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+The Project Gutenberg EBook of Riverita, by D. Armando Palacio Valdés
+
+This eBook is for the use of anyone anywhere at no cost and with
+almost no restrictions whatsoever. You may copy it, give it away or
+re-use it under the terms of the Project Gutenberg License included
+with this eBook or online at www.gutenberg.org
+
+
+Title: Riverita
+
+Author: D. Armando Palacio Valdés
+
+Release Date: August 28, 2009 [EBook #29831]
+[Last updated: March 26, 2012]
+
+Language: Spanish
+
+Character set encoding: ISO-8859-1
+
+*** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK RIVERITA ***
+
+
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+
+Produced by Chuck Greif and the Online Distributed
+Proofreading Team at http://www.pgdp.net
+
+
+
+
+
+
+
+
+RIVERITA
+
+
+NOVELA DE COSTUMBRES
+
+POR
+
+ARMANDO PALACIO VALDÉS
+
+MADRID
+TIPOGRAFIA DE MANUEL G. HERNÁNDEZ
+Libertad, 16 duplicado
+
+1886
+
+ES PROPIEDAD
+
+* * *
+
+RIVERITA TOMO I: I, II, III, IV, V, VI, VII, VIII, IX, X, XI, XII
+
+RIVERITA TOMO II: I, II, III, IV, V, VI, VII, VIII, IX, X, XI, XII,
+XIII, XIV, XV, XVI, XVII
+
+* * *
+
+
+
+
+TOMO I
+
+
+
+I
+
+
+La primera noticia que Miguel tuvo del matrimonio de su padre se la dio
+el tío Bernardo, persona de extremada respetabilidad y carácter. Tomole
+de la mano gravemente momentos antes de comer, y le llevó a su
+escritorio, una pieza de aspecto sombrío, llena de cachivaches antiguos,
+grandes armarios de libros y cuadros al óleo que el tiempo había
+oscurecido hasta no percibirse siquiera las figuras. Las sillas eran de
+roble viejo, las cortinas de terciopelo viejo también, la alfombra más
+vieja todavía, la mesa de escribir un verdadero prodigio de vejez.
+Miguel sólo dos veces en su vida había visto este aposento sagrado y
+augusto para la familia. Una vez se lo había enseñado su primo Enrique
+desde la puerta alzando discretamente la cortina y mirando con temor
+hacia atrás para no ser sorprendido en flagrante profanación. Otra vez
+había sido residenciado por su tío en aquel recinto en compañía del
+mismo Enrique por haber ambos maltratado de palabra y de obra a la
+cocinera de la casa bajo el pretexto infundado de que no eran
+suficientes dos peras por barba para merendar. No es fácil imaginar,
+pues, el respeto que esta pieza le merecía a Miguel, aunque su
+temperamento no fuese demasiadamente respetuoso, según constaba de modo
+incontestable en la escuela y en otros diversos parajes de la villa.
+
+D. Bernardo dejó a su sobrino arrimado a la mesa de escribir y comenzó a
+pasear silenciosamente y con las manos atrás; sopló con fuerza tres o
+cuatro veces, desgarró otras tantas, y dijo al fin parándose un
+instante:
+
+--Miguel, tú tienes uso de razón, ¿no es cierto?
+
+Miguel le miró, abriendo mucho los ojos, sin contestar.
+
+--¿Has cumplido los siete años?--manifestó su tío poniendo el concepto
+más al alcance del niño.
+
+--Tengo ocho.
+
+--Tanto mejor... En efecto, tu padre se casó diez años después que
+yo... hace nueve aproximadamente... Muy niño eres aún para entender
+ciertas cosas. ¡Muy niño! ¡Muy niño!
+
+Y D. Bernardo contempló con expresión de lástima a su sobrino, que
+apenas podía posar, estirándose mucho, la barba sobre la mesa, y meditó
+breves momentos: después continuó paseando.
+
+--Sin embargo, pienso, Miguel, que harás un esfuerzo para entenderme...
+¿no es verdad que lo harás?... No es menester que penetres por completo
+el sentido de mis palabras, porque en edad tan tierna no es posible;
+basta con que te hagas cargo de lo que voy a decirte... de lo que tengo
+encargo de decirte--añadió rectificando.--Has tenido la desgracia de
+perder a tu madre cuando naciste, de no haberla conocido; era una
+verdadera dama, noble, distinguida, de modales muy finos, y que se hacía
+respetar de todos. En este concepto, nuestra familia nada tuvo que
+oponer al matrimonio de Fernando, por más que tu madre no fuese rica,
+que no lo era en verdad: la distinción, los modales, las relaciones
+compensan muy bien la falta de fortuna. Mercedes estaba relacionada con
+la mejor sociedad de Madrid y sabía hacer los honores de un salón como
+la primera. Desgraciadamente para tu padre, falleció al año de estar
+unidos, cuando el tapicero no había terminado aún de arreglar los dos
+salones que habían destinado para recibir, cuando aún no se habían
+repartido todas las papeletas de enlace. Si algo pudo mitigar el dolor
+de Fernando, fue el testimonio de respeto que en aquella ocasión se
+apresuró a darle la espuma de la sociedad madrileña: más de doscientos
+coches particulares siguieron el entierro de la pobre Mercedes; S. M.
+mandó el coche de respeto con los lacayos enlutados; después se
+recogieron a la puerta más de seiscientas tarjetas de pésame, y a los
+funerales que por el eterno descanso de su alma se celebraron en San
+Isidro, acudió un sinnúmero de personas de calidad, y en representación
+de S. M., el mayordomo de Palacio. Yo presidí el duelo de familia, el
+segundo cabo el de militares, y Monseñor Giner el de sacerdotes. Sobre
+este punto no hay más que decir: todo fue conforme a los usos
+establecidos y a lo que exigía el decoro de nuestra familia.
+
+D. Bernardo se detuvo para echar una mirada a Miguel, quien al compás
+que escuchaba a su tío, o no lo escuchaba (que esto nunca pudo
+averiguarlo D. Bernardo), daba infinitas vueltas entre los dedos a un
+vaso griego de barro que servía de prensa-papeles. Quitóselo de la mano
+suavemente, colocolo en su sitio y tornó a recoger con el paseo el hilo
+de su interrumpido discurso.
+
+--El dolor que tu padre experimentó fue grande, y supo guardar como
+quien es todo el tiempo de su viudez el respeto que debía a la memoria
+de una dama tan principal como tu madre. Por espacio de dos años, no
+solamente gastó luto él, sino que lo hizo llevar a toda la servidumbre,
+al coche y a los caballos; no pisó los salones hasta bien trascurrido el
+año, ni recibió en los suyos más que a los amigos de entera confianza;
+de este modo se adquiere el respeto y la consideración de la gente. Pero
+como las cosas no deben ni pueden llevarse al extremo, pasados dos o
+tres años, tu padre entró nuevamente en la vida de la sociedad
+distinguida, donde por su nombre, por su grado en el ejército y por su
+fortuna tiene derecho a brillar entre los primeros. Entonces empezó a
+tocar los verdaderos inconvenientes de su estado. En una casa de la
+importancia de la de Fernando una señora es absolutamente indispensable;
+tú no puedes comprender esto porque eres muy niño, Miguel, ¡muy niño!...
+
+D. Bernardo consideró de nuevo a su sobrino con profunda compasión.
+
+--La presencia de una señora, de una dama, comunica a la casa cierto
+brillo que ni el nombre ni el dinero por sí solos pueden alcanzar. Tu
+pobre papá se ha visto privado hace ocho años de dar bailes, comidas, ni
+un té siquiera... ¿Quién había de hacer los honores?... Y vuestra casa
+es una de las mejores de Madrid, está decorada con mucho gusto, aunque
+un tanto abandonada de algún tiempo a esta parte. Es lástima y grande
+que no haya podido aprovecharse hasta ahora el espacioso y elegante
+salón que tenéis. Además, por lo que he podido observar y han observado
+también algunas personas de la familia y de fuera, en casa de Fernando
+reina cierto desconcierto inevitable; por buena que sea una ama de
+llaves, por buenos que sean los criados, no es posible que atiendan como
+corresponde a todos los pormenores... Tu misma educación, Miguel, anda
+bastante descuidada al decir de la gente. Me han dicho que juras en casa
+como un carretero...
+
+Estas últimas palabras las dijo D. Bernardo con más alta entonación y
+parándose frente a su sobrino. Éste sonrió avergonzado; pero al ver que
+el tío fruncía las cejas, quedose otra vez serio.
+
+--¡Claro está! un padre por más que se esfuerce no puede conseguir
+inculcar a sus hijos ciertas reglas de urbanidad, so pena de no
+perderlos de vista un solo instante. Esto sólo puede hacerlo una señora,
+una madre... Así que desde largo tiempo vengo aconsejando a mi hermano,
+y conmigo toda la familia, y no sólo la familia, sino cuantos amigos se
+interesan por él, que de nuevo tome estado, organice su casa sobre el
+pie que le corresponde y salve el decoro de la familia... Al fin,
+cediendo a mis reiteradas súplicas, y repito que no solamente a las
+mías, sino a las de todos sus parientes y amigos, tu papá ha pensado en
+dar a su casa una señora y a ti una mamá... Pero entiéndelo bien,
+Miguel, sólo por las razones antes apuntadas, no por otra alguna, tu
+padre ha consentido en tomar estado... ¿Te haces bien el cargo?....
+
+Miguel le miraba y le remiraba con los ojos muy abiertos, sin moverse;
+sentía deseos atroces de irse a jugar con su primo Enrique.
+
+--Ahora bien; lo mismo tu padre que yo, que toda la familia, esperamos
+que con la presencia de tu nueva mamá se opere en tu conducta un cambio
+favorable; que dejes esos modales, propios de gentuza, no de caballeros;
+que no pases el día metido en la cocina, escuchando las sandeces de los
+criados; que no te arrastres por los suelos como un perro, estropeando
+los vestidos; que seas, en fin, menos cerril y desvergonzado.
+
+A Miguel se le figuró que su tío le estaba insultando, por lo que,
+aprovechando una de sus vueltas, le hizo algunas muecas despreciativas,
+y, no satisfecho con esto, a otra vuelta una seña harto más grosera que
+le había enseñado el lacayo, y que a poder verla hubiera dejado absorto
+al respetable caballero.
+
+--Con eso contamos, Miguel, aparte de otros muchos cambios beneficiosos
+que en vuestra casa se han de efectuar seguramente, y que tú no tienes
+edad aún para comprender..... Y, nada más por hoy. He cumplido el
+encargo que tu padre me ha dado, el cual, entre paréntesis, es muy débil
+contigo..... ¡pero muy débil! más de cien veces se lo he dicho..... Tú
+eres un chico que hay que educar _virga férrea_, y si no, llegarás a dar
+muchos disgustos.....
+
+Miguel no entendió el latín, pero calculó bien que aquello debía ser
+algo como palos o azotes, y lleno de ira volvió a enseñar los puños a su
+tío por la espalda.
+
+--Vamos, vete ahora con tus primos, y cuidado con las
+travesuras--concluyó diciendo D. Bernardo mientras empujaba al niño
+hacia la puerta.
+
+Era aquel señor alto, seco, aguileño, bajo de color, de edad de
+cincuenta años, poco más o menos, pelo ralo y entrecano, cejas espesas,
+las mejillas cuidadosamente rasuradas, dejando solamente debajo de la
+nariz un exiguo bigote, que cada día iba siendo más exiguo merced a los
+trabajos invasores que por entrambos lados llevaba a cabo la navaja: la
+expresión de su rostro, severa e imponente, a lo cual ayudaban en no
+pequeña parte aquellas cejas pobladas que el buen caballero había
+recibido del cielo, y que solía arquear y extender en la conversación de
+un modo prodigioso; y en mayor porción todavía cierta manera
+extraordinaria de hinchar los carrillos y soplar el aire lenta y
+suavemente, que infundía en el interlocutor respeto y veneración. Había
+desempeñado algunos cargos de importancia en la administración pública,
+y había estado a pique una vez de ser nombrado senador ministerial: este
+era el sueño de su vida; tenía bienes de fortuna, y gozaba mucha
+consideración entre sus deudos y amigos: para coronar, no obstante, el
+edificio de su respetabilidad, que piedra sobre piedra había ido
+levantando con trabajo durante muchos años, faltaba aquel remate; pero
+lo alcanzaría, no había quien lo dudase; la familia lo esperaba con
+afán; los amigos lo daban como seguro en un plazo más o menos breve.
+
+
+
+
+II
+
+
+En el pasillo aguardaba Enrique a su primo Miguel, el cual, así que le
+vio levantó los brazos y sonando las castañuelas dio tres o cuatro
+zapatetas en el aire para acercarse a él.
+
+--¿Quieres que bajemos a la cochera hasta la hora de comer?
+
+--¿Y si viene mamá?
+
+Miguel hizo un gesto de desprecio. Enrique vaciló algunos instantes, mas
+al fin se decidió a abrir con sigilo la puerta y escaparse por la
+escalera de servicio.
+
+Era Enrique un muchacho que guardaba en aquella época semejanza
+increíble con un perro ratonero de los que hoy tienen prestigio entre
+las damas; después se compuso bastante, pero aún es feo hasta donde un
+hombre de bien puede serlo. Traía por lo común el cabello hecho greñas y
+aborrascado, las narices llenas de mocos, las manos sucias y el vestido
+roto y cuajado de lamparones. Sólo cuando a doña Martina su madre le
+venía en mientes sacarlo a paseo o llevarlo a misa o de visita a alguna
+casa se le podía ver; mas para esto era necesario que aquella señora le
+condujese al piso segundo y se encerrase con él en un cuarto que pudiera
+llamarse de las abluciones; al cabo de media hora después de haber
+sufrido una razonable cantidad de repelones, estirones de orejas y
+bofetadas, que doña Martina creía indispensable asociar siempre a su
+tarea, salía el buen Enrique lloroso y suspirando, pero más limpio que
+una patena. Y hasta otra. En la casa, donde imperaba la pulcritud, se le
+miraba de mal ojo y era a menudo víctima por su aversión a aquella
+preciosa cualidad, no sólo de las correcciones paternales, sino de las
+crueles e impensadas arremetidas de su hermana mayor Eulalia, joven de
+diez y seis abriles no muy floridos, casta, limpia, hacendosa,
+diligente, llena, en fin, de virtudes domésticas, el mimo de sus papás y
+el blanco del odio de Enrique y del primo Miguel.
+
+--Oyes, Miguel--le dijo Enrique en voz baja, mientras descendían
+cautelosamente por la escalera del patio;--¿para qué te quería papá?
+
+--Para decirme que mi papá va a casarse--respondió Miguel alzando los
+hombros con indiferencia.
+
+--¿Con quién?
+
+--Con una señora.
+
+--¿Entonces vas a tener mamá pronto?
+
+Miguel no juzgó necesario contestar.
+
+--¿Estás contento?
+
+--¿A mí qué me importa?
+
+--¿No tienes miedo que haya?... (Enrique hizo una seña expresiva de
+vapuleo.)
+
+Miguel le miró un poco turbado.
+
+--¿Por qué?
+
+--Las mamás pegan siempre más que los papás--afirmó sentenciosamente
+Enrique.
+
+Miguel calló unos instantes y al fin dijo:
+
+--Si me pegase, le pegaría a ella papá.
+
+Enrique no quiso insistir.
+
+En esto cruzaron el patio y entraron en la cochera. Lo que allí hicieron
+no es para contado y menos para descrito; un sinnúmero de travesuras,
+todas en manifiesta oposición con la integridad y aseo de los trajes:
+baste decir que a última hora entraron en la cuadra, montaron los
+caballos, les llenaron los pesebres de paja, les barrieron la porquería,
+y no satisfechos aún, tomando el cepillo y el rascador, se pusieron a
+sacarles el polvo (y a echárselo a sí mismos encima). Cuando se fue
+acercando la hora de comer, estaban ambos que daba asco mirarlos; tanto,
+que Enrique, el cual, como ya hemos dicho, no tenía inclinación bien
+determinada hacia la limpieza, quedó un momento pensativo mirándose y
+mirando a su primo.
+
+--¿Sabes que estamos muy puercos, Miguel?
+
+Éste asintió con la cabeza, mirándose y mirando a su primo también.
+
+--Si vamos al comedor así, me da mamá una tocata... ¡Recontra qué
+tocata!
+
+Miguel, con quien no había de ir el asunto, se contentó con sacudirse un
+poco el polvo.
+
+--Mira, vamos al cuarto de Eulalia, al piso segundo, y allí nos podemos
+lavar... Yo con estas manos no voy al comedor.
+
+En efecto, las manos de Enrique en aquella sazón no estaban visibles.
+
+Subieron con la misma cautela que habían bajado por la escalera de
+servicio, echó Enrique una ojeada al gabinete de su madre, y enterándose
+de que estaba allí Eulalia, subieron ya sin temor alguno al piso segundo
+y se posesionaron del cuarto de aquella señorita. Lo primero que
+hicieron fue echar el pasador a la puerta a fin de que no los
+sorprendiesen. Después comenzaron a usar y a abusar de los copiosos
+medios de aseo que allí existían; sumergieron ambos las manos en la
+jofaina, que trasvertía de agua clarísima; apoderáronse de una
+magnífica pastilla de jabón de almendras, y en pocos minutos, a fuerza
+de sobarse con ella, la redujeron casi una tercera parte; tomaron las
+esponjas, las empaparon en el agua del jarro y se las pasaron repetidas
+veces por el rostro y la cabeza; no contentos con esto, llevaron sus
+manos sacrílegas al tarro de la pomada, al frasco del aceite y a los
+pomos de las esencias, adobándose y perfumándose con todo ello sin duelo
+alguno; no satisfechos aún, osaron coger la misma borla de los polvos de
+arroz que servía a la pulcrísima sultana para ocultar ciertas rosetas
+importunas que la erisipela había hecho nacer en su rostro, y se
+embadurnaron con ella en medio de groseras carcajadas; después llevaron
+todavía su audacia a usar de un frasco de colorete, pintándose los
+labios, las narices y hasta las orejas, como cerdos inmundos que eran;
+después tornaron a lavarse con la esponja y a secarse con las
+inmaculadas toallas colgadas de entrambos lados del tocador; finalmente,
+se lavaron los dientes y las muelas esmeradísimamente con los cepillos
+que para este efecto allí estaban, frotándolos primero en una cajita de
+polvos dentífricos. Este magnífico y escrupuloso lavatorio del aparato
+dental, coronó, en opinión de ambos, la obra de aseo que con tan buen
+éxito habían emprendido, y se decidieron a bajar al comedor. Pero antes
+de salir, se les ocurrió casualmente que tenían los pantalones cubiertos
+de polvo y porquería; vuelta a echar mano de la esponja, porque no
+hallaron cepillos, y a frotarse con ella hasta tapar las manchas. Las
+botas se hallaban también, y aún más que los pantalones, en estado de
+merecer, y Miguel acudió solícito con la esponja a limpiarlas; pero
+Enrique, no encontrando el medio bastante adecuado, entró en la alcoba
+de su hermana y se las limpió muy bien con la colcha de la cama. ¡Ea! ya
+están arreglados aquel par de pájaros; se miran en la luna del armario y
+dejan escapar un suspiro de satisfacción. Sin embargo, Miguel medita un
+momento, y dice:
+
+--¡Mira, tú, que si Eulalia viniera ahora!...
+
+--Ya no sube hasta la hora de dormir... ¿No ves que vamos a comer en
+este momento? Y si viene, ¿qué, recontra? El día que me vuelva a pegar,
+le doy en las narices con esta badila (aquí Enrique sacó una de bronce
+que tenía escondida _ad hoc_ en el forro de la chaqueta). ¡Ella no tiene
+por qué pegarme, contra! ¿Es mi madre por si acaso? ¡Ah, recontra; pega
+porque sabe meter baza a papá! Cuando está mamá delante, ya se guarda
+ella de tocarme el pelo de la ropa. ¡Y que lo diga! ¡Menudo coscorrón se
+ha mamado ayer!... Ya me dijo mamá: «no seas tonto, Enrique; el día que
+te pegue tu hermana, tírale a la cabeza con lo que tengas a mano.» Aquí
+está la badila; ¡que venga, que venga!... ¡Vaya, hombre, que ya no se
+puede sufrir! ¡todo el día pega que te pegarás, como si yo fuese un mulo
+de artillería!...
+
+--¡Pero chico, si la das con la badila la matas!
+
+--¡Que la mate, recontra! ¿Para qué sirve en el mundo esa puerca?
+¡Siempre metiéndose donde no la llaman! ¡Caciplándolo todo! ¡Metiendo
+las narizotas en las cosas de sus hermanos!... ¡Ya no la aguanto más,
+recontra!
+
+Apesar de las disposiciones belicosas de Enrique respecto a su hermana,
+quedose un instante suspenso y pálido escuchando pasos en el corredor,
+lo cual probó a su primo Miguel que aún no le había abandonado
+enteramente el instinto de conservación. Los pasos se alejaron al fin
+sin dar el resultado desastroso que fue de temer, y Enrique con voz más
+sosegada dijo:
+
+--Me parece que ya es hora de comer. Vamos abajo antes que nos llamen.
+
+En efecto, cuando los dos primos llegaron al piso principal, la familia
+estaba ya en el comedor, que era una pieza espaciosa, amueblada también
+a la antigua. En el centro una gran mesa de roble tallado cubierta con
+el mantel y atestada de platos, copas, fruteras y dulceras; a juzgar por
+el número de cubiertos, había convidados. Sobre la mesa ardía una
+lámpara de bronce colgada del techo. Los aparadores casi tocaban en él y
+eran también de roble tallado; las sillas de roble igualmente; todo de
+roble. Esta madera dura, maciza y adusta, parecía el símbolo de aquella
+respetable familia.
+
+Sentado ya a la mesa leyendo un periódico, estaba el dueño de la casa,
+D. Bernardo Rivera, con la frente espantosamente fruncida, no porque
+estuviese disgustado, sino porque tal era su costumbre siempre que leía
+algo; guardaba frente a los periódicos y los libros la actitud prevenida
+y hostil del que no quiere ser juguete de sofismas o frases
+relumbrantes. Doña Martina, su esposa, daba vueltas por la estancia,
+atenta a que nada faltase, ni sobrase, en la mesa y en los aparadores.
+Era mujer de unos cuarenta años, de regular estatura, metida en carnes,
+que no habría sido fea a los veinte, de fisonomía abierta y simpática,
+pero ordinaria; el talle y la figura más ordinarios aún, porque el
+vientre le había crecido en los últimos años mucho más de la cuenta y no
+había corsé que lo sujetase; la voz aguda y desentonada, los ademanes
+bruscos y el mirar dulce y halagüeño: vestía un traje de terciopelo de
+color castaño, que en aquella época era el sumo lujo entre las señoras
+de calidad; mas advertíase que aquel terciopelo no estaba tan bien
+pegado a sus carnes como era de esperar, dado el aspecto imponente y el
+concertado gusto y elegancia que reinaban en la casa. Consistía esto
+(vamos a decirlo en secreto al lector, porque en secreto y al oído se lo
+decían los amigos de la familia cuando tocaban este asunto), en que doña
+Martina había sido planchadora en sus juveniles años, planchadora de la
+casa de su esposo, o por mejor decir, de los padres de su esposo. Cómo
+D. Bernardo Rivera había descendido tan abajo y doña Martina había
+subido tan arriba, no era fácil de explicar en aquel tiempo; años atrás
+no había tal dificultad para los que apreciaban, en su justo valor, las
+carnes macizas y sonrosadas de la buena señora. Se contaban a este
+propósito mil anécdotas más o menos chistosas, que todas redundaban en
+elogio de ella; doña Martina había sido, en sus tiempos floridos, una
+fortaleza inexpugnable; el fuerte de Figueras y la ciudadela de Santoña,
+eran castillitos de naipes al lado suyo; sus condiciones de resistencia
+la habían llevado al término feliz en que hoy la vemos. Verdaderos o
+falsos estos dichos maliciosos, el resultado es que D. Bernardo se
+encontró casado, y fue necesario que su esposa salvase de un golpe la
+enorme distancia que mediaba entre su humildad y la grandeza y autoridad
+que habían acompañado al Sr. de Rivera desde sus más tiernos años. ¿La
+salvó en efecto esta señora? En concepto de D. Bernardo no, y esta era
+la espina más dolorosa de su vida, la que le amargaba las muchas
+satisfacciones que la sociedad le había proporcionado. Sin embargo, hay
+que convenir en que ella había hecho todo lo que estaba de su parte; si
+no lo había conseguido, acháquese a todo menos a falta de buena
+voluntad. Y todavía creemos que andaba su esposo algo exagerado en este
+punto; porque doña Martina supo muy bien, al cabo de pocos años, recibir
+a los amigos de su esposo con dignidad, ya que no con distinción, y supo
+también preparar una mesa con elegancia y pasear en carretela por la
+Castellana sin ir rígida e incómoda en el asiento; aprendió igualmente a
+no dormirse en el Teatro Real y a saludar a sus amigas desde lejos
+abriendo y cerrando repetidas veces la mano; ofrecía la casa bastante
+bien, aunque siempre con las mismas frases; se enteraba de las últimas
+modas y se las aplicaba; se echaba polvos de arroz y se pintaba las
+cejas cuando iba a algún sarao; por último, aunque con marcado acento
+español, había llegado a hablar medianamente el francés.
+
+Apesar de todo esto, el Sr. de Rivera no estaba satisfecho. No que lo
+manifestase tontamente y al primero que llegase, pues la circunspección
+era una de sus cualidades predominantes, pero lo dejaba traslucir a sus
+íntimos amigos. Hallaba don Bernardo que su cara esposa reñía demasiado
+con los criados y a voces, que sus frases de cortesía eran siempre las
+mismas y pronunciadas en retahíla como una lección, que daba confianza a
+cualquier amiga y la iniciaba sin reparo en los asuntos domésticos, que
+no observaba, en fin, con las personas que frecuentaban la casa, aquella
+dignidad y reserva, aquel sosiego imponente propios de una perfecta
+señora. Este capítulo de cargos que el Sr. de Rivera tenía guardado
+contra su esposa, había ocasionado serios disgustos matrimoniales.
+
+Sentada en una butaca trabajando con aguja de marfil en una colcha de
+estambre estaba Eulalia, cuya fisonomía semejaba notablemente a la de su
+papá: era también larga de cara, aguileña, de cejas pobladas y labios
+colgantes que expresaban un profundo desprecio a todo lo que abarcaban
+sus ojos: como él, tenía fruncida la frente casi siempre, lo cual daba a
+su rostro una expresión hostil, no muy común por fortuna en las
+doncellas de sus años; porque Eulalia estaba en la edad del amor, de las
+ilusiones, de la ternura, del rubor y la inocencia, por más que ninguna
+de estas cosas se advirtiesen en ella.
+
+Cuando los dos primitos pisaron el comedor, levantó la cabeza y les
+clavó una intensa mirada escrutadora, que ellos por tácito acuerdo
+fingieron no advertir. Mas contra lo que esperaban, en vez de
+convertirla de nuevo a la labor, siguió cada vez más fija y más
+escrutadora sobre ellos, hasta el punto de turbarlos. Para evitar su
+fascinadora influencia se acercaron a los señores que allí había, los
+cuales les saludaron con palmaditas en el rostro. Doña Martina, después
+de dar a Miguel un beso sonoro en la frente, les preguntó que dónde
+habían estado: contestó Miguel en voz alta, para que lo oyese Eulalia,
+que se habían pasado la tarde en el cuarto de Enrique y Carlos jugando
+con el mapa de rompe-cabezas. Al oír esto Carlos, que tenía un año más
+que Enrique, se puso hecho un energúmeno, diciendo que si le enredaban
+otra vez con sus mapas, iba a hacer una en las narices de su hermano y
+su primo que fuese sonada; pero aquél le tranquilizó en seguida,
+manifestándole por lo bajo que no habían andado con su rompe-cabezas,
+sino con los frascos de Eulalia: no sólo se sosegó, sino que tuvo una
+verdadera satisfacción, porque para odiar a Eulalia estaban todos de
+acuerdo en la casa, menos su padre y su madre.
+
+Carlitos era el hijo más guapo que tenían los Sres. de Rivera, y el más
+aplicado también. Cara redonda y sonrosada, facciones correctas, ojos
+negros y expresivos y poblados de largas pestañas. Todos sus estudios en
+la escuela fueron coronados por un éxito lisonjero; diplomas con orla
+de colores, libros, medallas de metal azogado, hasta una corona de
+laurel con cintas de seda que hizo llorar y moquear copiosamente a doña
+Martina, cuando de las manos del maestro la vio bajar solemnemente a la
+cabeza de su hijo. Pero su estudio favorito había sido siempre la
+geografía, sobre todo la astronómica. Los globos terráqueos y las
+esferas armilares que había hecho comprar a su padre, no pueden
+fácilmente contarse; apesar de ser un hombre de ciencia, estos
+artefactos duraban poco tiempo íntegros en sus manos; y consistía en que
+Carlitos no se limitaba a estudiar la lección, como cualquier chico
+vulgar, sino que la alteza de su pensamiento le arrastraba a escudriñar
+los secretos topográficos de nuestro planeta, para lo cual ideaba
+grandes vías de comunicación que tenía cuidado de señalar con tinta
+sobre el globo, atravesando las montañas más altas y salvando mares y
+lagos por medio de asombrosos puentes que ningún ingeniero del mundo se
+hubiera atrevido siquiera a imaginar. Muchas veces, sin embargo, la
+tinta se corría sobre la piel de que estaba revestido y quedaba el globo
+hecho un asco, y vuelta a comprar otro su padre, para que el fuego de la
+pasión geográfica no se extinguiese en el niño. Pues tocante a las
+esferas, pasaba lo propio. Carlitos no consideraba los espacios celestes
+con el asombro del hombre ignorante ni respetaba debidamente las leyes
+inmutables que determinan las revoluciones de los astros; familiarizado
+con todos sus movimientos de rotación y traslación, formaba cuando se le
+antojaba nuevos sistemas planetarios, convirtiendo a un simple satélite,
+a la luna, verbi y gracia, en estrella fija y haciendo girar a su
+alrededor a todos los planetas, incluso la tierra: o bien imaginaba
+nuevos y caprichosos eclipses, poniendo en conjunción astros que jamás
+se vieran, ni fuera posible, en tal postura. De todo lo cual resultaba a
+menudo que cuando más embebecido en su obra estaba Carlitos, hacía el
+aparato ¡crac! saltaban algunas de las piezas más importantes,
+dislocábanse con esto otras cuantas, y la bóveda celeste padecía un
+completo trastorno, como si fuese llegado el día del juicio final. Pero
+como Carlitos manifestaba vocación tan decidida para Gran Arquitecto del
+Universo y su papá no quería de modo alguno contrariársela, al día
+siguiente ya tenía otra esfera en que proseguir sus experiencias
+astronómicas.
+
+Enrique había conseguido sosegar a su hermano; no de la misma suerte a
+Eulalia, quien, después de alzar muchas veces la cabeza y tragárselo a
+miradas, se resolvió a levantarse de la butaca y acercarse
+disimuladamente a él y a su primito; con gran disimulo también puso la
+nariz sobre la cabeza de ambos, y cerciorándose de que despedían un
+tufo aromático muy marcado, salió repentina y apresuradamente de la
+estancia. Enrique y Miguel se miraron consternados; mas sacando fuerzas
+de flaqueza, se acercaron a Vicente, el primero de los hijos varones del
+Sr. de Rivera, y se pusieron a examinar atentamente la cadena de reloj
+que recientemente le había comprado su papá.
+
+Tenía Vicente tres años más que Carlos; esto es, trece; pero semejaba
+tener diez y seis por la estatura, y treinta por su extraordinaria
+gravedad. Era un muchacho de rostro largo y amarillo, seco de carnes y
+anguloso, mirada fija y opaca, cabeza erguida y ademanes reposados, de
+hombre ya maduro. No era tan aplicado ni tenía las felices disposiciones
+de su hermano para las ciencias y las artes; mas en cambio poseía una
+elegancia y una distinción de modales, que tenía completamente subyugado
+a D. Bernardo. Hablaba muy poco; no jugaba nunca; sus placeres
+consistían en salir de paseo con su papá y otros señores mayores, y que
+así le viesen sus amigos y compañeros de Instituto. Preocupábale la
+indumentaria muy más de la cuenta, al decir de su mamá, que le miraba
+por esto con alguna ojeriza: no había sastre que le hiciese bien la
+ropa, ni planchadora que le diese gusto; con tal motivo, siempre que
+estrenaba un traje o unas botas o se ponía camisa limpia, armaba un
+jollín que se oía en toda la casa; verdad que estos eran los únicos
+momentos en que daba cuenta de sí y mostraba algún arranque, porque todo
+lo demás de este mundo parecía tenerle sin cuidado; pero de todos modos,
+era un posma que molestaba mucho; y lo que decía doña Martina con
+muchísima razón:--Si este niño es tan impertinente ahora para la ropa,
+¡qué hará cuando tenga veinte años! En efecto; cuando tuvo veinte años,
+no había quien lo aguantase. Hay que decir que D. Bernardo no
+participaba de la ojeriza de su esposa hacia Vicente; antes consideraba
+aquella pulcritud como una preciosa cualidad, que le recordaba las que
+le adornaban a él en su infancia. Regalábale a menudo, unas veces con un
+bastón, otras con un alfiler de corbata, otras con alguna sortija de
+poco precio, y el día que cumplió los trece años le compró reloj de
+plata con cadena de _doublé_. Este regalo había puesto frenéticos lo
+mismo a Enrique que al Gran Arquitecto, los cuales venían ya muy
+agriados por las preferencias injustificadas de su señor padre; así que
+tan pronto como tuvieron noticia de la injuria que se les hacía, armaron
+un formidable pronunciamiento, que, por fortuna, hubo de sofocarse
+pronto, gracias a una ballena larga y bastantemente gruesa que doña
+Martina poseía para los casos difíciles. Después de todo, D. Bernardo
+tenía razón en no entregar a sus hijos menores ningún objeto delicado,
+porque hubiera durado muy poco en sus manos; en las del mayor duraba
+todo eternidades. Cuando para disimular mejor el miedo se fueron
+aquéllos a jugar con su cadena, no pudo reprimir la indignación y les
+advirtió con un manotazo de que aquello era de «mírame y no me toques,»
+y para evitar más conflictos, se levantó de la silla y se puso a dar
+vueltas por la estancia, sin perder un átomo de su ingénita gravedad.
+
+Además de Miguel, que comía todos los domingos en casa de su tío, había
+otros dos señores convidados, los cuales conversaban en un rincón. A
+juzgar por la confianza que D. Bernardo y su señora hacían de ellos,
+dejándolos solos, debían ser amigos íntimos, de la casa. El uno era un
+gigante, sin pecar de exagerados al decirlo; en todo Madrid no se
+hallarían seguramente dos hombres que le aventajasen en estatura.
+Llamábase D. Pablo Bembo, pero nadie le conocía sino por el coronel
+Bembo, porque lo era, hacía ya bastantes años, de caballería. Las
+facciones de su rostro abultadas, talladas en colosal, como la figura;
+la voz tan áspera y gruesa que daba miedo; por fortuna hablaba poco:
+gastaba patillas, entrecanas ya, unidas al bigote a la moda de algunos
+años atrás. Las manos y los pies eran cosa de ver; no había hallado
+hormas para los zapatos en ninguna parte; por lo que siempre que
+viajaba llevaba en el baúl unas que había mandado hacerse a la medida.
+Pasaba por hombre rico, a quien el sueldo no importaba nada, y estaba
+casi siempre de reemplazo para vivir en la corte a su gusto. Sus modales
+torpes y bruscos como los de un elefante, la palabra estropajosa, la
+inteligencia tarda y oscura al parecer: sin embargo, después de tratarle
+se comprendía que era más socarrón que lerdo: rara vez miraba de frente
+a la persona con quien hablase.
+
+El otro era un caballero de mediana estatura y edad, delgado, pálido,
+ojos hermosos, de mirar suave y humilde, cara rasurada enteramente, a
+semejanza de los clérigos y comediantes; frente espaciosa, aumentada por
+una calva brillante, y modales tímidos. Se llamaba D. Facundo Hojeda y
+era el amigo íntimo y el adlátere eterno del señor de Rivera; no se
+concebía a D. Bernardo paseando por el Retiro o el Prado sin llevar a su
+izquierda a D. Facundo: éste le daba siempre la derecha o le dejaba la
+acera según los casos, reconociendo la inmensa superioridad de aquél.
+Tal superioridad se había mostrado ya desde la infancia, cuando ambos
+asistían a la escuela; no que D. Bernardo fuese un discípulo más
+aventajado, pues aunque los dos gozaran opinión de aplicados, todavía
+Hojeda le sacaba alguna ventaja en estudiar con ahínco las lecciones y
+escribir las cuentas con limpieza; pero D. Bernardo, toda su vida había
+tenido un nosequé de alto y superior, que infundía respeto. Esta
+superioridad se fue señalando cada vez más con el trascurso del tiempo;
+los caminos que los dos amigos tomaron contribuyeron poderosamente a
+ello. Mientras D. Bernardo, por virtud de la riqueza heredada de sus
+padres, comenzó desde muy joven a figurar en la sociedad madrileña y a
+ser un factor indispensable en los salones y teatros, Hojeda veíase
+necesitado a seguir la modesta carrera de farmacéutico y a abrir botica,
+una vez terminada, en la calle de Fuencarral. Aunque su amistad, merced
+a estas circunstancias, parecía bastante dispuesta a entibiarse por lo
+que tocaba a la parte de D. Bernardo, los esfuerzos de Hojeda no lo
+consintieron. Todos los momentos que la farmacia le dejaba libre,
+aprovechábalos para correr a casa de su amigo y prestarle cualquier
+servicio que estuviese a su alcance: era tan bueno, tan cariñosote, tan
+respetuoso, que apesar de la distancia que los separaba y que el
+boticario se complacía en reconocer, D. Bernardo condescendió
+magnánimamente a tratarle, a dejar que le acompañase en el paseo y hasta
+a dar alguna que otra vez una vuelta por la botica y jugar allí un
+tresillo. No es posible figurarse la profunda gratitud que el bueno de
+Hojeda guardaba a su amigo por estas mercedes. Había permanecido
+célibe, y gracias a sus economías, consiguió formar en algunos años un
+capitalito, cuyas rentas debían ir acumulándose a él, porque lo mismo
+gastaba hoy que el día en que abrió al público su farmacia. No podían
+ser más sencillas sus costumbres: habitaba un cuartito bajo detrás de la
+tienda en compañía del mancebo y una cocinera vieja que arreglaba sus
+fugaces refacciones: dos o tres veces por semana comía en casa de
+Rivera, y una que otra se autorizaba el lujo de entrar en un
+_restaurant_ y engullirse un cubierto de diez reales; jamás iba al
+teatro, pero tenía dos pasiones decididas, los toros y los sermones, las
+cuales procuraba ocultar porque entendía que la primera era una
+flaqueza, y dejar ver la segunda acusaba vanidad o jactancia. De nada
+huía D. Facundo como de esto último; jamás le había oído nadie
+vanagloriarse de cosa alguna ni hablar siquiera de sus asuntos, con tal
+que de la conversación resultase él en buen lugar por cualquier
+concepto; su reserva era proverbial en casa de Rivera y en las demás que
+frecuentaba, que no eran muchas; esta cualidad, en vez de respeto,
+inspiraba risa a sus amigos, los cuales se complacían en mortificarle
+haciéndole preguntas referentes a su vida y negocios, y hasta le
+espiaban los pasos para decir después en plena tertulia lo que había
+hecho, dónde había entrado, con quién le habían visto hablar, etcétera.
+Lo que esto molestaba a Hojeda no es decible: al principio se turbaba y
+le venían los colores a la cara; más adelante, cuando advirtió que era
+broma, se negaba a contestar al impertinente, limitándose a alzar los
+hombros en señal de resignación o a masticar alguna frase de disgusto.
+Por lo demás, su candor rayaba en lo inverosímil: cualquier disparate,
+por grande que fuese, con tal que se lo dijesen en serio, lo creía; no
+le entraba en la cabeza que una persona de años y de carácter se
+atreviese a decir delante de gente una patraña por sólo el placer de
+embromar a un amigo; no obstante, tanto abusaron de las mentiras con él,
+que andando el tiempo llegó a no creer siquiera las verdades, o por
+mejor decir, éstas eran las que se le atravesaban con más frecuencia.
+
+
+
+
+III
+
+
+A comer, a comer--dijo doña Martina.
+
+Y en el mismo instante un criado apareció con la humeante sopera entre
+las manos.
+
+D. Bernardo se levantó para ofrecer el asiento al coronel Bembo; pero
+éste, conociendo las costumbres de la casa, se guardó muy bien de
+aceptarlo; si el anfitrión hubiera cambiado de sitio, quizá no le
+sentase tan bien la comida. Ocupó un puesto a su derecha; sentáronse
+Vicente, Carlos y Miguel en las sillas que doña Martina les fue
+designando, mientras Hojeda aguardaba en pie a que todos estuviesen
+colocados para acomodarse.
+
+Faltaba Eulalia.
+
+--¿Dónde está Eulalia?--preguntó su madre.
+
+El criado manifestó que la había visto hacía un instante subir a su
+cuarto. Enrique y Miguel se miraron y sonrieron como cazurros; pero
+estaban un poco pálidos.
+
+--A ver--dijo doña Martina al criado,--suba usted al cuarto de la
+señorita y dígale que ya estamos a la mesa.
+
+No hubo necesidad. En aquel momento apareció Eulalia, toda sofocada, con
+los ojos llorosos y una jofaina entre las manos.
+
+--¿Qué es eso?--preguntó doña Martina con sorpresa.
+
+--¡Mamá, no sabes lo que han hecho en mi cuarto esos chicos!--profirió
+Eulalia con trabajo y dispuesta a sollozar.--¡Todo lo han revuelto y
+estropeado!... ¡Los polvos de los dientes llenos de agua!... ¡Los
+frascos de esencia abiertos y menos de mediados!... ¡El jabón hecho una
+repla!... ¡Los cepillos de dientes por el suelo!... ¡La esponja llena de
+porquería!... ¡La colcha de mi cama llena de betún! Y la toalla ¡mira
+cómo la han dejado!...
+
+Y exhibió a los circunstantes con una mano la toalla donde estaban
+señalados como carbón los dedazos asquerosos de su primo y hermano, y
+con la otra la jofaina, conteniendo un licor negro y espeso, que al
+moverse la dejaba teñida.
+
+--¿Pero quién ha hecho eso?--preguntó doña Martina.
+
+--Enrique y Miguel.
+
+--¡Se habrá visto muchacho más cerdo!--exclamó, dando la vuelta a la
+mesa para acercarse al primero.
+
+Y luego que se hubo acercado le arrimó un par de bofetadas que se oyeron
+en la cocina, y sobre éste otro par, y otro después, y así
+sucesivamente, hasta que D. Bernardo exclamó en voz alta e imperiosa:
+
+--¡Mujer!
+
+Doña Martina suspendió la corrección y volvió los ojos a su esposo con
+sorpresa.
+
+--Observa--dijo éste bajando la voz y señalando al coronel--que hay
+personas delante...
+
+--Dispénseme V., coronel--manifestó la señora sofocada aún por la
+ira;--pero no lo puedo remediar... ¡Este hijo con sus cochinerías me
+quita la vida!
+
+El hijo, en tanto, daba tales gritos, que no diré en la cocina, sino en
+toda la vecindad debieran oírse perfectamente.
+
+Se había levantado de la silla, y en el colmo del furor pegaba allá en
+un rincón patadas horrendas en el suelo.
+
+--¡Contra! ¡recontra! ¡me c... en diez!... ¡Por esa cochina!... ¡por esa
+sinvergüenza!... ¡por esa metebaza!...
+
+--¡Chis! ¡chis!... ¡Silencio, niño!--dijo D. Bernardo, frunciendo aún
+más la frente, lo cual, en verdad, parecía imposible.
+
+--¡Vamos, Enrique!--exclamó doña Martina, procurando reprimirse.
+
+--¿Y por qué no le pegan a Miguel que hizo más que yo, recontra?--gritó
+con furor.
+
+--¡Vamos, Enrique!--volvió a exclamar doña Martina.--¡Tengamos la fiesta
+en paz!
+
+Y acercándose a él y metiéndole la voz por el oído, comenzó a decirle:
+
+--¿No comprendes, mentecato, que Miguel no es hijo mío?... Si lo fuese
+le pegaría como a ti... Pero tú eres mayor qué él, y estás en tu casa...
+Debieras dar ejemplo... ¡A quién se le ocurren sino a ti esas cosas,
+majadero!... Eres capaz tú solo de revolver esta casa y todas las de
+Madrid... ¿Es eso lo que te enseña el maestro en la escuela? ¿Di,
+gaznápiro, di?...
+
+Le tenía cogido por un brazo, y cada una de estas frases iba acompañada
+de una fuerte sacudida. Cuando hubo concluido su filípica, le dejó
+llorando en el rincón y se fue detrás de Eulalia, que se había subido de
+nuevo al cuarto, para cerciorarse del número y de la clase de estragos
+allí ejecutados.
+
+Mientras tanto, D. Bernardo, de malísimo talante, no tanto por la
+travesura de su hijo como por las _incorrecciones_ de su esposa, sirvió
+la sopa a todos los comensales, llenando también el plato de aquélla y
+el de su hija ausente. Al llegar al de Enrique, dijo en tono perentorio:
+
+--Niño, ven a sentarte a la mesa.
+
+Pero Enrique se hizo el sueco y siguió gimiendo y pataleando a ratos.
+
+--¡Niño!--gritó D. Bernardo con voz estentórea.--¡Ven ahora mismo a
+sentarte a la mesa!
+
+El muchacho levantó la cabeza atemorizado y mirando a su padre que tenía
+los ojos clavados en él con terrible expresión de cólera, comenzó a
+caminar a regañadientes y como arrastrado hacia la mesa. Y acaso hubiera
+llegado a ella sin novedad si en aquel momento no viese aparecer por la
+puerta a la causante de los bofetones, a Eulalia, que entraba en el
+comedor seguida de su mamá. Verla y sentirse poseído de insano furor fue
+todo uno.
+
+--¡Indecente! ¡por ti me han pegado! ¡Ya me las pagarás todas juntas,
+recontra!... ¡Te he de romper esas narizotas de trompeta! ¡Metebaza!...
+¡Fea!... ¡Feona!... ¡Chula!...
+
+Al oírse insultar de este modo, Eulalia no pudo contenerse y se arrojó
+como una fiera sobre su hermano, dándole tal estirón de pelos, que el
+berrido de Enrique, al sentirlo, hizo levantarse asustados a los
+presentes. Doña Martina, que apesar de sus travesuras tenía pasión
+decidida por aquél y que ya estaba medio arrepentida de haberle
+castigado, se indignó muchísimo.
+
+--¡Oyes, mentecata! ¿quién eres tú para pegar a tu hermano? ¿No estamos
+aquí tu padre y yo para eso? ¡Aguarda, aguarda un poco, que yo te bajaré
+los humillos!...
+
+Y se dirigió a su hija con la mano levantada: esta circunspecta joven lo
+hubiera pasado mal a no ponerse en salvo corriendo en torno de la mesa;
+doña Martina no pudo atraparla: al mismo tiempo, lo mismo Hojeda que el
+coronel, procuraron poner paz.
+
+D. Bernardo estaba tan irritado con las tosquedades de su esposa, que no
+pudo decir ni hacer nada: siguió sentado con los ojos clavados en el
+plato mientras un enjambre de pensamientos sombríos y melancólicos
+relacionados con su desigual matrimonio, le bullía en la cabeza.
+
+Finalmente, fuéronse calmando poco a poco los ánimos que estaban
+irritados. Doña Martina dejó de perseguir a su hija y se sentó a la
+mesa, aunque murmurando amenazas; aquélla también se sentó mirando
+recelosa a su madre; D. Bernardo, haciendo un prodigioso esfuerzo de
+diplomacia para sobreponerse a su justo desabrimiento, entabló
+conversación con el coronel. El único que pagó los vidrios rotos fue el
+mísero Enrique: la autoridad del padre y de la madre, de común acuerdo,
+decidieron que se quedara sin comer, ¡por insolente! Mas, como sucede
+siempre que en España se castiga a un criminal, no faltaron empeños en
+seguida para que la sentencia se casara; los ruegos de Hojeda y el
+coronel lograron al fin que la pena se redujera solamente a la privación
+del postre. Y el buen Enrique (a quien hay que agradecer por lo menos el
+que en medio de su cólera rabiosa no sacase la badila homicida que tenía
+en el forro de la chaqueta) vino a sentarse a la mesa con las mejillas
+coloradas de los cachetes, los ojos y las narices húmedas y los pelos
+caídos por la frente. Estaba tan horroroso, que su primo Miguel,
+compadeciéndole muy de veras, sintió unos deseos atroces de reír; los
+cuales, como es natural, trató de contener por cuantos medios estuvieron
+a su alcance, mordiéndose los labios, mirando hacia otro sitio, etc.,
+etc. Pero quiso su mala suerte que Enrique vino a entender, por la
+contracción del rostro sin duda, las ganas que le retozaban por el
+cuerpo, y con tal motivo empezó a lanzarle unas miradas feroces,
+envenenadas. Entonces Miguel ya no fue dueño de sí, y de improviso, en
+un momento de silencio, soltó el trapo de la risa, y con él a
+chorretazos por boca y narices la cucharada de sopa que acababa de
+tragar. Todos los rostros se volvieron con asombro.
+
+--¿De qué te ríes, Miguel?--le preguntó su tía.
+
+--¡De mí, recontra, de mí!--gritó Enrique desesperado.
+
+--¡Vamos, silencio!--le dijo doña Martina encarándose severamente con
+él.--¿Tienes ganas de llevarlas otra vez? Miguel no se ríe de ti... ¿Por
+qué se ha de reír, tontuelo?...
+
+--Porque sí... yo bien lo sé... ¡Porque es un hipócrita!...
+
+--¡Silencio, te digo... y a comer!
+
+Miguel se había puesto muy serio, comprendiendo que había cometido una
+grosería, y que se la disimulaban por ser convidado. Durante un rato
+largo pudo conseguir reprimirse, haciendo para ello titánicos esfuerzos.
+Enrique tenía fijos en él sus ojazos saltones cargados de ira,
+adivinando perfectamente lo que le andaba por dentro. Si levantaba la
+vista y veía aquel rostro mocoso, más feo aún por la cólera, estaba
+perdido. Por eso no la movía un instante del plato, devorando el cocido
+que su tía le había servido, sin mascar los bocados. Llegó un instante,
+sin embargo, en que por casualidad o por atracción magnética se
+encontraron sus ojos. Y ya no pudo más. Otro flujo de risa; los
+garbanzos esparcidos por la mesa; los rostros de los comensales vueltos
+de nuevo hacia él. Pero esta vez había más severidad que asombro pintada
+en ellos, mayormente en el de su tío.
+
+--¿Qué es eso, Miguel?--le dijo con aparente calma.--¿Por qué estamos
+tan risueños?
+
+Miguel se puso muy colorado, y no contestó.
+
+--¿Te ríes acaso porque han castigado a tu primo por faltas que los dos
+habéis cometido?... No está bien eso, Miguel, no está bien eso....
+Debieras ser un poco más generoso..... Si a ti no te han pegado, no es
+porque no lo merecieses, bien lo sabes, sino porque tu tía no tiene
+autoridad para hacerlo. Pero afortunadamente para todos, y para ti
+también--añadió mirando al coronel con sonrisa maliciosa,--no faltará
+dentro de poco tiempo quien la tenga y ponga las cosas en orden, que
+buena falta está haciendo. Entonces, amiguito, quizá le toque a Enrique
+reírse de ti, aunque tampoco haría bien... La buena educación y la
+moral cristiana prohíben reírse de los males del prójimo...
+
+Miguel, que se había ido poniendo cada vez más colorado, al llegar a
+este punto rompió a llorar, y se echó de bruces sobre la mesa. D.
+Bernardo sonrió satisfecho del triunfo obtenido por su oratoria. Doña
+Martina acudió inmediatamente a consolar al niño.
+
+--Vamos, Miguelito, no llores, tonto.... Si tu tío te quiere mucho.....
+No tomes a mal lo que te dice..... Si él..... Tú eres un buen chico, ya
+lo sé, y lo saben todos..... Eres incapaz de reírte de Enrique porque
+le hayan pegado..... ¿Verdad que no te ríes de eso?
+
+Miguel se abstuvo de hablar, porque no quería mentir, ni tampoco llamar
+feo a su primo. Siguió todavía algunos momentos con las narices metidas
+por el mantel como en son de protesta contra las reticencias mal
+intencionadas de su tío. Al fin, vencido de los ruegos y los halagos de
+la tía, levantó la cabeza: aquélla se apresuró a secarle las lágrimas y
+los mocos con su propio pañuelo. Tomó otra vez el tenedor y siguió
+comiendo.
+
+La conversación giró en seguida, por iniciativa del mismo D. Bernardo,
+sobre la necesidad absoluta que tenía su hermano de llevar a casa una
+señora, opinión que ya le oímos emitir no hace mucho tiempo.
+
+--Si mi hermano se empeña en permanecer soltero, mucho más valdría que
+se deshiciese de los muebles y se fuese a vivir a una fonda.....
+
+Hay que advertir que D. Bernardo consideraba lo de vivir en fonda punto
+menos que una deshonra: por no pisar estos establecimientos vulgares,
+donde las personas se confunden ridículamente en torno de la mesa
+redonda, procuraba tener siempre en las poblaciones que visitaba una
+casa de respeto (así la llamaba) donde no hubiera más huéspedes que él.
+De este modo se comprenderá fácilmente la inflexión desdeñosa que dio a
+la palabra fonda cuando pasó por sus labios.
+
+--No sé si V. habrá observado, D. Pablo--siguió dirigiéndose al coronel
+(a Hojeda rara vez le concedía este honor),--qué desbarajuste hay en
+casa de Fernando..... Rara vez se encuentra una cosa en su sitio: el
+polvo anda esparcido por los muebles: los criados por donde les parece.
+A mí me ha pasado más de una vez ir a ella y no haber uno para quitarme
+el abrigo. ¡Si le dijese a V., coronel, que en cierta ocasión mi hermano
+fue a mudarse de camisa, y no pudo, porque no había ninguna planchada!
+
+--¡Hum!--gruñó el gigante en señal de admiración, pero sin apartar los
+sentidos del _roast-beef_ que tenía delante.
+
+--¡Qué horror!--exclamó doña Martina, como siempre que se hablaba de
+este suceso inaudito: ya sabemos que su fuerte era la plancha.
+
+--¡Vea V., vea V. cómo come su hijo!..... soltando la carne ya mascada
+en el plato!
+
+Miguel se puso colorado otra vez hasta las orejas.
+
+--¡Vamos, Bernardo, déjale ya!--manifestó su esposa; y dirigiéndose
+después al coronel:--Aprenda V., amigo Bembo; las mujeres hacen más
+falta en las casas de lo que a V. se le figura.
+
+--No lo dudo, no lo dudo--murmuró el gigante sin apartar los ojos del
+plato.
+
+--Y si no lo duda V., picaronazo, ¿por qué no sigue V. el ejemplo de mi
+cuñado?
+
+--Señora, no me siento aún preparado.
+
+Doña Martina soltó una carcajada estrepitosa, burda, que hizo arquear
+levemente las cejas a D. Bernardo.
+
+--No lo estará V. nunca, si Dios no pone en ello la mano, ¡que ojalá la
+ponga pronto!
+
+--Esa felicidad, primero le ha de tocar a don Facundo que a mí--murmuró
+con voz cavernosa.
+
+Hojeda levantó la cabeza turbado. Pocas cosas le molestaban tanto como
+verse aludido en este asunto de mujeres: por eso el socarrón del coronel
+lo hacía siempre que hallaba oportunidad.
+
+--¡Yo!..... coronel..... ruego a V..... el matrimonio.....
+
+--¡A buena parte va V., amigo Bembo!..... Hojeda es un egoistazo.....
+Más de veinte veces le he querido casar, y siempre me ha dado calabazas
+a la novia.
+
+--Permítame V., Martinita--se apresuró a decir D. Facundo,--yo no he
+dado calabazas a nadie..... Estas son cosas muy graves, Martinita.....
+
+--Hojeda no se casa--prosiguió la señora,--por no abandonar su vida de
+solterón egoísta. ¿Quién le quita a él de dar su paseíto por la mañana
+en el Retiro, su sermoncito por la tarde en las Calatravas o en la
+Encarnación, sus toros o novillos los domingos, etc., etc.?
+
+--Sepamos lo que está comprendido en esas etcéteras, D.
+Facundo--manifestó el coronel.
+
+Hojeda le miró con ira, y no contestó.
+
+--Pero V. es otra cosa, coronel; V. es un hombre de mundo, menos
+arregladito que Hojeda, y puede hacer feliz a cualquier muchacha.
+
+--Ya lo oye V., D. Facundo--dijo el coronel.--Los hombres arregladitos
+no pueden hacer felices a las muchachas.
+
+--No, hombre, no; no quiero decir eso--manifestó doña Martina riendo...
+
+Pero en aquel instante entraron en el comedor dos nuevos tertulios y se
+suspendió la conversación. Ninguno de los dos llegaría a veinticinco
+años: dieron la mano con gran confianza a los señores y besaron a los
+niños, lo cual testimoniaba su amistad con la familia de Rivera. El uno
+era delgado, pálido, ojos pequeños, bastante feo todo él, aunque vestido
+con gran pulcritud y elegancia: se llamaba Juan Romillo, hijo de un rico
+camisero de la calle del Príncipe: su padre le había destinado al foro,
+en el cual no había hecho grandes adelantos; en cambio desde muy niño
+había despuntado en el arte de vestirse y en el conocimiento pleno,
+absoluto, de cuantas noticias verdaderas o falsas corrían por la villa:
+en las casas donde él entraba no se leían los diarios noticieros,
+porque eran inútiles: a esto se reducía su ciencia y sus partes. El otro
+era un guapo chico, rubio, sonrosado, de barba rala e incipiente, ojos
+azules y húmedos, los labios siempre plegados con sonrisa tierna y
+humilde, los ademanes respetuosos sin ser encogidos. Había nacido en
+Cuba de una familia opulenta, que después se arruinó en el juego de
+Bolsa al establecerse en España. Era abogado también, como su amigo y
+condiscípulo Romillo, pero mucho más estudioso y aprovechado, lo cual
+era de necesidad, pues Romillo tenía en perspectiva una fortuna
+considerable, mientras él solamente la que adquiriese con su trabajo.
+Figuraba en la Academia de Jurisprudencia como orador de esperanzas, y
+había fundado en compañía de otros una sociedad para la abolición de la
+esclavitud, y otra para abolir las quintas y matrículas de mar. En estos
+asuntos de interés humanitario mostraba Valle (Arturo del Valle era su
+nombre) una actividad y un interés tan laudables como prodigiosos: el
+número de asambleas, o _meetings_, como se decía en los periódicos, y de
+banquetes que por su iniciativa se habían promovido, era incalculable;
+el de artículos y folletos que había escrito en apoyo de sus ideas
+generosas, tampoco podía apreciarse con exactitud. En estos folletos
+solía venir debajo del título, a modo de sello, un pésimo grabado
+representando un negrito de rodillas y aherrojado con las manos
+levantadas al cielo. En los banquetes figuraba también otro negrito,
+pero de carne y hueso: a los postres de estos festines humanitarios rara
+vez dejaba Valle de levantarse diciendo en voz alta y solemne:
+
+--Se me dise, señore, que ahí afuera hay un hombre de coló que desea
+fraternisá con nosotros. ¿Tenéis inconveniente en que esta víctima de la
+injustisia sosial entre a saludaros?
+
+--¡Que entre, que entre ahora mismo!--gritaba la asamblea como un solo
+hombre, presa de entusiasmo abolicionista.
+
+Entonces Valle abría la puerta y sacaba de la mano al negrito, el cual
+se dejaba abrazar de todos los comensales entre vítores y aplausos. Y
+después se emborrachaba como cualquier blanco, y aun mejor algunas
+veces. Este personaje oportuno, que llegaba siempre por casualidad al
+final de los banquetes abolicionistas, andando el tiempo llegó a ser
+conocido en Madrid. La gente solía decir cuando pasaba por la calle:
+«Ahí va el negrito de Valle.»
+
+Las ideas políticas de éste, aunque muy democráticas, estaban templadas
+por aquella eterna y dulce y amable sonrisa de que hemos hecho mención:
+esta sonrisa era el mejor salvo-conducto para entrar y ser bien acogido
+en todos los salones de la corte: gracias a ella, D. Bernardo Rivera,
+que no tenía pizca de demócrata ni abolicionista, se dignaba otorgarle
+su amistad protectora:--«Es un muchacho excelente--solía decir,--salvo
+sus ideas...; pero ya las irá modificando con el tiempo.» Con aquella
+sonrisa, beneficiada con acierto, se podía hacer una gran carrera.
+
+Los dos pollos (como doña Martina los llamaba) fueron saludados con
+efusión por los presentes. D. Bernardo les entregó generosamente su
+mano, aunque sin perder un punto la gravedad que tan bien le sentaba. Al
+instante se entabló una conversación animadísima acerca de los asuntos
+que entonces embargaban la atención de la corte: uno de ellos era la
+llegada reciente del célebre tenor Mario. Romillo lo esclareció de un
+modo notabilísimo; entre otros datos importantes, hizo saber que Mario
+había dado orden a L'Hardy, el pastelero de la Carrera de San Jerónimo,
+de que no vendiese más botellas de _champagne_, pues probablemente
+necesitaría él las existencias que hubiese.
+
+--¡Ave María purísima! ¿Pero se las va a beber todas?--exclamó
+cándidamente Hojeda.
+
+--Sí señor--repuso gravemente Romillo.--Se bebe por término medio una
+docena de botellas todos los días.
+
+--¡No haga V. caso, hombre!--exclamó doña Martina riendo.--Este Romillo
+siempre tiene ganas de bromas. Se las beberán entre él y sus amigachos.
+
+Estaban a los postres. Romillo y Valle fueron invitados a tomar café y
+se sentaron a la mesa. Después del tenor Mario, versó la plática sobre
+los fusilamientos de algunos sargentos que se habían sublevado. Romillo
+dio acerca de este punto pormenores no menos interesantes: uno de los
+reos no había quedado muerto en el acto; se levantó pidiendo
+misericordia; el confesor trató de interponerse entre él y los cañones
+de los fusiles; pero el General que mandaba las tropas acudió, y alzando
+la espada lleno de cólera, le dijo:
+
+--¡Padre cura, a su puesto, o le fusilo a V. en el acto!
+
+--¡Qué horror!--exclamó Valle, poniendo los ojos en blanco y posándolos
+después blandamente sobre Eulalia.
+
+--En efecto--dijo D. Bernardo,--es muy triste todo eso, pero de absoluta
+necesidad. ¿Dónde iríamos a parar si no se castigase con mano fuerte la
+rebelión?
+
+--Que se castigue de otro modo señó; la pena de muerte debe ser
+proscrita de los códigos.
+
+--No vayamos a las declamaciones, amigo Valle: la pena de muerte debe de
+subsistir mientras haya criminales que la merezcan. V. es muy joven,
+querido, y tiene las ideas generosas, pero irreflexivas, propias de la
+juventud. Cuando V. haya vivido más, verá que no puede gobernarse con el
+corazón, sino con la inteligencia.
+
+--Tal ves sea lo que usté dise... pero yo no lo puedo remediá... ¡me
+causan horró todas las penas corporale!
+
+Al pronunciar estas palabras sus labios estaban contraídos por una
+sonrisa de inefable dulzura, mientras sus ojos seguían mirando a la
+primogénita de Rivera.
+
+D. Bernardo todavía se dignó contradecir otras cuantas veces al joven
+abolicionista, favor que éste supo apreciar en lo que valía, procurando
+dar a sus argumentos un sesgo sentimental que no molestase poco ni mucho
+al respetable prohombre: dejábase acorralar algunas veces, otras se
+escapaba por medio de un sofisma evidente, otras se confesaba vencido,
+aunque persistiendo en sus creencias.
+
+--Sus rasone son poderosa, no tienen vuelta de hoja, lo comprendo
+perfectamente; pero no puedo juzgá a la humanidad tan mal; sigo creyendo
+que lo medio suave son preferible.
+
+La discusión de esta suerte era sabrosa para don Bernardo, y nada perdía
+con ello el joven cubano. Doña Martina le contemplaba con admiración y
+simpatía, participando de sus opiniones caritativas. Eulalia le
+escuchaba sin disgusto, que era lo mejor que podía esperarse de esta
+severa doncella.
+
+Al fin Romillo llamó la atención de todos, sacando del bolsillo del
+gabán un lindo artefacto, que según dijo le acababan de enviar de París.
+Era un estereoscopio de nuevo sistema; de otro bolsillo sacó una
+colección de vistas, iluminadas unas, otras sin luz, representando los
+paisajes y monumentos más notables del universo. En torno de él se
+agruparon inmediatamente todos, exceptuando el jefe de la familia, a
+quien no podían interesar tales bagatelas, y Romillo fue colocando las
+vistas y mostrándoselas, explicando previamente lo que significaban.
+
+--Alrededores de Nápoles... Ahí tienen VV. el Vesubio a un lado... el
+golfo debajo...
+
+--¡Hermoso país!--exclamó D. Facundo, que después de los niños, y acaso
+antes, era el que con más afán ponía los ojos en los cristales.--Hombre,
+qué ganas tengo yo de hacer un viaje por Italia.
+
+--Pues a ello.
+
+--¡Si no se gastase tanto!
+
+--Pero, hombre de Dios, ¿para quién quiere usted ese gatazo que tiene en
+casa? ¿No es mejor que se divierta por cuenta de los herederos?--dijo
+doña Martina.
+
+--Mi gato está más flaco de lo que V. piensa, Martinita.
+
+--La torre inclinada de Pisa.
+
+--¡Vaya una cosa rara y sorprendente!--exclamó el coronel.--Yo no sé
+cómo ha podido construirse esa torre.
+
+--Haciendo que la vertical que pasa por el centro de gravedad, caiga
+dentro de la base--manifestó Carlitos, que había estudiado su poquito de
+física en la escuela.
+
+--Muy bien, chico, muy bien--repuso el coronel mirándole.--Eres ya un
+sabio.
+
+Carlitos se puso colorado de gusto. Pero Enrique, que estaba detrás, se
+indignó con aquella prueba de sabiduría que acababa de dar su hermano, y
+le dijo al oído:
+
+--¡Farol! ¿Ya has metido la cucharada? ¡Farol de retreta!
+
+El Gran Arquitecto, que tenía mucho puntillo y no estaba avezado a
+sufrir injurias tan manifiestas, le alumbró por toda contestación una
+soberana morrada en las narices. Pero Enrique, que conocía a dónde
+llegaban las fuerzas de su erudito hermano, sin proferir una queja, se
+arrojó sobre él como un león, y le hubiera despedazado a no intervenir
+muy oportunamente en la contienda doña Martina.
+
+--Envía esos niños a la cama--ordenó D. Bernardo.
+
+--Ahora, ahora; en cuando lleven a Miguel a su casa--repuso la
+señora.--Estoy esperando que el criado concluya de comer.
+
+--El puerto de la Habana--dijo Romillo poniendo el estereoscopio delante
+al coronel.
+
+--Su país de V.--dijo Eulalia a Valle, con un amago de sonrisa.
+
+--¿Tiene V. deseos de ver su tierra?--preguntó doña Martina.
+
+--¡Y cómo no, señora!--respondió el cubano poniendo otra vez los ojos en
+blanco y con afluencia admirable.--¿No he de tener deseo de ver a mi
+paí, lo sitio donde se han deslisado lo año de mi infansia? ¿No he de
+tener grabado en mi corasón aquello paraje tan delisioso, aquella
+naturalesa tan rica? ¿No he de apetesé encontrarme otra ves en medio de
+aquella selva vírgene, bajo un sielo siempre asul, y bebé el agua del
+coco y comé la piña y el plátano y la guayaba?
+
+Hablaba de carrera y sin detenerse cual si le hubiesen dado cuerda.
+
+Cuando terminó el panegírico, volvió a poner los ojos en su sitio, y el
+rostro perdió repentinamente su expresión animada, como si el mecanismo
+interior se hubiese parado.
+
+--Paisaje de las orillas del Nilo--manifestó Romillo.
+
+--De aquí salieron las siete vacas gordas y las siete flacas que vio
+José en sueños, ¿no es verdad?--preguntó doña Martina mientras miraba
+con atención por los cristales.
+
+--Justamente--contestó Hojeda,--las que simbolizaban los años de
+abundancia y de miseria. ¿No anda por ahí el palacio de Faraón,
+Martinita?
+
+--No señor, no le veo; lo que sí hay son unos animales muy feos, así
+como serpientes grandes...
+
+--A ver, mamá, déjame ver...--dijo Carlitos con mucho afán.
+
+Su mamá le puso el estereoscopio delante.
+
+--Son cocodrilos--manifestó enseguida el niño con
+suficiencia.--Pertenecen a la clase de los _reptiles_, orden de los
+_saurios_, familia de los _crocodílidos_.
+
+--¡Mucho, mucho, chico!--manifestó el coronel con la misma sorna.
+
+--Todos los animales se dividen en cinco tipos...
+
+--¿Nada mas?
+
+--No señor, nada más: _vertebrados_, _articulados_, _moluscos_,
+_radiados_ y _heteremorfos_... Lo que hay es que después se dividen en
+clases, órdenes, familias, géneros y especies... Los _vertebrados_ se
+dividen en cinco clases: _mamíferos_, _aves_, _reptiles_, _anfibios_ y
+_peces_; los _mamíferos_ en catorce órdenes: _bimanos_, _cuadrumanos_,
+_quirópteros_, _insectívoros_, _fieras_, _pinnípedos_...
+
+--Vamos, niño, basta--dijo a esta sazón don Bernardo, que comenzaba a
+ver lo ridículo de todo aquello.
+
+--_Roedores, desdentados, proboscideos, paquidermos_...
+
+--¡Basta te digo, niño!
+
+--_Solípedos, rumiantes, sirenios y cetáceos._
+
+--¡Si no te callas, Carlitos, voy allá y te arranco las orejas! Cuidado
+con lo cargante que se pone este chiquillo algunas veces!
+
+--¡Anda, bien empleado te está, por farol!--le dijo por lo bajo Enrique.
+
+--Déjele V., amigo Rivera, déjele V. esplayarse. ¿V. no sabe que la
+ciencia a veces produce indigestiones?--manifestó el coronel.
+
+Carlitos cerró la boca muy mohíno.
+
+--El templo de Santa Sofía en Constantinopla--vea V., coronel--dijo
+Romillo.
+
+--¡Hombre, muy hermoso!... No sabía yo que en Constantinopla hubiese un
+templo semejante. ¡Qué columnas tan preciosas! ¡qué columnas!...
+
+--Vea V., D. Facundo, vea V.--dijo Romillo quitándoselo al coronel y
+poniéndoselo delante al boticario.
+
+Al mismo tiempo apretó un resorte que el aparato tenía, y trocó la vista
+del templo por la de una figura obscena. Sólo para esta broma había
+comprado y traído el estereoscopio.
+
+Hojeda apartó instantáneamente los ojos horrorizado, y encarándose con
+el coronel, le preguntó con retintín:
+
+--¿Y le gusta a V. esto, coronel?... ¡No están malas columnas!
+
+El coronel le miró sorprendido.
+
+--A ver, a ver...--dijeron todos.
+
+Romillo volvió a colocar la vista primitiva, que fue muy celebrada.
+Entonces D. Facundo, viéndole sonreír, cayó en la broma y comenzó a
+dirigirle miradas iracundas; y hasta se acercó a él disimuladamente para
+decirle por lo bajo con voz irritada:
+
+--¡Parece mentira que un joven bien educado traiga aquí esas porquerías!
+
+--¿Qué tiene V., D. Facundo?--preguntó Juanito en voz alta.
+
+El boticario, desconcertado con la audacia de aquel mequetrefe, contestó
+lleno de confusión:
+
+--Nada, nada; le preguntaba a V. si aún faltaban muchas vistas... porque
+deseo retirarme temprano esta noche.
+
+--Si no te molesta mucho, Facundo--dijo don Bernardo,--desearía que te
+quedases un ratito aún con nosotros. Tengo una sorpresa que darte...
+
+--Molestarme... de ningún modo... aguardaré lo que tú quieras...
+
+El estereoscopio continuó dando juego algún tiempo, y mientras lo daba,
+apareció en el comedor el último retoño de los Sres. de Rivera, que
+venía dormido en brazos de la nodriza. Era una niña de catorce meses, de
+carita ovalada y pálida, con cierta expresión triste y reflexiva.
+
+--Aquí está mi Serafina--exclamó la madre llena de gozo y orgullo.
+
+Los tertulios fueron depositando un beso en la frente de la criatura,
+procurando no despertarla, y la nodriza se retiró.
+
+Terminaron al fin las vistas. Romillo guardó su estereoscopio, no sin
+recibir antes algunas miradas como saetazos del indignado Hojeda. Valle
+había conseguido acercarse a la primogénita de los Rivera, y procuraba
+entretenerla agradablemente hablándole de sus muchísimas ocupaciones, lo
+requerido y solicitado que era de todo el mundo, los aplausos que ganaba
+donde quiera que pedía la palabra, etc., etc. Los niños habían formado
+un grupo y se divertían en un rincón, exceptuando el comedido Vicente,
+que se paseaba silenciosamente a lo largo de la estancia, bien resuelto
+a no ser confundido con aquella _chiquillería_. Doña Martina, el
+coronel, Romillo y Hojeda, formaban el núcleo de la tertulia,
+departiendo alegremente en torno de la mesa, mientras el señor de Rivera
+se mantenía un poco alejado de ellos con un periódico en la mano. Al
+cabo, dejándolo sobre la mesa y acercándose, les dijo soplando antes
+repetidas veces:
+
+--Voy a darles a VV. una noticia que creo ha de serles grata, dada la
+amistad que me profesan y el cariño y el interés con que han compartido
+hasta ahora, lo mismo nuestros pesares que nuestras alegrías.
+
+Todos alzaron la cabeza con sorpresa.
+
+--Pero antes de dársela, les ruego que me aguarden aquí algunos
+instantes. Trataré de ser breve, para que la curiosidad no les pique
+mucho tiempo.
+
+Y salió del comedor.
+
+--¿De qué se trata, doña Martina, de qué se trata?--preguntaron a una
+voz todos.
+
+--Señores, yo no lo sé tampoco--repuso ésta, dejando no obstante
+adivinar en sus ojos gozosos que lo sabía perfectamente.
+
+--Vamos, Martinita, dígalo V.
+
+--¡No lo sé, Hojeda, no lo sé!...
+
+--Señores, aguardemos, ya que doña Martina no quiere decirlo--manifestó
+Romillo.--D. Bernardo no puede tardar mucho.
+
+Tardó, sin embargo, más de lo que contaban; un buen cuarto de hora lo
+menos. Al fin se oyó en el pasillo algo como repiqueteo de armas y
+espuelas, y apareció en la puerta el Sr. de Rivera vestido de máscara.
+
+Gran asombro en todos los circunstantes.
+
+--Pero, ¿qué es eso, D. Bernardo?
+
+--Señores--dijo éste solemnemente;--el capítulo de caballeros de la
+orden de San Juan de Jerusalem, me ha hecho la honra de recibirme en su
+seno. Aquí me tienen VV. de gran uniforme...
+
+--Muy lindo, Rivera, muy lindo... está V. admirablemente--dijo el
+coronel, sin poder comprenderse bien, por la entonación, si hablaba
+seria o irónicamente. Lo más cierto debía ser lo último, porque D.
+Bernardo estaba hecho un verdadero adefesio. El uniforme era de color
+rojo subido. Parecía una langosta cocida; y para que la semejanza fuese
+más notable, la muchedumbre de cordones y correas que le envolvían
+remedaban bastante bien las antenas de aquel animalucho. Un espadón
+disforme le colgaba de la cintura; el tricornio estaba adornado con
+plumas.
+
+--¡Y qué calladito se lo tenía!--dijo Valle.
+
+--Yo lo sabía ya hace días, pero no me atrevía a publicarlo,
+comprendiendo que D. Bernardo se estaba haciendo el uniforme para dar
+una sorpresa a sus amigos, como así resultó--repuso Juanito Romillo, a
+quien molestaba muchísimo el ignorar cualquier noticia.
+
+--Está muy bien, ¿no es verdad?--preguntó doña Martina, llena de cándido
+orgullo.
+
+--Admirable, señora, admirable--contestó el coronel con voz
+cavernosa.--A ver Rivera, dé V. la vuelta para que le examinemos por
+todas partes...
+
+D. Bernardo giró gravemente en redondo, haciendo sonar el terrible
+espadón y las espuelas. En aquel instante se oyó un resuello singular en
+la estancia, al cual siguió una explosión de carcajada contenida. Era el
+pobre Miguel que, después de haber trabajado como un héroe para contener
+la risa, poniéndose colorado como un pimiento, había reventado al fin,
+con gran dolor de su alma. Su tío le clavó una mirada capaz de dejarle
+seco en el acto; los demás le miraron también severamente y con asombro;
+nadie dijo nada, sin embargo. Después que se hubo desahogado, bajó la
+cabeza lleno de confusión y vergüenza. D. Bernardo se retiró
+inmediatamente, y en el comedor hubo unos momentos de silencio
+embarazoso. Hojeda, para templar el mal efecto de la imprudencia del
+niño, se apresuró a entablar conversación acerca de la orden de San
+Juan, haciendo de ella y de sus miembros calurosos elogios. Sin embargo,
+doña Martina, que estaba realmente enojada, al cabo de pocos minutos
+llamó al ayo de los niños para que subiera a acostarlos, y ordenó al
+lacayo que condujese a Miguel a su casa.
+
+El chico se despidió, todavía confuso, de la tertulia, y dejó la casa de
+su tío, situada en la calle del Prado, y se fue paso entre paso con el
+lacayo hasta la suya, que estaba en la del Arenal.
+
+
+
+
+IV
+
+
+El abuelo de Miguel había sido uno de los negociantes más ricos de
+Madrid durante el reinado de Fernando VII. Al morir dejó a cada uno de
+sus tres hijos, Bernardo, Manuel (de quien hablaremos en seguida) y
+Fernando, una renta de catorce o quince mil duros, que sólo D. Bernardo
+había conseguido, merced a ciertas negociaciones con el Tesoro, aumentar
+considerablemente. La de Fernando permanecía en tal estado; y en cuanto
+a la de Manuel, se había mermado bastante.
+
+Fernando, el último de los hermanos y padre de Miguel, era un hombre de
+rostro enjuto y avinagrado, como D. Bernardo, cejas espesas y terribles
+bigotes. Nadie diría que detrás de este rostro imponente y marcial, se
+ocultaba un espíritu fino y sensible como el de una damisela, y que
+debajo de la cruz laureada de San Fernando, ganada por un acto de arrojo
+que asombró a la nación, latía un corazón de paloma. Nada más cierto,
+sin embargo. Aquellos bigotes terribles no servían, en realidad, más que
+para que todo el mundo se subiese a ellos: y el más encaramado de todos
+era Miguel, a quien su padre no sabía negar nada, que hacía cuanto se le
+antojaba, fuese tuerto o derecho, y que con su mala educación daba pie a
+que se dijese lo que su tío le había dicho aquella tarde.
+
+Cuando llegó a casa y fue a dar las buenas noches a su papá, encontró a
+éste sentado en una butaca de su gabinete, fumando y envuelto en la
+sombra que proyectaba la pantalla del quinqué.
+
+--Buenas noches, papá.
+
+--Buenas noches, hijo mío.
+
+Miguel se acercó para darle un beso. El brigadier le retuvo entre sus
+rodillas acariciándole los cabellos.
+
+--¿Cómo lo has pasado en casa de tu tío?
+
+--Bien.
+
+--¿Te has divertido mucho?
+
+--Bastante.
+
+--¿Supongo que no habréis hecho ninguna travesura que enfadase a la tía
+Martina?
+
+--No, papá--respondió el chico sin vacilar, y le contó todo lo que había
+hecho aquella tarde, omitiendo lo que bien le pareció.
+
+--Bien, así me gusta. Ahora tendrás ya deseos de irte a la cama,
+¿verdad?... Vaya, pues a la cama, hijo mío, a la cama..... No quiero
+retenerte más..... a la cama, a la cama.....
+
+Sin embargo, seguía reteniéndole entre las rodillas. Al fin Miguel,
+forzándolas un poco, logró salir de ellas, y se dirigió a la puerta.
+Cuando ya estaba cerca, volvió a llamarle su padre.
+
+--Oyes, Miguel..... ¿No te ha hablado tu tío Bernardo?... preguntole con
+voz algo alterada.
+
+Miguel se detuvo y no contestó.
+
+--¿No te ha hablado de cierto asunto?
+
+--Sí--murmuró el chico, también cortado.
+
+--¿Y qué te ha dicho?... Cuenta.....
+
+Miguel comenzó a colocarse los dedos de la mano izquierda unos sobre
+otros y no dijo palabra.
+
+--¿No te ha dicho que ibas a tener pronto una mamá?--articuló el
+brigadier cada vez más turbado.
+
+--Sí--murmuró sordamente el niño.
+
+--¿Y qué te parece a ti de eso, Miguel?....
+
+Silencio sepulcral por parte de éste.
+
+--Vamos, ven aquí, tonto, ven aquí--le dijo con voz cariñosa; y
+metiéndole de nuevo entre sus rodillas, comenzó a besarle con afán.
+
+--¿No es verdad que a ti no te disgusta tener una mamá?... ¿No ves cómo
+todos tus amigos la tienen menos tú?... Ya verás cómo la quieres... pero
+nunca más que a mí, ¿no es cierto?... Y cuando vayas al colegio ya
+podrás decir a los compañeros:--Tengo una mamá, como vosotros... Y lo
+mismo a tus primos Enrique y Carlos... Y saldrás con ella a paseo en
+coche para que todos la vean. Ella, que es muy buena, te ha de querer
+mucho, y tú no la darás ningún disgusto, ¿verdad? Ya te conoce por el
+retrato... Y tú la conocerás muy pronto a ella... ¿Quieres conocerla
+ahora mismo?
+
+Y con mano febril, por donde se podía adivinar el grado de
+apasionamiento a que el brigadier había llegado, sacó del bolsillo una
+cartera y de la cartera un retrato de mujer, que puso delante de los
+ojos a su hijo.
+
+--Mírala, ¿te gusta?
+
+Miguel la echó una rápida mirada por complacer a su padre y bajó la
+cabeza en señal afirmativa.
+
+--Vamos--dijo el brigadier en voz baja y temblorosa,--dala un beso.
+
+El chico obedeció posando levemente los labios sobre el retrato. Su papá
+le pagó este acto de galantería con un sinnúmero de caricias y le fue a
+despedir hasta la puerta muy conmovido.
+
+Al día siguiente el brigadier anunció a su hijo que se marchaba en
+busca de la mamá y que tardaría en volver cuatro o cinco días;
+recomendole con mucho encarecimiento la formalidad durante su ausencia,
+el respeto al ama de llaves, la mesura con los demás criados, la puntual
+asistencia al colegio, el estudio, etc., etc.
+
+--Aquí llega tu tío Manolo--dijo viendo entrar a su hermano,--a quien te
+dejo recomendado: él se encargará de dar una vuelta por aquí todos los
+días y enterarse de cómo sigues y qué tal te portas...
+
+El tío Manolo, que acababa de entrar, era, con mucho, el mejor mozo de
+los tres hermanos. Apesar de sus cuarenta y cinco años, conservaba una
+frescura de cutis y una gallardía de talle que ni en sus mocedades
+habían ellos disfrutado: era un hombre verdaderamente notable por su
+figura: alto como sus hermanos, pero mejor proporcionado, de facciones
+correctas y varoniles, cabello negro y naturalmente rizado, donde apenas
+se advertía aún tal cual hebra de plata, patillas negras también,
+largas, sedosas, el cuello blanco y redondo como el de una mujer, el pie
+menudo y las manos finas y aristocráticas. En honra y gloria de esta
+figura, para regalarla y darla el debido esplendor, había sacrificado D.
+Manuel Rivera todo su tiempo y casi todo su capital. D. Bernardo hablaba
+de él con poco respeto y le trataba con cierto despego: el mismo
+brigadier, aun queriéndole bien, no se mostraba muy impresionado por
+aquella famosísima estampa, y solía reprenderle suavemente algunas cosas
+que llamaba puerilidades. En cambio, su sobrino Miguel le adoraba: ya de
+niño ansiaba volar a él desde los brazos de la nodriza: el tufo de los
+perfumes que gastaba, el roce de aquellas sedosas patillas al besarle, y
+sobre todo, la franca alegría que respiraba, le habían seducido siempre
+y aún le tenían completamente subyugado.
+
+--Pierde cuidado, Fernando--dijo gravemente el real mozo.--Yo haré que
+Miguel cumpla con sus deberes y se porte como una persona formal... Ni
+tú, ni Bernardo--añadió dirigiéndose a su hermano en tono
+confidencial--sabéis tratar a los chicos. Bernardo con su rigor
+inoportuno, y tú con tu debilidad, no servís para el caso... Yo hubiera
+sido un gran padre... A los chicos es menester tratarles con
+familiaridad, darles expansión, hablarles como amigos... y cuando llega
+el momento de ponerse serios, se les echa un terno redondo y se les
+dice: ¡c... chico, no hay más remedio que hacer esto!... ¡y se hace!
+¡vaya si se hace!
+
+El brigadier sonrió al oír aquel discurso, y dijo:
+
+--Bueno, Manolo, tú te encargas de dar algunas vueltas por esta casa y
+vigilar que todo marche bien... Y si quieres y tienes tiempo para sacar
+a Miguel a paseo, sácale...
+
+--Nada, hombre, pierde cuidado, te digo.
+
+En efecto, el brigadier partió aquella noche para Sevilla dejando a
+Miguel al cuidado de los criados y bajo la vigilancia de su tío. Este al
+día siguiente vino a enterarse de cómo había pasado la noche, y tuvo la
+amabilidad de conducirle hasta el colegio; al dejarlo a la puerta, le
+prometió venir a buscarle y llevarle a almorzar consigo. Y así fue; pero
+en vez de llevarle a la fonda donde alojaba, prefirió irse a almorzar al
+_restaurant_ del Iris. Comieron y bebieron alegremente como dos
+camaradas: el tío puso en práctica su tema pedagógico de la expansión. A
+los postres tenía las mejillas bastante coloradas y hablaba por los
+codos.
+
+--¿Sabes, Miguel?... Ahora, por la tarde te perdono el colegio. Una
+tarde más o menos importa poco. Vamos a dar un paseíto en coche, que es
+muy higiénico después de almorzar bien... porque hemos almorzado bien;
+¿no es verdad, Miguel? Es lástima que no te encuentres en edad de
+fumar... te daría un cigarro... Pero ya llegarás a allá...
+
+Al levantarse del asiento, Miguel se tambaleó un poco, lo cual hizo reír
+a su tío. Como éste ya no tenía coche, se fueron a casa del brigadier, y
+mandó enganchar el _tílbury_, y subiéndose a él y poniendo al sobrino a
+su lado, empuñó con muy gentil disposición las riendas, y enderezó los
+pasos del caballo hacia la Casa de Campo. El tío Manolo era uno de los
+primeros mayorales de España; daba lástima que aquellas extraordinarias
+facultades hubiesen quedado tan pronto oscurecidas por falta de materia
+donde aplicarlas. Miguel iba en sus glorias, admirado de ver al tío
+aflojar y recoger las riendas y fustigar al caballo, con tanto arte,
+para ponerle al trote corto o largo, y hacerle revolver en poco espacio.
+
+--¿Qué tal, Miguel?--le preguntó muy complacido de aquella
+admiración.--¿Quién lo entiende mejor, Pedro el cochero o yo?
+
+--¡Tú!--contestó el chico con entusiasmo.
+
+--Pues aún no has visto nada... Guiar con un caballo lo hace cualquiera.
+Mañana pondremos los dos, el Centauro y el Veloz, a la _tendée_, y verás
+cómo me las sé arreglar.
+
+Desde la Casa de Campo vinieron a dar una vueltecita al Prado. El tío
+Manolo fue enseñando a Miguel los trenes más lujosos y nombrándole sus
+dueños: también le enseñó las bellezas de la corte.
+
+--¡Guapa mujer esa que acabo de saludar! ¿eh? Es hija de Bustamante el
+banquero...; ligerita..., ligerita!... Allá va la Condesa de
+Fuenteseca... no me ha visto... a la otra vuelta la saludaré... ¡Cuidado
+que se conserva bien esa mujer!... Adiós, Lucía, a los pies de
+V.,--dijo, quitando el sombrero, a una joven rubia que venía en
+carretela con otras señoras.--Esa chica que acabo de saludar es
+sevillana y muy amiga de la que va a ser tu mamá... ¡muy romántica!
+¡muy espiritual!... No tiene una peseta, ¿sabes?... Si va en coche, es
+porque la convidan las amigas... De eso hay mucho en Madrid, chico...
+¡Te digo que a este caballo le han estropeado la boca! ¡Ese Pedro!...
+¡ese Pedro!... No sé cómo tu padre se ha encaprichado por él... yo le
+había recomendado otro magnífico que había sido muchos años de
+Villamejor, pero no me ha hecho caso, y ha preferido ese bruto...
+
+Miguel echó una mirada atrás porque estaba seguro de que el lacayo se lo
+iba a contar todo a Pedro.
+
+--Espérate un poco... ahí viene la Albini...
+
+El tío Manolo saludó a la última moda agitando el sombrero en el aire.
+La blonda y obesa cantante, que venía arrellanada en una carretela, le
+contestó con sonrisa amistosa.
+
+--Es la primera tiple absoluta del Teatro Real... ¡Una hermosa mujer!...
+y nada arisca... Si te parece, vamos a dar la vuelta para que la veas
+bien...
+
+Y sin más aguardar, hizo revolver al caballo y se puso a seguir el coche
+de la Albini, y en toda la tarde no le perdió de vista. Cuando oscureció
+se fueron a tomar un sorbete al Iris y después a casa.
+
+Al día siguiente no hubo colegio tampoco por la tarde, y salieron en
+coche como habían convenido a la _tendée_, luciendo el tío Manolo sus
+aptitudes prodigiosas en el Prado. Miguel iba embelesado y orgulloso de
+ver que la gente les miraba mucho. Aquella manera de enganchar los
+caballos era todavía rara y un poco peligrosa no contando con jacas
+amaestradas. Por la noche el tío le llevó al Teatro Real a un palco que
+tenían abonado entre varios amigos, le presentó a todos ellos y fue muy
+besuqueado y obsequiado de dulces. El tío desapareció del palco durante
+un acto, y Miguel supo por los amigos que debía de estar en el cuarto de
+la Albini. En efecto, al cabo de una hora vino muy sonriente y
+satisfecho y sufrió con alegría la matraca que sus amigos le dieron por
+haber dejado al sobrino abandonado. Al otro día después de paseo le
+llevó a casa de unos amigos, donde se ensayaban hacía ya tiempo dos
+actos de ópera que debían cantarse y representarse en el cumpleaños de
+la señora. Esta era una gran música y tocaba el piano admirablemente; de
+voz andaba tal cual. Su hija la tenía penetrante y bastante
+desagradable, pero sabía cantar. El Sr. de Trujillo, esposo y papá
+respectivamente de las mencionadas damas, intendente de ejército, ni
+tenía voz ni sabía cantar, pero cantaba. Había otra porción de
+tertulianos que con las mismas disposiciones para el arte musical que el
+intendente, se habían prestado a tomar parte en la función. Entre todos
+ellos descollaba como la robusta encina en bosque de madroños, el tío
+Manolo. Miguel pudo convencerse en seguida de que era el gallo de la
+quintana. Rivera para aquí, Rivera para allí, Rivera esto, Rivera lo
+otro, en todas partes hacía falta y para todo se le consultaba. ¡Cómo
+no, si sabía casi tanta música como la intendenta y poseía una voz
+aceptable de tenor! Así que de hecho él era el director de la fiesta,
+por más que aquella lo fuese de derecho.
+
+Se iba a cantar un acto de la _Lucía_, de Donizetti, y otro del
+_Coradino_, de Rossini. Los ensayos hacía ya mas de tres meses que
+habían comenzado; todo el invierno había estado el tío Manolo
+preguntando a la intendenta: «_¿Son tue cifre? A me risponde_,» y
+contestándole aquélla con voz temblona «_Siii._» Apesar de eso no salía
+bien; y era porque las partes secundarias no lo tomaban con la misma
+afición y calor que las primeras. Los coros de ambos sexos,
+particularmente, estaban rematados; cada cual por su lado. En vano la
+intendenta ponía mala cara a las señoritas que la secundaban y les
+dirigía de vez en cuando alguna pulla amarga: en vano el tío Manolo, con
+más paciencia y amabilidad, hacía repetir infinitas veces los pasajes
+difíciles. Nada; las señoritas y señoritos que componían la reunión,
+tomaban aquellos ensayos como pretexto para verse todas las noches y
+decirse recaditos y ternezas; y cuando por indicación de Rivera se
+colocaban los varones frente a las hembras a los dos lados del piano,
+había un fuego graneado de miradas y señas que ardía Troya; la
+intendenta estaba dada a los diablos.
+
+Cuando la tertulia pareció mostrar interés fue al hablarse de los
+trajes. Comenzaron con calor los preparativos de indumentaria; las
+coristas encargaron vestidos riquísimos a París y se retrataron con
+ellos: los caballeros también fatigaron a los sastres con menudencias
+impertinentes. Todo esto era motivo de indignación para la intendenta.
+«De trapos muy bien--solía decir con amargura;--pero de música están VV.
+tan desnudos como su madre los parió.» El tío Manolo lo tomaba con más
+filosofía, sobre todo en lo que tocaba a las señoritas. La intendenta no
+estaba lejos de sospechar que también él andaba metido en alguna de
+aquellas intrigas amorosas que se urdían descaradamente en su salón.
+
+Se hicieron en éste algunas reformas necesarias para el caso, esto es,
+se construyó en uno de los extremos un bonito escenario. El tío Manolo,
+a quien se le alcanzaba también algo de pintura, bosquejó dos
+decoraciones bastante regulares. La de la ópera de Rossini representaba
+las inmediaciones de un castillo feudal, donde habitaba aquel señor que
+aborrecía las mujeres; a la puerta había un gran letrero que decía: _Il
+feroce Coradino odia il sexo feminino_. La de la obra de Donizetti
+representaba el salón de un palacio; en el fondo tenía una plataforma
+para que se viese bien al tenor cuando entrase a pedir cuentas de la
+perrada que su novia le estaba haciendo y causara su aparición más
+efecto. El escenario tenía una puerta al foro que daba al gabinete de la
+casa; por la puerta de escape de la alcoba habían de salir los artistas
+a vertirse en las habitaciones que se les había destinado.
+
+Todo esto vio Miguel con asombro y deleite. Su tío le llevó varios días
+al ensayo y le iba explicando minuciosamente lo que cada objeto del
+diminuto teatro significaba y para lo que servía. Los futuros
+intérpretes de Rossini y Donizetti le agasajaban mucho; pero una cosa no
+podía sufrir con paciencia, y era que todos al besarle o darle
+afectuosas palmaditas en el rostro le mostrasen compasión.--¿Dónde
+tienes a papá?--En Sevilla, contestaba él.--¿Y qué fue a hacer a
+Sevilla? le preguntaban sonriendo. Miguel se encogía de hombros.--¿No
+fue a buscarte una mamá? Él se callaba. Entonces le daban un beso y
+volviéndose a los demás exclamaban por lo bajo:--¡Pobrecito! Estas
+exclamaciones le inquietaban un poco; mas al instante se disipaba la
+mala impresión. Aquellos días su tío le traía sumamente divertido; al
+colegio por la tarde ya no había vuelto; después de almorzar en casa o
+fuera, al paseo, al casino, donde veía a tío Manolo jugar una partida de
+carambolas, algunas veces a los toros y por la noche al ensayo o al
+teatro. El ama de llaves le decía sacudiendo la cabeza con
+disgusto:--¡Buena vida te estás dando, Miguelito! ¡No sé en qué pararán
+estas misas!--El brigadier hacía ya más de ocho días que se había ido y
+no daba noticia del retorno. En casa del tío Bernardo no había vuelto a
+poner los pies; sin duda la antipatía, o por mejor decir, el miedo que
+aquél inspiraba a tío Manolo era la causa principal de este alejamiento.
+Sin embargo, una tarde vino Enrique a convidarle a comer de parte de sus
+papás y fue muy recriminado de toda la familia por su ingratitud.
+
+Llegó por fin el cumpleaños de Anita; así llamaban los amigos a la
+intendenta apesar de hallarse ya cerca de los cuarenta y no poder
+revolverse de gorda. Desde las primeras horas de la mañana tío Manolo
+anduvo tan diligente y afanoso, que no pudo el sobrino echarle la vista
+encima hasta que vino a decirle que a las siete volvería por él. Y en
+efecto, antes que fuesen sonadas se presentó a buscarle y con el bocado
+en la boca le llevó a casa de Trujillo. Si inquieto y preocupado andaba
+el tío Manolo, no lo estaba menos la intendenta; a más del temor natural
+de que se desluciesen por culpa de los otros sus reconocidas y acatadas
+facultades de cantante, el negocio de las invitaciones le daba mucha
+guerra; para no agraviar a ninguna se habían convidado más personas de
+las que cabían en el salón; cuando empezó a llegar la gente hubo algunos
+disgustos; varias señoras se vieron obligadas a quedarse de pie por
+falta de asiento y algunas se marcharon muy desabridas antes de comenzar
+la fiesta. ¡Buenos irían poniendo a los Trujillo! Para que no ocupase
+silla, tío Manolo llevó a Miguel al escenario. No le pesó de ello; al
+contrario, los preparativos, el trajín de los artistas, las voces, las
+risas le llenaban de gozo. Cuando comenzaron a llegar de los cuartos
+perfectamente disfrazados todos aquellos señores y señoras, tardó en
+reconocerlos; al pasar por delante de él le preguntaban acariciándole la
+cara:--¿Me conoces, Miguelito?--Y él, después de mirarlos con atención,
+decía:--Sí, Fulano--y esto le causaba un vivo placer. Pero el que le
+dejó confuso, absorto y entusiasmado fue tío Manolo vestido de señor
+feudal; llevaba botas de ante amarillo que le llegaban hasta los muslos
+y el cuerpo ceñido con loriga que brillaba como un espejo; el casco era
+enorme y asombroso por la cantidad de águilas, grifos y dragones y otros
+animales emblemáticos que le adornaban; la barba le llegaba casi hasta
+la cintura, y hasta el medio de la espalda los cabellos. Finalmente, en
+esto, como en todo lo demás, se reconocía el gusto y la esplendidez de
+Rivera.
+
+Su aparición causó mágico efecto en el auditorio y fue saludado con una
+salva de aplausos. También a la intendenta se la aplaudió al salir. El
+acto de _Coradino_ fue un triunfo para ambos: tío Manolo _dijo_ su aria
+de salida admirablemente, según dos o tres _dilettantti_ sietemesinos
+que allí se encontraban, y eso que era difícil de _vocalizar_; era
+precisamente el fuerte de Rivera; no tenía gran voz, pero vocalizaba
+perfectamente. Donde la intendenta le llevó mucha ventaja fue en la
+mímica: Anita era una consumada actriz, mientras el tío Manolo se movía
+poco y con trabajo en la escena. El acto de _Lucía_ comenzó igualmente
+muy bien: los coros, contra lo que se esperaba, estuvieron bastante
+acertados: Rivera dijo sus primeras frases de indignación con buen
+éxito: el concertante tampoco salió mal. Mas al terminarse el acto,
+cuando el célebre _¡Ah maledetto!_ del tenor, el tío Manolo tuvo la
+desgracia de soltar un gallo. Nunca había dado las notas altas muy
+claras y las temía mucho. En el auditorio se levantó un leve murmullo,
+al cual siguió un estrepitoso aplauso en testimonio de simpatía y
+perdón. Rivera, sin embargo, se desconcertó completamente y cantó lo que
+quedaba rematadamente mal. En cambio la intendenta apretó de firme,
+sobre todo en la declamación: al echar los brazos al cuello a Rivera
+para retenerle, estuvo inimitable. Cuando bajó el telón, tío Manolo,
+desesperado, saltándosele las lágrimas, agitó los puños contra el suelo
+exclamando:
+
+--¡Infame tierra! ¿por qué no te abres y me tragas?
+
+Miguel, que presenciaba el espectáculo desde los bastidores, se conmovió
+profundamente al ver el dolor de su tío.
+
+Así terminó la ópera casera. Al día siguiente tío Manolo, cuando fue a
+visitarle, estaba muy triste y avergonzado y no tuvo humor para sacarle
+a paseo. El brigadier no acababa de anunciar su salida: sin embargo, se
+sospechaba que no tardaría en llegar. Para acabar de ponerle de mal
+humor, el tío Manolo recibió una carta del director del colegio
+noticiándole que Miguel se descuidaba mucho en sus estudios hacía ya
+algunos días. Esto ocasionó una muy fuerte desazón entre tío y sobrino.
+
+--¡Mira, mira, majaderillo, lo que me dice el director!--exclamó lleno
+de cólera.--¿Es ésta manera de portarse? ¿Qué dirá tu padre cuando venga
+y lo sepa? ¿Para eso procuro yo que te diviertas?...
+
+El fuerte de tío Manolo no era la lógica: porque procurar que se
+divierta un chico no es procurar que estudie. Bien lo comprendió Miguel,
+pero no quiso contestarle conociendo su carácter arrebatado: además, no
+le convenía ponerse mal con él.
+
+--¡Chiquillo! ¡Tontuelo! ¡Ponerme a mí en berlina de esta manera!...
+¡Vaya un modo decente de corresponder a mis condescendencias!... Nada,
+si con estos chicos es mejor ser malo que bueno... ya me voy
+convenciendo de eso... ¡El palo, el palo... esto es lo único que
+respetan!... ¿A que no harías esto con tu tío Bernardo si él se hubiese
+encargado de ti?... ¡Hombre, me parece que si fueses hijo mío te rompía
+el trasero a azotes en este momento!
+
+Miguel aguantó el chubasco con la cabeza baja y sin chistar. Y ya que se
+hubo bien desahogado tío Manolo se marchó dando un gran portazo.
+
+Pero al otro día vino tan risueño como si tal cosa, salieron juntos a
+paseo y por la noche le llevó al cuarto de la Albini. Todavía disfrutó
+el hijo del brigadier otros cuatro o cinco días de vida regalona, porque
+su tío no volvió a acordarse de mandarle estudiar más que del santo de
+su nombre; al cabo llegó carta de Sevilla anunciando la salida del
+brigadier y su nueva esposa, y las cosas tomaron repentinamente un
+aspecto más serio. Por convenio expreso entre ambos, Miguel había de ir
+por la mañana a buscar a su tío con la carretela, y desde la fonda irían
+a esperar a los viajeros.
+
+Cuando subió a la fonda a eso de las siete, tío Manolo comenzaba a
+aderezarse, en cuya grave y prolija ocupación no gustaba de que nadie le
+turbase. Sin embargo, Miguel logró entrar en el cuarto y se sentó
+respetuosamente en una silla a esperar que se diese por terminada. El
+negocio no era tan fácil y expedito como a primera vista parecía: el Sr.
+de Rivera había sido siempre extremadamente escrupuloso en el lavado,
+planchado y demás artes decorativas; gustaba asimismo de que todas las
+prendas que usaba le viniesen como anillo al dedo; cualquier
+discrepancia en esta materia conseguía alterarle la bilis. Cuando Miguel
+entró estaba vivamente satisfecho porque los pantalones que estrenaba le
+habían salido muy bien. Dio tres o cuatro vueltecitas taconeando por el
+gabinete, y parándose delante del espejo, dijo:
+
+--¿Qué tal, Miguel, te gustan estos pantalones?
+
+Miguel no entendía casi nada, pero contestó afirmativamente.
+
+--Yo creo--manifestó Rivera con voz conmovida--que son los que mejor me
+ha sacado Utrilla hasta ahora... Y el género es muy rico... inglés
+legítimo... tócalo, haz el favor de tocarlo...
+
+Miguel le dio un pellizquito al paño y dijo que sí, que era bueno.
+
+--¡Doce duros, amiguito!--Y viendo que el sobrino le miraba sin
+comprender, repitió:
+
+--Que me han costado doce duros como doce soles... Pero chico, qué
+quieres, cuando las cosas salen bien, doy por bien empleado el dinero...
+Lo triste es darlo cuando salen mal... ¡La verdad, se ha portado el
+amigo Utrilla! Y que no hay otro pantalón en Madrid igual... Es el único
+que ha venido de este dibujo...
+
+Lo decía en un tono que rebosaba de alegría, moviéndose delante del
+espejo y dando pataditas en el suelo. Después se puso a silbar _La donna
+e móvile_ y se fue a la alcoba a buscar la camisa que ya tenía preparada
+sobre la cama. Pero la camisa no logró satisfacerle como el pantalón; la
+pechera hacía bomba y el cuello estaba poco descotado. Después de
+mirarse gravemente al espejo muchas veces y de procurar arreglarla
+tirando de ella hacia abajo, el tío Manolo soltó un terno y echó una
+mirada feroz a Miguel. En seguida, procurando refrenarse, sin poder
+conseguirlo, exclamó por lo bajo y sonriendo forzadamente:
+
+--¡A que no me visto hoy, Miguelito!
+
+Pero éste, en vez de contestar a la sonrisa con otra, permaneció muy
+serio y asustado adivinando la tempestad que hervía debajo de tales
+palabras. En efecto, Rivera no tardó en murmurar una blasfemia
+espantosa. Estaba muy pálido y se le había formado un círculo oscuro en
+torno de los ojos.
+
+--Oyes, Miguelito, ¿quieres hacerme el favor de salirte a la
+sala?--dijo a su sobrino en un tono almibarado, pero muy sospechoso.
+
+Miguel se apresuró a escapar del gabinete. No tardó en oír fuertes
+trastazos, acompañados de vivas interjecciones, paseos y un resuello
+lúgubre de malísimo agüero. Al fin todo quedó en silencio, y curioso de
+saber en qué consistía, miró por la rendija de la puerta, y vio a su tío
+sentado en una butaca, en mangas de camisa, hundida la cabeza en el
+pecho, el pelo caído por la frente en la más triste y desesperada
+actitud que nadie pudiera imaginarse. Después de permanecer algunos
+minutos en tal estado, vecino de la locura, vio que se levantaba, y con
+cristiana resignación sacaba del armario la tercer camisa, y después de
+meterle los botones, se la ponía dando un profundo suspiro. Al cabo de
+un cuarto de hora, concluida su tarea, salió del gabinete serio,
+tranquilo, un poco pálido, como sucede siempre después de las grandes
+crisis. Al encontrarse sus ojos con los de Miguel, sonrió avergonzado. A
+éste le acometieron aquellas malditas ganas de reír que tanto daño le
+causaron, y no faltó mucho para echarlo todo a perder. Por fortuna
+consiguió refrenarlas.
+
+Encamináronse lo más pronto posible al parador de la silla de posta, que
+no tardó en llegar. Abrió la portezuela el tío Manolo, y se apresuró a
+dar la mano a su cuñada, que saltó en tierra con mucha compostura y
+elegancia. El brigadier, después de abrazar a su hijo, lo presentó a su
+nueva mamá, quien le dio un beso en la mejilla, reparando poco en él.
+Era una mujer hermosa, alta, maciza de carnes, el rostro blanco y
+ovalado, negros y grandes los ojos, pestaña larga, cabello castaño
+tirando a rubio, derecha de espaldas y cogida de cintura, gallarda y
+briosa en sus movimientos y un tantico soberbia. Miguel entendió que no
+había visto nunca nada tan bello, y la expresó su rendimiento mirándola
+hasta comérsela con los ojos. Terminados los saludos y las preguntas que
+en casos tales suelen repetirse bastante, se entraron los cuatro en la
+carretela. Sentose la dama en el fondo a la derecha, y el brigadier a su
+lado: Miguel y el tío Manolo se acomodaron enfrente. Comprendiendo el
+buen efecto que en su hijo había causado la mamá que le traía, el
+brigadier iba muy complacido y estaba harto locuaz; mucho más de lo que
+acostumbraba. El tío Manolo, por cierto instinto de coquetería que jamás
+le abandonaba, hacía esfuerzos por mostrarse agudo y chistoso delante de
+su cuñada, y la abrumaba a galanterías.--«Ángela, ¿te molestan las
+ventanillas abiertas?--la decía llamándola por su nombre y tuteándola
+ya.--¿Quieres que cerremos ésta de la derecha? ¿Llevas los pies fríos?
+Dame acá esa sombrilla. Échate hacia atrás, que irás más cómoda.» La
+hermosa dama contestaba a estos homenajes con leves sonrisas no exentas
+de displicencia.
+
+--Vamos, Miguel--dijo el brigadier.--¿No te parece mejor tu mamá que el
+retrato?
+
+Miguel, ruborizado y gozoso, contestó que sí con la cabeza.
+
+--De modo que votas a mi favor, ¿verdad?--le preguntó la nueva
+brigadiera con gracioso acento andaluz.
+
+Miguel, avergonzado, no se atrevió a contestar.
+
+--¡Ya lo creo que vota!--respondió por él su padre.--Y está dispuesto a
+hacer todo lo que esté de su parte por que le quieras mucho. ¿No es
+verdad que serás siempre obediente a tu mamá, y no la darás ningún
+disgusto?
+
+El muchacho afirmó otra vez con la cabeza.
+
+--Vaya, dala un beso ahora.
+
+Miguel fue muy gustoso a besarla en la mejilla, pero en aquel instante
+la dama sacó la cabeza por la ventanilla para ver los edificios de la
+Puerta del Sol, mientras le tendía su mano enguantada. El niño,
+obedeciendo a un signo de su padre, la tomó entre las suyas y la besó.
+
+Al llegar a casa volvió el tío Manolo a ayudarla a saltar del coche y
+ofrecerla caballerosamente su brazo para subir la escalera. El brigadier
+y su hijo marchaban detrás.
+
+
+
+
+V
+
+
+Aquella hermosa señora que estusiasmó a Miguel, era hija de una familia
+sevillana, tan necesitada de bienes de fortuna como rica en timbres y
+blasones. Había tenido innumerables admiradores, algunos novios y casi
+ningún pretendiente. Los hombres en esta edad prosaica rara vez se
+vuelven locos por amor; y locura era casarse con Ángela Guevara no
+poseyendo mucho dinero y buenos deseos de gastarlo: porque esta joven
+esclarecida, educada en la adoración de su estirpe, tenía de ella tan
+alto concepto y tan pagada estaba igualmente de su belleza, gallardo
+ingenio, despejo y gentileza, que ningún palacio consideraba bastante
+suntuoso, ningún trono suficiente elevado para contener y soportar tal
+suma de perfecciones. Su entrada en los teatros y paseos de Sevilla
+levantaba siempre un murmullo de admiración en la gente: los forasteros
+se apresuraban a preguntar a los naturales:--¿Quién es esa joven?--¿Le
+gusta a V., verdad?--solían contestar chuscamente,--pues tenga V.
+cuidado, porque es de mírame y no me toques.--Y era cierto: la noble
+doncella pasó bastantes años (hasta alcanzar casi los treinta), sin que
+nadie se atreviese más que a mirarla: era una soberbia figura
+decorativa, el mejor ornamento quizá, exceptuado la Giralda, de la
+ciudad que baña Guadalquivir famoso; pero como aquélla, ni los ingleses
+siquiera osaban llevársela.
+
+Y así se hubiera estado la pobre hasta desmoronarse, a no haber
+arribado, en comisión del servicio, el brigadier Rivera. Ángela había
+llegado en materia de novios a un escepticismo desconsolador: tanto la
+habían requebrado con la vista y con la lengua sin ulteriores
+consecuencias, que concluyó por imaginar que el amor era un frívolo
+entretenimiento para no aburrirse en las tertulias, y el marido (el
+suyo, por supuesto) un ser hipotético, una incógnita imposible de
+despejar. Así, cuando el brigadier, rendido a tanta hermosura, se
+resolvió a pedir su mano, entregola apresuradamente como si fuera un
+peso que la molestase: y no reparó en la diferencia de edad, ni en la
+figura quijotesca del pretendiente, ni en la viudez, ni en el hijo que
+estaba allá por Madrid: todo era nada comparado con el magno problema
+que se resolvía: casarse y vivir con boato en la corte. Sevilla entera
+se alegró; dio un suspiro de descanso, exclamando: ¡Al fin la hemos
+casado!
+
+Aquí dan comienzo las desdichas del héroe de nuestra historia. Tan
+pronto como la noble doncella andaluza pisó los umbrales de la casa de
+Rivera, tomó las llaves de los armarios y se encargó de su dirección,
+tuvo a bien arrojarle el guante. No se detuvo en melindres hipócritas,
+ni preparó el terreno, ni dejó trascurrir siquiera el tiempo de
+cortesía, como hacen la mayor parte de las madrastras; desde el primer
+momento reveló que Miguel no le agradaba y le declaró la guerra; por lo
+menos tuvo el mérito de la franqueza. Aquél tardó bastante tiempo en
+recoger el guante. La impresión que su nueva mamá le había producido era
+demasiado grata para que se borrase fácilmente; pensó que se entraba un
+ángel del cielo por su casa. Pronto se hubiera trocado la admiración en
+amor, si la gentil señora le hubiese tendido su mano protectora. Pero no
+fue así: la nueva brigadiera rechazó indignamente la fija mirada de
+adoración que Miguel tenía como muda caricia posada constantemente sobre
+ella. En vez de agradecerla y de sentirse lisonjeada, comenzó a exclamar
+ásperamente en presencia de los criados: «¿Por qué me mirará tanto este
+niño?» Miguel no comprendió en un principio que su madrastra le daba
+calabazas. Su inteligencia infantil no podía darse cuenta de que un ser
+tan hermoso aborreciese a quien no le había hecho ningún daño, y
+persistió cándidamente en su amor platónico. Mas a la postre no tuvo más
+remedio que percibir que se le declaraba la guerra, ¡guerra bien injusta
+por cierto, y bien desigual! Sintió las espinas de aquella rosa
+espléndida, y quedó confuso y apenado. Era un temperamento muy nervioso
+el suyo; no cabía en él la indiferencia: o amaba o aborrecía. Por eso,
+pasada la sorpresa, sin buscar la razón de tal antipatía, trocose presto
+su amor en odio. Y a los pocos días la brigadiera Ángela, si quiso, pudo
+observar que los ojos de Miguel no expresaban ninguna clase de
+adoración.
+
+Encendiose más con esto la mala voluntad de aquélla; la guerra estalló
+con todos sus horrores, sin tregua y sin cuartel. Si Miguel salía de
+paseo con el lacayo, los ojos penetrantes de la andaluza siempre
+descubrían a la vuelta en su traje alguna mancha, algún _siete_ mal
+recosido por una sirviente piadosa:--«¡Jesú, qué niño ma susio y ma
+revoltoso! ¿Qué dirá la gente que le vea? Dirá que yo le abandono y le
+dejo andar hecho un pordiosero. ¡Es una vergüensa!» Si se quedaba en
+casa y jugaba con los criados, la señora se ponía furiosa, le dolía la
+cabeza, hablaba de la bajeza de sentimientos que el muchacho revelaba,
+allanándose a estar siempre entre la servidumbre, e increpaba duramente
+al brigadier porque _no sabía educar a su hijo_. Si, por complacer a su
+padre, tomaba la resolución de estarse quieto y sentadito en una silla
+toda la tarde, esto era lo que no podía ver _el pasmo de
+Sevilla_:--«¡Jesú qué niño tan posma! ¡Siempre en las mismitas faldas de
+una, mirándolo todo, observándolo todo!... ¡Ay, qué fatiga!»
+
+Ni era fácil, como se ve, que le diese gusto en nada. El brigadier
+padecía mucho con esta injustificada aversión y procuraba mitigarla, sin
+resultado alguno. Necesitábase la pasión loca que su mujer le había
+inspirado y su carácter pacífico, para que algunas veces no hubiese un
+escándalo en casa. Los parientes, en cuanto se hicieron cargo de lo que
+pasaba, mostraron mucho disgusto. El más indignado fue tío Manolo:--«¡El
+día que vea a esa _petenera_ tratar mal a mi sobrino--había dicho en
+cierta casa,--como no se tape las orejas con cera va a escuchar cosas
+muy lindas!» Y pasó como había previsto. La brigadiera, que no se
+recataba de nadie para hacer lo que se le antojaba, reprendió agriamente
+a Miguel en presencia suya, y entre otros insultos cometió la ligereza
+de llamarle _mala casta_. Oír esto y volverse loco tío Manolo, fue todo
+uno; por milagro no acabó allí mismo con su cuñada. Así y todo la agarró
+fuertemente por el brazo, y soltando tres o cuatro ternos seguidos, le
+escupió más que le dijo: «Oyes tú, grandísimo pendón; su casta es mejor
+que la tuya siete mil veces... ¿Qué hubiera sido de ti si no te hubieras
+casado con el calzonazos de mi hermano? ¿Así pagas el bien que te ha
+hecho, insultándole a él y a todos nosotros?... ¡Pues mira, chica, que
+el porvenir de tu casta hubiera sido lucido como hay Dios!... Estabais
+con el agua al cuello, más pobres que las arañas, ¿y todavía vienes
+echando fieros?... ¡Si le digo a V., hombre, que es morirse de risa!...
+¡Vaya un hermano babieca que tengo!... ¡Babieca!... ¡Más que
+babieca!...»
+
+La brigadiera, respuesta al instante del susto, se revolvió airada y le
+vomitó tres o cuatro insultos feroces, y después tuvo por oportuno
+desmayarse. Tío Manolo salió del gabinete batiendo las puertas y
+soltando juramentos. Encontrose en la escalera a su hermano, y
+encarándose con él, le dijo: «¡Parece mentira que con esos bigotazos te
+traiga alineado la cursilona de tu mujer! ¡El día que vuelva a poner los
+pies en tu casa, que me entierren vivo!»
+
+Y sin aguardar la respuesta del atónito brigadier, bajó en cuatro saltos
+la escalera y desapareció.
+
+La bella andaluza logró al cabo de poco tiempo indisponerse con todos
+los parientes de su marido, y lo que es más grave, que éste apenas se
+tratase con ellos. En cambio comenzaron a frecuentar la casa bastantes
+miembros de la colonia sevillana amigos de la familia Guevara: la
+mayoría señoras y señoritas. Entre estas últimas la más íntima y asidua
+fue Lucía Población, aquella joven rubia que D. Manuel de Rivera saludó
+en el Prado llevando a Miguel en su compañía. Los pormenores biográficos
+que había dado a su sobrino eran exactos.
+
+Lucía no tenía fortuna; vivía atenida a una pensión que el Estado le
+pagaba por haber sido su padre regente de la Audiencia de Puerto Rico.
+Relacionada y aun emparentada por su madre con varias familias
+aristocráticas de Sevilla y Madrid, disfrutó, aunque sin poseerlo, del
+bienestar y esplendor que el dinero procura. Desde que había quedado
+huérfana de padre, sus ricos parientes habían tenido la amabilidad de
+invitarla a comer con frecuencia y llevarla al teatro y al paseo. A los
+diez y siete años perdió también a su madre y fue recogida por los
+Marqueses de Cisneros, sus parientes más próximos establecidos en
+Madrid. Como Lucía era una joven hermosa, discreta y bien educada, y
+como por otra parte contaba con diez o doce mil reales de orfandad, fue
+carga muy liviana para aquellos señores, que sólo tenían dos hijos y
+gozaban buena renta. Había sido en Sevilla muy íntima de la familia
+Guevara, y en particular de Angelita, por más que ésta la aventajase en
+edad siete u ocho años lo menos. Enfriadas un poco las relaciones por la
+separación, volvieron a calentarse tan pronto como se encontraron en
+Madrid. Al poco tiempo de llegar Ángela, su amiga apenas salía de casa
+sino para dormir; ni al paseo, ni al teatro, ni a misa siquiera dejaban
+de salir juntas.
+
+Era Lucía una rubia de las dichas vulgarmente vaporosas; ojos azules y
+claros y un poco húmedos, tersa y blanca la frente, los cabellos como
+madejas de oro, las cejas perfiladas en arco, algo aguileña, el talle
+fino y esbelto, el rostro alegre y muy apacible. Formaba su hermosura
+dichoso contraste con la de la brigadiera; quizás fuera este el
+fundamento más sólido de su amistad. También se diferenciaban
+notablemente en el humor. Ángela era desdeñosa, irascible, absolutamente
+incapaz de enternecerse, amiga de los placeres de la mesa sobre todos
+los demás. Lucía era romántica, llorona, con ribetes de literata, amiga
+de contar los sueños y los presentimientos, muy habladora, astuta y
+zahorí para explicar los misterios y laberintos del corazón; apenas
+comía. De tal diversidad de cuerpo y espíritu nacía el acuerdo que
+entre ellas existía. Ángela mandaba sobre Lucía, pero a condición de
+escucharla, lo cual no le costaba trabajo; ejercía sobre ella un cierto
+protectorado maternal. Lucía en sus adentros compadecía a su amiga por
+estar tan ignorante de los inefables deleites de la poesía y del amor, y
+en este mutuo aprecio y desprecio vivían ambos genios acordados y
+tranquilos.
+
+Lucía notó en seguida la antipatía de su amiga por el hijastro, y trató
+de vencerla suavemente; pues no hallaba fundamento para ello. Recordaba
+Miguel después de hombre que la belleza de esta señora no le había
+impresionado como la de su madrastra; mas el cariño que le mostró y su
+carácter afable y expansivo, concluyeron, no obstante, por seducirle. Un
+día, recién casado su padre, charlaban las dos amigas mientras él jugaba
+en un rincón; debía referirse la conversación a su persona, porque ambas
+le miraban a menudo, la mamá con ojos severos y desdeñosos, Lucía con
+dulzura.
+
+--Ven acá, Miguelito--le dijo ésta de pronto. Miguel acudió al
+llamamiento. La amable señorita le hizo unas cuantas preguntas de poca
+sustancia, y cogiéndole después por la barba y mirándole fijamente, dijo
+como si atase el hilo a una conversación empezada:
+
+--¡Pues no es feo este chico, Ángela!
+
+La brigadiera calló. Miguel, que tenía ya más penetración de lo que se
+figuraban, comprendió que había estado su rostro sobre el tapete, y
+agradeció toda su vida a la blonda sevillana esta buena opinión.
+
+Otra vez su nueva mamá, cuya antipatía fue siempre en aumento, le
+castigó por haber roto con la pelota un juego de tocador que le habían
+regalado en su boda. Dejolo encerrado en el cuarto ropero con orden a los
+criados de que bajo ningún pretexto le diesen de merendar, y se fue de
+visita con su marido. Llegó al poco rato la señorita de Población, y
+enterándose de que no había nadie en casa más que Miguel, y éste sumido
+en oscura mazmorra, tuvo a bien sacarle de ella, apesar de las
+advertencias de las doncellas, que temían a su señora más que al mismo
+demonio. Llevolo al comedor, hizo que le diesen de merendar y le
+acarició y agasajó cortesísimamente. De este y otros favores fue Miguel
+deudor a esta dama durante su permanencia en la casa paterna, y siempre
+se los tuvo muy en cuenta.
+
+A la brigadiera se le había metido en la cabeza casar a su amiga, y
+casarla ventajosamente. Como Miguel era muy niño y no se recataban de
+él, pudo oír varias conversaciones acerca de este punto y hasta percibió
+alguna vez el nombre del novio que su mamá proponía. A todos los
+encontraba la amable señorita poco adecuados; juraba y perjuraba que
+sólo se casaría cuando hallase el marido que había visto en sueños o al
+menos el que más se le pareciese. A esto contestaba la brigadiera que no
+fuese tonta, que todo era música celestial y que lo importante era
+casarse con un hombre capaz de mantenerla en la categoría y con el
+bienestar que había disfrutado siempre. Digamos que la vaporosa rubia no
+echó en saco roto los consejos de su buena amiga y aun que supo
+aprovecharlos. Pero esto se verá más adelante.
+
+Al año de casarse el brigadier diole su esposa, como fruto de bendición,
+una hermosa niña que se bautizó con el nombre de Julia: fue refuerzo de
+desgracia para el pobre Miguel, aunque de modo inocente. Como astro de
+primera magnitud, oscureció a los demás seres racionales e irracionales
+de la casa, y pasó a ser el centro de todas las miradas y atenciones, y
+el tema de todos los discursos. En los días que siguieron a su
+nacimiento Miguel vivió completamente ignorado, haciendo lo que bien le
+placía, gozando una calma dichosa. Por desgracia, duró poco. Las negras
+pupilas de la brigadiera no tardaron en caer de nuevo sobre él, y detrás
+de aquellas pupilas se agitaba ahora un pensamiento tan egoísta y
+mezquino como acorde con nuestra flaca naturaleza. Aquel chicuelo que
+tenía delante iba a privar a su hermosa y adorada hija de una mitad de
+fortuna, por lo menos. Este pensamiento, siempre fijo, siempre presente
+en el cerebro no muy sólido de la brigadiera, llegó a exasperarla a tal
+punto, que convirtió la casa muy pronto, de monarquía absoluta, pero
+discreta, que era, en feroz e insufrible despotismo. El mismo brigadier,
+que tenía a mucha honra no haberse pronunciado jamás contra las
+instituciones vigentes, estuvo a pique de sublevarse con toda la
+guarnición, representada por Miguel y tres o cuatro criados antiguos. Y
+como la soga quiebra siempre por lo más delgado, la guarnición padeció
+más en este lance que su digno jefe. Después de frecuentes combates,
+emboscadas, escaramuzas y hasta batallas campales en que la brigadiera
+dio pruebas de ser consumada estratégica, muy superior por cierto a su
+marido, que no pasaría jamás de mediano general de división, a los tres
+fieles y antiguos servidores se les dio la absoluta, y a Miguel...
+también se la dieron. Veamos de qué modo.
+
+Tenía Julita dos años, poco más o menos. Era una niña encantadora, que
+se reía hasta desternillarse cuando caía cualquier objeto al suelo, y
+decía ya papá y mamá correctamente y con propiedad. Al mismo tiempo
+demostraba felices y excepcionales disposiciones para la música clásica.
+Cuando su padre entonaba con vozarrón de sochantre el aria de bajo de
+_Lucrezia Borgia_ o la serenata de _Fausto_, la niña se enternecía,
+empezaba a hacer pucheritos, y concluiría por llorar frenéticamente, si
+antes no diese la brigadiera la voz preventiva de: «¿Quieres callarte,
+Fernando?»
+
+No es posible negar, sin embargo, que Julita profesaba algunas ideas
+equivocadas acerca del régimen gramatical y del valor de las palabras.
+Por ejemplo, ¿qué razón podía tener para llamar a la carne _chicha_ y a
+la niñera _Tita_, nombrándose Felisa? Comprendemos perfectamente que
+para pedir queso dijese _quis quis_: aquí, por lo menos, existe la raíz
+del verdadero vocablo. Sus opiniones acerca de los instintos y carácter
+de los animales domésticos eran igualmente absurdas. Al paso que
+exageraba hasta lo indecible el poder y la fiereza de las gallinas,
+huyendo de ellas con gritos de terror, guardaba simpatía viva y profunda
+hacia los gatos, la cual no pudo destruirse con los frecuentes arañazos
+que estas ingratas criaturas infligían sobre sus tiernas manecitas. Así
+que tropezaba con uno perdía nuestra Julia la chabeta, y gritando con la
+dulzura de un ruiseñor «¡papá, _mamo_! ¡papá, _mamo_!» se iba hacia él y
+le cogía por el rabo. En la misma categoría que los gatos, o acaso un
+poco más alto, colocaba Julita a su hermano Miguel, a quien llamaba
+_Michel_. Era un cariño ciego el que le tenía: lo mismo era verle, que
+sus bracitos se agitaban de alegría, lanzaban chispas de gozo los ojos,
+y pedía con toda la fuerza de sus pulmones que trajesen a _Michel_, o le
+diesen a ella la muerte. Así que le tenía cerca, le tiraba por los
+cabellos hasta hacerle llorar, en señal de admiración, o bien llenaba su
+rostro de baba. Miguel, más galante que los gatos, no sólo se dejaba
+tirar de los pelos con la paciencia de un mártir, pero hasta buscaba con
+afán las ocasiones del martirio. Con una generosidad de que hay muy
+pocos ejemplos en la historia, no solamente perdonaba a su hermanita sus
+feroces caricias, sino también los malos tratos y desabrimientos que por
+causa de ella estaba obligado a padecer. Porque la brigadiera no podía
+sufrir con paciencia esta simpatía: se irritaba contra su hija cuando
+pedía que le trajesen a Miguel sin demora, y mucho más cuando éste,
+_motu propio_, se llegaba a darla un beso. Teníale formalmente prohibido
+el tomarla en brazos, jugar con ella, y en general acercarse cuando no
+se lo mandasen: pero nuestro Miguel, desafiando las iras de la
+brigadiera unas veces, y otras burlando su vigilancia, pasaba largos
+ratos con ella, haciendo payasadas para verla reír, o acariciándola
+buenamente.
+
+Una mañana se hallaba Julita muy arrellanada en su cuna, contemplando
+fijamente el cielo raso. La niñera la había dejado sola por irse a
+retozar a la cocina. Su rostro ofrecía una gravedad desusada; los ojos
+inmóviles, estáticos; los labios plegados en señal de reflexión; las
+manos descansando tranquilamente sobre el vientre. Todo parecía indicar
+que estaba embebida en alguna meditación fantástica. De vez en cuando
+levantaba un poco la mano y chasqueaba la lengua, lo cual comunicaba una
+melancolía profunda a su meditación: otras veces decía en voz baja y
+ronca: «¡upa, upa!» Arrastrada por el torbellino de sus tristísimas
+ideas, hubiera concluido sin duda por llorar y gritar desesperadamente,
+si al entornar un poco la vista hacia la puerta no hubiese visto en ella
+admirablemente peinado y acicalado a su hermano Miguel.
+
+--_¡Michel, Michel!_--dijo saliendo de su estupor doloroso y extendiendo
+hacia él los bracitos desnudos.
+
+Miguel se dirigió a ella mirando a todas partes como un ladrón que teme
+ser sorprendido. Al instante quedaron los dos confundidos en un estrecho
+abrazo: del cual abrazo resultó Miguel completamente despeinado, con la
+cara llena de baba y sin corbata. Julita la blandía en señal de triunfo.
+
+El muchacho, que había sufrido con harta impaciencia que le asease la
+doncella, permitió ahora muy complaciente que su hermana le desasease, y
+acercando a ella los labios, le preguntó bajito:
+
+--Di, ¿me quieres, mona?
+
+La niña volvió a tirarle de los pelos y a sobarle la cara en fe de
+eterno cariño.
+
+--¿A quién quieres más, a mí o a Tita?
+
+--Michel, Michel--dijo Julita trayéndole hacia sí y dándole un furioso
+puñetazo en la nuca. Y no contenta con esta clara manifestación,
+prosiguió con énfasis:
+
+--Tita feya... Michel apo.
+
+Miguel enajenado besó apasionadamente los brazos de su hermanita.
+Después le preguntó:
+
+--¿Quieres que te coma?
+
+Habiendo asentido Julita con una docena de inclinaciones de cabeza, el
+chico comenzó a figurar que la comía los brazos, la cara, el pecho, las
+piernas, en fin, toda su diminuta persona. La niña se deshacía de gozo
+al verse devorada de tan gentil manera.
+
+--¿Te como más?
+
+Claro está. Julita deseaba que la comiese hasta no dejar rastro de ella.
+El tigre, así que hubo terminado, descansó algunos instantes sobre la
+misma almohada de su víctima. Esta todavía se arrancaba la carne del
+pecho a puñados para ofrecérsela.
+
+--Oyes, Julita, ¿cómo hace el gato?
+
+--¡Mau, mau!
+
+--¡Ca! no es así, verás tú como hace.
+
+Y poniéndose en cuatro patas, comenzó a dar vueltas por la estancia,
+lanzando tales y tan verdaderos maullidos, que Julita quedó suspensa y
+estática, creyendo tener delante de sí y en realidad un individuo de la
+raza felina. Como no era cosa de dejar pasar tan oportuna ocasión de dar
+a conocer sus benévolos sentimientos hacia esta familia, dijo con
+profunda convicción:
+
+--Mamo, apo.
+
+Miguel vino triunfante a ella, y la dio un beso.
+
+--¿Quieres agua, monina?--le preguntó de repente.
+
+No sabemos qué clase de motivos habrían impulsado a Miguel a ofrecer tan
+espontáneamente agua a su hermana. Sean los que quieran, lo cierto es
+que ésta, como no podía negarle nada, aceptó el ofrecimiento. Mas al
+servírsela el bueno de Miguel, dejó caer sobre la cuna el vaso lleno. La
+niña estuvo tres veces para llorar y otras tantas para reír: al fin se
+decidió por lo último, hallando muy gracioso, aunque demasiadamente
+húmedo, el chiste de su hermanito. Para recompensar su tolerancia, éste
+tornó a hacer el gato con más voluntad aún y maestría. Después imitó al
+perro y al burro menos que medianamente. Al fin, queriendo terminar de
+un modo digno y brillante sus trabajos zoológicos, propuso hacer la
+gallina. Todas las antipatías, terrores y resentimientos de Julita se
+despertaron al escuchar este nombre malhadado.
+
+--¡No... ina no... ina feya!
+
+Pero Miguel, arrastrado del deseo de lucir su habilidad en este nuevo
+ejercicio, no quiso atender a la negativa y se puso a cacarear de lo
+lindo en todos los tonos agudos y graves. La niña, agitada, convulsa,
+con los ojos espantados, gritaba cada vez con más fuerza:
+
+--¡No... ina no...! ¡feya, feya!
+
+Fue necesario terminar. El artista quedose un tanto mohíno viendo
+despreciados sus esfuerzos.
+
+--Upa, upa--dijo la niña al cabo de un rato de silencio, tendiendo a
+Miguel los brazos.
+
+--No, no te levanto, que riñe mamá.
+
+--¡Valiente cosa me importa a mí que riña mamá!--dijo la niña; esto es,
+debió decirlo; en realidad no hizo más que repetir con un gesto que no
+daba lugar a réplica:
+
+--¡Upa, upa!
+
+Miguel se sometió. Cuando la tomó en brazos hallose con que estaba hecha
+una sopa. ¡El maldito vaso! Al pensar en su madrastra se le puso la
+carne de gallina. Fuese porque tal pensamiento le privara repentinamente
+de las fuerzas, o porque nunca las hubiera tenido muy hercúleas, es lo
+cierto que al sacarla de la cuna, sin saber cómo la niña se le deslizó
+de los brazos, y cayó dando un fuerte porrazo con la barba en la
+barandilla.
+
+¡Oh Dios clemente! ¿qué pasó allí? La sangre de Julita corrió en
+abundancia; los gritos se oyeron en media legua a la redonda. Acudió la
+servidumbre, y el portero, y los vecinos, y los guardias municipales de
+la calle, y el médico de la casa de socorro, y la guardia del Principal,
+fuerza de artillería y carabineros, y lo que es aún más espantable que
+todo esto... acudió la brigadiera.
+
+En la misma noche el consejo de guerra, presidido por aquélla, condenó
+al reo nombrado Miguel Rivera a seis años de presidio con retención, que
+debían purgarse en un edificio grande, feo y sucio, sito en la calle del
+Desengaño donde se leía con caracteres borrosos este rótulo: _Colegio de
+1.ª y 2.ª enseñanza bajo la advocación de Nuestra Señora de la
+Merced_.
+
+
+
+
+VI
+
+
+Tan sucio era aquel caserón por dentro como por fuera; la enseñanza y el
+alimento que se daba correspondían muy bien con el local. El fundador y
+director del establecimiento era un excoronel de artillería andaluz y
+amigo de la familia Guevara; por eso Miguel había ido a dar allí con sus
+huesos. El tal coronel, llamado D. Jaime, había salido del cuerpo por un
+asunto de honor en que el suyo no había quedado bien parado; tuvo
+algunas palabras con otro oficial de ingenieros, nombráronse los
+padrinos, y cuando llegó la ocasión de formalizarse el desafío, nuestro
+D. Jaime se achicó y dio toda clase de satisfacciones; los artilleros se
+ofendieron mucho con esta conducta, dejaron de saludarle, y el coronel
+al cabo se vio obligado a pedir la absoluta. Por supuesto que los
+alumnos no sabían palabra de todo esto; antes se tenían formada, de la
+braveza y esfuerzo de su director, una idea superior a toda hipérbole;
+no había en el colegio quien no le tuviese por más áspero y belicoso que
+Roldán y más denodado que Oliveros de Castilla, y quien no le temblase.
+El propio coronel había fomentado esta opinión refiriendo a sus
+discípulos en los momentos en que el álgebra les dejaba algún respiro,
+un sin número de hazañas portentosas y aventuras sangrientas llevadas a
+término por su mano, o en cuya ejecución, por lo menos, había tenido
+parte muy lucida. Además, cuando se incomodaba, y era muy a menudo,
+acostumbraba a desafiar al muchacho delincuente, y no sólo a él, sino
+también a toda la cátedra y al colegio entero lo mismo que hizo el Cid
+con el pueblo de Zamora.--«¡Hombre, tendría gracia que uztede ze
+burlasen de mí!... Nada, zeñore, el que quiera reírze que lo diga
+francamente. Lo hombre han de zer hombre siempre. ¡Que lo diga y le daré
+una piztola para que nos peguemo un tiro! ¡Y zi viene el papá, ze lo
+pego al papá, canazto! ¡Y zi viene el hermano, ze lo pego al hermanito!
+¡Y zi viene el abuelito, al abuelito! ¿Eztamo?» Los chicos quedaban
+petrificados de terror.
+
+Había otro profesor para la geografía y las _Historias_ de mediana
+edad, hombre tímido y pusilánime hasta el exceso, que ganaba el sustento
+suyo y el de su madre y hermanas con grandísimo esfuerzo, corriendo todo
+el día de un colegio a otro, dando además lección particular en algunas
+casas y cantando de tiple en las funciones religiosas. Llamábase D.
+Leandro; era de estatura baja y bajo también de color, con grandes ojos
+negros y dulces que pedían misericordia; andaba siempre vestido de negro
+y cuidadosamente rasurado, como convenía a su estado semisacerdotal;
+poco le faltaba para gastar corona. Daba lección de música a los alumnos
+que la pagasen, y era en lo que más se placía; todo su amor y pasiones
+se cifraban en el arte; no tenía grandes facultades para él, bien lo
+sabía y no se avergonzaba de confesarlo; pero lo amaba platónicamente, y
+adoraba a quien brillase cultivándolo. Hablarle a él de los grandes
+maestros y aun de los pequeños, era verle caerse boca abajo como un
+indio en presencia de sus ídolos. También dibujaba un poquito, muy
+poquito; pero en secreto. En cuanto le mirasen fijamente se ruborizaba;
+cuando por casualidad hablaba con una mujer, tenía los ojos puestos en
+el suelo.
+
+El profesor de Psicología, Lógica y Ética era el reverso de éste:
+pedante, charlatán sin pizca de sustancia, procaz de palabra y de obra,
+y colérico cuando se creía denigrado. No llegaba a los treinta años de
+edad y había hecho ya nueve o diez oposiciones a cátedras sin resultado
+alguno; sólo una vez había obtenido un segundo lugar. Fuera de los
+momentos en que estaba sentado en cátedra, no hablaba de otra cosa;
+oposiciones por arriba y por abajo; conocía los nombres de todos los
+catedráticos de España, de instituto y de facultad, sabía cómo habían
+ingresado en el profesorado (casi siempre por intrigas según él),
+llevaba la cuenta exacta de todas las cátedras vacantes y aun de las que
+iban a vacar, las que tocaban a turno de oposición o a concurso, los
+tribunales que se habían nombrado desde diez años hasta la fecha, y
+calculaba los que podían nombrarse en lo sucesivo, y mejor aún los que
+le convendría que se nombrasen. Apesar de sus ínfulas, era un gorrón que
+se dejaba regalar tabaco, alfileres de corbata y hasta tal cual peseta
+por los alumnos. Llamábase D. Benigno, pero estos le apodaban
+Pppsicología recalcando mucho la p, como él acostumbraba a hacer.
+
+El catedrático de Física e Historia natural, señor Marroquín, era un
+antiguo republicano de barricada, que había perdido la plaza de auxiliar
+en el Instituto de San Isidro por sus ideas políticas y religiosas. En
+toda España no había hombre más heterodoxo que él: no creía ni en la
+madre que le parió. D. Jaime, que no era intolerante, y la prueba es
+que lo sostenía en su colegio, le había prohibido, no obstante, que
+hiciese alarde de sus ideas, contrarias a toda religión positiva,
+delante de sus discípulos.--«Amigo Marroquín, no zea uzté balzamina en
+zu vía; too eztamo enterao de que eso de Dio y lo santo son arma al
+hombro; pero si los papá y laz mamá quieren que zuz hijos lo crean, ¿qué
+lez va V. a hacé? Ojo, pue, con el pico, ¿eztamo? No vaya a atufárseme
+D. Juan (D. Juan era el cura), y tengamo un lío.»--Por instinto de
+conservación, que tarde o nunca abandona ni aun a los enemigos de Dios,
+procuraba Marroquín refrenarse: pero con mucho trabajo lo conseguía.
+Halló un medio ingenioso de manifestar su rencor al Ser Supremo sin
+comprometerse, y fue la preterición: ni por casualidad se le escapaba el
+nombre de Dios; en reemplazo suyo decía siempre la naturaleza, y cuando
+algún chico lo nombraba, solía rectificarle suave y disimuladamente,
+diciendo:--«Eso es, las fuerzas de la naturaleza, perfectamente.»--Era
+hombre de complexión recia, hirsuto como un jabalí (así le llamaban en
+el colegio), le salían los pelos hasta por debajo de los ojos, firmes y
+erizados como púas; los de la cabeza andaban siempre revueltos y
+aborrascados por la imposibilidad absoluta de domeñarlos, y los gastaba
+largos para que mejor se observase. Pues no diremos nada de las cerdas
+que le salían por las manos y las muñecas, que podían competir muy bien
+con las de los cepillos más ásperos. Cuando Marroquín escribía, uno de
+los trabajos mayores era pelear con aquel vello de la muñeca, que le
+borraba a lo mejor los renglones: no tenía otro remedio que metérselos a
+cada momento debajo del puño de la camisa; pero a veces se impacientaba
+terriblemente. ¡Estos pelos indecentes! Y se arrancaba con rabia un
+puñado de ellos. «Tantos pelos tiene en el alma como en el cuerpo,»
+decía de él el capellán del colegio con sorda cólera. No estamos
+conformes con este juicio. Marroquín era un pobre diablo, no exento de
+las pasioncillas que atormentan a los humanos, tales como la envidia, la
+lujuria, la gula, pero no en más alto grado que la mayoría de ellos. Sin
+embargo, erraba mucho en echárselas de austero y hombre acrisolado,
+rompiendo en presencia de los discípulos tarjetas de recomendación y
+tratando con afectado desdén al hijo de algún título, porque en realidad
+estaba muy lejos de serlo, y de ello tenemos datos inconcusos.
+
+Enemigo irreconciliable de éste era el capellán D. Juan Vigil, director
+espiritual de los alumnos, maestro de doctrina cristiana, y catedrático
+de latinidad y retórica y poética. Es persona tan notable desde varios
+puntos de vista, que de ella nos ocuparemos con alguna detención más
+adelante. Sólo diremos ahora que era hombre de cuarenta años de edad,
+rubio, pálido, de pocas carnes y no muy apretadas, de mediana estatura y
+grandes extremidades. Después del director, la persona más influyente en
+el colegio: dormía dentro de él, y aun se decía que tenía alguna
+participación en las ganancias.
+
+Además de estos personajes principales, había algunos otros secundarios:
+un maestro de primeras letras, un pasante, un inspector, dos criados,
+una cocinera, una doncella de labor y una planchadora.
+
+El régimen interno del colegio no era un modelo de orden y disciplina.
+El director se cuidaba poco de él: decíase que tiraba de la oreja a
+Jorge en el casino, y tal vez fuese cierto: lo indudable era que las
+cosas casi nunca andaban bien, que más de cuatro veces faltó dinero en
+la caja para pagar al almacenista, y que a los profesores se les
+adeudaban casi siempre tres o cuatro meses de sueldo. A pesar de esto,
+D. Jaime tenía suerte; no se le marchaba un chico: el colegio siempre
+lleno. Tal vez contribuyese a ello su mismo desorden, que tenía algo de
+patriarcal; aquella amable indisciplina era muy del gusto de los niños.
+Aunque la comida era de inferior calidad, no estaba tasada ni había gran
+rigor en las horas: si un chico tenía hambre, bajaba a la cocina, pedía
+pan y queso, y sin inconveniente alguno, se lo daban, y si la cocinera,
+de natural francota y bonachona, estaba de humor, hasta le freía un
+huevo o una magra. Cuando D. Jaime «estaba en fondos,» los _gaudeamus_
+se sucedían en el colegio; variedad de postres, vino de Jerez y hasta se
+improvisaba una que otra merendeta en el campo: D. Jaime era muy
+aficionado a pintar paisajes, muy malos, eso sí, pero que no por eso
+dejaban de ser celebrados por discípulos y profesores. En cambio, si se
+daban bizcas y el bolsillo se desmayaba, adiós confites y la mantequilla
+del chocolate y las copitas a las once; nadie comía más que lo
+estrictamente indispensable para no fenecer de hambre. Además, aquellos
+días no había quien dirigiese la palabra a D. Jaime, ni aun le mirase a
+la cara: los castigos eran más frecuentes: el palo andaba listo y la
+sopa perezosa. Hay que confesarlo, porque es la pura verdad, los únicos
+progresos literarios y científicos del colegio de la Merced se hacían en
+estos días de crisis monetaria.
+
+La llegada de Miguel no causó efecto alguno, ni en profesores, ni en
+discípulos: un niño más, y bien atrasadito por cierto. Sin embargo, no
+tardó en llamar la atención de unos y de otros por su condición inquieta
+y ruidosa: en cuanto tomó confianza, y le bastaron pocos días, mostrose
+tan travieso, tan turbulento, que los maestros comenzaron a murmurar y a
+tenerle sobre ojo, y los alumnos a contar con él para todas las
+jugarretas. Don Jaime dijo que aquel chico «era de la piel del diablo y
+había que apretarle un poco los tornillos.» El cura, aficionado a los
+motes, le puso por sobrenombre _Bullita_, y por él se le conoció mucho
+tiempo en el colegio. Apesar de esto, no despertó rencores, ni
+antipatías; había en su rostro expresivo cierta nobleza que atraía
+generalmente, y en sus travesuras nunca dejaba de hallarse alguna
+gracia: así que, los profesores, aunque le castigasen con dureza, no
+dejaban muchas veces de reírse y de celebrar al hallarse reunidos «la
+buena sombra de aquel muchacho.» El único que le odió cordialmente desde
+su entrada, fue el famoso Pppsicología, el eterno y asendereado
+opositor. Por supuesto que el odio fue recíproco al instante, y que
+Miguel no perdonó medio humano de vejarle y tenerle en continuo
+sobresalto: cuando iba a pronunciar la palabra Psicología, nunca dejó en
+su vida de prepararse con cierta tosecilla, que hacía inmediatamente
+sonreír a los compañeros. Los castigos que por esta broma hubo de
+padecer, no son para contados: pasaba casi todas las horas de recreo
+encerrado en unas jaulas de madera con rejas de hierro que D. Jaime
+había hecho construir en el patio para los delincuentes: sobre estas
+jaulas, y debido a la inventiva de Pppsicología, se habían puesto
+grandes cartelones con nombres de animales; en uno decía _Hipopótamo_,
+en otro _Rinoceronte_, en otro _Bucéfalo_, en otro _Mastodonte_,
+etcétera, etc. Miguel recorrió innumerables veces la fauna moderna y la
+antediluviana, pero ya no le daba bendita la vergüenza; se distraía el
+tiempo de prisión tocando la trompeta con los puños hasta que venía el
+inspector a hacerle callar: los chicos, de quienes era querido, solían
+traerle los postres que les sobraban, o bien cigarrillos, o cualquiera
+otro entretenimiento para que no lo pasase tan mal.
+
+No por virtud de los castigos y reprensiones, sino por otra causa muy
+distinta, la conducta de Miguel reformose algún tanto durante una
+temporada de varios meses, a los dos años próximamente de hallarse en el
+colegio. Fue el amor quien operó este cambio, si merece tal nombre la
+afición prematura que le prendió por la planchadora del colegio. Había
+establecido ésta en su cuarto de trabajo, situado en la guardilla, una
+tertulia donde acudían algunos niños en las horas de recreo: contábales
+historias maravillosas mientras repasaba la ropa blanca o la aplanchaba.
+Desde un día que subió casualmente aficionose tanto a ellas, que comenzó
+a acudir asiduamente para escucharlas. Sentado a los pies de la
+narradora, con la cabeza apoyada en sus rodillas, pasaba admirablemente
+las horas embebecido y suspenso. Por delante de sus ojos desfilaron las
+aventuras estupendas de _Los doce pares de Francia_, la historia de
+_Aladino o la lámpara maravillosa_, la de _Flores y Blanca-Flor_ «su
+descendencia, amores y peligros que pasaron por ser Flores moro y
+Blanca-Flor cristiana,» la de _Pierres de Provenza y la hermosa
+Magalona_, la de _El esforzado Clamades y la hermosa Clermonda_, o sea
+_El caballo de madera_, y otras muchas interesantísimas donde la virtud
+sale triunfante y el vicio corrido. Sabida de todos es la particular
+inclinación que tienen las planchadoras a ver a los buenos ricos y
+felices y a los malos abatidos y miserables. Miguel participó muy pronto
+de estas ideas: y aunque la bella narradora agotó prontamente el
+repertorio de sus fábulas, cada día las escuchaba con más atención y
+deleite. Fuerza es confesar, como ya indicamos, que algo, bastante y aun
+mucho influía en su atención el placer que empezaba a sentir
+contemplando la vigorosa y agraciada figura de Petra (así se llamaba).
+Llegó a admirarla como un bruto: el ideal de la belleza se encarnó para
+él en sus carnes frescas, sonrosadas y un tanto crasas.
+
+El cuarto de la planchadora era una verdadera estufa en las tardes de
+verano. La proximidad del tejado, lo bajo del techo y la hornilla
+encendida se conjuraban para hacerlo intolerable. No obstante, Miguel
+encontrábase allí como el pez en el agua: la mayor parte de las tardes,
+cuando llegó esta época, se las pasaba nuestro héroe mano a mano con el
+ideal, sin que nadie viniese a turbarlo. Los tertulianos de la guardilla
+desertaban hostigados por el calor. El ideal se mostraba en su posible
+desnudez, los brazos remangados hasta el sobaco, el liviano pañuelo de
+percal arriado hasta donde el pudor empezaba a gritar con fuerza. El
+mórbido cuello relucía con el sudor, las mejillas se inflamaban y los
+negros y mal peinados cabellos caían en crenchas sobre la espalda y en
+rizos sobre la frente salpicada también de menudas y brillantes gotas de
+agua. Ahumaba la planchadora, o por mejor decir, despedía un vaho sutil
+y punzante que Miguel aspiraba embriagándose sin darse cuenta de ello.
+
+Cuando no venían otros chicos, Petra no se decidía a malgastar sus
+talentos de novelista, y se dedicaba con alma y vida a la tarea que se
+le había encomendado; el hijo del brigadier seguía con atención
+profunda, como un aprendiz que desea imponerse pronto en el arte, las
+manos de la bella. Algunas veces le daba a ésta por hacerle un sin
+número de preguntas, enterándose de todos los pormenores de su vida; los
+disgustos de Miguel con su madrastra la enternecieron sobremanera, y se
+desató en injurias contra ella, diciendo que no tenía corazón y que era
+peor que las fieras de los montes; después alargó su diatriba a todas
+las señoras.--«Mira Miguelito, que te lo digo yo; ninguna señora sabe lo
+que es conciencia; tienen el corazón más duro que una piedra; si es
+caso, vale más una pobre de la calle que todas esas señoras con su
+colorete y su ringo rango... No llevan nada que no sea postizo: el pelo,
+el color, los dientes... y otras cosas que no quiero decirte porqué eres
+todavía pequeño... Pocas gracias que sean bonitas de ese modo... ¡anda,
+anda!... ¡pues si las pobres nos pusiéramos todos esos perendengues!...
+Pero más vale lo natural, ¿no es verdad, Miguelito? ¿Llevo yo polvos de
+arroz? ¿llevo colorete? ¿eh?... Toca, toca lo que quieras... frota bien
+(Miguel frotaba con mano temblorosa). Y apesar de eso, no cambio mis
+colores por los de ninguna de esas señoritas tísicas que van al Prado en
+carretela...»
+
+El hijo del brigadier asentía incondicionalmente a estas atrevidas
+proposiciones; quizá las llevase en su pensamiento más allá que la misma
+interesada. La verdad es que la admiración de Petrarca a Laura y la de
+Dante a Beatriz eran nada en comparación con la apasionada y vehemente
+que nuestro chico profesaba a la planchadora. La admiraba sin comprender
+que la naturaleza pudiese formar otro ser que rivalizase con ella; todo
+lo encontraba hechicero, desde sus cabellos, un tantico revueltos, hasta
+sus pies, nada breves y nada bien calzados. Petra, que al principio no
+había reparado, concluyó por fijarse en aquel niño que tan asiduamente
+la visitaba, y vencida de su constancia o por ventura halagada por la
+adoración que en él veía, testimoniole algún afecto. Un día que estaban
+solos, como Miguel la mirase desde su taburete hasta comérsela con los
+ojos, le dijo con sonrisa burlona y placentera a la par:
+
+--¿Por qué me miras tanto, Miguelito?... ¿Te gusto?
+
+La vergüenza y la confusión se apoderaron del chico; se puso como una
+cereza y concluyó por llorar desconsoladamente como si le hubiese dicho
+alguna injuria. Petra le consoló y le mimó, dándole algunos besos, que
+fueron los hierros con que le esclavizó para siempre.
+
+De allí en adelante mostrose muy benévola hacia él; le cosía con esmero
+cualquier rotura que hubiese en su vestido; le pegaba los botones y le
+arreglaba la corbata; cuando venía despeinado, con sus propios peines le
+aliñaba el pelo. Miguel vivía entre los bienaventurados; el roce de
+aquellas manos en su cabeza le producían espasmos de dicha, y el perfume
+de la pomada de heliotropo que la planchadora usaba, causábale una
+embriaguez dulce y feliz como no volvió a sentirla jamás en su vida.
+
+Es condición precisa de las planchadoras, y también de las que no lo
+son, hacer con gusto el papel de ídolos y propender a la dominación.
+Petra, dejándose adorar, adoptó cierta actitud protectora y maternal. Se
+interesó vivamente por todo lo que a Miguel concernía, revolvió su baúl,
+contó las camisas y los pañuelos, fue depositaria del dinero que le
+daban, en una palabra, se hizo cargo por completo de la dirección de sus
+negocios, tanto morales como económicos. Las pocas cartas que el
+muchacho recibía leíalas ella de cabo a rabo, y frecuentemente dictaba
+la respuesta: cuando le castigaban, le llevaba la comida a la prisión;
+algunas veces llegó por su propia autoridad a levantar el castigo, y lo
+que aún es más grave, a recriminar al profesor que se lo había impuesto.
+
+Por la pendiente de la soberanía se llega muy pronto al absolutismo.
+Petra empezó a mandar en Miguel como en cosa propia, y a dictarle reglas
+de conducta para todos los actos de la vida, haciéndole estudiar a su
+lado el tiempo que juzgaba necesario y prohibiéndole los juegos cuando
+lo creía oportuno. Porque perdió dos pañuelos en pocos días, tomó la
+resolución de cosérsele al bolsillo. Tenía que darle cuenta del empleo
+de todos los momentos:--«¿Qué has hecho después de salir de clase? ¿Con
+quién estabas hablando en el patio? ¡Cuidado que vuelvas otra vez a
+subirte al pasamano de la escalera! No andes más con Pepito; no me
+gusta ese chico. Ya me han dicho que ayer no has sabido la lección. ¿Qué
+haces el tiempo que estás en la sala de estudio? Por de contado,
+enredar: ¡si te tuviese siempre a mi lado andarías un poco más
+derecho!»--Llegó a reprenderle duramente las faltas como si tuviese
+sobre él autoridad. Miguel temblaba cuando subía al cuarto de la
+guardilla con el pantalón roto, lo mismo que cuando iba a ver a su
+madrastra. Mas en cambio de estos apuros tenía compensaciónes: la
+planchadora se mostraba amable y generosa a ratos: algunas veces le
+levantaba entre sus robustos brazos y le tiraba al aire volviendo a
+recogerle; le daba vivos y sonoros besos; le llamaba pichoncito, rico
+mío, querido, y le estrechaba con tal fuerza contra su seno, que andaba
+cerca de asfixiarle. Era nuestro héroe ya muy hombre y todavía al
+recordar estos abrazos experimentaba una dulzura inexplicable.
+
+Desgraciadamente, como sucede casi siempre, Petra se desvaneció con el
+poder; en vez de mantener su dominio en los límites discretos y
+convenientes, empujolo lentamente hasta los últimos extremos,
+convirtiéndolo en un despotismo escandaloso y repugnante. Miguel pasó al
+cabo de algunos meses a ser su paje de cola: «Miguel, tráeme las
+tenazas.--Miguel, echa carbón en la hornilla.--Miguel, corre a pedir a
+la cocinera agujas.--Miguel, abre esa ventana.» El hijo del brigadier
+se apresuraba a cumplimentar estas órdenes como el caballero que busca
+ocasión de festejar a su dama y ansía testimoniarle su rendimiento. La
+dama recibía el homenaje sin pestañar, cual si le fuese debido. Poco a
+poco empezó a mostrarse impertinente y descontentadiza: «¿Cómo has
+tardado tanto, chico?--No es eso lo que te pido, hombre, no es eso,
+¡parece que estás en Babia!--¿Dónde tienes los ojos? ¡tonto,
+retonto!--¡Me estás consumiendo la paciencia, chiquillo!» Nuestro
+muchacho llegó prontamente a ejecutar los oficios más viles. La
+planchadora se complacía en tenerle horas enteras abanicándola mientras
+trabajaba, en obligarle a dar lustre a sus zapatos y en general en
+proporcionarle todos los oficios de un consumado _negrito_. Pero él los
+desempeñaba con gusto; después de todo, era el favorito y nadie le
+disputaba este título. La sultana, aunque cada día más altiva y
+desdeñosa, todavía le consentía apoyar la barba en su regazo y
+contemplarla largos ratos fijamente. Aquellos ojos ardientes y ávidos
+demandaban tímidamente una caricia. Petra era cada vez menos expresiva;
+pero aunque de mala gana y con semblante hosco, aún se dignaba
+hacérselas.
+
+La verdad es que se iba cansando del chico; la adoración ferviente sin
+límites que éste la tributaba, llegó a empalagarla. ¡Tal es la condición
+humana! Este cansancio manifestose en frecuentes enojos y
+desabrimientos, sin motivo alguno la mayor parte de las veces.
+Mostrábase amable con todo el mundo menos con Miguel, para quien
+reservaba tan sólo su mal humor. Esto le hizo padecer bastante, y aun
+conmovido por sus desprecios y reprensiones, lloró lágrimas amargas que
+la planchadora concluía por enjugar con el pañuelo. Acariciaba, más le
+hacía pagar las caricias: «¡Ahora le da el sentimiento al niño! ¡Quieres
+callarte, tontuelo! ¿Te figuras que estoy yo aquí para templar gaitas?
+¡Bueno, bueno, ya empieza el lloriqueo!» Con estas y otras tales
+expresiones abría la llave de las lágrimas que su mano trataba de secar.
+Mas no pararon todavía aquí las cosas. Un día trasladando Miguel una
+cesta con ropa aplanchada de un sitio a otro, la dejó caer al suelo y se
+manchó una buena parte. Petra, hasta entonces, en sus más fuertes enojos
+no había hecho mas que cogerle por el brazo y sacudirle; ahora le dio
+una soberbia bofetada que le encendió el rostro. En vez de ponerlo en
+conocimiento del director, o por lo menos marcharse y no subir más al
+cuarto, como aconsejaba su dignidad, contentose con llorar perdidamente.
+¡Y bien perdido quedó desde entonces! Petra, para resarcirle, le hizo
+caricias muy exquisitas, con lo cual dio por bien empleado el bofetón y
+se dispuso a recibir todos los que en adelante aquélla fuera servida
+darle, como así acaeció en efecto. Las reprensiones comenzaron a ir casi
+siempre con acompañamiento; segura ya de que se aceptaban los golpes, no
+los escaseó; más por una contradicción, bien explicable por cierto,
+desde que comenzó a dárselos, le mostró al mismo tiempo mayor afecto;
+tan suyo le consideraba, tan pobre y miserable le veía a sus pies, y
+tanto le sorprendió su paciencia, que no es mucho si después de una
+buena granizada de mojicones, le otorgase algunas pruebas de afecto. El
+muchacho se creía bien indemnizado recibiéndolas; lejos de apagarse el
+fuego de su pecho, creció y se sobresaltó hasta lo sumo. Era una pasión
+encarnizada, furiosa, bestial, como sólo existen en esa edad en que los
+sentidos amanecen. Los hombres pueden hablar cuanto gusten de sus
+pasiones, los poetas y novelistas exaltar la violencia de las de sus
+héroes como plazca a su fantasía; nada es comparable a la afición
+concentrada, fija y ardiente que alguna vez despiertan en el alma y en
+el cuerpo de un niño las formas exuberantes y macizas de una mujer.
+Miguel despreciaba en el fondo de su corazón a Petra. Con la precoz
+viveza de comprensión de los niños cortesanos, no se le ocultaban sus
+defectos ni el despreciable papel que desempeñaba cerca de ella; pero
+una adoración ciega y frenética que le hacía soñar noche y día, le tenía
+fatalmente encadenado. Los malos tratos de su ídolo, eran un aliciente
+que comunicaba sabor más exquisito a los deleites que disfrutaba.
+Aquella dependencia absoluta en que estaba, aquel temor y zozobra en que
+vivía, ejercían sobre él cierta suave fascinación, un encanto
+irresistible. Después de gustarlo, por nada en el mundo quisiera que su
+dueño cambiase de condición y templase sus rigores.
+
+Ni se crea tampoco que los castigos de Petra le produjesen mucho dolor.
+Al principio le hicieron llorar, más por la humillación que por su
+efecto físico; pero más tarde halló en esta misma humillación una nueva
+fuente de dulces y halagüeños placeres. Por una aberración que a
+nosotros sólo nos toca hacer constar, los golpes de aquellos brazos
+tersos y mórbidos, en vez de causarle dolor, evocaron en su natural
+fogoso un mundo de ignotas voluptuosidades. Y desde entonces, no sólo
+los sufría con resignación, pero aun llegó a provocarlos con astucia,
+contrariando a su terrible dueño hasta verlo fuera de sí. ¡Oh, cuando se
+irritaba, era Petra una mujer realmente hermosa! Sus mejillas se
+coloreaban fuertemente, los labios se encendían, las narices se
+dilataban, los ojos adquirían una expresión de olímpico orgullo, y todo
+su cuerpo se estremecía al soplo de la ira. Miguel permanecía aterrado,
+y al propio tiempo embelesado ante ella. Cuando la iracunda planchadora
+le estrujaba entre sus manos, sentíase poseído de espanto, de amor, de
+respeto y de gozo, lo mismo que los héroes de la gentilidad cuando
+incurrían en el desagrado de alguna de sus diosas, tan bellas como
+terribles y vengativas. Caía de rodillas a sus pies pidiendo perdón, y
+se los abrazaba y besaba temblando de terror y voluptuosidad. La diosa,
+vencida de tanta humildad, solía tenderle una mano y levantarle
+haciéndole jurar que no volvería más a quebrantar sus preceptos. De muy
+buen grado lo haría Miguel si no se huyeran de este modo los misteriosos
+deleites que gozaba en sus enojos.
+
+Finalmente, también llegó a aburrirse la regia planchadora de ejercer un
+mando tan despótico; que la mujer, como dicen los que filosofan acerca
+de ella en las mesas de los cafés, es más feliz dejándose dominar que
+dominando. El pobre Miguel la cansó y apestó de tal manera, que vino a
+cobrarle verdadero aborrecimiento. Apenas se pasaba día sin que no le
+arrojase de junto a sí con algún insulto que iba a clavársele en el
+corazón: en no pocas ocasiones le cerró la puerta o le tuvo aguardando
+horas enteras para dejarle entrar. Coincidió este desvío con frecuentar
+el cuarto de la guardilla un nuevo muchacho de los años de Miguel, pero
+gordo y crecido, y tan rubio y blanco como una inglesa. El reciente
+tertuliano rindió pleito homenaje a la planchadora, y comenzó a
+visitarla con asiduidad. ¡Ah miserable Miguel! En un instante perdió
+hasta las pocas migajas de favor que le quedaban. El chico gordo quedó
+alzado sobre el pavés a los pocos días y proclamado favorito exclusivo,
+dueño absoluto del cuarto de la plancha y sus alrededores. No obstante,
+Miguel insistió en acudir a él por las tardes, sin obedecer las órdenes
+de Petra, que formalmente se lo había prohibido. Un día entró nuestro
+niño muy descuidado: la traición le acechaba: de entre las faldas de la
+planchadora salió repentinamente el nuevo favorito y cayó sobre él con
+el ímpetu y rabia de una fiera; arrojole al suelo y comenzó a golpearle
+con tal furia, que en pocos minutos no le dejó sitio en el rostro sin su
+correspondiente señal. Mientras duraba el vapuleo, Petra lo contemplaba
+riendo, ¡que a tal grado de fiereza llevó su despego! Molido, deshecho y
+ensangrentado bajó nuestro Miguel, y al verlo en tal estado diose parte
+al director. El cual, enterado del suceso y sospechando lo demás que en
+el cuarto de la guardilla ocurría, tuvo a bien prohibir, bajo penas
+severas, que ningún chico pusiese los pies en la guardilla, ¿eztamo?
+
+
+
+
+VII
+
+
+Aquel chico gordo, rubio y tan espigado que aporreó al hijo del
+brigadier, tenía un nombre sonoro y aristocrático, Pedro Mendoza y
+Pimentel. Era en el fondo un muchacho excelente, tranquilo, amable,
+inofensivo: si había cometido aquella vileza fue solamente por
+instigación de la planchadora. A los pocos días, arrepentido sin duda,
+procuró hacer las paces con Miguel; éste, que no era rencoroso, le
+perdonó fácilmente y le aceptó por amigo: en poco tiempo llegaron a ser
+íntimos. No poco contribuyó a estrechar esta amistad por parte de
+nuestro héroe la ojeriza injustificada que el cura había tomado a
+Mendoza, y que le hacía padecer bastante. Mendoza era en la clase de
+don Juan el blanco de todos sus donaires y el hazme reír de los chicos.
+Llamábale alternativamente _brutandor_ o _parisiense_; el primer mote,
+como la palabra misma indica, porque le tenía por el mayor majadero que
+comía pan; el segundo, porque era muy pulcro, aficionado a vestir a la
+moda y a llevar esencias en el pañuelo. Aquella vaya continua, aquel
+martilleo, parecíale muy pesado a Miguel. El pobre Mendoza no hacía en
+clase nada que no fuese tuerto; en todo hallaba motivos el cura para
+soltar una cuchufleta o un sarcasmo que hacía prorrumpir en carcajadas a
+los alumnos: cuando le sacaba al medio para traducir, ya sabían todos
+que había jarana para rato.
+
+La verdad es que el pobre Mendoza no era de los más despiertos, pero no
+se podía negar que estudiaba y trataba de cumplir con su deber, y que
+solamente por capricho o por algún sentimiento menos digno, el cura se
+ensañaba con él. Miguel le compadecía de veras: si carecía de
+inteligencia para aprender y explicar bien las lecciones, la culpa no
+era suya. Así que, cedió en seguida al ruego que le hizo, poco tiempo
+después de trabar amistad con él, de estudiar juntos y ayudarse a «sacar
+las composiciones.» Y como Miguel era de comprensión rápida y expedita,
+aunque un poco aturdido, no fue pequeño el servicio que le prestó;
+tanto, que al verle traducir con más facilidad y al examinar sus temas
+mejor concertados, el cura no salía de su asombro: «¡Brutandor, parece
+que la Providencia ha querido al fin mandarte un rayo de sentido común;
+alabada sea ella!» El capellán, aunque presumía de perspicaz, no dio en
+la razón de este favorable cambio hasta pasados algunos meses; cuando al
+fin averiguó que las composiciones y las traducciones se sacaban con
+ayuda de vecinos, no quisiera equivocarme, pero tuvo un verdadero
+alegrón, porque veía confirmado su juicio: «¡Hola! ¿conque Bullita se ha
+dignado tenderte su mano protectora? ¡Oh generoso niño!... Ven aquí,
+Bullita... declíname _generoso puer_.......... y tú, Brutandor,
+declíname _asinus_.......... a un tiempo.» Y en verlos ir declinando a
+voces formando algarabía holgábase D. Juan y se divertía la clase.
+
+Este capellán era un hombre bastante original. Miguel tuvo ocasión de
+conocerle muy bien, porque le mostró predilección desde el principio,
+aunque no dejaba por eso de castigarle duramente y a menudo; en los
+últimos años de la segunda enseñanza llegó a ser su favorito, y hasta le
+trajo a dormir a su mismo cuarto; le hizo algunas confidencias, y
+gustaba de charlar con él, o, más propiamente, murmurar del personal del
+colegio, lo mismo del masculino que del femenino. Tenía un amor propio
+exagerado; presumía de todo lo que un hombre puede presumir, hasta de
+guapo, pero muy singularmente de forzudo, aunque no lo era gran cosa.
+Nada había que le placiese tanto como enseñar los músculos del brazo y
+los tendones, y ponerlos contraídos y tiesos. Los demás eran hombres
+afeminados por los vicios; sólo conservándose puro como él, no bebiendo
+más que agua, no tomando café y huyendo de las _porcuzas_ (las mujeres),
+se podía llegar a tal robustez, energía, ánimo y hermosura.
+
+No obstante el cariño que Miguel tenía a su amigo Mendoza, no dejaba de
+jugarle algunas pasadas. Había notado que el capellán era muy aficionado
+a las palabras terminadas en amen, emen, imen, omen y umen, y que
+experimentaba cierto deleite pronunciándolas; a cada momento decía
+examen, o resumen, o dictamen, y a veces traía poco apropósito algunas
+raras, y que no eran muy castellanas, como el velamen de los barcos, el
+cacumen, etc. Pues bien; preguntándole un día a Mendoza cierto punto que
+no traía el libro, Miguel, que estaba a su lado, le dijo rápidamente al
+oído: «Di que no lo trae el _textumen_.» El infeliz, que estaba
+atortolado, lo repitió sin fijarse, y..... ¡aquí fue ella! D. Juan,
+pensando que uno y otro se burlaban de él, les dio a entrambos una
+corrida de mojicones que por poco les arde el pelo. Miguel lloraba y
+reía a un mismo tiempo. En otra ocasión el hijo del brigadier, que
+dormía en la misma sala que Mendoza, se levantó por la noche, y con un
+pedazo de nitrato de plata que se había procurado, le pintó las manos
+mientras se hallaba dormido. Al día siguiente Mendoza le preguntó muy
+apenado lo que serían aquellas manchas. Miguel quedose grave y pensativo
+y le contestó:--«Mientras estén en las manos me parece que no tienen
+mucha importancia; pero oí decir a mi padre que si salen en la cara es
+muerte segura, porque manifiesta que la sangre está corrompida; un tío
+mío se murió de esa enfermedad.» Con estas noticias se quedó Mendoza más
+apenado aún. Por la noche no dejó Miguel de pintarle tres o cuatro
+manchas en el rostro, con lo cual, al verse por la mañana en el espejo,
+comenzó a dar tales gritos y a proferir tales lamentos, que acudió el
+director y algunos profesores. Enterados del caso y hechas las
+correspondientes averiguaciones, se le impuso a Miguel un severo
+castigo. El capellán, que sabía la amistad que ambos chicos mantenían,
+salió de la sala diciendo:--«Tanto quiso el diablo a su madre, que al
+fin le sacó los ojos.»
+
+Sin embargo, la amistad seguía inalterable. Mendoza le perdonaba al
+instante estas y otras bromas, y Miguel, que no las llevaba a cabo con
+intención malévola, sino por el afán irresistible de reírse, le pagaba
+su paciencia «sacándole los significados» y metiéndole en la cabeza las
+lecciones. Y eso que Brutandor, según todas las señas, continuaba siendo
+el favorito de la planchadora; pero a Miguel ya se le había pasado
+aquella prematura inclinación amorosa y no se le daba un bledo por el
+antiguo objeto de sus ansias. Este burlaba las órdenes perentorias del
+director, llevando a Mendoza a su cuarto, si bien con secreto; y digo
+que era ella y no éste quien las burlaba, porque el muchacho nunca
+hubiera osado hacerlo si no fuese porque ella le obligaba. Al fin, tanto
+miedo tuvo de que el terrible coronel lo supiese, que con precoz sentido
+determinó separarse de aquel devaneo que no le convenía y no subir más
+al cuarto de la planchadora. Miguel le dio por ello la enhorabuena.
+Petra le persiguió todavía algún tiempo; pero el nuevo Teseo se hizo el
+sordo y la dejó abandonada. No lo estuvo mucho tiempo, sin embargo,
+porque el demagogo Marroquín comenzó a romper con desusada frecuencia
+los botones de la levita y el pantalón, y con la misma frecuencia a
+subir a su morada buscando remedio para tales desperfectos. Y era lo
+extraño, que aunque Petra era expedita y tenía la mano larga para el
+trabajo, nunca tardó menos de media hora en pegar un botón a Marroquín o
+en coserle el más insignificante siete.
