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+The Project Gutenberg EBook of Tres mujeres, by Jacinto Octavio Picón
+
+This eBook is for the use of anyone anywhere at no cost and with
+almost no restrictions whatsoever. You may copy it, give it away or
+re-use it under the terms of the Project Gutenberg License included
+with this eBook or online at www.gutenberg.org
+
+
+Title: Tres mujeres
+
+Author: Jacinto Octavio Picón
+
+Release Date: August 10, 2009 [EBook #29663]
+
+Language: Spanish
+
+Character set encoding: ISO-8859-1
+
+*** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK TRES MUJERES ***
+
+
+
+
+Produced by Chuck Greif and the Online Distributed
+Proofreading Team at https://www.pgdp.net (This book was
+produced from scanned images of public domain material
+from the Google Print project.)
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+
+JACINTO OCTAVIO PICÓN
+
+TRES MUJERES
+
+LA RECOMPENSA
+
+PRUEBA DE UN ALMA
+
+AMORES ROMÁNTICOS
+
+MADRID
+
+1896
+
+_MADRID_
+FERNANDO FE, LIBRERO
+_2. C. de S. Jerónimo_
+
+
+
+
+ADVERTENCIA
+
+
+_Cuando los novelistas franceses reúnen varios trabajos cortos en un
+tomo, le ponen por título el de la obrilla que va impresa en primer
+lugar; costumbre aquí seguida por algunos y censurada por no pocos, los
+cuales alegan que engolosinar al público con una portada que parece de
+novela formal y darle luego una docena de cuentecitos es hacerle
+víctima de un engaño. Para que no puedas--lector amigo--echarme en cara
+la misma acusación, te advierto de que estas_ TRES MUJERES, _no son
+otros tantos tipos femeninos presentados en una sola y larga acción
+novelesca, de aquellas en que se pintan las costumbres y se estudian las
+pasiones, sino tres figuras abocetadas en narraciones cortas, donde lo
+imaginado para entretenerte algún rato, pesa más que lo observado para
+moverte a pensar seriamente en las cosas graves de la vida._
+
+_Deseando hacerlas agradables a tus ojos, el editor ha vestido y
+adornado a estas_ TRES MUJERES _mejor de lo que merecen, dándoles en
+ropajes y galas lo que les falta de belleza. Premia su trabajo, perdona
+el mío, y como no creemos ser malos, ambos quedaremos agradecidos._
+
+J. O. PICÓN
+
+Junio 1896
+
+
+
+
+La recompensa
+
+
+
+
+I
+
+
+En cierto colegio monjil de las cercanías de Madrid había hace más de
+veinte años dos educandas que se querían muchísimo. El sentimiento de
+amistad que los unía nació merced a circunstancias extraordinarias de la
+situación de ambas, fue favorecido por sus caracteres y acabó de
+consolidarse en la batalla de la vida.
+
+La mayor, que se llamaba Susana, tenía diez y seis años: era huérfana de
+padre y madre y dueña de una gran fortuna. Un tío, que le servía de
+tutor y curador, se la confío a las monjas, quienes, sabedoras de la
+riqueza de la niña, procuraron ante todo despertar en ella vocación
+religiosa; mas persuadidas pronto de que no era catequizable, pusieron
+gran empeño en educarla de modo que su ilustración y buenos modales
+redundaran en honra del convento. Gracias a la inteligencia de Susana,
+las madres vieron coronados sus desvelos por el resultado más
+lisonjero. Era primorosa en cuantas labores ponía mano, escribía
+admirablemente, pintaba flores con gusto de artista, cantaba como un
+ángel, bordaba como una madrileña del siglo XVII, hablaba francés como
+si hubiese nacido en Orleans, y finalmente, para cuanto fuese brillar,
+lucirse y cautivar, tenía maravillosas aptitudes, gracia irresistible y
+atractivos de gran señora.
+
+Según unos, porque el tutor quería seguir con la administración de los
+bienes, y según otros, porque deseaba para la pupila brillante y
+completa educación, era cosa resuelta entre aquel caballero y las
+respetables madres que Susana permaneciese en el convento hasta los diez
+y ocho años. Gentes menos maliciosas afirmaban que, dada la belleza de
+la colegiala, lo que el tutor procuraba era recogerla lo más tarde
+posible, sabiendo que no hay nada tan difícil de guardar, dirigir y
+encarrilar, como una mujer rica y bonita.
+
+
+
+
+II
+
+
+La segunda educanda tenía un año menos que Susana y se llamaba Valeria.
+Su origen era un misterio que pudiera servir de base a una novela. Un
+anciano, que dijo ser su padre la llevó al convento cuando apenas tenía
+cinco años, y por espacio de ocho fue a verla todos los meses: luego no
+volvió a presentarse allí para nada, ni escribió siquiera a la que
+llamaba hija; pero durante otro año envió puntualmente dinero con que
+atender a cuanto gastaba, y al siguiente, es decir, al llegar Valeria a
+los quince, dejaron las monjas de recibir las mensualidades de
+costumbre. Otro año entero siguió Valeria recibiendo los mismos cuidados
+que si pagasen por ella, hasta que, cuidadosas las madres de sus
+intereses, determinaron poner fin a una situación de que nada bueno
+esperaban. ¿Quién era Valeria? Lo ignoraban. Mientras recibieron lo que
+su educación costaba, no pensaron en averiguaciones: tal vez de hacerlas
+hubieran tenido que rechazarla; pero apenas empezó a serles gravosa
+comenzaron a rumiar ideas de desconfianza y a sentir un recelo muy
+parecido al miedo. Las visitas cortas y tardías de aquel anciano
+misterioso, su desaparición y luego el extraño modo de remitir fondos
+sin escribir palabra, todo indicaba algo extraordinario, anómalo, y que
+trascendía a pecaminoso. Al mes siguiente de no recibir dinero estaban
+persuadidas de que Valeria no era de origen limpio y confesable, y de
+que su compañía pudiera constituir un peligro para las educandas que
+tenían familias conocidas, siempre puntuales en el pago de cuanto sus
+hijas gastaban. Más claro: la prudencia aconsejó a las monjas no
+continuar manteniendo y enseñando a una señorita que era juntamente
+carga pesada y causa probable de responsabilidad; porque una de dos: o
+sus padres habían muerto y la niña iba a quedarse allí gratis para
+siempre como flor olvidada, y flor que costaba más que una _victoria
+regia_ cultivada en Europa, o dichos padres, por no poder confesar que
+lo eran, se desentendían de ella, y en tal caso, ¿quién iría a
+recogerla... y pagar? ¿Se presentaría tal vez preguntando por Valeria
+una señora falsificada, una aventurera despreciable, una... o lo que
+fuera peor, un juez? Sólo pensar en ello les ponía a las madres carne de
+gallina. Movida por estas consideraciones, que se discutieron entre las
+de más autoridad y consejo, la priora, abadesa, o lo que fuese, mandó
+llamar a Valeria, y suavemente, con gran dulzura, le dijo que la
+situación era insostenible; que habían consultado con el señor obispo;
+que éste no resolvía sus dudas; que la responsabilidad del convento era
+tremenda; que allí había un misterio indescifrable; que no podían
+continuar así, y otras muchas cosas, todas las cuales venían a
+compendiarse en estas horribles frases: «Hija mía, lo sentimos mucho...
+Profesar no puedes por carecer de dote; seguir aquí tampoco, por falta
+de otros requisitos... Nosotras todas te encomendaremos al Señor en
+nuestras oraciones, pero en el colegio es imposible que sigas. Te damos
+ocho días de plazo para que digas a quién llamamos, dónde quieres que te
+lleven, o cosa parecida. Y si no dices nada..., pues ya nos ha
+aconsejado el Padre Dulzón que demos parte al gobernador para que
+resuelva.»
+
+¿A quién había de llamar? ¿Dónde había de ir la sin ventura? ¡El
+gobernador! ¿Qué podría hacer sino enviarla a un asilo de beneficencia o
+dejarla en medio de la calle? Valeria oyó aquello como reo de muerte que
+escucha su sentencia; se arrodilló a los pies de la _madre_, le regó las
+manos con lágrimas, le besó el hábito, y al fin cayó al suelo desmayada.
+Hubo que llevarla a la enfermería, donde pasó tres días con fiebre y
+delirio. Al cuarto se alivió algo, y lo primero que pidió fue que
+llamasen a Susana; mas parapetadas las monjas en que el reglamento
+prohibía a las educandas entrar en la enfermería, negaron el favor.
+
+Susana, sabedora de lo que ocurría, movida del cariño y conocedora del
+terreno que pisaba, regaló a una monja que hacía de _pasanta_ una
+crucecita de plata, rogándole que a cambio del obsequio, llevase a
+Valeria un regalito, consistente en un huevo de marfil, dentro del cual
+había un rosario. Lo que ignoraba la monja era que, bajo el algodón en
+rama donde descansaba el rosario, iba escondido un papel en que estaban
+escritas estas palabras: «No digas que estás mejor; procura ganar tiempo
+y no tengas miedo. El domingo debe venir mi tutor, y yo haré que ponga
+remedio. Confía en mí.»
+
+
+
+
+III
+
+
+¿De qué nació el afecto que aquellas dos muchachas se profesaban?
+Primero, del misterioso engranaje formado por las semejanzas y
+diferencias que existían en sus caracteres. En bondad de corazón y
+lucidez de inteligencia, eran iguales; de modo que podían quererse y
+estimarse. Segundo, en lo vario de sus genios, de suerte que mutuamente
+se buscaban, deseosas, por instinto, de hallar a sus facultades
+contraste y complemento. Susana era bulliciosa y alegre; Valeria,
+tranquila y melancólica; la ligereza y vivacidad de una hallaban
+compensación y freno en la sensatez y reposo de otra: lo que al parecer
+debiera separarlas era precisamente lo que les unía. Pero aún estaba su
+amistad asentada en fundamento más firme.
+
+Susana, por demasiado convencida de su hermosura, era de condición tan
+altiva, que se había hecho antipática a todas sus compañeras: Valeria,
+amargada del abandono y olvido en que vivía, y sin que aquel amargor se
+convirtiera en envidia, consideraba como un peligro su belleza, no
+alardeaba de bonita, sentía la incertidumbre de lo por venir, y privada
+de esperanzas, era humilde. Desde que se conocieron fue la sola
+compañera de Susana capaz de escuchar, sin sonreír burlonamente, sus
+primeros arranques orgullosos, propios de señorita mimada por la
+naturaleza y la fortuna, llegando a ser la única confidente de sus
+ambiciosas ilusiones. No las compartía, pero no las ridiculizaba.
+
+Susana hallaba en ella un corazón amigo, que aun contrariándola,
+mostraba comprenderla, distante por igual de la adulación y de la
+envidia; porque en la humildad de Valeria no había sombra de bajeza. Ni
+ella la hubiera tolerado, pues era tan altiva a lo grande e incapaz de
+pretender que le atribuyesen cualidades que le faltaban, como celosa de
+que se reconocieran las que estaba segura de tener. Valeria era sincera
+sin dureza y cariñosa sin lisonja, armonizándose por ello las
+condiciones morales de ambas, en tal grado, que no hubiera podido
+precisarse cuál valía más, si la orgullosa cuando sabía ceder, o la
+humilde cuando sabía imponerse. Milagros del corazón, que dobla lo
+fuerte y se somete a lo débil.
+
+Llegado el domingo, fue el tutor de Susana a visitar a su pupila, la
+cual, después de referirle lo que ocurría, le dijo en sustancia, poco
+más o menos, lo siguiente:
+
+--No me importa estar aquí un año más: tarde V. lo que quiera en ponerme
+al tanto de lo que es mío, administre V. como le acomode, pero quiero
+que pague V. cuanto Valeria debe al colegio, de modo que continúe tan
+considerada como antes: quiero también que haga V. esos pagos a nombre
+del caballero que antes venía a verla, para que nadie le eche en cara su
+pobreza; y deseo, por último, que salgamos juntas del colegio y vivamos
+luego como hermanas; es decir, que venga a mi casa, porque de vivir
+como hermanas me encargo yo.
+
+Si fue por mira interesada o en acatamiento de aquel impulso de
+caritativa amistad, nadie lo sabrá nunca, pero lo cierto es que el tutor
+accedió al ruego, y pasados unos cuantos meses, ambas educandas salieron
+el mismo día del colegio, yendo Valeria a vivir a casa de Susana.
+
+
+
+
+IV
+
+
+La intimidad del hogar fomentó el cariño nacido en el convento. Dos
+mujeres vulgares se hubieran dejado insensiblemente sojuzgar por las
+circunstancias anormales de la situación. En Susana y Valeria sucedió lo
+contrario: ellas se impusieron a la índole del caso. Ni la protectora
+imperaba como ama, ni la protegida parecía dominada como sierva. El
+afecto, más aún, la buena educación y delicadeza de sentimientos, hacían
+las humillaciones imposibles. Valeria no era en la casa una amiga pobre
+benévolamente acogida, no era una _demoiselle de compagnie_ tratada con
+consideración: era la hermana menor. Ambas poseían ese maravilloso arte
+de ceder a tiempo y resistir con dulzura, ante el cual se allanan los
+disgustos y rozamientos que producen inevitablemente las pequeñeces de
+la vida.
+
+Ni aun la belleza podía mover discordia entre ellas, porque sus
+atractivos ofrecían caracteres opuestos. Susana era grande, blanca,
+gruesa, rubia y a pesar de su edad y su doncellez tenia aspecto de Venus
+flamenca, perezosa y carnal. Valeria era pequeña, morenilla, delgada,
+pelinegra, tipo de mística española, poca materia y mucho espíritu; un
+fraile de Zurbarán hecho hembra. Los ojos azules de Susana alborotaban
+los sentidos; los ojos negros de Valeria, por dulces y serenos,
+inspiraban más cariño que deseo. No había entre ellas rivalidad posible.
+El hombre que se prendase de una no podía racionalmente enamorarse de
+otra.
+
+Gracias a la fortuna y desprendimiento de Susana, vivían con lujo, iban
+a bailes, teatros y saraos; viajaban, tenían coche, vestían con
+exquisita elegancia, trayendo para ambas de París la mayor parte de las
+galas, y, en una palabra, capricho sentido era en ellas gusto
+satisfecho. Servíales de acompañante una hermana del tutor de Susana,
+llamada doña Gregoria, señora entrada en años, pero tan amiga de
+divertirse, que nunca ponía obstáculo ni entorpecimiento a cuanto las
+muchachas fraguaban para lucir y brillar. Lo único que le disgustaba era
+ver que las galanteasen, con la circunstancia extrordinaria de que su
+enojo no estallaba cuando ellas coqueteaban, sino cuando se presentaba
+alguien que asiduamente las cortejase. Un observador cuidadoso hubiera
+podido notar que les dejaba tontear frivolamente, permitiéndoles oír
+piropos y requiebros atrevidos, mientras quien se los decía no pasaba de
+halagar su inocente vanidad de niñas bonitas, pero que en cuanto alguien
+les buscaba con frecuencia, mostrando afán de serles agradable, doña
+Gregoria ponía empeño en estorbarlo, sobre todo si se trataba de Susana.
+En una palabra: aquella señora, obediente a las instrucciones del tutor,
+su hermano, toleraba cuanto podía contribuir a que las jóvenes tuviesen
+fama de coquetas e insustanciales, y en cambio desarrollaba un mal
+humor inaguantable y una astucia increíble apenas surgía la posibilidad
+de que un hombre ganara terreno en el corazón de Susana. El tutor y su
+hermana le dejaban gastar cuanto quería, haciendo la vista gorda en
+presencia de sus devaneos, pero ante la idea de una pasión seria
+mostraban profundo desagrado. Indudablemente se habían propuesto no
+reprenderla si tiraba el dinero, para que cuanto más derrochase con
+mayor facilidad pudieran ellos englobar sus robos en los gastos, y al
+mismo tiempo, estorbando que se casase, dilatar la época de la rendición
+de cuentas.
+
+Quien primero descubrió el juego fue Valeria: comunicó a Susana la
+sospecha y trataron ambas de ponerse a la defensiva; mas por desgracia
+era tarde para evitar gran parte de los males que temían. Pronto
+comprendieron que debían, primero, gastar con más prudencia, porque las
+rentas iban mermando considerablemente, y segundo, andarse con pies de
+plomo en lo que se refería a dejarse galantear, porque entre sus propias
+imprudencias y la malignidad del tutor y su hermana, iban ellas cobrando
+reputación de frívolas y ligeras. Desde entonces vivieron con relativa
+economía, y fueron verdaderamente sensatas.
+
+
+
+
+V
+
+
+Algún tiempo después, en la tertulia de unas amigas, conocieron a dos
+hombres jóvenes, íntimos amigos y compañeros de carrera. Pepe Gutiérrez
+y Andrés Pérez, el primero, comandante de ingenieros y el segundo
+capitán del mismo cuerpo: ambos dignos de ser queridos. Gutiérrez se
+prendó de Susana que por primera vez tomó el amor en serio, fue
+correspondido, y entraron en relaciones, procurando que permaneciesen
+ignoradas del tutor: únicamente cuando ella adquirió el convencimiento
+de que su novio era hombre que valía mucho como inteligencia y como
+carácter, le autorizó a que la pidiese en matrimonio.
+
+La situación de Valeria era más libre y desembarazada, pero no
+envidiable. Por pobre, estaba libre de los cuidados que da el oro; por
+abandonada, no había menester consentimiento de nadie; mas, ¿de qué le
+servía aquella independencia, si el compañero de Gutiérrez no se fijaba
+en ella? Pérez frecuentaba la casa de Susana, porque iba con Gutiérrez a
+todas partes: eran inseparables; estaban unidos por una amistad nacida
+en los bancos de la escuela de primeras letras, fortificada en el
+colegio militar, y, por último, arraigada en sus corazones, gracias a la
+vida que hacían juntos en plena juventud. A Pérez le gustó Valeria desde
+que la conoció; pero no se atrevió a requebrarla ni poner seriamente en
+ella la esperanza, considerando que ambos eran pobres. La muchacha no
+tenía nada: él, sólo su haber de capitán. ¿Qué ventura podía ofrecerla?
+Ni siquiera comunicó a Gutiérrez la simpatía que le inspiraba Valeria.
+Tan bien supo disimularla, que la misma interesada tomó la indiferencia
+por franco y declarado desvío. Susana fue la única que adivinó el doble
+secreto de aquellas dos almas: unos cuantos detalles bastaron a su
+penetración para comprender que Valeria y Pérez se querían. Convencerse
+de ello y formar propósito de favorecerles, todo fue uno. Tanto le
+convidó a comer, colocándole junto a ella, tantas veces les dejó solos
+a tiempo de que se les transparentara el alma, tales cosas hizo para que
+mutuamente se conociesen y apreciasen, que al fin llegaron a entenderse.
+Susana, que años atrás había evitado a Valeria la desgracia de verse
+arrojada del colegio, y que luego la trató como a hermana, se erigió de
+nuevo en protectora cariñosa. «Nos casaremos el mismo día--le dijo--yo
+primero, y luego _seremos_ padrinos de tu boda. Si nosotros habíamos de
+gastar veinte, nos contentaremos con diez, partiré contigo lo que
+tenga..., es decir, ¿para qué hacer números ni cálculos? Viviremos
+juntos, y... Cristo con todos.» Claro está que Valeria, deshecha en
+lágrimas de gratitud, aceptó aquella nueva demostración de cariño,
+aunque en el fondo de su alma, y con aprobación de su futuro marido,
+estuviese resuelta a no aceptar favores que, por excesivos, redundaran
+en perjuicio de su amiga.
+
+En la primer entrevista que tuvo el novio de Susana, con el tutor de
+ésta, se convenció de que la mujer a quien quería unirse había sido
+robada a mansalva. Era inútil soñar con restituciones ni pleitos. El
+canalla tenia las cosas preparadas con tal maña, que según cuentas,
+escrituras y comprobantes, aún resultaba la pupila debiéndole algunos
+miles de duros. Una vez más la maldad hizo mofa de la ley. De las
+condiciones morales de Gutiérrez y del amor que su novia le inspiraba,
+pueden dar idea estas palabras, con que comunicó a Susana el resultado
+de la entrevista:
+
+--Mira, nena; coche ni muchos vestidos no tendrás, porque ese hombre es
+un ladronazo...; por ti... lo siento; por mí, casi me alegro, para que
+veas que te quiero de verdad. Lo esencial es que nos casaremos cuando se
+nos antoje.
+
+En Susana pudo más la alegría del amor probado, que la tristeza por la
+riqueza perdida, y arrojándose en brazos de su Pepe, repuso:
+
+--Yo también me alegro, porque así conozco lo que vales. No me equivoqué
+al quererte.
+
+Valeria, que hubiera procurado luego de casada sustraerse a la
+protección de Susana siendo rica, consintió en vivir con ella viéndola
+casi arruinada, y ambas bodas se verificaron la misma mañana, a mediados
+de 1873, cuando España estaba en plena guerra civil.
+
+La doble luna de miel fue cortísima. A los seis meses ambos maridos eran
+destinados al ejército del Norte y salían de Madrid dejando a sus
+mujeres poseídas de la más amarga tristeza, y embarazadas del mismo
+tiempo.
+
+
+
+
+VI
+
+
+Hacia los primeros días de 1874, la desgracia cayó sobre ellas en forma
+irremediable y terrible.
+
+Un extraordinario de un periódico les dio repentina y brutalmente la
+noticia. Oyeron vocear el papel, mandaron comprarlo, y sin poder llorar
+ni gemir, secas las gargantas, enjutos los ojos, atarazada el alma por
+la desesperación y la sorpresa, leyeron lo siguiente:
+
+«_Pamplona_, 9 Enero, 10,15 mañana.
+
+»El titulado brigadier Garzuaga fue ayer batido en Puente-Rey con
+pérdida de más de 300 hombres, caballos, armas, carros y municiones.
+
+»Las fuerzas liberales han experimentado también sensibles pérdidas. El
+brigadier Queralt está herido de gravedad. El coronel Quintana
+levemente. El comandante de ingenieros D. José Gutiérrez Riela y el
+capitán del mismo cuerpo D. Andrés Pérez Deza han muerto heroicamente en
+el campo del honor. Las bajas de la clase de tropa no pueden precisarse
+todavía.»
+
+Movidas de impulso igual y simultáneo, se arrojaron una en brazos de
+otra sintiendo al mismo tiempo que las garfiadas del dolor los inquietos
+latidos de dos seres que antes de nacer eran huérfanos...
+
+Primeras impresiones de amor, dulzuras de pasión satisfecha, esperanzas
+para lo por venir, todo quedaba destruido, todo parecía mentira:
+únicamente la desgracia era verdad.
+
+A fin de Marzo, con diferencia de veinticuatro horas, parieron un niño
+cada una en la misma habitación, tragándose las lágrimas y los quejidos,
+animándose mutuamente a tener valor, buscando en su cariño fraternal el
+único consuelo que les quedaba. Los recién nacidos no se les parecían:
+ambos eran pelinegros y muy blancos, señal de que habían de ser morenos
+como sus pobres padres, que dormían para siempre entre los peñascales
+ensangrentados de Navarra.
+
+Ya no tenían ventura que esperar aquellas infelices mujeres: ni aun la
+de sufrir unidas. Juntas crecieron en el convento cuando niñas; juntas
+gastaron riqueza y derrocharon alegría, siendo mientras pudieron ligeras
+y frívolas como su propia juventud; al mismo tiempo amantes, casadas,
+viudas y madres: sus dichas y sus penas parecían tan hermanadas como
+ellas mismas; pero había llegado la hora de que se rompiese el
+misterioso paralelismo de sus vidas.
+
+El parto de Valeria había sido rápido y feliz; el de Susana trabajoso y
+de fatales consecuencias. La fiebre puerperal que se apodero de ella fue
+intensísima, y halló su organismo tan conmovido y debilitado por los
+recientes infortunios y penas, que no tuvo fuerzas para resistirla.
+Sintiéndose morir, llamó a Valeria y le habló de este modo:
+
+--No te hagas ilusiones--dijo sonriendo con una serenidad que daba
+miedo;--esto se acabó.
+
+Quiso su amiga interrumpirla gastando bromas y fingiendo esperanzas, mas
+ella continuó:
+
+--Óyeme bien. Ya sabes lo que te quiero... No tengo parientes, y puede
+que sea mejor... Mi hijo va a quedar solo en el mundo; te lo confío...
+tú serás su madre... júrame que le querrás y le cuidarás... como...
+
+--Calla, mujer. ¡Qué has de morirte! ¿No has de resistir esto, tú que
+eres más fuerte que yo? Te pondrás buena y seremos felices..., es
+decir, viviremos para los niños, porque felices ya no podemos ser...;
+pero si te murieras, que no te morirás, por el recuerdo de todo el bien
+que me has hecho, te juro que tu hijo..., vamos, como si fuera mío.
+
+--¡Pobre Valeria! ¿Qué será de ti con dos criaturas?... Esto va muy
+aprisa. Escucha. En aquel cajón de la mesa que usaba Pepe, hay ocho mil
+duros en papel del Estado, que vienen a dar ocho mil reales al año. Allí
+están también los mil duros que sabes que teníamos ahorrados. Por
+último, en el cajón de más arriba encontrarás las escrituras de
+propiedad de mi casa de Rivaria. Yo no he estado allí nunca, pero sé que
+es un caserón con un huerto: los labriegos que lo tienen arrendado no
+pagan hace mucho tiempo. Quizá por eso no se quedó mi tutor con la
+finca. Los títulos de la Deuda y el dinero de los ahorros los coges en
+cuanto me cierres los ojos, y ahora manda venir a un escribano. Quiero
+que la casa sea legalmente tuya para que nadie pueda molestarte. Ya
+sabes con lo que cuentas. Lo principal es que no teniendo nada mi
+hijo... no habrá quien piense hacerse cargo de él.
+
+Valeria quiso resistir por animarla, pero ante la energía con que
+expresaba el deseo, cedió.
+
+Vino el notario: Susana hizo una declaración reconociendo que cuanto
+había en la casa era de Valeria, y que en pago de una deuda que
+confesaba, le daba la finca de Rivaria. Del niño no se habló palabra.
+¿Quién había de solicitar su tutela siendo pobre?
+
+Pocas horas después, como si se hubiese esforzado en vivir hasta ultimar
+lo hecho, Susana moría en brazos de Valeria. Ella la amortajó y veló,
+pasando la noche arrodillada a los pies del cadáver.
+
+De rato en rato se levantaba para ir a ver a los niños.
+
+¡Qué contraste el formado por la vida y la muerte que allí se mostraban
+con toda la brutal realidad de los hechos: ¡Qué lástima de mujer, tan
+hermosa y tan buena! ¿Qué falta hacía a nadie arrancarle la existencia
+como se descuaja una planta? ¿Ni qué falta hacían en el mundo aquellos
+angelitos?
+
+Valeria les contemplaba con miradas de ternura, iguales para ambos, cual
+si se le hubiese duplicado el cariño de madre, y a pesar de la tristeza
+que sentía, no le era posible sustraerse al influjo de una observación
+que ya había hecho y que en aquel momento, hasta contra su voluntad, se
+le iba entrando al pensamiento, agitándoselo con desvaríos de la
+imaginación.
+
+Cada vez que se acercaba a las camitas donde estaban acostados y se
+fijaba en ellos, aquella observación se confirmaba con más fuerza. Los
+niños se parecían muchísimo: ambos eran muy blancos, de pelo y ojos
+negros, chatillos, gorditos, casi de igual volumen. Claro estaba que
+andando el tiempo habrían de diferenciarse física y moralmente,
+revelando su distinto origen; pero entonces, casi hubieran podido pasar
+por mellizos. A Valeria le parecía el suyo mil veces más hermoso y mejor
+formado, y sin embargo, hubo un momento en que pensó: «Vaya, que se
+parecen mucho, son casi iguales, tan semejantes, que si dejara de
+verlos unos cuantos meses..., no acertaría con el mío; es decir, míos
+son los dos; en fin, con el que yo he parido.»
+
+Luego, en el largo monólogo de aquella noche interminable cruzaron por
+su mente recuerdos de la juventud, memorias de gratitud hacia Susana,
+punzadas de dolor renovado por la pérdida del hombre a quien había
+querido, e ideas de miedo y responsabilidad ante la carga que para ella
+representaba el porvenir de aquellos niños.--«¿Sabré corresponder--se
+decía--a todo lo que Susana ha hecho conmigo? ¿Podré pagar al hijo lo
+que debo a la madre? ¿Llegará un momento en que las circunstancias me
+obliguen a favorecer al mío en perjuicio del suyo? El poco dinero que
+queda entre mis manos no es _nuestro_, yo nada tengo... ¿Me asaltará
+algún día la tentación del despojo..., será más fuerte mi amor de madre
+que el recuerdo de la gratitud y el cumplimiento del deber?» Y al mismo
+tiempo que discurría todo esto, en su pensamiento iban hermanándose y
+confundiéndose, hasta compenetrarse, aquella observación insistente del
+parecido de los niños y aquella idea extravagante favorecida por las
+condiciones de la realidad.
+
+Sus propias palabras eran la síntesis de la situación: «Si dejases de
+verlos unos cuantos días, no sabrías cuál es el tuyo.»
+
+ * * * * *
+
+¿Fue propósito razonado de alma grande, fruto de una extraordinaria
+elevación de espíritu? ¿Desarreglo de inteligencia trabajada por una
+idea fija? ¿Acaso sugestión de ese algo misterioso que a veces nos
+aproxima, por el anhelo del bien, a la divinidad?
+
+Nadie lo sabrá nunca: lo cierto es que aquella idea le fue labrando
+surco en el pensamiento y acabó por arraigar en él de tal suerte, que
+se enseñoreó de su voluntad, y la puso por obra.
+
+¿Quién dirá si Valeria llegó por gratitud a la locura, o a la suma
+piedad por la noción del deber? Aquel la juzgue que sepa bucear en las
+reconditeces del alma.
+
+
+
+
+VII
+
+
+Luego de enterrada su amiga, Valeria se marchó a Galicia con los niños,
+aposentándose en la casa de Rivaria.
+
+Su primer cuidado, después de arregladas las cosas necesarias a la vida,
+fue observar la índole y carácter de los colonos, marido y mujer, de
+quienes Susana había dicho que nunca pagaban el arrendamiento.
+Afortunadamente, él, como buen gallego, era muy listo, y ella se pasaba
+de buena. Valeria se propuso aprovechar las cualidades de ambos, y entre
+tanto, poseída por su idea fija, procuró ver poco a los niños;
+lentamente fue desentendiéndose de ellos; casi no les miraba, mostrando
+una fuerza de voluntad increíble.
+
+Haciendo vida campestre y retirada en aquel lugar, había un acaudalado
+caballero a quien por lo caritativo llamaban sus convecinos _el Santo_,
+y en éste se fijó principalmente Valeria para realizar su propósito. Le
+dijo que, viéndose obligada a emprender un largo viaje por mar, y no
+atreviéndose a llevar consigo los pequeñuelos, quería confiarlos a su
+cuidado; le dio dinero para cuanto necesitasen durante cierto tiempo, y
+dispuso que el labriego y su mujer le obedecieran ciegamente. Por
+último, obrando astuta y sagazmente, tuvo la horrible precaución de
+ocultar los verdaderos nombres de los niños, que eran los de sus padres,
+llamándolos Juan y Pedro, ardid en que estaba fundado su propósito:
+hecho todo lo cual desapareció del pueblo.
+
+Cerca anduvo de arrepentirse por su condescendencia aquel santo varón;
+casi se asustó de haber aceptado tamaña responsabilidad, pero jamás
+llegó a preocuparse formalmente: primero, porque su compromiso era sólo
+verbal y no había pruebas que pudieran perjudicarle; segundo, porque
+¿quién habría en la comarca capaz de perseguirle ni acusarle? Sobre
+todo, sin saber la causa, sin que él se diera cuenta de ello, Valeria le
+había inspirado simpatía profunda y confianza ciega. Estaba persuadido
+de que aquella mujer era mediadora de buena fe o víctima en una de esas
+intrigas amorosas, donde sólo el misterio puede estorbar la iniquidad.
+Lo principal para él era que, con caer las criaturitas en sus manos, se
+habría casi seguramente evitado un crimen. Resta sólo decir que inducido
+a error llamó Juan al mayorcito de los niños y Pedro al menor.
+
+De esta suerte comenzaba a lograrse la confusión que Valeria deseaba.
+
+Cada tres meses recibía _el Santo_ en pliego certificado un billete de
+Banco, cuyo valor era bastante a cubrir los gastos ocasionados por los
+niños. Lo que jamás recibió fue carta, mensaje, ni visita que le hablase
+de la desaparecida. Cuantas tentativas hizo para saber su paradero
+fueron inútiles. Así pasaron cinco anos.
