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diff --git a/29663-h/29663-h.htm b/29663-h/29663-h.htm new file mode 100644 index 0000000..48e254d --- /dev/null +++ b/29663-h/29663-h.htm @@ -0,0 +1,2714 @@ +<!DOCTYPE html PUBLIC "-//W3C//DTD XHTML 1.0 Strict//EN" +"http://www.w3.org/TR/xhtml1/DTD/xhtml1-strict.dtd"> + +<html xmlns="http://www.w3.org/1999/xhtml" lang="es" xml:lang="es"> + <head> +<meta http-equiv="Content-Type" content="text/html;charset=iso-8859-1" /> +<title> + The Project Gutenberg eBook of Tres mujeres, por +Jacinto Octavio Picón. +</title> +<style type="text/css"> + + p {margin-top:.75em;text-align:justify;margin-bottom:.75em;text-indent:2%;} + +.c {text-align:center;text-indent:0%;} + +.puntos {border-bottom:gray dotted 2px;padding-bottom:2%;} + +.puntos2 {border-bottom:gray dotted 2px;line-height:5px;padding-bottom:0%;} + +.r {text-align:right;margin-right:25%;} + + h1,h2 {text-align:center;clear:both;} + + h3 {margin-top:15%;text-align:center;clear:both;} + +.top15 {margin-top:15%;} + + hr {width:100%;margin:5% auto 5% auto;border:4px double gray;} + + table {margin-left:auto;margin-right:auto;border:none;} + + body{margin-left:10%;margin-right:10%;background:#fdfdfd;color:black;font-family:"Times New Roman", serif;font-size:medium;} + +a:link {background-color:#ffffff;color:blue;text-decoration:none;} + + link {background-color:#ffffff;color:blue;text-decoration:none;} + +a:visited {background-color:#ffffff;color:blue;text-decoration:none;} + +a:hover {background-color:#ffffff;color:#FF0000;text-decoration:underline;} + +.smcap {font-variant:small-caps;font-family:"Times New Roman", serif;font-size:95%;} +</style> + </head> +<body> + + +<pre> + +The Project Gutenberg EBook of Tres mujeres, by Jacinto Octavio Picón + +This eBook is for the use of anyone anywhere at no cost and with +almost no restrictions whatsoever. You may copy it, give it away or +re-use it under the terms of the Project Gutenberg License included +with this eBook or online at www.gutenberg.org + + +Title: Tres mujeres + +Author: Jacinto Octavio Picón + +Release Date: August 10, 2009 [EBook #29663] + +Language: Spanish + +Character set encoding: ISO-8859-1 + +*** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK TRES MUJERES *** + + + + +Produced by Chuck Greif and the Online Distributed +Proofreading Team at https://www.pgdp.net (This book was +produced from scanned images of public domain material +from the Google Print project.) + + + + + + +</pre> + +<hr /> + +<h2 class="top15">JACINTO OCTAVIO PICÓN</h2> + +<h1>TRES MUJERES</h1> + +<p class="c"><b>LA RECOMPENSA<br /> +PRUEBA DE UN ALMA<br /> +AMORES ROMÁNTICOS</b></p> + +<p class="c"><b>MADRID</b></p> + +<p class="c"><b>1896<br /> +<i>MADRID</i><br /> +FERNANDO FE, LIBRERO<br /> +<i>2. C. de S. Jerónimo</i></b></p> + +<table summary="toc" +cellspacing="2" +cellpadding="2" +style="text-align:center;padding:2%; +border:double 4px gray;margin:10% auto 5% auto;"> +<tr><td><a href="#La_recompensa"><b>La recompensa</b></a></td></tr> +<tr><td><a href="#La_prueba_de_un_alma"><b>La prueba de un alma.</b></a></td></tr> +<tr><td><a href="#Amores_romanticos"><b>Amores románticos.</b></a></td></tr> +</table> + + +<h3>ADVERTENCIA</h3> + + + +<p><i>Cuando los novelistas franceses reúnen varios trabajos cortos en un +tomo, le ponen por título el de la obrilla que va impresa en primer +lugar; costumbre aquí seguida por algunos y censurada por no pocos, los +cuales alegan que engolosinar al público con una portada que parece de +novela formal y darle luego una docena de cuentecitos es hacerle +víctima de un engaño. Para que no puedas—lector amigo—echarme en cara +la misma acusación, te advierto de que estas</i> <span class="smcap">Tres Mujeres</span>, <i>no son +otros tantos tipos femeninos presentados en una sola y larga acción +novelesca, de aquellas en que se pintan las costumbres y se estudian las +pasiones, sino tres figuras abocetadas en narraciones cortas, donde lo +imaginado para entretenerte algún rato, pesa más que lo observado para +moverte a pensar seriamente en las cosas graves de la vida.</i></p> + +<p><i>Deseando hacerlas agradables a tus ojos, el editor ha vestido y +adornado a estas</i> <span class="smcap">Tres Mujeres</span> <i>mejor de lo que merecen, dándoles en +ropajes y galas lo que les falta de belleza. Premia su trabajo, perdona +el mío, y como no creemos ser malos, ambos quedaremos agradecidos.</i></p> + +<p class="r smcap">J. O. Picón</p> + +<p>Junio 1896</p> + + +<h3><a name="La_recompensa" id="La_recompensa"></a>La recompensa</h3> + + + + + +<h3>I</h3> + + +<p>En cierto colegio monjil de las cercanías de Madrid había hace más de +veinte años dos educandas que se querían muchísimo. El sentimiento de +amistad que los unía nació merced a circunstancias extraordinarias de la +situación de ambas, fue favorecido por sus caracteres y acabó de +consolidarse en la batalla de la vida.</p> + + + +<p>La mayor, que se llamaba Susana, tenía diez y seis años: era huérfana de +padre y madre y dueña de una gran fortuna. Un tío, que le servía de +tutor y curador, se la confío a las monjas, quienes, sabedoras de la +riqueza de la niña, procuraron ante todo despertar en ella vocación +religiosa; mas persuadidas pronto de que no era catequizable, pusieron +gran empeño en educarla de modo que su ilustración y buenos modales +redundaran en honra del convento. Gracias a la inteligencia de Susana, +las madres vieron coronados sus desvelos por el resultado más +lisonjero. Era primorosa en cuantas labores ponía mano, escribía +admirablemente, pintaba flores con gusto de artista, cantaba como un +ángel, bordaba como una madrileña del siglo <span class="smcap">XVII</span>, hablaba francés como +si hubiese nacido en Orleans, y finalmente, para cuanto fuese brillar, +lucirse y cautivar, tenía maravillosas aptitudes, gracia irresistible y +atractivos de gran señora.</p> + +<p>Según unos, porque el tutor quería seguir con la administración de los +bienes, y según otros, porque deseaba para la pupila brillante y +completa educación, era cosa resuelta entre aquel caballero y las +respetables madres que Susana permaneciese en el convento hasta los diez +y ocho años. Gentes menos maliciosas afirmaban que, dada la belleza de +la colegiala, lo que el tutor procuraba era recogerla lo más tarde +posible, sabiendo que no hay nada tan difícil de guardar, dirigir y +encarrilar, como una mujer rica y bonita.</p> + + + + +<h3>II</h3> + + +<p>La segunda educanda tenía un año menos que Susana y se llamaba Valeria. +Su origen era un misterio que pudiera servir de base a una novela. Un +anciano, que dijo ser su padre la llevó al convento cuando apenas tenía +cinco años, y por espacio de ocho fue a verla todos los meses: luego no +volvió a presentarse allí para nada, ni escribió siquiera a la que +llamaba hija; pero durante otro año envió puntualmente dinero con que +atender a cuanto gastaba, y al siguiente, es decir, al llegar Valeria a +los quince, dejaron las monjas de recibir las mensualidades de +costumbre. Otro año entero siguió Valeria recibiendo los mismos cuidados +que si pagasen por ella, hasta que, cuidadosas las madres de sus +intereses, determinaron poner fin a una situación de que nada bueno +esperaban. ¿Quién era Valeria? Lo ignoraban. Mientras recibieron lo que +su educación costaba, no pensaron en averiguaciones: tal vez de hacerlas +hubieran tenido que rechazarla; pero apenas empezó a serles gravosa +comenzaron a rumiar ideas de desconfianza y a sentir un recelo muy +parecido al miedo. Las visitas cortas y tardías de aquel anciano +misterioso, su desaparición y luego el extraño modo de remitir fondos +sin escribir palabra, todo indicaba algo extraordinario, anómalo, y que +trascendía a pecaminoso. Al mes siguiente de no recibir dinero estaban +persuadidas de que Valeria no era de origen limpio y confesable, y de +que su compañía pudiera constituir un peligro para las educandas que +tenían familias conocidas, siempre puntuales en el pago de cuanto sus +hijas gastaban. Más claro: la prudencia aconsejó a las monjas no +continuar manteniendo y enseñando a una señorita que era juntamente +carga pesada y causa probable de responsabilidad; porque una de dos: o +sus padres habían muerto y la niña iba a quedarse allí gratis para +siempre como flor olvidada, y flor que costaba más que una <i>victoria +regia</i> cultivada en Europa, o dichos padres, por no poder confesar que +lo eran, se desentendían de ella, y en tal caso, ¿quién iría a +recogerla... y pagar? ¿Se presentaría tal vez preguntando por Valeria +una señora falsificada, una aventurera despreciable, una... o lo que +fuera peor, un juez? Sólo pensar en ello les ponía a las madres carne de +gallina. Movida por estas consideraciones, que se discutieron entre las +de más autoridad y consejo, la priora, abadesa, o lo que fuese, mandó +llamar a Valeria, y suavemente, con gran dulzura, le dijo que la +situación era insostenible; que habían consultado con el señor obispo; +que éste no resolvía sus dudas; que la responsabilidad del convento era +tremenda; que allí había un misterio indescifrable; que no podían +continuar así, y otras muchas cosas, todas las cuales venían a +compendiarse en estas horribles frases: «Hija mía, lo sentimos mucho... +Profesar no puedes por carecer de dote; seguir aquí tampoco, por falta +de otros requisitos... Nosotras todas te encomendaremos al Señor en +nuestras oraciones, pero en el colegio es imposible que sigas. Te damos +ocho días de plazo para que digas a quién llamamos, dónde quieres que te +lleven, o cosa parecida. Y si no dices nada..., pues ya nos ha +aconsejado el Padre Dulzón que demos parte al gobernador para que +resuelva.»</p> + +<p>¿A quién había de llamar? ¿Dónde había de ir la sin ventura? ¡El +gobernador! ¿Qué podría hacer sino enviarla a un asilo de beneficencia o +dejarla en medio de la calle? Valeria oyó aquello como reo de muerte que +escucha su sentencia; se arrodilló a los pies de la <i>madre</i>, le regó las +manos con lágrimas, le besó el hábito, y al fin cayó al suelo desmayada. +Hubo que llevarla a la enfermería, donde pasó tres días con fiebre y +delirio. Al cuarto se alivió algo, y lo primero que pidió fue que +llamasen a Susana; mas parapetadas las monjas en que el reglamento +prohibía a las educandas entrar en la enfermería, negaron el favor.</p> + + + +<p>Susana, sabedora de lo que ocurría, movida del cariño y conocedora del +terreno que pisaba, regaló a una monja que hacía de <i>pasanta</i> una +crucecita de plata, rogándole que a cambio del obsequio, llevase a +Valeria un regalito, consistente en un huevo de marfil, dentro del cual +había un rosario. Lo que ignoraba la monja era que, bajo el algodón en +rama donde descansaba el rosario, iba escondido un papel en que estaban +escritas estas palabras: «No digas que estás mejor; procura ganar tiempo +y no tengas miedo. El domingo debe venir mi tutor, y yo haré que ponga +remedio. Confía en mí.»</p> + + + + +<h3>III</h3> + + +<p>¿De qué nació el afecto que aquellas dos muchachas se profesaban? +Primero, del misterioso engranaje formado por las semejanzas y +diferencias que existían en sus caracteres. En bondad de corazón y +lucidez de inteligencia, eran iguales; de modo que podían quererse y +estimarse. Segundo, en lo vario de sus genios, de suerte que mutuamente +se buscaban, deseosas, por instinto, de hallar a sus facultades +contraste y complemento. Susana era bulliciosa y alegre; Valeria, +tranquila y melancólica; la ligereza y vivacidad de una hallaban +compensación y freno en la sensatez y reposo de otra: lo que al parecer +debiera separarlas era precisamente lo que les unía. Pero aún estaba su +amistad asentada en fundamento más firme.</p> + +<p>Susana, por demasiado convencida de su hermosura, era de condición tan +altiva, que se había hecho antipática a todas sus compañeras: Valeria, +amargada del abandono y olvido en que vivía, y sin que aquel amargor se +convirtiera en envidia, consideraba como un peligro su belleza, no +alardeaba de bonita, sentía la incertidumbre de lo por venir, y privada +de esperanzas, era humilde. Desde que se conocieron fue la sola +compañera de Susana capaz de escuchar, sin sonreír burlonamente, sus +primeros arranques orgullosos, propios de señorita mimada por la +naturaleza y la fortuna, llegando a ser la única confidente de sus +ambiciosas ilusiones. No las compartía, pero no las ridiculizaba.</p> + +<p>Susana hallaba en ella un corazón amigo, que aun contrariándola, +mostraba comprenderla, distante por igual de la adulación y de la +envidia; porque en la humildad de Valeria no había sombra de bajeza. Ni +ella la hubiera tolerado, pues era tan altiva a lo grande e incapaz de +pretender que le atribuyesen cualidades que le faltaban, como celosa de +que se reconocieran las que estaba segura de tener. Valeria era sincera +sin dureza y cariñosa sin lisonja, armonizándose por ello las +condiciones morales de ambas, en tal grado, que no hubiera podido +precisarse cuál valía más, si la orgullosa cuando sabía ceder, o la +humilde cuando sabía imponerse. Milagros del corazón, que dobla lo +fuerte y se somete a lo débil.</p> + +<p>Llegado el domingo, fue el tutor de Susana a visitar a su pupila, la +cual, después de referirle lo que ocurría, le dijo en sustancia, poco +más o menos, lo siguiente:</p> + +<p>—No me importa estar aquí un año más: tarde V. lo que quiera en ponerme +al tanto de lo que es mío, administre V. como le acomode, pero quiero +que pague V. cuanto Valeria debe al colegio, de modo que continúe tan +considerada como antes: quiero también que haga V. esos pagos a nombre +del caballero que antes venía a verla, para que nadie le eche en cara su +pobreza; y deseo, por último, que salgamos juntas del colegio y vivamos +luego como hermanas; es decir, que venga a mi casa, porque de vivir +como hermanas me encargo yo.</p> + +<p>Si fue por mira interesada o en acatamiento de aquel impulso de +caritativa amistad, nadie lo sabrá nunca, pero lo cierto es que el tutor +accedió al ruego, y pasados unos cuantos meses, ambas educandas salieron +el mismo día del colegio, yendo Valeria a vivir a casa de Susana.</p> + + +<h3>IV</h3> + + +<p>La intimidad del hogar fomentó el cariño nacido en el convento. Dos +mujeres vulgares se hubieran dejado insensiblemente sojuzgar por las +circunstancias anormales de la situación. En Susana y Valeria sucedió lo +contrario: ellas se impusieron a la índole del caso. Ni la protectora +imperaba como ama, ni la protegida parecía dominada como sierva. El +afecto, más aún, la buena educación y delicadeza de sentimientos, hacían +las humillaciones imposibles. Valeria no era en la casa una amiga pobre +benévolamente acogida, no era una <i>demoiselle de compagnie</i> tratada con +consideración: era la hermana menor. Ambas poseían ese maravilloso arte +de ceder a tiempo y resistir con dulzura, ante el cual se allanan los +disgustos y rozamientos que producen inevitablemente las pequeñeces de +la vida.