+
+Estos retrasos injustificados comenzaron a notarse en el colegio; los
+chicos se pusieron en observación y al instante se propalaron entre
+ellos mil especies, absurdas unas, verosímiles otras, pero todas
+graciosas. Uno decía que había visto a Marroquín por el agujero de la
+llave, de rodillas delante de Petra y besándola una mano lo mismo que un
+caballero andante; otro le había visto pellizcarla un muslo al pasar por
+su lado; otro le había oído decir, estando los dos asomados a un
+balcón:--«Petra, te amo;» otro, más serio que los demás y más digno de
+crédito, aseguraba que su criado había visto un domingo a Marroquín en
+un merendero de las Ventas del Espíritu Santo, mano a mano con la
+planchadora. Estas noticias volaban por el colegio y se comentaban entre
+risa y algazara. Pero los demás profesores, sus compañeros, no se reían;
+estaban indignados. Distinguíase entre todos el cura D. Juan, a quien no
+le faltaba más que esto para aborrecer de muerte al heterodoxo
+naturalista. Después que éste salía de la estancia destinada a los
+profesores, entregábase a furiosos comentarios y soltaba toda la bilis
+que tenía acumulada: «¡Barájoles, si no fuese mirando a Dios, le ponía
+los cinco dedos en la cara a ese puerco!... ¿Han visto ustedes nunca un
+hombre más rijoso?... ¡Ese hombre quema por donde pasa, barájoles!... ¡Y
+luego, con quién va a ensuciarse!... ¡con una porcuza!...» Este
+desprecio que D. Juan testimoniaba a Petra, no era sincero, según pudo
+convencerse más adelante Miguel; el odio a Marroquín, sí. Otro de los
+que expresaban con más calor su indignación era Pppsicología: propuso
+que se diese parte a don Jaime y que se arrojase ignominiosamente a
+Marroquín del colegio, y que él se comprometía a desempeñar sus clases
+hasta fin de curso, mediante una corta gratificación; pero los
+compañeros se negaron a dar este paso. Al poco tiempo, el mismo
+Pppsicología fue sorprendido por el inspector durmiendo la siesta con la
+cocinera, una mujerota fea y obesa hasta la monstruosidad, y enterado el
+coronel, los puso a ambos en la calle, con alegría general de los
+alumnos por lo que se refería a D. Benigno y con sentimiento en lo que
+tocaba a la cocinera, que era generosa y amable en sumo grado.
+
+Con este suceso, que llamó extraordinariamente la atención, dejose en
+paz al hirsuto Marroquín, «el cual por lo menos sabía guardar las
+formas,» según decía D. Leandro, el tiple de San Isidro. Andando el
+tiempo se supo que aquél estaba enseñando a leer y escribir a Petra, que
+después le dio lecciones de Historia, Geografía, Aritmética, Física e
+Historia natural, que en seguida la hizo leer la Historia de los Papas y
+la Inquisición y algunos folletos materialistas, y que después de
+haberla separado convenientemente de toda religión positiva, la hizo su
+esposa «ante el altar de la propia conciencia.» Pero cuando sucedió esto
+ya había salido Miguel del colegio.
+
+El carácter del hijo del brigadier nunca pudo modificarse, ni por las
+buenas ni por las malas; últimamente ya se había renunciado a corregirle
+y se le castigaba únicamente cuando las travesuras subían de punto.
+Todos reconocían que tenía mucha disposición y que si se aplicase sería
+el número uno del colegio; desgraciadamente, durante el curso estudiaba
+poco, y sólo al llegar el último mes apretaba de firme; pero le bastaba
+para sacar en el Instituto tan buenas notas como el primero. Tampoco era
+buen guardador de los deberes religiosos; el cura le tenía encerrado
+muchas veces por hincarse sólo con una rodilla en misa o pellizcar a los
+compañeros; durante el rosario se entretenía en comer castañas y meter
+las cortezas en los bolsillos de los otros, o en prolongar la ese del
+_ora pro nobis_ más de la cuenta, o en cualquier otra irreverencia que
+solía costarle cara. Cada seis meses confesaba todo el colegio con su
+director espiritual, quien los preparaba previamente en el estudio de la
+doctrina cristiana y con un examen de conciencia colectivo; se hacía en
+el salón mayor del establecimiento a fin de que cupieran todos los
+alumnos; las ventanas se entornaban para que en la estancia hubiese una
+luz discreta y misteriosa que convidase al éxtasis y la meditación; cada
+cuál estaba sentado en una silla formando círculo en torno del cura, el
+cual iba leyendo por un libro los diversos pecados que en la vida pueden
+cometerse y explicándolos en seguida con proligidad invitándoles después
+a recordar si tenían que acusarse de ellos. Reinaba un silencio profundo
+durante algunos minutos. Volvía el cura a leer otro pecado, y así se
+pasaba casi toda la tarde. «Terminado el examen de conciencia--dijo una
+vez don Juan--el niño se prosternará ante una imagen de Jesús
+crucificado (el cura tendió la vista en torno, y no viendo ninguna, dijo
+cambiando de tono:)--A ver, Miguel, ve al oratorio y trae el crucifijo
+grande de madera.» Miguel se presentó en seguida con él en las
+manos.--«Ponte ahí de frente y levántalo.» Todos se arrodillaron frente
+al hijo del brigadier, que estaba de pie sosteniendo la imagen.
+«Terminado el examen, el niño se prosternará ante una imagen de Jesús
+crucificado y dirá conmigo con el mayor fervor posible: ¡Dios!...» El
+cura pronunció esta palabra en voz tan alta y tan lastimera, que Miguel,
+sin poder contenerse, soltó el trapo de la risa, cayéndole los mocos
+sobre las manos. Don Juan se indignó tanto, que levantándose de un salto
+y agarrando la vara de señalar en los mapas, arremetió con él hecho un
+basilisco. Fue de ver entonces a Miguel correr por la sala y brincar
+sobre las mesas con el Cristo en alto, perseguido de cerca por el cura,
+que cuando le tenía al alcance de la vara, se la arrimaba a las carnes
+no suavemente. Los alumnos que aún viven recordarán seguramente aquel
+incidente chistoso, que terminó mandando a Miguel al encierro y
+poniéndose otro chico en su lugar.
+
+Al día siguiente por la mañana, iban a confesarse uno por uno al
+oratorio, y desde allí a comulgar a la iglesia de San Martín. El cura
+era muy aficionado a imponer penitencias extrañas y severas. A uno le
+mandó una vez que cuando sintiese tentaciones de pecar, arrimase el dedo
+índice a una luz hasta quemárselo, rezando después un padrenuestro: a
+Miguel le mandó en cierta ocasión que metiese ortigas en la cama y se
+acostase en cueros con ellas una noche; pero el muchacho no tuvo ánimos
+para cumplir esta penitencia, y a la postre el cura se vio precisado a
+conmutársela por otra. Mandole también en otra ocasión que cuando
+soltase alguna palabra obscena, besase inmediatamente la tierra: esta sí
+la cumplió, con no poca risa y algazara de los compañeros, pues cuando
+se hallaba más embebecido en el juego y se le escapaba cualquier palabra
+de aquéllas, se bajaba rápidamente a dar un beso en el suelo; mas él no
+se ruborizaba y llegó a tomarlo a risa como ellos.
+
+Los domingos, y también algunas tardes serenas y templadas entre semana,
+iba todo el colegio de paseo, alumnos y profesores: marchaban de dos en
+dos uniformados por las calles de Madrid, y salían a menudo por el Salón
+del Prado hacia Atocha o por la puerta de Toledo hacia San Isidro. Los
+transeúntes se detenían un instante para ver pasar aquella comitiva
+donde abundaban los rostros delicados de cutis nacarado, un tanto
+pálidos por la clausura y los hábitos viciosos del colegio: cruzaban
+poblando el aire de un murmullo suave, como un enjambre de abejas, más
+atentos a la conversación que llevaban entablada que a la perspectiva de
+las calles y a las bellezas del campo. Delante iban los más pequeños, y
+detrás los mayores; el capellán, el inspector y los demás profesores
+cerraban la marcha. Cuando llegaban a un paraje solitario y apartado, se
+hacía alto y se rompían filas. Durante una hora entregábanse todos a los
+juegos peculiares de la infancia, el salto, la pelota, la peonza, etc. A
+veces, los profesores alternaban con ellos en estos juegos y llegaban a
+interesarse y a herirse en el amor propio; el capellán, principalmente,
+ya sabemos que se jactaba de sobresalir en toda clase de ejercicios
+corporales, y creía poseer las fuerzas de Sansón; así que le pinchaban
+un poco, se despojaba de los manteos y la sotana y se ponía a dar
+brincos como un zagal, cogía a los bueyes de las carretas por los
+cuernos, sacudía los árboles, enseñaba los brazos, levantaba los chicos
+a pulso y ejecutaba otras prodigiosas hazañas que recordaban las
+celebradas de Orlando furioso.
+
+Si el director los acompañaba, que no era siempre, había sesión de
+pintura; un chico le llevaba la caja, y en cuanto se hallaban frente a
+un objeto digno de ser pintado (y el coronel no era escrupuloso en la
+elección de asunto), sentábase en una tijerita formada con el mismo
+bastón y comenzaba el degüello del arte de Vinci y Rafael. D. Leandro,
+por su parte, sacando del bolsillo la flauta hecha pedazos, y uniéndolos
+después con esmero, y templándola con pausa, principiaba a atormentar a
+Rossini y Mercadante, aunque más tímidamente y confesando su indignidad.
+Los chicos se reunían en torno de uno o de otro, según sus aficiones;
+pero los más preferían los ejercicios gimnásticos del capellán.
+Marroquín, el velloso, no tomaba parte casi nunca en el juego; prefería
+apartarse un buen trecho de todos y sentarse sobre alguna piedra y
+entregarse a la meditación; últimamente había descubierto que el estudio
+servía de muy poco para ilustrarse; lo principal era pensar, meditar
+mucho.
+
+Ya hemos dicho que el cura mostró predilección por Miguel, apesar de su
+conducta nada ejemplar. Sin duda la misma travesura del chico le caía
+en gracia; además, tenía en mucho sus partes intelectuales y creía de
+buena fe «que en formalizando llegaría a ser algo de provecho.» Cuando
+hubo un poco de aprieto en el colegio por el excesivo número de
+muchachos, no tuvo inconveniente en llevarle a su habitación y en que se
+le armase una cama a su lado. El hijo del brigadier, al principio no
+encontró de su gusto este cambio; prefería la celda formada con biombos
+en el salón, donde a hurtadillas del inspector, recorría las camas
+tirando de los pies a los compañeros o «haciéndoles carteras con las
+sábanas.» Después se halló mucho mejor, cuando el capellán comenzó a
+tratarle con cierta familiaridad de amigo más que de profesor. Las
+extravagancias y el carácter de aquél llegaron a hacerle tanta gracia,
+que no había para él mayor placer que tirarle de la lengua y escuchar.
+D. Juan necesitaba un oyente a quien exponer los muchos pensamientos que
+le fatigaban la cabeza, sus teorías, su braveza, sus fuerzas, su higiene
+y su horror a «las porcuzas.» Miguel, que era ya un mancebo de quince
+años, le servía admirablemente para el caso; a veces el capellán,
+pensando que hablaba con un hombre ya formado, se deslizaba un poco en
+ciertas materias escabrosas. Observó Miguel que apesar de su odio al
+sexo femenino, D. Juan gustaba mucho de esta conversación y venía a
+ella con frecuencia. Por las noches, después que se acostaban y apagaban
+la luz, era cuando se departía largamente acerca de este y otros
+asuntos. Decíale el cura muchas veces, que había aceptado aquella plaza
+en el colegio por no ir de párroco a un pueblo, y eso que le habían
+ofrecido curatos muy lucrativos.--«Pero en un pueblo está uno muy
+expuesto; no tendría más remedio que tomar ama de gobierno, y eso
+siempre es comprometido... ¡Cuántos han caído y se han roto las
+narices!... El que ama el peligro, perecerá en él, dice el apóstol...
+Figúrate, Miguel, que meto de ama a Petra u otra así por el estilo, y
+que una noche la gran porcuza, con mala intención, viene a mi cuarto a
+llamar.--¿Quién está ahí?--Señor cura, tengo miedo.--¿A qué tienes
+miedo, gran yegua?--Señor cura, tengo miedo a los truenos... ¿Y qué hace
+un hombre en este caso, barájoles? Lo más probable es que uno abra la
+puerta, y entonces ¡adiós con la colorada!... El hombre más santo mete
+la cara en el barro y queda perdido para siempre jamás, amén.» Observaba
+Miguel que cuando el capellán describía tales escenas, nunca dejaba de
+traer como elemento de ellas a Petra, si bien en calidad de término de
+comparación; esto le hizo presumir que todo aquel desprecio que hacia
+ella afectaba era pura música, y que la gentil planchadora obraba sobre
+su corazón la misma mágica influencia que sobre otros muchos del
+colegio. Y entonces penetró también la razón del odio profundo que
+Marroquín le inspiraba de algún tiempo a aquella parte, y hasta de la
+antipatía hacia Mendoza, de quien todos los alumnos creían que estaba
+Petra enamorada. Riose no poco en su interior al descubrir aquella
+flaqueza, y con intención poco caritativa, comenzó a soliviantarle
+siempre que podía, sacándole conversación acerca de las relaciones de
+Marroquín y la planchadora, noticiándole todo lo que corría por el
+colegio acerca de ellas, y agregando él mismo cuanto podía para
+abrasarle de celos. El cura llegaba a ponerse frenético y se le oía dar
+vueltas después en la cama sin lograr conciliar el sueño.
+
+En cierta ocasión descubrió en el baúl de un alumno un libro de
+mitología con estampas deshonestas, y se lo llevó a su cuarto. Miguel le
+sorprendió con él entre las manos mirándole atentamente: el capellán
+quedó algo confuso:--«Barájoles, acabo de encontrar este libraco en el
+baúl de Adolfito Medina... ¡Con estas cosas se entretiene ese cerdo!»
+Miguel tomó el libro y comenzó a hojearlo, sin que el cura se lo
+impidiese; antes echaba miradas intensas y escrutadoras cada vez que
+daba vuelta a la página y aparecía una nueva figura, que era por lo
+general la de una mujer desnuda o medio desnuda; pero nunca dejaba de
+hacer algún comentario despreciativo.--«¡Mire V., barájoles, mire V.
+esa porcuza enseñando todo lo que Dios la dio!... ¿Y todo eso qué es,
+Miguel?... ¡Nada!... ¡Porquería!... ¡Barájoles! ¿No es vergüenza que los
+hombres se pierdan por esas cochinadas?» Tales comentarios servían de
+contrapeso a las miradas; pero Miguel no se dejaba engañar.--«¿No le
+parece a V., señor cura, que esta sirena se parece a Petra?--Pchs... un
+poco, pero no debe de ser tan gorda como ésta.--¿Que no? Anda, anda,
+pues se conoce que V. no la ha reparado bien.--Puede ser, puede
+ser--decía el cura bajando los ojos,--yo no reparo mucho en esas cosas.»
+Después que las hubieron visto con detención sin dejar una, D. Juan le
+echó un largo sermón acerca de la necesidad de mantenerse puro, para ser
+vigoroso física e intelectualmente, tomándolo nada más que desde el
+punto de vista utilitario.--«Aquí me tienes a mí, que derribo de una
+mocada a un hombre fornido. ¿Por qué? Porque en cuanto amanece me
+levanto de la cama, y... ¡al agua, patos! Sin temor de ninguna clase me
+echo el jarro lleno sobre el cuerpo... Por la noche me acuesto en cuanto
+puedo... A la comida, agua pura... Los alimentos sanos, nutritivos... Y
+en cuanto a esas porcuzas que acaban con los hombres, siempre procuré
+tenerlas lejos... Cuando era estudiante, hubo una que hasta quiso
+ponerme casa; pero yo alcé el bastón ¡barájoles! y, si no se me escapa
+pronto, la dejo como una breva. Nada... en cuanto alguna se me acercaba
+en la calle, mocada limpia... ¡Vayan allá, al infierno, a tener tratos
+indignos!...»
+
+A pesar de esta higiene y régimen espartano, el cura tuvo la desgracia
+de enfermar. Comenzó a ponerse triste y amarillo, que daba pena verlo:
+comer, comía bien, pero no le aprovechaba. El médico del colegio, que
+vino a visitarlo, le dijo que tenía una afección hepática, una
+ictericia, y que era de todo punto necesario que se distrajese, pasease
+largo, y mejor que a pie, a caballo. Pero don Juan no era jinete, por
+más que sobresaliese en otros ejercicios gimnásticos, y no quería verse
+expuesto a ser derribado. Sin embargo, como el médico insistía en los
+paseos a caballo, se determinó a alquilar un jamelgo para dar una vuelta
+por las afueras, de madrugada. Miguel alquiló otro para acompañarle, y
+así que Dios amanecía, salíanse ambos por la puerta de Toledo o San
+Vicente, y se espaciaban por aquellos campos media legua o una, según el
+tiempo y la ocasión. El cura llevaba en el bolsillo una onza de
+chocolate, y había aconsejado a Miguel que llevase otra: en el primer
+merendero o taberna que tropezaban, las tomaban disueltas en agua, y
+proseguían su marcha. A Miguel le gustaba mucho trotar, pero el cura se
+oponía, porque según él «se batían demasiado los hipocondrios:» en
+realidad era que temía caerse. Ordinariamente iban emparejados,
+departiendo amigablemente: el capellán mostraba a su discípulo cada día
+más estimación: en una cosa no estaba conforme con él, y se la
+recriminaba a menudo: era la amistad que Miguel profesaba a
+Brutandor.--«¡Mentira parece ¡barájoles! que seas amigo de ese jumento!
+Y él ha sabido bien aprovecharse. Si no fuese por ti, no sale adelante
+nunca de algunas asignaturas.» Nuestro héroe pensaba mal del cura por
+esta antipatía, achacándola a lo que ya hemos dicho, porque si bien
+Mendoza no era un águila, ni había de sobresalir jamás en los estudios
+especulativos, tampoco le parecía un asno; discurría bastante
+acertadamente en ocasiones, era amigo de cumplir con su deber, y tenía
+un carácter, aunque grave, muy apacible y simpático. Por este
+aborrecimiento injusto, por su presunción y ridiculeces, Miguel no
+pagaba al cura su estimación; antes buscaba modo de reírse de él y
+remedarle delante de los compañeros. Un suceso de poca monta vino a
+aumentar este desprecio y a hacerle formar una idea más ruin aún de su
+carácter.
+
+Ni los paseos ecuestres, ni otras medicinas que el médico le propinó,
+consiguieron ponerle bueno. Iba decayendo de día en día y en poco estuvo
+que se muriese; pero la providencia de Dios, que sin duda le reservaba
+todavía para algo útil, quiso que, cuando menos lo pensaba, arrojase
+algunas varas de solitaria. Averiguada con tal motivo la enfermedad que
+le aquejaba, era fácil curarle, y en efecto, en poco tiempo se curó y
+quedó tan bueno como antes. Así que se vio sano comenzó de nuevo a
+bravear y hacer piernas esforzándose en levantar pesos enormes y
+enseñando de nuevo los músculos del brazo. Pero no bastaba esto a sus
+ánimos y a su presunción de varón atlético y gladiador: quería demostrar
+alguna vez que estas fuerzas que el cielo le había concedido podían
+utilizarse y dejar bien sentada en el colegio su fama de valiente y
+esforzado. Había en el establecimiento un criado gallego, mozo de
+veinticinco años a lo sumo, alto, grueso, fornido, del cual se contaba
+entre los chicos que había levantado dos hombres con los dientes y otras
+proezas; con éste determinó de habérselas nuestro capellán. Un día
+descubrió que el gallego se había puesto sus botas para ir a paseo; no
+quiso mejor ocasión, y ardiendo en cólera, le dijo a Miguel:--«¿Sabes
+que el bribón de Manuel se puso ayer mis botas para irse a tunantear por
+las tabernas?... ¡Pero no se ha de reír de mí ese jayanote indecente!...
+Ahora vas a ver, barájoles.» Y le llamó desde su cuarto. Acudió Manuel;
+el cura cerró la puerta y comenzó a recriminarle durísimamente; Manuel,
+bajando la cabeza, se disculpó torpemente; mas el cura, en vez de
+suavizarse con esta actitud humilde, siguió alzando el gallo cada vez
+más, y concluyó por pasar a vías de hecho, dándole una tremenda
+bofetada, que resonó en toda la casa. El pobre Manuel, avezado a llevar
+palizas de cabos y sargentos cuando estaba en el servicio y penetrado
+desde niño del profundo respeto que se debe a los sacerdotes, no se
+movió y aguardó, escondiendo la cara, la granizada de mojicones y
+puñadas que el cura le descargó. No bastaron a desarmarle ni la humildad
+evangélica del gallego (que por cierto a levantar la mano le hubiera
+deshecho), ni las súplicas de Miguel que presenciaba conmovido aquel
+escándalo. Hasta que se cansó estuvo aporreando al infeliz criado,
+dejándole con varios chichones en la cara y las narices ensangrentadas.
+Esta conducta indignó a Miguel en alto grado, y lo que acabó de
+desprestigiar al cura fue que, en vez de avergonzarse de haber pegado a
+un hombre que no se defendía, aún se jactaba de ello el muy ruin.--«¿Has
+visto, barájoles, has visto qué mocada tan gorda le asesté la primera?
+¿Qué bien sonó, eh?... Pues aún fueron mejores las que le di por debajo,
+en las narices, aunque no sonaban tanto... ¡Barájoles, ya le tenía yo
+ganas a ese mastuerzo!... ¡que eche roncas ahora con sus dientes de
+caimán!»
+
+Pero no se pasaron muchos días sin que el cielo vengara al pobre Manuel,
+dejando a Miguel en extremo complacido, y fue del modo siguiente:
+Salieron una tarde de paseo hacia la Moncloa todos los alumnos y
+profesores, y cuando hubieron llegado a sitio a propósito, mandó el
+director romper filas, y los chicos comenzaron, como ordinariamente, a
+recrearse acompañados por sus maestros. Armose juego de peonza en un
+paraje, en otro de salto, más allá de aro, y así se distribuyeron en un
+instante todos; el coronel se puso, como siempre, a dibujar, copiando
+del natural un carromato, y don Leandro se fue a un lugar apartado a
+sonar la flauta acompañado solamente de tres o cuatro discípulos;
+mientras el cura, que desde que había expulsado la solitaria andaba muy
+galán y boyante, se divertía, tumbado en el suelo, en levantar a pulso
+dos niños, uno en cada brazo. Mas cansado al fin de este ejercicio, se
+levantó y comenzó a pasear buscando medio de utilizar nuevamente sus
+músculos poderosos: y sin darse cuenta de ello, fue acercándose en
+silencio al paraje donde tocaba la flauta D. Leandro. Una vez cerca de
+él, no se le ocurrió nada más gracioso que agarrar por detrás al infeliz
+preceptor, levantarle en alto y apretarle con todas sus
+fuerzas:--«¡Suélteme, D. Juan, que me hace daño!»--gritó el tiple de San
+Isidro medio asfixiado y pataleando. D. Juan se reía sin soltar. Pero
+no contó con la huéspeda, la cual en esta ocasión fue Marroquín, quien
+indignado de aquel acto brutal, o por ventura cediendo a la aversión que
+le inspiraban todos los clérigos, acudió velozmente en auxilio de su
+compañero, y sujetando a su vez al cura por la espalda, le apretó tanto
+la cintura, que aquél se vio obligado, no solamente a dejar en paz a D.
+Leandro, sino a pedir con voz quejumbrosa misericordia. Dejole al cabo
+de un rato Marroquín, pero tan estropeado y maltrecho, que en vez de
+reírse de la broma, comenzó a toser y a quejarse; la verdad es que
+estaba muy pálido:--«¡Barájoles! esto pasa de broma, Sr.
+Marroquín.--¿Pues no estaba V. haciendo lo mismo con D. Leandro?--Pero
+yo no le apretaba con todas mis fuerzas, como V. ha hecho conmigo.»
+
+Los chicos se rieron del percance, hallando el castigo de Marroquín muy
+en su lugar. En cambio, el cura se puso cada vez más hosco, y comenzó a
+pasearse solo tosiendo y escupiendo a menudo y llevando la mano al bajo
+vientre. Cuando llegó la hora de la cena, no probó bocado; los alumnos
+se hacían guiños y contenían a duras penas la risa. Al tiempo de
+acostarse, Miguel se vio obligado por más de media hora a oírle vomitar
+injurias contra su mortal enemigo. Al fin concluyó diciendo:--«Por las
+buenas, Miguel, ya sabes que no hay hombre mejor que yo... ¡Pero por las
+malas, soy una fiera! Marroquín me las ha de pagar. Se figura,
+barájoles, que porque soy clérigo no he de pedirle satisfacción... Se
+equivoca... yo lo mismo visto los hábitos del sacerdote, que empuño la
+espada del militar. Mañana hablaremos.»
+
+Durmiose, por último, en estas disposiciones belicosas, mientras Miguel
+sonreía entre sábanas, pensando que todo quedaría en agua de cerrajas.
+No fue así, sin embargo. Al día siguiente el cura continuaba taciturno y
+encrespado, meditando feroces venganzas: el apretón del día anterior
+hacía rebasar la copa, y sentía la necesidad de dar cualquier desahogo a
+su odio. Mientras duraron las clases se mantuvo grave, y sosegado:
+actitud digna del que piensa jugar la vida a las pocas horas: comió poco
+y sin hablar palabra. Al llegar la noche comenzó a pasear, agitadamente,
+por uno de los corredores. Poco rato después pasó por allí Marroquín que
+iba al comedor a cenar: el cura le dejó cruzar a su lado sin saludarle;
+pero cuando estaba a unos cuantos pasos de distancia, le llamó:--«Oiga
+usted una palabra, Sr. Marroquín.»--Miguel, que estaba en acecho, vio
+que Marroquín se volvía y el cura le hablaba al oído; el profesor
+heterodoxo levantó la cabeza con sorpresa y se apresuró a decir en voz
+bastante alta y nada pacífica:--«Cuando usted quiera.»--D. Juan volvió a
+hablarle al oído, y tornaron a separarse. Miguel, interesado y afanoso
+por saber el resultado de aquella aventura, no perdió de vista al cura
+un instante: viole sentarse a la mesa y no probar apenas bocado.
+Marroquín comió como si tal cosa. Concluida la cena, el cura subió a su
+cuarto y se estuvo allí un ratito: después salió cautelosamente y subió
+a la boardilla. Marroquín, que estaba paseando por el corredor y le vio
+subir, no tardó en seguirle también sin hacer ruido. A entrambos los
+siguió Miguel con más sigilo aún. Cerraron tras sí la puerta de la
+boardilla; pero esta puerta, vieja y desvencijada, tenía tales rendijas,
+que le permitieron a Miguel enterarse de lo que dentro ocurría: el cura
+encendió un quinqué, que había sobre la mesa de la plancha, y acto
+continuo se despojó de la sotana, y quedó en mangas de camisa hecho un
+gladiador; y para que todavía la semejanza fuese más perfecta,
+remangóselas, y lo mismo los pantalones. Marroquín se limitó a quitarse
+el gorro y la levita. Todo se volvía ojos Miguel tratando de ver dónde
+estaban las espadas a que el cura había aludido la noche anterior; pero
+no parecían por ninguna parte. Y con gran sorpresa y desengaño, pues
+estaba creído de que iba a presenciar una extraña y terrible aventura,
+vio que los campeones se ponían a darse de morradas como mozos de
+cuerda. El cura, que estaba espantosamente lívido, dijo con voz
+ronca:--«Podemos empezar,»--y al instante arremetió con Marroquín,
+dándole una granizada de puñetazos que, por precipitados y
+descompuestos, no consiguieron aturdir al hirsuto profesor, el cual
+echando dos pasos atrás, y alzando la mano, asestó al cura, en medio de
+la cara, tan tremenda bofetada, que medio le volcó, y si no hubiera sido
+por la mesa, en que tropezó, le hubiera volcado por entero. Y sin
+aguardar a que el clérigo se repusiese, le alumbró una nueva, por el
+otro lado, de tal manera que le puso derecho. El cura entonces se trabó
+con él, cuerpo a cuerpo, procurando con todas sus fuerzas arrojarle al
+suelo; pero Marroquín, sujetándole a su vez por el cuello y metiéndole
+la cabeza debajo del brazo, principió a darle con el otro tan fieros
+golpes en las narices, que el cura gritó con voz sofocada:--«¡Socorro;
+que me matan!»--Miguel le dejó gritar un poco más, pues no le pesaba de
+aquel merecido vapuleo, y sólo cuando vio que Marroquín persistía
+incansable en solfearle, bajó a escape la escalera llamando al
+inspector:--«D. Ruperto, creo que D. Juan y el Sr. Marroquín se están
+pegando allá arriba en la guardilla.»--Subió el inspector a saltos y
+halló al cura en un estado que daba lástima verlo: echando sangre por
+las narices y los dientes. No quiso, sin embargo, que se diese parte al
+director, ni se dijese nada en el colegio. Entre D. Ruperto y Miguel
+lleváronle a su cuarto, le pusieron algunos paños de árnica, y le
+dejaron acostado. Al día siguiente se quedó en la cama, porque tenía la
+nariz muy hinchada y un ojo también. Miguel fue a hacerle compañía y
+procuró consolarle del mejor modo que pudo con alguna piadosa lisonja.
+Lo que más alivió la pesadumbre del vencido atleta fue oírle decir:--«V.
+está malo, señor cura; pero Marroquín tampoco anda muy bueno... Tiene la
+cara como un pan... Además, dicen que va a quedar resentido del
+pecho.»
+
+
+
+
+VIII
+
+
+En los dos primeros años vino el asistente de su padre a sacarle todos
+los domingos del colegio y llevarle a casa. El corazón le palpitaba de
+alegría cuando el inspector le avisaba para que se vistiese el uniforme
+y se preparase a salir. En casa, sin embargo, no le aguardaban grandes
+recreos: comer con su padre, besar a su hermanita, retozar con los
+criados en la cocina y salir a paseo en coche: y a cambio de estos
+gustos, contemplar todo el día el rostro de su madrastra que cada vez le
+parecía más aborrecible, y sufrir sus reprensiones y desdenes. Pero el
+pobre chico apetecía con ansia el amor y los cuidados de la familia:
+ante la bárbara indiferencia del colegio, el cariño y la consideración
+que le testimoniaban los criados de su casa éranle sabrosos.
+
+Fácil es de suponer que la antipatía de la brigadiera no cedió nada
+durante este tiempo; antes se fue recrudeciendo gradualmente, por más
+que no tuviese tantas ocasiones como antes de mostrarla. Otro tanto
+acaeció con Miguel: en su naturaleza impresionable fue echando raíces de
+tal suerte, que apenas podía mirarla sin advertir que se le encendían
+las mejillas y la cólera le roía el corazón. En ciertos momentos, cuando
+se hallaba bajo el peso de algún nuevo agravio, volaba su imaginación en
+alas de la cólera y se complacía en ir estudiando detenidamente todos
+los tormentos de que había oído hablar, los que empleaba la Inquisición
+con los herejes y los Emperadores romanos con los cristianos, y todos
+ellos se los aplicaba con fruición a su madrastra. Al cabo sucedió lo
+que era de esperar. Una tarde, al regresar del paseo con sus compañeros,
+cruzando desde el Prado a la calle de Alcalá, se vieron obligados a
+pararse por no ser atropellados de los carruajes. Los ojos de Miguel,
+que estaba en primera fila aguardando el desfile, tropezaron con los de
+su madrastra, que venía en carretela abierta. La brigadiera le hizo un
+signo con la cabeza; pero el niño contestó clavando en ella una mirada
+fría y apartando después los ojos con desdén. ¡Ay! la brigadiera llegó
+a su casa en tal estado de exaltación, que los criados pensaron que se
+había vuelto loca: hubo necesidad del frasco del éter, fricciones de
+agua fría en las sienes y una cucharada del anti-espasmódico; al cabo de
+media hora la irascible andaluza rompió a llorar perdidamente,
+llamándose la mujer más infeliz de la tierra. La brigada toda padeció
+durante quince días por causa de la grosería de Miguel; pero muy
+particularmente su digno jefe, que tardó algunos meses en ver limpio de
+nubarrones el cielo conyugal. Desde entonces el colegial no volvió a
+pisar las escaleras de la casa, mal llamada de su padre, pues era de
+todo en todo de su madrastra.
+
+No le pesó tanto a Miguel como era de presumir: por aquella época
+comenzaban a estrecharse sus relaciones singulares con Petra, y los
+domingos en que a la planchadora no le tocaba salir, pasaba la mayor
+parte del tiempo en su grata compañía. Lo único que sintió positivamente
+fue el verse privado de acariciar a su hermana, de la cual continuaba
+siendo el gato predilecto. En cuanto a su padre, empezó a visitar con
+más frecuencia que antes el colegio de la Merced: dos o tres veces por
+semana le llamaban a la hora de recreo para decirle que su papá le
+aguardaba en el salón, y al oírlo, volaba hacia allá con el corazón
+henchido de alegría. El brigadier le recibía con los brazos abiertos y
+le apretaba contra el pecho preguntándole después con sonrisa dulce y
+triste:--«¿Cómo te va, hijo mío?»--Se enteraba minuciosamente de sus
+estudios, de sus recreos, de sus faltas, de sus premios, de cuanto le
+ocurría, en suma, y no se cansaba de recomendarle la formalidad y la
+aplicación; casi nunca se marchaba sin dejarle algún regalo o dinero,
+que no pocas veces pasaba íntegro a las manos de la gentil planchadora,
+dueño absoluto de sus acciones y pensamientos.
+
+Miguel empezó a notar que el abrazo que su padre le daba al verle era
+cada vez más prolongado, y la sonrisa con que le saludaba cada día más
+dulce y más triste. El corazón le dijo que era muy desgraciado, y a
+medida que lo era aumentaba el cariño que le profesaba. El brigadier
+Rivera, que ostentaba en su pecho los días de besamanos la cruz laureada
+de San Fernando, gemía en una esclavitud insoportable. La red en que la
+soberbia andaluza le tenía aprisionado, era ya tan tupida, que el triste
+no podía sacar un dedo fuera sin riesgo de provocar algún conflicto.
+¡Quién sabe los esfuerzos y la habilidad que desplegaba, los peligros
+que corría para lograr el ver tan a menudo a su hijo! Apagado el fuego
+de la pasión amorosa que le había arrastrado a un segundo matrimonio,
+padeciendo los vejámenes que éste trajo consigo, despertose en su
+memoria la pura felicidad que había gozado con el primero y el recuerdo
+de las virtudes de su infeliz esposa; el amor del hijo que le había
+dejado, creció en su pecho con estas dulces memorias, y la común
+desgracia que sobre ellos pesaba, contribuyó también a acalorar su
+cariño. Al fin era su primogénito, el fruto deseado de sus primeros
+amores, el depositario de su apellido y el único que podía trasmitirlo,
+por cuanto de su esposa Ángela no tenía varón: todo se fue agregando en
+favor del colegial. Además, su hija Julia se criaba con tanto mimo y
+melindres, producía tales disturbios en la casa y originaba tantos
+disgustos, que en medio del amor de padre, que no muere nunca, el
+brigadier Rivera no podía menos de sentir hacia ella cierto leve rencor
+que la desgracia de Miguel contribuía a sostener. Por eso su tremenda
+esposa, al verle algunas veces salir de casa sin dar un beso a la niña,
+le llamaba padre desnaturalizado.
+
+Los momentos de verdadera dicha para el brigadier eran aquellos en que
+se encerraba con su hijo en el salón del colegio. Lejos de las miradas
+del enemigo común, podía entregarse libremente a las expansiones del
+afecto paternal, y se entregaba de buen grado. Teníale larguísimo rato
+entre sus rodillas, mirándole fijamente con ojos aterradores para
+cualquiera menos para Miguel, que ya sabía a qué atenerse; tirábale por
+los cabellos suavemente, y a menudo le rozaba las mejillas con sus
+feroces y encrespados bigotes. Algunas veces le montaba sobre los muslos
+y se entregaba, sin saber por qué, a un movimiento vertiginoso de
+caballo desbocado haciéndole saltar más de lo que el chico deseara.
+Cuando el furioso corcel quedaba rendido y jadeante, nuestro colegial
+veía a menudo deslizarse por el rostro de su padre una lágrima abultada
+que se deshacía al llegar al bigote, después de lo cual, el bravo
+brigadier apretaba a su hijo contra el pecho hasta descoyuntarlo,
+murmurándole al oído palabras amorosas. Algunas veces solía
+decirle:--«Tú no sabes, hijo mío, lo que te quiere tu padre; ya lo
+sabrás, ya lo sabrás... ¡y a alguno le pesará!» añadía en tono triunfal.
+Miguel no sabía lo que estas palabras significaban; pero veía sonreír a
+su padre, y esto le ensanchaba el corazón.
+
+Un día aquél vino a noticiarle con tristeza que había pedido el cuartel
+para Sevilla. Miguel comprendió inmediatamente que quien lo había pedido
+era su madrastra. El brigadier le abrazó llorando y se despidió
+repitiéndole al oído las mismas incomprensibles palabras: «¡Ya sabrás,
+ya sabrás lo que te quiere tu padre!» La andaluza no quiso decirle
+adiós, ni Miguel se humilló a solicitarlo. Desde Sevilla su padre le
+escribía muy a menudo, y cada cinco o seis meses venía a hacerle una
+visita; pero jamás intentó llevarle a pasar las vacaciones en su casa.
+El pobre colegial, al llegar el mes de junio, veía partirse a todos sus
+compañeros alegres como las golondrinas, y durante algunos días lloraba
+a solas en su cuarto. Mas pronto se consolaba, que en su edad las penas
+no abren surco profundo en el corazón, y aceptaba la vida monótona y
+holgazana del colegio con gusto.
+
+Su respetable tío D. Bernardo Rivera venía a visitarle de vez en cuando,
+y si él no podía hacerlo a causa de sus graves ocupaciones, comisionaba
+al bueno de Hojeda, para que fuese en su nombre. Miguel prefería estas
+visitas por representación. D. Facundo era un hombre corriente que le
+enteraba de todo lo que ocurría por el mundo (el mundo de D. Facundo),
+le traía siempre alguna golosina y se dejaba interrogar con la paciencia
+de un santo. Por él supo que su prima Eulalia se casaba al fin con
+Arturo Valle, el joven abolicionista que había conocido en casa de tío
+Bernardo, quien había consentido en este matrimonio en vista de que
+Valle iba templando un poco sus opiniones avanzadas y había renunciado a
+los banquetes antiesclavistas. Pero como la naturaleza sensible de este
+joven necesitaba algún tierno desahogo, sustituyó a los esclavos por los
+niños, dedicando toda su actividad a la protección de estos seres
+inocentes; fundó una sociedad para el efecto, e inauguró una serie de
+banquetes que dieron mucho que decir a los periódicos; también escribió
+algunos folletos acerca de «_la educación física intelectual y
+sentimental de los niños_,» «_los juegos de la infancia_,» «_el trabajo
+de los párvulos_,» etc., etc. D. Bernardo le dejó este recurso
+inofensivo, aunque hubiera deseado más que se dedicase a los trabajos
+del foro y a la resolución de otros problemas jurídicos de mayor
+importancia. También supo por Hojeda (y esto le llenó de asombro), que
+Lucía Población, aquella señorita rubia, tan dulce, tan poética, amiga
+de su madrastra había dado su mano al coronel Bembo, ascendido hacía
+poco tiempo a brigadier. En esto habían venido a parar aquellas largas
+disertaciones acerca del amor, el ideal, los presentimientos y otras
+reconditeces psíquicas que le había oído, aunque sin comprenderlas,
+cuando iba a comer a casa; en casarse con un elefante. Su tío Manolo
+venía también a verle; pero era muy caprichoso y desigual en sus
+visitas; le daba una temporada por ir casi diariamente y sacarle a
+menudo a paseo, violentando para ello la voluntad del director y las
+prácticas del establecimiento; después se pasaba dos o tres meses sin
+parecer por el colegio.
+
+Cuando Miguel se hizo bachiller, con la nota de sobresaliente en letras
+y la de aprobado en ciencias, vino su padre de Sevilla, y tuvieron una
+larga conferencia para tratar de la elección de carrera: el brigadier se
+inclinaba a la de ingeniero; pero Miguel quiso ser abogado, y aquél no
+se atrevió a contrariarle. Ofreciose después la cuestión de alojamiento;
+en el colegio ya no podía permanecer; el brigadier pensó en la casa de
+su hermano Bernardo; pero habiéndole tocado el asunto con delicadeza,
+halló una acogida tan fría, quizá por la fama que Miguel tenía adquirida
+de travieso, que le dejó muy ofendido, y jurando no volver a pedir jamás
+un favor a su hermano. En Manuel no pensó, porque conocía demasiado su
+género de vida, incompatible con los cuidados y la vigilancia que exige
+un muchacho de diez y siete años. Al fin no tuvo más remedio que dejarlo
+acomodado en una casa de huéspedes, modesta, pero decente, de la calle
+de Jacometrezo. Antes de marchar le pronunció un sentido discurso acerca
+de la necesidad de ser formal y estudioso, «siquiera porque _aquella_ no
+me saque loco echándome todo el día a la cara tus travesuras.»
+
+Con esta etapa dio comienzo para nuestro mancebo un modo de vida
+totalmente distinto del que hasta entonces había tenido. El goce
+inefable de la independencia le embargó por algunos meses; entraba y
+salía de casa cien veces al día, sin necesidad alguna, sólo para
+convencerse de que era libre, dueño de sus acciones; tiraba de la
+campanilla y se hacía traer vasos de agua sin tener sed; compró una
+petaca y algunas libras de tabaco picado, y para aprender a hacer
+cigarros, se ensayó, por consejo de un teniente de artillería que se
+alojaba en la misma casa, haciéndolos con arenilla de la salvadera;
+corría por las calles deteniéndose largo rato delante de los
+escaparates, y gastaba el dinero alquilando por horas berlinas de punto;
+entraba en los cafés y pedía copas de ron o cognac, sólo por enjuagarse
+la boca, pues no podía atravesar los licores. Se enamoraba de cuantas
+corbatas veía, y no pudiendo resistir a la tentación de comprarlas,
+llegó pronto a poseer una colección asombrosa: después le dio por los
+gemelos y trasladó a su cómoda toda una tienda de bisutería; después,
+por las boquillas de espuma de mar. Últimamente se enfrascó en la
+lectura de novelas: leía bueno y malo, cuanto caía en sus manos.
+
+En los primeros meses de curso asistió unas cuantas veces a la
+Universidad: los profesores le aburrieron: usaban todos una jerga
+filosófica que le parecía necia e incomprensible. Prefirió corretear por
+Madrid en compañía del teniente de artillería y otros amigos, que no
+tardó en adquirir, de los cuales fue al instante muy querido por su
+genio abierto y simpático y su «buena sombra.» Su vida durante aquel
+curso hay que confesar que no fue muy edificante. Su amigo íntimo y
+compañero de colegio, Perico Mendoza, también comenzó cuando él la
+carrera de derecho, pero con muy diversos auspicios. Desde la apertura
+del curso no hubo estudiante más puntual ni más diligente; cargado
+siempre de cuadernos camino de la Universidad, o metido en su cuarto
+poniendo los apuntes en limpio; esta era su vida. Alojaba en una
+modestísima posada de la Corredera baja de San Pablo, pagando nueve
+reales al día. El pobre Brutandor, apesar de sus apellidos ilustres y
+sonoros, estaba muy lejos de nadar en la opulencia. Su padre, según pudo
+averiguar más adelante Miguel, era un cirujano de un pueblecillo de
+Extremadura; la carrera se la costeaba un tío cura. Pero nada de esto
+dejaba traslucir su exterior, siempre pulcro y aliñado. Había crecido y
+engordado hasta convertirse en lo que el vulgo suele llamar «un real
+mozo.» Su rostro, aunque sin expresión, no tenía nada de repulsivo; era
+fresco, sonrosado, rebosando de salud y cercado por una patilla rubia y
+precoz que le sentaba admirablemente. Lo único que afeaba aquella figura
+hermosa e imponente, era cierta desproporción entre la cabeza y el
+tronco: era un poco cabezudo. Miguel se había quedado pequeñito y
+menudo: poseía en cambio una fisonomía expresiva y simpática, modales
+sueltos y un modo de hablar tan agraciado, que cautivaba a cuantos le
+trataban. Su temperamento inquieto se había modificado, o, por mejor
+decir, había tomado otro sesgo, manifestándose ahora en su conversación,
+siempre viva y salpicada de frases oportunas: para intimar con cualquier
+persona le bastaba media hora.
+
+Pocos meses después de abierto el curso, se encontraron Miguel y Mendoza
+en la calle. Aunque seguían siendo muy amigos, estaban algo alejados en
+el trato, a consecuencia de la vida tan distinta que hacían; pues
+mientras Mendoza asistía con puntualidad a las cátedras y pasaba muchas
+horas en casa, el hijo del brigadier rodaba en compañía del teniente y
+sus nuevos amigos por los cafés, teatros y otros sitios menos santos
+todavía de la corte. Se saludaron con efusión y se contaron su vida.
+Mendoza aconsejó a su amigo que fuese por la Universidad, porque era muy
+fácil perder curso; los profesores tenían fama de severos; las
+asignaturas eran largas y difíciles, y acostumbraban a apretar más a los
+que no asistían a clase. Miguel se encogió de hombros, riose un poco de
+la gravedad con que Mendoza le decía todas aquellas cosas, y prometió ir
+a la Universidad y empezar a estudiar de firme. Después Brutandor le
+habló con rubor de ciertos apuros económicos que a la sazón padecía.
+
+--En este momento--le dijo--iba pensando en ti y trataba de ir a
+visitarte por si pudieras sacarme de este pilanco... Debo a la patrona
+cerca de dos meses...
+
+--¿Qué dinero necesitas?--le preguntó Miguel en seguida.
+
+--Cuarenta duros.
+
+--Pues no los tengo; pero mañana se los pediré a mi tío con cualquier
+pretexto, y te los daré... Pásate a la hora de comer por mi casa.
+
+Al día siguiente se pasó, en efecto, por la calle de Jacometrezo, y
+Miguel le dio los cuarenta duros.
+
+Trascurrido algún tiempo, Mendoza volvió a visitarle y le pidió
+veinticinco. Se encontraba en deuda con otra patrona, pues se había
+mudado a la calle del Pez. Miguel volvió a abrir su bolsa y a
+remediarle. Por fin, cierta noche en los últimos días de enero,
+regresando Miguel a casa, le dijo el criado al entregarle la luz:
+
+--Señorito, en su cuarto está un joven que ha venido ya otras veces a
+verle... Llegó en mangas de camisa y sin sombrero y me pidió por favor
+que le dejase entrar a esperarle... No sé si habré hecho bien... Me dijo
+que le había pasado una desgracia...
+
+Miguel, lleno de asombro, se dirigió a su habitación: al entrar oyó la
+voz de Perico.
+
+--Buenas noches, Miguelito.
+
+Miró a todos los rincones del gabinete, y no vio a nadie.
+
+--Estoy aquí, en la alcoba.
+
+Miguel fue a allá y le encontró metido dentro de su cama.
+
+--¡Pero hombre!...
+
+--Perdóname... me hallaba medio desnudo y tenía mucho frío...
+
+--Pero ¿qué ha sido eso?
+
+--El patrón de la calle del Pez... Me quitó el baúl con la ropa, me
+arrancó la levita que llevaba puesta, el sombrero, la corbata... y
+después de darme unas cuantas bofetadas, me echó a la calle a las diez
+de la noche...
+
+Dijo esto con la misma calma que si hablase de otro. Miguel le miró
+estupefacto.
+
+--¿Y tú qué has hecho?
+
+--Venir aquí.
+
+--Ya lo veo, ¿pero antes no has devuelto ninguna de las bofetadas que te
+han dado?
+
+--Ninguna.
+
+--¿Y para qué quieres entonces esas manazas que Dios te ha concedido?
+
+--Si le hubiera pegado, me llevarían a la cárcel.
+
+Miguel volvió a mirarle de hito en hito, y quitándose el sombrero con
+afectado respeto, le dijo:
+
+--¡Oh, varón prudentísimo, yo te saludo! Aunque no esté bien averiguado
+todavía si es mejor llevar bofetadas que ir a la cárcel, no puedo menos
+de admirar tu profunda sabiduría... ¿Y por qué ha osado poner las manos
+en tu rostro virginal y aligerarte tanto de ropa?
+
+Mendoza un poco amoscado contestó:
+
+--Porque le debía mes y medio de pupilaje.
+
+--¡Problema!--exclamó Miguel.--Si por adeudarle mes y medio de pupilaje
+el patrón te ha dado quince bofetadas... ¿Fueron más o menos?...
+
+Mendoza, más amoscado y fruncido, no quiso contestar.
+
+--Pongamos quincé... Si hubieses llegado a deberle año y medio, ¿cuántas
+bofetadas te hubiera dado?
+
+--Me parece que el lance no es para reírse.
+
+--Si no me río: es que soy muy aficionado, como sabes, a las
+matemáticas. Pero vamos a otra cosa: ¿y por qué debías mes y medio en la
+posada cuando no hace uno que te he dado veinticinco duros?
+
+Mendoza tampoco contestó.
+
+--Este problema te lo voy a resolver yo. Consiste en que tú, en vez de
+pagar la posada, gastas todo el dinero en levitas, sombreros, guantes,
+corbatas, etc., etc. Siempre has tenido la manía de ponerte muy
+guapote... y sin consecuencias ulteriores, como no sea la de enseñarte
+de balde por esas calles de Dios... Hasta ahora no te he visto
+conquistar a nadie más que a la planchadora del colegio...
+
+Esto último se lo dijo en un tono más irritado, que podía achacarse muy
+bien al recuerdo de su derrota.
+
+--¿Qué te propones saliendo a la calle tan perfilado? Que digan: «¡ahí
+va un buen mozo!» Pues para tan flojo resultado, no merece la pena que
+sacrifiques a tu familia, que pases tantos apuros y te expongas como hoy
+a coger una pulmonía.
+
+Mendoza escuchó la reprensión sin impacientarse. La irritación de Miguel
+pasó al instante. Llegándose a la cama, y tirándole cariñosamente de los
+pelos, comenzó a decir riendo:
+
+--Animal, procura estrecharte un poco, y no ronques, porque voy a
+acostarme contigo. ¡Qué honor para ti y para tu familia! ¿verdad?...
+Pero has de ser modesto. Perico, ¡cuidado que lo propales por ahí!
+
+La consecuencia de todo fue que Brutandor se quedó definitivamente a
+vivir con Miguel: éste pagaba un duro por su gabinete; el ama de la
+casa, acomodándose los dos en él, rebajó el pupilaje a cuatro pesetas
+cada uno; de las cuatro pesetas que le tocaban, quedó convenido entre
+ambos que Mendoza pagaría diez reales y Miguel supliría los otros seis
+en tanto que aquél no mejorase de fortuna. Mas aunque así se convino, lo
+que acaeció fue que la mayor parte de los meses se vio necesitado el
+hijo del brigadier a pagar íntegra o casi íntegra la cuenta de ambos.
+Mendoza continuó perfilándose, como decía Miguel, a más y mejor; cuando
+éste, encolerizado después de pagar la cuenta desahogaba con él su
+bilis, ponía una cara tan compungida e inclinaba la frente con tanta
+humildad, que la ira de su amigo disipábase como por encanto y concluía
+por reírse y resarcirse del dinero que soltaba con algunos sarcasmos que
+también resbalaban sobre la piel de Brutandor, sin lograr hacerle
+cambiar de conducta.
+
+Los dos últimos meses Miguel asistió puntualmente a las clases, y se dio
+tal atracón de estudiar, que obtuvo en los exámenes la nota de
+sobresaliente en una asignatura, y la de notable en otras dos. Mendoza,
+apesar de su constante aplicación y de sus voluminosos cuadernos de
+apuntes, no consiguió más que la de bueno en las tres asignaturas. Por
+más que esto le dejase un poco despechado, no lo manifestó; estaba
+acostumbrado ya a ver a Miguel meterse en la cabeza los libros
+rápidamente; por otra parte, el hijo del brigadier tenía la delicadeza
+de no comentar el asunto de las notas y darle muy poca importancia.
+
+En el curso siguiente Miguel dejó la compañía del teniente y sus
+disipados amigos y se aplicó de todas veras al estudio. Pronto adquirió
+fama en la Universidad de buen estudiante, y más particularmente de
+muchacho despejado e ingenioso. Comenzó a llamársele entre los
+compañeros Riverita a causa de su figura exigua y también por su
+carácter alegre y decidor. El suyo y el de Mendoza formaban contraste
+notable, y quizá en esto consistiera aquella mutua simpatía que a
+entrambos los tenía sujetos: mientras Miguel tenía a todas horas suelta
+la llave de la conversación, a Mendoza había que sacarle las palabras
+del cuerpo con tirabuzón. Si por casualidad aquél guardaba silencio, no
+había miedo que éste lo turbase; horas enteras se pasarían sin
+comunicarse nada. Muchas veces, después de comer, se sentaban ambos al
+par de la chimenea; era el momento en que a Miguel le asaltaba la
+melancolía; se acordaba de su padre, de la triste suerte que le había
+cabido separado de él, viviendo sin familia hacía ya tantos años. Solía
+permanecer callado y taciturno algún tiempo, durante el cual Mendoza le
+seguía el humor y se mostraba más taciturno todavía, aunque sin motivo
+alguno. Al fin, cuando los malos pensamientos de Miguel se disipaban,
+rompía súbito el silencio poniéndose a cantar o a brincar, si es que no
+se le ocurría alguna cosa para embromar a su amigo:
+
+--Oyes, Perico, ¿sabes lo que estoy observando?
+
+--¿Qué?--decía éste levantando los medio caídos párpados.
+
+--Que te suena la cabeza.
+
+Perico abría los ojos desmesuradamente sin comprender.
+
+--Sí; ya rato que la estoy oyendo sonar: hace _glu, glu_, como las ollas
+cuando hierben...
+
+--¡Qué tonterías tienes, Miguel!
+
+--Te digo que sí, que te está sonando. ¡Milagro que tú no la oyes!
+
+Perico, entendiendo al fin la broma, se encerraba de nuevo en su
+mutismo.
+
+Otras veces, cuando paseaban juntos por el Retiro y llevaban largo rato
+sin despegar los labios, decía Miguel:
+
+--¿A que no sabes, Perico, para lo que me sirves tú en el paseo?
+
+--¿Para qué?
+
+--Para darme sombra.
+
+En efecto, Mendoza era tan alto y tan gordo, que la figurilla de Rivera
+se resguardaba perfectamente detrás de él.
+
+--En resumidas cuentas, lo mismo me da caminar contigo por aquí que con
+un árbol frondoso: eres tan fresco y tan sombrío como cualquiera del
+Retiro.
+
+Y cuando algún amigo los tropezaba y les decía:--Siempre juntitos,
+¿eh?--Miguel contestaba guiñando el ojo:--El que a buen árbol se arrima,
+buena sombra le cobija.
+
+Perico ponía una cara muy indigesta y masticaba algunas palabras de
+disgusto.
+
+Siguió aplicándose el hijo del brigadier al estudio del derecho, si bien
+con cierta desigualdad: mientras en algunas asignaturas apretaba de
+firme y llamaba poderosamente la atención del profesor y los compañeros,
+otras las abandonaba casi por completo. Su padre le seguía visitando una
+que otra vez y se mostraba en extremo complacido de su conducta y
+aplicación: no tanto de su economía; fuese por motivo del gasto
+suplementario que Mendoza le ocasionaba o por su propia prodigalidad, o
+por ambas cosas a la vez, lo cierto es que gastaba bastante más de lo
+que debiera. Cuando el brigadier se lo advertía suavemente, quedaba
+algunas horas triste y pesaroso, formaba propósitos de enmienda; pero a
+los pocos días olvidábase enteramente de ellos y seguía dando acometidas
+crueles al bolsillo paterno. Pasaba las vacaciones en Madrid, o a todo
+más se iba algunos días al Escorial en compañía de una familia conocida.
+El brigadier, cuando llegaba el verano, le invitaba a irse con ellos a
+un pueblecito de la costa donde solían pasar los meses de calor; pero
+Miguel observaba tal vacilación y frialdad en este convite, que
+comprendía perfectamente que no debía aceptarlo: su presencia en la casa
+era ocasionada a muchos disgustos, y de ningún modo quería que su buen
+padre padeciese ninguno por su causa.
+
+En el cuarto año de su carrera se hizo presentar como socio en el
+Ateneo. Desde entonces fue asiduo discípulo de sus cátedras y tertuliano
+de sus pasillos; mañana, tarde y noche, en todas las horas que las
+clases le dejaban libre, se encerraba en el clásico establecimiento,
+centro resplandeciente en aquella época de las ciencias y las letras;
+ordinariamente pedía un libro y se enfrascaba en la lectura; en poco
+tiempo se tragó un número considerable de volúmenes, versando casi todos
+sobre estética y filosofía. Era el terror del bibliotecario, pues le
+traía constantemente en ejercicio, encaramado sobre los armarios. Una
+vez en posesión del libro apetecido, nuestro mancebo corría a sentarse
+al lado de la chimenea y se dejaba tostar las pantorrillas, mientras el
+cerebro navegaba por los mares ignotos de la metafísica; primero
+faltaría el sol en su carrera, que nuestro estudiante en una de las
+butacas de terciopelo carmesí del Ateneo. Al llegar el mes de octubre
+empezaba éste a poblarse, y sus pasillos a rebosar de campeones
+literatos y filósofos que noche y día se ejercitaban en el arte de la
+discusión; no sin detrimento de los tímpanos de otros socios más
+pacíficos. Al mismo tiempo se abrían la cátedras donde se explicaban las
+materias más indispensables para la vida: los orígenes de los pueblos
+semíticos; examen del código Gregoriano; el hombre en el terreno
+terciario, etc., etc. En la sesión de ciencias morales se debatían
+arduos e interesantes problemas: en la de literatura se leían versos tan
+arduos, aunque menos interesantes.
+
+Una noche al levantarse la sesión, Miguel sintió que le tocaban en el
+hombro; era Valle, el marido de su prima Eulalia, uno de los oradores
+más importantes a la sazón, no sólo del Ateneo, sino también del
+Congreso. Los años habían arrancado a su rostro aquel tinte afeminado y
+poético de que hemos hecho mención y se lo habían dado más varonil,
+trasformándolo en un hombre hermoso y distinguido; gastaba largos
+bigotes, donde brillaba ya tal cual hebra de plata; vestía con refinada
+elegancia y continuaba sonriendo con dulzura a cuanto le decían. Por lo
+demás, hacía ya tiempo que era moderado, y de los más intransigentes;
+había sido gobernador en varias provincias y diputado en dos
+legislaturas. Desde algunos años antes, los niños a cuya protección
+había dedicado tantos desvelos yacían abandonados a sus propias fuerzas,
+lo mismo que los negritos. De aquella fervorosa manifestación de
+entusiasmo democrático y tierna sensibilidad, sólo quedaban en las
+librerías de viejo algunos residuos acusadores. En varias de ellas solía
+verse todavía algún folleto abolicionista de Valle con su
+correspondiente negrito aherrojado en la cubierta, las manos levantadas
+al cielo en demanda de justicia. Ningún transeúnte le hacía caso, y era
+más que probable que así se estuviese de rodillas hasta que fuese a
+parar más tarde o más temprano al montón del papel inútil; el mismo
+Valle, al cruzar por delante de él, solía apartar los ojos con
+desprecio, no exento de rencor. El negrito auténtico, esto es, el de
+carne y hueso que asistía a los banquetes abolicionistas, hacía ya
+tiempo que había desaparecido de Madrid sin que nadie supiese dónde
+había ido a parar: tal vez cansado y ahíto de las comidas sentimentales,
+se hubiera marchado al África a reponer el estómago con los platos más
+nutritivos de la cocina antropófaga.
+
+--Oyes, Miguel, ¿tienes noticia de tu familia?--le dijo con amable
+entonación, pero rápidamente, como si le llamasen en otra parte y
+tuviese muy poco tiempo que perder.
+
+--No señor; hace una porción de días que no tengo carta de papá; hoy le
+he escrito otra vez...
+
+--Pues sé que está un poco enfermo.
+
+A Miguel le dio un brinco el corazón.
+
+--¿Ha habido carta?
+
+--Sí, ha habido carta.
+
+--¿Y cómo no me han escrito a mí?
+
+--No lo sé; lo que hay de cierto es que tu padre no está bueno, que es
+un hombre, aunque no viejo, muy gastado por los achaques, y que debéis
+estar prevenidos para cualquier suceso desagradable.
+
+Nuestro estudiante se sintió profundamente conmovido; guardó silencio un
+instante y no queriendo preguntar más porque adivinaba vagamente que
+algo terrible le querían comunicar, dijo únicamente:
+
+--Bien, mañana por la mañana tomaré el tren mixto.
+
+--Es inútil--repuso Valle, después de vacilar un poco.--Puesto que has
+de saberlo, más vale que sea cuanto antes... Tu padre ya ha fallecido...
+Vaya, resignación... y queda con Dios. Te ha mejorado en tercio y
+quinto. Adiós.
+
+De este modo dulce y consolador recibió Miguel la noticia de la muerte
+de su padre. Quedose algunos minutos clavado en el suelo lleno de
+estupor, y por último, haciendo un esfuerzo, se dirigió con paso
+vacilante a un departamento solitario y se dejó caer en un diván; metió
+la cabeza entre las manos y sollozó largo rato, sin que nadie viniese a
+acompañarle: solo el conserje, al dar una vuelta de inspección por la
+sala, hallándole de aquella suerte, le preguntó con solicitud:
+
+--¿Qué es eso, D. Miguel? ¿llora V.?
+
+Cuando supo la causa se sentó a su lado y le prodigó los consuelos que
+pudo. En el pasillo se discutía con gritos horrísonos la cuestión del
+Syllabus.
+
+
+
+
+IX
+
+
+Pasados algunos días supo que, en efecto, su padre le había mejorado en
+tercio y quinto, lo que constituía a su favor, teniendo presente que en
+los últimos años el capital del brigadier se había mermado, una renta de
+siete mil duros; supo también que su madrastra, en el frenesí de la
+cólera intentaba ponerle pleito. Entonces se explicó perfectamente
+aquella sonrisa triunfal del brigadier cuando al abrazarle en el colegio
+de la Merced le decía: «¡Ya sabrás lo que te quiere tu padre... ya lo
+sabrás!» El pleito, como era lógico, no pudo prosperar; la soberbia
+madrastra se vio precisada a desistir, aunque guardando odio profundo,
+no sólo a Miguel, sino a la memoria de su marido; éste se había vengado
+cumplidamente de trece años de suplicio.
+
+El curador que en el testamento le dejaba era su tío Bernardo, elección
+que le mortificó un poco, porque jamás había logrado simpatizar con él.
+El temperamento inquieto y el espíritu sarcástico del sobrino se
+compadecían muy mal con la gravedad y el sosiego y el perfecto
+equilibrio intelectual y moral del tío. D. Bernardo le trataba con
+afectado desdén, no concediendo importancia alguna a sus triunfos
+universitarios; parecía decirle con el gesto, ya que no con la palabra:
+«Apesar de esas notas y esos estudios filosóficos, nunca serás un hombre
+respetable.» Sin embargo, en este desdén mezclábase un poquito de miedo,
+el miedo que profesan generalmente los hombres sin ingenio a los que lo
+tienen: estaba siempre en guardia, temiendo que Miguel le hiriese con
+alguna de sus salidas habituales, y para evitarlo se mostraba con él más
+serio y más reservado que con los demás.
+
+Por otra parte, se habían pasado ya bastantes días desde el
+fallecimiento del brigadier, y el tío Bernardo sólo había ido a hacerle
+una visita, y en ella no le habló de intereses, ni se dio por entendido
+del cargo que la voluntad del finado le imponía. Miguel sospechó que no
+tenía ganas de ser su tutor: lejos de disgustarle esta sospecha, le
+causó verdadera alegría y se propuso verificarla pronto, y aun poner
+todos los medios por convertirla en realidad. Una mañana salió de su
+casa en dirección a la de su tío, dispuesto a tener con él una
+conferencia y resolver de una vez el problema de la gestión de sus
+intereses. D. Bernardo seguía viviendo en la casa de la calle del Prado,
+de su propiedad. El criado, en vez de dejarle pasar buenamente, por
+tratarse de un pariente tan cercano de los señores, le introdujo, como
+siempre, ceremoniosamente en el salón, y le mandó esperar.--«Empieza la
+comedia»--dijo Miguel para sí sonriendo. Y sin hacer caso del ruego del
+lacayo, luego que éste se fue, salió del salón, y subiendo la escalera
+interior, se fue derecho al cuarto de su primo Enrique. Era la única
+persona con quien simpatizaba en la casa, si se exceptúa también su tía
+Martina, a quien siempre había profesado sincero cariño. Enrique se
+había preparado para tres o cuatro carreras especiales, y en ninguna
+había logrado ingresar. Por último, y para tener siquiera alguna, se
+decidió a entrar en la Academia de Infantería: a la hora presente era
+alférez de este cuerpo, de reemplazo, sin vestir jamás el uniforme, que
+le parecía ridículo, viviendo en la corte como un señorito rico, gozando
+de todos los placeres y singularmente de los toros, que era su afición
+predilecta, casi una manía. Los papás habían pasado muchos disgustos por
+su causa: era la única nota que desafinaba en el concierto casero. Cada
+vez que le traían a D. Bernardo la noticia de una nueva calaverada, de
+un nuevo suspenso, se ponía a las puertas de la muerte, dejaba de comer,
+de hablar, de fumar, y se pasaba dos o tres días dando paseos por el
+corredor y lanzando de vez en cuando unos ayes sofocados, que
+traspasaban el corazón de su fiel esposa doña Martina.--«Distráete,
+hombre; no pienses más en ello: vas a enfermar, y primero eres tú que
+él... Además, no todos los chicos han de ser modelos como Carlitos y
+Vicente...» D. Bernardo no hacía caso de estas justas observaciones, y
+sólo salía de su voluntario ostracismo cuando algún grave que hacer
+venía dichosamente a embargar su atención. Por lo demás, Enrique
+continuaba siendo el favorito de su madre, la cual, aunque no lo
+confesaba ni a ella misma siquiera, porque lo consideraba como una
+injusticia de marca, no podía menos de sentirse atraída hacia aquel hijo
+que representaba en la casa, en aquella casa severa y reglamentada como
+un convento, la alegría, la espontaneidad, la bondad franca y
+campechana. Allá a la postre también D. Bernardo, sus hijos y su yerno
+comprendieron que hasta desde el punto de vista estético hacía falta en
+la familia quien representase la indisciplina, algo que formase
+contraste y rompiese la monotonía de aquella vida correcta. En secreto,
+cuando estaban en familia, murmuraban todos de él, le ponían como un
+trapo, según la expresión vulgar, y esto no dejaba de ser también un
+placer, o por lo menos, un pie socorrido de conversación: de vez en
+cuando D. Bernardo le llevaba a su cuarto y le pronunciaba un largo
+discurso para llamarle al orden y recordarle sus deberes naturales y
+sociales, la dignidad del caballero, el decoro de la familia, etc., etc.
+Pero si había alguna persona de fuera, al hablar de Enrique todos
+sonreían alegremente, como diciendo: «No nos pregunten VV. por ese
+calavera, ese aturdido. ¿Quién pone puertas al campo?» La tolerancia que
+mostraban les hacía simpáticos, y al mismo tiempo prestaba más realce a
+su conducta intachable.
+
+Carlitos había terminado la carrera de ingeniero de caminos y se
+disponía a emprender la de ciencias. Fue constantemente el número uno de
+su clase, y había escrito ya algunos artículos sobre mineralogía en una
+revista científica. Continuaba siendo el sabio de la familia, con
+beneplácito de todos. Vicente había pasado algunos años en Inglaterra,
+estudiando no se sabía qué, probablemente los usos y costumbres de la
+Gran Bretaña, hacia los cuales se sintió desde un principio tan
+inclinado, que toda su vida vistió, comió, durmió, y hasta tosió a la
+inglesa. Trajo además de allá, entre otra infinidad de manías, la de las
+antigüedades, la cual fue muy del agrado de su padre, y contribuyó no
+poco en adelante al esplendor y respetabilidad siempre creciente de la
+familia. Compró en Inglaterra un número considerable de trastos viejos,
+platos, tapices, y adornó la casa con ellos: además, con permiso de su
+padre, todos los veranos daba una vueltecita por las provincias y
+regresaba abundantemente provisto de objetos antiguos. La casa de esta
+suerte llegó pronto a parecer un museo arqueológico: era cada vez más
+sombría y más triste. Vicente consiguió también ejercer poderosa
+influencia en ella, particularmente en lo que tocaba al orden y la
+etiqueta: los criados considerábanle como su jefe inmediato, y hacia él
+volvían los ojos siempre que iba a hacerse algo que no fuese la rutina
+de todos los días. Doña Martina a cada instante le preguntaba:--Vicente,
+¿dónde colocamos a Romillo? Vicente, ¿debe templarse el Burdeos? ¿Dónde
+ponemos la estatua que han traído hoy? ¿A qué hora se sirve en Londres
+ese licor que hemos recibido?--El mismo D. Bernardo, apesar de su no
+discutida infalibilidad, no se desdeñaba alguna vez de consultarle en
+asuntos de ceremonia; v. gr.: si había de visitar a D. Fulano o dejarle
+simplemente una tarjeta; si debía aceptar la invitación a comer de D.
+Mengano, etc., etc. Valle vivía también en la casa y tenía ya dos niñas
+de tres y dos años respectivamente; se había adaptado tan admirablemente
+al modo de ser de aquella familia, que parecía nacido y criado con
+todos ellos; la misma pulcritud en el vestir, la misma afectada
+cortesía, el mismo cuidado extremoso en no decir ni hacer nada de
+particular, la misma gravedad y énfasis para expresar las cosas más
+triviales. Aún en esto les sacaba ventaja: el antiguo abolicionista no
+podía preguntar a un amigo la hora o lo que pensaba del tiempo, sin
+llamarle aparte con cierto aparato de misterio: los que le veían,
+siempre juzgaban que estaba tratando algún asunto muy serio y muy
+escabroso. Apesar de esta adaptación, no había perdido importancia
+alguna ni dentro ni fuera de la casa; al contrario, el matrimonio se la
+había dado grande, y había contribuido no poco a que saliese elegido
+diputado y a que gozase de respeto y consideración universales. Por otra
+parte, en el hogar tenía su puesto señalado, su esfera de acción, y de
+esta suerte no podía haber choques ni rivalidades: era el hombre
+público, el estadista; como Carlitos era el sabio; Vicente, el maestro
+de ceremonias; Enrique, el calavera, y D. Bernardo, el varón respetable
+y respetado que esparcía su sombra protectora sobre todos. Eulalia
+continuaba siendo la misma grave y árida persona que cuando hemos tenido
+el honor de conocerla, un poco más grave y un poco más árida. El labio
+inferior le colgaba con expresión más señalada aún de desprecio hacia
+todas las cosas terrestres. De este general desprecio se salvaba, no
+obstante, su marido, su padre y hermanos, exceptuando Enrique, y todos
+los usos y costumbres de la buena sociedad, de las cuales era, como su
+señor padre, fiel guardadora. La misma doña Martina, apesar de su gran
+corazón y su espontaneidad, y de aquel temperamento franco y campechano
+que Dios la diera, no había tenido más remedio que sucumbir y doblegarse
+a la férrea etiqueta de la familia, haciéndose más seria, más comedida,
+y perdiendo con ello mucho del atractivo que su carácter tenía para el
+sobrino Miguel.
+
+Cuando éste penetró en el cuarto de Enrique, le halló afeitándose frente
+a un espejo, tan preocupado y atento a su tarea, que no le vio ni oyó
+los pasos.
+
+--Hola, Enriquillo, ¿cómo va?
+
+Enrique volvió asustado la cabeza.
+
+--Ah, ¿eres tú, Miguelito? Siéntate, hombre, me alegro mucho de verte
+aquí.
+
+Miguel, en vez de obedecer, se puso a dar vueltas por el cuarto,
+observando con semblante risueño cuanto en él había. Estaba lleno de
+atributos taurómacos: sobre la puerta una cabeza disecada de toro; a los
+lados unas moñas lujosas, con los colores caídos ya por el tiempo; por
+las paredes algunos cromos, representando las distintas suertes del
+toreo; una espada y una muleta formando trofeo.
+
+Miguel se detuvo frente a un par de banderillas simétricamente colocadas
+debajo de la espada y la muleta.
+
+--La última vez que he estado aquí no tenías estas banderillas.
+
+--Me las ha regalado, no hace más que ocho días, Marmita... ya sabes...
+Marmita--dijo, volviendo el rostro que rebosaba de orgullo y
+satisfacción.
+
+--Sí, sí... ya sé... Marmita... cualquier bruto, vamos...
+
+Enrique se quedó repentinamente serio y triste.
+
+--Hombre, Marmita es un amigo... Además, hoy no hay quien ponga
+banderillas como él en ninguna plaza de España... ¿Le has visto el
+domingo?
+
+--No fui a los toros.
+
+--Pues chico te digo que en mi vida he visto colgarlas al quiebro de
+aquel modo... ¡Como si no se hubiera movido, chico... lo mismo! La plaza
+se vino abajo... ¡Era cosa de comérselo!... En el quinto toro puso otras
+al relance, cuando menos se pensaba, que dejó pasmado a todo el mundo...
+Sobre el mismo morrillo las dos... ¡Ni pintadas, chico!... La plaza se
+vino abajo...
+
+--¿Pero no estaba en el suelo ya?
+
+--¿Cómo?
+
+--Sí, hombre, acabas de decirme que se vino abajo en el primer par.
+
+--¡Bueno, bueno!... tú siempre de guasita.
+
+Y dando la vuelta continuó afeitándose.
+
+--Pues hacía ya tiempo--dijo Miguel, después de dar otras cuantas
+vueltas por la habitación--que echaba de menos aquí unas banderillas. Me
+extrañaba que teniendo tantas cosas de toros, no hubiera por lo menos un
+par.
+
+--¿Querrás creer, chico--repuso Enrique, dejándose engañar como muchas
+veces por el tono serio que comunicaba Miguel a sus palabras,--que no se
+me había ocurrido?... Cuando Marmita me las mandó, tuve un verdadero
+alegrón...
+
+--Sí, sí, comprendo que habrá sido una de las más puras satisfacciones
+de tu vida.
+
+Enrique volvió a mirarle serio y amoscado, y continuó afeitándose. Ya no
+era su fisonomía enteramente la de un perro ratonero como de niño; había
+mejorado un poco; no mucho; la mejoría principalmente consistía en que
+andaba más limpio, sin mocos en las narices, ni repegones en las
+mejillas; aquel pelo indómito había conseguido, a fuerza de pomadas y
+cosméticos, domeñarlo, y lo llevaba aplastado sobre las sienes como los
+chulos. Gastaba la barba cerrada, pero en aquel momento la estaba
+modificando, dejándose unas patillas de picador muy cucas. Así que hubo
+acabado esta operación, se volvió hacia Miguel un poco avergonzado; mas
+como éste le dijese que estaba muy bien y que había ganado bastante con
+aquel cambio, se puso en seguida de un humor excelente, abrazó a su
+primo cordialmente, le dio un puñado de tabacos habanos, y comenzó a
+charlar de cosas alegres.
+
+--¡Lástima, Miguelillo, que no tengas afición a los toros!--le dijo
+cortando repentinamente el hilo de la conversación y mirándole fijamente
+con ojos compasivos.--¡Si vieras qué buenos ratos se pasan!
+
+--Si suprimiesen la suerte de las picas, iría con gusto--dijo Miguel con
+deseo de complacer a su primo, soltando una bocanada de humo.
+
+--¡No digas eso, Miguel, por Dios! ¿Tú no sabes que sin picas no puede
+haber toros?
+
+--¿Pues?
+
+--Porque irían enteritos a la muerte y quedaría todos los días algún
+diestro sobre la plaza.
+
+--Debían defender los caballos, al menos, para que no anduvieran las
+tripas rodando por el suelo.
+
+--¡Ese es otro error!--exclamó Enrique, a quien la discusión interesaba
+extremadamente.--Los caballos no pueden defenderse, porque si el toro no
+hallase donde cebarse y tirase siempre los derrotes al aire, concluiría
+por huirse, como es natural, y no se podría lidiar en las otras suertes.
+Los que no sois aficionados, siempre empleáis los mismos argumentos,
+¡los caballos!... ¡las tripas!... Si atendieseis a la lidia, no
+repararíais en esas menudencias... pero, ¡claro está! no sabéis lo que
+está pasando, no os ocupáis de estudiar el toro, os aburrís, y vais a
+mirar allá al otro extremo de la plaza a ver si a algún caballo se le ha
+salido el mondongo... Y en último resultado, ¿qué? ¡No parece más que no
+habéis visto nunca las tripas de un animal! ¿No os coméis todos los días
+el chorizo en el cocido?
+
+Miguel, que fumaba tranquilamente en una butaca sin atender a lo que su
+primo decía, preguntó en tono distraído:
+
+--¿Pero no habría algún medio de sustituir esa suerte de picas?
+
+--¡Ninguno!--gritó Enrique.--¡Absolutamente ninguno!
+
+--Bien, hombre, bien; no te enfurezcas.
+
+--¿Te figuras que los toros son una cosa de ayer mañana?... Todo lo que
+se refiere a los toros está muy pensado... ¡muy calculado!... Los que no
+entienden una palabra, ven correr al toro detrás de los toreros, y nada
+más; pero los que han estudiado algo, saben la razón de todos los
+movimientos que se ejecutan en la plaza...
+
+--Pues entonces--dijo Miguel seria y pausadamente soltando otra bocanada
+de humo,--te anuncio que cuando sea ministro de la Gobernación, tendré
+el honor de suprimir las corridas de toros.
+
+Enrique le echó una mirada torva.
+
+--¡Ya se librará ningún ministro de la Gobernación de suprimir los
+toros!
+
+--¿Y dónde está tu padre ahora?--dijo Miguel levantándose.
+
+La fisonomía de Enrique volvió a adquirir repentinamente su habitual
+expresión de bondad e inocencia.
+
+--Me parece que no ha salido esta mañana. ¿Quieres verle?
+
+--Sí, tengo que hablar con él.
+
+--Vamos allá.
+
+Y poniéndose apresuradamente una chaqueta, sin haberse metido aún el
+chaleco, condujo a su primo por los corredores hasta cerca del cuarto de
+su padre. Allí vaciló un poco, porque seguía profesando a aquella
+habitación el mismo respeto que cuando niño.
+
+--Raimundo--dijo, viendo a un criado pasar,--entra en el cuarto de papá
+y pregúntale si puede recibir al señorito Miguel, que desea hablarle.
+
+El criado tardó un rato en salir con la respuesta afirmativa. Miguel
+entró solo.
+
+Estaba el tío Bernardo sentado en su poltrona, leyendo los periódicos
+con la misma expresión de hostilidad con que siempre había acogido todas
+las ideas expresadas por escrito. Había envejecido bastante: la calva,
+ya dilatada, se la cubría un gorro de terciopelo morado; más flaco y
+más pálido; el bigote canoso había quedado reducido, merced al lento
+pero continuado trabajo de la navaja, por entrambos lados, a una motita
+debajo de la nariz.
+
+--Buenos días, tío, ¿cómo sigue V.?
+
+--Hola, Miguel: bien, ¿y tú?--respondió D. Bernardo sin apartar la vista
+del periódico.
+
+--De salud, bien.
+
+--¿Te vas resignando?--le preguntó, siempre con la vista fija en el
+periódico y con un tono ligero que hirió vivamente a Miguel.
+
+--No, señor--contestó éste un poco picado.
+
+D. Bernardo se dignó levantar la vista hacia él manifestando sorpresa;
+tornó a bajarla y dijo en voz baja y cavernosa:
+
+--Pues no adelantarás nada con atormentarte; hay que someterse a la
+voluntad de Dios.
+
+--Yo me someto a la fuerza. Resignarse y someterse tranquilamente lo
+hacen los que no sienten con intensidad las desgracias.
+
+--Supongo que no querrás decirme que yo no he sentido profundamente a tu
+padre.
+
+--Debo creer que V. lo ha sentido mucho, porque era un modelo de padres,
+de hermanos y de caballeros.
+
+--Así es, y te aconsejo que lo imites siempre.
+
+--Hago lo que puedo; por de pronto le lloro mucho, como él me lloraría.
+
+--No juzgo que deben condenarse las lágrimas en absoluto; pero me
+parecen más propias de las mujeres que de los hombres. Te aconsejo
+entereza para soportar esta prueba terrible. Pasados ya los primeros
+días, es absurdo seguir entregado al dolor, y precisa darse cuenta
+exacta de su situación y pensar en lo porvenir.
+
+--A eso venía precisamente; a tratar con V. la cuestión de intereses.
+
+Casi todas las conversaciones entre tío y sobrino desde hacía algún
+tiempo, tomaban este tono un si es no es picante. Miguel era díscolo, y
+cada día iba formando una idea más pobre de las dotes intelectuales del
+tío Bernardo. Este, si no despreciaba a su sobrino en el fondo,
+aborrecía su carácter y le tenía miedo. Ambos se hallaban perfectamente
+convencidos de esta antipatía y procuraban demostrársela con más o menos
+disimulo. La conversación que sobre intereses entablaron no fue larga:
+desde los primeros momentos comprendió Miguel que su tío no deseaba
+hacerse cargo de la curaduría, y grandemente satisfecho, aunque
+ocultándolo lo mejor que pudo, le facilitó el camino para zafarse de
+ella.
+
+--Sí, tío, sí; comprendo perfectamente que las graves ocupaciones que V.
+tiene en su vida pública y privada no le permitirán dedicarse al arreglo
+de mis negocios con la atención que V. quisiera... Yo lo siento
+muchísimo... pero más vale que desde el principio hablemos claro...
+
+--Por mi parte estoy dispuesto a cumplir en un todo la voluntad del
+finado; bien lo sabes... Pero temo que apesar de sacrificar otros
+quehaceres...
+
+--Nada, no hablemos más de eso. Como en el testamento se señala, en
+defecto de V., a tío Manolo, que él se encargue, ya que está desocupado.
+
+D. Bernardo sonrió irónicamente al escuchar el nombre de su hermano.
+
+--Sí; él bien puede encargarse; los quehaceres no le matan.
+
+Con la solución dada al asunto, ambos se habían puesto de buen humor; la
+plática fue en adelante más expansiva y afable. D. Bernardo invitó a su
+sobrino a almorzar, y éste aceptó sin que se lo rogase.
+
+Cuando bajaron al comedor, estaba ya reunida la familia. Como era
+costumbre, todos aguardaban en pie al jefe de ella, quien después de
+saludarles grave y cortésmente, se sentó y les invitó a sentarse con un
+ademán tan imponente y señorial, que Miguel no pudo menos de sonreír.
+Nadie más que él sonrió: los demás, incluso Valle, que era ya un
+personaje político, aceptaban aquella severa etiqueta, persuadidos de
+que practicándola, se alejaban del vulgo y ganaban en prestigio y
+respetabilidad. Miguel, exagerando un poco el desdén que le inspiraba
+tal farsa, decía para sí:--«¡Pero, señor, esta es una familia de
+sainete!» Durante el almuerzo se habló de varios asuntos políticos y
+domésticos, pero siempre con el mayor orden, sin que bajo ningún
+pretexto se quitasen la palabra unos a otros; después que todos
+expresaban su opinión, D. Bernardo solía resumir y dar la suya, y en su
+defecto, lo hacía Valle, como segunda persona de la casa. Casi siempre
+coincidían todos en el modo de ver las cosas; cuando así no era, se
+mostraban tal deferencia los unos a los otros para contradecirse, que
+concluían por estar conformes. Alzar la voz para discutir se consideraba
+allí como la manifestación más acabada del mal gusto; sólo en las
+tabernas se disputaba a gritos. A veces había también sus rasgos de
+ironía, sus chistes; Carlitos y Valle se autorizaban algunos; entonces
+todos sonreían con benevolencia y hasta se reía suave y discretamente,
+nunca con fuertes o sonoras carcajadas. En casi todos los asuntos que en
+la mesa se trataban, manifestábase claramente el desdén que la mayor
+parte de las cosas y personas inspiraba a aquella privilegiada familia,
+y el íntimo convencimiento que todos profesaban de su indiscutible
+superioridad. Esta superioridad era el dogma de la casa.
+
+Enrique tomaba muy pocas veces parte en la conversación; no se
+consideraba a la altura de sus hermanos, conocía su genio sulfúrico y
+temía desafinar. Desde que se sentaron a la mesa, la transformación que
+acababa de operar en su rostro había llamado la atención de todos, hasta
+de su padre, que no se dignaba reparar sino en muy contadas cosas:
+habíale dirigido durante el almuerzo cuatro o cinco miradas largas y
+escrutadoras, y él, por no soportarlas, bajaba la vista y se hacía el
+distraído; estaba avergonzado, y hubiera dado cualquier cosa por ponerse
+de nuevo los pelos que se había quitado. Nadie se atrevió, sin embargo,
+a hablarle de ellos. Cuando concluyeron de almorzar se procedió a hacer
+el café sobre la misma mesa, tarea en que de antiguo se placía la
+familia de Rivera, y a la cual concedía extremada importancia. En esta
+ocasión, la importancia era mucho más grande porque se trataba de
+ensayar una nueva maquinilla que Carlitos había encargado a París. Todos
+se prepararon con ansiedad a ver funcionar el aparato. Carlitos se había
+encargado de armarlo; desgraciadamente, apesar de su reconocido talento
+mecánico, no había logrado encajar algunas piezas en su verdadero sitio;
+el café salió tan revuelto y malo, que fue imposible atravesarlo.
+Entonces se produjo en la familia de Rivera un movimiento de sorpresa
+dolorosa; pero nadie osó dirigir cargo alguno al causante de la
+desgracia; sólo por medio de rodeos y perífrasis, Valle declaró que el
+café pudiera estar más claro aún, lo cual no sabía si debiera achacarse
+a la calidad del mismo café, a la deficiencia del aparato o a alguna
+ligera imperfección en la manera de armarlo. D. Bernardo tosió dos o
+tres veces, lo cual indicaba siempre que iba a decir algo, y era la
+señal preventiva para que todo el mundo se callase. En efecto, guardaron
+silencio.
+
+--Para que sepamos cuál es la causa de lo que ha ocurrido, y si Arturo
+ha acertado en alguna de las diversas indicaciones que acaba de hacer,
+precisa, ante todo, que se lave el aparato, se le desarme y lo volvamos
+a armar con detenimiento.... A ver, Raimundo, llévate esa máquina, que
+se lave bien, y después de secarla, la traes.
+
+Mientras Raimundo estuvo por allá, apenas se habló en la mesa, como si
+estuvieran todos bajo el peso de alguna grave preocupación: se esperaba
+su vuelta con mal disimulada impaciencia. Cuando llegó y dejó de nuevo
+el aparato sobre la mesa, los ojos se volvieron anhelantes hacia el jefe
+de la familia, quien, después de toser otras dos o tres veces, dijo
+solemnemente, dirigiéndose a su hijo Carlos:
+
+--Carlitos, ten la bondad de desarmar el aparato, a fin de que sepamos,
+si es posible, dónde reside la falta.
+
+Carlitos se apresuró a tomar la máquina, y con mano un poco temblorosa,
+comenzó a desarmarla, bajo la mirada fija y atenta de su familia. Según
+iba sacando las piezas, dejábalas esparcidas a granel sobre la mesa.
+
+--¡Alto allá!--exclamó D. Bernardo extendiendo las manos.--Las distintas
+piezas no pueden ni deben dejarse de este modo confundidas,
+exponiéndonos a que después no sepamos para qué sirven. Coloquémoslas
+ordenadamente, a derecha e izquierda, según vayan saliendo, y no habrá
+más tarde dificultades.
+
+Carlitos comenzó a alargar las piezas a su padre, y éste a colocarlas en
+diversos parajes de la mesa, no sin vacilar antes algún tiempo y pensar
+bien el pro y el contra de cada sitio.
+
+--Esta tapadera de cristal la colocaremos aquí junto a Eulalia, ¿no es
+eso?... El recipiente superior lo pondremos delante de Vicente, ¿qué
+tal?... Bien; queda colocado... acordarse bien... queda colocado delante
+de Vicente... El pasador aquí a mi derecha... no olvidarse... El
+recipiente de la leche, ¿dónde colocaremos el recipiente de la leche?...
+Aguárdate un instante, hombre... lo colocaremos, si no os parece mal,
+aquí delante de Arturo... acordarse bien, delante de Arturo...
+
+Una vez desarmado el aparato, Carlos principió a encajar de nuevo unas
+piezas con otras, con seguridad y desembarazo, como el que conoce bien
+el terreno que pisa. Su padre, no obstante, a quien disgustaba siempre
+la prisa, le atajó en seguida.
+
+--Alto ahí, Carlos; eso no es resolver la dificultad... Hay que tomar
+las cosas con más calma; si no, obtendremos el mismo resultado. Antes de
+proceder a la colocación de una pieza cualquiera, es necesario
+cerciorarse si la anterior está bien colocada; esto es, si ajusta
+perfectamente con la otra... Nada de precipitarse... ¿A qué conduce la
+prisa?... ¿No tenemos sobrado tiempo?... Caminemos con cautela... ¿No es
+eso?...
+
+D. Bernardo echó una mirada en torno buscando la aprobación, que todos
+le concedieron sin vacilar. Después, tosió dos o tres veces, en
+testimonio de hallarse satisfecho.
+
+Apesar de la cautela y del espacio que Carlitos se tomó para armar la
+máquina, y a despecho de los graves y sensatos consejos que su padre le
+iba dando, y que él respetuosamente seguía, cuando de nuevo se hizo el
+café, salió tan malo como la vez anterior. Fue necesario apelar a la
+antigua maquinilla. La familia tomó el café pensativa y silenciosa.
+Miguel se puso a jugar con sus sobrinitas, las niñas de Eulalia. D.
+Bernardo se levantó al fin de la mesa, encendiendo un cigarro habano.
+Aunque su continente era frío y grave, como siempre, adivinábase que no
+estaba de buen humor: el negocio del café le había excitado un poco la
+bilis. Antes de salir se volvió hacia Enrique, que aún continuaba
+sentado, y le dijo severamente:
+
+--¿Por qué te has dejado esas ridículas patillas de torero?
+
+--Me estorbaba la barba--contestó el alférez humildemente, un poco
+ruborizado.
+
+--Y porque la barba te estorbase, ¿había razón para poner la cara como
+la de un chulo o un chispero?... ¿No sabes que eres hijo de una familia
+respetable, y que debes imitar a las personas decentes, lo mismo
+interior que exteriormente?... A ver si te quitas inmediatamente esos
+adornos... ¡No quiero chulos o picadores en mi casa!... Tiempo hace que
+me estás disgustando con tus groseras inclinaciones... Ya sé que tienes
+por amigos a unos cuantos toreros o granujas de la calle, olvidando lo
+que debes a tu familia y lo que debes a ti mismo... que no tienes otros
+placeres, que ver encerrar y apartar los toros... Me hiere profundamente
+tener un hijo tan insensato... ¿De dónde has sacado esas aficiones?...
+¿No ves a tus hermanos, de quien nadie tuvo que decir jamás una
+palabra?...
+
+Hizo aquí una pausa larga el irritado señor de Rivera, y dijo después en
+tono perentorio, saliendo del comedor:
+
+--¡Que no te vuelva a ver esas patillas!
+
+Enrique recibió la reprensión de malísimo talante, con los codos
+apoyados en la mesa y la cabeza metida entre las manos en señal de
+protesta. Cuando su padre volvió las espaldas y estaba un poco lejos,
+dejó repentinamente aquella postura, y agitando frente a él los puños
+con frenesí, exclamó con voz sofocada a fin de que no le oyese:
+
+--¡En mi cara mando yo!
+
+Todos guardaron silencio, incluso doña Martina, ante la cólera del
+alférez. Sólo Eulalia se atrevió a decir solemnemente:
+
+--Eso, Enrique, está muy mal hecho: papá tiene razón...
+
+No pudo concluir: su hermano se le echó encima convertido en basilisco.
+
+--¡Ya me extrañaba a mí que tú no metieses la cucharada! ¿Quién te pide
+a ti consejo, ni qué se me da a mí que tú lo encuentres malo o bueno?...
+¡Es decir, que mamá se calla, y que esta tontuela ¡mentecata! se ha de
+meter siempre en mis cosas!... Yo hago lo que me parece; ¿sabes?... Me
+dejo las patillas o me las quito; ¿sabes?... Y tú te callas; ¿sabes?...
+
+Nadie protestó; el mismo Valle, que era a quien correspondía poner
+correctivo a aquellas palabras, se las tragó; el alférez pudo seguir
+gritando cuanto quiso.
+
+--¿Sabes--le dijo Miguel cuando estuvieron solos en el cuarto--que no es
+precisamente la dulzura lo que te caracteriza cuando tienes que
+dirigirte a tu hermana?
+
+Enrique encogió los hombros en señal de desprecio.
+
+
+
+
+X
+
+
+El hotel de Puerto Rico, donde tío Manolo se alojaba, no era, en
+realidad, más que una mediana casa de huéspedes. Nada de cuanto
+caracteriza a los hoteles se encontraba en él; ni movimiento de criados,
+ni entrada y salida de viajeros y equipajes, ni ruido de ninguna clase.
+Lo único en que remedaba un poco la manera de ser de aquellos
+establecimientos, era en los números pintados (con tinta de escribir)
+sobre la puerta de los cuartos y en los impresos con la cuenta que a fin
+de mes repartía una criada entre los huéspedes. Por lo demás, éstos eran
+fijos y no pasaban mucho de una docena. Entre ellos, el más antiguo un
+Marqués diplomático retirado del servicio hacía veinte años, seco,
+avellanado, fruncido, sin pizca de dientes y enteramente sordo
+(soltero). Otro de los que llevaban más tiempo en la casa, era un mayor
+del Consejo de Estado, buen mozo, muy dado al aseo y a los perfumes,
+gastrónomo, abonado perpetuo a la ópera, animal dañino entre el bello
+sexo, disimulando sus cuarenta y cinco años con arte diabólico
+(soltero). Un ex-diputado carlista aniquilado por el reuma, viviendo de
+sus rentas, pasando los días húmedos en la cama, los secos en el café de
+la esquina, jugando al dominó, entrado ya en días, gran narrador de
+cuentos verdes, silencioso en todos los demás asuntos, hombre dulce y
+servicial (separado de su mujer). Un oficial de marina, joven, terrible
+discutidor de cuantos problemas o cuestiones se suscitasen, por
+especiales y técnicos que fuesen; todo lo sabía, todo lo analizaba, los
+asuntos religiosos como los financieros, lo perteneciente al orden
+físico y lo que tocaba al espiritual; con todo eso, hablaba poco de
+barcos; asistía invariablemente a los estrenos de los dramas, y emitía
+su opinión a gritos en los pasillos de los teatros, y después, en la
+mesa de la fonda (soltero). Este oficial constituía el tormento y la
+penitencia de un médico anciano que ya no ejercía, y que también se
+hospedaba en el hotel; hombre ilustrado y meticuloso, que jamás
+aventuraba una opinión sin haberla meditado con gran espacio. Vivía allí
+disfrutando de un capital que había juntado en su larga carrera
+profesional, procurándose, con escrúpulos de monja, cuantos goces
+higiénicos, cuantos cuidados y regalos puede inventar una imaginación
+experta y dedicada exclusivamente a tan grata tarea; los razonamientos,
+o por mejor decir, la charla insustancial del oficial de marina, le
+ponía fuera de sí, le alteraba la bilis, era su única cruz en esta vida.
+
+--¡Pero, hombre de Dios! ¿Sabe V. por ventura obstetricia?
+
+--¡A mí qué me importa la obstetricia! Lo que le sé a V. decir, es que
+una mujer puede concebir de un animal, y que está probado.
+
+--¡Cómo ha de estar probado semejante disparate!
+
+--Dispénseme V., D. Agustín, dispénseme V.; no es un disparate, ni mucho
+menos. Hay un médico alemán llamado Grotte...
+
+--No conozco semejante médico.
+
+--Usted no lo conocerá; pero el que V. no lo conozca, no prueba nada...
+Digo, que Grotte, que es el médico de más reputación que existe en
+Alemania, y que ha escrito infinidad de libros, afirma terminantemente
+que una mujer puede concebir de un mono, y hasta de un perro...
+
+--¡Jesús, qué barbaridad! ¡No estará mal mono sabio ese señor Grotte!
+
+--¡Dispénseme V., D. Agustín; dispénseme V.! Grotte goza de reputación
+europea, es miembro honorario de la Academia de Ciencias de Berlín y de
+la de París, director de uno de los hospitales más importantes, médico
+del Emperador...
+
+A D. Agustín le retozaban las ganas de decir: «¡Todo eso es una patraña,
+y V. un mentecato sin pizca de sentido común!» Pero se contenía por
+educación, y cortaba las discusiones diciendo en tono sarcástico preñado
+de cólera:
+
+--Bueno, hombre, bueno; tiene V. razón... V. lo sabe todo... Conoce V.
+la fisiología, la anatomía, la obstetricia... para eso es V. marino...
+Yo no sé una palabra de esas cosas... para eso soy médico... Nada, nada,
+tiene V. razón... dejemos eso.
+
+Estas retenciones de bilis le producían a don Agustín algunos disturbios
+en el estómago; estuvo tentado algunas veces a dejar la casa, pero le
+dolía en el alma abandonar un gabinete muy gentil al mediodía, que él
+había amueblado con particular esmero. Nuestro D. Manuel Rivera, por sus
+prendas personales, por sus relaciones con la alta sociedad madrileña y
+por los años que llevaba en la casa, representaba también papel
+principal en ella.
+
+Los demás huéspedes eran figuras secundarias, que presenciaban riendo
+las disputas de la mesa redonda, aventurando pocas veces su opinión y
+aceptando resignadamente la oligarquía de los seis que hemos enumerado,
+los cuales gobernaban la fonda a su talante, dictando al cocinero los
+platos y al dueño las horas de las comidas; los criados, que se
+renovaban a menudo, poníanse muy pronto al tanto de la existencia de
+este primer estamento, y empezaban a servir siempre por aquella parte de
+la mesa en que se situaba, lo que hacía montar en cólera a una señora
+viuda, ajamonada, que en las discusiones daba siempre la razón al
+oficial de marina.
+
+Cuando éste comía en casa, era sabido que habría gran calor en la mesa,
+mucho ruido, gritos desaforados: el dueño de la fonda, el cocinero y el
+pinche, cuando la algazara subía de punto, asomaban disimuladamente las
+narices por la puerta un poco asustados; mas al instante se
+tranquilizaban oyendo palabras que no comprendían, y se retiraban de
+nuevo a la cocina. Pero el oficial comía con frecuencia fuera de casa;
+entonces la mesa redonda languidecía, quedaba sumida en un letargo
+triste y silencioso; se oía el ruido de los platos y el de las
+mandíbulas; el mayor del Consejo de Estado era el encargado de animar la
+escena, y lo hacía llamando la atención del Marqués, que comía
+abstraído, y dándole siempre la misma broma: el diplomático había
+prestado cinco duros a un tunante llamado Laguna, que vivía del juego y
+la estafa, y como es natural, no había vuelto a echarle la vista encima.
+
+--D. Lorenzooo--gritaba el atusado mayor.
+
+D. Lorenzo seguía comiendo tranquilamente.
+
+--D. Lorenzoooo--tornaba a gritar.
+
+--¿Cómo?--decía aquél levantando la cabeza y poniendo la mano por detrás
+de la oreja.
+
+--Que hoy he visto a Lagunaaa.
+
+--¡Hum!--gruñía el viejo bajando de nuevo la cabeza y dándose ya por
+enterado de la broma.
+
+--Me ha dicho, que es V. una persona muy simpáticaaa.
+
+--¿Sí, eh?--refunfuñaba D. Lorenzo sin levantar la vista.
+
+--Muchooo... y que probablemente vendrá un día de estos a hacerle a V.
+una visitaaa.
+
+Esta noticia producía siempre risa entre los comensales, que estaban
+perfectamente enterados de todo.
+
+--No lo creo.
+
+--Pues créalo V.; está muy agradecidooo.
+
+--Eso sí lo creo--murmuraba con sorna.
+
+--Dice, que a ninguna persona pedirá él cinco duros con más libertad que
+a V... en caso de necesidaaad.
+
+--¡Hum!
+
+--Que ha sido V. para él un padre...
+
+--¡Ya, ya!
+
+--Me ha preguntado qué formalidades se exigían para la adopcióoon...
+Desea que V. le declare hijo adoptivo.
+
+--Mejor sería hijo pródigo.
+
+La ocurrencia levantaba algazara en la mesa. El mayor volvía a la carga.
+
+--¿Cuánto piensa V. darle para sus gastos particulares cuando sea su
+hijooo?
+
+--Nada... le dejaré letra abierta en todas las tabernas y _chamizos_.
+
+--Eso está bien; ¿pero y los gastos imprevistos?
+
+--Habiendo aguardiente de Chinchón, está todo previsto...
+
+El Marqués hablaba pausadamente, dejando trascurrir un espacio regular
+entre la pregunta y la respuesta; de este modo, su ironía causaba más
+efecto. Y la broma se prolongaba al través de la comida con grandes
+intervalos de silencio. Al día siguiente, si el marino no llegaba a
+sazonarla con alguna discusión científica o literaria, se repetía la
+vaya con leves variantes: los comensales encontraban muy donoso al
+mayor, y cuando se descuidaba en embromar al Marqués, le guiñaban el ojo
+excitándole a hacerlo; la charla del marino los mareaba y aburría un
+poco; pero siempre se encontraban dispuestos a confesar su talento y sus
+conocimientos poco comunes.
+
+Desde la última vez que le vimos, D. Manuel Rivera había envejecido
+bastante en realidad, en apariencia muy poco; el vientre le había
+crecido, las patas de gallo se habían acentuado, el cabello y la barba
+estaban poblados de canas. Mas como acudía, casi tan pronto como su
+compañero el mayor del Consejo, al reparo de estos mandobles del tiempo,
+amortiguaba su fuerza y la herida apenas se mostraba. Hacía algunos años
+que usaba constantemente justillo de gamuza (en verano de hilo), que
+recogía y aprensaba el abdomen; jamás se lavaba sin frotarse después con
+una llamada «agua de Circasia para refrescar y embellecer el cutis;»
+todos los meses daba una vuelta por casa del dentista para limpiar la
+dentadura y orificar los muchos agujeritos que iban pareciendo en ella;
+en cuanto a las canas, ahí estaba su fuerte; las tinturas que usaba,
+traídas por él todos los años de París, eran la envidia del mayor por lo
+finas y exquisitas. Sin embargo, por las mañanas antes que el barbero
+llegase, cuando tío Manolo envuelto en su bata le esperaba sentado en la
+butaca leyendo los periódicos, tenía todo el aspecto de una ruina
+venerable: aun después de salir fresco y rozagante del cuarto, un ojo
+experto y curioso podía notar en ocasiones, en que andaba la tintura
+descuidada, ciertas vislumbres de plata en la raíz de la patilla. Esto
+en cuanto a lo corporal; por lo que toca al espíritu, nuestro D. Manuel
+no necesitaba componer ni aliñar absolutamente nada; teníalo tan
+fresco, tan vivo y juvenil como a los veinte años. Y eso que por efecto
+de sus constantes prodigalidades, padecía con frecuencia serios
+disgustos en el orden económico; hacía ya bastante tiempo que tenía
+vendidas o empeñadas las fincas que sus padres le dejaron; esto no le
+impedía vivir holgadamente y recrearse con el mismo sosiego que si
+estuviese recién heredado. Nunca había retrocedido ni pensaba retroceder
+ante los gastos indispensables a un hombre que frecuenta la buena
+sociedad, que es galán y divertido. El cómo proveía a ellos nadie lo
+sabía, ni el mismo Miguel, que después de la muerte de su padre se fue a
+vivir con él en el Hotel de Puerto Rico. Tenía noticia por sus primos y
+por algunos amigos del mal estado de la hacienda de su tío; pero se
+asombraba de que éste nada le dijese ni hallase en sus actos algo que
+acusase la ruina de que se hablaba.
+
+Como el pez en el agua se encontró nuestro mancebo en el hotel de su
+tío; aunque muy joven para ello, formó inmediatamente parte del primer
+estamento o directorio, en atención quizá a los méritos de aquél, en
+parte también a los suyos propios; pues muy pronto se mostró en la mesa
+como muchacho de entendimiento, alegre y despejado. El médico D. Agustín
+halló en él poderoso auxiliar contra las afirmaciones disparatadas del
+oficial de marina, y desde que se vio secundado, se las tuvo tiesas en
+todas las discusiones, y no quiso retroceder ni humillarse ante ninguna
+cita de autor exótico. Perdió terreno el oficial de día en día y
+comenzó a decirse entre los comensales que formaban el público, que
+tenía una ciencia superficial y que el sobrinito de D. Manuel le ponía
+muchas veces las peras a cuarto. Hasta la viuda ajamonada que le daba
+siempre la razón comenzó a quitársela y apoyar con vivas cabezadas lo
+que Miguel manifestaba; pero esto, según se supo después, fue porque la
+viuda le propuso un cambio de habitaciones, fundándose en que el oficial
+paraba muy poco en casa y le bastaba un cuarto más pequeño; no tuvo
+aquél la galantería de aceptar el trueque, y se captó para siempre su
+antipatía.
+
+Pocos días después de vivir juntos, dijo D. Manuel a su sobrino:
+
+--¿Sabes quién tiene muchos deseos de verte?... Aquella señora del
+intendente Trujillo, a cuya casa te llevé yo una noche cuando eras
+chico... ¿No te acuerdas que cantó unos dúos de ópera conmigo?... Ha
+quedado viuda la pobre hace ya dos años... Es una buena señora, muy
+amable y obsequiosa...
+
+--¿Y aquella hija que tenía y también cantaba?...
+
+--Se murió antes que su padre... Anita se ha quedado completamente sola.
+Cuando sucedió tu desgracia me preguntó con mucho interés por ti, y me
+hizo prometerle que te llevaría alguna noche por su casa... No es
+tertulia formal; nos reunimos solamente tres o cuatro amigos, de modo
+que puedes venir sin inconveniente.
+
+Aquella noche fue, en efecto, Miguel con su tío a casa de la intendenta,
+quien le recibió con mucho agasajo: no tanto a los tres o cuatro amigos
+de que había hablado tío Manolo, y que fueron entrando uno después de
+otro. Todos ellos eran entrados en días; uno era coronel retirado; otro,
+catedrático de matemáticas en la facultad de ciencias; otro,
+ex-gobernador de provincia. Observó Miguel que la intendenta ejercía una
+soberanía absoluta, casi despótica, sobre esta diminuta tertulia;
+ordenaba en tono perentorio cualquier servicio, contestaba con acritud a
+las observaciones que la hacían, y en general se mostraba bastante
+indiferente a las atenciones y acatamientos que a cada instante la
+prodigaban aquellos señores, incluso el tío Manolo. Sin embargo, éste
+era el único con quien se humanizaba a ratos. Echando la vista en torno
+y advirtiendo el lujo que allí reinaba, pronto se convenció Miguel de
+que los tertulianos todos, sin exceptuar a su tío, apetecían la mano un
+poco rugosa ya de la intendenta. Frisaba ésta en los cincuenta, pero no
+estaba mal conservada, y apoyada sobre el pedestal de una más que
+regular fortuna, parecía a los ojos de sus amigos como una diosa. Bien
+persuadida estaba también ella de su influencia fascinadora, y por eso
+abusaba; quizá se juzgase digna de un marido más fresco y juvenil. Lo
+cierto es que trataba a sus pretendientes con ostensible despego. ¡Qué
+esfuerzos hacía cada uno de ellos por aventajar a los otros en cortesía,
+donaire y gentileza! ¡Cuántos cartuchos de confites entregados con
+emoción y olvidados inmediatamente sobre la mesa! ¡Cuánto requiebro,
+cuánta galantería perdidos en el aire! El gesto habitual de la
+intendenta era de disgusto; cuando la preguntaban por su salud, siempre
+contestaba: _regular_. Los tertulios tocaban con mucha habilidad este
+registro, porque era el único al cual solía responder: cuando se hablaba
+de sus debilidades y sus nervios, era cuando Anita se mostraba
+comunicativa; a veces la tertulia se pasaba horas enteras hablando de
+gastralgias y dispepsias o de otras enfermedades del aparato digestivo.
+Tenía además la intendenta otro defecto que, apesar de su acreditada
+paciencia, solía indignar a los pretendientes; se dormía a menudo en la
+butaca y los tenía toda la noche hablando entre sí y en voz baja; noches
+perdidas para el bloqueo de la plaza, que causaban profundo desaliento
+en los tertulios. Pues aún no era esto lo peor: lo peor era que Anita,
+que tenía un temperamento linfático exhausto de sangre, gustaba de
+mantener viva y cargada incesantemente, hasta en los días templados, la
+chimenea de su gabinete; merced a esto y al cuidado con que se cerraban
+todas las puertas y rendijas, aquella habitación era un horno; en
+ocasiones la atmósfera se ponía casi irrespirable; el coronel y el
+catedrático, que eran obesos y sanguíneos, sudaban gotas de tinta y
+estaban expuestos a una congestión; pero el ex-gobernador y tío Manolo,
+lejos de compadecerles, se complacían muy mucho en aquel tormento, y
+hasta se hubieran alegrado quizá de un amago de apoplejía que les
+impidiese salir de casa por las noches.
+
+Anita recibió a Miguel, como ya hemos dicho, con inusitada afabilidad:
+aquella novedad, aquella frescura despertó en ella, acostumbrada a los
+semblantes graves y ajados que diariamente la rodeaban, ideas risueñas,
+la alegría de la juventud. Los tertulios disfrutaron del buen humor de
+la intendenta aquella noche; en vez de dormitar tristemente en la butaca
+o de describir con voz apagada los fenómenos nerviosos del día, se
+mostró en extremo locuaz y divertida; hablose de los teatros, de
+política, de las aventuras galantes de la corte, se rió, se dijeron
+chistes más o menos ingeniosos por todos. Anita se avino hasta a abrir
+el piano después de varios meses que permanecía cerrado, y cantar una
+romanza. Pero contra lo que debía esperarse y formando extraño contraste
+con los demás, tío Manolo empezó a ponerse, poco después de haber
+llegado, serio y taciturno; apenas contestaba a lo que le preguntaban,
+cual si se hallase bajo el peso de alguna triste preocupación. Miguel le
+examinó con inquietud, sin saber a qué atribuir aquella tristeza, pues
+no sabía que hubiese tenido disgusto alguno. Sin embargo, observó que su
+tío miraba con frecuencia a las solapas de la levita y se las arreglaba
+con mano trémula: y como le conocía muy bien hacía tiempo, al instante
+comprendió que había motivo grave para aquel singular y repentino cambio
+de humor; el cuello de la levita no ajustaba bien; hacía un fuellecito
+por atrás siempre que bajaba la cabeza. D. Manuel al ponerse la prenda
+en casa no había podido apreciar bien este defecto; sólo se había dado
+cuenta vaga de que existía. Mas así que se sentó cerca de un armario de
+luna, logró descubrirlo de modo evidente, y como es natural, sintió una
+profunda y dolorosa impresión que le impidió desde entonces tomar parte
+en la alegre plática que se había entablado. En un principio limitose a
+arreglar el cuello, disimulando lo mejor que pudo su disgusto; pero la
+bilis se le fue exacerbando poco a poco, perdió al cabo la paciencia, y
+cuándo creía que no le observaban, comenzó a dar vivos y fuertes tirones
+a las solapas. No consiguió sino excitarse más y más; el endiablado
+cuello, aunque quedaba en su sitio después de cada tirón, no tardaba
+dos minutos en bajarse y ahuecarse de nuevo. La desesperación se iba
+apoderando velozmente del gallardo caballero; hasta se le descompuso un
+poco el semblante. Por último, sintiéndose enteramente incapaz de
+permanecer por más tiempo en aquella angustiosa situación, se levantó de
+pronto y dijo con voz alterada, que se le había olvidado dar un recado a
+un amigo, que le dispensasen un momento, que no tardaría en volver.
+Viéronle marchar todos con cierta sorpresa a causa de su manifiesta
+turbación: en la risa que se dibujó en la cara del ex-gobernador, quiso
+adivinar Miguel que había atribuido la salida a algún malestar del
+cuerpo. No tardó siquiera media hora en entrar: traía puesta otra
+levita, el rostro se le había serenado por completo y se mostró en
+seguida tal cual era: jovial, divertido, siguiendo durante toda la noche
+de un humor excelente.
+
+Cuando a las doce, poco más o menos, se deshizo la tertulia y salieron,
+cogió del brazo a Miguel y le preguntó alegremente:
+
+--¿Qué te parece de Anita?
+
+--Es una señora muy amable.
+
+--Bien conservada, ¿eh?
+
+--Sí; para su edad...
+
+--¿Cómo para su edad? No vayas a figurarte que es una vieja... Después,
+muy distinguida, ¿verdad?
+
+Y bajando la voz y acercando la boca al oído del sobrino añadió:
+
+--¡Ciento cincuenta mil duros en casas, y acciones del Banco!... ¿He
+dicho algo Miguel?
+
+No necesitó éste tirarle mucho de la lengua para averiguar sus planes.
+Acometido de súbito deseo de expansión, D. Manuel le abrió enteramente
+el pecho. Hacía tiempo que «le estaba poniendo los puntos» a Anita. El
+deseo de formar una familia que nunca sintiera en su vida, había
+concluido por enseñorearse de su alma. «Qué cosa más rara, ¿eh Miguel?
+Al llegar a cierta edad, todos caemos. Es una ley providencial.»--Pero a
+él ya no le convenía una chiquilla: necesitaba tranquilidad en casa; una
+mujer formal.--«Fuera de casa, todo lo que tú quieras; yo no soy un
+santo, y aun después de casado, no diré que alguna vez no saque la
+pierna por debajo de la manta... Pero el hogar... el hogar, chico, es
+una cosa muy sagrada.» Analizó después el carácter de Anita, un poco
+seco en ocasiones y hasta irritable; pero en el fondo cariñoso y
+expansivo como pocos; una mujer muy sensata, muy seria en todas sus
+cosas y de un corazón inmejorable. Cuando llegó al capítulo de los que
+pretendían disputarle su mano, el coronel, el ex-gobernador y el
+catedrático, se dibujó una sonrisa de lástima en sus labios: habló de
+ellos con desdén olímpico.--«Unos pobres mamarrachos, Miguel; ninguno
+tiene pizca de mundo ni sabe lo que es sociedad, ni se ha visto jamás en
+tales trotes: así que sin poderlo remediar enseñan la oreja a cada
+instante. Anita, que es muy lista, bien lo nota y se ríe de ellos; si no
+los despide de una vez es porque a todas las mujeres, hasta las más
+sensatas, les gusta tener una corte de adoradores... aunque sean unos
+tontos, ¿sabes?... Pero ya se irán cansando... ¿Has reparado los
+pantalones de don Ladislao el catedrático?... lo mismo que unas sayas...
+Anita y yo nos mirábamos y apenas podíamos contener la risa; ¡pobre
+señor!... El coronel no es feo, pero tampoco sabe llevar con gusto
+nada... ni las patillas.»
+
+Hablando de sus proyectos y murmurando de esta suerte llegaron hasta la
+puerta de casa. Después de gritarle un rato, vino el sereno a abrirles y
+les acompañó con el farol hasta el piso principal. Allí el criado, medio
+dormido aún, les entregó a cada uno la llave de su cuarto y se
+despidieron hasta el día siguiente.
+
+El tío Manolo, sereno, majestuoso, semejante a un dios, se fue a
+descansar, meditando como Ulises la muerte de los pretendientes.
+
+
+
+
+XI
+
+
+Desde que Miguel encargó la gestión de sus negocios al tío Manolo (y lo
+hizo pocos días después de haber pasado lo que acabamos de narrar), no
+volvió éste a sentir en su alma aquel noble impulso que le arrastraba a
+rendir culto a los dioses lares. Quizá juzgaba incompatible el cargo de
+tutor diligente con los deberes que impone el yugo matrimonial, y
+prefería sacrificar en provecho de su sobrino los placeres inefables con
+que la familia le brindaba. Verdad es, que procuró honradamente
+desquitarse aplicándose con laudable asiduidad a los goces propios del
+soltero. No le fue a la zaga en esto Miguel, estimulado con su ejemplo:
+ambos comenzaron a darse vida de príncipes disfrutando alegremente de
+los siete mil duros de renta que el brigadier había dejado; teatros,
+bailes, paseos, cenas a última hora, partidas de juego y de caza, noches
+de amor y de crápula, de todo gozó el héroe de nuestra historia en los
+cuatro años que siguieron a la muerte de su padre. Su inclinación al
+estudio sufrió notable menoscabo durante este tiempo; sin embargo,
+terminó la carrera con regular lucimiento. Una vez en posesión del
+título de abogado, no volvió a abrir un libro de derecho; los momentos
+que el placer le dejaba libre consagrábalos a la lectura de obras
+amenas, lo cual era también un placer.
+
+Al llegar a la mayor edad le vino la idea de pedir cuentas a su tío:
+había observado en los últimos tiempos ciertas dificultades tocantes al
+numerario, que le hicieron entrar en sospechas. Las cuales tuvo el
+sentimiento de ver convertidas en certidumbres: su tío y él se habían
+gastado en los cuatro años, no sólo la renta anual de siete mil duros,
+sino el capital correspondiente a cincuenta mil reales que estaba
+colocado en acciones del Banco y papel del Estado: no le quedaban más
+que tres fincas urbanas.
+
+Al saberlo tuvo un fuerte altercado con su tío, le recriminó con dureza
+su negligencia y le dirigió algunas palabras ásperas: el pobre D. Manuel
+apenas supo defenderse: quedose cortado y confundido, murmurando
+torpemente algunas disculpas. Cuando a Miguel se le calmaron un poco los
+nervios y se encontró solo en su cuarto, sintió grandes remordimientos;
+había obrado con poca generosidad: después de todo, la misma culpa había
+tenido él que su tío en el despilfarro: al recordar el semblante
+avergonzado y triste de aquél, sentía tanta lástima y un pesar tan
+profundo de haberle sin razón ofendido, que no pudo dormir en toda la
+noche.
+
+La renta que le quedó era bastante para vivir con desahogo y aun con
+relativo lujo en Madrid. Se hizo cargo de la administración de las casas
+y puso orden en sus gastos, procurando, no obstante, que a su tío no le
+faltasen ciertos goces sin los cuales el caballero no comprendía la
+existencia. Y siguieron viviendo alegres y satisfechos en la mejor
+armonía.
+
+La amistad de Miguel con su antiguo compañero de colegio y de posada,
+Mendoza, se había enfriado un poco durante los últimos años, más bien
+por efecto de la separación que porque hubiese mediado entre ellos
+motivo alguno de disgusto. Cuando se encontraban en la Universidad o en
+la calle se hablaban cariñosamente y paseaban juntos si Miguel no tenía
+cosa urgente que hacer. Algunas veces también, en días de apuro, Mendoza
+solía pasarse por casa de su amigo y pedirle unos cuantos duros. Por lo
+demás, trascurrían a veces meses enteros sin verse.
+
+Poco después de terminar la carrera, Mendoza, que cada día era mejor
+mozo y se aplicaba con más ahínco a parecerlo, quiso hacer oposición a
+unas plazas de oficiales, vacantes en el Consejo de Estado. Antes de
+resolverse vino a consultarlo con Miguel, quien le animó mucho y le
+prometió aprovechar todas sus relaciones para conseguir lo que deseaba.
+Miguel frecuentaba la alta sociedad y era amigo de varios personajes
+políticos; se le conocía en los salones como en la Universidad por el
+nombre de Riverita, y era generalmente querido por su figura simpática,
+aunque exigua, y su trato franco y gracioso. Hizo Mendoza al fin su
+ejercicio de preguntas, y no fue más que mediano, de suerte que aun
+poniéndose en lo mejor, desconfiaba mucho de llevar número, lo cual le
+traía muy cabizbajo y desalentado. No obstante, cuando llegó el segundo
+ejercicio, que consistía en escribir encerrado, durante veinticuatro
+horas, una disertación sobre un tema elegido entre tres y contestar
+después a las objeciones que dos compañeros le hiciesen, ocurriósele una
+idea salvadora; pidió por favor a Miguel, en cuyo talento fiaba mucho,
+que se la escribiese. Hubo necesidad para ello de valerse de un ardid. A
+la hora en que se encerraba, fue Rivera por allá, se enteró del tema
+elegido y corrió a meterse en la biblioteca del Ateneo, donde en pocas
+horas consultando libros y esforzando el ingenio, escribió un largo y
+erudito discurso. El problema era que llegase a las manos de Mendoza.
+Para conseguirlo fue a rondar a las altas horas de la noche el edificio
+de los Consejos, dio un silbido penetrante, como un enamorado que
+avisase a su novia, y al poco rato se abrió con cautela una ventana del
+piso alto y se vio un hilo de seda flotar en el aire; Miguel amarró
+apresuradamente el manuscrito y el hilo comenzó a subir arrastrándolo
+consigo.
+
+A la mañana siguiente fue lleno de zozobra a presenciar el ejercicio de
+su amigo. Este, que había copiado la disertación en buena letra, la leyó
+con firme entonación y no poco aparato; los jueces quedaron sorprendidos
+de tanta erudición y agradable estilo, en quien no sospechaban que
+existiese. Cuando llegó el momento, sin embargo, de contestar a las
+objeciones, decayó bastante; no sabía más que referirse a su discurso;
+luchaba en vano por encontrar algún nuevo argumento en defensa de la
+tesis. Apesar de esto y del mediano ejercicio de preguntas, el tribunal,
+pagado de los conocimientos nada comunes que había demostrado, le aprobó
+los ejercicios. Entonces fue cuando Miguel puso en juego todas sus
+amistades para conseguir que el ministro le concediese una de las
+plazas; el mayor del Consejo, su compañero de hotel, no fue uno de los
+que menos trabajaron en el asunto. Finalmente, después de muchas idas y
+venidas, empeños y zozobras, Mendoza fue nombrado oficial del alto
+cuerpo consultivo con doce mil reales de sueldo; aunque no era muy
+pingüe, tenía el empleo la ventaja de ser inamovible, y en la capital, y
+muy apropósito para trabar amistad con los próceres de la política y la
+administración, bajo cuya égida es como únicamente se puede hacer
+fortuna en España. El hijo del cirujano estaba, pues, en franquía, o lo
+que es igual, tenía asegurado su _modus vivendi_. Celebrose el triunfo
+por los dos amigos con una cena y hubo brindis fervorosos en ella y se
+juraron fidelidad eterna.
+
+Poco tiempo después de este suceso, sobrevino otro en la vida de Miguel
+que dio origen a cambios importantes en ella. Ya hemos dicho que había
+entrado con buen pie en la sociedad, que se le tenía por hombre ameno y
+divertido, y gozaba de todos los privilegios que la fortuna y el ingenio
+suelen conceder en la capital. Pocos sabían como él despertar el buen
+humor en las tertulias, hablar con donaire de las mil frivolidades que
+constituyen el encanto de la buena sociedad.--«Mi fuerte y mi recurso
+supremo para extasiar a las tertulias--solía decir con ironía,--es el
+teatro Real.» Porque entonces, como ahora, la conversación amena por
+excelencia en Madrid era la de la ópera, y aquél era tenido por hombre
+más discreto y agradable quien proporcionase en las reuniones datos más
+fidedignos acerca de la vida privada de los tenores y barítonos.
+
+Pues sucedió que cierto día, habiendo fallecido un caballero con quien
+mantenía alguna relación, se vistió de negro y fue a dar el pésame a la
+familia. La habitación de la señora estaba medio a oscuras, como es de
+rigor en tales casos, por lo que fue necesario que ella le saludase
+antes para saber a dónde dirigirse. Después que la apretó la mano y le
+expresó cuánto sentía, etc., etc., dio vuelta, y secándose los ojos para
+ver algo, percibió una silla vacía y fue a sentarse en ella. Los
+circunstantes guardaban silencio y se mantenían en la actitud rígida y
+dolorosa adecuada a las circunstancias. Nuestro joven procuró también
+adoptar una postura reflexiva metiendo las manos entre las rodillas, y
+bajando la cabeza, lo cual no le impedía levantar los ojos que,
+acostumbrados ya a la oscuridad, consiguieron al cabo distinguir las
+personas y los objetos. No muy lejos observó que una cabecita de mujer
+estaba vuelta hacia él, y que unos ojos negros le contemplaban sin
+pestañear; la cabeza era hermosa y delicada como la de una madona, los
+ojos vivos y alegres. Sintiose el joven particularmente cautivado por
+aquella mirada, donde adivinaba cierta misteriosa simpatía; no sólo su
+amor propio se sintió halagado por las insistentes miradas de la joven,
+sino que experimentó un sentimiento de atracción, que le arrastraba
+hacia ella. Contentose, al principio, con decir para sí:--¡Qué niña tan
+bonita!--Después avanzó un poco más y dijo:--¡Vaya una chica simpática,
+tiene cara de buena!--Por último no pudo menos de pensar:--Yo he visto
+esta fisonomía ya en otra parte. Y empezó a dar vertiginosas vueltas en
+la imaginación para averiguar dónde y cómo la había visto; pero por más
+que hizo no pudo averiguarlo. Recorría en un instante con el
+pensamiento, todas las casas conocidas, todos los parajes por donde
+había andado, y no logró encontrar marco para aquella cabeza. Si no la
+he conocido en el mundo, la he conocido en sueños, se dijo; yo he visto
+muchísimas veces esta cara y estos ojos. Y en efecto, poco a poco el
+semblante de la joven con sus rasgos delicados, con su expresión franca
+y risueña, se le representó como un sueño amable que había tenido en
+distintas épocas de la vida; trasladose a los días de placer, recordó
+los momentos en que su fantasía le hizo entrever los campos floridos de
+la dicha; días y momentos fugaces para él como para todos, pero que
+dejan la huella de Dios en el espíritu y le preservan de la corrupción.
+Los ojos de aquella joven le pusieron en contacto con todos los objetos
+bellos que había visto en su vida, con todos los pensamientos honrados
+que habían cruzado por su mente, con todas las lágrimas dulces que había
+vertido. Acordose de la fe pura y sencilla con que rezaba en el colegio
+ante la imagen de la Virgen y el ansia con que deseaba tener alas para
+lanzarse por los espacios azules y llegar hasta su trono de estrellas y
+cantar a sus pies las alabanzas de su hermosura inmortal; recordó las
+veces en que su padre le había dado a besar el retrato de su madre;
+recordó las dulzuras inefables que le causaba de niño la música que
+acompañaba a las procesiones, y la embriaguez que le producía el perfume
+del incienso, se le representaron los juegos de la infancia y el cariño
+vehemente apasionado que sintió cuando niño por su hermanita Julia...
+
+¡Julia!... Le dio un vuelco el corazón. Había hallado lo que buscaba:
+aquella cabeza semejaba extraordinariamente a la de su hermana, no sólo
+juzgando por el recuerdo de la infancia, sino por el retrato que de ella
+poseía, regalo de su padre. Clavó en la joven los ojos con interés
+ansioso, queriendo averiguar un algo vago que empezaba a bullirle en el
+pensamiento, exploró con afán todos los rasgos de su fisonomía, examinó
+todos los pormenores de su vestido.--¡Si fuese realmente mi hermana!--se
+dijo.--Todo cabe en lo posible. Esta familia es amiga suya.... pudieron
+venir de Sevilla a pasar una temporada--¡quién sabe!--Y seguía mirándola
+fijamente cada vez con más emoción: la joven tampoco apartaba de él su
+mirada, llena de interés. El corazón empezó a batirle aceleradamente: se
+le apoderó un gran desasosiego, que le hizo mudar de postura veinte
+veces en dos minutos; sintiose sofocado, y se desabrochó la levita. Era
+necesario salir de aquella terrible duda; saber si todo era pura
+ilusión, o si efectivamente se encontraba cerca de la hermana de su
+alma. ¿A quién preguntarlo? La señora de la casa estaba lejos; no era
+oportuno levantarse y dirigirse a ella: además, todo el mundo se
+enteraría. Paseó la vista en torno, y no halló ningún amigo: entonces se
+decidió a preguntarlo a la señora que estaba más cerca, fuese quien
+fuese; volviose cuanto pudo hacia ella, se inclinó hacia su oído, mas
+cuando iba a articular la primera palabra quedó repentinamente sin voz,
+pálido y estático. La señora que estaba a su lado no era otra que su
+madrastra, la brigadiera Ángela en carne y hueso, mucho más ajada, con
+el cabello gris, pero todavía bella y arrogante. La circunstancia de
+estar tocando con ella y la oscuridad de la sala, habían hecho que no la
+viese hasta entonces. La brigadiera debió conocerle en cuanto entró,
+porque así que Miguel hizo ademán de dirigirle la palabra, volvió la
+cabeza a otro lado en señal evidente de mal humor y desdén. El rencor
+que siempre le había tenido estaba más encendido ahora por el testamento
+del padre.
+
+Miguel permanció inmóvil largo rato, sumergido en un mar de pensamientos
+tristes. Cuando alzó la vista, su hermana (porque era ella, ya no le
+cabía duda) le estaba contemplando con mayor ternura. Una corriente de
+simpatía, más aún, de cariño sincero y apasionado, se estableció entre
+ellos; los ojos eran los encargados de trasmitirla: habló la sangre,
+hablaron los dulces e inefables recuerdos de la niñez, habló la memoria
+venerada del bondadoso brigadier Rivera. En poco estuvo que ambos se
+levantasen y se abrazasen ante la concurrencia; mas en Miguel pudieron
+los miramientos mundanos, en Julia el temor de su madre; y ambos
+permanecieron en sus asientos.
+
+La brigadiera se sofocaba; estaba inquieta, nerviosa; hacía rechinar la
+silla al moverse. Por último, no pudiendo ya contenerse, se levantó para
+salir; todos la imitaron, y hubo unos instantes de confusión mientras se
+despedían; merced a ella Miguel se acercó disimuladamente a su hermana,
+y, sin saber cómo, sin mirarse siquiera, sus manos se encontraron y se
+dieron un apretón furtivo y apasionado. Jamás experimentó nuestro joven
+una emoción más dulce, ni fue tan feliz como en aquel momento; vinieron
+a sus ojos algunas lágrimas que tuvo que ocultar con el pañuelo. Julia,
+por su parte, estaba pálida y temblorosa, y apenas podía articular las
+palabras indispensables para despedirse. Cuando se fueron, Miguel quedó
+como si repentinamente le introdujesen en un calabozo lóbrego; no vio,
+ni oyó nada de cuanto había a su alrededor, y, sin vergüenza alguna de
+que le observasen, se echó a llorar como un niño y se despidió también.
+
+
+
+
+XII
+
+
+Averiguó que su madrastra había venido a vivir a Madrid para cobrar más
+puntualmente la viudedad, y que habitaba un cuarto tercero en la calle
+del Barco; esto le hizo sospechar que la hacienda de su pobre hermana
+había sufrido fuerte menoscabo, si es que no había volado enteramente.
+Tan luego como supo el domicilio de ellas se constituyó en asiduo
+paseante de la calle y comenzó a espiar los balcones de la casa con el
+celo y la insistencia del más rendido galán; pero los balcones
+permanecían herméticamente cerrados como los de un convento; por más que
+hizo nunca logró ver a Julia. Apeló entonces a los medios que suelen
+emplear los tenorios callejeros; sobornó a la portera y pudo
+cerciorarse de que su madrastra habitaba allí en efecto hacía tres
+meses; pero su hermana había ido a pasar una temporada al campo con unos
+amigos por no encontrarse bien de salud. Renunció por entonces a pasear
+la calle aguardando su regreso. Y al cabo de algún tiempo sucedió lo que
+vamos a ver.
+
+Cierta tarde de verano hallábase Miguel sentado en una de las sillas del
+Prado con el cigarro en la boca disfrutando voluptuosamente de la
+amenidad del sitio y de la temperatura, que no podía ser más agradable
+en aquella hora. El vasto salón arenoso comenzaba a poblarse de los que
+como él salían después de comer a gozar del fresco. Nuestro joven, con
+mirada indiferente veía cruzar por delante de él grupos de señoras unas
+veces, otras paseantes solitarios, niños con sus ayos o niñeras; la
+disposición de su espíritu no era hacía ya algunos días tan alegre como
+antes; el encuentro con su madrastra le había perturbado bastante,
+inclinándole a los pensamientos serios y tristes. Los cuatro años de
+vida placentera le habían hecho olvidarse de entrar en sí mismo,
+recordar su historia, meditar sobre lo presente y lo porvenir. Al
+tropezar con aquellos restos de su familia despertaron súbitamente en su
+alma mil recuerdos dolorosos y alegres de la infancia, presentimientos y
+dudas que le tuvieron por algún tiempo melancólico. Hallábase, pues,
+enfrascado en tristes cavilaciones, como ordinariamente le acaecía
+siempre que estaba solo, cuando acertó a ver a lo lejos dos señoras,
+cuya figura le trajo a la memoria en seguida a su madrastra y hermana.
+Según fueron acercándose, pudo cerciorarse de que no eran otras. Le dio
+un salto el corazón, y vaciló un instante entre marcharse antes que
+llegasen o permanecer en su sitio. Optó al fin por esto último y
+aguardó. Pronto le divisaron, porque había pocas personas sentadas; la
+brigadiera arrugó la frente en testimonio de desagrado y pasó sin
+dirigirle una mirada. Julia también cruzó sin mostrar que reparaba en
+él; mas a los pocos pasos volvió la cabeza, y a espaldas de su madre le
+envió una sonrisa y le hizo una serie de muecas y saludos
+afectuosísimos, aunque reprimidos; después con rápido y gracioso ademán
+acercó la mano al pecho, arrancó un clavel que llevaba y lo tiró al
+suelo. Miguel corrió al instante a recogerlo; al bajarse sintió unos
+pasos precipitados detrás y vio frente a sí al levantarse a un cadete de
+Estado Mayor, flaco y larguirucho como una espina, quien le dirigió una
+mirada torva y colérica y hasta tuvo conatos de abocarle; pero después
+de vacilar un instante siguió caminando aunque volviendo a menudo la
+cabeza para mirarle de arriba abajo con expresión nada pacífica. Miguel,
+sin hacerle caso, cambió todavía de lejos una sonrisa con su hermana y
+llevó el clavel a los labios.
+
+Cierto, no dejaba de ser interesante la situación de ambos hermanos,
+obligados para testimoniarse su cariño a esconderse como dos amantes
+contrariados y a emplear toda la astucia y disimulo que éstos usan.
+Miguel sabía apreciarla y la gustaba, y hasta se placía e interesaba en
+ella, por más que la deplorase con interminables lamentaciones cuando se
+hallaba entre amigos. Comenzaron a escribirse por medio de la portera,
+se hacían señas desde el balcón y la calle respectivamente, citábanse
+para las casas conocidas, y burlando la vigilancia de la terrible
+brigadiera, se daban besos apasionados en los corredores. ¡Cuántas veces
+en sus cartas se hizo mención de aquel día infausto en que Miguel dejó
+caer a su hermanita sobre el borde de la cuna! ¡Cuántas hablaban de la
+particular afición que Julita tenía a despeinarle! Miguel le escribía:
+«Aún siento, picaronaza, tus manos entre mis cabellos y aún me duelen
+los tirones que me dabas. Media hora por lo menos tardaba tu doncella
+Rosalía en ponerme la cabeza como la de un querubín; y tú ni un segundo
+siquiera en dejármela como una selva enmarañada! ¿Conservas fidelidad a
+los gatos? Si la raza felina no te ha hecho apurar la copa del
+desengaño, te proporcionaré cuando quieras un variado concierto: aún
+mayo con bastante afinación.» Julia le contestaba: «Si piensas que se me
+ha quitado la manía de despeinarte, te equivocas. Cuando te veo en los
+salones tan perfumado y elegante, hecho un dije de reloj, ¡no sabes lo
+que daría por achucharte, por chafarte la camisa, por meter las manos
+entre esos pelos tan rizaditos y engomados ¡simploncillo! y ponerlos
+tiesos como un escoba! Eres tonto de remate; como sabes que eres guapo
+no hay quien te sufra...»
+
+Al fin Miguel halló el medio de reconciliarse con su madrastra. El
+cariño cada día más grande a su hermanita le hizo pensar que la había
+despojado de una parte considerable de fortuna: su padre no había obrado
+con toda justicia al mejorarle: las mujeres necesitan siempre un dote
+proporcionado a su educación, porque no pueden vivir de su carrera como
+los hombres. «Después de todo, se decía, aunque mi padre me quisiera
+mucho, no hay duda que al redactar el testamento ha obedecido en cierto
+modo al deseo de venganza. ¿Y qué culpa tiene mi pobre hermana del
+carácter altivo y dominante de su madre?» Por otra parte, le dolía verla
+en un cuarto tercero viviendo con relativa estrechez mientras él gozaba
+de todos los atractivos del lujo. Estas imaginaciones fueron labrando en
+su cerebro una decisión que al cabo formuló por escrito en carta a su
+madrastra: escribiole sin decir nada a Julia suplicándole le concediese
+una entrevista «para tratar de asuntos que a ella y a su hija
+interesaban mucho.» La carta, aunque seria, era afectuosa y dejaba
+traslucir intentos generosos y deseos vivos de reconciliación. La
+brigadiera le contestó muy atenta citándole para el día siguiente a las
+tres de la tarde en su casa. Aquella noche apenas pudo dormir nuestro
+joven bajo la obsesión de mil pensamientos afanosos y cambios súbitos de
+temor y de alegría: los nervios se le desbocaban fácilmente y no era
+poderoso a sujetarlos.
+
+Después de almorzar, o de haber intentado hacerlo, porque apenas pudo
+pasar bocado, después de haberse vestido con pulcritud, después de haber
+estado algunos minutos en el café tomando maquinalmente una copa, de
+_chartreusse_, se encaminó con paso vivo a la calle del Barco,
+imaginando lo que había de decir a su madrastra y gozando con la grata
+perspectiva de la reconciliación. Al llegar a la esquina de la calle de
+la Puebla procuró refrenar el paso y tranquilizarse: mas al doblar la
+del Barco alcanzó a ver a lo lejos aquel cadete desgalichado que tan
+ferozmente le había querido interrumpir cuando recogió en el paseo el
+clavel de su hermana. Ya le había tropezado otras muchas veces en la
+misma calle con los ojos puestos en el balcón de Julia.
+
+El cadete, al verle pasear la misma calle y al parecer con los mismos
+intentos, le arrojaba miradas provocativas, cencellantes, cargadas del
+tradicional desprecio que el elemento militar ha sentido siempre hacia
+el civil tratándose de empresas amorosas. Pero Miguel, con la
+imprevisión temeraria de la juventud, hacía caso omiso de este
+desprecio, y solía contestar a aquellas miradas con una sonrisa dulce y
+un si es no es burlona que iba amontonando la cólera en el pecho del
+feroz cadete. La tempestad rugía ya sobre la cabeza de nuestro joven, y
+él seguía tan sosegado como si estuviese bajo un cielo azul y sereno.
+Como caminaban en sentido contrario no tardaron en acercarse y pasar uno
+al lado de otro, repitiéndose la misma torva mirada por parte del
+militar y la idéntica sonrisa por la del paisano. Miguel cruzó a la
+acera de enfrente para entrar en casa de la brigadiera; mas antes de
+efectuarlo oyó una voz cavernosa a su espalda:
+
+--Cabayero; oiga V.
+
+Volviose y se encontró frente a frente del cadete.
+
+--¿Qué se le ofrecía a V.?--le preguntó sonriendo.
+
+El cadete vaciló un instante, puso sus ojos sanguinarios en el suelo y
+dijo con voz bronca de adolescente que está en la muda:
+
+--Cabayero, quisiera saber si V. está «en relaciones» con esa chica del
+número quince...
+
+--¿Del número quince?--dijo Miguel, más risueño aún.
+
+--Sí señor, cuarto tercero.
+
+--Pues en efecto, estoy en muy buenas relaciones; sí señor.
+
+Hubo unos segundos de silencio. El hijo de Marte, apesar de su innata
+ferocidad, quedose un poco turbado. Al fin rompió a trompicones
+diciendo:
+
+--Pero bien... esas relaciones... yo hace tiempo que la hago el oso...
+quisiera saber si es V. novio...
+
+--¡Ah! eso es otra cosa: para que yo sea novio de ella hay una pequeña
+dificultad; y es que soy su hermano.
+
+El cadete levantó los ojos, donde se pintaba el asombro, la alegría, la
+duda y algunas otras emociones secundarias que sería prolijo enumerar.
+
+--¿Pero de veras es V.?...
+
+--De padre nada más; no se asuste V.
+
+Al cadete no le hizo efecto esta rectificación; siguió expresando con
+los ojos los mismos sentimientos, con idéntica viveza. Después,
+acometido súbito de una idea, la de que aquel paisano «se estaba
+quedando con él» se puso otra vez fruncido y enfoscado y volvió a sacar
+la voz de las profundidades de su pecho.
+
+--Cabayero, yo no consiento que nadie se _guasee_ conmigo.
+
+--Hace V. perfectamente; aplaudo esa decisión.
+
+--Es que... yo no creo que V. sea hermano de esa señorita...
+
+--También está V. en su derecho; si le repugna creerlo, nada, nada, por
+mí no se violente V.
+
+--Es que yo...
+
+--Siento en el alma no traer la fe de bautismo en el bolsillo; pero si
+V. no tiene cosa más urgente que hacer, puede pasarse por la sacristía
+de la iglesia de San Ginés y allí le enseñarán el libro parroquial donde
+consta mi nacimiento y el de mi hermana... Si V. desea una tarjeta para
+el sacristán se la daré... ¿No la quiere V.?... Bien, pues V. me
+dispensará, caballero; me aguardan en este momento... Miguel Rivera,
+para servir a V....
+
+Y giró sobre los talones y se metió pugnando por no reír en el portal de
+la casa de su madrastra. Una vez dentro de él, quedose repentinamente
+serio al pensar que antes de tres minutos iba a encontrarse frente a
+ésta. Era un momento solemne. Subió lentamente la escalera, creciendo su
+emoción a cada peldaño que iba salvando. Cuando llegó arriba estaba tan
+conmovido que no se atrevió a que le viesen en aquel estado: descansó
+algunos momentos procurando serenarse, y después que lo hubo conseguido
+a medias, cogió el llamador con mano temblorosa, tirando de él
+suavemente. Esperó un rato sin que nadie viniese: cuando ya iba a tirar
+segunda vez, oyose una voz adentro que decía con tono imperioso:
+
+--¡Que han llamado!
+
+Le dio un vuelco el corazón: era la voz de su madrastra. Al instante se
+abrió el ventanillo y le preguntaron:
+
+--¿Qué deseaba V.?
+
+--¿La señora viuda de Rivera?...
+
+--Sí señor--dijo la criada abriendo la puerta.
+
+En aquel momento Miguel estaba, sin saber por qué, completamente sereno.
+
+--¿Cómo es su gracia?
+
+--Miguel Rivera.
+
+--Voy a avisar: tenga V. la bondad de aguardar un instante.
+
+En cuanto nuestro joven se quedó solo, oyó unos pasos vivos y menudos, y
+divisó en la esquina del corredor a Julia que asomó la cabeza nada más
+para ver quién era «la visita.» Al encontrarse con su hermano, descubrió
+todo el cuerpo y se quedó pasmada, estática, mirándole fijamente con
+marcada expresión de susto. Esta actitud hizo comprender a Miguel que la
+brigadiera nada le había dicho de la carta ni de la cita. Después avanzó
+lentamente hacia él manifestando siempre la misma sorpresa mezclada de
+terror, sin hacer caso de la sonrisa tranquilizadora de su hermano:
+cuando éste la tuvo cerca, avanzó también algunos pasos, y cogiéndola
+por la cintura, la dio un par de sonoros besos en las mejillas. Entonces
+el susto de Julia llegó a su colmo: se arrancó con extraordinaria
+violencia de los brazos que la sujetaban, se puso terriblemente pálida y
+se llevó el dedo a los labios, diciendo con voz de falsete:
+
+--¡Por Dios, Miguel, por Dios... que está ahí mamá!
+
+La criada apareció en aquel instante por el otro extremo del corredor.
+
+--Puede V. pasar cuando guste, señorito.
+
+Miguel hizo una mueca risueña a su hermana, le dijo adiós con la mano y
+se dirigió con paso firme a la sala, precedido de la criada, quien al
+llegar a la puerta levantó la cortina y le dejó el paso.
+
+La brigadiera Ángela, que estaba sentada en una butaca, se levantó al
+ver a Miguel, pero no avanzó a su encuentro. Tenía la misma figura
+gallarda y arrogante, mas el rostro estaba notablemente ajado;
+dibujábase en torno de sus ojos un círculo grande azulado, y surcaban su
+frente dos profundas arrugas, señales que acreditaban la violencia y
+soberbia de su genio: los negros y sedosos cabellos que Miguel admiraba
+en otro tiempo, blanqueaban ya por tantos sitios, que eran más grises
+que negros: vestía una bata de seda, también ajada, y ajados estaban
+también los muebles de la sala, y ajadas las cortinas y la alfombra.
+Todo lo advirtió el hijo del brigadier de una sola pero intensa mirada,
+y no sin pena, recordando el antiguo esplendor de su casa.
+
+--¡Oh, mamá! ¿cómo sigue V.?--dijo avanzando con efusión hacia ella.
+
+--Bien, ¿y tú, Miguel?--contestó tendiéndole una mano.
+
+Miguel, que iba decidido a abrazarla, se detuvo ante aquella actitud y
+se contentó con tomarle la mano y apretarla contra su pecho. Y
+reteniéndola aún entre las suyas, exclamó:
+
+--¡Cuánto tiempo!...
+
+--¡Mucho, sí!... Trae una silla y siéntate.
+
+Pero Miguel, sin hacer caso, siguió en pie, y volvió a exclamar,
+arrasados los ojos de lágrimas:
+
+--¡Pobre papá!
+
+La mano de la brigadiera tembló un poco dentro de las suyas; pero
+soltándose en seguida, le señaló de nuevo una silla.
+
+--Siéntate, Miguel, siéntate.
+
+Obedeció, colocándose al lado de la butaca de su madrastra, y metiendo
+las manos entre las rodillas y la barba en el pecho, guardó silencio:
+algunas lágrimas le resbalaron lenta y calladamente por las mejillas.
+
+--¿Hace mucho tiempo que has concluido la carrera, Miguel?--le preguntó
+en tono natural la brigadiera al cabo de un rato.
+
+--Hace dos años nada más--repuso secándose los ojos con el pañuelo.
+
+--¿Y qué te haces ahora?
+
+Esta pregunta seca y hecha en un tono más seco aún, cortó la tierna
+emoción que embargaba a nuestro joven en aquel momento y le dejó un poco
+embarazado.
+
+--Poca cosa... Me divierto lo más que puedo.
+
+--Sí, sí, ya lo he sabido, que eres un joven a la moda.
+
+--Las modas duran poco; pasaré como han pasado las trabillas y las
+corbatas de suela...
+
+La conversación iba a tomar un sesgo demasiado frívolo, y Miguel lo
+cambió preguntando con interés:
+
+--¿Y VV. qué tal se encuentran en Madrid, mamá?
+
+--A mí me sienta bien este clima... a Julia no tanto.
+
+--¡Pobrecilla!... acostumbrada al calor de Sevilla, el frío de este
+pueblo no le hará mucho provecho seguramente.
+
+--Yo también estaba acostumbrada al calor cuando vine hace años, y sin
+embargo no me ha hecho daño;... depende de las naturalezas...
+
+--¿Pero Julia se ha puesto mala aquí?--preguntó Miguel, aunque ya lo
+sabía.
+
+--Ha tenido un catarrillo pertinaz, pero la he mandado a Mejorada unos
+días con mi prima Rafaela, y se ha puesto buena.
+
+--Es una chica muy graciosa... ¡Caramba cómo se ha desarrollado, y qué
+monísima se ha puesto!
+
+--Tus flores no tienen gran valor en este caso--dijo la brigadiera
+sonriendo nada más que con el borde de los labios.
+
+--¿Por qué? ¿Porque soy su hermano?... No crea usted que influye tanto
+en mi juicio esa circunstancia; la juzgo desapasionadamente, como un
+extraño... como un joven a la moda--añadió devolviendo irónicamente a su
+madrastra el calificativo que le había dado. Y por si esto pudiera
+ofenderla, dijo después:
+
+--Usted, mamá, debe escuchar con gusto que Julia es guapa, porque además
+de ser su hija, se le parece notablemente.
+
+--Tampoco admito esa flor encubierta... ¡Te has vuelto muy galante,
+Miguel!--repuso la brigadiera dignándose sonreír afablemente.
+
+Más había de galantería que de verdad en lo que aquél acababa de decir.
+Aunque la brigadiera había sido bella, acaso más que su hija, ésta no se
+le parecía sino en la forma de la frente, estrecha y delicada, y en la
+boca. Los ojos de Julia eran más chicos que los de su madre, pero más
+vivos, y de un mirar suave y halagüeño, que nunca los de ésta habían
+tenido; la nariz no era tampoco aguileña, sino recta y fina. En la
+figura aventajaba mucho la madre a la hija, y en el color también, para
+los que prefieren las blancas a las morenas. Julita era una muchacha más
+bien baja que alta, pero muy bien proporcionada; tenía el talle esbelto
+y airoso como pocos; todos sus ademanes eran vivos y resueltos y estaban
+impregnados, si vale la palabra, de una gracia singular; el color
+tostado en demasía, acercándose mucho al de las gitanas, con las cuales
+guardaba más de este punto de semejanza; los cabellos idénticos a los de
+su madre cuando tenía su edad, negros, sutiles y lustrosos, y cayéndole
+en rizos sobre la frente. No era la hermana de Miguel un dechado de
+belleza, o lo que es igual, no poseía la pureza y corrección de líneas
+generadoras de la armonía (la cual es más aparente que real algunas
+veces); pero en cambio llevaba en sus ojos, en su garbo, en su sonrisa,
+el brillo y la sal de Andalucía.
+
+Miguel no sabía cómo dar a la conversación un giro elevado y noble,
+acomodado a los sentimientos que agitaban su alma. Hubiera querido
+hablar de su padre, de su bondadosísimo padre, a quien tanto había
+amado; de buena gana hubiera recordado también los pormenores de su
+infancia, por más que en ella la brigadiera no desempeñase un papel muy
+grato; dispuesto estaba a olvidar todas las heridas, todos los desdenes
+y acordarse únicamente de los cortos momentos de dicha que había
+disfrutado; hasta los castigos de su madrastra adquirían, con la velada
+luz de los años, y al través de la súbita ternura que se había apoderado
+de él, un aspecto maternal que borraba su injusticia; por su gusto se
+reiría, trayéndolos a cuento como hacen algunas veces los hijos
+cariñosos después que llegan a hombres. Pero la actitud reservada,
+aunque atenta y afable de la brigadiera, le imponía respeto y le cortaba
+los vuelos para desahogar el pecho. Por otra parte, deseaba también
+entrar en la cuestión de intereses y no se atrevía, temiendo ofender su
+orgullo. Después de hablar algunos minutos todavía en el mismo tono
+indiferente, más propio de una visita de amigo que de una entrevista tan
+grave y solemne como debía ser aquella, procuró encauzar la conversación
+hacia lo que quería, hablando mucho de sí mismo, de sus tristezas y de
+su porvenir.
+
+--No son todo flores en la vida, mamá: aunque me encuentre en una
+posición desahogada y pueda disfrutar de los placeres que ofrece la
+corte a los jóvenes, no soy tan feliz como el mundo supondrá
+seguramente. Tengo muchísimos momentos de murria, de tristeza,
+acordándome de que vivo solo, que me falta el calor de la familia, el
+cual no puede reemplazarse con nada... Mi tío Manolo, ya sabe V. como
+es... muy bueno, muy cariñoso... pero... ocupado exclusivamente en
+divertirse... Y el hombre no vive sólo con el recreo de los teatros, de
+los cafés y de los bailes. Cuando hay un poco de corazón, se apetece
+otra cosa...
+
+--¿Por qué no te casas?--dijo la brigadiera secamente y sin levantar la
+cabeza.
+
+--El casarse no es un acto tan libre como parece a primera vista... Se
+casa uno cuando llega la hora y una porción de circunstancias se han
+juntado para ello... Casarse porque sí, por una determinación de la
+voluntad, sin haberse enamorado antes de una mujer y sin juzgarla digna
+de llamarla esposa, me ha parecido siempre insensato... Además, en
+Madrid, en las sociedades que yo frecuento, se encuentran muchas jóvenes
+bonitas, elegantes, que tocan el piano admirablemente, y cantan a veces
+como las tiples que se _chichean_ en el Real, y a veces pintan acuarelas
+y paisajes al óleo demasiado verdes, y escriben cartas a los novios con
+bastante ortografía... pero buenas esposas y buenas madres de familia,
+¿cree V. que se encuentran con tanta facilidad?
+
+--¡Bah!
+
+--No lo crea V., mamá... En fin, a mí no me ha llegado aún la hora... Y
+mientras que me llegue, lo estoy pasando mal. Me sobra gran parte de la
+renta que tengo, y si no hago mal uso, no sé qué hacer de ella...
+
+Miguel guardó silencio un instante, y después de vacilar, dijo
+tímidamente:
+
+--Si V. me lo permitiera, la partiría de buena gana con mi hermana...
+
+--Bien--dijo la brigadiera con voz un poco temblorosa.
+
+--¿Y consentiría V. que me viniese a vivir con ustedes?
+
+--¿Por qué no?
+
+--¡Oh mamá!--exclamó Miguel enternecido;--me hace V. feliz con esa
+respuesta. ¡Tengo unos deseos tan vivos de vivir con VV.!...--Y
+apoderándose al mismo tiempo de una mano de la brigadiera, la besó con
+efusión repetidas veces, mientras dos lágrimas le resbalaban por las
+mejillas.
+
+--¡Vamos, que no me negará V. que tengo un corazón muy sensible!--dijo
+riéndose de su propia emoción, como tenía por costumbre.
+
+A la brigadiera no le pareció bien esta salida y se quedó seria. Ni era
+fácil que penetrase jamás el verdadero carácter de Miguel, y lo que
+aquellos arranques significaban. No obstante, se mostró después todo lo
+amable y expansiva que le consentía su naturaleza, lo cual pudiera muy
+bien achacarse, sin ser mal pensado, a la promesa que Miguel acababa de
+hacer respecto a su fortuna, por más que ella en la apariencia no le
+hubiese concedido ninguna importancia. Mas el hijo del brigadier era
+tan dichoso con aquella reconciliación y con la perspectiva de vivir en
+la misma casa de su hermana, que prefirió creer que también su madrastra
+se enternecía y se gozaba en tenerle nuevamente por hijo.
+
+Cuando más embebido se hallaba en la conversación, sintió que unas manos
+chiquititas le sujetaban la cabeza por detrás, y se la despeinaban con
+furia. Era Julia que había entrado de puntillas sin ser notada.
+
+--¡Al fin has caído en mis manos! ¡Abajo los peluqueros!
+
+--¡Y tú en las mías! ¡Arriba las niñas sevillanas!--dijo Miguel
+sujetándola para darla un beso.
+
+--¿De dónde sacas tú, fatigoso, que yo soy de Sevilla?--repuso Julita
+con marcado acento andaluz, y comiéndose más de la mitad de las
+letras.--Yo soy gata, y muy gata, y porque soy gata, te araño y te
+arranco estos ricitos tan cucos de donde cuelgas los corazones.
+
+--¿Hay alguno colgado?--preguntó Miguel riendo y dejándose sobar
+pacientemente.
+
+--Vamos, basta, Julia--dijo la brigadiera sonriendo también.
+
+--¡Oh, no!--contestó aquélla, siguiendo con más ardor en su tarea.--¿Tú
+te has figurado que se puede echar impunemente flores a una chica que no
+hace tres meses siquiera que ha llegado de Sevilla? ¡Y qué flores,
+Virgen del Amparo, qué flores tan cursis! ¡Que me he desarrollado! ¡Que
+soy muy mona!... Anda, tonto; ¿te figuras que sólo en Madrid se
+desarrolla la gente?
+
+--¿Y cómo sabes tú que te ha estado echando flores?--le preguntó su
+madre, clavándola una mirada terrible.
+
+Julia se puso encarnada hasta las orejas.
+
+--Lo he oído por casualidad al cruzar por el pasillo...
+
+--¿Casualidad, eh?--dijo la brigadiera con sonrisa sarcástica.--Pierde
+cuidado, que ya me encargaré yo de que no se repitan esas casualidades.
+
+Julia se turbó ante la amenaza de su madre: quedose un momento pensativa
+y triste; pero en cuanto aquélla bajó la cabeza para continuar su labor,
+hizo un mohín gracioso y alzó los hombros en señal de indiferencia.
+Colocada en pie al lado de su hermano, siguió acariciándole los cabellos
+y la barba. Miguel se había quedado también repentinamente serio. Al
+cabo de un momento, Julia, metiéndole la boca por el oído, le dijo muy
+quedo:
+
+--Mira, vamos a sentarnos al sofá y podremos hablar lo qué queramos...
+Lo haremos con disimulo; aguarda un poco.
+
+Y después de acercarse al balcón y echar una ojeada a la calle, dijo en
+voz alta:
+
+--Miguel, tú no has visto los retratos que nos hemos hecho últimamente
+mamá y yo, ¿verdad?
+
+--Como no hubiera ido a casa del fotógrafo, es difícil...
+
+--Voy a enseñártelos ahora mismo: verás también los de nuestros
+parientes de Sevilla... Tengo unas primas muy guapas: a ver si te
+conviene alguna.
+
+Y salió corriendo de la sala.
+
+--¡Qué chiquilla tan viva!--exclamo Miguel volviéndose a su madrastra.
+
+--Sí, muy viva y muy insufrible--repuso ésta con mal humor.
+
+--Es la edad--dijo Miguel, a quien parecía imposible que la brigadiera
+no hallase graciosa y amable a su hija.
+
+--Nada de eso: ya ha cumplido diez y seis años, y cada día está peor.
+
+Julia entró con un álbum en la mano.
+
+--Ven aquí, al sofá, Miguel, y ten ánimo para ver nuestra colección de
+fieras.
+
+--Enséñame primero tu retrato y el de mamá para que me infundan valor.
+
+--Aquí los tienes--dijo sentándose al lado de su hermano.--Mira a mamá
+¡qué bien está!--Tan guapetona como siempre--añadió guiñando un ojo y
+apuntando con los labios a su madre, que estaba sentada de espaldas a
+ellos.--¿No te apetece darla un beso?... Vamos, dáselo...
+
+Miguel acercó, riendo, los labios al retrato. Julita quería desagraviar
+a su mamá. Ésta, sin levantar la cabeza, y en un tono entre alegre y
+displicente, exclamó:
+
+--¡Ah, aduladora! Ya sabes que me empalaga el dulce.
+
+Julita hizo otra mueca, se rió, y presentando con extraordinaria viveza
+su retrato a Miguel, le dijo:
+
+--Eh, ¿qué tal?
+
+--Admirablemente.
+
+--¿No es verdad que con esta mantillita blanca y estos rizos por la
+frente y estos ojillos entornados, soy capaz de dar el opio a
+cualquiera?
+
+--Sí, a cualquier cadete--repuso su hermano por lo bajo.
+
+Julita quedó un segundo suspensa, y se puso otra vez encarnada; pero
+reponiéndose en seguida, le dio un pellizco, diciendo:
+
+--¡Ah granuja! ¿Qué correo de gabinete te ha venido a dar la noticia?
+
+--¡Y yo que soñaba para ti lo menos con un coronel!--siguió en voz baja
+y reprimiendo la risa.
+
+--¡Ya llegaremos allá!
+
+--¡Diablo! es menester que se pronuncie antes siete veces lo menos; y te
+lo pueden escabechar fácilmente.
+
+--¡Pobrecillo de mi alma!--exclamó Julita poniendo la cara triste.
+
+--¿Pero le quieres de veras?
+
+--Un poquito.
+
+--Pues él también te quiere a ti: al entrar en esta casa hace un
+momento, me vino a preguntar con semblante fosco si yo te galanteaba.
+
+--¡Qué tonto!--exclamó la niña roja de placer.--¿Y tú qué le dijiste?
+
+--Que no podía aunque quisiera, porque era tu hermano.
+
+--¿Y él que ha dicho?
+
+--¿De veras es V. hermano de esa joven?
+
+--Y tú, ¿qué dijiste entonces?
+
+--Y tan de veras, aunque de padre nada más.
+
+--Y él ¿qué dijo a eso?
+
+--¡Chica, no me acuerdo!--manifestó Miguel soltando a reír.--¡Qué
+graciosa estás con eso de _qué dijiste y qué dijo_!
+
+Julia estaba tan interesada y pendiente del relato de su hermano, que no
+se había dado cuenta de aquellas repeticiones. Quedose un poco cortada;
+pero concluyó en seguida por reírse de sí misma.
+
+--Mira el retrato de tío Joaquín--dijo en voz alta.--Vivíamos en Sevilla
+muy cerquita de su casa. Es fiscal de la Audiencia y tiene las tres
+hijas que vas a ver... ésta es la primera, Sofía.
+
+--¡Uf qué fea!... Dispénseme VV., no he podido remediar este grito...
+
+--Di lo que gustes--manifestó la brigadiera.--Hace ya tiempo que
+estamos todos en ello.
+
+--Mira la tercera, Gertrudis.
+
+--Pues ésta es más fea aún.
+
+--Aquí está la segunda, Lola.
+
+--¡Demonio, esta es verdaderamente horrible!
+
+Julia se echó a reír diciendo:
+
+--En Sevilla las llaman «las tres circunstancias agravantes.» A la
+primera Premeditación, a la tercera Alevosía, y a la segunda
+Ensañamiento, por orden de fealdad.
+
+--Tiene gracia... Cualquier día me voy a Sevilla por una de ellas. ¿Y
+son esas las primas de que me hablabas?
+
+--No, hombre no: éstas son tías... primas segundas de mamá... Por
+supuesto, te lo digo en reserva, porque si ellas supieran que yo ando
+propalando este secreto, serían capaces de asesinarme, ¿no es verdad,
+mamá?
+
+--Pues que quieran o no--respondió la brigadiera,--son tus tías, y la
+menor pasa ya de los treinta.
+
+--Oyes, Julia--dijo Miguel hablando otra vez en voz baja.--¿Se te ha
+declarado ya _ese_...?
+
+--El otro día me puso una carta en la mano; pero yo la dejé caer.
+
+--¿Pues?
+
+--Es un tío lila, ¿sabes?
+
+--¿Pero no acabas de decirme que le quieres?
+
+--¡Qué sé yo si le quiero!--dijo alzando los hombros con displicencia.
+
+--Pues eres la más interesada en el asunto.
+
+--Desde un día en que le vi de paisano con unos pantalones muy cortos,
+se me ha quitado bastante la ilusión.
+
+--No te apures por eso, chica; es que está creciendo aún... debes
+alegrarte.
+
+Siguió la conversación todavía un buen rato. Miguel prometió traer al
+día siguiente sus maletas. Julia, brincando de alegría, le enseñó el
+gabinete donde iba a dormir en tanto que no se buscase una casa más
+capaz, como acababa de convenirse entre ellos. Al fin se despidió lleno
+de gozo, prometiendo venir a buscarlas de noche para llevarlas al
+teatro.
+
+Al poner el pie en la calle, cortó repentinamente el hilo de sus
+risueños pensamientos el ver apostado en la acera de enfrente, y en
+actitud de espera, a lo que podía sospecharse, al cadete enamorado de su
+hermana.--«Vaya, me parece que voy a tener que andar a pescozones con
+este majadero»--se dijo. Pero muy contra lo que presumía en aquel
+momento, el cadete salvó rápidamente la distancia de una acera a otra y
+arremetió con él con los brazos abiertos, la cara sonriente y rebosando
+de júbilo.
+
+--Déjeme V. que le abrace, D. Miguel--y lo hizo sin aguardar el
+permiso.--Acabo de saber, por la portera, que es V., en efecto, hermano
+«de esa chica,» y me pesa muchísimo de haber tenido con V. esa
+cuestión...
+
+--¿Qué cuestión?
+
+--La que tuvimos, antes de entrar V... ¡Caramba, si yo lo hubiera
+sabido!... ¡Cómo había de atreverme! Por Dios, me dispense V.
+
+A Marte, al decir esto, se le había suavizado notablemente la expresión
+del semblante: la voz tampoco era tan profunda.
+
+--No tengo por qué dispensar a V.--contestó Miguel, zafándose de sus
+brazos y mirándole entre risueño y admirado.
+
+--¡Y yo que pensaba que era V. mi rival! Le estuve a V. esperando más de
+dos horas: no quería marcharme a casa sin darle una satisfacción... He
+perdido la academia por ello.
+
+--Lo siento mucho y se lo agradezco; pero no había necesidad.
+
+--Ahora voy a pedir a V. un favor--dijo vacilando un poco.
+
+--Usted dirá.
+
+--Que venga V. conmigo a beber una botella de cerveza al Suizo.
+
+--No me gusta la cerveza.
+
+--Quien dice cerveza, dice cognac, marrasquino, chartreusse..., en fin,
+lo que V. guste.
+
+--No tengo inconveniente en ello: lo que sentiré es que, por mi causa,
+pierda V. alguna otra clase.
+
+--No señor, ya las he perdido todas.
+
+--Pues vamos allá.
+
+Y se emparejaron caminando en dirección al café Suizo. El cadete le dejó
+respetuosamente la acera.
+
+--Mozo, una copa... ¿de qué, D. Miguel?
+
+--De agua.
+
+--¿Cómo de agua?--dijo sorprendido y un tanto amostazado.
+
+--Es lo único que me apetece en este momento.
+
+--¿Pero?...
+
+--¿No quería V. antes darme una satisfacción?
+
+--Sí señor.
+
+--Pues deme V. ahora la de dejarme beber agua, puesto que tengo sed.
+
+--Bueno; si V. se empeña...--Y dirigiéndose al mozo con voz ronca de
+mando:
+
+--Con azucarillo y gotas, ¿entiendes? A mí una copa de ron. Tráete
+además los cigarros, para que escojamos.
+
+Se habían sentado uno frente a otro. El cadete, siempre galante, había
+obligado a Miguel a sentarse en el diván, mientras él se había acomodado
+en una silla. Examinábale aquél atentamente sin quitarle ojo, mostrando
+en el semblante tal gravedad, que a leguas se adivinaba que era forzada.
+Realmente el cadete era un ser curioso en su aspecto físico. Por su
+delgadez parecía montado en alambres; tan rubio, que casi daba en
+albino; el cuello largo como el de las girafas, y con una nuez... Miguel
+no había visto jamás nuez tan desmesurada: de todo el individuo era lo
+que preferentemente llamaba su atención.
+
+Vino el mozo con el servicio y los cigarros. Utrilla, que así se llamaba
+el cadete, se empeñaba en que Miguel escogiese uno.
+
+--No puede ser, querido: esas brevas son demasiado fuertes para mí; yo
+gasto unos cigarros más flojos... aquí tiene V... si V. gusta...
+
+--Muchas gracias: yo necesito que pique un poco el tabaco; lo flojo no
+me sabe a nada...
+
+--¡Milagro será--pensó Miguel--que tú te tragues esa copaza y esa breva!
+
+--Pues como le iba diciendo, Sr. Rivera--manifestó Utrilla, comenzando a
+pegar feroces chupetones al cigarro,--no sabe V. lo que a mí me alarmó
+verle pasear la calle de su hermanita. En seguida se me subió el tufo a
+las narices... Los militares somos así... Y dije para mí, entonces: Hay
+que cortar esto por lo sano y jugar el todo por el todo: o tú o yo. ¿A
+qué vienen esas rivalidades en que los dos se están odiando, y sin
+embargo, se aguantan un día y otro sin decirse una palabra? Eso lo puede
+hacer muy bien un paisano, pero un militar... creo yo... V. bien me
+comprende. Así que ¡zás! en cuanto vi la cosa seria, me fui derecho al
+bulto y me aboqué con V...
+
+--Y si yo no hubiera sido hermano de Julia y la galantease, ¿qué hubiera
+V. hecho?
+
+--Pues nada... hubiéramos ido al terreno.
+
+--¿A qué terreno?
+
+--Al del honor. Nosotros, los militares, estamos más comprometidos que
+VV., los paisanos, cuando llegan estos casos. A nosotros el uniforme nos
+obliga a no transigir...
+
+--Con que una muchacha prefiera a otro, ¿verdad?
+
+--No señor, no es eso; entre nosotros hay ciertas leyes... Lo que en
+otro cualquiera no es cobardía, pongo por caso, en uno de nosotros lo
+es... Luego hay el espíritu de cuerpo... Si los compañeros saben que V.
+no ha quedado encima en cualquier cuestión, le dejan de saludar y le
+obligan a salirse del cuerpo... La verdad es que la milicia es una cosa
+muy seria, y que no se puede jugar con ella.
+
+--Mucho--afirmó Miguel gravemente, lanzando al aire una bocanada de
+humo.--¿Y cuánto tiempo hace que es V. militar, Sr. Utrilla?
+
+--En la academia--respondió el cadete después de vacilar un poco y
+toser--no llevo más que seis meses... pero me he estado preparando antes
+dos años con un comandante del cuerpo... y en realidad, desde que uno
+entra en la academia preparatoria, ya se le considera como militar.
+
+--Mucho--volvió a afirmar Miguel inclinando la cabeza.
+
+--Dentro de quince días nos examinamos del primer semestre; si salgo
+bien, me faltarán cuatro años y medio nada más para salir a teniente del
+cuerpo...; por supuesto, si no pierdo algún semestre. Hacen falta
+oficiales; de modo, que lo más probable es que no aprieten mucho...
+Además, estos quince días pienso estar _empollando_ el álgebra. Soy un
+hombre muy especial. ¡Caramba, si no fuera su hermanita, algo mejor
+andaría yo de ella! En dibujo estoy bastante bien... ¡claro, como que mi
+padre me ha hecho dibujar desde los diez años! En topografía tampoco
+ando mal. Al único que tengo miedo, es al tío del álgebra... ¡Es un tío
+más marrajo y más seco! Sale uno al encerado a exponer un teorema, y a
+lo mejor se equivoca, porque es muy fácil equivocarse... ¿V. cree que se
+lo advierte? ¡Nada! El muy perro se queda serio como un poste, y V. no
+sabe que se ha equivocado hasta el fin, después de una hora...
+
+Miguel le escuchaba distraído, pensando en su hermana y en su madrastra,
+echando cálculos alegres sobre la vida feliz que iba a hacer en su
+compañía, recordando con placer los pormenores de la entrevista que con
+ellas acababa de tener.
+
+Cuando el cadete hizo una pausa, le preguntó por hablar algo:
+
+--¿Y V. es natural de Madrid?
+
+--Sí, señor; he nacido aquí, y aquí me he criado... Mi padre tiene una
+fábrica de bujías esteáricas en las afueras, cerca de los Cuatro
+Caminos... acaso V. la haya visto... ¿no?... pues si V. va por allí
+algún día de paseo, no tiene V. más que preguntar por mí, y le dejarán
+pasar a verla. O mejor será, que el día que V. quiera ir allá, me avise,
+y le acompañaré, con tal que sea después de los exámenes. Mi padre es
+viudo, y tiene tres hijos; el último de ellos soy yo; mi hermano primero
+es el que corre ahora con la fábrica; mi hermana Eugenia está casada con
+un agente de Bolsa... A mí también quería meterme mi padre en estos
+líos, pero yo soy un hombre muy especial; basta que me manden una cosa,
+para hacer la contraria. A mí siempre me gustó mucho la vida del
+militar; hoy aquí, mañana allí, unas veces con mucho dinero, otras veces
+sin una peseta.
+
+--¿De modo, que a V. le gustaría viajar, conocer países?
+
+--Sí, señor, muchísimo; yo soy un hombre muy especial en eso.
+
+--¿Y qué necesidad tiene V. de hacerse militar para ello? ¿No se puede
+viajar de paisano?
+
+--Claro; habiendo dinero... Pero a mí me gusta viajar de cierto modo;
+estando en un pueblo quince días, en otro un mes... y luego que siendo
+uno militar, en todas partes se le recibe con los brazos abiertos... Las
+chicas se mueren por el uniforme... ¡Es una tontería, por
+supuesto!--añadió sonriendo y dejando bien traslucir que no la tenía por
+tal, sino por una prueba grande de sabiduría.--Mire V., a mí no me gusta
+el uniforme; soy un hombre muy especial. Los primeros días, me lo ponía
+con entusiasmo; pero ahora ya me apesta... Además, como uno tiene que
+saludar a todos los oficiales, ¡y hay tantos en Madrid!...
+
+El cadete siguió todavía bastante rato hablando de sí mismo con voz de
+bajo profundo, contándole cien mil cosas que no le importaban nada, y
+afirmando a cada instante que era un hombre muy especial. Miguel no
+podía adivinar en qué consistía esta especialidad, como no fuese en la
+nuez, que, en efecto, cada vez le parecía más especial. Observó también
+que estaba un poco más pálido que al principio, lo cual le movió a
+preguntarle por dos veces si se sentía mal, pero el cadete afirmó
+rotundamente que se encontraba admirablemente. No obstante, allá a lo
+último, se puso en pie, confesando que la atmósfera del café estaba algo
+pesada y que sería bueno dar una vueltecita entre calles, a lo cual
+accedió muy gustoso su compañero.
+
+Llamaron al mozo, y ambos trataron de pagar; pero éste, sea porque
+juzgase a Miguel con más edad y carácter para el caso o por otra causa
+que no es fácil adivinar, rechazó el dinero que el cadete le ponía en la
+mano y tomó la moneda que aquél le ofrecía. ¡Aquí fue Troya! El cadete
+se indignó con esta acción, de un modo indecible, se puso aún más pálido
+de lo que estaba, echó tres o cuatro ternos redondos con la voz más
+cavernosa que halló entre sus registros, y amenazó con estrangular al
+mozo acto continuo. Esfuerzos inauditos costó a Miguel sosegarle, y
+solamente lo consiguió con la promesa de que vendría otro día a tomar
+cualquier cosa para que él la pagase. Apesar de esto salió del café
+taciturno y sombrío; aquello de que Miguel hubiese pagado siendo él
+quien le invitara, parecíale el colmo de la humillación. Todavía cuando
+iba en dirección a la puerta cruzando por entre las mesas, se volvió dos
+o tres veces para lanzar una mirada de desafío al mozo, que ya estaba
+sirviendo a otros parroquianos sin hacer caso.
+
+Una vez en la calle, Utrilla se mostró mucho menos locuaz. Miguel se vio
+precisado, para sostener la conversación, a hacerle preguntas a las
+cuales contestaba cada vez con más concisión. Al poco rato se detuvo
+repentinamente y manifestó que no se sentía nada bien. Decir esto y
+arrimarse a un portal y echar los hígados por la boca, fue todo uno.
+
+--¿Le habrá hecho a V. daño el cigarro?--le preguntó Miguel.