+
+En tan largo lapso de tiempo, Valeria estuvo muchas veces a punto de
+renunciar a su tremendo sacrificio: en más de una ocasión le faltó poco
+para volver a la aldea, exigir que le devolviesen los niños y
+escudriñarles el cuerpo para distinguirlos, hasta recobrar la certeza de
+cuál era el ajeno y cuál el suyo. Su vida fue un martirio insoportable;
+mas lo padeció sin arrepentirse de lo hecho.
+
+Fuese extravagancia de entendimiento perturbado, fuese abnegación
+premeditada, había en su conducta heroica grandeza, algo casi
+sobrehumano, que consistía en imponerse el doble sacrificio de privarse
+de su hijo, y aceptar por tal al que no lo era, para que esta ignorancia
+la hiciese luego tratar a ambos con el mismo cariño. Ignoraba que alma
+de su temple jamás hubiera perjudicado al ajeno en provecho del propio,
+mas quiso colocarse en tales condiciones, que hasta le fuesen imposibles
+la preferencia y la injusticia.
+
+¿Quién podía prever la suerte que les estaba deparada? ¿Qué haría ella,
+por ejemplo, el día en que por los azares del mundo fuese preciso
+anteponer en su corazón uno a otro, darle mayores facilidades de éxito,
+o salvarle de un riesgo? ¿A quién acudiría primero? ¿No juró
+confundirles en el mismo cariño? ¿Pues que mejor manera de realizar el
+juramento que conseguir la imposibilidad de quebrantarlo? Según su
+corazón, que estaba sorbido y dominado por la gratitud, todo aquello y
+más debía a Susana, que la libró de ser arrojada del convento, la trató
+como hermana, y finalmente, la unió al hombre de quien estaba enamorada.
+¿Qué hubiera sido de ella sin Susana? ¿Hasta dónde hubiera rodado
+impulsada por vientos de desgracia?
+
+
+
+
+VIII
+
+
+Por fin, al comenzar el sexto año de separación, Valeria estuvo enferma,
+y entonces, aterrada ante la idea de morir, sintió doblegarse su
+entereza. Apenas convaleciente, corrió a la aldea. Su viaje le pareció
+un tormento, más largo que el de los cinco años transcurridos. ¿Vivirían
+los dos niños? ¿Cómo los encontraría? ¿Cuál sería su índole? ¿Cuál
+mostraría mejores sentimientos? ¿Cuál la querría más? De fijo el suyo...
+Pero ¿cómo le conocería?
+
+¡Sacrificio inútil, batalla estéril contra la flaca condición humana!
+Aún no habían llegado aquellos seres a la edad en que se revelan el
+corazón y la inteligencia, y ya instintivamente ambicionaba que su hijo
+fuese superior al hermano pegadizo.
+
+ * * * * *
+
+Le parecía que el coche no iba bastante aprisa, que los árboles de las
+laderas del camino eran siempre los mismos, que huía a lo lejos el
+horizonte prolongando la separación..., hasta que al volver un recodo
+próximo a la aldea, descubrió dos niños vestidos con relativo esmero.
+Estaban jugando bajo un gigantesco grupo de castaños, saltando sobre un
+espeso tapiz de musgo aterciopelado, donde el sol y las sombras del
+ramaje formaban maravillosos arabescos.
+
+Al llegar el carruaje cerca de aquel sitio, mandó parar, bajó, y
+acercándose a los niños y conociéndolos, porque a su lado estaba la
+mujer del colono, los envolvió en una mirada indefinible. Clavó en ellos
+los ojos, quiso dirigirse primero a uno y luego a otro, vaciló,
+llenarónsele las mejillas de lágrimas, y por último, extendiendo
+abiertos los brazos, cogió a los dos al mismo tiempo, les atrajo contra
+su pecho..., los apartó, tornó a mirarlos, y enloquecida de dudas y
+alegrías, apretándoles de nuevo contra sí, abarcando juntas las cabezas,
+se las cubrió de besos y caricias, mientras la aldeana, que la reconoció
+en seguida, gritaba con su dulce acento gallego:--«Juan, está
+quieto;--Pedro non te vayas.»
+
+La mujer de alma grande tenía logrado su propósito. No sabía cuál era el
+que había parido.
+
+
+
+
+IX
+
+
+Pasaron años. Desde que Valeria recogió los niños de manos del _Santo_
+hasta que se hicieron hombres no le causaron más penas que los
+disgustillos que dan de sí la infancia y la primera época de la
+juventud: jugarretas, trastadas, bromas y travesuras. Llegada la edad de
+la razón, Juan y Pedro fueron buenísimos para ella. Sus corazones no
+cesaban de brotar y consagrarle nuevos tesoros de ternura. ¿Quién la
+quería mas? Era imposible averiguarlo. Del carácter sensato y juicioso
+del uno, de las genialidades prontas e irreflexivas del otro, surgían
+continua e inesperadamente pruebas de amor filial. Ella, en tanto, hoy
+mimaba a Juan, mañana prefería a Pedro, igual cariño profesaba a los
+dos, pero cariño ciego, vacilante, inseguro, como si viviese condenado a
+la incertidumbre de su propia sinceridad. Ambos ante su conciencia eran
+hijos suyos, mas siempre le quedaba en el fondo del alma la duda, nunca
+satisfecha; la esperanza, jamás colmada, de que el mejor fuese el que
+ella había llevado en las entrañas.
+
+Andando el tiempo, Valeria, exclusivamente dedicada a estudiar aquellas
+dos almas, hizo un descubrimiento que la llenó de angustia. Ambos tenían
+novia y cada cual quería a la suya, no con un sentimiento vulgar y
+pasajero, sino con pasión digna de ellos. Aquella era la ocasión de
+probarles.
+
+Había pagado su deuda haciéndoles buenos y felices: ninguno tenía
+derecho a proferir la menor queja: ella lo tenía a saber cuál era su
+verdadero hijo, forjándose la ilusión de creer que lo sería el que
+mostrase quererla más. En otro tiempo le cegó la gratitud: ahora le
+cegaba el ansia de cariño.
+
+Luego de haber madurado su propósito, con la astucia propia de su índole
+y carácter, les juntó un día y les dijo:
+
+--Os llamo porque ocurren grandes novedades. Estamos medio arruinados.
+No podemos seguir viviendo con la holgura relativa que hemos disfrutado
+hasta ahora. Es necesario que uno se separe de mí y de su hermano. Tengo
+la seguridad de conseguir un buen destino para Ultramar. Mientras cambia
+la fortuna, es preciso que uno de vosotros se vaya muy lejos y ayude a
+los que aquí quedemos. ¿Quién quiere separarse de mí? ¿Quién se quiere
+quedar? Resolvedlo vosotros, y decídmelo mañana.
+
+Oyéronla ambos en silencio y aquella misma noche se reunieron a
+deliberar.
+
+Valeria, descalza, para no ser sentida, fue hasta la puerta del cuarto
+donde estaban, y pegando la oreja al ojo de la llave escuchó todo lo que
+hablaron.
+
+--¿Has oído a madre?--dijo Juan.
+
+--Sí--repuso Pedro.
+
+--¿Y qué dices?
+
+--Que no me voy.
+
+--Ni yo tampoco.
+
+--¿Por qué?
+
+--Porque no me separo de ella... ni de ti.
+
+--Lo mismo digo.
+
+--Pues ella dispone que se vaya uno.
+
+--Ya le haremos ceder.
+
+--¿Y si no cede?
+
+--Ya no pienso en casarme. Estoy dispuesto a ganar un jornal, a arrancar
+piedras con los dientes, a todo, menos a separarme de ella.
+
+--Tienes razón. Igual pienso yo. Aquí a su lado soportaré escasez,
+pobreza, lo que venga: yo también renuncio a la mujer que amo; pero
+¿irme lejos, exponerme a que mi madre se muera sin verla? ¡Eso no!
+Aunque lo mande. Si quieres, márchate tú.
+
+--Y ¿por qué he de ser yo el sacrificado? ¿No soy tan hijo suyo como tú?
+
+Aquellos dos muchachos, que se querían entrañablemente, que jamás
+habían reñido por nada, ni de niños ni de mozos, estuvieron a punto de
+venir a las manos. Con todo transigían, todo lo aceptaban menos lo que
+pudiera significar despego hacia su madre. Cruzáronse entre ellos
+algunas palabras fuertes, algunas frases agrias; pero al fin pudo el
+cariño más que ningún otro sentimiento, y Juan dijo:
+
+--Mira, no añadamos a la pesadumbre que ya tenemos la pena de enfadarnos
+uno con otro. No hay remedio: si madre lo manda, uno tendrá que
+sacrificarse. Que ella lo designe, y ese que baje la cabeza, obedezca y
+se resigne sin chistar. ¿Convienes en ello?
+
+--Convenido, ella decidirá.
+
+Y abriéndose mutuamente los brazos, lloraron juntos, como dos niños.
+
+ * * * * *
+
+Valeria les escuchó henchida el alma de alegría. Aquel fue el único
+momento egoísta de su vida. Todas sus penas hallaron resarcimiento,
+todos sus dolores tuvieron premio. Luego, andando de puntillas, se alejó
+de junto a la puerta, y a los pocos días, con fingida tranquilidad, dijo
+que las circunstancias habían variado y que la separación no era
+precisa.
+
+Nunca supo quién era su verdadero hijo, pero adquirió el convencimiento
+de que ambos adoraban en ella. En un mismo culto la confundían el que
+llevó en las entrañas y el que formó con la bondad de su alma. Aquella
+doble maternidad fue la recompensa de su vida.
+
+
+
+
+La prueba de un alma.
+
+
+Durante el verano de 188... la concurrencia de bañistas fue en Saludes
+mayor que nunca: desde la fundación del balneario no se había visto allí
+tanta gente, ni tan lucida y bulliciosa.
+
+Los enfermos graves eran pocos, y como por razón de su estado se
+hallaban recluidos en sus habitaciones, no molestaban a los que querían
+divertirse; los cuartos eran limpios, la comida, si no muy delicada,
+abundante y sabrosa, las camas aceptables, el campo delicioso, y las
+excursiones salían baratas; de suerte que todo el mundo estaba contento,
+sin acordarse el bolsista de sus negocios, ni el empleado de su oficina,
+ni la mujer hacendosa de los quehaceres de su casa, ni mucho menos el
+estudiante de sus libros: las niñas en estado de merecer disfrutaban
+bastante libertad para dejarse galantear a sus anchas por los muchachos;
+y, según malas lenguas, de igual libertad se aprovechaban algunas
+casadas, si no para permitir que fuese invadido allí mismo el cercado
+ajeno, a lo menos para demostrar que no lo defenderían mucho cuando, de
+regreso en la corte, fuesen menor el peligro de la murmuración y las
+ocasiones más seguras.
+
+A que resultara grata la permanencia en Saludes contribuía mucho el
+director facultativo, hombre de treinta o pocos más años, simpático, muy
+inteligente, y en quien se daban reunidas raras circunstancias y
+envidiables prendas.
+
+El doctor Ruiloz era el primogénito de un banquero, socio principal de
+la casa Ruiloz y Compañía, de Madrid. Desde muchacho se empeñó en seguir
+la carrera de médico, dejando a su segundo hermano el cuidado y la
+gloria de continuar amontonando millones. En un principio la familia
+trató de quitarle de la cabeza aquel propósito, mas tan resuelto y
+decidido le vieron, que no hubo sino dejárselo lograr. «Aunque le falten
+enfermos--cuentan que dijo su padre--no ha de faltarle dinero, teniendo
+yo tanto como tengo.» Con la tenacidad mostrada al elegir carrera, y con
+la conducta que observó al estudiarla, quedaron probadas la energía y la
+fuerza de voluntad que Dios había puesto en el alma de Juan Ruiloz,
+porque sin mermar a la juventud sus fueros, ni dejar de divertirse
+durante aquella edad en que la alegría es media vida, fue primero modelo
+de estudiantes y luego espejo de médicos.
+
+Trabajando mucho, prescindiendo de la influencia y riqueza de sus
+padres, verdaderamente obstinado en deberlo todo a su propio esfuerzo,
+se hizo hombre y comenzó a labrarse la reputación, logrando verla
+consolidada en pocos años con algunos buenos escritos referentes a su
+facultad, y gracias a unas cuantas curas y operaciones tan sabias como
+afortunadas. Su estancia en Saludes fue puramente accidental. El médico
+en propiedad del balneario, que era un intimo amigo y compañero suyo,
+cayó enfermo, pidió licencia, concediéronsela, necesitó prórroga, se la
+negaron, y cuando se hallaba a punto de perder la plaza, le dijo Juan:
+
+--No te apures: para estas ocasiones son los amigos de mis padres; yo
+haré que me nombren director de Saludes, como supernumerario, en
+comisión, sin sueldo, de cualquier modo... y en paz: te curas, y cuando
+puedas trabajar me retiro modestamente por el foro.
+
+De esta manera llegó a ser médico del humilde balneario el doctor
+Ruiloz, a pesar de que por entonces ya su nombre corría de boca en boca,
+seguido de tales alabanzas, que nadie pudo comprender cómo ni por qué
+aceptó destino tan poco lucrativo. Los que estaban en el secreto de la
+cosa y conocían íntimamente a Juan, no se sorprendieron, sabiendo que,
+a más de ser amigo de hacer favores, había en él cierta innata tendencia
+a buscar en lo anormal y extraordinario el encanto de la vida. ¿Y dónde
+cosa menos vulgar y más desacostumbrada para un médico rico y mimado por
+la suerte, que ir a encerrarse en un balneario de tercera clase, en el
+cual no había de ganar honra ni provecho, sólo por servir a un
+compañero?
+
+Tal es la excelencia de las buenas acciones, que a veces el favor que se
+hace en obsequio de uno redunda en provecho de muchos, y así sucedió en
+este caso, porque cuando su clientela adinerada y elegante de Madrid
+supo que Ruiloz iba aquel año de médico a Saludes, allá se fueron tras
+él muchas familias de la corte; unas por tener cerca a su doctor
+favorito, y otras esperanzadas en que, no hallándose tan cargado de
+trabajo, podrían consultarle más despacio, con lo cual acudió tanta
+gente, que todo el verano fue agosto para el humilde lugarejo.
+
+Iba ya vencida la temporada, y Ruiloz estaba, aunque no arrepentido del
+favor hecho a su amigo, cansado de tener más trabajo que en Madrid,
+cuando llegó a Saludes un matrimonio joven, acompañado y servido por una
+doncella y un ayuda de cámara: albergáronse amos y criados en la mejor
+casa del pueblo, y en seguida el marido, que se llamaba D. Javier
+Molínez, se presentó a Ruiloz diciéndole que su esposa venía enferma, y
+que sólo para que él la asistiese habían hecho el viaje. Fue el doctor a
+visitarla, preguntó cuanto creyó conveniente, hizo los reconocimientos
+propios del caso, infundió ánimo en el abatido espíritu de aquella
+señora, que además de joven era hermosa, y luego, llegada la noche, y en
+vista de las reiteradas súplicas que Molínez le hizo para saber el
+verdadero estado de su mujer, le habló de este modo mientras paseaban
+por el jardín del balneario.
+
+--Ya que V. la exige y tiene valor para escucharla, le diré la verdad.
+El caso no es desesperado, pero poco menos. Cuando llegan a este grado
+de desarrollo, las afecciones del corazón son peligrosísimas. Aquí no
+deben Vds. permanecer más tiempo que el preciso para que recobre
+fuerzas: vuélvanse Vds. pronto a su casa. Ni sé cómo ha podido soportar
+el viaje en las condiciones en que está.
+
+Hizo luego una breve explicación científica, y terminó diciendo:
+
+--Puede vivir unos cuantos meses... tal vez años, aunque
+desgraciadamente no lo espero... y cualquier contratiempo en la marcha
+de la enfermedad puede también ocasionar un desenlace fatal en pocos
+días. Acaso la saquemos adelante; pero hoy por hoy su estado es muy
+grave. Si mejorase algo, lo más juicioso sería llevársela a Madrid.
+
+--¿De modo que no hay esperanza?
+
+--Eso... sólo Dios puede saberlo.
+
+--¿Y cree V. que debo avisar a mi suegra para que venga?
+
+--Indudablemente, con tal de que halle V. pretexto para justificar su
+llegada, porque su señora de V. no está para soportar emociones fuertes.
+
+Sin duda Molínez tenía, o halló, modo de justificar el viaje de su madre
+política, pues le telegrafió para que acudiese a Saludes, donde llegó a
+las treinta horas, acompañada de una mujer entrada en años, que era su
+ama de llaves, y de una señorita de gracioso rostro y gentil figura a
+quien llamaba Julia.
+
+Pocos días bastaron para que los Molínez y el doctor simpatizaran: entre
+los atractivos personales de éste y el agradable trato de aquéllos, que
+se esforzaban en atraerle y agasajarle en beneficio de la enferma,
+pronto se hicieron amigos. Ruiloz y Javier daban juntos largos paseos,
+jugaban al ajedrez y con frecuencia comía el primero en casa del
+segundo; de suerte que los forasteros siempre tenían cerca al médico y
+éste se complacía en el afable trato de la familia madrileña.
+
+Esto sucedía a principios de Agosto.
+
+Transcurrido un mes, todos los habitantes del balneario sabían que la
+señora de Molínez estaba muy aliviada, y que, sin embargo, el doctor
+cada día pasaba más tiempo en su casa, con lo cual hallaron fundamento
+las suposiciones de los malévolos y ocupación las lenguas de los
+murmuradores. «Las enfermedades del corazón deben de ser
+contagiosas--cuentan que dijo un chusco--porque desde que llegó esa
+señora de Molínez el médico está muy grave.»
+
+Realmente, la variación sufrida por Ruiloz en poco tiempo era tal, que
+sólo un ciego podía dejar de observarla. De alegre, decidor y bromista,
+se hizo triste, callado y serio; algunos días hasta se mostraba
+desabrido y seco con los enfermos; en el salón del balneario apenas
+ponía los pies; negose a recibir fuera de las horas marcadas para la
+consulta y, por último, su semblante adquirió una expresión de
+melancolía que hubiese justamente alarmado a sus padres y amigos si de
+improviso llegaran a Saludes.
+
+Este cambio, casi repentino, y las constantes visitas a la familia de
+Molínez, daban cierta apariencia de verdad a la suposición de que al
+doctor no le preocupaba única y exclusivamente el cuidado de un enfermo
+grave. La mejoría de Clotilde Molínez valió a Ruiloz muchas
+enhorabuenas, pero a espaldas suyas dio pábulo a grandes murmuraciones.
+Todo el mundo, pasándose de listo y sin recordar que en aquella casa
+había dos mujeres, una soltera y otra casada, creía o fingía creer que
+el médico estaba enamorado de la segunda. Sin embargo, el marido de ésta
+podía dormir tranquilo.
+
+Quien ocasionaba las cavilaciones del doctor era Julia, la joven que
+llegó a Saludes con la suegra de Molínez.
+
+Representaba más de veinte y menos de veinticinco años: tenía la mirada
+inteligente y expresiva, las facciones delicadas, el andar airoso y el
+cuerpo bien formado; pero su principal encanto estaba en la
+conversación, en el lenguaje, y no sólo en lo que decía sino en el modo
+de decirlo, porque además de gran claridad de entendimiento y mucho
+ingenio, descubrían sus palabras superior bondad de alma y sinceridad
+extraordinaria.
+
+Era ilustrada sin afectación, religiosa sin fanatismo, honesta sin
+hipocresía y franca sin descaro. La única condición que pudiera deslucir
+algo estas cualidades consistía en cierta dureza y sequedad de genio y
+acritud en las frases, cuando en la conversación salían a plaza
+determinadas flaquezas humanas: la mentira y el engaño, el disimulo y la
+astucia le eran aborrecibles.
+
+Su tía doña Carmen, madre de Clotilde y suegra de Molínez, parecía fiar
+y descansar en Julia para todo lo referente al cuidado de la casa,
+tratándola como a hija y siendo por ella considerada con grande amor y
+respeto. El cariño que tía y sobrina se profesaban era prueba indudable
+de la buena índole de ambas: las atenciones y el mimo que Julia
+prodigaba a doña Carmen contribuyeron mucho a que Ruiloz descubriese en
+la primera las cualidades que, hábilmente dirigidas, pueden ser la base
+de un hogar dichoso.
+
+La sorpresa y las dudas del médico nacieron cuando, poco a poco, fue
+observando que entre Julia, de un lado, y de otro entre su prima y el
+marido de ésta, no reinaba la misma cordialidad. Para doña Carmen era
+toda mansedumbre y cariño: respecto de Clotilde y Javier, parecía vivir
+en sumisión forzada; les dirigía la palabra cortés y casi
+afectuosamente, pero siempre con tal circunspección y mesura, siempre
+con tan escasa confianza, que la reserva robaba espontaneidad a su
+lenguaje: diríase que medía y pesaba las palabras, evitando
+cuidadosamente todo lo que pudiese ocasionar piques y roces. La frialdad
+que reinaba entre aquellas tres personas era evidente. En vano se
+esforzaban marido y mujer por cubrir con frases pulidas y mentidos
+halagos aquella tirantez; inútil era también la habilidad desplegada por
+doña Carmen para ocultar aquella hostilidad mal contenida.
+
+Nada de esto escapó a la penetración de Ruiloz.
+
+El primer sentimiento que Julia le inspiró fue la simpatía: después,
+notando su rara situación en el seno de aquella familia, no pudo
+librarse de una sospecha en que iba envuelto un desencanto. Imaginó que
+entre Julia y Javier _había algo_ y que por encubrirlo fingían: luego
+creyó que si entonces no estaban unidos por afecto culpable, acaso lo
+habrían estado tiempo atrás, sustituyendo después el rencor a la pasión:
+por último, se aferró a la idea de que la aversión que les separaba
+obedecía a sentimientos de índole opuesta, porque él mostraba bajeza y
+apocamiento ante Julia, y ésta, por el contrario, le miraba entre
+despreciativa y soberbia. Ruiloz se dio cuenta también de que doña
+Carmen vivía al parecer siempre atormentada por aquel drama íntimo,
+esforzándose en limar asperezas, evitar disensiones y alejar conflictos:
+ya intervenía en los diálogos para variar la conversación cuando corría
+peligro de agriarse, ya entraba oportunamente en las habitaciones
+estorbando que Julia se hallase sola con Javier o con Clotilde, ya, por
+último, y esto era lo que hacía con más gusto, mimaba y acariciaba a su
+sobrina cual si quisiera recompensarla por algún sacrificio o
+indemnizarla de alguna grande e inmerecida injusticia. La criada de doña
+Carmen también parecía querer mucho a Julia, mirando, por el contrario,
+a Clotilde y su marido con respeto, pero sin cariño: todo lo cual
+indicaba que en la existencia de aquella familia había un secreto: según
+las apariencias Julia era o había sido víctima de alguna infamia.
+
+La triste situación de esta mujer, sus gracias naturales, aumentadas con
+el novelesco encanto del misterio, y la particular organización del
+médico, que, sin duda harto de estudiar el dolor y la materia, buceaba
+con placer en las profundidades del espíritu, hicieron que Ruiloz se
+apasionase por aquella víctima de no sabia qué injusticias. A su amor
+contribuyeron, tanto como la figura de Julia, la misteriosa situación en
+que esta se encontraba y la facilidad con que su propio ánimo se dejaba
+influir y dominar por todo lo extraordinario y anormal: sintió un afecto
+formado de simpatía y de piedad, robustecido por la prudencia forzada, y
+finalmente poetizado por aquella aureola de dignidad y desgracia en que
+veía envuelta a la mujer querida. No le seducían sus ojos por
+expresivos, ni su boca por fresca, ni su talle por esbelto, sino toda
+ella por cierta atmósfera de melancolía que, circundándola como un
+ropaje ideal, daba a sus ojos apacible tristeza, y a su boca sonrisa
+resignada, y a su cuerpo entero una dejadez y laxitud en mayor grado
+poderosas y excitantes que la más espléndida hermosura o la más astuta
+coquetería.
+
+Ruiloz ocultó cuidadosamente su amor, pensando que ni la situación de
+aquella familia ni el poco tiempo que en su amistad llevaba le permitían
+por entonces otra cosa; pero este mismo forzoso secreto sirvió de
+incentivo a su deseo.
+
+Entre tanto, la enfermedad de Clotilde volvió a agravarse, precisamente
+cuando el balneario se iba quedando desierto. La fecha de la clausura
+estaba cercana, y el médico no decía palabra de volver a la corte; si
+alguien le hablaba del regreso, respondía con evasivas: pero como nadie
+se engaña a sí mismo, harto persuadido estaba de que Julia, únicamente
+ella, era quien le retenía allí. Por fin se marcharon de Saludes hasta
+los criados y camareros: no quedaron en el lugar más que la familia
+Molínez y el doctor. Entonces éste, temeroso de que aun a sus nuevos
+amigos pareciese sospechosa tal conducta, mortificado por la suposición
+de que pudieran creer que prolongaba su estancia allí para hacer pagar
+más caros sus cuidados, y sobre todo aguijoneado por el amor, determinó
+salir de dudas.
+
+Una noche vio que Julia tenía los ojos como puños, de haber llorado.
+Nada se atrevió a preguntarle; pero al día siguiente, que era domingo,
+esperó muy de mañana a la criada vieja de doña Carmen, y acercándose a
+ella cuando salía de la iglesia le rogó que le siguiese hasta su
+despacho del balneario, donde, primero con astucias y luego con ofertas
+trató de averiguar lo que tanto deseaba saber.
+
+Aquella buena mujer le dejó hablar cuanto quiso, sin interrumpirle; oyó
+sin chistar los inocentes y mal rebuscados pretextos en que fundó sus
+preguntas, y luego, sonriendo como diplomático que no se resigna a darse
+por engañado, le dijo con la respetuosa franqueza propia de algunos
+sirvientes viejos.
+
+--Mire V., señor doctor, hace muchos días que esperaba esto... vamos,
+que me buscara V.
+
+--¿V. lo esperaba?
+
+--Tan seguro lo tenía, que antes de venir he pedido permiso a mi ama
+doña Carmen.
+
+--¿Y qué le ha dicho a V.? ¿Y por qué lo sospechaba V.?
+
+--¿Me da V. su permiso para que hable clarito?
+
+--Se lo ruego.
+
+--Pues V. está enamorado de la señorita Julia; V. ha comprendido que en
+la casa pasa o ha pasada algo muy gordo, como vulgarmente se dice, y
+quiere enterarse... naturalmente, un hombre tiene derecho a saber lo
+que puede importarle.
+
+--Y esto que V. dice, ¿lo sospecha también doña Carmen?
+
+--A mi señora no se la escapa nada.
+
+--¿Y doña Clotilde y su marido?
+
+--La enferma, V. lo sabe, no está para nada: el señorito Javier no sé si
+se habrá fijado; pero ese... lo mejor que le podía suceder era que la
+señorita Julia saliera de casa.
+
+--¿Y _ella_?
+
+--Doña Carmen dice que sí, que la señorita ha comprendido que V. la
+quiere; yo, a decir verdad, no lo sé. ¡Ojalá le hiciese a V. caso! todo
+se lo merece... aunque no sea más que por lo que ha sufrido.
+
+--Veo que con una mujer como V. no hay que andarse por las ramas, y
+menos estando doña Carmen enterada de...
+
+--Pues pregunte V. lo que quiera. Soy vieja, llevo veinte años al lado
+de doña Carmen, y ya le digo a V. que estoy aquí con su consentimiento.
+Lo que V. desea saber es... la situación de la señorita Julia en la
+casa, el por qué no se lleva bien con la señorita Clotilde y con su
+marido; en fin todo lo que pasa.
+
+--Cabal.
+
+--Va V. a salir de dudas. La señorita Julia es sobrina carnal de doña
+Carmen, hija de una hermana suya que murió hace quince años. La ha
+criado como a su propia hija, que es de la misma edad, poco más o menos.
+En vez de una hija, han sido dos... y, la verdad, la señorita Julia es
+de mejor índole, más cariñosa y dulce.
+
+--¡Eso un ciego lo ve!
+
+--Hace tres años comenzó D. Javier a seguirlas por todas partes: a
+teatros, conciertos, paseos... en fin, lo que hace un enamorado.
+
+--¿De quién?
+
+--De la señorita Julia. Por fin le presentaron en la casa; ella no le
+puso mala cara, y estuvieron en relaciones... cosa de seis meses.
+
+--Pues no comprendo...
+
+--Al cabo de aquellos seis meses llegó el verano. Mis señoritas tienen
+costumbre de salir de Madrid todos los veranos, y se encontraron con que
+aquel año no podían: verá V. por qué. La casa donde vivimos en Madrid es
+de doña Carmen; un caserón viejo, a la antigua. Mi señora quería hacer
+obra, obra grande; tirar tabiques, reformar muchas cosas, tapizar luego
+habitaciones... un trajín de todos los diablos; y, por otra parte, no
+quería renunciar al viaje, cuestión de salud. Tenemos un administrador
+viejecito, un buen señor, pero con tantos años sobre sí, que no sirve
+para nada. En una palabra, hacía falta que se quedara alguien con él.
+Total; nos quedamos en Madrid el administrador, la señorita Julia y yo,
+pasando todo el verano vigilando a los operarios. La señorita Julia
+comprendió que debía dar este gusto a doña Carmen... y de ahí nació
+todo.
+
+--¿Y qué tiene eso que ver?...
+
+--¿No lo adivina V.? Doña Carmen y la señorita Clotilde se fueron con
+una doncella, nosotras nos quedamos y... aquí entra lo feo. Doña Carmen,
+que había autorizado los amores de la señorita Julia con D. Javier,
+prohibió naturalmente que éste entrase en la casa durante su ausencia, y
+ella, más buena que el pan, para evitar toda clase de habladurías, pidió
+a su novio que se marchara también de Madrid durante el verano. Y él se
+fue, sí, señor; pero se fue donde estaban ellas: primero a San
+Sebastián, luego a Biarritz, quince días a París... y donde fue no lo
+sabemos, pero...
+
+--¿Clotilde le robó el novio a Julia?
+
+--Sí, señor; robado, esa es la palabra. Parece que la cosa comenzó con
+bromas y coqueteos; no sé lo que sucedería; pero o ella le volvió loco,
+o él pensó que más valía la rica que la pobre. A mitad del verano dejó
+de escribir a Julia. El administrador y yo creímos que la señorita se
+moría: doña Carmen llegó a Madrid enferma del disgusto, porque ya se
+traía tragada la infamia. ¡Qué cosas le dijo a su hija! No hubo medio de
+evitarlo: él amenazó con sacarla depositada, y, ante el escándalo, hubo
+que ceder. Este es el secreto de todo. Como V. puede imaginar, se acabó
+la tranquilidad.
+
+No hay palabras con que expresar el asombro de Ruiloz, asombro mezclado
+de pena, pues su primera suposición fue que Julia seguía enamorada de
+Javier. Trató, sin embargo, de coordinar sus pensamientos, y preguntó a
+la vieja:
+
+--Pero dígame V.: después de todo esto, ¿cómo sigue la señorita Julia
+viviendo en la casa?
+
+--Viven y no viven juntos. La señorita Clotilde y su marido tienen el
+bajo, que es independiente; doña Carmen, Julia y yo, el principal. En
+Madrid _ellas dos_ apenas se veían. Por eso han sido aquí los
+rozamientos, en cuanto se han acercado. Además, _ella_ quiso meterse
+monja... ponerse de institutriz... ¿cómo había de permitirlo la señora?
+
+--Todo está explicado.
+
+--¡Claro! Aquí han sido los disgustos gordos. Cuando V. mandó llamar a
+mi ama, la señorita Julia no quiso que viniera sola: pensó que tendría
+calma para ver a la otra, para verle a él... y no ha habido tal calma.
+Esta es la situación.
+
+--¿Y no hay más?
+
+--Lo demás es muy delicado.
+
+--¡Pobre mujer!
+
+--¡Figúrese V.! Está colocada en la alternativa de tener que abandonar
+a doña Carmen a quien todo se lo debe, o soportar la presencia de los
+otros. Y ahora comprenderá V. también la influencia que han de tener
+ciertos sacudimientos morales en la enfermedad de doña Clotilde; porque,
+a mí no me cabe duda, también ella ha de sufrir... ¡y bien castigada
+está! Clotilde sabe que Julia la desprecia, y al mismo tiempo está
+celosa de ella.
+
+--¡Si Julia quiere, yo la haré feliz!--exclamó Ruiloz en un rapto de
+indignación mezclada de ternura.
+
+Y en aquel momento comprendió que la quería de veras. No, no era sólo la
+atracción de lo misterioso y anormal; era que aquella mujer se le había
+metido en el alma. Hizo un esfuerzo por serenarse, dominó la impresión
+que sentía, y dijo:
+
+--Pues bien; sólo dos cosas deseo saber ahora; primera: ¿cree V. que
+Julia quiere todavía a D. Javier?
+
+--Me parece demasiado altiva, demasiado digna...
+
+--Segunda: ¿cree V. que doña Carmen apoyará mis deseos?
