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+The Project Gutenberg EBook of Germana, by Edmond About
+
+This eBook is for the use of anyone anywhere at no cost and with
+almost no restrictions whatsoever. You may copy it, give it away or
+re-use it under the terms of the Project Gutenberg License included
+with this eBook or online at www.gutenberg.org
+
+
+Title: Germana
+
+Author: Edmond About
+
+Translator: Tomás Orts-Ramos
+
+Release Date: August 8, 2009 [EBook #29640]
+
+Language: Spanish
+
+Character set encoding: ISO-8859-1
+
+*** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK GERMANA ***
+
+
+
+
+Produced by Chuck Greif and the Online Distributed
+Proofreading Team at https://www.pgdp.net
+
+
+
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+
+
+
+
+
+
+BIBLIOTECA de LA NACIÓN
+
+EDMUNDO ABOUT
+
+GERMANA
+
+TRADUCCIÓN DE
+
+T. ORTS-RAMOS
+
+BUENOS AIRES
+
+1918
+
+Derechos reservados.
+
+Imp. de LA NACIÓN.--Buenos Aires
+
+
+
+
+INDICE
+
+I.--El aguinaldo de la duquesa
+
+II.--Petición de matrimonio
+
+III.--La boda
+
+IV.--Viaje a Italia
+
+V.--El duque
+
+VI.--Cartas de Corfú
+
+VII.--El nuevo doméstico
+
+VIII.--Los buenos tiempos
+
+IX.--Cartas de China y de París
+
+X.--La crisis
+
+XI.--La viuda Chermidy
+
+XII.--La guerra
+
+XIII.--El puñal
+
+XIV.--La justicia
+
+XV.--Conclusión
+
+
+
+
+I
+
+EL AGUINALDO DE LA DUQUESA
+
+
+Hacia la mitad de la calle de la Universidad, entre los números 51 y 57,
+se ven cuatro hoteles que pueden citarse entre los más lindos de París.
+El primero pertenece al señor Pozzo di Borgo, el segundo al conde
+Mailly, el tercero al duque de Choiseul y el último, que hace esquina a
+la calle Bellechasse, al barón de Sanglié.
+
+El aspecto de este edificio es noble. La puerta cochera da entrada a un
+patio de honor cuidadosamente enarenado y tapizado de parras
+centenarias. El pabellón del portero está a la izquierda, envuelto entre
+el follaje espeso de la hiedra, donde los gorriones y los huéspedes de
+la garita parlotean al unísono. En el fondo del patio, a la derecha, una
+amplia escalinata resguardada por una marquesina, conduce al vestíbulo y
+a la gran escalera.
+
+La planta baja y el primer piso están ocupados por el barón únicamente,
+que disfruta sin compartirlo con nadie un vasto jardín, limitado por
+otros jardines, y poblado de urracas, mirlos y ardillas que van y vienen
+de ése a los otros en completa libertad, como si se tratara de
+habitantes de un bosque y no de ciudadanos de París.
+
+Las armas de los Sanglié, pintadas en negro, se descubren en todas las
+paredes del vestíbulo. Son un jabalí de oro en un campo de gules. El
+escudo tiene por soporte dos lebreles, y está rematado con el penacho de
+barón con esta leyenda: _Sang lié au Roy_[A].
+
+Como media docena de lebreles vivos, agrupados según su capricho, se
+aburren al pie de la escalera, mordisquean las verónicas floridas en los
+vasos del Japón o se tienden sobre la alfombra alargando la cabeza
+serpentina. Los lacayos, sentados en banquetas de Beauvais, cruzan
+solemnemente los brazos, como conviene a los criados de buena casa.
+
+El día 1.º de enero de 1853, hacia las nueve de la mañana, toda la
+servidumbre del hotel celebraba en el vestíbulo un congreso tumultuoso.
+El administrador del barón, el señor Anatolio, acababa de distribuirles
+el aguinaldo. El mayordomo había recibido quinientos francos, el ayuda
+de cámara doscientos cincuenta. El menos favorecido de todos, el
+marmitón, contemplaba con una ternura inefable dos hermosos luises de
+oro completamente nuevos. Habría celosos en la asamblea, pero
+descontentos ni uno solo, y cada uno a su manera decía que da gusto
+servir a un amo rico y generoso.
+
+Los tales individuos formaban un grupo bastante pintoresco alrededor de
+una de las bocas del calorífero. Los más madrugadores llevaban ya la
+gran librea; los otros vestían aún el chaleco con mangas que constituye
+el uniforme de media gala de los criados.
+
+El ayuda de cámara iba vestido de negro completamente, con zapatillas de
+orillo; el jardinero parecía un aldeano endomingado; el cochero llevaba
+chaqueta de tricot y sombrero galoneado; el portero un tahalí de oro y
+zuecos. Aquí y acullá se distinguía a lo largo de las paredes, una
+fusta, una almohaza, un encerador, escobas, plumeros y algo más cuyo
+nombre ignoro.
+
+El señor dormía hasta mediodía, como quien ha pasado la noche en el
+club, y por lo tanto tenían tiempo para empezar sus faenas. Por lo
+pronto se entretenían en darle empleo al dinero y las ilusiones les
+ocupaban bastante. Los hombres todos son algo parientes de aquella
+lechera de la fábula.
+
+--Con esto, y lo que ya tengo ahorrado--decía el mayordomo--, puedo
+redondear mi renta vitalicia. A Dios gracias no falta el pan, y los días
+de la vejez los tendré asegurados.
+
+--Como es usted soltero--replico el ayuda de cámara--, no tiene que
+pensar en nadie. Pero yo tengo familia. Por eso pienso entregarle el
+dinero a ese buen señor que va a la Bolsa, y algo me producirá.
+
+--Es una buena idea, señor Fernando--dijo el marmitón--. Cuando vaya
+usted, llévele mis cuarenta francos.
+
+El ayuda de cámara se creyó obligado también a intervenir y exclamó en
+tono de protección:
+
+--¡Vaya con el joven! ¿Qué crees tú que se puede hacer con cuarenta
+francos en la Bolsa?
+
+--Bueno--respondió el joven ahogando un suspiro--, los llevaré a la Caja
+de ahorros.
+
+El cochero soltó una ruidosa carcajada y se dio unos puñetazos sobre el
+estómago gritando:
+
+--Esta es mi caja de ahorros. Aquí es donde he colocado siempre mis
+fondos, y a fe que no me ha ido mal. ¿Verdad, padre Altorf?
+
+El padre Altorf, suizo[B] de profesión, alsaciano de nacimiento, de
+elevada estatura, vigoroso, huesudo, de desarrollado vientre, ancho de
+hombros, de cabeza enorme y rubicundo como un hipopótamo, sonrió con el
+rabillo del ojo y produjo con la lengua un pequeño chasquido que era
+todo un poema.
+
+El jardinero, delicada flor de la Normandía, hizo sonar el dinero en su
+mano y respondió al honorable preopinante:
+
+--¡Vamos, no diga usted tonterías! lo que se ha bebido ya no se vuelve a
+tener. Lo mejor que hay es esconder el dinero en una pared vieja o en un
+árbol hueco. ¡Los que así lo hagan no darán de comer al notario!
+
+La asamblea en pleno protestó de la ingenuidad de aquel buen hombre que
+enterraba en flor sus escudos, sin hacerlos producir. Quince o diez y
+seis exclamaciones se elevaron al mismo tiempo. Cada uno expuso su
+opinión, descubrió su secreto, cabalgó en su Clavileño. Cada uno hizo
+saltar las monedas en su bolsillo y acarició ardientemente las
+esperanzas ciertas, la dicha contante y sonante que habían embolsado. El
+oro mezclaba su aguda vocecita con aquel concierto de pasiones vulgares;
+y el choque de las piezas de veinte francos, más embriagador que los
+vapores del vino o el olor de la pólvora, emborrachaba a aquellos pobres
+cerebros y aceleraba los latidos de sus groseros corazones.
+
+En lo más fuerte del tumulto, se abrió una pequeña puerta que daba a la
+escalera, entre el piso bajo y el primero. Una mujer, con un harapiento
+traje negro, descendió vivamente los peldaños, atravesó el vestíbulo,
+abrió la puerta de vidrieras y desapareció en el patio.
+
+Todo esto pasó en un minuto y, no obstante, la sombría aparición se
+llevó el buen humor de todas aquellas gentes, que se levantaron a su
+paso con el más profundo respeto. Los gritos se detuvieron en sus
+gargantas y el oro ya no volvió a sonar en sus bolsillos. La pobre mujer
+había dejado detrás de ella como una estela de silencio y de estupor.
+
+El primero que se repuso fue el ayuda de cámara, que era lo que se llama
+un espíritu fuerte.
+
+--¡Voto a...!--exclamó--. He creído ver pasar a la miseria en persona.
+Me ha estropeado el año. Ya veréis cómo no vuelve a salirme nada bien
+hasta el día de San Silvestre. ¡Brrr! tengo frío en la espalda.
+
+--¡Pobre mujer!--dijo el mayordomo--. Ha tenido cientos y miles y ya la
+veis ahora... ¿Quién creería que es una duquesa?
+
+--Es que el vagabundo de su marido se lo ha comido todo.
+
+--¡Un jugador!
+
+--¡Un hombre que no piensa más que en comer!
+
+--Un andariego que trota de la mañana a la noche, con sus piernas de
+rocín.
+
+--No es él el que me interesa: tiene lo que se merece.
+
+--¿Se sabe algo de la señorita Germana?
+
+--Su negra me ha dicho que cada día está peor. A cada golpe de tos llena
+un pañuelo.
+
+--¡Y sin una alfombra en su habitación! Esa niña no se curaría más que
+en un país templado, en Italia, por ejemplo.
+
+--Será un ángel para Dios.
+
+--Los que quedan son más dignos de compasión.
+
+--¡No sé cómo se las arreglará la duquesa para salir de este atolladero.
+¡A todos debe! Ultimamente el panadero se ha negado a fiarles más.
+
+--¿Cuánto deben de alquiler?
+
+--Ochocientos francos; pero lo que me extraña es que siquiera el señor
+haya visto el color de su dinero.
+
+--Si yo fuese él, preferiría tener desalquilado el piso antes que
+permitir que viviesen en él personas que deshonran la casa.
+
+--¡No seas bestia! ¿Para qué arrastrar por el arroyo al duque de La Tour
+de Embleuse y a su familia? Esas miserias, para que lo sepas, son como
+las llagas del barrio; todos nosotros tenemos interés en ocultarlas.
+
+--¡Toma!--dijo el marmitón--, creo que tengo razón para burlarme. ¿Por
+qué no trabajan? Los duques son hombres como los demás.
+
+--¡Muchacho!--exclamó gravemente el mayordomo--, estás diciendo cosas
+incoherentes. La prueba de que no son hombres como los demás, es que yo,
+tu superior, no sería ni barón durante una hora de mi vida. Además, la
+duquesa es una mujer sublime y hace cosas de las que ni tú ni yo
+seríamos capaces. ¿Tomarías tú caldo durante todo un año y en todas las
+comidas?
+
+--¡Caramba! ¡No me parece eso muy divertido!
+
+--¡Pues bien! la duquesa pone el puchero a la lumbre cada dos días,
+porque a su marido no le gusta la sopa de vigilia. El señor se come su
+tapioca de caldo graso y un bistec y un par de chuletas, y la pobre y
+santa mujer se conforma con los desperdicios. Es hermoso, ¿verdad?
+
+El marmitón pareció muy conmovido.
+
+--Mi buen señor Tournoy--dijo al mayordomo--, me interesan mucho esas
+pobres gentes. ¿No podríamos enviarles algo por medio de la negra?
+
+--¡Sí, sí! ella es tan orgullosa como los otros; no querría nada de
+nosotros. Y, no obstante, tengo la seguridad de que no se desayuna todos
+los días.
+
+Esta conversación se hubiera prolongado indefinidamente a no llegar
+oportunamente el señor Anatolio para interrumpirla, en el preciso
+momento en que el guarda, que aun no había abierto la boca, iba a tomar
+la palabra. La asamblea se disolvió más que de prisa; cada uno de los
+oradores llevó consigo sus instrumentos de trabajo y en la sala de
+deliberaciones no quedó más que una de esas escobas gigantescas,
+llamadas cabezas de lobo.
+
+Mientras tanto, Margarita de Bisson, duquesa de la Tour de Embleuse,
+caminaba apresuradamente en dirección a la calle Jacob. Los transeúntes
+que la rozaban con el codo al correr para dar o recibir los aguinaldos,
+la encontrarían seguramente parecida a una de esas irlandesas
+desesperadas que patinan sobre el afirmado de las calles de Londres en
+persecución del penique. Hija de los duques de Bretaña, casada con un
+antiguo gobernador del Senegal, la duquesa llevaba un sombrero de paja
+teñido de negro cuyas cintas se retorcían como bramantes. Un velillo de
+imitación, agujereado por cinco o seis sitios distintos, mal ocultaba su
+cara, dándole además un aspecto extraño. Aquel hermoso rostro, sembrado
+de pequeñas manchas, producía el efecto de que estuviese desfigurada por
+la viruela. Un viejo chal, ennegrecido por los cuidados del tintorero y
+al que la intemperie había dado un color rojizo, dejaba caer tristemente
+sus tres puntas cuyos flecos rozaban ligeramente la nieve de la acera.
+La ropa que se ocultaba debajo del mantón estaba tan usada, que no se
+hubiese podido decir de qué clase era a la simple vista. Unicamente
+examinándola de cerca y con una lupa se hubiera podido reconocer un
+_moaré_ desteñido, raído, con los pliegues cortados y las franjas
+deshilachadas, devoradas por el lodo corrosivo de las calles de París.
+Los zapatos que soportaban tan lamentable edificio habían perdido la
+forma y el color. La ropa blanca, ese distintivo de la limpieza y del
+bienestar, no asomaba ni por el cuello ni por las mangas. Algunas veces,
+al pasar por un charco, el vestido se levantaba por un lado y dejaba ver
+una media de lana gris y un sencillo refajo de algodón negro. Las manos
+de la duquesa, enrojecidas por un frío muy vivo, se escondían bajo su
+chal. Al andar, arrastraba los pies, no por indolencia, sino por el
+miedo de perder los zapatos.
+
+Por un contraste que hemos podido observar más de una vez, la miseria no
+había afeado a la duquesa, que no estaba pálida ni delgada. Había
+recibido de sus antepasados una de esas bellezas rebeldes que lo
+resisten todo, incluso el hambre. Se ha visto a presos que engordaban en
+su calabozo hasta la hora de la muerte. A la edad de cuarenta y siete
+años, la señora de la Tour de Embleuse conservaba aún, hermosos rasgos
+de su juventud. Aun tenía el cabello negro y treinta y dos piezas en la
+boca capaces de triturar el pan más duro. Su salud no respondía a su
+aspecto, pero esto era un secreto que quedaba entre ella y su médico. La
+duquesa estaba en los linderos de aquella hora peligrosa, y a veces
+mortal, en que la madre desaparece para dejar lugar a la abuela. A
+menudo soñaba que la sangre le llenaba la garganta como si quisiera
+ahogarla. Oleadas de calor le subían hasta el cerebro y se despertaba
+como si estuviese en un baño de vapor, del que se extrañaba salir con
+vida. El doctor Le Bris, un médico joven y un antiguo amigo, le
+recomendaba un régimen suave, sin fatigas y sobre todo sin emociones.
+Pero, ¿qué alma, por estoica que fuese, hubiese atravesado sin
+emocionarse por tan rudas pruebas?
+
+El duque César de La Tour de Embleuse, hijo de uno de los emigrantes más
+fieles al rey y de los más encarnizados contra el pueblo, fue
+magníficamente recompensado por los servicios de su padre. En 1827,
+Carlos X le nombró gobernador general de las posesiones francesas del
+Africa occidental. Tenía apenas cuarenta años. Durante veintiocho meses
+de permanencia en la colonia, se defendió valerosamente contra los moros
+y contra la fiebre amarilla; después pidió un permiso para casarse en
+París. Era rico, gracias a la indemnización que le habían dado, y dobló
+su fortuna al casarse con la hermosa Margarita de Bisson que poseía
+sesenta mil francos de renta. El rey firmó al mismo tiempo su contrato y
+su cesantía, y el duque se encontró casado y destituido el mismo día. El
+nuevo poder le hubiera acogido de muy buena gana entre la multitud de
+los tránsfugas; incluso se llegó a decir que el ministerio Casimiro
+Périer le había hecho algunas proposiciones. El duque rechazó todos los
+empleos, primero por orgullo, pero también por una invencible pereza.
+Sea que hubiese gastado en menos de tres años toda su energía, sea que
+la vida fácil de París le retuviera con un atractivo irresistible, es lo
+cierto que durante diez años su único trabajo fue pasear sus caballos
+por el Bosque y exhibir sus guantes amarillos en el _foyer_ de la Opera.
+París era completamente nuevo para él, porque había vivido en el campo
+bajo la férula inflexible de su padre hasta el momento de partir para el
+Senegal. Gustó tan tarde de los placeres, que no tuvo tiempo para
+saciarse.
+
+Todo le parecía hermoso, los goces de la mesa, las satisfacciones de la
+vanidad, las emociones del juego y hasta las austeras alegrías de la
+familia. Mostraba en casa la cariñosa diligencia de un buen esposo y en
+el mundo la fogosidad de un hijo de familia emancipado. Su mujer era la
+más dichosa de Francia, pero no la única de quien él hiciera la dicha.
+Lloró de alegría al nacer su hija, allá por el verano de 1835. En el
+exceso de su felicidad, compró una casa de campo a una bailarina por la
+cual estaba loco. Las comidas que daba en su casa no tenían rival, como
+no fuesen las cenas que daba en la de su querida. El mundo, que es
+siempre indulgente para los hombres, le perdonaba aquel derroche de su
+vida y de su fortuna. Además, hacía las cosas galantemente, porque sus
+placeres mundanos no levantaban un eco doloroso en su casa. En justicia,
+¿se le podía reprochar que hiciese partícipes a todos de la exuberancia
+de su bolsillo y de su corazón? Ninguna mujer compadecía a la duquesa,
+que, en efecto, no era digna de compasión. El duque evitaba
+cuidadosamente comprometerse, no se exhibía en público más que con su
+esposa, y antes hubiera preferido faltar a una partida que enviarla sola
+al baile.
+
+Aquella vida por partida doble y los manejos en que un hombre de mundo
+sabe envolver sus placeres, hicieron pronto brecha en su capital. Nada
+cuesta más caro en París que la sombra y la discreción. El duque era
+demasiado gran señor para detenerse en su camino. Nunca supo negar nada
+a su esposa ni a la de los otros. Y no es que ignorase el estado de su
+fortuna, pero contaba con el juego para repararla. Los hombres a quienes
+el bien ha venido durmiendo se habitúan a una confianza ilimitada en el
+destino. El señor de La Tour de Embleuse era dichoso como el que toma
+las cartas en sus manos por primera vez. Se estima que sus ganancias del
+año 1841 doblaron sus rentas y aún más, pero nada dura en este mundo, ni
+siquiera la suerte en el juego; bien pronto pudo saberlo por
+experiencia. La liquidación de 1848, que dejó al descubierto tantas
+miserias, le demostró que estaba arruinado sin remisión. Vio que a sus
+pies se abría un abismo sin fondo. Otro hubiera perdido la cabeza; él ni
+siquiera perdió la esperanza. Fuese directamente a su esposa y le dijo
+con la alegría de siempre:
+
+--Mi querida Margarita, esta maldita revolución nos lo ha quitado todo;
+no nos quedan ni mil francos nuestros.
+
+La duquesa no esperaba semejante noticia y, pensando en su hija, lloró
+amargamente.
+
+--No temas nada--le dijo--; es una tempestad pasajera. Cuenta conmigo;
+yo cuento con el azar. Dicen que soy un hombre ligero; ¡tanto mejor! Así
+volveré a flote.
+
+La pobre mujer enjugó sus lágrimas y le dijo:
+
+--¡Bien, amigo mío! ¿Es que quieres trabajar?
+
+--¡Yo! ¡Ni por pienso! Esperaré la Fortuna; es una caprichosa y se ha
+portado siempre muy bien conmigo para que se despida así en redondo y
+para siempre.
+
+El duque esperó ocho años en un pequeño departamento del palacio de
+Sanglié, encima de las caballerizas. Sus antiguos amigos, desde que
+conocieron su situación, le ayudaron con su bolsa y con su crédito. Tomó
+prestado sin escrúpulo, como hombre que había hecho préstamos sin
+recibo. Se le ofrecieron muchos empleos, todos decorosos. Una compañía
+industrial quiso incluirle en su consejo de administración con una
+gratificación que equivalía a un sueldo. Rehusó por miedo de rebajarse.
+«No tengo inconveniente, dijo, en vender mi tiempo, pero a lo que no
+estoy dispuesto es a prestar mi nombre.» Así fue descendiendo uno por
+uno todos los peldaños de la miseria, desanimando a sus amigos, cansando
+a sus acreedores, cerrándose todas las puertas, desprestigiando un
+nombre que no quería comprometer, pero sin preocuparse del traje raído
+que paseaba por las calles ni de su chimenea en la que no podía echar ni
+un mal pedazo de leña.
+
+El día 1.º de enero de 1853, la duquesa llevaba al Monte de Piedad su
+anillo de boda.
+
+Es preciso estar bien falto de todo socorro humano para empeñar un
+objeto de tan escaso valor como un anillo de matrimonio. Pero la duquesa
+no tenía ni un céntimo en casa y no se vive sin dinero, por más que el
+crédito sea el gran resorte del comercio de París. Se compran muchas
+cosas sin pagarlas cuando se puede echar sobre el mostrador una tarjeta
+con un nombre conocido y una dirección elegante. Podéis amueblar vuestra
+casa, llenar vuestra bodega y proveer vuestro ropero sin que tengáis
+necesidad de enseñar el color de vuestros escudos. Pero hay mil gastos
+cotidianos que no se hacen más que con el dinero en la mano. Un vestido
+se toma a crédito, pero los remiendos se pagan al contado. Algunas veces
+es más fácil comprar un reloj que una col. La duquesa disponía de un
+resto de crédito que cultivaba con un cuidado religioso, pero, en cuanto
+al dinero, no sabía cómo procurárselo. El duque de La Tour de Embleuse
+ya no tenía amigos: los había gastado como el resto de su fortuna. Tal
+compañero de colegio nos profesa cariño hasta mil francos; tal camarada
+de placer llega a prestarnos cien luises; tal vecino compasivo
+representa un valor de mil escudos. Pasada cierta cifra, se cree libre
+de todos los deberes de la amistad; no tiene nada de qué reprocharse; ya
+no os debe nada; tiene el derecho de desviar la vista cuando os
+encuentra y de negaros la entrada cuando llamáis a su puerta. Las amigas
+de la duquesa se habían ido apartando de ella una después de otra. La
+amistad de las mujeres es seguramente más cordial que la de los hombres,
+pero en uno y otro sexo no hay afecto duradero más que para sus iguales.
+Se experimenta un placer delicado en subir dos o tres veces una escalera
+estrecha y en sentarse cerca de un miserable camastro, pero hay muy
+pocas almas tan heroicas que sean capaces de vivir familiarmente con la
+desgracia de los demás. Las mejores amigas de la pobre mujer, aquellas
+que la llamaban Margarita, habían sentido enfriarse su corazón en aquel
+departamento sin alfombras y sin fuego, y ya habían dejado de ir. Cuando
+se les hablaba de la duquesa, hacían su elogio, la compadecían
+sinceramente y decían: «Nos queremos como siempre, pero no nos vemos
+casi nunca. ¡Su marido tiene la culpa!»
+
+En aquel abandono lamentable, la duquesa recurría al último amigo de los
+desgraciados, un acreedor que presta a un interés muy elevado, es
+verdad, pero sin objeciones ni reproches. El Monte de Piedad guardaba
+sus alhajas, sus encajes, sus vestidos, lo mejor de su ropa blanca y el
+penúltimo colchón de su cama. Lo había empeñado todo a la vista del
+propio duque que veía marchar uno a uno todos los objetos de su
+mobiliario, despidiéndose alegremente de ellos. Aquel incomprensible
+viejo vivía en su casa como Luis XIV en su reino, sin preocuparse del
+porvenir y diciendo: «¡Después de mí, el diluvio!» Se levantaba ya
+tarde, almorzaba con excelente apetito, se pasaba una hora en el
+tocador, se teñía el pelo, se ponía colorete, se pulía las uñas y
+paseaba sus gracias por París hasta la hora de comer. No mostraba la
+menor extrañeza cuando veía una buena comida sobre la mesa, y era
+demasiado discreto para preguntar a su mujer cómo la había logrado. Si
+la comida era magra, se condolía humorísticamente y sonreía a la mala
+fortuna como otras veces a la buena. Cuando Germana empezó a toser,
+bromeó alegremente sobre tan mala costumbre. Se pasó largo tiempo sin
+ver que la pobre languidecía, y el día que lo advirtió experimentó una
+viva contrariedad.
+
+Cuando el doctor le anunció que sólo un milagro podía salvar a la
+infeliz niña, le llamó médico _Tant-Pis_ (Tanto peor), y le dijo
+frotándose las manos: «¡Vamos, vamos, eso no será nada!» El mismo
+ignoraba si hablaba así para tranquilizar a la familia o es que
+realmente su trivialidad natural le impedía sentir el dolor. Su mujer y
+su hija le adoraban tal como era. Trataba a la duquesa con la misma
+galantería que al día siguiente de la boda, y hacía saltar a Germana
+sobre sus rodillas como cuando tenía tres años. La duquesa jamás le
+acusó, ni en su fuero interno, de su ruina; veía en él, lo mismo que
+veintitrés años antes, al hombre perfecto; tomaba su indiferencia por
+valor y firmeza; esperaba en él, a pesar de todo, y le creía capaz de
+levantar la casa por un golpe inesperado de fortuna.
