buena que eres... + +Maximina al sentirse en los brazos del joven comenzó a temblar +fuertemente. + +--¡Suélteme V.! ¡por Dios me suelte V.! + +--¿Me quieres tú? ¿me quieres? + +--¡Suélteme V., por Dios! + +--No, sin decirme que me quieres. + +--Pues sí, le quiero, le quiero; ¡suélteme V.! + +El joven la besó con pasión en los labios y la dejó huir a su cuarto. Él +se volvió a la tertulia. + + + + +XIV + + +Miguel sacó el reloj para mirar la hora. + +--¡Oh qué reloj tan fastidioso!--exclamó la generala apoderándose de él +y metiéndoselo de nuevo en el bolsillo sin permitir que lo +abriese.--Antes, cuando estabas a mi lado no hacías tanto uso de esa +alhaja. De pocos días a esta parte no se te cae de la mano. ¿Qué prisa +tienes? ¿No has venido a Pasajes por mí?... Además, observo que estás +algo distraído; que siempre cruza tu frente una arruga profunda, signo +de graves meditaciones... hasta te encuentro ayer y hoy un poco +ojeroso... + +--¡Vaya, que no traes mal belén con mi fisonomía!--dijo él sonriendo: +bajo esta sonrisa se traslucía la cólera. + +En efecto, la generala exploraba a todas horas el semblante de Miguel +como el marino el del tiempo. Unas veces estaba pálido, otras fatigado, +otras melancólico, otras excesivamente risueño; nunca dejaba de tener +alguna cosa que le llamase la atención. Esta eterna y escrupulosa +inspección le había halagado al principio, después le aburrió un poco, y +últimamente había llegado a irritarle. + +--¡Y te enfadas por eso, ingrato!--exclamó Lucía.--Si observo tu +fisonomía, es que no miro más que a ella; todo lo demás me parece +indiferente... Tu rostro es el libro donde leo mi felicidad o mi +desgracia. + +Aunque ya no le causaban impresión alguna las metáforas amorosas de la +generala, Miguel se dulcificó. + +--No me enfado, Lucía... Si es tu gusto trasformarte en un _semáforo_ y +señalar todas las variaciones que experimento, ¿qué vamos a hacer? Es +una prueba de amor que te agradezco. + +La generala creyó que debía continuar con el mismo tema. + +--No puedes figurarte, Miguel, lo que sufro cuando te veo triste, lo que +gozo cuando estás alegre... ¡Si supieras!... Al través de tu sonrisa veo +yo el mundo risueño, hermoso, pienso que el cielo está siempre azul, el +campo siempre verde y rondoso, y que los hombres son todos felices... +¡Oh, si lo supieras, estoy segura de que sonreirías siempre como ahora +lo haces! ¿No es verdad?... ¡Algunas veces me acometen unos pensamientos +tan tristes! La imaginación excitada por el amor, da muchas vueltas... +¡Si Miguel se muriese! me digo. Esta idea me aniquila, me deja yerta, +como si el cielo se desplomase... Si tú te murieses, ¿qué haría la pobre +Lucía? Morirse también de pena; y si no se moría, peor para ella... No +quiero pensar en eso, Miguel, porque toda me acongojo. Ya no habría +felicidad posible en la tierra: sólo tu recuerdo dulce podría prestarme +algún consuelo en ciertos momentos. ¡Oh, te juro que si te murieses, +guardaría tu imagen en el corazón hasta la hora de mi muerte, y aun más +allá, si posible fuera, vivirías en espíritu conmigo; y todos los días, +todos los días, sin faltar uno, iría a visitarte al cementerio y a dejar +sobre tu sepulcro un puñado de flores... + +La generala había empleado ya muchas veces este recurso, y siempre con +el mismo éxito. A Miguel no le caían en gracia estas ideas lúgubres y +procuraba llevar la conversación hacia otro punto. Esta vez la cortó +levantándose del diván donde ambos estaban sentados y cogiendo el +sombrero. Para paliar un poco el mal efecto de este brusco movimiento, +se acercó sonriente a la dama y la acarició amorosamente la cara. + +--Tengo una carta para el periódico empezada... Necesito terminarla +antes que se vaya el correo. Adiós, amor mío... + +Aquel _amor mío_ fue pronunciado de un modo distraído, rutinario, que +hubiera mortificado a la generala, si no fuese frecuente en ella también +al acariciar de palabra a su amante. + +--¡Qué pronto! Apenas has estado conmigo dos horas. + +--Mañana procuraré estar más tiempo... Hoy no puedo. + +Lucía se levantó también y le echó los brazos al cuello con el mimo de +otras veces. Miguel soportó aquel abrazo y aun hizo esfuerzos por +mostrarse entusiasmado. + +--Aguarda un poco--dijo la generala soltándose y tomando un ramillete +que había sobre la chimenea.--Toma estas flores, ponlas delante de ti +cuando escribas, para que al levantar la cabeza te acuerdes de tu Lucía. + +Miguel cogió el ramo y lo besó maquinalmente, como tenía por costumbre +siempre que la generala le daba algún objeto en recuerdo: luego se +despidió. + +Al salir del _challet_ llevaba el corazón menos oprimido que Romeo al +separarse de Julieta en aquella célebre noche que el lector conocerá +seguramente; pero su paso era cuando menos tan ligero. Quería llegar a +tiempo a la novena de San Ramón Nonnato que se celebraba hacía días en +la iglesia de San Pedro. Allí veía a Maximina, a la cual estaba ligado +por una simpatía irresistible. Y lo que más le entusiasmaba era que ésta +había aceptado sus amores sin aquella reserva que el temor de ser +engañadas obliga a manifestar a las muchachas, cuando un joven de +condición superior se dirige a festejarlas. Maximina fue su novia sin +que tuviese necesidad de vencer escrúpulos y prevenciones que el cálculo +o la malicia introduce en el pensamiento de aquéllas. Le entregó su +corazón con inocencia, como una cosa natural o que no podría ser de otro +modo. Lo único que la había hecho vacilar al principio fue la sorpresa +de que se dirigiese a ella con preferencia a otras jóvenes que pasaban +en el pueblo por mucho más bonitas; una vez convencida de que aquél +tenía el mal gusto de encontrarla bella o al menos simpática, no +consideró poco ni mucho la diferencia de fortuna ni se imaginó que todo +aquello podría ser nada más que un puro y frívolo pasatiempo por parte +del joven forastero. Abrió su espíritu al amor con la inocencia que la +flor abre su cáliz a los rayos del sol. Y aquella niña tímida, +melancólica y reflexiva, en algunos días había experimentado notable +trasfiguración; la alegría que rebosaba de su alma comunicó a su rostro +atractivos que antes no tenía, gracia a sus movimientos, sonoridad a su +risa, brillo a su palabra. Este cambio no pudo pasar inadvertido a +nadie, pero menos a Miguel. Observolo con placer, con el placer del +artista que contempla la obra salida de sus manos; fue un aliciente más +para seguirla enamorando sin calcular las fatales consecuencias que +aquel devaneo honesto podría traer consigo. + +Cuando se hubo alejado de casa de la generala, cerca ya de la orilla +donde Úrsula le aguardaba con su esquife, echó una mirada al ramo que +llevaba en la mano, reflexionó que era grande y molesto para llevar a la +iglesia, y diciendo:--¡A dónde voy yo con esta carga de hierba!--lo +arrojó al suelo, y siguió rápidamente su camino sin más pensar en él. La +novena de San Ramón atraía mucha gente a la iglesia de San Pedro. Era un +templo grande, sucio y tenebroso hasta de día: por la noche, con cuatro +o cinco lámparas de aceite colgadas aquí y allá a largas distancias, +ofrecía un aspecto siniestro. Mas ahora el rosetón de luces que ardía en +torno de la imagen alegraba un círculo muy ancho donde resaltaban las +cabezas de las beatas que se colocaban en primera fila. Miguel +acostumbraba a introducirse en la iglesia por la puerta de la sacristía, +y desde ésta, sacando un poco la cabeza, veía toda la parte iluminada +del templo. + +Maximina y su tía se acomodaban allá enfrente, cerca de un banco para +sentarse en los intervalos de descanso. La niña, penetrada de un vivo +sentimiento religioso, no osaba mirar hacia Miguel; creía profanar la +majestad de la casa de Dios. No obstante, alguna que otra vez, de raro +en raro, se autorizaba el levantar los ojos y clavarle una rápida y +grave mirada, arrepintiéndose inmediatamente de haberlo hecho. A nuestro +joven le hacía gozar más aquella tímida y rapidísima mirada que las +ardientes y prolongadas que otras mujeres más bellas y más vistosas le +habían echado en el curso de su vida. + +Aunque a larga distancia, observó aquella tarde que el semblante de +Maximina no era el mismo de otros días; la melancolía, siempre esparcida +sobre él, se había convertido en profunda tristeza; sus miradas eran más +frecuentes y más largas, y en torno de sus ojos un círculo levemente +encarnado acusaba claramente el llanto vertido. ¿Qué le habrá pasado? se +preguntó con inquietud. ¿La habrá reñido su tía? Y deseó que se +concluyese pronto la novena a fin de enterarse. + +Era noche cerrada cuando salieron de la iglesia. El joven forastero +acostumbraba a esperar a doña Rosalía y su sobrina en el pórtico, +ofrecerles agua bendita y acompañarlas a casa en unión de otras vecinas, +lo cual le permitía emparejarse con su novia y sostener con ella +conversación aparte. Todo esto respiraba un sentimiento idílico, de +suave felicidad, que, como contraste a sus refinados amores cortesanos, +le causaba un gran deleite. Después de haberla dirigido algunas +preguntas insignificantes, a las cuales contestó la niña con dulce y +apagada voz, un poco más apagada que otras veces, la preguntó +bruscamente: + +--¿Qué tienes?... Parece que estás triste y has llorado (la tuteaba en +secreto desde hacía algunos días: ella no se atrevía a hacerlo sino +alguna que otra vez, cuando el joven se lo exigía con vehemencia). + +Maximina siguió caminando en silencio. + +--¿Te ha reñido tu tía? + +--No. + +Volvió a guardar silencio. Al cabo de un instante, acercando más el +rostro, observó que algunas gruesas lágrimas rodaban por sus mejillas. + +--¿Estás llorando?... ¿Por qué?--preguntó con zozobra. + +--No lloro... no es nada--contestó ella levantando hacia él sus ojos +sonrientes, pero nublados por las lágrimas. + +--Lloras, sí, y quiero saber por qué. Me parece que tengo derecho para +ello... si es que me quieres, como dices. + +Todavía le costó algún trabajo arrancarle su secreto. Al fin la niña +desahogó el pecho oprimido y dijo con voz cortada por los sollozos: + +--Hoy han estado en casa Paulina y Segunda y me llevaron a la tienda de +Joaquina antes de venir a la novena... y allí comenzaron a burlarse de +mí... ¡Me dijeron unas cosas tan malas! + +--¿Qué te han dicho? + +--Que V. se estaba riendo de mí y sólo aparentaba quererme por +divertirse un rato... Que cómo podía figurarme yo que un joven rico y +elegante se había de casar conmigo... + +--¿Todo eso te han dicho?--exclamó Miguel con sorda irritación.--¿Nada +más? + +--También me dijeron que V. tenía una novia... una señora que vive ahí +en el camino de Francia, y que la iba V. a ver todos los días... ¡Parece +que vinieron a buscarme apropósito para darme esta puñalada! + +--Pues no te han dicho más que la verdad. + +La niña le miró con ojos suplicantes. + +--Sólo que hay una pequeña dificultad para que esa señora, a quien +visito muchos días, sea mi novia... y es que esa señora está casada. + +Miguel había penetrado perfectamente el alma de la niña: por eso le +presentó esto como una dificultad insuperable. En efecto, Maximina abrió +más los ojos manifestando gran sorpresa; exigió que el joven se lo +jurara, y una vez hecho el juramento, un rayo de alegría iluminó su +semblante. + +--¡Pero qué malas son esas chicas!--exclamó cruzando las manos.--¿No +tendrán miedo que Dios las castigue? + +Miguel se esforzó en persuadirla a que no creyese nada de cuanto la +dijeran acerca de él, le hizo mil protestas sinceras de cariño, y logró +que antes de llegar a casa se disipasen las nubes que velaban su rostro. +Al llegar, despojose Maximina inmediatamente de la mantilla y se fue a +la cocina, donde nuestro joven la siguió. Era una hora ésta muy ocupada +para la niña: la cena de los chicos y del huésped exigía bastantes +preparativos: la criada se encargaba únicamente del condimento de los +manjares; doña Rosalía de atender al estanquillo. Maximina encendió la +lámpara del comedor y puso el mantel sobre la mesa: Miguel la seguía con +la vista: ella levantaba de vez en cuando la suya y le enviaba una +sonrisa para mostrarle la confianza que tenía en sus palabras y lo feliz +que la había hecho con ellas. Una vez puesta la mesa, volvieron a la +cocina. + +--Hay que limpiar esa vajilla--dijo la criada con el tono agrio que +siempre usaba. + +--¿La ha fregado V. ya? + +--Si no la hubiera fregado, ¿cómo se había de limpiar? ¡Vaya una +salida! + +--No se incomode, Rufa--dijo un poco acortada la niña. + +Y cogiendo un paño, se sentó con calma a secar los platos. Miguel se +sentó cerca de ella. + +--Voy a contarles a VV. un cuento--dijo aquél tomando otro paño y +poniéndose a secar platos también.--Viajando un amigo mío por la China, +hace ya bastantes años, me contó que había llegado por la noche a un +pueblo llamado Cerdópolis. En cuanto estuvo dentro de él, ya no le +extrañó el nombre que tenía; no se veían más que cerdos por todas +partes; en las huertas, en las calles y hasta dentro de las casas; en +fin, no se podía dar un paso sin tropezar con alguno de estos +animaluchos. + +--¡Qué olor habría allí, madre mía!--exclamó Maximina. + +--¡Atroz! me dijo que no se podía respirar. Pues sucedió que fue a +alojarse a casa de uno de los principales del pueblo; pero la mayor +parte de las casas, aun las de los ricos, no tenían más habitaciones que +la cocina y los dormitorios. El dueño le presentó a sus hijas, unas +chicas bastante feas, con los ojos torcidos y los pies muy chiquitos... +en fin, VV. ya habrán visto a algún chino. Parecían amables, y mi amigo +quedó muy satisfecho del recibimiento que le hicieron. No quedó tan +contento de la madre, esposa de nuestro chino. Era una vieja que estaba +al lado del fogón picando cebolla, así como está ahora Rufa. + +Maximina levantó los ojos hacia la cocinera y luego los volvió hacia +Miguel con una expresión entre cándida y maliciosa, sospechando alguna +broma. + +--Cuando mi amigo se dirigió a ella preguntándole cómo estaba de salud, +no le contestó más que ¡hum! sin levantar la cabeza siquiera. Mi amigo +miró con sorpresa al marido y a las hijas, como diciendo: ¿Qué le he +hecho yo a esta señora para que me reciba de este modo? Pero lo mismo él +que ellas, en vez de avergonzarse, levantaron los ojos al cielo, con un +gesto de resignación que le sorprendió todavía más. Se pusieron a cenar, +y mi amigo durante la cena y después de ella trató de captarse las +simpatías, o por lo menos la benevolencia de la señora, prodigándole +muchas atenciones y dirigiéndole a menudo la palabra. Todo fue inútil: +la china contestaba con su gruñido acostumbrado, o a todo más, con algún +monosílabo que revelaba su mal humor. El marido y las hijas se +contentaban con hacer aquel gesto de resignación y dolor, que cada vez +iba maravillando más al viajero. Después de estar algún tiempo de +sobremesa, retirose a descansar. Cuando por la mañana se levantó, +encontró a toda la familia muy triste y como consternada. Les preguntó +en seguida con interés qué les pasaba de malo. + +--¡La pobre madre!--exclamó una de las niñas. + +--¿Qué le ha pasado? ¿Está enferma?--preguntó. + +--Ahí la tiene V. + +--¿Dónde?--dijo mirando a todas partes, sin ver rastro de china. + +--Ahí. + +--¿Pero dónde? + +--Esa marrana que tiene V. delante. + +--¡Cómo!--exclamó mi amigo, creyendo que el chino se había vuelto loco. + +--Sí, señor; ya sabíamos en casa que de esta semana no podía pasar. +Usted, señor, por lo visto, no sabe lo que ocurre en este pueblo... + +El chino le explicó entonces que en aquella villa había una enfermedad, +por desgracia muy común, que se llamaba _cerdofalgia_, y que consistía +en la trasfiguración del hombre en cerdo. De ahí la inmensa cantidad de +cerdos con que tropezaba en las calles. El primer síntoma de esta +enfermedad era el mal humor: en este primer grado, los enfermos podían +curarse como los tísicos, y al efecto siempre que alguno era atacado, se +empleaban para volverle a la salud mil clase de fiestas y regocijos, en +las cuales tomaba parte toda la familia. Algunos salvaban, pero la +mayoría pasaban al segundo período, llamado «del silencio,» porque +hablaban muy poco: todavía en este grado, salvaba uno que otro. Pero si +desgraciadamente entraban en el período de los «gruñidos,» entonces era +cosa perdida: al cabo de algún tiempo, venía la trasfiguración. Su +señora hacía ya dos meses que estaba en el tercer grado. + +Mi amigo quedó pasmado y comprendió por qué cuando gruñía el ama de casa +hacían todos gestos de resignación. + +Al terminar Miguel su cuento, Maximina hacía esfuerzos sobrehumanos para +contener las carcajadas que se le escapaban de la boca, viendo lo +amoscada que se había puesto Rufa. + +En aquel momento entró doña Rosalía con otra señora de su misma traza. +Miguel al verlas dejó apresuradamente el paño y el plato que tenía en +las manos, para que no le viesen ocupado en tarea tan poco varonil. +Después de cambiar algunas palabras, Maximina, sin darse cuenta de lo +que hacía, le alargó dos platos diciendo: + +--Ya no nos quedan más que siete. + +Pero el joven, avergonzado y con muy mal humor, se los rechazó. + +--Deje V... Deje V. eso. + +La niña ruborizada y confusa exclamó con voz débil: + +--¡Como hasta ahora me había ayudado!... + + + + +XV + + +«Mi queridísima hermana:--escribía Miguel a Julia--Me preguntas por qué +permanezco tanto tiempo en este pueblecillo, y supones, infundadamente, +que pasaré la mayor parte en San Sebastián. Asimismo haces algunas +reticencias que me desagradan, porque no están bien en boca ni en pluma +de una niña tan candorosa como tú eres y deseo que sigas siendo. Te has +equivocado en todas tus hipótesis. Permanezco en Pasajes (ya puedes +comenzar a reírte) porque estoy enamorado de la sobrina de mi patrona. +Es una niña (sigue riendo) que no pasa por bonita, ni es gallarda, ni +tiene talento, ni una educación esmerada. Estoy enamorado no sé de qué; +acaso del alma, aunque no lo aseguro. Lo que sí puedo afirmar es que no +hay mujer (exceptuando tú) que me parezca tan linda, tan amable y tan +bien educada. No ha cumplido aún los diez y seis años. ¡Si vieras qué +buena y humilde es! Está tan convencida de su insignificancia, que yo he +hecho como Jesucristo; queriendo ser la última, la elevé a primera. Ha +pasado dos años en un convento de Vergara, y cuando yo llegué, estaba +empeñada en hacerse monja: ahora ya se fue a paseo el monjío. Esto no +quiere decir que no fuese una buena religiosa; Maximina, que así se +llama, en cualquier estado y situación de la vida sería buena, porque +así la hizo Dios. Me paso los ratos como un tonto escuchándola; cuando +narra su vida de colegiala: las nonadas y puerilidades de sus +compañeras, que me cuenta con gran calor, me embelesan lo mismo que la +novela más interesante: conozco ya a todas las hermanas del colegio como +si las hubiera parido: hay una hermana San Onofre, de diez y ocho años, +hermosa, instruida, pero de muy mal genio; en el convento todo el mundo +la temía más que a la superiora; ¡figúrate que a una niña, porque +manifestó asco al vaso de otra, la hizo comer las sobras de todas las +demás en un plato! Hay otra llamada María del Socorro, de la misma edad +que Maximina, muy dulce, muy tímida; cuando las niñas enredaban en su +clase, no teniendo ánimo para reñirlas o castigarlas, se echaba a +llorar. Pero los amores de mi niña eran la hermana San Sulpicio, una +andaluza hermosísima, llena de gracia y atractivo; había cuatro chicas +enamoradas de ella perdidamente; pero la que se llevó la palma y llegó a +ser su favorita al cabo de algún tiempo, fue Maximina; sin embargo, la +hermana, que era un poco coqueta al parecer, se complacía algunas veces +en mortificarla mostrándole gran frialdad o adoptando con ella un +continente severo, hasta que viendo su cara contristada, se echaba a +reír y le tiraba suavemente de una oreja, llamándola tonta. Un día vino +orden de arriba para trasladar a esta hermana a otro convento, y se +marchó secretamente sin despedirse. ¿Quién se lo dice a Maximina? se +preguntaron todas las colegialas. Al fin una, más habladora y peor +intencionada que las otras, se lo comunicó bruscamente: mi niña recibió +un fuerte golpe en el corazón; pero trató de reprimirse, porque le daba +vergüenza estallar en sollozos delante de sus compañeras: este esfuerzo +sobre sí misma le costó caro, porque al poco rato se sintió mal y hubo +que desabrocharle a toda prisa el vestido, para que no se ahogase. + +Oyendo el relato de tales escenas infantiles se pasa el mentecato de tu +hermano sabrosamente el tiempo, y no tiene ganas de volver a Madrid. +¿Querrás creer, querida hermana, que encuentro más sabiduría en las +palabras de Maximina que en los cursos de sistemas coloniales que nos da +en su casa el conde de Ríos? Indudablemente, estoy perdido. Razón tiene +mi tío Bernardo en decir que no seré en la vida nada de provecho. + +Muchos recuerdos a mamá. Salud y Estado Mayor. Un abrazo que casi te +asfixie de tu hermano, + +MIGUEL.» + +Tres días después la contestación de Julia, que decía así: + +«Mi más querido hermano: Si por mi gusto fuese, no te escribiría hoy, +porque tengo que darte una noticia desagradable; pero mamá lo manda... +y... cartuchera en el cañón, quepa o no quepa. La noticia es que nos +vamos a Madrid en la semana próxima, hacía el miércoles o jueves. Por +consiguiente, ya sabes que debes ponerte en camino cuanto antes. Mucho +siento arrancarte esa felicidad que dices sentir y en la cual no creo. +Toda la vida has sido un pillo de playa, y no te arriendo los tizonazos +que has de llevar en el otro mundo. Esa pobre chica será bien +desgraciada si se fía de tus palabritas de miel; no tardará en ir al +panteón de las víctimas, como Teresa, Paquita, etc., etc. ¡Me avergüenzo +de ser hermana tuya, gran tuno! + +Sabrás como tenemos noticia de que tío Manolo se casa con la viuda de +marras. Ya era tiempo. Lo mismo uno que otro necesitan ponerse +dentadura nueva, porque están algo duritos. Ahí te envío una carta que +por la letra me parece de él: supongo que será dándote parte de la boda. + +El cuerpo de Estado Mayor me manda darte recuerdos. Mamá lo mismo. Yo no +me contento sino con un fuerte mordisco en una oreja: ya sabes que soy +especialista en ese ramo. Avisa cuando sales. + +JULIA.» + +Dentro de ésta venía otra carta de D. Manuel Rivera noticiándole su +próximo matrimonio. El antiguo seductor se manifestaba en ella contrito +y con grandes deseos de reformarse en lo tocante a la moral y las +costumbres, y anunciaba en términos concretos que estaba resuelto a +someterse a las leyes generales que rigen los destinos de la humanidad y +la encaminan a lo infinito: hablaba de la necesidad imperiosa que siente +el hombre de tener una compañera «que le ayude a soportar el fardo de la +vida,» de los goces dulces e inefables del hogar doméstico, de los +mutuos sacrificios. Por último, llamaba al Ser Supremo en su auxilio y +le rogaba se dignase bendecir «su pobre choza.» + +Miguel, en vez de enternecerse como debía, se rió mucho leyéndola: mas +al instante quedó triste y cabizbajo al recordar que debía abandonar a +Pasajes dentro de pocos días. La verdad era que lo estaba pasando bien +y que no le halagaba nada tornar de nuevo a la bulliciosa vida de la +corte. Por otra parte, ¡qué sentimiento tan vivo experimentaría la pobre +Maximina! En cuanto a la generala, hacía ya días que había formado +propósito irrevocable de romper con ella, si bien esperaba verse lejos +para llevarlo a cabo; no le acomodaba hacerlo en una entrevista por no +escuchar sus quejas de codorniz romántica. + +En la expresión melancólica y reflexiva de su cara adivinó Maximina que +algo triste le pasaba. Trató de mostrarse entonces más alegre y +habladora que de ordinario, a fin de disipar su mal humor: adivinaba +vagamente que de rechazo iba a caer sobre ella; pero no lo consiguió; +Miguel, contra su costumbre, respondía con gravedad a sus instancias. + +--¿Qué tienes?--le dijo al fin tímidamente.--¿Estás enfadado conmigo? + +--¿Por qué había de estarlo?--contestó sonriendo tristemente.--¿Te +remuerde por algo la conciencia? + +--A mí no... pero... + +Miguel guardó silencio unos instantes: los ojos escrutadores de Maximina +estaban posados con anhelo sobre él. + +--Tengo que darte una mala noticia--dijo al cabo dulcificando cuanto +pudo la voz. + +La niña se puso extremadamente pálida; pero no despegó los labios. + +--Me ha escrito mi hermana para que vaya a reunirme con mamá y con ella +a Santander, y acompañarlas a Madrid. + +Maximina continuó silenciosa, doblando la cabeza sobre el pecho. +Entonces le tocó a nuestro joven observarla con cierta inquietud. + +--No será la última vez que nos veamos, hermosa--dijo +cariñosamente.....--Lo mismo te seguiré queriendo en Madrid, y a la +primera ocasión que se me presente, vendré a hacerte una visita. + +La niña levantó los ojos hacia él esforzándose por sonreír. + +--Ahora que estoy próximo a separarme de ti--siguió diciendo el +joven,--es cuando veo cuánto has penetrado en mi corazón... Parece +mentira que en tan poco tiempo te haya llegado a querer de un modo tan +entrañable... ¿Te pasa a ti lo mismo? ¿Me seguirás queriendo cuando +dejes de verme? + +Maximina movió varias veces la cabeza en señal afirmativa. Conmovido por +aquel silencio, que revelaba mejor que ninguna frase lo que su alma +sentía, el joven le tomó una mano y la llevó suavemente a los labios: +por primera vez desde que se conocieran, ella no hizo resistencia +alguna. Cada vez más embargado por la emoción, Miguel dejó que su alma +se desbordase; la expresó con lenguaje vivo y apasionado cuánto la amaba +y lo feliz que algún día sería uniéndose a ella; la prometió no +olvidarla ni un solo instante, escribirla a menudo y venir a verla en +cuanto le fuese posible. + +La niña se llevó la mano a la frente y dijo con voz alterada: + +--Se me está partiendo la cabeza de dolor... + +En aquel momento entró doña Rosalía en el estanquillo. + +--¡Pobrecita!--exclamó Miguel.--Debe V. acostarse un poco a ver si se le +pasa..... + +--¿Qué; te duele la cabeza?--preguntó la tía.--La canción de +siempre..... Anda ve a recostarte hasta la hora de comer: ya te llevaré +el agua sedativa. + +Maximina subió a su cuarto y doña Rosalía quedó disertando con Miguel, +que apenas la escuchaba. Por la tarde la niña pudo bajar al estanquillo: +tenía el semblante un poco descompuesto. Cuando estuvieron solos, ella +le dijo tímidamente: + +--¿Quieres una cosa que voy a darte? + +--¡Ya lo creo! Cuanto tú me des será para mí sagrado. + +Maximina sacó del bolsillo un crucifijo de plata pendiente de un cordón +y se lo entregó ruborizada diciendo: + +--Este crucifijo me lo regaló la hermana San Sulpicio el día de su +santo: lo traigo colgado al pecho hace tres años sin quitarlo jamás... + +Miguel se lo arrebató con alegría. + +--Precisamente iba yo a pedirte una medallita para colgar al cuello. +¡Cuánto me alegro que te hayas anticipado! Te prometo no separarme de él +ni de día ni de noche... Pero voy a suplicarte un favor... que tú misma +me lo cuelgues. + +Maximina vaciló un instante: al fin tomó de nuevo el crucifijo; Miguel +bajó la cabeza y el Cristo quedó colgado por la parte de fuera del +chaleco. + +--Ahora--dijo él con sonrisa maliciosa--es menester que lo ocultes +debajo de la camisa. + +--No; eso hazlo tú. + +Los dos días que siguieron a esta escena trascurrieron suaves y +melancólicos. Los amantes estaban mucho tiempo juntos, pero se hablaban +poco. Maximina hacía visibles esfuerzos por mostrarse serena. Miguel, +adivinando estos esfuerzos, sentía su amor y su compasión crecer. + +Tomó pasaje en un vapor que debía salir por la tarde. Maximina aquel día +por la mañana se manifestó casi contenta. Sin embargo, estando en +conversación con él en la sala, cuando menos parecía indicarlo la +expresión de su fisonomía, rompió a sollozar fuertemente. Miguel la +acarició y la consoló en los términos mejores que pudo. + +Después que arregló su equipaje, el joven recorrió el pueblo +despidiéndose de los amigos que durante su estancia se había ganado: +próxima ya la hora de partirse y habiendo oído sonar el pito del vapor, +volvió a casa con objeto de despedirse de Maximina. Por más que la buscó +por todas partes no pudo hallarla: nadie sabía dónde se había metido: +doña Rosalía opinó que se habría ido a la iglesia. No es decible lo que +esto disgustó a Miguel, quien después de mandar el equipaje, se fue con +el corazón oprimido hacia el muelle; pero antes se le ocurrió dar una +vuelta por la iglesia. Como el tiempo apuraba, corrió hasta sofocarse; +no vio rastro de Maximina en todo el ámbito del templo. Salió cabizbajo +y llegó al vapor, que estaba pitando terriblemente en espera suya. +Cuando saltó a bordo, el capitán le dijo con malos modos que hacía +quince minutos que aguardaban por él: no le causó ningún efecto la +reprensión. Subió al puente; en el momento de arrancar el buque, +percibió en el balcón corrido de la casa de D. Valentín la figura de la +niña. Echó mano apresuradamente a los gemelos del capitán que colgaban +de la baranda, y pudo ver a su novia llorosa con un pañuelo en la mano +haciéndole señas. Sacó el suyo del bolsillo y contestó lleno de emoción. +La tarde estaba tranquila, el cielo nublado, las aguas de la pequeña +bahía inmóviles y verdosas espejaban confusamente la columna de humo +que el vapor dejaba en pos de sí. Algunas otras figuras humanas se +asomaban a los balcones y terrados al oír los prolongados y furiosos +ronquidos de la máquina. + +En tanto que el barco no salió por la boca estrecha de la bahía, Miguel +no apartó los gemelos de los ojos, dirigiéndolos al balcón donde la +triste Maximina quedaba. Cuando una peña se la ocultó, dejó caer las +manos con dolor: después se limpió las mejillas, que estaban húmedas. + + + + +XVI + + +Llevaba el corazón tan henchido de amor, de admiración, de entusiasmo, +que Julita se vio necesitada a sufrir a diario, por algún tiempo, las +descripciones que le plugo hacer de la bondad, sencillez e inocencia de +la niña de Pasajes. A las mujeres no les disgusta esta clase de +confidencias: así que, lejos de huirlas, las provocaba, informándose con +deleite de todos los pormenores más o menos pueriles de aquellos amores +idílicos, tan en consonancia con su edad y su sexo. + +Miguel rehusaba enseñarle el retrato. Temía que no le gustase. Después +de muchos ruegos, y anunciando con empeño «que físicamente valía poco,» +lo sacó de una cartera donde lo llevaba. + +--¡Pues no tiene nada de fea!--exclamó Julita.--Al contrario, es una +cara muy simpática... + +A Miguel se le ensanchó el corazón, y se dibujó en sus labios una +sonrisa beata. + +--¿Sabes a quién se parece un poco?... A Clarita Mazón... + +Clarita Mazón era una joven bastante linda. Sin embargo, Miguel no +transigió con el parecido, y hasta se indignó. + +--¡Pero qué enamorado estás, Miguel!--exclamó Julita sonriendo +maliciosamente.--Así me gusta... Ya era tiempo de que la veleta quedase +fija un instante... ¿Sabes que si yo estuviese en la piel de esa niña +las habías de pagar todas juntas? + +--Lo creo--repuso el joven riendo. + +--No te duermas sobre los laureles, pillo, porque en cuanto yo pueda +entenderme con ella, se lo he de aconsejar. + +--No te hará caso. + +--¡Quién sabe! Le haré ver lo que tú eres con esa cara de angelito de +retablo. + +Desde Santander, Miguel telegrafió a Pasajes, dando noticia de su +llegada. Así que saltó del tren en Madrid, puso otro telegrama, y +escribió aquel mismo día. La contestación de Maximina tardó seis en +llegar. La impaciencia que nuestro joven manifestó en estos días hizo +reír mucho a su hermana. Contra su costumbre, aguardaba en casa al +cartero, y hasta le espiaba detrás de los cristales del balcón y le iba +a abrir él mismo la puerta. + +La carta, que al cabo recibió, venía en un sobre pequeño, escrito con +magnífica letra inglesa, la letra que se enseñaba en el convento de +Vergara; su contenido no era largo ni expresivo, pero respiraba modestia +y candor: llamábale en el comienzo «apreciable Miguel» y se despedía +como «segura servidora,» lo cual le hizo reír. En la réplica le dio +bastante matraca con aquella «segura servidora,» y la niña, en las +cartas siguientes, modificó su despedida: el comienzo, o sea el +«apreciable,» ya le costó más trabajo que lo cambiase; al fin, se +aventuró a llamarle «querido Miguel.» Todas las cartas se las leía éste +a su hermana. Julia principió a sentir viva simpatía hacia aquella niña +de menos edad aún que ella. Un día le dio una estampita de su libro de +misa, para que se la enviase de su parte. Maximina, al acusar el recibo, +se manifestó tan conmovida por aquel regalo, que Julia no pudo resistir +al deseo de ponerla una posdata en la carta de su hermano, dándole +cariñosas expresiones. La niña de Pasajes contestó con otra; se +cambiaron después los retratos; por último, al cabo de dos meses, ya se +escribían directamente. + +Por este tiempo el hijo del brigadier había cortado enteramente sus +relaciones con la generala Bembo. No pocos esfuerzos caligráficos le +costó aquel rompimiento: las quejas de la nueva Ariadna venían +diariamente por el correo esparcidas en cinco o seis pliegos de letra +menuda: era necesario contestar a ellas: al fin Teseo se cansó y las +guardó filosóficamente en el bolsillo. Entrado ya el invierno, Ariadna +volvió a Madrid, y no se pasaron quince días sin que la trompeta del +escándalo pregonase sus amores con el secretario de la Embajada +francesa. A Miguel no le maravilló nada este suceso. + +Un día Julita le dijo a boca de jarro: + +--¿Cuándo piensas casarte, Miguel? + +Se puso colorado, y respondió vacilante y confuso: + +--¡Oh, el matrimonio!... Hay que pensarlo con calma.... Es un negocio +muy grave. + +Y cortó repentinamente la conversación, hablando de otra cosa. Julia se +quedó triste y pensativa. Le hizo esta pregunta, porque había observado +que su hermano no menudeaba tanto las cartas a Pasajes como antes. +Empezó a sospechar que se iba cansando, y tembló por la pobre Maximina. +No se dio por vencida, sin embargo. Al cabo de pocos días le cogió en su +cuarto, por la oreja, y le dijo medio en broma medio en veras: + +--No te suelto si no me dices ahora mismo si piensas o no casarte. + +--Pero, chica, ¿a ti que te va ni te viene en eso?--contestó el joven +riendo. + +--Tengo interés por Maximina, porque es mi amiga. + +--¡Si no la conoces! + +--No importa, la quiero ya como si la conociese. + +--¿Tendrías gusto en ser hermana política de la sobrina de una +estanquera?--preguntó el joven con malicia. + +--¡Ya lo creo!--repuso Julia poniéndose seria.--Si es buena y bien +educada, ¿por qué no?... + +--No vayas a pensar que yo me detengo por eso--dijo Miguel, poniéndose +también serio.--He meditado mucho en estos últimos meses acerca de tal +asunto, y al fin no he podido menos de confesarme que no sirvo para +casado. El que ha hecho hasta los veintisiete años la vida independiente +que yo, es muy difícil que pueda acomodarse al orden, a la paz, a la +serie de sacrificios que el matrimonio exige... Y, francamente, para ser +un mal casado, ¿no vale más que permanezca soltero toda la vida?... Por +otra parte, si me caso con esa chica, que no está acostumbrada al trato +de gente ni ha entrado jamás en sociedad alguna, ya comprendes que debo +renunciar en absoluto a mis relaciones y a las antiguas amistades de mi +familia: yo no quiero pisar un salón donde mi mujer no haga buen +papel... Además, Maximina es demasiado niña y demasiado inocente para +dominar a un hombre tan maleado como yo, y para regir una familia... + +Así continuó el hijo del brigadier rebuscando argumentos en su cerebro +para ocultar los verdaderos móviles de su conducta, que eran el tedio y +la vanidad, pasiones asquerosas que la vida cortesana habían despertado +nuevamente en su corazón. Julia no apartaba su mirada escrutadora de él, +lo cual concluyó por turbarle y obligarle a callar. Después de algunos +momentos de silencio, aquélla exclamó moviendo la cabeza con dolor: + +--¡Pobre Maximina! + +Y después de una pausa larga, dijo con energía: + +--Pues mira, Miguel, si no has de casarte con ella, es un pecado grande +que la estés engañando. Debes cuanto antes cortar esas relaciones. + +--Bien; de eso ya hablaremos... Acaso tengas razón... Hasta luego--dijo +poniéndose el sombrero y dándole un beso de despedida. + +Por más que nos duela hablar mal del héroe de nuestra historia, la +verdad nos obliga a confesar que Miguel tuvo la cobardía de cortar sus +relaciones con la niña de Pasajes dejando de escribirla. Al cabo de unos +quince días, su hermana le enseñó una carta que había recibido de ella; +se daba por enterada del desamor de su novio, sin proferir una queja; +disculpaba su conducta manifestando que después de la separación había +reflexionado que ella no podía convenir a un hombre como Miguel; hubiera +deseado, sin embargo, que éste se lo hubiera dicho antes de tenerla +impaciente y triste muchos días; terminaba diciendo que al fin había +conseguido de su tía el permiso para hacerse monja de la caridad. + +Esta carta, donde al través de la firmeza y naturalidad de los +conceptos, se entrevía una mano temblorosa y unos ojos nublados por las +lágrimas, conmovió hondamente a nuestro héroe, y le hubiera conmovido +aún más, hasta el punto quizá de marcharse aquel mismo día a Pasajes +para pedir perdón a Maximina y hacerla su esposa, si desgraciadamente +aquél no fuese un día crítico y terrible de su existencia. + +El periódico del conde de Ríos sostenía frecuentes polémicas con otro +diario conservador titulado _La Monarquía_. Estas polémicas, un tanto +ásperas, no habían rebasado hasta entonces los lindes de una cortesía +más o menos ambigua. Llegó un punto, no obstante, en que la discusión se +fue agriando en términos que aparecieron en el diario moderado algunos +insultos velados contra el inspirador y los redactores de _La +Independencia_. Miguel se juzgó en el caso de escribir un artículo +contestando a estas injurias, que fue un verdadero prodigio de +habilidad: devolvíanse con creces todas aquéllas al enemigo, pero de un +modo tan fino y bien encubierto, que era imposible demandar reparación +ante los tribunales, y no era fácil tampoco hallar motivo para un duelo. +El artículo se leyó en la redacción y fue calurosamente aplaudido. Por +desgracia, en esta ocasión fue cuando a Mendoza se le ocurrió descubrir +enteramente aquel secreto que su amigo le tenía guardado hacía años. Al +traerle las pruebas del artículo, se autorizó, sin consultar a nadie, +cambiar uno de sus párrafos metiendo otro de cosecha propia. Por virtud +de esta funesta ocurrencia, lo que era una frase incisiva y bien +meditada, se convirtió en grosero y feroz insulto. En cuanto Miguel, al +leer el periódico por la mañana, se enteró de la modificación, +revolviósele la bilis, comprendiendo que no podía menos de producir +fatales consecuencias; fue a la redacción, y no encontrando a Mendoza, +comenzó a decir en presencia de sus compañeros lo que ya hemos visto en +otro capítulo. + +Todos sus cálculos quedaron confirmados. No se pasaron muchas horas sin +que dos caballeros, padrinos del director de _La Monarquía_, viniesen a +exigir al de _La Independencia_ una satisfacción personal. Mendoza, +pálido y tembloroso, les contestó que él no era el autor del artículo, y +les prometió que en el número del día siguiente saldría una +rectificación. No faltó quien le pasara recado a Riverita, quien a toda +prisa acudió a la redacción, antes que de ella hubiesen salido aquellos +señores. Así que llegó, deshizo cuanto se había convenido; contestó que +era suyo el escrito, se opuso a publicar ninguna rectificación, y nombró +por padrinos al conde de Ríos y a un compañero llamado Merelo. Después +se volvió a casa, y fue cuando Julita le mostró la carta de Maximina. + +Los padrinos de los contendientes tardaron un día entero y emplearon +toda la saliva de sus gaznates en discutir las condiciones del desafío. +El punto más arduo era el de la elección de armas. El conde de Ríos, +fundándose en que su apadrinado era el retado, creía tener derecho a +elegirlas, y lo sostenía con gran calor. En realidad, hacía mucho +hincapié en este asunto, porque era sabedor de que el periodista +moderado pensaba elegir el sable, no porque lo manejase con gran +destreza, sino porque, dada su estatura y corpulencia, debía llevar +ventaja al adversario. Los padrinos de aquél defendían con igual tesón +su derecho, por ser el ofendido. A las diez de la noche aún no habían +podido arreglarse. En una de sus entrevistas con Ríos, Miguel, cansado +al fin por tanta dilación, le rogó que aceptase cuantas condiciones +quisieran poner los contrarios. + +En virtud de esto, quedó convenido que el duelo se efectuase a sable con +punta. Hora, las siete de la mañana; sitio, la quinta de Vistalegre, en +Carabanchel. + +No fue a dormir a casa: pasó recado a su madrastra, advirtiéndola que +debía velar a un amigo enfermo, a fin de que ni ella ni Julia estuviesen +con cuidado. No salió del casino, donde había estado toda la tarde +esperando el resultado de la discusión de los padrinos. Hasta las dos de +la madrugada jugó al tresillo: cuando la partida se disolvió, estuvo +paseando largo rato por uno de los salones; cansado al fin, se recostó +en un diván, y no tardó muchos minutos en prenderle un sueño pesado y +letárgico. La tensión en que sus nervios habían estado las últimas +horas, había terminado por un enervamiento. Durmió media hora, y, +durante ella, soñó mil disparates: ahora se encontraba en un inmenso +palacio deshabitado, donde cierta sombra, que vio cruzar, le causó un +terror extraño, que jamás había sentido: ahora se iba a batir dentro de +una iglesia con un hombre que no conocía, y que resultaba ser D. +Valentín, el tío de Maximina, el cual, sin saber cómo, se convertía en +gato y se arrojaba sobre él, clavándole las uñas al cuello: después se +vio en medio del mar, flotando como una boya, a merced de las olas, sin +esperanza de que nadie viniese a socorrerle. + +--Señorito, señorito... + +--¡Eh! ¿qué hay?--dijo restregándose los ojos. + +--Vamos a apagar. + +--Bueno... ¿Sabe V. si está en la sala de juego el Sr. Merelo? + +--Me parece que sí, señor. + +Se fue hacia allá y encontró a su amigo ganando bastante dinero. Al +verle entrar, Merelo le dirigió una sonrisa alegre y expansiva; bien +claramente se entendía que en aquel instante no le importaba mucho que +Miguel se fuese a matar. Todavía estuvo en ganancias un largo rato, +hasta que viendo señales de que la suerte se torcía, levantose como +jugador experto y salió de la sala abrazado a su amigo. + +--¿Qué hora es, Miguelillo? + +--Las cinco menos cuarto. + +--¿Hay ánimo, verdad?--le preguntó abrazándole de nuevo con efusión. + +--¡Sí, hombre, sí! Yo tengo ánimo y tú dinero--contestó sonriendo. + +--¿Quieres que vayamos a casa de doña Mariquita a tomar chocolate? + +--Vamos. + +Mientras tomaban el desayuno, Merelo, cada vez más alegre y cariñoso, +habló de muchas cosas con pasmosa lucidez; pero especialmente de +esgrima. Realmente esta era la conversación que venía al caso entonces, +y entendiéndolo así le dio una multitud de consejos encaminados todos a +no dejarse pegar por el director de _La Monarquía_; antes bien, a +partirle por el medio en la primera ocasión. + +--Nada de fintas, ¿entiendes?... Los golpes han de ser rápidos y +decisivos... Déjale a él que finte cuanto quiera... Tú quieto, sereno, +aplomado... a parar y contestar nada más... Ya caerá en alguna +contestación. ¡Pues no ha de caer! + +Miguel mojaba distraídamente el bizcocho en el chocolate pensando Dios +sabe en qué. Cerca ya de las seis salieron del establecimiento y +enderezaron los pasos hacia la calle de la Reina, donde vivía el general +Ríos. Era noche cerrada todavía. Al llegar vieron el coche a la puerta +en espera ya de su dueño. Pasaron al conde un recado por el lacayo y no +tardó en presentarse envuelto en un gabán de pieles; el lacayo venía +detrás con los sables. Después de saludarse afectuosamente, subieron al +carruaje, y éste comenzó a rodar por las calles silenciosas con áspero +traqueteo. + +Cuando salieron por la puerta de Toledo, comenzaba a rayar el día. Al +llegar a Carabanchel ya estaba claro. Durante el trayecto, el general y +Merelo no cesaron de hablar de política. La mañana despejada. Al apearse +cerca de la regia posesión, hacía un frío intenso: los árboles, +desnudos, tenían su armazón cubierto de escarcha. Por el carruaje que +vieron a la puerta, comprendieron que sus contrarios ya habían llegado, +y en busca de ellos se dirigieron por los hermosos jardines del opulento +banquero. Mucho antes de llegar al paraje designado, vieron sus figuras +negras resaltando sobre el blanco tapiz de la helada. Miguel, que hasta +entonces había dado señales de hallarse inquieto y nervioso, quedó +repentinamente en calma: desde entonces hasta el fin del lance manifestó +una absoluta y extraña serenidad que dejó altamente complacidos a sus +padrinos. Saludaron éstos a los contrarios y al médico, que debía servir +para los dos contendientes según se había convenido: Miguel y el +periodista moderado se hicieron de lejos una leve inclinación de cabeza. +Escogiose el terreno, que fue un camino de arena mejor resguardado que +los otros por dos altos setos de rosal; midiéronse los sables; +despojáronse los adversarios de los gabanes y levitas, quedando con el +chaleco, en gracia del frío que hacía; colocóseles en su sitio con el +sable en la mano: por último, el conde de Ríos, como la persona de más +respeto que allí había, se colocó en el medio, alargó los brazos tomando +con los dedos las puntas de los dos sables y se apartó diciendo con +fuerte entonación: + +--Señores, cumplan VV. con su deber. + +El director de _La Monarquía_ era un mocetón robusto, de treinta y +cuatro a treinta y seis años de edad, cuya figura formaba triste +contraste en aquella ocasión con la delicada y exigua de Rivera. Sin +embargo, a los pocos momentos comprendió éste que no se las había con un +tirador consumado. Miguel había tirado algunas temporadas el sable y el +florete: su contrario no conocía al parecer más que esta última arma; +pues hubo que advertirle por los padrinos que no levantase la mano +izquierda, y la colocase detrás de la espalda. Pero esto mismo le hacía +muy peligroso, porque en vez de hacer uso del filo, alargaba a cada +instante la punta del sable, manteniendo a Miguel fuera de distancia. +Este comenzó a atacar vigorosamente tirando golpes sencillos al brazo, a +la cabeza y al hombro: su contrario, en vez de pararlos, la mayoría de +las veces rompía alargando la punta: de esta suerte, a los tres minutos +la lucha se convirtió en un asalto desordenado de florete. Sin embargo, +el periodista monárquico le tiró impensadamente un golpe a la cabeza; +pero hubo de salirle caro, porque Miguel paró y contestó con tal +rapidez, que si no rompe a tiempo le raja la cara. Desde entonces no +tiró más tajos. La lucha se prolongó cerca de quince minutos sin +resultado. Miguel, que era el que atacaba, se sintió fatigadísimo; +tanto, que lo hizo presente en voz alta, y los padrinos les obligaron a +suspender y les dieron diez minutos de descanso. Durante ellos, Miguel +se vistió el gabán y se fue a fumar un cigarro en un banco con la mayor +tranquilidad, en la apariencia, en realidad muy irritado por aquel +extraño procedimiento de su contrario. Comenzada de nuevo la lucha, +tampoco dio resultado alguno en bastante tiempo, apesar de que Miguel, +cada vez más impaciente, atacaba con furia batiendo para herir el sable +de su adversario; pero éste tenía brazo de hierro, y apenas si conseguía +apartar la punta un instante. A los ocho o diez minutos volvió a +sentirse cansado, mas no osó declararlo por vergüenza. Aflojó en el +ataque, haciéndolo cada vez más débil y desordenado. Advertido el +contrario, comenzó a tirarle frecuentes estocadas: apenas tenía fuerzas +para pararlas. Al cabo, el robusto periodista le separó el sable con el +suyo a viva fuerza, y le hundió la punta en el pecho. + +Miguel cayó soltando un chorro abundante de sangre. Todos se apresuraron +a socorrerle. El director de _La Monarquía_ balbució algunas palabras +manifestando su sentimiento, a las cuales el herido no pudo contestar. +El médico le hizo la primera cura y acto continuo fue trasladado al +coche, que le llevó en compañía de aquél y sus padrinos a casa. + + + + +XVII + + +El pronóstico del médico fue reservado en los primeros momentos. Al cabo +de veinticuatro horas manifestó que su estado era grave, aunque no +desesperado. + +Julita había padecido varios ataques nerviosos en el trascurso de aquel +día: la vista de su hermano moribundo le había causado profunda y +terrible impresión: no hubo fuerza humana capaz de hacerle tragar +alimento ni medicina alguna. El susto de su madre también fue grande, +pero trasformose súbito en viva y áspera irritación, de la cual fueron +víctimas los padrinos, el médico, los criados, y hasta el mismo Miguel +así que se encontró en estado de sufrirla: la gran preocupación de la +brigadiera no era que aquél se curase, sino saber quién había tenido la +culpa de la desgracia: tan intemperante y desbocada estuvo, que el conde +de Ríos no pisó más la casa, limitándose a preguntar todos los días por +medio de un lacayo el estado del enfermo. + +Afortunadamente, salió del peligro pronto: a los cinco días ya se le +permitía hablar, aunque no mucho. Julia no se apartaba de su cabecera. +La mamá era la encargada de recibir las numerosas visitas que llegaban; +y por cierto que no se hartaba de contar a todo el mundo los pormenores +de la catástrofe. + +Una tarde, Julia se hallaba, como de costumbre, cosiendo al lado de la +cama del enfermo; el cual dormía. + +--Oyes, Julia--dijo de pronto despertándose.--¿Quieres hacerme un favor? + +--¿Cuál? + +--Léeme otra vez la carta de Maximina..... El día aquel no estaba yo +para enterarme de nada..... + +Julia sonrió con semblante triunfal. En efecto, hacía días que observaba +en su hermano cierta predisposición a la melancolía bastante ajena a su +carácter: a menudo se pasaba horas enteras con los ojos estáticos, +inmóvil, dando señales de hallarse emboscado en una maraña de +pensamientos tristes: le molestaba la compañía de los amigos y aun +llegaba a desagradarle que su hermana le leyese demasiado +tiempo.--Miguel piensa en Maximina--se dijo aquélla al verle tan +reflexivo. ¿Qué misterio de amor se le escapará a una joven de diez y +siete años?--Pues que pene un poco; ya resollará. + +Y así fue, como lo pensó la niña. + +--Voy a buscarla--contestó saliendo apresuradamente de la alcoba. + +No tardó en llegar con ella en la mano: sentose de nuevo y se puso a +leerla con gran calma, observando de reojo al herido. + +Al concluir, éste tenía los ojos húmedos, y exclamó mirando al techo: + +--¡Pobre niña! + +Julia guardó la carta en el pecho, cogió otra vez la costura y se puso a +mover la aguja en silencio. Al cabo de algunos minutos el enfermo volvió +a decir: + +--Voy a pedirte otro favor... + +--Lo que quieras... + +Toma las llaves de mi escritorio, que están ahí en el chaleco, abre el +segundo cajón de la izquierda y saca un crucifijo de plata que hay en +él... y tráemelo. + +--Aquí está--dijo presentándoselo a los pocos instantes colgando de un +pedazo de cordón. + +--Este crucifijo--manifestó algo ruborizado--me lo dio Maximina al +separarnos: se me rompió el cordón, y esperando comprar otro, lo guardé +en el escritorio. + +--Tengo yo uno; no necesitas comprarlo--repuso la joven tornando a salir +de la estancia y entrando otra vez al instante con un cordoncito azul. Y +sin más dilación tomó el crucifijo de manos de Miguel, sacó el cordón +viejo, metió el nuevo y dijo con naturalidad: + +--¿Quieres que te lo cuelgue? + +--Bueno--contestó Miguel poniéndose otra vez colorado. + +Al tiempo de colgárselo, Julita acercó la boca a su oído y le dijo +graciosamente: + +--Si lo hubieras traído siempre, no te habrían herido. + +Y sin esperar contestación salió dando brincos. Cuando estuvo en el +pasillo, se quedó inmóvil de repente, meditó un momento, y dibujándose +en su rostro una sonrisa de placer, siguió corriendo a su cuarto y acto +continuo se puso a escribir. + +La verdad es que en los días que siguieron a esta escena, Julita se +manifestó digna de una plenipotencia de primer orden. + +Pocos diplomáticos se hubieran conducido con tanta habilidad. + +No volvió a hablar a su hermano de Maximina: pero le dejaba largos ratos +solo, y cuando estaba a su lado permanecía quieta y silenciosa, +esperando con razón que el pensamiento del herido llevaría a cabo su +tarea, y mejor por sí solo que con auxilio de nadie. De vez en cuando, +dando largos rodeos, que la hacían reír, Miguel sacaba la conversación +de Pasajes y de Maximina, contándole por centésima vez todos los +episodios de sus inocentes amores. Ella le escuchaba atenta, le animaba +a seguir, pero guardándose de hacerle pregunta alguna acerca de sus +designios. Esta táctica parecía excitar cada vez más la locuacidad del +enfermo; y aun se advertían en él ciertos deseos de comunicar alguna +cosa de más trascendencia; mas tales deseos veíanse contenidos por la +reserva y el silencio de Julia. + +Una mañana, por fin, ésta vino a sentarse más temprano que de costumbre +a su cabecera. Si Miguel se hubiera fijado en ella, tal vez habría +advertido en sus ojillos inquietos y negros un brillo singular y en sus +manos cierto temblor inusitado; pero se hallaba tan embebido en sus +pensamientos y habitual melancolía, que nada observó. + +--Dime, Miguel--le dijo la joven levantando resueltamente la +cabeza,--¿qué piensas hacer cuando te levantes? + +--¿Cuando me levante?... ¿Qué quieres decir?..--repuso sorprendido. + +--Sí; ¿qué piensas hacer de tu vida? + +--¿Qué sé yo, chica?... Lo de siempre. + +Hubo un rato de silencio. Miguel esperaba que su hermana concretase más +el pensamiento: viendo que no lo hacía, se decidió a hablar. + +--La verdad es, Julia, que he meditado bastante en estos días acerca de +mi situación, y no la encuentro tan halagüeña como a primera vista +parece. Tú y mamá constituís hoy mi única familia. Con los demás +parientes no cuento para nada. Tú te casarás, como es natural. Mamá... +ya sabes cómo tiene el genio; la vida a su lado no puede ser alegre. Por +otra parte, me voy haciendo viejo (_carcajada de Julia_). No te rías; +aunque por fuera no me siento viejo, por dentro necesito ya sosiego, +comodidades; la vida de fonda me horroriza. No puedes figurarte la +compasión que me inspiran esos viejos que andan rodando solos por las +casas de huéspedes..., que se ponen enfermos y tienen que llamar a una +hermana de la caridad... que al llegar de la calle no pueden comunicar +sus impresiones tristes o placenteras con un ser querido... que con +ganas o sin ellas se ven forzados a salir todas las noches, porque la +soledad les arroja del cuarto... ¡Es horrible! + +--Bien; todo eso quiere decir que deseas casarte--manifestó Julia con +sonrisa burlona. + +--No he dicho tal cosa--respondió avergonzado, y reponiéndose en +seguida, exclamó:--Pero si lo hubiera dicho, ¿qué?... ¿Tiene algo de +particular? + +--Nada, hombre, nada; al contrario, siempre he creído que debías +casarte. + +--¿Pero con quién?--preguntó el joven en tono angustioso. + +--Con la muchacha que más te guste..., si es que te quiere. + +--Ahí está la dificultad..., que no me gusta ninguna. + +--¿Ni la de Pasajes tampoco? + +Miguel se turbó aún más, y dijo con palabra vacilante: + +--¡Qué pícara eres! Maximina me gustaba. La verdad es que sería una +buena esposa... + +--¿Pues por qué no te casas con ella? + +--¿Crees tú...?--preguntó dirigiéndole una mirada tímida y anhelante. + +--¡Vaya! Yo me alegraría muchísimo. Creo que es la única mujer que te +conviene. + +--¡Ay, Julita!--exclamó con vehemencia incorporándose un poco.--Qué +placer me has dado. Hace una porción de días que no pienso en otra cosa. + +--Lo sabía perfectamente... Pero hazme el favor de taparte, porque si te +mueres no hay boda, y yo quiero comer dulces a toda costa. + +Miguel la dirigió una sonrisa de reconocimiento. Hubo otra pausa. Se +quedó pensativo y miró dos o tres veces de soslayo a su hermana, como si +no se atreviese a manifestarle lo que cruzaba por su mente. Al fin se +aventuró a decir: + +--Todavía tengo que pedirte otro favor, Julita. + +--Ya sé cuál es: que escriba a Maximina, ¿verdad? + +--¡Qué talento tan prodigioso! No pareces hermana de un redactor de _La +Independencia_... Escríbele, sí, porque yo, Dios sabe cuándo podré coger +la pluma. + +--¿Y qué le digo? + +--Lo que quieras. + +--Bien; le diré que la quieres mucho y que deseas casarte con ella a +escape. + +--¡Eso; y que es más guapa que la virgen del Carmen! + +--Calla, bruto. Voy ahora mismo, no sea que te vuelvas atrás. + +Salió de la alcoba; no se pasaron dos minutos sin que se la oyese gritar +desde la puerta: + +--Ya he escrito, Miguel. Ahí está la contestación. + +Alzó los ojos y vio a la misma Maximina, a quien Julia empujaba hacia la +cama. Detrás vio asomar la cara del hombre-pez, o sea de D. Valentín, el +ex-capitán del _Rápido_, quien hacía todo lo posible por ocultarse +detrás de las jóvenes. Creyó que estaba soñando: de tal modo se pintó el +espanto en sus ojos, que Maximina se detuvo en medio del gabinete. + +--¡Vamos, necio, no pongas esa cara, que la asustas!--exclamó Julita. + +Brilló entonces una chispa de gozo en los ojos del joven. Maximina, más +roja que una cereza, avanzó unos pasos más y le preguntó con voz +temblorosa: + +--¿Cómo se encuentra V., Miguel? + +--¡En el sétimo cielo; a la derecha de Dios Padre! + +Y tomándole una mano comenzó a besarla con frenesí, como si no hubiera +nadie delante. + +--Julia te ha escrito pidiéndote perdón de mi parte, ¿no es verdad?... +Diciéndote que estaba en peligro de muerte, y deseaba casarme contigo, +¿verdad?... Pues todo, todo eso es cierto... Sólo que ya no me muero. Me +casaré en cuanto me levante de esta cama y seremos muchos años +felices... Digo (_bajando la cabeza y cambiando de tono_) en el caso de +que tú me quieras... ¿Estás conforme con el programa? + +La niña hizo una señal afirmativa: la emoción la impedía hablar. + +Miguel estrechó con fuerza sus manos y las llevó al corazón. + +D. Valentín contemplaba atónito aquella escena. Julita, desde la puerta, +exclamó sentenciosamente llevándose un dedo a la frente: + +--¡Y luego dirá mamá que aquí no hay más que viento! + + * * * * * + +Aquella misma noche volvieron D. Valentín y su sobrina a Pasajes. Tres +semanas después fue Miguel a casarse. A las dos horas de recibir la +bendición del cura, emprendieron la marcha para Madrid. + +El destino tenía reservadas todavía a Miguel otras penas y otras +alegrías, las cuales más adelante contaré, si en ello fuere Dios +servido. + +FIN + + * * * * * + + +OBRAS DEL MISMO AUTOR + + +CRÍTICA + + PESETAS + +LOS ORADORES DEL ATENEO, un tomo 2 + +LOS NOVELISTAS ESPAÑOLES, un tomo 2 + +NUEVO VIAJE AL PARNASO, un tomo 2 + +LA LITERATURA EN 1881 (en colaboración), un tomo 2 + + +NOVELAS + +EL SEÑORITO OCTAVIO, un tomo 3 + +MARTA Y MARÍA (ilustrada por Pellicer), un tomo 4 + +EL IDILIO DE UN ENFERMO, un tomo 4 + +AGUAS FUERTES (novelas y cuadros), un tomo 3 + +JOSÉ, un tomo 3,50 + + * * * * * + + +LIBRERÍA DE VICTORIANO SUÁREZ + +=CATALOGO= + + +LIBRERÍA + +DE + +VICTORIANO SUÁREZ + +=Calle de Jacometrezo, 72, Madrid= + +=Los precios indicados en primer término son para Madrid los en segundo +para provincias, francos de porte.= + +=ALARCON= (D. Pedro).--Diario de un testigo de la guerra de África; 3 +tomos, 9 y 10 pesetas. + +--De Madrid a Nápoles; 7 y 8 pesetas. + +--Poesías; 5 y 5,50 pesetas. + +--El Sombrero de tres picos; 3 y 3,50 pesetas. + +--El Escándalo; 4 y 4,50 pesetas. + +--El Niño de la Bola; 4 y 4,50 pesetas. + +--El Final de Norma; 4 y 4,50 pesetas. + +--El Capitán Veneno; 3 y 3,50 pesetas. + +--La Pródiga; 4 y 4,50 pesetas. + +--Novelas cortas; 3 tomos, 12 y 13 pesetas. + +Contiene: Primera serie. Retrato y biografía del autor. Cuentos +amatorios.--Segunda serie. Historietas nacionales.--Tercera serie. +Narraciones inverosímiles. + +--La Alpujarra; 5 y 5,50 pesetas. + +--Cosas que fueron; 4 y 4,50 pesetas. + +--Viaje por España; 4 y 4,50 pesetas. + +--Juicios literarios; 4 y 4,50 pesetas. + +--Amores y amoríos; 4 y 4,50 pesetas. + +=BALZAC.=--(Dos tomos.)--Contiene el primero: Escenas de la vida +privada.--Una familia doble.--La señora de Firmiani.--La Vendetta.--La +casa del gato que pelotea.--El baile de Sceaux.--El bolsillo. + +Contiene el segundo: Alberto Savarus.--La paz del hogar.--La querida +falsa.--Estudio de mujer.--Un estudio más de mujer.--La gran Breteche. + +Traducción de E. Borrel y L. Aner; precio de cada tomo, 2,50 y 3 +pesetas. + +--Cuentos droláticos, traducidos por Querubín de la Ronda, con un +prólogo de Clarín; 2 pesetas. + +=AMICIS= (Edmundo de).--España: traducción de Suárez Figueroa. Un volumen +holandesa, tela, 5 pesetas. + +--Marruecos: traducido por J. Muñiz Carro. Un volumen, con noticia +biográfica, 3,50 y 4 pesetas. + +--El vino, sus efectos psicológicos; una peseta. + +--Recuerdos de París y Londres: traducción del mismo. Un volumen, 2,50 y +3 pesetas. + +--Holanda: traducido por H. Giner de los Ríos y J. Muñiz Carro. Un +volumen, 4 pesetas. + +--Constantinopla: traducción de H. Giner de los Ríos. Dos volúmenes, con +el retrato del autor, 5 pesetas. + +--Recuerdos de 1870-71: traducción del mismo. Un volumen, 3 pesetas. + +--La vida militar: bocetos, primera serie, traducción del mismo. Un +volumen, 3 pesetas. + +--La vida militar: nuevos bocetos, segunda serie, traducción del mismo; +3 pesetas. + +--Novelas: traducción del mismo; 3 pesetas. + +Contiene: Camila.--La casa paterna.--Furio.--Manuel Menéndez.--Un gran +día.--Alberto. + +--Páginas sueltas: traducción del mismo; 3 pesetas. + +--Retratos literarios: traducción del mismo; 3 pesetas. + +--Italia: traducción del mismo; 2 tomos, 6 pesetas. + +--Los amigos: traducción del mismo; 3 tomos, 9 pesetas. + +--Poesías: traducción del mismo; 3,50 pesetas. + + +=BIBLIOTECA de autores escogidos.--A 1 y 1,25 pesetas cada tomo.= + +_Quevedo._--Marco Bruto; un tomo. + +_Sauvestre._--Un filósofo en una guardilla; un tomo. + +_Quintana._--Obras poéticas; un tomo. + +_Ossian._--Poemas gaélicos; 2 tomos. + +_Jovellanos._--Oraciones y discursos; un tomo. + +_Víctor Hugo._--Discursos; 2 tomos. + + +=BIBLIOTECA de cuentos y leyendas de autores ingleses y norte-americanos.= + +=Traducida por M. Juderías Bénder.= + +Una carta de Miss Greenwood y cuatro cuentos de N. Hawthorne; un tomo, +una peseta. + +Memorias de un Gobernador, por Wáshington Irving; un tomo, una peseta. + +Leyendas extraordinarias, por E. Poe y Wáshington Irving un tomo, una +peseta. + +El Tesoro escondido y Los Pigmeos, por Natanael Hawthorne; un tomo, una +peseta. + +El Vellocino de Oro, por Natanael Hawthorne; un tomo, una peseta. + +La segunda parte de Ivanhoe, por W. M. Thackeray; un tomo, una peseta. + +El Barón y un proyecto de ferrocarril, por X. X. X.; un tomo, una +peseta. + + +=CAMPOAMOR= (de la Real Academia Española).--Los pequeños poemas: quinta +edición, única completa: 1882; un tomo, 5 pesetas en Madrid, y 5,50 en +provincias. Encuadernados a la inglesa con una elegante plancha, 1,50 +pesetas más. + +--Doloras y cantares: décimo-sexta edición, única completa, con el +retrato del autor. Madrid, 1882; un tomo, 5 pesetas en Madrid y 5,50 en +provincias. Encuadernadas a la inglesa con una elegante plancha, 1,50 +pesetas más. + +--Poesías y fábulas: quinta edición. Contiene: Ternezas y flores.--Ayes +del alma. Un tomo, 8.º mayor, 4 y 4,50 pesetas. + +--El drama universal: poema en ocho jornadas; primera edición de gran +lujo, 8 y 9 pesetas. + +--Idem; tercera edición, 3 y 3,50 pesetas. Encuadernado, una peseta más. + +--Colón: poema, con un prólogo de D. Severo Catalina (nueva edición +diamante), 3 pesetas. Encuadernado lujosamente, una peseta más. + +--Epístola necrológica de D. Luis González Brabo; una peseta. + +--El Palacio de la verdad: comedia en tres actos; 2 pesetas. + +--Guerra a la guerra: dolora dramática; una peseta. + +--Díes Iræ: drama en un acto; una peseta. + +--Cuerdos y locos: comedia en tres actos; 2 pesetas. + +--El honor: comedia en tres actos; 2 pesetas. + +--Pensamientos: extracto de sus primeras obras; 1,50 peseta. + +--Poética: 1,50 peseta en toda España. + +--Polémicas con la democracia: segunda edición aumentada; un tomo, 8.º +mayor, 3 y 3,50 pesetas. Encuadernado, una peseta más. + +--Lo absoluto: 3,50 y 4 pesetas. + + +=CANTOS= populares españoles.--Recogidos, ordenados e ilustrados por +Francisco Rodríguez Marín, socio facultativo de El Fok-Lore Andaluz. 5 +tomos 8.º, 25 y 27 pesetas. + +Contiene: Nanas, o coplas de cuna.--Rimas +infantiles.--Adivinanzas.--Pegas.--Oraciones, ensalmos y conjuros +amorosos.--Requiebros, declaración, ternezas, constancia, serenata y +despedida.--Ausencia, celos, quejas y desavenencias, odio, desdenes, +penas, reconciliación y matrimonio.--Teoría y consejos +amatorios.--Cariño y penas filiales.--Religiosos.--Sentenciosos y +morales.--Fiestas y baile.--Columpio.--Jocosos y +satíricos.--Estudiantes, soldados, marineros y mineros contrabandistas, +brabucones y borrachos.--Carcelarios.--Históricos y +tradicionales.--Locales.--Varios.--Apéndice general.--Algunas +observaciones sobre los versos del _Cantar de los cantares_ citados en +la presente obra.--Melodías.--Advertencias.--Post scriptum, etcétera, +etc. + + +=DAUDET.=--Los reyes en el destierro. Novela parisién, traducida por D. +Joaquín Portuondo; 3,50 y 4 pesetas. + + +=ELICES MONTES.=--El patriotismo español. Apuntes para un libro, recogidos +de las glorias patrias, dedicado a los españoles residentes en América. +Madrid 1885; un tomo en 8.º, 2,50 pesetas. + +--El gobierno y el ejército de los pueblos libres.--Tratado de derecho +político y plan de organización militar, según el credo democrático y +los últimos adelantos del arte de la guerra, 2,50. + +=ESCANDON.=--Historia monumental del heroico Rey D. Pelayo y sus sucesores +en el trono cristiano de Asturias, ilustrada, analizada y documentada. +Obra de sumo interés para los historiadores y curiosos; contiene las +crónicas oficiales de aquellos tiempos, que son muy poco conocidas; un +tomo en 4º, 5 pesetas en toda España. + +=FLORES.=--La historia del matrimonio; 2 y 2,50 pesetas. + +--Tipos y costumbres españolas; 3 y 3,50 pesetas. + +--Ayer, hoy y mañana; 6 tomos, 18 y 20 pesetas. + +=FERRER DEL RÍO.=--Galería de la litera, con los retratos de Quintana, +Lista, Gallego, Burgos, Toreno, Martínez de la Rosa, Lastra y otros; un +tomo en 4.º, 5 pesetas en toda España. + +--Album literario español. Esta obra comprende una colección de +artículos y poesías de nuestros más célebres escritores contemporáneos y +forma la _Segunda parte_ de la Galería de la literatura española; un +tomo en 4.º, 4 pesetas en toda España. + +=GOMEZ SIGURA.=--El Taciturno (novela); 4 pesetas. + +=GIMENEZ Y HURTADO.=--Cuentos españoles contenidos en las producciones +dramáticas de Calderón de la Barca, Tirso de Molina, Alarcón y Moreto, +con notas y biografías, 1881; un tomo en 8.º, 2,50 pesetas. + +--La sal de María Santísima. Musa epigramática y cancionero festivo +popular, en donde figuran los más célebres epigramas de autores antiguos +y contemporáneos y los más intencionados y alegres cantares del pueblo, +etc., etc., con un razonado e interesante prólogo de D. Eduardo +Bustillo, 1882, 8.º; 2 pesetas en toda España. + +=LISTA Y ARAGON.=--Ensayos literarios y críticos, con un prólogo de D. +José Joaquín de Mora; 2 tomos en un volumen 4.º, 6 pesetas en toda +España. + +=OVILO Y CANALES.=--La mujer marroquí, estudio social. Ilustrada con cromo +al lápiz y dibujos a pluma, por Demócrito; un tomo 8.º, 3 pesetas. + +=PEREZ GALDÓS= (D. Benito).--Episodios Nacionales, 20 tomos, a 2 pesetas +uno. + +--Doña Perfecta; 2 pesetas. + +--Gloria; 2 tomos, 4 pesetas. + +--Marianela; 2 pesetas. + +--La Familia de León Roch; 3 tomos, 6 pesetas. + +--El Amigo manso; 3 pesetas. + +--La Desheredada; 8 pesetas. + +--El Doctor Centeno; 2 tomos, 6 pesetas. + +--Tormento; 3,50 pesetas. + +--La de Bringas, tercera parte del Doctor Centeno; 3 pesetas. + +--Lo Prohibido; 2 tomos, 6 pesetas. + +--La Fontana de Oro; 2 pesetas. + +--Episodios Nacionales: edición ilustrada con más de 1.200 facsímile. + +Tomo I. Trafalgar. La Corte de Carlos IV; 120 grabados, 13 pesetas. + +Tomo II. El 19 de Marzo y el 2 de Mayo. Bailén; 125 grabados, 14 +pesetas. + +Tomo III. Napoleón en Chamartín. Zaragoza; 125 grabados, 14 pesetas. + +Tomo IV. Gerona Cádiz; 130 grabados, 14 pesetas. + +Tomo V. Juan Martín el Empecinado. La batalla de los Arapiles; 14 +pesetas. + +Tomo VI. El equipaje del Rey José. Memorias de un cortesano; 13 +pesetas. + +Tomo VII. La segunda casaca. El grande Oriente. + +Tomo VIII. El 7 de Julio y los cien mil hijos de San Luis; 13 pesetas. + +Tomo IX. El Terror de 1824 y un voluntario realista; 14 pesetas. + +Tomo X y último. Los Apostólicos y un faccioso; 15 pesetas. + +=PONSON DU TERRAIL.=--El Herrero del convento; 2 tomos 8.º, de 336 y 434 +páginas, 3 pesetas. + +--Los Amores de Aurora: segunda parte del Herrero del convento; un tomo +8.º, de 668 páginas, 2 pesetas. + +--La justicia de los bohemios: tercera parte y última del Herrero del +convento; un tomo 8.º, de 567 páginas, 2 pesetas. + +--El Capitán de los penitentes negros; 2 tomos, 2 y 2,50 pesetas. + +--El Diamante del Comendador; un tomo, 1,50 pesetas. + +=PEREDA.=--Sotileza. 1885; un tomo, 4,50 y 5 pesetas. + +--Tipos y paisajes; un tomo, 3 pesetas. + +--Tipos trashumantes; 2 pesetas. + +--Esbozos y rasguños; 4 y 4,50 pesetas. + +--El sabor de la tierruca; tela, 3 y 4 pesetas. + +--Pedro Sánchez, segunda edición, 4,50 y 5 pesetas. + +En publicación: + +Obras completas, esmeradamente corregidas, a 4 y 4,50 pesetas tomo. +Encuadernadas bonitamente, en tela, una peseta más. + +Se hallan de venta las siguientes: + +--Los hombres de pro. + +--El buey suelto... + +--D. Gonzalo González de la Gonzalera. + +--De tal palo tal astilla; 4 y 4,50 pesetas. + +--Escenas Montañesas; 4 y 4,50 pesetas. + +=POLO Y PEILORÓN= (D. M.).--Borrones ejemplares, miscelánea de artículos, +cuentos, parábolas y sátiras; 1883, 8.º, 2,50 y 3 pesetas. + +--Costumbres populares de la Sierra de Albarracín; cuentos originales +(muy morales); 1876, tercera edición, 2 y 2,50 pesetas. + +--Sacramento y concubinato: novela original, de costumbres aragonesas, +con una carta-prólogo de D. Manuel Trueba; 1884, 8.º, 2,50 y 3 pesetas. + +--Supuesto parentesco entre el hombre y el mono, contra Darwin; 1884, +8.º, segunda edición, 3,50 y 4 pesetas. + +--Los mayos: novela original, de costumbres aragonesas, con un prólogo +de D. M. Menéndez Pelayo; 1879, segunda edición, 8.º, 2,50 y 3 pesetas. + +--Elementos de Psicología; 1881, segunda edición, 8.º, 3 y 3,50 pesetas. + +--Elementos de Lógica; 1882, segunda edición, 8.º, 3 y 3,50 pesetas. + +--Elementos de Ética; 1882, segunda edición, 8.º, 3 y 3,50 pesetas. + +=RODA.=--Los oradores romanos: lecciones explicadas en el Ateneo +científico y literario de Madrid, en el curso de 1873-74, con un prólogo +del Excmo. Sr. D. Antonio Cánovas del Castillo; un tomo, 2,50 y 3 +pesetas. + +--Los oradores griegos. Lecciones explicadas en el Ateneo científico y +literario de Madrid, en el curso de 1882-73, con un prólogo del Excmo. +Sr. D. Antonio Cánovas del Castillo; un tomo 8.º, 2,50 y 3 pesetas. + +--Breves noticias sobre la vida literaria y política de Cánovas del +Castillo: una peseta. + +--Ensayo sobre la opinión pública; 3 pesetas. + +--Traducción del mismo. Bacón, ensayo de moral y de política; un tomo +4.º, 3 y 3,50 pesetas. + +=RODRIGUEZ MOURELO.=--La Radiofonía. Estudio de una nueva propiedad de las +radiaciones, con una carta de D. José Echegaray y prólogo de D. José +Rodríguez Carracido; 1883, un tomo en 8.º, 4 y 4,50 pesetas. + +=SPENCER= (Herbert).--De la educación intelectual, moral y física: vertida +al castellano, con notas y observaciones, por Siro García del Mazo; +segunda edición, corregida y aumentada en vista de la inglesa de 1884; +8.º, 3 pesetas. Obra muy recomendada a los padres, jefes de familia y a +los maestros en general. + +--Fundamentos de la moral, vertida directamente del inglés, por Siro +García del Mazo; 4.º, 1881, 5 y 5,50 pesetas. + +--Los primeros principios, traducción de José Andrés Irueste; 4.º, 6 y 7 +pesetas. + +--Principios de Sociología; traducción de Eduardo Cazorla, 1883, 2 tomos +4.º, 14 y 15,50 pesetas. + +=VARELA= (D. Juan).--Pepita Jiménez; 2,50 y 3 pesetas. + +--Doña Luz; 2,50 y 3 pesetas. + +--Las ilusiones del doctor Faustino; 2 tomos, 5 y 6 pesetas. + +--El Comendador Mendoza; 2,50 y 3 pesetas. + +--Pasarse de listo; 2,50 y 3 pesetas. + +--Cuentos y diálogos; 2,50 y 3 pesetas. + +--Poesía y arte de los árabes en España; 3 tomos, 9 y 10 pesetas. + +--Disertaciones y juicios literarios; 6 y 7 pesetas. + +--Algo de todo; 2,50 y 3 pesetas. + +--Dafnis y Cloe; 3 y 3,50 pesetas. + +--Estudios críticos; 3 tomos, 9 y 10 pesetas. + +--El individuo contra el Estado; 2 pesetas. + + +PSICOLOGÍA ALEMANA CONTEMPORÁNEA, + +POR + +TH. RIBOT + +Traducida con autorización del autor + +POR + +FRANCISCO MARTÍNEZ CONDE, + +Profesor de Psicología. 1880, 8.º, 3,50 pesetas. + +Este libro, una de las mejores producciones del eminente psicólogo +Ribot, expone con claridad y precisión admirables el movimiento de la +Psicología científica en Alemania, desde principios de este siglo, en +que se hizo el primer ensayo, hasta nuestros días. Por su orden +cronológico aparecen los trabajos de Herbert y su escuela (Waitz, +Lazarus, Steinthal y otros); de Beneke, que aplica la Psicología a la +educación; de Lotze, autor de la teoría de los signos locales; de +Fechner, fundador de la Psico-física; y de Wundt, creador de la +Psicología fisiológica. A la vez que expone la obra de cada uno de estos +investigadores, el autor se detiene a estudiar, al paso que se +presentan, las cuestiones fundamentales de la Psicología científica, +esclareciendo con gran copia de luz, entre otros problemas, _el origen +de la noción de espacio, la crítica de la ley de Fechner y la duración +de los actos psíquicos_. Así este libro, a la ventaja de imponer al +lector en el movimiento de la Psicología moderna alemana, movimiento más +hondo y de más porvenir que el de la inglesa, junta la de darle a +conocer el concepto y plan de la Psicología científica, tan distintos de +la antigua metafísica, y los vitales problemas que hoy ocupan la +atención de los investigadores. + + +DERECHO INTERNACIONAL PÚBLICO DE EUROPA + +POR + +A.-G. HEFFTER + +TRADUCCIÓN DE GABINO LIZARRAGA, ABOGADO DEL ILUSTRE COLEGIO DE MADRID, +ETC., ETC. + + +Esta obra, cuyo mérito está reconocido por todo el mundo, y de que son +evidente prueba las traducciones que se han hecho a casi todas las +lenguas, viene a llenar un vacío en nuestra literatura patria. Su +interés no puede desconocerse al considerar que en ella se tratan todas +las cuestiones internacionales, lo mismo en la paz que en la guerra. + +Hoy que los lazos de nación a nación van siendo cada vez más íntimos, a +la par que más definidos, creemos prestar publicándolo un gran servicio +a todos los que se interesan por esta clase de cuestiones. + +Tales son las razones que hemos tenido presentes al decidirnos a ofrecer +al público la presente traducción, habiendo conseguido hacerlo con tal +baratura, que costando en francés 70 rs., la nuestra, que forma un +elegante tomo en 4.º de 553 páginas, buen papel y esmerada impresión, su +precio es el de 8 pesetas en Madrid y 9 en provincias. + + +ENRIQUE AHRENS + +ENCICLOPEDIA JURIDICA O EXPOSICIÓN ORGÁNICA DE LA CIENCIA DEL DERECHO Y +EL ESTADO + +VERSIÓN DIRECTA DEL ALEMÁN + +AUMENTADA CON NOTAS CRÍTICAS Y UN ESTUDIO SOBRE LA VIDA Y OBRAS DEL +AUTOR + +POR + +FRANCISCO GINER, GUMERSINDO DE AZCÁRATE Y AUGUSTO G. DE LINARES + +Profesores en la institución libre de enseñanza. + +Este importantísimo libro es uno de los que más alto renombre han dado +en toda Europa a su autor, tan estimado entre nosotros, y a cuyas obras +tanto debe la cultura filosófica y social de nuestro pueblo. Contiene, +después de la _Introducción_, un compendio de _Filosofía del Derecho_, +por demás preciso y completo, en medio de su brevedad; una _Historia +general del Derecho_, quizá superior a cuantas hasta hoy se han +publicado; una exposición, modelo acabado en su género, del _Derecho_, +especialmente en cuanto a la esfera civil o privada, y por último, una +ojeada a los principales problemas del _Derecho público_. + +En el _Estudio_ sobre la vida y las obras del ilustre jurisconsulto +alemán se exponen en breve resumen sus principales escritos: así como en +el gran número de notas críticas que acompañan a la versión, se ha +procurado completar el texto primitivo, en vista de otros trabajos +posteriores, poniéndolo en consonancia con las últimas investigaciones +filosóficas e históricas. Por último, en la parte referente al _Derecho +civil alemán_, no sólo se han indicado las principales modificaciones +introducidas en éste después de la publicación de la ENCICLOPEDIA, sino +las más importantes diferencias entre aquél y nuestro derecho positivo. + + +El tomo I consta de 336 páginas, y comprende: + +Advertencia de los traductores y anotadores.--Noticia sobre la vida y +obras de Ahrens.--Prólogo del autor.--Introducción. + +_Principios de Filosofía del Derecho_: Fundamentación de la idea del +Derecho.--Exposición de sus elementos capitales.--Crítica de los +principales sistemas.--Formas del Derecho; fuentes inmediatas y +mediatas.--El Estado.--División orgánica del Derecho privado y público, +según los fines de la vida. + +_Historia del Derecho_: Principios filosóficos de esta +historia.--Períodos capitales.--El Derecho pre-histórico.--Derecho +oriental; ojeada general.--Los indos.--El pueblo +zendo.--China.--Egipto.--Los hebreos.--Derecho musulmán.--Apéndices. + + +El tomo II consta de 464 páginas, y contiene: + +_Historia del Derecho en Grecia y Roma_: Diferencia entre ambos +Derechos.--Derecho griego.--Derecho romano.--Juicio histórico y +filosófico. + +_Historia del derecho de los pueblos cristianos_: Derecho germánico de +sus diversas épocas hasta nuestros días.--Derecho de los pueblos +germánicos no alemanes.--Derecho germánico de los pueblos +latinos.--Derecho de los pueblos eslavos.--Derecho húngaro.--Juicio +filosófico-histórico. + + +El tomo III consta de 384 páginas, y contiene: + +_Sistema del derecho privado_: El concepto, fin, división y método del +mismo. + +_Parte general_: Sujeto del Derecho.--Objeto del mismo.--Relaciones +jurídicas; origen y terminación de los Derechos.--Modos de adquirir el +Derecho.--Información de las relaciones jurídicas en el espacio y el +tiempo.--Protección de los Derechos.--La posesión. + +_Parte especial_: Derecho de las personas.--Derecho de bienes.--Derecho +de obligaciones; contratos y sus clases.--Derecho de sociedad.--Derecho +de matrimonio, de familia y de sucesión.--Derecho de las profesiones. + +_Derecho público_: Derecho del Estado y de la sociedad.--Derecho +internacional. + +_Metodología jurídica._ + + +Precio de la obra, 18 pesetas en Madrid y 21 en provincias. + +Encuadernado en pasta española, 4,50 pesetas más. + + +CALDERÓN DE LA BARCA + +_Teatro selecto_, precedido de un estudio crítico de D. Marcelino +Menéndez Pelayo; 4 tomos, 8.º, 48 y 56 reales. Contiene: + +=TOMO I= + +_Estudio crítico_, por D. Marcelino Menéndez Pelayo. + +DRAMAS RELIGIOSOS Y FILOSÓFICOS + +La vida es sueño.--La devoción de la Cruz.--El mágico prodigioso.--El +Príncipe constante. + +=TOMO II= + +DRAMAS TRÁGICOS + +El médico de su honra.--A secreto agravio, secreta venganza.--El alcalde +de Zalamea.--El mayor monstruo los celos.--Amar después de la muerte. + +=TOMO III= + +COMEDIAS DE CAPA Y ESPADA + +Casa con dos puertas mala es de guardar.--La dama duende.--No hay burlas +como el amor.--Mañanas de abril y mayo. + +=TOMO IV= + +OBRAS VARIAS.--COMEDIAS + +No siempre lo peor es cierto.--Guárdate del agua mansa. + +ZARZUELAS + +El laurel de Apolo.--La púrpura de la rosa. + +AUTOS SACRAMENTALES + +La cena de Baltazar.--La vida es sueño.--A Dios por razón de estado. + +Se venden los tomos sueltos a 12 y 14 reales. + +MADRID, 1886.--Imprenta de Manuel G. Hernández, Libertad, 16 duplicado + + + + + +End of the Project Gutenberg EBook of Riverita, by D. Armando Palacio Valdés + +*** END OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK RIVERITA *** + +***** This file should be named 29831-8.txt or 29831-8.zip ***** +This and all associated files of various formats will be found in: + http://www.gutenberg.org/2/9/8/3/29831/ + +Produced by Chuck Greif and the Online Distributed +Proofreading Team at http://www.pgdp.net + + +Updated editions will replace the previous one--the old editions +will be renamed. + +Creating the works from public domain print editions means that no +one owns a United States copyright in these works, so the Foundation +(and you!) can copy and distribute it in the United States without +permission and without paying copyright royalties. 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It exists +because of the efforts of hundreds of volunteers and donations from +people in all walks of life. + +Volunteers and financial support to provide volunteers with the +assistance they need, are critical to reaching Project Gutenberg-tm's +goals and ensuring that the Project Gutenberg-tm collection will +remain freely available for generations to come. In 2001, the Project +Gutenberg Literary Archive Foundation was created to provide a secure +and permanent future for Project Gutenberg-tm and future generations. +To learn more about the Project Gutenberg Literary Archive Foundation +and how your efforts and donations can help, see Sections 3 and 4 +and the Foundation web page at http://www.pglaf.org. + + +Section 3. Information about the Project Gutenberg Literary Archive +Foundation + +The Project Gutenberg Literary Archive Foundation is a non profit +501(c)(3) educational corporation organized under the laws of the +state of Mississippi and granted tax exempt status by the Internal +Revenue Service. The Foundation's EIN or federal tax identification +number is 64-6221541. Its 501(c)(3) letter is posted at +http://pglaf.org/fundraising. Contributions to the Project Gutenberg +Literary Archive Foundation are tax deductible to the full extent +permitted by U.S. federal laws and your state's laws. + +The Foundation's principal office is located at 4557 Melan Dr. S. +Fairbanks, AK, 99712., but its volunteers and employees are scattered +throughout numerous locations. Its business office is located at +809 North 1500 West, Salt Lake City, UT 84116, (801) 596-1887, email +business@pglaf.org. Email contact links and up to date contact +information can be found at the Foundation's web site and official +page at http://pglaf.org + +For additional contact information: + Dr. Gregory B. Newby + Chief Executive and Director + gbnewby@pglaf.org + + +Section 4. Information about Donations to the Project Gutenberg +Literary Archive Foundation + +Project Gutenberg-tm depends upon and cannot survive without wide +spread public support and donations to carry out its mission of +increasing the number of public domain and licensed works that can be +freely distributed in machine readable form accessible by the widest +array of equipment including outdated equipment. Many small donations +($1 to $5,000) are particularly important to maintaining tax exempt +status with the IRS. + +The Foundation is committed to complying with the laws regulating +charities and charitable donations in all 50 states of the United +States. 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Thus, we do not necessarily +keep eBooks in compliance with any particular paper edition. + + +Most people start at our Web site which has the main PG search facility: + + http://www.gutenberg.org + +This Web site includes information about Project Gutenberg-tm, +including how to make donations to the Project Gutenberg Literary +Archive Foundation, how to help produce our new eBooks, and how to +subscribe to our email newsletter to hear about new eBooks. diff --git a/29831-8.zip b/29831-8.zip Binary files differnew file mode 100644 index 0000000..b8a08c9 --- /dev/null +++ b/29831-8.zip diff --git a/29831-h.zip b/29831-h.zip Binary files differnew file mode 100644 index 0000000..9d3c6f7 --- /dev/null +++ b/29831-h.zip diff --git a/29831-h/29831-h.htm b/29831-h/29831-h.htm new file mode 100644 index 0000000..188949f --- /dev/null +++ b/29831-h/29831-h.htm @@ -0,0 +1,12607 @@ +<!DOCTYPE html PUBLIC "-//W3C//DTD XHTML 1.0 Strict//EN" +"http://www.w3.org/TR/xhtml1/DTD/xhtml1-strict.dtd"> + +<html xmlns="http://www.w3.org/1999/xhtml" lang="es" xml:lang="es"> + <head> +<meta http-equiv="Content-Type" content="text/html;charset=iso-8859-1" /> +<title> + The Project Gutenberg eBook of Riverita, por Armando Palacio Valdés. +</title> +<style type="text/css"> + p {margin-top:.75em;text-align:justify;margin-bottom:.75em;text-indent:2%;} + +.c {text-align:center;text-indent:0%;} + +div.toc {margin:8% 10% 5% 10%;border:4px double gray;padding:0%;} + +.hang {text-indent:-2%;margin-left:2%;} + +.r {text-align:right;margin-right:25%;} + + h2 {text-align:center;clear:both;} + + h1,h3 {margin-top:15%;text-align:center;clear:both;} + +.top5 {margin-top:5%;} + +.top15 {margin-top:15%;} + + hr {width:100%;margin:5% auto 5% auto;border:4px double gray;} + + table {margin-left:auto;margin-right:auto;border:none;} + + body{margin-left:10%;margin-right:10%;background:#fdfdfd;color:black;font-family:"Times New Roman", serif;font-size:medium;} + +a:link {background-color:#ffffff;color:blue;text-decoration:none;} + + link {background-color:#ffffff;color:blue;text-decoration:none;} + +a:visited {background-color:#ffffff;color:purple;text-decoration:none;} + +a:hover {background-color:#ffffff;color:#FF0000;text-decoration:underline;} + +.smcap {font-variant:small-caps;font-family:"Times New Roman", serif;font-size:95%;} + +.poem {margin-left:30%;white-space:nowrap;text-indent:0%;} +</style> + </head> +<body> + + +<pre> + +The Project Gutenberg EBook of Riverita, by D. Armando Palacio Valdés + +This eBook is for the use of anyone anywhere at no cost and with +almost no restrictions whatsoever. You may copy it, give it away or +re-use it under the terms of the Project Gutenberg License included +with this eBook or online at www.gutenberg.org + + +Title: Riverita + +Author: D. Armando Palacio Valdés + +Release Date: August 28, 2009 [EBook #29831] +[Last updated: March 26, 2012] + +Language: Spanish + +Character set encoding: ISO-8859-1 + +*** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK RIVERITA *** + + + + +Produced by Chuck Greif and the Online Distributed +Proofreading Team at http://www.pgdp.net + + + + + + +</pre> + +<hr class="full" /> + +<h1>RIVERITA</h1> + +<p class="c">NOVELA DE COSTUMBRES</p> + +<p class="c">POR</p> + +<h2>ARMANDO PALACIO VALDÉS</h2> + +<p class="c">MADRID<br /> +TIPOGRAFIA DE MANUEL G. HERNÁNDEZ<br /> +Libertad, 16 duplicado</p> + +<p class="c">1886<br /> +ES PROPIEDAD</p> + +<div class="toc"> +<p class="c"> +<a href="#Ia"><b>RIVERITA TOMO I:</b></a><br /> +<a href="#Ia"><b>I, </b></a> +<a href="#IIa"><b>II, </b></a> +<a href="#IIIa"><b>III, </b></a> +<a href="#IVa"><b>IV, </b></a> +<a href="#Va"><b>V, </b></a> +<a href="#VIa"><b>VI, </b></a> +<a href="#VIIa"><b>VII, </b></a> +<a href="#VIIIa"><b>VIII, </b></a> +<a href="#IXa"><b>IX, </b></a> +<a href="#Xa"><b>X, </b></a> +<a href="#XIa"><b>XI, </b></a> +<a href="#XIIa"><b>XII</b></a> +</p> + +<p class="c"> +<a href="#RIVERITA_II"><b>RIVERITA TOMO II:</b></a><br /> +<a href="#Ib"><b>I, </b></a> +<a href="#IIb"><b>II, </b></a> +<a href="#IIIb"><b>III, </b></a> +<a href="#IVb"><b>IV, </b></a> +<a href="#Vb"><b>V, </b></a> +<a href="#VIb"><b>VI, </b></a> +<a href="#VIIb"><b>VII, </b></a> +<a href="#VIIIb"><b>VIII, </b></a> +<a href="#IXb"><b>IX, </b></a> +<a href="#Xb"><b>X, </b></a> +<a href="#XIb"><b>XI, </b></a> +<a href="#XIIb"><b>XII, </b></a> +<a href="#XIIIb"><b>XIII, </b></a> +<a href="#XIVb"><b>XIV, </b></a> +<a href="#XVb"><b>XV, </b></a> +<a href="#XVIb"><b>XVI, </b></a> +<a href="#XVIIb"><b>XVII</b></a> +</p> +</div> + +<h3>TOMO I</h3> + +<h3><a name="Ia" id="Ia"></a>I</h3> + + +<p>La primera noticia que Miguel tuvo del matrimonio de su padre se la dio +el tío Bernardo, persona de extremada respetabilidad y carácter. Tomole +de la mano gravemente momentos antes de comer, y le llevó a su +escritorio, una pieza de aspecto sombrío, llena de cachivaches antiguos, +grandes armarios de libros y cuadros al óleo que el tiempo había +oscurecido hasta no percibirse siquiera las figuras. Las sillas eran de +roble viejo, las cortinas de terciopelo viejo también, la alfombra más +vieja todavía, la mesa de escribir un verdadero prodigio de vejez. +Miguel sólo dos veces en su vida había visto este aposento sagrado y +augusto para la familia. Una vez se lo había enseñado su primo Enrique +desde la puerta alzando discretamente la cortina y mirando con temor +hacia atrás para no ser sorprendido en flagrante profanación. Otra vez +había sido residenciado por su tío en aquel recinto en compañía del +mismo Enrique por haber ambos maltratado de palabra y de obra a la +cocinera de la casa bajo el pretexto infundado de que no eran +suficientes dos peras por barba para merendar. No es fácil imaginar, +pues, el respeto que esta pieza le merecía a Miguel, aunque su +temperamento no fuese demasiadamente respetuoso, según constaba de modo +incontestable en la escuela y en otros diversos parajes de la villa.</p> + +<p>D. Bernardo dejó a su sobrino arrimado a la mesa de escribir y comenzó a +pasear silenciosamente y con las manos atrás; sopló con fuerza tres o +cuatro veces, desgarró otras tantas, y dijo al fin parándose un +instante:</p> + +<p>—Miguel, tú tienes uso de razón, ¿no es cierto?</p> + +<p>Miguel le miró, abriendo mucho los ojos, sin contestar.</p> + +<p>—¿Has cumplido los siete años?—manifestó su tío poniendo el concepto +más al alcance del niño.</p> + +<p>—Tengo ocho.