+
+--Cuando me ha permitido venir aquí, es que ha visto en V. un hombre
+honrado para su Julia.
+
+--Pues si es así, yo aprovecharé la primera ocasión que se me presente
+propicia para hablar con Julia. ¡Con tal de que su antiguo amor hacia
+Molínez no sea una verdadera pasión!
+
+--Se me figura que no; eso V. lo averiguará. Y ahora, para concluir, yo
+también tengo que hacer a V. una pregunta por encargo de mi ama, y claro
+está que repetiré con la mayor prudencia lo que V. diga. Vamos a ver:
+¿cuál es el verdadero estado de la señorita Clotilde?
+
+[Illustration:... subieron de punto sus cavilaciones.]
+
+--Hoy por hoy, gravísimo. Creo, sin embargo, que de esa crisis
+saldremos adelante; pero de las que vengan luego no respondo; en uno
+de esos ataques tiene que quedarse. De modo que si ahora se alivia, lo
+antes posible, a Madrid con ella.
+
+ * * * * *
+
+Desde la mañana en que Ruiloz habló con la criada confidente de doña
+Carmen, subieron de punto sus cavilaciones. Ya sabía cuanto deseó saber;
+ya conocía el secreto de aquella familia, el motivo de las tristezas de
+Julia, y sin embargo, sus dudas eran más dolorosas que antes. Ella en
+nada desmereció a sus ojos, siguió pareciéndole tan digna de ser querida
+como antes; nada viturable halló en su conducta; había amado a un hombre
+que la despreció por otra, ni más ni menos... Allí la traidora, la digna
+de censura era Clotilde. Para Molínez no encontraba calificativo
+bastante duro: era un miserable vulgar, que sintiendo inclinación hacia
+una mujer la dejó en cuanto supo que era pobre, dándole por rival a su
+misma prima, prolongando luego una situación en que la infeliz había de
+sufrir doblemente con mortificaciones de amor propio y... acaso, acaso
+con dolorosísimos celos. Porque ¿quién podría decir si Julia no amaba a
+Javier? ¿En qué consistiría su tormento? ¿En la postergación sufrida, o
+en el desengaño experimentado? ¿Quién era capaz de saber lo que pasaba
+en su alma? El haberle quitado el novio, ¿significaba para ella la
+simple humillación del orgullo femenino, herida hecha en la vanidad, que
+escuece pero se cura, o sería tal vez el robo de sus ilusiones y la
+muerte de sus esperanzas? Aquel odio hacia Clotilde que Julia no podía
+encubrir ¿era expresión más o menos exagerada de desprecio y
+superioridad, o era el rencor de un alma a quien se habían cerrado las
+puertas de la dicha? En una palabra, ¿habría Julia sentido por Molínez
+un amor tibio y pasajero, ya extinto, o una de esas pasiones que en la
+adversidad se exacerban y llenan toda la vida?
+
+Ruiloz necesitaba saberlo, pues una cosa era para él pretender a quien
+sólo fue requerida de amores consintiendo en ello, y otra cosa muy
+distinta sería aspirar a enseñorearse de un corazón que tenía dueño,
+tanto más adorado cuanto más imposible era poseerlo. Finalmente,
+comprendía que le era indispensable averiguar si Julia odiaba a Clotilde
+tan sólo por su pasada perfidia, o si estaba celosa de ella porque amase
+a Javier.
+
+Las circunstancias le favorecieron, y él las aprovechó, empleando medios
+conforme a su índole soñadora y romántica, siempre propensa a recursos
+en que la fantasía superaba al raciocinio.
+
+Cualquier otro hombre hubiese comenzado por galantear a Julia hasta
+esperanzarse con algún fundamento, para seguir después enamorándola a
+fuerza de sinceridad y prudencia: él comenzó a discurrir ante todo la
+manera de salir de dudas; lo demás, suponía que se haría solo.
+
+Pronto se le presentó la oportunidad de poner su imaginación al servicio
+de su propósito.
+
+A los pocos días de hablar con la criada de doña Carmen se acentuó el
+retroceso en el padecimiento de Clotilde, a quien velaban
+alternativamente una noche su marido con la doncella, y otra Julia con
+doña Carmen, la cual solía echarse en un sofá mientras Julia pasaba el
+rato leyendo y pronta al cuidado de la enferma.
+
+Para una de estas noches concibió y dispuso Ruiloz su plan, ideado acaso
+con no muy sólido fundamento, por suponer al prójimo capaz de afectos
+más vehementes que los por él experimentados, pero que a juicio suyo
+había de darle plena certidumbre de los sentimientos de Julia.
+
+Por la tarde el doctor tomó en su casa dos frascos, uno de cabida como
+para treinta gramos, y otro muy pequeño: llenolos ambos de agua clara,
+y, sin añadir nada al primero y mayor, vertió en el segundo una materia
+inofensiva, que dio al agua transparente un color amarillo tan
+brillante, que puesto el vidrio al trasluz, parecía contener oro
+líquido. Luego tapó cuidadosamente ambos frascos, y esperó a que llegase
+la ocasión deseada.
+
+ * * * * *
+
+Las habitaciones que servían de albergue a los Molínez eran espaciosas
+y estaban amuebladas a estilo de pueblo, contrastando con la vetustez y
+modestia de cuanto había en ellas el aspecto moderno y la riqueza de los
+utensilios, ropas, neceseres y estuches de los madrileños: un saco, una
+manta de viaje valían más que todo lo puesto a su disposición por el
+huésped.
+
+Ocupaba el centro de la casa una sala grande con dos dormitorios, uno a
+cada lado: el de la derecha para doña Carmen y Julia; el de la izquierda
+para Clotilde y su marido.
+
+La enferma, casi privada de poder acostarse, pasaba muchas horas sentada
+en una gran butaca, junto a un ventanón, al través de cuyos cristales,
+pequeños y emplomados, se descubría un hermoso y pintoresco valle.
+Cuando quería dormir se extendía en aquella misma butaca, y apoyada en
+varios almohadones, lograba conciliar el sueño. Una lámpara muy lujosa,
+llevada de Madrid, iluminaba el gabinete, mientras Clotilde estaba
+desvelada, encendiéndose en su lugar, cuando quería dormir, una bujía
+puesta en el suelo y tapada con una manta colgada entre dos sillas.
+
+Tal era el aspecto de la estancia una noche en que doña Carmen y Julia
+debían velar a Clotilde.
+
+Ruiloz procuró entretenerse un rato con doña Carmen, hasta que Javier se
+retiró a descansar; luego fue dejando decaer el interés de la
+conversación que sostenía con ella hasta verla dar cabezadas, y cuando
+se hubo dormido por completo fue acercándose hacia Julia, que estaba
+leyendo junto a un velador, encima del cual lucía la lámpara, cuya
+pantalla arrojaba toda la claridad sobre su gentil figura, dejando los
+extremos de la habitación en sombra. Tenía puesto un traje de lanilla
+gris liso y muy ceñido; la respiración pausada y tranquila imprimía a su
+hermoso pecho un movimiento regular, y un rizo sedoso y negro, escapado
+de entre las horquillas, le ocultaba parte de la frente.
+
+No parecía interesarle gran cosa la lectura: había instantes en que los
+ojos se le quedaban inmóviles, fijos, cual si entre ellos y el periódico
+se interpusiese algo indefinido y soñado que abstrajese su alma de
+cuanto la rodeaba, dibujándose en su rostro una sonrisa de hastío y de
+tristeza; pero otras veces al menor ruido que procediese de donde estaba
+Clotilde, aquellos mismos ojos se animaban de pronto, como si en ellos
+fulgurase la llamarada de un impulso indomable. Si Clotilde respiraba
+fuerte o se movía, haciendo crujir levemente sus ropas, Julia, alzando
+súbito la cabeza, quedábase mirándola, con las pupilas incendiadas por
+un relampaguear indefinible y extraño, tan extraño, que nadie hubiese
+podido decir si era expresión de odio o muestra de terror. En aquellas
+miradas imposibles de descifrar estaba retratada su situación. ¿Qué
+afecto agitaría su alma? ¿La soberbia de un perdón desdeñosamente
+otorgado? ¿La indiferencia del desprecio? ¿Tal vez la compasión que
+inspira la desgracia, aun merecida, o acaso el rencor involuntario y
+hondo que con ningún infortunio se apacigua?
+
+Al llegar Ruiloz al lado de Julia, ésta dejó caer el periódico sobre el
+velador, disculpándose de haber seguido leyendo.
+
+--Creí que se había V. marchado.
+
+--¿Sin despedirme?
+
+--V. ya es de casa.
+
+--¡Ojalá!
+
+--¿Por qué?
+
+Ruiloz, sin contestar a esta pregunta, siguió:
+
+--Me he quedado para hablar con V.
+
+--¿Conmigo?
+
+--Sí; V. es aquí tal vez la única persona con quien se puede hablar
+claramente del gravísimo estado de esa pobre señora. ¿Para qué
+mortificar más a su madre y a su marido?
+
+--¿Cree V. que hoy está peor?
+
+--Sí; y quisiera hacer una prueba con ayuda de V. Si V. no se hubiese
+quedado hoy a velarla, habría esperado, porque para lo que intento, no
+puedo fiarme del marido, a quien la emoción quitaría serenidad, ni menos
+de la madre...
+
+--V. dirá lo que se debe hacer.
+
+Ruiloz miró hacia doña Carmen para convencerse de que seguía durmiendo,
+y sacando del bolsillo los dos frasquitos, el del agua clara y el de
+agua teñida de amarillo, dijo enseñándolos a Julia y refiriéndose al
+segundo:
+
+--Este es un medicamento de una violencia excepcional; hay que emplearlo
+con la mayor precaución; no hay veneno que se le iguale.
+
+--¿Y cómo se da eso?
+
+--Ahora lo sabrá V. Clotilde habrá tomado esta tarde poco alimento...
+
+--Muy poco.
+
+--Probablemente se despertará, y entonces le da V. dos cucharadas de lo
+contenido en el frasco grande. Tal vez siga tranquila, y en ese caso,
+nada. Pero lo casi seguro es que sobrevenga una excitación muy fuerte, y
+entonces le da V. cuatro o seis gotas de lo del frasquito amarillo.
+Muchísimo cuidado: es absolutamente necesario que la excitación sea
+indudable y fuerte, porque si toma el segundo medicamento sin haberse
+producido la alteración, en situación normal... la muerte sería cosa de
+dos horas. ¿Me ha comprendido V. bien?
+
+--Creo que sí--repuso temblando.
+
+--Al ponerse agitada, nerviosa, casi delirante, el frasco amarillo; y,
+no lo olvide V., si esa excitación no viene, dárselo es matarla.
+
+En seguida Ruiloz, aparentando la indiferencia con que suelen hablar los
+médicos de estas cosas, se despidió y salió, dejándola con los dos
+frascos sobre el velador y llena de sobresalto el alma.
+
+Realmente aquello era un engaño, sólo posible con una persona ignorante
+en cosas de medicina; mas la situación de Julia no dejaba por eso de ser
+tremenda.
+
+La casualidad, acaso la Providencia, ponía en sus manos la existencia
+de Clotilde. Estaba moribunda, su vida pendía de un hilo, y ese hilo
+ella podía cortarlo con completa irresponsabilidad... ¿Matarla? no: no
+más que adelantarle un poco la hora de la muerte, y la impunidad sería
+absoluta, nadie había de saberlo. Con decir que sobrevino la agitación
+prevista por el doctor y que le dio el segundo medicamento...
+
+Sí; aquella era la hora de la venganza, el momento de la expiación, tan
+fácil como nunca pudo soñarla un espíritu rencoroso. Además, ¿quién iba
+a sospechar de ella, cuando el médico sería el primero que la pusiese a
+salvo?
+
+Ruiloz lo calculó todo de un modo diabólico. Las dos supuestas medicinas
+eran agua: ni la primera había de causar agitación, ni la segunda podía
+producir la muerte; pero si Julia daba la última, su intención no
+ofrecería duda de ningún género: habría mentido al decir que vino la
+excitación, y habría demostrado, sólo para Ruiloz, el deseo de abreviar
+la vida de Clotilde. En una palabra, Ruiloz iba a penetrar en el alma de
+Julia: si ésta procuraba la muerte de Clotilde, era señal de que seguía
+enamorada de Javier, o de que sin amarle era rencorosa hasta la
+perversidad, e indigna de ser querida; si lo contrario, demostraría
+primero que su corazón era incapaz de venganza, y tal vez que su amor a
+Javier era sentimiento extinguido.
+
+De esta suerte quedaron ambos al separarse, lleno de confusión el
+pensamiento: Ruiloz porque aquella prueba había de revelarle el temple y
+la índole de la mujer querida, y Julia porque a solas con su conciencia
+imaginaba ser juez en causa propia.
+
+ * * * * *
+
+¡Qué noche tan larga... y qué ideas tan negras!
+
+Pero su voluntad no vaciló, la entereza de su virtud no desfalleció un
+instante; mas la imaginación... a esa ¿quién le corta las alas?
+
+Al través de los vidrios y visillos de las ventanas se veían lucir las
+estrellas; turbaban el silencio los ruidos característicos del campo; ya
+el campanilleo de una recua, ya el rechinar de un carro, ya los
+graznidos de las aves rapaces que buscaban nidos entre la espesura del
+ramaje.
+
+A las tres de la madrugada la enferma pidió agua; Julia se la dio. La
+tentación no había hecho presa en su alma, y sin embargo, todo su cuerpo
+temblaba, no por miedo al delito, sino sólo ante la facilidad de poder
+ejecutarlo.
+
+--Te tiembla la mano--dijo Clotilde con voz débil al tomar el vaso.
+
+--Tengo frío--repuso Julia.
+
+Y llena de espanto pensó en cuál otro y cuán distinto sería su temblor
+si hubiese aceptado la idea del crimen. Clotilde, apurando el agua, miró
+con precaución en torno, y bajando cuanto pudo la voz, preguntó:
+
+--¿Estamos solas?
+
+--Sí.
+
+Entonces, dominada por uno de esos impulsos misteriosos que hacen pensar
+a dos almas en una misma cosa al mismo tiempo, atrajo a Julia hacia sí,
+diciendo con acento de súplica:
+
+--¿Aún me guardas rencor?
+
+--Calla y duerme--repuso aterrada, pareciéndole que evocar lo pasado era
+incitarla al delito.
+
+[Illustration:--Te tiembla la mano--dijo Clotilde...]
+
+A las cuatro y media, cuando empezaba a despuntar el día, Clotilde llamó
+otra vez. Julia, con mano firme y pulso seguro, le dio la cantidad que
+debía del líquido contenido en el frasco grande, y esperó... ¿Vendría
+la agitación esperada y temida por el doctor?
+
+Clotilde quedó inmóvil y adormilada, como en reposo absoluto de espíritu
+y de cuerpo; apenas se notaba su respiración.
+
+A Julia se le apagó la lámpara, y cogiéndola sin llamar a nadie, la sacó
+fuera para que no diese tufo, yendo a dejarla en uno de los cuartos
+inmediatos.
+
+Ya era día claro. Avida de ambiente puro, abrió un balcón que daba al
+huerto, y apoyada de pechos en la barandilla, respiró con fuerza, larga
+y deleitosamente el aire fresco del amanecer. ¡Qué sol tan hermoso!...
+Y en su alma, ¡qué dulcísima paz!
+
+ * * * * *
+
+Ruiloz halló a la enferma igual que la víspera. Julia le dijo que había
+pasado la noche sin novedad, y le devolvió el frasquito del líquido
+amarillo, diciendo con la mayor naturalidad.
+
+--No ha hecho falta.
+
+ * * * * *
+
+Aprovechando una pasajera mejoría de Clotilde, se decidió pocos días
+después la vuelta a Madrid, pero sin esperanza: ella misma, convencida
+de su próximo fin, murmuraba tristemente al salir del pueblo:
+
+--¡A morir a casa!
+
+Ruiloz les acompañó hasta la estación, donde llegaron largo rato antes
+de la hora de salida.
+
+El día era hermosísimo: un airecillo manso y saturado de aromas
+campestres movía lentamente los árboles; los andenes estaban casi
+vacíos; no se oían más ruidos que el rodar del ómnibus que regresaba al
+pueblo y el alegre piar de una bandada de gorriones, que venía
+revoloteando a posarse en los alambres del telégrafo. Doña Carmen y
+Javier estaban al lado de Clotilde, para quien se había dispuesto en la
+sala de descanso una butaca. Julia y Ruiloz paseaban calladamente, yendo
+y viniendo desde los almacenes de mercancías hasta el depósito de agua,
+que servía como de abrevadero a las locomotoras.
+
+De pronto ella, dando, sin saberlo, pie al médico para que dijese lo que
+tenia pensado, le preguntó:
+
+--¿Estará V. aquí todavía mucho tiempo?
+
+--No; iré a Madrid muy pronto.
+
+Y al mismo tiempo, fijando en Julia la mirada, se permitió cogerle
+familiarmente una mano, y como quien está resuelto a no callar,
+continuó:
+
+--¡Por lo que V. ame más en el mundo!... óigame V. un instante. Sé lo
+buena que es V..., lo que V. merece, lo que ha sufrido... Le ofrezco a
+V. un nombre honrado, una posición independiente... y un tesoro de
+cariño. ¿Quiere V. ser mi mujer?
+
+Ella calló un momento entre absorta y halagada, sin gran sorpresa,
+exenta de enojo: después bajó los ojos, y alzándolos luego y mirando
+cara a cara, repuso:
+
+--¿Está V. seguro de lo que siente? ¿Es que me quiere V..., o que me
+compadece? Porque V. sabe algo... No, no será amor... es lástima.
+
+--¿Cree V. que se casa nadie por lástima?
+
+--¿Sabe V. que soy pobre? ¿Que no tengo absolutamente nada?
+
+--Y me alegro con toda mi alma.
+
+Entonces, inundado el corazón de una felicidad tanto más intensa cuanto
+menos prevista, le dijo:
+
+--Debemos pensarlo mucho. Venga V. pronto a Madrid... y hablaremos. ¿No
+cree V. que debemos conocernos más?
+
+--La conozco a V. mucho más de lo que imagina.
+
+ * * * * *
+
+Pocos minutos después partieron los viajeros.
+
+Doña Carmen y su criada cuchicheaban a un extremo del vagón: Javier iba
+contando un puñado de monedas de plata; Clotilde, reclinada sobre un
+montón de almohadones, tenía impresas en el semblante las señales de un
+dolor intenso.
+
+Ruiloz quedó solo e inmóvil en el andén, al borde de la vía... triste,
+atormentado de mil cavilaciones; pero pronto abrió el alma a la
+esperanza, porque Julia permaneció asomada a la ventanilla hasta
+perderse el tren de vista en una curva que comenzaba junto a la salida
+de agujas.
+
+Luego se oyeron lejanos los resoplidos del vapor, rasgó los aires un
+silbido y en el espacio quedó flotando una nubecilla blanca.
+
+
+
+
+Amores románticos.
+
+
+Felisa tenía veintitrés años; era hermosa, rica, estaba enamorada, podía
+casarse, porque su tutor no lo estorbaba, y sin embargo, iba dilatando
+voluntariamente la realización de su ventura: encantos de la juventud,
+bienes de fortuna, pasión correspondida, todas las circunstancias que
+justificaban y debieran de contribuir a que la boda se celebrase
+pronto, quedaban en ella esterilizadas por una resistencia
+incomprensible.
+
+Su novio, que se había educado en el extranjero, haciéndose luego
+ingeniero en España, tenía cuatro o seis años más que ella, y era
+también inteligente, rico, de buena índole y arrogante figura,
+cualidades que le rindieron en poco tiempo el corazón de Felisa, pero
+que no bastaron a conquistar su voluntad.
+
+La conducta de la muchacha era un verdadero enigma. Estaba en la
+situación más favorable a su deseo que pudo soñar mujer amante: para
+ella querer era poder, y en vez de fijar el día del casamiento,
+constantemente lo aplazaba, cuándo con astucia, cuándo con energía, ya
+fingiendo prolongar la vanidosa satisfacción de verse deseada, ya
+mostrando recelo de que al ser poseída mermase la vehemencia del amor
+que había inspirado, ya negándose clara y resueltamente.
+
+El pobre Manuel no acertaba con la explicación de lo que entre ambos
+ocurría.
+
+Felisa era elegantísima; gustábale todo lo artístico y lujoso, pero no
+pecaba de manirrota ni derrochadora. Según ella, con lo que habían de
+reunir al casarse, tendrían más de lo necesario: no había, pues, que
+atribuir a codicia el origen de aquella resistencia.
+
+El tutor, que por honrosa y rara excepción le sirvió de padre cariñoso,
+deseaba la boda: primero, suponiendo que sería feliz, y segundo pensando
+ahorrarse las molestias que proporcionaba la administración de lo
+ajeno; con lo cual Felisa no hallaba oposición que vencer.
+
+¿Tendría tal vez, como a muchas acontece, idea exagerada de sus propios
+encantos y esperanza de fundar en ellos un matrimonio más ventajoso?
+
+No: Manuel podía rechazar esta sospecha cumplidamente, porque Felisa era
+tan modesta como desinteresada; no con la modestia que aparenta ignorar
+la propia belleza, sino con aquella otra que muy pocas mujeres tienen y
+que consiste en no abusar del poder que sus hechizos les conceden. Le
+gustaba engalanarse, pero luego de vestida pasaba ante los espejos sin
+mirarse, y ni a solas era ridículamente vanagloriosa, ni coqueta con los
+hombres.
+
+Finalmente, Manuel estaba seguro de haberse ido enseñoreando del corazón
+de su novia en diálogos íntimos y largos, donde, sin menoscabo de su
+pureza, pudo mostrarse la mujer tal cual era.
+
+Libre y apasionado él, sin madre y enamorada ella, tolerante y dormilona
+el aya que había de vigilarles, sus entrevistas no fueren dúos con
+centinela de vista, sino momentos de casta expansión en que sinceramente
+se dibujaron sus caracteres, contribuyendo los atractivos morales de
+cada uno a que se templara el amor de los sentidos en la dulce
+servidumbre de las almas.
+
+No sopló el diablo, a pesar de hallarse tan cerca el fuego de la estopa.
+Pero cuanto más orgulloso estaba Manuel por haberse apoderado del
+corazón de Felisa, menos podía explicarse su terquedad en ir dejando la
+boda para más adelante, como si juntamente sintiese amor al hombre y
+miedo al matrimonio. ¿En qué se fundaba su temor?
+
+No llegó a sorprenderlo toda la perspicacia de Manuel. Por Noche Buena
+del primer año de sus amores, le dijo Felisa que se casarían en la
+primavera siguiente; llegado Abril, lo aplazó para el verano; luego dio
+largas hasta la vuelta de los baños de mar; en Septiembre ideó nueva
+dilación con pretexto de pasar el otoño en París haciendo preparativos y
+compras; por último habló del día de año nuevo y santo de él, y hubiese
+seguido alargando plazos si Manuel no tuviera el valor de fingir (su
+trabajo le costó) que se enfadaba seriamente. Planteó la cuestión,
+discutieron, y venció... a medias, que es como siempre vence el hombre a
+la mujer.
+
+Manuel tenía necesidad ineludible de ir a Nueva York y permanecer allí
+dos o tres meses para arreglar asuntos que, al morir, dejó pendientes su
+padre, y que importaban muchos miles de duros; deseando además estudiar
+los últimos adelantos realizados por ciertos ingenieros _yankees_.
+Echando cuentas galanas, su proyecto era casarse, pasar unos días en
+París, y hacer luego el viaje con Felisa durante la luna de miel: a lo
+cual ella se negó en redondo, proponiéndole a su vez que fuese solo a
+América, que mientras terminaría todos los preparativos, y que a su
+vuelta él designaría la fecha definitiva del casamiento.
+
+Con esta nueva demora hubo de transigir Manuel, ya formalmente
+esperanzado por la seriedad de la promesa.
+
+--Comprendo que tengas miedo al mar--le dijo;--pero júrame que
+documentos, papeles, ropas, muebles, todo, lo tendrás preparado para que
+nos casemos a las veinticuatro horas de mi llegada. Si intentas el menor
+retraso, creeré que es un pretexto, un modo de reñir conmigo.
+
+Te juro que al día siguiente de tu llegada nos casamos, si tú lo
+deseas. ¿Acaso soy la primera que tiene miedo al mar?
+
+Pero mentía.
+
+La navegación no le inspiraba temor: se negó a embarcarse por ganar
+tiempo, pareciéndole que aquellos dos o tres meses no habían de acabarse
+nunca.
+
+Pocos días después emprendió Manuel su viaje.
+
+Desde París, desde el Havre, hasta momentos antes de ir a bordo, la
+escribió cartas llenas de confianza y de ternura, a las cuales ella
+contestó con un telegrama, pues no había tiempo para más, en que
+discreta y veladamente ratificaba su promesa.
+
+Luego, cuando durante la navegación dejó de recibir aquellas frases que
+le recordaban el compromiso adquirido, volvió de nuevo a la resistencia.
+En vano su aya o acompañante, aleccionada por Manuel, intentó que
+principiase a buscar casa, tomar criados, comprar ropas de cama y mesa
+y encargarse trajes. Felisa no hizo nada; en vez de entregarse a las
+ocupaciones gratas para cuantas se casan a su gusto, persistió en su
+inacción: antes parecía amante abandonada que novia dichosa. Ni aun el
+tutor logró hacerle comprender lo desatinado de su conducta.
+
+--Mira, nena--le decía,--estás jugando con fuego: afirmas que le quieres
+y al mismo tiempo te niegas a casarte; de modo que si se da a pensar en
+semejante contradicción... ¡Figúrate! Va a creer que hay en tu vida
+alguna mancha cuyo recuerdo te obliga a rechazar lo mismo que deseas.
+¡Pobre de él y pobre de ti como se le meta eso en la cabeza! Vamos a
+ver: ¿en qué fundas tu terquedad?
+
+Cuando tales cosas escuchaba Felisa, dejaba caer la cabeza sobre el
+pecho y contestaba con evasivas.
+
+--No sé... rarezas mías... ya nos casaremos.
+
+El origen de su proceder era de tan difícil explicación, que ni ella
+misma podía justificarlo: estribaba en una preocupación casi pueril,
+meramente sentimental y supersticiosa; pero tan robustecida en fuerza de
+darle vueltas con el pensamiento, que no conseguía desterrarla ni
+vencerla. Ignoraba el modo de combatirla; pero sabía formularla con esa
+terrible claridad que tiene el alma para conocer sus desventuras. He
+aquí lo que la atormentaba y sobre lo cual levantaba una serie de
+razonamientos insensatos, descabellados, pero que le hacían sufrir como
+si fuesen fruto de la lógica más perfecta.
+
+Su madre había sido mujer de extraordinaria hermosura, una de esas
+beldades excepcionales que debieran ser premio providencial otorgado a
+los mejores hombres; pero que, por azares de la vida, son presa y
+juguete del primero que sabe engañarlas, pues es cosa sabida que no
+corta la flor quien sabe apreciarla, sino quien anda más cerca de ella
+al punto en que se abre. Aquella mujer encantadora fue desgraciadísima
+por causa de su propia hermosura: todas sus desdichas, y fueron tantas
+que acabaron con ella, tomaron origen en su funesta belleza.
+
+El primer hombre a quien quiso murió loco por no lograr que se la diesen
+como esposa. Luego la casaron sus padres con un ricacho desalmado y frío
+que, tras una temporada de apasionamiento meramente físico, la dejó
+abandonada durante cuatro años. Arruinose después en el juego, y
+pensando entonces que las gracias de su mujer podían ser base de nueva
+prosperidad, le impuso con amenazas la reconciliación, obligándola a
+soportar amantes, a quienes explotaba. De una de estas uniones nació
+Felisa que pudo ser el consuelo de su madre; pero el marido la dio a
+criar en tierra extraña, y al cabo de unos cuantos meses dijo que había
+muerto. Por último, aquel malvado reprodujo con caracteres más
+repugnantes la tradición o leyenda de la mujer de Candaules, y una
+noche, cenando con tres amigos, subastó entre ellos a su esposa. Los
+padres de ésta, sabedores de tanta infamia, pusieron remedio al mal: a
+fuerza de oro rescataron a la esposa mártir y a la niña abandonada,
+muriendo de allí a poco la primera y heredando la segunda aquella
+belleza extraordinaria, germen maldito de tamañas desdichas.
+Posteriormente, primero los abuelos y después el tutor, criaron y
+educaron a Felisa entre mimos y grandezas.
+
+Más adelante el supuesto padre, que sólo lo era legalmente, pidió a los
+abuelos una gruesa suma; no quisieron dársela, y él, por vengarse, hizo
+llegar a manos de la nieta un papel donde refería las infamias que había
+hecho con su mujer, la vida que le obligó a sobrellevar, y hasta la
+lista de los amantes que le impuso.
+
+Todo esto sabía Felisa: tal era el vergonzoso origen que no quería
+confesar a su novio. Además, por testimonio de gentes que la conocieron
+y por retratos que se conservaban, sabía también que físicamente se
+parecía a su madre cuanto una mujer puede parecerse a otra. Tan grande
+era la semejanza, que hallándose un verano en un pueblo de baños, un
+caballero anciano la habló, comprendiendo quién era sin que nadie se lo
+dijese, porque a voces lo declaraban los rasgos su fisonomía.
+
+Esta era la causa de su insistente deseo de aplazar la boda: de una
+parte quería ocultar la infamia de su nacimiento, y de otra aquel
+extremo parecido perturbaba sus ideas hasta el punto de hacerle temer
+que, como heredó la belleza, heredaría también la desgracia y la
+deshonra. Calma, reflexión, frialdad, todo era inútil. Mientras
+escuchaba las protestas de amor que su Manuel le prodigaba, creía en él
+y le adoraba, maldiciéndose a si misma, por imaginar que aquel hombre
+fuese capaz de algo malo; pero cuando a solas por la noche besaba el
+retrato de su madre, o cuando a la mañana se veía en el espejo, sentía
+nuevamente el alma invadida de temores; erguíase en su pensamiento la
+resistencia invencible al matrimonio, y en garantía de felicidad ansiaba
+ser amada como no lo fue su madre, como acaso no lo fue mujer alguna,
+con una pasión despojada de todo sensualismo, con afecto ideal, tan puro
+y limpio de deseos, que ni la posesión lograra mancillarlo ni el hastío
+destruirlo.
+
+Había en aquella superstición cierta grandeza trágica entre cristiana y
+gentílica. De un lado suponía ser de aquellos hijos malditos en quienes
+retoñan y se castigan las culpas de los padres; de otra parte se miraba
+predestinada al infortunio como las vírgenes de los poemas griegos:
+temía juntamente ser víctima expiatoria, y presa de la fatalidad,
+viniendo estos sentimientos, por una larga e intrincada serie de
+transformaciones mentales, a degenerar en una impresión doble y extraña
+que la impulsaba a deleitarse con el pensamiento en el amor, y a temer
+al amante como hombre. Diríase que su madre la concibió forzada,
+pugnando por sustraerse a la realidad, y que ella, adivinándolo, sentía
+horror de ello, procurando aborrecer las perfecciones corporales que
+habían de convertirse en desventuras del alma.
+
+Otros tiempos, otras ideas, otro medio social en torno suyo, y Felisa
+hubiera sido de aquellas visionarias que se atenaceaban los pechos y se
+abrasaban el rostro para no caer en brazos del ángel malo. Era, sin
+darse cuenta de ello, una mística del amor; quería sentirlo y poseerlo
+en espíritu, con la suave delicia del arrobamiento; y como aquella
+belleza que suponía funesta le sujetaba al suelo, maldecía de ella
+viendo en la expresión turbadora de sus ojos, en la púrpura de sus
+labios, y hasta en el timbre voluptuoso y penetrante de su voz, otros
+tantos presagios de irremediables infortunios.
+
+Estas preocupaciones, en un principio voluntarias y solicitadas por el
+pensamiento, llegaron a dominarla, convirtiéndose poco a poco en
+supersticioso terror; sus cavilosidades adquirieron esa tenacidad
+inconsciente de las perturbaciones mentales, y comenzó a odiar sus
+encantos, como si fueran obstáculo a su felicidad y causa de que no
+pudiera saber hasta dónde llegaba el amor del hombre a quien quería.
+
+Por fin su imaginación enfermiza resumió todos aquellos desvaríos en
+esta pavorosa duda:
+
+«Si fuese fea... ¿me querría?»
+
+Jamás mujer bonita se ha hecho pregunta tan terrible.
+
+En estado de ánimo análogo al suyo debió de verse aquella dama que,
+perseguida con deseos torpes por un rey de Castilla, se abrasó el rostro
+para evitar la ocasión de su deshonra.
+
+Felisa, menos trágica, más moderna, y sobre todo más femenina, se limitó
+a procurar saber si Manuel amaba y deseaba en ella algo superior a la
+envoltura carnal. Luego de sentirse amada en espíritu, toda hermosura le
+parecería poca para que él la gozase; pero alambicando y
+quintaesenciando a su modo la índole de la pasión que inspiraba, se
+preguntaba constantemente:
+
+«¿Me querría si fuese fea?»