+
+A Germana, según el doctor Le Bris, no le quedaban más que cuatro meses
+de vida. Debía caer en los primeros días de la primavera, a tiempo para
+que las lilas blancas pudiesen florecer sobre su tumba. La pobre joven
+presentía su destino y juzgaba sobre su estado con una clarividencia
+bien rara en los tuberculosos. Quizás hasta tenía sospechas del mal que
+minaba a su madre. Dormía al lado de la duquesa, y en sus largas noches
+de insomnio se asustaba algunas veces del sueño anhelante de la querida
+enfermera. «Cuando yo haya muerto, pensaba, mamá no tardará en seguirme.
+No estaremos mucho tiempo separadas; pero, ¿qué será de mi padre?»
+
+Todas las preocupaciones, todas las miserias, todos los dolores físicos
+y morales tenían su asiento en aquel rincón del palacio Sanglié; y en
+París, donde la miseria abunda, no había, quizás, una familia más
+completamente miserable que la de La Tour de Embleuse que poseía por
+todo recurso un anillo de boda.
+
+La duquesa fue primero a la sucursal del Monte de Piedad, situada en la
+calle de Bonaparte, cerca de la Escuela de Bellas Artes, pero encontró
+la casa cerrada; había olvidado que era día de fiesta. Entonces se le
+ocurrió la idea de que tal vez habría abierto el comisionista de la
+calle de Condé, pero le ocurrió lo mismo. No sabía ya dónde dirigirse,
+porque los establecimientos de este género no son muy frecuentes en el
+barrio de San Germán; no obstante, como el duque no podía comenzar el
+año ayunando, entró en un pequeño establecimiento de bisutería de la
+encrucijada del Odeón donde vendió su anillo por once francos. El
+mercader prometió conservarlo tres meses, por si quería ir a buscarlo.
+
+Guardó el dinero en una punta de su pañuelo de bolsillo y, sin
+detenerse, se encaminó hacia la calle de los Lombardos. Entró en una
+farmacia, compró una botella de aceite de hígado de bacalao para
+Germana, atravesó el arroyo, se detuvo en una tienda, eligió una
+langosta y una perdiz, y volvió, enlodada hasta las rodillas, al palacio
+Sanglié. No le quedaban más que cuarenta céntimos.
+
+El departamento que ocupaba era una construcción ligera, añadida treinta
+años antes al edificio. Las cuatro piezas de que se componía estaban
+separadas por tabiques de madera. La antesala daba por un lado al salón
+y por el otro a un largo corredor que conducía a la habitación del
+duque. Desde el salón se pasaba a la habitación de la duquesa y desde
+allí al comedor que unía la habitación del duque con la de la duquesa.
+
+La señora de La Tour de Embleuse encontró en la antesala a su única
+sirvienta, la vieja Semíramis, que lloraba silenciosamente con un papel
+en la mano.
+
+--¿Qué tienes?--preguntó.
+
+--Señora, esto es todo lo que ha traído el panadero. Si no le pagamos,
+no nos dará más pan.
+
+La duquesa recordó que, efectivamente, se le debían más de 600 francos.
+
+--No llores más--dijo--. Aquí tienes algún dinero; ve a la panadería de
+la calle del Bac y compra un panecillo de Viena para el señor y para
+nosotros lo traes del otro. Llévate eso a la cocina; es el almuerzo del
+señor. Y Germana, ¿ya está levantada?
+
+--Sí, señora; el médico la ha visto a las diez. Aun está en la
+habitación del señor duque.
+
+Semíramis salió y la señora de La Tour de Embleuse se dirigió a la
+habitación de su marido. Cuando se disponía a abrir la puerta, oyó la
+voz del duque, clara, alegre y vibrante como un clarín.
+
+--¡Cincuenta mil francos de renta!--decía el viejo--. ¡Ya sabía yo que
+volvería la fortuna!
+
+
+
+
+II
+
+PETICIÓN DE MATRIMONIO
+
+
+El doctor Carlos Le Bris era uno de los hombres más apreciados de París.
+La gran ciudad tiene sus niños mimados en todas las artes, pero no
+conozco a ninguno que lo fuese tanto como él. Había nacido en una
+miserable y pequeña ciudad de la Champaña, pero hizo sus estudios en el
+colegio de Enrique IV. Un pariente suyo, que ejercía la medicina en el
+país, le dedicó desde muy joven a la misma profesión. Carlos siguió sus
+cursos, frecuentó los hospitales, hizo su internado, practicó a la vista
+de sus maestros y ganó a pulso todos sus diplomas y algunas medallas
+que hoy constituyen el adorno de su gabinete. Su única ambición era
+suceder a su tío y acabar con los enfermos que el buen hombre le dejase.
+Pero cuando le vieron aparecer, armado de sus éxitos y doctor hasta los
+dientes, los curanderos del país, y su tío que, después de todo, no era
+otra cosa, le preguntaron por qué no se había quedado en París. Unía a
+su talento unos modales tan seductores y le sentaba tan bien su gran
+paletó, que se adivinaba desde el primer día que todos los enfermos
+serían para él. El venerable pariente se encontraba demasiado joven para
+pensar en retirarse, y la rivalidad de su sobrino dio una agilidad a sus
+piernas que nunca había tenido. En resumen, el pobre muchacho fue tan
+mal recibido, se le pusieron tantos obstáculos en su camino, que, de
+puro desesperado, se volvió a París. Sus antiguos maestros le acogieron
+con los brazos abiertos y pronto tuvo una gran clientela. Los grandes
+hombres tienen el medio de no ser envidiosos; gracias a su generosidad,
+el doctor Le Bris hizo su reputación en cinco o seis años. Aquí se le
+apreciaba como sabio, allá como bailarín, y en todas partes como hombre
+simpático y bueno. Ignoraba los primeros elementos de la charlatanería,
+hablaba muy poco de sus éxitos y abandonaba a sus enfermos el cuidado de
+decir que los había curado. Su casa no era un templo, ni mucho menos.
+Habitaba en un cuarto piso de un barrio extremo. ¿Por modestia? ¿Por
+coquetería? No se sabe. Las pobres gentes de su barrio no se quejaban de
+tal vecindad; él, por su parte, las cuidaba con tanta solicitud, que
+algunas veces olvidaba el portamonedas a la cabecera de su cama.
+
+El señor Le Bris era, desde hacía tres años, el médico de la señorita de
+La Tour de Embleuse. Había seguido los progresos de la enfermedad sin
+poder hacer nada para detenerlos. Y no es que Germana fuese una de esas
+niñas condenadas desde su nacimiento, que llevan en sí el germen de una
+muerte hereditaria. Su constitución era robusta y su pecho ancho;
+además, su madre nunca había tosido. Un resfriado descuidado, una
+habitación demasiado fría, la privación de cosas necesarias a la vida,
+es lo que había producido todo su mal. Poco a poco, a pesar de los
+cuidados del doctor, la pobre niña había palidecido coma una estatua de
+cera y sus fuerzas la habían abandonado; el apetito, la alegría, el
+aliento, la satisfacción de respirar el aire, todo le faltaba. Seis
+meses antes del principio de esta historia, Le Bris había tenido
+consulta con dos celebridades. Aun podía salvarse entonces; le quedaba
+un pulmón, y la Naturaleza a veces se contenta con menos. Pero era
+preciso llevarla sin demora a Egipto o a Italia.
+
+--Sí--dijo el joven doctor--, ésa es la única prescripción racional; una
+casa de campo a orillas del Arno, una vida tranquila y sin
+preocupaciones pecuniarias... ¡Pero, ya veis!...
+
+Y designó con el dedo los cortinajes destrozados, las sillas de paja y
+el desnudo pavimento del salón.
+
+--¡He aquí su sentencia de muerte!
+
+En el mes de enero el último pulmón fue afectado; el sacrificio se
+consumaba. El doctor casi se preocupaba ya más de la duquesa que de la
+enferma. Su última esperanza era que la hija se extinguiese dulcemente y
+que la madre se salvase.
+
+Hizo su visita a Germana, le tomó el pulso por pura fórmula, le ofreció
+una caja de bombones, la besó fraternalmente en la frente y pasó a la
+habitación del señor de La Tour de Embleuse.
+
+El duque aun estaba en la cama y, sin los artificios de tocador, nadie
+le hubiera rebajado un mes de sus sesenta y tres años.
+
+--Y bien, elegante doctor--dijo con su risa sonora--, ¿qué año nuevo nos
+trae usted? ¿La Fortuna, al fin, querrá venir a verme? ¡Ah! ¡bribona, si
+vuelvo a pillarte! Usted es testigo, doctor, de que la espero en la
+cama.
+
+--Señor duque--respondió el doctor--, puesto que estamos solos, podemos
+hablar de cosas serias. Creo que no he ocultado a usted el estado de su
+hija.
+
+El duque hizo una pequeña mueca sentimental y dijo:
+
+--Verdaderamente, doctor, ¿es que no se puede ya esperar nada? Yo creo,
+falsa modestia aparte, que es usted capaz de un milagro.
+
+Le Bris movió tristemente la cabeza.
+
+--Todo lo más que yo puedo hacer--respondió--, es evitarle sufrimientos
+en sus últimos días.
+
+--¡Pobre pequeña! Figúrese usted, querido doctor, que tose todas las
+noches hasta despertarme. Debe sufrir horriblemente, aunque trate de
+ocultarlo. Si no hay ninguna esperanza, su última hora será la del
+descanso.
+
+--No es eso todo lo que tengo que decirle, y perdóneme usted si empiezo
+el año con tristes noticias.
+
+El duque se incorporó de un salto.
+
+--¿Qué pasa, pues? ¡Me da usted miedo!
+
+--La señora duquesa me inquieta desde hace algunos meses.
+
+--¡Ah!... Efectivamente, doctor, usted abusa de los malos augurios. La
+duquesa, gracias a Dios, está perfectamente. ¡Ya quisiera estar yo como
+ella!...
+
+El doctor entró en detalles que abatieron la indiferencia y la ligereza
+del viejo. Se vio solo en el mundo y se estremeció de terror. Su voz
+bajó de tono y se cogió a la mano del doctor como un náufrago al último
+trozo de madera.
+
+--Amigo mío--le dijo--, ¡sálveme! ¡Salve a la duquesa, quería decir! No
+tengo más que a ella en el mundo. ¿Qué sería de mí? Es un ángel, mi
+ángel guardián. ¿Qué es necesario hacer para curarla? Dígamelo y
+obedeceré como un esclavo.
+
+--Señor duque, lo que necesita la señora duquesa es una vida tranquila y
+fácil, sin emociones, y, sobre todo, sin privaciones; un régimen suave,
+alimentos escogidos y variados, una casa cómoda, un buen coche...
+
+--Y la luna, ¿no es verdad?--exclamó el duque con impaciencia--. Le
+creía a usted, doctor, hombre de más talento y de más vista. ¡Coche!
+¡casa! ¡buena alimentación! ¡Vaya usted a buscarme todo eso y se lo
+daré!
+
+El doctor respondió sin inmutarse:
+
+--Ya se lo traigo a usted, señor duque, y no tiene usted más que
+tomarlo.
+
+Los ojos del duque brillaron como los de un gato en la obscuridad.
+
+--¡Hable usted, pues!--exclamó--. ¡Me tiene usted en ascuas!
+
+--Antes de pasar adelante, señor duque, debo recordarle que desde hace
+tres años soy el mejor amigo de la casa.
+
+--Puede usted decir el único sin temor a ser desmentido.
+
+--El honor de su nombre me es tan caro como a usted mismo, y si...
+
+--¡Va bien! ¡va bien!
+
+--No olvide usted que la vida de la señora duquesa está en peligro y que
+yo respondo de salvarla, puesto que usted me proporciona los medios.
+
+--¡Qué diablo! Es usted el que me los proporciona a mí. Hace una hora
+que me está usted hablando como el peripatético del _Matrimonio
+forzado_. ¡Al grano, doctor, al grano!
+
+--A eso voy. ¿Ha visto usted nunca en París al conde de Villanera?
+
+--¿Al de los caballos negros?
+
+--Precisamente.
+
+--¡El más hermoso tronco de París!
+
+--Don Diego Gómez de Villanera es el último vástago de una ilustre
+familia napolitana transplantada a España durante el reinado de Carlos
+V. Su fortuna es la más grande de toda la península; si cultivase sus
+tierras y explotase sus minas, sus rentas no bajarían de dos o tres
+millones. Así y todo, tiene millón y medio de renta, un poco menos que
+el príncipe de Isupoff, treinta y dos años, una figura agradable, una
+educación exquisita, un carácter caballeroso...
+
+--Y a la señora de Chermidy, puede usted añadir.
+
+--Puesto que usted sabe eso, me abrevia el camino. El conde, por razones
+que ahora sería muy largo exponer, desea abandonar a la señora de
+Chermidy y unirse, con arreglo a su jerarquía, con una de las más
+ilustres familias. Se preocupa tan poco de los bienes de su futura, que
+asegurará a su suegro una renta de cincuenta mil francos. El suegro que
+él desea es usted, y me ha encargado que explore sus disposiciones. Si
+usted accede, él vendrá hoy mismo a pedirle la mano de la señorita
+Germana y dentro de quince días se habrá celebrado la boda.
+
+Por de pronto, el duque saltó al suelo y miró fijamente al doctor.
+
+--¿No está usted loco?--dijo--, ¿no se está burlando de mí? Supongo que
+no olvidará usted que soy el duque de La Tour de Embleuse y que puedo
+doblarle en edad... ¿Es verdad todo eso que me ha dicho?
+
+--Como el Evangelio.
+
+--¿Pero él no sabe que Germana está enferma?
+
+--Lo sabe.
+
+--¿Que está moribunda?
+
+--Lo sabe.
+
+--¿Desahuciada?
+
+--Lo sabe.
+
+Una nube pasó por el rostro del viejo duque. Se sentó en un rincón de la
+fría chimenea sin darse cuenta de que estaba casi desnudo y, apoyando
+los codos sobre las rodillas, se apretó la cabeza con las manos.
+
+--Eso no es natural--añadió--; usted no me lo ha dicho todo y el señor
+de Villanera debe tener algún motivo secreto para querer casarse con una
+muerta.
+
+--En efecto--respondió el doctor--. Pero haga usted el favor de volverse
+a la cama. Es una historia muy larga.
+
+El duque volvió a arrebujarse debajo del cobertor. Sus dientes
+castañeteaban a causa del frío y de la impaciencia y tenía sus ojillos
+fijos en el doctor con la curiosidad inquieta de un niño ante el que se
+abre una caja de bombones. El señor Le Bris no le hizo esperar.
+
+--¿Usted sabe--dijo--cuál es la situación de la señora de Chermidy?
+
+--Viuda consolable de un marido al que no ha visto nunca.
+
+--Yo he visto al señor Chermidy hace tres años y le aseguro por lo tanto
+que su esposa no es viuda.
+
+--¡Tanto mejor para él! ¡Diablo! ¡Marido de la señora Chermidy! Es una
+sinecura que le debe proporcionar muy bonitas rentas.
+
+--¡Así es como se hacen juicios temerarios! El señor Chermidy es un
+hombre honrado y hasta un oficial de algún mérito. No creo que
+pertenezca a una familia aristocrática; a los treinta y cinco años era
+capitán de la marina mercante y obtuvo embarque en un navío del Estado
+como oficial auxiliar hasta que, al cabo de dos años de navegación, el
+ministro le firmó su nombramiento de oficial. Fue en 1838 cuando puso su
+corazón y sus charreteras a los pies de Honorina Lavenaze. Esta tenía
+por toda fortuna sus diez y ocho años, unos grandes ojos que usted ya
+conoce, un gorro de arlesiana y una ambición sin límites. No era, ni con
+mucho, tan hermosa como hoy. Ella misma me ha dicho que era seca como un
+palo y negra como un cuervo, pero tenía ciertos atractivos que la hacían
+desear. Reinaba en el mostrador de un despacho de tabacos y, desde el
+prefecto marítimo hasta los alumnos de segundo año, toda la aristocracia
+náutica de Tolón iba a fumar y a suspirar a su alrededor. Pero nada
+podía trastornar aquella firme cabeza, ni los vapores del incienso ni el
+humo de los cigarros. Se había jurado ser juiciosa hasta que encontrase
+un marido, y ninguna seducción fue bastante para desviar su decisión.
+Los oficiales la llamaban _Croquet_ (rosquilla de almendra) a causa de
+su dureza; los burgueses _Ulloa_, porque había sido sitiada por la
+marina francesa.
+
+»No faltaban hombres serios que quisieran casarse con ella; en los
+puertos de mar se les encuentra en abundancia. Cuando regresa de largas
+travesías, el oficial de marina tiene más ilusiones, más ingenuidad, más
+juventud que el día de la partida; la primera mujer que aparece a sus
+ojos se le presenta tan hermosa, tan santa, como la patria que se vuelve
+a ver; ¡es la patria vestida de seda! La apetitosa Honorina, vista por
+Chermidy, rudo lobo de mar, fue la preferida por su candor, y aquella
+oveja recalcitrante pasó a su poder bajo las barbas de sus rivales.
+
+»Su buena suerte, que hubiese podido darle muchos enemigos, no perjudicó
+en lo más mínimo su porvenir. Aunque vivía apartado, solo con su mujer,
+en una quinta aislada, obtuvo un bonito embarque, que no había pedido.
+Desde entonces, no ha estado en Francia más que raras veces; siempre en
+el mar, ha podido hacer economías para su esposa que, por su parte, las
+ha hecho para él. Honorina, embellecida por el tocador, por el bienestar
+y por el aumento de carnes, ha reinado diez años en el departamento del
+Var. Los únicos acontecimientos que hayan señalado su reinado son la
+quiebra de un almacenista de carbones y la destitución de dos oficiales
+pagadores. Después de un proceso escandaloso, en el cual su nombre no
+sonó para nada, creyó prudente exhibirse en un escenario más amplio y
+tomó el piso que aun ocupa en la calle del Circo. Su marido navegaba
+sobre los bancos de Terranova, mientras que ella rodaba por París.
+¿Asistió usted a su presentación en esta ciudad, señor duque?
+
+--¡Sí, pardiez! y me atrevo a decir que hay pocas mujeres que hayan
+hecho mejor su camino. Ser bonita y tener talento, no es nada; lo
+difícil es aparentar ser millonaria, la única manera de que se le
+ofrezcan millones.
+
+--Llegó aquí con doscientos o trescientos mil francos, rebañados
+discretamente aquí y acullá. Así y todo, levantó en el Bosque tal
+polvareda que se habría dicho que la reina de Saba acababa de llegar a
+París. En menos de un año consiguió hacer hablar de sus caballos, de sus
+vestidos, de su mobiliario, sin que nadie pudiese decir nada positivo
+sobre su conducta. Yo mismo la he estado visitando año y medio sin
+sospechar quién era. Y la hubiese creído otra cosa durante largo tiempo,
+si la casualidad no me hubiera puesto en presencia de su marido. Era en
+los primeros días de 1850, ahora hace tres años, poco más o menos. El
+pobre diablo acababa de llegar de Terranova y a fin de mes partía para
+los mares de la China, donde había de permanecer cinco años, y
+encontraba muy natural abrazar a su mujer, entre dos viajes. La librea
+de _sus_ criados le hizo guiñar los ojos, y los esplendores de _su_
+mobiliario le acabaron de deslumbrar. Pero cuando vio a su querida
+Honorina aparecer en un traje de mañana que representaba dos o tres años
+de su sueldo, se olvidó de caer en sus brazos, viró en redondo sin decir
+una palabra y se hizo llevar el equipaje a la estación de Lyón. Así es
+cómo el señor Chermidy me hizo entrar en la intimidad de su mujer.
+Otros pormenores los conozco por el conde de Villanera.
+
+--¿Llegamos ya?--preguntó el duque.
+
+--Un poco de paciencia. La señora Chermidy había distinguido a don Diego
+algún tiempo antes de la llegada de su marido. Era su vecina en el
+teatro de los Italianos y había sabido mirarle con tales ojos que se
+hizo presentar a ella. Todos los hombres le dirán que sus salones son
+los más agradables de París, aun cuando no se encuentre a otra mujer que
+a la dueña de la casa. Pero Honorina se multiplica. El conde se apasionó
+por ella, llevado del mismo espíritu de emulación que perdió al pobre
+Chermidy. Y la amó tanto más ciegamente, por cuanto ella le otorgó todos
+los honores de la guerra y pareció ceder a una inclinación irresistible
+que la arrojaba en sus brazos. El hombre más inteligente se deja prender
+en este lazo y todo el escepticismo se estrella contra la comedia del
+amor verdadero. Don Diego no es un atolondrado sin experiencia. Si
+hubiera adivinado el menor interés, sorprendido un movimiento calculado,
+se habría puesto en guardia y todo estaba perdido, pero la ladina llevó
+su habilidad hasta el heroísmo. Agotó todos los recursos de su
+presupuesto, gastó hasta su último sueldo e hizo creer al conde que le
+amaba por él. Llegó hasta exponer su reputación, que tanto había cuidado
+hasta entonces, y se hubiera comprometido locamente a no impedírselo él.
+La condesa viuda de Villanera, una santa mujer, un prodigio de vejez y
+de rigidez, parecida a un retrato de Velázquez, escapado del lienzo,
+tuvo conocimiento de los amores de su hijo y no encontró nada que decir.
+Prefería verlo en relaciones con una mujer de mundo, que perdido entre
+los placeres fáciles en los cuales se arruina el cuerpo y se envilece el
+alma.
+
+»La delicadeza de la señora Chermidy era de carácter tan quisquilloso,
+que don Diego no pudo ofrecerle ni la menor bagatela. Lo primero que
+aceptó de él, después de un año de intimidad, fue una inscripción de
+cuarenta mil francos de renta. Estaba encinta de un hijo que nació en
+noviembre de 1850. Ahora, señor duque, llegamos al fondo de la cuestión.
+
+»La señora Chermidy dio a luz en Bretéche-Saint-Nom, detrás de San
+Germán. Yo estaba allí. Don Diego, ignorando nuestras leyes y creyendo
+que todo era permitido a las personas de su condición, quería reconocer
+al niño. Los primogénitos de la familia Villanera son marqueses de los
+Montes de Hierro. Yo le expliqué el axioma de derecho: _Is pater est_, y
+le demostré que su hijo debía llamarse Chermidy o no llamarse de ningún
+modo. Precisamente el marino había estado en París en enero último y
+esto bastaba para salvar las apariencias. Después de deliberar un buen
+rato cerca de la cama de la parturienta, ésta nos dijo que su marido la
+mataría infaliblemente si ella intentaba imponerle esta paternidad
+legal. El conde añadió que el marqués de los Montes de Hierro no
+consentiría jamás en firmarse Chermidy. Resumiendo, inscribí al niño en
+la alcaldía con el nombre de Gómez, hijo de padres desconocidos.
+
+»El noble padre, dichoso y desgraciado a la vez, comunicó tan importante
+acontecimiento a la venerable condesa. Esta ha querido ver al niño, y ha
+hecho llevarlo a su lado, en su hotel del _faubourg_ Saint-Honoré, donde
+aun está. Tiene dos años, goza de buena salud y se parece ya a las
+veinticuatro generaciones de los Villanera. Don Diego adora a su hijo, y
+no se consuela de ver en él a un niño sin nombre y, lo que es peor,
+adulterino. La señora de Chermidy es una mujer capaz de remover las
+montañas para asegurar a su heredero el nombre y la fortuna de los
+Villanera. Pero la más digna de compasión es la pobre viuda. Ella prevé
+que don Diego no se casará nunca ante el temor de desheredar a su hijo
+amado; que desarraigará su fortuna para podérsela entregar, que venderá
+las tierras de la familia y que de su ilustre nombre y grandes dominios
+no quedará nada dentro de medio siglo.
+
+»Ante este conflicto, la señora Chermidy ha tenido un rasgo de genio y
+ha dicho a don Diego: «Cásese usted. Busque una esposa de la primera
+nobleza de Francia y obtenga, por medio del acta de matrimonio, que ella
+reconozca a nuestro hijo como suyo. Siendo así, el pequeño Gómez será su
+hijo legítimo, noble por padre y madre, heredero de todos los bienes de
+la familia. En cuanto a mí, no se preocupe usted, me sacrifico por los
+dos.»
+
+»El conde ha sometido el proyecto a su madre, que está dispuesta a
+firmar a dos manos. La noble dama ha perdido ya sus ilusiones sobre la
+señora Chermidy que cuesta más de cuatro millones a don Diego y que
+habla de retirarse a una choza para llorar la dicha perdida pensando en
+su hijo. El señor de Villanera cree cándidamente en su falsa resignación
+y creería cometer un crimen abandonando a esta heroína del amor
+maternal. Para terminar, y con objeto de acallar sus nobles escrúpulos,
+la señora Chermidy ha susurrado al oído del conde: «Cásese usted por
+poco tiempo. El doctor le buscará una esposa entre sus enfermas.» Yo he
+pensado en la señorita de La Tour de Embleuse y he venido a confiarme
+absolutamente en usted, señor duque. Este matrimonio, por extravagante
+que parezca a primera vista, y aunque dé a usted un nieto que no es de
+su sangre, asegura a la señorita Germana un fin dulce y tranquilo y una
+prolongación de la existencia; salva la vida a la señora duquesa, y, en
+fin...
+
+--Me da a mí cincuenta mil libras de renta, ¿no es eso? Pues bien,
+querido doctor, le doy a usted las gracias. Dígale al señor de Villanera
+que soy su servidor. A mi hija podré enterrarla tal vez, pero no
+venderla.
+
+--Señor duque, realmente lo que propongo a usted es un negocio, pero si
+yo lo creyese indigno de un caballero, no hubiera intervenido en él,
+puede creerme.