</p> + +<p>—Tanto mejor... En efecto, tu padre se casó diez años después que +yo... hace nueve aproximadamente... Muy niño eres aún para entender +ciertas cosas. ¡Muy niño! ¡Muy niño!</p> + +<p>Y D. Bernardo contempló con expresión de lástima a su sobrino, que +apenas podía posar, estirándose mucho, la barba sobre la mesa, y meditó +breves momentos: después continuó paseando.</p> + +<p>—Sin embargo, pienso, Miguel, que harás un esfuerzo para entenderme... +¿no es verdad que lo harás?... No es menester que penetres por completo +el sentido de mis palabras, porque en edad tan tierna no es posible; +basta con que te hagas cargo de lo que voy a decirte... de lo que tengo +encargo de decirte—añadió rectificando.—Has tenido la desgracia de +perder a tu madre cuando naciste, de no haberla conocido; era una +verdadera dama, noble, distinguida, de modales muy finos, y que se hacía +respetar de todos. En este concepto, nuestra familia nada tuvo que +oponer al matrimonio de Fernando, por más que tu madre no fuese rica, +que no lo era en verdad: la distinción, los modales, las relaciones +compensan muy bien la falta de fortuna. Mercedes estaba relacionada con +la mejor sociedad de Madrid y sabía hacer los honores de un salón como +la primera. Desgraciadamente para tu padre, falleció al año de estar +unidos, cuando el tapicero no había terminado aún de arreglar los dos +salones que habían destinado para recibir, cuando aún no se habían +repartido todas las papeletas de enlace. Si algo pudo mitigar el dolor +de Fernando, fue el testimonio de respeto que en aquella ocasión se +apresuró a darle la espuma de la sociedad madrileña: más de doscientos +coches particulares siguieron el entierro de la pobre Mercedes; S. M. +mandó el coche de respeto con los lacayos enlutados; después se +recogieron a la puerta más de seiscientas tarjetas de pésame, y a los +funerales que por el eterno descanso de su alma se celebraron en San +Isidro, acudió un sinnúmero de personas de calidad, y en representación +de S. M., el mayordomo de Palacio. Yo presidí el duelo de familia, el +segundo cabo el de militares, y Monseñor Giner el de sacerdotes. Sobre +este punto no hay más que decir: todo fue conforme a los usos +establecidos y a lo que exigía el decoro de nuestra familia.</p> + +<p>D. Bernardo se detuvo para echar una mirada a Miguel, quien al compás +que escuchaba a su tío, o no lo escuchaba (que esto nunca pudo +averiguarlo D. Bernardo), daba infinitas vueltas entre los dedos a un +vaso griego de barro que servía de prensa-papeles. Quitóselo de la mano +suavemente, colocolo en su sitio y tornó a recoger con el paseo el hilo +de su interrumpido discurso.</p> + +<p>—El dolor que tu padre experimentó fue grande, y supo guardar como +quien es todo el tiempo de su viudez el respeto que debía a la memoria +de una dama tan principal como tu madre. Por espacio de dos años, no +solamente gastó luto él, sino que lo hizo llevar a toda la servidumbre, +al coche y a los caballos; no pisó los salones hasta bien trascurrido el +año, ni recibió en los suyos más que a los amigos de entera confianza; +de este modo se adquiere el respeto y la consideración de la gente. Pero +como las cosas no deben ni pueden llevarse al extremo, pasados dos o +tres años, tu padre entró nuevamente en la vida de la sociedad +distinguida, donde por su nombre, por su grado en el ejército y por su +fortuna tiene derecho a brillar entre los primeros. Entonces empezó a +tocar los verdaderos inconvenientes de su estado. En una casa de la +importancia de la de Fernando una señora es absolutamente indispensable; +tú no puedes comprender esto porque eres muy niño, Miguel, ¡muy niño!...</p> + +<p>D. Bernardo consideró de nuevo a su sobrino con profunda compasión.</p> + +<p>—La presencia de una señora, de una dama, comunica a la casa cierto +brillo que ni el nombre ni el dinero por sí solos pueden alcanzar. Tu +pobre papá se ha visto privado hace ocho años de dar bailes, comidas, ni +un té siquiera... ¿Quién había de hacer los honores?... Y vuestra casa +es una de las mejores de Madrid, está decorada con mucho gusto, aunque +un tanto abandonada de algún tiempo a esta parte. Es lástima y grande +que no haya podido aprovecharse hasta ahora el espacioso y elegante +salón que tenéis. Además, por lo que he podido observar y han observado +también algunas personas de la familia y de fuera, en casa de Fernando +reina cierto desconcierto inevitable; por buena que sea una ama de +llaves, por buenos que sean los criados, no es posible que atiendan como +corresponde a todos los pormenores... Tu misma educación, Miguel, anda +bastante descuidada al decir de la gente. Me han dicho que juras en casa +como un carretero...</p> + +<p>Estas últimas palabras las dijo D. Bernardo con más alta entonación y +parándose frente a su sobrino. Éste sonrió avergonzado; pero al ver que +el tío fruncía las cejas, quedose otra vez serio.</p> + +<p>—¡Claro está! un padre por más que se esfuerce no puede conseguir +inculcar a sus hijos ciertas reglas de urbanidad, so pena de no +perderlos de vista un solo instante. Esto sólo puede hacerlo una señora, +una madre... Así que desde largo tiempo vengo aconsejando a mi hermano, +y conmigo toda la familia, y no sólo la familia, sino cuantos amigos se +interesan por él, que de nuevo tome estado, organice su casa sobre el +pie que le corresponde y salve el decoro de la familia... Al fin, +cediendo a mis reiteradas súplicas, y repito que no solamente a las +mías, sino a las de todos sus parientes y amigos, tu papá ha pensado en +dar a su casa una señora y a ti una mamá... Pero entiéndelo bien, +Miguel, sólo por las razones antes apuntadas, no por otra alguna, tu +padre ha consentido en tomar estado... ¿Te haces bien el cargo?....</p> + +<p>Miguel le miraba y le remiraba con los ojos muy abiertos, sin moverse; +sentía deseos atroces de irse a jugar con su primo Enrique.</p> + +<p>—Ahora bien; lo mismo tu padre que yo, que toda la familia, esperamos +que con la presencia de tu nueva mamá se opere en tu conducta un cambio +favorable; que dejes esos modales, propios de gentuza, no de caballeros; +que no pases el día metido en la cocina, escuchando las sandeces de los +criados; que no te arrastres por los suelos como un perro, estropeando +los vestidos; que seas, en fin, menos cerril y desvergonzado.</p> + +<p>A Miguel se le figuró que su tío le estaba insultando, por lo que, +aprovechando una de sus vueltas, le hizo algunas muecas despreciativas, +y, no satisfecho con esto, a otra vuelta una seña harto más grosera que +le había enseñado el lacayo, y que a poder verla hubiera dejado absorto +al respetable caballero.</p> + +<p>—Con eso contamos, Miguel, aparte de otros muchos cambios beneficiosos +que en vuestra casa se han de efectuar seguramente, y que tú no tienes +edad aún para comprender..... Y, nada más por hoy. He cumplido el +encargo que tu padre me ha dado, el cual, entre paréntesis, es muy débil +contigo..... ¡pero muy débil! más de cien veces se lo he dicho..... Tú +eres un chico que hay que educar <i>virga férrea</i>, y si no, llegarás a dar +muchos disgustos.....</p> + +<p>Miguel no entendió el latín, pero calculó bien que aquello debía ser +algo como palos o azotes, y lleno de ira volvió a enseñar los puños a su +tío por la espalda.</p> + +<p>—Vamos, vete ahora con tus primos, y cuidado con las +travesuras—concluyó diciendo D. Bernardo mientras empujaba al niño +hacia la puerta.</p> + +<p>Era aquel señor alto, seco, aguileño, bajo de color, de edad de +cincuenta años, poco más o menos, pelo ralo y entrecano, cejas espesas, +las mejillas cuidadosamente rasuradas, dejando solamente debajo de la +nariz un exiguo bigote, que cada día iba siendo más exiguo merced a los +trabajos invasores que por entrambos lados llevaba a cabo la navaja: la +expresión de su rostro, severa e imponente, a lo cual ayudaban en no +pequeña parte aquellas cejas pobladas que el buen caballero había +recibido del cielo, y que solía arquear y extender en la conversación de +un modo prodigioso; y en mayor porción todavía cierta manera +extraordinaria de hinchar los carrillos y soplar el aire lenta y +suavemente, que infundía en el interlocutor respeto y veneración. Había +desempeñado algunos cargos de importancia en la administración pública, +y había estado a pique una vez de ser nombrado senador ministerial: este +era el sueño de su vida; tenía bienes de fortuna, y gozaba mucha +consideración entre sus deudos y amigos: para coronar, no obstante, el +edificio de su respetabilidad, que piedra sobre piedra había ido +levantando con trabajo durante muchos años, faltaba aquel remate; pero +lo alcanzaría, no había quien lo dudase; la familia lo esperaba con +afán; los amigos lo daban como seguro en un plazo más o menos breve.</p> + + + +<h3><a name="IIa" id="IIa"></a>II</h3> + + +<p>En el pasillo aguardaba Enrique a su primo Miguel, el cual, así que le +vio levantó los brazos y sonando las castañuelas dio tres o cuatro +zapatetas en el aire para acercarse a él.</p> + +<p>—¿Quieres que bajemos a la cochera hasta la hora de comer?</p> + +<p>—¿Y si viene mamá?</p> + +<p>Miguel hizo un gesto de desprecio. Enrique vaciló algunos instantes, mas +al fin se decidió a abrir con sigilo la puerta y escaparse por la +escalera de servicio.</p> + +<p>Era Enrique un muchacho que guardaba en aquella época semejanza +increíble con un perro ratonero de los que hoy tienen prestigio entre +las damas; después se compuso bastante, pero aún es feo hasta donde un +hombre de bien puede serlo. Traía por lo común el cabello hecho greñas y +aborrascado, las narices llenas de mocos, las manos sucias y el vestido +roto y cuajado de lamparones. Sólo cuando a doña Martina su madre le +venía en mientes sacarlo a paseo o llevarlo a misa o de visita a alguna +casa se le podía ver; mas para esto era necesario que aquella señora le +condujese al piso segundo y se encerrase con él en un cuarto que pudiera +llamarse de las abluciones; al cabo de media hora después de haber +sufrido una razonable cantidad de repelones, estirones de orejas y +bofetadas, que doña Martina creía indispensable asociar siempre a su +tarea, salía el buen Enrique lloroso y suspirando, pero más limpio que +una patena. Y hasta otra. En la casa, donde imperaba la pulcritud, se le +miraba de mal ojo y era a menudo víctima por su aversión a aquella +preciosa cualidad, no sólo de las correcciones paternales, sino de las +crueles e impensadas arremetidas de su hermana mayor Eulalia, joven de +diez y seis abriles no muy floridos, casta, limpia, hacendosa, +diligente, llena, en fin, de virtudes domésticas, el mimo de sus papás y +el blanco del odio de Enrique y del primo Miguel.</p> + +<p>—Oyes, Miguel—le dijo Enrique en voz baja, mientras descendían +cautelosamente por la escalera del patio;—¿para qué te quería papá?</p> + +<p>—Para decirme que mi papá va a casarse—respondió Miguel alzando los +hombros con indiferencia.</p> + +<p>—¿Con quién?</p> + +<p>—Con una señora.</p> + +<p>—¿Entonces vas a tener mamá pronto?</p> + +<p>Miguel no juzgó necesario contestar.</p> + +<p>—¿Estás contento?</p> + +<p>—¿A mí qué me importa?</p> + +<p>—¿No tienes miedo que haya?... (Enrique hizo una seña expresiva de +vapuleo.)</p> + +<p>Miguel le miró un poco turbado.</p> + +<p>—¿Por qué?</p> + +<p>—Las mamás pegan siempre más que los papás—afirmó sentenciosamente +Enrique.</p> + +<p>Miguel calló unos instantes y al fin dijo:</p> + +<p>—Si me pegase, le pegaría a ella papá.</p> + +<p>Enrique no quiso insistir.</p> + +<p>En esto cruzaron el patio y entraron en la cochera. Lo que allí hicieron +no es para contado y menos para descrito; un sinnúmero de travesuras, +todas en manifiesta oposición con la integridad y aseo de los trajes: +baste decir que a última hora entraron en la cuadra, montaron los +caballos, les llenaron los pesebres de paja, les barrieron la porquería, +y no satisfechos aún, tomando el cepillo y el rascador, se pusieron a +sacarles el polvo (y a echárselo a sí mismos encima). Cuando se fue +acercando la hora de comer, estaban ambos que daba asco mirarlos; tanto, +que Enrique, el cual, como ya hemos dicho, no tenía inclinación bien +determinada hacia la limpieza, quedó un momento pensativo mirándose y +mirando a su primo.</p> + +<p>—¿Sabes que estamos muy puercos, Miguel?</p> + +<p>Éste asintió con la cabeza, mirándose y mirando a su primo también.</p> + +<p>—Si vamos al comedor así, me da mamá una tocata... ¡Recontra qué +tocata!</p> + +<p>Miguel, con quien no había de ir el asunto, se contentó con sacudirse un +poco el polvo.</p> + +<p>—Mira, vamos al cuarto de Eulalia, al piso segundo, y allí nos podemos +lavar... Yo con estas manos no voy al comedor.</p> + +<p>En efecto, las manos de Enrique en aquella sazón no estaban visibles.</p> + +<p>Subieron con la misma cautela que habían bajado por la escalera de +servicio, echó Enrique una ojeada al gabinete de su madre, y enterándose +de que estaba allí Eulalia, subieron ya sin temor alguno al piso segundo +y se posesionaron del cuarto de aquella señorita. Lo primero que +hicieron fue echar el pasador a la puerta a fin de que no los +sorprendiesen. Después comenzaron a usar y a abusar de los copiosos +medios de aseo que allí existían; sumergieron ambos las manos en la +jofaina, que trasvertía de agua clarísima; apoderáronse de una +magnífica pastilla de jabón de almendras, y en pocos minutos, a fuerza +de sobarse con ella, la redujeron casi una tercera parte; tomaron las +esponjas, las empaparon en el agua del jarro y se las pasaron repetidas +veces por el rostro y la cabeza; no contentos con esto, llevaron sus +manos sacrílegas al tarro de la pomada, al frasco del aceite y a los +pomos de las esencias, adobándose y perfumándose con todo ello sin duelo +alguno; no satisfechos aún, osaron coger la misma borla de los polvos de +arroz que servía a la pulcrísima sultana para ocultar ciertas rosetas +importunas que la erisipela había hecho nacer en su rostro, y se +embadurnaron con ella en medio de groseras carcajadas; después llevaron +todavía su audacia a usar de un frasco de colorete, pintándose los +labios, las narices y hasta las orejas, como cerdos inmundos que eran; +después tornaron a lavarse con la esponja y a secarse con las +inmaculadas toallas colgadas de entrambos lados del tocador; finalmente, +se lavaron los dientes y las muelas esmeradísimamente con los cepillos +que para este efecto allí estaban, frotándolos primero en una cajita de +polvos dentífricos. Este magnífico y escrupuloso lavatorio del aparato +dental, coronó, en opinión de ambos, la obra de aseo que con tan buen +éxito habían emprendido, y se decidieron a bajar al comedor. Pero antes +de salir, se les ocurrió casualmente que tenían los pantalones cubiertos +de polvo y porquería; vuelta a echar mano de la esponja, porque no +hallaron cepillos, y a frotarse con ella hasta tapar las manchas. Las +botas se hallaban también, y aún más que los pantalones, en estado de +merecer, y Miguel acudió solícito con la esponja a limpiarlas; pero +Enrique, no encontrando el medio bastante adecuado, entró en la alcoba +de su hermana y se las limpió muy bien con la colcha de la cama. ¡Ea! ya +están arreglados aquel par de pájaros; se miran en la luna del armario y +dejan escapar un suspiro de satisfacción. Sin embargo, Miguel medita un +momento, y dice:</p> + +<p>—¡Mira, tú, que si Eulalia viniera ahora!...</p> + +<p>—Ya no sube hasta la hora de dormir... ¿No ves que vamos a comer en +este momento? Y si viene, ¿qué, recontra? El día que me vuelva a pegar, +le doy en las narices con esta badila (aquí Enrique sacó una de bronce +que tenía escondida <i>ad hoc</i> en el forro de la chaqueta). ¡Ella no tiene +por qué pegarme, contra! ¿Es mi madre por si acaso? ¡Ah, recontra; pega +porque sabe meter baza a papá! Cuando está mamá delante, ya se guarda +ella de tocarme el pelo de la ropa. ¡Y que lo diga! ¡Menudo coscorrón se +ha mamado ayer!... Ya me dijo mamá: «no seas tonto, Enrique; el día que +te pegue tu hermana, tírale a la cabeza con lo que tengas a mano.» Aquí +está la badila; ¡que venga, que venga!... ¡Vaya, hombre, que ya no se +puede sufrir! ¡todo el día pega que te pegarás, como si yo fuese un mulo +de artillería!...</p> + +<p>—¡Pero chico, si la das con la badila la matas!</p> + +<p>—¡Que la mate, recontra! ¿Para qué sirve en el mundo esa puerca? +¡Siempre metiéndose donde no la llaman! ¡Caciplándolo todo! ¡Metiendo +las narizotas en las cosas de sus hermanos!... ¡Ya no la aguanto más, +recontra!</p> + +<p>Apesar de las disposiciones belicosas de Enrique respecto a su hermana, +quedose un instante suspenso y pálido escuchando pasos en el corredor, +lo cual probó a su primo Miguel que aún no le había abandonado +enteramente el instinto de conservación. Los pasos se alejaron al fin +sin dar el resultado desastroso que fue de temer, y Enrique con voz más +sosegada dijo:</p> + +<p>—Me parece que ya es hora de comer. Vamos abajo antes que nos llamen.</p> + +<p>En efecto, cuando los dos primos llegaron al piso principal, la familia +estaba ya en el comedor, que era una pieza espaciosa, amueblada también +a la antigua. En el centro una gran mesa de roble tallado cubierta con +el mantel y atestada de platos, copas, fruteras y dulceras; a juzgar por +el número de cubiertos, había convidados. Sobre la mesa ardía una +lámpara de bronce colgada del techo. Los aparadores casi tocaban en él y +eran también de roble tallado; las sillas de roble igualmente; todo de +roble. Esta madera dura, maciza y adusta, parecía el símbolo de aquella +respetable familia.</p> + +<p>Sentado ya a la mesa leyendo un periódico, estaba el dueño de la casa, +D. Bernardo Rivera, con la frente espantosamente fruncida, no porque +estuviese disgustado, sino porque tal era su costumbre siempre que leía +algo; guardaba frente a los periódicos y los libros la actitud prevenida +y hostil del que no quiere ser juguete de sofismas o frases +relumbrantes. Doña Martina, su esposa, daba vueltas por la estancia, +atenta a que nada faltase, ni sobrase, en la mesa y en los aparadores. +Era mujer de unos cuarenta años, de regular estatura, metida en carnes, +que no habría sido fea a los veinte, de fisonomía abierta y simpática, +pero ordinaria; el talle y la figura más ordinarios aún, porque el +vientre le había crecido en los últimos años mucho más de la cuenta y no +había corsé que lo sujetase; la voz aguda y desentonada, los ademanes +bruscos y el mirar dulce y halagüeño: vestía un traje de terciopelo de +color castaño, que en aquella época era el sumo lujo entre las señoras +de calidad; mas advertíase que aquel terciopelo no estaba tan bien +pegado a sus carnes como era de esperar, dado el aspecto imponente y el +concertado gusto y elegancia que reinaban en la casa. Consistía esto +(vamos a decirlo en secreto al lector, porque en secreto y al oído se lo +decían los amigos de la familia cuando tocaban este asunto), en que doña +Martina había sido planchadora en sus juveniles años, planchadora de la +casa de su esposo, o por mejor decir, de los padres de su esposo. Cómo +D. Bernardo Rivera había descendido tan abajo y doña Martina había +subido tan arriba, no era fácil de explicar en aquel tiempo; años atrás +no había tal dificultad para los que apreciaban, en su justo valor, las +carnes macizas y sonrosadas de la buena señora. Se contaban a este +propósito mil anécdotas más o menos chistosas, que todas redundaban en +elogio de ella; doña Martina había sido, en sus tiempos floridos, una +fortaleza inexpugnable; el fuerte de Figueras y la ciudadela de Santoña, +eran castillitos de naipes al lado suyo; sus condiciones de resistencia +la habían llevado al término feliz en que hoy la vemos. Verdaderos o +falsos estos dichos maliciosos, el resultado es que D. Bernardo se +encontró casado, y fue necesario que su esposa salvase de un golpe la +enorme distancia que mediaba entre su humildad y la grandeza y autoridad +que habían acompañado al Sr. de Rivera desde sus más tiernos años. ¿La +salvó en efecto esta señora? En concepto de D. Bernardo no, y esta era +la espina más dolorosa de su vida, la que le amargaba las muchas +satisfacciones que la sociedad le había proporcionado. Sin embargo, hay +que convenir en que ella había hecho todo lo que estaba de su parte; si +no lo había conseguido, acháquese a todo menos a falta de buena +voluntad. Y todavía creemos que andaba su esposo algo exagerado en este +punto; porque doña Martina supo muy bien, al cabo de pocos años, recibir +a los amigos de su esposo con dignidad, ya que no con distinción, y supo +también preparar una mesa con elegancia y pasear en carretela por la +Castellana sin ir rígida e incómoda en el asiento; aprendió igualmente a +no dormirse en el Teatro Real y a saludar a sus amigas desde lejos +abriendo y cerrando repetidas veces la mano; ofrecía la casa bastante +bien, aunque siempre con las mismas frases; se enteraba de las últimas +modas y se las aplicaba; se echaba polvos de arroz y se pintaba las +cejas cuando iba a algún sarao; por último, aunque con marcado acento +español, había llegado a hablar medianamente el francés.</p> + +<p>Apesar de todo esto, el Sr. de Rivera no estaba satisfecho. No que lo +manifestase tontamente y al primero que llegase, pues la circunspección +era una de sus cualidades predominantes, pero lo dejaba traslucir a sus +íntimos amigos. Hallaba don Bernardo que su cara esposa reñía demasiado +con los criados y a voces, que sus frases de cortesía eran siempre las +mismas y pronunciadas en retahíla como una lección, que daba confianza a +cualquier amiga y la iniciaba sin reparo en los asuntos domésticos, que +no observaba, en fin, con las personas que frecuentaban la casa, aquella +dignidad y reserva, aquel sosiego imponente propios de una perfecta +señora. Este capítulo de cargos que el Sr. de Rivera tenía guardado +contra su esposa, había ocasionado serios disgustos matrimoniales.</p> + +<p>Sentada en una butaca trabajando con aguja de marfil en una colcha de +estambre estaba Eulalia, cuya fisonomía semejaba notablemente a la de su +papá: era también larga de cara, aguileña, de cejas pobladas y labios +colgantes que expresaban un profundo desprecio a todo lo que abarcaban +sus ojos: como él, tenía fruncida la frente casi siempre, lo cual daba a +su rostro una expresión hostil, no muy común por fortuna en las +doncellas de sus años; porque Eulalia estaba en la edad del amor, de las +ilusiones, de la ternura, del rubor y la inocencia, por más que ninguna +de estas cosas se advirtiesen en ella.</p> + +<p>Cuando los dos primitos pisaron el comedor, levantó la cabeza y les +clavó una intensa mirada escrutadora, que ellos por tácito acuerdo +fingieron no advertir. Mas contra lo que esperaban, en vez de +convertirla de nuevo a la labor, siguió cada vez más fija y más +escrutadora sobre ellos, hasta el punto de turbarlos. Para evitar su +fascinadora influencia se acercaron a los señores que allí había, los +cuales les saludaron con palmaditas en el rostro. Doña Martina, después +de dar a Miguel un beso sonoro en la frente, les preguntó que dónde +habían estado: contestó Miguel en voz alta, para que lo oyese Eulalia, +que se habían pasado la tarde en el cuarto de Enrique y Carlos jugando +con el mapa de rompe-cabezas. Al oír esto Carlos, que tenía un año más +que Enrique, se puso hecho un energúmeno, diciendo que si le enredaban +otra vez con sus mapas, iba a hacer una en las narices de su hermano y +su primo que fuese sonada; pero aquél le tranquilizó en seguida, +manifestándole por lo bajo que no habían andado con su rompe-cabezas, +sino con los frascos de Eulalia: no sólo se sosegó, sino que tuvo una +verdadera satisfacción, porque para odiar a Eulalia estaban todos de +acuerdo en la casa, menos su padre y su madre.</p> + +<p>Carlitos era el hijo más guapo que tenían los Sres. de Rivera, y el más +aplicado también. Cara redonda y sonrosada, facciones correctas, ojos +negros y expresivos y poblados de largas pestañas. Todos sus estudios en +la escuela fueron coronados por un éxito lisonjero; diplomas con orla +de colores, libros, medallas de metal azogado, hasta una corona de +laurel con cintas de seda que hizo llorar y moquear copiosamente a doña +Martina, cuando de las manos del maestro la vio bajar solemnemente a la +cabeza de su hijo. Pero su estudio favorito había sido siempre la +geografía, sobre todo la astronómica. Los globos terráqueos y las +esferas armilares que había hecho comprar a su padre, no pueden +fácilmente contarse; apesar de ser un hombre de ciencia, estos +artefactos duraban poco tiempo íntegros en sus manos; y consistía en que +Carlitos no se limitaba a estudiar la lección, como cualquier chico +vulgar, sino que la alteza de su pensamiento le arrastraba a escudriñar +los secretos topográficos de nuestro planeta, para lo cual ideaba +grandes vías de comunicación que tenía cuidado de señalar con tinta +sobre el globo, atravesando las montañas más altas y salvando mares y +lagos por medio de asombrosos puentes que ningún ingeniero del mundo se +hubiera atrevido siquiera a imaginar. Muchas veces, sin embargo, la +tinta se corría sobre la piel de que estaba revestido y quedaba el globo +hecho un asco, y vuelta a comprar otro su padre, para que el fuego de la +pasión geográfica no se extinguiese en el niño. Pues tocante a las +esferas, pasaba lo propio. Carlitos no consideraba los espacios celestes +con el asombro del hombre ignorante ni respetaba debidamente las leyes +inmutables que determinan las revoluciones de los astros; familiarizado +con todos sus movimientos de rotación y traslación, formaba cuando se le +antojaba nuevos sistemas planetarios, convirtiendo a un simple satélite, +a la luna, verbi y gracia, en estrella fija y haciendo girar a su +alrededor a todos los planetas, incluso la tierra: o bien imaginaba +nuevos y caprichosos eclipses, poniendo en conjunción astros que jamás +se vieran, ni fuera posible, en tal postura. De todo lo cual resultaba a +menudo que cuando más embebecido en su obra estaba Carlitos, hacía el +aparato ¡crac! saltaban algunas de las piezas más importantes, +dislocábanse con esto otras cuantas, y la bóveda celeste padecía un +completo trastorno, como si fuese llegado el día del juicio final. Pero +como Carlitos manifestaba vocación tan decidida para Gran Arquitecto del +Universo y su papá no quería de modo alguno contrariársela, al día +siguiente ya tenía otra esfera en que proseguir sus experiencias +astronómicas.</p> + +<p>Enrique había conseguido sosegar a su hermano; no de la misma suerte a +Eulalia, quien, después de alzar muchas veces la cabeza y tragárselo a +miradas, se resolvió a levantarse de la butaca y acercarse +disimuladamente a él y a su primito; con gran disimulo también puso la +nariz sobre la cabeza de ambos, y cerciorándose de que despedían un +tufo aromático muy marcado, salió repentina y apresuradamente de la +estancia. Enrique y Miguel se miraron consternados; mas sacando fuerzas +de flaqueza, se acercaron a Vicente, el primero de los hijos varones del +Sr. de Rivera, y se pusieron a examinar atentamente la cadena de reloj +que recientemente le había comprado su papá.</p> + +<p>Tenía Vicente tres años más que Carlos; esto es, trece; pero semejaba +tener diez y seis por la estatura, y treinta por su extraordinaria +gravedad. Era un muchacho de rostro largo y amarillo, seco de carnes y +anguloso, mirada fija y opaca, cabeza erguida y ademanes reposados, de +hombre ya maduro. No era tan aplicado ni tenía las felices disposiciones +de su hermano para las ciencias y las artes; mas en cambio poseía una +elegancia y una distinción de modales, que tenía completamente subyugado +a D. Bernardo. Hablaba muy poco; no jugaba nunca; sus placeres +consistían en salir de paseo con su papá y otros señores mayores, y que +así le viesen sus amigos y compañeros de Instituto. Preocupábale la +indumentaria muy más de la cuenta, al decir de su mamá, que le miraba +por esto con alguna ojeriza: no había sastre que le hiciese bien la +ropa, ni planchadora que le diese gusto; con tal motivo, siempre que +estrenaba un traje o unas botas o se ponía camisa limpia, armaba un +jollín que se oía en toda la casa; verdad que estos eran los únicos +momentos en que daba cuenta de sí y mostraba algún arranque, porque todo +lo demás de este mundo parecía tenerle sin cuidado; pero de todos modos, +era un posma que molestaba mucho; y lo que decía doña Martina con +muchísima razón:—Si este niño es tan impertinente ahora para la ropa, +¡qué hará cuando tenga veinte años! En efecto; cuando tuvo veinte años, +no había quien lo aguantase. Hay que decir que D. Bernardo no +participaba de la ojeriza de su esposa hacia Vicente; antes consideraba +aquella pulcritud como una preciosa cualidad, que le recordaba las que +le adornaban a él en su infancia. Regalábale a menudo, unas veces con un +bastón, otras con un alfiler de corbata, otras con alguna sortija de +poco precio, y el día que cumplió los trece años le compró reloj de +plata con cadena de <i>doublé</i>. Este regalo había puesto frenéticos lo +mismo a Enrique que al Gran Arquitecto, los cuales venían ya muy +agriados por las preferencias injustificadas de su señor padre; así que +tan pronto como tuvieron noticia de la injuria que se les hacía, armaron +un formidable pronunciamiento, que, por fortuna, hubo de sofocarse +pronto, gracias a una ballena larga y bastantemente gruesa que doña +Martina poseía para los casos difíciles. Después de todo, D. Bernardo +tenía razón en no entregar a sus hijos menores ningún objeto delicado, +porque hubiera durado muy poco en sus manos; en las del mayor duraba +todo eternidades. Cuando para disimular mejor el miedo se fueron +aquéllos a jugar con su cadena, no pudo reprimir la indignación y les +advirtió con un manotazo de que aquello era de «mírame y no me toques,» +y para evitar más conflictos, se levantó de la silla y se puso a dar +vueltas por la estancia, sin perder un átomo de su ingénita gravedad.</p> + +<p>Además de Miguel, que comía todos los domingos en casa de su tío, había +otros dos señores convidados, los cuales conversaban en un rincón. A +juzgar por la confianza que D. Bernardo y su señora hacían de ellos, +dejándolos solos, debían ser amigos íntimos, de la casa. El uno era un +gigante, sin pecar de exagerados al decirlo; en todo Madrid no se +hallarían seguramente dos hombres que le aventajasen en estatura. +Llamábase D. Pablo Bembo, pero nadie le conocía sino por el coronel +Bembo, porque lo era, hacía ya bastantes años, de caballería. Las +facciones de su rostro abultadas, talladas en colosal, como la figura; +la voz tan áspera y gruesa que daba miedo; por fortuna hablaba poco: +gastaba patillas, entrecanas ya, unidas al bigote a la moda de algunos +años atrás. Las manos y los pies eran cosa de ver; no había hallado +hormas para los zapatos en ninguna parte; por lo que siempre que +viajaba llevaba en el baúl unas que había mandado hacerse a la medida. +Pasaba por hombre rico, a quien el sueldo no importaba nada, y estaba +casi siempre de reemplazo para vivir en la corte a su gusto. Sus modales +torpes y bruscos como los de un elefante, la palabra estropajosa, la +inteligencia tarda y oscura al parecer: sin embargo, después de tratarle +se comprendía que era más socarrón que lerdo: rara vez miraba de frente +a la persona con quien hablase.</p> + +<p>El otro era un caballero de mediana estatura y edad, delgado, pálido, +ojos hermosos, de mirar suave y humilde, cara rasurada enteramente, a +semejanza de los clérigos y comediantes; frente espaciosa, aumentada por +una calva brillante, y modales tímidos. Se llamaba D. Facundo Hojeda y +era el amigo íntimo y el adlátere eterno del señor de Rivera; no se +concebía a D. Bernardo paseando por el Retiro o el Prado sin llevar a su +izquierda a D. Facundo: éste le daba siempre la derecha o le dejaba la +acera según los casos, reconociendo la inmensa superioridad de aquél. +Tal superioridad se había mostrado ya desde la infancia, cuando ambos +asistían a la escuela; no que D. Bernardo fuese un discípulo más +aventajado, pues aunque los dos gozaran opinión de aplicados, todavía +Hojeda le sacaba alguna ventaja en estudiar con ahínco las lecciones y +escribir las cuentas con limpieza; pero D. Bernardo, toda su vida había +tenido un nosequé de alto y superior, que infundía respeto. Esta +superioridad se fue señalando cada vez más con el trascurso del tiempo; +los caminos que los dos amigos tomaron contribuyeron poderosamente a +ello. Mientras D. Bernardo, por virtud de la riqueza heredada de sus +padres, comenzó desde muy joven a figurar en la sociedad madrileña y a +ser un factor indispensable en los salones y teatros, Hojeda veíase +necesitado a seguir la modesta carrera de farmacéutico y a abrir botica, +una vez terminada, en la calle de Fuencarral. Aunque su amistad, merced +a estas circunstancias, parecía bastante dispuesta a entibiarse por lo +que tocaba a la parte de D. Bernardo, los esfuerzos de Hojeda no lo +consintieron. Todos los momentos que la farmacia le dejaba libre, +aprovechábalos para correr a casa de su amigo y prestarle cualquier +servicio que estuviese a su alcance: era tan bueno, tan cariñosote, tan +respetuoso, que apesar de la distancia que los separaba y que el +boticario se complacía en reconocer, D. Bernardo condescendió +magnánimamente a tratarle, a dejar que le acompañase en el paseo y hasta +a dar alguna que otra vez una vuelta por la botica y jugar allí un +tresillo. No es posible figurarse la profunda gratitud que el bueno de +Hojeda guardaba a su amigo por estas mercedes. Había permanecido +célibe, y gracias a sus economías, consiguió formar en algunos años un +capitalito, cuyas rentas debían ir acumulándose a él, porque lo mismo +gastaba hoy que el día en que abrió al público su farmacia. No podían +ser más sencillas sus costumbres: habitaba un cuartito bajo detrás de la +tienda en compañía del mancebo y una cocinera vieja que arreglaba sus +fugaces refacciones: dos o tres veces por semana comía en casa de +Rivera, y una que otra se autorizaba el lujo de entrar en un +<i>restaurant</i> y engullirse un cubierto de diez reales; jamás iba al +teatro, pero tenía dos pasiones decididas, los toros y los sermones, las +cuales procuraba ocultar porque entendía que la primera era una +flaqueza, y dejar ver la segunda acusaba vanidad o jactancia. De nada +huía D. Facundo como de esto último; jamás le había oído nadie +vanagloriarse de cosa alguna ni hablar siquiera de sus asuntos, con tal +que de la conversación resultase él en buen lugar por cualquier +concepto; su reserva era proverbial en casa de Rivera y en las demás que +frecuentaba, que no eran muchas; esta cualidad, en vez de respeto, +inspiraba risa a sus amigos, los cuales se complacían en mortificarle +haciéndole preguntas referentes a su vida y negocios, y hasta le +espiaban los pasos para decir después en plena tertulia lo que había +hecho, dónde había entrado, con quién le habían visto hablar, etcétera. +Lo que esto molestaba a Hojeda no es decible: al principio se turbaba y +le venían los colores a la cara; más adelante, cuando advirtió que era +broma, se negaba a contestar al impertinente, limitándose a alzar los +hombros en señal de resignación o a masticar alguna frase de disgusto. +Por lo demás, su candor rayaba en lo inverosímil: cualquier disparate, +por grande que fuese, con tal que se lo dijesen en serio, lo creía; no +le entraba en la cabeza que una persona de años y de carácter se +atreviese a decir delante de gente una patraña por sólo el placer de +embromar a un amigo; no obstante, tanto abusaron de las mentiras con él, +que andando el tiempo llegó a no creer siquiera las verdades, o por +mejor decir, éstas eran las que se le atravesaban con más frecuencia.</p> + + + +<h3><a name="IIIa" id="IIIa"></a>III</h3> + + +<p>A comer, a comer—dijo doña Martina.</p> + +<p>Y en el mismo instante un criado apareció con la humeante sopera entre +las manos.</p> + +<p>D. Bernardo se levantó para ofrecer el asiento al coronel Bembo; pero +éste, conociendo las costumbres de la casa, se guardó muy bien de +aceptarlo; si el anfitrión hubiera cambiado de sitio, quizá no le +sentase tan bien la comida. Ocupó un puesto a su derecha; sentáronse +Vicente, Carlos y Miguel en las sillas que doña Martina les fue +designando, mientras Hojeda aguardaba en pie a que todos estuviesen +colocados para acomodarse.</p> + +<p>Faltaba Eulalia.</p> + +<p>—¿Dónde está Eulalia?—preguntó su madre.</p> + +<p>El criado manifestó que la había visto hacía un instante subir a su +cuarto. Enrique y Miguel se miraron y sonrieron como cazurros; pero +estaban un poco pálidos.</p> + +<p>—A ver—dijo doña Martina al criado,—suba usted al cuarto de la +señorita y dígale que ya estamos a la mesa.</p> + +<p>No hubo necesidad. En aquel momento apareció Eulalia, toda sofocada, con +los ojos llorosos y una jofaina entre las manos.</p> + +<p>—¿Qué es eso?—preguntó doña Martina con sorpresa.</p> + +<p>—¡Mamá, no sabes lo que han hecho en mi cuarto esos chicos!—profirió +Eulalia con trabajo y dispuesta a sollozar.—¡Todo lo han revuelto y +estropeado!... ¡Los polvos de los dientes llenos de agua!... ¡Los +frascos de esencia abiertos y menos de mediados!... ¡El jabón hecho una +repla!... ¡Los cepillos de dientes por el suelo!... ¡La esponja llena de +porquería!... ¡La colcha de mi cama llena de betún! Y la toalla ¡mira +cómo la han dejado!...</p> + +<p>Y exhibió a los circunstantes con una mano la toalla donde estaban +señalados como carbón los dedazos asquerosos de su primo y hermano, y +con la otra la jofaina, conteniendo un licor negro y espeso, que al +moverse la dejaba teñida.</p> + +<p>—¿Pero quién ha hecho eso?—preguntó doña Martina.</p> + +<p>—Enrique y Miguel.</p> + +<p>—¡Se habrá visto muchacho más cerdo!—exclamó, dando la vuelta a la +mesa para acercarse al primero.</p> + +<p>Y luego que se hubo acercado le arrimó un par de bofetadas que se oyeron +en la cocina, y sobre éste otro par, y otro después, y así +sucesivamente, hasta que D. Bernardo exclamó en voz alta e imperiosa:</p> + +<p>—¡Mujer!</p> + +<p>Doña Martina suspendió la corrección y volvió los ojos a su esposo con +sorpresa.</p> + +<p>—Observa—dijo éste bajando la voz y señalando al coronel—que hay +personas delante...</p> + +<p>—Dispénseme V., coronel—manifestó la señora sofocada aún por la +ira;—pero no lo puedo remediar... ¡Este hijo con sus cochinerías me +quita la vida!</p> + +<p>El hijo, en tanto, daba tales gritos, que no diré en la cocina, sino en +toda la vecindad debieran oírse perfectamente.</p> + +<p>Se había levantado de la silla, y en el colmo del furor pegaba allá en +un rincón patadas horrendas en el suelo.</p> + +<p>—¡Contra! ¡recontra! ¡me c... en diez!... ¡Por esa cochina!... ¡por esa +sinvergüenza!... ¡por esa metebaza!...</p> + +<p>—¡Chis! ¡chis!... ¡Silencio, niño!—dijo D. Bernardo, frunciendo aún +más la frente, lo cual, en verdad, parecía imposible.</p> + +<p>—¡Vamos, Enrique!—exclamó doña Martina, procurando reprimirse.</p> + +<p>—¿Y por qué no le pegan a Miguel que hizo más que yo, recontra?—gritó +con furor.</p> + +<p>—¡Vamos, Enrique!—volvió a exclamar doña Martina.—¡Tengamos la fiesta +en paz!</p> + +<p>Y acercándose a él y metiéndole la voz por el oído, comenzó a decirle:</p> + +<p>—¿No comprendes, mentecato, que Miguel no es hijo mío?... Si lo fuese +le pegaría como a ti... Pero tú eres mayor qué él, y estás en tu casa... +Debieras dar ejemplo... ¡A quién se le ocurren sino a ti esas cosas, +majadero!... Eres capaz tú solo de revolver esta casa y todas las de +Madrid... ¿Es eso lo que te enseña el maestro en la escuela? ¿Di, +gaznápiro, di?...</p> + +<p>Le tenía cogido por un brazo, y cada una de estas frases iba acompañada +de una fuerte sacudida. Cuando hubo concluido su filípica, le dejó +llorando en el rincón y se fue detrás de Eulalia, que se había subido de +nuevo al cuarto, para cerciorarse del número y de la clase de estragos +allí ejecutados.</p> + +<p>Mientras tanto, D. Bernardo, de malísimo talante, no tanto por la +travesura de su hijo como por las <i>incorrecciones</i> de su esposa, sirvió +la sopa a todos los comensales, llenando también el plato de aquélla y +el de su hija ausente. Al llegar al de Enrique, dijo en tono perentorio:</p> + +<p>—Niño, ven a sentarte a la mesa.</p> + +<p>Pero Enrique se hizo el sueco y siguió gimiendo y pataleando a ratos.</p> + +<p>—¡Niño!—gritó D. Bernardo con voz estentórea.—¡Ven ahora mismo a +sentarte a la mesa!</p> + +<p>El muchacho levantó la cabeza atemorizado y mirando a su padre que tenía +los ojos clavados en él con terrible expresión de cólera, comenzó a +caminar a regañadientes y como arrastrado hacia la mesa. Y acaso hubiera +llegado a ella sin novedad si en aquel momento no viese aparecer por la +puerta a la causante de los bofetones, a Eulalia, que entraba en el +comedor seguida de su mamá. Verla y sentirse poseído de insano furor fue +todo uno.</p> + +<p>—¡Indecente! ¡por ti me han pegado! ¡Ya me las pagarás todas juntas, +recontra!... ¡Te he de romper esas narizotas de trompeta! ¡Metebaza!... +¡Fea!... ¡Feona!... ¡Chula!...</p> + +<p>Al oírse insultar de este modo, Eulalia no pudo contenerse y se arrojó +como una fiera sobre su hermano, dándole tal estirón de pelos, que el +berrido de Enrique, al sentirlo, hizo levantarse asustados a los +presentes. Doña Martina, que apesar de sus travesuras tenía pasión +decidida por aquél y que ya estaba medio arrepentida de haberle +castigado, se indignó muchísimo.</p> + +<p>—¡Oyes, mentecata! ¿quién eres tú para pegar a tu hermano? ¿No estamos +aquí tu padre y yo para eso? ¡Aguarda, aguarda un poco, que yo te bajaré +los humillos!...</p> + +<p>Y se dirigió a su hija con la mano levantada: esta circunspecta joven lo +hubiera pasado mal a no ponerse en salvo corriendo en torno de la mesa; +doña Martina no pudo atraparla: al mismo tiempo, lo mismo Hojeda que el +coronel, procuraron poner paz.</p> + +<p>D. Bernardo estaba tan irritado con las tosquedades de su esposa, que no +pudo decir ni hacer nada: siguió sentado con los ojos clavados en el +plato mientras un enjambre de pensamientos sombríos y melancólicos +relacionados con su desigual matrimonio, le bullía en la cabeza.</p> + +<p>Finalmente, fuéronse calmando poco a poco los ánimos que estaban +irritados. Doña Martina dejó de perseguir a su hija y se sentó a la +mesa, aunque murmurando amenazas; aquélla también se sentó mirando +recelosa a su madre; D. Bernardo, haciendo un prodigioso esfuerzo de +diplomacia para sobreponerse a su justo desabrimiento, entabló +conversación con el coronel. El único que pagó los vidrios rotos fue el +mísero Enrique: la autoridad del padre y de la madre, de común acuerdo, +decidieron que se quedara sin comer, ¡por insolente! Mas, como sucede +siempre que en España se castiga a un criminal, no faltaron empeños en +seguida para que la sentencia se casara; los ruegos de Hojeda y el +coronel lograron al fin que la pena se redujera solamente a la privación +del postre. Y el buen Enrique (a quien hay que agradecer por lo menos el +que en medio de su cólera rabiosa no sacase la badila homicida que tenía +en el forro de la chaqueta) vino a sentarse a la mesa con las mejillas +coloradas de los cachetes, los ojos y las narices húmedas y los pelos +caídos por la frente. Estaba tan horroroso, que su primo Miguel, +compadeciéndole muy de veras, sintió unos deseos atroces de reír; los +cuales, como es natural, trató de contener por cuantos medios estuvieron +a su alcance, mordiéndose los labios, mirando hacia otro sitio, etc., +etc. Pero quiso su mala suerte que Enrique vino a entender, por la +contracción del rostro sin duda, las ganas que le retozaban por el +cuerpo, y con tal motivo empezó a lanzarle unas miradas feroces, +envenenadas. Entonces Miguel ya no fue dueño de sí, y de improviso, en +un momento de silencio, soltó el trapo de la risa, y con él a +chorretazos por boca y narices la cucharada de sopa que acababa de +tragar. Todos los rostros se volvieron con asombro.</p> + +<p>—¿De qué te ríes, Miguel?—le preguntó su tía.</p> + +<p>—¡De mí, recontra, de mí!—gritó Enrique desesperado.</p> + +<p>—¡Vamos, silencio!—le dijo doña Martina encarándose severamente con +él.—¿Tienes ganas de llevarlas otra vez? Miguel no se ríe de ti... ¿Por +qué se ha de reír, tontuelo?...</p> + +<p>—Porque sí... yo bien lo sé... ¡Porque es un hipócrita!...</p> + +<p>—¡Silencio, te digo... y a comer!</p> + +<p>Miguel se había puesto muy serio, comprendiendo que había cometido una +grosería, y que se la disimulaban por ser convidado. Durante un rato +largo pudo conseguir reprimirse, haciendo para ello titánicos esfuerzos. +Enrique tenía fijos en él sus ojazos saltones cargados de ira, +adivinando perfectamente lo que le andaba por dentro. Si levantaba la +vista y veía aquel rostro mocoso, más feo aún por la cólera, estaba +perdido. Por eso no la movía un instante del plato, devorando el cocido +que su tía le había servido, sin mascar los bocados. Llegó un instante, +sin embargo, en que por casualidad o por atracción magnética se +encontraron sus ojos. Y ya no pudo más. Otro flujo de risa; los +garbanzos esparcidos por la mesa; los rostros de los comensales vueltos +de nuevo hacia él. Pero esta vez había más severidad que asombro pintada +en ellos, mayormente en el de su tío.</p> + +<p>—¿Qué es eso, Miguel?—le dijo con aparente calma.—¿Por qué estamos +tan risueños?</p> + +<p>Miguel se puso muy colorado, y no contestó.</p> + +<p>—¿Te ríes acaso porque han castigado a tu primo por faltas que los dos +habéis cometido?... No está bien eso, Miguel, no está bien eso.... +Debieras ser un poco más generoso..... Si a ti no te han pegado, no es +porque no lo merecieses, bien lo sabes, sino porque tu tía no tiene +autoridad para hacerlo. Pero afortunadamente para todos, y para ti +también—añadió mirando al coronel con sonrisa maliciosa,—no faltará +dentro de poco tiempo quien la tenga y ponga las cosas en orden, que +buena falta está haciendo. Entonces, amiguito, quizá le toque a Enrique +reírse de ti, aunque tampoco haría bien... La buena educación y la +moral cristiana prohíben reírse de los males del prójimo...</p> + +<p>Miguel, que se había ido poniendo cada vez más colorado, al llegar a +este punto rompió a llorar, y se echó de bruces sobre la mesa. D. +Bernardo sonrió satisfecho del triunfo obtenido por su oratoria. Doña +Martina acudió inmediatamente a consolar al niño.</p> + +<p>—Vamos, Miguelito, no llores, tonto.... Si tu tío te quiere mucho..... +No tomes a mal lo que te dice..... Si él..... Tú eres un buen chico, ya +lo sé, y lo saben todos..... Eres incapaz de reírte de Enrique porque +le hayan pegado..... ¿Verdad que no te ríes de eso?</p> + +<p>Miguel se abstuvo de hablar, porque no quería mentir, ni tampoco llamar +feo a su primo. Siguió todavía algunos momentos con las narices metidas +por el mantel como en son de protesta contra las reticencias mal +intencionadas de su tío. Al fin, vencido de los ruegos y los halagos de +la tía, levantó la cabeza: aquélla se apresuró a secarle las lágrimas y +los mocos con su propio pañuelo. Tomó otra vez el tenedor y siguió +comiendo.</p> + +<p>La conversación giró en seguida, por iniciativa del mismo D. Bernardo, +sobre la necesidad absoluta que tenía su hermano de llevar a casa una +señora, opinión que ya le oímos emitir no hace mucho tiempo.</p> + +<p>—Si mi hermano se empeña en permanecer soltero, mucho más valdría que +se deshiciese de los muebles y se fuese a vivir a una fonda.....</p> + +<p>Hay que advertir que D. Bernardo consideraba lo de vivir en fonda punto +menos que una deshonra: por no pisar estos establecimientos vulgares, +donde las personas se confunden ridículamente en torno de la mesa +redonda, procuraba tener siempre en las poblaciones que visitaba una +casa de respeto (así la llamaba) donde no hubiera más huéspedes que él. +De este modo se comprenderá fácilmente la inflexión desdeñosa que dio a +la palabra fonda cuando pasó por sus labios.</p> + +<p>—No sé si V. habrá observado, D. Pablo—siguió dirigiéndose al coronel +(a Hojeda rara vez le concedía este honor),—qué desbarajuste hay en +casa de Fernando..... Rara vez se encuentra una cosa en su sitio: el +polvo anda esparcido por los muebles: los criados por donde les parece. +A mí me ha pasado más de una vez ir a ella y no haber uno para quitarme +el abrigo. ¡Si le dijese a V., coronel, que en cierta ocasión mi hermano +fue a mudarse de camisa, y no pudo, porque no había ninguna planchada!</p> + +<p>—¡Hum!—gruñó el gigante en señal de admiración, pero sin apartar los +sentidos del <i>roast-beef</i> que tenía delante.</p> + +<p>—¡Qué horror!—exclamó doña Martina, como siempre que se hablaba de +este suceso inaudito: ya sabemos que su fuerte era la plancha.</p> + +<p>—¡Vea V., vea V. cómo come su hijo!..... soltando la carne ya mascada +en el plato!</p> + +<p>Miguel se puso colorado otra vez hasta las orejas.</p> + +<p>—¡Vamos, Bernardo, déjale ya!—manifestó su esposa; y dirigiéndose +después al coronel:—Aprenda V., amigo Bembo; las mujeres hacen más +falta en las casas de lo que a V. se le figura.</p> + +<p>—No lo dudo, no lo dudo—murmuró el gigante sin apartar los ojos del +plato.</p> + +<p>—Y si no lo duda V., picaronazo, ¿por qué no sigue V. el ejemplo de mi +cuñado?</p> + +<p>—Señora, no me siento aún preparado.</p> + +<p>Doña Martina soltó una carcajada estrepitosa, burda, que hizo arquear +levemente las cejas a D. Bernardo.</p> + +<p>—No lo estará V. nunca, si Dios no pone en ello la mano, ¡que ojalá la +ponga pronto!</p> + +<p>—Esa felicidad, primero le ha de tocar a don Facundo que a mí—murmuró +con voz cavernosa.</p> + +<p>Hojeda levantó la cabeza turbado. Pocas cosas le molestaban tanto como +verse aludido en este asunto de mujeres: por eso el socarrón del coronel +lo hacía siempre que hallaba oportunidad.</p> + +<p>—¡Yo!..... coronel..... ruego a V..... el matrimonio.....</p> + +<p>—¡A buena parte va V., amigo Bembo!..... Hojeda es un egoistazo..... +Más de veinte veces le he querido casar, y siempre me ha dado calabazas +a la novia.</p> + +<p>—Permítame V., Martinita—se apresuró a decir D. Facundo,—yo no he +dado calabazas a nadie..... Estas son cosas muy graves, Martinita.....</p> + +<p>—Hojeda no se casa—prosiguió la señora,—por no abandonar su vida de +solterón egoísta. ¿Quién le quita a él de dar su paseíto por la mañana +en el Retiro, su sermoncito por la tarde en las Calatravas o en la +Encarnación, sus toros o novillos los domingos, etc., etc.?</p> + +<p>—Sepamos lo que está comprendido en esas etcéteras, D. +Facundo—manifestó el coronel.</p> + +<p>Hojeda le miró con ira, y no contestó.</p> + +<p>—Pero V. es otra cosa, coronel; V. es un hombre de mundo, menos +arregladito que Hojeda, y puede hacer feliz a cualquier muchacha.</p> + +<p>—Ya lo oye V., D. Facundo—dijo el coronel.—Los hombres arregladitos +no pueden hacer felices a las muchachas.</p> + +<p>—No, hombre, no; no quiero decir eso—manifestó doña Martina riendo...</p> + +<p>Pero en aquel instante entraron en el comedor dos nuevos tertulios y se +suspendió la conversación. Ninguno de los dos llegaría a veinticinco +años: dieron la mano con gran confianza a los señores y besaron a los +niños, lo cual testimoniaba su amistad con la familia de Rivera. El uno +era delgado, pálido, ojos pequeños, bastante feo todo él, aunque vestido +con gran pulcritud y elegancia: se llamaba Juan Romillo, hijo de un rico +camisero de la calle del Príncipe: su padre le había destinado al foro, +en el cual no había hecho grandes adelantos; en cambio desde muy niño +había despuntado en el arte de vestirse y en el conocimiento pleno, +absoluto, de cuantas noticias verdaderas o falsas corrían por la villa: +en las casas donde él entraba no se leían los diarios noticieros, +porque eran inútiles: a esto se reducía su ciencia y sus partes. El otro +era un guapo chico, rubio, sonrosado, de barba rala e incipiente, ojos +azules y húmedos, los labios siempre plegados con sonrisa tierna y +humilde, los ademanes respetuosos sin ser encogidos. Había nacido en +Cuba de una familia opulenta, que después se arruinó en el juego de +Bolsa al establecerse en España. Era abogado también, como su amigo y +condiscípulo Romillo, pero mucho más estudioso y aprovechado, lo cual +era de necesidad, pues Romillo tenía en perspectiva una fortuna +considerable, mientras él solamente la que adquiriese con su trabajo. +Figuraba en la Academia de Jurisprudencia como orador de esperanzas, y +había fundado en compañía de otros una sociedad para la abolición de la +esclavitud, y otra para abolir las quintas y matrículas de mar. En estos +asuntos de interés humanitario mostraba Valle (Arturo del Valle era su +nombre) una actividad y un interés tan laudables como prodigiosos: el +número de asambleas, o <i>meetings</i>, como se decía en los periódicos, y de +banquetes que por su iniciativa se habían promovido, era incalculable; +el de artículos y folletos que había escrito en apoyo de sus ideas +generosas, tampoco podía apreciarse con exactitud. En estos folletos +solía venir debajo del título, a modo de sello, un pésimo grabado +representando un negrito de rodillas y aherrojado con las manos +levantadas al cielo. En los banquetes figuraba también otro negrito, +pero de carne y hueso: a los postres de estos festines humanitarios rara +vez dejaba Valle de levantarse diciendo en voz alta y solemne:</p> + +<p>—Se me dise, señore, que ahí afuera hay un hombre de coló que desea +fraternisá con nosotros. ¿Tenéis inconveniente en que esta víctima de la +injustisia sosial entre a saludaros?</p> + +<p>—¡Que entre, que entre ahora mismo!—gritaba la asamblea como un solo +hombre, presa de entusiasmo abolicionista.</p> + +<p>Entonces Valle abría la puerta y sacaba de la mano al negrito, el cual +se dejaba abrazar de todos los comensales entre vítores y aplausos. Y +después se emborrachaba como cualquier blanco, y aun mejor algunas +veces. Este personaje oportuno, que llegaba siempre por casualidad al +final de los banquetes abolicionistas, andando el tiempo llegó a ser +conocido en Madrid. La gente solía decir cuando pasaba por la calle: +«Ahí va el negrito de Valle.»</p> + +<p>Las ideas políticas de éste, aunque muy democráticas, estaban templadas +por aquella eterna y dulce y amable sonrisa de que hemos hecho mención: +esta sonrisa era el mejor salvo-conducto para entrar y ser bien acogido +en todos los salones de la corte: gracias a ella, D. Bernardo Rivera, +que no tenía pizca de demócrata ni abolicionista, se dignaba otorgarle +su amistad protectora:—«Es un muchacho excelente—solía decir,—salvo +sus ideas...; pero ya las irá modificando con el tiempo.» Con aquella +sonrisa, beneficiada con acierto, se podía hacer una gran carrera.</p> + +<p>Los dos pollos (como doña Martina los llamaba) fueron saludados con +efusión por los presentes. D. Bernardo les entregó generosamente su +mano, aunque sin perder un punto la gravedad que tan bien le sentaba. Al +instante se entabló una conversación animadísima acerca de los asuntos +que entonces embargaban la atención de la corte: uno de ellos era la +llegada reciente del célebre tenor Mario. Romillo lo esclareció de un +modo notabilísimo; entre otros datos importantes, hizo saber que Mario +había dado orden a L'Hardy, el pastelero de la Carrera de San Jerónimo, +de que no vendiese más botellas de <i>champagne</i>, pues probablemente +necesitaría él las existencias que hubiese.</p> + +<p>—¡Ave María purísima! ¿Pero se las va a beber todas?—exclamó +cándidamente Hojeda.</p> + +<p>—Sí señor—repuso gravemente Romillo.—Se bebe por término medio una +docena de botellas todos los días.</p> + +<p>—¡No haga V. caso, hombre!—exclamó doña Martina riendo.—Este Romillo +siempre tiene ganas de bromas. Se las beberán entre él y sus amigachos.</p> + +<p>Estaban a los postres. Romillo y Valle fueron invitados a tomar café y +se sentaron a la mesa. Después del tenor Mario, versó la plática sobre +los fusilamientos de algunos sargentos que se habían sublevado. Romillo +dio acerca de este punto pormenores no menos interesantes: uno de los +reos no había quedado muerto en el acto; se levantó pidiendo +misericordia; el confesor trató de interponerse entre él y los cañones +de los fusiles; pero el General que mandaba las tropas acudió, y alzando +la espada lleno de cólera, le dijo:</p> + +<p>—¡Padre cura, a su puesto, o le fusilo a V. en el acto!</p> + +<p>—¡Qué horror!—exclamó Valle, poniendo los ojos en blanco y posándolos +después blandamente sobre Eulalia.</p> + +<p>—En efecto—dijo D. Bernardo,—es muy triste todo eso, pero de absoluta +necesidad. ¿Dónde iríamos a parar si no se castigase con mano fuerte la +rebelión?</p> + +<p>—Que se castigue de otro modo señó; la pena de muerte debe ser +proscrita de los códigos.</p> + +<p>—No vayamos a las declamaciones, amigo Valle: la pena de muerte debe de +subsistir mientras haya criminales que la merezcan. V. es muy joven, +querido, y tiene las ideas generosas, pero irreflexivas, propias de la +juventud. Cuando V. haya vivido más, verá que no puede gobernarse con el +corazón, sino con la inteligencia.</p> + +<p>—Tal ves sea lo que usté dise... pero yo no lo puedo remediá... ¡me +causan horró todas las penas corporale!</p> + +<p>Al pronunciar estas palabras sus labios estaban contraídos por una +sonrisa de inefable dulzura, mientras sus ojos seguían mirando a la +primogénita de Rivera.</p> + +<p>D. Bernardo todavía se dignó contradecir otras cuantas veces al joven +abolicionista, favor que éste supo apreciar en lo que valía, procurando +dar a sus argumentos un sesgo sentimental que no molestase poco ni mucho +al respetable prohombre: dejábase acorralar algunas veces, otras se +escapaba por medio de un sofisma evidente, otras se confesaba vencido, +aunque persistiendo en sus creencias.</p> + +<p>—Sus rasone son poderosa, no tienen vuelta de hoja, lo comprendo +perfectamente; pero no puedo juzgá a la humanidad tan mal; sigo creyendo +que lo medio suave son preferible.</p> + +<p>La discusión de esta suerte era sabrosa para don Bernardo, y nada perdía +con ello el joven cubano. Doña Martina le contemplaba con admiración y +simpatía, participando de sus opiniones caritativas. Eulalia le +escuchaba sin disgusto, que era lo mejor que podía esperarse de esta +severa doncella.</p> + +<p>Al fin Romillo llamó la atención de todos, sacando del bolsillo del +gabán un lindo artefacto, que según dijo le acababan de enviar de París. +Era un estereoscopio de nuevo sistema; de otro bolsillo sacó una +colección de vistas, iluminadas unas, otras sin luz, representando los +paisajes y monumentos más notables del universo. En torno de él se +agruparon inmediatamente todos, exceptuando el jefe de la familia, a +quien no podían interesar tales bagatelas, y Romillo fue colocando las +vistas y mostrándoselas, explicando previamente lo que significaban.</p> + +<p>—Alrededores de Nápoles... Ahí tienen VV. el Vesubio a un lado... el +golfo debajo...</p> + +<p>—¡Hermoso país!—exclamó D. Facundo, que después de los niños, y acaso +antes, era el que con más afán ponía los ojos en los cristales.—Hombre, +qué ganas tengo yo de hacer un viaje por Italia.</p> + +<p>—Pues a ello.</p> + +<p>—¡Si no se gastase tanto!</p> + +<p>—Pero, hombre de Dios, ¿para quién quiere usted ese gatazo que tiene en +casa? ¿No es mejor que se divierta por cuenta de los herederos?—dijo +doña Martina.</p> + +<p>—Mi gato está más flaco de lo que V. piensa, Martinita.</p> + +<p>—La torre inclinada de Pisa.</p> + +<p>—¡Vaya una cosa rara y sorprendente!—exclamó el coronel.—Yo no sé +cómo ha podido construirse esa torre.</p> + +<p>—Haciendo que la vertical que pasa por el centro de gravedad, caiga +dentro de la base—manifestó Carlitos, que había estudiado su poquito de +física en la escuela.</p> + +<p>—Muy bien, chico, muy bien—repuso el coronel mirándole.—Eres ya un +sabio.</p> + +<p>Carlitos se puso colorado de gusto. Pero Enrique, que estaba detrás, se +indignó con aquella prueba de sabiduría que acababa de dar su hermano, y +le dijo al oído:</p> + +<p>—¡Farol! ¿Ya has metido la cucharada? ¡Farol de retreta!</p> + +<p>El Gran Arquitecto, que tenía mucho puntillo y no estaba avezado a +sufrir injurias tan manifiestas, le alumbró por toda contestación una +soberana morrada en las narices. Pero Enrique, que conocía a dónde +llegaban las fuerzas de su erudito hermano, sin proferir una queja, se +arrojó sobre él como un león, y le hubiera despedazado a no intervenir +muy oportunamente en la contienda doña Martina.</p> + +<p>—Envía esos niños a la cama—ordenó D. Bernardo.</p> + +<p>—Ahora, ahora; en cuando lleven a Miguel a su casa—repuso la +señora.—Estoy esperando que el criado concluya de comer.</p> + +<p>—El puerto de la Habana—dijo Romillo poniendo el estereoscopio delante +al coronel.</p> + +<p>—Su país de V.—dijo Eulalia a Valle, con un amago de sonrisa.</p> + +<p>—¿Tiene V. deseos de ver su tierra?—preguntó doña Martina.</p> + +<p>—¡Y cómo no, señora!—respondió el cubano poniendo otra vez los ojos en +blanco y con afluencia admirable.—¿No he de tener deseo de ver a mi +paí, lo sitio donde se han deslisado lo año de mi infansia? ¿No he de +tener grabado en mi corasón aquello paraje tan delisioso, aquella +naturalesa tan rica? ¿No he de apetesé encontrarme otra ves en medio de +aquella selva vírgene, bajo un sielo siempre asul, y bebé el agua del +coco y comé la piña y el plátano y la guayaba?</p> + +<p>Hablaba de carrera y sin detenerse cual si le hubiesen dado cuerda.</p> + +<p>Cuando terminó el panegírico, volvió a poner los ojos en su sitio, y el +rostro perdió repentinamente su expresión animada, como si el mecanismo +interior se hubiese parado.</p> + +<p>—Paisaje de las orillas del Nilo—manifestó Romillo.</p> + +<p>—De aquí salieron las siete vacas gordas y las siete flacas que vio +José en sueños, ¿no es verdad?—preguntó doña Martina mientras miraba +con atención por los cristales.</p> + +<p>—Justamente—contestó Hojeda,—las que simbolizaban los años de +abundancia y de miseria. ¿No anda por ahí el palacio de Faraón, +Martinita?</p> + +<p>—No señor, no le veo; lo que sí hay son unos animales muy feos, así +como serpientes grandes...</p> + +<p>—A ver, mamá, déjame ver...—dijo Carlitos con mucho afán.</p> + +<p>Su mamá le puso el estereoscopio delante.</p> + +<p>—Son cocodrilos—manifestó enseguida el niño con +suficiencia.—Pertenecen a la clase de los <i>reptiles</i>, orden de los +<i>saurios</i>, familia de los <i>crocodílidos</i>.</p> + +<p>—¡Mucho, mucho, chico!—manifestó el coronel con la misma sorna.</p> + +<p>—Todos los animales se dividen en cinco tipos...</p> + +<p>—¿Nada mas?</p> + +<p>—No señor, nada más: <i>vertebrados</i>, <i>articulados</i>, <i>moluscos</i>, +<i>radiados</i> y <i>heteremorfos</i>... Lo que hay es que después se dividen en +clases, órdenes, familias, géneros y especies... Los <i>vertebrados</i> se +dividen en cinco clases: <i>mamíferos</i>, <i>aves</i>, <i>reptiles</i>, <i>anfibios</i> y +<i>peces</i>; los <i>mamíferos</i> en catorce órdenes: <i>bimanos</i>, <i>cuadrumanos</i>, +<i>quirópteros</i>, <i>insectívoros</i>, <i>fieras</i>, <i>pinnípedos</i>...</p> + +<p>—Vamos, niño, basta—dijo a esta sazón don Bernardo, que comenzaba a +ver lo ridículo de todo aquello.</p> + +<p>—<i>Roedores, desdentados, proboscideos, paquidermos</i>...</p> + +<p>—¡Basta te digo, niño!</p> + +<p>—<i>Solípedos, rumiantes, sirenios y cetáceos.</i></p> + +<p>—¡Si no te callas, Carlitos, voy allá y te arranco las orejas! Cuidado +con lo cargante que se pone este chiquillo algunas veces!</p> + +<p>—¡Anda, bien empleado te está, por farol!—le dijo por lo bajo Enrique.</p> + +<p>—Déjele V., amigo Rivera, déjele V. esplayarse. ¿V. no sabe que la +ciencia a veces produce indigestiones?—manifestó el coronel.</p> + +<p>Carlitos cerró la boca muy mohíno.</p> + +<p>—El templo de Santa Sofía en Constantinopla—vea V., coronel—dijo +Romillo.</p> + +<p>—¡Hombre, muy hermoso!... No sabía yo que en Constantinopla hubiese un +templo semejante. ¡Qué columnas tan preciosas! ¡qué columnas!...</p> + +<p>—Vea V., D. Facundo, vea V.—dijo Romillo quitándoselo al coronel y +poniéndoselo delante al boticario.</p> + +<p>Al mismo tiempo apretó un resorte que el aparato tenía, y trocó la vista +del templo por la de una figura obscena. Sólo para esta broma había +comprado y traído el estereoscopio.</p> + +<p>Hojeda apartó instantáneamente los ojos horrorizado, y encarándose con +el coronel, le preguntó con retintín:</p> + +<p>—¿Y le gusta a V. esto, coronel?... ¡No están malas columnas!</p> + +<p>El coronel le miró sorprendido.</p> + +<p>—A ver, a ver...—dijeron todos.</p> + +<p>Romillo volvió a colocar la vista primitiva, que fue muy celebrada. +Entonces D. Facundo, viéndole sonreír, cayó en la broma y comenzó a +dirigirle miradas iracundas; y hasta se acercó a él disimuladamente para +decirle por lo bajo con voz irritada:</p> + +<p>—¡Parece mentira que un joven bien educado traiga aquí esas porquerías!</p> + +<p>—¿Qué tiene V., D. Facundo?—preguntó Juanito en voz alta.</p> + +<p>El boticario, desconcertado con la audacia de aquel mequetrefe, contestó +lleno de confusión:</p> + +<p>—Nada, nada; le preguntaba a V. si aún faltaban muchas vistas... porque +deseo retirarme temprano esta noche.</p> + +<p>—Si no te molesta mucho, Facundo—dijo don Bernardo,—desearía que te +quedases un ratito aún con nosotros. Tengo una sorpresa que darte...</p> + +<p>—Molestarme... de ningún modo... aguardaré lo que tú quieras...</p> + +<p>El estereoscopio continuó dando juego algún tiempo, y mientras lo daba, +apareció en el comedor el último retoño de los Sres. de Rivera, que +venía dormido en brazos de la nodriza. Era una niña de catorce meses, de +carita ovalada y pálida, con cierta expresión triste y reflexiva.</p> + +<p>—Aquí está mi Serafina—exclamó la madre llena de gozo y orgullo.</p> + +<p>Los tertulios fueron depositando un beso en la frente de la criatura, +procurando no despertarla, y la nodriza se retiró.</p> + +<p>Terminaron al fin las vistas. Romillo guardó su estereoscopio, no sin +recibir antes algunas miradas como saetazos del indignado Hojeda. Valle +había conseguido acercarse a la primogénita de los Rivera, y procuraba +entretenerla agradablemente hablándole de sus muchísimas ocupaciones, lo +requerido y solicitado que era de todo el mundo, los aplausos que ganaba +donde quiera que pedía la palabra, etc., etc. Los niños habían formado +un grupo y se divertían en un rincón, exceptuando el comedido Vicente, +que se paseaba silenciosamente a lo largo de la estancia, bien resuelto +a no ser confundido con aquella <i>chiquillería</i>. Doña Martina, el +coronel, Romillo y Hojeda, formaban el núcleo de la tertulia, +departiendo alegremente en torno de la mesa, mientras el señor de Rivera +se mantenía un poco alejado de ellos con un periódico en la mano. Al +cabo, dejándolo sobre la mesa y acercándose, les dijo soplando antes +repetidas veces:</p> + +<p>—Voy a darles a VV. una noticia que creo ha de serles grata, dada la +amistad que me profesan y el cariño y el interés con que han compartido +hasta ahora, lo mismo nuestros pesares que nuestras alegrías.</p> + +<p>Todos alzaron la cabeza con sorpresa.</p> + +<p>—Pero antes de dársela, les ruego que me aguarden aquí algunos +instantes. Trataré de ser breve, para que la curiosidad no les pique +mucho tiempo.</p> + +<p>Y salió del comedor.</p> + +<p>—¿De qué se trata, doña Martina, de qué se trata?—preguntaron a una +voz todos.</p> + +<p>—Señores, yo no lo sé tampoco—repuso ésta, dejando no obstante +adivinar en sus ojos gozosos que lo sabía perfectamente.</p> + +<p>—Vamos, Martinita, dígalo V.</p> + +<p>—¡No lo sé, Hojeda, no lo sé!...</p> + +<p>—Señores, aguardemos, ya que doña Martina no quiere decirlo—manifestó +Romillo.—D. Bernardo no puede tardar mucho.</p> + +<p>Tardó, sin embargo, más de lo que contaban; un buen cuarto de hora lo +menos. Al fin se oyó en el pasillo algo como repiqueteo de armas y +espuelas, y apareció en la puerta el Sr. de Rivera vestido de máscara.</p> + +<p>Gran asombro en todos los circunstantes.</p> + +<p>—Pero, ¿qué es eso, D. Bernardo?</p> + +<p>—Señores—dijo éste solemnemente;—el capítulo de caballeros de la +orden de San Juan de Jerusalem, me ha hecho la honra de recibirme en su +seno. Aquí me tienen VV. de gran uniforme...</p> + +<p>—Muy lindo, Rivera, muy lindo... está V. admirablemente—dijo el +coronel, sin poder comprenderse bien, por la entonación, si hablaba +seria o irónicamente. Lo más cierto debía ser lo último, porque D. +Bernardo estaba hecho un verdadero adefesio. El uniforme era de color +rojo subido. Parecía una langosta cocida; y para que la semejanza fuese +más notable, la muchedumbre de cordones y correas que le envolvían +remedaban bastante bien las antenas de aquel animalucho. Un espadón +disforme le colgaba de la cintura; el tricornio estaba adornado con +plumas.</p> + +<p>—¡Y qué calladito se lo tenía!—dijo Valle.</p> + +<p>—Yo lo sabía ya hace días, pero no me atrevía a publicarlo, +comprendiendo que D. Bernardo se estaba haciendo el uniforme para dar +una sorpresa a sus amigos, como así resultó—repuso Juanito Romillo, a +quien molestaba muchísimo el ignorar cualquier noticia.</p> + +<p>—Está muy bien, ¿no es verdad?—preguntó doña Martina, llena de cándido +orgullo.</p> + +<p>—Admirable, señora, admirable—contestó el coronel con voz +cavernosa.—A ver Rivera, dé V. la vuelta para que le examinemos por +todas partes...</p> + +<p>D. Bernardo giró gravemente en redondo, haciendo sonar el terrible +espadón y las espuelas. En aquel instante se oyó un resuello singular en +la estancia, al cual siguió una explosión de carcajada contenida. Era el +pobre Miguel que, después de haber trabajado como un héroe para contener +la risa, poniéndose colorado como un pimiento, había reventado al fin, +con gran dolor de su alma. Su tío le clavó una mirada capaz de dejarle +seco en el acto; los demás le miraron también severamente y con asombro; +nadie dijo nada, sin embargo. Después que se hubo desahogado, bajó la +cabeza lleno de confusión y vergüenza. D. Bernardo se retiró +inmediatamente, y en el comedor hubo unos momentos de silencio +embarazoso. Hojeda, para templar el mal efecto de la imprudencia del +niño, se apresuró a entablar conversación acerca de la orden de San +Juan, haciendo de ella y de sus miembros calurosos elogios. Sin embargo, +doña Martina, que estaba realmente enojada, al cabo de pocos minutos +llamó al ayo de los niños para que subiera a acostarlos, y ordenó al +lacayo que condujese a Miguel a su casa.</p> + +<p>El chico se despidió, todavía confuso, de la tertulia, y dejó la casa de +su tío, situada en la calle del Prado, y se fue paso entre paso con el +lacayo hasta la suya, que estaba en la del Arenal.</p> + + + +<h3><a name="IVa" id="IVa"></a>IV</h3> + + +<p>El abuelo de Miguel había sido uno de los negociantes más ricos de +Madrid durante el reinado de Fernando VII. Al morir dejó a cada uno de +sus tres hijos, Bernardo, Manuel (de quien hablaremos en seguida) y +Fernando, una renta de catorce o quince mil duros, que sólo D. Bernardo +había conseguido, merced a ciertas negociaciones con el Tesoro, aumentar +considerablemente. La de Fernando permanecía en tal estado; y en cuanto +a la de Manuel, se había mermado bastante.</p> + +<p>Fernando, el último de los hermanos y padre de Miguel, era un hombre de +rostro enjuto y avinagrado, como D. Bernardo, cejas espesas y terribles +bigotes. Nadie diría que detrás de este rostro imponente y marcial, se +ocultaba un espíritu fino y sensible como el de una damisela, y que +debajo de la cruz laureada de San Fernando, ganada por un acto de arrojo +que asombró a la nación, latía un corazón de paloma. Nada más cierto, +sin embargo. Aquellos bigotes terribles no servían, en realidad, más que +para que todo el mundo se subiese a ellos: y el más encaramado de todos +era Miguel, a quien su padre no sabía negar nada, que hacía cuanto se le +antojaba, fuese tuerto o derecho, y que con su mala educación daba pie a +que se dijese lo que su tío le había dicho aquella tarde.</p> + +<p>Cuando llegó a casa y fue a dar las buenas noches a su papá, encontró a +éste sentado en una butaca de su gabinete, fumando y envuelto en la +sombra que proyectaba la pantalla del quinqué.</p> + +<p>—Buenas noches, papá.</p> + +<p>—Buenas noches, hijo mío.</p> + +<p>Miguel se acercó para darle un beso. El brigadier le retuvo entre sus +rodillas acariciándole los cabellos.</p> + +<p>—¿Cómo lo has pasado en casa de tu tío?</p> + +<p>—Bien.</p> + +<p>—¿Te has divertido mucho?</p> + +<p>—Bastante.</p> + +<p>—¿Supongo que no habréis hecho ninguna travesura que enfadase a la tía +Martina?</p> + +<p>—No, papá—respondió el chico sin vacilar, y le contó todo lo que había +hecho aquella tarde, omitiendo lo que bien le pareció.</p> + +<p>—Bien, así me gusta. Ahora tendrás ya deseos de irte a la cama, +¿verdad?... Vaya, pues a la cama, hijo mío, a la cama..... No quiero +retenerte más..... a la cama, a la cama.....</p> + +<p>Sin embargo, seguía reteniéndole entre las rodillas. Al fin Miguel, +forzándolas un poco, logró salir de ellas, y se dirigió a la puerta. +Cuando ya estaba cerca, volvió a llamarle su padre.</p> + +<p>—Oyes, Miguel..... ¿No te ha hablado tu tío Bernardo?... preguntole con +voz algo alterada.</p> + +<p>Miguel se detuvo y no contestó.</p> + +<p>—¿No te ha hablado de cierto asunto?</p> + +<p>—Sí—murmuró el chico, también cortado.</p> + +<p>—¿Y qué te ha dicho?... Cuenta.....</p> + +<p>Miguel comenzó a colocarse los dedos de la mano izquierda unos sobre +otros y no dijo palabra.</p> + +<p>—¿No te ha dicho que ibas a tener pronto una mamá?—articuló el +brigadier cada vez más turbado.</p> + +<p>—Sí—murmuró sordamente el niño.</p> + +<p>—¿Y qué te parece a ti de eso, Miguel?....</p> + +<p>Silencio sepulcral por parte de éste.</p> + +<p>—Vamos, ven aquí, tonto, ven aquí—le dijo con voz cariñosa; y +metiéndole de nuevo entre sus rodillas, comenzó a besarle con afán.</p> + +<p>—¿No es verdad que a ti no te disgusta tener una mamá?... ¿No ves cómo +todos tus amigos la tienen menos tú?... Ya verás cómo la quieres... pero +nunca más que a mí, ¿no es cierto?... Y cuando vayas al colegio ya +podrás decir a los compañeros:—Tengo una mamá, como vosotros... Y lo +mismo a tus primos Enrique y Carlos... Y saldrás con ella a paseo en +coche para que todos la vean. Ella, que es muy buena, te ha de querer +mucho, y tú no la darás ningún disgusto, ¿verdad? Ya te conoce por el +retrato... Y tú la conocerás muy pronto a ella... ¿Quieres conocerla +ahora mismo?</p> + +<p>Y con mano febril, por donde se podía adivinar el grado de +apasionamiento a que el brigadier había llegado, sacó del bolsillo una +cartera y de la cartera un retrato de mujer, que puso delante de los +ojos a su hijo.</p> + +<p>—Mírala, ¿te gusta?</p> + +<p>Miguel la echó una rápida mirada por complacer a su padre y bajó la +cabeza en señal afirmativa.</p> + +<p>—Vamos—dijo el brigadier en voz baja y temblorosa,—dala un beso.</p> + +<p>El chico obedeció posando levemente los labios sobre el retrato. Su papá +le pagó este acto de galantería con un sinnúmero de caricias y le fue a +despedir hasta la puerta muy conmovido.</p> + +<p>Al día siguiente el brigadier anunció a su hijo que se marchaba en +busca de la mamá y que tardaría en volver cuatro o cinco días; +recomendole con mucho encarecimiento la formalidad durante su ausencia, +el respeto al ama de llaves, la mesura con los demás criados, la puntual +asistencia al colegio, el estudio, etc., etc.</p> + +<p>—Aquí llega tu tío Manolo—dijo viendo entrar a su hermano,—a quien te +dejo recomendado: él se encargará de dar una vuelta por aquí todos los +días y enterarse de cómo sigues y qué tal te portas...</p> + +<p>El tío Manolo, que acababa de entrar, era, con mucho, el mejor mozo de +los tres hermanos. Apesar de sus cuarenta y cinco años, conservaba una +frescura de cutis y una gallardía de talle que ni en sus mocedades +habían ellos disfrutado: era un hombre verdaderamente notable por su +figura: alto como sus hermanos, pero mejor proporcionado, de facciones +correctas y varoniles, cabello negro y naturalmente rizado, donde apenas +se advertía aún tal cual hebra de plata, patillas negras también, +largas, sedosas, el cuello blanco y redondo como el de una mujer, el pie +menudo y las manos finas y aristocráticas. En honra y gloria de esta +figura, para regalarla y darla el debido esplendor, había sacrificado D. +Manuel Rivera todo su tiempo y casi todo su capital. D. Bernardo hablaba +de él con poco respeto y le trataba con cierto despego: el mismo +brigadier, aun queriéndole bien, no se mostraba muy impresionado por +aquella famosísima estampa, y solía reprenderle suavemente algunas cosas +que llamaba puerilidades. En cambio, su sobrino Miguel le adoraba: ya de +niño ansiaba volar a él desde los brazos de la nodriza: el tufo de los +perfumes que gastaba, el roce de aquellas sedosas patillas al besarle, y +sobre todo, la franca alegría que respiraba, le habían seducido siempre +y aún le tenían completamente subyugado.</p> + +<p>—Pierde cuidado, Fernando—dijo gravemente el real mozo.—Yo haré que +Miguel cumpla con sus deberes y se porte como una persona formal... Ni +tú, ni Bernardo—añadió dirigiéndose a su hermano en tono +confidencial—sabéis tratar a los chicos. Bernardo con su rigor +inoportuno, y tú con tu debilidad, no servís para el caso... Yo hubiera +sido un gran padre... A los chicos es menester tratarles con +familiaridad, darles expansión, hablarles como amigos... y cuando llega +el momento de ponerse serios, se les echa un terno redondo y se les +dice: ¡c... chico, no hay más remedio que hacer esto!... ¡y se hace! +¡vaya si se hace!</p> + +<p>El brigadier sonrió al oír aquel discurso, y dijo:</p> + +<p>—Bueno, Manolo, tú te encargas de dar algunas vueltas por esta casa y +vigilar que todo marche bien... Y si quieres y tienes tiempo para sacar +a Miguel a paseo, sácale...</p> + +<p>—Nada, hombre, pierde cuidado, te digo.</p> + +<p>En efecto, el brigadier partió aquella noche para Sevilla dejando a +Miguel al cuidado de los criados y bajo la vigilancia de su tío. Este al +día siguiente vino a enterarse de cómo había pasado la noche, y tuvo la +amabilidad de conducirle hasta el colegio; al dejarlo a la puerta, le +prometió venir a buscarle y llevarle a almorzar consigo. Y así fue; pero +en vez de llevarle a la fonda donde alojaba, prefirió irse a almorzar al +<i>restaurant</i> del Iris. Comieron y bebieron alegremente como dos +camaradas: el tío puso en práctica su tema pedagógico de la expansión. A +los postres tenía las mejillas bastante coloradas y hablaba por los +codos.</p> + +<p>—¿Sabes, Miguel?... Ahora, por la tarde te perdono el colegio. Una +tarde más o menos importa poco. Vamos a dar un paseíto en coche, que es +muy higiénico después de almorzar bien... porque hemos almorzado bien; +¿no es verdad, Miguel? Es lástima que no te encuentres en edad de +fumar... te daría un cigarro... Pero ya llegarás a allá...</p> + +<p>Al levantarse del asiento, Miguel se tambaleó un poco, lo cual hizo reír +a su tío. Como éste ya no tenía coche, se fueron a casa del brigadier, y +mandó enganchar el <i>tílbury</i>, y subiéndose a él y poniendo al sobrino a +su lado, empuñó con muy gentil disposición las riendas, y enderezó los +pasos del caballo hacia la Casa de Campo. El tío Manolo era uno de los +primeros mayorales de España; daba lástima que aquellas extraordinarias +facultades hubiesen quedado tan pronto oscurecidas por falta de materia +donde aplicarlas. Miguel iba en sus glorias, admirado de ver al tío +aflojar y recoger las riendas y fustigar al caballo, con tanto arte, +para ponerle al trote corto o largo, y hacerle revolver en poco espacio.</p> + +<p>—¿Qué tal, Miguel?—le preguntó muy complacido de aquella +admiración.—¿Quién lo entiende mejor, Pedro el cochero o yo?</p> + +<p>—¡Tú!—contestó el chico con entusiasmo.</p> + +<p>—Pues aún no has visto nada... Guiar con un caballo lo hace cualquiera. +Mañana pondremos los dos, el Centauro y el Veloz, a la <i>tendée</i>, y verás +cómo me las sé arreglar.</p> + +<p>Desde la Casa de Campo vinieron a dar una vueltecita al Prado. El tío +Manolo fue enseñando a Miguel los trenes más lujosos y nombrándole sus +dueños: también le enseñó las bellezas de la corte.</p> + +<p>—¡Guapa mujer esa que acabo de saludar! ¿eh? Es hija de Bustamante el +banquero...; ligerita..., ligerita!... Allá va la Condesa de +Fuenteseca... no me ha visto... a la otra vuelta la saludaré... ¡Cuidado +que se conserva bien esa mujer!... Adiós, Lucía, a los pies de +V.,—dijo, quitando el sombrero, a una joven rubia que venía en +carretela con otras señoras.—Esa chica que acabo de saludar es +sevillana y muy amiga de la que va a ser tu mamá... ¡muy romántica! +¡muy espiritual!... No tiene una peseta, ¿sabes?... Si va en coche, es +porque la convidan las amigas... De eso hay mucho en Madrid, chico... +¡Te digo que a este caballo le han estropeado la boca! ¡Ese Pedro!... +¡ese Pedro!... No sé cómo tu padre se ha encaprichado por él... yo le +había recomendado otro magnífico que había sido muchos años de +Villamejor, pero no me ha hecho caso, y ha preferido ese bruto...</p> + +<p>Miguel echó una mirada atrás porque estaba seguro de que el lacayo se lo +iba a contar todo a Pedro.</p> + +<p>—Espérate un poco... ahí viene la Albini...</p> + +<p>El tío Manolo saludó a la última moda agitando el sombrero en el aire. +La blonda y obesa cantante, que venía arrellanada en una carretela, le +contestó con sonrisa amistosa.</p> + +<p>—Es la primera tiple absoluta del Teatro Real... ¡Una hermosa mujer!... +y nada arisca... Si te parece, vamos a dar la vuelta para que la veas +bien...</p> + +<p>Y sin más aguardar, hizo revolver al caballo y se puso a seguir el coche +de la Albini, y en toda la tarde no le perdió de vista. Cuando oscureció +se fueron a tomar un sorbete al Iris y después a casa.</p> + +<p>Al día siguiente no hubo colegio tampoco por la tarde, y salieron en +coche como habían convenido a la <i>tendée</i>, luciendo el tío Manolo sus +aptitudes prodigiosas en el Prado. Miguel iba embelesado y orgulloso de +ver que la gente les miraba mucho. Aquella manera de enganchar los +caballos era todavía rara y un poco peligrosa no contando con jacas +amaestradas. Por la noche el tío le llevó al Teatro Real a un palco que +tenían abonado entre varios amigos, le presentó a todos ellos y fue muy +besuqueado y obsequiado de dulces. El tío desapareció del palco durante +un acto, y Miguel supo por los amigos que debía de estar en el cuarto de +la Albini. En efecto, al cabo de una hora vino muy sonriente y +satisfecho y sufrió con alegría la matraca que sus amigos le dieron por +haber dejado al sobrino abandonado. Al otro día después de paseo le +llevó a casa de unos amigos, donde se ensayaban hacía ya tiempo dos +actos de ópera que debían cantarse y representarse en el cumpleaños de +la señora. Esta era una gran música y tocaba el piano admirablemente; de +voz andaba tal cual. Su hija la tenía penetrante y bastante +desagradable, pero sabía cantar. El Sr. de Trujillo, esposo y papá +respectivamente de las mencionadas damas, intendente de ejército, ni +tenía voz ni sabía cantar, pero cantaba. Había otra porción de +tertulianos que con las mismas disposiciones para el arte musical que el +intendente, se habían prestado a tomar parte en la función. Entre todos +ellos descollaba como la robusta encina en bosque de madroños, el tío +Manolo. Miguel pudo convencerse en seguida de que era el gallo de la +quintana. Rivera para aquí, Rivera para allí, Rivera esto, Rivera lo +otro, en todas partes hacía falta y para todo se le consultaba. ¡Cómo +no, si sabía casi tanta música como la intendenta y poseía una voz +aceptable de tenor! Así que de hecho él era el director de la fiesta, +por más que aquella lo fuese de derecho.</p> + +<p>Se iba a cantar un acto de la <i>Lucía</i>, de Donizetti, y otro del +<i>Coradino</i>, de Rossini. Los ensayos hacía ya mas de tres meses que +habían comenzado; todo el invierno había estado el tío Manolo +preguntando a la intendenta: «<i>¿Son tue cifre? A me risponde</i>,» y +contestándole aquélla con voz temblona «<i>Siii.</i>» Apesar de eso no salía +bien; y era porque las partes secundarias no lo tomaban con la misma +afición y calor que las primeras. Los coros de ambos sexos, +particularmente, estaban rematados; cada cual por su lado. En vano la +intendenta ponía mala cara a las señoritas que la secundaban y les +dirigía de vez en cuando alguna pulla amarga: en vano el tío Manolo, con +más paciencia y amabilidad, hacía repetir infinitas veces los pasajes +difíciles. Nada; las señoritas y señoritos que componían la reunión, +tomaban aquellos ensayos como pretexto para verse todas las noches y +decirse recaditos y ternezas; y cuando por indicación de Rivera se +colocaban los varones frente a las hembras a los dos lados del piano, +había un fuego graneado de miradas y señas que ardía Troya; la +intendenta estaba dada a los diablos.</p> + +<p>Cuando la tertulia pareció mostrar interés fue al hablarse de los +trajes. Comenzaron con calor los preparativos de indumentaria; las +coristas encargaron vestidos riquísimos a París y se retrataron con +ellos: los caballeros también fatigaron a los sastres con menudencias +impertinentes. Todo esto era motivo de indignación para la intendenta. +«De trapos muy bien—solía decir con amargura;—pero de música están VV. +tan desnudos como su madre los parió.» El tío Manolo lo tomaba con más +filosofía, sobre todo en lo que tocaba a las señoritas. La intendenta no +estaba lejos de sospechar que también él andaba metido en alguna de +aquellas intrigas amorosas que se urdían descaradamente en su salón.</p> + +<p>Se hicieron en éste algunas reformas necesarias para el caso, esto es, +se construyó en uno de los extremos un bonito escenario. El tío Manolo, +a quien se le alcanzaba también algo de pintura, bosquejó dos +decoraciones bastante regulares. La de la ópera de Rossini representaba +las inmediaciones de un castillo feudal, donde habitaba aquel señor que +aborrecía las mujeres; a la puerta había un gran letrero que decía: <i>Il +feroce Coradino odia il sexo feminino</i>. La de la obra de Donizetti +representaba el salón de un palacio; en el fondo tenía una plataforma +para que se viese bien al tenor cuando entrase a pedir cuentas de la +perrada que su novia le estaba haciendo y causara su aparición más +efecto. El escenario tenía una puerta al foro que daba al gabinete de la +casa; por la puerta de escape de la alcoba habían de salir los artistas +a vertirse en las habitaciones que se les había destinado.</p> + +<p>Todo esto vio Miguel con asombro y deleite. Su tío le llevó varios días +al ensayo y le iba explicando minuciosamente lo que cada objeto del +diminuto teatro significaba y para lo que servía. Los futuros +intérpretes de Rossini y Donizetti le agasajaban mucho; pero una cosa no +podía sufrir con paciencia, y era que todos al besarle o darle +afectuosas palmaditas en el rostro le mostrasen compasión.—¿Dónde +tienes a papá?—En Sevilla, contestaba él.—¿Y qué fue a hacer a +Sevilla? le preguntaban sonriendo. Miguel se encogía de hombros.—¿No +fue a buscarte una mamá? Él se callaba. Entonces le daban un beso y +volviéndose a los demás exclamaban por lo bajo:—¡Pobrecito! Estas +exclamaciones le inquietaban un poco; mas al instante se disipaba la +mala impresión. Aquellos días su tío le traía sumamente divertido; al +colegio por la tarde ya no había vuelto; después de almorzar en casa o +fuera, al paseo, al casino, donde veía a tío Manolo jugar una partida de +carambolas, algunas veces a los toros y por la noche al ensayo o al +teatro. El ama de llaves le decía sacudiendo la cabeza con +disgusto:—¡Buena vida te estás dando, Miguelito! ¡No sé en qué pararán +estas misas!—El brigadier hacía ya más de ocho días que se había ido y +no daba noticia del retorno. En casa del tío Bernardo no había vuelto a +poner los pies; sin duda la antipatía, o por mejor decir, el miedo que +aquél inspiraba a tío Manolo era la causa principal de este alejamiento. +Sin embargo, una tarde vino Enrique a convidarle a comer de parte de sus +papás y fue muy recriminado de toda la familia por su ingratitud.</p> + +<p>Llegó por fin el cumpleaños de Anita; así llamaban los amigos a la +intendenta apesar de hallarse ya cerca de los cuarenta y no poder +revolverse de gorda. Desde las primeras horas de la mañana tío Manolo +anduvo tan diligente y afanoso, que no pudo el sobrino echarle la vista +encima hasta que vino a decirle que a las siete volvería por él. Y en +efecto, antes que fuesen sonadas se presentó a buscarle y con el bocado +en la boca le llevó a casa de Trujillo. Si inquieto y preocupado andaba +el tío Manolo, no lo estaba menos la intendenta; a más del temor natural +de que se desluciesen por culpa de los otros sus reconocidas y acatadas +facultades de cantante, el negocio de las invitaciones le daba mucha +guerra; para no agraviar a ninguna se habían convidado más personas de +las que cabían en el salón; cuando empezó a llegar la gente hubo algunos +disgustos; varias señoras se vieron obligadas a quedarse de pie por +falta de asiento y algunas se marcharon muy desabridas antes de comenzar +la fiesta. ¡Buenos irían poniendo a los Trujillo! Para que no ocupase +silla, tío Manolo llevó a Miguel al escenario. No le pesó de ello; al +contrario, los preparativos, el trajín de los artistas, las voces, las +risas le llenaban de gozo. Cuando comenzaron a llegar de los cuartos +perfectamente disfrazados todos aquellos señores y señoras, tardó en +reconocerlos; al pasar por delante de él le preguntaban acariciándole la +cara:—¿Me conoces, Miguelito?—Y él, después de mirarlos con atención, +decía:—Sí, Fulano—y esto le causaba un vivo placer. Pero el que le +dejó confuso, absorto y entusiasmado fue tío Manolo vestido de señor +feudal; llevaba botas de ante amarillo que le llegaban hasta los muslos +y el cuerpo ceñido con loriga que brillaba como un espejo; el casco era +enorme y asombroso por la cantidad de águilas, grifos y dragones y otros +animales emblemáticos que le adornaban; la barba le llegaba casi hasta +la cintura, y hasta el medio de la espalda los cabellos. Finalmente, en +esto, como en todo lo demás, se reconocía el gusto y la esplendidez de +Rivera.