+
+ * * * * *
+
+Cuando Manuel tuvo casi ultimados los asuntos que motivaron su viaje,
+escribió a Felisa fijando el día de la boda.
+
+«Dentro de quince días estaré en París--decía,--y desde allí
+telegrafiaré.»
+
+La travesía de Nueva York al Havre se lo hizo más larga que a los
+argonautas toda su expedición: al fin pisó el puerto, tomó el tren y se
+detuvo en París, a lo cual le obligaba la necesidad de negociar ciertos
+valores, albergándose en la misma fonda donde estuvo algunos días al
+hacer el viaje de ida, porque en ella vivía su antiguo y cariñoso amigo
+Pepe Teruel, que conocía a Felisa, y a quien constantemente hablaba de
+ella: debilidad propia de enamorados, que siempre han menester
+confidente.
+
+Manuel y Pepe habían sido compañeros de colegio, condiscípulos de
+carrera y camaradas de aventuras en la primera época de su juventud: tal
+confianza les unía, que al irse a Nueva York el primero dijo al segundo:
+
+--Ya he dicho a Felisa dónde ha de escribirme y hasta qué fecha; pero
+cuando le avise que estoy a punto de volver, me escribirá aquí. Tú me
+guardas las cartas hasta que te las pida, si por casualidad he de
+permanecer fuera más tiempo.
+
+En cumplimiento de este encargo, el día de su regreso le entregó Pepe
+tres o cuatro cartas, diciéndole, al dárselas en el cuarto de la fonda,
+mientras les preparaban el almuerzo:
+
+--¿Sabía ella con seguridad cuándo te embarcabas?
+
+--Fijamente, no. ¿Por qué?
+
+--Porque esas cartas son muy atrasadas: estos últimos días no ha
+escrito... esta mañana ha llegado otra carta... pero no parece suya la
+letra... tómala.
+
+--¿De modo que estas son anteriores?
+
+--Claro: la última vino el 2; estamos a 30; con que...
+
+--¡Veintiocho días sin escribir!
+
+Desazonado por el presentimiento de alguna desgracia, rompió el sobre,
+cuya letra no era de Felisa, y miró la firma.
+
+--¿De quién?--preguntó Pepe.
+
+--De Lorenza.
+
+--¿Quién es esa señora?
+
+--La conoces: es aquella viuda graciosa y parlanchína con quien jugabas
+al aljedrez; buena y lista, pero demasiado amiga de divertirse. No me
+gusta que ande mucho con ella, pero ¡vaya V. a evitarlo! Felisa le da
+vestidos, sombreros, la saca de apuros, la lleva al teatro, en coche...
+Es el tipo de la parienta o amiga que tienen casi todas las muchachas
+ricas; servicial, complaciente, mitad por afecto, mitad por interés...
+Felisa la maneja como quiere. Y vaya una carta larga. Verás cómo hacen
+encargos, de seguro piden trapos... y, sin embargo, me temo algún
+disgusto gordo.
+
+La lectura de los primeros renglones le alarmó: luego se puso pálido,
+comenzaron a temblarle las manos, nubláronsele los ojos, como si a
+despecho de la entereza varonil quisieran brotar las lágrimas, y por
+último, dejándose caer sobre una butaca, alargó el papel a su amigo,
+mientras decía entre sollozos:
+
+--Entérate. ¡Pobre Felisa mía!
+
+Pepe leyó en voz alta.
+
+«Querido Manuel: No sé si recibirás en París estas líneas ni cuándo
+llegarán a tus manos. Sé que voy a darte una pesadumbre, y, sin embargo,
+ni quiero ni puedo dejar de escribirte. Yo lo hubiera hecho de todos
+modos, pero además lo hago por encargo de Felisa.
+
+»Tantos rodeos para comenzar y los muchos días que llevas sin recibir
+noticias suyas, te habrán hecho temer que aquí sucede algo grave:
+desgraciadamente, no hay más remedio que decírtelo. Ha pasado el
+peligro, pero ha sido grandísimo: unas viruelas espantosas.
+
+»En cuanto a su vida, puedes estar tranquilo; los médicos la han
+salvado. Dicen que la convalecencia será larga, y basta verla para
+creerlos. No parece su sombra; en fin, seguiremos cuidándola como
+hasta aquí, y recobrará las fuerzas perdidas.
+
+[Illustration:--Entérate. ¡Pobre Felisa mía!]
+
+»Y ahora, pobre amigo, ármate de valor. Ya te lo figuras, ¿verdad?
+Consulta bien a tu corazón, haz algo que sea semejante a un examen
+amoroso de conciencia, y si quedas seguro de que todavía puedes
+quererla, prepárate a sufrir una gran desilusión y a luchar con la más
+terca manía que cabe en cabeza humana.
+
+»La violencia de la enfermedad ha sido espantosa: dice el médico que no
+recuerda tan fuerte ataque de viruelas. ¿Para qué aumentar tu pena
+refiriéndote detalladamente cuánto ha sufrido y nos ha hecho pasar?
+Donde más ha tenido ha sido en la cara; fue preciso atarle las manos
+para que no se destrozara, y aun así ha quedado completamente
+desfigurada.
+
+»Las facciones han perdido su regularidad y su gracia; la tez, todavía
+plagada de manchas rojizas, quedará para siempre llena de hoyos, y por
+algo que no sé explicarte, pues no entiendo lo que dicen los médicos, la
+cara se le ha quedado algo contraída y como atirantada; en las mejillas
+y alrededor de los labios es donde tiene más viruelas; los ojos apenas
+dan idea de lo que fueron: la viveza y expresión que tenían se ha
+convertido en una mirada amortiguada y mate: no hay brillo en sus
+pupilas, y casi estoy por decirte que su dulce melancolía contribuye a
+que sea mayor la compasión que inspira: parece que en los ojos se le
+refleja la amargura del alma.
+
+»Al segundo día de levantarse pidió un espejo. Doña Genara y yo habíamos
+quitado los que había en el cuarto, deseando retrasar la horrible
+impresión que había de sufrir, tratando al menos de que no fuese una
+impresión brutal y repentina. Como comprenderás, los espejos pequeños
+podían esconderse fácilmente, y así lo hicimos: con decir que no
+parecían, en paz; pero delante del armario de luna tuvimos que poner un
+biombo con pretexto de que por una puerta entraba aire.
+
+»Todas las precauciones fueron inútiles: ya sabes lo lista que es.
+Enseguida lo notó todo, y dándonos sus llaves, pidió un espejo de mano
+que tenía guardado. Hubo que obedecer. Se miró, hizo un esfuerzo
+violentísimo por sobreponerse a la impresión que debió de sufrir, y
+luego inclinó la cabeza sobre el pecho, mientras por las mejillas le
+caían dos lagrimones que no podían resbalar como antes sobre la tersura
+de la piel, sino que fueron cayendo de hueco en hueco y de hoyo en hoyo
+como gotas de agua arrojadas contra arena dura. ¡Qué escena tan triste!
+No es para descrita.
+
+»En muchas horas no hubo modo de arrancarle palabra. No comió ni
+durmió. A la tarde siguiente me llamó, haciéndome sentar a su lado y me
+encargó que te escribiera.
+
+»He aquí, poco más o menos, sus palabras, que pronunció serena,
+fríamente, y las cuales, a mi juicio, son el fruto de una noche de
+horrible insomnio y de sin igual tormento:
+
+»Escribe a Manuel, dile que he estado mala, lo que he tenido... y cómo
+me he quedado. La verdad desnuda... que estoy horrible, espantosa, que
+puedo inspirar lástima; pero que el amor y el mundo se han acabado para
+mí: que le devuelvo su palabra... y que sea tan feliz como merece. Ya
+ves--añadió--es hombre, y por grande que sea su amor, ¿qué pasión
+resiste a esta prueba? Hasta me complazco en creer que sufrirá. ¡Ya ves
+si soy egoísta! Pasará una temporada cruel, pero ni puedo ni quiero
+exigirle que se case conmigo. ¡Qué desencanto si me viese! En mi
+belleza--siguió diciendo se fundaba su amor; la he perdido y tiene
+derecho a la libertad: si yo no se la diese ahora, él la recobraría
+luego... y sería peor. Esta resolución es irrevocable; nada podrá
+torcerla. En cuanto pasen unos días y me sienta más fuerte, me iré a la
+Puebla del Maestre, procuraré restablecerme, y trataré de olvidar un
+mundo donde, ya lo ves, la dicha depende de una calentura y unos cuantos
+granos feos en la cara. ¡Pobre de mí! Escribe a Manuel de modo que sufra
+lo menos posible, pero persuádele de que esto se acabó; ahórrale penas,
+pero quítale toda esperanza. Bien miradas las cosas, aunque ahora lo
+sienta, cuando sepa cómo estoy, bendecirá este arranque mío. No debemos
+volver a vernos. Quiero que, de conservar memoria mía, guarde el
+recuerdo de la otra Felisa, la de antes.
+
+»He tratado de repetir sus mismas frases: lo que no puedes imaginar es
+el acento de amarga y firme resolución con que las dijo.
+
+»Y he aceptado el encargo de escribirte esta carta violentándome mucho,
+porque sé la pena que ha de causarte: pero ten la seguridad de que nadie
+participará de ella tan sinceramente como tu antigua y buena amiga,
+
+LORENZA.»
+
+Manuel estuvo abatidísimo durante la lectura de la carta, y concluida,
+interrogó a su amigo con la mirada, invitándole a que hablase. Pepe lo
+hizo así:
+
+--¿Qué quieres que te diga? El golpe es rudo... pero vamos a cuentas.
+Del exceso del mal brota a veces en la vida el consuelo, y si no el
+consuelo, la persuasión de que las fuerzas humanas se estrellan contra
+la realidad. La cosa es dolorosísima: para un enamorado, saber que su
+amada se ha puesto fea es robarle el sol a medio día... En cambio la
+situación no puede ser más despejada. Todo te lo dan hecho.
+
+--Explícate.
+
+--Una de dos: o amas a esa mujer de tal modo que aun desfigurada, la
+haces tuya... y créeme, ella cederá si lo intentas; o no te atreves a
+tanto, y entonces... pues te quedas aquí un año, y chico... ¿cómo ha de
+ser? la mancha de la mora... De todos modos, piénsalo mucho, interrógate
+y contéstate sinceramente, porque ni debes hacer nuevas protestas de
+pasión, movido sólo de conmiseración y lástima, ni exponerte a que un
+arrepentimiento tardío te haga desdichado para el resto de tu vida.
+
+Manuel no estaba para sostener discusión, ni siquiera para expresar lo
+que sentía.
+
+Pepe siguió haciéndole reflexiones de las que a sangre fría se discurren
+cuando no es propio el mal que las motiva.
+
+Así estuvieron todo el día y parte de la noche encerrados en el cuarto
+de la fonda: Manuel, triste y silencioso, leyendo y releyendo la carta:
+Pepe, aguzando el ingenio y prodigando sutilezas que endulzasen tanta
+amargura.
+
+ * * * * *
+
+Pocos días después Lorenza recibía la presente carta:
+
+«Mi querida amiga: El ser yo quien conteste a lo que ha escrito V. a
+Manuel, necesita previa explicación. Yo también soy medianero de
+tristezas: V. experimentará, al leer lo que voy a decirle, una impresión
+tan dolorosa como la que yo he sufrido leyendo lo que V. ha escrito.
+
+»Cuando Manuel marchó al Havre para embarcarse, me rogó que recibiese
+cuantas cartas llegasen para él. «Casi todas--me dijo--serán de
+negocios; las abres y contestas según instrucciones que luego te daré.»
+Y después, enseñándome el sobre de una escrita por Felisa, añadió: «Las
+que tengan esta letra me las guardas.» Con posterioridad a su partida
+llegaron varias que conocí ser de _ella_, y las guardé: luego faltaron,
+y como hace tres días recibí la de V., y la letra del sobre en nada se
+parece a la de Felisa, claro está, la abrí y leí. Por el mal rato que
+habrá V. pasado al escribirla, podrá V. comprender el que yo estaré
+sufriendo ahora, porque el objeto de estas líneas es igualmente
+doloroso. ¡Razón tienen los que afirman que lo novelesco e inverosímil
+abunda más en la realidad que en los libros!
+
+»Hace cuatro días, cuando esperaba la llegada de Manuel, recibí un
+telegrama puesto por el cónsul de España en el Havre, que es antiguo
+amigo mío, y que estaba redactado en estos términos:
+
+»Ocurrido grave y desgraciado accidente a Manuel al desembarcar
+procedente de América. Conviene venga V. por primer tren.»
+
+»A las pocas horas de recibida esta triste noticia, llegué al Havre. El
+accidente a que se refería el cónsul había sido horrible. En el momento
+en que, recién llegado de Nueva York, saltaba Manuel desde el vapor que
+le había traído, al bote que debía conducirle hasta el muelle, estaban
+en la entrada del puerto dos ingenieros holandeses haciendo las primeras
+pruebas de una lancha movida por un aparato de su invención, llamado
+«propulsor de reacción». Quizá, como señora, no entienda V. bien lo que
+esto significa, ni esta es ocasión de explicárselo. Bástele a V. saber
+que se trata de un nuevo sistema de locomoción marítima, sin ayuda de
+remos, velas, vapor ni electricidad.
+
+»La mañana estaba hermosísima; miles de curiosos llenaban los muelles;
+el lanchón de los holandeses, que surcaba las aguas con pasmosa
+velocidad, pasó junto al bote en que venía Manuel.
+
+»Este, como buen ingeniero y apasionado de su profesión, quiso
+presenciar a corta distancia el experimento, y para lograrlo, dio
+propina a los remeros, diciéndoles que siguiesen de cerca a la
+embarcación de los inventores.
+
+»Pocos momentos después, el aparator motor que manejaban los holandeses,
+cargado con sustancias químicas, estalló, causando varias víctimas.
+
+»Uno de los que lo manejaban quedó muerto en el acto; el que hacia de
+timonel sufrió graves quemaduras, y nuestro pobre Manolo, que tan
+imprudentemente se había aproximado, recibió en la cara gran parte de
+la carga química que debía mover el malhadado invento.
+
+»Los remeros, viéndole caer sobre las tablas del bote con el rostro
+ensangrentado, le trajeron inmediatamente a tierra.
+
+»Las heridas son, como dicen los médicos, de pronóstico reservado; mas
+por lo que yo he podido comprender, el pobre Manuel quedará ciego.
+
+»Fue llevado al hospital de marina, y de allí, con grandes precauciones,
+le traje a París en cuanto lo permitió la prudencia. No está en peligro
+su vida, por fortuna, pero repito que la pérdida de ambos ojos parece
+inevitable: sólo un milagro puede hacer que estos temores no se cumplan.
+Ya ve V. lo cruel que sería comunicarle ahora todo lo que V. me dice en
+su carta sobre la enfermedad y la resolución de la desgraciada Felisa.
+
+»¿Querrá ella, después de leer estas líneas, renunciar a su propósito?
+¿Qué resolverá? Ni puedo ni quiero adelantarme a interpretar su
+voluntad, que acaso se modifique dadas las circunstancias.
+
+»El desdichado ignora la gravedad de su situación; supone que se curará
+por completo; cree que verá pronto, y a quien más desea ver es a su
+Felisa.
+
+»Con tal intensidad se ha posesionado de él este deseo, que me ha dado
+encargo de hacer a Felisa la proposición siguiente:
+
+»Dice que, según ellos convinieron, Felisa debe tener arreglados todos
+los documentos necesarios para la boda, y que como él tiene también
+corrientes los suyos, el matrimonio se puede celebrar en Madrid por
+poderes, luego de lo cual espera que ella venga inmediatamente a París,
+no a pasar una luna de miel, sino a cuidar a su marido enfermo. Tal es
+la mezcla de amor y de egoísmo que se ha imaginado.
+
+»Esto me ha dicho hace dos horas. ¿Cómo quiere V. que yo le entere de
+que su Felisa ha perdido aquella belleza que era su orgullo, y además le
+diga que ha resuelto no casarse? Se supone querido e ignora que quedará
+ciego. A su discreción de V. fío cómo debe enterar a Felisa de todo
+este, y con arreglo a lo que resuelva aguardo instrucciones.
+
+»Hable V. con ella y contésteme lo antes posible.
+
+»Suyo afectísimo siempre.
+
+PEPE.»
+
+La lectura de esta carta produjo a Felisa una emoción extraordinaria e
+imposible de analizar: sintió pena por el infortunio del ser amado,
+incertidumbre de lo que debiera procurar según lo extraordinario de las
+circunstancias, y alegría por vislumbrar la ocasión de ver puesta a
+prueba la grandeza de su corazón.
+
+Con cierto refinamiento egoísta de idealismo pervertido y femenino, se
+complacía en persuadirse de que la desgracia de Manuel daba solución al
+pavoroso problema de sus dudas; porque si había de quedarse ciego, ¿qué
+importaba ya que en ella subsistiese el encanto de su belleza heredada y
+funesta?
+
+Además, ella le hablaría de su hermosura como de un bien ilusorio, por
+lo fugaz, y del amor de su alma como de una realidad inacabable y
+constante. ¿Qué importaban ni qué valían la púrpura de su boca, ni el
+llamear de sus ojos, comparados con la ternura de su espíritu?
+
+La fuente de los placeres terrenos y groseros estaba para él cegada, y
+en cambio, ella, en su alma, sentía brotar y correr hacia el amado un
+raudal de abnegación y dulzura. Aquello era la purificación de toda
+torpeza, la clara visión interna del amor: amar sin ver el objeto de la
+pasión, algo semejante a la fe que adora lo que acaso no existe.
+
+ * * * * *
+
+Lorenza contestó telegráficamente a Pepe, que Felisa accedía al
+matrimonio por poderes, y que enseguida de verificado saldría para París
+con dos criados, si, dada su avanzada edad, no podía el tutor
+acompañarla.
+
+Envió Manuel los poderes necesarios, y allanó Felisa a fuerza de dinero
+cuantas dificultades surgieron, resolviendo, por último, que un primo
+suyo representase al novio, y que la ceremonia se verificara en la
+Puebla del Maestre, donde todo había de serle más fácil de lograr,
+gracias a los amigos y deudos que allí se desvivirían por servirla.
+Salieron las cosas a medida de su deseo, y una mañana, muy temprano,
+ante poca gente, puesto el pensamiento en el hombre a quien quería, dio
+palabra y entregó mano de esposa al que le representaba. Hasta la
+anormalidad de ser otro distinto de su amante quien recibió su
+juramento, le pareció cosa conforme al estado de su espíritu, porque, en
+vez de sentir el terror que le inspiraba la idea de dejarse poseer, pudo
+complacerse en saborear mentalmente el casto placer de pensar que su
+porvenir y su vida estaban para siempre unidos a los de un hombre que la
+quería, y que, no pudiendo verla, no habla de fundar la pasión en sólo
+la hermosura.
+
+Hallábase al otro día ocupada en los preparativos para marchar a París,
+cuando recibió un telegrama fechado en Burdeos, donde sin mas
+explicaciones, decía Manuel:
+
+«No salgas del pueblo: llegaré pasado mañana.»
+
+Su sorpresa no pudo ser mayor; pero ¿qué remedio, sino esperar y
+obedecer?
+
+ * * * * *
+
+Al expirar el plazo marcado a su impaciencia, Felisa, acompañada de
+Lorenza, salió a recibir a Manuel hasta legua y media más allá del
+pueblo, esperándole nerviosa y desasosegada, al caer la tarde, en un
+recodo del camino.
+
+En la última línea del horizonte, bajo la inmensidad azul, se destacaban
+las cumbres violáceas de la sierra, oíase a lo lejos acompasado y lento
+el campanilleo de una recua, y una bandada de golondrinas, piando
+alegremente, volaba en torno de los murallones de un castillo ruinoso
+que parecía perdido y olvidado en la extensa soledad del llano.
+
+De pronto sonó ruido de cascabeles y trallazos, y ambas mujeres vieron
+venir por la carretera un coche de colleras tirado por cuatro mulas y
+envuelto en una nube de polvo.
+
+Pocos minutos después el coche se detenía, y el amante esperado se
+apeaba solo, ligero y ágil, saltando como un muchacho.
+
+Felisa, sin acertar a creer lo que veía, gritó a su compañero:
+
+--¡Es él! ¡Solo! ¡Sin vendas ni trapos!
+
+Manuel la abrazó con fuerza, como quien se apodera de algo propio
+largamente codiciado, y ella se dejó estrechar sin sustraerse al
+legítimo halago.
+
+--¿Pero qué engaño ha sido este?--preguntó él, trémulo de gozo, viendo
+su rostro sin la menor señal de la mentida enfermedad.
+
+--Quise saber--repuso ella--hasta dónde llegaba tu cariño. ¿Pero y tus
+ojos y tu ceguera?
+
+--De tu mentira, que creí verdad, nació la mía. ¿Qué te sorprende? Quise
+demostrarte que tu corazón me atraía más que tu belleza. Yo te amaba
+desfigurada y fea... como tu me has querido ciego. Piensa ahora si
+seremos dichosos: tú hermosa, yo pudiendo mirarte, y los dos seguros uno
+de otro.
+
+_Este libro se acabó
+ de imprimir en
+ Madrid, en casa
+ de A. Avrial,
+ el día 12 de
+ Junio de
+ 1896_
+
+
+
+
+
+End of the Project Gutenberg EBook of Tres mujeres, by Jacinto Octavio Picón
+
+*** END OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK TRES MUJERES ***
+
+***** This file should be named 29663-8.txt or 29663-8.zip *****
+This and all associated files of various formats will be found in:
+ https://www.gutenberg.org/2/9/6/6/29663/
+
+Produced by Chuck Greif and the Online Distributed
+Proofreading Team at https://www.pgdp.net (This book was
+produced from scanned images of public domain material
+from the Google Print project.)
+
+
+Updated editions will replace the previous one--the old editions
+will be renamed.
+
+Creating the works from public domain print editions means that no
+one owns a United States copyright in these works, so the Foundation
+(and you!) can copy and distribute it in the United States without
+permission and without paying copyright royalties. Special rules,
+set forth in the General Terms of Use part of this license, apply to
+copying and distributing Project Gutenberg-tm electronic works to
+protect the PROJECT GUTENBERG-tm concept and trademark. Project
+Gutenberg is a registered trademark, and may not be used if you
+charge for the eBooks, unless you receive specific permission. If you
+do not charge anything for copies of this eBook, complying with the
+rules is very easy. You may use this eBook for nearly any purpose
+such as creation of derivative works, reports, performances and
+research. They may be modified and printed and given away--you may do
+practically ANYTHING with public domain eBooks. Redistribution is
+subject to the trademark license, especially commercial
+redistribution.
+
+
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+*** START: FULL LICENSE ***
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+THE FULL PROJECT GUTENBERG LICENSE
+PLEASE READ THIS BEFORE YOU DISTRIBUTE OR USE THIS WORK
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+(or any other work associated in any way with the phrase "Project
+Gutenberg"), you agree to comply with all the terms of the Full Project
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+1.B. "Project Gutenberg" is a registered trademark. It may only be
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+things that you can do with most Project Gutenberg-tm electronic works
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+paragraph 1.C below. There are a lot of things you can do with Project
+Gutenberg-tm electronic works if you follow the terms of this agreement
+and help preserve free future access to Project Gutenberg-tm electronic
+works. See paragraph 1.E below.
+
+1.C. The Project Gutenberg Literary Archive Foundation ("the Foundation"
+or PGLAF), owns a compilation copyright in the collection of Project
+Gutenberg-tm electronic works. Nearly all the individual works in the
+collection are in the public domain in the United States. If an
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+1.E.7. Do not charge a fee for access to, viewing, displaying,
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+ has agreed to donate royalties under this paragraph to the
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+ must be paid within 60 days following each date on which you
+ prepare (or are legally required to prepare) your periodic tax
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+ sent to the Project Gutenberg Literary Archive Foundation at the
+ address specified in Section 4, "Information about donations to
+ the Project Gutenberg Literary Archive Foundation."
+
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+ License. You must require such a user to return or
+ destroy all copies of the works possessed in a physical medium
+ and discontinue all use of and all access to other copies of
+ Project Gutenberg-tm works.
+
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+ money paid for a work or a replacement copy, if a defect in the
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+ of receipt of the work.
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+Hart, the owner of the Project Gutenberg-tm trademark. Contact the
+Foundation as set forth in Section 3 below.
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+is also defective, you may demand a refund in writing without further
+opportunities to fix the problem.
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+in paragraph 1.F.3, this work is provided to you 'AS-IS' WITH NO OTHER
+WARRANTIES OF ANY KIND, EXPRESS OR IMPLIED, INCLUDING BUT NOT LIMITED TO
+WARRANTIES OF MERCHANTIBILITY OR FITNESS FOR ANY PURPOSE.
+
+1.F.5. Some states do not allow disclaimers of certain implied
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+interpreted to make the maximum disclaimer or limitation permitted by
+the applicable state law. The invalidity or unenforceability of any
+provision of this agreement shall not void the remaining provisions.
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+1.F.6. INDEMNITY - You agree to indemnify and hold the Foundation, the
+trademark owner, any agent or employee of the Foundation, anyone
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+or cause to occur: (a) distribution of this or any Project Gutenberg-tm
+work, (b) alteration, modification, or additions or deletions to any
+Project Gutenberg-tm work, and (c) any Defect you cause.
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+
+Section 2. Information about the Mission of Project Gutenberg-tm
+
+Project Gutenberg-tm is synonymous with the free distribution of
+electronic works in formats readable by the widest variety of computers
+including obsolete, old, middle-aged and new computers. It exists
+because of the efforts of hundreds of volunteers and donations from
+people in all walks of life.
+
+Volunteers and financial support to provide volunteers with the
+assistance they need are critical to reaching Project Gutenberg-tm's
+goals and ensuring that the Project Gutenberg-tm collection will
+remain freely available for generations to come. In 2001, the Project
+Gutenberg Literary Archive Foundation was created to provide a secure
+and permanent future for Project Gutenberg-tm and future generations.
+To learn more about the Project Gutenberg Literary Archive Foundation
+and how your efforts and donations can help, see Sections 3 and 4
+and the Foundation web page at https://www.pglaf.org.
+
+
+Section 3. Information about the Project Gutenberg Literary Archive
+Foundation
+
+The Project Gutenberg Literary Archive Foundation is a non profit
+501(c)(3) educational corporation organized under the laws of the
+state of Mississippi and granted tax exempt status by the Internal
+Revenue Service. The Foundation's EIN or federal tax identification
+number is 64-6221541. Its 501(c)(3) letter is posted at
+https://pglaf.org/fundraising. Contributions to the Project Gutenberg
+Literary Archive Foundation are tax deductible to the full extent
+permitted by U.S. federal laws and your state's laws.
+
+The Foundation's principal office is located at 4557 Melan Dr. S.
+Fairbanks, AK, 99712., but its volunteers and employees are scattered
+throughout numerous locations. Its business office is located at
+809 North 1500 West, Salt Lake City, UT 84116, (801) 596-1887, email
+business@pglaf.org. Email contact links and up to date contact
+information can be found at the Foundation's web site and official
+page at https://pglaf.org
+
+For additional contact information:
+ Dr. Gregory B. Newby
+ Chief Executive and Director
+ gbnewby@pglaf.org
+
+
+Section 4. Information about Donations to the Project Gutenberg
+Literary Archive Foundation
+
+Project Gutenberg-tm depends upon and cannot survive without wide
+spread public support and donations to carry out its mission of
+increasing the number of public domain and licensed works that can be
+freely distributed in machine readable form accessible by the widest
+array of equipment including outdated equipment. Many small donations
+($1 to $5,000) are particularly important to maintaining tax exempt
+status with the IRS.
+
+The Foundation is committed to complying with the laws regulating
+charities and charitable donations in all 50 states of the United
+States. Compliance requirements are not uniform and it takes a
+considerable effort, much paperwork and many fees to meet and keep up
+with these requirements. We do not solicit donations in locations
+where we have not received written confirmation of compliance. To
+SEND DONATIONS or determine the status of compliance for any
+particular state visit https://pglaf.org
+
+While we cannot and do not solicit contributions from states where we
+have not met the solicitation requirements, we know of no prohibition
+against accepting unsolicited donations from donors in such states who
+approach us with offers to donate.
+
+International donations are gratefully accepted, but we cannot make
+any statements concerning tax treatment of donations received from
+outside the United States. U.S. laws alone swamp our small staff.
+
+Please check the Project Gutenberg Web pages for current donation
+methods and addresses. Donations are accepted in a number of other
+ways including including checks, online payments and credit card
+donations. To donate, please visit: https://pglaf.org/donate
+
+
+Section 5. General Information About Project Gutenberg-tm electronic
+works.
+
+Professor Michael S. Hart was the originator of the Project Gutenberg-tm
+concept of a library of electronic works that could be freely shared
+with anyone. For thirty years, he produced and distributed Project
+Gutenberg-tm eBooks with only a loose network of volunteer support.
+
+
+Project Gutenberg-tm eBooks are often created from several printed
+editions, all of which are confirmed as Public Domain in the U.S.
+unless a copyright notice is included. Thus, we do not necessarily
+keep eBooks in compliance with any particular paper edition.
+
+
+Most people start at our Web site which has the main PG search facility:
+
+ https://www.gutenberg.org
+
+This Web site includes information about Project Gutenberg-tm,
+including how to make donations to the Project Gutenberg Literary
+Archive Foundation, how to help produce our new eBooks, and how to
+subscribe to our email newsletter to hear about new eBooks.
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+ The Project Gutenberg eBook of Tres mujeres, por
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+The Project Gutenberg EBook of Tres mujeres, by Jacinto Octavio Picón
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+This eBook is for the use of anyone anywhere at no cost and with
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+Title: Tres mujeres
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+Author: Jacinto Octavio Picón
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+Release Date: August 10, 2009 [EBook #29663]
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+Produced by Chuck Greif and the Online Distributed
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+<hr />
+
+<h2 class="top15">JACINTO OCTAVIO PICÓN</h2>
+
+<h1>TRES MUJERES</h1>
+
+<p class="c"><b>LA RECOMPENSA<br />
+PRUEBA DE UN ALMA<br />
+AMORES ROMÁNTICOS</b></p>
+
+<p class="c"><b>MADRID</b></p>
+
+<p class="c"><b>1896<br />
+<i>MADRID</i><br />
+FERNANDO FE, LIBRERO<br />
+<i>2. C. de S. Jerónimo</i></b></p>
+
+<table summary="toc"
+cellspacing="2"
+cellpadding="2"
+style="text-align:center;padding:2%;
+border:double 4px gray;margin:10% auto 5% auto;">
+<tr><td><a href="#La_recompensa"><b>La recompensa</b></a></td></tr>
+<tr><td><a href="#La_prueba_de_un_alma"><b>La prueba de un alma.</b></a></td></tr>
+<tr><td><a href="#Amores_romanticos"><b>Amores románticos.</b></a></td></tr>
+</table>
+
+
+<h3>ADVERTENCIA</h3>
+
+
+
+<p><i>Cuando los novelistas franceses reúnen varios trabajos cortos en un
+tomo, le ponen por título el de la obrilla que va impresa en primer
+lugar; costumbre aquí seguida por algunos y censurada por no pocos, los
+cuales alegan que engolosinar al público con una portada que parece de
+novela formal y darle luego una docena de cuentecitos es hacerle
+víctima de un engaño. Para que no puedas&mdash;lector amigo&mdash;echarme en cara
+la misma acusación, te advierto de que estas</i> <span class="smcap">Tres Mujeres</span>, <i>no son
+otros tantos tipos femeninos presentados en una sola y larga acción
+novelesca, de aquellas en que se pintan las costumbres y se estudian las
+pasiones, sino tres figuras abocetadas en narraciones cortas, donde lo
+imaginado para entretenerte algún rato, pesa más que lo observado para
+moverte a pensar seriamente en las cosas graves de la vida.</i></p>
+
+<p><i>Deseando hacerlas agradables a tus ojos, el editor ha vestido y
+adornado a estas</i> <span class="smcap">Tres Mujeres</span> <i>mejor de lo que merecen, dándoles en
+ropajes y galas lo que les falta de belleza. Premia su trabajo, perdona
+el mío, y como no creemos ser malos, ambos quedaremos agradecidos.</i></p>
+
+<p class="r smcap">J. O. Picón</p>
+
+<p>Junio 1896</p>
+
+
+<h3><a name="La_recompensa" id="La_recompensa"></a>La recompensa</h3>
+
+
+
+
+
+<h3>I</h3>
+
+
+<p>En cierto colegio monjil de las cercanías de Madrid había hace más de
+veinte años dos educandas que se querían muchísimo. El sentimiento de
+amistad que los unía nació merced a circunstancias extraordinarias de la
+situación de ambas, fue favorecido por sus caracteres y acabó de
+consolidarse en la batalla de la vida.</p>
+
+
+
+<p>La mayor, que se llamaba Susana, tenía diez y seis años: era huérfana de
+padre y madre y dueña de una gran fortuna. Un tío, que le servía de
+tutor y curador, se la confío a las monjas, quienes, sabedoras de la
+riqueza de la niña, procuraron ante todo despertar en ella vocación
+religiosa; mas persuadidas pronto de que no era catequizable, pusieron
+gran empeño en educarla de modo que su ilustración y buenos modales
+redundaran en honra del convento. Gracias a la inteligencia de Susana,
+las madres vieron coronados sus desvelos por el resultado más
+lisonjero. Era primorosa en cuantas labores ponía mano, escribía
+admirablemente, pintaba flores con gusto de artista, cantaba como un
+ángel, bordaba como una madrileña del siglo <span class="smcap">XVII</span>, hablaba francés como
+si hubiese nacido en Orleans, y finalmente, para cuanto fuese brillar,
+lucirse y cautivar, tenía maravillosas aptitudes, gracia irresistible y
+atractivos de gran señora.</p>
+
+<p>Según unos, porque el tutor quería seguir con la administración de los
+bienes, y según otros, porque deseaba para la pupila brillante y
+completa educación, era cosa resuelta entre aquel caballero y las
+respetables madres que Susana permaneciese en el convento hasta los diez
+y ocho años. Gentes menos maliciosas afirmaban que, dada la belleza de
+la colegiala, lo que el tutor procuraba era recogerla lo más tarde
+posible, sabiendo que no hay nada tan difícil de guardar, dirigir y
+encarrilar, como una mujer rica y bonita.</p>
+
+
+
+
+<h3>II</h3>
+
+
+<p>La segunda educanda tenía un año menos que Susana y se llamaba Valeria.