</p> + +<p>Ni aun la belleza podía mover discordia entre ellas, porque sus +atractivos ofrecían caracteres opuestos. Susana era grande, blanca, +gruesa, rubia y a pesar de su edad y su doncellez tenia aspecto de Venus +flamenca, perezosa y carnal. Valeria era pequeña, morenilla, delgada, +pelinegra, tipo de mística española, poca materia y mucho espíritu; un +fraile de Zurbarán hecho hembra. Los ojos azules de Susana alborotaban +los sentidos; los ojos negros de Valeria, por dulces y serenos, +inspiraban más cariño que deseo. No había entre ellas rivalidad posible. +El hombre que se prendase de una no podía racionalmente enamorarse de +otra.</p> + +<p>Gracias a la fortuna y desprendimiento de Susana, vivían con lujo, iban +a bailes, teatros y saraos; viajaban, tenían coche, vestían con +exquisita elegancia, trayendo para ambas de París la mayor parte de las +galas, y, en una palabra, capricho sentido era en ellas gusto +satisfecho. Servíales de acompañante una hermana del tutor de Susana, +llamada doña Gregoria, señora entrada en años, pero tan amiga de +divertirse, que nunca ponía obstáculo ni entorpecimiento a cuanto las +muchachas fraguaban para lucir y brillar. Lo único que le disgustaba era +ver que las galanteasen, con la circunstancia extrordinaria de que su +enojo no estallaba cuando ellas coqueteaban, sino cuando se presentaba +alguien que asiduamente las cortejase. Un observador cuidadoso hubiera +podido notar que les dejaba tontear frivolamente, permitiéndoles oír +piropos y requiebros atrevidos, mientras quien se los decía no pasaba de +halagar su inocente vanidad de niñas bonitas, pero que en cuanto alguien +les buscaba con frecuencia, mostrando afán de serles agradable, doña +Gregoria ponía empeño en estorbarlo, sobre todo si se trataba de Susana. +En una palabra: aquella señora, obediente a las instrucciones del tutor, +su hermano, toleraba cuanto podía contribuir a que las jóvenes tuviesen +fama de coquetas e insustanciales, y en cambio desarrollaba un mal +humor inaguantable y una astucia increíble apenas surgía la posibilidad +de que un hombre ganara terreno en el corazón de Susana. El tutor y su +hermana le dejaban gastar cuanto quería, haciendo la vista gorda en +presencia de sus devaneos, pero ante la idea de una pasión seria +mostraban profundo desagrado. Indudablemente se habían propuesto no +reprenderla si tiraba el dinero, para que cuanto más derrochase con +mayor facilidad pudieran ellos englobar sus robos en los gastos, y al +mismo tiempo, estorbando que se casase, dilatar la época de la rendición +de cuentas.</p> + +<p>Quien primero descubrió el juego fue Valeria: comunicó a Susana la +sospecha y trataron ambas de ponerse a la defensiva; mas por desgracia +era tarde para evitar gran parte de los males que temían. Pronto +comprendieron que debían, primero, gastar con más prudencia, porque las +rentas iban mermando considerablemente, y segundo, andarse con pies de +plomo en lo que se refería a dejarse galantear, porque entre sus propias +imprudencias y la malignidad del tutor y su hermana, iban ellas cobrando +reputación de frívolas y ligeras. Desde entonces vivieron con relativa +economía, y fueron verdaderamente sensatas.</p> + + + +<h3>V</h3> + + +<p>Algún tiempo después, en la tertulia de unas amigas, conocieron a dos +hombres jóvenes, íntimos amigos y compañeros de carrera. Pepe Gutiérrez +y Andrés Pérez, el primero, comandante de ingenieros y el segundo +capitán del mismo cuerpo: ambos dignos de ser queridos. Gutiérrez se +prendó de Susana que por primera vez tomó el amor en serio, fue +correspondido, y entraron en relaciones, procurando que permaneciesen +ignoradas del tutor: únicamente cuando ella adquirió el convencimiento +de que su novio era hombre que valía mucho como inteligencia y como +carácter, le autorizó a que la pidiese en matrimonio.</p> + +<p>La situación de Valeria era más libre y desembarazada, pero no +envidiable. Por pobre, estaba libre de los cuidados que da el oro; por +abandonada, no había menester consentimiento de nadie; mas, ¿de qué le +servía aquella independencia, si el compañero de Gutiérrez no se fijaba +en ella? Pérez frecuentaba la casa de Susana, porque iba con Gutiérrez a +todas partes: eran inseparables; estaban unidos por una amistad nacida +en los bancos de la escuela de primeras letras, fortificada en el +colegio militar, y, por último, arraigada en sus corazones, gracias a la +vida que hacían juntos en plena juventud. A Pérez le gustó Valeria desde +que la conoció; pero no se atrevió a requebrarla ni poner seriamente en +ella la esperanza, considerando que ambos eran pobres. La muchacha no +tenía nada: él, sólo su haber de capitán. ¿Qué ventura podía ofrecerla? +Ni siquiera comunicó a Gutiérrez la simpatía que le inspiraba Valeria. +Tan bien supo disimularla, que la misma interesada tomó la indiferencia +por franco y declarado desvío. Susana fue la única que adivinó el doble +secreto de aquellas dos almas: unos cuantos detalles bastaron a su +penetración para comprender que Valeria y Pérez se querían. Convencerse +de ello y formar propósito de favorecerles, todo fue uno. Tanto le +convidó a comer, colocándole junto a ella, tantas veces les dejó solos +a tiempo de que se les transparentara el alma, tales cosas hizo para que +mutuamente se conociesen y apreciasen, que al fin llegaron a entenderse. +Susana, que años atrás había evitado a Valeria la desgracia de verse +arrojada del colegio, y que luego la trató como a hermana, se erigió de +nuevo en protectora cariñosa. «Nos casaremos el mismo día—le dijo—yo +primero, y luego <i>seremos</i> padrinos de tu boda. Si nosotros habíamos de +gastar veinte, nos contentaremos con diez, partiré contigo lo que +tenga..., es decir, ¿para qué hacer números ni cálculos? Viviremos +juntos, y... Cristo con todos.» Claro está que Valeria, deshecha en +lágrimas de gratitud, aceptó aquella nueva demostración de cariño, +aunque en el fondo de su alma, y con aprobación de su futuro marido, +estuviese resuelta a no aceptar favores que, por excesivos, redundaran +en perjuicio de su amiga.</p> + +<p>En la primer entrevista que tuvo el novio de Susana, con el tutor de +ésta, se convenció de que la mujer a quien quería unirse había sido +robada a mansalva. Era inútil soñar con restituciones ni pleitos. El +canalla tenia las cosas preparadas con tal maña, que según cuentas, +escrituras y comprobantes, aún resultaba la pupila debiéndole algunos +miles de duros. Una vez más la maldad hizo mofa de la ley. De las +condiciones morales de Gutiérrez y del amor que su novia le inspiraba, +pueden dar idea estas palabras, con que comunicó a Susana el resultado +de la entrevista:</p> + +<p>—Mira, nena; coche ni muchos vestidos no tendrás, porque ese hombre es +un ladronazo...; por ti... lo siento; por mí, casi me alegro, para que +veas que te quiero de verdad. Lo esencial es que nos casaremos cuando se +nos antoje.</p> + +<p>En Susana pudo más la alegría del amor probado, que la tristeza por la +riqueza perdida, y arrojándose en brazos de su Pepe, repuso:</p> + +<p>—Yo también me alegro, porque así conozco lo que vales. No me equivoqué +al quererte.</p> + +<p>Valeria, que hubiera procurado luego de casada sustraerse a la +protección de Susana siendo rica, consintió en vivir con ella viéndola +casi arruinada, y ambas bodas se verificaron la misma mañana, a mediados +de 1873, cuando España estaba en plena guerra civil.</p> + +<p>La doble luna de miel fue cortísima. A los seis meses ambos maridos eran +destinados al ejército del Norte y salían de Madrid dejando a sus +mujeres poseídas de la más amarga tristeza, y embarazadas del mismo +tiempo.</p> + +<h3>VI</h3> + + +<p>Hacia los primeros días de 1874, la desgracia cayó sobre ellas en forma +irremediable y terrible.</p> + +<p>Un extraordinario de un periódico les dio repentina y brutalmente la +noticia. Oyeron vocear el papel, mandaron comprarlo, y sin poder llorar +ni gemir, secas las gargantas, enjutos los ojos, atarazada el alma por +la desesperación y la sorpresa, leyeron lo siguiente:</p> + +<p>«<i>Pamplona</i>, 9 Enero, 10,15 mañana.</p> + +<p>»El titulado brigadier Garzuaga fue ayer batido en Puente-Rey con +pérdida de más de 300 hombres, caballos, armas, carros y municiones.</p> + +<p>»Las fuerzas liberales han experimentado también sensibles pérdidas. El +brigadier Queralt está herido de gravedad. El coronel Quintana +levemente. El comandante de ingenieros D. José Gutiérrez Riela y el +capitán del mismo cuerpo D. Andrés Pérez Deza han muerto heroicamente en +el campo del honor. Las bajas de la clase de tropa no pueden precisarse +todavía.»</p> + +<p>Movidas de impulso igual y simultáneo, se arrojaron una en brazos de +otra sintiendo al mismo tiempo que las garfiadas del dolor los inquietos +latidos de dos seres que antes de nacer eran huérfanos...</p> + +<p>Primeras impresiones de amor, dulzuras de pasión satisfecha, esperanzas +para lo por venir, todo quedaba destruido, todo parecía mentira: +únicamente la desgracia era verdad.</p> + +<p>A fin de Marzo, con diferencia de veinticuatro horas, parieron un niño +cada una en la misma habitación, tragándose las lágrimas y los quejidos, +animándose mutuamente a tener valor, buscando en su cariño fraternal el +único consuelo que les quedaba. Los recién nacidos no se les parecían: +ambos eran pelinegros y muy blancos, señal de que habían de ser morenos +como sus pobres padres, que dormían para siempre entre los peñascales +ensangrentados de Navarra.</p> + +<p>Ya no tenían ventura que esperar aquellas infelices mujeres: ni aun la +de sufrir unidas. Juntas crecieron en el convento cuando niñas; juntas +gastaron riqueza y derrocharon alegría, siendo mientras pudieron ligeras +y frívolas como su propia juventud; al mismo tiempo amantes, casadas, +viudas y madres: sus dichas y sus penas parecían tan hermanadas como +ellas mismas; pero había llegado la hora de que se rompiese el +misterioso paralelismo de sus vidas.</p> + +<p>El parto de Valeria había sido rápido y feliz; el de Susana trabajoso y +de fatales consecuencias. La fiebre puerperal que se apodero de ella fue +intensísima, y halló su organismo tan conmovido y debilitado por los +recientes infortunios y penas, que no tuvo fuerzas para resistirla. +Sintiéndose morir, llamó a Valeria y le habló de este modo:</p> + +<p>—No te hagas ilusiones—dijo sonriendo con una serenidad que daba +miedo;—esto se acabó.</p> + +<p>Quiso su amiga interrumpirla gastando bromas y fingiendo esperanzas, mas +ella continuó:</p> + + + +<p>—Óyeme bien. Ya sabes lo que te quiero... No tengo parientes, y puede +que sea mejor... Mi hijo va a quedar solo en el mundo; te lo confío... +tú serás su madre... júrame que le querrás y le cuidarás... como...</p> + +<p>—Calla, mujer. ¡Qué has de morirte! ¿No has de resistir esto, tú que +eres más fuerte que yo? Te pondrás buena y seremos felices..., es +decir, viviremos para los niños, porque felices ya no podemos ser...; +pero si te murieras, que no te morirás, por el recuerdo de todo el bien +que me has hecho, te juro que tu hijo..., vamos, como si fuera mío.</p> + +<p>—¡Pobre Valeria! ¿Qué será de ti con dos criaturas?... Esto va muy +aprisa. Escucha. En aquel cajón de la mesa que usaba Pepe, hay ocho mil +duros en papel del Estado, que vienen a dar ocho mil reales al año. Allí +están también los mil duros que sabes que teníamos ahorrados. Por +último, en el cajón de más arriba encontrarás las escrituras de +propiedad de mi casa de Rivaria. Yo no he estado allí nunca, pero sé que +es un caserón con un huerto: los labriegos que lo tienen arrendado no +pagan hace mucho tiempo. Quizá por eso no se quedó mi tutor con la +finca. Los títulos de la Deuda y el dinero de los ahorros los coges en +cuanto me cierres los ojos, y ahora manda venir a un escribano. Quiero +que la casa sea legalmente tuya para que nadie pueda molestarte. Ya +sabes con lo que cuentas. Lo principal es que no teniendo nada mi +hijo... no habrá quien piense hacerse cargo de él.</p> + +<p>Valeria quiso resistir por animarla, pero ante la energía con que +expresaba el deseo, cedió.</p> + +<p>Vino el notario: Susana hizo una declaración reconociendo que cuanto +había en la casa era de Valeria, y que en pago de una deuda que +confesaba, le daba la finca de Rivaria. Del niño no se habló palabra. +¿Quién había de solicitar su tutela siendo pobre?</p> + +<p>Pocas horas después, como si se hubiese esforzado en vivir hasta ultimar +lo hecho, Susana moría en brazos de Valeria. Ella la amortajó y veló, +pasando la noche arrodillada a los pies del cadáver.</p> + +<p>De rato en rato se levantaba para ir a ver a los niños.</p> + +<p>¡Qué contraste el formado por la vida y la muerte que allí se mostraban +con toda la brutal realidad de los hechos: ¡Qué lástima de mujer, tan +hermosa y tan buena! ¿Qué falta hacía a nadie arrancarle la existencia +como se descuaja una planta? ¿Ni qué falta hacían en el mundo aquellos +angelitos?</p> + + + +<p>Valeria les contemplaba con miradas de ternura, iguales para ambos, cual +si se le hubiese duplicado el cariño de madre, y a pesar de la tristeza +que sentía, no le era posible sustraerse al influjo de una observación +que ya había hecho y que en aquel momento, hasta contra su voluntad, se +le iba entrando al pensamiento, agitándoselo con desvaríos de la +imaginación.</p> + +<p>Cada vez que se acercaba a las camitas donde estaban acostados y se +fijaba en ellos, aquella observación se confirmaba con más fuerza. Los +niños se parecían muchísimo: ambos eran muy blancos, de pelo y ojos +negros, chatillos, gorditos, casi de igual volumen. Claro estaba que +andando el tiempo habrían de diferenciarse física y moralmente, +revelando su distinto origen; pero entonces, casi hubieran podido pasar +por mellizos. A Valeria le parecía el suyo mil veces más hermoso y mejor +formado, y sin embargo, hubo un momento en que pensó: «Vaya, que se +parecen mucho, son casi iguales, tan semejantes, que si dejara de +verlos unos cuantos meses..., no acertaría con el mío; es decir, míos +son los dos; en fin, con el que yo he parido.»</p> + +<p>Luego, en el largo monólogo de aquella noche interminable cruzaron por +su mente recuerdos de la juventud, memorias de gratitud hacia Susana, +punzadas de dolor renovado por la pérdida del hombre a quien había +querido, e ideas de miedo y responsabilidad ante la carga que para ella +representaba el porvenir de aquellos niños.