</p> + +<p>Su aparición causó mágico efecto en el auditorio y fue saludado con una +salva de aplausos. También a la intendenta se la aplaudió al salir. El +acto de <i>Coradino</i> fue un triunfo para ambos: tío Manolo <i>dijo</i> su aria +de salida admirablemente, según dos o tres <i>dilettantti</i> sietemesinos +que allí se encontraban, y eso que era difícil de <i>vocalizar</i>; era +precisamente el fuerte de Rivera; no tenía gran voz, pero vocalizaba +perfectamente. Donde la intendenta le llevó mucha ventaja fue en la +mímica: Anita era una consumada actriz, mientras el tío Manolo se movía +poco y con trabajo en la escena. El acto de <i>Lucía</i> comenzó igualmente +muy bien: los coros, contra lo que se esperaba, estuvieron bastante +acertados: Rivera dijo sus primeras frases de indignación con buen +éxito: el concertante tampoco salió mal. Mas al terminarse el acto, +cuando el célebre <i>¡Ah maledetto!</i> del tenor, el tío Manolo tuvo la +desgracia de soltar un gallo. Nunca había dado las notas altas muy +claras y las temía mucho. En el auditorio se levantó un leve murmullo, +al cual siguió un estrepitoso aplauso en testimonio de simpatía y +perdón. Rivera, sin embargo, se desconcertó completamente y cantó lo que +quedaba rematadamente mal. En cambio la intendenta apretó de firme, +sobre todo en la declamación: al echar los brazos al cuello a Rivera +para retenerle, estuvo inimitable. Cuando bajó el telón, tío Manolo, +desesperado, saltándosele las lágrimas, agitó los puños contra el suelo +exclamando:</p> + +<p>—¡Infame tierra! ¿por qué no te abres y me tragas?</p> + +<p>Miguel, que presenciaba el espectáculo desde los bastidores, se conmovió +profundamente al ver el dolor de su tío.</p> + +<p>Así terminó la ópera casera. Al día siguiente tío Manolo, cuando fue a +visitarle, estaba muy triste y avergonzado y no tuvo humor para sacarle +a paseo. El brigadier no acababa de anunciar su salida: sin embargo, se +sospechaba que no tardaría en llegar. Para acabar de ponerle de mal +humor, el tío Manolo recibió una carta del director del colegio +noticiándole que Miguel se descuidaba mucho en sus estudios hacía ya +algunos días. Esto ocasionó una muy fuerte desazón entre tío y sobrino.</p> + +<p>—¡Mira, mira, majaderillo, lo que me dice el director!—exclamó lleno +de cólera.—¿Es ésta manera de portarse? ¿Qué dirá tu padre cuando venga +y lo sepa? ¿Para eso procuro yo que te diviertas?...</p> + +<p>El fuerte de tío Manolo no era la lógica: porque procurar que se +divierta un chico no es procurar que estudie. Bien lo comprendió Miguel, +pero no quiso contestarle conociendo su carácter arrebatado: además, no +le convenía ponerse mal con él.</p> + +<p>—¡Chiquillo! ¡Tontuelo! ¡Ponerme a mí en berlina de esta manera!... +¡Vaya un modo decente de corresponder a mis condescendencias!... Nada, +si con estos chicos es mejor ser malo que bueno... ya me voy +convenciendo de eso... ¡El palo, el palo... esto es lo único que +respetan!... ¿A que no harías esto con tu tío Bernardo si él se hubiese +encargado de ti?... ¡Hombre, me parece que si fueses hijo mío te rompía +el trasero a azotes en este momento!</p> + +<p>Miguel aguantó el chubasco con la cabeza baja y sin chistar. Y ya que se +hubo bien desahogado tío Manolo se marchó dando un gran portazo.</p> + +<p>Pero al otro día vino tan risueño como si tal cosa, salieron juntos a +paseo y por la noche le llevó al cuarto de la Albini. Todavía disfrutó +el hijo del brigadier otros cuatro o cinco días de vida regalona, porque +su tío no volvió a acordarse de mandarle estudiar más que del santo de +su nombre; al cabo llegó carta de Sevilla anunciando la salida del +brigadier y su nueva esposa, y las cosas tomaron repentinamente un +aspecto más serio. Por convenio expreso entre ambos, Miguel había de ir +por la mañana a buscar a su tío con la carretela, y desde la fonda irían +a esperar a los viajeros.</p> + +<p>Cuando subió a la fonda a eso de las siete, tío Manolo comenzaba a +aderezarse, en cuya grave y prolija ocupación no gustaba de que nadie le +turbase. Sin embargo, Miguel logró entrar en el cuarto y se sentó +respetuosamente en una silla a esperar que se diese por terminada. El +negocio no era tan fácil y expedito como a primera vista parecía: el Sr. +de Rivera había sido siempre extremadamente escrupuloso en el lavado, +planchado y demás artes decorativas; gustaba asimismo de que todas las +prendas que usaba le viniesen como anillo al dedo; cualquier +discrepancia en esta materia conseguía alterarle la bilis. Cuando Miguel +entró estaba vivamente satisfecho porque los pantalones que estrenaba le +habían salido muy bien. Dio tres o cuatro vueltecitas taconeando por el +gabinete, y parándose delante del espejo, dijo:</p> + +<p>—¿Qué tal, Miguel, te gustan estos pantalones?</p> + +<p>Miguel no entendía casi nada, pero contestó afirmativamente.</p> + +<p>—Yo creo—manifestó Rivera con voz conmovida—que son los que mejor me +ha sacado Utrilla hasta ahora... Y el género es muy rico... inglés +legítimo... tócalo, haz el favor de tocarlo...</p> + +<p>Miguel le dio un pellizquito al paño y dijo que sí, que era bueno.</p> + +<p>—¡Doce duros, amiguito!—Y viendo que el sobrino le miraba sin +comprender, repitió:</p> + +<p>—Que me han costado doce duros como doce soles... Pero chico, qué +quieres, cuando las cosas salen bien, doy por bien empleado el dinero... +Lo triste es darlo cuando salen mal... ¡La verdad, se ha portado el +amigo Utrilla! Y que no hay otro pantalón en Madrid igual... Es el único +que ha venido de este dibujo...</p> + +<p>Lo decía en un tono que rebosaba de alegría, moviéndose delante del +espejo y dando pataditas en el suelo. Después se puso a silbar <i>La donna +e móvile</i> y se fue a la alcoba a buscar la camisa que ya tenía preparada +sobre la cama. Pero la camisa no logró satisfacerle como el pantalón; la +pechera hacía bomba y el cuello estaba poco descotado. Después de +mirarse gravemente al espejo muchas veces y de procurar arreglarla +tirando de ella hacia abajo, el tío Manolo soltó un terno y echó una +mirada feroz a Miguel. En seguida, procurando refrenarse, sin poder +conseguirlo, exclamó por lo bajo y sonriendo forzadamente:</p> + +<p>—¡A que no me visto hoy, Miguelito!</p> + +<p>Pero éste, en vez de contestar a la sonrisa con otra, permaneció muy +serio y asustado adivinando la tempestad que hervía debajo de tales +palabras. En efecto, Rivera no tardó en murmurar una blasfemia +espantosa. Estaba muy pálido y se le había formado un círculo oscuro en +torno de los ojos.</p> + +<p>—Oyes, Miguelito, ¿quieres hacerme el favor de salirte a la +sala?—dijo a su sobrino en un tono almibarado, pero muy sospechoso.</p> + +<p>Miguel se apresuró a escapar del gabinete. No tardó en oír fuertes +trastazos, acompañados de vivas interjecciones, paseos y un resuello +lúgubre de malísimo agüero. Al fin todo quedó en silencio, y curioso de +saber en qué consistía, miró por la rendija de la puerta, y vio a su tío +sentado en una butaca, en mangas de camisa, hundida la cabeza en el +pecho, el pelo caído por la frente en la más triste y desesperada +actitud que nadie pudiera imaginarse. Después de permanecer algunos +minutos en tal estado, vecino de la locura, vio que se levantaba, y con +cristiana resignación sacaba del armario la tercer camisa, y después de +meterle los botones, se la ponía dando un profundo suspiro. Al cabo de +un cuarto de hora, concluida su tarea, salió del gabinete serio, +tranquilo, un poco pálido, como sucede siempre después de las grandes +crisis. Al encontrarse sus ojos con los de Miguel, sonrió avergonzado. A +éste le acometieron aquellas malditas ganas de reír que tanto daño le +causaron, y no faltó mucho para echarlo todo a perder. Por fortuna +consiguió refrenarlas.</p> + +<p>Encamináronse lo más pronto posible al parador de la silla de posta, que +no tardó en llegar. Abrió la portezuela el tío Manolo, y se apresuró a +dar la mano a su cuñada, que saltó en tierra con mucha compostura y +elegancia. El brigadier, después de abrazar a su hijo, lo presentó a su +nueva mamá, quien le dio un beso en la mejilla, reparando poco en él. +Era una mujer hermosa, alta, maciza de carnes, el rostro blanco y +ovalado, negros y grandes los ojos, pestaña larga, cabello castaño +tirando a rubio, derecha de espaldas y cogida de cintura, gallarda y +briosa en sus movimientos y un tantico soberbia. Miguel entendió que no +había visto nunca nada tan bello, y la expresó su rendimiento mirándola +hasta comérsela con los ojos. Terminados los saludos y las preguntas que +en casos tales suelen repetirse bastante, se entraron los cuatro en la +carretela. Sentose la dama en el fondo a la derecha, y el brigadier a su +lado: Miguel y el tío Manolo se acomodaron enfrente. Comprendiendo el +buen efecto que en su hijo había causado la mamá que le traía, el +brigadier iba muy complacido y estaba harto locuaz; mucho más de lo que +acostumbraba. El tío Manolo, por cierto instinto de coquetería que jamás +le abandonaba, hacía esfuerzos por mostrarse agudo y chistoso delante de +su cuñada, y la abrumaba a galanterías.—«Ángela, ¿te molestan las +ventanillas abiertas?—la decía llamándola por su nombre y tuteándola +ya.—¿Quieres que cerremos ésta de la derecha? ¿Llevas los pies fríos? +Dame acá esa sombrilla. Échate hacia atrás, que irás más cómoda.» La +hermosa dama contestaba a estos homenajes con leves sonrisas no exentas +de displicencia.</p> + +<p>—Vamos, Miguel—dijo el brigadier.—¿No te parece mejor tu mamá que el +retrato?</p> + +<p>Miguel, ruborizado y gozoso, contestó que sí con la cabeza.</p> + +<p>—De modo que votas a mi favor, ¿verdad?—le preguntó la nueva +brigadiera con gracioso acento andaluz.</p> + +<p>Miguel, avergonzado, no se atrevió a contestar.</p> + +<p>—¡Ya lo creo que vota!—respondió por él su padre.—Y está dispuesto a +hacer todo lo que esté de su parte por que le quieras mucho. ¿No es +verdad que serás siempre obediente a tu mamá, y no la darás ningún +disgusto?</p> + +<p>El muchacho afirmó otra vez con la cabeza.</p> + +<p>—Vaya, dala un beso ahora.</p> + +<p>Miguel fue muy gustoso a besarla en la mejilla, pero en aquel instante +la dama sacó la cabeza por la ventanilla para ver los edificios de la +Puerta del Sol, mientras le tendía su mano enguantada. El niño, +obedeciendo a un signo de su padre, la tomó entre las suyas y la besó.</p> + +<p>Al llegar a casa volvió el tío Manolo a ayudarla a saltar del coche y +ofrecerla caballerosamente su brazo para subir la escalera. El brigadier +y su hijo marchaban detrás.</p> + + + +<h3><a name="Va" id="Va"></a>V</h3> + + +<p>Aquella hermosa señora que estusiasmó a Miguel, era hija de una familia +sevillana, tan necesitada de bienes de fortuna como rica en timbres y +blasones. Había tenido innumerables admiradores, algunos novios y casi +ningún pretendiente. Los hombres en esta edad prosaica rara vez se +vuelven locos por amor; y locura era casarse con Ángela Guevara no +poseyendo mucho dinero y buenos deseos de gastarlo: porque esta joven +esclarecida, educada en la adoración de su estirpe, tenía de ella tan +alto concepto y tan pagada estaba igualmente de su belleza, gallardo +ingenio, despejo y gentileza, que ningún palacio consideraba bastante +suntuoso, ningún trono suficiente elevado para contener y soportar tal +suma de perfecciones. Su entrada en los teatros y paseos de Sevilla +levantaba siempre un murmullo de admiración en la gente: los forasteros +se apresuraban a preguntar a los naturales:—¿Quién es esa joven?—¿Le +gusta a V., verdad?—solían contestar chuscamente,—pues tenga V. +cuidado, porque es de mírame y no me toques.—Y era cierto: la noble +doncella pasó bastantes años (hasta alcanzar casi los treinta), sin que +nadie se atreviese más que a mirarla: era una soberbia figura +decorativa, el mejor ornamento quizá, exceptuado la Giralda, de la +ciudad que baña Guadalquivir famoso; pero como aquélla, ni los ingleses +siquiera osaban llevársela.</p> + +<p>Y así se hubiera estado la pobre hasta desmoronarse, a no haber +arribado, en comisión del servicio, el brigadier Rivera. Ángela había +llegado en materia de novios a un escepticismo desconsolador: tanto la +habían requebrado con la vista y con la lengua sin ulteriores +consecuencias, que concluyó por imaginar que el amor era un frívolo +entretenimiento para no aburrirse en las tertulias, y el marido (el +suyo, por supuesto) un ser hipotético, una incógnita imposible de +despejar. Así, cuando el brigadier, rendido a tanta hermosura, se +resolvió a pedir su mano, entregola apresuradamente como si fuera un +peso que la molestase: y no reparó en la diferencia de edad, ni en la +figura quijotesca del pretendiente, ni en la viudez, ni en el hijo que +estaba allá por Madrid: todo era nada comparado con el magno problema +que se resolvía: casarse y vivir con boato en la corte. Sevilla entera +se alegró; dio un suspiro de descanso, exclamando: ¡Al fin la hemos +casado!</p> + +<p>Aquí dan comienzo las desdichas del héroe de nuestra historia. Tan +pronto como la noble doncella andaluza pisó los umbrales de la casa de +Rivera, tomó las llaves de los armarios y se encargó de su dirección, +tuvo a bien arrojarle el guante. No se detuvo en melindres hipócritas, +ni preparó el terreno, ni dejó trascurrir siquiera el tiempo de +cortesía, como hacen la mayor parte de las madrastras; desde el primer +momento reveló que Miguel no le agradaba y le declaró la guerra; por lo +menos tuvo el mérito de la franqueza. Aquél tardó bastante tiempo en +recoger el guante. La impresión que su nueva mamá le había producido era +demasiado grata para que se borrase fácilmente; pensó que se entraba un +ángel del cielo por su casa. Pronto se hubiera trocado la admiración en +amor, si la gentil señora le hubiese tendido su mano protectora. Pero no +fue así: la nueva brigadiera rechazó indignamente la fija mirada de +adoración que Miguel tenía como muda caricia posada constantemente sobre +ella. En vez de agradecerla y de sentirse lisonjeada, comenzó a exclamar +ásperamente en presencia de los criados: «¿Por qué me mirará tanto este +niño?» Miguel no comprendió en un principio que su madrastra le daba +calabazas. Su inteligencia infantil no podía darse cuenta de que un ser +tan hermoso aborreciese a quien no le había hecho ningún daño, y +persistió cándidamente en su amor platónico. Mas a la postre no tuvo más +remedio que percibir que se le declaraba la guerra, ¡guerra bien injusta +por cierto, y bien desigual! Sintió las espinas de aquella rosa +espléndida, y quedó confuso y apenado. Era un temperamento muy nervioso +el suyo; no cabía en él la indiferencia: o amaba o aborrecía. Por eso, +pasada la sorpresa, sin buscar la razón de tal antipatía, trocose presto +su amor en odio. Y a los pocos días la brigadiera Ángela, si quiso, pudo +observar que los ojos de Miguel no expresaban ninguna clase de +adoración.</p> + +<p>Encendiose más con esto la mala voluntad de aquélla; la guerra estalló +con todos sus horrores, sin tregua y sin cuartel. Si Miguel salía de +paseo con el lacayo, los ojos penetrantes de la andaluza siempre +descubrían a la vuelta en su traje alguna mancha, algún <i>siete</i> mal +recosido por una sirviente piadosa:—«¡Jesú, qué niño ma susio y ma +revoltoso! ¿Qué dirá la gente que le vea? Dirá que yo le abandono y le +dejo andar hecho un pordiosero. ¡Es una vergüensa!» Si se quedaba en +casa y jugaba con los criados, la señora se ponía furiosa, le dolía la +cabeza, hablaba de la bajeza de sentimientos que el muchacho revelaba, +allanándose a estar siempre entre la servidumbre, e increpaba duramente +al brigadier porque <i>no sabía educar a su hijo</i>. Si, por complacer a su +padre, tomaba la resolución de estarse quieto y sentadito en una silla +toda la tarde, esto era lo que no podía ver <i>el pasmo de +Sevilla</i>:—«¡Jesú qué niño tan posma! ¡Siempre en las mismitas faldas de +una, mirándolo todo, observándolo todo!... ¡Ay, qué fatiga!»</p> + +<p>Ni era fácil, como se ve, que le diese gusto en nada. El brigadier +padecía mucho con esta injustificada aversión y procuraba mitigarla, sin +resultado alguno. Necesitábase la pasión loca que su mujer le había +inspirado y su carácter pacífico, para que algunas veces no hubiese un +escándalo en casa. Los parientes, en cuanto se hicieron cargo de lo que +pasaba, mostraron mucho disgusto. El más indignado fue tío Manolo:—«¡El +día que vea a esa <i>petenera</i> tratar mal a mi sobrino—había dicho en +cierta casa,—como no se tape las orejas con cera va a escuchar cosas +muy lindas!» Y pasó como había previsto. La brigadiera, que no se +recataba de nadie para hacer lo que se le antojaba, reprendió agriamente +a Miguel en presencia suya, y entre otros insultos cometió la ligereza +de llamarle <i>mala casta</i>. Oír esto y volverse loco tío Manolo, fue todo +uno; por milagro no acabó allí mismo con su cuñada. Así y todo la agarró +fuertemente por el brazo, y soltando tres o cuatro ternos seguidos, le +escupió más que le dijo: «Oyes tú, grandísimo pendón; su casta es mejor +que la tuya siete mil veces... ¿Qué hubiera sido de ti si no te hubieras +casado con el calzonazos de mi hermano? ¿Así pagas el bien que te ha +hecho, insultándole a él y a todos nosotros?... ¡Pues mira, chica, que +el porvenir de tu casta hubiera sido lucido como hay Dios!... Estabais +con el agua al cuello, más pobres que las arañas, ¿y todavía vienes +echando fieros?... ¡Si le digo a V., hombre, que es morirse de risa!... +¡Vaya un hermano babieca que tengo!... ¡Babieca!... ¡Más que +babieca!...»</p> + +<p>La brigadiera, respuesta al instante del susto, se revolvió airada y le +vomitó tres o cuatro insultos feroces, y después tuvo por oportuno +desmayarse. Tío Manolo salió del gabinete batiendo las puertas y +soltando juramentos. Encontrose en la escalera a su hermano, y +encarándose con él, le dijo: «¡Parece mentira que con esos bigotazos te +traiga alineado la cursilona de tu mujer! ¡El día que vuelva a poner los +pies en tu casa, que me entierren vivo!»</p> + +<p>Y sin aguardar la respuesta del atónito brigadier, bajó en cuatro saltos +la escalera y desapareció.</p> + +<p>La bella andaluza logró al cabo de poco tiempo indisponerse con todos +los parientes de su marido, y lo que es más grave, que éste apenas se +tratase con ellos. En cambio comenzaron a frecuentar la casa bastantes +miembros de la colonia sevillana amigos de la familia Guevara: la +mayoría señoras y señoritas. Entre estas últimas la más íntima y asidua +fue Lucía Población, aquella joven rubia que D. Manuel de Rivera saludó +en el Prado llevando a Miguel en su compañía. Los pormenores biográficos +que había dado a su sobrino eran exactos.</p> + +<p>Lucía no tenía fortuna; vivía atenida a una pensión que el Estado le +pagaba por haber sido su padre regente de la Audiencia de Puerto Rico. +Relacionada y aun emparentada por su madre con varias familias +aristocráticas de Sevilla y Madrid, disfrutó, aunque sin poseerlo, del +bienestar y esplendor que el dinero procura. Desde que había quedado +huérfana de padre, sus ricos parientes habían tenido la amabilidad de +invitarla a comer con frecuencia y llevarla al teatro y al paseo. A los +diez y siete años perdió también a su madre y fue recogida por los +Marqueses de Cisneros, sus parientes más próximos establecidos en +Madrid. Como Lucía era una joven hermosa, discreta y bien educada, y +como por otra parte contaba con diez o doce mil reales de orfandad, fue +carga muy liviana para aquellos señores, que sólo tenían dos hijos y +gozaban buena renta. Había sido en Sevilla muy íntima de la familia +Guevara, y en particular de Angelita, por más que ésta la aventajase en +edad siete u ocho años lo menos. Enfriadas un poco las relaciones por la +separación, volvieron a calentarse tan pronto como se encontraron en +Madrid. Al poco tiempo de llegar Ángela, su amiga apenas salía de casa +sino para dormir; ni al paseo, ni al teatro, ni a misa siquiera dejaban +de salir juntas.</p> + +<p>Era Lucía una rubia de las dichas vulgarmente vaporosas; ojos azules y +claros y un poco húmedos, tersa y blanca la frente, los cabellos como +madejas de oro, las cejas perfiladas en arco, algo aguileña, el talle +fino y esbelto, el rostro alegre y muy apacible. Formaba su hermosura +dichoso contraste con la de la brigadiera; quizás fuera este el +fundamento más sólido de su amistad. También se diferenciaban +notablemente en el humor. Ángela era desdeñosa, irascible, absolutamente +incapaz de enternecerse, amiga de los placeres de la mesa sobre todos +los demás. Lucía era romántica, llorona, con ribetes de literata, amiga +de contar los sueños y los presentimientos, muy habladora, astuta y +zahorí para explicar los misterios y laberintos del corazón; apenas +comía. De tal diversidad de cuerpo y espíritu nacía el acuerdo que +entre ellas existía. Ángela mandaba sobre Lucía, pero a condición de +escucharla, lo cual no le costaba trabajo; ejercía sobre ella un cierto +protectorado maternal. Lucía en sus adentros compadecía a su amiga por +estar tan ignorante de los inefables deleites de la poesía y del amor, y +en este mutuo aprecio y desprecio vivían ambos genios acordados y +tranquilos.</p> + +<p>Lucía notó en seguida la antipatía de su amiga por el hijastro, y trató +de vencerla suavemente; pues no hallaba fundamento para ello. Recordaba +Miguel después de hombre que la belleza de esta señora no le había +impresionado como la de su madrastra; mas el cariño que le mostró y su +carácter afable y expansivo, concluyeron, no obstante, por seducirle. Un +día, recién casado su padre, charlaban las dos amigas mientras él jugaba +en un rincón; debía referirse la conversación a su persona, porque ambas +le miraban a menudo, la mamá con ojos severos y desdeñosos, Lucía con +dulzura.</p> + +<p>—Ven acá, Miguelito—le dijo ésta de pronto. Miguel acudió al +llamamiento. La amable señorita le hizo unas cuantas preguntas de poca +sustancia, y cogiéndole después por la barba y mirándole fijamente, dijo +como si atase el hilo a una conversación empezada:</p> + +<p>—¡Pues no es feo este chico, Ángela!</p> + +<p>La brigadiera calló. Miguel, que tenía ya más penetración de lo que se +figuraban, comprendió que había estado su rostro sobre el tapete, y +agradeció toda su vida a la blonda sevillana esta buena opinión.</p> + +<p>Otra vez su nueva mamá, cuya antipatía fue siempre en aumento, le +castigó por haber roto con la pelota un juego de tocador que le habían +regalado en su boda. Dejolo encerrado en el cuarto ropero con orden a los +criados de que bajo ningún pretexto le diesen de merendar, y se fue de +visita con su marido. Llegó al poco rato la señorita de Población, y +enterándose de que no había nadie en casa más que Miguel, y éste sumido +en oscura mazmorra, tuvo a bien sacarle de ella, apesar de las +advertencias de las doncellas, que temían a su señora más que al mismo +demonio. Llevolo al comedor, hizo que le diesen de merendar y le +acarició y agasajó cortesísimamente. De este y otros favores fue Miguel +deudor a esta dama durante su permanencia en la casa paterna, y siempre +se los tuvo muy en cuenta.</p> + +<p>A la brigadiera se le había metido en la cabeza casar a su amiga, y +casarla ventajosamente. Como Miguel era muy niño y no se recataban de +él, pudo oír varias conversaciones acerca de este punto y hasta percibió +alguna vez el nombre del novio que su mamá proponía. A todos los +encontraba la amable señorita poco adecuados; juraba y perjuraba que +sólo se casaría cuando hallase el marido que había visto en sueños o al +menos el que más se le pareciese. A esto contestaba la brigadiera que no +fuese tonta, que todo era música celestial y que lo importante era +casarse con un hombre capaz de mantenerla en la categoría y con el +bienestar que había disfrutado siempre. Digamos que la vaporosa rubia no +echó en saco roto los consejos de su buena amiga y aun que supo +aprovecharlos. Pero esto se verá más adelante.</p> + +<p>Al año de casarse el brigadier diole su esposa, como fruto de bendición, +una hermosa niña que se bautizó con el nombre de Julia: fue refuerzo de +desgracia para el pobre Miguel, aunque de modo inocente. Como astro de +primera magnitud, oscureció a los demás seres racionales e irracionales +de la casa, y pasó a ser el centro de todas las miradas y atenciones, y +el tema de todos los discursos. En los días que siguieron a su +nacimiento Miguel vivió completamente ignorado, haciendo lo que bien le +placía, gozando una calma dichosa. Por desgracia, duró poco. Las negras +pupilas de la brigadiera no tardaron en caer de nuevo sobre él, y detrás +de aquellas pupilas se agitaba ahora un pensamiento tan egoísta y +mezquino como acorde con nuestra flaca naturaleza. Aquel chicuelo que +tenía delante iba a privar a su hermosa y adorada hija de una mitad de +fortuna, por lo menos. Este pensamiento, siempre fijo, siempre presente +en el cerebro no muy sólido de la brigadiera, llegó a exasperarla a tal +punto, que convirtió la casa muy pronto, de monarquía absoluta, pero +discreta, que era, en feroz e insufrible despotismo. El mismo brigadier, +que tenía a mucha honra no haberse pronunciado jamás contra las +instituciones vigentes, estuvo a pique de sublevarse con toda la +guarnición, representada por Miguel y tres o cuatro criados antiguos. Y +como la soga quiebra siempre por lo más delgado, la guarnición padeció +más en este lance que su digno jefe. Después de frecuentes combates, +emboscadas, escaramuzas y hasta batallas campales en que la brigadiera +dio pruebas de ser consumada estratégica, muy superior por cierto a su +marido, que no pasaría jamás de mediano general de división, a los tres +fieles y antiguos servidores se les dio la absoluta, y a Miguel... +también se la dieron. Veamos de qué modo.</p> + +<p>Tenía Julita dos años, poco más o menos. Era una niña encantadora, que +se reía hasta desternillarse cuando caía cualquier objeto al suelo, y +decía ya papá y mamá correctamente y con propiedad. Al mismo tiempo +demostraba felices y excepcionales disposiciones para la música clásica. +Cuando su padre entonaba con vozarrón de sochantre el aria de bajo de +<i>Lucrezia Borgia</i> o la serenata de <i>Fausto</i>, la niña se enternecía, +empezaba a hacer pucheritos, y concluiría por llorar frenéticamente, si +antes no diese la brigadiera la voz preventiva de: «¿Quieres callarte, +Fernando?»</p> + +<p>No es posible negar, sin embargo, que Julita profesaba algunas ideas +equivocadas acerca del régimen gramatical y del valor de las palabras. +Por ejemplo, ¿qué razón podía tener para llamar a la carne <i>chicha</i> y a +la niñera <i>Tita</i>, nombrándose Felisa? Comprendemos perfectamente que +para pedir queso dijese <i>quis quis</i>: aquí, por lo menos, existe la raíz +del verdadero vocablo. Sus opiniones acerca de los instintos y carácter +de los animales domésticos eran igualmente absurdas. Al paso que +exageraba hasta lo indecible el poder y la fiereza de las gallinas, +huyendo de ellas con gritos de terror, guardaba simpatía viva y profunda +hacia los gatos, la cual no pudo destruirse con los frecuentes arañazos +que estas ingratas criaturas infligían sobre sus tiernas manecitas. Así +que tropezaba con uno perdía nuestra Julia la chabeta, y gritando con la +dulzura de un ruiseñor «¡papá, <i>mamo</i>! ¡papá, <i>mamo</i>!» se iba hacia él y +le cogía por el rabo. En la misma categoría que los gatos, o acaso un +poco más alto, colocaba Julita a su hermano Miguel, a quien llamaba +<i>Michel</i>. Era un cariño ciego el que le tenía: lo mismo era verle, que +sus bracitos se agitaban de alegría, lanzaban chispas de gozo los ojos, +y pedía con toda la fuerza de sus pulmones que trajesen a <i>Michel</i>, o le +diesen a ella la muerte. Así que le tenía cerca, le tiraba por los +cabellos hasta hacerle llorar, en señal de admiración, o bien llenaba su +rostro de baba. Miguel, más galante que los gatos, no sólo se dejaba +tirar de los pelos con la paciencia de un mártir, pero hasta buscaba con +afán las ocasiones del martirio. Con una generosidad de que hay muy +pocos ejemplos en la historia, no solamente perdonaba a su hermanita sus +feroces caricias, sino también los malos tratos y desabrimientos que por +causa de ella estaba obligado a padecer. Porque la brigadiera no podía +sufrir con paciencia esta simpatía: se irritaba contra su hija cuando +pedía que le trajesen a Miguel sin demora, y mucho más cuando éste, +<i>motu propio</i>, se llegaba a darla un beso. Teníale formalmente prohibido +el tomarla en brazos, jugar con ella, y en general acercarse cuando no +se lo mandasen: pero nuestro Miguel, desafiando las iras de la +brigadiera unas veces, y otras burlando su vigilancia, pasaba largos +ratos con ella, haciendo payasadas para verla reír, o acariciándola +buenamente.</p> + +<p>Una mañana se hallaba Julita muy arrellanada en su cuna, contemplando +fijamente el cielo raso. La niñera la había dejado sola por irse a +retozar a la cocina. Su rostro ofrecía una gravedad desusada; los ojos +inmóviles, estáticos; los labios plegados en señal de reflexión; las +manos descansando tranquilamente sobre el vientre. Todo parecía indicar +que estaba embebida en alguna meditación fantástica. De vez en cuando +levantaba un poco la mano y chasqueaba la lengua, lo cual comunicaba una +melancolía profunda a su meditación: otras veces decía en voz baja y +ronca: «¡upa, upa!» Arrastrada por el torbellino de sus tristísimas +ideas, hubiera concluido sin duda por llorar y gritar desesperadamente, +si al entornar un poco la vista hacia la puerta no hubiese visto en ella +admirablemente peinado y acicalado a su hermano Miguel.</p> + +<p>—<i>¡Michel, Michel!</i>—dijo saliendo de su estupor doloroso y extendiendo +hacia él los bracitos desnudos.</p> + +<p>Miguel se dirigió a ella mirando a todas partes como un ladrón que teme +ser sorprendido. Al instante quedaron los dos confundidos en un estrecho +abrazo: del cual abrazo resultó Miguel completamente despeinado, con la +cara llena de baba y sin corbata. Julita la blandía en señal de triunfo.</p> + +<p>El muchacho, que había sufrido con harta impaciencia que le asease la +doncella, permitió ahora muy complaciente que su hermana le desasease, y +acercando a ella los labios, le preguntó bajito:</p> + +<p>—Di, ¿me quieres, mona?</p> + +<p>La niña volvió a tirarle de los pelos y a sobarle la cara en fe de +eterno cariño.</p> + +<p>—¿A quién quieres más, a mí o a Tita?</p> + +<p>—Michel, Michel—dijo Julita trayéndole hacia sí y dándole un furioso +puñetazo en la nuca. Y no contenta con esta clara manifestación, +prosiguió con énfasis:</p> + +<p>—Tita feya... Michel apo.</p> + +<p>Miguel enajenado besó apasionadamente los brazos de su hermanita. +Después le preguntó:</p> + +<p>—¿Quieres que te coma?</p> + +<p>Habiendo asentido Julita con una docena de inclinaciones de cabeza, el +chico comenzó a figurar que la comía los brazos, la cara, el pecho, las +piernas, en fin, toda su diminuta persona. La niña se deshacía de gozo +al verse devorada de tan gentil manera.</p> + +<p>—¿Te como más?</p> + +<p>Claro está. Julita deseaba que la comiese hasta no dejar rastro de ella. +El tigre, así que hubo terminado, descansó algunos instantes sobre la +misma almohada de su víctima. Esta todavía se arrancaba la carne del +pecho a puñados para ofrecérsela.</p> + +<p>—Oyes, Julita, ¿cómo hace el gato?</p> + +<p>—¡Mau, mau!</p> + +<p>—¡Ca! no es así, verás tú como hace.</p> + +<p>Y poniéndose en cuatro patas, comenzó a dar vueltas por la estancia, +lanzando tales y tan verdaderos maullidos, que Julita quedó suspensa y +estática, creyendo tener delante de sí y en realidad un individuo de la +raza felina. Como no era cosa de dejar pasar tan oportuna ocasión de dar +a conocer sus benévolos sentimientos hacia esta familia, dijo con +profunda convicción:</p> + +<p>—Mamo, apo.</p> + +<p>Miguel vino triunfante a ella, y la dio un beso.</p> + +<p>—¿Quieres agua, monina?—le preguntó de repente.</p> + +<p>No sabemos qué clase de motivos habrían impulsado a Miguel a ofrecer tan +espontáneamente agua a su hermana. Sean los que quieran, lo cierto es +que ésta, como no podía negarle nada, aceptó el ofrecimiento. Mas al +servírsela el bueno de Miguel, dejó caer sobre la cuna el vaso lleno. La +niña estuvo tres veces para llorar y otras tantas para reír: al fin se +decidió por lo último, hallando muy gracioso, aunque demasiadamente +húmedo, el chiste de su hermanito. Para recompensar su tolerancia, éste +tornó a hacer el gato con más voluntad aún y maestría. Después imitó al +perro y al burro menos que medianamente. Al fin, queriendo terminar de +un modo digno y brillante sus trabajos zoológicos, propuso hacer la +gallina. Todas las antipatías, terrores y resentimientos de Julita se +despertaron al escuchar este nombre malhadado.</p> + +<p>—¡No... ina no... ina feya!</p> + +<p>Pero Miguel, arrastrado del deseo de lucir su habilidad en este nuevo +ejercicio, no quiso atender a la negativa y se puso a cacarear de lo +lindo en todos los tonos agudos y graves. La niña, agitada, convulsa, +con los ojos espantados, gritaba cada vez con más fuerza:</p> + +<p>—¡No... ina no...! ¡feya, feya!</p> + +<p>Fue necesario terminar. El artista quedose un tanto mohíno viendo +despreciados sus esfuerzos.</p> + +<p>—Upa, upa—dijo la niña al cabo de un rato de silencio, tendiendo a +Miguel los brazos.</p> + +<p>—No, no te levanto, que riñe mamá.</p> + +<p>—¡Valiente cosa me importa a mí que riña mamá!—dijo la niña; esto es, +debió decirlo; en realidad no hizo más que repetir con un gesto que no +daba lugar a réplica:</p> + +<p>—¡Upa, upa!</p> + +<p>Miguel se sometió. Cuando la tomó en brazos hallose con que estaba hecha +una sopa. ¡El maldito vaso! Al pensar en su madrastra se le puso la +carne de gallina. Fuese porque tal pensamiento le privara repentinamente +de las fuerzas, o porque nunca las hubiera tenido muy hercúleas, es lo +cierto que al sacarla de la cuna, sin saber cómo la niña se le deslizó +de los brazos, y cayó dando un fuerte porrazo con la barba en la +barandilla.</p> + +<p>¡Oh Dios clemente! ¿qué pasó allí? La sangre de Julita corrió en +abundancia; los gritos se oyeron en media legua a la redonda. Acudió la +servidumbre, y el portero, y los vecinos, y los guardias municipales de +la calle, y el médico de la casa de socorro, y la guardia del Principal, +fuerza de artillería y carabineros, y lo que es aún más espantable que +todo esto... acudió la brigadiera.</p> + +<p>En la misma noche el consejo de guerra, presidido por aquélla, condenó +al reo nombrado Miguel Rivera a seis años de presidio con retención, que +debían purgarse en un edificio grande, feo y sucio, sito en la calle del +Desengaño donde se leía con caracteres borrosos este rótulo: <i>Colegio de +1.ª y 2.ª enseñanza bajo la advocación de Nuestra Señora de la +Merced</i>.</p> + + + +<h3><a name="VIa" id="VIa"></a>VI</h3> + + +<p>Tan sucio era aquel caserón por dentro como por fuera; la enseñanza y el +alimento que se daba correspondían muy bien con el local. El fundador y +director del establecimiento era un excoronel de artillería andaluz y +amigo de la familia Guevara; por eso Miguel había ido a dar allí con sus +huesos. El tal coronel, llamado D. Jaime, había salido del cuerpo por un +asunto de honor en que el suyo no había quedado bien parado; tuvo +algunas palabras con otro oficial de ingenieros, nombráronse los +padrinos, y cuando llegó la ocasión de formalizarse el desafío, nuestro +D. Jaime se achicó y dio toda clase de satisfacciones; los artilleros se +ofendieron mucho con esta conducta, dejaron de saludarle, y el coronel +al cabo se vio obligado a pedir la absoluta. Por supuesto que los +alumnos no sabían palabra de todo esto; antes se tenían formada, de la +braveza y esfuerzo de su director, una idea superior a toda hipérbole; +no había en el colegio quien no le tuviese por más áspero y belicoso que +Roldán y más denodado que Oliveros de Castilla, y quien no le temblase. +El propio coronel había fomentado esta opinión refiriendo a sus +discípulos en los momentos en que el álgebra les dejaba algún respiro, +un sin número de hazañas portentosas y aventuras sangrientas llevadas a +término por su mano, o en cuya ejecución, por lo menos, había tenido +parte muy lucida. Además, cuando se incomodaba, y era muy a menudo, +acostumbraba a desafiar al muchacho delincuente, y no sólo a él, sino +también a toda la cátedra y al colegio entero lo mismo que hizo el Cid +con el pueblo de Zamora.—«¡Hombre, tendría gracia que uztede ze +burlasen de mí!... Nada, zeñore, el que quiera reírze que lo diga +francamente. Lo hombre han de zer hombre siempre. ¡Que lo diga y le daré +una piztola para que nos peguemo un tiro! ¡Y zi viene el papá, ze lo +pego al papá, canazto! ¡Y zi viene el hermano, ze lo pego al hermanito! +¡Y zi viene el abuelito, al abuelito! ¿Eztamo?» Los chicos quedaban +petrificados de terror.</p> + +<p>Había otro profesor para la geografía y las <i>Historias</i> de mediana +edad, hombre tímido y pusilánime hasta el exceso, que ganaba el sustento +suyo y el de su madre y hermanas con grandísimo esfuerzo, corriendo todo +el día de un colegio a otro, dando además lección particular en algunas +casas y cantando de tiple en las funciones religiosas. Llamábase D. +Leandro; era de estatura baja y bajo también de color, con grandes ojos +negros y dulces que pedían misericordia; andaba siempre vestido de negro +y cuidadosamente rasurado, como convenía a su estado semisacerdotal; +poco le faltaba para gastar corona. Daba lección de música a los alumnos +que la pagasen, y era en lo que más se placía; todo su amor y pasiones +se cifraban en el arte; no tenía grandes facultades para él, bien lo +sabía y no se avergonzaba de confesarlo; pero lo amaba platónicamente, y +adoraba a quien brillase cultivándolo. Hablarle a él de los grandes +maestros y aun de los pequeños, era verle caerse boca abajo como un +indio en presencia de sus ídolos. También dibujaba un poquito, muy +poquito; pero en secreto. En cuanto le mirasen fijamente se ruborizaba; +cuando por casualidad hablaba con una mujer, tenía los ojos puestos en +el suelo.</p> + +<p>El profesor de Psicología, Lógica y Ética era el reverso de éste: +pedante, charlatán sin pizca de sustancia, procaz de palabra y de obra, +y colérico cuando se creía denigrado. No llegaba a los treinta años de +edad y había hecho ya nueve o diez oposiciones a cátedras sin resultado +alguno; sólo una vez había obtenido un segundo lugar. Fuera de los +momentos en que estaba sentado en cátedra, no hablaba de otra cosa; +oposiciones por arriba y por abajo; conocía los nombres de todos los +catedráticos de España, de instituto y de facultad, sabía cómo habían +ingresado en el profesorado (casi siempre por intrigas según él), +llevaba la cuenta exacta de todas las cátedras vacantes y aun de las que +iban a vacar, las que tocaban a turno de oposición o a concurso, los +tribunales que se habían nombrado desde diez años hasta la fecha, y +calculaba los que podían nombrarse en lo sucesivo, y mejor aún los que +le convendría que se nombrasen. Apesar de sus ínfulas, era un gorrón que +se dejaba regalar tabaco, alfileres de corbata y hasta tal cual peseta +por los alumnos. Llamábase D. Benigno, pero estos le apodaban +Pppsicología recalcando mucho la p, como él acostumbraba a hacer.</p> + +<p>El catedrático de Física e Historia natural, señor Marroquín, era un +antiguo republicano de barricada, que había perdido la plaza de auxiliar +en el Instituto de San Isidro por sus ideas políticas y religiosas. En +toda España no había hombre más heterodoxo que él: no creía ni en la +madre que le parió. D. Jaime, que no era intolerante, y la prueba es +que lo sostenía en su colegio, le había prohibido, no obstante, que +hiciese alarde de sus ideas, contrarias a toda religión positiva, +delante de sus discípulos.—«Amigo Marroquín, no zea uzté balzamina en +zu vía; too eztamo enterao de que eso de Dio y lo santo son arma al +hombro; pero si los papá y laz mamá quieren que zuz hijos lo crean, ¿qué +lez va V. a hacé? Ojo, pue, con el pico, ¿eztamo? No vaya a atufárseme +D. Juan (D. Juan era el cura), y tengamo un lío.»—Por instinto de +conservación, que tarde o nunca abandona ni aun a los enemigos de Dios, +procuraba Marroquín refrenarse: pero con mucho trabajo lo conseguía. +Halló un medio ingenioso de manifestar su rencor al Ser Supremo sin +comprometerse, y fue la preterición: ni por casualidad se le escapaba el +nombre de Dios; en reemplazo suyo decía siempre la naturaleza, y cuando +algún chico lo nombraba, solía rectificarle suave y disimuladamente, +diciendo:—«Eso es, las fuerzas de la naturaleza, perfectamente.»—Era +hombre de complexión recia, hirsuto como un jabalí (así le llamaban en +el colegio), le salían los pelos hasta por debajo de los ojos, firmes y +erizados como púas; los de la cabeza andaban siempre revueltos y +aborrascados por la imposibilidad absoluta de domeñarlos, y los gastaba +largos para que mejor se observase. Pues no diremos nada de las cerdas +que le salían por las manos y las muñecas, que podían competir muy bien +con las de los cepillos más ásperos. Cuando Marroquín escribía, uno de +los trabajos mayores era pelear con aquel vello de la muñeca, que le +borraba a lo mejor los renglones: no tenía otro remedio que metérselos a +cada momento debajo del puño de la camisa; pero a veces se impacientaba +terriblemente. ¡Estos pelos indecentes! Y se arrancaba con rabia un +puñado de ellos. «Tantos pelos tiene en el alma como en el cuerpo,» +decía de él el capellán del colegio con sorda cólera. No estamos +conformes con este juicio. Marroquín era un pobre diablo, no exento de +las pasioncillas que atormentan a los humanos, tales como la envidia, la +lujuria, la gula, pero no en más alto grado que la mayoría de ellos. Sin +embargo, erraba mucho en echárselas de austero y hombre acrisolado, +rompiendo en presencia de los discípulos tarjetas de recomendación y +tratando con afectado desdén al hijo de algún título, porque en realidad +estaba muy lejos de serlo, y de ello tenemos datos inconcusos.</p> + +<p>Enemigo irreconciliable de éste era el capellán D. Juan Vigil, director +espiritual de los alumnos, maestro de doctrina cristiana, y catedrático +de latinidad y retórica y poética. Es persona tan notable desde varios +puntos de vista, que de ella nos ocuparemos con alguna detención más +adelante. Sólo diremos ahora que era hombre de cuarenta años de edad, +rubio, pálido, de pocas carnes y no muy apretadas, de mediana estatura y +grandes extremidades. Después del director, la persona más influyente en +el colegio: dormía dentro de él, y aun se decía que tenía alguna +participación en las ganancias.</p> + +<p>Además de estos personajes principales, había algunos otros secundarios: +un maestro de primeras letras, un pasante, un inspector, dos criados, +una cocinera, una doncella de labor y una planchadora.</p> + +<p>El régimen interno del colegio no era un modelo de orden y disciplina. +El director se cuidaba poco de él: decíase que tiraba de la oreja a +Jorge en el casino, y tal vez fuese cierto: lo indudable era que las +cosas casi nunca andaban bien, que más de cuatro veces faltó dinero en +la caja para pagar al almacenista, y que a los profesores se les +adeudaban casi siempre tres o cuatro meses de sueldo. A pesar de esto, +D. Jaime tenía suerte; no se le marchaba un chico: el colegio siempre +lleno. Tal vez contribuyese a ello su mismo desorden, que tenía algo de +patriarcal; aquella amable indisciplina era muy del gusto de los niños. +Aunque la comida era de inferior calidad, no estaba tasada ni había gran +rigor en las horas: si un chico tenía hambre, bajaba a la cocina, pedía +pan y queso, y sin inconveniente alguno, se lo daban, y si la cocinera, +de natural francota y bonachona, estaba de humor, hasta le freía un +huevo o una magra. Cuando D. Jaime «estaba en fondos,» los <i>gaudeamus</i> +se sucedían en el colegio; variedad de postres, vino de Jerez y hasta se +improvisaba una que otra merendeta en el campo: D. Jaime era muy +aficionado a pintar paisajes, muy malos, eso sí, pero que no por eso +dejaban de ser celebrados por discípulos y profesores. En cambio, si se +daban bizcas y el bolsillo se desmayaba, adiós confites y la mantequilla +del chocolate y las copitas a las once; nadie comía más que lo +estrictamente indispensable para no fenecer de hambre. Además, aquellos +días no había quien dirigiese la palabra a D. Jaime, ni aun le mirase a +la cara: los castigos eran más frecuentes: el palo andaba listo y la +sopa perezosa. Hay que confesarlo, porque es la pura verdad, los únicos +progresos literarios y científicos del colegio de la Merced se hacían en +estos días de crisis monetaria.</p> + +<p>La llegada de Miguel no causó efecto alguno, ni en profesores, ni en +discípulos: un niño más, y bien atrasadito por cierto. Sin embargo, no +tardó en llamar la atención de unos y de otros por su condición inquieta +y ruidosa: en cuanto tomó confianza, y le bastaron pocos días, mostrose +tan travieso, tan turbulento, que los maestros comenzaron a murmurar y a +tenerle sobre ojo, y los alumnos a contar con él para todas las +jugarretas. Don Jaime dijo que aquel chico «era de la piel del diablo y +había que apretarle un poco los tornillos.» El cura, aficionado a los +motes, le puso por sobrenombre <i>Bullita</i>, y por él se le conoció mucho +tiempo en el colegio. Apesar de esto, no despertó rencores, ni +antipatías; había en su rostro expresivo cierta nobleza que atraía +generalmente, y en sus travesuras nunca dejaba de hallarse alguna +gracia: así que, los profesores, aunque le castigasen con dureza, no +dejaban muchas veces de reírse y de celebrar al hallarse reunidos «la +buena sombra de aquel muchacho.» El único que le odió cordialmente desde +su entrada, fue el famoso Pppsicología, el eterno y asendereado +opositor. Por supuesto que el odio fue recíproco al instante, y que +Miguel no perdonó medio humano de vejarle y tenerle en continuo +sobresalto: cuando iba a pronunciar la palabra Psicología, nunca dejó en +su vida de prepararse con cierta tosecilla, que hacía inmediatamente +sonreír a los compañeros. Los castigos que por esta broma hubo de +padecer, no son para contados: pasaba casi todas las horas de recreo +encerrado en unas jaulas de madera con rejas de hierro que D. Jaime +había hecho construir en el patio para los delincuentes: sobre estas +jaulas, y debido a la inventiva de Pppsicología, se habían puesto +grandes cartelones con nombres de animales; en uno decía <i>Hipopótamo</i>, +en otro <i>Rinoceronte</i>, en otro <i>Bucéfalo</i>, en otro <i>Mastodonte</i>, +etcétera, etc. Miguel recorrió innumerables veces la fauna moderna y la +antediluviana, pero ya no le daba bendita la vergüenza; se distraía el +tiempo de prisión tocando la trompeta con los puños hasta que venía el +inspector a hacerle callar: los chicos, de quienes era querido, solían +traerle los postres que les sobraban, o bien cigarrillos, o cualquiera +otro entretenimiento para que no lo pasase tan mal.</p> + +<p>No por virtud de los castigos y reprensiones, sino por otra causa muy +distinta, la conducta de Miguel reformose algún tanto durante una +temporada de varios meses, a los dos años próximamente de hallarse en el +colegio. Fue el amor quien operó este cambio, si merece tal nombre la +afición prematura que le prendió por la planchadora del colegio. Había +establecido ésta en su cuarto de trabajo, situado en la guardilla, una +tertulia donde acudían algunos niños en las horas de recreo: contábales +historias maravillosas mientras repasaba la ropa blanca o la aplanchaba. +Desde un día que subió casualmente aficionose tanto a ellas, que comenzó +a acudir asiduamente para escucharlas. Sentado a los pies de la +narradora, con la cabeza apoyada en sus rodillas, pasaba admirablemente +las horas embebecido y suspenso. Por delante de sus ojos desfilaron las +aventuras estupendas de <i>Los doce pares de Francia</i>, la historia de +<i>Aladino o la lámpara maravillosa</i>, la de <i>Flores y Blanca-Flor</i> «su +descendencia, amores y peligros que pasaron por ser Flores moro y +Blanca-Flor cristiana,» la de <i>Pierres de Provenza y la hermosa +Magalona</i>, la de <i>El esforzado Clamades y la hermosa Clermonda</i>, o sea +<i>El caballo de madera</i>, y otras muchas interesantísimas donde la virtud +sale triunfante y el vicio corrido. Sabida de todos es la particular +inclinación que tienen las planchadoras a ver a los buenos ricos y +felices y a los malos abatidos y miserables. Miguel participó muy pronto +de estas ideas: y aunque la bella narradora agotó prontamente el +repertorio de sus fábulas, cada día las escuchaba con más atención y +deleite. Fuerza es confesar, como ya indicamos, que algo, bastante y aun +mucho influía en su atención el placer que empezaba a sentir +contemplando la vigorosa y agraciada figura de Petra (así se llamaba). +Llegó a admirarla como un bruto: el ideal de la belleza se encarnó para +él en sus carnes frescas, sonrosadas y un tanto crasas.</p> + +<p>El cuarto de la planchadora era una verdadera estufa en las tardes de +verano. La proximidad del tejado, lo bajo del techo y la hornilla +encendida se conjuraban para hacerlo intolerable. No obstante, Miguel +encontrábase allí como el pez en el agua: la mayor parte de las tardes, +cuando llegó esta época, se las pasaba nuestro héroe mano a mano con el +ideal, sin que nadie viniese a turbarlo. Los tertulianos de la guardilla +desertaban hostigados por el calor. El ideal se mostraba en su posible +desnudez, los brazos remangados hasta el sobaco, el liviano pañuelo de +percal arriado hasta donde el pudor empezaba a gritar con fuerza. El +mórbido cuello relucía con el sudor, las mejillas se inflamaban y los +negros y mal peinados cabellos caían en crenchas sobre la espalda y en +rizos sobre la frente salpicada también de menudas y brillantes gotas de +agua. Ahumaba la planchadora, o por mejor decir, despedía un vaho sutil +y punzante que Miguel aspiraba embriagándose sin darse cuenta de ello.</p> + +<p>Cuando no venían otros chicos, Petra no se decidía a malgastar sus +talentos de novelista, y se dedicaba con alma y vida a la tarea que se +le había encomendado; el hijo del brigadier seguía con atención +profunda, como un aprendiz que desea imponerse pronto en el arte, las +manos de la bella. Algunas veces le daba a ésta por hacerle un sin +número de preguntas, enterándose de todos los pormenores de su vida; los +disgustos de Miguel con su madrastra la enternecieron sobremanera, y se +desató en injurias contra ella, diciendo que no tenía corazón y que era +peor que las fieras de los montes; después alargó su diatriba a todas +las señoras.—«Mira Miguelito, que te lo digo yo; ninguna señora sabe lo +que es conciencia; tienen el corazón más duro que una piedra; si es +caso, vale más una pobre de la calle que todas esas señoras con su +colorete y su ringo rango... No llevan nada que no sea postizo: el pelo, +el color, los dientes... y otras cosas que no quiero decirte porqué eres +todavía pequeño... Pocas gracias que sean bonitas de ese modo... ¡anda, +anda!... ¡pues si las pobres nos pusiéramos todos esos perendengues!... +Pero más vale lo natural, ¿no es verdad, Miguelito? ¿Llevo yo polvos de +arroz? ¿llevo colorete? ¿eh?... Toca, toca lo que quieras... frota bien +(Miguel frotaba con mano temblorosa). Y apesar de eso, no cambio mis +colores por los de ninguna de esas señoritas tísicas que van al Prado en +carretela...»</p> + +<p>El hijo del brigadier asentía incondicionalmente a estas atrevidas +proposiciones; quizá las llevase en su pensamiento más allá que la misma +interesada. La verdad es que la admiración de Petrarca a Laura y la de +Dante a Beatriz eran nada en comparación con la apasionada y vehemente +que nuestro chico profesaba a la planchadora. La admiraba sin comprender +que la naturaleza pudiese formar otro ser que rivalizase con ella; todo +lo encontraba hechicero, desde sus cabellos, un tantico revueltos, hasta +sus pies, nada breves y nada bien calzados. Petra, que al principio no +había reparado, concluyó por fijarse en aquel niño que tan asiduamente +la visitaba, y vencida de su constancia o por ventura halagada por la +adoración que en él veía, testimoniole algún afecto. Un día que estaban +solos, como Miguel la mirase desde su taburete hasta comérsela con los +ojos, le dijo con sonrisa burlona y placentera a la par:</p> + +<p>—¿Por qué me miras tanto, Miguelito?... ¿Te gusto?</p> + +<p>La vergüenza y la confusión se apoderaron del chico; se puso como una +cereza y concluyó por llorar desconsoladamente como si le hubiese dicho +alguna injuria. Petra le consoló y le mimó, dándole algunos besos, que +fueron los hierros con que le esclavizó para siempre.</p> + +<p>De allí en adelante mostrose muy benévola hacia él; le cosía con esmero +cualquier rotura que hubiese en su vestido; le pegaba los botones y le +arreglaba la corbata; cuando venía despeinado, con sus propios peines le +aliñaba el pelo. Miguel vivía entre los bienaventurados; el roce de +aquellas manos en su cabeza le producían espasmos de dicha, y el perfume +de la pomada de heliotropo que la planchadora usaba, causábale una +embriaguez dulce y feliz como no volvió a sentirla jamás en su vida.</p> + +<p>Es condición precisa de las planchadoras, y también de las que no lo +son, hacer con gusto el papel de ídolos y propender a la dominación. +Petra, dejándose adorar, adoptó cierta actitud protectora y maternal. Se +interesó vivamente por todo lo que a Miguel concernía, revolvió su baúl, +contó las camisas y los pañuelos, fue depositaria del dinero que le +daban, en una palabra, se hizo cargo por completo de la dirección de sus +negocios, tanto morales como económicos. Las pocas cartas que el +muchacho recibía leíalas ella de cabo a rabo, y frecuentemente dictaba +la respuesta: cuando le castigaban, le llevaba la comida a la prisión; +algunas veces llegó por su propia autoridad a levantar el castigo, y lo +que aún es más grave, a recriminar al profesor que se lo había impuesto.</p> + +<p>Por la pendiente de la soberanía se llega muy pronto al absolutismo. +Petra empezó a mandar en Miguel como en cosa propia, y a dictarle reglas +de conducta para todos los actos de la vida, haciéndole estudiar a su +lado el tiempo que juzgaba necesario y prohibiéndole los juegos cuando +lo creía oportuno. Porque perdió dos pañuelos en pocos días, tomó la +resolución de cosérsele al bolsillo. Tenía que darle cuenta del empleo +de todos los momentos:—«¿Qué has hecho después de salir de clase? ¿Con +quién estabas hablando en el patio? ¡Cuidado que vuelvas otra vez a +subirte al pasamano de la escalera! No andes más con Pepito; no me +gusta ese chico. Ya me han dicho que ayer no has sabido la lección. ¿Qué +haces el tiempo que estás en la sala de estudio? Por de contado, +enredar: ¡si te tuviese siempre a mi lado andarías un poco más +derecho!»—Llegó a reprenderle duramente las faltas como si tuviese +sobre él autoridad. Miguel temblaba cuando subía al cuarto de la +guardilla con el pantalón roto, lo mismo que cuando iba a ver a su +madrastra. Mas en cambio de estos apuros tenía compensaciónes: la +planchadora se mostraba amable y generosa a ratos: algunas veces le +levantaba entre sus robustos brazos y le tiraba al aire volviendo a +recogerle; le daba vivos y sonoros besos; le llamaba pichoncito, rico +mío, querido, y le estrechaba con tal fuerza contra su seno, que andaba +cerca de asfixiarle. Era nuestro héroe ya muy hombre y todavía al +recordar estos abrazos experimentaba una dulzura inexplicable.</p> + +<p>Desgraciadamente, como sucede casi siempre, Petra se desvaneció con el +poder; en vez de mantener su dominio en los límites discretos y +convenientes, empujolo lentamente hasta los últimos extremos, +convirtiéndolo en un despotismo escandaloso y repugnante. Miguel pasó al +cabo de algunos meses a ser su paje de cola: «Miguel, tráeme las +tenazas.—Miguel, echa carbón en la hornilla.—Miguel, corre a pedir a +la cocinera agujas.—Miguel, abre esa ventana.» El hijo del brigadier +se apresuraba a cumplimentar estas órdenes como el caballero que busca +ocasión de festejar a su dama y ansía testimoniarle su rendimiento. La +dama recibía el homenaje sin pestañar, cual si le fuese debido. Poco a +poco empezó a mostrarse impertinente y descontentadiza: «¿Cómo has +tardado tanto, chico?—No es eso lo que te pido, hombre, no es eso, +¡parece que estás en Babia!—¿Dónde tienes los ojos? ¡tonto, +retonto!—¡Me estás consumiendo la paciencia, chiquillo!» Nuestro +muchacho llegó prontamente a ejecutar los oficios más viles. La +planchadora se complacía en tenerle horas enteras abanicándola mientras +trabajaba, en obligarle a dar lustre a sus zapatos y en general en +proporcionarle todos los oficios de un consumado <i>negrito</i>. Pero él los +desempeñaba con gusto; después de todo, era el favorito y nadie le +disputaba este título. La sultana, aunque cada día más altiva y +desdeñosa, todavía le consentía apoyar la barba en su regazo y +contemplarla largos ratos fijamente. Aquellos ojos ardientes y ávidos +demandaban tímidamente una caricia. Petra era cada vez menos expresiva; +pero aunque de mala gana y con semblante hosco, aún se dignaba +hacérselas.</p> + +<p>La verdad es que se iba cansando del chico; la adoración ferviente sin +límites que éste la tributaba, llegó a empalagarla. ¡Tal es la condición +humana! Este cansancio manifestose en frecuentes enojos y +desabrimientos, sin motivo alguno la mayor parte de las veces. +Mostrábase amable con todo el mundo menos con Miguel, para quien +reservaba tan sólo su mal humor. Esto le hizo padecer bastante, y aun +conmovido por sus desprecios y reprensiones, lloró lágrimas amargas que +la planchadora concluía por enjugar con el pañuelo. Acariciaba, más le +hacía pagar las caricias: «¡Ahora le da el sentimiento al niño! ¡Quieres +callarte, tontuelo! ¿Te figuras que estoy yo aquí para templar gaitas? +¡Bueno, bueno, ya empieza el lloriqueo!» Con estas y otras tales +expresiones abría la llave de las lágrimas que su mano trataba de secar. +Mas no pararon todavía aquí las cosas. Un día trasladando Miguel una +cesta con ropa aplanchada de un sitio a otro, la dejó caer al suelo y se +manchó una buena parte. Petra, hasta entonces, en sus más fuertes enojos +no había hecho mas que cogerle por el brazo y sacudirle; ahora le dio +una soberbia bofetada que le encendió el rostro. En vez de ponerlo en +conocimiento del director, o por lo menos marcharse y no subir más al +cuarto, como aconsejaba su dignidad, contentose con llorar perdidamente. +¡Y bien perdido quedó desde entonces! Petra, para resarcirle, le hizo +caricias muy exquisitas, con lo cual dio por bien empleado el bofetón y +se dispuso a recibir todos los que en adelante aquélla fuera servida +darle, como así acaeció en efecto. Las reprensiones comenzaron a ir casi +siempre con acompañamiento; segura ya de que se aceptaban los golpes, no +los escaseó; más por una contradicción, bien explicable por cierto, +desde que comenzó a dárselos, le mostró al mismo tiempo mayor afecto; +tan suyo le consideraba, tan pobre y miserable le veía a sus pies, y +tanto le sorprendió su paciencia, que no es mucho si después de una +buena granizada de mojicones, le otorgase algunas pruebas de afecto. El +muchacho se creía bien indemnizado recibiéndolas; lejos de apagarse el +fuego de su pecho, creció y se sobresaltó hasta lo sumo. Era una pasión +encarnizada, furiosa, bestial, como sólo existen en esa edad en que los +sentidos amanecen. Los hombres pueden hablar cuanto gusten de sus +pasiones, los poetas y novelistas exaltar la violencia de las de sus +héroes como plazca a su fantasía; nada es comparable a la afición +concentrada, fija y ardiente que alguna vez despiertan en el alma y en +el cuerpo de un niño las formas exuberantes y macizas de una mujer. +Miguel despreciaba en el fondo de su corazón a Petra. Con la precoz +viveza de comprensión de los niños cortesanos, no se le ocultaban sus +defectos ni el despreciable papel que desempeñaba cerca de ella; pero +una adoración ciega y frenética que le hacía soñar noche y día, le tenía +fatalmente encadenado. Los malos tratos de su ídolo, eran un aliciente +que comunicaba sabor más exquisito a los deleites que disfrutaba. +Aquella dependencia absoluta en que estaba, aquel temor y zozobra en que +vivía, ejercían sobre él cierta suave fascinación, un encanto +irresistible. Después de gustarlo, por nada en el mundo quisiera que su +dueño cambiase de condición y templase sus rigores.</p> + +<p>Ni se crea tampoco que los castigos de Petra le produjesen mucho dolor. +Al principio le hicieron llorar, más por la humillación que por su +efecto físico; pero más tarde halló en esta misma humillación una nueva +fuente de dulces y halagüeños placeres. Por una aberración que a +nosotros sólo nos toca hacer constar, los golpes de aquellos brazos +tersos y mórbidos, en vez de causarle dolor, evocaron en su natural +fogoso un mundo de ignotas voluptuosidades. Y desde entonces, no sólo +los sufría con resignación, pero aun llegó a provocarlos con astucia, +contrariando a su terrible dueño hasta verlo fuera de sí. ¡Oh, cuando se +irritaba, era Petra una mujer realmente hermosa! Sus mejillas se +coloreaban fuertemente, los labios se encendían, las narices se +dilataban, los ojos adquirían una expresión de olímpico orgullo, y todo +su cuerpo se estremecía al soplo de la ira. Miguel permanecía aterrado, +y al propio tiempo embelesado ante ella. Cuando la iracunda planchadora +le estrujaba entre sus manos, sentíase poseído de espanto, de amor, de +respeto y de gozo, lo mismo que los héroes de la gentilidad cuando +incurrían en el desagrado de alguna de sus diosas, tan bellas como +terribles y vengativas. Caía de rodillas a sus pies pidiendo perdón, y +se los abrazaba y besaba temblando de terror y voluptuosidad. La diosa, +vencida de tanta humildad, solía tenderle una mano y levantarle +haciéndole jurar que no volvería más a quebrantar sus preceptos. De muy +buen grado lo haría Miguel si no se huyeran de este modo los misteriosos +deleites que gozaba en sus enojos.</p> + +<p>Finalmente, también llegó a aburrirse la regia planchadora de ejercer un +mando tan despótico; que la mujer, como dicen los que filosofan acerca +de ella en las mesas de los cafés, es más feliz dejándose dominar que +dominando. El pobre Miguel la cansó y apestó de tal manera, que vino a +cobrarle verdadero aborrecimiento. Apenas se pasaba día sin que no le +arrojase de junto a sí con algún insulto que iba a clavársele en el +corazón: en no pocas ocasiones le cerró la puerta o le tuvo aguardando +horas enteras para dejarle entrar. Coincidió este desvío con frecuentar +el cuarto de la guardilla un nuevo muchacho de los años de Miguel, pero +gordo y crecido, y tan rubio y blanco como una inglesa. El reciente +tertuliano rindió pleito homenaje a la planchadora, y comenzó a +visitarla con asiduidad. ¡Ah miserable Miguel! En un instante perdió +hasta las pocas migajas de favor que le quedaban. El chico gordo quedó +alzado sobre el pavés a los pocos días y proclamado favorito exclusivo, +dueño absoluto del cuarto de la plancha y sus alrededores. No obstante, +Miguel insistió en acudir a él por las tardes, sin obedecer las órdenes +de Petra, que formalmente se lo había prohibido. Un día entró nuestro +niño muy descuidado: la traición le acechaba: de entre las faldas de la +planchadora salió repentinamente el nuevo favorito y cayó sobre él con +el ímpetu y rabia de una fiera; arrojole al suelo y comenzó a golpearle +con tal furia, que en pocos minutos no le dejó sitio en el rostro sin su +correspondiente señal. Mientras duraba el vapuleo, Petra lo contemplaba +riendo, ¡que a tal grado de fiereza llevó su despego! Molido, deshecho y +ensangrentado bajó nuestro Miguel, y al verlo en tal estado diose parte +al director. El cual, enterado del suceso y sospechando lo demás que en +el cuarto de la guardilla ocurría, tuvo a bien prohibir, bajo penas +severas, que ningún chico pusiese los pies en la guardilla, ¿eztamo?</p> + + + +<h3><a name="VIIa" id="VIIa"></a>VII</h3> + + +<p>Aquel chico gordo, rubio y tan espigado que aporreó al hijo del +brigadier, tenía un nombre sonoro y aristocrático, Pedro Mendoza y +Pimentel. Era en el fondo un muchacho excelente, tranquilo, amable, +inofensivo: si había cometido aquella vileza fue solamente por +instigación de la planchadora. A los pocos días, arrepentido sin duda, +procuró hacer las paces con Miguel; éste, que no era rencoroso, le +perdonó fácilmente y le aceptó por amigo: en poco tiempo llegaron a ser +íntimos. No poco contribuyó a estrechar esta amistad por parte de +nuestro héroe la ojeriza injustificada que el cura había tomado a +Mendoza, y que le hacía padecer bastante. Mendoza era en la clase de +don Juan el blanco de todos sus donaires y el hazme reír de los chicos. +Llamábale alternativamente <i>brutandor</i> o <i>parisiense</i>; el primer mote, +como la palabra misma indica, porque le tenía por el mayor majadero que +comía pan; el segundo, porque era muy pulcro, aficionado a vestir a la +moda y a llevar esencias en el pañuelo. Aquella vaya continua, aquel +martilleo, parecíale muy pesado a Miguel. El pobre Mendoza no hacía en +clase nada que no fuese tuerto; en todo hallaba motivos el cura para +soltar una cuchufleta o un sarcasmo que hacía prorrumpir en carcajadas a +los alumnos: cuando le sacaba al medio para traducir, ya sabían todos +que había jarana para rato.</p> + +<p>La verdad es que el pobre Mendoza no era de los más despiertos, pero no +se podía negar que estudiaba y trataba de cumplir con su deber, y que +solamente por capricho o por algún sentimiento menos digno, el cura se +ensañaba con él. Miguel le compadecía de veras: si carecía de +inteligencia para aprender y explicar bien las lecciones, la culpa no +era suya. Así que, cedió en seguida al ruego que le hizo, poco tiempo +después de trabar amistad con él, de estudiar juntos y ayudarse a «sacar +las composiciones.» Y como Miguel era de comprensión rápida y expedita, +aunque un poco aturdido, no fue pequeño el servicio que le prestó; +tanto, que al verle traducir con más facilidad y al examinar sus temas +mejor concertados, el cura no salía de su asombro: «¡Brutandor, parece +que la Providencia ha querido al fin mandarte un rayo de sentido común; +alabada sea ella!» El capellán, aunque presumía de perspicaz, no dio en +la razón de este favorable cambio hasta pasados algunos meses; cuando al +fin averiguó que las composiciones y las traducciones se sacaban con +ayuda de vecinos, no quisiera equivocarme, pero tuvo un verdadero +alegrón, porque veía confirmado su juicio: «¡Hola! ¿conque Bullita se ha +dignado tenderte su mano protectora? ¡Oh generoso niño!... Ven aquí, +Bullita... declíname <i>generoso puer</i>.......... y tú, Brutandor, +declíname <i>asinus</i>.......... a un tiempo.» Y en verlos ir declinando a +voces formando algarabía holgábase D. Juan y se divertía la clase.</p> + +<p>Este capellán era un hombre bastante original. Miguel tuvo ocasión de +conocerle muy bien, porque le mostró predilección desde el principio, +aunque no dejaba por eso de castigarle duramente y a menudo; en los +últimos años de la segunda enseñanza llegó a ser su favorito, y hasta le +trajo a dormir a su mismo cuarto; le hizo algunas confidencias, y +gustaba de charlar con él, o, más propiamente, murmurar del personal del +colegio, lo mismo del masculino que del femenino. Tenía un amor propio +exagerado; presumía de todo lo que un hombre puede presumir, hasta de +guapo, pero muy singularmente de forzudo, aunque no lo era gran cosa. +Nada había que le placiese tanto como enseñar los músculos del brazo y +los tendones, y ponerlos contraídos y tiesos. Los demás eran hombres +afeminados por los vicios; sólo conservándose puro como él, no bebiendo +más que agua, no tomando café y huyendo de las <i>porcuzas</i> (las mujeres), +se podía llegar a tal robustez, energía, ánimo y hermosura.</p> + +<p>No obstante el cariño que Miguel tenía a su amigo Mendoza, no dejaba de +jugarle algunas pasadas. Había notado que el capellán era muy aficionado +a las palabras terminadas en amen, emen, imen, omen y umen, y que +experimentaba cierto deleite pronunciándolas; a cada momento decía +examen, o resumen, o dictamen, y a veces traía poco apropósito algunas +raras, y que no eran muy castellanas, como el velamen de los barcos, el +cacumen, etc. Pues bien; preguntándole un día a Mendoza cierto punto que +no traía el libro, Miguel, que estaba a su lado, le dijo rápidamente al +oído: «Di que no lo trae el <i>textumen</i>.» El infeliz, que estaba +atortolado, lo repitió sin fijarse, y..... ¡aquí fue ella! D. Juan, +pensando que uno y otro se burlaban de él, les dio a entrambos una +corrida de mojicones que por poco les arde el pelo. Miguel lloraba y +reía a un mismo tiempo. En otra ocasión el hijo del brigadier, que +dormía en la misma sala que Mendoza, se levantó por la noche, y con un +pedazo de nitrato de plata que se había procurado, le pintó las manos +mientras se hallaba dormido. Al día siguiente Mendoza le preguntó muy +apenado lo que serían aquellas manchas. Miguel quedose grave y pensativo +y le contestó:—«Mientras estén en las manos me parece que no tienen +mucha importancia; pero oí decir a mi padre que si salen en la cara es +muerte segura, porque manifiesta que la sangre está corrompida; un tío +mío se murió de esa enfermedad.» Con estas noticias se quedó Mendoza más +apenado aún. Por la noche no dejó Miguel de pintarle tres o cuatro +manchas en el rostro, con lo cual, al verse por la mañana en el espejo, +comenzó a dar tales gritos y a proferir tales lamentos, que acudió el +director y algunos profesores. Enterados del caso y hechas las +correspondientes averiguaciones, se le impuso a Miguel un severo +castigo. El capellán, que sabía la amistad que ambos chicos mantenían, +salió de la sala diciendo:—«Tanto quiso el diablo a su madre, que al +fin le sacó los ojos.»</p> + +<p>Sin embargo, la amistad seguía inalterable. Mendoza le perdonaba al +instante estas y otras bromas, y Miguel, que no las llevaba a cabo con +intención malévola, sino por el afán irresistible de reírse, le pagaba +su paciencia «sacándole los significados» y metiéndole en la cabeza las +lecciones. Y eso que Brutandor, según todas las señas, continuaba siendo +el favorito de la planchadora; pero a Miguel ya se le había pasado +aquella prematura inclinación amorosa y no se le daba un bledo por el +antiguo objeto de sus ansias. Este burlaba las órdenes perentorias del +director, llevando a Mendoza a su cuarto, si bien con secreto; y digo +que era ella y no éste quien las burlaba, porque el muchacho nunca +hubiera osado hacerlo si no fuese porque ella le obligaba. Al fin, tanto +miedo tuvo de que el terrible coronel lo supiese, que con precoz sentido +determinó separarse de aquel devaneo que no le convenía y no subir más +al cuarto de la planchadora. Miguel le dio por ello la enhorabuena. +Petra le persiguió todavía algún tiempo; pero el nuevo Teseo se hizo el +sordo y la dejó abandonada. No lo estuvo mucho tiempo, sin embargo, +porque el demagogo Marroquín comenzó a romper con desusada frecuencia +los botones de la levita y el pantalón, y con la misma frecuencia a +subir a su morada buscando remedio para tales desperfectos. Y era lo +extraño, que aunque Petra era expedita y tenía la mano larga para el +trabajo, nunca tardó menos de media hora en pegar un botón a Marroquín o +en coserle el más insignificante siete.</p> + +<p>Estos retrasos injustificados comenzaron a notarse en el colegio; los +chicos se pusieron en observación y al instante se propalaron entre +ellos mil especies, absurdas unas, verosímiles otras, pero todas +graciosas. Uno decía que había visto a Marroquín por el agujero de la +llave, de rodillas delante de Petra y besándola una mano lo mismo que un +caballero andante; otro le había visto pellizcarla un muslo al pasar por +su lado; otro le había oído decir, estando los dos asomados a un +balcón:—«Petra, te amo;» otro, más serio que los demás y más digno de +crédito, aseguraba que su criado había visto un domingo a Marroquín en +un merendero de las Ventas del Espíritu Santo, mano a mano con la +planchadora. Estas noticias volaban por el colegio y se comentaban entre +risa y algazara. Pero los demás profesores, sus compañeros, no se reían; +estaban indignados. Distinguíase entre todos el cura D. Juan, a quien no +le faltaba más que esto para aborrecer de muerte al heterodoxo +naturalista. Después que éste salía de la estancia destinada a los +profesores, entregábase a furiosos comentarios y soltaba toda la bilis +que tenía acumulada: «¡Barájoles, si no fuese mirando a Dios, le ponía +los cinco dedos en la cara a ese puerco!... ¿Han visto ustedes nunca un +hombre más rijoso?... ¡Ese hombre quema por donde pasa, barájoles!... ¡Y +luego, con quién va a ensuciarse!... ¡con una porcuza!...» Este +desprecio que D. Juan testimoniaba a Petra, no era sincero, según pudo +convencerse más adelante Miguel; el odio a Marroquín, sí. Otro de los +que expresaban con más calor su indignación era Pppsicología: propuso +que se diese parte a don Jaime y que se arrojase ignominiosamente a +Marroquín del colegio, y que él se comprometía a desempeñar sus clases +hasta fin de curso, mediante una corta gratificación; pero los +compañeros se negaron a dar este paso. Al poco tiempo, el mismo +Pppsicología fue sorprendido por el inspector durmiendo la siesta con la +cocinera, una mujerota fea y obesa hasta la monstruosidad, y enterado el +coronel, los puso a ambos en la calle, con alegría general de los +alumnos por lo que se refería a D. Benigno y con sentimiento en lo que +tocaba a la cocinera, que era generosa y amable en sumo grado.</p> + +<p>Con este suceso, que llamó extraordinariamente la atención, dejose en +paz al hirsuto Marroquín, «el cual por lo menos sabía guardar las +formas,» según decía D. Leandro, el tiple de San Isidro. Andando el +tiempo se supo que aquél estaba enseñando a leer y escribir a Petra, que +después le dio lecciones de Historia, Geografía, Aritmética, Física e +Historia natural, que en seguida la hizo leer la Historia de los Papas y +la Inquisición y algunos folletos materialistas, y que después de +haberla separado convenientemente de toda religión positiva, la hizo su +esposa «ante el altar de la propia conciencia.» Pero cuando sucedió esto +ya había salido Miguel del colegio.</p> + +<p>El carácter del hijo del brigadier nunca pudo modificarse, ni por las +buenas ni por las malas; últimamente ya se había renunciado a corregirle +y se le castigaba únicamente cuando las travesuras subían de punto. +Todos reconocían que tenía mucha disposición y que si se aplicase sería +el número uno del colegio; desgraciadamente, durante el curso estudiaba +poco, y sólo al llegar el último mes apretaba de firme; pero le bastaba +para sacar en el Instituto tan buenas notas como el primero. Tampoco era +buen guardador de los deberes religiosos; el cura le tenía encerrado +muchas veces por hincarse sólo con una rodilla en misa o pellizcar a los +compañeros; durante el rosario se entretenía en comer castañas y meter +las cortezas en los bolsillos de los otros, o en prolongar la ese del +<i>ora pro nobis</i> más de la cuenta, o en cualquier otra irreverencia que +solía costarle cara. Cada seis meses confesaba todo el colegio con su +director espiritual, quien los preparaba previamente en el estudio de la +doctrina cristiana y con un examen de conciencia colectivo; se hacía en +el salón mayor del establecimiento a fin de que cupieran todos los +alumnos; las ventanas se entornaban para que en la estancia hubiese una +luz discreta y misteriosa que convidase al éxtasis y la meditación; cada +cuál estaba sentado en una silla formando círculo en torno del cura, el +cual iba leyendo por un libro los diversos pecados que en la vida pueden +cometerse y explicándolos en seguida con proligidad invitándoles después +a recordar si tenían que acusarse de ellos. Reinaba un silencio profundo +durante algunos minutos. Volvía el cura a leer otro pecado, y así se +pasaba casi toda la tarde. «Terminado el examen de conciencia—dijo una +vez don Juan—el niño se prosternará ante una imagen de Jesús +crucificado (el cura tendió la vista en torno, y no viendo ninguna, dijo +cambiando de tono:)—A ver, Miguel, ve al oratorio y trae el crucifijo +grande de madera.» Miguel se presentó en seguida con él en las +manos.—«Ponte ahí de frente y levántalo.» Todos se arrodillaron frente +al hijo del brigadier, que estaba de pie sosteniendo la imagen. +«Terminado el examen, el niño se prosternará ante una imagen de Jesús +crucificado y dirá conmigo con el mayor fervor posible: ¡Dios!...» El +cura pronunció esta palabra en voz tan alta y tan lastimera, que Miguel, +sin poder contenerse, soltó el trapo de la risa, cayéndole los mocos +sobre las manos. Don Juan se indignó tanto, que levantándose de un salto +y agarrando la vara de señalar en los mapas, arremetió con él hecho un +basilisco. Fue de ver entonces a Miguel correr por la sala y brincar +sobre las mesas con el Cristo en alto, perseguido de cerca por el cura, +que cuando le tenía al alcance de la vara, se la arrimaba a las carnes +no suavemente. Los alumnos que aún viven recordarán seguramente aquel +incidente chistoso, que terminó mandando a Miguel al encierro y +poniéndose otro chico en su lugar.</p> + +<p>Al día siguiente por la mañana, iban a confesarse uno por uno al +oratorio, y desde allí a comulgar a la iglesia de San Martín. El cura +era muy aficionado a imponer penitencias extrañas y severas. A uno le +mandó una vez que cuando sintiese tentaciones de pecar, arrimase el dedo +índice a una luz hasta quemárselo, rezando después un padrenuestro: a +Miguel le mandó en cierta ocasión que metiese ortigas en la cama y se +acostase en cueros con ellas una noche; pero el muchacho no tuvo ánimos +para cumplir esta penitencia, y a la postre el cura se vio precisado a +conmutársela por otra. Mandole también en otra ocasión que cuando +soltase alguna palabra obscena, besase inmediatamente la tierra: esta sí +la cumplió, con no poca risa y algazara de los compañeros, pues cuando +se hallaba más embebecido en el juego y se le escapaba cualquier palabra +de aquéllas, se bajaba rápidamente a dar un beso en el suelo; mas él no +se ruborizaba y llegó a tomarlo a risa como ellos.</p> + +<p>Los domingos, y también algunas tardes serenas y templadas entre semana, +iba todo el colegio de paseo, alumnos y profesores: marchaban de dos en +dos uniformados por las calles de Madrid, y salían a menudo por el Salón +del Prado hacia Atocha o por la puerta de Toledo hacia San Isidro. Los +transeúntes se detenían un instante para ver pasar aquella comitiva +donde abundaban los rostros delicados de cutis nacarado, un tanto +pálidos por la clausura y los hábitos viciosos del colegio: cruzaban +poblando el aire de un murmullo suave, como un enjambre de abejas, más +atentos a la conversación que llevaban entablada que a la perspectiva de +las calles y a las bellezas del campo. Delante iban los más pequeños, y +detrás los mayores; el capellán, el inspector y los demás profesores +cerraban la marcha. Cuando llegaban a un paraje solitario y apartado, se +hacía alto y se rompían filas. Durante una hora entregábanse todos a los +juegos peculiares de la infancia, el salto, la pelota, la peonza, etc. A +veces, los profesores alternaban con ellos en estos juegos y llegaban a +interesarse y a herirse en el amor propio; el capellán, principalmente, +ya sabemos que se jactaba de sobresalir en toda clase de ejercicios +corporales, y creía poseer las fuerzas de Sansón; así que le pinchaban +un poco, se despojaba de los manteos y la sotana y se ponía a dar +brincos como un zagal, cogía a los bueyes de las carretas por los +cuernos, sacudía los árboles, enseñaba los brazos, levantaba los chicos +a pulso y ejecutaba otras prodigiosas hazañas que recordaban las +celebradas de Orlando furioso.</p> + +<p>Si el director los acompañaba, que no era siempre, había sesión de +pintura; un chico le llevaba la caja, y en cuanto se hallaban frente a +un objeto digno de ser pintado (y el coronel no era escrupuloso en la +elección de asunto), sentábase en una tijerita formada con el mismo +bastón y comenzaba el degüello del arte de Vinci y Rafael. D. Leandro, +por su parte, sacando del bolsillo la flauta hecha pedazos, y uniéndolos +después con esmero, y templándola con pausa, principiaba a atormentar a +Rossini y Mercadante, aunque más tímidamente y confesando su indignidad. +Los chicos se reunían en torno de uno o de otro, según sus aficiones; +pero los más preferían los ejercicios gimnásticos del capellán. +Marroquín, el velloso, no tomaba parte casi nunca en el juego; prefería +apartarse un buen trecho de todos y sentarse sobre alguna piedra y +entregarse a la meditación; últimamente había descubierto que el estudio +servía de muy poco para ilustrarse; lo principal era pensar, meditar +mucho.</p> + +<p>Ya hemos dicho que el cura mostró predilección por Miguel, apesar de su +conducta nada ejemplar. Sin duda la misma travesura del chico le caía +en gracia; además, tenía en mucho sus partes intelectuales y creía de +buena fe «que en formalizando llegaría a ser algo de provecho.» Cuando +hubo un poco de aprieto en el colegio por el excesivo número de +muchachos, no tuvo inconveniente en llevarle a su habitación y en que se +le armase una cama a su lado. El hijo del brigadier, al principio no +encontró de su gusto este cambio; prefería la celda formada con biombos +en el salón, donde a hurtadillas del inspector, recorría las camas +tirando de los pies a los compañeros o «haciéndoles carteras con las +sábanas.» Después se halló mucho mejor, cuando el capellán comenzó a +tratarle con cierta familiaridad de amigo más que de profesor. Las +extravagancias y el carácter de aquél llegaron a hacerle tanta gracia, +que no había para él mayor placer que tirarle de la lengua y escuchar. +D. Juan necesitaba un oyente a quien exponer los muchos pensamientos que +le fatigaban la cabeza, sus teorías, su braveza, sus fuerzas, su higiene +y su horror a «las porcuzas.» Miguel, que era ya un mancebo de quince +años, le servía admirablemente para el caso; a veces el capellán, +pensando que hablaba con un hombre ya formado, se deslizaba un poco en +ciertas materias escabrosas. Observó Miguel que apesar de su odio al +sexo femenino, D. Juan gustaba mucho de esta conversación y venía a +ella con frecuencia. Por las noches, después que se acostaban y apagaban +la luz, era cuando se departía largamente acerca de este y otros +asuntos. Decíale el cura muchas veces, que había aceptado aquella plaza +en el colegio por no ir de párroco a un pueblo, y eso que le habían +ofrecido curatos muy lucrativos.—«Pero en un pueblo está uno muy +expuesto; no tendría más remedio que tomar ama de gobierno, y eso +siempre es comprometido... ¡Cuántos han caído y se han roto las +narices!... El que ama el peligro, perecerá en él, dice el apóstol... +Figúrate, Miguel, que meto de ama a Petra u otra así por el estilo, y +que una noche la gran porcuza, con mala intención, viene a mi cuarto a +llamar.—¿Quién está ahí?—Señor cura, tengo miedo.—¿A qué tienes +miedo, gran yegua?—Señor cura, tengo miedo a los truenos... ¿Y qué hace +un hombre en este caso, barájoles? Lo más probable es que uno abra la +puerta, y entonces ¡adiós con la colorada!... El hombre más santo mete +la cara en el barro y queda perdido para siempre jamás, amén.» Observaba +Miguel que cuando el capellán describía tales escenas, nunca dejaba de +traer como elemento de ellas a Petra, si bien en calidad de término de +comparación; esto le hizo presumir que todo aquel desprecio que hacia +ella afectaba era pura música, y que la gentil planchadora obraba sobre +su corazón la misma mágica influencia que sobre otros muchos del +colegio. Y entonces penetró también la razón del odio profundo que +Marroquín le inspiraba de algún tiempo a aquella parte, y hasta de la +antipatía hacia Mendoza, de quien todos los alumnos creían que estaba +Petra enamorada. Riose no poco en su interior al descubrir aquella +flaqueza, y con intención poco caritativa, comenzó a soliviantarle +siempre que podía, sacándole conversación acerca de las relaciones de +Marroquín y la planchadora, noticiándole todo lo que corría por el +colegio acerca de ellas, y agregando él mismo cuanto podía para +abrasarle de celos. El cura llegaba a ponerse frenético y se le oía dar +vueltas después en la cama sin lograr conciliar el sueño.</p> + +<p>En cierta ocasión descubrió en el baúl de un alumno un libro de +mitología con estampas deshonestas, y se lo llevó a su cuarto. Miguel le +sorprendió con él entre las manos mirándole atentamente: el capellán +quedó algo confuso:—«Barájoles, acabo de encontrar este libraco en el +baúl de Adolfito Medina... ¡Con estas cosas se entretiene ese cerdo!» +Miguel tomó el libro y comenzó a hojearlo, sin que el cura se lo +impidiese; antes echaba miradas intensas y escrutadoras cada vez que +daba vuelta a la página y aparecía una nueva figura, que era por lo +general la de una mujer desnuda o medio desnuda; pero nunca dejaba de +hacer algún comentario despreciativo.—«¡Mire V., barájoles, mire V. +esa porcuza enseñando todo lo que Dios la dio!... ¿Y todo eso qué es, +Miguel?... ¡Nada!... ¡Porquería!... ¡Barájoles! ¿No es vergüenza que los +hombres se pierdan por esas cochinadas?» Tales comentarios servían de +contrapeso a las miradas; pero Miguel no se dejaba engañar.—«¿No le +parece a V., señor cura, que esta sirena se parece a Petra?—Pchs... un +poco, pero no debe de ser tan gorda como ésta.—¿Que no? Anda, anda, +pues se conoce que V. no la ha reparado bien.—Puede ser, puede +ser—decía el cura bajando los ojos,—yo no reparo mucho en esas cosas.» +Después que las hubieron visto con detención sin dejar una, D. Juan le +echó un largo sermón acerca de la necesidad de mantenerse puro, para ser +vigoroso física e intelectualmente, tomándolo nada más que desde el +punto de vista utilitario.—«Aquí me tienes a mí, que derribo de una +mocada a un hombre fornido. ¿Por qué? Porque en cuanto amanece me +levanto de la cama, y... ¡al agua, patos! Sin temor de ninguna clase me +echo el jarro lleno sobre el cuerpo... Por la noche me acuesto en cuanto +puedo... A la comida, agua pura... Los alimentos sanos, nutritivos... Y +en cuanto a esas porcuzas que acaban con los hombres, siempre procuré +tenerlas lejos... Cuando era estudiante, hubo una que hasta quiso +ponerme casa; pero yo alcé el bastón ¡barájoles! y, si no se me escapa +pronto, la dejo como una breva. Nada... en cuanto alguna se me acercaba +en la calle, mocada limpia... ¡Vayan allá, al infierno, a tener tratos +indignos!...»</p> + +<p>A pesar de esta higiene y régimen espartano, el cura tuvo la desgracia +de enfermar. Comenzó a ponerse triste y amarillo, que daba pena verlo: +comer, comía bien, pero no le aprovechaba. El médico del colegio, que +vino a visitarlo, le dijo que tenía una afección hepática, una +ictericia, y que era de todo punto necesario que se distrajese, pasease +largo, y mejor que a pie, a caballo. Pero don Juan no era jinete, por +más que sobresaliese en otros ejercicios gimnásticos, y no quería verse +expuesto a ser derribado. Sin embargo, como el médico insistía en los +paseos a caballo, se determinó a alquilar un jamelgo para dar una vuelta +por las afueras, de madrugada. Miguel alquiló otro para acompañarle, y +así que Dios amanecía, salíanse ambos por la puerta de Toledo o San +Vicente, y se espaciaban por aquellos campos media legua o una, según el +tiempo y la ocasión. El cura llevaba en el bolsillo una onza de +chocolate, y había aconsejado a Miguel que llevase otra: en el primer +merendero o taberna que tropezaban, las tomaban disueltas en agua, y +proseguían su marcha. A Miguel le gustaba mucho trotar, pero el cura se +oponía, porque según él «se batían demasiado los hipocondrios:» en +realidad era que temía caerse. Ordinariamente iban emparejados, +departiendo amigablemente: el capellán mostraba a su discípulo cada día +más estimación: en una cosa no estaba conforme con él, y se la +recriminaba a menudo: era la amistad que Miguel profesaba a +Brutandor.—«¡Mentira parece ¡barájoles! que seas amigo de ese jumento! +Y él ha sabido bien aprovecharse. Si no fuese por ti, no sale adelante +nunca de algunas asignaturas.» Nuestro héroe pensaba mal del cura por +esta antipatía, achacándola a lo que ya hemos dicho, porque si bien +Mendoza no era un águila, ni había de sobresalir jamás en los estudios +especulativos, tampoco le parecía un asno; discurría bastante +acertadamente en ocasiones, era amigo de cumplir con su deber, y tenía +un carácter, aunque grave, muy apacible y simpático. Por este +aborrecimiento injusto, por su presunción y ridiculeces, Miguel no +pagaba al cura su estimación; antes buscaba modo de reírse de él y +remedarle delante de los compañeros. Un suceso de poca monta vino a +aumentar este desprecio y a hacerle formar una idea más ruin aún de su +carácter.