+
+--¡Pardiez! doctor, cada uno entiende el honor a su manera. Hay el honor
+del soldado, el honor del tendero y el honor del noble que no me permite
+ser el abuelo del pequeño Gómez. ¡Ah! ¡el señor de Villanera pretende
+legitimar a sus bastardos! Eso es Luis XIV puro, pero nosotros no
+estamos aliados a la familia Saint-Simon. ¡Cincuenta mil francos de
+renta! Yo he tenido ciento veinte mil, señor, sin haber hecho nunca
+nada, ni bueno ni malo. ¡Y no me apartaré de las tradiciones de mis
+antepasados para obtener menos de la mitad!
+
+--Me permito llamarle la atención, señor duque, sobre el hecho de que la
+familia Villanera es digna de tal alianza. El mundo no encontraría nada
+que decir.
+
+--¡No faltaría más sino que se me ofreciese un yerno plebeyo! Confieso
+que en cualquiera otra circunstancia me consideraría muy honrado. Don
+Diego Gómez de Villanera es bien nacido, he oído elogiar a su familia y
+a su persona. Pero, ¡qué diablo! ¡no quiero que se diga que la señorita
+de La Tour de Embleuse tenía un hijo de dos años el día de su boda!
+
+--No dirán nada, ni lo sabrá nadie. El reconocimiento será secreto, y
+después, ¿quién se ocuparía de eso más tarde? Ni la ley ni la sociedad
+establecen diferencia alguna entre un hijo legitimado y un hijo
+legítimo.
+
+--¿Pero cree usted que yo voy a poder ver a Germana en el altar mayor de
+Santo Tomás de Aquino, con el señor de Villanera a su derecha, la señora
+Chermidy a su izquierda con un niño de dos años en los brazos, y el
+sepulturero cerrando la comitiva? Eso es sencillamente abominable, mi
+pobre doctor. No hablemos más de ello... Diga usted... ¿Y es muy
+complicada esa ceremonia del reconocimiento?
+
+--No hay ceremonia alguna. Una frase en el acta de matrimonio y todo
+queda en regla.
+
+--Esa frase es la que sobra. No hablemos más de ello. Ni una palabra a
+la duquesa, ¿me lo promete usted?
+
+--Se lo prometo.
+
+--¿Y usted cree que verdaderamente está tan mal la pobre duquesa? ¡Pero
+si está tan ágil como cuando tenía quince años!
+
+--El estado de la señora duquesa es bastante serio.
+
+--¿Y cree usted, de buena fe, que con dinero la podríamos curar?
+
+--Respondo de su vida si obtengo de usted...
+
+--Usted no obtendrá nada absolutamente. ¡Yo soy de piedra roqueña, mi
+querido amigo! Y ya ve usted si mi negativa tiene mérito, ¡tal vez no
+hay diez luises en toda la casa! A fe de gentilhombre que si alguien
+muriese aquí no se encontraría con qué enterrarle. ¡Tanto peor! ¡tanto
+peor! ¡nobleza obliga! El duque de La Tour de Embleuse no es un ama
+seca, ¡y sobre todo del hijo de la señora Chermidy! Antes me dejaría
+morir en un jergón. Doctor, estoy muy contento de que me haya puesto a
+prueba y no le guardo ningún resentimiento. Nunca se conoce bien uno a
+sí mismo y no estaba muy seguro de la cara que pondría ante cincuenta
+mil francos de renta. Usted ha pulsado mi honor que ¡gracias a Dios! ha
+respondido bien... ¿El señor de Villanera ofrece el capital o sólo la
+renta?
+
+--A elección de usted, señor duque.
+
+--Yo he elegido la miseria, ya lo ha visto usted. ¡Pero cuando yo le
+decía que la Fortuna era una caprichosa! La conozco desde hace mucho
+tiempo y unas veces hemos estado en buenas relaciones y otras reñidos.
+Ahora quiere tentarme... ¡como si no! ¡Adiós, querido doctor!
+
+El señor Le Bris se levantó de la silla. El duque le retuvo por la mano.
+
+--Fíjese usted en que lo que hago es heroico. ¿Usted no ha sido jugador?
+¿Conoce usted las cartas?
+
+--Juego al _whist_.
+
+--Entonces no es usted jugador. Sepa usted, pues, amigo mío, que cuando
+una vez se ha dejado pasar una buena racha, ya no vuelve. Al rechazar
+sus proposiciones, renuncio a toda esperanza en lo porvenir y me condeno
+a perpetuidad.
+
+--Acepte usted, pues, señor duque, y no desprecie a la fortuna. ¡Cómo!
+yo le traigo a usted en mis manos la salud para la señora duquesa, el
+bienestar para usted y un fin dulce y tranquilo para la pobre niña que
+se extingue entre privaciones de todas clases; levanto su casa que se
+derrumba entre el polvo; le doy un nieto ya criado, un niño magnífico
+que podrá unir su nombre de usted al de su padre, y todo eso, ¿a qué
+precio? Mediante una cláusula de dos líneas en el acta de matrimonio. ¿Y
+usted prefiere mejor condenar a su hija, a su esposa y hasta condenarse
+a sí mismo, antes que prestar su nombre a un niño extraño? ¿Cree usted
+que con eso cometería un crimen de lesa nobleza? ¿Es que no sabe usted a
+qué precio se ha conservado la nobleza en Francia y en todas partes
+desde las Cruzadas? ¡Cuántos nombres salvados por milagro o por
+habilidad! ¡Cuántos árboles genealógicos rejuvenecidos por un injerto
+plebeyo!
+
+--¡Casi todos, querido doctor! Le citaría más de veinte sin salir de
+esta misma calle. Además, los Villanera pertenecen a la aristocracia más
+pura; no veo inconveniente en una alianza con esos señores. Con una
+condición, sin embargo: y es que el asunto se lleve en plena luz, sin
+hipocresía. Mi hija puede reconocer un hijo extraño en el interés de dos
+ilustres casas de España y de Francia. Si alguien pregunta por qué, se
+le contestará que por razones de Estado. ¿Y usted salvará a la duquesa?
+
+--Respondo de ella.
+
+--¿Y a mi hija también?
+
+El doctor movió lentamente la cabeza. El viejo continuó con tono de
+resignación:
+
+--¡Qué le vamos a hacer! no se puede tener todo a la vez. ¡Pobre niña!
+¡Tanto que me hubiera gustado compartir con ella el bienestar!
+¡Cincuenta mil francos de renta! ¡Ya sabía yo que volvería la fortuna!
+
+En aquel momento entró la duquesa y su marido le hizo un resumen de los
+ofrecimientos del doctor con transportes de una admiración infantil. El
+señor Le Bris se había levantado para ofrecer su silla a la pobre mujer
+que corría sin descanso desde por la mañana. Con los codos sobre la
+cama, frente a frente del duque, escuchó con los ojos cerrados todo lo
+que aquél quiso decirle. El viejo, inconstante como un hombre cuya razón
+vacila, había olvidado sus propias objeciones. No veía más que una cosa
+en el mundo: los cincuenta mil francos de renta. En su aturdimiento
+llegó hasta a hablar a la duquesa de los peligros que corría y de su
+vida amenazada. Pero esta revelación resbaló sobre su corazón sin
+herirlo.
+
+Abrió los ojos, y volviéndolos tristemente hacia el doctor, le dijo:
+
+--Y bien, ¿Germana está condenada sin remisión, puesto que esa mujer no
+tiene miedo de casarla con su amante?
+
+El doctor intentó persuadirla de que no se había perdido toda esperanza,
+pero ella le detuvo con el gesto.
+
+--No mienta usted, pobre amigo mío. Esas gentes han puesto su confianza
+en usted y le han pedido que buscase una mujer lo suficientemente
+enferma para que no hubiese esperanza alguna de salvarla. Si por una
+casualidad viviese, si un día llegase a colocarse entre los dos para
+reclamar sus derechos y expulsar a la amante, el señor de Villanera
+podría echar en cara a usted que le había engañado. Y usted no habrá
+querido exponerse a eso.
+
+El señor Le Bris enrojeció a su pesar, porque la duquesa decía la
+verdad; pero salió de aquel mal paso haciendo el elogio de don Diego. Le
+pintó como un noble corazón, un caballero de antaño perdido en nuestro
+siglo.
+
+--Puede usted creer, señora duquesa, que si nuestra querida enferma
+llegase a salvarse, lo debería a su marido. El no la conoce, no la ha
+visto nunca; ama a otra y abriga una esperanza bien triste para nosotros
+al decidirse a colocar una esposa legítima entre su amante y él. Pero
+cuanto mayor sea su interés en esperar el día de la viudez, más creerá
+de su deber el retrasarlo. No sólo rodeará a su esposa de todos los
+cuidados que su estado requiere, si no que es hombre para constituirse
+en enfermero de ella y velarla noche y día. Le garantizo a usted que
+tomará el matrimonio en serio, como todos los deberes de la vida. Es
+español e incapaz de jugar con los Sacramentos; tiene un culto por su
+madre y una ternura apasionada por su hijo. Esté usted segura de que el
+día en que le conceda la mano de su hija, se habrá acabado todo entre él
+y la señora Chermidy. Llevará a su mujer a Italia; yo les acompañaré y
+usted también, y si Dios tiene a bien hacer un milagro, seremos tres
+para ayudarle, señora duquesa.
+
+--¡Diablo!--añadió el duque--. No hay nada imposible; todo puede ocurrir
+en este mundo; ¿quién me hubiera dicho esta mañana que yo heredaría
+cincuenta mil francos de renta?
+
+Ante estas palabras la duquesa sintió que una oleada de lágrimas subía a
+sus ojos.
+
+--Amigo mío--dijo--, es muy triste el que los padres hereden a los
+hijos. Si Dios tiene decidido llamar a su lado a mi pobre Germana, yo
+bendeciré llorando su mano rigurosa y esperaré a tu lado el instante en
+que debamos reunirnos. Pero yo quiero que la memoria de mi ángel amado
+sea tan pura como su vida. Desde hace más de veinte años conservo un
+ramo de flores de azahar, marchito lo mismo que mi felicidad y mi
+juventud: cuando ella muera quiero ponerlo sobre su ataúd.
+
+--¡Ta! ¡ta!--exclamó el duque--. ¡Así son las mujeres! Tú estás enferma,
+querida, y no serán las flores de azahar las que te curen.
+
+--¡En cuanto a mí...!
+
+Su mirada acabó la frase de modo tan expresivo que hasta el mismo duque
+la comprendió.
+
+--¡Eso es!--dijo--; ¡a vuestra comodidad! ¡moríos las dos juntas! ¿Y
+entonces qué será de mí?
+
+--Usted será rico, padre mío--dijo Germana abriendo la puerta del
+comedor.
+
+La duquesa se levantó como movida por un resorte y corrió hacia su hija;
+pero ésta no tenía necesidad de apoyo. Besó a su madre y con paso firme
+y resuelto, el paso de los mártires, avanzó hasta la cama.
+
+Iba vestida de blanco, como Paulina en el quinto acto de _Poliuto_. Un
+pálido rayo del sol de enero caía sobre su frente, formando como una
+aureola. Su rostro sin color parecía una página borrada en la que no se
+veía brillar más que dos grandes ojos negros. Una masa de cabellos de
+oro, finos y frondosos, se amontonaban sobre su cabeza. Una hermosa
+cabellera es el último adorno de los tísicos; la conservan hasta el fin
+y son enterrados con ella. Sus manos transparentes caían a lo largo del
+cuerpo y se confundían con los pliegues del vestido. Era tal la delgadez
+de su persona que se asemejaba a una de esas criaturas celestes que no
+tienen ninguna de las bellezas ni de las imperfecciones de la mujer.
+
+Se sentó familiarmente al borde de la cama, pasó el brazo derecho
+alrededor del cuello de su padre y le atrajo dulcemente hacia sí.
+Después designó la silla a Le Bris y le dijo:
+
+--Haga el favor de sentarse, doctor, para que la familia esté completa.
+No me arrepiento de haber escuchado detrás de las puertas. Yo me temía
+que no hubiese servido para gran cosa; esta discusión me ha demostrado
+que aún podría ser útil a los míos. Ustedes son testigos de que no tengo
+ningún aprecio a la vida y que hace seis meses me he despedido de ella.
+Así como así este mundo es una bien triste morada para los que no pueden
+respirar sin sufrir. Mi único disgusto era el de legar a mis padres un
+porvenir de dolores y de miserias; ahora ya estoy tranquila. Me casaré
+con el conde de Villanera y adoptaré al hijo de esa señora. Gracias,
+querido doctor; a usted debemos nuestra salvación. Gracias a usted, el
+desarreglo de esas gentes devolverá el bienestar a mi excelente padre y
+la vida a mi noble madre. Mi paso por el mundo no habrá sido inútil. Me
+quedaba por todo bien el recuerdo de una vida pura y un pobre nombre
+sin mancha, como el velo de la primera comunión de una niña. Se lo doy
+todo a mis padres. Le ruego, mamá, que no proteste usted. No se
+desobedece a los enfermos. ¿Verdad, doctor?
+
+--Señorita--respondió tendiéndole la mano--, es usted una santa.
+
+--Sí; me esperan allá arriba; mi urna está dispuesta para recibirme.
+Rogaré a Dios por usted, mi digno amigo, ya que usted no lo hace.
+
+Al hablar así su voz tenía algo de alado, de aéreo, de sobrenatural,
+como la serenidad del cielo. La duquesa se estremecía al escucharla; le
+parecía que el alma de su hija iba a escapar como un pájaro al que se ha
+abierto la jaula. Estrechó a Germana entre sus brazos y le dijo:
+
+--¡No, tú no nos dejarás! Iremos todos a Italia y el sol te curará. El
+señor de Villanera es un hombre de corazón.
+
+La enferma se encogió ligeramente de hombros y respondió:
+
+--El hombre a quien se refiere usted hará mejor en quedarse en París,
+puesto que aquí tiene sus afectos, y en dejarme que pague tranquilamente
+mi deuda. Ya sé yo a lo que me comprometo aceptando su nombre. ¿Qué
+diría, ¡Dios santo!, si le jugase la mala partida de curarme? La señora
+Chermidy tendría el derecho de hacerme expulsar de este mundo por la
+justicia. Y diga usted, doctor, ¿me veré obligada a presentarme al señor
+de Villanera?
+
+El señor Le Bris contestó con un imperceptible signo afirmativo.
+
+--Bueno--dijo ella--, le haré buena cara. En cuanto al niño, le besaré
+de muy buena gana. Siempre me han gustado los niños.
+
+La duquesa miró al cielo como un náufrago mira la orilla.
+
+--Si Dios es justo--murmuró--, no nos separará; nos llevará a todos
+juntos.
+
+--No, querida mamá; usted vivirá para mi padre. Usted, padre mío, vivirá
+para sí mismo.
+
+--Te lo prometo--respondió ingenuamente el viejo.
+
+Ni la duquesa ni su hija parecieron darse cuenta del egoísmo monstruoso
+que se encerraba detrás de aquellas palabras, al contrario, se
+emocionaron hasta derramar lágrimas; solamente el doctor sonrió.
+
+Semíramis entró, anunciando que el almuerzo del señor duque estaba en la
+mesa.
+
+--Adiós, señoras--dijo el doctor--; voy a llevar esas buenas noticias al
+conde. Creo que ustedes recibirán hoy mismo su visita.
+
+--¿Tan pronto?--preguntó la duquesa.
+
+--No tenemos tiempo que perder--añadió Germana.
+
+--Mientras tanto--dijo el duque--, almorcemos.
+
+
+
+
+III
+
+LA BODA
+
+
+El señor Le Bris tenía el coche a la puerta. Se hizo llevar a una lujosa
+confitería del barrio, compró una cajita de madera de violeta, la hizo
+llenar de bombones, volvió a subir al coche, que se detuvo bien pronto
+delante de la casa de la señora Chermidy. La bella arlesiana era
+propietaria del edificio, aunque no ocupaba más que el primer piso. El
+conserje era uno de sus criados y sabía que dos golpes de timbre
+significaban una visita para su señora.
+
+Las puertas se abrieron por sí solas ante el joven doctor. Un lacayo le
+cogió el gabán de sobre los hombros con tanta ligereza que apenas si lo
+advirtió. Otro le introdujo, sin anunciarle, en el comedor. En aquel
+momento el conde y la señora Chermidy se sentaban a la mesa. La dueña de
+la casa le presentó sus mejillas y el conde le estrechó cordialmente la
+mano.
+
+Los cubiertos habían sido puestos sin mantel sobre una mesa biselada de
+encina tallada. La habitación estaba adornada con tallas antiguas y
+cuadros modernos; un célebre banquero de la Calzada de Antin, que
+manejaba el pincel en sus ratos de ocio, había ofrecido a la señora
+Chermidy cuatro grandes panneaux representando escenas de naturaleza
+muerta; el techo era una copia del _Banquete de los dioses_; la
+alfombra había venido de Esmirna y los floreros de Macao. Una gran araña
+flamante, de vientre redondeado y delgadas patas, se agarraba
+implacablemente al centro del techo sin respeto alguno para la asamblea
+de los dioses. Dos aparadores esculpidos por Knecht brillaban a la luz
+con su profusión de cristal, loza y plata. El servicio de mesa
+correspondía a tanta suntuosidad; los platos eran chinos, las botellas
+de Bohemia y los vasos de Venecia. Los mangos de los cuchillos provenían
+de un servicio encargado a Sajonia por Luis XV.
+
+Si el señor Le Bris hubiese gustado de las antítesis, habría podido
+hacer una comparación muy interesante entre el mobiliario de la señora
+Chermidy y el de la duquesa de La Tour de Embleuse. Pero los médicos de
+París son filósofos imperturbables que viajan entre el lujo y la
+miseria, sin extrañarse de nada, del mismo modo que pasan del calor al
+frío sin resfriarse.
+
+La señora Chermidy estaba envuelta en vestido acolchado de raso blanco.
+Con aquel traje parecía una gata sobre un edredón, una joya en su
+estuche. No habéis visto nunca nada más brillante que su persona, ni más
+muelle que su envoltura. Tenía treinta y tres años, una hermosa edad
+para las mujeres que han sabido conservarse. La belleza, el más
+perecedero de todos los bienes terrestres, es aquel cuya administración
+resulta más difícil. La Naturaleza la da; el arte añade muy poca cosa,
+pero es necesario saberla conservar. Los pródigos que la derrochan y
+los avaros que no hacen uso de ella, llegan en pocos años al mismo
+resultado; la mujer de genio es la que se gobierna con una sabia
+economía. La señora Chermidy, nacida sin pasiones y sin virtudes, sobria
+en todos los placeres, siempre tranquila en el fondo del corazón con las
+apariencias de una vivacidad meridional, administraba con tanto cuidado
+su belleza como su fortuna. Cultivaba su frescura lo mismo que un tenor
+cultiva su voz. Era de aquellas mujeres que dicen locuras a todas horas,
+pero que no las hacen más que con su cuenta y razón; muy capaz de
+arrojar un millón por el balcón para que le entrasen dos por la puerta,
+pero demasiado prudente para cascar una avellana con los dientes. Sus
+antiguos admiradores de Tolón apenas si hubieran podido reconocerla:
+tanto había cambiado, o, por mejor decir, ganado. Sin ser tan blanca
+como una flamenca, había encontrado, no sé dónde, reflejos nacarados. La
+salud subía hasta sus pupilas en suaves arreboles rosados; su boca
+pequeña, redonda, carnosa, parecía una gruesa cereza que los gorriones
+hubiesen abierto a picotazos. Sus ojos brillaban en sus órbitas obscuras
+como un fuego de sarmientos en el centro de la chimenea. La indiferencia
+y la bondad formaban en su rostro una mezcla deliciosa. Sus cabellos, de
+un negro azulado, se partían sobre una frente pura, como las alas de un
+cuervo sobre la nieve de diciembre. Todo en ella era joven, fresco,
+sonriente; hubiera sido necesario tener muy buenos ojos para descubrir
+en los ángulos de aquella linda boca dos arrugas imperceptibles, finas
+como el cabello rubio de un recién nacido, y que ocultaban una ambición
+insaciable, una voluntad de hierro, una perseverancia china y una
+energía capaz de todos los crímenes.
+
+Sus manos eran quizás un poco cortas, pero blancas como el marfil, con
+los dedos redondos, ondulosos, regordetes, en los que, no obstante, se
+adivinaba la garra. Su pie era el pie corto de las andaluzas,
+redondeado, lo mostraba tal como era y no cometía la tontería de usar
+botas largas. Todo su cuerpo era corto y redondeado, lo mismo que sus
+pies y sus manos; el talle un poco grueso, los brazos un poco carnosos,
+las caderas un poco pronunciadas; demasiada gordura, si os parece, pero
+la gordura graciosa de una codorniz, la redondez sabrosa de una hermosa
+fruta.
+
+Don Diego se la comía con los ojos con una admiración infantil. ¿Es que
+los enamorados de todas las clases no son niños? Según las teogonías
+antiguas, el Amor es un niño de cinco años y medio, y no obstante
+Hesiodo asegura que es más viejo que el Tiempo.
+
+El conde de Villanera descendía en línea recta de esos españoles
+caballerescos hasta lo ridículo, que el divino Cervantes ha
+ridiculizado, no sin admirarlos. Nada había en él que descubriese su
+origen napolitano, y se hubiera dicho que sus antepasados le habían
+legado, con armas y bagajes, la vieja virtud de la España heroica. Era
+un joven serio, rígido, frío, algo engreído, con un corazón de fuego y
+un alma apasionada. Hablaba poco, siempre después de larga reflexión, y
+nunca había mentido. No le gustaba discutir y reía rara vez, pero su
+sonrisa estaba llena de una gracia afable que no carecía de grandeza. La
+alegría, convengo en ello, le hubiera sentado mal. Intentad
+representaros un don Quijote joven, vestido de frac. A primera vista no
+se distinguía más que por sus negros bigotes, puntiagudos, lustrosos. Su
+larga nariz se encorvaba vigorosamente como el pico de un águila; tenía
+los ojos negros, las cejas negras, los cabellos negros y la tez del
+color uniforme de una naranja de Portugal. Sus dientes podían haber
+pasado por hermosos si no hubiesen sido tan largos y si su dueño no
+hubiera sido fumador. Estaban revestidos de un esmalte un poco
+amarillento, pero tan sólido que de él se hubieran podido construir
+piedras de molino. El blanco de sus ojos era también algo amarillento;
+no obstante, no se podía negar que tenía unos ojos muy hermosos. En
+cuanto a su boca, no dejaba nada que desear, y debajo de sus mostachos
+se advertían unos labios rosados como los de un niño. Sus brazos y sus
+piernas, así como sus manos y sus pies, eran de una longitud
+aristocrática. Finalmente, tenía la estatura de un granadero y la
+apostura de un príncipe.
+
+Si preguntáis por qué un hombre así había podido caer en las manos de la
+señora Chermidy, os contestaré que la dama era más atractiva y más hábil
+que Dulcinea del Toboso. Los hombres del temple de don Diego no son los
+más difíciles de engañar, y el león se arroja con mayor aturdimiento
+sobre la trampa que el zorro. La sencillez, la rectitud y todas las
+cualidades generosas son otros tantos defectos para tratar con ciertas
+gentes. Un corazón honrado no desconfía de los cálculos y bellaquerías
+de que es incapaz, y cada cual se hace el mundo a su imagen. Si alguien
+hubiera dicho al señor de Villanera que la señora Chermidy le amaba por
+el interés, se habría encogido de hombros. Ella no le había pedido nada
+y él se lo había ofrecido todo. Al aceptar cuatro millones, le hacía un
+favor y él le estaba reconocido.
+
+Por lo demás, al ver las miradas que le lanzaba a intervalos, era fácil
+adivinar que la fortuna de los Villanera podía cambiar de manos en el
+espacio de ocho días. Un perro echado a los pies de su dueño no era más
+humilde ni más respetuoso que él. Se leía en sus grandes ojos negros el
+reconocimiento apasionado que todo hombre galante debe a la mujer que ha
+elegido; la admiración religiosa de un padre joven por la madre de su
+hijo. Se veía, en fin, como un deseo no saciado, una sumisión de la
+fuerza al capricho, el temor de la negativa, una solicitud inquieta que
+probaba que la señora Chermidy era una mujer de talento.
+
+El simpático doctor, sentado enfrente del conde, formaba con él un
+contraste singular. El señor Le Bris era lo que se llama un muchacho
+guapo. Quizá le faltaban un centímetro o dos para llegar a una estatura
+regular, pero era bien proporcionado. No tenía cara de tonto ni mucho
+menos, pero no sé si su nariz era del todo correcta. Su fisonomía decía
+muchas cosas, pero su filiación no os hubiese dicho nada. Se vestía con
+un aseo que se confundía con la elegancia; el corte de sus patillas
+castañas era irreprochable y su raya se prolongaba casi hasta la nuca.
+No era un hombre vulgar y, sin embargo, no se salía de lo vulgar.
+Ninguna muchacha casadera le hubiese rechazado por su físico, pero me
+habría extrañado mucho que se echase al agua por él. Además, se veía que
+no llegaría a los cuarenta años sin tener vientre.
+
+Difícilmente otro médico podía ser más a propósito que él para la
+clientela. Sin parar mañana y tarde, afectuoso con lo más alto y lo más
+bajo de la sociedad, no desentona nunca. Es un Alcibíades burgués que se
+acomoda a todas las costumbres. Es apreciado en el _faubourg_
+Saint-Germain por su reserva, en la Calzada de Antin por su ingenio y en
+la calle Vivienne por su franqueza. Las mujeres, fuese cualquiera su
+posición, trabajaban activamente por él; ¿y sabéis por qué? Porque al
+lado de una enferma joven o vieja, fea o hermosa, demostraba una
+solicitud amable, una especie de galantería intermedia entre el respeto
+y el amor. El mismo no ha sabido explicarse jamás la naturaleza de este
+sentimiento, pero todas las mujeres sienten por él una simpatía benévola
+que puede llevarle muy lejos.