—«¿Sabré corresponder—se +decía—a todo lo que Susana ha hecho conmigo? ¿Podré pagar al hijo lo +que debo a la madre? ¿Llegará un momento en que las circunstancias me +obliguen a favorecer al mío en perjuicio del suyo? El poco dinero que +queda entre mis manos no es <i>nuestro</i>, yo nada tengo... ¿Me asaltará +algún día la tentación del despojo..., será más fuerte mi amor de madre +que el recuerdo de la gratitud y el cumplimiento del deber?» Y al mismo +tiempo que discurría todo esto, en su pensamiento iban hermanándose y +confundiéndose, hasta compenetrarse, aquella observación insistente del +parecido de los niños y aquella idea extravagante favorecida por las +condiciones de la realidad.</p> + +<p class="puntos">Sus propias palabras eran la síntesis de la situación: «Si dejases de +verlos unos cuantos días, no sabrías cuál es el tuyo.»</p> + +<p>¿Fue propósito razonado de alma grande, fruto de una extraordinaria +elevación de espíritu? ¿Desarreglo de inteligencia trabajada por una +idea fija? ¿Acaso sugestión de ese algo misterioso que a veces nos +aproxima, por el anhelo del bien, a la divinidad?</p> + +<p>Nadie lo sabrá nunca: lo cierto es que aquella idea le fue labrando +surco en el pensamiento y acabó por arraigar en él de tal suerte, que +se enseñoreó de su voluntad, y la puso por obra.</p> + +<p>¿Quién dirá si Valeria llegó por gratitud a la locura, o a la suma +piedad por la noción del deber? Aquel la juzgue que sepa bucear en las +reconditeces del alma.</p> + + + +<h3><a name="VII" id="VII"></a>VII</h3> + + + + +<p>Luego de enterrada su amiga, Valeria se marchó a Galicia con los niños, +aposentándose en la casa de Rivaria.</p> + +<p>Su primer cuidado, después de arregladas las cosas necesarias a la vida, +fue observar la índole y carácter de los colonos, marido y mujer, de +quienes Susana había dicho que nunca pagaban el arrendamiento. +Afortunadamente, él, como buen gallego, era muy listo, y ella se pasaba +de buena. Valeria se propuso aprovechar las cualidades de ambos, y entre +tanto, poseída por su idea fija, procuró ver poco a los niños; +lentamente fue desentendiéndose de ellos; casi no les miraba, mostrando +una fuerza de voluntad increíble.</p> + +<p>Haciendo vida campestre y retirada en aquel lugar, había un acaudalado +caballero a quien por lo caritativo llamaban sus convecinos <i>el Santo</i>, +y en éste se fijó principalmente Valeria para realizar su propósito. Le +dijo que, viéndose obligada a emprender un largo viaje por mar, y no +atreviéndose a llevar consigo los pequeñuelos, quería confiarlos a su +cuidado; le dio dinero para cuanto necesitasen durante cierto tiempo, y +dispuso que el labriego y su mujer le obedecieran ciegamente. Por +último, obrando astuta y sagazmente, tuvo la horrible precaución de +ocultar los verdaderos nombres de los niños, que eran los de sus padres, +llamándolos Juan y Pedro, ardid en que estaba fundado su propósito: +hecho todo lo cual desapareció del pueblo.</p> + +<p>Cerca anduvo de arrepentirse por su condescendencia aquel santo varón; +casi se asustó de haber aceptado tamaña responsabilidad, pero jamás +llegó a preocuparse formalmente: primero, porque su compromiso era sólo +verbal y no había pruebas que pudieran perjudicarle; segundo, porque +¿quién habría en la comarca capaz de perseguirle ni acusarle? Sobre +todo, sin saber la causa, sin que él se diera cuenta de ello, Valeria le +había inspirado simpatía profunda y confianza ciega. Estaba persuadido +de que aquella mujer era mediadora de buena fe o víctima en una de esas +intrigas amorosas, donde sólo el misterio puede estorbar la iniquidad. +Lo principal para él era que, con caer las criaturitas en sus manos, se +habría casi seguramente evitado un crimen. Resta sólo decir que inducido +a error llamó Juan al mayorcito de los niños y Pedro al menor.</p> + +<p>De esta suerte comenzaba a lograrse la confusión que Valeria deseaba.</p> + +<p>Cada tres meses recibía <i>el Santo</i> en pliego certificado un billete de +Banco, cuyo valor era bastante a cubrir los gastos ocasionados por los +niños. Lo que jamás recibió fue carta, mensaje, ni visita que le hablase +de la desaparecida. Cuantas tentativas hizo para saber su paradero +fueron inútiles. Así pasaron cinco anos.</p> + +<p>En tan largo lapso de tiempo, Valeria estuvo muchas veces a punto de +renunciar a su tremendo sacrificio: en más de una ocasión le faltó poco +para volver a la aldea, exigir que le devolviesen los niños y +escudriñarles el cuerpo para distinguirlos, hasta recobrar la certeza de +cuál era el ajeno y cuál el suyo. Su vida fue un martirio insoportable; +mas lo padeció sin arrepentirse de lo hecho.</p> + +<p>Fuese extravagancia de entendimiento perturbado, fuese abnegación +premeditada, había en su conducta heroica grandeza, algo casi +sobrehumano, que consistía en imponerse el doble sacrificio de privarse +de su hijo, y aceptar por tal al que no lo era, para que esta ignorancia +la hiciese luego tratar a ambos con el mismo cariño. Ignoraba que alma +de su temple jamás hubiera perjudicado al ajeno en provecho del propio, +mas quiso colocarse en tales condiciones, que hasta le fuesen imposibles +la preferencia y la injusticia.</p> + +<p>¿Quién podía prever la suerte que les estaba deparada? ¿Qué haría ella, +por ejemplo, el día en que por los azares del mundo fuese preciso +anteponer en su corazón uno a otro, darle mayores facilidades de éxito, +o salvarle de un riesgo? ¿A quién acudiría primero? ¿No juró +confundirles en el mismo cariño? ¿Pues que mejor manera de realizar el +juramento que conseguir la imposibilidad de quebrantarlo? Según su +corazón, que estaba sorbido y dominado por la gratitud, todo aquello y +más debía a Susana, que la libró de ser arrojada del convento, la trató +como hermana, y finalmente, la unió al hombre de quien estaba enamorada. +¿Qué hubiera sido de ella sin Susana? ¿Hasta dónde hubiera rodado +impulsada por vientos de desgracia?</p> + + +<h3>VIII</h3> + + +<p>Por fin, al comenzar el sexto año de separación, Valeria estuvo enferma, +y entonces, aterrada ante la idea de morir, sintió doblegarse su +entereza. Apenas convaleciente, corrió a la aldea. Su viaje le pareció +un tormento, más largo que el de los cinco años transcurridos. ¿Vivirían +los dos niños? ¿Cómo los encontraría? ¿Cuál sería su índole? ¿Cuál +mostraría mejores sentimientos? ¿Cuál la querría más? De fijo el suyo... +Pero ¿cómo le conocería?</p> + +<p class="puntos">¡Sacrificio inútil, batalla estéril contra la flaca condición humana! +Aún no habían llegado aquellos seres a la edad en que se revelan el +corazón y la inteligencia, y ya instintivamente ambicionaba que su hijo +fuese superior al hermano pegadizo.</p> + +<p class="puntos2"> </p> + +<p>Le parecía que el coche no iba bastante aprisa, que los árboles de las +laderas del camino eran siempre los mismos, que huía a lo lejos el +horizonte prolongando la separación..., hasta que al volver un recodo +próximo a la aldea, descubrió dos niños vestidos con relativo esmero. +Estaban jugando bajo un gigantesco grupo de castaños, saltando sobre un +espeso tapiz de musgo aterciopelado, donde el sol y las sombras del +ramaje formaban maravillosos arabescos.</p> + +<p>Al llegar el carruaje cerca de aquel sitio, mandó parar, bajó, y +acercándose a los niños y conociéndolos, porque a su lado estaba la +mujer del colono, los envolvió en una mirada indefinible. Clavó en ellos +los ojos, quiso dirigirse primero a uno y luego a otro, vaciló, +llenarónsele las mejillas de lágrimas, y por último, extendiendo +abiertos los brazos, cogió a los dos al mismo tiempo, les atrajo contra +su pecho..., los apartó, tornó a mirarlos, y enloquecida de dudas y +alegrías, apretándoles de nuevo contra sí, abarcando juntas las cabezas, +se las cubrió de besos y caricias, mientras la aldeana, que la reconoció +en seguida, gritaba con su dulce acento gallego:—«Juan, está +quieto;—Pedro non te vayas.»</p> + +<p>La mujer de alma grande tenía logrado su propósito. No sabía cuál era el +que había parido.</p> + +<h3>IX</h3> + + +<p>Pasaron años. Desde que Valeria recogió los niños de manos del <i>Santo</i> +hasta que se hicieron hombres no le causaron más penas que los +disgustillos que dan de sí la infancia y la primera época de la +juventud: jugarretas, trastadas, bromas y travesuras. Llegada la edad de +la razón, Juan y Pedro fueron buenísimos para ella. Sus corazones no +cesaban de brotar y consagrarle nuevos tesoros de ternura. ¿Quién la +quería mas? Era imposible averiguarlo. Del carácter sensato y juicioso +del uno, de las genialidades prontas e irreflexivas del otro, surgían +continua e inesperadamente pruebas de amor filial. Ella, en tanto, hoy +mimaba a Juan, mañana prefería a Pedro, igual cariño profesaba a los +dos, pero cariño ciego, vacilante, inseguro, como si viviese condenado a +la incertidumbre de su propia sinceridad. Ambos ante su conciencia eran +hijos suyos, mas siempre le quedaba en el fondo del alma la duda, nunca +satisfecha; la esperanza, jamás colmada, de que el mejor fuese el que +ella había llevado en las entrañas.</p> + +<p>Andando el tiempo, Valeria, exclusivamente dedicada a estudiar aquellas +dos almas, hizo un descubrimiento que la llenó de angustia. Ambos tenían +novia y cada cual quería a la suya, no con un sentimiento vulgar y +pasajero, sino con pasión digna de ellos. Aquella era la ocasión de +probarles.</p> + +<p>Había pagado su deuda haciéndoles buenos y felices: ninguno tenía +derecho a proferir la menor queja: ella lo tenía a saber cuál era su +verdadero hijo, forjándose la ilusión de creer que lo sería el que +mostrase quererla más. En otro tiempo le cegó la gratitud: ahora le +cegaba el ansia de cariño.</p> + +<p>Luego de haber madurado su propósito, con la astucia propia de su índole +y carácter, les juntó un día y les dijo:</p> + +<p>—Os llamo porque ocurren grandes novedades. Estamos medio arruinados. +No podemos seguir viviendo con la holgura relativa que hemos disfrutado +hasta ahora. Es necesario que uno se separe de mí y de su hermano. Tengo +la seguridad de conseguir un buen destino para Ultramar. Mientras cambia +la fortuna, es preciso que uno de vosotros se vaya muy lejos y ayude a +los que aquí quedemos. ¿Quién quiere separarse de mí? ¿Quién se quiere +quedar? Resolvedlo vosotros, y decídmelo mañana.</p> + +<p>Oyéronla ambos en silencio y aquella misma noche se reunieron a +deliberar.</p> + +<p>Valeria, descalza, para no ser sentida, fue hasta la puerta del cuarto +donde estaban, y pegando la oreja al ojo de la llave escuchó todo lo que +hablaron.</p> + +<p>—¿Has oído a madre?—dijo Juan.</p> + +<p>—Sí—repuso Pedro.</p> + +<p>—¿Y qué dices?</p> + +<p>—Que no me voy.</p> + +<p>—Ni yo tampoco.</p> + +<p>—¿Por qué?</p> + +<p>—Porque no me separo de ella... ni de ti.</p> + +<p>—Lo mismo digo.</p> + +<p>—Pues ella dispone que se vaya uno.</p> + +<p>—Ya le haremos ceder.</p> + +<p>—¿Y si no cede?</p> + +<p>—Ya no pienso en casarme. Estoy dispuesto a ganar un jornal, a arrancar +piedras con los dientes, a todo, menos a separarme de ella.</p> + +<p>—Tienes razón. Igual pienso yo. Aquí a su lado soportaré escasez, +pobreza, lo que venga: yo también renuncio a la mujer que amo; pero +¿irme lejos, exponerme a que mi madre se muera sin verla? ¡Eso no! +Aunque lo mande. Si quieres, márchate tú.</p> + +<p>—Y ¿por qué he de ser yo el sacrificado? ¿No soy tan hijo suyo como tú?</p> + +<p>Aquellos dos muchachos, que se querían entrañablemente, que jamás +habían reñido por nada, ni de niños ni de mozos, estuvieron a punto de +venir a las manos. Con todo transigían, todo lo aceptaban menos lo que +pudiera significar despego hacia su madre. Cruzáronse entre ellos +algunas palabras fuertes, algunas frases agrias; pero al fin pudo el +cariño más que ningún otro sentimiento, y Juan dijo:</p> + +<p>—Mira, no añadamos a la pesadumbre que ya tenemos la pena de enfadarnos +uno con otro. No hay remedio: si madre lo manda, uno tendrá que +sacrificarse. Que ella lo designe, y ese que baje la cabeza, obedezca y +se resigne sin chistar. ¿Convienes en ello?</p> + +<p>—Convenido, ella decidirá.</p> + +<p class="puntos">Y abriéndose mutuamente los brazos, lloraron juntos, como dos niños.</p> + +<p>Valeria les escuchó henchida el alma de alegría. Aquel fue el único +momento egoísta de su vida. Todas sus penas hallaron resarcimiento, +todos sus dolores tuvieron premio. Luego, andando de puntillas, se alejó +de junto a la puerta, y a los pocos días, con fingida tranquilidad, dijo +que las circunstancias habían variado y que la separación no era +precisa.</p> + + + +<p>Nunca supo quién era su verdadero hijo, pero adquirió el convencimiento +de que ambos adoraban en ella. En un mismo culto la confundían el que +llevó en las entrañas y el que formó con la bondad de su alma. Aquella +doble maternidad fue la recompensa de su vida.</p> + + + + + +<h3><a name="La_prueba_de_un_alma" id="La_prueba_de_un_alma"></a>La prueba de un alma.</h3> + + + + +<p>Durante el verano de 188... la concurrencia de bañistas fue en Saludes +mayor que nunca: desde la fundación del balneario no se había visto allí +tanta gente, ni tan lucida y bulliciosa.</p> + +<p>Los enfermos graves eran pocos, y como por razón de su estado se +hallaban recluidos en sus habitaciones, no molestaban a los que querían +divertirse; los cuartos eran limpios, la comida, si no muy delicada, +abundante y sabrosa, las camas aceptables, el campo delicioso, y las +excursiones salían baratas; de suerte que todo el mundo estaba contento, +sin acordarse el bolsista de sus negocios, ni el empleado de su oficina, +ni la mujer hacendosa de los quehaceres de su casa, ni mucho menos el +estudiante de sus libros: las niñas en estado de merecer disfrutaban +bastante libertad para dejarse galantear a sus anchas por los muchachos; +y, según malas lenguas, de igual libertad se aprovechaban algunas +casadas, si no para permitir que fuese invadido allí mismo el cercado +ajeno, a lo menos para demostrar que no lo defenderían mucho cuando, de +regreso en la corte, fuesen menor el peligro de la murmuración y las +ocasiones más seguras.</p> + +<p>A que resultara grata la permanencia en Saludes contribuía mucho el +director facultativo, hombre de treinta o pocos más años, simpático, muy +inteligente, y en quien se daban reunidas raras circunstancias y +envidiables prendas.</p> + +<p>El doctor Ruiloz era el primogénito de un banquero, socio principal de +la casa Ruiloz y Compañía, de Madrid. Desde muchacho se empeñó en seguir +la carrera de médico, dejando a su segundo hermano el cuidado y la +gloria de continuar amontonando millones. En un principio la familia +trató de quitarle de la cabeza aquel propósito, mas tan resuelto y +decidido le vieron, que no hubo sino dejárselo lograr. «Aunque le falten +enfermos—cuentan que dijo su padre—no ha de faltarle dinero, teniendo +yo tanto como tengo.» Con la tenacidad mostrada al elegir carrera, y con +la conducta que observó al estudiarla, quedaron probadas la energía y la +fuerza de voluntad que Dios había puesto en el alma de Juan Ruiloz, +porque sin mermar a la juventud sus fueros, ni dejar de divertirse +durante aquella edad en que la alegría es media vida, fue primero modelo +de estudiantes y luego espejo de médicos.