+Su origen era un misterio que pudiera servir de base a una novela. Un
+anciano, que dijo ser su padre la llevó al convento cuando apenas tenía
+cinco años, y por espacio de ocho fue a verla todos los meses: luego no
+volvió a presentarse allí para nada, ni escribió siquiera a la que
+llamaba hija; pero durante otro año envió puntualmente dinero con que
+atender a cuanto gastaba, y al siguiente, es decir, al llegar Valeria a
+los quince, dejaron las monjas de recibir las mensualidades de
+costumbre. Otro año entero siguió Valeria recibiendo los mismos cuidados
+que si pagasen por ella, hasta que, cuidadosas las madres de sus
+intereses, determinaron poner fin a una situación de que nada bueno
+esperaban. ¿Quién era Valeria? Lo ignoraban. Mientras recibieron lo que
+su educación costaba, no pensaron en averiguaciones: tal vez de hacerlas
+hubieran tenido que rechazarla; pero apenas empezó a serles gravosa
+comenzaron a rumiar ideas de desconfianza y a sentir un recelo muy
+parecido al miedo. Las visitas cortas y tardías de aquel anciano
+misterioso, su desaparición y luego el extraño modo de remitir fondos
+sin escribir palabra, todo indicaba algo extraordinario, anómalo, y que
+trascendía a pecaminoso. Al mes siguiente de no recibir dinero estaban
+persuadidas de que Valeria no era de origen limpio y confesable, y de
+que su compañía pudiera constituir un peligro para las educandas que
+tenían familias conocidas, siempre puntuales en el pago de cuanto sus
+hijas gastaban. Más claro: la prudencia aconsejó a las monjas no
+continuar manteniendo y enseñando a una señorita que era juntamente
+carga pesada y causa probable de responsabilidad; porque una de dos: o
+sus padres habían muerto y la niña iba a quedarse allí gratis para
+siempre como flor olvidada, y flor que costaba más que una <i>victoria
+regia</i> cultivada en Europa, o dichos padres, por no poder confesar que
+lo eran, se desentendían de ella, y en tal caso, ¿quién iría a
+recogerla... y pagar? ¿Se presentaría tal vez preguntando por Valeria
+una señora falsificada, una aventurera despreciable, una... o lo que
+fuera peor, un juez? Sólo pensar en ello les ponía a las madres carne de
+gallina. Movida por estas consideraciones, que se discutieron entre las
+de más autoridad y consejo, la priora, abadesa, o lo que fuese, mandó
+llamar a Valeria, y suavemente, con gran dulzura, le dijo que la
+situación era insostenible; que habían consultado con el señor obispo;
+que éste no resolvía sus dudas; que la responsabilidad del convento era
+tremenda; que allí había un misterio indescifrable; que no podían
+continuar así, y otras muchas cosas, todas las cuales venían a
+compendiarse en estas horribles frases: «Hija mía, lo sentimos mucho...
+Profesar no puedes por carecer de dote; seguir aquí tampoco, por falta
+de otros requisitos... Nosotras todas te encomendaremos al Señor en
+nuestras oraciones, pero en el colegio es imposible que sigas. Te damos
+ocho días de plazo para que digas a quién llamamos, dónde quieres que te
+lleven, o cosa parecida. Y si no dices nada..., pues ya nos ha
+aconsejado el Padre Dulzón que demos parte al gobernador para que
+resuelva.»</p>
+
+<p>¿A quién había de llamar? ¿Dónde había de ir la sin ventura? ¡El
+gobernador! ¿Qué podría hacer sino enviarla a un asilo de beneficencia o
+dejarla en medio de la calle? Valeria oyó aquello como reo de muerte que
+escucha su sentencia; se arrodilló a los pies de la <i>madre</i>, le regó las
+manos con lágrimas, le besó el hábito, y al fin cayó al suelo desmayada.
+Hubo que llevarla a la enfermería, donde pasó tres días con fiebre y
+delirio. Al cuarto se alivió algo, y lo primero que pidió fue que
+llamasen a Susana; mas parapetadas las monjas en que el reglamento
+prohibía a las educandas entrar en la enfermería, negaron el favor.</p>
+
+
+
+<p>Susana, sabedora de lo que ocurría, movida del cariño y conocedora del
+terreno que pisaba, regaló a una monja que hacía de <i>pasanta</i> una
+crucecita de plata, rogándole que a cambio del obsequio, llevase a
+Valeria un regalito, consistente en un huevo de marfil, dentro del cual
+había un rosario. Lo que ignoraba la monja era que, bajo el algodón en
+rama donde descansaba el rosario, iba escondido un papel en que estaban
+escritas estas palabras: «No digas que estás mejor; procura ganar tiempo
+y no tengas miedo. El domingo debe venir mi tutor, y yo haré que ponga
+remedio. Confía en mí.»</p>
+
+
+
+
+<h3>III</h3>
+
+
+<p>¿De qué nació el afecto que aquellas dos muchachas se profesaban?
+Primero, del misterioso engranaje formado por las semejanzas y
+diferencias que existían en sus caracteres. En bondad de corazón y
+lucidez de inteligencia, eran iguales; de modo que podían quererse y
+estimarse. Segundo, en lo vario de sus genios, de suerte que mutuamente
+se buscaban, deseosas, por instinto, de hallar a sus facultades
+contraste y complemento. Susana era bulliciosa y alegre; Valeria,
+tranquila y melancólica; la ligereza y vivacidad de una hallaban
+compensación y freno en la sensatez y reposo de otra: lo que al parecer
+debiera separarlas era precisamente lo que les unía. Pero aún estaba su
+amistad asentada en fundamento más firme.</p>
+
+<p>Susana, por demasiado convencida de su hermosura, era de condición tan
+altiva, que se había hecho antipática a todas sus compañeras: Valeria,
+amargada del abandono y olvido en que vivía, y sin que aquel amargor se
+convirtiera en envidia, consideraba como un peligro su belleza, no
+alardeaba de bonita, sentía la incertidumbre de lo por venir, y privada
+de esperanzas, era humilde. Desde que se conocieron fue la sola
+compañera de Susana capaz de escuchar, sin sonreír burlonamente, sus
+primeros arranques orgullosos, propios de señorita mimada por la
+naturaleza y la fortuna, llegando a ser la única confidente de sus
+ambiciosas ilusiones. No las compartía, pero no las ridiculizaba.</p>
+
+<p>Susana hallaba en ella un corazón amigo, que aun contrariándola,
+mostraba comprenderla, distante por igual de la adulación y de la
+envidia; porque en la humildad de Valeria no había sombra de bajeza. Ni
+ella la hubiera tolerado, pues era tan altiva a lo grande e incapaz de
+pretender que le atribuyesen cualidades que le faltaban, como celosa de
+que se reconocieran las que estaba segura de tener. Valeria era sincera
+sin dureza y cariñosa sin lisonja, armonizándose por ello las
+condiciones morales de ambas, en tal grado, que no hubiera podido
+precisarse cuál valía más, si la orgullosa cuando sabía ceder, o la
+humilde cuando sabía imponerse. Milagros del corazón, que dobla lo
+fuerte y se somete a lo débil.</p>
+
+<p>Llegado el domingo, fue el tutor de Susana a visitar a su pupila, la
+cual, después de referirle lo que ocurría, le dijo en sustancia, poco
+más o menos, lo siguiente:</p>
+
+<p>&mdash;No me importa estar aquí un año más: tarde V. lo que quiera en ponerme
+al tanto de lo que es mío, administre V. como le acomode, pero quiero
+que pague V. cuanto Valeria debe al colegio, de modo que continúe tan
+considerada como antes: quiero también que haga V. esos pagos a nombre
+del caballero que antes venía a verla, para que nadie le eche en cara su
+pobreza; y deseo, por último, que salgamos juntas del colegio y vivamos
+luego como hermanas; es decir, que venga a mi casa, porque de vivir
+como hermanas me encargo yo.</p>
+
+<p>Si fue por mira interesada o en acatamiento de aquel impulso de
+caritativa amistad, nadie lo sabrá nunca, pero lo cierto es que el tutor
+accedió al ruego, y pasados unos cuantos meses, ambas educandas salieron
+el mismo día del colegio, yendo Valeria a vivir a casa de Susana.</p>
+
+
+<h3>IV</h3>
+
+
+<p>La intimidad del hogar fomentó el cariño nacido en el convento. Dos
+mujeres vulgares se hubieran dejado insensiblemente sojuzgar por las
+circunstancias anormales de la situación. En Susana y Valeria sucedió lo
+contrario: ellas se impusieron a la índole del caso. Ni la protectora
+imperaba como ama, ni la protegida parecía dominada como sierva. El
+afecto, más aún, la buena educación y delicadeza de sentimientos, hacían
+las humillaciones imposibles. Valeria no era en la casa una amiga pobre
+benévolamente acogida, no era una <i>demoiselle de compagnie</i> tratada con
+consideración: era la hermana menor. Ambas poseían ese maravilloso arte
+de ceder a tiempo y resistir con dulzura, ante el cual se allanan los
+disgustos y rozamientos que producen inevitablemente las pequeñeces de
+la vida.</p>
+
+<p>Ni aun la belleza podía mover discordia entre ellas, porque sus
+atractivos ofrecían caracteres opuestos. Susana era grande, blanca,
+gruesa, rubia y a pesar de su edad y su doncellez tenia aspecto de Venus
+flamenca, perezosa y carnal. Valeria era pequeña, morenilla, delgada,
+pelinegra, tipo de mística española, poca materia y mucho espíritu; un
+fraile de Zurbarán hecho hembra. Los ojos azules de Susana alborotaban
+los sentidos; los ojos negros de Valeria, por dulces y serenos,
+inspiraban más cariño que deseo. No había entre ellas rivalidad posible.
+El hombre que se prendase de una no podía racionalmente enamorarse de
+otra.</p>
+
+<p>Gracias a la fortuna y desprendimiento de Susana, vivían con lujo, iban
+a bailes, teatros y saraos; viajaban, tenían coche, vestían con
+exquisita elegancia, trayendo para ambas de París la mayor parte de las
+galas, y, en una palabra, capricho sentido era en ellas gusto
+satisfecho. Servíales de acompañante una hermana del tutor de Susana,
+llamada doña Gregoria, señora entrada en años, pero tan amiga de
+divertirse, que nunca ponía obstáculo ni entorpecimiento a cuanto las
+muchachas fraguaban para lucir y brillar. Lo único que le disgustaba era
+ver que las galanteasen, con la circunstancia extrordinaria de que su
+enojo no estallaba cuando ellas coqueteaban, sino cuando se presentaba
+alguien que asiduamente las cortejase. Un observador cuidadoso hubiera
+podido notar que les dejaba tontear frivolamente, permitiéndoles oír
+piropos y requiebros atrevidos, mientras quien se los decía no pasaba de
+halagar su inocente vanidad de niñas bonitas, pero que en cuanto alguien
+les buscaba con frecuencia, mostrando afán de serles agradable, doña
+Gregoria ponía empeño en estorbarlo, sobre todo si se trataba de Susana.
+En una palabra: aquella señora, obediente a las instrucciones del tutor,
+su hermano, toleraba cuanto podía contribuir a que las jóvenes tuviesen
+fama de coquetas e insustanciales, y en cambio desarrollaba un mal
+humor inaguantable y una astucia increíble apenas surgía la posibilidad
+de que un hombre ganara terreno en el corazón de Susana. El tutor y su
+hermana le dejaban gastar cuanto quería, haciendo la vista gorda en
+presencia de sus devaneos, pero ante la idea de una pasión seria
+mostraban profundo desagrado. Indudablemente se habían propuesto no
+reprenderla si tiraba el dinero, para que cuanto más derrochase con
+mayor facilidad pudieran ellos englobar sus robos en los gastos, y al
+mismo tiempo, estorbando que se casase, dilatar la época de la rendición
+de cuentas.</p>
+
+<p>Quien primero descubrió el juego fue Valeria: comunicó a Susana la
+sospecha y trataron ambas de ponerse a la defensiva; mas por desgracia
+era tarde para evitar gran parte de los males que temían. Pronto
+comprendieron que debían, primero, gastar con más prudencia, porque las
+rentas iban mermando considerablemente, y segundo, andarse con pies de
+plomo en lo que se refería a dejarse galantear, porque entre sus propias
+imprudencias y la malignidad del tutor y su hermana, iban ellas cobrando
+reputación de frívolas y ligeras. Desde entonces vivieron con relativa
+economía, y fueron verdaderamente sensatas.</p>
+
+
+
+<h3>V</h3>
+
+
+<p>Algún tiempo después, en la tertulia de unas amigas, conocieron a dos
+hombres jóvenes, íntimos amigos y compañeros de carrera. Pepe Gutiérrez
+y Andrés Pérez, el primero, comandante de ingenieros y el segundo
+capitán del mismo cuerpo: ambos dignos de ser queridos. Gutiérrez se
+prendó de Susana que por primera vez tomó el amor en serio, fue
+correspondido, y entraron en relaciones, procurando que permaneciesen
+ignoradas del tutor: únicamente cuando ella adquirió el convencimiento
+de que su novio era hombre que valía mucho como inteligencia y como
+carácter, le autorizó a que la pidiese en matrimonio.</p>
+
+<p>La situación de Valeria era más libre y desembarazada, pero no
+envidiable. Por pobre, estaba libre de los cuidados que da el oro; por
+abandonada, no había menester consentimiento de nadie; mas, ¿de qué le
+servía aquella independencia, si el compañero de Gutiérrez no se fijaba
+en ella? Pérez frecuentaba la casa de Susana, porque iba con Gutiérrez a
+todas partes: eran inseparables; estaban unidos por una amistad nacida
+en los bancos de la escuela de primeras letras, fortificada en el
+colegio militar, y, por último, arraigada en sus corazones, gracias a la
+vida que hacían juntos en plena juventud. A Pérez le gustó Valeria desde
+que la conoció; pero no se atrevió a requebrarla ni poner seriamente en
+ella la esperanza, considerando que ambos eran pobres. La muchacha no
+tenía nada: él, sólo su haber de capitán. ¿Qué ventura podía ofrecerla?
+Ni siquiera comunicó a Gutiérrez la simpatía que le inspiraba Valeria.
+Tan bien supo disimularla, que la misma interesada tomó la indiferencia
+por franco y declarado desvío. Susana fue la única que adivinó el doble
+secreto de aquellas dos almas: unos cuantos detalles bastaron a su
+penetración para comprender que Valeria y Pérez se querían. Convencerse
+de ello y formar propósito de favorecerles, todo fue uno. Tanto le
+convidó a comer, colocándole junto a ella, tantas veces les dejó solos
+a tiempo de que se les transparentara el alma, tales cosas hizo para que
+mutuamente se conociesen y apreciasen, que al fin llegaron a entenderse.
+Susana, que años atrás había evitado a Valeria la desgracia de verse
+arrojada del colegio, y que luego la trató como a hermana, se erigió de
+nuevo en protectora cariñosa. «Nos casaremos el mismo día&mdash;le dijo&mdash;yo
+primero, y luego <i>seremos</i> padrinos de tu boda. Si nosotros habíamos de
+gastar veinte, nos contentaremos con diez, partiré contigo lo que
+tenga..., es decir, ¿para qué hacer números ni cálculos? Viviremos
+juntos, y... Cristo con todos.» Claro está que Valeria, deshecha en
+lágrimas de gratitud, aceptó aquella nueva demostración de cariño,
+aunque en el fondo de su alma, y con aprobación de su futuro marido,
+estuviese resuelta a no aceptar favores que, por excesivos, redundaran
+en perjuicio de su amiga.</p>
+
+<p>En la primer entrevista que tuvo el novio de Susana, con el tutor de
+ésta, se convenció de que la mujer a quien quería unirse había sido
+robada a mansalva. Era inútil soñar con restituciones ni pleitos. El
+canalla tenia las cosas preparadas con tal maña, que según cuentas,
+escrituras y comprobantes, aún resultaba la pupila debiéndole algunos
+miles de duros. Una vez más la maldad hizo mofa de la ley. De las
+condiciones morales de Gutiérrez y del amor que su novia le inspiraba,
+pueden dar idea estas palabras, con que comunicó a Susana el resultado
+de la entrevista:</p>
+
+<p>&mdash;Mira, nena; coche ni muchos vestidos no tendrás, porque ese hombre es
+un ladronazo...; por ti... lo siento; por mí, casi me alegro, para que
+veas que te quiero de verdad. Lo esencial es que nos casaremos cuando se
+nos antoje.</p>
+
+<p>En Susana pudo más la alegría del amor probado, que la tristeza por la
+riqueza perdida, y arrojándose en brazos de su Pepe, repuso:</p>
+
+<p>&mdash;Yo también me alegro, porque así conozco lo que vales. No me equivoqué
+al quererte.</p>
+
+<p>Valeria, que hubiera procurado luego de casada sustraerse a la
+protección de Susana siendo rica, consintió en vivir con ella viéndola
+casi arruinada, y ambas bodas se verificaron la misma mañana, a mediados
+de 1873, cuando España estaba en plena guerra civil.</p>
+
+<p>La doble luna de miel fue cortísima. A los seis meses ambos maridos eran
+destinados al ejército del Norte y salían de Madrid dejando a sus
+mujeres poseídas de la más amarga tristeza, y embarazadas del mismo
+tiempo.</p>
+
+<h3>VI</h3>
+
+
+<p>Hacia los primeros días de 1874, la desgracia cayó sobre ellas en forma
+irremediable y terrible.</p>
+
+<p>Un extraordinario de un periódico les dio repentina y brutalmente la
+noticia. Oyeron vocear el papel, mandaron comprarlo, y sin poder llorar
+ni gemir, secas las gargantas, enjutos los ojos, atarazada el alma por
+la desesperación y la sorpresa, leyeron lo siguiente:</p>
+
+<p>«<i>Pamplona</i>, 9 Enero, 10,15 mañana.</p>
+
+<p>»El titulado brigadier Garzuaga fue ayer batido en Puente-Rey con
+pérdida de más de 300 hombres, caballos, armas, carros y municiones.</p>
+
+<p>»Las fuerzas liberales han experimentado también sensibles pérdidas. El
+brigadier Queralt está herido de gravedad. El coronel Quintana
+levemente. El comandante de ingenieros D. José Gutiérrez Riela y el
+capitán del mismo cuerpo D. Andrés Pérez Deza han muerto heroicamente en
+el campo del honor. Las bajas de la clase de tropa no pueden precisarse
+todavía.»</p>
+
+<p>Movidas de impulso igual y simultáneo, se arrojaron una en brazos de
+otra sintiendo al mismo tiempo que las garfiadas del dolor los inquietos
+latidos de dos seres que antes de nacer eran huérfanos...</p>
+
+<p>Primeras impresiones de amor, dulzuras de pasión satisfecha, esperanzas
+para lo por venir, todo quedaba destruido, todo parecía mentira:
+únicamente la desgracia era verdad.</p>
+
+<p>A fin de Marzo, con diferencia de veinticuatro horas, parieron un niño
+cada una en la misma habitación, tragándose las lágrimas y los quejidos,
+animándose mutuamente a tener valor, buscando en su cariño fraternal el
+único consuelo que les quedaba. Los recién nacidos no se les parecían:
+ambos eran pelinegros y muy blancos, señal de que habían de ser morenos
+como sus pobres padres, que dormían para siempre entre los peñascales
+ensangrentados de Navarra.</p>
+
+<p>Ya no tenían ventura que esperar aquellas infelices mujeres: ni aun la
+de sufrir unidas. Juntas crecieron en el convento cuando niñas; juntas
+gastaron riqueza y derrocharon alegría, siendo mientras pudieron ligeras
+y frívolas como su propia juventud; al mismo tiempo amantes, casadas,
+viudas y madres: sus dichas y sus penas parecían tan hermanadas como
+ellas mismas; pero había llegado la hora de que se rompiese el
+misterioso paralelismo de sus vidas.</p>
+
+<p>El parto de Valeria había sido rápido y feliz; el de Susana trabajoso y
+de fatales consecuencias. La fiebre puerperal que se apodero de ella fue
+intensísima, y halló su organismo tan conmovido y debilitado por los
+recientes infortunios y penas, que no tuvo fuerzas para resistirla.
+Sintiéndose morir, llamó a Valeria y le habló de este modo:</p>
+
+<p>&mdash;No te hagas ilusiones&mdash;dijo sonriendo con una serenidad que daba
+miedo;&mdash;esto se acabó.</p>
+
+<p>Quiso su amiga interrumpirla gastando bromas y fingiendo esperanzas, mas
+ella continuó:</p>
+
+
+
+<p>&mdash;Óyeme bien. Ya sabes lo que te quiero... No tengo parientes, y puede
+que sea mejor... Mi hijo va a quedar solo en el mundo; te lo confío...
+tú serás su madre... júrame que le querrás y le cuidarás... como...</p>
+
+<p>&mdash;Calla, mujer. ¡Qué has de morirte! ¿No has de resistir esto, tú que
+eres más fuerte que yo? Te pondrás buena y seremos felices..., es
+decir, viviremos para los niños, porque felices ya no podemos ser...;
+pero si te murieras, que no te morirás, por el recuerdo de todo el bien
+que me has hecho, te juro que tu hijo..., vamos, como si fuera mío.</p>
+
+<p>&mdash;¡Pobre Valeria! ¿Qué será de ti con dos criaturas?... Esto va muy
+aprisa. Escucha. En aquel cajón de la mesa que usaba Pepe, hay ocho mil
+duros en papel del Estado, que vienen a dar ocho mil reales al año. Allí
+están también los mil duros que sabes que teníamos ahorrados. Por
+último, en el cajón de más arriba encontrarás las escrituras de
+propiedad de mi casa de Rivaria. Yo no he estado allí nunca, pero sé que
+es un caserón con un huerto: los labriegos que lo tienen arrendado no
+pagan hace mucho tiempo. Quizá por eso no se quedó mi tutor con la
+finca. Los títulos de la Deuda y el dinero de los ahorros los coges en
+cuanto me cierres los ojos, y ahora manda venir a un escribano. Quiero
+que la casa sea legalmente tuya para que nadie pueda molestarte. Ya
+sabes con lo que cuentas. Lo principal es que no teniendo nada mi
+hijo... no habrá quien piense hacerse cargo de él.</p>
+
+<p>Valeria quiso resistir por animarla, pero ante la energía con que
+expresaba el deseo, cedió.</p>
+
+<p>Vino el notario: Susana hizo una declaración reconociendo que cuanto
+había en la casa era de Valeria, y que en pago de una deuda que
+confesaba, le daba la finca de Rivaria. Del niño no se habló palabra.
+¿Quién había de solicitar su tutela siendo pobre?</p>
+
+<p>Pocas horas después, como si se hubiese esforzado en vivir hasta ultimar
+lo hecho, Susana moría en brazos de Valeria. Ella la amortajó y veló,
+pasando la noche arrodillada a los pies del cadáver.</p>
+
+<p>De rato en rato se levantaba para ir a ver a los niños.</p>
+
+<p>¡Qué contraste el formado por la vida y la muerte que allí se mostraban
+con toda la brutal realidad de los hechos: ¡Qué lástima de mujer, tan
+hermosa y tan buena! ¿Qué falta hacía a nadie arrancarle la existencia
+como se descuaja una planta? ¿Ni qué falta hacían en el mundo aquellos
+angelitos?</p>
+
+
+
+<p>Valeria les contemplaba con miradas de ternura, iguales para ambos, cual
+si se le hubiese duplicado el cariño de madre, y a pesar de la tristeza
+que sentía, no le era posible sustraerse al influjo de una observación
+que ya había hecho y que en aquel momento, hasta contra su voluntad, se
+le iba entrando al pensamiento, agitándoselo con desvaríos de la
+imaginación.</p>
+
+<p>Cada vez que se acercaba a las camitas donde estaban acostados y se
+fijaba en ellos, aquella observación se confirmaba con más fuerza. Los
+niños se parecían muchísimo: ambos eran muy blancos, de pelo y ojos
+negros, chatillos, gorditos, casi de igual volumen. Claro estaba que
+andando el tiempo habrían de diferenciarse física y moralmente,
+revelando su distinto origen; pero entonces, casi hubieran podido pasar
+por mellizos. A Valeria le parecía el suyo mil veces más hermoso y mejor
+formado, y sin embargo, hubo un momento en que pensó: «Vaya, que se
+parecen mucho, son casi iguales, tan semejantes, que si dejara de
+verlos unos cuantos meses..., no acertaría con el mío; es decir, míos
+son los dos; en fin, con el que yo he parido.»</p>
+
+<p>Luego, en el largo monólogo de aquella noche interminable cruzaron por
+su mente recuerdos de la juventud, memorias de gratitud hacia Susana,
+punzadas de dolor renovado por la pérdida del hombre a quien había
+querido, e ideas de miedo y responsabilidad ante la carga que para ella
+representaba el porvenir de aquellos niños.&mdash;«¿Sabré corresponder&mdash;se
+decía&mdash;a todo lo que Susana ha hecho conmigo? ¿Podré pagar al hijo lo
+que debo a la madre? ¿Llegará un momento en que las circunstancias me
+obliguen a favorecer al mío en perjuicio del suyo? El poco dinero que
+queda entre mis manos no es <i>nuestro</i>, yo nada tengo... ¿Me asaltará
+algún día la tentación del despojo..., será más fuerte mi amor de madre
+que el recuerdo de la gratitud y el cumplimiento del deber?» Y al mismo
+tiempo que discurría todo esto, en su pensamiento iban hermanándose y
+confundiéndose, hasta compenetrarse, aquella observación insistente del
+parecido de los niños y aquella idea extravagante favorecida por las
+condiciones de la realidad.</p>
+
+<p class="puntos">Sus propias palabras eran la síntesis de la situación: «Si dejases de
+verlos unos cuantos días, no sabrías cuál es el tuyo.»</p>
+
+<p>¿Fue propósito razonado de alma grande, fruto de una extraordinaria
+elevación de espíritu? ¿Desarreglo de inteligencia trabajada por una
+idea fija? ¿Acaso sugestión de ese algo misterioso que a veces nos
+aproxima, por el anhelo del bien, a la divinidad?</p>
+
+<p>Nadie lo sabrá nunca: lo cierto es que aquella idea le fue labrando
+surco en el pensamiento y acabó por arraigar en él de tal suerte, que
+se enseñoreó de su voluntad, y la puso por obra.</p>
+
+<p>¿Quién dirá si Valeria llegó por gratitud a la locura, o a la suma
+piedad por la noción del deber? Aquel la juzgue que sepa bucear en las
+reconditeces del alma.</p>
+
+
+
+<h3><a name="VII" id="VII"></a>VII</h3>
+
+
+
+
+<p>Luego de enterrada su amiga, Valeria se marchó a Galicia con los niños,
+aposentándose en la casa de Rivaria.</p>
+
+<p>Su primer cuidado, después de arregladas las cosas necesarias a la vida,
+fue observar la índole y carácter de los colonos, marido y mujer, de
+quienes Susana había dicho que nunca pagaban el arrendamiento.
+Afortunadamente, él, como buen gallego, era muy listo, y ella se pasaba
+de buena. Valeria se propuso aprovechar las cualidades de ambos, y entre
+tanto, poseída por su idea fija, procuró ver poco a los niños;
+lentamente fue desentendiéndose de ellos; casi no les miraba, mostrando
+una fuerza de voluntad increíble.</p>
+
+<p>Haciendo vida campestre y retirada en aquel lugar, había un acaudalado
+caballero a quien por lo caritativo llamaban sus convecinos <i>el Santo</i>,
+y en éste se fijó principalmente Valeria para realizar su propósito. Le
+dijo que, viéndose obligada a emprender un largo viaje por mar, y no
+atreviéndose a llevar consigo los pequeñuelos, quería confiarlos a su
+cuidado; le dio dinero para cuanto necesitasen durante cierto tiempo, y
+dispuso que el labriego y su mujer le obedecieran ciegamente. Por
+último, obrando astuta y sagazmente, tuvo la horrible precaución de
+ocultar los verdaderos nombres de los niños, que eran los de sus padres,
+llamándolos Juan y Pedro, ardid en que estaba fundado su propósito:
+hecho todo lo cual desapareció del pueblo.</p>
+
+<p>Cerca anduvo de arrepentirse por su condescendencia aquel santo varón;
+casi se asustó de haber aceptado tamaña responsabilidad, pero jamás
+llegó a preocuparse formalmente: primero, porque su compromiso era sólo
+verbal y no había pruebas que pudieran perjudicarle; segundo, porque
+¿quién habría en la comarca capaz de perseguirle ni acusarle? Sobre
+todo, sin saber la causa, sin que él se diera cuenta de ello, Valeria le
+había inspirado simpatía profunda y confianza ciega. Estaba persuadido
+de que aquella mujer era mediadora de buena fe o víctima en una de esas
+intrigas amorosas, donde sólo el misterio puede estorbar la iniquidad.
+Lo principal para él era que, con caer las criaturitas en sus manos, se
+habría casi seguramente evitado un crimen. Resta sólo decir que inducido
+a error llamó Juan al mayorcito de los niños y Pedro al menor.</p>
+
+<p>De esta suerte comenzaba a lograrse la confusión que Valeria deseaba.</p>
+
+<p>Cada tres meses recibía <i>el Santo</i> en pliego certificado un billete de
+Banco, cuyo valor era bastante a cubrir los gastos ocasionados por los
+niños. Lo que jamás recibió fue carta, mensaje, ni visita que le hablase
+de la desaparecida. Cuantas tentativas hizo para saber su paradero
+fueron inútiles. Así pasaron cinco anos.</p>
+
+<p>En tan largo lapso de tiempo, Valeria estuvo muchas veces a punto de
+renunciar a su tremendo sacrificio: en más de una ocasión le faltó poco
+para volver a la aldea, exigir que le devolviesen los niños y
+escudriñarles el cuerpo para distinguirlos, hasta recobrar la certeza de
+cuál era el ajeno y cuál el suyo. Su vida fue un martirio insoportable;
+mas lo padeció sin arrepentirse de lo hecho.</p>
+
+<p>Fuese extravagancia de entendimiento perturbado, fuese abnegación
+premeditada, había en su conducta heroica grandeza, algo casi
+sobrehumano, que consistía en imponerse el doble sacrificio de privarse
+de su hijo, y aceptar por tal al que no lo era, para que esta ignorancia
+la hiciese luego tratar a ambos con el mismo cariño. Ignoraba que alma
+de su temple jamás hubiera perjudicado al ajeno en provecho del propio,
+mas quiso colocarse en tales condiciones, que hasta le fuesen imposibles
+la preferencia y la injusticia.</p>
+
+<p>¿Quién podía prever la suerte que les estaba deparada? ¿Qué haría ella,
+por ejemplo, el día en que por los azares del mundo fuese preciso
+anteponer en su corazón uno a otro, darle mayores facilidades de éxito,
+o salvarle de un riesgo? ¿A quién acudiría primero? ¿No juró
+confundirles en el mismo cariño? ¿Pues que mejor manera de realizar el
+juramento que conseguir la imposibilidad de quebrantarlo? Según su
+corazón, que estaba sorbido y dominado por la gratitud, todo aquello y
+más debía a Susana, que la libró de ser arrojada del convento, la trató
+como hermana, y finalmente, la unió al hombre de quien estaba enamorada.