+
+--¡Cá, no señor!... No comprendo lo que pudo ser... Acaso el ron que me
+dieron estaría malo.
+
+--Sin embargo, el cigarro... V. escupía mucho...
+
+--No señor, no; estoy acostumbrado.
+
+Viéndole aún bastante pálido y desfallecido, Miguel llamó a un coche de
+punto, le hizo subir a él y le condujo a su casa, situada en la calle
+del Sacramento. El cadete, apesar de su mal estado, quería descoyuntarse
+dándole las gracias.
+
+
+FIN DEL TOMO I
+
+ * * * * *
+
+
+
+
+RIVERITA
+
+NOVELA DE COSTUMBRES
+
+POR
+
+ARMANDO PALACIO VALDÉS
+
+MADRID
+TIPOGRAFIA DE MANUEL G. HERNÁNDEZ
+Libertad, 16 duplicado
+1886
+
+
+
+
+TOMO II
+
+
+
+
+I
+
+
+Miguel no fue tan feliz como había imaginado viviendo con su madrastra.
+Aunque Julita le proporcionaba con su alegría infantil y cándido donaire
+gratísimos momentos, estaban amargamente compensados éstos por el
+malestar que le producía el carácter rígido, inflexible, de la
+brigadiera. Este carácter no tenía ocasión de manifestarse con él,
+porque evitaba escrupulosamente todo motivo de choque o disgusto; pero
+se mostraba en toda su violencia y a cada hora del día con su hija
+Julia. No podía hacer la pobre niña nada, fuese tuerto o derecho, que
+mereciese su aprobación; era un ordenar constante de la mañana a la
+noche, primero una cosa, después otra, a menudo cosas contrarias, lo
+que producía disgustos, conflictos y escenas ruidosas. Julia tenía
+ocupados todos los minutos del día; cinco horas de piano, dos de
+bordado, dos de estudio, etc. Por nada en el mundo podía infringirse
+este régimen despótico: la menor infracción costaba muchas lágrimas. Si
+por impaciencia, o arrastrada de su genio vivo y desenfadado, contestaba
+alguna cosa que oliese de cien leguas a falta de respeto, ya podía
+prepararse: la brigadiera se erguía como una fiera, la llenaba de
+insultos, y olvidándose a menudo de lo que debía a su propia dignidad, y
+apesar de los años de Julita, la pellizcaba cruelmente, la abofeteaba y
+la tiraba de los cabellos:--«¡A su madre no se contesta jamás; se
+obedece y se calla, aunque no tenga razón!»--Eran las palabras que
+siempre salían de su boca en casos tales. La brigadiera tenía de la
+patria potestad la misma idea que los romanos; no había límites para
+ella. Cuando se efectuaba alguna de estas escenas, y por desgracia eran
+demasiado frecuentes, siempre concluían del mismo modo: Julita se iba a
+llorar la reprensión, los pellizcos o las bofetadas a su cuarto; su
+madre no volvía a hablar con ella, ni a dirigirle siquiera una mirada:
+para que hubiese reconciliación, era necesario que Julia fuese a ponerse
+de rodillas delante de ella, y cruzadas las manos en el pecho, como
+estaba acostumbrada desde niña, la pidiese perdón. Sólo así lograba
+entrar en su gracia.
+
+Poco tiempo después de haberse trasladado Miguel, fue testigo de una de
+las más repugnantes escenas de este género. Cuando terminó con el piano
+una mañana, Julita se fue al comedor, y _motu propio_, por su extremada
+inclinación al aseo, sacó toda la vajilla de los armarios y se puso a
+limpiarla esmeradamente y a colocarla de nuevo en su sitio. Empleó en la
+tarea mucho más tiempo de lo que había imaginado: cuando tornó al
+gabinete donde su madre se hallaba, ésta le preguntó con la aspereza
+acostumbrada si había cosido un vestido que se le había roto el día
+anterior.
+
+--Todavía no--contestó Julita tranquilamente.
+
+--¿Y qué te has hecho toda la mañana? ¡holgazana! ¡más que
+holgazana!--exclamó la brigadiera con ira.
+
+Julia, que estaba muy ufana de su labor y que pensaba dar una sorpresa
+agradable a su madre, le dijo riendo:
+
+--¿Mamá, tiene V. vergüenza para llamarme holgazana?
+
+Nunca lo hubiera dicho. La brigadiera, sin oír más, se lanzó sobre ella,
+la cogió por un brazo y la sacudió tan fuertemente, que la chica perdió
+el equilibrio y cayó al suelo, dando con la cabeza sobre un pie del
+piano: lanzó un grito y se llevó la mano a la cabeza, de donde corría
+un hilo de sangre. La brigadiera, terriblemente asustada, pálida como
+una muerta, se arrodilló cerca de su hija, la incorporó, y empezó a
+besarla frenéticamente, mientras Miguel iba corriendo a su cuarto en
+busca del frasco del árnica. Pusiéronla inmediatamente una compresa,
+sujetándola con una venda, y gracias a esto la herida quedó pronto
+cerrada. Julia no tardó en serenarse: su madre también se calmó poco a
+poco. Pero todavía mientras la quitaba la sangre de la cara con un paño
+mojado, no podía menos de dar suelta a su genio exclamando:
+
+--¿Lo ves? Esto te ha sucedido por desvergonzada.
+
+La brigadiera, aunque parezca extraño después de lo que acabamos de
+decir, amaba a su hija; pero la amaba a su manera, mortificándola sin
+cesar para plegarla de un modo incondicional a su voluntad. La voluntad
+era la facultad dominante, característica de su espíritu; todas las
+demás, el entendimiento, la sensibilidad, la memoria, estaban
+avasalladas por ella, hasta poder dudarse algunas veces de si existían.
+Ante el capricho más insignificante, la ternura y hasta el amor maternal
+huían a esconderse; pero sería injusto afirmar que estaba desprovista de
+ellos. La prueba es que en el momento en que su hija se ponía enferma,
+no se apartaba de ella un instante, ni de día ni de noche. Verdad es
+que, aun en tal estado, su voluntad no dejaba de seguir activa,
+haciéndole tragar las medicinas con terrible exactitud, no
+consintiéndole sacar un brazo fuera, ni dar tantas vueltas, etc., etc.
+Esto era irremediable. Además, para vestir a Julia con elegancia, para
+proporcionarle una educación brillante, no le dolía gastar todo su
+caudal, ni aun sacrificar sus propias comodidades. Mientras estuvo en
+Sevilla pudo competir en vestidos y sombreros con las hijas de las
+familias más aristocráticas. A esto se debía, por supuesto, la gran
+merma que sobrevino en la hacienda que el brigadier la había dejado.
+
+No obstante el régimen severo en que su madre la tenía aprisionada y el
+feroz despotismo que sobre ella ejercía, Julia no era tan desgraciada
+como pudiera presumirse. La naturaleza la había dotado de un carácter
+alegre, bondadoso y algo tornadizo, y este carácter la salvaba de una
+desdicha cierta; las impresiones en ella duraban poco y se sucedían con
+pasmosa rapidez; pasaba con increíble facilidad del llanto a la risa, y
+de la risa al llanto; era incapaz de meditar sobre las injurias que la
+hacían, ni menos de guardar por ellas el más leve rencor. Además, como
+estuvo toda su vida bajo el poder y la vigilancia de su madre, no
+pensaba que hubiera más vida, y estaba tan acostumbrada a sus filípicas
+que, cuando no eran extraordinarias, las escuchaba como un ruido
+enfadoso, y se autorizaba una que otra vez, si el temporal no era muy
+recio, ciertas salidas graciosas, aunque atrevidas.
+
+--Mamá, me ha dicho una persona bien enterada que en el purgatorio
+acaban de suprimir los pianos. Hasta allí se van mejorando las
+costumbres.--Mamá, ¿será faltarte al respeto decirte que hoy te has
+echado muchos polvos de arroz?--Mamá, si yo tuviese una hija, por lo
+menos un día a la semana, la dejaría dormir cuanto quisiera.
+
+Estos donaires, cuando subían de punto, solían costarle bastante caros.
+
+Miguel, a quien todo aquello cogía de nuevas, y que adoraba a su
+hermana, no podía sufrirlo con calma: cada vez que le tocaba ser testigo
+de una de estas escenas, padecía horriblemente y le costaba esfuerzos
+desesperados el reprimir sus ímpetus y no hacer a la brigadiera alguna
+áspera advertencia. Pero comprendía que con esto no adelantaba nada; al
+contrario, pondría las cosas en peor estado, y se callaba tragando bilis
+o apelaba con timidez a los ruegos para conjurar la borrasca. Más de una
+vez pensó en irse de nuevo a la fonda; pero al instante su conciencia se
+rebelaba. ¿Esto no era egoísmo? ¿Qué adelantaba su hermana con que él no
+estuviese en casa? Por el contrario, sabía perfectamente que Julita se
+consolaba mucho teniéndole cerca, no sólo porque templaba algunas veces
+el rigor de su madre, sino también, y esto era lo principal para ella,
+porque desahogaba con él su pecho, porque la animaba, porque pasaba
+charlando deliciosamente muchos ratos en su compañía, porque se placía
+en arreglarle el cuarto, porque la llevaba con frecuencia al teatro y
+procuraba, en suma, por todos los medios que estaban a su alcance,
+hacerle más dulce la existencia. Por otra parte, tampoco Miguel era de
+natural melancólico, como ya sabemos; Julia y él se entendían
+admirablemente para bromear, reír, bailar y hasta brincar por la casa. Y
+como la alegría es contagiosa, algunas veces, muy pocas, también la
+brigadiera participaba de ella y sonreía a sus juegos. Miguel solía
+aprovechar esta buena disposición y osaba retozar con la fiera:
+cogiéndola súbito de la cintura la empujaba con alguna violencia y la
+hacía correr, a su pesar, por la sala o el corredor hasta fatigarla, sin
+hacer caso de sus protestas.
+
+--¡Estate quieto, Miguel! ¡Basta, Miguel! ¡Mira que me fatigo!
+
+La brigadiera, enfadada a medias, no podía menos de reírse. Miguel
+comprendía bien cuándo convenía soltarla.
+
+--¡Eres un loco incorregible!... ¡Eres más chiquillo aún que tu
+hermana!
+
+--Vamos, cállese V., señora, o volvemos a dar otros seis galopes.
+
+--No, no, me marcho, porque eres muy capaz de hacerlo--decía riendo.
+
+Estas sonrisas tenían para nuestros jóvenes el incalculable valor que
+tiene para los habitantes de Londres un rayo de sol en medio del
+invierno.
+
+Miguel entregaba a su madrastra puntualmente la mitad de su renta. No se
+limitaba a esto su liberalidad: a menudo las hacía valiosos regalos, las
+llevaba al teatro y las obsequiaba de mil modos distintos. La casa se
+había montado sobre un pie más alto: vivían en un cuarto desahogado de
+la calle Mayor: en vez de la cocinera y la doncella que antes tenían,
+había ahora otros dos sirvientes más, una doncella para Julia y un
+criado para Miguel. La brigadiera aceptaba, sin embargo, la generosidad
+de su hijastro sin mostrar pizca de agradecimiento: al contrario,
+parecía que tomando su dinero o sus regalos le otorgaba un gran favor,
+le daba una prueba de confianza, y que él era quien estaba obligado por
+ello a guardarle eterna gratitud.
+
+Algún tiempo después de vivir de aquel modo, tuvo nuestro joven otro
+encuentro, fecundo también en graves consecuencias. Aconteció que un día
+de Carnaval se disfrazó de máscara, y en compañía de otros dos amigos,
+se bajó al Prado. Vestía traje de chula, y ostentaba, para mayor
+regocijo de los mirones, un seno exuberante, embutido de algodón.
+
+El salón rebosaba de gente; pocas máscaras, no obstante. Las que había,
+desfilaban entre los carruajes dando saltos para no ser atropelladas, y
+se montaban en la trasera de ellos, en el estribo, y a veces se sentaban
+al lado de los dueños para embromarlos. El grupo donde iba Miguel se
+quedó algunos minutos inmóvil presenciando el desfile e inquiriendo con
+la vista si entre las graves damas y caballeros que venían arrellanados
+en los _landaux_ o _mylords_ había algunos de sus conocidos a quien
+poder dirigirse. Uno de los compañeros atisbó al diputado Vidal que
+guiaba un _tílbury_, y escapó a colocarse a su lado, lanzando chillidos
+horrísonos. «¡Perico! ¡Perico! padre de la patria, aguárdame.» El otro
+tuvo la felicidad de ver a su novia en carretela y fue a colocarse de
+pie en el estribo. Quedó Miguel solamente en espera de algún amigo; pero
+no acababa de pasar. Conocía bastante de vista y de oídas a la mayor
+parte de las personas que ocupaban los aristocráticos trenes que
+cruzaban lentamente guardando fila, pero no trataba a ninguna: el barón
+de Aguilar con su señora, la marquesa viuda de Istúriz con su hija,
+después los señores de Pérez Blanco, en seguida el embajador inglés,
+luego la señora de Manzanillo con sus tres hijas, unas señoras que no
+conocía, un consejero de Estado próximo a ser ministro, el banquero
+Mendiburu con su señora y hermana, la generala Bembo:... a ésta sí la
+conocía. Era Lucía Población, aquella rubia tan espiritual, amiga de su
+madrastra, que había casado mientras él estuvo en el colegio con el
+coronel Bembo, ascendido hacía poco a general. D. Pablo estaba en
+Filipinas en un cargo importante; decíase que había ido allá a reponer
+su fortuna, quebrantada por las prodigalidades de su esposa. Vivía ésta
+en Madrid con sus tres hijos, gastando un arreo que confirmaba tal
+juicio. Además, en los últimos tiempos había dado bastante que decir con
+algunas historias galantes, lo que por otra parte la había elevado a la
+categoría de «mujer a la moda.» Miguel no había hablado con ella desde
+niño: y esto porque sabía que estaba hacía muchos años reñida con su
+familia. La había encontrado varias veces en los salones de la corte;
+pero como Lucía afectaba no conocerle, él tampoco se había decidido a
+saludarla. Sin embargo, no tenía contra ella queja alguna: en la ruptura
+de relaciones con su madrastra, estaba convencido de que la culpa era de
+ésta.
+
+Viendo que no cruzaba ningún amigo, Miguel se decidió a pasar un rato
+con la generala.
+
+--Lucía, Lucía, hermosa Lucía, déjame contemplarte un instante de
+cerca...
+
+Y saltó sobre el estribo de la _victoria_ en que iba la dama y se sentó
+a sus pies.
+
+--He aguardado más de una hora para verte pasar y poder ofrecerte mi
+caja de dulces... toma.
+
+--Gracias, máscara--dijo la dama con sonrisa de complacencia, abriendo
+al mismo tiempo la cajita de Miguel y sacando de ella una almendra con
+sus dedos enguantados.
+
+--¡Qué envidia sentirán ahora los que me vean!
+
+--¿Por qué?
+
+--Porque voy sentado a los pies de la reina de la hermosura, la estrella
+Sirio de los salones de Madrid.
+
+El joven exageraba. No obstante, Lucía era una de las bellezas que
+citaban los periódicos en sus revistas de salones y teatros. Los años no
+la habían hecho desaparecer; por el contrario, al redondear y abultar
+sus formas, habían dado a su figura una majestad que antes no tenía.
+Conservaba el rostro terso y nacarado: sus cabellos dorados no contenían
+aún ninguna hebra de plata: sus ojos límpidos, azules, tenían una
+expresión vaga de melancolía e inocencia que contrastaba singularmente
+con lo que de ella se decía, y que la comunicaba cierto misterioso
+atractivo. Vestía con extraordinaria elegancia.
+
+Al aspirar la tufarada de incienso que Miguel le echó de improviso, una
+sonrisa placentera contrajo sus labios.
+
+--¡Oh! máscara, eres muy galante, muy galante...
+
+--No es galantería; es pura verdad: todo el mundo te admira en Madrid...
+
+--Vamos, acepto eso como broma de Carnaval; pero te la agradezco, porque
+es delicada.
+
+--Agradéceselo a Dios, que te ha hecho así... Aunque alguna parte
+también debió tomar el diablo cuando te ha formado, porque has hecho
+muchos desgraciados.
+
+Y siguió un buen rato manejando el incensario: la generala sonreía
+siempre y se iba interesando cada vez más por la máscara. Cuando estuvo
+ya bastante preparada, el joven dio otro giro a la conversación,
+enderezándola por ciertos caminos peligrosos.
+
+--¡Ay, Lucía, tú no sabes cuánto me has hecho pecar de pensamiento!
+
+--¿Y por qué?--repuso la dama; en sus ojos brilló una chispa de malicia.
+
+--Porque... porque... ¡bah! ¿Quieres que te lo diga?
+
+--Sí, dímelo.
+
+--No me atrevo; te vas a enfadar conmigo.
+
+--No me enfadaré; dímelo.
+
+--Sí te enfadarás; y yo quiero seguir siendo tu amigo... digo, tu
+amiga...
+
+--¡Cuando te digo que no me enfadaré!... Vamos, me comprometo a ello
+formalmente; habla.
+
+--¡Ay, Lucía! ¿Me lo juras?
+
+--Te lo juro.
+
+El joven se levantó, acercó su cabeza a la de la dama, y rozando con los
+labios su oído, dejó caer en él unas cuantas palabritas, que la hicieron
+prorrumpir en carcajadas. Miguel no esperaba tan buena acogida, y quedó
+un poco cortado; inmediatamente se repuso, y comprendiendo que la
+generala estaba curada de espantos, se enfrascó en una conversación
+libre y desvergonzada.
+
+La generala, a cada nuevo equívoco o reticencia, mostraba mayor alegría,
+se desternillaba de risa y daba pie con sus ingeniosas y picarescas
+respuestas a que el joven se engolfase cada vez más adentro. Ya no pensó
+más en cambiar de sitio; se encontraba admirablemente a los pies de
+Lucía.
+
+La generala quería averiguar quién era la máscara que tantas y tantas
+buenas cosas sabía.
+
+--Soy tu lavandera, ¿no me has conocido?--respondía el joven.
+
+--¡Oh, mi lavandera no es tan pícara como tú!
+
+--La careta me hace ser pícara; sin careta soy muy inocente.
+
+--Vamos, máscara, dime quién eres; has conseguido interesarme... si me
+lo dices, prometo guardarte el secreto.
+
+El joven se obstinaba en sostener que era la lavandera; ambos se reían
+de aquel disparate. La noche iba cayendo; los carruajes ya dejaban el
+Prado, y la muchedumbre que se apiñaba en el salón se había enrarecido
+bastante.
+
+La generala desplegó el abrigo y se lo metió con la ayuda de Miguel;
+pero no acababa de dar al cochero la orden de retirarse; la máscara
+había picado su curiosidad de mujer caprichosa, y buscaba una aventura
+con el deseo irritado de quien va a despedirse de ellas para siempre.
+Por último, Miguel se declaró: era un joven enamorado tiempo hacía, y
+que devoraba en secreto su amor sin esperanza, y sus celos. Nunca había
+tenido ocasión de acercarse a ella, y aunque la hubiera tenido, tal vez
+no la aprovechara, porque temía ser despreciado; con la máscara puesta,
+ya era otra cosa; no estaba embarazado por el miedo; se sentía con
+fuerzas bastantes para decirle en voz alta:
+
+--Te adoro, Lucía, te adoro... te adoro... te adoro...
+
+Y el joven repetía casi a gritos su frase, llamando la atención de las
+personas que pasaban cerca.
+
+La generala reía a carcajadas y hallaba cada vez más divertida a su
+máscara; aparentando juzgarlo todo pura broma, dudaba en el fondo que no
+fuese verdad y sentía dulcemente acariciada su vanidad.
+
+--¿Eres tan feo que no te atreves a decirme que me adoras, sin careta?
+
+--Lo soy bastante; pero sobre todo soy un ser insignificante, indigno de
+que fijes en él tus hermosos ojos.
+
+--Por lo pronto, máscara, tienes una cualidad bastante rara en el día:
+la modestia. Ya no eres, pues, tan insignificante.
+
+--Cuando no hay mérito, la modestia no es virtud.
+
+--Déjame comprobar yo misma si es verdad lo que dices. Alza un poquito
+la máscara.
+
+--De ninguna manera; no quiero que te rías de mí.
+
+--Aunque fueses feo, siempre quedarías como hombre agradable e
+ingenioso.
+
+--Muchas gracias... pero no trago el anzuelo.
+
+--Dime entonces tu nombre.
+
+--¿Para qué?... no me conoces... me llamo Juan Fernández.
+
+--Eso no es verdad.
+
+Ambos quedaron silenciosos unos instantes. La generala estaba un poco
+despechada de la obstinación de Miguel: quería advertir en ella cierta
+indiferencia disfrazada con el velo del temor. La conversación la había
+animado también.
+
+--Hace ya demasiado fresco y voy a retirarme--dijo en tono más grave; y
+después de una pausa, añadió con afectada desenvoltura:--¿Conque te
+resignas a ser mi adorador en secreto?
+
+--Sí.
+
+--No te envidio el papel; debe de ser poco divertido.
+
+--¡Oh, es tristísimo! Pero le prefiero al de amante desdeñado.
+
+--Si no te conozco, ¿cómo puedo darte esperanzas?
+
+--Pues bien; ¿quieres conocerme?
+
+--Ya te he dicho que sí.
+
+--Mañana corresponde a tu turno en la ópera. ¿No es cierto?... El joven
+que veas con una camelia blanca en la solapa del frac, ese soy yo. Pero
+es condición precisa que tú lleves dos camelias también en la mano, una
+blanca y otra encarnada: si te gusto, deja caer la encarnada y quédate
+con la blanca; si no, haz lo contrario.
+
+--Convenido.
+
+--Hasta mañana, pues; adiós, adiós hermosa Lucía... Voy a pedir al cielo
+que seque esta noche todas las camelias encarnadas.
+
+
+
+
+II
+
+
+Mucho vaciló Miguel antes de resolverse a entrar, con la camelia blanca,
+en la sala del Teatro Real. ¿Qué diría la generala Bembo al ver a un
+muchacho a quien tuvo, más de una vez, sentado en su regazo, ofrecerse
+como amante? ¿Se indignaría? ¿Soltaría la carcajada? ¿Lograría despertar
+con su admiración y fidelidad alguna ternura en el pecho de la hermosa
+Lucía? Tales eran las dudas que le atormentaban mientras iba y venía,
+del _foyer_ a la puerta de la sala, sin atreverse a poner el pie en
+ella. Levantaba cautelosamente la cortina para echar los gemelos a la
+generala, que estaba en un palco platea, más hermosa que nunca,
+relampagueando como escaparate de joyería: tornaba al _foyer_; daba
+tres o cuatro paseítos, se tiraba por el bigote hasta arancárselo;
+volvía a la puerta de la sala, se arreglaba el cuello de la camisa,
+echaba una mirada a la solapa del frac, donde artísticamente estaba
+colocada la camelia, y otra a la mano de la generala donde brillaban una
+blanca y otra encarnada; pero no acababa de decidirse. Lucía también
+estaba impaciente; lo observaba nuestro joven con placer; varias veces
+la había sorprendido echando una rápida e intensa mirada por todo el
+ámbito de las butacas, y había querido adivinar, en sus labios, cierta
+expresión de desencanto o disgusto.
+
+Al fin hizo un esfuerzo supremo y se coló rápidamente en medio de la
+sala. Una vez allí, se encontró sereno, y poniendo con osadía los ojos
+en el palco de la generala, esperó. Al tropezarse con él la mirada de
+ésta, llevose la mano al sombrero y la hizo un saludo exagerado,
+fantástico, de los que tanto gustaban los mancebillos elegantes en
+aquella época. La generala contestó con afabilidad, y dirigió la vista a
+otro sitio; mas al volverla de nuevo hacia Miguel, al ver la camelia
+blanca en su frac y al observar su mirada fija, penetrante y un si es no
+es risueña, recibió tal sorpresa, que no pudo contestar a lo que, en
+aquel momento, le preguntaba un viejo militar que tenía a su lado. El
+hijo del brigadier notó el estremecimiento de sus manos y vio
+claramente que una ola de rubor había subido a sus mejillas, por más que
+hubiera vuelto rápidamente la cabeza hacia la puerta del palco:--«Ya
+eres mía,» pensó con la fatuidad propia de los jóvenes que aspiran a
+sentar plaza de seductores.
+
+La generala tardó mucho en mirarle de nuevo; pero esto le importaba a él
+muy poco: sabía que el golpe estaba dado y que había sido certero, y
+esperaba confiadamente el resultado. En efecto, después de largo rato,
+durante el cual la generala afectó sostener una conversación animadísima
+con el militar, volvió la cabeza hacia la sala y paseó por ella la
+mirada sin detenerla en Miguel: a la otra vez, ya la detuvo un poco; a
+la otra, un poco más; a la otra, ya fue derecha a él. Estableciose
+entonces un tiroteo de miradas, que no cesó en toda la noche. La
+expresión de sorpresa y de vergüenza no acababa de desaparecer por
+completo del rostro de Lucía; pero esto le prestaba aún más atractivo.
+La camelia encarnada tampoco se deslizaba de sus manos. Miguel, cada vez
+más dueño de sí mismo, se atrevió a hacerle seña de que la arrojase: la
+generala bajó los ojos sonriendo, pero no hizo caso. Acaeció, no
+obstante, lo que era de esperar: allá al final del cuarto acto, cuando
+el tenor avanza hasta las candilejas para expresar con algún _do_ de
+pecho la emoción que le embarga, y las señoras se levantan de sus
+asientos dejándose poner los abrigos por sus maridos, amantes o
+admiradores, la roja camelia cayó al suelo: la generala, con el abrigo
+ya puesto, se precipitó fuera del palco, sin duda para ocultar su
+confusión. Una sonrisa de triunfo contrajo los labios de Miguel, quien
+salió también velozmente fuera de la sala y se apostó en el vestíbulo
+esperando a Lucía. Al pasar ésta, rozando con él, aunque sin mirarle,
+deslizó en su mano una carta que tenía preparada. En ella se confesaba
+perdidamente enamorado: «una pasión de niño que el tiempo no había hecho
+más que trasformar y fortalecer:» la amaba, valiéndose de la expresión
+de Víctor Hugo, como un gusano ama a una estrella; la impresión que su
+belleza, su angelical bondad y la dulzura de su carácter, habían hecho
+en su corazón de niño, no había podido borrarse: «era su primer sueño de
+amor.» Para decir esto, en resumen, había empleado dos pliegos de letra
+menuda. Al día siguiente recibió la contestación en su casa: la carta de
+la generala era digna y cariñosa; pero estaba escrita en un tono
+protector, que no le sentó bien a nuestro joven: le recordaba su
+infancia, le ponía de manifiesto lo extravagante de aquel amor, «que no
+era, como él aseguraba, una pasión firme y verdadera, sino un capricho
+de niño:» le indicaba el ridículo que sobre ella caería si cediese a ese
+capricho y el mundo lo averiguase: por último, le aconsejaba que
+desistiese de su intento y procurase olvidarla.
+
+Pero Miguel estaba realmente interesado en la aventura, aunque no tanto
+como decía en su carta: esta contestación no hizo más que excitarle.
+Detrás de aquel «olvida ese capricho y quiéreme como una segunda madre,
+pues lo soy tuya por la edad y por el cariño que desde niño te profeso,»
+adivinaba que la generala deseaba que insistiese, y que entendía y
+alcanzaba mejor aún que él lo interesante de aquella aventura. Si no,
+¿por qué había dejado caer la camelia encarnada?--Replicó, pues,
+empleando una retórica más fogosa aún, describiendo su amor y sus
+sufrimientos, procurando conmoverla por todos los medios imaginables.
+Cruzáronse después algunas otras cartas: Miguel pedía una entrevista
+para desahogar siquiera su corazón, «aunque después le despreciase.»
+Lucía se negaba a darla, considerándola inútil y aun perjudicial para
+ambos. Insistió el joven cada vez con más afán. La generala cedió al
+cabo «por compasión, porque temía que hiciese una locura,» citándole
+para el día siguiente. Miguel debía pasear a pie y por la tarde hacia la
+Casa de Campo, y tropezar casualmente con el carruaje de Lucía: ésta
+mandaría parar y entablarían conversación, hasta que a la postre le
+invitaría a subir y dar con ella un paseo.
+
+Así se realizó punto por punto. Miguel acudió a la cita lleno de
+emoción, tanto más, cuanto que Lucía había sabido darla un atractivo
+especial con aquel misterio. Si le hubiera recibido lisa y llanamente en
+su casa, no sentiría la mitad del deleite.
+
+--Adiós, Miguelito... Pare V., Juan... ¿Cómo tan solo por aquí, querido?
+¿Te dedicas a meditar por estas soledades?
+
+--Phs... huyendo de la noria de la Castellana... ¿Y V., generala? ¿Le
+gusta a V. también la filosofía?
+
+--Por haber filosofado en casa es por lo que vengo aquí--dijo
+riendo.--Me duele un poco la cabeza, y temía marearme en la
+Castellana... Pero súbete, y darás una vuelta conmigo: después te dejaré
+donde quieras.
+
+Todo fue dicho en voz alta para que lo oyesen el cochero y el lacayo.
+Sin embargo, cuando éste, lleno de sumisión, inclinándose con el
+sombrero en la mano, abrió la portezuela, brillaban sus ojos con
+maliciosa expresión: al subir al pescante dio un pellizco significativo
+a su compañero, y ambos rieron groseramente sin osar decirse lo que
+pensaban, por temor de ser escuchados.
+
+Al verse solo y mano a mano con Lucía en el carruaje, Miguel perdió la
+serenidad: no supo por lo pronto más que continuar la conversación
+empezada, hablando de su afición al campo y del placer que tendría en
+pasear largo todos los días; pero la vida de Madrid, las visitas, la
+moda... estaba cortado, aturdido; no sabía por dónde empezar. La
+generala, afectando también confusión y vergüenza, le observaba, sin
+embargo, sometiéndole a un atento examen, del cual, en realidad, no
+salió mal librado. Miguel, aunque no era buen mozo, poseía una figura
+delicada y un rostro gracioso y expresivo.
+
+Al fin se vio ella precisada a tomar la iniciativa.
+
+--Vamos, ya has conseguido lo que con tanto afán pedías. ¿Estás
+contento?
+
+--¡Oh, sí!
+
+--Yo no: cualquier indiscreción en estas circunstancias, me perdería, me
+pondría en ridículo: ya me voy haciendo vieja.
+
+Miguel protestó; no pasaba por la vejez: se atrevió a decir, aunque
+mirando al paisaje por la ventanilla, que no había en Madrid niña que
+pudiera competir con ella en hermosura y elegancia.
+
+Lucía no quiso aceptar la lisonja: no se hacía ilusiones; a los treinta
+y cinco años (se quitaba cuatro) una mujer es vieja; ¡pero muy vieja!
+
+--Y lo más triste de todo--añadió dejando escapar un suspiro,--es que,
+recorriendo con la memoria los años de mi vida, me convenzo de que nunca
+he sido joven.
+
+--¿Cómo?...
+
+--No, no he sido joven, porque jamás he gozado de las puras alegrías de
+la juventud, de los éxtasis apasionados del primer amor, de las dulces
+zozobras que trae consigo, de los placeres ideales... Siempre
+contrariada en mis sentimientos, en las afecciones de mi corazón... El
+mundo, los parientes, las circunstancias, me obligaron a casarme muy
+joven con un hombre a quien no quería. Echaron un cántaro de agua sobre
+el fuego de mi espíritu, y lo apagaron... Yo hubiera sido algo bueno,
+algo santo, algo puro, y me transformaron en un ser vulgar,
+insignificante. Sentía arrebatos heroicos en mi corazón, impulsos
+sublimes... Todo murió al subir al altar con un hombre que me era
+repulsivo... Los demás hombres no hicieron nada por redimirme... al
+contrario; contribuyeron a encenagarme más y más en la prosa de la vida.
+Todos cuantos se han acercado a mí con la lisonja en los labios,
+doblando la rodilla para adorarme, no traían otro objeto que el de
+satisfacer su vanidad, o puramente un deseo brutal: ninguno ha venido a
+entristecerse con mis tristezas, a alegrarse con mis alegrías, a
+confundir su alma con la mía, a realizar el verdadero amor, el amor puro
+y santo con que toda alma elevada sueña siempre... Tú mismo, Miguel,
+para quien yo debiera ser sagrada, al acercarte a mí en el Prado, lo has
+hecho con ese tono, con esa cruel frivolidad que tantas veces ha
+traspasado mi pecho... Lo he aceptado, porque me he ido
+acostumbrando... Créeme, que de todas maneras, es muy duro... ¡muy
+triste!
+
+La generala, al pronunciar estas palabras en voz baja y reprimida, se
+había ido animando poco a poco; sus mejillas se habían coloreado
+fuertemente, y por ellas rodaban, al concluir, dos gruesas lágrimas.
+Miguel se sintió conmovido.
+
+--Mucho siento haberla ofendido... ¡Perdóneme usted!
+
+--No; tienes razón para tratarme así--repuso llevándose el pañuelo a los
+ojos.--Yo no quiero ni puedo presentarme ante ti como una santa: el
+mundo te habrá enterado perfectamente de que no lo soy. Hice muchas
+locuras en la vida... escandalicé con ellas a la sociedad... Pero
+créeme, Miguel, yo he rodado al abismo, porque me han empujado... he
+rodado, guardando en el fondo de mi alma alguna perla que aún no ha
+tocado nadie.
+
+Riverita se quedó algunos instantes pensativo y silencioso. Cruzaron por
+su espíritu las ideas románticas que tienen siempre los jóvenes de
+corazón, y dijo levantando la cabeza y como hablando consigo mismo:
+
+--¡Quién sabe! ¡Cuántas veces nos equivocamos juzgando por la máscara
+que llevamos puesta en la vida!
+
+--La mía ha sido siempre impenetrable--dijo con exaltación la generala,
+clavando en él sus ojos húmedos y brillantes.--Se me juzga frívola,
+caprichosa... y corrompida; se multiplican mis amantes, se citan mis
+extravagancias y se me arrojan al rostro infinidad de flaquezas... Quizá
+tengan razón: todo cuanto malo hice en mi vida, procuré que fuese pronto
+sabido del público; en vez de ocultar las faltas con artificio, procuré
+arrojarlas a la murmuración. ¿Y esto sabes tú por qué lo hacía?... ¡Pues
+en el fondo era para vengarme del escaso placer que me causaban!
+
+Estas últimas palabras fueron dichas con inusitada violencia. Miguel,
+que estaba bajo el hechizo de su figura distinguida, su elegancia y la
+suavidad voluptuosa de su mirada, se dejó arrastrar por ellas. Lo que la
+generala decía estaba de acuerdo con el espíritu que domina en la
+literatura moderna, según el cual en la mujer, a más de la virginidad
+material, existe una como virginidad moral independiente de la primera:
+a menudo la que más amantes tiene es la que mejor guarda esta
+virginidad; en medio de la corrupción y los placeres, el corazón puede
+permanecer incólume y sano, y llegar a redimirse y sentir, cuando
+encuentra otro semejante, el encanto de los amores inocentes. Y como en
+aquel momento estos artículos halagaban su amor propio, no tuvo
+inconveniente en concederles franca y cordial acogida. Ambos se
+entretuvieron largo rato con ellos. Lucía se confesó derramando
+lágrimas; relató sus angustias, sus sueños, las amarguras que en medio
+del placer sentía, el aborrecimiento, mejor dicho, el desprecio que la
+grosería de los hombres le inspiraba, el ansia de subir a otra región
+más elevada, de penetrar en una atmósfera pura y diáfana donde pudiese
+respirar con libertad. Miguel, lleno de íntimo regocijo, la consoló,
+excusó sus faltas y expuso también sus ideas particulares acerca del
+amor.
+
+El carruaje marchaba por la solitaria carretera, sin ruido, acusando su
+linaje aristocrático. El paisaje se extendía por ambos lados áspero y
+triste: los árboles que bordaban el camino, desnudos por entero, dejaban
+paso a los ojos y por entre aquellos se veía la luz rojiza del sol
+moribundo. La elasticidad de los muelles producía en Miguel cierta vaga
+soñolencia. Dueño de sí completamente y con una hermosa mujer que le
+escuchaba atenta, hablaba como si fuera para adentro, vaciando el
+cargamento de ideas más o menos poéticas, de paradojas fantásticas, de
+conceptos retorcidos que tenía en la cabeza: los exhibía con arrogancia,
+satisfaciendo su vanidad, deseando tanto ser admirado como amado.
+
+Insensiblemente fueron concretando sus ideas, aplicándolas al momento
+presente. La generala desenvolvió con entusiasmo un programa de
+redención; pintó los encantos de una vida iluminada tan solo por el
+amor.
+
+--¡Oh, si yo tropezase con el hombre de mis sueños, con un espíritu
+noble, hermano del mío! En vano lo he buscado toda la vida... Nunca
+hallé más que cinismo, frivolidad, corrupción. Algunas veces venían
+disfrazados con el precioso manto de la galantería, del buen tono...
+pero en el fondo, ¡siempre, siempre la misma grosería!
+
+Miguel, con un silencio discreto, procuró llamar la atención hacia sí.
+Después se mostró también ardiente partidario del amor ideal, de la vida
+sencilla. Por último, se ofreció con labio balbuciente, embargado por la
+emoción, como el ejemplar o archetipo que Lucía había soñado. Esta posó
+en él una larga y profunda mirada que le turbó aún más, exhaló después
+un delicado suspiro y guardó silencio. Al cabo de algunos instantes tomó
+de nuevo la palabra con voz temblorosa.
+
+--Mentiría, Miguel, si te dijese que no me inspira vivo interés y
+gratitud esa adhesión que desde niño me has demostrado... y que ahora se
+manifiesta de un modo bien distinto--añadió sonriendo. Mentiría--añadió
+con animación y brío--si no te confesase que me seduce muchísimo la idea
+de tenerte en mi poder, de ser para ti madre y amante a un mismo
+tiempo... ¡Oh, qué situación tan original! Aquel niño que yo tuve sobre
+mi regazo; a quien tengo lavado y peinado muchas veces; a quien tengo
+librado de bastantes castigos, ¡convertirse ahora en amante y en dueño!
+¡Esto es algo que se sale de lo vulgar, algo nuevo y extraño!... Pero
+¡ay, Miguel! estos sueños hermosos no pueden realizarse... ¿Sabes por
+qué? Porque son quimeras que no pueden halagar sino a una imaginación
+loca como la mía. Tú no ves aquí sino una mujer que te agrada más o
+menos y a quien deseas rendir a todo trance...
+
+Miguel hizo protestas fogosas: se presentó, de buena fe, como un ser
+excepcional también, como un herido de la gran batalla de la vida, el
+corazón goteando sangre y desengaños; relató igualmente un sin número de
+sueños, pasiones y genialidades, ponderó sus amarguras, las noches de
+insomnio, las vagas inquietudes.
+
+Ambos eran felices presentándose mutuamente como almas incomprensibles o
+por lo menos no comprendidas del vulgo, y no se cansaban de exhibir con
+deleite toda una muchedumbre de ideas y sentimientos imaginarios.
+
+Por fin la generala se convenció de que Miguel era el hombre que
+buscaba, el ideal de sus ensueños; le miraba con ternura, le hacía
+repetir con afán sus enmarañadas _psicologías_, se enteraba de los
+últimos pormenores de su vida espiritual y no cesaba de dolerse de no
+ser más joven para realizar por entero el sueño de amor que toda la
+vida le había perseguido.
+
+--¡Cuánto daría por tener algunos años menos, y ser libre de volar
+contigo a algún hermoso rincón lejos de este ruido infernal, de esta
+eterna murmuración, de toda la miseria que nos rodea! Una casita a la
+orilla del mar, bañada a todas horas por la brisa, un jardinillo que
+cuidar, un pedazo de pan que llevarnos a la boca y salud para correr y
+saltar por los campos. ¡Era lo bastante para ser felices!
+
+Entraron en pleno idilio. Lucía trazó con vehemencia el cuadro de la
+felicidad pastoril; pintó la vida sencilla, frugal, inocente, del campo,
+las inefables dulzuras de la familia; se representó a Miguel saliendo de
+casa y viniendo rendido de fatiga a la hora del crepúsculo para
+descansar en sus brazos; a ella cosiendo o bordando a su lado; otras
+veces, yendo a la pesca juntos, o a dar un paseo a caballo, o a coger
+moras silvestres por el campo...
+
+--¡Oh!--dijo Miguel un poco exaltado--¡aún podemos ser felices!
+
+--¡Si eso fuera verdad!... Pero no; yo no puedo ser para ti más que una
+madre...
+
+Miguel no quiso de modo alguno aceptar la maternidad.
+
+--¡Nada de madre... no, no... yo quiero ser _tu_ amante... _tu_
+amante!--Y repetía la frase con creciente animación, un poco trastornado
+ya.
+
+--Bien, serás lo que quieras; hijo, amante, lo que se te antoje; pero
+júrame que es puro tu amor, que no hay nada de vergonzoso en esa pasión,
+que no intentarás nada para profanar este lazo que ha de unir nuestras
+dos almas para siempre.
+
+El hijo del brigadier juró. Su amor era ideal; una ardiente adoración.
+Confesaba que al principio no había pensado más que en el amor vulgar;
+pero ahora, al sondar los inefables misterios que encerraba el alma de
+la generala, al comprender que su corazón estaba virgen y puro, al
+adivinar en ella un ser superior, todos sus groseros pensamientos se
+habían apartado como lava impura; sólo quedaba el oro sin mezcla de una
+pasión grande y elevada.
+
+Y ambos disertaron mucho rato, acerca de la naturaleza de su amor, y se
+extasiaron en recíproca admiración de sus almas. No; ellos no
+pertenecían a la sociedad en que vivían, eran de otra pasta, estaban
+criados para los grandes sentimientos, para la vida del corazón.
+
+--Tú eres poeta; tienes un espíritu superior; tú no puedes amar
+realmente sino a una mujer que te comprenda.
+
+Miguel reconocía que era verdad; confesaba que hasta entonces no había
+amado; era huérfano de padres y de amor, y ofrecía algunas de sus
+extravagancias morbosas a la generala, como rasgos de una naturaleza
+superior. Lisonjeado en su amor propio, embriagado por las miradas de la
+hermosa, en aquel momento creía cuanto afirmaba, juzgándose un ser
+extraño y digno de admiración.
+
+Pero agotada la psicología amorosa, nuestro Riverita sintió un vago
+malestar, muy semejante a la vergüenza. En un intervalo de silencio se
+le representó de improviso lo ridículo que había estado con aquella
+palabrería altisonante y metafísica ensortijada que jamás hasta entonces
+había usado, para declararse a una mujer; y no pudo menos de reírse de
+sí mismo. La aventura comenzó a parecerle por demás extraña. Hallarse en
+ocasión tan propicia al lado de una mujer como Lucía que le confesaba
+francamente sus pecados, ser su amante, y pasar el tiempo disertando
+sobre materias abstractas, y haciendo el papel de ser incomprensible y
+misterioso, era cosa tan singular, que rayaba en lo absurdo. Como ya no
+tenían qué decirse, los intervalos de silencio eran cada vez más
+prolongados. Ambos miraban, por las ventanillas, el paisaje, que se iba
+oscureciendo poco a poco. El carruaje se deslizaba suavemente con rumor
+blando y voluptuoso; los caballos, enderezados hacia casa, piafaban de
+vez en cuando con la perspectiva del pesebre.
+
+La generala, que se había quedado melancólica, le miraba en silencio
+suave y tristemente.
+
+¡Pero esto es estúpido!--se dijo de pronto Miguel, dando un suspiro. Y
+resolvió en el acto descender de las alturas y humanizarse. Era difícil,
+no obstante. ¿Cómo empezar?
+
+Empezó tomando una mano de la generala. Esta, completamente embebecida
+en sus ensueños vagos y dulces meditaciones, no pareció advertirlo. El
+joven la llevó después a sus labios, sin que tampoco lo advertiese.
+Entonces, un poco temeroso, pero venciendo el deseo a la timidez,
+introdujo el brazo por detrás de su espalda, y quiso estrecharla la
+cintura. La generala, advertida al cabo, procuró separarlo, pero tan
+suavemente, que el brazo volvió al instante al mismo sitio; tornó la
+dama a separarlo más blandamente todavía, y el brazo, cual si tuviera un
+resorte, volvió a su posición. Después intentó besarla y la besó.
+Después quiso que ella le besara a él; resistió un poco; al cabo cedió
+diciendo:
+
+--Te doy un beso maternal; no te imagines otra cosa.
+
+Después... la hermosa generala le dejó en la calle Mayor a la puerta de
+su casa, cuando ya los faroles, recién encendidos, rompían débilmente
+las sombras del crepúsculo.
+
+--Hasta mañana... a las nueve en punto... ya sabes, en la esquina de la
+calle de las Infantas.
+
+
+
+
+III
+
+
+A las nueve en punto de la noche, en la calle de Fuencarral, esquina a
+la de las Infantas, Miguel esperaba a la generala, que debía cruzar en
+un coche de alquiler. Así lo habían convenido.
+
+El coche se detuvo. ¡Con qué emoción placentera abrió nuestro joven la
+portezuela de la berlina y se sentó al lado de Lucía! El cochero
+esperaba órdenes. Viendo que no se las daban, preguntó, inclinándose a
+la ventanilla y con voz áspera:
+
+--¿A dónde?
+
+Ambos se miraron indecisos. A Miguel se le ocurrió por fin decir:
+
+--Atocha, 145.
+
+Era la mayor distancia que halló. Abrigaba el designio de ir a otra
+parte, pero era necesario convencer a la generala.
+
+Las calles estaban cuajadas de gente; las luces de los faroles y las de
+los escaparates iluminaban las aceras y los rostros de los transeúntes
+que se detenían a mirar los objetos exhibidos. La villa entera salía en
+esta hora a gozar de las dulzuras de la civilización, que trasforma la
+noche en día, el silencio en ruido, la soledad en confusión y algazara.
+
+Al entrar en la berlina, había apretado con efusión la mano enguantada
+de la generala y la había conservado en su poder. Ésta le acogió
+cariñosa, pero un poco triste y circunspecta. Hablaron en los primeros
+momentos con embarazo de los pormenores de la cita, el tiempo que había
+esperado Miguel, lo que había causado el retraso de la generala, etc.,
+etc. Lucía aprovechó, no obstante, el motivo para recomendarle de nuevo
+mucha discreción. Miguel juró y perjuró que su silencio igualaría al de
+las tumbas. Poco a poco fue desapareciendo la reserva natural de los
+primeros instantes y entraron en íntimo y grato coloquio. Miguel volvió
+a describir las fases de su amor, presentándolo más arcano y enmarañado
+que nunca; la reflexión le había suministrado un sin fin de pensamientos
+delicados, vagas lucubraciones, dulces psicologías y frases
+espirituales, que fue vertiendo como flores de su ingenio en el regazo
+de la bella. Ésta las recibió con extremado gozo, estimulando con su
+admiración y con tal cual concepto atrevido, pues era mujer de viva
+imaginación, el talento y la fantasía de nuestro joven. El coche rodaba
+con áspero traqueteo por las calles, sin caminar por eso con gran
+celeridad. La decoración de las tiendas y escaparates iluminados, el
+gentío que discurría por las aceras, los coches que sin cesar cruzaban
+de un lado y de otro, pasaban totalmente inadvertidos para los amantes,
+que saltaban sobre los cansados muelles del simón, en animada plática,
+devorándose con los ojos.
+
+Miguel planteó al fin el problema que bullía en su cabeza: el de ir a
+pasar un rato en buen amor y compaña _a cualquier parte._
+
+La generala soltó bruscamente la mano que le tenía cogida, y echó atrás
+la cabeza con manifiestas señales de hallarse gravemente ofendida.
+Nuestro joven se asustó un poco y pidió perdón con labio balbuciente: no
+porque creyese que había cometido ninguna profanación; pero temía que
+aquélla, poseída de su papel de «alma hermosa, inmaculada,» tardase
+demasiado en ceder a sus instancias.
+
+Guardó silencio obstinado la dama, en la actitud firme e imponente de
+una deidad herida. Miguel se humilló, se llamó bestia, se declaró
+indigno del amor de un alma tan elevada.
+
+--¡Oh, nunca creyera de ti!...--exclamó ella al fin. Y un torrente de
+lágrimas se desprendió de sus ojos.
+
+--¡Perdóname!
+
+--¡No!
+
+--¡Sí!
+
+--¡No!
+
+--¡Fue un momento de extravío!
+
+Al fin las súplicas vencieron su ánimo, y el joven quedó absuelto.
+
+Pero el carruaje se aproximaba ya al término de la carrera, y Miguel no
+sabía qué partido tomar.
+
+Después de otro intervalo de silencio en el que procuró concentrar todas
+las fuerzas de su espíritu, volvió el ataque.
+
+--¡Tú no me quieres!--dijo en tono quejumbroso, adoptando a su vez la
+actitud de hombre agraviado.
+
+--Bien sabes que no es verdad; bien sabes que te quiero, que te adoro
+con toda mi alma.
+
+--¡Oh, si me quisieras, me darías esa prueba inequívoca de tu amor!
+
+--¡Oh, Miguel! ¡Siento desde ayer un vacío tan grande en mi corazón!...
+¡Parece como si me hubieran arrancado la última creencia, el último
+pensamiento consolador! ¡Por qué habremos arrastrado nuestro amor por
+el lodo!
+
+A Miguel le hizo poca gracia esto del lodo. Buscó con afán argumentos
+para contrarrestar la lógica de la generala.
+
+--Pues yo te digo que desde ayer te adoro aún con más entusiasmo... que
+no ha menguado el amor y la admiración que me inspiras... Pero quiero
+que seas mía, completamente mía... como yo lo soy tuyo... en cuerpo y en
+alma.
+
+Después de muchas protestas de cariño por una y otra parte, Miguel
+volvió solapadamente, dando grandes rodeos, a su tema. No, él no quería
+rebajar la dignidad de su dueño, él no quería manchar el amor que se
+tenían; por eso buscaba un sitio que mereciera albergarlo algunos
+momentos: la misma casa de la generala.
+
+Esta recibió la proposición sin enfado; pero no quiso aceptarla. Era
+inadmisible por el riesgo que se corría; se enterarían los criados, o el
+portero, o los vecinos...
+
+--No, no se enterarán; tomaremos precauciones; tú subes primero, después
+me abres la puerta...
+
+--Pero los criados lo oyen todo; la puerta está cerca de la cocina;
+además, hay un chico encargado de abrir...
+
+Miguel insistía apretando el ingenio para combatir los temores de la
+generala: ésta amontonaba las dificultades, dejando, no obstante,
+entrever más o menos lejano, el triunfo del joven.
+
+Paró el carruaje. Se encontraban frente al número designado. Miguel
+vaciló un instante sin saber qué hacer: al fin salió del coche y entró
+en la casa para disimular; al pasar por delante de la portería,
+preguntó:
+
+--¿El señor don (el nombre de un personaje político que habitaba en
+aquella calle), no vive aquí?
+
+Dentro de la garita, cenaba el portero con su mujer y sus hijos: al
+escuchar la pregunta levantó la cabeza.
+
+--¡Oh, no señor! se ha equivocado V.; la casa de don... queda mucho más
+atrás, en el núm. 62...
+
+--¡Ah!... pues me habían dicho... ¿Dice V. que en el núm. 62?...
+
+--Sí señor, hace muchos años que vive en la misma casa.
+
+--¿Cuarto?
+
+--Me parece que segundo.
+
+--Muchas gracias.
+
+--No las merece.
+
+Volvió a salir. Al entrar en el coche, interrogó con ojos suplicantes a
+la generala, la cual se dignó hacer un signo afirmativo. Entonces dijo
+rápidamente al cochero:
+
+--Huertas, 30... De prisa.
+
+Y se enderezaron a todo el correr del jamelgo hacia la casa de la
+generala. Miguel le dio las gracias con acento conmovido, besándole las
+manos repetidas veces. Pero Lucía guardó silencio, y se mantuvo con la
+cabeza inclinada en actitud melancólica y reflexiva, dejando que el
+joven exhalara con labio trémulo toda la alegría que rebosaba de su
+alma. Al poco rato, Miguel pudo notar que algunas lágrimas bajaban
+silenciosas por sus mejillas, y experimentó dolorosa impresión.
+
+--¿Por qué lloras?--preguntó, acercando su rostro al de la dama.
+
+Lucía no contestó.
+
+--¿Por qué lloras?--volvió a decir con ansiedad.--¿Te he ofendido?
+¿Acaso ya no me quieres?...
+
+--¡Oh no; no es eso!... Lloro, Miguel, sobre nuestro amor... lloro sobre
+la última ilusión perdida... Siento haberte conocido... Siento haber
+dejado despertar mi corazón ya dormido, y forjarme, por algunos
+instantes, ciertas quimeras deliciosas que se desvanecieron como el
+humo... ¡Por qué he de ocultártelo! Cuando ayer me declaraste tu pasión,
+tuve la debilidad de creer en ella, y soñé, inmediatamente, con un amor
+fiel y puro, con el amor que ennoblece el espíritu y nos incita a las
+ideas elevadas y a las acciones generosas... Creí volver a los años de
+colegiala, cuando el mundo se ofrecía ante mi vista como un hermoso
+fanal trasparente y diáfano, cuando no acertaba a ver en él más que
+cosas lindas... todo risueño... todo hermoso... Volvía a entrar en la
+juventud. Una nueva aurora para mi alma... Pero no fue más que un
+relámpago que me hizo entrever los verjeles del cielo. Y al instante
+quedé sumida otra vez en la oscuridad... Hoy ¿qué somos nosotros? ¡Dos
+seres vulgares que viven como tantos otros en el cieno, queriendo
+persuadirse de que son felices! Aunque me ames, Miguel, tengo la
+seguridad de que no sientes por mí la admiración respetuosa, el
+entusiasmo que sentías el día de Carnaval echado a mis pies en el
+carruaje... ¿Comprendes ahora mi tristeza y mis lágrimas?
+
+Miguel comprendió que era necesario estar de acuerdo con la generala,
+aunque fuese por breves instantes. Bajó la cabeza y quedó pensativo y
+triste. De pronto, levantándola, exclamó:
+
+--¡Que no te quiero! ¡Que no te adoro! ¿Quién es el que puede dejar de
+admirarte así que te vea y te escuche? No, Lucía, no; las faltas que
+cometamos y las manchas que caigan sobre nuestro amor, se deberán
+exclusivamente a mí. Tú has cedido por la bondad de tu carácter...
+porque me quieres... y porque me compadeces.
+
+Al pronunciar estas palabras el hijo del brigadier creía sentir lo que
+decía, y estaba realmente conmovido.
+
+--Gracias, Miguel, eres generoso conmigo; pero tu generosidad no me
+excusa... Tengo tanta culpa como tú.
+
+Las lágrimas seguían cayendo en abundancia de los ojos de la generala.
+Mientras procuraba convencerla de su inocencia, prodigábala nuestro
+joven mil caricias apasionadas, sin miedo ya a ser visto de los
+transeúntes. El interés de la escena le embargaba. Por otra parte, la
+noche había avanzado un poco, y las calles que recorrían no eran de las
+más transitadas.
+
+Llegaron a la de las Huertas. Lucía se apeó delante de su casa y entró;
+Miguel siguió en el carruaje y lo despidió en la primer esquina: allí
+aguardó a que la generala entreabriese el balcón de su gabinete para
+entrar también.
+
+Lucía habitaba el piso segundo (derecha e izquierda) de una magnífica
+casa recién edificada; tenía un número considerable de criados, aya
+inglesa para la niña primera, cochero, lacayo, dos troncos de caballos,
+uno de ellos de valor, etc., etc. Mucha prisa necesitaba darse el
+general Bembo a recoger lo que por tantos agujeros se le escapaba a su
+media naranja.
+
+Miguel, vista la señal, subió a la casa con paso firme y decidido para
+que el portero no le detuviese. Lucía le esperaba en lo alto de la
+escalera.
+
+--Entra sin hacer ruido--le dijo apagando la voz cuanto podía;--así...
+sobre la punta de los pies...
+
+Cuando estuvieron en su gabinete, una estancia lujosamente decorada, las
+paredes de raso azul, los muebles forrados de la misma tela, se dejó
+caer en un diván, reteniendo la mano de Miguel que tenía cogida.
+
+--¿No sabes?... he despachado al chico de la puerta con un encargo, y a
+mi doncella con otro... Pero aún nos pueden oír... ¡Mucho cuidado!
+
+El joven se sentó a su lado, y la abrazó con trasporte.
+
+--¡Ya estamos solos y tranquilos! ¡Qué placer tan grande!
+
+La generala le apartó suavemente, y dejó caer la cabeza sobre el pecho.
+
+--¿No estás contenta a mi lado, Lucía?--preguntó, mientras le acariciaba
+con ternura una mano.
+
+--No.
+
+--¿Por qué?
+
+--Porque te tengo miedo: porque eres un loco... y yo otra loca--añadió
+con amargura.
+
+--El amor, ¡qué es más que una locura sublime!--exclamó sentenciosamente
+Miguel, tratando de enlazarla de nuevo con sus brazos.
+
+--Por lo mismo que es sublime, no debemos degradarla... Seamos fuertes
+con nosotros mismos... atrincherémonos detrás de nuestras ideas
+elevadas, y defendámonos de las groserías de la pasión...
+
+--¡Qué alma tan grande tienes!... Eres muy hermosa, Lucía... ¡Te amo!
+¡te amo!... ¡te, adoro!...
+
+--Ámame, sí; pero ámame con un amor ideal, digno de ti y de mí... No me
+humilles, por Dios, no me bajes hasta el suelo, ya que tu amor me coloca
+en un sitio elevado... Te lo anuncio, Miguel..., no tardarás en
+despreciarme...
+
+Y al proferir tales palabras, caían otra vez algunas lágrimas de sus
+ojos; Miguel protestó contra esta suposición; sostuvo el idealismo de su
+amor, cubriéndola de vivos y apasionados besos. Lucía se dejaba
+acariciar con resignación.
+
+El gabinete era un nido tibio y hermoso, lleno de perfumes penetrantes;
+contiguo a él, separada por columnas doradas de madera y por una cortina
+de damasco azul, estaba la alcoba. Por entre los pliegues de la cortina
+se veía un gran lecho matrimonial de palo santo, y cerca de él otro
+pequeñito de niño: la estancia, esclarecida débilmente por una lámpara
+veladora de bomba esmerilada que pendía del techo.
+
+--Calla--dijo la generala suspendiendo el aliento e inclinando la cabeza
+hacia la alcoba,--creo que despierta mi Chuchú.
+
+En efecto, el más pequeño de sus hijos, que dormía en la alcoba, había
+dado un leve gemido, al cual siguió otro más fuerte. Lucía corrió a allá
+para que no se alborotase.
+
+--Calla, Chuchú, calla, que aquí estoy yo.
+
+El niño no hizo caso.
+
+--Si no callas, el hombre de las narices grandes vendrá a buscarte y te
+llevará.
+
+--_¡Quero Ía!_--clamó el niño: _Ía_ era la doncella, que se llamaba
+María.
+
+--No, monín, no; duerme.
+
+--_¡Quero Ía!_
+
+--No grites... mira que va a venir el hombre feo.
+
+--_¡Quero Ía!_
+
+--¡No grites, chiquillo!... Pronto vendrá María... Mañana te mando a
+dormir con las niñas.
+
+--_¡Quero Ía!_
+
+--¡Mira, si no te callas, te doy azotes!... Vamos, duérmete: si te
+duermes, te compraré un caballo para que vayas al Retiro montado como tu
+amiguito Julián... y después te llevo al Circo a ver los _clowns_... ¿no
+te acuerdas de los saltos que dan? ¡Qué saltos tan grandes sobre el
+caballo! ¿eh?... Y la niña rubia que se sube al trapecio, ¡qué bonita!,
+¿eh?... Y después vamos a casa de Julianito, y comerás dulces... y otro
+día iremos a Leganés a ver a la tía Adelaida para que te regale el
+pajarito de cristal que canta dándole cuerda... y lo traeremos para
+casa, ¿verdad?... ¿No te gusta?
+
+El niño, que había suspendido el llanto para escuchar a su madre, cuando
+ésta terminó el repertorio de promesas, volvió a gritar:
+
+--_¡Quero Ía!_
+
+No fue posible por ningún medio hacerle desistir de su empeño.
+
+La generala estaba furiosa.
+
+--¿Pero qué edad tiene el niño?--preguntó en voz baja Miguel, que se
+había aproximado silenciosamente a la alcoba.
+
+--Tres años.
+
+--Pues sácalo de la cama, no hay ningún cuidado: a ver si se entretiene
+con cualquier cosa.
+
+Lucía lo envolvió en un chal y lo sacó al gabinete. Era rubio y hermoso
+como un angelito, con grandes ojos azules; no se manifestó sorprendido
+al ver a Miguel; suspendió el llanto y le miró, sí, con insistencia,
+pero sin preguntar nada a su madre. Miguel quedó un poco cortado ante
+aquel examen, y le pesó de haber aconsejado a la generala su traslado.
+Después procuró captarse su amistad; tomolo de los brazos de aquélla, y
+lo sentó sobre sus rodillas; le acarició suavemente sus cabellos
+ensortijados y le dio un beso sonoro en la mejilla.
+
+--¿Me quieres?--le preguntó con voz melosa.
+
+El niño le miró fijamente con ojos serenos y graves. Después pronunció
+secamente:
+
+--¡No!
+
+Miguel se turbó, y quedó desde entonces mal impresionado. Al poco rato
+se despidió de Lucía.
+
+
+
+
+IV
+
+
+Bajó la escalera lentamente, de mal humor, con el alma triste y
+fatigada; sentía el descontento de sí mismo que acompaña siempre a los
+placeres ilícitos. ¡Qué ajeno estaría el pobre D. Pablo Bembo a que el
+niño que levantaba en alto con sus descomunales manos «para ver a Dios»
+había de ser con el tiempo quien escarneciera su nombre! Este
+pensamiento le causaba una desazón profunda. En vano se decía, para
+apagar el grito de la conciencia, que la generala ya lo había deshonrado
+más de una vez; que si él no, otro sería; que el pecado a fuerza de
+repetirse había pasado a ser venial en la sociedad elevada; que lejos de
+rebajarle a los ojos de ella, sería una gracia más entre las muchas que
+le concedían. De todos modos, le decía una voz interior, la falta de la
+generala no puede excusar la tuya; si todos se echasen la misma cuenta,
+el mundo no sería más que un hato de pícaros; además, él estaba en peor
+caso que los otros porque tenía con la generala cierto parentesco
+espiritual formado por la diferencia de edad y por las relaciones
+especiales que habían mediado entre ellos; el general, por otra parte,
+había sido el amigo y el compañero de su padre, y nadie estaba tan
+obligado como el hijo del brigadier Rivera a respetar su honor y sus
+canas.
+
+Eran las once y media de la noche. La gente aún discurría por las
+calles, sobre todo por las céntricas, donde algunos teatros comenzaban a
+vomitar por sus puertas centenares de espectadores. Tan embebecido iba
+Miguel en sus pensamientos, los cuales le mortificaban más de lo que
+nunca imaginara, que al pasar por la calle del Príncipe no vio dos
+bultos echados en la acera hasta que tropezó con ellos. Eran dos niños,
+el menor de los cuales dormía o descansaba con la cabeza apoyada en las
+rodillas del mayor. El frío era intenso. Miguel observó a la luz del
+farol la extremada palidez de ambos, sobre todo del más pequeño.
+
+--Oyes, chico, ¿cómo tienes aquí a este niño medio helado? ¿por qué no
+os vais a casa?--dijo encarándose con el mayor.
+
+Éste, que tendría seis o siete años de edad, levantó hacia él sus ojos
+grandes y hermosos, en torno de los cuales se dibujaba un círculo
+azulado, y balbució algunas palabras que no pudo entender.
+
+--¿Qué dices, querido?--manifestó Miguel en tono afectuoso y bajando la
+cabeza para oírle mejor.
+
+--No tenemos más que tres reales--murmuró sin aliento el niño.
+
+--¿Y qué importa eso?
+
+--Tenemos que llevar cinco.
+
+--¡Ah!--exclamó comprendiendo lo que aquello significaba.--Y si no los
+lleváis os pegan, ¿verdad?
+
+El chico bajó los ojos y la cabeza en señal afirmativa.
+
+--¿Tenéis padres?
+
+--Madre.
+
+--¿Y es la que os manda a las calles a estas horas?
+
+--Sí, señor.
+
+--¡Excelente persona!--dijo por lo bajo; y sacando unas pesetas del
+bolsillo:
+
+--Toma; marchaos ahora mismo a casa.
+
+El niño fue a levantarse, pero no pudo; su hermanito se lo estorbaba.
+
+--Levanta, Rafaelito.
+
+El chiquitín no se movía.
+
+--¡Levanta, Rafaelito!
+
+Miguel lo cogió entre los brazos y lo puso en pie; pero al ver que no se
+tenía, exclamó en alta voz:
+
+--¡Este niño está yerto! ¡Qué atrocidad!
+
+Y comenzó a sacudirlo y a frotarlo.
+
+Algunos transeúntes se habían parado y formaron en torno de nuestro
+joven y de los niños un grupo que fue engrosando por momentos. Algunos
+quisieron ayudarle en la tarea: otros comenzaron a interrogar al mayor.
+Miguel les explicó lo que sabía, y causó gran indignación. No se oían
+más que estas exclamaciones:--«¡Pobrecillos! ¡Qué vergüenza de madre!
+¡La autoridad debía de intervenir en estas cosas!» etc.
+
+Al fin se había conseguido que el niño se tuviese en pie; pero estaba
+cadavérico, haciendo rodar sus ojillos de un lado a otro sin darse
+cuenta de dónde estaba. Tendría unos cuatro o cinco años. A Miguel se le
+ocurrió de pronto que a más de frío tendrían hambre aquellas
+desgraciadas criaturas, y tomando a cada una de la mano, rompió con
+ellas, por entre la mucha gente que se había aglomerado, con intención
+de llevarlas a algún sitio donde reparasen el estómago. Cuando ya se
+alejaba del grupo, oyó a una joven del pueblo exclamar:
+
+--¡Y luego dirán que no hay caridad en Madrid! Mira, chica, mira a aquel
+señorito cómo se lleva a esos pobres niños...
+
+El hijo del brigadier sintió un dulce estremecimiento de gozo al
+escuchar aquellas palabras: y siguió triunfante con los dos niños. Pero
+en la esquina de la calle del Prado sintió unos pasos precipitados que
+seguían los suyos y oyó que le decían:
+
+--Caballero, déjeme V. llevar uno de esos niños.
+
+La voz era conocida. Volviose y reconoció la fisonomía del boticario
+Hojeda, el fiel amigo de su tío Bernardo, el barón humilde y bondadoso
+que tantas veces le había ido a visitar cuando era colegial.
+
+--¡D. Facundo!
+
+--¡Miguelito!... Me alegro mucho que seas tú, querido... ¡Dios te lo
+pagará!... Dame acá el más pequeño.
+
+--¿De dónde venía V. a estas horas?
+
+--De casa de tu tío... como siempre... Hoy me he descuidado un poco más.
+Cuando llegué a ese grupo de gente ya tú venías con los muchachos, pero
+no te conocí: me enteré de lo que era y quise también tener mi parte en
+la buena obra.
+
+--¿Dónde quiere V. que vayamos?... Yo pensaba llevarlos a un
+_restaurant_.
+
+--Si te parece--dijo tímidamente D. Facundo,--entraremos en el café del
+Prado que es el más próximo: conozco al dueño.
+
+--Adelante; vamos al café del Prado.
+
+Cuando llegaron a él, Hojeda propuso que entrasen por el portal, donde
+había una puertecilla que comunicaba con la cocina; así evitaban la
+exhibición. Entraron, pues, en la cocina, donde los pinches, el cocinero
+y algunos mozos que allí estaban los examinaron con sorpresa. Hojeda
+ordenó que al instante frieran un par de chuletas: el cocinero, al saber
+de lo que se trataba, se puso a prepararlas con gran prisa; los pinches
+también desplegaron toda su actividad. Pronto se reunieron en aquel
+sitio otros cuantos mozos formando círculo en torno de los dos
+muchachos, que con el calorcillo del fogón y de las luces comenzaron a
+revivir. Miguel se quedó absorto contemplando los andrajos de que iban
+vestidos. Acudió también el amo, a quien Hojeda mandó avisar; todos
+hacían preguntas sobre preguntas a los pobres chicos, que apenas
+articulaban más que monosílabos.
+
+--Dejadlos ahora--dijo el amo,--ya hablarán cuando tengan el estómago
+lleno.
+
+--Vaya, _rumia_, aquí tenéis con qué llenar el fuelle--dijo el cocinero
+en gallego cerrado, presentándoles las chuletas, cada una en un plato, y
+colocando los platos sobre una silla. Los niños se arrojaron a ellas
+como lobos. Al verlos desgarrarlas con los dientes y soplar al mismo
+tiempo para no quemarse, Miguel sintió los ojos húmedos. Uno de los
+pinches colocó sendas rebanadas de pan al lado de los platos.
+
+--A ver--dijo Miguel,--que traigan dos copas de Jerez.
+
+Mientras los chicos comían, enteramente abstraídos de lo que les
+rodeaba, el dueño del café, Hojeda, Miguel y los demás que asistían a
+esta escena los contemplaban con ojos que brillaban de alegría: todos
+los rostros expresaban un deleite casi sensual. Cuando hubieron dado
+buen fin al pan y a las chuletas y se hubieron bebido el Jerez, los
+niños se animaron repentinamente, sobre todo el pequeño, que era el más
+aterido; sus mejillas recobraron el suave color de la infancia, y
+comenzaron a examinar con atención los objetos y las personas.
+
+--¿Habéis despachado ya?--preguntó Hojeda... Pues vamos con la música a
+otra parte.
+
+--¿Cuánto es esto?--dijo Miguel a un mozo, llevando la mano al bolsillo.
+
+El dueño del café, que había oído la pregunta, se apresuró a decirle,
+sujetándole el brazo:
+
+--Caballero, yo no cobro las limosnas.
+
+Miguel no insistió.
+
+--Dios se lo pagará a V., D. Ramón--le dijo Hojeda apretándole
+efusivamente la mano.
+
+Y salieron a la calle llevando por delante a los niños, los cuales iban
+brincando como cervatillos por la acera.
+
+--¡Eh chis chis!--gritó el boticario llamándolos.--¿En qué calle vivís?
+
+--En la calle del Tribulete--contestó el mayor.
+
+--¿Qué número?
+
+Los chicos se miraron uno a otro con sorpresa y quedaron silenciosos.
+
+--¿No lo sabéis? Está bien. ¿Pero sabréis ir a casa?
+
+--¡Ah, sí señor!
+
+--Bueno: ahí en la esquina tomaremos un coche, ¿no le parece a V., D.
+Facundo?--manifestó Miguel.
+
+--Cómo quieras, Miguelito.
+
+Tomaron un simón en la plaza de Santa Ana, dando orden al cochero de que
+parase en la esquina de la calle del Tribulete. Los chicos, que se
+habían sentado en la bigotera de la berlina, iban tan sorprendidos y
+gozosos, que costó gran trabajo hacerles contestar a ciertas preguntas.
+Mientras D. Facundo interrogaba al mayor con extremada habilidad para
+enterarse pronto de lo que necesitaba saber, Miguel hablaba con el
+chiquitín.
+
+--¿No os habrán dado hoy de cenar?
+
+--No--dijo el niño moviendo la cabeza a un lado y a otro.
+
+--¿Y habéis comido por la mañana?
+
+--Sí.
+
+--¿Y qué habéis comido?
+
+--Lentejas y pan.
+
+--¿No habéis comido nada desde entonces?
+
+--Un poco de pan que me dio Pepe.
+
+--¿Quién es Pepe?
+
+Silencio y asombro del niño.
+
+--¿Es algún amigo tuyo?
+
+--Es el chico de la vecina.
+
+--¡Ah! ¿Y quién te ha dado ese chaquetón que te llega a los pies?
+
+--El tío Remigio.
+
+--¿Quién es el tío Remigio?
+
+Nuevo y mayor asombro del niño, que le mira con ojos estáticos.
+
+--¿Es algún hermano o pariente de tu madre?
+
+--Es albañil.
+
+--¡Ah, es albañil!--Y comprendiendo que no sacaría más en limpio, Miguel
+tomó otro rumbo.
+
+--¿Y ganáis todos los días los cinco reales?
+
+--Algunos días no.
+
+--¿Y qué os sucede cuando no los ganáis?
+
+El niño vaciló un instante, y después hizo con su manecita un ademán de
+vapuleo muy expresivo.
+
+Miguel conmovido guardó silencio.
+
+En la esquina de la calle del Tribulete despidieron el coche; los chicos
+sin vacilar fueron derechos a la puerta de una casa vieja y sucia; el
+mayor se volvió de espaldas y dio con los tacones de sus zapatos rotos
+algunos golpes; al poco rato abrió una vieja, que dejó escapar al verlos
+un gruñido nada pacífico; pero su mal humor se convirtió en sorpresa al
+observar que Hojeda y Miguel atravesaban el portal y seguían a los
+muchachos; éstos subían decididos la escalera, como hormigas que entran
+en su guarida; Miguel sacó un fósforo, porque la vieja portera se había
+retirado con la luz. Subieron hasta la guardilla; los niños se
+detuvieron delante de una puertecita.
+
+--Aquí es--dijo el mayor.
+
+Hojeda llamó con los nudillos de los dedos, pero nadie contestó.
+
+--No habrá venido todavía mi madre--manifestó el mismo chico.
+
+--¿Y qué os hacéis cuando llegáis antes que vuestra madre?
+
+--Nos sentamos en la escalera.
+
+En esto se abrió una puertecita contigua a la primera y apareció un
+hombre en traje de obrero, con una lamparilla de petróleo en la mano. Al
+ver a aquellos señores les dio las buenas noches y les preguntó lo que
+deseaban. Hojeda le explicó el caso en pocas palabras. El obrero les
+invitó a pasar a su habitación, y una vez dentro, les manifestó en
+confianza que también él y su mujer sabían la desgracia de aquellos
+pobres niños, y que habían querido intervenir para remediarla, pero
+inútilmente; la madre era una mujer viciosa, oficiala de sastre,
+amancebada tiempo hacía con un albañil, y que había tenido aquellos
+niños con un primer marido o querido, que esto no lo sabían; dioles
+algunos otros pormenores, que indignaron extremadamente a Miguel.
+
+Pero aquella mala mujer no acababa de llegar; y fue necesario despedirse
+del obrero y dejar a los chicos en la escalera, con una buena limosna
+que nuestro joven les dio. Cuando ya bajaban, apareció por fin su madre.
+Hojeda entró con ella en la vivienda, que era un triste y desabrigado
+desván, sin otros muebles que una mesilla y dos o tres taburetes; en una
+esquina había un miserable fogón apagado; en otra, un montón de trapos,
+restos, al parecer, de un antiguo colchón, donde dormía toda la familia.
+
+Miguel quedó asombrado del tacto y la habilidad que D. Facundo desplegó
+para noticiar a aquella mujer lo que habían hecho y para arrancarla
+todos los datos que necesitaba saber; de dónde era, con quién había
+estado casada, dónde trabajaba, etc. La mujer, que al principio los
+acogiera con marcada hostilidad, ante la mirada dulce y serena y las
+palabras sinceras de Hojeda, se fue poco a poco suavizando. Al fin,
+cuando éste le recordó con tono afectuoso los deberes que tenía para
+con sus hijos, aquellas infelices criaturas, sin otro amparo en el mundo
+que ella, rompió a sollozar. El boticario la consoló, prometiéndola
+volver al día siguiente y hacer por los niños todo cuanto pudiera. Lo
+que más le sorprendió a Miguel fue que en ninguna de sus frases hizo don
+Facundo la más leve alusión a los malos tratos que daba a los hijos ni a
+la conducta licenciosa que observaba.
+
+Cuando al fin salieron a la calle, le dijo:
+
+--¿Y qué piensa V. hacer mañana, D. Facundo, con todos esos datos que ha
+tomado?
+
+--Procuraré comprobarlos; tengo muchos conocimientos entre los pobres de
+Madrid. Después trataré de sacar para ella la ración de San Vicente de
+Paul y mandar al chico primero a un colegio.
+
+--¿Por cuenta de V.?
+
+--Es muy barato: no vayas a creer que se trata de una gran cantidad.
+Entre unos cuantos amigos, hemos fundado un colegio para niños
+desamparados y nos sale por muy poco cada plaza.
+
+--¡Pobres criaturas! ¡Dejarlos así abandonados a la intemperie,
+expuestos a quedarse muertos en medio de la calle, y todavía si no traen
+el dinero justo pegarles!... Esa mujer es una infame que no merece que
+V. se ocupe de ella.
+
+D. Facundo dio un suspiro y dijo poniéndole la mano sobre el hombro.
+
+--¡Ay, Miguelito, sobre estas cosas y otras parecidas, hay mucho que
+hablar! Yo no diré que no esté mal lo que hace esa mujer; pero llamarla
+infame, no es tan justo como a primera vista parece. Después de haber
+pasado muchos años contemplando todos los días cuadros semejantes al que
+acabamos de ver; después de haberme familiarizado con los tormentos que
+pasan los pobres, con sus ideas, y hasta con su lenguaje, he concluido
+por hallar muchos más desgraciados que infames. En el mismo caso
+presente, cierto que lo primero que salta a la vista, es la maldad de
+esa mujer; pero no te detengas en la superficie; ve más adelante;
+examina, investiga y hallarás seguramente que no es tan culpable.
+Primero tienes que considerar que en la sastrería no gana más que siete
+reales; y que con siete reales no pueden comer siquiera pan seco tres
+personas en Madrid; después debes tener en cuenta que una mujer sola,
+sin amparo, está expuesta siempre a caer en las garras de cualquier
+tunante que la enamora; después las ideas que esa gente tiene de la
+educación de los niños, no son como las tuyas y las mías, porque no han
+visto ni entendido nada bueno; el golpear a los chicos es una de tantas
+costumbres feas y repugnantes como tienen...
+
+--¡De todos modos, D. Facundo!...
+
+--Sí, sí, te concedo que esa mujer obra mal; pero bien examinadas y bien
+pesadas todas las circunstancias, no es tan perversa, de seguro, como tú
+te imaginas.
+
+Miguel guardó silencio y se puso a meditar sobre las palabras de Hojeda,
+mientras caminaban emparejados hacia el centro de la villa. Después de
+una larga pausa, levantó la cabeza y dijo:
+
+--¿Sabe V., D. Facundo, que no sospechaba que V. se dedicase tan
+particularmente a hacer obras de caridad?
+
+El pedazo de cara que la enorme bufanda del boticario dejaba al
+descubierto, se coloreó fuertemente.
+
+--¿Yo?... ¡ca hombre! no... ¡qué tontería!... de ningún modo... no lo
+creas...--comenzó a balbucir torpemente como un hombre cogido
+_infraganti_ de algún delito.
+
+--Lo que está a la vista no se puede negar--dijo Miguel sonriendo.
+
+Hojeda se mantuvo silencioso algunos instantes; después, parándose de
+pronto y cogiendo a nuestro joven por el brazo con mucho aparato de
+misterio, y esforzándose por dar a su voz y a sus ojos la mayor
+expresión posible de severidad, le dijo:
+
+--¿Sabes, Miguelito, por qué hago yo todas estas cosas?
+
+--¿Por qué?
+
+El boticario le estuvo mirando algunos segundos con extraordinaria
+dureza; después exclamó:
+
+--¡Por egoísmo!
+
+Y soltándole el brazo, dio rápidamente unos cuantos pasos dejándole
+atrás.
+
+--¿Cómo? ¿cómo?--dijo Miguel todo asombrado.
+
+El boticario sin volverse, pero haciendo un ademán expresivo con el
+brazo, volvió a exclamar con más fuerza:
+
+--¡Por puro egoísmo!
+
+--¿Cómo es eso, D. Facundo?--preguntó avanzando hasta colocarse a su
+lado.
+
+--Te lo explicaré en seguida--repuso Hojeda en tono confidencial,
+parándose otra vez y otra vez cogiéndole por la manga del gabán.--Yo no
+tengo familia, como tú sabes; no soy aficionado al estudio, porque
+comprendo que aunque me haga pedazos los cascos nunca pasaré de cierto
+límite: tampoco me gustan los juegos, pues el billar lo tomo solamente
+como un medio de hacer ejercicio: los teatros no los piso jamás; entre
+los espectáculos públicos únicamente me gustan...
+
+--Los toros, ya sé.
+
+--Es mi único vicio... pero no los hay más que en la primavera y una vez
+por semana, aparte de algunas corridas extraordinarias. La botica no me
+ocupa ningún tiempo, porque tengo al frente de ella a un pobre muchacho
+que acaba de hacerse farmacéutico y al cual se la pienso dejar cuando me
+muera... Si no me voy a los sermones y no me entretengo en proteger a
+algunos pobrecillos, ¿qué quieres que haga yo de mí?... ¿No comprendes
+que me moriría de aburrimiento?
+
+--Sin embargo, los actos en sí no dejan de tener mérito.
+
+--¡Ninguno, hombre, ninguno!--repuso con energía.--Mira: te lo explicaré
+mejor. Yo, cuando subo a casa de un pobre y me entero de su vida, y le
+socorro y le aconsejo; cuando doy vueltas por Madrid buscándole alguna
+colocación, estoy entretenidísimo, tanto como cualquier señorito en los
+bailes de Montijo, con la diferencia de que mientras él llega a casa al
+amanecer, hastiado, ojeroso y mustio, yo me acuesto tranquilito a las
+doce, y si he hallado empleo para mi hombre, me duermo más contento que
+el Rey de Prusia, y si no lo he hallado, me levanto por la mañana con
+ánimos para revolver todo Madrid... Dime tú ahora, ¿quién entiende mejor
+la vida, él o yo? ¿Quién es aquí el egoísta?... Voy a ponerte otro
+ejemplo. Acabas de pasar una hora conmigo desde que nos hemos encontrado
+en la calle del Príncipe. Quiero que me digas con sinceridad si en esta
+hora te has aburrido...
+
+--No sólo no me he aburrido, sino que he pasado uno de los ratos más
+felices de mi vida.
+
+--¿Lo ves? ¿Qué mérito tiene entonces lo que hemos hecho? Lejos de
+juzgarnos dignos de admiración, somos dignos de envidia por lo que hemos
+disfrutado...
+
+--Concedo, D. Facundo, que en este caso particular, acaso tenga V.
+razón; pero consagrar la vida entera como V. a hacer obras de caridad,
+es digno de alabanza y recompensa.
+
+--¡Recompensa! ¡recompensa!--exclamó con fuego el boticario.--Pues qué,
+¿te juzgarás acaso resarcido del dinero que has dado por una butaca en
+el teatro después de haber pasado la noche quizá bostezando, y no te
+considerarás pagado del que regalaste a esos niños, gozando una hora de
+felicidad?
+
+--Bien, pero V. es otra cosa: yo lo acabo de hacer por casualidad,
+mientras que V. lo tiene por costumbre.
+
+--¡Mejor que mejor! Yo gozo todos los días tanto o más de lo que tú has
+gozado hoy...
+
+Siguió desenvolviendo con brío su tesis nuestro farmacéutico, mientras
+caminaban hacia la Puerta del Sol. Miguel había concluido por guardar
+silencio, escuchando con placer y curiosidad aquellas peregrinas
+teorías. Al llegar a la esquina de la calle de la Montera, Hojeda volvió
+en sí de pronto y dijo en el tono afectuoso y humilde que le
+caracterizaba.
+
+--¡Buena matraca te he dado, Miguelito! Perdona a este viejo chocho y
+vete con Dios a descansar, que aquí nos separamos.
+
+Miguel se despidió de él apretándole con efusión la mano. Cuando se hubo
+apartado seis u ocho pasos, le dijo volviendo a llamarle:
+
+--Conste, D. Facundo, que no me ha convencido V., y que es V. una gran
+persona.
+
+--¡Un gran egoísta!--gritó el boticario alejándose.
+
+
+
+
+V
+
+
+¿Qué te pasa hoy? ¿Parece que estás triste?--decía la generala cierta
+noche, tomando las manos de su amante entre las suyas.
+
+--Pues no tengo nada (al menos, que yo sepa)--repuso en tono humorístico
+él.
+
+--Sí tal; hay en tu fisonomía cierta expresión melancólica; por más que
+trates de ocultarla con aparente alegría, no lo consigues; en tus ojos
+hay menos brillo que otras veces; tienes la mirada vaga y perdida...
+
+--No; lo que tengo, es la mirada de perdido.
+
+--Ríete lo que quieras: tengo un corazón que no se engaña. Tú estás
+triste, y me lo ocultas.
+
+--Si tienes mucho empeño en ello, lo estaré; pero sólo por galantería.
+Por lo demás, nunca he estado más alegre.
+
+--Pero la tuya es una alegría marchita... no tiene frescura... no sale
+del corazón... es una máscara. Yo quisiera, Miguel mío, saber todo lo
+que acontece en tu espíritu, todo lo que piensas, todo lo que sientes...
+No me basta saber los pensamientos y los sentimientos grandes; deseo
+conocer también los más íntimos; deseo escudriñar los últimos rincones,
+los últimos pliegues... quiero que no pase por tu cabeza una idea,
+aunque sea tan débil como el soplo de un niño, que no llegue a mi
+noticia... quiero conocer todas las emociones que experimentas, aun
+aquellas que apenas sean capaces de mover tu corazón... quiero entrar
+dentro de ti mismo... quiero formar una sola persona contigo...
+
+Los grandes ojos azules, lascivos, de la generala, se clavaban con
+amorosa inquietud en su amante al proferir estas palabras.
+
+Miguel despertó de la indiferencia en que yacía.
+
+--Todo eso eres, cielo mío... Todo eso y mucho más--contestó,
+apretándole con efusión las manos.
+
+--¡Si fuese cierto!... Pero no... tu amor va siendo cada día más
+tibio... A medida que el mío se enciende, el tuyo se apaga...
+
+--¡No lo creas, Lucía!--exclamó el joven, dando a su exclamación mayor
+fuego del que le hubiera correspondido si no se hubiera tomado un poco
+de trabajo.--¡Te adoro... te adoro con pasión loca... frenética! Eres el
+único pensamiento dulce que anima mi existencia... Pídeme la vida, y me
+verás darla con alegría...
+
+--¡No quiero tu vida, chiquillo!--dijo la generala sonriendo y
+haciéndole mimos con la mano en el rostro.--Quiero tu amor; pero un amor
+verdadero, grande, infinito... ¡Tú no sabes las locuras que yo sueño,
+los castillos que levanto en el aire! Muchas veces me figuro que en
+efecto me adoras con todo tu corazón, con todas las fuerzas de tu alma,
+y que yo soy para ti lo que fue Beatriz para el Dante y Laura para el
+Petrarca, un objeto divino que te preserva de todo pensamiento innoble,
+que gracias a mi amor se va engrandeciendo tu espíritu, despierta tu
+genio, el genio que tienes en el fondo del alma... porque yo estoy
+segura de que lo tienes...
+
+--En efecto, tengo un genio muy malo; a veces no hay quien me resista.
+
+--No, no; es otra clase de genio--dijo la dama riendo.--Mas aunque esto
+no fuese una quimera, aunque tú alcanzases algún día la celebridad, soy
+muy tonta en forjarme ilusiones... Tú estás comenzando la vida casi,
+casi... el porvenir se presenta risueño. Cuando llegues a donde yo creo
+que tienes derecho a llegar, ¿qué seré para ti?... Una vieja que ha
+cometido la insensatez de amarte. Una pobre mujer enamorada
+ridículamente...
+
+--¡Alto, querida! Te anuncio que ya estoy enternecido. No sigas
+adelante, si no quieres verme hacer pucheritos... Hablemos de otra
+cosa--añadió reclinándose perezosamente en el sofá y estirando las
+piernas con demasiada confianza,--hablemos de Pérez Almagro.
+
+Pérez Almagro era el último amante que la generala había tenido, y que
+no dejaba de inspirar cierta inquietud, ya que no celos, a nuestro
+joven.
+
+--¡Oh, qué cruel eres! ¡No perdonas medio de hacerme sufrir!
+
+Miguel iba a replicar; pero en aquel instante un leve rumor lejano se
+dejó oír en el pasillo. Lucía se puso en pie con súbito y pronto
+movimiento; el rostro pálido, el oído atento, la mirada estática.
+Escuchó un momento.
+
+--¡Alguien viene!... Es la doncella... ¡De prisa, de prisa! ¡Escóndete!
+
+--¿Dónde?--preguntó aturdido.
+
+La dama paseó una mirada intensa y ansiosa por la habitación.
+
+--Aquí--dijo corriendo a un armario embutido en la pared y abriendo el
+compartimento inferior.
+
+Miguel se metió allá de cabeza. Lucía dio la vuelta a la llave. En aquel
+momento entraba la doncella.
+
+--¿Qué hay, Carmen?--preguntó con gran calma, dirigiéndose al espejo
+para arreglar el pelo.
+
+--Señorita, vengo a darle cuenta del billete que me entregó por la
+mañana.
+
+--¡Ah! sí... el billete... ¿De cuánto era?
+
+--De diez duros.
+
+--Bien, ¿qué ha comprado V.?
+
+--Los botones para el vestido de la niña, han costado veintisiete
+reales...
+
+--¿Qué más?
+
+La sombrilla de miss Ana, que he pagado yo; no la han querido dar menos
+de tres duros.
+
+--Bien; son cuatro duros y siete reales.
+
+--La corbata para Chuchú... catorce reales.
+
+--Son... cinco duros y un real... ¿se la ha puesto ya?
+
+--No, señorita; mañana cuando vaya a paseo; es muy bonita; a María le ha
+gustado; ¿no sabe usted? El chico quería ponérsela cuando salíamos del
+comercio... ¡Poco trabajo que me costó quitárselo de la cabeza!
+
+--¡Pobre Chuchú!
+
+--Cuando vio que no conseguía nada por las malas, se puso a hacerme
+caricias... ¡Anda, Carmelita, monina, ponme la corbata... te he de dar
+un dulce de los de la mesa...--Yo le decía:--¿El que te toque a ti?--Sí,
+sí, el que me toque a mí...
+
+--¡Oh, qué malo!
+
+--¡No sabe V., señorita, las monerías que hizo para sacármela!
+
+--¡Pobre Chuchú! ¿Por qué no se la ha puesto V.?
+
+--Porque en casa no habría quien se la quitase después.
+
+--¿Le ha encargado V. los guantes?
+
+--Sí, señorita.
+
+--¿En casa de Clement?
+
+--Sí, señorita: quedaron en mandarlos el sábado.
+
+--¿Los ha pagado?
+
+--Sí, señorita: doce reales.
+
+--Bueno, entonces son... cinco duros y trece reales.
+
+--He comprado también el _agremán_ que faltaba para el vestido de la
+niña.
+
+--¿Cuánto faltaba?
+
+--Dos tercias: quince reales.
+
+--Son entonces... aguarde V.... son... seis duros y ocho reales... ¿no
+es eso?...
+
+Carmen afirmó con la cabeza, mientras hacía mentalmente la cuenta.
+
+--¿Qué más?
+
+--No me acuerdo de más--manifestó, después de vacilar unos instantes.
+
+--¿Y la esponja del tocador que le he encargado?
+
+--¡Ah! ¡se me olvidaba, señorita!... diez y ocho reales.
+
+Miguel se asfixiaba en el armario. Estaba de rodillas, el cuerpo
+doblado, la cabeza apoyada en uno de los rincones. Así que entró, empezó
+a sentir el malestar de la postura; no podía alzar la cabeza, ni
+enderezar poco ni mucho el cuerpo; las piernas encogidas también de tal
+manera, que le causaban calambres. Pero a los pocos segundos, notó o
+creyó notar que le faltaba aire para la respiración, y se estremeció de
+congoja: hizo frecuentes y largas inspiraciones para probar, y observó
+que cada vez hallaba más dificultad; trató de contener el aliento para
+economizar el aire, pero esto no hizo sino fatigarle más. Entonces quiso
+dar la vuelta y aplicar la boca a una rendija a ver si conseguía recoger
+más oxígeno: no le fue posible. La idea de morir asfixiado cruzó por su
+cerebro: un sudor frío y copioso le bañó todo el cuerpo: la congoja se
+apoderó de él. En pocos segundos pensó millares de cosas aterradoras;
+vio la muerte cara a cara; el miedo le dejó yerto, desmayado; estuvo a
+punto de perder el sentido. Mas de pronto, el instinto de la vida
+despertó, se reveló con ímpetu en su organismo y le sugirió pensamientos
+de salvación:
+
+--«¡No, lo que es yo no me ahogo aquí como un ratón por esa!... Voy a
+dar una patada a la puerta y hacer saltar la cerradura.»--Esta idea le
+confortó un instante y dio tiempo a que penetrase en su mente otro
+proyecto menos violento, el de llamar la atención de la generala sin ser
+notado de la doncella: si este proyecto fracasaba, acudiría
+inmediatamente al recurso extremo. Extendió una mano hacia atrás y rascó
+la puerta con la uña, produciendo un rumor semejante al de los
+ratones...
+
+El fino y atento oído de la dama se dio por enterado.
+
+--Carmen, vaya V. al comedor, y tráigame un vaso de agua... ¡Siento un
+picor en la garganta!... ¡Jesús, qué tos tan rara!
+
+Y la dama tosió hasta querer reventar.
+
+Cuando Carmen hubo desaparecido, dirigiose precipitadamente al armario,
+y abrió. Miguel salió a rastras del fondo con el semblante pálido,
+descompuesto, completamente demudado.
+
+--¿Qué te pasa?--preguntó con sobresalto Lucía.
+
+--¡Que me ahogo!
+
+--¡Corre a la alcoba... métete debajo de la cama!
+
+El joven se apresuró a cumplir la orden, y al instante apareció de nuevo
+la doncella.
+
+La generala se bebió el vaso de agua sin gana.
+
+
+
+
+VI
+
+
+Eh, chis, chis, Miguelito, ¿a dónde tan decidido?
+
+--Al Retiro.
+
+--Para los pies, chavó, y entra a tomar una cañita conmigo y estos
+señores.
+
+Miguel se detuvo y sonrió al ver a su primo Enrique sentado a una mesa
+del café Imperial al lado de la ventana y rodeado de varios toreros.
+Como no tenía prisa, aceptó el convite y se acercó a ellos saludándoles
+con un:
+
+--A la paz de Dios, caballeros.
+
+--Buenas tardes, amigo--le contestaron.
+
+Y se sentó en el hueco que galantemente le dejaron y se bebió de un
+trago la caña que Enrique le puso delante.
+
+--Te presento a mi amigo José Calzada, célebre matador de toros que ya
+conocerás con el nombre de el _Cigarrero_, aunque hace muchos años que
+no mata en la plaza de Madrid... Su hermano Baldomero, el _Serranito_,
+banderillero de fama... Sebastián Campos...
+
+Enrique se detuvo vacilante antes de pronunciar el alias.
+
+--Diga ozté _Merluza_, D. Enriquito: Merluza zoy, Merluza he zío y
+Merluza me he de morí el día meno penzao.
+
+--Pues bien, mi amigo Merluza, el banderillero más barbián de la plaza
+de Málaga... Mis amigos D. Pablo López y D. Luis María Pastor,
+aficionados al arte.
+
+Todos saludaron a nuestro joven, muy circunspectos, sobre todo los
+toreros, que son los que mejor conservan, en el trato, la gravedad
+serena y afable peculiar del pueblo español, tan distante del orgullo
+británico como de la extremada urbanidad de los franceses.
+
+El Cigarrero era un hombre ya entrado en días, con el cabello casi
+blanco, pequeño, fornido, soportando sus años con mucha gallardía.
+Miguel había oído varias veces citar su nombre entre los astros del
+toreo; pero como gloria pasada; tanto, que lo juzgaba retirado hacía
+tiempo. El hermano era un muchacho de veinticinco o veintiséis años,
+buen mozo, de rostro hermoso aunque algo afeminado. Merluza un jayán
+monstruosamente feo. Los dos aficionados, jovencitos barbilampiños,
+escuálidos, y vestidos a la última moda.
+
+La conversación no se interrumpió por la llegada de nuestro joven, quien
+se puso a escuchar con poca curiosidad. Se hablaba de toros; no hay para
+qué decirlo: se discutía la mayor o menor severidad e inteligencia de
+las plazas de Madrid y de Sevilla. Uno de los jovencitos sostenía que en
+Madrid se juzgaba con más severidad y competencia.
+
+--Pues zarvo zu parecé, D. Luizito--decía Merluza,--y zarvo er de too lo
+presente, a mí me paece, vamo... que en Zeviya hay afición... y ez lo
+que digo yo, onde hay afición lo hay too.
+
+--Sebastián, yo no te niego que haya afición en Sevilla, pero no es para
+comparar con la que hay en Madrid. Además, aquí se estudia el toreo por
+principios, lo que no se estudia allí... aquí el pueblo es más
+ilustrado...
+
+--Ya zé, ya zé, D. Luizito: no me diga ozté na. Onde no hay prencipio no
+pué haber na... ¡Pero mire ozté que en Zeviya hay mucha afición!.....
+¡¡Mucha afición!!
+
+--En Madrid hay que tener mucho de aquí, querido (apuntando a un ojo).
+Si te descuidas un poco, ya tienes la bronca encima... y algo más en
+ocasiones.
+
+--¡Calle ozté, zeñorito, zien Zeviya po una mijita le tiran a uno la
+Biblia!
+
+Enrique aprovechó el calor de la disputa para comunicar a su primo por
+lo bajo algunos datos importantes acerca de la vida del Cigarrero.
+
+--Ahí donde lo ves, Miguel, hace veinte años era el torero que se tiraba
+más por derecho en España. En Sevilla ha recibido muchas veces.
+
+--¿A quién?
+
+--¡Al toro, hombre!
+
+--Muy señor mío.
+
+--Pero, claro, con los años se ha ido haciendo un poco tumbón... ¡Pero
+como inteligente!... lo que es como inteligente, ni Cayetano ni San
+Cayetano le ponen el pie delante.
+
+Terminada la disputa, comenzó a hablarse de los toreros en boga. Los
+pollastres aficionados, y Enrique también, creyeron halagar al Cigarrero
+rebajando el mérito de ellos. Asombrole a Miguel el ahínco y la
+sinceridad con que aquél comenzó noblemente a defenderlos, aunque sin
+levantar la voz y sin perder un punto de la gravedad que le
+caracterizaba.
+
+--Mie usté, D. Luisito, er que má y er que meno, tiene su quebranto, y
+ar mehó ecribano se le cae un borrón. Si Caytano se huye, e que está mu
+castigao, el probesico ya se va pa Viyavieha como yo... Pero diga usté
+que sí, D. Luisito... cuando le sale un toro de verdá, ¡Caytano tá
+superió!
+
+--Vamos, con Cayetano todavía transijo--dijo Enrique.--Aunque
+desconfiado, le he visto muchas veces torear con arte y en corto y
+meterse como Dios manda... Al que no puedo resistir es al Gordo. ¡En la
+vida le he visto medio aplomado, ni pinchar más que a paso de
+banderillas!
+
+--Tampoco creo eso que usté dise: ar Gordo le pasa lo que a too nosotro;
+si er toro acude bien, tá güeno; si no tiene gana, tá malo. Y aluego
+¿qué se pué esí de la muleta? Con eya en la mano, hay mu poco que tengan
+tan güena sombra... Lo que le tiene er Gordo, e que sabe demasiao er
+terreno que pisa... y cuando se sabe mucho... vamo... ya me entiende
+usté, D. Enriquito.
+
+--Ozté perdone, zeñó José--dijo a esta sazón Merluza.--Me paece a mí que
+aquí D. Enriquito habla bien... Er Gordo poniendo banderiya, ¡la corona
+de María Zantízima! pero matando, ¡la perra zin vergüenza de zu mare!
+
+El Cigarrero se puso muy serio y repuso enojado:
+
+--A ti no te toca esí na de eso, Sebastián. Too esto señore pueen hablá
+lo que gusten, pero tú, hijo, no puée... ¿Tamo?
+
+Merluza acortado, rectificó como pudo sus brutales palabras.
+
+Era la primera vez que Miguel oía decir bien en un corro, de las
+personas del mismo arte o profesión que los presentes; y no poco quedó
+admirado de que fuesen los toreros, gente por lo regular inculta y
+plebeya, quienes dieran ejemplo de nobleza y compañerismo a los que
+cultivan otras artes más elevadas.
+
+Tampoco admitió el Cigarrero las lisonjas que le prodigaron, lo mismo
+Enrique que sus amiguitos. Sin echarse por tierra con fingida modestia,
+supo colocarse en su verdadero sitio, esto es, por debajo de los espadas
+que entonces llevaban la atención del público, sin traer a cuento sus
+glorias pasadas o los tiempos en que gozaba de más renombre.
+
+--Ya soy vieho. Ya no pueo competí con lo muchacho... Pero mase farta la
+guita, porque mi casa siempre se ha paesío un hospisio... y hago lo que
+pueo... y a vese un poquiyo meno de lo que pueo... Si Caytano aprieta en
+su toro, yo aprieto en er mío; si afloha, yo afloho... Si me sale un
+torito vivito y voluntario, le toreo por lo arto y le doy lo que pide er
+animá. Si me sale blando y sin vergüensa le doy un goyetaso ¡y a
+viví!... A mí me podrá hasé peaso un toro, ¡pero en la vía un roío buey!
+
+Pasó un rato agradable Miguel, oyéndoles disertar en estilo pintoresco,
+sobre tauromaquia, que para ellos era el compendio de todas las
+ciencias, y el fin supremo de la vida humana, y se despidió al cabo
+afectuosamente, no sin haber sido antes convidado a una novillada de
+aficionados que Enrique y sus amigos estaban organizando a beneficio de
+unos náufragos que se habían perdido en el Adriático. Esta novillada
+había de efectuarse el próximo domingo en la plaza de los Campos
+Elíseos; sería presidida por la señora del ministro de Marina, dirigida
+por el Cigarrero, y nadie podría asistir a ella sin entregar un duro a
+la puerta, salvo los amigos invitados por los lidiadores.
+
+Dos o tres días antes del señalado, pasó Miguel por casa de su tío
+Bernardo. Al entrar en el cuarto de Enrique, oyó gran ruido, como si
+trasteasen con los muebles; quedó altamente sorprendido al ver a su
+primo con sendas banderillas en las manos delante de una silla,
+levantándose sobre la punta de los pies en actitud de clavárselas.
+Aunque algo avergonzado a causa de la risa que a Miguel le acometió, no
+tardó en reponerse y manifestarle cómo se estaba ensayando en los
+cambios, salidas y cuarteos, pues era uno de los banderilleros que el
+domingo debían trabajar en los Campos.
+
+--Pero esa silla me parece que se debe aplomar algo en la suerte de
+palos--dijo Miguel.
+
+--Chico, no tengo otra cosa. Quise ensayar con el perrito de mi hermana,
+y mira lo que me ha hecho...
+
+Y levantando un poco los pantalones, le enseñó las huellas de los
+dientes del animalito en la carne.
+
+Estaba muy animado, pero confesaba que tenía los nervios un poco
+excitados y que dormía mal por la noche. ¡Eso de presentarse delante de
+un público tan lucido! Pero de todos modos, él conocía muy bien la
+teoría de las banderillas; no le faltaba más que un poco de práctica.
+
+--Mira; para ponerlas al cuarteo, se coloca uno así... con los pies
+juntitos. Se cita al animal... Hay que esperar que arranque, ¿entiendes?
+y marchar decidido a cortarle el terreno... Si el toro no baja la cabeza
+para tirar el derrote... nada... ¡Hay que andarse en esto con mucho ojo!
+
+--¿Y tienes esperanza de ponerlas bien el domingo?
+
+--Si el torete me sale bravo y arrancando bien, pienso estar hasta
+guapo...
+
+--No te lo aconsejo; te van a desconocer.
+
+--Si sale blando o huido, tiraré a cumplir nada más... a salir del paso.
+Todo depende de la suerte, como tú comprenderás... Eso le pasa a
+Cayetano, al Cigarrero y a todo el mundo.
+
+Llegada la tarde del domingo, se fue Miguel a los Campos y entró en la
+plaza, que ya estaba más que mediada de gente, casi toda de categoría:
+los lidiadores pertenecían en su mayor parte a la aristocracia. Había en
+los palcos una muchedumbre de niñas bonitas, ostentando la blanca
+mantilla de encaje y la peineta: los tendidos de madera estaban poblados
+de caballeros elegantemente vestidos. Miguel fue a colocarse entre
+barreras al lado de el Cigarrero que dirigía la lidia, sin tomar parte
+en ella.
+
+Dada la señal por la presidenta, que era una señora guapetona, muy
+rumbosa y muy dadivosa, aparecieron en el redondel las tres cuadrillas
+al son de una marcha española tocada por la banda de un batallón: cada
+cuadrilla se componía del espada, tres banderilleros y los
+correspondientes monos sabios: estaban suprimidas las picas. Los
+alguaciles, que eran dos marqueses, marchaban delante montando briosos
+caballos y haciendo piernas con ellos. Gran tempestad de aplausos al
+verlos aparecer: los muchachos se presentaban vestidos de chulos con
+ricas capas sobre los hombros, imitando perfectamente en el modo de
+andar el aire y el contoneo peculiar de los toreros. Saludaron a la
+presidenta y arrojaron con garbo las capas de gala a los amigos,
+cambiándolas por las de uso. De todos los tendidos se oían voces
+saludando a los lidiadores: éstos cambiaban gritos y saludos con los
+espectadores, y sostenían conversación con ellos en alta voz.
+
+Hasta aquí todo marchaba perfectamente. El marquesito alguacil recogió
+la llave que la presidenta le arrojó, y fue haciendo corvetas a
+entregársela al encargado de abrir el toril, cargo que, por cierto, se
+habían disputado un vizconde y el hijo del presidente del Tribunal
+Supremo. Sonó el clarín y saltó al redondel un torete negro, con bragas,
+de bonita lámina. El primer sentimiento que los lidiadores
+experimentaron al echarle la vista encima, fue de traición o engaño
+manifiesto. Todos ellos le habían visto varias veces, primero en el
+encierro y después en el corral; pero nunca les pareció ni la mitad de
+grande que entonces. Así que, sospechando que pérfidamente se lo habían
+trocado en el chiquero, cambiaron repentinamente el color fresco y
+sonrosado de sus mejillas por un blanco mate nada vistoso. Y por un
+movimiento simultáneo, que probaba la unidad de sus convicciones, se
+pegaron todos a la barrera y colocaron el pie en el estribo, preparados
+a cualquier evento. El novillo se disparó contra uno de ellos. Todos,
+como un solo hombre, saltaron la barrera. El novillo, viendo el campo
+libre, se paseó por él a su talante, en medio de la gritería y algazara
+de la gente. Un buen rato se estuvieron los lidiadores entre barreras,
+celebrando consulta, hasta que al fin, estimulados por los amigos de los
+tendidos, que no cesaban de perseguirles con gritos y pullas, y por el
+poquillo de vergüenza que todavía les quedaba, después de la salida del
+toro, se decidieron a entrar de nuevo en el redondel. Pero fue con toda
+calma, montando sobre la barrera como si estuviesen impedidos de las
+piernas, y bajándose después poquito a poco; parecía que iban a entrar
+en un baño de agua fría. Uno de ellos tuvo la audacia de separarse como
+cinco o seis pasos del tablero, y llamar la atención del novillo con el
+capote. Una mirada severa del toro bastó para hacerle brincar la barrera
+sin poner el pie en el estribo.
+
+La corrida fue rica en incidentes. Caídas, choques, atropellos, saltos
+mayores que el de Alvarado, de todo hubo, hasta cogidas, lo cual, en
+verdad que parecía imposible. Apenas tiraban el trapo, se echaban a
+correr llenos de pánico, dándose con los talones en las nalgas, y
+precipitándose de cabeza por encima de las tablas, sin que el toro se
+hubiese movido de su sitio. Los banderilleros clavaban los palos en el
+aire muchas veces; otras en alguna región ignorada del animal. Los
+espadas igualmente pinchaban donde podían, sin aproximarse jamás, ni por
+casualidad, al sitio verdadero. En vano saltó el Cigarrero más de veinte
+veces al redondel a poner orden; en vano les arreglaba los novillos y se
+los cuadraba, de suerte que no había más que dejarse caer; de todos
+modos la confusión, el ruido y las atrocidades de todo género no cesaron
+en toda la tarde.
+
+Enrique, que vestía una chaquetilla elegantísima de terciopelo color
+granate, en los comienzos de la lidia dio, como sus compañeros, ejemplo
+de prudencia y circunspección. Rodeó, sí, infinitas veces la plaza, pero
+fue, casi siempre, por detrás de la barrera, y cuando lo hizo por
+delante, era tan cerquita de ella, que a cierta distancia parecía por
+detrás. Llegado el momento crítico de poner las banderillas, que fue en
+el segundo novillo, las cogió, y aunque muy pálido, marchó resueltamente
+hacia él; se puso con los palos en cruz, y alzándose sobre la punta de
+los pies, comenzó a mugir terriblemente para llamar la atención del
+animal; y en efecto, así que éste le vio en aquella actitud fanfarrona,
+vino rápidamente a embestirle. Mas, con gran asombro y vergüenza de sus
+amigos, en vez de clavarle las banderillas las soltó de las manos, y la
+emprendió a todo correr hacia la barrera. No pudo saltarla. Antes que lo
+hiciese, el toro le había cogido por la parte posterior, y le había
+tirado al alto. Todos acudieron y sofocaron al becerro con los capotes.
+Pero Enrique, levantándose furioso contra él, e indignado contra sí
+mismo por aquella vergonzosa huida, comenzó a gritar como un
+energúmeno:--¡Dejádmelo, dejádmelo!--Y arrancando unas banderillas al
+primero que encontró, se fue ciego, frenético hacia el toro, y se las
+clavó en el pescuezo, sufriendo por ello una nueva cogida.
+Afortunadamente, ninguna de las dos tuvo serias consecuencias; los
+pantalones rotos y algunas contusiones. Los espectadores, desternillados
+de risa, le aplaudían con calor y hasta le tiraron cigarros.
+
+Quedó muy ufano de este triunfo; tanto que, acercándose al sitio donde
+estaban Miguel y el Cigarrero, le preguntó a éste:
+
+--¿Eh? ¿Qué le ha parecido a V., maestro?
+
+--No ha tao mal--contestó el torero sonriendo.
+
+
+
+
+VII
+
+
+Miguel no había dejado de ser nunca uno de los socios más asiduos del
+Ateneo. Aunque no tomaba parte en las discusiones sobre los pueblos
+semíticos, se había hecho notar bastante en los círculos privados que se
+formaban por las noches en el vasto corredor del establecimiento, y se
+le tenía por un amable y despejado compañero. Trabó amistad con otros
+jóvenes moluscos de los que más bullían, y éstos no tardaron en
+comunicarle la fiebre de cargos honoríficos que a ellos les devoraba. La
+ambición ardía en los pechos de los exploradores de la raza semítica;
+apetecíanse y buscábanse con noble emulación los cargos de secretarios
+de las secciones. ¡Era tan brillante el levantarse en el comienzo de
+las sesiones a leer el acta de la anterior! Las intrigas tenebrosas
+menudeaban; las traiciones eran cosa corriente. Había dos bandos
+principales: el de los viejos y el de los jóvenes; los primeros eran más
+en número, y vencían siempre que no se les cogía descuidados; los
+segundos, más activos, tramaban asechanzas para derrotar a los
+candidatos contrarios, unas veces presentando los suyos, en unión de
+alguna persona ilustre y respetable, otras veces aprovechando las noches
+de más frío en que los viejos no se atrevían a salir de casa, otras
+dividiendo con astucia a los enemigos; todos los medios eran lícitos.
+
+Gracias a una de estas sorpresas, y secundado con energía por algunos
+muchachos, que al verle tan asiduo en la asistencia le respetaban ya
+como un sabio en ciernes, consiguió Miguel ser secretario tercero de la
+junta directiva, encargado del alumbrado y calefacción. Y queriendo dar
+una gallarda prueba de su celo por los intereses del Ateneo, así que
+tomó posesión del cargo, hizo poner hornillas de cock en las chimeneas y
+suprimió la leña, que ocasionaba un gasto demasiado considerable. Mas he
+aquí que esta patente economía, en vez de satisfacer a los socios, les
+disgusta y levanta polvareda; los viejos se pusieron inmediatamente
+enfrente del audaz reformador y algunos jóvenes también. ¿Para qué
+sirven esas economías? ¿Para traer más libros? Demasiados hay en la
+biblioteca. Un orador novel, joven, tradicionalista e imitador de Donoso
+Cortés, que en las juntas generales del Ateneo se ensayaba para el
+Congreso, le apostrofó duramente, luciendo una voz y un juego de
+actitudes que envidiaría Mirabeau: demostró hasta la saciedad, que
+aunque el cock proporcionase el mismo calor que la leña, había en ésta
+un algo espiritual que satisfacía necesidades de orden más elevado; hizo
+presente que el Ateneo no era una sociedad de mercachifles ocupados en
+recoger ochavos, y que el sórdido interés debía ser arrojado del templo
+de la ciencia a latigazos (aquí bebió un sorbo de agua azucarada y se
+limpió después los labios con esmero). Expresó su profunda sorpresa de
+que un joven fuese quien tomara la iniciativa en la funesta empresa de
+privar de comodidades a los hombres que trabajan en el campo de la
+ciencia, y con tal motivo exaltó el respeto que le es debido y que
+siempre se ha tributado al sabio, haciendo un bello y minucioso parangón
+entre éste, que con sus obras eleva y enriquece los espíritus, y el
+obrero de la materia, que eternamente será siervo de la gleba,
+decidiéndose, claro está, por aquél. Por último, terminó diciendo que al
+declararse partidario incondicional de la leña, no le impulsaba ningún
+móvil bastardo, que no se hacía eco de ningún resentimiento particular,
+porque no cabían en su corazón tales miserias vergonzosas; hablaba
+solamente por el deseo generoso de mantener en el Ateneo el sello
+espiritual que siempre le había caracterizado. Este elocuente discurso
+provocó muchos aplausos entre los socios, particularmente los viejos,
+los cuales en las primeras elecciones de cargos derrotaron a Miguel,
+nombrando en su lugar al joven tradicionalista.
+
+Tanto como a Miguel le aburrían los discursos hueros y ampulosos que se
+pronunciaban en el salón de sesiones, tanto le agradaban a su antiguo
+amigo y condiscípulo Mendoza y Pimentel. Muy rara vez se le veía en la
+biblioteca con un libro abierto; pero en cambio, por milagro perdía una
+sesión lo mismo de la sección de ciencias exactas, que de la de morales
+y políticas o literatura. Admiraba profundamente a casi todos los
+oradores, cuanto más campanudos mejor, y se enfadaba con Miguel cuando
+éste hacía burla de ellos. Poco a poco se había ido modificando la
+opinión que de él tenía formada desde la infancia. Después de haber oído
+a los oráculos del Ateneo, comprendía que Miguel era un chico listo,
+«pero bastante ligero.» Ya no le pedía dinero, porque había ascendido a
+diez y seis mil reales de sueldo, los cuales empleaba casi todos en
+vestirse y una mínima parte en comer; pero su amistad continuaba
+inalterable. Se hizo presentar por Riverita en algunas tertulias
+políticas donde nuestro joven tenía acceso, entre ellas la del general
+conde de Ríos, uno de los jefes a la sazón del partido liberal. Esta fue
+la que más le plugo y donde echó raíces. El general era un hombre de
+genio vivo y enérgico, hablador sempiterno, narrador de cuentos verdes,
+con mucha afición a la política y poca o ninguna al arte militar. Al
+principio no le cayó en gracia Mendoza: su carácter grave y silencioso
+le causaba tedio:--¿Sabe V., Riverita, que ese amigo de usted es lo
+mismo que un roble?--le dijo pocos días después de habérselo presentado.
+Cómo se arregló Mendoza para llegar a ser al cabo de algunos meses uno
+de los íntimos de la casa y acompañantes preferidos por el general, fue
+cosa que nadie supo. Y, sin embargo, era muy sencillo de explicar.
+Mendoza sufrió una temporada la frialdad del conde y el desdén de la
+condesa con gran filosofía, y siguió asistiendo constantemente a la
+tertulia. No tomaba parte muchas veces en la conversación, porque tenía
+la desgracia de que no se le ocurría jamás una frase oportuna o
+chistosa; cuando lo hacía, era únicamente para manifestar su aprobación
+absoluta e incondicional a las palabras del conde, o para interrumpir
+con un ¡oh! o con un ¡ah! que expresaban su admiración y simpatía.
+
+Un día el general descubrió con sorpresa, al hablar del sistema colonial
+inglés, que Mendoza pensaba exactamente igual que él sobre esta
+cuestión. Verdad que el mismo general había emitido su opinión, hacía
+algunos días, delante de aquél; pero ya no se acordaba.--Este chico--se
+dijo--es más de lo que parece. Otro día descubrió la condesa, que jugaba
+peor que ella al tresillo, y que era un compañero a quien de vez en
+cuando se le podía dar _codillo_: desde entonces le miró con simpatía y
+le invitaba con frecuencia a hacer _el cuarto_. Si alguna vez se le
+ocurría ganar, la condesa le hacía pagar cara la victoria, dirigiéndole
+una granizada de bromas que cualquier tomaría por insolencias: pero
+Mendoza sonreía tan candorosamente y daba pruebas tan patentes de que
+sólo la suerte había ocasionado la derrota de la dama, que ésta concluía
+por reírse también. En poco tiempo conquistó la simpatía y hasta el
+afecto de los esposos. Habiéndose ofrecido al general para ayudarle a
+escribir cartas en ocasión en que éste se hallaba muy apurado, cumplió
+con tal exactitud, que apesar de que las epístolas eran un poco
+pedestres y enrevesadas, aquél aprovechó sus servicios algunas otras
+veces, y hasta recabó del jefe de la oficina que le dejase libre algunas
+horas a fin de no molestarle tanto. Con esto casi puede decirse que fue
+desde entonces el secretario particular del conde, y como tal era
+considerado por las personas que frecuentaban la casa. No tardó en
+hacerse indispensable a la familia. Por las mañanas, antes de ir a la
+oficina, daba una vuelta por la casa: el general le encargaba algunos
+recados o visitas que no podía hacer personalmente ni confiar a ningún
+criado, la condesa, menos escrupulosa que su marido, le hacía muchas
+veces desempeñar oficios humildes: como comprar juguetes para los niños,
+pagar algunas cuentas al joyero, etc. Por las tardes solía acompañar al
+conde a paseo, casi siempre a pie, pues no era aquél amigo de usar el
+coche.
+
+Al paso que Mendoza intimaba con este personaje y se hacía de sus
+familiares, Miguel seguía siendo nada más que uno de tantos como
+visitaban la casa: y aun podía asegurarse que en los últimos tiempos,
+sus relaciones con la generala Bembo habían traído cierto enfriamiento
+en todas las demás. Lucía le reclamaba casi todo su tiempo. Por otra
+parte, le desplacían cada vez más las tertulias políticas, donde los
+asistentes ven y examinan todas las cuestiones por el prisma, no del
+entendimiento del dueño de la casa siquiera, sino de la pasión que le
+agita en cada momento, y repiten siempre como un eco las palabras del
+jefe. Aunque algunas veces despertaba la risa y la alegría en la reunión
+con sus frases picantes y observaciones oportunas, había con respecto a
+él cierta prevención desfavorable, hija, a no dudarlo, del temor; todos
+le sonreían, pero cuando estaba presente no reinaba la misma confianza
+que cuando ausente. Nada hay que moleste tanto a los hombres vulgares
+como el ingenio, y en la tertulia del general formaban aquéllos mayoría.
+Miguel notaba vagamente esta hostilidad; comprendía que no estaba en su
+centro, y por eso iba pocas veces.
+
+Grande fue su sorpresa cuando una noche al entrar en el salón de
+sesiones del Ateneo, vio a su amigo Brutandor en el uso de la palabra.
+Peroraba Mendoza desde uno de los bancos de la izquierda, donde
+acostumbraban a sentarse los jóvenes demócratas, y lo hacía con tanto
+desembarazo, con tan briosa entonación como si en toda la vida hubiera
+hecho otra cosa.--¡Ave María!--dijo Miguel para sí--este Brutandor no
+conoce la vergüenza.--Y se sentó en una silla para escucharle. Pero como
+esperaba tan poco de él, quedó agradablemente sorprendido al ver que iba
+saliendo del paso. Se discutía la cuestión social. Mendoza repitió todos
+los lugares comunes que se encuentran en los manuales de Economía
+política, manoteando muchísimo, dando cortos paseos por delante de la
+silla y pronunciando las palabras con un cierto recalcamiento sonoro, de
+suerte que no se perdía una sílaba. Las condiciones externas, la voz,
+la figura, le favorecían en extremo. En su discurso citó infinitas veces
+los nombres de Cobden y la Liga de Mánchester, sobre los cuales se
+detenía con particular cariño, tanto que Miguel en una temporada no le
+llamó más que «el coaligado de Mánchester.» Algunos de los socios
+salieron del salón antes de concluir; la mayoría, no obstante, se quedó
+escuchándole con atención. Al terminar le dieron algunos aplausos de
+cortesía. Miguel, que estaba pasando un mal rato por el temor de que se
+pusiera en ridículo, respiró.
+
+--Querido Mánchester, has estado bastante bien--le dijo abrazándole. Y
+lo creía de buena fe. No podía negarse que Mendoza había progresado
+mucho. Pero en el curso de las discusiones menudeó de tal modo los
+discursos, que a Miguel llegó a hacersele insoportable tanta vulgaridad
+y tan campanudamente dicha, y dejó de entrar a escucharle.
+
+A fuerza de mucho hablar, Mendoza logró hacerlo con cierta facilidad, y
+adquirió pronto el aplomo y los modales de los oradores más célebres, a
+los cuales imitaba (en la parte externa, por de contado)
+escrupulosamente. Subía y bajaba la voz y la ahuecaba como un consumado
+artista; llevaba las manos trémulas al pecho, las agitaba en el aire y
+doblaba el espinazo aunque estuviese diciendo cualquier cosa natural y
+corriente, sólo porque Castelar y Moreno Nieto lo hacían en los pasajes
+patéticos; terminaba muchas veces los períodos con las palabras
+«tribunal de la historia», «las leyes indeclinables del progreso» o «la
+emancipación de los pueblos», abriendo mucho la _e_ de pueblos, como era
+moda entonces. Aunque algunos inteligentes sonreían escuchándole, no
+dejó de ser considerado, al cabo, como joven instruido y «de
+esperanzas.»
+
+Una tarde, Brutandor llamó aparte a Miguel, y llevándole a uno de los
+rincones del Ateneo, le propuso fundar entre los dos un periódico. Para
+ello contaba con una persona que facilitaba el dinero, y con la
+protección del general conde de Ríos, que sería su inspirador. Halagole
+la idea a nuestro joven viendo en ello un modo de despertar su actividad
+dormida y desahogar la mente de porción de ideas que allá le bullían
+acerca de los sucesos políticos y de los personajes que en ellos
+intervenían. Aceptó, pues, con júbilo, y Mendoza quedó encargado de dar
+los pasos necesarios para sacar la autorización, alquilar cuarto, buscar
+imprenta, etc. En pocos días quedaron zanjados estos asuntos, y fue
+resuelto que un jueves, 1.º de abril, aparecería el primer número de _La
+Independencia_, «diario liberal de la mañana.»
+
+
+
+
+VIII
+
+
+Después de la aventura del armario, Miguel quiso persuadir a la generala
+a que comprase el silencio de la doncella, a fin de no pasar en adelante
+un susto parecido. Lucía se opuso resueltamente a ello; no podía ni
+quería fiar la llave de su honor a un criado, y hablaba a menudo de
+traiciones, anónimos dirigidos al general, cartas interceptadas y otros
+cuentos terroríficos que no dejaban de preocupar a Miguel por algunos
+momentos. Pero al mismo tiempo se asombraba de que siendo tan públicos
+los desvaneos de la dama, hubieran pasado inadvertidos para su marido.
+Lo que había de positivo en todo esto, y así lo entendió pronto, era que
+la naturaleza de Lucía necesitaba del aliciente del secreto y del
+temor. El ansia, la zozobra, los terrores súbitos, las esperas
+prolongadas, los momentos supremos de angustia, los esfuerzos de ingenio
+para buscar recursos, los rasgos de osadía, el drama, en fin, del amor
+perseguido con todo su aparato de misterio y disimulo, le placía
+sobremanera. Lo que no fuese temblar, colocar señales en los balcones,
+esconder a su amante y estar siempre a dos dedos de ser descubierta, lo
+hallaba monótono y fastidioso. ¡Cuántas veces, estando en el lecho a las
+altas horas de la noche, se estremecía al escuchar el rumor de un
+carruaje! Levantaba vivamente la cabeza, apretaba con las manos
+crispadas el brazo de su amante y escuchaba ansiosamente. ¿No podía
+venir en él su marido y sorprenderlos? ¡Qué miedo! ¡Qué angustia! Sólo
+cuando el coche seguía de largo por delante de la casa haciendo vibrar
+los cristales, se calmaba su congoja y volvía a la vida.
+
+Una nueva aventura muy desagradable, semejante a la del armario, vino a
+concluir con la paciencia de Miguel y a darle ánimos para exigir
+seriamente de la generala que pusiera a su doncella al corriente de lo
+que pasaba.
+
+Desde la aventura del armario, Miguel, siempre que la doncella venía, se
+ocultaba en la alcoba debajo de la cama. Una noche, como de costumbre,
+Lucía le mandó que se fuese al escondite para arreglar con Carmen las
+cuentas del día. Le parecía esto un excelente medio para disimular y
+evitar sospechas. Tiró en seguida de la campanilla, y habiendo acudido
+al instante Carmen, se puso con todo sosiego a tomarle la cuenta. Era la
+hora de las confidencias domésticas: la doncella, al paso que explicaba
+el empleo del dinero, se entretenía a narrar todos los incidentes
+insignificantes del día, las nonadas de la casa: hablaba largamente de
+las gracias de Chuchú, de sus oportunas contestaciones, comprendiendo
+que era el flaco de la señora; se quejaba de algunas groserías del jefe;
+contaba con risita burlona que miss Ana había comprado una nueva caja de
+polvos de arroz.--¡Bah! ¿para qué querrá esa buena mujer los polvos de
+arroz? ¡De todos modos ha de salir a la calle más fea que Picio!--Pasaba
+revista a la servidumbre y formulaba juicios y acusaciones. María no se
+llevaba bien con el lacayo. El cochero daba muy mala vida a su mujer, el
+miércoles la había pegado con la fusta hasta que se cansó.--¡Qué hombres
+tan perversos hay! ¿verdad, señorita? Para dar con uno así, más vale
+quedar soltera toda la vida.
+
+La generala procuraba cortar secamente los asuntos y abreviar. Carmen
+acudió a la lisonja esta noche para prolongar la conversación.--¡Qué
+hermosa estaba la señora con el vestido azul que se había puesto ayer
+tarde! La doncella de los Ramírez había oído al señorito decírselo a su
+hermana. Todos los colores le venían bien a la señora: ¡pero
+particularmente el azul!... ¡Ah, el azul le sentaba como a nadie!
+
+Lucía se enterneció un instante: preguntó con interés por los
+Ramírez.--¿Es verdad que el señorito se marchaba a París uno de estos
+días? Un chico feo, pero simpático: cierto día le había oído contar un
+sucedido con mucha gracia. Después habló de un vestido que proyectaba
+hacerse, en color claro con adornos de terciopelo carmesí; una idea que
+se le había ocurrido a ella sin consultar a la modista; estaba segura de
+que había de gustar mucho. Pero súbitamente volvió en sí y dijo con
+palabra rápida y seca:
+
+--Vamos, adelante,... el pañuelo de la niña diez y seis, ¿no es eso?
+
+--Sí, señorita.
+
+--Son cuarenta y tres... ¿Ha comprado V. el jabón?
+
+--Nada más que una pastilla... no me acordaba si la señora me había
+mandado comprar dos o una...
+
+--Le había mandado comprar dos; pero no importa... ¿Dónde la ha puesto
+V.?
+
+--En la alcoba, sobre la mesa de noche.
+
+Al pronunciar estas palabras entró en la alcoba para buscar la
+pastilla. Cuando llegó cerca de la mesa, dio un grito de terror.
+
+Miguel quedó yerto en el fondo de su escondite. La generala, con voz
+demudada, preguntó desde fuera:
+
+--¿Qué es eso, Carmen?
+
+--¡Señorita... un sombrero de hombre sobre su cama!
+
+Hubo unos instantes de silencio, durante los cuales el corazón de Miguel
+daba saltos terribles. La generala se repuso muy pronto.
+
+--¿Y por eso se asusta V., tonta?... Revolviendo mi armario, he
+tropezado con ese sombrero del señor, que no sé cómo vino a dar a él...
+Me estorbaba y lo he sacado... Si V. lo quiere y puede sacar algo de él,
+lléveselo... no sirve para nada.
+
+--Muchísimas gracias, señorita--dijo la doncella, saliendo con el
+sombrero en la mano.--Tengo un hermano a quien le servirá tal vez...
+
+No se habló más del asunto. La generala siguió tomando la cuenta con
+calma, el semblante pálido, la voz un poquito alterada.
+
+Miguel se vio necesitado a salir aquella noche sin sombrero. Esperó un
+rato en el portal vecino y se metió en el primer coche de alquiler que
+acertó a cruzar.
+
+Al fin la generala cedió a los deseos, vehementemente expresados por su
+amante, y se confió a la doncella. Desde entonces sus entrevistas
+fueron fáciles y tranquilas. Carmen les evitaba con arte toda molestia,
+les suministraba completa seguridad y sosiego. Con este nuevo orden de
+cosas se acomodaba muy bien nuestro héroe; parecía que le habían quitado
+un gran peso de los hombros; en realidad compraba antes demasiado caros
+los placeres que su amiga le proporcionaba.
+
+Pero la generala no se avenía tan bien con el sesgo tranquilo y prosaico
+que tomaban sus amores; la seguridad, la exactitud de cronómetro de las
+citas, el amable sosiego que en ellas disfrutaba, la descorazonaron,
+comenzaron a aburrirla, y en sus adentros le pesaba de que Carmen se
+hubiese prestado tan gustosa a servirles. Toda la vida había tenido el
+flaco de las aventuras; mas a última hora esta afición se había
+exacerbado de un modo notable; experimentaba un apetito voraz de lo
+extraordinario, como si se le escapase la juventud y no quisiera
+terminarla sin un buen golpe. Así que no pudiendo satisfacerlo con
+soñadas escenas trágicas, porque Miguel se reía de sus temores, diose a
+ejercitar su recalentada imaginación en otra clase de caprichos raros.
+Nada podía llevarse a cabo en sus relaciones de un modo normal; era
+forzoso adobarlo todo con alguna especia de misterio. En los teatros,
+para comunicarle cualquier noticia, pudiendo hablarle sin obstáculo
+alguno, prefería emplear un sin número de signos masónicos o señales
+misteriosas hechas con el abanico, los guantes, los gemelos o cualquier
+otro utensilio, de lo cual resultaba en ocasiones no poca confusión y
+perplejidad para Miguel. Las cartas que le escribía iban siempre
+firmadas con nombre de varón, _Alfredo_, como si fuesen de un amigo a
+otro; mas no por eso dejaban de venir salpicadas con toda clase de
+frases apasionadas: «Te adora con todo su corazón... _Alfredo_.»
+«Querido de mi alma, los minutos lejos de ti se convierten en siglos...»
+«Ayer contemplando la luna desde el balcón de mi cuarto me asaltó el
+recuerdo del paseo nocturno que hemos dado hace algunos días y sentí
+resbalar las lágrimas por mi rostro...» «Te manda un tierno abrazo
+apasionado tu _Alfredo_.» Si las tales cartas se extraviasen darían
+mucho que pensar y reír al curioso que con ellas topara.
+
+Y en verdad que Lucía no las escaseaba: nada le placía tanto como
+disolver el ardor de su corazón gastado en renglones interminables.
+Había leído muchas novelas y copiaba descaradamente los conceptos
+amatorios de más bulto: particularmente Jorge Sand, su novelista
+predilecto, le suministraba un cargamento de pensamientos, unas veces
+delicados, otras extravagantes, con que sazonar sus inconmensurables
+epístolas. Su puntillo consistía en escribirlas muy espirituales,
+plagadas de signos de admiración y puntos suspensivos. No pocas veces,
+después de pasar con Miguel unas cuantas horas, le mandaba por la
+doncella cinco o seis pliegos de letra menuda.
+
+La fantasía de la generala era todavía más fecunda en la invención de
+nuevos y peregrinos placeres. Cierta noche del mes de marzo, en que por
+rareza cayó una fuerte nevada sobre Madrid, mirando descender lentamente
+los copos por la atmósfera, le vino en apetito el hacer una escursión al
+Retiro con Miguel.--¡Qué hermoso debe de estar a estas horas! Veremos la
+nieve cuajarse en las calles de arena y formar alfombra. ¡Qué placer
+hundir los pies en ella!... ¡Y los árboles! ¿cómo estarán los árboles?
+¡Qué lindos!... A mí me encanta la nieve... ¿Te atreves a ir?... ¿A que
+no?
+
+Claro que Miguel no se atrevía y que deploraba en el alma aquel raro
+capricho; pero se avergonzaba de confesarlo. Opuso resistencia, aunque
+débil; manifestó algunas dudas acerca de si les consentirían la entrada;
+habló vagamente de pulmonías, fiebres catarrales, etc. La generala no le
+escuchaba; le parecía su proyecto tan original, que por nada dejaría de
+ponerlo en obra; era de lo más romancesco que nunca se le hubiera
+ocurrido. Miguel aceptó al fin, aunque de mala gana. No obstante, cuando
+salieron a la calle y vio que el cielo se iba despejando y que la luna
+asomaba ya su disco plateado por los bordes de una nube, no pudo menos
+de proferir una exclamación de entusiasmo.
+
+El Retiro estaba espléndido, arrebujado en su jaique blanco. La
+amartelada pareja lo recorrió con extremado gozo, deteniéndose a menudo
+para comunicarse sus impresiones. Aquel paisaje, un poco teatral, debía
+enajenar de placer a la generala. Caminaba en perpetuo éxtasis, dejando
+escapar exclamaciones de asombro, hablando de las dulzuras de la muerte,
+del mundo invisible y de las regiones donde el amor es perdurable: nunca
+se creyó tan superior, tan por encima del nivel común de la humanidad
+como entonces: compadecía sinceramente a los seres vulgares que en
+aquellas horas estaban tranquilamente durmiendo y no gozaban como ellos
+del mágico efecto de la luna sobre la nieve. Miguel no los compadecía
+tanto, sobre todo desde que había estornudado cuatro o cinco veces
+seguidas.
+
+Al ver un rinconcito en que la nieve había cuajado en más abundancia,
+circundado de alto seto de rosal donde los árboles dejaban pasar por
+entre sus brazos, delgados hilos de luz, la generala se detuvo
+sorprendida y cautiva; un pensamiento extravagante cruzó por su cabeza y
+una sonrisa entreabrió sus labios. Tomó la mano de Miguel y lo condujo
+suavemente hasta el centro de aquel fantástico recinto, y se dejó bañar
+un instante por el rayo de la luna. Mil pensamientos poéticos cruzaron
+entonces por la imaginación de la dama. ¡Qué desprecio y qué asco le
+inspiraba en aquel momento el mundo frívolo que se veía obligada a
+habitar! Desde aquel blanco nido inmaculado se debía ascender a las
+puras regiones de lo ideal, al país de los ensueños, a vivir y comerciar
+con los seres privilegiados, donde la pasión impera sin absurdas trabas
+sociales. Sentíase trasfigurada en semi-diosa, sublimada por la pálida
+luz que la inundaba y el blanco tapiz que se extendía a sus pies,
+divinizada por el enjambre de altas y hermosas ideas que revoloteaban
+por su cabeza. La acometió un rapto de apasionada locura, y se colgó
+súbitamente al cuello de su amante, cubriéndole de besos: después, como
+un pájaro herido de amor, se dejó caer sobre la nieve y obligó a Miguel
+a sentarse a su lado: y comenzó a recitar con voz enternecida el poema
+que más le había subyugado nunca, _Le Lac_, de Lamartine. Las manos
+enlazadas, juntas las sienes, la mirada húmeda y anhelante, fija en el
+disco de la luna, dejáronse arrastrar ambos dulcemente al mundo de las
+quimeras deliciosas y se repitieron con acento arrobador lo que mil
+veces se habían dicho ya. El blanco manto de armiño conservó su huella
+hasta que el sol vino a borrarla.
+
+
+
+
+IX
+
+
+Julita soltó una estrepitosa carcajada, cuyos ecos llegaron hasta el
+gabinete de Miguel. «¿De qué se reirá aquella loca?» se preguntó éste
+sonriendo también frente al espejo mientras se aderezaba para salir.
+
+--¡Miguel! ¡Miguel!--gritó su hermana desde el pasillo.--Ven aquí, por
+Dios; ¡mira, por tu vida!
+
+Acudió solícito, y al asomar la cara por el corredor, vio a su primo
+Enrique en traje de chulo; chaquetilla corta, faja de seda, camisola
+bordada sujeta al cuello por botones de oro, sombrero ancho de fieltro,
+pantalón ceñido y bota de charol: el complemento del traje era una vara
+en la mano, muy larga, como destinada a conducir pavos.
+
+Julita se arrimaba a la pared, sujetándose la cintura con las manos para
+no desternillarse de risa. Enrique de pie, cerca de la puerta, sonreía
+un poco avergonzado. Miguel siguió al instante el ejemplo de su hermana.
+
+--La cosa no merece tanta risa--concluyó por decir el primo, amostazado.
+
+Pero ni Julia ni Miguel hicieron caso. Cuando se hubieron sosegado un
+poco, vinieron hacia él y le examinaron curiosamente.
+
+--¿Pero cómo diablo te ha dado la ocurrencia de ponerte así? ¿Te ha
+visto tu padre?
+
+--No: me he ido a vestir a casa de un amigo: tengo allí el traje...
+
+--Pues si te ve, de fijo le da un ataque. ¿Y a qué asunto te has vestido
+hoy de chulo?
+
+--¡Toma! ¿no sabes que se abre la temporada?
+
+--¡Ah! ¿hoy hay toros? ¿Mata el Cigarrero?
+
+--¡Ya lo creo!: después de quince años que no pisa la plaza de Madrid. A
+eso venía, a ver si quieres ir conmigo.
+
+--Hombre--dijo indeciso,--no soy muy aficionado a los toros; pero el
+Cigarrero me ha sido simpático... ¿Me traes localidad?
+
+--Te traigo la contrabarrera de un amigo que está enfermo. A mi lado ya
+sabes que no puedes ponerte, porque todas las barreras están abonadas;
+pero estamos cerca.
+
+--¡Ay, llévame, Miguel!--exclamó Julita saltándole al cuello.--Llévame a
+los toros.
+
+--¿Tienes deseo?
+
+--¡Muy grande! Los toros me encantan.
+
+--¡Eso, eso!--gritó Enrique entusiasmado. Tú eres española de pura raza.
+¡Pisa ese sombrero, chiquita!
+
+Y lo arrojó al suelo.
+
+Julita no se anduvo con melindres; tomó la galantería al pie de la letra
+y se puso a taconear sobre el infortunado sombrero de tal suerte, que si
+Enrique no acude a tiempo se lo hace pedazos.
+
+--Está visto que contigo no se puede ser galante--dijo de mal humor
+mientras lo limpiaba con la manga de la chaqueta.
+
+Miguel, previo el permiso de su madrastra, mandó al criado por una
+carretela a casa de Lázaro y por un palco a la de un revendedor
+conocido. Después que madre e hija se vistieron la clásica mantilla y
+Miguel cambió la levita y el sombrero de copa por la americana y el
+hongo, subieron los cuatro al carruaje.
+
+Eran las dos y media de la tarde. El sol brillaba en el firmamento sin
+que una sola nube asomara por el horizonte a recibir su parternal
+caricia. Madrid gozaba del privilegio divino de su cielo sin dirigirle
+siquiera una mirada de gratitud, como una sultana a quien las caricias
+causan tedio. Al cruzar por la Puerta del Sol, vieron el chorro de su
+fuente, despidiendo fúlgidos destellos elevarse por encima del tejado
+del Principal. A la entrada de la calle de Alcalá había una larga fila
+de ómnibus que una muchedumbre asaltaba anhelante, furiosa, cual si se
+tratara de escapar a un grave e inmediato peligro. Pero muy contra lo
+que sucede en casos tales, en vez de oponerse los unos a que se
+encaramasen los otros, todos se ayudaban con solicitud, mostrando por
+anticipado lo que debe ser y lo que será con el tiempo la fraternidad
+universal.
+
+--Eh, buen hombre, que se va V. a caer... Deme V. la mano.--Caballero,
+téngame V. por el bastón.--No ponga V. el pie sobre la rueda.--¿Quiere
+V. que nos apretemos más? Bueno, hombre, bueno, nos apretaremos.
+
+Estos gritos se oían en todas partes, viéndose a algunos pobres viejos
+por el aire, elevados a la imperial de los ómnibus en brazos de los que
+ya estaban en ella. Las caras resplandecían de alegría, lo mismo que el
+cielo. La acera de la derecha, donde estaba el despacho de billetes,
+veíase cuajada de gente, que discurría por ella en espectativa de que
+las localidades bajasen y se pusiesen al alcance de su bolsillo. Un
+sinnúmero de coches particulares y de berlinas de punto cubrían más
+abajo la ancha carretera, galopando en dirección a la plaza; y al
+través de ellos, dejándolos atrás en seguida, corrían desbocados los
+ómnibus, mientras los que iban encima, sin miedo a estrellarse,
+embriagados por la carrera vertiginosa, saludaban con gritos de alegría
+a los que iban dejando en pos de sí. Algunos picadores con sus chaquetas
+de brocado y sombreros inmensos galopaban también sobre algún mal
+caballo, llevando a las ancas a un amigo, que le abrazaba cariñosamente
+para no caerse. Los peones bajaban por las aceras lentamente, en amable
+plática, formando apretados y numerosos grupos.
+
+Una carretela abierta, donde iban toreros, se acercó un instante al
+costado de la de Miguel y siguió adelante. Era la del Cigarrero, que
+contestó al saludo de Enrique y Miguel con la gravedad afable que le
+caracterizaba. El Serranito y Merluza, que iban con él, saludaron con
+más expansión.
+
+--Me brindarás un par, ¿no es verdad, Baldomero?--gritó Enrique.
+
+--A uté no, que e mu feo: a esa señorita tan remonísima que yeva uté a
+la vera--contestó el Serranito.
+
+Julita se echó a reír, ruborizada.
+
+En torno de la plaza, donde llegaron en seguida, se agitaba la multitud,
+pugnando por entrar; los coches que allí se juntaban producían
+disturbios y motines, que los guardias no eran suficientes a reprimir.
+Después de dejar a su madrastra y hermana en el palco, Miguel se retiró
+con su primo, pretextando que deseaba ver de cerca matar el primer toro
+al Cigarrero, y que luego volvería; en realidad, era porque había visto
+a la generala Bembo en un palco con la señora del banquero Mendiburu.
+Bajó al redondel, y desde allí pudo hacerse notar de ella, y la saludó
+ceremoniosamente con el sombrero.
+
+La arena estaba llena de aficionados; una muchedumbre abigarrada,
+compuesta de estudiantes, paletos, chulos, señoritos y soldados,
+elegantes unos, otros desarrapados, fraternizando todos y creyendo que
+por el mero hecho de hallarse allí, en el terreno del toro, como si
+dijéramos, participaban del arrojo y gallardía de los lidiadores. Los
+tendidos se iban poblando lentamente, y desde aquí al redondel mediaban
+saludos y gritos entre unos y otros, que convertían la plaza en un
+mercado. La voz de los vendedores de naranjas salía entre todas las
+demás; y las naranjas, cuando alguno las demandaba, volaban rápidas y
+certeras de las manos de aquéllos a las del comprador, por encima de las
+cabezas. En los tendidos de sombra, los jóvenes lechuguinos charlaban en
+voz alta, levantando la cabeza para mirar a las damas de los palcos. En
+los de sol, los honrados menestrales se acomodaban en sus asientos,
+resueltos a dejarse tostar toda la tarde, y hablaban entre sí de
+tauromaquia, muy pagados de ser los verdaderos inteligentes en la plaza.
+El júbilo, la alegría nerviosa que comunica la esperanza del placer,
+brillaba en todos los ojos.
+
+Al fin los alguaciles salieron a despejar, y los aficionados del
+redondel se fueron retirando hasta dejarlo enteramente libre. Enrique y
+Miguel, que habían estado en los patios interiores hablando un momento
+con el Cigarrero y su cuadrilla, también fueron a ocupar los respectivos
+asientos. El ruido había disminuido bastante; gracias a esto se
+percibían los acordes de la charanga de hospicianos, que hasta entonces
+no había logrado hacerse escuchar. Los espectadores sacaban los relojes
+y dirigían miradas significativas a la presidencia. En esto la charanga
+entonó con energía la marcha real; todos los rostros se volvieron al
+mirador regio donde apareció la reina Isabel: algunos batieron palmas;
+otros dijeron «chis, chis,» porque la atmósfera política estaba entonces
+encapotada con ciertos nubarrones que descargaron no mucho tiempo
+después. Hecha la señal, al cabo, las cuadrillas entraron en la arena al
+son de la marcha de la zarzuela _Pan y toros_: salían, como de
+costumbre, formando tres filas, al frente de cada cual iba el respectivo
+espada. Al verlos estalló un prolongado aplauso. Cruzaron la plaza
+graves, firmes, acompasados, escuchando la gritería que su aparición
+había levantado, con la mayor indiferencia; brillaban sus ricos vestidos
+y capellares despidiendo vivos destellos que alegraban la vista.
+
+--¡Miale, miale el viejo!... Ese es, el de la izquierda... Miale qué
+cara tiene... ¡Le zumba el alma a ese tío!.. En España no queda ya quien
+reciba toros más que él...
+
+Toda la atención de la plaza estaba concentrada sobre el Cigarrero,
+apesar de que mataban también el Gordo y Lagartijo, que comenzaba
+entonces a ser el niño mimado del público. Mas para el aficionado
+madrileño, el ver recibir un toro es una de esas ilusiones que jamás se
+realizan aunque vivan constantemente en el corazón: _aguantar_ lo hacen
+varios toreros; pero _recibir_, lo que se llama recibir de verdad, no lo
+han hecho más que los héroes antiguos del toreo.
+
+Saludaron con ademán uniforme a la presidencia, y rompieron filas,
+tirando las capas de gala a los amigos de los tendidos, que se
+encargaron de su custodia con más orgullo que si se tratara del Arca de
+la Alianza. El presidente sacó el pañuelo; sonó el clarín; abriose la
+puerta del toril: apareció el primer toro. Era un Miura castaño,
+chorreao, listón, fino y de hermosa lámina, largo y levantado de cuerna.
+Mostrose voluntario y noble en las varas, aguantando seis puyazos de los
+picadores de tanda. Pero al llegar a los palos comenzó a defenderse.
+Sin embargo, el Serranito le clavó un soberbio par cuarteando con finura
+y limpieza, que sorprendió agradablemente al público: en Madrid no
+sabían, como en Sevilla, que Baldomero era un chico que daría mucho que
+hablar. Merluza se pasó una vez y luego colgó un palo cuarteando
+también. Volvió el Serranito a coger los palos, y después de intentar en
+vano colgárselos al sesgo, se los puso quebrando con limpieza y
+maestría. Hubo un delirio de palmas en la plaza; su figura esbelta y la
+singular corrección y delicadeza de sus facciones, cautivaron al
+público; las mujeres le clavaban codiciosamente los gemelos; se paseó
+triunfante en torno de la plaza recibiendo sonriente el aplauso de los
+tendidos.
+
+Llegó su turno al Cigarrero: avanzó gravemente hacia la presidencia, se
+quitó la montera y dijo con voz ronca unas cuantas palabras que nadie
+pudo entender; después se fue derecho al toro, que tenía marcadas
+tendencias a huirse. Persiguiole infructuosamente algún tiempo en medio
+de la curiosidad expectante de la plaza. Por fin, gracias a los
+esfuerzos de la cuadrilla, pudo trastearle, y lo hizo bastante ceñido,
+dándole algunos pases buenos; el público aplaudió y se las prometió muy
+felices. Mas en medio de la faena, el diestro sufrió una colada y perdió
+enteramente el aplomo; dio otros tres o cuatro pases sin confianza y
+descompuesto; y deprisa y corriendo, sin estar bien cuadrado el animal,
+lió el trapo bastante lejos y se tiró a paso de banderillas. La estocada
+resultó un _bajonazo_ de lo más malo que nunca se hubiera visto. Es
+indescriptible la cólera que se apoderó de los espectadores. Si hubiera
+sido otro torero, hubiera pasado con una silba, grande o pequeña; pero
+haber concebido la esperanza de ver a un antiguo maestro toreando por el
+sistema de Montes y venir a la plaza a presenciar aquella ignominia,
+esto ponía fuera de sí a los aficionados. ¡Qué gritería, cielo santo!
+¡Qué injurias! ¡Qué lamentos! Parecía que a cada uno le acababan de
+robar el honor de su hija.
+
+--¡Morral, ladrón, gran cochino! ¡Así te ahorquen por los pies! ¿Eres tú
+el que recibías los toros? ¡A la cárcel con ese pillo! Señor presidente,
+¿para cuándo quiere V. la Guardia civil?
+
+Y en medio del alboroto, las naranjas, las botellas vacías y hasta
+algunas piedras, volaban a la plaza, y por milagro no herían al diestro.
+Éste avanzaba, pálido, avergonzado, hacia la presidencia. Al llegar
+cerca del tendido donde estaban Enrique y Miguel, una naranja certera le
+dio en el rostro y le sacó sangre. Enrique, que ya estaba excitado y
+nervioso, no pudo reprimir la indignación, y levantándose gritó a los
+que estaban detrás:
+
+--¿Quién ha sido ese valiente? ¿Ese valiente sin vergüenza?
+
+--¡Fuera el chulo sietemesino! ¡Que baile!--contestaron desde arriba.
+
+--¿Se dirige V. a mí?--dijo uno levantándose con arrogancia.
+
+--Me dirijo al que haya sido.
+
+--Pues nos veremos las caras al salir.
+
+--Se la veré a usted para escupírsela--contestó Enrique encolerizado.
+
+--¡Fuera, fuera! ¡Que se siente ese babieca!--gritaron desde arriba.
+
+No tuvo más remedio que hacerlo. El Cigarrero sonreía limpiándose la
+sangre con el pañuelo. Era una sonrisa tan triste y tan humilde, que a
+Miguel se le apretó el corazón y estuvieron a punto de saltársele las
+lágrimas.
+
+Sólo cuando apareció el segundo toro en el ruedo, concluyó del todo la
+bronca. Por más que trabajó, hasta no poder más en los quites, el pobre
+Cigarrero no consiguió captarse la benevolencia, ni siquiera el perdón
+del público. Cuantos esfuerzos hacía, cuantos capotes echaba (y la
+justicia obliga a declarar que los echaba con arte), servían de befa y
+de irrisión al enfurecido pueblo. El Gordo, en su toro, estuvo como casi
+siempre, pasando de muleta con maestría y pinchando bastante mal.
+Lagartijo toreó el suyo sobre corto y con frescura, y se metió por
+derecho a volapié, dando una buena estocada, pero saliendo trompicado.
+Muchos aplausos.
+
+Llegó el cuarto toro, que correspondía de nuevo al Cigarrero. Era un
+Veragua colorado listón, bragado, ojinegro, abierto de cuerna y de buena
+estampa, como casi todos los del Duque; un bravo y hermoso animal.
+
+Merluza le colgó un buen par al cuarteo. El Serranito cogió después los
+palos, y en cuanto el público le vio en medio de la plaza, aplaudió.
+
+--¡Ole tu mare, saleroso!
+
+Quiso ponerlas cuarteando también, pero se pasó una vez porque el toro
+no arrancó. Volvió a cuartear y volvió a pasarse por la misma razón. De
+nuevo se fue hacia el toro, y otra vez se pasó. Entonces hubo cierto
+movimiento de impaciencia en el público; se oyó un silbido; esta fue la
+perdición del pobre mozo. Herido su amor propio, acometió ciego a la res
+y quiso clavarle las banderillas a todo trance; el toro, que no se había
+movido, le enganchó por debajo del brazo y lo echó al aire. Sonó un
+grito de horror en la plaza. Las cuadrillas enteras se arrojaron sobre
+el animal, tratando de llevárselo; pero inútilmente. Inútilmente el
+Cigarrero brincaba con heroísmo delante de los cuernos, metiéndole el
+trapo por los ojos; inútilmente Lagartijo y el Gordo le echaban también
+los capotes, exponiéndose a morir; el toro, como si tuviese algún
+agravio del infortunado Baldomero, no atendía a nada, y lo recogió otra
+vez y otra vez lo tiró al aire. Entonces el Cigarrero, por última
+inspiración, soltó la capa, se agarró fuertemente al rabo de la bestia y
+comenzó a colearla; dio tantas vueltas, que al fin cayó mareado; el
+Gordo la llevó con la capa lejos. En esto el Serranito se había puesto
+en pie, sonrió forzadamente al público, como el gladiador que quiere
+morir con gracia, se llevó la mano al pecho y cayó de nuevo, soltando
+chorros de sangre por las heridas. Dos monos sabios lo recogieron y lo
+llevaron a la enfermería; otros corrieron en seguida a tapar la sangre
+con arena.
+
+El presidente, que debía de estar conmovido y alterado como todos los
+espectadores, dio la señal de muerte, sin considerar que al toro no se
+le habían puesto más que un par de banderillas, y que era peligroso para
+el espada que fuese tan entero a la muerte. ¡Aquí fue ella! El público,
+que gusta de mostrar buen corazón después que han sucedido las
+desgracias, se levantó en masa, volviéndose iracundo contra el
+presidente, como si él fuese quien hubiera pegado las cornadas al
+Serranito.
+
+--¡Bárbaro, bárbaro, asesino!
+
+Agitaban frenéticos los puños y los bastones frente al palco
+presidencial, los ojos llameantes, los rostros demudados por la ira.
+Nadie respetaba ni se acordaba siquiera de la majestad que estaba a su
+lado: se proferían los dicterios más soeces. Pero el presidente, aunque
+estuviese arrepentido, y debía de estarlo, a juzgar por la confusión que
+se reflejaba en su semblante, ya no podía revocar la orden; su dignidad
+se lo impedía. Entonces el público se volvió al Cigarrero, que ya había
+cogido los trastos, y le gritó:
+
+--¡No lo mates, no lo mates! ¡Que lo mate ese asesino!
+
+El Cigarrero encogió los hombros y se dispuso a ir en busca de la res.
+En aquel instante un torero que llegaba corriendo le dijo algo al oído,
+y el espada se puso terriblemente pálido. El público comprendió que
+había malas noticias del Serranito. Quitose el matador la montera, se
+pasó la mano por la frente con abatimiento, se la puso de nuevo y marchó
+hacia el toro. Los gritos se apagaron instantáneamente; reinó un
+silencio lúgubre en la plaza.
+
+--¡Ha matado a su hermano! ¡ha matado a su hermano!--se decían los
+espectadores al oído.
+
+Y todos sentían ansiedad inexplicable, una simpatía profunda por el
+desgraciado Cigarrero. Éste avanzaba con lentitud, el paso vacilante,
+hacia el toro. Pero no se detuvo hasta dejar caer el trapo sobre los
+mismos cuernos.
+
+--¡¡Ole!!--rugió la plaza; volvió a reinar el silencio.
+
+El toro brincó como si hubiera sentido un acicate, y se revolvió al
+instante, furioso. El espada le dio un pase de pecho, superior.
+
+--¡¡Ole!!--rugió de nuevo la plaza.
+
+Y otra vez se hizo el silencio.
+
+Siguieron a éste otros pases naturales y en redondo, dados tan en corto
+y con tal maestría, que el público quiso volverse loco. Los pies del
+matador apenas se movían ni salían de un círculo estrechísimo; pero este
+círculo parecía sagrado e infranqueable; los cuernos del toro pasaban
+rozando la chaquetilla del anciano torero sin hacerle el más ligero
+daño. Al fin, la fiera, harta de tanto revolverse y acometer sin fruto,
+se detuvo jadeante. El toro y el torero se miraron; lió éste el trapo
+tranquilamente, se echó el estoque a la cara y citó con el pie para
+recibir. Acudió la bestia, furiosa, y se clavó ella misma la espada
+hasta la empuñadura. Hubo un grito reprimido de entusiasmo en la plaza.
+El toro se quedó un instante inmóvil frente al torero, lanzó un débil
+mugido y se dejó caer desplomado sobre los brazos.
+
+Nadie puede representarse lo que entonces pasó: un delirio, un inmenso
+ataque de nervios; diez o doce mil energúmenos gritando con toda la
+fuerza de sus pulmones; una nube de cigarros, petacas y sombreros
+volando por el aire y tapizando al instante de negro la blanca arena.
+Veinte años hacía que no se había visto en la plaza de Madrid la suerte
+de recibir, de este modo consumada.
+
+El Cigarrero dirigió una mirada vaga a los tendidos; se pasó otra vez la
+mano por la frente, y dejando caer al suelo la muleta, se echó a correr
+como un gamo sin atender a los gritos de entusiasmo, a los llamamientos
+que de todos lados le hacían; brincó la barrera y desapareció de la
+vista del público.
+
+Cuando llegó a la enfermería estaban ya allí Enrique y Miguel con el
+médico y algunos amigos. El cura acababa de confesar y se disponía a
+poner la unción al desdichado Baldomero, que presentaba en el rostro las
+señales indefectibles de la muerte. Al entrar su hermano volvió los ojos
+hacia él y sonrió con cariño.
+
+--¿No habrá sío náa, eh?--le preguntó éste con voz alterada y ronca,
+queriendo persuadirse de que no era caso de muerte.
+
+--Poca cosa, Pepe... que me voy ar otro barrio...
+
+El cura avanzó en aquel instante con los sagrados óleos. Todos los
+circunstantes doblaron la rodilla. Reinó silencio aterrador, que sólo
+interrumpía el murmullo del clérigo y el estertor del moribundo. Cuando
+aquél concluyó, Baldomero dirigió otra sonrisa a su hermano y le tendió
+la mano diciendo con trabajo:
+
+--Mis chiquitine...
+
+--Pierde cuidiao, Baldomero--repuso el anciano con la voz anudada y
+llevándose la mano al corazón.--Tus hijo serán lo mío.
+
+En aquel instante se oyó un gran vocerío en la plaza. Era la plebe, que
+saludaba la entrada del quinto toro.
+
+El Cigarrero se dejó caer sollozando en los brazos de Miguel.
+
+--¡Qué tristesa, D. Miguelito del arma, qué tristesa!
+
+
+
+
+X
+
+
+No pocas idas y venidas costó la aparición de _La Independencia_,
+«diario liberal de la mañana.» Nuestro amigo Mendoza por poco pierde la
+razón a puro correr por las calles. Desde la imprenta al almacén de
+papel, de aquí a la redacción, de la redacción a casa de Ríos, y así
+todo el día y parte de la noche. La mayoría de los redactores fue
+nombrada por el conde; algunos eran hijos de sus tertulianos asiduos,
+otros periodistas famélicos a quienes debía algún suelto laudatorio.
+
+Por fin apareció el primer número. Grande fue la sorpresa de Miguel al
+leer debajo del título otro rengloncito corto que decía: «Director: don
+Pedro Mendoza y Pimentel.» No pudo reprimir un sentimiento de
+indignación.
+
+--¿Pero este majadero, qué se habrá llegado a figurar?--murmuró
+estrujando el periódico. Y al poco rato, viendo entrar jadeante,
+corriéndole el sudor por la frente a Brutandor, se encaró con él
+diciéndole:
+
+--Oyes, Perico, ¿te sientes con fuerzas para dirigirme en las arduas
+tareas del periodismo?
+
+Mendoza se puso colorado y comenzó a balbucir:
+
+--¡Yo no he sido!... ¡Demasiado sé yo!... El conde se ha empeñado...
+Decía que era necesaria una persona... No nos atrevimos a ponerte a ti
+por si no querías... De todos modos ya sabes...
+
+--Bueno, bueno; ya lo sé todo--repuso Miguel con acritud.--Pero estas
+cosas, querido Perico, se dicen por si no convienen.
+
+Así quedó el asunto. En cuanto se le fue el enojo, Miguel se rió de la
+_gansada_ de su amigo y no volvió a pensar más en ella. No obstante, se
+la hizo pagar con algunas bromas; era la menor venganza que podía tomar.
+
+--Te participo, amado _Mánchester_, que si no me das un fósforo, divulgo
+el secreto que hace años te tengo guardado--decía sin levantar la cabeza
+de las cuartillas que estaba escribiendo.
+
+Mendoza le daba el fósforo gravemente y se salía evitando en cuanto le
+era posible las burlas de su amigo.
+
+--¿Qué secreto es ese?--le preguntaban riendo los demás redactores.
+
+--Hice juramento de no revelarlo. Acaso algún día él mismo lo descubra.
+Tengan VV. paciencia.
+
+Y, en efecto, al cabo de algunos meses, habiendo escrito Miguel un
+artículo de polémica personal, Mendoza se autorizó el enmendarlo
+añadiéndole algunas palabras que produjeron un serio conflicto al
+periódico.
+
+--¿Lo ven VV.?--gritaba encolerizado en medio de la redacción arrojando
+el sombrero contra el suelo.--¡Hace tantos años que yo le guardo
+fielmente el secreto de que es un animal, y él mismo acaba de revelarlo
+ahora!
+
+--Ya lo sabíamos--apuntó un redactor sonriendo y mirando con recelo a la
+puerta.
+
+--¡Ah! ¿Lo sabía V.?
+
+--Lo sabíamos todos--dijo otro mirando también a la puerta.--Todos menos
+el conde de Ríos.
+
+--Eso tiene una explicación muy sencilla: consiste en que el conde de
+Ríos es más animal que él.
+
+Los redactores se miraron consternados, y sin decir otra palabra,
+bajaron la cabeza y continuaron escribiendo.
+
+--Oyes, Perico--le decía otra vez,--me parece que esa levita es muy
+corta.
+
+Los compañeros se rieron porque estaba muy lejos de ser cierto.
+
+--Es bastante larga--contestó Mendoza un poco amostazado.
+
+--Para cualquier otro mortal no lo dudo, ¡pero para un director!...
+Observa, Perico, que tienes contraídos con el público ciertos
+compromisos ineludibles.
+
+La redacción se componía de una sala y gabinete en un cuarto entresuelo
+de la calle del Baño. En un principio todo era redacción, mas
+paulatinamente y a la sordina, Mendoza se fue quedando solo en el
+gabinete. Cierto día apareció sobre la puerta de éste un letrero que
+decía: _Dirección_. Perico se creyó en el caso de dar una explicación a
+su amigo.
+
+--No extrañes lo del letrero, Miguel. Ya comprenderás que tú nada tienes
+que ver con eso... Pero los demás... El general me dijo que debía haber
+un cuarto reservado... Porque ya sabes... Vienen visitas...
+
+--Bien, hombre, bien; no te apures, Majagranzas...
+
+Mendoza, que no había leído el Quijote, no entendió la cruel intención
+del mote y quedó muy satisfecho.
+
+El periódico estaba inspirado, o como empezaba a decirse entonces, era
+órgano del general conde de Ríos; pero éste no se dignaba pasar casi
+nunca por la redacción: cuando de uvas a brevas lo hacía, nunca dejaba
+el conserje de entrar a anunciarlo a los redactores, quienes se
+apresuraban a sentarse y a quedarse absortos en su tarea. El único que
+seguía como estaba, paseando o fumando, con las manos en los bolsillos,
+era Miguel. El general se descubría al entrar, y con afectada
+amabilidad, daba las buenas noches.
+
+--¿Cómo siguen VV., señores?
+
+Al ver a Miguel en actitud un poco displicente, fruncía levemente las
+cejas; pero dominándose en seguida, se apresuraba a saludarle; Miguel le
+estrechaba la mano sin ceremonia. Después solía pasar al gabinete con
+Mendoza, quien le seguía, embargado por el susto y el respeto. Al poco
+rato se oía la voz cascada del general dictando alguna orden o
+«echándole una chillería,» como se decía en la redacción.
+
+--¡Caramba, Mendoza, no me llamen VV. tantas veces ilustre a Serrano! Ya
+me tienen VV. de ilustración hasta el cogote.--Dígale V. al encargado de
+los teatros que es un adoquín; ayer da un palo al drama de Chamorro, que
+es correligionario, y hace unos cuantos días ponía por las nubes una
+piececita muy mala de un sobrino de González Bravo... ¡Ah! y que me
+tenga cuidado con la Ferni: ya sabe V. que ha cantado en mi casa.--Vamos
+a ver, Mendoza, ¿cómo consiente V. que ese Sr. Darwin diga en la sección
+de Variedades que el hombre desciende del mono? (Pausa mientras
+contesta Mendoza, al cual no se oye.) ¿Traducido, eh? Pues que no
+traduzcan tales badajadas... ¡Buen mono estará ese traductor!
+
+El que se oía llamar de esta suerte, o majadero, o adoquín, se hacía el
+desentendido y bajaba aún más la cabeza fingiéndose enteramente
+embebecido en su trabajo. Pero alguno de los compañeros tosía
+maliciosamente y los demás se echaban a reír. A Mendoza en estos casos
+no se le oía el metal de la voz; por manera que desde la sala, parecía
+que el general hablaba solo. Pero esto, como ya hemos dicho, sucedía muy
+pocas veces: ordinariamente el director iba a tomar órdenes a casa de
+aquél dos a tres veces cada día. El General mostraba en la dirección del
+periódico la misma saludable energía que siempre le había caracterizado
+dentro de los cuarteles. Pero allí, como en éstos, su espíritu
+esencialmente analítico se detenía mucho más en los pormenores que en el
+conjunto. Un remiendo mal pegado, una correa mal puesta, sacaba de
+quicio y encendía la cólera en el pecho del héroe de Torrelodones (así
+le llamaba _La Independencia_ un día sí y otro no). Asimismo una noticia
+_fiambre_, un anuncio torcido llevaba a su noble espíritu una turbación
+extraña que no era poderoso a reprimir. Mendoza tenía buen cuidado de no
+turbarle a menudo. Los artículos, los sueltos no conseguían excitar el
+interés del valeroso caudillo, y dejaba a la redacción bastante libertad
+en esta materia. En cambio, por nada en el mundo consentiría que se
+variase el título de una sección sin consultarle. Algunas veces, por
+espontánea y libérrima inspiración, él mismo llegó a cambiarlos. Un día,
+después de venir de su casa recibió Mendoza un volante ordenándole, en
+términos que no daban lugar a torcidas interpretaciones, que la sección
+del periódico titulada _Noticias generales_ llevase por nombre, de allí
+en adelante, el de _Noticias universales_. Apesar de la utilidad
+innegable de esta reforma, pues el adjetivo universal es, sin duda, más
+comprensivo que general, algún redactor se empeñaba en sostener que los
+suscritores, no sólo no la agradecerían, sino que ni siquiera se harían
+cargo de ella. El único asunto vedado para los redactores era el sistema
+colonial inglés, y todo lo que de él se derivase; el general se
+reservaba enteramente esta materia, en la cual era indudablemente
+peritísimo; como que había tocado dos veces en la India al ir a
+Filipinas. Su punto de vista, en consonancia con la energía de su
+carácter, era que para colonizar un país, se hacía indispensable
+extirpar a los indígenas; sin extirpación, imposible la colonización.
+Este fue el principio que sostuvo en una serie de artículos escritos
+«con más bizarría que gramática,» al decir de un colega ministerial.
+Por cierto que Ríos se empeñaba en que Mendoza fuese a desafiar al
+director; pero no pudo conseguirlo.
+
+Lo único que se leía con agrado en el periódico, hay que decirlo a
+riesgo de herir la susceptibilidad exquisita de algunos redactores, era
+la sección de sueltos políticos, que estaba a cargo de Miguel, o
+Riverita, como allí se le llamaba. Sin embargo, el general daba
+infinitamente más importancia a los artículos de fondo. Los _fondos_
+estaban a cargo de un anciano silencioso, taciturno, viudo, con siete
+hijas que se alimentaban y vestían con los cincuenta duros mensuales que
+le producían estos _fondos_ a su padre. Iba a la redacción el primero y
+salía el último; sus artículos, llenos de cordura, de sensatez, de
+prudencia, daban vuelta siempre a los asuntos sin entrar en ellos; el
+general encontraba esto más conforme con las reglas de la estrategia,
+que el apoderarse del asunto «descubriendo el cuerpo.» Además, tenían la
+incalculable ventaja de que comenzaban y terminaban constantemente del
+mismo modo, con ligerísimas variantes.
+
+He aquí el modelo de su estilo:
+
+«Al estudiar concretamente los importantes problemas que se relacionan
+con el fomento de los intereses generales, base de la prosperidad
+individual y colectiva, no puede desconocerse, en manera alguna, lo
+mucho que en su resolución influye una acción sistemática y continua,
+en lo que toca a la administración pública, tan poderosa para remover
+los múltiples obstáculos que estorban la marcha próspera de un
+determinado país. No es que nosotros desconozcamos que en su esfera
+respectiva se precisa el concurso inteligente de todas aquellas otras
+entidades, capaces de descubrir las fuentes de riqueza, que son otros
+tantos factores del bienestar social, siempre que el trabajo empleado
+para obtener el fin propuesto, responda a las exigencias de una razón
+ilustrada por las lecciones de la práctica, etc., etc.»
+
+Cuando vinieron a contar a Miguel que el general decía que los escritos
+de Ramos (así se llamaba el viejo de los _fondos_), tenían más peso que
+los suyos, exclamó:
+
+--¡Claro, por eso no pueden digerirlos más que los avestruces!
+
+
+
+
+XI
+
+
+Llegó el mes de julio. La generala Bembo se fue huyendo del calor a
+Biarritz. Miguel no la siguió al instante, porque tenía que llevar a su
+madrastra y hermana a Santander; pero convino con ella en ir a pasar el
+mes de agosto a Pasajes, donde D. Pablo había tenido el capricho en otro
+tiempo de edificar una magnífica casa de campo. En este retiro suave y
+campestre contaba la generala imitar la deliciosa égloga de Pablo y
+Virginia, y un poquito también, si posible fuera, la pasión libre y
+salvaje de Chactas y Atala.
+
+Después que dejó instalada a su familia y supo que Lucía estaba ya en
+Pasajes, se trasladó a este punto en un vapor. Salió de Santander al
+rayar el alba: el cielo diáfano, como pocas veces suele verse en
+aquella costa; la mar azul y rizada. Corría un viento fresco y ligero,
+que ensanchaba el pecho y abofeteaba las mejillas. Subió al puente con
+el capitán, que se reía de verle tambalearse y cogerse fuertemente a la
+barandilla, y desde allí contempló el espectáculo sublime de levantarse
+el sol en el mar. Se levantó como siempre, magnífico, sereno, sin
+mostrar temor alguno a los _touristes_, que le describen en sus cartas a
+los periódicos, ni menos a los poetas cursis, que le traen y le llevan y
+algunas veces hasta le mandan pararse para que escuche sus simplezas. El
+capitán se paseaba con las manos en los bolsillos, sin hacerle maldito
+el caso (al sol, no a Miguel), y cuando éste, sin poder contenerse,
+soltaba alguna exclamación de entusiasmo, se detenía y le preguntaba con
+amabilidad:
+
+--¿Le gusta a V. el sol?
+
+--¡Muchísimo!
+
+El marino sonreía con semblante compasivo, como diciendo: ¡Qué sería el
+mundo, si los gustos fuesen iguales! Y en voz alta contestaba:
+
+--No está mal, no; no está mal el sol...
+
+Después de transigir de este modo con las flaquezas del prójimo,
+emprendía de nuevo su paseo. Y para dar señales más claras aún de su
+benevolencia, se detenía de nuevo, sonriente.
+
+--Ahora por el verano da gusto viajar, ¿verdad? No hace frío ninguno...
+Luego se va viendo toda la costa: la mar está como una seda... Cuando se
+levante el piloto, le pediremos que toque la guitarra... ¡Ya verá V., ya
+verá qué bien la maneja!
+
+Pero en medio de su discurso se detenía, mirando a la proa, fruncía las
+cejas, se inclinaba sobre la barandilla, siempre con las manos en los
+bolsillos, y gritaba:
+
+--¡Babor!
+
+--Babor--contestaba el timonel desde abajo, como un eco.
+
+Seguía el capitán un rato con las cejas fruncidas y mirando a la proa;
+al cabo volvía a inclinarse y decía:
+
+--A la vía.
+
+--Vía--respondía el timonel.
+
+Entonces se extendían de nuevo los resortes que tenían contraído su
+rostro atezado, y volvía a dibujarse en sus labios una sonrisa cándida y
+afable.
+
+--Da gusto oírle tocar las sevillanas; ya verá usted.
+
+Cuando la tarde declinó pasaron por delante de San Sebastián. Miguel se
+esforzaba por ver la boca de la bahía de Pasajes, sin conseguirlo. El
+capitán se desesperaba porque no aparecía la lancha del práctico. Al fin
+se distinguió como un punto negro allá entre las olas: se acercó al
+costado del buque, trepó un hombre con boina prontamente a la obra
+muerta, y en seguida al puente, y dijo con acento vizcaíno:
+
+--Buenas tardes, D. Isidoro y la compañía.
+
+Llegaron a la boca, que era estrechísima. El práctico, sin perder de
+vista la proa del vapor, hablaba alegremente de la romería que acababa
+de dejar allá, sobre los altos del pueblo. Entraron por una ría angosta,
+entre dos sierras elevadas, y no tardaron en desembocar en la bahía,
+que, en realidad, no merecía tal nombre: era una especie de lago, no muy
+extenso, rodeado por todas partes de altas montañas y cuya comunicación
+con el mar pasaba inadvertida, a no fijarse mucho. La hora en que
+entraron era la del crepúsculo. En la bahía, por efecto del abrupto
+cordón que la circundaba, había ya poca luz; el sol se había hundido
+tiempo hacía por detrás de los montes, y allá en el cielo veíase el
+semicírculo de la luna, fino, azulado y puntiagudo: el Héspero hacía
+guiños a su lado antes de ocultarse.