</p> + +<p>Ni los paseos ecuestres, ni otras medicinas que el médico le propinó, +consiguieron ponerle bueno. Iba decayendo de día en día y en poco estuvo +que se muriese; pero la providencia de Dios, que sin duda le reservaba +todavía para algo útil, quiso que, cuando menos lo pensaba, arrojase +algunas varas de solitaria. Averiguada con tal motivo la enfermedad que +le aquejaba, era fácil curarle, y en efecto, en poco tiempo se curó y +quedó tan bueno como antes. Así que se vio sano comenzó de nuevo a +bravear y hacer piernas esforzándose en levantar pesos enormes y +enseñando de nuevo los músculos del brazo. Pero no bastaba esto a sus +ánimos y a su presunción de varón atlético y gladiador: quería demostrar +alguna vez que estas fuerzas que el cielo le había concedido podían +utilizarse y dejar bien sentada en el colegio su fama de valiente y +esforzado. Había en el establecimiento un criado gallego, mozo de +veinticinco años a lo sumo, alto, grueso, fornido, del cual se contaba +entre los chicos que había levantado dos hombres con los dientes y otras +proezas; con éste determinó de habérselas nuestro capellán. Un día +descubrió que el gallego se había puesto sus botas para ir a paseo; no +quiso mejor ocasión, y ardiendo en cólera, le dijo a Miguel:—«¿Sabes +que el bribón de Manuel se puso ayer mis botas para irse a tunantear por +las tabernas?... ¡Pero no se ha de reír de mí ese jayanote indecente!... +Ahora vas a ver, barájoles.» Y le llamó desde su cuarto. Acudió Manuel; +el cura cerró la puerta y comenzó a recriminarle durísimamente; Manuel, +bajando la cabeza, se disculpó torpemente; mas el cura, en vez de +suavizarse con esta actitud humilde, siguió alzando el gallo cada vez +más, y concluyó por pasar a vías de hecho, dándole una tremenda +bofetada, que resonó en toda la casa. El pobre Manuel, avezado a llevar +palizas de cabos y sargentos cuando estaba en el servicio y penetrado +desde niño del profundo respeto que se debe a los sacerdotes, no se +movió y aguardó, escondiendo la cara, la granizada de mojicones y +puñadas que el cura le descargó. No bastaron a desarmarle ni la humildad +evangélica del gallego (que por cierto a levantar la mano le hubiera +deshecho), ni las súplicas de Miguel que presenciaba conmovido aquel +escándalo. Hasta que se cansó estuvo aporreando al infeliz criado, +dejándole con varios chichones en la cara y las narices ensangrentadas. +Esta conducta indignó a Miguel en alto grado, y lo que acabó de +desprestigiar al cura fue que, en vez de avergonzarse de haber pegado a +un hombre que no se defendía, aún se jactaba de ello el muy ruin.—«¿Has +visto, barájoles, has visto qué mocada tan gorda le asesté la primera? +¿Qué bien sonó, eh?... Pues aún fueron mejores las que le di por debajo, +en las narices, aunque no sonaban tanto... ¡Barájoles, ya le tenía yo +ganas a ese mastuerzo!... ¡que eche roncas ahora con sus dientes de +caimán!»</p> + +<p>Pero no se pasaron muchos días sin que el cielo vengara al pobre Manuel, +dejando a Miguel en extremo complacido, y fue del modo siguiente: +Salieron una tarde de paseo hacia la Moncloa todos los alumnos y +profesores, y cuando hubieron llegado a sitio a propósito, mandó el +director romper filas, y los chicos comenzaron, como ordinariamente, a +recrearse acompañados por sus maestros. Armose juego de peonza en un +paraje, en otro de salto, más allá de aro, y así se distribuyeron en un +instante todos; el coronel se puso, como siempre, a dibujar, copiando +del natural un carromato, y don Leandro se fue a un lugar apartado a +sonar la flauta acompañado solamente de tres o cuatro discípulos; +mientras el cura, que desde que había expulsado la solitaria andaba muy +galán y boyante, se divertía, tumbado en el suelo, en levantar a pulso +dos niños, uno en cada brazo. Mas cansado al fin de este ejercicio, se +levantó y comenzó a pasear buscando medio de utilizar nuevamente sus +músculos poderosos: y sin darse cuenta de ello, fue acercándose en +silencio al paraje donde tocaba la flauta D. Leandro. Una vez cerca de +él, no se le ocurrió nada más gracioso que agarrar por detrás al infeliz +preceptor, levantarle en alto y apretarle con todas sus +fuerzas:—«¡Suélteme, D. Juan, que me hace daño!»—gritó el tiple de San +Isidro medio asfixiado y pataleando. D. Juan se reía sin soltar. Pero +no contó con la huéspeda, la cual en esta ocasión fue Marroquín, quien +indignado de aquel acto brutal, o por ventura cediendo a la aversión que +le inspiraban todos los clérigos, acudió velozmente en auxilio de su +compañero, y sujetando a su vez al cura por la espalda, le apretó tanto +la cintura, que aquél se vio obligado, no solamente a dejar en paz a D. +Leandro, sino a pedir con voz quejumbrosa misericordia. Dejole al cabo +de un rato Marroquín, pero tan estropeado y maltrecho, que en vez de +reírse de la broma, comenzó a toser y a quejarse; la verdad es que +estaba muy pálido:—«¡Barájoles! esto pasa de broma, Sr. +Marroquín.—¿Pues no estaba V. haciendo lo mismo con D. Leandro?—Pero +yo no le apretaba con todas mis fuerzas, como V. ha hecho conmigo.»</p> + +<p>Los chicos se rieron del percance, hallando el castigo de Marroquín muy +en su lugar. En cambio, el cura se puso cada vez más hosco, y comenzó a +pasearse solo tosiendo y escupiendo a menudo y llevando la mano al bajo +vientre. Cuando llegó la hora de la cena, no probó bocado; los alumnos +se hacían guiños y contenían a duras penas la risa. Al tiempo de +acostarse, Miguel se vio obligado por más de media hora a oírle vomitar +injurias contra su mortal enemigo. Al fin concluyó diciendo:—«Por las +buenas, Miguel, ya sabes que no hay hombre mejor que yo... ¡Pero por las +malas, soy una fiera! Marroquín me las ha de pagar. Se figura, +barájoles, que porque soy clérigo no he de pedirle satisfacción... Se +equivoca... yo lo mismo visto los hábitos del sacerdote, que empuño la +espada del militar. Mañana hablaremos.»</p> + +<p>Durmiose, por último, en estas disposiciones belicosas, mientras Miguel +sonreía entre sábanas, pensando que todo quedaría en agua de cerrajas. +No fue así, sin embargo. Al día siguiente el cura continuaba taciturno y +encrespado, meditando feroces venganzas: el apretón del día anterior +hacía rebasar la copa, y sentía la necesidad de dar cualquier desahogo a +su odio. Mientras duraron las clases se mantuvo grave, y sosegado: +actitud digna del que piensa jugar la vida a las pocas horas: comió poco +y sin hablar palabra. Al llegar la noche comenzó a pasear, agitadamente, +por uno de los corredores. Poco rato después pasó por allí Marroquín que +iba al comedor a cenar: el cura le dejó cruzar a su lado sin saludarle; +pero cuando estaba a unos cuantos pasos de distancia, le llamó:—«Oiga +usted una palabra, Sr. Marroquín.»—Miguel, que estaba en acecho, vio +que Marroquín se volvía y el cura le hablaba al oído; el profesor +heterodoxo levantó la cabeza con sorpresa y se apresuró a decir en voz +bastante alta y nada pacífica:—«Cuando usted quiera.»—D. Juan volvió a +hablarle al oído, y tornaron a separarse. Miguel, interesado y afanoso +por saber el resultado de aquella aventura, no perdió de vista al cura +un instante: viole sentarse a la mesa y no probar apenas bocado. +Marroquín comió como si tal cosa. Concluida la cena, el cura subió a su +cuarto y se estuvo allí un ratito: después salió cautelosamente y subió +a la boardilla. Marroquín, que estaba paseando por el corredor y le vio +subir, no tardó en seguirle también sin hacer ruido. A entrambos los +siguió Miguel con más sigilo aún. Cerraron tras sí la puerta de la +boardilla; pero esta puerta, vieja y desvencijada, tenía tales rendijas, +que le permitieron a Miguel enterarse de lo que dentro ocurría: el cura +encendió un quinqué, que había sobre la mesa de la plancha, y acto +continuo se despojó de la sotana, y quedó en mangas de camisa hecho un +gladiador; y para que todavía la semejanza fuese más perfecta, +remangóselas, y lo mismo los pantalones. Marroquín se limitó a quitarse +el gorro y la levita. Todo se volvía ojos Miguel tratando de ver dónde +estaban las espadas a que el cura había aludido la noche anterior; pero +no parecían por ninguna parte. Y con gran sorpresa y desengaño, pues +estaba creído de que iba a presenciar una extraña y terrible aventura, +vio que los campeones se ponían a darse de morradas como mozos de +cuerda. El cura, que estaba espantosamente lívido, dijo con voz +ronca:—«Podemos empezar,»—y al instante arremetió con Marroquín, +dándole una granizada de puñetazos que, por precipitados y +descompuestos, no consiguieron aturdir al hirsuto profesor, el cual +echando dos pasos atrás, y alzando la mano, asestó al cura, en medio de +la cara, tan tremenda bofetada, que medio le volcó, y si no hubiera sido +por la mesa, en que tropezó, le hubiera volcado por entero. Y sin +aguardar a que el clérigo se repusiese, le alumbró una nueva, por el +otro lado, de tal manera que le puso derecho. El cura entonces se trabó +con él, cuerpo a cuerpo, procurando con todas sus fuerzas arrojarle al +suelo; pero Marroquín, sujetándole a su vez por el cuello y metiéndole +la cabeza debajo del brazo, principió a darle con el otro tan fieros +golpes en las narices, que el cura gritó con voz sofocada:—«¡Socorro; +que me matan!»—Miguel le dejó gritar un poco más, pues no le pesaba de +aquel merecido vapuleo, y sólo cuando vio que Marroquín persistía +incansable en solfearle, bajó a escape la escalera llamando al +inspector:—«D. Ruperto, creo que D. Juan y el Sr. Marroquín se están +pegando allá arriba en la guardilla.»—Subió el inspector a saltos y +halló al cura en un estado que daba lástima verlo: echando sangre por +las narices y los dientes. No quiso, sin embargo, que se diese parte al +director, ni se dijese nada en el colegio. Entre D. Ruperto y Miguel +lleváronle a su cuarto, le pusieron algunos paños de árnica, y le +dejaron acostado. Al día siguiente se quedó en la cama, porque tenía la +nariz muy hinchada y un ojo también. Miguel fue a hacerle compañía y +procuró consolarle del mejor modo que pudo con alguna piadosa lisonja. +Lo que más alivió la pesadumbre del vencido atleta fue oírle decir:—«V. +está malo, señor cura; pero Marroquín tampoco anda muy bueno... Tiene la +cara como un pan... Además, dicen que va a quedar resentido del +pecho.»</p> + + + +<h3><a name="VIIIa" id="VIIIa"></a>VIII</h3> + + +<p>En los dos primeros años vino el asistente de su padre a sacarle todos +los domingos del colegio y llevarle a casa. El corazón le palpitaba de +alegría cuando el inspector le avisaba para que se vistiese el uniforme +y se preparase a salir. En casa, sin embargo, no le aguardaban grandes +recreos: comer con su padre, besar a su hermanita, retozar con los +criados en la cocina y salir a paseo en coche: y a cambio de estos +gustos, contemplar todo el día el rostro de su madrastra que cada vez le +parecía más aborrecible, y sufrir sus reprensiones y desdenes. Pero el +pobre chico apetecía con ansia el amor y los cuidados de la familia: +ante la bárbara indiferencia del colegio, el cariño y la consideración +que le testimoniaban los criados de su casa éranle sabrosos.</p> + +<p>Fácil es de suponer que la antipatía de la brigadiera no cedió nada +durante este tiempo; antes se fue recrudeciendo gradualmente, por más +que no tuviese tantas ocasiones como antes de mostrarla. Otro tanto +acaeció con Miguel: en su naturaleza impresionable fue echando raíces de +tal suerte, que apenas podía mirarla sin advertir que se le encendían +las mejillas y la cólera le roía el corazón. En ciertos momentos, cuando +se hallaba bajo el peso de algún nuevo agravio, volaba su imaginación en +alas de la cólera y se complacía en ir estudiando detenidamente todos +los tormentos de que había oído hablar, los que empleaba la Inquisición +con los herejes y los Emperadores romanos con los cristianos, y todos +ellos se los aplicaba con fruición a su madrastra. Al cabo sucedió lo +que era de esperar. Una tarde, al regresar del paseo con sus compañeros, +cruzando desde el Prado a la calle de Alcalá, se vieron obligados a +pararse por no ser atropellados de los carruajes. Los ojos de Miguel, +que estaba en primera fila aguardando el desfile, tropezaron con los de +su madrastra, que venía en carretela abierta. La brigadiera le hizo un +signo con la cabeza; pero el niño contestó clavando en ella una mirada +fría y apartando después los ojos con desdén. ¡Ay! la brigadiera llegó +a su casa en tal estado de exaltación, que los criados pensaron que se +había vuelto loca: hubo necesidad del frasco del éter, fricciones de +agua fría en las sienes y una cucharada del anti-espasmódico; al cabo de +media hora la irascible andaluza rompió a llorar perdidamente, +llamándose la mujer más infeliz de la tierra. La brigada toda padeció +durante quince días por causa de la grosería de Miguel; pero muy +particularmente su digno jefe, que tardó algunos meses en ver limpio de +nubarrones el cielo conyugal. Desde entonces el colegial no volvió a +pisar las escaleras de la casa, mal llamada de su padre, pues era de +todo en todo de su madrastra.</p> + +<p>No le pesó tanto a Miguel como era de presumir: por aquella época +comenzaban a estrecharse sus relaciones singulares con Petra, y los +domingos en que a la planchadora no le tocaba salir, pasaba la mayor +parte del tiempo en su grata compañía. Lo único que sintió positivamente +fue el verse privado de acariciar a su hermana, de la cual continuaba +siendo el gato predilecto. En cuanto a su padre, empezó a visitar con +más frecuencia que antes el colegio de la Merced: dos o tres veces por +semana le llamaban a la hora de recreo para decirle que su papá le +aguardaba en el salón, y al oírlo, volaba hacia allá con el corazón +henchido de alegría. El brigadier le recibía con los brazos abiertos y +le apretaba contra el pecho preguntándole después con sonrisa dulce y +triste:—«¿Cómo te va, hijo mío?»—Se enteraba minuciosamente de sus +estudios, de sus recreos, de sus faltas, de sus premios, de cuanto le +ocurría, en suma, y no se cansaba de recomendarle la formalidad y la +aplicación; casi nunca se marchaba sin dejarle algún regalo o dinero, +que no pocas veces pasaba íntegro a las manos de la gentil planchadora, +dueño absoluto de sus acciones y pensamientos.</p> + +<p>Miguel empezó a notar que el abrazo que su padre le daba al verle era +cada vez más prolongado, y la sonrisa con que le saludaba cada día más +dulce y más triste. El corazón le dijo que era muy desgraciado, y a +medida que lo era aumentaba el cariño que le profesaba. El brigadier +Rivera, que ostentaba en su pecho los días de besamanos la cruz laureada +de San Fernando, gemía en una esclavitud insoportable. La red en que la +soberbia andaluza le tenía aprisionado, era ya tan tupida, que el triste +no podía sacar un dedo fuera sin riesgo de provocar algún conflicto. +¡Quién sabe los esfuerzos y la habilidad que desplegaba, los peligros +que corría para lograr el ver tan a menudo a su hijo! Apagado el fuego +de la pasión amorosa que le había arrastrado a un segundo matrimonio, +padeciendo los vejámenes que éste trajo consigo, despertose en su +memoria la pura felicidad que había gozado con el primero y el recuerdo +de las virtudes de su infeliz esposa; el amor del hijo que le había +dejado, creció en su pecho con estas dulces memorias, y la común +desgracia que sobre ellos pesaba, contribuyó también a acalorar su +cariño. Al fin era su primogénito, el fruto deseado de sus primeros +amores, el depositario de su apellido y el único que podía trasmitirlo, +por cuanto de su esposa Ángela no tenía varón: todo se fue agregando en +favor del colegial. Además, su hija Julia se criaba con tanto mimo y +melindres, producía tales disturbios en la casa y originaba tantos +disgustos, que en medio del amor de padre, que no muere nunca, el +brigadier Rivera no podía menos de sentir hacia ella cierto leve rencor +que la desgracia de Miguel contribuía a sostener. Por eso su tremenda +esposa, al verle algunas veces salir de casa sin dar un beso a la niña, +le llamaba padre desnaturalizado.</p> + +<p>Los momentos de verdadera dicha para el brigadier eran aquellos en que +se encerraba con su hijo en el salón del colegio. Lejos de las miradas +del enemigo común, podía entregarse libremente a las expansiones del +afecto paternal, y se entregaba de buen grado. Teníale larguísimo rato +entre sus rodillas, mirándole fijamente con ojos aterradores para +cualquiera menos para Miguel, que ya sabía a qué atenerse; tirábale por +los cabellos suavemente, y a menudo le rozaba las mejillas con sus +feroces y encrespados bigotes. Algunas veces le montaba sobre los muslos +y se entregaba, sin saber por qué, a un movimiento vertiginoso de +caballo desbocado haciéndole saltar más de lo que el chico deseara. +Cuando el furioso corcel quedaba rendido y jadeante, nuestro colegial +veía a menudo deslizarse por el rostro de su padre una lágrima abultada +que se deshacía al llegar al bigote, después de lo cual, el bravo +brigadier apretaba a su hijo contra el pecho hasta descoyuntarlo, +murmurándole al oído palabras amorosas. Algunas veces solía +decirle:—«Tú no sabes, hijo mío, lo que te quiere tu padre; ya lo +sabrás, ya lo sabrás... ¡y a alguno le pesará!» añadía en tono triunfal. +Miguel no sabía lo que estas palabras significaban; pero veía sonreír a +su padre, y esto le ensanchaba el corazón.</p> + +<p>Un día aquél vino a noticiarle con tristeza que había pedido el cuartel +para Sevilla. Miguel comprendió inmediatamente que quien lo había pedido +era su madrastra. El brigadier le abrazó llorando y se despidió +repitiéndole al oído las mismas incomprensibles palabras: «¡Ya sabrás, +ya sabrás lo que te quiere tu padre!» La andaluza no quiso decirle +adiós, ni Miguel se humilló a solicitarlo. Desde Sevilla su padre le +escribía muy a menudo, y cada cinco o seis meses venía a hacerle una +visita; pero jamás intentó llevarle a pasar las vacaciones en su casa. +El pobre colegial, al llegar el mes de junio, veía partirse a todos sus +compañeros alegres como las golondrinas, y durante algunos días lloraba +a solas en su cuarto. Mas pronto se consolaba, que en su edad las penas +no abren surco profundo en el corazón, y aceptaba la vida monótona y +holgazana del colegio con gusto.</p> + +<p>Su respetable tío D. Bernardo Rivera venía a visitarle de vez en cuando, +y si él no podía hacerlo a causa de sus graves ocupaciones, comisionaba +al bueno de Hojeda, para que fuese en su nombre. Miguel prefería estas +visitas por representación. D. Facundo era un hombre corriente que le +enteraba de todo lo que ocurría por el mundo (el mundo de D. Facundo), +le traía siempre alguna golosina y se dejaba interrogar con la paciencia +de un santo. Por él supo que su prima Eulalia se casaba al fin con +Arturo Valle, el joven abolicionista que había conocido en casa de tío +Bernardo, quien había consentido en este matrimonio en vista de que +Valle iba templando un poco sus opiniones avanzadas y había renunciado a +los banquetes antiesclavistas. Pero como la naturaleza sensible de este +joven necesitaba algún tierno desahogo, sustituyó a los esclavos por los +niños, dedicando toda su actividad a la protección de estos seres +inocentes; fundó una sociedad para el efecto, e inauguró una serie de +banquetes que dieron mucho que decir a los periódicos; también escribió +algunos folletos acerca de «<i>la educación física intelectual y +sentimental de los niños</i>,» «<i>los juegos de la infancia</i>,» «<i>el trabajo +de los párvulos</i>,» etc., etc. D. Bernardo le dejó este recurso +inofensivo, aunque hubiera deseado más que se dedicase a los trabajos +del foro y a la resolución de otros problemas jurídicos de mayor +importancia. También supo por Hojeda (y esto le llenó de asombro), que +Lucía Población, aquella señorita rubia, tan dulce, tan poética, amiga +de su madrastra había dado su mano al coronel Bembo, ascendido hacía +poco tiempo a brigadier. En esto habían venido a parar aquellas largas +disertaciones acerca del amor, el ideal, los presentimientos y otras +reconditeces psíquicas que le había oído, aunque sin comprenderlas, +cuando iba a comer a casa; en casarse con un elefante. Su tío Manolo +venía también a verle; pero era muy caprichoso y desigual en sus +visitas; le daba una temporada por ir casi diariamente y sacarle a +menudo a paseo, violentando para ello la voluntad del director y las +prácticas del establecimiento; después se pasaba dos o tres meses sin +parecer por el colegio.</p> + +<p>Cuando Miguel se hizo bachiller, con la nota de sobresaliente en letras +y la de aprobado en ciencias, vino su padre de Sevilla, y tuvieron una +larga conferencia para tratar de la elección de carrera: el brigadier se +inclinaba a la de ingeniero; pero Miguel quiso ser abogado, y aquél no +se atrevió a contrariarle. Ofreciose después la cuestión de alojamiento; +en el colegio ya no podía permanecer; el brigadier pensó en la casa de +su hermano Bernardo; pero habiéndole tocado el asunto con delicadeza, +halló una acogida tan fría, quizá por la fama que Miguel tenía adquirida +de travieso, que le dejó muy ofendido, y jurando no volver a pedir jamás +un favor a su hermano. En Manuel no pensó, porque conocía demasiado su +género de vida, incompatible con los cuidados y la vigilancia que exige +un muchacho de diez y siete años. Al fin no tuvo más remedio que dejarlo +acomodado en una casa de huéspedes, modesta, pero decente, de la calle +de Jacometrezo. Antes de marchar le pronunció un sentido discurso acerca +de la necesidad de ser formal y estudioso, «siquiera porque <i>aquella</i> no +me saque loco echándome todo el día a la cara tus travesuras.»</p> + +<p>Con esta etapa dio comienzo para nuestro mancebo un modo de vida +totalmente distinto del que hasta entonces había tenido. El goce +inefable de la independencia le embargó por algunos meses; entraba y +salía de casa cien veces al día, sin necesidad alguna, sólo para +convencerse de que era libre, dueño de sus acciones; tiraba de la +campanilla y se hacía traer vasos de agua sin tener sed; compró una +petaca y algunas libras de tabaco picado, y para aprender a hacer +cigarros, se ensayó, por consejo de un teniente de artillería que se +alojaba en la misma casa, haciéndolos con arenilla de la salvadera; +corría por las calles deteniéndose largo rato delante de los +escaparates, y gastaba el dinero alquilando por horas berlinas de punto; +entraba en los cafés y pedía copas de ron o cognac, sólo por enjuagarse +la boca, pues no podía atravesar los licores. Se enamoraba de cuantas +corbatas veía, y no pudiendo resistir a la tentación de comprarlas, +llegó pronto a poseer una colección asombrosa: después le dio por los +gemelos y trasladó a su cómoda toda una tienda de bisutería; después, +por las boquillas de espuma de mar. Últimamente se enfrascó en la +lectura de novelas: leía bueno y malo, cuanto caía en sus manos.</p> + +<p>En los primeros meses de curso asistió unas cuantas veces a la +Universidad: los profesores le aburrieron: usaban todos una jerga +filosófica que le parecía necia e incomprensible. Prefirió corretear por +Madrid en compañía del teniente de artillería y otros amigos, que no +tardó en adquirir, de los cuales fue al instante muy querido por su +genio abierto y simpático y su «buena sombra.» Su vida durante aquel +curso hay que confesar que no fue muy edificante. Su amigo íntimo y +compañero de colegio, Perico Mendoza, también comenzó cuando él la +carrera de derecho, pero con muy diversos auspicios. Desde la apertura +del curso no hubo estudiante más puntual ni más diligente; cargado +siempre de cuadernos camino de la Universidad, o metido en su cuarto +poniendo los apuntes en limpio; esta era su vida. Alojaba en una +modestísima posada de la Corredera baja de San Pablo, pagando nueve +reales al día. El pobre Brutandor, apesar de sus apellidos ilustres y +sonoros, estaba muy lejos de nadar en la opulencia. Su padre, según pudo +averiguar más adelante Miguel, era un cirujano de un pueblecillo de +Extremadura; la carrera se la costeaba un tío cura. Pero nada de esto +dejaba traslucir su exterior, siempre pulcro y aliñado. Había crecido y +engordado hasta convertirse en lo que el vulgo suele llamar «un real +mozo.» Su rostro, aunque sin expresión, no tenía nada de repulsivo; era +fresco, sonrosado, rebosando de salud y cercado por una patilla rubia y +precoz que le sentaba admirablemente. Lo único que afeaba aquella figura +hermosa e imponente, era cierta desproporción entre la cabeza y el +tronco: era un poco cabezudo. Miguel se había quedado pequeñito y +menudo: poseía en cambio una fisonomía expresiva y simpática, modales +sueltos y un modo de hablar tan agraciado, que cautivaba a cuantos le +trataban. Su temperamento inquieto se había modificado, o, por mejor +decir, había tomado otro sesgo, manifestándose ahora en su conversación, +siempre viva y salpicada de frases oportunas: para intimar con cualquier +persona le bastaba media hora.</p> + +<p>Pocos meses después de abierto el curso, se encontraron Miguel y Mendoza +en la calle. Aunque seguían siendo muy amigos, estaban algo alejados en +el trato, a consecuencia de la vida tan distinta que hacían; pues +mientras Mendoza asistía con puntualidad a las cátedras y pasaba muchas +horas en casa, el hijo del brigadier rodaba en compañía del teniente y +sus nuevos amigos por los cafés, teatros y otros sitios menos santos +todavía de la corte. Se saludaron con efusión y se contaron su vida. +Mendoza aconsejó a su amigo que fuese por la Universidad, porque era muy +fácil perder curso; los profesores tenían fama de severos; las +asignaturas eran largas y difíciles, y acostumbraban a apretar más a los +que no asistían a clase. Miguel se encogió de hombros, riose un poco de +la gravedad con que Mendoza le decía todas aquellas cosas, y prometió ir +a la Universidad y empezar a estudiar de firme. Después Brutandor le +habló con rubor de ciertos apuros económicos que a la sazón padecía.</p> + +<p>—En este momento—le dijo—iba pensando en ti y trataba de ir a +visitarte por si pudieras sacarme de este pilanco... Debo a la patrona +cerca de dos meses...</p> + +<p>—¿Qué dinero necesitas?—le preguntó Miguel en seguida.</p> + +<p>—Cuarenta duros.</p> + +<p>—Pues no los tengo; pero mañana se los pediré a mi tío con cualquier +pretexto, y te los daré... Pásate a la hora de comer por mi casa.</p> + +<p>Al día siguiente se pasó, en efecto, por la calle de Jacometrezo, y +Miguel le dio los cuarenta duros.</p> + +<p>Trascurrido algún tiempo, Mendoza volvió a visitarle y le pidió +veinticinco. Se encontraba en deuda con otra patrona, pues se había +mudado a la calle del Pez. Miguel volvió a abrir su bolsa y a +remediarle. Por fin, cierta noche en los últimos días de enero, +regresando Miguel a casa, le dijo el criado al entregarle la luz:</p> + +<p>—Señorito, en su cuarto está un joven que ha venido ya otras veces a +verle... Llegó en mangas de camisa y sin sombrero y me pidió por favor +que le dejase entrar a esperarle... No sé si habré hecho bien... Me dijo +que le había pasado una desgracia...</p> + +<p>Miguel, lleno de asombro, se dirigió a su habitación: al entrar oyó la +voz de Perico.</p> + +<p>—Buenas noches, Miguelito.</p> + +<p>Miró a todos los rincones del gabinete, y no vio a nadie.</p> + +<p>—Estoy aquí, en la alcoba.</p> + +<p>Miguel fue a allá y le encontró metido dentro de su cama.</p> + +<p>—¡Pero hombre!...</p> + +<p>—Perdóname... me hallaba medio desnudo y tenía mucho frío...</p> + +<p>—Pero ¿qué ha sido eso?</p> + +<p>—El patrón de la calle del Pez... Me quitó el baúl con la ropa, me +arrancó la levita que llevaba puesta, el sombrero, la corbata... y +después de darme unas cuantas bofetadas, me echó a la calle a las diez +de la noche...</p> + +<p>Dijo esto con la misma calma que si hablase de otro. Miguel le miró +estupefacto.</p> + +<p>—¿Y tú qué has hecho?</p> + +<p>—Venir aquí.</p> + +<p>—Ya lo veo, ¿pero antes no has devuelto ninguna de las bofetadas que te +han dado?</p> + +<p>—Ninguna.</p> + +<p>—¿Y para qué quieres entonces esas manazas que Dios te ha concedido?</p> + +<p>—Si le hubiera pegado, me llevarían a la cárcel.</p> + +<p>Miguel volvió a mirarle de hito en hito, y quitándose el sombrero con +afectado respeto, le dijo:</p> + +<p>—¡Oh, varón prudentísimo, yo te saludo! Aunque no esté bien averiguado +todavía si es mejor llevar bofetadas que ir a la cárcel, no puedo menos +de admirar tu profunda sabiduría... ¿Y por qué ha osado poner las manos +en tu rostro virginal y aligerarte tanto de ropa?</p> + +<p>Mendoza un poco amoscado contestó:</p> + +<p>—Porque le debía mes y medio de pupilaje.</p> + +<p>—¡Problema!—exclamó Miguel.—Si por adeudarle mes y medio de pupilaje +el patrón te ha dado quince bofetadas... ¿Fueron más o menos?...</p> + +<p>Mendoza, más amoscado y fruncido, no quiso contestar.</p> + +<p>—Pongamos quincé... Si hubieses llegado a deberle año y medio, ¿cuántas +bofetadas te hubiera dado?</p> + +<p>—Me parece que el lance no es para reírse.</p> + +<p>—Si no me río: es que soy muy aficionado, como sabes, a las +matemáticas. Pero vamos a otra cosa: ¿y por qué debías mes y medio en la +posada cuando no hace uno que te he dado veinticinco duros?</p> + +<p>Mendoza tampoco contestó.</p> + +<p>—Este problema te lo voy a resolver yo. Consiste en que tú, en vez de +pagar la posada, gastas todo el dinero en levitas, sombreros, guantes, +corbatas, etc., etc. Siempre has tenido la manía de ponerte muy +guapote... y sin consecuencias ulteriores, como no sea la de enseñarte +de balde por esas calles de Dios... Hasta ahora no te he visto +conquistar a nadie más que a la planchadora del colegio...</p> + +<p>Esto último se lo dijo en un tono más irritado, que podía achacarse muy +bien al recuerdo de su derrota.</p> + +<p>—¿Qué te propones saliendo a la calle tan perfilado? Que digan: «¡ahí +va un buen mozo!» Pues para tan flojo resultado, no merece la pena que +sacrifiques a tu familia, que pases tantos apuros y te expongas como hoy +a coger una pulmonía.</p> + +<p>Mendoza escuchó la reprensión sin impacientarse. La irritación de Miguel +pasó al instante. Llegándose a la cama, y tirándole cariñosamente de los +pelos, comenzó a decir riendo:</p> + +<p>—Animal, procura estrecharte un poco, y no ronques, porque voy a +acostarme contigo. ¡Qué honor para ti y para tu familia! ¿verdad?... +Pero has de ser modesto. Perico, ¡cuidado que lo propales por ahí!</p> + +<p>La consecuencia de todo fue que Brutandor se quedó definitivamente a +vivir con Miguel: éste pagaba un duro por su gabinete; el ama de la +casa, acomodándose los dos en él, rebajó el pupilaje a cuatro pesetas +cada uno; de las cuatro pesetas que le tocaban, quedó convenido entre +ambos que Mendoza pagaría diez reales y Miguel supliría los otros seis +en tanto que aquél no mejorase de fortuna. Mas aunque así se convino, lo +que acaeció fue que la mayor parte de los meses se vio necesitado el +hijo del brigadier a pagar íntegra o casi íntegra la cuenta de ambos. +Mendoza continuó perfilándose, como decía Miguel, a más y mejor; cuando +éste, encolerizado después de pagar la cuenta desahogaba con él su +bilis, ponía una cara tan compungida e inclinaba la frente con tanta +humildad, que la ira de su amigo disipábase como por encanto y concluía +por reírse y resarcirse del dinero que soltaba con algunos sarcasmos que +también resbalaban sobre la piel de Brutandor, sin lograr hacerle +cambiar de conducta.</p> + +<p>Los dos últimos meses Miguel asistió puntualmente a las clases, y se dio +tal atracón de estudiar, que obtuvo en los exámenes la nota de +sobresaliente en una asignatura, y la de notable en otras dos. Mendoza, +apesar de su constante aplicación y de sus voluminosos cuadernos de +apuntes, no consiguió más que la de bueno en las tres asignaturas. Por +más que esto le dejase un poco despechado, no lo manifestó; estaba +acostumbrado ya a ver a Miguel meterse en la cabeza los libros +rápidamente; por otra parte, el hijo del brigadier tenía la delicadeza +de no comentar el asunto de las notas y darle muy poca importancia.</p> + +<p>En el curso siguiente Miguel dejó la compañía del teniente y sus +disipados amigos y se aplicó de todas veras al estudio. Pronto adquirió +fama en la Universidad de buen estudiante, y más particularmente de +muchacho despejado e ingenioso. Comenzó a llamársele entre los +compañeros Riverita a causa de su figura exigua y también por su +carácter alegre y decidor. El suyo y el de Mendoza formaban contraste +notable, y quizá en esto consistiera aquella mutua simpatía que a +entrambos los tenía sujetos: mientras Miguel tenía a todas horas suelta +la llave de la conversación, a Mendoza había que sacarle las palabras +del cuerpo con tirabuzón. Si por casualidad aquél guardaba silencio, no +había miedo que éste lo turbase; horas enteras se pasarían sin +comunicarse nada. Muchas veces, después de comer, se sentaban ambos al +par de la chimenea; era el momento en que a Miguel le asaltaba la +melancolía; se acordaba de su padre, de la triste suerte que le había +cabido separado de él, viviendo sin familia hacía ya tantos años. Solía +permanecer callado y taciturno algún tiempo, durante el cual Mendoza le +seguía el humor y se mostraba más taciturno todavía, aunque sin motivo +alguno. Al fin, cuando los malos pensamientos de Miguel se disipaban, +rompía súbito el silencio poniéndose a cantar o a brincar, si es que no +se le ocurría alguna cosa para embromar a su amigo:</p> + +<p>—Oyes, Perico, ¿sabes lo que estoy observando?</p> + +<p>—¿Qué?—decía éste levantando los medio caídos párpados.</p> + +<p>—Que te suena la cabeza.</p> + +<p>Perico abría los ojos desmesuradamente sin comprender.</p> + +<p>—Sí; ya rato que la estoy oyendo sonar: hace <i>glu, glu</i>, como las ollas +cuando hierben...</p> + +<p>—¡Qué tonterías tienes, Miguel!</p> + +<p>—Te digo que sí, que te está sonando. ¡Milagro que tú no la oyes!</p> + +<p>Perico, entendiendo al fin la broma, se encerraba de nuevo en su +mutismo.</p> + +<p>Otras veces, cuando paseaban juntos por el Retiro y llevaban largo rato +sin despegar los labios, decía Miguel:</p> + +<p>—¿A que no sabes, Perico, para lo que me sirves tú en el paseo?</p> + +<p>—¿Para qué?</p> + +<p>—Para darme sombra.</p> + +<p>En efecto, Mendoza era tan alto y tan gordo, que la figurilla de Rivera +se resguardaba perfectamente detrás de él.</p> + +<p>—En resumidas cuentas, lo mismo me da caminar contigo por aquí que con +un árbol frondoso: eres tan fresco y tan sombrío como cualquiera del +Retiro.</p> + +<p>Y cuando algún amigo los tropezaba y les decía:—Siempre juntitos, +¿eh?—Miguel contestaba guiñando el ojo:—El que a buen árbol se arrima, +buena sombra le cobija.</p> + +<p>Perico ponía una cara muy indigesta y masticaba algunas palabras de +disgusto.</p> + +<p>Siguió aplicándose el hijo del brigadier al estudio del derecho, si bien +con cierta desigualdad: mientras en algunas asignaturas apretaba de +firme y llamaba poderosamente la atención del profesor y los compañeros, +otras las abandonaba casi por completo. Su padre le seguía visitando una +que otra vez y se mostraba en extremo complacido de su conducta y +aplicación: no tanto de su economía; fuese por motivo del gasto +suplementario que Mendoza le ocasionaba o por su propia prodigalidad, o +por ambas cosas a la vez, lo cierto es que gastaba bastante más de lo +que debiera. Cuando el brigadier se lo advertía suavemente, quedaba +algunas horas triste y pesaroso, formaba propósitos de enmienda; pero a +los pocos días olvidábase enteramente de ellos y seguía dando acometidas +crueles al bolsillo paterno. Pasaba las vacaciones en Madrid, o a todo +más se iba algunos días al Escorial en compañía de una familia conocida. +El brigadier, cuando llegaba el verano, le invitaba a irse con ellos a +un pueblecito de la costa donde solían pasar los meses de calor; pero +Miguel observaba tal vacilación y frialdad en este convite, que +comprendía perfectamente que no debía aceptarlo: su presencia en la casa +era ocasionada a muchos disgustos, y de ningún modo quería que su buen +padre padeciese ninguno por su causa.</p> + +<p>En el cuarto año de su carrera se hizo presentar como socio en el +Ateneo. Desde entonces fue asiduo discípulo de sus cátedras y tertuliano +de sus pasillos; mañana, tarde y noche, en todas las horas que las +clases le dejaban libre, se encerraba en el clásico establecimiento, +centro resplandeciente en aquella época de las ciencias y las letras; +ordinariamente pedía un libro y se enfrascaba en la lectura; en poco +tiempo se tragó un número considerable de volúmenes, versando casi todos +sobre estética y filosofía. Era el terror del bibliotecario, pues le +traía constantemente en ejercicio, encaramado sobre los armarios. Una +vez en posesión del libro apetecido, nuestro mancebo corría a sentarse +al lado de la chimenea y se dejaba tostar las pantorrillas, mientras el +cerebro navegaba por los mares ignotos de la metafísica; primero +faltaría el sol en su carrera, que nuestro estudiante en una de las +butacas de terciopelo carmesí del Ateneo. Al llegar el mes de octubre +empezaba éste a poblarse, y sus pasillos a rebosar de campeones +literatos y filósofos que noche y día se ejercitaban en el arte de la +discusión; no sin detrimento de los tímpanos de otros socios más +pacíficos. Al mismo tiempo se abrían la cátedras donde se explicaban las +materias más indispensables para la vida: los orígenes de los pueblos +semíticos; examen del código Gregoriano; el hombre en el terreno +terciario, etc., etc. En la sesión de ciencias morales se debatían +arduos e interesantes problemas: en la de literatura se leían versos tan +arduos, aunque menos interesantes.</p> + +<p>Una noche al levantarse la sesión, Miguel sintió que le tocaban en el +hombro; era Valle, el marido de su prima Eulalia, uno de los oradores +más importantes a la sazón, no sólo del Ateneo, sino también del +Congreso. Los años habían arrancado a su rostro aquel tinte afeminado y +poético de que hemos hecho mención y se lo habían dado más varonil, +trasformándolo en un hombre hermoso y distinguido; gastaba largos +bigotes, donde brillaba ya tal cual hebra de plata; vestía con refinada +elegancia y continuaba sonriendo con dulzura a cuanto le decían. Por lo +demás, hacía ya tiempo que era moderado, y de los más intransigentes; +había sido gobernador en varias provincias y diputado en dos +legislaturas. Desde algunos años antes, los niños a cuya protección +había dedicado tantos desvelos yacían abandonados a sus propias fuerzas, +lo mismo que los negritos. De aquella fervorosa manifestación de +entusiasmo democrático y tierna sensibilidad, sólo quedaban en las +librerías de viejo algunos residuos acusadores. En varias de ellas solía +verse todavía algún folleto abolicionista de Valle con su +correspondiente negrito aherrojado en la cubierta, las manos levantadas +al cielo en demanda de justicia. Ningún transeúnte le hacía caso, y era +más que probable que así se estuviese de rodillas hasta que fuese a +parar más tarde o más temprano al montón del papel inútil; el mismo +Valle, al cruzar por delante de él, solía apartar los ojos con +desprecio, no exento de rencor. El negrito auténtico, esto es, el de +carne y hueso que asistía a los banquetes abolicionistas, hacía ya +tiempo que había desaparecido de Madrid sin que nadie supiese dónde +había ido a parar: tal vez cansado y ahíto de las comidas sentimentales, +se hubiera marchado al África a reponer el estómago con los platos más +nutritivos de la cocina antropófaga.</p> + +<p>—Oyes, Miguel, ¿tienes noticia de tu familia?—le dijo con amable +entonación, pero rápidamente, como si le llamasen en otra parte y +tuviese muy poco tiempo que perder.</p> + +<p>—No señor; hace una porción de días que no tengo carta de papá; hoy le +he escrito otra vez...</p> + +<p>—Pues sé que está un poco enfermo.</p> + +<p>A Miguel le dio un brinco el corazón.</p> + +<p>—¿Ha habido carta?</p> + +<p>—Sí, ha habido carta.</p> + +<p>—¿Y cómo no me han escrito a mí?</p> + +<p>—No lo sé; lo que hay de cierto es que tu padre no está bueno, que es +un hombre, aunque no viejo, muy gastado por los achaques, y que debéis +estar prevenidos para cualquier suceso desagradable.</p> + +<p>Nuestro estudiante se sintió profundamente conmovido; guardó silencio un +instante y no queriendo preguntar más porque adivinaba vagamente que +algo terrible le querían comunicar, dijo únicamente:</p> + +<p>—Bien, mañana por la mañana tomaré el tren mixto.</p> + +<p>—Es inútil—repuso Valle, después de vacilar un poco.—Puesto que has +de saberlo, más vale que sea cuanto antes... Tu padre ya ha fallecido... +Vaya, resignación... y queda con Dios. Te ha mejorado en tercio y +quinto. Adiós.</p> + +<p>De este modo dulce y consolador recibió Miguel la noticia de la muerte +de su padre. Quedose algunos minutos clavado en el suelo lleno de +estupor, y por último, haciendo un esfuerzo, se dirigió con paso +vacilante a un departamento solitario y se dejó caer en un diván; metió +la cabeza entre las manos y sollozó largo rato, sin que nadie viniese a +acompañarle: solo el conserje, al dar una vuelta de inspección por la +sala, hallándole de aquella suerte, le preguntó con solicitud:</p> + +<p>—¿Qué es eso, D. Miguel? ¿llora V.?</p> + +<p>Cuando supo la causa se sentó a su lado y le prodigó los consuelos que +pudo. En el pasillo se discutía con gritos horrísonos la cuestión del +Syllabus.</p> + + + +<h3><a name="IXa" id="IXa"></a>IX</h3> + + +<p>Pasados algunos días supo que, en efecto, su padre le había mejorado en +tercio y quinto, lo que constituía a su favor, teniendo presente que en +los últimos años el capital del brigadier se había mermado, una renta de +siete mil duros; supo también que su madrastra, en el frenesí de la +cólera intentaba ponerle pleito. Entonces se explicó perfectamente +aquella sonrisa triunfal del brigadier cuando al abrazarle en el colegio +de la Merced le decía: «¡Ya sabrás lo que te quiere tu padre... ya lo +sabrás!» El pleito, como era lógico, no pudo prosperar; la soberbia +madrastra se vio precisada a desistir, aunque guardando odio profundo, +no sólo a Miguel, sino a la memoria de su marido; éste se había vengado +cumplidamente de trece años de suplicio.</p> + +<p>El curador que en el testamento le dejaba era su tío Bernardo, elección +que le mortificó un poco, porque jamás había logrado simpatizar con él. +El temperamento inquieto y el espíritu sarcástico del sobrino se +compadecían muy mal con la gravedad y el sosiego y el perfecto +equilibrio intelectual y moral del tío. D. Bernardo le trataba con +afectado desdén, no concediendo importancia alguna a sus triunfos +universitarios; parecía decirle con el gesto, ya que no con la palabra: +«Apesar de esas notas y esos estudios filosóficos, nunca serás un hombre +respetable.» Sin embargo, en este desdén mezclábase un poquito de miedo, +el miedo que profesan generalmente los hombres sin ingenio a los que lo +tienen: estaba siempre en guardia, temiendo que Miguel le hiriese con +alguna de sus salidas habituales, y para evitarlo se mostraba con él más +serio y más reservado que con los demás.</p> + +<p>Por otra parte, se habían pasado ya bastantes días desde el +fallecimiento del brigadier, y el tío Bernardo sólo había ido a hacerle +una visita, y en ella no le habló de intereses, ni se dio por entendido +del cargo que la voluntad del finado le imponía. Miguel sospechó que no +tenía ganas de ser su tutor: lejos de disgustarle esta sospecha, le +causó verdadera alegría y se propuso verificarla pronto, y aun poner +todos los medios por convertirla en realidad. Una mañana salió de su +casa en dirección a la de su tío, dispuesto a tener con él una +conferencia y resolver de una vez el problema de la gestión de sus +intereses. D. Bernardo seguía viviendo en la casa de la calle del Prado, +de su propiedad. El criado, en vez de dejarle pasar buenamente, por +tratarse de un pariente tan cercano de los señores, le introdujo, como +siempre, ceremoniosamente en el salón, y le mandó esperar.—«Empieza la +comedia»—dijo Miguel para sí sonriendo. Y sin hacer caso del ruego del +lacayo, luego que éste se fue, salió del salón, y subiendo la escalera +interior, se fue derecho al cuarto de su primo Enrique. Era la única +persona con quien simpatizaba en la casa, si se exceptúa también su tía +Martina, a quien siempre había profesado sincero cariño. Enrique se +había preparado para tres o cuatro carreras especiales, y en ninguna +había logrado ingresar. Por último, y para tener siquiera alguna, se +decidió a entrar en la Academia de Infantería: a la hora presente era +alférez de este cuerpo, de reemplazo, sin vestir jamás el uniforme, que +le parecía ridículo, viviendo en la corte como un señorito rico, gozando +de todos los placeres y singularmente de los toros, que era su afición +predilecta, casi una manía. Los papás habían pasado muchos disgustos por +su causa: era la única nota que desafinaba en el concierto casero. Cada +vez que le traían a D. Bernardo la noticia de una nueva calaverada, de +un nuevo suspenso, se ponía a las puertas de la muerte, dejaba de comer, +de hablar, de fumar, y se pasaba dos o tres días dando paseos por el +corredor y lanzando de vez en cuando unos ayes sofocados, que +traspasaban el corazón de su fiel esposa doña Martina.—«Distráete, +hombre; no pienses más en ello: vas a enfermar, y primero eres tú que +él... Además, no todos los chicos han de ser modelos como Carlitos y +Vicente...» D. Bernardo no hacía caso de estas justas observaciones, y +sólo salía de su voluntario ostracismo cuando algún grave que hacer +venía dichosamente a embargar su atención. Por lo demás, Enrique +continuaba siendo el favorito de su madre, la cual, aunque no lo +confesaba ni a ella misma siquiera, porque lo consideraba como una +injusticia de marca, no podía menos de sentirse atraída hacia aquel hijo +que representaba en la casa, en aquella casa severa y reglamentada como +un convento, la alegría, la espontaneidad, la bondad franca y +campechana. Allá a la postre también D. Bernardo, sus hijos y su yerno +comprendieron que hasta desde el punto de vista estético hacía falta en +la familia quien representase la indisciplina, algo que formase +contraste y rompiese la monotonía de aquella vida correcta. En secreto, +cuando estaban en familia, murmuraban todos de él, le ponían como un +trapo, según la expresión vulgar, y esto no dejaba de ser también un +placer, o por lo menos, un pie socorrido de conversación: de vez en +cuando D. Bernardo le llevaba a su cuarto y le pronunciaba un largo +discurso para llamarle al orden y recordarle sus deberes naturales y +sociales, la dignidad del caballero, el decoro de la familia, etc., etc. +Pero si había alguna persona de fuera, al hablar de Enrique todos +sonreían alegremente, como diciendo: «No nos pregunten VV. por ese +calavera, ese aturdido. ¿Quién pone puertas al campo?» La tolerancia que +mostraban les hacía simpáticos, y al mismo tiempo prestaba más realce a +su conducta intachable.</p> + +<p>Carlitos había terminado la carrera de ingeniero de caminos y se +disponía a emprender la de ciencias. Fue constantemente el número uno de +su clase, y había escrito ya algunos artículos sobre mineralogía en una +revista científica. Continuaba siendo el sabio de la familia, con +beneplácito de todos. Vicente había pasado algunos años en Inglaterra, +estudiando no se sabía qué, probablemente los usos y costumbres de la +Gran Bretaña, hacia los cuales se sintió desde un principio tan +inclinado, que toda su vida vistió, comió, durmió, y hasta tosió a la +inglesa. Trajo además de allá, entre otra infinidad de manías, la de las +antigüedades, la cual fue muy del agrado de su padre, y contribuyó no +poco en adelante al esplendor y respetabilidad siempre creciente de la +familia. Compró en Inglaterra un número considerable de trastos viejos, +platos, tapices, y adornó la casa con ellos: además, con permiso de su +padre, todos los veranos daba una vueltecita por las provincias y +regresaba abundantemente provisto de objetos antiguos. La casa de esta +suerte llegó pronto a parecer un museo arqueológico: era cada vez más +sombría y más triste. Vicente consiguió también ejercer poderosa +influencia en ella, particularmente en lo que tocaba al orden y la +etiqueta: los criados considerábanle como su jefe inmediato, y hacia él +volvían los ojos siempre que iba a hacerse algo que no fuese la rutina +de todos los días. Doña Martina a cada instante le preguntaba:—Vicente, +¿dónde colocamos a Romillo? Vicente, ¿debe templarse el Burdeos? ¿Dónde +ponemos la estatua que han traído hoy? ¿A qué hora se sirve en Londres +ese licor que hemos recibido?—El mismo D. Bernardo, apesar de su no +discutida infalibilidad, no se desdeñaba alguna vez de consultarle en +asuntos de ceremonia; v. gr.: si había de visitar a D. Fulano o dejarle +simplemente una tarjeta; si debía aceptar la invitación a comer de D. +Mengano, etc., etc. Valle vivía también en la casa y tenía ya dos niñas +de tres y dos años respectivamente; se había adaptado tan admirablemente +al modo de ser de aquella familia, que parecía nacido y criado con +todos ellos; la misma pulcritud en el vestir, la misma afectada +cortesía, el mismo cuidado extremoso en no decir ni hacer nada de +particular, la misma gravedad y énfasis para expresar las cosas más +triviales. Aún en esto les sacaba ventaja: el antiguo abolicionista no +podía preguntar a un amigo la hora o lo que pensaba del tiempo, sin +llamarle aparte con cierto aparato de misterio: los que le veían, +siempre juzgaban que estaba tratando algún asunto muy serio y muy +escabroso. Apesar de esta adaptación, no había perdido importancia +alguna ni dentro ni fuera de la casa; al contrario, el matrimonio se la +había dado grande, y había contribuido no poco a que saliese elegido +diputado y a que gozase de respeto y consideración universales. Por otra +parte, en el hogar tenía su puesto señalado, su esfera de acción, y de +esta suerte no podía haber choques ni rivalidades: era el hombre +público, el estadista; como Carlitos era el sabio; Vicente, el maestro +de ceremonias; Enrique, el calavera, y D. Bernardo, el varón respetable +y respetado que esparcía su sombra protectora sobre todos. Eulalia +continuaba siendo la misma grave y árida persona que cuando hemos tenido +el honor de conocerla, un poco más grave y un poco más árida. El labio +inferior le colgaba con expresión más señalada aún de desprecio hacia +todas las cosas terrestres. De este general desprecio se salvaba, no +obstante, su marido, su padre y hermanos, exceptuando Enrique, y todos +los usos y costumbres de la buena sociedad, de las cuales era, como su +señor padre, fiel guardadora. La misma doña Martina, apesar de su gran +corazón y su espontaneidad, y de aquel temperamento franco y campechano +que Dios la diera, no había tenido más remedio que sucumbir y doblegarse +a la férrea etiqueta de la familia, haciéndose más seria, más comedida, +y perdiendo con ello mucho del atractivo que su carácter tenía para el +sobrino Miguel.</p> + +<p>Cuando éste penetró en el cuarto de Enrique, le halló afeitándose frente +a un espejo, tan preocupado y atento a su tarea, que no le vio ni oyó +los pasos.</p> + +<p>—Hola, Enriquillo, ¿cómo va?</p> + +<p>Enrique volvió asustado la cabeza.</p> + +<p>—Ah, ¿eres tú, Miguelito? Siéntate, hombre, me alegro mucho de verte +aquí.</p> + +<p>Miguel, en vez de obedecer, se puso a dar vueltas por el cuarto, +observando con semblante risueño cuanto en él había. Estaba lleno de +atributos taurómacos: sobre la puerta una cabeza disecada de toro; a los +lados unas moñas lujosas, con los colores caídos ya por el tiempo; por +las paredes algunos cromos, representando las distintas suertes del +toreo; una espada y una muleta formando trofeo.</p> + +<p>Miguel se detuvo frente a un par de banderillas simétricamente colocadas +debajo de la espada y la muleta.</p> + +<p>—La última vez que he estado aquí no tenías estas banderillas.</p> + +<p>—Me las ha regalado, no hace más que ocho días, Marmita... ya sabes... +Marmita—dijo, volviendo el rostro que rebosaba de orgullo y +satisfacción.</p> + +<p>—Sí, sí... ya sé... Marmita... cualquier bruto, vamos...</p> + +<p>Enrique se quedó repentinamente serio y triste.</p> + +<p>—Hombre, Marmita es un amigo... Además, hoy no hay quien ponga +banderillas como él en ninguna plaza de España... ¿Le has visto el +domingo?</p> + +<p>—No fui a los toros.</p> + +<p>—Pues chico te digo que en mi vida he visto colgarlas al quiebro de +aquel modo... ¡Como si no se hubiera movido, chico... lo mismo! La plaza +se vino abajo... ¡Era cosa de comérselo!... En el quinto toro puso otras +al relance, cuando menos se pensaba, que dejó pasmado a todo el mundo... +Sobre el mismo morrillo las dos... ¡Ni pintadas, chico!... La plaza se +vino abajo...</p> + +<p>—¿Pero no estaba en el suelo ya?</p> + +<p>—¿Cómo?</p> + +<p>—Sí, hombre, acabas de decirme que se vino abajo en el primer par.</p> + +<p>—¡Bueno, bueno!... tú siempre de guasita.</p> + +<p>Y dando la vuelta continuó afeitándose.</p> + +<p>—Pues hacía ya tiempo—dijo Miguel, después de dar otras cuantas +vueltas por la habitación—que echaba de menos aquí unas banderillas. Me +extrañaba que teniendo tantas cosas de toros, no hubiera por lo menos un +par.</p> + +<p>—¿Querrás creer, chico—repuso Enrique, dejándose engañar como muchas +veces por el tono serio que comunicaba Miguel a sus palabras,—que no se +me había ocurrido?... Cuando Marmita me las mandó, tuve un verdadero +alegrón...</p> + +<p>—Sí, sí, comprendo que habrá sido una de las más puras satisfacciones +de tu vida.</p> + +<p>Enrique volvió a mirarle serio y amoscado, y continuó afeitándose. Ya no +era su fisonomía enteramente la de un perro ratonero como de niño; había +mejorado un poco; no mucho; la mejoría principalmente consistía en que +andaba más limpio, sin mocos en las narices, ni repegones en las +mejillas; aquel pelo indómito había conseguido, a fuerza de pomadas y +cosméticos, domeñarlo, y lo llevaba aplastado sobre las sienes como los +chulos. Gastaba la barba cerrada, pero en aquel momento la estaba +modificando, dejándose unas patillas de picador muy cucas. Así que hubo +acabado esta operación, se volvió hacia Miguel un poco avergonzado; mas +como éste le dijese que estaba muy bien y que había ganado bastante con +aquel cambio, se puso en seguida de un humor excelente, abrazó a su +primo cordialmente, le dio un puñado de tabacos habanos, y comenzó a +charlar de cosas alegres.</p> + +<p>—¡Lástima, Miguelillo, que no tengas afición a los toros!—le dijo +cortando repentinamente el hilo de la conversación y mirándole fijamente +con ojos compasivos.—¡Si vieras qué buenos ratos se pasan!</p> + +<p>—Si suprimiesen la suerte de las picas, iría con gusto—dijo Miguel con +deseo de complacer a su primo, soltando una bocanada de humo.</p> + +<p>—¡No digas eso, Miguel, por Dios! ¿Tú no sabes que sin picas no puede +haber toros?</p> + +<p>—¿Pues?</p> + +<p>—Porque irían enteritos a la muerte y quedaría todos los días algún +diestro sobre la plaza.</p> + +<p>—Debían defender los caballos, al menos, para que no anduvieran las +tripas rodando por el suelo.</p> + +<p>—¡Ese es otro error!—exclamó Enrique, a quien la discusión interesaba +extremadamente.—Los caballos no pueden defenderse, porque si el toro no +hallase donde cebarse y tirase siempre los derrotes al aire, concluiría +por huirse, como es natural, y no se podría lidiar en las otras suertes. +Los que no sois aficionados, siempre empleáis los mismos argumentos, +¡los caballos!... ¡las tripas!... Si atendieseis a la lidia, no +repararíais en esas menudencias... pero, ¡claro está! no sabéis lo que +está pasando, no os ocupáis de estudiar el toro, os aburrís, y vais a +mirar allá al otro extremo de la plaza a ver si a algún caballo se le ha +salido el mondongo... Y en último resultado, ¿qué? ¡No parece más que no +habéis visto nunca las tripas de un animal! ¿No os coméis todos los días +el chorizo en el cocido?</p> + +<p>Miguel, que fumaba tranquilamente en una butaca sin atender a lo que su +primo decía, preguntó en tono distraído:</p> + +<p>—¿Pero no habría algún medio de sustituir esa suerte de picas?</p> + +<p>—¡Ninguno!—gritó Enrique.—¡Absolutamente ninguno!</p> + +<p>—Bien, hombre, bien; no te enfurezcas.</p> + +<p>—¿Te figuras que los toros son una cosa de ayer mañana?... Todo lo que +se refiere a los toros está muy pensado... ¡muy calculado!... Los que no +entienden una palabra, ven correr al toro detrás de los toreros, y nada +más; pero los que han estudiado algo, saben la razón de todos los +movimientos que se ejecutan en la plaza...</p> + +<p>—Pues entonces—dijo Miguel seria y pausadamente soltando otra bocanada +de humo,—te anuncio que cuando sea ministro de la Gobernación, tendré +el honor de suprimir las corridas de toros.</p> + +<p>Enrique le echó una mirada torva.</p> + +<p>—¡Ya se librará ningún ministro de la Gobernación de suprimir los +toros!</p> + +<p>—¿Y dónde está tu padre ahora?—dijo Miguel levantándose.</p> + +<p>La fisonomía de Enrique volvió a adquirir repentinamente su habitual +expresión de bondad e inocencia.</p> + +<p>—Me parece que no ha salido esta mañana. ¿Quieres verle?</p> + +<p>—Sí, tengo que hablar con él.</p> + +<p>—Vamos allá.</p> + +<p>Y poniéndose apresuradamente una chaqueta, sin haberse metido aún el +chaleco, condujo a su primo por los corredores hasta cerca del cuarto de +su padre. Allí vaciló un poco, porque seguía profesando a aquella +habitación el mismo respeto que cuando niño.</p> + +<p>—Raimundo—dijo, viendo a un criado pasar,—entra en el cuarto de papá +y pregúntale si puede recibir al señorito Miguel, que desea hablarle.</p> + +<p>El criado tardó un rato en salir con la respuesta afirmativa. Miguel +entró solo.</p> + +<p>Estaba el tío Bernardo sentado en su poltrona, leyendo los periódicos +con la misma expresión de hostilidad con que siempre había acogido todas +las ideas expresadas por escrito. Había envejecido bastante: la calva, +ya dilatada, se la cubría un gorro de terciopelo morado; más flaco y +más pálido; el bigote canoso había quedado reducido, merced al lento +pero continuado trabajo de la navaja, por entrambos lados, a una motita +debajo de la nariz.</p> + +<p>—Buenos días, tío, ¿cómo sigue V.?</p> + +<p>—Hola, Miguel: bien, ¿y tú?—respondió D. Bernardo sin apartar la vista +del periódico.</p> + +<p>—De salud, bien.</p> + +<p>—¿Te vas resignando?—le preguntó, siempre con la vista fija en el +periódico y con un tono ligero que hirió vivamente a Miguel.</p> + +<p>—No, señor—contestó éste un poco picado.</p> + +<p>D. Bernardo se dignó levantar la vista hacia él manifestando sorpresa; +tornó a bajarla y dijo en voz baja y cavernosa:</p> + +<p>—Pues no adelantarás nada con atormentarte; hay que someterse a la +voluntad de Dios.</p> + +<p>—Yo me someto a la fuerza. Resignarse y someterse tranquilamente lo +hacen los que no sienten con intensidad las desgracias.</p> + +<p>—Supongo que no querrás decirme que yo no he sentido profundamente a tu +padre.</p> + +<p>—Debo creer que V. lo ha sentido mucho, porque era un modelo de padres, +de hermanos y de caballeros.</p> + +<p>—Así es, y te aconsejo que lo imites siempre.</p> + +<p>—Hago lo que puedo; por de pronto le lloro mucho, como él me lloraría.</p> + +<p>—No juzgo que deben condenarse las lágrimas en absoluto; pero me +parecen más propias de las mujeres que de los hombres. Te aconsejo +entereza para soportar esta prueba terrible. Pasados ya los primeros +días, es absurdo seguir entregado al dolor, y precisa darse cuenta +exacta de su situación y pensar en lo porvenir.</p> + +<p>—A eso venía precisamente; a tratar con V. la cuestión de intereses.</p> + +<p>Casi todas las conversaciones entre tío y sobrino desde hacía algún +tiempo, tomaban este tono un si es no es picante. Miguel era díscolo, y +cada día iba formando una idea más pobre de las dotes intelectuales del +tío Bernardo. Este, si no despreciaba a su sobrino en el fondo, +aborrecía su carácter y le tenía miedo. Ambos se hallaban perfectamente +convencidos de esta antipatía y procuraban demostrársela con más o menos +disimulo. La conversación que sobre intereses entablaron no fue larga: +desde los primeros momentos comprendió Miguel que su tío no deseaba +hacerse cargo de la curaduría, y grandemente satisfecho, aunque +ocultándolo lo mejor que pudo, le facilitó el camino para zafarse de +ella.</p> + +<p>—Sí, tío, sí; comprendo perfectamente que las graves ocupaciones que V. +tiene en su vida pública y privada no le permitirán dedicarse al arreglo +de mis negocios con la atención que V. quisiera... Yo lo siento +muchísimo... pero más vale que desde el principio hablemos claro...</p> + +<p>—Por mi parte estoy dispuesto a cumplir en un todo la voluntad del +finado; bien lo sabes... Pero temo que apesar de sacrificar otros +quehaceres...</p> + +<p>—Nada, no hablemos más de eso. Como en el testamento se señala, en +defecto de V., a tío Manolo, que él se encargue, ya que está desocupado.</p> + +<p>D. Bernardo sonrió irónicamente al escuchar el nombre de su hermano.</p> + +<p>—Sí; él bien puede encargarse; los quehaceres no le matan.</p> + +<p>Con la solución dada al asunto, ambos se habían puesto de buen humor; la +plática fue en adelante más expansiva y afable. D. Bernardo invitó a su +sobrino a almorzar, y éste aceptó sin que se lo rogase.</p> + +<p>Cuando bajaron al comedor, estaba ya reunida la familia. Como era +costumbre, todos aguardaban en pie al jefe de ella, quien después de +saludarles grave y cortésmente, se sentó y les invitó a sentarse con un +ademán tan imponente y señorial, que Miguel no pudo menos de sonreír. +Nadie más que él sonrió: los demás, incluso Valle, que era ya un +personaje político, aceptaban aquella severa etiqueta, persuadidos de +que practicándola, se alejaban del vulgo y ganaban en prestigio y +respetabilidad. Miguel, exagerando un poco el desdén que le inspiraba +tal farsa, decía para sí:—«¡Pero, señor, esta es una familia de +sainete!» Durante el almuerzo se habló de varios asuntos políticos y +domésticos, pero siempre con el mayor orden, sin que bajo ningún +pretexto se quitasen la palabra unos a otros; después que todos +expresaban su opinión, D. Bernardo solía resumir y dar la suya, y en su +defecto, lo hacía Valle, como segunda persona de la casa. Casi siempre +coincidían todos en el modo de ver las cosas; cuando así no era, se +mostraban tal deferencia los unos a los otros para contradecirse, que +concluían por estar conformes. Alzar la voz para discutir se consideraba +allí como la manifestación más acabada del mal gusto; sólo en las +tabernas se disputaba a gritos. A veces había también sus rasgos de +ironía, sus chistes; Carlitos y Valle se autorizaban algunos; entonces +todos sonreían con benevolencia y hasta se reía suave y discretamente, +nunca con fuertes o sonoras carcajadas. En casi todos los asuntos que en +la mesa se trataban, manifestábase claramente el desdén que la mayor +parte de las cosas y personas inspiraba a aquella privilegiada familia, +y el íntimo convencimiento que todos profesaban de su indiscutible +superioridad. Esta superioridad era el dogma de la casa.</p> + +<p>Enrique tomaba muy pocas veces parte en la conversación; no se +consideraba a la altura de sus hermanos, conocía su genio sulfúrico y +temía desafinar. Desde que se sentaron a la mesa, la transformación que +acababa de operar en su rostro había llamado la atención de todos, hasta +de su padre, que no se dignaba reparar sino en muy contadas cosas: +habíale dirigido durante el almuerzo cuatro o cinco miradas largas y +escrutadoras, y él, por no soportarlas, bajaba la vista y se hacía el +distraído; estaba avergonzado, y hubiera dado cualquier cosa por ponerse +de nuevo los pelos que se había quitado. Nadie se atrevió, sin embargo, +a hablarle de ellos. Cuando concluyeron de almorzar se procedió a hacer +el café sobre la misma mesa, tarea en que de antiguo se placía la +familia de Rivera, y a la cual concedía extremada importancia. En esta +ocasión, la importancia era mucho más grande porque se trataba de +ensayar una nueva maquinilla que Carlitos había encargado a París. Todos +se prepararon con ansiedad a ver funcionar el aparato. Carlitos se había +encargado de armarlo; desgraciadamente, apesar de su reconocido talento +mecánico, no había logrado encajar algunas piezas en su verdadero sitio; +el café salió tan revuelto y malo, que fue imposible atravesarlo. +Entonces se produjo en la familia de Rivera un movimiento de sorpresa +dolorosa; pero nadie osó dirigir cargo alguno al causante de la +desgracia; sólo por medio de rodeos y perífrasis, Valle declaró que el +café pudiera estar más claro aún, lo cual no sabía si debiera achacarse +a la calidad del mismo café, a la deficiencia del aparato o a alguna +ligera imperfección en la manera de armarlo. D. Bernardo tosió dos o +tres veces, lo cual indicaba siempre que iba a decir algo, y era la +señal preventiva para que todo el mundo se callase. En efecto, guardaron +silencio.</p> + +<p>—Para que sepamos cuál es la causa de lo que ha ocurrido, y si Arturo +ha acertado en alguna de las diversas indicaciones que acaba de hacer, +precisa, ante todo, que se lave el aparato, se le desarme y lo volvamos +a armar con detenimiento.... A ver, Raimundo, llévate esa máquina, que +se lave bien, y después de secarla, la traes.</p> + +<p>Mientras Raimundo estuvo por allá, apenas se habló en la mesa, como si +estuvieran todos bajo el peso de alguna grave preocupación: se esperaba +su vuelta con mal disimulada impaciencia. Cuando llegó y dejó de nuevo +el aparato sobre la mesa, los ojos se volvieron anhelantes hacia el jefe +de la familia, quien, después de toser otras dos o tres veces, dijo +solemnemente, dirigiéndose a su hijo Carlos:</p> + +<p>—Carlitos, ten la bondad de desarmar el aparato, a fin de que sepamos, +si es posible, dónde reside la falta.</p> + +<p>Carlitos se apresuró a tomar la máquina, y con mano un poco temblorosa, +comenzó a desarmarla, bajo la mirada fija y atenta de su familia. Según +iba sacando las piezas, dejábalas esparcidas a granel sobre la mesa.</p> + +<p>—¡Alto allá!—exclamó D. Bernardo extendiendo las manos.—Las distintas +piezas no pueden ni deben dejarse de este modo confundidas, +exponiéndonos a que después no sepamos para qué sirven. Coloquémoslas +ordenadamente, a derecha e izquierda, según vayan saliendo, y no habrá +más tarde dificultades.</p> + +<p>Carlitos comenzó a alargar las piezas a su padre, y éste a colocarlas en +diversos parajes de la mesa, no sin vacilar antes algún tiempo y pensar +bien el pro y el contra de cada sitio.</p> + +<p>—Esta tapadera de cristal la colocaremos aquí junto a Eulalia, ¿no es +eso?... El recipiente superior lo pondremos delante de Vicente, ¿qué +tal?... Bien; queda colocado... acordarse bien... queda colocado delante +de Vicente... El pasador aquí a mi derecha... no olvidarse... El +recipiente de la leche, ¿dónde colocaremos el recipiente de la leche?... +Aguárdate un instante, hombre... lo colocaremos, si no os parece mal, +aquí delante de Arturo... acordarse bien, delante de Arturo...</p> + +<p>Una vez desarmado el aparato, Carlos principió a encajar de nuevo unas +piezas con otras, con seguridad y desembarazo, como el que conoce bien +el terreno que pisa. Su padre, no obstante, a quien disgustaba siempre +la prisa, le atajó en seguida.</p> + +<p>—Alto ahí, Carlos; eso no es resolver la dificultad... Hay que tomar +las cosas con más calma; si no, obtendremos el mismo resultado. Antes de +proceder a la colocación de una pieza cualquiera, es necesario +cerciorarse si la anterior está bien colocada; esto es, si ajusta +perfectamente con la otra... Nada de precipitarse... ¿A qué conduce la +prisa?... ¿No tenemos sobrado tiempo?... Caminemos con cautela... ¿No es +eso?...</p> + +<p>D. Bernardo echó una mirada en torno buscando la aprobación, que todos +le concedieron sin vacilar. Después, tosió dos o tres veces, en +testimonio de hallarse satisfecho.</p> + +<p>Apesar de la cautela y del espacio que Carlitos se tomó para armar la +máquina, y a despecho de los graves y sensatos consejos que su padre le +iba dando, y que él respetuosamente seguía, cuando de nuevo se hizo el +café, salió tan malo como la vez anterior. Fue necesario apelar a la +antigua maquinilla. La familia tomó el café pensativa y silenciosa. +Miguel se puso a jugar con sus sobrinitas, las niñas de Eulalia. D. +Bernardo se levantó al fin de la mesa, encendiendo un cigarro habano. +Aunque su continente era frío y grave, como siempre, adivinábase que no +estaba de buen humor: el negocio del café le había excitado un poco la +bilis. Antes de salir se volvió hacia Enrique, que aún continuaba +sentado, y le dijo severamente:</p> + +<p>—¿Por qué te has dejado esas ridículas patillas de torero?</p> + +<p>—Me estorbaba la barba—contestó el alférez humildemente, un poco +ruborizado.</p> + +<p>—Y porque la barba te estorbase, ¿había razón para poner la cara como +la de un chulo o un chispero?... ¿No sabes que eres hijo de una familia +respetable, y que debes imitar a las personas decentes, lo mismo +interior que exteriormente?... A ver si te quitas inmediatamente esos +adornos... ¡No quiero chulos o picadores en mi casa!... Tiempo hace que +me estás disgustando con tus groseras inclinaciones... Ya sé que tienes +por amigos a unos cuantos toreros o granujas de la calle, olvidando lo +que debes a tu familia y lo que debes a ti mismo... que no tienes otros +placeres, que ver encerrar y apartar los toros... Me hiere profundamente +tener un hijo tan insensato... ¿De dónde has sacado esas aficiones?... +¿No ves a tus hermanos, de quien nadie tuvo que decir jamás una +palabra?...</p> + +<p>Hizo aquí una pausa larga el irritado señor de Rivera, y dijo después en +tono perentorio, saliendo del comedor:</p> + +<p>—¡Que no te vuelva a ver esas patillas!</p> + +<p>Enrique recibió la reprensión de malísimo talante, con los codos +apoyados en la mesa y la cabeza metida entre las manos en señal de +protesta. Cuando su padre volvió las espaldas y estaba un poco lejos, +dejó repentinamente aquella postura, y agitando frente a él los puños +con frenesí, exclamó con voz sofocada a fin de que no le oyese:</p> + +<p>—¡En mi cara mando yo!</p> + +<p>Todos guardaron silencio, incluso doña Martina, ante la cólera del +alférez. Sólo Eulalia se atrevió a decir solemnemente:</p> + +<p>—Eso, Enrique, está muy mal hecho: papá tiene razón...</p> + +<p>No pudo concluir: su hermano se le echó encima convertido en basilisco.</p> + +<p>—¡Ya me extrañaba a mí que tú no metieses la cucharada! ¿Quién te pide +a ti consejo, ni qué se me da a mí que tú lo encuentres malo o bueno?... +¡Es decir, que mamá se calla, y que esta tontuela ¡mentecata! se ha de +meter siempre en mis cosas!... Yo hago lo que me parece; ¿sabes?... Me +dejo las patillas o me las quito; ¿sabes?... Y tú te callas; ¿sabes?...</p> + +<p>Nadie protestó; el mismo Valle, que era a quien correspondía poner +correctivo a aquellas palabras, se las tragó; el alférez pudo seguir +gritando cuanto quiso.</p> + +<p>—¿Sabes—le dijo Miguel cuando estuvieron solos en el cuarto—que no es +precisamente la dulzura lo que te caracteriza cuando tienes que +dirigirte a tu hermana?</p> + +<p>Enrique encogió los hombros en señal de desprecio.</p> + + + +<h3><a name="Xa" id="Xa"></a>X</h3> + + +<p>El hotel de Puerto Rico, donde tío Manolo se alojaba, no era, en +realidad, más que una mediana casa de huéspedes. Nada de cuanto +caracteriza a los hoteles se encontraba en él; ni movimiento de criados, +ni entrada y salida de viajeros y equipajes, ni ruido de ninguna clase. +Lo único en que remedaba un poco la manera de ser de aquellos +establecimientos, era en los números pintados (con tinta de escribir) +sobre la puerta de los cuartos y en los impresos con la cuenta que a fin +de mes repartía una criada entre los huéspedes. Por lo demás, éstos eran +fijos y no pasaban mucho de una docena. Entre ellos, el más antiguo un +Marqués diplomático retirado del servicio hacía veinte años, seco, +avellanado, fruncido, sin pizca de dientes y enteramente sordo +(soltero). Otro de los que llevaban más tiempo en la casa, era un mayor +del Consejo de Estado, buen mozo, muy dado al aseo y a los perfumes, +gastrónomo, abonado perpetuo a la ópera, animal dañino entre el bello +sexo, disimulando sus cuarenta y cinco años con arte diabólico +(soltero). Un ex-diputado carlista aniquilado por el reuma, viviendo de +sus rentas, pasando los días húmedos en la cama, los secos en el café de +la esquina, jugando al dominó, entrado ya en días, gran narrador de +cuentos verdes, silencioso en todos los demás asuntos, hombre dulce y +servicial (separado de su mujer). Un oficial de marina, joven, terrible +discutidor de cuantos problemas o cuestiones se suscitasen, por +especiales y técnicos que fuesen; todo lo sabía, todo lo analizaba, los +asuntos religiosos como los financieros, lo perteneciente al orden +físico y lo que tocaba al espiritual; con todo eso, hablaba poco de +barcos; asistía invariablemente a los estrenos de los dramas, y emitía +su opinión a gritos en los pasillos de los teatros, y después, en la +mesa de la fonda (soltero). Este oficial constituía el tormento y la +penitencia de un médico anciano que ya no ejercía, y que también se +hospedaba en el hotel; hombre ilustrado y meticuloso, que jamás +aventuraba una opinión sin haberla meditado con gran espacio. Vivía allí +disfrutando de un capital que había juntado en su larga carrera +profesional, procurándose, con escrúpulos de monja, cuantos goces +higiénicos, cuantos cuidados y regalos puede inventar una imaginación +experta y dedicada exclusivamente a tan grata tarea; los razonamientos, +o por mejor decir, la charla insustancial del oficial de marina, le +ponía fuera de sí, le alteraba la bilis, era su única cruz en esta vida.</p> + +<p>—¡Pero, hombre de Dios! ¿Sabe V. por ventura obstetricia?</p> + +<p>—¡A mí qué me importa la obstetricia! Lo que le sé a V. decir, es que +una mujer puede concebir de un animal, y que está probado.</p> + +<p>—¡Cómo ha de estar probado semejante disparate!</p> + +<p>—Dispénseme V., D. Agustín, dispénseme V.; no es un disparate, ni mucho +menos. Hay un médico alemán llamado Grotte...</p> + +<p>—No conozco semejante médico.</p> + +<p>—Usted no lo conocerá; pero el que V. no lo conozca, no prueba nada... +Digo, que Grotte, que es el médico de más reputación que existe en +Alemania, y que ha escrito infinidad de libros, afirma terminantemente +que una mujer puede concebir de un mono, y hasta de un perro...</p> + +<p>—¡Jesús, qué barbaridad! ¡No estará mal mono sabio ese señor Grotte!</p> + +<p>—¡Dispénseme V., D. Agustín; dispénseme V.! Grotte goza de reputación +europea, es miembro honorario de la Academia de Ciencias de Berlín y de +la de París, director de uno de los hospitales más importantes, médico +del Emperador...</p> + +<p>A D. Agustín le retozaban las ganas de decir: «¡Todo eso es una patraña, +y V. un mentecato sin pizca de sentido común!» Pero se contenía por +educación, y cortaba las discusiones diciendo en tono sarcástico preñado +de cólera:</p> + +<p>—Bueno, hombre, bueno; tiene V. razón... V. lo sabe todo... Conoce V. +la fisiología, la anatomía, la obstetricia... para eso es V. marino... +Yo no sé una palabra de esas cosas... para eso soy médico... Nada, nada, +tiene V. razón... dejemos eso.</p> + +<p>Estas retenciones de bilis le producían a don Agustín algunos disturbios +en el estómago; estuvo tentado algunas veces a dejar la casa, pero le +dolía en el alma abandonar un gabinete muy gentil al mediodía, que él +había amueblado con particular esmero. Nuestro D. Manuel Rivera, por sus +prendas personales, por sus relaciones con la alta sociedad madrileña y +por los años que llevaba en la casa, representaba también papel +principal en ella.</p> + +<p>Los demás huéspedes eran figuras secundarias, que presenciaban riendo +las disputas de la mesa redonda, aventurando pocas veces su opinión y +aceptando resignadamente la oligarquía de los seis que hemos enumerado, +los cuales gobernaban la fonda a su talante, dictando al cocinero los +platos y al dueño las horas de las comidas; los criados, que se +renovaban a menudo, poníanse muy pronto al tanto de la existencia de +este primer estamento, y empezaban a servir siempre por aquella parte de +la mesa en que se situaba, lo que hacía montar en cólera a una señora +viuda, ajamonada, que en las discusiones daba siempre la razón al +oficial de marina.</p> + +<p>Cuando éste comía en casa, era sabido que habría gran calor en la mesa, +mucho ruido, gritos desaforados: el dueño de la fonda, el cocinero y el +pinche, cuando la algazara subía de punto, asomaban disimuladamente las +narices por la puerta un poco asustados; mas al instante se +tranquilizaban oyendo palabras que no comprendían, y se retiraban de +nuevo a la cocina. Pero el oficial comía con frecuencia fuera de casa; +entonces la mesa redonda languidecía, quedaba sumida en un letargo +triste y silencioso; se oía el ruido de los platos y el de las +mandíbulas; el mayor del Consejo de Estado era el encargado de animar la +escena, y lo hacía llamando la atención del Marqués, que comía +abstraído, y dándole siempre la misma broma: el diplomático había +prestado cinco duros a un tunante llamado Laguna, que vivía del juego y +la estafa, y como es natural, no había vuelto a echarle la vista encima.</p> + +<p>—D. Lorenzooo—gritaba el atusado mayor.</p> + +<p>D. Lorenzo seguía comiendo tranquilamente.</p> + +<p>—D. Lorenzoooo—tornaba a gritar.</p> + +<p>—¿Cómo?—decía aquél levantando la cabeza y poniendo la mano por detrás +de la oreja.</p> + +<p>—Que hoy he visto a Lagunaaa.</p> + +<p>—¡Hum!—gruñía el viejo bajando de nuevo la cabeza y dándose ya por +enterado de la broma.</p> + +<p>—Me ha dicho, que es V. una persona muy simpáticaaa.</p> + +<p>—¿Sí, eh?—refunfuñaba D. Lorenzo sin levantar la vista.</p> + +<p>—Muchooo... y que probablemente vendrá un día de estos a hacerle a V. +una visitaaa.</p> + +<p>Esta noticia producía siempre risa entre los comensales, que estaban +perfectamente enterados de todo.</p> + +<p>—No lo creo.</p> + +<p>—Pues créalo V.; está muy agradecidooo.</p> + +<p>—Eso sí lo creo—murmuraba con sorna.</p> + +<p>—Dice, que a ninguna persona pedirá él cinco duros con más libertad que +a V... en caso de necesidaaad.</p> + +<p>—¡Hum!</p> + +<p>—Que ha sido V. para él un padre...</p> + +<p>—¡Ya, ya!</p> + +<p>—Me ha preguntado qué formalidades se exigían para la adopcióoon... +Desea que V. le declare hijo adoptivo.</p> + +<p>—Mejor sería hijo pródigo.</p> + +<p>La ocurrencia levantaba algazara en la mesa. El mayor volvía a la carga.</p> + +<p>—¿Cuánto piensa V. darle para sus gastos particulares cuando sea su +hijooo?</p> + +<p>—Nada... le dejaré letra abierta en todas las tabernas y <i>chamizos</i>.</p> + +<p>—Eso está bien; ¿pero y los gastos imprevistos?</p> + +<p>—Habiendo aguardiente de Chinchón, está todo previsto...</p> + +<p>El Marqués hablaba pausadamente, dejando trascurrir un espacio regular +entre la pregunta y la respuesta; de este modo, su ironía causaba más +efecto. Y la broma se prolongaba al través de la comida con grandes +intervalos de silencio. Al día siguiente, si el marino no llegaba a +sazonarla con alguna discusión científica o literaria, se repetía la +vaya con leves variantes: los comensales encontraban muy donoso al +mayor, y cuando se descuidaba en embromar al Marqués, le guiñaban el ojo +excitándole a hacerlo; la charla del marino los mareaba y aburría un +poco; pero siempre se encontraban dispuestos a confesar su talento y sus +conocimientos poco comunes.</p> + +<p>Desde la última vez que le vimos, D. Manuel Rivera había envejecido +bastante en realidad, en apariencia muy poco; el vientre le había +crecido, las patas de gallo se habían acentuado, el cabello y la barba +estaban poblados de canas. Mas como acudía, casi tan pronto como su +compañero el mayor del Consejo, al reparo de estos mandobles del tiempo, +amortiguaba su fuerza y la herida apenas se mostraba. Hacía algunos años +que usaba constantemente justillo de gamuza (en verano de hilo), que +recogía y aprensaba el abdomen; jamás se lavaba sin frotarse después con +una llamada «agua de Circasia para refrescar y embellecer el cutis;» +todos los meses daba una vuelta por casa del dentista para limpiar la +dentadura y orificar los muchos agujeritos que iban pareciendo en ella; +en cuanto a las canas, ahí estaba su fuerte; las tinturas que usaba, +traídas por él todos los años de París, eran la envidia del mayor por lo +finas y exquisitas. Sin embargo, por las mañanas antes que el barbero +llegase, cuando tío Manolo envuelto en su bata le esperaba sentado en la +butaca leyendo los periódicos, tenía todo el aspecto de una ruina +venerable: aun después de salir fresco y rozagante del cuarto, un ojo +experto y curioso podía notar en ocasiones, en que andaba la tintura +descuidada, ciertas vislumbres de plata en la raíz de la patilla. Esto +en cuanto a lo corporal; por lo que toca al espíritu, nuestro D. Manuel +no necesitaba componer ni aliñar absolutamente nada; teníalo tan +fresco, tan vivo y juvenil como a los veinte años. Y eso que por efecto +de sus constantes prodigalidades, padecía con frecuencia serios +disgustos en el orden económico; hacía ya bastante tiempo que tenía +vendidas o empeñadas las fincas que sus padres le dejaron; esto no le +impedía vivir holgadamente y recrearse con el mismo sosiego que si +estuviese recién heredado. Nunca había retrocedido ni pensaba retroceder +ante los gastos indispensables a un hombre que frecuenta la buena +sociedad, que es galán y divertido. El cómo proveía a ellos nadie lo +sabía, ni el mismo Miguel, que después de la muerte de su padre se fue a +vivir con él en el Hotel de Puerto Rico. Tenía noticia por sus primos y +por algunos amigos del mal estado de la hacienda de su tío; pero se +asombraba de que éste nada le dijese ni hallase en sus actos algo que +acusase la ruina de que se hablaba.</p> + +<p>Como el pez en el agua se encontró nuestro mancebo en el hotel de su +tío; aunque muy joven para ello, formó inmediatamente parte del primer +estamento o directorio, en atención quizá a los méritos de aquél, en +parte también a los suyos propios; pues muy pronto se mostró en la mesa +como muchacho de entendimiento, alegre y despejado. El médico D. Agustín +halló en él poderoso auxiliar contra las afirmaciones disparatadas del +oficial de marina, y desde que se vio secundado, se las tuvo tiesas en +todas las discusiones, y no quiso retroceder ni humillarse ante ninguna +cita de autor exótico. Perdió terreno el oficial de día en día y +comenzó a decirse entre los comensales que formaban el público, que +tenía una ciencia superficial y que el sobrinito de D. Manuel le ponía +muchas veces las peras a cuarto. Hasta la viuda ajamonada que le daba +siempre la razón comenzó a quitársela y apoyar con vivas cabezadas lo +que Miguel manifestaba; pero esto, según se supo después, fue porque la +viuda le propuso un cambio de habitaciones, fundándose en que el oficial +paraba muy poco en casa y le bastaba un cuarto más pequeño; no tuvo +aquél la galantería de aceptar el trueque, y se captó para siempre su +antipatía.</p> + +<p>Pocos días después de vivir juntos, dijo D. Manuel a su sobrino:</p> + +<p>—¿Sabes quién tiene muchos deseos de verte?... Aquella señora del +intendente Trujillo, a cuya casa te llevé yo una noche cuando eras +chico... ¿No te acuerdas que cantó unos dúos de ópera conmigo?... Ha +quedado viuda la pobre hace ya dos años... Es una buena señora, muy +amable y obsequiosa...</p> + +<p>—¿Y aquella hija que tenía y también cantaba?...</p> + +<p>—Se murió antes que su padre... Anita se ha quedado completamente sola. +Cuando sucedió tu desgracia me preguntó con mucho interés por ti, y me +hizo prometerle que te llevaría alguna noche por su casa... No es +tertulia formal; nos reunimos solamente tres o cuatro amigos, de modo +que puedes venir sin inconveniente.</p> + +<p>Aquella noche fue, en efecto, Miguel con su tío a casa de la intendenta, +quien le recibió con mucho agasajo: no tanto a los tres o cuatro amigos +de que había hablado tío Manolo, y que fueron entrando uno después de +otro. Todos ellos eran entrados en días; uno era coronel retirado; otro, +catedrático de matemáticas en la facultad de ciencias; otro, +ex-gobernador de provincia. Observó Miguel que la intendenta ejercía una +soberanía absoluta, casi despótica, sobre esta diminuta tertulia; +ordenaba en tono perentorio cualquier servicio, contestaba con acritud a +las observaciones que la hacían, y en general se mostraba bastante +indiferente a las atenciones y acatamientos que a cada instante la +prodigaban aquellos señores, incluso el tío Manolo. Sin embargo, éste +era el único con quien se humanizaba a ratos. Echando la vista en torno +y advirtiendo el lujo que allí reinaba, pronto se convenció Miguel de +que los tertulianos todos, sin exceptuar a su tío, apetecían la mano un +poco rugosa ya de la intendenta. Frisaba ésta en los cincuenta, pero no +estaba mal conservada, y apoyada sobre el pedestal de una más que +regular fortuna, parecía a los ojos de sus amigos como una diosa. Bien +persuadida estaba también ella de su influencia fascinadora, y por eso +abusaba; quizá se juzgase digna de un marido más fresco y juvenil. Lo +cierto es que trataba a sus pretendientes con ostensible despego. ¡Qué +esfuerzos hacía cada uno de ellos por aventajar a los otros en cortesía, +donaire y gentileza! ¡Cuántos cartuchos de confites entregados con +emoción y olvidados inmediatamente sobre la mesa! ¡Cuánto requiebro, +cuánta galantería perdidos en el aire! El gesto habitual de la +intendenta era de disgusto; cuando la preguntaban por su salud, siempre +contestaba: <i>regular</i>. Los tertulios tocaban con mucha habilidad este +registro, porque era el único al cual solía responder: cuando se hablaba +de sus debilidades y sus nervios, era cuando Anita se mostraba +comunicativa; a veces la tertulia se pasaba horas enteras hablando de +gastralgias y dispepsias o de otras enfermedades del aparato digestivo. +Tenía además la intendenta otro defecto que, apesar de su acreditada +paciencia, solía indignar a los pretendientes; se dormía a menudo en la +butaca y los tenía toda la noche hablando entre sí y en voz baja; noches +perdidas para el bloqueo de la plaza, que causaban profundo desaliento +en los tertulios. Pues aún no era esto lo peor: lo peor era que Anita, +que tenía un temperamento linfático exhausto de sangre, gustaba de +mantener viva y cargada incesantemente, hasta en los días templados, la +chimenea de su gabinete; merced a esto y al cuidado con que se cerraban +todas las puertas y rendijas, aquella habitación era un horno; en +ocasiones la atmósfera se ponía casi irrespirable; el coronel y el +catedrático, que eran obesos y sanguíneos, sudaban gotas de tinta y +estaban expuestos a una congestión; pero el ex-gobernador y tío Manolo, +lejos de compadecerles, se complacían muy mucho en aquel tormento, y +hasta se hubieran alegrado quizá de un amago de apoplejía que les +impidiese salir de casa por las noches.</p> + +<p>Anita recibió a Miguel, como ya hemos dicho, con inusitada afabilidad: +aquella novedad, aquella frescura despertó en ella, acostumbrada a los +semblantes graves y ajados que diariamente la rodeaban, ideas risueñas, +la alegría de la juventud. Los tertulios disfrutaron del buen humor de +la intendenta aquella noche; en vez de dormitar tristemente en la butaca +o de describir con voz apagada los fenómenos nerviosos del día, se +mostró en extremo locuaz y divertida; hablose de los teatros, de +política, de las aventuras galantes de la corte, se rió, se dijeron +chistes más o menos ingeniosos por todos. Anita se avino hasta a abrir +el piano después de varios meses que permanecía cerrado, y cantar una +romanza. Pero contra lo que debía esperarse y formando extraño contraste +con los demás, tío Manolo empezó a ponerse, poco después de haber +llegado, serio y taciturno; apenas contestaba a lo que le preguntaban, +cual si se hallase bajo el peso de alguna triste preocupación. Miguel le +examinó con inquietud, sin saber a qué atribuir aquella tristeza, pues +no sabía que hubiese tenido disgusto alguno. Sin embargo, observó que su +tío miraba con frecuencia a las solapas de la levita y se las arreglaba +con mano trémula: y como le conocía muy bien hacía tiempo, al instante +comprendió que había motivo grave para aquel singular y repentino cambio +de humor; el cuello de la levita no ajustaba bien; hacía un fuellecito +por atrás siempre que bajaba la cabeza. D. Manuel al ponerse la prenda +en casa no había podido apreciar bien este defecto; sólo se había dado +cuenta vaga de que existía. Mas así que se sentó cerca de un armario de +luna, logró descubrirlo de modo evidente, y como es natural, sintió una +profunda y dolorosa impresión que le impidió desde entonces tomar parte +en la alegre plática que se había entablado. En un principio limitose a +arreglar el cuello, disimulando lo mejor que pudo su disgusto; pero la +bilis se le fue exacerbando poco a poco, perdió al cabo la paciencia, y +cuándo creía que no le observaban, comenzó a dar vivos y fuertes tirones +a las solapas. No consiguió sino excitarse más y más; el endiablado +cuello, aunque quedaba en su sitio después de cada tirón, no tardaba +dos minutos en bajarse y ahuecarse de nuevo. La desesperación se iba +apoderando velozmente del gallardo caballero; hasta se le descompuso un +poco el semblante. Por último, sintiéndose enteramente incapaz de +permanecer por más tiempo en aquella angustiosa situación, se levantó de +pronto y dijo con voz alterada, que se le había olvidado dar un recado a +un amigo, que le dispensasen un momento, que no tardaría en volver. +Viéronle marchar todos con cierta sorpresa a causa de su manifiesta +turbación: en la risa que se dibujó en la cara del ex-gobernador, quiso +adivinar Miguel que había atribuido la salida a algún malestar del +cuerpo. No tardó siquiera media hora en entrar: traía puesta otra +levita, el rostro se le había serenado por completo y se mostró en +seguida tal cual era: jovial, divertido, siguiendo durante toda la noche +de un humor excelente.</p> + +<p>Cuando a las doce, poco más o menos, se deshizo la tertulia y salieron, +cogió del brazo a Miguel y le preguntó alegremente:</p> + +<p>—¿Qué te parece de Anita?</p> + +<p>—Es una señora muy amable.</p> + +<p>—Bien conservada, ¿eh?</p> + +<p>—Sí; para su edad...</p> + +<p>—¿Cómo para su edad? No vayas a figurarte que es una vieja... Después, +muy distinguida, ¿verdad?</p> + +<p>Y bajando la voz y acercando la boca al oído del sobrino añadió:</p> + +<p>—¡Ciento cincuenta mil duros en casas, y acciones del Banco!... ¿He +dicho algo Miguel?</p> + +<p>No necesitó éste tirarle mucho de la lengua para averiguar sus planes. +Acometido de súbito deseo de expansión, D. Manuel le abrió enteramente +el pecho. Hacía tiempo que «le estaba poniendo los puntos» a Anita. El +deseo de formar una familia que nunca sintiera en su vida, había +concluido por enseñorearse de su alma. «Qué cosa más rara, ¿eh Miguel? +Al llegar a cierta edad, todos caemos. Es una ley providencial.»—Pero a +él ya no le convenía una chiquilla: necesitaba tranquilidad en casa; una +mujer formal.