</p> + +<p>Trabajando mucho, prescindiendo de la influencia y riqueza de sus +padres, verdaderamente obstinado en deberlo todo a su propio esfuerzo, +se hizo hombre y comenzó a labrarse la reputación, logrando verla +consolidada en pocos años con algunos buenos escritos referentes a su +facultad, y gracias a unas cuantas curas y operaciones tan sabias como +afortunadas. Su estancia en Saludes fue puramente accidental. El médico +en propiedad del balneario, que era un intimo amigo y compañero suyo, +cayó enfermo, pidió licencia, concediéronsela, necesitó prórroga, se la +negaron, y cuando se hallaba a punto de perder la plaza, le dijo Juan:</p> + +<p>—No te apures: para estas ocasiones son los amigos de mis padres; yo +haré que me nombren director de Saludes, como supernumerario, en +comisión, sin sueldo, de cualquier modo... y en paz: te curas, y cuando +puedas trabajar me retiro modestamente por el foro.</p> + +<p>De esta manera llegó a ser médico del humilde balneario el doctor +Ruiloz, a pesar de que por entonces ya su nombre corría de boca en boca, +seguido de tales alabanzas, que nadie pudo comprender cómo ni por qué +aceptó destino tan poco lucrativo. Los que estaban en el secreto de la +cosa y conocían íntimamente a Juan, no se sorprendieron, sabiendo que, +a más de ser amigo de hacer favores, había en él cierta innata tendencia +a buscar en lo anormal y extraordinario el encanto de la vida. ¿Y dónde +cosa menos vulgar y más desacostumbrada para un médico rico y mimado por +la suerte, que ir a encerrarse en un balneario de tercera clase, en el +cual no había de ganar honra ni provecho, sólo por servir a un +compañero?</p> + +<p>Tal es la excelencia de las buenas acciones, que a veces el favor que se +hace en obsequio de uno redunda en provecho de muchos, y así sucedió en +este caso, porque cuando su clientela adinerada y elegante de Madrid +supo que Ruiloz iba aquel año de médico a Saludes, allá se fueron tras +él muchas familias de la corte; unas por tener cerca a su doctor +favorito, y otras esperanzadas en que, no hallándose tan cargado de +trabajo, podrían consultarle más despacio, con lo cual acudió tanta +gente, que todo el verano fue agosto para el humilde lugarejo.</p> + +<p>Iba ya vencida la temporada, y Ruiloz estaba, aunque no arrepentido del +favor hecho a su amigo, cansado de tener más trabajo que en Madrid, +cuando llegó a Saludes un matrimonio joven, acompañado y servido por una +doncella y un ayuda de cámara: albergáronse amos y criados en la mejor +casa del pueblo, y en seguida el marido, que se llamaba D. Javier +Molínez, se presentó a Ruiloz diciéndole que su esposa venía enferma, y +que sólo para que él la asistiese habían hecho el viaje. Fue el doctor a +visitarla, preguntó cuanto creyó conveniente, hizo los reconocimientos +propios del caso, infundió ánimo en el abatido espíritu de aquella +señora, que además de joven era hermosa, y luego, llegada la noche, y en +vista de las reiteradas súplicas que Molínez le hizo para saber el +verdadero estado de su mujer, le habló de este modo mientras paseaban +por el jardín del balneario.</p> + + + +<p>—Ya que V. la exige y tiene valor para escucharla, le diré la verdad. +El caso no es desesperado, pero poco menos. Cuando llegan a este grado +de desarrollo, las afecciones del corazón son peligrosísimas. Aquí no +deben Vds. permanecer más tiempo que el preciso para que recobre +fuerzas: vuélvanse Vds. pronto a su casa. Ni sé cómo ha podido soportar +el viaje en las condiciones en que está.</p> + +<p>Hizo luego una breve explicación científica, y terminó diciendo:</p> + +<p>—Puede vivir unos cuantos meses... tal vez años, aunque +desgraciadamente no lo espero... y cualquier contratiempo en la marcha +de la enfermedad puede también ocasionar un desenlace fatal en pocos +días. Acaso la saquemos adelante; pero hoy por hoy su estado es muy +grave. Si mejorase algo, lo más juicioso sería llevársela a Madrid.</p> + +<p>—¿De modo que no hay esperanza?</p> + +<p>—Eso... sólo Dios puede saberlo.</p> + +<p>—¿Y cree V. que debo avisar a mi suegra para que venga?</p> + +<p>—Indudablemente, con tal de que halle V. pretexto para justificar su +llegada, porque su señora de V. no está para soportar emociones fuertes.</p> + +<p>Sin duda Molínez tenía, o halló, modo de justificar el viaje de su madre +política, pues le telegrafió para que acudiese a Saludes, donde llegó a +las treinta horas, acompañada de una mujer entrada en años, que era su +ama de llaves, y de una señorita de gracioso rostro y gentil figura a +quien llamaba Julia.</p> + +<p>Pocos días bastaron para que los Molínez y el doctor simpatizaran: entre +los atractivos personales de éste y el agradable trato de aquéllos, que +se esforzaban en atraerle y agasajarle en beneficio de la enferma, +pronto se hicieron amigos. Ruiloz y Javier daban juntos largos paseos, +jugaban al ajedrez y con frecuencia comía el primero en casa del +segundo; de suerte que los forasteros siempre tenían cerca al médico y +éste se complacía en el afable trato de la familia madrileña.</p> + + + +<p>Esto sucedía a principios de Agosto.</p> + +<p>Transcurrido un mes, todos los habitantes del balneario sabían que la +señora de Molínez estaba muy aliviada, y que, sin embargo, el doctor +cada día pasaba más tiempo en su casa, con lo cual hallaron fundamento +las suposiciones de los malévolos y ocupación las lenguas de los +murmuradores. «Las enfermedades del corazón deben de ser +contagiosas—cuentan que dijo un chusco—porque desde que llegó esa +señora de Molínez el médico está muy grave.»</p> + +<p>Realmente, la variación sufrida por Ruiloz en poco tiempo era tal, que +sólo un ciego podía dejar de observarla. De alegre, decidor y bromista, +se hizo triste, callado y serio; algunos días hasta se mostraba +desabrido y seco con los enfermos; en el salón del balneario apenas +ponía los pies; negose a recibir fuera de las horas marcadas para la +consulta y, por último, su semblante adquirió una expresión de +melancolía que hubiese justamente alarmado a sus padres y amigos si de +improviso llegaran a Saludes.</p> + +<p>Este cambio, casi repentino, y las constantes visitas a la familia de +Molínez, daban cierta apariencia de verdad a la suposición de que al +doctor no le preocupaba única y exclusivamente el cuidado de un enfermo +grave. La mejoría de Clotilde Molínez valió a Ruiloz muchas +enhorabuenas, pero a espaldas suyas dio pábulo a grandes murmuraciones. +Todo el mundo, pasándose de listo y sin recordar que en aquella casa +había dos mujeres, una soltera y otra casada, creía o fingía creer que +el médico estaba enamorado de la segunda. Sin embargo, el marido de ésta +podía dormir tranquilo.</p> + +<p>Quien ocasionaba las cavilaciones del doctor era Julia, la joven que +llegó a Saludes con la suegra de Molínez.</p> + +<p>Representaba más de veinte y menos de veinticinco años: tenía la mirada +inteligente y expresiva, las facciones delicadas, el andar airoso y el +cuerpo bien formado; pero su principal encanto estaba en la +conversación, en el lenguaje, y no sólo en lo que decía sino en el modo +de decirlo, porque además de gran claridad de entendimiento y mucho +ingenio, descubrían sus palabras superior bondad de alma y sinceridad +extraordinaria.</p> + +<p>Era ilustrada sin afectación, religiosa sin fanatismo, honesta sin +hipocresía y franca sin descaro. La única condición que pudiera deslucir +algo estas cualidades consistía en cierta dureza y sequedad de genio y +acritud en las frases, cuando en la conversación salían a plaza +determinadas flaquezas humanas: la mentira y el engaño, el disimulo y la +astucia le eran aborrecibles.</p> + +<p>Su tía doña Carmen, madre de Clotilde y suegra de Molínez, parecía fiar +y descansar en Julia para todo lo referente al cuidado de la casa, +tratándola como a hija y siendo por ella considerada con grande amor y +respeto. El cariño que tía y sobrina se profesaban era prueba indudable +de la buena índole de ambas: las atenciones y el mimo que Julia +prodigaba a doña Carmen contribuyeron mucho a que Ruiloz descubriese en +la primera las cualidades que, hábilmente dirigidas, pueden ser la base +de un hogar dichoso.</p> + +<p>La sorpresa y las dudas del médico nacieron cuando, poco a poco, fue +observando que entre Julia, de un lado, y de otro entre su prima y el +marido de ésta, no reinaba la misma cordialidad. Para doña Carmen era +toda mansedumbre y cariño: respecto de Clotilde y Javier, parecía vivir +en sumisión forzada; les dirigía la palabra cortés y casi +afectuosamente, pero siempre con tal circunspección y mesura, siempre +con tan escasa confianza, que la reserva robaba espontaneidad a su +lenguaje: diríase que medía y pesaba las palabras, evitando +cuidadosamente todo lo que pudiese ocasionar piques y roces. La frialdad +que reinaba entre aquellas tres personas era evidente. En vano se +esforzaban marido y mujer por cubrir con frases pulidas y mentidos +halagos aquella tirantez; inútil era también la habilidad desplegada por +doña Carmen para ocultar aquella hostilidad mal contenida.</p> + +<p>Nada de esto escapó a la penetración de Ruiloz.</p> + +<p>El primer sentimiento que Julia le inspiró fue la simpatía: después, +notando su rara situación en el seno de aquella familia, no pudo +librarse de una sospecha en que iba envuelto un desencanto. Imaginó que +entre Julia y Javier <i>había algo</i> y que por encubrirlo fingían: luego +creyó que si entonces no estaban unidos por afecto culpable, acaso lo +habrían estado tiempo atrás, sustituyendo después el rencor a la pasión: +por último, se aferró a la idea de que la aversión que les separaba +obedecía a sentimientos de índole opuesta, porque él mostraba bajeza y +apocamiento ante Julia, y ésta, por el contrario, le miraba entre +despreciativa y soberbia. Ruiloz se dio cuenta también de que doña +Carmen vivía al parecer siempre atormentada por aquel drama íntimo, +esforzándose en limar asperezas, evitar disensiones y alejar conflictos: +ya intervenía en los diálogos para variar la conversación cuando corría +peligro de agriarse, ya entraba oportunamente en las habitaciones +estorbando que Julia se hallase sola con Javier o con Clotilde, ya, por +último, y esto era lo que hacía con más gusto, mimaba y acariciaba a su +sobrina cual si quisiera recompensarla por algún sacrificio o +indemnizarla de alguna grande e inmerecida injusticia. La criada de doña +Carmen también parecía querer mucho a Julia, mirando, por el contrario, +a Clotilde y su marido con respeto, pero sin cariño: todo lo cual +indicaba que en la existencia de aquella familia había un secreto: según +las apariencias Julia era o había sido víctima de alguna infamia.</p> + +<p>La triste situación de esta mujer, sus gracias naturales, aumentadas con +el novelesco encanto del misterio, y la particular organización del +médico, que, sin duda harto de estudiar el dolor y la materia, buceaba +con placer en las profundidades del espíritu, hicieron que Ruiloz se +apasionase por aquella víctima de no sabia qué injusticias. A su amor +contribuyeron, tanto como la figura de Julia, la misteriosa situación en +que esta se encontraba y la facilidad con que su propio ánimo se dejaba +influir y dominar por todo lo extraordinario y anormal: sintió un afecto +formado de simpatía y de piedad, robustecido por la prudencia forzada, y +finalmente poetizado por aquella aureola de dignidad y desgracia en que +veía envuelta a la mujer querida. No le seducían sus ojos por +expresivos, ni su boca por fresca, ni su talle por esbelto, sino toda +ella por cierta atmósfera de melancolía que, circundándola como un +ropaje ideal, daba a sus ojos apacible tristeza, y a su boca sonrisa +resignada, y a su cuerpo entero una dejadez y laxitud en mayor grado +poderosas y excitantes que la más espléndida hermosura o la más astuta +coquetería.</p> + +<p>Ruiloz ocultó cuidadosamente su amor, pensando que ni la situación de +aquella familia ni el poco tiempo que en su amistad llevaba le permitían +por entonces otra cosa; pero este mismo forzoso secreto sirvió de +incentivo a su deseo.</p> + +<p>Entre tanto, la enfermedad de Clotilde volvió a agravarse, precisamente +cuando el balneario se iba quedando desierto. La fecha de la clausura +estaba cercana, y el médico no decía palabra de volver a la corte; si +alguien le hablaba del regreso, respondía con evasivas: pero como nadie +se engaña a sí mismo, harto persuadido estaba de que Julia, únicamente +ella, era quien le retenía allí. Por fin se marcharon de Saludes hasta +los criados y camareros: no quedaron en el lugar más que la familia +Molínez y el doctor. Entonces éste, temeroso de que aun a sus nuevos +amigos pareciese sospechosa tal conducta, mortificado por la suposición +de que pudieran creer que prolongaba su estancia allí para hacer pagar +más caros sus cuidados, y sobre todo aguijoneado por el amor, determinó +salir de dudas.</p> + +<p>Una noche vio que Julia tenía los ojos como puños, de haber llorado. +Nada se atrevió a preguntarle; pero al día siguiente, que era domingo, +esperó muy de mañana a la criada vieja de doña Carmen, y acercándose a +ella cuando salía de la iglesia le rogó que le siguiese hasta su +despacho del balneario, donde, primero con astucias y luego con ofertas +trató de averiguar lo que tanto deseaba saber.</p> + + + +<p>Aquella buena mujer le dejó hablar cuanto quiso, sin interrumpirle; oyó +sin chistar los inocentes y mal rebuscados pretextos en que fundó sus +preguntas, y luego, sonriendo como diplomático que no se resigna a darse +por engañado, le dijo con la respetuosa franqueza propia de algunos +sirvientes viejos.</p> + +<p>—Mire V., señor doctor, hace muchos días que esperaba esto... vamos, +que me buscara V.</p> + +<p>—¿V. lo esperaba?</p> + +<p>—Tan seguro lo tenía, que antes de venir he pedido permiso a mi ama +doña Carmen.</p> + +<p>—¿Y qué le ha dicho a V.? ¿Y por qué lo sospechaba V.?</p> + +<p>—¿Me da V. su permiso para que hable clarito?</p> + +<p>—Se lo ruego.</p> + +<p>—Pues V. está enamorado de la señorita Julia; V. ha comprendido que en +la casa pasa o ha pasada algo muy gordo, como vulgarmente se dice, y +quiere enterarse... naturalmente, un hombre tiene derecho a saber lo +que puede importarle.</p> + +<p>—Y esto que V. dice, ¿lo sospecha también doña Carmen?</p> + +<p>—A mi señora no se la escapa nada.</p> + +<p>—¿Y doña Clotilde y su marido?</p> + +<p>—La enferma, V. lo sabe, no está para nada: el señorito Javier no sé si +se habrá fijado; pero ese... lo mejor que le podía suceder era que la +señorita Julia saliera de casa.