+
+El pueblo se extendía por entrambos lados adosado a la montaña, y sus
+casas estaban bañadas por el mar, al cual podían los vecinos salir por
+escaleras de piedra. En muchas había también un pequeño terrado o jardín
+donde merendaban o departían sosegadamente tomando el fresco, o bailaban
+y reían, según el humor y la ocasión. Miguel se enteró por el práctico
+de que el pueblo estaba dividido en dos parroquias; la parte de la
+derecha se llamaba San Pedro, la de la izquierda San Juan. Enfrente,
+bastante más lejos, había un grupo de casas y almacenes nuevamente
+edificado, conocido con el nombre de Pasajes ancho, o Ancho solamente.
+
+El vapor ancló en medio de la bahía hasta el día siguiente. Miguel
+estaba sorprendido y enamorado de aquel retiro silencioso y melancólico
+que entre las sombras crepusculares tomaba apariencias aún más tristes y
+fantásticas. La imaginación comenzó a hablarle un lenguaje suave y
+misterioso. Miraba a las casas donde todavía no se percibía luz ninguna,
+y se preguntaba:--¿Los que habitan allí, lejos del ruido, encerrados por
+esta muralla natural, serán más felices que los que vivimos en la
+agitación estruendosa de la corte? ¡Quién sabe! Fijose en una pareja de
+jóvenes asomados a la barandilla de un terrado, y no pudo menos de
+envidiarlos. Allá en Madrid no se ama, de seguro, como aquí: estamos
+solicitados por tantos deseos a la vez, que el corazón no puede
+recogerse y vivir en la contemplación feliz del ser que se adora. En
+aquel momento no se acordaba para nada de Lucía. Su espíritu,
+impresionado primero por la sublime presencia del océano, y ahora por la
+dulce poesía de aquel lago, se despegaba con tedio de la vida torcida y
+artificiosa que acababa de dejar, de sus placeres mentidos y
+pecaminosos, y se unía con cariño al sentimiento de dicha tranquila que
+aquel pueblecillo retirado y pintoresco inspiraba.
+
+Vino a sacarle de su meditación el capitán, que le invitaba a tomar una
+copita de ginebra en la cámara: Miguel le manifestó que deseaba saltar a
+tierra y buscar posada.
+
+--Pierda V. cuidado, ahora va a llegar Úrsula.
+
+--¿Quién es Úrsula?
+
+--La batelera: ella le llevará a tierra y se la buscará.
+
+Y, en efecto, al poco rato se acercó al costado del vapor un bote, y
+dentro de él una joven que manejaba los remos con singular maestría. En
+Pasajes, el servicio de los esquifes que trasportan la gente de un punto
+a otro de la bahía está a cargo de mujeres.
+
+--Buenas tardes, D. Isidoro y la compañía.
+
+--Ahí te entrego ese señorito, Úrsula. Cuidado lo que haces con él.
+
+(Aquí el capitán dijo una gran barbaridad, que no es posible repetir.)
+
+Úrsula sonrió sin escandalizarse.
+
+--¡Allá él, D. Isidoro, allá él!
+
+Saltó en el bote nuestro joven, y fue conducido prontamente a la orilla.
+Úrsula era una zagala fornida, pobremente trajeada y con unos colores
+tan vivos en el rostro, que sorprendieron a Miguel: más adelante
+averiguó que bebía mucho aguardiente. Amarró el bote y condujo a su
+pasajero por unas toscas escaleras de piedra hasta la calle. Era ésta
+bastante angosta y torcida: como domingo, no dejaba de haber alguna
+animación en ella; los vecinos estaban sentados a las puertas hablando,
+o jugando en las tiendas a la lotería. Al sentir los pasos del
+forastero, levantaban el rostro y le examinaban con curiosidad; el que
+pregonaba los números también suspendía su canto un instante para
+mirarle. En las tabernas, que no eran pocas, se oía mucha algazara. Era
+ya casi noche. Úrsula le fue guiando al través de aquella calle larga y
+tortuosa, que era la única de la parroquia de San Pedro, hasta una
+plazoleta en cuyo centro bailaba un grupo de muchachas. La batelera se
+detuvo delante de una casa vieja con escudo sobre la puerta, y se arrimó
+a la ventana de la tienda donde había estanquillo. Dijo algunas palabras
+en vascuence, y una mujer que había dentro se inclinó para ver a Miguel.
+
+--No hay inconveniente--contestó en castellano.--¿Viene por mucho tiempo
+ese caballero?
+
+--No sé decir a V., señora--dijo aquél terciando.--Probablemente todo el
+mes.
+
+--Le puedo ofrecer a V. la sala por ahora; pero si viene una familia,
+que espero dentro de algunos días, tendrá V. que trasladarse a la
+habitación de arriba, que es más chica.
+
+--No me importa: teniendo un cuarto decente, me basta.
+
+La mujer con quien hablaba tendría unos cuarenta años de edad; era alta,
+corpulenta, y aunque bastante descaecida, todavía conservaba en su
+rostro señales de una belleza superior. Vestía un traje modesto de
+merino negro, como la mayoría de las que pasan por señoras en los
+pueblos chicos. Levantose al oír esto, salió al portal e invitó al joven
+a subir con ella. Miguel, antes de hacerlo, despidió a la batelera,
+encargándole que le mandasen el equipaje. La sala donde entró era
+espaciosa: los muebles, aunque no ricos, parecían decentes.
+
+--Esta es su habitación, por ahora--dijo doña Rosalía (que así se
+llamaba la huéspeda).--Esta es la alcoba. ¿Quiere V. que le traigan luz?
+
+--Hasta que venga el equipaje no la necesito.
+
+--Bien, pues dispénseme V.; tengo el estanquillo abandonado.
+
+Y la matrona salió de la estancia dejándole solo. Después que hubo dado
+algunas vueltas por ella y enterádose de su disposición a la escasa luz
+que allí había, encendió un cigarro, saliose al corredor y se echó de
+bruces sobre la baranda de hierro, poniéndose a contemplar, con ojos
+distraídos, el baile de la plazoleta. El grupo de jóvenes bailaba cada
+vez con más entusiasmo y cantaba cada vez más alto. La mayor parte de
+ellas eran frescas y robustas más que hermosas, pero algunas merecían el
+nombre de tales. Los movimientos eran vivos, sueltos, graciosos: el que
+más le agradó a Miguel fue uno que consistía en pegar los brazos al
+cuerpo y dar vueltas a la danza, saltando a pie juntillas. En torno de
+ellas había bastantes mirones, hombres y mujeres. Del grupo de éstas
+observó que se destacó una niña y vino a sentarse sola debajo del
+corredor donde él se hallaba: la miró un instante, mas no pudiendo verle
+la cara, entornó de nuevo los ojos hacia la danza. Al cabo de un rato
+percibió vagamente una voz detrás de sí:
+
+--Oiga--decía la voz. Pero no imaginando que se dirigían a él, siguió en
+su cómoda postura.
+
+--Oiga--repitió la voz un poco más fuerte.
+
+--¿Eh, quién va?--dijo entonces, volviéndose.
+
+Entre las sombras de la sala distinguió la figura de la niña que estaba
+antes sentada debajo del corredor. Podría contar quince años de edad, y
+a lo que logró percibir, tenía una carita redonda y morena, bastante
+insignificante, y gastaba el cabello en trenza todavía.
+
+--Dice mi tía que si quiere V. cenar--manifestó la chica, con voz
+temblorosa.
+
+--Si posible fuera... Tengo algún apetito.--Y como ya deseaba hablar,
+añadió, sonriendo con amabilidad:
+
+--¿No baila V. con las otras jóvenes? La he visto a V. muy solita ahí
+debajo del corredor.
+
+--Nunca bailo--respondió toda confusa la niña, como si le imputasen
+alguna falta grave.
+
+--¿No sabe V.?
+
+--Sí, señor, sé, pero...
+
+--Vamos, no le gusta.
+
+--Antes me gustaba mucho; ahora, no tanto.
+
+Todo esto lo decía cada vez más acortada, sin dejar caer de los labios
+una sonrisa inocente y humilde, que agradó a Miguel. Era lo único que
+podía agradarle: el rostro, sin ser feo, nada tenía que pudiese llamar
+la atención; además, no lo veía claramente, a causa de la oscuridad en
+que la sala se hallaba.
+
+Cuando dijo las últimas palabras, la niña se retiró precipitadamente.
+Miguel la preguntó al desaparecer:
+
+--¿Cómo se llama V.?
+
+--Maximina--contestó sin volver la cabeza.
+
+Trajéronle poco después la cena: la criada era una vieja fea y
+avinagrada; limitose a encender una lámpara, poner la mesa, y sobre ella
+los manjares, sin pronunciar palabra. Pero al poco rato volvió doña
+Rosalía a darle conversación, y sin que él la tirase de la lengua,
+soltola tan bién aquella bendita señora, que antes de concluir de cenar
+ya sabía Miguel todo lo concerniente a su vida.
+
+Doña Rosalía estaba casada con un ex-capitán de barco, retirado temprano
+del oficio porque el reuma no le permitía navegar. Había hecho algunos
+cuartos, pocos; con su rédito, con lo que daba el estanquillo y con lo
+que dejaban algunos huéspedes por el verano, vivían modestamente, pero
+sin trampas. Tenía seis hijos: el mayor, que contaba diez y nueve años,
+estaba empleado en un comercio de San Sebastián; el segundo estudiaba
+para piloto en Bilbao; el tercero, Adolfo, lo tenía en casa, un pedazo
+de madera que no servía más que para dar disgustos; venían después dos
+niñas de ocho y diez años, y por último, un niño de cinco que era, según
+todas las señas, el ídolo de sus ojos.
+
+--¿Y esa chica que ha venido a preguntarme si quería cenar, quién es?
+
+--Ah, Maximina, ¡pobrecilla! Es mi sobrina; hija de un hermano de
+Valentín, mi marido. No conoció a su madre; su padre era el capitán del
+_Duero_, un vapor que V. habrá visto acaso. Ese vapor, yendo hace tres
+años para Manila, embarrancó. Mi cuñado, sin considerar si el barco
+podía salir o no, se fue corriendo a su camarote, se encerró en él y se
+pegó un tiro.
+
+--¡Qué atrocidad!
+
+--Era un hombre tan delicado, que al pensar que pudieran echarle a él la
+culpa, se le amontonó el juicio y cometió esa locura. El barco en cuanto
+alijaron un poco salió, porque según dice Valentín, el bajo era de
+arena; el pobre Bonifacio fue el que se quedó allí debajo del agua.
+Maximina, por supuesto, no sabe lo del tiro; cree que su padre se murió
+en Manila de enfermedad. Como se quedó sola sin padre ni madre, nosotros
+la recogimos del colegio donde estaba, y la hemos traído para casa. ¿Qué
+íbamos a hacer? Tenemos muchos hijos, y es un sacrificio el que nos
+imponemos manteniéndola, vistiéndola y calzándola, pero algo se ha de
+hacer por Dios, ¿verdad, D. Miguel? No es mala, no señor, y sabe cuánto
+debe agradecer a sus tíos lo que hacen por ella... Pero la pobre sirve
+para poco. Es callada, sufrida, no da ninguna mala contestación...
+
+--¿Qué edad tiene?
+
+--Quince años; va para diez y seis.
+
+--Pronto se casará entonces.
+
+--¡Ay, Dios!--exclamó doña Rosalía con profunda lástima.--Me parece que
+están verdes; hoy no se casan las jóvenes hermosas si no tienen dinero,
+¿cómo se ha de casar ella no siendo rica ni bonita?
+
+--Yo no la encuentro fea.
+
+--¡Ay, Dios! ¡Pobrecilla! Ya comprende que no debe pensar en esas
+cosas. Últimamente se ha metido mucho por la iglesia. Confiesa y comulga
+todas las semanas, y oye misa siempre que puede. Yo la dejo mientras no
+falte a las obligaciones de casa, que como V. sabe, son lo primero. Hace
+poco escribió a su tío (porque de palabra no se atrevería) diciéndole
+que quería ser monja. Pero para ser monja, D. Miguel, se necesita un
+dote, y nosotros no podemos dárselo. Valentín estaba empeñado en
+hacérselo de su bolsillo, pero yo me opongo. Cuando las cosas no se
+pueden, hay que resignarse. Lo mismo se gana el cielo dentro que fuera
+del convento. ¡La pobrecilla lo ha sentido mucho!
+
+Tanta compasión dio mala espina a Miguel. Cansado de escuchar a su
+huéspeda, se levantó, y con pretexto de arreglar el equipaje, se fue
+hacia la alcoba. Doña Rosalía al cabo le dejó solo.
+
+Aquella noche no era fácil ver a la generala. Su casa se hallaba del
+otro lado de la bahía, y a tal hora costaría trabajo dar con ella. Por
+otra parte, Lucía deseaba que sus visitas fuesen siempre secretas: era
+necesario saber en qué forma quería que las hiciera. Determinó, pues,
+aguardar hasta el día siguiente.
+
+Era muy temprano para irse a la cama. Cogió el sombrero y el bastón para
+dar una vuelta por el pueblo. Al salir, aún continuaba el baile en la
+plazoleta: Maximina se hallaba otra vez sentada en la silla
+contemplándolo.
+
+--Buenas noches, Maximina--dijo nuestro joven acercándose a ella.
+
+--¡Ay! buenas noches.
+
+--¿Aún no se ha decidido V. a bailar?
+
+--No señor.
+
+--Pues yo sí.
+
+La niña le miró sorprendida.
+
+--Pero antes quiero descansar un poco al lado de V. ¿No hay por ahí una
+silla?
+
+--Voy por ella ahora mismo--repuso muy azorada.
+
+Y entrando en el estanquillo, salió con una que colocó bastante lejos de
+la suya. Miguel, con gran desembarazo, las puso juntitas. En cuanto se
+sentaron, las muchachas del baile comenzaron a dirigirles miradas de
+curiosidad. La noche estaba estrellada, ni clara ni oscura.
+
+Entabló conversación, hablando del baile, del tiempo, de su viaje; agotó
+en un instante todos los lugares comunes. Maximina sonreía con
+amabilidad a cuanto decía; pero apenas contestaba más que con
+monosílabos, aunque se conocía que hacía esfuerzos por ser más
+explícita. Al fin se atrevió a decir:
+
+--¿No baila V.?
+
+--Si V. no me hubiese entretenido hasta ahora ya estaría dentro del
+corro--contestó poniéndose serio.
+
+--¡Yo!--exclamó la niña inmutándose.
+
+--Sí; usted.--Miguel soltó al decirlo una carcajada.--No haga V. caso:
+nunca he soñado en bailar; pero menos ahora que me encuentro en tan
+agradable compañía.
+
+La chica estaba tan asustada todavía, que no supo dar las gracias.
+Adivinando su inquietud nuestro joven, prescindió de las bromas
+habituales en él y comenzó a tratarla con más respeto. Enterose con
+amabilidad de los pormenores de su vida y fue poco a poco ganando su
+confianza, haciéndola hablar con más desembarazo.
+
+Pero el baile se había deshecho. Algunas jóvenes se fueron para sus
+casas; otras, y con ellas algunos galanes, vinieron a sentarse delante
+del estanquillo, para lo cual doña Rosalía les consintió sacar más
+sillas y un banco largo. Miguel permaneció sentado junto a Maximina.
+
+--Saque V. la guitarra, doña Rosalía--dijo una de las muchachas.
+
+--¿Va a cantar Juanito?
+
+Juanito era el piloto del vapor donde nuestro joven había llegado. Era
+andaluz y muy conocido en Pasajes.
+
+En cuanto vino la guitarra, comenzó a alegrar la tertulia con playeras,
+polos y sevillanas. Miguel, con gran sorpresa de las jóvenes hermosas
+que allí había, echándose hacia atrás en la silla, principió a hablar al
+oído a Maximina. ¿Qué le decía? Nada; tonterías: que lo estaba pasando
+muy agradablemente; que era una chica muy simpática; que se alegraba de
+haber venido a parar a su casa, etc. Maximina, más sorprendida que
+confusa, escuchaba sonriendo aquella música tan nueva para ella (la de
+Miguel, no la del piloto). Nuestro joven pasaba el rato del mejor modo
+que podía, esperando la hora de irse a la cama.
+
+--¿Por qué no se sienta V. al lado de Paulina?--le preguntó la niña.
+
+--¿Quién es Paulina?
+
+--Aquella chica tan hermosa que está cerca de la puerta.
+
+Miguel se inclinó por verla.
+
+--No la veo bien; parece bonita, en efecto--dijo recostándose otra
+vez.--Pero V. también lo es... y muy simpática además.
+
+--¡Oh, por Dios!--exclamó la niña ruborizándose.
+
+--¡Vaya si lo es!--replicó Miguel, posando su mano sobre la de ella y
+dándole un cariñoso apretón.
+
+La chica no se movió: ambos guardaron silencio unos instantes.
+
+--¿Vamos a jugar un poco a las prendas?--dijo una de las jóvenes así
+que Juanito hubo terminado su repertorio.
+
+Comenzó el juego de prendas. Encendieron un fósforo: se lo fueron
+entregando unos a otros mediante ciertas palabras que había que
+pronunciar en voz alta: pagaba prenda aquel en cuyas manos concluyese o
+se apagase. Nuestro joven tomaba poco interés en el juego. Cuando el
+fósforo llegó a él bastante disminuido, lo dejó caer sin entregárselo a
+Maximina, y pagó prenda.
+
+--¿Por qué no me lo ha dado?--le preguntó ésta.
+
+--Porque no quería que V. se quemase.
+
+Se puso en berlina a los dueños de las prendas; se les mandó decir tres
+veces _sí_ y tres veces _no_; se les hizo contentar a los presentes,
+etc., etc. Miguel, mientras duraban estas operaciones, no dejaba de
+depositar de vez en cuando algunas palabritas en el oído de Maximina.
+Con la osadía del cortesano corrido, llegó a apoderarse de una de sus
+manos y a retenerla entre las suyas. Sorprendiose al observar que la
+niña no la retiraba. Era una mano de virgen, maciza y fría, un si es no
+es grande, pero perfectamente torneada: le hizo recordar las de la
+generala, largas y descarnadas y siempre ardorosas. La apretó
+tímidamente primero, después con más energía: al cabo la acarició con
+cariño, rozándola suavemente por encima. Maximina le dejaba hacer, sin
+soñar con retirarla, como si fuese una cosa muy natural. No manifestó
+siquiera mayor emoción o inquietud que antes: tan sólo se la quitaba
+cuando iba a hacer uso de ella en el juego. ¿Qué será esto? se
+preguntaba Miguel todo confuso. ¿Tendrá esta chica ya tanta malicia?
+¿Será pura inocencia? Aunque su experiencia le insinuaba lo primero, una
+voz interior le decía lo contrario; y atendiendo a ella, contentose con
+acariciar tierna y noblemente aquella mano que con tal candidez le
+entregaban. La tertulia se deshizo al fin, y nuestro joven se fue
+perplejo y caviloso a la cama, proponiéndose observar atentamente a
+Maximina en los días siguientes.
+
+
+
+
+XII
+
+
+Lo primero que hizo al día siguiente por la mañana fue escribir a Lucía.
+«Estoy aquí desde ayer por la tarde. Dime cómo he de arreglarme para
+verte.» Salió de casa y fue en busca de Úrsula la batelera.
+
+Así que dio con ella le preguntó.
+
+--¿Conoces a la señora del general Bembo?
+
+--¡Vaya!
+
+--Pues vas a llevarle esta carta ahora mismo. Aguarda contestación y
+vente en seguida. En el muelle te espero.
+
+Cogió la batelera los remos, atravesó la bahía, amarró el bote y
+desapareció allá entre los árboles. Mientras tornaba con la respuesta,
+nuestro joven se fue a hacer una visita al capitán del vapor y al
+piloto de las _peteneras_.
+
+Poco tardó Úrsula en aparecer de nuevo remando con prisa: saliole al
+encuentro Miguel así que puso el pie en tierra y recibió de sus manos un
+billete perfumado que había metido en el seno.
+
+Decía así el billete:
+
+«Querido mío: Una inquietud dulce y misteriosa que ayer noche
+experimentó mi corazón me anunciaba sin duda que estabas cerca de mí. No
+podemos vernos como antes, porque Carmen se ha quedado en Madrid y no
+tengo confianza en los criados. Precisa que tus cartas sean secretas. La
+chica que lleva ésta es fiel y reservada: te puede traer en su bote a
+las diez de la noche. Al entrar en él debes encender un fósforo; cuando
+te halles en medio de la bahía otro, y otro por fin cuando saltes en
+tierra del lado de acá. A cada uno de estos fósforos contestaré yo con
+la misma señal desde el mirador de casa. Nos reuniremos junto a la tapia
+del jardín. Prudencia y discreción. No faltes.
+
+Tuyo hasta la muerte,
+
+ALFREDO.»
+
+Al leer la carta no pudo menos de sonreír, diciendo para sus
+adentros:--¡Cuándo se le concluirá a esta mujer la manía de las
+aventuras!--Concertose después con la batelera para su expedición
+nocturna y se despidió de ella recomendándole mucho sigilo.
+
+Cuando entró de nuevo en la habitación encontró en ella a Maximina, que
+estaba acabando de arreglarla, y a su primo Adolfo, un muchacho de trece
+a catorce años con grandes cachetes, el cabello corto y erizado y unos
+ojos cargados de carne, fieros y desvergonzados. Por algunas palabras
+que logró percibir desde el pasillo comprendió que había reyerta entre
+los dos primos y adivinó también la causa. Adolfo trataba de curiosear
+en el equipaje del huésped y Maximina se oponía a ello. Cuando nuestro
+joven entró, ambos quedaron sorprendidos: Maximina en medio de la sala
+con la escoba en la mano sonriéndole; Adolfo arrimado a una cómoda
+mirándole torvamente.
+
+--¡Oh, qué trabajadora es Maximina!--dijo Miguel acercándose a ella sin
+hacer caso alguno de Adolfo, que le había sido antipático.
+
+A la luz del día pudo apreciar mejor su figura. Era una morena más
+pálida que sonrosada, la nariz pequeña, la boca fresca, la cabeza y la
+frente muy bien modeladas, el cabello castaño y los ojos garzos, ni
+grandes ni pequeños, más baja que alta, apretadita de carnes y abultada
+de formas, revelando en sus movimientos un gran vigor muscular. Nadie
+podía llamar hermosa a esta muchacha con justicia, y sin embargo, la
+expresión humilde e inocente de sus ojos, la sonrisa constante que
+contraía sus labios, la hacían altamente simpática. Llevaba un vestido
+de percal claro con un pañuelo de color de rosa, que le tapaba el pecho
+y parte de la espalda. Al oír la exclamación de Miguel, contestó con
+otra:
+
+--¡Mucho, sí!
+
+--Ya lo creo. Tan temprano, y ya me tiene V. arreglado el cuarto.
+
+--¡Toma, porque se lo ha mandado mi madre!--dijo Adolfo desde un rincón,
+con deseo de mortificar a su prima; pero ésta contestó muy naturalmente:
+
+--Es verdad, me lo ha mandado mi tía en cuanto V. salió.
+
+--¿Y tú haces tan prontito lo que te mandan como ella?--dijo Miguel
+encarándose con el chico.--Entonces serás ya un sabio; porque tus padres
+de seguro te mandarán estudiar todos los días.
+
+Adolfo le echó una mirada recelosa y bajó los ojos sin contestar.
+
+--He dado una vuelta por el pueblo--siguió el joven dirigiéndose a
+Maximina,--y después estuve en el vapor con Juanito.
+
+--El pueblo es feo--respondió aquélla.--Eso dicen todos los
+forasteros...
+
+--¿Y V. no lo dice?
+
+--A mí me es igual un pueblo que otro.
+
+--¿No va V. de vez en cuando a San Sebastián?
+
+--Casi nunca. Mi tía me lleva cuando hay que traer algún encargo; pero
+ida por vuelta. Una vez me llevó mi padre (que en gloria esté) a Bilbao
+a pasar unos días... ¡Si supiera V. qué deseos tenía de volverme!
+
+--¿Pues?
+
+--Estaba cansada de andar de un sitio para otro... al teatro... al
+paseo... a los comercios... Me dolían mucho los pies. Decían que era
+porque no estaba acostumbrada.
+
+--Me ha dicho su tía que ha estado V. educándose en un colegio...
+
+--Sí, señor, dos años, en un convento de Vergara...
+
+--¿Y le gustaba a V. estar allí?
+
+--Muchísimo. Nunca he sido tan feliz como entonces.
+
+--¿De modo que de buena gana volvería V. con las monjas?
+
+--¡Oh, ya lo creo!
+
+--Ella quiere volver y hacerse monja... pero le faltan _monises_--dijo
+el animal de su primo terciando de nuevo en la conversación.
+
+Aquella salida grosera indignó mucho a Miguel, quien dirigió al chicuelo
+una mirada de desprecio. Maximina se había puesto levemente encarnada.
+
+--No lo crea V... Sí, desearía volver; pero no causando perjuicio a
+nadie. Comprendo que ahora, mientras las niñas no sean mayores, mi tía
+me necesita...
+
+--¿Y qué tiene de particular que V. lo desee?--dijo Miguel con
+dulzura.--Eso no prueba más que tiene V. un corazón agradecido y
+piadoso.
+
+Maximina se ruborizó entonces hasta las orejas. Adolfo, a quien sin duda
+pareció muy mal esta alabanza y quería a todo trance desahogar su
+resentimiento, exclamó sonriendo estúpidamente:
+
+--¡Es una beatona! Se pasa la vida comiendo los santos.
+
+--Pues ahora no estaba comiendo los santos, sino barriendo--respondió
+Miguel.
+
+--Ya ha estado en la iglesia; comulga los jueves y los domingos y trae
+una soga atada al cuerpo. ¿Quiere V. verla?
+
+Y el gran bárbaro se fue derecho a su prima, con intención sin duda de
+abrirla el vestido.
+
+--¡Estate quieto, Adolfo!--exclamó aquélla, asustada, nerviosa.
+
+Pero Adolfo no hizo caso y llegó a poner las manos sobre ella. Entonces
+la niña, con una fuerza que sorprendió a Miguel, le rechazó haciéndole
+tambalear. Adolfo volvió a la carga riendo groseramente.
+
+--¡Adolfo, que llamo a mi tía!--gritó Maximina, roja como una cereza y
+saltándosele las lágrimas, y otra vez le rechazó con brío.
+
+--Eso no se hace, chico--dijo Miguel queriendo intervenir.
+
+Pero Adolfo, irritado por la superioridad muscular de su prima, se había
+agarrado a ella y forcejeaba por abrirle el vestido, aunque sin
+resultado. Miguel le arrancó a viva fuerza y le puso a la puerta de la
+sala diciéndole:
+
+--¡Ya podían tus padres darte un poco mejor educación!
+
+Cuando volvió hacia Maximina, la halló sollozando, tapándose la cara con
+las manos.
+
+--Vamos, Maximina, serénese V.... eso ya pasó.
+
+Pero Adolfo, desde el pasillo, empezó a vociferar:
+
+--Que salga, que salga esa hipócrita... No me marcho de aquí hasta que
+le atice unas cuantas _piñas_.
+
+A las voces que daba y al ruido que acababan de hacer, subió doña
+Rosalía preguntando enojada:
+
+--¿Pero qué es esto? ¿qué pasa aquí?
+
+--Nada, señora--contestó Miguel,--que ese muchacho quería abrir el
+vestido a Maximina para enseñar una soga que dice que trae.
+
+--No, madre--gritó Adolfo,--es que ella me pegó, porque la llamé
+beatona.
+
+--Tú te callas, tunante--le dijo la madre encolerizada, aplicándole al
+mismo tiempo una soberbia bofetada que le enrojeció la mejilla.
+
+Adolfo se puso a clamar al verdadero Dios. Entonces doña Rosalía,
+arrepentida sin duda de haber lastimado a su hijo, se revolvió furiosa
+contra Maximina.
+
+--¡Buena hipocritilla estás tú también! Haces la comedia y lloriqueas,
+hasta que consigues que yo le pegue...
+
+Ante aquella injusticia, la pobre niña quedó como aturdida un instante;
+en su semblante descompuesto se adivinaban los esfuerzos que hacía para
+no romper a llorar a gritos. Dejó escapar un sollozo ahogado, se llevó
+la mano al corazón y salió corriendo de la estancia.
+
+--Vamos; a encerrarse a su cuarto, como siempre--dijo doña Rosalía,
+sonriendo irónicamente.
+
+No obstante, como veía claro que Miguel no aprobaba su conducta y su
+propia conciencia tampoco, se esforzó en demostrar que Adolfo era un
+muchacho aturdido, pero de un fondo excelente; que Maximina era muy
+susceptible, que no sabía aguantar una broma y tratar a su primo como lo
+que era... un niño. Por último, allá se fue con él acariciándole y
+prometiéndole varias cosas para que se calmase. Miguel quedó tristemente
+impresionado por aquella escena.
+
+Pasó el día vagando de un lado a otro, leyó un poco, escribió otro rato;
+al fin llegó la noche. Después que hubo cenado y sufrido media hora a su
+locuacísima huéspeda, se dispuso a acudir a la romántica cita que le
+había dado la generala. Mientras iba por la calle en busca de la
+escalera de piedra donde Úrsula había quedado en esperarle, no podía
+menos de reírse del amor que Lucía profesaba al misterio. Después de
+todo, puede que tenga razón, concluyó por decirse; si no fuese por estos
+granos de pimienta echados sobre nuestras relaciones, la verdad es que
+llegarían a ser muy fastidiosas. Halló a Úrsula sentada en las escaleras
+dormitando. Al sentir sus pasos se puso en pie vivamente.
+
+--¿Es V., señorito?
+
+--Yo soy: ¿tienes ahí el bote?
+
+--Lo tengo amarrado donde siempre para que no sospechen. Voy a buscarlo
+en seguida.
+
+La batelera bajó a la orilla y por ella se fue rozando el agua hasta
+desaparecer enteramente su silueta de la vista de nuestro joven. Pocos
+minutos tardó en oír el chapoteo de los remos y en percibir el bulto del
+esquife. Así que encalló, se apresuró a saltar en él; pero antes de que
+Úrsula lo pusiese otra vez a flote y se alejase de la orilla, tuvo
+cuidado de sacar un fósforo y mantenerlo encendido hasta que se
+concluyó. En el mismo instante surgió otra luz, allá a lo lejos sobre
+la masa oscura de los árboles de la opuesta orilla. La batelera comenzó
+a manejar los remos procurando no hacer ruido. El pueblo de Pasajes
+reposaba. En los buques surtos en la bahía habíanse apagado ya los
+fogones, y los tripulantes se entregaban descuidadamente al sueño. La
+noche estaba encapotada y apacible. Aunque avezado a las citas nocturnas
+y secretas, la de ahora, por lo original, consiguió interesar a nuestro
+joven. No poco contribuyó a ello también el no haber visto a su amante
+hacía ya cerca de un mes. Con la separación se había refrescado un poco
+el recuerdo de sus fortunas, que en los últimos tiempos habían perdido
+para él bastante atractivo. Al llegar al medio de la ensenada, Úrsula le
+dijo:
+
+--Estamos a medio camino, señorito.
+
+Miguel se puso en pie, encendió otro fósforo y lo mantuvo vivo todo el
+tiempo que duró.
+
+--¿Sabe V., señorito--le dijo Úrsula,--que si hay alguno por ahí en
+vela, y nos observa, no sé qué pensará de nosotros?
+
+--Pensará que somos novios, ¿y qué mal hay en eso?
+
+--Para V. ninguno. ¡A mí, buena me pondrían!
+
+En aquel instante surgió otra luz en tierra, pero no ya sobre los
+árboles, sino más baja.
+
+--¡Mire V., mire V. el fosforito!--exclamó con acento malicioso.
+
+--Rema, rema: a ver si llegamos pronto a la orilla--repuso Miguel.
+
+Un toque de corneta se dejó oír en el silencio de la noche, claro,
+estridente, partiendo del Ancho.
+
+--¿Qué es eso?--preguntó el joven, asombrado.
+
+--No sé--contestó la batelera con no menos asombro.
+
+Otro toque contestó al primero desde la opuesta orilla. Oyéronse después
+voces de mando y ruido de pasos a la carrera.
+
+--Boga, boga de prisa, a ver qué diablos significa ese trajín--dijo
+Miguel.
+
+Úrsula obedeció, y no tardaron muchos minutos en llegar cerca de tierra.
+Pero al saltar en ella nuestro joven, un grupo de seis o siete soldados
+avanzó hacia él, poniéndole las bocas de los fusiles sobre el pecho.
+
+--Darse preso todo el mundo.
+
+Miguel quedó pasmado.
+
+--¿Pero por qué?...
+
+--A ver--dijo el sargento, sin escucharle,--uno de vosotros que registre
+el bote, y vosotros dos meteos por ahí entre los árboles y pilladme a
+los cómplices.
+
+--¿De qué se trata, señores?--preguntó Miguel, procurando calmarse y
+calmar a los carabineros (porque aquellos soldados eran carabineros).
+
+--Ya lo sabrá V. en la cárcel--contestó el sargento.
+
+Lo supo antes, por fortuna. Los carabineros, al ver aquellas señales
+misteriosas hechas desde la bahía y contestadas en tierra, se figuraron
+que se trataba de un alijo de contrabando, y promovieron todo aquel
+alboroto. Grandes esfuerzos hizo Miguel para convencerles de que no
+había semejante cosa, que iba dando un paseo por placer y nada más. Al
+cabo de media hora de discusión, el sargento tuvo que rendirse a la
+evidencia, pues no había motivo alguno que confirmase sus sospechas. El
+joven madrileño le manifestó que había llegado el día anterior en el
+vapor _Carmen_, que allí estaba, y a cuyo capitán podían preguntar si
+era verdad lo que decía: que estaba hospedado en casa de D. Valentín
+Vázquez, etc., etc. Después de mucho vacilar, el sargento le permitió
+volverse a su casa, aunque acompañado de un carabinero que averiguase si
+efectivamente alojaba en la posada que decía.
+
+
+
+
+XIII
+
+
+Irritado por aquella aventura peligrosa y ridícula, se presentó al día
+siguiente en casa de la generala, sin tomar precaución ninguna, y la
+manifestó que no quería oír hablar de citas misteriosas. Lucía, que la
+noche anterior le había esperado en vano, se condolió extremadamente de
+su percance, aunque no pudo menos de reír al oírselo contar. Desde
+entonces se vieron todos los días a la hora que a Miguel le placía
+visitar el _hotel_ de D. Pablo Bembo.
+
+El tiempo que estas visitas le dejaban libre aprovechábalo para hacer
+excursiones a San Sebastián, trabajar para el periódico o salir a la
+pesca con su huésped. Este D. Valentín, antiguo capitán de _El Rápido_,
+bergantín redondo que hacía la carrera de la Habana, era una persona
+bastante original. Tendría a lo sumo cincuenta años; era alto y enjuto y
+de complexión recia, si no fuese el reumatismo que a largas temporadas
+le atormentaba mucho; gastaba el cabello largo y la barba, ya gris, en
+forma de cazo. En su vida había visto Miguel, ni pensaba ver, hombre más
+silencioso: estuvo una porción de días sin oírle el metal de la voz:
+cuando le tropezaba en la calle o en casa, el marino se llevaba la mano
+al sombrero y gruñía algo que debía ser «buenos días» o «buenas tardes»
+juzgando por hipótesis. En la casa jamás se le oía pedir ni ordenar
+nada: parecía una sombra cuando entraba o salía o se sentaba a la mesa a
+comer. Con su mujer y con Maximina, más se entendía por gestos que por
+palabras: como sus necesidades eran poco complicadas, no costaba gran
+trabajo tenerle siempre satisfecho. Si el reuma no le tenía postrado,
+salía, casi todos los días, a pescar en un bote de su propiedad: horas y
+horas se pasaba el ex-capitán fondeado cerca de tierra, inmóvil, con el
+aparejo en la mano, dejándose tostar por el sol y azotar por el aire. A
+fuerza de no mantener relaciones más que con los peces, se había
+identificado con su naturaleza fría, grave y silenciosa; era un
+verdadero derviche del mar, cuya aspiración única parecía consistir en
+penetrar más y más en este elemento y fundirse y disolverse al cabo en
+él, como una piedra de sal. Por lo demás, en el pueblo era considerado
+como un buen vecino y marino muy inteligente.
+
+Este hombre, que cruzaba por el mundo en zapatillas, fue el compañero
+constante de Miguel en sus excursiones marítimas. Claro está que
+hablaban poco, casi nada; pero nuestro joven había creído comprender por
+gestos, por gruñidos, más que por palabras, que era simpático a D.
+Valentín, lo cual podía achacarse a la afición que mostraba a la pesca.
+Sobre todo desde cierto día en que enganchó (pura casualidad) una
+magnífica robaliza y consiguió meterla a bordo, el ex-capitán le guardó,
+aunque tácitas, altas consideraciones. Además, había adivinado también
+que el ex-capitán profesaba un afecto vivísimo a su sobrina Maximina,
+bien pagado por parte de ésta: ambos se comprendían admirablemente, con
+sólo mirarse, y se tributaban todas las pruebas de cariño que podían. Y
+digo podían, porque doña Rosalía estaba al tanto de este cariño y no
+manifestaba tendencias muy decididas a alentarlo.
+
+Por todo esto Miguel fue estrechando su amistad con él. Maximina cada
+día se mostraba a sus ojos más simpática e interesante. Las personas
+candorosas y sinceras tienen la ventaja de no repetirse. Así que, sin
+que ella pudiese sospecharlo, al mismo tiempo que le abría su alma para
+que hundiese la mirada en ella, iba cautivando la de su joven huésped,
+en términos que a éste llegaron a fastidiarle todos en la casa si no
+eran Maximina y su tío. Hablaba con aquélla largos ratos aprovechando
+los momentos en que venía a arreglar su sala.
+
+--¿Está V. ocupado, D. Miguel?
+
+--Ahora voy a dejar la tarea.
+
+Y mientras salía del cuarto y Maximina se ponía a asearlo, charlaban
+alegremente. Miguel la embromaba con el convento: ella se defendía
+negando que tuviese por entonces intención de encerrarse en él. Sin
+embargo, al través de estas negativas se traslucía que acaso con el
+tiempo llegase a realizarlo. Un día poniéndose serio le dijo:
+
+--No soy partidario de los conventos. Las virtudes más hermosas de la
+religión cristiana, que son la caridad y el sacrificio por los demás, no
+pueden practicarse sino en medio de la sociedad. ¿Para qué sirven todas
+las que una joven llega a adquirir si han de quedar encerradas entre
+cuatro paredes; si el mundo no se ha de aprovechar de ellas jamás? Las
+únicas monjas a quienes respeto y admiro con todo mi corazón son las
+hermanas de la caridad.
+
+Maximina le miró sorprendida y no contestó. Todo el día estuvo un poco
+pensativa.
+
+Solían reunirse diariamente a la hora del oscurecer algunos jóvenes
+delante del estanquillo, aunque no en tanto número como los domingos.
+Las noches eran apacibles y calurosas, y la tertulia se prolongaba a
+veces hasta las nueve y media o las diez. Miguel se fue acostumbrando a
+asistir a ella, dejando las visitas a la generala para otras horas.
+Sentábase a menudo al lado de Maximina y se complacía en regalarle el
+oído. Si nos preguntasen si creía lo que la iba diciendo, nos sería casi
+imposible contestar. Lo único que podemos decir es que no la requebraba
+por burlarse, ni aun por pasar el rato: es posible que a fuerza de serle
+simpática, la fuese encontrando hermosa. Pero Maximina estaba tan
+convencida de lo contrario, que rechazaba las lisonjas del joven con
+tanto más empeño cuanto más grata le iba siendo su compañía. Una noche
+le dijo con acento suplicante:
+
+--Por Dios, no me diga V. que soy bonita.
+
+--¿Por qué?
+
+--Porque se me figura que está V. haciendo burla de mí, y me causa mucha
+pena...
+
+--Aunque V. no lo fuese, a mí me lo parece, y con esto bastaría; pero ya
+que V. se enfada, la llamaré simpática únicamente.
+
+--Tampoco. No me llame V. nada.
+
+Las demás muchachas que allí había, todas de más edad que Maximina, les
+echaban miradas penetrantes y comenzaban a murmurar de la persistencia
+con que el joven forastero se sentaba al lado de aquélla. Los juegos
+con que se mataba el tiempo en aquella reunión al aire libre, eran poco
+variados: esconder un objeto para que uno de ellos lo hallase, mientras
+los demás cantaban, unas veces suave y otras fuerte, según se alejaba o
+aproximaba a él: adivinar quién era la persona cuyo retrato fuesen
+trazando de palabra los presentes: correr el florón por la cuerda....
+Este juego del florón era el que más agradaba a Miguel: de él conservó
+toda su vida un recuerdo vivo y placentero. Consistía en introducir una
+sortija por una cuerda y agarrarse a ésta todos los tertulianos formando
+corro; uno se quedaba en el medio, y los demás corrían la sortija
+disimuladamente gritando:
+
+ _El florón está en la mano._
+ _Siga el florón._
+ _Siga el florón._
+
+El corifeo hacía una señal: el coro callaba y quedaba inmóvil: si
+adivinaba quién tenía la sortija, éste pasaba al centro del corro, y
+aquél ocupaba su sitio; si no, volvía a seguir el florón su carrera.
+Nuestro joven gozaba con este juego, porque le trasladaba a la infancia,
+y acaso también porque al agitar las manos sentía el contacto de las de
+Maximina. Muchas veces se reía pensando: ¡Si el conde de Ríos me viera
+jugando al florón!
+
+Al domingo siguiente se bailó, como el día en que él llegara había
+prometido a Maximina entrar en el corro si ella bailaba. La niña,
+confiando en esta promesa, se decidió a ello, pero el huésped no quiso
+cumplir la palabra, y se quedó sentado delante del estanquillo como
+simple espectador. La pobre Maximina, defraudada, le miraba con ojos
+tristes, dejando adivinar que sin él estaba allí aburrida.
+
+--Oyes, Lolita--dijo el joven llamando a una de las pequeñas de doña
+Rosalía,--ve a decir a Maximina que en cuanto oscurezca un poco más,
+bailaré.
+
+Maximina, al recibir la noticia, se puso alegre. Y, en efecto, cuando
+las sombras de la noche invadieron la plazoleta, seguro ya de no llamar
+la atención, el forastero se aventuró a tomar parte en el baile. No se
+mostró todo lo suelto y airoso que fuera de desear, por lo cual tuvo que
+escuchar algunas carcajadas reprimidas; pero las llevó con paciencia, y
+a los pocos minutos ya no se fijaba en él nadie... nadie más que
+Maximina, que le decía en voz baja:--«Levante V. más los brazos.»--«No
+salte V. tanto.» Consejos todos muy oportunos, que el joven iba
+siguiendo al pie de la letra. La niña estaba alegre, satisfecha: Miguel
+la sacaba a bailar con más frecuencia que a las otras: luego procuraba
+colocarse a su lado para tenerla cogida de la mano, que se complacía en
+apretar suavemente y acariciar. Después de bailar uno frente a otro,
+los jóvenes tenían la costumbre de abrazarse un instante al concluir.
+Miguel, aprovechando uno de estos abrazos, y a favor de la oscuridad,
+cogió la trenza de Maximina, que colgaba por la espalda con un lazo de
+seda en la punta, y la llevó a los labios.
+
+--¿Qué hace V.?--dijo la niña volviéndose rápidamente.
+
+--Besar la trenza de su pelo.
+
+--¿Y por qué hace V. eso?--preguntó con sorpresa.
+
+--Porque me gusta.
+
+Maximina bajó los ojos y guardó silencio.
+
+Poco después, el hijo del brigadier quiso besarle una mano; pero la niña
+la bajó con fuerza sin soltarse, y no le fue posible.
+
+Maximina, desde entonces hasta que el baile se deshizo, se manifestó un
+poco más circunspecta, aunque sin dejar de estar cariñosa con su amigo.
+Al concluirse y venir los jóvenes a su acostumbrada reunión, dijo que le
+dolía un poco la cabeza, y en vez de permanecer en la tertulia, se
+retiró. Creyó Miguel, en vista de esto, haberla causado algún disgusto,
+y estaba con deseos de hablar con ella. Al día siguiente de madrugada la
+halló bordando en el estanquillo. Estaba un poco pálida, y sus ojos, al
+levantarlos hacia Miguel, aunque sonrientes, expresaban una suave
+melancolía.
+
+--¿Cómo ha descansado V., Maximina?--la preguntó.
+
+--No he podido dormir en toda la noche--respondió la niña.
+
+--¿Pues?
+
+--No sé... daba vueltas y más vueltas... y nada.
+
+Miguel sonrió admirando aquella ingenuidad.
+
+En los días siguientes, a medida que buscaba las ocasiones de hablar con
+ella a solas, la niña las evitaba cuidadosamente. Sin embargo, una vez
+que doña Rosalía se levantó dejándolos solos en el estanquillo, Miguel
+la cogió una mano y casi a viva fuerza se la besó. Maximina se puso
+encarnada y no supo más que decir:
+
+--¡Oh, por Dios!...
+
+Otra vez le dijo al oído hallándose de tertulia:
+
+--Tengo que pedir a V. un favor, Maximina.
+
+--¿Qué es?
+
+--Que me dé V. un rizo de su pelo.
+
+La chica levantó los ojos con sorpresa.
+
+--¿Me lo dará V.?--repitió mirándola atrevidamente.
+
+Maximina bajó los ojos haciendo una señal afirmativa.
+
+Pero trascurrió un día y trascurrieron dos, y tres, y no daba señales de
+cumplir su promesa. Miguel le preguntaba por señas: ella sonreía sin
+contestar. Entonces el joven se hizo el enojado y evitó a su vez el
+encontrarse con ella. Maximina comenzó a echarle miradas tristes y
+tímidas, que observaba riendo interiormente. Al fin, una noche por
+propia iniciativa, aquélla vino a sentarse a su lado. Nuestro joven se
+mostró inflexible; no quiso hablar; afectó tomar una parte muy activa en
+los juegos de prendas. Entonces la pobre niña dijo con voz débil:
+
+--Tome V.
+
+Miguel no la oyó.
+
+--Tome V.--repitió un poco más alto.
+
+Al volverse vio que tenía en las manos un papelito blanco. Comprendió
+que era el rizo de pelo y lo tomó apretándole al mismo tiempo los dedos
+con ternura.
+
+--Muchas gracias, Maximina--le dijo con acento conmovido.--Es V. muy
+buena, y cada día...
+
+Antes que pudiese concluir, la niña se levantó, entrando en la casa.
+Miguel quedó saboreando una dulce felicidad que nunca hasta entonces
+había gustado, la de ser querido de aquel modo tan ingenuo y tan puro.
+Tenía el corazón henchido de suaves sentimientos; una ternura inefable
+invadía su alma, y se dijo: ¿Por qué no he de querer yo a esta niña
+también? ¿Por qué no he de decírselo? Agitado por este deseo súbito, se
+levantó de la silla y entró en casa con la esperanza de encontrar a
+Maximina y expresarle lo que en aquel momento sentía. Recorrió a
+oscuras la sala, el comedor y el pasillo, llamándola suavemente; pero no
+pudo hallarla. Echó una mirada a la cocina y no vio en ella más que a la
+taciturna criada mondando patatas. Se habrá ido a su cuarto, se dijo, y
+bajó tristemente la escalera para restituirse a la tertulia; pero al
+cruzar por delante de la puerta del estanquillo que estaba a oscuras, se
+le ocurrió meter la cabeza dentro y decir:
+
+--Maximina.
+
+--¿Qué?--contestó una voz apagada.
+
+--¡Oh, picarilla! ¿está V. aquí?
+
+Y se introdujo en la tienda.
+
+--¿Dónde está V.?
+
+--Aquí.
+
+--Deme V. la mano.
+
+--¿Para qué, para besarla? No quiero; es V. muy malo.
+
+Miguel soltó una carcajada, reprimiéndola para que no le oyesen fuera.
+
+--No, criatura; es para saber dónde está V. nada más.
+
+Se sentó al lado de ella en una silla baja.
+
+--¿Por qué se ha escapado V. de la tertulia?
+
+--¿Y V. por qué me anda buscando?
+
+--Para decirla a V. una cosa.
+
+--¿Qué es?
+
+--...Que la voy queriendo a V. mucho--dijo con acento apasionado,
+cogiéndola una mano.
+
+La niña guardó silencio.
+
+--Y que V. también me va queriendo a mí un poco, ¿no es verdad?
+
+Tampoco contestó.
+
+--Vamos, dígame V. que sí... aunque sea mentira.
+
+--Yo no digo mentiras--manifestó la niña con voz dulce.
+
+--¿Entonces, no me quiere V.?...
+
+--Tampoco digo eso.
+
+Miguel entusiasmado la abrazó.
+
+--Pues yo te quiero, te quiero por lo hermosa y lo buena que eres...
+
+Maximina al sentirse en los brazos del joven comenzó a temblar
+fuertemente.
+
+--¡Suélteme V.! ¡por Dios me suelte V.!
+
+--¿Me quieres tú? ¿me quieres?
+
+--¡Suélteme V., por Dios!
+
+--No, sin decirme que me quieres.
+
+--Pues sí, le quiero, le quiero; ¡suélteme V.!
+
+El joven la besó con pasión en los labios y la dejó huir a su cuarto. Él
+se volvió a la tertulia.
+
+
+
+
+XIV
+
+
+Miguel sacó el reloj para mirar la hora.
+
+--¡Oh qué reloj tan fastidioso!--exclamó la generala apoderándose de él
+y metiéndoselo de nuevo en el bolsillo sin permitir que lo
+abriese.--Antes, cuando estabas a mi lado no hacías tanto uso de esa
+alhaja. De pocos días a esta parte no se te cae de la mano. ¿Qué prisa
+tienes? ¿No has venido a Pasajes por mí?... Además, observo que estás
+algo distraído; que siempre cruza tu frente una arruga profunda, signo
+de graves meditaciones... hasta te encuentro ayer y hoy un poco
+ojeroso...
+
+--¡Vaya, que no traes mal belén con mi fisonomía!--dijo él sonriendo:
+bajo esta sonrisa se traslucía la cólera.
+
+En efecto, la generala exploraba a todas horas el semblante de Miguel
+como el marino el del tiempo. Unas veces estaba pálido, otras fatigado,
+otras melancólico, otras excesivamente risueño; nunca dejaba de tener
+alguna cosa que le llamase la atención. Esta eterna y escrupulosa
+inspección le había halagado al principio, después le aburrió un poco, y
+últimamente había llegado a irritarle.
+
+--¡Y te enfadas por eso, ingrato!--exclamó Lucía.--Si observo tu
+fisonomía, es que no miro más que a ella; todo lo demás me parece
+indiferente... Tu rostro es el libro donde leo mi felicidad o mi
+desgracia.
+
+Aunque ya no le causaban impresión alguna las metáforas amorosas de la
+generala, Miguel se dulcificó.
+
+--No me enfado, Lucía... Si es tu gusto trasformarte en un _semáforo_ y
+señalar todas las variaciones que experimento, ¿qué vamos a hacer? Es
+una prueba de amor que te agradezco.
+
+La generala creyó que debía continuar con el mismo tema.
+
+--No puedes figurarte, Miguel, lo que sufro cuando te veo triste, lo que
+gozo cuando estás alegre... ¡Si supieras!... Al través de tu sonrisa veo
+yo el mundo risueño, hermoso, pienso que el cielo está siempre azul, el
+campo siempre verde y rondoso, y que los hombres son todos felices...
+¡Oh, si lo supieras, estoy segura de que sonreirías siempre como ahora
+lo haces! ¿No es verdad?... ¡Algunas veces me acometen unos pensamientos
+tan tristes! La imaginación excitada por el amor, da muchas vueltas...
+¡Si Miguel se muriese! me digo. Esta idea me aniquila, me deja yerta,
+como si el cielo se desplomase... Si tú te murieses, ¿qué haría la pobre
+Lucía? Morirse también de pena; y si no se moría, peor para ella... No
+quiero pensar en eso, Miguel, porque toda me acongojo. Ya no habría
+felicidad posible en la tierra: sólo tu recuerdo dulce podría prestarme
+algún consuelo en ciertos momentos. ¡Oh, te juro que si te murieses,
+guardaría tu imagen en el corazón hasta la hora de mi muerte, y aun más
+allá, si posible fuera, vivirías en espíritu conmigo; y todos los días,
+todos los días, sin faltar uno, iría a visitarte al cementerio y a dejar
+sobre tu sepulcro un puñado de flores...
+
+La generala había empleado ya muchas veces este recurso, y siempre con
+el mismo éxito. A Miguel no le caían en gracia estas ideas lúgubres y
+procuraba llevar la conversación hacia otro punto. Esta vez la cortó
+levantándose del diván donde ambos estaban sentados y cogiendo el
+sombrero. Para paliar un poco el mal efecto de este brusco movimiento,
+se acercó sonriente a la dama y la acarició amorosamente la cara.
+
+--Tengo una carta para el periódico empezada... Necesito terminarla
+antes que se vaya el correo. Adiós, amor mío...
+
+Aquel _amor mío_ fue pronunciado de un modo distraído, rutinario, que
+hubiera mortificado a la generala, si no fuese frecuente en ella también
+al acariciar de palabra a su amante.
+
+--¡Qué pronto! Apenas has estado conmigo dos horas.
+
+--Mañana procuraré estar más tiempo... Hoy no puedo.
+
+Lucía se levantó también y le echó los brazos al cuello con el mimo de
+otras veces. Miguel soportó aquel abrazo y aun hizo esfuerzos por
+mostrarse entusiasmado.
+
+--Aguarda un poco--dijo la generala soltándose y tomando un ramillete
+que había sobre la chimenea.--Toma estas flores, ponlas delante de ti
+cuando escribas, para que al levantar la cabeza te acuerdes de tu Lucía.
+
+Miguel cogió el ramo y lo besó maquinalmente, como tenía por costumbre
+siempre que la generala le daba algún objeto en recuerdo: luego se
+despidió.
+
+Al salir del _challet_ llevaba el corazón menos oprimido que Romeo al
+separarse de Julieta en aquella célebre noche que el lector conocerá
+seguramente; pero su paso era cuando menos tan ligero. Quería llegar a
+tiempo a la novena de San Ramón Nonnato que se celebraba hacía días en
+la iglesia de San Pedro. Allí veía a Maximina, a la cual estaba ligado
+por una simpatía irresistible. Y lo que más le entusiasmaba era que ésta
+había aceptado sus amores sin aquella reserva que el temor de ser
+engañadas obliga a manifestar a las muchachas, cuando un joven de
+condición superior se dirige a festejarlas. Maximina fue su novia sin
+que tuviese necesidad de vencer escrúpulos y prevenciones que el cálculo
+o la malicia introduce en el pensamiento de aquéllas. Le entregó su
+corazón con inocencia, como una cosa natural o que no podría ser de otro
+modo. Lo único que la había hecho vacilar al principio fue la sorpresa
+de que se dirigiese a ella con preferencia a otras jóvenes que pasaban
+en el pueblo por mucho más bonitas; una vez convencida de que aquél
+tenía el mal gusto de encontrarla bella o al menos simpática, no
+consideró poco ni mucho la diferencia de fortuna ni se imaginó que todo
+aquello podría ser nada más que un puro y frívolo pasatiempo por parte
+del joven forastero. Abrió su espíritu al amor con la inocencia que la
+flor abre su cáliz a los rayos del sol. Y aquella niña tímida,
+melancólica y reflexiva, en algunos días había experimentado notable
+trasfiguración; la alegría que rebosaba de su alma comunicó a su rostro
+atractivos que antes no tenía, gracia a sus movimientos, sonoridad a su
+risa, brillo a su palabra. Este cambio no pudo pasar inadvertido a
+nadie, pero menos a Miguel. Observolo con placer, con el placer del
+artista que contempla la obra salida de sus manos; fue un aliciente más
+para seguirla enamorando sin calcular las fatales consecuencias que
+aquel devaneo honesto podría traer consigo.
+
+Cuando se hubo alejado de casa de la generala, cerca ya de la orilla
+donde Úrsula le aguardaba con su esquife, echó una mirada al ramo que
+llevaba en la mano, reflexionó que era grande y molesto para llevar a la
+iglesia, y diciendo:--¡A dónde voy yo con esta carga de hierba!--lo
+arrojó al suelo, y siguió rápidamente su camino sin más pensar en él. La
+novena de San Ramón atraía mucha gente a la iglesia de San Pedro. Era un
+templo grande, sucio y tenebroso hasta de día: por la noche, con cuatro
+o cinco lámparas de aceite colgadas aquí y allá a largas distancias,
+ofrecía un aspecto siniestro. Mas ahora el rosetón de luces que ardía en
+torno de la imagen alegraba un círculo muy ancho donde resaltaban las
+cabezas de las beatas que se colocaban en primera fila. Miguel
+acostumbraba a introducirse en la iglesia por la puerta de la sacristía,
+y desde ésta, sacando un poco la cabeza, veía toda la parte iluminada
+del templo.
+
+Maximina y su tía se acomodaban allá enfrente, cerca de un banco para
+sentarse en los intervalos de descanso. La niña, penetrada de un vivo
+sentimiento religioso, no osaba mirar hacia Miguel; creía profanar la
+majestad de la casa de Dios. No obstante, alguna que otra vez, de raro
+en raro, se autorizaba el levantar los ojos y clavarle una rápida y
+grave mirada, arrepintiéndose inmediatamente de haberlo hecho. A nuestro
+joven le hacía gozar más aquella tímida y rapidísima mirada que las
+ardientes y prolongadas que otras mujeres más bellas y más vistosas le
+habían echado en el curso de su vida.
+
+Aunque a larga distancia, observó aquella tarde que el semblante de
+Maximina no era el mismo de otros días; la melancolía, siempre esparcida
+sobre él, se había convertido en profunda tristeza; sus miradas eran más
+frecuentes y más largas, y en torno de sus ojos un círculo levemente
+encarnado acusaba claramente el llanto vertido. ¿Qué le habrá pasado? se
+preguntó con inquietud. ¿La habrá reñido su tía? Y deseó que se
+concluyese pronto la novena a fin de enterarse.
+
+Era noche cerrada cuando salieron de la iglesia. El joven forastero
+acostumbraba a esperar a doña Rosalía y su sobrina en el pórtico,
+ofrecerles agua bendita y acompañarlas a casa en unión de otras vecinas,
+lo cual le permitía emparejarse con su novia y sostener con ella
+conversación aparte. Todo esto respiraba un sentimiento idílico, de
+suave felicidad, que, como contraste a sus refinados amores cortesanos,
+le causaba un gran deleite. Después de haberla dirigido algunas
+preguntas insignificantes, a las cuales contestó la niña con dulce y
+apagada voz, un poco más apagada que otras veces, la preguntó
+bruscamente:
+
+--¿Qué tienes?... Parece que estás triste y has llorado (la tuteaba en
+secreto desde hacía algunos días: ella no se atrevía a hacerlo sino
+alguna que otra vez, cuando el joven se lo exigía con vehemencia).
+
+Maximina siguió caminando en silencio.
+
+--¿Te ha reñido tu tía?
+
+--No.
+
+Volvió a guardar silencio. Al cabo de un instante, acercando más el
+rostro, observó que algunas gruesas lágrimas rodaban por sus mejillas.
+
+--¿Estás llorando?... ¿Por qué?--preguntó con zozobra.
+
+--No lloro... no es nada--contestó ella levantando hacia él sus ojos
+sonrientes, pero nublados por las lágrimas.
+
+--Lloras, sí, y quiero saber por qué. Me parece que tengo derecho para
+ello... si es que me quieres, como dices.
+
+Todavía le costó algún trabajo arrancarle su secreto. Al fin la niña
+desahogó el pecho oprimido y dijo con voz cortada por los sollozos:
+
+--Hoy han estado en casa Paulina y Segunda y me llevaron a la tienda de
+Joaquina antes de venir a la novena... y allí comenzaron a burlarse de
+mí... ¡Me dijeron unas cosas tan malas!
+
+--¿Qué te han dicho?
+
+--Que V. se estaba riendo de mí y sólo aparentaba quererme por
+divertirse un rato... Que cómo podía figurarme yo que un joven rico y
+elegante se había de casar conmigo...
+
+--¿Todo eso te han dicho?--exclamó Miguel con sorda irritación.--¿Nada
+más?
+
+--También me dijeron que V. tenía una novia... una señora que vive ahí
+en el camino de Francia, y que la iba V. a ver todos los días... ¡Parece
+que vinieron a buscarme apropósito para darme esta puñalada!
+
+--Pues no te han dicho más que la verdad.
+
+La niña le miró con ojos suplicantes.
+
+--Sólo que hay una pequeña dificultad para que esa señora, a quien
+visito muchos días, sea mi novia... y es que esa señora está casada.
+
+Miguel había penetrado perfectamente el alma de la niña: por eso le
+presentó esto como una dificultad insuperable. En efecto, Maximina abrió
+más los ojos manifestando gran sorpresa; exigió que el joven se lo
+jurara, y una vez hecho el juramento, un rayo de alegría iluminó su
+semblante.
+
+--¡Pero qué malas son esas chicas!--exclamó cruzando las manos.--¿No
+tendrán miedo que Dios las castigue?
+
+Miguel se esforzó en persuadirla a que no creyese nada de cuanto la
+dijeran acerca de él, le hizo mil protestas sinceras de cariño, y logró
+que antes de llegar a casa se disipasen las nubes que velaban su rostro.
+Al llegar, despojose Maximina inmediatamente de la mantilla y se fue a
+la cocina, donde nuestro joven la siguió. Era una hora ésta muy ocupada
+para la niña: la cena de los chicos y del huésped exigía bastantes
+preparativos: la criada se encargaba únicamente del condimento de los
+manjares; doña Rosalía de atender al estanquillo. Maximina encendió la
+lámpara del comedor y puso el mantel sobre la mesa: Miguel la seguía con
+la vista: ella levantaba de vez en cuando la suya y le enviaba una
+sonrisa para mostrarle la confianza que tenía en sus palabras y lo feliz
+que la había hecho con ellas. Una vez puesta la mesa, volvieron a la
+cocina.
+
+--Hay que limpiar esa vajilla--dijo la criada con el tono agrio que
+siempre usaba.
+
+--¿La ha fregado V. ya?
+
+--Si no la hubiera fregado, ¿cómo se había de limpiar? ¡Vaya una
+salida!
+
+--No se incomode, Rufa--dijo un poco acortada la niña.
+
+Y cogiendo un paño, se sentó con calma a secar los platos. Miguel se
+sentó cerca de ella.
+
+--Voy a contarles a VV. un cuento--dijo aquél tomando otro paño y
+poniéndose a secar platos también.--Viajando un amigo mío por la China,
+hace ya bastantes años, me contó que había llegado por la noche a un
+pueblo llamado Cerdópolis. En cuanto estuvo dentro de él, ya no le
+extrañó el nombre que tenía; no se veían más que cerdos por todas
+partes; en las huertas, en las calles y hasta dentro de las casas; en
+fin, no se podía dar un paso sin tropezar con alguno de estos
+animaluchos.
+
+--¡Qué olor habría allí, madre mía!--exclamó Maximina.
+
+--¡Atroz! me dijo que no se podía respirar. Pues sucedió que fue a
+alojarse a casa de uno de los principales del pueblo; pero la mayor
+parte de las casas, aun las de los ricos, no tenían más habitaciones que
+la cocina y los dormitorios. El dueño le presentó a sus hijas, unas
+chicas bastante feas, con los ojos torcidos y los pies muy chiquitos...
+en fin, VV. ya habrán visto a algún chino. Parecían amables, y mi amigo
+quedó muy satisfecho del recibimiento que le hicieron. No quedó tan
+contento de la madre, esposa de nuestro chino. Era una vieja que estaba
+al lado del fogón picando cebolla, así como está ahora Rufa.
+
+Maximina levantó los ojos hacia la cocinera y luego los volvió hacia
+Miguel con una expresión entre cándida y maliciosa, sospechando alguna
+broma.
+
+--Cuando mi amigo se dirigió a ella preguntándole cómo estaba de salud,
+no le contestó más que ¡hum! sin levantar la cabeza siquiera. Mi amigo
+miró con sorpresa al marido y a las hijas, como diciendo: ¿Qué le he
+hecho yo a esta señora para que me reciba de este modo? Pero lo mismo él
+que ellas, en vez de avergonzarse, levantaron los ojos al cielo, con un
+gesto de resignación que le sorprendió todavía más. Se pusieron a cenar,
+y mi amigo durante la cena y después de ella trató de captarse las
+simpatías, o por lo menos la benevolencia de la señora, prodigándole
+muchas atenciones y dirigiéndole a menudo la palabra. Todo fue inútil:
+la china contestaba con su gruñido acostumbrado, o a todo más, con algún
+monosílabo que revelaba su mal humor. El marido y las hijas se
+contentaban con hacer aquel gesto de resignación y dolor, que cada vez
+iba maravillando más al viajero. Después de estar algún tiempo de
+sobremesa, retirose a descansar. Cuando por la mañana se levantó,
+encontró a toda la familia muy triste y como consternada. Les preguntó
+en seguida con interés qué les pasaba de malo.
+
+--¡La pobre madre!--exclamó una de las niñas.
+
+--¿Qué le ha pasado? ¿Está enferma?--preguntó.
+
+--Ahí la tiene V.
+
+--¿Dónde?--dijo mirando a todas partes, sin ver rastro de china.
+
+--Ahí.
+
+--¿Pero dónde?
+
+--Esa marrana que tiene V. delante.
+
+--¡Cómo!--exclamó mi amigo, creyendo que el chino se había vuelto loco.
+
+--Sí, señor; ya sabíamos en casa que de esta semana no podía pasar.
+Usted, señor, por lo visto, no sabe lo que ocurre en este pueblo...
+
+El chino le explicó entonces que en aquella villa había una enfermedad,
+por desgracia muy común, que se llamaba _cerdofalgia_, y que consistía
+en la trasfiguración del hombre en cerdo. De ahí la inmensa cantidad de
+cerdos con que tropezaba en las calles. El primer síntoma de esta
+enfermedad era el mal humor: en este primer grado, los enfermos podían
+curarse como los tísicos, y al efecto siempre que alguno era atacado, se
+empleaban para volverle a la salud mil clase de fiestas y regocijos, en
+las cuales tomaba parte toda la familia. Algunos salvaban, pero la
+mayoría pasaban al segundo período, llamado «del silencio,» porque
+hablaban muy poco: todavía en este grado, salvaba uno que otro. Pero si
+desgraciadamente entraban en el período de los «gruñidos,» entonces era
+cosa perdida: al cabo de algún tiempo, venía la trasfiguración. Su
+señora hacía ya dos meses que estaba en el tercer grado.
+
+Mi amigo quedó pasmado y comprendió por qué cuando gruñía el ama de casa
+hacían todos gestos de resignación.
+
+Al terminar Miguel su cuento, Maximina hacía esfuerzos sobrehumanos para
+contener las carcajadas que se le escapaban de la boca, viendo lo
+amoscada que se había puesto Rufa.
+
+En aquel momento entró doña Rosalía con otra señora de su misma traza.
+Miguel al verlas dejó apresuradamente el paño y el plato que tenía en
+las manos, para que no le viesen ocupado en tarea tan poco varonil.
+Después de cambiar algunas palabras, Maximina, sin darse cuenta de lo
+que hacía, le alargó dos platos diciendo:
+
+--Ya no nos quedan más que siete.
+
+Pero el joven, avergonzado y con muy mal humor, se los rechazó.
+
+--Deje V... Deje V. eso.
+
+La niña ruborizada y confusa exclamó con voz débil:
+
+--¡Como hasta ahora me había ayudado!...
+
+
+
+
+XV
+
+
+«Mi queridísima hermana:--escribía Miguel a Julia--Me preguntas por qué
+permanezco tanto tiempo en este pueblecillo, y supones, infundadamente,
+que pasaré la mayor parte en San Sebastián. Asimismo haces algunas
+reticencias que me desagradan, porque no están bien en boca ni en pluma
+de una niña tan candorosa como tú eres y deseo que sigas siendo. Te has
+equivocado en todas tus hipótesis. Permanezco en Pasajes (ya puedes
+comenzar a reírte) porque estoy enamorado de la sobrina de mi patrona.
+Es una niña (sigue riendo) que no pasa por bonita, ni es gallarda, ni
+tiene talento, ni una educación esmerada. Estoy enamorado no sé de qué;
+acaso del alma, aunque no lo aseguro. Lo que sí puedo afirmar es que no
+hay mujer (exceptuando tú) que me parezca tan linda, tan amable y tan
+bien educada. No ha cumplido aún los diez y seis años. ¡Si vieras qué
+buena y humilde es! Está tan convencida de su insignificancia, que yo he
+hecho como Jesucristo; queriendo ser la última, la elevé a primera. Ha
+pasado dos años en un convento de Vergara, y cuando yo llegué, estaba
+empeñada en hacerse monja: ahora ya se fue a paseo el monjío. Esto no
+quiere decir que no fuese una buena religiosa; Maximina, que así se
+llama, en cualquier estado y situación de la vida sería buena, porque
+así la hizo Dios. Me paso los ratos como un tonto escuchándola; cuando
+narra su vida de colegiala: las nonadas y puerilidades de sus
+compañeras, que me cuenta con gran calor, me embelesan lo mismo que la
+novela más interesante: conozco ya a todas las hermanas del colegio como
+si las hubiera parido: hay una hermana San Onofre, de diez y ocho años,
+hermosa, instruida, pero de muy mal genio; en el convento todo el mundo
+la temía más que a la superiora; ¡figúrate que a una niña, porque
+manifestó asco al vaso de otra, la hizo comer las sobras de todas las
+demás en un plato! Hay otra llamada María del Socorro, de la misma edad
+que Maximina, muy dulce, muy tímida; cuando las niñas enredaban en su
+clase, no teniendo ánimo para reñirlas o castigarlas, se echaba a
+llorar. Pero los amores de mi niña eran la hermana San Sulpicio, una
+andaluza hermosísima, llena de gracia y atractivo; había cuatro chicas
+enamoradas de ella perdidamente; pero la que se llevó la palma y llegó a
+ser su favorita al cabo de algún tiempo, fue Maximina; sin embargo, la
+hermana, que era un poco coqueta al parecer, se complacía algunas veces
+en mortificarla mostrándole gran frialdad o adoptando con ella un
+continente severo, hasta que viendo su cara contristada, se echaba a
+reír y le tiraba suavemente de una oreja, llamándola tonta. Un día vino
+orden de arriba para trasladar a esta hermana a otro convento, y se
+marchó secretamente sin despedirse. ¿Quién se lo dice a Maximina? se
+preguntaron todas las colegialas. Al fin una, más habladora y peor
+intencionada que las otras, se lo comunicó bruscamente: mi niña recibió
+un fuerte golpe en el corazón; pero trató de reprimirse, porque le daba
+vergüenza estallar en sollozos delante de sus compañeras: este esfuerzo
+sobre sí misma le costó caro, porque al poco rato se sintió mal y hubo
+que desabrocharle a toda prisa el vestido, para que no se ahogase.
+
+Oyendo el relato de tales escenas infantiles se pasa el mentecato de tu
+hermano sabrosamente el tiempo, y no tiene ganas de volver a Madrid.
+¿Querrás creer, querida hermana, que encuentro más sabiduría en las
+palabras de Maximina que en los cursos de sistemas coloniales que nos da
+en su casa el conde de Ríos? Indudablemente, estoy perdido. Razón tiene
+mi tío Bernardo en decir que no seré en la vida nada de provecho.
+
+Muchos recuerdos a mamá. Salud y Estado Mayor. Un abrazo que casi te
+asfixie de tu hermano,
+
+MIGUEL.»
+
+Tres días después la contestación de Julia, que decía así:
+
+«Mi más querido hermano: Si por mi gusto fuese, no te escribiría hoy,
+porque tengo que darte una noticia desagradable; pero mamá lo manda...
+y... cartuchera en el cañón, quepa o no quepa. La noticia es que nos
+vamos a Madrid en la semana próxima, hacía el miércoles o jueves. Por
+consiguiente, ya sabes que debes ponerte en camino cuanto antes. Mucho
+siento arrancarte esa felicidad que dices sentir y en la cual no creo.
+Toda la vida has sido un pillo de playa, y no te arriendo los tizonazos
+que has de llevar en el otro mundo. Esa pobre chica será bien
+desgraciada si se fía de tus palabritas de miel; no tardará en ir al
+panteón de las víctimas, como Teresa, Paquita, etc., etc. ¡Me avergüenzo
+de ser hermana tuya, gran tuno!
+
+Sabrás como tenemos noticia de que tío Manolo se casa con la viuda de
+marras. Ya era tiempo. Lo mismo uno que otro necesitan ponerse
+dentadura nueva, porque están algo duritos. Ahí te envío una carta que
+por la letra me parece de él: supongo que será dándote parte de la boda.
+
+El cuerpo de Estado Mayor me manda darte recuerdos. Mamá lo mismo. Yo no
+me contento sino con un fuerte mordisco en una oreja: ya sabes que soy
+especialista en ese ramo. Avisa cuando sales.
+
+JULIA.»
+
+Dentro de ésta venía otra carta de D. Manuel Rivera noticiándole su
+próximo matrimonio. El antiguo seductor se manifestaba en ella contrito
+y con grandes deseos de reformarse en lo tocante a la moral y las
+costumbres, y anunciaba en términos concretos que estaba resuelto a
+someterse a las leyes generales que rigen los destinos de la humanidad y
+la encaminan a lo infinito: hablaba de la necesidad imperiosa que siente
+el hombre de tener una compañera «que le ayude a soportar el fardo de la
+vida,» de los goces dulces e inefables del hogar doméstico, de los
+mutuos sacrificios. Por último, llamaba al Ser Supremo en su auxilio y
+le rogaba se dignase bendecir «su pobre choza.»
+
+Miguel, en vez de enternecerse como debía, se rió mucho leyéndola: mas
+al instante quedó triste y cabizbajo al recordar que debía abandonar a
+Pasajes dentro de pocos días. La verdad era que lo estaba pasando bien
+y que no le halagaba nada tornar de nuevo a la bulliciosa vida de la
+corte. Por otra parte, ¡qué sentimiento tan vivo experimentaría la pobre
+Maximina! En cuanto a la generala, hacía ya días que había formado
+propósito irrevocable de romper con ella, si bien esperaba verse lejos
+para llevarlo a cabo; no le acomodaba hacerlo en una entrevista por no
+escuchar sus quejas de codorniz romántica.
+
+En la expresión melancólica y reflexiva de su cara adivinó Maximina que
+algo triste le pasaba. Trató de mostrarse entonces más alegre y
+habladora que de ordinario, a fin de disipar su mal humor: adivinaba
+vagamente que de rechazo iba a caer sobre ella; pero no lo consiguió;
+Miguel, contra su costumbre, respondía con gravedad a sus instancias.
+
+--¿Qué tienes?--le dijo al fin tímidamente.--¿Estás enfadado conmigo?
+
+--¿Por qué había de estarlo?--contestó sonriendo tristemente.--¿Te
+remuerde por algo la conciencia?
+
+--A mí no... pero...
+
+Miguel guardó silencio unos instantes: los ojos escrutadores de Maximina
+estaban posados con anhelo sobre él.
+
+--Tengo que darte una mala noticia--dijo al cabo dulcificando cuanto
+pudo la voz.
+
+La niña se puso extremadamente pálida; pero no despegó los labios.
+
+--Me ha escrito mi hermana para que vaya a reunirme con mamá y con ella
+a Santander, y acompañarlas a Madrid.
+
+Maximina continuó silenciosa, doblando la cabeza sobre el pecho.
+Entonces le tocó a nuestro joven observarla con cierta inquietud.
+
+--No será la última vez que nos veamos, hermosa--dijo
+cariñosamente.....--Lo mismo te seguiré queriendo en Madrid, y a la
+primera ocasión que se me presente, vendré a hacerte una visita.
+
+La niña levantó los ojos hacia él esforzándose por sonreír.
+
+--Ahora que estoy próximo a separarme de ti--siguió diciendo el
+joven,--es cuando veo cuánto has penetrado en mi corazón... Parece
+mentira que en tan poco tiempo te haya llegado a querer de un modo tan
+entrañable... ¿Te pasa a ti lo mismo? ¿Me seguirás queriendo cuando
+dejes de verme?
+
+Maximina movió varias veces la cabeza en señal afirmativa. Conmovido por
+aquel silencio, que revelaba mejor que ninguna frase lo que su alma
+sentía, el joven le tomó una mano y la llevó suavemente a los labios:
+por primera vez desde que se conocieran, ella no hizo resistencia
+alguna. Cada vez más embargado por la emoción, Miguel dejó que su alma
+se desbordase; la expresó con lenguaje vivo y apasionado cuánto la amaba
+y lo feliz que algún día sería uniéndose a ella; la prometió no
+olvidarla ni un solo instante, escribirla a menudo y venir a verla en
+cuanto le fuese posible.
+
+La niña se llevó la mano a la frente y dijo con voz alterada:
+
+--Se me está partiendo la cabeza de dolor...
+
+En aquel momento entró doña Rosalía en el estanquillo.
+
+--¡Pobrecita!--exclamó Miguel.--Debe V. acostarse un poco a ver si se le
+pasa.....
+
+--¿Qué; te duele la cabeza?--preguntó la tía.--La canción de
+siempre..... Anda ve a recostarte hasta la hora de comer: ya te llevaré
+el agua sedativa.
+
+Maximina subió a su cuarto y doña Rosalía quedó disertando con Miguel,
+que apenas la escuchaba. Por la tarde la niña pudo bajar al estanquillo:
+tenía el semblante un poco descompuesto. Cuando estuvieron solos, ella
+le dijo tímidamente:
+
+--¿Quieres una cosa que voy a darte?
+
+--¡Ya lo creo! Cuanto tú me des será para mí sagrado.
+
+Maximina sacó del bolsillo un crucifijo de plata pendiente de un cordón
+y se lo entregó ruborizada diciendo:
+
+--Este crucifijo me lo regaló la hermana San Sulpicio el día de su
+santo: lo traigo colgado al pecho hace tres años sin quitarlo jamás...
+
+Miguel se lo arrebató con alegría.
+
+--Precisamente iba yo a pedirte una medallita para colgar al cuello.
+¡Cuánto me alegro que te hayas anticipado! Te prometo no separarme de él
+ni de día ni de noche... Pero voy a suplicarte un favor... que tú misma
+me lo cuelgues.
+
+Maximina vaciló un instante: al fin tomó de nuevo el crucifijo; Miguel
+bajó la cabeza y el Cristo quedó colgado por la parte de fuera del
+chaleco.
+
+--Ahora--dijo él con sonrisa maliciosa--es menester que lo ocultes
+debajo de la camisa.
+
+--No; eso hazlo tú.
+
+Los dos días que siguieron a esta escena trascurrieron suaves y
+melancólicos. Los amantes estaban mucho tiempo juntos, pero se hablaban
+poco. Maximina hacía visibles esfuerzos por mostrarse serena. Miguel,
+adivinando estos esfuerzos, sentía su amor y su compasión crecer.
+
+Tomó pasaje en un vapor que debía salir por la tarde. Maximina aquel día
+por la mañana se manifestó casi contenta. Sin embargo, estando en
+conversación con él en la sala, cuando menos parecía indicarlo la
+expresión de su fisonomía, rompió a sollozar fuertemente. Miguel la
+acarició y la consoló en los términos mejores que pudo.
+
+Después que arregló su equipaje, el joven recorrió el pueblo
+despidiéndose de los amigos que durante su estancia se había ganado:
+próxima ya la hora de partirse y habiendo oído sonar el pito del vapor,
+volvió a casa con objeto de despedirse de Maximina. Por más que la buscó
+por todas partes no pudo hallarla: nadie sabía dónde se había metido:
+doña Rosalía opinó que se habría ido a la iglesia. No es decible lo que
+esto disgustó a Miguel, quien después de mandar el equipaje, se fue con
+el corazón oprimido hacia el muelle; pero antes se le ocurrió dar una
+vuelta por la iglesia. Como el tiempo apuraba, corrió hasta sofocarse;
+no vio rastro de Maximina en todo el ámbito del templo. Salió cabizbajo
+y llegó al vapor, que estaba pitando terriblemente en espera suya.
+Cuando saltó a bordo, el capitán le dijo con malos modos que hacía
+quince minutos que aguardaban por él: no le causó ningún efecto la
+reprensión. Subió al puente; en el momento de arrancar el buque,
+percibió en el balcón corrido de la casa de D. Valentín la figura de la
+niña. Echó mano apresuradamente a los gemelos del capitán que colgaban
+de la baranda, y pudo ver a su novia llorosa con un pañuelo en la mano
+haciéndole señas. Sacó el suyo del bolsillo y contestó lleno de emoción.
+La tarde estaba tranquila, el cielo nublado, las aguas de la pequeña
+bahía inmóviles y verdosas espejaban confusamente la columna de humo
+que el vapor dejaba en pos de sí. Algunas otras figuras humanas se
+asomaban a los balcones y terrados al oír los prolongados y furiosos
+ronquidos de la máquina.
+
+En tanto que el barco no salió por la boca estrecha de la bahía, Miguel
+no apartó los gemelos de los ojos, dirigiéndolos al balcón donde la
+triste Maximina quedaba. Cuando una peña se la ocultó, dejó caer las
+manos con dolor: después se limpió las mejillas, que estaban húmedas.
+
+
+
+
+XVI
+
+
+Llevaba el corazón tan henchido de amor, de admiración, de entusiasmo,
+que Julita se vio necesitada a sufrir a diario, por algún tiempo, las
+descripciones que le plugo hacer de la bondad, sencillez e inocencia de
+la niña de Pasajes. A las mujeres no les disgusta esta clase de
+confidencias: así que, lejos de huirlas, las provocaba, informándose con
+deleite de todos los pormenores más o menos pueriles de aquellos amores
+idílicos, tan en consonancia con su edad y su sexo.
+
+Miguel rehusaba enseñarle el retrato. Temía que no le gustase. Después
+de muchos ruegos, y anunciando con empeño «que físicamente valía poco,»
+lo sacó de una cartera donde lo llevaba.
+
+--¡Pues no tiene nada de fea!--exclamó Julita.--Al contrario, es una
+cara muy simpática...
+
+A Miguel se le ensanchó el corazón, y se dibujó en sus labios una
+sonrisa beata.
+
+--¿Sabes a quién se parece un poco?... A Clarita Mazón...
+
+Clarita Mazón era una joven bastante linda. Sin embargo, Miguel no
+transigió con el parecido, y hasta se indignó.
+
+--¡Pero qué enamorado estás, Miguel!--exclamó Julita sonriendo
+maliciosamente.--Así me gusta... Ya era tiempo de que la veleta quedase
+fija un instante... ¿Sabes que si yo estuviese en la piel de esa niña
+las habías de pagar todas juntas?
+
+--Lo creo--repuso el joven riendo.
+
+--No te duermas sobre los laureles, pillo, porque en cuanto yo pueda
+entenderme con ella, se lo he de aconsejar.
+
+--No te hará caso.
+
+--¡Quién sabe! Le haré ver lo que tú eres con esa cara de angelito de
+retablo.
+
+Desde Santander, Miguel telegrafió a Pasajes, dando noticia de su
+llegada. Así que saltó del tren en Madrid, puso otro telegrama, y
+escribió aquel mismo día. La contestación de Maximina tardó seis en
+llegar. La impaciencia que nuestro joven manifestó en estos días hizo
+reír mucho a su hermana. Contra su costumbre, aguardaba en casa al
+cartero, y hasta le espiaba detrás de los cristales del balcón y le iba
+a abrir él mismo la puerta.
+
+La carta, que al cabo recibió, venía en un sobre pequeño, escrito con
+magnífica letra inglesa, la letra que se enseñaba en el convento de
+Vergara; su contenido no era largo ni expresivo, pero respiraba modestia
+y candor: llamábale en el comienzo «apreciable Miguel» y se despedía
+como «segura servidora,» lo cual le hizo reír. En la réplica le dio
+bastante matraca con aquella «segura servidora,» y la niña, en las
+cartas siguientes, modificó su despedida: el comienzo, o sea el
+«apreciable,» ya le costó más trabajo que lo cambiase; al fin, se
+aventuró a llamarle «querido Miguel.» Todas las cartas se las leía éste
+a su hermana. Julia principió a sentir viva simpatía hacia aquella niña
+de menos edad aún que ella. Un día le dio una estampita de su libro de
+misa, para que se la enviase de su parte. Maximina, al acusar el recibo,
+se manifestó tan conmovida por aquel regalo, que Julia no pudo resistir
+al deseo de ponerla una posdata en la carta de su hermano, dándole
+cariñosas expresiones. La niña de Pasajes contestó con otra; se
+cambiaron después los retratos; por último, al cabo de dos meses, ya se
+escribían directamente.
+
+Por este tiempo el hijo del brigadier había cortado enteramente sus
+relaciones con la generala Bembo. No pocos esfuerzos caligráficos le
+costó aquel rompimiento: las quejas de la nueva Ariadna venían
+diariamente por el correo esparcidas en cinco o seis pliegos de letra
+menuda: era necesario contestar a ellas: al fin Teseo se cansó y las
+guardó filosóficamente en el bolsillo. Entrado ya el invierno, Ariadna
+volvió a Madrid, y no se pasaron quince días sin que la trompeta del
+escándalo pregonase sus amores con el secretario de la Embajada
+francesa. A Miguel no le maravilló nada este suceso.
+
+Un día Julita le dijo a boca de jarro:
+
+--¿Cuándo piensas casarte, Miguel?
+
+Se puso colorado, y respondió vacilante y confuso:
+
+--¡Oh, el matrimonio!... Hay que pensarlo con calma.... Es un negocio
+muy grave.
+
+Y cortó repentinamente la conversación, hablando de otra cosa. Julia se
+quedó triste y pensativa. Le hizo esta pregunta, porque había observado
+que su hermano no menudeaba tanto las cartas a Pasajes como antes.
+Empezó a sospechar que se iba cansando, y tembló por la pobre Maximina.
+No se dio por vencida, sin embargo. Al cabo de pocos días le cogió en su
+cuarto, por la oreja, y le dijo medio en broma medio en veras:
+
+--No te suelto si no me dices ahora mismo si piensas o no casarte.
+
+--Pero, chica, ¿a ti que te va ni te viene en eso?--contestó el joven
+riendo.
+
+--Tengo interés por Maximina, porque es mi amiga.
+
+--¡Si no la conoces!
+
+--No importa, la quiero ya como si la conociese.
+
+--¿Tendrías gusto en ser hermana política de la sobrina de una
+estanquera?--preguntó el joven con malicia.
+
+--¡Ya lo creo!--repuso Julia poniéndose seria.--Si es buena y bien
+educada, ¿por qué no?...
+
+--No vayas a pensar que yo me detengo por eso--dijo Miguel, poniéndose
+también serio.--He meditado mucho en estos últimos meses acerca de tal
+asunto, y al fin no he podido menos de confesarme que no sirvo para
+casado. El que ha hecho hasta los veintisiete años la vida independiente
+que yo, es muy difícil que pueda acomodarse al orden, a la paz, a la
+serie de sacrificios que el matrimonio exige... Y, francamente, para ser
+un mal casado, ¿no vale más que permanezca soltero toda la vida?... Por
+otra parte, si me caso con esa chica, que no está acostumbrada al trato
+de gente ni ha entrado jamás en sociedad alguna, ya comprendes que debo
+renunciar en absoluto a mis relaciones y a las antiguas amistades de mi
+familia: yo no quiero pisar un salón donde mi mujer no haga buen
+papel... Además, Maximina es demasiado niña y demasiado inocente para
+dominar a un hombre tan maleado como yo, y para regir una familia...
+
+Así continuó el hijo del brigadier rebuscando argumentos en su cerebro
+para ocultar los verdaderos móviles de su conducta, que eran el tedio y
+la vanidad, pasiones asquerosas que la vida cortesana habían despertado
+nuevamente en su corazón. Julia no apartaba su mirada escrutadora de él,
+lo cual concluyó por turbarle y obligarle a callar. Después de algunos
+momentos de silencio, aquélla exclamó moviendo la cabeza con dolor:
+
+--¡Pobre Maximina!
+
+Y después de una pausa larga, dijo con energía:
+
+--Pues mira, Miguel, si no has de casarte con ella, es un pecado grande
+que la estés engañando. Debes cuanto antes cortar esas relaciones.
+
+--Bien; de eso ya hablaremos... Acaso tengas razón... Hasta luego--dijo
+poniéndose el sombrero y dándole un beso de despedida.
+
+Por más que nos duela hablar mal del héroe de nuestra historia, la
+verdad nos obliga a confesar que Miguel tuvo la cobardía de cortar sus
+relaciones con la niña de Pasajes dejando de escribirla. Al cabo de unos
+quince días, su hermana le enseñó una carta que había recibido de ella;
+se daba por enterada del desamor de su novio, sin proferir una queja;
+disculpaba su conducta manifestando que después de la separación había
+reflexionado que ella no podía convenir a un hombre como Miguel; hubiera
+deseado, sin embargo, que éste se lo hubiera dicho antes de tenerla
+impaciente y triste muchos días; terminaba diciendo que al fin había
+conseguido de su tía el permiso para hacerse monja de la caridad.
+
+Esta carta, donde al través de la firmeza y naturalidad de los
+conceptos, se entrevía una mano temblorosa y unos ojos nublados por las
+lágrimas, conmovió hondamente a nuestro héroe, y le hubiera conmovido
+aún más, hasta el punto quizá de marcharse aquel mismo día a Pasajes
+para pedir perdón a Maximina y hacerla su esposa, si desgraciadamente
+aquél no fuese un día crítico y terrible de su existencia.
+
+El periódico del conde de Ríos sostenía frecuentes polémicas con otro
+diario conservador titulado _La Monarquía_. Estas polémicas, un tanto
+ásperas, no habían rebasado hasta entonces los lindes de una cortesía
+más o menos ambigua. Llegó un punto, no obstante, en que la discusión se
+fue agriando en términos que aparecieron en el diario moderado algunos
+insultos velados contra el inspirador y los redactores de _La
+Independencia_. Miguel se juzgó en el caso de escribir un artículo
+contestando a estas injurias, que fue un verdadero prodigio de
+habilidad: devolvíanse con creces todas aquéllas al enemigo, pero de un
+modo tan fino y bien encubierto, que era imposible demandar reparación
+ante los tribunales, y no era fácil tampoco hallar motivo para un duelo.
+El artículo se leyó en la redacción y fue calurosamente aplaudido. Por
+desgracia, en esta ocasión fue cuando a Mendoza se le ocurrió descubrir
+enteramente aquel secreto que su amigo le tenía guardado hacía años. Al
+traerle las pruebas del artículo, se autorizó, sin consultar a nadie,
+cambiar uno de sus párrafos metiendo otro de cosecha propia. Por virtud
+de esta funesta ocurrencia, lo que era una frase incisiva y bien
+meditada, se convirtió en grosero y feroz insulto. En cuanto Miguel, al
+leer el periódico por la mañana, se enteró de la modificación,
+revolviósele la bilis, comprendiendo que no podía menos de producir
+fatales consecuencias; fue a la redacción, y no encontrando a Mendoza,
+comenzó a decir en presencia de sus compañeros lo que ya hemos visto en
+otro capítulo.
+
+Todos sus cálculos quedaron confirmados. No se pasaron muchas horas sin
+que dos caballeros, padrinos del director de _La Monarquía_, viniesen a
+exigir al de _La Independencia_ una satisfacción personal. Mendoza,
+pálido y tembloroso, les contestó que él no era el autor del artículo, y
+les prometió que en el número del día siguiente saldría una
+rectificación. No faltó quien le pasara recado a Riverita, quien a toda
+prisa acudió a la redacción, antes que de ella hubiesen salido aquellos
+señores. Así que llegó, deshizo cuanto se había convenido; contestó que
+era suyo el escrito, se opuso a publicar ninguna rectificación, y nombró
+por padrinos al conde de Ríos y a un compañero llamado Merelo. Después
+se volvió a casa, y fue cuando Julita le mostró la carta de Maximina.
+
+Los padrinos de los contendientes tardaron un día entero y emplearon
+toda la saliva de sus gaznates en discutir las condiciones del desafío.
+El punto más arduo era el de la elección de armas. El conde de Ríos,
+fundándose en que su apadrinado era el retado, creía tener derecho a
+elegirlas, y lo sostenía con gran calor. En realidad, hacía mucho
+hincapié en este asunto, porque era sabedor de que el periodista
+moderado pensaba elegir el sable, no porque lo manejase con gran
+destreza, sino porque, dada su estatura y corpulencia, debía llevar
+ventaja al adversario. Los padrinos de aquél defendían con igual tesón
+su derecho, por ser el ofendido. A las diez de la noche aún no habían
+podido arreglarse. En una de sus entrevistas con Ríos, Miguel, cansado
+al fin por tanta dilación, le rogó que aceptase cuantas condiciones
+quisieran poner los contrarios.
+
+En virtud de esto, quedó convenido que el duelo se efectuase a sable con
+punta. Hora, las siete de la mañana; sitio, la quinta de Vistalegre, en
+Carabanchel.
+
+No fue a dormir a casa: pasó recado a su madrastra, advirtiéndola que
+debía velar a un amigo enfermo, a fin de que ni ella ni Julia estuviesen
+con cuidado. No salió del casino, donde había estado toda la tarde
+esperando el resultado de la discusión de los padrinos. Hasta las dos de
+la madrugada jugó al tresillo: cuando la partida se disolvió, estuvo
+paseando largo rato por uno de los salones; cansado al fin, se recostó
+en un diván, y no tardó muchos minutos en prenderle un sueño pesado y
+letárgico. La tensión en que sus nervios habían estado las últimas
+horas, había terminado por un enervamiento. Durmió media hora, y,
+durante ella, soñó mil disparates: ahora se encontraba en un inmenso
+palacio deshabitado, donde cierta sombra, que vio cruzar, le causó un
+terror extraño, que jamás había sentido: ahora se iba a batir dentro de
+una iglesia con un hombre que no conocía, y que resultaba ser D.
+Valentín, el tío de Maximina, el cual, sin saber cómo, se convertía en
+gato y se arrojaba sobre él, clavándole las uñas al cuello: después se
+vio en medio del mar, flotando como una boya, a merced de las olas, sin
+esperanza de que nadie viniese a socorrerle.
+
+--Señorito, señorito...
+
+--¡Eh! ¿qué hay?--dijo restregándose los ojos.
+
+--Vamos a apagar.
+
+--Bueno... ¿Sabe V. si está en la sala de juego el Sr. Merelo?
+
+--Me parece que sí, señor.
+
+Se fue hacia allá y encontró a su amigo ganando bastante dinero. Al
+verle entrar, Merelo le dirigió una sonrisa alegre y expansiva; bien
+claramente se entendía que en aquel instante no le importaba mucho que
+Miguel se fuese a matar. Todavía estuvo en ganancias un largo rato,
+hasta que viendo señales de que la suerte se torcía, levantose como
+jugador experto y salió de la sala abrazado a su amigo.
+
+--¿Qué hora es, Miguelillo?
+
+--Las cinco menos cuarto.
+
+--¿Hay ánimo, verdad?--le preguntó abrazándole de nuevo con efusión.
+
+--¡Sí, hombre, sí! Yo tengo ánimo y tú dinero--contestó sonriendo.
+
+--¿Quieres que vayamos a casa de doña Mariquita a tomar chocolate?
+
+--Vamos.
+
+Mientras tomaban el desayuno, Merelo, cada vez más alegre y cariñoso,
+habló de muchas cosas con pasmosa lucidez; pero especialmente de
+esgrima. Realmente esta era la conversación que venía al caso entonces,
+y entendiéndolo así le dio una multitud de consejos encaminados todos a
+no dejarse pegar por el director de _La Monarquía_; antes bien, a
+partirle por el medio en la primera ocasión.
+
+--Nada de fintas, ¿entiendes?... Los golpes han de ser rápidos y
+decisivos... Déjale a él que finte cuanto quiera... Tú quieto, sereno,
+aplomado... a parar y contestar nada más... Ya caerá en alguna
+contestación. ¡Pues no ha de caer!
+
+Miguel mojaba distraídamente el bizcocho en el chocolate pensando Dios
+sabe en qué. Cerca ya de las seis salieron del establecimiento y
+enderezaron los pasos hacia la calle de la Reina, donde vivía el general
+Ríos. Era noche cerrada todavía. Al llegar vieron el coche a la puerta
+en espera ya de su dueño. Pasaron al conde un recado por el lacayo y no
+tardó en presentarse envuelto en un gabán de pieles; el lacayo venía
+detrás con los sables. Después de saludarse afectuosamente, subieron al
+carruaje, y éste comenzó a rodar por las calles silenciosas con áspero
+traqueteo.
+
+Cuando salieron por la puerta de Toledo, comenzaba a rayar el día. Al
+llegar a Carabanchel ya estaba claro. Durante el trayecto, el general y
+Merelo no cesaron de hablar de política. La mañana despejada. Al apearse
+cerca de la regia posesión, hacía un frío intenso: los árboles,
+desnudos, tenían su armazón cubierto de escarcha. Por el carruaje que
+vieron a la puerta, comprendieron que sus contrarios ya habían llegado,
+y en busca de ellos se dirigieron por los hermosos jardines del opulento
+banquero. Mucho antes de llegar al paraje designado, vieron sus figuras
+negras resaltando sobre el blanco tapiz de la helada. Miguel, que hasta
+entonces había dado señales de hallarse inquieto y nervioso, quedó
+repentinamente en calma: desde entonces hasta el fin del lance manifestó
+una absoluta y extraña serenidad que dejó altamente complacidos a sus
+padrinos. Saludaron éstos a los contrarios y al médico, que debía servir
+para los dos contendientes según se había convenido: Miguel y el
+periodista moderado se hicieron de lejos una leve inclinación de cabeza.
+Escogiose el terreno, que fue un camino de arena mejor resguardado que
+los otros por dos altos setos de rosal; midiéronse los sables;
+despojáronse los adversarios de los gabanes y levitas, quedando con el
+chaleco, en gracia del frío que hacía; colocóseles en su sitio con el
+sable en la mano: por último, el conde de Ríos, como la persona de más
+respeto que allí había, se colocó en el medio, alargó los brazos tomando
+con los dedos las puntas de los dos sables y se apartó diciendo con
+fuerte entonación:
+
+--Señores, cumplan VV. con su deber.
+
+El director de _La Monarquía_ era un mocetón robusto, de treinta y
+cuatro a treinta y seis años de edad, cuya figura formaba triste
+contraste en aquella ocasión con la delicada y exigua de Rivera. Sin
+embargo, a los pocos momentos comprendió éste que no se las había con un
+tirador consumado. Miguel había tirado algunas temporadas el sable y el
+florete: su contrario no conocía al parecer más que esta última arma;
+pues hubo que advertirle por los padrinos que no levantase la mano
+izquierda, y la colocase detrás de la espalda. Pero esto mismo le hacía
+muy peligroso, porque en vez de hacer uso del filo, alargaba a cada
+instante la punta del sable, manteniendo a Miguel fuera de distancia.
+Este comenzó a atacar vigorosamente tirando golpes sencillos al brazo, a
+la cabeza y al hombro: su contrario, en vez de pararlos, la mayoría de
+las veces rompía alargando la punta: de esta suerte, a los tres minutos
+la lucha se convirtió en un asalto desordenado de florete. Sin embargo,
+el periodista monárquico le tiró impensadamente un golpe a la cabeza;
+pero hubo de salirle caro, porque Miguel paró y contestó con tal
+rapidez, que si no rompe a tiempo le raja la cara. Desde entonces no
+tiró más tajos. La lucha se prolongó cerca de quince minutos sin
+resultado. Miguel, que era el que atacaba, se sintió fatigadísimo;
+tanto, que lo hizo presente en voz alta, y los padrinos les obligaron a
+suspender y les dieron diez minutos de descanso. Durante ellos, Miguel
+se vistió el gabán y se fue a fumar un cigarro en un banco con la mayor
+tranquilidad, en la apariencia, en realidad muy irritado por aquel
+extraño procedimiento de su contrario. Comenzada de nuevo la lucha,
+tampoco dio resultado alguno en bastante tiempo, apesar de que Miguel,
+cada vez más impaciente, atacaba con furia batiendo para herir el sable
+de su adversario; pero éste tenía brazo de hierro, y apenas si conseguía
+apartar la punta un instante. A los ocho o diez minutos volvió a
+sentirse cansado, mas no osó declararlo por vergüenza. Aflojó en el
+ataque, haciéndolo cada vez más débil y desordenado. Advertido el
+contrario, comenzó a tirarle frecuentes estocadas: apenas tenía fuerzas
+para pararlas. Al cabo, el robusto periodista le separó el sable con el
+suyo a viva fuerza, y le hundió la punta en el pecho.
+
+Miguel cayó soltando un chorro abundante de sangre. Todos se apresuraron
+a socorrerle. El director de _La Monarquía_ balbució algunas palabras
+manifestando su sentimiento, a las cuales el herido no pudo contestar.
+El médico le hizo la primera cura y acto continuo fue trasladado al
+coche, que le llevó en compañía de aquél y sus padrinos a casa.
+
+
+
+
+XVII
+
+
+El pronóstico del médico fue reservado en los primeros momentos. Al cabo
+de veinticuatro horas manifestó que su estado era grave, aunque no
+desesperado.
+
+Julita había padecido varios ataques nerviosos en el trascurso de aquel
+día: la vista de su hermano moribundo le había causado profunda y
+terrible impresión: no hubo fuerza humana capaz de hacerle tragar
+alimento ni medicina alguna. El susto de su madre también fue grande,
+pero trasformose súbito en viva y áspera irritación, de la cual fueron
+víctimas los padrinos, el médico, los criados, y hasta el mismo Miguel
+así que se encontró en estado de sufrirla: la gran preocupación de la
+brigadiera no era que aquél se curase, sino saber quién había tenido la
+culpa de la desgracia: tan intemperante y desbocada estuvo, que el conde
+de Ríos no pisó más la casa, limitándose a preguntar todos los días por
+medio de un lacayo el estado del enfermo.
+
+Afortunadamente, salió del peligro pronto: a los cinco días ya se le
+permitía hablar, aunque no mucho. Julia no se apartaba de su cabecera.
+La mamá era la encargada de recibir las numerosas visitas que llegaban;
+y por cierto que no se hartaba de contar a todo el mundo los pormenores
+de la catástrofe.
+
+Una tarde, Julia se hallaba, como de costumbre, cosiendo al lado de la
+cama del enfermo; el cual dormía.
+
+--Oyes, Julia--dijo de pronto despertándose.--¿Quieres hacerme un favor?
+
+--¿Cuál?
+
+--Léeme otra vez la carta de Maximina..... El día aquel no estaba yo
+para enterarme de nada.....
+
+Julia sonrió con semblante triunfal. En efecto, hacía días que observaba
+en su hermano cierta predisposición a la melancolía bastante ajena a su
+carácter: a menudo se pasaba horas enteras con los ojos estáticos,
+inmóvil, dando señales de hallarse emboscado en una maraña de
+pensamientos tristes: le molestaba la compañía de los amigos y aun
+llegaba a desagradarle que su hermana le leyese demasiado
+tiempo.--Miguel piensa en Maximina--se dijo aquélla al verle tan
+reflexivo. ¿Qué misterio de amor se le escapará a una joven de diez y
+siete años?--Pues que pene un poco; ya resollará.
+
+Y así fue, como lo pensó la niña.
+
+--Voy a buscarla--contestó saliendo apresuradamente de la alcoba.
+
+No tardó en llegar con ella en la mano: sentose de nuevo y se puso a
+leerla con gran calma, observando de reojo al herido.
+
+Al concluir, éste tenía los ojos húmedos, y exclamó mirando al techo:
+
+--¡Pobre niña!
+
+Julia guardó la carta en el pecho, cogió otra vez la costura y se puso a
+mover la aguja en silencio. Al cabo de algunos minutos el enfermo volvió
+a decir:
+
+--Voy a pedirte otro favor...
+
+--Lo que quieras...
+
+Toma las llaves de mi escritorio, que están ahí en el chaleco, abre el
+segundo cajón de la izquierda y saca un crucifijo de plata que hay en
+él... y tráemelo.
+
+--Aquí está--dijo presentándoselo a los pocos instantes colgando de un
+pedazo de cordón.
+
+--Este crucifijo--manifestó algo ruborizado--me lo dio Maximina al
+separarnos: se me rompió el cordón, y esperando comprar otro, lo guardé
+en el escritorio.
+
+--Tengo yo uno; no necesitas comprarlo--repuso la joven tornando a salir
+de la estancia y entrando otra vez al instante con un cordoncito azul. Y
+sin más dilación tomó el crucifijo de manos de Miguel, sacó el cordón
+viejo, metió el nuevo y dijo con naturalidad:
+
+--¿Quieres que te lo cuelgue?
+
+--Bueno--contestó Miguel poniéndose otra vez colorado.
+
+Al tiempo de colgárselo, Julita acercó la boca a su oído y le dijo
+graciosamente:
+
+--Si lo hubieras traído siempre, no te habrían herido.
+
+Y sin esperar contestación salió dando brincos. Cuando estuvo en el
+pasillo, se quedó inmóvil de repente, meditó un momento, y dibujándose
+en su rostro una sonrisa de placer, siguió corriendo a su cuarto y acto
+continuo se puso a escribir.
+
+La verdad es que en los días que siguieron a esta escena, Julita se
+manifestó digna de una plenipotencia de primer orden.
+
+Pocos diplomáticos se hubieran conducido con tanta habilidad.
+
+No volvió a hablar a su hermano de Maximina: pero le dejaba largos ratos
+solo, y cuando estaba a su lado permanecía quieta y silenciosa,
+esperando con razón que el pensamiento del herido llevaría a cabo su
+tarea, y mejor por sí solo que con auxilio de nadie. De vez en cuando,
+dando largos rodeos, que la hacían reír, Miguel sacaba la conversación
+de Pasajes y de Maximina, contándole por centésima vez todos los
+episodios de sus inocentes amores. Ella le escuchaba atenta, le animaba
+a seguir, pero guardándose de hacerle pregunta alguna acerca de sus
+designios. Esta táctica parecía excitar cada vez más la locuacidad del
+enfermo; y aun se advertían en él ciertos deseos de comunicar alguna
+cosa de más trascendencia; mas tales deseos veíanse contenidos por la
+reserva y el silencio de Julia.
+
+Una mañana, por fin, ésta vino a sentarse más temprano que de costumbre
+a su cabecera. Si Miguel se hubiera fijado en ella, tal vez habría
+advertido en sus ojillos inquietos y negros un brillo singular y en sus
+manos cierto temblor inusitado; pero se hallaba tan embebido en sus
+pensamientos y habitual melancolía, que nada observó.
+
+--Dime, Miguel--le dijo la joven levantando resueltamente la
+cabeza,--¿qué piensas hacer cuando te levantes?
+
+--¿Cuando me levante?... ¿Qué quieres decir?..--repuso sorprendido.
+
+--Sí; ¿qué piensas hacer de tu vida?
+
+--¿Qué sé yo, chica?... Lo de siempre.
+
+Hubo un rato de silencio. Miguel esperaba que su hermana concretase más
+el pensamiento: viendo que no lo hacía, se decidió a hablar.
+
+--La verdad es, Julia, que he meditado bastante en estos días acerca de
+mi situación, y no la encuentro tan halagüeña como a primera vista
+parece. Tú y mamá constituís hoy mi única familia. Con los demás
+parientes no cuento para nada. Tú te casarás, como es natural. Mamá...
+ya sabes cómo tiene el genio; la vida a su lado no puede ser alegre. Por
+otra parte, me voy haciendo viejo (_carcajada de Julia_). No te rías;
+aunque por fuera no me siento viejo, por dentro necesito ya sosiego,
+comodidades; la vida de fonda me horroriza. No puedes figurarte la
+compasión que me inspiran esos viejos que andan rodando solos por las
+casas de huéspedes..., que se ponen enfermos y tienen que llamar a una
+hermana de la caridad... que al llegar de la calle no pueden comunicar
+sus impresiones tristes o placenteras con un ser querido... que con
+ganas o sin ellas se ven forzados a salir todas las noches, porque la
+soledad les arroja del cuarto... ¡Es horrible!
+
+--Bien; todo eso quiere decir que deseas casarte--manifestó Julia con
+sonrisa burlona.
+
+--No he dicho tal cosa--respondió avergonzado, y reponiéndose en
+seguida, exclamó:--Pero si lo hubiera dicho, ¿qué?... ¿Tiene algo de
+particular?
+
+--Nada, hombre, nada; al contrario, siempre he creído que debías
+casarte.
+
+--¿Pero con quién?--preguntó el joven en tono angustioso.
+
+--Con la muchacha que más te guste..., si es que te quiere.
+
+--Ahí está la dificultad..., que no me gusta ninguna.
+
+--¿Ni la de Pasajes tampoco?
+
+Miguel se turbó aún más, y dijo con palabra vacilante:
+
+--¡Qué pícara eres! Maximina me gustaba. La verdad es que sería una
+buena esposa...
+
+--¿Pues por qué no te casas con ella?
+
+--¿Crees tú...?--preguntó dirigiéndole una mirada tímida y anhelante.
+
+--¡Vaya! Yo me alegraría muchísimo. Creo que es la única mujer que te
+conviene.
+
+--¡Ay, Julita!--exclamó con vehemencia incorporándose un poco.--Qué
+placer me has dado. Hace una porción de días que no pienso en otra cosa.
+
+--Lo sabía perfectamente... Pero hazme el favor de taparte, porque si te
+mueres no hay boda, y yo quiero comer dulces a toda costa.
+
+Miguel la dirigió una sonrisa de reconocimiento. Hubo otra pausa. Se
+quedó pensativo y miró dos o tres veces de soslayo a su hermana, como si
+no se atreviese a manifestarle lo que cruzaba por su mente. Al fin se
+aventuró a decir:
+
+--Todavía tengo que pedirte otro favor, Julita.
+
+--Ya sé cuál es: que escriba a Maximina, ¿verdad?
+
+--¡Qué talento tan prodigioso! No pareces hermana de un redactor de _La
+Independencia_... Escríbele, sí, porque yo, Dios sabe cuándo podré coger
+la pluma.
+
+--¿Y qué le digo?
+
+--Lo que quieras.
+
+--Bien; le diré que la quieres mucho y que deseas casarte con ella a
+escape.
+
+--¡Eso; y que es más guapa que la virgen del Carmen!
+
+--Calla, bruto. Voy ahora mismo, no sea que te vuelvas atrás.
+
+Salió de la alcoba; no se pasaron dos minutos sin que se la oyese gritar
+desde la puerta:
+
+--Ya he escrito, Miguel. Ahí está la contestación.
+
+Alzó los ojos y vio a la misma Maximina, a quien Julia empujaba hacia la
+cama. Detrás vio asomar la cara del hombre-pez, o sea de D. Valentín, el
+ex-capitán del _Rápido_, quien hacía todo lo posible por ocultarse
+detrás de las jóvenes. Creyó que estaba soñando: de tal modo se pintó el
+espanto en sus ojos, que Maximina se detuvo en medio del gabinete.
+
+--¡Vamos, necio, no pongas esa cara, que la asustas!--exclamó Julita.
+
+Brilló entonces una chispa de gozo en los ojos del joven. Maximina, más
+roja que una cereza, avanzó unos pasos más y le preguntó con voz
+temblorosa:
+
+--¿Cómo se encuentra V., Miguel?
+
+--¡En el sétimo cielo; a la derecha de Dios Padre!
+
+Y tomándole una mano comenzó a besarla con frenesí, como si no hubiera
+nadie delante.
+
+--Julia te ha escrito pidiéndote perdón de mi parte, ¿no es verdad?...
+Diciéndote que estaba en peligro de muerte, y deseaba casarme contigo,
+¿verdad?... Pues todo, todo eso es cierto... Sólo que ya no me muero. Me
+casaré en cuanto me levante de esta cama y seremos muchos años
+felices... Digo (_bajando la cabeza y cambiando de tono_) en el caso de
+que tú me quieras... ¿Estás conforme con el programa?
+
+La niña hizo una señal afirmativa: la emoción la impedía hablar.
+
+Miguel estrechó con fuerza sus manos y las llevó al corazón.
+
+D. Valentín contemplaba atónito aquella escena. Julita, desde la puerta,
+exclamó sentenciosamente llevándose un dedo a la frente:
+
+--¡Y luego dirá mamá que aquí no hay más que viento!
+
+ * * * * *
+
+Aquella misma noche volvieron D. Valentín y su sobrina a Pasajes. Tres
+semanas después fue Miguel a casarse. A las dos horas de recibir la
+bendición del cura, emprendieron la marcha para Madrid.
+
+El destino tenía reservadas todavía a Miguel otras penas y otras
+alegrías, las cuales más adelante contaré, si en ello fuere Dios
+servido.
+
+FIN
+
+ * * * * *
+
+
+OBRAS DEL MISMO AUTOR
+
+
+CRÍTICA
+
+ PESETAS
+
+LOS ORADORES DEL ATENEO, un tomo 2
+
+LOS NOVELISTAS ESPAÑOLES, un tomo 2
+
+NUEVO VIAJE AL PARNASO, un tomo 2
+
+LA LITERATURA EN 1881 (en colaboración), un tomo 2
+
+
+NOVELAS
+
+EL SEÑORITO OCTAVIO, un tomo 3
+
+MARTA Y MARÍA (ilustrada por Pellicer), un tomo 4
+
+EL IDILIO DE UN ENFERMO, un tomo 4
+
+AGUAS FUERTES (novelas y cuadros), un tomo 3
+
+JOSÉ, un tomo 3,50
+
+ * * * * *
+
+
+LIBRERÍA DE VICTORIANO SUÁREZ
+
+=CATALOGO=
+
+
+LIBRERÍA
+
+DE
+
+VICTORIANO SUÁREZ
+
+=Calle de Jacometrezo, 72, Madrid=
+
+=Los precios indicados en primer término son para Madrid los en segundo
+para provincias, francos de porte.=
+
+=ALARCON= (D. Pedro).--Diario de un testigo de la guerra de África; 3
+tomos, 9 y 10 pesetas.
+
+--De Madrid a Nápoles; 7 y 8 pesetas.
+
+--Poesías; 5 y 5,50 pesetas.
+
+--El Sombrero de tres picos; 3 y 3,50 pesetas.
+
+--El Escándalo; 4 y 4,50 pesetas.
+
+--El Niño de la Bola; 4 y 4,50 pesetas.
+
+--El Final de Norma; 4 y 4,50 pesetas.
+
+--El Capitán Veneno; 3 y 3,50 pesetas.
+
+--La Pródiga; 4 y 4,50 pesetas.
+
+--Novelas cortas; 3 tomos, 12 y 13 pesetas.
+
+Contiene: Primera serie. Retrato y biografía del autor. Cuentos
+amatorios.--Segunda serie. Historietas nacionales.--Tercera serie.
+Narraciones inverosímiles.
+
+--La Alpujarra; 5 y 5,50 pesetas.
+
+--Cosas que fueron; 4 y 4,50 pesetas.
+
+--Viaje por España; 4 y 4,50 pesetas.
+
+--Juicios literarios; 4 y 4,50 pesetas.
+
+--Amores y amoríos; 4 y 4,50 pesetas.
+
+=BALZAC.=--(Dos tomos.)--Contiene el primero: Escenas de la vida
+privada.--Una familia doble.--La señora de Firmiani.--La Vendetta.--La
+casa del gato que pelotea.--El baile de Sceaux.--El bolsillo.
+
+Contiene el segundo: Alberto Savarus.--La paz del hogar.--La querida
+falsa.--Estudio de mujer.--Un estudio más de mujer.--La gran Breteche.
+
+Traducción de E. Borrel y L. Aner; precio de cada tomo, 2,50 y 3
+pesetas.
+
+--Cuentos droláticos, traducidos por Querubín de la Ronda, con un
+prólogo de Clarín; 2 pesetas.
+
+=AMICIS= (Edmundo de).--España: traducción de Suárez Figueroa. Un volumen
+holandesa, tela, 5 pesetas.
+
+--Marruecos: traducido por J. Muñiz Carro. Un volumen, con noticia
+biográfica, 3,50 y 4 pesetas.
+
+--El vino, sus efectos psicológicos; una peseta.
+
+--Recuerdos de París y Londres: traducción del mismo. Un volumen, 2,50 y
+3 pesetas.
+
+--Holanda: traducido por H. Giner de los Ríos y J. Muñiz Carro. Un
+volumen, 4 pesetas.
+
+--Constantinopla: traducción de H. Giner de los Ríos. Dos volúmenes, con
+el retrato del autor, 5 pesetas.
+
+--Recuerdos de 1870-71: traducción del mismo. Un volumen, 3 pesetas.
+
+--La vida militar: bocetos, primera serie, traducción del mismo. Un
+volumen, 3 pesetas.
+
+--La vida militar: nuevos bocetos, segunda serie, traducción del mismo;
+3 pesetas.
+
+--Novelas: traducción del mismo; 3 pesetas.
+
+Contiene: Camila.--La casa paterna.--Furio.--Manuel Menéndez.--Un gran
+día.--Alberto.
+
+--Páginas sueltas: traducción del mismo; 3 pesetas.
+
+--Retratos literarios: traducción del mismo; 3 pesetas.
+
+--Italia: traducción del mismo; 2 tomos, 6 pesetas.
+
+--Los amigos: traducción del mismo; 3 tomos, 9 pesetas.
+
+--Poesías: traducción del mismo; 3,50 pesetas.
+
+
+=BIBLIOTECA de autores escogidos.--A 1 y 1,25 pesetas cada tomo.=
+
+_Quevedo._--Marco Bruto; un tomo.
+
+_Sauvestre._--Un filósofo en una guardilla; un tomo.
+
+_Quintana._--Obras poéticas; un tomo.
+
+_Ossian._--Poemas gaélicos; 2 tomos.
+
+_Jovellanos._--Oraciones y discursos; un tomo.
+
+_Víctor Hugo._--Discursos; 2 tomos.
+
+
+=BIBLIOTECA de cuentos y leyendas de autores ingleses y norte-americanos.=
+
+=Traducida por M. Juderías Bénder.=
+
+Una carta de Miss Greenwood y cuatro cuentos de N. Hawthorne; un tomo,
+una peseta.
+
+Memorias de un Gobernador, por Wáshington Irving; un tomo, una peseta.
+
+Leyendas extraordinarias, por E. Poe y Wáshington Irving un tomo, una
+peseta.
+
+El Tesoro escondido y Los Pigmeos, por Natanael Hawthorne; un tomo, una
+peseta.
+
+El Vellocino de Oro, por Natanael Hawthorne; un tomo, una peseta.
+
+La segunda parte de Ivanhoe, por W. M. Thackeray; un tomo, una peseta.
+
+El Barón y un proyecto de ferrocarril, por X. X. X.; un tomo, una
+peseta.
+
+
+=CAMPOAMOR= (de la Real Academia Española).--Los pequeños poemas: quinta
+edición, única completa: 1882; un tomo, 5 pesetas en Madrid, y 5,50 en
+provincias. Encuadernados a la inglesa con una elegante plancha, 1,50
+pesetas más.
+
+--Doloras y cantares: décimo-sexta edición, única completa, con el
+retrato del autor. Madrid, 1882; un tomo, 5 pesetas en Madrid y 5,50 en
+provincias. Encuadernadas a la inglesa con una elegante plancha, 1,50
+pesetas más.
+
+--Poesías y fábulas: quinta edición. Contiene: Ternezas y flores.--Ayes
+del alma. Un tomo, 8.º mayor, 4 y 4,50 pesetas.
+
+--El drama universal: poema en ocho jornadas; primera edición de gran
+lujo, 8 y 9 pesetas.
+
+--Idem; tercera edición, 3 y 3,50 pesetas. Encuadernado, una peseta más.
+
+--Colón: poema, con un prólogo de D. Severo Catalina (nueva edición
+diamante), 3 pesetas. Encuadernado lujosamente, una peseta más.
+
+--Epístola necrológica de D. Luis González Brabo; una peseta.
+
+--El Palacio de la verdad: comedia en tres actos; 2 pesetas.
+
+--Guerra a la guerra: dolora dramática; una peseta.
+
+--Díes Iræ: drama en un acto; una peseta.
+
+--Cuerdos y locos: comedia en tres actos; 2 pesetas.
+
+--El honor: comedia en tres actos; 2 pesetas.
+
+--Pensamientos: extracto de sus primeras obras; 1,50 peseta.
+
+--Poética: 1,50 peseta en toda España.
+
+--Polémicas con la democracia: segunda edición aumentada; un tomo, 8.º
+mayor, 3 y 3,50 pesetas. Encuadernado, una peseta más.
+
+--Lo absoluto: 3,50 y 4 pesetas.
+
+
+=CANTOS= populares españoles.--Recogidos, ordenados e ilustrados por
+Francisco Rodríguez Marín, socio facultativo de El Fok-Lore Andaluz. 5
+tomos 8.º, 25 y 27 pesetas.
+
+Contiene: Nanas, o coplas de cuna.--Rimas
+infantiles.--Adivinanzas.--Pegas.--Oraciones, ensalmos y conjuros
+amorosos.--Requiebros, declaración, ternezas, constancia, serenata y
+despedida.--Ausencia, celos, quejas y desavenencias, odio, desdenes,
+penas, reconciliación y matrimonio.--Teoría y consejos
+amatorios.--Cariño y penas filiales.--Religiosos.--Sentenciosos y
+morales.--Fiestas y baile.--Columpio.--Jocosos y
+satíricos.--Estudiantes, soldados, marineros y mineros contrabandistas,
+brabucones y borrachos.--Carcelarios.--Históricos y
+tradicionales.--Locales.--Varios.--Apéndice general.--Algunas
+observaciones sobre los versos del _Cantar de los cantares_ citados en
+la presente obra.--Melodías.--Advertencias.--Post scriptum, etcétera,
+etc.
+
+
+=DAUDET.=--Los reyes en el destierro. Novela parisién, traducida por D.
+Joaquín Portuondo; 3,50 y 4 pesetas.
+
+
+=ELICES MONTES.=--El patriotismo español. Apuntes para un libro, recogidos
+de las glorias patrias, dedicado a los españoles residentes en América.
+Madrid 1885; un tomo en 8.º, 2,50 pesetas.
+
+--El gobierno y el ejército de los pueblos libres.--Tratado de derecho
+político y plan de organización militar, según el credo democrático y
+los últimos adelantos del arte de la guerra, 2,50.
+
+=ESCANDON.=--Historia monumental del heroico Rey D. Pelayo y sus sucesores
+en el trono cristiano de Asturias, ilustrada, analizada y documentada.
+Obra de sumo interés para los historiadores y curiosos; contiene las
+crónicas oficiales de aquellos tiempos, que son muy poco conocidas; un
+tomo en 4º, 5 pesetas en toda España.
+
+=FLORES.=--La historia del matrimonio; 2 y 2,50 pesetas.
+
+--Tipos y costumbres españolas; 3 y 3,50 pesetas.
+
+--Ayer, hoy y mañana; 6 tomos, 18 y 20 pesetas.
+
+=FERRER DEL RÍO.=--Galería de la litera, con los retratos de Quintana,
+Lista, Gallego, Burgos, Toreno, Martínez de la Rosa, Lastra y otros; un
+tomo en 4.º, 5 pesetas en toda España.
+
+--Album literario español. Esta obra comprende una colección de
+artículos y poesías de nuestros más célebres escritores contemporáneos y
+forma la _Segunda parte_ de la Galería de la literatura española; un
+tomo en 4.º, 4 pesetas en toda España.
+
+=GOMEZ SIGURA.=--El Taciturno (novela); 4 pesetas.
+
+=GIMENEZ Y HURTADO.=--Cuentos españoles contenidos en las producciones
+dramáticas de Calderón de la Barca, Tirso de Molina, Alarcón y Moreto,
+con notas y biografías, 1881; un tomo en 8.º, 2,50 pesetas.
+
+--La sal de María Santísima. Musa epigramática y cancionero festivo
+popular, en donde figuran los más célebres epigramas de autores antiguos
+y contemporáneos y los más intencionados y alegres cantares del pueblo,
+etc., etc., con un razonado e interesante prólogo de D. Eduardo
+Bustillo, 1882, 8.º; 2 pesetas en toda España.
+
+=LISTA Y ARAGON.=--Ensayos literarios y críticos, con un prólogo de D.
+José Joaquín de Mora; 2 tomos en un volumen 4.º, 6 pesetas en toda
+España.
+
+=OVILO Y CANALES.=--La mujer marroquí, estudio social. Ilustrada con cromo
+al lápiz y dibujos a pluma, por Demócrito; un tomo 8.º, 3 pesetas.
+
+=PEREZ GALDÓS= (D. Benito).--Episodios Nacionales, 20 tomos, a 2 pesetas
+uno.
+
+--Doña Perfecta; 2 pesetas.
+
+--Gloria; 2 tomos, 4 pesetas.
+
+--Marianela; 2 pesetas.
+
+--La Familia de León Roch; 3 tomos, 6 pesetas.
+
+--El Amigo manso; 3 pesetas.
+
+--La Desheredada; 8 pesetas.
+
+--El Doctor Centeno; 2 tomos, 6 pesetas.
+
+--Tormento; 3,50 pesetas.
+
+--La de Bringas, tercera parte del Doctor Centeno; 3 pesetas.
+
+--Lo Prohibido; 2 tomos, 6 pesetas.
+
+--La Fontana de Oro; 2 pesetas.
+
+--Episodios Nacionales: edición ilustrada con más de 1.200 facsímile.
+
+Tomo I. Trafalgar. La Corte de Carlos IV; 120 grabados, 13 pesetas.
+
+Tomo II. El 19 de Marzo y el 2 de Mayo. Bailén; 125 grabados, 14
+pesetas.
+
+Tomo III. Napoleón en Chamartín. Zaragoza; 125 grabados, 14 pesetas.
+
+Tomo IV. Gerona Cádiz; 130 grabados, 14 pesetas.
+
+Tomo V. Juan Martín el Empecinado. La batalla de los Arapiles; 14
+pesetas.
+
+Tomo VI. El equipaje del Rey José. Memorias de un cortesano; 13
+pesetas.
+
+Tomo VII. La segunda casaca. El grande Oriente.
+
+Tomo VIII. El 7 de Julio y los cien mil hijos de San Luis; 13 pesetas.
+
+Tomo IX. El Terror de 1824 y un voluntario realista; 14 pesetas.
+
+Tomo X y último. Los Apostólicos y un faccioso; 15 pesetas.
+
+=PONSON DU TERRAIL.=--El Herrero del convento; 2 tomos 8.º, de 336 y 434
+páginas, 3 pesetas.
+
+--Los Amores de Aurora: segunda parte del Herrero del convento; un tomo
+8.º, de 668 páginas, 2 pesetas.
+
+--La justicia de los bohemios: tercera parte y última del Herrero del
+convento; un tomo 8.º, de 567 páginas, 2 pesetas.
+
+--El Capitán de los penitentes negros; 2 tomos, 2 y 2,50 pesetas.
+
+--El Diamante del Comendador; un tomo, 1,50 pesetas.
+
+=PEREDA.=--Sotileza. 1885; un tomo, 4,50 y 5 pesetas.
+
+--Tipos y paisajes; un tomo, 3 pesetas.
+
+--Tipos trashumantes; 2 pesetas.
+
+--Esbozos y rasguños; 4 y 4,50 pesetas.
+
+--El sabor de la tierruca; tela, 3 y 4 pesetas.
+
+--Pedro Sánchez, segunda edición, 4,50 y 5 pesetas.
+
+En publicación:
+
+Obras completas, esmeradamente corregidas, a 4 y 4,50 pesetas tomo.
+Encuadernadas bonitamente, en tela, una peseta más.
+
+Se hallan de venta las siguientes:
+
+--Los hombres de pro.
+
+--El buey suelto...
+
+--D. Gonzalo González de la Gonzalera.
+
+--De tal palo tal astilla; 4 y 4,50 pesetas.
+
+--Escenas Montañesas; 4 y 4,50 pesetas.
+
+=POLO Y PEILORÓN= (D. M.).--Borrones ejemplares, miscelánea de artículos,
+cuentos, parábolas y sátiras; 1883, 8.º, 2,50 y 3 pesetas.
+
+--Costumbres populares de la Sierra de Albarracín; cuentos originales
+(muy morales); 1876, tercera edición, 2 y 2,50 pesetas.
+
+--Sacramento y concubinato: novela original, de costumbres aragonesas,
+con una carta-prólogo de D. Manuel Trueba; 1884, 8.º, 2,50 y 3 pesetas.
+
+--Supuesto parentesco entre el hombre y el mono, contra Darwin; 1884,
+8.º, segunda edición, 3,50 y 4 pesetas.
+
+--Los mayos: novela original, de costumbres aragonesas, con un prólogo
+de D. M. Menéndez Pelayo; 1879, segunda edición, 8.º, 2,50 y 3 pesetas.
+
+--Elementos de Psicología; 1881, segunda edición, 8.º, 3 y 3,50 pesetas.
+
+--Elementos de Lógica; 1882, segunda edición, 8.º, 3 y 3,50 pesetas.
+
+--Elementos de Ética; 1882, segunda edición, 8.º, 3 y 3,50 pesetas.
+
+=RODA.=--Los oradores romanos: lecciones explicadas en el Ateneo
+científico y literario de Madrid, en el curso de 1873-74, con un prólogo
+del Excmo. Sr. D. Antonio Cánovas del Castillo; un tomo, 2,50 y 3
+pesetas.
+
+--Los oradores griegos. Lecciones explicadas en el Ateneo científico y
+literario de Madrid, en el curso de 1882-73, con un prólogo del Excmo.
+Sr. D. Antonio Cánovas del Castillo; un tomo 8.º, 2,50 y 3 pesetas.
+
+--Breves noticias sobre la vida literaria y política de Cánovas del
+Castillo: una peseta.
+
+--Ensayo sobre la opinión pública; 3 pesetas.
+
+--Traducción del mismo. Bacón, ensayo de moral y de política; un tomo
+4.º, 3 y 3,50 pesetas.
+
+=RODRIGUEZ MOURELO.=--La Radiofonía. Estudio de una nueva propiedad de las
+radiaciones, con una carta de D. José Echegaray y prólogo de D. José
+Rodríguez Carracido; 1883, un tomo en 8.º, 4 y 4,50 pesetas.
+
+=SPENCER= (Herbert).--De la educación intelectual, moral y física: vertida
+al castellano, con notas y observaciones, por Siro García del Mazo;
+segunda edición, corregida y aumentada en vista de la inglesa de 1884;
+8.º, 3 pesetas. Obra muy recomendada a los padres, jefes de familia y a
+los maestros en general.
+
+--Fundamentos de la moral, vertida directamente del inglés, por Siro
+García del Mazo; 4.º, 1881, 5 y 5,50 pesetas.
+
+--Los primeros principios, traducción de José Andrés Irueste; 4.º, 6 y 7
+pesetas.
+
+--Principios de Sociología; traducción de Eduardo Cazorla, 1883, 2 tomos
+4.º, 14 y 15,50 pesetas.
+
+=VARELA= (D. Juan).--Pepita Jiménez; 2,50 y 3 pesetas.
+
+--Doña Luz; 2,50 y 3 pesetas.
+
+--Las ilusiones del doctor Faustino; 2 tomos, 5 y 6 pesetas.
+
+--El Comendador Mendoza; 2,50 y 3 pesetas.
+
+--Pasarse de listo; 2,50 y 3 pesetas.
+
+--Cuentos y diálogos; 2,50 y 3 pesetas.
+
+--Poesía y arte de los árabes en España; 3 tomos, 9 y 10 pesetas.
+
+--Disertaciones y juicios literarios; 6 y 7 pesetas.
+
+--Algo de todo; 2,50 y 3 pesetas.
+
+--Dafnis y Cloe; 3 y 3,50 pesetas.
+
+--Estudios críticos; 3 tomos, 9 y 10 pesetas.
+
+--El individuo contra el Estado; 2 pesetas.
+
+
+PSICOLOGÍA ALEMANA CONTEMPORÁNEA,
+
+POR
+
+TH. RIBOT
+
+Traducida con autorización del autor
+
+POR
+
+FRANCISCO MARTÍNEZ CONDE,
+
+Profesor de Psicología. 1880, 8.º, 3,50 pesetas.
+
+Este libro, una de las mejores producciones del eminente psicólogo
+Ribot, expone con claridad y precisión admirables el movimiento de la
+Psicología científica en Alemania, desde principios de este siglo, en
+que se hizo el primer ensayo, hasta nuestros días. Por su orden
+cronológico aparecen los trabajos de Herbert y su escuela (Waitz,
+Lazarus, Steinthal y otros); de Beneke, que aplica la Psicología a la
+educación; de Lotze, autor de la teoría de los signos locales; de
+Fechner, fundador de la Psico-física; y de Wundt, creador de la
+Psicología fisiológica. A la vez que expone la obra de cada uno de estos
+investigadores, el autor se detiene a estudiar, al paso que se
+presentan, las cuestiones fundamentales de la Psicología científica,
+esclareciendo con gran copia de luz, entre otros problemas, _el origen
+de la noción de espacio, la crítica de la ley de Fechner y la duración
+de los actos psíquicos_. Así este libro, a la ventaja de imponer al
+lector en el movimiento de la Psicología moderna alemana, movimiento más
+hondo y de más porvenir que el de la inglesa, junta la de darle a
+conocer el concepto y plan de la Psicología científica, tan distintos de
+la antigua metafísica, y los vitales problemas que hoy ocupan la
+atención de los investigadores.
+
+
+DERECHO INTERNACIONAL PÚBLICO DE EUROPA
+
+POR
+
+A.-G. HEFFTER
+
+TRADUCCIÓN DE GABINO LIZARRAGA, ABOGADO DEL ILUSTRE COLEGIO DE MADRID,
+ETC., ETC.
+
+
+Esta obra, cuyo mérito está reconocido por todo el mundo, y de que son
+evidente prueba las traducciones que se han hecho a casi todas las
+lenguas, viene a llenar un vacío en nuestra literatura patria. Su
+interés no puede desconocerse al considerar que en ella se tratan todas
+las cuestiones internacionales, lo mismo en la paz que en la guerra.
+
+Hoy que los lazos de nación a nación van siendo cada vez más íntimos, a
+la par que más definidos, creemos prestar publicándolo un gran servicio
+a todos los que se interesan por esta clase de cuestiones.
+
+Tales son las razones que hemos tenido presentes al decidirnos a ofrecer
+al público la presente traducción, habiendo conseguido hacerlo con tal
+baratura, que costando en francés 70 rs., la nuestra, que forma un
+elegante tomo en 4.º de 553 páginas, buen papel y esmerada impresión, su
+precio es el de 8 pesetas en Madrid y 9 en provincias.
+
+
+ENRIQUE AHRENS
+
+ENCICLOPEDIA JURIDICA O EXPOSICIÓN ORGÁNICA DE LA CIENCIA DEL DERECHO Y
+EL ESTADO
+
+VERSIÓN DIRECTA DEL ALEMÁN
+
+AUMENTADA CON NOTAS CRÍTICAS Y UN ESTUDIO SOBRE LA VIDA Y OBRAS DEL
+AUTOR
+
+POR
+
+FRANCISCO GINER, GUMERSINDO DE AZCÁRATE Y AUGUSTO G. DE LINARES
+
+Profesores en la institución libre de enseñanza.
+
+Este importantísimo libro es uno de los que más alto renombre han dado
+en toda Europa a su autor, tan estimado entre nosotros, y a cuyas obras
+tanto debe la cultura filosófica y social de nuestro pueblo. Contiene,
+después de la _Introducción_, un compendio de _Filosofía del Derecho_,
+por demás preciso y completo, en medio de su brevedad; una _Historia
+general del Derecho_, quizá superior a cuantas hasta hoy se han
+publicado; una exposición, modelo acabado en su género, del _Derecho_,
+especialmente en cuanto a la esfera civil o privada, y por último, una
+ojeada a los principales problemas del _Derecho público_.
+
+En el _Estudio_ sobre la vida y las obras del ilustre jurisconsulto
+alemán se exponen en breve resumen sus principales escritos: así como en
+el gran número de notas críticas que acompañan a la versión, se ha
+procurado completar el texto primitivo, en vista de otros trabajos
+posteriores, poniéndolo en consonancia con las últimas investigaciones
+filosóficas e históricas. Por último, en la parte referente al _Derecho
+civil alemán_, no sólo se han indicado las principales modificaciones
+introducidas en éste después de la publicación de la ENCICLOPEDIA, sino
+las más importantes diferencias entre aquél y nuestro derecho positivo.
+
+
+El tomo I consta de 336 páginas, y comprende:
+
+Advertencia de los traductores y anotadores.--Noticia sobre la vida y
+obras de Ahrens.--Prólogo del autor.--Introducción.
+
+_Principios de Filosofía del Derecho_: Fundamentación de la idea del
+Derecho.--Exposición de sus elementos capitales.--Crítica de los
+principales sistemas.--Formas del Derecho; fuentes inmediatas y
+mediatas.--El Estado.--División orgánica del Derecho privado y público,
+según los fines de la vida.
+
+_Historia del Derecho_: Principios filosóficos de esta
+historia.--Períodos capitales.--El Derecho pre-histórico.--Derecho
+oriental; ojeada general.--Los indos.--El pueblo
+zendo.--China.--Egipto.--Los hebreos.--Derecho musulmán.--Apéndices.
+
+
+El tomo II consta de 464 páginas, y contiene:
+
+_Historia del Derecho en Grecia y Roma_: Diferencia entre ambos
+Derechos.--Derecho griego.--Derecho romano.--Juicio histórico y
+filosófico.
+
+_Historia del derecho de los pueblos cristianos_: Derecho germánico de
+sus diversas épocas hasta nuestros días.--Derecho de los pueblos
+germánicos no alemanes.--Derecho germánico de los pueblos
+latinos.--Derecho de los pueblos eslavos.--Derecho húngaro.--Juicio
+filosófico-histórico.
+
+
+El tomo III consta de 384 páginas, y contiene:
+
+_Sistema del derecho privado_: El concepto, fin, división y método del
+mismo.
+
+_Parte general_: Sujeto del Derecho.--Objeto del mismo.--Relaciones
+jurídicas; origen y terminación de los Derechos.--Modos de adquirir el
+Derecho.--Información de las relaciones jurídicas en el espacio y el
+tiempo.--Protección de los Derechos.--La posesión.
+
+_Parte especial_: Derecho de las personas.--Derecho de bienes.--Derecho
+de obligaciones; contratos y sus clases.--Derecho de sociedad.--Derecho
+de matrimonio, de familia y de sucesión.--Derecho de las profesiones.
+
+_Derecho público_: Derecho del Estado y de la sociedad.--Derecho
+internacional.
+
+_Metodología jurídica._
+
+
+Precio de la obra, 18 pesetas en Madrid y 21 en provincias.
+
+Encuadernado en pasta española, 4,50 pesetas más.
+
+
+CALDERÓN DE LA BARCA
+
+_Teatro selecto_, precedido de un estudio crítico de D. Marcelino
+Menéndez Pelayo; 4 tomos, 8.º, 48 y 56 reales. Contiene:
+
+=TOMO I=
+
+_Estudio crítico_, por D. Marcelino Menéndez Pelayo.
+
+DRAMAS RELIGIOSOS Y FILOSÓFICOS
+
+La vida es sueño.--La devoción de la Cruz.--El mágico prodigioso.--El
+Príncipe constante.
+
+=TOMO II=
+
+DRAMAS TRÁGICOS
+
+El médico de su honra.--A secreto agravio, secreta venganza.--El alcalde
+de Zalamea.--El mayor monstruo los celos.--Amar después de la muerte.
+
+=TOMO III=
+
+COMEDIAS DE CAPA Y ESPADA
+
+Casa con dos puertas mala es de guardar.--La dama duende.--No hay burlas
+como el amor.--Mañanas de abril y mayo.
+
+=TOMO IV=
+
+OBRAS VARIAS.--COMEDIAS
+
+No siempre lo peor es cierto.--Guárdate del agua mansa.
+
+ZARZUELAS
+
+El laurel de Apolo.--La púrpura de la rosa.
+
+AUTOS SACRAMENTALES
+
+La cena de Baltazar.--La vida es sueño.--A Dios por razón de estado.
+
+Se venden los tomos sueltos a 12 y 14 reales.
+
+MADRID, 1886.--Imprenta de Manuel G. Hernández, Libertad, 16 duplicado
+
+
+
+
+
+End of the Project Gutenberg EBook of Riverita, by D. Armando Palacio Valdés
+
+*** END OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK RIVERITA ***
+
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+Produced by Chuck Greif and the Online Distributed
+Proofreading Team at http://www.pgdp.net
+
+
+Updated editions will replace the previous one--the old editions
+will be renamed.
+
+Creating the works from public domain print editions means that no
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+(and you!) can copy and distribute it in the United States without
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+things that you can do with most Project Gutenberg-tm electronic works
+even without complying with the full terms of this agreement. See
+paragraph 1.C below. There are a lot of things you can do with Project
+Gutenberg-tm electronic works if you follow the terms of this agreement
+and help preserve free future access to Project Gutenberg-tm electronic
+works. See paragraph 1.E below.
+
+1.C. The Project Gutenberg Literary Archive Foundation ("the Foundation"
+or PGLAF), owns a compilation copyright in the collection of Project
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+
+Project Gutenberg-tm is synonymous with the free distribution of
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+including obsolete, old, middle-aged and new computers. It exists
+because of the efforts of hundreds of volunteers and donations from
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+
+Volunteers and financial support to provide volunteers with the
+assistance they need, are critical to reaching Project Gutenberg-tm's
+goals and ensuring that the Project Gutenberg-tm collection will
+remain freely available for generations to come. In 2001, the Project
+Gutenberg Literary Archive Foundation was created to provide a secure
+and permanent future for Project Gutenberg-tm and future generations.
+To learn more about the Project Gutenberg Literary Archive Foundation
+and how your efforts and donations can help, see Sections 3 and 4
+and the Foundation web page at http://www.pglaf.org.
+
+
+Section 3. Information about the Project Gutenberg Literary Archive
+Foundation
+
+The Project Gutenberg Literary Archive Foundation is a non profit
+501(c)(3) educational corporation organized under the laws of the
+state of Mississippi and granted tax exempt status by the Internal
+Revenue Service. The Foundation's EIN or federal tax identification
+number is 64-6221541. Its 501(c)(3) letter is posted at
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+Literary Archive Foundation are tax deductible to the full extent
+permitted by U.S. federal laws and your state's laws.
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+information can be found at the Foundation's web site and official
+page at http://pglaf.org
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+
+Section 4. Information about Donations to the Project Gutenberg
+Literary Archive Foundation
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+Project Gutenberg-tm depends upon and cannot survive without wide
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+status with the IRS.
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+charities and charitable donations in all 50 states of the United
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+where we have not received written confirmation of compliance. To
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+against accepting unsolicited donations from donors in such states who
+approach us with offers to donate.
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+
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+works.
+
+Professor Michael S. Hart is the originator of the Project Gutenberg-tm
+concept of a library of electronic works that could be freely shared
+with anyone. For thirty years, he produced and distributed Project
+Gutenberg-tm eBooks with only a loose network of volunteer support.
+
+
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+editions, all of which are confirmed as Public Domain in the U.S.
+unless a copyright notice is included. Thus, we do not necessarily
+keep eBooks in compliance with any particular paper edition.
+
+
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+
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+
+This Web site includes information about Project Gutenberg-tm,
+including how to make donations to the Project Gutenberg Literary
+Archive Foundation, how to help produce our new eBooks, and how to
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+ The Project Gutenberg eBook of Riverita, por Armando Palacio Valdés.
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+The Project Gutenberg EBook of Riverita, by D. Armando Palacio Valdés
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+This eBook is for the use of anyone anywhere at no cost and with
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+with this eBook or online at www.gutenberg.org
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+
+Title: Riverita
+
+Author: D. Armando Palacio Valdés
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+Release Date: August 28, 2009 [EBook #29831]
+[Last updated: March 26, 2012]
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+Language: Spanish
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+
+*** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK RIVERITA ***
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+
+
+Produced by Chuck Greif and the Online Distributed
+Proofreading Team at http://www.pgdp.net
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+
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+<hr class="full" />
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+<h1>RIVERITA</h1>
+
+<p class="c">NOVELA DE COSTUMBRES</p>
+
+<p class="c">POR</p>
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+<h2>ARMANDO PALACIO VALDÉS</h2>
+
+<p class="c">MADRID<br />
+TIPOGRAFIA DE MANUEL G. HERNÁNDEZ<br />
+Libertad, 16 duplicado</p>
+
+<p class="c">1886<br />
+ES PROPIEDAD</p>
+
+<div class="toc">
+<p class="c">
+<a href="#Ia"><b>RIVERITA TOMO I:</b></a><br />
+<a href="#Ia"><b>I, </b></a>
+<a href="#IIa"><b>II, </b></a>
+<a href="#IIIa"><b>III, </b></a>
+<a href="#IVa"><b>IV, </b></a>
+<a href="#Va"><b>V, </b></a>
+<a href="#VIa"><b>VI, </b></a>
+<a href="#VIIa"><b>VII, </b></a>
+<a href="#VIIIa"><b>VIII, </b></a>
+<a href="#IXa"><b>IX, </b></a>
+<a href="#Xa"><b>X, </b></a>
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+</p>
+
+<p class="c">
+<a href="#RIVERITA_II"><b>RIVERITA TOMO II:</b></a><br />
+<a href="#Ib"><b>I, </b></a>
+<a href="#IIb"><b>II, </b></a>
+<a href="#IIIb"><b>III, </b></a>
+<a href="#IVb"><b>IV, </b></a>
+<a href="#Vb"><b>V, </b></a>
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+<a href="#VIIb"><b>VII, </b></a>
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+<a href="#Xb"><b>X, </b></a>
+<a href="#XIb"><b>XI, </b></a>
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+<a href="#XVIb"><b>XVI, </b></a>
+<a href="#XVIIb"><b>XVII</b></a>
+</p>
+</div>
+
+<h3>TOMO I</h3>
+
+<h3><a name="Ia" id="Ia"></a>I</h3>
+
+
+<p>La primera noticia que Miguel tuvo del matrimonio de su padre se la dio
+el tío Bernardo, persona de extremada respetabilidad y carácter. Tomole
+de la mano gravemente momentos antes de comer, y le llevó a su
+escritorio, una pieza de aspecto sombrío, llena de cachivaches antiguos,
+grandes armarios de libros y cuadros al óleo que el tiempo había
+oscurecido hasta no percibirse siquiera las figuras. Las sillas eran de
+roble viejo, las cortinas de terciopelo viejo también, la alfombra más
+vieja todavía, la mesa de escribir un verdadero prodigio de vejez.
+Miguel sólo dos veces en su vida había visto este aposento sagrado y
+augusto para la familia. Una vez se lo había enseñado su primo Enrique
+desde la puerta alzando discretamente la cortina y mirando con temor
+hacia atrás para no ser sorprendido en flagrante profanación. Otra vez
+había sido residenciado por su tío en aquel recinto en compañía del
+mismo Enrique por haber ambos maltratado de palabra y de obra a la
+cocinera de la casa bajo el pretexto infundado de que no eran
+suficientes dos peras por barba para merendar. No es fácil imaginar,
+pues, el respeto que esta pieza le merecía a Miguel, aunque su
+temperamento no fuese demasiadamente respetuoso, según constaba de modo
+incontestable en la escuela y en otros diversos parajes de la villa.</p>
+
+<p>D. Bernardo dejó a su sobrino arrimado a la mesa de escribir y comenzó a
+pasear silenciosamente y con las manos atrás; sopló con fuerza tres o
+cuatro veces, desgarró otras tantas, y dijo al fin parándose un
+instante:</p>
+
+<p>&mdash;Miguel, tú tienes uso de razón, ¿no es cierto?</p>
+
+<p>Miguel le miró, abriendo mucho los ojos, sin contestar.</p>
+
+<p>&mdash;¿Has cumplido los siete años?&mdash;manifestó su tío poniendo el concepto
+más al alcance del niño.</p>
+
+<p>&mdash;Tengo ocho.</p>
+
+<p>&mdash;Tanto mejor... En efecto, tu padre se casó diez años después que
+yo... hace nueve aproximadamente... Muy niño eres aún para entender
+ciertas cosas. ¡Muy niño! ¡Muy niño!</p>
+
+<p>Y D. Bernardo contempló con expresión de lástima a su sobrino, que
+apenas podía posar, estirándose mucho, la barba sobre la mesa, y meditó
+breves momentos: después continuó paseando.</p>
+
+<p>&mdash;Sin embargo, pienso, Miguel, que harás un esfuerzo para entenderme...
+¿no es verdad que lo harás?... No es menester que penetres por completo
+el sentido de mis palabras, porque en edad tan tierna no es posible;
+basta con que te hagas cargo de lo que voy a decirte... de lo que tengo
+encargo de decirte&mdash;añadió rectificando.&mdash;Has tenido la desgracia de
+perder a tu madre cuando naciste, de no haberla conocido; era una
+verdadera dama, noble, distinguida, de modales muy finos, y que se hacía
+respetar de todos. En este concepto, nuestra familia nada tuvo que
+oponer al matrimonio de Fernando, por más que tu madre no fuese rica,
+que no lo era en verdad: la distinción, los modales, las relaciones
+compensan muy bien la falta de fortuna. Mercedes estaba relacionada con
+la mejor sociedad de Madrid y sabía hacer los honores de un salón como
+la primera. Desgraciadamente para tu padre, falleció al año de estar
+unidos, cuando el tapicero no había terminado aún de arreglar los dos
+salones que habían destinado para recibir, cuando aún no se habían
+repartido todas las papeletas de enlace. Si algo pudo mitigar el dolor
+de Fernando, fue el testimonio de respeto que en aquella ocasión se
+apresuró a darle la espuma de la sociedad madrileña: más de doscientos
+coches particulares siguieron el entierro de la pobre Mercedes; S. M.
+mandó el coche de respeto con los lacayos enlutados; después se
+recogieron a la puerta más de seiscientas tarjetas de pésame, y a los
+funerales que por el eterno descanso de su alma se celebraron en San
+Isidro, acudió un sinnúmero de personas de calidad, y en representación
+de S. M., el mayordomo de Palacio. Yo presidí el duelo de familia, el
+segundo cabo el de militares, y Monseñor Giner el de sacerdotes. Sobre
+este punto no hay más que decir: todo fue conforme a los usos
+establecidos y a lo que exigía el decoro de nuestra familia.</p>
+
+<p>D. Bernardo se detuvo para echar una mirada a Miguel, quien al compás
+que escuchaba a su tío, o no lo escuchaba (que esto nunca pudo
+averiguarlo D. Bernardo), daba infinitas vueltas entre los dedos a un
+vaso griego de barro que servía de prensa-papeles. Quitóselo de la mano
+suavemente, colocolo en su sitio y tornó a recoger con el paseo el hilo
+de su interrumpido discurso.</p>
+
+<p>&mdash;El dolor que tu padre experimentó fue grande, y supo guardar como
+quien es todo el tiempo de su viudez el respeto que debía a la memoria
+de una dama tan principal como tu madre. Por espacio de dos años, no
+solamente gastó luto él, sino que lo hizo llevar a toda la servidumbre,
+al coche y a los caballos; no pisó los salones hasta bien trascurrido el
+año, ni recibió en los suyos más que a los amigos de entera confianza;
+de este modo se adquiere el respeto y la consideración de la gente. Pero
+como las cosas no deben ni pueden llevarse al extremo, pasados dos o
+tres años, tu padre entró nuevamente en la vida de la sociedad
+distinguida, donde por su nombre, por su grado en el ejército y por su
+fortuna tiene derecho a brillar entre los primeros. Entonces empezó a
+tocar los verdaderos inconvenientes de su estado. En una casa de la
+importancia de la de Fernando una señora es absolutamente indispensable;
+tú no puedes comprender esto porque eres muy niño, Miguel, ¡muy niño!...</p>
+
+<p>D. Bernardo consideró de nuevo a su sobrino con profunda compasión.</p>
+
+<p>&mdash;La presencia de una señora, de una dama, comunica a la casa cierto
+brillo que ni el nombre ni el dinero por sí solos pueden alcanzar. Tu
+pobre papá se ha visto privado hace ocho años de dar bailes, comidas, ni
+un té siquiera... ¿Quién había de hacer los honores?... Y vuestra casa
+es una de las mejores de Madrid, está decorada con mucho gusto, aunque
+un tanto abandonada de algún tiempo a esta parte. Es lástima y grande
+que no haya podido aprovecharse hasta ahora el espacioso y elegante
+salón que tenéis. Además, por lo que he podido observar y han observado
+también algunas personas de la familia y de fuera, en casa de Fernando
+reina cierto desconcierto inevitable; por buena que sea una ama de
+llaves, por buenos que sean los criados, no es posible que atiendan como
+corresponde a todos los pormenores... Tu misma educación, Miguel, anda
+bastante descuidada al decir de la gente. Me han dicho que juras en casa
+como un carretero...</p>
+
+<p>Estas últimas palabras las dijo D. Bernardo con más alta entonación y
+parándose frente a su sobrino. Éste sonrió avergonzado; pero al ver que
+el tío fruncía las cejas, quedose otra vez serio.</p>
+
+<p>&mdash;¡Claro está! un padre por más que se esfuerce no puede conseguir
+inculcar a sus hijos ciertas reglas de urbanidad, so pena de no
+perderlos de vista un solo instante. Esto sólo puede hacerlo una señora,
+una madre... Así que desde largo tiempo vengo aconsejando a mi hermano,
+y conmigo toda la familia, y no sólo la familia, sino cuantos amigos se
+interesan por él, que de nuevo tome estado, organice su casa sobre el
+pie que le corresponde y salve el decoro de la familia... Al fin,
+cediendo a mis reiteradas súplicas, y repito que no solamente a las
+mías, sino a las de todos sus parientes y amigos, tu papá ha pensado en
+dar a su casa una señora y a ti una mamá... Pero entiéndelo bien,
+Miguel, sólo por las razones antes apuntadas, no por otra alguna, tu
+padre ha consentido en tomar estado... ¿Te haces bien el cargo?....</p>
+
+<p>Miguel le miraba y le remiraba con los ojos muy abiertos, sin moverse;
+sentía deseos atroces de irse a jugar con su primo Enrique.</p>
+
+<p>&mdash;Ahora bien; lo mismo tu padre que yo, que toda la familia, esperamos
+que con la presencia de tu nueva mamá se opere en tu conducta un cambio
+favorable; que dejes esos modales, propios de gentuza, no de caballeros;
+que no pases el día metido en la cocina, escuchando las sandeces de los
+criados; que no te arrastres por los suelos como un perro, estropeando
+los vestidos; que seas, en fin, menos cerril y desvergonzado.</p>
+
+<p>A Miguel se le figuró que su tío le estaba insultando, por lo que,
+aprovechando una de sus vueltas, le hizo algunas muecas despreciativas,
+y, no satisfecho con esto, a otra vuelta una seña harto más grosera que
+le había enseñado el lacayo, y que a poder verla hubiera dejado absorto
+al respetable caballero.</p>
+
+<p>&mdash;Con eso contamos, Miguel, aparte de otros muchos cambios beneficiosos
+que en vuestra casa se han de efectuar seguramente, y que tú no tienes
+edad aún para comprender..... Y, nada más por hoy. He cumplido el
+encargo que tu padre me ha dado, el cual, entre paréntesis, es muy débil
+contigo..... ¡pero muy débil! más de cien veces se lo he dicho..... Tú
+eres un chico que hay que educar <i>virga férrea</i>, y si no, llegarás a dar
+muchos disgustos.....</p>
+
+<p>Miguel no entendió el latín, pero calculó bien que aquello debía ser
+algo como palos o azotes, y lleno de ira volvió a enseñar los puños a su
+tío por la espalda.</p>
+
+<p>&mdash;Vamos, vete ahora con tus primos, y cuidado con las
+travesuras&mdash;concluyó diciendo D. Bernardo mientras empujaba al niño
+hacia la puerta.</p>
+
+<p>Era aquel señor alto, seco, aguileño, bajo de color, de edad de
+cincuenta años, poco más o menos, pelo ralo y entrecano, cejas espesas,
+las mejillas cuidadosamente rasuradas, dejando solamente debajo de la
+nariz un exiguo bigote, que cada día iba siendo más exiguo merced a los
+trabajos invasores que por entrambos lados llevaba a cabo la navaja: la
+expresión de su rostro, severa e imponente, a lo cual ayudaban en no
+pequeña parte aquellas cejas pobladas que el buen caballero había
+recibido del cielo, y que solía arquear y extender en la conversación de
+un modo prodigioso; y en mayor porción todavía cierta manera
+extraordinaria de hinchar los carrillos y soplar el aire lenta y
+suavemente, que infundía en el interlocutor respeto y veneración. Había
+desempeñado algunos cargos de importancia en la administración pública,
+y había estado a pique una vez de ser nombrado senador ministerial: este
+era el sueño de su vida; tenía bienes de fortuna, y gozaba mucha
+consideración entre sus deudos y amigos: para coronar, no obstante, el
+edificio de su respetabilidad, que piedra sobre piedra había ido
+levantando con trabajo durante muchos años, faltaba aquel remate; pero
+lo alcanzaría, no había quien lo dudase; la familia lo esperaba con
+afán; los amigos lo daban como seguro en un plazo más o menos breve.</p>
+
+
+
+<h3><a name="IIa" id="IIa"></a>II</h3>
+
+
+<p>En el pasillo aguardaba Enrique a su primo Miguel, el cual, así que le
+vio levantó los brazos y sonando las castañuelas dio tres o cuatro
+zapatetas en el aire para acercarse a él.</p>
+
+<p>&mdash;¿Quieres que bajemos a la cochera hasta la hora de comer?</p>
+
+<p>&mdash;¿Y si viene mamá?</p>
+
+<p>Miguel hizo un gesto de desprecio. Enrique vaciló algunos instantes, mas
+al fin se decidió a abrir con sigilo la puerta y escaparse por la
+escalera de servicio.</p>
+
+<p>Era Enrique un muchacho que guardaba en aquella época semejanza
+increíble con un perro ratonero de los que hoy tienen prestigio entre
+las damas; después se compuso bastante, pero aún es feo hasta donde un
+hombre de bien puede serlo. Traía por lo común el cabello hecho greñas y
+aborrascado, las narices llenas de mocos, las manos sucias y el vestido
+roto y cuajado de lamparones. Sólo cuando a doña Martina su madre le
+venía en mientes sacarlo a paseo o llevarlo a misa o de visita a alguna
+casa se le podía ver; mas para esto era necesario que aquella señora le
+condujese al piso segundo y se encerrase con él en un cuarto que pudiera
+llamarse de las abluciones; al cabo de media hora después de haber
+sufrido una razonable cantidad de repelones, estirones de orejas y
+bofetadas, que doña Martina creía indispensable asociar siempre a su
+tarea, salía el buen Enrique lloroso y suspirando, pero más limpio que
+una patena. Y hasta otra. En la casa, donde imperaba la pulcritud, se le
+miraba de mal ojo y era a menudo víctima por su aversión a aquella
+preciosa cualidad, no sólo de las correcciones paternales, sino de las
+crueles e impensadas arremetidas de su hermana mayor Eulalia, joven de
+diez y seis abriles no muy floridos, casta, limpia, hacendosa,
+diligente, llena, en fin, de virtudes domésticas, el mimo de sus papás y
+el blanco del odio de Enrique y del primo Miguel.</p>
+
+<p>&mdash;Oyes, Miguel&mdash;le dijo Enrique en voz baja, mientras descendían
+cautelosamente por la escalera del patio;&mdash;¿para qué te quería papá?</p>
+
+<p>&mdash;Para decirme que mi papá va a casarse&mdash;respondió Miguel alzando los
+hombros con indiferencia.</p>
+
+<p>&mdash;¿Con quién?</p>
+
+<p>&mdash;Con una señora.</p>
+
+<p>&mdash;¿Entonces vas a tener mamá pronto?</p>
+
+<p>Miguel no juzgó necesario contestar.</p>
+
+<p>&mdash;¿Estás contento?</p>
+
+<p>&mdash;¿A mí qué me importa?</p>
+
+<p>&mdash;¿No tienes miedo que haya?... (Enrique hizo una seña expresiva de
+vapuleo.)</p>
+
+<p>Miguel le miró un poco turbado.</p>
+
+<p>&mdash;¿Por qué?</p>
+
+<p>&mdash;Las mamás pegan siempre más que los papás&mdash;afirmó sentenciosamente
+Enrique.</p>
+
+<p>Miguel calló unos instantes y al fin dijo:</p>
+
+<p>&mdash;Si me pegase, le pegaría a ella papá.</p>
+
+<p>Enrique no quiso insistir.</p>
+
+<p>En esto cruzaron el patio y entraron en la cochera. Lo que allí hicieron
+no es para contado y menos para descrito; un sinnúmero de travesuras,
+todas en manifiesta oposición con la integridad y aseo de los trajes:
+baste decir que a última hora entraron en la cuadra, montaron los
+caballos, les llenaron los pesebres de paja, les barrieron la porquería,
+y no satisfechos aún, tomando el cepillo y el rascador, se pusieron a
+sacarles el polvo (y a echárselo a sí mismos encima). Cuando se fue
+acercando la hora de comer, estaban ambos que daba asco mirarlos; tanto,
+que Enrique, el cual, como ya hemos dicho, no tenía inclinación bien
+determinada hacia la limpieza, quedó un momento pensativo mirándose y
+mirando a su primo.</p>
+
+<p>&mdash;¿Sabes que estamos muy puercos, Miguel?</p>
+
+<p>Éste asintió con la cabeza, mirándose y mirando a su primo también.</p>
+
+<p>&mdash;Si vamos al comedor así, me da mamá una tocata... ¡Recontra qué
+tocata!</p>
+
+<p>Miguel, con quien no había de ir el asunto, se contentó con sacudirse un
+poco el polvo.</p>
+
+<p>&mdash;Mira, vamos al cuarto de Eulalia, al piso segundo, y allí nos podemos
+lavar... Yo con estas manos no voy al comedor.</p>
+
+<p>En efecto, las manos de Enrique en aquella sazón no estaban visibles.</p>
+
+<p>Subieron con la misma cautela que habían bajado por la escalera de
+servicio, echó Enrique una ojeada al gabinete de su madre, y enterándose
+de que estaba allí Eulalia, subieron ya sin temor alguno al piso segundo
+y se posesionaron del cuarto de aquella señorita. Lo primero que
+hicieron fue echar el pasador a la puerta a fin de que no los
+sorprendiesen. Después comenzaron a usar y a abusar de los copiosos
+medios de aseo que allí existían; sumergieron ambos las manos en la
+jofaina, que trasvertía de agua clarísima; apoderáronse de una
+magnífica pastilla de jabón de almendras, y en pocos minutos, a fuerza
+de sobarse con ella, la redujeron casi una tercera parte; tomaron las
+esponjas, las empaparon en el agua del jarro y se las pasaron repetidas
+veces por el rostro y la cabeza; no contentos con esto, llevaron sus
+manos sacrílegas al tarro de la pomada, al frasco del aceite y a los
+pomos de las esencias, adobándose y perfumándose con todo ello sin duelo
+alguno; no satisfechos aún, osaron coger la misma borla de los polvos de
+arroz que servía a la pulcrísima sultana para ocultar ciertas rosetas
+importunas que la erisipela había hecho nacer en su rostro, y se
+embadurnaron con ella en medio de groseras carcajadas; después llevaron
+todavía su audacia a usar de un frasco de colorete, pintándose los
+labios, las narices y hasta las orejas, como cerdos inmundos que eran;
+después tornaron a lavarse con la esponja y a secarse con las
+inmaculadas toallas colgadas de entrambos lados del tocador; finalmente,
+se lavaron los dientes y las muelas esmeradísimamente con los cepillos
+que para este efecto allí estaban, frotándolos primero en una cajita de
+polvos dentífricos. Este magnífico y escrupuloso lavatorio del aparato
+dental, coronó, en opinión de ambos, la obra de aseo que con tan buen
+éxito habían emprendido, y se decidieron a bajar al comedor. Pero antes
+de salir, se les ocurrió casualmente que tenían los pantalones cubiertos
+de polvo y porquería; vuelta a echar mano de la esponja, porque no
+hallaron cepillos, y a frotarse con ella hasta tapar las manchas. Las
+botas se hallaban también, y aún más que los pantalones, en estado de
+merecer, y Miguel acudió solícito con la esponja a limpiarlas; pero
+Enrique, no encontrando el medio bastante adecuado, entró en la alcoba
+de su hermana y se las limpió muy bien con la colcha de la cama. ¡Ea! ya
+están arreglados aquel par de pájaros; se miran en la luna del armario y
+dejan escapar un suspiro de satisfacción. Sin embargo, Miguel medita un
+momento, y dice:</p>
+
+<p>&mdash;¡Mira, tú, que si Eulalia viniera ahora!...</p>
+
+<p>&mdash;Ya no sube hasta la hora de dormir... ¿No ves que vamos a comer en
+este momento? Y si viene, ¿qué, recontra? El día que me vuelva a pegar,
+le doy en las narices con esta badila (aquí Enrique sacó una de bronce
+que tenía escondida <i>ad hoc</i> en el forro de la chaqueta). ¡Ella no tiene
+por qué pegarme, contra! ¿Es mi madre por si acaso? ¡Ah, recontra; pega
+porque sabe meter baza a papá! Cuando está mamá delante, ya se guarda
+ella de tocarme el pelo de la ropa. ¡Y que lo diga! ¡Menudo coscorrón se
+ha mamado ayer!... Ya me dijo mamá: «no seas tonto, Enrique; el día que
+te pegue tu hermana, tírale a la cabeza con lo que tengas a mano.» Aquí
+está la badila; ¡que venga, que venga!... ¡Vaya, hombre, que ya no se
+puede sufrir! ¡todo el día pega que te pegarás, como si yo fuese un mulo
+de artillería!...</p>
+
+<p>&mdash;¡Pero chico, si la das con la badila la matas!</p>
+
+<p>&mdash;¡Que la mate, recontra! ¿Para qué sirve en el mundo esa puerca?
+¡Siempre metiéndose donde no la llaman! ¡Caciplándolo todo! ¡Metiendo
+las narizotas en las cosas de sus hermanos!... ¡Ya no la aguanto más,
+recontra!</p>
+
+<p>Apesar de las disposiciones belicosas de Enrique respecto a su hermana,
+quedose un instante suspenso y pálido escuchando pasos en el corredor,
+lo cual probó a su primo Miguel que aún no le había abandonado
+enteramente el instinto de conservación. Los pasos se alejaron al fin
+sin dar el resultado desastroso que fue de temer, y Enrique con voz más
+sosegada dijo:</p>
+
+<p>&mdash;Me parece que ya es hora de comer. Vamos abajo antes que nos llamen.</p>
+
+<p>En efecto, cuando los dos primos llegaron al piso principal, la familia
+estaba ya en el comedor, que era una pieza espaciosa, amueblada también
+a la antigua. En el centro una gran mesa de roble tallado cubierta con
+el mantel y atestada de platos, copas, fruteras y dulceras; a juzgar por
+el número de cubiertos, había convidados. Sobre la mesa ardía una
+lámpara de bronce colgada del techo. Los aparadores casi tocaban en él y
+eran también de roble tallado; las sillas de roble igualmente; todo de
+roble. Esta madera dura, maciza y adusta, parecía el símbolo de aquella
+respetable familia.</p>
+
+<p>Sentado ya a la mesa leyendo un periódico, estaba el dueño de la casa,
+D. Bernardo Rivera, con la frente espantosamente fruncida, no porque
+estuviese disgustado, sino porque tal era su costumbre siempre que leía
+algo; guardaba frente a los periódicos y los libros la actitud prevenida
+y hostil del que no quiere ser juguete de sofismas o frases
+relumbrantes. Doña Martina, su esposa, daba vueltas por la estancia,
+atenta a que nada faltase, ni sobrase, en la mesa y en los aparadores.
+Era mujer de unos cuarenta años, de regular estatura, metida en carnes,
+que no habría sido fea a los veinte, de fisonomía abierta y simpática,
+pero ordinaria; el talle y la figura más ordinarios aún, porque el
+vientre le había crecido en los últimos años mucho más de la cuenta y no
+había corsé que lo sujetase; la voz aguda y desentonada, los ademanes
+bruscos y el mirar dulce y halagüeño: vestía un traje de terciopelo de
+color castaño, que en aquella época era el sumo lujo entre las señoras
+de calidad; mas advertíase que aquel terciopelo no estaba tan bien
+pegado a sus carnes como era de esperar, dado el aspecto imponente y el
+concertado gusto y elegancia que reinaban en la casa. Consistía esto
+(vamos a decirlo en secreto al lector, porque en secreto y al oído se lo
+decían los amigos de la familia cuando tocaban este asunto), en que doña
+Martina había sido planchadora en sus juveniles años, planchadora de la
+casa de su esposo, o por mejor decir, de los padres de su esposo. Cómo
+D. Bernardo Rivera había descendido tan abajo y doña Martina había
+subido tan arriba, no era fácil de explicar en aquel tiempo; años atrás
+no había tal dificultad para los que apreciaban, en su justo valor, las
+carnes macizas y sonrosadas de la buena señora. Se contaban a este
+propósito mil anécdotas más o menos chistosas, que todas redundaban en
+elogio de ella; doña Martina había sido, en sus tiempos floridos, una
+fortaleza inexpugnable; el fuerte de Figueras y la ciudadela de Santoña,
+eran castillitos de naipes al lado suyo; sus condiciones de resistencia
+la habían llevado al término feliz en que hoy la vemos. Verdaderos o
+falsos estos dichos maliciosos, el resultado es que D. Bernardo se
+encontró casado, y fue necesario que su esposa salvase de un golpe la
+enorme distancia que mediaba entre su humildad y la grandeza y autoridad
+que habían acompañado al Sr. de Rivera desde sus más tiernos años. ¿La
+salvó en efecto esta señora? En concepto de D. Bernardo no, y esta era
+la espina más dolorosa de su vida, la que le amargaba las muchas
+satisfacciones que la sociedad le había proporcionado. Sin embargo, hay
+que convenir en que ella había hecho todo lo que estaba de su parte; si
+no lo había conseguido, acháquese a todo menos a falta de buena
+voluntad. Y todavía creemos que andaba su esposo algo exagerado en este
+punto; porque doña Martina supo muy bien, al cabo de pocos años, recibir
+a los amigos de su esposo con dignidad, ya que no con distinción, y supo
+también preparar una mesa con elegancia y pasear en carretela por la
+Castellana sin ir rígida e incómoda en el asiento; aprendió igualmente a
+no dormirse en el Teatro Real y a saludar a sus amigas desde lejos
+abriendo y cerrando repetidas veces la mano; ofrecía la casa bastante
+bien, aunque siempre con las mismas frases; se enteraba de las últimas
+modas y se las aplicaba; se echaba polvos de arroz y se pintaba las
+cejas cuando iba a algún sarao; por último, aunque con marcado acento
+español, había llegado a hablar medianamente el francés.</p>
+
+<p>Apesar de todo esto, el Sr. de Rivera no estaba satisfecho. No que lo
+manifestase tontamente y al primero que llegase, pues la circunspección
+era una de sus cualidades predominantes, pero lo dejaba traslucir a sus
+íntimos amigos. Hallaba don Bernardo que su cara esposa reñía demasiado
+con los criados y a voces, que sus frases de cortesía eran siempre las
+mismas y pronunciadas en retahíla como una lección, que daba confianza a
+cualquier amiga y la iniciaba sin reparo en los asuntos domésticos, que
+no observaba, en fin, con las personas que frecuentaban la casa, aquella
+dignidad y reserva, aquel sosiego imponente propios de una perfecta
+señora. Este capítulo de cargos que el Sr. de Rivera tenía guardado
+contra su esposa, había ocasionado serios disgustos matrimoniales.</p>
+
+<p>Sentada en una butaca trabajando con aguja de marfil en una colcha de
+estambre estaba Eulalia, cuya fisonomía semejaba notablemente a la de su
+papá: era también larga de cara, aguileña, de cejas pobladas y labios
+colgantes que expresaban un profundo desprecio a todo lo que abarcaban
+sus ojos: como él, tenía fruncida la frente casi siempre, lo cual daba a
+su rostro una expresión hostil, no muy común por fortuna en las
+doncellas de sus años; porque Eulalia estaba en la edad del amor, de las
+ilusiones, de la ternura, del rubor y la inocencia, por más que ninguna
+de estas cosas se advirtiesen en ella.</p>
+
+<p>Cuando los dos primitos pisaron el comedor, levantó la cabeza y les
+clavó una intensa mirada escrutadora, que ellos por tácito acuerdo
+fingieron no advertir. Mas contra lo que esperaban, en vez de
+convertirla de nuevo a la labor, siguió cada vez más fija y más
+escrutadora sobre ellos, hasta el punto de turbarlos. Para evitar su
+fascinadora influencia se acercaron a los señores que allí había, los
+cuales les saludaron con palmaditas en el rostro. Doña Martina, después
+de dar a Miguel un beso sonoro en la frente, les preguntó que dónde
+habían estado: contestó Miguel en voz alta, para que lo oyese Eulalia,
+que se habían pasado la tarde en el cuarto de Enrique y Carlos jugando
+con el mapa de rompe-cabezas. Al oír esto Carlos, que tenía un año más
+que Enrique, se puso hecho un energúmeno, diciendo que si le enredaban
+otra vez con sus mapas, iba a hacer una en las narices de su hermano y
+su primo que fuese sonada; pero aquél le tranquilizó en seguida,
+manifestándole por lo bajo que no habían andado con su rompe-cabezas,
+sino con los frascos de Eulalia: no sólo se sosegó, sino que tuvo una
+verdadera satisfacción, porque para odiar a Eulalia estaban todos de
+acuerdo en la casa, menos su padre y su madre.</p>
+
+<p>Carlitos era el hijo más guapo que tenían los Sres. de Rivera, y el más
+aplicado también. Cara redonda y sonrosada, facciones correctas, ojos
+negros y expresivos y poblados de largas pestañas. Todos sus estudios en
+la escuela fueron coronados por un éxito lisonjero; diplomas con orla
+de colores, libros, medallas de metal azogado, hasta una corona de
+laurel con cintas de seda que hizo llorar y moquear copiosamente a doña
+Martina, cuando de las manos del maestro la vio bajar solemnemente a la
+cabeza de su hijo. Pero su estudio favorito había sido siempre la
+geografía, sobre todo la astronómica. Los globos terráqueos y las
+esferas armilares que había hecho comprar a su padre, no pueden
+fácilmente contarse; apesar de ser un hombre de ciencia, estos
+artefactos duraban poco tiempo íntegros en sus manos; y consistía en que
+Carlitos no se limitaba a estudiar la lección, como cualquier chico
+vulgar, sino que la alteza de su pensamiento le arrastraba a escudriñar
+los secretos topográficos de nuestro planeta, para lo cual ideaba
+grandes vías de comunicación que tenía cuidado de señalar con tinta
+sobre el globo, atravesando las montañas más altas y salvando mares y
+lagos por medio de asombrosos puentes que ningún ingeniero del mundo se
+hubiera atrevido siquiera a imaginar. Muchas veces, sin embargo, la
+tinta se corría sobre la piel de que estaba revestido y quedaba el globo
+hecho un asco, y vuelta a comprar otro su padre, para que el fuego de la
+pasión geográfica no se extinguiese en el niño. Pues tocante a las
+esferas, pasaba lo propio. Carlitos no consideraba los espacios celestes
+con el asombro del hombre ignorante ni respetaba debidamente las leyes
+inmutables que determinan las revoluciones de los astros; familiarizado
+con todos sus movimientos de rotación y traslación, formaba cuando se le
+antojaba nuevos sistemas planetarios, convirtiendo a un simple satélite,
+a la luna, verbi y gracia, en estrella fija y haciendo girar a su
+alrededor a todos los planetas, incluso la tierra: o bien imaginaba
+nuevos y caprichosos eclipses, poniendo en conjunción astros que jamás
+se vieran, ni fuera posible, en tal postura. De todo lo cual resultaba a
+menudo que cuando más embebecido en su obra estaba Carlitos, hacía el
+aparato ¡crac! saltaban algunas de las piezas más importantes,
+dislocábanse con esto otras cuantas, y la bóveda celeste padecía un
+completo trastorno, como si fuese llegado el día del juicio final. Pero
+como Carlitos manifestaba vocación tan decidida para Gran Arquitecto del
+Universo y su papá no quería de modo alguno contrariársela, al día
+siguiente ya tenía otra esfera en que proseguir sus experiencias
+astronómicas.</p>
+
+<p>Enrique había conseguido sosegar a su hermano; no de la misma suerte a
+Eulalia, quien, después de alzar muchas veces la cabeza y tragárselo a
+miradas, se resolvió a levantarse de la butaca y acercarse
+disimuladamente a él y a su primito; con gran disimulo también puso la
+nariz sobre la cabeza de ambos, y cerciorándose de que despedían un
+tufo aromático muy marcado, salió repentina y apresuradamente de la
+estancia. Enrique y Miguel se miraron consternados; mas sacando fuerzas
+de flaqueza, se acercaron a Vicente, el primero de los hijos varones del
+Sr. de Rivera, y se pusieron a examinar atentamente la cadena de reloj
+que recientemente le había comprado su papá.</p>
+
+<p>Tenía Vicente tres años más que Carlos; esto es, trece; pero semejaba
+tener diez y seis por la estatura, y treinta por su extraordinaria
+gravedad. Era un muchacho de rostro largo y amarillo, seco de carnes y
+anguloso, mirada fija y opaca, cabeza erguida y ademanes reposados, de
+hombre ya maduro. No era tan aplicado ni tenía las felices disposiciones
+de su hermano para las ciencias y las artes; mas en cambio poseía una
+elegancia y una distinción de modales, que tenía completamente subyugado
+a D. Bernardo. Hablaba muy poco; no jugaba nunca; sus placeres
+consistían en salir de paseo con su papá y otros señores mayores, y que
+así le viesen sus amigos y compañeros de Instituto. Preocupábale la
+indumentaria muy más de la cuenta, al decir de su mamá, que le miraba
+por esto con alguna ojeriza: no había sastre que le hiciese bien la
+ropa, ni planchadora que le diese gusto; con tal motivo, siempre que
+estrenaba un traje o unas botas o se ponía camisa limpia, armaba un
+jollín que se oía en toda la casa; verdad que estos eran los únicos
+momentos en que daba cuenta de sí y mostraba algún arranque, porque todo
+lo demás de este mundo parecía tenerle sin cuidado; pero de todos modos,
+era un posma que molestaba mucho; y lo que decía doña Martina con
+muchísima razón:&mdash;Si este niño es tan impertinente ahora para la ropa,
+¡qué hará cuando tenga veinte años! En efecto; cuando tuvo veinte años,
+no había quien lo aguantase. Hay que decir que D. Bernardo no
+participaba de la ojeriza de su esposa hacia Vicente; antes consideraba
+aquella pulcritud como una preciosa cualidad, que le recordaba las que
+le adornaban a él en su infancia. Regalábale a menudo, unas veces con un
+bastón, otras con un alfiler de corbata, otras con alguna sortija de
+poco precio, y el día que cumplió los trece años le compró reloj de
+plata con cadena de <i>doublé</i>. Este regalo había puesto frenéticos lo
+mismo a Enrique que al Gran Arquitecto, los cuales venían ya muy
+agriados por las preferencias injustificadas de su señor padre; así que
+tan pronto como tuvieron noticia de la injuria que se les hacía, armaron
+un formidable pronunciamiento, que, por fortuna, hubo de sofocarse
+pronto, gracias a una ballena larga y bastantemente gruesa que doña
+Martina poseía para los casos difíciles. Después de todo, D. Bernardo
+tenía razón en no entregar a sus hijos menores ningún objeto delicado,
+porque hubiera durado muy poco en sus manos; en las del mayor duraba
+todo eternidades. Cuando para disimular mejor el miedo se fueron
+aquéllos a jugar con su cadena, no pudo reprimir la indignación y les
+advirtió con un manotazo de que aquello era de «mírame y no me toques,»
+y para evitar más conflictos, se levantó de la silla y se puso a dar
+vueltas por la estancia, sin perder un átomo de su ingénita gravedad.</p>
+
+<p>Además de Miguel, que comía todos los domingos en casa de su tío, había
+otros dos señores convidados, los cuales conversaban en un rincón. A
+juzgar por la confianza que D. Bernardo y su señora hacían de ellos,
+dejándolos solos, debían ser amigos íntimos, de la casa. El uno era un
+gigante, sin pecar de exagerados al decirlo; en todo Madrid no se
+hallarían seguramente dos hombres que le aventajasen en estatura.