+
+Sus antiguos camaradas del hospital le habían llamado, por este motivo,
+_la llave de los corazones_. Yo sé de una casa donde se le llama, y no
+sin motivo, _la tumba de los secretos_. Sus jóvenes clientes del
+_faubourg_ Saint-Germain le reprochaban el que visitase todas las
+noches el escenario de la Opera y le llamaban _mata ratas_. En cambio,
+en el salón de baile su juiciosa conducta le había valido el apodo de
+_Nuevo Continente_.
+
+--Y bien, Tumba de los secretos--dijo la señora Chermidy con su ligero
+acento provenzal--, ¿ha cumplido usted mi encargo?
+
+--Sí, señora.
+
+--¿Se trata de la tísica en cuestión?
+
+--Sí, de la señorita de La Tour de Embleuse.
+
+--¡Bravo! me parece que es una buena alianza... Yo siempre había sentido
+interés por las tísicas... ¡Las mujeres que tosen...! Ya ve usted cómo
+el Cielo recompensa mi compasión.
+
+--Doctor--preguntó el conde--, ¿ha hablado usted de las condiciones?
+
+--Sí, querido conde; las aceptan todas.
+
+La señora Chermidy lanzó un grito de alegría.
+
+--¡Negocio concluido! ¡Viva París, donde se compran las duquesas al
+contado!
+
+El conde frunció el entrecejo. El doctor dijo vivamente:
+
+--Si usted hubiese podido venir conmigo, señora, tengo la seguridad de
+que habría llorado.
+
+--¿Es realmente muy conmovedor una duquesa que vende a su hija? ¡Un
+episodio del mercado de esclavas!
+
+--Yo diría mejor un episodio de la vida de los mártires.
+
+--¡Galante está usted!
+
+El doctor contó la escena en la que él había representado un papel. El
+conde se emocionó. La señora Chermidy tomó su pañuelo e hizo ademán de
+enjugar sus hermosos ojos que no lo necesitaban.
+
+--Me satisface mucho--dijo el conde--que sea ella quien haya adoptado
+esta resolución. Si los padres hubiesen aceptado por sí mismos, tal vez
+les habría juzgado mal.
+
+--Perdón, pero antes de juzgarles faltaría saber si esta mañana tenían
+pan en casa.
+
+--¿Pan?
+
+--Pan, sin metáfora.
+
+--Adiós--dijo el conde--. Voy a saludar a mi madre. Dormía aún esta
+mañana cuando he salido del hotel. Le contaré todo lo ocurrido y le
+preguntaré qué es lo que debo hacer. ¿Es posible, doctor, que haya
+gentes que carezcan de pan?
+
+--He encontrado algunas en el camino de mi vida. Desgraciadamente no
+tenía un millón para ofrecerles como hoy.
+
+El conde besó la mano a la señora Chermidy y corrió al hotel de su
+madre. La linda mujer quedó con el doctor.
+
+--Puesto que hay gentes que carecen de pan--dijo--, veamos, doctor, ¡una
+taza de café!... ¿Cómo me las arreglaría yo para ver a esa mártir del
+pecho? Porque es necesario que sepa yo a quién confío a mi hijo.
+
+--Puede usted verla en la iglesia, el día de la boda.
+
+--¿En la iglesia? ¿Pero es que puede salir?
+
+--Sin duda... en coche.
+
+--Creí que estaba más enferma.
+
+--¿Usted por lo visto quería un casamiento _in articulo mortis_?
+
+--No, pero quiero estar segura. ¡Bondad divina! ¡doctor, si llegase a
+curar!
+
+--La Facultad de Medicina se extrañaría mucho.
+
+--¡Y don Diego quedaría casado para siempre! ¡Y yo mataría a usted,
+Llave de los corazones!
+
+--¡Ay! señora, no me siento en peligro.
+
+--¡Cómo ay!
+
+--Perdone usted, es el médico el que habla, no el amigo.
+
+--Una vez casada, ¿usted continuará asistiéndola?
+
+--¿Es que hay que dejarla morir sin socorro?
+
+--¡Toma! ¿para qué la casamos, pues? No será para que sea eterna.
+
+El doctor reprimió un movimiento de disgusto y respondió con el tono más
+natural, como el de un hombre en el que la virtud no es pedantería:
+
+--¡Dios mío! señora, es mi costumbre, y ya soy demasiado viejo para
+corregirme. Nosotros los médicos cuidamos a nuestros enfermos como los
+perros de Terranova salvan a los que se están ahogando. Cuestión de
+instinto. Un perro salva ciegamente al enemigo de su dueño. Yo cuidaré a
+esa pobre criatura como si todos tuviésemos interés en que se curase.
+
+Después de la partida del doctor, la señora Chermidy pasó a su tocador y
+se entregó en manos de su doncella. Por la primera vez en mucho tiempo
+se dejó vestir sin fijarse: ¡tenía otras preocupaciones más
+importantes! Aquel matrimonio que había preparado, aquella combinación
+inteligente que ella misma se aplaudía como un rasgo de genio, podía
+convertirse en su confusión y en su ruina. No hacía falta para ello más
+que un capricho de la Naturaleza o la estúpida honradez de un médico
+para que quedasen fallidos los cálculos más sabios y defraudadas sus más
+queridas esperanzas. Comenzaba a dudar de su amante, de su buena
+estrella, de todo, en fin.
+
+Hacia las tres de la tarde comenzaron a desfilar las visitas. Hubo de
+sonreír a todos los pares de patillas que se acercaron a ella,
+extasiarse ante cuarenta cajas de bombones salidas todas de la misma
+tienda. Maldijo con todo su corazón las amables importunidades de año
+nuevo, pero no dejó traslucir nada de la inquietud que le roía el alma.
+Todos los que salían de su casa se hacían lenguas de su amabilidad.
+
+Y es que tenía un talento bien precioso para una dueña de casa; sabía
+hacer hablar a todo el mundo. Hablaba a cada uno de lo que más le
+interesaba; conducía a cada uno al terreno en que se encontraba más
+firme. Aquella mujer sin educación, demasiado perezosa y demasiado
+orgullosa para tener un libro en la mano, sabía fabricarse un fondo de
+conocimientos útiles leyendo a sus amigos. Y ellos le servían con la
+mejor voluntad. En el mundo somos así; agradecemos interiormente a todo
+aquel que nos obliga a hablar de lo que sabemos o a contar la historia
+que decimos bien. El que nos hace mostrar nuestro talento no es nunca
+un tonto, y cuando se está contento de sí mismo, no se está descontento
+de los demás. Los hombres más inteligentes trabajaban en la reputación
+de la señora Chermidy, tan pronto proporcionándole ideas, tan pronto
+diciendo con una secreta complacencia: «Es una mujer superior, me ha
+comprendido.»
+
+En el curso de aquella reunión se encaró con un homeópata de renombre,
+que cuidaba a las personas más ilustres de París. Encontró medio de
+interrogarle delante de siete u ocho personas sobre el punto que la
+preocupaba.
+
+--Doctor--le dijo--, usted que todo lo sabe, ¿quiere decirme si los
+tísicos pueden curar?
+
+El homeópata le respondió galantemente que ella no tendría nunca nada
+que temer de tal enfermedad.
+
+--No se trata de mí--repuso--. Es que me intereso vivamente por una
+pobre niña que tiene los pulmones destrozados.
+
+--Envíeme usted a su casa, señora. No hay curación imposible para la
+homeopatía.
+
+--Es usted muy bueno, doctor. Pero su médico, un simple alópata, asegura
+que ya no le queda más que un pulmón, y aun estropeado.
+
+--Se le puede curar.
+
+--El pulmón, tal vez. ¿Pero y la enferma?
+
+--Puede vivir con un solo pulmón. Se ha visto muchas veces. Yo no le
+aseguro que pueda subir al Mont-Blanc a la carrera, pero sí vivir
+tranquilamente por espacio de muchos años, a fuerza de cuidados y de
+glóbulos.
+
+--¡No deja de ser un porvenir! Nunca hubiese creído que se pudiese vivir
+con un solo pulmón.
+
+--Tenemos ejemplos muy numerosos. La autopsia ha demostrado...
+
+--¡La autopsia! ¡pero la autopsia no se hace más que a los muertos!
+
+--Tiene usted razón, señora, y mis palabras se asemejan a una tontería.
+No obstante, escuche usted. En Argelia, el ganado de los árabes es
+generalmente tísico. Los rebaños están mal cuidados, pasan las noches al
+relente y enferman del pecho. Nuestros súbditos musulmanes no se sirven
+para nada del veterinario; dejan a Mahoma el cuidado de curar a sus
+vacas y a sus bueyes. Pierden muchas cabezas a causa de esta
+negligencia, pero no las pierden todas. Los animales curan alguna vez,
+sin el socorro de la ciencia y a pesar de todos los estragos que la
+enfermedad haya podido hacer en su cuerpo. Uno de mis colegas que presta
+servicio en el ejército del Africa, ha visto sacrificar en los mataderos
+vacas curadas de la tisis y que habían vivido muchos años con un solo
+pulmón en muy mal estado. A esta autopsia quería referirme yo.
+
+--Ahora comprendo--contestó la señora Chermidy--. ¿Entonces, si se
+matase a todas las personas que viven en nuestra sociedad se encontraría
+algunas que no tienen los pulmones como es debido?
+
+--Y que no parecen darse cuenta. Precisamente, señora.
+
+Una hora más tarde se había renovado la tertulia alrededor de la
+chimenea del salón. La señora Chermidy vio entrar un viejo alópata,
+curtido en el ejercicio de la profesión, que no creía en los milagros,
+que gustaba de colocar las cosas en lo peor y que se extrañaba de que un
+animal tan frágil como el hombre pudiese llegar sin accidente a los
+sesenta años.
+
+--Doctor--le dijo--, tendría usted que haber llegado un momento antes;
+se ha perdido usted un hermoso panegírico de la homeopatía. El señor
+P..., que acaba de salir, se alababa de hacernos vivir a todos con un
+solo pulmón. ¿Qué le parece a usted?
+
+El anciano médico se encogió imperceptiblemente de hombros.
+
+--Señora--respondió--, el pulmón es a la vez el más delicado y el más
+indispensable de nuestros órganos; renueva la vida a cada segundo por un
+prodigio de combustión que Spallanzani y los más grandes fisiólogos no
+han explicado ni descrito. Su contextura es de una fragilidad que
+espanta; su funcionamiento le expone a peligros continuamente renovados.
+Es en el pulmón donde nuestra sangre se pone en contacto inmediato con
+el aire exterior. Si se pensase que el aire es casi siempre demasiado
+frío o demasiado caliente o bien está mezclado con gases deletéreos, no
+se respiraría una sola vez sin hacer testamento. Un filósofo alemán que
+prolongó su vida a fuerza de prudencia, el célebre Kant, cuando daba su
+cotidiano paseo higiénico, tenía cuidado de cerrar la boca y de
+respirar exclusivamente por la nariz ¡tanto temía al aire que le
+rodeaba!
+
+--Pero, entonces, querido doctor, ¿todos estamos condenados a morir del
+pecho?
+
+--Mueren muchos, señora, y los homeópatas no lo evitan.
+
+--¡Pero también curan muchos! Veamos; quiero suponer que un hombre joven
+y robusto se casa con una joven y bella tísica. El la lleva a Italia,
+hace lo posible por curarla y le proporciona los cuidados de un hombre
+como usted. ¿Es que no podría en dos o tres años...?
+
+--¿Salvar al marido? Es posible; pero yo no me atrevería a responder.
+
+--¡El marido! ¿Pero qué peligro puede haber?
+
+--El peligro del contagio, señora. ¿Quién sabe si los tubérculos que
+nacen en los pulmones del tísico no extienden a su alrededor el germen
+de la muerte? Pero perdone usted, no es éste ni el lugar ni el momento
+de desarrollar una nueva teoría, inventada por mí, y que pienso someter
+uno de estos días al examen de la Academia de Medicina. Unicamente le
+contaré un caso observado por mí.
+
+--Hable usted, querido doctor; hay tanto placer como provecho en
+escuchar a un hombre como usted.
+
+--Hace cinco años, señora, visitaba yo a la mujer de un sastre de la
+calle de Richelieu, una infeliz criatura abominablemente tísica. Su
+marido era un robusto alemán, sólido y sano como una manzana. Los dos
+se adoraban. En 1849 habían tenido un niño que no vivió. La mujer murió
+en 1850; yo hice todo lo que pude por salvarla. El marido me pidió la
+cuenta y yo pasé dos años sin ir por la casa. El año último el sastre me
+envió a buscar; le encontré en la cama, de tal modo cambiado, que no
+podía reconocerle. Estaba tísico en el último grado. Así lo dije a una
+regordeta que lloraba a su cabecera. Era su segunda esposa; había
+cometido la tontería de casarse de nuevo. El marido murió, conforme al
+programa. La viuda ha heredado la enfermedad. Ayer la visité y aunque el
+mal ha sido atacado desde el principio, no me atrevería a responder de
+nada.
+
+La señora Chermidy cerró sus puertas a las cinco de la tarde y se sumió
+en una melancólica meditación.
+
+Nunca había desesperado de ser condesa de la Villanera. Toda mujer que
+engaña a su marido aspira necesariamente a ser viuda; con mayor motivo
+cuando tiene un amante rico y soltero. No creía descabellado que
+Chermidy faltase un día u otro. Un hombre que vive entre el cielo y el
+agua es un enfermo en peligro de muerte.
+
+Sus esperanzas habían tomado cuerpo desde el nacimiento del pequeño
+Gómez. Tenía atado al conde con un lazo bien poderoso para las almas
+honradas, el amor paternal. Al casar al señor de Villanera con una
+moribunda, aseguraba el porvenir de su hijo y el suyo propio. Pero en la
+víspera de realizarse aquel atrevido proyecto, descubría dos peligros
+que no había previsto. Germana podía curar. Si sucumbía, podía arrastrar
+al conde con ella y legarle un germen mortal. En el primer caso, la
+señora Chermidy lo perdía todo, incluso su hijo. ¿Con qué derecho iría a
+reclamar el hijo legítimo de don Diego y de la señorita de La Tour de
+Embleuse? Por otra parte, si el conde debía morir después de su mujer,
+ella no se casaría con él. Se sentía demasiado joven y era demasiado
+hermosa para representar el papel de la segunda esposa del sastre.
+
+Afortunadamente, pensaba, nada se ha hecho aún. Se puede buscar otro
+expediente. El conde está enamorado y es padre; haré de él lo que
+quiera. Si es absolutamente necesario que se case para que legitime a su
+hijo, ya encontraremos otra enferma cuya muerte sea más segura y cuyo
+mal no sea contagioso. Además, se decía para tranquilizarse, que el
+viejo alópata era un original capaz de inventar las teorías más
+absurdas. Había oído decir, es verdad, que la tuberculosis se transmitía
+algunas veces de padre a hijo, pero encontraba muy natural que Germana
+guardase para sí la enfermedad y la muerte, como bienes parafernales. Lo
+que la inquietaba seriamente era la posibilidad de una de esas
+curaciones maravillosas que echan por tierra todos los cálculos de la
+prudencia humana. Comenzaba a odiar al doctor Le Bris, tanto por sus
+escrúpulos como por su talento. Para acabarse de tranquilizar se
+prometió cortar en flor las gestiones de don Diego, hasta que ella
+hubiese tomado todas sus precauciones.
+
+Pero los acontecimientos habían ido muy de prisa durante el día y el
+conde llegó a las diez para decirle que sus planes se habían ido
+cumpliendo al pie de la letra.
+
+Don Diego, al levantarse de la mesa, había corrido a casa de su madre.
+La vieja condesa era una mujer de la misma madera que su hijo, alta,
+seca, huesuda, modelada como una tabla, plantada majestuosamente sobre
+dos grandes pies, morena hasta dar miedo a los niños, con una mueca
+aristocrática que parecía una sonrisa, y el pelo gris partido. Escuchó
+el relató de don Diego con la condescendencia rígida y desdeñosa de
+otras épocas para las pequeñeces de hoy. Por su parte, el conde no hizo
+nada para atenuar lo que había de reprensible en los cálculos de su
+matrimonio. Aquellas dos personas honradas, pero mezcladas por la fuerza
+de las circunstancias en uno de esos asuntos escabrosos que algunas
+veces se presentan en París, no se preocupaban más que de los medios de
+hacer dignamente una cosa que sus antepasados no habían hecho. La viuda
+no tuvo en la conversación un reproche, ni siquiera mudo; hubiera sido
+tardío; únicamente se trataba de asegurar el porvenir de la casa
+salvando el nombre de los Villanera.
+
+Cuando todos los pormenores quedaron convenidos, la condesa subió a su
+carroza y se hizo conducir al palacio Sanglié. Los lacayos del barón la
+condujeron hasta el departamento de la duquesa. Semíramis le abrió la
+puerta y la introdujo en el salón. El señor y la señora de La Tour de
+Embleuse la recibieron al lado de la chimenea, en la que ardía todo lo
+que se había podido encontrar en la casa: dos tablas de la cocina, una
+silla de paja y otros objetos. La duquesa se había vestido como había
+podido. Su traje de terciopelo negro azuleaba por los pliegues. El duque
+llevaba la cinta de sus condecoraciones sobre un frac más raído que el
+de un maestro de escuela.
+
+La entrevista fue fría y solemne. La señora de La Tour de Embleuse no
+podía hacer buena cara a los que especulaban sobre la próxima muerte de
+su hija. El duque, más despreocupado, intentó aparecer como un hombre de
+mundo, pero la rigidez de la viuda paralizó todas sus gracias y sintió
+frío hasta en la espalda. La señora de Villanera, por un error que se
+comete frecuentemente en los primeros encuentros, envolvió en un mismo
+juicio despectivo al duque y a la duquesa. Los acusó de demasiado
+apresuramiento y creyó leer en sus ojos una alegría sórdida. No
+obstante, no olvidó los graves intereses que allí la llevaban y expuso
+fríamente el motivo de su visita. Discutió, como si fuese un notario,
+todas las condiciones del matrimonio, y cuando estuvieron de acuerdo
+sobre todos los puntos, se levantó de su silla y dijo con una voz
+metálica:
+
+--Señor duque, señora duquesa, tengo el honor de pedirles la mano de la
+señorita Germana de La Tour de Embleuse, su hija, para el conde Diego
+Gómez de la Villanera, mi hijo.
+
+El duque respondió que su hija se consideraba muy honrada por la
+elección del señor de Villanera.
+
+Se fijó de común acuerdo el día de la boda y la duquesa fue a buscar a
+Germana para presentarla a la viuda. La pobre niña creyó morir de
+espanto al compararse con aquel espectro de mujer. La condesa la
+encontró de su agrado, le habló maternalmente, la besó en la frente y
+pensó al despedirse: «¿Por qué ha de estar condenada a muerte? Tal vez
+fuese la nuera que me convendría.»
+
+Al entrar en el hotel, la señora de Villanera encontró a don Diego que
+jugaba con el niño. El padre y el hijo formaban un grupo bastante
+original; quizás un extraño hubiese sonreído. El conde manejaba a la
+débil criatura con una ternura temerosa; quizá tenía miedo de hacer
+pedazos a su heredero con algún movimiento de sus robustos brazos. El
+niño era bastante fuerte para su edad, pero feo, sin gracia y
+excesivamente huraño. Desde que le habían separado de su nodriza, no
+había visto más que dos seres humanos, su padre y su abuela, y vivía
+entre aquellos dos colosos como Gulliver en la isla de los gigantes. La
+viuda se había secuestrado voluntariamente para estar a su lado; hacía y
+recibía muy pocas visitas por miedo que alguna palabra imprudente
+traicionase su secreto. Los únicos cómplices de aquella educación
+clandestina eran cinco o seis viejos domésticos encanecidos bajo la
+librea, gentes de otra época y de otro país. Hubieseis dicho que se
+trataba de los restos del ejército de Gonzalo de Córdoba o bien de
+náufragos de la Armada Invencible. A la sombra de aquella extraña
+familia, el niño crecía tristemente. Le faltaba la compañía de los de su
+edad y era inútil que se le quisiera enseñar a jugar. Hay niños de dos
+años que ya saben decirlo todo; él apenas si pronunciaba cinco o seis
+palabras de dos sílabas. Don Diego lo adoraba tal como era: un padre es
+siempre un padre; pero él tenía miedo a don Diego. Decía mamá a la vieja
+condesa, pero no la besaba sin llorar muchas veces. En cuanto a su
+madre, la conocía solamente de vista; la encontraba de cuando en cuando,
+en una plazoleta apartada, lejos de las alamedas por donde pasea la
+multitud. La señora Chermidy dejaba su coche a cierta distancia e iba a
+pie hasta el del conde; besaba al niño a hurtadillas, le daba bombones y
+le decía con una ternura sincera: «¡Mi pobre perrito, nunca serás mío!»
+No hubiera sido prudente llevarlo a su casa aun cuando la condesa viuda
+lo permitiese. La señora Chermidy sabía salvar las apariencias. Todo
+París sospechaba su situación, pero el mundo establece una gran
+diferencia entre una delincuente convencida o una mujer sospechosa. Así
+podía encontrar aquí y acullá algunas almas tan ingenuas que
+respondiesen de su virtud.
+
+La señora de Villanera anunció a su hijo que la demanda estaba hecha y
+aceptada. Hizo el elogio de Germana, sin decir nada de la familia, y
+describió la miseria en que vivían los duques. Don Diego dijo que era
+preciso enviarles un pronto socorro sin humillarles. La condesa propuso
+sencillamente abrir su bolsillo al viejo duque en la seguridad de que
+no dejaría de recurrir a él; pero el conde encontró más decente comprar
+inmediatamente la canastilla y deslizar en ella mil luises. Esta limosna
+oculta entre flores serviría para pagar las deudas más apremiantes y
+para que la familia pudiese comer durante quince días. Y así se hizo. La
+madre y el hijo quisieron encargarse personalmente de ello. Antes de
+salir, la señora de Villanera besó las anaranjadas mejillas de su nieto
+y le dijo: «Vaya, mi pobre bastardo, ¡tu aguinaldo consistirá en un
+nombre!»
+
+Nada es imposible en París: la canastilla fue improvisada en algunas
+horas. Por la noche, todos los comerciantes enviaron sus telas, sus
+encajes, sus cachemiras y sus joyas. La condesa no quiso confiar a nadie
+el encargo de arreglarlo todo y de colocar los cartuchos del oro en el
+cajón de los alfileres. A las diez, la canastilla salió en dirección al
+palacio Sanglié, mientras que el conde se dirigía a casa de la señora
+Chermidy.
+
+Germana y la duquesa examinaron con fría curiosidad aquellos tesoros. La
+señora de La Tour de Embleuse admiraba los aderezos de su hija como
+Clitemnestra pudo admirar las bandas fúnebres destinadas a adornar la
+frente de Ifigenia. Germana recordó a sus padres el capítulo de _Pablo y
+Virginia_ en que ésta gasta el dinero de su tía en pequeños regalos para
+su familia y sus amigos: ¿Qué haremos de todo esto, dijo, nosotros que
+ya no tenemos amigos ni familia? ¡Qué lástima!» El duque abrió los
+cajones con noble desdén, como hombre a quien todos los esplendores han
+sido familiares; pero no conservó su indiferencia a la vista del oro.
+Sus ojos se iluminaron. Aquellas manos aristocráticas que se habían
+abierto tan a menudo para dar, se crisparon ávidamente como las garras
+de un avaro. Rompió el papel de todos los cartuchos, hizo brillar el oro
+amarillento a la luz de una lámpara humeante e hizo tintinear a sus
+oídos aquellos discos trémulos, que tañían alegremente los funerales de
+Germana.
+
+La pasión es un nivel brutal que iguala a todos los hombres. El señor
+duque de La Tour de Embleuse hubiera podido desempeñar su parte a las
+nueve de la mañana en el vestíbulo, en el concierto de los domésticos
+del palacio Sanglié. No obstante, bien pronto apareció el hombre
+educado. El duque metió el oro en el cajón y dijo con una frialdad
+estudiada: «Esto es de Germana; guárdalo bien, hija mía. Ya nos
+prestarás un poco para hacer hervir el puchero. Hoy hemos comido
+bastante mediocremente. Si fuese rico, como lo seré dentro de un mes, os
+llevaría a cenar al restaurant.» La enferma y la moribunda adivinaron
+los secretos deseos del viejo. No os podéis imaginar con qué tierna
+solicitud, con qué piedad respetuosa Germana le obligó a tomar algún
+dinero y la duquesa le vistió y le peinó para que fuese a cenar fuera de
+casa. Volvió a las dos de la madrugada. Su mujer y su hija oyeron unos
+pasos desiguales en el corredor. Pero ni una ni otra abrieron la boca y
+procuraron hacerse creer mutuamente que dormían.
+
+Don Diego y la señora Chermidy pasaron una velada tempestuosa. La bella
+arlesiana comenzó por oponer a su amante diversas objeciones contra la
+boda. El conde, que no discutía nunca, le contestó con dos observaciones
+que no tenían réplica: «El asunto ya está concluido y usted es quien lo
+ha querido.» Ella cambió de táctica y ensayó el efecto de las amenazas.