</p> + +<p>—¿Y <i>ella</i>?</p> + +<p>—Doña Carmen dice que sí, que la señorita ha comprendido que V. la +quiere; yo, a decir verdad, no lo sé. ¡Ojalá le hiciese a V. caso! todo +se lo merece... aunque no sea más que por lo que ha sufrido.</p> + +<p>—Veo que con una mujer como V. no hay que andarse por las ramas, y +menos estando doña Carmen enterada de...</p> + +<p>—Pues pregunte V. lo que quiera. Soy vieja, llevo veinte años al lado +de doña Carmen, y ya le digo a V. que estoy aquí con su consentimiento. +Lo que V. desea saber es... la situación de la señorita Julia en la +casa, el por qué no se lleva bien con la señorita Clotilde y con su +marido; en fin todo lo que pasa.</p> + +<p>—Cabal.</p> + +<p>—Va V. a salir de dudas. La señorita Julia es sobrina carnal de doña +Carmen, hija de una hermana suya que murió hace quince años. La ha +criado como a su propia hija, que es de la misma edad, poco más o menos. +En vez de una hija, han sido dos... y, la verdad, la señorita Julia es +de mejor índole, más cariñosa y dulce.</p> + +<p>—¡Eso un ciego lo ve!</p> + +<p>—Hace tres años comenzó D. Javier a seguirlas por todas partes: a +teatros, conciertos, paseos... en fin, lo que hace un enamorado.</p> + +<p>—¿De quién?</p> + +<p>—De la señorita Julia. Por fin le presentaron en la casa; ella no le +puso mala cara, y estuvieron en relaciones... cosa de seis meses.</p> + +<p>—Pues no comprendo...</p> + +<p>—Al cabo de aquellos seis meses llegó el verano. Mis señoritas tienen +costumbre de salir de Madrid todos los veranos, y se encontraron con que +aquel año no podían: verá V. por qué. La casa donde vivimos en Madrid es +de doña Carmen; un caserón viejo, a la antigua. Mi señora quería hacer +obra, obra grande; tirar tabiques, reformar muchas cosas, tapizar luego +habitaciones... un trajín de todos los diablos; y, por otra parte, no +quería renunciar al viaje, cuestión de salud. Tenemos un administrador +viejecito, un buen señor, pero con tantos años sobre sí, que no sirve +para nada. En una palabra, hacía falta que se quedara alguien con él. +Total; nos quedamos en Madrid el administrador, la señorita Julia y yo, +pasando todo el verano vigilando a los operarios. La señorita Julia +comprendió que debía dar este gusto a doña Carmen... y de ahí nació +todo.</p> + +<p>—¿Y qué tiene eso que ver?...</p> + +<p>—¿No lo adivina V.? Doña Carmen y la señorita Clotilde se fueron con +una doncella, nosotras nos quedamos y... aquí entra lo feo. Doña Carmen, +que había autorizado los amores de la señorita Julia con D. Javier, +prohibió naturalmente que éste entrase en la casa durante su ausencia, y +ella, más buena que el pan, para evitar toda clase de habladurías, pidió +a su novio que se marchara también de Madrid durante el verano. Y él se +fue, sí, señor; pero se fue donde estaban ellas: primero a San +Sebastián, luego a Biarritz, quince días a París... y donde fue no lo +sabemos, pero...</p> + +<p>—¿Clotilde le robó el novio a Julia?</p> + +<p>—Sí, señor; robado, esa es la palabra. Parece que la cosa comenzó con +bromas y coqueteos; no sé lo que sucedería; pero o ella le volvió loco, +o él pensó que más valía la rica que la pobre. A mitad del verano dejó +de escribir a Julia. El administrador y yo creímos que la señorita se +moría: doña Carmen llegó a Madrid enferma del disgusto, porque ya se +traía tragada la infamia. ¡Qué cosas le dijo a su hija! No hubo medio de +evitarlo: él amenazó con sacarla depositada, y, ante el escándalo, hubo +que ceder. Este es el secreto de todo. Como V. puede imaginar, se acabó +la tranquilidad.</p> + +<p>No hay palabras con que expresar el asombro de Ruiloz, asombro mezclado +de pena, pues su primera suposición fue que Julia seguía enamorada de +Javier. Trató, sin embargo, de coordinar sus pensamientos, y preguntó a +la vieja:</p> + +<p>—Pero dígame V.: después de todo esto, ¿cómo sigue la señorita Julia +viviendo en la casa?</p> + +<p>—Viven y no viven juntos. La señorita Clotilde y su marido tienen el +bajo, que es independiente; doña Carmen, Julia y yo, el principal. En +Madrid <i>ellas dos</i> apenas se veían. Por eso han sido aquí los +rozamientos, en cuanto se han acercado. Además, <i>ella</i> quiso meterse +monja... ponerse de institutriz... ¿cómo había de permitirlo la señora?</p> + +<p>—Todo está explicado.</p> + +<p>—¡Claro! Aquí han sido los disgustos gordos. Cuando V. mandó llamar a +mi ama, la señorita Julia no quiso que viniera sola: pensó que tendría +calma para ver a la otra, para verle a él... y no ha habido tal calma. +Esta es la situación.</p> + +<p>—¿Y no hay más?</p> + +<p>—Lo demás es muy delicado.</p> + +<p>—¡Pobre mujer!</p> + +<p>—¡Figúrese V.! Está colocada en la alternativa de tener que abandonar +a doña Carmen a quien todo se lo debe, o soportar la presencia de los +otros. Y ahora comprenderá V. también la influencia que han de tener +ciertos sacudimientos morales en la enfermedad de doña Clotilde; porque, +a mí no me cabe duda, también ella ha de sufrir... ¡y bien castigada +está! Clotilde sabe que Julia la desprecia, y al mismo tiempo está +celosa de ella.</p> + +<p>—¡Si Julia quiere, yo la haré feliz!—exclamó Ruiloz en un rapto de +indignación mezclada de ternura.</p> + +<p>Y en aquel momento comprendió que la quería de veras. No, no era sólo la +atracción de lo misterioso y anormal; era que aquella mujer se le había +metido en el alma. Hizo un esfuerzo por serenarse, dominó la impresión +que sentía, y dijo:</p> + +<p>—Pues bien; sólo dos cosas deseo saber ahora; primera: ¿cree V. que +Julia quiere todavía a D. Javier?</p> + +<p>—Me parece demasiado altiva, demasiado digna...</p> + +<p>—Segunda: ¿cree V. que doña Carmen apoyará mis deseos?</p> + +<p>—Cuando me ha permitido venir aquí, es que ha visto en V. un hombre +honrado para su Julia.</p> + +<p>—Pues si es así, yo aprovecharé la primera ocasión que se me presente +propicia para hablar con Julia. ¡Con tal de que su antiguo amor hacia +Molínez no sea una verdadera pasión!</p> + +<p>—Se me figura que no; eso V. lo averiguará. Y ahora, para concluir, yo +también tengo que hacer a V. una pregunta por encargo de mi ama, y claro +está que repetiré con la mayor prudencia lo que V. diga. Vamos a ver: +¿cuál es el verdadero estado de la señorita Clotilde?</p> + +<p class="puntos">—Hoy por hoy, gravísimo. Creo, sin embargo, que de esa crisis +saldremos adelante; pero de las que vengan luego no respondo; en uno +de esos ataques tiene que quedarse. De modo que si ahora se alivia, lo +antes posible, a Madrid con ella.</p> + +<p>Desde la mañana en que Ruiloz habló con la criada confidente de doña +Carmen, subieron de punto sus cavilaciones. Ya sabía cuanto deseó saber; +ya conocía el secreto de aquella familia, el motivo de las tristezas de +Julia, y sin embargo, sus dudas eran más dolorosas que antes. Ella en +nada desmereció a sus ojos, siguió pareciéndole tan digna de ser querida +como antes; nada viturable halló en su conducta; había amado a un hombre +que la despreció por otra, ni más ni menos... Allí la traidora, la digna +de censura era Clotilde. Para Molínez no encontraba calificativo +bastante duro: era un miserable vulgar, que sintiendo inclinación hacia +una mujer la dejó en cuanto supo que era pobre, dándole por rival a su +misma prima, prolongando luego una situación en que la infeliz había de +sufrir doblemente con mortificaciones de amor propio y... acaso, acaso +con dolorosísimos celos. Porque ¿quién podría decir si Julia no amaba a +Javier? ¿En qué consistiría su tormento? ¿En la postergación sufrida, o +en el desengaño experimentado? ¿Quién era capaz de saber lo que pasaba +en su alma? El haberle quitado el novio, ¿significaba para ella la +simple humillación del orgullo femenino, herida hecha en la vanidad, que +escuece pero se cura, o sería tal vez el robo de sus ilusiones y la +muerte de sus esperanzas? Aquel odio hacia Clotilde que Julia no podía +encubrir ¿era expresión más o menos exagerada de desprecio y +superioridad, o era el rencor de un alma a quien se habían cerrado las +puertas de la dicha? En una palabra, ¿habría Julia sentido por Molínez +un amor tibio y pasajero, ya extinto, o una de esas pasiones que en la +adversidad se exacerban y llenan toda la vida?</p> + +<p>Ruiloz necesitaba saberlo, pues una cosa era para él pretender a quien +sólo fue requerida de amores consintiendo en ello, y otra cosa muy +distinta sería aspirar a enseñorearse de un corazón que tenía dueño, +tanto más adorado cuanto más imposible era poseerlo. Finalmente, +comprendía que le era indispensable averiguar si Julia odiaba a Clotilde +tan sólo por su pasada perfidia, o si estaba celosa de ella porque amase +a Javier.</p> + +<p>Las circunstancias le favorecieron, y él las aprovechó, empleando medios +conforme a su índole soñadora y romántica, siempre propensa a recursos +en que la fantasía superaba al raciocinio.</p> + +<p>Cualquier otro hombre hubiese comenzado por galantear a Julia hasta +esperanzarse con algún fundamento, para seguir después enamorándola a +fuerza de sinceridad y prudencia: él comenzó a discurrir ante todo la +manera de salir de dudas; lo demás, suponía que se haría solo.</p> + +<p>Pronto se le presentó la oportunidad de poner su imaginación al servicio +de su propósito.</p> + +<p>A los pocos días de hablar con la criada de doña Carmen se acentuó el +retroceso en el padecimiento de Clotilde, a quien velaban +alternativamente una noche su marido con la doncella, y otra Julia con +doña Carmen, la cual solía echarse en un sofá mientras Julia pasaba el +rato leyendo y pronta al cuidado de la enferma.</p> + +<p>Para una de estas noches concibió y dispuso Ruiloz su plan, ideado acaso +con no muy sólido fundamento, por suponer al prójimo capaz de afectos +más vehementes que los por él experimentados, pero que a juicio suyo +había de darle plena certidumbre de los sentimientos de Julia.</p> + + + +<p class="puntos">Por la tarde el doctor tomó en su casa dos frascos, uno de cabida como +para treinta gramos, y otro muy pequeño: llenolos ambos de agua clara, +y, sin añadir nada al primero y mayor, vertió en el segundo una materia +inofensiva, que dio al agua transparente un color amarillo tan +brillante, que puesto el vidrio al trasluz, parecía contener oro +líquido. Luego tapó cuidadosamente ambos frascos, y esperó a que llegase +la ocasión deseada.</p> + +<p class="puntos2"> </p> +<p class="puntos2"> </p> + + +<p>Las habitaciones que servían de albergue a los Molínez eran espaciosas +y estaban amuebladas a estilo de pueblo, contrastando con la vetustez y +modestia de cuanto había en ellas el aspecto moderno y la riqueza de los +utensilios, ropas, neceseres y estuches de los madrileños: un saco, una +manta de viaje valían más que todo lo puesto a su disposición por el +huésped.</p> + +<p>Ocupaba el centro de la casa una sala grande con dos dormitorios, uno a +cada lado: el de la derecha para doña Carmen y Julia; el de la izquierda +para Clotilde y su marido.</p> + +<p>La enferma, casi privada de poder acostarse, pasaba muchas horas sentada +en una gran butaca, junto a un ventanón, al través de cuyos cristales, +pequeños y emplomados, se descubría un hermoso y pintoresco valle. +Cuando quería dormir se extendía en aquella misma butaca, y apoyada en +varios almohadones, lograba conciliar el sueño. Una lámpara muy lujosa, +llevada de Madrid, iluminaba el gabinete, mientras Clotilde estaba +desvelada, encendiéndose en su lugar, cuando quería dormir, una bujía +puesta en el suelo y tapada con una manta colgada entre dos sillas.</p> + + + +<p>Tal era el aspecto de la estancia una noche en que doña Carmen y Julia +debían velar a Clotilde.</p> + +<p>Ruiloz procuró entretenerse un rato con doña Carmen, hasta que Javier se +retiró a descansar; luego fue dejando decaer el interés de la +conversación que sostenía con ella hasta verla dar cabezadas, y cuando +se hubo dormido por completo fue acercándose hacia Julia, que estaba +leyendo junto a un velador, encima del cual lucía la lámpara, cuya +pantalla arrojaba toda la claridad sobre su gentil figura, dejando los +extremos de la habitación en sombra. Tenía puesto un traje de lanilla +gris liso y muy ceñido; la respiración pausada y tranquila imprimía a su +hermoso pecho un movimiento regular, y un rizo sedoso y negro, escapado +de entre las horquillas, le ocultaba parte de la frente.</p> + +<p>No parecía interesarle gran cosa la lectura: había instantes en que los +ojos se le quedaban inmóviles, fijos, cual si entre ellos y el periódico +se interpusiese algo indefinido y soñado que abstrajese su alma de +cuanto la rodeaba, dibujándose en su rostro una sonrisa de hastío y de +tristeza; pero otras veces al menor ruido que procediese de donde estaba +Clotilde, aquellos mismos ojos se animaban de pronto, como si en ellos +fulgurase la llamarada de un impulso indomable. Si Clotilde respiraba +fuerte o se movía, haciendo crujir levemente sus ropas, Julia, alzando +súbito la cabeza, quedábase mirándola, con las pupilas incendiadas por +un relampaguear indefinible y extraño, tan extraño, que nadie hubiese +podido decir si era expresión de odio o muestra de terror. En aquellas +miradas imposibles de descifrar estaba retratada su situación. ¿Qué +afecto agitaría su alma? ¿La soberbia de un perdón desdeñosamente +otorgado? ¿La indiferencia del desprecio? ¿Tal vez la compasión que +inspira la desgracia, aun merecida, o acaso el rencor involuntario y +hondo que con ningún infortunio se apacigua?</p> + +<p>Al llegar Ruiloz al lado de Julia, ésta dejó caer el periódico sobre el +velador, disculpándose de haber seguido leyendo.</p> + +<p>—Creí que se había V. marchado.</p> + +<p>—¿Sin despedirme?</p> + +<p>—V. ya es de casa.</p> + +<p>—¡Ojalá!</p> + +<p>—¿Por qué?</p> + +<p>Ruiloz, sin contestar a esta pregunta, siguió:</p> + +<p>—Me he quedado para hablar con V.</p> + +<p>—¿Conmigo?</p> + +<p>—Sí; V. es aquí tal vez la única persona con quien se puede hablar +claramente del gravísimo estado de esa pobre señora. ¿Para qué +mortificar más a su madre y a su marido?</p> + +<p>—¿Cree V. que hoy está peor?</p> + +<p>—Sí; y quisiera hacer una prueba con ayuda de V. Si V. no se hubiese +quedado hoy a velarla, habría esperado, porque para lo que intento, no +puedo fiarme del marido, a quien la emoción quitaría serenidad, ni menos +de la madre...</p> + +<p>—V. dirá lo que se debe hacer.</p> + +<p>Ruiloz miró hacia doña Carmen para convencerse de que seguía durmiendo, +y sacando del bolsillo los dos frasquitos, el del agua clara y el de +agua teñida de amarillo, dijo enseñándolos a Julia y refiriéndose al +segundo:</p> + +<p>—Este es un medicamento de una violencia excepcional; hay que emplearlo +con la mayor precaución; no hay veneno que se le iguale.</p> + +<p>—¿Y cómo se da eso?</p> + +<p>—Ahora lo sabrá V. Clotilde habrá tomado esta tarde poco alimento...