—«Fuera de casa, todo lo que tú quieras; yo no soy un +santo, y aun después de casado, no diré que alguna vez no saque la +pierna por debajo de la manta... Pero el hogar... el hogar, chico, es +una cosa muy sagrada.» Analizó después el carácter de Anita, un poco +seco en ocasiones y hasta irritable; pero en el fondo cariñoso y +expansivo como pocos; una mujer muy sensata, muy seria en todas sus +cosas y de un corazón inmejorable. Cuando llegó al capítulo de los que +pretendían disputarle su mano, el coronel, el ex-gobernador y el +catedrático, se dibujó una sonrisa de lástima en sus labios: habló de +ellos con desdén olímpico.—«Unos pobres mamarrachos, Miguel; ninguno +tiene pizca de mundo ni sabe lo que es sociedad, ni se ha visto jamás en +tales trotes: así que sin poderlo remediar enseñan la oreja a cada +instante. Anita, que es muy lista, bien lo nota y se ríe de ellos; si no +los despide de una vez es porque a todas las mujeres, hasta las más +sensatas, les gusta tener una corte de adoradores... aunque sean unos +tontos, ¿sabes?... Pero ya se irán cansando... ¿Has reparado los +pantalones de don Ladislao el catedrático?... lo mismo que unas sayas... +Anita y yo nos mirábamos y apenas podíamos contener la risa; ¡pobre +señor!... El coronel no es feo, pero tampoco sabe llevar con gusto +nada... ni las patillas.»</p> + +<p>Hablando de sus proyectos y murmurando de esta suerte llegaron hasta la +puerta de casa. Después de gritarle un rato, vino el sereno a abrirles y +les acompañó con el farol hasta el piso principal. Allí el criado, medio +dormido aún, les entregó a cada uno la llave de su cuarto y se +despidieron hasta el día siguiente.</p> + +<p>El tío Manolo, sereno, majestuoso, semejante a un dios, se fue a +descansar, meditando como Ulises la muerte de los pretendientes.</p> + + + +<h3><a name="XIa" id="XIa"></a>XI</h3> + + +<p>Desde que Miguel encargó la gestión de sus negocios al tío Manolo (y lo +hizo pocos días después de haber pasado lo que acabamos de narrar), no +volvió éste a sentir en su alma aquel noble impulso que le arrastraba a +rendir culto a los dioses lares. Quizá juzgaba incompatible el cargo de +tutor diligente con los deberes que impone el yugo matrimonial, y +prefería sacrificar en provecho de su sobrino los placeres inefables con +que la familia le brindaba. Verdad es, que procuró honradamente +desquitarse aplicándose con laudable asiduidad a los goces propios del +soltero. No le fue a la zaga en esto Miguel, estimulado con su ejemplo: +ambos comenzaron a darse vida de príncipes disfrutando alegremente de +los siete mil duros de renta que el brigadier había dejado; teatros, +bailes, paseos, cenas a última hora, partidas de juego y de caza, noches +de amor y de crápula, de todo gozó el héroe de nuestra historia en los +cuatro años que siguieron a la muerte de su padre. Su inclinación al +estudio sufrió notable menoscabo durante este tiempo; sin embargo, +terminó la carrera con regular lucimiento. Una vez en posesión del +título de abogado, no volvió a abrir un libro de derecho; los momentos +que el placer le dejaba libre consagrábalos a la lectura de obras +amenas, lo cual era también un placer.</p> + +<p>Al llegar a la mayor edad le vino la idea de pedir cuentas a su tío: +había observado en los últimos tiempos ciertas dificultades tocantes al +numerario, que le hicieron entrar en sospechas. Las cuales tuvo el +sentimiento de ver convertidas en certidumbres: su tío y él se habían +gastado en los cuatro años, no sólo la renta anual de siete mil duros, +sino el capital correspondiente a cincuenta mil reales que estaba +colocado en acciones del Banco y papel del Estado: no le quedaban más +que tres fincas urbanas.</p> + +<p>Al saberlo tuvo un fuerte altercado con su tío, le recriminó con dureza +su negligencia y le dirigió algunas palabras ásperas: el pobre D. Manuel +apenas supo defenderse: quedose cortado y confundido, murmurando +torpemente algunas disculpas. Cuando a Miguel se le calmaron un poco los +nervios y se encontró solo en su cuarto, sintió grandes remordimientos; +había obrado con poca generosidad: después de todo, la misma culpa había +tenido él que su tío en el despilfarro: al recordar el semblante +avergonzado y triste de aquél, sentía tanta lástima y un pesar tan +profundo de haberle sin razón ofendido, que no pudo dormir en toda la +noche.</p> + +<p>La renta que le quedó era bastante para vivir con desahogo y aun con +relativo lujo en Madrid. Se hizo cargo de la administración de las casas +y puso orden en sus gastos, procurando, no obstante, que a su tío no le +faltasen ciertos goces sin los cuales el caballero no comprendía la +existencia. Y siguieron viviendo alegres y satisfechos en la mejor +armonía.</p> + +<p>La amistad de Miguel con su antiguo compañero de colegio y de posada, +Mendoza, se había enfriado un poco durante los últimos años, más bien +por efecto de la separación que porque hubiese mediado entre ellos +motivo alguno de disgusto. Cuando se encontraban en la Universidad o en +la calle se hablaban cariñosamente y paseaban juntos si Miguel no tenía +cosa urgente que hacer. Algunas veces también, en días de apuro, Mendoza +solía pasarse por casa de su amigo y pedirle unos cuantos duros. Por lo +demás, trascurrían a veces meses enteros sin verse.</p> + +<p>Poco después de terminar la carrera, Mendoza, que cada día era mejor +mozo y se aplicaba con más ahínco a parecerlo, quiso hacer oposición a +unas plazas de oficiales, vacantes en el Consejo de Estado. Antes de +resolverse vino a consultarlo con Miguel, quien le animó mucho y le +prometió aprovechar todas sus relaciones para conseguir lo que deseaba. +Miguel frecuentaba la alta sociedad y era amigo de varios personajes +políticos; se le conocía en los salones como en la Universidad por el +nombre de Riverita, y era generalmente querido por su figura simpática, +aunque exigua, y su trato franco y gracioso. Hizo Mendoza al fin su +ejercicio de preguntas, y no fue más que mediano, de suerte que aun +poniéndose en lo mejor, desconfiaba mucho de llevar número, lo cual le +traía muy cabizbajo y desalentado. No obstante, cuando llegó el segundo +ejercicio, que consistía en escribir encerrado, durante veinticuatro +horas, una disertación sobre un tema elegido entre tres y contestar +después a las objeciones que dos compañeros le hiciesen, ocurriósele una +idea salvadora; pidió por favor a Miguel, en cuyo talento fiaba mucho, +que se la escribiese. Hubo necesidad para ello de valerse de un ardid. A +la hora en que se encerraba, fue Rivera por allá, se enteró del tema +elegido y corrió a meterse en la biblioteca del Ateneo, donde en pocas +horas consultando libros y esforzando el ingenio, escribió un largo y +erudito discurso. El problema era que llegase a las manos de Mendoza. +Para conseguirlo fue a rondar a las altas horas de la noche el edificio +de los Consejos, dio un silbido penetrante, como un enamorado que +avisase a su novia, y al poco rato se abrió con cautela una ventana del +piso alto y se vio un hilo de seda flotar en el aire; Miguel amarró +apresuradamente el manuscrito y el hilo comenzó a subir arrastrándolo +consigo.</p> + +<p>A la mañana siguiente fue lleno de zozobra a presenciar el ejercicio de +su amigo. Este, que había copiado la disertación en buena letra, la leyó +con firme entonación y no poco aparato; los jueces quedaron sorprendidos +de tanta erudición y agradable estilo, en quien no sospechaban que +existiese. Cuando llegó el momento, sin embargo, de contestar a las +objeciones, decayó bastante; no sabía más que referirse a su discurso; +luchaba en vano por encontrar algún nuevo argumento en defensa de la +tesis. Apesar de esto y del mediano ejercicio de preguntas, el tribunal, +pagado de los conocimientos nada comunes que había demostrado, le aprobó +los ejercicios. Entonces fue cuando Miguel puso en juego todas sus +amistades para conseguir que el ministro le concediese una de las +plazas; el mayor del Consejo, su compañero de hotel, no fue uno de los +que menos trabajaron en el asunto. Finalmente, después de muchas idas y +venidas, empeños y zozobras, Mendoza fue nombrado oficial del alto +cuerpo consultivo con doce mil reales de sueldo; aunque no era muy +pingüe, tenía el empleo la ventaja de ser inamovible, y en la capital, y +muy apropósito para trabar amistad con los próceres de la política y la +administración, bajo cuya égida es como únicamente se puede hacer +fortuna en España. El hijo del cirujano estaba, pues, en franquía, o lo +que es igual, tenía asegurado su <i>modus vivendi</i>. Celebrose el triunfo +por los dos amigos con una cena y hubo brindis fervorosos en ella y se +juraron fidelidad eterna.</p> + +<p>Poco tiempo después de este suceso, sobrevino otro en la vida de Miguel +que dio origen a cambios importantes en ella. Ya hemos dicho que había +entrado con buen pie en la sociedad, que se le tenía por hombre ameno y +divertido, y gozaba de todos los privilegios que la fortuna y el ingenio +suelen conceder en la capital. Pocos sabían como él despertar el buen +humor en las tertulias, hablar con donaire de las mil frivolidades que +constituyen el encanto de la buena sociedad.—«Mi fuerte y mi recurso +supremo para extasiar a las tertulias—solía decir con ironía,—es el +teatro Real.» Porque entonces, como ahora, la conversación amena por +excelencia en Madrid era la de la ópera, y aquél era tenido por hombre +más discreto y agradable quien proporcionase en las reuniones datos más +fidedignos acerca de la vida privada de los tenores y barítonos.</p> + +<p>Pues sucedió que cierto día, habiendo fallecido un caballero con quien +mantenía alguna relación, se vistió de negro y fue a dar el pésame a la +familia. La habitación de la señora estaba medio a oscuras, como es de +rigor en tales casos, por lo que fue necesario que ella le saludase +antes para saber a dónde dirigirse. Después que la apretó la mano y le +expresó cuánto sentía, etc., etc., dio vuelta, y secándose los ojos para +ver algo, percibió una silla vacía y fue a sentarse en ella. Los +circunstantes guardaban silencio y se mantenían en la actitud rígida y +dolorosa adecuada a las circunstancias. Nuestro joven procuró también +adoptar una postura reflexiva metiendo las manos entre las rodillas, y +bajando la cabeza, lo cual no le impedía levantar los ojos que, +acostumbrados ya a la oscuridad, consiguieron al cabo distinguir las +personas y los objetos. No muy lejos observó que una cabecita de mujer +estaba vuelta hacia él, y que unos ojos negros le contemplaban sin +pestañear; la cabeza era hermosa y delicada como la de una madona, los +ojos vivos y alegres. Sintiose el joven particularmente cautivado por +aquella mirada, donde adivinaba cierta misteriosa simpatía; no sólo su +amor propio se sintió halagado por las insistentes miradas de la joven, +sino que experimentó un sentimiento de atracción, que le arrastraba +hacia ella. Contentose, al principio, con decir para sí:—¡Qué niña tan +bonita!—Después avanzó un poco más y dijo:—¡Vaya una chica simpática, +tiene cara de buena!—Por último no pudo menos de pensar:—Yo he visto +esta fisonomía ya en otra parte. Y empezó a dar vertiginosas vueltas en +la imaginación para averiguar dónde y cómo la había visto; pero por más +que hizo no pudo averiguarlo. Recorría en un instante con el +pensamiento, todas las casas conocidas, todos los parajes por donde +había andado, y no logró encontrar marco para aquella cabeza. Si no la +he conocido en el mundo, la he conocido en sueños, se dijo; yo he visto +muchísimas veces esta cara y estos ojos. Y en efecto, poco a poco el +semblante de la joven con sus rasgos delicados, con su expresión franca +y risueña, se le representó como un sueño amable que había tenido en +distintas épocas de la vida; trasladose a los días de placer, recordó +los momentos en que su fantasía le hizo entrever los campos floridos de +la dicha; días y momentos fugaces para él como para todos, pero que +dejan la huella de Dios en el espíritu y le preservan de la corrupción. +Los ojos de aquella joven le pusieron en contacto con todos los objetos +bellos que había visto en su vida, con todos los pensamientos honrados +que habían cruzado por su mente, con todas las lágrimas dulces que había +vertido. Acordose de la fe pura y sencilla con que rezaba en el colegio +ante la imagen de la Virgen y el ansia con que deseaba tener alas para +lanzarse por los espacios azules y llegar hasta su trono de estrellas y +cantar a sus pies las alabanzas de su hermosura inmortal; recordó las +veces en que su padre le había dado a besar el retrato de su madre; +recordó las dulzuras inefables que le causaba de niño la música que +acompañaba a las procesiones, y la embriaguez que le producía el perfume +del incienso, se le representaron los juegos de la infancia y el cariño +vehemente apasionado que sintió cuando niño por su hermanita Julia...</p> + +<p>¡Julia!... Le dio un vuelco el corazón. Había hallado lo que buscaba: +aquella cabeza semejaba extraordinariamente a la de su hermana, no sólo +juzgando por el recuerdo de la infancia, sino por el retrato que de ella +poseía, regalo de su padre. Clavó en la joven los ojos con interés +ansioso, queriendo averiguar un algo vago que empezaba a bullirle en el +pensamiento, exploró con afán todos los rasgos de su fisonomía, examinó +todos los pormenores de su vestido.—¡Si fuese realmente mi hermana!—se +dijo.—Todo cabe en lo posible. Esta familia es amiga suya.... pudieron +venir de Sevilla a pasar una temporada—¡quién sabe!—Y seguía mirándola +fijamente cada vez con más emoción: la joven tampoco apartaba de él su +mirada, llena de interés. El corazón empezó a batirle aceleradamente: se +le apoderó un gran desasosiego, que le hizo mudar de postura veinte +veces en dos minutos; sintiose sofocado, y se desabrochó la levita. Era +necesario salir de aquella terrible duda; saber si todo era pura +ilusión, o si efectivamente se encontraba cerca de la hermana de su +alma. ¿A quién preguntarlo? La señora de la casa estaba lejos; no era +oportuno levantarse y dirigirse a ella: además, todo el mundo se +enteraría. Paseó la vista en torno, y no halló ningún amigo: entonces se +decidió a preguntarlo a la señora que estaba más cerca, fuese quien +fuese; volviose cuanto pudo hacia ella, se inclinó hacia su oído, mas +cuando iba a articular la primera palabra quedó repentinamente sin voz, +pálido y estático. La señora que estaba a su lado no era otra que su +madrastra, la brigadiera Ángela en carne y hueso, mucho más ajada, con +el cabello gris, pero todavía bella y arrogante. La circunstancia de +estar tocando con ella y la oscuridad de la sala, habían hecho que no la +viese hasta entonces. La brigadiera debió conocerle en cuanto entró, +porque así que Miguel hizo ademán de dirigirle la palabra, volvió la +cabeza a otro lado en señal evidente de mal humor y desdén. El rencor +que siempre le había tenido estaba más encendido ahora por el testamento +del padre.</p> + +<p>Miguel permanció inmóvil largo rato, sumergido en un mar de pensamientos +tristes. Cuando alzó la vista, su hermana (porque era ella, ya no le +cabía duda) le estaba contemplando con mayor ternura. Una corriente de +simpatía, más aún, de cariño sincero y apasionado, se estableció entre +ellos; los ojos eran los encargados de trasmitirla: habló la sangre, +hablaron los dulces e inefables recuerdos de la niñez, habló la memoria +venerada del bondadoso brigadier Rivera. En poco estuvo que ambos se +levantasen y se abrazasen ante la concurrencia; mas en Miguel pudieron +los miramientos mundanos, en Julia el temor de su madre; y ambos +permanecieron en sus asientos.</p> + +<p>La brigadiera se sofocaba; estaba inquieta, nerviosa; hacía rechinar la +silla al moverse. Por último, no pudiendo ya contenerse, se levantó para +salir; todos la imitaron, y hubo unos instantes de confusión mientras se +despedían; merced a ella Miguel se acercó disimuladamente a su hermana, +y, sin saber cómo, sin mirarse siquiera, sus manos se encontraron y se +dieron un apretón furtivo y apasionado. Jamás experimentó nuestro joven +una emoción más dulce, ni fue tan feliz como en aquel momento; vinieron +a sus ojos algunas lágrimas que tuvo que ocultar con el pañuelo. Julia, +por su parte, estaba pálida y temblorosa, y apenas podía articular las +palabras indispensables para despedirse. Cuando se fueron, Miguel quedó +como si repentinamente le introdujesen en un calabozo lóbrego; no vio, +ni oyó nada de cuanto había a su alrededor, y, sin vergüenza alguna de +que le observasen, se echó a llorar como un niño y se despidió también.</p> + + + +<h3><a name="XIIa" id="XIIa"></a>XII</h3> + + +<p>Averiguó que su madrastra había venido a vivir a Madrid para cobrar más +puntualmente la viudedad, y que habitaba un cuarto tercero en la calle +del Barco; esto le hizo sospechar que la hacienda de su pobre hermana +había sufrido fuerte menoscabo, si es que no había volado enteramente. +Tan luego como supo el domicilio de ellas se constituyó en asiduo +paseante de la calle y comenzó a espiar los balcones de la casa con el +celo y la insistencia del más rendido galán; pero los balcones +permanecían herméticamente cerrados como los de un convento; por más que +hizo nunca logró ver a Julia. Apeló entonces a los medios que suelen +emplear los tenorios callejeros; sobornó a la portera y pudo +cerciorarse de que su madrastra habitaba allí en efecto hacía tres +meses; pero su hermana había ido a pasar una temporada al campo con unos +amigos por no encontrarse bien de salud. Renunció por entonces a pasear +la calle aguardando su regreso. Y al cabo de algún tiempo sucedió lo que +vamos a ver.</p> + +<p>Cierta tarde de verano hallábase Miguel sentado en una de las sillas del +Prado con el cigarro en la boca disfrutando voluptuosamente de la +amenidad del sitio y de la temperatura, que no podía ser más agradable +en aquella hora. El vasto salón arenoso comenzaba a poblarse de los que +como él salían después de comer a gozar del fresco. Nuestro joven, con +mirada indiferente veía cruzar por delante de él grupos de señoras unas +veces, otras paseantes solitarios, niños con sus ayos o niñeras; la +disposición de su espíritu no era hacía ya algunos días tan alegre como +antes; el encuentro con su madrastra le había perturbado bastante, +inclinándole a los pensamientos serios y tristes. Los cuatro años de +vida placentera le habían hecho olvidarse de entrar en sí mismo, +recordar su historia, meditar sobre lo presente y lo porvenir. Al +tropezar con aquellos restos de su familia despertaron súbitamente en su +alma mil recuerdos dolorosos y alegres de la infancia, presentimientos y +dudas que le tuvieron por algún tiempo melancólico. Hallábase, pues, +enfrascado en tristes cavilaciones, como ordinariamente le acaecía +siempre que estaba solo, cuando acertó a ver a lo lejos dos señoras, +cuya figura le trajo a la memoria en seguida a su madrastra y hermana. +Según fueron acercándose, pudo cerciorarse de que no eran otras. Le dio +un salto el corazón, y vaciló un instante entre marcharse antes que +llegasen o permanecer en su sitio. Optó al fin por esto último y +aguardó. Pronto le divisaron, porque había pocas personas sentadas; la +brigadiera arrugó la frente en testimonio de desagrado y pasó sin +dirigirle una mirada. Julia también cruzó sin mostrar que reparaba en +él; mas a los pocos pasos volvió la cabeza, y a espaldas de su madre le +envió una sonrisa y le hizo una serie de muecas y saludos +afectuosísimos, aunque reprimidos; después con rápido y gracioso ademán +acercó la mano al pecho, arrancó un clavel que llevaba y lo tiró al +suelo. Miguel corrió al instante a recogerlo; al bajarse sintió unos +pasos precipitados detrás y vio frente a sí al levantarse a un cadete de +Estado Mayor, flaco y larguirucho como una espina, quien le dirigió una +mirada torva y colérica y hasta tuvo conatos de abocarle; pero después +de vacilar un instante siguió caminando aunque volviendo a menudo la +cabeza para mirarle de arriba abajo con expresión nada pacífica. Miguel, +sin hacerle caso, cambió todavía de lejos una sonrisa con su hermana y +llevó el clavel a los labios.</p> + +<p>Cierto, no dejaba de ser interesante la situación de ambos hermanos, +obligados para testimoniarse su cariño a esconderse como dos amantes +contrariados y a emplear toda la astucia y disimulo que éstos usan. +Miguel sabía apreciarla y la gustaba, y hasta se placía e interesaba en +ella, por más que la deplorase con interminables lamentaciones cuando se +hallaba entre amigos. Comenzaron a escribirse por medio de la portera, +se hacían señas desde el balcón y la calle respectivamente, citábanse +para las casas conocidas, y burlando la vigilancia de la terrible +brigadiera, se daban besos apasionados en los corredores. ¡Cuántas veces +en sus cartas se hizo mención de aquel día infausto en que Miguel dejó +caer a su hermanita sobre el borde de la cuna! ¡Cuántas hablaban de la +particular afición que Julita tenía a despeinarle! Miguel le escribía: +«Aún siento, picaronaza, tus manos entre mis cabellos y aún me duelen +los tirones que me dabas. Media hora por lo menos tardaba tu doncella +Rosalía en ponerme la cabeza como la de un querubín; y tú ni un segundo +siquiera en dejármela como una selva enmarañada! ¿Conservas fidelidad a +los gatos? Si la raza felina no te ha hecho apurar la copa del +desengaño, te proporcionaré cuando quieras un variado concierto: aún +mayo con bastante afinación.» Julia le contestaba: «Si piensas que se me +ha quitado la manía de despeinarte, te equivocas. Cuando te veo en los +salones tan perfumado y elegante, hecho un dije de reloj, ¡no sabes lo +que daría por achucharte, por chafarte la camisa, por meter las manos +entre esos pelos tan rizaditos y engomados ¡simploncillo! y ponerlos +tiesos como un escoba! Eres tonto de remate; como sabes que eres guapo +no hay quien te sufra...»</p> + +<p>Al fin Miguel halló el medio de reconciliarse con su madrastra. El +cariño cada día más grande a su hermanita le hizo pensar que la había +despojado de una parte considerable de fortuna: su padre no había obrado +con toda justicia al mejorarle: las mujeres necesitan siempre un dote +proporcionado a su educación, porque no pueden vivir de su carrera como +los hombres. «Después de todo, se decía, aunque mi padre me quisiera +mucho, no hay duda que al redactar el testamento ha obedecido en cierto +modo al deseo de venganza. ¿Y qué culpa tiene mi pobre hermana del +carácter altivo y dominante de su madre?» Por otra parte, le dolía verla +en un cuarto tercero viviendo con relativa estrechez mientras él gozaba +de todos los atractivos del lujo. Estas imaginaciones fueron labrando en +su cerebro una decisión que al cabo formuló por escrito en carta a su +madrastra: escribiole sin decir nada a Julia suplicándole le concediese +una entrevista «para tratar de asuntos que a ella y a su hija +interesaban mucho.» La carta, aunque seria, era afectuosa y dejaba +traslucir intentos generosos y deseos vivos de reconciliación. La +brigadiera le contestó muy atenta citándole para el día siguiente a las +tres de la tarde en su casa. Aquella noche apenas pudo dormir nuestro +joven bajo la obsesión de mil pensamientos afanosos y cambios súbitos de +temor y de alegría: los nervios se le desbocaban fácilmente y no era +poderoso a sujetarlos.</p> + +<p>Después de almorzar, o de haber intentado hacerlo, porque apenas pudo +pasar bocado, después de haberse vestido con pulcritud, después de haber +estado algunos minutos en el café tomando maquinalmente una copa, de +<i>chartreusse</i>, se encaminó con paso vivo a la calle del Barco, +imaginando lo que había de decir a su madrastra y gozando con la grata +perspectiva de la reconciliación. Al llegar a la esquina de la calle de +la Puebla procuró refrenar el paso y tranquilizarse: mas al doblar la +del Barco alcanzó a ver a lo lejos aquel cadete desgalichado que tan +ferozmente le había querido interrumpir cuando recogió en el paseo el +clavel de su hermana. Ya le había tropezado otras muchas veces en la +misma calle con los ojos puestos en el balcón de Julia.</p> + +<p>El cadete, al verle pasear la misma calle y al parecer con los mismos +intentos, le arrojaba miradas provocativas, cencellantes, cargadas del +tradicional desprecio que el elemento militar ha sentido siempre hacia +el civil tratándose de empresas amorosas. Pero Miguel, con la +imprevisión temeraria de la juventud, hacía caso omiso de este +desprecio, y solía contestar a aquellas miradas con una sonrisa dulce y +un si es no es burlona que iba amontonando la cólera en el pecho del +feroz cadete. La tempestad rugía ya sobre la cabeza de nuestro joven, y +él seguía tan sosegado como si estuviese bajo un cielo azul y sereno. +Como caminaban en sentido contrario no tardaron en acercarse y pasar uno +al lado de otro, repitiéndose la misma torva mirada por parte del +militar y la idéntica sonrisa por la del paisano. Miguel cruzó a la +acera de enfrente para entrar en casa de la brigadiera; mas antes de +efectuarlo oyó una voz cavernosa a su espalda:</p> + +<p>—Cabayero; oiga V.</p> + +<p>Volviose y se encontró frente a frente del cadete.</p> + +<p>—¿Qué se le ofrecía a V.?—le preguntó sonriendo.</p> + +<p>El cadete vaciló un instante, puso sus ojos sanguinarios en el suelo y +dijo con voz bronca de adolescente que está en la muda:</p> + +<p>—Cabayero, quisiera saber si V. está «en relaciones» con esa chica del +número quince...</p> + +<p>—¿Del número quince?—dijo Miguel, más risueño aún.</p> + +<p>—Sí señor, cuarto tercero.</p> + +<p>—Pues en efecto, estoy en muy buenas relaciones; sí señor.</p> + +<p>Hubo unos segundos de silencio. El hijo de Marte, apesar de su innata +ferocidad, quedose un poco turbado. Al fin rompió a trompicones +diciendo:</p> + +<p>—Pero bien... esas relaciones... yo hace tiempo que la hago el oso... +quisiera saber si es V. novio...</p> + +<p>—¡Ah! eso es otra cosa: para que yo sea novio de ella hay una pequeña +dificultad; y es que soy su hermano.</p> + +<p>El cadete levantó los ojos, donde se pintaba el asombro, la alegría, la +duda y algunas otras emociones secundarias que sería prolijo enumerar.</p> + +<p>—¿Pero de veras es V.?...</p> + +<p>—De padre nada más; no se asuste V.</p> + +<p>Al cadete no le hizo efecto esta rectificación; siguió expresando con +los ojos los mismos sentimientos, con idéntica viveza. Después, +acometido súbito de una idea, la de que aquel paisano «se estaba +quedando con él» se puso otra vez fruncido y enfoscado y volvió a sacar +la voz de las profundidades de su pecho.</p> + +<p>—Cabayero, yo no consiento que nadie se <i>guasee</i> conmigo.</p> + +<p>—Hace V. perfectamente; aplaudo esa decisión.</p> + +<p>—Es que... yo no creo que V. sea hermano de esa señorita...</p> + +<p>—También está V. en su derecho; si le repugna creerlo, nada, nada, por +mí no se violente V.</p> + +<p>—Es que yo...</p> + +<p>—Siento en el alma no traer la fe de bautismo en el bolsillo; pero si +V. no tiene cosa más urgente que hacer, puede pasarse por la sacristía +de la iglesia de San Ginés y allí le enseñarán el libro parroquial donde +consta mi nacimiento y el de mi hermana... Si V. desea una tarjeta para +el sacristán se la daré... ¿No la quiere V.?... Bien, pues V. me +dispensará, caballero; me aguardan en este momento... Miguel Rivera, +para servir a V....</p> + +<p>Y giró sobre los talones y se metió pugnando por no reír en el portal de +la casa de su madrastra. Una vez dentro de él, quedose repentinamente +serio al pensar que antes de tres minutos iba a encontrarse frente a +ésta. Era un momento solemne. Subió lentamente la escalera, creciendo su +emoción a cada peldaño que iba salvando. Cuando llegó arriba estaba tan +conmovido que no se atrevió a que le viesen en aquel estado: descansó +algunos momentos procurando serenarse, y después que lo hubo conseguido +a medias, cogió el llamador con mano temblorosa, tirando de él +suavemente. Esperó un rato sin que nadie viniese: cuando ya iba a tirar +segunda vez, oyose una voz adentro que decía con tono imperioso:</p> + +<p>—¡Que han llamado!</p> + +<p>Le dio un vuelco el corazón: era la voz de su madrastra. Al instante se +abrió el ventanillo y le preguntaron:</p> + +<p>—¿Qué deseaba V.?</p> + +<p>—¿La señora viuda de Rivera?...</p> + +<p>—Sí señor—dijo la criada abriendo la puerta.</p> + +<p>En aquel momento Miguel estaba, sin saber por qué, completamente sereno.</p> + +<p>—¿Cómo es su gracia?</p> + +<p>—Miguel Rivera.</p> + +<p>—Voy a avisar: tenga V. la bondad de aguardar un instante.</p> + +<p>En cuanto nuestro joven se quedó solo, oyó unos pasos vivos y menudos, y +divisó en la esquina del corredor a Julia que asomó la cabeza nada más +para ver quién era «la visita.» Al encontrarse con su hermano, descubrió +todo el cuerpo y se quedó pasmada, estática, mirándole fijamente con +marcada expresión de susto. Esta actitud hizo comprender a Miguel que la +brigadiera nada le había dicho de la carta ni de la cita. Después avanzó +lentamente hacia él manifestando siempre la misma sorpresa mezclada de +terror, sin hacer caso de la sonrisa tranquilizadora de su hermano: +cuando éste la tuvo cerca, avanzó también algunos pasos, y cogiéndola +por la cintura, la dio un par de sonoros besos en las mejillas. Entonces +el susto de Julia llegó a su colmo: se arrancó con extraordinaria +violencia de los brazos que la sujetaban, se puso terriblemente pálida y +se llevó el dedo a los labios, diciendo con voz de falsete:</p> + +<p>—¡Por Dios, Miguel, por Dios... que está ahí mamá!</p> + +<p>La criada apareció en aquel instante por el otro extremo del corredor.</p> + +<p>—Puede V. pasar cuando guste, señorito.</p> + +<p>Miguel hizo una mueca risueña a su hermana, le dijo adiós con la mano y +se dirigió con paso firme a la sala, precedido de la criada, quien al +llegar a la puerta levantó la cortina y le dejó el paso.</p> + +<p>La brigadiera Ángela, que estaba sentada en una butaca, se levantó al +ver a Miguel, pero no avanzó a su encuentro. Tenía la misma figura +gallarda y arrogante, mas el rostro estaba notablemente ajado; +dibujábase en torno de sus ojos un círculo grande azulado, y surcaban su +frente dos profundas arrugas, señales que acreditaban la violencia y +soberbia de su genio: los negros y sedosos cabellos que Miguel admiraba +en otro tiempo, blanqueaban ya por tantos sitios, que eran más grises +que negros: vestía una bata de seda, también ajada, y ajados estaban +también los muebles de la sala, y ajadas las cortinas y la alfombra. +Todo lo advirtió el hijo del brigadier de una sola pero intensa mirada, +y no sin pena, recordando el antiguo esplendor de su casa.</p> + +<p>—¡Oh, mamá! ¿cómo sigue V.?—dijo avanzando con efusión hacia ella.</p> + +<p>—Bien, ¿y tú, Miguel?—contestó tendiéndole una mano.</p> + +<p>Miguel, que iba decidido a abrazarla, se detuvo ante aquella actitud y +se contentó con tomarle la mano y apretarla contra su pecho. Y +reteniéndola aún entre las suyas, exclamó:</p> + +<p>—¡Cuánto tiempo!...</p> + +<p>—¡Mucho, sí!... Trae una silla y siéntate.</p> + +<p>Pero Miguel, sin hacer caso, siguió en pie, y volvió a exclamar, +arrasados los ojos de lágrimas:</p> + +<p>—¡Pobre papá!</p> + +<p>La mano de la brigadiera tembló un poco dentro de las suyas; pero +soltándose en seguida, le señaló de nuevo una silla.</p> + +<p>—Siéntate, Miguel, siéntate.</p> + +<p>Obedeció, colocándose al lado de la butaca de su madrastra, y metiendo +las manos entre las rodillas y la barba en el pecho, guardó silencio: +algunas lágrimas le resbalaron lenta y calladamente por las mejillas.</p> + +<p>—¿Hace mucho tiempo que has concluido la carrera, Miguel?—le preguntó +en tono natural la brigadiera al cabo de un rato.</p> + +<p>—Hace dos años nada más—repuso secándose los ojos con el pañuelo.</p> + +<p>—¿Y qué te haces ahora?</p> + +<p>Esta pregunta seca y hecha en un tono más seco aún, cortó la tierna +emoción que embargaba a nuestro joven en aquel momento y le dejó un poco +embarazado.</p> + +<p>—Poca cosa... Me divierto lo más que puedo.</p> + +<p>—Sí, sí, ya lo he sabido, que eres un joven a la moda.</p> + +<p>—Las modas duran poco; pasaré como han pasado las trabillas y las +corbatas de suela...</p> + +<p>La conversación iba a tomar un sesgo demasiado frívolo, y Miguel lo +cambió preguntando con interés:</p> + +<p>—¿Y VV. qué tal se encuentran en Madrid, mamá?</p> + +<p>—A mí me sienta bien este clima... a Julia no tanto.</p> + +<p>—¡Pobrecilla!... acostumbrada al calor de Sevilla, el frío de este +pueblo no le hará mucho provecho seguramente.</p> + +<p>—Yo también estaba acostumbrada al calor cuando vine hace años, y sin +embargo no me ha hecho daño;... depende de las naturalezas...</p> + +<p>—¿Pero Julia se ha puesto mala aquí?—preguntó Miguel, aunque ya lo +sabía.</p> + +<p>—Ha tenido un catarrillo pertinaz, pero la he mandado a Mejorada unos +días con mi prima Rafaela, y se ha puesto buena.</p> + +<p>—Es una chica muy graciosa... ¡Caramba cómo se ha desarrollado, y qué +monísima se ha puesto!</p> + +<p>—Tus flores no tienen gran valor en este caso—dijo la brigadiera +sonriendo nada más que con el borde de los labios.</p> + +<p>—¿Por qué? ¿Porque soy su hermano?... No crea usted que influye tanto +en mi juicio esa circunstancia; la juzgo desapasionadamente, como un +extraño... como un joven a la moda—añadió devolviendo irónicamente a su +madrastra el calificativo que le había dado. Y por si esto pudiera +ofenderla, dijo después:</p> + +<p>—Usted, mamá, debe escuchar con gusto que Julia es guapa, porque además +de ser su hija, se le parece notablemente.</p> + +<p>—Tampoco admito esa flor encubierta... ¡Te has vuelto muy galante, +Miguel!—repuso la brigadiera dignándose sonreír afablemente.</p> + +<p>Más había de galantería que de verdad en lo que aquél acababa de decir. +Aunque la brigadiera había sido bella, acaso más que su hija, ésta no se +le parecía sino en la forma de la frente, estrecha y delicada, y en la +boca. Los ojos de Julia eran más chicos que los de su madre, pero más +vivos, y de un mirar suave y halagüeño, que nunca los de ésta habían +tenido; la nariz no era tampoco aguileña, sino recta y fina. En la +figura aventajaba mucho la madre a la hija, y en el color también, para +los que prefieren las blancas a las morenas. Julita era una muchacha más +bien baja que alta, pero muy bien proporcionada; tenía el talle esbelto +y airoso como pocos; todos sus ademanes eran vivos y resueltos y estaban +impregnados, si vale la palabra, de una gracia singular; el color +tostado en demasía, acercándose mucho al de las gitanas, con las cuales +guardaba más de este punto de semejanza; los cabellos idénticos a los de +su madre cuando tenía su edad, negros, sutiles y lustrosos, y cayéndole +en rizos sobre la frente. No era la hermana de Miguel un dechado de +belleza, o lo que es igual, no poseía la pureza y corrección de líneas +generadoras de la armonía (la cual es más aparente que real algunas +veces); pero en cambio llevaba en sus ojos, en su garbo, en su sonrisa, +el brillo y la sal de Andalucía.</p> + +<p>Miguel no sabía cómo dar a la conversación un giro elevado y noble, +acomodado a los sentimientos que agitaban su alma. Hubiera querido +hablar de su padre, de su bondadosísimo padre, a quien tanto había +amado; de buena gana hubiera recordado también los pormenores de su +infancia, por más que en ella la brigadiera no desempeñase un papel muy +grato; dispuesto estaba a olvidar todas las heridas, todos los desdenes +y acordarse únicamente de los cortos momentos de dicha que había +disfrutado; hasta los castigos de su madrastra adquirían, con la velada +luz de los años, y al través de la súbita ternura que se había apoderado +de él, un aspecto maternal que borraba su injusticia; por su gusto se +reiría, trayéndolos a cuento como hacen algunas veces los hijos +cariñosos después que llegan a hombres. Pero la actitud reservada, +aunque atenta y afable de la brigadiera, le imponía respeto y le cortaba +los vuelos para desahogar el pecho. Por otra parte, deseaba también +entrar en la cuestión de intereses y no se atrevía, temiendo ofender su +orgullo. Después de hablar algunos minutos todavía en el mismo tono +indiferente, más propio de una visita de amigo que de una entrevista tan +grave y solemne como debía ser aquella, procuró encauzar la conversación +hacia lo que quería, hablando mucho de sí mismo, de sus tristezas y de +su porvenir.</p> + +<p>—No son todo flores en la vida, mamá: aunque me encuentre en una +posición desahogada y pueda disfrutar de los placeres que ofrece la +corte a los jóvenes, no soy tan feliz como el mundo supondrá +seguramente. Tengo muchísimos momentos de murria, de tristeza, +acordándome de que vivo solo, que me falta el calor de la familia, el +cual no puede reemplazarse con nada... Mi tío Manolo, ya sabe V. como +es... muy bueno, muy cariñoso... pero... ocupado exclusivamente en +divertirse... Y el hombre no vive sólo con el recreo de los teatros, de +los cafés y de los bailes. Cuando hay un poco de corazón, se apetece +otra cosa...</p> + +<p>—¿Por qué no te casas?—dijo la brigadiera secamente y sin levantar la +cabeza.</p> + +<p>—El casarse no es un acto tan libre como parece a primera vista... Se +casa uno cuando llega la hora y una porción de circunstancias se han +juntado para ello... Casarse porque sí, por una determinación de la +voluntad, sin haberse enamorado antes de una mujer y sin juzgarla digna +de llamarla esposa, me ha parecido siempre insensato... Además, en +Madrid, en las sociedades que yo frecuento, se encuentran muchas jóvenes +bonitas, elegantes, que tocan el piano admirablemente, y cantan a veces +como las tiples que se <i>chichean</i> en el Real, y a veces pintan acuarelas +y paisajes al óleo demasiado verdes, y escriben cartas a los novios con +bastante ortografía... pero buenas esposas y buenas madres de familia, +¿cree V. que se encuentran con tanta facilidad?</p> + +<p>—¡Bah!</p> + +<p>—No lo crea V., mamá... En fin, a mí no me ha llegado aún la hora... Y +mientras que me llegue, lo estoy pasando mal. Me sobra gran parte de la +renta que tengo, y si no hago mal uso, no sé qué hacer de ella...</p> + +<p>Miguel guardó silencio un instante, y después de vacilar, dijo +tímidamente:</p> + +<p>—Si V. me lo permitiera, la partiría de buena gana con mi hermana...</p> + +<p>—Bien—dijo la brigadiera con voz un poco temblorosa.</p> + +<p>—¿Y consentiría V. que me viniese a vivir con ustedes?</p> + +<p>—¿Por qué no?</p> + +<p>—¡Oh mamá!—exclamó Miguel enternecido;—me hace V. feliz con esa +respuesta. ¡Tengo unos deseos tan vivos de vivir con VV.!...—Y +apoderándose al mismo tiempo de una mano de la brigadiera, la besó con +efusión repetidas veces, mientras dos lágrimas le resbalaban por las +mejillas.</p> + +<p>—¡Vamos, que no me negará V. que tengo un corazón muy sensible!—dijo +riéndose de su propia emoción, como tenía por costumbre.</p> + +<p>A la brigadiera no le pareció bien esta salida y se quedó seria. Ni era +fácil que penetrase jamás el verdadero carácter de Miguel, y lo que +aquellos arranques significaban. No obstante, se mostró después todo lo +amable y expansiva que le consentía su naturaleza, lo cual pudiera muy +bien achacarse, sin ser mal pensado, a la promesa que Miguel acababa de +hacer respecto a su fortuna, por más que ella en la apariencia no le +hubiese concedido ninguna importancia. Mas el hijo del brigadier era +tan dichoso con aquella reconciliación y con la perspectiva de vivir en +la misma casa de su hermana, que prefirió creer que también su madrastra +se enternecía y se gozaba en tenerle nuevamente por hijo.</p> + +<p>Cuando más embebido se hallaba en la conversación, sintió que unas manos +chiquititas le sujetaban la cabeza por detrás, y se la despeinaban con +furia. Era Julia que había entrado de puntillas sin ser notada.</p> + +<p>—¡Al fin has caído en mis manos! ¡Abajo los peluqueros!</p> + +<p>—¡Y tú en las mías! ¡Arriba las niñas sevillanas!—dijo Miguel +sujetándola para darla un beso.</p> + +<p>—¿De dónde sacas tú, fatigoso, que yo soy de Sevilla?—repuso Julita +con marcado acento andaluz, y comiéndose más de la mitad de las +letras.—Yo soy gata, y muy gata, y porque soy gata, te araño y te +arranco estos ricitos tan cucos de donde cuelgas los corazones.</p> + +<p>—¿Hay alguno colgado?—preguntó Miguel riendo y dejándose sobar +pacientemente.</p> + +<p>—Vamos, basta, Julia—dijo la brigadiera sonriendo también.</p> + +<p>—¡Oh, no!—contestó aquélla, siguiendo con más ardor en su tarea.—¿Tú +te has figurado que se puede echar impunemente flores a una chica que no +hace tres meses siquiera que ha llegado de Sevilla? ¡Y qué flores, +Virgen del Amparo, qué flores tan cursis! ¡Que me he desarrollado! ¡Que +soy muy mona!... Anda, tonto; ¿te figuras que sólo en Madrid se +desarrolla la gente?</p> + +<p>—¿Y cómo sabes tú que te ha estado echando flores?—le preguntó su +madre, clavándola una mirada terrible.</p> + +<p>Julia se puso encarnada hasta las orejas.</p> + +<p>—Lo he oído por casualidad al cruzar por el pasillo...</p> + +<p>—¿Casualidad, eh?—dijo la brigadiera con sonrisa sarcástica.—Pierde +cuidado, que ya me encargaré yo de que no se repitan esas casualidades.</p> + +<p>Julia se turbó ante la amenaza de su madre: quedose un momento pensativa +y triste; pero en cuanto aquélla bajó la cabeza para continuar su labor, +hizo un mohín gracioso y alzó los hombros en señal de indiferencia. +Colocada en pie al lado de su hermano, siguió acariciándole los cabellos +y la barba. Miguel se había quedado también repentinamente serio. Al +cabo de un momento, Julia, metiéndole la boca por el oído, le dijo muy +quedo:</p> + +<p>—Mira, vamos a sentarnos al sofá y podremos hablar lo qué queramos... +Lo haremos con disimulo; aguarda un poco.</p> + +<p>Y después de acercarse al balcón y echar una ojeada a la calle, dijo en +voz alta:</p> + +<p>—Miguel, tú no has visto los retratos que nos hemos hecho últimamente +mamá y yo, ¿verdad?</p> + +<p>—Como no hubiera ido a casa del fotógrafo, es difícil...</p> + +<p>—Voy a enseñártelos ahora mismo: verás también los de nuestros +parientes de Sevilla... Tengo unas primas muy guapas: a ver si te +conviene alguna.</p> + +<p>Y salió corriendo de la sala.</p> + +<p>—¡Qué chiquilla tan viva!—exclamo Miguel volviéndose a su madrastra.</p> + +<p>—Sí, muy viva y muy insufrible—repuso ésta con mal humor.</p> + +<p>—Es la edad—dijo Miguel, a quien parecía imposible que la brigadiera +no hallase graciosa y amable a su hija.</p> + +<p>—Nada de eso: ya ha cumplido diez y seis años, y cada día está peor.</p> + +<p>Julia entró con un álbum en la mano.</p> + +<p>—Ven aquí, al sofá, Miguel, y ten ánimo para ver nuestra colección de +fieras.</p> + +<p>—Enséñame primero tu retrato y el de mamá para que me infundan valor.</p> + +<p>—Aquí los tienes—dijo sentándose al lado de su hermano.—Mira a mamá +¡qué bien está!—Tan guapetona como siempre—añadió guiñando un ojo y +apuntando con los labios a su madre, que estaba sentada de espaldas a +ellos.—¿No te apetece darla un beso?... Vamos, dáselo...</p> + +<p>Miguel acercó, riendo, los labios al retrato. Julita quería desagraviar +a su mamá. Ésta, sin levantar la cabeza, y en un tono entre alegre y +displicente, exclamó:</p> + +<p>—¡Ah, aduladora! Ya sabes que me empalaga el dulce.</p> + +<p>Julita hizo otra mueca, se rió, y presentando con extraordinaria viveza +su retrato a Miguel, le dijo:</p> + +<p>—Eh, ¿qué tal?</p> + +<p>—Admirablemente.</p> + +<p>—¿No es verdad que con esta mantillita blanca y estos rizos por la +frente y estos ojillos entornados, soy capaz de dar el opio a +cualquiera?</p> + +<p>—Sí, a cualquier cadete—repuso su hermano por lo bajo.</p> + +<p>Julita quedó un segundo suspensa, y se puso otra vez encarnada; pero +reponiéndose en seguida, le dio un pellizco, diciendo:</p> + +<p>—¡Ah granuja! ¿Qué correo de gabinete te ha venido a dar la noticia?</p> + +<p>—¡Y yo que soñaba para ti lo menos con un coronel!—siguió en voz baja +y reprimiendo la risa.</p> + +<p>—¡Ya llegaremos allá!</p> + +<p>—¡Diablo! es menester que se pronuncie antes siete veces lo menos; y te +lo pueden escabechar fácilmente.</p> + +<p>—¡Pobrecillo de mi alma!—exclamó Julita poniendo la cara triste.</p> + +<p>—¿Pero le quieres de veras?</p> + +<p>—Un poquito.</p> + +<p>—Pues él también te quiere a ti: al entrar en esta casa hace un +momento, me vino a preguntar con semblante fosco si yo te galanteaba.</p> + +<p>—¡Qué tonto!—exclamó la niña roja de placer.—¿Y tú qué le dijiste?</p> + +<p>—Que no podía aunque quisiera, porque era tu hermano.</p> + +<p>—¿Y él que ha dicho?</p> + +<p>—¿De veras es V. hermano de esa joven?</p> + +<p>—Y tú, ¿qué dijiste entonces?</p> + +<p>—Y tan de veras, aunque de padre nada más.</p> + +<p>—Y él ¿qué dijo a eso?</p> + +<p>—¡Chica, no me acuerdo!—manifestó Miguel soltando a reír.—¡Qué +graciosa estás con eso de <i>qué dijiste y qué dijo</i>!</p> + +<p>Julia estaba tan interesada y pendiente del relato de su hermano, que no +se había dado cuenta de aquellas repeticiones. Quedose un poco cortada; +pero concluyó en seguida por reírse de sí misma.</p> + +<p>—Mira el retrato de tío Joaquín—dijo en voz alta.—Vivíamos en Sevilla +muy cerquita de su casa. Es fiscal de la Audiencia y tiene las tres +hijas que vas a ver... ésta es la primera, Sofía.</p> + +<p>—¡Uf qué fea!... Dispénseme VV., no he podido remediar este grito...</p> + +<p>—Di lo que gustes—manifestó la brigadiera.—Hace ya tiempo que +estamos todos en ello.</p> + +<p>—Mira la tercera, Gertrudis.</p> + +<p>—Pues ésta es más fea aún.</p> + +<p>—Aquí está la segunda, Lola.</p> + +<p>—¡Demonio, esta es verdaderamente horrible!</p> + +<p>Julia se echó a reír diciendo:</p> + +<p>—En Sevilla las llaman «las tres circunstancias agravantes.» A la +primera Premeditación, a la tercera Alevosía, y a la segunda +Ensañamiento, por orden de fealdad.</p> + +<p>—Tiene gracia... Cualquier día me voy a Sevilla por una de ellas. ¿Y +son esas las primas de que me hablabas?</p> + +<p>—No, hombre no: éstas son tías... primas segundas de mamá... Por +supuesto, te lo digo en reserva, porque si ellas supieran que yo ando +propalando este secreto, serían capaces de asesinarme, ¿no es verdad, +mamá?</p> + +<p>—Pues que quieran o no—respondió la brigadiera,—son tus tías, y la +menor pasa ya de los treinta.</p> + +<p>—Oyes, Julia—dijo Miguel hablando otra vez en voz baja.—¿Se te ha +declarado ya <i>ese</i>...?</p> + +<p>—El otro día me puso una carta en la mano; pero yo la dejé caer.</p> + +<p>—¿Pues?</p> + +<p>—Es un tío lila, ¿sabes?</p> + +<p>—¿Pero no acabas de decirme que le quieres?</p> + +<p>—¡Qué sé yo si le quiero!—dijo alzando los hombros con displicencia.</p> + +<p>—Pues eres la más interesada en el asunto.</p> + +<p>—Desde un día en que le vi de paisano con unos pantalones muy cortos, +se me ha quitado bastante la ilusión.</p> + +<p>—No te apures por eso, chica; es que está creciendo aún... debes +alegrarte.</p> + +<p>Siguió la conversación todavía un buen rato. Miguel prometió traer al +día siguiente sus maletas. Julia, brincando de alegría, le enseñó el +gabinete donde iba a dormir en tanto que no se buscase una casa más +capaz, como acababa de convenirse entre ellos. Al fin se despidió lleno +de gozo, prometiendo venir a buscarlas de noche para llevarlas al +teatro.</p> + +<p>Al poner el pie en la calle, cortó repentinamente el hilo de sus +risueños pensamientos el ver apostado en la acera de enfrente, y en +actitud de espera, a lo que podía sospecharse, al cadete enamorado de su +hermana.—«Vaya, me parece que voy a tener que andar a pescozones con +este majadero»—se dijo. Pero muy contra lo que presumía en aquel +momento, el cadete salvó rápidamente la distancia de una acera a otra y +arremetió con él con los brazos abiertos, la cara sonriente y rebosando +de júbilo.</p> + +<p>—Déjeme V. que le abrace, D. Miguel—y lo hizo sin aguardar el +permiso.—Acabo de saber, por la portera, que es V., en efecto, hermano +«de esa chica,» y me pesa muchísimo de haber tenido con V. esa +cuestión...</p> + +<p>—¿Qué cuestión?</p> + +<p>—La que tuvimos, antes de entrar V... ¡Caramba, si yo lo hubiera +sabido!... ¡Cómo había de atreverme! Por Dios, me dispense V.</p> + +<p>A Marte, al decir esto, se le había suavizado notablemente la expresión +del semblante: la voz tampoco era tan profunda.</p> + +<p>—No tengo por qué dispensar a V.—contestó Miguel, zafándose de sus +brazos y mirándole entre risueño y admirado.</p> + +<p>—¡Y yo que pensaba que era V. mi rival! Le estuve a V. esperando más de +dos horas: no quería marcharme a casa sin darle una satisfacción... He +perdido la academia por ello.</p> + +<p>—Lo siento mucho y se lo agradezco; pero no había necesidad.</p> + +<p>—Ahora voy a pedir a V. un favor—dijo vacilando un poco.</p> + +<p>—Usted dirá.</p> + +<p>—Que venga V. conmigo a beber una botella de cerveza al Suizo.</p> + +<p>—No me gusta la cerveza.</p> + +<p>—Quien dice cerveza, dice cognac, marrasquino, chartreusse..., en fin, +lo que V. guste.</p> + +<p>—No tengo inconveniente en ello: lo que sentiré es que, por mi causa, +pierda V. alguna otra clase.</p> + +<p>—No señor, ya las he perdido todas.</p> + +<p>—Pues vamos allá.</p> + +<p>Y se emparejaron caminando en dirección al café Suizo. El cadete le dejó +respetuosamente la acera.</p> + +<p>—Mozo, una copa... ¿de qué, D. Miguel?</p> + +<p>—De agua.</p> + +<p>—¿Cómo de agua?—dijo sorprendido y un tanto amostazado.</p> + +<p>—Es lo único que me apetece en este momento.</p> + +<p>—¿Pero?...</p> + +<p>—¿No quería V. antes darme una satisfacción?</p> + +<p>—Sí señor.</p> + +<p>—Pues deme V. ahora la de dejarme beber agua, puesto que tengo sed.</p> + +<p>—Bueno; si V. se empeña...—Y dirigiéndose al mozo con voz ronca de +mando:</p> + +<p>—Con azucarillo y gotas, ¿entiendes? A mí una copa de ron. Tráete +además los cigarros, para que escojamos.</p> + +<p>Se habían sentado uno frente a otro. El cadete, siempre galante, había +obligado a Miguel a sentarse en el diván, mientras él se había acomodado +en una silla. Examinábale aquél atentamente sin quitarle ojo, mostrando +en el semblante tal gravedad, que a leguas se adivinaba que era forzada. +Realmente el cadete era un ser curioso en su aspecto físico. Por su +delgadez parecía montado en alambres; tan rubio, que casi daba en +albino; el cuello largo como el de las girafas, y con una nuez... Miguel +no había visto jamás nuez tan desmesurada: de todo el individuo era lo +que preferentemente llamaba su atención.</p> + +<p>Vino el mozo con el servicio y los cigarros. Utrilla, que así se llamaba +el cadete, se empeñaba en que Miguel escogiese uno.</p> + +<p>—No puede ser, querido: esas brevas son demasiado fuertes para mí; yo +gasto unos cigarros más flojos... aquí tiene V... si V. gusta...</p> + +<p>—Muchas gracias: yo necesito que pique un poco el tabaco; lo flojo no +me sabe a nada...</p> + +<p>—¡Milagro será—pensó Miguel—que tú te tragues esa copaza y esa breva!</p> + +<p>—Pues como le iba diciendo, Sr. Rivera—manifestó Utrilla, comenzando a +pegar feroces chupetones al cigarro,—no sabe V. lo que a mí me alarmó +verle pasear la calle de su hermanita. En seguida se me subió el tufo a +las narices... Los militares somos así... Y dije para mí, entonces: Hay +que cortar esto por lo sano y jugar el todo por el todo: o tú o yo. ¿A +qué vienen esas rivalidades en que los dos se están odiando, y sin +embargo, se aguantan un día y otro sin decirse una palabra? Eso lo puede +hacer muy bien un paisano, pero un militar... creo yo... V. bien me +comprende. Así que ¡zás! en cuanto vi la cosa seria, me fui derecho al +bulto y me aboqué con V...</p> + +<p>—Y si yo no hubiera sido hermano de Julia y la galantease, ¿qué hubiera +V. hecho?</p> + +<p>—Pues nada... hubiéramos ido al terreno.</p> + +<p>—¿A qué terreno?</p> + +<p>—Al del honor. Nosotros, los militares, estamos más comprometidos que +VV., los paisanos, cuando llegan estos casos. A nosotros el uniforme nos +obliga a no transigir...</p> + +<p>—Con que una muchacha prefiera a otro, ¿verdad?</p> + +<p>—No señor, no es eso; entre nosotros hay ciertas leyes... Lo que en +otro cualquiera no es cobardía, pongo por caso, en uno de nosotros lo +es... Luego hay el espíritu de cuerpo... Si los compañeros saben que V. +no ha quedado encima en cualquier cuestión, le dejan de saludar y le +obligan a salirse del cuerpo... La verdad es que la milicia es una cosa +muy seria, y que no se puede jugar con ella.</p> + +<p>—Mucho—afirmó Miguel gravemente, lanzando al aire una bocanada de +humo.—¿Y cuánto tiempo hace que es V. militar, Sr. Utrilla?</p> + +<p>—En la academia—respondió el cadete después de vacilar un poco y +toser—no llevo más que seis meses... pero me he estado preparando antes +dos años con un comandante del cuerpo... y en realidad, desde que uno +entra en la academia preparatoria, ya se le considera como militar.</p> + +<p>—Mucho—volvió a afirmar Miguel inclinando la cabeza.</p> + +<p>—Dentro de quince días nos examinamos del primer semestre; si salgo +bien, me faltarán cuatro años y medio nada más para salir a teniente del +cuerpo...; por supuesto, si no pierdo algún semestre. Hacen falta +oficiales; de modo, que lo más probable es que no aprieten mucho... +Además, estos quince días pienso estar <i>empollando</i> el álgebra. Soy un +hombre muy especial. ¡Caramba, si no fuera su hermanita, algo mejor +andaría yo de ella! En dibujo estoy bastante bien... ¡claro, como que mi +padre me ha hecho dibujar desde los diez años! En topografía tampoco +ando mal. Al único que tengo miedo, es al tío del álgebra... ¡Es un tío +más marrajo y más seco! Sale uno al encerado a exponer un teorema, y a +lo mejor se equivoca, porque es muy fácil equivocarse... ¿V. cree que se +lo advierte? ¡Nada! El muy perro se queda serio como un poste, y V. no +sabe que se ha equivocado hasta el fin, después de una hora...</p> + +<p>Miguel le escuchaba distraído, pensando en su hermana y en su madrastra, +echando cálculos alegres sobre la vida feliz que iba a hacer en su +compañía, recordando con placer los pormenores de la entrevista que con +ellas acababa de tener.</p> + +<p>Cuando el cadete hizo una pausa, le preguntó por hablar algo:</p> + +<p>—¿Y V. es natural de Madrid?</p> + +<p>—Sí, señor; he nacido aquí, y aquí me he criado... Mi padre tiene una +fábrica de bujías esteáricas en las afueras, cerca de los Cuatro +Caminos... acaso V. la haya visto... ¿no?... pues si V. va por allí +algún día de paseo, no tiene V. más que preguntar por mí, y le dejarán +pasar a verla. O mejor será, que el día que V. quiera ir allá, me avise, +y le acompañaré, con tal que sea después de los exámenes. Mi padre es +viudo, y tiene tres hijos; el último de ellos soy yo; mi hermano primero +es el que corre ahora con la fábrica; mi hermana Eugenia está casada con +un agente de Bolsa... A mí también quería meterme mi padre en estos +líos, pero yo soy un hombre muy especial; basta que me manden una cosa, +para hacer la contraria. A mí siempre me gustó mucho la vida del +militar; hoy aquí, mañana allí, unas veces con mucho dinero, otras veces +sin una peseta.</p> + +<p>—¿De modo, que a V. le gustaría viajar, conocer países?</p> + +<p>—Sí, señor, muchísimo; yo soy un hombre muy especial en eso.</p> + +<p>—¿Y qué necesidad tiene V. de hacerse militar para ello? ¿No se puede +viajar de paisano?</p> + +<p>—Claro; habiendo dinero... Pero a mí me gusta viajar de cierto modo; +estando en un pueblo quince días, en otro un mes... y luego que siendo +uno militar, en todas partes se le recibe con los brazos abiertos... Las +chicas se mueren por el uniforme... ¡Es una tontería, por +supuesto!—añadió sonriendo y dejando bien traslucir que no la tenía por +tal, sino por una prueba grande de sabiduría.—Mire V., a mí no me gusta +el uniforme; soy un hombre muy especial. Los primeros días, me lo ponía +con entusiasmo; pero ahora ya me apesta... Además, como uno tiene que +saludar a todos los oficiales, ¡y hay tantos en Madrid!...</p> + +<p>El cadete siguió todavía bastante rato hablando de sí mismo con voz de +bajo profundo, contándole cien mil cosas que no le importaban nada, y +afirmando a cada instante que era un hombre muy especial. Miguel no +podía adivinar en qué consistía esta especialidad, como no fuese en la +nuez, que, en efecto, cada vez le parecía más especial. Observó también +que estaba un poco más pálido que al principio, lo cual le movió a +preguntarle por dos veces si se sentía mal, pero el cadete afirmó +rotundamente que se encontraba admirablemente. No obstante, allá a lo +último, se puso en pie, confesando que la atmósfera del café estaba algo +pesada y que sería bueno dar una vueltecita entre calles, a lo cual +accedió muy gustoso su compañero.</p> + +<p>Llamaron al mozo, y ambos trataron de pagar; pero éste, sea porque +juzgase a Miguel con más edad y carácter para el caso o por otra causa +que no es fácil adivinar, rechazó el dinero que el cadete le ponía en la +mano y tomó la moneda que aquél le ofrecía. ¡Aquí fue Troya! El cadete +se indignó con esta acción, de un modo indecible, se puso aún más pálido +de lo que estaba, echó tres o cuatro ternos redondos con la voz más +cavernosa que halló entre sus registros, y amenazó con estrangular al +mozo acto continuo. Esfuerzos inauditos costó a Miguel sosegarle, y +solamente lo consiguió con la promesa de que vendría otro día a tomar +cualquier cosa para que él la pagase. Apesar de esto salió del café +taciturno y sombrío; aquello de que Miguel hubiese pagado siendo él +quien le invitara, parecíale el colmo de la humillación. Todavía cuando +iba en dirección a la puerta cruzando por entre las mesas, se volvió dos +o tres veces para lanzar una mirada de desafío al mozo, que ya estaba +sirviendo a otros parroquianos sin hacer caso.</p> + +<p>Una vez en la calle, Utrilla se mostró mucho menos locuaz. Miguel se vio +precisado, para sostener la conversación, a hacerle preguntas a las +cuales contestaba cada vez con más concisión. Al poco rato se detuvo +repentinamente y manifestó que no se sentía nada bien. Decir esto y +arrimarse a un portal y echar los hígados por la boca, fue todo uno.</p> + +<p>—¿Le habrá hecho a V. daño el cigarro?—le preguntó Miguel.</p> + +<p>—¡Cá, no señor!... No comprendo lo que pudo ser... Acaso el ron que me +dieron estaría malo.</p> + +<p>—Sin embargo, el cigarro... V. escupía mucho...</p> + +<p>—No señor, no; estoy acostumbrado.</p> + +<p>Viéndole aún bastante pálido y desfallecido, Miguel llamó a un coche de +punto, le hizo subir a él y le condujo a su casa, situada en la calle +del Sacramento. El cadete, apesar de su mal estado, quería descoyuntarse +dándole las gracias.</p> + + +<p class="c top15">FIN DEL TOMO I</p> + +<hr /> + +<h1><a name="RIVERITA_II" id="RIVERITA_II"></a>RIVERITA</h1> + +<p class="c">NOVELA DE COSTUMBRES</p> + +<p class="c">POR</p> + +<h2>ARMANDO PALACIO VALDÉS</h2> + +<p class="c"> +MADRID<br /> +TIPOGRAFIA DE MANUEL G. HERNÁNDEZ<br /> +Libertad, 16 duplicado<br /> +1886<br /> +</p> + +<h3>TOMO II</h3> + +<h3><a name="Ib" id="Ib"></a>I</h3> + + +<p>Miguel no fue tan feliz como había imaginado viviendo con su madrastra. +Aunque Julita le proporcionaba con su alegría infantil y cándido donaire +gratísimos momentos, estaban amargamente compensados éstos por el +malestar que le producía el carácter rígido, inflexible, de la +brigadiera. Este carácter no tenía ocasión de manifestarse con él, +porque evitaba escrupulosamente todo motivo de choque o disgusto; pero +se mostraba en toda su violencia y a cada hora del día con su hija +Julia. No podía hacer la pobre niña nada, fuese tuerto o derecho, que +mereciese su aprobación; era un ordenar constante de la mañana a la +noche, primero una cosa, después otra, a menudo cosas contrarias, lo +que producía disgustos, conflictos y escenas ruidosas. Julia tenía +ocupados todos los minutos del día; cinco horas de piano, dos de +bordado, dos de estudio, etc. Por nada en el mundo podía infringirse +este régimen despótico: la menor infracción costaba muchas lágrimas. Si +por impaciencia, o arrastrada de su genio vivo y desenfadado, contestaba +alguna cosa que oliese de cien leguas a falta de respeto, ya podía +prepararse: la brigadiera se erguía como una fiera, la llenaba de +insultos, y olvidándose a menudo de lo que debía a su propia dignidad, y +apesar de los años de Julita, la pellizcaba cruelmente, la abofeteaba y +la tiraba de los cabellos:—«¡A su madre no se contesta jamás; se +obedece y se calla, aunque no tenga razón!»—Eran las palabras que +siempre salían de su boca en casos tales. La brigadiera tenía de la +patria potestad la misma idea que los romanos; no había límites para +ella. Cuando se efectuaba alguna de estas escenas, y por desgracia eran +demasiado frecuentes, siempre concluían del mismo modo: Julita se iba a +llorar la reprensión, los pellizcos o las bofetadas a su cuarto; su +madre no volvía a hablar con ella, ni a dirigirle siquiera una mirada: +para que hubiese reconciliación, era necesario que Julia fuese a ponerse +de rodillas delante de ella, y cruzadas las manos en el pecho, como +estaba acostumbrada desde niña, la pidiese perdón. Sólo así lograba +entrar en su gracia.</p> + +<p>Poco tiempo después de haberse trasladado Miguel, fue testigo de una de +las más repugnantes escenas de este género. Cuando terminó con el piano +una mañana, Julita se fue al comedor, y <i>motu propio</i>, por su extremada +inclinación al aseo, sacó toda la vajilla de los armarios y se puso a +limpiarla esmeradamente y a colocarla de nuevo en su sitio. Empleó en la +tarea mucho más tiempo de lo que había imaginado: cuando tornó al +gabinete donde su madre se hallaba, ésta le preguntó con la aspereza +acostumbrada si había cosido un vestido que se le había roto el día +anterior.</p> + +<p>—Todavía no—contestó Julita tranquilamente.</p> + +<p>—¿Y qué te has hecho toda la mañana? ¡holgazana! ¡más que +holgazana!—exclamó la brigadiera con ira.</p> + +<p>Julia, que estaba muy ufana de su labor y que pensaba dar una sorpresa +agradable a su madre, le dijo riendo:</p> + +<p>—¿Mamá, tiene V. vergüenza para llamarme holgazana?</p> + +<p>Nunca lo hubiera dicho. La brigadiera, sin oír más, se lanzó sobre ella, +la cogió por un brazo y la sacudió tan fuertemente, que la chica perdió +el equilibrio y cayó al suelo, dando con la cabeza sobre un pie del +piano: lanzó un grito y se llevó la mano a la cabeza, de donde corría +un hilo de sangre. La brigadiera, terriblemente asustada, pálida como +una muerta, se arrodilló cerca de su hija, la incorporó, y empezó a +besarla frenéticamente, mientras Miguel iba corriendo a su cuarto en +busca del frasco del árnica. Pusiéronla inmediatamente una compresa, +sujetándola con una venda, y gracias a esto la herida quedó pronto +cerrada. Julia no tardó en serenarse: su madre también se calmó poco a +poco. Pero todavía mientras la quitaba la sangre de la cara con un paño +mojado, no podía menos de dar suelta a su genio exclamando:</p> + +<p>—¿Lo ves? Esto te ha sucedido por desvergonzada.</p> + +<p>La brigadiera, aunque parezca extraño después de lo que acabamos de +decir, amaba a su hija; pero la amaba a su manera, mortificándola sin +cesar para plegarla de un modo incondicional a su voluntad. La voluntad +era la facultad dominante, característica de su espíritu; todas las +demás, el entendimiento, la sensibilidad, la memoria, estaban +avasalladas por ella, hasta poder dudarse algunas veces de si existían. +Ante el capricho más insignificante, la ternura y hasta el amor maternal +huían a esconderse; pero sería injusto afirmar que estaba desprovista de +ellos. La prueba es que en el momento en que su hija se ponía enferma, +no se apartaba de ella un instante, ni de día ni de noche. Verdad es +que, aun en tal estado, su voluntad no dejaba de seguir activa, +haciéndole tragar las medicinas con terrible exactitud, no +consintiéndole sacar un brazo fuera, ni dar tantas vueltas, etc., etc. +Esto era irremediable. Además, para vestir a Julia con elegancia, para +proporcionarle una educación brillante, no le dolía gastar todo su +caudal, ni aun sacrificar sus propias comodidades. Mientras estuvo en +Sevilla pudo competir en vestidos y sombreros con las hijas de las +familias más aristocráticas. A esto se debía, por supuesto, la gran +merma que sobrevino en la hacienda que el brigadier la había dejado.</p> + +<p>No obstante el régimen severo en que su madre la tenía aprisionada y el +feroz despotismo que sobre ella ejercía, Julia no era tan desgraciada +como pudiera presumirse. La naturaleza la había dotado de un carácter +alegre, bondadoso y algo tornadizo, y este carácter la salvaba de una +desdicha cierta; las impresiones en ella duraban poco y se sucedían con +pasmosa rapidez; pasaba con increíble facilidad del llanto a la risa, y +de la risa al llanto; era incapaz de meditar sobre las injurias que la +hacían, ni menos de guardar por ellas el más leve rencor. Además, como +estuvo toda su vida bajo el poder y la vigilancia de su madre, no +pensaba que hubiera más vida, y estaba tan acostumbrada a sus filípicas +que, cuando no eran extraordinarias, las escuchaba como un ruido +enfadoso, y se autorizaba una que otra vez, si el temporal no era muy +recio, ciertas salidas graciosas, aunque atrevidas.</p> + +<p>—Mamá, me ha dicho una persona bien enterada que en el purgatorio +acaban de suprimir los pianos. Hasta allí se van mejorando las +costumbres.—Mamá, ¿será faltarte al respeto decirte que hoy te has +echado muchos polvos de arroz?—Mamá, si yo tuviese una hija, por lo +menos un día a la semana, la dejaría dormir cuanto quisiera.</p> + +<p>Estos donaires, cuando subían de punto, solían costarle bastante caros.</p> + +<p>Miguel, a quien todo aquello cogía de nuevas, y que adoraba a su +hermana, no podía sufrirlo con calma: cada vez que le tocaba ser testigo +de una de estas escenas, padecía horriblemente y le costaba esfuerzos +desesperados el reprimir sus ímpetus y no hacer a la brigadiera alguna +áspera advertencia. Pero comprendía que con esto no adelantaba nada; al +contrario, pondría las cosas en peor estado, y se callaba tragando bilis +o apelaba con timidez a los ruegos para conjurar la borrasca. Más de una +vez pensó en irse de nuevo a la fonda; pero al instante su conciencia se +rebelaba. ¿Esto no era egoísmo? ¿Qué adelantaba su hermana con que él no +estuviese en casa? Por el contrario, sabía perfectamente que Julita se +consolaba mucho teniéndole cerca, no sólo porque templaba algunas veces +el rigor de su madre, sino también, y esto era lo principal para ella, +porque desahogaba con él su pecho, porque la animaba, porque pasaba +charlando deliciosamente muchos ratos en su compañía, porque se placía +en arreglarle el cuarto, porque la llevaba con frecuencia al teatro y +procuraba, en suma, por todos los medios que estaban a su alcance, +hacerle más dulce la existencia. Por otra parte, tampoco Miguel era de +natural melancólico, como ya sabemos; Julia y él se entendían +admirablemente para bromear, reír, bailar y hasta brincar por la casa. Y +como la alegría es contagiosa, algunas veces, muy pocas, también la +brigadiera participaba de ella y sonreía a sus juegos. Miguel solía +aprovechar esta buena disposición y osaba retozar con la fiera: +cogiéndola súbito de la cintura la empujaba con alguna violencia y la +hacía correr, a su pesar, por la sala o el corredor hasta fatigarla, sin +hacer caso de sus protestas.</p> + +<p>—¡Estate quieto, Miguel! ¡Basta, Miguel! ¡Mira que me fatigo!</p> + +<p>La brigadiera, enfadada a medias, no podía menos de reírse. Miguel +comprendía bien cuándo convenía soltarla.</p> + +<p>—¡Eres un loco incorregible!... ¡Eres más chiquillo aún que tu +hermana!</p> + +<p>—Vamos, cállese V., señora, o volvemos a dar otros seis galopes.</p> + +<p>—No, no, me marcho, porque eres muy capaz de hacerlo—decía riendo.</p> + +<p>Estas sonrisas tenían para nuestros jóvenes el incalculable valor que +tiene para los habitantes de Londres un rayo de sol en medio del +invierno.</p> + +<p>Miguel entregaba a su madrastra puntualmente la mitad de su renta. No se +limitaba a esto su liberalidad: a menudo las hacía valiosos regalos, las +llevaba al teatro y las obsequiaba de mil modos distintos. La casa se +había montado sobre un pie más alto: vivían en un cuarto desahogado de +la calle Mayor: en vez de la cocinera y la doncella que antes tenían, +había ahora otros dos sirvientes más, una doncella para Julia y un +criado para Miguel. La brigadiera aceptaba, sin embargo, la generosidad +de su hijastro sin mostrar pizca de agradecimiento: al contrario, +parecía que tomando su dinero o sus regalos le otorgaba un gran favor, +le daba una prueba de confianza, y que él era quien estaba obligado por +ello a guardarle eterna gratitud.</p> + +<p>Algún tiempo después de vivir de aquel modo, tuvo nuestro joven otro +encuentro, fecundo también en graves consecuencias. Aconteció que un día +de Carnaval se disfrazó de máscara, y en compañía de otros dos amigos, +se bajó al Prado. Vestía traje de chula, y ostentaba, para mayor +regocijo de los mirones, un seno exuberante, embutido de algodón.</p> + +<p>El salón rebosaba de gente; pocas máscaras, no obstante. Las que había, +desfilaban entre los carruajes dando saltos para no ser atropelladas, y +se montaban en la trasera de ellos, en el estribo, y a veces se sentaban +al lado de los dueños para embromarlos. El grupo donde iba Miguel se +quedó algunos minutos inmóvil presenciando el desfile e inquiriendo con +la vista si entre las graves damas y caballeros que venían arrellanados +en los <i>landaux</i> o <i>mylords</i> había algunos de sus conocidos a quien +poder dirigirse. Uno de los compañeros atisbó al diputado Vidal que +guiaba un <i>tílbury</i>, y escapó a colocarse a su lado, lanzando chillidos +horrísonos. «¡Perico! ¡Perico! padre de la patria, aguárdame.» El otro +tuvo la felicidad de ver a su novia en carretela y fue a colocarse de +pie en el estribo. Quedó Miguel solamente en espera de algún amigo; pero +no acababa de pasar. Conocía bastante de vista y de oídas a la mayor +parte de las personas que ocupaban los aristocráticos trenes que +cruzaban lentamente guardando fila, pero no trataba a ninguna: el barón +de Aguilar con su señora, la marquesa viuda de Istúriz con su hija, +después los señores de Pérez Blanco, en seguida el embajador inglés, +luego la señora de Manzanillo con sus tres hijas, unas señoras que no +conocía, un consejero de Estado próximo a ser ministro, el banquero +Mendiburu con su señora y hermana, la generala Bembo:... a ésta sí la +conocía. Era Lucía Población, aquella rubia tan espiritual, amiga de su +madrastra, que había casado mientras él estuvo en el colegio con el +coronel Bembo, ascendido hacía poco a general. D. Pablo estaba en +Filipinas en un cargo importante; decíase que había ido allá a reponer +su fortuna, quebrantada por las prodigalidades de su esposa. Vivía ésta +en Madrid con sus tres hijos, gastando un arreo que confirmaba tal +juicio. Además, en los últimos tiempos había dado bastante que decir con +algunas historias galantes, lo que por otra parte la había elevado a la +categoría de «mujer a la moda.» Miguel no había hablado con ella desde +niño: y esto porque sabía que estaba hacía muchos años reñida con su +familia. La había encontrado varias veces en los salones de la corte; +pero como Lucía afectaba no conocerle, él tampoco se había decidido a +saludarla. Sin embargo, no tenía contra ella queja alguna: en la ruptura +de relaciones con su madrastra, estaba convencido de que la culpa era de +ésta.</p> + +<p>Viendo que no cruzaba ningún amigo, Miguel se decidió a pasar un rato +con la generala.</p> + +<p>—Lucía, Lucía, hermosa Lucía, déjame contemplarte un instante de +cerca...</p> + +<p>Y saltó sobre el estribo de la <i>victoria</i> en que iba la dama y se sentó +a sus pies.</p> + +<p>—He aguardado más de una hora para verte pasar y poder ofrecerte mi +caja de dulces... toma.</p> + +<p>—Gracias, máscara—dijo la dama con sonrisa de complacencia, abriendo +al mismo tiempo la cajita de Miguel y sacando de ella una almendra con +sus dedos enguantados.</p> + +<p>—¡Qué envidia sentirán ahora los que me vean!</p> + +<p>—¿Por qué?</p> + +<p>—Porque voy sentado a los pies de la reina de la hermosura, la estrella +Sirio de los salones de Madrid.</p> + +<p>El joven exageraba. No obstante, Lucía era una de las bellezas que +citaban los periódicos en sus revistas de salones y teatros. Los años no +la habían hecho desaparecer; por el contrario, al redondear y abultar +sus formas, habían dado a su figura una majestad que antes no tenía. +Conservaba el rostro terso y nacarado: sus cabellos dorados no contenían +aún ninguna hebra de plata: sus ojos límpidos, azules, tenían una +expresión vaga de melancolía e inocencia que contrastaba singularmente +con lo que de ella se decía, y que la comunicaba cierto misterioso +atractivo. Vestía con extraordinaria elegancia.</p> + +<p>Al aspirar la tufarada de incienso que Miguel le echó de improviso, una +sonrisa placentera contrajo sus labios.</p> + +<p>—¡Oh! máscara, eres muy galante, muy galante...</p> + +<p>—No es galantería; es pura verdad: todo el mundo te admira en Madrid...</p> + +<p>—Vamos, acepto eso como broma de Carnaval; pero te la agradezco, porque +es delicada.</p> + +<p>—Agradéceselo a Dios, que te ha hecho así... Aunque alguna parte +también debió tomar el diablo cuando te ha formado, porque has hecho +muchos desgraciados.</p> + +<p>Y siguió un buen rato manejando el incensario: la generala sonreía +siempre y se iba interesando cada vez más por la máscara. Cuando estuvo +ya bastante preparada, el joven dio otro giro a la conversación, +enderezándola por ciertos caminos peligrosos.</p> + +<p>—¡Ay, Lucía, tú no sabes cuánto me has hecho pecar de pensamiento!</p> + +<p>—¿Y por qué?—repuso la dama; en sus ojos brilló una chispa de malicia.</p> + +<p>—Porque... porque... ¡bah! ¿Quieres que te lo diga?</p> + +<p>—Sí, dímelo.</p> + +<p>—No me atrevo; te vas a enfadar conmigo.</p> + +<p>—No me enfadaré; dímelo.</p> + +<p>—Sí te enfadarás; y yo quiero seguir siendo tu amigo... digo, tu +amiga...</p> + +<p>—¡Cuando te digo que no me enfadaré!... Vamos, me comprometo a ello +formalmente; habla.</p> + +<p>—¡Ay, Lucía! ¿Me lo juras?</p> + +<p>—Te lo juro.</p> + +<p>El joven se levantó, acercó su cabeza a la de la dama, y rozando con los +labios su oído, dejó caer en él unas cuantas palabritas, que la hicieron +prorrumpir en carcajadas. Miguel no esperaba tan buena acogida, y quedó +un poco cortado; inmediatamente se repuso, y comprendiendo que la +generala estaba curada de espantos, se enfrascó en una conversación +libre y desvergonzada.</p> + +<p>La generala, a cada nuevo equívoco o reticencia, mostraba mayor alegría, +se desternillaba de risa y daba pie con sus ingeniosas y picarescas +respuestas a que el joven se engolfase cada vez más adentro. Ya no pensó +más en cambiar de sitio; se encontraba admirablemente a los pies de +Lucía.</p> + +<p>La generala quería averiguar quién era la máscara que tantas y tantas +buenas cosas sabía.</p> + +<p>—Soy tu lavandera, ¿no me has conocido?—respondía el joven.</p> + +<p>—¡Oh, mi lavandera no es tan pícara como tú!</p> + +<p>—La careta me hace ser pícara; sin careta soy muy inocente.</p> + +<p>—Vamos, máscara, dime quién eres; has conseguido interesarme... si me +lo dices, prometo guardarte el secreto.</p> + +<p>El joven se obstinaba en sostener que era la lavandera; ambos se reían +de aquel disparate. La noche iba cayendo; los carruajes ya dejaban el +Prado, y la muchedumbre que se apiñaba en el salón se había enrarecido +bastante.</p> + +<p>La generala desplegó el abrigo y se lo metió con la ayuda de Miguel; +pero no acababa de dar al cochero la orden de retirarse; la máscara +había picado su curiosidad de mujer caprichosa, y buscaba una aventura +con el deseo irritado de quien va a despedirse de ellas para siempre. +Por último, Miguel se declaró: era un joven enamorado tiempo hacía, y +que devoraba en secreto su amor sin esperanza, y sus celos. Nunca había +tenido ocasión de acercarse a ella, y aunque la hubiera tenido, tal vez +no la aprovechara, porque temía ser despreciado; con la máscara puesta, +ya era otra cosa; no estaba embarazado por el miedo; se sentía con +fuerzas bastantes para decirle en voz alta:</p> + +<p>—Te adoro, Lucía, te adoro... te adoro... te adoro...</p> + +<p>Y el joven repetía casi a gritos su frase, llamando la atención de las +personas que pasaban cerca.</p> + +<p>La generala reía a carcajadas y hallaba cada vez más divertida a su +máscara; aparentando juzgarlo todo pura broma, dudaba en el fondo que no +fuese verdad y sentía dulcemente acariciada su vanidad.</p> + +<p>—¿Eres tan feo que no te atreves a decirme que me adoras, sin careta?</p> + +<p>—Lo soy bastante; pero sobre todo soy un ser insignificante, indigno de +que fijes en él tus hermosos ojos.</p> + +<p>—Por lo pronto, máscara, tienes una cualidad bastante rara en el día: +la modestia. Ya no eres, pues, tan insignificante.</p> + +<p>—Cuando no hay mérito, la modestia no es virtud.</p> + +<p>—Déjame comprobar yo misma si es verdad lo que dices. Alza un poquito +la máscara.</p> + +<p>—De ninguna manera; no quiero que te rías de mí.</p> + +<p>—Aunque fueses feo, siempre quedarías como hombre agradable e +ingenioso.</p> + +<p>—Muchas gracias... pero no trago el anzuelo.</p> + +<p>—Dime entonces tu nombre.</p> + +<p>—¿Para qué?... no me conoces... me llamo Juan Fernández.</p> + +<p>—Eso no es verdad.</p> + +<p>Ambos quedaron silenciosos unos instantes. La generala estaba un poco +despechada de la obstinación de Miguel: quería advertir en ella cierta +indiferencia disfrazada con el velo del temor. La conversación la había +animado también.</p> + +<p>—Hace ya demasiado fresco y voy a retirarme—dijo en tono más grave; y +después de una pausa, añadió con afectada desenvoltura:—¿Conque te +resignas a ser mi adorador en secreto?</p> + +<p>—Sí.</p> + +<p>—No te envidio el papel; debe de ser poco divertido.</p> + +<p>—¡Oh, es tristísimo! Pero le prefiero al de amante desdeñado.</p> + +<p>—Si no te conozco, ¿cómo puedo darte esperanzas?</p> + +<p>—Pues bien; ¿quieres conocerme?</p> + +<p>—Ya te he dicho que sí.</p> + +<p>—Mañana corresponde a tu turno en la ópera. ¿No es cierto?... El joven +que veas con una camelia blanca en la solapa del frac, ese soy yo. Pero +es condición precisa que tú lleves dos camelias también en la mano, una +blanca y otra encarnada: si te gusto, deja caer la encarnada y quédate +con la blanca; si no, haz lo contrario.</p> + +<p>—Convenido.</p> + +<p>—Hasta mañana, pues; adiós, adiós hermosa Lucía... Voy a pedir al cielo +que seque esta noche todas las camelias encarnadas.</p> + + + +<h3><a name="IIb" id="IIb"></a>II</h3> + + +<p>Mucho vaciló Miguel antes de resolverse a entrar, con la camelia blanca, +en la sala del Teatro Real. ¿Qué diría la generala Bembo al ver a un +muchacho a quien tuvo, más de una vez, sentado en su regazo, ofrecerse +como amante? ¿Se indignaría? ¿Soltaría la carcajada? ¿Lograría despertar +con su admiración y fidelidad alguna ternura en el pecho de la hermosa +Lucía? Tales eran las dudas que le atormentaban mientras iba y venía, +del <i>foyer</i> a la puerta de la sala, sin atreverse a poner el pie en +ella. Levantaba cautelosamente la cortina para echar los gemelos a la +generala, que estaba en un palco platea, más hermosa que nunca, +relampagueando como escaparate de joyería: tornaba al <i>foyer</i>; daba +tres o cuatro paseítos, se tiraba por el bigote hasta arancárselo; +volvía a la puerta de la sala, se arreglaba el cuello de la camisa, +echaba una mirada a la solapa del frac, donde artísticamente estaba +colocada la camelia, y otra a la mano de la generala donde brillaban una +blanca y otra encarnada; pero no acababa de decidirse. Lucía también +estaba impaciente; lo observaba nuestro joven con placer; varias veces +la había sorprendido echando una rápida e intensa mirada por todo el +ámbito de las butacas, y había querido adivinar, en sus labios, cierta +expresión de desencanto o disgusto.</p> + +<p>Al fin hizo un esfuerzo supremo y se coló rápidamente en medio de la +sala. Una vez allí, se encontró sereno, y poniendo con osadía los ojos +en el palco de la generala, esperó. Al tropezarse con él la mirada de +ésta, llevose la mano al sombrero y la hizo un saludo exagerado, +fantástico, de los que tanto gustaban los mancebillos elegantes en +aquella época. La generala contestó con afabilidad, y dirigió la vista a +otro sitio; mas al volverla de nuevo hacia Miguel, al ver la camelia +blanca en su frac y al observar su mirada fija, penetrante y un si es no +es risueña, recibió tal sorpresa, que no pudo contestar a lo que, en +aquel momento, le preguntaba un viejo militar que tenía a su lado. El +hijo del brigadier notó el estremecimiento de sus manos y vio +claramente que una ola de rubor había subido a sus mejillas, por más que +hubiera vuelto rápidamente la cabeza hacia la puerta del palco:—«Ya +eres mía,» pensó con la fatuidad propia de los jóvenes que aspiran a +sentar plaza de seductores.</p> + +<p>La generala tardó mucho en mirarle de nuevo; pero esto le importaba a él +muy poco: sabía que el golpe estaba dado y que había sido certero, y +esperaba confiadamente el resultado. En efecto, después de largo rato, +durante el cual la generala afectó sostener una conversación animadísima +con el militar, volvió la cabeza hacia la sala y paseó por ella la +mirada sin detenerla en Miguel: a la otra vez, ya la detuvo un poco; a +la otra, un poco más; a la otra, ya fue derecha a él. Estableciose +entonces un tiroteo de miradas, que no cesó en toda la noche. La +expresión de sorpresa y de vergüenza no acababa de desaparecer por +completo del rostro de Lucía; pero esto le prestaba aún más atractivo. +La camelia encarnada tampoco se deslizaba de sus manos. Miguel, cada vez +más dueño de sí mismo, se atrevió a hacerle seña de que la arrojase: la +generala bajó los ojos sonriendo, pero no hizo caso. Acaeció, no +obstante, lo que era de esperar: allá al final del cuarto acto, cuando +el tenor avanza hasta las candilejas para expresar con algún <i>do</i> de +pecho la emoción que le embarga, y las señoras se levantan de sus +asientos dejándose poner los abrigos por sus maridos, amantes o +admiradores, la roja camelia cayó al suelo: la generala, con el abrigo +ya puesto, se precipitó fuera del palco, sin duda para ocultar su +confusión. Una sonrisa de triunfo contrajo los labios de Miguel, quien +salió también velozmente fuera de la sala y se apostó en el vestíbulo +esperando a Lucía. Al pasar ésta, rozando con él, aunque sin mirarle, +deslizó en su mano una carta que tenía preparada. En ella se confesaba +perdidamente enamorado: «una pasión de niño que el tiempo no había hecho +más que trasformar y fortalecer:» la amaba, valiéndose de la expresión +de Víctor Hugo, como un gusano ama a una estrella; la impresión que su +belleza, su angelical bondad y la dulzura de su carácter, habían hecho +en su corazón de niño, no había podido borrarse: «era su primer sueño de +amor.» Para decir esto, en resumen, había empleado dos pliegos de letra +menuda. Al día siguiente recibió la contestación en su casa: la carta de +la generala era digna y cariñosa; pero estaba escrita en un tono +protector, que no le sentó bien a nuestro joven: le recordaba su +infancia, le ponía de manifiesto lo extravagante de aquel amor, «que no +era, como él aseguraba, una pasión firme y verdadera, sino un capricho +de niño:» le indicaba el ridículo que sobre ella caería si cediese a ese +capricho y el mundo lo averiguase: por último, le aconsejaba que +desistiese de su intento y procurase olvidarla.</p> + +<p>Pero Miguel estaba realmente interesado en la aventura, aunque no tanto +como decía en su carta: esta contestación no hizo más que excitarle. +Detrás de aquel «olvida ese capricho y quiéreme como una segunda madre, +pues lo soy tuya por la edad y por el cariño que desde niño te profeso,» +adivinaba que la generala deseaba que insistiese, y que entendía y +alcanzaba mejor aún que él lo interesante de aquella aventura. Si no, +¿por qué había dejado caer la camelia encarnada?—Replicó, pues, +empleando una retórica más fogosa aún, describiendo su amor y sus +sufrimientos, procurando conmoverla por todos los medios imaginables. +Cruzáronse después algunas otras cartas: Miguel pedía una entrevista +para desahogar siquiera su corazón, «aunque después le despreciase.» +Lucía se negaba a darla, considerándola inútil y aun perjudicial para +ambos. Insistió el joven cada vez con más afán. La generala cedió al +cabo «por compasión, porque temía que hiciese una locura,» citándole +para el día siguiente. Miguel debía pasear a pie y por la tarde hacia la +Casa de Campo, y tropezar casualmente con el carruaje de Lucía: ésta +mandaría parar y entablarían conversación, hasta que a la postre le +invitaría a subir y dar con ella un paseo.</p> + +<p>Así se realizó punto por punto. Miguel acudió a la cita lleno de +emoción, tanto más, cuanto que Lucía había sabido darla un atractivo +especial con aquel misterio. Si le hubiera recibido lisa y llanamente en +su casa, no sentiría la mitad del deleite.</p> + +<p>—Adiós, Miguelito... Pare V., Juan... ¿Cómo tan solo por aquí, querido? +¿Te dedicas a meditar por estas soledades?</p> + +<p>—Phs... huyendo de la noria de la Castellana... ¿Y V., generala? ¿Le +gusta a V. también la filosofía?</p> + +<p>—Por haber filosofado en casa es por lo que vengo aquí—dijo +riendo.—Me duele un poco la cabeza, y temía marearme en la +Castellana... Pero súbete, y darás una vuelta conmigo: después te dejaré +donde quieras.</p> + +<p>Todo fue dicho en voz alta para que lo oyesen el cochero y el lacayo. +Sin embargo, cuando éste, lleno de sumisión, inclinándose con el +sombrero en la mano, abrió la portezuela, brillaban sus ojos con +maliciosa expresión: al subir al pescante dio un pellizco significativo +a su compañero, y ambos rieron groseramente sin osar decirse lo que +pensaban, por temor de ser escuchados.</p> + +<p>Al verse solo y mano a mano con Lucía en el carruaje, Miguel perdió la +serenidad: no supo por lo pronto más que continuar la conversación +empezada, hablando de su afición al campo y del placer que tendría en +pasear largo todos los días; pero la vida de Madrid, las visitas, la +moda... estaba cortado, aturdido; no sabía por dónde empezar. La +generala, afectando también confusión y vergüenza, le observaba, sin +embargo, sometiéndole a un atento examen, del cual, en realidad, no +salió mal librado. Miguel, aunque no era buen mozo, poseía una figura +delicada y un rostro gracioso y expresivo.</p> + +<p>Al fin se vio ella precisada a tomar la iniciativa.</p> + +<p>—Vamos, ya has conseguido lo que con tanto afán pedías. ¿Estás +contento?</p> + +<p>—¡Oh, sí!</p> + +<p>—Yo no: cualquier indiscreción en estas circunstancias, me perdería, me +pondría en ridículo: ya me voy haciendo vieja.</p> + +<p>Miguel protestó; no pasaba por la vejez: se atrevió a decir, aunque +mirando al paisaje por la ventanilla, que no había en Madrid niña que +pudiera competir con ella en hermosura y elegancia.</p> + +<p>Lucía no quiso aceptar la lisonja: no se hacía ilusiones; a los treinta +y cinco años (se quitaba cuatro) una mujer es vieja; ¡pero muy vieja!</p> + +<p>—Y lo más triste de todo—añadió dejando escapar un suspiro,—es que, +recorriendo con la memoria los años de mi vida, me convenzo de que nunca +he sido joven.</p> + +<p>—¿Cómo?...</p> + +<p>—No, no he sido joven, porque jamás he gozado de las puras alegrías de +la juventud, de los éxtasis apasionados del primer amor, de las dulces +zozobras que trae consigo, de los placeres ideales... Siempre +contrariada en mis sentimientos, en las afecciones de mi corazón... El +mundo, los parientes, las circunstancias, me obligaron a casarme muy +joven con un hombre a quien no quería. Echaron un cántaro de agua sobre +el fuego de mi espíritu, y lo apagaron... Yo hubiera sido algo bueno, +algo santo, algo puro, y me transformaron en un ser vulgar, +insignificante. Sentía arrebatos heroicos en mi corazón, impulsos +sublimes... Todo murió al subir al altar con un hombre que me era +repulsivo... Los demás hombres no hicieron nada por redimirme... al +contrario; contribuyeron a encenagarme más y más en la prosa de la vida. +Todos cuantos se han acercado a mí con la lisonja en los labios, +doblando la rodilla para adorarme, no traían otro objeto que el de +satisfacer su vanidad, o puramente un deseo brutal: ninguno ha venido a +entristecerse con mis tristezas, a alegrarse con mis alegrías, a +confundir su alma con la mía, a realizar el verdadero amor, el amor puro +y santo con que toda alma elevada sueña siempre... Tú mismo, Miguel, +para quien yo debiera ser sagrada, al acercarte a mí en el Prado, lo has +hecho con ese tono, con esa cruel frivolidad que tantas veces ha +traspasado mi pecho... Lo he aceptado, porque me he ido +acostumbrando... Créeme, que de todas maneras, es muy duro... ¡muy +triste!</p> + +<p>La generala, al pronunciar estas palabras en voz baja y reprimida, se +había ido animando poco a poco; sus mejillas se habían coloreado +fuertemente, y por ellas rodaban, al concluir, dos gruesas lágrimas. +Miguel se sintió conmovido.</p> + +<p>—Mucho siento haberla ofendido... ¡Perdóneme usted!</p> + +<p>—No; tienes razón para tratarme así—repuso llevándose el pañuelo a los +ojos.—Yo no quiero ni puedo presentarme ante ti como una santa: el +mundo te habrá enterado perfectamente de que no lo soy. Hice muchas +locuras en la vida... escandalicé con ellas a la sociedad... Pero +créeme, Miguel, yo he rodado al abismo, porque me han empujado... he +rodado, guardando en el fondo de mi alma alguna perla que aún no ha +tocado nadie.</p> + +<p>Riverita se quedó algunos instantes pensativo y silencioso. Cruzaron por +su espíritu las ideas románticas que tienen siempre los jóvenes de +corazón, y dijo levantando la cabeza y como hablando consigo mismo:</p> + +<p>—¡Quién sabe! ¡Cuántas veces nos equivocamos juzgando por la máscara +que llevamos puesta en la vida!</p> + +<p>—La mía ha sido siempre impenetrable—dijo con exaltación la generala, +clavando en él sus ojos húmedos y brillantes.