+¿Qué hubiera sido de ella sin Susana? ¿Hasta dónde hubiera rodado
+impulsada por vientos de desgracia?</p>
+
+
+<h3>VIII</h3>
+
+
+<p>Por fin, al comenzar el sexto año de separación, Valeria estuvo enferma,
+y entonces, aterrada ante la idea de morir, sintió doblegarse su
+entereza. Apenas convaleciente, corrió a la aldea. Su viaje le pareció
+un tormento, más largo que el de los cinco años transcurridos. ¿Vivirían
+los dos niños? ¿Cómo los encontraría? ¿Cuál sería su índole? ¿Cuál
+mostraría mejores sentimientos? ¿Cuál la querría más? De fijo el suyo...
+Pero ¿cómo le conocería?</p>
+
+<p class="puntos">¡Sacrificio inútil, batalla estéril contra la flaca condición humana!
+Aún no habían llegado aquellos seres a la edad en que se revelan el
+corazón y la inteligencia, y ya instintivamente ambicionaba que su hijo
+fuese superior al hermano pegadizo.</p>
+
+<p class="puntos2">&nbsp;</p>
+
+<p>Le parecía que el coche no iba bastante aprisa, que los árboles de las
+laderas del camino eran siempre los mismos, que huía a lo lejos el
+horizonte prolongando la separación..., hasta que al volver un recodo
+próximo a la aldea, descubrió dos niños vestidos con relativo esmero.
+Estaban jugando bajo un gigantesco grupo de castaños, saltando sobre un
+espeso tapiz de musgo aterciopelado, donde el sol y las sombras del
+ramaje formaban maravillosos arabescos.</p>
+
+<p>Al llegar el carruaje cerca de aquel sitio, mandó parar, bajó, y
+acercándose a los niños y conociéndolos, porque a su lado estaba la
+mujer del colono, los envolvió en una mirada indefinible. Clavó en ellos
+los ojos, quiso dirigirse primero a uno y luego a otro, vaciló,
+llenarónsele las mejillas de lágrimas, y por último, extendiendo
+abiertos los brazos, cogió a los dos al mismo tiempo, les atrajo contra
+su pecho..., los apartó, tornó a mirarlos, y enloquecida de dudas y
+alegrías, apretándoles de nuevo contra sí, abarcando juntas las cabezas,
+se las cubrió de besos y caricias, mientras la aldeana, que la reconoció
+en seguida, gritaba con su dulce acento gallego:&mdash;«Juan, está
+quieto;&mdash;Pedro non te vayas.»</p>
+
+<p>La mujer de alma grande tenía logrado su propósito. No sabía cuál era el
+que había parido.</p>
+
+<h3>IX</h3>
+
+
+<p>Pasaron años. Desde que Valeria recogió los niños de manos del <i>Santo</i>
+hasta que se hicieron hombres no le causaron más penas que los
+disgustillos que dan de sí la infancia y la primera época de la
+juventud: jugarretas, trastadas, bromas y travesuras. Llegada la edad de
+la razón, Juan y Pedro fueron buenísimos para ella. Sus corazones no
+cesaban de brotar y consagrarle nuevos tesoros de ternura. ¿Quién la
+quería mas? Era imposible averiguarlo. Del carácter sensato y juicioso
+del uno, de las genialidades prontas e irreflexivas del otro, surgían
+continua e inesperadamente pruebas de amor filial. Ella, en tanto, hoy
+mimaba a Juan, mañana prefería a Pedro, igual cariño profesaba a los
+dos, pero cariño ciego, vacilante, inseguro, como si viviese condenado a
+la incertidumbre de su propia sinceridad. Ambos ante su conciencia eran
+hijos suyos, mas siempre le quedaba en el fondo del alma la duda, nunca
+satisfecha; la esperanza, jamás colmada, de que el mejor fuese el que
+ella había llevado en las entrañas.</p>
+
+<p>Andando el tiempo, Valeria, exclusivamente dedicada a estudiar aquellas
+dos almas, hizo un descubrimiento que la llenó de angustia. Ambos tenían
+novia y cada cual quería a la suya, no con un sentimiento vulgar y
+pasajero, sino con pasión digna de ellos. Aquella era la ocasión de
+probarles.</p>
+
+<p>Había pagado su deuda haciéndoles buenos y felices: ninguno tenía
+derecho a proferir la menor queja: ella lo tenía a saber cuál era su
+verdadero hijo, forjándose la ilusión de creer que lo sería el que
+mostrase quererla más. En otro tiempo le cegó la gratitud: ahora le
+cegaba el ansia de cariño.</p>
+
+<p>Luego de haber madurado su propósito, con la astucia propia de su índole
+y carácter, les juntó un día y les dijo:</p>
+
+<p>&mdash;Os llamo porque ocurren grandes novedades. Estamos medio arruinados.
+No podemos seguir viviendo con la holgura relativa que hemos disfrutado
+hasta ahora. Es necesario que uno se separe de mí y de su hermano. Tengo
+la seguridad de conseguir un buen destino para Ultramar. Mientras cambia
+la fortuna, es preciso que uno de vosotros se vaya muy lejos y ayude a
+los que aquí quedemos. ¿Quién quiere separarse de mí? ¿Quién se quiere
+quedar? Resolvedlo vosotros, y decídmelo mañana.</p>
+
+<p>Oyéronla ambos en silencio y aquella misma noche se reunieron a
+deliberar.</p>
+
+<p>Valeria, descalza, para no ser sentida, fue hasta la puerta del cuarto
+donde estaban, y pegando la oreja al ojo de la llave escuchó todo lo que
+hablaron.</p>
+
+<p>&mdash;¿Has oído a madre?&mdash;dijo Juan.</p>
+
+<p>&mdash;Sí&mdash;repuso Pedro.</p>
+
+<p>&mdash;¿Y qué dices?</p>
+
+<p>&mdash;Que no me voy.</p>
+
+<p>&mdash;Ni yo tampoco.</p>
+
+<p>&mdash;¿Por qué?</p>
+
+<p>&mdash;Porque no me separo de ella... ni de ti.</p>
+
+<p>&mdash;Lo mismo digo.</p>
+
+<p>&mdash;Pues ella dispone que se vaya uno.</p>
+
+<p>&mdash;Ya le haremos ceder.</p>
+
+<p>&mdash;¿Y si no cede?</p>
+
+<p>&mdash;Ya no pienso en casarme. Estoy dispuesto a ganar un jornal, a arrancar
+piedras con los dientes, a todo, menos a separarme de ella.</p>
+
+<p>&mdash;Tienes razón. Igual pienso yo. Aquí a su lado soportaré escasez,
+pobreza, lo que venga: yo también renuncio a la mujer que amo; pero
+¿irme lejos, exponerme a que mi madre se muera sin verla? ¡Eso no!
+Aunque lo mande. Si quieres, márchate tú.</p>
+
+<p>&mdash;Y ¿por qué he de ser yo el sacrificado? ¿No soy tan hijo suyo como tú?</p>
+
+<p>Aquellos dos muchachos, que se querían entrañablemente, que jamás
+habían reñido por nada, ni de niños ni de mozos, estuvieron a punto de
+venir a las manos. Con todo transigían, todo lo aceptaban menos lo que
+pudiera significar despego hacia su madre. Cruzáronse entre ellos
+algunas palabras fuertes, algunas frases agrias; pero al fin pudo el
+cariño más que ningún otro sentimiento, y Juan dijo:</p>
+
+<p>&mdash;Mira, no añadamos a la pesadumbre que ya tenemos la pena de enfadarnos
+uno con otro. No hay remedio: si madre lo manda, uno tendrá que
+sacrificarse. Que ella lo designe, y ese que baje la cabeza, obedezca y
+se resigne sin chistar. ¿Convienes en ello?</p>
+
+<p>&mdash;Convenido, ella decidirá.</p>
+
+<p class="puntos">Y abriéndose mutuamente los brazos, lloraron juntos, como dos niños.</p>
+
+<p>Valeria les escuchó henchida el alma de alegría. Aquel fue el único
+momento egoísta de su vida. Todas sus penas hallaron resarcimiento,
+todos sus dolores tuvieron premio. Luego, andando de puntillas, se alejó
+de junto a la puerta, y a los pocos días, con fingida tranquilidad, dijo
+que las circunstancias habían variado y que la separación no era
+precisa.</p>
+
+
+
+<p>Nunca supo quién era su verdadero hijo, pero adquirió el convencimiento
+de que ambos adoraban en ella. En un mismo culto la confundían el que
+llevó en las entrañas y el que formó con la bondad de su alma. Aquella
+doble maternidad fue la recompensa de su vida.</p>
+
+
+
+
+
+<h3><a name="La_prueba_de_un_alma" id="La_prueba_de_un_alma"></a>La prueba de un alma.</h3>
+
+
+
+
+<p>Durante el verano de 188... la concurrencia de bañistas fue en Saludes
+mayor que nunca: desde la fundación del balneario no se había visto allí
+tanta gente, ni tan lucida y bulliciosa.</p>
+
+<p>Los enfermos graves eran pocos, y como por razón de su estado se
+hallaban recluidos en sus habitaciones, no molestaban a los que querían
+divertirse; los cuartos eran limpios, la comida, si no muy delicada,
+abundante y sabrosa, las camas aceptables, el campo delicioso, y las
+excursiones salían baratas; de suerte que todo el mundo estaba contento,
+sin acordarse el bolsista de sus negocios, ni el empleado de su oficina,
+ni la mujer hacendosa de los quehaceres de su casa, ni mucho menos el
+estudiante de sus libros: las niñas en estado de merecer disfrutaban
+bastante libertad para dejarse galantear a sus anchas por los muchachos;
+y, según malas lenguas, de igual libertad se aprovechaban algunas
+casadas, si no para permitir que fuese invadido allí mismo el cercado
+ajeno, a lo menos para demostrar que no lo defenderían mucho cuando, de
+regreso en la corte, fuesen menor el peligro de la murmuración y las
+ocasiones más seguras.</p>
+
+<p>A que resultara grata la permanencia en Saludes contribuía mucho el
+director facultativo, hombre de treinta o pocos más años, simpático, muy
+inteligente, y en quien se daban reunidas raras circunstancias y
+envidiables prendas.</p>
+
+<p>El doctor Ruiloz era el primogénito de un banquero, socio principal de
+la casa Ruiloz y Compañía, de Madrid. Desde muchacho se empeñó en seguir
+la carrera de médico, dejando a su segundo hermano el cuidado y la
+gloria de continuar amontonando millones. En un principio la familia
+trató de quitarle de la cabeza aquel propósito, mas tan resuelto y
+decidido le vieron, que no hubo sino dejárselo lograr. «Aunque le falten
+enfermos&mdash;cuentan que dijo su padre&mdash;no ha de faltarle dinero, teniendo
+yo tanto como tengo.» Con la tenacidad mostrada al elegir carrera, y con
+la conducta que observó al estudiarla, quedaron probadas la energía y la
+fuerza de voluntad que Dios había puesto en el alma de Juan Ruiloz,
+porque sin mermar a la juventud sus fueros, ni dejar de divertirse
+durante aquella edad en que la alegría es media vida, fue primero modelo
+de estudiantes y luego espejo de médicos.</p>
+
+<p>Trabajando mucho, prescindiendo de la influencia y riqueza de sus
+padres, verdaderamente obstinado en deberlo todo a su propio esfuerzo,
+se hizo hombre y comenzó a labrarse la reputación, logrando verla
+consolidada en pocos años con algunos buenos escritos referentes a su
+facultad, y gracias a unas cuantas curas y operaciones tan sabias como
+afortunadas. Su estancia en Saludes fue puramente accidental. El médico
+en propiedad del balneario, que era un intimo amigo y compañero suyo,
+cayó enfermo, pidió licencia, concediéronsela, necesitó prórroga, se la
+negaron, y cuando se hallaba a punto de perder la plaza, le dijo Juan:</p>
+
+<p>&mdash;No te apures: para estas ocasiones son los amigos de mis padres; yo
+haré que me nombren director de Saludes, como supernumerario, en
+comisión, sin sueldo, de cualquier modo... y en paz: te curas, y cuando
+puedas trabajar me retiro modestamente por el foro.</p>
+
+<p>De esta manera llegó a ser médico del humilde balneario el doctor
+Ruiloz, a pesar de que por entonces ya su nombre corría de boca en boca,
+seguido de tales alabanzas, que nadie pudo comprender cómo ni por qué
+aceptó destino tan poco lucrativo. Los que estaban en el secreto de la
+cosa y conocían íntimamente a Juan, no se sorprendieron, sabiendo que,
+a más de ser amigo de hacer favores, había en él cierta innata tendencia
+a buscar en lo anormal y extraordinario el encanto de la vida. ¿Y dónde
+cosa menos vulgar y más desacostumbrada para un médico rico y mimado por
+la suerte, que ir a encerrarse en un balneario de tercera clase, en el
+cual no había de ganar honra ni provecho, sólo por servir a un
+compañero?</p>
+
+<p>Tal es la excelencia de las buenas acciones, que a veces el favor que se
+hace en obsequio de uno redunda en provecho de muchos, y así sucedió en
+este caso, porque cuando su clientela adinerada y elegante de Madrid
+supo que Ruiloz iba aquel año de médico a Saludes, allá se fueron tras
+él muchas familias de la corte; unas por tener cerca a su doctor
+favorito, y otras esperanzadas en que, no hallándose tan cargado de
+trabajo, podrían consultarle más despacio, con lo cual acudió tanta
+gente, que todo el verano fue agosto para el humilde lugarejo.</p>
+
+<p>Iba ya vencida la temporada, y Ruiloz estaba, aunque no arrepentido del
+favor hecho a su amigo, cansado de tener más trabajo que en Madrid,
+cuando llegó a Saludes un matrimonio joven, acompañado y servido por una
+doncella y un ayuda de cámara: albergáronse amos y criados en la mejor
+casa del pueblo, y en seguida el marido, que se llamaba D. Javier
+Molínez, se presentó a Ruiloz diciéndole que su esposa venía enferma, y
+que sólo para que él la asistiese habían hecho el viaje. Fue el doctor a
+visitarla, preguntó cuanto creyó conveniente, hizo los reconocimientos
+propios del caso, infundió ánimo en el abatido espíritu de aquella
+señora, que además de joven era hermosa, y luego, llegada la noche, y en
+vista de las reiteradas súplicas que Molínez le hizo para saber el
+verdadero estado de su mujer, le habló de este modo mientras paseaban
+por el jardín del balneario.</p>
+
+
+
+<p>&mdash;Ya que V. la exige y tiene valor para escucharla, le diré la verdad.
+El caso no es desesperado, pero poco menos. Cuando llegan a este grado
+de desarrollo, las afecciones del corazón son peligrosísimas. Aquí no
+deben Vds. permanecer más tiempo que el preciso para que recobre
+fuerzas: vuélvanse Vds. pronto a su casa. Ni sé cómo ha podido soportar
+el viaje en las condiciones en que está.</p>
+
+<p>Hizo luego una breve explicación científica, y terminó diciendo:</p>
+
+<p>&mdash;Puede vivir unos cuantos meses... tal vez años, aunque
+desgraciadamente no lo espero... y cualquier contratiempo en la marcha
+de la enfermedad puede también ocasionar un desenlace fatal en pocos
+días. Acaso la saquemos adelante; pero hoy por hoy su estado es muy
+grave. Si mejorase algo, lo más juicioso sería llevársela a Madrid.</p>
+
+<p>&mdash;¿De modo que no hay esperanza?</p>
+
+<p>&mdash;Eso... sólo Dios puede saberlo.</p>
+
+<p>&mdash;¿Y cree V. que debo avisar a mi suegra para que venga?</p>
+
+<p>&mdash;Indudablemente, con tal de que halle V. pretexto para justificar su
+llegada, porque su señora de V. no está para soportar emociones fuertes.</p>
+
+<p>Sin duda Molínez tenía, o halló, modo de justificar el viaje de su madre
+política, pues le telegrafió para que acudiese a Saludes, donde llegó a
+las treinta horas, acompañada de una mujer entrada en años, que era su
+ama de llaves, y de una señorita de gracioso rostro y gentil figura a
+quien llamaba Julia.</p>
+
+<p>Pocos días bastaron para que los Molínez y el doctor simpatizaran: entre
+los atractivos personales de éste y el agradable trato de aquéllos, que
+se esforzaban en atraerle y agasajarle en beneficio de la enferma,
+pronto se hicieron amigos. Ruiloz y Javier daban juntos largos paseos,
+jugaban al ajedrez y con frecuencia comía el primero en casa del
+segundo; de suerte que los forasteros siempre tenían cerca al médico y
+éste se complacía en el afable trato de la familia madrileña.</p>
+
+
+
+<p>Esto sucedía a principios de Agosto.</p>
+
+<p>Transcurrido un mes, todos los habitantes del balneario sabían que la
+señora de Molínez estaba muy aliviada, y que, sin embargo, el doctor
+cada día pasaba más tiempo en su casa, con lo cual hallaron fundamento
+las suposiciones de los malévolos y ocupación las lenguas de los
+murmuradores. «Las enfermedades del corazón deben de ser
+contagiosas&mdash;cuentan que dijo un chusco&mdash;porque desde que llegó esa
+señora de Molínez el médico está muy grave.»</p>
+
+<p>Realmente, la variación sufrida por Ruiloz en poco tiempo era tal, que
+sólo un ciego podía dejar de observarla. De alegre, decidor y bromista,
+se hizo triste, callado y serio; algunos días hasta se mostraba
+desabrido y seco con los enfermos; en el salón del balneario apenas
+ponía los pies; negose a recibir fuera de las horas marcadas para la
+consulta y, por último, su semblante adquirió una expresión de
+melancolía que hubiese justamente alarmado a sus padres y amigos si de
+improviso llegaran a Saludes.</p>
+
+<p>Este cambio, casi repentino, y las constantes visitas a la familia de
+Molínez, daban cierta apariencia de verdad a la suposición de que al
+doctor no le preocupaba única y exclusivamente el cuidado de un enfermo
+grave. La mejoría de Clotilde Molínez valió a Ruiloz muchas
+enhorabuenas, pero a espaldas suyas dio pábulo a grandes murmuraciones.
+Todo el mundo, pasándose de listo y sin recordar que en aquella casa
+había dos mujeres, una soltera y otra casada, creía o fingía creer que
+el médico estaba enamorado de la segunda. Sin embargo, el marido de ésta
+podía dormir tranquilo.</p>
+
+<p>Quien ocasionaba las cavilaciones del doctor era Julia, la joven que
+llegó a Saludes con la suegra de Molínez.</p>
+
+<p>Representaba más de veinte y menos de veinticinco años: tenía la mirada
+inteligente y expresiva, las facciones delicadas, el andar airoso y el
+cuerpo bien formado; pero su principal encanto estaba en la
+conversación, en el lenguaje, y no sólo en lo que decía sino en el modo
+de decirlo, porque además de gran claridad de entendimiento y mucho
+ingenio, descubrían sus palabras superior bondad de alma y sinceridad
+extraordinaria.</p>
+
+<p>Era ilustrada sin afectación, religiosa sin fanatismo, honesta sin
+hipocresía y franca sin descaro. La única condición que pudiera deslucir
+algo estas cualidades consistía en cierta dureza y sequedad de genio y
+acritud en las frases, cuando en la conversación salían a plaza
+determinadas flaquezas humanas: la mentira y el engaño, el disimulo y la
+astucia le eran aborrecibles.</p>
+
+<p>Su tía doña Carmen, madre de Clotilde y suegra de Molínez, parecía fiar
+y descansar en Julia para todo lo referente al cuidado de la casa,
+tratándola como a hija y siendo por ella considerada con grande amor y
+respeto. El cariño que tía y sobrina se profesaban era prueba indudable
+de la buena índole de ambas: las atenciones y el mimo que Julia
+prodigaba a doña Carmen contribuyeron mucho a que Ruiloz descubriese en
+la primera las cualidades que, hábilmente dirigidas, pueden ser la base
+de un hogar dichoso.</p>
+
+<p>La sorpresa y las dudas del médico nacieron cuando, poco a poco, fue
+observando que entre Julia, de un lado, y de otro entre su prima y el
+marido de ésta, no reinaba la misma cordialidad. Para doña Carmen era
+toda mansedumbre y cariño: respecto de Clotilde y Javier, parecía vivir
+en sumisión forzada; les dirigía la palabra cortés y casi
+afectuosamente, pero siempre con tal circunspección y mesura, siempre
+con tan escasa confianza, que la reserva robaba espontaneidad a su
+lenguaje: diríase que medía y pesaba las palabras, evitando
+cuidadosamente todo lo que pudiese ocasionar piques y roces. La frialdad
+que reinaba entre aquellas tres personas era evidente. En vano se
+esforzaban marido y mujer por cubrir con frases pulidas y mentidos
+halagos aquella tirantez; inútil era también la habilidad desplegada por
+doña Carmen para ocultar aquella hostilidad mal contenida.</p>
+
+<p>Nada de esto escapó a la penetración de Ruiloz.</p>
+
+<p>El primer sentimiento que Julia le inspiró fue la simpatía: después,
+notando su rara situación en el seno de aquella familia, no pudo
+librarse de una sospecha en que iba envuelto un desencanto. Imaginó que
+entre Julia y Javier <i>había algo</i> y que por encubrirlo fingían: luego
+creyó que si entonces no estaban unidos por afecto culpable, acaso lo
+habrían estado tiempo atrás, sustituyendo después el rencor a la pasión:
+por último, se aferró a la idea de que la aversión que les separaba
+obedecía a sentimientos de índole opuesta, porque él mostraba bajeza y
+apocamiento ante Julia, y ésta, por el contrario, le miraba entre
+despreciativa y soberbia. Ruiloz se dio cuenta también de que doña
+Carmen vivía al parecer siempre atormentada por aquel drama íntimo,
+esforzándose en limar asperezas, evitar disensiones y alejar conflictos:
+ya intervenía en los diálogos para variar la conversación cuando corría
+peligro de agriarse, ya entraba oportunamente en las habitaciones
+estorbando que Julia se hallase sola con Javier o con Clotilde, ya, por
+último, y esto era lo que hacía con más gusto, mimaba y acariciaba a su
+sobrina cual si quisiera recompensarla por algún sacrificio o
+indemnizarla de alguna grande e inmerecida injusticia. La criada de doña
+Carmen también parecía querer mucho a Julia, mirando, por el contrario,
+a Clotilde y su marido con respeto, pero sin cariño: todo lo cual
+indicaba que en la existencia de aquella familia había un secreto: según
+las apariencias Julia era o había sido víctima de alguna infamia.</p>
+
+<p>La triste situación de esta mujer, sus gracias naturales, aumentadas con
+el novelesco encanto del misterio, y la particular organización del
+médico, que, sin duda harto de estudiar el dolor y la materia, buceaba
+con placer en las profundidades del espíritu, hicieron que Ruiloz se
+apasionase por aquella víctima de no sabia qué injusticias. A su amor
+contribuyeron, tanto como la figura de Julia, la misteriosa situación en
+que esta se encontraba y la facilidad con que su propio ánimo se dejaba
+influir y dominar por todo lo extraordinario y anormal: sintió un afecto
+formado de simpatía y de piedad, robustecido por la prudencia forzada, y
+finalmente poetizado por aquella aureola de dignidad y desgracia en que
+veía envuelta a la mujer querida. No le seducían sus ojos por
+expresivos, ni su boca por fresca, ni su talle por esbelto, sino toda
+ella por cierta atmósfera de melancolía que, circundándola como un
+ropaje ideal, daba a sus ojos apacible tristeza, y a su boca sonrisa
+resignada, y a su cuerpo entero una dejadez y laxitud en mayor grado
+poderosas y excitantes que la más espléndida hermosura o la más astuta
+coquetería.</p>
+
+<p>Ruiloz ocultó cuidadosamente su amor, pensando que ni la situación de
+aquella familia ni el poco tiempo que en su amistad llevaba le permitían
+por entonces otra cosa; pero este mismo forzoso secreto sirvió de
+incentivo a su deseo.</p>
+
+<p>Entre tanto, la enfermedad de Clotilde volvió a agravarse, precisamente
+cuando el balneario se iba quedando desierto. La fecha de la clausura
+estaba cercana, y el médico no decía palabra de volver a la corte; si
+alguien le hablaba del regreso, respondía con evasivas: pero como nadie
+se engaña a sí mismo, harto persuadido estaba de que Julia, únicamente
+ella, era quien le retenía allí. Por fin se marcharon de Saludes hasta
+los criados y camareros: no quedaron en el lugar más que la familia
+Molínez y el doctor. Entonces éste, temeroso de que aun a sus nuevos
+amigos pareciese sospechosa tal conducta, mortificado por la suposición
+de que pudieran creer que prolongaba su estancia allí para hacer pagar
+más caros sus cuidados, y sobre todo aguijoneado por el amor, determinó
+salir de dudas.</p>
+
+<p>Una noche vio que Julia tenía los ojos como puños, de haber llorado.
+Nada se atrevió a preguntarle; pero al día siguiente, que era domingo,
+esperó muy de mañana a la criada vieja de doña Carmen, y acercándose a
+ella cuando salía de la iglesia le rogó que le siguiese hasta su
+despacho del balneario, donde, primero con astucias y luego con ofertas
+trató de averiguar lo que tanto deseaba saber.</p>
+
+
+
+<p>Aquella buena mujer le dejó hablar cuanto quiso, sin interrumpirle; oyó
+sin chistar los inocentes y mal rebuscados pretextos en que fundó sus
+preguntas, y luego, sonriendo como diplomático que no se resigna a darse
+por engañado, le dijo con la respetuosa franqueza propia de algunos
+sirvientes viejos.</p>
+
+<p>&mdash;Mire V., señor doctor, hace muchos días que esperaba esto... vamos,
+que me buscara V.</p>
+
+<p>&mdash;¿V. lo esperaba?</p>
+
+<p>&mdash;Tan seguro lo tenía, que antes de venir he pedido permiso a mi ama
+doña Carmen.</p>
+
+<p>&mdash;¿Y qué le ha dicho a V.? ¿Y por qué lo sospechaba V.?</p>
+
+<p>&mdash;¿Me da V. su permiso para que hable clarito?</p>
+
+<p>&mdash;Se lo ruego.</p>
+
+<p>&mdash;Pues V. está enamorado de la señorita Julia; V. ha comprendido que en
+la casa pasa o ha pasada algo muy gordo, como vulgarmente se dice, y
+quiere enterarse... naturalmente, un hombre tiene derecho a saber lo
+que puede importarle.</p>
+
+<p>&mdash;Y esto que V. dice, ¿lo sospecha también doña Carmen?</p>
+
+<p>&mdash;A mi señora no se la escapa nada.</p>
+
+<p>&mdash;¿Y doña Clotilde y su marido?</p>
+
+<p>&mdash;La enferma, V. lo sabe, no está para nada: el señorito Javier no sé si
+se habrá fijado; pero ese... lo mejor que le podía suceder era que la
+señorita Julia saliera de casa.</p>
+
+<p>&mdash;¿Y <i>ella</i>?</p>
+
+<p>&mdash;Doña Carmen dice que sí, que la señorita ha comprendido que V. la
+quiere; yo, a decir verdad, no lo sé. ¡Ojalá le hiciese a V. caso! todo
+se lo merece... aunque no sea más que por lo que ha sufrido.</p>
+
+<p>&mdash;Veo que con una mujer como V. no hay que andarse por las ramas, y
+menos estando doña Carmen enterada de...</p>
+
+<p>&mdash;Pues pregunte V. lo que quiera. Soy vieja, llevo veinte años al lado
+de doña Carmen, y ya le digo a V. que estoy aquí con su consentimiento.
+Lo que V. desea saber es... la situación de la señorita Julia en la
+casa, el por qué no se lleva bien con la señorita Clotilde y con su
+marido; en fin todo lo que pasa.</p>
+
+<p>&mdash;Cabal.</p>
+
+<p>&mdash;Va V. a salir de dudas. La señorita Julia es sobrina carnal de doña
+Carmen, hija de una hermana suya que murió hace quince años. La ha
+criado como a su propia hija, que es de la misma edad, poco más o menos.
+En vez de una hija, han sido dos... y, la verdad, la señorita Julia es
+de mejor índole, más cariñosa y dulce.</p>
+
+<p>&mdash;¡Eso un ciego lo ve!</p>
+
+<p>&mdash;Hace tres años comenzó D. Javier a seguirlas por todas partes: a
+teatros, conciertos, paseos... en fin, lo que hace un enamorado.</p>
+
+<p>&mdash;¿De quién?</p>
+
+<p>&mdash;De la señorita Julia. Por fin le presentaron en la casa; ella no le
+puso mala cara, y estuvieron en relaciones... cosa de seis meses.</p>
+
+<p>&mdash;Pues no comprendo...</p>
+
+<p>&mdash;Al cabo de aquellos seis meses llegó el verano. Mis señoritas tienen
+costumbre de salir de Madrid todos los veranos, y se encontraron con que
+aquel año no podían: verá V. por qué. La casa donde vivimos en Madrid es
+de doña Carmen; un caserón viejo, a la antigua. Mi señora quería hacer
+obra, obra grande; tirar tabiques, reformar muchas cosas, tapizar luego
+habitaciones... un trajín de todos los diablos; y, por otra parte, no
+quería renunciar al viaje, cuestión de salud. Tenemos un administrador
+viejecito, un buen señor, pero con tantos años sobre sí, que no sirve
+para nada. En una palabra, hacía falta que se quedara alguien con él.
+Total; nos quedamos en Madrid el administrador, la señorita Julia y yo,
+pasando todo el verano vigilando a los operarios. La señorita Julia
+comprendió que debía dar este gusto a doña Carmen... y de ahí nació
+todo.</p>
+
+<p>&mdash;¿Y qué tiene eso que ver?...</p>
+
+<p>&mdash;¿No lo adivina V.? Doña Carmen y la señorita Clotilde se fueron con
+una doncella, nosotras nos quedamos y... aquí entra lo feo. Doña Carmen,
+que había autorizado los amores de la señorita Julia con D. Javier,
+prohibió naturalmente que éste entrase en la casa durante su ausencia, y
+ella, más buena que el pan, para evitar toda clase de habladurías, pidió
+a su novio que se marchara también de Madrid durante el verano. Y él se
+fue, sí, señor; pero se fue donde estaban ellas: primero a San
+Sebastián, luego a Biarritz, quince días a París... y donde fue no lo
+sabemos, pero...</p>
+
+<p>&mdash;¿Clotilde le robó el novio a Julia?</p>
+
+<p>&mdash;Sí, señor; robado, esa es la palabra. Parece que la cosa comenzó con
+bromas y coqueteos; no sé lo que sucedería; pero o ella le volvió loco,
+o él pensó que más valía la rica que la pobre. A mitad del verano dejó
+de escribir a Julia. El administrador y yo creímos que la señorita se
+moría: doña Carmen llegó a Madrid enferma del disgusto, porque ya se
+traía tragada la infamia. ¡Qué cosas le dijo a su hija! No hubo medio de
+evitarlo: él amenazó con sacarla depositada, y, ante el escándalo, hubo
+que ceder. Este es el secreto de todo. Como V. puede imaginar, se acabó
+la tranquilidad.</p>
+
+<p>No hay palabras con que expresar el asombro de Ruiloz, asombro mezclado
+de pena, pues su primera suposición fue que Julia seguía enamorada de
+Javier. Trató, sin embargo, de coordinar sus pensamientos, y preguntó a
+la vieja:</p>
+
+<p>&mdash;Pero dígame V.: después de todo esto, ¿cómo sigue la señorita Julia
+viviendo en la casa?</p>
+
+<p>&mdash;Viven y no viven juntos. La señorita Clotilde y su marido tienen el
+bajo, que es independiente; doña Carmen, Julia y yo, el principal. En
+Madrid <i>ellas dos</i> apenas se veían. Por eso han sido aquí los
+rozamientos, en cuanto se han acercado. Además, <i>ella</i> quiso meterse
+monja... ponerse de institutriz... ¿cómo había de permitirlo la señora?</p>
+
+<p>&mdash;Todo está explicado.</p>
+
+<p>&mdash;¡Claro! Aquí han sido los disgustos gordos. Cuando V. mandó llamar a
+mi ama, la señorita Julia no quiso que viniera sola: pensó que tendría
+calma para ver a la otra, para verle a él... y no ha habido tal calma.