+Le juró que rompería con él, que lo abandonaría, que le quitaría a su
+hijo, que promovería un escándalo, que se mataría. La sugestiva dama
+estaba muy hermosa en su furia; tenía el aire de un pajarito asustado,
+ante el cual un enamorado no podía permanecer insensible. El conde pidió
+gracia, pero firme en su resolución. Cedía como esos buenos resortes de
+acero que se doblan con gran esfuerzo, y que se enderezan con la
+prontitud del relámpago. Entonces abrió la esclusa de sus lágrimas;
+agotó el arsenal de su ternura y fue durante tres cuartos de hora la más
+desgraciada y la más enamorada de las mujeres. Cualquiera, al oírla,
+hubiera creído que ella era la víctima y Germana el verdugo. Don Diego
+lloró con ella: las lágrimas se deslizaban por su rostro varonil como la
+lluvia sobre una estatua de bronce. Cometió todas las cobardías que el
+amor exige. Habló de la futura condesa con una frialdad rayana en el
+desprecio; prometió por su honor que ella no viviría largo tiempo y
+hasta ofreció a la señora Chermidy que le permitiría ver a Germana antes
+de la boda. Pero su palabra estaba ya dada y los Villanera nunca se
+vuelven atrás de lo que dicen. Todo lo que la dama pudo obtener es que
+él la iría a ver todos los días clandestinamente, hasta que se celebrase
+la boda.
+
+Al día siguiente la señora de Villanera le condujo al palacio Sanglié y
+le presentó a su nueva familia. Visita de ceremonia que no duró más de
+un cuarto de hora. Germana se desmayó en su presencia. Más tarde ha
+confesado que aquella fisonomía dura la espantó y que había creído ver
+entrar al hombre que debía enterrarla. En cuanto a él tampoco se sentía
+muy a gusto. No obstante, encontró algunas frases de cortesía y de
+reconocimiento que conmovieron a la duquesa.
+
+Volvió todos los días, sin su madre, mientras se publicaban las
+amonestaciones. Según la costumbre establecida, cada vez llevaba un
+ramo. Germana le rogó que escogiese flores sin perfume. Soportaba
+difícilmente los olores. Aquellas entrevistas le molestaban mucho y
+fatigaban a Germana, pero había que conformarse con la rutina. El señor
+Le Bris temió por un momento que la enferma sucumbiese antes del día
+fijado y la señora Chermidy llegó a participar de los temores del
+doctor. Cuando vio que Germana estaba irremisiblemente condenada, tuvo
+miedo de que muriese demasiado pronto y se interesó por su vida. Algunas
+veces ella misma conducía al conde a la calle de Poitiers y le esperaba
+en su coche.
+
+La duquesa había comprendido que no podía casar a su hija en aquel
+zaquizamí y alquiló por mil francos mensuales un bonito departamento
+amueblado en una casa próxima. Germana fue trasladada sin accidente,
+aprovechando un día de sol. Allí es a donde don Diego iba a hacerle la
+corte; la vieja condesa iba con tanta frecuencia como él y permanecía
+más tiempo. No tardó mucho en conocer a la señora de La Tour de Embleuse
+y el hielo quedó roto. Pudo admirar las virtudes de aquella noble mujer
+que durante ocho años había tenido que pasar por puertas bajas sin
+inclinar la cabeza una sola vez. Por su parte, la duquesa reconoció en
+la señora de Villanera una de esas almas elegidas que el mundo no
+aprecia en lo que valen porque sólo juzga por las apariencias. La cama
+de Germana sirvió de lazo de unión a aquellas dos madres. La anciana
+condesa disputó más de una vez a la señora de La Tour de Embleuse las
+fatigas y las molestias del estado de enfermera. Cada una de ellas
+quería encargarse de los cuidados más penosos y de esos servicios en que
+estalla la abnegación del sexo sublime.
+
+El viejo duque proporcionaba a su mujer un suplemento de preocupaciones
+sin el cual hubiera podido pasarse perfectamente. El dinero le había
+dado como una tercera juventud. Juventud sin excusa, cuyas locuras frías
+y sin alegría no podían interesar a nadie. Vivía fuera de su casa y la
+solicitud discreta de su esposa no llegaba hasta inquirir sus acciones.
+Trataba de distraerse, según decía, de los disgustos domésticos. El oro
+de su hija resbalaba entre sus dedos y Dios sabe a qué manos iba a
+parar. Había perdido, en ocho años de miseria, aquella elegancia que
+ennoblece hasta las tonterías de los hombres bien nacidos. Todos los
+placeres le eran permitidos y llegó hasta llevar a la cabecera de
+Germana el olor nauseabundo de la taberna. La duquesa temblaba ante la
+idea de dejar a aquel niño viejo en París, con más dinero del que se
+necesitaba para matar a diez hombres. En cuanto a llevarlo a Italia, ni
+soñarlo. París era el único lugar donde había conocido la vida y su
+corazón estaba encadenado al asfaltado de las calles. La pobre mujer se
+sentía atraída por dos deberes contrarios. Hubiera querido dividirse en
+dos para endulzar los últimos momentos de su hija y para conducir la
+vejez alocada de su incorregible marido. Germana asistía desde su cama a
+los combates interiores que sostenía la duquesa. A fuerza de sufrir
+juntas, la madre y la hija habían llegado a entenderse sin decir nada y
+a no tener más que un alma para las dos. Un día, la enferma declaró
+rotundamente que no abandonaría Francia.
+
+--¿Es que no estoy bien aquí?--decía--. ¿Qué necesidad hay de agitar al
+viento una antorcha que se extingue?
+
+En aquel momento entró la señora de Villanera con el conde y el señor Le
+Bris.
+
+--Querida condesa--dijo Germana--, ¿es absolutamente necesario que me
+enviéis a Italia? Para lo que he de hacer, mejor estoy aquí, y además no
+quisiera que mi madre dejase París.
+
+--¡Pues que se quede!--respondió la condesa con su vivacidad española--.
+No tenemos necesidad de ella y yo la cuidaré a usted mejor que nadie.
+Usted es mi hija, ¿lo oye usted?, y tendremos ocasión de probárselo.
+
+El conde insistió sobre la necesidad del viaje y el doctor hizo coro con
+él.
+
+--Además--añadió el señor Le Bris--, la duquesa no nos sería
+precisamente útil. Dos enfermos en un mismo carruaje no permiten
+adelantar mucho. El viaje que es conveniente para usted, sería
+perjudicial para la señora duquesa.
+
+En el fondo de su corazón, el honrado joven quería ahorrar a la duquesa
+el espectáculo de la agonía de su hija. Quedó, pues, convenido, que la
+señora de La Tour de Embleuse permanecería en París: Germana partiría
+con su marido, su suegra, el pequeño Gómez y el doctor.
+
+El señor Le Bris se había comprometido un poco irreflexivamente a
+abandonar su clientela. El viaje le podía costar caro si duraba mucho
+tiempo. Lo difícil no era encontrar un colega que se encargase de la
+duquesa y de los demás enfermos; pero París es una ciudad donde los
+ausentes no hacen carrera y aquel que no se exhibe todos los días es
+pronto olvidado. El joven doctor sentía por Germana una amistad sólida,
+pero la amistad no nos lleva nunca al olvido de nosotros mismos: éste es
+uno de los privilegios del amor.
+
+Por su parte, don Diego se había impuesto el cumplimiento de su deber y
+quería que Germana fuese acompañada de su médico de cabecera. Preguntó
+al señor Le Bris cuánto ganaba cada año.
+
+--Veinte mil francos--contestó el doctor--. De esos cobro cinco o seis
+mil.
+
+--¿Y el resto?
+
+--Me lo quedan a deber. Nosotros no tenemos derecho a acudir a los
+juzgados.
+
+--¿Haría usted el viaje a Italia por veinte mil francos anuales?
+
+--Mi pobre conde, no hablemos de años. Lo que le queda de vida debe
+contarse por meses, quizás por semanas.
+
+--¡Pongamos dos mil francos al mes y sea usted de los nuestros!
+
+El señor Le Bris estrechó la mano del conde. El interés se mezcla en
+todas las pasiones humanas, y representa igualmente su papel en el drama
+y en la comedia. El amor y el odio, el crimen y la virtud, la vida y la
+muerte, no se cruzan jamás sin codearse con un personaje brillante y
+sonoro que se llama el dinero.
+
+Fue el doctor el encargado de entregar al duque el precio de su hija. El
+conde no se hubiera atrevido jamás a dar un millón a un gentilhombre. El
+señor Le Bris, que conocía al duque, cumplió su comisión fácilmente. Le
+llevó una inscripción de cincuenta mil francos de renta y le dijo:
+
+--Señor duque, he aquí la salvación de la señora duquesa.
+
+--¡Y la mía!--añadió el viejo--. Usted nos ha prestado un gran servicio,
+doctor, y desde este momento queda al servicio de mi casa.
+
+El joven respondió cortésmente:
+
+--Es cosa hecha, señor duque.
+
+Hubiera podido añadir que desde hacía tres años les visitaba
+gratuitamente.
+
+El día de la boda por la mañana fue la modista a casa de Germana para
+probarle el traje de novia. La joven se prestó dulcemente a aquella
+triste chanza. La costurera advirtió que un punto del cuerpo se había
+descosido y se dispuso a reparar el desperfecto.
+
+--¿Para qué?--dijo la enferma--. No he de usarlo más.
+
+Al presentarle el velo, notó la ausencia de las flores de azahar.
+
+--Está bien; temí que no se hubiesen fijado.
+
+Aquellos preparativos eran de una tristeza fúnebre.
+
+--Mamá--dijo Germana--, ¿se acuerda usted de los versos del poeta
+Jasmin, cuya traducción me leyó usted en la _Revista de Ambos Mundos_?
+
+ «Todos los caminos debían florecer,
+ Porque la hermosa novia iba a salir;
+ Debían florecer, florecer y granar,
+ Porque la hermosa novia iba a pasar.»
+
+¿Cómo terminaba? No me acuerdo. ¡Ah! ¡sí!
+
+ «Todos los caminos debían gemir,
+ Porque la hermosa muerta iba a salir;
+ Debían gemir, debían llorar.
+ Porque la hermosa muerta iba a pasar.»
+
+La duquesa se deshacía en lágrimas. Germana le pidió perdón por su
+cobardía.
+
+--Espere usted--dijo--, ya me verá ante el enemigo. Debo llevar
+dignamente el nombre de ustedes. ¿No soy el último vástago de los La
+Tour de Embleuse?
+
+Los testigos del conde fueron el embajador de España y el secretario de
+la legación de las Dos Sicilias. Los de Germana, el barón de Sanglié y
+el doctor Le Bris. Todo el _faubourg_ fue invitado a la misa. El señor
+de Villanera conocía a lo mejor de París y al viejo duque no le
+molestaba resucitar públicamente como millonario. Las tres cuartas
+partes de los invitados fueron exactos a la cita; a pesar de la
+discreción de los invitados, el público adivinaba cierta anormalidad. En
+todo caso, no deja de ser algo raro y curioso la boda de una moribunda.
+Al dar las doce de la noche, doscientos o trescientos coches, que venían
+del baile o del teatro, fueron a depositar su carga en la plazoleta de
+Santo Tomás de Aquino.
+
+La novia descendió la gradería del brazo del doctor Le Bris. Se la
+encontró menos pálida de lo que se esperaba, pero es que había rogado a
+su madre que le pusiera un poco de colorete para representar aquella
+comedia.
+
+Avanzó con paso firme hasta el reclinatorio que se le había destinado.
+Su padre le daba la mano y marchaba triunfalmente a su izquierda,
+mirando con el monóculo a la concurrencia. El singular viejo no pudo
+retener una exclamación al advertir medio oculta entre la multitud una
+encantadora cabeza: «¡Hermosa mujer!», dijo como si se hallase en el
+bulevar.
+
+Era la señora Chermidy que había querido ver con sus propios ojos si la
+novia aun estaba viva.
+
+Después de la ceremonia, una silla de postas con cuatro caballos llevó a
+los viajeros hasta la barrera de Fontainebleau, pero desde allí
+retrocedió al bulevar exterior y regresó al palacio Villanera. Era
+necesario tomar al pequeño Gómez y dar a Germana algunas horas de
+reposo.
+
+
+
+
+IV
+
+VIAJE A ITALIA
+
+
+Germana durmió poco aquella noche. Estaba acostada en una inmensa cama
+de pabellón, en el centro de una habitación desconocida. Un globo de
+porcelana mal iluminaba los tapices. Mil figuras extravagantes parecían
+salirse de la pared y bailar alrededor de la cama. Por primera vez,
+durante veinte años, se veía separada de su madre. Había sido
+reemplazada por la señora de Villanera, atenta a sus menores deseos y
+movimientos, pero que le daba miedo. En un ambiente tan poco
+tranquilizador, la pobre niña no se atrevía ni a dormir ni a estar
+despierta. Cerraba los ojos para no ver los tapices, pero no tardaba en
+volverlos a abrir, porque entonces se le presentaban otras imágenes más
+espantosas. Creía ver a la muerte en persona, tal como los imagineros de
+la Edad Media la habían representado en los misales.
+
+--Si me duermo--pensaba--, nadie vendrá a despertarme; me han dejado
+aquí para que me muera.
+
+Un gran reloj de Boule marcaba las horas sobre la chimenea. Los golpes
+secos del péndulo, la regularidad inflexible del movimiento, le
+crispaban los nervios: rogó a la condesa que parase el reloj. Pero bien
+pronto el silencio le pareció más temible que el ruido e hizo devolver
+la vida a la inocente máquina.
+
+Hacia la mañana, la fatiga fue más fuerte que todas las preocupaciones.
+Germana dejó caer sus pesados párpados, pero se despertó casi en el acto
+al ver que tenía las manos cruzadas sobre el pecho. Ella sabía que en
+esta postura se enterraba a los muertos. Sacó fuera de los cobertores
+sus bracitos descarnados y se cogió fuertemente a la madera de la cama.
+La condesa se apoderó de su mano, la besó dulcemente y la retuvo sobre
+sus rodillas. Solamente entonces se tranquilizó la enferma y durmió
+hasta entrado el día. Soñó que la condesa estaba de pie a su derecha,
+que tenía la figura de un ángel y que le habían salido unas alas
+blancas. A su izquierda veía otra mujer, pero no pudo reconocerla. Lo
+único que pudo distinguir fue un velo de encaje, dos grandes alas de
+cachemira y dos garras de diamantes. El conde se paseaba con paso
+agitado: iba de una a otra mujer y les hablaba al oído. Finalmente, el
+techo se abrió, descendiendo un hermoso niño mofletudo, parecido a esos
+querubines que guardan los tabernáculos de las iglesias. El ángel voló
+sonriendo hacia la enferma, ella abrió los brazos para recibirlo y el
+movimiento que hizo la despertó.
+
+Al abrir los ojos, vio entrar a la vieja condesa con traje de viaje y al
+joven Gómez trotando a su lado. El niño sonrió instintivamente a aquella
+linda muñeca blanca con cabellos de oro, e hizo ademán de querer trepar
+a la cama. Germana intentó ayudarle, pero no era bastante fuerte. La
+condesa de la Villanera le levantó como una pluma y lo arrojó suavemente
+sobre los almohadones.
+
+--Hija mía--le dijo con emoción mal contenida--, te presento al marqués
+de los Montes de Hierro.
+
+Germana cogió al niño por la cabeza y le besó dos o tres veces. El
+pequeño Gómez recibió aquellas caricias con agrado y aun creo que le
+devolvió un beso. La joven le miró largo rato y sintió el corazón
+emocionado. No sé qué proceso se desarrolló en el fondo de su
+pensamiento, pero, después de un esfuerzo invisible, le dijo a media
+voz:
+
+--¡Hijo mío!
+
+La viuda la abrazó agradecida.
+
+--Marqués, ahí tienes a tu mamaíta.
+
+--¡Mamá!--repitió el niño sonriendo.
+
+--¿Quieres que sea tu mamá?--preguntó Germana.
+
+--Sí--respondió.
+
+--Pobre pequeño, no será por mucho tiempo, ¡no!
+
+--¡No!--repitió el niño sin comprender lo que decía.
+
+Desde aquel momento el hijo y la madre fueron amigos. El pequeño Gómez
+no quiso salir ya de la habitación y asistió al tocado de Germana. Esta
+le tenía sobre sus rodillas cuando entró el conde de Villanera a saludar
+a su esposa y a besarle la mano. La joven experimentó una especie de
+vergüenza al verse así sorprendida y dejó resbalar al niño sobre la
+alfombra.
+
+Germana no había amado aún más que a su madre y a su padre. No había
+estado en el colegio, no había tenido amigas y no conocía a ningún
+hombre. El derroche de amor y de amistad que se hace en los pensionados,
+y que gasta el corazón de las jóvenes antes de tiempo, no había mermado
+las riquezas de su alma. Amó, pues, a su suegra y a su hijo adoptivo
+como un pródigo que no teme arruinarse; dedicó al doctor Le Bris una
+ternura fraternal, pero le pareció imposible amar a su marido: esto era
+superior a sus fuerzas; más valía, pues, renunciar. Y no es que el conde
+fuese un hombre desagradable; otra mujer le hubiera encontrado perfecto.
+De todos sus compañeros de viaje, fue seguramente el más paciente, el
+más atento, el más delicado; un caballero de honor encargado de escoltar
+a una reina joven, no hubiera cumplido mejor su deber. Era él quien lo
+disponía todo para la marcha y para el reposo, arreglaba el paso de los
+caballos, elegía las comidas y preparaba los alojamientos. Las jornadas
+que hacían eran cortas, de modo que en dos etapas adelantaban diez
+leguas.
+
+Esta manera de viajar hubiera agotado la paciencia de un hombre joven y
+robusto: don Diego no temía más que Germana pudiera fatigarse. Era
+fumador, como creo ya haberos dicho. Desde el primer día del viaje se
+redujo a fumar dos cigarros por día; uno por la mañana, antes de partir,
+y el otro por la noche, antes de acostarse. Pero una mañana la enferma
+le dijo:
+
+--¿No ha fumado usted? Me parece sentir el olor del tabaco.
+
+Don Diego dejó sus cigarros en la primera posada y no volvió a fumar.
+
+La enferma lo aceptaba todo de su marido sin perdonarle ningún
+sacrificio. ¿No le había dado ella más de lo que podía darle? Ella se
+repetía continuamente que don Diego la cuidaba por deber o, mejor dicho,
+para descargo de su conciencia, que la amistad no entraba para nada en
+todas aquellas atenciones; que él desempeñaba fríamente el papel de buen
+marido; que amaba a otra mujer; que no se pertenecía y que había dejado
+su corazón en Francia. Pensaba, en fin, que aquel hombre que parecía tan
+cuidadoso de su vida, se había casado con ella con la esperanza de que
+moriría bien pronto, y se indignaba de ver retrasar con todos sus
+esfuerzos el acontecimiento que tanto deseaba.
+
+Fue, pues, tan dura para él, como era amable para los demás. Ocupaba el
+fondo del carruaje con la vieja condesa. Don Diego, el médico y el niño
+estaban de espaldas a los caballos. Si alguna vez el niño trepaba sobre
+sus rodillas, o si la viuda, dormida por la monotonía del movimiento,
+dejaba caer la cabeza sobre su hombro escuálido, jugaba con el pequeño o
+acariciaba los cabellos de la viuda. Pero no permitía que su marido le
+preguntase siquiera por su estado, y un día le respondió con una
+crueldad sangrienta:
+
+--Esto va bien, sufro mucho.
+
+Don Diego sacó la cabeza por la ventanilla y sus lágrimas cayeron sobre
+las ruedas.
+
+El viaje duró tres meses, sin cambiar ni el humor ni la salud de
+Germana. No estaba mejor ni peor: arrastraba la vida. Tenía siempre la
+misma aversión a su marido, pero se iba acostumbrando a él. Italia
+entera pasó ante su vista sin que se interesase por nada, ni siquiera se
+fijase en ningún sitio. Verdad es que en invierno Italia se parece mucho
+a Francia. Nieva un poco menos, pero llueve más.
+
+El clima de Niza la hubiera sentado muy bien. Pasando por el paseo de
+los Ingleses, don Diego había hecho el elogio de una linda villa pintada
+de color de rosa y rodeada de un jardín de naranjos. Pero Germana se
+aburría de ver desfilar todo el día una interminable procesión de
+tísicos. Los condenados que se destierran a Niza tienen miedo los unos
+de los otros y cada uno de ellos lee su destino en la palidez del
+vecino.
+
+--¡Vamos a Florencia!--dijo ella.
+
+Y don Diego hizo enganchar para Florencia.
+
+Encontró en la ciudad un aspecto de fiesta que parecía exacerbar su
+desgracia. El primer día que fue conducida al paseo, que oyó la música
+de los regimientos austriacos y que las floristas mofletudas arrojaron
+su mercancía en el coche, reprochó duramente a su marido el haberla
+expuesto a un contraste tan cruel. Quedaba Pisa y allí fueron. Quiso ver
+el Campo Santo y la terrorífica obra maestra de Orcagna. Aquellas
+pinturas fúnebres, aquellos cuadros de la Muerte, dueña de la vida, la
+impresionaron fuertemente y salió de allí más muerta que viva.
+
+Entonces expresó el deseo de ir hasta Roma. El clima de la gran ciudad
+no debía favorecerla precisamente, pero había llegado ya al punto en que
+el médico no niega nada a su enfermo. Vio Roma y creyó entrar en una
+vasta necrópolis. Aquellas casas desiertas, los palacios vacíos y las
+grandes iglesias en las que se ve de espacio en espacio un fiel
+arrodillado, tomaron a sus ojos una fisonomía sepulcral.
+
+Partió para Nápoles y tampoco se encontró mejor. Se habían alojado en
+Santa Lucía. El más hermoso golfo del universo ondulaba sus aguas azules
+ante ella; el Vesubio humeaba bajo sus balcones; el sitio estaba bien
+elegido para vivir y morir. Pero ella soportaba impacientemente los
+ruidos de la calle, el grito agudo de los cocheros, el paso sonoro de
+las patrullas suizas y el canto de los pescadores. Maldijo la ciudad
+ruidosa y agitada donde ni siquiera era permitido sufrir en paz. La
+ofrecieron hallar en las inmediaciones un retiro más tranquilo; quiso
+buscar por sí misma e hizo un gasto de actividad que la agotó en pocos
+días. El doctor estaba admirado de tanta resistencia. Era preciso que la
+Naturaleza hubiera construido su cuerpo con bien sólidos materiales o
+bien que un alma vigorosa retrasase la ruina de aquel edificio que se
+desplomaba.
+
+Le enseñaron Sorrento y Castellamare; la pasearon durante ocho días de
+lugar en lugar sin que se decidiese a hacer una elección. Una noche,
+tuvo el capricho de visitar Pompeya a la luz de la luna.
+
+--Es una ciudad por mi estilo--dijo con una sonrisa amarga--; es justo
+que los muertos se consuelen entre sí.
+
+Fue preciso arrastrarla por espacio de dos horas sobre el empedrado
+desigual de la ciudad muerta. Hubiera sido un paseo delicioso para un
+corazón alegre. El día había sido hermoso; la noche era casi tibia. La
+luna iluminaba los objetos como un sol de invierno. El silencio añadía
+al espectáculo un encanto dulce y solemne. Las ruinas de Pompeya no
+tienen la grandeza aplastante de esos monumentos romanos que inspiraron
+tan largas frases a madama de Staël. Son los restos de una ciudad de
+diez mil habitantes; los edificios privados y públicos tienen una
+fisonomía provinciana. Al entrar en aquellas calles estrechas, al abrir
+la puerta de sus casitas, se penetra en la vida íntima de la antigüedad
+y se es recibido amistosamente en un pueblo que ya no existe.
+
+Encontráis allí una singular mezcla del sentimiento artístico que
+distinguía a los antiguos y del mal gusto que es patrimonio de los
+pequeños burgueses de todas las épocas. Nada más divertido que descubrir
+bajo el polvo de veinte siglos jardinillos semejantes a los de los
+Inválidos, con su surtidor microscópico, los pequeños patos de mármol y
+la estatuíta de Apolo en el centro. He ahí el dominio de un ciudadano
+romano que vivía de sus rentas en el año 79 de la Era cristiana. La
+alegría champañesa del doctor se recreaba dulcemente en medio de
+aquellos curiosos restos. Don Diego traducía a su mujer los relatos
+interminables del guarda, pero la impaciencia febril de la enferma
+quitaba todo encanto a la excursión. La pobre niña no era dueña de sí
+misma; pertenecía a la enfermedad y a la muerte próxima. No caminaba
+nada más que por sentirse vivir, ni hablaba más que por oír su voz. Se
+adelantaba a la comitiva, volvía sobre sus pasos, pedía que la dejasen
+ver de nuevo lo que ya había visto, se detenía en el camino y se
+ingeniaba en buscar caprichos que nadie podía satisfacer. Hacia las
+nueve, el frío se apoderó de ella y propuso volver al hotel.
+«Decididamente, dijo, quiero morir aquí; por lo menos estaré tranquila.»
+Pero después pensó que el Vesubio no había dicho aún su última palabra y
+que podría depositar una sábana de fuego sobre su tumba. Entonces habló
+de volver a París y se acostó con unos escalofríos que no presagiaban
+nada bueno.
+
+La viuda cenó a su lado. El niño ya dormía desde hacía rato. El dueño de
+la _Corona de hierro_ invitó a los caballeros a bajar al comedor;
+estarían mejor que en la habitación de un enfermo y tendrían compañía.
+
+El médico aceptó la proposición y don Diego le siguió.
+
+La compañía se reducía a dos personas; un pintor francés, gordinflón y
+de buen humor, y un joven inglés encarnado como un cangrejo. Los dos
+habían visto entrar a Germana y habían adivinado sin esfuerzo el mal que
+la mataba. El pintor profesaba una filosofía alegre, como todo el que
+digiere bien.