—Se me juzga frívola, +caprichosa... y corrompida; se multiplican mis amantes, se citan mis +extravagancias y se me arrojan al rostro infinidad de flaquezas... Quizá +tengan razón: todo cuanto malo hice en mi vida, procuré que fuese pronto +sabido del público; en vez de ocultar las faltas con artificio, procuré +arrojarlas a la murmuración. ¿Y esto sabes tú por qué lo hacía?... ¡Pues +en el fondo era para vengarme del escaso placer que me causaban!</p> + +<p>Estas últimas palabras fueron dichas con inusitada violencia. Miguel, +que estaba bajo el hechizo de su figura distinguida, su elegancia y la +suavidad voluptuosa de su mirada, se dejó arrastrar por ellas. Lo que la +generala decía estaba de acuerdo con el espíritu que domina en la +literatura moderna, según el cual en la mujer, a más de la virginidad +material, existe una como virginidad moral independiente de la primera: +a menudo la que más amantes tiene es la que mejor guarda esta +virginidad; en medio de la corrupción y los placeres, el corazón puede +permanecer incólume y sano, y llegar a redimirse y sentir, cuando +encuentra otro semejante, el encanto de los amores inocentes. Y como en +aquel momento estos artículos halagaban su amor propio, no tuvo +inconveniente en concederles franca y cordial acogida. Ambos se +entretuvieron largo rato con ellos. Lucía se confesó derramando +lágrimas; relató sus angustias, sus sueños, las amarguras que en medio +del placer sentía, el aborrecimiento, mejor dicho, el desprecio que la +grosería de los hombres le inspiraba, el ansia de subir a otra región +más elevada, de penetrar en una atmósfera pura y diáfana donde pudiese +respirar con libertad. Miguel, lleno de íntimo regocijo, la consoló, +excusó sus faltas y expuso también sus ideas particulares acerca del +amor.</p> + +<p>El carruaje marchaba por la solitaria carretera, sin ruido, acusando su +linaje aristocrático. El paisaje se extendía por ambos lados áspero y +triste: los árboles que bordaban el camino, desnudos por entero, dejaban +paso a los ojos y por entre aquellos se veía la luz rojiza del sol +moribundo. La elasticidad de los muelles producía en Miguel cierta vaga +soñolencia. Dueño de sí completamente y con una hermosa mujer que le +escuchaba atenta, hablaba como si fuera para adentro, vaciando el +cargamento de ideas más o menos poéticas, de paradojas fantásticas, de +conceptos retorcidos que tenía en la cabeza: los exhibía con arrogancia, +satisfaciendo su vanidad, deseando tanto ser admirado como amado.</p> + +<p>Insensiblemente fueron concretando sus ideas, aplicándolas al momento +presente. La generala desenvolvió con entusiasmo un programa de +redención; pintó los encantos de una vida iluminada tan solo por el +amor.</p> + +<p>—¡Oh, si yo tropezase con el hombre de mis sueños, con un espíritu +noble, hermano del mío! En vano lo he buscado toda la vida... Nunca +hallé más que cinismo, frivolidad, corrupción. Algunas veces venían +disfrazados con el precioso manto de la galantería, del buen tono... +pero en el fondo, ¡siempre, siempre la misma grosería!</p> + +<p>Miguel, con un silencio discreto, procuró llamar la atención hacia sí. +Después se mostró también ardiente partidario del amor ideal, de la vida +sencilla. Por último, se ofreció con labio balbuciente, embargado por la +emoción, como el ejemplar o archetipo que Lucía había soñado. Esta posó +en él una larga y profunda mirada que le turbó aún más, exhaló después +un delicado suspiro y guardó silencio. Al cabo de algunos instantes tomó +de nuevo la palabra con voz temblorosa.</p> + +<p>—Mentiría, Miguel, si te dijese que no me inspira vivo interés y +gratitud esa adhesión que desde niño me has demostrado... y que ahora se +manifiesta de un modo bien distinto—añadió sonriendo. Mentiría—añadió +con animación y brío—si no te confesase que me seduce muchísimo la idea +de tenerte en mi poder, de ser para ti madre y amante a un mismo +tiempo... ¡Oh, qué situación tan original! Aquel niño que yo tuve sobre +mi regazo; a quien tengo lavado y peinado muchas veces; a quien tengo +librado de bastantes castigos, ¡convertirse ahora en amante y en dueño! +¡Esto es algo que se sale de lo vulgar, algo nuevo y extraño!... Pero +¡ay, Miguel! estos sueños hermosos no pueden realizarse... ¿Sabes por +qué? Porque son quimeras que no pueden halagar sino a una imaginación +loca como la mía. Tú no ves aquí sino una mujer que te agrada más o +menos y a quien deseas rendir a todo trance...</p> + +<p>Miguel hizo protestas fogosas: se presentó, de buena fe, como un ser +excepcional también, como un herido de la gran batalla de la vida, el +corazón goteando sangre y desengaños; relató igualmente un sin número de +sueños, pasiones y genialidades, ponderó sus amarguras, las noches de +insomnio, las vagas inquietudes.</p> + +<p>Ambos eran felices presentándose mutuamente como almas incomprensibles o +por lo menos no comprendidas del vulgo, y no se cansaban de exhibir con +deleite toda una muchedumbre de ideas y sentimientos imaginarios.</p> + +<p>Por fin la generala se convenció de que Miguel era el hombre que +buscaba, el ideal de sus ensueños; le miraba con ternura, le hacía +repetir con afán sus enmarañadas <i>psicologías</i>, se enteraba de los +últimos pormenores de su vida espiritual y no cesaba de dolerse de no +ser más joven para realizar por entero el sueño de amor que toda la +vida le había perseguido.</p> + +<p>—¡Cuánto daría por tener algunos años menos, y ser libre de volar +contigo a algún hermoso rincón lejos de este ruido infernal, de esta +eterna murmuración, de toda la miseria que nos rodea! Una casita a la +orilla del mar, bañada a todas horas por la brisa, un jardinillo que +cuidar, un pedazo de pan que llevarnos a la boca y salud para correr y +saltar por los campos. ¡Era lo bastante para ser felices!</p> + +<p>Entraron en pleno idilio. Lucía trazó con vehemencia el cuadro de la +felicidad pastoril; pintó la vida sencilla, frugal, inocente, del campo, +las inefables dulzuras de la familia; se representó a Miguel saliendo de +casa y viniendo rendido de fatiga a la hora del crepúsculo para +descansar en sus brazos; a ella cosiendo o bordando a su lado; otras +veces, yendo a la pesca juntos, o a dar un paseo a caballo, o a coger +moras silvestres por el campo...</p> + +<p>—¡Oh!—dijo Miguel un poco exaltado—¡aún podemos ser felices!</p> + +<p>—¡Si eso fuera verdad!... Pero no; yo no puedo ser para ti más que una +madre...</p> + +<p>Miguel no quiso de modo alguno aceptar la maternidad.</p> + +<p>—¡Nada de madre... no, no... yo quiero ser <i>tu</i> amante... <i>tu</i> +amante!—Y repetía la frase con creciente animación, un poco trastornado +ya.</p> + +<p>—Bien, serás lo que quieras; hijo, amante, lo que se te antoje; pero +júrame que es puro tu amor, que no hay nada de vergonzoso en esa pasión, +que no intentarás nada para profanar este lazo que ha de unir nuestras +dos almas para siempre.</p> + +<p>El hijo del brigadier juró. Su amor era ideal; una ardiente adoración. +Confesaba que al principio no había pensado más que en el amor vulgar; +pero ahora, al sondar los inefables misterios que encerraba el alma de +la generala, al comprender que su corazón estaba virgen y puro, al +adivinar en ella un ser superior, todos sus groseros pensamientos se +habían apartado como lava impura; sólo quedaba el oro sin mezcla de una +pasión grande y elevada.</p> + +<p>Y ambos disertaron mucho rato, acerca de la naturaleza de su amor, y se +extasiaron en recíproca admiración de sus almas. No; ellos no +pertenecían a la sociedad en que vivían, eran de otra pasta, estaban +criados para los grandes sentimientos, para la vida del corazón.</p> + +<p>—Tú eres poeta; tienes un espíritu superior; tú no puedes amar +realmente sino a una mujer que te comprenda.</p> + +<p>Miguel reconocía que era verdad; confesaba que hasta entonces no había +amado; era huérfano de padres y de amor, y ofrecía algunas de sus +extravagancias morbosas a la generala, como rasgos de una naturaleza +superior. Lisonjeado en su amor propio, embriagado por las miradas de la +hermosa, en aquel momento creía cuanto afirmaba, juzgándose un ser +extraño y digno de admiración.</p> + +<p>Pero agotada la psicología amorosa, nuestro Riverita sintió un vago +malestar, muy semejante a la vergüenza. En un intervalo de silencio se +le representó de improviso lo ridículo que había estado con aquella +palabrería altisonante y metafísica ensortijada que jamás hasta entonces +había usado, para declararse a una mujer; y no pudo menos de reírse de +sí mismo. La aventura comenzó a parecerle por demás extraña. Hallarse en +ocasión tan propicia al lado de una mujer como Lucía que le confesaba +francamente sus pecados, ser su amante, y pasar el tiempo disertando +sobre materias abstractas, y haciendo el papel de ser incomprensible y +misterioso, era cosa tan singular, que rayaba en lo absurdo. Como ya no +tenían qué decirse, los intervalos de silencio eran cada vez más +prolongados. Ambos miraban, por las ventanillas, el paisaje, que se iba +oscureciendo poco a poco. El carruaje se deslizaba suavemente con rumor +blando y voluptuoso; los caballos, enderezados hacia casa, piafaban de +vez en cuando con la perspectiva del pesebre.</p> + +<p>La generala, que se había quedado melancólica, le miraba en silencio +suave y tristemente.</p> + +<p>¡Pero esto es estúpido!—se dijo de pronto Miguel, dando un suspiro. Y +resolvió en el acto descender de las alturas y humanizarse. Era difícil, +no obstante. ¿Cómo empezar?</p> + +<p>Empezó tomando una mano de la generala. Esta, completamente embebecida +en sus ensueños vagos y dulces meditaciones, no pareció advertirlo. El +joven la llevó después a sus labios, sin que tampoco lo advertiese. +Entonces, un poco temeroso, pero venciendo el deseo a la timidez, +introdujo el brazo por detrás de su espalda, y quiso estrecharla la +cintura. La generala, advertida al cabo, procuró separarlo, pero tan +suavemente, que el brazo volvió al instante al mismo sitio; tornó la +dama a separarlo más blandamente todavía, y el brazo, cual si tuviera un +resorte, volvió a su posición. Después intentó besarla y la besó. +Después quiso que ella le besara a él; resistió un poco; al cabo cedió +diciendo:</p> + +<p>—Te doy un beso maternal; no te imagines otra cosa.</p> + +<p>Después... la hermosa generala le dejó en la calle Mayor a la puerta de +su casa, cuando ya los faroles, recién encendidos, rompían débilmente +las sombras del crepúsculo.</p> + +<p>—Hasta mañana... a las nueve en punto... ya sabes, en la esquina de la +calle de las Infantas.</p> + + + +<h3><a name="IIIb" id="IIIb"></a>III</h3> + + +<p>A las nueve en punto de la noche, en la calle de Fuencarral, esquina a +la de las Infantas, Miguel esperaba a la generala, que debía cruzar en +un coche de alquiler. Así lo habían convenido.</p> + +<p>El coche se detuvo. ¡Con qué emoción placentera abrió nuestro joven la +portezuela de la berlina y se sentó al lado de Lucía! El cochero +esperaba órdenes. Viendo que no se las daban, preguntó, inclinándose a +la ventanilla y con voz áspera:</p> + +<p>—¿A dónde?</p> + +<p>Ambos se miraron indecisos. A Miguel se le ocurrió por fin decir:</p> + +<p>—Atocha, 145.</p> + +<p>Era la mayor distancia que halló. Abrigaba el designio de ir a otra +parte, pero era necesario convencer a la generala.</p> + +<p>Las calles estaban cuajadas de gente; las luces de los faroles y las de +los escaparates iluminaban las aceras y los rostros de los transeúntes +que se detenían a mirar los objetos exhibidos. La villa entera salía en +esta hora a gozar de las dulzuras de la civilización, que trasforma la +noche en día, el silencio en ruido, la soledad en confusión y algazara.</p> + +<p>Al entrar en la berlina, había apretado con efusión la mano enguantada +de la generala y la había conservado en su poder. Ésta le acogió +cariñosa, pero un poco triste y circunspecta. Hablaron en los primeros +momentos con embarazo de los pormenores de la cita, el tiempo que había +esperado Miguel, lo que había causado el retraso de la generala, etc., +etc. Lucía aprovechó, no obstante, el motivo para recomendarle de nuevo +mucha discreción. Miguel juró y perjuró que su silencio igualaría al de +las tumbas. Poco a poco fue desapareciendo la reserva natural de los +primeros instantes y entraron en íntimo y grato coloquio. Miguel volvió +a describir las fases de su amor, presentándolo más arcano y enmarañado +que nunca; la reflexión le había suministrado un sin fin de pensamientos +delicados, vagas lucubraciones, dulces psicologías y frases +espirituales, que fue vertiendo como flores de su ingenio en el regazo +de la bella. Ésta las recibió con extremado gozo, estimulando con su +admiración y con tal cual concepto atrevido, pues era mujer de viva +imaginación, el talento y la fantasía de nuestro joven. El coche rodaba +con áspero traqueteo por las calles, sin caminar por eso con gran +celeridad. La decoración de las tiendas y escaparates iluminados, el +gentío que discurría por las aceras, los coches que sin cesar cruzaban +de un lado y de otro, pasaban totalmente inadvertidos para los amantes, +que saltaban sobre los cansados muelles del simón, en animada plática, +devorándose con los ojos.</p> + +<p>Miguel planteó al fin el problema que bullía en su cabeza: el de ir a +pasar un rato en buen amor y compaña <i>a cualquier parte.</i></p> + +<p>La generala soltó bruscamente la mano que le tenía cogida, y echó atrás +la cabeza con manifiestas señales de hallarse gravemente ofendida. +Nuestro joven se asustó un poco y pidió perdón con labio balbuciente: no +porque creyese que había cometido ninguna profanación; pero temía que +aquélla, poseída de su papel de «alma hermosa, inmaculada,» tardase +demasiado en ceder a sus instancias.</p> + +<p>Guardó silencio obstinado la dama, en la actitud firme e imponente de +una deidad herida. Miguel se humilló, se llamó bestia, se declaró +indigno del amor de un alma tan elevada.</p> + +<p>—¡Oh, nunca creyera de ti!...—exclamó ella al fin. Y un torrente de +lágrimas se desprendió de sus ojos.</p> + +<p>—¡Perdóname!</p> + +<p>—¡No!</p> + +<p>—¡Sí!</p> + +<p>—¡No!</p> + +<p>—¡Fue un momento de extravío!</p> + +<p>Al fin las súplicas vencieron su ánimo, y el joven quedó absuelto.</p> + +<p>Pero el carruaje se aproximaba ya al término de la carrera, y Miguel no +sabía qué partido tomar.</p> + +<p>Después de otro intervalo de silencio en el que procuró concentrar todas +las fuerzas de su espíritu, volvió el ataque.</p> + +<p>—¡Tú no me quieres!—dijo en tono quejumbroso, adoptando a su vez la +actitud de hombre agraviado.</p> + +<p>—Bien sabes que no es verdad; bien sabes que te quiero, que te adoro +con toda mi alma.</p> + +<p>—¡Oh, si me quisieras, me darías esa prueba inequívoca de tu amor!</p> + +<p>—¡Oh, Miguel! ¡Siento desde ayer un vacío tan grande en mi corazón!... +¡Parece como si me hubieran arrancado la última creencia, el último +pensamiento consolador! ¡Por qué habremos arrastrado nuestro amor por +el lodo!</p> + +<p>A Miguel le hizo poca gracia esto del lodo. Buscó con afán argumentos +para contrarrestar la lógica de la generala.</p> + +<p>—Pues yo te digo que desde ayer te adoro aún con más entusiasmo... que +no ha menguado el amor y la admiración que me inspiras... Pero quiero +que seas mía, completamente mía... como yo lo soy tuyo... en cuerpo y en +alma.</p> + +<p>Después de muchas protestas de cariño por una y otra parte, Miguel +volvió solapadamente, dando grandes rodeos, a su tema. No, él no quería +rebajar la dignidad de su dueño, él no quería manchar el amor que se +tenían; por eso buscaba un sitio que mereciera albergarlo algunos +momentos: la misma casa de la generala.</p> + +<p>Esta recibió la proposición sin enfado; pero no quiso aceptarla. Era +inadmisible por el riesgo que se corría; se enterarían los criados, o el +portero, o los vecinos...</p> + +<p>—No, no se enterarán; tomaremos precauciones; tú subes primero, después +me abres la puerta...</p> + +<p>—Pero los criados lo oyen todo; la puerta está cerca de la cocina; +además, hay un chico encargado de abrir...</p> + +<p>Miguel insistía apretando el ingenio para combatir los temores de la +generala: ésta amontonaba las dificultades, dejando, no obstante, +entrever más o menos lejano, el triunfo del joven.</p> + +<p>Paró el carruaje. Se encontraban frente al número designado. Miguel +vaciló un instante sin saber qué hacer: al fin salió del coche y entró +en la casa para disimular; al pasar por delante de la portería, +preguntó:</p> + +<p>—¿El señor don (el nombre de un personaje político que habitaba en +aquella calle), no vive aquí?</p> + +<p>Dentro de la garita, cenaba el portero con su mujer y sus hijos: al +escuchar la pregunta levantó la cabeza.</p> + +<p>—¡Oh, no señor! se ha equivocado V.; la casa de don... queda mucho más +atrás, en el núm. 62...</p> + +<p>—¡Ah!... pues me habían dicho... ¿Dice V. que en el núm. 62?...</p> + +<p>—Sí señor, hace muchos años que vive en la misma casa.</p> + +<p>—¿Cuarto?</p> + +<p>—Me parece que segundo.</p> + +<p>—Muchas gracias.</p> + +<p>—No las merece.</p> + +<p>Volvió a salir. Al entrar en el coche, interrogó con ojos suplicantes a +la generala, la cual se dignó hacer un signo afirmativo. Entonces dijo +rápidamente al cochero:</p> + +<p>—Huertas, 30... De prisa.</p> + +<p>Y se enderezaron a todo el correr del jamelgo hacia la casa de la +generala. Miguel le dio las gracias con acento conmovido, besándole las +manos repetidas veces. Pero Lucía guardó silencio, y se mantuvo con la +cabeza inclinada en actitud melancólica y reflexiva, dejando que el +joven exhalara con labio trémulo toda la alegría que rebosaba de su +alma. Al poco rato, Miguel pudo notar que algunas lágrimas bajaban +silenciosas por sus mejillas, y experimentó dolorosa impresión.</p> + +<p>—¿Por qué lloras?—preguntó, acercando su rostro al de la dama.</p> + +<p>Lucía no contestó.</p> + +<p>—¿Por qué lloras?—volvió a decir con ansiedad.—¿Te he ofendido? +¿Acaso ya no me quieres?...</p> + +<p>—¡Oh no; no es eso!... Lloro, Miguel, sobre nuestro amor... lloro sobre +la última ilusión perdida... Siento haberte conocido... Siento haber +dejado despertar mi corazón ya dormido, y forjarme, por algunos +instantes, ciertas quimeras deliciosas que se desvanecieron como el +humo... ¡Por qué he de ocultártelo! Cuando ayer me declaraste tu pasión, +tuve la debilidad de creer en ella, y soñé, inmediatamente, con un amor +fiel y puro, con el amor que ennoblece el espíritu y nos incita a las +ideas elevadas y a las acciones generosas... Creí volver a los años de +colegiala, cuando el mundo se ofrecía ante mi vista como un hermoso +fanal trasparente y diáfano, cuando no acertaba a ver en él más que +cosas lindas... todo risueño... todo hermoso... Volvía a entrar en la +juventud. Una nueva aurora para mi alma... Pero no fue más que un +relámpago que me hizo entrever los verjeles del cielo. Y al instante +quedé sumida otra vez en la oscuridad... Hoy ¿qué somos nosotros? ¡Dos +seres vulgares que viven como tantos otros en el cieno, queriendo +persuadirse de que son felices! Aunque me ames, Miguel, tengo la +seguridad de que no sientes por mí la admiración respetuosa, el +entusiasmo que sentías el día de Carnaval echado a mis pies en el +carruaje... ¿Comprendes ahora mi tristeza y mis lágrimas?</p> + +<p>Miguel comprendió que era necesario estar de acuerdo con la generala, +aunque fuese por breves instantes. Bajó la cabeza y quedó pensativo y +triste. De pronto, levantándola, exclamó:</p> + +<p>—¡Que no te quiero! ¡Que no te adoro! ¿Quién es el que puede dejar de +admirarte así que te vea y te escuche? No, Lucía, no; las faltas que +cometamos y las manchas que caigan sobre nuestro amor, se deberán +exclusivamente a mí. Tú has cedido por la bondad de tu carácter... +porque me quieres... y porque me compadeces.</p> + +<p>Al pronunciar estas palabras el hijo del brigadier creía sentir lo que +decía, y estaba realmente conmovido.</p> + +<p>—Gracias, Miguel, eres generoso conmigo; pero tu generosidad no me +excusa... Tengo tanta culpa como tú.</p> + +<p>Las lágrimas seguían cayendo en abundancia de los ojos de la generala. +Mientras procuraba convencerla de su inocencia, prodigábala nuestro +joven mil caricias apasionadas, sin miedo ya a ser visto de los +transeúntes. El interés de la escena le embargaba. Por otra parte, la +noche había avanzado un poco, y las calles que recorrían no eran de las +más transitadas.</p> + +<p>Llegaron a la de las Huertas. Lucía se apeó delante de su casa y entró; +Miguel siguió en el carruaje y lo despidió en la primer esquina: allí +aguardó a que la generala entreabriese el balcón de su gabinete para +entrar también.</p> + +<p>Lucía habitaba el piso segundo (derecha e izquierda) de una magnífica +casa recién edificada; tenía un número considerable de criados, aya +inglesa para la niña primera, cochero, lacayo, dos troncos de caballos, +uno de ellos de valor, etc., etc. Mucha prisa necesitaba darse el +general Bembo a recoger lo que por tantos agujeros se le escapaba a su +media naranja.</p> + +<p>Miguel, vista la señal, subió a la casa con paso firme y decidido para +que el portero no le detuviese. Lucía le esperaba en lo alto de la +escalera.</p> + +<p>—Entra sin hacer ruido—le dijo apagando la voz cuanto podía;—así... +sobre la punta de los pies...</p> + +<p>Cuando estuvieron en su gabinete, una estancia lujosamente decorada, las +paredes de raso azul, los muebles forrados de la misma tela, se dejó +caer en un diván, reteniendo la mano de Miguel que tenía cogida.</p> + +<p>—¿No sabes?... he despachado al chico de la puerta con un encargo, y a +mi doncella con otro... Pero aún nos pueden oír... ¡Mucho cuidado!</p> + +<p>El joven se sentó a su lado, y la abrazó con trasporte.</p> + +<p>—¡Ya estamos solos y tranquilos! ¡Qué placer tan grande!</p> + +<p>La generala le apartó suavemente, y dejó caer la cabeza sobre el pecho.</p> + +<p>—¿No estás contenta a mi lado, Lucía?—preguntó, mientras le acariciaba +con ternura una mano.</p> + +<p>—No.</p> + +<p>—¿Por qué?</p> + +<p>—Porque te tengo miedo: porque eres un loco... y yo otra loca—añadió +con amargura.</p> + +<p>—El amor, ¡qué es más que una locura sublime!—exclamó sentenciosamente +Miguel, tratando de enlazarla de nuevo con sus brazos.</p> + +<p>—Por lo mismo que es sublime, no debemos degradarla... Seamos fuertes +con nosotros mismos... atrincherémonos detrás de nuestras ideas +elevadas, y defendámonos de las groserías de la pasión...</p> + +<p>—¡Qué alma tan grande tienes!... Eres muy hermosa, Lucía... ¡Te amo! +¡te amo!... ¡te, adoro!...</p> + +<p>—Ámame, sí; pero ámame con un amor ideal, digno de ti y de mí... No me +humilles, por Dios, no me bajes hasta el suelo, ya que tu amor me coloca +en un sitio elevado... Te lo anuncio, Miguel..., no tardarás en +despreciarme...</p> + +<p>Y al proferir tales palabras, caían otra vez algunas lágrimas de sus +ojos; Miguel protestó contra esta suposición; sostuvo el idealismo de su +amor, cubriéndola de vivos y apasionados besos. Lucía se dejaba +acariciar con resignación.</p> + +<p>El gabinete era un nido tibio y hermoso, lleno de perfumes penetrantes; +contiguo a él, separada por columnas doradas de madera y por una cortina +de damasco azul, estaba la alcoba. Por entre los pliegues de la cortina +se veía un gran lecho matrimonial de palo santo, y cerca de él otro +pequeñito de niño: la estancia, esclarecida débilmente por una lámpara +veladora de bomba esmerilada que pendía del techo.</p> + +<p>—Calla—dijo la generala suspendiendo el aliento e inclinando la cabeza +hacia la alcoba,—creo que despierta mi Chuchú.</p> + +<p>En efecto, el más pequeño de sus hijos, que dormía en la alcoba, había +dado un leve gemido, al cual siguió otro más fuerte. Lucía corrió a allá +para que no se alborotase.</p> + +<p>—Calla, Chuchú, calla, que aquí estoy yo.</p> + +<p>El niño no hizo caso.</p> + +<p>—Si no callas, el hombre de las narices grandes vendrá a buscarte y te +llevará.</p> + +<p>—<i>¡Quero Ía!</i>—clamó el niño: <i>Ía</i> era la doncella, que se llamaba +María.</p> + +<p>—No, monín, no; duerme.</p> + +<p>—<i>¡Quero Ía!</i></p> + +<p>—No grites... mira que va a venir el hombre feo.</p> + +<p>—<i>¡Quero Ía!</i></p> + +<p>—¡No grites, chiquillo!... Pronto vendrá María... Mañana te mando a +dormir con las niñas.</p> + +<p>—<i>¡Quero Ía!</i></p> + +<p>—¡Mira, si no te callas, te doy azotes!... Vamos, duérmete: si te +duermes, te compraré un caballo para que vayas al Retiro montado como tu +amiguito Julián... y después te llevo al Circo a ver los <i>clowns</i>... ¿no +te acuerdas de los saltos que dan? ¡Qué saltos tan grandes sobre el +caballo! ¿eh?... Y la niña rubia que se sube al trapecio, ¡qué bonita!, +¿eh?... Y después vamos a casa de Julianito, y comerás dulces... y otro +día iremos a Leganés a ver a la tía Adelaida para que te regale el +pajarito de cristal que canta dándole cuerda... y lo traeremos para +casa, ¿verdad?... ¿No te gusta?</p> + +<p>El niño, que había suspendido el llanto para escuchar a su madre, cuando +ésta terminó el repertorio de promesas, volvió a gritar:</p> + +<p>—<i>¡Quero Ía!</i></p> + +<p>No fue posible por ningún medio hacerle desistir de su empeño.</p> + +<p>La generala estaba furiosa.</p> + +<p>—¿Pero qué edad tiene el niño?—preguntó en voz baja Miguel, que se +había aproximado silenciosamente a la alcoba.</p> + +<p>—Tres años.</p> + +<p>—Pues sácalo de la cama, no hay ningún cuidado: a ver si se entretiene +con cualquier cosa.</p> + +<p>Lucía lo envolvió en un chal y lo sacó al gabinete. Era rubio y hermoso +como un angelito, con grandes ojos azules; no se manifestó sorprendido +al ver a Miguel; suspendió el llanto y le miró, sí, con insistencia, +pero sin preguntar nada a su madre. Miguel quedó un poco cortado ante +aquel examen, y le pesó de haber aconsejado a la generala su traslado. +Después procuró captarse su amistad; tomolo de los brazos de aquélla, y +lo sentó sobre sus rodillas; le acarició suavemente sus cabellos +ensortijados y le dio un beso sonoro en la mejilla.</p> + +<p>—¿Me quieres?—le preguntó con voz melosa.</p> + +<p>El niño le miró fijamente con ojos serenos y graves. Después pronunció +secamente:</p> + +<p>—¡No!</p> + +<p>Miguel se turbó, y quedó desde entonces mal impresionado. Al poco rato +se despidió de Lucía.</p> + + + +<h3><a name="IVb" id="IVb"></a>IV</h3> + + +<p>Bajó la escalera lentamente, de mal humor, con el alma triste y +fatigada; sentía el descontento de sí mismo que acompaña siempre a los +placeres ilícitos. ¡Qué ajeno estaría el pobre D. Pablo Bembo a que el +niño que levantaba en alto con sus descomunales manos «para ver a Dios» +había de ser con el tiempo quien escarneciera su nombre! Este +pensamiento le causaba una desazón profunda. En vano se decía, para +apagar el grito de la conciencia, que la generala ya lo había deshonrado +más de una vez; que si él no, otro sería; que el pecado a fuerza de +repetirse había pasado a ser venial en la sociedad elevada; que lejos de +rebajarle a los ojos de ella, sería una gracia más entre las muchas que +le concedían. De todos modos, le decía una voz interior, la falta de la +generala no puede excusar la tuya; si todos se echasen la misma cuenta, +el mundo no sería más que un hato de pícaros; además, él estaba en peor +caso que los otros porque tenía con la generala cierto parentesco +espiritual formado por la diferencia de edad y por las relaciones +especiales que habían mediado entre ellos; el general, por otra parte, +había sido el amigo y el compañero de su padre, y nadie estaba tan +obligado como el hijo del brigadier Rivera a respetar su honor y sus +canas.</p> + +<p>Eran las once y media de la noche. La gente aún discurría por las +calles, sobre todo por las céntricas, donde algunos teatros comenzaban a +vomitar por sus puertas centenares de espectadores. Tan embebecido iba +Miguel en sus pensamientos, los cuales le mortificaban más de lo que +nunca imaginara, que al pasar por la calle del Príncipe no vio dos +bultos echados en la acera hasta que tropezó con ellos. Eran dos niños, +el menor de los cuales dormía o descansaba con la cabeza apoyada en las +rodillas del mayor. El frío era intenso. Miguel observó a la luz del +farol la extremada palidez de ambos, sobre todo del más pequeño.</p> + +<p>—Oyes, chico, ¿cómo tienes aquí a este niño medio helado? ¿por qué no +os vais a casa?—dijo encarándose con el mayor.</p> + +<p>Éste, que tendría seis o siete años de edad, levantó hacia él sus ojos +grandes y hermosos, en torno de los cuales se dibujaba un círculo +azulado, y balbució algunas palabras que no pudo entender.</p> + +<p>—¿Qué dices, querido?—manifestó Miguel en tono afectuoso y bajando la +cabeza para oírle mejor.</p> + +<p>—No tenemos más que tres reales—murmuró sin aliento el niño.</p> + +<p>—¿Y qué importa eso?</p> + +<p>—Tenemos que llevar cinco.</p> + +<p>—¡Ah!—exclamó comprendiendo lo que aquello significaba.—Y si no los +lleváis os pegan, ¿verdad?</p> + +<p>El chico bajó los ojos y la cabeza en señal afirmativa.</p> + +<p>—¿Tenéis padres?</p> + +<p>—Madre.</p> + +<p>—¿Y es la que os manda a las calles a estas horas?</p> + +<p>—Sí, señor.</p> + +<p>—¡Excelente persona!—dijo por lo bajo; y sacando unas pesetas del +bolsillo:</p> + +<p>—Toma; marchaos ahora mismo a casa.</p> + +<p>El niño fue a levantarse, pero no pudo; su hermanito se lo estorbaba.</p> + +<p>—Levanta, Rafaelito.</p> + +<p>El chiquitín no se movía.</p> + +<p>—¡Levanta, Rafaelito!</p> + +<p>Miguel lo cogió entre los brazos y lo puso en pie; pero al ver que no se +tenía, exclamó en alta voz:</p> + +<p>—¡Este niño está yerto! ¡Qué atrocidad!</p> + +<p>Y comenzó a sacudirlo y a frotarlo.</p> + +<p>Algunos transeúntes se habían parado y formaron en torno de nuestro +joven y de los niños un grupo que fue engrosando por momentos. Algunos +quisieron ayudarle en la tarea: otros comenzaron a interrogar al mayor. +Miguel les explicó lo que sabía, y causó gran indignación. No se oían +más que estas exclamaciones:—«¡Pobrecillos! ¡Qué vergüenza de madre! +¡La autoridad debía de intervenir en estas cosas!» etc.</p> + +<p>Al fin se había conseguido que el niño se tuviese en pie; pero estaba +cadavérico, haciendo rodar sus ojillos de un lado a otro sin darse +cuenta de dónde estaba. Tendría unos cuatro o cinco años. A Miguel se le +ocurrió de pronto que a más de frío tendrían hambre aquellas +desgraciadas criaturas, y tomando a cada una de la mano, rompió con +ellas, por entre la mucha gente que se había aglomerado, con intención +de llevarlas a algún sitio donde reparasen el estómago. Cuando ya se +alejaba del grupo, oyó a una joven del pueblo exclamar:</p> + +<p>—¡Y luego dirán que no hay caridad en Madrid! Mira, chica, mira a aquel +señorito cómo se lleva a esos pobres niños...</p> + +<p>El hijo del brigadier sintió un dulce estremecimiento de gozo al +escuchar aquellas palabras: y siguió triunfante con los dos niños. Pero +en la esquina de la calle del Prado sintió unos pasos precipitados que +seguían los suyos y oyó que le decían:</p> + +<p>—Caballero, déjeme V. llevar uno de esos niños.</p> + +<p>La voz era conocida. Volviose y reconoció la fisonomía del boticario +Hojeda, el fiel amigo de su tío Bernardo, el barón humilde y bondadoso +que tantas veces le había ido a visitar cuando era colegial.</p> + +<p>—¡D. Facundo!</p> + +<p>—¡Miguelito!... Me alegro mucho que seas tú, querido... ¡Dios te lo +pagará!... Dame acá el más pequeño.</p> + +<p>—¿De dónde venía V. a estas horas?</p> + +<p>—De casa de tu tío... como siempre... Hoy me he descuidado un poco más. +Cuando llegué a ese grupo de gente ya tú venías con los muchachos, pero +no te conocí: me enteré de lo que era y quise también tener mi parte en +la buena obra.</p> + +<p>—¿Dónde quiere V. que vayamos?... Yo pensaba llevarlos a un +<i>restaurant</i>.</p> + +<p>—Si te parece—dijo tímidamente D. Facundo,—entraremos en el café del +Prado que es el más próximo: conozco al dueño.</p> + +<p>—Adelante; vamos al café del Prado.</p> + +<p>Cuando llegaron a él, Hojeda propuso que entrasen por el portal, donde +había una puertecilla que comunicaba con la cocina; así evitaban la +exhibición. Entraron, pues, en la cocina, donde los pinches, el cocinero +y algunos mozos que allí estaban los examinaron con sorpresa. Hojeda +ordenó que al instante frieran un par de chuletas: el cocinero, al saber +de lo que se trataba, se puso a prepararlas con gran prisa; los pinches +también desplegaron toda su actividad. Pronto se reunieron en aquel +sitio otros cuantos mozos formando círculo en torno de los dos +muchachos, que con el calorcillo del fogón y de las luces comenzaron a +revivir. Miguel se quedó absorto contemplando los andrajos de que iban +vestidos. Acudió también el amo, a quien Hojeda mandó avisar; todos +hacían preguntas sobre preguntas a los pobres chicos, que apenas +articulaban más que monosílabos.</p> + +<p>—Dejadlos ahora—dijo el amo,—ya hablarán cuando tengan el estómago +lleno.</p> + +<p>—Vaya, <i>rumia</i>, aquí tenéis con qué llenar el fuelle—dijo el cocinero +en gallego cerrado, presentándoles las chuletas, cada una en un plato, y +colocando los platos sobre una silla. Los niños se arrojaron a ellas +como lobos. Al verlos desgarrarlas con los dientes y soplar al mismo +tiempo para no quemarse, Miguel sintió los ojos húmedos. Uno de los +pinches colocó sendas rebanadas de pan al lado de los platos.</p> + +<p>—A ver—dijo Miguel,—que traigan dos copas de Jerez.</p> + +<p>Mientras los chicos comían, enteramente abstraídos de lo que les +rodeaba, el dueño del café, Hojeda, Miguel y los demás que asistían a +esta escena los contemplaban con ojos que brillaban de alegría: todos +los rostros expresaban un deleite casi sensual. Cuando hubieron dado +buen fin al pan y a las chuletas y se hubieron bebido el Jerez, los +niños se animaron repentinamente, sobre todo el pequeño, que era el más +aterido; sus mejillas recobraron el suave color de la infancia, y +comenzaron a examinar con atención los objetos y las personas.</p> + +<p>—¿Habéis despachado ya?—preguntó Hojeda... Pues vamos con la música a +otra parte.</p> + +<p>—¿Cuánto es esto?—dijo Miguel a un mozo, llevando la mano al bolsillo.</p> + +<p>El dueño del café, que había oído la pregunta, se apresuró a decirle, +sujetándole el brazo:</p> + +<p>—Caballero, yo no cobro las limosnas.</p> + +<p>Miguel no insistió.</p> + +<p>—Dios se lo pagará a V., D. Ramón—le dijo Hojeda apretándole +efusivamente la mano.</p> + +<p>Y salieron a la calle llevando por delante a los niños, los cuales iban +brincando como cervatillos por la acera.</p> + +<p>—¡Eh chis chis!—gritó el boticario llamándolos.—¿En qué calle vivís?</p> + +<p>—En la calle del Tribulete—contestó el mayor.</p> + +<p>—¿Qué número?</p> + +<p>Los chicos se miraron uno a otro con sorpresa y quedaron silenciosos.</p> + +<p>—¿No lo sabéis? Está bien. ¿Pero sabréis ir a casa?</p> + +<p>—¡Ah, sí señor!</p> + +<p>—Bueno: ahí en la esquina tomaremos un coche, ¿no le parece a V., D. +Facundo?—manifestó Miguel.</p> + +<p>—Cómo quieras, Miguelito.</p> + +<p>Tomaron un simón en la plaza de Santa Ana, dando orden al cochero de que +parase en la esquina de la calle del Tribulete. Los chicos, que se +habían sentado en la bigotera de la berlina, iban tan sorprendidos y +gozosos, que costó gran trabajo hacerles contestar a ciertas preguntas. +Mientras D. Facundo interrogaba al mayor con extremada habilidad para +enterarse pronto de lo que necesitaba saber, Miguel hablaba con el +chiquitín.</p> + +<p>—¿No os habrán dado hoy de cenar?</p> + +<p>—No—dijo el niño moviendo la cabeza a un lado y a otro.</p> + +<p>—¿Y habéis comido por la mañana?</p> + +<p>—Sí.</p> + +<p>—¿Y qué habéis comido?</p> + +<p>—Lentejas y pan.</p> + +<p>—¿No habéis comido nada desde entonces?</p> + +<p>—Un poco de pan que me dio Pepe.</p> + +<p>—¿Quién es Pepe?</p> + +<p>Silencio y asombro del niño.</p> + +<p>—¿Es algún amigo tuyo?</p> + +<p>—Es el chico de la vecina.</p> + +<p>—¡Ah! ¿Y quién te ha dado ese chaquetón que te llega a los pies?</p> + +<p>—El tío Remigio.</p> + +<p>—¿Quién es el tío Remigio?</p> + +<p>Nuevo y mayor asombro del niño, que le mira con ojos estáticos.</p> + +<p>—¿Es algún hermano o pariente de tu madre?</p> + +<p>—Es albañil.</p> + +<p>—¡Ah, es albañil!—Y comprendiendo que no sacaría más en limpio, Miguel +tomó otro rumbo.</p> + +<p>—¿Y ganáis todos los días los cinco reales?</p> + +<p>—Algunos días no.</p> + +<p>—¿Y qué os sucede cuando no los ganáis?</p> + +<p>El niño vaciló un instante, y después hizo con su manecita un ademán de +vapuleo muy expresivo.</p> + +<p>Miguel conmovido guardó silencio.</p> + +<p>En la esquina de la calle del Tribulete despidieron el coche; los chicos +sin vacilar fueron derechos a la puerta de una casa vieja y sucia; el +mayor se volvió de espaldas y dio con los tacones de sus zapatos rotos +algunos golpes; al poco rato abrió una vieja, que dejó escapar al verlos +un gruñido nada pacífico; pero su mal humor se convirtió en sorpresa al +observar que Hojeda y Miguel atravesaban el portal y seguían a los +muchachos; éstos subían decididos la escalera, como hormigas que entran +en su guarida; Miguel sacó un fósforo, porque la vieja portera se había +retirado con la luz. Subieron hasta la guardilla; los niños se +detuvieron delante de una puertecita.</p> + +<p>—Aquí es—dijo el mayor.</p> + +<p>Hojeda llamó con los nudillos de los dedos, pero nadie contestó.</p> + +<p>—No habrá venido todavía mi madre—manifestó el mismo chico.</p> + +<p>—¿Y qué os hacéis cuando llegáis antes que vuestra madre?</p> + +<p>—Nos sentamos en la escalera.</p> + +<p>En esto se abrió una puertecita contigua a la primera y apareció un +hombre en traje de obrero, con una lamparilla de petróleo en la mano. Al +ver a aquellos señores les dio las buenas noches y les preguntó lo que +deseaban. Hojeda le explicó el caso en pocas palabras. El obrero les +invitó a pasar a su habitación, y una vez dentro, les manifestó en +confianza que también él y su mujer sabían la desgracia de aquellos +pobres niños, y que habían querido intervenir para remediarla, pero +inútilmente; la madre era una mujer viciosa, oficiala de sastre, +amancebada tiempo hacía con un albañil, y que había tenido aquellos +niños con un primer marido o querido, que esto no lo sabían; dioles +algunos otros pormenores, que indignaron extremadamente a Miguel.</p> + +<p>Pero aquella mala mujer no acababa de llegar; y fue necesario despedirse +del obrero y dejar a los chicos en la escalera, con una buena limosna +que nuestro joven les dio. Cuando ya bajaban, apareció por fin su madre. +Hojeda entró con ella en la vivienda, que era un triste y desabrigado +desván, sin otros muebles que una mesilla y dos o tres taburetes; en una +esquina había un miserable fogón apagado; en otra, un montón de trapos, +restos, al parecer, de un antiguo colchón, donde dormía toda la familia.</p> + +<p>Miguel quedó asombrado del tacto y la habilidad que D. Facundo desplegó +para noticiar a aquella mujer lo que habían hecho y para arrancarla +todos los datos que necesitaba saber; de dónde era, con quién había +estado casada, dónde trabajaba, etc. La mujer, que al principio los +acogiera con marcada hostilidad, ante la mirada dulce y serena y las +palabras sinceras de Hojeda, se fue poco a poco suavizando. Al fin, +cuando éste le recordó con tono afectuoso los deberes que tenía para +con sus hijos, aquellas infelices criaturas, sin otro amparo en el mundo +que ella, rompió a sollozar. El boticario la consoló, prometiéndola +volver al día siguiente y hacer por los niños todo cuanto pudiera. Lo +que más le sorprendió a Miguel fue que en ninguna de sus frases hizo don +Facundo la más leve alusión a los malos tratos que daba a los hijos ni a +la conducta licenciosa que observaba.</p> + +<p>Cuando al fin salieron a la calle, le dijo:</p> + +<p>—¿Y qué piensa V. hacer mañana, D. Facundo, con todos esos datos que ha +tomado?</p> + +<p>—Procuraré comprobarlos; tengo muchos conocimientos entre los pobres de +Madrid. Después trataré de sacar para ella la ración de San Vicente de +Paul y mandar al chico primero a un colegio.</p> + +<p>—¿Por cuenta de V.?</p> + +<p>—Es muy barato: no vayas a creer que se trata de una gran cantidad. +Entre unos cuantos amigos, hemos fundado un colegio para niños +desamparados y nos sale por muy poco cada plaza.</p> + +<p>—¡Pobres criaturas! ¡Dejarlos así abandonados a la intemperie, +expuestos a quedarse muertos en medio de la calle, y todavía si no traen +el dinero justo pegarles!... Esa mujer es una infame que no merece que +V. se ocupe de ella.</p> + +<p>D. Facundo dio un suspiro y dijo poniéndole la mano sobre el hombro.</p> + +<p>—¡Ay, Miguelito, sobre estas cosas y otras parecidas, hay mucho que +hablar! Yo no diré que no esté mal lo que hace esa mujer; pero llamarla +infame, no es tan justo como a primera vista parece. Después de haber +pasado muchos años contemplando todos los días cuadros semejantes al que +acabamos de ver; después de haberme familiarizado con los tormentos que +pasan los pobres, con sus ideas, y hasta con su lenguaje, he concluido +por hallar muchos más desgraciados que infames. En el mismo caso +presente, cierto que lo primero que salta a la vista, es la maldad de +esa mujer; pero no te detengas en la superficie; ve más adelante; +examina, investiga y hallarás seguramente que no es tan culpable. +Primero tienes que considerar que en la sastrería no gana más que siete +reales; y que con siete reales no pueden comer siquiera pan seco tres +personas en Madrid; después debes tener en cuenta que una mujer sola, +sin amparo, está expuesta siempre a caer en las garras de cualquier +tunante que la enamora; después las ideas que esa gente tiene de la +educación de los niños, no son como las tuyas y las mías, porque no han +visto ni entendido nada bueno; el golpear a los chicos es una de tantas +costumbres feas y repugnantes como tienen...</p> + +<p>—¡De todos modos, D. Facundo!...</p> + +<p>—Sí, sí, te concedo que esa mujer obra mal; pero bien examinadas y bien +pesadas todas las circunstancias, no es tan perversa, de seguro, como tú +te imaginas.</p> + +<p>Miguel guardó silencio y se puso a meditar sobre las palabras de Hojeda, +mientras caminaban emparejados hacia el centro de la villa. Después de +una larga pausa, levantó la cabeza y dijo:</p> + +<p>—¿Sabe V., D. Facundo, que no sospechaba que V. se dedicase tan +particularmente a hacer obras de caridad?</p> + +<p>El pedazo de cara que la enorme bufanda del boticario dejaba al +descubierto, se coloreó fuertemente.</p> + +<p>—¿Yo?... ¡ca hombre! no... ¡qué tontería!... de ningún modo... no lo +creas...—comenzó a balbucir torpemente como un hombre cogido +<i>infraganti</i> de algún delito.</p> + +<p>—Lo que está a la vista no se puede negar—dijo Miguel sonriendo.</p> + +<p>Hojeda se mantuvo silencioso algunos instantes; después, parándose de +pronto y cogiendo a nuestro joven por el brazo con mucho aparato de +misterio, y esforzándose por dar a su voz y a sus ojos la mayor +expresión posible de severidad, le dijo:</p> + +<p>—¿Sabes, Miguelito, por qué hago yo todas estas cosas?</p> + +<p>—¿Por qué?</p> + +<p>El boticario le estuvo mirando algunos segundos con extraordinaria +dureza; después exclamó:</p> + +<p>—¡Por egoísmo!</p> + +<p>Y soltándole el brazo, dio rápidamente unos cuantos pasos dejándole +atrás.</p> + +<p>—¿Cómo? ¿cómo?—dijo Miguel todo asombrado.</p> + +<p>El boticario sin volverse, pero haciendo un ademán expresivo con el +brazo, volvió a exclamar con más fuerza:</p> + +<p>—¡Por puro egoísmo!</p> + +<p>—¿Cómo es eso, D. Facundo?—preguntó avanzando hasta colocarse a su +lado.</p> + +<p>—Te lo explicaré en seguida—repuso Hojeda en tono confidencial, +parándose otra vez y otra vez cogiéndole por la manga del gabán.—Yo no +tengo familia, como tú sabes; no soy aficionado al estudio, porque +comprendo que aunque me haga pedazos los cascos nunca pasaré de cierto +límite: tampoco me gustan los juegos, pues el billar lo tomo solamente +como un medio de hacer ejercicio: los teatros no los piso jamás; entre +los espectáculos públicos únicamente me gustan...</p> + +<p>—Los toros, ya sé.</p> + +<p>—Es mi único vicio... pero no los hay más que en la primavera y una vez +por semana, aparte de algunas corridas extraordinarias. La botica no me +ocupa ningún tiempo, porque tengo al frente de ella a un pobre muchacho +que acaba de hacerse farmacéutico y al cual se la pienso dejar cuando me +muera... Si no me voy a los sermones y no me entretengo en proteger a +algunos pobrecillos, ¿qué quieres que haga yo de mí?... ¿No comprendes +que me moriría de aburrimiento?</p> + +<p>—Sin embargo, los actos en sí no dejan de tener mérito.</p> + +<p>—¡Ninguno, hombre, ninguno!—repuso con energía.—Mira: te lo explicaré +mejor. Yo, cuando subo a casa de un pobre y me entero de su vida, y le +socorro y le aconsejo; cuando doy vueltas por Madrid buscándole alguna +colocación, estoy entretenidísimo, tanto como cualquier señorito en los +bailes de Montijo, con la diferencia de que mientras él llega a casa al +amanecer, hastiado, ojeroso y mustio, yo me acuesto tranquilito a las +doce, y si he hallado empleo para mi hombre, me duermo más contento que +el Rey de Prusia, y si no lo he hallado, me levanto por la mañana con +ánimos para revolver todo Madrid... Dime tú ahora, ¿quién entiende mejor +la vida, él o yo? ¿Quién es aquí el egoísta?... Voy a ponerte otro +ejemplo. Acabas de pasar una hora conmigo desde que nos hemos encontrado +en la calle del Príncipe. Quiero que me digas con sinceridad si en esta +hora te has aburrido...</p> + +<p>—No sólo no me he aburrido, sino que he pasado uno de los ratos más +felices de mi vida.</p> + +<p>—¿Lo ves? ¿Qué mérito tiene entonces lo que hemos hecho? Lejos de +juzgarnos dignos de admiración, somos dignos de envidia por lo que hemos +disfrutado...</p> + +<p>—Concedo, D. Facundo, que en este caso particular, acaso tenga V. +razón; pero consagrar la vida entera como V. a hacer obras de caridad, +es digno de alabanza y recompensa.</p> + +<p>—¡Recompensa! ¡recompensa!—exclamó con fuego el boticario.—Pues qué, +¿te juzgarás acaso resarcido del dinero que has dado por una butaca en +el teatro después de haber pasado la noche quizá bostezando, y no te +considerarás pagado del que regalaste a esos niños, gozando una hora de +felicidad?</p> + +<p>—Bien, pero V. es otra cosa: yo lo acabo de hacer por casualidad, +mientras que V. lo tiene por costumbre.</p> + +<p>—¡Mejor que mejor! Yo gozo todos los días tanto o más de lo que tú has +gozado hoy...</p> + +<p>Siguió desenvolviendo con brío su tesis nuestro farmacéutico, mientras +caminaban hacia la Puerta del Sol. Miguel había concluido por guardar +silencio, escuchando con placer y curiosidad aquellas peregrinas +teorías. Al llegar a la esquina de la calle de la Montera, Hojeda volvió +en sí de pronto y dijo en el tono afectuoso y humilde que le +caracterizaba.</p> + +<p>—¡Buena matraca te he dado, Miguelito! Perdona a este viejo chocho y +vete con Dios a descansar, que aquí nos separamos.</p> + +<p>Miguel se despidió de él apretándole con efusión la mano. Cuando se hubo +apartado seis u ocho pasos, le dijo volviendo a llamarle:</p> + +<p>—Conste, D. Facundo, que no me ha convencido V., y que es V. una gran +persona.</p> + +<p>—¡Un gran egoísta!—gritó el boticario alejándose.</p> + + + +<h3><a name="Vb" id="Vb"></a>V</h3> + + +<p>¿Qué te pasa hoy? ¿Parece que estás triste?—decía la generala cierta +noche, tomando las manos de su amante entre las suyas.</p> + +<p>—Pues no tengo nada (al menos, que yo sepa)—repuso en tono humorístico +él.</p> + +<p>—Sí tal; hay en tu fisonomía cierta expresión melancólica; por más que +trates de ocultarla con aparente alegría, no lo consigues; en tus ojos +hay menos brillo que otras veces; tienes la mirada vaga y perdida...</p> + +<p>—No; lo que tengo, es la mirada de perdido.</p> + +<p>—Ríete lo que quieras: tengo un corazón que no se engaña. Tú estás +triste, y me lo ocultas.</p> + +<p>—Si tienes mucho empeño en ello, lo estaré; pero sólo por galantería. +Por lo demás, nunca he estado más alegre.</p> + +<p>—Pero la tuya es una alegría marchita... no tiene frescura... no sale +del corazón... es una máscara. Yo quisiera, Miguel mío, saber todo lo +que acontece en tu espíritu, todo lo que piensas, todo lo que sientes... +No me basta saber los pensamientos y los sentimientos grandes; deseo +conocer también los más íntimos; deseo escudriñar los últimos rincones, +los últimos pliegues... quiero que no pase por tu cabeza una idea, +aunque sea tan débil como el soplo de un niño, que no llegue a mi +noticia... quiero conocer todas las emociones que experimentas, aun +aquellas que apenas sean capaces de mover tu corazón... quiero entrar +dentro de ti mismo... quiero formar una sola persona contigo...</p> + +<p>Los grandes ojos azules, lascivos, de la generala, se clavaban con +amorosa inquietud en su amante al proferir estas palabras.</p> + +<p>Miguel despertó de la indiferencia en que yacía.</p> + +<p>—Todo eso eres, cielo mío... Todo eso y mucho más—contestó, +apretándole con efusión las manos.</p> + +<p>—¡Si fuese cierto!... Pero no... tu amor va siendo cada día más +tibio... A medida que el mío se enciende, el tuyo se apaga...</p> + +<p>—¡No lo creas, Lucía!—exclamó el joven, dando a su exclamación mayor +fuego del que le hubiera correspondido si no se hubiera tomado un poco +de trabajo.—¡Te adoro... te adoro con pasión loca... frenética! Eres el +único pensamiento dulce que anima mi existencia... Pídeme la vida, y me +verás darla con alegría...</p> + +<p>—¡No quiero tu vida, chiquillo!—dijo la generala sonriendo y +haciéndole mimos con la mano en el rostro.—Quiero tu amor; pero un amor +verdadero, grande, infinito... ¡Tú no sabes las locuras que yo sueño, +los castillos que levanto en el aire! Muchas veces me figuro que en +efecto me adoras con todo tu corazón, con todas las fuerzas de tu alma, +y que yo soy para ti lo que fue Beatriz para el Dante y Laura para el +Petrarca, un objeto divino que te preserva de todo pensamiento innoble, +que gracias a mi amor se va engrandeciendo tu espíritu, despierta tu +genio, el genio que tienes en el fondo del alma... porque yo estoy +segura de que lo tienes...</p> + +<p>—En efecto, tengo un genio muy malo; a veces no hay quien me resista.</p> + +<p>—No, no; es otra clase de genio—dijo la dama riendo.—Mas aunque esto +no fuese una quimera, aunque tú alcanzases algún día la celebridad, soy +muy tonta en forjarme ilusiones... Tú estás comenzando la vida casi, +casi... el porvenir se presenta risueño. Cuando llegues a donde yo creo +que tienes derecho a llegar, ¿qué seré para ti?... Una vieja que ha +cometido la insensatez de amarte. Una pobre mujer enamorada +ridículamente...</p> + +<p>—¡Alto, querida! Te anuncio que ya estoy enternecido. No sigas +adelante, si no quieres verme hacer pucheritos... Hablemos de otra +cosa—añadió reclinándose perezosamente en el sofá y estirando las +piernas con demasiada confianza,—hablemos de Pérez Almagro.</p> + +<p>Pérez Almagro era el último amante que la generala había tenido, y que +no dejaba de inspirar cierta inquietud, ya que no celos, a nuestro +joven.</p> + +<p>—¡Oh, qué cruel eres! ¡No perdonas medio de hacerme sufrir!</p> + +<p>Miguel iba a replicar; pero en aquel instante un leve rumor lejano se +dejó oír en el pasillo. Lucía se puso en pie con súbito y pronto +movimiento; el rostro pálido, el oído atento, la mirada estática. +Escuchó un momento.</p> + +<p>—¡Alguien viene!... Es la doncella... ¡De prisa, de prisa! ¡Escóndete!</p> + +<p>—¿Dónde?—preguntó aturdido.</p> + +<p>La dama paseó una mirada intensa y ansiosa por la habitación.</p> + +<p>—Aquí—dijo corriendo a un armario embutido en la pared y abriendo el +compartimento inferior.</p> + +<p>Miguel se metió allá de cabeza. Lucía dio la vuelta a la llave. En aquel +momento entraba la doncella.</p> + +<p>—¿Qué hay, Carmen?—preguntó con gran calma, dirigiéndose al espejo +para arreglar el pelo.</p> + +<p>—Señorita, vengo a darle cuenta del billete que me entregó por la +mañana.</p> + +<p>—¡Ah! sí... el billete... ¿De cuánto era?</p> + +<p>—De diez duros.</p> + +<p>—Bien, ¿qué ha comprado V.?</p> + +<p>—Los botones para el vestido de la niña, han costado veintisiete +reales...</p> + +<p>—¿Qué más?</p> + +<p>La sombrilla de miss Ana, que he pagado yo; no la han querido dar menos +de tres duros.</p> + +<p>—Bien; son cuatro duros y siete reales.</p> + +<p>—La corbata para Chuchú... catorce reales.</p> + +<p>—Son... cinco duros y un real... ¿se la ha puesto ya?</p> + +<p>—No, señorita; mañana cuando vaya a paseo; es muy bonita; a María le ha +gustado; ¿no sabe usted? El chico quería ponérsela cuando salíamos del +comercio... ¡Poco trabajo que me costó quitárselo de la cabeza!</p> + +<p>—¡Pobre Chuchú!</p> + +<p>—Cuando vio que no conseguía nada por las malas, se puso a hacerme +caricias... ¡Anda, Carmelita, monina, ponme la corbata... te he de dar +un dulce de los de la mesa...—Yo le decía:—¿El que te toque a ti?—Sí, +sí, el que me toque a mí...</p> + +<p>—¡Oh, qué malo!</p> + +<p>—¡No sabe V., señorita, las monerías que hizo para sacármela!</p> + +<p>—¡Pobre Chuchú! ¿Por qué no se la ha puesto V.?</p> + +<p>—Porque en casa no habría quien se la quitase después.</p> + +<p>—¿Le ha encargado V. los guantes?</p> + +<p>—Sí, señorita.</p> + +<p>—¿En casa de Clement?</p> + +<p>—Sí, señorita: quedaron en mandarlos el sábado.</p> + +<p>—¿Los ha pagado?</p> + +<p>—Sí, señorita: doce reales.</p> + +<p>—Bueno, entonces son... cinco duros y trece reales.</p> + +<p>—He comprado también el <i>agremán</i> que faltaba para el vestido de la +niña.</p> + +<p>—¿Cuánto faltaba?</p> + +<p>—Dos tercias: quince reales.</p> + +<p>—Son entonces... aguarde V.... son... seis duros y ocho reales... ¿no +es eso?...</p> + +<p>Carmen afirmó con la cabeza, mientras hacía mentalmente la cuenta.</p> + +<p>—¿Qué más?</p> + +<p>—No me acuerdo de más—manifestó, después de vacilar unos instantes.</p> + +<p>—¿Y la esponja del tocador que le he encargado?</p> + +<p>—¡Ah! ¡se me olvidaba, señorita!... diez y ocho reales.</p> + +<p>Miguel se asfixiaba en el armario. Estaba de rodillas, el cuerpo +doblado, la cabeza apoyada en uno de los rincones. Así que entró, empezó +a sentir el malestar de la postura; no podía alzar la cabeza, ni +enderezar poco ni mucho el cuerpo; las piernas encogidas también de tal +manera, que le causaban calambres. Pero a los pocos segundos, notó o +creyó notar que le faltaba aire para la respiración, y se estremeció de +congoja: hizo frecuentes y largas inspiraciones para probar, y observó +que cada vez hallaba más dificultad; trató de contener el aliento para +economizar el aire, pero esto no hizo sino fatigarle más. Entonces quiso +dar la vuelta y aplicar la boca a una rendija a ver si conseguía recoger +más oxígeno: no le fue posible. La idea de morir asfixiado cruzó por su +cerebro: un sudor frío y copioso le bañó todo el cuerpo: la congoja se +apoderó de él. En pocos segundos pensó millares de cosas aterradoras; +vio la muerte cara a cara; el miedo le dejó yerto, desmayado; estuvo a +punto de perder el sentido. Mas de pronto, el instinto de la vida +despertó, se reveló con ímpetu en su organismo y le sugirió pensamientos +de salvación:</p> + +<p>—«¡No, lo que es yo no me ahogo aquí como un ratón por esa!... Voy a +dar una patada a la puerta y hacer saltar la cerradura.»—Esta idea le +confortó un instante y dio tiempo a que penetrase en su mente otro +proyecto menos violento, el de llamar la atención de la generala sin ser +notado de la doncella: si este proyecto fracasaba, acudiría +inmediatamente al recurso extremo. Extendió una mano hacia atrás y rascó +la puerta con la uña, produciendo un rumor semejante al de los +ratones...</p> + +<p>El fino y atento oído de la dama se dio por enterado.</p> + +<p>—Carmen, vaya V. al comedor, y tráigame un vaso de agua... ¡Siento un +picor en la garganta!... ¡Jesús, qué tos tan rara!</p> + +<p>Y la dama tosió hasta querer reventar.</p> + +<p>Cuando Carmen hubo desaparecido, dirigiose precipitadamente al armario, +y abrió. Miguel salió a rastras del fondo con el semblante pálido, +descompuesto, completamente demudado.</p> + +<p>—¿Qué te pasa?—preguntó con sobresalto Lucía.</p> + +<p>—¡Que me ahogo!</p> + +<p>—¡Corre a la alcoba... métete debajo de la cama!</p> + +<p>El joven se apresuró a cumplir la orden, y al instante apareció de nuevo +la doncella.</p> + +<p>La generala se bebió el vaso de agua sin gana.</p> + + + +<h3><a name="VIb" id="VIb"></a>VI</h3> + + +<p>Eh, chis, chis, Miguelito, ¿a dónde tan decidido?</p> + +<p>—Al Retiro.</p> + +<p>—Para los pies, chavó, y entra a tomar una cañita conmigo y estos +señores.</p> + +<p>Miguel se detuvo y sonrió al ver a su primo Enrique sentado a una mesa +del café Imperial al lado de la ventana y rodeado de varios toreros. +Como no tenía prisa, aceptó el convite y se acercó a ellos saludándoles +con un:</p> + +<p>—A la paz de Dios, caballeros.</p> + +<p>—Buenas tardes, amigo—le contestaron.</p> + +<p>Y se sentó en el hueco que galantemente le dejaron y se bebió de un +trago la caña que Enrique le puso delante.</p> + +<p>—Te presento a mi amigo José Calzada, célebre matador de toros que ya +conocerás con el nombre de el <i>Cigarrero</i>, aunque hace muchos años que +no mata en la plaza de Madrid... Su hermano Baldomero, el <i>Serranito</i>, +banderillero de fama... Sebastián Campos...</p> + +<p>Enrique se detuvo vacilante antes de pronunciar el alias.</p> + +<p>—Diga ozté <i>Merluza</i>, D. Enriquito: Merluza zoy, Merluza he zío y +Merluza me he de morí el día meno penzao.</p> + +<p>—Pues bien, mi amigo Merluza, el banderillero más barbián de la plaza +de Málaga... Mis amigos D. Pablo López y D. Luis María Pastor, aficionados al arte.</p> + +<p>Todos saludaron a nuestro joven, muy circunspectos, sobre todo los +toreros, que son los que mejor conservan, en el trato, la gravedad +serena y afable peculiar del pueblo español, tan distante del orgullo +británico como de la extremada urbanidad de los franceses.</p> + +<p>El Cigarrero era un hombre ya entrado en días, con el cabello casi +blanco, pequeño, fornido, soportando sus años con mucha gallardía. +Miguel había oído varias veces citar su nombre entre los astros del +toreo; pero como gloria pasada; tanto, que lo juzgaba retirado hacía +tiempo. El hermano era un muchacho de veinticinco o veintiséis años, +buen mozo, de rostro hermoso aunque algo afeminado. Merluza un jayán +monstruosamente feo. Los dos aficionados, jovencitos barbilampiños, +escuálidos, y vestidos a la última moda.</p> + +<p>La conversación no se interrumpió por la llegada de nuestro joven, quien +se puso a escuchar con poca curiosidad. Se hablaba de toros; no hay para +qué decirlo: se discutía la mayor o menor severidad e inteligencia de +las plazas de Madrid y de Sevilla. Uno de los jovencitos sostenía que en +Madrid se juzgaba con más severidad y competencia.</p> + +<p>—Pues zarvo zu parecé, D. Luizito—decía Merluza,—y zarvo er de too lo +presente, a mí me paece, vamo... que en Zeviya hay afición... y ez lo +que digo yo, onde hay afición lo hay too.</p> + +<p>—Sebastián, yo no te niego que haya afición en Sevilla, pero no es para +comparar con la que hay en Madrid. Además, aquí se estudia el toreo por +principios, lo que no se estudia allí... aquí el pueblo es más +ilustrado...</p> + +<p>—Ya zé, ya zé, D. Luizito: no me diga ozté na. Onde no hay prencipio no +pué haber na... ¡Pero mire ozté que en Zeviya hay mucha afición!..... +¡¡Mucha afición!!</p> + +<p>—En Madrid hay que tener mucho de aquí, querido (apuntando a un ojo). +Si te descuidas un poco, ya tienes la bronca encima... y algo más en +ocasiones.</p> + +<p>—¡Calle ozté, zeñorito, zien Zeviya po una mijita le tiran a uno la +Biblia!</p> + +<p>Enrique aprovechó el calor de la disputa para comunicar a su primo por +lo bajo algunos datos importantes acerca de la vida del Cigarrero.</p> + +<p>—Ahí donde lo ves, Miguel, hace veinte años era el torero que se tiraba +más por derecho en España. En Sevilla ha recibido muchas veces.</p> + +<p>—¿A quién?</p> + +<p>—¡Al toro, hombre!</p> + +<p>—Muy señor mío.</p> + +<p>—Pero, claro, con los años se ha ido haciendo un poco tumbón... ¡Pero +como inteligente!... lo que es como inteligente, ni Cayetano ni San +Cayetano le ponen el pie delante.</p> + +<p>Terminada la disputa, comenzó a hablarse de los toreros en boga. Los +pollastres aficionados, y Enrique también, creyeron halagar al Cigarrero +rebajando el mérito de ellos. Asombrole a Miguel el ahínco y la +sinceridad con que aquél comenzó noblemente a defenderlos, aunque sin +levantar la voz y sin perder un punto de la gravedad que le +caracterizaba.</p> + +<p>—Mie usté, D. Luisito, er que má y er que meno, tiene su quebranto, y +ar mehó ecribano se le cae un borrón. Si Caytano se huye, e que está mu +castigao, el probesico ya se va pa Viyavieha como yo... Pero diga usté +que sí, D. Luisito... cuando le sale un toro de verdá, ¡Caytano tá +superió!</p> + +<p>—Vamos, con Cayetano todavía transijo—dijo Enrique.—Aunque +desconfiado, le he visto muchas veces torear con arte y en corto y +meterse como Dios manda... Al que no puedo resistir es al Gordo. ¡En la +vida le he visto medio aplomado, ni pinchar más que a paso de +banderillas!</p> + +<p>—Tampoco creo eso que usté dise: ar Gordo le pasa lo que a too nosotro; +si er toro acude bien, tá güeno; si no tiene gana, tá malo. Y aluego +¿qué se pué esí de la muleta? Con eya en la mano, hay mu poco que tengan +tan güena sombra... Lo que le tiene er Gordo, e que sabe demasiao er +terreno que pisa... y cuando se sabe mucho... vamo... ya me entiende +usté, D. Enriquito.</p> + +<p>—Ozté perdone, zeñó José—dijo a esta sazón Merluza.—Me paece a mí que +aquí D. Enriquito habla bien... Er Gordo poniendo banderiya, ¡la corona +de María Zantízima! pero matando, ¡la perra zin vergüenza de zu mare!</p> + +<p>El Cigarrero se puso muy serio y repuso enojado:</p> + +<p>—A ti no te toca esí na de eso, Sebastián. Too esto señore pueen hablá +lo que gusten, pero tú, hijo, no puée... ¿Tamo?</p> + +<p>Merluza acortado, rectificó como pudo sus brutales palabras.</p> + +<p>Era la primera vez que Miguel oía decir bien en un corro, de las +personas del mismo arte o profesión que los presentes; y no poco quedó +admirado de que fuesen los toreros, gente por lo regular inculta y +plebeya, quienes dieran ejemplo de nobleza y compañerismo a los que +cultivan otras artes más elevadas.</p> + +<p>Tampoco admitió el Cigarrero las lisonjas que le prodigaron, lo mismo +Enrique que sus amiguitos. Sin echarse por tierra con fingida modestia, +supo colocarse en su verdadero sitio, esto es, por debajo de los espadas +que entonces llevaban la atención del público, sin traer a cuento sus +glorias pasadas o los tiempos en que gozaba de más renombre.</p> + +<p>—Ya soy vieho. Ya no pueo competí con lo muchacho... Pero mase farta la +guita, porque mi casa siempre se ha paesío un hospisio... y hago lo que +pueo... y a vese un poquiyo meno de lo que pueo... Si Caytano aprieta en +su toro, yo aprieto en er mío; si afloha, yo afloho... Si me sale un +torito vivito y voluntario, le toreo por lo arto y le doy lo que pide er +animá. Si me sale blando y sin vergüensa le doy un goyetaso ¡y a +viví!... A mí me podrá hasé peaso un toro, ¡pero en la vía un roío buey!</p> + +<p>Pasó un rato agradable Miguel, oyéndoles disertar en estilo pintoresco, +sobre tauromaquia, que para ellos era el compendio de todas las +ciencias, y el fin supremo de la vida humana, y se despidió al cabo +afectuosamente, no sin haber sido antes convidado a una novillada de +aficionados que Enrique y sus amigos estaban organizando a beneficio de +unos náufragos que se habían perdido en el Adriático. Esta novillada +había de efectuarse el próximo domingo en la plaza de los Campos +Elíseos; sería presidida por la señora del ministro de Marina, dirigida +por el Cigarrero, y nadie podría asistir a ella sin entregar un duro a +la puerta, salvo los amigos invitados por los lidiadores.</p> + +<p>Dos o tres días antes del señalado, pasó Miguel por casa de su tío +Bernardo. Al entrar en el cuarto de Enrique, oyó gran ruido, como si +trasteasen con los muebles; quedó altamente sorprendido al ver a su +primo con sendas banderillas en las manos delante de una silla, +levantándose sobre la punta de los pies en actitud de clavárselas. +Aunque algo avergonzado a causa de la risa que a Miguel le acometió, no +tardó en reponerse y manifestarle cómo se estaba ensayando en los +cambios, salidas y cuarteos, pues era uno de los banderilleros que el +domingo debían trabajar en los Campos.</p> + +<p>—Pero esa silla me parece que se debe aplomar algo en la suerte de +palos—dijo Miguel.</p> + +<p>—Chico, no tengo otra cosa. Quise ensayar con el perrito de mi hermana, +y mira lo que me ha hecho...</p> + +<p>Y levantando un poco los pantalones, le enseñó las huellas de los +dientes del animalito en la carne.</p> + +<p>Estaba muy animado, pero confesaba que tenía los nervios un poco +excitados y que dormía mal por la noche. ¡Eso de presentarse delante de +un público tan lucido! Pero de todos modos, él conocía muy bien la +teoría de las banderillas; no le faltaba más que un poco de práctica.</p> + +<p>—Mira; para ponerlas al cuarteo, se coloca uno así... con los pies +juntitos. Se cita al animal... Hay que esperar que arranque, ¿entiendes? +y marchar decidido a cortarle el terreno... Si el toro no baja la cabeza +para tirar el derrote... nada... ¡Hay que andarse en esto con mucho ojo!</p> + +<p>—¿Y tienes esperanza de ponerlas bien el domingo?</p> + +<p>—Si el torete me sale bravo y arrancando bien, pienso estar hasta +guapo...</p> + +<p>—No te lo aconsejo; te van a desconocer.</p> + +<p>—Si sale blando o huido, tiraré a cumplir nada más... a salir del paso. +Todo depende de la suerte, como tú comprenderás... Eso le pasa a +Cayetano, al Cigarrero y a todo el mundo.</p> + +<p>Llegada la tarde del domingo, se fue Miguel a los Campos y entró en la +plaza, que ya estaba más que mediada de gente, casi toda de categoría: +los lidiadores pertenecían en su mayor parte a la aristocracia. Había en +los palcos una muchedumbre de niñas bonitas, ostentando la blanca +mantilla de encaje y la peineta: los tendidos de madera estaban poblados +de caballeros elegantemente vestidos. Miguel fue a colocarse entre +barreras al lado de el Cigarrero que dirigía la lidia, sin tomar parte +en ella.</p> + +<p>Dada la señal por la presidenta, que era una señora guapetona, muy +rumbosa y muy dadivosa, aparecieron en el redondel las tres cuadrillas +al son de una marcha española tocada por la banda de un batallón: cada +cuadrilla se componía del espada, tres banderilleros y los +correspondientes monos sabios: estaban suprimidas las picas. Los +alguaciles, que eran dos marqueses, marchaban delante montando briosos +caballos y haciendo piernas con ellos. Gran tempestad de aplausos al +verlos aparecer: los muchachos se presentaban vestidos de chulos con +ricas capas sobre los hombros, imitando perfectamente en el modo de +andar el aire y el contoneo peculiar de los toreros. Saludaron a la +presidenta y arrojaron con garbo las capas de gala a los amigos, +cambiándolas por las de uso. De todos los tendidos se oían voces +saludando a los lidiadores: éstos cambiaban gritos y saludos con los +espectadores, y sostenían conversación con ellos en alta voz.</p> + +<p>Hasta aquí todo marchaba perfectamente. El marquesito alguacil recogió +la llave que la presidenta le arrojó, y fue haciendo corvetas a +entregársela al encargado de abrir el toril, cargo que, por cierto, se +habían disputado un vizconde y el hijo del presidente del Tribunal +Supremo. Sonó el clarín y saltó al redondel un torete negro, con bragas, +de bonita lámina. El primer sentimiento que los lidiadores +experimentaron al echarle la vista encima, fue de traición o engaño +manifiesto. Todos ellos le habían visto varias veces, primero en el +encierro y después en el corral; pero nunca les pareció ni la mitad de +grande que entonces. Así que, sospechando que pérfidamente se lo habían +trocado en el chiquero, cambiaron repentinamente el color fresco y +sonrosado de sus mejillas por un blanco mate nada vistoso. Y por un +movimiento simultáneo, que probaba la unidad de sus convicciones, se +pegaron todos a la barrera y colocaron el pie en el estribo, preparados +a cualquier evento. El novillo se disparó contra uno de ellos. Todos, +como un solo hombre, saltaron la barrera. El novillo, viendo el campo +libre, se paseó por él a su talante, en medio de la gritería y algazara +de la gente. Un buen rato se estuvieron los lidiadores entre barreras, +celebrando consulta, hasta que al fin, estimulados por los amigos de los +tendidos, que no cesaban de perseguirles con gritos y pullas, y por el +poquillo de vergüenza que todavía les quedaba, después de la salida del +toro, se decidieron a entrar de nuevo en el redondel. Pero fue con toda +calma, montando sobre la barrera como si estuviesen impedidos de las +piernas, y bajándose después poquito a poco; parecía que iban a entrar +en un baño de agua fría. Uno de ellos tuvo la audacia de separarse como +cinco o seis pasos del tablero, y llamar la atención del novillo con el +capote. Una mirada severa del toro bastó para hacerle brincar la barrera +sin poner el pie en el estribo.</p> + +<p>La corrida fue rica en incidentes. Caídas, choques, atropellos, saltos +mayores que el de Alvarado, de todo hubo, hasta cogidas, lo cual, en +verdad que parecía imposible. Apenas tiraban el trapo, se echaban a +correr llenos de pánico, dándose con los talones en las nalgas, y +precipitándose de cabeza por encima de las tablas, sin que el toro se +hubiese movido de su sitio. Los banderilleros clavaban los palos en el +aire muchas veces; otras en alguna región ignorada del animal. Los +espadas igualmente pinchaban donde podían, sin aproximarse jamás, ni por +casualidad, al sitio verdadero. En vano saltó el Cigarrero más de veinte +veces al redondel a poner orden; en vano les arreglaba los novillos y se +los cuadraba, de suerte que no había más que dejarse caer; de todos +modos la confusión, el ruido y las atrocidades de todo género no cesaron +en toda la tarde.</p> + +<p>Enrique, que vestía una chaquetilla elegantísima de terciopelo color +granate, en los comienzos de la lidia dio, como sus compañeros, ejemplo +de prudencia y circunspección. Rodeó, sí, infinitas veces la plaza, pero +fue, casi siempre, por detrás de la barrera, y cuando lo hizo por +delante, era tan cerquita de ella, que a cierta distancia parecía por +detrás. Llegado el momento crítico de poner las banderillas, que fue en +el segundo novillo, las cogió, y aunque muy pálido, marchó resueltamente +hacia él; se puso con los palos en cruz, y alzándose sobre la punta de +los pies, comenzó a mugir terriblemente para llamar la atención del +animal; y en efecto, así que éste le vio en aquella actitud fanfarrona, +vino rápidamente a embestirle. Mas, con gran asombro y vergüenza de sus +amigos, en vez de clavarle las banderillas las soltó de las manos, y la +emprendió a todo correr hacia la barrera. No pudo saltarla. Antes que lo +hiciese, el toro le había cogido por la parte posterior, y le había +tirado al alto. Todos acudieron y sofocaron al becerro con los capotes. +Pero Enrique, levantándose furioso contra él, e indignado contra sí +mismo por aquella vergonzosa huida, comenzó a gritar como un +energúmeno:—¡Dejádmelo, dejádmelo!—Y arrancando unas banderillas al +primero que encontró, se fue ciego, frenético hacia el toro, y se las +clavó en el pescuezo, sufriendo por ello una nueva cogida. +Afortunadamente, ninguna de las dos tuvo serias consecuencias; los +pantalones rotos y algunas contusiones. Los espectadores, desternillados +de risa, le aplaudían con calor y hasta le tiraron cigarros.</p> + +<p>Quedó muy ufano de este triunfo; tanto que, acercándose al sitio donde +estaban Miguel y el Cigarrero, le preguntó a éste:</p> + +<p>—¿Eh? ¿Qué le ha parecido a V., maestro?</p> + +<p>—No ha tao mal—contestó el torero sonriendo.</p> + + + +<h3><a name="VIIb" id="VIIb"></a>VII</h3> + + +<p>Miguel no había dejado de ser nunca uno de los socios más asiduos del +Ateneo. Aunque no tomaba parte en las discusiones sobre los pueblos +semíticos, se había hecho notar bastante en los círculos privados que se +formaban por las noches en el vasto corredor del establecimiento, y se +le tenía por un amable y despejado compañero. Trabó amistad con otros +jóvenes moluscos de los que más bullían, y éstos no tardaron en +comunicarle la fiebre de cargos honoríficos que a ellos les devoraba. La +ambición ardía en los pechos de los exploradores de la raza semítica; +apetecíanse y buscábanse con noble emulación los cargos de secretarios +de las secciones. ¡Era tan brillante el levantarse en el comienzo de +las sesiones a leer el acta de la anterior! Las intrigas tenebrosas +menudeaban; las traiciones eran cosa corriente. Había dos bandos +principales: el de los viejos y el de los jóvenes; los primeros eran más +en número, y vencían siempre que no se les cogía descuidados; los +segundos, más activos, tramaban asechanzas para derrotar a los +candidatos contrarios, unas veces presentando los suyos, en unión de +alguna persona ilustre y respetable, otras veces aprovechando las noches +de más frío en que los viejos no se atrevían a salir de casa, otras +dividiendo con astucia a los enemigos; todos los medios eran lícitos.</p> + +<p>Gracias a una de estas sorpresas, y secundado con energía por algunos +muchachos, que al verle tan asiduo en la asistencia le respetaban ya +como un sabio en ciernes, consiguió Miguel ser secretario tercero de la +junta directiva, encargado del alumbrado y calefacción. Y queriendo dar +una gallarda prueba de su celo por los intereses del Ateneo, así que +tomó posesión del cargo, hizo poner hornillas de cock en las chimeneas y +suprimió la leña, que ocasionaba un gasto demasiado considerable. Mas he +aquí que esta patente economía, en vez de satisfacer a los socios, les +disgusta y levanta polvareda; los viejos se pusieron inmediatamente +enfrente del audaz reformador y algunos jóvenes también. ¿Para qué +sirven esas economías? ¿Para traer más libros? Demasiados hay en la +biblioteca. Un orador novel, joven, tradicionalista e imitador de Donoso +Cortés, que en las juntas generales del Ateneo se ensayaba para el +Congreso, le apostrofó duramente, luciendo una voz y un juego de +actitudes que envidiaría Mirabeau: demostró hasta la saciedad, que +aunque el cock proporcionase el mismo calor que la leña, había en ésta +un algo espiritual que satisfacía necesidades de orden más elevado; hizo +presente que el Ateneo no era una sociedad de mercachifles ocupados en +recoger ochavos, y que el sórdido interés debía ser arrojado del templo +de la ciencia a latigazos (aquí bebió un sorbo de agua azucarada y se +limpió después los labios con esmero). Expresó su profunda sorpresa de +que un joven fuese quien tomara la iniciativa en la funesta empresa de +privar de comodidades a los hombres que trabajan en el campo de la +ciencia, y con tal motivo exaltó el respeto que le es debido y que +siempre se ha tributado al sabio, haciendo un bello y minucioso parangón +entre éste, que con sus obras eleva y enriquece los espíritus, y el +obrero de la materia, que eternamente será siervo de la gleba, +decidiéndose, claro está, por aquél. Por último, terminó diciendo que al +declararse partidario incondicional de la leña, no le impulsaba ningún +móvil bastardo, que no se hacía eco de ningún resentimiento particular, +porque no cabían en su corazón tales miserias vergonzosas; hablaba +solamente por el deseo generoso de mantener en el Ateneo el sello +espiritual que siempre le había caracterizado. Este elocuente discurso +provocó muchos aplausos entre los socios, particularmente los viejos, +los cuales en las primeras elecciones de cargos derrotaron a Miguel, +nombrando en su lugar al joven tradicionalista.</p> + +<p>Tanto como a Miguel le aburrían los discursos hueros y ampulosos que se +pronunciaban en el salón de sesiones, tanto le agradaban a su antiguo +amigo y condiscípulo Mendoza y Pimentel. Muy rara vez se le veía en la +biblioteca con un libro abierto; pero en cambio, por milagro perdía una +sesión lo mismo de la sección de ciencias exactas, que de la de morales +y políticas o literatura. Admiraba profundamente a casi todos los +oradores, cuanto más campanudos mejor, y se enfadaba con Miguel cuando +éste hacía burla de ellos. Poco a poco se había ido modificando la +opinión que de él tenía formada desde la infancia. Después de haber oído +a los oráculos del Ateneo, comprendía que Miguel era un chico listo, +«pero bastante ligero.» Ya no le pedía dinero, porque había ascendido a +diez y seis mil reales de sueldo, los cuales empleaba casi todos en +vestirse y una mínima parte en comer; pero su amistad continuaba +inalterable. Se hizo presentar por Riverita en algunas tertulias +políticas donde nuestro joven tenía acceso, entre ellas la del general +conde de Ríos, uno de los jefes a la sazón del partido liberal. Esta fue +la que más le plugo y donde echó raíces. El general era un hombre de +genio vivo y enérgico, hablador sempiterno, narrador de cuentos verdes, +con mucha afición a la política y poca o ninguna al arte militar. Al +principio no le cayó en gracia Mendoza: su carácter grave y silencioso +le causaba tedio:—¿Sabe V., Riverita, que ese amigo de usted es lo +mismo que un roble?—le dijo pocos días después de habérselo presentado. +Cómo se arregló Mendoza para llegar a ser al cabo de algunos meses uno +de los íntimos de la casa y acompañantes preferidos por el general, fue +cosa que nadie supo. Y, sin embargo, era muy sencillo de explicar. +Mendoza sufrió una temporada la frialdad del conde y el desdén de la +condesa con gran filosofía, y siguió asistiendo constantemente a la +tertulia. No tomaba parte muchas veces en la conversación, porque tenía +la desgracia de que no se le ocurría jamás una frase oportuna o +chistosa; cuando lo hacía, era únicamente para manifestar su aprobación +absoluta e incondicional a las palabras del conde, o para interrumpir +con un ¡oh! o con un ¡ah! que expresaban su admiración y simpatía.</p> + +<p>Un día el general descubrió con sorpresa, al hablar del sistema colonial +inglés, que Mendoza pensaba exactamente igual que él sobre esta +cuestión. Verdad que el mismo general había emitido su opinión, hacía +algunos días, delante de aquél; pero ya no se acordaba.—Este chico—se +dijo—es más de lo que parece. Otro día descubrió la condesa, que jugaba +peor que ella al tresillo, y que era un compañero a quien de vez en +cuando se le podía dar <i>codillo</i>: desde entonces le miró con simpatía y +le invitaba con frecuencia a hacer <i>el cuarto</i>. Si alguna vez se le +ocurría ganar, la condesa le hacía pagar cara la victoria, dirigiéndole +una granizada de bromas que cualquier tomaría por insolencias: pero +Mendoza sonreía tan candorosamente y daba pruebas tan patentes de que +sólo la suerte había ocasionado la derrota de la dama, que ésta concluía +por reírse también. En poco tiempo conquistó la simpatía y hasta el +afecto de los esposos. Habiéndose ofrecido al general para ayudarle a +escribir cartas en ocasión en que éste se hallaba muy apurado, cumplió +con tal exactitud, que apesar de que las epístolas eran un poco +pedestres y enrevesadas, aquél aprovechó sus servicios algunas otras +veces, y hasta recabó del jefe de la oficina que le dejase libre algunas +horas a fin de no molestarle tanto. Con esto casi puede decirse que fue +desde entonces el secretario particular del conde, y como tal era +considerado por las personas que frecuentaban la casa. No tardó en +hacerse indispensable a la familia. Por las mañanas, antes de ir a la +oficina, daba una vuelta por la casa: el general le encargaba algunos +recados o visitas que no podía hacer personalmente ni confiar a ningún +criado, la condesa, menos escrupulosa que su marido, le hacía muchas +veces desempeñar oficios humildes: como comprar juguetes para los niños, +pagar algunas cuentas al joyero, etc. Por las tardes solía acompañar al +conde a paseo, casi siempre a pie, pues no era aquél amigo de usar el +coche.</p> + +<p>Al paso que Mendoza intimaba con este personaje y se hacía de sus +familiares, Miguel seguía siendo nada más que uno de tantos como +visitaban la casa: y aun podía asegurarse que en los últimos tiempos, +sus relaciones con la generala Bembo habían traído cierto enfriamiento +en todas las demás. Lucía le reclamaba casi todo su tiempo. Por otra +parte, le desplacían cada vez más las tertulias políticas, donde los +asistentes ven y examinan todas las cuestiones por el prisma, no del +entendimiento del dueño de la casa siquiera, sino de la pasión que le +agita en cada momento, y repiten siempre como un eco las palabras del +jefe. Aunque algunas veces despertaba la risa y la alegría en la reunión +con sus frases picantes y observaciones oportunas, había con respecto a +él cierta prevención desfavorable, hija, a no dudarlo, del temor; todos +le sonreían, pero cuando estaba presente no reinaba la misma confianza +que cuando ausente. Nada hay que moleste tanto a los hombres vulgares +como el ingenio, y en la tertulia del general formaban aquéllos mayoría. +Miguel notaba vagamente esta hostilidad; comprendía que no estaba en su +centro, y por eso iba pocas veces.</p> + +<p>Grande fue su sorpresa cuando una noche al entrar en el salón de +sesiones del Ateneo, vio a su amigo Brutandor en el uso de la palabra. +Peroraba Mendoza desde uno de los bancos de la izquierda, donde +acostumbraban a sentarse los jóvenes demócratas, y lo hacía con tanto +desembarazo, con tan briosa entonación como si en toda la vida hubiera +hecho otra cosa.—¡Ave María!—dijo Miguel para sí—este Brutandor no +conoce la vergüenza.—Y se sentó en una silla para escucharle. Pero como +esperaba tan poco de él, quedó agradablemente sorprendido al ver que iba +saliendo del paso. Se discutía la cuestión social. Mendoza repitió todos +los lugares comunes que se encuentran en los manuales de Economía +política, manoteando muchísimo, dando cortos paseos por delante de la +silla y pronunciando las palabras con un cierto recalcamiento sonoro, de +suerte que no se perdía una sílaba. Las condiciones externas, la voz, +la figura, le favorecían en extremo. En su discurso citó infinitas veces +los nombres de Cobden y la Liga de Mánchester, sobre los cuales se +detenía con particular cariño, tanto que Miguel en una temporada no le +llamó más que «el coaligado de Mánchester.» Algunos de los socios +salieron del salón antes de concluir; la mayoría, no obstante, se quedó +escuchándole con atención. Al terminar le dieron algunos aplausos de +cortesía. Miguel, que estaba pasando un mal rato por el temor de que se +pusiera en ridículo, respiró.</p> + +<p>—Querido Mánchester, has estado bastante bien—le dijo abrazándole. Y +lo creía de buena fe. No podía negarse que Mendoza había progresado +mucho. Pero en el curso de las discusiones menudeó de tal modo los +discursos, que a Miguel llegó a hacersele insoportable tanta vulgaridad +y tan campanudamente dicha, y dejó de entrar a escucharle.</p> + +<p>A fuerza de mucho hablar, Mendoza logró hacerlo con cierta facilidad, y +adquirió pronto el aplomo y los modales de los oradores más célebres, a +los cuales imitaba (en la parte externa, por de contado) +escrupulosamente. Subía y bajaba la voz y la ahuecaba como un consumado +artista; llevaba las manos trémulas al pecho, las agitaba en el aire y +doblaba el espinazo aunque estuviese diciendo cualquier cosa natural y +corriente, sólo porque Castelar y Moreno Nieto lo hacían en los pasajes +patéticos; terminaba muchas veces los períodos con las palabras +«tribunal de la historia», «las leyes indeclinables del progreso» o «la +emancipación de los pueblos», abriendo mucho la <i>e</i> de pueblos, como era +moda entonces. Aunque algunos inteligentes sonreían escuchándole, no +dejó de ser considerado, al cabo, como joven instruido y «de +esperanzas.»</p> + +<p>Una tarde, Brutandor llamó aparte a Miguel, y llevándole a uno de los +rincones del Ateneo, le propuso fundar entre los dos un periódico. Para +ello contaba con una persona que facilitaba el dinero, y con la +protección del general conde de Ríos, que sería su inspirador. Halagole +la idea a nuestro joven viendo en ello un modo de despertar su actividad +dormida y desahogar la mente de porción de ideas que allá le bullían +acerca de los sucesos políticos y de los personajes que en ellos +intervenían. Aceptó, pues, con júbilo, y Mendoza quedó encargado de dar +los pasos necesarios para sacar la autorización, alquilar cuarto, buscar +imprenta, etc. En pocos días quedaron zanjados estos asuntos, y fue +resuelto que un jueves, 1.º de abril, aparecería el primer número de <i>La +Independencia</i>, «diario liberal de la mañana.»</p> + + + +<h3><a name="VIIIb" id="VIIIb"></a>VIII</h3> + + +<p>Después de la aventura del armario, Miguel quiso persuadir a la generala +a que comprase el silencio de la doncella, a fin de no pasar en adelante +un susto parecido. Lucía se opuso resueltamente a ello; no podía ni +quería fiar la llave de su honor a un criado, y hablaba a menudo de +traiciones, anónimos dirigidos al general, cartas interceptadas y otros +cuentos terroríficos que no dejaban de preocupar a Miguel por algunos +momentos. Pero al mismo tiempo se asombraba de que siendo tan públicos +los desvaneos de la dama, hubieran pasado inadvertidos para su marido. +Lo que había de positivo en todo esto, y así lo entendió pronto, era que +la naturaleza de Lucía necesitaba del aliciente del secreto y del +temor. El ansia, la zozobra, los terrores súbitos, las esperas +prolongadas, los momentos supremos de angustia, los esfuerzos de ingenio +para buscar recursos, los rasgos de osadía, el drama, en fin, del amor +perseguido con todo su aparato de misterio y disimulo, le placía +sobremanera. Lo que no fuese temblar, colocar señales en los balcones, +esconder a su amante y estar siempre a dos dedos de ser descubierta, lo +hallaba monótono y fastidioso. ¡Cuántas veces, estando en el lecho a las +altas horas de la noche, se estremecía al escuchar el rumor de un +carruaje! Levantaba vivamente la cabeza, apretaba con las manos +crispadas el brazo de su amante y escuchaba ansiosamente. ¿No podía +venir en él su marido y sorprenderlos? ¡Qué miedo! ¡Qué angustia! Sólo +cuando el coche seguía de largo por delante de la casa haciendo vibrar +los cristales, se calmaba su congoja y volvía a la vida.</p> + +<p>Una nueva aventura muy desagradable, semejante a la del armario, vino a +concluir con la paciencia de Miguel y a darle ánimos para exigir +seriamente de la generala que pusiera a su doncella al corriente de lo +que pasaba.</p> + +<p>Desde la aventura del armario, Miguel, siempre que la doncella venía, se +ocultaba en la alcoba debajo de la cama. Una noche, como de costumbre, +Lucía le mandó que se fuese al escondite para arreglar con Carmen las +cuentas del día. Le parecía esto un excelente medio para disimular y +evitar sospechas. Tiró en seguida de la campanilla, y habiendo acudido +al instante Carmen, se puso con todo sosiego a tomarle la cuenta. Era la +hora de las confidencias domésticas: la doncella, al paso que explicaba +el empleo del dinero, se entretenía a narrar todos los incidentes +insignificantes del día, las nonadas de la casa: hablaba largamente de +las gracias de Chuchú, de sus oportunas contestaciones, comprendiendo +que era el flaco de la señora; se quejaba de algunas groserías del jefe; +contaba con risita burlona que miss Ana había comprado una nueva caja de +polvos de arroz.—¡Bah! ¿para qué querrá esa buena mujer los polvos de +arroz? ¡De todos modos ha de salir a la calle más fea que Picio!—Pasaba +revista a la servidumbre y formulaba juicios y acusaciones. María no se +llevaba bien con el lacayo. El cochero daba muy mala vida a su mujer, el +miércoles la había pegado con la fusta hasta que se cansó.—¡Qué hombres +tan perversos hay! ¿verdad, señorita? Para dar con uno así, más vale +quedar soltera toda la vida.</p> + +<p>La generala procuraba cortar secamente los asuntos y abreviar. Carmen +acudió a la lisonja esta noche para prolongar la conversación.—¡Qué +hermosa estaba la señora con el vestido azul que se había puesto ayer +tarde! La doncella de los Ramírez había oído al señorito decírselo a su +hermana. Todos los colores le venían bien a la señora: ¡pero +particularmente el azul!... ¡Ah, el azul le sentaba como a nadie!</p> + +<p>Lucía se enterneció un instante: preguntó con interés por los +Ramírez.—¿Es verdad que el señorito se marchaba a París uno de estos +días? Un chico feo, pero simpático: cierto día le había oído contar un +sucedido con mucha gracia. Después habló de un vestido que proyectaba +hacerse, en color claro con adornos de terciopelo carmesí; una idea que +se le había ocurrido a ella sin consultar a la modista; estaba segura de +que había de gustar mucho. Pero súbitamente volvió en sí y dijo con +palabra rápida y seca:</p> + +<p>—Vamos, adelante,... el pañuelo de la niña diez y seis, ¿no es eso?</p> + +<p>—Sí, señorita.</p> + +<p>—Son cuarenta y tres... ¿Ha comprado V. el jabón?</p> + +<p>—Nada más que una pastilla... no me acordaba si la señora me había +mandado comprar dos o una...</p> + +<p>—Le había mandado comprar dos; pero no importa... ¿Dónde la ha puesto +V.?</p> + +<p>—En la alcoba, sobre la mesa de noche.</p> + +<p>Al pronunciar estas palabras entró en la alcoba para buscar la +pastilla. Cuando llegó cerca de la mesa, dio un grito de terror.</p> + +<p>Miguel quedó yerto en el fondo de su escondite. La generala, con voz +demudada, preguntó desde fuera:</p> + +<p>—¿Qué es eso, Carmen?</p> + +<p>—¡Señorita... un sombrero de hombre sobre su cama!</p> + +<p>Hubo unos instantes de silencio, durante los cuales el corazón de Miguel +daba saltos terribles. La generala se repuso muy pronto.</p> + +<p>—¿Y por eso se asusta V., tonta?... Revolviendo mi armario, he +tropezado con ese sombrero del señor, que no sé cómo vino a dar a él... +Me estorbaba y lo he sacado... Si V. lo quiere y puede sacar algo de él, +lléveselo... no sirve para nada.</p> + +<p>—Muchísimas gracias, señorita—dijo la doncella, saliendo con el +sombrero en la mano.—Tengo un hermano a quien le servirá tal vez...