+Llamábase D. Pablo Bembo, pero nadie le conocía sino por el coronel
+Bembo, porque lo era, hacía ya bastantes años, de caballería. Las
+facciones de su rostro abultadas, talladas en colosal, como la figura;
+la voz tan áspera y gruesa que daba miedo; por fortuna hablaba poco:
+gastaba patillas, entrecanas ya, unidas al bigote a la moda de algunos
+años atrás. Las manos y los pies eran cosa de ver; no había hallado
+hormas para los zapatos en ninguna parte; por lo que siempre que
+viajaba llevaba en el baúl unas que había mandado hacerse a la medida.
+Pasaba por hombre rico, a quien el sueldo no importaba nada, y estaba
+casi siempre de reemplazo para vivir en la corte a su gusto. Sus modales
+torpes y bruscos como los de un elefante, la palabra estropajosa, la
+inteligencia tarda y oscura al parecer: sin embargo, después de tratarle
+se comprendía que era más socarrón que lerdo: rara vez miraba de frente
+a la persona con quien hablase.</p>
+
+<p>El otro era un caballero de mediana estatura y edad, delgado, pálido,
+ojos hermosos, de mirar suave y humilde, cara rasurada enteramente, a
+semejanza de los clérigos y comediantes; frente espaciosa, aumentada por
+una calva brillante, y modales tímidos. Se llamaba D. Facundo Hojeda y
+era el amigo íntimo y el adlátere eterno del señor de Rivera; no se
+concebía a D. Bernardo paseando por el Retiro o el Prado sin llevar a su
+izquierda a D. Facundo: éste le daba siempre la derecha o le dejaba la
+acera según los casos, reconociendo la inmensa superioridad de aquél.
+Tal superioridad se había mostrado ya desde la infancia, cuando ambos
+asistían a la escuela; no que D. Bernardo fuese un discípulo más
+aventajado, pues aunque los dos gozaran opinión de aplicados, todavía
+Hojeda le sacaba alguna ventaja en estudiar con ahínco las lecciones y
+escribir las cuentas con limpieza; pero D. Bernardo, toda su vida había
+tenido un nosequé de alto y superior, que infundía respeto. Esta
+superioridad se fue señalando cada vez más con el trascurso del tiempo;
+los caminos que los dos amigos tomaron contribuyeron poderosamente a
+ello. Mientras D. Bernardo, por virtud de la riqueza heredada de sus
+padres, comenzó desde muy joven a figurar en la sociedad madrileña y a
+ser un factor indispensable en los salones y teatros, Hojeda veíase
+necesitado a seguir la modesta carrera de farmacéutico y a abrir botica,
+una vez terminada, en la calle de Fuencarral. Aunque su amistad, merced
+a estas circunstancias, parecía bastante dispuesta a entibiarse por lo
+que tocaba a la parte de D. Bernardo, los esfuerzos de Hojeda no lo
+consintieron. Todos los momentos que la farmacia le dejaba libre,
+aprovechábalos para correr a casa de su amigo y prestarle cualquier
+servicio que estuviese a su alcance: era tan bueno, tan cariñosote, tan
+respetuoso, que apesar de la distancia que los separaba y que el
+boticario se complacía en reconocer, D. Bernardo condescendió
+magnánimamente a tratarle, a dejar que le acompañase en el paseo y hasta
+a dar alguna que otra vez una vuelta por la botica y jugar allí un
+tresillo. No es posible figurarse la profunda gratitud que el bueno de
+Hojeda guardaba a su amigo por estas mercedes. Había permanecido
+célibe, y gracias a sus economías, consiguió formar en algunos años un
+capitalito, cuyas rentas debían ir acumulándose a él, porque lo mismo
+gastaba hoy que el día en que abrió al público su farmacia. No podían
+ser más sencillas sus costumbres: habitaba un cuartito bajo detrás de la
+tienda en compañía del mancebo y una cocinera vieja que arreglaba sus
+fugaces refacciones: dos o tres veces por semana comía en casa de
+Rivera, y una que otra se autorizaba el lujo de entrar en un
+<i>restaurant</i> y engullirse un cubierto de diez reales; jamás iba al
+teatro, pero tenía dos pasiones decididas, los toros y los sermones, las
+cuales procuraba ocultar porque entendía que la primera era una
+flaqueza, y dejar ver la segunda acusaba vanidad o jactancia. De nada
+huía D. Facundo como de esto último; jamás le había oído nadie
+vanagloriarse de cosa alguna ni hablar siquiera de sus asuntos, con tal
+que de la conversación resultase él en buen lugar por cualquier
+concepto; su reserva era proverbial en casa de Rivera y en las demás que
+frecuentaba, que no eran muchas; esta cualidad, en vez de respeto,
+inspiraba risa a sus amigos, los cuales se complacían en mortificarle
+haciéndole preguntas referentes a su vida y negocios, y hasta le
+espiaban los pasos para decir después en plena tertulia lo que había
+hecho, dónde había entrado, con quién le habían visto hablar, etcétera.
+Lo que esto molestaba a Hojeda no es decible: al principio se turbaba y
+le venían los colores a la cara; más adelante, cuando advirtió que era
+broma, se negaba a contestar al impertinente, limitándose a alzar los
+hombros en señal de resignación o a masticar alguna frase de disgusto.
+Por lo demás, su candor rayaba en lo inverosímil: cualquier disparate,
+por grande que fuese, con tal que se lo dijesen en serio, lo creía; no
+le entraba en la cabeza que una persona de años y de carácter se
+atreviese a decir delante de gente una patraña por sólo el placer de
+embromar a un amigo; no obstante, tanto abusaron de las mentiras con él,
+que andando el tiempo llegó a no creer siquiera las verdades, o por
+mejor decir, éstas eran las que se le atravesaban con más frecuencia.</p>
+
+
+
+<h3><a name="IIIa" id="IIIa"></a>III</h3>
+
+
+<p>A comer, a comer&mdash;dijo doña Martina.</p>
+
+<p>Y en el mismo instante un criado apareció con la humeante sopera entre
+las manos.</p>
+
+<p>D. Bernardo se levantó para ofrecer el asiento al coronel Bembo; pero
+éste, conociendo las costumbres de la casa, se guardó muy bien de
+aceptarlo; si el anfitrión hubiera cambiado de sitio, quizá no le
+sentase tan bien la comida. Ocupó un puesto a su derecha; sentáronse
+Vicente, Carlos y Miguel en las sillas que doña Martina les fue
+designando, mientras Hojeda aguardaba en pie a que todos estuviesen
+colocados para acomodarse.</p>
+
+<p>Faltaba Eulalia.</p>
+
+<p>&mdash;¿Dónde está Eulalia?&mdash;preguntó su madre.</p>
+
+<p>El criado manifestó que la había visto hacía un instante subir a su
+cuarto. Enrique y Miguel se miraron y sonrieron como cazurros; pero
+estaban un poco pálidos.</p>
+
+<p>&mdash;A ver&mdash;dijo doña Martina al criado,&mdash;suba usted al cuarto de la
+señorita y dígale que ya estamos a la mesa.</p>
+
+<p>No hubo necesidad. En aquel momento apareció Eulalia, toda sofocada, con
+los ojos llorosos y una jofaina entre las manos.</p>
+
+<p>&mdash;¿Qué es eso?&mdash;preguntó doña Martina con sorpresa.</p>
+
+<p>&mdash;¡Mamá, no sabes lo que han hecho en mi cuarto esos chicos!&mdash;profirió
+Eulalia con trabajo y dispuesta a sollozar.&mdash;¡Todo lo han revuelto y
+estropeado!... ¡Los polvos de los dientes llenos de agua!... ¡Los
+frascos de esencia abiertos y menos de mediados!... ¡El jabón hecho una
+repla!... ¡Los cepillos de dientes por el suelo!... ¡La esponja llena de
+porquería!... ¡La colcha de mi cama llena de betún! Y la toalla ¡mira
+cómo la han dejado!...</p>
+
+<p>Y exhibió a los circunstantes con una mano la toalla donde estaban
+señalados como carbón los dedazos asquerosos de su primo y hermano, y
+con la otra la jofaina, conteniendo un licor negro y espeso, que al
+moverse la dejaba teñida.</p>
+
+<p>&mdash;¿Pero quién ha hecho eso?&mdash;preguntó doña Martina.</p>
+
+<p>&mdash;Enrique y Miguel.</p>
+
+<p>&mdash;¡Se habrá visto muchacho más cerdo!&mdash;exclamó, dando la vuelta a la
+mesa para acercarse al primero.</p>
+
+<p>Y luego que se hubo acercado le arrimó un par de bofetadas que se oyeron
+en la cocina, y sobre éste otro par, y otro después, y así
+sucesivamente, hasta que D. Bernardo exclamó en voz alta e imperiosa:</p>
+
+<p>&mdash;¡Mujer!</p>
+
+<p>Doña Martina suspendió la corrección y volvió los ojos a su esposo con
+sorpresa.</p>
+
+<p>&mdash;Observa&mdash;dijo éste bajando la voz y señalando al coronel&mdash;que hay
+personas delante...</p>
+
+<p>&mdash;Dispénseme V., coronel&mdash;manifestó la señora sofocada aún por la
+ira;&mdash;pero no lo puedo remediar... ¡Este hijo con sus cochinerías me
+quita la vida!</p>
+
+<p>El hijo, en tanto, daba tales gritos, que no diré en la cocina, sino en
+toda la vecindad debieran oírse perfectamente.</p>
+
+<p>Se había levantado de la silla, y en el colmo del furor pegaba allá en
+un rincón patadas horrendas en el suelo.</p>
+
+<p>&mdash;¡Contra! ¡recontra! ¡me c... en diez!... ¡Por esa cochina!... ¡por esa
+sinvergüenza!... ¡por esa metebaza!...</p>
+
+<p>&mdash;¡Chis! ¡chis!... ¡Silencio, niño!&mdash;dijo D. Bernardo, frunciendo aún
+más la frente, lo cual, en verdad, parecía imposible.</p>
+
+<p>&mdash;¡Vamos, Enrique!&mdash;exclamó doña Martina, procurando reprimirse.</p>
+
+<p>&mdash;¿Y por qué no le pegan a Miguel que hizo más que yo, recontra?&mdash;gritó
+con furor.</p>
+
+<p>&mdash;¡Vamos, Enrique!&mdash;volvió a exclamar doña Martina.&mdash;¡Tengamos la fiesta
+en paz!</p>
+
+<p>Y acercándose a él y metiéndole la voz por el oído, comenzó a decirle:</p>
+
+<p>&mdash;¿No comprendes, mentecato, que Miguel no es hijo mío?... Si lo fuese
+le pegaría como a ti... Pero tú eres mayor qué él, y estás en tu casa...
+Debieras dar ejemplo... ¡A quién se le ocurren sino a ti esas cosas,
+majadero!... Eres capaz tú solo de revolver esta casa y todas las de
+Madrid... ¿Es eso lo que te enseña el maestro en la escuela? ¿Di,
+gaznápiro, di?...</p>
+
+<p>Le tenía cogido por un brazo, y cada una de estas frases iba acompañada
+de una fuerte sacudida. Cuando hubo concluido su filípica, le dejó
+llorando en el rincón y se fue detrás de Eulalia, que se había subido de
+nuevo al cuarto, para cerciorarse del número y de la clase de estragos
+allí ejecutados.</p>
+
+<p>Mientras tanto, D. Bernardo, de malísimo talante, no tanto por la
+travesura de su hijo como por las <i>incorrecciones</i> de su esposa, sirvió
+la sopa a todos los comensales, llenando también el plato de aquélla y
+el de su hija ausente. Al llegar al de Enrique, dijo en tono perentorio:</p>
+
+<p>&mdash;Niño, ven a sentarte a la mesa.</p>
+
+<p>Pero Enrique se hizo el sueco y siguió gimiendo y pataleando a ratos.</p>
+
+<p>&mdash;¡Niño!&mdash;gritó D. Bernardo con voz estentórea.&mdash;¡Ven ahora mismo a
+sentarte a la mesa!</p>
+
+<p>El muchacho levantó la cabeza atemorizado y mirando a su padre que tenía
+los ojos clavados en él con terrible expresión de cólera, comenzó a
+caminar a regañadientes y como arrastrado hacia la mesa. Y acaso hubiera
+llegado a ella sin novedad si en aquel momento no viese aparecer por la
+puerta a la causante de los bofetones, a Eulalia, que entraba en el
+comedor seguida de su mamá. Verla y sentirse poseído de insano furor fue
+todo uno.</p>
+
+<p>&mdash;¡Indecente! ¡por ti me han pegado! ¡Ya me las pagarás todas juntas,
+recontra!... ¡Te he de romper esas narizotas de trompeta! ¡Metebaza!...
+¡Fea!... ¡Feona!... ¡Chula!...</p>
+
+<p>Al oírse insultar de este modo, Eulalia no pudo contenerse y se arrojó
+como una fiera sobre su hermano, dándole tal estirón de pelos, que el
+berrido de Enrique, al sentirlo, hizo levantarse asustados a los
+presentes. Doña Martina, que apesar de sus travesuras tenía pasión
+decidida por aquél y que ya estaba medio arrepentida de haberle
+castigado, se indignó muchísimo.</p>
+
+<p>&mdash;¡Oyes, mentecata! ¿quién eres tú para pegar a tu hermano? ¿No estamos
+aquí tu padre y yo para eso? ¡Aguarda, aguarda un poco, que yo te bajaré
+los humillos!...</p>
+
+<p>Y se dirigió a su hija con la mano levantada: esta circunspecta joven lo
+hubiera pasado mal a no ponerse en salvo corriendo en torno de la mesa;
+doña Martina no pudo atraparla: al mismo tiempo, lo mismo Hojeda que el
+coronel, procuraron poner paz.</p>
+
+<p>D. Bernardo estaba tan irritado con las tosquedades de su esposa, que no
+pudo decir ni hacer nada: siguió sentado con los ojos clavados en el
+plato mientras un enjambre de pensamientos sombríos y melancólicos
+relacionados con su desigual matrimonio, le bullía en la cabeza.</p>
+
+<p>Finalmente, fuéronse calmando poco a poco los ánimos que estaban
+irritados. Doña Martina dejó de perseguir a su hija y se sentó a la
+mesa, aunque murmurando amenazas; aquélla también se sentó mirando
+recelosa a su madre; D. Bernardo, haciendo un prodigioso esfuerzo de
+diplomacia para sobreponerse a su justo desabrimiento, entabló
+conversación con el coronel. El único que pagó los vidrios rotos fue el
+mísero Enrique: la autoridad del padre y de la madre, de común acuerdo,
+decidieron que se quedara sin comer, ¡por insolente! Mas, como sucede
+siempre que en España se castiga a un criminal, no faltaron empeños en
+seguida para que la sentencia se casara; los ruegos de Hojeda y el
+coronel lograron al fin que la pena se redujera solamente a la privación
+del postre. Y el buen Enrique (a quien hay que agradecer por lo menos el
+que en medio de su cólera rabiosa no sacase la badila homicida que tenía
+en el forro de la chaqueta) vino a sentarse a la mesa con las mejillas
+coloradas de los cachetes, los ojos y las narices húmedas y los pelos
+caídos por la frente. Estaba tan horroroso, que su primo Miguel,
+compadeciéndole muy de veras, sintió unos deseos atroces de reír; los
+cuales, como es natural, trató de contener por cuantos medios estuvieron
+a su alcance, mordiéndose los labios, mirando hacia otro sitio, etc.,
+etc. Pero quiso su mala suerte que Enrique vino a entender, por la
+contracción del rostro sin duda, las ganas que le retozaban por el
+cuerpo, y con tal motivo empezó a lanzarle unas miradas feroces,
+envenenadas. Entonces Miguel ya no fue dueño de sí, y de improviso, en
+un momento de silencio, soltó el trapo de la risa, y con él a
+chorretazos por boca y narices la cucharada de sopa que acababa de
+tragar. Todos los rostros se volvieron con asombro.</p>
+
+<p>&mdash;¿De qué te ríes, Miguel?&mdash;le preguntó su tía.</p>
+
+<p>&mdash;¡De mí, recontra, de mí!&mdash;gritó Enrique desesperado.</p>
+
+<p>&mdash;¡Vamos, silencio!&mdash;le dijo doña Martina encarándose severamente con
+él.&mdash;¿Tienes ganas de llevarlas otra vez? Miguel no se ríe de ti... ¿Por
+qué se ha de reír, tontuelo?...</p>
+
+<p>&mdash;Porque sí... yo bien lo sé... ¡Porque es un hipócrita!...</p>
+
+<p>&mdash;¡Silencio, te digo... y a comer!</p>
+
+<p>Miguel se había puesto muy serio, comprendiendo que había cometido una
+grosería, y que se la disimulaban por ser convidado. Durante un rato
+largo pudo conseguir reprimirse, haciendo para ello titánicos esfuerzos.
+Enrique tenía fijos en él sus ojazos saltones cargados de ira,
+adivinando perfectamente lo que le andaba por dentro. Si levantaba la
+vista y veía aquel rostro mocoso, más feo aún por la cólera, estaba
+perdido. Por eso no la movía un instante del plato, devorando el cocido
+que su tía le había servido, sin mascar los bocados. Llegó un instante,
+sin embargo, en que por casualidad o por atracción magnética se
+encontraron sus ojos. Y ya no pudo más. Otro flujo de risa; los
+garbanzos esparcidos por la mesa; los rostros de los comensales vueltos
+de nuevo hacia él. Pero esta vez había más severidad que asombro pintada
+en ellos, mayormente en el de su tío.</p>
+
+<p>&mdash;¿Qué es eso, Miguel?&mdash;le dijo con aparente calma.&mdash;¿Por qué estamos
+tan risueños?</p>
+
+<p>Miguel se puso muy colorado, y no contestó.</p>
+
+<p>&mdash;¿Te ríes acaso porque han castigado a tu primo por faltas que los dos
+habéis cometido?... No está bien eso, Miguel, no está bien eso....
+Debieras ser un poco más generoso..... Si a ti no te han pegado, no es
+porque no lo merecieses, bien lo sabes, sino porque tu tía no tiene
+autoridad para hacerlo. Pero afortunadamente para todos, y para ti
+también&mdash;añadió mirando al coronel con sonrisa maliciosa,&mdash;no faltará
+dentro de poco tiempo quien la tenga y ponga las cosas en orden, que
+buena falta está haciendo. Entonces, amiguito, quizá le toque a Enrique
+reírse de ti, aunque tampoco haría bien... La buena educación y la
+moral cristiana prohíben reírse de los males del prójimo...</p>
+
+<p>Miguel, que se había ido poniendo cada vez más colorado, al llegar a
+este punto rompió a llorar, y se echó de bruces sobre la mesa. D.
+Bernardo sonrió satisfecho del triunfo obtenido por su oratoria. Doña
+Martina acudió inmediatamente a consolar al niño.</p>
+
+<p>&mdash;Vamos, Miguelito, no llores, tonto.... Si tu tío te quiere mucho.....
+No tomes a mal lo que te dice..... Si él..... Tú eres un buen chico, ya
+lo sé, y lo saben todos..... Eres incapaz de reírte de Enrique porque
+le hayan pegado..... ¿Verdad que no te ríes de eso?</p>
+
+<p>Miguel se abstuvo de hablar, porque no quería mentir, ni tampoco llamar
+feo a su primo. Siguió todavía algunos momentos con las narices metidas
+por el mantel como en son de protesta contra las reticencias mal
+intencionadas de su tío. Al fin, vencido de los ruegos y los halagos de
+la tía, levantó la cabeza: aquélla se apresuró a secarle las lágrimas y
+los mocos con su propio pañuelo. Tomó otra vez el tenedor y siguió
+comiendo.</p>
+
+<p>La conversación giró en seguida, por iniciativa del mismo D. Bernardo,
+sobre la necesidad absoluta que tenía su hermano de llevar a casa una
+señora, opinión que ya le oímos emitir no hace mucho tiempo.</p>
+
+<p>&mdash;Si mi hermano se empeña en permanecer soltero, mucho más valdría que
+se deshiciese de los muebles y se fuese a vivir a una fonda.....</p>
+
+<p>Hay que advertir que D. Bernardo consideraba lo de vivir en fonda punto
+menos que una deshonra: por no pisar estos establecimientos vulgares,
+donde las personas se confunden ridículamente en torno de la mesa
+redonda, procuraba tener siempre en las poblaciones que visitaba una
+casa de respeto (así la llamaba) donde no hubiera más huéspedes que él.
+De este modo se comprenderá fácilmente la inflexión desdeñosa que dio a
+la palabra fonda cuando pasó por sus labios.</p>
+
+<p>&mdash;No sé si V. habrá observado, D. Pablo&mdash;siguió dirigiéndose al coronel
+(a Hojeda rara vez le concedía este honor),&mdash;qué desbarajuste hay en
+casa de Fernando..... Rara vez se encuentra una cosa en su sitio: el
+polvo anda esparcido por los muebles: los criados por donde les parece.
+A mí me ha pasado más de una vez ir a ella y no haber uno para quitarme
+el abrigo. ¡Si le dijese a V., coronel, que en cierta ocasión mi hermano
+fue a mudarse de camisa, y no pudo, porque no había ninguna planchada!</p>
+
+<p>&mdash;¡Hum!&mdash;gruñó el gigante en señal de admiración, pero sin apartar los
+sentidos del <i>roast-beef</i> que tenía delante.</p>
+
+<p>&mdash;¡Qué horror!&mdash;exclamó doña Martina, como siempre que se hablaba de
+este suceso inaudito: ya sabemos que su fuerte era la plancha.</p>
+
+<p>&mdash;¡Vea V., vea V. cómo come su hijo!..... soltando la carne ya mascada
+en el plato!</p>
+
+<p>Miguel se puso colorado otra vez hasta las orejas.</p>
+
+<p>&mdash;¡Vamos, Bernardo, déjale ya!&mdash;manifestó su esposa; y dirigiéndose
+después al coronel:&mdash;Aprenda V., amigo Bembo; las mujeres hacen más
+falta en las casas de lo que a V. se le figura.</p>
+
+<p>&mdash;No lo dudo, no lo dudo&mdash;murmuró el gigante sin apartar los ojos del
+plato.</p>
+
+<p>&mdash;Y si no lo duda V., picaronazo, ¿por qué no sigue V. el ejemplo de mi
+cuñado?</p>
+
+<p>&mdash;Señora, no me siento aún preparado.</p>
+
+<p>Doña Martina soltó una carcajada estrepitosa, burda, que hizo arquear
+levemente las cejas a D. Bernardo.</p>
+
+<p>&mdash;No lo estará V. nunca, si Dios no pone en ello la mano, ¡que ojalá la
+ponga pronto!</p>
+
+<p>&mdash;Esa felicidad, primero le ha de tocar a don Facundo que a mí&mdash;murmuró
+con voz cavernosa.</p>
+
+<p>Hojeda levantó la cabeza turbado. Pocas cosas le molestaban tanto como
+verse aludido en este asunto de mujeres: por eso el socarrón del coronel
+lo hacía siempre que hallaba oportunidad.</p>
+
+<p>&mdash;¡Yo!..... coronel..... ruego a V..... el matrimonio.....</p>
+
+<p>&mdash;¡A buena parte va V., amigo Bembo!..... Hojeda es un egoistazo.....
+Más de veinte veces le he querido casar, y siempre me ha dado calabazas
+a la novia.</p>
+
+<p>&mdash;Permítame V., Martinita&mdash;se apresuró a decir D. Facundo,&mdash;yo no he
+dado calabazas a nadie..... Estas son cosas muy graves, Martinita.....</p>
+
+<p>&mdash;Hojeda no se casa&mdash;prosiguió la señora,&mdash;por no abandonar su vida de
+solterón egoísta. ¿Quién le quita a él de dar su paseíto por la mañana
+en el Retiro, su sermoncito por la tarde en las Calatravas o en la
+Encarnación, sus toros o novillos los domingos, etc., etc.?</p>
+
+<p>&mdash;Sepamos lo que está comprendido en esas etcéteras, D.
+Facundo&mdash;manifestó el coronel.</p>
+
+<p>Hojeda le miró con ira, y no contestó.</p>
+
+<p>&mdash;Pero V. es otra cosa, coronel; V. es un hombre de mundo, menos
+arregladito que Hojeda, y puede hacer feliz a cualquier muchacha.</p>
+
+<p>&mdash;Ya lo oye V., D. Facundo&mdash;dijo el coronel.&mdash;Los hombres arregladitos
+no pueden hacer felices a las muchachas.</p>
+
+<p>&mdash;No, hombre, no; no quiero decir eso&mdash;manifestó doña Martina riendo...</p>
+
+<p>Pero en aquel instante entraron en el comedor dos nuevos tertulios y se
+suspendió la conversación. Ninguno de los dos llegaría a veinticinco
+años: dieron la mano con gran confianza a los señores y besaron a los
+niños, lo cual testimoniaba su amistad con la familia de Rivera. El uno
+era delgado, pálido, ojos pequeños, bastante feo todo él, aunque vestido
+con gran pulcritud y elegancia: se llamaba Juan Romillo, hijo de un rico
+camisero de la calle del Príncipe: su padre le había destinado al foro,
+en el cual no había hecho grandes adelantos; en cambio desde muy niño
+había despuntado en el arte de vestirse y en el conocimiento pleno,
+absoluto, de cuantas noticias verdaderas o falsas corrían por la villa:
+en las casas donde él entraba no se leían los diarios noticieros,
+porque eran inútiles: a esto se reducía su ciencia y sus partes. El otro
+era un guapo chico, rubio, sonrosado, de barba rala e incipiente, ojos
+azules y húmedos, los labios siempre plegados con sonrisa tierna y
+humilde, los ademanes respetuosos sin ser encogidos. Había nacido en
+Cuba de una familia opulenta, que después se arruinó en el juego de
+Bolsa al establecerse en España. Era abogado también, como su amigo y
+condiscípulo Romillo, pero mucho más estudioso y aprovechado, lo cual
+era de necesidad, pues Romillo tenía en perspectiva una fortuna
+considerable, mientras él solamente la que adquiriese con su trabajo.
+Figuraba en la Academia de Jurisprudencia como orador de esperanzas, y
+había fundado en compañía de otros una sociedad para la abolición de la
+esclavitud, y otra para abolir las quintas y matrículas de mar. En estos
+asuntos de interés humanitario mostraba Valle (Arturo del Valle era su
+nombre) una actividad y un interés tan laudables como prodigiosos: el
+número de asambleas, o <i>meetings</i>, como se decía en los periódicos, y de
+banquetes que por su iniciativa se habían promovido, era incalculable;
+el de artículos y folletos que había escrito en apoyo de sus ideas
+generosas, tampoco podía apreciarse con exactitud. En estos folletos
+solía venir debajo del título, a modo de sello, un pésimo grabado
+representando un negrito de rodillas y aherrojado con las manos
+levantadas al cielo. En los banquetes figuraba también otro negrito,
+pero de carne y hueso: a los postres de estos festines humanitarios rara
+vez dejaba Valle de levantarse diciendo en voz alta y solemne:</p>
+
+<p>&mdash;Se me dise, señore, que ahí afuera hay un hombre de coló que desea
+fraternisá con nosotros. ¿Tenéis inconveniente en que esta víctima de la
+injustisia sosial entre a saludaros?</p>
+
+<p>&mdash;¡Que entre, que entre ahora mismo!&mdash;gritaba la asamblea como un solo
+hombre, presa de entusiasmo abolicionista.</p>
+
+<p>Entonces Valle abría la puerta y sacaba de la mano al negrito, el cual
+se dejaba abrazar de todos los comensales entre vítores y aplausos. Y
+después se emborrachaba como cualquier blanco, y aun mejor algunas
+veces. Este personaje oportuno, que llegaba siempre por casualidad al
+final de los banquetes abolicionistas, andando el tiempo llegó a ser
+conocido en Madrid. La gente solía decir cuando pasaba por la calle:
+«Ahí va el negrito de Valle.»</p>
+
+<p>Las ideas políticas de éste, aunque muy democráticas, estaban templadas
+por aquella eterna y dulce y amable sonrisa de que hemos hecho mención:
+esta sonrisa era el mejor salvo-conducto para entrar y ser bien acogido
+en todos los salones de la corte: gracias a ella, D. Bernardo Rivera,
+que no tenía pizca de demócrata ni abolicionista, se dignaba otorgarle
+su amistad protectora:&mdash;«Es un muchacho excelente&mdash;solía decir,&mdash;salvo
+sus ideas...; pero ya las irá modificando con el tiempo.» Con aquella
+sonrisa, beneficiada con acierto, se podía hacer una gran carrera.</p>
+
+<p>Los dos pollos (como doña Martina los llamaba) fueron saludados con
+efusión por los presentes. D. Bernardo les entregó generosamente su
+mano, aunque sin perder un punto la gravedad que tan bien le sentaba. Al
+instante se entabló una conversación animadísima acerca de los asuntos
+que entonces embargaban la atención de la corte: uno de ellos era la
+llegada reciente del célebre tenor Mario. Romillo lo esclareció de un
+modo notabilísimo; entre otros datos importantes, hizo saber que Mario
+había dado orden a L'Hardy, el pastelero de la Carrera de San Jerónimo,
+de que no vendiese más botellas de <i>champagne</i>, pues probablemente
+necesitaría él las existencias que hubiese.</p>
+
+<p>&mdash;¡Ave María purísima! ¿Pero se las va a beber todas?&mdash;exclamó
+cándidamente Hojeda.</p>
+
+<p>&mdash;Sí señor&mdash;repuso gravemente Romillo.&mdash;Se bebe por término medio una
+docena de botellas todos los días.</p>
+
+<p>&mdash;¡No haga V. caso, hombre!&mdash;exclamó doña Martina riendo.&mdash;Este Romillo
+siempre tiene ganas de bromas. Se las beberán entre él y sus amigachos.</p>
+
+<p>Estaban a los postres. Romillo y Valle fueron invitados a tomar café y
+se sentaron a la mesa. Después del tenor Mario, versó la plática sobre
+los fusilamientos de algunos sargentos que se habían sublevado. Romillo
+dio acerca de este punto pormenores no menos interesantes: uno de los
+reos no había quedado muerto en el acto; se levantó pidiendo
+misericordia; el confesor trató de interponerse entre él y los cañones
+de los fusiles; pero el General que mandaba las tropas acudió, y alzando
+la espada lleno de cólera, le dijo:</p>
+
+<p>&mdash;¡Padre cura, a su puesto, o le fusilo a V. en el acto!</p>
+
+<p>&mdash;¡Qué horror!&mdash;exclamó Valle, poniendo los ojos en blanco y posándolos
+después blandamente sobre Eulalia.</p>
+
+<p>&mdash;En efecto&mdash;dijo D. Bernardo,&mdash;es muy triste todo eso, pero de absoluta
+necesidad. ¿Dónde iríamos a parar si no se castigase con mano fuerte la
+rebelión?</p>
+
+<p>&mdash;Que se castigue de otro modo señó; la pena de muerte debe ser
+proscrita de los códigos.</p>
+
+<p>&mdash;No vayamos a las declamaciones, amigo Valle: la pena de muerte debe de
+subsistir mientras haya criminales que la merezcan. V. es muy joven,
+querido, y tiene las ideas generosas, pero irreflexivas, propias de la
+juventud. Cuando V. haya vivido más, verá que no puede gobernarse con el
+corazón, sino con la inteligencia.</p>
+
+<p>&mdash;Tal ves sea lo que usté dise... pero yo no lo puedo remediá... ¡me
+causan horró todas las penas corporale!</p>
+
+<p>Al pronunciar estas palabras sus labios estaban contraídos por una
+sonrisa de inefable dulzura, mientras sus ojos seguían mirando a la
+primogénita de Rivera.</p>
+
+<p>D. Bernardo todavía se dignó contradecir otras cuantas veces al joven
+abolicionista, favor que éste supo apreciar en lo que valía, procurando
+dar a sus argumentos un sesgo sentimental que no molestase poco ni mucho
+al respetable prohombre: dejábase acorralar algunas veces, otras se
+escapaba por medio de un sofisma evidente, otras se confesaba vencido,
+aunque persistiendo en sus creencias.</p>
+
+<p>&mdash;Sus rasone son poderosa, no tienen vuelta de hoja, lo comprendo
+perfectamente; pero no puedo juzgá a la humanidad tan mal; sigo creyendo
+que lo medio suave son preferible.</p>
+
+<p>La discusión de esta suerte era sabrosa para don Bernardo, y nada perdía
+con ello el joven cubano. Doña Martina le contemplaba con admiración y
+simpatía, participando de sus opiniones caritativas. Eulalia le
+escuchaba sin disgusto, que era lo mejor que podía esperarse de esta
+severa doncella.</p>
+
+<p>Al fin Romillo llamó la atención de todos, sacando del bolsillo del
+gabán un lindo artefacto, que según dijo le acababan de enviar de París.
+Era un estereoscopio de nuevo sistema; de otro bolsillo sacó una
+colección de vistas, iluminadas unas, otras sin luz, representando los
+paisajes y monumentos más notables del universo. En torno de él se
+agruparon inmediatamente todos, exceptuando el jefe de la familia, a
+quien no podían interesar tales bagatelas, y Romillo fue colocando las
+vistas y mostrándoselas, explicando previamente lo que significaban.</p>
+
+<p>&mdash;Alrededores de Nápoles... Ahí tienen VV. el Vesubio a un lado... el
+golfo debajo...</p>
+
+<p>&mdash;¡Hermoso país!&mdash;exclamó D. Facundo, que después de los niños, y acaso
+antes, era el que con más afán ponía los ojos en los cristales.&mdash;Hombre,
+qué ganas tengo yo de hacer un viaje por Italia.</p>
+
+<p>&mdash;Pues a ello.</p>
+
+<p>&mdash;¡Si no se gastase tanto!</p>
+
+<p>&mdash;Pero, hombre de Dios, ¿para quién quiere usted ese gatazo que tiene en
+casa? ¿No es mejor que se divierta por cuenta de los herederos?&mdash;dijo
+doña Martina.</p>
+
+<p>&mdash;Mi gato está más flaco de lo que V. piensa, Martinita.</p>
+
+<p>&mdash;La torre inclinada de Pisa.</p>
+
+<p>&mdash;¡Vaya una cosa rara y sorprendente!&mdash;exclamó el coronel.&mdash;Yo no sé
+cómo ha podido construirse esa torre.</p>
+
+<p>&mdash;Haciendo que la vertical que pasa por el centro de gravedad, caiga
+dentro de la base&mdash;manifestó Carlitos, que había estudiado su poquito de
+física en la escuela.</p>
+
+<p>&mdash;Muy bien, chico, muy bien&mdash;repuso el coronel mirándole.&mdash;Eres ya un
+sabio.</p>
+
+<p>Carlitos se puso colorado de gusto. Pero Enrique, que estaba detrás, se
+indignó con aquella prueba de sabiduría que acababa de dar su hermano, y
+le dijo al oído:</p>
+
+<p>&mdash;¡Farol! ¿Ya has metido la cucharada? ¡Farol de retreta!</p>
+
+<p>El Gran Arquitecto, que tenía mucho puntillo y no estaba avezado a
+sufrir injurias tan manifiestas, le alumbró por toda contestación una
+soberana morrada en las narices. Pero Enrique, que conocía a dónde
+llegaban las fuerzas de su erudito hermano, sin proferir una queja, se
+arrojó sobre él como un león, y le hubiera despedazado a no intervenir
+muy oportunamente en la contienda doña Martina.</p>
+
+<p>&mdash;Envía esos niños a la cama&mdash;ordenó D. Bernardo.</p>
+
+<p>&mdash;Ahora, ahora; en cuando lleven a Miguel a su casa&mdash;repuso la
+señora.&mdash;Estoy esperando que el criado concluya de comer.</p>
+
+<p>&mdash;El puerto de la Habana&mdash;dijo Romillo poniendo el estereoscopio delante
+al coronel.</p>
+
+<p>&mdash;Su país de V.&mdash;dijo Eulalia a Valle, con un amago de sonrisa.</p>
+
+<p>&mdash;¿Tiene V. deseos de ver su tierra?&mdash;preguntó doña Martina.</p>
+
+<p>&mdash;¡Y cómo no, señora!&mdash;respondió el cubano poniendo otra vez los ojos en
+blanco y con afluencia admirable.&mdash;¿No he de tener deseo de ver a mi
+paí, lo sitio donde se han deslisado lo año de mi infansia? ¿No he de
+tener grabado en mi corasón aquello paraje tan delisioso, aquella
+naturalesa tan rica? ¿No he de apetesé encontrarme otra ves en medio de
+aquella selva vírgene, bajo un sielo siempre asul, y bebé el agua del
+coco y comé la piña y el plátano y la guayaba?</p>
+
+<p>Hablaba de carrera y sin detenerse cual si le hubiesen dado cuerda.</p>
+
+<p>Cuando terminó el panegírico, volvió a poner los ojos en su sitio, y el
+rostro perdió repentinamente su expresión animada, como si el mecanismo
+interior se hubiese parado.</p>
+
+<p>&mdash;Paisaje de las orillas del Nilo&mdash;manifestó Romillo.</p>
+
+<p>&mdash;De aquí salieron las siete vacas gordas y las siete flacas que vio
+José en sueños, ¿no es verdad?&mdash;preguntó doña Martina mientras miraba
+con atención por los cristales.</p>
+
+<p>&mdash;Justamente&mdash;contestó Hojeda,&mdash;las que simbolizaban los años de
+abundancia y de miseria. ¿No anda por ahí el palacio de Faraón,
+Martinita?</p>
+
+<p>&mdash;No señor, no le veo; lo que sí hay son unos animales muy feos, así
+como serpientes grandes...</p>
+
+<p>&mdash;A ver, mamá, déjame ver...&mdash;dijo Carlitos con mucho afán.</p>
+
+<p>Su mamá le puso el estereoscopio delante.</p>
+
+<p>&mdash;Son cocodrilos&mdash;manifestó enseguida el niño con
+suficiencia.&mdash;Pertenecen a la clase de los <i>reptiles</i>, orden de los
+<i>saurios</i>, familia de los <i>crocodílidos</i>.</p>
+
+<p>&mdash;¡Mucho, mucho, chico!&mdash;manifestó el coronel con la misma sorna.</p>
+
+<p>&mdash;Todos los animales se dividen en cinco tipos...</p>
+
+<p>&mdash;¿Nada mas?</p>
+
+<p>&mdash;No señor, nada más: <i>vertebrados</i>, <i>articulados</i>, <i>moluscos</i>,
+<i>radiados</i> y <i>heteremorfos</i>... Lo que hay es que después se dividen en
+clases, órdenes, familias, géneros y especies... Los <i>vertebrados</i> se
+dividen en cinco clases: <i>mamíferos</i>, <i>aves</i>, <i>reptiles</i>, <i>anfibios</i> y
+<i>peces</i>; los <i>mamíferos</i> en catorce órdenes: <i>bimanos</i>, <i>cuadrumanos</i>,
+<i>quirópteros</i>, <i>insectívoros</i>, <i>fieras</i>, <i>pinnípedos</i>...</p>
+
+<p>&mdash;Vamos, niño, basta&mdash;dijo a esta sazón don Bernardo, que comenzaba a
+ver lo ridículo de todo aquello.</p>
+
+<p>&mdash;<i>Roedores, desdentados, proboscideos, paquidermos</i>...</p>
+
+<p>&mdash;¡Basta te digo, niño!</p>
+
+<p>&mdash;<i>Solípedos, rumiantes, sirenios y cetáceos.</i></p>
+
+<p>&mdash;¡Si no te callas, Carlitos, voy allá y te arranco las orejas! Cuidado
+con lo cargante que se pone este chiquillo algunas veces!</p>
+
+<p>&mdash;¡Anda, bien empleado te está, por farol!&mdash;le dijo por lo bajo Enrique.</p>
+
+<p>&mdash;Déjele V., amigo Rivera, déjele V. esplayarse. ¿V. no sabe que la
+ciencia a veces produce indigestiones?&mdash;manifestó el coronel.</p>
+
+<p>Carlitos cerró la boca muy mohíno.</p>
+
+<p>&mdash;El templo de Santa Sofía en Constantinopla&mdash;vea V., coronel&mdash;dijo
+Romillo.</p>
+
+<p>&mdash;¡Hombre, muy hermoso!... No sabía yo que en Constantinopla hubiese un
+templo semejante. ¡Qué columnas tan preciosas! ¡qué columnas!...</p>
+
+<p>&mdash;Vea V., D. Facundo, vea V.&mdash;dijo Romillo quitándoselo al coronel y
+poniéndoselo delante al boticario.</p>
+
+<p>Al mismo tiempo apretó un resorte que el aparato tenía, y trocó la vista
+del templo por la de una figura obscena. Sólo para esta broma había
+comprado y traído el estereoscopio.</p>
+
+<p>Hojeda apartó instantáneamente los ojos horrorizado, y encarándose con
+el coronel, le preguntó con retintín:</p>
+
+<p>&mdash;¿Y le gusta a V. esto, coronel?... ¡No están malas columnas!</p>
+
+<p>El coronel le miró sorprendido.</p>
+
+<p>&mdash;A ver, a ver...&mdash;dijeron todos.</p>
+
+<p>Romillo volvió a colocar la vista primitiva, que fue muy celebrada.
+Entonces D. Facundo, viéndole sonreír, cayó en la broma y comenzó a
+dirigirle miradas iracundas; y hasta se acercó a él disimuladamente para
+decirle por lo bajo con voz irritada:</p>
+
+<p>&mdash;¡Parece mentira que un joven bien educado traiga aquí esas porquerías!</p>
+
+<p>&mdash;¿Qué tiene V., D. Facundo?&mdash;preguntó Juanito en voz alta.</p>
+
+<p>El boticario, desconcertado con la audacia de aquel mequetrefe, contestó
+lleno de confusión:</p>
+
+<p>&mdash;Nada, nada; le preguntaba a V. si aún faltaban muchas vistas... porque
+deseo retirarme temprano esta noche.</p>
+
+<p>&mdash;Si no te molesta mucho, Facundo&mdash;dijo don Bernardo,&mdash;desearía que te
+quedases un ratito aún con nosotros. Tengo una sorpresa que darte...</p>
+
+<p>&mdash;Molestarme... de ningún modo... aguardaré lo que tú quieras...</p>
+
+<p>El estereoscopio continuó dando juego algún tiempo, y mientras lo daba,
+apareció en el comedor el último retoño de los Sres. de Rivera, que
+venía dormido en brazos de la nodriza. Era una niña de catorce meses, de
+carita ovalada y pálida, con cierta expresión triste y reflexiva.</p>
+
+<p>&mdash;Aquí está mi Serafina&mdash;exclamó la madre llena de gozo y orgullo.</p>
+
+<p>Los tertulios fueron depositando un beso en la frente de la criatura,
+procurando no despertarla, y la nodriza se retiró.</p>
+
+<p>Terminaron al fin las vistas. Romillo guardó su estereoscopio, no sin
+recibir antes algunas miradas como saetazos del indignado Hojeda. Valle
+había conseguido acercarse a la primogénita de los Rivera, y procuraba
+entretenerla agradablemente hablándole de sus muchísimas ocupaciones, lo
+requerido y solicitado que era de todo el mundo, los aplausos que ganaba
+donde quiera que pedía la palabra, etc., etc. Los niños habían formado
+un grupo y se divertían en un rincón, exceptuando el comedido Vicente,
+que se paseaba silenciosamente a lo largo de la estancia, bien resuelto
+a no ser confundido con aquella <i>chiquillería</i>. Doña Martina, el
+coronel, Romillo y Hojeda, formaban el núcleo de la tertulia,
+departiendo alegremente en torno de la mesa, mientras el señor de Rivera
+se mantenía un poco alejado de ellos con un periódico en la mano. Al
+cabo, dejándolo sobre la mesa y acercándose, les dijo soplando antes
+repetidas veces:</p>
+
+<p>&mdash;Voy a darles a VV. una noticia que creo ha de serles grata, dada la
+amistad que me profesan y el cariño y el interés con que han compartido
+hasta ahora, lo mismo nuestros pesares que nuestras alegrías.</p>
+
+<p>Todos alzaron la cabeza con sorpresa.</p>
+
+<p>&mdash;Pero antes de dársela, les ruego que me aguarden aquí algunos
+instantes. Trataré de ser breve, para que la curiosidad no les pique
+mucho tiempo.</p>
+
+<p>Y salió del comedor.</p>
+
+<p>&mdash;¿De qué se trata, doña Martina, de qué se trata?&mdash;preguntaron a una
+voz todos.</p>
+
+<p>&mdash;Señores, yo no lo sé tampoco&mdash;repuso ésta, dejando no obstante
+adivinar en sus ojos gozosos que lo sabía perfectamente.</p>
+
+<p>&mdash;Vamos, Martinita, dígalo V.</p>
+
+<p>&mdash;¡No lo sé, Hojeda, no lo sé!...</p>
+
+<p>&mdash;Señores, aguardemos, ya que doña Martina no quiere decirlo&mdash;manifestó
+Romillo.&mdash;D. Bernardo no puede tardar mucho.</p>
+
+<p>Tardó, sin embargo, más de lo que contaban; un buen cuarto de hora lo
+menos. Al fin se oyó en el pasillo algo como repiqueteo de armas y
+espuelas, y apareció en la puerta el Sr. de Rivera vestido de máscara.</p>
+
+<p>Gran asombro en todos los circunstantes.</p>
+
+<p>&mdash;Pero, ¿qué es eso, D. Bernardo?</p>
+
+<p>&mdash;Señores&mdash;dijo éste solemnemente;&mdash;el capítulo de caballeros de la
+orden de San Juan de Jerusalem, me ha hecho la honra de recibirme en su
+seno. Aquí me tienen VV. de gran uniforme...</p>
+
+<p>&mdash;Muy lindo, Rivera, muy lindo... está V. admirablemente&mdash;dijo el
+coronel, sin poder comprenderse bien, por la entonación, si hablaba
+seria o irónicamente. Lo más cierto debía ser lo último, porque D.
+Bernardo estaba hecho un verdadero adefesio. El uniforme era de color
+rojo subido. Parecía una langosta cocida; y para que la semejanza fuese
+más notable, la muchedumbre de cordones y correas que le envolvían
+remedaban bastante bien las antenas de aquel animalucho. Un espadón
+disforme le colgaba de la cintura; el tricornio estaba adornado con
+plumas.</p>
+
+<p>&mdash;¡Y qué calladito se lo tenía!&mdash;dijo Valle.</p>
+
+<p>&mdash;Yo lo sabía ya hace días, pero no me atrevía a publicarlo,
+comprendiendo que D. Bernardo se estaba haciendo el uniforme para dar
+una sorpresa a sus amigos, como así resultó&mdash;repuso Juanito Romillo, a
+quien molestaba muchísimo el ignorar cualquier noticia.</p>
+
+<p>&mdash;Está muy bien, ¿no es verdad?&mdash;preguntó doña Martina, llena de cándido
+orgullo.</p>
+
+<p>&mdash;Admirable, señora, admirable&mdash;contestó el coronel con voz
+cavernosa.&mdash;A ver Rivera, dé V. la vuelta para que le examinemos por
+todas partes...</p>
+
+<p>D. Bernardo giró gravemente en redondo, haciendo sonar el terrible
+espadón y las espuelas. En aquel instante se oyó un resuello singular en
+la estancia, al cual siguió una explosión de carcajada contenida. Era el
+pobre Miguel que, después de haber trabajado como un héroe para contener
+la risa, poniéndose colorado como un pimiento, había reventado al fin,
+con gran dolor de su alma. Su tío le clavó una mirada capaz de dejarle
+seco en el acto; los demás le miraron también severamente y con asombro;
+nadie dijo nada, sin embargo. Después que se hubo desahogado, bajó la
+cabeza lleno de confusión y vergüenza. D. Bernardo se retiró
+inmediatamente, y en el comedor hubo unos momentos de silencio
+embarazoso. Hojeda, para templar el mal efecto de la imprudencia del
+niño, se apresuró a entablar conversación acerca de la orden de San
+Juan, haciendo de ella y de sus miembros calurosos elogios. Sin embargo,
+doña Martina, que estaba realmente enojada, al cabo de pocos minutos
+llamó al ayo de los niños para que subiera a acostarlos, y ordenó al
+lacayo que condujese a Miguel a su casa.</p>
+
+<p>El chico se despidió, todavía confuso, de la tertulia, y dejó la casa de
+su tío, situada en la calle del Prado, y se fue paso entre paso con el
+lacayo hasta la suya, que estaba en la del Arenal.</p>
+
+
+
+<h3><a name="IVa" id="IVa"></a>IV</h3>
+
+
+<p>El abuelo de Miguel había sido uno de los negociantes más ricos de
+Madrid durante el reinado de Fernando VII. Al morir dejó a cada uno de
+sus tres hijos, Bernardo, Manuel (de quien hablaremos en seguida) y
+Fernando, una renta de catorce o quince mil duros, que sólo D. Bernardo
+había conseguido, merced a ciertas negociaciones con el Tesoro, aumentar
+considerablemente. La de Fernando permanecía en tal estado; y en cuanto
+a la de Manuel, se había mermado bastante.</p>
+
+<p>Fernando, el último de los hermanos y padre de Miguel, era un hombre de
+rostro enjuto y avinagrado, como D. Bernardo, cejas espesas y terribles
+bigotes. Nadie diría que detrás de este rostro imponente y marcial, se
+ocultaba un espíritu fino y sensible como el de una damisela, y que
+debajo de la cruz laureada de San Fernando, ganada por un acto de arrojo
+que asombró a la nación, latía un corazón de paloma. Nada más cierto,
+sin embargo. Aquellos bigotes terribles no servían, en realidad, más que
+para que todo el mundo se subiese a ellos: y el más encaramado de todos
+era Miguel, a quien su padre no sabía negar nada, que hacía cuanto se le
+antojaba, fuese tuerto o derecho, y que con su mala educación daba pie a
+que se dijese lo que su tío le había dicho aquella tarde.</p>
+
+<p>Cuando llegó a casa y fue a dar las buenas noches a su papá, encontró a
+éste sentado en una butaca de su gabinete, fumando y envuelto en la
+sombra que proyectaba la pantalla del quinqué.</p>
+
+<p>&mdash;Buenas noches, papá.</p>
+
+<p>&mdash;Buenas noches, hijo mío.</p>
+
+<p>Miguel se acercó para darle un beso. El brigadier le retuvo entre sus
+rodillas acariciándole los cabellos.</p>
+
+<p>&mdash;¿Cómo lo has pasado en casa de tu tío?</p>
+
+<p>&mdash;Bien.</p>
+
+<p>&mdash;¿Te has divertido mucho?</p>
+
+<p>&mdash;Bastante.</p>
+
+<p>&mdash;¿Supongo que no habréis hecho ninguna travesura que enfadase a la tía
+Martina?</p>
+
+<p>&mdash;No, papá&mdash;respondió el chico sin vacilar, y le contó todo lo que había
+hecho aquella tarde, omitiendo lo que bien le pareció.</p>
+
+<p>&mdash;Bien, así me gusta. Ahora tendrás ya deseos de irte a la cama,
+¿verdad?... Vaya, pues a la cama, hijo mío, a la cama..... No quiero
+retenerte más..... a la cama, a la cama.....</p>
+
+<p>Sin embargo, seguía reteniéndole entre las rodillas. Al fin Miguel,
+forzándolas un poco, logró salir de ellas, y se dirigió a la puerta.
+Cuando ya estaba cerca, volvió a llamarle su padre.</p>
+
+<p>&mdash;Oyes, Miguel..... ¿No te ha hablado tu tío Bernardo?... preguntole con
+voz algo alterada.</p>
+
+<p>Miguel se detuvo y no contestó.</p>
+
+<p>&mdash;¿No te ha hablado de cierto asunto?</p>
+
+<p>&mdash;Sí&mdash;murmuró el chico, también cortado.</p>
+
+<p>&mdash;¿Y qué te ha dicho?... Cuenta.....</p>
+
+<p>Miguel comenzó a colocarse los dedos de la mano izquierda unos sobre
+otros y no dijo palabra.</p>
+
+<p>&mdash;¿No te ha dicho que ibas a tener pronto una mamá?&mdash;articuló el
+brigadier cada vez más turbado.</p>
+
+<p>&mdash;Sí&mdash;murmuró sordamente el niño.</p>
+
+<p>&mdash;¿Y qué te parece a ti de eso, Miguel?....</p>
+
+<p>Silencio sepulcral por parte de éste.</p>
+
+<p>&mdash;Vamos, ven aquí, tonto, ven aquí&mdash;le dijo con voz cariñosa; y
+metiéndole de nuevo entre sus rodillas, comenzó a besarle con afán.</p>
+
+<p>&mdash;¿No es verdad que a ti no te disgusta tener una mamá?... ¿No ves cómo
+todos tus amigos la tienen menos tú?... Ya verás cómo la quieres... pero
+nunca más que a mí, ¿no es cierto?... Y cuando vayas al colegio ya
+podrás decir a los compañeros:&mdash;Tengo una mamá, como vosotros... Y lo
+mismo a tus primos Enrique y Carlos... Y saldrás con ella a paseo en
+coche para que todos la vean. Ella, que es muy buena, te ha de querer
+mucho, y tú no la darás ningún disgusto, ¿verdad? Ya te conoce por el
+retrato... Y tú la conocerás muy pronto a ella... ¿Quieres conocerla
+ahora mismo?</p>
+
+<p>Y con mano febril, por donde se podía adivinar el grado de
+apasionamiento a que el brigadier había llegado, sacó del bolsillo una
+cartera y de la cartera un retrato de mujer, que puso delante de los
+ojos a su hijo.</p>
+
+<p>&mdash;Mírala, ¿te gusta?</p>
+
+<p>Miguel la echó una rápida mirada por complacer a su padre y bajó la
+cabeza en señal afirmativa.</p>
+
+<p>&mdash;Vamos&mdash;dijo el brigadier en voz baja y temblorosa,&mdash;dala un beso.</p>
+
+<p>El chico obedeció posando levemente los labios sobre el retrato. Su papá
+le pagó este acto de galantería con un sinnúmero de caricias y le fue a
+despedir hasta la puerta muy conmovido.</p>
+
+<p>Al día siguiente el brigadier anunció a su hijo que se marchaba en
+busca de la mamá y que tardaría en volver cuatro o cinco días;
+recomendole con mucho encarecimiento la formalidad durante su ausencia,
+el respeto al ama de llaves, la mesura con los demás criados, la puntual
+asistencia al colegio, el estudio, etc., etc.</p>
+
+<p>&mdash;Aquí llega tu tío Manolo&mdash;dijo viendo entrar a su hermano,&mdash;a quien te
+dejo recomendado: él se encargará de dar una vuelta por aquí todos los
+días y enterarse de cómo sigues y qué tal te portas...</p>
+
+<p>El tío Manolo, que acababa de entrar, era, con mucho, el mejor mozo de
+los tres hermanos. Apesar de sus cuarenta y cinco años, conservaba una
+frescura de cutis y una gallardía de talle que ni en sus mocedades
+habían ellos disfrutado: era un hombre verdaderamente notable por su
+figura: alto como sus hermanos, pero mejor proporcionado, de facciones
+correctas y varoniles, cabello negro y naturalmente rizado, donde apenas
+se advertía aún tal cual hebra de plata, patillas negras también,
+largas, sedosas, el cuello blanco y redondo como el de una mujer, el pie
+menudo y las manos finas y aristocráticas. En honra y gloria de esta
+figura, para regalarla y darla el debido esplendor, había sacrificado D.
+Manuel Rivera todo su tiempo y casi todo su capital. D. Bernardo hablaba
+de él con poco respeto y le trataba con cierto despego: el mismo
+brigadier, aun queriéndole bien, no se mostraba muy impresionado por
+aquella famosísima estampa, y solía reprenderle suavemente algunas cosas
+que llamaba puerilidades. En cambio, su sobrino Miguel le adoraba: ya de
+niño ansiaba volar a él desde los brazos de la nodriza: el tufo de los
+perfumes que gastaba, el roce de aquellas sedosas patillas al besarle, y
+sobre todo, la franca alegría que respiraba, le habían seducido siempre
+y aún le tenían completamente subyugado.</p>
+
+<p>&mdash;Pierde cuidado, Fernando&mdash;dijo gravemente el real mozo.&mdash;Yo haré que
+Miguel cumpla con sus deberes y se porte como una persona formal... Ni
+tú, ni Bernardo&mdash;añadió dirigiéndose a su hermano en tono
+confidencial&mdash;sabéis tratar a los chicos. Bernardo con su rigor
+inoportuno, y tú con tu debilidad, no servís para el caso... Yo hubiera
+sido un gran padre... A los chicos es menester tratarles con
+familiaridad, darles expansión, hablarles como amigos... y cuando llega
+el momento de ponerse serios, se les echa un terno redondo y se les
+dice: ¡c... chico, no hay más remedio que hacer esto!... ¡y se hace!
+¡vaya si se hace!</p>
+
+<p>El brigadier sonrió al oír aquel discurso, y dijo:</p>
+
+<p>&mdash;Bueno, Manolo, tú te encargas de dar algunas vueltas por esta casa y
+vigilar que todo marche bien... Y si quieres y tienes tiempo para sacar
+a Miguel a paseo, sácale...</p>
+
+<p>&mdash;Nada, hombre, pierde cuidado, te digo.</p>
+
+<p>En efecto, el brigadier partió aquella noche para Sevilla dejando a
+Miguel al cuidado de los criados y bajo la vigilancia de su tío. Este al
+día siguiente vino a enterarse de cómo había pasado la noche, y tuvo la
+amabilidad de conducirle hasta el colegio; al dejarlo a la puerta, le
+prometió venir a buscarle y llevarle a almorzar consigo. Y así fue; pero
+en vez de llevarle a la fonda donde alojaba, prefirió irse a almorzar al
+<i>restaurant</i> del Iris. Comieron y bebieron alegremente como dos
+camaradas: el tío puso en práctica su tema pedagógico de la expansión. A
+los postres tenía las mejillas bastante coloradas y hablaba por los
+codos.</p>
+
+<p>&mdash;¿Sabes, Miguel?... Ahora, por la tarde te perdono el colegio. Una
+tarde más o menos importa poco. Vamos a dar un paseíto en coche, que es
+muy higiénico después de almorzar bien... porque hemos almorzado bien;
+¿no es verdad, Miguel? Es lástima que no te encuentres en edad de
+fumar... te daría un cigarro... Pero ya llegarás a allá...</p>
+
+<p>Al levantarse del asiento, Miguel se tambaleó un poco, lo cual hizo reír
+a su tío. Como éste ya no tenía coche, se fueron a casa del brigadier, y
+mandó enganchar el <i>tílbury</i>, y subiéndose a él y poniendo al sobrino a
+su lado, empuñó con muy gentil disposición las riendas, y enderezó los
+pasos del caballo hacia la Casa de Campo. El tío Manolo era uno de los
+primeros mayorales de España; daba lástima que aquellas extraordinarias
+facultades hubiesen quedado tan pronto oscurecidas por falta de materia
+donde aplicarlas. Miguel iba en sus glorias, admirado de ver al tío
+aflojar y recoger las riendas y fustigar al caballo, con tanto arte,
+para ponerle al trote corto o largo, y hacerle revolver en poco espacio.</p>
+
+<p>&mdash;¿Qué tal, Miguel?&mdash;le preguntó muy complacido de aquella
+admiración.&mdash;¿Quién lo entiende mejor, Pedro el cochero o yo?</p>
+
+<p>&mdash;¡Tú!&mdash;contestó el chico con entusiasmo.</p>
+
+<p>&mdash;Pues aún no has visto nada... Guiar con un caballo lo hace cualquiera.
+Mañana pondremos los dos, el Centauro y el Veloz, a la <i>tendée</i>, y verás
+cómo me las sé arreglar.</p>
+
+<p>Desde la Casa de Campo vinieron a dar una vueltecita al Prado. El tío
+Manolo fue enseñando a Miguel los trenes más lujosos y nombrándole sus
+dueños: también le enseñó las bellezas de la corte.</p>
+
+<p>&mdash;¡Guapa mujer esa que acabo de saludar! ¿eh? Es hija de Bustamante el
+banquero...; ligerita..., ligerita!... Allá va la Condesa de
+Fuenteseca... no me ha visto... a la otra vuelta la saludaré... ¡Cuidado
+que se conserva bien esa mujer!... Adiós, Lucía, a los pies de
+V.,&mdash;dijo, quitando el sombrero, a una joven rubia que venía en
+carretela con otras señoras.&mdash;Esa chica que acabo de saludar es
+sevillana y muy amiga de la que va a ser tu mamá... ¡muy romántica!
+¡muy espiritual!... No tiene una peseta, ¿sabes?... Si va en coche, es
+porque la convidan las amigas... De eso hay mucho en Madrid, chico...
+¡Te digo que a este caballo le han estropeado la boca! ¡Ese Pedro!...
+¡ese Pedro!... No sé cómo tu padre se ha encaprichado por él... yo le
+había recomendado otro magnífico que había sido muchos años de
+Villamejor, pero no me ha hecho caso, y ha preferido ese bruto...</p>
+
+<p>Miguel echó una mirada atrás porque estaba seguro de que el lacayo se lo
+iba a contar todo a Pedro.</p>
+
+<p>&mdash;Espérate un poco... ahí viene la Albini...</p>
+
+<p>El tío Manolo saludó a la última moda agitando el sombrero en el aire.
+La blonda y obesa cantante, que venía arrellanada en una carretela, le
+contestó con sonrisa amistosa.</p>
+
+<p>&mdash;Es la primera tiple absoluta del Teatro Real... ¡Una hermosa mujer!...
+y nada arisca... Si te parece, vamos a dar la vuelta para que la veas
+bien...</p>
+
+<p>Y sin más aguardar, hizo revolver al caballo y se puso a seguir el coche
+de la Albini, y en toda la tarde no le perdió de vista. Cuando oscureció
+se fueron a tomar un sorbete al Iris y después a casa.</p>
+
+<p>Al día siguiente no hubo colegio tampoco por la tarde, y salieron en
+coche como habían convenido a la <i>tendée</i>, luciendo el tío Manolo sus
+aptitudes prodigiosas en el Prado. Miguel iba embelesado y orgulloso de
+ver que la gente les miraba mucho. Aquella manera de enganchar los
+caballos era todavía rara y un poco peligrosa no contando con jacas
+amaestradas. Por la noche el tío le llevó al Teatro Real a un palco que
+tenían abonado entre varios amigos, le presentó a todos ellos y fue muy
+besuqueado y obsequiado de dulces. El tío desapareció del palco durante
+un acto, y Miguel supo por los amigos que debía de estar en el cuarto de
+la Albini. En efecto, al cabo de una hora vino muy sonriente y
+satisfecho y sufrió con alegría la matraca que sus amigos le dieron por
+haber dejado al sobrino abandonado. Al otro día después de paseo le
+llevó a casa de unos amigos, donde se ensayaban hacía ya tiempo dos
+actos de ópera que debían cantarse y representarse en el cumpleaños de
+la señora. Esta era una gran música y tocaba el piano admirablemente; de
+voz andaba tal cual. Su hija la tenía penetrante y bastante
+desagradable, pero sabía cantar. El Sr. de Trujillo, esposo y papá
+respectivamente de las mencionadas damas, intendente de ejército, ni
+tenía voz ni sabía cantar, pero cantaba. Había otra porción de
+tertulianos que con las mismas disposiciones para el arte musical que el
+intendente, se habían prestado a tomar parte en la función. Entre todos
+ellos descollaba como la robusta encina en bosque de madroños, el tío
+Manolo. Miguel pudo convencerse en seguida de que era el gallo de la
+quintana. Rivera para aquí, Rivera para allí, Rivera esto, Rivera lo
+otro, en todas partes hacía falta y para todo se le consultaba. ¡Cómo
+no, si sabía casi tanta música como la intendenta y poseía una voz
+aceptable de tenor! Así que de hecho él era el director de la fiesta,
+por más que aquella lo fuese de derecho.</p>
+
+<p>Se iba a cantar un acto de la <i>Lucía</i>, de Donizetti, y otro del
+<i>Coradino</i>, de Rossini. Los ensayos hacía ya mas de tres meses que
+habían comenzado; todo el invierno había estado el tío Manolo
+preguntando a la intendenta: «<i>¿Son tue cifre? A me risponde</i>,» y
+contestándole aquélla con voz temblona «<i>Siii.</i>» Apesar de eso no salía
+bien; y era porque las partes secundarias no lo tomaban con la misma
+afición y calor que las primeras. Los coros de ambos sexos,
+particularmente, estaban rematados; cada cual por su lado. En vano la
+intendenta ponía mala cara a las señoritas que la secundaban y les
+dirigía de vez en cuando alguna pulla amarga: en vano el tío Manolo, con
+más paciencia y amabilidad, hacía repetir infinitas veces los pasajes
+difíciles. Nada; las señoritas y señoritos que componían la reunión,
+tomaban aquellos ensayos como pretexto para verse todas las noches y
+decirse recaditos y ternezas; y cuando por indicación de Rivera se
+colocaban los varones frente a las hembras a los dos lados del piano,
+había un fuego graneado de miradas y señas que ardía Troya; la
+intendenta estaba dada a los diablos.</p>
+
+<p>Cuando la tertulia pareció mostrar interés fue al hablarse de los
+trajes. Comenzaron con calor los preparativos de indumentaria; las
+coristas encargaron vestidos riquísimos a París y se retrataron con
+ellos: los caballeros también fatigaron a los sastres con menudencias
+impertinentes. Todo esto era motivo de indignación para la intendenta.
+«De trapos muy bien&mdash;solía decir con amargura;&mdash;pero de música están VV.
+tan desnudos como su madre los parió.» El tío Manolo lo tomaba con más
+filosofía, sobre todo en lo que tocaba a las señoritas. La intendenta no
+estaba lejos de sospechar que también él andaba metido en alguna de
+aquellas intrigas amorosas que se urdían descaradamente en su salón.</p>
+
+<p>Se hicieron en éste algunas reformas necesarias para el caso, esto es,
+se construyó en uno de los extremos un bonito escenario. El tío Manolo,
+a quien se le alcanzaba también algo de pintura, bosquejó dos
+decoraciones bastante regulares. La de la ópera de Rossini representaba
+las inmediaciones de un castillo feudal, donde habitaba aquel señor que
+aborrecía las mujeres; a la puerta había un gran letrero que decía: <i>Il
+feroce Coradino odia il sexo feminino</i>. La de la obra de Donizetti
+representaba el salón de un palacio; en el fondo tenía una plataforma
+para que se viese bien al tenor cuando entrase a pedir cuentas de la
+perrada que su novia le estaba haciendo y causara su aparición más
+efecto. El escenario tenía una puerta al foro que daba al gabinete de la
+casa; por la puerta de escape de la alcoba habían de salir los artistas
+a vertirse en las habitaciones que se les había destinado.</p>
+
+<p>Todo esto vio Miguel con asombro y deleite. Su tío le llevó varios días
+al ensayo y le iba explicando minuciosamente lo que cada objeto del
+diminuto teatro significaba y para lo que servía. Los futuros
+intérpretes de Rossini y Donizetti le agasajaban mucho; pero una cosa no
+podía sufrir con paciencia, y era que todos al besarle o darle
+afectuosas palmaditas en el rostro le mostrasen compasión.&mdash;¿Dónde
+tienes a papá?&mdash;En Sevilla, contestaba él.&mdash;¿Y qué fue a hacer a
+Sevilla? le preguntaban sonriendo. Miguel se encogía de hombros.&mdash;¿No
+fue a buscarte una mamá? Él se callaba. Entonces le daban un beso y
+volviéndose a los demás exclamaban por lo bajo:&mdash;¡Pobrecito! Estas
+exclamaciones le inquietaban un poco; mas al instante se disipaba la
+mala impresión. Aquellos días su tío le traía sumamente divertido; al
+colegio por la tarde ya no había vuelto; después de almorzar en casa o
+fuera, al paseo, al casino, donde veía a tío Manolo jugar una partida de
+carambolas, algunas veces a los toros y por la noche al ensayo o al
+teatro. El ama de llaves le decía sacudiendo la cabeza con
+disgusto:&mdash;¡Buena vida te estás dando, Miguelito! ¡No sé en qué pararán
+estas misas!&mdash;El brigadier hacía ya más de ocho días que se había ido y
+no daba noticia del retorno. En casa del tío Bernardo no había vuelto a
+poner los pies; sin duda la antipatía, o por mejor decir, el miedo que
+aquél inspiraba a tío Manolo era la causa principal de este alejamiento.
+Sin embargo, una tarde vino Enrique a convidarle a comer de parte de sus
+papás y fue muy recriminado de toda la familia por su ingratitud.</p>
+
+<p>Llegó por fin el cumpleaños de Anita; así llamaban los amigos a la
+intendenta apesar de hallarse ya cerca de los cuarenta y no poder
+revolverse de gorda. Desde las primeras horas de la mañana tío Manolo
+anduvo tan diligente y afanoso, que no pudo el sobrino echarle la vista
+encima hasta que vino a decirle que a las siete volvería por él. Y en
+efecto, antes que fuesen sonadas se presentó a buscarle y con el bocado
+en la boca le llevó a casa de Trujillo. Si inquieto y preocupado andaba
+el tío Manolo, no lo estaba menos la intendenta; a más del temor natural
+de que se desluciesen por culpa de los otros sus reconocidas y acatadas
+facultades de cantante, el negocio de las invitaciones le daba mucha
+guerra; para no agraviar a ninguna se habían convidado más personas de
+las que cabían en el salón; cuando empezó a llegar la gente hubo algunos
+disgustos; varias señoras se vieron obligadas a quedarse de pie por
+falta de asiento y algunas se marcharon muy desabridas antes de comenzar
+la fiesta. ¡Buenos irían poniendo a los Trujillo! Para que no ocupase
+silla, tío Manolo llevó a Miguel al escenario. No le pesó de ello; al
+contrario, los preparativos, el trajín de los artistas, las voces, las
+risas le llenaban de gozo. Cuando comenzaron a llegar de los cuartos
+perfectamente disfrazados todos aquellos señores y señoras, tardó en
+reconocerlos; al pasar por delante de él le preguntaban acariciándole la
+cara:&mdash;¿Me conoces, Miguelito?&mdash;Y él, después de mirarlos con atención,
+decía:&mdash;Sí, Fulano&mdash;y esto le causaba un vivo placer. Pero el que le
+dejó confuso, absorto y entusiasmado fue tío Manolo vestido de señor
+feudal; llevaba botas de ante amarillo que le llegaban hasta los muslos
+y el cuerpo ceñido con loriga que brillaba como un espejo; el casco era
+enorme y asombroso por la cantidad de águilas, grifos y dragones y otros
+animales emblemáticos que le adornaban; la barba le llegaba casi hasta
+la cintura, y hasta el medio de la espalda los cabellos. Finalmente, en
+esto, como en todo lo demás, se reconocía el gusto y la esplendidez de
+Rivera.</p>
+
+<p>Su aparición causó mágico efecto en el auditorio y fue saludado con una
+salva de aplausos. También a la intendenta se la aplaudió al salir. El
+acto de <i>Coradino</i> fue un triunfo para ambos: tío Manolo <i>dijo</i> su aria
+de salida admirablemente, según dos o tres <i>dilettantti</i> sietemesinos
+que allí se encontraban, y eso que era difícil de <i>vocalizar</i>; era
+precisamente el fuerte de Rivera; no tenía gran voz, pero vocalizaba
+perfectamente. Donde la intendenta le llevó mucha ventaja fue en la
+mímica: Anita era una consumada actriz, mientras el tío Manolo se movía
+poco y con trabajo en la escena. El acto de <i>Lucía</i> comenzó igualmente
+muy bien: los coros, contra lo que se esperaba, estuvieron bastante
+acertados: Rivera dijo sus primeras frases de indignación con buen
+éxito: el concertante tampoco salió mal. Mas al terminarse el acto,
+cuando el célebre <i>¡Ah maledetto!</i> del tenor, el tío Manolo tuvo la
+desgracia de soltar un gallo. Nunca había dado las notas altas muy
+claras y las temía mucho. En el auditorio se levantó un leve murmullo,
+al cual siguió un estrepitoso aplauso en testimonio de simpatía y
+perdón. Rivera, sin embargo, se desconcertó completamente y cantó lo que
+quedaba rematadamente mal. En cambio la intendenta apretó de firme,
+sobre todo en la declamación: al echar los brazos al cuello a Rivera
+para retenerle, estuvo inimitable. Cuando bajó el telón, tío Manolo,
+desesperado, saltándosele las lágrimas, agitó los puños contra el suelo
+exclamando:</p>
+
+<p>&mdash;¡Infame tierra! ¿por qué no te abres y me tragas?</p>
+
+<p>Miguel, que presenciaba el espectáculo desde los bastidores, se conmovió
+profundamente al ver el dolor de su tío.</p>
+
+<p>Así terminó la ópera casera. Al día siguiente tío Manolo, cuando fue a
+visitarle, estaba muy triste y avergonzado y no tuvo humor para sacarle
+a paseo. El brigadier no acababa de anunciar su salida: sin embargo, se
+sospechaba que no tardaría en llegar. Para acabar de ponerle de mal
+humor, el tío Manolo recibió una carta del director del colegio
+noticiándole que Miguel se descuidaba mucho en sus estudios hacía ya
+algunos días. Esto ocasionó una muy fuerte desazón entre tío y sobrino.</p>
+
+<p>&mdash;¡Mira, mira, majaderillo, lo que me dice el director!&mdash;exclamó lleno
+de cólera.&mdash;¿Es ésta manera de portarse? ¿Qué dirá tu padre cuando venga
+y lo sepa? ¿Para eso procuro yo que te diviertas?...</p>
+
+<p>El fuerte de tío Manolo no era la lógica: porque procurar que se
+divierta un chico no es procurar que estudie. Bien lo comprendió Miguel,
+pero no quiso contestarle conociendo su carácter arrebatado: además, no
+le convenía ponerse mal con él.</p>
+
+<p>&mdash;¡Chiquillo! ¡Tontuelo! ¡Ponerme a mí en berlina de esta manera!...
+¡Vaya un modo decente de corresponder a mis condescendencias!... Nada,
+si con estos chicos es mejor ser malo que bueno... ya me voy
+convenciendo de eso... ¡El palo, el palo... esto es lo único que
+respetan!... ¿A que no harías esto con tu tío Bernardo si él se hubiese
+encargado de ti?... ¡Hombre, me parece que si fueses hijo mío te rompía
+el trasero a azotes en este momento!</p>
+
+<p>Miguel aguantó el chubasco con la cabeza baja y sin chistar. Y ya que se
+hubo bien desahogado tío Manolo se marchó dando un gran portazo.</p>
+
+<p>Pero al otro día vino tan risueño como si tal cosa, salieron juntos a
+paseo y por la noche le llevó al cuarto de la Albini. Todavía disfrutó
+el hijo del brigadier otros cuatro o cinco días de vida regalona, porque
+su tío no volvió a acordarse de mandarle estudiar más que del santo de
+su nombre; al cabo llegó carta de Sevilla anunciando la salida del
+brigadier y su nueva esposa, y las cosas tomaron repentinamente un
+aspecto más serio. Por convenio expreso entre ambos, Miguel había de ir
+por la mañana a buscar a su tío con la carretela, y desde la fonda irían
+a esperar a los viajeros.</p>
+
+<p>Cuando subió a la fonda a eso de las siete, tío Manolo comenzaba a
+aderezarse, en cuya grave y prolija ocupación no gustaba de que nadie le
+turbase. Sin embargo, Miguel logró entrar en el cuarto y se sentó
+respetuosamente en una silla a esperar que se diese por terminada. El
+negocio no era tan fácil y expedito como a primera vista parecía: el Sr.
+de Rivera había sido siempre extremadamente escrupuloso en el lavado,
+planchado y demás artes decorativas; gustaba asimismo de que todas las
+prendas que usaba le viniesen como anillo al dedo; cualquier
+discrepancia en esta materia conseguía alterarle la bilis. Cuando Miguel
+entró estaba vivamente satisfecho porque los pantalones que estrenaba le
+habían salido muy bien. Dio tres o cuatro vueltecitas taconeando por el
+gabinete, y parándose delante del espejo, dijo:</p>
+
+<p>&mdash;¿Qué tal, Miguel, te gustan estos pantalones?</p>
+
+<p>Miguel no entendía casi nada, pero contestó afirmativamente.</p>
+
+<p>&mdash;Yo creo&mdash;manifestó Rivera con voz conmovida&mdash;que son los que mejor me
+ha sacado Utrilla hasta ahora... Y el género es muy rico... inglés
+legítimo... tócalo, haz el favor de tocarlo...</p>
+
+<p>Miguel le dio un pellizquito al paño y dijo que sí, que era bueno.</p>
+
+<p>&mdash;¡Doce duros, amiguito!&mdash;Y viendo que el sobrino le miraba sin
+comprender, repitió:</p>
+
+<p>&mdash;Que me han costado doce duros como doce soles... Pero chico, qué
+quieres, cuando las cosas salen bien, doy por bien empleado el dinero...
+Lo triste es darlo cuando salen mal... ¡La verdad, se ha portado el
+amigo Utrilla! Y que no hay otro pantalón en Madrid igual... Es el único
+que ha venido de este dibujo...</p>
+
+<p>Lo decía en un tono que rebosaba de alegría, moviéndose delante del
+espejo y dando pataditas en el suelo. Después se puso a silbar <i>La donna
+e móvile</i> y se fue a la alcoba a buscar la camisa que ya tenía preparada
+sobre la cama. Pero la camisa no logró satisfacerle como el pantalón; la
+pechera hacía bomba y el cuello estaba poco descotado. Después de
+mirarse gravemente al espejo muchas veces y de procurar arreglarla
+tirando de ella hacia abajo, el tío Manolo soltó un terno y echó una
+mirada feroz a Miguel. En seguida, procurando refrenarse, sin poder
+conseguirlo, exclamó por lo bajo y sonriendo forzadamente:</p>
+
+<p>&mdash;¡A que no me visto hoy, Miguelito!</p>
+
+<p>Pero éste, en vez de contestar a la sonrisa con otra, permaneció muy
+serio y asustado adivinando la tempestad que hervía debajo de tales
+palabras. En efecto, Rivera no tardó en murmurar una blasfemia
+espantosa. Estaba muy pálido y se le había formado un círculo oscuro en
+torno de los ojos.</p>
+
+<p>&mdash;Oyes, Miguelito, ¿quieres hacerme el favor de salirte a la
+sala?&mdash;dijo a su sobrino en un tono almibarado, pero muy sospechoso.</p>
+
+<p>Miguel se apresuró a escapar del gabinete. No tardó en oír fuertes
+trastazos, acompañados de vivas interjecciones, paseos y un resuello
+lúgubre de malísimo agüero. Al fin todo quedó en silencio, y curioso de
+saber en qué consistía, miró por la rendija de la puerta, y vio a su tío
+sentado en una butaca, en mangas de camisa, hundida la cabeza en el
+pecho, el pelo caído por la frente en la más triste y desesperada
+actitud que nadie pudiera imaginarse. Después de permanecer algunos
+minutos en tal estado, vecino de la locura, vio que se levantaba, y con
+cristiana resignación sacaba del armario la tercer camisa, y después de
+meterle los botones, se la ponía dando un profundo suspiro. Al cabo de
+un cuarto de hora, concluida su tarea, salió del gabinete serio,
+tranquilo, un poco pálido, como sucede siempre después de las grandes
+crisis. Al encontrarse sus ojos con los de Miguel, sonrió avergonzado. A
+éste le acometieron aquellas malditas ganas de reír que tanto daño le
+causaron, y no faltó mucho para echarlo todo a perder. Por fortuna
+consiguió refrenarlas.</p>
+
+<p>Encamináronse lo más pronto posible al parador de la silla de posta, que
+no tardó en llegar. Abrió la portezuela el tío Manolo, y se apresuró a
+dar la mano a su cuñada, que saltó en tierra con mucha compostura y
+elegancia. El brigadier, después de abrazar a su hijo, lo presentó a su
+nueva mamá, quien le dio un beso en la mejilla, reparando poco en él.
+Era una mujer hermosa, alta, maciza de carnes, el rostro blanco y
+ovalado, negros y grandes los ojos, pestaña larga, cabello castaño
+tirando a rubio, derecha de espaldas y cogida de cintura, gallarda y
+briosa en sus movimientos y un tantico soberbia. Miguel entendió que no
+había visto nunca nada tan bello, y la expresó su rendimiento mirándola
+hasta comérsela con los ojos. Terminados los saludos y las preguntas que
+en casos tales suelen repetirse bastante, se entraron los cuatro en la
+carretela. Sentose la dama en el fondo a la derecha, y el brigadier a su
+lado: Miguel y el tío Manolo se acomodaron enfrente. Comprendiendo el
+buen efecto que en su hijo había causado la mamá que le traía, el
+brigadier iba muy complacido y estaba harto locuaz; mucho más de lo que
+acostumbraba. El tío Manolo, por cierto instinto de coquetería que jamás
+le abandonaba, hacía esfuerzos por mostrarse agudo y chistoso delante de
+su cuñada, y la abrumaba a galanterías.&mdash;«Ángela, ¿te molestan las
+ventanillas abiertas?&mdash;la decía llamándola por su nombre y tuteándola
+ya.&mdash;¿Quieres que cerremos ésta de la derecha? ¿Llevas los pies fríos?
+Dame acá esa sombrilla. Échate hacia atrás, que irás más cómoda.» La
+hermosa dama contestaba a estos homenajes con leves sonrisas no exentas
+de displicencia.</p>
+
+<p>&mdash;Vamos, Miguel&mdash;dijo el brigadier.&mdash;¿No te parece mejor tu mamá que el
+retrato?</p>
+
+<p>Miguel, ruborizado y gozoso, contestó que sí con la cabeza.</p>
+
+<p>&mdash;De modo que votas a mi favor, ¿verdad?&mdash;le preguntó la nueva
+brigadiera con gracioso acento andaluz.</p>
+
+<p>Miguel, avergonzado, no se atrevió a contestar.</p>
+
+<p>&mdash;¡Ya lo creo que vota!&mdash;respondió por él su padre.&mdash;Y está dispuesto a
+hacer todo lo que esté de su parte por que le quieras mucho. ¿No es
+verdad que serás siempre obediente a tu mamá, y no la darás ningún
+disgusto?</p>
+
+<p>El muchacho afirmó otra vez con la cabeza.</p>
+
+<p>&mdash;Vaya, dala un beso ahora.</p>
+
+<p>Miguel fue muy gustoso a besarla en la mejilla, pero en aquel instante
+la dama sacó la cabeza por la ventanilla para ver los edificios de la
+Puerta del Sol, mientras le tendía su mano enguantada. El niño,
+obedeciendo a un signo de su padre, la tomó entre las suyas y la besó.</p>
+
+<p>Al llegar a casa volvió el tío Manolo a ayudarla a saltar del coche y
+ofrecerla caballerosamente su brazo para subir la escalera. El brigadier
+y su hijo marchaban detrás.</p>
+
+
+
+<h3><a name="Va" id="Va"></a>V</h3>
+
+
+<p>Aquella hermosa señora que estusiasmó a Miguel, era hija de una familia
+sevillana, tan necesitada de bienes de fortuna como rica en timbres y
+blasones. Había tenido innumerables admiradores, algunos novios y casi
+ningún pretendiente. Los hombres en esta edad prosaica rara vez se
+vuelven locos por amor; y locura era casarse con Ángela Guevara no
+poseyendo mucho dinero y buenos deseos de gastarlo: porque esta joven
+esclarecida, educada en la adoración de su estirpe, tenía de ella tan
+alto concepto y tan pagada estaba igualmente de su belleza, gallardo
+ingenio, despejo y gentileza, que ningún palacio consideraba bastante
+suntuoso, ningún trono suficiente elevado para contener y soportar tal
+suma de perfecciones. Su entrada en los teatros y paseos de Sevilla
+levantaba siempre un murmullo de admiración en la gente: los forasteros
+se apresuraban a preguntar a los naturales:&mdash;¿Quién es esa joven?&mdash;¿Le
+gusta a V., verdad?&mdash;solían contestar chuscamente,&mdash;pues tenga V.
+cuidado, porque es de mírame y no me toques.&mdash;Y era cierto: la noble
+doncella pasó bastantes años (hasta alcanzar casi los treinta), sin que
+nadie se atreviese más que a mirarla: era una soberbia figura
+decorativa, el mejor ornamento quizá, exceptuado la Giralda, de la
+ciudad que baña Guadalquivir famoso; pero como aquélla, ni los ingleses
+siquiera osaban llevársela.</p>
+
+<p>Y así se hubiera estado la pobre hasta desmoronarse, a no haber
+arribado, en comisión del servicio, el brigadier Rivera. Ángela había
+llegado en materia de novios a un escepticismo desconsolador: tanto la
+habían requebrado con la vista y con la lengua sin ulteriores
+consecuencias, que concluyó por imaginar que el amor era un frívolo
+entretenimiento para no aburrirse en las tertulias, y el marido (el
+suyo, por supuesto) un ser hipotético, una incógnita imposible de
+despejar. Así, cuando el brigadier, rendido a tanta hermosura, se
+resolvió a pedir su mano, entregola apresuradamente como si fuera un
+peso que la molestase: y no reparó en la diferencia de edad, ni en la
+figura quijotesca del pretendiente, ni en la viudez, ni en el hijo que
+estaba allá por Madrid: todo era nada comparado con el magno problema
+que se resolvía: casarse y vivir con boato en la corte. Sevilla entera
+se alegró; dio un suspiro de descanso, exclamando: ¡Al fin la hemos
+casado!</p>
+
+<p>Aquí dan comienzo las desdichas del héroe de nuestra historia. Tan
+pronto como la noble doncella andaluza pisó los umbrales de la casa de
+Rivera, tomó las llaves de los armarios y se encargó de su dirección,
+tuvo a bien arrojarle el guante. No se detuvo en melindres hipócritas,
+ni preparó el terreno, ni dejó trascurrir siquiera el tiempo de
+cortesía, como hacen la mayor parte de las madrastras; desde el primer
+momento reveló que Miguel no le agradaba y le declaró la guerra; por lo
+menos tuvo el mérito de la franqueza. Aquél tardó bastante tiempo en
+recoger el guante. La impresión que su nueva mamá le había producido era
+demasiado grata para que se borrase fácilmente; pensó que se entraba un
+ángel del cielo por su casa. Pronto se hubiera trocado la admiración en
+amor, si la gentil señora le hubiese tendido su mano protectora. Pero no
+fue así: la nueva brigadiera rechazó indignamente la fija mirada de
+adoración que Miguel tenía como muda caricia posada constantemente sobre
+ella. En vez de agradecerla y de sentirse lisonjeada, comenzó a exclamar
+ásperamente en presencia de los criados: «¿Por qué me mirará tanto este
+niño?» Miguel no comprendió en un principio que su madrastra le daba
+calabazas. Su inteligencia infantil no podía darse cuenta de que un ser
+tan hermoso aborreciese a quien no le había hecho ningún daño, y
+persistió cándidamente en su amor platónico. Mas a la postre no tuvo más
+remedio que percibir que se le declaraba la guerra, ¡guerra bien injusta
+por cierto, y bien desigual! Sintió las espinas de aquella rosa
+espléndida, y quedó confuso y apenado. Era un temperamento muy nervioso
+el suyo; no cabía en él la indiferencia: o amaba o aborrecía. Por eso,
+pasada la sorpresa, sin buscar la razón de tal antipatía, trocose presto
+su amor en odio. Y a los pocos días la brigadiera Ángela, si quiso, pudo
+observar que los ojos de Miguel no expresaban ninguna clase de
+adoración.</p>
+
+<p>Encendiose más con esto la mala voluntad de aquélla; la guerra estalló
+con todos sus horrores, sin tregua y sin cuartel. Si Miguel salía de
+paseo con el lacayo, los ojos penetrantes de la andaluza siempre
+descubrían a la vuelta en su traje alguna mancha, algún <i>siete</i> mal
+recosido por una sirviente piadosa:&mdash;«¡Jesú, qué niño ma susio y ma
+revoltoso! ¿Qué dirá la gente que le vea? Dirá que yo le abandono y le
+dejo andar hecho un pordiosero. ¡Es una vergüensa!» Si se quedaba en
+casa y jugaba con los criados, la señora se ponía furiosa, le dolía la
+cabeza, hablaba de la bajeza de sentimientos que el muchacho revelaba,
+allanándose a estar siempre entre la servidumbre, e increpaba duramente
+al brigadier porque <i>no sabía educar a su hijo</i>. Si, por complacer a su
+padre, tomaba la resolución de estarse quieto y sentadito en una silla
+toda la tarde, esto era lo que no podía ver <i>el pasmo de
+Sevilla</i>:&mdash;«¡Jesú qué niño tan posma! ¡Siempre en las mismitas faldas de
+una, mirándolo todo, observándolo todo!... ¡Ay, qué fatiga!»</p>
+
+<p>Ni era fácil, como se ve, que le diese gusto en nada. El brigadier
+padecía mucho con esta injustificada aversión y procuraba mitigarla, sin
+resultado alguno. Necesitábase la pasión loca que su mujer le había
+inspirado y su carácter pacífico, para que algunas veces no hubiese un
+escándalo en casa. Los parientes, en cuanto se hicieron cargo de lo que
+pasaba, mostraron mucho disgusto. El más indignado fue tío Manolo:&mdash;«¡El
+día que vea a esa <i>petenera</i> tratar mal a mi sobrino&mdash;había dicho en
+cierta casa,&mdash;como no se tape las orejas con cera va a escuchar cosas
+muy lindas!» Y pasó como había previsto. La brigadiera, que no se
+recataba de nadie para hacer lo que se le antojaba, reprendió agriamente
+a Miguel en presencia suya, y entre otros insultos cometió la ligereza
+de llamarle <i>mala casta</i>. Oír esto y volverse loco tío Manolo, fue todo
+uno; por milagro no acabó allí mismo con su cuñada. Así y todo la agarró
+fuertemente por el brazo, y soltando tres o cuatro ternos seguidos, le
+escupió más que le dijo: «Oyes tú, grandísimo pendón; su casta es mejor
+que la tuya siete mil veces... ¿Qué hubiera sido de ti si no te hubieras
+casado con el calzonazos de mi hermano? ¿Así pagas el bien que te ha
+hecho, insultándole a él y a todos nosotros?... ¡Pues mira, chica, que
+el porvenir de tu casta hubiera sido lucido como hay Dios!... Estabais
+con el agua al cuello, más pobres que las arañas, ¿y todavía vienes
+echando fieros?... ¡Si le digo a V., hombre, que es morirse de risa!...
+¡Vaya un hermano babieca que tengo!... ¡Babieca!... ¡Más que
+babieca!...»</p>
+
+<p>La brigadiera, respuesta al instante del susto, se revolvió airada y le
+vomitó tres o cuatro insultos feroces, y después tuvo por oportuno
+desmayarse. Tío Manolo salió del gabinete batiendo las puertas y
+soltando juramentos. Encontrose en la escalera a su hermano, y
+encarándose con él, le dijo: «¡Parece mentira que con esos bigotazos te
+traiga alineado la cursilona de tu mujer! ¡El día que vuelva a poner los
+pies en tu casa, que me entierren vivo!»</p>
+
+<p>Y sin aguardar la respuesta del atónito brigadier, bajó en cuatro saltos
+la escalera y desapareció.</p>
+
+<p>La bella andaluza logró al cabo de poco tiempo indisponerse con todos
+los parientes de su marido, y lo que es más grave, que éste apenas se
+tratase con ellos. En cambio comenzaron a frecuentar la casa bastantes
+miembros de la colonia sevillana amigos de la familia Guevara: la
+mayoría señoras y señoritas. Entre estas últimas la más íntima y asidua
+fue Lucía Población, aquella joven rubia que D. Manuel de Rivera saludó
+en el Prado llevando a Miguel en su compañía. Los pormenores biográficos
+que había dado a su sobrino eran exactos.</p>
+
+<p>Lucía no tenía fortuna; vivía atenida a una pensión que el Estado le
+pagaba por haber sido su padre regente de la Audiencia de Puerto Rico.
+Relacionada y aun emparentada por su madre con varias familias
+aristocráticas de Sevilla y Madrid, disfrutó, aunque sin poseerlo, del
+bienestar y esplendor que el dinero procura. Desde que había quedado
+huérfana de padre, sus ricos parientes habían tenido la amabilidad de
+invitarla a comer con frecuencia y llevarla al teatro y al paseo. A los
+diez y siete años perdió también a su madre y fue recogida por los
+Marqueses de Cisneros, sus parientes más próximos establecidos en
+Madrid. Como Lucía era una joven hermosa, discreta y bien educada, y
+como por otra parte contaba con diez o doce mil reales de orfandad, fue
+carga muy liviana para aquellos señores, que sólo tenían dos hijos y
+gozaban buena renta. Había sido en Sevilla muy íntima de la familia
+Guevara, y en particular de Angelita, por más que ésta la aventajase en
+edad siete u ocho años lo menos. Enfriadas un poco las relaciones por la
+separación, volvieron a calentarse tan pronto como se encontraron en
+Madrid. Al poco tiempo de llegar Ángela, su amiga apenas salía de casa
+sino para dormir; ni al paseo, ni al teatro, ni a misa siquiera dejaban
+de salir juntas.</p>
+
+<p>Era Lucía una rubia de las dichas vulgarmente vaporosas; ojos azules y
+claros y un poco húmedos, tersa y blanca la frente, los cabellos como
+madejas de oro, las cejas perfiladas en arco, algo aguileña, el talle
+fino y esbelto, el rostro alegre y muy apacible. Formaba su hermosura
+dichoso contraste con la de la brigadiera; quizás fuera este el
+fundamento más sólido de su amistad. También se diferenciaban
+notablemente en el humor. Ángela era desdeñosa, irascible, absolutamente
+incapaz de enternecerse, amiga de los placeres de la mesa sobre todos
+los demás. Lucía era romántica, llorona, con ribetes de literata, amiga
+de contar los sueños y los presentimientos, muy habladora, astuta y
+zahorí para explicar los misterios y laberintos del corazón; apenas
+comía. De tal diversidad de cuerpo y espíritu nacía el acuerdo que
+entre ellas existía. Ángela mandaba sobre Lucía, pero a condición de
+escucharla, lo cual no le costaba trabajo; ejercía sobre ella un cierto
+protectorado maternal. Lucía en sus adentros compadecía a su amiga por
+estar tan ignorante de los inefables deleites de la poesía y del amor, y
+en este mutuo aprecio y desprecio vivían ambos genios acordados y
+tranquilos.</p>
+
+<p>Lucía notó en seguida la antipatía de su amiga por el hijastro, y trató
+de vencerla suavemente; pues no hallaba fundamento para ello. Recordaba
+Miguel después de hombre que la belleza de esta señora no le había
+impresionado como la de su madrastra; mas el cariño que le mostró y su
+carácter afable y expansivo, concluyeron, no obstante, por seducirle. Un
+día, recién casado su padre, charlaban las dos amigas mientras él jugaba
+en un rincón; debía referirse la conversación a su persona, porque ambas
+le miraban a menudo, la mamá con ojos severos y desdeñosos, Lucía con
+dulzura.</p>
+
+<p>&mdash;Ven acá, Miguelito&mdash;le dijo ésta de pronto. Miguel acudió al
+llamamiento. La amable señorita le hizo unas cuantas preguntas de poca
+sustancia, y cogiéndole después por la barba y mirándole fijamente, dijo
+como si atase el hilo a una conversación empezada:</p>
+
+<p>&mdash;¡Pues no es feo este chico, Ángela!</p>
+
+<p>La brigadiera calló. Miguel, que tenía ya más penetración de lo que se
+figuraban, comprendió que había estado su rostro sobre el tapete, y
+agradeció toda su vida a la blonda sevillana esta buena opinión.</p>
+
+<p>Otra vez su nueva mamá, cuya antipatía fue siempre en aumento, le
+castigó por haber roto con la pelota un juego de tocador que le habían
+regalado en su boda. Dejolo encerrado en el cuarto ropero con orden a los
+criados de que bajo ningún pretexto le diesen de merendar, y se fue de
+visita con su marido. Llegó al poco rato la señorita de Población, y
+enterándose de que no había nadie en casa más que Miguel, y éste sumido
+en oscura mazmorra, tuvo a bien sacarle de ella, apesar de las
+advertencias de las doncellas, que temían a su señora más que al mismo
+demonio. Llevolo al comedor, hizo que le diesen de merendar y le
+acarició y agasajó cortesísimamente. De este y otros favores fue Miguel
+deudor a esta dama durante su permanencia en la casa paterna, y siempre
+se los tuvo muy en cuenta.</p>
+
+<p>A la brigadiera se le había metido en la cabeza casar a su amiga, y
+casarla ventajosamente. Como Miguel era muy niño y no se recataban de
+él, pudo oír varias conversaciones acerca de este punto y hasta percibió
+alguna vez el nombre del novio que su mamá proponía. A todos los
+encontraba la amable señorita poco adecuados; juraba y perjuraba que
+sólo se casaría cuando hallase el marido que había visto en sueños o al
+menos el que más se le pareciese. A esto contestaba la brigadiera que no
+fuese tonta, que todo era música celestial y que lo importante era
+casarse con un hombre capaz de mantenerla en la categoría y con el
+bienestar que había disfrutado siempre. Digamos que la vaporosa rubia no
+echó en saco roto los consejos de su buena amiga y aun que supo
+aprovecharlos. Pero esto se verá más adelante.</p>
+
+<p>Al año de casarse el brigadier diole su esposa, como fruto de bendición,
+una hermosa niña que se bautizó con el nombre de Julia: fue refuerzo de
+desgracia para el pobre Miguel, aunque de modo inocente. Como astro de
+primera magnitud, oscureció a los demás seres racionales e irracionales
+de la casa, y pasó a ser el centro de todas las miradas y atenciones, y
+el tema de todos los discursos. En los días que siguieron a su
+nacimiento Miguel vivió completamente ignorado, haciendo lo que bien le
+placía, gozando una calma dichosa. Por desgracia, duró poco. Las negras
+pupilas de la brigadiera no tardaron en caer de nuevo sobre él, y detrás
+de aquellas pupilas se agitaba ahora un pensamiento tan egoísta y
+mezquino como acorde con nuestra flaca naturaleza. Aquel chicuelo que
+tenía delante iba a privar a su hermosa y adorada hija de una mitad de
+fortuna, por lo menos. Este pensamiento, siempre fijo, siempre presente
+en el cerebro no muy sólido de la brigadiera, llegó a exasperarla a tal
+punto, que convirtió la casa muy pronto, de monarquía absoluta, pero
+discreta, que era, en feroz e insufrible despotismo. El mismo brigadier,
+que tenía a mucha honra no haberse pronunciado jamás contra las
+instituciones vigentes, estuvo a pique de sublevarse con toda la
+guarnición, representada por Miguel y tres o cuatro criados antiguos. Y
+como la soga quiebra siempre por lo más delgado, la guarnición padeció
+más en este lance que su digno jefe. Después de frecuentes combates,
+emboscadas, escaramuzas y hasta batallas campales en que la brigadiera
+dio pruebas de ser consumada estratégica, muy superior por cierto a su
+marido, que no pasaría jamás de mediano general de división, a los tres
+fieles y antiguos servidores se les dio la absoluta, y a Miguel...
+también se la dieron. Veamos de qué modo.</p>
+
+<p>Tenía Julita dos años, poco más o menos. Era una niña encantadora, que
+se reía hasta desternillarse cuando caía cualquier objeto al suelo, y
+decía ya papá y mamá correctamente y con propiedad. Al mismo tiempo
+demostraba felices y excepcionales disposiciones para la música clásica.
+Cuando su padre entonaba con vozarrón de sochantre el aria de bajo de
+<i>Lucrezia Borgia</i> o la serenata de <i>Fausto</i>, la niña se enternecía,
+empezaba a hacer pucheritos, y concluiría por llorar frenéticamente, si
+antes no diese la brigadiera la voz preventiva de: «¿Quieres callarte,
+Fernando?»</p>
+
+<p>No es posible negar, sin embargo, que Julita profesaba algunas ideas
+equivocadas acerca del régimen gramatical y del valor de las palabras.
+Por ejemplo, ¿qué razón podía tener para llamar a la carne <i>chicha</i> y a
+la niñera <i>Tita</i>, nombrándose Felisa? Comprendemos perfectamente que
+para pedir queso dijese <i>quis quis</i>: aquí, por lo menos, existe la raíz
+del verdadero vocablo. Sus opiniones acerca de los instintos y carácter
+de los animales domésticos eran igualmente absurdas. Al paso que
+exageraba hasta lo indecible el poder y la fiereza de las gallinas,
+huyendo de ellas con gritos de terror, guardaba simpatía viva y profunda
+hacia los gatos, la cual no pudo destruirse con los frecuentes arañazos
+que estas ingratas criaturas infligían sobre sus tiernas manecitas. Así
+que tropezaba con uno perdía nuestra Julia la chabeta, y gritando con la
+dulzura de un ruiseñor «¡papá, <i>mamo</i>! ¡papá, <i>mamo</i>!» se iba hacia él y
+le cogía por el rabo. En la misma categoría que los gatos, o acaso un
+poco más alto, colocaba Julita a su hermano Miguel, a quien llamaba
+<i>Michel</i>. Era un cariño ciego el que le tenía: lo mismo era verle, que
+sus bracitos se agitaban de alegría, lanzaban chispas de gozo los ojos,
+y pedía con toda la fuerza de sus pulmones que trajesen a <i>Michel</i>, o le
+diesen a ella la muerte. Así que le tenía cerca, le tiraba por los
+cabellos hasta hacerle llorar, en señal de admiración, o bien llenaba su
+rostro de baba. Miguel, más galante que los gatos, no sólo se dejaba
+tirar de los pelos con la paciencia de un mártir, pero hasta buscaba con
+afán las ocasiones del martirio. Con una generosidad de que hay muy
+pocos ejemplos en la historia, no solamente perdonaba a su hermanita sus
+feroces caricias, sino también los malos tratos y desabrimientos que por
+causa de ella estaba obligado a padecer. Porque la brigadiera no podía
+sufrir con paciencia esta simpatía: se irritaba contra su hija cuando
+pedía que le trajesen a Miguel sin demora, y mucho más cuando éste,
+<i>motu propio</i>, se llegaba a darla un beso. Teníale formalmente prohibido
+el tomarla en brazos, jugar con ella, y en general acercarse cuando no
+se lo mandasen: pero nuestro Miguel, desafiando las iras de la
+brigadiera unas veces, y otras burlando su vigilancia, pasaba largos
+ratos con ella, haciendo payasadas para verla reír, o acariciándola
+buenamente.</p>
+
+<p>Una mañana se hallaba Julita muy arrellanada en su cuna, contemplando
+fijamente el cielo raso. La niñera la había dejado sola por irse a
+retozar a la cocina. Su rostro ofrecía una gravedad desusada; los ojos
+inmóviles, estáticos; los labios plegados en señal de reflexión; las
+manos descansando tranquilamente sobre el vientre. Todo parecía indicar
+que estaba embebida en alguna meditación fantástica. De vez en cuando
+levantaba un poco la mano y chasqueaba la lengua, lo cual comunicaba una
+melancolía profunda a su meditación: otras veces decía en voz baja y
+ronca: «¡upa, upa!» Arrastrada por el torbellino de sus tristísimas
+ideas, hubiera concluido sin duda por llorar y gritar desesperadamente,
+si al entornar un poco la vista hacia la puerta no hubiese visto en ella
+admirablemente peinado y acicalado a su hermano Miguel.</p>
+
+<p>&mdash;<i>¡Michel, Michel!</i>&mdash;dijo saliendo de su estupor doloroso y extendiendo
+hacia él los bracitos desnudos.</p>
+
+<p>Miguel se dirigió a ella mirando a todas partes como un ladrón que teme
+ser sorprendido. Al instante quedaron los dos confundidos en un estrecho
+abrazo: del cual abrazo resultó Miguel completamente despeinado, con la
+cara llena de baba y sin corbata. Julita la blandía en señal de triunfo.</p>
+
+<p>El muchacho, que había sufrido con harta impaciencia que le asease la
+doncella, permitió ahora muy complaciente que su hermana le desasease, y
+acercando a ella los labios, le preguntó bajito:</p>
+
+<p>&mdash;Di, ¿me quieres, mona?</p>
+
+<p>La niña volvió a tirarle de los pelos y a sobarle la cara en fe de
+eterno cariño.</p>
+
+<p>&mdash;¿A quién quieres más, a mí o a Tita?</p>
+
+<p>&mdash;Michel, Michel&mdash;dijo Julita trayéndole hacia sí y dándole un furioso
+puñetazo en la nuca. Y no contenta con esta clara manifestación,
+prosiguió con énfasis:</p>
+
+<p>&mdash;Tita feya... Michel apo.</p>
+
+<p>Miguel enajenado besó apasionadamente los brazos de su hermanita.
+Después le preguntó:</p>
+
+<p>&mdash;¿Quieres que te coma?</p>
+
+<p>Habiendo asentido Julita con una docena de inclinaciones de cabeza, el
+chico comenzó a figurar que la comía los brazos, la cara, el pecho, las
+piernas, en fin, toda su diminuta persona. La niña se deshacía de gozo
+al verse devorada de tan gentil manera.</p>
+
+<p>&mdash;¿Te como más?</p>
+
+<p>Claro está. Julita deseaba que la comiese hasta no dejar rastro de ella.
+El tigre, así que hubo terminado, descansó algunos instantes sobre la
+misma almohada de su víctima. Esta todavía se arrancaba la carne del
+pecho a puñados para ofrecérsela.</p>
+
+<p>&mdash;Oyes, Julita, ¿cómo hace el gato?</p>
+
+<p>&mdash;¡Mau, mau!</p>
+
+<p>&mdash;¡Ca! no es así, verás tú como hace.</p>
+
+<p>Y poniéndose en cuatro patas, comenzó a dar vueltas por la estancia,
+lanzando tales y tan verdaderos maullidos, que Julita quedó suspensa y
+estática, creyendo tener delante de sí y en realidad un individuo de la
+raza felina. Como no era cosa de dejar pasar tan oportuna ocasión de dar
+a conocer sus benévolos sentimientos hacia esta familia, dijo con
+profunda convicción:</p>
+
+<p>&mdash;Mamo, apo.</p>
+
+<p>Miguel vino triunfante a ella, y la dio un beso.</p>
+
+<p>&mdash;¿Quieres agua, monina?&mdash;le preguntó de repente.</p>
+
+<p>No sabemos qué clase de motivos habrían impulsado a Miguel a ofrecer tan
+espontáneamente agua a su hermana. Sean los que quieran, lo cierto es
+que ésta, como no podía negarle nada, aceptó el ofrecimiento. Mas al
+servírsela el bueno de Miguel, dejó caer sobre la cuna el vaso lleno. La
+niña estuvo tres veces para llorar y otras tantas para reír: al fin se
+decidió por lo último, hallando muy gracioso, aunque demasiadamente
+húmedo, el chiste de su hermanito. Para recompensar su tolerancia, éste
+tornó a hacer el gato con más voluntad aún y maestría. Después imitó al
+perro y al burro menos que medianamente. Al fin, queriendo terminar de
+un modo digno y brillante sus trabajos zoológicos, propuso hacer la
+gallina. Todas las antipatías, terrores y resentimientos de Julita se
+despertaron al escuchar este nombre malhadado.</p>
+
+<p>&mdash;¡No... ina no... ina feya!</p>
+
+<p>Pero Miguel, arrastrado del deseo de lucir su habilidad en este nuevo
+ejercicio, no quiso atender a la negativa y se puso a cacarear de lo
+lindo en todos los tonos agudos y graves. La niña, agitada, convulsa,
+con los ojos espantados, gritaba cada vez con más fuerza:</p>
+
+<p>&mdash;¡No... ina no...! ¡feya, feya!</p>
+
+<p>Fue necesario terminar. El artista quedose un tanto mohíno viendo
+despreciados sus esfuerzos.</p>
+
+<p>&mdash;Upa, upa&mdash;dijo la niña al cabo de un rato de silencio, tendiendo a
+Miguel los brazos.</p>
+
+<p>&mdash;No, no te levanto, que riñe mamá.</p>
+
+<p>&mdash;¡Valiente cosa me importa a mí que riña mamá!&mdash;dijo la niña; esto es,
+debió decirlo; en realidad no hizo más que repetir con un gesto que no
+daba lugar a réplica:</p>
+
+<p>&mdash;¡Upa, upa!</p>
+
+<p>Miguel se sometió. Cuando la tomó en brazos hallose con que estaba hecha
+una sopa. ¡El maldito vaso! Al pensar en su madrastra se le puso la
+carne de gallina. Fuese porque tal pensamiento le privara repentinamente
+de las fuerzas, o porque nunca las hubiera tenido muy hercúleas, es lo
+cierto que al sacarla de la cuna, sin saber cómo la niña se le deslizó
+de los brazos, y cayó dando un fuerte porrazo con la barba en la
+barandilla.</p>
+
+<p>¡Oh Dios clemente! ¿qué pasó allí? La sangre de Julita corrió en
+abundancia; los gritos se oyeron en media legua a la redonda. Acudió la
+servidumbre, y el portero, y los vecinos, y los guardias municipales de
+la calle, y el médico de la casa de socorro, y la guardia del Principal,
+fuerza de artillería y carabineros, y lo que es aún más espantable que
+todo esto... acudió la brigadiera.</p>
+
+<p>En la misma noche el consejo de guerra, presidido por aquélla, condenó
+al reo nombrado Miguel Rivera a seis años de presidio con retención, que
+debían purgarse en un edificio grande, feo y sucio, sito en la calle del
+Desengaño donde se leía con caracteres borrosos este rótulo: <i>Colegio de
+1.ª y 2.ª enseñanza bajo la advocación de Nuestra Señora de la
+Merced</i>.</p>
+
+
+
+<h3><a name="VIa" id="VIa"></a>VI</h3>
+
+
+<p>Tan sucio era aquel caserón por dentro como por fuera; la enseñanza y el
+alimento que se daba correspondían muy bien con el local. El fundador y
+director del establecimiento era un excoronel de artillería andaluz y
+amigo de la familia Guevara; por eso Miguel había ido a dar allí con sus
+huesos. El tal coronel, llamado D. Jaime, había salido del cuerpo por un
+asunto de honor en que el suyo no había quedado bien parado; tuvo
+algunas palabras con otro oficial de ingenieros, nombráronse los
+padrinos, y cuando llegó la ocasión de formalizarse el desafío, nuestro
+D. Jaime se achicó y dio toda clase de satisfacciones; los artilleros se
+ofendieron mucho con esta conducta, dejaron de saludarle, y el coronel
+al cabo se vio obligado a pedir la absoluta. Por supuesto que los
+alumnos no sabían palabra de todo esto; antes se tenían formada, de la
+braveza y esfuerzo de su director, una idea superior a toda hipérbole;
+no había en el colegio quien no le tuviese por más áspero y belicoso que
+Roldán y más denodado que Oliveros de Castilla, y quien no le temblase.
+El propio coronel había fomentado esta opinión refiriendo a sus
+discípulos en los momentos en que el álgebra les dejaba algún respiro,
+un sin número de hazañas portentosas y aventuras sangrientas llevadas a
+término por su mano, o en cuya ejecución, por lo menos, había tenido
+parte muy lucida. Además, cuando se incomodaba, y era muy a menudo,
+acostumbraba a desafiar al muchacho delincuente, y no sólo a él, sino
+también a toda la cátedra y al colegio entero lo mismo que hizo el Cid
+con el pueblo de Zamora.&mdash;«¡Hombre, tendría gracia que uztede ze
+burlasen de mí!... Nada, zeñore, el que quiera reírze que lo diga
+francamente. Lo hombre han de zer hombre siempre. ¡Que lo diga y le daré
+una piztola para que nos peguemo un tiro! ¡Y zi viene el papá, ze lo
+pego al papá, canazto! ¡Y zi viene el hermano, ze lo pego al hermanito!
+¡Y zi viene el abuelito, al abuelito! ¿Eztamo?» Los chicos quedaban
+petrificados de terror.</p>
+
+<p>Había otro profesor para la geografía y las <i>Historias</i> de mediana
+edad, hombre tímido y pusilánime hasta el exceso, que ganaba el sustento
+suyo y el de su madre y hermanas con grandísimo esfuerzo, corriendo todo
+el día de un colegio a otro, dando además lección particular en algunas
+casas y cantando de tiple en las funciones religiosas. Llamábase D.
+Leandro; era de estatura baja y bajo también de color, con grandes ojos
+negros y dulces que pedían misericordia; andaba siempre vestido de negro
+y cuidadosamente rasurado, como convenía a su estado semisacerdotal;
+poco le faltaba para gastar corona. Daba lección de música a los alumnos
+que la pagasen, y era en lo que más se placía; todo su amor y pasiones
+se cifraban en el arte; no tenía grandes facultades para él, bien lo
+sabía y no se avergonzaba de confesarlo; pero lo amaba platónicamente, y
+adoraba a quien brillase cultivándolo. Hablarle a él de los grandes
+maestros y aun de los pequeños, era verle caerse boca abajo como un
+indio en presencia de sus ídolos. También dibujaba un poquito, muy
+poquito; pero en secreto. En cuanto le mirasen fijamente se ruborizaba;
+cuando por casualidad hablaba con una mujer, tenía los ojos puestos en
+el suelo.</p>
+
+<p>El profesor de Psicología, Lógica y Ética era el reverso de éste:
+pedante, charlatán sin pizca de sustancia, procaz de palabra y de obra,
+y colérico cuando se creía denigrado. No llegaba a los treinta años de
+edad y había hecho ya nueve o diez oposiciones a cátedras sin resultado
+alguno; sólo una vez había obtenido un segundo lugar. Fuera de los
+momentos en que estaba sentado en cátedra, no hablaba de otra cosa;
+oposiciones por arriba y por abajo; conocía los nombres de todos los
+catedráticos de España, de instituto y de facultad, sabía cómo habían
+ingresado en el profesorado (casi siempre por intrigas según él),
+llevaba la cuenta exacta de todas las cátedras vacantes y aun de las que
+iban a vacar, las que tocaban a turno de oposición o a concurso, los
+tribunales que se habían nombrado desde diez años hasta la fecha, y
+calculaba los que podían nombrarse en lo sucesivo, y mejor aún los que
+le convendría que se nombrasen. Apesar de sus ínfulas, era un gorrón que
+se dejaba regalar tabaco, alfileres de corbata y hasta tal cual peseta
+por los alumnos. Llamábase D. Benigno, pero estos le apodaban
+Pppsicología recalcando mucho la p, como él acostumbraba a hacer.</p>
+
+<p>El catedrático de Física e Historia natural, señor Marroquín, era un
+antiguo republicano de barricada, que había perdido la plaza de auxiliar
+en el Instituto de San Isidro por sus ideas políticas y religiosas. En
+toda España no había hombre más heterodoxo que él: no creía ni en la
+madre que le parió. D. Jaime, que no era intolerante, y la prueba es
+que lo sostenía en su colegio, le había prohibido, no obstante, que
+hiciese alarde de sus ideas, contrarias a toda religión positiva,
+delante de sus discípulos.&mdash;«Amigo Marroquín, no zea uzté balzamina en
+zu vía; too eztamo enterao de que eso de Dio y lo santo son arma al
+hombro; pero si los papá y laz mamá quieren que zuz hijos lo crean, ¿qué
+lez va V. a hacé? Ojo, pue, con el pico, ¿eztamo? No vaya a atufárseme
+D. Juan (D. Juan era el cura), y tengamo un lío.»&mdash;Por instinto de
+conservación, que tarde o nunca abandona ni aun a los enemigos de Dios,
+procuraba Marroquín refrenarse: pero con mucho trabajo lo conseguía.
+Halló un medio ingenioso de manifestar su rencor al Ser Supremo sin
+comprometerse, y fue la preterición: ni por casualidad se le escapaba el
+nombre de Dios; en reemplazo suyo decía siempre la naturaleza, y cuando
+algún chico lo nombraba, solía rectificarle suave y disimuladamente,
+diciendo:&mdash;«Eso es, las fuerzas de la naturaleza, perfectamente.»&mdash;Era
+hombre de complexión recia, hirsuto como un jabalí (así le llamaban en
+el colegio), le salían los pelos hasta por debajo de los ojos, firmes y
+erizados como púas; los de la cabeza andaban siempre revueltos y
+aborrascados por la imposibilidad absoluta de domeñarlos, y los gastaba
+largos para que mejor se observase. Pues no diremos nada de las cerdas
+que le salían por las manos y las muñecas, que podían competir muy bien
+con las de los cepillos más ásperos. Cuando Marroquín escribía, uno de
+los trabajos mayores era pelear con aquel vello de la muñeca, que le
+borraba a lo mejor los renglones: no tenía otro remedio que metérselos a
+cada momento debajo del puño de la camisa; pero a veces se impacientaba
+terriblemente. ¡Estos pelos indecentes! Y se arrancaba con rabia un
+puñado de ellos. «Tantos pelos tiene en el alma como en el cuerpo,»
+decía de él el capellán del colegio con sorda cólera. No estamos
+conformes con este juicio. Marroquín era un pobre diablo, no exento de
+las pasioncillas que atormentan a los humanos, tales como la envidia, la
+lujuria, la gula, pero no en más alto grado que la mayoría de ellos. Sin
+embargo, erraba mucho en echárselas de austero y hombre acrisolado,
+rompiendo en presencia de los discípulos tarjetas de recomendación y
+tratando con afectado desdén al hijo de algún título, porque en realidad
+estaba muy lejos de serlo, y de ello tenemos datos inconcusos.</p>
+
+<p>Enemigo irreconciliable de éste era el capellán D. Juan Vigil, director
+espiritual de los alumnos, maestro de doctrina cristiana, y catedrático
+de latinidad y retórica y poética. Es persona tan notable desde varios
+puntos de vista, que de ella nos ocuparemos con alguna detención más
+adelante. Sólo diremos ahora que era hombre de cuarenta años de edad,
+rubio, pálido, de pocas carnes y no muy apretadas, de mediana estatura y
+grandes extremidades. Después del director, la persona más influyente en
+el colegio: dormía dentro de él, y aun se decía que tenía alguna
+participación en las ganancias.</p>
+
+<p>Además de estos personajes principales, había algunos otros secundarios:
+un maestro de primeras letras, un pasante, un inspector, dos criados,
+una cocinera, una doncella de labor y una planchadora.</p>
+
+<p>El régimen interno del colegio no era un modelo de orden y disciplina.
+El director se cuidaba poco de él: decíase que tiraba de la oreja a
+Jorge en el casino, y tal vez fuese cierto: lo indudable era que las
+cosas casi nunca andaban bien, que más de cuatro veces faltó dinero en
+la caja para pagar al almacenista, y que a los profesores se les
+adeudaban casi siempre tres o cuatro meses de sueldo. A pesar de esto,
+D. Jaime tenía suerte; no se le marchaba un chico: el colegio siempre
+lleno. Tal vez contribuyese a ello su mismo desorden, que tenía algo de
+patriarcal; aquella amable indisciplina era muy del gusto de los niños.
+Aunque la comida era de inferior calidad, no estaba tasada ni había gran
+rigor en las horas: si un chico tenía hambre, bajaba a la cocina, pedía
+pan y queso, y sin inconveniente alguno, se lo daban, y si la cocinera,
+de natural francota y bonachona, estaba de humor, hasta le freía un
+huevo o una magra. Cuando D. Jaime «estaba en fondos,» los <i>gaudeamus</i>
+se sucedían en el colegio; variedad de postres, vino de Jerez y hasta se
+improvisaba una que otra merendeta en el campo: D. Jaime era muy
+aficionado a pintar paisajes, muy malos, eso sí, pero que no por eso
+dejaban de ser celebrados por discípulos y profesores. En cambio, si se
+daban bizcas y el bolsillo se desmayaba, adiós confites y la mantequilla
+del chocolate y las copitas a las once; nadie comía más que lo
+estrictamente indispensable para no fenecer de hambre. Además, aquellos
+días no había quien dirigiese la palabra a D. Jaime, ni aun le mirase a
+la cara: los castigos eran más frecuentes: el palo andaba listo y la
+sopa perezosa. Hay que confesarlo, porque es la pura verdad, los únicos
+progresos literarios y científicos del colegio de la Merced se hacían en
+estos días de crisis monetaria.</p>
+
+<p>La llegada de Miguel no causó efecto alguno, ni en profesores, ni en
+discípulos: un niño más, y bien atrasadito por cierto. Sin embargo, no
+tardó en llamar la atención de unos y de otros por su condición inquieta
+y ruidosa: en cuanto tomó confianza, y le bastaron pocos días, mostrose
+tan travieso, tan turbulento, que los maestros comenzaron a murmurar y a
+tenerle sobre ojo, y los alumnos a contar con él para todas las
+jugarretas. Don Jaime dijo que aquel chico «era de la piel del diablo y
+había que apretarle un poco los tornillos.» El cura, aficionado a los
+motes, le puso por sobrenombre <i>Bullita</i>, y por él se le conoció mucho
+tiempo en el colegio. Apesar de esto, no despertó rencores, ni
+antipatías; había en su rostro expresivo cierta nobleza que atraía
+generalmente, y en sus travesuras nunca dejaba de hallarse alguna
+gracia: así que, los profesores, aunque le castigasen con dureza, no
+dejaban muchas veces de reírse y de celebrar al hallarse reunidos «la
+buena sombra de aquel muchacho.» El único que le odió cordialmente desde
+su entrada, fue el famoso Pppsicología, el eterno y asendereado
+opositor. Por supuesto que el odio fue recíproco al instante, y que
+Miguel no perdonó medio humano de vejarle y tenerle en continuo
+sobresalto: cuando iba a pronunciar la palabra Psicología, nunca dejó en
+su vida de prepararse con cierta tosecilla, que hacía inmediatamente
+sonreír a los compañeros. Los castigos que por esta broma hubo de
+padecer, no son para contados: pasaba casi todas las horas de recreo
+encerrado en unas jaulas de madera con rejas de hierro que D. Jaime
+había hecho construir en el patio para los delincuentes: sobre estas
+jaulas, y debido a la inventiva de Pppsicología, se habían puesto
+grandes cartelones con nombres de animales; en uno decía <i>Hipopótamo</i>,
+en otro <i>Rinoceronte</i>, en otro <i>Bucéfalo</i>, en otro <i>Mastodonte</i>,
+etcétera, etc. Miguel recorrió innumerables veces la fauna moderna y la
+antediluviana, pero ya no le daba bendita la vergüenza; se distraía el
+tiempo de prisión tocando la trompeta con los puños hasta que venía el
+inspector a hacerle callar: los chicos, de quienes era querido, solían
+traerle los postres que les sobraban, o bien cigarrillos, o cualquiera
+otro entretenimiento para que no lo pasase tan mal.</p>
+
+<p>No por virtud de los castigos y reprensiones, sino por otra causa muy
+distinta, la conducta de Miguel reformose algún tanto durante una
+temporada de varios meses, a los dos años próximamente de hallarse en el
+colegio. Fue el amor quien operó este cambio, si merece tal nombre la
+afición prematura que le prendió por la planchadora del colegio. Había
+establecido ésta en su cuarto de trabajo, situado en la guardilla, una
+tertulia donde acudían algunos niños en las horas de recreo: contábales
+historias maravillosas mientras repasaba la ropa blanca o la aplanchaba.
+Desde un día que subió casualmente aficionose tanto a ellas, que comenzó
+a acudir asiduamente para escucharlas. Sentado a los pies de la
+narradora, con la cabeza apoyada en sus rodillas, pasaba admirablemente
+las horas embebecido y suspenso. Por delante de sus ojos desfilaron las
+aventuras estupendas de <i>Los doce pares de Francia</i>, la historia de
+<i>Aladino o la lámpara maravillosa</i>, la de <i>Flores y Blanca-Flor</i> «su
+descendencia, amores y peligros que pasaron por ser Flores moro y
+Blanca-Flor cristiana,» la de <i>Pierres de Provenza y la hermosa
+Magalona</i>, la de <i>El esforzado Clamades y la hermosa Clermonda</i>, o sea
+<i>El caballo de madera</i>, y otras muchas interesantísimas donde la virtud
+sale triunfante y el vicio corrido. Sabida de todos es la particular
+inclinación que tienen las planchadoras a ver a los buenos ricos y
+felices y a los malos abatidos y miserables. Miguel participó muy pronto
+de estas ideas: y aunque la bella narradora agotó prontamente el
+repertorio de sus fábulas, cada día las escuchaba con más atención y
+deleite. Fuerza es confesar, como ya indicamos, que algo, bastante y aun
+mucho influía en su atención el placer que empezaba a sentir
+contemplando la vigorosa y agraciada figura de Petra (así se llamaba).
+Llegó a admirarla como un bruto: el ideal de la belleza se encarnó para
+él en sus carnes frescas, sonrosadas y un tanto crasas.</p>
+
+<p>El cuarto de la planchadora era una verdadera estufa en las tardes de
+verano. La proximidad del tejado, lo bajo del techo y la hornilla
+encendida se conjuraban para hacerlo intolerable. No obstante, Miguel
+encontrábase allí como el pez en el agua: la mayor parte de las tardes,
+cuando llegó esta época, se las pasaba nuestro héroe mano a mano con el
+ideal, sin que nadie viniese a turbarlo. Los tertulianos de la guardilla
+desertaban hostigados por el calor. El ideal se mostraba en su posible
+desnudez, los brazos remangados hasta el sobaco, el liviano pañuelo de
+percal arriado hasta donde el pudor empezaba a gritar con fuerza. El
+mórbido cuello relucía con el sudor, las mejillas se inflamaban y los
+negros y mal peinados cabellos caían en crenchas sobre la espalda y en
+rizos sobre la frente salpicada también de menudas y brillantes gotas de
+agua. Ahumaba la planchadora, o por mejor decir, despedía un vaho sutil
+y punzante que Miguel aspiraba embriagándose sin darse cuenta de ello.</p>
+
+<p>Cuando no venían otros chicos, Petra no se decidía a malgastar sus
+talentos de novelista, y se dedicaba con alma y vida a la tarea que se
+le había encomendado; el hijo del brigadier seguía con atención
+profunda, como un aprendiz que desea imponerse pronto en el arte, las
+manos de la bella. Algunas veces le daba a ésta por hacerle un sin
+número de preguntas, enterándose de todos los pormenores de su vida; los
+disgustos de Miguel con su madrastra la enternecieron sobremanera, y se
+desató en injurias contra ella, diciendo que no tenía corazón y que era
+peor que las fieras de los montes; después alargó su diatriba a todas
+las señoras.&mdash;«Mira Miguelito, que te lo digo yo; ninguna señora sabe lo
+que es conciencia; tienen el corazón más duro que una piedra; si es
+caso, vale más una pobre de la calle que todas esas señoras con su
+colorete y su ringo rango... No llevan nada que no sea postizo: el pelo,
+el color, los dientes... y otras cosas que no quiero decirte porqué eres
+todavía pequeño... Pocas gracias que sean bonitas de ese modo... ¡anda,
+anda!... ¡pues si las pobres nos pusiéramos todos esos perendengues!...
+Pero más vale lo natural, ¿no es verdad, Miguelito? ¿Llevo yo polvos de
+arroz? ¿llevo colorete? ¿eh?... Toca, toca lo que quieras... frota bien
+(Miguel frotaba con mano temblorosa). Y apesar de eso, no cambio mis
+colores por los de ninguna de esas señoritas tísicas que van al Prado en
+carretela...»</p>
+
+<p>El hijo del brigadier asentía incondicionalmente a estas atrevidas
+proposiciones; quizá las llevase en su pensamiento más allá que la misma
+interesada. La verdad es que la admiración de Petrarca a Laura y la de
+Dante a Beatriz eran nada en comparación con la apasionada y vehemente
+que nuestro chico profesaba a la planchadora. La admiraba sin comprender
+que la naturaleza pudiese formar otro ser que rivalizase con ella; todo
+lo encontraba hechicero, desde sus cabellos, un tantico revueltos, hasta
+sus pies, nada breves y nada bien calzados. Petra, que al principio no
+había reparado, concluyó por fijarse en aquel niño que tan asiduamente
+la visitaba, y vencida de su constancia o por ventura halagada por la
+adoración que en él veía, testimoniole algún afecto. Un día que estaban
+solos, como Miguel la mirase desde su taburete hasta comérsela con los
+ojos, le dijo con sonrisa burlona y placentera a la par:</p>
+
+<p>&mdash;¿Por qué me miras tanto, Miguelito?... ¿Te gusto?</p>
+
+<p>La vergüenza y la confusión se apoderaron del chico; se puso como una
+cereza y concluyó por llorar desconsoladamente como si le hubiese dicho
+alguna injuria. Petra le consoló y le mimó, dándole algunos besos, que
+fueron los hierros con que le esclavizó para siempre.</p>
+
+<p>De allí en adelante mostrose muy benévola hacia él; le cosía con esmero
+cualquier rotura que hubiese en su vestido; le pegaba los botones y le
+arreglaba la corbata; cuando venía despeinado, con sus propios peines le
+aliñaba el pelo. Miguel vivía entre los bienaventurados; el roce de
+aquellas manos en su cabeza le producían espasmos de dicha, y el perfume
+de la pomada de heliotropo que la planchadora usaba, causábale una
+embriaguez dulce y feliz como no volvió a sentirla jamás en su vida.</p>
+
+<p>Es condición precisa de las planchadoras, y también de las que no lo
+son, hacer con gusto el papel de ídolos y propender a la dominación.
+Petra, dejándose adorar, adoptó cierta actitud protectora y maternal. Se
+interesó vivamente por todo lo que a Miguel concernía, revolvió su baúl,
+contó las camisas y los pañuelos, fue depositaria del dinero que le
+daban, en una palabra, se hizo cargo por completo de la dirección de sus
+negocios, tanto morales como económicos. Las pocas cartas que el
+muchacho recibía leíalas ella de cabo a rabo, y frecuentemente dictaba
+la respuesta: cuando le castigaban, le llevaba la comida a la prisión;
+algunas veces llegó por su propia autoridad a levantar el castigo, y lo
+que aún es más grave, a recriminar al profesor que se lo había impuesto.</p>
+
+<p>Por la pendiente de la soberanía se llega muy pronto al absolutismo.
+Petra empezó a mandar en Miguel como en cosa propia, y a dictarle reglas
+de conducta para todos los actos de la vida, haciéndole estudiar a su
+lado el tiempo que juzgaba necesario y prohibiéndole los juegos cuando
+lo creía oportuno. Porque perdió dos pañuelos en pocos días, tomó la
+resolución de cosérsele al bolsillo. Tenía que darle cuenta del empleo
+de todos los momentos:&mdash;«¿Qué has hecho después de salir de clase? ¿Con
+quién estabas hablando en el patio? ¡Cuidado que vuelvas otra vez a
+subirte al pasamano de la escalera! No andes más con Pepito; no me
+gusta ese chico. Ya me han dicho que ayer no has sabido la lección. ¿Qué
+haces el tiempo que estás en la sala de estudio? Por de contado,
+enredar: ¡si te tuviese siempre a mi lado andarías un poco más
+derecho!»&mdash;Llegó a reprenderle duramente las faltas como si tuviese
+sobre él autoridad. Miguel temblaba cuando subía al cuarto de la
+guardilla con el pantalón roto, lo mismo que cuando iba a ver a su
+madrastra. Mas en cambio de estos apuros tenía compensaciónes: la
+planchadora se mostraba amable y generosa a ratos: algunas veces le
+levantaba entre sus robustos brazos y le tiraba al aire volviendo a
+recogerle; le daba vivos y sonoros besos; le llamaba pichoncito, rico
+mío, querido, y le estrechaba con tal fuerza contra su seno, que andaba
+cerca de asfixiarle. Era nuestro héroe ya muy hombre y todavía al
+recordar estos abrazos experimentaba una dulzura inexplicable.</p>
+
+<p>Desgraciadamente, como sucede casi siempre, Petra se desvaneció con el
+poder; en vez de mantener su dominio en los límites discretos y
+convenientes, empujolo lentamente hasta los últimos extremos,
+convirtiéndolo en un despotismo escandaloso y repugnante. Miguel pasó al
+cabo de algunos meses a ser su paje de cola: «Miguel, tráeme las
+tenazas.&mdash;Miguel, echa carbón en la hornilla.&mdash;Miguel, corre a pedir a
+la cocinera agujas.&mdash;Miguel, abre esa ventana.» El hijo del brigadier
+se apresuraba a cumplimentar estas órdenes como el caballero que busca
+ocasión de festejar a su dama y ansía testimoniarle su rendimiento. La
+dama recibía el homenaje sin pestañar, cual si le fuese debido. Poco a
+poco empezó a mostrarse impertinente y descontentadiza: «¿Cómo has
+tardado tanto, chico?&mdash;No es eso lo que te pido, hombre, no es eso,
+¡parece que estás en Babia!&mdash;¿Dónde tienes los ojos? ¡tonto,
+retonto!&mdash;¡Me estás consumiendo la paciencia, chiquillo!» Nuestro
+muchacho llegó prontamente a ejecutar los oficios más viles. La
+planchadora se complacía en tenerle horas enteras abanicándola mientras
+trabajaba, en obligarle a dar lustre a sus zapatos y en general en
+proporcionarle todos los oficios de un consumado <i>negrito</i>. Pero él los
+desempeñaba con gusto; después de todo, era el favorito y nadie le
+disputaba este título. La sultana, aunque cada día más altiva y
+desdeñosa, todavía le consentía apoyar la barba en su regazo y
+contemplarla largos ratos fijamente. Aquellos ojos ardientes y ávidos
+demandaban tímidamente una caricia. Petra era cada vez menos expresiva;
+pero aunque de mala gana y con semblante hosco, aún se dignaba
+hacérselas.</p>
+
+<p>La verdad es que se iba cansando del chico; la adoración ferviente sin
+límites que éste la tributaba, llegó a empalagarla. ¡Tal es la condición
+humana! Este cansancio manifestose en frecuentes enojos y
+desabrimientos, sin motivo alguno la mayor parte de las veces.
+Mostrábase amable con todo el mundo menos con Miguel, para quien
+reservaba tan sólo su mal humor. Esto le hizo padecer bastante, y aun
+conmovido por sus desprecios y reprensiones, lloró lágrimas amargas que
+la planchadora concluía por enjugar con el pañuelo. Acariciaba, más le
+hacía pagar las caricias: «¡Ahora le da el sentimiento al niño! ¡Quieres
+callarte, tontuelo! ¿Te figuras que estoy yo aquí para templar gaitas?
+¡Bueno, bueno, ya empieza el lloriqueo!» Con estas y otras tales
+expresiones abría la llave de las lágrimas que su mano trataba de secar.
+Mas no pararon todavía aquí las cosas. Un día trasladando Miguel una
+cesta con ropa aplanchada de un sitio a otro, la dejó caer al suelo y se
+manchó una buena parte. Petra, hasta entonces, en sus más fuertes enojos
+no había hecho mas que cogerle por el brazo y sacudirle; ahora le dio
+una soberbia bofetada que le encendió el rostro. En vez de ponerlo en
+conocimiento del director, o por lo menos marcharse y no subir más al
+cuarto, como aconsejaba su dignidad, contentose con llorar perdidamente.
+¡Y bien perdido quedó desde entonces! Petra, para resarcirle, le hizo
+caricias muy exquisitas, con lo cual dio por bien empleado el bofetón y
+se dispuso a recibir todos los que en adelante aquélla fuera servida
+darle, como así acaeció en efecto. Las reprensiones comenzaron a ir casi
+siempre con acompañamiento; segura ya de que se aceptaban los golpes, no
+los escaseó; más por una contradicción, bien explicable por cierto,
+desde que comenzó a dárselos, le mostró al mismo tiempo mayor afecto;
+tan suyo le consideraba, tan pobre y miserable le veía a sus pies, y
+tanto le sorprendió su paciencia, que no es mucho si después de una
+buena granizada de mojicones, le otorgase algunas pruebas de afecto. El
+muchacho se creía bien indemnizado recibiéndolas; lejos de apagarse el
+fuego de su pecho, creció y se sobresaltó hasta lo sumo. Era una pasión
+encarnizada, furiosa, bestial, como sólo existen en esa edad en que los
+sentidos amanecen. Los hombres pueden hablar cuanto gusten de sus
+pasiones, los poetas y novelistas exaltar la violencia de las de sus
+héroes como plazca a su fantasía; nada es comparable a la afición
+concentrada, fija y ardiente que alguna vez despiertan en el alma y en
+el cuerpo de un niño las formas exuberantes y macizas de una mujer.
+Miguel despreciaba en el fondo de su corazón a Petra. Con la precoz
+viveza de comprensión de los niños cortesanos, no se le ocultaban sus
+defectos ni el despreciable papel que desempeñaba cerca de ella; pero
+una adoración ciega y frenética que le hacía soñar noche y día, le tenía
+fatalmente encadenado. Los malos tratos de su ídolo, eran un aliciente
+que comunicaba sabor más exquisito a los deleites que disfrutaba.
+Aquella dependencia absoluta en que estaba, aquel temor y zozobra en que
+vivía, ejercían sobre él cierta suave fascinación, un encanto
+irresistible. Después de gustarlo, por nada en el mundo quisiera que su
+dueño cambiase de condición y templase sus rigores.</p>
+
+<p>Ni se crea tampoco que los castigos de Petra le produjesen mucho dolor.
+Al principio le hicieron llorar, más por la humillación que por su
+efecto físico; pero más tarde halló en esta misma humillación una nueva
+fuente de dulces y halagüeños placeres. Por una aberración que a
+nosotros sólo nos toca hacer constar, los golpes de aquellos brazos
+tersos y mórbidos, en vez de causarle dolor, evocaron en su natural
+fogoso un mundo de ignotas voluptuosidades. Y desde entonces, no sólo
+los sufría con resignación, pero aun llegó a provocarlos con astucia,
+contrariando a su terrible dueño hasta verlo fuera de sí. ¡Oh, cuando se
+irritaba, era Petra una mujer realmente hermosa! Sus mejillas se
+coloreaban fuertemente, los labios se encendían, las narices se
+dilataban, los ojos adquirían una expresión de olímpico orgullo, y todo
+su cuerpo se estremecía al soplo de la ira. Miguel permanecía aterrado,
+y al propio tiempo embelesado ante ella. Cuando la iracunda planchadora
+le estrujaba entre sus manos, sentíase poseído de espanto, de amor, de
+respeto y de gozo, lo mismo que los héroes de la gentilidad cuando
+incurrían en el desagrado de alguna de sus diosas, tan bellas como
+terribles y vengativas. Caía de rodillas a sus pies pidiendo perdón, y
+se los abrazaba y besaba temblando de terror y voluptuosidad. La diosa,
+vencida de tanta humildad, solía tenderle una mano y levantarle
+haciéndole jurar que no volvería más a quebrantar sus preceptos. De muy
+buen grado lo haría Miguel si no se huyeran de este modo los misteriosos
+deleites que gozaba en sus enojos.</p>
+
+<p>Finalmente, también llegó a aburrirse la regia planchadora de ejercer un
+mando tan despótico; que la mujer, como dicen los que filosofan acerca
+de ella en las mesas de los cafés, es más feliz dejándose dominar que
+dominando. El pobre Miguel la cansó y apestó de tal manera, que vino a
+cobrarle verdadero aborrecimiento. Apenas se pasaba día sin que no le
+arrojase de junto a sí con algún insulto que iba a clavársele en el
+corazón: en no pocas ocasiones le cerró la puerta o le tuvo aguardando
+horas enteras para dejarle entrar. Coincidió este desvío con frecuentar
+el cuarto de la guardilla un nuevo muchacho de los años de Miguel, pero
+gordo y crecido, y tan rubio y blanco como una inglesa. El reciente
+tertuliano rindió pleito homenaje a la planchadora, y comenzó a
+visitarla con asiduidad. ¡Ah miserable Miguel! En un instante perdió
+hasta las pocas migajas de favor que le quedaban. El chico gordo quedó
+alzado sobre el pavés a los pocos días y proclamado favorito exclusivo,
+dueño absoluto del cuarto de la plancha y sus alrededores. No obstante,
+Miguel insistió en acudir a él por las tardes, sin obedecer las órdenes
+de Petra, que formalmente se lo había prohibido. Un día entró nuestro
+niño muy descuidado: la traición le acechaba: de entre las faldas de la
+planchadora salió repentinamente el nuevo favorito y cayó sobre él con
+el ímpetu y rabia de una fiera; arrojole al suelo y comenzó a golpearle
+con tal furia, que en pocos minutos no le dejó sitio en el rostro sin su
+correspondiente señal. Mientras duraba el vapuleo, Petra lo contemplaba
+riendo, ¡que a tal grado de fiereza llevó su despego! Molido, deshecho y
+ensangrentado bajó nuestro Miguel, y al verlo en tal estado diose parte
+al director. El cual, enterado del suceso y sospechando lo demás que en
+el cuarto de la guardilla ocurría, tuvo a bien prohibir, bajo penas
+severas, que ningún chico pusiese los pies en la guardilla, ¿eztamo?</p>
+
+
+
+<h3><a name="VIIa" id="VIIa"></a>VII</h3>
+
+
+<p>Aquel chico gordo, rubio y tan espigado que aporreó al hijo del
+brigadier, tenía un nombre sonoro y aristocrático, Pedro Mendoza y
+Pimentel. Era en el fondo un muchacho excelente, tranquilo, amable,
+inofensivo: si había cometido aquella vileza fue solamente por
+instigación de la planchadora. A los pocos días, arrepentido sin duda,
+procuró hacer las paces con Miguel; éste, que no era rencoroso, le
+perdonó fácilmente y le aceptó por amigo: en poco tiempo llegaron a ser
+íntimos. No poco contribuyó a estrechar esta amistad por parte de
+nuestro héroe la ojeriza injustificada que el cura había tomado a
+Mendoza, y que le hacía padecer bastante. Mendoza era en la clase de
+don Juan el blanco de todos sus donaires y el hazme reír de los chicos.
+Llamábale alternativamente <i>brutandor</i> o <i>parisiense</i>; el primer mote,
+como la palabra misma indica, porque le tenía por el mayor majadero que
+comía pan; el segundo, porque era muy pulcro, aficionado a vestir a la
+moda y a llevar esencias en el pañuelo. Aquella vaya continua, aquel
+martilleo, parecíale muy pesado a Miguel. El pobre Mendoza no hacía en
+clase nada que no fuese tuerto; en todo hallaba motivos el cura para
+soltar una cuchufleta o un sarcasmo que hacía prorrumpir en carcajadas a
+los alumnos: cuando le sacaba al medio para traducir, ya sabían todos
+que había jarana para rato.</p>
+
+<p>La verdad es que el pobre Mendoza no era de los más despiertos, pero no
+se podía negar que estudiaba y trataba de cumplir con su deber, y que
+solamente por capricho o por algún sentimiento menos digno, el cura se
+ensañaba con él. Miguel le compadecía de veras: si carecía de
+inteligencia para aprender y explicar bien las lecciones, la culpa no
+era suya. Así que, cedió en seguida al ruego que le hizo, poco tiempo
+después de trabar amistad con él, de estudiar juntos y ayudarse a «sacar
+las composiciones.» Y como Miguel era de comprensión rápida y expedita,
+aunque un poco aturdido, no fue pequeño el servicio que le prestó;
+tanto, que al verle traducir con más facilidad y al examinar sus temas
+mejor concertados, el cura no salía de su asombro: «¡Brutandor, parece
+que la Providencia ha querido al fin mandarte un rayo de sentido común;
+alabada sea ella!» El capellán, aunque presumía de perspicaz, no dio en
+la razón de este favorable cambio hasta pasados algunos meses; cuando al
+fin averiguó que las composiciones y las traducciones se sacaban con
+ayuda de vecinos, no quisiera equivocarme, pero tuvo un verdadero
+alegrón, porque veía confirmado su juicio: «¡Hola! ¿conque Bullita se ha
+dignado tenderte su mano protectora? ¡Oh generoso niño!... Ven aquí,
+Bullita... declíname <i>generoso puer</i>.......... y tú, Brutandor,
+declíname <i>asinus</i>.......... a un tiempo.» Y en verlos ir declinando a
+voces formando algarabía holgábase D. Juan y se divertía la clase.</p>
+
+<p>Este capellán era un hombre bastante original. Miguel tuvo ocasión de
+conocerle muy bien, porque le mostró predilección desde el principio,
+aunque no dejaba por eso de castigarle duramente y a menudo; en los
+últimos años de la segunda enseñanza llegó a ser su favorito, y hasta le
+trajo a dormir a su mismo cuarto; le hizo algunas confidencias, y
+gustaba de charlar con él, o, más propiamente, murmurar del personal del
+colegio, lo mismo del masculino que del femenino. Tenía un amor propio
+exagerado; presumía de todo lo que un hombre puede presumir, hasta de
+guapo, pero muy singularmente de forzudo, aunque no lo era gran cosa.
+Nada había que le placiese tanto como enseñar los músculos del brazo y
+los tendones, y ponerlos contraídos y tiesos. Los demás eran hombres
+afeminados por los vicios; sólo conservándose puro como él, no bebiendo
+más que agua, no tomando café y huyendo de las <i>porcuzas</i> (las mujeres),
+se podía llegar a tal robustez, energía, ánimo y hermosura.</p>
+
+<p>No obstante el cariño que Miguel tenía a su amigo Mendoza, no dejaba de
+jugarle algunas pasadas. Había notado que el capellán era muy aficionado
+a las palabras terminadas en amen, emen, imen, omen y umen, y que
+experimentaba cierto deleite pronunciándolas; a cada momento decía
+examen, o resumen, o dictamen, y a veces traía poco apropósito algunas
+raras, y que no eran muy castellanas, como el velamen de los barcos, el
+cacumen, etc. Pues bien; preguntándole un día a Mendoza cierto punto que
+no traía el libro, Miguel, que estaba a su lado, le dijo rápidamente al
+oído: «Di que no lo trae el <i>textumen</i>.» El infeliz, que estaba
+atortolado, lo repitió sin fijarse, y..... ¡aquí fue ella! D. Juan,
+pensando que uno y otro se burlaban de él, les dio a entrambos una
+corrida de mojicones que por poco les arde el pelo. Miguel lloraba y
+reía a un mismo tiempo. En otra ocasión el hijo del brigadier, que
+dormía en la misma sala que Mendoza, se levantó por la noche, y con un
+pedazo de nitrato de plata que se había procurado, le pintó las manos
+mientras se hallaba dormido. Al día siguiente Mendoza le preguntó muy
+apenado lo que serían aquellas manchas. Miguel quedose grave y pensativo
+y le contestó:&mdash;«Mientras estén en las manos me parece que no tienen
+mucha importancia; pero oí decir a mi padre que si salen en la cara es
+muerte segura, porque manifiesta que la sangre está corrompida; un tío
+mío se murió de esa enfermedad.» Con estas noticias se quedó Mendoza más
+apenado aún. Por la noche no dejó Miguel de pintarle tres o cuatro
+manchas en el rostro, con lo cual, al verse por la mañana en el espejo,
+comenzó a dar tales gritos y a proferir tales lamentos, que acudió el
+director y algunos profesores. Enterados del caso y hechas las
+correspondientes averiguaciones, se le impuso a Miguel un severo
+castigo. El capellán, que sabía la amistad que ambos chicos mantenían,
+salió de la sala diciendo:&mdash;«Tanto quiso el diablo a su madre, que al
+fin le sacó los ojos.»</p>
+
+<p>Sin embargo, la amistad seguía inalterable. Mendoza le perdonaba al
+instante estas y otras bromas, y Miguel, que no las llevaba a cabo con
+intención malévola, sino por el afán irresistible de reírse, le pagaba
+su paciencia «sacándole los significados» y metiéndole en la cabeza las
+lecciones. Y eso que Brutandor, según todas las señas, continuaba siendo
+el favorito de la planchadora; pero a Miguel ya se le había pasado
+aquella prematura inclinación amorosa y no se le daba un bledo por el
+antiguo objeto de sus ansias. Este burlaba las órdenes perentorias del
+director, llevando a Mendoza a su cuarto, si bien con secreto; y digo
+que era ella y no éste quien las burlaba, porque el muchacho nunca
+hubiera osado hacerlo si no fuese porque ella le obligaba. Al fin, tanto
+miedo tuvo de que el terrible coronel lo supiese, que con precoz sentido
+determinó separarse de aquel devaneo que no le convenía y no subir más
+al cuarto de la planchadora. Miguel le dio por ello la enhorabuena.
+Petra le persiguió todavía algún tiempo; pero el nuevo Teseo se hizo el
+sordo y la dejó abandonada. No lo estuvo mucho tiempo, sin embargo,
+porque el demagogo Marroquín comenzó a romper con desusada frecuencia
+los botones de la levita y el pantalón, y con la misma frecuencia a
+subir a su morada buscando remedio para tales desperfectos. Y era lo
+extraño, que aunque Petra era expedita y tenía la mano larga para el
+trabajo, nunca tardó menos de media hora en pegar un botón a Marroquín o
+en coserle el más insignificante siete.</p>
+
+<p>Estos retrasos injustificados comenzaron a notarse en el colegio; los
+chicos se pusieron en observación y al instante se propalaron entre
+ellos mil especies, absurdas unas, verosímiles otras, pero todas
+graciosas. Uno decía que había visto a Marroquín por el agujero de la
+llave, de rodillas delante de Petra y besándola una mano lo mismo que un
+caballero andante; otro le había visto pellizcarla un muslo al pasar por
+su lado; otro le había oído decir, estando los dos asomados a un
+balcón:&mdash;«Petra, te amo;» otro, más serio que los demás y más digno de
+crédito, aseguraba que su criado había visto un domingo a Marroquín en
+un merendero de las Ventas del Espíritu Santo, mano a mano con la
+planchadora. Estas noticias volaban por el colegio y se comentaban entre
+risa y algazara. Pero los demás profesores, sus compañeros, no se reían;
+estaban indignados. Distinguíase entre todos el cura D. Juan, a quien no
+le faltaba más que esto para aborrecer de muerte al heterodoxo
+naturalista. Después que éste salía de la estancia destinada a los
+profesores, entregábase a furiosos comentarios y soltaba toda la bilis
+que tenía acumulada: «¡Barájoles, si no fuese mirando a Dios, le ponía
+los cinco dedos en la cara a ese puerco!... ¿Han visto ustedes nunca un
+hombre más rijoso?... ¡Ese hombre quema por donde pasa, barájoles!... ¡Y
+luego, con quién va a ensuciarse!... ¡con una porcuza!...» Este
+desprecio que D. Juan testimoniaba a Petra, no era sincero, según pudo
+convencerse más adelante Miguel; el odio a Marroquín, sí. Otro de los
+que expresaban con más calor su indignación era Pppsicología: propuso
+que se diese parte a don Jaime y que se arrojase ignominiosamente a
+Marroquín del colegio, y que él se comprometía a desempeñar sus clases
+hasta fin de curso, mediante una corta gratificación; pero los
+compañeros se negaron a dar este paso. Al poco tiempo, el mismo
+Pppsicología fue sorprendido por el inspector durmiendo la siesta con la
+cocinera, una mujerota fea y obesa hasta la monstruosidad, y enterado el
+coronel, los puso a ambos en la calle, con alegría general de los
+alumnos por lo que se refería a D. Benigno y con sentimiento en lo que
+tocaba a la cocinera, que era generosa y amable en sumo grado.</p>
+
+<p>Con este suceso, que llamó extraordinariamente la atención, dejose en
+paz al hirsuto Marroquín, «el cual por lo menos sabía guardar las
+formas,» según decía D. Leandro, el tiple de San Isidro. Andando el
+tiempo se supo que aquél estaba enseñando a leer y escribir a Petra, que
+después le dio lecciones de Historia, Geografía, Aritmética, Física e
+Historia natural, que en seguida la hizo leer la Historia de los Papas y
+la Inquisición y algunos folletos materialistas, y que después de
+haberla separado convenientemente de toda religión positiva, la hizo su
+esposa «ante el altar de la propia conciencia.» Pero cuando sucedió esto
+ya había salido Miguel del colegio.</p>
+
+<p>El carácter del hijo del brigadier nunca pudo modificarse, ni por las
+buenas ni por las malas; últimamente ya se había renunciado a corregirle
+y se le castigaba únicamente cuando las travesuras subían de punto.
+Todos reconocían que tenía mucha disposición y que si se aplicase sería
+el número uno del colegio; desgraciadamente, durante el curso estudiaba
+poco, y sólo al llegar el último mes apretaba de firme; pero le bastaba
+para sacar en el Instituto tan buenas notas como el primero. Tampoco era
+buen guardador de los deberes religiosos; el cura le tenía encerrado
+muchas veces por hincarse sólo con una rodilla en misa o pellizcar a los
+compañeros; durante el rosario se entretenía en comer castañas y meter
+las cortezas en los bolsillos de los otros, o en prolongar la ese del
+<i>ora pro nobis</i> más de la cuenta, o en cualquier otra irreverencia que
+solía costarle cara. Cada seis meses confesaba todo el colegio con su
+director espiritual, quien los preparaba previamente en el estudio de la
+doctrina cristiana y con un examen de conciencia colectivo; se hacía en
+el salón mayor del establecimiento a fin de que cupieran todos los
+alumnos; las ventanas se entornaban para que en la estancia hubiese una
+luz discreta y misteriosa que convidase al éxtasis y la meditación; cada
+cuál estaba sentado en una silla formando círculo en torno del cura, el
+cual iba leyendo por un libro los diversos pecados que en la vida pueden
+cometerse y explicándolos en seguida con proligidad invitándoles después
+a recordar si tenían que acusarse de ellos. Reinaba un silencio profundo
+durante algunos minutos. Volvía el cura a leer otro pecado, y así se
+pasaba casi toda la tarde. «Terminado el examen de conciencia&mdash;dijo una
+vez don Juan&mdash;el niño se prosternará ante una imagen de Jesús
+crucificado (el cura tendió la vista en torno, y no viendo ninguna, dijo
+cambiando de tono:)&mdash;A ver, Miguel, ve al oratorio y trae el crucifijo
+grande de madera.» Miguel se presentó en seguida con él en las
+manos.&mdash;«Ponte ahí de frente y levántalo.» Todos se arrodillaron frente
+al hijo del brigadier, que estaba de pie sosteniendo la imagen.
+«Terminado el examen, el niño se prosternará ante una imagen de Jesús
+crucificado y dirá conmigo con el mayor fervor posible: ¡Dios!...» El
+cura pronunció esta palabra en voz tan alta y tan lastimera, que Miguel,
+sin poder contenerse, soltó el trapo de la risa, cayéndole los mocos
+sobre las manos. Don Juan se indignó tanto, que levantándose de un salto
+y agarrando la vara de señalar en los mapas, arremetió con él hecho un
+basilisco. Fue de ver entonces a Miguel correr por la sala y brincar
+sobre las mesas con el Cristo en alto, perseguido de cerca por el cura,
+que cuando le tenía al alcance de la vara, se la arrimaba a las carnes
+no suavemente. Los alumnos que aún viven recordarán seguramente aquel
+incidente chistoso, que terminó mandando a Miguel al encierro y
+poniéndose otro chico en su lugar.</p>
+
+<p>Al día siguiente por la mañana, iban a confesarse uno por uno al
+oratorio, y desde allí a comulgar a la iglesia de San Martín. El cura
+era muy aficionado a imponer penitencias extrañas y severas. A uno le
+mandó una vez que cuando sintiese tentaciones de pecar, arrimase el dedo
+índice a una luz hasta quemárselo, rezando después un padrenuestro: a
+Miguel le mandó en cierta ocasión que metiese ortigas en la cama y se
+acostase en cueros con ellas una noche; pero el muchacho no tuvo ánimos
+para cumplir esta penitencia, y a la postre el cura se vio precisado a
+conmutársela por otra. Mandole también en otra ocasión que cuando
+soltase alguna palabra obscena, besase inmediatamente la tierra: esta sí
+la cumplió, con no poca risa y algazara de los compañeros, pues cuando
+se hallaba más embebecido en el juego y se le escapaba cualquier palabra
+de aquéllas, se bajaba rápidamente a dar un beso en el suelo; mas él no
+se ruborizaba y llegó a tomarlo a risa como ellos.</p>
+
+<p>Los domingos, y también algunas tardes serenas y templadas entre semana,
+iba todo el colegio de paseo, alumnos y profesores: marchaban de dos en
+dos uniformados por las calles de Madrid, y salían a menudo por el Salón
+del Prado hacia Atocha o por la puerta de Toledo hacia San Isidro. Los
+transeúntes se detenían un instante para ver pasar aquella comitiva
+donde abundaban los rostros delicados de cutis nacarado, un tanto
+pálidos por la clausura y los hábitos viciosos del colegio: cruzaban
+poblando el aire de un murmullo suave, como un enjambre de abejas, más
+atentos a la conversación que llevaban entablada que a la perspectiva de
+las calles y a las bellezas del campo. Delante iban los más pequeños, y
+detrás los mayores; el capellán, el inspector y los demás profesores
+cerraban la marcha. Cuando llegaban a un paraje solitario y apartado, se
+hacía alto y se rompían filas. Durante una hora entregábanse todos a los
+juegos peculiares de la infancia, el salto, la pelota, la peonza, etc. A
+veces, los profesores alternaban con ellos en estos juegos y llegaban a
+interesarse y a herirse en el amor propio; el capellán, principalmente,
+ya sabemos que se jactaba de sobresalir en toda clase de ejercicios
+corporales, y creía poseer las fuerzas de Sansón; así que le pinchaban
+un poco, se despojaba de los manteos y la sotana y se ponía a dar
+brincos como un zagal, cogía a los bueyes de las carretas por los
+cuernos, sacudía los árboles, enseñaba los brazos, levantaba los chicos
+a pulso y ejecutaba otras prodigiosas hazañas que recordaban las
+celebradas de Orlando furioso.</p>
+
+<p>Si el director los acompañaba, que no era siempre, había sesión de
+pintura; un chico le llevaba la caja, y en cuanto se hallaban frente a
+un objeto digno de ser pintado (y el coronel no era escrupuloso en la
+elección de asunto), sentábase en una tijerita formada con el mismo
+bastón y comenzaba el degüello del arte de Vinci y Rafael. D. Leandro,
+por su parte, sacando del bolsillo la flauta hecha pedazos, y uniéndolos
+después con esmero, y templándola con pausa, principiaba a atormentar a
+Rossini y Mercadante, aunque más tímidamente y confesando su indignidad.
+Los chicos se reunían en torno de uno o de otro, según sus aficiones;
+pero los más preferían los ejercicios gimnásticos del capellán.
+Marroquín, el velloso, no tomaba parte casi nunca en el juego; prefería
+apartarse un buen trecho de todos y sentarse sobre alguna piedra y
+entregarse a la meditación; últimamente había descubierto que el estudio
+servía de muy poco para ilustrarse; lo principal era pensar, meditar
+mucho.</p>
+
+<p>Ya hemos dicho que el cura mostró predilección por Miguel, apesar de su
+conducta nada ejemplar. Sin duda la misma travesura del chico le caía
+en gracia; además, tenía en mucho sus partes intelectuales y creía de
+buena fe «que en formalizando llegaría a ser algo de provecho.» Cuando
+hubo un poco de aprieto en el colegio por el excesivo número de
+muchachos, no tuvo inconveniente en llevarle a su habitación y en que se
+le armase una cama a su lado. El hijo del brigadier, al principio no
+encontró de su gusto este cambio; prefería la celda formada con biombos
+en el salón, donde a hurtadillas del inspector, recorría las camas
+tirando de los pies a los compañeros o «haciéndoles carteras con las
+sábanas.» Después se halló mucho mejor, cuando el capellán comenzó a
+tratarle con cierta familiaridad de amigo más que de profesor. Las
+extravagancias y el carácter de aquél llegaron a hacerle tanta gracia,
+que no había para él mayor placer que tirarle de la lengua y escuchar.
+D. Juan necesitaba un oyente a quien exponer los muchos pensamientos que
+le fatigaban la cabeza, sus teorías, su braveza, sus fuerzas, su higiene
+y su horror a «las porcuzas.» Miguel, que era ya un mancebo de quince
+años, le servía admirablemente para el caso; a veces el capellán,
+pensando que hablaba con un hombre ya formado, se deslizaba un poco en
+ciertas materias escabrosas. Observó Miguel que apesar de su odio al
+sexo femenino, D. Juan gustaba mucho de esta conversación y venía a
+ella con frecuencia. Por las noches, después que se acostaban y apagaban
+la luz, era cuando se departía largamente acerca de este y otros
+asuntos. Decíale el cura muchas veces, que había aceptado aquella plaza
+en el colegio por no ir de párroco a un pueblo, y eso que le habían
+ofrecido curatos muy lucrativos.&mdash;«Pero en un pueblo está uno muy
+expuesto; no tendría más remedio que tomar ama de gobierno, y eso
+siempre es comprometido... ¡Cuántos han caído y se han roto las
+narices!... El que ama el peligro, perecerá en él, dice el apóstol...
+Figúrate, Miguel, que meto de ama a Petra u otra así por el estilo, y
+que una noche la gran porcuza, con mala intención, viene a mi cuarto a
+llamar.&mdash;¿Quién está ahí?&mdash;Señor cura, tengo miedo.&mdash;¿A qué tienes
+miedo, gran yegua?&mdash;Señor cura, tengo miedo a los truenos... ¿Y qué hace
+un hombre en este caso, barájoles? Lo más probable es que uno abra la
+puerta, y entonces ¡adiós con la colorada!... El hombre más santo mete
+la cara en el barro y queda perdido para siempre jamás, amén.» Observaba
+Miguel que cuando el capellán describía tales escenas, nunca dejaba de
+traer como elemento de ellas a Petra, si bien en calidad de término de
+comparación; esto le hizo presumir que todo aquel desprecio que hacia
+ella afectaba era pura música, y que la gentil planchadora obraba sobre
+su corazón la misma mágica influencia que sobre otros muchos del
+colegio. Y entonces penetró también la razón del odio profundo que
+Marroquín le inspiraba de algún tiempo a aquella parte, y hasta de la
+antipatía hacia Mendoza, de quien todos los alumnos creían que estaba
+Petra enamorada. Riose no poco en su interior al descubrir aquella
+flaqueza, y con intención poco caritativa, comenzó a soliviantarle
+siempre que podía, sacándole conversación acerca de las relaciones de
+Marroquín y la planchadora, noticiándole todo lo que corría por el
+colegio acerca de ellas, y agregando él mismo cuanto podía para
+abrasarle de celos. El cura llegaba a ponerse frenético y se le oía dar
+vueltas después en la cama sin lograr conciliar el sueño.</p>
+
+<p>En cierta ocasión descubrió en el baúl de un alumno un libro de
+mitología con estampas deshonestas, y se lo llevó a su cuarto. Miguel le
+sorprendió con él entre las manos mirándole atentamente: el capellán
+quedó algo confuso:&mdash;«Barájoles, acabo de encontrar este libraco en el
+baúl de Adolfito Medina... ¡Con estas cosas se entretiene ese cerdo!»
+Miguel tomó el libro y comenzó a hojearlo, sin que el cura se lo
+impidiese; antes echaba miradas intensas y escrutadoras cada vez que
+daba vuelta a la página y aparecía una nueva figura, que era por lo
+general la de una mujer desnuda o medio desnuda; pero nunca dejaba de
+hacer algún comentario despreciativo.&mdash;«¡Mire V., barájoles, mire V.
+esa porcuza enseñando todo lo que Dios la dio!... ¿Y todo eso qué es,
+Miguel?... ¡Nada!... ¡Porquería!... ¡Barájoles! ¿No es vergüenza que los
+hombres se pierdan por esas cochinadas?» Tales comentarios servían de
+contrapeso a las miradas; pero Miguel no se dejaba engañar.&mdash;«¿No le
+parece a V., señor cura, que esta sirena se parece a Petra?&mdash;Pchs... un
+poco, pero no debe de ser tan gorda como ésta.&mdash;¿Que no? Anda, anda,
+pues se conoce que V. no la ha reparado bien.&mdash;Puede ser, puede
+ser&mdash;decía el cura bajando los ojos,&mdash;yo no reparo mucho en esas cosas.»
+Después que las hubieron visto con detención sin dejar una, D. Juan le
+echó un largo sermón acerca de la necesidad de mantenerse puro, para ser
+vigoroso física e intelectualmente, tomándolo nada más que desde el
+punto de vista utilitario.&mdash;«Aquí me tienes a mí, que derribo de una
+mocada a un hombre fornido. ¿Por qué? Porque en cuanto amanece me
+levanto de la cama, y... ¡al agua, patos! Sin temor de ninguna clase me
+echo el jarro lleno sobre el cuerpo... Por la noche me acuesto en cuanto
+puedo... A la comida, agua pura... Los alimentos sanos, nutritivos... Y
+en cuanto a esas porcuzas que acaban con los hombres, siempre procuré
+tenerlas lejos... Cuando era estudiante, hubo una que hasta quiso
+ponerme casa; pero yo alcé el bastón ¡barájoles! y, si no se me escapa
+pronto, la dejo como una breva. Nada... en cuanto alguna se me acercaba
+en la calle, mocada limpia... ¡Vayan allá, al infierno, a tener tratos
+indignos!...»</p>
+
+<p>A pesar de esta higiene y régimen espartano, el cura tuvo la desgracia
+de enfermar. Comenzó a ponerse triste y amarillo, que daba pena verlo:
+comer, comía bien, pero no le aprovechaba. El médico del colegio, que
+vino a visitarlo, le dijo que tenía una afección hepática, una
+ictericia, y que era de todo punto necesario que se distrajese, pasease
+largo, y mejor que a pie, a caballo. Pero don Juan no era jinete, por
+más que sobresaliese en otros ejercicios gimnásticos, y no quería verse
+expuesto a ser derribado. Sin embargo, como el médico insistía en los
+paseos a caballo, se determinó a alquilar un jamelgo para dar una vuelta
+por las afueras, de madrugada. Miguel alquiló otro para acompañarle, y
+así que Dios amanecía, salíanse ambos por la puerta de Toledo o San
+Vicente, y se espaciaban por aquellos campos media legua o una, según el
+tiempo y la ocasión. El cura llevaba en el bolsillo una onza de
+chocolate, y había aconsejado a Miguel que llevase otra: en el primer
+merendero o taberna que tropezaban, las tomaban disueltas en agua, y
+proseguían su marcha. A Miguel le gustaba mucho trotar, pero el cura se
+oponía, porque según él «se batían demasiado los hipocondrios:» en
+realidad era que temía caerse. Ordinariamente iban emparejados,
+departiendo amigablemente: el capellán mostraba a su discípulo cada día
+más estimación: en una cosa no estaba conforme con él, y se la
+recriminaba a menudo: era la amistad que Miguel profesaba a
+Brutandor.&mdash;«¡Mentira parece ¡barájoles! que seas amigo de ese jumento!
+Y él ha sabido bien aprovecharse. Si no fuese por ti, no sale adelante
+nunca de algunas asignaturas.» Nuestro héroe pensaba mal del cura por
+esta antipatía, achacándola a lo que ya hemos dicho, porque si bien
+Mendoza no era un águila, ni había de sobresalir jamás en los estudios
+especulativos, tampoco le parecía un asno; discurría bastante
+acertadamente en ocasiones, era amigo de cumplir con su deber, y tenía
+un carácter, aunque grave, muy apacible y simpático. Por este
+aborrecimiento injusto, por su presunción y ridiculeces, Miguel no
+pagaba al cura su estimación; antes buscaba modo de reírse de él y
+remedarle delante de los compañeros. Un suceso de poca monta vino a
+aumentar este desprecio y a hacerle formar una idea más ruin aún de su
+carácter.</p>
+
+<p>Ni los paseos ecuestres, ni otras medicinas que el médico le propinó,
+consiguieron ponerle bueno. Iba decayendo de día en día y en poco estuvo
+que se muriese; pero la providencia de Dios, que sin duda le reservaba
+todavía para algo útil, quiso que, cuando menos lo pensaba, arrojase
+algunas varas de solitaria. Averiguada con tal motivo la enfermedad que
+le aquejaba, era fácil curarle, y en efecto, en poco tiempo se curó y
+quedó tan bueno como antes. Así que se vio sano comenzó de nuevo a
+bravear y hacer piernas esforzándose en levantar pesos enormes y
+enseñando de nuevo los músculos del brazo. Pero no bastaba esto a sus
+ánimos y a su presunción de varón atlético y gladiador: quería demostrar
+alguna vez que estas fuerzas que el cielo le había concedido podían
+utilizarse y dejar bien sentada en el colegio su fama de valiente y
+esforzado. Había en el establecimiento un criado gallego, mozo de
+veinticinco años a lo sumo, alto, grueso, fornido, del cual se contaba
+entre los chicos que había levantado dos hombres con los dientes y otras
+proezas; con éste determinó de habérselas nuestro capellán. Un día
+descubrió que el gallego se había puesto sus botas para ir a paseo; no
+quiso mejor ocasión, y ardiendo en cólera, le dijo a Miguel:&mdash;«¿Sabes
+que el bribón de Manuel se puso ayer mis botas para irse a tunantear por
+las tabernas?... ¡Pero no se ha de reír de mí ese jayanote indecente!...