</p> + +<p>—Muy poco.</p> + +<p>—Probablemente se despertará, y entonces le da V. dos cucharadas de lo +contenido en el frasco grande. Tal vez siga tranquila, y en ese caso, +nada. Pero lo casi seguro es que sobrevenga una excitación muy fuerte, y +entonces le da V. cuatro o seis gotas de lo del frasquito amarillo. +Muchísimo cuidado: es absolutamente necesario que la excitación sea +indudable y fuerte, porque si toma el segundo medicamento sin haberse +producido la alteración, en situación normal... la muerte sería cosa de +dos horas. ¿Me ha comprendido V. bien?</p> + +<p>—Creo que sí—repuso temblando.</p> + +<p>—Al ponerse agitada, nerviosa, casi delirante, el frasco amarillo; y, +no lo olvide V., si esa excitación no viene, dárselo es matarla.</p> + +<p>En seguida Ruiloz, aparentando la indiferencia con que suelen hablar los +médicos de estas cosas, se despidió y salió, dejándola con los dos +frascos sobre el velador y llena de sobresalto el alma.</p> + +<p>Realmente aquello era un engaño, sólo posible con una persona ignorante +en cosas de medicina; mas la situación de Julia no dejaba por eso de ser +tremenda.</p> + +<p>La casualidad, acaso la Providencia, ponía en sus manos la existencia +de Clotilde. Estaba moribunda, su vida pendía de un hilo, y ese hilo +ella podía cortarlo con completa irresponsabilidad... ¿Matarla? no: no +más que adelantarle un poco la hora de la muerte, y la impunidad sería +absoluta, nadie había de saberlo. Con decir que sobrevino la agitación +prevista por el doctor y que le dio el segundo medicamento...</p> + +<p>Sí; aquella era la hora de la venganza, el momento de la expiación, tan +fácil como nunca pudo soñarla un espíritu rencoroso. Además, ¿quién iba +a sospechar de ella, cuando el médico sería el primero que la pusiese a +salvo?</p> + +<p>Ruiloz lo calculó todo de un modo diabólico. Las dos supuestas medicinas +eran agua: ni la primera había de causar agitación, ni la segunda podía +producir la muerte; pero si Julia daba la última, su intención no +ofrecería duda de ningún género: habría mentido al decir que vino la +excitación, y habría demostrado, sólo para Ruiloz, el deseo de abreviar +la vida de Clotilde. En una palabra, Ruiloz iba a penetrar en el alma de +Julia: si ésta procuraba la muerte de Clotilde, era señal de que seguía +enamorada de Javier, o de que sin amarle era rencorosa hasta la +perversidad, e indigna de ser querida; si lo contrario, demostraría +primero que su corazón era incapaz de venganza, y tal vez que su amor a +Javier era sentimiento extinguido.</p> + +<p class="puntos">De esta suerte quedaron ambos al separarse, lleno de confusión el +pensamiento: Ruiloz porque aquella prueba había de revelarle el temple y +la índole de la mujer querida, y Julia porque a solas con su conciencia +imaginaba ser juez en causa propia.</p> +<p class="puntos2"> </p> +<p class="puntos2"> </p> + +<p>¡Qué noche tan larga... y qué ideas tan negras!</p> + +<p>Pero su voluntad no vaciló, la entereza de su virtud no desfalleció un +instante; mas la imaginación... a esa ¿quién le corta las alas?</p> + +<p>Al través de los vidrios y visillos de las ventanas se veían lucir las +estrellas; turbaban el silencio los ruidos característicos del campo; ya +el campanilleo de una recua, ya el rechinar de un carro, ya los +graznidos de las aves rapaces que buscaban nidos entre la espesura del +ramaje.</p> + +<p>A las tres de la madrugada la enferma pidió agua; Julia se la dio. La +tentación no había hecho presa en su alma, y sin embargo, todo su cuerpo +temblaba, no por miedo al delito, sino sólo ante la facilidad de poder +ejecutarlo.</p> + +<p>—Te tiembla la mano—dijo Clotilde con voz débil al tomar el vaso.</p> + +<p>—Tengo frío—repuso Julia.</p> + +<p>Y llena de espanto pensó en cuál otro y cuán distinto sería su temblor +si hubiese aceptado la idea del crimen. Clotilde, apurando el agua, miró +con precaución en torno, y bajando cuanto pudo la voz, preguntó:</p> + +<p>—¿Estamos solas?</p> + +<p>—Sí.</p> + +<p>Entonces, dominada por uno de esos impulsos misteriosos que hacen pensar +a dos almas en una misma cosa al mismo tiempo, atrajo a Julia hacia sí, +diciendo con acento de súplica:</p> + +<p>—¿Aún me guardas rencor?</p> + +<p>—Calla y duerme—repuso aterrada, pareciéndole que evocar lo pasado era +incitarla al delito.</p> + +<p>A las cuatro y media, cuando empezaba a despuntar el día, Clotilde llamó +otra vez. Julia, con mano firme y pulso seguro, le dio la cantidad que +debía del líquido contenido en el frasco grande, y esperó... ¿Vendría +la agitación esperada y temida por el doctor?</p> + +<p>Clotilde quedó inmóvil y adormilada, como en reposo absoluto de espíritu +y de cuerpo; apenas se notaba su respiración.</p> + +<p>A Julia se le apagó la lámpara, y cogiéndola sin llamar a nadie, la sacó +fuera para que no diese tufo, yendo a dejarla en uno de los cuartos +inmediatos.</p> + + + +<p class="puntos">Ya era día claro. Avida de ambiente puro, abrió un balcón que daba al +huerto, y apoyada de pechos en la barandilla, respiró con fuerza, larga +y deleitosamente el aire fresco del amanecer. ¡Qué sol tan hermoso!... +Y en su alma, ¡qué dulcísima paz!</p> + +<p class="puntos2"> </p> +<p class="puntos2"> </p> + +<p>Ruiloz halló a la enferma igual que la víspera. Julia le dijo que había +pasado la noche sin novedad, y le devolvió el frasquito del líquido +amarillo, diciendo con la mayor naturalidad.</p> + +<p class="puntos">—No ha hecho falta.</p> + +<p>Aprovechando una pasajera mejoría de Clotilde, se decidió pocos días +después la vuelta a Madrid, pero sin esperanza: ella misma, convencida +de su próximo fin, murmuraba tristemente al salir del pueblo:</p> + +<p>—¡A morir a casa!</p> + +<p>Ruiloz les acompañó hasta la estación, donde llegaron largo rato antes +de la hora de salida.</p> + +<p>El día era hermosísimo: un airecillo manso y saturado de aromas +campestres movía lentamente los árboles; los andenes estaban casi +vacíos; no se oían más ruidos que el rodar del ómnibus que regresaba al +pueblo y el alegre piar de una bandada de gorriones, que venía +revoloteando a posarse en los alambres del telégrafo. Doña Carmen y +Javier estaban al lado de Clotilde, para quien se había dispuesto en la +sala de descanso una butaca. Julia y Ruiloz paseaban calladamente, yendo +y viniendo desde los almacenes de mercancías hasta el depósito de agua, +que servía como de abrevadero a las locomotoras.</p> + +<p>De pronto ella, dando, sin saberlo, pie al médico para que dijese lo que +tenia pensado, le preguntó:</p> + +<p>—¿Estará V. aquí todavía mucho tiempo?</p> + +<p>—No; iré a Madrid muy pronto.</p> + +<p>Y al mismo tiempo, fijando en Julia la mirada, se permitió cogerle +familiarmente una mano, y como quien está resuelto a no callar, +continuó:</p> + +<p>—¡Por lo que V. ame más en el mundo!... óigame V. un instante. Sé lo +buena que es V..., lo que V. merece, lo que ha sufrido... Le ofrezco a +V. un nombre honrado, una posición independiente... y un tesoro de +cariño. ¿Quiere V. ser mi mujer?</p> + +<p>Ella calló un momento entre absorta y halagada, sin gran sorpresa, +exenta de enojo: después bajó los ojos, y alzándolos luego y mirando +cara a cara, repuso:</p> + +<p>—¿Está V. seguro de lo que siente? ¿Es que me quiere V..., o que me +compadece? Porque V. sabe algo... No, no será amor... es lástima.</p> + +<p>—¿Cree V. que se casa nadie por lástima?</p> + +<p>—¿Sabe V. que soy pobre? ¿Que no tengo absolutamente nada?</p> + +<p>—Y me alegro con toda mi alma.</p> + +<p>Entonces, inundado el corazón de una felicidad tanto más intensa cuanto +menos prevista, le dijo:</p> + +<p>—Debemos pensarlo mucho. Venga V. pronto a Madrid... y hablaremos. ¿No +cree V. que debemos conocernos más?</p> + +<p class="puntos">—La conozco a V. mucho más de lo que imagina.</p> + +<p>Pocos minutos después partieron los viajeros.</p> + +<p>Doña Carmen y su criada cuchicheaban a un extremo del vagón: Javier iba +contando un puñado de monedas de plata; Clotilde, reclinada sobre un +montón de almohadones, tenía impresas en el semblante las señales de un +dolor intenso.</p> + +<p>Ruiloz quedó solo e inmóvil en el andén, al borde de la vía... triste, +atormentado de mil cavilaciones; pero pronto abrió el alma a la +esperanza, porque Julia permaneció asomada a la ventanilla hasta +perderse el tren de vista en una curva que comenzaba junto a la salida +de agujas.</p> + +<p>Luego se oyeron lejanos los resoplidos del vapor, rasgó los aires un +silbido y en el espacio quedó flotando una nubecilla blanca.</p> + + + + + +<h3><a name="Amores_romanticos" id="Amores_romanticos"></a>Amores románticos.</h3> + + + + +<p>Felisa tenía veintitrés años; era hermosa, rica, estaba enamorada, podía +casarse, porque su tutor no lo estorbaba, y sin embargo, iba dilatando +voluntariamente la realización de su ventura: encantos de la juventud, +bienes de fortuna, pasión correspondida, todas las circunstancias que +justificaban y debieran de contribuir a que la boda se celebrase +pronto, quedaban en ella esterilizadas por una resistencia +incomprensible.</p> + +<p>Su novio, que se había educado en el extranjero, haciéndose luego +ingeniero en España, tenía cuatro o seis años más que ella, y era +también inteligente, rico, de buena índole y arrogante figura, +cualidades que le rindieron en poco tiempo el corazón de Felisa, pero +que no bastaron a conquistar su voluntad.</p> + +<p>La conducta de la muchacha era un verdadero enigma. Estaba en la +situación más favorable a su deseo que pudo soñar mujer amante: para +ella querer era poder, y en vez de fijar el día del casamiento, +constantemente lo aplazaba, cuándo con astucia, cuándo con energía, ya +fingiendo prolongar la vanidosa satisfacción de verse deseada, ya +mostrando recelo de que al ser poseída mermase la vehemencia del amor +que había inspirado, ya negándose clara y resueltamente.</p> + +<p>El pobre Manuel no acertaba con la explicación de lo que entre ambos +ocurría.</p> + +<p>Felisa era elegantísima; gustábale todo lo artístico y lujoso, pero no +pecaba de manirrota ni derrochadora. Según ella, con lo que habían de +reunir al casarse, tendrían más de lo necesario: no había, pues, que +atribuir a codicia el origen de aquella resistencia.</p> + + + +<p>El tutor, que por honrosa y rara excepción le sirvió de padre cariñoso, +deseaba la boda: primero, suponiendo que sería feliz, y segundo pensando +ahorrarse las molestias que proporcionaba la administración de lo +ajeno; con lo cual Felisa no hallaba oposición que vencer.</p> + +<p>¿Tendría tal vez, como a muchas acontece, idea exagerada de sus propios +encantos y esperanza de fundar en ellos un matrimonio más ventajoso?</p> + +<p>No: Manuel podía rechazar esta sospecha cumplidamente, porque Felisa era +tan modesta como desinteresada; no con la modestia que aparenta ignorar +la propia belleza, sino con aquella otra que muy pocas mujeres tienen y +que consiste en no abusar del poder que sus hechizos les conceden. Le +gustaba engalanarse, pero luego de vestida pasaba ante los espejos sin +mirarse, y ni a solas era ridículamente vanagloriosa, ni coqueta con los +hombres.</p> + +<p>Finalmente, Manuel estaba seguro de haberse ido enseñoreando del corazón +de su novia en diálogos íntimos y largos, donde, sin menoscabo de su +pureza, pudo mostrarse la mujer tal cual era.</p> + +<p>Libre y apasionado él, sin madre y enamorada ella, tolerante y dormilona +el aya que había de vigilarles, sus entrevistas no fueren dúos con +centinela de vista, sino momentos de casta expansión en que sinceramente +se dibujaron sus caracteres, contribuyendo los atractivos morales de +cada uno a que se templara el amor de los sentidos en la dulce +servidumbre de las almas.</p> + +<p>No sopló el diablo, a pesar de hallarse tan cerca el fuego de la estopa. +Pero cuanto más orgulloso estaba Manuel por haberse apoderado del +corazón de Felisa, menos podía explicarse su terquedad en ir dejando la +boda para más adelante, como si juntamente sintiese amor al hombre y +miedo al matrimonio. ¿En qué se fundaba su temor?</p> + +<p>No llegó a sorprenderlo toda la perspicacia de Manuel. Por Noche Buena +del primer año de sus amores, le dijo Felisa que se casarían en la +primavera siguiente; llegado Abril, lo aplazó para el verano; luego dio +largas hasta la vuelta de los baños de mar; en Septiembre ideó nueva +dilación con pretexto de pasar el otoño en París haciendo preparativos y +compras; por último habló del día de año nuevo y santo de él, y hubiese +seguido alargando plazos si Manuel no tuviera el valor de fingir (su +trabajo le costó) que se enfadaba seriamente. Planteó la cuestión, +discutieron, y venció... a medias, que es como siempre vence el hombre a +la mujer.</p> + +<p>Manuel tenía necesidad ineludible de ir a Nueva York y permanecer allí +dos o tres meses para arreglar asuntos que, al morir, dejó pendientes su +padre, y que importaban muchos miles de duros; deseando además estudiar +los últimos adelantos realizados por ciertos ingenieros <i>yankees</i>. +Echando cuentas galanas, su proyecto era casarse, pasar unos días en +París, y hacer luego el viaje con Felisa durante la luna de miel: a lo +cual ella se negó en redondo, proponiéndole a su vez que fuese solo a +América, que mientras terminaría todos los preparativos, y que a su +vuelta él designaría la fecha definitiva del casamiento.</p> + +<p>Con esta nueva demora hubo de transigir Manuel, ya formalmente +esperanzado por la seriedad de la promesa.</p> + +<p>—Comprendo que tengas miedo al mar—le dijo;—pero júrame que +documentos, papeles, ropas, muebles, todo, lo tendrás preparado para que +nos casemos a las veinticuatro horas de mi llegada. Si intentas el menor +retraso, creeré que es un pretexto, un modo de reñir conmigo.</p> + +<p>Te juro que al día siguiente de tu llegada nos casamos, si tú lo +deseas. ¿Acaso soy la primera que tiene miedo al mar?</p> + +<p>Pero mentía.</p> + +<p>La navegación no le inspiraba temor: se negó a embarcarse por ganar +tiempo, pareciéndole que aquellos dos o tres meses no habían de acabarse +nunca.</p> + +<p>Pocos días después emprendió Manuel su viaje.</p> + +<p>Desde París, desde el Havre, hasta momentos antes de ir a bordo, la +escribió cartas llenas de confianza y de ternura, a las cuales ella +contestó con un telegrama, pues no había tiempo para más, en que +discreta y veladamente ratificaba su promesa.</p> + +<p>Luego, cuando durante la navegación dejó de recibir aquellas frases que +le recordaban el compromiso adquirido, volvió de nuevo a la resistencia. +En vano su aya o acompañante, aleccionada por Manuel, intentó que +principiase a buscar casa, tomar criados, comprar ropas de cama y mesa +y encargarse trajes. Felisa no hizo nada; en vez de entregarse a las +ocupaciones gratas para cuantas se casan a su gusto, persistió en su +inacción: antes parecía amante abandonada que novia dichosa. Ni aun el +tutor logró hacerle comprender lo desatinado de su conducta.