</p> + +<p>No se habló más del asunto. La generala siguió tomando la cuenta con +calma, el semblante pálido, la voz un poquito alterada.</p> + +<p>Miguel se vio necesitado a salir aquella noche sin sombrero. Esperó un +rato en el portal vecino y se metió en el primer coche de alquiler que +acertó a cruzar.</p> + +<p>Al fin la generala cedió a los deseos, vehementemente expresados por su +amante, y se confió a la doncella. Desde entonces sus entrevistas +fueron fáciles y tranquilas. Carmen les evitaba con arte toda molestia, +les suministraba completa seguridad y sosiego. Con este nuevo orden de +cosas se acomodaba muy bien nuestro héroe; parecía que le habían quitado +un gran peso de los hombros; en realidad compraba antes demasiado caros +los placeres que su amiga le proporcionaba.</p> + +<p>Pero la generala no se avenía tan bien con el sesgo tranquilo y prosaico +que tomaban sus amores; la seguridad, la exactitud de cronómetro de las +citas, el amable sosiego que en ellas disfrutaba, la descorazonaron, +comenzaron a aburrirla, y en sus adentros le pesaba de que Carmen se +hubiese prestado tan gustosa a servirles. Toda la vida había tenido el +flaco de las aventuras; mas a última hora esta afición se había +exacerbado de un modo notable; experimentaba un apetito voraz de lo +extraordinario, como si se le escapase la juventud y no quisiera +terminarla sin un buen golpe. Así que no pudiendo satisfacerlo con +soñadas escenas trágicas, porque Miguel se reía de sus temores, diose a +ejercitar su recalentada imaginación en otra clase de caprichos raros. +Nada podía llevarse a cabo en sus relaciones de un modo normal; era +forzoso adobarlo todo con alguna especia de misterio. En los teatros, +para comunicarle cualquier noticia, pudiendo hablarle sin obstáculo +alguno, prefería emplear un sin número de signos masónicos o señales +misteriosas hechas con el abanico, los guantes, los gemelos o cualquier +otro utensilio, de lo cual resultaba en ocasiones no poca confusión y +perplejidad para Miguel. Las cartas que le escribía iban siempre +firmadas con nombre de varón, <i>Alfredo</i>, como si fuesen de un amigo a +otro; mas no por eso dejaban de venir salpicadas con toda clase de +frases apasionadas: «Te adora con todo su corazón... <i>Alfredo</i>.» +«Querido de mi alma, los minutos lejos de ti se convierten en siglos...» +«Ayer contemplando la luna desde el balcón de mi cuarto me asaltó el +recuerdo del paseo nocturno que hemos dado hace algunos días y sentí +resbalar las lágrimas por mi rostro...» «Te manda un tierno abrazo +apasionado tu <i>Alfredo</i>.» Si las tales cartas se extraviasen darían +mucho que pensar y reír al curioso que con ellas topara.</p> + +<p>Y en verdad que Lucía no las escaseaba: nada le placía tanto como +disolver el ardor de su corazón gastado en renglones interminables. +Había leído muchas novelas y copiaba descaradamente los conceptos +amatorios de más bulto: particularmente Jorge Sand, su novelista +predilecto, le suministraba un cargamento de pensamientos, unas veces +delicados, otras extravagantes, con que sazonar sus inconmensurables +epístolas. Su puntillo consistía en escribirlas muy espirituales, +plagadas de signos de admiración y puntos suspensivos. No pocas veces, +después de pasar con Miguel unas cuantas horas, le mandaba por la +doncella cinco o seis pliegos de letra menuda.</p> + +<p>La fantasía de la generala era todavía más fecunda en la invención de +nuevos y peregrinos placeres. Cierta noche del mes de marzo, en que por +rareza cayó una fuerte nevada sobre Madrid, mirando descender lentamente +los copos por la atmósfera, le vino en apetito el hacer una escursión al +Retiro con Miguel.—¡Qué hermoso debe de estar a estas horas! Veremos la +nieve cuajarse en las calles de arena y formar alfombra. ¡Qué placer +hundir los pies en ella!... ¡Y los árboles! ¿cómo estarán los árboles? +¡Qué lindos!... A mí me encanta la nieve... ¿Te atreves a ir?... ¿A que +no?</p> + +<p>Claro que Miguel no se atrevía y que deploraba en el alma aquel raro +capricho; pero se avergonzaba de confesarlo. Opuso resistencia, aunque +débil; manifestó algunas dudas acerca de si les consentirían la entrada; +habló vagamente de pulmonías, fiebres catarrales, etc. La generala no le +escuchaba; le parecía su proyecto tan original, que por nada dejaría de +ponerlo en obra; era de lo más romancesco que nunca se le hubiera +ocurrido. Miguel aceptó al fin, aunque de mala gana. No obstante, cuando +salieron a la calle y vio que el cielo se iba despejando y que la luna +asomaba ya su disco plateado por los bordes de una nube, no pudo menos +de proferir una exclamación de entusiasmo.</p> + +<p>El Retiro estaba espléndido, arrebujado en su jaique blanco. La +amartelada pareja lo recorrió con extremado gozo, deteniéndose a menudo +para comunicarse sus impresiones. Aquel paisaje, un poco teatral, debía +enajenar de placer a la generala. Caminaba en perpetuo éxtasis, dejando +escapar exclamaciones de asombro, hablando de las dulzuras de la muerte, +del mundo invisible y de las regiones donde el amor es perdurable: nunca +se creyó tan superior, tan por encima del nivel común de la humanidad +como entonces: compadecía sinceramente a los seres vulgares que en +aquellas horas estaban tranquilamente durmiendo y no gozaban como ellos +del mágico efecto de la luna sobre la nieve. Miguel no los compadecía +tanto, sobre todo desde que había estornudado cuatro o cinco veces +seguidas.</p> + +<p>Al ver un rinconcito en que la nieve había cuajado en más abundancia, +circundado de alto seto de rosal donde los árboles dejaban pasar por +entre sus brazos, delgados hilos de luz, la generala se detuvo +sorprendida y cautiva; un pensamiento extravagante cruzó por su cabeza y +una sonrisa entreabrió sus labios. Tomó la mano de Miguel y lo condujo +suavemente hasta el centro de aquel fantástico recinto, y se dejó bañar +un instante por el rayo de la luna. Mil pensamientos poéticos cruzaron +entonces por la imaginación de la dama. ¡Qué desprecio y qué asco le +inspiraba en aquel momento el mundo frívolo que se veía obligada a +habitar! Desde aquel blanco nido inmaculado se debía ascender a las +puras regiones de lo ideal, al país de los ensueños, a vivir y comerciar +con los seres privilegiados, donde la pasión impera sin absurdas trabas +sociales. Sentíase trasfigurada en semi-diosa, sublimada por la pálida +luz que la inundaba y el blanco tapiz que se extendía a sus pies, +divinizada por el enjambre de altas y hermosas ideas que revoloteaban +por su cabeza. La acometió un rapto de apasionada locura, y se colgó +súbitamente al cuello de su amante, cubriéndole de besos: después, como +un pájaro herido de amor, se dejó caer sobre la nieve y obligó a Miguel +a sentarse a su lado: y comenzó a recitar con voz enternecida el poema +que más le había subyugado nunca, <i>Le Lac</i>, de Lamartine. Las manos +enlazadas, juntas las sienes, la mirada húmeda y anhelante, fija en el +disco de la luna, dejáronse arrastrar ambos dulcemente al mundo de las +quimeras deliciosas y se repitieron con acento arrobador lo que mil +veces se habían dicho ya. El blanco manto de armiño conservó su huella +hasta que el sol vino a borrarla.</p> + + + +<h3><a name="IXb" id="IXb"></a>IX</h3> + + +<p>Julita soltó una estrepitosa carcajada, cuyos ecos llegaron hasta el +gabinete de Miguel. «¿De qué se reirá aquella loca?» se preguntó éste +sonriendo también frente al espejo mientras se aderezaba para salir.</p> + +<p>—¡Miguel! ¡Miguel!—gritó su hermana desde el pasillo.—Ven aquí, por +Dios; ¡mira, por tu vida!</p> + +<p>Acudió solícito, y al asomar la cara por el corredor, vio a su primo +Enrique en traje de chulo; chaquetilla corta, faja de seda, camisola +bordada sujeta al cuello por botones de oro, sombrero ancho de fieltro, +pantalón ceñido y bota de charol: el complemento del traje era una vara +en la mano, muy larga, como destinada a conducir pavos.</p> + +<p>Julita se arrimaba a la pared, sujetándose la cintura con las manos para +no desternillarse de risa. Enrique de pie, cerca de la puerta, sonreía +un poco avergonzado. Miguel siguió al instante el ejemplo de su hermana.</p> + +<p>—La cosa no merece tanta risa—concluyó por decir el primo, amostazado.</p> + +<p>Pero ni Julia ni Miguel hicieron caso. Cuando se hubieron sosegado un +poco, vinieron hacia él y le examinaron curiosamente.</p> + +<p>—¿Pero cómo diablo te ha dado la ocurrencia de ponerte así? ¿Te ha +visto tu padre?</p> + +<p>—No: me he ido a vestir a casa de un amigo: tengo allí el traje...</p> + +<p>—Pues si te ve, de fijo le da un ataque. ¿Y a qué asunto te has vestido +hoy de chulo?</p> + +<p>—¡Toma! ¿no sabes que se abre la temporada?</p> + +<p>—¡Ah! ¿hoy hay toros? ¿Mata el Cigarrero?</p> + +<p>—¡Ya lo creo!: después de quince años que no pisa la plaza de Madrid. A +eso venía, a ver si quieres ir conmigo.</p> + +<p>—Hombre—dijo indeciso,—no soy muy aficionado a los toros; pero el +Cigarrero me ha sido simpático... ¿Me traes localidad?</p> + +<p>—Te traigo la contrabarrera de un amigo que está enfermo. A mi lado ya +sabes que no puedes ponerte, porque todas las barreras están abonadas; +pero estamos cerca.</p> + +<p>—¡Ay, llévame, Miguel!—exclamó Julita saltándole al cuello.—Llévame a +los toros.</p> + +<p>—¿Tienes deseo?</p> + +<p>—¡Muy grande! Los toros me encantan.</p> + +<p>—¡Eso, eso!—gritó Enrique entusiasmado. Tú eres española de pura raza. +¡Pisa ese sombrero, chiquita!</p> + +<p>Y lo arrojó al suelo.</p> + +<p>Julita no se anduvo con melindres; tomó la galantería al pie de la letra +y se puso a taconear sobre el infortunado sombrero de tal suerte, que si +Enrique no acude a tiempo se lo hace pedazos.</p> + +<p>—Está visto que contigo no se puede ser galante—dijo de mal humor +mientras lo limpiaba con la manga de la chaqueta.</p> + +<p>Miguel, previo el permiso de su madrastra, mandó al criado por una +carretela a casa de Lázaro y por un palco a la de un revendedor +conocido. Después que madre e hija se vistieron la clásica mantilla y +Miguel cambió la levita y el sombrero de copa por la americana y el +hongo, subieron los cuatro al carruaje.</p> + +<p>Eran las dos y media de la tarde. El sol brillaba en el firmamento sin +que una sola nube asomara por el horizonte a recibir su parternal +caricia. Madrid gozaba del privilegio divino de su cielo sin dirigirle +siquiera una mirada de gratitud, como una sultana a quien las caricias +causan tedio. Al cruzar por la Puerta del Sol, vieron el chorro de su +fuente, despidiendo fúlgidos destellos elevarse por encima del tejado +del Principal. A la entrada de la calle de Alcalá había una larga fila +de ómnibus que una muchedumbre asaltaba anhelante, furiosa, cual si se +tratara de escapar a un grave e inmediato peligro. Pero muy contra lo +que sucede en casos tales, en vez de oponerse los unos a que se +encaramasen los otros, todos se ayudaban con solicitud, mostrando por +anticipado lo que debe ser y lo que será con el tiempo la fraternidad +universal.</p> + +<p>—Eh, buen hombre, que se va V. a caer... Deme V. la mano.—Caballero, +téngame V. por el bastón.—No ponga V. el pie sobre la rueda.—¿Quiere +V. que nos apretemos más? Bueno, hombre, bueno, nos apretaremos.</p> + +<p>Estos gritos se oían en todas partes, viéndose a algunos pobres viejos +por el aire, elevados a la imperial de los ómnibus en brazos de los que +ya estaban en ella. Las caras resplandecían de alegría, lo mismo que el +cielo. La acera de la derecha, donde estaba el despacho de billetes, +veíase cuajada de gente, que discurría por ella en espectativa de que +las localidades bajasen y se pusiesen al alcance de su bolsillo. Un +sinnúmero de coches particulares y de berlinas de punto cubrían más +abajo la ancha carretera, galopando en dirección a la plaza; y al +través de ellos, dejándolos atrás en seguida, corrían desbocados los +ómnibus, mientras los que iban encima, sin miedo a estrellarse, +embriagados por la carrera vertiginosa, saludaban con gritos de alegría +a los que iban dejando en pos de sí. Algunos picadores con sus chaquetas +de brocado y sombreros inmensos galopaban también sobre algún mal +caballo, llevando a las ancas a un amigo, que le abrazaba cariñosamente +para no caerse. Los peones bajaban por las aceras lentamente, en amable +plática, formando apretados y numerosos grupos.</p> + +<p>Una carretela abierta, donde iban toreros, se acercó un instante al +costado de la de Miguel y siguió adelante. Era la del Cigarrero, que +contestó al saludo de Enrique y Miguel con la gravedad afable que le +caracterizaba. El Serranito y Merluza, que iban con él, saludaron con +más expansión.</p> + +<p>—Me brindarás un par, ¿no es verdad, Baldomero?—gritó Enrique.</p> + +<p>—A uté no, que e mu feo: a esa señorita tan remonísima que yeva uté a +la vera—contestó el Serranito.</p> + +<p>Julita se echó a reír, ruborizada.</p> + +<p>En torno de la plaza, donde llegaron en seguida, se agitaba la multitud, +pugnando por entrar; los coches que allí se juntaban producían +disturbios y motines, que los guardias no eran suficientes a reprimir. +Después de dejar a su madrastra y hermana en el palco, Miguel se retiró +con su primo, pretextando que deseaba ver de cerca matar el primer toro +al Cigarrero, y que luego volvería; en realidad, era porque había visto +a la generala Bembo en un palco con la señora del banquero Mendiburu. +Bajó al redondel, y desde allí pudo hacerse notar de ella, y la saludó +ceremoniosamente con el sombrero.</p> + +<p>La arena estaba llena de aficionados; una muchedumbre abigarrada, +compuesta de estudiantes, paletos, chulos, señoritos y soldados, +elegantes unos, otros desarrapados, fraternizando todos y creyendo que +por el mero hecho de hallarse allí, en el terreno del toro, como si +dijéramos, participaban del arrojo y gallardía de los lidiadores. Los +tendidos se iban poblando lentamente, y desde aquí al redondel mediaban +saludos y gritos entre unos y otros, que convertían la plaza en un +mercado. La voz de los vendedores de naranjas salía entre todas las +demás; y las naranjas, cuando alguno las demandaba, volaban rápidas y +certeras de las manos de aquéllos a las del comprador, por encima de las +cabezas. En los tendidos de sombra, los jóvenes lechuguinos charlaban en +voz alta, levantando la cabeza para mirar a las damas de los palcos. En +los de sol, los honrados menestrales se acomodaban en sus asientos, +resueltos a dejarse tostar toda la tarde, y hablaban entre sí de +tauromaquia, muy pagados de ser los verdaderos inteligentes en la plaza. +El júbilo, la alegría nerviosa que comunica la esperanza del placer, +brillaba en todos los ojos.</p> + +<p>Al fin los alguaciles salieron a despejar, y los aficionados del +redondel se fueron retirando hasta dejarlo enteramente libre. Enrique y +Miguel, que habían estado en los patios interiores hablando un momento +con el Cigarrero y su cuadrilla, también fueron a ocupar los respectivos +asientos. El ruido había disminuido bastante; gracias a esto se +percibían los acordes de la charanga de hospicianos, que hasta entonces +no había logrado hacerse escuchar. Los espectadores sacaban los relojes +y dirigían miradas significativas a la presidencia. En esto la charanga +entonó con energía la marcha real; todos los rostros se volvieron al +mirador regio donde apareció la reina Isabel: algunos batieron palmas; +otros dijeron «chis, chis,» porque la atmósfera política estaba entonces +encapotada con ciertos nubarrones que descargaron no mucho tiempo +después. Hecha la señal, al cabo, las cuadrillas entraron en la arena al +son de la marcha de la zarzuela <i>Pan y toros</i>: salían, como de +costumbre, formando tres filas, al frente de cada cual iba el respectivo +espada. Al verlos estalló un prolongado aplauso. Cruzaron la plaza +graves, firmes, acompasados, escuchando la gritería que su aparición +había levantado, con la mayor indiferencia; brillaban sus ricos vestidos +y capellares despidiendo vivos destellos que alegraban la vista.</p> + +<p>—¡Miale, miale el viejo!... Ese es, el de la izquierda... Miale qué +cara tiene... ¡Le zumba el alma a ese tío!.. En España no queda ya quien +reciba toros más que él...</p> + +<p>Toda la atención de la plaza estaba concentrada sobre el Cigarrero, +apesar de que mataban también el Gordo y Lagartijo, que comenzaba +entonces a ser el niño mimado del público. Mas para el aficionado +madrileño, el ver recibir un toro es una de esas ilusiones que jamás se +realizan aunque vivan constantemente en el corazón: <i>aguantar</i> lo hacen +varios toreros; pero <i>recibir</i>, lo que se llama recibir de verdad, no lo +han hecho más que los héroes antiguos del toreo.</p> + +<p>Saludaron con ademán uniforme a la presidencia, y rompieron filas, +tirando las capas de gala a los amigos de los tendidos, que se +encargaron de su custodia con más orgullo que si se tratara del Arca de +la Alianza. El presidente sacó el pañuelo; sonó el clarín; abriose la +puerta del toril: apareció el primer toro. Era un Miura castaño, +chorreao, listón, fino y de hermosa lámina, largo y levantado de cuerna. +Mostrose voluntario y noble en las varas, aguantando seis puyazos de los +picadores de tanda. Pero al llegar a los palos comenzó a defenderse. +Sin embargo, el Serranito le clavó un soberbio par cuarteando con finura +y limpieza, que sorprendió agradablemente al público: en Madrid no +sabían, como en Sevilla, que Baldomero era un chico que daría mucho que +hablar. Merluza se pasó una vez y luego colgó un palo cuarteando +también. Volvió el Serranito a coger los palos, y después de intentar en +vano colgárselos al sesgo, se los puso quebrando con limpieza y +maestría. Hubo un delirio de palmas en la plaza; su figura esbelta y la +singular corrección y delicadeza de sus facciones, cautivaron al +público; las mujeres le clavaban codiciosamente los gemelos; se paseó +triunfante en torno de la plaza recibiendo sonriente el aplauso de los +tendidos.</p> + +<p>Llegó su turno al Cigarrero: avanzó gravemente hacia la presidencia, se +quitó la montera y dijo con voz ronca unas cuantas palabras que nadie +pudo entender; después se fue derecho al toro, que tenía marcadas +tendencias a huirse. Persiguiole infructuosamente algún tiempo en medio +de la curiosidad expectante de la plaza. Por fin, gracias a los +esfuerzos de la cuadrilla, pudo trastearle, y lo hizo bastante ceñido, +dándole algunos pases buenos; el público aplaudió y se las prometió muy +felices. Mas en medio de la faena, el diestro sufrió una colada y perdió +enteramente el aplomo; dio otros tres o cuatro pases sin confianza y +descompuesto; y deprisa y corriendo, sin estar bien cuadrado el animal, +lió el trapo bastante lejos y se tiró a paso de banderillas. La estocada +resultó un <i>bajonazo</i> de lo más malo que nunca se hubiera visto. Es +indescriptible la cólera que se apoderó de los espectadores. Si hubiera +sido otro torero, hubiera pasado con una silba, grande o pequeña; pero +haber concebido la esperanza de ver a un antiguo maestro toreando por el +sistema de Montes y venir a la plaza a presenciar aquella ignominia, +esto ponía fuera de sí a los aficionados. ¡Qué gritería, cielo santo! +¡Qué injurias! ¡Qué lamentos! Parecía que a cada uno le acababan de +robar el honor de su hija.</p> + +<p>—¡Morral, ladrón, gran cochino! ¡Así te ahorquen por los pies! ¿Eres tú +el que recibías los toros? ¡A la cárcel con ese pillo! Señor presidente, +¿para cuándo quiere V. la Guardia civil?</p> + +<p>Y en medio del alboroto, las naranjas, las botellas vacías y hasta +algunas piedras, volaban a la plaza, y por milagro no herían al diestro. +Éste avanzaba, pálido, avergonzado, hacia la presidencia. Al llegar +cerca del tendido donde estaban Enrique y Miguel, una naranja certera le +dio en el rostro y le sacó sangre. Enrique, que ya estaba excitado y +nervioso, no pudo reprimir la indignación, y levantándose gritó a los +que estaban detrás:</p> + +<p>—¿Quién ha sido ese valiente? ¿Ese valiente sin vergüenza?</p> + +<p>—¡Fuera el chulo sietemesino! ¡Que baile!—contestaron desde arriba.</p> + +<p>—¿Se dirige V. a mí?—dijo uno levantándose con arrogancia.</p> + +<p>—Me dirijo al que haya sido.</p> + +<p>—Pues nos veremos las caras al salir.</p> + +<p>—Se la veré a usted para escupírsela—contestó Enrique encolerizado.</p> + +<p>—¡Fuera, fuera! ¡Que se siente ese babieca!—gritaron desde arriba.</p> + +<p>No tuvo más remedio que hacerlo. El Cigarrero sonreía limpiándose la +sangre con el pañuelo. Era una sonrisa tan triste y tan humilde, que a +Miguel se le apretó el corazón y estuvieron a punto de saltársele las +lágrimas.</p> + +<p>Sólo cuando apareció el segundo toro en el ruedo, concluyó del todo la +bronca. Por más que trabajó, hasta no poder más en los quites, el pobre +Cigarrero no consiguió captarse la benevolencia, ni siquiera el perdón +del público. Cuantos esfuerzos hacía, cuantos capotes echaba (y la +justicia obliga a declarar que los echaba con arte), servían de befa y +de irrisión al enfurecido pueblo. El Gordo, en su toro, estuvo como casi +siempre, pasando de muleta con maestría y pinchando bastante mal. +Lagartijo toreó el suyo sobre corto y con frescura, y se metió por +derecho a volapié, dando una buena estocada, pero saliendo trompicado. +Muchos aplausos.</p> + +<p>Llegó el cuarto toro, que correspondía de nuevo al Cigarrero. Era un +Veragua colorado listón, bragado, ojinegro, abierto de cuerna y de buena +estampa, como casi todos los del Duque; un bravo y hermoso animal.</p> + +<p>Merluza le colgó un buen par al cuarteo. El Serranito cogió después los +palos, y en cuanto el público le vio en medio de la plaza, aplaudió.</p> + +<p>—¡Ole tu mare, saleroso!</p> + +<p>Quiso ponerlas cuarteando también, pero se pasó una vez porque el toro +no arrancó. Volvió a cuartear y volvió a pasarse por la misma razón. De +nuevo se fue hacia el toro, y otra vez se pasó. Entonces hubo cierto +movimiento de impaciencia en el público; se oyó un silbido; esta fue la +perdición del pobre mozo. Herido su amor propio, acometió ciego a la res +y quiso clavarle las banderillas a todo trance; el toro, que no se había +movido, le enganchó por debajo del brazo y lo echó al aire. Sonó un +grito de horror en la plaza. Las cuadrillas enteras se arrojaron sobre +el animal, tratando de llevárselo; pero inútilmente. Inútilmente el +Cigarrero brincaba con heroísmo delante de los cuernos, metiéndole el +trapo por los ojos; inútilmente Lagartijo y el Gordo le echaban también +los capotes, exponiéndose a morir; el toro, como si tuviese algún +agravio del infortunado Baldomero, no atendía a nada, y lo recogió otra +vez y otra vez lo tiró al aire. Entonces el Cigarrero, por última +inspiración, soltó la capa, se agarró fuertemente al rabo de la bestia y +comenzó a colearla; dio tantas vueltas, que al fin cayó mareado; el +Gordo la llevó con la capa lejos. En esto el Serranito se había puesto +en pie, sonrió forzadamente al público, como el gladiador que quiere +morir con gracia, se llevó la mano al pecho y cayó de nuevo, soltando +chorros de sangre por las heridas. Dos monos sabios lo recogieron y lo +llevaron a la enfermería; otros corrieron en seguida a tapar la sangre +con arena.</p> + +<p>El presidente, que debía de estar conmovido y alterado como todos los +espectadores, dio la señal de muerte, sin considerar que al toro no se +le habían puesto más que un par de banderillas, y que era peligroso para +el espada que fuese tan entero a la muerte. ¡Aquí fue ella! El público, +que gusta de mostrar buen corazón después que han sucedido las +desgracias, se levantó en masa, volviéndose iracundo contra el +presidente, como si él fuese quien hubiera pegado las cornadas al +Serranito.</p> + +<p>—¡Bárbaro, bárbaro, asesino!</p> + +<p>Agitaban frenéticos los puños y los bastones frente al palco +presidencial, los ojos llameantes, los rostros demudados por la ira. +Nadie respetaba ni se acordaba siquiera de la majestad que estaba a su +lado: se proferían los dicterios más soeces. Pero el presidente, aunque +estuviese arrepentido, y debía de estarlo, a juzgar por la confusión que +se reflejaba en su semblante, ya no podía revocar la orden; su dignidad +se lo impedía. Entonces el público se volvió al Cigarrero, que ya había +cogido los trastos, y le gritó:</p> + +<p>—¡No lo mates, no lo mates! ¡Que lo mate ese asesino!</p> + +<p>El Cigarrero encogió los hombros y se dispuso a ir en busca de la res. +En aquel instante un torero que llegaba corriendo le dijo algo al oído, +y el espada se puso terriblemente pálido. El público comprendió que +había malas noticias del Serranito. Quitose el matador la montera, se +pasó la mano por la frente con abatimiento, se la puso de nuevo y marchó +hacia el toro. Los gritos se apagaron instantáneamente; reinó un +silencio lúgubre en la plaza.</p> + +<p>—¡Ha matado a su hermano! ¡ha matado a su hermano!—se decían los +espectadores al oído.</p> + +<p>Y todos sentían ansiedad inexplicable, una simpatía profunda por el +desgraciado Cigarrero. Éste avanzaba con lentitud, el paso vacilante, +hacia el toro. Pero no se detuvo hasta dejar caer el trapo sobre los +mismos cuernos.</p> + +<p>—¡¡Ole!!—rugió la plaza; volvió a reinar el silencio.</p> + +<p>El toro brincó como si hubiera sentido un acicate, y se revolvió al +instante, furioso. El espada le dio un pase de pecho, superior.</p> + +<p>—¡¡Ole!!—rugió de nuevo la plaza.</p> + +<p>Y otra vez se hizo el silencio.</p> + +<p>Siguieron a éste otros pases naturales y en redondo, dados tan en corto +y con tal maestría, que el público quiso volverse loco. Los pies del +matador apenas se movían ni salían de un círculo estrechísimo; pero este +círculo parecía sagrado e infranqueable; los cuernos del toro pasaban +rozando la chaquetilla del anciano torero sin hacerle el más ligero +daño. Al fin, la fiera, harta de tanto revolverse y acometer sin fruto, +se detuvo jadeante. El toro y el torero se miraron; lió éste el trapo +tranquilamente, se echó el estoque a la cara y citó con el pie para +recibir. Acudió la bestia, furiosa, y se clavó ella misma la espada +hasta la empuñadura. Hubo un grito reprimido de entusiasmo en la plaza. +El toro se quedó un instante inmóvil frente al torero, lanzó un débil +mugido y se dejó caer desplomado sobre los brazos.</p> + +<p>Nadie puede representarse lo que entonces pasó: un delirio, un inmenso +ataque de nervios; diez o doce mil energúmenos gritando con toda la +fuerza de sus pulmones; una nube de cigarros, petacas y sombreros +volando por el aire y tapizando al instante de negro la blanca arena. +Veinte años hacía que no se había visto en la plaza de Madrid la suerte +de recibir, de este modo consumada.</p> + +<p>El Cigarrero dirigió una mirada vaga a los tendidos; se pasó otra vez la +mano por la frente, y dejando caer al suelo la muleta, se echó a correr +como un gamo sin atender a los gritos de entusiasmo, a los llamamientos +que de todos lados le hacían; brincó la barrera y desapareció de la +vista del público.</p> + +<p>Cuando llegó a la enfermería estaban ya allí Enrique y Miguel con el +médico y algunos amigos. El cura acababa de confesar y se disponía a +poner la unción al desdichado Baldomero, que presentaba en el rostro las +señales indefectibles de la muerte. Al entrar su hermano volvió los ojos +hacia él y sonrió con cariño.</p> + +<p>—¿No habrá sío náa, eh?—le preguntó éste con voz alterada y ronca, +queriendo persuadirse de que no era caso de muerte.</p> + +<p>—Poca cosa, Pepe... que me voy ar otro barrio...</p> + +<p>El cura avanzó en aquel instante con los sagrados óleos. Todos los +circunstantes doblaron la rodilla. Reinó silencio aterrador, que sólo +interrumpía el murmullo del clérigo y el estertor del moribundo. Cuando +aquél concluyó, Baldomero dirigió otra sonrisa a su hermano y le tendió +la mano diciendo con trabajo:</p> + +<p>—Mis chiquitine...</p> + +<p>—Pierde cuidiao, Baldomero—repuso el anciano con la voz anudada y +llevándose la mano al corazón.—Tus hijo serán lo mío.</p> + +<p>En aquel instante se oyó un gran vocerío en la plaza. Era la plebe, que +saludaba la entrada del quinto toro.</p> + +<p>El Cigarrero se dejó caer sollozando en los brazos de Miguel.</p> + +<p>—¡Qué tristesa, D. Miguelito del arma, qué tristesa!</p> + + + +<h3><a name="Xb" id="Xb"></a>X</h3> + + +<p>No pocas idas y venidas costó la aparición de <i>La Independencia</i>, +«diario liberal de la mañana.» Nuestro amigo Mendoza por poco pierde la +razón a puro correr por las calles. Desde la imprenta al almacén de +papel, de aquí a la redacción, de la redacción a casa de Ríos, y así +todo el día y parte de la noche. La mayoría de los redactores fue +nombrada por el conde; algunos eran hijos de sus tertulianos asiduos, +otros periodistas famélicos a quienes debía algún suelto laudatorio.</p> + +<p>Por fin apareció el primer número. Grande fue la sorpresa de Miguel al +leer debajo del título otro rengloncito corto que decía: «Director: don +Pedro Mendoza y Pimentel.» No pudo reprimir un sentimiento de +indignación.</p> + +<p>—¿Pero este majadero, qué se habrá llegado a figurar?—murmuró +estrujando el periódico. Y al poco rato, viendo entrar jadeante, +corriéndole el sudor por la frente a Brutandor, se encaró con él +diciéndole:</p> + +<p>—Oyes, Perico, ¿te sientes con fuerzas para dirigirme en las arduas +tareas del periodismo?</p> + +<p>Mendoza se puso colorado y comenzó a balbucir:</p> + +<p>—¡Yo no he sido!... ¡Demasiado sé yo!... El conde se ha empeñado... +Decía que era necesaria una persona... No nos atrevimos a ponerte a ti +por si no querías... De todos modos ya sabes...</p> + +<p>—Bueno, bueno; ya lo sé todo—repuso Miguel con acritud.—Pero estas +cosas, querido Perico, se dicen por si no convienen.</p> + +<p>Así quedó el asunto. En cuanto se le fue el enojo, Miguel se rió de la +<i>gansada</i> de su amigo y no volvió a pensar más en ella. No obstante, se +la hizo pagar con algunas bromas; era la menor venganza que podía tomar.</p> + +<p>—Te participo, amado <i>Mánchester</i>, que si no me das un fósforo, divulgo +el secreto que hace años te tengo guardado—decía sin levantar la cabeza +de las cuartillas que estaba escribiendo.</p> + +<p>Mendoza le daba el fósforo gravemente y se salía evitando en cuanto le +era posible las burlas de su amigo.</p> + +<p>—¿Qué secreto es ese?—le preguntaban riendo los demás redactores.</p> + +<p>—Hice juramento de no revelarlo. Acaso algún día él mismo lo descubra. +Tengan VV. paciencia.</p> + +<p>Y, en efecto, al cabo de algunos meses, habiendo escrito Miguel un +artículo de polémica personal, Mendoza se autorizó el enmendarlo +añadiéndole algunas palabras que produjeron un serio conflicto al +periódico.</p> + +<p>—¿Lo ven VV.?—gritaba encolerizado en medio de la redacción arrojando +el sombrero contra el suelo.—¡Hace tantos años que yo le guardo +fielmente el secreto de que es un animal, y él mismo acaba de revelarlo +ahora!</p> + +<p>—Ya lo sabíamos—apuntó un redactor sonriendo y mirando con recelo a la +puerta.</p> + +<p>—¡Ah! ¿Lo sabía V.?</p> + +<p>—Lo sabíamos todos—dijo otro mirando también a la puerta.—Todos menos +el conde de Ríos.</p> + +<p>—Eso tiene una explicación muy sencilla: consiste en que el conde de +Ríos es más animal que él.</p> + +<p>Los redactores se miraron consternados, y sin decir otra palabra, +bajaron la cabeza y continuaron escribiendo.</p> + +<p>—Oyes, Perico—le decía otra vez,—me parece que esa levita es muy +corta.</p> + +<p>Los compañeros se rieron porque estaba muy lejos de ser cierto.</p> + +<p>—Es bastante larga—contestó Mendoza un poco amostazado.</p> + +<p>—Para cualquier otro mortal no lo dudo, ¡pero para un director!... +Observa, Perico, que tienes contraídos con el público ciertos +compromisos ineludibles.</p> + +<p>La redacción se componía de una sala y gabinete en un cuarto entresuelo +de la calle del Baño. En un principio todo era redacción, mas +paulatinamente y a la sordina, Mendoza se fue quedando solo en el +gabinete. Cierto día apareció sobre la puerta de éste un letrero que +decía: <i>Dirección</i>. Perico se creyó en el caso de dar una explicación a +su amigo.</p> + +<p>—No extrañes lo del letrero, Miguel. Ya comprenderás que tú nada tienes +que ver con eso... Pero los demás... El general me dijo que debía haber +un cuarto reservado... Porque ya sabes... Vienen visitas...</p> + +<p>—Bien, hombre, bien; no te apures, Majagranzas...</p> + +<p>Mendoza, que no había leído el Quijote, no entendió la cruel intención +del mote y quedó muy satisfecho.</p> + +<p>El periódico estaba inspirado, o como empezaba a decirse entonces, era +órgano del general conde de Ríos; pero éste no se dignaba pasar casi +nunca por la redacción: cuando de uvas a brevas lo hacía, nunca dejaba +el conserje de entrar a anunciarlo a los redactores, quienes se +apresuraban a sentarse y a quedarse absortos en su tarea. El único que +seguía como estaba, paseando o fumando, con las manos en los bolsillos, +era Miguel. El general se descubría al entrar, y con afectada +amabilidad, daba las buenas noches.</p> + +<p>—¿Cómo siguen VV., señores?</p> + +<p>Al ver a Miguel en actitud un poco displicente, fruncía levemente las +cejas; pero dominándose en seguida, se apresuraba a saludarle; Miguel le +estrechaba la mano sin ceremonia. Después solía pasar al gabinete con +Mendoza, quien le seguía, embargado por el susto y el respeto. Al poco +rato se oía la voz cascada del general dictando alguna orden o +«echándole una chillería,» como se decía en la redacción.</p> + +<p>—¡Caramba, Mendoza, no me llamen VV. tantas veces ilustre a Serrano! Ya +me tienen VV. de ilustración hasta el cogote.—Dígale V. al encargado de +los teatros que es un adoquín; ayer da un palo al drama de Chamorro, que +es correligionario, y hace unos cuantos días ponía por las nubes una +piececita muy mala de un sobrino de González Bravo... ¡Ah! y que me +tenga cuidado con la Ferni: ya sabe V. que ha cantado en mi casa.—Vamos +a ver, Mendoza, ¿cómo consiente V. que ese Sr. Darwin diga en la sección +de Variedades que el hombre desciende del mono? (Pausa mientras +contesta Mendoza, al cual no se oye.) ¿Traducido, eh? Pues que no +traduzcan tales badajadas... ¡Buen mono estará ese traductor!</p> + +<p>El que se oía llamar de esta suerte, o majadero, o adoquín, se hacía el +desentendido y bajaba aún más la cabeza fingiéndose enteramente +embebecido en su trabajo. Pero alguno de los compañeros tosía +maliciosamente y los demás se echaban a reír. A Mendoza en estos casos +no se le oía el metal de la voz; por manera que desde la sala, parecía +que el general hablaba solo. Pero esto, como ya hemos dicho, sucedía muy +pocas veces: ordinariamente el director iba a tomar órdenes a casa de +aquél dos a tres veces cada día. El General mostraba en la dirección del +periódico la misma saludable energía que siempre le había caracterizado +dentro de los cuarteles. Pero allí, como en éstos, su espíritu +esencialmente analítico se detenía mucho más en los pormenores que en el +conjunto. Un remiendo mal pegado, una correa mal puesta, sacaba de +quicio y encendía la cólera en el pecho del héroe de Torrelodones (así +le llamaba <i>La Independencia</i> un día sí y otro no). Asimismo una noticia +<i>fiambre</i>, un anuncio torcido llevaba a su noble espíritu una turbación +extraña que no era poderoso a reprimir. Mendoza tenía buen cuidado de no +turbarle a menudo. Los artículos, los sueltos no conseguían excitar el +interés del valeroso caudillo, y dejaba a la redacción bastante libertad +en esta materia. En cambio, por nada en el mundo consentiría que se +variase el título de una sección sin consultarle. Algunas veces, por +espontánea y libérrima inspiración, él mismo llegó a cambiarlos. Un día, +después de venir de su casa recibió Mendoza un volante ordenándole, en +términos que no daban lugar a torcidas interpretaciones, que la sección +del periódico titulada <i>Noticias generales</i> llevase por nombre, de allí +en adelante, el de <i>Noticias universales</i>. Apesar de la utilidad +innegable de esta reforma, pues el adjetivo universal es, sin duda, más +comprensivo que general, algún redactor se empeñaba en sostener que los +suscritores, no sólo no la agradecerían, sino que ni siquiera se harían +cargo de ella. El único asunto vedado para los redactores era el sistema +colonial inglés, y todo lo que de él se derivase; el general se +reservaba enteramente esta materia, en la cual era indudablemente +peritísimo; como que había tocado dos veces en la India al ir a +Filipinas. Su punto de vista, en consonancia con la energía de su +carácter, era que para colonizar un país, se hacía indispensable +extirpar a los indígenas; sin extirpación, imposible la colonización. +Este fue el principio que sostuvo en una serie de artículos escritos +«con más bizarría que gramática,» al decir de un colega ministerial. +Por cierto que Ríos se empeñaba en que Mendoza fuese a desafiar al +director; pero no pudo conseguirlo.</p> + +<p>Lo único que se leía con agrado en el periódico, hay que decirlo a +riesgo de herir la susceptibilidad exquisita de algunos redactores, era +la sección de sueltos políticos, que estaba a cargo de Miguel, o +Riverita, como allí se le llamaba. Sin embargo, el general daba +infinitamente más importancia a los artículos de fondo. Los <i>fondos</i> +estaban a cargo de un anciano silencioso, taciturno, viudo, con siete +hijas que se alimentaban y vestían con los cincuenta duros mensuales que +le producían estos <i>fondos</i> a su padre. Iba a la redacción el primero y +salía el último; sus artículos, llenos de cordura, de sensatez, de +prudencia, daban vuelta siempre a los asuntos sin entrar en ellos; el +general encontraba esto más conforme con las reglas de la estrategia, +que el apoderarse del asunto «descubriendo el cuerpo.» Además, tenían la +incalculable ventaja de que comenzaban y terminaban constantemente del +mismo modo, con ligerísimas variantes.</p> + +<p>He aquí el modelo de su estilo:</p> + +<p>«Al estudiar concretamente los importantes problemas que se relacionan +con el fomento de los intereses generales, base de la prosperidad +individual y colectiva, no puede desconocerse, en manera alguna, lo +mucho que en su resolución influye una acción sistemática y continua, +en lo que toca a la administración pública, tan poderosa para remover +los múltiples obstáculos que estorban la marcha próspera de un +determinado país. No es que nosotros desconozcamos que en su esfera +respectiva se precisa el concurso inteligente de todas aquellas otras +entidades, capaces de descubrir las fuentes de riqueza, que son otros +tantos factores del bienestar social, siempre que el trabajo empleado +para obtener el fin propuesto, responda a las exigencias de una razón +ilustrada por las lecciones de la práctica, etc., etc.»</p> + +<p>Cuando vinieron a contar a Miguel que el general decía que los escritos +de Ramos (así se llamaba el viejo de los <i>fondos</i>), tenían más peso que +los suyos, exclamó:</p> + +<p>—¡Claro, por eso no pueden digerirlos más que los avestruces!</p> + + + +<h3><a name="XIb" id="XIb"></a>XI</h3> + + +<p>Llegó el mes de julio. La generala Bembo se fue huyendo del calor a +Biarritz. Miguel no la siguió al instante, porque tenía que llevar a su +madrastra y hermana a Santander; pero convino con ella en ir a pasar el +mes de agosto a Pasajes, donde D. Pablo había tenido el capricho en otro +tiempo de edificar una magnífica casa de campo. En este retiro suave y +campestre contaba la generala imitar la deliciosa égloga de Pablo y +Virginia, y un poquito también, si posible fuera, la pasión libre y +salvaje de Chactas y Atala.</p> + +<p>Después que dejó instalada a su familia y supo que Lucía estaba ya en +Pasajes, se trasladó a este punto en un vapor. Salió de Santander al +rayar el alba: el cielo diáfano, como pocas veces suele verse en +aquella costa; la mar azul y rizada. Corría un viento fresco y ligero, +que ensanchaba el pecho y abofeteaba las mejillas. Subió al puente con +el capitán, que se reía de verle tambalearse y cogerse fuertemente a la +barandilla, y desde allí contempló el espectáculo sublime de levantarse +el sol en el mar. Se levantó como siempre, magnífico, sereno, sin +mostrar temor alguno a los <i>touristes</i>, que le describen en sus cartas a +los periódicos, ni menos a los poetas cursis, que le traen y le llevan y +algunas veces hasta le mandan pararse para que escuche sus simplezas. El +capitán se paseaba con las manos en los bolsillos, sin hacerle maldito +el caso (al sol, no a Miguel), y cuando éste, sin poder contenerse, +soltaba alguna exclamación de entusiasmo, se detenía y le preguntaba con +amabilidad:</p> + +<p>—¿Le gusta a V. el sol?</p> + +<p>—¡Muchísimo!</p> + +<p>El marino sonreía con semblante compasivo, como diciendo: ¡Qué sería el +mundo, si los gustos fuesen iguales! Y en voz alta contestaba:</p> + +<p>—No está mal, no; no está mal el sol...</p> + +<p>Después de transigir de este modo con las flaquezas del prójimo, +emprendía de nuevo su paseo. Y para dar señales más claras aún de su +benevolencia, se detenía de nuevo, sonriente.</p> + +<p>—Ahora por el verano da gusto viajar, ¿verdad? No hace frío ninguno... +Luego se va viendo toda la costa: la mar está como una seda... Cuando se +levante el piloto, le pediremos que toque la guitarra... ¡Ya verá V., ya +verá qué bien la maneja!</p> + +<p>Pero en medio de su discurso se detenía, mirando a la proa, fruncía las +cejas, se inclinaba sobre la barandilla, siempre con las manos en los +bolsillos, y gritaba:</p> + +<p>—¡Babor!</p> + +<p>—Babor—contestaba el timonel desde abajo, como un eco.</p> + +<p>Seguía el capitán un rato con las cejas fruncidas y mirando a la proa; +al cabo volvía a inclinarse y decía:</p> + +<p>—A la vía.</p> + +<p>—Vía—respondía el timonel.</p> + +<p>Entonces se extendían de nuevo los resortes que tenían contraído su +rostro atezado, y volvía a dibujarse en sus labios una sonrisa cándida y +afable.</p> + +<p>—Da gusto oírle tocar las sevillanas; ya verá usted.</p> + +<p>Cuando la tarde declinó pasaron por delante de San Sebastián. Miguel se +esforzaba por ver la boca de la bahía de Pasajes, sin conseguirlo. El +capitán se desesperaba porque no aparecía la lancha del práctico. Al fin +se distinguió como un punto negro allá entre las olas: se acercó al +costado del buque, trepó un hombre con boina prontamente a la obra +muerta, y en seguida al puente, y dijo con acento vizcaíno:</p> + +<p>—Buenas tardes, D. Isidoro y la compañía.</p> + +<p>Llegaron a la boca, que era estrechísima. El práctico, sin perder de +vista la proa del vapor, hablaba alegremente de la romería que acababa +de dejar allá, sobre los altos del pueblo. Entraron por una ría angosta, +entre dos sierras elevadas, y no tardaron en desembocar en la bahía, +que, en realidad, no merecía tal nombre: era una especie de lago, no muy +extenso, rodeado por todas partes de altas montañas y cuya comunicación +con el mar pasaba inadvertida, a no fijarse mucho. La hora en que +entraron era la del crepúsculo. En la bahía, por efecto del abrupto +cordón que la circundaba, había ya poca luz; el sol se había hundido +tiempo hacía por detrás de los montes, y allá en el cielo veíase el +semicírculo de la luna, fino, azulado y puntiagudo: el Héspero hacía +guiños a su lado antes de ocultarse.</p> + +<p>El pueblo se extendía por entrambos lados adosado a la montaña, y sus +casas estaban bañadas por el mar, al cual podían los vecinos salir por +escaleras de piedra. En muchas había también un pequeño terrado o jardín +donde merendaban o departían sosegadamente tomando el fresco, o bailaban +y reían, según el humor y la ocasión. Miguel se enteró por el práctico +de que el pueblo estaba dividido en dos parroquias; la parte de la +derecha se llamaba San Pedro, la de la izquierda San Juan. Enfrente, +bastante más lejos, había un grupo de casas y almacenes nuevamente +edificado, conocido con el nombre de Pasajes ancho, o Ancho solamente.</p> + +<p>El vapor ancló en medio de la bahía hasta el día siguiente. Miguel +estaba sorprendido y enamorado de aquel retiro silencioso y melancólico +que entre las sombras crepusculares tomaba apariencias aún más tristes y +fantásticas. La imaginación comenzó a hablarle un lenguaje suave y +misterioso. Miraba a las casas donde todavía no se percibía luz ninguna, +y se preguntaba:—¿Los que habitan allí, lejos del ruido, encerrados por +esta muralla natural, serán más felices que los que vivimos en la +agitación estruendosa de la corte? ¡Quién sabe! Fijose en una pareja de +jóvenes asomados a la barandilla de un terrado, y no pudo menos de +envidiarlos. Allá en Madrid no se ama, de seguro, como aquí: estamos +solicitados por tantos deseos a la vez, que el corazón no puede +recogerse y vivir en la contemplación feliz del ser que se adora. En +aquel momento no se acordaba para nada de Lucía. Su espíritu, +impresionado primero por la sublime presencia del océano, y ahora por la +dulce poesía de aquel lago, se despegaba con tedio de la vida torcida y +artificiosa que acababa de dejar, de sus placeres mentidos y +pecaminosos, y se unía con cariño al sentimiento de dicha tranquila que +aquel pueblecillo retirado y pintoresco inspiraba.</p> + +<p>Vino a sacarle de su meditación el capitán, que le invitaba a tomar una +copita de ginebra en la cámara: Miguel le manifestó que deseaba saltar a +tierra y buscar posada.</p> + +<p>—Pierda V. cuidado, ahora va a llegar Úrsula.</p> + +<p>—¿Quién es Úrsula?</p> + +<p>—La batelera: ella le llevará a tierra y se la buscará.</p> + +<p>Y, en efecto, al poco rato se acercó al costado del vapor un bote, y +dentro de él una joven que manejaba los remos con singular maestría. En +Pasajes, el servicio de los esquifes que trasportan la gente de un punto +a otro de la bahía está a cargo de mujeres.</p> + +<p>—Buenas tardes, D. Isidoro y la compañía.</p> + +<p>—Ahí te entrego ese señorito, Úrsula. Cuidado lo que haces con él.</p> + +<p>(Aquí el capitán dijo una gran barbaridad, que no es posible repetir.)</p> + +<p>Úrsula sonrió sin escandalizarse.</p> + +<p>—¡Allá él, D. Isidoro, allá él!</p> + +<p>Saltó en el bote nuestro joven, y fue conducido prontamente a la orilla. +Úrsula era una zagala fornida, pobremente trajeada y con unos colores +tan vivos en el rostro, que sorprendieron a Miguel: más adelante +averiguó que bebía mucho aguardiente. Amarró el bote y condujo a su +pasajero por unas toscas escaleras de piedra hasta la calle. Era ésta +bastante angosta y torcida: como domingo, no dejaba de haber alguna +animación en ella; los vecinos estaban sentados a las puertas hablando, +o jugando en las tiendas a la lotería. Al sentir los pasos del +forastero, levantaban el rostro y le examinaban con curiosidad; el que +pregonaba los números también suspendía su canto un instante para +mirarle. En las tabernas, que no eran pocas, se oía mucha algazara. Era +ya casi noche. Úrsula le fue guiando al través de aquella calle larga y +tortuosa, que era la única de la parroquia de San Pedro, hasta una +plazoleta en cuyo centro bailaba un grupo de muchachas. La batelera se +detuvo delante de una casa vieja con escudo sobre la puerta, y se arrimó +a la ventana de la tienda donde había estanquillo. Dijo algunas palabras +en vascuence, y una mujer que había dentro se inclinó para ver a Miguel.</p> + +<p>—No hay inconveniente—contestó en castellano.—¿Viene por mucho tiempo +ese caballero?</p> + +<p>—No sé decir a V., señora—dijo aquél terciando.—Probablemente todo el +mes.</p> + +<p>—Le puedo ofrecer a V. la sala por ahora; pero si viene una familia, +que espero dentro de algunos días, tendrá V. que trasladarse a la +habitación de arriba, que es más chica.</p> + +<p>—No me importa: teniendo un cuarto decente, me basta.</p> + +<p>La mujer con quien hablaba tendría unos cuarenta años de edad; era alta, +corpulenta, y aunque bastante descaecida, todavía conservaba en su +rostro señales de una belleza superior. Vestía un traje modesto de +merino negro, como la mayoría de las que pasan por señoras en los +pueblos chicos. Levantose al oír esto, salió al portal e invitó al joven +a subir con ella. Miguel, antes de hacerlo, despidió a la batelera, +encargándole que le mandasen el equipaje. La sala donde entró era +espaciosa: los muebles, aunque no ricos, parecían decentes.</p> + +<p>—Esta es su habitación, por ahora—dijo doña Rosalía (que así se +llamaba la huéspeda).—Esta es la alcoba. ¿Quiere V. que le traigan luz?</p> + +<p>—Hasta que venga el equipaje no la necesito.</p> + +<p>—Bien, pues dispénseme V.; tengo el estanquillo abandonado.</p> + +<p>Y la matrona salió de la estancia dejándole solo. Después que hubo dado +algunas vueltas por ella y enterádose de su disposición a la escasa luz +que allí había, encendió un cigarro, saliose al corredor y se echó de +bruces sobre la baranda de hierro, poniéndose a contemplar, con ojos +distraídos, el baile de la plazoleta. El grupo de jóvenes bailaba cada +vez con más entusiasmo y cantaba cada vez más alto. La mayor parte de +ellas eran frescas y robustas más que hermosas, pero algunas merecían el +nombre de tales. Los movimientos eran vivos, sueltos, graciosos: el que +más le agradó a Miguel fue uno que consistía en pegar los brazos al +cuerpo y dar vueltas a la danza, saltando a pie juntillas. En torno de +ellas había bastantes mirones, hombres y mujeres. Del grupo de éstas +observó que se destacó una niña y vino a sentarse sola debajo del +corredor donde él se hallaba: la miró un instante, mas no pudiendo verle +la cara, entornó de nuevo los ojos hacia la danza. Al cabo de un rato +percibió vagamente una voz detrás de sí:</p> + +<p>—Oiga—decía la voz. Pero no imaginando que se dirigían a él, siguió en +su cómoda postura.</p> + +<p>—Oiga—repitió la voz un poco más fuerte.</p> + +<p>—¿Eh, quién va?—dijo entonces, volviéndose.</p> + +<p>Entre las sombras de la sala distinguió la figura de la niña que estaba +antes sentada debajo del corredor. Podría contar quince años de edad, y +a lo que logró percibir, tenía una carita redonda y morena, bastante +insignificante, y gastaba el cabello en trenza todavía.</p> + +<p>—Dice mi tía que si quiere V. cenar—manifestó la chica, con voz +temblorosa.</p> + +<p>—Si posible fuera... Tengo algún apetito.—Y como ya deseaba hablar, +añadió, sonriendo con amabilidad:</p> + +<p>—¿No baila V. con las otras jóvenes? La he visto a V. muy solita ahí +debajo del corredor.</p> + +<p>—Nunca bailo—respondió toda confusa la niña, como si le imputasen +alguna falta grave.</p> + +<p>—¿No sabe V.?</p> + +<p>—Sí, señor, sé, pero...</p> + +<p>—Vamos, no le gusta.</p> + +<p>—Antes me gustaba mucho; ahora, no tanto.</p> + +<p>Todo esto lo decía cada vez más acortada, sin dejar caer de los labios +una sonrisa inocente y humilde, que agradó a Miguel. Era lo único que +podía agradarle: el rostro, sin ser feo, nada tenía que pudiese llamar +la atención; además, no lo veía claramente, a causa de la oscuridad en +que la sala se hallaba.</p> + +<p>Cuando dijo las últimas palabras, la niña se retiró precipitadamente. +Miguel la preguntó al desaparecer:</p> + +<p>—¿Cómo se llama V.?</p> + +<p>—Maximina—contestó sin volver la cabeza.</p> + +<p>Trajéronle poco después la cena: la criada era una vieja fea y +avinagrada; limitose a encender una lámpara, poner la mesa, y sobre ella +los manjares, sin pronunciar palabra. Pero al poco rato volvió doña +Rosalía a darle conversación, y sin que él la tirase de la lengua, +soltola tan bién aquella bendita señora, que antes de concluir de cenar +ya sabía Miguel todo lo concerniente a su vida.</p> + +<p>Doña Rosalía estaba casada con un ex-capitán de barco, retirado temprano +del oficio porque el reuma no le permitía navegar. Había hecho algunos +cuartos, pocos; con su rédito, con lo que daba el estanquillo y con lo +que dejaban algunos huéspedes por el verano, vivían modestamente, pero +sin trampas. Tenía seis hijos: el mayor, que contaba diez y nueve años, +estaba empleado en un comercio de San Sebastián; el segundo estudiaba +para piloto en Bilbao; el tercero, Adolfo, lo tenía en casa, un pedazo +de madera que no servía más que para dar disgustos; venían después dos +niñas de ocho y diez años, y por último, un niño de cinco que era, según +todas las señas, el ídolo de sus ojos.</p> + +<p>—¿Y esa chica que ha venido a preguntarme si quería cenar, quién es?</p> + +<p>—Ah, Maximina, ¡pobrecilla! Es mi sobrina; hija de un hermano de +Valentín, mi marido. No conoció a su madre; su padre era el capitán del +<i>Duero</i>, un vapor que V. habrá visto acaso. Ese vapor, yendo hace tres +años para Manila, embarrancó. Mi cuñado, sin considerar si el barco +podía salir o no, se fue corriendo a su camarote, se encerró en él y se +pegó un tiro.</p> + +<p>—¡Qué atrocidad!</p> + +<p>—Era un hombre tan delicado, que al pensar que pudieran echarle a él la +culpa, se le amontonó el juicio y cometió esa locura. El barco en cuanto +alijaron un poco salió, porque según dice Valentín, el bajo era de +arena; el pobre Bonifacio fue el que se quedó allí debajo del agua. +Maximina, por supuesto, no sabe lo del tiro; cree que su padre se murió +en Manila de enfermedad. Como se quedó sola sin padre ni madre, nosotros +la recogimos del colegio donde estaba, y la hemos traído para casa. ¿Qué +íbamos a hacer? Tenemos muchos hijos, y es un sacrificio el que nos +imponemos manteniéndola, vistiéndola y calzándola, pero algo se ha de +hacer por Dios, ¿verdad, D. Miguel? No es mala, no señor, y sabe cuánto +debe agradecer a sus tíos lo que hacen por ella... Pero la pobre sirve +para poco. Es callada, sufrida, no da ninguna mala contestación...</p> + +<p>—¿Qué edad tiene?</p> + +<p>—Quince años; va para diez y seis.</p> + +<p>—Pronto se casará entonces.</p> + +<p>—¡Ay, Dios!—exclamó doña Rosalía con profunda lástima.—Me parece que +están verdes; hoy no se casan las jóvenes hermosas si no tienen dinero, +¿cómo se ha de casar ella no siendo rica ni bonita?</p> + +<p>—Yo no la encuentro fea.</p> + +<p>—¡Ay, Dios! ¡Pobrecilla! Ya comprende que no debe pensar en esas +cosas. Últimamente se ha metido mucho por la iglesia. Confiesa y comulga +todas las semanas, y oye misa siempre que puede. Yo la dejo mientras no +falte a las obligaciones de casa, que como V. sabe, son lo primero. Hace +poco escribió a su tío (porque de palabra no se atrevería) diciéndole +que quería ser monja. Pero para ser monja, D. Miguel, se necesita un +dote, y nosotros no podemos dárselo. Valentín estaba empeñado en +hacérselo de su bolsillo, pero yo me opongo. Cuando las cosas no se +pueden, hay que resignarse. Lo mismo se gana el cielo dentro que fuera +del convento. ¡La pobrecilla lo ha sentido mucho!</p> + +<p>Tanta compasión dio mala espina a Miguel. Cansado de escuchar a su +huéspeda, se levantó, y con pretexto de arreglar el equipaje, se fue +hacia la alcoba. Doña Rosalía al cabo le dejó solo.</p> + +<p>Aquella noche no era fácil ver a la generala. Su casa se hallaba del +otro lado de la bahía, y a tal hora costaría trabajo dar con ella. Por +otra parte, Lucía deseaba que sus visitas fuesen siempre secretas: era +necesario saber en qué forma quería que las hiciera. Determinó, pues, +aguardar hasta el día siguiente.</p> + +<p>Era muy temprano para irse a la cama. Cogió el sombrero y el bastón para +dar una vuelta por el pueblo. Al salir, aún continuaba el baile en la +plazoleta: Maximina se hallaba otra vez sentada en la silla +contemplándolo.</p> + +<p>—Buenas noches, Maximina—dijo nuestro joven acercándose a ella.</p> + +<p>—¡Ay! buenas noches.</p> + +<p>—¿Aún no se ha decidido V. a bailar?</p> + +<p>—No señor.</p> + +<p>—Pues yo sí.</p> + +<p>La niña le miró sorprendida.</p> + +<p>—Pero antes quiero descansar un poco al lado de V. ¿No hay por ahí una +silla?</p> + +<p>—Voy por ella ahora mismo—repuso muy azorada.</p> + +<p>Y entrando en el estanquillo, salió con una que colocó bastante lejos de +la suya. Miguel, con gran desembarazo, las puso juntitas. En cuanto se +sentaron, las muchachas del baile comenzaron a dirigirles miradas de +curiosidad. La noche estaba estrellada, ni clara ni oscura.</p> + +<p>Entabló conversación, hablando del baile, del tiempo, de su viaje; agotó +en un instante todos los lugares comunes. Maximina sonreía con +amabilidad a cuanto decía; pero apenas contestaba más que con +monosílabos, aunque se conocía que hacía esfuerzos por ser más +explícita. Al fin se atrevió a decir:</p> + +<p>—¿No baila V.?</p> + +<p>—Si V. no me hubiese entretenido hasta ahora ya estaría dentro del +corro—contestó poniéndose serio.</p> + +<p>—¡Yo!—exclamó la niña inmutándose.</p> + +<p>—Sí; usted.—Miguel soltó al decirlo una carcajada.—No haga V. caso: +nunca he soñado en bailar; pero menos ahora que me encuentro en tan +agradable compañía.</p> + +<p>La chica estaba tan asustada todavía, que no supo dar las gracias. +Adivinando su inquietud nuestro joven, prescindió de las bromas +habituales en él y comenzó a tratarla con más respeto. Enterose con +amabilidad de los pormenores de su vida y fue poco a poco ganando su +confianza, haciéndola hablar con más desembarazo.</p> + +<p>Pero el baile se había deshecho. Algunas jóvenes se fueron para sus +casas; otras, y con ellas algunos galanes, vinieron a sentarse delante +del estanquillo, para lo cual doña Rosalía les consintió sacar más +sillas y un banco largo. Miguel permaneció sentado junto a Maximina.</p> + +<p>—Saque V. la guitarra, doña Rosalía—dijo una de las muchachas.</p> + +<p>—¿Va a cantar Juanito?</p> + +<p>Juanito era el piloto del vapor donde nuestro joven había llegado. Era +andaluz y muy conocido en Pasajes.</p> + +<p>En cuanto vino la guitarra, comenzó a alegrar la tertulia con playeras, +polos y sevillanas. Miguel, con gran sorpresa de las jóvenes hermosas +que allí había, echándose hacia atrás en la silla, principió a hablar al +oído a Maximina. ¿Qué le decía? Nada; tonterías: que lo estaba pasando +muy agradablemente; que era una chica muy simpática; que se alegraba de +haber venido a parar a su casa, etc. Maximina, más sorprendida que +confusa, escuchaba sonriendo aquella música tan nueva para ella (la de +Miguel, no la del piloto). Nuestro joven pasaba el rato del mejor modo +que podía, esperando la hora de irse a la cama.</p> + +<p>—¿Por qué no se sienta V. al lado de Paulina?—le preguntó la niña.</p> + +<p>—¿Quién es Paulina?</p> + +<p>—Aquella chica tan hermosa que está cerca de la puerta.</p> + +<p>Miguel se inclinó por verla.</p> + +<p>—No la veo bien; parece bonita, en efecto—dijo recostándose otra +vez.—Pero V. también lo es... y muy simpática además.</p> + +<p>—¡Oh, por Dios!—exclamó la niña ruborizándose.</p> + +<p>—¡Vaya si lo es!—replicó Miguel, posando su mano sobre la de ella y +dándole un cariñoso apretón.</p> + +<p>La chica no se movió: ambos guardaron silencio unos instantes.</p> + +<p>—¿Vamos a jugar un poco a las prendas?—dijo una de las jóvenes así +que Juanito hubo terminado su repertorio.</p> + +<p>Comenzó el juego de prendas. Encendieron un fósforo: se lo fueron +entregando unos a otros mediante ciertas palabras que había que +pronunciar en voz alta: pagaba prenda aquel en cuyas manos concluyese o +se apagase. Nuestro joven tomaba poco interés en el juego. Cuando el +fósforo llegó a él bastante disminuido, lo dejó caer sin entregárselo a +Maximina, y pagó prenda.</p> + +<p>—¿Por qué no me lo ha dado?—le preguntó ésta.</p> + +<p>—Porque no quería que V. se quemase.</p> + +<p>Se puso en berlina a los dueños de las prendas; se les mandó decir tres +veces <i>sí</i> y tres veces <i>no</i>; se les hizo contentar a los presentes, +etc., etc. Miguel, mientras duraban estas operaciones, no dejaba de +depositar de vez en cuando algunas palabritas en el oído de Maximina. +Con la osadía del cortesano corrido, llegó a apoderarse de una de sus +manos y a retenerla entre las suyas. Sorprendiose al observar que la +niña no la retiraba. Era una mano de virgen, maciza y fría, un si es no +es grande, pero perfectamente torneada: le hizo recordar las de la +generala, largas y descarnadas y siempre ardorosas. La apretó +tímidamente primero, después con más energía: al cabo la acarició con +cariño, rozándola suavemente por encima. Maximina le dejaba hacer, sin +soñar con retirarla, como si fuese una cosa muy natural. No manifestó +siquiera mayor emoción o inquietud que antes: tan sólo se la quitaba +cuando iba a hacer uso de ella en el juego. ¿Qué será esto? se +preguntaba Miguel todo confuso. ¿Tendrá esta chica ya tanta malicia? +¿Será pura inocencia? Aunque su experiencia le insinuaba lo primero, una +voz interior le decía lo contrario; y atendiendo a ella, contentose con +acariciar tierna y noblemente aquella mano que con tal candidez le +entregaban. La tertulia se deshizo al fin, y nuestro joven se fue +perplejo y caviloso a la cama, proponiéndose observar atentamente a +Maximina en los días siguientes.</p> + + + +<h3><a name="XIIb" id="XIIb"></a>XII</h3> + + +<p>Lo primero que hizo al día siguiente por la mañana fue escribir a Lucía. +«Estoy aquí desde ayer por la tarde. Dime cómo he de arreglarme para +verte.» Salió de casa y fue en busca de Úrsula la batelera.</p> + +<p>Así que dio con ella le preguntó.</p> + +<p>—¿Conoces a la señora del general Bembo?</p> + +<p>—¡Vaya!</p> + +<p>—Pues vas a llevarle esta carta ahora mismo. Aguarda contestación y +vente en seguida. En el muelle te espero.</p> + +<p>Cogió la batelera los remos, atravesó la bahía, amarró el bote y +desapareció allá entre los árboles. Mientras tornaba con la respuesta, +nuestro joven se fue a hacer una visita al capitán del vapor y al +piloto de las <i>peteneras</i>.</p> + +<p>Poco tardó Úrsula en aparecer de nuevo remando con prisa: saliole al +encuentro Miguel así que puso el pie en tierra y recibió de sus manos un +billete perfumado que había metido en el seno.</p> + +<p>Decía así el billete:</p> + +<p>«Querido mío: Una inquietud dulce y misteriosa que ayer noche +experimentó mi corazón me anunciaba sin duda que estabas cerca de mí. No +podemos vernos como antes, porque Carmen se ha quedado en Madrid y no +tengo confianza en los criados. Precisa que tus cartas sean secretas. La +chica que lleva ésta es fiel y reservada: te puede traer en su bote a +las diez de la noche. Al entrar en él debes encender un fósforo; cuando +te halles en medio de la bahía otro, y otro por fin cuando saltes en +tierra del lado de acá. A cada uno de estos fósforos contestaré yo con +la misma señal desde el mirador de casa. Nos reuniremos junto a la tapia +del jardín. Prudencia y discreción. No faltes.</p> + +<p>Tuyo hasta la muerte,</p> + +<p class="r smcap">Alfredo.»</p> + +<p>Al leer la carta no pudo menos de sonreír, diciendo para sus +adentros:—¡Cuándo se le concluirá a esta mujer la manía de las +aventuras!—Concertose después con la batelera para su expedición +nocturna y se despidió de ella recomendándole mucho sigilo.</p> + +<p>Cuando entró de nuevo en la habitación encontró en ella a Maximina, que +estaba acabando de arreglarla, y a su primo Adolfo, un muchacho de trece +a catorce años con grandes cachetes, el cabello corto y erizado y unos +ojos cargados de carne, fieros y desvergonzados. Por algunas palabras +que logró percibir desde el pasillo comprendió que había reyerta entre +los dos primos y adivinó también la causa. Adolfo trataba de curiosear +en el equipaje del huésped y Maximina se oponía a ello. Cuando nuestro +joven entró, ambos quedaron sorprendidos: Maximina en medio de la sala +con la escoba en la mano sonriéndole; Adolfo arrimado a una cómoda +mirándole torvamente.</p> + +<p>—¡Oh, qué trabajadora es Maximina!—dijo Miguel acercándose a ella sin +hacer caso alguno de Adolfo, que le había sido antipático.</p> + +<p>A la luz del día pudo apreciar mejor su figura. Era una morena más +pálida que sonrosada, la nariz pequeña, la boca fresca, la cabeza y la +frente muy bien modeladas, el cabello castaño y los ojos garzos, ni +grandes ni pequeños, más baja que alta, apretadita de carnes y abultada +de formas, revelando en sus movimientos un gran vigor muscular. Nadie +podía llamar hermosa a esta muchacha con justicia, y sin embargo, la +expresión humilde e inocente de sus ojos, la sonrisa constante que +contraía sus labios, la hacían altamente simpática. Llevaba un vestido +de percal claro con un pañuelo de color de rosa, que le tapaba el pecho +y parte de la espalda. Al oír la exclamación de Miguel, contestó con +otra:</p> + +<p>—¡Mucho, sí!</p> + +<p>—Ya lo creo. Tan temprano, y ya me tiene V. arreglado el cuarto.</p> + +<p>—¡Toma, porque se lo ha mandado mi madre!—dijo Adolfo desde un rincón, +con deseo de mortificar a su prima; pero ésta contestó muy naturalmente:</p> + +<p>—Es verdad, me lo ha mandado mi tía en cuanto V. salió.</p> + +<p>—¿Y tú haces tan prontito lo que te mandan como ella?—dijo Miguel +encarándose con el chico.—Entonces serás ya un sabio; porque tus padres +de seguro te mandarán estudiar todos los días.</p> + +<p>Adolfo le echó una mirada recelosa y bajó los ojos sin contestar.</p> + +<p>—He dado una vuelta por el pueblo—siguió el joven dirigiéndose a +Maximina,—y después estuve en el vapor con Juanito.</p> + +<p>—El pueblo es feo—respondió aquélla.—Eso dicen todos los +forasteros...</p> + +<p>—¿Y V. no lo dice?</p> + +<p>—A mí me es igual un pueblo que otro.</p> + +<p>—¿No va V. de vez en cuando a San Sebastián?</p> + +<p>—Casi nunca. Mi tía me lleva cuando hay que traer algún encargo; pero +ida por vuelta. Una vez me llevó mi padre (que en gloria esté) a Bilbao +a pasar unos días... ¡Si supiera V. qué deseos tenía de volverme!</p> + +<p>—¿Pues?</p> + +<p>—Estaba cansada de andar de un sitio para otro... al teatro... al +paseo... a los comercios... Me dolían mucho los pies. Decían que era +porque no estaba acostumbrada.</p> + +<p>—Me ha dicho su tía que ha estado V. educándose en un colegio...</p> + +<p>—Sí, señor, dos años, en un convento de Vergara...</p> + +<p>—¿Y le gustaba a V. estar allí?</p> + +<p>—Muchísimo. Nunca he sido tan feliz como entonces.</p> + +<p>—¿De modo que de buena gana volvería V. con las monjas?</p> + +<p>—¡Oh, ya lo creo!</p> + +<p>—Ella quiere volver y hacerse monja... pero le faltan <i>monises</i>—dijo +el animal de su primo terciando de nuevo en la conversación.</p> + +<p>Aquella salida grosera indignó mucho a Miguel, quien dirigió al chicuelo +una mirada de desprecio. Maximina se había puesto levemente encarnada.</p> + +<p>—No lo crea V... Sí, desearía volver; pero no causando perjuicio a +nadie. Comprendo que ahora, mientras las niñas no sean mayores, mi tía +me necesita...</p> + +<p>—¿Y qué tiene de particular que V. lo desee?—dijo Miguel con +dulzura.—Eso no prueba más que tiene V. un corazón agradecido y +piadoso.</p> + +<p>Maximina se ruborizó entonces hasta las orejas. Adolfo, a quien sin duda +pareció muy mal esta alabanza y quería a todo trance desahogar su +resentimiento, exclamó sonriendo estúpidamente:</p> + +<p>—¡Es una beatona! Se pasa la vida comiendo los santos.</p> + +<p>—Pues ahora no estaba comiendo los santos, sino barriendo—respondió +Miguel.</p> + +<p>—Ya ha estado en la iglesia; comulga los jueves y los domingos y trae +una soga atada al cuerpo. ¿Quiere V. verla?</p> + +<p>Y el gran bárbaro se fue derecho a su prima, con intención sin duda de +abrirla el vestido.</p> + +<p>—¡Estate quieto, Adolfo!—exclamó aquélla, asustada, nerviosa.</p> + +<p>Pero Adolfo no hizo caso y llegó a poner las manos sobre ella. Entonces +la niña, con una fuerza que sorprendió a Miguel, le rechazó haciéndole +tambalear. Adolfo volvió a la carga riendo groseramente.</p> + +<p>—¡Adolfo, que llamo a mi tía!—gritó Maximina, roja como una cereza y +saltándosele las lágrimas, y otra vez le rechazó con brío.</p> + +<p>—Eso no se hace, chico—dijo Miguel queriendo intervenir.</p> + +<p>Pero Adolfo, irritado por la superioridad muscular de su prima, se había +agarrado a ella y forcejeaba por abrirle el vestido, aunque sin +resultado. Miguel le arrancó a viva fuerza y le puso a la puerta de la +sala diciéndole:</p> + +<p>—¡Ya podían tus padres darte un poco mejor educación!</p> + +<p>Cuando volvió hacia Maximina, la halló sollozando, tapándose la cara con +las manos.</p> + +<p>—Vamos, Maximina, serénese V.... eso ya pasó.</p> + +<p>Pero Adolfo, desde el pasillo, empezó a vociferar:</p> + +<p>—Que salga, que salga esa hipócrita... No me marcho de aquí hasta que +le atice unas cuantas <i>piñas</i>.</p> + +<p>A las voces que daba y al ruido que acababan de hacer, subió doña +Rosalía preguntando enojada:</p> + +<p>—¿Pero qué es esto? ¿qué pasa aquí?</p> + +<p>—Nada, señora—contestó Miguel,—que ese muchacho quería abrir el +vestido a Maximina para enseñar una soga que dice que trae.</p> + +<p>—No, madre—gritó Adolfo,—es que ella me pegó, porque la llamé +beatona.</p> + +<p>—Tú te callas, tunante—le dijo la madre encolerizada, aplicándole al +mismo tiempo una soberbia bofetada que le enrojeció la mejilla.</p> + +<p>Adolfo se puso a clamar al verdadero Dios. Entonces doña Rosalía, +arrepentida sin duda de haber lastimado a su hijo, se revolvió furiosa +contra Maximina.</p> + +<p>—¡Buena hipocritilla estás tú también! Haces la comedia y lloriqueas, +hasta que consigues que yo le pegue...</p> + +<p>Ante aquella injusticia, la pobre niña quedó como aturdida un instante; +en su semblante descompuesto se adivinaban los esfuerzos que hacía para +no romper a llorar a gritos. Dejó escapar un sollozo ahogado, se llevó +la mano al corazón y salió corriendo de la estancia.</p> + +<p>—Vamos; a encerrarse a su cuarto, como siempre—dijo doña Rosalía, +sonriendo irónicamente.</p> + +<p>No obstante, como veía claro que Miguel no aprobaba su conducta y su +propia conciencia tampoco, se esforzó en demostrar que Adolfo era un +muchacho aturdido, pero de un fondo excelente; que Maximina era muy +susceptible, que no sabía aguantar una broma y tratar a su primo como lo +que era... un niño. Por último, allá se fue con él acariciándole y +prometiéndole varias cosas para que se calmase. Miguel quedó tristemente +impresionado por aquella escena.</p> + +<p>Pasó el día vagando de un lado a otro, leyó un poco, escribió otro rato; +al fin llegó la noche. Después que hubo cenado y sufrido media hora a su +locuacísima huéspeda, se dispuso a acudir a la romántica cita que le +había dado la generala. Mientras iba por la calle en busca de la +escalera de piedra donde Úrsula había quedado en esperarle, no podía +menos de reírse del amor que Lucía profesaba al misterio. Después de +todo, puede que tenga razón, concluyó por decirse; si no fuese por estos +granos de pimienta echados sobre nuestras relaciones, la verdad es que +llegarían a ser muy fastidiosas. Halló a Úrsula sentada en las escaleras +dormitando. Al sentir sus pasos se puso en pie vivamente.</p> + +<p>—¿Es V., señorito?</p> + +<p>—Yo soy: ¿tienes ahí el bote?</p> + +<p>—Lo tengo amarrado donde siempre para que no sospechen. Voy a buscarlo +en seguida.</p> + +<p>La batelera bajó a la orilla y por ella se fue rozando el agua hasta +desaparecer enteramente su silueta de la vista de nuestro joven. Pocos +minutos tardó en oír el chapoteo de los remos y en percibir el bulto del +esquife. Así que encalló, se apresuró a saltar en él; pero antes de que +Úrsula lo pusiese otra vez a flote y se alejase de la orilla, tuvo +cuidado de sacar un fósforo y mantenerlo encendido hasta que se +concluyó. En el mismo instante surgió otra luz, allá a lo lejos sobre +la masa oscura de los árboles de la opuesta orilla. La batelera comenzó +a manejar los remos procurando no hacer ruido. El pueblo de Pasajes +reposaba. En los buques surtos en la bahía habíanse apagado ya los +fogones, y los tripulantes se entregaban descuidadamente al sueño. La +noche estaba encapotada y apacible. Aunque avezado a las citas nocturnas +y secretas, la de ahora, por lo original, consiguió interesar a nuestro +joven. No poco contribuyó a ello también el no haber visto a su amante +hacía ya cerca de un mes. Con la separación se había refrescado un poco +el recuerdo de sus fortunas, que en los últimos tiempos habían perdido +para él bastante atractivo. Al llegar al medio de la ensenada, Úrsula le +dijo:</p> + +<p>—Estamos a medio camino, señorito.</p> + +<p>Miguel se puso en pie, encendió otro fósforo y lo mantuvo vivo todo el +tiempo que duró.</p> + +<p>—¿Sabe V., señorito—le dijo Úrsula,—que si hay alguno por ahí en +vela, y nos observa, no sé qué pensará de nosotros?</p> + +<p>—Pensará que somos novios, ¿y qué mal hay en eso?</p> + +<p>—Para V. ninguno. ¡A mí, buena me pondrían!</p> + +<p>En aquel instante surgió otra luz en tierra, pero no ya sobre los +árboles, sino más baja.</p> + +<p>—¡Mire V., mire V. el fosforito!—exclamó con acento malicioso.</p> + +<p>—Rema, rema: a ver si llegamos pronto a la orilla—repuso Miguel.</p> + +<p>Un toque de corneta se dejó oír en el silencio de la noche, claro, +estridente, partiendo del Ancho.</p> + +<p>—¿Qué es eso?—preguntó el joven, asombrado.</p> + +<p>—No sé—contestó la batelera con no menos asombro.</p> + +<p>Otro toque contestó al primero desde la opuesta orilla. Oyéronse después +voces de mando y ruido de pasos a la carrera.</p> + +<p>—Boga, boga de prisa, a ver qué diablos significa ese trajín—dijo +Miguel.</p> + +<p>Úrsula obedeció, y no tardaron muchos minutos en llegar cerca de tierra. +Pero al saltar en ella nuestro joven, un grupo de seis o siete soldados +avanzó hacia él, poniéndole las bocas de los fusiles sobre el pecho.</p> + +<p>—Darse preso todo el mundo.</p> + +<p>Miguel quedó pasmado.</p> + +<p>—¿Pero por qué?...</p> + +<p>—A ver—dijo el sargento, sin escucharle,—uno de vosotros que registre +el bote, y vosotros dos meteos por ahí entre los árboles y pilladme a +los cómplices.</p> + +<p>—¿De qué se trata, señores?—preguntó Miguel, procurando calmarse y +calmar a los carabineros (porque aquellos soldados eran carabineros).</p> + +<p>—Ya lo sabrá V. en la cárcel—contestó el sargento.</p> + +<p>Lo supo antes, por fortuna. Los carabineros, al ver aquellas señales +misteriosas hechas desde la bahía y contestadas en tierra, se figuraron +que se trataba de un alijo de contrabando, y promovieron todo aquel +alboroto. Grandes esfuerzos hizo Miguel para convencerles de que no +había semejante cosa, que iba dando un paseo por placer y nada más. Al +cabo de media hora de discusión, el sargento tuvo que rendirse a la +evidencia, pues no había motivo alguno que confirmase sus sospechas. El +joven madrileño le manifestó que había llegado el día anterior en el +vapor <i>Carmen</i>, que allí estaba, y a cuyo capitán podían preguntar si +era verdad lo que decía: que estaba hospedado en casa de D. Valentín +Vázquez, etc., etc. Después de mucho vacilar, el sargento le permitió +volverse a su casa, aunque acompañado de un carabinero que averiguase si +efectivamente alojaba en la posada que decía.</p> + + + +<h3><a name="XIIIb" id="XIIIb"></a>XIII</h3> + + +<p>Irritado por aquella aventura peligrosa y ridícula, se presentó al día +siguiente en casa de la generala, sin tomar precaución ninguna, y la +manifestó que no quería oír hablar de citas misteriosas. Lucía, que la +noche anterior le había esperado en vano, se condolió extremadamente de +su percance, aunque no pudo menos de reír al oírselo contar. Desde +entonces se vieron todos los días a la hora que a Miguel le placía +visitar el <i>hotel</i> de D. Pablo Bembo.</p> + +<p>El tiempo que estas visitas le dejaban libre aprovechábalo para hacer +excursiones a San Sebastián, trabajar para el periódico o salir a la +pesca con su huésped. Este D. Valentín, antiguo capitán de <i>El Rápido</i>, +bergantín redondo que hacía la carrera de la Habana, era una persona +bastante original. Tendría a lo sumo cincuenta años; era alto y enjuto y +de complexión recia, si no fuese el reumatismo que a largas temporadas +le atormentaba mucho; gastaba el cabello largo y la barba, ya gris, en +forma de cazo. En su vida había visto Miguel, ni pensaba ver, hombre más +silencioso: estuvo una porción de días sin oírle el metal de la voz: +cuando le tropezaba en la calle o en casa, el marino se llevaba la mano +al sombrero y gruñía algo que debía ser «buenos días» o «buenas tardes» +juzgando por hipótesis. En la casa jamás se le oía pedir ni ordenar +nada: parecía una sombra cuando entraba o salía o se sentaba a la mesa a +comer. Con su mujer y con Maximina, más se entendía por gestos que por +palabras: como sus necesidades eran poco complicadas, no costaba gran +trabajo tenerle siempre satisfecho. Si el reuma no le tenía postrado, +salía, casi todos los días, a pescar en un bote de su propiedad: horas y +horas se pasaba el ex-capitán fondeado cerca de tierra, inmóvil, con el +aparejo en la mano, dejándose tostar por el sol y azotar por el aire. A +fuerza de no mantener relaciones más que con los peces, se había +identificado con su naturaleza fría, grave y silenciosa; era un +verdadero derviche del mar, cuya aspiración única parecía consistir en +penetrar más y más en este elemento y fundirse y disolverse al cabo en +él, como una piedra de sal. Por lo demás, en el pueblo era considerado +como un buen vecino y marino muy inteligente.</p> + +<p>Este hombre, que cruzaba por el mundo en zapatillas, fue el compañero +constante de Miguel en sus excursiones marítimas. Claro está que +hablaban poco, casi nada; pero nuestro joven había creído comprender por +gestos, por gruñidos, más que por palabras, que era simpático a D. +Valentín, lo cual podía achacarse a la afición que mostraba a la pesca. +Sobre todo desde cierto día en que enganchó (pura casualidad) una +magnífica robaliza y consiguió meterla a bordo, el ex-capitán le guardó, +aunque tácitas, altas consideraciones. Además, había adivinado también +que el ex-capitán profesaba un afecto vivísimo a su sobrina Maximina, +bien pagado por parte de ésta: ambos se comprendían admirablemente, con +sólo mirarse, y se tributaban todas las pruebas de cariño que podían. Y +digo podían, porque doña Rosalía estaba al tanto de este cariño y no +manifestaba tendencias muy decididas a alentarlo.</p> + +<p>Por todo esto Miguel fue estrechando su amistad con él. Maximina cada +día se mostraba a sus ojos más simpática e interesante. Las personas +candorosas y sinceras tienen la ventaja de no repetirse. Así que, sin +que ella pudiese sospecharlo, al mismo tiempo que le abría su alma para +que hundiese la mirada en ella, iba cautivando la de su joven huésped, +en términos que a éste llegaron a fastidiarle todos en la casa si no +eran Maximina y su tío. Hablaba con aquélla largos ratos aprovechando +los momentos en que venía a arreglar su sala.</p> + +<p>—¿Está V. ocupado, D. Miguel?</p> + +<p>—Ahora voy a dejar la tarea.</p> + +<p>Y mientras salía del cuarto y Maximina se ponía a asearlo, charlaban +alegremente. Miguel la embromaba con el convento: ella se defendía +negando que tuviese por entonces intención de encerrarse en él. Sin +embargo, al través de estas negativas se traslucía que acaso con el +tiempo llegase a realizarlo. Un día poniéndose serio le dijo:</p> + +<p>—No soy partidario de los conventos. Las virtudes más hermosas de la +religión cristiana, que son la caridad y el sacrificio por los demás, no +pueden practicarse sino en medio de la sociedad. ¿Para qué sirven todas +las que una joven llega a adquirir si han de quedar encerradas entre +cuatro paredes; si el mundo no se ha de aprovechar de ellas jamás? Las +únicas monjas a quienes respeto y admiro con todo mi corazón son las +hermanas de la caridad.</p> + +<p>Maximina le miró sorprendida y no contestó. Todo el día estuvo un poco +pensativa.</p> + +<p>Solían reunirse diariamente a la hora del oscurecer algunos jóvenes +delante del estanquillo, aunque no en tanto número como los domingos. +Las noches eran apacibles y calurosas, y la tertulia se prolongaba a +veces hasta las nueve y media o las diez. Miguel se fue acostumbrando a +asistir a ella, dejando las visitas a la generala para otras horas. +Sentábase a menudo al lado de Maximina y se complacía en regalarle el +oído. Si nos preguntasen si creía lo que la iba diciendo, nos sería casi +imposible contestar. Lo único que podemos decir es que no la requebraba +por burlarse, ni aun por pasar el rato: es posible que a fuerza de serle +simpática, la fuese encontrando hermosa. Pero Maximina estaba tan +convencida de lo contrario, que rechazaba las lisonjas del joven con +tanto más empeño cuanto más grata le iba siendo su compañía. Una noche +le dijo con acento suplicante:</p> + +<p>—Por Dios, no me diga V. que soy bonita.</p> + +<p>—¿Por qué?</p> + +<p>—Porque se me figura que está V. haciendo burla de mí, y me causa mucha +pena...</p> + +<p>—Aunque V. no lo fuese, a mí me lo parece, y con esto bastaría; pero ya +que V. se enfada, la llamaré simpática únicamente.</p> + +<p>—Tampoco. No me llame V. nada.</p> + +<p>Las demás muchachas que allí había, todas de más edad que Maximina, les +echaban miradas penetrantes y comenzaban a murmurar de la persistencia +con que el joven forastero se sentaba al lado de aquélla. Los juegos +con que se mataba el tiempo en aquella reunión al aire libre, eran poco +variados: esconder un objeto para que uno de ellos lo hallase, mientras +los demás cantaban, unas veces suave y otras fuerte, según se alejaba o +aproximaba a él: adivinar quién era la persona cuyo retrato fuesen +trazando de palabra los presentes: correr el florón por la cuerda.... +Este juego del florón era el que más agradaba a Miguel: de él conservó +toda su vida un recuerdo vivo y placentero. Consistía en introducir una +sortija por una cuerda y agarrarse a ésta todos los tertulianos formando +corro; uno se quedaba en el medio, y los demás corrían la sortija +disimuladamente gritando:</p> + +<p class="poem"> +<span style="margin-left: 2em;"><i>El florón está en la mano.</i></span><br /> +<span style="margin-left: 3em;"><i>Siga el florón.</i></span><br /> +<span style="margin-left: 3em;"><i>Siga el florón.</i></span><br /> +</p> + +<p>El corifeo hacía una señal: el coro callaba y quedaba inmóvil: si +adivinaba quién tenía la sortija, éste pasaba al centro del corro, y +aquél ocupaba su sitio; si no, volvía a seguir el florón su carrera. +Nuestro joven gozaba con este juego, porque le trasladaba a la infancia, +y acaso también porque al agitar las manos sentía el contacto de las de +Maximina. Muchas veces se reía pensando: ¡Si el conde de Ríos me viera +jugando al florón!</p> + +<p>Al domingo siguiente se bailó, como el día en que él llegara había +prometido a Maximina entrar en el corro si ella bailaba. La niña, +confiando en esta promesa, se decidió a ello, pero el huésped no quiso +cumplir la palabra, y se quedó sentado delante del estanquillo como +simple espectador. La pobre Maximina, defraudada, le miraba con ojos +tristes, dejando adivinar que sin él estaba allí aburrida.</p> + +<p>—Oyes, Lolita—dijo el joven llamando a una de las pequeñas de doña +Rosalía,—ve a decir a Maximina que en cuanto oscurezca un poco más, +bailaré.</p> + +<p>Maximina, al recibir la noticia, se puso alegre. Y, en efecto, cuando +las sombras de la noche invadieron la plazoleta, seguro ya de no llamar +la atención, el forastero se aventuró a tomar parte en el baile. No se +mostró todo lo suelto y airoso que fuera de desear, por lo cual tuvo que +escuchar algunas carcajadas reprimidas; pero las llevó con paciencia, y +a los pocos minutos ya no se fijaba en él nadie... nadie más que +Maximina, que le decía en voz baja:—«Levante V. más los brazos.»—«No +salte V. tanto.» Consejos todos muy oportunos, que el joven iba +siguiendo al pie de la letra. La niña estaba alegre, satisfecha: Miguel +la sacaba a bailar con más frecuencia que a las otras: luego procuraba +colocarse a su lado para tenerla cogida de la mano, que se complacía en +apretar suavemente y acariciar. Después de bailar uno frente a otro, +los jóvenes tenían la costumbre de abrazarse un instante al concluir. +Miguel, aprovechando uno de estos abrazos, y a favor de la oscuridad, +cogió la trenza de Maximina, que colgaba por la espalda con un lazo de +seda en la punta, y la llevó a los labios.</p> + +<p>—¿Qué hace V.?—dijo la niña volviéndose rápidamente.</p> + +<p>—Besar la trenza de su pelo.</p> + +<p>—¿Y por qué hace V. eso?—preguntó con sorpresa.</p> + +<p>—Porque me gusta.</p> + +<p>Maximina bajó los ojos y guardó silencio.</p> + +<p>Poco después, el hijo del brigadier quiso besarle una mano; pero la niña +la bajó con fuerza sin soltarse, y no le fue posible.</p> + +<p>Maximina, desde entonces hasta que el baile se deshizo, se manifestó un +poco más circunspecta, aunque sin dejar de estar cariñosa con su amigo. +Al concluirse y venir los jóvenes a su acostumbrada reunión, dijo que le +dolía un poco la cabeza, y en vez de permanecer en la tertulia, se +retiró. Creyó Miguel, en vista de esto, haberla causado algún disgusto, +y estaba con deseos de hablar con ella. Al día siguiente de madrugada la +halló bordando en el estanquillo. Estaba un poco pálida, y sus ojos, al +levantarlos hacia Miguel, aunque sonrientes, expresaban una suave +melancolía.</p> + +<p>—¿Cómo ha descansado V., Maximina?—la preguntó.</p> + +<p>—No he podido dormir en toda la noche—respondió la niña.</p> + +<p>—¿Pues?</p> + +<p>—No sé... daba vueltas y más vueltas... y nada.</p> + +<p>Miguel sonrió admirando aquella ingenuidad.</p> + +<p>En los días siguientes, a medida que buscaba las ocasiones de hablar con +ella a solas, la niña las evitaba cuidadosamente. Sin embargo, una vez +que doña Rosalía se levantó dejándolos solos en el estanquillo, Miguel +la cogió una mano y casi a viva fuerza se la besó. Maximina se puso +encarnada y no supo más que decir:</p> + +<p>—¡Oh, por Dios!...</p> + +<p>Otra vez le dijo al oído hallándose de tertulia:</p> + +<p>—Tengo que pedir a V. un favor, Maximina.</p> + +<p>—¿Qué es?</p> + +<p>—Que me dé V. un rizo de su pelo.</p> + +<p>La chica levantó los ojos con sorpresa.</p> + +<p>—¿Me lo dará V.?—repitió mirándola atrevidamente.</p> + +<p>Maximina bajó los ojos haciendo una señal afirmativa.</p> + +<p>Pero trascurrió un día y trascurrieron dos, y tres, y no daba señales de +cumplir su promesa. Miguel le preguntaba por señas: ella sonreía sin +contestar. Entonces el joven se hizo el enojado y evitó a su vez el +encontrarse con ella. Maximina comenzó a echarle miradas tristes y +tímidas, que observaba riendo interiormente. Al fin, una noche por +propia iniciativa, aquélla vino a sentarse a su lado. Nuestro joven se +mostró inflexible; no quiso hablar; afectó tomar una parte muy activa en +los juegos de prendas. Entonces la pobre niña dijo con voz débil:</p> + +<p>—Tome V.</p> + +<p>Miguel no la oyó.</p> + +<p>—Tome V.—repitió un poco más alto.</p> + +<p>Al volverse vio que tenía en las manos un papelito blanco. Comprendió +que era el rizo de pelo y lo tomó apretándole al mismo tiempo los dedos +con ternura.</p> + +<p>—Muchas gracias, Maximina—le dijo con acento conmovido.—Es V. muy +buena, y cada día...</p> + +<p>Antes que pudiese concluir, la niña se levantó, entrando en la casa. +Miguel quedó saboreando una dulce felicidad que nunca hasta entonces +había gustado, la de ser querido de aquel modo tan ingenuo y tan puro. +Tenía el corazón henchido de suaves sentimientos; una ternura inefable +invadía su alma, y se dijo: ¿Por qué no he de querer yo a esta niña +también? ¿Por qué no he de decírselo? Agitado por este deseo súbito, se +levantó de la silla y entró en casa con la esperanza de encontrar a +Maximina y expresarle lo que en aquel momento sentía. Recorrió a +oscuras la sala, el comedor y el pasillo, llamándola suavemente; pero no +pudo hallarla. Echó una mirada a la cocina y no vio en ella más que a la +taciturna criada mondando patatas. Se habrá ido a su cuarto, se dijo, y +bajó tristemente la escalera para restituirse a la tertulia; pero al +cruzar por delante de la puerta del estanquillo que estaba a oscuras, se +le ocurrió meter la cabeza dentro y decir:</p> + +<p>—Maximina.</p> + +<p>—¿Qué?—contestó una voz apagada.</p> + +<p>—¡Oh, picarilla! ¿está V. aquí?</p> + +<p>Y se introdujo en la tienda.</p> + +<p>—¿Dónde está V.?</p> + +<p>—Aquí.</p> + +<p>—Deme V. la mano.</p> + +<p>—¿Para qué, para besarla? No quiero; es V. muy malo.</p> + +<p>Miguel soltó una carcajada, reprimiéndola para que no le oyesen fuera.</p> + +<p>—No, criatura; es para saber dónde está V. nada más.</p> + +<p>Se sentó al lado de ella en una silla baja.</p> + +<p>—¿Por qué se ha escapado V. de la tertulia?</p> + +<p>—¿Y V. por qué me anda buscando?</p> + +<p>—Para decirla a V. una cosa.</p> + +<p>—¿Qué es?</p> + +<p>—...Que la voy queriendo a V. mucho—dijo con acento apasionado, +cogiéndola una mano.</p> + +<p>La niña guardó silencio.</p> + +<p>—Y que V. también me va queriendo a mí un poco, ¿no es verdad?</p> + +<p>Tampoco contestó.</p> + +<p>—Vamos, dígame V. que sí... aunque sea mentira.</p> + +<p>—Yo no digo mentiras—manifestó la niña con voz dulce.</p> + +<p>—¿Entonces, no me quiere V.?...</p> + +<p>—Tampoco digo eso.</p> + +<p>Miguel entusiasmado la abrazó.</p> + +<p>—Pues yo te quiero, te quiero por lo hermosa y lo buena que eres...</p> + +<p>Maximina al sentirse en los brazos del joven comenzó a temblar +fuertemente.</p> + +<p>—¡Suélteme V.! ¡por Dios me suelte V.!</p> + +<p>—¿Me quieres tú? ¿me quieres?</p> + +<p>—¡Suélteme V., por Dios!</p> + +<p>—No, sin decirme que me quieres.</p> + +<p>—Pues sí, le quiero, le quiero; ¡suélteme V.!</p> + +<p>El joven la besó con pasión en los labios y la dejó huir a su cuarto. Él +se volvió a la tertulia.</p> + + + +<h3><a name="XIVb" id="XIVb"></a>XIV</h3> + + +<p>Miguel sacó el reloj para mirar la hora.</p> + +<p>—¡Oh qué reloj tan fastidioso!—exclamó la generala apoderándose de él +y metiéndoselo de nuevo en el bolsillo sin permitir que lo +abriese.—Antes, cuando estabas a mi lado no hacías tanto uso de esa +alhaja. De pocos días a esta parte no se te cae de la mano. ¿Qué prisa +tienes? ¿No has venido a Pasajes por mí?... Además, observo que estás +algo distraído; que siempre cruza tu frente una arruga profunda, signo +de graves meditaciones... hasta te encuentro ayer y hoy un poco +ojeroso...</p> + +<p>—¡Vaya, que no traes mal belén con mi fisonomía!—dijo él sonriendo: +bajo esta sonrisa se traslucía la cólera.