+Ahora vas a ver, barájoles.» Y le llamó desde su cuarto. Acudió Manuel;
+el cura cerró la puerta y comenzó a recriminarle durísimamente; Manuel,
+bajando la cabeza, se disculpó torpemente; mas el cura, en vez de
+suavizarse con esta actitud humilde, siguió alzando el gallo cada vez
+más, y concluyó por pasar a vías de hecho, dándole una tremenda
+bofetada, que resonó en toda la casa. El pobre Manuel, avezado a llevar
+palizas de cabos y sargentos cuando estaba en el servicio y penetrado
+desde niño del profundo respeto que se debe a los sacerdotes, no se
+movió y aguardó, escondiendo la cara, la granizada de mojicones y
+puñadas que el cura le descargó. No bastaron a desarmarle ni la humildad
+evangélica del gallego (que por cierto a levantar la mano le hubiera
+deshecho), ni las súplicas de Miguel que presenciaba conmovido aquel
+escándalo. Hasta que se cansó estuvo aporreando al infeliz criado,
+dejándole con varios chichones en la cara y las narices ensangrentadas.
+Esta conducta indignó a Miguel en alto grado, y lo que acabó de
+desprestigiar al cura fue que, en vez de avergonzarse de haber pegado a
+un hombre que no se defendía, aún se jactaba de ello el muy ruin.&mdash;«¿Has
+visto, barájoles, has visto qué mocada tan gorda le asesté la primera?
+¿Qué bien sonó, eh?... Pues aún fueron mejores las que le di por debajo,
+en las narices, aunque no sonaban tanto... ¡Barájoles, ya le tenía yo
+ganas a ese mastuerzo!... ¡que eche roncas ahora con sus dientes de
+caimán!»</p>
+
+<p>Pero no se pasaron muchos días sin que el cielo vengara al pobre Manuel,
+dejando a Miguel en extremo complacido, y fue del modo siguiente:
+Salieron una tarde de paseo hacia la Moncloa todos los alumnos y
+profesores, y cuando hubieron llegado a sitio a propósito, mandó el
+director romper filas, y los chicos comenzaron, como ordinariamente, a
+recrearse acompañados por sus maestros. Armose juego de peonza en un
+paraje, en otro de salto, más allá de aro, y así se distribuyeron en un
+instante todos; el coronel se puso, como siempre, a dibujar, copiando
+del natural un carromato, y don Leandro se fue a un lugar apartado a
+sonar la flauta acompañado solamente de tres o cuatro discípulos;
+mientras el cura, que desde que había expulsado la solitaria andaba muy
+galán y boyante, se divertía, tumbado en el suelo, en levantar a pulso
+dos niños, uno en cada brazo. Mas cansado al fin de este ejercicio, se
+levantó y comenzó a pasear buscando medio de utilizar nuevamente sus
+músculos poderosos: y sin darse cuenta de ello, fue acercándose en
+silencio al paraje donde tocaba la flauta D. Leandro. Una vez cerca de
+él, no se le ocurrió nada más gracioso que agarrar por detrás al infeliz
+preceptor, levantarle en alto y apretarle con todas sus
+fuerzas:&mdash;«¡Suélteme, D. Juan, que me hace daño!»&mdash;gritó el tiple de San
+Isidro medio asfixiado y pataleando. D. Juan se reía sin soltar. Pero
+no contó con la huéspeda, la cual en esta ocasión fue Marroquín, quien
+indignado de aquel acto brutal, o por ventura cediendo a la aversión que
+le inspiraban todos los clérigos, acudió velozmente en auxilio de su
+compañero, y sujetando a su vez al cura por la espalda, le apretó tanto
+la cintura, que aquél se vio obligado, no solamente a dejar en paz a D.
+Leandro, sino a pedir con voz quejumbrosa misericordia. Dejole al cabo
+de un rato Marroquín, pero tan estropeado y maltrecho, que en vez de
+reírse de la broma, comenzó a toser y a quejarse; la verdad es que
+estaba muy pálido:&mdash;«¡Barájoles! esto pasa de broma, Sr.
+Marroquín.&mdash;¿Pues no estaba V. haciendo lo mismo con D. Leandro?&mdash;Pero
+yo no le apretaba con todas mis fuerzas, como V. ha hecho conmigo.»</p>
+
+<p>Los chicos se rieron del percance, hallando el castigo de Marroquín muy
+en su lugar. En cambio, el cura se puso cada vez más hosco, y comenzó a
+pasearse solo tosiendo y escupiendo a menudo y llevando la mano al bajo
+vientre. Cuando llegó la hora de la cena, no probó bocado; los alumnos
+se hacían guiños y contenían a duras penas la risa. Al tiempo de
+acostarse, Miguel se vio obligado por más de media hora a oírle vomitar
+injurias contra su mortal enemigo. Al fin concluyó diciendo:&mdash;«Por las
+buenas, Miguel, ya sabes que no hay hombre mejor que yo... ¡Pero por las
+malas, soy una fiera! Marroquín me las ha de pagar. Se figura,
+barájoles, que porque soy clérigo no he de pedirle satisfacción... Se
+equivoca... yo lo mismo visto los hábitos del sacerdote, que empuño la
+espada del militar. Mañana hablaremos.»</p>
+
+<p>Durmiose, por último, en estas disposiciones belicosas, mientras Miguel
+sonreía entre sábanas, pensando que todo quedaría en agua de cerrajas.
+No fue así, sin embargo. Al día siguiente el cura continuaba taciturno y
+encrespado, meditando feroces venganzas: el apretón del día anterior
+hacía rebasar la copa, y sentía la necesidad de dar cualquier desahogo a
+su odio. Mientras duraron las clases se mantuvo grave, y sosegado:
+actitud digna del que piensa jugar la vida a las pocas horas: comió poco
+y sin hablar palabra. Al llegar la noche comenzó a pasear, agitadamente,
+por uno de los corredores. Poco rato después pasó por allí Marroquín que
+iba al comedor a cenar: el cura le dejó cruzar a su lado sin saludarle;
+pero cuando estaba a unos cuantos pasos de distancia, le llamó:&mdash;«Oiga
+usted una palabra, Sr. Marroquín.»&mdash;Miguel, que estaba en acecho, vio
+que Marroquín se volvía y el cura le hablaba al oído; el profesor
+heterodoxo levantó la cabeza con sorpresa y se apresuró a decir en voz
+bastante alta y nada pacífica:&mdash;«Cuando usted quiera.»&mdash;D. Juan volvió a
+hablarle al oído, y tornaron a separarse. Miguel, interesado y afanoso
+por saber el resultado de aquella aventura, no perdió de vista al cura
+un instante: viole sentarse a la mesa y no probar apenas bocado.
+Marroquín comió como si tal cosa. Concluida la cena, el cura subió a su
+cuarto y se estuvo allí un ratito: después salió cautelosamente y subió
+a la boardilla. Marroquín, que estaba paseando por el corredor y le vio
+subir, no tardó en seguirle también sin hacer ruido. A entrambos los
+siguió Miguel con más sigilo aún. Cerraron tras sí la puerta de la
+boardilla; pero esta puerta, vieja y desvencijada, tenía tales rendijas,
+que le permitieron a Miguel enterarse de lo que dentro ocurría: el cura
+encendió un quinqué, que había sobre la mesa de la plancha, y acto
+continuo se despojó de la sotana, y quedó en mangas de camisa hecho un
+gladiador; y para que todavía la semejanza fuese más perfecta,
+remangóselas, y lo mismo los pantalones. Marroquín se limitó a quitarse
+el gorro y la levita. Todo se volvía ojos Miguel tratando de ver dónde
+estaban las espadas a que el cura había aludido la noche anterior; pero
+no parecían por ninguna parte. Y con gran sorpresa y desengaño, pues
+estaba creído de que iba a presenciar una extraña y terrible aventura,
+vio que los campeones se ponían a darse de morradas como mozos de
+cuerda. El cura, que estaba espantosamente lívido, dijo con voz
+ronca:&mdash;«Podemos empezar,»&mdash;y al instante arremetió con Marroquín,
+dándole una granizada de puñetazos que, por precipitados y
+descompuestos, no consiguieron aturdir al hirsuto profesor, el cual
+echando dos pasos atrás, y alzando la mano, asestó al cura, en medio de
+la cara, tan tremenda bofetada, que medio le volcó, y si no hubiera sido
+por la mesa, en que tropezó, le hubiera volcado por entero. Y sin
+aguardar a que el clérigo se repusiese, le alumbró una nueva, por el
+otro lado, de tal manera que le puso derecho. El cura entonces se trabó
+con él, cuerpo a cuerpo, procurando con todas sus fuerzas arrojarle al
+suelo; pero Marroquín, sujetándole a su vez por el cuello y metiéndole
+la cabeza debajo del brazo, principió a darle con el otro tan fieros
+golpes en las narices, que el cura gritó con voz sofocada:&mdash;«¡Socorro;
+que me matan!»&mdash;Miguel le dejó gritar un poco más, pues no le pesaba de
+aquel merecido vapuleo, y sólo cuando vio que Marroquín persistía
+incansable en solfearle, bajó a escape la escalera llamando al
+inspector:&mdash;«D. Ruperto, creo que D. Juan y el Sr. Marroquín se están
+pegando allá arriba en la guardilla.»&mdash;Subió el inspector a saltos y
+halló al cura en un estado que daba lástima verlo: echando sangre por
+las narices y los dientes. No quiso, sin embargo, que se diese parte al
+director, ni se dijese nada en el colegio. Entre D. Ruperto y Miguel
+lleváronle a su cuarto, le pusieron algunos paños de árnica, y le
+dejaron acostado. Al día siguiente se quedó en la cama, porque tenía la
+nariz muy hinchada y un ojo también. Miguel fue a hacerle compañía y
+procuró consolarle del mejor modo que pudo con alguna piadosa lisonja.
+Lo que más alivió la pesadumbre del vencido atleta fue oírle decir:&mdash;«V.
+está malo, señor cura; pero Marroquín tampoco anda muy bueno... Tiene la
+cara como un pan... Además, dicen que va a quedar resentido del
+pecho.»</p>
+
+
+
+<h3><a name="VIIIa" id="VIIIa"></a>VIII</h3>
+
+
+<p>En los dos primeros años vino el asistente de su padre a sacarle todos
+los domingos del colegio y llevarle a casa. El corazón le palpitaba de
+alegría cuando el inspector le avisaba para que se vistiese el uniforme
+y se preparase a salir. En casa, sin embargo, no le aguardaban grandes
+recreos: comer con su padre, besar a su hermanita, retozar con los
+criados en la cocina y salir a paseo en coche: y a cambio de estos
+gustos, contemplar todo el día el rostro de su madrastra que cada vez le
+parecía más aborrecible, y sufrir sus reprensiones y desdenes. Pero el
+pobre chico apetecía con ansia el amor y los cuidados de la familia:
+ante la bárbara indiferencia del colegio, el cariño y la consideración
+que le testimoniaban los criados de su casa éranle sabrosos.</p>
+
+<p>Fácil es de suponer que la antipatía de la brigadiera no cedió nada
+durante este tiempo; antes se fue recrudeciendo gradualmente, por más
+que no tuviese tantas ocasiones como antes de mostrarla. Otro tanto
+acaeció con Miguel: en su naturaleza impresionable fue echando raíces de
+tal suerte, que apenas podía mirarla sin advertir que se le encendían
+las mejillas y la cólera le roía el corazón. En ciertos momentos, cuando
+se hallaba bajo el peso de algún nuevo agravio, volaba su imaginación en
+alas de la cólera y se complacía en ir estudiando detenidamente todos
+los tormentos de que había oído hablar, los que empleaba la Inquisición
+con los herejes y los Emperadores romanos con los cristianos, y todos
+ellos se los aplicaba con fruición a su madrastra. Al cabo sucedió lo
+que era de esperar. Una tarde, al regresar del paseo con sus compañeros,
+cruzando desde el Prado a la calle de Alcalá, se vieron obligados a
+pararse por no ser atropellados de los carruajes. Los ojos de Miguel,
+que estaba en primera fila aguardando el desfile, tropezaron con los de
+su madrastra, que venía en carretela abierta. La brigadiera le hizo un
+signo con la cabeza; pero el niño contestó clavando en ella una mirada
+fría y apartando después los ojos con desdén. ¡Ay! la brigadiera llegó
+a su casa en tal estado de exaltación, que los criados pensaron que se
+había vuelto loca: hubo necesidad del frasco del éter, fricciones de
+agua fría en las sienes y una cucharada del anti-espasmódico; al cabo de
+media hora la irascible andaluza rompió a llorar perdidamente,
+llamándose la mujer más infeliz de la tierra. La brigada toda padeció
+durante quince días por causa de la grosería de Miguel; pero muy
+particularmente su digno jefe, que tardó algunos meses en ver limpio de
+nubarrones el cielo conyugal. Desde entonces el colegial no volvió a
+pisar las escaleras de la casa, mal llamada de su padre, pues era de
+todo en todo de su madrastra.</p>
+
+<p>No le pesó tanto a Miguel como era de presumir: por aquella época
+comenzaban a estrecharse sus relaciones singulares con Petra, y los
+domingos en que a la planchadora no le tocaba salir, pasaba la mayor
+parte del tiempo en su grata compañía. Lo único que sintió positivamente
+fue el verse privado de acariciar a su hermana, de la cual continuaba
+siendo el gato predilecto. En cuanto a su padre, empezó a visitar con
+más frecuencia que antes el colegio de la Merced: dos o tres veces por
+semana le llamaban a la hora de recreo para decirle que su papá le
+aguardaba en el salón, y al oírlo, volaba hacia allá con el corazón
+henchido de alegría. El brigadier le recibía con los brazos abiertos y
+le apretaba contra el pecho preguntándole después con sonrisa dulce y
+triste:&mdash;«¿Cómo te va, hijo mío?»&mdash;Se enteraba minuciosamente de sus
+estudios, de sus recreos, de sus faltas, de sus premios, de cuanto le
+ocurría, en suma, y no se cansaba de recomendarle la formalidad y la
+aplicación; casi nunca se marchaba sin dejarle algún regalo o dinero,
+que no pocas veces pasaba íntegro a las manos de la gentil planchadora,
+dueño absoluto de sus acciones y pensamientos.</p>
+
+<p>Miguel empezó a notar que el abrazo que su padre le daba al verle era
+cada vez más prolongado, y la sonrisa con que le saludaba cada día más
+dulce y más triste. El corazón le dijo que era muy desgraciado, y a
+medida que lo era aumentaba el cariño que le profesaba. El brigadier
+Rivera, que ostentaba en su pecho los días de besamanos la cruz laureada
+de San Fernando, gemía en una esclavitud insoportable. La red en que la
+soberbia andaluza le tenía aprisionado, era ya tan tupida, que el triste
+no podía sacar un dedo fuera sin riesgo de provocar algún conflicto.
+¡Quién sabe los esfuerzos y la habilidad que desplegaba, los peligros
+que corría para lograr el ver tan a menudo a su hijo! Apagado el fuego
+de la pasión amorosa que le había arrastrado a un segundo matrimonio,
+padeciendo los vejámenes que éste trajo consigo, despertose en su
+memoria la pura felicidad que había gozado con el primero y el recuerdo
+de las virtudes de su infeliz esposa; el amor del hijo que le había
+dejado, creció en su pecho con estas dulces memorias, y la común
+desgracia que sobre ellos pesaba, contribuyó también a acalorar su
+cariño. Al fin era su primogénito, el fruto deseado de sus primeros
+amores, el depositario de su apellido y el único que podía trasmitirlo,
+por cuanto de su esposa Ángela no tenía varón: todo se fue agregando en
+favor del colegial. Además, su hija Julia se criaba con tanto mimo y
+melindres, producía tales disturbios en la casa y originaba tantos
+disgustos, que en medio del amor de padre, que no muere nunca, el
+brigadier Rivera no podía menos de sentir hacia ella cierto leve rencor
+que la desgracia de Miguel contribuía a sostener. Por eso su tremenda
+esposa, al verle algunas veces salir de casa sin dar un beso a la niña,
+le llamaba padre desnaturalizado.</p>
+
+<p>Los momentos de verdadera dicha para el brigadier eran aquellos en que
+se encerraba con su hijo en el salón del colegio. Lejos de las miradas
+del enemigo común, podía entregarse libremente a las expansiones del
+afecto paternal, y se entregaba de buen grado. Teníale larguísimo rato
+entre sus rodillas, mirándole fijamente con ojos aterradores para
+cualquiera menos para Miguel, que ya sabía a qué atenerse; tirábale por
+los cabellos suavemente, y a menudo le rozaba las mejillas con sus
+feroces y encrespados bigotes. Algunas veces le montaba sobre los muslos
+y se entregaba, sin saber por qué, a un movimiento vertiginoso de
+caballo desbocado haciéndole saltar más de lo que el chico deseara.
+Cuando el furioso corcel quedaba rendido y jadeante, nuestro colegial
+veía a menudo deslizarse por el rostro de su padre una lágrima abultada
+que se deshacía al llegar al bigote, después de lo cual, el bravo
+brigadier apretaba a su hijo contra el pecho hasta descoyuntarlo,
+murmurándole al oído palabras amorosas. Algunas veces solía
+decirle:&mdash;«Tú no sabes, hijo mío, lo que te quiere tu padre; ya lo
+sabrás, ya lo sabrás... ¡y a alguno le pesará!» añadía en tono triunfal.
+Miguel no sabía lo que estas palabras significaban; pero veía sonreír a
+su padre, y esto le ensanchaba el corazón.</p>
+
+<p>Un día aquél vino a noticiarle con tristeza que había pedido el cuartel
+para Sevilla. Miguel comprendió inmediatamente que quien lo había pedido
+era su madrastra. El brigadier le abrazó llorando y se despidió
+repitiéndole al oído las mismas incomprensibles palabras: «¡Ya sabrás,
+ya sabrás lo que te quiere tu padre!» La andaluza no quiso decirle
+adiós, ni Miguel se humilló a solicitarlo. Desde Sevilla su padre le
+escribía muy a menudo, y cada cinco o seis meses venía a hacerle una
+visita; pero jamás intentó llevarle a pasar las vacaciones en su casa.
+El pobre colegial, al llegar el mes de junio, veía partirse a todos sus
+compañeros alegres como las golondrinas, y durante algunos días lloraba
+a solas en su cuarto. Mas pronto se consolaba, que en su edad las penas
+no abren surco profundo en el corazón, y aceptaba la vida monótona y
+holgazana del colegio con gusto.</p>
+
+<p>Su respetable tío D. Bernardo Rivera venía a visitarle de vez en cuando,
+y si él no podía hacerlo a causa de sus graves ocupaciones, comisionaba
+al bueno de Hojeda, para que fuese en su nombre. Miguel prefería estas
+visitas por representación. D. Facundo era un hombre corriente que le
+enteraba de todo lo que ocurría por el mundo (el mundo de D. Facundo),
+le traía siempre alguna golosina y se dejaba interrogar con la paciencia
+de un santo. Por él supo que su prima Eulalia se casaba al fin con
+Arturo Valle, el joven abolicionista que había conocido en casa de tío
+Bernardo, quien había consentido en este matrimonio en vista de que
+Valle iba templando un poco sus opiniones avanzadas y había renunciado a
+los banquetes antiesclavistas. Pero como la naturaleza sensible de este
+joven necesitaba algún tierno desahogo, sustituyó a los esclavos por los
+niños, dedicando toda su actividad a la protección de estos seres
+inocentes; fundó una sociedad para el efecto, e inauguró una serie de
+banquetes que dieron mucho que decir a los periódicos; también escribió
+algunos folletos acerca de «<i>la educación física intelectual y
+sentimental de los niños</i>,» «<i>los juegos de la infancia</i>,» «<i>el trabajo
+de los párvulos</i>,» etc., etc. D. Bernardo le dejó este recurso
+inofensivo, aunque hubiera deseado más que se dedicase a los trabajos
+del foro y a la resolución de otros problemas jurídicos de mayor
+importancia. También supo por Hojeda (y esto le llenó de asombro), que
+Lucía Población, aquella señorita rubia, tan dulce, tan poética, amiga
+de su madrastra había dado su mano al coronel Bembo, ascendido hacía
+poco tiempo a brigadier. En esto habían venido a parar aquellas largas
+disertaciones acerca del amor, el ideal, los presentimientos y otras
+reconditeces psíquicas que le había oído, aunque sin comprenderlas,
+cuando iba a comer a casa; en casarse con un elefante. Su tío Manolo
+venía también a verle; pero era muy caprichoso y desigual en sus
+visitas; le daba una temporada por ir casi diariamente y sacarle a
+menudo a paseo, violentando para ello la voluntad del director y las
+prácticas del establecimiento; después se pasaba dos o tres meses sin
+parecer por el colegio.</p>
+
+<p>Cuando Miguel se hizo bachiller, con la nota de sobresaliente en letras
+y la de aprobado en ciencias, vino su padre de Sevilla, y tuvieron una
+larga conferencia para tratar de la elección de carrera: el brigadier se
+inclinaba a la de ingeniero; pero Miguel quiso ser abogado, y aquél no
+se atrevió a contrariarle. Ofreciose después la cuestión de alojamiento;
+en el colegio ya no podía permanecer; el brigadier pensó en la casa de
+su hermano Bernardo; pero habiéndole tocado el asunto con delicadeza,
+halló una acogida tan fría, quizá por la fama que Miguel tenía adquirida
+de travieso, que le dejó muy ofendido, y jurando no volver a pedir jamás
+un favor a su hermano. En Manuel no pensó, porque conocía demasiado su
+género de vida, incompatible con los cuidados y la vigilancia que exige
+un muchacho de diez y siete años. Al fin no tuvo más remedio que dejarlo
+acomodado en una casa de huéspedes, modesta, pero decente, de la calle
+de Jacometrezo. Antes de marchar le pronunció un sentido discurso acerca
+de la necesidad de ser formal y estudioso, «siquiera porque <i>aquella</i> no
+me saque loco echándome todo el día a la cara tus travesuras.»</p>
+
+<p>Con esta etapa dio comienzo para nuestro mancebo un modo de vida
+totalmente distinto del que hasta entonces había tenido. El goce
+inefable de la independencia le embargó por algunos meses; entraba y
+salía de casa cien veces al día, sin necesidad alguna, sólo para
+convencerse de que era libre, dueño de sus acciones; tiraba de la
+campanilla y se hacía traer vasos de agua sin tener sed; compró una
+petaca y algunas libras de tabaco picado, y para aprender a hacer
+cigarros, se ensayó, por consejo de un teniente de artillería que se
+alojaba en la misma casa, haciéndolos con arenilla de la salvadera;
+corría por las calles deteniéndose largo rato delante de los
+escaparates, y gastaba el dinero alquilando por horas berlinas de punto;
+entraba en los cafés y pedía copas de ron o cognac, sólo por enjuagarse
+la boca, pues no podía atravesar los licores. Se enamoraba de cuantas
+corbatas veía, y no pudiendo resistir a la tentación de comprarlas,
+llegó pronto a poseer una colección asombrosa: después le dio por los
+gemelos y trasladó a su cómoda toda una tienda de bisutería; después,
+por las boquillas de espuma de mar. Últimamente se enfrascó en la
+lectura de novelas: leía bueno y malo, cuanto caía en sus manos.</p>
+
+<p>En los primeros meses de curso asistió unas cuantas veces a la
+Universidad: los profesores le aburrieron: usaban todos una jerga
+filosófica que le parecía necia e incomprensible. Prefirió corretear por
+Madrid en compañía del teniente de artillería y otros amigos, que no
+tardó en adquirir, de los cuales fue al instante muy querido por su
+genio abierto y simpático y su «buena sombra.» Su vida durante aquel
+curso hay que confesar que no fue muy edificante. Su amigo íntimo y
+compañero de colegio, Perico Mendoza, también comenzó cuando él la
+carrera de derecho, pero con muy diversos auspicios. Desde la apertura
+del curso no hubo estudiante más puntual ni más diligente; cargado
+siempre de cuadernos camino de la Universidad, o metido en su cuarto
+poniendo los apuntes en limpio; esta era su vida. Alojaba en una
+modestísima posada de la Corredera baja de San Pablo, pagando nueve
+reales al día. El pobre Brutandor, apesar de sus apellidos ilustres y
+sonoros, estaba muy lejos de nadar en la opulencia. Su padre, según pudo
+averiguar más adelante Miguel, era un cirujano de un pueblecillo de
+Extremadura; la carrera se la costeaba un tío cura. Pero nada de esto
+dejaba traslucir su exterior, siempre pulcro y aliñado. Había crecido y
+engordado hasta convertirse en lo que el vulgo suele llamar «un real
+mozo.» Su rostro, aunque sin expresión, no tenía nada de repulsivo; era
+fresco, sonrosado, rebosando de salud y cercado por una patilla rubia y
+precoz que le sentaba admirablemente. Lo único que afeaba aquella figura
+hermosa e imponente, era cierta desproporción entre la cabeza y el
+tronco: era un poco cabezudo. Miguel se había quedado pequeñito y
+menudo: poseía en cambio una fisonomía expresiva y simpática, modales
+sueltos y un modo de hablar tan agraciado, que cautivaba a cuantos le
+trataban. Su temperamento inquieto se había modificado, o, por mejor
+decir, había tomado otro sesgo, manifestándose ahora en su conversación,
+siempre viva y salpicada de frases oportunas: para intimar con cualquier
+persona le bastaba media hora.</p>
+
+<p>Pocos meses después de abierto el curso, se encontraron Miguel y Mendoza
+en la calle. Aunque seguían siendo muy amigos, estaban algo alejados en
+el trato, a consecuencia de la vida tan distinta que hacían; pues
+mientras Mendoza asistía con puntualidad a las cátedras y pasaba muchas
+horas en casa, el hijo del brigadier rodaba en compañía del teniente y
+sus nuevos amigos por los cafés, teatros y otros sitios menos santos
+todavía de la corte. Se saludaron con efusión y se contaron su vida.
+Mendoza aconsejó a su amigo que fuese por la Universidad, porque era muy
+fácil perder curso; los profesores tenían fama de severos; las
+asignaturas eran largas y difíciles, y acostumbraban a apretar más a los
+que no asistían a clase. Miguel se encogió de hombros, riose un poco de
+la gravedad con que Mendoza le decía todas aquellas cosas, y prometió ir
+a la Universidad y empezar a estudiar de firme. Después Brutandor le
+habló con rubor de ciertos apuros económicos que a la sazón padecía.</p>
+
+<p>&mdash;En este momento&mdash;le dijo&mdash;iba pensando en ti y trataba de ir a
+visitarte por si pudieras sacarme de este pilanco... Debo a la patrona
+cerca de dos meses...</p>
+
+<p>&mdash;¿Qué dinero necesitas?&mdash;le preguntó Miguel en seguida.</p>
+
+<p>&mdash;Cuarenta duros.</p>
+
+<p>&mdash;Pues no los tengo; pero mañana se los pediré a mi tío con cualquier
+pretexto, y te los daré... Pásate a la hora de comer por mi casa.</p>
+
+<p>Al día siguiente se pasó, en efecto, por la calle de Jacometrezo, y
+Miguel le dio los cuarenta duros.</p>
+
+<p>Trascurrido algún tiempo, Mendoza volvió a visitarle y le pidió
+veinticinco. Se encontraba en deuda con otra patrona, pues se había
+mudado a la calle del Pez. Miguel volvió a abrir su bolsa y a
+remediarle. Por fin, cierta noche en los últimos días de enero,
+regresando Miguel a casa, le dijo el criado al entregarle la luz:</p>
+
+<p>&mdash;Señorito, en su cuarto está un joven que ha venido ya otras veces a
+verle... Llegó en mangas de camisa y sin sombrero y me pidió por favor
+que le dejase entrar a esperarle... No sé si habré hecho bien... Me dijo
+que le había pasado una desgracia...</p>
+
+<p>Miguel, lleno de asombro, se dirigió a su habitación: al entrar oyó la
+voz de Perico.</p>
+
+<p>&mdash;Buenas noches, Miguelito.</p>
+
+<p>Miró a todos los rincones del gabinete, y no vio a nadie.</p>
+
+<p>&mdash;Estoy aquí, en la alcoba.</p>
+
+<p>Miguel fue a allá y le encontró metido dentro de su cama.</p>
+
+<p>&mdash;¡Pero hombre!...</p>
+
+<p>&mdash;Perdóname... me hallaba medio desnudo y tenía mucho frío...</p>
+
+<p>&mdash;Pero ¿qué ha sido eso?</p>
+
+<p>&mdash;El patrón de la calle del Pez... Me quitó el baúl con la ropa, me
+arrancó la levita que llevaba puesta, el sombrero, la corbata... y
+después de darme unas cuantas bofetadas, me echó a la calle a las diez
+de la noche...</p>
+
+<p>Dijo esto con la misma calma que si hablase de otro. Miguel le miró
+estupefacto.</p>
+
+<p>&mdash;¿Y tú qué has hecho?</p>
+
+<p>&mdash;Venir aquí.</p>
+
+<p>&mdash;Ya lo veo, ¿pero antes no has devuelto ninguna de las bofetadas que te
+han dado?</p>
+
+<p>&mdash;Ninguna.</p>
+
+<p>&mdash;¿Y para qué quieres entonces esas manazas que Dios te ha concedido?</p>
+
+<p>&mdash;Si le hubiera pegado, me llevarían a la cárcel.</p>
+
+<p>Miguel volvió a mirarle de hito en hito, y quitándose el sombrero con
+afectado respeto, le dijo:</p>
+
+<p>&mdash;¡Oh, varón prudentísimo, yo te saludo! Aunque no esté bien averiguado
+todavía si es mejor llevar bofetadas que ir a la cárcel, no puedo menos
+de admirar tu profunda sabiduría... ¿Y por qué ha osado poner las manos
+en tu rostro virginal y aligerarte tanto de ropa?</p>
+
+<p>Mendoza un poco amoscado contestó:</p>
+
+<p>&mdash;Porque le debía mes y medio de pupilaje.</p>
+
+<p>&mdash;¡Problema!&mdash;exclamó Miguel.&mdash;Si por adeudarle mes y medio de pupilaje
+el patrón te ha dado quince bofetadas... ¿Fueron más o menos?...</p>
+
+<p>Mendoza, más amoscado y fruncido, no quiso contestar.</p>
+
+<p>&mdash;Pongamos quincé... Si hubieses llegado a deberle año y medio, ¿cuántas
+bofetadas te hubiera dado?</p>
+
+<p>&mdash;Me parece que el lance no es para reírse.</p>
+
+<p>&mdash;Si no me río: es que soy muy aficionado, como sabes, a las
+matemáticas. Pero vamos a otra cosa: ¿y por qué debías mes y medio en la
+posada cuando no hace uno que te he dado veinticinco duros?</p>
+
+<p>Mendoza tampoco contestó.</p>
+
+<p>&mdash;Este problema te lo voy a resolver yo. Consiste en que tú, en vez de
+pagar la posada, gastas todo el dinero en levitas, sombreros, guantes,
+corbatas, etc., etc. Siempre has tenido la manía de ponerte muy
+guapote... y sin consecuencias ulteriores, como no sea la de enseñarte
+de balde por esas calles de Dios... Hasta ahora no te he visto
+conquistar a nadie más que a la planchadora del colegio...</p>
+
+<p>Esto último se lo dijo en un tono más irritado, que podía achacarse muy
+bien al recuerdo de su derrota.</p>
+
+<p>&mdash;¿Qué te propones saliendo a la calle tan perfilado? Que digan: «¡ahí
+va un buen mozo!» Pues para tan flojo resultado, no merece la pena que
+sacrifiques a tu familia, que pases tantos apuros y te expongas como hoy
+a coger una pulmonía.</p>
+
+<p>Mendoza escuchó la reprensión sin impacientarse. La irritación de Miguel
+pasó al instante. Llegándose a la cama, y tirándole cariñosamente de los
+pelos, comenzó a decir riendo:</p>
+
+<p>&mdash;Animal, procura estrecharte un poco, y no ronques, porque voy a
+acostarme contigo. ¡Qué honor para ti y para tu familia! ¿verdad?...
+Pero has de ser modesto. Perico, ¡cuidado que lo propales por ahí!</p>
+
+<p>La consecuencia de todo fue que Brutandor se quedó definitivamente a
+vivir con Miguel: éste pagaba un duro por su gabinete; el ama de la
+casa, acomodándose los dos en él, rebajó el pupilaje a cuatro pesetas
+cada uno; de las cuatro pesetas que le tocaban, quedó convenido entre
+ambos que Mendoza pagaría diez reales y Miguel supliría los otros seis
+en tanto que aquél no mejorase de fortuna. Mas aunque así se convino, lo
+que acaeció fue que la mayor parte de los meses se vio necesitado el
+hijo del brigadier a pagar íntegra o casi íntegra la cuenta de ambos.
+Mendoza continuó perfilándose, como decía Miguel, a más y mejor; cuando
+éste, encolerizado después de pagar la cuenta desahogaba con él su
+bilis, ponía una cara tan compungida e inclinaba la frente con tanta
+humildad, que la ira de su amigo disipábase como por encanto y concluía
+por reírse y resarcirse del dinero que soltaba con algunos sarcasmos que
+también resbalaban sobre la piel de Brutandor, sin lograr hacerle
+cambiar de conducta.</p>
+
+<p>Los dos últimos meses Miguel asistió puntualmente a las clases, y se dio
+tal atracón de estudiar, que obtuvo en los exámenes la nota de
+sobresaliente en una asignatura, y la de notable en otras dos. Mendoza,
+apesar de su constante aplicación y de sus voluminosos cuadernos de
+apuntes, no consiguió más que la de bueno en las tres asignaturas. Por
+más que esto le dejase un poco despechado, no lo manifestó; estaba
+acostumbrado ya a ver a Miguel meterse en la cabeza los libros
+rápidamente; por otra parte, el hijo del brigadier tenía la delicadeza
+de no comentar el asunto de las notas y darle muy poca importancia.</p>
+
+<p>En el curso siguiente Miguel dejó la compañía del teniente y sus
+disipados amigos y se aplicó de todas veras al estudio. Pronto adquirió
+fama en la Universidad de buen estudiante, y más particularmente de
+muchacho despejado e ingenioso. Comenzó a llamársele entre los
+compañeros Riverita a causa de su figura exigua y también por su
+carácter alegre y decidor. El suyo y el de Mendoza formaban contraste
+notable, y quizá en esto consistiera aquella mutua simpatía que a
+entrambos los tenía sujetos: mientras Miguel tenía a todas horas suelta
+la llave de la conversación, a Mendoza había que sacarle las palabras
+del cuerpo con tirabuzón. Si por casualidad aquél guardaba silencio, no
+había miedo que éste lo turbase; horas enteras se pasarían sin
+comunicarse nada. Muchas veces, después de comer, se sentaban ambos al
+par de la chimenea; era el momento en que a Miguel le asaltaba la
+melancolía; se acordaba de su padre, de la triste suerte que le había
+cabido separado de él, viviendo sin familia hacía ya tantos años. Solía
+permanecer callado y taciturno algún tiempo, durante el cual Mendoza le
+seguía el humor y se mostraba más taciturno todavía, aunque sin motivo
+alguno. Al fin, cuando los malos pensamientos de Miguel se disipaban,
+rompía súbito el silencio poniéndose a cantar o a brincar, si es que no
+se le ocurría alguna cosa para embromar a su amigo:</p>
+
+<p>&mdash;Oyes, Perico, ¿sabes lo que estoy observando?</p>
+
+<p>&mdash;¿Qué?&mdash;decía éste levantando los medio caídos párpados.</p>
+
+<p>&mdash;Que te suena la cabeza.</p>
+
+<p>Perico abría los ojos desmesuradamente sin comprender.</p>
+
+<p>&mdash;Sí; ya rato que la estoy oyendo sonar: hace <i>glu, glu</i>, como las ollas
+cuando hierben...</p>
+
+<p>&mdash;¡Qué tonterías tienes, Miguel!</p>
+
+<p>&mdash;Te digo que sí, que te está sonando. ¡Milagro que tú no la oyes!</p>
+
+<p>Perico, entendiendo al fin la broma, se encerraba de nuevo en su
+mutismo.</p>
+
+<p>Otras veces, cuando paseaban juntos por el Retiro y llevaban largo rato
+sin despegar los labios, decía Miguel:</p>
+
+<p>&mdash;¿A que no sabes, Perico, para lo que me sirves tú en el paseo?</p>
+
+<p>&mdash;¿Para qué?</p>
+
+<p>&mdash;Para darme sombra.</p>
+
+<p>En efecto, Mendoza era tan alto y tan gordo, que la figurilla de Rivera
+se resguardaba perfectamente detrás de él.</p>
+
+<p>&mdash;En resumidas cuentas, lo mismo me da caminar contigo por aquí que con
+un árbol frondoso: eres tan fresco y tan sombrío como cualquiera del
+Retiro.</p>
+
+<p>Y cuando algún amigo los tropezaba y les decía:&mdash;Siempre juntitos,
+¿eh?&mdash;Miguel contestaba guiñando el ojo:&mdash;El que a buen árbol se arrima,
+buena sombra le cobija.</p>
+
+<p>Perico ponía una cara muy indigesta y masticaba algunas palabras de
+disgusto.</p>
+
+<p>Siguió aplicándose el hijo del brigadier al estudio del derecho, si bien
+con cierta desigualdad: mientras en algunas asignaturas apretaba de
+firme y llamaba poderosamente la atención del profesor y los compañeros,
+otras las abandonaba casi por completo. Su padre le seguía visitando una
+que otra vez y se mostraba en extremo complacido de su conducta y
+aplicación: no tanto de su economía; fuese por motivo del gasto
+suplementario que Mendoza le ocasionaba o por su propia prodigalidad, o
+por ambas cosas a la vez, lo cierto es que gastaba bastante más de lo
+que debiera. Cuando el brigadier se lo advertía suavemente, quedaba
+algunas horas triste y pesaroso, formaba propósitos de enmienda; pero a
+los pocos días olvidábase enteramente de ellos y seguía dando acometidas
+crueles al bolsillo paterno. Pasaba las vacaciones en Madrid, o a todo
+más se iba algunos días al Escorial en compañía de una familia conocida.
+El brigadier, cuando llegaba el verano, le invitaba a irse con ellos a
+un pueblecito de la costa donde solían pasar los meses de calor; pero
+Miguel observaba tal vacilación y frialdad en este convite, que
+comprendía perfectamente que no debía aceptarlo: su presencia en la casa
+era ocasionada a muchos disgustos, y de ningún modo quería que su buen
+padre padeciese ninguno por su causa.</p>
+
+<p>En el cuarto año de su carrera se hizo presentar como socio en el
+Ateneo. Desde entonces fue asiduo discípulo de sus cátedras y tertuliano
+de sus pasillos; mañana, tarde y noche, en todas las horas que las
+clases le dejaban libre, se encerraba en el clásico establecimiento,
+centro resplandeciente en aquella época de las ciencias y las letras;
+ordinariamente pedía un libro y se enfrascaba en la lectura; en poco
+tiempo se tragó un número considerable de volúmenes, versando casi todos
+sobre estética y filosofía. Era el terror del bibliotecario, pues le
+traía constantemente en ejercicio, encaramado sobre los armarios. Una
+vez en posesión del libro apetecido, nuestro mancebo corría a sentarse
+al lado de la chimenea y se dejaba tostar las pantorrillas, mientras el
+cerebro navegaba por los mares ignotos de la metafísica; primero
+faltaría el sol en su carrera, que nuestro estudiante en una de las
+butacas de terciopelo carmesí del Ateneo. Al llegar el mes de octubre
+empezaba éste a poblarse, y sus pasillos a rebosar de campeones
+literatos y filósofos que noche y día se ejercitaban en el arte de la
+discusión; no sin detrimento de los tímpanos de otros socios más
+pacíficos. Al mismo tiempo se abrían la cátedras donde se explicaban las
+materias más indispensables para la vida: los orígenes de los pueblos
+semíticos; examen del código Gregoriano; el hombre en el terreno
+terciario, etc., etc. En la sesión de ciencias morales se debatían
+arduos e interesantes problemas: en la de literatura se leían versos tan
+arduos, aunque menos interesantes.</p>
+
+<p>Una noche al levantarse la sesión, Miguel sintió que le tocaban en el
+hombro; era Valle, el marido de su prima Eulalia, uno de los oradores
+más importantes a la sazón, no sólo del Ateneo, sino también del
+Congreso. Los años habían arrancado a su rostro aquel tinte afeminado y
+poético de que hemos hecho mención y se lo habían dado más varonil,
+trasformándolo en un hombre hermoso y distinguido; gastaba largos
+bigotes, donde brillaba ya tal cual hebra de plata; vestía con refinada
+elegancia y continuaba sonriendo con dulzura a cuanto le decían. Por lo
+demás, hacía ya tiempo que era moderado, y de los más intransigentes;
+había sido gobernador en varias provincias y diputado en dos
+legislaturas. Desde algunos años antes, los niños a cuya protección
+había dedicado tantos desvelos yacían abandonados a sus propias fuerzas,
+lo mismo que los negritos. De aquella fervorosa manifestación de
+entusiasmo democrático y tierna sensibilidad, sólo quedaban en las
+librerías de viejo algunos residuos acusadores. En varias de ellas solía
+verse todavía algún folleto abolicionista de Valle con su
+correspondiente negrito aherrojado en la cubierta, las manos levantadas
+al cielo en demanda de justicia. Ningún transeúnte le hacía caso, y era
+más que probable que así se estuviese de rodillas hasta que fuese a
+parar más tarde o más temprano al montón del papel inútil; el mismo
+Valle, al cruzar por delante de él, solía apartar los ojos con
+desprecio, no exento de rencor. El negrito auténtico, esto es, el de
+carne y hueso que asistía a los banquetes abolicionistas, hacía ya
+tiempo que había desaparecido de Madrid sin que nadie supiese dónde
+había ido a parar: tal vez cansado y ahíto de las comidas sentimentales,
+se hubiera marchado al África a reponer el estómago con los platos más
+nutritivos de la cocina antropófaga.</p>
+
+<p>&mdash;Oyes, Miguel, ¿tienes noticia de tu familia?&mdash;le dijo con amable
+entonación, pero rápidamente, como si le llamasen en otra parte y
+tuviese muy poco tiempo que perder.</p>
+
+<p>&mdash;No señor; hace una porción de días que no tengo carta de papá; hoy le
+he escrito otra vez...</p>
+
+<p>&mdash;Pues sé que está un poco enfermo.</p>
+
+<p>A Miguel le dio un brinco el corazón.</p>
+
+<p>&mdash;¿Ha habido carta?</p>
+
+<p>&mdash;Sí, ha habido carta.</p>
+
+<p>&mdash;¿Y cómo no me han escrito a mí?</p>
+
+<p>&mdash;No lo sé; lo que hay de cierto es que tu padre no está bueno, que es
+un hombre, aunque no viejo, muy gastado por los achaques, y que debéis
+estar prevenidos para cualquier suceso desagradable.</p>
+
+<p>Nuestro estudiante se sintió profundamente conmovido; guardó silencio un
+instante y no queriendo preguntar más porque adivinaba vagamente que
+algo terrible le querían comunicar, dijo únicamente:</p>
+
+<p>&mdash;Bien, mañana por la mañana tomaré el tren mixto.</p>
+
+<p>&mdash;Es inútil&mdash;repuso Valle, después de vacilar un poco.&mdash;Puesto que has
+de saberlo, más vale que sea cuanto antes... Tu padre ya ha fallecido...
+Vaya, resignación... y queda con Dios. Te ha mejorado en tercio y
+quinto. Adiós.</p>
+
+<p>De este modo dulce y consolador recibió Miguel la noticia de la muerte
+de su padre. Quedose algunos minutos clavado en el suelo lleno de
+estupor, y por último, haciendo un esfuerzo, se dirigió con paso
+vacilante a un departamento solitario y se dejó caer en un diván; metió
+la cabeza entre las manos y sollozó largo rato, sin que nadie viniese a
+acompañarle: solo el conserje, al dar una vuelta de inspección por la
+sala, hallándole de aquella suerte, le preguntó con solicitud:</p>
+
+<p>&mdash;¿Qué es eso, D. Miguel? ¿llora V.?</p>
+
+<p>Cuando supo la causa se sentó a su lado y le prodigó los consuelos que
+pudo. En el pasillo se discutía con gritos horrísonos la cuestión del
+Syllabus.</p>
+
+
+
+<h3><a name="IXa" id="IXa"></a>IX</h3>
+
+
+<p>Pasados algunos días supo que, en efecto, su padre le había mejorado en
+tercio y quinto, lo que constituía a su favor, teniendo presente que en
+los últimos años el capital del brigadier se había mermado, una renta de
+siete mil duros; supo también que su madrastra, en el frenesí de la
+cólera intentaba ponerle pleito. Entonces se explicó perfectamente
+aquella sonrisa triunfal del brigadier cuando al abrazarle en el colegio
+de la Merced le decía: «¡Ya sabrás lo que te quiere tu padre... ya lo
+sabrás!» El pleito, como era lógico, no pudo prosperar; la soberbia
+madrastra se vio precisada a desistir, aunque guardando odio profundo,
+no sólo a Miguel, sino a la memoria de su marido; éste se había vengado
+cumplidamente de trece años de suplicio.</p>
+
+<p>El curador que en el testamento le dejaba era su tío Bernardo, elección
+que le mortificó un poco, porque jamás había logrado simpatizar con él.
+El temperamento inquieto y el espíritu sarcástico del sobrino se
+compadecían muy mal con la gravedad y el sosiego y el perfecto
+equilibrio intelectual y moral del tío. D. Bernardo le trataba con
+afectado desdén, no concediendo importancia alguna a sus triunfos
+universitarios; parecía decirle con el gesto, ya que no con la palabra:
+«Apesar de esas notas y esos estudios filosóficos, nunca serás un hombre
+respetable.» Sin embargo, en este desdén mezclábase un poquito de miedo,
+el miedo que profesan generalmente los hombres sin ingenio a los que lo
+tienen: estaba siempre en guardia, temiendo que Miguel le hiriese con
+alguna de sus salidas habituales, y para evitarlo se mostraba con él más
+serio y más reservado que con los demás.</p>
+
+<p>Por otra parte, se habían pasado ya bastantes días desde el
+fallecimiento del brigadier, y el tío Bernardo sólo había ido a hacerle
+una visita, y en ella no le habló de intereses, ni se dio por entendido
+del cargo que la voluntad del finado le imponía. Miguel sospechó que no
+tenía ganas de ser su tutor: lejos de disgustarle esta sospecha, le
+causó verdadera alegría y se propuso verificarla pronto, y aun poner
+todos los medios por convertirla en realidad. Una mañana salió de su
+casa en dirección a la de su tío, dispuesto a tener con él una
+conferencia y resolver de una vez el problema de la gestión de sus
+intereses. D. Bernardo seguía viviendo en la casa de la calle del Prado,
+de su propiedad. El criado, en vez de dejarle pasar buenamente, por
+tratarse de un pariente tan cercano de los señores, le introdujo, como
+siempre, ceremoniosamente en el salón, y le mandó esperar.&mdash;«Empieza la
+comedia»&mdash;dijo Miguel para sí sonriendo. Y sin hacer caso del ruego del
+lacayo, luego que éste se fue, salió del salón, y subiendo la escalera
+interior, se fue derecho al cuarto de su primo Enrique. Era la única
+persona con quien simpatizaba en la casa, si se exceptúa también su tía
+Martina, a quien siempre había profesado sincero cariño. Enrique se
+había preparado para tres o cuatro carreras especiales, y en ninguna
+había logrado ingresar. Por último, y para tener siquiera alguna, se
+decidió a entrar en la Academia de Infantería: a la hora presente era
+alférez de este cuerpo, de reemplazo, sin vestir jamás el uniforme, que
+le parecía ridículo, viviendo en la corte como un señorito rico, gozando
+de todos los placeres y singularmente de los toros, que era su afición
+predilecta, casi una manía. Los papás habían pasado muchos disgustos por
+su causa: era la única nota que desafinaba en el concierto casero. Cada
+vez que le traían a D. Bernardo la noticia de una nueva calaverada, de
+un nuevo suspenso, se ponía a las puertas de la muerte, dejaba de comer,
+de hablar, de fumar, y se pasaba dos o tres días dando paseos por el
+corredor y lanzando de vez en cuando unos ayes sofocados, que
+traspasaban el corazón de su fiel esposa doña Martina.&mdash;«Distráete,
+hombre; no pienses más en ello: vas a enfermar, y primero eres tú que
+él... Además, no todos los chicos han de ser modelos como Carlitos y
+Vicente...» D. Bernardo no hacía caso de estas justas observaciones, y
+sólo salía de su voluntario ostracismo cuando algún grave que hacer
+venía dichosamente a embargar su atención. Por lo demás, Enrique
+continuaba siendo el favorito de su madre, la cual, aunque no lo
+confesaba ni a ella misma siquiera, porque lo consideraba como una
+injusticia de marca, no podía menos de sentirse atraída hacia aquel hijo
+que representaba en la casa, en aquella casa severa y reglamentada como
+un convento, la alegría, la espontaneidad, la bondad franca y
+campechana. Allá a la postre también D. Bernardo, sus hijos y su yerno
+comprendieron que hasta desde el punto de vista estético hacía falta en
+la familia quien representase la indisciplina, algo que formase
+contraste y rompiese la monotonía de aquella vida correcta. En secreto,
+cuando estaban en familia, murmuraban todos de él, le ponían como un
+trapo, según la expresión vulgar, y esto no dejaba de ser también un
+placer, o por lo menos, un pie socorrido de conversación: de vez en
+cuando D. Bernardo le llevaba a su cuarto y le pronunciaba un largo
+discurso para llamarle al orden y recordarle sus deberes naturales y
+sociales, la dignidad del caballero, el decoro de la familia, etc., etc.
+Pero si había alguna persona de fuera, al hablar de Enrique todos
+sonreían alegremente, como diciendo: «No nos pregunten VV. por ese
+calavera, ese aturdido. ¿Quién pone puertas al campo?» La tolerancia que
+mostraban les hacía simpáticos, y al mismo tiempo prestaba más realce a
+su conducta intachable.</p>
+
+<p>Carlitos había terminado la carrera de ingeniero de caminos y se
+disponía a emprender la de ciencias. Fue constantemente el número uno de
+su clase, y había escrito ya algunos artículos sobre mineralogía en una
+revista científica. Continuaba siendo el sabio de la familia, con
+beneplácito de todos. Vicente había pasado algunos años en Inglaterra,
+estudiando no se sabía qué, probablemente los usos y costumbres de la
+Gran Bretaña, hacia los cuales se sintió desde un principio tan
+inclinado, que toda su vida vistió, comió, durmió, y hasta tosió a la
+inglesa. Trajo además de allá, entre otra infinidad de manías, la de las
+antigüedades, la cual fue muy del agrado de su padre, y contribuyó no
+poco en adelante al esplendor y respetabilidad siempre creciente de la
+familia. Compró en Inglaterra un número considerable de trastos viejos,
+platos, tapices, y adornó la casa con ellos: además, con permiso de su
+padre, todos los veranos daba una vueltecita por las provincias y
+regresaba abundantemente provisto de objetos antiguos. La casa de esta
+suerte llegó pronto a parecer un museo arqueológico: era cada vez más
+sombría y más triste. Vicente consiguió también ejercer poderosa
+influencia en ella, particularmente en lo que tocaba al orden y la
+etiqueta: los criados considerábanle como su jefe inmediato, y hacia él
+volvían los ojos siempre que iba a hacerse algo que no fuese la rutina
+de todos los días. Doña Martina a cada instante le preguntaba:&mdash;Vicente,
+¿dónde colocamos a Romillo? Vicente, ¿debe templarse el Burdeos? ¿Dónde
+ponemos la estatua que han traído hoy? ¿A qué hora se sirve en Londres
+ese licor que hemos recibido?&mdash;El mismo D. Bernardo, apesar de su no
+discutida infalibilidad, no se desdeñaba alguna vez de consultarle en
+asuntos de ceremonia; v. gr.: si había de visitar a D. Fulano o dejarle
+simplemente una tarjeta; si debía aceptar la invitación a comer de D.
+Mengano, etc., etc. Valle vivía también en la casa y tenía ya dos niñas
+de tres y dos años respectivamente; se había adaptado tan admirablemente
+al modo de ser de aquella familia, que parecía nacido y criado con
+todos ellos; la misma pulcritud en el vestir, la misma afectada
+cortesía, el mismo cuidado extremoso en no decir ni hacer nada de
+particular, la misma gravedad y énfasis para expresar las cosas más
+triviales. Aún en esto les sacaba ventaja: el antiguo abolicionista no
+podía preguntar a un amigo la hora o lo que pensaba del tiempo, sin
+llamarle aparte con cierto aparato de misterio: los que le veían,
+siempre juzgaban que estaba tratando algún asunto muy serio y muy
+escabroso. Apesar de esta adaptación, no había perdido importancia
+alguna ni dentro ni fuera de la casa; al contrario, el matrimonio se la
+había dado grande, y había contribuido no poco a que saliese elegido
+diputado y a que gozase de respeto y consideración universales. Por otra
+parte, en el hogar tenía su puesto señalado, su esfera de acción, y de
+esta suerte no podía haber choques ni rivalidades: era el hombre
+público, el estadista; como Carlitos era el sabio; Vicente, el maestro
+de ceremonias; Enrique, el calavera, y D. Bernardo, el varón respetable
+y respetado que esparcía su sombra protectora sobre todos. Eulalia
+continuaba siendo la misma grave y árida persona que cuando hemos tenido
+el honor de conocerla, un poco más grave y un poco más árida. El labio
+inferior le colgaba con expresión más señalada aún de desprecio hacia
+todas las cosas terrestres. De este general desprecio se salvaba, no
+obstante, su marido, su padre y hermanos, exceptuando Enrique, y todos
+los usos y costumbres de la buena sociedad, de las cuales era, como su
+señor padre, fiel guardadora. La misma doña Martina, apesar de su gran
+corazón y su espontaneidad, y de aquel temperamento franco y campechano
+que Dios la diera, no había tenido más remedio que sucumbir y doblegarse
+a la férrea etiqueta de la familia, haciéndose más seria, más comedida,
+y perdiendo con ello mucho del atractivo que su carácter tenía para el
+sobrino Miguel.</p>
+
+<p>Cuando éste penetró en el cuarto de Enrique, le halló afeitándose frente
+a un espejo, tan preocupado y atento a su tarea, que no le vio ni oyó
+los pasos.</p>
+
+<p>&mdash;Hola, Enriquillo, ¿cómo va?</p>
+
+<p>Enrique volvió asustado la cabeza.</p>
+
+<p>&mdash;Ah, ¿eres tú, Miguelito? Siéntate, hombre, me alegro mucho de verte
+aquí.</p>
+
+<p>Miguel, en vez de obedecer, se puso a dar vueltas por el cuarto,
+observando con semblante risueño cuanto en él había. Estaba lleno de
+atributos taurómacos: sobre la puerta una cabeza disecada de toro; a los
+lados unas moñas lujosas, con los colores caídos ya por el tiempo; por
+las paredes algunos cromos, representando las distintas suertes del
+toreo; una espada y una muleta formando trofeo.</p>
+
+<p>Miguel se detuvo frente a un par de banderillas simétricamente colocadas
+debajo de la espada y la muleta.</p>
+
+<p>&mdash;La última vez que he estado aquí no tenías estas banderillas.</p>
+
+<p>&mdash;Me las ha regalado, no hace más que ocho días, Marmita... ya sabes...
+Marmita&mdash;dijo, volviendo el rostro que rebosaba de orgullo y
+satisfacción.</p>
+
+<p>&mdash;Sí, sí... ya sé... Marmita... cualquier bruto, vamos...</p>
+
+<p>Enrique se quedó repentinamente serio y triste.</p>
+
+<p>&mdash;Hombre, Marmita es un amigo... Además, hoy no hay quien ponga
+banderillas como él en ninguna plaza de España... ¿Le has visto el
+domingo?</p>
+
+<p>&mdash;No fui a los toros.</p>
+
+<p>&mdash;Pues chico te digo que en mi vida he visto colgarlas al quiebro de
+aquel modo... ¡Como si no se hubiera movido, chico... lo mismo! La plaza
+se vino abajo... ¡Era cosa de comérselo!... En el quinto toro puso otras
+al relance, cuando menos se pensaba, que dejó pasmado a todo el mundo...
+Sobre el mismo morrillo las dos... ¡Ni pintadas, chico!... La plaza se
+vino abajo...</p>
+
+<p>&mdash;¿Pero no estaba en el suelo ya?</p>
+
+<p>&mdash;¿Cómo?</p>
+
+<p>&mdash;Sí, hombre, acabas de decirme que se vino abajo en el primer par.</p>
+
+<p>&mdash;¡Bueno, bueno!... tú siempre de guasita.</p>
+
+<p>Y dando la vuelta continuó afeitándose.</p>
+
+<p>&mdash;Pues hacía ya tiempo&mdash;dijo Miguel, después de dar otras cuantas
+vueltas por la habitación&mdash;que echaba de menos aquí unas banderillas. Me
+extrañaba que teniendo tantas cosas de toros, no hubiera por lo menos un
+par.</p>
+
+<p>&mdash;¿Querrás creer, chico&mdash;repuso Enrique, dejándose engañar como muchas
+veces por el tono serio que comunicaba Miguel a sus palabras,&mdash;que no se
+me había ocurrido?... Cuando Marmita me las mandó, tuve un verdadero
+alegrón...</p>
+
+<p>&mdash;Sí, sí, comprendo que habrá sido una de las más puras satisfacciones
+de tu vida.</p>
+
+<p>Enrique volvió a mirarle serio y amoscado, y continuó afeitándose. Ya no
+era su fisonomía enteramente la de un perro ratonero como de niño; había
+mejorado un poco; no mucho; la mejoría principalmente consistía en que
+andaba más limpio, sin mocos en las narices, ni repegones en las
+mejillas; aquel pelo indómito había conseguido, a fuerza de pomadas y
+cosméticos, domeñarlo, y lo llevaba aplastado sobre las sienes como los
+chulos. Gastaba la barba cerrada, pero en aquel momento la estaba
+modificando, dejándose unas patillas de picador muy cucas. Así que hubo
+acabado esta operación, se volvió hacia Miguel un poco avergonzado; mas
+como éste le dijese que estaba muy bien y que había ganado bastante con
+aquel cambio, se puso en seguida de un humor excelente, abrazó a su
+primo cordialmente, le dio un puñado de tabacos habanos, y comenzó a
+charlar de cosas alegres.</p>
+
+<p>&mdash;¡Lástima, Miguelillo, que no tengas afición a los toros!&mdash;le dijo
+cortando repentinamente el hilo de la conversación y mirándole fijamente
+con ojos compasivos.&mdash;¡Si vieras qué buenos ratos se pasan!</p>
+
+<p>&mdash;Si suprimiesen la suerte de las picas, iría con gusto&mdash;dijo Miguel con
+deseo de complacer a su primo, soltando una bocanada de humo.</p>
+
+<p>&mdash;¡No digas eso, Miguel, por Dios! ¿Tú no sabes que sin picas no puede
+haber toros?</p>
+
+<p>&mdash;¿Pues?</p>
+
+<p>&mdash;Porque irían enteritos a la muerte y quedaría todos los días algún
+diestro sobre la plaza.</p>
+
+<p>&mdash;Debían defender los caballos, al menos, para que no anduvieran las
+tripas rodando por el suelo.</p>
+
+<p>&mdash;¡Ese es otro error!&mdash;exclamó Enrique, a quien la discusión interesaba
+extremadamente.&mdash;Los caballos no pueden defenderse, porque si el toro no
+hallase donde cebarse y tirase siempre los derrotes al aire, concluiría
+por huirse, como es natural, y no se podría lidiar en las otras suertes.
+Los que no sois aficionados, siempre empleáis los mismos argumentos,
+¡los caballos!... ¡las tripas!... Si atendieseis a la lidia, no
+repararíais en esas menudencias... pero, ¡claro está! no sabéis lo que
+está pasando, no os ocupáis de estudiar el toro, os aburrís, y vais a
+mirar allá al otro extremo de la plaza a ver si a algún caballo se le ha
+salido el mondongo... Y en último resultado, ¿qué? ¡No parece más que no
+habéis visto nunca las tripas de un animal! ¿No os coméis todos los días
+el chorizo en el cocido?</p>
+
+<p>Miguel, que fumaba tranquilamente en una butaca sin atender a lo que su
+primo decía, preguntó en tono distraído:</p>
+
+<p>&mdash;¿Pero no habría algún medio de sustituir esa suerte de picas?</p>
+
+<p>&mdash;¡Ninguno!&mdash;gritó Enrique.&mdash;¡Absolutamente ninguno!</p>
+
+<p>&mdash;Bien, hombre, bien; no te enfurezcas.</p>
+
+<p>&mdash;¿Te figuras que los toros son una cosa de ayer mañana?... Todo lo que
+se refiere a los toros está muy pensado... ¡muy calculado!... Los que no
+entienden una palabra, ven correr al toro detrás de los toreros, y nada
+más; pero los que han estudiado algo, saben la razón de todos los
+movimientos que se ejecutan en la plaza...</p>
+
+<p>&mdash;Pues entonces&mdash;dijo Miguel seria y pausadamente soltando otra bocanada
+de humo,&mdash;te anuncio que cuando sea ministro de la Gobernación, tendré
+el honor de suprimir las corridas de toros.</p>
+
+<p>Enrique le echó una mirada torva.</p>
+
+<p>&mdash;¡Ya se librará ningún ministro de la Gobernación de suprimir los
+toros!</p>
+
+<p>&mdash;¿Y dónde está tu padre ahora?&mdash;dijo Miguel levantándose.</p>
+
+<p>La fisonomía de Enrique volvió a adquirir repentinamente su habitual
+expresión de bondad e inocencia.</p>
+
+<p>&mdash;Me parece que no ha salido esta mañana. ¿Quieres verle?</p>
+
+<p>&mdash;Sí, tengo que hablar con él.</p>
+
+<p>&mdash;Vamos allá.</p>
+
+<p>Y poniéndose apresuradamente una chaqueta, sin haberse metido aún el
+chaleco, condujo a su primo por los corredores hasta cerca del cuarto de
+su padre. Allí vaciló un poco, porque seguía profesando a aquella
+habitación el mismo respeto que cuando niño.</p>
+
+<p>&mdash;Raimundo&mdash;dijo, viendo a un criado pasar,&mdash;entra en el cuarto de papá
+y pregúntale si puede recibir al señorito Miguel, que desea hablarle.</p>
+
+<p>El criado tardó un rato en salir con la respuesta afirmativa. Miguel
+entró solo.</p>
+
+<p>Estaba el tío Bernardo sentado en su poltrona, leyendo los periódicos
+con la misma expresión de hostilidad con que siempre había acogido todas
+las ideas expresadas por escrito. Había envejecido bastante: la calva,
+ya dilatada, se la cubría un gorro de terciopelo morado; más flaco y
+más pálido; el bigote canoso había quedado reducido, merced al lento
+pero continuado trabajo de la navaja, por entrambos lados, a una motita
+debajo de la nariz.</p>
+
+<p>&mdash;Buenos días, tío, ¿cómo sigue V.?</p>
+
+<p>&mdash;Hola, Miguel: bien, ¿y tú?&mdash;respondió D. Bernardo sin apartar la vista
+del periódico.</p>
+
+<p>&mdash;De salud, bien.</p>
+
+<p>&mdash;¿Te vas resignando?&mdash;le preguntó, siempre con la vista fija en el
+periódico y con un tono ligero que hirió vivamente a Miguel.</p>
+
+<p>&mdash;No, señor&mdash;contestó éste un poco picado.</p>
+
+<p>D. Bernardo se dignó levantar la vista hacia él manifestando sorpresa;
+tornó a bajarla y dijo en voz baja y cavernosa:</p>
+
+<p>&mdash;Pues no adelantarás nada con atormentarte; hay que someterse a la
+voluntad de Dios.</p>
+
+<p>&mdash;Yo me someto a la fuerza. Resignarse y someterse tranquilamente lo
+hacen los que no sienten con intensidad las desgracias.</p>
+
+<p>&mdash;Supongo que no querrás decirme que yo no he sentido profundamente a tu
+padre.</p>
+
+<p>&mdash;Debo creer que V. lo ha sentido mucho, porque era un modelo de padres,
+de hermanos y de caballeros.</p>
+
+<p>&mdash;Así es, y te aconsejo que lo imites siempre.</p>
+
+<p>&mdash;Hago lo que puedo; por de pronto le lloro mucho, como él me lloraría.</p>
+
+<p>&mdash;No juzgo que deben condenarse las lágrimas en absoluto; pero me
+parecen más propias de las mujeres que de los hombres. Te aconsejo
+entereza para soportar esta prueba terrible. Pasados ya los primeros
+días, es absurdo seguir entregado al dolor, y precisa darse cuenta
+exacta de su situación y pensar en lo porvenir.</p>
+
+<p>&mdash;A eso venía precisamente; a tratar con V. la cuestión de intereses.</p>
+
+<p>Casi todas las conversaciones entre tío y sobrino desde hacía algún
+tiempo, tomaban este tono un si es no es picante. Miguel era díscolo, y
+cada día iba formando una idea más pobre de las dotes intelectuales del
+tío Bernardo. Este, si no despreciaba a su sobrino en el fondo,
+aborrecía su carácter y le tenía miedo. Ambos se hallaban perfectamente
+convencidos de esta antipatía y procuraban demostrársela con más o menos
+disimulo. La conversación que sobre intereses entablaron no fue larga:
+desde los primeros momentos comprendió Miguel que su tío no deseaba
+hacerse cargo de la curaduría, y grandemente satisfecho, aunque
+ocultándolo lo mejor que pudo, le facilitó el camino para zafarse de
+ella.</p>
+
+<p>&mdash;Sí, tío, sí; comprendo perfectamente que las graves ocupaciones que V.
+tiene en su vida pública y privada no le permitirán dedicarse al arreglo
+de mis negocios con la atención que V. quisiera... Yo lo siento
+muchísimo... pero más vale que desde el principio hablemos claro...</p>
+
+<p>&mdash;Por mi parte estoy dispuesto a cumplir en un todo la voluntad del
+finado; bien lo sabes... Pero temo que apesar de sacrificar otros
+quehaceres...</p>
+
+<p>&mdash;Nada, no hablemos más de eso. Como en el testamento se señala, en
+defecto de V., a tío Manolo, que él se encargue, ya que está desocupado.</p>
+
+<p>D. Bernardo sonrió irónicamente al escuchar el nombre de su hermano.</p>
+
+<p>&mdash;Sí; él bien puede encargarse; los quehaceres no le matan.</p>
+
+<p>Con la solución dada al asunto, ambos se habían puesto de buen humor; la
+plática fue en adelante más expansiva y afable. D. Bernardo invitó a su
+sobrino a almorzar, y éste aceptó sin que se lo rogase.</p>
+
+<p>Cuando bajaron al comedor, estaba ya reunida la familia. Como era
+costumbre, todos aguardaban en pie al jefe de ella, quien después de
+saludarles grave y cortésmente, se sentó y les invitó a sentarse con un
+ademán tan imponente y señorial, que Miguel no pudo menos de sonreír.
+Nadie más que él sonrió: los demás, incluso Valle, que era ya un
+personaje político, aceptaban aquella severa etiqueta, persuadidos de
+que practicándola, se alejaban del vulgo y ganaban en prestigio y
+respetabilidad. Miguel, exagerando un poco el desdén que le inspiraba
+tal farsa, decía para sí:&mdash;«¡Pero, señor, esta es una familia de
+sainete!» Durante el almuerzo se habló de varios asuntos políticos y
+domésticos, pero siempre con el mayor orden, sin que bajo ningún
+pretexto se quitasen la palabra unos a otros; después que todos
+expresaban su opinión, D. Bernardo solía resumir y dar la suya, y en su
+defecto, lo hacía Valle, como segunda persona de la casa. Casi siempre
+coincidían todos en el modo de ver las cosas; cuando así no era, se
+mostraban tal deferencia los unos a los otros para contradecirse, que
+concluían por estar conformes. Alzar la voz para discutir se consideraba
+allí como la manifestación más acabada del mal gusto; sólo en las
+tabernas se disputaba a gritos. A veces había también sus rasgos de
+ironía, sus chistes; Carlitos y Valle se autorizaban algunos; entonces
+todos sonreían con benevolencia y hasta se reía suave y discretamente,
+nunca con fuertes o sonoras carcajadas. En casi todos los asuntos que en
+la mesa se trataban, manifestábase claramente el desdén que la mayor
+parte de las cosas y personas inspiraba a aquella privilegiada familia,
+y el íntimo convencimiento que todos profesaban de su indiscutible
+superioridad. Esta superioridad era el dogma de la casa.</p>
+
+<p>Enrique tomaba muy pocas veces parte en la conversación; no se
+consideraba a la altura de sus hermanos, conocía su genio sulfúrico y
+temía desafinar. Desde que se sentaron a la mesa, la transformación que
+acababa de operar en su rostro había llamado la atención de todos, hasta
+de su padre, que no se dignaba reparar sino en muy contadas cosas:
+habíale dirigido durante el almuerzo cuatro o cinco miradas largas y
+escrutadoras, y él, por no soportarlas, bajaba la vista y se hacía el
+distraído; estaba avergonzado, y hubiera dado cualquier cosa por ponerse
+de nuevo los pelos que se había quitado. Nadie se atrevió, sin embargo,
+a hablarle de ellos. Cuando concluyeron de almorzar se procedió a hacer
+el café sobre la misma mesa, tarea en que de antiguo se placía la
+familia de Rivera, y a la cual concedía extremada importancia. En esta
+ocasión, la importancia era mucho más grande porque se trataba de
+ensayar una nueva maquinilla que Carlitos había encargado a París. Todos
+se prepararon con ansiedad a ver funcionar el aparato. Carlitos se había
+encargado de armarlo; desgraciadamente, apesar de su reconocido talento
+mecánico, no había logrado encajar algunas piezas en su verdadero sitio;
+el café salió tan revuelto y malo, que fue imposible atravesarlo.
+Entonces se produjo en la familia de Rivera un movimiento de sorpresa
+dolorosa; pero nadie osó dirigir cargo alguno al causante de la
+desgracia; sólo por medio de rodeos y perífrasis, Valle declaró que el
+café pudiera estar más claro aún, lo cual no sabía si debiera achacarse
+a la calidad del mismo café, a la deficiencia del aparato o a alguna
+ligera imperfección en la manera de armarlo. D. Bernardo tosió dos o
+tres veces, lo cual indicaba siempre que iba a decir algo, y era la
+señal preventiva para que todo el mundo se callase. En efecto, guardaron
+silencio.</p>
+
+<p>&mdash;Para que sepamos cuál es la causa de lo que ha ocurrido, y si Arturo
+ha acertado en alguna de las diversas indicaciones que acaba de hacer,
+precisa, ante todo, que se lave el aparato, se le desarme y lo volvamos
+a armar con detenimiento.... A ver, Raimundo, llévate esa máquina, que
+se lave bien, y después de secarla, la traes.</p>
+
+<p>Mientras Raimundo estuvo por allá, apenas se habló en la mesa, como si
+estuvieran todos bajo el peso de alguna grave preocupación: se esperaba
+su vuelta con mal disimulada impaciencia. Cuando llegó y dejó de nuevo
+el aparato sobre la mesa, los ojos se volvieron anhelantes hacia el jefe
+de la familia, quien, después de toser otras dos o tres veces, dijo
+solemnemente, dirigiéndose a su hijo Carlos:</p>
+
+<p>&mdash;Carlitos, ten la bondad de desarmar el aparato, a fin de que sepamos,
+si es posible, dónde reside la falta.</p>
+
+<p>Carlitos se apresuró a tomar la máquina, y con mano un poco temblorosa,
+comenzó a desarmarla, bajo la mirada fija y atenta de su familia. Según
+iba sacando las piezas, dejábalas esparcidas a granel sobre la mesa.</p>
+
+<p>&mdash;¡Alto allá!&mdash;exclamó D. Bernardo extendiendo las manos.&mdash;Las distintas
+piezas no pueden ni deben dejarse de este modo confundidas,
+exponiéndonos a que después no sepamos para qué sirven. Coloquémoslas
+ordenadamente, a derecha e izquierda, según vayan saliendo, y no habrá
+más tarde dificultades.</p>
+
+<p>Carlitos comenzó a alargar las piezas a su padre, y éste a colocarlas en
+diversos parajes de la mesa, no sin vacilar antes algún tiempo y pensar
+bien el pro y el contra de cada sitio.</p>
+
+<p>&mdash;Esta tapadera de cristal la colocaremos aquí junto a Eulalia, ¿no es
+eso?... El recipiente superior lo pondremos delante de Vicente, ¿qué
+tal?... Bien; queda colocado... acordarse bien... queda colocado delante
+de Vicente... El pasador aquí a mi derecha... no olvidarse... El
+recipiente de la leche, ¿dónde colocaremos el recipiente de la leche?...
+Aguárdate un instante, hombre... lo colocaremos, si no os parece mal,
+aquí delante de Arturo... acordarse bien, delante de Arturo...</p>
+
+<p>Una vez desarmado el aparato, Carlos principió a encajar de nuevo unas
+piezas con otras, con seguridad y desembarazo, como el que conoce bien
+el terreno que pisa. Su padre, no obstante, a quien disgustaba siempre
+la prisa, le atajó en seguida.</p>
+
+<p>&mdash;Alto ahí, Carlos; eso no es resolver la dificultad... Hay que tomar
+las cosas con más calma; si no, obtendremos el mismo resultado. Antes de
+proceder a la colocación de una pieza cualquiera, es necesario
+cerciorarse si la anterior está bien colocada; esto es, si ajusta
+perfectamente con la otra... Nada de precipitarse... ¿A qué conduce la
+prisa?... ¿No tenemos sobrado tiempo?... Caminemos con cautela... ¿No es
+eso?...</p>
+
+<p>D. Bernardo echó una mirada en torno buscando la aprobación, que todos
+le concedieron sin vacilar. Después, tosió dos o tres veces, en
+testimonio de hallarse satisfecho.</p>
+
+<p>Apesar de la cautela y del espacio que Carlitos se tomó para armar la
+máquina, y a despecho de los graves y sensatos consejos que su padre le
+iba dando, y que él respetuosamente seguía, cuando de nuevo se hizo el
+café, salió tan malo como la vez anterior. Fue necesario apelar a la
+antigua maquinilla. La familia tomó el café pensativa y silenciosa.
+Miguel se puso a jugar con sus sobrinitas, las niñas de Eulalia. D.
+Bernardo se levantó al fin de la mesa, encendiendo un cigarro habano.
+Aunque su continente era frío y grave, como siempre, adivinábase que no
+estaba de buen humor: el negocio del café le había excitado un poco la
+bilis. Antes de salir se volvió hacia Enrique, que aún continuaba
+sentado, y le dijo severamente:</p>
+
+<p>&mdash;¿Por qué te has dejado esas ridículas patillas de torero?</p>
+
+<p>&mdash;Me estorbaba la barba&mdash;contestó el alférez humildemente, un poco
+ruborizado.</p>
+
+<p>&mdash;Y porque la barba te estorbase, ¿había razón para poner la cara como
+la de un chulo o un chispero?... ¿No sabes que eres hijo de una familia
+respetable, y que debes imitar a las personas decentes, lo mismo
+interior que exteriormente?... A ver si te quitas inmediatamente esos
+adornos... ¡No quiero chulos o picadores en mi casa!... Tiempo hace que
+me estás disgustando con tus groseras inclinaciones... Ya sé que tienes
+por amigos a unos cuantos toreros o granujas de la calle, olvidando lo
+que debes a tu familia y lo que debes a ti mismo... que no tienes otros
+placeres, que ver encerrar y apartar los toros... Me hiere profundamente
+tener un hijo tan insensato... ¿De dónde has sacado esas aficiones?...
+¿No ves a tus hermanos, de quien nadie tuvo que decir jamás una
+palabra?...</p>
+
+<p>Hizo aquí una pausa larga el irritado señor de Rivera, y dijo después en
+tono perentorio, saliendo del comedor:</p>
+
+<p>&mdash;¡Que no te vuelva a ver esas patillas!</p>
+
+<p>Enrique recibió la reprensión de malísimo talante, con los codos
+apoyados en la mesa y la cabeza metida entre las manos en señal de
+protesta. Cuando su padre volvió las espaldas y estaba un poco lejos,
+dejó repentinamente aquella postura, y agitando frente a él los puños
+con frenesí, exclamó con voz sofocada a fin de que no le oyese:</p>
+
+<p>&mdash;¡En mi cara mando yo!</p>
+
+<p>Todos guardaron silencio, incluso doña Martina, ante la cólera del
+alférez. Sólo Eulalia se atrevió a decir solemnemente:</p>
+
+<p>&mdash;Eso, Enrique, está muy mal hecho: papá tiene razón...</p>
+
+<p>No pudo concluir: su hermano se le echó encima convertido en basilisco.</p>
+
+<p>&mdash;¡Ya me extrañaba a mí que tú no metieses la cucharada! ¿Quién te pide
+a ti consejo, ni qué se me da a mí que tú lo encuentres malo o bueno?...
+¡Es decir, que mamá se calla, y que esta tontuela ¡mentecata! se ha de
+meter siempre en mis cosas!... Yo hago lo que me parece; ¿sabes?... Me
+dejo las patillas o me las quito; ¿sabes?... Y tú te callas; ¿sabes?...</p>
+
+<p>Nadie protestó; el mismo Valle, que era a quien correspondía poner
+correctivo a aquellas palabras, se las tragó; el alférez pudo seguir
+gritando cuanto quiso.</p>
+
+<p>&mdash;¿Sabes&mdash;le dijo Miguel cuando estuvieron solos en el cuarto&mdash;que no es
+precisamente la dulzura lo que te caracteriza cuando tienes que
+dirigirte a tu hermana?</p>
+
+<p>Enrique encogió los hombros en señal de desprecio.</p>
+
+
+
+<h3><a name="Xa" id="Xa"></a>X</h3>
+
+
+<p>El hotel de Puerto Rico, donde tío Manolo se alojaba, no era, en
+realidad, más que una mediana casa de huéspedes. Nada de cuanto
+caracteriza a los hoteles se encontraba en él; ni movimiento de criados,
+ni entrada y salida de viajeros y equipajes, ni ruido de ninguna clase.
+Lo único en que remedaba un poco la manera de ser de aquellos
+establecimientos, era en los números pintados (con tinta de escribir)
+sobre la puerta de los cuartos y en los impresos con la cuenta que a fin
+de mes repartía una criada entre los huéspedes. Por lo demás, éstos eran
+fijos y no pasaban mucho de una docena. Entre ellos, el más antiguo un
+Marqués diplomático retirado del servicio hacía veinte años, seco,
+avellanado, fruncido, sin pizca de dientes y enteramente sordo
+(soltero). Otro de los que llevaban más tiempo en la casa, era un mayor
+del Consejo de Estado, buen mozo, muy dado al aseo y a los perfumes,
+gastrónomo, abonado perpetuo a la ópera, animal dañino entre el bello
+sexo, disimulando sus cuarenta y cinco años con arte diabólico
+(soltero). Un ex-diputado carlista aniquilado por el reuma, viviendo de
+sus rentas, pasando los días húmedos en la cama, los secos en el café de
+la esquina, jugando al dominó, entrado ya en días, gran narrador de
+cuentos verdes, silencioso en todos los demás asuntos, hombre dulce y
+servicial (separado de su mujer). Un oficial de marina, joven, terrible
+discutidor de cuantos problemas o cuestiones se suscitasen, por
+especiales y técnicos que fuesen; todo lo sabía, todo lo analizaba, los
+asuntos religiosos como los financieros, lo perteneciente al orden
+físico y lo que tocaba al espiritual; con todo eso, hablaba poco de
+barcos; asistía invariablemente a los estrenos de los dramas, y emitía
+su opinión a gritos en los pasillos de los teatros, y después, en la
+mesa de la fonda (soltero). Este oficial constituía el tormento y la
+penitencia de un médico anciano que ya no ejercía, y que también se
+hospedaba en el hotel; hombre ilustrado y meticuloso, que jamás
+aventuraba una opinión sin haberla meditado con gran espacio. Vivía allí
+disfrutando de un capital que había juntado en su larga carrera
+profesional, procurándose, con escrúpulos de monja, cuantos goces
+higiénicos, cuantos cuidados y regalos puede inventar una imaginación
+experta y dedicada exclusivamente a tan grata tarea; los razonamientos,
+o por mejor decir, la charla insustancial del oficial de marina, le
+ponía fuera de sí, le alteraba la bilis, era su única cruz en esta vida.</p>
+
+<p>&mdash;¡Pero, hombre de Dios! ¿Sabe V. por ventura obstetricia?</p>
+
+<p>&mdash;¡A mí qué me importa la obstetricia! Lo que le sé a V. decir, es que
+una mujer puede concebir de un animal, y que está probado.</p>
+
+<p>&mdash;¡Cómo ha de estar probado semejante disparate!</p>
+
+<p>&mdash;Dispénseme V., D. Agustín, dispénseme V.; no es un disparate, ni mucho
+menos. Hay un médico alemán llamado Grotte...</p>
+
+<p>&mdash;No conozco semejante médico.</p>
+
+<p>&mdash;Usted no lo conocerá; pero el que V. no lo conozca, no prueba nada...
+Digo, que Grotte, que es el médico de más reputación que existe en
+Alemania, y que ha escrito infinidad de libros, afirma terminantemente
+que una mujer puede concebir de un mono, y hasta de un perro...</p>
+
+<p>&mdash;¡Jesús, qué barbaridad! ¡No estará mal mono sabio ese señor Grotte!</p>
+
+<p>&mdash;¡Dispénseme V., D. Agustín; dispénseme V.! Grotte goza de reputación
+europea, es miembro honorario de la Academia de Ciencias de Berlín y de
+la de París, director de uno de los hospitales más importantes, médico
+del Emperador...</p>
+
+<p>A D. Agustín le retozaban las ganas de decir: «¡Todo eso es una patraña,
+y V. un mentecato sin pizca de sentido común!» Pero se contenía por
+educación, y cortaba las discusiones diciendo en tono sarcástico preñado
+de cólera:</p>
+
+<p>&mdash;Bueno, hombre, bueno; tiene V. razón... V. lo sabe todo... Conoce V.
+la fisiología, la anatomía, la obstetricia... para eso es V. marino...
+Yo no sé una palabra de esas cosas... para eso soy médico... Nada, nada,
+tiene V. razón... dejemos eso.</p>
+
+<p>Estas retenciones de bilis le producían a don Agustín algunos disturbios
+en el estómago; estuvo tentado algunas veces a dejar la casa, pero le
+dolía en el alma abandonar un gabinete muy gentil al mediodía, que él
+había amueblado con particular esmero. Nuestro D. Manuel Rivera, por sus
+prendas personales, por sus relaciones con la alta sociedad madrileña y
+por los años que llevaba en la casa, representaba también papel
+principal en ella.</p>
+
+<p>Los demás huéspedes eran figuras secundarias, que presenciaban riendo
+las disputas de la mesa redonda, aventurando pocas veces su opinión y
+aceptando resignadamente la oligarquía de los seis que hemos enumerado,
+los cuales gobernaban la fonda a su talante, dictando al cocinero los
+platos y al dueño las horas de las comidas; los criados, que se
+renovaban a menudo, poníanse muy pronto al tanto de la existencia de
+este primer estamento, y empezaban a servir siempre por aquella parte de
+la mesa en que se situaba, lo que hacía montar en cólera a una señora
+viuda, ajamonada, que en las discusiones daba siempre la razón al
+oficial de marina.</p>
+
+<p>Cuando éste comía en casa, era sabido que habría gran calor en la mesa,
+mucho ruido, gritos desaforados: el dueño de la fonda, el cocinero y el
+pinche, cuando la algazara subía de punto, asomaban disimuladamente las
+narices por la puerta un poco asustados; mas al instante se
+tranquilizaban oyendo palabras que no comprendían, y se retiraban de
+nuevo a la cocina. Pero el oficial comía con frecuencia fuera de casa;
+entonces la mesa redonda languidecía, quedaba sumida en un letargo
+triste y silencioso; se oía el ruido de los platos y el de las
+mandíbulas; el mayor del Consejo de Estado era el encargado de animar la
+escena, y lo hacía llamando la atención del Marqués, que comía
+abstraído, y dándole siempre la misma broma: el diplomático había
+prestado cinco duros a un tunante llamado Laguna, que vivía del juego y
+la estafa, y como es natural, no había vuelto a echarle la vista encima.</p>
+
+<p>&mdash;D. Lorenzooo&mdash;gritaba el atusado mayor.</p>
+
+<p>D. Lorenzo seguía comiendo tranquilamente.</p>
+
+<p>&mdash;D. Lorenzoooo&mdash;tornaba a gritar.</p>
+
+<p>&mdash;¿Cómo?&mdash;decía aquél levantando la cabeza y poniendo la mano por detrás
+de la oreja.</p>
+
+<p>&mdash;Que hoy he visto a Lagunaaa.</p>
+
+<p>&mdash;¡Hum!&mdash;gruñía el viejo bajando de nuevo la cabeza y dándose ya por
+enterado de la broma.</p>
+
+<p>&mdash;Me ha dicho, que es V. una persona muy simpáticaaa.</p>
+
+<p>&mdash;¿Sí, eh?&mdash;refunfuñaba D. Lorenzo sin levantar la vista.</p>
+
+<p>&mdash;Muchooo... y que probablemente vendrá un día de estos a hacerle a V.
+una visitaaa.</p>
+
+<p>Esta noticia producía siempre risa entre los comensales, que estaban
+perfectamente enterados de todo.</p>
+
+<p>&mdash;No lo creo.</p>
+
+<p>&mdash;Pues créalo V.; está muy agradecidooo.</p>
+
+<p>&mdash;Eso sí lo creo&mdash;murmuraba con sorna.</p>
+
+<p>&mdash;Dice, que a ninguna persona pedirá él cinco duros con más libertad que
+a V... en caso de necesidaaad.</p>
+
+<p>&mdash;¡Hum!</p>
+
+<p>&mdash;Que ha sido V. para él un padre...</p>
+
+<p>&mdash;¡Ya, ya!</p>
+
+<p>&mdash;Me ha preguntado qué formalidades se exigían para la adopcióoon...
+Desea que V. le declare hijo adoptivo.</p>
+
+<p>&mdash;Mejor sería hijo pródigo.</p>
+
+<p>La ocurrencia levantaba algazara en la mesa. El mayor volvía a la carga.</p>
+
+<p>&mdash;¿Cuánto piensa V. darle para sus gastos particulares cuando sea su
+hijooo?</p>
+
+<p>&mdash;Nada... le dejaré letra abierta en todas las tabernas y <i>chamizos</i>.</p>
+
+<p>&mdash;Eso está bien; ¿pero y los gastos imprevistos?</p>
+
+<p>&mdash;Habiendo aguardiente de Chinchón, está todo previsto...</p>
+
+<p>El Marqués hablaba pausadamente, dejando trascurrir un espacio regular
+entre la pregunta y la respuesta; de este modo, su ironía causaba más
+efecto. Y la broma se prolongaba al través de la comida con grandes
+intervalos de silencio. Al día siguiente, si el marino no llegaba a
+sazonarla con alguna discusión científica o literaria, se repetía la
+vaya con leves variantes: los comensales encontraban muy donoso al
+mayor, y cuando se descuidaba en embromar al Marqués, le guiñaban el ojo
+excitándole a hacerlo; la charla del marino los mareaba y aburría un
+poco; pero siempre se encontraban dispuestos a confesar su talento y sus
+conocimientos poco comunes.</p>
+
+<p>Desde la última vez que le vimos, D. Manuel Rivera había envejecido
+bastante en realidad, en apariencia muy poco; el vientre le había
+crecido, las patas de gallo se habían acentuado, el cabello y la barba
+estaban poblados de canas. Mas como acudía, casi tan pronto como su
+compañero el mayor del Consejo, al reparo de estos mandobles del tiempo,
+amortiguaba su fuerza y la herida apenas se mostraba. Hacía algunos años
+que usaba constantemente justillo de gamuza (en verano de hilo), que
+recogía y aprensaba el abdomen; jamás se lavaba sin frotarse después con
+una llamada «agua de Circasia para refrescar y embellecer el cutis;»
+todos los meses daba una vuelta por casa del dentista para limpiar la
+dentadura y orificar los muchos agujeritos que iban pareciendo en ella;
+en cuanto a las canas, ahí estaba su fuerte; las tinturas que usaba,
+traídas por él todos los años de París, eran la envidia del mayor por lo
+finas y exquisitas. Sin embargo, por las mañanas antes que el barbero
+llegase, cuando tío Manolo envuelto en su bata le esperaba sentado en la
+butaca leyendo los periódicos, tenía todo el aspecto de una ruina
+venerable: aun después de salir fresco y rozagante del cuarto, un ojo
+experto y curioso podía notar en ocasiones, en que andaba la tintura
+descuidada, ciertas vislumbres de plata en la raíz de la patilla. Esto
+en cuanto a lo corporal; por lo que toca al espíritu, nuestro D. Manuel
+no necesitaba componer ni aliñar absolutamente nada; teníalo tan
+fresco, tan vivo y juvenil como a los veinte años. Y eso que por efecto
+de sus constantes prodigalidades, padecía con frecuencia serios
+disgustos en el orden económico; hacía ya bastante tiempo que tenía
+vendidas o empeñadas las fincas que sus padres le dejaron; esto no le
+impedía vivir holgadamente y recrearse con el mismo sosiego que si
+estuviese recién heredado. Nunca había retrocedido ni pensaba retroceder
+ante los gastos indispensables a un hombre que frecuenta la buena
+sociedad, que es galán y divertido. El cómo proveía a ellos nadie lo
+sabía, ni el mismo Miguel, que después de la muerte de su padre se fue a
+vivir con él en el Hotel de Puerto Rico. Tenía noticia por sus primos y
+por algunos amigos del mal estado de la hacienda de su tío; pero se
+asombraba de que éste nada le dijese ni hallase en sus actos algo que
+acusase la ruina de que se hablaba.</p>
+
+<p>Como el pez en el agua se encontró nuestro mancebo en el hotel de su
+tío; aunque muy joven para ello, formó inmediatamente parte del primer
+estamento o directorio, en atención quizá a los méritos de aquél, en
+parte también a los suyos propios; pues muy pronto se mostró en la mesa
+como muchacho de entendimiento, alegre y despejado. El médico D. Agustín
+halló en él poderoso auxiliar contra las afirmaciones disparatadas del
+oficial de marina, y desde que se vio secundado, se las tuvo tiesas en
+todas las discusiones, y no quiso retroceder ni humillarse ante ninguna
+cita de autor exótico. Perdió terreno el oficial de día en día y
+comenzó a decirse entre los comensales que formaban el público, que
+tenía una ciencia superficial y que el sobrinito de D. Manuel le ponía
+muchas veces las peras a cuarto. Hasta la viuda ajamonada que le daba
+siempre la razón comenzó a quitársela y apoyar con vivas cabezadas lo
+que Miguel manifestaba; pero esto, según se supo después, fue porque la
+viuda le propuso un cambio de habitaciones, fundándose en que el oficial
+paraba muy poco en casa y le bastaba un cuarto más pequeño; no tuvo
+aquél la galantería de aceptar el trueque, y se captó para siempre su
+antipatía.</p>
+
+<p>Pocos días después de vivir juntos, dijo D. Manuel a su sobrino:</p>
+
+<p>&mdash;¿Sabes quién tiene muchos deseos de verte?... Aquella señora del
+intendente Trujillo, a cuya casa te llevé yo una noche cuando eras
+chico... ¿No te acuerdas que cantó unos dúos de ópera conmigo?... Ha
+quedado viuda la pobre hace ya dos años... Es una buena señora, muy
+amable y obsequiosa...</p>
+
+<p>&mdash;¿Y aquella hija que tenía y también cantaba?...</p>
+
+<p>&mdash;Se murió antes que su padre... Anita se ha quedado completamente sola.
+Cuando sucedió tu desgracia me preguntó con mucho interés por ti, y me
+hizo prometerle que te llevaría alguna noche por su casa... No es
+tertulia formal; nos reunimos solamente tres o cuatro amigos, de modo
+que puedes venir sin inconveniente.</p>
+
+<p>Aquella noche fue, en efecto, Miguel con su tío a casa de la intendenta,
+quien le recibió con mucho agasajo: no tanto a los tres o cuatro amigos
+de que había hablado tío Manolo, y que fueron entrando uno después de
+otro. Todos ellos eran entrados en días; uno era coronel retirado; otro,
+catedrático de matemáticas en la facultad de ciencias; otro,
+ex-gobernador de provincia. Observó Miguel que la intendenta ejercía una
+soberanía absoluta, casi despótica, sobre esta diminuta tertulia;
+ordenaba en tono perentorio cualquier servicio, contestaba con acritud a
+las observaciones que la hacían, y en general se mostraba bastante
+indiferente a las atenciones y acatamientos que a cada instante la
+prodigaban aquellos señores, incluso el tío Manolo. Sin embargo, éste
+era el único con quien se humanizaba a ratos. Echando la vista en torno
+y advirtiendo el lujo que allí reinaba, pronto se convenció Miguel de
+que los tertulianos todos, sin exceptuar a su tío, apetecían la mano un
+poco rugosa ya de la intendenta. Frisaba ésta en los cincuenta, pero no
+estaba mal conservada, y apoyada sobre el pedestal de una más que
+regular fortuna, parecía a los ojos de sus amigos como una diosa. Bien
+persuadida estaba también ella de su influencia fascinadora, y por eso
+abusaba; quizá se juzgase digna de un marido más fresco y juvenil. Lo
+cierto es que trataba a sus pretendientes con ostensible despego. ¡Qué
+esfuerzos hacía cada uno de ellos por aventajar a los otros en cortesía,
+donaire y gentileza! ¡Cuántos cartuchos de confites entregados con
+emoción y olvidados inmediatamente sobre la mesa! ¡Cuánto requiebro,
+cuánta galantería perdidos en el aire! El gesto habitual de la
+intendenta era de disgusto; cuando la preguntaban por su salud, siempre
+contestaba: <i>regular</i>. Los tertulios tocaban con mucha habilidad este
+registro, porque era el único al cual solía responder: cuando se hablaba
+de sus debilidades y sus nervios, era cuando Anita se mostraba
+comunicativa; a veces la tertulia se pasaba horas enteras hablando de
+gastralgias y dispepsias o de otras enfermedades del aparato digestivo.
+Tenía además la intendenta otro defecto que, apesar de su acreditada
+paciencia, solía indignar a los pretendientes; se dormía a menudo en la
+butaca y los tenía toda la noche hablando entre sí y en voz baja; noches
+perdidas para el bloqueo de la plaza, que causaban profundo desaliento
+en los tertulios. Pues aún no era esto lo peor: lo peor era que Anita,
+que tenía un temperamento linfático exhausto de sangre, gustaba de
+mantener viva y cargada incesantemente, hasta en los días templados, la
+chimenea de su gabinete; merced a esto y al cuidado con que se cerraban
+todas las puertas y rendijas, aquella habitación era un horno; en
+ocasiones la atmósfera se ponía casi irrespirable; el coronel y el
+catedrático, que eran obesos y sanguíneos, sudaban gotas de tinta y
+estaban expuestos a una congestión; pero el ex-gobernador y tío Manolo,
+lejos de compadecerles, se complacían muy mucho en aquel tormento, y
+hasta se hubieran alegrado quizá de un amago de apoplejía que les
+impidiese salir de casa por las noches.</p>
+
+<p>Anita recibió a Miguel, como ya hemos dicho, con inusitada afabilidad:
+aquella novedad, aquella frescura despertó en ella, acostumbrada a los
+semblantes graves y ajados que diariamente la rodeaban, ideas risueñas,
+la alegría de la juventud. Los tertulios disfrutaron del buen humor de
+la intendenta aquella noche; en vez de dormitar tristemente en la butaca
+o de describir con voz apagada los fenómenos nerviosos del día, se
+mostró en extremo locuaz y divertida; hablose de los teatros, de
+política, de las aventuras galantes de la corte, se rió, se dijeron
+chistes más o menos ingeniosos por todos. Anita se avino hasta a abrir
+el piano después de varios meses que permanecía cerrado, y cantar una
+romanza. Pero contra lo que debía esperarse y formando extraño contraste
+con los demás, tío Manolo empezó a ponerse, poco después de haber
+llegado, serio y taciturno; apenas contestaba a lo que le preguntaban,
+cual si se hallase bajo el peso de alguna triste preocupación. Miguel le
+examinó con inquietud, sin saber a qué atribuir aquella tristeza, pues
+no sabía que hubiese tenido disgusto alguno. Sin embargo, observó que su
+tío miraba con frecuencia a las solapas de la levita y se las arreglaba
+con mano trémula: y como le conocía muy bien hacía tiempo, al instante
+comprendió que había motivo grave para aquel singular y repentino cambio
+de humor; el cuello de la levita no ajustaba bien; hacía un fuellecito
+por atrás siempre que bajaba la cabeza. D. Manuel al ponerse la prenda
+en casa no había podido apreciar bien este defecto; sólo se había dado
+cuenta vaga de que existía. Mas así que se sentó cerca de un armario de
+luna, logró descubrirlo de modo evidente, y como es natural, sintió una
+profunda y dolorosa impresión que le impidió desde entonces tomar parte
+en la alegre plática que se había entablado. En un principio limitose a
+arreglar el cuello, disimulando lo mejor que pudo su disgusto; pero la
+bilis se le fue exacerbando poco a poco, perdió al cabo la paciencia, y
+cuándo creía que no le observaban, comenzó a dar vivos y fuertes tirones
+a las solapas. No consiguió sino excitarse más y más; el endiablado
+cuello, aunque quedaba en su sitio después de cada tirón, no tardaba
+dos minutos en bajarse y ahuecarse de nuevo. La desesperación se iba
+apoderando velozmente del gallardo caballero; hasta se le descompuso un
+poco el semblante. Por último, sintiéndose enteramente incapaz de
+permanecer por más tiempo en aquella angustiosa situación, se levantó de
+pronto y dijo con voz alterada, que se le había olvidado dar un recado a
+un amigo, que le dispensasen un momento, que no tardaría en volver.
+Viéronle marchar todos con cierta sorpresa a causa de su manifiesta
+turbación: en la risa que se dibujó en la cara del ex-gobernador, quiso
+adivinar Miguel que había atribuido la salida a algún malestar del
+cuerpo. No tardó siquiera media hora en entrar: traía puesta otra
+levita, el rostro se le había serenado por completo y se mostró en
+seguida tal cual era: jovial, divertido, siguiendo durante toda la noche
+de un humor excelente.</p>
+
+<p>Cuando a las doce, poco más o menos, se deshizo la tertulia y salieron,
+cogió del brazo a Miguel y le preguntó alegremente:</p>
+
+<p>&mdash;¿Qué te parece de Anita?</p>
+
+<p>&mdash;Es una señora muy amable.</p>
+
+<p>&mdash;Bien conservada, ¿eh?</p>
+
+<p>&mdash;Sí; para su edad...</p>
+
+<p>&mdash;¿Cómo para su edad? No vayas a figurarte que es una vieja... Después,
+muy distinguida, ¿verdad?</p>
+
+<p>Y bajando la voz y acercando la boca al oído del sobrino añadió:</p>
+
+<p>&mdash;¡Ciento cincuenta mil duros en casas, y acciones del Banco!... ¿He
+dicho algo Miguel?</p>
+
+<p>No necesitó éste tirarle mucho de la lengua para averiguar sus planes.
+Acometido de súbito deseo de expansión, D. Manuel le abrió enteramente
+el pecho. Hacía tiempo que «le estaba poniendo los puntos» a Anita. El
+deseo de formar una familia que nunca sintiera en su vida, había
+concluido por enseñorearse de su alma. «Qué cosa más rara, ¿eh Miguel?
+Al llegar a cierta edad, todos caemos. Es una ley providencial.»&mdash;Pero a
+él ya no le convenía una chiquilla: necesitaba tranquilidad en casa; una
+mujer formal.&mdash;«Fuera de casa, todo lo que tú quieras; yo no soy un
+santo, y aun después de casado, no diré que alguna vez no saque la
+pierna por debajo de la manta... Pero el hogar... el hogar, chico, es
+una cosa muy sagrada.» Analizó después el carácter de Anita, un poco
+seco en ocasiones y hasta irritable; pero en el fondo cariñoso y
+expansivo como pocos; una mujer muy sensata, muy seria en todas sus
+cosas y de un corazón inmejorable. Cuando llegó al capítulo de los que
+pretendían disputarle su mano, el coronel, el ex-gobernador y el
+catedrático, se dibujó una sonrisa de lástima en sus labios: habló de
+ellos con desdén olímpico.&mdash;«Unos pobres mamarrachos, Miguel; ninguno
+tiene pizca de mundo ni sabe lo que es sociedad, ni se ha visto jamás en
+tales trotes: así que sin poderlo remediar enseñan la oreja a cada
+instante. Anita, que es muy lista, bien lo nota y se ríe de ellos; si no
+los despide de una vez es porque a todas las mujeres, hasta las más
+sensatas, les gusta tener una corte de adoradores... aunque sean unos
+tontos, ¿sabes?... Pero ya se irán cansando... ¿Has reparado los
+pantalones de don Ladislao el catedrático?... lo mismo que unas sayas...
+Anita y yo nos mirábamos y apenas podíamos contener la risa; ¡pobre
+señor!... El coronel no es feo, pero tampoco sabe llevar con gusto
+nada... ni las patillas.»</p>
+
+<p>Hablando de sus proyectos y murmurando de esta suerte llegaron hasta la
+puerta de casa. Después de gritarle un rato, vino el sereno a abrirles y
+les acompañó con el farol hasta el piso principal. Allí el criado, medio
+dormido aún, les entregó a cada uno la llave de su cuarto y se
+despidieron hasta el día siguiente.</p>
+
+<p>El tío Manolo, sereno, majestuoso, semejante a un dios, se fue a
+descansar, meditando como Ulises la muerte de los pretendientes.</p>
+
+
+
+<h3><a name="XIa" id="XIa"></a>XI</h3>
+
+
+<p>Desde que Miguel encargó la gestión de sus negocios al tío Manolo (y lo
+hizo pocos días después de haber pasado lo que acabamos de narrar), no
+volvió éste a sentir en su alma aquel noble impulso que le arrastraba a
+rendir culto a los dioses lares. Quizá juzgaba incompatible el cargo de
+tutor diligente con los deberes que impone el yugo matrimonial, y
+prefería sacrificar en provecho de su sobrino los placeres inefables con
+que la familia le brindaba. Verdad es, que procuró honradamente
+desquitarse aplicándose con laudable asiduidad a los goces propios del
+soltero. No le fue a la zaga en esto Miguel, estimulado con su ejemplo:
+ambos comenzaron a darse vida de príncipes disfrutando alegremente de
+los siete mil duros de renta que el brigadier había dejado; teatros,
+bailes, paseos, cenas a última hora, partidas de juego y de caza, noches
+de amor y de crápula, de todo gozó el héroe de nuestra historia en los
+cuatro años que siguieron a la muerte de su padre. Su inclinación al
+estudio sufrió notable menoscabo durante este tiempo; sin embargo,
+terminó la carrera con regular lucimiento. Una vez en posesión del
+título de abogado, no volvió a abrir un libro de derecho; los momentos
+que el placer le dejaba libre consagrábalos a la lectura de obras
+amenas, lo cual era también un placer.</p>
+
+<p>Al llegar a la mayor edad le vino la idea de pedir cuentas a su tío:
+había observado en los últimos tiempos ciertas dificultades tocantes al
+numerario, que le hicieron entrar en sospechas. Las cuales tuvo el
+sentimiento de ver convertidas en certidumbres: su tío y él se habían
+gastado en los cuatro años, no sólo la renta anual de siete mil duros,
+sino el capital correspondiente a cincuenta mil reales que estaba
+colocado en acciones del Banco y papel del Estado: no le quedaban más
+que tres fincas urbanas.</p>
+
+<p>Al saberlo tuvo un fuerte altercado con su tío, le recriminó con dureza
+su negligencia y le dirigió algunas palabras ásperas: el pobre D. Manuel
+apenas supo defenderse: quedose cortado y confundido, murmurando
+torpemente algunas disculpas. Cuando a Miguel se le calmaron un poco los
+nervios y se encontró solo en su cuarto, sintió grandes remordimientos;
+había obrado con poca generosidad: después de todo, la misma culpa había
+tenido él que su tío en el despilfarro: al recordar el semblante
+avergonzado y triste de aquél, sentía tanta lástima y un pesar tan
+profundo de haberle sin razón ofendido, que no pudo dormir en toda la
+noche.</p>
+
+<p>La renta que le quedó era bastante para vivir con desahogo y aun con
+relativo lujo en Madrid. Se hizo cargo de la administración de las casas
+y puso orden en sus gastos, procurando, no obstante, que a su tío no le
+faltasen ciertos goces sin los cuales el caballero no comprendía la
+existencia. Y siguieron viviendo alegres y satisfechos en la mejor
+armonía.</p>
+
+<p>La amistad de Miguel con su antiguo compañero de colegio y de posada,
+Mendoza, se había enfriado un poco durante los últimos años, más bien
+por efecto de la separación que porque hubiese mediado entre ellos
+motivo alguno de disgusto. Cuando se encontraban en la Universidad o en
+la calle se hablaban cariñosamente y paseaban juntos si Miguel no tenía
+cosa urgente que hacer. Algunas veces también, en días de apuro, Mendoza
+solía pasarse por casa de su amigo y pedirle unos cuantos duros. Por lo
+demás, trascurrían a veces meses enteros sin verse.</p>
+
+<p>Poco después de terminar la carrera, Mendoza, que cada día era mejor
+mozo y se aplicaba con más ahínco a parecerlo, quiso hacer oposición a
+unas plazas de oficiales, vacantes en el Consejo de Estado. Antes de
+resolverse vino a consultarlo con Miguel, quien le animó mucho y le
+prometió aprovechar todas sus relaciones para conseguir lo que deseaba.
+Miguel frecuentaba la alta sociedad y era amigo de varios personajes
+políticos; se le conocía en los salones como en la Universidad por el
+nombre de Riverita, y era generalmente querido por su figura simpática,
+aunque exigua, y su trato franco y gracioso. Hizo Mendoza al fin su
+ejercicio de preguntas, y no fue más que mediano, de suerte que aun
+poniéndose en lo mejor, desconfiaba mucho de llevar número, lo cual le
+traía muy cabizbajo y desalentado. No obstante, cuando llegó el segundo
+ejercicio, que consistía en escribir encerrado, durante veinticuatro
+horas, una disertación sobre un tema elegido entre tres y contestar
+después a las objeciones que dos compañeros le hiciesen, ocurriósele una
+idea salvadora; pidió por favor a Miguel, en cuyo talento fiaba mucho,
+que se la escribiese. Hubo necesidad para ello de valerse de un ardid. A
+la hora en que se encerraba, fue Rivera por allá, se enteró del tema
+elegido y corrió a meterse en la biblioteca del Ateneo, donde en pocas
+horas consultando libros y esforzando el ingenio, escribió un largo y
+erudito discurso. El problema era que llegase a las manos de Mendoza.
+Para conseguirlo fue a rondar a las altas horas de la noche el edificio
+de los Consejos, dio un silbido penetrante, como un enamorado que
+avisase a su novia, y al poco rato se abrió con cautela una ventana del
+piso alto y se vio un hilo de seda flotar en el aire; Miguel amarró
+apresuradamente el manuscrito y el hilo comenzó a subir arrastrándolo
+consigo.</p>
+
+<p>A la mañana siguiente fue lleno de zozobra a presenciar el ejercicio de
+su amigo. Este, que había copiado la disertación en buena letra, la leyó
+con firme entonación y no poco aparato; los jueces quedaron sorprendidos
+de tanta erudición y agradable estilo, en quien no sospechaban que
+existiese. Cuando llegó el momento, sin embargo, de contestar a las
+objeciones, decayó bastante; no sabía más que referirse a su discurso;
+luchaba en vano por encontrar algún nuevo argumento en defensa de la
+tesis. Apesar de esto y del mediano ejercicio de preguntas, el tribunal,
+pagado de los conocimientos nada comunes que había demostrado, le aprobó
+los ejercicios. Entonces fue cuando Miguel puso en juego todas sus
+amistades para conseguir que el ministro le concediese una de las
+plazas; el mayor del Consejo, su compañero de hotel, no fue uno de los
+que menos trabajaron en el asunto. Finalmente, después de muchas idas y
+venidas, empeños y zozobras, Mendoza fue nombrado oficial del alto
+cuerpo consultivo con doce mil reales de sueldo; aunque no era muy
+pingüe, tenía el empleo la ventaja de ser inamovible, y en la capital, y
+muy apropósito para trabar amistad con los próceres de la política y la
+administración, bajo cuya égida es como únicamente se puede hacer
+fortuna en España. El hijo del cirujano estaba, pues, en franquía, o lo
+que es igual, tenía asegurado su <i>modus vivendi</i>. Celebrose el triunfo
+por los dos amigos con una cena y hubo brindis fervorosos en ella y se
+juraron fidelidad eterna.</p>
+
+<p>Poco tiempo después de este suceso, sobrevino otro en la vida de Miguel
+que dio origen a cambios importantes en ella. Ya hemos dicho que había
+entrado con buen pie en la sociedad, que se le tenía por hombre ameno y
+divertido, y gozaba de todos los privilegios que la fortuna y el ingenio
+suelen conceder en la capital. Pocos sabían como él despertar el buen
+humor en las tertulias, hablar con donaire de las mil frivolidades que
+constituyen el encanto de la buena sociedad.&mdash;«Mi fuerte y mi recurso
+supremo para extasiar a las tertulias&mdash;solía decir con ironía,&mdash;es el
+teatro Real.» Porque entonces, como ahora, la conversación amena por
+excelencia en Madrid era la de la ópera, y aquél era tenido por hombre
+más discreto y agradable quien proporcionase en las reuniones datos más
+fidedignos acerca de la vida privada de los tenores y barítonos.</p>
+
+<p>Pues sucedió que cierto día, habiendo fallecido un caballero con quien
+mantenía alguna relación, se vistió de negro y fue a dar el pésame a la
+familia. La habitación de la señora estaba medio a oscuras, como es de
+rigor en tales casos, por lo que fue necesario que ella le saludase
+antes para saber a dónde dirigirse. Después que la apretó la mano y le
+expresó cuánto sentía, etc., etc., dio vuelta, y secándose los ojos para
+ver algo, percibió una silla vacía y fue a sentarse en ella. Los
+circunstantes guardaban silencio y se mantenían en la actitud rígida y
+dolorosa adecuada a las circunstancias. Nuestro joven procuró también
+adoptar una postura reflexiva metiendo las manos entre las rodillas, y
+bajando la cabeza, lo cual no le impedía levantar los ojos que,
+acostumbrados ya a la oscuridad, consiguieron al cabo distinguir las
+personas y los objetos. No muy lejos observó que una cabecita de mujer
+estaba vuelta hacia él, y que unos ojos negros le contemplaban sin
+pestañear; la cabeza era hermosa y delicada como la de una madona, los
+ojos vivos y alegres. Sintiose el joven particularmente cautivado por
+aquella mirada, donde adivinaba cierta misteriosa simpatía; no sólo su
+amor propio se sintió halagado por las insistentes miradas de la joven,
+sino que experimentó un sentimiento de atracción, que le arrastraba
+hacia ella. Contentose, al principio, con decir para sí:&mdash;¡Qué niña tan
+bonita!&mdash;Después avanzó un poco más y dijo:&mdash;¡Vaya una chica simpática,
+tiene cara de buena!&mdash;Por último no pudo menos de pensar:&mdash;Yo he visto
+esta fisonomía ya en otra parte. Y empezó a dar vertiginosas vueltas en
+la imaginación para averiguar dónde y cómo la había visto; pero por más
+que hizo no pudo averiguarlo. Recorría en un instante con el
+pensamiento, todas las casas conocidas, todos los parajes por donde
+había andado, y no logró encontrar marco para aquella cabeza. Si no la
+he conocido en el mundo, la he conocido en sueños, se dijo; yo he visto
+muchísimas veces esta cara y estos ojos. Y en efecto, poco a poco el
+semblante de la joven con sus rasgos delicados, con su expresión franca
+y risueña, se le representó como un sueño amable que había tenido en
+distintas épocas de la vida; trasladose a los días de placer, recordó
+los momentos en que su fantasía le hizo entrever los campos floridos de
+la dicha; días y momentos fugaces para él como para todos, pero que
+dejan la huella de Dios en el espíritu y le preservan de la corrupción.
+Los ojos de aquella joven le pusieron en contacto con todos los objetos
+bellos que había visto en su vida, con todos los pensamientos honrados
+que habían cruzado por su mente, con todas las lágrimas dulces que había
+vertido. Acordose de la fe pura y sencilla con que rezaba en el colegio
+ante la imagen de la Virgen y el ansia con que deseaba tener alas para
+lanzarse por los espacios azules y llegar hasta su trono de estrellas y
+cantar a sus pies las alabanzas de su hermosura inmortal; recordó las
+veces en que su padre le había dado a besar el retrato de su madre;
+recordó las dulzuras inefables que le causaba de niño la música que
+acompañaba a las procesiones, y la embriaguez que le producía el perfume
+del incienso, se le representaron los juegos de la infancia y el cariño
+vehemente apasionado que sintió cuando niño por su hermanita Julia...</p>
+
+<p>¡Julia!... Le dio un vuelco el corazón. Había hallado lo que buscaba:
+aquella cabeza semejaba extraordinariamente a la de su hermana, no sólo
+juzgando por el recuerdo de la infancia, sino por el retrato que de ella
+poseía, regalo de su padre. Clavó en la joven los ojos con interés
+ansioso, queriendo averiguar un algo vago que empezaba a bullirle en el
+pensamiento, exploró con afán todos los rasgos de su fisonomía, examinó
+todos los pormenores de su vestido.&mdash;¡Si fuese realmente mi hermana!&mdash;se
+dijo.&mdash;Todo cabe en lo posible. Esta familia es amiga suya.... pudieron
+venir de Sevilla a pasar una temporada&mdash;¡quién sabe!&mdash;Y seguía mirándola
+fijamente cada vez con más emoción: la joven tampoco apartaba de él su
+mirada, llena de interés. El corazón empezó a batirle aceleradamente: se
+le apoderó un gran desasosiego, que le hizo mudar de postura veinte
+veces en dos minutos; sintiose sofocado, y se desabrochó la levita. Era
+necesario salir de aquella terrible duda; saber si todo era pura
+ilusión, o si efectivamente se encontraba cerca de la hermana de su
+alma. ¿A quién preguntarlo? La señora de la casa estaba lejos; no era
+oportuno levantarse y dirigirse a ella: además, todo el mundo se
+enteraría. Paseó la vista en torno, y no halló ningún amigo: entonces se
+decidió a preguntarlo a la señora que estaba más cerca, fuese quien
+fuese; volviose cuanto pudo hacia ella, se inclinó hacia su oído, mas
+cuando iba a articular la primera palabra quedó repentinamente sin voz,
+pálido y estático. La señora que estaba a su lado no era otra que su
+madrastra, la brigadiera Ángela en carne y hueso, mucho más ajada, con
+el cabello gris, pero todavía bella y arrogante. La circunstancia de
+estar tocando con ella y la oscuridad de la sala, habían hecho que no la
+viese hasta entonces. La brigadiera debió conocerle en cuanto entró,
+porque así que Miguel hizo ademán de dirigirle la palabra, volvió la
+cabeza a otro lado en señal evidente de mal humor y desdén. El rencor
+que siempre le había tenido estaba más encendido ahora por el testamento
+del padre.</p>
+
+<p>Miguel permanció inmóvil largo rato, sumergido en un mar de pensamientos
+tristes. Cuando alzó la vista, su hermana (porque era ella, ya no le
+cabía duda) le estaba contemplando con mayor ternura. Una corriente de
+simpatía, más aún, de cariño sincero y apasionado, se estableció entre
+ellos; los ojos eran los encargados de trasmitirla: habló la sangre,
+hablaron los dulces e inefables recuerdos de la niñez, habló la memoria
+venerada del bondadoso brigadier Rivera. En poco estuvo que ambos se
+levantasen y se abrazasen ante la concurrencia; mas en Miguel pudieron
+los miramientos mundanos, en Julia el temor de su madre; y ambos
+permanecieron en sus asientos.</p>
+
+<p>La brigadiera se sofocaba; estaba inquieta, nerviosa; hacía rechinar la
+silla al moverse. Por último, no pudiendo ya contenerse, se levantó para
+salir; todos la imitaron, y hubo unos instantes de confusión mientras se
+despedían; merced a ella Miguel se acercó disimuladamente a su hermana,
+y, sin saber cómo, sin mirarse siquiera, sus manos se encontraron y se
+dieron un apretón furtivo y apasionado. Jamás experimentó nuestro joven
+una emoción más dulce, ni fue tan feliz como en aquel momento; vinieron
+a sus ojos algunas lágrimas que tuvo que ocultar con el pañuelo. Julia,
+por su parte, estaba pálida y temblorosa, y apenas podía articular las
+palabras indispensables para despedirse. Cuando se fueron, Miguel quedó
+como si repentinamente le introdujesen en un calabozo lóbrego; no vio,
+ni oyó nada de cuanto había a su alrededor, y, sin vergüenza alguna de
+que le observasen, se echó a llorar como un niño y se despidió también.</p>
+
+
+
+<h3><a name="XIIa" id="XIIa"></a>XII</h3>
+
+
+<p>Averiguó que su madrastra había venido a vivir a Madrid para cobrar más
+puntualmente la viudedad, y que habitaba un cuarto tercero en la calle
+del Barco; esto le hizo sospechar que la hacienda de su pobre hermana
+había sufrido fuerte menoscabo, si es que no había volado enteramente.
+Tan luego como supo el domicilio de ellas se constituyó en asiduo
+paseante de la calle y comenzó a espiar los balcones de la casa con el
+celo y la insistencia del más rendido galán; pero los balcones
+permanecían herméticamente cerrados como los de un convento; por más que
+hizo nunca logró ver a Julia. Apeló entonces a los medios que suelen
+emplear los tenorios callejeros; sobornó a la portera y pudo
+cerciorarse de que su madrastra habitaba allí en efecto hacía tres
+meses; pero su hermana había ido a pasar una temporada al campo con unos
+amigos por no encontrarse bien de salud. Renunció por entonces a pasear
+la calle aguardando su regreso. Y al cabo de algún tiempo sucedió lo que
+vamos a ver.</p>
+
+<p>Cierta tarde de verano hallábase Miguel sentado en una de las sillas del
+Prado con el cigarro en la boca disfrutando voluptuosamente de la
+amenidad del sitio y de la temperatura, que no podía ser más agradable
+en aquella hora. El vasto salón arenoso comenzaba a poblarse de los que
+como él salían después de comer a gozar del fresco. Nuestro joven, con
+mirada indiferente veía cruzar por delante de él grupos de señoras unas
+veces, otras paseantes solitarios, niños con sus ayos o niñeras; la
+disposición de su espíritu no era hacía ya algunos días tan alegre como
+antes; el encuentro con su madrastra le había perturbado bastante,
+inclinándole a los pensamientos serios y tristes. Los cuatro años de
+vida placentera le habían hecho olvidarse de entrar en sí mismo,
+recordar su historia, meditar sobre lo presente y lo porvenir. Al
+tropezar con aquellos restos de su familia despertaron súbitamente en su
+alma mil recuerdos dolorosos y alegres de la infancia, presentimientos y
+dudas que le tuvieron por algún tiempo melancólico. Hallábase, pues,
+enfrascado en tristes cavilaciones, como ordinariamente le acaecía
+siempre que estaba solo, cuando acertó a ver a lo lejos dos señoras,
+cuya figura le trajo a la memoria en seguida a su madrastra y hermana.
+Según fueron acercándose, pudo cerciorarse de que no eran otras. Le dio
+un salto el corazón, y vaciló un instante entre marcharse antes que
+llegasen o permanecer en su sitio. Optó al fin por esto último y
+aguardó. Pronto le divisaron, porque había pocas personas sentadas; la
+brigadiera arrugó la frente en testimonio de desagrado y pasó sin
+dirigirle una mirada. Julia también cruzó sin mostrar que reparaba en
+él; mas a los pocos pasos volvió la cabeza, y a espaldas de su madre le
+envió una sonrisa y le hizo una serie de muecas y saludos
+afectuosísimos, aunque reprimidos; después con rápido y gracioso ademán
+acercó la mano al pecho, arrancó un clavel que llevaba y lo tiró al
+suelo. Miguel corrió al instante a recogerlo; al bajarse sintió unos
+pasos precipitados detrás y vio frente a sí al levantarse a un cadete de
+Estado Mayor, flaco y larguirucho como una espina, quien le dirigió una
+mirada torva y colérica y hasta tuvo conatos de abocarle; pero después
+de vacilar un instante siguió caminando aunque volviendo a menudo la
+cabeza para mirarle de arriba abajo con expresión nada pacífica. Miguel,
+sin hacerle caso, cambió todavía de lejos una sonrisa con su hermana y
+llevó el clavel a los labios.</p>
+
+<p>Cierto, no dejaba de ser interesante la situación de ambos hermanos,
+obligados para testimoniarse su cariño a esconderse como dos amantes
+contrariados y a emplear toda la astucia y disimulo que éstos usan.
+Miguel sabía apreciarla y la gustaba, y hasta se placía e interesaba en
+ella, por más que la deplorase con interminables lamentaciones cuando se
+hallaba entre amigos. Comenzaron a escribirse por medio de la portera,
+se hacían señas desde el balcón y la calle respectivamente, citábanse
+para las casas conocidas, y burlando la vigilancia de la terrible
+brigadiera, se daban besos apasionados en los corredores. ¡Cuántas veces
+en sus cartas se hizo mención de aquel día infausto en que Miguel dejó
+caer a su hermanita sobre el borde de la cuna! ¡Cuántas hablaban de la
+particular afición que Julita tenía a despeinarle! Miguel le escribía:
+«Aún siento, picaronaza, tus manos entre mis cabellos y aún me duelen
+los tirones que me dabas. Media hora por lo menos tardaba tu doncella
+Rosalía en ponerme la cabeza como la de un querubín; y tú ni un segundo
+siquiera en dejármela como una selva enmarañada! ¿Conservas fidelidad a
+los gatos? Si la raza felina no te ha hecho apurar la copa del
+desengaño, te proporcionaré cuando quieras un variado concierto: aún
+mayo con bastante afinación.» Julia le contestaba: «Si piensas que se me
+ha quitado la manía de despeinarte, te equivocas. Cuando te veo en los
+salones tan perfumado y elegante, hecho un dije de reloj, ¡no sabes lo
+que daría por achucharte, por chafarte la camisa, por meter las manos
+entre esos pelos tan rizaditos y engomados ¡simploncillo! y ponerlos
+tiesos como un escoba! Eres tonto de remate; como sabes que eres guapo
+no hay quien te sufra...»</p>
+
+<p>Al fin Miguel halló el medio de reconciliarse con su madrastra. El
+cariño cada día más grande a su hermanita le hizo pensar que la había
+despojado de una parte considerable de fortuna: su padre no había obrado
+con toda justicia al mejorarle: las mujeres necesitan siempre un dote
+proporcionado a su educación, porque no pueden vivir de su carrera como
+los hombres. «Después de todo, se decía, aunque mi padre me quisiera
+mucho, no hay duda que al redactar el testamento ha obedecido en cierto
+modo al deseo de venganza. ¿Y qué culpa tiene mi pobre hermana del
+carácter altivo y dominante de su madre?» Por otra parte, le dolía verla
+en un cuarto tercero viviendo con relativa estrechez mientras él gozaba
+de todos los atractivos del lujo. Estas imaginaciones fueron labrando en
+su cerebro una decisión que al cabo formuló por escrito en carta a su
+madrastra: escribiole sin decir nada a Julia suplicándole le concediese
+una entrevista «para tratar de asuntos que a ella y a su hija
+interesaban mucho.» La carta, aunque seria, era afectuosa y dejaba
+traslucir intentos generosos y deseos vivos de reconciliación. La
+brigadiera le contestó muy atenta citándole para el día siguiente a las
+tres de la tarde en su casa. Aquella noche apenas pudo dormir nuestro
+joven bajo la obsesión de mil pensamientos afanosos y cambios súbitos de
+temor y de alegría: los nervios se le desbocaban fácilmente y no era
+poderoso a sujetarlos.</p>
+
+<p>Después de almorzar, o de haber intentado hacerlo, porque apenas pudo
+pasar bocado, después de haberse vestido con pulcritud, después de haber
+estado algunos minutos en el café tomando maquinalmente una copa, de
+<i>chartreusse</i>, se encaminó con paso vivo a la calle del Barco,
+imaginando lo que había de decir a su madrastra y gozando con la grata
+perspectiva de la reconciliación. Al llegar a la esquina de la calle de
+la Puebla procuró refrenar el paso y tranquilizarse: mas al doblar la
+del Barco alcanzó a ver a lo lejos aquel cadete desgalichado que tan
+ferozmente le había querido interrumpir cuando recogió en el paseo el
+clavel de su hermana. Ya le había tropezado otras muchas veces en la
+misma calle con los ojos puestos en el balcón de Julia.</p>
+
+<p>El cadete, al verle pasear la misma calle y al parecer con los mismos
+intentos, le arrojaba miradas provocativas, cencellantes, cargadas del
+tradicional desprecio que el elemento militar ha sentido siempre hacia
+el civil tratándose de empresas amorosas. Pero Miguel, con la
+imprevisión temeraria de la juventud, hacía caso omiso de este
+desprecio, y solía contestar a aquellas miradas con una sonrisa dulce y
+un si es no es burlona que iba amontonando la cólera en el pecho del
+feroz cadete. La tempestad rugía ya sobre la cabeza de nuestro joven, y
+él seguía tan sosegado como si estuviese bajo un cielo azul y sereno.
+Como caminaban en sentido contrario no tardaron en acercarse y pasar uno
+al lado de otro, repitiéndose la misma torva mirada por parte del
+militar y la idéntica sonrisa por la del paisano. Miguel cruzó a la
+acera de enfrente para entrar en casa de la brigadiera; mas antes de
+efectuarlo oyó una voz cavernosa a su espalda:</p>
+
+<p>&mdash;Cabayero; oiga V.</p>
+
+<p>Volviose y se encontró frente a frente del cadete.</p>
+
+<p>&mdash;¿Qué se le ofrecía a V.?&mdash;le preguntó sonriendo.</p>
+
+<p>El cadete vaciló un instante, puso sus ojos sanguinarios en el suelo y
+dijo con voz bronca de adolescente que está en la muda:</p>
+
+<p>&mdash;Cabayero, quisiera saber si V. está «en relaciones» con esa chica del
+número quince...</p>
+
+<p>&mdash;¿Del número quince?&mdash;dijo Miguel, más risueño aún.</p>
+
+<p>&mdash;Sí señor, cuarto tercero.</p>
+
+<p>&mdash;Pues en efecto, estoy en muy buenas relaciones; sí señor.</p>
+
+<p>Hubo unos segundos de silencio. El hijo de Marte, apesar de su innata
+ferocidad, quedose un poco turbado. Al fin rompió a trompicones
+diciendo:</p>
+
+<p>&mdash;Pero bien... esas relaciones... yo hace tiempo que la hago el oso...
+quisiera saber si es V. novio...</p>
+
+<p>&mdash;¡Ah! eso es otra cosa: para que yo sea novio de ella hay una pequeña
+dificultad; y es que soy su hermano.</p>
+
+<p>El cadete levantó los ojos, donde se pintaba el asombro, la alegría, la
+duda y algunas otras emociones secundarias que sería prolijo enumerar.</p>
+
+<p>&mdash;¿Pero de veras es V.?...</p>
+
+<p>&mdash;De padre nada más; no se asuste V.</p>
+
+<p>Al cadete no le hizo efecto esta rectificación; siguió expresando con
+los ojos los mismos sentimientos, con idéntica viveza. Después,
+acometido súbito de una idea, la de que aquel paisano «se estaba
+quedando con él» se puso otra vez fruncido y enfoscado y volvió a sacar
+la voz de las profundidades de su pecho.</p>
+
+<p>&mdash;Cabayero, yo no consiento que nadie se <i>guasee</i> conmigo.</p>
+
+<p>&mdash;Hace V. perfectamente; aplaudo esa decisión.</p>
+
+<p>&mdash;Es que... yo no creo que V. sea hermano de esa señorita...</p>
+
+<p>&mdash;También está V. en su derecho; si le repugna creerlo, nada, nada, por
+mí no se violente V.</p>
+
+<p>&mdash;Es que yo...</p>
+
+<p>&mdash;Siento en el alma no traer la fe de bautismo en el bolsillo; pero si
+V. no tiene cosa más urgente que hacer, puede pasarse por la sacristía
+de la iglesia de San Ginés y allí le enseñarán el libro parroquial donde
+consta mi nacimiento y el de mi hermana... Si V. desea una tarjeta para
+el sacristán se la daré... ¿No la quiere V.?... Bien, pues V. me
+dispensará, caballero; me aguardan en este momento... Miguel Rivera,
+para servir a V....</p>
+
+<p>Y giró sobre los talones y se metió pugnando por no reír en el portal de
+la casa de su madrastra. Una vez dentro de él, quedose repentinamente
+serio al pensar que antes de tres minutos iba a encontrarse frente a
+ésta. Era un momento solemne. Subió lentamente la escalera, creciendo su
+emoción a cada peldaño que iba salvando. Cuando llegó arriba estaba tan
+conmovido que no se atrevió a que le viesen en aquel estado: descansó
+algunos momentos procurando serenarse, y después que lo hubo conseguido
+a medias, cogió el llamador con mano temblorosa, tirando de él
+suavemente. Esperó un rato sin que nadie viniese: cuando ya iba a tirar
+segunda vez, oyose una voz adentro que decía con tono imperioso:</p>
+
+<p>&mdash;¡Que han llamado!</p>
+
+<p>Le dio un vuelco el corazón: era la voz de su madrastra. Al instante se
+abrió el ventanillo y le preguntaron:</p>
+
+<p>&mdash;¿Qué deseaba V.?</p>
+
+<p>&mdash;¿La señora viuda de Rivera?...</p>
+
+<p>&mdash;Sí señor&mdash;dijo la criada abriendo la puerta.</p>
+
+<p>En aquel momento Miguel estaba, sin saber por qué, completamente sereno.</p>
+
+<p>&mdash;¿Cómo es su gracia?</p>
+
+<p>&mdash;Miguel Rivera.</p>
+
+<p>&mdash;Voy a avisar: tenga V. la bondad de aguardar un instante.</p>
+
+<p>En cuanto nuestro joven se quedó solo, oyó unos pasos vivos y menudos, y
+divisó en la esquina del corredor a Julia que asomó la cabeza nada más
+para ver quién era «la visita.» Al encontrarse con su hermano, descubrió
+todo el cuerpo y se quedó pasmada, estática, mirándole fijamente con
+marcada expresión de susto. Esta actitud hizo comprender a Miguel que la
+brigadiera nada le había dicho de la carta ni de la cita. Después avanzó
+lentamente hacia él manifestando siempre la misma sorpresa mezclada de
+terror, sin hacer caso de la sonrisa tranquilizadora de su hermano:
+cuando éste la tuvo cerca, avanzó también algunos pasos, y cogiéndola
+por la cintura, la dio un par de sonoros besos en las mejillas. Entonces
+el susto de Julia llegó a su colmo: se arrancó con extraordinaria
+violencia de los brazos que la sujetaban, se puso terriblemente pálida y
+se llevó el dedo a los labios, diciendo con voz de falsete:</p>
+
+<p>&mdash;¡Por Dios, Miguel, por Dios... que está ahí mamá!</p>
+
+<p>La criada apareció en aquel instante por el otro extremo del corredor.</p>
+
+<p>&mdash;Puede V. pasar cuando guste, señorito.</p>
+
+<p>Miguel hizo una mueca risueña a su hermana, le dijo adiós con la mano y
+se dirigió con paso firme a la sala, precedido de la criada, quien al
+llegar a la puerta levantó la cortina y le dejó el paso.</p>
+
+<p>La brigadiera Ángela, que estaba sentada en una butaca, se levantó al
+ver a Miguel, pero no avanzó a su encuentro. Tenía la misma figura
+gallarda y arrogante, mas el rostro estaba notablemente ajado;
+dibujábase en torno de sus ojos un círculo grande azulado, y surcaban su
+frente dos profundas arrugas, señales que acreditaban la violencia y
+soberbia de su genio: los negros y sedosos cabellos que Miguel admiraba
+en otro tiempo, blanqueaban ya por tantos sitios, que eran más grises
+que negros: vestía una bata de seda, también ajada, y ajados estaban
+también los muebles de la sala, y ajadas las cortinas y la alfombra.
+Todo lo advirtió el hijo del brigadier de una sola pero intensa mirada,
+y no sin pena, recordando el antiguo esplendor de su casa.</p>
+
+<p>&mdash;¡Oh, mamá! ¿cómo sigue V.?&mdash;dijo avanzando con efusión hacia ella.</p>
+
+<p>&mdash;Bien, ¿y tú, Miguel?&mdash;contestó tendiéndole una mano.</p>
+
+<p>Miguel, que iba decidido a abrazarla, se detuvo ante aquella actitud y
+se contentó con tomarle la mano y apretarla contra su pecho. Y
+reteniéndola aún entre las suyas, exclamó:</p>
+
+<p>&mdash;¡Cuánto tiempo!...</p>
+
+<p>&mdash;¡Mucho, sí!... Trae una silla y siéntate.</p>
+
+<p>Pero Miguel, sin hacer caso, siguió en pie, y volvió a exclamar,
+arrasados los ojos de lágrimas:</p>
+
+<p>&mdash;¡Pobre papá!</p>
+
+<p>La mano de la brigadiera tembló un poco dentro de las suyas; pero
+soltándose en seguida, le señaló de nuevo una silla.</p>
+
+<p>&mdash;Siéntate, Miguel, siéntate.</p>
+
+<p>Obedeció, colocándose al lado de la butaca de su madrastra, y metiendo
+las manos entre las rodillas y la barba en el pecho, guardó silencio:
+algunas lágrimas le resbalaron lenta y calladamente por las mejillas.</p>
+
+<p>&mdash;¿Hace mucho tiempo que has concluido la carrera, Miguel?&mdash;le preguntó
+en tono natural la brigadiera al cabo de un rato.</p>
+
+<p>&mdash;Hace dos años nada más&mdash;repuso secándose los ojos con el pañuelo.</p>
+
+<p>&mdash;¿Y qué te haces ahora?</p>
+
+<p>Esta pregunta seca y hecha en un tono más seco aún, cortó la tierna
+emoción que embargaba a nuestro joven en aquel momento y le dejó un poco
+embarazado.</p>
+
+<p>&mdash;Poca cosa... Me divierto lo más que puedo.</p>
+
+<p>&mdash;Sí, sí, ya lo he sabido, que eres un joven a la moda.</p>
+
+<p>&mdash;Las modas duran poco; pasaré como han pasado las trabillas y las
+corbatas de suela...</p>
+
+<p>La conversación iba a tomar un sesgo demasiado frívolo, y Miguel lo
+cambió preguntando con interés:</p>
+
+<p>&mdash;¿Y VV. qué tal se encuentran en Madrid, mamá?</p>
+
+<p>&mdash;A mí me sienta bien este clima... a Julia no tanto.</p>
+
+<p>&mdash;¡Pobrecilla!... acostumbrada al calor de Sevilla, el frío de este
+pueblo no le hará mucho provecho seguramente.</p>
+
+<p>&mdash;Yo también estaba acostumbrada al calor cuando vine hace años, y sin
+embargo no me ha hecho daño;... depende de las naturalezas...</p>
+
+<p>&mdash;¿Pero Julia se ha puesto mala aquí?&mdash;preguntó Miguel, aunque ya lo
+sabía.</p>
+
+<p>&mdash;Ha tenido un catarrillo pertinaz, pero la he mandado a Mejorada unos
+días con mi prima Rafaela, y se ha puesto buena.</p>
+
+<p>&mdash;Es una chica muy graciosa... ¡Caramba cómo se ha desarrollado, y qué
+monísima se ha puesto!</p>
+
+<p>&mdash;Tus flores no tienen gran valor en este caso&mdash;dijo la brigadiera
+sonriendo nada más que con el borde de los labios.</p>
+
+<p>&mdash;¿Por qué? ¿Porque soy su hermano?... No crea usted que influye tanto
+en mi juicio esa circunstancia; la juzgo desapasionadamente, como un
+extraño... como un joven a la moda&mdash;añadió devolviendo irónicamente a su
+madrastra el calificativo que le había dado. Y por si esto pudiera
+ofenderla, dijo después:</p>
+
+<p>&mdash;Usted, mamá, debe escuchar con gusto que Julia es guapa, porque además
+de ser su hija, se le parece notablemente.</p>
+
+<p>&mdash;Tampoco admito esa flor encubierta... ¡Te has vuelto muy galante,
+Miguel!&mdash;repuso la brigadiera dignándose sonreír afablemente.</p>
+
+<p>Más había de galantería que de verdad en lo que aquél acababa de decir.
+Aunque la brigadiera había sido bella, acaso más que su hija, ésta no se
+le parecía sino en la forma de la frente, estrecha y delicada, y en la
+boca. Los ojos de Julia eran más chicos que los de su madre, pero más
+vivos, y de un mirar suave y halagüeño, que nunca los de ésta habían
+tenido; la nariz no era tampoco aguileña, sino recta y fina. En la
+figura aventajaba mucho la madre a la hija, y en el color también, para
+los que prefieren las blancas a las morenas. Julita era una muchacha más
+bien baja que alta, pero muy bien proporcionada; tenía el talle esbelto
+y airoso como pocos; todos sus ademanes eran vivos y resueltos y estaban
+impregnados, si vale la palabra, de una gracia singular; el color
+tostado en demasía, acercándose mucho al de las gitanas, con las cuales
+guardaba más de este punto de semejanza; los cabellos idénticos a los de
+su madre cuando tenía su edad, negros, sutiles y lustrosos, y cayéndole
+en rizos sobre la frente. No era la hermana de Miguel un dechado de
+belleza, o lo que es igual, no poseía la pureza y corrección de líneas
+generadoras de la armonía (la cual es más aparente que real algunas
+veces); pero en cambio llevaba en sus ojos, en su garbo, en su sonrisa,
+el brillo y la sal de Andalucía.</p>
+
+<p>Miguel no sabía cómo dar a la conversación un giro elevado y noble,
+acomodado a los sentimientos que agitaban su alma. Hubiera querido
+hablar de su padre, de su bondadosísimo padre, a quien tanto había
+amado; de buena gana hubiera recordado también los pormenores de su
+infancia, por más que en ella la brigadiera no desempeñase un papel muy
+grato; dispuesto estaba a olvidar todas las heridas, todos los desdenes
+y acordarse únicamente de los cortos momentos de dicha que había
+disfrutado; hasta los castigos de su madrastra adquirían, con la velada
+luz de los años, y al través de la súbita ternura que se había apoderado
+de él, un aspecto maternal que borraba su injusticia; por su gusto se
+reiría, trayéndolos a cuento como hacen algunas veces los hijos
+cariñosos después que llegan a hombres. Pero la actitud reservada,
+aunque atenta y afable de la brigadiera, le imponía respeto y le cortaba
+los vuelos para desahogar el pecho. Por otra parte, deseaba también
+entrar en la cuestión de intereses y no se atrevía, temiendo ofender su
+orgullo. Después de hablar algunos minutos todavía en el mismo tono
+indiferente, más propio de una visita de amigo que de una entrevista tan
+grave y solemne como debía ser aquella, procuró encauzar la conversación
+hacia lo que quería, hablando mucho de sí mismo, de sus tristezas y de
+su porvenir.</p>
+
+<p>&mdash;No son todo flores en la vida, mamá: aunque me encuentre en una
+posición desahogada y pueda disfrutar de los placeres que ofrece la
+corte a los jóvenes, no soy tan feliz como el mundo supondrá
+seguramente. Tengo muchísimos momentos de murria, de tristeza,
+acordándome de que vivo solo, que me falta el calor de la familia, el
+cual no puede reemplazarse con nada... Mi tío Manolo, ya sabe V. como
+es... muy bueno, muy cariñoso... pero... ocupado exclusivamente en
+divertirse... Y el hombre no vive sólo con el recreo de los teatros, de
+los cafés y de los bailes. Cuando hay un poco de corazón, se apetece
+otra cosa...</p>
+
+<p>&mdash;¿Por qué no te casas?&mdash;dijo la brigadiera secamente y sin levantar la
+cabeza.</p>
+
+<p>&mdash;El casarse no es un acto tan libre como parece a primera vista... Se
+casa uno cuando llega la hora y una porción de circunstancias se han
+juntado para ello... Casarse porque sí, por una determinación de la
+voluntad, sin haberse enamorado antes de una mujer y sin juzgarla digna
+de llamarla esposa, me ha parecido siempre insensato... Además, en
+Madrid, en las sociedades que yo frecuento, se encuentran muchas jóvenes
+bonitas, elegantes, que tocan el piano admirablemente, y cantan a veces
+como las tiples que se <i>chichean</i> en el Real, y a veces pintan acuarelas
+y paisajes al óleo demasiado verdes, y escriben cartas a los novios con
+bastante ortografía... pero buenas esposas y buenas madres de familia,
+¿cree V. que se encuentran con tanta facilidad?</p>
+
+<p>&mdash;¡Bah!</p>
+
+<p>&mdash;No lo crea V., mamá... En fin, a mí no me ha llegado aún la hora... Y
+mientras que me llegue, lo estoy pasando mal. Me sobra gran parte de la
+renta que tengo, y si no hago mal uso, no sé qué hacer de ella...</p>
+
+<p>Miguel guardó silencio un instante, y después de vacilar, dijo
+tímidamente:</p>
+
+<p>&mdash;Si V. me lo permitiera, la partiría de buena gana con mi hermana...</p>
+
+<p>&mdash;Bien&mdash;dijo la brigadiera con voz un poco temblorosa.</p>
+
+<p>&mdash;¿Y consentiría V. que me viniese a vivir con ustedes?</p>
+
+<p>&mdash;¿Por qué no?</p>
+
+<p>&mdash;¡Oh mamá!&mdash;exclamó Miguel enternecido;&mdash;me hace V. feliz con esa
+respuesta. ¡Tengo unos deseos tan vivos de vivir con VV.!...&mdash;Y
+apoderándose al mismo tiempo de una mano de la brigadiera, la besó con
+efusión repetidas veces, mientras dos lágrimas le resbalaban por las
+mejillas.</p>
+
+<p>&mdash;¡Vamos, que no me negará V. que tengo un corazón muy sensible!&mdash;dijo
+riéndose de su propia emoción, como tenía por costumbre.</p>
+
+<p>A la brigadiera no le pareció bien esta salida y se quedó seria. Ni era
+fácil que penetrase jamás el verdadero carácter de Miguel, y lo que
+aquellos arranques significaban. No obstante, se mostró después todo lo
+amable y expansiva que le consentía su naturaleza, lo cual pudiera muy
+bien achacarse, sin ser mal pensado, a la promesa que Miguel acababa de
+hacer respecto a su fortuna, por más que ella en la apariencia no le
+hubiese concedido ninguna importancia. Mas el hijo del brigadier era
+tan dichoso con aquella reconciliación y con la perspectiva de vivir en
+la misma casa de su hermana, que prefirió creer que también su madrastra
+se enternecía y se gozaba en tenerle nuevamente por hijo.</p>
+
+<p>Cuando más embebido se hallaba en la conversación, sintió que unas manos
+chiquititas le sujetaban la cabeza por detrás, y se la despeinaban con
+furia. Era Julia que había entrado de puntillas sin ser notada.</p>
+
+<p>&mdash;¡Al fin has caído en mis manos! ¡Abajo los peluqueros!</p>
+
+<p>&mdash;¡Y tú en las mías! ¡Arriba las niñas sevillanas!&mdash;dijo Miguel
+sujetándola para darla un beso.</p>
+
+<p>&mdash;¿De dónde sacas tú, fatigoso, que yo soy de Sevilla?&mdash;repuso Julita
+con marcado acento andaluz, y comiéndose más de la mitad de las
+letras.&mdash;Yo soy gata, y muy gata, y porque soy gata, te araño y te
+arranco estos ricitos tan cucos de donde cuelgas los corazones.</p>
+
+<p>&mdash;¿Hay alguno colgado?&mdash;preguntó Miguel riendo y dejándose sobar
+pacientemente.</p>
+
+<p>&mdash;Vamos, basta, Julia&mdash;dijo la brigadiera sonriendo también.</p>
+
+<p>&mdash;¡Oh, no!&mdash;contestó aquélla, siguiendo con más ardor en su tarea.&mdash;¿Tú
+te has figurado que se puede echar impunemente flores a una chica que no
+hace tres meses siquiera que ha llegado de Sevilla? ¡Y qué flores,
+Virgen del Amparo, qué flores tan cursis! ¡Que me he desarrollado! ¡Que
+soy muy mona!... Anda, tonto; ¿te figuras que sólo en Madrid se
+desarrolla la gente?</p>
+
+<p>&mdash;¿Y cómo sabes tú que te ha estado echando flores?&mdash;le preguntó su
+madre, clavándola una mirada terrible.</p>
+
+<p>Julia se puso encarnada hasta las orejas.</p>
+
+<p>&mdash;Lo he oído por casualidad al cruzar por el pasillo...</p>
+
+<p>&mdash;¿Casualidad, eh?&mdash;dijo la brigadiera con sonrisa sarcástica.&mdash;Pierde
+cuidado, que ya me encargaré yo de que no se repitan esas casualidades.</p>
+
+<p>Julia se turbó ante la amenaza de su madre: quedose un momento pensativa
+y triste; pero en cuanto aquélla bajó la cabeza para continuar su labor,
+hizo un mohín gracioso y alzó los hombros en señal de indiferencia.
+Colocada en pie al lado de su hermano, siguió acariciándole los cabellos
+y la barba. Miguel se había quedado también repentinamente serio. Al
+cabo de un momento, Julia, metiéndole la boca por el oído, le dijo muy
+quedo:</p>
+
+<p>&mdash;Mira, vamos a sentarnos al sofá y podremos hablar lo qué queramos...
+Lo haremos con disimulo; aguarda un poco.</p>
+
+<p>Y después de acercarse al balcón y echar una ojeada a la calle, dijo en
+voz alta:</p>
+
+<p>&mdash;Miguel, tú no has visto los retratos que nos hemos hecho últimamente
+mamá y yo, ¿verdad?</p>
+
+<p>&mdash;Como no hubiera ido a casa del fotógrafo, es difícil...</p>
+
+<p>&mdash;Voy a enseñártelos ahora mismo: verás también los de nuestros
+parientes de Sevilla... Tengo unas primas muy guapas: a ver si te
+conviene alguna.</p>
+
+<p>Y salió corriendo de la sala.</p>
+
+<p>&mdash;¡Qué chiquilla tan viva!&mdash;exclamo Miguel volviéndose a su madrastra.</p>
+
+<p>&mdash;Sí, muy viva y muy insufrible&mdash;repuso ésta con mal humor.</p>
+
+<p>&mdash;Es la edad&mdash;dijo Miguel, a quien parecía imposible que la brigadiera
+no hallase graciosa y amable a su hija.</p>
+
+<p>&mdash;Nada de eso: ya ha cumplido diez y seis años, y cada día está peor.</p>
+
+<p>Julia entró con un álbum en la mano.</p>
+
+<p>&mdash;Ven aquí, al sofá, Miguel, y ten ánimo para ver nuestra colección de
+fieras.</p>
+
+<p>&mdash;Enséñame primero tu retrato y el de mamá para que me infundan valor.</p>
+
+<p>&mdash;Aquí los tienes&mdash;dijo sentándose al lado de su hermano.&mdash;Mira a mamá
+¡qué bien está!&mdash;Tan guapetona como siempre&mdash;añadió guiñando un ojo y
+apuntando con los labios a su madre, que estaba sentada de espaldas a
+ellos.&mdash;¿No te apetece darla un beso?... Vamos, dáselo...</p>
+
+<p>Miguel acercó, riendo, los labios al retrato. Julita quería desagraviar
+a su mamá. Ésta, sin levantar la cabeza, y en un tono entre alegre y
+displicente, exclamó:</p>
+
+<p>&mdash;¡Ah, aduladora! Ya sabes que me empalaga el dulce.</p>
+
+<p>Julita hizo otra mueca, se rió, y presentando con extraordinaria viveza
+su retrato a Miguel, le dijo:</p>
+
+<p>&mdash;Eh, ¿qué tal?</p>
+
+<p>&mdash;Admirablemente.</p>
+
+<p>&mdash;¿No es verdad que con esta mantillita blanca y estos rizos por la
+frente y estos ojillos entornados, soy capaz de dar el opio a
+cualquiera?</p>
+
+<p>&mdash;Sí, a cualquier cadete&mdash;repuso su hermano por lo bajo.</p>
+
+<p>Julita quedó un segundo suspensa, y se puso otra vez encarnada; pero
+reponiéndose en seguida, le dio un pellizco, diciendo:</p>
+
+<p>&mdash;¡Ah granuja! ¿Qué correo de gabinete te ha venido a dar la noticia?</p>
+
+<p>&mdash;¡Y yo que soñaba para ti lo menos con un coronel!&mdash;siguió en voz baja
+y reprimiendo la risa.</p>
+
+<p>&mdash;¡Ya llegaremos allá!</p>
+
+<p>&mdash;¡Diablo! es menester que se pronuncie antes siete veces lo menos; y te
+lo pueden escabechar fácilmente.</p>
+
+<p>&mdash;¡Pobrecillo de mi alma!&mdash;exclamó Julita poniendo la cara triste.</p>
+
+<p>&mdash;¿Pero le quieres de veras?</p>
+
+<p>&mdash;Un poquito.</p>
+
+<p>&mdash;Pues él también te quiere a ti: al entrar en esta casa hace un
+momento, me vino a preguntar con semblante fosco si yo te galanteaba.</p>
+
+<p>&mdash;¡Qué tonto!&mdash;exclamó la niña roja de placer.&mdash;¿Y tú qué le dijiste?</p>
+
+<p>&mdash;Que no podía aunque quisiera, porque era tu hermano.</p>
+
+<p>&mdash;¿Y él que ha dicho?</p>
+
+<p>&mdash;¿De veras es V. hermano de esa joven?</p>
+
+<p>&mdash;Y tú, ¿qué dijiste entonces?</p>
+
+<p>&mdash;Y tan de veras, aunque de padre nada más.</p>
+
+<p>&mdash;Y él ¿qué dijo a eso?</p>
+
+<p>&mdash;¡Chica, no me acuerdo!&mdash;manifestó Miguel soltando a reír.&mdash;¡Qué
+graciosa estás con eso de <i>qué dijiste y qué dijo</i>!</p>
+
+<p>Julia estaba tan interesada y pendiente del relato de su hermano, que no
+se había dado cuenta de aquellas repeticiones. Quedose un poco cortada;
+pero concluyó en seguida por reírse de sí misma.</p>
+
+<p>&mdash;Mira el retrato de tío Joaquín&mdash;dijo en voz alta.&mdash;Vivíamos en Sevilla
+muy cerquita de su casa. Es fiscal de la Audiencia y tiene las tres
+hijas que vas a ver... ésta es la primera, Sofía.</p>
+
+<p>&mdash;¡Uf qué fea!... Dispénseme VV., no he podido remediar este grito...</p>
+
+<p>&mdash;Di lo que gustes&mdash;manifestó la brigadiera.&mdash;Hace ya tiempo que
+estamos todos en ello.</p>
+
+<p>&mdash;Mira la tercera, Gertrudis.</p>
+
+<p>&mdash;Pues ésta es más fea aún.</p>
+
+<p>&mdash;Aquí está la segunda, Lola.</p>
+
+<p>&mdash;¡Demonio, esta es verdaderamente horrible!</p>
+
+<p>Julia se echó a reír diciendo:</p>
+
+<p>&mdash;En Sevilla las llaman «las tres circunstancias agravantes.» A la
+primera Premeditación, a la tercera Alevosía, y a la segunda
+Ensañamiento, por orden de fealdad.</p>
+
+<p>&mdash;Tiene gracia... Cualquier día me voy a Sevilla por una de ellas. ¿Y
+son esas las primas de que me hablabas?</p>
+
+<p>&mdash;No, hombre no: éstas son tías... primas segundas de mamá... Por
+supuesto, te lo digo en reserva, porque si ellas supieran que yo ando
+propalando este secreto, serían capaces de asesinarme, ¿no es verdad,
+mamá?</p>
+
+<p>&mdash;Pues que quieran o no&mdash;respondió la brigadiera,&mdash;son tus tías, y la
+menor pasa ya de los treinta.</p>
+
+<p>&mdash;Oyes, Julia&mdash;dijo Miguel hablando otra vez en voz baja.&mdash;¿Se te ha
+declarado ya <i>ese</i>...?</p>
+
+<p>&mdash;El otro día me puso una carta en la mano; pero yo la dejé caer.</p>
+
+<p>&mdash;¿Pues?</p>
+
+<p>&mdash;Es un tío lila, ¿sabes?</p>
+
+<p>&mdash;¿Pero no acabas de decirme que le quieres?</p>
+
+<p>&mdash;¡Qué sé yo si le quiero!&mdash;dijo alzando los hombros con displicencia.</p>
+
+<p>&mdash;Pues eres la más interesada en el asunto.</p>
+
+<p>&mdash;Desde un día en que le vi de paisano con unos pantalones muy cortos,
+se me ha quitado bastante la ilusión.</p>
+
+<p>&mdash;No te apures por eso, chica; es que está creciendo aún... debes
+alegrarte.</p>
+
+<p>Siguió la conversación todavía un buen rato. Miguel prometió traer al
+día siguiente sus maletas. Julia, brincando de alegría, le enseñó el
+gabinete donde iba a dormir en tanto que no se buscase una casa más
+capaz, como acababa de convenirse entre ellos. Al fin se despidió lleno
+de gozo, prometiendo venir a buscarlas de noche para llevarlas al
+teatro.</p>
+
+<p>Al poner el pie en la calle, cortó repentinamente el hilo de sus
+risueños pensamientos el ver apostado en la acera de enfrente, y en
+actitud de espera, a lo que podía sospecharse, al cadete enamorado de su
+hermana.&mdash;«Vaya, me parece que voy a tener que andar a pescozones con
+este majadero»&mdash;se dijo. Pero muy contra lo que presumía en aquel
+momento, el cadete salvó rápidamente la distancia de una acera a otra y
+arremetió con él con los brazos abiertos, la cara sonriente y rebosando
+de júbilo.</p>
+
+<p>&mdash;Déjeme V. que le abrace, D. Miguel&mdash;y lo hizo sin aguardar el
+permiso.&mdash;Acabo de saber, por la portera, que es V., en efecto, hermano
+«de esa chica,» y me pesa muchísimo de haber tenido con V. esa
+cuestión...</p>
+
+<p>&mdash;¿Qué cuestión?</p>
+
+<p>&mdash;La que tuvimos, antes de entrar V... ¡Caramba, si yo lo hubiera
+sabido!... ¡Cómo había de atreverme! Por Dios, me dispense V.</p>
+
+<p>A Marte, al decir esto, se le había suavizado notablemente la expresión
+del semblante: la voz tampoco era tan profunda.</p>
+
+<p>&mdash;No tengo por qué dispensar a V.&mdash;contestó Miguel, zafándose de sus
+brazos y mirándole entre risueño y admirado.</p>
+
+<p>&mdash;¡Y yo que pensaba que era V. mi rival! Le estuve a V. esperando más de
+dos horas: no quería marcharme a casa sin darle una satisfacción... He
+perdido la academia por ello.</p>
+
+<p>&mdash;Lo siento mucho y se lo agradezco; pero no había necesidad.</p>
+
+<p>&mdash;Ahora voy a pedir a V. un favor&mdash;dijo vacilando un poco.</p>
+
+<p>&mdash;Usted dirá.</p>
+
+<p>&mdash;Que venga V. conmigo a beber una botella de cerveza al Suizo.</p>
+
+<p>&mdash;No me gusta la cerveza.</p>
+
+<p>&mdash;Quien dice cerveza, dice cognac, marrasquino, chartreusse..., en fin,
+lo que V. guste.</p>
+
+<p>&mdash;No tengo inconveniente en ello: lo que sentiré es que, por mi causa,
+pierda V. alguna otra clase.</p>
+
+<p>&mdash;No señor, ya las he perdido todas.</p>
+
+<p>&mdash;Pues vamos allá.</p>
+
+<p>Y se emparejaron caminando en dirección al café Suizo. El cadete le dejó
+respetuosamente la acera.</p>
+
+<p>&mdash;Mozo, una copa... ¿de qué, D. Miguel?</p>
+
+<p>&mdash;De agua.</p>
+
+<p>&mdash;¿Cómo de agua?&mdash;dijo sorprendido y un tanto amostazado.</p>
+
+<p>&mdash;Es lo único que me apetece en este momento.</p>
+
+<p>&mdash;¿Pero?...</p>
+
+<p>&mdash;¿No quería V. antes darme una satisfacción?</p>
+
+<p>&mdash;Sí señor.</p>
+
+<p>&mdash;Pues deme V. ahora la de dejarme beber agua, puesto que tengo sed.</p>
+
+<p>&mdash;Bueno; si V. se empeña...&mdash;Y dirigiéndose al mozo con voz ronca de
+mando:</p>
+
+<p>&mdash;Con azucarillo y gotas, ¿entiendes? A mí una copa de ron. Tráete
+además los cigarros, para que escojamos.</p>
+
+<p>Se habían sentado uno frente a otro. El cadete, siempre galante, había
+obligado a Miguel a sentarse en el diván, mientras él se había acomodado
+en una silla. Examinábale aquél atentamente sin quitarle ojo, mostrando
+en el semblante tal gravedad, que a leguas se adivinaba que era forzada.
+Realmente el cadete era un ser curioso en su aspecto físico. Por su
+delgadez parecía montado en alambres; tan rubio, que casi daba en
+albino; el cuello largo como el de las girafas, y con una nuez... Miguel
+no había visto jamás nuez tan desmesurada: de todo el individuo era lo
+que preferentemente llamaba su atención.</p>
+
+<p>Vino el mozo con el servicio y los cigarros. Utrilla, que así se llamaba
+el cadete, se empeñaba en que Miguel escogiese uno.</p>
+
+<p>&mdash;No puede ser, querido: esas brevas son demasiado fuertes para mí; yo
+gasto unos cigarros más flojos... aquí tiene V... si V. gusta...</p>
+
+<p>&mdash;Muchas gracias: yo necesito que pique un poco el tabaco; lo flojo no
+me sabe a nada...</p>
+
+<p>&mdash;¡Milagro será&mdash;pensó Miguel&mdash;que tú te tragues esa copaza y esa breva!</p>
+
+<p>&mdash;Pues como le iba diciendo, Sr. Rivera&mdash;manifestó Utrilla, comenzando a
+pegar feroces chupetones al cigarro,&mdash;no sabe V. lo que a mí me alarmó
+verle pasear la calle de su hermanita. En seguida se me subió el tufo a
+las narices... Los militares somos así... Y dije para mí, entonces: Hay
+que cortar esto por lo sano y jugar el todo por el todo: o tú o yo. ¿A
+qué vienen esas rivalidades en que los dos se están odiando, y sin
+embargo, se aguantan un día y otro sin decirse una palabra? Eso lo puede
+hacer muy bien un paisano, pero un militar... creo yo... V. bien me
+comprende. Así que ¡zás! en cuanto vi la cosa seria, me fui derecho al
+bulto y me aboqué con V...</p>
+
+<p>&mdash;Y si yo no hubiera sido hermano de Julia y la galantease, ¿qué hubiera
+V. hecho?</p>
+
+<p>&mdash;Pues nada... hubiéramos ido al terreno.</p>
+
+<p>&mdash;¿A qué terreno?</p>
+
+<p>&mdash;Al del honor. Nosotros, los militares, estamos más comprometidos que
+VV., los paisanos, cuando llegan estos casos. A nosotros el uniforme nos
+obliga a no transigir...</p>
+
+<p>&mdash;Con que una muchacha prefiera a otro, ¿verdad?</p>
+
+<p>&mdash;No señor, no es eso; entre nosotros hay ciertas leyes... Lo que en
+otro cualquiera no es cobardía, pongo por caso, en uno de nosotros lo
+es... Luego hay el espíritu de cuerpo... Si los compañeros saben que V.
+no ha quedado encima en cualquier cuestión, le dejan de saludar y le
+obligan a salirse del cuerpo... La verdad es que la milicia es una cosa
+muy seria, y que no se puede jugar con ella.</p>
+
+<p>&mdash;Mucho&mdash;afirmó Miguel gravemente, lanzando al aire una bocanada de
+humo.&mdash;¿Y cuánto tiempo hace que es V. militar, Sr. Utrilla?</p>
+
+<p>&mdash;En la academia&mdash;respondió el cadete después de vacilar un poco y
+toser&mdash;no llevo más que seis meses... pero me he estado preparando antes
+dos años con un comandante del cuerpo... y en realidad, desde que uno
+entra en la academia preparatoria, ya se le considera como militar.</p>
+
+<p>&mdash;Mucho&mdash;volvió a afirmar Miguel inclinando la cabeza.</p>
+
+<p>&mdash;Dentro de quince días nos examinamos del primer semestre; si salgo
+bien, me faltarán cuatro años y medio nada más para salir a teniente del
+cuerpo...; por supuesto, si no pierdo algún semestre. Hacen falta
+oficiales; de modo, que lo más probable es que no aprieten mucho...
+Además, estos quince días pienso estar <i>empollando</i> el álgebra. Soy un
+hombre muy especial. ¡Caramba, si no fuera su hermanita, algo mejor
+andaría yo de ella! En dibujo estoy bastante bien... ¡claro, como que mi
+padre me ha hecho dibujar desde los diez años! En topografía tampoco
+ando mal. Al único que tengo miedo, es al tío del álgebra... ¡Es un tío
+más marrajo y más seco! Sale uno al encerado a exponer un teorema, y a
+lo mejor se equivoca, porque es muy fácil equivocarse... ¿V. cree que se
+lo advierte? ¡Nada! El muy perro se queda serio como un poste, y V. no
+sabe que se ha equivocado hasta el fin, después de una hora...</p>
+
+<p>Miguel le escuchaba distraído, pensando en su hermana y en su madrastra,
+echando cálculos alegres sobre la vida feliz que iba a hacer en su
+compañía, recordando con placer los pormenores de la entrevista que con
+ellas acababa de tener.</p>
+
+<p>Cuando el cadete hizo una pausa, le preguntó por hablar algo:</p>
+
+<p>&mdash;¿Y V. es natural de Madrid?</p>
+
+<p>&mdash;Sí, señor; he nacido aquí, y aquí me he criado... Mi padre tiene una
+fábrica de bujías esteáricas en las afueras, cerca de los Cuatro
+Caminos... acaso V. la haya visto... ¿no?... pues si V. va por allí
+algún día de paseo, no tiene V. más que preguntar por mí, y le dejarán
+pasar a verla. O mejor será, que el día que V. quiera ir allá, me avise,
+y le acompañaré, con tal que sea después de los exámenes. Mi padre es
+viudo, y tiene tres hijos; el último de ellos soy yo; mi hermano primero
+es el que corre ahora con la fábrica; mi hermana Eugenia está casada con
+un agente de Bolsa... A mí también quería meterme mi padre en estos
+líos, pero yo soy un hombre muy especial; basta que me manden una cosa,
+para hacer la contraria. A mí siempre me gustó mucho la vida del
+militar; hoy aquí, mañana allí, unas veces con mucho dinero, otras veces
+sin una peseta.</p>
+
+<p>&mdash;¿De modo, que a V. le gustaría viajar, conocer países?</p>
+
+<p>&mdash;Sí, señor, muchísimo; yo soy un hombre muy especial en eso.</p>
+
+<p>&mdash;¿Y qué necesidad tiene V. de hacerse militar para ello? ¿No se puede
+viajar de paisano?</p>
+
+<p>&mdash;Claro; habiendo dinero... Pero a mí me gusta viajar de cierto modo;
+estando en un pueblo quince días, en otro un mes... y luego que siendo
+uno militar, en todas partes se le recibe con los brazos abiertos... Las
+chicas se mueren por el uniforme... ¡Es una tontería, por
+supuesto!&mdash;añadió sonriendo y dejando bien traslucir que no la tenía por
+tal, sino por una prueba grande de sabiduría.&mdash;Mire V., a mí no me gusta
+el uniforme; soy un hombre muy especial. Los primeros días, me lo ponía
+con entusiasmo; pero ahora ya me apesta... Además, como uno tiene que
+saludar a todos los oficiales, ¡y hay tantos en Madrid!...</p>
+
+<p>El cadete siguió todavía bastante rato hablando de sí mismo con voz de
+bajo profundo, contándole cien mil cosas que no le importaban nada, y
+afirmando a cada instante que era un hombre muy especial. Miguel no
+podía adivinar en qué consistía esta especialidad, como no fuese en la
+nuez, que, en efecto, cada vez le parecía más especial. Observó también
+que estaba un poco más pálido que al principio, lo cual le movió a
+preguntarle por dos veces si se sentía mal, pero el cadete afirmó
+rotundamente que se encontraba admirablemente. No obstante, allá a lo
+último, se puso en pie, confesando que la atmósfera del café estaba algo
+pesada y que sería bueno dar una vueltecita entre calles, a lo cual
+accedió muy gustoso su compañero.</p>
+
+<p>Llamaron al mozo, y ambos trataron de pagar; pero éste, sea porque
+juzgase a Miguel con más edad y carácter para el caso o por otra causa
+que no es fácil adivinar, rechazó el dinero que el cadete le ponía en la
+mano y tomó la moneda que aquél le ofrecía. ¡Aquí fue Troya! El cadete
+se indignó con esta acción, de un modo indecible, se puso aún más pálido
+de lo que estaba, echó tres o cuatro ternos redondos con la voz más
+cavernosa que halló entre sus registros, y amenazó con estrangular al
+mozo acto continuo. Esfuerzos inauditos costó a Miguel sosegarle, y
+solamente lo consiguió con la promesa de que vendría otro día a tomar
+cualquier cosa para que él la pagase. Apesar de esto salió del café
+taciturno y sombrío; aquello de que Miguel hubiese pagado siendo él
+quien le invitara, parecíale el colmo de la humillación. Todavía cuando
+iba en dirección a la puerta cruzando por entre las mesas, se volvió dos
+o tres veces para lanzar una mirada de desafío al mozo, que ya estaba
+sirviendo a otros parroquianos sin hacer caso.</p>
+
+<p>Una vez en la calle, Utrilla se mostró mucho menos locuaz. Miguel se vio
+precisado, para sostener la conversación, a hacerle preguntas a las
+cuales contestaba cada vez con más concisión. Al poco rato se detuvo
+repentinamente y manifestó que no se sentía nada bien. Decir esto y
+arrimarse a un portal y echar los hígados por la boca, fue todo uno.</p>
+
+<p>&mdash;¿Le habrá hecho a V. daño el cigarro?&mdash;le preguntó Miguel.</p>
+
+<p>&mdash;¡Cá, no señor!... No comprendo lo que pudo ser... Acaso el ron que me
+dieron estaría malo.</p>
+
+<p>&mdash;Sin embargo, el cigarro... V. escupía mucho...</p>
+
+<p>&mdash;No señor, no; estoy acostumbrado.</p>
+
+<p>Viéndole aún bastante pálido y desfallecido, Miguel llamó a un coche de
+punto, le hizo subir a él y le condujo a su casa, situada en la calle
+del Sacramento. El cadete, apesar de su mal estado, quería descoyuntarse
+dándole las gracias.</p>
+
+
+<p class="c top15">FIN DEL TOMO I</p>
+
+<hr />
+
+<h1><a name="RIVERITA_II" id="RIVERITA_II"></a>RIVERITA</h1>
+
+<p class="c">NOVELA DE COSTUMBRES</p>
+
+<p class="c">POR</p>
+
+<h2>ARMANDO PALACIO VALDÉS</h2>
+
+<p class="c">
+MADRID<br />
+TIPOGRAFIA DE MANUEL G. HERNÁNDEZ<br />
+Libertad, 16 duplicado<br />
+1886<br />
+</p>
+
+<h3>TOMO II</h3>
+
+<h3><a name="Ib" id="Ib"></a>I</h3>
+
+
+<p>Miguel no fue tan feliz como había imaginado viviendo con su madrastra.
+Aunque Julita le proporcionaba con su alegría infantil y cándido donaire
+gratísimos momentos, estaban amargamente compensados éstos por el
+malestar que le producía el carácter rígido, inflexible, de la
+brigadiera. Este carácter no tenía ocasión de manifestarse con él,
+porque evitaba escrupulosamente todo motivo de choque o disgusto; pero
+se mostraba en toda su violencia y a cada hora del día con su hija
+Julia. No podía hacer la pobre niña nada, fuese tuerto o derecho, que
+mereciese su aprobación; era un ordenar constante de la mañana a la
+noche, primero una cosa, después otra, a menudo cosas contrarias, lo
+que producía disgustos, conflictos y escenas ruidosas. Julia tenía
+ocupados todos los minutos del día; cinco horas de piano, dos de
+bordado, dos de estudio, etc. Por nada en el mundo podía infringirse
+este régimen despótico: la menor infracción costaba muchas lágrimas. Si
+por impaciencia, o arrastrada de su genio vivo y desenfadado, contestaba
+alguna cosa que oliese de cien leguas a falta de respeto, ya podía
+prepararse: la brigadiera se erguía como una fiera, la llenaba de
+insultos, y olvidándose a menudo de lo que debía a su propia dignidad, y
+apesar de los años de Julita, la pellizcaba cruelmente, la abofeteaba y
+la tiraba de los cabellos:&mdash;«¡A su madre no se contesta jamás; se
+obedece y se calla, aunque no tenga razón!»&mdash;Eran las palabras que
+siempre salían de su boca en casos tales. La brigadiera tenía de la
+patria potestad la misma idea que los romanos; no había límites para
+ella. Cuando se efectuaba alguna de estas escenas, y por desgracia eran
+demasiado frecuentes, siempre concluían del mismo modo: Julita se iba a
+llorar la reprensión, los pellizcos o las bofetadas a su cuarto; su
+madre no volvía a hablar con ella, ni a dirigirle siquiera una mirada:
+para que hubiese reconciliación, era necesario que Julia fuese a ponerse
+de rodillas delante de ella, y cruzadas las manos en el pecho, como
+estaba acostumbrada desde niña, la pidiese perdón. Sólo así lograba
+entrar en su gracia.</p>
+
+<p>Poco tiempo después de haberse trasladado Miguel, fue testigo de una de
+las más repugnantes escenas de este género. Cuando terminó con el piano
+una mañana, Julita se fue al comedor, y <i>motu propio</i>, por su extremada
+inclinación al aseo, sacó toda la vajilla de los armarios y se puso a
+limpiarla esmeradamente y a colocarla de nuevo en su sitio. Empleó en la
+tarea mucho más tiempo de lo que había imaginado: cuando tornó al
+gabinete donde su madre se hallaba, ésta le preguntó con la aspereza
+acostumbrada si había cosido un vestido que se le había roto el día
+anterior.</p>
+
+<p>&mdash;Todavía no&mdash;contestó Julita tranquilamente.</p>
+
+<p>&mdash;¿Y qué te has hecho toda la mañana? ¡holgazana! ¡más que
+holgazana!&mdash;exclamó la brigadiera con ira.</p>
+
+<p>Julia, que estaba muy ufana de su labor y que pensaba dar una sorpresa
+agradable a su madre, le dijo riendo:</p>
+
+<p>&mdash;¿Mamá, tiene V. vergüenza para llamarme holgazana?</p>
+
+<p>Nunca lo hubiera dicho. La brigadiera, sin oír más, se lanzó sobre ella,
+la cogió por un brazo y la sacudió tan fuertemente, que la chica perdió
+el equilibrio y cayó al suelo, dando con la cabeza sobre un pie del
+piano: lanzó un grito y se llevó la mano a la cabeza, de donde corría
+un hilo de sangre. La brigadiera, terriblemente asustada, pálida como
+una muerta, se arrodilló cerca de su hija, la incorporó, y empezó a
+besarla frenéticamente, mientras Miguel iba corriendo a su cuarto en
+busca del frasco del árnica. Pusiéronla inmediatamente una compresa,
+sujetándola con una venda, y gracias a esto la herida quedó pronto
+cerrada. Julia no tardó en serenarse: su madre también se calmó poco a
+poco. Pero todavía mientras la quitaba la sangre de la cara con un paño
+mojado, no podía menos de dar suelta a su genio exclamando:</p>
+
+<p>&mdash;¿Lo ves? Esto te ha sucedido por desvergonzada.</p>
+
+<p>La brigadiera, aunque parezca extraño después de lo que acabamos de
+decir, amaba a su hija; pero la amaba a su manera, mortificándola sin
+cesar para plegarla de un modo incondicional a su voluntad. La voluntad
+era la facultad dominante, característica de su espíritu; todas las
+demás, el entendimiento, la sensibilidad, la memoria, estaban
+avasalladas por ella, hasta poder dudarse algunas veces de si existían.
+Ante el capricho más insignificante, la ternura y hasta el amor maternal
+huían a esconderse; pero sería injusto afirmar que estaba desprovista de
+ellos. La prueba es que en el momento en que su hija se ponía enferma,
+no se apartaba de ella un instante, ni de día ni de noche. Verdad es
+que, aun en tal estado, su voluntad no dejaba de seguir activa,
+haciéndole tragar las medicinas con terrible exactitud, no
+consintiéndole sacar un brazo fuera, ni dar tantas vueltas, etc., etc.