+Esta es la situación.</p>
+
+<p>&mdash;¿Y no hay más?</p>
+
+<p>&mdash;Lo demás es muy delicado.</p>
+
+<p>&mdash;¡Pobre mujer!</p>
+
+<p>&mdash;¡Figúrese V.! Está colocada en la alternativa de tener que abandonar
+a doña Carmen a quien todo se lo debe, o soportar la presencia de los
+otros. Y ahora comprenderá V. también la influencia que han de tener
+ciertos sacudimientos morales en la enfermedad de doña Clotilde; porque,
+a mí no me cabe duda, también ella ha de sufrir... ¡y bien castigada
+está! Clotilde sabe que Julia la desprecia, y al mismo tiempo está
+celosa de ella.</p>
+
+<p>&mdash;¡Si Julia quiere, yo la haré feliz!&mdash;exclamó Ruiloz en un rapto de
+indignación mezclada de ternura.</p>
+
+<p>Y en aquel momento comprendió que la quería de veras. No, no era sólo la
+atracción de lo misterioso y anormal; era que aquella mujer se le había
+metido en el alma. Hizo un esfuerzo por serenarse, dominó la impresión
+que sentía, y dijo:</p>
+
+<p>&mdash;Pues bien; sólo dos cosas deseo saber ahora; primera: ¿cree V. que
+Julia quiere todavía a D. Javier?</p>
+
+<p>&mdash;Me parece demasiado altiva, demasiado digna...</p>
+
+<p>&mdash;Segunda: ¿cree V. que doña Carmen apoyará mis deseos?</p>
+
+<p>&mdash;Cuando me ha permitido venir aquí, es que ha visto en V. un hombre
+honrado para su Julia.</p>
+
+<p>&mdash;Pues si es así, yo aprovecharé la primera ocasión que se me presente
+propicia para hablar con Julia. ¡Con tal de que su antiguo amor hacia
+Molínez no sea una verdadera pasión!</p>
+
+<p>&mdash;Se me figura que no; eso V. lo averiguará. Y ahora, para concluir, yo
+también tengo que hacer a V. una pregunta por encargo de mi ama, y claro
+está que repetiré con la mayor prudencia lo que V. diga. Vamos a ver:
+¿cuál es el verdadero estado de la señorita Clotilde?</p>
+
+<p class="puntos">&mdash;Hoy por hoy, gravísimo. Creo, sin embargo, que de esa crisis
+saldremos adelante; pero de las que vengan luego no respondo; en uno
+de esos ataques tiene que quedarse. De modo que si ahora se alivia, lo
+antes posible, a Madrid con ella.</p>
+
+<p>Desde la mañana en que Ruiloz habló con la criada confidente de doña
+Carmen, subieron de punto sus cavilaciones. Ya sabía cuanto deseó saber;
+ya conocía el secreto de aquella familia, el motivo de las tristezas de
+Julia, y sin embargo, sus dudas eran más dolorosas que antes. Ella en
+nada desmereció a sus ojos, siguió pareciéndole tan digna de ser querida
+como antes; nada viturable halló en su conducta; había amado a un hombre
+que la despreció por otra, ni más ni menos... Allí la traidora, la digna
+de censura era Clotilde. Para Molínez no encontraba calificativo
+bastante duro: era un miserable vulgar, que sintiendo inclinación hacia
+una mujer la dejó en cuanto supo que era pobre, dándole por rival a su
+misma prima, prolongando luego una situación en que la infeliz había de
+sufrir doblemente con mortificaciones de amor propio y... acaso, acaso
+con dolorosísimos celos. Porque ¿quién podría decir si Julia no amaba a
+Javier? ¿En qué consistiría su tormento? ¿En la postergación sufrida, o
+en el desengaño experimentado? ¿Quién era capaz de saber lo que pasaba
+en su alma? El haberle quitado el novio, ¿significaba para ella la
+simple humillación del orgullo femenino, herida hecha en la vanidad, que
+escuece pero se cura, o sería tal vez el robo de sus ilusiones y la
+muerte de sus esperanzas? Aquel odio hacia Clotilde que Julia no podía
+encubrir ¿era expresión más o menos exagerada de desprecio y
+superioridad, o era el rencor de un alma a quien se habían cerrado las
+puertas de la dicha? En una palabra, ¿habría Julia sentido por Molínez
+un amor tibio y pasajero, ya extinto, o una de esas pasiones que en la
+adversidad se exacerban y llenan toda la vida?</p>
+
+<p>Ruiloz necesitaba saberlo, pues una cosa era para él pretender a quien
+sólo fue requerida de amores consintiendo en ello, y otra cosa muy
+distinta sería aspirar a enseñorearse de un corazón que tenía dueño,
+tanto más adorado cuanto más imposible era poseerlo. Finalmente,
+comprendía que le era indispensable averiguar si Julia odiaba a Clotilde
+tan sólo por su pasada perfidia, o si estaba celosa de ella porque amase
+a Javier.</p>
+
+<p>Las circunstancias le favorecieron, y él las aprovechó, empleando medios
+conforme a su índole soñadora y romántica, siempre propensa a recursos
+en que la fantasía superaba al raciocinio.</p>
+
+<p>Cualquier otro hombre hubiese comenzado por galantear a Julia hasta
+esperanzarse con algún fundamento, para seguir después enamorándola a
+fuerza de sinceridad y prudencia: él comenzó a discurrir ante todo la
+manera de salir de dudas; lo demás, suponía que se haría solo.</p>
+
+<p>Pronto se le presentó la oportunidad de poner su imaginación al servicio
+de su propósito.</p>
+
+<p>A los pocos días de hablar con la criada de doña Carmen se acentuó el
+retroceso en el padecimiento de Clotilde, a quien velaban
+alternativamente una noche su marido con la doncella, y otra Julia con
+doña Carmen, la cual solía echarse en un sofá mientras Julia pasaba el
+rato leyendo y pronta al cuidado de la enferma.</p>
+
+<p>Para una de estas noches concibió y dispuso Ruiloz su plan, ideado acaso
+con no muy sólido fundamento, por suponer al prójimo capaz de afectos
+más vehementes que los por él experimentados, pero que a juicio suyo
+había de darle plena certidumbre de los sentimientos de Julia.</p>
+
+
+
+<p class="puntos">Por la tarde el doctor tomó en su casa dos frascos, uno de cabida como
+para treinta gramos, y otro muy pequeño: llenolos ambos de agua clara,
+y, sin añadir nada al primero y mayor, vertió en el segundo una materia
+inofensiva, que dio al agua transparente un color amarillo tan
+brillante, que puesto el vidrio al trasluz, parecía contener oro
+líquido. Luego tapó cuidadosamente ambos frascos, y esperó a que llegase
+la ocasión deseada.</p>
+
+<p class="puntos2">&nbsp;</p>
+<p class="puntos2">&nbsp;</p>
+
+
+<p>Las habitaciones que servían de albergue a los Molínez eran espaciosas
+y estaban amuebladas a estilo de pueblo, contrastando con la vetustez y
+modestia de cuanto había en ellas el aspecto moderno y la riqueza de los
+utensilios, ropas, neceseres y estuches de los madrileños: un saco, una
+manta de viaje valían más que todo lo puesto a su disposición por el
+huésped.</p>
+
+<p>Ocupaba el centro de la casa una sala grande con dos dormitorios, uno a
+cada lado: el de la derecha para doña Carmen y Julia; el de la izquierda
+para Clotilde y su marido.</p>
+
+<p>La enferma, casi privada de poder acostarse, pasaba muchas horas sentada
+en una gran butaca, junto a un ventanón, al través de cuyos cristales,
+pequeños y emplomados, se descubría un hermoso y pintoresco valle.
+Cuando quería dormir se extendía en aquella misma butaca, y apoyada en
+varios almohadones, lograba conciliar el sueño. Una lámpara muy lujosa,
+llevada de Madrid, iluminaba el gabinete, mientras Clotilde estaba
+desvelada, encendiéndose en su lugar, cuando quería dormir, una bujía
+puesta en el suelo y tapada con una manta colgada entre dos sillas.</p>
+
+
+
+<p>Tal era el aspecto de la estancia una noche en que doña Carmen y Julia
+debían velar a Clotilde.</p>
+
+<p>Ruiloz procuró entretenerse un rato con doña Carmen, hasta que Javier se
+retiró a descansar; luego fue dejando decaer el interés de la
+conversación que sostenía con ella hasta verla dar cabezadas, y cuando
+se hubo dormido por completo fue acercándose hacia Julia, que estaba
+leyendo junto a un velador, encima del cual lucía la lámpara, cuya
+pantalla arrojaba toda la claridad sobre su gentil figura, dejando los
+extremos de la habitación en sombra. Tenía puesto un traje de lanilla
+gris liso y muy ceñido; la respiración pausada y tranquila imprimía a su
+hermoso pecho un movimiento regular, y un rizo sedoso y negro, escapado
+de entre las horquillas, le ocultaba parte de la frente.</p>
+
+<p>No parecía interesarle gran cosa la lectura: había instantes en que los
+ojos se le quedaban inmóviles, fijos, cual si entre ellos y el periódico
+se interpusiese algo indefinido y soñado que abstrajese su alma de
+cuanto la rodeaba, dibujándose en su rostro una sonrisa de hastío y de
+tristeza; pero otras veces al menor ruido que procediese de donde estaba
+Clotilde, aquellos mismos ojos se animaban de pronto, como si en ellos
+fulgurase la llamarada de un impulso indomable. Si Clotilde respiraba
+fuerte o se movía, haciendo crujir levemente sus ropas, Julia, alzando
+súbito la cabeza, quedábase mirándola, con las pupilas incendiadas por
+un relampaguear indefinible y extraño, tan extraño, que nadie hubiese
+podido decir si era expresión de odio o muestra de terror. En aquellas
+miradas imposibles de descifrar estaba retratada su situación. ¿Qué
+afecto agitaría su alma? ¿La soberbia de un perdón desdeñosamente
+otorgado? ¿La indiferencia del desprecio? ¿Tal vez la compasión que
+inspira la desgracia, aun merecida, o acaso el rencor involuntario y
+hondo que con ningún infortunio se apacigua?</p>
+
+<p>Al llegar Ruiloz al lado de Julia, ésta dejó caer el periódico sobre el
+velador, disculpándose de haber seguido leyendo.</p>
+
+<p>&mdash;Creí que se había V. marchado.</p>
+
+<p>&mdash;¿Sin despedirme?</p>
+
+<p>&mdash;V. ya es de casa.</p>
+
+<p>&mdash;¡Ojalá!</p>
+
+<p>&mdash;¿Por qué?</p>
+
+<p>Ruiloz, sin contestar a esta pregunta, siguió:</p>
+
+<p>&mdash;Me he quedado para hablar con V.</p>
+
+<p>&mdash;¿Conmigo?</p>
+
+<p>&mdash;Sí; V. es aquí tal vez la única persona con quien se puede hablar
+claramente del gravísimo estado de esa pobre señora. ¿Para qué
+mortificar más a su madre y a su marido?</p>
+
+<p>&mdash;¿Cree V. que hoy está peor?</p>
+
+<p>&mdash;Sí; y quisiera hacer una prueba con ayuda de V. Si V. no se hubiese
+quedado hoy a velarla, habría esperado, porque para lo que intento, no
+puedo fiarme del marido, a quien la emoción quitaría serenidad, ni menos
+de la madre...</p>
+
+<p>&mdash;V. dirá lo que se debe hacer.</p>
+
+<p>Ruiloz miró hacia doña Carmen para convencerse de que seguía durmiendo,
+y sacando del bolsillo los dos frasquitos, el del agua clara y el de
+agua teñida de amarillo, dijo enseñándolos a Julia y refiriéndose al
+segundo:</p>
+
+<p>&mdash;Este es un medicamento de una violencia excepcional; hay que emplearlo
+con la mayor precaución; no hay veneno que se le iguale.</p>
+
+<p>&mdash;¿Y cómo se da eso?</p>
+
+<p>&mdash;Ahora lo sabrá V. Clotilde habrá tomado esta tarde poco alimento...</p>
+
+<p>&mdash;Muy poco.</p>
+
+<p>&mdash;Probablemente se despertará, y entonces le da V. dos cucharadas de lo
+contenido en el frasco grande. Tal vez siga tranquila, y en ese caso,
+nada. Pero lo casi seguro es que sobrevenga una excitación muy fuerte, y
+entonces le da V. cuatro o seis gotas de lo del frasquito amarillo.
+Muchísimo cuidado: es absolutamente necesario que la excitación sea
+indudable y fuerte, porque si toma el segundo medicamento sin haberse
+producido la alteración, en situación normal... la muerte sería cosa de
+dos horas. ¿Me ha comprendido V. bien?</p>
+
+<p>&mdash;Creo que sí&mdash;repuso temblando.</p>
+
+<p>&mdash;Al ponerse agitada, nerviosa, casi delirante, el frasco amarillo; y,
+no lo olvide V., si esa excitación no viene, dárselo es matarla.</p>
+
+<p>En seguida Ruiloz, aparentando la indiferencia con que suelen hablar los
+médicos de estas cosas, se despidió y salió, dejándola con los dos
+frascos sobre el velador y llena de sobresalto el alma.</p>
+
+<p>Realmente aquello era un engaño, sólo posible con una persona ignorante
+en cosas de medicina; mas la situación de Julia no dejaba por eso de ser
+tremenda.</p>
+
+<p>La casualidad, acaso la Providencia, ponía en sus manos la existencia
+de Clotilde. Estaba moribunda, su vida pendía de un hilo, y ese hilo
+ella podía cortarlo con completa irresponsabilidad... ¿Matarla? no: no
+más que adelantarle un poco la hora de la muerte, y la impunidad sería
+absoluta, nadie había de saberlo. Con decir que sobrevino la agitación
+prevista por el doctor y que le dio el segundo medicamento...</p>
+
+<p>Sí; aquella era la hora de la venganza, el momento de la expiación, tan
+fácil como nunca pudo soñarla un espíritu rencoroso. Además, ¿quién iba
+a sospechar de ella, cuando el médico sería el primero que la pusiese a
+salvo?</p>
+
+<p>Ruiloz lo calculó todo de un modo diabólico. Las dos supuestas medicinas
+eran agua: ni la primera había de causar agitación, ni la segunda podía
+producir la muerte; pero si Julia daba la última, su intención no
+ofrecería duda de ningún género: habría mentido al decir que vino la
+excitación, y habría demostrado, sólo para Ruiloz, el deseo de abreviar
+la vida de Clotilde. En una palabra, Ruiloz iba a penetrar en el alma de
+Julia: si ésta procuraba la muerte de Clotilde, era señal de que seguía
+enamorada de Javier, o de que sin amarle era rencorosa hasta la
+perversidad, e indigna de ser querida; si lo contrario, demostraría
+primero que su corazón era incapaz de venganza, y tal vez que su amor a
+Javier era sentimiento extinguido.</p>
+
+<p class="puntos">De esta suerte quedaron ambos al separarse, lleno de confusión el
+pensamiento: Ruiloz porque aquella prueba había de revelarle el temple y
+la índole de la mujer querida, y Julia porque a solas con su conciencia
+imaginaba ser juez en causa propia.</p>
+<p class="puntos2">&nbsp;</p>
+<p class="puntos2">&nbsp;</p>
+
+<p>¡Qué noche tan larga... y qué ideas tan negras!</p>
+
+<p>Pero su voluntad no vaciló, la entereza de su virtud no desfalleció un
+instante; mas la imaginación... a esa ¿quién le corta las alas?</p>
+
+<p>Al través de los vidrios y visillos de las ventanas se veían lucir las
+estrellas; turbaban el silencio los ruidos característicos del campo; ya
+el campanilleo de una recua, ya el rechinar de un carro, ya los
+graznidos de las aves rapaces que buscaban nidos entre la espesura del
+ramaje.</p>
+
+<p>A las tres de la madrugada la enferma pidió agua; Julia se la dio. La
+tentación no había hecho presa en su alma, y sin embargo, todo su cuerpo
+temblaba, no por miedo al delito, sino sólo ante la facilidad de poder
+ejecutarlo.</p>
+
+<p>&mdash;Te tiembla la mano&mdash;dijo Clotilde con voz débil al tomar el vaso.</p>
+
+<p>&mdash;Tengo frío&mdash;repuso Julia.</p>
+
+<p>Y llena de espanto pensó en cuál otro y cuán distinto sería su temblor
+si hubiese aceptado la idea del crimen. Clotilde, apurando el agua, miró
+con precaución en torno, y bajando cuanto pudo la voz, preguntó:</p>
+
+<p>&mdash;¿Estamos solas?</p>
+
+<p>&mdash;Sí.</p>
+
+<p>Entonces, dominada por uno de esos impulsos misteriosos que hacen pensar
+a dos almas en una misma cosa al mismo tiempo, atrajo a Julia hacia sí,
+diciendo con acento de súplica:</p>
+
+<p>&mdash;¿Aún me guardas rencor?</p>
+
+<p>&mdash;Calla y duerme&mdash;repuso aterrada, pareciéndole que evocar lo pasado era
+incitarla al delito.</p>
+
+<p>A las cuatro y media, cuando empezaba a despuntar el día, Clotilde llamó
+otra vez. Julia, con mano firme y pulso seguro, le dio la cantidad que
+debía del líquido contenido en el frasco grande, y esperó... ¿Vendría
+la agitación esperada y temida por el doctor?</p>
+
+<p>Clotilde quedó inmóvil y adormilada, como en reposo absoluto de espíritu
+y de cuerpo; apenas se notaba su respiración.</p>
+
+<p>A Julia se le apagó la lámpara, y cogiéndola sin llamar a nadie, la sacó
+fuera para que no diese tufo, yendo a dejarla en uno de los cuartos
+inmediatos.</p>
+
+
+
+<p class="puntos">Ya era día claro. Avida de ambiente puro, abrió un balcón que daba al
+huerto, y apoyada de pechos en la barandilla, respiró con fuerza, larga
+y deleitosamente el aire fresco del amanecer. ¡Qué sol tan hermoso!...
+Y en su alma, ¡qué dulcísima paz!</p>
+
+<p class="puntos2">&nbsp;</p>
+<p class="puntos2">&nbsp;</p>
+
+<p>Ruiloz halló a la enferma igual que la víspera. Julia le dijo que había
+pasado la noche sin novedad, y le devolvió el frasquito del líquido
+amarillo, diciendo con la mayor naturalidad.</p>
+
+<p class="puntos">&mdash;No ha hecho falta.</p>
+
+<p>Aprovechando una pasajera mejoría de Clotilde, se decidió pocos días
+después la vuelta a Madrid, pero sin esperanza: ella misma, convencida
+de su próximo fin, murmuraba tristemente al salir del pueblo:</p>
+
+<p>&mdash;¡A morir a casa!</p>
+
+<p>Ruiloz les acompañó hasta la estación, donde llegaron largo rato antes
+de la hora de salida.</p>
+
+<p>El día era hermosísimo: un airecillo manso y saturado de aromas
+campestres movía lentamente los árboles; los andenes estaban casi
+vacíos; no se oían más ruidos que el rodar del ómnibus que regresaba al
+pueblo y el alegre piar de una bandada de gorriones, que venía
+revoloteando a posarse en los alambres del telégrafo. Doña Carmen y
+Javier estaban al lado de Clotilde, para quien se había dispuesto en la
+sala de descanso una butaca. Julia y Ruiloz paseaban calladamente, yendo
+y viniendo desde los almacenes de mercancías hasta el depósito de agua,
+que servía como de abrevadero a las locomotoras.</p>
+
+<p>De pronto ella, dando, sin saberlo, pie al médico para que dijese lo que
+tenia pensado, le preguntó:</p>
+
+<p>&mdash;¿Estará V. aquí todavía mucho tiempo?</p>
+
+<p>&mdash;No; iré a Madrid muy pronto.</p>
+
+<p>Y al mismo tiempo, fijando en Julia la mirada, se permitió cogerle
+familiarmente una mano, y como quien está resuelto a no callar,
+continuó:</p>
+
+<p>&mdash;¡Por lo que V. ame más en el mundo!... óigame V. un instante. Sé lo
+buena que es V..., lo que V. merece, lo que ha sufrido... Le ofrezco a
+V. un nombre honrado, una posición independiente... y un tesoro de
+cariño. ¿Quiere V. ser mi mujer?</p>
+
+<p>Ella calló un momento entre absorta y halagada, sin gran sorpresa,
+exenta de enojo: después bajó los ojos, y alzándolos luego y mirando
+cara a cara, repuso:</p>
+
+<p>&mdash;¿Está V. seguro de lo que siente? ¿Es que me quiere V..., o que me
+compadece? Porque V. sabe algo... No, no será amor... es lástima.</p>
+
+<p>&mdash;¿Cree V. que se casa nadie por lástima?</p>
+
+<p>&mdash;¿Sabe V. que soy pobre? ¿Que no tengo absolutamente nada?</p>
+
+<p>&mdash;Y me alegro con toda mi alma.</p>
+
+<p>Entonces, inundado el corazón de una felicidad tanto más intensa cuanto
+menos prevista, le dijo:</p>
+
+<p>&mdash;Debemos pensarlo mucho. Venga V. pronto a Madrid... y hablaremos. ¿No
+cree V. que debemos conocernos más?</p>
+
+<p class="puntos">&mdash;La conozco a V. mucho más de lo que imagina.</p>
+
+<p>Pocos minutos después partieron los viajeros.</p>
+
+<p>Doña Carmen y su criada cuchicheaban a un extremo del vagón: Javier iba
+contando un puñado de monedas de plata; Clotilde, reclinada sobre un
+montón de almohadones, tenía impresas en el semblante las señales de un
+dolor intenso.</p>
+
+<p>Ruiloz quedó solo e inmóvil en el andén, al borde de la vía... triste,
+atormentado de mil cavilaciones; pero pronto abrió el alma a la
+esperanza, porque Julia permaneció asomada a la ventanilla hasta
+perderse el tren de vista en una curva que comenzaba junto a la salida
+de agujas.</p>
+
+<p>Luego se oyeron lejanos los resoplidos del vapor, rasgó los aires un
+silbido y en el espacio quedó flotando una nubecilla blanca.</p>
+
+
+
+
+
+<h3><a name="Amores_romanticos" id="Amores_romanticos"></a>Amores románticos.</h3>
+
+
+
+
+<p>Felisa tenía veintitrés años; era hermosa, rica, estaba enamorada, podía
+casarse, porque su tutor no lo estorbaba, y sin embargo, iba dilatando
+voluntariamente la realización de su ventura: encantos de la juventud,
+bienes de fortuna, pasión correspondida, todas las circunstancias que
+justificaban y debieran de contribuir a que la boda se celebrase
+pronto, quedaban en ella esterilizadas por una resistencia
+incomprensible.</p>
+
+<p>Su novio, que se había educado en el extranjero, haciéndose luego
+ingeniero en España, tenía cuatro o seis años más que ella, y era
+también inteligente, rico, de buena índole y arrogante figura,
+cualidades que le rindieron en poco tiempo el corazón de Felisa, pero
+que no bastaron a conquistar su voluntad.</p>
+
+<p>La conducta de la muchacha era un verdadero enigma. Estaba en la
+situación más favorable a su deseo que pudo soñar mujer amante: para
+ella querer era poder, y en vez de fijar el día del casamiento,
+constantemente lo aplazaba, cuándo con astucia, cuándo con energía, ya
+fingiendo prolongar la vanidosa satisfacción de verse deseada, ya
+mostrando recelo de que al ser poseída mermase la vehemencia del amor
+que había inspirado, ya negándose clara y resueltamente.</p>
+
+<p>El pobre Manuel no acertaba con la explicación de lo que entre ambos
+ocurría.</p>
+
+<p>Felisa era elegantísima; gustábale todo lo artístico y lujoso, pero no
+pecaba de manirrota ni derrochadora. Según ella, con lo que habían de
+reunir al casarse, tendrían más de lo necesario: no había, pues, que
+atribuir a codicia el origen de aquella resistencia.</p>
+
+
+
+<p>El tutor, que por honrosa y rara excepción le sirvió de padre cariñoso,
+deseaba la boda: primero, suponiendo que sería feliz, y segundo pensando
+ahorrarse las molestias que proporcionaba la administración de lo
+ajeno; con lo cual Felisa no hallaba oposición que vencer.</p>
+
+<p>¿Tendría tal vez, como a muchas acontece, idea exagerada de sus propios
+encantos y esperanza de fundar en ellos un matrimonio más ventajoso?</p>
+
+<p>No: Manuel podía rechazar esta sospecha cumplidamente, porque Felisa era
+tan modesta como desinteresada; no con la modestia que aparenta ignorar
+la propia belleza, sino con aquella otra que muy pocas mujeres tienen y
+que consiste en no abusar del poder que sus hechizos les conceden. Le
+gustaba engalanarse, pero luego de vestida pasaba ante los espejos sin
+mirarse, y ni a solas era ridículamente vanagloriosa, ni coqueta con los
+hombres.</p>
+
+<p>Finalmente, Manuel estaba seguro de haberse ido enseñoreando del corazón
+de su novia en diálogos íntimos y largos, donde, sin menoscabo de su
+pureza, pudo mostrarse la mujer tal cual era.</p>
+
+<p>Libre y apasionado él, sin madre y enamorada ella, tolerante y dormilona
+el aya que había de vigilarles, sus entrevistas no fueren dúos con
+centinela de vista, sino momentos de casta expansión en que sinceramente
+se dibujaron sus caracteres, contribuyendo los atractivos morales de
+cada uno a que se templara el amor de los sentidos en la dulce
+servidumbre de las almas.</p>
+
+<p>No sopló el diablo, a pesar de hallarse tan cerca el fuego de la estopa.
+Pero cuanto más orgulloso estaba Manuel por haberse apoderado del
+corazón de Felisa, menos podía explicarse su terquedad en ir dejando la
+boda para más adelante, como si juntamente sintiese amor al hombre y
+miedo al matrimonio. ¿En qué se fundaba su temor?</p>
+
+<p>No llegó a sorprenderlo toda la perspicacia de Manuel. Por Noche Buena
+del primer año de sus amores, le dijo Felisa que se casarían en la
+primavera siguiente; llegado Abril, lo aplazó para el verano; luego dio
+largas hasta la vuelta de los baños de mar; en Septiembre ideó nueva
+dilación con pretexto de pasar el otoño en París haciendo preparativos y
+compras; por último habló del día de año nuevo y santo de él, y hubiese
+seguido alargando plazos si Manuel no tuviera el valor de fingir (su
+trabajo le costó) que se enfadaba seriamente. Planteó la cuestión,
+discutieron, y venció... a medias, que es como siempre vence el hombre a
+la mujer.</p>
+
+<p>Manuel tenía necesidad ineludible de ir a Nueva York y permanecer allí
+dos o tres meses para arreglar asuntos que, al morir, dejó pendientes su
+padre, y que importaban muchos miles de duros; deseando además estudiar
+los últimos adelantos realizados por ciertos ingenieros <i>yankees</i>.
+Echando cuentas galanas, su proyecto era casarse, pasar unos días en
+París, y hacer luego el viaje con Felisa durante la luna de miel: a lo
+cual ella se negó en redondo, proponiéndole a su vez que fuese solo a
+América, que mientras terminaría todos los preparativos, y que a su
+vuelta él designaría la fecha definitiva del casamiento.</p>
+
+<p>Con esta nueva demora hubo de transigir Manuel, ya formalmente
+esperanzado por la seriedad de la promesa.</p>
+
+<p>&mdash;Comprendo que tengas miedo al mar&mdash;le dijo;&mdash;pero júrame que
+documentos, papeles, ropas, muebles, todo, lo tendrás preparado para que
+nos casemos a las veinticuatro horas de mi llegada. Si intentas el menor
+retraso, creeré que es un pretexto, un modo de reñir conmigo.</p>
+
+<p>Te juro que al día siguiente de tu llegada nos casamos, si tú lo
+deseas. ¿Acaso soy la primera que tiene miedo al mar?</p>
+
+<p>Pero mentía.</p>
+
+<p>La navegación no le inspiraba temor: se negó a embarcarse por ganar
+tiempo, pareciéndole que aquellos dos o tres meses no habían de acabarse
+nunca.</p>
+
+<p>Pocos días después emprendió Manuel su viaje.</p>
+
+<p>Desde París, desde el Havre, hasta momentos antes de ir a bordo, la
+escribió cartas llenas de confianza y de ternura, a las cuales ella
+contestó con un telegrama, pues no había tiempo para más, en que
+discreta y veladamente ratificaba su promesa.</p>
+
+<p>Luego, cuando durante la navegación dejó de recibir aquellas frases que
+le recordaban el compromiso adquirido, volvió de nuevo a la resistencia.
+En vano su aya o acompañante, aleccionada por Manuel, intentó que
+principiase a buscar casa, tomar criados, comprar ropas de cama y mesa
+y encargarse trajes. Felisa no hizo nada; en vez de entregarse a las
+ocupaciones gratas para cuantas se casan a su gusto, persistió en su
+inacción: antes parecía amante abandonada que novia dichosa. Ni aun el
+tutor logró hacerle comprender lo desatinado de su conducta.</p>
+
+<p>&mdash;Mira, nena&mdash;le decía,&mdash;estás jugando con fuego: afirmas que le quieres
+y al mismo tiempo te niegas a casarte; de modo que si se da a pensar en
+semejante contradicción... ¡Figúrate! Va a creer que hay en tu vida
+alguna mancha cuyo recuerdo te obliga a rechazar lo mismo que deseas.
+¡Pobre de él y pobre de ti como se le meta eso en la cabeza! Vamos a
+ver: ¿en qué fundas tu terquedad?</p>
+
+<p>Cuando tales cosas escuchaba Felisa, dejaba caer la cabeza sobre el
+pecho y contestaba con evasivas.</p>
+
+<p>&mdash;No sé... rarezas mías... ya nos casaremos.</p>
+
+<p>El origen de su proceder era de tan difícil explicación, que ni ella
+misma podía justificarlo: estribaba en una preocupación casi pueril,
+meramente sentimental y supersticiosa; pero tan robustecida en fuerza de
+darle vueltas con el pensamiento, que no conseguía desterrarla ni
+vencerla. Ignoraba el modo de combatirla; pero sabía formularla con esa
+terrible claridad que tiene el alma para conocer sus desventuras. He
+aquí lo que la atormentaba y sobre lo cual levantaba una serie de
+razonamientos insensatos, descabellados, pero que le hacían sufrir como
+si fuesen fruto de la lógica más perfecta.</p>
+
+<p>Su madre había sido mujer de extraordinaria hermosura, una de esas
+beldades excepcionales que debieran ser premio providencial otorgado a
+los mejores hombres; pero que, por azares de la vida, son presa y
+juguete del primero que sabe engañarlas, pues es cosa sabida que no
+corta la flor quien sabe apreciarla, sino quien anda más cerca de ella
+al punto en que se abre. Aquella mujer encantadora fue desgraciadísima
+por causa de su propia hermosura: todas sus desdichas, y fueron tantas
+que acabaron con ella, tomaron origen en su funesta belleza.</p>
+
+
+
+<p>El primer hombre a quien quiso murió loco por no lograr que se la diesen
+como esposa. Luego la casaron sus padres con un ricacho desalmado y frío
+que, tras una temporada de apasionamiento meramente físico, la dejó
+abandonada durante cuatro años. Arruinose después en el juego, y
+pensando entonces que las gracias de su mujer podían ser base de nueva
+prosperidad, le impuso con amenazas la reconciliación, obligándola a
+soportar amantes, a quienes explotaba. De una de estas uniones nació
+Felisa que pudo ser el consuelo de su madre; pero el marido la dio a
+criar en tierra extraña, y al cabo de unos cuantos meses dijo que había
+muerto. Por último, aquel malvado reprodujo con caracteres más
+repugnantes la tradición o leyenda de la mujer de Candaules, y una
+noche, cenando con tres amigos, subastó entre ellos a su esposa. Los
+padres de ésta, sabedores de tanta infamia, pusieron remedio al mal: a
+fuerza de oro rescataron a la esposa mártir y a la niña abandonada,
+muriendo de allí a poco la primera y heredando la segunda aquella
+belleza extraordinaria, germen maldito de tamañas desdichas.