</p> + +<p>En efecto, la generala exploraba a todas horas el semblante de Miguel +como el marino el del tiempo. Unas veces estaba pálido, otras fatigado, +otras melancólico, otras excesivamente risueño; nunca dejaba de tener +alguna cosa que le llamase la atención. Esta eterna y escrupulosa +inspección le había halagado al principio, después le aburrió un poco, y +últimamente había llegado a irritarle.</p> + +<p>—¡Y te enfadas por eso, ingrato!—exclamó Lucía.—Si observo tu +fisonomía, es que no miro más que a ella; todo lo demás me parece +indiferente... Tu rostro es el libro donde leo mi felicidad o mi +desgracia.</p> + +<p>Aunque ya no le causaban impresión alguna las metáforas amorosas de la +generala, Miguel se dulcificó.</p> + +<p>—No me enfado, Lucía... Si es tu gusto trasformarte en un <i>semáforo</i> y +señalar todas las variaciones que experimento, ¿qué vamos a hacer? Es +una prueba de amor que te agradezco.</p> + +<p>La generala creyó que debía continuar con el mismo tema.</p> + +<p>—No puedes figurarte, Miguel, lo que sufro cuando te veo triste, lo que +gozo cuando estás alegre... ¡Si supieras!... Al través de tu sonrisa veo +yo el mundo risueño, hermoso, pienso que el cielo está siempre azul, el +campo siempre verde y rondoso, y que los hombres son todos felices... +¡Oh, si lo supieras, estoy segura de que sonreirías siempre como ahora +lo haces! ¿No es verdad?... ¡Algunas veces me acometen unos pensamientos +tan tristes! La imaginación excitada por el amor, da muchas vueltas... +¡Si Miguel se muriese! me digo. Esta idea me aniquila, me deja yerta, +como si el cielo se desplomase... Si tú te murieses, ¿qué haría la pobre +Lucía? Morirse también de pena; y si no se moría, peor para ella... No +quiero pensar en eso, Miguel, porque toda me acongojo. Ya no habría +felicidad posible en la tierra: sólo tu recuerdo dulce podría prestarme +algún consuelo en ciertos momentos. ¡Oh, te juro que si te murieses, +guardaría tu imagen en el corazón hasta la hora de mi muerte, y aun más +allá, si posible fuera, vivirías en espíritu conmigo; y todos los días, +todos los días, sin faltar uno, iría a visitarte al cementerio y a dejar +sobre tu sepulcro un puñado de flores...</p> + +<p>La generala había empleado ya muchas veces este recurso, y siempre con +el mismo éxito. A Miguel no le caían en gracia estas ideas lúgubres y +procuraba llevar la conversación hacia otro punto. Esta vez la cortó +levantándose del diván donde ambos estaban sentados y cogiendo el +sombrero. Para paliar un poco el mal efecto de este brusco movimiento, +se acercó sonriente a la dama y la acarició amorosamente la cara.</p> + +<p>—Tengo una carta para el periódico empezada... Necesito terminarla +antes que se vaya el correo. Adiós, amor mío...</p> + +<p>Aquel <i>amor mío</i> fue pronunciado de un modo distraído, rutinario, que +hubiera mortificado a la generala, si no fuese frecuente en ella también +al acariciar de palabra a su amante.</p> + +<p>—¡Qué pronto! Apenas has estado conmigo dos horas.</p> + +<p>—Mañana procuraré estar más tiempo... Hoy no puedo.</p> + +<p>Lucía se levantó también y le echó los brazos al cuello con el mimo de +otras veces. Miguel soportó aquel abrazo y aun hizo esfuerzos por +mostrarse entusiasmado.</p> + +<p>—Aguarda un poco—dijo la generala soltándose y tomando un ramillete +que había sobre la chimenea.—Toma estas flores, ponlas delante de ti +cuando escribas, para que al levantar la cabeza te acuerdes de tu Lucía.</p> + +<p>Miguel cogió el ramo y lo besó maquinalmente, como tenía por costumbre +siempre que la generala le daba algún objeto en recuerdo: luego se +despidió.</p> + +<p>Al salir del <i>challet</i> llevaba el corazón menos oprimido que Romeo al +separarse de Julieta en aquella célebre noche que el lector conocerá +seguramente; pero su paso era cuando menos tan ligero. Quería llegar a +tiempo a la novena de San Ramón Nonnato que se celebraba hacía días en +la iglesia de San Pedro. Allí veía a Maximina, a la cual estaba ligado +por una simpatía irresistible. Y lo que más le entusiasmaba era que ésta +había aceptado sus amores sin aquella reserva que el temor de ser +engañadas obliga a manifestar a las muchachas, cuando un joven de +condición superior se dirige a festejarlas. Maximina fue su novia sin +que tuviese necesidad de vencer escrúpulos y prevenciones que el cálculo +o la malicia introduce en el pensamiento de aquéllas. Le entregó su +corazón con inocencia, como una cosa natural o que no podría ser de otro +modo. Lo único que la había hecho vacilar al principio fue la sorpresa +de que se dirigiese a ella con preferencia a otras jóvenes que pasaban +en el pueblo por mucho más bonitas; una vez convencida de que aquél +tenía el mal gusto de encontrarla bella o al menos simpática, no +consideró poco ni mucho la diferencia de fortuna ni se imaginó que todo +aquello podría ser nada más que un puro y frívolo pasatiempo por parte +del joven forastero. Abrió su espíritu al amor con la inocencia que la +flor abre su cáliz a los rayos del sol. Y aquella niña tímida, +melancólica y reflexiva, en algunos días había experimentado notable +trasfiguración; la alegría que rebosaba de su alma comunicó a su rostro +atractivos que antes no tenía, gracia a sus movimientos, sonoridad a su +risa, brillo a su palabra. Este cambio no pudo pasar inadvertido a +nadie, pero menos a Miguel. Observolo con placer, con el placer del +artista que contempla la obra salida de sus manos; fue un aliciente más +para seguirla enamorando sin calcular las fatales consecuencias que +aquel devaneo honesto podría traer consigo.</p> + +<p>Cuando se hubo alejado de casa de la generala, cerca ya de la orilla +donde Úrsula le aguardaba con su esquife, echó una mirada al ramo que +llevaba en la mano, reflexionó que era grande y molesto para llevar a la +iglesia, y diciendo:—¡A dónde voy yo con esta carga de hierba!—lo +arrojó al suelo, y siguió rápidamente su camino sin más pensar en él. La +novena de San Ramón atraía mucha gente a la iglesia de San Pedro. Era un +templo grande, sucio y tenebroso hasta de día: por la noche, con cuatro +o cinco lámparas de aceite colgadas aquí y allá a largas distancias, +ofrecía un aspecto siniestro. Mas ahora el rosetón de luces que ardía en +torno de la imagen alegraba un círculo muy ancho donde resaltaban las +cabezas de las beatas que se colocaban en primera fila. Miguel +acostumbraba a introducirse en la iglesia por la puerta de la sacristía, +y desde ésta, sacando un poco la cabeza, veía toda la parte iluminada +del templo.</p> + +<p>Maximina y su tía se acomodaban allá enfrente, cerca de un banco para +sentarse en los intervalos de descanso. La niña, penetrada de un vivo +sentimiento religioso, no osaba mirar hacia Miguel; creía profanar la +majestad de la casa de Dios. No obstante, alguna que otra vez, de raro +en raro, se autorizaba el levantar los ojos y clavarle una rápida y +grave mirada, arrepintiéndose inmediatamente de haberlo hecho. A nuestro +joven le hacía gozar más aquella tímida y rapidísima mirada que las +ardientes y prolongadas que otras mujeres más bellas y más vistosas le +habían echado en el curso de su vida.</p> + +<p>Aunque a larga distancia, observó aquella tarde que el semblante de +Maximina no era el mismo de otros días; la melancolía, siempre esparcida +sobre él, se había convertido en profunda tristeza; sus miradas eran más +frecuentes y más largas, y en torno de sus ojos un círculo levemente +encarnado acusaba claramente el llanto vertido. ¿Qué le habrá pasado? se +preguntó con inquietud. ¿La habrá reñido su tía? Y deseó que se +concluyese pronto la novena a fin de enterarse.</p> + +<p>Era noche cerrada cuando salieron de la iglesia. El joven forastero +acostumbraba a esperar a doña Rosalía y su sobrina en el pórtico, +ofrecerles agua bendita y acompañarlas a casa en unión de otras vecinas, +lo cual le permitía emparejarse con su novia y sostener con ella +conversación aparte. Todo esto respiraba un sentimiento idílico, de +suave felicidad, que, como contraste a sus refinados amores cortesanos, +le causaba un gran deleite. Después de haberla dirigido algunas +preguntas insignificantes, a las cuales contestó la niña con dulce y +apagada voz, un poco más apagada que otras veces, la preguntó +bruscamente:</p> + +<p>—¿Qué tienes?... Parece que estás triste y has llorado (la tuteaba en +secreto desde hacía algunos días: ella no se atrevía a hacerlo sino +alguna que otra vez, cuando el joven se lo exigía con vehemencia).</p> + +<p>Maximina siguió caminando en silencio.</p> + +<p>—¿Te ha reñido tu tía?</p> + +<p>—No.</p> + +<p>Volvió a guardar silencio. Al cabo de un instante, acercando más el +rostro, observó que algunas gruesas lágrimas rodaban por sus mejillas.</p> + +<p>—¿Estás llorando?... ¿Por qué?—preguntó con zozobra.</p> + +<p>—No lloro... no es nada—contestó ella levantando hacia él sus ojos +sonrientes, pero nublados por las lágrimas.</p> + +<p>—Lloras, sí, y quiero saber por qué. Me parece que tengo derecho para +ello... si es que me quieres, como dices.</p> + +<p>Todavía le costó algún trabajo arrancarle su secreto. Al fin la niña +desahogó el pecho oprimido y dijo con voz cortada por los sollozos:</p> + +<p>—Hoy han estado en casa Paulina y Segunda y me llevaron a la tienda de +Joaquina antes de venir a la novena... y allí comenzaron a burlarse de +mí... ¡Me dijeron unas cosas tan malas!</p> + +<p>—¿Qué te han dicho?</p> + +<p>—Que V. se estaba riendo de mí y sólo aparentaba quererme por +divertirse un rato... Que cómo podía figurarme yo que un joven rico y +elegante se había de casar conmigo...</p> + +<p>—¿Todo eso te han dicho?—exclamó Miguel con sorda irritación.—¿Nada +más?</p> + +<p>—También me dijeron que V. tenía una novia... una señora que vive ahí +en el camino de Francia, y que la iba V. a ver todos los días... ¡Parece +que vinieron a buscarme apropósito para darme esta puñalada!</p> + +<p>—Pues no te han dicho más que la verdad.</p> + +<p>La niña le miró con ojos suplicantes.</p> + +<p>—Sólo que hay una pequeña dificultad para que esa señora, a quien +visito muchos días, sea mi novia... y es que esa señora está casada.</p> + +<p>Miguel había penetrado perfectamente el alma de la niña: por eso le +presentó esto como una dificultad insuperable. En efecto, Maximina abrió +más los ojos manifestando gran sorpresa; exigió que el joven se lo +jurara, y una vez hecho el juramento, un rayo de alegría iluminó su +semblante.</p> + +<p>—¡Pero qué malas son esas chicas!—exclamó cruzando las manos.—¿No +tendrán miedo que Dios las castigue?</p> + +<p>Miguel se esforzó en persuadirla a que no creyese nada de cuanto la +dijeran acerca de él, le hizo mil protestas sinceras de cariño, y logró +que antes de llegar a casa se disipasen las nubes que velaban su rostro. +Al llegar, despojose Maximina inmediatamente de la mantilla y se fue a +la cocina, donde nuestro joven la siguió. Era una hora ésta muy ocupada +para la niña: la cena de los chicos y del huésped exigía bastantes +preparativos: la criada se encargaba únicamente del condimento de los +manjares; doña Rosalía de atender al estanquillo. Maximina encendió la +lámpara del comedor y puso el mantel sobre la mesa: Miguel la seguía con +la vista: ella levantaba de vez en cuando la suya y le enviaba una +sonrisa para mostrarle la confianza que tenía en sus palabras y lo feliz +que la había hecho con ellas. Una vez puesta la mesa, volvieron a la +cocina.</p> + +<p>—Hay que limpiar esa vajilla—dijo la criada con el tono agrio que +siempre usaba.</p> + +<p>—¿La ha fregado V. ya?</p> + +<p>—Si no la hubiera fregado, ¿cómo se había de limpiar? ¡Vaya una +salida!</p> + +<p>—No se incomode, Rufa—dijo un poco acortada la niña.</p> + +<p>Y cogiendo un paño, se sentó con calma a secar los platos. Miguel se +sentó cerca de ella.</p> + +<p>—Voy a contarles a VV. un cuento—dijo aquél tomando otro paño y +poniéndose a secar platos también.—Viajando un amigo mío por la China, +hace ya bastantes años, me contó que había llegado por la noche a un +pueblo llamado Cerdópolis. En cuanto estuvo dentro de él, ya no le +extrañó el nombre que tenía; no se veían más que cerdos por todas +partes; en las huertas, en las calles y hasta dentro de las casas; en +fin, no se podía dar un paso sin tropezar con alguno de estos +animaluchos.</p> + +<p>—¡Qué olor habría allí, madre mía!—exclamó Maximina.</p> + +<p>—¡Atroz! me dijo que no se podía respirar. Pues sucedió que fue a +alojarse a casa de uno de los principales del pueblo; pero la mayor +parte de las casas, aun las de los ricos, no tenían más habitaciones que +la cocina y los dormitorios. El dueño le presentó a sus hijas, unas +chicas bastante feas, con los ojos torcidos y los pies muy chiquitos... +en fin, VV. ya habrán visto a algún chino. Parecían amables, y mi amigo +quedó muy satisfecho del recibimiento que le hicieron. No quedó tan +contento de la madre, esposa de nuestro chino. Era una vieja que estaba +al lado del fogón picando cebolla, así como está ahora Rufa.</p> + +<p>Maximina levantó los ojos hacia la cocinera y luego los volvió hacia +Miguel con una expresión entre cándida y maliciosa, sospechando alguna +broma.</p> + +<p>—Cuando mi amigo se dirigió a ella preguntándole cómo estaba de salud, +no le contestó más que ¡hum! sin levantar la cabeza siquiera. Mi amigo +miró con sorpresa al marido y a las hijas, como diciendo: ¿Qué le he +hecho yo a esta señora para que me reciba de este modo? Pero lo mismo él +que ellas, en vez de avergonzarse, levantaron los ojos al cielo, con un +gesto de resignación que le sorprendió todavía más. Se pusieron a cenar, +y mi amigo durante la cena y después de ella trató de captarse las +simpatías, o por lo menos la benevolencia de la señora, prodigándole +muchas atenciones y dirigiéndole a menudo la palabra. Todo fue inútil: +la china contestaba con su gruñido acostumbrado, o a todo más, con algún +monosílabo que revelaba su mal humor. El marido y las hijas se +contentaban con hacer aquel gesto de resignación y dolor, que cada vez +iba maravillando más al viajero. Después de estar algún tiempo de +sobremesa, retirose a descansar. Cuando por la mañana se levantó, +encontró a toda la familia muy triste y como consternada. Les preguntó +en seguida con interés qué les pasaba de malo.</p> + +<p>—¡La pobre madre!—exclamó una de las niñas.</p> + +<p>—¿Qué le ha pasado? ¿Está enferma?—preguntó.</p> + +<p>—Ahí la tiene V.</p> + +<p>—¿Dónde?—dijo mirando a todas partes, sin ver rastro de china.</p> + +<p>—Ahí.</p> + +<p>—¿Pero dónde?</p> + +<p>—Esa marrana que tiene V. delante.</p> + +<p>—¡Cómo!—exclamó mi amigo, creyendo que el chino se había vuelto loco.</p> + +<p>—Sí, señor; ya sabíamos en casa que de esta semana no podía pasar. +Usted, señor, por lo visto, no sabe lo que ocurre en este pueblo...</p> + +<p>El chino le explicó entonces que en aquella villa había una enfermedad, +por desgracia muy común, que se llamaba <i>cerdofalgia</i>, y que consistía +en la trasfiguración del hombre en cerdo. De ahí la inmensa cantidad de +cerdos con que tropezaba en las calles. El primer síntoma de esta +enfermedad era el mal humor: en este primer grado, los enfermos podían +curarse como los tísicos, y al efecto siempre que alguno era atacado, se +empleaban para volverle a la salud mil clase de fiestas y regocijos, en +las cuales tomaba parte toda la familia. Algunos salvaban, pero la +mayoría pasaban al segundo período, llamado «del silencio,» porque +hablaban muy poco: todavía en este grado, salvaba uno que otro. Pero si +desgraciadamente entraban en el período de los «gruñidos,» entonces era +cosa perdida: al cabo de algún tiempo, venía la trasfiguración. Su +señora hacía ya dos meses que estaba en el tercer grado.</p> + +<p>Mi amigo quedó pasmado y comprendió por qué cuando gruñía el ama de casa +hacían todos gestos de resignación.</p> + +<p>Al terminar Miguel su cuento, Maximina hacía esfuerzos sobrehumanos para +contener las carcajadas que se le escapaban de la boca, viendo lo +amoscada que se había puesto Rufa.</p> + +<p>En aquel momento entró doña Rosalía con otra señora de su misma traza. +Miguel al verlas dejó apresuradamente el paño y el plato que tenía en +las manos, para que no le viesen ocupado en tarea tan poco varonil. +Después de cambiar algunas palabras, Maximina, sin darse cuenta de lo +que hacía, le alargó dos platos diciendo:</p> + +<p>—Ya no nos quedan más que siete.</p> + +<p>Pero el joven, avergonzado y con muy mal humor, se los rechazó.</p> + +<p>—Deje V... Deje V. eso.</p> + +<p>La niña ruborizada y confusa exclamó con voz débil:</p> + +<p>—¡Como hasta ahora me había ayudado!...</p> + + + +<h3><a name="XVb" id="XVb"></a>XV</h3> + + +<p>«Mi queridísima hermana:—escribía Miguel a Julia—Me preguntas por qué +permanezco tanto tiempo en este pueblecillo, y supones, infundadamente, +que pasaré la mayor parte en San Sebastián. Asimismo haces algunas +reticencias que me desagradan, porque no están bien en boca ni en pluma +de una niña tan candorosa como tú eres y deseo que sigas siendo. Te has +equivocado en todas tus hipótesis. Permanezco en Pasajes (ya puedes +comenzar a reírte) porque estoy enamorado de la sobrina de mi patrona. +Es una niña (sigue riendo) que no pasa por bonita, ni es gallarda, ni +tiene talento, ni una educación esmerada. Estoy enamorado no sé de qué; +acaso del alma, aunque no lo aseguro. Lo que sí puedo afirmar es que no +hay mujer (exceptuando tú) que me parezca tan linda, tan amable y tan +bien educada. No ha cumplido aún los diez y seis años. ¡Si vieras qué +buena y humilde es! Está tan convencida de su insignificancia, que yo he +hecho como Jesucristo; queriendo ser la última, la elevé a primera. Ha +pasado dos años en un convento de Vergara, y cuando yo llegué, estaba +empeñada en hacerse monja: ahora ya se fue a paseo el monjío. Esto no +quiere decir que no fuese una buena religiosa; Maximina, que así se +llama, en cualquier estado y situación de la vida sería buena, porque +así la hizo Dios. Me paso los ratos como un tonto escuchándola; cuando +narra su vida de colegiala: las nonadas y puerilidades de sus +compañeras, que me cuenta con gran calor, me embelesan lo mismo que la +novela más interesante: conozco ya a todas las hermanas del colegio como +si las hubiera parido: hay una hermana San Onofre, de diez y ocho años, +hermosa, instruida, pero de muy mal genio; en el convento todo el mundo +la temía más que a la superiora; ¡figúrate que a una niña, porque +manifestó asco al vaso de otra, la hizo comer las sobras de todas las +demás en un plato! Hay otra llamada María del Socorro, de la misma edad +que Maximina, muy dulce, muy tímida; cuando las niñas enredaban en su +clase, no teniendo ánimo para reñirlas o castigarlas, se echaba a +llorar. Pero los amores de mi niña eran la hermana San Sulpicio, una +andaluza hermosísima, llena de gracia y atractivo; había cuatro chicas +enamoradas de ella perdidamente; pero la que se llevó la palma y llegó a +ser su favorita al cabo de algún tiempo, fue Maximina; sin embargo, la +hermana, que era un poco coqueta al parecer, se complacía algunas veces +en mortificarla mostrándole gran frialdad o adoptando con ella un +continente severo, hasta que viendo su cara contristada, se echaba a +reír y le tiraba suavemente de una oreja, llamándola tonta. Un día vino +orden de arriba para trasladar a esta hermana a otro convento, y se +marchó secretamente sin despedirse. ¿Quién se lo dice a Maximina? se +preguntaron todas las colegialas. Al fin una, más habladora y peor +intencionada que las otras, se lo comunicó bruscamente: mi niña recibió +un fuerte golpe en el corazón; pero trató de reprimirse, porque le daba +vergüenza estallar en sollozos delante de sus compañeras: este esfuerzo +sobre sí misma le costó caro, porque al poco rato se sintió mal y hubo +que desabrocharle a toda prisa el vestido, para que no se ahogase.</p> + +<p>Oyendo el relato de tales escenas infantiles se pasa el mentecato de tu +hermano sabrosamente el tiempo, y no tiene ganas de volver a Madrid. +¿Querrás creer, querida hermana, que encuentro más sabiduría en las +palabras de Maximina que en los cursos de sistemas coloniales que nos da +en su casa el conde de Ríos? Indudablemente, estoy perdido. Razón tiene +mi tío Bernardo en decir que no seré en la vida nada de provecho.</p> + +<p>Muchos recuerdos a mamá. Salud y Estado Mayor. Un abrazo que casi te +asfixie de tu hermano,</p> + +<p class="r smcap">Miguel.»</p> + +<p>Tres días después la contestación de Julia, que decía así:</p> + +<p>«Mi más querido hermano: Si por mi gusto fuese, no te escribiría hoy, +porque tengo que darte una noticia desagradable; pero mamá lo manda... +y... cartuchera en el cañón, quepa o no quepa. La noticia es que nos +vamos a Madrid en la semana próxima, hacía el miércoles o jueves. Por +consiguiente, ya sabes que debes ponerte en camino cuanto antes. Mucho +siento arrancarte esa felicidad que dices sentir y en la cual no creo. +Toda la vida has sido un pillo de playa, y no te arriendo los tizonazos +que has de llevar en el otro mundo. Esa pobre chica será bien +desgraciada si se fía de tus palabritas de miel; no tardará en ir al +panteón de las víctimas, como Teresa, Paquita, etc., etc. ¡Me avergüenzo +de ser hermana tuya, gran tuno!</p> + +<p>Sabrás como tenemos noticia de que tío Manolo se casa con la viuda de +marras. Ya era tiempo. Lo mismo uno que otro necesitan ponerse +dentadura nueva, porque están algo duritos. Ahí te envío una carta que +por la letra me parece de él: supongo que será dándote parte de la boda.</p> + +<p>El cuerpo de Estado Mayor me manda darte recuerdos. Mamá lo mismo. Yo no +me contento sino con un fuerte mordisco en una oreja: ya sabes que soy +especialista en ese ramo. Avisa cuando sales.</p> + +<p class="r smcap">Julia.»</p> + +<p>Dentro de ésta venía otra carta de D. Manuel Rivera noticiándole su +próximo matrimonio. El antiguo seductor se manifestaba en ella contrito +y con grandes deseos de reformarse en lo tocante a la moral y las +costumbres, y anunciaba en términos concretos que estaba resuelto a +someterse a las leyes generales que rigen los destinos de la humanidad y +la encaminan a lo infinito: hablaba de la necesidad imperiosa que siente +el hombre de tener una compañera «que le ayude a soportar el fardo de la +vida,» de los goces dulces e inefables del hogar doméstico, de los +mutuos sacrificios. Por último, llamaba al Ser Supremo en su auxilio y +le rogaba se dignase bendecir «su pobre choza.»</p> + +<p>Miguel, en vez de enternecerse como debía, se rió mucho leyéndola: mas +al instante quedó triste y cabizbajo al recordar que debía abandonar a +Pasajes dentro de pocos días. La verdad era que lo estaba pasando bien +y que no le halagaba nada tornar de nuevo a la bulliciosa vida de la +corte. Por otra parte, ¡qué sentimiento tan vivo experimentaría la pobre +Maximina! En cuanto a la generala, hacía ya días que había formado +propósito irrevocable de romper con ella, si bien esperaba verse lejos +para llevarlo a cabo; no le acomodaba hacerlo en una entrevista por no +escuchar sus quejas de codorniz romántica.</p> + +<p>En la expresión melancólica y reflexiva de su cara adivinó Maximina que +algo triste le pasaba. Trató de mostrarse entonces más alegre y +habladora que de ordinario, a fin de disipar su mal humor: adivinaba +vagamente que de rechazo iba a caer sobre ella; pero no lo consiguió; +Miguel, contra su costumbre, respondía con gravedad a sus instancias.</p> + +<p>—¿Qué tienes?—le dijo al fin tímidamente.—¿Estás enfadado conmigo?</p> + +<p>—¿Por qué había de estarlo?—contestó sonriendo tristemente.—¿Te +remuerde por algo la conciencia?</p> + +<p>—A mí no... pero...</p> + +<p>Miguel guardó silencio unos instantes: los ojos escrutadores de Maximina +estaban posados con anhelo sobre él.</p> + +<p>—Tengo que darte una mala noticia—dijo al cabo dulcificando cuanto +pudo la voz.</p> + +<p>La niña se puso extremadamente pálida; pero no despegó los labios.</p> + +<p>—Me ha escrito mi hermana para que vaya a reunirme con mamá y con ella +a Santander, y acompañarlas a Madrid.</p> + +<p>Maximina continuó silenciosa, doblando la cabeza sobre el pecho. +Entonces le tocó a nuestro joven observarla con cierta inquietud.</p> + +<p>—No será la última vez que nos veamos, hermosa—dijo +cariñosamente.....—Lo mismo te seguiré queriendo en Madrid, y a la +primera ocasión que se me presente, vendré a hacerte una visita.</p> + +<p>La niña levantó los ojos hacia él esforzándose por sonreír.</p> + +<p>—Ahora que estoy próximo a separarme de ti—siguió diciendo el +joven,—es cuando veo cuánto has penetrado en mi corazón... Parece +mentira que en tan poco tiempo te haya llegado a querer de un modo tan +entrañable... ¿Te pasa a ti lo mismo? ¿Me seguirás queriendo cuando +dejes de verme?</p> + +<p>Maximina movió varias veces la cabeza en señal afirmativa. Conmovido por +aquel silencio, que revelaba mejor que ninguna frase lo que su alma +sentía, el joven le tomó una mano y la llevó suavemente a los labios: +por primera vez desde que se conocieran, ella no hizo resistencia +alguna. Cada vez más embargado por la emoción, Miguel dejó que su alma +se desbordase; la expresó con lenguaje vivo y apasionado cuánto la amaba +y lo feliz que algún día sería uniéndose a ella; la prometió no +olvidarla ni un solo instante, escribirla a menudo y venir a verla en +cuanto le fuese posible.</p> + +<p>La niña se llevó la mano a la frente y dijo con voz alterada:</p> + +<p>—Se me está partiendo la cabeza de dolor...</p> + +<p>En aquel momento entró doña Rosalía en el estanquillo.</p> + +<p>—¡Pobrecita!—exclamó Miguel.—Debe V. acostarse un poco a ver si se le +pasa.....</p> + +<p>—¿Qué; te duele la cabeza?—preguntó la tía.—La canción de +siempre..... Anda ve a recostarte hasta la hora de comer: ya te llevaré +el agua sedativa.</p> + +<p>Maximina subió a su cuarto y doña Rosalía quedó disertando con Miguel, +que apenas la escuchaba. Por la tarde la niña pudo bajar al estanquillo: +tenía el semblante un poco descompuesto. Cuando estuvieron solos, ella +le dijo tímidamente:</p> + +<p>—¿Quieres una cosa que voy a darte?</p> + +<p>—¡Ya lo creo! Cuanto tú me des será para mí sagrado.</p> + +<p>Maximina sacó del bolsillo un crucifijo de plata pendiente de un cordón +y se lo entregó ruborizada diciendo:</p> + +<p>—Este crucifijo me lo regaló la hermana San Sulpicio el día de su +santo: lo traigo colgado al pecho hace tres años sin quitarlo jamás...</p> + +<p>Miguel se lo arrebató con alegría.</p> + +<p>—Precisamente iba yo a pedirte una medallita para colgar al cuello. +¡Cuánto me alegro que te hayas anticipado! Te prometo no separarme de él +ni de día ni de noche... Pero voy a suplicarte un favor... que tú misma +me lo cuelgues.</p> + +<p>Maximina vaciló un instante: al fin tomó de nuevo el crucifijo; Miguel +bajó la cabeza y el Cristo quedó colgado por la parte de fuera del +chaleco.</p> + +<p>—Ahora—dijo él con sonrisa maliciosa—es menester que lo ocultes +debajo de la camisa.</p> + +<p>—No; eso hazlo tú.</p> + +<p>Los dos días que siguieron a esta escena trascurrieron suaves y +melancólicos. Los amantes estaban mucho tiempo juntos, pero se hablaban +poco. Maximina hacía visibles esfuerzos por mostrarse serena. Miguel, +adivinando estos esfuerzos, sentía su amor y su compasión crecer.</p> + +<p>Tomó pasaje en un vapor que debía salir por la tarde. Maximina aquel día +por la mañana se manifestó casi contenta. Sin embargo, estando en +conversación con él en la sala, cuando menos parecía indicarlo la +expresión de su fisonomía, rompió a sollozar fuertemente. Miguel la +acarició y la consoló en los términos mejores que pudo.</p> + +<p>Después que arregló su equipaje, el joven recorrió el pueblo +despidiéndose de los amigos que durante su estancia se había ganado: +próxima ya la hora de partirse y habiendo oído sonar el pito del vapor, +volvió a casa con objeto de despedirse de Maximina. Por más que la buscó +por todas partes no pudo hallarla: nadie sabía dónde se había metido: +doña Rosalía opinó que se habría ido a la iglesia. No es decible lo que +esto disgustó a Miguel, quien después de mandar el equipaje, se fue con +el corazón oprimido hacia el muelle; pero antes se le ocurrió dar una +vuelta por la iglesia. Como el tiempo apuraba, corrió hasta sofocarse; +no vio rastro de Maximina en todo el ámbito del templo. Salió cabizbajo +y llegó al vapor, que estaba pitando terriblemente en espera suya. +Cuando saltó a bordo, el capitán le dijo con malos modos que hacía +quince minutos que aguardaban por él: no le causó ningún efecto la +reprensión. Subió al puente; en el momento de arrancar el buque, +percibió en el balcón corrido de la casa de D. Valentín la figura de la +niña. Echó mano apresuradamente a los gemelos del capitán que colgaban +de la baranda, y pudo ver a su novia llorosa con un pañuelo en la mano +haciéndole señas. Sacó el suyo del bolsillo y contestó lleno de emoción. +La tarde estaba tranquila, el cielo nublado, las aguas de la pequeña +bahía inmóviles y verdosas espejaban confusamente la columna de humo +que el vapor dejaba en pos de sí. Algunas otras figuras humanas se +asomaban a los balcones y terrados al oír los prolongados y furiosos +ronquidos de la máquina.</p> + +<p>En tanto que el barco no salió por la boca estrecha de la bahía, Miguel +no apartó los gemelos de los ojos, dirigiéndolos al balcón donde la +triste Maximina quedaba. Cuando una peña se la ocultó, dejó caer las +manos con dolor: después se limpió las mejillas, que estaban húmedas.</p> + + + +<h3><a name="XVIb" id="XVIb"></a>XVI</h3> + + +<p>Llevaba el corazón tan henchido de amor, de admiración, de entusiasmo, +que Julita se vio necesitada a sufrir a diario, por algún tiempo, las +descripciones que le plugo hacer de la bondad, sencillez e inocencia de +la niña de Pasajes. A las mujeres no les disgusta esta clase de +confidencias: así que, lejos de huirlas, las provocaba, informándose con +deleite de todos los pormenores más o menos pueriles de aquellos amores +idílicos, tan en consonancia con su edad y su sexo.</p> + +<p>Miguel rehusaba enseñarle el retrato. Temía que no le gustase. Después +de muchos ruegos, y anunciando con empeño «que físicamente valía poco,» +lo sacó de una cartera donde lo llevaba.</p> + +<p>—¡Pues no tiene nada de fea!—exclamó Julita.—Al contrario, es una +cara muy simpática...</p> + +<p>A Miguel se le ensanchó el corazón, y se dibujó en sus labios una +sonrisa beata.</p> + +<p>—¿Sabes a quién se parece un poco?... A Clarita Mazón...</p> + +<p>Clarita Mazón era una joven bastante linda. Sin embargo, Miguel no +transigió con el parecido, y hasta se indignó.</p> + +<p>—¡Pero qué enamorado estás, Miguel!—exclamó Julita sonriendo +maliciosamente.—Así me gusta... Ya era tiempo de que la veleta quedase +fija un instante... ¿Sabes que si yo estuviese en la piel de esa niña +las habías de pagar todas juntas?</p> + +<p>—Lo creo—repuso el joven riendo.</p> + +<p>—No te duermas sobre los laureles, pillo, porque en cuanto yo pueda +entenderme con ella, se lo he de aconsejar.</p> + +<p>—No te hará caso.</p> + +<p>—¡Quién sabe! Le haré ver lo que tú eres con esa cara de angelito de +retablo.</p> + +<p>Desde Santander, Miguel telegrafió a Pasajes, dando noticia de su +llegada. Así que saltó del tren en Madrid, puso otro telegrama, y +escribió aquel mismo día. La contestación de Maximina tardó seis en +llegar. La impaciencia que nuestro joven manifestó en estos días hizo +reír mucho a su hermana. Contra su costumbre, aguardaba en casa al +cartero, y hasta le espiaba detrás de los cristales del balcón y le iba +a abrir él mismo la puerta.</p> + +<p>La carta, que al cabo recibió, venía en un sobre pequeño, escrito con +magnífica letra inglesa, la letra que se enseñaba en el convento de +Vergara; su contenido no era largo ni expresivo, pero respiraba modestia +y candor: llamábale en el comienzo «apreciable Miguel» y se despedía +como «segura servidora,» lo cual le hizo reír. En la réplica le dio +bastante matraca con aquella «segura servidora,» y la niña, en las +cartas siguientes, modificó su despedida: el comienzo, o sea el +«apreciable,» ya le costó más trabajo que lo cambiase; al fin, se +aventuró a llamarle «querido Miguel.» Todas las cartas se las leía éste +a su hermana. Julia principió a sentir viva simpatía hacia aquella niña +de menos edad aún que ella. Un día le dio una estampita de su libro de +misa, para que se la enviase de su parte. Maximina, al acusar el recibo, +se manifestó tan conmovida por aquel regalo, que Julia no pudo resistir +al deseo de ponerla una posdata en la carta de su hermano, dándole +cariñosas expresiones. La niña de Pasajes contestó con otra; se +cambiaron después los retratos; por último, al cabo de dos meses, ya se +escribían directamente.</p> + +<p>Por este tiempo el hijo del brigadier había cortado enteramente sus +relaciones con la generala Bembo. No pocos esfuerzos caligráficos le +costó aquel rompimiento: las quejas de la nueva Ariadna venían +diariamente por el correo esparcidas en cinco o seis pliegos de letra +menuda: era necesario contestar a ellas: al fin Teseo se cansó y las +guardó filosóficamente en el bolsillo. Entrado ya el invierno, Ariadna +volvió a Madrid, y no se pasaron quince días sin que la trompeta del +escándalo pregonase sus amores con el secretario de la Embajada +francesa. A Miguel no le maravilló nada este suceso.</p> + +<p>Un día Julita le dijo a boca de jarro:</p> + +<p>—¿Cuándo piensas casarte, Miguel?</p> + +<p>Se puso colorado, y respondió vacilante y confuso:</p> + +<p>—¡Oh, el matrimonio!... Hay que pensarlo con calma.... Es un negocio +muy grave.</p> + +<p>Y cortó repentinamente la conversación, hablando de otra cosa. Julia se +quedó triste y pensativa. Le hizo esta pregunta, porque había observado +que su hermano no menudeaba tanto las cartas a Pasajes como antes. +Empezó a sospechar que se iba cansando, y tembló por la pobre Maximina. +No se dio por vencida, sin embargo. Al cabo de pocos días le cogió en su +cuarto, por la oreja, y le dijo medio en broma medio en veras:</p> + +<p>—No te suelto si no me dices ahora mismo si piensas o no casarte.</p> + +<p>—Pero, chica, ¿a ti que te va ni te viene en eso?—contestó el joven +riendo.</p> + +<p>—Tengo interés por Maximina, porque es mi amiga.</p> + +<p>—¡Si no la conoces!</p> + +<p>—No importa, la quiero ya como si la conociese.</p> + +<p>—¿Tendrías gusto en ser hermana política de la sobrina de una +estanquera?—preguntó el joven con malicia.</p> + +<p>—¡Ya lo creo!—repuso Julia poniéndose seria.—Si es buena y bien +educada, ¿por qué no?...</p> + +<p>—No vayas a pensar que yo me detengo por eso—dijo Miguel, poniéndose +también serio.—He meditado mucho en estos últimos meses acerca de tal +asunto, y al fin no he podido menos de confesarme que no sirvo para +casado. El que ha hecho hasta los veintisiete años la vida independiente +que yo, es muy difícil que pueda acomodarse al orden, a la paz, a la +serie de sacrificios que el matrimonio exige... Y, francamente, para ser +un mal casado, ¿no vale más que permanezca soltero toda la vida?... Por +otra parte, si me caso con esa chica, que no está acostumbrada al trato +de gente ni ha entrado jamás en sociedad alguna, ya comprendes que debo +renunciar en absoluto a mis relaciones y a las antiguas amistades de mi +familia: yo no quiero pisar un salón donde mi mujer no haga buen +papel... Además, Maximina es demasiado niña y demasiado inocente para +dominar a un hombre tan maleado como yo, y para regir una familia...</p> + +<p>Así continuó el hijo del brigadier rebuscando argumentos en su cerebro +para ocultar los verdaderos móviles de su conducta, que eran el tedio y +la vanidad, pasiones asquerosas que la vida cortesana habían despertado +nuevamente en su corazón. Julia no apartaba su mirada escrutadora de él, +lo cual concluyó por turbarle y obligarle a callar. Después de algunos +momentos de silencio, aquélla exclamó moviendo la cabeza con dolor:</p> + +<p>—¡Pobre Maximina!</p> + +<p>Y después de una pausa larga, dijo con energía:</p> + +<p>—Pues mira, Miguel, si no has de casarte con ella, es un pecado grande +que la estés engañando. Debes cuanto antes cortar esas relaciones.</p> + +<p>—Bien; de eso ya hablaremos... Acaso tengas razón... Hasta luego—dijo +poniéndose el sombrero y dándole un beso de despedida.</p> + +<p>Por más que nos duela hablar mal del héroe de nuestra historia, la +verdad nos obliga a confesar que Miguel tuvo la cobardía de cortar sus +relaciones con la niña de Pasajes dejando de escribirla. Al cabo de unos +quince días, su hermana le enseñó una carta que había recibido de ella; +se daba por enterada del desamor de su novio, sin proferir una queja; +disculpaba su conducta manifestando que después de la separación había +reflexionado que ella no podía convenir a un hombre como Miguel; hubiera +deseado, sin embargo, que éste se lo hubiera dicho antes de tenerla +impaciente y triste muchos días; terminaba diciendo que al fin había +conseguido de su tía el permiso para hacerse monja de la caridad.</p> + +<p>Esta carta, donde al través de la firmeza y naturalidad de los +conceptos, se entrevía una mano temblorosa y unos ojos nublados por las +lágrimas, conmovió hondamente a nuestro héroe, y le hubiera conmovido +aún más, hasta el punto quizá de marcharse aquel mismo día a Pasajes +para pedir perdón a Maximina y hacerla su esposa, si desgraciadamente +aquél no fuese un día crítico y terrible de su existencia.</p> + +<p>El periódico del conde de Ríos sostenía frecuentes polémicas con otro +diario conservador titulado <i>La Monarquía</i>. Estas polémicas, un tanto +ásperas, no habían rebasado hasta entonces los lindes de una cortesía +más o menos ambigua. Llegó un punto, no obstante, en que la discusión se +fue agriando en términos que aparecieron en el diario moderado algunos +insultos velados contra el inspirador y los redactores de <i>La +Independencia</i>. Miguel se juzgó en el caso de escribir un artículo +contestando a estas injurias, que fue un verdadero prodigio de +habilidad: devolvíanse con creces todas aquéllas al enemigo, pero de un +modo tan fino y bien encubierto, que era imposible demandar reparación +ante los tribunales, y no era fácil tampoco hallar motivo para un duelo. +El artículo se leyó en la redacción y fue calurosamente aplaudido. Por +desgracia, en esta ocasión fue cuando a Mendoza se le ocurrió descubrir +enteramente aquel secreto que su amigo le tenía guardado hacía años. Al +traerle las pruebas del artículo, se autorizó, sin consultar a nadie, +cambiar uno de sus párrafos metiendo otro de cosecha propia. Por virtud +de esta funesta ocurrencia, lo que era una frase incisiva y bien +meditada, se convirtió en grosero y feroz insulto. En cuanto Miguel, al +leer el periódico por la mañana, se enteró de la modificación, +revolviósele la bilis, comprendiendo que no podía menos de producir +fatales consecuencias; fue a la redacción, y no encontrando a Mendoza, +comenzó a decir en presencia de sus compañeros lo que ya hemos visto en +otro capítulo.</p> + +<p>Todos sus cálculos quedaron confirmados. No se pasaron muchas horas sin +que dos caballeros, padrinos del director de <i>La Monarquía</i>, viniesen a +exigir al de <i>La Independencia</i> una satisfacción personal. Mendoza, +pálido y tembloroso, les contestó que él no era el autor del artículo, y +les prometió que en el número del día siguiente saldría una +rectificación. No faltó quien le pasara recado a Riverita, quien a toda +prisa acudió a la redacción, antes que de ella hubiesen salido aquellos +señores. Así que llegó, deshizo cuanto se había convenido; contestó que +era suyo el escrito, se opuso a publicar ninguna rectificación, y nombró +por padrinos al conde de Ríos y a un compañero llamado Merelo. Después +se volvió a casa, y fue cuando Julita le mostró la carta de Maximina.</p> + +<p>Los padrinos de los contendientes tardaron un día entero y emplearon +toda la saliva de sus gaznates en discutir las condiciones del desafío. +El punto más arduo era el de la elección de armas. El conde de Ríos, +fundándose en que su apadrinado era el retado, creía tener derecho a +elegirlas, y lo sostenía con gran calor. En realidad, hacía mucho +hincapié en este asunto, porque era sabedor de que el periodista +moderado pensaba elegir el sable, no porque lo manejase con gran +destreza, sino porque, dada su estatura y corpulencia, debía llevar +ventaja al adversario. Los padrinos de aquél defendían con igual tesón +su derecho, por ser el ofendido. A las diez de la noche aún no habían +podido arreglarse. En una de sus entrevistas con Ríos, Miguel, cansado +al fin por tanta dilación, le rogó que aceptase cuantas condiciones +quisieran poner los contrarios.</p> + +<p>En virtud de esto, quedó convenido que el duelo se efectuase a sable con +punta. Hora, las siete de la mañana; sitio, la quinta de Vistalegre, en +Carabanchel.</p> + +<p>No fue a dormir a casa: pasó recado a su madrastra, advirtiéndola que +debía velar a un amigo enfermo, a fin de que ni ella ni Julia estuviesen +con cuidado. No salió del casino, donde había estado toda la tarde +esperando el resultado de la discusión de los padrinos. Hasta las dos de +la madrugada jugó al tresillo: cuando la partida se disolvió, estuvo +paseando largo rato por uno de los salones; cansado al fin, se recostó +en un diván, y no tardó muchos minutos en prenderle un sueño pesado y +letárgico. La tensión en que sus nervios habían estado las últimas +horas, había terminado por un enervamiento. Durmió media hora, y, +durante ella, soñó mil disparates: ahora se encontraba en un inmenso +palacio deshabitado, donde cierta sombra, que vio cruzar, le causó un +terror extraño, que jamás había sentido: ahora se iba a batir dentro de +una iglesia con un hombre que no conocía, y que resultaba ser D. +Valentín, el tío de Maximina, el cual, sin saber cómo, se convertía en +gato y se arrojaba sobre él, clavándole las uñas al cuello: después se +vio en medio del mar, flotando como una boya, a merced de las olas, sin +esperanza de que nadie viniese a socorrerle.</p> + +<p>—Señorito, señorito...</p> + +<p>—¡Eh! ¿qué hay?—dijo restregándose los ojos.</p> + +<p>—Vamos a apagar.</p> + +<p>—Bueno... ¿Sabe V. si está en la sala de juego el Sr. Merelo?</p> + +<p>—Me parece que sí, señor.</p> + +<p>Se fue hacia allá y encontró a su amigo ganando bastante dinero. Al +verle entrar, Merelo le dirigió una sonrisa alegre y expansiva; bien +claramente se entendía que en aquel instante no le importaba mucho que +Miguel se fuese a matar. Todavía estuvo en ganancias un largo rato, +hasta que viendo señales de que la suerte se torcía, levantose como +jugador experto y salió de la sala abrazado a su amigo.</p> + +<p>—¿Qué hora es, Miguelillo?</p> + +<p>—Las cinco menos cuarto.</p> + +<p>—¿Hay ánimo, verdad?—le preguntó abrazándole de nuevo con efusión.</p> + +<p>—¡Sí, hombre, sí! Yo tengo ánimo y tú dinero—contestó sonriendo.</p> + +<p>—¿Quieres que vayamos a casa de doña Mariquita a tomar chocolate?</p> + +<p>—Vamos.</p> + +<p>Mientras tomaban el desayuno, Merelo, cada vez más alegre y cariñoso, +habló de muchas cosas con pasmosa lucidez; pero especialmente de +esgrima. Realmente esta era la conversación que venía al caso entonces, +y entendiéndolo así le dio una multitud de consejos encaminados todos a +no dejarse pegar por el director de <i>La Monarquía</i>; antes bien, a +partirle por el medio en la primera ocasión.</p> + +<p>—Nada de fintas, ¿entiendes?... Los golpes han de ser rápidos y +decisivos... Déjale a él que finte cuanto quiera... Tú quieto, sereno, +aplomado... a parar y contestar nada más... Ya caerá en alguna +contestación. ¡Pues no ha de caer!</p> + +<p>Miguel mojaba distraídamente el bizcocho en el chocolate pensando Dios +sabe en qué. Cerca ya de las seis salieron del establecimiento y +enderezaron los pasos hacia la calle de la Reina, donde vivía el general +Ríos. Era noche cerrada todavía. Al llegar vieron el coche a la puerta +en espera ya de su dueño. Pasaron al conde un recado por el lacayo y no +tardó en presentarse envuelto en un gabán de pieles; el lacayo venía +detrás con los sables. Después de saludarse afectuosamente, subieron al +carruaje, y éste comenzó a rodar por las calles silenciosas con áspero +traqueteo.</p> + +<p>Cuando salieron por la puerta de Toledo, comenzaba a rayar el día. Al +llegar a Carabanchel ya estaba claro. Durante el trayecto, el general y +Merelo no cesaron de hablar de política. La mañana despejada. Al apearse +cerca de la regia posesión, hacía un frío intenso: los árboles, +desnudos, tenían su armazón cubierto de escarcha. Por el carruaje que +vieron a la puerta, comprendieron que sus contrarios ya habían llegado, +y en busca de ellos se dirigieron por los hermosos jardines del opulento +banquero. Mucho antes de llegar al paraje designado, vieron sus figuras +negras resaltando sobre el blanco tapiz de la helada. Miguel, que hasta +entonces había dado señales de hallarse inquieto y nervioso, quedó +repentinamente en calma: desde entonces hasta el fin del lance manifestó +una absoluta y extraña serenidad que dejó altamente complacidos a sus +padrinos. Saludaron éstos a los contrarios y al médico, que debía servir +para los dos contendientes según se había convenido: Miguel y el +periodista moderado se hicieron de lejos una leve inclinación de cabeza. +Escogiose el terreno, que fue un camino de arena mejor resguardado que +los otros por dos altos setos de rosal; midiéronse los sables; +despojáronse los adversarios de los gabanes y levitas, quedando con el +chaleco, en gracia del frío que hacía; colocóseles en su sitio con el +sable en la mano: por último, el conde de Ríos, como la persona de más +respeto que allí había, se colocó en el medio, alargó los brazos tomando +con los dedos las puntas de los dos sables y se apartó diciendo con +fuerte entonación:</p> + +<p>—Señores, cumplan VV. con su deber.</p> + +<p>El director de <i>La Monarquía</i> era un mocetón robusto, de treinta y +cuatro a treinta y seis años de edad, cuya figura formaba triste +contraste en aquella ocasión con la delicada y exigua de Rivera. Sin +embargo, a los pocos momentos comprendió éste que no se las había con un +tirador consumado. Miguel había tirado algunas temporadas el sable y el +florete: su contrario no conocía al parecer más que esta última arma; +pues hubo que advertirle por los padrinos que no levantase la mano +izquierda, y la colocase detrás de la espalda. Pero esto mismo le hacía +muy peligroso, porque en vez de hacer uso del filo, alargaba a cada +instante la punta del sable, manteniendo a Miguel fuera de distancia. +Este comenzó a atacar vigorosamente tirando golpes sencillos al brazo, a +la cabeza y al hombro: su contrario, en vez de pararlos, la mayoría de +las veces rompía alargando la punta: de esta suerte, a los tres minutos +la lucha se convirtió en un asalto desordenado de florete. Sin embargo, +el periodista monárquico le tiró impensadamente un golpe a la cabeza; +pero hubo de salirle caro, porque Miguel paró y contestó con tal +rapidez, que si no rompe a tiempo le raja la cara. Desde entonces no +tiró más tajos. La lucha se prolongó cerca de quince minutos sin +resultado. Miguel, que era el que atacaba, se sintió fatigadísimo; +tanto, que lo hizo presente en voz alta, y los padrinos les obligaron a +suspender y les dieron diez minutos de descanso. Durante ellos, Miguel +se vistió el gabán y se fue a fumar un cigarro en un banco con la mayor +tranquilidad, en la apariencia, en realidad muy irritado por aquel +extraño procedimiento de su contrario. Comenzada de nuevo la lucha, +tampoco dio resultado alguno en bastante tiempo, apesar de que Miguel, +cada vez más impaciente, atacaba con furia batiendo para herir el sable +de su adversario; pero éste tenía brazo de hierro, y apenas si conseguía +apartar la punta un instante. A los ocho o diez minutos volvió a +sentirse cansado, mas no osó declararlo por vergüenza. Aflojó en el +ataque, haciéndolo cada vez más débil y desordenado. Advertido el +contrario, comenzó a tirarle frecuentes estocadas: apenas tenía fuerzas +para pararlas. Al cabo, el robusto periodista le separó el sable con el +suyo a viva fuerza, y le hundió la punta en el pecho.</p> + +<p>Miguel cayó soltando un chorro abundante de sangre. Todos se apresuraron +a socorrerle. El director de <i>La Monarquía</i> balbució algunas palabras +manifestando su sentimiento, a las cuales el herido no pudo contestar. +El médico le hizo la primera cura y acto continuo fue trasladado al +coche, que le llevó en compañía de aquél y sus padrinos a casa.</p> + + + +<h3><a name="XVIIb" id="XVIIb"></a>XVII</h3> + + +<p>El pronóstico del médico fue reservado en los primeros momentos. Al cabo +de veinticuatro horas manifestó que su estado era grave, aunque no +desesperado.</p> + +<p>Julita había padecido varios ataques nerviosos en el trascurso de aquel +día: la vista de su hermano moribundo le había causado profunda y +terrible impresión: no hubo fuerza humana capaz de hacerle tragar +alimento ni medicina alguna. El susto de su madre también fue grande, +pero trasformose súbito en viva y áspera irritación, de la cual fueron +víctimas los padrinos, el médico, los criados, y hasta el mismo Miguel +así que se encontró en estado de sufrirla: la gran preocupación de la +brigadiera no era que aquél se curase, sino saber quién había tenido la +culpa de la desgracia: tan intemperante y desbocada estuvo, que el conde +de Ríos no pisó más la casa, limitándose a preguntar todos los días por +medio de un lacayo el estado del enfermo.</p> + +<p>Afortunadamente, salió del peligro pronto: a los cinco días ya se le +permitía hablar, aunque no mucho. Julia no se apartaba de su cabecera. +La mamá era la encargada de recibir las numerosas visitas que llegaban; +y por cierto que no se hartaba de contar a todo el mundo los pormenores +de la catástrofe.</p> + +<p>Una tarde, Julia se hallaba, como de costumbre, cosiendo al lado de la +cama del enfermo; el cual dormía.</p> + +<p>—Oyes, Julia—dijo de pronto despertándose.—¿Quieres hacerme un favor?</p> + +<p>—¿Cuál?</p> + +<p>—Léeme otra vez la carta de Maximina..... El día aquel no estaba yo +para enterarme de nada.....</p> + +<p>Julia sonrió con semblante triunfal. En efecto, hacía días que observaba +en su hermano cierta predisposición a la melancolía bastante ajena a su +carácter: a menudo se pasaba horas enteras con los ojos estáticos, +inmóvil, dando señales de hallarse emboscado en una maraña de +pensamientos tristes: le molestaba la compañía de los amigos y aun +llegaba a desagradarle que su hermana le leyese demasiado +tiempo.—Miguel piensa en Maximina—se dijo aquélla al verle tan +reflexivo. ¿Qué misterio de amor se le escapará a una joven de diez y +siete años?—Pues que pene un poco; ya resollará.</p> + +<p>Y así fue, como lo pensó la niña.</p> + +<p>—Voy a buscarla—contestó saliendo apresuradamente de la alcoba.</p> + +<p>No tardó en llegar con ella en la mano: sentose de nuevo y se puso a +leerla con gran calma, observando de reojo al herido.</p> + +<p>Al concluir, éste tenía los ojos húmedos, y exclamó mirando al techo:</p> + +<p>—¡Pobre niña!</p> + +<p>Julia guardó la carta en el pecho, cogió otra vez la costura y se puso a +mover la aguja en silencio. Al cabo de algunos minutos el enfermo volvió +a decir:</p> + +<p>—Voy a pedirte otro favor...</p> + +<p>—Lo que quieras...</p> + +<p>Toma las llaves de mi escritorio, que están ahí en el chaleco, abre el +segundo cajón de la izquierda y saca un crucifijo de plata que hay en +él... y tráemelo.</p> + +<p>—Aquí está—dijo presentándoselo a los pocos instantes colgando de un +pedazo de cordón.</p> + +<p>—Este crucifijo—manifestó algo ruborizado—me lo dio Maximina al +separarnos: se me rompió el cordón, y esperando comprar otro, lo guardé +en el escritorio.</p> + +<p>—Tengo yo uno; no necesitas comprarlo—repuso la joven tornando a salir +de la estancia y entrando otra vez al instante con un cordoncito azul. Y +sin más dilación tomó el crucifijo de manos de Miguel, sacó el cordón +viejo, metió el nuevo y dijo con naturalidad:</p> + +<p>—¿Quieres que te lo cuelgue?</p> + +<p>—Bueno—contestó Miguel poniéndose otra vez colorado.</p> + +<p>Al tiempo de colgárselo, Julita acercó la boca a su oído y le dijo +graciosamente:</p> + +<p>—Si lo hubieras traído siempre, no te habrían herido.</p> + +<p>Y sin esperar contestación salió dando brincos. Cuando estuvo en el +pasillo, se quedó inmóvil de repente, meditó un momento, y dibujándose +en su rostro una sonrisa de placer, siguió corriendo a su cuarto y acto +continuo se puso a escribir.</p> + +<p>La verdad es que en los días que siguieron a esta escena, Julita se +manifestó digna de una plenipotencia de primer orden.</p> + +<p>Pocos diplomáticos se hubieran conducido con tanta habilidad.</p> + +<p>No volvió a hablar a su hermano de Maximina: pero le dejaba largos ratos +solo, y cuando estaba a su lado permanecía quieta y silenciosa, +esperando con razón que el pensamiento del herido llevaría a cabo su +tarea, y mejor por sí solo que con auxilio de nadie. De vez en cuando, +dando largos rodeos, que la hacían reír, Miguel sacaba la conversación +de Pasajes y de Maximina, contándole por centésima vez todos los +episodios de sus inocentes amores. Ella le escuchaba atenta, le animaba +a seguir, pero guardándose de hacerle pregunta alguna acerca de sus +designios. Esta táctica parecía excitar cada vez más la locuacidad del +enfermo; y aun se advertían en él ciertos deseos de comunicar alguna +cosa de más trascendencia; mas tales deseos veíanse contenidos por la +reserva y el silencio de Julia.</p> + +<p>Una mañana, por fin, ésta vino a sentarse más temprano que de costumbre +a su cabecera. Si Miguel se hubiera fijado en ella, tal vez habría +advertido en sus ojillos inquietos y negros un brillo singular y en sus +manos cierto temblor inusitado; pero se hallaba tan embebido en sus +pensamientos y habitual melancolía, que nada observó.</p> + +<p>—Dime, Miguel—le dijo la joven levantando resueltamente la +cabeza,—¿qué piensas hacer cuando te levantes?</p> + +<p>—¿Cuando me levante?... ¿Qué quieres decir?..—repuso sorprendido.</p> + +<p>—Sí; ¿qué piensas hacer de tu vida?</p> + +<p>—¿Qué sé yo, chica?... Lo de siempre.</p> + +<p>Hubo un rato de silencio. Miguel esperaba que su hermana concretase más +el pensamiento: viendo que no lo hacía, se decidió a hablar.</p> + +<p>—La verdad es, Julia, que he meditado bastante en estos días acerca de +mi situación, y no la encuentro tan halagüeña como a primera vista +parece. Tú y mamá constituís hoy mi única familia. Con los demás +parientes no cuento para nada. Tú te casarás, como es natural. Mamá... +ya sabes cómo tiene el genio; la vida a su lado no puede ser alegre. Por +otra parte, me voy haciendo viejo (<i>carcajada de Julia</i>). No te rías; +aunque por fuera no me siento viejo, por dentro necesito ya sosiego, +comodidades; la vida de fonda me horroriza. No puedes figurarte la +compasión que me inspiran esos viejos que andan rodando solos por las +casas de huéspedes..., que se ponen enfermos y tienen que llamar a una +hermana de la caridad... que al llegar de la calle no pueden comunicar +sus impresiones tristes o placenteras con un ser querido... que con +ganas o sin ellas se ven forzados a salir todas las noches, porque la +soledad les arroja del cuarto... ¡Es horrible!</p> + +<p>—Bien; todo eso quiere decir que deseas casarte—manifestó Julia con +sonrisa burlona.</p> + +<p>—No he dicho tal cosa—respondió avergonzado, y reponiéndose en +seguida, exclamó:—Pero si lo hubiera dicho, ¿qué?... ¿Tiene algo de +particular?</p> + +<p>—Nada, hombre, nada; al contrario, siempre he creído que debías +casarte.</p> + +<p>—¿Pero con quién?—preguntó el joven en tono angustioso.</p> + +<p>—Con la muchacha que más te guste..., si es que te quiere.</p> + +<p>—Ahí está la dificultad..., que no me gusta ninguna.</p> + +<p>—¿Ni la de Pasajes tampoco?</p> + +<p>Miguel se turbó aún más, y dijo con palabra vacilante:</p> + +<p>—¡Qué pícara eres! Maximina me gustaba. La verdad es que sería una +buena esposa...</p> + +<p>—¿Pues por qué no te casas con ella?</p> + +<p>—¿Crees tú...?—preguntó dirigiéndole una mirada tímida y anhelante.</p> + +<p>—¡Vaya! Yo me alegraría muchísimo. Creo que es la única mujer que te +conviene.</p> + +<p>—¡Ay, Julita!—exclamó con vehemencia incorporándose un poco.—Qué +placer me has dado. Hace una porción de días que no pienso en otra cosa.</p> + +<p>—Lo sabía perfectamente... Pero hazme el favor de taparte, porque si te +mueres no hay boda, y yo quiero comer dulces a toda costa.</p> + +<p>Miguel la dirigió una sonrisa de reconocimiento. Hubo otra pausa. Se +quedó pensativo y miró dos o tres veces de soslayo a su hermana, como si +no se atreviese a manifestarle lo que cruzaba por su mente. Al fin se +aventuró a decir:</p> + +<p>—Todavía tengo que pedirte otro favor, Julita.</p> + +<p>—Ya sé cuál es: que escriba a Maximina, ¿verdad?</p> + +<p>—¡Qué talento tan prodigioso! No pareces hermana de un redactor de <i>La +Independencia</i>... Escríbele, sí, porque yo, Dios sabe cuándo podré coger +la pluma.</p> + +<p>—¿Y qué le digo?</p> + +<p>—Lo que quieras.</p> + +<p>—Bien; le diré que la quieres mucho y que deseas casarte con ella a +escape.</p> + +<p>—¡Eso; y que es más guapa que la virgen del Carmen!</p> + +<p>—Calla, bruto. Voy ahora mismo, no sea que te vuelvas atrás.</p> + +<p>Salió de la alcoba; no se pasaron dos minutos sin que se la oyese gritar +desde la puerta:</p> + +<p>—Ya he escrito, Miguel. Ahí está la contestación.</p> + +<p>Alzó los ojos y vio a la misma Maximina, a quien Julia empujaba hacia la +cama. Detrás vio asomar la cara del hombre-pez, o sea de D. Valentín, el +ex-capitán del <i>Rápido</i>, quien hacía todo lo posible por ocultarse +detrás de las jóvenes. Creyó que estaba soñando: de tal modo se pintó el +espanto en sus ojos, que Maximina se detuvo en medio del gabinete.</p> + +<p>—¡Vamos, necio, no pongas esa cara, que la asustas!—exclamó Julita.</p> + +<p>Brilló entonces una chispa de gozo en los ojos del joven. Maximina, más +roja que una cereza, avanzó unos pasos más y le preguntó con voz +temblorosa:</p> + +<p>—¿Cómo se encuentra V., Miguel?</p> + +<p>—¡En el sétimo cielo; a la derecha de Dios Padre!</p> + +<p>Y tomándole una mano comenzó a besarla con frenesí, como si no hubiera +nadie delante.</p> + +<p>—Julia te ha escrito pidiéndote perdón de mi parte, ¿no es verdad?... +Diciéndote que estaba en peligro de muerte, y deseaba casarme contigo, +¿verdad?... Pues todo, todo eso es cierto... Sólo que ya no me muero. Me +casaré en cuanto me levante de esta cama y seremos muchos años +felices... Digo (<i>bajando la cabeza y cambiando de tono</i>) en el caso de +que tú me quieras... ¿Estás conforme con el programa?</p> + +<p>La niña hizo una señal afirmativa: la emoción la impedía hablar.</p> + +<p>Miguel estrechó con fuerza sus manos y las llevó al corazón.</p> + +<p>D. Valentín contemplaba atónito aquella escena. Julita, desde la puerta, +exclamó sentenciosamente llevándose un dedo a la frente:</p> + +<p>—¡Y luego dirá mamá que aquí no hay más que viento!</p> + +<p class="top5">Aquella misma noche volvieron D. Valentín y su sobrina a Pasajes. Tres +semanas después fue Miguel a casarse. A las dos horas de recibir la +bendición del cura, emprendieron la marcha para Madrid.</p> + +<p>El destino tenía reservadas todavía a Miguel otras penas y otras +alegrías, las cuales más adelante contaré, si en ello fuere Dios +servido.</p> + +<p class="c top15">FIN</p> + +<hr /> + +<h3>OBRAS DEL MISMO AUTOR</h3> + +<table summary="obras" +cellpadding="2" +cellspacing="2"> +<tr><td +colspan="2" align="center" +style="font-weight:800;line-height:75px;">CRÍTICA</td></tr> +<tr><td> </td><td align="right"><span class="smcap">pesetas</span></td></tr> + +<tr><td><span class="smcap">Los Oradores del Ateneo</span>, un tomo</td><td align="right">2 </td></tr> + +<tr><td><span class="smcap">Los Novelistas Españoles</span>, un tomo</td><td align="right">2 </td></tr> + +<tr><td><span class="smcap">Nuevo Viaje al Parnaso</span>, un tomo</td><td align="right">2 </td></tr> + +<tr><td><span class="smcap">La Literatura en 1881</span> (en colaboración), un tomo</td><td align="right">2 </td></tr> + + +<tr><td +colspan="2" align="center" +style="font-weight:800;line-height:75px;">NOVELAS</td></tr> + + +<tr><td><span class="smcap">El Señorito Octavio</span>, un tomo</td><td align="right">3 </td></tr> + +<tr><td><span class="smcap">Marta y María</span> (ilustrada por Pellicer), un tomo</td><td align="right">4 </td></tr> + +<tr><td><span class="smcap">El Idilio de un Enfermo</span>, un tomo</td><td align="right">4 </td></tr> + +<tr><td><span class="smcap">Aguas Fuertes</span> (novelas y cuadros), un tomo</td><td align="right">3 </td></tr> + +<tr><td><span class="smcap">José</span>, un tomo</td><td align="right">3,50</td></tr> +</table> + +<hr /> + +<p class="c">LIBRERÍA DE VICTORIANO SUÁREZ</p> + +<p class="c"><b>CATALOGO</b></p> + + +<p class="c">LIBRERÍA</p> + +<p class="c">DE</p> + +<p class="c">VICTORIANO SUÁREZ</p> + +<p class="c"><b>Calle de Jacometrezo, 72, Madrid</b></p> + +<p class="hang"><b>Los precios indicados en primer término son para Madrid los en segundo +para provincias, francos de porte.</b></p> + +<p class="hang"><b>ALARCON</b> (D. Pedro).—Diario de un testigo de la guerra de África; 3 +tomos, 9 y 10 pesetas.</p> + +<p>—De Madrid a Nápoles; 7 y 8 pesetas.</p> + +<p>—Poesías; 5 y 5,50 pesetas.</p> + +<p>—El Sombrero de tres picos; 3 y 3,50 pesetas.</p> + +<p>—El Escándalo; 4 y 4,50 pesetas.</p> + +<p>—El Niño de la Bola; 4 y 4,50 pesetas.</p> + +<p>—El Final de Norma; 4 y 4,50 pesetas.</p> + +<p>—El Capitán Veneno; 3 y 3,50 pesetas.</p> + +<p>—La Pródiga; 4 y 4,50 pesetas.</p> + +<p>—Novelas cortas; 3 tomos, 12 y 13 pesetas.</p> + +<p class="hang">Contiene: Primera serie. Retrato y biografía del autor. Cuentos +amatorios.—Segunda serie. Historietas nacionales.—Tercera serie. +Narraciones inverosímiles.</p> + +<p>—La Alpujarra; 5 y 5,50 pesetas.</p> + +<p>—Cosas que fueron; 4 y 4,50 pesetas.</p> + +<p>—Viaje por España; 4 y 4,50 pesetas.</p> + +<p>—Juicios literarios; 4 y 4,50 pesetas.</p> + +<p>—Amores y amoríos; 4 y 4,50 pesetas.</p> + +<p class="hang"><b>BALZAC.</b>—(Dos tomos.)—Contiene el primero: Escenas de la vida +privada.—Una familia doble.—La señora de Firmiani.—La Vendetta.—La +casa del gato que pelotea.—El baile de Sceaux.—El bolsillo.</p> + +<p class="hang">Contiene el segundo: Alberto Savarus.—La paz del hogar.—La querida +falsa.—Estudio de mujer.—Un estudio más de mujer.—La gran Breteche.</p> + +<p class="hang">Traducción de E. Borrel y L. Aner; precio de cada tomo, 2,50 y 3 +pesetas.</p> + +<p class="hang">—Cuentos droláticos, traducidos por Querubín de la Ronda, con un +prólogo de Clarín; 2 pesetas.</p> + +<p class="hang"><b>AMICIS</b> (Edmundo de).—España: traducción de Suárez Figueroa. Un volumen +holandesa, tela, 5 pesetas.</p> + +<p class="hang">—Marruecos: traducido por J. Muñiz Carro. Un volumen, con noticia +biográfica, 3,50 y 4 pesetas.</p> + +<p class="hang">—El vino, sus efectos psicológicos; una peseta.</p> + +<p class="hang">—Recuerdos de París y Londres: traducción del mismo. Un volumen, 2,50 y +3 pesetas.</p> + +<p class="hang">—Holanda: traducido por H. Giner de los Ríos y J. Muñiz Carro. Un +volumen, 4 pesetas.</p> + +<p class="hang">—Constantinopla: traducción de H. Giner de los Ríos. Dos volúmenes, con +el retrato del autor, 5 pesetas.</p> + +<p class="hang">—Recuerdos de 1870-71: traducción del mismo. Un volumen, 3 pesetas.</p> + +<p class="hang">—La vida militar: bocetos, primera serie, traducción del mismo. Un +volumen, 3 pesetas.</p> + +<p class="hang">—La vida militar: nuevos bocetos, segunda serie, traducción del mismo; +3 pesetas.</p> + +<p class="hang">—Novelas: traducción del mismo; 3 pesetas.</p> + +<p class="hang">Contiene: Camila.—La casa paterna.—Furio.—Manuel Menéndez.—Un gran +día.—Alberto.</p> + +<p class="hang">—Páginas sueltas: traducción del mismo; 3 pesetas.</p> + +<p class="hang">—Retratos literarios: traducción del mismo; 3 pesetas.</p> + +<p class="hang">—Italia: traducción del mismo; 2 tomos, 6 pesetas.</p> + +<p class="hang">—Los amigos: traducción del mismo; 3 tomos, 9 pesetas.</p> + +<p class="hang">—Poesías: traducción del mismo; 3,50 pesetas.</p> + + +<p class="hang"><b>BIBLIOTECA de autores escogidos.—A 1 y 1,25 pesetas cada tomo.</b></p> + +<p class="hang"><i>Quevedo.</i>—Marco Bruto; un tomo.</p> + +<p class="hang"><i>Sauvestre.</i>—Un filósofo en una guardilla; un tomo.</p> + +<p class="hang"><i>Quintana.</i>—Obras poéticas; un tomo.</p> + +<p class="hang"><i>Ossian.</i>—Poemas gaélicos; 2 tomos.</p> + +<p class="hang"><i>Jovellanos.</i>—Oraciones y discursos; un tomo.</p> + +<p class="hang"><i>Víctor Hugo.</i>—Discursos; 2 tomos.</p> + + +<p class="hang"><b>BIBLIOTECA de cuentos y leyendas de autores ingleses y norte-americanos.</b></p> + +<p class="hang"><b>Traducida por M. Juderías Bénder.</b></p> + +<p class="hang">Una carta de Miss Greenwood y cuatro cuentos de N. Hawthorne; un tomo, +una peseta.</p> + +<p class="hang">Memorias de un Gobernador, por Wáshington Irving; un tomo, una peseta.</p> + +<p class="hang">Leyendas extraordinarias, por E. Poe y Wáshington Irving un tomo, una +peseta.</p> + +<p class="hang">El Tesoro escondido y Los Pigmeos, por Natanael Hawthorne; un tomo, una +peseta.</p> + +<p class="hang">El Vellocino de Oro, por Natanael Hawthorne; un tomo, una peseta.</p> + +<p class="hang">La segunda parte de Ivanhoe, por W. M. Thackeray; un tomo, una peseta.</p> + +<p class="hang">El Barón y un proyecto de ferrocarril, por X. X. X.; un tomo, una +peseta.</p> + + +<p class="hang"><b>CAMPOAMOR</b> (de la Real Academia Española).—Los pequeños poemas: quinta +edición, única completa: 1882; un tomo, 5 pesetas en Madrid, y 5,50 en +provincias. Encuadernados a la inglesa con una elegante plancha, 1,50 +pesetas más.</p> + +<p class="hang">—Doloras y cantares: décimo-sexta edición, única completa, con el +retrato del autor. Madrid, 1882; un tomo, 5 pesetas en Madrid y 5,50 en +provincias. Encuadernadas a la inglesa con una elegante plancha, 1,50 +pesetas más.</p> + +<p class="hang">—Poesías y fábulas: quinta edición. Contiene: Ternezas y flores.—Ayes +del alma. Un tomo, 8.º mayor, 4 y 4,50 pesetas.</p> + +<p class="hang">—El drama universal: poema en ocho jornadas; primera edición de gran +lujo, 8 y 9 pesetas.</p> + +<p class="hang">—Idem; tercera edición, 3 y 3,50 pesetas. Encuadernado, una peseta más.</p> + +<p class="hang">—Colón: poema, con un prólogo de D. Severo Catalina (nueva edición +diamante), 3 pesetas. Encuadernado lujosamente, una peseta más.</p> + +<p class="hang">—Epístola necrológica de D. Luis González Brabo; una peseta.</p> + +<p class="hang">—El Palacio de la verdad: comedia en tres actos; 2 pesetas.</p> + +<p class="hang">—Guerra a la guerra: dolora dramática; una peseta.</p> + +<p class="hang">—Díes Iræ: drama en un acto; una peseta.</p> + +<p class="hang">—Cuerdos y locos: comedia en tres actos; 2 pesetas.</p> + +<p class="hang">—El honor: comedia en tres actos; 2 pesetas.</p> + +<p class="hang">—Pensamientos: extracto de sus primeras obras; 1,50 peseta.</p> + +<p class="hang">—Poética: 1,50 peseta en toda España.</p> + +<p class="hang">—Polémicas con la democracia: segunda edición aumentada; un tomo, 8.º +mayor, 3 y 3,50 pesetas. Encuadernado, una peseta más.</p> + +<p class="hang">—Lo absoluto: 3,50 y 4 pesetas.</p> + + +<p class="hang"><b>CANTOS</b> populares españoles.—Recogidos, ordenados e ilustrados por +Francisco Rodríguez Marín, socio facultativo de El Fok-Lore Andaluz. 5 +tomos 8.º, 25 y 27 pesetas.</p> + +<p class="hang">Contiene: Nanas, o coplas de cuna.—Rimas +infantiles.—Adivinanzas.—Pegas.—Oraciones, ensalmos y conjuros +amorosos.—Requiebros, declaración, ternezas, constancia, serenata y +despedida.—Ausencia, celos, quejas y desavenencias, odio, desdenes, +penas, reconciliación y matrimonio.—Teoría y consejos +amatorios.—Cariño y penas filiales.—Religiosos.—Sentenciosos y +morales.—Fiestas y baile.—Columpio.—Jocosos y +satíricos.—Estudiantes, soldados, marineros y mineros contrabandistas, +brabucones y borrachos.—Carcelarios.—Históricos y +tradicionales.—Locales.—Varios.—Apéndice general.—Algunas +observaciones sobre los versos del <i>Cantar de los cantares</i> citados en +la presente obra.—Melodías.—Advertencias.—Post scriptum, etcétera, +etc.</p> + + +<p class="hang"><b>DAUDET.</b>—Los reyes en el destierro. Novela parisién, traducida por D. +Joaquín Portuondo; 3,50 y 4 pesetas.</p> + + +<p class="hang"><b>ELICES MONTES.</b>—El patriotismo español. Apuntes para un libro, recogidos +de las glorias patrias, dedicado a los españoles residentes en América. +Madrid 1885; un tomo en 8.º, 2,50 pesetas.</p> + +<p class="hang">—El gobierno y el ejército de los pueblos libres.—Tratado de derecho +político y plan de organización militar, según el credo democrático y +los últimos adelantos del arte de la guerra, 2,50.</p> + +<p class="hang"><b>ESCANDON.</b>—Historia monumental del heroico Rey D. Pelayo y sus sucesores +en el trono cristiano de Asturias, ilustrada, analizada y documentada. +Obra de sumo interés para los historiadores y curiosos; contiene las +crónicas oficiales de aquellos tiempos, que son muy poco conocidas; un +tomo en 4º, 5 pesetas en toda España.</p> + +<p class="hang"><b>FLORES.</b>—La historia del matrimonio; 2 y 2,50 pesetas.</p> + +<p class="hang">—Tipos y costumbres españolas; 3 y 3,50 pesetas.</p> + +<p class="hang">—Ayer, hoy y mañana; 6 tomos, 18 y 20 pesetas.</p> + +<p class="hang"><b>FERRER DEL RÍO.</b>—Galería de la litera, con los retratos de Quintana, +Lista, Gallego, Burgos, Toreno, Martínez de la Rosa, Lastra y otros; un +tomo en 4.º, 5 pesetas en toda España.</p> + +<p class="hang">—Album literario español. Esta obra comprende una colección de +artículos y poesías de nuestros más célebres escritores contemporáneos y +forma la <i>Segunda parte</i> de la Galería de la literatura española; un +tomo en 4.º, 4 pesetas en toda España.</p> + +<p class="hang"><b>GOMEZ SIGURA.</b>—El Taciturno (novela); 4 pesetas.</p> + +<p class="hang"><b>GIMENEZ Y HURTADO.</b>—Cuentos españoles contenidos en las producciones +dramáticas de Calderón de la Barca, Tirso de Molina, Alarcón y Moreto, +con notas y biografías, 1881; un tomo en 8.º, 2,50 pesetas.</p> + +<p class="hang">—La sal de María Santísima. Musa epigramática y cancionero festivo +popular, en donde figuran los más célebres epigramas de autores antiguos +y contemporáneos y los más intencionados y alegres cantares del pueblo, +etc., etc., con un razonado e interesante prólogo de D. Eduardo +Bustillo, 1882, 8.º; 2 pesetas en toda España.</p> + +<p class="hang"><b>LISTA Y ARAGON.</b>—Ensayos literarios y críticos, con un prólogo de D. +José Joaquín de Mora; 2 tomos en un volumen 4.º, 6 pesetas en toda +España.</p> + +<p class="hang"><b>OVILO Y CANALES.</b>—La mujer marroquí, estudio social. Ilustrada con cromo +al lápiz y dibujos a pluma, por Demócrito; un tomo 8.º, 3 pesetas.</p> + +<p class="hang"><b>PEREZ GALDÓS</b> (D. Benito).—Episodios Nacionales, 20 tomos, a 2 pesetas +uno.</p> + +<p class="hang">—Doña Perfecta; 2 pesetas.</p> + +<p class="hang">—Gloria; 2 tomos, 4 pesetas.</p> + +<p class="hang">—Marianela; 2 pesetas.</p> + +<p class="hang">—La Familia de León Roch; 3 tomos, 6 pesetas.</p> + +<p class="hang">—El Amigo manso; 3 pesetas.</p> + +<p class="hang">—La Desheredada; 8 pesetas.</p> + +<p class="hang">—El Doctor Centeno; 2 tomos, 6 pesetas.</p> + +<p class="hang">—Tormento; 3,50 pesetas.</p> + +<p class="hang">—La de Bringas, tercera parte del Doctor Centeno; 3 pesetas.</p> + +<p class="hang">—Lo Prohibido; 2 tomos, 6 pesetas.</p> + +<p class="hang">—La Fontana de Oro; 2 pesetas.</p> + +<p class="hang">—Episodios Nacionales: edición ilustrada con más de 1.200 facsímile.</p> + +<p class="hang">Tomo I. Trafalgar. La Corte de Carlos IV; 120 grabados, 13 pesetas.</p> + +<p class="hang">Tomo II. El 19 de Marzo y el 2 de Mayo. Bailén; 125 grabados, 14 +pesetas.</p> + +<p class="hang">Tomo III. Napoleón en Chamartín. Zaragoza; 125 grabados, 14 pesetas.</p> + +<p class="hang">Tomo IV. Gerona Cádiz; 130 grabados, 14 pesetas.</p> + +<p class="hang">Tomo V. Juan Martín el Empecinado. La batalla de los Arapiles; 14 +pesetas.</p> + +<p class="hang">Tomo VI. El equipaje del Rey José. Memorias de un cortesano; 13 +pesetas.</p> + +<p class="hang">Tomo VII. La segunda casaca. El grande Oriente.</p> + +<p class="hang">Tomo VIII. El 7 de Julio y los cien mil hijos de San Luis; 13 pesetas.</p> + +<p class="hang">Tomo IX. El Terror de 1824 y un voluntario realista; 14 pesetas.</p> + +<p class="hang">Tomo X y último. Los Apostólicos y un faccioso; 15 pesetas.</p> + +<p class="hang"><b>PONSON DU TERRAIL.</b>—El Herrero del convento; 2 tomos 8.º, de 336 y 434 +páginas, 3 pesetas.</p> + +<p class="hang">—Los Amores de Aurora: segunda parte del Herrero del convento; un tomo +8.º, de 668 páginas, 2 pesetas.</p> + +<p class="hang">—La justicia de los bohemios: tercera parte y última del Herrero del +convento; un tomo 8.º, de 567 páginas, 2 pesetas.</p> + +<p class="hang">—El Capitán de los penitentes negros; 2 tomos, 2 y 2,50 pesetas.</p> + +<p class="hang">—El Diamante del Comendador; un tomo, 1,50 pesetas.</p> + +<p class="hang"><b>PEREDA.</b>—Sotileza. 1885; un tomo, 4,50 y 5 pesetas.</p> + +<p class="hang">—Tipos y paisajes; un tomo, 3 pesetas.</p> + +<p class="hang">—Tipos trashumantes; 2 pesetas.</p> + +<p class="hang">—Esbozos y rasguños; 4 y 4,50 pesetas.</p> + +<p class="hang">—El sabor de la tierruca; tela, 3 y 4 pesetas.</p> + +<p class="hang">—Pedro Sánchez, segunda edición, 4,50 y 5 pesetas.</p> + +<p class="hang">En publicación:</p> + +<p class="hang">Obras completas, esmeradamente corregidas, a 4 y 4,50 pesetas tomo. +Encuadernadas bonitamente, en tela, una peseta más.</p> + +<p class="hang">Se hallan de venta las siguientes:</p> + +<p class="hang">—Los hombres de pro.</p> + +<p class="hang">—El buey suelto...</p> + +<p class="hang">—D. Gonzalo González de la Gonzalera.</p> + +<p class="hang">—De tal palo tal astilla; 4 y 4,50 pesetas.</p> + +<p class="hang">—Escenas Montañesas; 4 y 4,50 pesetas.</p> + +<p class="hang"><b>POLO Y PEILORÓN</b> (D. M.).—Borrones ejemplares, miscelánea de artículos, +cuentos, parábolas y sátiras; 1883, 8.º, 2,50 y 3 pesetas.</p> + +<p class="hang">—Costumbres populares de la Sierra de Albarracín; cuentos originales +(muy morales); 1876, tercera edición, 2 y 2,50 pesetas.</p> + +<p class="hang">—Sacramento y concubinato: novela original, de costumbres aragonesas, +con una carta-prólogo de D. Manuel Trueba; 1884, 8.º, 2,50 y 3 pesetas.</p> + +<p class="hang">—Supuesto parentesco entre el hombre y el mono, contra Darwin; 1884, +8.º, segunda edición, 3,50 y 4 pesetas.</p> + +<p class="hang">—Los mayos: novela original, de costumbres aragonesas, con un prólogo +de D. M. Menéndez Pelayo; 1879, segunda edición, 8.º, 2,50 y 3 pesetas.</p> + +<p class="hang">—Elementos de Psicología; 1881, segunda edición, 8.º, 3 y 3,50 pesetas.</p> + +<p class="hang">—Elementos de Lógica; 1882, segunda edición, 8.º, 3 y 3,50 pesetas.</p> + +<p class="hang">—Elementos de Ética; 1882, segunda edición, 8.º, 3 y 3,50 pesetas.</p> + +<p class="hang"><b>RODA.</b>—Los oradores romanos: lecciones explicadas en el Ateneo +científico y literario de Madrid, en el curso de 1873-74, con un prólogo +del Excmo. Sr. D. Antonio Cánovas del Castillo; un tomo, 2,50 y 3 +pesetas.</p> + +<p class="hang">—Los oradores griegos. Lecciones explicadas en el Ateneo científico y +literario de Madrid, en el curso de 1882-73, con un prólogo del Excmo. +Sr. D. Antonio Cánovas del Castillo; un tomo 8.º, 2,50 y 3 pesetas.</p> + +<p class="hang">—Breves noticias sobre la vida literaria y política de Cánovas del +Castillo: una peseta.</p> + +<p class="hang">—Ensayo sobre la opinión pública; 3 pesetas.</p> + +<p class="hang">—Traducción del mismo. Bacón, ensayo de moral y de política; un tomo +4.º, 3 y 3,50 pesetas.</p> + +<p class="hang"><b>RODRIGUEZ MOURELO.</b>—La Radiofonía. Estudio de una nueva propiedad de las +radiaciones, con una carta de D. José Echegaray y prólogo de D. José +Rodríguez Carracido; 1883, un tomo en 8.º, 4 y 4,50 pesetas.</p> + +<p class="hang"><b>SPENCER</b> (Herbert).—De la educación intelectual, moral y física: vertida +al castellano, con notas y observaciones, por Siro García del Mazo; +segunda edición, corregida y aumentada en vista de la inglesa de 1884; +8.º, 3 pesetas. Obra muy recomendada a los padres, jefes de familia y a +los maestros en general.</p> + +<p class="hang">—Fundamentos de la moral, vertida directamente del inglés, por Siro +García del Mazo; 4.º, 1881, 5 y 5,50 pesetas.</p> + +<p class="hang">—Los primeros principios, traducción de José Andrés Irueste; 4.º, 6 y 7 +pesetas.</p> + +<p class="hang">—Principios de Sociología; traducción de Eduardo Cazorla, 1883, 2 tomos +4.º, 14 y 15,50 pesetas.</p> + +<p class="hang"><b>VARELA</b> (D. Juan).—Pepita Jiménez; 2,50 y 3 pesetas.</p> + +<p class="hang">—Doña Luz; 2,50 y 3 pesetas.</p> + +<p class="hang">—Las ilusiones del doctor Faustino; 2 tomos, 5 y 6 pesetas.</p> + +<p class="hang">—El Comendador Mendoza; 2,50 y 3 pesetas.</p> + +<p class="hang">—Pasarse de listo; 2,50 y 3 pesetas.</p> + +<p class="hang">—Cuentos y diálogos; 2,50 y 3 pesetas.</p> + +<p class="hang">—Poesía y arte de los árabes en España; 3 tomos, 9 y 10 pesetas.</p> + +<p class="hang">—Disertaciones y juicios literarios; 6 y 7 pesetas.</p> + +<p class="hang">—Algo de todo; 2,50 y 3 pesetas.</p> + +<p class="hang">—Dafnis y Cloe; 3 y 3,50 pesetas.</p> + +<p class="hang">—Estudios críticos; 3 tomos, 9 y 10 pesetas.</p> + +<p class="hang">—El individuo contra el Estado; 2 pesetas.</p> + + +<h3>PSICOLOGÍA ALEMANA CONTEMPORÁNEA,</h3> + +<p class="c">POR</p> + +<p class="c">TH. RIBOT</p> + +<p class="c">Traducida con autorización del autor</p> + +<p class="c">POR</p> + +<p class="c">FRANCISCO MARTÍNEZ CONDE,</p> + +<p class="c">Profesor de Psicología. 1880, 8.º, 3,50 pesetas.</p> + +<p>Este libro, una de las mejores producciones del eminente psicólogo +Ribot, expone con claridad y precisión admirables el movimiento de la +Psicología científica en Alemania, desde principios de este siglo, en +que se hizo el primer ensayo, hasta nuestros días. Por su orden +cronológico aparecen los trabajos de Herbert y su escuela (Waitz, +Lazarus, Steinthal y otros); de Beneke, que aplica la Psicología a la +educación; de Lotze, autor de la teoría de los signos locales; de +Fechner, fundador de la Psico-física; y de Wundt, creador de la +Psicología fisiológica. A la vez que expone la obra de cada uno de estos +investigadores, el autor se detiene a estudiar, al paso que se +presentan, las cuestiones fundamentales de la Psicología científica, +esclareciendo con gran copia de luz, entre otros problemas, <i>el origen +de la noción de espacio, la crítica de la ley de Fechner y la duración +de los actos psíquicos</i>. Así este libro, a la ventaja de imponer al +lector en el movimiento de la Psicología moderna alemana, movimiento más +hondo y de más porvenir que el de la inglesa, junta la de darle a +conocer el concepto y plan de la Psicología científica, tan distintos de +la antigua metafísica, y los vitales problemas que hoy ocupan la +atención de los investigadores.</p> + + +<h3>DERECHO INTERNACIONAL PÚBLICO DE EUROPA</h3> + +<p class="c">POR</p> + +<p class="c">A.-G. HEFFTER</p> + +<p class="c"><span class="smcap">TRADUCCIÓN DE GABINO LIZARRAGA, ABOGADO DEL ILUSTRE COLEGIO DE MADRID, +ETC., ETC.</span></p> + + +<p>Esta obra, cuyo mérito está reconocido por todo el mundo, y de que son +evidente prueba las traducciones que se han hecho a casi todas las +lenguas, viene a llenar un vacío en nuestra literatura patria. Su +interés no puede desconocerse al considerar que en ella se tratan todas +las cuestiones internacionales, lo mismo en la paz que en la guerra.</p> + +<p>Hoy que los lazos de nación a nación van siendo cada vez más íntimos, a +la par que más definidos, creemos prestar publicándolo un gran servicio +a todos los que se interesan por esta clase de cuestiones.</p> + +<p>Tales son las razones que hemos tenido presentes al decidirnos a ofrecer +al público la presente traducción, habiendo conseguido hacerlo con tal +baratura, que costando en francés 70 rs., la nuestra, que forma un +elegante tomo en 4.º de 553 páginas, buen papel y esmerada impresión, su +precio es el de 8 pesetas en Madrid y 9 en provincias.</p> + + +<p class="c">ENRIQUE AHRENS</p> + +<p class="c">ENCICLOPEDIA JURIDICA O EXPOSICIÓN ORGÁNICA DE LA CIENCIA DEL DERECHO Y +EL ESTADO</p> + +<p class="c">VERSIÓN DIRECTA DEL ALEMÁN</p> + +<p class="c">AUMENTADA CON NOTAS CRÍTICAS Y UN ESTUDIO SOBRE LA VIDA Y OBRAS DEL +AUTOR</p> + +<p class="c">POR</p> + +<p class="c">FRANCISCO GINER, GUMERSINDO DE AZCÁRATE Y AUGUSTO G. DE LINARES</p> + +<p class="c">Profesores en la institución libre de enseñanza.</p> + +<p>Este importantísimo libro es uno de los que más alto renombre han dado +en toda Europa a su autor, tan estimado entre nosotros, y a cuyas obras +tanto debe la cultura filosófica y social de nuestro pueblo. Contiene, +después de la <i>Introducción</i>, un compendio de <i>Filosofía del Derecho</i>, +por demás preciso y completo, en medio de su brevedad; una <i>Historia +general del Derecho</i>, quizá superior a cuantas hasta hoy se han +publicado; una exposición, modelo acabado en su género, del <i>Derecho</i>, +especialmente en cuanto a la esfera civil o privada, y por último, una +ojeada a los principales problemas del <i>Derecho público</i>.</p> + +<p>En el <i>Estudio</i> sobre la vida y las obras del ilustre jurisconsulto +alemán se exponen en breve resumen sus principales escritos: así como en +el gran número de notas críticas que acompañan a la versión, se ha +procurado completar el texto primitivo, en vista de otros trabajos +posteriores, poniéndolo en consonancia con las últimas investigaciones +filosóficas e históricas. Por último, en la parte referente al <i>Derecho +civil alemán</i>, no sólo se han indicado las principales modificaciones +introducidas en éste después de la publicación de la <span class="smcap">Enciclopedia</span>, sino +las más importantes diferencias entre aquél y nuestro derecho positivo.</p> + +<p class="top5">El tomo I consta de 336 páginas, y comprende:</p> + +<p>Advertencia de los traductores y anotadores.—Noticia sobre la vida y +obras de Ahrens.—Prólogo del autor.—Introducción.</p> + +<p><i>Principios de Filosofía del Derecho</i>: Fundamentación de la idea del +Derecho.—Exposición de sus elementos capitales.—Crítica de los +principales sistemas.—Formas del Derecho; fuentes inmediatas y +mediatas.—El Estado.—División orgánica del Derecho privado y público, +según los fines de la vida.</p> + +<p><i>Historia del Derecho</i>: Principios filosóficos de esta +historia.—Períodos capitales.—El Derecho pre-histórico.—Derecho +oriental; ojeada general.—Los indos.—El pueblo +zendo.—China.—Egipto.—Los hebreos.—Derecho musulmán.—Apéndices.</p> + +<p class="top5">El tomo II consta de 464 páginas, y contiene:</p> + +<p><i>Historia del Derecho en Grecia y Roma</i>: Diferencia entre ambos +Derechos.—Derecho griego.—Derecho romano.—Juicio histórico y +filosófico.</p> + +<p><i>Historia del derecho de los pueblos cristianos</i>: Derecho germánico de +sus diversas épocas hasta nuestros días.—Derecho de los pueblos +germánicos no alemanes.—Derecho germánico de los pueblos +latinos.—Derecho de los pueblos eslavos.—Derecho húngaro.—Juicio +filosófico-histórico.</p> + +<p class="top5">El tomo III consta de 384 páginas, y contiene:</p> + +<p><i>Sistema del derecho privado</i>: El concepto, fin, división y método del +mismo.</p> + +<p><i>Parte general</i>: Sujeto del Derecho.—Objeto del mismo.—Relaciones +jurídicas; origen y terminación de los Derechos.—Modos de adquirir el +Derecho.—Información de las relaciones jurídicas en el espacio y el +tiempo.—Protección de los Derechos.—La posesión.</p> + +<p><i>Parte especial</i>: Derecho de las personas.—Derecho de bienes.—Derecho +de obligaciones; contratos y sus clases.—Derecho de sociedad.—Derecho +de matrimonio, de familia y de sucesión.—Derecho de las profesiones.</p> + +<p><i>Derecho público</i>: Derecho del Estado y de la sociedad.—Derecho +internacional.</p> + +<p><i>Metodología jurídica.</i></p> + +<p class="top5">Precio de la obra, 18 pesetas en Madrid y 21 en provincias.</p> + +<p>Encuadernado en pasta española, 4,50 pesetas más.</p> + + +<h3>CALDERÓN DE LA BARCA</h3> + +<p><i>Teatro selecto</i>, precedido de un estudio crítico de D. Marcelino +Menéndez Pelayo; 4 tomos, 8.º, 48 y 56 reales. Contiene:</p> + +<p class="c"><b>TOMO I</b></p> + +<p><i>Estudio crítico</i>, por D. Marcelino Menéndez Pelayo.</p> + +<p class="c">DRAMAS RELIGIOSOS Y FILOSÓFICOS</p> + +<p>La vida es sueño.—La devoción de la Cruz.—El mágico prodigioso.—El +Príncipe constante.</p> + +<p class="c"><b>TOMO II</b></p> + +<p class="c">DRAMAS TRÁGICOS</p> + +<p>El médico de su honra.—A secreto agravio, secreta venganza.—El alcalde +de Zalamea.—El mayor monstruo los celos.—Amar después de la muerte.</p> + +<p class="c"><b>TOMO III</b></p> + +<p class="c">COMEDIAS DE CAPA Y ESPADA</p> + +<p>Casa con dos puertas mala es de guardar.—La dama duende.—No hay burlas +como el amor.—Mañanas de abril y mayo.</p> + +<p class="c"><b>TOMO IV</b></p> + +<p class="c">OBRAS VARIAS.—COMEDIAS</p> + +<p>No siempre lo peor es cierto.—Guárdate del agua mansa.</p> + +<p class="c">ZARZUELAS</p> + +<p>El laurel de Apolo.—La púrpura de la rosa.</p> + +<p class="c">AUTOS SACRAMENTALES</p> + +<p>La cena de Baltazar.—La vida es sueño.—A Dios por razón de estado.</p> + +<p>Se venden los tomos sueltos a 12 y 14 reales.</p> + +<p class="c top5">MADRID, 1886.—Imprenta de Manuel G. Hernández, Libertad, 16 duplicado</p> + +<hr class="full" /> + + + + + + + +<pre> + + + + + +End of the Project Gutenberg EBook of Riverita, by D. Armando Palacio Valdés + +*** END OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK RIVERITA *** + +***** This file should be named 29831-h.htm or 29831-h.zip ***** +This and all associated files of various formats will be found in: + http://www.gutenberg.org/2/9/8/3/29831/ + +Produced by Chuck Greif and the Online Distributed +Proofreading Team at http://www.pgdp.net + + +Updated editions will replace the previous one--the old editions +will be renamed. + +Creating the works from public domain print editions means that no +one owns a United States copyright in these works, so the Foundation +(and you!) can copy and distribute it in the United States without +permission and without paying copyright royalties. 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It exists +because of the efforts of hundreds of volunteers and donations from +people in all walks of life. + +Volunteers and financial support to provide volunteers with the +assistance they need, are critical to reaching Project Gutenberg-tm's +goals and ensuring that the Project Gutenberg-tm collection will +remain freely available for generations to come. In 2001, the Project +Gutenberg Literary Archive Foundation was created to provide a secure +and permanent future for Project Gutenberg-tm and future generations. +To learn more about the Project Gutenberg Literary Archive Foundation +and how your efforts and donations can help, see Sections 3 and 4 +and the Foundation web page at http://www.pglaf.org. + + +Section 3. Information about the Project Gutenberg Literary Archive +Foundation + +The Project Gutenberg Literary Archive Foundation is a non profit +501(c)(3) educational corporation organized under the laws of the +state of Mississippi and granted tax exempt status by the Internal +Revenue Service. The Foundation's EIN or federal tax identification +number is 64-6221541. Its 501(c)(3) letter is posted at +http://pglaf.org/fundraising. Contributions to the Project Gutenberg +Literary Archive Foundation are tax deductible to the full extent +permitted by U.S. federal laws and your state's laws. + +The Foundation's principal office is located at 4557 Melan Dr. S. +Fairbanks, AK, 99712., but its volunteers and employees are scattered +throughout numerous locations. Its business office is located at +809 North 1500 West, Salt Lake City, UT 84116, (801) 596-1887, email +business@pglaf.org. Email contact links and up to date contact +information can be found at the Foundation's web site and official +page at http://pglaf.org + +For additional contact information: + Dr. Gregory B. Newby + Chief Executive and Director + gbnewby@pglaf.org + + +Section 4. Information about Donations to the Project Gutenberg +Literary Archive Foundation + +Project Gutenberg-tm depends upon and cannot survive without wide +spread public support and donations to carry out its mission of +increasing the number of public domain and licensed works that can be +freely distributed in machine readable form accessible by the widest +array of equipment including outdated equipment. Many small donations +($1 to $5,000) are particularly important to maintaining tax exempt +status with the IRS. + +The Foundation is committed to complying with the laws regulating +charities and charitable donations in all 50 states of the United +States. 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Thus, we do not necessarily +keep eBooks in compliance with any particular paper edition. + + +Most people start at our Web site which has the main PG search facility: + + http://www.gutenberg.org + +This Web site includes information about Project Gutenberg-tm, +including how to make donations to the Project Gutenberg Literary +Archive Foundation, how to help produce our new eBooks, and how to +subscribe to our email newsletter to hear about new eBooks. + + +</pre> + +</body> +</html> diff --git a/LICENSE.txt b/LICENSE.txt new file mode 100644 index 0000000..6312041 --- /dev/null +++ b/LICENSE.txt @@ -0,0 +1,11 @@ +This eBook, including all associated images, markup, improvements, +metadata, and any other content or labor, has been confirmed to be +in the PUBLIC DOMAIN IN THE UNITED STATES. + +Procedures for determining public domain status are described in +the "Copyright How-To" at https://www.gutenberg.org. + +No investigation has been made concerning possible copyrights in +jurisdictions other than the United States. 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