+
+--Yo, señor--decía a su vecino--, si nunca llegase a padecer del pecho,
+lo que no es probable, no me apartaría en absoluto de mi régimen de
+vida. En todas partes se cura y en todas partes se muere. El aire de
+París es quizás el que mejor conviene a los tísicos. Hablan del Nilo:
+los posaderos del Cairo son los que han hecho extender esa opinión. Sin
+duda el vapor del río sirve para algo, pero, ¿y la arena del desierto no
+es perjudicial? Se os entra en los pulmones, se aloja en ellos y ¡buenas
+noches!... Usted me dirá que si de todos modos hay que morir, queda por
+lo menos el derecho de elegir el sitio. Me hago cargo perfectamente de
+ello. ¿Ha viajado usted por la regencia de Túnez?
+
+--Sí.
+
+--¿Ha visto usted cortar la cabeza a alguien?
+
+--No.
+
+--Pues bien, todo eso se ha perdido usted. Esos desgraciados tienen el
+derecho de elegir el sitio. Cuando un tunecino es condenado a muerte, se
+le da tiempo hasta la puesta del sol para buscar el lugar en que se le
+haya de cortar la cabeza. Desde el amanecer, dos verdugos le cogen del
+brazo y le conducen al campo. Cada vez que llegan a algún lindo rincón
+de paisaje, un arroyuelo sombreado por dos palmeras, los ejecutores
+dicen al paciente: «¿Cómo encuentras esto? Sería inútil buscar nada
+mejor.» «Vamos más lejos, dice el otro, aquí hay moscas.» Le pasean así
+hasta que ha encontrado un lugar de su agrado y se decide generalmente a
+la puesta del sol. Entonces se arrodilla, los dos vecinos sacan sus
+cuchillos y le cortan tranquilamente la cabeza. Pero tiene, por lo
+menos, el consuelo de morir en un terreno a su gusto. He conocido en
+París a una bailarina que se le había metido la misma idea en la cabeza.
+Se había comprado un terreno en el Père-Lachaise e iba a visitarlo de
+cuando en cuando, cada vez con mayor placer. Los seis metros de su
+propiedad estaban en uno de los más bellos rincones del cementerio,
+rodeado de monumentos burgueses y con vistas al exterior. Pero sus
+compatriotas de usted son los que cometen mayores extravagancias. Uno
+que encontré una vez quería ser enterrado en Etretat porque allí el aire
+es más puro, porque se ve el mar y porque nunca ha habido cólera. Me
+contaron de otro que compraba terrenos en todas las ciudades por donde
+pasaba. Desgraciadamente murió en la travesía de Liverpool a Nueva York
+y el capitán le hizo arrojar al agua.
+
+Don Diego y el doctor hubieran dejado muy a gusto de oír semejante
+discurso e iban a rogar a su vecino que cambiase de conversación,
+cuando el joven inglés tomó la palabra.
+
+--Pues yo, señor--dijo--, hace dos años estaba tan enfermo como esa
+joven que hemos visto pasar. Los médicos de Londres y de París me habían
+firmado mi pasaporte y yo buscaba también un sitio para morir. Lo elegí
+en las islas Jónicas, en la parte meridional de Corfú. Me instalé allí
+esperando mi hora y me encontré bien, tan bien, que la hora pasó.
+
+El médico tomó la palabra con la desenvoltura que reina en las mesas
+redondas de Italia:
+
+--¿Usted ha estado tísico, señor?
+
+--En tercer grado, si es que toda la Facultad no se burló de mí.
+
+Citó los nombres de los médicos que lo habían visitado y condenado.
+Contó cómo había acabado por cuidarse él mismo, sin nuevos remedios, en
+el campo, lejos del bullicio, esperando la muerte, bajo el cielo de
+Corfú.
+
+El señor Le Bris le pidió permiso para auscultarle, a lo que se negó él
+con un terror cómico. Le habían contado la historia del médico que mató
+a su enfermo para saber cómo se había curado.
+
+Una hora después el conde estaba sentado a la cabecera de Germana. La
+enferma tenía el rostro encendido y la palabra jadeante.
+
+--Venga usted--dijo a su marido--. Tengo que hablarle seriamente. ¿No se
+fija usted en que estoy mejor esta noche? Tal vez estoy en vías de
+curación. Su porvenir de usted está comprometido. Le he hecho perder ya
+tres meses; nadie esperaba que durase tanto. Mi familia tiene mucha
+vitalidad; será necesario que me mate. Usted tiene derecho, ya lo sé;
+para eso le ha costado su dinero. Pero déjeme aún algunos días; ¡es tan
+hermosa la luz! Me parece que respiro mejor.
+
+Don Diego le cogió la mano; estaba ardiente.
+
+--Germana--le dijo--, he comido con un joven inglés que ya le enseñaré
+mañana. Estaba más enfermo que usted, según asegura; el cielo de Corfú
+le ha curado. ¿Quiere usted que nos marchemos a Corfú?
+
+La joven se incorporó en la cama, le miró en los ojos y le dijo con una
+emoción que rayaba en el delirio:
+
+--¿Dices la verdad?... ¿Puedo vivir aún?... ¿Volveré a ver a mi madre?
+¡Ah! si tú me salvases, toda mi vida sería poca para pagar tanto bien.
+Te serviría como una esclava, educaría a tu hijo y haría un grande
+hombre de él... ¡Desgraciada! no es para eso para lo que tú me has
+elegido. Tú amas a esa mujer, la echas de menos, la escribes, ansias el
+momento de volver a verla, y todas las horas de mi vida son otros tantos
+robos que cometo...
+
+Durante dos días, su mal pareció agravarse en aquella habitación del
+hotel y todos creyeron que moriría sobre las ruinas de Pompeya. No
+obstante, pudo levantarse en la primera semana de abril. Conducida a
+Nápoles, embarcó en un paquebot que partía para Malta y desde allí un
+vapor del Lloyd inglés la transportó hasta el puerto de Corfú.
+
+
+
+
+V
+
+EL DUQUE
+
+
+El señor y la señora de La Tour de Embleuse se habían despedido de su
+hija en la sacristía de Santo Tomás de Aquino. La duquesa lloró mucho;
+el duque tomó más alegremente la separación, para tranquilizar a su
+esposa y a su hija; quizá también porque no encontró lágrimas en sus
+ojos. En su fuero interno, él no creía en la muerte de Germana. El solo,
+con la vieja condesa de Villanera, esperaba el milagro de la curación.
+Aquel caballero servidor de la fortuna estaba firmemente convencido de
+que una dicha nunca llega sola. Todo le parecía posible desde que había
+vuelto a salir a flote. Comenzó por predecir el restablecimiento de su
+mujer y no se equivocó.
+
+La duquesa era de una constitución robusta, como toda su familia. Las
+fatigas, las noches sin dormir y las privaciones habían tomado una gran
+parte en la enfermedad crítica que la edad le había aportado. Añadid a
+esto las angustias continuas de una madre que espera el último suspiro
+de su hija. La señora de La Tour de Embleuse sentía tanto o más los
+dolores de Germana que los suyos propios. Cuando se separó de su querida
+enferma, se repuso poco a poco y compartió menos penosamente los males
+que no veía tan de cerca. La imaginación nos hace sufrir tanto como los
+sentidos, pero una desgracia que no vemos pierde algo de su crudeza. Si
+vemos aplastar un hombre en la calle, experimentamos un dolor físico,
+como si las ruedas hubiesen pasado por encima de nuestro cuerpo; el
+relato de este suceso leído en un periódico no hace más que rozar
+nuestra piel. La duquesa no podía estar tranquila ni ser feliz, pero por
+lo menos escapó a la acción directa del peligro sobre su sistema
+nervioso. No es que hubiese recobrado la calma, pero no vivía en la
+terrible ansiedad del que espera un acontecimiento inevitable. No abría
+jamás sin temblar una carta de Italia, pero en el intervalo de cada
+correo tenía instantes de reposo. A las vivas angustias que la
+torturaban, sucedió un dolor sordo que la costumbre le hizo familiar.
+Experimentaba el triste consuelo de un enfermo que del estado agudo pasa
+al estado crónico.
+
+Un amigo del joven doctor la visitaba dos o tres veces por semana, pero
+su verdadero médico continuaba siendo el señor Le Bris. Este le escribía
+regularmente, así como a la señora Chermidy, y aunque siempre había
+procurado no mentir, las dos correspondencias no se parecían mucho.
+Repetía a la pobre madre que Germana vivía, que la enfermedad parecía
+haberse detenido y que aquella dichosa suspensión de una marcha fatal
+daba derecho a esperar un milagro. No se alababa de curarla y decía a la
+señora Chermidy que sólo Dios podía aplazar indefinidamente la viudez de
+don Diego. La ciencia era impotente para salvar a la joven condesa de
+Villanera. Vivía aún y la enfermedad parecía haber hecho un alto, lo
+mismo que un viajero descansa en una posada para continuar con mayor
+vigor al día siguiente. Germana estaba siempre débil durante el día,
+febril y agitada al aproximarse la noche. El sueño le negaba sus
+favores, su apetito era caprichoso y rechazaba los platos con disgusto
+desde el momento que los había probado. Su delgadez era espantosa y la
+señora Chermidy hubiera tenido sumo placer en verla. Se podía decir que
+debajo de la piel límpida y transparente no tenía más que huesos y
+tendones; los pómulos parecían salírsele de la cara. ¡Verdaderamente era
+preciso que la señora Chermidy fuese muy impaciente para pedir algo más!
+
+El duque no sabía o no quería saber esto y ya había celebrado más de una
+vez la curación de su hija. En la edad del juicio, aquel anciano, cuyos
+cabellos blancos hubieran inspirado respeto si no se los tiñese,
+resistía mejor que un joven las fatigas del placer. Se adivinaba
+fácilmente que agotaría más pronto sus escudos que sus necesidades y sus
+fuerzas. Los hombres que han entrado tarde en la vida encuentran
+reservas extraordinarias para sus últimos años.
+
+Disponía de poco dinero efectivo, por muy millonario que fuese. El
+primer semestre de sus rentas debía vencer el 22 de julio; mientras
+tanto, era preciso vivir de los 20.000 francos de la canastilla. Esto
+era bastante para los gastos de la casa y para las pequeñas deudas que
+esperan menos que las grandes. Si la duquesa hubiese tenido a su
+disposición esta suma habría puesto la casa sobre un pie decente; pero
+el duque no soltaba la llave de la caja, siempre que en ella hubiese
+dinero. Pagó muy pocas deudas; se negó cortésmente a comprar muebles y
+conservó, a pesar de la duquesa y del sentido común, un departamento de
+12.000 francos, en el cual no se detenía un instante. De cuando en
+cuando daba un luis a Semíramis para la cocina, pero nunca se preocupó
+de preguntarle cuánto se le debía por sus servicios. Compró dos o tres
+vestidos magníficos a la duquesa, que carecía de la ropa interior más
+necesaria. Lo que empleaba cada día en sus gastos personales era un
+secreto entre su cajón y él.
+
+No creáis, sin embargo, que tenía el egoísmo odioso de ciertos maridos
+que tiran el dinero a manos llenas y quieren conocer al céntimo los
+desembolsos de su esposa. Concedía a la duquesa tanta libertad para lo
+pequeño como se reservaba él para lo grande. Continuaba siendo aquel
+hombre cortés, solícito y tierno que su pobre mujer adoraba hasta en sus
+faltas. El se informaba de su salud con una atención casi filial. Le
+repetía por lo menos una vez al día: «Eres mi ángel guardián.» Le daba
+nombres tan dulces que, sin el testimonio de los espejos, hubiera creído
+tener veinte años. Algo es algo; y el peor marido no es despreciable más
+que a medias, cuando deja una dulce ilusión a su víctima. Un gran
+artista que ha visto nuestra sociedad con los ojos de Balzac, y que la
+ha pintado mejor, Gavarni, ha puesto este singular juicio en la boca de
+una mujer del pueblo: «Mi marido, un perro acabado; ¡pero el rey de los
+hombres!» Traducid la frase en estilo noble y comprenderéis el amor
+obstinado de la duquesa por el duque.
+
+No obstante, el viejo descendía rápidamente todos los escalones que un
+hombre bien nacido puede descender. Cuando el ruido de su nueva fortuna
+se hubo extendido por París, encontró en el Bosque un cierto número de
+antiguos conocidos que habían tomado la costumbre de volver la cabeza
+cuando le veían. Le invitaron a algunos salones de Montmartre donde los
+hombres más elegantes y más respetables van algunas veces en buena
+compañía a buscar la mala. Encontró aquí y acullá muebles que había
+comprado con su dinero; miró la hora en relojes cuya factura había
+pagado. La pasión del juego, que dormía en él desde muchos años, se
+despertó más ardiente que nunca; pero jugó a lo pícaro, alrededor de
+esos tapetes sospechosos que la policía barre de cuando en cuando. Aquel
+mundo peligroso, que es maestro en adular todos los vicios de que vive,
+hizo un recibimiento triunfal al duque de La Tour de Embleuse y le
+aplaudió su juventud póstuma que salía de la miseria como Lázaro de su
+tumba. Le probaron que tenía veinte años y él intentó probárselo a sí
+mismo. Asistió a grandes comilonas, con detrimento de su estómago, bebió
+_champagne_, fumó cigarros y rompió botellas. En aquellas reuniones la
+dignidad quedaba en el guardarropa. No obstante, los recién llegados de
+provincias, los extranjeros perdidos en París o los hijos de familia
+escapados de la tutela paternal, admiraban los nobles modales y la
+apostura aristocrática de aquel gentilhombre averiado. Los hombres le
+respetaban más de lo que se respetaba él mismo; las mujeres contemplaban
+en él una ruina a la que habían contribuido y que, no obstante, se
+conservaba bien. En ciertos remansos de la sociedad se hace más caso de
+un veterano que se ha comido ciento veinte mil francos de renta que de
+un soldado que haya perdido los dos brazos en el campo de batalla.
+
+El duque siguió a esta sociedad a todos los lugares donde ella iba. Así,
+concurrió a las primeras representaciones de ciertos teatros y el
+respeto de su nombre, que le había acompañado en la primera mitad de su
+carrera, pareció abandonarle para siempre. En dos meses se convirtió en
+el hombre más criticado de París. Tal vez hubiera tenido más recato en
+su conducta si el conocimiento de sus actos hubiera podido llegar a su
+familia. Pero Germana estaba en Italia y la duquesa se había encerrado
+en su casa; no tenía, pues, nada que temer.
+
+El contraste de su nombre y de su conducta le dio en poco tiempo una
+popularidad entre la gente baja, que parecía ser muy de su gusto. Se le
+vio, a la salida del teatro, en un café del bulevar del Temple, rodeado
+de figurantes mal afeitados y de cómicos ínfimos que bebían un ponche en
+su honor, le contemplaban con los ojos muy abiertos y se disputaban la
+gloria de estrechar la mano de un duque que no era nada orgulloso. Pero
+aun descendió más, si esto era posible. Los compañeros más abyectos
+eran buenos para él y más de una vez se le vio en los arrabales sentado
+ante un jarro de vino tinto, a la mesa de una taberna. Es muy difícil,
+en el siglo XIX, encanallarse con elegancia. Unicamente la corte de Luis
+XV intentó este esfuerzo con algún éxito. Dos o tres grandes señores
+franceses y extranjeros quisieron revivir las tradiciones de los buenos
+tiempos, pero con bastante menos dignidad. El alma más altanera se
+desploma con una rapidez increíble en los placeres malsanos y en las
+fiestas nauseabundas de los arrabales. Las únicas orgías a las que se
+resiste algún tiempo son aquellas que cuestan muy caro. El contentarse
+con poco, que es una virtud en los trabajadores, es el último grado de
+la abyección en los hombres desocupados y ricos.
+
+El pobre duque estaba en lo más bajo cuando dos personas le tendieron la
+mano por motivos bien distintos. Sus salvadores fueron el barón de
+Sanglié y la señora Chermidy.
+
+El señor de Sanglié iba de cuando en cuando a llamar a la puerta de los
+de La Tour de Embleuse. Era su antiguo propietario, el testigo de boda
+de Germana y el amigo de la familia. A la duquesa la encontraba siempre,
+al duque nunca; pero todo París le daba noticias de su deplorable amigo.
+Resolvió, pues, salvarle, del mismo modo que antes le había dado
+alojamiento, por el honor del linaje.
+
+El barón era lo que se llama, aun hoy, un perfecto caballero. No era
+guapo y aun tenía en su fisonomía algo de su nombre[C]. Su rostro
+abultado y encarnado se escondía en un matorral de pelo rojizo. Robusto
+como un cazador y ligeramente ventrudo, nadie le hubiera hecho más de
+cuarenta años, aunque había cumplido ya los cincuenta. Los barones de
+Sanglié datan de una época en que se construía sólidamente. Bastante
+rico para vivir espléndidamente sin hacer nada, cuidaba de su persona y
+vivía por vivir bien.
+
+Su traje y su aspecto eran igualmente aristocráticos. Por la mañana se
+le encontraba con vestidos amplios, sólidos, cómodos y de una elegancia
+coquetonamente descuidada. Por la noche, su traje era irreprochable y
+del mejor gusto, siendo uno de aquellos hombres cuya ropa no llamaba
+nunca la atención, que es la elegancia más difícil. Tenía tanto cuidado
+de su cuerpo como de sus vestidos. Montaba a caballo todos los días y
+frecuentaba el juego de pelota; por la noche asistía a uno de los
+teatros de ópera y luego hacía su partida de _whist_ en el club. Buen
+jugador, buen comensal y magnífico bebedor; gran fumador, inteligente en
+pintura y bastante buen jinete para ganar un _steeple chase_, pero
+demasiado juicioso para arriesgar su fortuna en un caballo de carrera o
+en una cuadra; indiferente a los libros nuevos, despreocupado en
+política, prestamista fácil para los que le podían devolver el préstamo,
+generoso a veces para los pobres, muy sociable, de una cortesía
+caballeresca con las mujeres, era amable y bueno como todos los
+egoístas inteligentes. Hacer el bien sin molestarse, es una de las
+formas más simpáticas del egoísmo.
+
+La salvación del duque no era, sin embargo, cosa fácil. El barón no la
+habría logrado jamás sin un auxilio poderoso, la vanidad, que aun
+sobrenadaba un poco en aquel triste naufragio de todas las virtudes
+aristocráticas; el señor de Sanglié le asió por ella como se coge por
+los cabellos al hombre que se ahoga.
+
+Fue a buscarle hasta en los chiribitiles donde arrastraba su nombre y su
+casta. Le golpeó rudamente en el hombro y le dijo con aquella franqueza
+que oculta tan bien la adulación:
+
+--¿Qué hace usted, mi querido duque? Este no es su sitio. Todo el mundo
+le echa de menos en nuestro círculo, hombres y mujeres; ¿me ha oído
+usted bien? Todos los La Tour de Embleuse han sostenido su jerarquía
+desde Carlomagno; no concedo a usted el derecho de hacer quedar mal a
+sus antepasados. Todos nosotros tenemos necesidad de usted. Ea,
+¡pardiez! si usted se entierra aquí en la flor de la edad madura, ¿quién
+nos dará lecciones de elegancia? ¿quién nos enseñará a vivir bien, a
+comerse correctamente una fortuna? ¿quién nos enseñará el arte de gustar
+a las mujeres, que se va perdiendo entre nosotros?
+
+El duque respondió con un gruñido como el borracho a quien se despierta
+bruscamente. Gozaba en paz de su nueva fortuna y no se preocupaba de
+reanudar las costumbres incómodas que el mundo impone a sus esclavos;
+una pereza invencible le encadenaba a los placeres fáciles que no exigen
+ningún esfuerzo de decencia o de inteligencia. Pretendía, pues, que se
+encontraba bien, que no deseaba nada mejor y que cada uno se proporciona
+sus diversiones donde puede.
+
+--Venga usted conmigo--continuó el barón--, y yo le juro que le haré
+encontrar diversiones más dignas de usted. No tema usted perder en el
+cambio; en nuestro mundo se vive bien, y usted lo sabe mejor que nadie.
+Ya supondrá usted que no he venido aquí para conducirle a su casa; para
+eso le hubiera enviado a un misionero. ¡Qué diablo! en parte yo también
+soy de la escuela de usted. Yo no desprecio ni el vino, ni el juego, ni
+el amor, pero yo mantendré contra todo el mundo, y contra usted mismo,
+que un duque de La Tour de Embleuse no debe embriagarse, arruinarse o
+condenarse más que con sus iguales.
+
+Estos y otros argumentos por el estilo acabaron por convencer al duque
+que volvió, no a la virtud, pues el camino era demasiado largo para sus
+viejas piernas, pero sí al vicio elegante. El señor de Sanglié le llevó
+a uno de los mejores sastres del bulevar, como se conduce un desertor al
+vestuario del cuartel, que le obligó a endosarse la librea de las gentes
+de mundo. Aquel singular enfermo era siempre idólatra de su persona,
+pero hacía mucho tiempo que economizaba los gastos del culto. Había
+conservado la costumbre de pintarse y acicalarse y no descuidaba ninguna
+de las prácticas que podían darle una apariencia de juventud, pero no
+le disgustaba parecer más nuevo que su traje. Le probaron que algunos
+metros de tela fina rejuvenece el aspecto de la persona y acabó por
+convenir en que los sastres no son gente despreciable. Este era un gran
+paso; un hombre bien vestido, está medio salvado. Los padres de familia
+ya lo saben y cuando vienen a París a arrancar del vicio a un hijo
+pródigo, lo primero que hacen es llevarle a casa de un sastre.
+
+El barón se encargó de lanzar a su discípulo; le hizo admitir en su
+club. Allí se comía bien, y el señor de La Tour de Embleuse no perdió
+nada en cambiar de cocinero. Antes de su conversión, la comida
+excesivamente condimentada de los figones y el uso de los licores
+falsificados irritaban su estómago, enrojecían su lengua y le condenaban
+a una sed inextinguible. La engañaba bebiendo aún más y el pobre hombre
+estaba en un círculo vicioso del cual no podía salir sino por la muerte.
+La duquesa se asustaba alguna vez de su ardoroso aliento y no se atrevía
+a manifestarle sus terrores, pero colocaba discretamente sobre su mesita
+de noche alguna tisana refrescante y perfumada que él no tomaba. La mesa
+del círculo le restableció insensiblemente, por más que no se privaba de
+nada. El incentivo del juego le retenía bajo la férula de su protector.
+Los abonados del club jugaban al _whist_ y al _écarté_ con un cierto
+atrevimiento, pero sin intemperancia; rara vez se pasaba de un luis por
+puesta; no era, pues, una distracción peligrosa para un millonario. Si
+aventuraba una fuerte suma en una partida de _écarté_, nadie tenía el
+derecho, es verdad, de llamarle a la razón, pero por lo menos había de
+escuchar las advertencias de los compañeros. Todos le conocían y se
+interesaban por él como por un convaleciente. Un jugador se conduce como
+un hombre juicioso o como un loco, según que sea incitado o contenido
+por los que le rodean. A él le refrenaban, y con una mano tan delicada,
+que no sentía el tirón de la brida.
+
+Los salones más distinguidos le abrieron sus puertas de par en par; toda
+aristocracia es naturalmente francmasónica, y un duque, por tonterías
+que haya cometido, tiene derechos imprescindibles a la indulgencia de
+sus iguales. El _faubourg_ Saint-Germain, como el hijo respetuoso de
+Noé, cubrió con su manto de púrpura los antiguos extravíos del anciano.
+Los hombres le trataron con consideración; las mujeres con benevolencia.
+¿En qué país y en qué época han dejado ellas de tener indulgencia para
+las malas personas? Se le miraba como un viajero que había atravesado
+comarcas desconocidas. No obstante, ninguna mujer se atrevió a
+preguntarle sus impresiones de viaje. No tardó en ponerse a tono con tan
+buena compañía, porque a todos los defectos de la juventud unía aquella
+flexibilidad de espíritu que es uno de sus más hermosos privilegios. A
+nadie extrañó que la elección del conde de Villanera, que le había
+aceptado por suegro, recayese en un hombre tan digno de su nombre y de
+su fortuna.
+
+El barón le había prometido placeres más vivos, y no faltó a su
+palabra. No le encerró en el _faubourg_ como en una fortaleza y le hizo
+ver un mundo menos empingorotado. Siempre con la etiqueta de la alta
+sociedad, le condujo a algunos de esos salones en los que la gente era
+aceptada sin pruebas, pero no sin motivo. Le presentó a viudas cuyos
+maridos nunca habían estado en París, a mujeres legítimamente casadas
+pero indispuestas con su familia, a marquesas desterradas del _faubourg_
+a consecuencia de un escándalo, a personas respetables que vivían
+espléndidamente sin fortuna conocida. Aquella sociedad heterogénea
+estaba relacionada de una parte con el gran mundo y de otra con las
+gentes de conducta equívoca. Yo no aconsejaría a ninguna madre que
+llevase allí a sus hijas, pero hay muchos hijos que van con sus padres y
+salen igual que han entrado. No se encuentra allí la austeridad de
+costumbres, la vida patriarcal, el buen gusto severo y el lenguaje digno
+y grave que reina en los antiguos salones del _faubourg_, pero se baila
+decentemente, se juega sin recurrir a las trampas y no son robados los
+abrigos del recibimiento. En una de esas casas es donde se encontraron
+el duque y la señora Chermidy.
+
+Ella le reconoció a la primera ojeada, por haberle visto el día de la
+boda. Sabía que era abuelo de su hijo, padre de Germana y millonario a
+expensas de don Diego. Una mujer como la señora Chermidy no olvida nunca
+la cara de un hombre a quien ha dado un millón. No le hubiera sabido mal
+conocerle de cerca, pero nunca hubiera dado un paso por hacerlo. El
+duque le ahorró el camino. Desde el momento en que supo que estaba allí
+se presentó por sí mismo a ella, con una impertinencia cuyo espectáculo
+hubiera regocijado a todas las mujeres honradas de París. Nada hay que
+plazca más profundamente a las mujeres virtuosas que ver tratar
+desvergonzadamente a las que no lo son.