+Esto era irremediable. Además, para vestir a Julia con elegancia, para
+proporcionarle una educación brillante, no le dolía gastar todo su
+caudal, ni aun sacrificar sus propias comodidades. Mientras estuvo en
+Sevilla pudo competir en vestidos y sombreros con las hijas de las
+familias más aristocráticas. A esto se debía, por supuesto, la gran
+merma que sobrevino en la hacienda que el brigadier la había dejado.</p>
+
+<p>No obstante el régimen severo en que su madre la tenía aprisionada y el
+feroz despotismo que sobre ella ejercía, Julia no era tan desgraciada
+como pudiera presumirse. La naturaleza la había dotado de un carácter
+alegre, bondadoso y algo tornadizo, y este carácter la salvaba de una
+desdicha cierta; las impresiones en ella duraban poco y se sucedían con
+pasmosa rapidez; pasaba con increíble facilidad del llanto a la risa, y
+de la risa al llanto; era incapaz de meditar sobre las injurias que la
+hacían, ni menos de guardar por ellas el más leve rencor. Además, como
+estuvo toda su vida bajo el poder y la vigilancia de su madre, no
+pensaba que hubiera más vida, y estaba tan acostumbrada a sus filípicas
+que, cuando no eran extraordinarias, las escuchaba como un ruido
+enfadoso, y se autorizaba una que otra vez, si el temporal no era muy
+recio, ciertas salidas graciosas, aunque atrevidas.</p>
+
+<p>&mdash;Mamá, me ha dicho una persona bien enterada que en el purgatorio
+acaban de suprimir los pianos. Hasta allí se van mejorando las
+costumbres.&mdash;Mamá, ¿será faltarte al respeto decirte que hoy te has
+echado muchos polvos de arroz?&mdash;Mamá, si yo tuviese una hija, por lo
+menos un día a la semana, la dejaría dormir cuanto quisiera.</p>
+
+<p>Estos donaires, cuando subían de punto, solían costarle bastante caros.</p>
+
+<p>Miguel, a quien todo aquello cogía de nuevas, y que adoraba a su
+hermana, no podía sufrirlo con calma: cada vez que le tocaba ser testigo
+de una de estas escenas, padecía horriblemente y le costaba esfuerzos
+desesperados el reprimir sus ímpetus y no hacer a la brigadiera alguna
+áspera advertencia. Pero comprendía que con esto no adelantaba nada; al
+contrario, pondría las cosas en peor estado, y se callaba tragando bilis
+o apelaba con timidez a los ruegos para conjurar la borrasca. Más de una
+vez pensó en irse de nuevo a la fonda; pero al instante su conciencia se
+rebelaba. ¿Esto no era egoísmo? ¿Qué adelantaba su hermana con que él no
+estuviese en casa? Por el contrario, sabía perfectamente que Julita se
+consolaba mucho teniéndole cerca, no sólo porque templaba algunas veces
+el rigor de su madre, sino también, y esto era lo principal para ella,
+porque desahogaba con él su pecho, porque la animaba, porque pasaba
+charlando deliciosamente muchos ratos en su compañía, porque se placía
+en arreglarle el cuarto, porque la llevaba con frecuencia al teatro y
+procuraba, en suma, por todos los medios que estaban a su alcance,
+hacerle más dulce la existencia. Por otra parte, tampoco Miguel era de
+natural melancólico, como ya sabemos; Julia y él se entendían
+admirablemente para bromear, reír, bailar y hasta brincar por la casa. Y
+como la alegría es contagiosa, algunas veces, muy pocas, también la
+brigadiera participaba de ella y sonreía a sus juegos. Miguel solía
+aprovechar esta buena disposición y osaba retozar con la fiera:
+cogiéndola súbito de la cintura la empujaba con alguna violencia y la
+hacía correr, a su pesar, por la sala o el corredor hasta fatigarla, sin
+hacer caso de sus protestas.</p>
+
+<p>&mdash;¡Estate quieto, Miguel! ¡Basta, Miguel! ¡Mira que me fatigo!</p>
+
+<p>La brigadiera, enfadada a medias, no podía menos de reírse. Miguel
+comprendía bien cuándo convenía soltarla.</p>
+
+<p>&mdash;¡Eres un loco incorregible!... ¡Eres más chiquillo aún que tu
+hermana!</p>
+
+<p>&mdash;Vamos, cállese V., señora, o volvemos a dar otros seis galopes.</p>
+
+<p>&mdash;No, no, me marcho, porque eres muy capaz de hacerlo&mdash;decía riendo.</p>
+
+<p>Estas sonrisas tenían para nuestros jóvenes el incalculable valor que
+tiene para los habitantes de Londres un rayo de sol en medio del
+invierno.</p>
+
+<p>Miguel entregaba a su madrastra puntualmente la mitad de su renta. No se
+limitaba a esto su liberalidad: a menudo las hacía valiosos regalos, las
+llevaba al teatro y las obsequiaba de mil modos distintos. La casa se
+había montado sobre un pie más alto: vivían en un cuarto desahogado de
+la calle Mayor: en vez de la cocinera y la doncella que antes tenían,
+había ahora otros dos sirvientes más, una doncella para Julia y un
+criado para Miguel. La brigadiera aceptaba, sin embargo, la generosidad
+de su hijastro sin mostrar pizca de agradecimiento: al contrario,
+parecía que tomando su dinero o sus regalos le otorgaba un gran favor,
+le daba una prueba de confianza, y que él era quien estaba obligado por
+ello a guardarle eterna gratitud.</p>
+
+<p>Algún tiempo después de vivir de aquel modo, tuvo nuestro joven otro
+encuentro, fecundo también en graves consecuencias. Aconteció que un día
+de Carnaval se disfrazó de máscara, y en compañía de otros dos amigos,
+se bajó al Prado. Vestía traje de chula, y ostentaba, para mayor
+regocijo de los mirones, un seno exuberante, embutido de algodón.</p>
+
+<p>El salón rebosaba de gente; pocas máscaras, no obstante. Las que había,
+desfilaban entre los carruajes dando saltos para no ser atropelladas, y
+se montaban en la trasera de ellos, en el estribo, y a veces se sentaban
+al lado de los dueños para embromarlos. El grupo donde iba Miguel se
+quedó algunos minutos inmóvil presenciando el desfile e inquiriendo con
+la vista si entre las graves damas y caballeros que venían arrellanados
+en los <i>landaux</i> o <i>mylords</i> había algunos de sus conocidos a quien
+poder dirigirse. Uno de los compañeros atisbó al diputado Vidal que
+guiaba un <i>tílbury</i>, y escapó a colocarse a su lado, lanzando chillidos
+horrísonos. «¡Perico! ¡Perico! padre de la patria, aguárdame.» El otro
+tuvo la felicidad de ver a su novia en carretela y fue a colocarse de
+pie en el estribo. Quedó Miguel solamente en espera de algún amigo; pero
+no acababa de pasar. Conocía bastante de vista y de oídas a la mayor
+parte de las personas que ocupaban los aristocráticos trenes que
+cruzaban lentamente guardando fila, pero no trataba a ninguna: el barón
+de Aguilar con su señora, la marquesa viuda de Istúriz con su hija,
+después los señores de Pérez Blanco, en seguida el embajador inglés,
+luego la señora de Manzanillo con sus tres hijas, unas señoras que no
+conocía, un consejero de Estado próximo a ser ministro, el banquero
+Mendiburu con su señora y hermana, la generala Bembo:... a ésta sí la
+conocía. Era Lucía Población, aquella rubia tan espiritual, amiga de su
+madrastra, que había casado mientras él estuvo en el colegio con el
+coronel Bembo, ascendido hacía poco a general. D. Pablo estaba en
+Filipinas en un cargo importante; decíase que había ido allá a reponer
+su fortuna, quebrantada por las prodigalidades de su esposa. Vivía ésta
+en Madrid con sus tres hijos, gastando un arreo que confirmaba tal
+juicio. Además, en los últimos tiempos había dado bastante que decir con
+algunas historias galantes, lo que por otra parte la había elevado a la
+categoría de «mujer a la moda.» Miguel no había hablado con ella desde
+niño: y esto porque sabía que estaba hacía muchos años reñida con su
+familia. La había encontrado varias veces en los salones de la corte;
+pero como Lucía afectaba no conocerle, él tampoco se había decidido a
+saludarla. Sin embargo, no tenía contra ella queja alguna: en la ruptura
+de relaciones con su madrastra, estaba convencido de que la culpa era de
+ésta.</p>
+
+<p>Viendo que no cruzaba ningún amigo, Miguel se decidió a pasar un rato
+con la generala.</p>
+
+<p>&mdash;Lucía, Lucía, hermosa Lucía, déjame contemplarte un instante de
+cerca...</p>
+
+<p>Y saltó sobre el estribo de la <i>victoria</i> en que iba la dama y se sentó
+a sus pies.</p>
+
+<p>&mdash;He aguardado más de una hora para verte pasar y poder ofrecerte mi
+caja de dulces... toma.</p>
+
+<p>&mdash;Gracias, máscara&mdash;dijo la dama con sonrisa de complacencia, abriendo
+al mismo tiempo la cajita de Miguel y sacando de ella una almendra con
+sus dedos enguantados.</p>
+
+<p>&mdash;¡Qué envidia sentirán ahora los que me vean!</p>
+
+<p>&mdash;¿Por qué?</p>
+
+<p>&mdash;Porque voy sentado a los pies de la reina de la hermosura, la estrella
+Sirio de los salones de Madrid.</p>
+
+<p>El joven exageraba. No obstante, Lucía era una de las bellezas que
+citaban los periódicos en sus revistas de salones y teatros. Los años no
+la habían hecho desaparecer; por el contrario, al redondear y abultar
+sus formas, habían dado a su figura una majestad que antes no tenía.
+Conservaba el rostro terso y nacarado: sus cabellos dorados no contenían
+aún ninguna hebra de plata: sus ojos límpidos, azules, tenían una
+expresión vaga de melancolía e inocencia que contrastaba singularmente
+con lo que de ella se decía, y que la comunicaba cierto misterioso
+atractivo. Vestía con extraordinaria elegancia.</p>
+
+<p>Al aspirar la tufarada de incienso que Miguel le echó de improviso, una
+sonrisa placentera contrajo sus labios.</p>
+
+<p>&mdash;¡Oh! máscara, eres muy galante, muy galante...</p>
+
+<p>&mdash;No es galantería; es pura verdad: todo el mundo te admira en Madrid...</p>
+
+<p>&mdash;Vamos, acepto eso como broma de Carnaval; pero te la agradezco, porque
+es delicada.</p>
+
+<p>&mdash;Agradéceselo a Dios, que te ha hecho así... Aunque alguna parte
+también debió tomar el diablo cuando te ha formado, porque has hecho
+muchos desgraciados.</p>
+
+<p>Y siguió un buen rato manejando el incensario: la generala sonreía
+siempre y se iba interesando cada vez más por la máscara. Cuando estuvo
+ya bastante preparada, el joven dio otro giro a la conversación,
+enderezándola por ciertos caminos peligrosos.</p>
+
+<p>&mdash;¡Ay, Lucía, tú no sabes cuánto me has hecho pecar de pensamiento!</p>
+
+<p>&mdash;¿Y por qué?&mdash;repuso la dama; en sus ojos brilló una chispa de malicia.</p>
+
+<p>&mdash;Porque... porque... ¡bah! ¿Quieres que te lo diga?</p>
+
+<p>&mdash;Sí, dímelo.</p>
+
+<p>&mdash;No me atrevo; te vas a enfadar conmigo.</p>
+
+<p>&mdash;No me enfadaré; dímelo.</p>
+
+<p>&mdash;Sí te enfadarás; y yo quiero seguir siendo tu amigo... digo, tu
+amiga...</p>
+
+<p>&mdash;¡Cuando te digo que no me enfadaré!... Vamos, me comprometo a ello
+formalmente; habla.</p>
+
+<p>&mdash;¡Ay, Lucía! ¿Me lo juras?</p>
+
+<p>&mdash;Te lo juro.</p>
+
+<p>El joven se levantó, acercó su cabeza a la de la dama, y rozando con los
+labios su oído, dejó caer en él unas cuantas palabritas, que la hicieron
+prorrumpir en carcajadas. Miguel no esperaba tan buena acogida, y quedó
+un poco cortado; inmediatamente se repuso, y comprendiendo que la
+generala estaba curada de espantos, se enfrascó en una conversación
+libre y desvergonzada.</p>
+
+<p>La generala, a cada nuevo equívoco o reticencia, mostraba mayor alegría,
+se desternillaba de risa y daba pie con sus ingeniosas y picarescas
+respuestas a que el joven se engolfase cada vez más adentro. Ya no pensó
+más en cambiar de sitio; se encontraba admirablemente a los pies de
+Lucía.</p>
+
+<p>La generala quería averiguar quién era la máscara que tantas y tantas
+buenas cosas sabía.</p>
+
+<p>&mdash;Soy tu lavandera, ¿no me has conocido?&mdash;respondía el joven.</p>
+
+<p>&mdash;¡Oh, mi lavandera no es tan pícara como tú!</p>
+
+<p>&mdash;La careta me hace ser pícara; sin careta soy muy inocente.</p>
+
+<p>&mdash;Vamos, máscara, dime quién eres; has conseguido interesarme... si me
+lo dices, prometo guardarte el secreto.</p>
+
+<p>El joven se obstinaba en sostener que era la lavandera; ambos se reían
+de aquel disparate. La noche iba cayendo; los carruajes ya dejaban el
+Prado, y la muchedumbre que se apiñaba en el salón se había enrarecido
+bastante.</p>
+
+<p>La generala desplegó el abrigo y se lo metió con la ayuda de Miguel;
+pero no acababa de dar al cochero la orden de retirarse; la máscara
+había picado su curiosidad de mujer caprichosa, y buscaba una aventura
+con el deseo irritado de quien va a despedirse de ellas para siempre.
+Por último, Miguel se declaró: era un joven enamorado tiempo hacía, y
+que devoraba en secreto su amor sin esperanza, y sus celos. Nunca había
+tenido ocasión de acercarse a ella, y aunque la hubiera tenido, tal vez
+no la aprovechara, porque temía ser despreciado; con la máscara puesta,
+ya era otra cosa; no estaba embarazado por el miedo; se sentía con
+fuerzas bastantes para decirle en voz alta:</p>
+
+<p>&mdash;Te adoro, Lucía, te adoro... te adoro... te adoro...</p>
+
+<p>Y el joven repetía casi a gritos su frase, llamando la atención de las
+personas que pasaban cerca.</p>
+
+<p>La generala reía a carcajadas y hallaba cada vez más divertida a su
+máscara; aparentando juzgarlo todo pura broma, dudaba en el fondo que no
+fuese verdad y sentía dulcemente acariciada su vanidad.</p>
+
+<p>&mdash;¿Eres tan feo que no te atreves a decirme que me adoras, sin careta?</p>
+
+<p>&mdash;Lo soy bastante; pero sobre todo soy un ser insignificante, indigno de
+que fijes en él tus hermosos ojos.</p>
+
+<p>&mdash;Por lo pronto, máscara, tienes una cualidad bastante rara en el día:
+la modestia. Ya no eres, pues, tan insignificante.</p>
+
+<p>&mdash;Cuando no hay mérito, la modestia no es virtud.</p>
+
+<p>&mdash;Déjame comprobar yo misma si es verdad lo que dices. Alza un poquito
+la máscara.</p>
+
+<p>&mdash;De ninguna manera; no quiero que te rías de mí.</p>
+
+<p>&mdash;Aunque fueses feo, siempre quedarías como hombre agradable e
+ingenioso.</p>
+
+<p>&mdash;Muchas gracias... pero no trago el anzuelo.</p>
+
+<p>&mdash;Dime entonces tu nombre.</p>
+
+<p>&mdash;¿Para qué?... no me conoces... me llamo Juan Fernández.</p>
+
+<p>&mdash;Eso no es verdad.</p>
+
+<p>Ambos quedaron silenciosos unos instantes. La generala estaba un poco
+despechada de la obstinación de Miguel: quería advertir en ella cierta
+indiferencia disfrazada con el velo del temor. La conversación la había
+animado también.</p>
+
+<p>&mdash;Hace ya demasiado fresco y voy a retirarme&mdash;dijo en tono más grave; y
+después de una pausa, añadió con afectada desenvoltura:&mdash;¿Conque te
+resignas a ser mi adorador en secreto?</p>
+
+<p>&mdash;Sí.</p>
+
+<p>&mdash;No te envidio el papel; debe de ser poco divertido.</p>
+
+<p>&mdash;¡Oh, es tristísimo! Pero le prefiero al de amante desdeñado.</p>
+
+<p>&mdash;Si no te conozco, ¿cómo puedo darte esperanzas?</p>
+
+<p>&mdash;Pues bien; ¿quieres conocerme?</p>
+
+<p>&mdash;Ya te he dicho que sí.</p>
+
+<p>&mdash;Mañana corresponde a tu turno en la ópera. ¿No es cierto?... El joven
+que veas con una camelia blanca en la solapa del frac, ese soy yo. Pero
+es condición precisa que tú lleves dos camelias también en la mano, una
+blanca y otra encarnada: si te gusto, deja caer la encarnada y quédate
+con la blanca; si no, haz lo contrario.</p>
+
+<p>&mdash;Convenido.</p>
+
+<p>&mdash;Hasta mañana, pues; adiós, adiós hermosa Lucía... Voy a pedir al cielo
+que seque esta noche todas las camelias encarnadas.</p>
+
+
+
+<h3><a name="IIb" id="IIb"></a>II</h3>
+
+
+<p>Mucho vaciló Miguel antes de resolverse a entrar, con la camelia blanca,
+en la sala del Teatro Real. ¿Qué diría la generala Bembo al ver a un
+muchacho a quien tuvo, más de una vez, sentado en su regazo, ofrecerse
+como amante? ¿Se indignaría? ¿Soltaría la carcajada? ¿Lograría despertar
+con su admiración y fidelidad alguna ternura en el pecho de la hermosa
+Lucía? Tales eran las dudas que le atormentaban mientras iba y venía,
+del <i>foyer</i> a la puerta de la sala, sin atreverse a poner el pie en
+ella. Levantaba cautelosamente la cortina para echar los gemelos a la
+generala, que estaba en un palco platea, más hermosa que nunca,
+relampagueando como escaparate de joyería: tornaba al <i>foyer</i>; daba
+tres o cuatro paseítos, se tiraba por el bigote hasta arancárselo;
+volvía a la puerta de la sala, se arreglaba el cuello de la camisa,
+echaba una mirada a la solapa del frac, donde artísticamente estaba
+colocada la camelia, y otra a la mano de la generala donde brillaban una
+blanca y otra encarnada; pero no acababa de decidirse. Lucía también
+estaba impaciente; lo observaba nuestro joven con placer; varias veces
+la había sorprendido echando una rápida e intensa mirada por todo el
+ámbito de las butacas, y había querido adivinar, en sus labios, cierta
+expresión de desencanto o disgusto.</p>
+
+<p>Al fin hizo un esfuerzo supremo y se coló rápidamente en medio de la
+sala. Una vez allí, se encontró sereno, y poniendo con osadía los ojos
+en el palco de la generala, esperó. Al tropezarse con él la mirada de
+ésta, llevose la mano al sombrero y la hizo un saludo exagerado,
+fantástico, de los que tanto gustaban los mancebillos elegantes en
+aquella época. La generala contestó con afabilidad, y dirigió la vista a
+otro sitio; mas al volverla de nuevo hacia Miguel, al ver la camelia
+blanca en su frac y al observar su mirada fija, penetrante y un si es no
+es risueña, recibió tal sorpresa, que no pudo contestar a lo que, en
+aquel momento, le preguntaba un viejo militar que tenía a su lado. El
+hijo del brigadier notó el estremecimiento de sus manos y vio
+claramente que una ola de rubor había subido a sus mejillas, por más que
+hubiera vuelto rápidamente la cabeza hacia la puerta del palco:&mdash;«Ya
+eres mía,» pensó con la fatuidad propia de los jóvenes que aspiran a
+sentar plaza de seductores.</p>
+
+<p>La generala tardó mucho en mirarle de nuevo; pero esto le importaba a él
+muy poco: sabía que el golpe estaba dado y que había sido certero, y
+esperaba confiadamente el resultado. En efecto, después de largo rato,
+durante el cual la generala afectó sostener una conversación animadísima
+con el militar, volvió la cabeza hacia la sala y paseó por ella la
+mirada sin detenerla en Miguel: a la otra vez, ya la detuvo un poco; a
+la otra, un poco más; a la otra, ya fue derecha a él. Estableciose
+entonces un tiroteo de miradas, que no cesó en toda la noche. La
+expresión de sorpresa y de vergüenza no acababa de desaparecer por
+completo del rostro de Lucía; pero esto le prestaba aún más atractivo.
+La camelia encarnada tampoco se deslizaba de sus manos. Miguel, cada vez
+más dueño de sí mismo, se atrevió a hacerle seña de que la arrojase: la
+generala bajó los ojos sonriendo, pero no hizo caso. Acaeció, no
+obstante, lo que era de esperar: allá al final del cuarto acto, cuando
+el tenor avanza hasta las candilejas para expresar con algún <i>do</i> de
+pecho la emoción que le embarga, y las señoras se levantan de sus
+asientos dejándose poner los abrigos por sus maridos, amantes o
+admiradores, la roja camelia cayó al suelo: la generala, con el abrigo
+ya puesto, se precipitó fuera del palco, sin duda para ocultar su
+confusión. Una sonrisa de triunfo contrajo los labios de Miguel, quien
+salió también velozmente fuera de la sala y se apostó en el vestíbulo
+esperando a Lucía. Al pasar ésta, rozando con él, aunque sin mirarle,
+deslizó en su mano una carta que tenía preparada. En ella se confesaba
+perdidamente enamorado: «una pasión de niño que el tiempo no había hecho
+más que trasformar y fortalecer:» la amaba, valiéndose de la expresión
+de Víctor Hugo, como un gusano ama a una estrella; la impresión que su
+belleza, su angelical bondad y la dulzura de su carácter, habían hecho
+en su corazón de niño, no había podido borrarse: «era su primer sueño de
+amor.» Para decir esto, en resumen, había empleado dos pliegos de letra
+menuda. Al día siguiente recibió la contestación en su casa: la carta de
+la generala era digna y cariñosa; pero estaba escrita en un tono
+protector, que no le sentó bien a nuestro joven: le recordaba su
+infancia, le ponía de manifiesto lo extravagante de aquel amor, «que no
+era, como él aseguraba, una pasión firme y verdadera, sino un capricho
+de niño:» le indicaba el ridículo que sobre ella caería si cediese a ese
+capricho y el mundo lo averiguase: por último, le aconsejaba que
+desistiese de su intento y procurase olvidarla.</p>
+
+<p>Pero Miguel estaba realmente interesado en la aventura, aunque no tanto
+como decía en su carta: esta contestación no hizo más que excitarle.
+Detrás de aquel «olvida ese capricho y quiéreme como una segunda madre,
+pues lo soy tuya por la edad y por el cariño que desde niño te profeso,»
+adivinaba que la generala deseaba que insistiese, y que entendía y
+alcanzaba mejor aún que él lo interesante de aquella aventura. Si no,
+¿por qué había dejado caer la camelia encarnada?&mdash;Replicó, pues,
+empleando una retórica más fogosa aún, describiendo su amor y sus
+sufrimientos, procurando conmoverla por todos los medios imaginables.
+Cruzáronse después algunas otras cartas: Miguel pedía una entrevista
+para desahogar siquiera su corazón, «aunque después le despreciase.»
+Lucía se negaba a darla, considerándola inútil y aun perjudicial para
+ambos. Insistió el joven cada vez con más afán. La generala cedió al
+cabo «por compasión, porque temía que hiciese una locura,» citándole
+para el día siguiente. Miguel debía pasear a pie y por la tarde hacia la
+Casa de Campo, y tropezar casualmente con el carruaje de Lucía: ésta
+mandaría parar y entablarían conversación, hasta que a la postre le
+invitaría a subir y dar con ella un paseo.</p>
+
+<p>Así se realizó punto por punto. Miguel acudió a la cita lleno de
+emoción, tanto más, cuanto que Lucía había sabido darla un atractivo
+especial con aquel misterio. Si le hubiera recibido lisa y llanamente en
+su casa, no sentiría la mitad del deleite.</p>
+
+<p>&mdash;Adiós, Miguelito... Pare V., Juan... ¿Cómo tan solo por aquí, querido?
+¿Te dedicas a meditar por estas soledades?</p>
+
+<p>&mdash;Phs... huyendo de la noria de la Castellana... ¿Y V., generala? ¿Le
+gusta a V. también la filosofía?</p>
+
+<p>&mdash;Por haber filosofado en casa es por lo que vengo aquí&mdash;dijo
+riendo.&mdash;Me duele un poco la cabeza, y temía marearme en la
+Castellana... Pero súbete, y darás una vuelta conmigo: después te dejaré
+donde quieras.</p>
+
+<p>Todo fue dicho en voz alta para que lo oyesen el cochero y el lacayo.
+Sin embargo, cuando éste, lleno de sumisión, inclinándose con el
+sombrero en la mano, abrió la portezuela, brillaban sus ojos con
+maliciosa expresión: al subir al pescante dio un pellizco significativo
+a su compañero, y ambos rieron groseramente sin osar decirse lo que
+pensaban, por temor de ser escuchados.</p>
+
+<p>Al verse solo y mano a mano con Lucía en el carruaje, Miguel perdió la
+serenidad: no supo por lo pronto más que continuar la conversación
+empezada, hablando de su afición al campo y del placer que tendría en
+pasear largo todos los días; pero la vida de Madrid, las visitas, la
+moda... estaba cortado, aturdido; no sabía por dónde empezar. La
+generala, afectando también confusión y vergüenza, le observaba, sin
+embargo, sometiéndole a un atento examen, del cual, en realidad, no
+salió mal librado. Miguel, aunque no era buen mozo, poseía una figura
+delicada y un rostro gracioso y expresivo.</p>
+
+<p>Al fin se vio ella precisada a tomar la iniciativa.</p>
+
+<p>&mdash;Vamos, ya has conseguido lo que con tanto afán pedías. ¿Estás
+contento?</p>
+
+<p>&mdash;¡Oh, sí!</p>
+
+<p>&mdash;Yo no: cualquier indiscreción en estas circunstancias, me perdería, me
+pondría en ridículo: ya me voy haciendo vieja.</p>
+
+<p>Miguel protestó; no pasaba por la vejez: se atrevió a decir, aunque
+mirando al paisaje por la ventanilla, que no había en Madrid niña que
+pudiera competir con ella en hermosura y elegancia.</p>
+
+<p>Lucía no quiso aceptar la lisonja: no se hacía ilusiones; a los treinta
+y cinco años (se quitaba cuatro) una mujer es vieja; ¡pero muy vieja!</p>
+
+<p>&mdash;Y lo más triste de todo&mdash;añadió dejando escapar un suspiro,&mdash;es que,
+recorriendo con la memoria los años de mi vida, me convenzo de que nunca
+he sido joven.</p>
+
+<p>&mdash;¿Cómo?...</p>
+
+<p>&mdash;No, no he sido joven, porque jamás he gozado de las puras alegrías de
+la juventud, de los éxtasis apasionados del primer amor, de las dulces
+zozobras que trae consigo, de los placeres ideales... Siempre
+contrariada en mis sentimientos, en las afecciones de mi corazón... El
+mundo, los parientes, las circunstancias, me obligaron a casarme muy
+joven con un hombre a quien no quería. Echaron un cántaro de agua sobre
+el fuego de mi espíritu, y lo apagaron... Yo hubiera sido algo bueno,
+algo santo, algo puro, y me transformaron en un ser vulgar,
+insignificante. Sentía arrebatos heroicos en mi corazón, impulsos
+sublimes... Todo murió al subir al altar con un hombre que me era
+repulsivo... Los demás hombres no hicieron nada por redimirme... al
+contrario; contribuyeron a encenagarme más y más en la prosa de la vida.
+Todos cuantos se han acercado a mí con la lisonja en los labios,
+doblando la rodilla para adorarme, no traían otro objeto que el de
+satisfacer su vanidad, o puramente un deseo brutal: ninguno ha venido a
+entristecerse con mis tristezas, a alegrarse con mis alegrías, a
+confundir su alma con la mía, a realizar el verdadero amor, el amor puro
+y santo con que toda alma elevada sueña siempre... Tú mismo, Miguel,
+para quien yo debiera ser sagrada, al acercarte a mí en el Prado, lo has
+hecho con ese tono, con esa cruel frivolidad que tantas veces ha
+traspasado mi pecho... Lo he aceptado, porque me he ido
+acostumbrando... Créeme, que de todas maneras, es muy duro... ¡muy
+triste!</p>
+
+<p>La generala, al pronunciar estas palabras en voz baja y reprimida, se
+había ido animando poco a poco; sus mejillas se habían coloreado
+fuertemente, y por ellas rodaban, al concluir, dos gruesas lágrimas.
+Miguel se sintió conmovido.</p>
+
+<p>&mdash;Mucho siento haberla ofendido... ¡Perdóneme usted!</p>
+
+<p>&mdash;No; tienes razón para tratarme así&mdash;repuso llevándose el pañuelo a los
+ojos.&mdash;Yo no quiero ni puedo presentarme ante ti como una santa: el
+mundo te habrá enterado perfectamente de que no lo soy. Hice muchas
+locuras en la vida... escandalicé con ellas a la sociedad... Pero
+créeme, Miguel, yo he rodado al abismo, porque me han empujado... he
+rodado, guardando en el fondo de mi alma alguna perla que aún no ha
+tocado nadie.</p>
+
+<p>Riverita se quedó algunos instantes pensativo y silencioso. Cruzaron por
+su espíritu las ideas románticas que tienen siempre los jóvenes de
+corazón, y dijo levantando la cabeza y como hablando consigo mismo:</p>
+
+<p>&mdash;¡Quién sabe! ¡Cuántas veces nos equivocamos juzgando por la máscara
+que llevamos puesta en la vida!</p>
+
+<p>&mdash;La mía ha sido siempre impenetrable&mdash;dijo con exaltación la generala,
+clavando en él sus ojos húmedos y brillantes.&mdash;Se me juzga frívola,
+caprichosa... y corrompida; se multiplican mis amantes, se citan mis
+extravagancias y se me arrojan al rostro infinidad de flaquezas... Quizá
+tengan razón: todo cuanto malo hice en mi vida, procuré que fuese pronto
+sabido del público; en vez de ocultar las faltas con artificio, procuré
+arrojarlas a la murmuración. ¿Y esto sabes tú por qué lo hacía?... ¡Pues
+en el fondo era para vengarme del escaso placer que me causaban!</p>
+
+<p>Estas últimas palabras fueron dichas con inusitada violencia. Miguel,
+que estaba bajo el hechizo de su figura distinguida, su elegancia y la
+suavidad voluptuosa de su mirada, se dejó arrastrar por ellas. Lo que la
+generala decía estaba de acuerdo con el espíritu que domina en la
+literatura moderna, según el cual en la mujer, a más de la virginidad
+material, existe una como virginidad moral independiente de la primera:
+a menudo la que más amantes tiene es la que mejor guarda esta
+virginidad; en medio de la corrupción y los placeres, el corazón puede
+permanecer incólume y sano, y llegar a redimirse y sentir, cuando
+encuentra otro semejante, el encanto de los amores inocentes. Y como en
+aquel momento estos artículos halagaban su amor propio, no tuvo
+inconveniente en concederles franca y cordial acogida. Ambos se
+entretuvieron largo rato con ellos. Lucía se confesó derramando
+lágrimas; relató sus angustias, sus sueños, las amarguras que en medio
+del placer sentía, el aborrecimiento, mejor dicho, el desprecio que la
+grosería de los hombres le inspiraba, el ansia de subir a otra región
+más elevada, de penetrar en una atmósfera pura y diáfana donde pudiese
+respirar con libertad. Miguel, lleno de íntimo regocijo, la consoló,
+excusó sus faltas y expuso también sus ideas particulares acerca del
+amor.</p>
+
+<p>El carruaje marchaba por la solitaria carretera, sin ruido, acusando su
+linaje aristocrático. El paisaje se extendía por ambos lados áspero y
+triste: los árboles que bordaban el camino, desnudos por entero, dejaban
+paso a los ojos y por entre aquellos se veía la luz rojiza del sol
+moribundo. La elasticidad de los muelles producía en Miguel cierta vaga
+soñolencia. Dueño de sí completamente y con una hermosa mujer que le
+escuchaba atenta, hablaba como si fuera para adentro, vaciando el
+cargamento de ideas más o menos poéticas, de paradojas fantásticas, de
+conceptos retorcidos que tenía en la cabeza: los exhibía con arrogancia,
+satisfaciendo su vanidad, deseando tanto ser admirado como amado.</p>
+
+<p>Insensiblemente fueron concretando sus ideas, aplicándolas al momento
+presente. La generala desenvolvió con entusiasmo un programa de
+redención; pintó los encantos de una vida iluminada tan solo por el
+amor.</p>
+
+<p>&mdash;¡Oh, si yo tropezase con el hombre de mis sueños, con un espíritu
+noble, hermano del mío! En vano lo he buscado toda la vida... Nunca
+hallé más que cinismo, frivolidad, corrupción. Algunas veces venían
+disfrazados con el precioso manto de la galantería, del buen tono...
+pero en el fondo, ¡siempre, siempre la misma grosería!</p>
+
+<p>Miguel, con un silencio discreto, procuró llamar la atención hacia sí.
+Después se mostró también ardiente partidario del amor ideal, de la vida
+sencilla. Por último, se ofreció con labio balbuciente, embargado por la
+emoción, como el ejemplar o archetipo que Lucía había soñado. Esta posó
+en él una larga y profunda mirada que le turbó aún más, exhaló después
+un delicado suspiro y guardó silencio. Al cabo de algunos instantes tomó
+de nuevo la palabra con voz temblorosa.</p>
+
+<p>&mdash;Mentiría, Miguel, si te dijese que no me inspira vivo interés y
+gratitud esa adhesión que desde niño me has demostrado... y que ahora se
+manifiesta de un modo bien distinto&mdash;añadió sonriendo. Mentiría&mdash;añadió
+con animación y brío&mdash;si no te confesase que me seduce muchísimo la idea
+de tenerte en mi poder, de ser para ti madre y amante a un mismo
+tiempo... ¡Oh, qué situación tan original! Aquel niño que yo tuve sobre
+mi regazo; a quien tengo lavado y peinado muchas veces; a quien tengo
+librado de bastantes castigos, ¡convertirse ahora en amante y en dueño!
+¡Esto es algo que se sale de lo vulgar, algo nuevo y extraño!... Pero
+¡ay, Miguel! estos sueños hermosos no pueden realizarse... ¿Sabes por
+qué? Porque son quimeras que no pueden halagar sino a una imaginación
+loca como la mía. Tú no ves aquí sino una mujer que te agrada más o
+menos y a quien deseas rendir a todo trance...</p>
+
+<p>Miguel hizo protestas fogosas: se presentó, de buena fe, como un ser
+excepcional también, como un herido de la gran batalla de la vida, el
+corazón goteando sangre y desengaños; relató igualmente un sin número de
+sueños, pasiones y genialidades, ponderó sus amarguras, las noches de
+insomnio, las vagas inquietudes.</p>
+
+<p>Ambos eran felices presentándose mutuamente como almas incomprensibles o
+por lo menos no comprendidas del vulgo, y no se cansaban de exhibir con
+deleite toda una muchedumbre de ideas y sentimientos imaginarios.</p>
+
+<p>Por fin la generala se convenció de que Miguel era el hombre que
+buscaba, el ideal de sus ensueños; le miraba con ternura, le hacía
+repetir con afán sus enmarañadas <i>psicologías</i>, se enteraba de los
+últimos pormenores de su vida espiritual y no cesaba de dolerse de no
+ser más joven para realizar por entero el sueño de amor que toda la
+vida le había perseguido.</p>
+
+<p>&mdash;¡Cuánto daría por tener algunos años menos, y ser libre de volar
+contigo a algún hermoso rincón lejos de este ruido infernal, de esta
+eterna murmuración, de toda la miseria que nos rodea! Una casita a la
+orilla del mar, bañada a todas horas por la brisa, un jardinillo que
+cuidar, un pedazo de pan que llevarnos a la boca y salud para correr y
+saltar por los campos. ¡Era lo bastante para ser felices!</p>
+
+<p>Entraron en pleno idilio. Lucía trazó con vehemencia el cuadro de la
+felicidad pastoril; pintó la vida sencilla, frugal, inocente, del campo,
+las inefables dulzuras de la familia; se representó a Miguel saliendo de
+casa y viniendo rendido de fatiga a la hora del crepúsculo para
+descansar en sus brazos; a ella cosiendo o bordando a su lado; otras
+veces, yendo a la pesca juntos, o a dar un paseo a caballo, o a coger
+moras silvestres por el campo...</p>
+
+<p>&mdash;¡Oh!&mdash;dijo Miguel un poco exaltado&mdash;¡aún podemos ser felices!</p>
+
+<p>&mdash;¡Si eso fuera verdad!... Pero no; yo no puedo ser para ti más que una
+madre...</p>
+
+<p>Miguel no quiso de modo alguno aceptar la maternidad.</p>
+
+<p>&mdash;¡Nada de madre... no, no... yo quiero ser <i>tu</i> amante... <i>tu</i>
+amante!&mdash;Y repetía la frase con creciente animación, un poco trastornado
+ya.</p>
+
+<p>&mdash;Bien, serás lo que quieras; hijo, amante, lo que se te antoje; pero
+júrame que es puro tu amor, que no hay nada de vergonzoso en esa pasión,
+que no intentarás nada para profanar este lazo que ha de unir nuestras
+dos almas para siempre.</p>
+
+<p>El hijo del brigadier juró. Su amor era ideal; una ardiente adoración.
+Confesaba que al principio no había pensado más que en el amor vulgar;
+pero ahora, al sondar los inefables misterios que encerraba el alma de
+la generala, al comprender que su corazón estaba virgen y puro, al
+adivinar en ella un ser superior, todos sus groseros pensamientos se
+habían apartado como lava impura; sólo quedaba el oro sin mezcla de una
+pasión grande y elevada.</p>
+
+<p>Y ambos disertaron mucho rato, acerca de la naturaleza de su amor, y se
+extasiaron en recíproca admiración de sus almas. No; ellos no
+pertenecían a la sociedad en que vivían, eran de otra pasta, estaban
+criados para los grandes sentimientos, para la vida del corazón.</p>
+
+<p>&mdash;Tú eres poeta; tienes un espíritu superior; tú no puedes amar
+realmente sino a una mujer que te comprenda.</p>
+
+<p>Miguel reconocía que era verdad; confesaba que hasta entonces no había
+amado; era huérfano de padres y de amor, y ofrecía algunas de sus
+extravagancias morbosas a la generala, como rasgos de una naturaleza
+superior. Lisonjeado en su amor propio, embriagado por las miradas de la
+hermosa, en aquel momento creía cuanto afirmaba, juzgándose un ser
+extraño y digno de admiración.</p>
+
+<p>Pero agotada la psicología amorosa, nuestro Riverita sintió un vago
+malestar, muy semejante a la vergüenza. En un intervalo de silencio se
+le representó de improviso lo ridículo que había estado con aquella
+palabrería altisonante y metafísica ensortijada que jamás hasta entonces
+había usado, para declararse a una mujer; y no pudo menos de reírse de
+sí mismo. La aventura comenzó a parecerle por demás extraña. Hallarse en
+ocasión tan propicia al lado de una mujer como Lucía que le confesaba
+francamente sus pecados, ser su amante, y pasar el tiempo disertando
+sobre materias abstractas, y haciendo el papel de ser incomprensible y
+misterioso, era cosa tan singular, que rayaba en lo absurdo. Como ya no
+tenían qué decirse, los intervalos de silencio eran cada vez más
+prolongados. Ambos miraban, por las ventanillas, el paisaje, que se iba
+oscureciendo poco a poco. El carruaje se deslizaba suavemente con rumor
+blando y voluptuoso; los caballos, enderezados hacia casa, piafaban de
+vez en cuando con la perspectiva del pesebre.</p>
+
+<p>La generala, que se había quedado melancólica, le miraba en silencio
+suave y tristemente.</p>
+
+<p>¡Pero esto es estúpido!&mdash;se dijo de pronto Miguel, dando un suspiro. Y
+resolvió en el acto descender de las alturas y humanizarse. Era difícil,
+no obstante. ¿Cómo empezar?</p>
+
+<p>Empezó tomando una mano de la generala. Esta, completamente embebecida
+en sus ensueños vagos y dulces meditaciones, no pareció advertirlo. El
+joven la llevó después a sus labios, sin que tampoco lo advertiese.
+Entonces, un poco temeroso, pero venciendo el deseo a la timidez,
+introdujo el brazo por detrás de su espalda, y quiso estrecharla la
+cintura. La generala, advertida al cabo, procuró separarlo, pero tan
+suavemente, que el brazo volvió al instante al mismo sitio; tornó la
+dama a separarlo más blandamente todavía, y el brazo, cual si tuviera un
+resorte, volvió a su posición. Después intentó besarla y la besó.
+Después quiso que ella le besara a él; resistió un poco; al cabo cedió
+diciendo:</p>
+
+<p>&mdash;Te doy un beso maternal; no te imagines otra cosa.</p>
+
+<p>Después... la hermosa generala le dejó en la calle Mayor a la puerta de
+su casa, cuando ya los faroles, recién encendidos, rompían débilmente
+las sombras del crepúsculo.</p>
+
+<p>&mdash;Hasta mañana... a las nueve en punto... ya sabes, en la esquina de la
+calle de las Infantas.</p>
+
+
+
+<h3><a name="IIIb" id="IIIb"></a>III</h3>
+
+
+<p>A las nueve en punto de la noche, en la calle de Fuencarral, esquina a
+la de las Infantas, Miguel esperaba a la generala, que debía cruzar en
+un coche de alquiler. Así lo habían convenido.</p>
+
+<p>El coche se detuvo. ¡Con qué emoción placentera abrió nuestro joven la
+portezuela de la berlina y se sentó al lado de Lucía! El cochero
+esperaba órdenes. Viendo que no se las daban, preguntó, inclinándose a
+la ventanilla y con voz áspera:</p>
+
+<p>&mdash;¿A dónde?</p>
+
+<p>Ambos se miraron indecisos. A Miguel se le ocurrió por fin decir:</p>
+
+<p>&mdash;Atocha, 145.</p>
+
+<p>Era la mayor distancia que halló. Abrigaba el designio de ir a otra
+parte, pero era necesario convencer a la generala.</p>
+
+<p>Las calles estaban cuajadas de gente; las luces de los faroles y las de
+los escaparates iluminaban las aceras y los rostros de los transeúntes
+que se detenían a mirar los objetos exhibidos. La villa entera salía en
+esta hora a gozar de las dulzuras de la civilización, que trasforma la
+noche en día, el silencio en ruido, la soledad en confusión y algazara.</p>
+
+<p>Al entrar en la berlina, había apretado con efusión la mano enguantada
+de la generala y la había conservado en su poder. Ésta le acogió
+cariñosa, pero un poco triste y circunspecta. Hablaron en los primeros
+momentos con embarazo de los pormenores de la cita, el tiempo que había
+esperado Miguel, lo que había causado el retraso de la generala, etc.,
+etc. Lucía aprovechó, no obstante, el motivo para recomendarle de nuevo
+mucha discreción. Miguel juró y perjuró que su silencio igualaría al de
+las tumbas. Poco a poco fue desapareciendo la reserva natural de los
+primeros instantes y entraron en íntimo y grato coloquio. Miguel volvió
+a describir las fases de su amor, presentándolo más arcano y enmarañado
+que nunca; la reflexión le había suministrado un sin fin de pensamientos
+delicados, vagas lucubraciones, dulces psicologías y frases
+espirituales, que fue vertiendo como flores de su ingenio en el regazo
+de la bella. Ésta las recibió con extremado gozo, estimulando con su
+admiración y con tal cual concepto atrevido, pues era mujer de viva
+imaginación, el talento y la fantasía de nuestro joven. El coche rodaba
+con áspero traqueteo por las calles, sin caminar por eso con gran
+celeridad. La decoración de las tiendas y escaparates iluminados, el
+gentío que discurría por las aceras, los coches que sin cesar cruzaban
+de un lado y de otro, pasaban totalmente inadvertidos para los amantes,
+que saltaban sobre los cansados muelles del simón, en animada plática,
+devorándose con los ojos.</p>
+
+<p>Miguel planteó al fin el problema que bullía en su cabeza: el de ir a
+pasar un rato en buen amor y compaña <i>a cualquier parte.</i></p>
+
+<p>La generala soltó bruscamente la mano que le tenía cogida, y echó atrás
+la cabeza con manifiestas señales de hallarse gravemente ofendida.
+Nuestro joven se asustó un poco y pidió perdón con labio balbuciente: no
+porque creyese que había cometido ninguna profanación; pero temía que
+aquélla, poseída de su papel de «alma hermosa, inmaculada,» tardase
+demasiado en ceder a sus instancias.</p>
+
+<p>Guardó silencio obstinado la dama, en la actitud firme e imponente de
+una deidad herida. Miguel se humilló, se llamó bestia, se declaró
+indigno del amor de un alma tan elevada.</p>
+
+<p>&mdash;¡Oh, nunca creyera de ti!...&mdash;exclamó ella al fin. Y un torrente de
+lágrimas se desprendió de sus ojos.</p>
+
+<p>&mdash;¡Perdóname!</p>
+
+<p>&mdash;¡No!</p>
+
+<p>&mdash;¡Sí!</p>
+
+<p>&mdash;¡No!</p>
+
+<p>&mdash;¡Fue un momento de extravío!</p>
+
+<p>Al fin las súplicas vencieron su ánimo, y el joven quedó absuelto.</p>
+
+<p>Pero el carruaje se aproximaba ya al término de la carrera, y Miguel no
+sabía qué partido tomar.</p>
+
+<p>Después de otro intervalo de silencio en el que procuró concentrar todas
+las fuerzas de su espíritu, volvió el ataque.</p>
+
+<p>&mdash;¡Tú no me quieres!&mdash;dijo en tono quejumbroso, adoptando a su vez la
+actitud de hombre agraviado.</p>
+
+<p>&mdash;Bien sabes que no es verdad; bien sabes que te quiero, que te adoro
+con toda mi alma.</p>
+
+<p>&mdash;¡Oh, si me quisieras, me darías esa prueba inequívoca de tu amor!</p>
+
+<p>&mdash;¡Oh, Miguel! ¡Siento desde ayer un vacío tan grande en mi corazón!...
+¡Parece como si me hubieran arrancado la última creencia, el último
+pensamiento consolador! ¡Por qué habremos arrastrado nuestro amor por
+el lodo!</p>
+
+<p>A Miguel le hizo poca gracia esto del lodo. Buscó con afán argumentos
+para contrarrestar la lógica de la generala.</p>
+
+<p>&mdash;Pues yo te digo que desde ayer te adoro aún con más entusiasmo... que
+no ha menguado el amor y la admiración que me inspiras... Pero quiero
+que seas mía, completamente mía... como yo lo soy tuyo... en cuerpo y en
+alma.</p>
+
+<p>Después de muchas protestas de cariño por una y otra parte, Miguel
+volvió solapadamente, dando grandes rodeos, a su tema. No, él no quería
+rebajar la dignidad de su dueño, él no quería manchar el amor que se
+tenían; por eso buscaba un sitio que mereciera albergarlo algunos
+momentos: la misma casa de la generala.</p>
+
+<p>Esta recibió la proposición sin enfado; pero no quiso aceptarla. Era
+inadmisible por el riesgo que se corría; se enterarían los criados, o el
+portero, o los vecinos...</p>
+
+<p>&mdash;No, no se enterarán; tomaremos precauciones; tú subes primero, después
+me abres la puerta...</p>
+
+<p>&mdash;Pero los criados lo oyen todo; la puerta está cerca de la cocina;
+además, hay un chico encargado de abrir...</p>
+
+<p>Miguel insistía apretando el ingenio para combatir los temores de la
+generala: ésta amontonaba las dificultades, dejando, no obstante,
+entrever más o menos lejano, el triunfo del joven.</p>
+
+<p>Paró el carruaje. Se encontraban frente al número designado. Miguel
+vaciló un instante sin saber qué hacer: al fin salió del coche y entró
+en la casa para disimular; al pasar por delante de la portería,
+preguntó:</p>
+
+<p>&mdash;¿El señor don (el nombre de un personaje político que habitaba en
+aquella calle), no vive aquí?</p>
+
+<p>Dentro de la garita, cenaba el portero con su mujer y sus hijos: al
+escuchar la pregunta levantó la cabeza.</p>
+
+<p>&mdash;¡Oh, no señor! se ha equivocado V.; la casa de don... queda mucho más
+atrás, en el núm. 62...</p>
+
+<p>&mdash;¡Ah!... pues me habían dicho... ¿Dice V. que en el núm. 62?...</p>
+
+<p>&mdash;Sí señor, hace muchos años que vive en la misma casa.</p>
+
+<p>&mdash;¿Cuarto?</p>
+
+<p>&mdash;Me parece que segundo.</p>
+
+<p>&mdash;Muchas gracias.</p>
+
+<p>&mdash;No las merece.</p>
+
+<p>Volvió a salir. Al entrar en el coche, interrogó con ojos suplicantes a
+la generala, la cual se dignó hacer un signo afirmativo. Entonces dijo
+rápidamente al cochero:</p>
+
+<p>&mdash;Huertas, 30... De prisa.</p>
+
+<p>Y se enderezaron a todo el correr del jamelgo hacia la casa de la
+generala. Miguel le dio las gracias con acento conmovido, besándole las
+manos repetidas veces. Pero Lucía guardó silencio, y se mantuvo con la
+cabeza inclinada en actitud melancólica y reflexiva, dejando que el
+joven exhalara con labio trémulo toda la alegría que rebosaba de su
+alma. Al poco rato, Miguel pudo notar que algunas lágrimas bajaban
+silenciosas por sus mejillas, y experimentó dolorosa impresión.</p>
+
+<p>&mdash;¿Por qué lloras?&mdash;preguntó, acercando su rostro al de la dama.</p>
+
+<p>Lucía no contestó.</p>
+
+<p>&mdash;¿Por qué lloras?&mdash;volvió a decir con ansiedad.&mdash;¿Te he ofendido?
+¿Acaso ya no me quieres?...</p>
+
+<p>&mdash;¡Oh no; no es eso!... Lloro, Miguel, sobre nuestro amor... lloro sobre
+la última ilusión perdida... Siento haberte conocido... Siento haber
+dejado despertar mi corazón ya dormido, y forjarme, por algunos
+instantes, ciertas quimeras deliciosas que se desvanecieron como el
+humo... ¡Por qué he de ocultártelo! Cuando ayer me declaraste tu pasión,
+tuve la debilidad de creer en ella, y soñé, inmediatamente, con un amor
+fiel y puro, con el amor que ennoblece el espíritu y nos incita a las
+ideas elevadas y a las acciones generosas... Creí volver a los años de
+colegiala, cuando el mundo se ofrecía ante mi vista como un hermoso
+fanal trasparente y diáfano, cuando no acertaba a ver en él más que
+cosas lindas... todo risueño... todo hermoso... Volvía a entrar en la
+juventud. Una nueva aurora para mi alma... Pero no fue más que un
+relámpago que me hizo entrever los verjeles del cielo. Y al instante
+quedé sumida otra vez en la oscuridad... Hoy ¿qué somos nosotros? ¡Dos
+seres vulgares que viven como tantos otros en el cieno, queriendo
+persuadirse de que son felices! Aunque me ames, Miguel, tengo la
+seguridad de que no sientes por mí la admiración respetuosa, el
+entusiasmo que sentías el día de Carnaval echado a mis pies en el
+carruaje... ¿Comprendes ahora mi tristeza y mis lágrimas?</p>
+
+<p>Miguel comprendió que era necesario estar de acuerdo con la generala,
+aunque fuese por breves instantes. Bajó la cabeza y quedó pensativo y
+triste. De pronto, levantándola, exclamó:</p>
+
+<p>&mdash;¡Que no te quiero! ¡Que no te adoro! ¿Quién es el que puede dejar de
+admirarte así que te vea y te escuche? No, Lucía, no; las faltas que
+cometamos y las manchas que caigan sobre nuestro amor, se deberán
+exclusivamente a mí. Tú has cedido por la bondad de tu carácter...
+porque me quieres... y porque me compadeces.</p>
+
+<p>Al pronunciar estas palabras el hijo del brigadier creía sentir lo que
+decía, y estaba realmente conmovido.</p>
+
+<p>&mdash;Gracias, Miguel, eres generoso conmigo; pero tu generosidad no me
+excusa... Tengo tanta culpa como tú.</p>
+
+<p>Las lágrimas seguían cayendo en abundancia de los ojos de la generala.
+Mientras procuraba convencerla de su inocencia, prodigábala nuestro
+joven mil caricias apasionadas, sin miedo ya a ser visto de los
+transeúntes. El interés de la escena le embargaba. Por otra parte, la
+noche había avanzado un poco, y las calles que recorrían no eran de las
+más transitadas.</p>
+
+<p>Llegaron a la de las Huertas. Lucía se apeó delante de su casa y entró;
+Miguel siguió en el carruaje y lo despidió en la primer esquina: allí
+aguardó a que la generala entreabriese el balcón de su gabinete para
+entrar también.</p>
+
+<p>Lucía habitaba el piso segundo (derecha e izquierda) de una magnífica
+casa recién edificada; tenía un número considerable de criados, aya
+inglesa para la niña primera, cochero, lacayo, dos troncos de caballos,
+uno de ellos de valor, etc., etc. Mucha prisa necesitaba darse el
+general Bembo a recoger lo que por tantos agujeros se le escapaba a su
+media naranja.</p>
+
+<p>Miguel, vista la señal, subió a la casa con paso firme y decidido para
+que el portero no le detuviese. Lucía le esperaba en lo alto de la
+escalera.</p>
+
+<p>&mdash;Entra sin hacer ruido&mdash;le dijo apagando la voz cuanto podía;&mdash;así...
+sobre la punta de los pies...</p>
+
+<p>Cuando estuvieron en su gabinete, una estancia lujosamente decorada, las
+paredes de raso azul, los muebles forrados de la misma tela, se dejó
+caer en un diván, reteniendo la mano de Miguel que tenía cogida.</p>
+
+<p>&mdash;¿No sabes?... he despachado al chico de la puerta con un encargo, y a
+mi doncella con otro... Pero aún nos pueden oír... ¡Mucho cuidado!</p>
+
+<p>El joven se sentó a su lado, y la abrazó con trasporte.</p>
+
+<p>&mdash;¡Ya estamos solos y tranquilos! ¡Qué placer tan grande!</p>
+
+<p>La generala le apartó suavemente, y dejó caer la cabeza sobre el pecho.</p>
+
+<p>&mdash;¿No estás contenta a mi lado, Lucía?&mdash;preguntó, mientras le acariciaba
+con ternura una mano.</p>
+
+<p>&mdash;No.</p>
+
+<p>&mdash;¿Por qué?</p>
+
+<p>&mdash;Porque te tengo miedo: porque eres un loco... y yo otra loca&mdash;añadió
+con amargura.</p>
+
+<p>&mdash;El amor, ¡qué es más que una locura sublime!&mdash;exclamó sentenciosamente
+Miguel, tratando de enlazarla de nuevo con sus brazos.</p>
+
+<p>&mdash;Por lo mismo que es sublime, no debemos degradarla... Seamos fuertes
+con nosotros mismos... atrincherémonos detrás de nuestras ideas
+elevadas, y defendámonos de las groserías de la pasión...</p>
+
+<p>&mdash;¡Qué alma tan grande tienes!... Eres muy hermosa, Lucía... ¡Te amo!
+¡te amo!... ¡te, adoro!...</p>
+
+<p>&mdash;Ámame, sí; pero ámame con un amor ideal, digno de ti y de mí... No me
+humilles, por Dios, no me bajes hasta el suelo, ya que tu amor me coloca
+en un sitio elevado... Te lo anuncio, Miguel..., no tardarás en
+despreciarme...</p>
+
+<p>Y al proferir tales palabras, caían otra vez algunas lágrimas de sus
+ojos; Miguel protestó contra esta suposición; sostuvo el idealismo de su
+amor, cubriéndola de vivos y apasionados besos. Lucía se dejaba
+acariciar con resignación.</p>
+
+<p>El gabinete era un nido tibio y hermoso, lleno de perfumes penetrantes;
+contiguo a él, separada por columnas doradas de madera y por una cortina
+de damasco azul, estaba la alcoba. Por entre los pliegues de la cortina
+se veía un gran lecho matrimonial de palo santo, y cerca de él otro
+pequeñito de niño: la estancia, esclarecida débilmente por una lámpara
+veladora de bomba esmerilada que pendía del techo.</p>
+
+<p>&mdash;Calla&mdash;dijo la generala suspendiendo el aliento e inclinando la cabeza
+hacia la alcoba,&mdash;creo que despierta mi Chuchú.</p>
+
+<p>En efecto, el más pequeño de sus hijos, que dormía en la alcoba, había
+dado un leve gemido, al cual siguió otro más fuerte. Lucía corrió a allá
+para que no se alborotase.</p>
+
+<p>&mdash;Calla, Chuchú, calla, que aquí estoy yo.</p>
+
+<p>El niño no hizo caso.</p>
+
+<p>&mdash;Si no callas, el hombre de las narices grandes vendrá a buscarte y te
+llevará.</p>
+
+<p>&mdash;<i>¡Quero Ía!</i>&mdash;clamó el niño: <i>Ía</i> era la doncella, que se llamaba
+María.</p>
+
+<p>&mdash;No, monín, no; duerme.</p>
+
+<p>&mdash;<i>¡Quero Ía!</i></p>
+
+<p>&mdash;No grites... mira que va a venir el hombre feo.</p>
+
+<p>&mdash;<i>¡Quero Ía!</i></p>
+
+<p>&mdash;¡No grites, chiquillo!... Pronto vendrá María... Mañana te mando a
+dormir con las niñas.</p>
+
+<p>&mdash;<i>¡Quero Ía!</i></p>
+
+<p>&mdash;¡Mira, si no te callas, te doy azotes!... Vamos, duérmete: si te
+duermes, te compraré un caballo para que vayas al Retiro montado como tu
+amiguito Julián... y después te llevo al Circo a ver los <i>clowns</i>... ¿no
+te acuerdas de los saltos que dan? ¡Qué saltos tan grandes sobre el
+caballo! ¿eh?... Y la niña rubia que se sube al trapecio, ¡qué bonita!,
+¿eh?... Y después vamos a casa de Julianito, y comerás dulces... y otro
+día iremos a Leganés a ver a la tía Adelaida para que te regale el
+pajarito de cristal que canta dándole cuerda... y lo traeremos para
+casa, ¿verdad?... ¿No te gusta?</p>
+
+<p>El niño, que había suspendido el llanto para escuchar a su madre, cuando
+ésta terminó el repertorio de promesas, volvió a gritar:</p>
+
+<p>&mdash;<i>¡Quero Ía!</i></p>
+
+<p>No fue posible por ningún medio hacerle desistir de su empeño.</p>
+
+<p>La generala estaba furiosa.</p>
+
+<p>&mdash;¿Pero qué edad tiene el niño?&mdash;preguntó en voz baja Miguel, que se
+había aproximado silenciosamente a la alcoba.</p>
+
+<p>&mdash;Tres años.</p>
+
+<p>&mdash;Pues sácalo de la cama, no hay ningún cuidado: a ver si se entretiene
+con cualquier cosa.</p>
+
+<p>Lucía lo envolvió en un chal y lo sacó al gabinete. Era rubio y hermoso
+como un angelito, con grandes ojos azules; no se manifestó sorprendido
+al ver a Miguel; suspendió el llanto y le miró, sí, con insistencia,
+pero sin preguntar nada a su madre. Miguel quedó un poco cortado ante
+aquel examen, y le pesó de haber aconsejado a la generala su traslado.
+Después procuró captarse su amistad; tomolo de los brazos de aquélla, y
+lo sentó sobre sus rodillas; le acarició suavemente sus cabellos
+ensortijados y le dio un beso sonoro en la mejilla.</p>
+
+<p>&mdash;¿Me quieres?&mdash;le preguntó con voz melosa.</p>
+
+<p>El niño le miró fijamente con ojos serenos y graves. Después pronunció
+secamente:</p>
+
+<p>&mdash;¡No!</p>
+
+<p>Miguel se turbó, y quedó desde entonces mal impresionado. Al poco rato
+se despidió de Lucía.</p>
+
+
+
+<h3><a name="IVb" id="IVb"></a>IV</h3>
+
+
+<p>Bajó la escalera lentamente, de mal humor, con el alma triste y
+fatigada; sentía el descontento de sí mismo que acompaña siempre a los
+placeres ilícitos. ¡Qué ajeno estaría el pobre D. Pablo Bembo a que el
+niño que levantaba en alto con sus descomunales manos «para ver a Dios»
+había de ser con el tiempo quien escarneciera su nombre! Este
+pensamiento le causaba una desazón profunda. En vano se decía, para
+apagar el grito de la conciencia, que la generala ya lo había deshonrado
+más de una vez; que si él no, otro sería; que el pecado a fuerza de
+repetirse había pasado a ser venial en la sociedad elevada; que lejos de
+rebajarle a los ojos de ella, sería una gracia más entre las muchas que
+le concedían. De todos modos, le decía una voz interior, la falta de la
+generala no puede excusar la tuya; si todos se echasen la misma cuenta,
+el mundo no sería más que un hato de pícaros; además, él estaba en peor
+caso que los otros porque tenía con la generala cierto parentesco
+espiritual formado por la diferencia de edad y por las relaciones
+especiales que habían mediado entre ellos; el general, por otra parte,
+había sido el amigo y el compañero de su padre, y nadie estaba tan
+obligado como el hijo del brigadier Rivera a respetar su honor y sus
+canas.</p>
+
+<p>Eran las once y media de la noche. La gente aún discurría por las
+calles, sobre todo por las céntricas, donde algunos teatros comenzaban a
+vomitar por sus puertas centenares de espectadores. Tan embebecido iba
+Miguel en sus pensamientos, los cuales le mortificaban más de lo que
+nunca imaginara, que al pasar por la calle del Príncipe no vio dos
+bultos echados en la acera hasta que tropezó con ellos. Eran dos niños,
+el menor de los cuales dormía o descansaba con la cabeza apoyada en las
+rodillas del mayor. El frío era intenso. Miguel observó a la luz del
+farol la extremada palidez de ambos, sobre todo del más pequeño.</p>
+
+<p>&mdash;Oyes, chico, ¿cómo tienes aquí a este niño medio helado? ¿por qué no
+os vais a casa?&mdash;dijo encarándose con el mayor.</p>
+
+<p>Éste, que tendría seis o siete años de edad, levantó hacia él sus ojos
+grandes y hermosos, en torno de los cuales se dibujaba un círculo
+azulado, y balbució algunas palabras que no pudo entender.</p>
+
+<p>&mdash;¿Qué dices, querido?&mdash;manifestó Miguel en tono afectuoso y bajando la
+cabeza para oírle mejor.</p>
+
+<p>&mdash;No tenemos más que tres reales&mdash;murmuró sin aliento el niño.</p>
+
+<p>&mdash;¿Y qué importa eso?</p>
+
+<p>&mdash;Tenemos que llevar cinco.</p>
+
+<p>&mdash;¡Ah!&mdash;exclamó comprendiendo lo que aquello significaba.&mdash;Y si no los
+lleváis os pegan, ¿verdad?</p>
+
+<p>El chico bajó los ojos y la cabeza en señal afirmativa.</p>
+
+<p>&mdash;¿Tenéis padres?</p>
+
+<p>&mdash;Madre.</p>
+
+<p>&mdash;¿Y es la que os manda a las calles a estas horas?</p>
+
+<p>&mdash;Sí, señor.</p>
+
+<p>&mdash;¡Excelente persona!&mdash;dijo por lo bajo; y sacando unas pesetas del
+bolsillo:</p>
+
+<p>&mdash;Toma; marchaos ahora mismo a casa.</p>
+
+<p>El niño fue a levantarse, pero no pudo; su hermanito se lo estorbaba.</p>
+
+<p>&mdash;Levanta, Rafaelito.</p>
+
+<p>El chiquitín no se movía.</p>
+
+<p>&mdash;¡Levanta, Rafaelito!</p>
+
+<p>Miguel lo cogió entre los brazos y lo puso en pie; pero al ver que no se
+tenía, exclamó en alta voz:</p>
+
+<p>&mdash;¡Este niño está yerto! ¡Qué atrocidad!</p>
+
+<p>Y comenzó a sacudirlo y a frotarlo.</p>
+
+<p>Algunos transeúntes se habían parado y formaron en torno de nuestro
+joven y de los niños un grupo que fue engrosando por momentos. Algunos
+quisieron ayudarle en la tarea: otros comenzaron a interrogar al mayor.
+Miguel les explicó lo que sabía, y causó gran indignación. No se oían
+más que estas exclamaciones:&mdash;«¡Pobrecillos! ¡Qué vergüenza de madre!
+¡La autoridad debía de intervenir en estas cosas!» etc.</p>
+
+<p>Al fin se había conseguido que el niño se tuviese en pie; pero estaba
+cadavérico, haciendo rodar sus ojillos de un lado a otro sin darse
+cuenta de dónde estaba. Tendría unos cuatro o cinco años. A Miguel se le
+ocurrió de pronto que a más de frío tendrían hambre aquellas
+desgraciadas criaturas, y tomando a cada una de la mano, rompió con
+ellas, por entre la mucha gente que se había aglomerado, con intención
+de llevarlas a algún sitio donde reparasen el estómago. Cuando ya se
+alejaba del grupo, oyó a una joven del pueblo exclamar:</p>
+
+<p>&mdash;¡Y luego dirán que no hay caridad en Madrid! Mira, chica, mira a aquel
+señorito cómo se lleva a esos pobres niños...</p>
+
+<p>El hijo del brigadier sintió un dulce estremecimiento de gozo al
+escuchar aquellas palabras: y siguió triunfante con los dos niños. Pero
+en la esquina de la calle del Prado sintió unos pasos precipitados que
+seguían los suyos y oyó que le decían:</p>
+
+<p>&mdash;Caballero, déjeme V. llevar uno de esos niños.</p>
+
+<p>La voz era conocida. Volviose y reconoció la fisonomía del boticario
+Hojeda, el fiel amigo de su tío Bernardo, el barón humilde y bondadoso
+que tantas veces le había ido a visitar cuando era colegial.</p>
+
+<p>&mdash;¡D. Facundo!</p>
+
+<p>&mdash;¡Miguelito!... Me alegro mucho que seas tú, querido... ¡Dios te lo
+pagará!... Dame acá el más pequeño.</p>
+
+<p>&mdash;¿De dónde venía V. a estas horas?</p>
+
+<p>&mdash;De casa de tu tío... como siempre... Hoy me he descuidado un poco más.
+Cuando llegué a ese grupo de gente ya tú venías con los muchachos, pero
+no te conocí: me enteré de lo que era y quise también tener mi parte en
+la buena obra.</p>
+
+<p>&mdash;¿Dónde quiere V. que vayamos?... Yo pensaba llevarlos a un
+<i>restaurant</i>.</p>
+
+<p>&mdash;Si te parece&mdash;dijo tímidamente D. Facundo,&mdash;entraremos en el café del
+Prado que es el más próximo: conozco al dueño.</p>
+
+<p>&mdash;Adelante; vamos al café del Prado.</p>
+
+<p>Cuando llegaron a él, Hojeda propuso que entrasen por el portal, donde
+había una puertecilla que comunicaba con la cocina; así evitaban la
+exhibición. Entraron, pues, en la cocina, donde los pinches, el cocinero
+y algunos mozos que allí estaban los examinaron con sorpresa. Hojeda
+ordenó que al instante frieran un par de chuletas: el cocinero, al saber
+de lo que se trataba, se puso a prepararlas con gran prisa; los pinches
+también desplegaron toda su actividad. Pronto se reunieron en aquel
+sitio otros cuantos mozos formando círculo en torno de los dos
+muchachos, que con el calorcillo del fogón y de las luces comenzaron a
+revivir. Miguel se quedó absorto contemplando los andrajos de que iban
+vestidos. Acudió también el amo, a quien Hojeda mandó avisar; todos
+hacían preguntas sobre preguntas a los pobres chicos, que apenas
+articulaban más que monosílabos.</p>
+
+<p>&mdash;Dejadlos ahora&mdash;dijo el amo,&mdash;ya hablarán cuando tengan el estómago
+lleno.</p>
+
+<p>&mdash;Vaya, <i>rumia</i>, aquí tenéis con qué llenar el fuelle&mdash;dijo el cocinero
+en gallego cerrado, presentándoles las chuletas, cada una en un plato, y
+colocando los platos sobre una silla. Los niños se arrojaron a ellas
+como lobos. Al verlos desgarrarlas con los dientes y soplar al mismo
+tiempo para no quemarse, Miguel sintió los ojos húmedos. Uno de los
+pinches colocó sendas rebanadas de pan al lado de los platos.</p>
+
+<p>&mdash;A ver&mdash;dijo Miguel,&mdash;que traigan dos copas de Jerez.</p>
+
+<p>Mientras los chicos comían, enteramente abstraídos de lo que les
+rodeaba, el dueño del café, Hojeda, Miguel y los demás que asistían a
+esta escena los contemplaban con ojos que brillaban de alegría: todos
+los rostros expresaban un deleite casi sensual. Cuando hubieron dado
+buen fin al pan y a las chuletas y se hubieron bebido el Jerez, los
+niños se animaron repentinamente, sobre todo el pequeño, que era el más
+aterido; sus mejillas recobraron el suave color de la infancia, y
+comenzaron a examinar con atención los objetos y las personas.</p>
+
+<p>&mdash;¿Habéis despachado ya?&mdash;preguntó Hojeda... Pues vamos con la música a
+otra parte.</p>
+
+<p>&mdash;¿Cuánto es esto?&mdash;dijo Miguel a un mozo, llevando la mano al bolsillo.</p>
+
+<p>El dueño del café, que había oído la pregunta, se apresuró a decirle,
+sujetándole el brazo:</p>
+
+<p>&mdash;Caballero, yo no cobro las limosnas.</p>
+
+<p>Miguel no insistió.</p>
+
+<p>&mdash;Dios se lo pagará a V., D. Ramón&mdash;le dijo Hojeda apretándole
+efusivamente la mano.</p>
+
+<p>Y salieron a la calle llevando por delante a los niños, los cuales iban
+brincando como cervatillos por la acera.</p>
+
+<p>&mdash;¡Eh chis chis!&mdash;gritó el boticario llamándolos.&mdash;¿En qué calle vivís?</p>
+
+<p>&mdash;En la calle del Tribulete&mdash;contestó el mayor.</p>
+
+<p>&mdash;¿Qué número?</p>
+
+<p>Los chicos se miraron uno a otro con sorpresa y quedaron silenciosos.</p>
+
+<p>&mdash;¿No lo sabéis? Está bien. ¿Pero sabréis ir a casa?</p>
+
+<p>&mdash;¡Ah, sí señor!</p>
+
+<p>&mdash;Bueno: ahí en la esquina tomaremos un coche, ¿no le parece a V., D.
+Facundo?&mdash;manifestó Miguel.</p>
+
+<p>&mdash;Cómo quieras, Miguelito.</p>
+
+<p>Tomaron un simón en la plaza de Santa Ana, dando orden al cochero de que
+parase en la esquina de la calle del Tribulete. Los chicos, que se
+habían sentado en la bigotera de la berlina, iban tan sorprendidos y
+gozosos, que costó gran trabajo hacerles contestar a ciertas preguntas.
+Mientras D. Facundo interrogaba al mayor con extremada habilidad para
+enterarse pronto de lo que necesitaba saber, Miguel hablaba con el
+chiquitín.</p>
+
+<p>&mdash;¿No os habrán dado hoy de cenar?</p>
+
+<p>&mdash;No&mdash;dijo el niño moviendo la cabeza a un lado y a otro.</p>
+
+<p>&mdash;¿Y habéis comido por la mañana?</p>
+
+<p>&mdash;Sí.</p>
+
+<p>&mdash;¿Y qué habéis comido?</p>
+
+<p>&mdash;Lentejas y pan.</p>
+
+<p>&mdash;¿No habéis comido nada desde entonces?</p>
+
+<p>&mdash;Un poco de pan que me dio Pepe.</p>
+
+<p>&mdash;¿Quién es Pepe?</p>
+
+<p>Silencio y asombro del niño.</p>
+
+<p>&mdash;¿Es algún amigo tuyo?</p>
+
+<p>&mdash;Es el chico de la vecina.</p>
+
+<p>&mdash;¡Ah! ¿Y quién te ha dado ese chaquetón que te llega a los pies?</p>
+
+<p>&mdash;El tío Remigio.</p>
+
+<p>&mdash;¿Quién es el tío Remigio?</p>
+
+<p>Nuevo y mayor asombro del niño, que le mira con ojos estáticos.</p>
+
+<p>&mdash;¿Es algún hermano o pariente de tu madre?</p>
+
+<p>&mdash;Es albañil.</p>
+
+<p>&mdash;¡Ah, es albañil!&mdash;Y comprendiendo que no sacaría más en limpio, Miguel
+tomó otro rumbo.</p>
+
+<p>&mdash;¿Y ganáis todos los días los cinco reales?</p>
+
+<p>&mdash;Algunos días no.</p>
+
+<p>&mdash;¿Y qué os sucede cuando no los ganáis?</p>
+
+<p>El niño vaciló un instante, y después hizo con su manecita un ademán de
+vapuleo muy expresivo.</p>
+
+<p>Miguel conmovido guardó silencio.</p>
+
+<p>En la esquina de la calle del Tribulete despidieron el coche; los chicos
+sin vacilar fueron derechos a la puerta de una casa vieja y sucia; el
+mayor se volvió de espaldas y dio con los tacones de sus zapatos rotos
+algunos golpes; al poco rato abrió una vieja, que dejó escapar al verlos
+un gruñido nada pacífico; pero su mal humor se convirtió en sorpresa al
+observar que Hojeda y Miguel atravesaban el portal y seguían a los
+muchachos; éstos subían decididos la escalera, como hormigas que entran
+en su guarida; Miguel sacó un fósforo, porque la vieja portera se había
+retirado con la luz. Subieron hasta la guardilla; los niños se
+detuvieron delante de una puertecita.</p>
+
+<p>&mdash;Aquí es&mdash;dijo el mayor.</p>
+
+<p>Hojeda llamó con los nudillos de los dedos, pero nadie contestó.</p>
+
+<p>&mdash;No habrá venido todavía mi madre&mdash;manifestó el mismo chico.</p>
+
+<p>&mdash;¿Y qué os hacéis cuando llegáis antes que vuestra madre?</p>
+
+<p>&mdash;Nos sentamos en la escalera.</p>
+
+<p>En esto se abrió una puertecita contigua a la primera y apareció un
+hombre en traje de obrero, con una lamparilla de petróleo en la mano. Al
+ver a aquellos señores les dio las buenas noches y les preguntó lo que
+deseaban. Hojeda le explicó el caso en pocas palabras. El obrero les
+invitó a pasar a su habitación, y una vez dentro, les manifestó en
+confianza que también él y su mujer sabían la desgracia de aquellos
+pobres niños, y que habían querido intervenir para remediarla, pero
+inútilmente; la madre era una mujer viciosa, oficiala de sastre,
+amancebada tiempo hacía con un albañil, y que había tenido aquellos
+niños con un primer marido o querido, que esto no lo sabían; dioles
+algunos otros pormenores, que indignaron extremadamente a Miguel.</p>
+
+<p>Pero aquella mala mujer no acababa de llegar; y fue necesario despedirse
+del obrero y dejar a los chicos en la escalera, con una buena limosna
+que nuestro joven les dio. Cuando ya bajaban, apareció por fin su madre.
+Hojeda entró con ella en la vivienda, que era un triste y desabrigado
+desván, sin otros muebles que una mesilla y dos o tres taburetes; en una
+esquina había un miserable fogón apagado; en otra, un montón de trapos,
+restos, al parecer, de un antiguo colchón, donde dormía toda la familia.</p>
+
+<p>Miguel quedó asombrado del tacto y la habilidad que D. Facundo desplegó
+para noticiar a aquella mujer lo que habían hecho y para arrancarla
+todos los datos que necesitaba saber; de dónde era, con quién había
+estado casada, dónde trabajaba, etc. La mujer, que al principio los
+acogiera con marcada hostilidad, ante la mirada dulce y serena y las
+palabras sinceras de Hojeda, se fue poco a poco suavizando. Al fin,
+cuando éste le recordó con tono afectuoso los deberes que tenía para
+con sus hijos, aquellas infelices criaturas, sin otro amparo en el mundo
+que ella, rompió a sollozar. El boticario la consoló, prometiéndola
+volver al día siguiente y hacer por los niños todo cuanto pudiera. Lo
+que más le sorprendió a Miguel fue que en ninguna de sus frases hizo don
+Facundo la más leve alusión a los malos tratos que daba a los hijos ni a
+la conducta licenciosa que observaba.</p>
+
+<p>Cuando al fin salieron a la calle, le dijo:</p>
+
+<p>&mdash;¿Y qué piensa V. hacer mañana, D. Facundo, con todos esos datos que ha
+tomado?</p>
+
+<p>&mdash;Procuraré comprobarlos; tengo muchos conocimientos entre los pobres de
+Madrid. Después trataré de sacar para ella la ración de San Vicente de
+Paul y mandar al chico primero a un colegio.</p>
+
+<p>&mdash;¿Por cuenta de V.?</p>
+
+<p>&mdash;Es muy barato: no vayas a creer que se trata de una gran cantidad.
+Entre unos cuantos amigos, hemos fundado un colegio para niños
+desamparados y nos sale por muy poco cada plaza.</p>
+
+<p>&mdash;¡Pobres criaturas! ¡Dejarlos así abandonados a la intemperie,
+expuestos a quedarse muertos en medio de la calle, y todavía si no traen
+el dinero justo pegarles!... Esa mujer es una infame que no merece que
+V. se ocupe de ella.</p>
+
+<p>D. Facundo dio un suspiro y dijo poniéndole la mano sobre el hombro.</p>
+
+<p>&mdash;¡Ay, Miguelito, sobre estas cosas y otras parecidas, hay mucho que
+hablar! Yo no diré que no esté mal lo que hace esa mujer; pero llamarla
+infame, no es tan justo como a primera vista parece. Después de haber
+pasado muchos años contemplando todos los días cuadros semejantes al que
+acabamos de ver; después de haberme familiarizado con los tormentos que
+pasan los pobres, con sus ideas, y hasta con su lenguaje, he concluido
+por hallar muchos más desgraciados que infames. En el mismo caso
+presente, cierto que lo primero que salta a la vista, es la maldad de
+esa mujer; pero no te detengas en la superficie; ve más adelante;
+examina, investiga y hallarás seguramente que no es tan culpable.
+Primero tienes que considerar que en la sastrería no gana más que siete
+reales; y que con siete reales no pueden comer siquiera pan seco tres
+personas en Madrid; después debes tener en cuenta que una mujer sola,
+sin amparo, está expuesta siempre a caer en las garras de cualquier
+tunante que la enamora; después las ideas que esa gente tiene de la
+educación de los niños, no son como las tuyas y las mías, porque no han
+visto ni entendido nada bueno; el golpear a los chicos es una de tantas
+costumbres feas y repugnantes como tienen...</p>
+
+<p>&mdash;¡De todos modos, D. Facundo!...</p>
+
+<p>&mdash;Sí, sí, te concedo que esa mujer obra mal; pero bien examinadas y bien
+pesadas todas las circunstancias, no es tan perversa, de seguro, como tú
+te imaginas.</p>
+
+<p>Miguel guardó silencio y se puso a meditar sobre las palabras de Hojeda,
+mientras caminaban emparejados hacia el centro de la villa. Después de
+una larga pausa, levantó la cabeza y dijo:</p>
+
+<p>&mdash;¿Sabe V., D. Facundo, que no sospechaba que V. se dedicase tan
+particularmente a hacer obras de caridad?</p>
+
+<p>El pedazo de cara que la enorme bufanda del boticario dejaba al
+descubierto, se coloreó fuertemente.</p>
+
+<p>&mdash;¿Yo?... ¡ca hombre! no... ¡qué tontería!... de ningún modo... no lo
+creas...&mdash;comenzó a balbucir torpemente como un hombre cogido
+<i>infraganti</i> de algún delito.</p>
+
+<p>&mdash;Lo que está a la vista no se puede negar&mdash;dijo Miguel sonriendo.</p>
+
+<p>Hojeda se mantuvo silencioso algunos instantes; después, parándose de
+pronto y cogiendo a nuestro joven por el brazo con mucho aparato de
+misterio, y esforzándose por dar a su voz y a sus ojos la mayor
+expresión posible de severidad, le dijo:</p>
+
+<p>&mdash;¿Sabes, Miguelito, por qué hago yo todas estas cosas?</p>
+
+<p>&mdash;¿Por qué?</p>
+
+<p>El boticario le estuvo mirando algunos segundos con extraordinaria
+dureza; después exclamó:</p>
+
+<p>&mdash;¡Por egoísmo!</p>
+
+<p>Y soltándole el brazo, dio rápidamente unos cuantos pasos dejándole
+atrás.</p>
+
+<p>&mdash;¿Cómo? ¿cómo?&mdash;dijo Miguel todo asombrado.</p>
+
+<p>El boticario sin volverse, pero haciendo un ademán expresivo con el
+brazo, volvió a exclamar con más fuerza:</p>
+
+<p>&mdash;¡Por puro egoísmo!</p>
+
+<p>&mdash;¿Cómo es eso, D. Facundo?&mdash;preguntó avanzando hasta colocarse a su
+lado.</p>
+
+<p>&mdash;Te lo explicaré en seguida&mdash;repuso Hojeda en tono confidencial,
+parándose otra vez y otra vez cogiéndole por la manga del gabán.&mdash;Yo no
+tengo familia, como tú sabes; no soy aficionado al estudio, porque
+comprendo que aunque me haga pedazos los cascos nunca pasaré de cierto
+límite: tampoco me gustan los juegos, pues el billar lo tomo solamente
+como un medio de hacer ejercicio: los teatros no los piso jamás; entre
+los espectáculos públicos únicamente me gustan...</p>
+
+<p>&mdash;Los toros, ya sé.</p>
+
+<p>&mdash;Es mi único vicio... pero no los hay más que en la primavera y una vez
+por semana, aparte de algunas corridas extraordinarias. La botica no me
+ocupa ningún tiempo, porque tengo al frente de ella a un pobre muchacho
+que acaba de hacerse farmacéutico y al cual se la pienso dejar cuando me
+muera... Si no me voy a los sermones y no me entretengo en proteger a
+algunos pobrecillos, ¿qué quieres que haga yo de mí?... ¿No comprendes
+que me moriría de aburrimiento?</p>
+
+<p>&mdash;Sin embargo, los actos en sí no dejan de tener mérito.</p>
+
+<p>&mdash;¡Ninguno, hombre, ninguno!&mdash;repuso con energía.&mdash;Mira: te lo explicaré
+mejor. Yo, cuando subo a casa de un pobre y me entero de su vida, y le
+socorro y le aconsejo; cuando doy vueltas por Madrid buscándole alguna
+colocación, estoy entretenidísimo, tanto como cualquier señorito en los
+bailes de Montijo, con la diferencia de que mientras él llega a casa al
+amanecer, hastiado, ojeroso y mustio, yo me acuesto tranquilito a las
+doce, y si he hallado empleo para mi hombre, me duermo más contento que
+el Rey de Prusia, y si no lo he hallado, me levanto por la mañana con
+ánimos para revolver todo Madrid... Dime tú ahora, ¿quién entiende mejor
+la vida, él o yo? ¿Quién es aquí el egoísta?... Voy a ponerte otro
+ejemplo. Acabas de pasar una hora conmigo desde que nos hemos encontrado
+en la calle del Príncipe. Quiero que me digas con sinceridad si en esta
+hora te has aburrido...</p>
+
+<p>&mdash;No sólo no me he aburrido, sino que he pasado uno de los ratos más
+felices de mi vida.</p>
+
+<p>&mdash;¿Lo ves? ¿Qué mérito tiene entonces lo que hemos hecho? Lejos de
+juzgarnos dignos de admiración, somos dignos de envidia por lo que hemos
+disfrutado...</p>
+
+<p>&mdash;Concedo, D. Facundo, que en este caso particular, acaso tenga V.
+razón; pero consagrar la vida entera como V. a hacer obras de caridad,
+es digno de alabanza y recompensa.</p>
+
+<p>&mdash;¡Recompensa! ¡recompensa!&mdash;exclamó con fuego el boticario.&mdash;Pues qué,
+¿te juzgarás acaso resarcido del dinero que has dado por una butaca en
+el teatro después de haber pasado la noche quizá bostezando, y no te
+considerarás pagado del que regalaste a esos niños, gozando una hora de
+felicidad?</p>
+
+<p>&mdash;Bien, pero V. es otra cosa: yo lo acabo de hacer por casualidad,
+mientras que V. lo tiene por costumbre.</p>
+
+<p>&mdash;¡Mejor que mejor! Yo gozo todos los días tanto o más de lo que tú has
+gozado hoy...</p>
+
+<p>Siguió desenvolviendo con brío su tesis nuestro farmacéutico, mientras
+caminaban hacia la Puerta del Sol. Miguel había concluido por guardar
+silencio, escuchando con placer y curiosidad aquellas peregrinas
+teorías. Al llegar a la esquina de la calle de la Montera, Hojeda volvió
+en sí de pronto y dijo en el tono afectuoso y humilde que le
+caracterizaba.</p>
+
+<p>&mdash;¡Buena matraca te he dado, Miguelito! Perdona a este viejo chocho y
+vete con Dios a descansar, que aquí nos separamos.</p>
+
+<p>Miguel se despidió de él apretándole con efusión la mano. Cuando se hubo
+apartado seis u ocho pasos, le dijo volviendo a llamarle:</p>
+
+<p>&mdash;Conste, D. Facundo, que no me ha convencido V., y que es V. una gran
+persona.</p>
+
+<p>&mdash;¡Un gran egoísta!&mdash;gritó el boticario alejándose.</p>
+
+
+
+<h3><a name="Vb" id="Vb"></a>V</h3>
+
+
+<p>¿Qué te pasa hoy? ¿Parece que estás triste?&mdash;decía la generala cierta
+noche, tomando las manos de su amante entre las suyas.</p>
+
+<p>&mdash;Pues no tengo nada (al menos, que yo sepa)&mdash;repuso en tono humorístico
+él.</p>
+
+<p>&mdash;Sí tal; hay en tu fisonomía cierta expresión melancólica; por más que
+trates de ocultarla con aparente alegría, no lo consigues; en tus ojos
+hay menos brillo que otras veces; tienes la mirada vaga y perdida...</p>
+
+<p>&mdash;No; lo que tengo, es la mirada de perdido.</p>
+
+<p>&mdash;Ríete lo que quieras: tengo un corazón que no se engaña. Tú estás
+triste, y me lo ocultas.</p>
+
+<p>&mdash;Si tienes mucho empeño en ello, lo estaré; pero sólo por galantería.
+Por lo demás, nunca he estado más alegre.</p>
+
+<p>&mdash;Pero la tuya es una alegría marchita... no tiene frescura... no sale
+del corazón... es una máscara. Yo quisiera, Miguel mío, saber todo lo
+que acontece en tu espíritu, todo lo que piensas, todo lo que sientes...
+No me basta saber los pensamientos y los sentimientos grandes; deseo
+conocer también los más íntimos; deseo escudriñar los últimos rincones,
+los últimos pliegues... quiero que no pase por tu cabeza una idea,
+aunque sea tan débil como el soplo de un niño, que no llegue a mi
+noticia... quiero conocer todas las emociones que experimentas, aun
+aquellas que apenas sean capaces de mover tu corazón... quiero entrar
+dentro de ti mismo... quiero formar una sola persona contigo...</p>
+
+<p>Los grandes ojos azules, lascivos, de la generala, se clavaban con
+amorosa inquietud en su amante al proferir estas palabras.</p>
+
+<p>Miguel despertó de la indiferencia en que yacía.</p>
+
+<p>&mdash;Todo eso eres, cielo mío... Todo eso y mucho más&mdash;contestó,
+apretándole con efusión las manos.</p>
+
+<p>&mdash;¡Si fuese cierto!... Pero no... tu amor va siendo cada día más
+tibio... A medida que el mío se enciende, el tuyo se apaga...</p>
+
+<p>&mdash;¡No lo creas, Lucía!&mdash;exclamó el joven, dando a su exclamación mayor
+fuego del que le hubiera correspondido si no se hubiera tomado un poco
+de trabajo.&mdash;¡Te adoro... te adoro con pasión loca... frenética! Eres el
+único pensamiento dulce que anima mi existencia... Pídeme la vida, y me
+verás darla con alegría...</p>
+
+<p>&mdash;¡No quiero tu vida, chiquillo!&mdash;dijo la generala sonriendo y
+haciéndole mimos con la mano en el rostro.&mdash;Quiero tu amor; pero un amor
+verdadero, grande, infinito... ¡Tú no sabes las locuras que yo sueño,
+los castillos que levanto en el aire! Muchas veces me figuro que en
+efecto me adoras con todo tu corazón, con todas las fuerzas de tu alma,
+y que yo soy para ti lo que fue Beatriz para el Dante y Laura para el
+Petrarca, un objeto divino que te preserva de todo pensamiento innoble,
+que gracias a mi amor se va engrandeciendo tu espíritu, despierta tu
+genio, el genio que tienes en el fondo del alma... porque yo estoy
+segura de que lo tienes...</p>
+
+<p>&mdash;En efecto, tengo un genio muy malo; a veces no hay quien me resista.</p>
+
+<p>&mdash;No, no; es otra clase de genio&mdash;dijo la dama riendo.&mdash;Mas aunque esto
+no fuese una quimera, aunque tú alcanzases algún día la celebridad, soy
+muy tonta en forjarme ilusiones... Tú estás comenzando la vida casi,
+casi... el porvenir se presenta risueño. Cuando llegues a donde yo creo
+que tienes derecho a llegar, ¿qué seré para ti?... Una vieja que ha
+cometido la insensatez de amarte. Una pobre mujer enamorada
+ridículamente...</p>
+
+<p>&mdash;¡Alto, querida! Te anuncio que ya estoy enternecido. No sigas
+adelante, si no quieres verme hacer pucheritos... Hablemos de otra
+cosa&mdash;añadió reclinándose perezosamente en el sofá y estirando las
+piernas con demasiada confianza,&mdash;hablemos de Pérez Almagro.</p>
+
+<p>Pérez Almagro era el último amante que la generala había tenido, y que
+no dejaba de inspirar cierta inquietud, ya que no celos, a nuestro
+joven.</p>
+
+<p>&mdash;¡Oh, qué cruel eres! ¡No perdonas medio de hacerme sufrir!</p>
+
+<p>Miguel iba a replicar; pero en aquel instante un leve rumor lejano se
+dejó oír en el pasillo. Lucía se puso en pie con súbito y pronto
+movimiento; el rostro pálido, el oído atento, la mirada estática.
+Escuchó un momento.</p>
+
+<p>&mdash;¡Alguien viene!... Es la doncella... ¡De prisa, de prisa! ¡Escóndete!</p>
+
+<p>&mdash;¿Dónde?&mdash;preguntó aturdido.</p>
+
+<p>La dama paseó una mirada intensa y ansiosa por la habitación.</p>
+
+<p>&mdash;Aquí&mdash;dijo corriendo a un armario embutido en la pared y abriendo el
+compartimento inferior.</p>
+
+<p>Miguel se metió allá de cabeza. Lucía dio la vuelta a la llave. En aquel
+momento entraba la doncella.</p>
+
+<p>&mdash;¿Qué hay, Carmen?&mdash;preguntó con gran calma, dirigiéndose al espejo
+para arreglar el pelo.</p>
+
+<p>&mdash;Señorita, vengo a darle cuenta del billete que me entregó por la
+mañana.</p>
+
+<p>&mdash;¡Ah! sí... el billete... ¿De cuánto era?</p>
+
+<p>&mdash;De diez duros.</p>
+
+<p>&mdash;Bien, ¿qué ha comprado V.?</p>
+
+<p>&mdash;Los botones para el vestido de la niña, han costado veintisiete
+reales...</p>
+
+<p>&mdash;¿Qué más?</p>
+
+<p>La sombrilla de miss Ana, que he pagado yo; no la han querido dar menos
+de tres duros.</p>
+
+<p>&mdash;Bien; son cuatro duros y siete reales.</p>
+
+<p>&mdash;La corbata para Chuchú... catorce reales.</p>
+
+<p>&mdash;Son... cinco duros y un real... ¿se la ha puesto ya?</p>
+
+<p>&mdash;No, señorita; mañana cuando vaya a paseo; es muy bonita; a María le ha
+gustado; ¿no sabe usted? El chico quería ponérsela cuando salíamos del
+comercio... ¡Poco trabajo que me costó quitárselo de la cabeza!</p>
+
+<p>&mdash;¡Pobre Chuchú!</p>
+
+<p>&mdash;Cuando vio que no conseguía nada por las malas, se puso a hacerme
+caricias... ¡Anda, Carmelita, monina, ponme la corbata... te he de dar
+un dulce de los de la mesa...&mdash;Yo le decía:&mdash;¿El que te toque a ti?&mdash;Sí,
+sí, el que me toque a mí...</p>
+
+<p>&mdash;¡Oh, qué malo!</p>
+
+<p>&mdash;¡No sabe V., señorita, las monerías que hizo para sacármela!</p>
+
+<p>&mdash;¡Pobre Chuchú! ¿Por qué no se la ha puesto V.?</p>
+
+<p>&mdash;Porque en casa no habría quien se la quitase después.</p>
+
+<p>&mdash;¿Le ha encargado V. los guantes?</p>
+
+<p>&mdash;Sí, señorita.</p>
+
+<p>&mdash;¿En casa de Clement?</p>
+
+<p>&mdash;Sí, señorita: quedaron en mandarlos el sábado.</p>
+
+<p>&mdash;¿Los ha pagado?</p>
+
+<p>&mdash;Sí, señorita: doce reales.</p>
+
+<p>&mdash;Bueno, entonces son... cinco duros y trece reales.</p>
+
+<p>&mdash;He comprado también el <i>agremán</i> que faltaba para el vestido de la
+niña.</p>
+
+<p>&mdash;¿Cuánto faltaba?</p>
+
+<p>&mdash;Dos tercias: quince reales.</p>
+
+<p>&mdash;Son entonces... aguarde V.... son... seis duros y ocho reales... ¿no
+es eso?...</p>
+
+<p>Carmen afirmó con la cabeza, mientras hacía mentalmente la cuenta.</p>
+
+<p>&mdash;¿Qué más?</p>
+
+<p>&mdash;No me acuerdo de más&mdash;manifestó, después de vacilar unos instantes.</p>
+
+<p>&mdash;¿Y la esponja del tocador que le he encargado?</p>
+
+<p>&mdash;¡Ah! ¡se me olvidaba, señorita!... diez y ocho reales.</p>
+
+<p>Miguel se asfixiaba en el armario. Estaba de rodillas, el cuerpo
+doblado, la cabeza apoyada en uno de los rincones. Así que entró, empezó
+a sentir el malestar de la postura; no podía alzar la cabeza, ni
+enderezar poco ni mucho el cuerpo; las piernas encogidas también de tal
+manera, que le causaban calambres. Pero a los pocos segundos, notó o
+creyó notar que le faltaba aire para la respiración, y se estremeció de
+congoja: hizo frecuentes y largas inspiraciones para probar, y observó
+que cada vez hallaba más dificultad; trató de contener el aliento para
+economizar el aire, pero esto no hizo sino fatigarle más. Entonces quiso
+dar la vuelta y aplicar la boca a una rendija a ver si conseguía recoger
+más oxígeno: no le fue posible. La idea de morir asfixiado cruzó por su
+cerebro: un sudor frío y copioso le bañó todo el cuerpo: la congoja se
+apoderó de él. En pocos segundos pensó millares de cosas aterradoras;
+vio la muerte cara a cara; el miedo le dejó yerto, desmayado; estuvo a
+punto de perder el sentido. Mas de pronto, el instinto de la vida
+despertó, se reveló con ímpetu en su organismo y le sugirió pensamientos
+de salvación:</p>
+
+<p>&mdash;«¡No, lo que es yo no me ahogo aquí como un ratón por esa!... Voy a
+dar una patada a la puerta y hacer saltar la cerradura.»&mdash;Esta idea le
+confortó un instante y dio tiempo a que penetrase en su mente otro
+proyecto menos violento, el de llamar la atención de la generala sin ser
+notado de la doncella: si este proyecto fracasaba, acudiría
+inmediatamente al recurso extremo. Extendió una mano hacia atrás y rascó
+la puerta con la uña, produciendo un rumor semejante al de los
+ratones...</p>
+
+<p>El fino y atento oído de la dama se dio por enterado.</p>
+
+<p>&mdash;Carmen, vaya V. al comedor, y tráigame un vaso de agua... ¡Siento un
+picor en la garganta!... ¡Jesús, qué tos tan rara!</p>
+
+<p>Y la dama tosió hasta querer reventar.</p>
+
+<p>Cuando Carmen hubo desaparecido, dirigiose precipitadamente al armario,
+y abrió. Miguel salió a rastras del fondo con el semblante pálido,
+descompuesto, completamente demudado.</p>
+
+<p>&mdash;¿Qué te pasa?&mdash;preguntó con sobresalto Lucía.</p>
+
+<p>&mdash;¡Que me ahogo!</p>
+
+<p>&mdash;¡Corre a la alcoba... métete debajo de la cama!</p>
+
+<p>El joven se apresuró a cumplir la orden, y al instante apareció de nuevo
+la doncella.</p>
+
+<p>La generala se bebió el vaso de agua sin gana.</p>
+
+
+
+<h3><a name="VIb" id="VIb"></a>VI</h3>
+
+
+<p>Eh, chis, chis, Miguelito, ¿a dónde tan decidido?</p>
+
+<p>&mdash;Al Retiro.</p>
+
+<p>&mdash;Para los pies, chavó, y entra a tomar una cañita conmigo y estos
+señores.</p>
+
+<p>Miguel se detuvo y sonrió al ver a su primo Enrique sentado a una mesa
+del café Imperial al lado de la ventana y rodeado de varios toreros.
+Como no tenía prisa, aceptó el convite y se acercó a ellos saludándoles
+con un:</p>
+
+<p>&mdash;A la paz de Dios, caballeros.</p>
+
+<p>&mdash;Buenas tardes, amigo&mdash;le contestaron.</p>
+
+<p>Y se sentó en el hueco que galantemente le dejaron y se bebió de un
+trago la caña que Enrique le puso delante.</p>
+
+<p>&mdash;Te presento a mi amigo José Calzada, célebre matador de toros que ya
+conocerás con el nombre de el <i>Cigarrero</i>, aunque hace muchos años que
+no mata en la plaza de Madrid... Su hermano Baldomero, el <i>Serranito</i>,
+banderillero de fama... Sebastián Campos...</p>
+
+<p>Enrique se detuvo vacilante antes de pronunciar el alias.</p>
+
+<p>&mdash;Diga ozté <i>Merluza</i>, D. Enriquito: Merluza zoy, Merluza he zío y
+Merluza me he de morí el día meno penzao.</p>
+
+<p>&mdash;Pues bien, mi amigo Merluza, el banderillero más barbián de la plaza
+de Málaga... Mis amigos D. Pablo López y D. Luis María Pastor, aficionados al arte.</p>
+
+<p>Todos saludaron a nuestro joven, muy circunspectos, sobre todo los
+toreros, que son los que mejor conservan, en el trato, la gravedad
+serena y afable peculiar del pueblo español, tan distante del orgullo
+británico como de la extremada urbanidad de los franceses.</p>
+
+<p>El Cigarrero era un hombre ya entrado en días, con el cabello casi
+blanco, pequeño, fornido, soportando sus años con mucha gallardía.
+Miguel había oído varias veces citar su nombre entre los astros del
+toreo; pero como gloria pasada; tanto, que lo juzgaba retirado hacía
+tiempo. El hermano era un muchacho de veinticinco o veintiséis años,
+buen mozo, de rostro hermoso aunque algo afeminado. Merluza un jayán
+monstruosamente feo. Los dos aficionados, jovencitos barbilampiños,
+escuálidos, y vestidos a la última moda.</p>
+
+<p>La conversación no se interrumpió por la llegada de nuestro joven, quien
+se puso a escuchar con poca curiosidad. Se hablaba de toros; no hay para
+qué decirlo: se discutía la mayor o menor severidad e inteligencia de
+las plazas de Madrid y de Sevilla. Uno de los jovencitos sostenía que en
+Madrid se juzgaba con más severidad y competencia.</p>
+
+<p>&mdash;Pues zarvo zu parecé, D. Luizito&mdash;decía Merluza,&mdash;y zarvo er de too lo
+presente, a mí me paece, vamo... que en Zeviya hay afición... y ez lo
+que digo yo, onde hay afición lo hay too.</p>
+
+<p>&mdash;Sebastián, yo no te niego que haya afición en Sevilla, pero no es para
+comparar con la que hay en Madrid. Además, aquí se estudia el toreo por
+principios, lo que no se estudia allí... aquí el pueblo es más
+ilustrado...</p>
+
+<p>&mdash;Ya zé, ya zé, D. Luizito: no me diga ozté na. Onde no hay prencipio no
+pué haber na... ¡Pero mire ozté que en Zeviya hay mucha afición!.....
+¡¡Mucha afición!!</p>
+
+<p>&mdash;En Madrid hay que tener mucho de aquí, querido (apuntando a un ojo).
+Si te descuidas un poco, ya tienes la bronca encima... y algo más en
+ocasiones.</p>
+
+<p>&mdash;¡Calle ozté, zeñorito, zien Zeviya po una mijita le tiran a uno la
+Biblia!</p>
+
+<p>Enrique aprovechó el calor de la disputa para comunicar a su primo por
+lo bajo algunos datos importantes acerca de la vida del Cigarrero.</p>
+
+<p>&mdash;Ahí donde lo ves, Miguel, hace veinte años era el torero que se tiraba
+más por derecho en España. En Sevilla ha recibido muchas veces.</p>
+
+<p>&mdash;¿A quién?</p>
+
+<p>&mdash;¡Al toro, hombre!</p>
+
+<p>&mdash;Muy señor mío.</p>
+
+<p>&mdash;Pero, claro, con los años se ha ido haciendo un poco tumbón... ¡Pero
+como inteligente!... lo que es como inteligente, ni Cayetano ni San
+Cayetano le ponen el pie delante.</p>
+
+<p>Terminada la disputa, comenzó a hablarse de los toreros en boga. Los
+pollastres aficionados, y Enrique también, creyeron halagar al Cigarrero
+rebajando el mérito de ellos. Asombrole a Miguel el ahínco y la
+sinceridad con que aquél comenzó noblemente a defenderlos, aunque sin
+levantar la voz y sin perder un punto de la gravedad que le
+caracterizaba.</p>
+
+<p>&mdash;Mie usté, D. Luisito, er que má y er que meno, tiene su quebranto, y
+ar mehó ecribano se le cae un borrón. Si Caytano se huye, e que está mu
+castigao, el probesico ya se va pa Viyavieha como yo... Pero diga usté
+que sí, D. Luisito... cuando le sale un toro de verdá, ¡Caytano tá
+superió!</p>
+
+<p>&mdash;Vamos, con Cayetano todavía transijo&mdash;dijo Enrique.&mdash;Aunque
+desconfiado, le he visto muchas veces torear con arte y en corto y
+meterse como Dios manda... Al que no puedo resistir es al Gordo. ¡En la
+vida le he visto medio aplomado, ni pinchar más que a paso de
+banderillas!</p>
+
+<p>&mdash;Tampoco creo eso que usté dise: ar Gordo le pasa lo que a too nosotro;
+si er toro acude bien, tá güeno; si no tiene gana, tá malo. Y aluego
+¿qué se pué esí de la muleta? Con eya en la mano, hay mu poco que tengan
+tan güena sombra... Lo que le tiene er Gordo, e que sabe demasiao er
+terreno que pisa... y cuando se sabe mucho... vamo... ya me entiende
+usté, D. Enriquito.</p>
+
+<p>&mdash;Ozté perdone, zeñó José&mdash;dijo a esta sazón Merluza.&mdash;Me paece a mí que
+aquí D. Enriquito habla bien... Er Gordo poniendo banderiya, ¡la corona
+de María Zantízima! pero matando, ¡la perra zin vergüenza de zu mare!</p>
+
+<p>El Cigarrero se puso muy serio y repuso enojado:</p>
+
+<p>&mdash;A ti no te toca esí na de eso, Sebastián. Too esto señore pueen hablá
+lo que gusten, pero tú, hijo, no puée... ¿Tamo?</p>
+
+<p>Merluza acortado, rectificó como pudo sus brutales palabras.</p>
+
+<p>Era la primera vez que Miguel oía decir bien en un corro, de las
+personas del mismo arte o profesión que los presentes; y no poco quedó
+admirado de que fuesen los toreros, gente por lo regular inculta y
+plebeya, quienes dieran ejemplo de nobleza y compañerismo a los que
+cultivan otras artes más elevadas.</p>
+
+<p>Tampoco admitió el Cigarrero las lisonjas que le prodigaron, lo mismo
+Enrique que sus amiguitos. Sin echarse por tierra con fingida modestia,
+supo colocarse en su verdadero sitio, esto es, por debajo de los espadas
+que entonces llevaban la atención del público, sin traer a cuento sus
+glorias pasadas o los tiempos en que gozaba de más renombre.</p>
+
+<p>&mdash;Ya soy vieho. Ya no pueo competí con lo muchacho... Pero mase farta la
+guita, porque mi casa siempre se ha paesío un hospisio... y hago lo que
+pueo... y a vese un poquiyo meno de lo que pueo... Si Caytano aprieta en
+su toro, yo aprieto en er mío; si afloha, yo afloho... Si me sale un
+torito vivito y voluntario, le toreo por lo arto y le doy lo que pide er
+animá. Si me sale blando y sin vergüensa le doy un goyetaso ¡y a
+viví!... A mí me podrá hasé peaso un toro, ¡pero en la vía un roío buey!</p>
+
+<p>Pasó un rato agradable Miguel, oyéndoles disertar en estilo pintoresco,
+sobre tauromaquia, que para ellos era el compendio de todas las
+ciencias, y el fin supremo de la vida humana, y se despidió al cabo
+afectuosamente, no sin haber sido antes convidado a una novillada de
+aficionados que Enrique y sus amigos estaban organizando a beneficio de
+unos náufragos que se habían perdido en el Adriático. Esta novillada
+había de efectuarse el próximo domingo en la plaza de los Campos
+Elíseos; sería presidida por la señora del ministro de Marina, dirigida
+por el Cigarrero, y nadie podría asistir a ella sin entregar un duro a
+la puerta, salvo los amigos invitados por los lidiadores.</p>
+
+<p>Dos o tres días antes del señalado, pasó Miguel por casa de su tío
+Bernardo. Al entrar en el cuarto de Enrique, oyó gran ruido, como si
+trasteasen con los muebles; quedó altamente sorprendido al ver a su
+primo con sendas banderillas en las manos delante de una silla,
+levantándose sobre la punta de los pies en actitud de clavárselas.
+Aunque algo avergonzado a causa de la risa que a Miguel le acometió, no
+tardó en reponerse y manifestarle cómo se estaba ensayando en los
+cambios, salidas y cuarteos, pues era uno de los banderilleros que el
+domingo debían trabajar en los Campos.</p>
+
+<p>&mdash;Pero esa silla me parece que se debe aplomar algo en la suerte de
+palos&mdash;dijo Miguel.</p>
+
+<p>&mdash;Chico, no tengo otra cosa. Quise ensayar con el perrito de mi hermana,
+y mira lo que me ha hecho...</p>
+
+<p>Y levantando un poco los pantalones, le enseñó las huellas de los
+dientes del animalito en la carne.</p>
+
+<p>Estaba muy animado, pero confesaba que tenía los nervios un poco
+excitados y que dormía mal por la noche. ¡Eso de presentarse delante de
+un público tan lucido! Pero de todos modos, él conocía muy bien la
+teoría de las banderillas; no le faltaba más que un poco de práctica.</p>
+
+<p>&mdash;Mira; para ponerlas al cuarteo, se coloca uno así... con los pies
+juntitos. Se cita al animal... Hay que esperar que arranque, ¿entiendes?
+y marchar decidido a cortarle el terreno... Si el toro no baja la cabeza
+para tirar el derrote... nada... ¡Hay que andarse en esto con mucho ojo!</p>
+
+<p>&mdash;¿Y tienes esperanza de ponerlas bien el domingo?</p>
+
+<p>&mdash;Si el torete me sale bravo y arrancando bien, pienso estar hasta
+guapo...</p>
+
+<p>&mdash;No te lo aconsejo; te van a desconocer.</p>
+
+<p>&mdash;Si sale blando o huido, tiraré a cumplir nada más... a salir del paso.
+Todo depende de la suerte, como tú comprenderás... Eso le pasa a
+Cayetano, al Cigarrero y a todo el mundo.</p>
+
+<p>Llegada la tarde del domingo, se fue Miguel a los Campos y entró en la
+plaza, que ya estaba más que mediada de gente, casi toda de categoría:
+los lidiadores pertenecían en su mayor parte a la aristocracia. Había en
+los palcos una muchedumbre de niñas bonitas, ostentando la blanca
+mantilla de encaje y la peineta: los tendidos de madera estaban poblados
+de caballeros elegantemente vestidos. Miguel fue a colocarse entre
+barreras al lado de el Cigarrero que dirigía la lidia, sin tomar parte
+en ella.</p>
+
+<p>Dada la señal por la presidenta, que era una señora guapetona, muy
+rumbosa y muy dadivosa, aparecieron en el redondel las tres cuadrillas
+al son de una marcha española tocada por la banda de un batallón: cada
+cuadrilla se componía del espada, tres banderilleros y los
+correspondientes monos sabios: estaban suprimidas las picas. Los
+alguaciles, que eran dos marqueses, marchaban delante montando briosos
+caballos y haciendo piernas con ellos. Gran tempestad de aplausos al
+verlos aparecer: los muchachos se presentaban vestidos de chulos con
+ricas capas sobre los hombros, imitando perfectamente en el modo de
+andar el aire y el contoneo peculiar de los toreros. Saludaron a la
+presidenta y arrojaron con garbo las capas de gala a los amigos,
+cambiándolas por las de uso. De todos los tendidos se oían voces
+saludando a los lidiadores: éstos cambiaban gritos y saludos con los
+espectadores, y sostenían conversación con ellos en alta voz.</p>
+
+<p>Hasta aquí todo marchaba perfectamente. El marquesito alguacil recogió
+la llave que la presidenta le arrojó, y fue haciendo corvetas a
+entregársela al encargado de abrir el toril, cargo que, por cierto, se
+habían disputado un vizconde y el hijo del presidente del Tribunal
+Supremo. Sonó el clarín y saltó al redondel un torete negro, con bragas,
+de bonita lámina. El primer sentimiento que los lidiadores
+experimentaron al echarle la vista encima, fue de traición o engaño
+manifiesto. Todos ellos le habían visto varias veces, primero en el
+encierro y después en el corral; pero nunca les pareció ni la mitad de
+grande que entonces. Así que, sospechando que pérfidamente se lo habían
+trocado en el chiquero, cambiaron repentinamente el color fresco y
+sonrosado de sus mejillas por un blanco mate nada vistoso. Y por un
+movimiento simultáneo, que probaba la unidad de sus convicciones, se
+pegaron todos a la barrera y colocaron el pie en el estribo, preparados
+a cualquier evento. El novillo se disparó contra uno de ellos. Todos,
+como un solo hombre, saltaron la barrera. El novillo, viendo el campo
+libre, se paseó por él a su talante, en medio de la gritería y algazara
+de la gente. Un buen rato se estuvieron los lidiadores entre barreras,
+celebrando consulta, hasta que al fin, estimulados por los amigos de los
+tendidos, que no cesaban de perseguirles con gritos y pullas, y por el
+poquillo de vergüenza que todavía les quedaba, después de la salida del
+toro, se decidieron a entrar de nuevo en el redondel. Pero fue con toda
+calma, montando sobre la barrera como si estuviesen impedidos de las
+piernas, y bajándose después poquito a poco; parecía que iban a entrar
+en un baño de agua fría. Uno de ellos tuvo la audacia de separarse como
+cinco o seis pasos del tablero, y llamar la atención del novillo con el
+capote. Una mirada severa del toro bastó para hacerle brincar la barrera
+sin poner el pie en el estribo.</p>
+
+<p>La corrida fue rica en incidentes. Caídas, choques, atropellos, saltos
+mayores que el de Alvarado, de todo hubo, hasta cogidas, lo cual, en
+verdad que parecía imposible. Apenas tiraban el trapo, se echaban a
+correr llenos de pánico, dándose con los talones en las nalgas, y
+precipitándose de cabeza por encima de las tablas, sin que el toro se
+hubiese movido de su sitio. Los banderilleros clavaban los palos en el
+aire muchas veces; otras en alguna región ignorada del animal. Los
+espadas igualmente pinchaban donde podían, sin aproximarse jamás, ni por
+casualidad, al sitio verdadero. En vano saltó el Cigarrero más de veinte
+veces al redondel a poner orden; en vano les arreglaba los novillos y se
+los cuadraba, de suerte que no había más que dejarse caer; de todos
+modos la confusión, el ruido y las atrocidades de todo género no cesaron
+en toda la tarde.</p>
+
+<p>Enrique, que vestía una chaquetilla elegantísima de terciopelo color
+granate, en los comienzos de la lidia dio, como sus compañeros, ejemplo
+de prudencia y circunspección. Rodeó, sí, infinitas veces la plaza, pero
+fue, casi siempre, por detrás de la barrera, y cuando lo hizo por
+delante, era tan cerquita de ella, que a cierta distancia parecía por
+detrás. Llegado el momento crítico de poner las banderillas, que fue en
+el segundo novillo, las cogió, y aunque muy pálido, marchó resueltamente
+hacia él; se puso con los palos en cruz, y alzándose sobre la punta de
+los pies, comenzó a mugir terriblemente para llamar la atención del
+animal; y en efecto, así que éste le vio en aquella actitud fanfarrona,
+vino rápidamente a embestirle. Mas, con gran asombro y vergüenza de sus
+amigos, en vez de clavarle las banderillas las soltó de las manos, y la
+emprendió a todo correr hacia la barrera. No pudo saltarla. Antes que lo
+hiciese, el toro le había cogido por la parte posterior, y le había
+tirado al alto. Todos acudieron y sofocaron al becerro con los capotes.
+Pero Enrique, levantándose furioso contra él, e indignado contra sí
+mismo por aquella vergonzosa huida, comenzó a gritar como un
+energúmeno:&mdash;¡Dejádmelo, dejádmelo!&mdash;Y arrancando unas banderillas al
+primero que encontró, se fue ciego, frenético hacia el toro, y se las
+clavó en el pescuezo, sufriendo por ello una nueva cogida.
+Afortunadamente, ninguna de las dos tuvo serias consecuencias; los
+pantalones rotos y algunas contusiones. Los espectadores, desternillados
+de risa, le aplaudían con calor y hasta le tiraron cigarros.</p>
+
+<p>Quedó muy ufano de este triunfo; tanto que, acercándose al sitio donde
+estaban Miguel y el Cigarrero, le preguntó a éste:</p>
+
+<p>&mdash;¿Eh? ¿Qué le ha parecido a V., maestro?</p>
+
+<p>&mdash;No ha tao mal&mdash;contestó el torero sonriendo.</p>
+
+
+
+<h3><a name="VIIb" id="VIIb"></a>VII</h3>
+
+
+<p>Miguel no había dejado de ser nunca uno de los socios más asiduos del
+Ateneo. Aunque no tomaba parte en las discusiones sobre los pueblos
+semíticos, se había hecho notar bastante en los círculos privados que se
+formaban por las noches en el vasto corredor del establecimiento, y se
+le tenía por un amable y despejado compañero. Trabó amistad con otros
+jóvenes moluscos de los que más bullían, y éstos no tardaron en
+comunicarle la fiebre de cargos honoríficos que a ellos les devoraba. La
+ambición ardía en los pechos de los exploradores de la raza semítica;
+apetecíanse y buscábanse con noble emulación los cargos de secretarios
+de las secciones. ¡Era tan brillante el levantarse en el comienzo de
+las sesiones a leer el acta de la anterior! Las intrigas tenebrosas
+menudeaban; las traiciones eran cosa corriente. Había dos bandos
+principales: el de los viejos y el de los jóvenes; los primeros eran más
+en número, y vencían siempre que no se les cogía descuidados; los
+segundos, más activos, tramaban asechanzas para derrotar a los
+candidatos contrarios, unas veces presentando los suyos, en unión de
+alguna persona ilustre y respetable, otras veces aprovechando las noches
+de más frío en que los viejos no se atrevían a salir de casa, otras
+dividiendo con astucia a los enemigos; todos los medios eran lícitos.</p>
+
+<p>Gracias a una de estas sorpresas, y secundado con energía por algunos
+muchachos, que al verle tan asiduo en la asistencia le respetaban ya
+como un sabio en ciernes, consiguió Miguel ser secretario tercero de la
+junta directiva, encargado del alumbrado y calefacción. Y queriendo dar
+una gallarda prueba de su celo por los intereses del Ateneo, así que
+tomó posesión del cargo, hizo poner hornillas de cock en las chimeneas y
+suprimió la leña, que ocasionaba un gasto demasiado considerable. Mas he
+aquí que esta patente economía, en vez de satisfacer a los socios, les
+disgusta y levanta polvareda; los viejos se pusieron inmediatamente
+enfrente del audaz reformador y algunos jóvenes también. ¿Para qué
+sirven esas economías? ¿Para traer más libros? Demasiados hay en la
+biblioteca. Un orador novel, joven, tradicionalista e imitador de Donoso
+Cortés, que en las juntas generales del Ateneo se ensayaba para el
+Congreso, le apostrofó duramente, luciendo una voz y un juego de
+actitudes que envidiaría Mirabeau: demostró hasta la saciedad, que
+aunque el cock proporcionase el mismo calor que la leña, había en ésta
+un algo espiritual que satisfacía necesidades de orden más elevado; hizo
+presente que el Ateneo no era una sociedad de mercachifles ocupados en
+recoger ochavos, y que el sórdido interés debía ser arrojado del templo
+de la ciencia a latigazos (aquí bebió un sorbo de agua azucarada y se
+limpió después los labios con esmero). Expresó su profunda sorpresa de
+que un joven fuese quien tomara la iniciativa en la funesta empresa de
+privar de comodidades a los hombres que trabajan en el campo de la
+ciencia, y con tal motivo exaltó el respeto que le es debido y que
+siempre se ha tributado al sabio, haciendo un bello y minucioso parangón
+entre éste, que con sus obras eleva y enriquece los espíritus, y el
+obrero de la materia, que eternamente será siervo de la gleba,
+decidiéndose, claro está, por aquél. Por último, terminó diciendo que al
+declararse partidario incondicional de la leña, no le impulsaba ningún
+móvil bastardo, que no se hacía eco de ningún resentimiento particular,
+porque no cabían en su corazón tales miserias vergonzosas; hablaba
+solamente por el deseo generoso de mantener en el Ateneo el sello
+espiritual que siempre le había caracterizado. Este elocuente discurso
+provocó muchos aplausos entre los socios, particularmente los viejos,
+los cuales en las primeras elecciones de cargos derrotaron a Miguel,
+nombrando en su lugar al joven tradicionalista.</p>
+
+<p>Tanto como a Miguel le aburrían los discursos hueros y ampulosos que se
+pronunciaban en el salón de sesiones, tanto le agradaban a su antiguo
+amigo y condiscípulo Mendoza y Pimentel. Muy rara vez se le veía en la
+biblioteca con un libro abierto; pero en cambio, por milagro perdía una
+sesión lo mismo de la sección de ciencias exactas, que de la de morales
+y políticas o literatura. Admiraba profundamente a casi todos los
+oradores, cuanto más campanudos mejor, y se enfadaba con Miguel cuando
+éste hacía burla de ellos. Poco a poco se había ido modificando la
+opinión que de él tenía formada desde la infancia. Después de haber oído
+a los oráculos del Ateneo, comprendía que Miguel era un chico listo,
+«pero bastante ligero.» Ya no le pedía dinero, porque había ascendido a
+diez y seis mil reales de sueldo, los cuales empleaba casi todos en
+vestirse y una mínima parte en comer; pero su amistad continuaba
+inalterable. Se hizo presentar por Riverita en algunas tertulias
+políticas donde nuestro joven tenía acceso, entre ellas la del general
+conde de Ríos, uno de los jefes a la sazón del partido liberal. Esta fue
+la que más le plugo y donde echó raíces. El general era un hombre de
+genio vivo y enérgico, hablador sempiterno, narrador de cuentos verdes,
+con mucha afición a la política y poca o ninguna al arte militar. Al
+principio no le cayó en gracia Mendoza: su carácter grave y silencioso
+le causaba tedio:&mdash;¿Sabe V., Riverita, que ese amigo de usted es lo
+mismo que un roble?&mdash;le dijo pocos días después de habérselo presentado.
+Cómo se arregló Mendoza para llegar a ser al cabo de algunos meses uno
+de los íntimos de la casa y acompañantes preferidos por el general, fue
+cosa que nadie supo. Y, sin embargo, era muy sencillo de explicar.
+Mendoza sufrió una temporada la frialdad del conde y el desdén de la
+condesa con gran filosofía, y siguió asistiendo constantemente a la
+tertulia. No tomaba parte muchas veces en la conversación, porque tenía
+la desgracia de que no se le ocurría jamás una frase oportuna o
+chistosa; cuando lo hacía, era únicamente para manifestar su aprobación
+absoluta e incondicional a las palabras del conde, o para interrumpir
+con un ¡oh! o con un ¡ah! que expresaban su admiración y simpatía.</p>
+
+<p>Un día el general descubrió con sorpresa, al hablar del sistema colonial
+inglés, que Mendoza pensaba exactamente igual que él sobre esta
+cuestión. Verdad que el mismo general había emitido su opinión, hacía
+algunos días, delante de aquél; pero ya no se acordaba.&mdash;Este chico&mdash;se
+dijo&mdash;es más de lo que parece. Otro día descubrió la condesa, que jugaba
+peor que ella al tresillo, y que era un compañero a quien de vez en
+cuando se le podía dar <i>codillo</i>: desde entonces le miró con simpatía y
+le invitaba con frecuencia a hacer <i>el cuarto</i>. Si alguna vez se le
+ocurría ganar, la condesa le hacía pagar cara la victoria, dirigiéndole
+una granizada de bromas que cualquier tomaría por insolencias: pero
+Mendoza sonreía tan candorosamente y daba pruebas tan patentes de que
+sólo la suerte había ocasionado la derrota de la dama, que ésta concluía
+por reírse también. En poco tiempo conquistó la simpatía y hasta el
+afecto de los esposos. Habiéndose ofrecido al general para ayudarle a
+escribir cartas en ocasión en que éste se hallaba muy apurado, cumplió
+con tal exactitud, que apesar de que las epístolas eran un poco
+pedestres y enrevesadas, aquél aprovechó sus servicios algunas otras
+veces, y hasta recabó del jefe de la oficina que le dejase libre algunas
+horas a fin de no molestarle tanto. Con esto casi puede decirse que fue
+desde entonces el secretario particular del conde, y como tal era
+considerado por las personas que frecuentaban la casa. No tardó en
+hacerse indispensable a la familia. Por las mañanas, antes de ir a la
+oficina, daba una vuelta por la casa: el general le encargaba algunos
+recados o visitas que no podía hacer personalmente ni confiar a ningún
+criado, la condesa, menos escrupulosa que su marido, le hacía muchas
+veces desempeñar oficios humildes: como comprar juguetes para los niños,
+pagar algunas cuentas al joyero, etc. Por las tardes solía acompañar al
+conde a paseo, casi siempre a pie, pues no era aquél amigo de usar el
+coche.</p>
+
+<p>Al paso que Mendoza intimaba con este personaje y se hacía de sus
+familiares, Miguel seguía siendo nada más que uno de tantos como
+visitaban la casa: y aun podía asegurarse que en los últimos tiempos,
+sus relaciones con la generala Bembo habían traído cierto enfriamiento
+en todas las demás. Lucía le reclamaba casi todo su tiempo. Por otra
+parte, le desplacían cada vez más las tertulias políticas, donde los
+asistentes ven y examinan todas las cuestiones por el prisma, no del
+entendimiento del dueño de la casa siquiera, sino de la pasión que le
+agita en cada momento, y repiten siempre como un eco las palabras del
+jefe. Aunque algunas veces despertaba la risa y la alegría en la reunión
+con sus frases picantes y observaciones oportunas, había con respecto a
+él cierta prevención desfavorable, hija, a no dudarlo, del temor; todos
+le sonreían, pero cuando estaba presente no reinaba la misma confianza
+que cuando ausente. Nada hay que moleste tanto a los hombres vulgares
+como el ingenio, y en la tertulia del general formaban aquéllos mayoría.
+Miguel notaba vagamente esta hostilidad; comprendía que no estaba en su
+centro, y por eso iba pocas veces.</p>
+
+<p>Grande fue su sorpresa cuando una noche al entrar en el salón de
+sesiones del Ateneo, vio a su amigo Brutandor en el uso de la palabra.
+Peroraba Mendoza desde uno de los bancos de la izquierda, donde
+acostumbraban a sentarse los jóvenes demócratas, y lo hacía con tanto
+desembarazo, con tan briosa entonación como si en toda la vida hubiera
+hecho otra cosa.&mdash;¡Ave María!&mdash;dijo Miguel para sí&mdash;este Brutandor no
+conoce la vergüenza.&mdash;Y se sentó en una silla para escucharle. Pero como
+esperaba tan poco de él, quedó agradablemente sorprendido al ver que iba
+saliendo del paso. Se discutía la cuestión social. Mendoza repitió todos
+los lugares comunes que se encuentran en los manuales de Economía
+política, manoteando muchísimo, dando cortos paseos por delante de la
+silla y pronunciando las palabras con un cierto recalcamiento sonoro, de
+suerte que no se perdía una sílaba. Las condiciones externas, la voz,
+la figura, le favorecían en extremo. En su discurso citó infinitas veces
+los nombres de Cobden y la Liga de Mánchester, sobre los cuales se
+detenía con particular cariño, tanto que Miguel en una temporada no le
+llamó más que «el coaligado de Mánchester.» Algunos de los socios
+salieron del salón antes de concluir; la mayoría, no obstante, se quedó
+escuchándole con atención. Al terminar le dieron algunos aplausos de
+cortesía. Miguel, que estaba pasando un mal rato por el temor de que se
+pusiera en ridículo, respiró.</p>
+
+<p>&mdash;Querido Mánchester, has estado bastante bien&mdash;le dijo abrazándole. Y
+lo creía de buena fe. No podía negarse que Mendoza había progresado
+mucho. Pero en el curso de las discusiones menudeó de tal modo los
+discursos, que a Miguel llegó a hacersele insoportable tanta vulgaridad
+y tan campanudamente dicha, y dejó de entrar a escucharle.</p>
+
+<p>A fuerza de mucho hablar, Mendoza logró hacerlo con cierta facilidad, y
+adquirió pronto el aplomo y los modales de los oradores más célebres, a
+los cuales imitaba (en la parte externa, por de contado)
+escrupulosamente. Subía y bajaba la voz y la ahuecaba como un consumado
+artista; llevaba las manos trémulas al pecho, las agitaba en el aire y
+doblaba el espinazo aunque estuviese diciendo cualquier cosa natural y
+corriente, sólo porque Castelar y Moreno Nieto lo hacían en los pasajes
+patéticos; terminaba muchas veces los períodos con las palabras
+«tribunal de la historia», «las leyes indeclinables del progreso» o «la
+emancipación de los pueblos», abriendo mucho la <i>e</i> de pueblos, como era
+moda entonces. Aunque algunos inteligentes sonreían escuchándole, no
+dejó de ser considerado, al cabo, como joven instruido y «de
+esperanzas.»</p>
+
+<p>Una tarde, Brutandor llamó aparte a Miguel, y llevándole a uno de los
+rincones del Ateneo, le propuso fundar entre los dos un periódico. Para
+ello contaba con una persona que facilitaba el dinero, y con la
+protección del general conde de Ríos, que sería su inspirador. Halagole
+la idea a nuestro joven viendo en ello un modo de despertar su actividad
+dormida y desahogar la mente de porción de ideas que allá le bullían
+acerca de los sucesos políticos y de los personajes que en ellos
+intervenían. Aceptó, pues, con júbilo, y Mendoza quedó encargado de dar
+los pasos necesarios para sacar la autorización, alquilar cuarto, buscar
+imprenta, etc. En pocos días quedaron zanjados estos asuntos, y fue
+resuelto que un jueves, 1.º de abril, aparecería el primer número de <i>La
+Independencia</i>, «diario liberal de la mañana.»</p>
+
+
+
+<h3><a name="VIIIb" id="VIIIb"></a>VIII</h3>
+
+
+<p>Después de la aventura del armario, Miguel quiso persuadir a la generala
+a que comprase el silencio de la doncella, a fin de no pasar en adelante
+un susto parecido. Lucía se opuso resueltamente a ello; no podía ni
+quería fiar la llave de su honor a un criado, y hablaba a menudo de
+traiciones, anónimos dirigidos al general, cartas interceptadas y otros
+cuentos terroríficos que no dejaban de preocupar a Miguel por algunos
+momentos. Pero al mismo tiempo se asombraba de que siendo tan públicos
+los desvaneos de la dama, hubieran pasado inadvertidos para su marido.
+Lo que había de positivo en todo esto, y así lo entendió pronto, era que
+la naturaleza de Lucía necesitaba del aliciente del secreto y del
+temor. El ansia, la zozobra, los terrores súbitos, las esperas
+prolongadas, los momentos supremos de angustia, los esfuerzos de ingenio
+para buscar recursos, los rasgos de osadía, el drama, en fin, del amor
+perseguido con todo su aparato de misterio y disimulo, le placía
+sobremanera. Lo que no fuese temblar, colocar señales en los balcones,
+esconder a su amante y estar siempre a dos dedos de ser descubierta, lo
+hallaba monótono y fastidioso. ¡Cuántas veces, estando en el lecho a las
+altas horas de la noche, se estremecía al escuchar el rumor de un
+carruaje! Levantaba vivamente la cabeza, apretaba con las manos
+crispadas el brazo de su amante y escuchaba ansiosamente. ¿No podía
+venir en él su marido y sorprenderlos? ¡Qué miedo! ¡Qué angustia! Sólo
+cuando el coche seguía de largo por delante de la casa haciendo vibrar
+los cristales, se calmaba su congoja y volvía a la vida.</p>
+
+<p>Una nueva aventura muy desagradable, semejante a la del armario, vino a
+concluir con la paciencia de Miguel y a darle ánimos para exigir
+seriamente de la generala que pusiera a su doncella al corriente de lo
+que pasaba.</p>
+
+<p>Desde la aventura del armario, Miguel, siempre que la doncella venía, se
+ocultaba en la alcoba debajo de la cama. Una noche, como de costumbre,
+Lucía le mandó que se fuese al escondite para arreglar con Carmen las
+cuentas del día. Le parecía esto un excelente medio para disimular y
+evitar sospechas. Tiró en seguida de la campanilla, y habiendo acudido
+al instante Carmen, se puso con todo sosiego a tomarle la cuenta. Era la
+hora de las confidencias domésticas: la doncella, al paso que explicaba
+el empleo del dinero, se entretenía a narrar todos los incidentes
+insignificantes del día, las nonadas de la casa: hablaba largamente de
+las gracias de Chuchú, de sus oportunas contestaciones, comprendiendo
+que era el flaco de la señora; se quejaba de algunas groserías del jefe;
+contaba con risita burlona que miss Ana había comprado una nueva caja de
+polvos de arroz.&mdash;¡Bah! ¿para qué querrá esa buena mujer los polvos de
+arroz? ¡De todos modos ha de salir a la calle más fea que Picio!&mdash;Pasaba
+revista a la servidumbre y formulaba juicios y acusaciones. María no se
+llevaba bien con el lacayo. El cochero daba muy mala vida a su mujer, el
+miércoles la había pegado con la fusta hasta que se cansó.&mdash;¡Qué hombres
+tan perversos hay! ¿verdad, señorita? Para dar con uno así, más vale
+quedar soltera toda la vida.</p>
+
+<p>La generala procuraba cortar secamente los asuntos y abreviar. Carmen
+acudió a la lisonja esta noche para prolongar la conversación.&mdash;¡Qué
+hermosa estaba la señora con el vestido azul que se había puesto ayer
+tarde! La doncella de los Ramírez había oído al señorito decírselo a su
+hermana. Todos los colores le venían bien a la señora: ¡pero
+particularmente el azul!... ¡Ah, el azul le sentaba como a nadie!</p>
+
+<p>Lucía se enterneció un instante: preguntó con interés por los
+Ramírez.&mdash;¿Es verdad que el señorito se marchaba a París uno de estos
+días? Un chico feo, pero simpático: cierto día le había oído contar un
+sucedido con mucha gracia. Después habló de un vestido que proyectaba
+hacerse, en color claro con adornos de terciopelo carmesí; una idea que
+se le había ocurrido a ella sin consultar a la modista; estaba segura de
+que había de gustar mucho. Pero súbitamente volvió en sí y dijo con
+palabra rápida y seca:</p>
+
+<p>&mdash;Vamos, adelante,... el pañuelo de la niña diez y seis, ¿no es eso?</p>
+
+<p>&mdash;Sí, señorita.</p>
+
+<p>&mdash;Son cuarenta y tres... ¿Ha comprado V. el jabón?</p>
+
+<p>&mdash;Nada más que una pastilla... no me acordaba si la señora me había
+mandado comprar dos o una...</p>
+
+<p>&mdash;Le había mandado comprar dos; pero no importa... ¿Dónde la ha puesto
+V.?</p>
+
+<p>&mdash;En la alcoba, sobre la mesa de noche.</p>
+
+<p>Al pronunciar estas palabras entró en la alcoba para buscar la
+pastilla. Cuando llegó cerca de la mesa, dio un grito de terror.</p>
+
+<p>Miguel quedó yerto en el fondo de su escondite. La generala, con voz
+demudada, preguntó desde fuera:</p>
+
+<p>&mdash;¿Qué es eso, Carmen?</p>
+
+<p>&mdash;¡Señorita... un sombrero de hombre sobre su cama!</p>
+
+<p>Hubo unos instantes de silencio, durante los cuales el corazón de Miguel
+daba saltos terribles. La generala se repuso muy pronto.</p>
+
+<p>&mdash;¿Y por eso se asusta V., tonta?... Revolviendo mi armario, he
+tropezado con ese sombrero del señor, que no sé cómo vino a dar a él...
+Me estorbaba y lo he sacado... Si V. lo quiere y puede sacar algo de él,
+lléveselo... no sirve para nada.</p>
+
+<p>&mdash;Muchísimas gracias, señorita&mdash;dijo la doncella, saliendo con el
+sombrero en la mano.&mdash;Tengo un hermano a quien le servirá tal vez...</p>
+
+<p>No se habló más del asunto. La generala siguió tomando la cuenta con
+calma, el semblante pálido, la voz un poquito alterada.</p>
+
+<p>Miguel se vio necesitado a salir aquella noche sin sombrero. Esperó un
+rato en el portal vecino y se metió en el primer coche de alquiler que
+acertó a cruzar.</p>
+
+<p>Al fin la generala cedió a los deseos, vehementemente expresados por su
+amante, y se confió a la doncella. Desde entonces sus entrevistas
+fueron fáciles y tranquilas. Carmen les evitaba con arte toda molestia,
+les suministraba completa seguridad y sosiego. Con este nuevo orden de
+cosas se acomodaba muy bien nuestro héroe; parecía que le habían quitado
+un gran peso de los hombros; en realidad compraba antes demasiado caros
+los placeres que su amiga le proporcionaba.</p>
+
+<p>Pero la generala no se avenía tan bien con el sesgo tranquilo y prosaico
+que tomaban sus amores; la seguridad, la exactitud de cronómetro de las
+citas, el amable sosiego que en ellas disfrutaba, la descorazonaron,
+comenzaron a aburrirla, y en sus adentros le pesaba de que Carmen se
+hubiese prestado tan gustosa a servirles. Toda la vida había tenido el
+flaco de las aventuras; mas a última hora esta afición se había
+exacerbado de un modo notable; experimentaba un apetito voraz de lo
+extraordinario, como si se le escapase la juventud y no quisiera
+terminarla sin un buen golpe. Así que no pudiendo satisfacerlo con
+soñadas escenas trágicas, porque Miguel se reía de sus temores, diose a
+ejercitar su recalentada imaginación en otra clase de caprichos raros.
+Nada podía llevarse a cabo en sus relaciones de un modo normal; era
+forzoso adobarlo todo con alguna especia de misterio. En los teatros,
+para comunicarle cualquier noticia, pudiendo hablarle sin obstáculo
+alguno, prefería emplear un sin número de signos masónicos o señales
+misteriosas hechas con el abanico, los guantes, los gemelos o cualquier
+otro utensilio, de lo cual resultaba en ocasiones no poca confusión y
+perplejidad para Miguel. Las cartas que le escribía iban siempre
+firmadas con nombre de varón, <i>Alfredo</i>, como si fuesen de un amigo a
+otro; mas no por eso dejaban de venir salpicadas con toda clase de
+frases apasionadas: «Te adora con todo su corazón... <i>Alfredo</i>.»
+«Querido de mi alma, los minutos lejos de ti se convierten en siglos...»
+«Ayer contemplando la luna desde el balcón de mi cuarto me asaltó el
+recuerdo del paseo nocturno que hemos dado hace algunos días y sentí
+resbalar las lágrimas por mi rostro...» «Te manda un tierno abrazo
+apasionado tu <i>Alfredo</i>.» Si las tales cartas se extraviasen darían
+mucho que pensar y reír al curioso que con ellas topara.</p>
+
+<p>Y en verdad que Lucía no las escaseaba: nada le placía tanto como
+disolver el ardor de su corazón gastado en renglones interminables.
+Había leído muchas novelas y copiaba descaradamente los conceptos
+amatorios de más bulto: particularmente Jorge Sand, su novelista
+predilecto, le suministraba un cargamento de pensamientos, unas veces
+delicados, otras extravagantes, con que sazonar sus inconmensurables
+epístolas. Su puntillo consistía en escribirlas muy espirituales,
+plagadas de signos de admiración y puntos suspensivos. No pocas veces,
+después de pasar con Miguel unas cuantas horas, le mandaba por la
+doncella cinco o seis pliegos de letra menuda.</p>
+
+<p>La fantasía de la generala era todavía más fecunda en la invención de
+nuevos y peregrinos placeres. Cierta noche del mes de marzo, en que por
+rareza cayó una fuerte nevada sobre Madrid, mirando descender lentamente
+los copos por la atmósfera, le vino en apetito el hacer una escursión al
+Retiro con Miguel.&mdash;¡Qué hermoso debe de estar a estas horas! Veremos la
+nieve cuajarse en las calles de arena y formar alfombra. ¡Qué placer
+hundir los pies en ella!... ¡Y los árboles! ¿cómo estarán los árboles?
+¡Qué lindos!... A mí me encanta la nieve... ¿Te atreves a ir?... ¿A que
+no?</p>
+
+<p>Claro que Miguel no se atrevía y que deploraba en el alma aquel raro
+capricho; pero se avergonzaba de confesarlo. Opuso resistencia, aunque
+débil; manifestó algunas dudas acerca de si les consentirían la entrada;
+habló vagamente de pulmonías, fiebres catarrales, etc. La generala no le
+escuchaba; le parecía su proyecto tan original, que por nada dejaría de
+ponerlo en obra; era de lo más romancesco que nunca se le hubiera
+ocurrido. Miguel aceptó al fin, aunque de mala gana. No obstante, cuando
+salieron a la calle y vio que el cielo se iba despejando y que la luna
+asomaba ya su disco plateado por los bordes de una nube, no pudo menos
+de proferir una exclamación de entusiasmo.</p>
+
+<p>El Retiro estaba espléndido, arrebujado en su jaique blanco. La
+amartelada pareja lo recorrió con extremado gozo, deteniéndose a menudo
+para comunicarse sus impresiones. Aquel paisaje, un poco teatral, debía
+enajenar de placer a la generala. Caminaba en perpetuo éxtasis, dejando
+escapar exclamaciones de asombro, hablando de las dulzuras de la muerte,
+del mundo invisible y de las regiones donde el amor es perdurable: nunca
+se creyó tan superior, tan por encima del nivel común de la humanidad
+como entonces: compadecía sinceramente a los seres vulgares que en
+aquellas horas estaban tranquilamente durmiendo y no gozaban como ellos
+del mágico efecto de la luna sobre la nieve. Miguel no los compadecía
+tanto, sobre todo desde que había estornudado cuatro o cinco veces
+seguidas.</p>
+
+<p>Al ver un rinconcito en que la nieve había cuajado en más abundancia,
+circundado de alto seto de rosal donde los árboles dejaban pasar por
+entre sus brazos, delgados hilos de luz, la generala se detuvo
+sorprendida y cautiva; un pensamiento extravagante cruzó por su cabeza y
+una sonrisa entreabrió sus labios. Tomó la mano de Miguel y lo condujo
+suavemente hasta el centro de aquel fantástico recinto, y se dejó bañar
+un instante por el rayo de la luna. Mil pensamientos poéticos cruzaron
+entonces por la imaginación de la dama. ¡Qué desprecio y qué asco le
+inspiraba en aquel momento el mundo frívolo que se veía obligada a
+habitar! Desde aquel blanco nido inmaculado se debía ascender a las
+puras regiones de lo ideal, al país de los ensueños, a vivir y comerciar
+con los seres privilegiados, donde la pasión impera sin absurdas trabas
+sociales. Sentíase trasfigurada en semi-diosa, sublimada por la pálida
+luz que la inundaba y el blanco tapiz que se extendía a sus pies,
+divinizada por el enjambre de altas y hermosas ideas que revoloteaban
+por su cabeza. La acometió un rapto de apasionada locura, y se colgó
+súbitamente al cuello de su amante, cubriéndole de besos: después, como
+un pájaro herido de amor, se dejó caer sobre la nieve y obligó a Miguel
+a sentarse a su lado: y comenzó a recitar con voz enternecida el poema
+que más le había subyugado nunca, <i>Le Lac</i>, de Lamartine. Las manos
+enlazadas, juntas las sienes, la mirada húmeda y anhelante, fija en el
+disco de la luna, dejáronse arrastrar ambos dulcemente al mundo de las
+quimeras deliciosas y se repitieron con acento arrobador lo que mil
+veces se habían dicho ya. El blanco manto de armiño conservó su huella
+hasta que el sol vino a borrarla.</p>
+
+
+
+<h3><a name="IXb" id="IXb"></a>IX</h3>
+
+
+<p>Julita soltó una estrepitosa carcajada, cuyos ecos llegaron hasta el
+gabinete de Miguel. «¿De qué se reirá aquella loca?» se preguntó éste
+sonriendo también frente al espejo mientras se aderezaba para salir.</p>
+
+<p>&mdash;¡Miguel! ¡Miguel!&mdash;gritó su hermana desde el pasillo.&mdash;Ven aquí, por
+Dios; ¡mira, por tu vida!</p>
+
+<p>Acudió solícito, y al asomar la cara por el corredor, vio a su primo
+Enrique en traje de chulo; chaquetilla corta, faja de seda, camisola
+bordada sujeta al cuello por botones de oro, sombrero ancho de fieltro,
+pantalón ceñido y bota de charol: el complemento del traje era una vara
+en la mano, muy larga, como destinada a conducir pavos.</p>
+
+<p>Julita se arrimaba a la pared, sujetándose la cintura con las manos para
+no desternillarse de risa. Enrique de pie, cerca de la puerta, sonreía
+un poco avergonzado. Miguel siguió al instante el ejemplo de su hermana.</p>
+
+<p>&mdash;La cosa no merece tanta risa&mdash;concluyó por decir el primo, amostazado.</p>
+
+<p>Pero ni Julia ni Miguel hicieron caso. Cuando se hubieron sosegado un
+poco, vinieron hacia él y le examinaron curiosamente.</p>
+
+<p>&mdash;¿Pero cómo diablo te ha dado la ocurrencia de ponerte así? ¿Te ha
+visto tu padre?</p>
+
+<p>&mdash;No: me he ido a vestir a casa de un amigo: tengo allí el traje...</p>
+
+<p>&mdash;Pues si te ve, de fijo le da un ataque. ¿Y a qué asunto te has vestido
+hoy de chulo?</p>
+
+<p>&mdash;¡Toma! ¿no sabes que se abre la temporada?</p>
+
+<p>&mdash;¡Ah! ¿hoy hay toros? ¿Mata el Cigarrero?</p>
+
+<p>&mdash;¡Ya lo creo!: después de quince años que no pisa la plaza de Madrid. A
+eso venía, a ver si quieres ir conmigo.</p>
+
+<p>&mdash;Hombre&mdash;dijo indeciso,&mdash;no soy muy aficionado a los toros; pero el
+Cigarrero me ha sido simpático... ¿Me traes localidad?</p>
+
+<p>&mdash;Te traigo la contrabarrera de un amigo que está enfermo. A mi lado ya
+sabes que no puedes ponerte, porque todas las barreras están abonadas;
+pero estamos cerca.</p>
+
+<p>&mdash;¡Ay, llévame, Miguel!&mdash;exclamó Julita saltándole al cuello.&mdash;Llévame a
+los toros.</p>
+
+<p>&mdash;¿Tienes deseo?</p>
+
+<p>&mdash;¡Muy grande! Los toros me encantan.</p>
+
+<p>&mdash;¡Eso, eso!&mdash;gritó Enrique entusiasmado. Tú eres española de pura raza.
+¡Pisa ese sombrero, chiquita!</p>
+
+<p>Y lo arrojó al suelo.</p>
+
+<p>Julita no se anduvo con melindres; tomó la galantería al pie de la letra
+y se puso a taconear sobre el infortunado sombrero de tal suerte, que si
+Enrique no acude a tiempo se lo hace pedazos.</p>
+
+<p>&mdash;Está visto que contigo no se puede ser galante&mdash;dijo de mal humor
+mientras lo limpiaba con la manga de la chaqueta.</p>
+
+<p>Miguel, previo el permiso de su madrastra, mandó al criado por una
+carretela a casa de Lázaro y por un palco a la de un revendedor
+conocido. Después que madre e hija se vistieron la clásica mantilla y
+Miguel cambió la levita y el sombrero de copa por la americana y el
+hongo, subieron los cuatro al carruaje.</p>
+
+<p>Eran las dos y media de la tarde. El sol brillaba en el firmamento sin
+que una sola nube asomara por el horizonte a recibir su parternal
+caricia. Madrid gozaba del privilegio divino de su cielo sin dirigirle
+siquiera una mirada de gratitud, como una sultana a quien las caricias
+causan tedio. Al cruzar por la Puerta del Sol, vieron el chorro de su
+fuente, despidiendo fúlgidos destellos elevarse por encima del tejado
+del Principal. A la entrada de la calle de Alcalá había una larga fila
+de ómnibus que una muchedumbre asaltaba anhelante, furiosa, cual si se
+tratara de escapar a un grave e inmediato peligro. Pero muy contra lo
+que sucede en casos tales, en vez de oponerse los unos a que se
+encaramasen los otros, todos se ayudaban con solicitud, mostrando por
+anticipado lo que debe ser y lo que será con el tiempo la fraternidad
+universal.</p>
+
+<p>&mdash;Eh, buen hombre, que se va V. a caer... Deme V. la mano.&mdash;Caballero,
+téngame V. por el bastón.&mdash;No ponga V. el pie sobre la rueda.&mdash;¿Quiere
+V. que nos apretemos más? Bueno, hombre, bueno, nos apretaremos.</p>
+
+<p>Estos gritos se oían en todas partes, viéndose a algunos pobres viejos
+por el aire, elevados a la imperial de los ómnibus en brazos de los que
+ya estaban en ella. Las caras resplandecían de alegría, lo mismo que el
+cielo. La acera de la derecha, donde estaba el despacho de billetes,
+veíase cuajada de gente, que discurría por ella en espectativa de que
+las localidades bajasen y se pusiesen al alcance de su bolsillo. Un
+sinnúmero de coches particulares y de berlinas de punto cubrían más
+abajo la ancha carretera, galopando en dirección a la plaza; y al
+través de ellos, dejándolos atrás en seguida, corrían desbocados los
+ómnibus, mientras los que iban encima, sin miedo a estrellarse,
+embriagados por la carrera vertiginosa, saludaban con gritos de alegría
+a los que iban dejando en pos de sí. Algunos picadores con sus chaquetas
+de brocado y sombreros inmensos galopaban también sobre algún mal
+caballo, llevando a las ancas a un amigo, que le abrazaba cariñosamente
+para no caerse. Los peones bajaban por las aceras lentamente, en amable
+plática, formando apretados y numerosos grupos.</p>
+
+<p>Una carretela abierta, donde iban toreros, se acercó un instante al
+costado de la de Miguel y siguió adelante. Era la del Cigarrero, que
+contestó al saludo de Enrique y Miguel con la gravedad afable que le
+caracterizaba. El Serranito y Merluza, que iban con él, saludaron con
+más expansión.</p>
+
+<p>&mdash;Me brindarás un par, ¿no es verdad, Baldomero?&mdash;gritó Enrique.</p>
+
+<p>&mdash;A uté no, que e mu feo: a esa señorita tan remonísima que yeva uté a
+la vera&mdash;contestó el Serranito.</p>
+
+<p>Julita se echó a reír, ruborizada.</p>
+
+<p>En torno de la plaza, donde llegaron en seguida, se agitaba la multitud,
+pugnando por entrar; los coches que allí se juntaban producían
+disturbios y motines, que los guardias no eran suficientes a reprimir.
+Después de dejar a su madrastra y hermana en el palco, Miguel se retiró
+con su primo, pretextando que deseaba ver de cerca matar el primer toro
+al Cigarrero, y que luego volvería; en realidad, era porque había visto
+a la generala Bembo en un palco con la señora del banquero Mendiburu.
+Bajó al redondel, y desde allí pudo hacerse notar de ella, y la saludó
+ceremoniosamente con el sombrero.</p>
+
+<p>La arena estaba llena de aficionados; una muchedumbre abigarrada,
+compuesta de estudiantes, paletos, chulos, señoritos y soldados,
+elegantes unos, otros desarrapados, fraternizando todos y creyendo que
+por el mero hecho de hallarse allí, en el terreno del toro, como si
+dijéramos, participaban del arrojo y gallardía de los lidiadores. Los
+tendidos se iban poblando lentamente, y desde aquí al redondel mediaban
+saludos y gritos entre unos y otros, que convertían la plaza en un
+mercado. La voz de los vendedores de naranjas salía entre todas las
+demás; y las naranjas, cuando alguno las demandaba, volaban rápidas y
+certeras de las manos de aquéllos a las del comprador, por encima de las
+cabezas. En los tendidos de sombra, los jóvenes lechuguinos charlaban en
+voz alta, levantando la cabeza para mirar a las damas de los palcos. En
+los de sol, los honrados menestrales se acomodaban en sus asientos,
+resueltos a dejarse tostar toda la tarde, y hablaban entre sí de
+tauromaquia, muy pagados de ser los verdaderos inteligentes en la plaza.
+El júbilo, la alegría nerviosa que comunica la esperanza del placer,
+brillaba en todos los ojos.</p>
+
+<p>Al fin los alguaciles salieron a despejar, y los aficionados del
+redondel se fueron retirando hasta dejarlo enteramente libre. Enrique y
+Miguel, que habían estado en los patios interiores hablando un momento
+con el Cigarrero y su cuadrilla, también fueron a ocupar los respectivos
+asientos. El ruido había disminuido bastante; gracias a esto se
+percibían los acordes de la charanga de hospicianos, que hasta entonces
+no había logrado hacerse escuchar. Los espectadores sacaban los relojes
+y dirigían miradas significativas a la presidencia. En esto la charanga
+entonó con energía la marcha real; todos los rostros se volvieron al
+mirador regio donde apareció la reina Isabel: algunos batieron palmas;
+otros dijeron «chis, chis,» porque la atmósfera política estaba entonces
+encapotada con ciertos nubarrones que descargaron no mucho tiempo
+después. Hecha la señal, al cabo, las cuadrillas entraron en la arena al
+son de la marcha de la zarzuela <i>Pan y toros</i>: salían, como de
+costumbre, formando tres filas, al frente de cada cual iba el respectivo
+espada. Al verlos estalló un prolongado aplauso. Cruzaron la plaza
+graves, firmes, acompasados, escuchando la gritería que su aparición
+había levantado, con la mayor indiferencia; brillaban sus ricos vestidos
+y capellares despidiendo vivos destellos que alegraban la vista.</p>
+
+<p>&mdash;¡Miale, miale el viejo!... Ese es, el de la izquierda... Miale qué
+cara tiene... ¡Le zumba el alma a ese tío!.. En España no queda ya quien
+reciba toros más que él...</p>
+
+<p>Toda la atención de la plaza estaba concentrada sobre el Cigarrero,
+apesar de que mataban también el Gordo y Lagartijo, que comenzaba
+entonces a ser el niño mimado del público. Mas para el aficionado
+madrileño, el ver recibir un toro es una de esas ilusiones que jamás se
+realizan aunque vivan constantemente en el corazón: <i>aguantar</i> lo hacen
+varios toreros; pero <i>recibir</i>, lo que se llama recibir de verdad, no lo
+han hecho más que los héroes antiguos del toreo.</p>
+
+<p>Saludaron con ademán uniforme a la presidencia, y rompieron filas,
+tirando las capas de gala a los amigos de los tendidos, que se
+encargaron de su custodia con más orgullo que si se tratara del Arca de
+la Alianza. El presidente sacó el pañuelo; sonó el clarín; abriose la
+puerta del toril: apareció el primer toro. Era un Miura castaño,
+chorreao, listón, fino y de hermosa lámina, largo y levantado de cuerna.
+Mostrose voluntario y noble en las varas, aguantando seis puyazos de los
+picadores de tanda. Pero al llegar a los palos comenzó a defenderse.
+Sin embargo, el Serranito le clavó un soberbio par cuarteando con finura
+y limpieza, que sorprendió agradablemente al público: en Madrid no
+sabían, como en Sevilla, que Baldomero era un chico que daría mucho que
+hablar. Merluza se pasó una vez y luego colgó un palo cuarteando
+también. Volvió el Serranito a coger los palos, y después de intentar en
+vano colgárselos al sesgo, se los puso quebrando con limpieza y
+maestría. Hubo un delirio de palmas en la plaza; su figura esbelta y la
+singular corrección y delicadeza de sus facciones, cautivaron al
+público; las mujeres le clavaban codiciosamente los gemelos; se paseó
+triunfante en torno de la plaza recibiendo sonriente el aplauso de los
+tendidos.</p>
+
+<p>Llegó su turno al Cigarrero: avanzó gravemente hacia la presidencia, se
+quitó la montera y dijo con voz ronca unas cuantas palabras que nadie
+pudo entender; después se fue derecho al toro, que tenía marcadas
+tendencias a huirse. Persiguiole infructuosamente algún tiempo en medio
+de la curiosidad expectante de la plaza. Por fin, gracias a los
+esfuerzos de la cuadrilla, pudo trastearle, y lo hizo bastante ceñido,
+dándole algunos pases buenos; el público aplaudió y se las prometió muy
+felices. Mas en medio de la faena, el diestro sufrió una colada y perdió
+enteramente el aplomo; dio otros tres o cuatro pases sin confianza y
+descompuesto; y deprisa y corriendo, sin estar bien cuadrado el animal,
+lió el trapo bastante lejos y se tiró a paso de banderillas. La estocada
+resultó un <i>bajonazo</i> de lo más malo que nunca se hubiera visto. Es
+indescriptible la cólera que se apoderó de los espectadores. Si hubiera
+sido otro torero, hubiera pasado con una silba, grande o pequeña; pero
+haber concebido la esperanza de ver a un antiguo maestro toreando por el
+sistema de Montes y venir a la plaza a presenciar aquella ignominia,
+esto ponía fuera de sí a los aficionados. ¡Qué gritería, cielo santo!
+¡Qué injurias! ¡Qué lamentos! Parecía que a cada uno le acababan de
+robar el honor de su hija.</p>
+
+<p>&mdash;¡Morral, ladrón, gran cochino! ¡Así te ahorquen por los pies! ¿Eres tú
+el que recibías los toros? ¡A la cárcel con ese pillo! Señor presidente,
+¿para cuándo quiere V. la Guardia civil?</p>
+
+<p>Y en medio del alboroto, las naranjas, las botellas vacías y hasta
+algunas piedras, volaban a la plaza, y por milagro no herían al diestro.
+Éste avanzaba, pálido, avergonzado, hacia la presidencia. Al llegar
+cerca del tendido donde estaban Enrique y Miguel, una naranja certera le
+dio en el rostro y le sacó sangre. Enrique, que ya estaba excitado y
+nervioso, no pudo reprimir la indignación, y levantándose gritó a los
+que estaban detrás:</p>
+
+<p>&mdash;¿Quién ha sido ese valiente? ¿Ese valiente sin vergüenza?</p>
+
+<p>&mdash;¡Fuera el chulo sietemesino! ¡Que baile!&mdash;contestaron desde arriba.</p>
+
+<p>&mdash;¿Se dirige V. a mí?&mdash;dijo uno levantándose con arrogancia.</p>
+
+<p>&mdash;Me dirijo al que haya sido.</p>
+
+<p>&mdash;Pues nos veremos las caras al salir.</p>
+
+<p>&mdash;Se la veré a usted para escupírsela&mdash;contestó Enrique encolerizado.</p>
+
+<p>&mdash;¡Fuera, fuera! ¡Que se siente ese babieca!&mdash;gritaron desde arriba.</p>
+
+<p>No tuvo más remedio que hacerlo. El Cigarrero sonreía limpiándose la
+sangre con el pañuelo. Era una sonrisa tan triste y tan humilde, que a
+Miguel se le apretó el corazón y estuvieron a punto de saltársele las
+lágrimas.</p>
+
+<p>Sólo cuando apareció el segundo toro en el ruedo, concluyó del todo la
+bronca. Por más que trabajó, hasta no poder más en los quites, el pobre
+Cigarrero no consiguió captarse la benevolencia, ni siquiera el perdón
+del público. Cuantos esfuerzos hacía, cuantos capotes echaba (y la
+justicia obliga a declarar que los echaba con arte), servían de befa y
+de irrisión al enfurecido pueblo. El Gordo, en su toro, estuvo como casi
+siempre, pasando de muleta con maestría y pinchando bastante mal.
+Lagartijo toreó el suyo sobre corto y con frescura, y se metió por
+derecho a volapié, dando una buena estocada, pero saliendo trompicado.
+Muchos aplausos.</p>
+
+<p>Llegó el cuarto toro, que correspondía de nuevo al Cigarrero. Era un
+Veragua colorado listón, bragado, ojinegro, abierto de cuerna y de buena
+estampa, como casi todos los del Duque; un bravo y hermoso animal.</p>
+
+<p>Merluza le colgó un buen par al cuarteo. El Serranito cogió después los
+palos, y en cuanto el público le vio en medio de la plaza, aplaudió.</p>
+
+<p>&mdash;¡Ole tu mare, saleroso!</p>
+
+<p>Quiso ponerlas cuarteando también, pero se pasó una vez porque el toro
+no arrancó. Volvió a cuartear y volvió a pasarse por la misma razón. De
+nuevo se fue hacia el toro, y otra vez se pasó. Entonces hubo cierto
+movimiento de impaciencia en el público; se oyó un silbido; esta fue la
+perdición del pobre mozo. Herido su amor propio, acometió ciego a la res
+y quiso clavarle las banderillas a todo trance; el toro, que no se había
+movido, le enganchó por debajo del brazo y lo echó al aire. Sonó un
+grito de horror en la plaza. Las cuadrillas enteras se arrojaron sobre
+el animal, tratando de llevárselo; pero inútilmente. Inútilmente el
+Cigarrero brincaba con heroísmo delante de los cuernos, metiéndole el
+trapo por los ojos; inútilmente Lagartijo y el Gordo le echaban también
+los capotes, exponiéndose a morir; el toro, como si tuviese algún
+agravio del infortunado Baldomero, no atendía a nada, y lo recogió otra
+vez y otra vez lo tiró al aire. Entonces el Cigarrero, por última
+inspiración, soltó la capa, se agarró fuertemente al rabo de la bestia y
+comenzó a colearla; dio tantas vueltas, que al fin cayó mareado; el
+Gordo la llevó con la capa lejos. En esto el Serranito se había puesto
+en pie, sonrió forzadamente al público, como el gladiador que quiere
+morir con gracia, se llevó la mano al pecho y cayó de nuevo, soltando
+chorros de sangre por las heridas. Dos monos sabios lo recogieron y lo
+llevaron a la enfermería; otros corrieron en seguida a tapar la sangre
+con arena.</p>
+
+<p>El presidente, que debía de estar conmovido y alterado como todos los
+espectadores, dio la señal de muerte, sin considerar que al toro no se
+le habían puesto más que un par de banderillas, y que era peligroso para
+el espada que fuese tan entero a la muerte. ¡Aquí fue ella! El público,
+que gusta de mostrar buen corazón después que han sucedido las
+desgracias, se levantó en masa, volviéndose iracundo contra el
+presidente, como si él fuese quien hubiera pegado las cornadas al
+Serranito.</p>
+
+<p>&mdash;¡Bárbaro, bárbaro, asesino!</p>
+
+<p>Agitaban frenéticos los puños y los bastones frente al palco
+presidencial, los ojos llameantes, los rostros demudados por la ira.
+Nadie respetaba ni se acordaba siquiera de la majestad que estaba a su
+lado: se proferían los dicterios más soeces. Pero el presidente, aunque
+estuviese arrepentido, y debía de estarlo, a juzgar por la confusión que
+se reflejaba en su semblante, ya no podía revocar la orden; su dignidad
+se lo impedía. Entonces el público se volvió al Cigarrero, que ya había
+cogido los trastos, y le gritó:</p>
+
+<p>&mdash;¡No lo mates, no lo mates! ¡Que lo mate ese asesino!</p>
+
+<p>El Cigarrero encogió los hombros y se dispuso a ir en busca de la res.
+En aquel instante un torero que llegaba corriendo le dijo algo al oído,
+y el espada se puso terriblemente pálido. El público comprendió que
+había malas noticias del Serranito. Quitose el matador la montera, se
+pasó la mano por la frente con abatimiento, se la puso de nuevo y marchó
+hacia el toro. Los gritos se apagaron instantáneamente; reinó un
+silencio lúgubre en la plaza.</p>
+
+<p>&mdash;¡Ha matado a su hermano! ¡ha matado a su hermano!&mdash;se decían los
+espectadores al oído.</p>
+
+<p>Y todos sentían ansiedad inexplicable, una simpatía profunda por el
+desgraciado Cigarrero. Éste avanzaba con lentitud, el paso vacilante,
+hacia el toro. Pero no se detuvo hasta dejar caer el trapo sobre los
+mismos cuernos.</p>
+
+<p>&mdash;¡¡Ole!!&mdash;rugió la plaza; volvió a reinar el silencio.</p>
+
+<p>El toro brincó como si hubiera sentido un acicate, y se revolvió al
+instante, furioso. El espada le dio un pase de pecho, superior.</p>
+
+<p>&mdash;¡¡Ole!!&mdash;rugió de nuevo la plaza.</p>
+
+<p>Y otra vez se hizo el silencio.</p>
+
+<p>Siguieron a éste otros pases naturales y en redondo, dados tan en corto
+y con tal maestría, que el público quiso volverse loco. Los pies del
+matador apenas se movían ni salían de un círculo estrechísimo; pero este
+círculo parecía sagrado e infranqueable; los cuernos del toro pasaban
+rozando la chaquetilla del anciano torero sin hacerle el más ligero
+daño. Al fin, la fiera, harta de tanto revolverse y acometer sin fruto,
+se detuvo jadeante. El toro y el torero se miraron; lió éste el trapo
+tranquilamente, se echó el estoque a la cara y citó con el pie para
+recibir. Acudió la bestia, furiosa, y se clavó ella misma la espada
+hasta la empuñadura. Hubo un grito reprimido de entusiasmo en la plaza.
+El toro se quedó un instante inmóvil frente al torero, lanzó un débil
+mugido y se dejó caer desplomado sobre los brazos.</p>
+
+<p>Nadie puede representarse lo que entonces pasó: un delirio, un inmenso
+ataque de nervios; diez o doce mil energúmenos gritando con toda la
+fuerza de sus pulmones; una nube de cigarros, petacas y sombreros
+volando por el aire y tapizando al instante de negro la blanca arena.
+Veinte años hacía que no se había visto en la plaza de Madrid la suerte
+de recibir, de este modo consumada.</p>
+
+<p>El Cigarrero dirigió una mirada vaga a los tendidos; se pasó otra vez la
+mano por la frente, y dejando caer al suelo la muleta, se echó a correr
+como un gamo sin atender a los gritos de entusiasmo, a los llamamientos
+que de todos lados le hacían; brincó la barrera y desapareció de la
+vista del público.</p>
+
+<p>Cuando llegó a la enfermería estaban ya allí Enrique y Miguel con el
+médico y algunos amigos. El cura acababa de confesar y se disponía a
+poner la unción al desdichado Baldomero, que presentaba en el rostro las
+señales indefectibles de la muerte. Al entrar su hermano volvió los ojos
+hacia él y sonrió con cariño.</p>
+
+<p>&mdash;¿No habrá sío náa, eh?&mdash;le preguntó éste con voz alterada y ronca,
+queriendo persuadirse de que no era caso de muerte.</p>
+
+<p>&mdash;Poca cosa, Pepe... que me voy ar otro barrio...</p>
+
+<p>El cura avanzó en aquel instante con los sagrados óleos. Todos los
+circunstantes doblaron la rodilla. Reinó silencio aterrador, que sólo
+interrumpía el murmullo del clérigo y el estertor del moribundo. Cuando
+aquél concluyó, Baldomero dirigió otra sonrisa a su hermano y le tendió
+la mano diciendo con trabajo:</p>
+
+<p>&mdash;Mis chiquitine...</p>
+
+<p>&mdash;Pierde cuidiao, Baldomero&mdash;repuso el anciano con la voz anudada y
+llevándose la mano al corazón.&mdash;Tus hijo serán lo mío.</p>
+
+<p>En aquel instante se oyó un gran vocerío en la plaza. Era la plebe, que
+saludaba la entrada del quinto toro.</p>
+
+<p>El Cigarrero se dejó caer sollozando en los brazos de Miguel.</p>
+
+<p>&mdash;¡Qué tristesa, D. Miguelito del arma, qué tristesa!</p>
+
+
+
+<h3><a name="Xb" id="Xb"></a>X</h3>
+
+
+<p>No pocas idas y venidas costó la aparición de <i>La Independencia</i>,
+«diario liberal de la mañana.» Nuestro amigo Mendoza por poco pierde la
+razón a puro correr por las calles. Desde la imprenta al almacén de
+papel, de aquí a la redacción, de la redacción a casa de Ríos, y así
+todo el día y parte de la noche. La mayoría de los redactores fue
+nombrada por el conde; algunos eran hijos de sus tertulianos asiduos,
+otros periodistas famélicos a quienes debía algún suelto laudatorio.</p>
+
+<p>Por fin apareció el primer número. Grande fue la sorpresa de Miguel al
+leer debajo del título otro rengloncito corto que decía: «Director: don
+Pedro Mendoza y Pimentel.» No pudo reprimir un sentimiento de
+indignación.</p>
+
+<p>&mdash;¿Pero este majadero, qué se habrá llegado a figurar?&mdash;murmuró
+estrujando el periódico. Y al poco rato, viendo entrar jadeante,
+corriéndole el sudor por la frente a Brutandor, se encaró con él
+diciéndole:</p>
+
+<p>&mdash;Oyes, Perico, ¿te sientes con fuerzas para dirigirme en las arduas
+tareas del periodismo?</p>
+
+<p>Mendoza se puso colorado y comenzó a balbucir:</p>
+
+<p>&mdash;¡Yo no he sido!... ¡Demasiado sé yo!... El conde se ha empeñado...
+Decía que era necesaria una persona... No nos atrevimos a ponerte a ti
+por si no querías... De todos modos ya sabes...</p>
+
+<p>&mdash;Bueno, bueno; ya lo sé todo&mdash;repuso Miguel con acritud.&mdash;Pero estas
+cosas, querido Perico, se dicen por si no convienen.</p>
+
+<p>Así quedó el asunto. En cuanto se le fue el enojo, Miguel se rió de la
+<i>gansada</i> de su amigo y no volvió a pensar más en ella. No obstante, se
+la hizo pagar con algunas bromas; era la menor venganza que podía tomar.</p>
+
+<p>&mdash;Te participo, amado <i>Mánchester</i>, que si no me das un fósforo, divulgo
+el secreto que hace años te tengo guardado&mdash;decía sin levantar la cabeza
+de las cuartillas que estaba escribiendo.</p>
+
+<p>Mendoza le daba el fósforo gravemente y se salía evitando en cuanto le
+era posible las burlas de su amigo.</p>
+
+<p>&mdash;¿Qué secreto es ese?&mdash;le preguntaban riendo los demás redactores.</p>
+
+<p>&mdash;Hice juramento de no revelarlo. Acaso algún día él mismo lo descubra.
+Tengan VV. paciencia.</p>
+
+<p>Y, en efecto, al cabo de algunos meses, habiendo escrito Miguel un
+artículo de polémica personal, Mendoza se autorizó el enmendarlo
+añadiéndole algunas palabras que produjeron un serio conflicto al
+periódico.</p>
+
+<p>&mdash;¿Lo ven VV.?&mdash;gritaba encolerizado en medio de la redacción arrojando
+el sombrero contra el suelo.&mdash;¡Hace tantos años que yo le guardo
+fielmente el secreto de que es un animal, y él mismo acaba de revelarlo
+ahora!</p>
+
+<p>&mdash;Ya lo sabíamos&mdash;apuntó un redactor sonriendo y mirando con recelo a la
+puerta.</p>
+
+<p>&mdash;¡Ah! ¿Lo sabía V.?</p>
+
+<p>&mdash;Lo sabíamos todos&mdash;dijo otro mirando también a la puerta.&mdash;Todos menos
+el conde de Ríos.</p>
+
+<p>&mdash;Eso tiene una explicación muy sencilla: consiste en que el conde de
+Ríos es más animal que él.</p>
+
+<p>Los redactores se miraron consternados, y sin decir otra palabra,
+bajaron la cabeza y continuaron escribiendo.</p>
+
+<p>&mdash;Oyes, Perico&mdash;le decía otra vez,&mdash;me parece que esa levita es muy
+corta.</p>
+
+<p>Los compañeros se rieron porque estaba muy lejos de ser cierto.</p>
+
+<p>&mdash;Es bastante larga&mdash;contestó Mendoza un poco amostazado.</p>
+
+<p>&mdash;Para cualquier otro mortal no lo dudo, ¡pero para un director!...
+Observa, Perico, que tienes contraídos con el público ciertos
+compromisos ineludibles.</p>
+
+<p>La redacción se componía de una sala y gabinete en un cuarto entresuelo
+de la calle del Baño. En un principio todo era redacción, mas
+paulatinamente y a la sordina, Mendoza se fue quedando solo en el
+gabinete. Cierto día apareció sobre la puerta de éste un letrero que
+decía: <i>Dirección</i>. Perico se creyó en el caso de dar una explicación a
+su amigo.</p>
+
+<p>&mdash;No extrañes lo del letrero, Miguel. Ya comprenderás que tú nada tienes
+que ver con eso... Pero los demás... El general me dijo que debía haber
+un cuarto reservado... Porque ya sabes... Vienen visitas...</p>
+
+<p>&mdash;Bien, hombre, bien; no te apures, Majagranzas...</p>
+
+<p>Mendoza, que no había leído el Quijote, no entendió la cruel intención
+del mote y quedó muy satisfecho.</p>
+
+<p>El periódico estaba inspirado, o como empezaba a decirse entonces, era
+órgano del general conde de Ríos; pero éste no se dignaba pasar casi
+nunca por la redacción: cuando de uvas a brevas lo hacía, nunca dejaba
+el conserje de entrar a anunciarlo a los redactores, quienes se
+apresuraban a sentarse y a quedarse absortos en su tarea. El único que
+seguía como estaba, paseando o fumando, con las manos en los bolsillos,
+era Miguel. El general se descubría al entrar, y con afectada
+amabilidad, daba las buenas noches.</p>
+
+<p>&mdash;¿Cómo siguen VV., señores?</p>
+
+<p>Al ver a Miguel en actitud un poco displicente, fruncía levemente las
+cejas; pero dominándose en seguida, se apresuraba a saludarle; Miguel le
+estrechaba la mano sin ceremonia. Después solía pasar al gabinete con
+Mendoza, quien le seguía, embargado por el susto y el respeto. Al poco
+rato se oía la voz cascada del general dictando alguna orden o
+«echándole una chillería,» como se decía en la redacción.</p>
+
+<p>&mdash;¡Caramba, Mendoza, no me llamen VV. tantas veces ilustre a Serrano! Ya
+me tienen VV. de ilustración hasta el cogote.&mdash;Dígale V. al encargado de
+los teatros que es un adoquín; ayer da un palo al drama de Chamorro, que
+es correligionario, y hace unos cuantos días ponía por las nubes una
+piececita muy mala de un sobrino de González Bravo... ¡Ah! y que me
+tenga cuidado con la Ferni: ya sabe V. que ha cantado en mi casa.&mdash;Vamos
+a ver, Mendoza, ¿cómo consiente V. que ese Sr. Darwin diga en la sección
+de Variedades que el hombre desciende del mono? (Pausa mientras
+contesta Mendoza, al cual no se oye.) ¿Traducido, eh? Pues que no
+traduzcan tales badajadas... ¡Buen mono estará ese traductor!</p>
+
+<p>El que se oía llamar de esta suerte, o majadero, o adoquín, se hacía el
+desentendido y bajaba aún más la cabeza fingiéndose enteramente
+embebecido en su trabajo. Pero alguno de los compañeros tosía
+maliciosamente y los demás se echaban a reír. A Mendoza en estos casos
+no se le oía el metal de la voz; por manera que desde la sala, parecía
+que el general hablaba solo. Pero esto, como ya hemos dicho, sucedía muy
+pocas veces: ordinariamente el director iba a tomar órdenes a casa de
+aquél dos a tres veces cada día. El General mostraba en la dirección del
+periódico la misma saludable energía que siempre le había caracterizado
+dentro de los cuarteles. Pero allí, como en éstos, su espíritu
+esencialmente analítico se detenía mucho más en los pormenores que en el
+conjunto. Un remiendo mal pegado, una correa mal puesta, sacaba de
+quicio y encendía la cólera en el pecho del héroe de Torrelodones (así
+le llamaba <i>La Independencia</i> un día sí y otro no). Asimismo una noticia
+<i>fiambre</i>, un anuncio torcido llevaba a su noble espíritu una turbación
+extraña que no era poderoso a reprimir. Mendoza tenía buen cuidado de no
+turbarle a menudo. Los artículos, los sueltos no conseguían excitar el
+interés del valeroso caudillo, y dejaba a la redacción bastante libertad
+en esta materia. En cambio, por nada en el mundo consentiría que se
+variase el título de una sección sin consultarle. Algunas veces, por
+espontánea y libérrima inspiración, él mismo llegó a cambiarlos. Un día,
+después de venir de su casa recibió Mendoza un volante ordenándole, en
+términos que no daban lugar a torcidas interpretaciones, que la sección
+del periódico titulada <i>Noticias generales</i> llevase por nombre, de allí
+en adelante, el de <i>Noticias universales</i>. Apesar de la utilidad
+innegable de esta reforma, pues el adjetivo universal es, sin duda, más
+comprensivo que general, algún redactor se empeñaba en sostener que los
+suscritores, no sólo no la agradecerían, sino que ni siquiera se harían
+cargo de ella. El único asunto vedado para los redactores era el sistema
+colonial inglés, y todo lo que de él se derivase; el general se
+reservaba enteramente esta materia, en la cual era indudablemente
+peritísimo; como que había tocado dos veces en la India al ir a
+Filipinas. Su punto de vista, en consonancia con la energía de su
+carácter, era que para colonizar un país, se hacía indispensable
+extirpar a los indígenas; sin extirpación, imposible la colonización.