+Posteriormente, primero los abuelos y después el tutor, criaron y
+educaron a Felisa entre mimos y grandezas.</p>
+
+<p>Más adelante el supuesto padre, que sólo lo era legalmente, pidió a los
+abuelos una gruesa suma; no quisieron dársela, y él, por vengarse, hizo
+llegar a manos de la nieta un papel donde refería las infamias que había
+hecho con su mujer, la vida que le obligó a sobrellevar, y hasta la
+lista de los amantes que le impuso.</p>
+
+<p>Todo esto sabía Felisa: tal era el vergonzoso origen que no quería
+confesar a su novio. Además, por testimonio de gentes que la conocieron
+y por retratos que se conservaban, sabía también que físicamente se
+parecía a su madre cuanto una mujer puede parecerse a otra. Tan grande
+era la semejanza, que hallándose un verano en un pueblo de baños, un
+caballero anciano la habló, comprendiendo quién era sin que nadie se lo
+dijese, porque a voces lo declaraban los rasgos su fisonomía.</p>
+
+
+
+<p>Esta era la causa de su insistente deseo de aplazar la boda: de una
+parte quería ocultar la infamia de su nacimiento, y de otra aquel
+extremo parecido perturbaba sus ideas hasta el punto de hacerle temer
+que, como heredó la belleza, heredaría también la desgracia y la
+deshonra. Calma, reflexión, frialdad, todo era inútil. Mientras
+escuchaba las protestas de amor que su Manuel le prodigaba, creía en él
+y le adoraba, maldiciéndose a si misma, por imaginar que aquel hombre
+fuese capaz de algo malo; pero cuando a solas por la noche besaba el
+retrato de su madre, o cuando a la mañana se veía en el espejo, sentía
+nuevamente el alma invadida de temores; erguíase en su pensamiento la
+resistencia invencible al matrimonio, y en garantía de felicidad ansiaba
+ser amada como no lo fue su madre, como acaso no lo fue mujer alguna,
+con una pasión despojada de todo sensualismo, con afecto ideal, tan puro
+y limpio de deseos, que ni la posesión lograra mancillarlo ni el hastío
+destruirlo.</p>
+
+<p>Había en aquella superstición cierta grandeza trágica entre cristiana y
+gentílica. De un lado suponía ser de aquellos hijos malditos en quienes
+retoñan y se castigan las culpas de los padres; de otra parte se miraba
+predestinada al infortunio como las vírgenes de los poemas griegos:
+temía juntamente ser víctima expiatoria, y presa de la fatalidad,
+viniendo estos sentimientos, por una larga e intrincada serie de
+transformaciones mentales, a degenerar en una impresión doble y extraña
+que la impulsaba a deleitarse con el pensamiento en el amor, y a temer
+al amante como hombre. Diríase que su madre la concibió forzada,
+pugnando por sustraerse a la realidad, y que ella, adivinándolo, sentía
+horror de ello, procurando aborrecer las perfecciones corporales que
+habían de convertirse en desventuras del alma.</p>
+
+<p>Otros tiempos, otras ideas, otro medio social en torno suyo, y Felisa
+hubiera sido de aquellas visionarias que se atenaceaban los pechos y se
+abrasaban el rostro para no caer en brazos del ángel malo. Era, sin
+darse cuenta de ello, una mística del amor; quería sentirlo y poseerlo
+en espíritu, con la suave delicia del arrobamiento; y como aquella
+belleza que suponía funesta le sujetaba al suelo, maldecía de ella
+viendo en la expresión turbadora de sus ojos, en la púrpura de sus
+labios, y hasta en el timbre voluptuoso y penetrante de su voz, otros
+tantos presagios de irremediables infortunios.</p>
+
+<p>Estas preocupaciones, en un principio voluntarias y solicitadas por el
+pensamiento, llegaron a dominarla, convirtiéndose poco a poco en
+supersticioso terror; sus cavilosidades adquirieron esa tenacidad
+inconsciente de las perturbaciones mentales, y comenzó a odiar sus
+encantos, como si fueran obstáculo a su felicidad y causa de que no
+pudiera saber hasta dónde llegaba el amor del hombre a quien quería.</p>
+
+<p>Por fin su imaginación enfermiza resumió todos aquellos desvaríos en
+esta pavorosa duda:</p>
+
+<p>«Si fuese fea... ¿me querría?»</p>
+
+<p>Jamás mujer bonita se ha hecho pregunta tan terrible.</p>
+
+<p>En estado de ánimo análogo al suyo debió de verse aquella dama que,
+perseguida con deseos torpes por un rey de Castilla, se abrasó el rostro
+para evitar la ocasión de su deshonra.</p>
+
+<p>Felisa, menos trágica, más moderna, y sobre todo más femenina, se limitó
+a procurar saber si Manuel amaba y deseaba en ella algo superior a la
+envoltura carnal. Luego de sentirse amada en espíritu, toda hermosura le
+parecería poca para que él la gozase; pero alambicando y
+quintaesenciando a su modo la índole de la pasión que inspiraba, se
+preguntaba constantemente:</p>
+
+<p class="puntos">«¿Me querría si fuese fea?»</p>
+<p class="puntos2">&nbsp;</p>
+
+<p>Cuando Manuel tuvo casi ultimados los asuntos que motivaron su viaje,
+escribió a Felisa fijando el día de la boda.</p>
+
+<p>«Dentro de quince días estaré en París&mdash;decía,&mdash;y desde allí
+telegrafiaré.»</p>
+
+<p>La travesía de Nueva York al Havre se lo hizo más larga que a los
+argonautas toda su expedición: al fin pisó el puerto, tomó el tren y se
+detuvo en París, a lo cual le obligaba la necesidad de negociar ciertos
+valores, albergándose en la misma fonda donde estuvo algunos días al
+hacer el viaje de ida, porque en ella vivía su antiguo y cariñoso amigo
+Pepe Teruel, que conocía a Felisa, y a quien constantemente hablaba de
+ella: debilidad propia de enamorados, que siempre han menester
+confidente.</p>
+
+<p>Manuel y Pepe habían sido compañeros de colegio, condiscípulos de
+carrera y camaradas de aventuras en la primera época de su juventud: tal
+confianza les unía, que al irse a Nueva York el primero dijo al segundo:</p>
+
+<p>&mdash;Ya he dicho a Felisa dónde ha de escribirme y hasta qué fecha; pero
+cuando le avise que estoy a punto de volver, me escribirá aquí. Tú me
+guardas las cartas hasta que te las pida, si por casualidad he de
+permanecer fuera más tiempo.</p>
+
+<p>En cumplimiento de este encargo, el día de su regreso le entregó Pepe
+tres o cuatro cartas, diciéndole, al dárselas en el cuarto de la fonda,
+mientras les preparaban el almuerzo:</p>
+
+<p>&mdash;¿Sabía ella con seguridad cuándo te embarcabas?</p>
+
+<p>&mdash;Fijamente, no. ¿Por qué?</p>
+
+<p>&mdash;Porque esas cartas son muy atrasadas: estos últimos días no ha
+escrito... esta mañana ha llegado otra carta... pero no parece suya la
+letra... tómala.</p>
+
+<p>&mdash;¿De modo que estas son anteriores?</p>
+
+<p>&mdash;Claro: la última vino el 2; estamos a 30; con que...</p>
+
+<p>&mdash;¡Veintiocho días sin escribir!</p>
+
+<p>Desazonado por el presentimiento de alguna desgracia, rompió el sobre,
+cuya letra no era de Felisa, y miró la firma.</p>
+
+<p>&mdash;¿De quién?&mdash;preguntó Pepe.</p>
+
+<p>&mdash;De Lorenza.</p>
+
+<p>&mdash;¿Quién es esa señora?</p>
+
+<p>&mdash;La conoces: es aquella viuda graciosa y parlanchína con quien jugabas
+al aljedrez; buena y lista, pero demasiado amiga de divertirse. No me
+gusta que ande mucho con ella, pero ¡vaya V. a evitarlo! Felisa le da
+vestidos, sombreros, la saca de apuros, la lleva al teatro, en coche...
+Es el tipo de la parienta o amiga que tienen casi todas las muchachas
+ricas; servicial, complaciente, mitad por afecto, mitad por interés...
+Felisa la maneja como quiere. Y vaya una carta larga. Verás cómo hacen
+encargos, de seguro piden trapos... y, sin embargo, me temo algún
+disgusto gordo.</p>
+
+<p>La lectura de los primeros renglones le alarmó: luego se puso pálido,
+comenzaron a temblarle las manos, nubláronsele los ojos, como si a
+despecho de la entereza varonil quisieran brotar las lágrimas, y por
+último, dejándose caer sobre una butaca, alargó el papel a su amigo,
+mientras decía entre sollozos:</p>
+
+<p>&mdash;Entérate. ¡Pobre Felisa mía!</p>
+
+<p>Pepe leyó en voz alta.</p>
+
+<p>«Querido Manuel: No sé si recibirás en París estas líneas ni cuándo
+llegarán a tus manos. Sé que voy a darte una pesadumbre, y, sin embargo,
+ni quiero ni puedo dejar de escribirte. Yo lo hubiera hecho de todos
+modos, pero además lo hago por encargo de Felisa.</p>
+
+<p>»Tantos rodeos para comenzar y los muchos días que llevas sin recibir
+noticias suyas, te habrán hecho temer que aquí sucede algo grave:
+desgraciadamente, no hay más remedio que decírtelo. Ha pasado el
+peligro, pero ha sido grandísimo: unas viruelas espantosas.</p>
+
+<p>»En cuanto a su vida, puedes estar tranquilo; los médicos la han
+salvado. Dicen que la convalecencia será larga, y basta verla para
+creerlos. No parece su sombra; en fin, seguiremos cuidándola como
+hasta aquí, y recobrará las fuerzas perdidas.</p>
+
+<p>»Y ahora, pobre amigo, ármate de valor. Ya te lo figuras, ¿verdad?
+Consulta bien a tu corazón, haz algo que sea semejante a un examen
+amoroso de conciencia, y si quedas seguro de que todavía puedes
+quererla, prepárate a sufrir una gran desilusión y a luchar con la más
+terca manía que cabe en cabeza humana.</p>
+
+<p>»La violencia de la enfermedad ha sido espantosa: dice el médico que no
+recuerda tan fuerte ataque de viruelas. ¿Para qué aumentar tu pena
+refiriéndote detalladamente cuánto ha sufrido y nos ha hecho pasar?
+Donde más ha tenido ha sido en la cara; fue preciso atarle las manos
+para que no se destrozara, y aun así ha quedado completamente
+desfigurada.</p>
+
+<p>»Las facciones han perdido su regularidad y su gracia; la tez, todavía
+plagada de manchas rojizas, quedará para siempre llena de hoyos, y por
+algo que no sé explicarte, pues no entiendo lo que dicen los médicos, la
+cara se le ha quedado algo contraída y como atirantada; en las mejillas
+y alrededor de los labios es donde tiene más viruelas; los ojos apenas
+dan idea de lo que fueron: la viveza y expresión que tenían se ha
+convertido en una mirada amortiguada y mate: no hay brillo en sus
+pupilas, y casi estoy por decirte que su dulce melancolía contribuye a
+que sea mayor la compasión que inspira: parece que en los ojos se le
+refleja la amargura del alma.</p>
+
+<p>»Al segundo día de levantarse pidió un espejo. Doña Genara y yo habíamos
+quitado los que había en el cuarto, deseando retrasar la horrible
+impresión que había de sufrir, tratando al menos de que no fuese una
+impresión brutal y repentina. Como comprenderás, los espejos pequeños
+podían esconderse fácilmente, y así lo hicimos: con decir que no
+parecían, en paz; pero delante del armario de luna tuvimos que poner un
+biombo con pretexto de que por una puerta entraba aire.</p>
+
+<p>»Todas las precauciones fueron inútiles: ya sabes lo lista que es.
+Enseguida lo notó todo, y dándonos sus llaves, pidió un espejo de mano
+que tenía guardado. Hubo que obedecer. Se miró, hizo un esfuerzo
+violentísimo por sobreponerse a la impresión que debió de sufrir, y
+luego inclinó la cabeza sobre el pecho, mientras por las mejillas le
+caían dos lagrimones que no podían resbalar como antes sobre la tersura
+de la piel, sino que fueron cayendo de hueco en hueco y de hoyo en hoyo
+como gotas de agua arrojadas contra arena dura. ¡Qué escena tan triste!
+No es para descrita.</p>
+
+<p>»En muchas horas no hubo modo de arrancarle palabra. No comió ni
+durmió. A la tarde siguiente me llamó, haciéndome sentar a su lado y me
+encargó que te escribiera.</p>
+
+<p>»He aquí, poco más o menos, sus palabras, que pronunció serena,
+fríamente, y las cuales, a mi juicio, son el fruto de una noche de
+horrible insomnio y de sin igual tormento:</p>
+
+<p>»Escribe a Manuel, dile que he estado mala, lo que he tenido... y cómo
+me he quedado. La verdad desnuda... que estoy horrible, espantosa, que
+puedo inspirar lástima; pero que el amor y el mundo se han acabado para
+mí: que le devuelvo su palabra... y que sea tan feliz como merece. Ya
+ves&mdash;añadió&mdash;es hombre, y por grande que sea su amor, ¿qué pasión
+resiste a esta prueba? Hasta me complazco en creer que sufrirá. ¡Ya ves
+si soy egoísta! Pasará una temporada cruel, pero ni puedo ni quiero
+exigirle que se case conmigo. ¡Qué desencanto si me viese! En mi
+belleza&mdash;siguió diciendo se fundaba su amor; la he perdido y tiene
+derecho a la libertad: si yo no se la diese ahora, él la recobraría
+luego... y sería peor. Esta resolución es irrevocable; nada podrá
+torcerla. En cuanto pasen unos días y me sienta más fuerte, me iré a la
+Puebla del Maestre, procuraré restablecerme, y trataré de olvidar un
+mundo donde, ya lo ves, la dicha depende de una calentura y unos cuantos
+granos feos en la cara. ¡Pobre de mí! Escribe a Manuel de modo que sufra
+lo menos posible, pero persuádele de que esto se acabó; ahórrale penas,
+pero quítale toda esperanza. Bien miradas las cosas, aunque ahora lo
+sienta, cuando sepa cómo estoy, bendecirá este arranque mío. No debemos
+volver a vernos. Quiero que, de conservar memoria mía, guarde el
+recuerdo de la otra Felisa, la de antes.</p>
+
+<p>»He tratado de repetir sus mismas frases: lo que no puedes imaginar es
+el acento de amarga y firme resolución con que las dijo.</p>
+
+<p>»Y he aceptado el encargo de escribirte esta carta violentándome mucho,
+porque sé la pena que ha de causarte: pero ten la seguridad de que nadie
+participará de ella tan sinceramente como tu antigua y buena amiga,</p>
+
+<p><span class="smcap">Lorenza</span>.»</p>
+
+<p>Manuel estuvo abatidísimo durante la lectura de la carta, y concluida,
+interrogó a su amigo con la mirada, invitándole a que hablase. Pepe lo
+hizo así:</p>
+
+<p>&mdash;¿Qué quieres que te diga? El golpe es rudo... pero vamos a cuentas.
+Del exceso del mal brota a veces en la vida el consuelo, y si no el
+consuelo, la persuasión de que las fuerzas humanas se estrellan contra
+la realidad. La cosa es dolorosísima: para un enamorado, saber que su
+amada se ha puesto fea es robarle el sol a medio día... En cambio la
+situación no puede ser más despejada. Todo te lo dan hecho.</p>
+
+<p>&mdash;Explícate.</p>
+
+<p>&mdash;Una de dos: o amas a esa mujer de tal modo que aun desfigurada, la
+haces tuya... y créeme, ella cederá si lo intentas; o no te atreves a
+tanto, y entonces... pues te quedas aquí un año, y chico... ¿cómo ha de
+ser? la mancha de la mora... De todos modos, piénsalo mucho, interrógate
+y contéstate sinceramente, porque ni debes hacer nuevas protestas de
+pasión, movido sólo de conmiseración y lástima, ni exponerte a que un
+arrepentimiento tardío te haga desdichado para el resto de tu vida.</p>
+
+<p>Manuel no estaba para sostener discusión, ni siquiera para expresar lo
+que sentía.</p>
+
+<p>Pepe siguió haciéndole reflexiones de las que a sangre fría se discurren
+cuando no es propio el mal que las motiva.</p>
+
+<p class="puntos">Así estuvieron todo el día y parte de la noche encerrados en el cuarto
+de la fonda: Manuel, triste y silencioso, leyendo y releyendo la carta:
+Pepe, aguzando el ingenio y prodigando sutilezas que endulzasen tanta
+amargura.</p>
+
+<p>Pocos días después Lorenza recibía la presente carta:</p>
+
+<p>«Mi querida amiga: El ser yo quien conteste a lo que ha escrito V. a
+Manuel, necesita previa explicación. Yo también soy medianero de
+tristezas: V. experimentará, al leer lo que voy a decirle, una impresión
+tan dolorosa como la que yo he sufrido leyendo lo que V. ha escrito.</p>
+
+<p>»Cuando Manuel marchó al Havre para embarcarse, me rogó que recibiese
+cuantas cartas llegasen para él. «Casi todas&mdash;me dijo&mdash;serán de
+negocios; las abres y contestas según instrucciones que luego te daré.»
+Y después, enseñándome el sobre de una escrita por Felisa, añadió: «Las
+que tengan esta letra me las guardas.» Con posterioridad a su partida
+llegaron varias que conocí ser de <i>ella</i>, y las guardé: luego faltaron,
+y como hace tres días recibí la de V., y la letra del sobre en nada se
+parece a la de Felisa, claro está, la abrí y leí. Por el mal rato que
+habrá V. pasado al escribirla, podrá V. comprender el que yo estaré
+sufriendo ahora, porque el objeto de estas líneas es igualmente
+doloroso. ¡Razón tienen los que afirman que lo novelesco e inverosímil
+abunda más en la realidad que en los libros!</p>
+
+<p>»Hace cuatro días, cuando esperaba la llegada de Manuel, recibí un
+telegrama puesto por el cónsul de España en el Havre, que es antiguo
+amigo mío, y que estaba redactado en estos términos:</p>
+
+<p>»Ocurrido grave y desgraciado accidente a Manuel al desembarcar
+procedente de América. Conviene venga V. por primer tren.»</p>
+
+<p>»A las pocas horas de recibida esta triste noticia, llegué al Havre. El
+accidente a que se refería el cónsul había sido horrible. En el momento
+en que, recién llegado de Nueva York, saltaba Manuel desde el vapor que
+le había traído, al bote que debía conducirle hasta el muelle, estaban
+en la entrada del puerto dos ingenieros holandeses haciendo las primeras
+pruebas de una lancha movida por un aparato de su invención, llamado
+«propulsor de reacción». Quizá, como señora, no entienda V. bien lo que
+esto significa, ni esta es ocasión de explicárselo. Bástele a V. saber
+que se trata de un nuevo sistema de locomoción marítima, sin ayuda de
+remos, velas, vapor ni electricidad.</p>
+
+<p>»La mañana estaba hermosísima; miles de curiosos llenaban los muelles;
+el lanchón de los holandeses, que surcaba las aguas con pasmosa
+velocidad, pasó junto al bote en que venía Manuel.</p>
+
+<p>»Este, como buen ingeniero y apasionado de su profesión, quiso
+presenciar a corta distancia el experimento, y para lograrlo, dio
+propina a los remeros, diciéndoles que siguiesen de cerca a la
+embarcación de los inventores.</p>
+
+<p>»Pocos momentos después, el aparator motor que manejaban los holandeses,
+cargado con sustancias químicas, estalló, causando varias víctimas.</p>
+
+<p>»Uno de los que lo manejaban quedó muerto en el acto; el que hacia de
+timonel sufrió graves quemaduras, y nuestro pobre Manolo, que tan
+imprudentemente se había aproximado, recibió en la cara gran parte de
+la carga química que debía mover el malhadado invento.</p>
+
+<p>»Los remeros, viéndole caer sobre las tablas del bote con el rostro
+ensangrentado, le trajeron inmediatamente a tierra.</p>
+
+<p>»Las heridas son, como dicen los médicos, de pronóstico reservado; mas
+por lo que yo he podido comprender, el pobre Manuel quedará ciego.</p>
+
+<p>»Fue llevado al hospital de marina, y de allí, con grandes precauciones,
+le traje a París en cuanto lo permitió la prudencia. No está en peligro
+su vida, por fortuna, pero repito que la pérdida de ambos ojos parece
+inevitable: sólo un milagro puede hacer que estos temores no se cumplan.
+Ya ve V. lo cruel que sería comunicarle ahora todo lo que V. me dice en
+su carta sobre la enfermedad y la resolución de la desgraciada Felisa.</p>
+
+<p>»¿Querrá ella, después de leer estas líneas, renunciar a su propósito?
+¿Qué resolverá? Ni puedo ni quiero adelantarme a interpretar su
+voluntad, que acaso se modifique dadas las circunstancias.</p>
+
+<p>»El desdichado ignora la gravedad de su situación; supone que se curará
+por completo; cree que verá pronto, y a quien más desea ver es a su
+Felisa.</p>
+
+<p>»Con tal intensidad se ha posesionado de él este deseo, que me ha dado
+encargo de hacer a Felisa la proposición siguiente:</p>
+
+<p>»Dice que, según ellos convinieron, Felisa debe tener arreglados todos
+los documentos necesarios para la boda, y que como él tiene también
+corrientes los suyos, el matrimonio se puede celebrar en Madrid por
+poderes, luego de lo cual espera que ella venga inmediatamente a París,
+no a pasar una luna de miel, sino a cuidar a su marido enfermo. Tal es
+la mezcla de amor y de egoísmo que se ha imaginado.</p>
+
+<p>»Esto me ha dicho hace dos horas. ¿Cómo quiere V. que yo le entere de
+que su Felisa ha perdido aquella belleza que era su orgullo, y además le
+diga que ha resuelto no casarse? Se supone querido e ignora que quedará
+ciego. A su discreción de V. fío cómo debe enterar a Felisa de todo
+este, y con arreglo a lo que resuelva aguardo instrucciones.</p>
+
+<p>»Hable V. con ella y contésteme lo antes posible.</p>
+
+<p>»Suyo afectísimo siempre.</p>
+
+<p><span class="smcap">Pepe</span>.»</p>
+
+
+
+<p>La lectura de esta carta produjo a Felisa una emoción extraordinaria e
+imposible de analizar: sintió pena por el infortunio del ser amado,
+incertidumbre de lo que debiera procurar según lo extraordinario de las
+circunstancias, y alegría por vislumbrar la ocasión de ver puesta a
+prueba la grandeza de su corazón.</p>
+
+<p>Con cierto refinamiento egoísta de idealismo pervertido y femenino, se
+complacía en persuadirse de que la desgracia de Manuel daba solución al
+pavoroso problema de sus dudas; porque si había de quedarse ciego, ¿qué
+importaba ya que en ella subsistiese el encanto de su belleza heredada y
+funesta?</p>
+
+<p>Además, ella le hablaría de su hermosura como de un bien ilusorio, por
+lo fugaz, y del amor de su alma como de una realidad inacabable y
+constante. ¿Qué importaban ni qué valían la púrpura de su boca, ni el
+llamear de sus ojos, comparados con la ternura de su espíritu?</p>
+
+<p class="puntos">La fuente de los placeres terrenos y groseros estaba para él cegada, y
+en cambio, ella, en su alma, sentía brotar y correr hacia el amado un
+raudal de abnegación y dulzura. Aquello era la purificación de toda
+torpeza, la clara visión interna del amor: amar sin ver el objeto de la
+pasión, algo semejante a la fe que adora lo que acaso no existe.</p>
+<p class="puntos2">&nbsp;</p>
+
+<p>Lorenza contestó telegráficamente a Pepe, que Felisa accedía al
+matrimonio por poderes, y que enseguida de verificado saldría para París
+con dos criados, si, dada su avanzada edad, no podía el tutor
+acompañarla.</p>
+
+<p>Envió Manuel los poderes necesarios, y allanó Felisa a fuerza de dinero
+cuantas dificultades surgieron, resolviendo, por último, que un primo
+suyo representase al novio, y que la ceremonia se verificara en la
+Puebla del Maestre, donde todo había de serle más fácil de lograr,
+gracias a los amigos y deudos que allí se desvivirían por servirla.
+Salieron las cosas a medida de su deseo, y una mañana, muy temprano,
+ante poca gente, puesto el pensamiento en el hombre a quien quería, dio
+palabra y entregó mano de esposa al que le representaba. Hasta la
+anormalidad de ser otro distinto de su amante quien recibió su
+juramento, le pareció cosa conforme al estado de su espíritu, porque, en
+vez de sentir el terror que le inspiraba la idea de dejarse poseer, pudo
+complacerse en saborear mentalmente el casto placer de pensar que su
+porvenir y su vida estaban para siempre unidos a los de un hombre que la
+quería, y que, no pudiendo verla, no habla de fundar la pasión en sólo
+la hermosura.</p>
+
+<p>Hallábase al otro día ocupada en los preparativos para marchar a París,
+cuando recibió un telegrama fechado en Burdeos, donde sin mas
+explicaciones, decía Manuel:</p>
+
+<p>«No salgas del pueblo: llegaré pasado mañana.»</p>
+
+<p class="puntos">Su sorpresa no pudo ser mayor; pero ¿qué remedio, sino esperar y
+obedecer?</p>
+
+<p>Al expirar el plazo marcado a su impaciencia, Felisa, acompañada de
+Lorenza, salió a recibir a Manuel hasta legua y media más allá del
+pueblo, esperándole nerviosa y desasosegada, al caer la tarde, en un
+recodo del camino.</p>
+
+<p>En la última línea del horizonte, bajo la inmensidad azul, se destacaban
+las cumbres violáceas de la sierra, oíase a lo lejos acompasado y lento
+el campanilleo de una recua, y una bandada de golondrinas, piando
+alegremente, volaba en torno de los murallones de un castillo ruinoso
+que parecía perdido y olvidado en la extensa soledad del llano.</p>
+
+<p>De pronto sonó ruido de cascabeles y trallazos, y ambas mujeres vieron
+venir por la carretera un coche de colleras tirado por cuatro mulas y
+envuelto en una nube de polvo.</p>
+
+<p>Pocos minutos después el coche se detenía, y el amante esperado se
+apeaba solo, ligero y ágil, saltando como un muchacho.</p>
+
+<p>Felisa, sin acertar a creer lo que veía, gritó a su compañero:</p>
+
+<p>&mdash;¡Es él! ¡Solo! ¡Sin vendas ni trapos!</p>
+
+<p>Manuel la abrazó con fuerza, como quien se apodera de algo propio
+largamente codiciado, y ella se dejó estrechar sin sustraerse al
+legítimo halago.</p>
+
+<p>&mdash;¿Pero qué engaño ha sido este?&mdash;preguntó él, trémulo de gozo, viendo
+su rostro sin la menor señal de la mentida enfermedad.</p>
+
+<p>&mdash;Quise saber&mdash;repuso ella&mdash;hasta dónde llegaba tu cariño. ¿Pero y tus
+ojos y tu ceguera?</p>
+
+<p>&mdash;De tu mentira, que creí verdad, nació la mía. ¿Qué te sorprende? Quise
+demostrarte que tu corazón me atraía más que tu belleza. Yo te amaba
+desfigurada y fea... como tu me has querido ciego. Piensa ahora si
+seremos dichosos: tú hermosa, yo pudiendo mirarte, y los dos seguros uno
+de otro.</p>
+
+
+
+<p class="c top15"><i>Este libro se acabó<br />
+de imprimir en<br />
+Madrid, en casa<br />
+de A. Avrial,<br />
+el día 12 de<br />
+Junio de<br />
+1896</i><br />
+</p>
+<hr />
+
+
+
+
+
+
+
+<pre>
+
+
+
+
+
+End of the Project Gutenberg EBook of Tres mujeres, by Jacinto Octavio Picón
+
+*** END OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK TRES MUJERES ***
+
+***** This file should be named 29663-h.htm or 29663-h.zip *****
+This and all associated files of various formats will be found in:
+ https://www.gutenberg.org/2/9/6/6/29663/
+
+Produced by Chuck Greif and the Online Distributed
+Proofreading Team at https://www.pgdp.net (This book was
+produced from scanned images of public domain material
+from the Google Print project.)
+
+
+Updated editions will replace the previous one--the old editions
+will be renamed.
+
+Creating the works from public domain print editions means that no
+one owns a United States copyright in these works, so the Foundation
+(and you!) can copy and distribute it in the United States without
+permission and without paying copyright royalties. Special rules,
+set forth in the General Terms of Use part of this license, apply to
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+Gutenberg is a registered trademark, and may not be used if you
+charge for the eBooks, unless you receive specific permission. If you
+do not charge anything for copies of this eBook, complying with the
+rules is very easy. You may use this eBook for nearly any purpose
+such as creation of derivative works, reports, performances and
+research. They may be modified and printed and given away--you may do
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+works. See paragraph 1.E below.
+
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+or PGLAF), owns a compilation copyright in the collection of Project
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+that arise directly or indirectly from any of the following which you do
+or cause to occur: (a) distribution of this or any Project Gutenberg-tm
+work, (b) alteration, modification, or additions or deletions to any
+Project Gutenberg-tm work, and (c) any Defect you cause.
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+
+Project Gutenberg-tm is synonymous with the free distribution of
+electronic works in formats readable by the widest variety of computers
+including obsolete, old, middle-aged and new computers. It exists
+because of the efforts of hundreds of volunteers and donations from
+people in all walks of life.
+
+Volunteers and financial support to provide volunteers with the
+assistance they need are critical to reaching Project Gutenberg-tm's
+goals and ensuring that the Project Gutenberg-tm collection will
+remain freely available for generations to come. In 2001, the Project
+Gutenberg Literary Archive Foundation was created to provide a secure
+and permanent future for Project Gutenberg-tm and future generations.
+To learn more about the Project Gutenberg Literary Archive Foundation
+and how your efforts and donations can help, see Sections 3 and 4
+and the Foundation web page at https://www.pglaf.org.
+
+
+Section 3. Information about the Project Gutenberg Literary Archive
+Foundation
+
+The Project Gutenberg Literary Archive Foundation is a non profit
+501(c)(3) educational corporation organized under the laws of the
+state of Mississippi and granted tax exempt status by the Internal
+Revenue Service. The Foundation's EIN or federal tax identification
+number is 64-6221541. Its 501(c)(3) letter is posted at
+https://pglaf.org/fundraising. Contributions to the Project Gutenberg
+Literary Archive Foundation are tax deductible to the full extent
+permitted by U.S. federal laws and your state's laws.
+
+The Foundation's principal office is located at 4557 Melan Dr. S.
+Fairbanks, AK, 99712., but its volunteers and employees are scattered
+throughout numerous locations. Its business office is located at
+809 North 1500 West, Salt Lake City, UT 84116, (801) 596-1887, email
+business@pglaf.org. Email contact links and up to date contact
+information can be found at the Foundation's web site and official
+page at https://pglaf.org
+
+For additional contact information:
+ Dr. Gregory B. Newby
+ Chief Executive and Director
+ gbnewby@pglaf.org
+
+
+Section 4. Information about Donations to the Project Gutenberg
+Literary Archive Foundation
+
+Project Gutenberg-tm depends upon and cannot survive without wide
+spread public support and donations to carry out its mission of
+increasing the number of public domain and licensed works that can be
+freely distributed in machine readable form accessible by the widest
+array of equipment including outdated equipment. Many small donations
+($1 to $5,000) are particularly important to maintaining tax exempt
+status with the IRS.
+
+The Foundation is committed to complying with the laws regulating
+charities and charitable donations in all 50 states of the United
+States. Compliance requirements are not uniform and it takes a
+considerable effort, much paperwork and many fees to meet and keep up
+with these requirements. We do not solicit donations in locations
+where we have not received written confirmation of compliance. To
+SEND DONATIONS or determine the status of compliance for any
+particular state visit https://pglaf.org
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+While we cannot and do not solicit contributions from states where we
+have not met the solicitation requirements, we know of no prohibition
+against accepting unsolicited donations from donors in such states who
+approach us with offers to donate.
+
+International donations are gratefully accepted, but we cannot make
+any statements concerning tax treatment of donations received from
+outside the United States. U.S. laws alone swamp our small staff.
+
+Please check the Project Gutenberg Web pages for current donation
+methods and addresses. Donations are accepted in a number of other
+ways including including checks, online payments and credit card
+donations. To donate, please visit: https://pglaf.org/donate
+
+
+Section 5. General Information About Project Gutenberg-tm electronic
+works.
+
+Professor Michael S. Hart was the originator of the Project Gutenberg-tm
+concept of a library of electronic works that could be freely shared
+with anyone. For thirty years, he produced and distributed Project
+Gutenberg-tm eBooks with only a loose network of volunteer support.
+
+
+Project Gutenberg-tm eBooks are often created from several printed
+editions, all of which are confirmed as Public Domain in the U.S.
+unless a copyright notice is included. Thus, we do not necessarily
+keep eBooks in compliance with any particular paper edition.
+
+
+Most people start at our Web site which has the main PG search facility:
+
+ https://www.gutenberg.org
+
+This Web site includes information about Project Gutenberg-tm,
+including how to make donations to the Project Gutenberg Literary
+Archive Foundation, how to help produce our new eBooks, and how to
+subscribe to our email newsletter to hear about new eBooks.
+
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+This eBook, including all associated images, markup, improvements,
+metadata, and any other content or labor, has been confirmed to be
+in the PUBLIC DOMAIN IN THE UNITED STATES.
+
+Procedures for determining public domain status are described in
+the "Copyright How-To" at https://www.gutenberg.org.
+
+No investigation has been made concerning possible copyrights in
+jurisdictions other than the United States. Anyone seeking to utilize
+this eBook outside of the United States should confirm copyright
+status under the laws that apply to them.
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@@ -0,0 +1,2 @@
+Project Gutenberg (https://www.gutenberg.org) public repository for
+eBook #29663 (https://www.gutenberg.org/ebooks/29663)