+
+El duque no tenía intención de ofender a aquella hermosa ni de renegar
+en un solo día de la religión de toda su vida; pero hablaba a las gentes
+en su lenguaje y creía no equivocarse con la señora Chermidy. Se sentó
+familiarmente a su lado y le dijo:
+
+--Señora, permítame usted que le presente a uno de sus antiguos
+admiradores, el duque de La Tour de Embleuse. Ya había tenido el gusto
+de verla en Santo Tomás de Aquino. Casi somos de la familia; aliados por
+los hijos. Permítame usted, pues, que, como buen pariente, le dé la mano
+izquierda.
+
+La señora Chermidy, que razonaba con la rapidez del relámpago,
+comprendió desde la primera palabra la posición en que estaba colocada.
+Cualquiera que fuese su respuesta, siempre quedaría humillada ante el
+duque. En lugar de aceptar la mano que le tendía, se levantó con un
+gesto lleno de dignidad y de dolor, que puso además de relieve toda la
+opulencia de su cuerpo, y se dirigió hacia la puerta sin volver la
+cabeza, como una reina ultrajada por el último de sus súbditos.
+
+El viejo cayó en el lazo. Corrió hacia ella y balbuceó algunas palabras
+de excusa. La hermosa arlesiana le dirigió una mirada tan brillante,
+que creyó ver a través de ella una lágrima y le dijo a media voz con una
+emoción contenida o admirablemente fingida:
+
+--Señor duque, usted no sabe y por tanto no puede comprender lo que me
+pasa. Venga mañana a las dos; estaré sola y podremos hablar.
+
+Después se alejó sin querer esperar la contestación, y cinco minutos más
+tarde se oyó su coche rodar sobre la arena del patio.
+
+El pobre duque había sido prevenido y creía conocer muy bien a la dama,
+pues el doctor se la había pintado al vivo. Pero se reprochó lo que
+había hecho y hasta el día siguiente estuvo en un estado de
+intranquilidad no exento de remordimientos. Se dice, no obstante, que
+hombre prevenido vale por dos.
+
+Fue exacto a la cita y se encontró enfrente de una mujer que había
+llorado.
+
+--Señor duque--le dijo--, he hecho todo lo posible por olvidar las
+palabras crueles con que usted me abordó anoche. No lo he conseguido del
+todo, pero ya pasará, no hablemos más de eso.
+
+El duque quiso reiterar sus excusas; estaba profundamente admirado. La
+señora Chermidy había empleado la mañana en hacerse un tocado
+irresistible. Seguramente estaba más hermosa aún que la noche anterior.
+Una mujer está en su tocador como un cuadro en su marco. Aprovechó la
+turbación en que sus gracias habían envuelto al señor de La Tour de
+Embleuse para acabarle de arrollar en los pliegues de su oratoria
+insidiosa. Empleó primero el respeto tímido que convenía a una mujer en
+su posición. Hizo protestas de una veneración exagerada por la ilustre
+familia en la que había introducido a su hijo; se atribuyó el honor de
+haber elegido a los La Tour de Embleuse entre veinte casas linajudas del
+_faubourg_ y de haber levantado por la fortuna uno de los más hermosos
+nombres de Europa. Los ademanes muelles y la languidez melancólica con
+que este exordio fue acompañado, persuadieron al viejo duque, mucho más
+que las palabras, y casi no dudó de que había insultado a su
+bienhechora.
+
+--Yo comprendo--continuó--, que usted no puede tener mucha estimación
+por mí. Usted me compadecería, no obstante, porque usted tiene un noble
+corazón, si conociese la historia de mi vida.
+
+Era maestra en aquella pantomima tan expresiva de los habitantes del
+Mediodía, que da verosimilitud a las mayores mentiras. Sus ojos, sus
+manos, sus piececitos, hablaban al mismo tiempo que sus labios y
+parecían ser otros tantos testigos de su veracidad. Cuando se la había
+oído una vez, se estaba tan firmemente convencido como si se hubiese
+abierto una información con todas las formalidades del caso.
+
+Contó su nacimiento en una rica propiedad de la Provenza. Sus padres,
+que poseían una importante fábrica, destinaban a un industrial su hija y
+su fortuna. Pero el amor, ese señor inflexible de la vida humana, le
+había arrojado en los brazos de un simple oficial. Su familia se había
+distanciado de ella hasta el momento en que las brutalidades del señor
+Chermidy la habían hecho salir de la casa conyugal. ¡Pobre Chermidy!
+¡una mujer siempre tiene razón contra un marido que está en China!
+
+Una vez viuda, o poco menos, había venido a París donde vivió
+modestamente hasta la muerte de su padre. Una herencia más considerable
+de lo que ella esperaba la había permitido montar su casa con cierto
+lujo. Algunas especulaciones afortunadas habían aumentado su capital;
+era rica, pero se aburría. A los treinta años se soporta de mala gana la
+soledad. Había amado al conde de Villanera sin conocerle, desde la
+primera vez que le vio en los Italianos.
+
+El duque no pudo menos de decirse a sí mismo que don Diego era un jayán
+bien dichoso.
+
+Después, y acompañándose de una mirada en la que brillaba el candor,
+probó que el señor de Villanera no le había dado más que su amor. Y no
+es que no fuese generoso; pero ella no era mujer capaz de mezclar los
+asuntos de interés con los asuntos del corazón.
+
+Había llevado su desinterés hasta el sacrificio; había cedido su hijo a
+la condesa de Villanera y había acabado por abandonarlo a otra madre.
+Había devuelto la libertad a su amante. ¡El conde estaba casado, viajaba
+por restablecer la salud de su joven esposa y ni siquiera escribía a la
+pobre abandonada para darle noticias del pequeño!
+
+Acabó su discurso dejando caer sus dos brazos con un abandono lleno de
+elegancia.
+
+--En fin--añadió--, aquí me tiene usted más sola que nunca, en esta
+ociosidad del corazón que no es para mí. En cuanto a consuelos, no los
+tengo; distracciones, las encontraría, pero mi corazón está demasiado
+triste. Conozco a algunos caballeros que vienen aquí todos los martes
+por la noche a charlar un rato. No me atrevo a invitar al señor duque de
+La Tour de Embleuse a estas reuniones melancólicas; su negativa me
+humillaría y me haría muy desgraciada.
+
+Cierto que la campana de la señora Chermidy no sonaba igual que la del
+señor Le Bris, pero el timbre era tan dulce, que el duque se dejó
+engañar como un niño. Compadeció a la linda dama y le prometió que de
+cuando en cuando iría a llevarle noticias de su hijo.
+
+El salón de la señora Chermidy era, en efecto, el lugar de reunión de un
+cierto número de hombres distinguidos. Ella sabía atraerles y retenerles
+a su alrededor por un medio menos heroico que el de la señora de
+Warrens; se hacía amar con menos exposición. Los unos conocían su
+posición, los otros creían en su virtud; todos estaban persuadidos de
+que su corazón estaba libre, y que el último poseedor, se llamase
+Villanera o Chermidy, había dejado una sucesión abierta. Ella se valía
+de su situación para explotar a todos sus admiradores en provecho de su
+fortuna. Artistas, escritores, hombres de negocios, hombres de mundo, la
+servían simultáneamente en la medida de sus medios. Eran otros tantos
+empleados suyos a los que pagaba con esperanzas. Un agente de cambio de
+sus amigos le hacía operaciones por 20.000 francos al mes; un pintor le
+compraba cuadros, un especulador enriquecido adquiría terrenos para
+ella. Servicios gratuitos, es verdad, pero ninguno dejaba de serle útil
+porque todos aspiraban a ser amados. A los impacientes que estrechaban
+demasiado el cerco, les enseñaba su casa: una casa de cristal. Hasta sus
+menores acciones procuraba que fuesen conocidas, sin duda para
+tranquilizar la susceptibilidad de don Diego; quizá también para oponer
+una barrera entre ella y los que dudaban de su virtud.
+
+La presencia del duque en los salones de la calle del Circo no fue
+tampoco inútil a la reputación de la señora Chermidy. Así pudo detener
+ciertos rumores que circulaban acerca del matrimonio del conde; probó a
+algunas almas crédulas que no había habido nunca nada entre ella y el
+conde de Villanera. ¿Cómo suponer que la señora Chermidy invitara al
+suegro de su amante?
+
+Explotó este nuevo conocimiento con igual habilidad que los antiguos. Le
+importaba mucho conocer con exactitud el estado de Germana y llevar la
+cuenta de los días que le quedaban de vida. El señor de La Tour de
+Embleuse le confió un día todas las cartas del doctor Le Bris.
+
+Su lectura produjo en ella tal impresión que hubiera caído enferma de no
+ser más fuerte que todas las enfermedades. Se vio traicionada por el
+médico, por el conde y por la Naturaleza. Se representó el porvenir más
+odioso que una imaginación de mujer pudiese concebir. Una rival elegida
+por ella le robaba su amante y su hijo, sin tener para ello que cometer
+ningún crimen, sin intriga, sin cálculo de su parte, con el apoyo de
+todas las leyes divinas y humanas.
+
+No obstante, recobró algo de su valor al pensar que el doctor quería,
+piadosamente, ocultar la verdad a la duquesa. Lo mejor era ver las
+cartas de la propia Germana; el duque no dejaría de satisfacer su
+siniestra curiosidad.
+
+El señor de La Tour de Embleuse era presa de una de esas pasiones
+finales que acaban con el cuerpo y el alma de los viejos. Todos los
+vicios que le dominaban desde medio siglo antes, habían abdicado en
+provecho de un solo amor. Cuando los ingenieros reúnen en un canal todos
+los arroyuelos dispersos de la llanura, crean un río bastante capaz para
+la navegación.
+
+El barón de Sanglié, la duquesa y todos los que se interesaban por él,
+estaban asombrados del cambio de sus costumbres. Vivía tan sobriamente
+como el joven ambicioso que quiere triunfar por medio de las mujeres.
+Iba muy raras veces por el club y ya no jugaba. El cuidado de su tocador
+le ocupaba gran parte de la mañana. Había vuelto a dedicarse a la
+equitación y paseaba todos los días por el Bosque de cuatro a seis.
+Comía con su esposa siempre que no estaba invitado a la mesa de la
+señora Chermidy. Iba todas las noches a las reuniones del gran mundo
+para encontrarse con ella, y tan pronto como había abandonado el baile,
+el duque volvía a su casa, daba las buenas noches a su mujer y se
+acostaba. El miedo de comprometer a la que amaba le devolvió las
+costumbres de discreción que habían velado los primeros desórdenes de su
+vida, y la duquesa le creyó fuera de peligro, precisamente en el momento
+en que estaba perdido sin remedio.
+
+La señora Chermidy, maestra en las artes de la seducción, afectaba
+tratarle con una ternura filial. Le recibía a todas horas, incluso
+cuando estaba en su tocador. Nunca retiraba su mano o su frente a un
+beso del duque; le reconvenía dulcemente, le escuchaba con complacencia,
+aceptaba sus caricias como pruebas de generosidad, no aparentaba ningún
+temor y no parecía sospechar el sentimiento brutal que ella misma
+fomentaba todos los días. Para tenerle a distancia no empleaba más que
+una sola arma: la humildad. Era implacablemente respetuosa. Se dejaba
+dar todos los nombres que el amor puede inspirar a un hombre, pero no se
+olvidaba ni una sola vez de llamarle señor duque. El viejo insensato
+hubiese dado toda su fortuna por que la señora Chermidy le faltase al
+respeto.
+
+Por de pronto le sacrificó lo que un honrado anciano pueda tener en más
+estima, la santidad del nombre de padre. Pidió a la duquesa las cartas
+de Germana, con el pretexto de volverlas a leer, y la noble mujer lloró
+de alegría al confiar tan preciado tesoro a su marido. Corrió sin
+pérdida de tiempo a la calle del Circo y fue recibido con los brazos
+abiertos. Aquellas cartas que la enferma había garrapateado con su mano
+trémula, aquellas cartas en que a veces ponía besos para su madre en un
+cuadro mal dibujado debajo de la firma, aquellas cartas que la duquesa
+había regado con sus lágrimas, fueron registradas sobre una mesita del
+salón, como un juego de naipes, por un viejo depravado y una mujer
+perversa.
+
+La señora Chermidy, disfrazando su odio bajo una máscara de compasión,
+buscó ávidamente algunos síntomas de muerte entre las protestas de
+ternura, y no quedó más que medianamente satisfecha. El olor que
+exhalaba aquella correspondencia no era el que atrae los cuervos a los
+campos de batalla. Era como el perfume de una florecilla enfermiza que
+languidece al soplo del invierno, pero que se abriría al sol si la brisa
+del mediodía viniese a barrer las nubes. La cruel arlesiana encontraba
+demasiada firmeza en aquella mano, demasiada vida en aquel espíritu y
+unos latidos inquietantes en aquel corazón. Mas no era esto todo; sintió
+que se apoderaba de ella una sospecha desgarradora. La enferma contaba
+con demasiada complacencia los cuidados de su marido. Se acusaba de
+ingratitud, se reprochaba el corresponder mal a lo que por ella hacía.
+La señora Chermidy rugió interiormente a la idea de que el marido y la
+mujer acabasen quizá por sentirse atraídos el uno hacia el otro; temió
+que la piedad, el reconocimiento, la costumbre, uniría a las dos almas
+jóvenes y que un día vería sentarse entre don Diego y Germana a un
+invitado con el que no había contado: el Amor.
+
+La profanación de las cartas de Germana tuvo lugar algunos días después
+de su llegada a Corfú. Si la señora Chermidy hubiese podido ver con sus
+propios ojos a su inocente rival, es probable que su miedo se hubiese
+trocado en piedad. Las fatigas del viaje habían dejado a la pobre niña
+en un estado deplorable. Pero la amante de don Diego se forjaba a todas
+horas unos monstruos que repartían la salud y se veía suplantada sin
+remisión. El día en que sus sospechas se cambiasen en certidumbre, no
+retrocedería ante ningún crimen. Mientras tanto, por espíritu de
+prudencia y de venganza, por entretener su ocio de hermosa sin empleo,
+por una especulación de interés y de perversidad, se divertía en
+desplumar al señor de La Tour de Embleuse. Encontraba gracioso
+despojarle del millón que le había dado, sin perjuicio de devolvérselo a
+la muerte de su hija. Era una especie de desquite que se adjudicaba en
+caso de desgracia.
+
+No era difícil hacerle dar una inscripción de renta. El duque se ponía
+todos los días a sus pies con cuanto poseía. Era de un carácter y de un
+temperamento capaz de arruinarse sin publicarlo y de vencer sin
+atribuirse la victoria. Un hombre de honor no compromete nunca a una
+mujer, aunque se vea despojado por ella. Pero la señora Chermidy pensaba
+que sería más digno de ella tomar un millón sin dar nada en cambio, y
+guardando siempre la superioridad sobre el donante.
+
+Un día que el viejo deliraba a sus pies y renovaba por centésima vez el
+ofrecimiento de su fortuna, ella le dijo:
+
+--Acepto, señor duque.
+
+El señor de La Tour de Embleuse perdió la cabeza como un aeronauta
+novicio al que se rompiese la cuerda del globo[D]. Creyó estar en el
+séptimo cielo. La dama detuvo dulcemente sus transportes y le dijo:
+
+--Cuando usted me hubiera dado un millón, ¿creería usted haberme pagado?
+
+El duque protestó, pero sus ojos decían, y no sin razón, que desde el
+momento en que la virtud se pone en venta, un millón no es un precio
+despreciable.
+
+Ella contestó al pensamiento de su adversario:
+
+--Señor duque, las mujeres entre las cuales hace usted la injusticia de
+colocarme, valen tanto más cuanto que son más ricas. Yo he heredado
+cuatro millones; he ganado lo menos tres en los negocios y mi fortuna es
+tan limpia que la podría realizar sin pérdida en un mes. Ya ve usted que
+hay pocas mujeres en Francia que tengan derecho a ponerse un precio más
+elevado. Esto le prueba a usted que también tengo el medio de darme por
+nada. Si yo le llego a amar, lo que quizás ocurra, el dinero no será
+nada entre nosotros. El hombre a quien yo dé mi corazón tendrá encima
+todo lo demás.
+
+El duque cayó desde lo más alto y dio rudamente contra el suelo. Era
+tan desgraciado al guardar su millón como se había sentido feliz al
+recibirlo. La señora Chermidy pareció tener piedad de él.
+
+--Niño grande--le dijo--, no llore usted. He empezado por decirle que
+aceptaba. Pero tenga usted cuidado; voy a hacerle mis condiciones.
+
+El señor de La Tour de Embleuse sonrió como un moribundo que ve
+entreabrirse el cielo.
+
+--Soy yo quien ha enriquecido a usted--le dijo--. Le conocía de antiguo,
+o por lo menos conocía su reputación. Usted se ha comido su fortuna con
+una grandeza digna de los tiempos heroicos. Es usted el último
+representante de la verdadera nobleza, en esta edad degenerada. También
+es usted, sin saberlo, el único hombre de París capaz de interesar
+seriamente el espíritu de las mujeres. Yo siempre he lamentado que usted
+no tuviese una fortuna incalculable como la de don Diego: usted habría
+sido más grande que Sardanápalo. A falta de otra cosa mejor, hice que le
+diesen un millón; se hace lo que se puede. Pero he tomado mal mis
+medidas y la cosa no ha respondido a mis esperanzas. Lo que tiene usted
+en su cajón es un papelote que nunca le serviría para nada. El día 22 de
+junio cobrará usted sus 25.000 francos; de aquí a entonces no hará más
+que vegetar. Contraerá deudas y sus rentas no harían más que enriquecer
+a los acreedores. Deme usted su inscripción de renta y yo haré que la
+venda mi agente de cambio. Guardaré el capital, porque no me fío de
+usted. En cambio es absolutamente preciso que acepte el producto. Y no
+crea que éste será de cincuenta mil francos; serán ochenta mil o cien
+mil, quizá más. Conozco la Bolsa a fondo, aunque nunca haya puesto los
+pies allí; y sé que se gana todo lo que se quiere con algunos millones
+en dinero contante y sonante. El papel del Estado es una admirable
+invención para los burgueses que quieren vivir modestamente y sin
+preocupaciones. Para las gentes de nuestra clase que no temen el peligro
+ni el trabajo, ¡viva la especulación! Es lo mismo que el juego en gran
+escala y usted es jugador, ¿no es cierto?
+
+--Lo he sido.
+
+--Y lo es aún. Correremos juntos el mismo albur; pondremos en común
+nuestros intereses, nuestros placeres, nuestros temores, nuestras
+esperanzas.
+
+--Los dos formaremos como uno solo.
+
+--En la Bolsa, al menos.
+
+--¡Honorina!
+
+Honorina pareció sumirse en una profunda reflexión y ocultó el rostro
+entre sus manos. El duque se apoderó de ellas poniendo fin así a aquel
+eclipse de belleza. La señora Chermidy le miró fijamente, sonrió con
+melancolía y le dijo:
+
+--Perdóneme usted, señor duque, y olvidemos nuestros castillos en el
+aire. Nos extraviábamos en el porvenir como dos niños en el bosque. Era
+un dulce sueño, pero no pensemos más en ello. No tengo el derecho de
+despojarle, aunque sea para enriquecerle. ¿Qué dirían de mí? ¿Qué
+pensarían de usted mismo? ¡Si la señora duquesa se enterase de lo que
+habíamos hecho!
+
+La señora Chermidy sabía perfectamente que para hacer odiosa a una mujer
+ante su marido, es suficiente pronunciar su nombre en ciertos momentos.
+El duque respondió altivamente que su mujer no se mezclaba nunca en sus
+negocios y que además lo tenía prohibido.
+
+--Pero--continuó la tentadora--usted tiene una hija; y todo lo que usted
+posee debe volver a ella. No estaría bien.
+
+--Pero--replicó el duque--mi hija tiene un hijo que es el de usted.
+Nuestras fortunas irán juntas al pequeño marqués. ¿Acaso no somos de la
+misma familia?
+
+--Usted ya me dijo eso otra vez, señor duque; pero aquel día me causó
+menos placer que hoy.
+
+La señora Chermidy colocó la inscripción de renta en un cajón y se
+guardó mucho de venderla. Aquella mujer tenía el instinto de lo sólido y
+desconfiaba juiciosamente de la inestabilidad de las cosas humanas. El
+duque fue, desde aquel momento, el asociado de su hermosa amiga. Le
+quedaba el derecho de visitar su caja y encontró en ella, hasta nueva
+orden, tanto dinero como quiso. Esto es todo lo que pudo obtener de
+aquella generosa y sonriente virtud. Honorina se ocupaba del viejo con
+una ternura minuciosa; le hizo abandonar el departamento que ocupaba; le
+transportó a los Campos Elíseos con la duquesa y le compró muebles,
+cuidando de que no faltase nada en la casa y preocupándose incluso de
+los gastos de la cocina. Hecho esto, se frotó las manos y se dijo
+riendo:
+
+--Ya tengo al enemigo bloqueado, y si nunca llegara a declararse la
+guerra, les mataría de hambre sin piedad.
+
+
+
+
+VI
+
+CARTAS DE CORFÚ
+
+
+_El doctor Le Bris a la señora Chermidy._
+
+«Corfú, 20 abril 1853.
+
+»Apreciable señora: Yo no podía prever, el día que me despedí de usted,
+que nuestra correspondencia sería tan larga. Don Diego tampoco lo
+esperaba. Si yo hubiese podido prevenirlo, no creo que él tomase la
+resolución heroica de privarse de sus cartas ni del placer de
+escribirle. Pero todos los hombres están sujetos al error, sobre todo
+los médicos. No enseñe usted esta frase a mis colegas.
+
+»Hicimos un viaje bien tonto de Malta a Corfú, en un vapor muy sucio,
+cuya chimenea humeaba horriblemente. Teníamos el viento de proa; la
+lluvia nos privaba con frecuencia de subir al puente y la niebla invadía
+hasta nuestros camarotes. El mareo no perdonó más que al niño y a la
+enferma; y es que hay estados de gracia para los que entran en la vida
+y para los que se disponen a abandonarla. Teníamos por toda sociedad una
+familia inglesa que regresaba de las Indias: un coronel al servicio de
+la compañía y sus dos hijas, amarillas como la piel de Rusia. Unicamente
+el vino de Burdeos gana con un viaje tan largo. Esas señoritas no nos
+honraron ni con una palabra; lo que las excusa un poco es que no sabían
+el francés. A la menor claridad subían al puente con sus álbumes para
+dibujar unos paisajes que parecían _plum-puddings_. Después de una
+eterna travesía de cinco días, el vapor nos condujo por fin a buen
+puerto; no habíamos tenido siquiera la distracción de un naufragio. El
+camino de la vida está empedrado de decepciones.
+
+»Mientras nos proporcionamos una casa en el campo, nos hemos alojado en
+la capital de la isla, en el hotel Victoria. Esperamos salir de aquí a
+fines de semana, pero no me atrevo a asegurar si lo haremos todos con
+nuestras piernas. Mi pobre enferma está cada vez peor; el viaje la ha
+fatigado más aún que si se hubiese mareado. La señora de Villanera no la
+abandona ni un instante; don Diego se porta admirablemente; en cuanto a
+mí, hago todo lo posible, es decir, muy poco. Es inútil ensayar un
+tratamiento que añadiría sufrimientos sin aumentar las probabilidades de
+curación. ¡Es usted muy dichosa, señora, de tener tanta belleza como
+salud!
+
+»Si esta crisis no es la última, intentaré el amoníaco o el yodo. El
+yodo triunfa en algunos casos; los señores Piorry y Chartroule lo
+emplean con éxito. ¿Usted será tan amable que nos envíe el aparato del
+doctor Chartroule y una provisión de cigarrillos yodados? Todo lo
+encontrará en la farmacia Dublanc, calle del Temple, al lado del
+bulevar. El amoníaco también da buenos resultados; pero el único remedio
+con el que se pueda contar seriamente, es un milagro. Así, pues, viva
+usted en paz, ténganos un poco de cariño y ayúdenos a cumplir nuestro
+deber hasta el fin. El viejo Gil, que la condesa había traído para que
+le sirviese, ha caído enfermo de las fiebres de Italia, aunque ésta no
+sea la estación de las fiebres. Es un enfermo más y un servidor menos.
+
+»La alegría y la salud tienen una magnífica representación en la casa:
+el pequeño Gómez. El día que lo vuelva usted a ver será bien dichosa. Se
+lo ve crecer y hasta creo ¡Dios me perdone! que está embellecido. Será
+menos Villanera de lo que me figuraba al principio. La verdad es que
+parecería cosa del diablo si no tuviese algo de su madre. Es menos
+huraño; se deja besar y besa; alarga los labios hacia todas las caras
+con una impetuosidad que sería inquietante en una niña.
+
+»Don Diego está en negociaciones con un descendiente de un dux para
+alquilar una casa que le convendría mucho. La campiña está dividida en
+una multitud de propiedades agradables, adornadas con castillos
+ruinosos. Yo he visitado algunos jardines; son generalmente más
+habitables que las casas a que pertenecen. Esos chiribitiles
+aristocráticos que conservan un aire de grandeza en medio de su
+desolación, participan de granja, de castillo y de choza. Si conseguimos
+alquilar la villa Dandolo, quizá no estaremos del todo mal. Bastará con
+poner algunos vidrios en los balcones. La exposición es admirable, al
+Mediodía, sobre el mar. El jardín, muy hermoso. Los vecinos son nobles y
+dicen que algunos hablan el francés. ¿Pero quién sabe si tendremos
+tiempo de entablar conocimiento con ellos?
+
+»No echaré de menos la estancia en la ciudad, aunque en ella se viva
+bien. Es muy linda y en ciertos aspectos me recuerda Nápoles. La
+explanada, el palacio del lord comisario y los alrededores forman una
+ciudad inglesa. Los ingleses han construido a expensas de los griegos
+fortificaciones gigantescas que hacen de la plaza un pequeño Gibraltar.