+Este fue el principio que sostuvo en una serie de artículos escritos
+«con más bizarría que gramática,» al decir de un colega ministerial.
+Por cierto que Ríos se empeñaba en que Mendoza fuese a desafiar al
+director; pero no pudo conseguirlo.</p>
+
+<p>Lo único que se leía con agrado en el periódico, hay que decirlo a
+riesgo de herir la susceptibilidad exquisita de algunos redactores, era
+la sección de sueltos políticos, que estaba a cargo de Miguel, o
+Riverita, como allí se le llamaba. Sin embargo, el general daba
+infinitamente más importancia a los artículos de fondo. Los <i>fondos</i>
+estaban a cargo de un anciano silencioso, taciturno, viudo, con siete
+hijas que se alimentaban y vestían con los cincuenta duros mensuales que
+le producían estos <i>fondos</i> a su padre. Iba a la redacción el primero y
+salía el último; sus artículos, llenos de cordura, de sensatez, de
+prudencia, daban vuelta siempre a los asuntos sin entrar en ellos; el
+general encontraba esto más conforme con las reglas de la estrategia,
+que el apoderarse del asunto «descubriendo el cuerpo.» Además, tenían la
+incalculable ventaja de que comenzaban y terminaban constantemente del
+mismo modo, con ligerísimas variantes.</p>
+
+<p>He aquí el modelo de su estilo:</p>
+
+<p>«Al estudiar concretamente los importantes problemas que se relacionan
+con el fomento de los intereses generales, base de la prosperidad
+individual y colectiva, no puede desconocerse, en manera alguna, lo
+mucho que en su resolución influye una acción sistemática y continua,
+en lo que toca a la administración pública, tan poderosa para remover
+los múltiples obstáculos que estorban la marcha próspera de un
+determinado país. No es que nosotros desconozcamos que en su esfera
+respectiva se precisa el concurso inteligente de todas aquellas otras
+entidades, capaces de descubrir las fuentes de riqueza, que son otros
+tantos factores del bienestar social, siempre que el trabajo empleado
+para obtener el fin propuesto, responda a las exigencias de una razón
+ilustrada por las lecciones de la práctica, etc., etc.»</p>
+
+<p>Cuando vinieron a contar a Miguel que el general decía que los escritos
+de Ramos (así se llamaba el viejo de los <i>fondos</i>), tenían más peso que
+los suyos, exclamó:</p>
+
+<p>&mdash;¡Claro, por eso no pueden digerirlos más que los avestruces!</p>
+
+
+
+<h3><a name="XIb" id="XIb"></a>XI</h3>
+
+
+<p>Llegó el mes de julio. La generala Bembo se fue huyendo del calor a
+Biarritz. Miguel no la siguió al instante, porque tenía que llevar a su
+madrastra y hermana a Santander; pero convino con ella en ir a pasar el
+mes de agosto a Pasajes, donde D. Pablo había tenido el capricho en otro
+tiempo de edificar una magnífica casa de campo. En este retiro suave y
+campestre contaba la generala imitar la deliciosa égloga de Pablo y
+Virginia, y un poquito también, si posible fuera, la pasión libre y
+salvaje de Chactas y Atala.</p>
+
+<p>Después que dejó instalada a su familia y supo que Lucía estaba ya en
+Pasajes, se trasladó a este punto en un vapor. Salió de Santander al
+rayar el alba: el cielo diáfano, como pocas veces suele verse en
+aquella costa; la mar azul y rizada. Corría un viento fresco y ligero,
+que ensanchaba el pecho y abofeteaba las mejillas. Subió al puente con
+el capitán, que se reía de verle tambalearse y cogerse fuertemente a la
+barandilla, y desde allí contempló el espectáculo sublime de levantarse
+el sol en el mar. Se levantó como siempre, magnífico, sereno, sin
+mostrar temor alguno a los <i>touristes</i>, que le describen en sus cartas a
+los periódicos, ni menos a los poetas cursis, que le traen y le llevan y
+algunas veces hasta le mandan pararse para que escuche sus simplezas. El
+capitán se paseaba con las manos en los bolsillos, sin hacerle maldito
+el caso (al sol, no a Miguel), y cuando éste, sin poder contenerse,
+soltaba alguna exclamación de entusiasmo, se detenía y le preguntaba con
+amabilidad:</p>
+
+<p>&mdash;¿Le gusta a V. el sol?</p>
+
+<p>&mdash;¡Muchísimo!</p>
+
+<p>El marino sonreía con semblante compasivo, como diciendo: ¡Qué sería el
+mundo, si los gustos fuesen iguales! Y en voz alta contestaba:</p>
+
+<p>&mdash;No está mal, no; no está mal el sol...</p>
+
+<p>Después de transigir de este modo con las flaquezas del prójimo,
+emprendía de nuevo su paseo. Y para dar señales más claras aún de su
+benevolencia, se detenía de nuevo, sonriente.</p>
+
+<p>&mdash;Ahora por el verano da gusto viajar, ¿verdad? No hace frío ninguno...
+Luego se va viendo toda la costa: la mar está como una seda... Cuando se
+levante el piloto, le pediremos que toque la guitarra... ¡Ya verá V., ya
+verá qué bien la maneja!</p>
+
+<p>Pero en medio de su discurso se detenía, mirando a la proa, fruncía las
+cejas, se inclinaba sobre la barandilla, siempre con las manos en los
+bolsillos, y gritaba:</p>
+
+<p>&mdash;¡Babor!</p>
+
+<p>&mdash;Babor&mdash;contestaba el timonel desde abajo, como un eco.</p>
+
+<p>Seguía el capitán un rato con las cejas fruncidas y mirando a la proa;
+al cabo volvía a inclinarse y decía:</p>
+
+<p>&mdash;A la vía.</p>
+
+<p>&mdash;Vía&mdash;respondía el timonel.</p>
+
+<p>Entonces se extendían de nuevo los resortes que tenían contraído su
+rostro atezado, y volvía a dibujarse en sus labios una sonrisa cándida y
+afable.</p>
+
+<p>&mdash;Da gusto oírle tocar las sevillanas; ya verá usted.</p>
+
+<p>Cuando la tarde declinó pasaron por delante de San Sebastián. Miguel se
+esforzaba por ver la boca de la bahía de Pasajes, sin conseguirlo. El
+capitán se desesperaba porque no aparecía la lancha del práctico. Al fin
+se distinguió como un punto negro allá entre las olas: se acercó al
+costado del buque, trepó un hombre con boina prontamente a la obra
+muerta, y en seguida al puente, y dijo con acento vizcaíno:</p>
+
+<p>&mdash;Buenas tardes, D. Isidoro y la compañía.</p>
+
+<p>Llegaron a la boca, que era estrechísima. El práctico, sin perder de
+vista la proa del vapor, hablaba alegremente de la romería que acababa
+de dejar allá, sobre los altos del pueblo. Entraron por una ría angosta,
+entre dos sierras elevadas, y no tardaron en desembocar en la bahía,
+que, en realidad, no merecía tal nombre: era una especie de lago, no muy
+extenso, rodeado por todas partes de altas montañas y cuya comunicación
+con el mar pasaba inadvertida, a no fijarse mucho. La hora en que
+entraron era la del crepúsculo. En la bahía, por efecto del abrupto
+cordón que la circundaba, había ya poca luz; el sol se había hundido
+tiempo hacía por detrás de los montes, y allá en el cielo veíase el
+semicírculo de la luna, fino, azulado y puntiagudo: el Héspero hacía
+guiños a su lado antes de ocultarse.</p>
+
+<p>El pueblo se extendía por entrambos lados adosado a la montaña, y sus
+casas estaban bañadas por el mar, al cual podían los vecinos salir por
+escaleras de piedra. En muchas había también un pequeño terrado o jardín
+donde merendaban o departían sosegadamente tomando el fresco, o bailaban
+y reían, según el humor y la ocasión. Miguel se enteró por el práctico
+de que el pueblo estaba dividido en dos parroquias; la parte de la
+derecha se llamaba San Pedro, la de la izquierda San Juan. Enfrente,
+bastante más lejos, había un grupo de casas y almacenes nuevamente
+edificado, conocido con el nombre de Pasajes ancho, o Ancho solamente.</p>
+
+<p>El vapor ancló en medio de la bahía hasta el día siguiente. Miguel
+estaba sorprendido y enamorado de aquel retiro silencioso y melancólico
+que entre las sombras crepusculares tomaba apariencias aún más tristes y
+fantásticas. La imaginación comenzó a hablarle un lenguaje suave y
+misterioso. Miraba a las casas donde todavía no se percibía luz ninguna,
+y se preguntaba:&mdash;¿Los que habitan allí, lejos del ruido, encerrados por
+esta muralla natural, serán más felices que los que vivimos en la
+agitación estruendosa de la corte? ¡Quién sabe! Fijose en una pareja de
+jóvenes asomados a la barandilla de un terrado, y no pudo menos de
+envidiarlos. Allá en Madrid no se ama, de seguro, como aquí: estamos
+solicitados por tantos deseos a la vez, que el corazón no puede
+recogerse y vivir en la contemplación feliz del ser que se adora. En
+aquel momento no se acordaba para nada de Lucía. Su espíritu,
+impresionado primero por la sublime presencia del océano, y ahora por la
+dulce poesía de aquel lago, se despegaba con tedio de la vida torcida y
+artificiosa que acababa de dejar, de sus placeres mentidos y
+pecaminosos, y se unía con cariño al sentimiento de dicha tranquila que
+aquel pueblecillo retirado y pintoresco inspiraba.</p>
+
+<p>Vino a sacarle de su meditación el capitán, que le invitaba a tomar una
+copita de ginebra en la cámara: Miguel le manifestó que deseaba saltar a
+tierra y buscar posada.</p>
+
+<p>&mdash;Pierda V. cuidado, ahora va a llegar Úrsula.</p>
+
+<p>&mdash;¿Quién es Úrsula?</p>
+
+<p>&mdash;La batelera: ella le llevará a tierra y se la buscará.</p>
+
+<p>Y, en efecto, al poco rato se acercó al costado del vapor un bote, y
+dentro de él una joven que manejaba los remos con singular maestría. En
+Pasajes, el servicio de los esquifes que trasportan la gente de un punto
+a otro de la bahía está a cargo de mujeres.</p>
+
+<p>&mdash;Buenas tardes, D. Isidoro y la compañía.</p>
+
+<p>&mdash;Ahí te entrego ese señorito, Úrsula. Cuidado lo que haces con él.</p>
+
+<p>(Aquí el capitán dijo una gran barbaridad, que no es posible repetir.)</p>
+
+<p>Úrsula sonrió sin escandalizarse.</p>
+
+<p>&mdash;¡Allá él, D. Isidoro, allá él!</p>
+
+<p>Saltó en el bote nuestro joven, y fue conducido prontamente a la orilla.
+Úrsula era una zagala fornida, pobremente trajeada y con unos colores
+tan vivos en el rostro, que sorprendieron a Miguel: más adelante
+averiguó que bebía mucho aguardiente. Amarró el bote y condujo a su
+pasajero por unas toscas escaleras de piedra hasta la calle. Era ésta
+bastante angosta y torcida: como domingo, no dejaba de haber alguna
+animación en ella; los vecinos estaban sentados a las puertas hablando,
+o jugando en las tiendas a la lotería. Al sentir los pasos del
+forastero, levantaban el rostro y le examinaban con curiosidad; el que
+pregonaba los números también suspendía su canto un instante para
+mirarle. En las tabernas, que no eran pocas, se oía mucha algazara. Era
+ya casi noche. Úrsula le fue guiando al través de aquella calle larga y
+tortuosa, que era la única de la parroquia de San Pedro, hasta una
+plazoleta en cuyo centro bailaba un grupo de muchachas. La batelera se
+detuvo delante de una casa vieja con escudo sobre la puerta, y se arrimó
+a la ventana de la tienda donde había estanquillo. Dijo algunas palabras
+en vascuence, y una mujer que había dentro se inclinó para ver a Miguel.</p>
+
+<p>&mdash;No hay inconveniente&mdash;contestó en castellano.&mdash;¿Viene por mucho tiempo
+ese caballero?</p>
+
+<p>&mdash;No sé decir a V., señora&mdash;dijo aquél terciando.&mdash;Probablemente todo el
+mes.</p>
+
+<p>&mdash;Le puedo ofrecer a V. la sala por ahora; pero si viene una familia,
+que espero dentro de algunos días, tendrá V. que trasladarse a la
+habitación de arriba, que es más chica.</p>
+
+<p>&mdash;No me importa: teniendo un cuarto decente, me basta.</p>
+
+<p>La mujer con quien hablaba tendría unos cuarenta años de edad; era alta,
+corpulenta, y aunque bastante descaecida, todavía conservaba en su
+rostro señales de una belleza superior. Vestía un traje modesto de
+merino negro, como la mayoría de las que pasan por señoras en los
+pueblos chicos. Levantose al oír esto, salió al portal e invitó al joven
+a subir con ella. Miguel, antes de hacerlo, despidió a la batelera,
+encargándole que le mandasen el equipaje. La sala donde entró era
+espaciosa: los muebles, aunque no ricos, parecían decentes.</p>
+
+<p>&mdash;Esta es su habitación, por ahora&mdash;dijo doña Rosalía (que así se
+llamaba la huéspeda).&mdash;Esta es la alcoba. ¿Quiere V. que le traigan luz?</p>
+
+<p>&mdash;Hasta que venga el equipaje no la necesito.</p>
+
+<p>&mdash;Bien, pues dispénseme V.; tengo el estanquillo abandonado.</p>
+
+<p>Y la matrona salió de la estancia dejándole solo. Después que hubo dado
+algunas vueltas por ella y enterádose de su disposición a la escasa luz
+que allí había, encendió un cigarro, saliose al corredor y se echó de
+bruces sobre la baranda de hierro, poniéndose a contemplar, con ojos
+distraídos, el baile de la plazoleta. El grupo de jóvenes bailaba cada
+vez con más entusiasmo y cantaba cada vez más alto. La mayor parte de
+ellas eran frescas y robustas más que hermosas, pero algunas merecían el
+nombre de tales. Los movimientos eran vivos, sueltos, graciosos: el que
+más le agradó a Miguel fue uno que consistía en pegar los brazos al
+cuerpo y dar vueltas a la danza, saltando a pie juntillas. En torno de
+ellas había bastantes mirones, hombres y mujeres. Del grupo de éstas
+observó que se destacó una niña y vino a sentarse sola debajo del
+corredor donde él se hallaba: la miró un instante, mas no pudiendo verle
+la cara, entornó de nuevo los ojos hacia la danza. Al cabo de un rato
+percibió vagamente una voz detrás de sí:</p>
+
+<p>&mdash;Oiga&mdash;decía la voz. Pero no imaginando que se dirigían a él, siguió en
+su cómoda postura.</p>
+
+<p>&mdash;Oiga&mdash;repitió la voz un poco más fuerte.</p>
+
+<p>&mdash;¿Eh, quién va?&mdash;dijo entonces, volviéndose.</p>
+
+<p>Entre las sombras de la sala distinguió la figura de la niña que estaba
+antes sentada debajo del corredor. Podría contar quince años de edad, y
+a lo que logró percibir, tenía una carita redonda y morena, bastante
+insignificante, y gastaba el cabello en trenza todavía.</p>
+
+<p>&mdash;Dice mi tía que si quiere V. cenar&mdash;manifestó la chica, con voz
+temblorosa.</p>
+
+<p>&mdash;Si posible fuera... Tengo algún apetito.&mdash;Y como ya deseaba hablar,
+añadió, sonriendo con amabilidad:</p>
+
+<p>&mdash;¿No baila V. con las otras jóvenes? La he visto a V. muy solita ahí
+debajo del corredor.</p>
+
+<p>&mdash;Nunca bailo&mdash;respondió toda confusa la niña, como si le imputasen
+alguna falta grave.</p>
+
+<p>&mdash;¿No sabe V.?</p>
+
+<p>&mdash;Sí, señor, sé, pero...</p>
+
+<p>&mdash;Vamos, no le gusta.</p>
+
+<p>&mdash;Antes me gustaba mucho; ahora, no tanto.</p>
+
+<p>Todo esto lo decía cada vez más acortada, sin dejar caer de los labios
+una sonrisa inocente y humilde, que agradó a Miguel. Era lo único que
+podía agradarle: el rostro, sin ser feo, nada tenía que pudiese llamar
+la atención; además, no lo veía claramente, a causa de la oscuridad en
+que la sala se hallaba.</p>
+
+<p>Cuando dijo las últimas palabras, la niña se retiró precipitadamente.
+Miguel la preguntó al desaparecer:</p>
+
+<p>&mdash;¿Cómo se llama V.?</p>
+
+<p>&mdash;Maximina&mdash;contestó sin volver la cabeza.</p>
+
+<p>Trajéronle poco después la cena: la criada era una vieja fea y
+avinagrada; limitose a encender una lámpara, poner la mesa, y sobre ella
+los manjares, sin pronunciar palabra. Pero al poco rato volvió doña
+Rosalía a darle conversación, y sin que él la tirase de la lengua,
+soltola tan bién aquella bendita señora, que antes de concluir de cenar
+ya sabía Miguel todo lo concerniente a su vida.</p>
+
+<p>Doña Rosalía estaba casada con un ex-capitán de barco, retirado temprano
+del oficio porque el reuma no le permitía navegar. Había hecho algunos
+cuartos, pocos; con su rédito, con lo que daba el estanquillo y con lo
+que dejaban algunos huéspedes por el verano, vivían modestamente, pero
+sin trampas. Tenía seis hijos: el mayor, que contaba diez y nueve años,
+estaba empleado en un comercio de San Sebastián; el segundo estudiaba
+para piloto en Bilbao; el tercero, Adolfo, lo tenía en casa, un pedazo
+de madera que no servía más que para dar disgustos; venían después dos
+niñas de ocho y diez años, y por último, un niño de cinco que era, según
+todas las señas, el ídolo de sus ojos.</p>
+
+<p>&mdash;¿Y esa chica que ha venido a preguntarme si quería cenar, quién es?</p>
+
+<p>&mdash;Ah, Maximina, ¡pobrecilla! Es mi sobrina; hija de un hermano de
+Valentín, mi marido. No conoció a su madre; su padre era el capitán del
+<i>Duero</i>, un vapor que V. habrá visto acaso. Ese vapor, yendo hace tres
+años para Manila, embarrancó. Mi cuñado, sin considerar si el barco
+podía salir o no, se fue corriendo a su camarote, se encerró en él y se
+pegó un tiro.</p>
+
+<p>&mdash;¡Qué atrocidad!</p>
+
+<p>&mdash;Era un hombre tan delicado, que al pensar que pudieran echarle a él la
+culpa, se le amontonó el juicio y cometió esa locura. El barco en cuanto
+alijaron un poco salió, porque según dice Valentín, el bajo era de
+arena; el pobre Bonifacio fue el que se quedó allí debajo del agua.
+Maximina, por supuesto, no sabe lo del tiro; cree que su padre se murió
+en Manila de enfermedad. Como se quedó sola sin padre ni madre, nosotros
+la recogimos del colegio donde estaba, y la hemos traído para casa. ¿Qué
+íbamos a hacer? Tenemos muchos hijos, y es un sacrificio el que nos
+imponemos manteniéndola, vistiéndola y calzándola, pero algo se ha de
+hacer por Dios, ¿verdad, D. Miguel? No es mala, no señor, y sabe cuánto
+debe agradecer a sus tíos lo que hacen por ella... Pero la pobre sirve
+para poco. Es callada, sufrida, no da ninguna mala contestación...</p>
+
+<p>&mdash;¿Qué edad tiene?</p>
+
+<p>&mdash;Quince años; va para diez y seis.</p>
+
+<p>&mdash;Pronto se casará entonces.</p>
+
+<p>&mdash;¡Ay, Dios!&mdash;exclamó doña Rosalía con profunda lástima.&mdash;Me parece que
+están verdes; hoy no se casan las jóvenes hermosas si no tienen dinero,
+¿cómo se ha de casar ella no siendo rica ni bonita?</p>
+
+<p>&mdash;Yo no la encuentro fea.</p>
+
+<p>&mdash;¡Ay, Dios! ¡Pobrecilla! Ya comprende que no debe pensar en esas
+cosas. Últimamente se ha metido mucho por la iglesia. Confiesa y comulga
+todas las semanas, y oye misa siempre que puede. Yo la dejo mientras no
+falte a las obligaciones de casa, que como V. sabe, son lo primero. Hace
+poco escribió a su tío (porque de palabra no se atrevería) diciéndole
+que quería ser monja. Pero para ser monja, D. Miguel, se necesita un
+dote, y nosotros no podemos dárselo. Valentín estaba empeñado en
+hacérselo de su bolsillo, pero yo me opongo. Cuando las cosas no se
+pueden, hay que resignarse. Lo mismo se gana el cielo dentro que fuera
+del convento. ¡La pobrecilla lo ha sentido mucho!</p>
+
+<p>Tanta compasión dio mala espina a Miguel. Cansado de escuchar a su
+huéspeda, se levantó, y con pretexto de arreglar el equipaje, se fue
+hacia la alcoba. Doña Rosalía al cabo le dejó solo.</p>
+
+<p>Aquella noche no era fácil ver a la generala. Su casa se hallaba del
+otro lado de la bahía, y a tal hora costaría trabajo dar con ella. Por
+otra parte, Lucía deseaba que sus visitas fuesen siempre secretas: era
+necesario saber en qué forma quería que las hiciera. Determinó, pues,
+aguardar hasta el día siguiente.</p>
+
+<p>Era muy temprano para irse a la cama. Cogió el sombrero y el bastón para
+dar una vuelta por el pueblo. Al salir, aún continuaba el baile en la
+plazoleta: Maximina se hallaba otra vez sentada en la silla
+contemplándolo.</p>
+
+<p>&mdash;Buenas noches, Maximina&mdash;dijo nuestro joven acercándose a ella.</p>
+
+<p>&mdash;¡Ay! buenas noches.</p>
+
+<p>&mdash;¿Aún no se ha decidido V. a bailar?</p>
+
+<p>&mdash;No señor.</p>
+
+<p>&mdash;Pues yo sí.</p>
+
+<p>La niña le miró sorprendida.</p>
+
+<p>&mdash;Pero antes quiero descansar un poco al lado de V. ¿No hay por ahí una
+silla?</p>
+
+<p>&mdash;Voy por ella ahora mismo&mdash;repuso muy azorada.</p>
+
+<p>Y entrando en el estanquillo, salió con una que colocó bastante lejos de
+la suya. Miguel, con gran desembarazo, las puso juntitas. En cuanto se
+sentaron, las muchachas del baile comenzaron a dirigirles miradas de
+curiosidad. La noche estaba estrellada, ni clara ni oscura.</p>
+
+<p>Entabló conversación, hablando del baile, del tiempo, de su viaje; agotó
+en un instante todos los lugares comunes. Maximina sonreía con
+amabilidad a cuanto decía; pero apenas contestaba más que con
+monosílabos, aunque se conocía que hacía esfuerzos por ser más
+explícita. Al fin se atrevió a decir:</p>
+
+<p>&mdash;¿No baila V.?</p>
+
+<p>&mdash;Si V. no me hubiese entretenido hasta ahora ya estaría dentro del
+corro&mdash;contestó poniéndose serio.</p>
+
+<p>&mdash;¡Yo!&mdash;exclamó la niña inmutándose.</p>
+
+<p>&mdash;Sí; usted.&mdash;Miguel soltó al decirlo una carcajada.&mdash;No haga V. caso:
+nunca he soñado en bailar; pero menos ahora que me encuentro en tan
+agradable compañía.</p>
+
+<p>La chica estaba tan asustada todavía, que no supo dar las gracias.
+Adivinando su inquietud nuestro joven, prescindió de las bromas
+habituales en él y comenzó a tratarla con más respeto. Enterose con
+amabilidad de los pormenores de su vida y fue poco a poco ganando su
+confianza, haciéndola hablar con más desembarazo.</p>
+
+<p>Pero el baile se había deshecho. Algunas jóvenes se fueron para sus
+casas; otras, y con ellas algunos galanes, vinieron a sentarse delante
+del estanquillo, para lo cual doña Rosalía les consintió sacar más
+sillas y un banco largo. Miguel permaneció sentado junto a Maximina.</p>
+
+<p>&mdash;Saque V. la guitarra, doña Rosalía&mdash;dijo una de las muchachas.</p>
+
+<p>&mdash;¿Va a cantar Juanito?</p>
+
+<p>Juanito era el piloto del vapor donde nuestro joven había llegado. Era
+andaluz y muy conocido en Pasajes.</p>
+
+<p>En cuanto vino la guitarra, comenzó a alegrar la tertulia con playeras,
+polos y sevillanas. Miguel, con gran sorpresa de las jóvenes hermosas
+que allí había, echándose hacia atrás en la silla, principió a hablar al
+oído a Maximina. ¿Qué le decía? Nada; tonterías: que lo estaba pasando
+muy agradablemente; que era una chica muy simpática; que se alegraba de
+haber venido a parar a su casa, etc. Maximina, más sorprendida que
+confusa, escuchaba sonriendo aquella música tan nueva para ella (la de
+Miguel, no la del piloto). Nuestro joven pasaba el rato del mejor modo
+que podía, esperando la hora de irse a la cama.</p>
+
+<p>&mdash;¿Por qué no se sienta V. al lado de Paulina?&mdash;le preguntó la niña.</p>
+
+<p>&mdash;¿Quién es Paulina?</p>
+
+<p>&mdash;Aquella chica tan hermosa que está cerca de la puerta.</p>
+
+<p>Miguel se inclinó por verla.</p>
+
+<p>&mdash;No la veo bien; parece bonita, en efecto&mdash;dijo recostándose otra
+vez.&mdash;Pero V. también lo es... y muy simpática además.</p>
+
+<p>&mdash;¡Oh, por Dios!&mdash;exclamó la niña ruborizándose.</p>
+
+<p>&mdash;¡Vaya si lo es!&mdash;replicó Miguel, posando su mano sobre la de ella y
+dándole un cariñoso apretón.</p>
+
+<p>La chica no se movió: ambos guardaron silencio unos instantes.</p>
+
+<p>&mdash;¿Vamos a jugar un poco a las prendas?&mdash;dijo una de las jóvenes así
+que Juanito hubo terminado su repertorio.</p>
+
+<p>Comenzó el juego de prendas. Encendieron un fósforo: se lo fueron
+entregando unos a otros mediante ciertas palabras que había que
+pronunciar en voz alta: pagaba prenda aquel en cuyas manos concluyese o
+se apagase. Nuestro joven tomaba poco interés en el juego. Cuando el
+fósforo llegó a él bastante disminuido, lo dejó caer sin entregárselo a
+Maximina, y pagó prenda.</p>
+
+<p>&mdash;¿Por qué no me lo ha dado?&mdash;le preguntó ésta.</p>
+
+<p>&mdash;Porque no quería que V. se quemase.</p>
+
+<p>Se puso en berlina a los dueños de las prendas; se les mandó decir tres
+veces <i>sí</i> y tres veces <i>no</i>; se les hizo contentar a los presentes,
+etc., etc. Miguel, mientras duraban estas operaciones, no dejaba de
+depositar de vez en cuando algunas palabritas en el oído de Maximina.
+Con la osadía del cortesano corrido, llegó a apoderarse de una de sus
+manos y a retenerla entre las suyas. Sorprendiose al observar que la
+niña no la retiraba. Era una mano de virgen, maciza y fría, un si es no
+es grande, pero perfectamente torneada: le hizo recordar las de la
+generala, largas y descarnadas y siempre ardorosas. La apretó
+tímidamente primero, después con más energía: al cabo la acarició con
+cariño, rozándola suavemente por encima. Maximina le dejaba hacer, sin
+soñar con retirarla, como si fuese una cosa muy natural. No manifestó
+siquiera mayor emoción o inquietud que antes: tan sólo se la quitaba
+cuando iba a hacer uso de ella en el juego. ¿Qué será esto? se
+preguntaba Miguel todo confuso. ¿Tendrá esta chica ya tanta malicia?
+¿Será pura inocencia? Aunque su experiencia le insinuaba lo primero, una
+voz interior le decía lo contrario; y atendiendo a ella, contentose con
+acariciar tierna y noblemente aquella mano que con tal candidez le
+entregaban. La tertulia se deshizo al fin, y nuestro joven se fue
+perplejo y caviloso a la cama, proponiéndose observar atentamente a
+Maximina en los días siguientes.</p>
+
+
+
+<h3><a name="XIIb" id="XIIb"></a>XII</h3>
+
+
+<p>Lo primero que hizo al día siguiente por la mañana fue escribir a Lucía.
+«Estoy aquí desde ayer por la tarde. Dime cómo he de arreglarme para
+verte.» Salió de casa y fue en busca de Úrsula la batelera.</p>
+
+<p>Así que dio con ella le preguntó.</p>
+
+<p>&mdash;¿Conoces a la señora del general Bembo?</p>
+
+<p>&mdash;¡Vaya!</p>
+
+<p>&mdash;Pues vas a llevarle esta carta ahora mismo. Aguarda contestación y
+vente en seguida. En el muelle te espero.</p>
+
+<p>Cogió la batelera los remos, atravesó la bahía, amarró el bote y
+desapareció allá entre los árboles. Mientras tornaba con la respuesta,
+nuestro joven se fue a hacer una visita al capitán del vapor y al
+piloto de las <i>peteneras</i>.</p>
+
+<p>Poco tardó Úrsula en aparecer de nuevo remando con prisa: saliole al
+encuentro Miguel así que puso el pie en tierra y recibió de sus manos un
+billete perfumado que había metido en el seno.</p>
+
+<p>Decía así el billete:</p>
+
+<p>«Querido mío: Una inquietud dulce y misteriosa que ayer noche
+experimentó mi corazón me anunciaba sin duda que estabas cerca de mí. No
+podemos vernos como antes, porque Carmen se ha quedado en Madrid y no
+tengo confianza en los criados. Precisa que tus cartas sean secretas. La
+chica que lleva ésta es fiel y reservada: te puede traer en su bote a
+las diez de la noche. Al entrar en él debes encender un fósforo; cuando
+te halles en medio de la bahía otro, y otro por fin cuando saltes en
+tierra del lado de acá. A cada uno de estos fósforos contestaré yo con
+la misma señal desde el mirador de casa. Nos reuniremos junto a la tapia
+del jardín. Prudencia y discreción. No faltes.</p>
+
+<p>Tuyo hasta la muerte,</p>
+
+<p class="r smcap">Alfredo.»</p>
+
+<p>Al leer la carta no pudo menos de sonreír, diciendo para sus
+adentros:&mdash;¡Cuándo se le concluirá a esta mujer la manía de las
+aventuras!&mdash;Concertose después con la batelera para su expedición
+nocturna y se despidió de ella recomendándole mucho sigilo.</p>
+
+<p>Cuando entró de nuevo en la habitación encontró en ella a Maximina, que
+estaba acabando de arreglarla, y a su primo Adolfo, un muchacho de trece
+a catorce años con grandes cachetes, el cabello corto y erizado y unos
+ojos cargados de carne, fieros y desvergonzados. Por algunas palabras
+que logró percibir desde el pasillo comprendió que había reyerta entre
+los dos primos y adivinó también la causa. Adolfo trataba de curiosear
+en el equipaje del huésped y Maximina se oponía a ello. Cuando nuestro
+joven entró, ambos quedaron sorprendidos: Maximina en medio de la sala
+con la escoba en la mano sonriéndole; Adolfo arrimado a una cómoda
+mirándole torvamente.</p>
+
+<p>&mdash;¡Oh, qué trabajadora es Maximina!&mdash;dijo Miguel acercándose a ella sin
+hacer caso alguno de Adolfo, que le había sido antipático.</p>
+
+<p>A la luz del día pudo apreciar mejor su figura. Era una morena más
+pálida que sonrosada, la nariz pequeña, la boca fresca, la cabeza y la
+frente muy bien modeladas, el cabello castaño y los ojos garzos, ni
+grandes ni pequeños, más baja que alta, apretadita de carnes y abultada
+de formas, revelando en sus movimientos un gran vigor muscular. Nadie
+podía llamar hermosa a esta muchacha con justicia, y sin embargo, la
+expresión humilde e inocente de sus ojos, la sonrisa constante que
+contraía sus labios, la hacían altamente simpática. Llevaba un vestido
+de percal claro con un pañuelo de color de rosa, que le tapaba el pecho
+y parte de la espalda. Al oír la exclamación de Miguel, contestó con
+otra:</p>
+
+<p>&mdash;¡Mucho, sí!</p>
+
+<p>&mdash;Ya lo creo. Tan temprano, y ya me tiene V. arreglado el cuarto.</p>
+
+<p>&mdash;¡Toma, porque se lo ha mandado mi madre!&mdash;dijo Adolfo desde un rincón,
+con deseo de mortificar a su prima; pero ésta contestó muy naturalmente:</p>
+
+<p>&mdash;Es verdad, me lo ha mandado mi tía en cuanto V. salió.</p>
+
+<p>&mdash;¿Y tú haces tan prontito lo que te mandan como ella?&mdash;dijo Miguel
+encarándose con el chico.&mdash;Entonces serás ya un sabio; porque tus padres
+de seguro te mandarán estudiar todos los días.</p>
+
+<p>Adolfo le echó una mirada recelosa y bajó los ojos sin contestar.</p>
+
+<p>&mdash;He dado una vuelta por el pueblo&mdash;siguió el joven dirigiéndose a
+Maximina,&mdash;y después estuve en el vapor con Juanito.</p>
+
+<p>&mdash;El pueblo es feo&mdash;respondió aquélla.&mdash;Eso dicen todos los
+forasteros...</p>
+
+<p>&mdash;¿Y V. no lo dice?</p>
+
+<p>&mdash;A mí me es igual un pueblo que otro.</p>
+
+<p>&mdash;¿No va V. de vez en cuando a San Sebastián?</p>
+
+<p>&mdash;Casi nunca. Mi tía me lleva cuando hay que traer algún encargo; pero
+ida por vuelta. Una vez me llevó mi padre (que en gloria esté) a Bilbao
+a pasar unos días... ¡Si supiera V. qué deseos tenía de volverme!</p>
+
+<p>&mdash;¿Pues?</p>
+
+<p>&mdash;Estaba cansada de andar de un sitio para otro... al teatro... al
+paseo... a los comercios... Me dolían mucho los pies. Decían que era
+porque no estaba acostumbrada.</p>
+
+<p>&mdash;Me ha dicho su tía que ha estado V. educándose en un colegio...</p>
+
+<p>&mdash;Sí, señor, dos años, en un convento de Vergara...</p>
+
+<p>&mdash;¿Y le gustaba a V. estar allí?</p>
+
+<p>&mdash;Muchísimo. Nunca he sido tan feliz como entonces.</p>
+
+<p>&mdash;¿De modo que de buena gana volvería V. con las monjas?</p>
+
+<p>&mdash;¡Oh, ya lo creo!</p>
+
+<p>&mdash;Ella quiere volver y hacerse monja... pero le faltan <i>monises</i>&mdash;dijo
+el animal de su primo terciando de nuevo en la conversación.</p>
+
+<p>Aquella salida grosera indignó mucho a Miguel, quien dirigió al chicuelo
+una mirada de desprecio. Maximina se había puesto levemente encarnada.</p>
+
+<p>&mdash;No lo crea V... Sí, desearía volver; pero no causando perjuicio a
+nadie. Comprendo que ahora, mientras las niñas no sean mayores, mi tía
+me necesita...</p>
+
+<p>&mdash;¿Y qué tiene de particular que V. lo desee?&mdash;dijo Miguel con
+dulzura.&mdash;Eso no prueba más que tiene V. un corazón agradecido y
+piadoso.</p>
+
+<p>Maximina se ruborizó entonces hasta las orejas. Adolfo, a quien sin duda
+pareció muy mal esta alabanza y quería a todo trance desahogar su
+resentimiento, exclamó sonriendo estúpidamente:</p>
+
+<p>&mdash;¡Es una beatona! Se pasa la vida comiendo los santos.</p>
+
+<p>&mdash;Pues ahora no estaba comiendo los santos, sino barriendo&mdash;respondió
+Miguel.</p>
+
+<p>&mdash;Ya ha estado en la iglesia; comulga los jueves y los domingos y trae
+una soga atada al cuerpo. ¿Quiere V. verla?</p>
+
+<p>Y el gran bárbaro se fue derecho a su prima, con intención sin duda de
+abrirla el vestido.</p>
+
+<p>&mdash;¡Estate quieto, Adolfo!&mdash;exclamó aquélla, asustada, nerviosa.</p>
+
+<p>Pero Adolfo no hizo caso y llegó a poner las manos sobre ella. Entonces
+la niña, con una fuerza que sorprendió a Miguel, le rechazó haciéndole
+tambalear. Adolfo volvió a la carga riendo groseramente.</p>
+
+<p>&mdash;¡Adolfo, que llamo a mi tía!&mdash;gritó Maximina, roja como una cereza y
+saltándosele las lágrimas, y otra vez le rechazó con brío.</p>
+
+<p>&mdash;Eso no se hace, chico&mdash;dijo Miguel queriendo intervenir.</p>
+
+<p>Pero Adolfo, irritado por la superioridad muscular de su prima, se había
+agarrado a ella y forcejeaba por abrirle el vestido, aunque sin
+resultado. Miguel le arrancó a viva fuerza y le puso a la puerta de la
+sala diciéndole:</p>
+
+<p>&mdash;¡Ya podían tus padres darte un poco mejor educación!</p>
+
+<p>Cuando volvió hacia Maximina, la halló sollozando, tapándose la cara con
+las manos.</p>
+
+<p>&mdash;Vamos, Maximina, serénese V.... eso ya pasó.</p>
+
+<p>Pero Adolfo, desde el pasillo, empezó a vociferar:</p>
+
+<p>&mdash;Que salga, que salga esa hipócrita... No me marcho de aquí hasta que
+le atice unas cuantas <i>piñas</i>.</p>
+
+<p>A las voces que daba y al ruido que acababan de hacer, subió doña
+Rosalía preguntando enojada:</p>
+
+<p>&mdash;¿Pero qué es esto? ¿qué pasa aquí?</p>
+
+<p>&mdash;Nada, señora&mdash;contestó Miguel,&mdash;que ese muchacho quería abrir el
+vestido a Maximina para enseñar una soga que dice que trae.</p>
+
+<p>&mdash;No, madre&mdash;gritó Adolfo,&mdash;es que ella me pegó, porque la llamé
+beatona.</p>
+
+<p>&mdash;Tú te callas, tunante&mdash;le dijo la madre encolerizada, aplicándole al
+mismo tiempo una soberbia bofetada que le enrojeció la mejilla.</p>
+
+<p>Adolfo se puso a clamar al verdadero Dios. Entonces doña Rosalía,
+arrepentida sin duda de haber lastimado a su hijo, se revolvió furiosa
+contra Maximina.</p>
+
+<p>&mdash;¡Buena hipocritilla estás tú también! Haces la comedia y lloriqueas,
+hasta que consigues que yo le pegue...</p>
+
+<p>Ante aquella injusticia, la pobre niña quedó como aturdida un instante;
+en su semblante descompuesto se adivinaban los esfuerzos que hacía para
+no romper a llorar a gritos. Dejó escapar un sollozo ahogado, se llevó
+la mano al corazón y salió corriendo de la estancia.</p>
+
+<p>&mdash;Vamos; a encerrarse a su cuarto, como siempre&mdash;dijo doña Rosalía,
+sonriendo irónicamente.</p>
+
+<p>No obstante, como veía claro que Miguel no aprobaba su conducta y su
+propia conciencia tampoco, se esforzó en demostrar que Adolfo era un
+muchacho aturdido, pero de un fondo excelente; que Maximina era muy
+susceptible, que no sabía aguantar una broma y tratar a su primo como lo
+que era... un niño. Por último, allá se fue con él acariciándole y
+prometiéndole varias cosas para que se calmase. Miguel quedó tristemente
+impresionado por aquella escena.</p>
+
+<p>Pasó el día vagando de un lado a otro, leyó un poco, escribió otro rato;
+al fin llegó la noche. Después que hubo cenado y sufrido media hora a su
+locuacísima huéspeda, se dispuso a acudir a la romántica cita que le
+había dado la generala. Mientras iba por la calle en busca de la
+escalera de piedra donde Úrsula había quedado en esperarle, no podía
+menos de reírse del amor que Lucía profesaba al misterio. Después de
+todo, puede que tenga razón, concluyó por decirse; si no fuese por estos
+granos de pimienta echados sobre nuestras relaciones, la verdad es que
+llegarían a ser muy fastidiosas. Halló a Úrsula sentada en las escaleras
+dormitando. Al sentir sus pasos se puso en pie vivamente.</p>
+
+<p>&mdash;¿Es V., señorito?</p>
+
+<p>&mdash;Yo soy: ¿tienes ahí el bote?</p>
+
+<p>&mdash;Lo tengo amarrado donde siempre para que no sospechen. Voy a buscarlo
+en seguida.</p>
+
+<p>La batelera bajó a la orilla y por ella se fue rozando el agua hasta
+desaparecer enteramente su silueta de la vista de nuestro joven. Pocos
+minutos tardó en oír el chapoteo de los remos y en percibir el bulto del
+esquife. Así que encalló, se apresuró a saltar en él; pero antes de que
+Úrsula lo pusiese otra vez a flote y se alejase de la orilla, tuvo
+cuidado de sacar un fósforo y mantenerlo encendido hasta que se
+concluyó. En el mismo instante surgió otra luz, allá a lo lejos sobre
+la masa oscura de los árboles de la opuesta orilla. La batelera comenzó
+a manejar los remos procurando no hacer ruido. El pueblo de Pasajes
+reposaba. En los buques surtos en la bahía habíanse apagado ya los
+fogones, y los tripulantes se entregaban descuidadamente al sueño. La
+noche estaba encapotada y apacible. Aunque avezado a las citas nocturnas
+y secretas, la de ahora, por lo original, consiguió interesar a nuestro
+joven. No poco contribuyó a ello también el no haber visto a su amante
+hacía ya cerca de un mes. Con la separación se había refrescado un poco
+el recuerdo de sus fortunas, que en los últimos tiempos habían perdido
+para él bastante atractivo. Al llegar al medio de la ensenada, Úrsula le
+dijo:</p>
+
+<p>&mdash;Estamos a medio camino, señorito.</p>
+
+<p>Miguel se puso en pie, encendió otro fósforo y lo mantuvo vivo todo el
+tiempo que duró.</p>
+
+<p>&mdash;¿Sabe V., señorito&mdash;le dijo Úrsula,&mdash;que si hay alguno por ahí en
+vela, y nos observa, no sé qué pensará de nosotros?</p>
+
+<p>&mdash;Pensará que somos novios, ¿y qué mal hay en eso?</p>
+
+<p>&mdash;Para V. ninguno. ¡A mí, buena me pondrían!</p>
+
+<p>En aquel instante surgió otra luz en tierra, pero no ya sobre los
+árboles, sino más baja.</p>
+
+<p>&mdash;¡Mire V., mire V. el fosforito!&mdash;exclamó con acento malicioso.</p>
+
+<p>&mdash;Rema, rema: a ver si llegamos pronto a la orilla&mdash;repuso Miguel.</p>
+
+<p>Un toque de corneta se dejó oír en el silencio de la noche, claro,
+estridente, partiendo del Ancho.</p>
+
+<p>&mdash;¿Qué es eso?&mdash;preguntó el joven, asombrado.</p>
+
+<p>&mdash;No sé&mdash;contestó la batelera con no menos asombro.</p>
+
+<p>Otro toque contestó al primero desde la opuesta orilla. Oyéronse después
+voces de mando y ruido de pasos a la carrera.</p>
+
+<p>&mdash;Boga, boga de prisa, a ver qué diablos significa ese trajín&mdash;dijo
+Miguel.</p>
+
+<p>Úrsula obedeció, y no tardaron muchos minutos en llegar cerca de tierra.
+Pero al saltar en ella nuestro joven, un grupo de seis o siete soldados
+avanzó hacia él, poniéndole las bocas de los fusiles sobre el pecho.</p>
+
+<p>&mdash;Darse preso todo el mundo.</p>
+
+<p>Miguel quedó pasmado.</p>
+
+<p>&mdash;¿Pero por qué?...</p>
+
+<p>&mdash;A ver&mdash;dijo el sargento, sin escucharle,&mdash;uno de vosotros que registre
+el bote, y vosotros dos meteos por ahí entre los árboles y pilladme a
+los cómplices.</p>
+
+<p>&mdash;¿De qué se trata, señores?&mdash;preguntó Miguel, procurando calmarse y
+calmar a los carabineros (porque aquellos soldados eran carabineros).</p>
+
+<p>&mdash;Ya lo sabrá V. en la cárcel&mdash;contestó el sargento.</p>
+
+<p>Lo supo antes, por fortuna. Los carabineros, al ver aquellas señales
+misteriosas hechas desde la bahía y contestadas en tierra, se figuraron
+que se trataba de un alijo de contrabando, y promovieron todo aquel
+alboroto. Grandes esfuerzos hizo Miguel para convencerles de que no
+había semejante cosa, que iba dando un paseo por placer y nada más. Al
+cabo de media hora de discusión, el sargento tuvo que rendirse a la
+evidencia, pues no había motivo alguno que confirmase sus sospechas. El
+joven madrileño le manifestó que había llegado el día anterior en el
+vapor <i>Carmen</i>, que allí estaba, y a cuyo capitán podían preguntar si
+era verdad lo que decía: que estaba hospedado en casa de D. Valentín
+Vázquez, etc., etc. Después de mucho vacilar, el sargento le permitió
+volverse a su casa, aunque acompañado de un carabinero que averiguase si
+efectivamente alojaba en la posada que decía.</p>
+
+
+
+<h3><a name="XIIIb" id="XIIIb"></a>XIII</h3>
+
+
+<p>Irritado por aquella aventura peligrosa y ridícula, se presentó al día
+siguiente en casa de la generala, sin tomar precaución ninguna, y la
+manifestó que no quería oír hablar de citas misteriosas. Lucía, que la
+noche anterior le había esperado en vano, se condolió extremadamente de
+su percance, aunque no pudo menos de reír al oírselo contar. Desde
+entonces se vieron todos los días a la hora que a Miguel le placía
+visitar el <i>hotel</i> de D. Pablo Bembo.</p>
+
+<p>El tiempo que estas visitas le dejaban libre aprovechábalo para hacer
+excursiones a San Sebastián, trabajar para el periódico o salir a la
+pesca con su huésped. Este D. Valentín, antiguo capitán de <i>El Rápido</i>,
+bergantín redondo que hacía la carrera de la Habana, era una persona
+bastante original. Tendría a lo sumo cincuenta años; era alto y enjuto y
+de complexión recia, si no fuese el reumatismo que a largas temporadas
+le atormentaba mucho; gastaba el cabello largo y la barba, ya gris, en
+forma de cazo. En su vida había visto Miguel, ni pensaba ver, hombre más
+silencioso: estuvo una porción de días sin oírle el metal de la voz:
+cuando le tropezaba en la calle o en casa, el marino se llevaba la mano
+al sombrero y gruñía algo que debía ser «buenos días» o «buenas tardes»
+juzgando por hipótesis. En la casa jamás se le oía pedir ni ordenar
+nada: parecía una sombra cuando entraba o salía o se sentaba a la mesa a
+comer. Con su mujer y con Maximina, más se entendía por gestos que por
+palabras: como sus necesidades eran poco complicadas, no costaba gran
+trabajo tenerle siempre satisfecho. Si el reuma no le tenía postrado,
+salía, casi todos los días, a pescar en un bote de su propiedad: horas y
+horas se pasaba el ex-capitán fondeado cerca de tierra, inmóvil, con el
+aparejo en la mano, dejándose tostar por el sol y azotar por el aire. A
+fuerza de no mantener relaciones más que con los peces, se había
+identificado con su naturaleza fría, grave y silenciosa; era un
+verdadero derviche del mar, cuya aspiración única parecía consistir en
+penetrar más y más en este elemento y fundirse y disolverse al cabo en
+él, como una piedra de sal. Por lo demás, en el pueblo era considerado
+como un buen vecino y marino muy inteligente.</p>
+
+<p>Este hombre, que cruzaba por el mundo en zapatillas, fue el compañero
+constante de Miguel en sus excursiones marítimas. Claro está que
+hablaban poco, casi nada; pero nuestro joven había creído comprender por
+gestos, por gruñidos, más que por palabras, que era simpático a D.
+Valentín, lo cual podía achacarse a la afición que mostraba a la pesca.
+Sobre todo desde cierto día en que enganchó (pura casualidad) una
+magnífica robaliza y consiguió meterla a bordo, el ex-capitán le guardó,
+aunque tácitas, altas consideraciones. Además, había adivinado también
+que el ex-capitán profesaba un afecto vivísimo a su sobrina Maximina,
+bien pagado por parte de ésta: ambos se comprendían admirablemente, con
+sólo mirarse, y se tributaban todas las pruebas de cariño que podían. Y
+digo podían, porque doña Rosalía estaba al tanto de este cariño y no
+manifestaba tendencias muy decididas a alentarlo.</p>
+
+<p>Por todo esto Miguel fue estrechando su amistad con él. Maximina cada
+día se mostraba a sus ojos más simpática e interesante. Las personas
+candorosas y sinceras tienen la ventaja de no repetirse. Así que, sin
+que ella pudiese sospecharlo, al mismo tiempo que le abría su alma para
+que hundiese la mirada en ella, iba cautivando la de su joven huésped,
+en términos que a éste llegaron a fastidiarle todos en la casa si no
+eran Maximina y su tío. Hablaba con aquélla largos ratos aprovechando
+los momentos en que venía a arreglar su sala.</p>
+
+<p>&mdash;¿Está V. ocupado, D. Miguel?</p>
+
+<p>&mdash;Ahora voy a dejar la tarea.</p>
+
+<p>Y mientras salía del cuarto y Maximina se ponía a asearlo, charlaban
+alegremente. Miguel la embromaba con el convento: ella se defendía
+negando que tuviese por entonces intención de encerrarse en él. Sin
+embargo, al través de estas negativas se traslucía que acaso con el
+tiempo llegase a realizarlo. Un día poniéndose serio le dijo:</p>
+
+<p>&mdash;No soy partidario de los conventos. Las virtudes más hermosas de la
+religión cristiana, que son la caridad y el sacrificio por los demás, no
+pueden practicarse sino en medio de la sociedad. ¿Para qué sirven todas
+las que una joven llega a adquirir si han de quedar encerradas entre
+cuatro paredes; si el mundo no se ha de aprovechar de ellas jamás? Las
+únicas monjas a quienes respeto y admiro con todo mi corazón son las
+hermanas de la caridad.</p>
+
+<p>Maximina le miró sorprendida y no contestó. Todo el día estuvo un poco
+pensativa.</p>
+
+<p>Solían reunirse diariamente a la hora del oscurecer algunos jóvenes
+delante del estanquillo, aunque no en tanto número como los domingos.
+Las noches eran apacibles y calurosas, y la tertulia se prolongaba a
+veces hasta las nueve y media o las diez. Miguel se fue acostumbrando a
+asistir a ella, dejando las visitas a la generala para otras horas.
+Sentábase a menudo al lado de Maximina y se complacía en regalarle el
+oído. Si nos preguntasen si creía lo que la iba diciendo, nos sería casi
+imposible contestar. Lo único que podemos decir es que no la requebraba
+por burlarse, ni aun por pasar el rato: es posible que a fuerza de serle
+simpática, la fuese encontrando hermosa. Pero Maximina estaba tan
+convencida de lo contrario, que rechazaba las lisonjas del joven con
+tanto más empeño cuanto más grata le iba siendo su compañía. Una noche
+le dijo con acento suplicante:</p>
+
+<p>&mdash;Por Dios, no me diga V. que soy bonita.</p>
+
+<p>&mdash;¿Por qué?</p>
+
+<p>&mdash;Porque se me figura que está V. haciendo burla de mí, y me causa mucha
+pena...</p>
+
+<p>&mdash;Aunque V. no lo fuese, a mí me lo parece, y con esto bastaría; pero ya
+que V. se enfada, la llamaré simpática únicamente.</p>
+
+<p>&mdash;Tampoco. No me llame V. nada.</p>
+
+<p>Las demás muchachas que allí había, todas de más edad que Maximina, les
+echaban miradas penetrantes y comenzaban a murmurar de la persistencia
+con que el joven forastero se sentaba al lado de aquélla. Los juegos
+con que se mataba el tiempo en aquella reunión al aire libre, eran poco
+variados: esconder un objeto para que uno de ellos lo hallase, mientras
+los demás cantaban, unas veces suave y otras fuerte, según se alejaba o
+aproximaba a él: adivinar quién era la persona cuyo retrato fuesen
+trazando de palabra los presentes: correr el florón por la cuerda....
+Este juego del florón era el que más agradaba a Miguel: de él conservó
+toda su vida un recuerdo vivo y placentero. Consistía en introducir una
+sortija por una cuerda y agarrarse a ésta todos los tertulianos formando
+corro; uno se quedaba en el medio, y los demás corrían la sortija
+disimuladamente gritando:</p>
+
+<p class="poem">
+<span style="margin-left: 2em;"><i>El florón está en la mano.</i></span><br />
+<span style="margin-left: 3em;"><i>Siga el florón.</i></span><br />
+<span style="margin-left: 3em;"><i>Siga el florón.</i></span><br />
+</p>
+
+<p>El corifeo hacía una señal: el coro callaba y quedaba inmóvil: si
+adivinaba quién tenía la sortija, éste pasaba al centro del corro, y
+aquél ocupaba su sitio; si no, volvía a seguir el florón su carrera.
+Nuestro joven gozaba con este juego, porque le trasladaba a la infancia,
+y acaso también porque al agitar las manos sentía el contacto de las de
+Maximina. Muchas veces se reía pensando: ¡Si el conde de Ríos me viera
+jugando al florón!</p>
+
+<p>Al domingo siguiente se bailó, como el día en que él llegara había
+prometido a Maximina entrar en el corro si ella bailaba. La niña,
+confiando en esta promesa, se decidió a ello, pero el huésped no quiso
+cumplir la palabra, y se quedó sentado delante del estanquillo como
+simple espectador. La pobre Maximina, defraudada, le miraba con ojos
+tristes, dejando adivinar que sin él estaba allí aburrida.</p>
+
+<p>&mdash;Oyes, Lolita&mdash;dijo el joven llamando a una de las pequeñas de doña
+Rosalía,&mdash;ve a decir a Maximina que en cuanto oscurezca un poco más,
+bailaré.</p>
+
+<p>Maximina, al recibir la noticia, se puso alegre. Y, en efecto, cuando
+las sombras de la noche invadieron la plazoleta, seguro ya de no llamar
+la atención, el forastero se aventuró a tomar parte en el baile. No se
+mostró todo lo suelto y airoso que fuera de desear, por lo cual tuvo que
+escuchar algunas carcajadas reprimidas; pero las llevó con paciencia, y
+a los pocos minutos ya no se fijaba en él nadie... nadie más que
+Maximina, que le decía en voz baja:&mdash;«Levante V. más los brazos.»&mdash;«No
+salte V. tanto.» Consejos todos muy oportunos, que el joven iba
+siguiendo al pie de la letra. La niña estaba alegre, satisfecha: Miguel
+la sacaba a bailar con más frecuencia que a las otras: luego procuraba
+colocarse a su lado para tenerla cogida de la mano, que se complacía en
+apretar suavemente y acariciar. Después de bailar uno frente a otro,
+los jóvenes tenían la costumbre de abrazarse un instante al concluir.
+Miguel, aprovechando uno de estos abrazos, y a favor de la oscuridad,
+cogió la trenza de Maximina, que colgaba por la espalda con un lazo de
+seda en la punta, y la llevó a los labios.</p>
+
+<p>&mdash;¿Qué hace V.?&mdash;dijo la niña volviéndose rápidamente.</p>
+
+<p>&mdash;Besar la trenza de su pelo.</p>
+
+<p>&mdash;¿Y por qué hace V. eso?&mdash;preguntó con sorpresa.</p>
+
+<p>&mdash;Porque me gusta.</p>
+
+<p>Maximina bajó los ojos y guardó silencio.</p>
+
+<p>Poco después, el hijo del brigadier quiso besarle una mano; pero la niña
+la bajó con fuerza sin soltarse, y no le fue posible.</p>
+
+<p>Maximina, desde entonces hasta que el baile se deshizo, se manifestó un
+poco más circunspecta, aunque sin dejar de estar cariñosa con su amigo.
+Al concluirse y venir los jóvenes a su acostumbrada reunión, dijo que le
+dolía un poco la cabeza, y en vez de permanecer en la tertulia, se
+retiró. Creyó Miguel, en vista de esto, haberla causado algún disgusto,
+y estaba con deseos de hablar con ella. Al día siguiente de madrugada la
+halló bordando en el estanquillo. Estaba un poco pálida, y sus ojos, al
+levantarlos hacia Miguel, aunque sonrientes, expresaban una suave
+melancolía.</p>
+
+<p>&mdash;¿Cómo ha descansado V., Maximina?&mdash;la preguntó.</p>
+
+<p>&mdash;No he podido dormir en toda la noche&mdash;respondió la niña.</p>
+
+<p>&mdash;¿Pues?</p>
+
+<p>&mdash;No sé... daba vueltas y más vueltas... y nada.</p>
+
+<p>Miguel sonrió admirando aquella ingenuidad.</p>
+
+<p>En los días siguientes, a medida que buscaba las ocasiones de hablar con
+ella a solas, la niña las evitaba cuidadosamente. Sin embargo, una vez
+que doña Rosalía se levantó dejándolos solos en el estanquillo, Miguel
+la cogió una mano y casi a viva fuerza se la besó. Maximina se puso
+encarnada y no supo más que decir:</p>
+
+<p>&mdash;¡Oh, por Dios!...</p>
+
+<p>Otra vez le dijo al oído hallándose de tertulia:</p>
+
+<p>&mdash;Tengo que pedir a V. un favor, Maximina.</p>
+
+<p>&mdash;¿Qué es?</p>
+
+<p>&mdash;Que me dé V. un rizo de su pelo.</p>
+
+<p>La chica levantó los ojos con sorpresa.</p>
+
+<p>&mdash;¿Me lo dará V.?&mdash;repitió mirándola atrevidamente.</p>
+
+<p>Maximina bajó los ojos haciendo una señal afirmativa.</p>
+
+<p>Pero trascurrió un día y trascurrieron dos, y tres, y no daba señales de
+cumplir su promesa. Miguel le preguntaba por señas: ella sonreía sin
+contestar. Entonces el joven se hizo el enojado y evitó a su vez el
+encontrarse con ella. Maximina comenzó a echarle miradas tristes y
+tímidas, que observaba riendo interiormente. Al fin, una noche por
+propia iniciativa, aquélla vino a sentarse a su lado. Nuestro joven se
+mostró inflexible; no quiso hablar; afectó tomar una parte muy activa en
+los juegos de prendas. Entonces la pobre niña dijo con voz débil:</p>
+
+<p>&mdash;Tome V.</p>
+
+<p>Miguel no la oyó.</p>
+
+<p>&mdash;Tome V.&mdash;repitió un poco más alto.</p>
+
+<p>Al volverse vio que tenía en las manos un papelito blanco. Comprendió
+que era el rizo de pelo y lo tomó apretándole al mismo tiempo los dedos
+con ternura.</p>
+
+<p>&mdash;Muchas gracias, Maximina&mdash;le dijo con acento conmovido.&mdash;Es V. muy
+buena, y cada día...</p>
+
+<p>Antes que pudiese concluir, la niña se levantó, entrando en la casa.
+Miguel quedó saboreando una dulce felicidad que nunca hasta entonces
+había gustado, la de ser querido de aquel modo tan ingenuo y tan puro.
+Tenía el corazón henchido de suaves sentimientos; una ternura inefable
+invadía su alma, y se dijo: ¿Por qué no he de querer yo a esta niña
+también? ¿Por qué no he de decírselo? Agitado por este deseo súbito, se
+levantó de la silla y entró en casa con la esperanza de encontrar a
+Maximina y expresarle lo que en aquel momento sentía. Recorrió a
+oscuras la sala, el comedor y el pasillo, llamándola suavemente; pero no
+pudo hallarla. Echó una mirada a la cocina y no vio en ella más que a la
+taciturna criada mondando patatas. Se habrá ido a su cuarto, se dijo, y
+bajó tristemente la escalera para restituirse a la tertulia; pero al
+cruzar por delante de la puerta del estanquillo que estaba a oscuras, se
+le ocurrió meter la cabeza dentro y decir:</p>
+
+<p>&mdash;Maximina.</p>
+
+<p>&mdash;¿Qué?&mdash;contestó una voz apagada.</p>
+
+<p>&mdash;¡Oh, picarilla! ¿está V. aquí?</p>
+
+<p>Y se introdujo en la tienda.</p>
+
+<p>&mdash;¿Dónde está V.?</p>
+
+<p>&mdash;Aquí.</p>
+
+<p>&mdash;Deme V. la mano.</p>
+
+<p>&mdash;¿Para qué, para besarla? No quiero; es V. muy malo.</p>
+
+<p>Miguel soltó una carcajada, reprimiéndola para que no le oyesen fuera.</p>
+
+<p>&mdash;No, criatura; es para saber dónde está V. nada más.</p>
+
+<p>Se sentó al lado de ella en una silla baja.</p>
+
+<p>&mdash;¿Por qué se ha escapado V. de la tertulia?</p>
+
+<p>&mdash;¿Y V. por qué me anda buscando?</p>
+
+<p>&mdash;Para decirla a V. una cosa.</p>
+
+<p>&mdash;¿Qué es?</p>
+
+<p>&mdash;...Que la voy queriendo a V. mucho&mdash;dijo con acento apasionado,
+cogiéndola una mano.</p>
+
+<p>La niña guardó silencio.</p>
+
+<p>&mdash;Y que V. también me va queriendo a mí un poco, ¿no es verdad?</p>
+
+<p>Tampoco contestó.</p>
+
+<p>&mdash;Vamos, dígame V. que sí... aunque sea mentira.</p>
+
+<p>&mdash;Yo no digo mentiras&mdash;manifestó la niña con voz dulce.</p>
+
+<p>&mdash;¿Entonces, no me quiere V.?...</p>
+
+<p>&mdash;Tampoco digo eso.</p>
+
+<p>Miguel entusiasmado la abrazó.</p>
+
+<p>&mdash;Pues yo te quiero, te quiero por lo hermosa y lo buena que eres...</p>
+
+<p>Maximina al sentirse en los brazos del joven comenzó a temblar
+fuertemente.</p>
+
+<p>&mdash;¡Suélteme V.! ¡por Dios me suelte V.!</p>
+
+<p>&mdash;¿Me quieres tú? ¿me quieres?</p>
+
+<p>&mdash;¡Suélteme V., por Dios!</p>
+
+<p>&mdash;No, sin decirme que me quieres.</p>
+
+<p>&mdash;Pues sí, le quiero, le quiero; ¡suélteme V.!</p>
+
+<p>El joven la besó con pasión en los labios y la dejó huir a su cuarto. Él
+se volvió a la tertulia.</p>
+
+
+
+<h3><a name="XIVb" id="XIVb"></a>XIV</h3>
+
+
+<p>Miguel sacó el reloj para mirar la hora.</p>
+
+<p>&mdash;¡Oh qué reloj tan fastidioso!&mdash;exclamó la generala apoderándose de él
+y metiéndoselo de nuevo en el bolsillo sin permitir que lo
+abriese.&mdash;Antes, cuando estabas a mi lado no hacías tanto uso de esa
+alhaja. De pocos días a esta parte no se te cae de la mano. ¿Qué prisa
+tienes? ¿No has venido a Pasajes por mí?... Además, observo que estás
+algo distraído; que siempre cruza tu frente una arruga profunda, signo
+de graves meditaciones... hasta te encuentro ayer y hoy un poco
+ojeroso...</p>
+
+<p>&mdash;¡Vaya, que no traes mal belén con mi fisonomía!&mdash;dijo él sonriendo:
+bajo esta sonrisa se traslucía la cólera.</p>
+
+<p>En efecto, la generala exploraba a todas horas el semblante de Miguel
+como el marino el del tiempo. Unas veces estaba pálido, otras fatigado,
+otras melancólico, otras excesivamente risueño; nunca dejaba de tener
+alguna cosa que le llamase la atención. Esta eterna y escrupulosa
+inspección le había halagado al principio, después le aburrió un poco, y
+últimamente había llegado a irritarle.</p>
+
+<p>&mdash;¡Y te enfadas por eso, ingrato!&mdash;exclamó Lucía.&mdash;Si observo tu
+fisonomía, es que no miro más que a ella; todo lo demás me parece
+indiferente... Tu rostro es el libro donde leo mi felicidad o mi
+desgracia.</p>
+
+<p>Aunque ya no le causaban impresión alguna las metáforas amorosas de la
+generala, Miguel se dulcificó.</p>
+
+<p>&mdash;No me enfado, Lucía... Si es tu gusto trasformarte en un <i>semáforo</i> y
+señalar todas las variaciones que experimento, ¿qué vamos a hacer? Es
+una prueba de amor que te agradezco.</p>
+
+<p>La generala creyó que debía continuar con el mismo tema.</p>
+
+<p>&mdash;No puedes figurarte, Miguel, lo que sufro cuando te veo triste, lo que
+gozo cuando estás alegre... ¡Si supieras!... Al través de tu sonrisa veo
+yo el mundo risueño, hermoso, pienso que el cielo está siempre azul, el
+campo siempre verde y rondoso, y que los hombres son todos felices...
+¡Oh, si lo supieras, estoy segura de que sonreirías siempre como ahora
+lo haces! ¿No es verdad?... ¡Algunas veces me acometen unos pensamientos
+tan tristes! La imaginación excitada por el amor, da muchas vueltas...
+¡Si Miguel se muriese! me digo. Esta idea me aniquila, me deja yerta,
+como si el cielo se desplomase... Si tú te murieses, ¿qué haría la pobre
+Lucía? Morirse también de pena; y si no se moría, peor para ella... No
+quiero pensar en eso, Miguel, porque toda me acongojo. Ya no habría
+felicidad posible en la tierra: sólo tu recuerdo dulce podría prestarme
+algún consuelo en ciertos momentos. ¡Oh, te juro que si te murieses,
+guardaría tu imagen en el corazón hasta la hora de mi muerte, y aun más
+allá, si posible fuera, vivirías en espíritu conmigo; y todos los días,
+todos los días, sin faltar uno, iría a visitarte al cementerio y a dejar
+sobre tu sepulcro un puñado de flores...</p>
+
+<p>La generala había empleado ya muchas veces este recurso, y siempre con
+el mismo éxito. A Miguel no le caían en gracia estas ideas lúgubres y
+procuraba llevar la conversación hacia otro punto. Esta vez la cortó
+levantándose del diván donde ambos estaban sentados y cogiendo el
+sombrero. Para paliar un poco el mal efecto de este brusco movimiento,
+se acercó sonriente a la dama y la acarició amorosamente la cara.</p>
+
+<p>&mdash;Tengo una carta para el periódico empezada... Necesito terminarla
+antes que se vaya el correo. Adiós, amor mío...</p>
+
+<p>Aquel <i>amor mío</i> fue pronunciado de un modo distraído, rutinario, que
+hubiera mortificado a la generala, si no fuese frecuente en ella también
+al acariciar de palabra a su amante.</p>
+
+<p>&mdash;¡Qué pronto! Apenas has estado conmigo dos horas.</p>
+
+<p>&mdash;Mañana procuraré estar más tiempo... Hoy no puedo.</p>
+
+<p>Lucía se levantó también y le echó los brazos al cuello con el mimo de
+otras veces. Miguel soportó aquel abrazo y aun hizo esfuerzos por
+mostrarse entusiasmado.</p>
+
+<p>&mdash;Aguarda un poco&mdash;dijo la generala soltándose y tomando un ramillete
+que había sobre la chimenea.&mdash;Toma estas flores, ponlas delante de ti
+cuando escribas, para que al levantar la cabeza te acuerdes de tu Lucía.</p>
+
+<p>Miguel cogió el ramo y lo besó maquinalmente, como tenía por costumbre
+siempre que la generala le daba algún objeto en recuerdo: luego se
+despidió.</p>
+
+<p>Al salir del <i>challet</i> llevaba el corazón menos oprimido que Romeo al
+separarse de Julieta en aquella célebre noche que el lector conocerá
+seguramente; pero su paso era cuando menos tan ligero. Quería llegar a
+tiempo a la novena de San Ramón Nonnato que se celebraba hacía días en
+la iglesia de San Pedro. Allí veía a Maximina, a la cual estaba ligado
+por una simpatía irresistible. Y lo que más le entusiasmaba era que ésta
+había aceptado sus amores sin aquella reserva que el temor de ser
+engañadas obliga a manifestar a las muchachas, cuando un joven de
+condición superior se dirige a festejarlas. Maximina fue su novia sin
+que tuviese necesidad de vencer escrúpulos y prevenciones que el cálculo
+o la malicia introduce en el pensamiento de aquéllas. Le entregó su
+corazón con inocencia, como una cosa natural o que no podría ser de otro
+modo. Lo único que la había hecho vacilar al principio fue la sorpresa
+de que se dirigiese a ella con preferencia a otras jóvenes que pasaban
+en el pueblo por mucho más bonitas; una vez convencida de que aquél
+tenía el mal gusto de encontrarla bella o al menos simpática, no
+consideró poco ni mucho la diferencia de fortuna ni se imaginó que todo
+aquello podría ser nada más que un puro y frívolo pasatiempo por parte
+del joven forastero. Abrió su espíritu al amor con la inocencia que la
+flor abre su cáliz a los rayos del sol. Y aquella niña tímida,
+melancólica y reflexiva, en algunos días había experimentado notable
+trasfiguración; la alegría que rebosaba de su alma comunicó a su rostro
+atractivos que antes no tenía, gracia a sus movimientos, sonoridad a su
+risa, brillo a su palabra. Este cambio no pudo pasar inadvertido a
+nadie, pero menos a Miguel. Observolo con placer, con el placer del
+artista que contempla la obra salida de sus manos; fue un aliciente más
+para seguirla enamorando sin calcular las fatales consecuencias que
+aquel devaneo honesto podría traer consigo.</p>
+
+<p>Cuando se hubo alejado de casa de la generala, cerca ya de la orilla
+donde Úrsula le aguardaba con su esquife, echó una mirada al ramo que
+llevaba en la mano, reflexionó que era grande y molesto para llevar a la
+iglesia, y diciendo:&mdash;¡A dónde voy yo con esta carga de hierba!&mdash;lo
+arrojó al suelo, y siguió rápidamente su camino sin más pensar en él. La
+novena de San Ramón atraía mucha gente a la iglesia de San Pedro. Era un
+templo grande, sucio y tenebroso hasta de día: por la noche, con cuatro
+o cinco lámparas de aceite colgadas aquí y allá a largas distancias,
+ofrecía un aspecto siniestro. Mas ahora el rosetón de luces que ardía en
+torno de la imagen alegraba un círculo muy ancho donde resaltaban las
+cabezas de las beatas que se colocaban en primera fila. Miguel
+acostumbraba a introducirse en la iglesia por la puerta de la sacristía,
+y desde ésta, sacando un poco la cabeza, veía toda la parte iluminada
+del templo.</p>
+
+<p>Maximina y su tía se acomodaban allá enfrente, cerca de un banco para
+sentarse en los intervalos de descanso. La niña, penetrada de un vivo
+sentimiento religioso, no osaba mirar hacia Miguel; creía profanar la
+majestad de la casa de Dios. No obstante, alguna que otra vez, de raro
+en raro, se autorizaba el levantar los ojos y clavarle una rápida y
+grave mirada, arrepintiéndose inmediatamente de haberlo hecho. A nuestro
+joven le hacía gozar más aquella tímida y rapidísima mirada que las
+ardientes y prolongadas que otras mujeres más bellas y más vistosas le
+habían echado en el curso de su vida.</p>
+
+<p>Aunque a larga distancia, observó aquella tarde que el semblante de
+Maximina no era el mismo de otros días; la melancolía, siempre esparcida
+sobre él, se había convertido en profunda tristeza; sus miradas eran más
+frecuentes y más largas, y en torno de sus ojos un círculo levemente
+encarnado acusaba claramente el llanto vertido. ¿Qué le habrá pasado? se
+preguntó con inquietud. ¿La habrá reñido su tía? Y deseó que se
+concluyese pronto la novena a fin de enterarse.</p>
+
+<p>Era noche cerrada cuando salieron de la iglesia. El joven forastero
+acostumbraba a esperar a doña Rosalía y su sobrina en el pórtico,
+ofrecerles agua bendita y acompañarlas a casa en unión de otras vecinas,
+lo cual le permitía emparejarse con su novia y sostener con ella
+conversación aparte. Todo esto respiraba un sentimiento idílico, de
+suave felicidad, que, como contraste a sus refinados amores cortesanos,
+le causaba un gran deleite. Después de haberla dirigido algunas
+preguntas insignificantes, a las cuales contestó la niña con dulce y
+apagada voz, un poco más apagada que otras veces, la preguntó
+bruscamente:</p>
+
+<p>&mdash;¿Qué tienes?... Parece que estás triste y has llorado (la tuteaba en
+secreto desde hacía algunos días: ella no se atrevía a hacerlo sino
+alguna que otra vez, cuando el joven se lo exigía con vehemencia).</p>
+
+<p>Maximina siguió caminando en silencio.</p>
+
+<p>&mdash;¿Te ha reñido tu tía?</p>
+
+<p>&mdash;No.</p>
+
+<p>Volvió a guardar silencio. Al cabo de un instante, acercando más el
+rostro, observó que algunas gruesas lágrimas rodaban por sus mejillas.</p>
+
+<p>&mdash;¿Estás llorando?... ¿Por qué?&mdash;preguntó con zozobra.</p>
+
+<p>&mdash;No lloro... no es nada&mdash;contestó ella levantando hacia él sus ojos
+sonrientes, pero nublados por las lágrimas.</p>
+
+<p>&mdash;Lloras, sí, y quiero saber por qué. Me parece que tengo derecho para
+ello... si es que me quieres, como dices.</p>
+
+<p>Todavía le costó algún trabajo arrancarle su secreto. Al fin la niña
+desahogó el pecho oprimido y dijo con voz cortada por los sollozos:</p>
+
+<p>&mdash;Hoy han estado en casa Paulina y Segunda y me llevaron a la tienda de
+Joaquina antes de venir a la novena... y allí comenzaron a burlarse de
+mí... ¡Me dijeron unas cosas tan malas!</p>
+
+<p>&mdash;¿Qué te han dicho?</p>
+
+<p>&mdash;Que V. se estaba riendo de mí y sólo aparentaba quererme por
+divertirse un rato... Que cómo podía figurarme yo que un joven rico y
+elegante se había de casar conmigo...</p>
+
+<p>&mdash;¿Todo eso te han dicho?&mdash;exclamó Miguel con sorda irritación.&mdash;¿Nada
+más?</p>
+
+<p>&mdash;También me dijeron que V. tenía una novia... una señora que vive ahí
+en el camino de Francia, y que la iba V. a ver todos los días... ¡Parece
+que vinieron a buscarme apropósito para darme esta puñalada!</p>
+
+<p>&mdash;Pues no te han dicho más que la verdad.</p>
+
+<p>La niña le miró con ojos suplicantes.</p>
+
+<p>&mdash;Sólo que hay una pequeña dificultad para que esa señora, a quien
+visito muchos días, sea mi novia... y es que esa señora está casada.</p>
+
+<p>Miguel había penetrado perfectamente el alma de la niña: por eso le
+presentó esto como una dificultad insuperable. En efecto, Maximina abrió
+más los ojos manifestando gran sorpresa; exigió que el joven se lo
+jurara, y una vez hecho el juramento, un rayo de alegría iluminó su
+semblante.</p>
+
+<p>&mdash;¡Pero qué malas son esas chicas!&mdash;exclamó cruzando las manos.&mdash;¿No
+tendrán miedo que Dios las castigue?</p>
+
+<p>Miguel se esforzó en persuadirla a que no creyese nada de cuanto la
+dijeran acerca de él, le hizo mil protestas sinceras de cariño, y logró
+que antes de llegar a casa se disipasen las nubes que velaban su rostro.
+Al llegar, despojose Maximina inmediatamente de la mantilla y se fue a
+la cocina, donde nuestro joven la siguió. Era una hora ésta muy ocupada
+para la niña: la cena de los chicos y del huésped exigía bastantes
+preparativos: la criada se encargaba únicamente del condimento de los
+manjares; doña Rosalía de atender al estanquillo. Maximina encendió la
+lámpara del comedor y puso el mantel sobre la mesa: Miguel la seguía con
+la vista: ella levantaba de vez en cuando la suya y le enviaba una
+sonrisa para mostrarle la confianza que tenía en sus palabras y lo feliz
+que la había hecho con ellas. Una vez puesta la mesa, volvieron a la
+cocina.</p>
+
+<p>&mdash;Hay que limpiar esa vajilla&mdash;dijo la criada con el tono agrio que
+siempre usaba.</p>
+
+<p>&mdash;¿La ha fregado V. ya?</p>
+
+<p>&mdash;Si no la hubiera fregado, ¿cómo se había de limpiar? ¡Vaya una
+salida!</p>
+
+<p>&mdash;No se incomode, Rufa&mdash;dijo un poco acortada la niña.</p>
+
+<p>Y cogiendo un paño, se sentó con calma a secar los platos. Miguel se
+sentó cerca de ella.</p>
+
+<p>&mdash;Voy a contarles a VV. un cuento&mdash;dijo aquél tomando otro paño y
+poniéndose a secar platos también.&mdash;Viajando un amigo mío por la China,
+hace ya bastantes años, me contó que había llegado por la noche a un
+pueblo llamado Cerdópolis. En cuanto estuvo dentro de él, ya no le
+extrañó el nombre que tenía; no se veían más que cerdos por todas
+partes; en las huertas, en las calles y hasta dentro de las casas; en
+fin, no se podía dar un paso sin tropezar con alguno de estos
+animaluchos.</p>
+
+<p>&mdash;¡Qué olor habría allí, madre mía!&mdash;exclamó Maximina.</p>
+
+<p>&mdash;¡Atroz! me dijo que no se podía respirar. Pues sucedió que fue a
+alojarse a casa de uno de los principales del pueblo; pero la mayor
+parte de las casas, aun las de los ricos, no tenían más habitaciones que
+la cocina y los dormitorios. El dueño le presentó a sus hijas, unas
+chicas bastante feas, con los ojos torcidos y los pies muy chiquitos...
+en fin, VV. ya habrán visto a algún chino. Parecían amables, y mi amigo
+quedó muy satisfecho del recibimiento que le hicieron. No quedó tan
+contento de la madre, esposa de nuestro chino. Era una vieja que estaba
+al lado del fogón picando cebolla, así como está ahora Rufa.</p>
+
+<p>Maximina levantó los ojos hacia la cocinera y luego los volvió hacia
+Miguel con una expresión entre cándida y maliciosa, sospechando alguna
+broma.</p>
+
+<p>&mdash;Cuando mi amigo se dirigió a ella preguntándole cómo estaba de salud,
+no le contestó más que ¡hum! sin levantar la cabeza siquiera. Mi amigo
+miró con sorpresa al marido y a las hijas, como diciendo: ¿Qué le he
+hecho yo a esta señora para que me reciba de este modo? Pero lo mismo él
+que ellas, en vez de avergonzarse, levantaron los ojos al cielo, con un
+gesto de resignación que le sorprendió todavía más. Se pusieron a cenar,
+y mi amigo durante la cena y después de ella trató de captarse las
+simpatías, o por lo menos la benevolencia de la señora, prodigándole
+muchas atenciones y dirigiéndole a menudo la palabra. Todo fue inútil:
+la china contestaba con su gruñido acostumbrado, o a todo más, con algún
+monosílabo que revelaba su mal humor. El marido y las hijas se
+contentaban con hacer aquel gesto de resignación y dolor, que cada vez
+iba maravillando más al viajero. Después de estar algún tiempo de
+sobremesa, retirose a descansar. Cuando por la mañana se levantó,
+encontró a toda la familia muy triste y como consternada. Les preguntó
+en seguida con interés qué les pasaba de malo.</p>
+
+<p>&mdash;¡La pobre madre!&mdash;exclamó una de las niñas.</p>
+
+<p>&mdash;¿Qué le ha pasado? ¿Está enferma?&mdash;preguntó.</p>
+
+<p>&mdash;Ahí la tiene V.</p>
+
+<p>&mdash;¿Dónde?&mdash;dijo mirando a todas partes, sin ver rastro de china.</p>
+
+<p>&mdash;Ahí.</p>
+
+<p>&mdash;¿Pero dónde?</p>
+
+<p>&mdash;Esa marrana que tiene V. delante.</p>
+
+<p>&mdash;¡Cómo!&mdash;exclamó mi amigo, creyendo que el chino se había vuelto loco.</p>
+
+<p>&mdash;Sí, señor; ya sabíamos en casa que de esta semana no podía pasar.
+Usted, señor, por lo visto, no sabe lo que ocurre en este pueblo...</p>
+
+<p>El chino le explicó entonces que en aquella villa había una enfermedad,
+por desgracia muy común, que se llamaba <i>cerdofalgia</i>, y que consistía
+en la trasfiguración del hombre en cerdo. De ahí la inmensa cantidad de
+cerdos con que tropezaba en las calles. El primer síntoma de esta
+enfermedad era el mal humor: en este primer grado, los enfermos podían
+curarse como los tísicos, y al efecto siempre que alguno era atacado, se
+empleaban para volverle a la salud mil clase de fiestas y regocijos, en
+las cuales tomaba parte toda la familia. Algunos salvaban, pero la
+mayoría pasaban al segundo período, llamado «del silencio,» porque
+hablaban muy poco: todavía en este grado, salvaba uno que otro. Pero si
+desgraciadamente entraban en el período de los «gruñidos,» entonces era
+cosa perdida: al cabo de algún tiempo, venía la trasfiguración. Su
+señora hacía ya dos meses que estaba en el tercer grado.</p>
+
+<p>Mi amigo quedó pasmado y comprendió por qué cuando gruñía el ama de casa
+hacían todos gestos de resignación.</p>
+
+<p>Al terminar Miguel su cuento, Maximina hacía esfuerzos sobrehumanos para
+contener las carcajadas que se le escapaban de la boca, viendo lo
+amoscada que se había puesto Rufa.</p>
+
+<p>En aquel momento entró doña Rosalía con otra señora de su misma traza.
+Miguel al verlas dejó apresuradamente el paño y el plato que tenía en
+las manos, para que no le viesen ocupado en tarea tan poco varonil.
+Después de cambiar algunas palabras, Maximina, sin darse cuenta de lo
+que hacía, le alargó dos platos diciendo:</p>
+
+<p>&mdash;Ya no nos quedan más que siete.</p>
+
+<p>Pero el joven, avergonzado y con muy mal humor, se los rechazó.</p>
+
+<p>&mdash;Deje V... Deje V. eso.</p>
+
+<p>La niña ruborizada y confusa exclamó con voz débil:</p>
+
+<p>&mdash;¡Como hasta ahora me había ayudado!...</p>
+
+
+
+<h3><a name="XVb" id="XVb"></a>XV</h3>
+
+
+<p>«Mi queridísima hermana:&mdash;escribía Miguel a Julia&mdash;Me preguntas por qué
+permanezco tanto tiempo en este pueblecillo, y supones, infundadamente,
+que pasaré la mayor parte en San Sebastián. Asimismo haces algunas
+reticencias que me desagradan, porque no están bien en boca ni en pluma
+de una niña tan candorosa como tú eres y deseo que sigas siendo. Te has
+equivocado en todas tus hipótesis. Permanezco en Pasajes (ya puedes
+comenzar a reírte) porque estoy enamorado de la sobrina de mi patrona.
+Es una niña (sigue riendo) que no pasa por bonita, ni es gallarda, ni
+tiene talento, ni una educación esmerada. Estoy enamorado no sé de qué;
+acaso del alma, aunque no lo aseguro. Lo que sí puedo afirmar es que no
+hay mujer (exceptuando tú) que me parezca tan linda, tan amable y tan
+bien educada. No ha cumplido aún los diez y seis años. ¡Si vieras qué
+buena y humilde es! Está tan convencida de su insignificancia, que yo he
+hecho como Jesucristo; queriendo ser la última, la elevé a primera. Ha
+pasado dos años en un convento de Vergara, y cuando yo llegué, estaba
+empeñada en hacerse monja: ahora ya se fue a paseo el monjío. Esto no
+quiere decir que no fuese una buena religiosa; Maximina, que así se
+llama, en cualquier estado y situación de la vida sería buena, porque
+así la hizo Dios. Me paso los ratos como un tonto escuchándola; cuando
+narra su vida de colegiala: las nonadas y puerilidades de sus
+compañeras, que me cuenta con gran calor, me embelesan lo mismo que la
+novela más interesante: conozco ya a todas las hermanas del colegio como
+si las hubiera parido: hay una hermana San Onofre, de diez y ocho años,
+hermosa, instruida, pero de muy mal genio; en el convento todo el mundo
+la temía más que a la superiora; ¡figúrate que a una niña, porque
+manifestó asco al vaso de otra, la hizo comer las sobras de todas las
+demás en un plato! Hay otra llamada María del Socorro, de la misma edad
+que Maximina, muy dulce, muy tímida; cuando las niñas enredaban en su
+clase, no teniendo ánimo para reñirlas o castigarlas, se echaba a
+llorar. Pero los amores de mi niña eran la hermana San Sulpicio, una
+andaluza hermosísima, llena de gracia y atractivo; había cuatro chicas
+enamoradas de ella perdidamente; pero la que se llevó la palma y llegó a
+ser su favorita al cabo de algún tiempo, fue Maximina; sin embargo, la
+hermana, que era un poco coqueta al parecer, se complacía algunas veces
+en mortificarla mostrándole gran frialdad o adoptando con ella un
+continente severo, hasta que viendo su cara contristada, se echaba a
+reír y le tiraba suavemente de una oreja, llamándola tonta. Un día vino
+orden de arriba para trasladar a esta hermana a otro convento, y se
+marchó secretamente sin despedirse. ¿Quién se lo dice a Maximina? se
+preguntaron todas las colegialas. Al fin una, más habladora y peor
+intencionada que las otras, se lo comunicó bruscamente: mi niña recibió
+un fuerte golpe en el corazón; pero trató de reprimirse, porque le daba
+vergüenza estallar en sollozos delante de sus compañeras: este esfuerzo
+sobre sí misma le costó caro, porque al poco rato se sintió mal y hubo
+que desabrocharle a toda prisa el vestido, para que no se ahogase.</p>
+
+<p>Oyendo el relato de tales escenas infantiles se pasa el mentecato de tu
+hermano sabrosamente el tiempo, y no tiene ganas de volver a Madrid.
+¿Querrás creer, querida hermana, que encuentro más sabiduría en las
+palabras de Maximina que en los cursos de sistemas coloniales que nos da
+en su casa el conde de Ríos? Indudablemente, estoy perdido. Razón tiene
+mi tío Bernardo en decir que no seré en la vida nada de provecho.</p>
+
+<p>Muchos recuerdos a mamá. Salud y Estado Mayor. Un abrazo que casi te
+asfixie de tu hermano,</p>
+
+<p class="r smcap">Miguel.»</p>
+
+<p>Tres días después la contestación de Julia, que decía así:</p>
+
+<p>«Mi más querido hermano: Si por mi gusto fuese, no te escribiría hoy,
+porque tengo que darte una noticia desagradable; pero mamá lo manda...
+y... cartuchera en el cañón, quepa o no quepa. La noticia es que nos
+vamos a Madrid en la semana próxima, hacía el miércoles o jueves. Por
+consiguiente, ya sabes que debes ponerte en camino cuanto antes. Mucho
+siento arrancarte esa felicidad que dices sentir y en la cual no creo.
+Toda la vida has sido un pillo de playa, y no te arriendo los tizonazos
+que has de llevar en el otro mundo. Esa pobre chica será bien
+desgraciada si se fía de tus palabritas de miel; no tardará en ir al
+panteón de las víctimas, como Teresa, Paquita, etc., etc. ¡Me avergüenzo
+de ser hermana tuya, gran tuno!</p>
+
+<p>Sabrás como tenemos noticia de que tío Manolo se casa con la viuda de
+marras. Ya era tiempo. Lo mismo uno que otro necesitan ponerse
+dentadura nueva, porque están algo duritos. Ahí te envío una carta que
+por la letra me parece de él: supongo que será dándote parte de la boda.</p>
+
+<p>El cuerpo de Estado Mayor me manda darte recuerdos. Mamá lo mismo. Yo no
+me contento sino con un fuerte mordisco en una oreja: ya sabes que soy
+especialista en ese ramo. Avisa cuando sales.</p>
+
+<p class="r smcap">Julia.»</p>
+
+<p>Dentro de ésta venía otra carta de D. Manuel Rivera noticiándole su
+próximo matrimonio. El antiguo seductor se manifestaba en ella contrito
+y con grandes deseos de reformarse en lo tocante a la moral y las
+costumbres, y anunciaba en términos concretos que estaba resuelto a
+someterse a las leyes generales que rigen los destinos de la humanidad y
+la encaminan a lo infinito: hablaba de la necesidad imperiosa que siente
+el hombre de tener una compañera «que le ayude a soportar el fardo de la
+vida,» de los goces dulces e inefables del hogar doméstico, de los
+mutuos sacrificios. Por último, llamaba al Ser Supremo en su auxilio y
+le rogaba se dignase bendecir «su pobre choza.»</p>
+
+<p>Miguel, en vez de enternecerse como debía, se rió mucho leyéndola: mas
+al instante quedó triste y cabizbajo al recordar que debía abandonar a
+Pasajes dentro de pocos días. La verdad era que lo estaba pasando bien
+y que no le halagaba nada tornar de nuevo a la bulliciosa vida de la
+corte. Por otra parte, ¡qué sentimiento tan vivo experimentaría la pobre
+Maximina! En cuanto a la generala, hacía ya días que había formado
+propósito irrevocable de romper con ella, si bien esperaba verse lejos
+para llevarlo a cabo; no le acomodaba hacerlo en una entrevista por no
+escuchar sus quejas de codorniz romántica.</p>
+
+<p>En la expresión melancólica y reflexiva de su cara adivinó Maximina que
+algo triste le pasaba. Trató de mostrarse entonces más alegre y
+habladora que de ordinario, a fin de disipar su mal humor: adivinaba
+vagamente que de rechazo iba a caer sobre ella; pero no lo consiguió;
+Miguel, contra su costumbre, respondía con gravedad a sus instancias.</p>
+
+<p>&mdash;¿Qué tienes?&mdash;le dijo al fin tímidamente.&mdash;¿Estás enfadado conmigo?</p>
+
+<p>&mdash;¿Por qué había de estarlo?&mdash;contestó sonriendo tristemente.&mdash;¿Te
+remuerde por algo la conciencia?</p>
+
+<p>&mdash;A mí no... pero...</p>
+
+<p>Miguel guardó silencio unos instantes: los ojos escrutadores de Maximina
+estaban posados con anhelo sobre él.</p>
+
+<p>&mdash;Tengo que darte una mala noticia&mdash;dijo al cabo dulcificando cuanto
+pudo la voz.</p>
+
+<p>La niña se puso extremadamente pálida; pero no despegó los labios.</p>
+
+<p>&mdash;Me ha escrito mi hermana para que vaya a reunirme con mamá y con ella
+a Santander, y acompañarlas a Madrid.</p>
+
+<p>Maximina continuó silenciosa, doblando la cabeza sobre el pecho.
+Entonces le tocó a nuestro joven observarla con cierta inquietud.</p>
+
+<p>&mdash;No será la última vez que nos veamos, hermosa&mdash;dijo
+cariñosamente.....&mdash;Lo mismo te seguiré queriendo en Madrid, y a la
+primera ocasión que se me presente, vendré a hacerte una visita.</p>
+
+<p>La niña levantó los ojos hacia él esforzándose por sonreír.</p>
+
+<p>&mdash;Ahora que estoy próximo a separarme de ti&mdash;siguió diciendo el
+joven,&mdash;es cuando veo cuánto has penetrado en mi corazón... Parece
+mentira que en tan poco tiempo te haya llegado a querer de un modo tan
+entrañable... ¿Te pasa a ti lo mismo? ¿Me seguirás queriendo cuando
+dejes de verme?</p>
+
+<p>Maximina movió varias veces la cabeza en señal afirmativa. Conmovido por
+aquel silencio, que revelaba mejor que ninguna frase lo que su alma
+sentía, el joven le tomó una mano y la llevó suavemente a los labios:
+por primera vez desde que se conocieran, ella no hizo resistencia
+alguna. Cada vez más embargado por la emoción, Miguel dejó que su alma
+se desbordase; la expresó con lenguaje vivo y apasionado cuánto la amaba
+y lo feliz que algún día sería uniéndose a ella; la prometió no
+olvidarla ni un solo instante, escribirla a menudo y venir a verla en
+cuanto le fuese posible.</p>
+
+<p>La niña se llevó la mano a la frente y dijo con voz alterada:</p>
+
+<p>&mdash;Se me está partiendo la cabeza de dolor...</p>
+
+<p>En aquel momento entró doña Rosalía en el estanquillo.</p>
+
+<p>&mdash;¡Pobrecita!&mdash;exclamó Miguel.&mdash;Debe V. acostarse un poco a ver si se le
+pasa.....</p>
+
+<p>&mdash;¿Qué; te duele la cabeza?&mdash;preguntó la tía.&mdash;La canción de
+siempre..... Anda ve a recostarte hasta la hora de comer: ya te llevaré
+el agua sedativa.</p>
+
+<p>Maximina subió a su cuarto y doña Rosalía quedó disertando con Miguel,
+que apenas la escuchaba. Por la tarde la niña pudo bajar al estanquillo:
+tenía el semblante un poco descompuesto. Cuando estuvieron solos, ella
+le dijo tímidamente:</p>
+
+<p>&mdash;¿Quieres una cosa que voy a darte?</p>
+
+<p>&mdash;¡Ya lo creo! Cuanto tú me des será para mí sagrado.</p>
+
+<p>Maximina sacó del bolsillo un crucifijo de plata pendiente de un cordón
+y se lo entregó ruborizada diciendo:</p>
+
+<p>&mdash;Este crucifijo me lo regaló la hermana San Sulpicio el día de su
+santo: lo traigo colgado al pecho hace tres años sin quitarlo jamás...</p>
+
+<p>Miguel se lo arrebató con alegría.</p>
+
+<p>&mdash;Precisamente iba yo a pedirte una medallita para colgar al cuello.
+¡Cuánto me alegro que te hayas anticipado! Te prometo no separarme de él
+ni de día ni de noche... Pero voy a suplicarte un favor... que tú misma
+me lo cuelgues.</p>
+
+<p>Maximina vaciló un instante: al fin tomó de nuevo el crucifijo; Miguel
+bajó la cabeza y el Cristo quedó colgado por la parte de fuera del
+chaleco.</p>
+
+<p>&mdash;Ahora&mdash;dijo él con sonrisa maliciosa&mdash;es menester que lo ocultes
+debajo de la camisa.</p>
+
+<p>&mdash;No; eso hazlo tú.</p>
+
+<p>Los dos días que siguieron a esta escena trascurrieron suaves y
+melancólicos. Los amantes estaban mucho tiempo juntos, pero se hablaban
+poco. Maximina hacía visibles esfuerzos por mostrarse serena. Miguel,
+adivinando estos esfuerzos, sentía su amor y su compasión crecer.</p>
+
+<p>Tomó pasaje en un vapor que debía salir por la tarde. Maximina aquel día
+por la mañana se manifestó casi contenta. Sin embargo, estando en
+conversación con él en la sala, cuando menos parecía indicarlo la
+expresión de su fisonomía, rompió a sollozar fuertemente. Miguel la
+acarició y la consoló en los términos mejores que pudo.</p>
+
+<p>Después que arregló su equipaje, el joven recorrió el pueblo
+despidiéndose de los amigos que durante su estancia se había ganado:
+próxima ya la hora de partirse y habiendo oído sonar el pito del vapor,
+volvió a casa con objeto de despedirse de Maximina. Por más que la buscó
+por todas partes no pudo hallarla: nadie sabía dónde se había metido:
+doña Rosalía opinó que se habría ido a la iglesia. No es decible lo que
+esto disgustó a Miguel, quien después de mandar el equipaje, se fue con
+el corazón oprimido hacia el muelle; pero antes se le ocurrió dar una
+vuelta por la iglesia. Como el tiempo apuraba, corrió hasta sofocarse;
+no vio rastro de Maximina en todo el ámbito del templo. Salió cabizbajo
+y llegó al vapor, que estaba pitando terriblemente en espera suya.
+Cuando saltó a bordo, el capitán le dijo con malos modos que hacía
+quince minutos que aguardaban por él: no le causó ningún efecto la
+reprensión. Subió al puente; en el momento de arrancar el buque,
+percibió en el balcón corrido de la casa de D. Valentín la figura de la
+niña. Echó mano apresuradamente a los gemelos del capitán que colgaban
+de la baranda, y pudo ver a su novia llorosa con un pañuelo en la mano
+haciéndole señas. Sacó el suyo del bolsillo y contestó lleno de emoción.
+La tarde estaba tranquila, el cielo nublado, las aguas de la pequeña
+bahía inmóviles y verdosas espejaban confusamente la columna de humo
+que el vapor dejaba en pos de sí. Algunas otras figuras humanas se
+asomaban a los balcones y terrados al oír los prolongados y furiosos
+ronquidos de la máquina.</p>
+
+<p>En tanto que el barco no salió por la boca estrecha de la bahía, Miguel
+no apartó los gemelos de los ojos, dirigiéndolos al balcón donde la
+triste Maximina quedaba. Cuando una peña se la ocultó, dejó caer las
+manos con dolor: después se limpió las mejillas, que estaban húmedas.</p>
+
+
+
+<h3><a name="XVIb" id="XVIb"></a>XVI</h3>
+
+
+<p>Llevaba el corazón tan henchido de amor, de admiración, de entusiasmo,
+que Julita se vio necesitada a sufrir a diario, por algún tiempo, las
+descripciones que le plugo hacer de la bondad, sencillez e inocencia de
+la niña de Pasajes. A las mujeres no les disgusta esta clase de
+confidencias: así que, lejos de huirlas, las provocaba, informándose con
+deleite de todos los pormenores más o menos pueriles de aquellos amores
+idílicos, tan en consonancia con su edad y su sexo.</p>
+
+<p>Miguel rehusaba enseñarle el retrato. Temía que no le gustase. Después
+de muchos ruegos, y anunciando con empeño «que físicamente valía poco,»
+lo sacó de una cartera donde lo llevaba.</p>
+
+<p>&mdash;¡Pues no tiene nada de fea!&mdash;exclamó Julita.&mdash;Al contrario, es una
+cara muy simpática...</p>
+
+<p>A Miguel se le ensanchó el corazón, y se dibujó en sus labios una
+sonrisa beata.</p>
+
+<p>&mdash;¿Sabes a quién se parece un poco?... A Clarita Mazón...</p>
+
+<p>Clarita Mazón era una joven bastante linda. Sin embargo, Miguel no
+transigió con el parecido, y hasta se indignó.</p>
+
+<p>&mdash;¡Pero qué enamorado estás, Miguel!&mdash;exclamó Julita sonriendo
+maliciosamente.&mdash;Así me gusta... Ya era tiempo de que la veleta quedase
+fija un instante... ¿Sabes que si yo estuviese en la piel de esa niña
+las habías de pagar todas juntas?</p>
+
+<p>&mdash;Lo creo&mdash;repuso el joven riendo.</p>
+
+<p>&mdash;No te duermas sobre los laureles, pillo, porque en cuanto yo pueda
+entenderme con ella, se lo he de aconsejar.</p>
+
+<p>&mdash;No te hará caso.</p>
+
+<p>&mdash;¡Quién sabe! Le haré ver lo que tú eres con esa cara de angelito de
+retablo.</p>
+
+<p>Desde Santander, Miguel telegrafió a Pasajes, dando noticia de su
+llegada. Así que saltó del tren en Madrid, puso otro telegrama, y
+escribió aquel mismo día. La contestación de Maximina tardó seis en
+llegar. La impaciencia que nuestro joven manifestó en estos días hizo
+reír mucho a su hermana. Contra su costumbre, aguardaba en casa al
+cartero, y hasta le espiaba detrás de los cristales del balcón y le iba
+a abrir él mismo la puerta.</p>
+
+<p>La carta, que al cabo recibió, venía en un sobre pequeño, escrito con
+magnífica letra inglesa, la letra que se enseñaba en el convento de
+Vergara; su contenido no era largo ni expresivo, pero respiraba modestia
+y candor: llamábale en el comienzo «apreciable Miguel» y se despedía
+como «segura servidora,» lo cual le hizo reír. En la réplica le dio
+bastante matraca con aquella «segura servidora,» y la niña, en las
+cartas siguientes, modificó su despedida: el comienzo, o sea el
+«apreciable,» ya le costó más trabajo que lo cambiase; al fin, se
+aventuró a llamarle «querido Miguel.» Todas las cartas se las leía éste
+a su hermana. Julia principió a sentir viva simpatía hacia aquella niña
+de menos edad aún que ella. Un día le dio una estampita de su libro de
+misa, para que se la enviase de su parte. Maximina, al acusar el recibo,
+se manifestó tan conmovida por aquel regalo, que Julia no pudo resistir
+al deseo de ponerla una posdata en la carta de su hermano, dándole
+cariñosas expresiones. La niña de Pasajes contestó con otra; se
+cambiaron después los retratos; por último, al cabo de dos meses, ya se
+escribían directamente.</p>
+
+<p>Por este tiempo el hijo del brigadier había cortado enteramente sus
+relaciones con la generala Bembo. No pocos esfuerzos caligráficos le
+costó aquel rompimiento: las quejas de la nueva Ariadna venían
+diariamente por el correo esparcidas en cinco o seis pliegos de letra
+menuda: era necesario contestar a ellas: al fin Teseo se cansó y las
+guardó filosóficamente en el bolsillo. Entrado ya el invierno, Ariadna
+volvió a Madrid, y no se pasaron quince días sin que la trompeta del
+escándalo pregonase sus amores con el secretario de la Embajada
+francesa. A Miguel no le maravilló nada este suceso.</p>
+
+<p>Un día Julita le dijo a boca de jarro:</p>
+
+<p>&mdash;¿Cuándo piensas casarte, Miguel?</p>
+
+<p>Se puso colorado, y respondió vacilante y confuso:</p>
+
+<p>&mdash;¡Oh, el matrimonio!... Hay que pensarlo con calma.... Es un negocio
+muy grave.</p>
+
+<p>Y cortó repentinamente la conversación, hablando de otra cosa. Julia se
+quedó triste y pensativa. Le hizo esta pregunta, porque había observado
+que su hermano no menudeaba tanto las cartas a Pasajes como antes.
+Empezó a sospechar que se iba cansando, y tembló por la pobre Maximina.
+No se dio por vencida, sin embargo. Al cabo de pocos días le cogió en su
+cuarto, por la oreja, y le dijo medio en broma medio en veras:</p>
+
+<p>&mdash;No te suelto si no me dices ahora mismo si piensas o no casarte.</p>
+
+<p>&mdash;Pero, chica, ¿a ti que te va ni te viene en eso?&mdash;contestó el joven
+riendo.</p>
+
+<p>&mdash;Tengo interés por Maximina, porque es mi amiga.</p>
+
+<p>&mdash;¡Si no la conoces!</p>
+
+<p>&mdash;No importa, la quiero ya como si la conociese.</p>
+
+<p>&mdash;¿Tendrías gusto en ser hermana política de la sobrina de una
+estanquera?&mdash;preguntó el joven con malicia.</p>
+
+<p>&mdash;¡Ya lo creo!&mdash;repuso Julia poniéndose seria.&mdash;Si es buena y bien
+educada, ¿por qué no?...</p>
+
+<p>&mdash;No vayas a pensar que yo me detengo por eso&mdash;dijo Miguel, poniéndose
+también serio.&mdash;He meditado mucho en estos últimos meses acerca de tal
+asunto, y al fin no he podido menos de confesarme que no sirvo para
+casado. El que ha hecho hasta los veintisiete años la vida independiente
+que yo, es muy difícil que pueda acomodarse al orden, a la paz, a la
+serie de sacrificios que el matrimonio exige... Y, francamente, para ser
+un mal casado, ¿no vale más que permanezca soltero toda la vida?... Por
+otra parte, si me caso con esa chica, que no está acostumbrada al trato
+de gente ni ha entrado jamás en sociedad alguna, ya comprendes que debo
+renunciar en absoluto a mis relaciones y a las antiguas amistades de mi
+familia: yo no quiero pisar un salón donde mi mujer no haga buen
+papel... Además, Maximina es demasiado niña y demasiado inocente para
+dominar a un hombre tan maleado como yo, y para regir una familia...</p>
+
+<p>Así continuó el hijo del brigadier rebuscando argumentos en su cerebro
+para ocultar los verdaderos móviles de su conducta, que eran el tedio y
+la vanidad, pasiones asquerosas que la vida cortesana habían despertado
+nuevamente en su corazón. Julia no apartaba su mirada escrutadora de él,
+lo cual concluyó por turbarle y obligarle a callar. Después de algunos
+momentos de silencio, aquélla exclamó moviendo la cabeza con dolor:</p>
+
+<p>&mdash;¡Pobre Maximina!</p>
+
+<p>Y después de una pausa larga, dijo con energía:</p>
+
+<p>&mdash;Pues mira, Miguel, si no has de casarte con ella, es un pecado grande
+que la estés engañando. Debes cuanto antes cortar esas relaciones.</p>
+
+<p>&mdash;Bien; de eso ya hablaremos... Acaso tengas razón... Hasta luego&mdash;dijo
+poniéndose el sombrero y dándole un beso de despedida.</p>
+
+<p>Por más que nos duela hablar mal del héroe de nuestra historia, la
+verdad nos obliga a confesar que Miguel tuvo la cobardía de cortar sus
+relaciones con la niña de Pasajes dejando de escribirla. Al cabo de unos
+quince días, su hermana le enseñó una carta que había recibido de ella;
+se daba por enterada del desamor de su novio, sin proferir una queja;
+disculpaba su conducta manifestando que después de la separación había
+reflexionado que ella no podía convenir a un hombre como Miguel; hubiera
+deseado, sin embargo, que éste se lo hubiera dicho antes de tenerla
+impaciente y triste muchos días; terminaba diciendo que al fin había
+conseguido de su tía el permiso para hacerse monja de la caridad.</p>
+
+<p>Esta carta, donde al través de la firmeza y naturalidad de los
+conceptos, se entrevía una mano temblorosa y unos ojos nublados por las
+lágrimas, conmovió hondamente a nuestro héroe, y le hubiera conmovido
+aún más, hasta el punto quizá de marcharse aquel mismo día a Pasajes
+para pedir perdón a Maximina y hacerla su esposa, si desgraciadamente
+aquél no fuese un día crítico y terrible de su existencia.</p>
+
+<p>El periódico del conde de Ríos sostenía frecuentes polémicas con otro
+diario conservador titulado <i>La Monarquía</i>. Estas polémicas, un tanto
+ásperas, no habían rebasado hasta entonces los lindes de una cortesía
+más o menos ambigua. Llegó un punto, no obstante, en que la discusión se
+fue agriando en términos que aparecieron en el diario moderado algunos
+insultos velados contra el inspirador y los redactores de <i>La
+Independencia</i>. Miguel se juzgó en el caso de escribir un artículo
+contestando a estas injurias, que fue un verdadero prodigio de
+habilidad: devolvíanse con creces todas aquéllas al enemigo, pero de un
+modo tan fino y bien encubierto, que era imposible demandar reparación
+ante los tribunales, y no era fácil tampoco hallar motivo para un duelo.
+El artículo se leyó en la redacción y fue calurosamente aplaudido. Por
+desgracia, en esta ocasión fue cuando a Mendoza se le ocurrió descubrir
+enteramente aquel secreto que su amigo le tenía guardado hacía años. Al
+traerle las pruebas del artículo, se autorizó, sin consultar a nadie,
+cambiar uno de sus párrafos metiendo otro de cosecha propia. Por virtud
+de esta funesta ocurrencia, lo que era una frase incisiva y bien
+meditada, se convirtió en grosero y feroz insulto. En cuanto Miguel, al
+leer el periódico por la mañana, se enteró de la modificación,
+revolviósele la bilis, comprendiendo que no podía menos de producir
+fatales consecuencias; fue a la redacción, y no encontrando a Mendoza,
+comenzó a decir en presencia de sus compañeros lo que ya hemos visto en
+otro capítulo.</p>
+
+<p>Todos sus cálculos quedaron confirmados. No se pasaron muchas horas sin
+que dos caballeros, padrinos del director de <i>La Monarquía</i>, viniesen a
+exigir al de <i>La Independencia</i> una satisfacción personal. Mendoza,
+pálido y tembloroso, les contestó que él no era el autor del artículo, y
+les prometió que en el número del día siguiente saldría una
+rectificación. No faltó quien le pasara recado a Riverita, quien a toda
+prisa acudió a la redacción, antes que de ella hubiesen salido aquellos
+señores. Así que llegó, deshizo cuanto se había convenido; contestó que
+era suyo el escrito, se opuso a publicar ninguna rectificación, y nombró
+por padrinos al conde de Ríos y a un compañero llamado Merelo. Después
+se volvió a casa, y fue cuando Julita le mostró la carta de Maximina.</p>
+
+<p>Los padrinos de los contendientes tardaron un día entero y emplearon
+toda la saliva de sus gaznates en discutir las condiciones del desafío.
+El punto más arduo era el de la elección de armas. El conde de Ríos,
+fundándose en que su apadrinado era el retado, creía tener derecho a
+elegirlas, y lo sostenía con gran calor. En realidad, hacía mucho
+hincapié en este asunto, porque era sabedor de que el periodista
+moderado pensaba elegir el sable, no porque lo manejase con gran
+destreza, sino porque, dada su estatura y corpulencia, debía llevar
+ventaja al adversario. Los padrinos de aquél defendían con igual tesón
+su derecho, por ser el ofendido. A las diez de la noche aún no habían
+podido arreglarse. En una de sus entrevistas con Ríos, Miguel, cansado
+al fin por tanta dilación, le rogó que aceptase cuantas condiciones
+quisieran poner los contrarios.</p>
+
+<p>En virtud de esto, quedó convenido que el duelo se efectuase a sable con
+punta. Hora, las siete de la mañana; sitio, la quinta de Vistalegre, en
+Carabanchel.</p>
+
+<p>No fue a dormir a casa: pasó recado a su madrastra, advirtiéndola que
+debía velar a un amigo enfermo, a fin de que ni ella ni Julia estuviesen
+con cuidado. No salió del casino, donde había estado toda la tarde
+esperando el resultado de la discusión de los padrinos. Hasta las dos de
+la madrugada jugó al tresillo: cuando la partida se disolvió, estuvo
+paseando largo rato por uno de los salones; cansado al fin, se recostó
+en un diván, y no tardó muchos minutos en prenderle un sueño pesado y
+letárgico. La tensión en que sus nervios habían estado las últimas
+horas, había terminado por un enervamiento. Durmió media hora, y,
+durante ella, soñó mil disparates: ahora se encontraba en un inmenso
+palacio deshabitado, donde cierta sombra, que vio cruzar, le causó un
+terror extraño, que jamás había sentido: ahora se iba a batir dentro de
+una iglesia con un hombre que no conocía, y que resultaba ser D.
+Valentín, el tío de Maximina, el cual, sin saber cómo, se convertía en
+gato y se arrojaba sobre él, clavándole las uñas al cuello: después se
+vio en medio del mar, flotando como una boya, a merced de las olas, sin
+esperanza de que nadie viniese a socorrerle.</p>
+
+<p>&mdash;Señorito, señorito...</p>
+
+<p>&mdash;¡Eh! ¿qué hay?&mdash;dijo restregándose los ojos.</p>
+
+<p>&mdash;Vamos a apagar.</p>
+
+<p>&mdash;Bueno... ¿Sabe V. si está en la sala de juego el Sr. Merelo?</p>
+
+<p>&mdash;Me parece que sí, señor.</p>
+
+<p>Se fue hacia allá y encontró a su amigo ganando bastante dinero. Al
+verle entrar, Merelo le dirigió una sonrisa alegre y expansiva; bien
+claramente se entendía que en aquel instante no le importaba mucho que
+Miguel se fuese a matar. Todavía estuvo en ganancias un largo rato,
+hasta que viendo señales de que la suerte se torcía, levantose como
+jugador experto y salió de la sala abrazado a su amigo.</p>
+
+<p>&mdash;¿Qué hora es, Miguelillo?</p>
+
+<p>&mdash;Las cinco menos cuarto.</p>
+
+<p>&mdash;¿Hay ánimo, verdad?&mdash;le preguntó abrazándole de nuevo con efusión.</p>
+
+<p>&mdash;¡Sí, hombre, sí! Yo tengo ánimo y tú dinero&mdash;contestó sonriendo.</p>
+
+<p>&mdash;¿Quieres que vayamos a casa de doña Mariquita a tomar chocolate?</p>
+
+<p>&mdash;Vamos.</p>
+
+<p>Mientras tomaban el desayuno, Merelo, cada vez más alegre y cariñoso,
+habló de muchas cosas con pasmosa lucidez; pero especialmente de
+esgrima. Realmente esta era la conversación que venía al caso entonces,
+y entendiéndolo así le dio una multitud de consejos encaminados todos a
+no dejarse pegar por el director de <i>La Monarquía</i>; antes bien, a
+partirle por el medio en la primera ocasión.</p>
+
+<p>&mdash;Nada de fintas, ¿entiendes?... Los golpes han de ser rápidos y
+decisivos... Déjale a él que finte cuanto quiera... Tú quieto, sereno,
+aplomado... a parar y contestar nada más... Ya caerá en alguna
+contestación. ¡Pues no ha de caer!</p>
+
+<p>Miguel mojaba distraídamente el bizcocho en el chocolate pensando Dios
+sabe en qué. Cerca ya de las seis salieron del establecimiento y
+enderezaron los pasos hacia la calle de la Reina, donde vivía el general
+Ríos. Era noche cerrada todavía. Al llegar vieron el coche a la puerta
+en espera ya de su dueño. Pasaron al conde un recado por el lacayo y no
+tardó en presentarse envuelto en un gabán de pieles; el lacayo venía
+detrás con los sables. Después de saludarse afectuosamente, subieron al
+carruaje, y éste comenzó a rodar por las calles silenciosas con áspero
+traqueteo.</p>
+
+<p>Cuando salieron por la puerta de Toledo, comenzaba a rayar el día. Al
+llegar a Carabanchel ya estaba claro. Durante el trayecto, el general y
+Merelo no cesaron de hablar de política. La mañana despejada. Al apearse
+cerca de la regia posesión, hacía un frío intenso: los árboles,
+desnudos, tenían su armazón cubierto de escarcha. Por el carruaje que
+vieron a la puerta, comprendieron que sus contrarios ya habían llegado,
+y en busca de ellos se dirigieron por los hermosos jardines del opulento
+banquero. Mucho antes de llegar al paraje designado, vieron sus figuras
+negras resaltando sobre el blanco tapiz de la helada. Miguel, que hasta
+entonces había dado señales de hallarse inquieto y nervioso, quedó
+repentinamente en calma: desde entonces hasta el fin del lance manifestó
+una absoluta y extraña serenidad que dejó altamente complacidos a sus
+padrinos. Saludaron éstos a los contrarios y al médico, que debía servir
+para los dos contendientes según se había convenido: Miguel y el
+periodista moderado se hicieron de lejos una leve inclinación de cabeza.
+Escogiose el terreno, que fue un camino de arena mejor resguardado que
+los otros por dos altos setos de rosal; midiéronse los sables;
+despojáronse los adversarios de los gabanes y levitas, quedando con el
+chaleco, en gracia del frío que hacía; colocóseles en su sitio con el
+sable en la mano: por último, el conde de Ríos, como la persona de más
+respeto que allí había, se colocó en el medio, alargó los brazos tomando
+con los dedos las puntas de los dos sables y se apartó diciendo con
+fuerte entonación:</p>
+
+<p>&mdash;Señores, cumplan VV. con su deber.</p>
+
+<p>El director de <i>La Monarquía</i> era un mocetón robusto, de treinta y
+cuatro a treinta y seis años de edad, cuya figura formaba triste
+contraste en aquella ocasión con la delicada y exigua de Rivera. Sin
+embargo, a los pocos momentos comprendió éste que no se las había con un
+tirador consumado. Miguel había tirado algunas temporadas el sable y el
+florete: su contrario no conocía al parecer más que esta última arma;
+pues hubo que advertirle por los padrinos que no levantase la mano
+izquierda, y la colocase detrás de la espalda. Pero esto mismo le hacía
+muy peligroso, porque en vez de hacer uso del filo, alargaba a cada
+instante la punta del sable, manteniendo a Miguel fuera de distancia.
+Este comenzó a atacar vigorosamente tirando golpes sencillos al brazo, a
+la cabeza y al hombro: su contrario, en vez de pararlos, la mayoría de
+las veces rompía alargando la punta: de esta suerte, a los tres minutos
+la lucha se convirtió en un asalto desordenado de florete. Sin embargo,
+el periodista monárquico le tiró impensadamente un golpe a la cabeza;
+pero hubo de salirle caro, porque Miguel paró y contestó con tal
+rapidez, que si no rompe a tiempo le raja la cara. Desde entonces no
+tiró más tajos. La lucha se prolongó cerca de quince minutos sin
+resultado. Miguel, que era el que atacaba, se sintió fatigadísimo;
+tanto, que lo hizo presente en voz alta, y los padrinos les obligaron a
+suspender y les dieron diez minutos de descanso. Durante ellos, Miguel
+se vistió el gabán y se fue a fumar un cigarro en un banco con la mayor
+tranquilidad, en la apariencia, en realidad muy irritado por aquel
+extraño procedimiento de su contrario. Comenzada de nuevo la lucha,
+tampoco dio resultado alguno en bastante tiempo, apesar de que Miguel,
+cada vez más impaciente, atacaba con furia batiendo para herir el sable
+de su adversario; pero éste tenía brazo de hierro, y apenas si conseguía
+apartar la punta un instante. A los ocho o diez minutos volvió a
+sentirse cansado, mas no osó declararlo por vergüenza. Aflojó en el
+ataque, haciéndolo cada vez más débil y desordenado. Advertido el
+contrario, comenzó a tirarle frecuentes estocadas: apenas tenía fuerzas
+para pararlas. Al cabo, el robusto periodista le separó el sable con el
+suyo a viva fuerza, y le hundió la punta en el pecho.</p>
+
+<p>Miguel cayó soltando un chorro abundante de sangre. Todos se apresuraron
+a socorrerle. El director de <i>La Monarquía</i> balbució algunas palabras
+manifestando su sentimiento, a las cuales el herido no pudo contestar.
+El médico le hizo la primera cura y acto continuo fue trasladado al
+coche, que le llevó en compañía de aquél y sus padrinos a casa.</p>
+
+
+
+<h3><a name="XVIIb" id="XVIIb"></a>XVII</h3>
+
+
+<p>El pronóstico del médico fue reservado en los primeros momentos. Al cabo
+de veinticuatro horas manifestó que su estado era grave, aunque no
+desesperado.</p>
+
+<p>Julita había padecido varios ataques nerviosos en el trascurso de aquel
+día: la vista de su hermano moribundo le había causado profunda y
+terrible impresión: no hubo fuerza humana capaz de hacerle tragar
+alimento ni medicina alguna. El susto de su madre también fue grande,
+pero trasformose súbito en viva y áspera irritación, de la cual fueron
+víctimas los padrinos, el médico, los criados, y hasta el mismo Miguel
+así que se encontró en estado de sufrirla: la gran preocupación de la
+brigadiera no era que aquél se curase, sino saber quién había tenido la
+culpa de la desgracia: tan intemperante y desbocada estuvo, que el conde
+de Ríos no pisó más la casa, limitándose a preguntar todos los días por
+medio de un lacayo el estado del enfermo.</p>
+
+<p>Afortunadamente, salió del peligro pronto: a los cinco días ya se le
+permitía hablar, aunque no mucho. Julia no se apartaba de su cabecera.
+La mamá era la encargada de recibir las numerosas visitas que llegaban;
+y por cierto que no se hartaba de contar a todo el mundo los pormenores
+de la catástrofe.</p>
+
+<p>Una tarde, Julia se hallaba, como de costumbre, cosiendo al lado de la
+cama del enfermo; el cual dormía.</p>
+
+<p>&mdash;Oyes, Julia&mdash;dijo de pronto despertándose.&mdash;¿Quieres hacerme un favor?</p>
+
+<p>&mdash;¿Cuál?</p>
+
+<p>&mdash;Léeme otra vez la carta de Maximina..... El día aquel no estaba yo
+para enterarme de nada.....</p>
+
+<p>Julia sonrió con semblante triunfal. En efecto, hacía días que observaba
+en su hermano cierta predisposición a la melancolía bastante ajena a su
+carácter: a menudo se pasaba horas enteras con los ojos estáticos,
+inmóvil, dando señales de hallarse emboscado en una maraña de
+pensamientos tristes: le molestaba la compañía de los amigos y aun
+llegaba a desagradarle que su hermana le leyese demasiado
+tiempo.&mdash;Miguel piensa en Maximina&mdash;se dijo aquélla al verle tan
+reflexivo. ¿Qué misterio de amor se le escapará a una joven de diez y
+siete años?&mdash;Pues que pene un poco; ya resollará.</p>
+
+<p>Y así fue, como lo pensó la niña.</p>
+
+<p>&mdash;Voy a buscarla&mdash;contestó saliendo apresuradamente de la alcoba.</p>
+
+<p>No tardó en llegar con ella en la mano: sentose de nuevo y se puso a
+leerla con gran calma, observando de reojo al herido.</p>
+
+<p>Al concluir, éste tenía los ojos húmedos, y exclamó mirando al techo:</p>
+
+<p>&mdash;¡Pobre niña!</p>
+
+<p>Julia guardó la carta en el pecho, cogió otra vez la costura y se puso a
+mover la aguja en silencio. Al cabo de algunos minutos el enfermo volvió
+a decir:</p>
+
+<p>&mdash;Voy a pedirte otro favor...</p>
+
+<p>&mdash;Lo que quieras...</p>
+
+<p>Toma las llaves de mi escritorio, que están ahí en el chaleco, abre el
+segundo cajón de la izquierda y saca un crucifijo de plata que hay en
+él... y tráemelo.</p>
+
+<p>&mdash;Aquí está&mdash;dijo presentándoselo a los pocos instantes colgando de un
+pedazo de cordón.</p>
+
+<p>&mdash;Este crucifijo&mdash;manifestó algo ruborizado&mdash;me lo dio Maximina al
+separarnos: se me rompió el cordón, y esperando comprar otro, lo guardé
+en el escritorio.</p>
+
+<p>&mdash;Tengo yo uno; no necesitas comprarlo&mdash;repuso la joven tornando a salir
+de la estancia y entrando otra vez al instante con un cordoncito azul. Y
+sin más dilación tomó el crucifijo de manos de Miguel, sacó el cordón
+viejo, metió el nuevo y dijo con naturalidad:</p>
+
+<p>&mdash;¿Quieres que te lo cuelgue?</p>
+
+<p>&mdash;Bueno&mdash;contestó Miguel poniéndose otra vez colorado.</p>
+
+<p>Al tiempo de colgárselo, Julita acercó la boca a su oído y le dijo
+graciosamente:</p>
+
+<p>&mdash;Si lo hubieras traído siempre, no te habrían herido.</p>
+
+<p>Y sin esperar contestación salió dando brincos. Cuando estuvo en el
+pasillo, se quedó inmóvil de repente, meditó un momento, y dibujándose
+en su rostro una sonrisa de placer, siguió corriendo a su cuarto y acto
+continuo se puso a escribir.</p>
+
+<p>La verdad es que en los días que siguieron a esta escena, Julita se
+manifestó digna de una plenipotencia de primer orden.</p>
+
+<p>Pocos diplomáticos se hubieran conducido con tanta habilidad.</p>
+
+<p>No volvió a hablar a su hermano de Maximina: pero le dejaba largos ratos
+solo, y cuando estaba a su lado permanecía quieta y silenciosa,
+esperando con razón que el pensamiento del herido llevaría a cabo su
+tarea, y mejor por sí solo que con auxilio de nadie. De vez en cuando,
+dando largos rodeos, que la hacían reír, Miguel sacaba la conversación
+de Pasajes y de Maximina, contándole por centésima vez todos los
+episodios de sus inocentes amores. Ella le escuchaba atenta, le animaba
+a seguir, pero guardándose de hacerle pregunta alguna acerca de sus
+designios. Esta táctica parecía excitar cada vez más la locuacidad del
+enfermo; y aun se advertían en él ciertos deseos de comunicar alguna
+cosa de más trascendencia; mas tales deseos veíanse contenidos por la
+reserva y el silencio de Julia.</p>
+
+<p>Una mañana, por fin, ésta vino a sentarse más temprano que de costumbre
+a su cabecera. Si Miguel se hubiera fijado en ella, tal vez habría
+advertido en sus ojillos inquietos y negros un brillo singular y en sus
+manos cierto temblor inusitado; pero se hallaba tan embebido en sus
+pensamientos y habitual melancolía, que nada observó.</p>
+
+<p>&mdash;Dime, Miguel&mdash;le dijo la joven levantando resueltamente la
+cabeza,&mdash;¿qué piensas hacer cuando te levantes?</p>
+
+<p>&mdash;¿Cuando me levante?... ¿Qué quieres decir?..&mdash;repuso sorprendido.</p>
+
+<p>&mdash;Sí; ¿qué piensas hacer de tu vida?</p>
+
+<p>&mdash;¿Qué sé yo, chica?... Lo de siempre.</p>
+
+<p>Hubo un rato de silencio. Miguel esperaba que su hermana concretase más
+el pensamiento: viendo que no lo hacía, se decidió a hablar.</p>
+
+<p>&mdash;La verdad es, Julia, que he meditado bastante en estos días acerca de
+mi situación, y no la encuentro tan halagüeña como a primera vista
+parece. Tú y mamá constituís hoy mi única familia. Con los demás
+parientes no cuento para nada. Tú te casarás, como es natural. Mamá...
+ya sabes cómo tiene el genio; la vida a su lado no puede ser alegre. Por
+otra parte, me voy haciendo viejo (<i>carcajada de Julia</i>). No te rías;
+aunque por fuera no me siento viejo, por dentro necesito ya sosiego,
+comodidades; la vida de fonda me horroriza. No puedes figurarte la
+compasión que me inspiran esos viejos que andan rodando solos por las
+casas de huéspedes..., que se ponen enfermos y tienen que llamar a una
+hermana de la caridad... que al llegar de la calle no pueden comunicar
+sus impresiones tristes o placenteras con un ser querido... que con
+ganas o sin ellas se ven forzados a salir todas las noches, porque la
+soledad les arroja del cuarto... ¡Es horrible!</p>
+
+<p>&mdash;Bien; todo eso quiere decir que deseas casarte&mdash;manifestó Julia con
+sonrisa burlona.</p>
+
+<p>&mdash;No he dicho tal cosa&mdash;respondió avergonzado, y reponiéndose en
+seguida, exclamó:&mdash;Pero si lo hubiera dicho, ¿qué?... ¿Tiene algo de
+particular?</p>
+
+<p>&mdash;Nada, hombre, nada; al contrario, siempre he creído que debías
+casarte.</p>
+
+<p>&mdash;¿Pero con quién?&mdash;preguntó el joven en tono angustioso.</p>
+
+<p>&mdash;Con la muchacha que más te guste..., si es que te quiere.</p>
+
+<p>&mdash;Ahí está la dificultad..., que no me gusta ninguna.</p>
+
+<p>&mdash;¿Ni la de Pasajes tampoco?</p>
+
+<p>Miguel se turbó aún más, y dijo con palabra vacilante:</p>
+
+<p>&mdash;¡Qué pícara eres! Maximina me gustaba. La verdad es que sería una
+buena esposa...</p>
+
+<p>&mdash;¿Pues por qué no te casas con ella?</p>
+
+<p>&mdash;¿Crees tú...?&mdash;preguntó dirigiéndole una mirada tímida y anhelante.</p>
+
+<p>&mdash;¡Vaya! Yo me alegraría muchísimo. Creo que es la única mujer que te
+conviene.</p>
+
+<p>&mdash;¡Ay, Julita!&mdash;exclamó con vehemencia incorporándose un poco.&mdash;Qué
+placer me has dado. Hace una porción de días que no pienso en otra cosa.</p>
+
+<p>&mdash;Lo sabía perfectamente... Pero hazme el favor de taparte, porque si te
+mueres no hay boda, y yo quiero comer dulces a toda costa.</p>
+
+<p>Miguel la dirigió una sonrisa de reconocimiento. Hubo otra pausa. Se
+quedó pensativo y miró dos o tres veces de soslayo a su hermana, como si
+no se atreviese a manifestarle lo que cruzaba por su mente. Al fin se
+aventuró a decir:</p>
+
+<p>&mdash;Todavía tengo que pedirte otro favor, Julita.</p>
+
+<p>&mdash;Ya sé cuál es: que escriba a Maximina, ¿verdad?</p>
+
+<p>&mdash;¡Qué talento tan prodigioso! No pareces hermana de un redactor de <i>La
+Independencia</i>... Escríbele, sí, porque yo, Dios sabe cuándo podré coger
+la pluma.</p>
+
+<p>&mdash;¿Y qué le digo?</p>
+
+<p>&mdash;Lo que quieras.</p>
+
+<p>&mdash;Bien; le diré que la quieres mucho y que deseas casarte con ella a
+escape.</p>
+
+<p>&mdash;¡Eso; y que es más guapa que la virgen del Carmen!</p>
+
+<p>&mdash;Calla, bruto. Voy ahora mismo, no sea que te vuelvas atrás.</p>
+
+<p>Salió de la alcoba; no se pasaron dos minutos sin que se la oyese gritar
+desde la puerta:</p>
+
+<p>&mdash;Ya he escrito, Miguel. Ahí está la contestación.</p>
+
+<p>Alzó los ojos y vio a la misma Maximina, a quien Julia empujaba hacia la
+cama. Detrás vio asomar la cara del hombre-pez, o sea de D. Valentín, el
+ex-capitán del <i>Rápido</i>, quien hacía todo lo posible por ocultarse
+detrás de las jóvenes. Creyó que estaba soñando: de tal modo se pintó el
+espanto en sus ojos, que Maximina se detuvo en medio del gabinete.</p>
+
+<p>&mdash;¡Vamos, necio, no pongas esa cara, que la asustas!&mdash;exclamó Julita.</p>
+
+<p>Brilló entonces una chispa de gozo en los ojos del joven. Maximina, más
+roja que una cereza, avanzó unos pasos más y le preguntó con voz
+temblorosa:</p>
+
+<p>&mdash;¿Cómo se encuentra V., Miguel?</p>
+
+<p>&mdash;¡En el sétimo cielo; a la derecha de Dios Padre!</p>
+
+<p>Y tomándole una mano comenzó a besarla con frenesí, como si no hubiera
+nadie delante.</p>
+
+<p>&mdash;Julia te ha escrito pidiéndote perdón de mi parte, ¿no es verdad?...
+Diciéndote que estaba en peligro de muerte, y deseaba casarme contigo,
+¿verdad?... Pues todo, todo eso es cierto... Sólo que ya no me muero. Me
+casaré en cuanto me levante de esta cama y seremos muchos años
+felices... Digo (<i>bajando la cabeza y cambiando de tono</i>) en el caso de
+que tú me quieras... ¿Estás conforme con el programa?</p>
+
+<p>La niña hizo una señal afirmativa: la emoción la impedía hablar.</p>
+
+<p>Miguel estrechó con fuerza sus manos y las llevó al corazón.</p>
+
+<p>D. Valentín contemplaba atónito aquella escena. Julita, desde la puerta,
+exclamó sentenciosamente llevándose un dedo a la frente:</p>
+
+<p>&mdash;¡Y luego dirá mamá que aquí no hay más que viento!</p>
+
+<p class="top5">Aquella misma noche volvieron D. Valentín y su sobrina a Pasajes. Tres
+semanas después fue Miguel a casarse. A las dos horas de recibir la
+bendición del cura, emprendieron la marcha para Madrid.</p>
+
+<p>El destino tenía reservadas todavía a Miguel otras penas y otras
+alegrías, las cuales más adelante contaré, si en ello fuere Dios
+servido.</p>
+
+<p class="c top15">FIN</p>
+
+<hr />
+
+<h3>OBRAS DEL MISMO AUTOR</h3>
+
+<table summary="obras"
+cellpadding="2"
+cellspacing="2">
+<tr><td
+colspan="2" align="center"
+style="font-weight:800;line-height:75px;">CRÍTICA</td></tr>
+<tr><td>&nbsp;</td><td align="right"><span class="smcap">pesetas</span></td></tr>
+
+<tr><td><span class="smcap">Los Oradores del Ateneo</span>, un tomo</td><td align="right">2&nbsp; &nbsp; &nbsp;</td></tr>
+
+<tr><td><span class="smcap">Los Novelistas Españoles</span>, un tomo</td><td align="right">2&nbsp; &nbsp; &nbsp;</td></tr>
+
+<tr><td><span class="smcap">Nuevo Viaje al Parnaso</span>, un tomo</td><td align="right">2&nbsp; &nbsp; &nbsp;</td></tr>
+
+<tr><td><span class="smcap">La Literatura en 1881</span> (en colaboración), un tomo</td><td align="right">2&nbsp; &nbsp; &nbsp;</td></tr>
+
+
+<tr><td
+colspan="2" align="center"
+style="font-weight:800;line-height:75px;">NOVELAS</td></tr>
+
+
+<tr><td><span class="smcap">El Señorito Octavio</span>, un tomo</td><td align="right">3&nbsp; &nbsp; &nbsp;</td></tr>
+
+<tr><td><span class="smcap">Marta y María</span> (ilustrada por Pellicer), un tomo</td><td align="right">4&nbsp; &nbsp; &nbsp;</td></tr>
+
+<tr><td><span class="smcap">El Idilio de un Enfermo</span>, un tomo</td><td align="right">4&nbsp; &nbsp; &nbsp;</td></tr>
+
+<tr><td><span class="smcap">Aguas Fuertes</span> (novelas y cuadros), un tomo</td><td align="right">3&nbsp; &nbsp; &nbsp;</td></tr>
+
+<tr><td><span class="smcap">José</span>, un tomo</td><td align="right">3,50</td></tr>
+</table>
+
+<hr />
+
+<p class="c">LIBRERÍA DE VICTORIANO SUÁREZ</p>
+
+<p class="c"><b>CATALOGO</b></p>
+
+
+<p class="c">LIBRERÍA</p>
+
+<p class="c">DE</p>
+
+<p class="c">VICTORIANO SUÁREZ</p>
+
+<p class="c"><b>Calle de Jacometrezo, 72, Madrid</b></p>
+
+<p class="hang"><b>Los precios indicados en primer término son para Madrid los en segundo
+para provincias, francos de porte.</b></p>
+
+<p class="hang"><b>ALARCON</b> (D. Pedro).&mdash;Diario de un testigo de la guerra de África; 3
+tomos, 9 y 10 pesetas.</p>
+
+<p>&mdash;De Madrid a Nápoles; 7 y 8 pesetas.</p>
+
+<p>&mdash;Poesías; 5 y 5,50 pesetas.</p>
+
+<p>&mdash;El Sombrero de tres picos; 3 y 3,50 pesetas.</p>
+
+<p>&mdash;El Escándalo; 4 y 4,50 pesetas.</p>
+
+<p>&mdash;El Niño de la Bola; 4 y 4,50 pesetas.</p>
+
+<p>&mdash;El Final de Norma; 4 y 4,50 pesetas.</p>
+
+<p>&mdash;El Capitán Veneno; 3 y 3,50 pesetas.</p>
+
+<p>&mdash;La Pródiga; 4 y 4,50 pesetas.</p>
+
+<p>&mdash;Novelas cortas; 3 tomos, 12 y 13 pesetas.</p>
+
+<p class="hang">Contiene: Primera serie. Retrato y biografía del autor. Cuentos
+amatorios.&mdash;Segunda serie. Historietas nacionales.&mdash;Tercera serie.
+Narraciones inverosímiles.</p>
+
+<p>&mdash;La Alpujarra; 5 y 5,50 pesetas.</p>
+
+<p>&mdash;Cosas que fueron; 4 y 4,50 pesetas.</p>
+
+<p>&mdash;Viaje por España; 4 y 4,50 pesetas.</p>
+
+<p>&mdash;Juicios literarios; 4 y 4,50 pesetas.</p>
+
+<p>&mdash;Amores y amoríos; 4 y 4,50 pesetas.</p>
+
+<p class="hang"><b>BALZAC.</b>&mdash;(Dos tomos.)&mdash;Contiene el primero: Escenas de la vida
+privada.&mdash;Una familia doble.&mdash;La señora de Firmiani.&mdash;La Vendetta.&mdash;La
+casa del gato que pelotea.&mdash;El baile de Sceaux.&mdash;El bolsillo.</p>
+
+<p class="hang">Contiene el segundo: Alberto Savarus.&mdash;La paz del hogar.&mdash;La querida
+falsa.&mdash;Estudio de mujer.&mdash;Un estudio más de mujer.&mdash;La gran Breteche.</p>
+
+<p class="hang">Traducción de E. Borrel y L. Aner; precio de cada tomo, 2,50 y 3
+pesetas.</p>
+
+<p class="hang">&mdash;Cuentos droláticos, traducidos por Querubín de la Ronda, con un
+prólogo de Clarín; 2 pesetas.</p>
+
+<p class="hang"><b>AMICIS</b> (Edmundo de).&mdash;España: traducción de Suárez Figueroa. Un volumen
+holandesa, tela, 5 pesetas.</p>
+
+<p class="hang">&mdash;Marruecos: traducido por J. Muñiz Carro. Un volumen, con noticia
+biográfica, 3,50 y 4 pesetas.</p>
+
+<p class="hang">&mdash;El vino, sus efectos psicológicos; una peseta.</p>
+
+<p class="hang">&mdash;Recuerdos de París y Londres: traducción del mismo. Un volumen, 2,50 y
+3 pesetas.</p>
+
+<p class="hang">&mdash;Holanda: traducido por H. Giner de los Ríos y J. Muñiz Carro. Un
+volumen, 4 pesetas.</p>
+
+<p class="hang">&mdash;Constantinopla: traducción de H. Giner de los Ríos. Dos volúmenes, con
+el retrato del autor, 5 pesetas.</p>
+
+<p class="hang">&mdash;Recuerdos de 1870-71: traducción del mismo. Un volumen, 3 pesetas.</p>
+
+<p class="hang">&mdash;La vida militar: bocetos, primera serie, traducción del mismo. Un
+volumen, 3 pesetas.</p>
+
+<p class="hang">&mdash;La vida militar: nuevos bocetos, segunda serie, traducción del mismo;
+3 pesetas.</p>
+
+<p class="hang">&mdash;Novelas: traducción del mismo; 3 pesetas.</p>
+
+<p class="hang">Contiene: Camila.&mdash;La casa paterna.&mdash;Furio.&mdash;Manuel Menéndez.&mdash;Un gran
+día.&mdash;Alberto.</p>
+
+<p class="hang">&mdash;Páginas sueltas: traducción del mismo; 3 pesetas.</p>
+
+<p class="hang">&mdash;Retratos literarios: traducción del mismo; 3 pesetas.</p>
+
+<p class="hang">&mdash;Italia: traducción del mismo; 2 tomos, 6 pesetas.</p>
+
+<p class="hang">&mdash;Los amigos: traducción del mismo; 3 tomos, 9 pesetas.</p>
+
+<p class="hang">&mdash;Poesías: traducción del mismo; 3,50 pesetas.</p>
+
+
+<p class="hang"><b>BIBLIOTECA de autores escogidos.&mdash;A 1 y 1,25 pesetas cada tomo.</b></p>
+
+<p class="hang"><i>Quevedo.</i>&mdash;Marco Bruto; un tomo.</p>
+
+<p class="hang"><i>Sauvestre.</i>&mdash;Un filósofo en una guardilla; un tomo.</p>
+
+<p class="hang"><i>Quintana.</i>&mdash;Obras poéticas; un tomo.</p>
+
+<p class="hang"><i>Ossian.</i>&mdash;Poemas gaélicos; 2 tomos.</p>
+
+<p class="hang"><i>Jovellanos.</i>&mdash;Oraciones y discursos; un tomo.</p>
+
+<p class="hang"><i>Víctor Hugo.</i>&mdash;Discursos; 2 tomos.</p>
+
+
+<p class="hang"><b>BIBLIOTECA de cuentos y leyendas de autores ingleses y norte-americanos.</b></p>
+
+<p class="hang"><b>Traducida por M. Juderías Bénder.</b></p>
+
+<p class="hang">Una carta de Miss Greenwood y cuatro cuentos de N. Hawthorne; un tomo,
+una peseta.</p>
+
+<p class="hang">Memorias de un Gobernador, por Wáshington Irving; un tomo, una peseta.</p>
+
+<p class="hang">Leyendas extraordinarias, por E. Poe y Wáshington Irving un tomo, una
+peseta.</p>
+
+<p class="hang">El Tesoro escondido y Los Pigmeos, por Natanael Hawthorne; un tomo, una
+peseta.</p>
+
+<p class="hang">El Vellocino de Oro, por Natanael Hawthorne; un tomo, una peseta.</p>
+
+<p class="hang">La segunda parte de Ivanhoe, por W. M. Thackeray; un tomo, una peseta.</p>
+
+<p class="hang">El Barón y un proyecto de ferrocarril, por X. X. X.; un tomo, una
+peseta.</p>
+
+
+<p class="hang"><b>CAMPOAMOR</b> (de la Real Academia Española).&mdash;Los pequeños poemas: quinta
+edición, única completa: 1882; un tomo, 5 pesetas en Madrid, y 5,50 en
+provincias. Encuadernados a la inglesa con una elegante plancha, 1,50
+pesetas más.</p>
+
+<p class="hang">&mdash;Doloras y cantares: décimo-sexta edición, única completa, con el
+retrato del autor. Madrid, 1882; un tomo, 5 pesetas en Madrid y 5,50 en
+provincias. Encuadernadas a la inglesa con una elegante plancha, 1,50
+pesetas más.</p>
+
+<p class="hang">&mdash;Poesías y fábulas: quinta edición. Contiene: Ternezas y flores.&mdash;Ayes
+del alma. Un tomo, 8.º mayor, 4 y 4,50 pesetas.</p>
+
+<p class="hang">&mdash;El drama universal: poema en ocho jornadas; primera edición de gran
+lujo, 8 y 9 pesetas.</p>
+
+<p class="hang">&mdash;Idem; tercera edición, 3 y 3,50 pesetas. Encuadernado, una peseta más.</p>
+
+<p class="hang">&mdash;Colón: poema, con un prólogo de D. Severo Catalina (nueva edición
+diamante), 3 pesetas. Encuadernado lujosamente, una peseta más.</p>
+
+<p class="hang">&mdash;Epístola necrológica de D. Luis González Brabo; una peseta.</p>
+
+<p class="hang">&mdash;El Palacio de la verdad: comedia en tres actos; 2 pesetas.</p>
+
+<p class="hang">&mdash;Guerra a la guerra: dolora dramática; una peseta.</p>
+
+<p class="hang">&mdash;Díes Iræ: drama en un acto; una peseta.</p>
+
+<p class="hang">&mdash;Cuerdos y locos: comedia en tres actos; 2 pesetas.</p>
+
+<p class="hang">&mdash;El honor: comedia en tres actos; 2 pesetas.</p>
+
+<p class="hang">&mdash;Pensamientos: extracto de sus primeras obras; 1,50 peseta.</p>
+
+<p class="hang">&mdash;Poética: 1,50 peseta en toda España.</p>
+
+<p class="hang">&mdash;Polémicas con la democracia: segunda edición aumentada; un tomo, 8.º
+mayor, 3 y 3,50 pesetas. Encuadernado, una peseta más.</p>
+
+<p class="hang">&mdash;Lo absoluto: 3,50 y 4 pesetas.</p>
+
+
+<p class="hang"><b>CANTOS</b> populares españoles.&mdash;Recogidos, ordenados e ilustrados por
+Francisco Rodríguez Marín, socio facultativo de El Fok-Lore Andaluz. 5
+tomos 8.º, 25 y 27 pesetas.</p>
+
+<p class="hang">Contiene: Nanas, o coplas de cuna.&mdash;Rimas
+infantiles.&mdash;Adivinanzas.&mdash;Pegas.&mdash;Oraciones, ensalmos y conjuros
+amorosos.&mdash;Requiebros, declaración, ternezas, constancia, serenata y
+despedida.&mdash;Ausencia, celos, quejas y desavenencias, odio, desdenes,
+penas, reconciliación y matrimonio.&mdash;Teoría y consejos
+amatorios.&mdash;Cariño y penas filiales.&mdash;Religiosos.&mdash;Sentenciosos y
+morales.&mdash;Fiestas y baile.&mdash;Columpio.&mdash;Jocosos y
+satíricos.&mdash;Estudiantes, soldados, marineros y mineros contrabandistas,
+brabucones y borrachos.&mdash;Carcelarios.&mdash;Históricos y
+tradicionales.&mdash;Locales.&mdash;Varios.&mdash;Apéndice general.&mdash;Algunas
+observaciones sobre los versos del <i>Cantar de los cantares</i> citados en
+la presente obra.&mdash;Melodías.&mdash;Advertencias.&mdash;Post scriptum, etcétera,
+etc.</p>
+
+
+<p class="hang"><b>DAUDET.</b>&mdash;Los reyes en el destierro. Novela parisién, traducida por D.
+Joaquín Portuondo; 3,50 y 4 pesetas.</p>
+
+
+<p class="hang"><b>ELICES MONTES.</b>&mdash;El patriotismo español. Apuntes para un libro, recogidos
+de las glorias patrias, dedicado a los españoles residentes en América.
+Madrid 1885; un tomo en 8.º, 2,50 pesetas.</p>
+
+<p class="hang">&mdash;El gobierno y el ejército de los pueblos libres.&mdash;Tratado de derecho
+político y plan de organización militar, según el credo democrático y
+los últimos adelantos del arte de la guerra, 2,50.</p>
+
+<p class="hang"><b>ESCANDON.</b>&mdash;Historia monumental del heroico Rey D. Pelayo y sus sucesores
+en el trono cristiano de Asturias, ilustrada, analizada y documentada.
+Obra de sumo interés para los historiadores y curiosos; contiene las
+crónicas oficiales de aquellos tiempos, que son muy poco conocidas; un
+tomo en 4º, 5 pesetas en toda España.</p>
+
+<p class="hang"><b>FLORES.</b>&mdash;La historia del matrimonio; 2 y 2,50 pesetas.</p>
+
+<p class="hang">&mdash;Tipos y costumbres españolas; 3 y 3,50 pesetas.</p>
+
+<p class="hang">&mdash;Ayer, hoy y mañana; 6 tomos, 18 y 20 pesetas.</p>
+
+<p class="hang"><b>FERRER DEL RÍO.</b>&mdash;Galería de la litera, con los retratos de Quintana,
+Lista, Gallego, Burgos, Toreno, Martínez de la Rosa, Lastra y otros; un
+tomo en 4.º, 5 pesetas en toda España.</p>
+
+<p class="hang">&mdash;Album literario español. Esta obra comprende una colección de
+artículos y poesías de nuestros más célebres escritores contemporáneos y
+forma la <i>Segunda parte</i> de la Galería de la literatura española; un
+tomo en 4.º, 4 pesetas en toda España.</p>
+
+<p class="hang"><b>GOMEZ SIGURA.</b>&mdash;El Taciturno (novela); 4 pesetas.</p>
+
+<p class="hang"><b>GIMENEZ Y HURTADO.</b>&mdash;Cuentos españoles contenidos en las producciones
+dramáticas de Calderón de la Barca, Tirso de Molina, Alarcón y Moreto,
+con notas y biografías, 1881; un tomo en 8.º, 2,50 pesetas.</p>
+
+<p class="hang">&mdash;La sal de María Santísima. Musa epigramática y cancionero festivo
+popular, en donde figuran los más célebres epigramas de autores antiguos
+y contemporáneos y los más intencionados y alegres cantares del pueblo,
+etc., etc., con un razonado e interesante prólogo de D. Eduardo
+Bustillo, 1882, 8.º; 2 pesetas en toda España.</p>
+
+<p class="hang"><b>LISTA Y ARAGON.</b>&mdash;Ensayos literarios y críticos, con un prólogo de D.
+José Joaquín de Mora; 2 tomos en un volumen 4.º, 6 pesetas en toda
+España.</p>
+
+<p class="hang"><b>OVILO Y CANALES.</b>&mdash;La mujer marroquí, estudio social. Ilustrada con cromo
+al lápiz y dibujos a pluma, por Demócrito; un tomo 8.º, 3 pesetas.</p>
+
+<p class="hang"><b>PEREZ GALDÓS</b> (D. Benito).&mdash;Episodios Nacionales, 20 tomos, a 2 pesetas
+uno.</p>
+
+<p class="hang">&mdash;Doña Perfecta; 2 pesetas.</p>
+
+<p class="hang">&mdash;Gloria; 2 tomos, 4 pesetas.</p>
+
+<p class="hang">&mdash;Marianela; 2 pesetas.</p>
+
+<p class="hang">&mdash;La Familia de León Roch; 3 tomos, 6 pesetas.</p>
+
+<p class="hang">&mdash;El Amigo manso; 3 pesetas.</p>
+
+<p class="hang">&mdash;La Desheredada; 8 pesetas.</p>
+
+<p class="hang">&mdash;El Doctor Centeno; 2 tomos, 6 pesetas.</p>
+
+<p class="hang">&mdash;Tormento; 3,50 pesetas.</p>
+
+<p class="hang">&mdash;La de Bringas, tercera parte del Doctor Centeno; 3 pesetas.</p>
+
+<p class="hang">&mdash;Lo Prohibido; 2 tomos, 6 pesetas.</p>
+
+<p class="hang">&mdash;La Fontana de Oro; 2 pesetas.</p>
+
+<p class="hang">&mdash;Episodios Nacionales: edición ilustrada con más de 1.200 facsímile.</p>
+
+<p class="hang">Tomo I. Trafalgar. La Corte de Carlos IV; 120 grabados, 13 pesetas.</p>
+
+<p class="hang">Tomo II. El 19 de Marzo y el 2 de Mayo. Bailén; 125 grabados, 14
+pesetas.</p>
+
+<p class="hang">Tomo III. Napoleón en Chamartín. Zaragoza; 125 grabados, 14 pesetas.</p>
+
+<p class="hang">Tomo IV. Gerona Cádiz; 130 grabados, 14 pesetas.</p>
+
+<p class="hang">Tomo V. Juan Martín el Empecinado. La batalla de los Arapiles; 14
+pesetas.</p>
+
+<p class="hang">Tomo VI. El equipaje del Rey José. Memorias de un cortesano; 13
+pesetas.</p>
+
+<p class="hang">Tomo VII. La segunda casaca. El grande Oriente.</p>
+
+<p class="hang">Tomo VIII. El 7 de Julio y los cien mil hijos de San Luis; 13 pesetas.</p>
+
+<p class="hang">Tomo IX. El Terror de 1824 y un voluntario realista; 14 pesetas.</p>
+
+<p class="hang">Tomo X y último. Los Apostólicos y un faccioso; 15 pesetas.</p>
+
+<p class="hang"><b>PONSON DU TERRAIL.</b>&mdash;El Herrero del convento; 2 tomos 8.º, de 336 y 434
+páginas, 3 pesetas.</p>
+
+<p class="hang">&mdash;Los Amores de Aurora: segunda parte del Herrero del convento; un tomo
+8.º, de 668 páginas, 2 pesetas.</p>
+
+<p class="hang">&mdash;La justicia de los bohemios: tercera parte y última del Herrero del
+convento; un tomo 8.º, de 567 páginas, 2 pesetas.</p>
+
+<p class="hang">&mdash;El Capitán de los penitentes negros; 2 tomos, 2 y 2,50 pesetas.</p>
+
+<p class="hang">&mdash;El Diamante del Comendador; un tomo, 1,50 pesetas.</p>
+
+<p class="hang"><b>PEREDA.</b>&mdash;Sotileza. 1885; un tomo, 4,50 y 5 pesetas.</p>
+
+<p class="hang">&mdash;Tipos y paisajes; un tomo, 3 pesetas.</p>
+
+<p class="hang">&mdash;Tipos trashumantes; 2 pesetas.</p>
+
+<p class="hang">&mdash;Esbozos y rasguños; 4 y 4,50 pesetas.</p>
+
+<p class="hang">&mdash;El sabor de la tierruca; tela, 3 y 4 pesetas.</p>
+
+<p class="hang">&mdash;Pedro Sánchez, segunda edición, 4,50 y 5 pesetas.</p>
+
+<p class="hang">En publicación:</p>
+
+<p class="hang">Obras completas, esmeradamente corregidas, a 4 y 4,50 pesetas tomo.
+Encuadernadas bonitamente, en tela, una peseta más.</p>
+
+<p class="hang">Se hallan de venta las siguientes:</p>
+
+<p class="hang">&mdash;Los hombres de pro.</p>
+
+<p class="hang">&mdash;El buey suelto...</p>
+
+<p class="hang">&mdash;D. Gonzalo González de la Gonzalera.</p>
+
+<p class="hang">&mdash;De tal palo tal astilla; 4 y 4,50 pesetas.</p>
+
+<p class="hang">&mdash;Escenas Montañesas; 4 y 4,50 pesetas.</p>
+
+<p class="hang"><b>POLO Y PEILORÓN</b> (D. M.).&mdash;Borrones ejemplares, miscelánea de artículos,
+cuentos, parábolas y sátiras; 1883, 8.º, 2,50 y 3 pesetas.</p>
+
+<p class="hang">&mdash;Costumbres populares de la Sierra de Albarracín; cuentos originales
+(muy morales); 1876, tercera edición, 2 y 2,50 pesetas.</p>
+
+<p class="hang">&mdash;Sacramento y concubinato: novela original, de costumbres aragonesas,
+con una carta-prólogo de D. Manuel Trueba; 1884, 8.º, 2,50 y 3 pesetas.</p>
+
+<p class="hang">&mdash;Supuesto parentesco entre el hombre y el mono, contra Darwin; 1884,
+8.º, segunda edición, 3,50 y 4 pesetas.</p>
+
+<p class="hang">&mdash;Los mayos: novela original, de costumbres aragonesas, con un prólogo
+de D. M. Menéndez Pelayo; 1879, segunda edición, 8.º, 2,50 y 3 pesetas.</p>
+
+<p class="hang">&mdash;Elementos de Psicología; 1881, segunda edición, 8.º, 3 y 3,50 pesetas.</p>
+
+<p class="hang">&mdash;Elementos de Lógica; 1882, segunda edición, 8.º, 3 y 3,50 pesetas.</p>
+
+<p class="hang">&mdash;Elementos de Ética; 1882, segunda edición, 8.º, 3 y 3,50 pesetas.</p>
+
+<p class="hang"><b>RODA.</b>&mdash;Los oradores romanos: lecciones explicadas en el Ateneo
+científico y literario de Madrid, en el curso de 1873-74, con un prólogo
+del Excmo. Sr. D. Antonio Cánovas del Castillo; un tomo, 2,50 y 3
+pesetas.</p>
+
+<p class="hang">&mdash;Los oradores griegos. Lecciones explicadas en el Ateneo científico y
+literario de Madrid, en el curso de 1882-73, con un prólogo del Excmo.
+Sr. D. Antonio Cánovas del Castillo; un tomo 8.º, 2,50 y 3 pesetas.</p>
+
+<p class="hang">&mdash;Breves noticias sobre la vida literaria y política de Cánovas del
+Castillo: una peseta.</p>
+
+<p class="hang">&mdash;Ensayo sobre la opinión pública; 3 pesetas.</p>
+
+<p class="hang">&mdash;Traducción del mismo. Bacón, ensayo de moral y de política; un tomo
+4.º, 3 y 3,50 pesetas.</p>
+
+<p class="hang"><b>RODRIGUEZ MOURELO.</b>&mdash;La Radiofonía. Estudio de una nueva propiedad de las
+radiaciones, con una carta de D. José Echegaray y prólogo de D. José
+Rodríguez Carracido; 1883, un tomo en 8.º, 4 y 4,50 pesetas.</p>
+
+<p class="hang"><b>SPENCER</b> (Herbert).&mdash;De la educación intelectual, moral y física: vertida
+al castellano, con notas y observaciones, por Siro García del Mazo;
+segunda edición, corregida y aumentada en vista de la inglesa de 1884;
+8.º, 3 pesetas. Obra muy recomendada a los padres, jefes de familia y a
+los maestros en general.</p>
+
+<p class="hang">&mdash;Fundamentos de la moral, vertida directamente del inglés, por Siro
+García del Mazo; 4.º, 1881, 5 y 5,50 pesetas.</p>
+
+<p class="hang">&mdash;Los primeros principios, traducción de José Andrés Irueste; 4.º, 6 y 7
+pesetas.</p>
+
+<p class="hang">&mdash;Principios de Sociología; traducción de Eduardo Cazorla, 1883, 2 tomos
+4.º, 14 y 15,50 pesetas.</p>
+
+<p class="hang"><b>VARELA</b> (D. Juan).&mdash;Pepita Jiménez; 2,50 y 3 pesetas.</p>
+
+<p class="hang">&mdash;Doña Luz; 2,50 y 3 pesetas.</p>
+
+<p class="hang">&mdash;Las ilusiones del doctor Faustino; 2 tomos, 5 y 6 pesetas.</p>
+
+<p class="hang">&mdash;El Comendador Mendoza; 2,50 y 3 pesetas.</p>
+
+<p class="hang">&mdash;Pasarse de listo; 2,50 y 3 pesetas.</p>
+
+<p class="hang">&mdash;Cuentos y diálogos; 2,50 y 3 pesetas.</p>
+
+<p class="hang">&mdash;Poesía y arte de los árabes en España; 3 tomos, 9 y 10 pesetas.</p>
+
+<p class="hang">&mdash;Disertaciones y juicios literarios; 6 y 7 pesetas.</p>
+
+<p class="hang">&mdash;Algo de todo; 2,50 y 3 pesetas.</p>
+
+<p class="hang">&mdash;Dafnis y Cloe; 3 y 3,50 pesetas.</p>
+
+<p class="hang">&mdash;Estudios críticos; 3 tomos, 9 y 10 pesetas.</p>
+
+<p class="hang">&mdash;El individuo contra el Estado; 2 pesetas.</p>
+
+
+<h3>PSICOLOGÍA ALEMANA CONTEMPORÁNEA,</h3>
+
+<p class="c">POR</p>
+
+<p class="c">TH. RIBOT</p>
+
+<p class="c">Traducida con autorización del autor</p>
+
+<p class="c">POR</p>
+
+<p class="c">FRANCISCO MARTÍNEZ CONDE,</p>
+
+<p class="c">Profesor de Psicología. 1880, 8.º, 3,50 pesetas.</p>
+
+<p>Este libro, una de las mejores producciones del eminente psicólogo
+Ribot, expone con claridad y precisión admirables el movimiento de la
+Psicología científica en Alemania, desde principios de este siglo, en
+que se hizo el primer ensayo, hasta nuestros días. Por su orden
+cronológico aparecen los trabajos de Herbert y su escuela (Waitz,
+Lazarus, Steinthal y otros); de Beneke, que aplica la Psicología a la
+educación; de Lotze, autor de la teoría de los signos locales; de
+Fechner, fundador de la Psico-física; y de Wundt, creador de la
+Psicología fisiológica. A la vez que expone la obra de cada uno de estos
+investigadores, el autor se detiene a estudiar, al paso que se
+presentan, las cuestiones fundamentales de la Psicología científica,
+esclareciendo con gran copia de luz, entre otros problemas, <i>el origen
+de la noción de espacio, la crítica de la ley de Fechner y la duración
+de los actos psíquicos</i>. Así este libro, a la ventaja de imponer al
+lector en el movimiento de la Psicología moderna alemana, movimiento más
+hondo y de más porvenir que el de la inglesa, junta la de darle a
+conocer el concepto y plan de la Psicología científica, tan distintos de
+la antigua metafísica, y los vitales problemas que hoy ocupan la
+atención de los investigadores.</p>
+
+
+<h3>DERECHO INTERNACIONAL PÚBLICO DE EUROPA</h3>
+
+<p class="c">POR</p>
+
+<p class="c">A.-G. HEFFTER</p>
+
+<p class="c"><span class="smcap">TRADUCCIÓN DE GABINO LIZARRAGA, ABOGADO DEL ILUSTRE COLEGIO DE MADRID,
+ETC., ETC.</span></p>
+
+
+<p>Esta obra, cuyo mérito está reconocido por todo el mundo, y de que son
+evidente prueba las traducciones que se han hecho a casi todas las
+lenguas, viene a llenar un vacío en nuestra literatura patria. Su
+interés no puede desconocerse al considerar que en ella se tratan todas
+las cuestiones internacionales, lo mismo en la paz que en la guerra.</p>
+
+<p>Hoy que los lazos de nación a nación van siendo cada vez más íntimos, a
+la par que más definidos, creemos prestar publicándolo un gran servicio
+a todos los que se interesan por esta clase de cuestiones.</p>
+
+<p>Tales son las razones que hemos tenido presentes al decidirnos a ofrecer
+al público la presente traducción, habiendo conseguido hacerlo con tal
+baratura, que costando en francés 70 rs., la nuestra, que forma un
+elegante tomo en 4.º de 553 páginas, buen papel y esmerada impresión, su
+precio es el de 8 pesetas en Madrid y 9 en provincias.</p>
+
+
+<p class="c">ENRIQUE AHRENS</p>
+
+<p class="c">ENCICLOPEDIA JURIDICA O EXPOSICIÓN ORGÁNICA DE LA CIENCIA DEL DERECHO Y
+EL ESTADO</p>
+
+<p class="c">VERSIÓN DIRECTA DEL ALEMÁN</p>
+
+<p class="c">AUMENTADA CON NOTAS CRÍTICAS Y UN ESTUDIO SOBRE LA VIDA Y OBRAS DEL
+AUTOR</p>
+
+<p class="c">POR</p>
+
+<p class="c">FRANCISCO GINER, GUMERSINDO DE AZCÁRATE Y AUGUSTO G. DE LINARES</p>
+
+<p class="c">Profesores en la institución libre de enseñanza.</p>
+
+<p>Este importantísimo libro es uno de los que más alto renombre han dado
+en toda Europa a su autor, tan estimado entre nosotros, y a cuyas obras
+tanto debe la cultura filosófica y social de nuestro pueblo. Contiene,
+después de la <i>Introducción</i>, un compendio de <i>Filosofía del Derecho</i>,
+por demás preciso y completo, en medio de su brevedad; una <i>Historia
+general del Derecho</i>, quizá superior a cuantas hasta hoy se han
+publicado; una exposición, modelo acabado en su género, del <i>Derecho</i>,
+especialmente en cuanto a la esfera civil o privada, y por último, una
+ojeada a los principales problemas del <i>Derecho público</i>.</p>
+
+<p>En el <i>Estudio</i> sobre la vida y las obras del ilustre jurisconsulto
+alemán se exponen en breve resumen sus principales escritos: así como en
+el gran número de notas críticas que acompañan a la versión, se ha
+procurado completar el texto primitivo, en vista de otros trabajos
+posteriores, poniéndolo en consonancia con las últimas investigaciones
+filosóficas e históricas. Por último, en la parte referente al <i>Derecho
+civil alemán</i>, no sólo se han indicado las principales modificaciones
+introducidas en éste después de la publicación de la <span class="smcap">Enciclopedia</span>, sino
+las más importantes diferencias entre aquél y nuestro derecho positivo.</p>
+
+<p class="top5">El tomo I consta de 336 páginas, y comprende:</p>
+
+<p>Advertencia de los traductores y anotadores.&mdash;Noticia sobre la vida y
+obras de Ahrens.&mdash;Prólogo del autor.&mdash;Introducción.</p>
+
+<p><i>Principios de Filosofía del Derecho</i>: Fundamentación de la idea del
+Derecho.&mdash;Exposición de sus elementos capitales.&mdash;Crítica de los
+principales sistemas.&mdash;Formas del Derecho; fuentes inmediatas y
+mediatas.&mdash;El Estado.&mdash;División orgánica del Derecho privado y público,
+según los fines de la vida.</p>
+
+<p><i>Historia del Derecho</i>: Principios filosóficos de esta
+historia.&mdash;Períodos capitales.&mdash;El Derecho pre-histórico.&mdash;Derecho
+oriental; ojeada general.&mdash;Los indos.&mdash;El pueblo
+zendo.&mdash;China.&mdash;Egipto.&mdash;Los hebreos.&mdash;Derecho musulmán.&mdash;Apéndices.</p>
+
+<p class="top5">El tomo II consta de 464 páginas, y contiene:</p>
+
+<p><i>Historia del Derecho en Grecia y Roma</i>: Diferencia entre ambos
+Derechos.&mdash;Derecho griego.&mdash;Derecho romano.&mdash;Juicio histórico y
+filosófico.</p>
+
+<p><i>Historia del derecho de los pueblos cristianos</i>: Derecho germánico de
+sus diversas épocas hasta nuestros días.&mdash;Derecho de los pueblos
+germánicos no alemanes.&mdash;Derecho germánico de los pueblos
+latinos.&mdash;Derecho de los pueblos eslavos.&mdash;Derecho húngaro.&mdash;Juicio
+filosófico-histórico.</p>
+
+<p class="top5">El tomo III consta de 384 páginas, y contiene:</p>
+
+<p><i>Sistema del derecho privado</i>: El concepto, fin, división y método del
+mismo.</p>
+
+<p><i>Parte general</i>: Sujeto del Derecho.&mdash;Objeto del mismo.&mdash;Relaciones
+jurídicas; origen y terminación de los Derechos.&mdash;Modos de adquirir el
+Derecho.&mdash;Información de las relaciones jurídicas en el espacio y el
+tiempo.&mdash;Protección de los Derechos.&mdash;La posesión.</p>
+
+<p><i>Parte especial</i>: Derecho de las personas.&mdash;Derecho de bienes.&mdash;Derecho
+de obligaciones; contratos y sus clases.&mdash;Derecho de sociedad.&mdash;Derecho
+de matrimonio, de familia y de sucesión.&mdash;Derecho de las profesiones.</p>
+
+<p><i>Derecho público</i>: Derecho del Estado y de la sociedad.&mdash;Derecho
+internacional.</p>
+
+<p><i>Metodología jurídica.</i></p>
+
+<p class="top5">Precio de la obra, 18 pesetas en Madrid y 21 en provincias.</p>
+
+<p>Encuadernado en pasta española, 4,50 pesetas más.</p>
+
+
+<h3>CALDERÓN DE LA BARCA</h3>
+
+<p><i>Teatro selecto</i>, precedido de un estudio crítico de D. Marcelino
+Menéndez Pelayo; 4 tomos, 8.º, 48 y 56 reales. Contiene:</p>
+
+<p class="c"><b>TOMO I</b></p>
+
+<p><i>Estudio crítico</i>, por D. Marcelino Menéndez Pelayo.</p>
+
+<p class="c">DRAMAS RELIGIOSOS Y FILOSÓFICOS</p>
+
+<p>La vida es sueño.&mdash;La devoción de la Cruz.&mdash;El mágico prodigioso.&mdash;El
+Príncipe constante.</p>
+
+<p class="c"><b>TOMO II</b></p>
+
+<p class="c">DRAMAS TRÁGICOS</p>
+
+<p>El médico de su honra.&mdash;A secreto agravio, secreta venganza.&mdash;El alcalde
+de Zalamea.&mdash;El mayor monstruo los celos.&mdash;Amar después de la muerte.</p>
+
+<p class="c"><b>TOMO III</b></p>
+
+<p class="c">COMEDIAS DE CAPA Y ESPADA</p>
+
+<p>Casa con dos puertas mala es de guardar.&mdash;La dama duende.&mdash;No hay burlas
+como el amor.&mdash;Mañanas de abril y mayo.</p>
+
+<p class="c"><b>TOMO IV</b></p>
+
+<p class="c">OBRAS VARIAS.&mdash;COMEDIAS</p>
+
+<p>No siempre lo peor es cierto.&mdash;Guárdate del agua mansa.</p>
+
+<p class="c">ZARZUELAS</p>
+
+<p>El laurel de Apolo.&mdash;La púrpura de la rosa.</p>
+
+<p class="c">AUTOS SACRAMENTALES</p>
+
+<p>La cena de Baltazar.&mdash;La vida es sueño.&mdash;A Dios por razón de estado.</p>
+
+<p>Se venden los tomos sueltos a 12 y 14 reales.</p>
+
+<p class="c top5">MADRID, 1886.&mdash;Imprenta de Manuel G. Hernández, Libertad, 16 duplicado</p>
+
+<hr class="full" />
+
+
+
+
+
+
+
+<pre>
+
+
+
+
+
+End of the Project Gutenberg EBook of Riverita, by D. Armando Palacio Valdés
+
+*** END OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK RIVERITA ***
+
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+(and you!) can copy and distribute it in the United States without
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+charge for the eBooks, unless you receive specific permission. If you
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+such as creation of derivative works, reports, performances and
+research. They may be modified and printed and given away--you may do
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+paragraph 1.C below. There are a lot of things you can do with Project
+Gutenberg-tm electronic works if you follow the terms of this agreement
+and help preserve free future access to Project Gutenberg-tm electronic
+works. See paragraph 1.E below.
+
+1.C. The Project Gutenberg Literary Archive Foundation ("the Foundation"
+or PGLAF), owns a compilation copyright in the collection of Project
+Gutenberg-tm electronic works. Nearly all the individual works in the
+collection are in the public domain in the United States. If an
+individual work is in the public domain in the United States and you are
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+
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+ License. You must require such a user to return or
+ destroy all copies of the works possessed in a physical medium
+ and discontinue all use of and all access to other copies of
+ Project Gutenberg-tm works.
+
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+ money paid for a work or a replacement copy, if a defect in the
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+ of receipt of the work.
+
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+ distribution of Project Gutenberg-tm works.
+
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+electronic work or group of works on different terms than are set
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+or cause to occur: (a) distribution of this or any Project Gutenberg-tm
+work, (b) alteration, modification, or additions or deletions to any
+Project Gutenberg-tm work, and (c) any Defect you cause.
+
+
+Section 2. Information about the Mission of Project Gutenberg-tm
+
+Project Gutenberg-tm is synonymous with the free distribution of
+electronic works in formats readable by the widest variety of computers
+including obsolete, old, middle-aged and new computers. It exists
+because of the efforts of hundreds of volunteers and donations from
+people in all walks of life.
+
+Volunteers and financial support to provide volunteers with the
+assistance they need, are critical to reaching Project Gutenberg-tm's
+goals and ensuring that the Project Gutenberg-tm collection will
+remain freely available for generations to come. In 2001, the Project
+Gutenberg Literary Archive Foundation was created to provide a secure
+and permanent future for Project Gutenberg-tm and future generations.
+To learn more about the Project Gutenberg Literary Archive Foundation
+and how your efforts and donations can help, see Sections 3 and 4
+and the Foundation web page at http://www.pglaf.org.
+
+
+Section 3. Information about the Project Gutenberg Literary Archive
+Foundation
+
+The Project Gutenberg Literary Archive Foundation is a non profit
+501(c)(3) educational corporation organized under the laws of the
+state of Mississippi and granted tax exempt status by the Internal
+Revenue Service. The Foundation's EIN or federal tax identification
+number is 64-6221541. Its 501(c)(3) letter is posted at
+http://pglaf.org/fundraising. Contributions to the Project Gutenberg
+Literary Archive Foundation are tax deductible to the full extent
+permitted by U.S. federal laws and your state's laws.
+
+The Foundation's principal office is located at 4557 Melan Dr. S.
+Fairbanks, AK, 99712., but its volunteers and employees are scattered
+throughout numerous locations. Its business office is located at
+809 North 1500 West, Salt Lake City, UT 84116, (801) 596-1887, email
+business@pglaf.org. Email contact links and up to date contact
+information can be found at the Foundation's web site and official
+page at http://pglaf.org
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+ Chief Executive and Director
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+Literary Archive Foundation
+
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+array of equipment including outdated equipment. Many small donations
+($1 to $5,000) are particularly important to maintaining tax exempt
+status with the IRS.
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+The Foundation is committed to complying with the laws regulating
+charities and charitable donations in all 50 states of the United
+States. Compliance requirements are not uniform and it takes a
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+with these requirements. We do not solicit donations in locations
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+SEND DONATIONS or determine the status of compliance for any
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+have not met the solicitation requirements, we know of no prohibition
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+ways including checks, online payments and credit card donations.
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+
+
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+works.
+
+Professor Michael S. Hart is the originator of the Project Gutenberg-tm
+concept of a library of electronic works that could be freely shared
+with anyone. For thirty years, he produced and distributed Project
+Gutenberg-tm eBooks with only a loose network of volunteer support.
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+unless a copyright notice is included. Thus, we do not necessarily
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