</p> + +<p>—Mira, nena—le decía,—estás jugando con fuego: afirmas que le quieres +y al mismo tiempo te niegas a casarte; de modo que si se da a pensar en +semejante contradicción... ¡Figúrate! Va a creer que hay en tu vida +alguna mancha cuyo recuerdo te obliga a rechazar lo mismo que deseas. +¡Pobre de él y pobre de ti como se le meta eso en la cabeza! Vamos a +ver: ¿en qué fundas tu terquedad?</p> + +<p>Cuando tales cosas escuchaba Felisa, dejaba caer la cabeza sobre el +pecho y contestaba con evasivas.</p> + +<p>—No sé... rarezas mías... ya nos casaremos.</p> + +<p>El origen de su proceder era de tan difícil explicación, que ni ella +misma podía justificarlo: estribaba en una preocupación casi pueril, +meramente sentimental y supersticiosa; pero tan robustecida en fuerza de +darle vueltas con el pensamiento, que no conseguía desterrarla ni +vencerla. Ignoraba el modo de combatirla; pero sabía formularla con esa +terrible claridad que tiene el alma para conocer sus desventuras. He +aquí lo que la atormentaba y sobre lo cual levantaba una serie de +razonamientos insensatos, descabellados, pero que le hacían sufrir como +si fuesen fruto de la lógica más perfecta.</p> + +<p>Su madre había sido mujer de extraordinaria hermosura, una de esas +beldades excepcionales que debieran ser premio providencial otorgado a +los mejores hombres; pero que, por azares de la vida, son presa y +juguete del primero que sabe engañarlas, pues es cosa sabida que no +corta la flor quien sabe apreciarla, sino quien anda más cerca de ella +al punto en que se abre. Aquella mujer encantadora fue desgraciadísima +por causa de su propia hermosura: todas sus desdichas, y fueron tantas +que acabaron con ella, tomaron origen en su funesta belleza.</p> + + + +<p>El primer hombre a quien quiso murió loco por no lograr que se la diesen +como esposa. Luego la casaron sus padres con un ricacho desalmado y frío +que, tras una temporada de apasionamiento meramente físico, la dejó +abandonada durante cuatro años. Arruinose después en el juego, y +pensando entonces que las gracias de su mujer podían ser base de nueva +prosperidad, le impuso con amenazas la reconciliación, obligándola a +soportar amantes, a quienes explotaba. De una de estas uniones nació +Felisa que pudo ser el consuelo de su madre; pero el marido la dio a +criar en tierra extraña, y al cabo de unos cuantos meses dijo que había +muerto. Por último, aquel malvado reprodujo con caracteres más +repugnantes la tradición o leyenda de la mujer de Candaules, y una +noche, cenando con tres amigos, subastó entre ellos a su esposa. Los +padres de ésta, sabedores de tanta infamia, pusieron remedio al mal: a +fuerza de oro rescataron a la esposa mártir y a la niña abandonada, +muriendo de allí a poco la primera y heredando la segunda aquella +belleza extraordinaria, germen maldito de tamañas desdichas. +Posteriormente, primero los abuelos y después el tutor, criaron y +educaron a Felisa entre mimos y grandezas.</p> + +<p>Más adelante el supuesto padre, que sólo lo era legalmente, pidió a los +abuelos una gruesa suma; no quisieron dársela, y él, por vengarse, hizo +llegar a manos de la nieta un papel donde refería las infamias que había +hecho con su mujer, la vida que le obligó a sobrellevar, y hasta la +lista de los amantes que le impuso.</p> + +<p>Todo esto sabía Felisa: tal era el vergonzoso origen que no quería +confesar a su novio. Además, por testimonio de gentes que la conocieron +y por retratos que se conservaban, sabía también que físicamente se +parecía a su madre cuanto una mujer puede parecerse a otra. Tan grande +era la semejanza, que hallándose un verano en un pueblo de baños, un +caballero anciano la habló, comprendiendo quién era sin que nadie se lo +dijese, porque a voces lo declaraban los rasgos su fisonomía.</p> + + + +<p>Esta era la causa de su insistente deseo de aplazar la boda: de una +parte quería ocultar la infamia de su nacimiento, y de otra aquel +extremo parecido perturbaba sus ideas hasta el punto de hacerle temer +que, como heredó la belleza, heredaría también la desgracia y la +deshonra. Calma, reflexión, frialdad, todo era inútil. Mientras +escuchaba las protestas de amor que su Manuel le prodigaba, creía en él +y le adoraba, maldiciéndose a si misma, por imaginar que aquel hombre +fuese capaz de algo malo; pero cuando a solas por la noche besaba el +retrato de su madre, o cuando a la mañana se veía en el espejo, sentía +nuevamente el alma invadida de temores; erguíase en su pensamiento la +resistencia invencible al matrimonio, y en garantía de felicidad ansiaba +ser amada como no lo fue su madre, como acaso no lo fue mujer alguna, +con una pasión despojada de todo sensualismo, con afecto ideal, tan puro +y limpio de deseos, que ni la posesión lograra mancillarlo ni el hastío +destruirlo.</p> + +<p>Había en aquella superstición cierta grandeza trágica entre cristiana y +gentílica. De un lado suponía ser de aquellos hijos malditos en quienes +retoñan y se castigan las culpas de los padres; de otra parte se miraba +predestinada al infortunio como las vírgenes de los poemas griegos: +temía juntamente ser víctima expiatoria, y presa de la fatalidad, +viniendo estos sentimientos, por una larga e intrincada serie de +transformaciones mentales, a degenerar en una impresión doble y extraña +que la impulsaba a deleitarse con el pensamiento en el amor, y a temer +al amante como hombre. Diríase que su madre la concibió forzada, +pugnando por sustraerse a la realidad, y que ella, adivinándolo, sentía +horror de ello, procurando aborrecer las perfecciones corporales que +habían de convertirse en desventuras del alma.</p> + +<p>Otros tiempos, otras ideas, otro medio social en torno suyo, y Felisa +hubiera sido de aquellas visionarias que se atenaceaban los pechos y se +abrasaban el rostro para no caer en brazos del ángel malo. Era, sin +darse cuenta de ello, una mística del amor; quería sentirlo y poseerlo +en espíritu, con la suave delicia del arrobamiento; y como aquella +belleza que suponía funesta le sujetaba al suelo, maldecía de ella +viendo en la expresión turbadora de sus ojos, en la púrpura de sus +labios, y hasta en el timbre voluptuoso y penetrante de su voz, otros +tantos presagios de irremediables infortunios.</p> + +<p>Estas preocupaciones, en un principio voluntarias y solicitadas por el +pensamiento, llegaron a dominarla, convirtiéndose poco a poco en +supersticioso terror; sus cavilosidades adquirieron esa tenacidad +inconsciente de las perturbaciones mentales, y comenzó a odiar sus +encantos, como si fueran obstáculo a su felicidad y causa de que no +pudiera saber hasta dónde llegaba el amor del hombre a quien quería.</p> + +<p>Por fin su imaginación enfermiza resumió todos aquellos desvaríos en +esta pavorosa duda:</p> + +<p>«Si fuese fea... ¿me querría?»</p> + +<p>Jamás mujer bonita se ha hecho pregunta tan terrible.</p> + +<p>En estado de ánimo análogo al suyo debió de verse aquella dama que, +perseguida con deseos torpes por un rey de Castilla, se abrasó el rostro +para evitar la ocasión de su deshonra.</p> + +<p>Felisa, menos trágica, más moderna, y sobre todo más femenina, se limitó +a procurar saber si Manuel amaba y deseaba en ella algo superior a la +envoltura carnal. Luego de sentirse amada en espíritu, toda hermosura le +parecería poca para que él la gozase; pero alambicando y +quintaesenciando a su modo la índole de la pasión que inspiraba, se +preguntaba constantemente:</p> + +<p class="puntos">«¿Me querría si fuese fea?»</p> +<p class="puntos2"> </p> + +<p>Cuando Manuel tuvo casi ultimados los asuntos que motivaron su viaje, +escribió a Felisa fijando el día de la boda.</p> + +<p>«Dentro de quince días estaré en París—decía,—y desde allí +telegrafiaré.»</p> + +<p>La travesía de Nueva York al Havre se lo hizo más larga que a los +argonautas toda su expedición: al fin pisó el puerto, tomó el tren y se +detuvo en París, a lo cual le obligaba la necesidad de negociar ciertos +valores, albergándose en la misma fonda donde estuvo algunos días al +hacer el viaje de ida, porque en ella vivía su antiguo y cariñoso amigo +Pepe Teruel, que conocía a Felisa, y a quien constantemente hablaba de +ella: debilidad propia de enamorados, que siempre han menester +confidente.</p> + +<p>Manuel y Pepe habían sido compañeros de colegio, condiscípulos de +carrera y camaradas de aventuras en la primera época de su juventud: tal +confianza les unía, que al irse a Nueva York el primero dijo al segundo:</p> + +<p>—Ya he dicho a Felisa dónde ha de escribirme y hasta qué fecha; pero +cuando le avise que estoy a punto de volver, me escribirá aquí. Tú me +guardas las cartas hasta que te las pida, si por casualidad he de +permanecer fuera más tiempo.</p> + +<p>En cumplimiento de este encargo, el día de su regreso le entregó Pepe +tres o cuatro cartas, diciéndole, al dárselas en el cuarto de la fonda, +mientras les preparaban el almuerzo:</p> + +<p>—¿Sabía ella con seguridad cuándo te embarcabas?</p> + +<p>—Fijamente, no. ¿Por qué?</p> + +<p>—Porque esas cartas son muy atrasadas: estos últimos días no ha +escrito... esta mañana ha llegado otra carta... pero no parece suya la +letra... tómala.</p> + +<p>—¿De modo que estas son anteriores?</p> + +<p>—Claro: la última vino el 2; estamos a 30; con que...</p> + +<p>—¡Veintiocho días sin escribir!</p> + +<p>Desazonado por el presentimiento de alguna desgracia, rompió el sobre, +cuya letra no era de Felisa, y miró la firma.</p> + +<p>—¿De quién?—preguntó Pepe.</p> + +<p>—De Lorenza.</p> + +<p>—¿Quién es esa señora?</p> + +<p>—La conoces: es aquella viuda graciosa y parlanchína con quien jugabas +al aljedrez; buena y lista, pero demasiado amiga de divertirse. No me +gusta que ande mucho con ella, pero ¡vaya V. a evitarlo! Felisa le da +vestidos, sombreros, la saca de apuros, la lleva al teatro, en coche... +Es el tipo de la parienta o amiga que tienen casi todas las muchachas +ricas; servicial, complaciente, mitad por afecto, mitad por interés... +Felisa la maneja como quiere. Y vaya una carta larga. Verás cómo hacen +encargos, de seguro piden trapos... y, sin embargo, me temo algún +disgusto gordo.</p> + +<p>La lectura de los primeros renglones le alarmó: luego se puso pálido, +comenzaron a temblarle las manos, nubláronsele los ojos, como si a +despecho de la entereza varonil quisieran brotar las lágrimas, y por +último, dejándose caer sobre una butaca, alargó el papel a su amigo, +mientras decía entre sollozos:</p> + +<p>—Entérate. ¡Pobre Felisa mía!</p> + +<p>Pepe leyó en voz alta.</p> + +<p>«Querido Manuel: No sé si recibirás en París estas líneas ni cuándo +llegarán a tus manos. Sé que voy a darte una pesadumbre, y, sin embargo, +ni quiero ni puedo dejar de escribirte. Yo lo hubiera hecho de todos +modos, pero además lo hago por encargo de Felisa.</p> + +<p>»Tantos rodeos para comenzar y los muchos días que llevas sin recibir +noticias suyas, te habrán hecho temer que aquí sucede algo grave: +desgraciadamente, no hay más remedio que decírtelo. Ha pasado el +peligro, pero ha sido grandísimo: unas viruelas espantosas.</p> + +<p>»En cuanto a su vida, puedes estar tranquilo; los médicos la han +salvado. Dicen que la convalecencia será larga, y basta verla para +creerlos. No parece su sombra; en fin, seguiremos cuidándola como +hasta aquí, y recobrará las fuerzas perdidas.</p> + +<p>»Y ahora, pobre amigo, ármate de valor. Ya te lo figuras, ¿verdad? +Consulta bien a tu corazón, haz algo que sea semejante a un examen +amoroso de conciencia, y si quedas seguro de que todavía puedes +quererla, prepárate a sufrir una gran desilusión y a luchar con la más +terca manía que cabe en cabeza humana.</p> + +<p>»La violencia de la enfermedad ha sido espantosa: dice el médico que no +recuerda tan fuerte ataque de viruelas. ¿Para qué aumentar tu pena +refiriéndote detalladamente cuánto ha sufrido y nos ha hecho pasar? +Donde más ha tenido ha sido en la cara; fue preciso atarle las manos +para que no se destrozara, y aun así ha quedado completamente +desfigurada.</p> + +<p>»Las facciones han perdido su regularidad y su gracia; la tez, todavía +plagada de manchas rojizas, quedará para siempre llena de hoyos, y por +algo que no sé explicarte, pues no entiendo lo que dicen los médicos, la +cara se le ha quedado algo contraída y como atirantada; en las mejillas +y alrededor de los labios es donde tiene más viruelas; los ojos apenas +dan idea de lo que fueron: la viveza y expresión que tenían se ha +convertido en una mirada amortiguada y mate: no hay brillo en sus +pupilas, y casi estoy por decirte que su dulce melancolía contribuye a +que sea mayor la compasión que inspira: parece que en los ojos se le +refleja la amargura del alma.</p> + +<p>»Al segundo día de levantarse pidió un espejo. Doña Genara y yo habíamos +quitado los que había en el cuarto, deseando retrasar la horrible +impresión que había de sufrir, tratando al menos de que no fuese una +impresión brutal y repentina. Como comprenderás, los espejos pequeños +podían esconderse fácilmente, y así lo hicimos: con decir que no +parecían, en paz; pero delante del armario de luna tuvimos que poner un +biombo con pretexto de que por una puerta entraba aire.</p> + +<p>»Todas las precauciones fueron inútiles: ya sabes lo lista que es. +Enseguida lo notó todo, y dándonos sus llaves, pidió un espejo de mano +que tenía guardado. Hubo que obedecer. Se miró, hizo un esfuerzo +violentísimo por sobreponerse a la impresión que debió de sufrir, y +luego inclinó la cabeza sobre el pecho, mientras por las mejillas le +caían dos lagrimones que no podían resbalar como antes sobre la tersura +de la piel, sino que fueron cayendo de hueco en hueco y de hoyo en hoyo +como gotas de agua arrojadas contra arena dura. ¡Qué escena tan triste! +No es para descrita.</p> + +<p>»En muchas horas no hubo modo de arrancarle palabra. No comió ni +durmió. A la tarde siguiente me llamó, haciéndome sentar a su lado y me +encargó que te escribiera.</p> + +<p>»He aquí, poco más o menos, sus palabras, que pronunció serena, +fríamente, y las cuales, a mi juicio, son el fruto de una noche de +horrible insomnio y de sin igual tormento:</p> + +<p>»Escribe a Manuel, dile que he estado mala, lo que he tenido... y cómo +me he quedado. La verdad desnuda... que estoy horrible, espantosa, que +puedo inspirar lástima; pero que el amor y el mundo se han acabado para +mí: que le devuelvo su palabra... y que sea tan feliz como merece. Ya +ves—añadió—es hombre, y por grande que sea su amor, ¿qué pasión +resiste a esta prueba? Hasta me complazco en creer que sufrirá. ¡Ya ves +si soy egoísta! Pasará una temporada cruel, pero ni puedo ni quiero +exigirle que se case conmigo. ¡Qué desencanto si me viese! En mi +belleza—siguió diciendo se fundaba su amor; la he perdido y tiene +derecho a la libertad: si yo no se la diese ahora, él la recobraría +luego... y sería peor. Esta resolución es irrevocable; nada podrá +torcerla. En cuanto pasen unos días y me sienta más fuerte, me iré a la +Puebla del Maestre, procuraré restablecerme, y trataré de olvidar un +mundo donde, ya lo ves, la dicha depende de una calentura y unos cuantos +granos feos en la cara. ¡Pobre de mí! Escribe a Manuel de modo que sufra +lo menos posible, pero persuádele de que esto se acabó; ahórrale penas, +pero quítale toda esperanza. Bien miradas las cosas, aunque ahora lo +sienta, cuando sepa cómo estoy, bendecirá este arranque mío. No debemos +volver a vernos. Quiero que, de conservar memoria mía, guarde el +recuerdo de la otra Felisa, la de antes.</p> + +<p>»He tratado de repetir sus mismas frases: lo que no puedes imaginar es +el acento de amarga y firme resolución con que las dijo.</p> + +<p>»Y he aceptado el encargo de escribirte esta carta violentándome mucho, +porque sé la pena que ha de causarte: pero ten la seguridad de que nadie +participará de ella tan sinceramente como tu antigua y buena amiga,</p> + +<p><span class="smcap">Lorenza</span>.»</p> + +<p>Manuel estuvo abatidísimo durante la lectura de la carta, y concluida, +interrogó a su amigo con la mirada, invitándole a que hablase. Pepe lo +hizo así:</p> + +<p>—¿Qué quieres que te diga? El golpe es rudo... pero vamos a cuentas. +Del exceso del mal brota a veces en la vida el consuelo, y si no el +consuelo, la persuasión de que las fuerzas humanas se estrellan contra +la realidad. La cosa es dolorosísima: para un enamorado, saber que su +amada se ha puesto fea es robarle el sol a medio día... En cambio la +situación no puede ser más despejada. Todo te lo dan hecho.</p> + +<p>—Explícate.</p> + +<p>—Una de dos: o amas a esa mujer de tal modo que aun desfigurada, la +haces tuya... y créeme, ella cederá si lo intentas; o no te atreves a +tanto, y entonces... pues te quedas aquí un año, y chico... ¿cómo ha de +ser? la mancha de la mora... De todos modos, piénsalo mucho, interrógate +y contéstate sinceramente, porque ni debes hacer nuevas protestas de +pasión, movido sólo de conmiseración y lástima, ni exponerte a que un +arrepentimiento tardío te haga desdichado para el resto de tu vida.</p> + +<p>Manuel no estaba para sostener discusión, ni siquiera para expresar lo +que sentía.</p> + +<p>Pepe siguió haciéndole reflexiones de las que a sangre fría se discurren +cuando no es propio el mal que las motiva.</p> + +<p class="puntos">Así estuvieron todo el día y parte de la noche encerrados en el cuarto +de la fonda: Manuel, triste y silencioso, leyendo y releyendo la carta: +Pepe, aguzando el ingenio y prodigando sutilezas que endulzasen tanta +amargura.</p> + +<p>Pocos días después Lorenza recibía la presente carta:</p> + +<p>«Mi querida amiga: El ser yo quien conteste a lo que ha escrito V. a +Manuel, necesita previa explicación. Yo también soy medianero de +tristezas: V. experimentará, al leer lo que voy a decirle, una impresión +tan dolorosa como la que yo he sufrido leyendo lo que V. ha escrito.</p> + +<p>»Cuando Manuel marchó al Havre para embarcarse, me rogó que recibiese +cuantas cartas llegasen para él. «Casi todas—me dijo—serán de +negocios; las abres y contestas según instrucciones que luego te daré.» +Y después, enseñándome el sobre de una escrita por Felisa, añadió: «Las +que tengan esta letra me las guardas.» Con posterioridad a su partida +llegaron varias que conocí ser de <i>ella</i>, y las guardé: luego faltaron, +y como hace tres días recibí la de V., y la letra del sobre en nada se +parece a la de Felisa, claro está, la abrí y leí. Por el mal rato que +habrá V. pasado al escribirla, podrá V. comprender el que yo estaré +sufriendo ahora, porque el objeto de estas líneas es igualmente +doloroso. ¡Razón tienen los que afirman que lo novelesco e inverosímil +abunda más en la realidad que en los libros!</p> + +<p>»Hace cuatro días, cuando esperaba la llegada de Manuel, recibí un +telegrama puesto por el cónsul de España en el Havre, que es antiguo +amigo mío, y que estaba redactado en estos términos:</p> + +<p>»Ocurrido grave y desgraciado accidente a Manuel al desembarcar +procedente de América. Conviene venga V. por primer tren.»</p> + +<p>»A las pocas horas de recibida esta triste noticia, llegué al Havre. El +accidente a que se refería el cónsul había sido horrible. En el momento +en que, recién llegado de Nueva York, saltaba Manuel desde el vapor que +le había traído, al bote que debía conducirle hasta el muelle, estaban +en la entrada del puerto dos ingenieros holandeses haciendo las primeras +pruebas de una lancha movida por un aparato de su invención, llamado +«propulsor de reacción». Quizá, como señora, no entienda V. bien lo que +esto significa, ni esta es ocasión de explicárselo. Bástele a V. saber +que se trata de un nuevo sistema de locomoción marítima, sin ayuda de +remos, velas, vapor ni electricidad.</p> + +<p>»La mañana estaba hermosísima; miles de curiosos llenaban los muelles; +el lanchón de los holandeses, que surcaba las aguas con pasmosa +velocidad, pasó junto al bote en que venía Manuel.</p> + +<p>»Este, como buen ingeniero y apasionado de su profesión, quiso +presenciar a corta distancia el experimento, y para lograrlo, dio +propina a los remeros, diciéndoles que siguiesen de cerca a la +embarcación de los inventores.</p> + +<p>»Pocos momentos después, el aparator motor que manejaban los holandeses, +cargado con sustancias químicas, estalló, causando varias víctimas.</p> + +<p>»Uno de los que lo manejaban quedó muerto en el acto; el que hacia de +timonel sufrió graves quemaduras, y nuestro pobre Manolo, que tan +imprudentemente se había aproximado, recibió en la cara gran parte de +la carga química que debía mover el malhadado invento.</p> + +<p>»Los remeros, viéndole caer sobre las tablas del bote con el rostro +ensangrentado, le trajeron inmediatamente a tierra.</p> + +<p>»Las heridas son, como dicen los médicos, de pronóstico reservado; mas +por lo que yo he podido comprender, el pobre Manuel quedará ciego.</p> + +<p>»Fue llevado al hospital de marina, y de allí, con grandes precauciones, +le traje a París en cuanto lo permitió la prudencia. No está en peligro +su vida, por fortuna, pero repito que la pérdida de ambos ojos parece +inevitable: sólo un milagro puede hacer que estos temores no se cumplan. +Ya ve V. lo cruel que sería comunicarle ahora todo lo que V. me dice en +su carta sobre la enfermedad y la resolución de la desgraciada Felisa.</p> + +<p>»¿Querrá ella, después de leer estas líneas, renunciar a su propósito? +¿Qué resolverá? Ni puedo ni quiero adelantarme a interpretar su +voluntad, que acaso se modifique dadas las circunstancias.</p> + +<p>»El desdichado ignora la gravedad de su situación; supone que se curará +por completo; cree que verá pronto, y a quien más desea ver es a su +Felisa.</p> + +<p>»Con tal intensidad se ha posesionado de él este deseo, que me ha dado +encargo de hacer a Felisa la proposición siguiente:</p> + +<p>»Dice que, según ellos convinieron, Felisa debe tener arreglados todos +los documentos necesarios para la boda, y que como él tiene también +corrientes los suyos, el matrimonio se puede celebrar en Madrid por +poderes, luego de lo cual espera que ella venga inmediatamente a París, +no a pasar una luna de miel, sino a cuidar a su marido enfermo. Tal es +la mezcla de amor y de egoísmo que se ha imaginado.</p> + +<p>»Esto me ha dicho hace dos horas. ¿Cómo quiere V. que yo le entere de +que su Felisa ha perdido aquella belleza que era su orgullo, y además le +diga que ha resuelto no casarse? Se supone querido e ignora que quedará +ciego. A su discreción de V. fío cómo debe enterar a Felisa de todo +este, y con arreglo a lo que resuelva aguardo instrucciones.</p> + +<p>»Hable V. con ella y contésteme lo antes posible.</p> + +<p>»Suyo afectísimo siempre.</p> + +<p><span class="smcap">Pepe</span>.»</p> + + + +<p>La lectura de esta carta produjo a Felisa una emoción extraordinaria e +imposible de analizar: sintió pena por el infortunio del ser amado, +incertidumbre de lo que debiera procurar según lo extraordinario de las +circunstancias, y alegría por vislumbrar la ocasión de ver puesta a +prueba la grandeza de su corazón.</p> + +<p>Con cierto refinamiento egoísta de idealismo pervertido y femenino, se +complacía en persuadirse de que la desgracia de Manuel daba solución al +pavoroso problema de sus dudas; porque si había de quedarse ciego, ¿qué +importaba ya que en ella subsistiese el encanto de su belleza heredada y +funesta?</p> + +<p>Además, ella le hablaría de su hermosura como de un bien ilusorio, por +lo fugaz, y del amor de su alma como de una realidad inacabable y +constante. ¿Qué importaban ni qué valían la púrpura de su boca, ni el +llamear de sus ojos, comparados con la ternura de su espíritu?</p> + +<p class="puntos">La fuente de los placeres terrenos y groseros estaba para él cegada, y +en cambio, ella, en su alma, sentía brotar y correr hacia el amado un +raudal de abnegación y dulzura. Aquello era la purificación de toda +torpeza, la clara visión interna del amor: amar sin ver el objeto de la +pasión, algo semejante a la fe que adora lo que acaso no existe.</p> +<p class="puntos2"> </p> + +<p>Lorenza contestó telegráficamente a Pepe, que Felisa accedía al +matrimonio por poderes, y que enseguida de verificado saldría para París +con dos criados, si, dada su avanzada edad, no podía el tutor +acompañarla.</p> + +<p>Envió Manuel los poderes necesarios, y allanó Felisa a fuerza de dinero +cuantas dificultades surgieron, resolviendo, por último, que un primo +suyo representase al novio, y que la ceremonia se verificara en la +Puebla del Maestre, donde todo había de serle más fácil de lograr, +gracias a los amigos y deudos que allí se desvivirían por servirla. +Salieron las cosas a medida de su deseo, y una mañana, muy temprano, +ante poca gente, puesto el pensamiento en el hombre a quien quería, dio +palabra y entregó mano de esposa al que le representaba. Hasta la +anormalidad de ser otro distinto de su amante quien recibió su +juramento, le pareció cosa conforme al estado de su espíritu, porque, en +vez de sentir el terror que le inspiraba la idea de dejarse poseer, pudo +complacerse en saborear mentalmente el casto placer de pensar que su +porvenir y su vida estaban para siempre unidos a los de un hombre que la +quería, y que, no pudiendo verla, no habla de fundar la pasión en sólo +la hermosura.</p> + +<p>Hallábase al otro día ocupada en los preparativos para marchar a París, +cuando recibió un telegrama fechado en Burdeos, donde sin mas +explicaciones, decía Manuel:</p> + +<p>«No salgas del pueblo: llegaré pasado mañana.»</p> + +<p class="puntos">Su sorpresa no pudo ser mayor; pero ¿qué remedio, sino esperar y +obedecer?</p> + +<p>Al expirar el plazo marcado a su impaciencia, Felisa, acompañada de +Lorenza, salió a recibir a Manuel hasta legua y media más allá del +pueblo, esperándole nerviosa y desasosegada, al caer la tarde, en un +recodo del camino.</p> + +<p>En la última línea del horizonte, bajo la inmensidad azul, se destacaban +las cumbres violáceas de la sierra, oíase a lo lejos acompasado y lento +el campanilleo de una recua, y una bandada de golondrinas, piando +alegremente, volaba en torno de los murallones de un castillo ruinoso +que parecía perdido y olvidado en la extensa soledad del llano.</p> + +<p>De pronto sonó ruido de cascabeles y trallazos, y ambas mujeres vieron +venir por la carretera un coche de colleras tirado por cuatro mulas y +envuelto en una nube de polvo.</p> + +<p>Pocos minutos después el coche se detenía, y el amante esperado se +apeaba solo, ligero y ágil, saltando como un muchacho.</p> + +<p>Felisa, sin acertar a creer lo que veía, gritó a su compañero:</p> + +<p>—¡Es él! ¡Solo! ¡Sin vendas ni trapos!</p> + +<p>Manuel la abrazó con fuerza, como quien se apodera de algo propio +largamente codiciado, y ella se dejó estrechar sin sustraerse al +legítimo halago.</p> + +<p>—¿Pero qué engaño ha sido este?—preguntó él, trémulo de gozo, viendo +su rostro sin la menor señal de la mentida enfermedad.</p> + +<p>—Quise saber—repuso ella—hasta dónde llegaba tu cariño. ¿Pero y tus +ojos y tu ceguera?</p> + +<p>—De tu mentira, que creí verdad, nació la mía. ¿Qué te sorprende? Quise +demostrarte que tu corazón me atraía más que tu belleza. Yo te amaba +desfigurada y fea... como tu me has querido ciego. Piensa ahora si +seremos dichosos: tú hermosa, yo pudiendo mirarte, y los dos seguros uno +de otro.</p> + + + +<p class="c top15"><i>Este libro se acabó<br /> +de imprimir en<br /> +Madrid, en casa<br /> +de A. Avrial,<br /> +el día 12 de<br /> +Junio de<br /> +1896</i><br /> +</p> +<hr /> + + + + + + + +<pre> + + + + + +End of the Project Gutenberg EBook of Tres mujeres, by Jacinto Octavio Picón + +*** END OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK TRES MUJERES *** + +***** This file should be named 29663-h.htm or 29663-h.zip ***** +This and all associated files of various formats will be found in: + https://www.gutenberg.org/2/9/6/6/29663/ + +Produced by Chuck Greif and the Online Distributed +Proofreading Team at https://www.pgdp.net (This book was +produced from scanned images of public domain material +from the Google Print project.) + + +Updated editions will replace the previous one--the old editions +will be renamed. + +Creating the works from public domain print editions means that no +one owns a United States copyright in these works, so the Foundation +(and you!) can copy and distribute it in the United States without +permission and without paying copyright royalties. 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Information about the Project Gutenberg Literary Archive +Foundation + +The Project Gutenberg Literary Archive Foundation is a non profit +501(c)(3) educational corporation organized under the laws of the +state of Mississippi and granted tax exempt status by the Internal +Revenue Service. The Foundation's EIN or federal tax identification +number is 64-6221541. Its 501(c)(3) letter is posted at +https://pglaf.org/fundraising. Contributions to the Project Gutenberg +Literary Archive Foundation are tax deductible to the full extent +permitted by U.S. federal laws and your state's laws. + +The Foundation's principal office is located at 4557 Melan Dr. S. +Fairbanks, AK, 99712., but its volunteers and employees are scattered +throughout numerous locations. Its business office is located at +809 North 1500 West, Salt Lake City, UT 84116, (801) 596-1887, email +business@pglaf.org. 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