+Yo asisto todas las mañanas a las evoluciones de un regimiento de
+escoceses que me divierten mucho con sus cornamusas. La ciudad griega es
+antigua y curiosamente construida: casas altas, pequeñas arcadas y una
+linda cabeza en cada balcón. El barrio judío es repugnante, pero se
+encuentran perlas en aquel estercolero dignas del lápiz de Gavarni. La
+población se compone de griegos, italianos, judíos y malteses, pero
+todos hacen lo posible por parecer ingleses. Tenemos también un teatro
+en el que dan representaciones de _Juana de Arco_ del maestro Verdi. Yo
+fui una noche, aprovechando que la enferma tenía menos de 120
+pulsaciones por minuto. Al final del primer acto, toda la asamblea se
+levantó respetuosamente, mientras que la orquesta tocaba el _God save
+the Queen_. Es una costumbre establecida en todas las posesiones
+inglesas. No le extrañe a usted que se represente la muerte de Juana de
+Arco ante un público inglés; el autor del libreto ha tenido cuidado de
+modificar la historia. Juana de Arco defiende a Francia contra un
+enemigo cualquiera, los turcos, los abisinios o los chinos. Lleva una
+coraza de papel de plata y agita una bandera del tamaño de un abanico
+hasta el momento en que se presenta en escena un heraldo y dice al rey:
+
+ _Rotto e'l nemico, e Giovanna e stinta._
+
+»Llega la heroína sobre almohadones; una banda manchada de rojo indica
+que está mortalmente herida. Se incorpora con gran esfuerzo, canta una
+romanza con su voz más fuerte y expira entre los aplausos de la sala.
+Todos los habitantes de Corfú están convencidos de que Juana ha muerto a
+consecuencia, no sólo de una herida, sino también de una serie de
+gorgoritos.
+
+»El conde me ha dejado ir solo al teatro; y no obstante, ya sabe usted
+si es apasionado de Verdi. ¿No fue en una representación del _Hernani_
+cuando su mirada se encontró por primera vez con la de usted? Pero el
+pobre muchacho se inmola materialmente a su deber. ¡Qué marido, señora,
+para aquella que sea su esposa definitiva!
+
+»Los periódicos nos han traído noticias de la China que usted ha debido
+leer con tanto interés como nosotros. Parece que esa nación ha tratado
+ligeramente a dos misioneros franceses y que la _Náyade_ se ha puesto en
+camino para castigar a los culpables. Si la _Náyade_ no ha cambiado de
+comandante, esperaremos con impaciencia las noticias de la expedición.
+Cada uno para sí y Dios para todos. Yo deseo todas las prosperidades
+imaginables a mis amigos, sin desear, no obstante, la muerte de nadie.
+Se dice que los chinos son pésimos artilleros, aunque se alaben de haber
+inventado la pólvora. Sin embargo, no hace falta más que un obús
+clarividente para hacer la felicidad de muchas personas.
+
+»Adiós, señora. Si yo le escribiese tanto como la amo, mi carta no
+tendría fin. Pero, después del placer de conversar con usted, es
+necesario que acuda al cumplimiento de mi deber, que me llama desde la
+habitación vecina. ¡Placer, deber! dos caballos muy difíciles de uncir
+juntos. Yo intento hacerlo lo mejor que puedo, y si no llego a conciliar
+todas las cosas, es porque un hombre no puede maniobrar libremente entre
+el yunque y el martillo. Aprécieme si puede, compadézcame si quiere, no
+me maldiga, ocurra lo que ocurra, y si en el próximo correo recibe un
+sobre orlado de negro, hágame el honor de creer firmemente que no tengo
+ningún derecho a su reconocimiento.
+
+»Beso la mano más linda de París.
+
+»CARLOS LE BRIS.»
+
+
+_La condesa viuda de Villanera a la señora de La Tour de Embleuse._
+
+«Villa Dandolo, 2 mayo 1853.
+
+»Mi querida duquesa; No dudo ya de que Germana está mejor. Nos hemos
+cambiado de casa esta mañana, o, mejor dicho, he sido yo quien lo he
+tenido que hacer todo. Tenía que arreglar los baúles, envolver a la
+enferma en algodón, vigilar al pequeño, buscar el coche y casi enganchar
+los caballos. El conde no sirve para nada; es un talento de familia. En
+España se dice torpe como un Villanera. El doctor revoloteaba a mi
+alrededor como un moscardón; he tenido que hacerle sentar en un rincón.
+Cuando tengo prisa, no puedo sufrir que la tengan los demás; el que me
+ayuda me incomoda. ¡Y ese asno de Gil que se ha puesto enfermo en la
+mejor ocasión! Voy a enviarle a París para que se cure, y le ruego que
+me busque otro criado. Lo he hecho todo, prevenido todo y arreglado lo
+mejor que he podido; he encontrado el medio de estar dentro y fuera, en
+casa y en la calle. Afortunadamente las calles son magníficas; el
+afirmado no tiene nada que envidiar al del bulevar. Hemos salido a las
+diez, y ahora ya nos tiene usted instalados. He desembalado a mis
+gentes, abierto mis paquetes, hecho mis camas, preparado la comida con
+un cocinero indígena que quería echar pimienta en todo, incluso en las
+sopas de leche. Han comido todos, paseado, vuelto a comer; ahora ya
+duermen y yo le escribo sobre la almohada de Germana, como un soldado
+sobre un tambor cuando ha terminado la batalla.
+
+»La victoria es nuestra, a fe de viejo capitán. Nuestra hija se curará,
+estoy segura. Me ha hecho pasar, no obstante, quince noches
+desagradables en esta ciudad de Corfú. No se decidía a dormir y tenía
+que mecerla como a un niño. Comía únicamente por darme gusto; nada le
+apetecía, y cuando no se come, se acaban las fuerzas. No le quedaba más
+que un soplo de vida presto a extinguirse a cada instante, pero yo no
+desesperaba nunca. Tenga usted valor; esta noche ha cenado, ha bebido
+dos dedos de vino de Chipre y ahora duerme.
+
+»Había oído decir muchas veces que una madre quiere a sus hijos en razón
+de los disgustos que le dan; esto no lo sabía por experiencia. Todos los
+Villanera, de padre a hijo, son como los árboles que se plantan en el
+campo y crecen. Pero desde que usted me confió el pobre cuerpo de esa
+hermosa alma, desde que hago centinela alrededor de nuestra niña para
+impedir que la muerte se aproxime, desde que he aprendido a sufrir, a
+respirar y hasta a ahogarme con ella, siento latir mi corazón con una
+fuerza inusitada. Yo no era madre más que a medias, puesto que no había
+tenido ocasión de participar de los dolores de los otros. Ahora valgo
+más que antes, soy mejor, me encuentro en un plano superior. Es el dolor
+el que nos hace semejantes a la madre de Dios, ese modelo de todas las
+madres. _¡Ave María, mater dolorosa!_
+
+»No tema usted, mi pobre duquesa; Germana vivirá. Dios no me hubiera
+dado este profundo amor por ella, si hubiese resuelto arrancarla de este
+mundo. Aquel que gobierna los corazones mide la violencia de nuestros
+sentimientos con arreglo a la duración de lo que amamos, y yo amo a
+Germana como si hubiese de estar eternamente entre nosotros. La
+Providencia se burla de la ambición, de la avaricia y de todas las
+pasiones humanas, pero respeta los afectos legítimos y no separa nunca a
+los que se aman piadosamente en el seno de la familia. ¿Por qué me
+hubiera hecho conocer y amar a Germana si hubiese tenido el designio de
+arrebatármela de entre los brazos? Sería un juego cruel e indigno de la
+bondad de Dios. Además, el interés de nuestra raza está ligado a la vida
+de esa niña. Si tuviésemos la desgracia de perderla, un día u otro
+volvería a casarse don Diego. San Jaime, al que hemos dedicado dos
+iglesias, no permitirá que un nombre como el nuestro sea llevado por la
+señora Chermidy.
+
+»No crea usted que espere nada del doctor Le Bris; los sabios no
+entienden de esas cosas. El verdadero médico, es Dios en el cielo y el
+amor en la tierra. Las consultas, los medicamentos y todo lo que
+compramos con dinero, no aumentan la suma de nuestros días. Ya verá
+usted lo que hemos imaginado para que viva. Todas las mañanas, mi hijo,
+mi nieto y yo, rogamos a Dios que tome algo de nuestras vidas para
+añadir a la de Germana. El pequeño une sus manos como nosotros; yo
+pronuncio la oración y ha de ser el Cielo muy sordo si no nos oye.
+
+»Don Diego ama a su mujer; ya se lo había dicho a usted. La ama con un
+amor puro, desprovisto de todas las impurezas terrestres. Si la amase de
+otro modo, en el estado en que ella se encuentra, me produciría horror.
+Tiene por ella la adoración religiosa que un buen cristiano dedica a la
+santa de su iglesia, a la Virgen de su capilla, a la imagen casta y
+velada que resplandece en el fondo del santuario. Los españoles somos
+así. Sabemos amar simplemente, heroicamente, sin ninguna esperanza
+mundana, sin otra recompensa que el placer de caer de rodillas ante una
+imagen venerada. Para nosotros, Germana no es otra cosa: la perfecta
+imagen de las santas del Paraíso. Cuando San Ignacio y sus gloriosos
+compañeros se alistaron bajo el estandarte de María, dieron a todos los
+hombres el ejemplo caballeresco del amor puro.
+
+»Cuando esté curada, ¡ah! entonces ya veremos. Espere usted solamente a
+que la pobre virgencita pálida haya recobrado los colores de la
+juventud. Su cuerpo, hoy, no es más que una urna de cristal transparente
+con un alma en el fondo. Pero cuando la sangre regenerada circule por
+sus venas, cuando el aire del cielo ensanche su pecho, cuando los
+perfumes generosos de la campiña hablen a su corazón y hagan latir sus
+sienes, cuando el pan y el vino, esos presentes de Dios, hayan reparado
+sus fuerzas, cuando un ardor impaciente la haga correr desalentada bajo
+los grandes naranjos del jardín, entonces entrará en una nueva
+belleza... y don Diego tiene ojos. Sabrá establecer una diferencia entre
+sus antiguos amores y su dicha presente. Seguramente no tendré que
+mostrarle en qué grado una belleza noble y casta, realzada por todo el
+brillo de la sangre y por todo el esplendor de la virtud, es superior a
+los halagos impúdicos de una bribona. Mientras tanto, ya está en buen
+camino. En casi cuatro meses que hemos abandonado París, no ha escrito
+ni recibido una carta; el olvido se hace en su corazón lejos de la
+indigna que le perdía. La ausencia que fortifica las pasiones honradas,
+mata en muy poco tiempo aquellas que sólo subsisten por el hábito del
+placer.
+
+»Quizá también nuestra buena Germana llegue a participar de ese amor.
+Hasta el presente es sólo a mí, de toda la familia, a quien quiere.
+Claro está que no hablo del pequeño marqués: ya sabe usted que lo quiso
+desde el primer día. En cambio manifiesta a mi pobre hijo una
+indiferencia que se parece mucho al odio. También es verdad que ya no le
+maltrata como antes y soporta sus atenciones con una especie de
+resignación. Tolera su presencia, no se extraña de verle a su lado y se
+va acostumbrando a él. Mas no es necesario ser un lince para leer en su
+rostro una sorda impaciencia, un odio domado que se subleva a cada
+instante, quizás el desprecio de una muchacha honrada por un hombre que
+ha cometido faltas. ¡Ay, pobre amiga mía! la indulgencia es una virtud
+propia de nuestra edad; los jóvenes no la practican. No obstante, debo
+reconocer que Germana disimula con cuidado sus pequeños resentimientos.
+Su cortesía con don Diego es irreprochable. Conversa con él horas
+enteras sin dar muestras de cansancio; le escucha hasta con gusto; le
+responde algunas veces y acoge sus ternezas con una dulzura fría y
+resignada. Un hombre menos delicado no advertiría que es aborrecido; mi
+hijo lo sabe y la perdona. Ayer me decía: «Es imposible detestar a los
+amigos con más encanto y bondad. Es el ángel de la ingratitud.»
+
+»¿Cómo acabará todo esto? Bien, créame usted. Tengo confianza en Dios,
+tengo fe en mi hijo y esperanza en Germana. Nosotros la curaremos,
+incluso de su ingratitud, sobre todo si usted viene a ayudarnos. Ya
+estoy enterada de que el duque camina como un buen muchacho por el
+sendero de la virtud y de que los padres lo ponen como ejemplo a sus
+hijos. Si usted pudiese dejarlo por uno o dos meses, sería recibida aquí
+con los brazos abiertos. En el caso en que el encantador convertido
+quisiera también tomar los aires del campo, le podríamos preparar un
+buen alojamiento.
+
+»Hasta muy pronto, pues, mi excelente amiga, querida hermana de mis
+afectos y de mis dolores. La quiero cada vez más, a medida que su hija
+me va siendo más querida. La distancia que nos separa no podrá enfriar
+una tan buena amistad; nos hemos visto poco y no nos escribimos mucho,
+pero nuestras oraciones se confunden todos los días al pie del trono de
+Dios.
+
+»CONDESA DE VILLANERA.
+
+»P. S. No se olvide usted de mi criado y sobre todo que sea joven.
+Nuestros matusalenes del hotel Villanera no se aclimatarían aquí.»
+
+
+_Germana a su madre._
+
+«Villa Dandolo, 7 mayo 1853.
+
+»Mi querida mamá: El viejo Gil, que le entregará esta carta, le dirá lo
+bien que se está aquí. No es en Corfú donde ha cogido las fiebres; fue
+en la campiña de Roma; de modo que no tenga usted ningún cuidado.
+
+»He estado bastante enferma después de mi última carta, pero mi segunda
+madre ha debido decirle que ya estoy mucho mejor. El señor de Villanera
+quizá también le ha escrito; no le pido cuenta de sus actos. En cuanto a
+mí, estoy lo suficientemente fuerte desde hace algún tiempo para
+emborronar cuatro carillas de papel; pero, ¿querrá usted creer que me
+falta tiempo? Paso mi vida respirando; es una ocupación muy agradable en
+la que empleo diez o doce horas diarias.
+
+»Durante la crisis que he atravesado, he sufrido mucho. No recuerdo
+haber estado tan mal en París. Puede usted creer que muchas personas en
+mi lugar hubieran deseado la muerte. No obstante, yo me agarraba a la
+vida con una obstinación increíble. ¡Cómo se cambia! ¿Y en qué consiste
+que yo no vea las cosas con los mismos ojos?
+
+»Indudablemente en que hubiera sido muy triste morir lejos de usted, sin
+que sus queridas manos me pudiesen cerrar los ojos. Por lo demás, no son
+cuidados los que me faltan. Si hubiese sucumbido, como el doctor casi
+esperaba, podía usted haber tenido un consuelo. Lo más triste cuando
+muere un ser querido lejos de nosotros debe ser el pensar que le habrán
+faltado los cuidados que nosotros le hubiéramos prodigado. A mí, en
+cambio, nada me falta y todos son muy buenos para mí, incluso el señor
+de Villanera. Espero, querida mamá, que se repita usted esto muchas
+veces si me ocurriese una desgracia.
+
+»Quizá también la amistad y la compasión de los que me rodean han
+contribuido un poco a hacerme amar la vida. El día en que me despedí de
+usted y de mi padre, dije adiós a todo. Yo no sabía que los que me
+acompañaban habían de ser para mí una verdadera familia. El doctor es
+perfecto; me trata como si esperase curarme. La señora de Villanera (la
+auténtica) es como usted misma. El marqués es un excelente hombrecito;
+el viejo Gil me ha rodeado de atenciones. Yo no he querido entristecer a
+todas esas gentes con el espectáculo de mi agonía y ya ve usted cómo he
+salido del paso. Tanto peor para los que contaban con mi muerte; tendrán
+que esperar bastante tiempo.
+
+»Usted me había recomendado que le describiese nuestra casa para que su
+pensamiento supiese dónde encontrarme cuando quisiera hacerme una
+visita. El señor de Villanera, que dibuja bastante bien para ser un
+gran señor, le enviará el plano del castillo y del jardín. Me he
+atrevido a pedirle esta gracia; era preciso que fuese cosa de usted para
+ello. Mientras tanto, conténtese usted con saber que habitamos unas
+ruinas sumamente pintorescas. Desde lejos, la casa parece una vieja
+iglesia demolida durante la Revolución. No hubiera podido creer nunca
+que se pudiese vivir en su interior. Se llega al vestíbulo por cinco o
+seis rampas practicables para los carruajes y con un piso desigual y
+accidentado, que, si se sostiene, es por la fuerza de la costumbre,
+porque el cemento hace mucho tiempo que falta. Los alelíes y las plantas
+trepadoras se deslizan por todas las grietas y perfuman el camino como
+un jardín. La casa está rodeada de árboles y a un cuarto de hora de la
+población más próxima. No sé aún con exactitud de cuántos pisos se
+compone; las habitaciones no están todas las unas encima de las otras;
+se diría que el segundo piso ha bajado hasta el nivel del suelo a causa
+de un temblor de tierra. Por un lado no hay que subir ni bajar
+escaleras; por el otro hay que descender con peligro de la cabeza. Es en
+este laberinto, querida mamá, donde tiene usted que buscar a su hija. Yo
+misma me busco algunas veces y no me encuentro siempre.
+
+»Tenemos por lo menos veinte habitaciones inútiles y una magnífica sala
+de billar donde las golondrinas construyen sus nidos, pero no crea usted
+que las haya arrojado de allí. ¿Qué soy aquí yo misma? Un pajarillo
+lanzado de su nido por el frío. Mi habitación es la mejor acondicionada
+de toda la casa. Es grande como la Cámara de los diputados y está
+pintada al óleo de arriba abajo. Prefiero esto que el papel: es más
+limpio y sobre todo más fresco. El señor de Villanera me ha hecho traer
+de Corfú un mobiliario nuevo, de fabricación inglesa. Mi cama, mis
+sillas y mis sillones se pasean a sus anchas en esta inmensidad. La
+buena condesa duerme en una pieza inmediata, al lado del pequeño
+marqués. Cuando digo que duerme, es para que no se enfade. La veo a mi
+lado cuando me duermo, la encuentro en el mismo sitio al abrir los ojos,
+pero me guardaré muy bien de decirle que ha pasado la noche fuera de su
+cama. El doctor ocupa una habitación del mismo piso, pero más alejada.
+Se le ha instalado lo más cómodamente que se ha podido. Los que cuidan a
+los demás tienen la costumbre de cuidarse a sí mismos. El señor de
+Villanera campa no sé dónde, bajo el tejado. ¿Es que la casa tiene
+verdaderamente tejado? Nuestros criados griegos e italianos duermen al
+aire libre: es la costumbre del país.
+
+»Mis balcones, en número de cuatro, dan al Levante y al Mediodía. Desde
+las nueve el aire y la luz inundan mi dormitorio. Me levantan, me visten
+y abren los balcones uno a uno para que el aire del mar no me sorprenda
+bruscamente. Hacia las diez, bajo a los jardines. Tengo dos a mi
+disposición: el uno al norte de la casa, limitado por un muro más
+complicado que la gran muralla de la China; el otro al Mediodía, bañado
+por el mar. El jardín del norte está plantado de olivos, de azufaifos y
+de nísperos del Japón. El otro es un enorme bosque de naranjos, de
+higueras, de limoneros, de áloes, de chumberas y de parras gigantescas
+que lo invaden todo, que trepan a todos los árboles y se encaraman en lo
+más alto. El señor de Villanera decía ayer que la vid es la cabra del
+reino vegetal. Es muy hermoso, mi pobre mamá, correr de un lado a otro,
+ir a todas partes con completa libertad. Yo nunca había gozado de
+semejante dicha. ¡Pero si viviese!...
+
+»Comienzo ya a pasear valientemente por las alamedas. Hasta hace ocho
+días eran impracticables, porque el jardinero del conde Dandolo es un
+romántico puro, enamorado del hermoso desorden y de las gracias
+melenudas. Hemos cortado los árboles a hachazos, ni más ni menos que en
+una selva virgen. He pedido clemencia para los naranjos, porque ya sabrá
+usted que me he reconciliado con el olor de las flores. Sin embargo, no
+me las ponen en la habitación; sólo las tolero al aire libre. El perfume
+que las flores cortadas exhalan en un lugar cerrado me sube al cerebro
+como un olor de muerte, y esto me entristece. Pero cuando las plantas
+florecen al sol, bajo la brisa del mar, yo me regocijo con ellas, tomo
+parte en su dicha y se me ensancha el corazón. ¡Qué hermosa es la
+tierra! ¡Y qué feliz todo el que vive! ¡Sería muy triste abandonar este
+mundo delicioso que Dios ha creado para el placer del hombre! Y, sin
+embargo, hay gentes que se matan. ¡Qué locos!
+
+»Decían en París que yo no vería brotar las hojas. No me hubiera
+consolado de morir tan pronto, sin haber podido ver la primavera. Han
+brotado esas queridas hojas de abril y yo estoy aquí para verlas. Las
+toco, las huelo, las estrujo entre mis manos y las digo: «Aun estoy
+entre vosotras. Quizá me será dado ver el estío bajo vuestra sombra. Si
+hemos de caer juntas, ¡ah! permaneced largo tiempo sobre esos hermosos
+árboles, asíos sólidamente a las ramas y vivid para que yo viva.»
+
+»¿Habrá algo más alegre, más vivo, más variado que los brotes nuevos?
+Son blancos en los álamos y en los sauces, rojos en los granados, rubios
+como mis cabellos en la copa de las verdes encinas, de color violeta en
+las ramas de los limoneros. ¿De qué color serán dentro de seis meses? No
+pensemos en eso. Los pajarillos hacen sus nidos en los árboles; el mar
+azul acaricia dulcemente la arena de la orilla; el sol generoso deposita
+sus bienhechores rayos sobre mis pobres manos pálidas y enflaquecidas;
+siento circular en mis pulmones un aire dulce y penetrante como su voz
+de usted, mi buena mamá. Hay instantes en que me figuro que ese buen
+sol, esos árboles en flor, esos pájaros que cantan, son otros tantos
+amigos que piden gracia para mí y que no me dejarán morir. Quisiera
+tener amigos en toda la tierra, interesar a la Naturaleza entera en mi
+suerte, emocionar hasta a las mismas piedras y que de los cuatro puntos
+del mundo se elevase al cielo una tal lamentación y una tal plegaria,
+que Dios se conmoviese. El es bueno, es justo; yo no le he desobedecido
+jamás, nunca he hecho mal a nadie. No le costaría gran trabajo dejarme
+vivir con los demás, confundida entre la multitud de los seres que
+respiran. ¡Ocupo tan poco sitio! Y además, no soy muy cara de mantener.
+
+»Por desgracia, hay gentes que se pondrían luto si yo curase y que no se
+consolarían jamás si me viesen viva. ¿Qué le vamos a hacer? Están en su
+derecho. He contraído una deuda y tengo el deber de pagarla.
+
+»Mi querida mamá, ¿qué piensa usted del señor de Villanera? ¿Qué
+concepto tienen de él en París? ¿Es posible que un hombre tan sencillo,
+tan paciente y tan dulce, sea un mal hombre? Me he fijado en sus ojos
+por primera ver hace poco días; son unos hermosos ojos capaces de
+engañar al más listo.
+
+»Adiós, mi buena madre; rece por mí y vea si puede obtener de mi padre
+que vaya un día a la iglesia con usted. Si él hiciera eso por su pequeña
+Germana, la conversión sería completa y yo quizá me salvaría. Debe haber
+una recompensa allá arriba para los que conducen un alma a Dios. ¿Pero
+quién podrá tener crédito en el cielo si no es usted, querida santa?
+
+»Con una ternura infinita soy siempre su respetuosa hija
+
+»GERMANA.
+
+»P. S. Los besos para mi padre son los que hay a la derecha de la firma;
+los de usted son los de la izquierda.»
+
+
+
+
+VII
+
+EL NUEVO DOMÉSTICO
+
+
+El duque no enseñó a la señora Chermidy la carta de la condesa, pero le
+hizo leer la de Germana.
+
+--Ya ve usted--le dijo--; ha adelantado la mitad del camino en su
+curación.
+
+Ella se esforzó en sonreír y respondió:
+
+--Usted es un hombre dichoso; todo le sale bien.
+
+--Menos el amor.
+
+--¡Paciencia!
+
+--No se puede tener mucha a mi edad.
+
+--¿Por qué?
+
+--Porque no hay tiempo que perder.
+
+--¿Quién es ese viejo Gil que le trae las cartas? ¿un correo?
+
+--No; es un ayuda de cámara que pide un substituto. La señora de
+Villanera encarga a la duquesa que le busque un buen criado.
+
+--Eso no es fácil en París.
+
+--Hablaré al mayordomo de mi amigo Sanglié.
+
+--¿Quiere usted que yo, por mi parte, le ayude también? _Le Tas_[E]
+tiene siempre media docena de criados en la manga; es una verdadera
+agencia de colocaciones.
+
+--Si _le Tas_ tiene algún protegido que establecer, le tomaré de muy
+buena gana. Pero tenga usted en cuenta que lo que necesitamos es un
+hombre de confianza, un enfermero.
+
+--_Le Tas_ debe tener enfermeros; tiene de todo.
+
+_Le Tas_ era la doncella de la señora Chermidy. No se la veía nunca en
+el salón, ni siquiera por casualidad; pero los amigos íntimos de la casa
+se sentían muy honrados de entablar conocimiento con ella. Era una
+doméstica con sus 120 kilos de peso, compatriota y hasta algo pariente
+de la dueña de la casa. Se llamaba Honorina Lavenaze, como su ama; pero
+su deformidad hacía que todo el mundo la conociera por _le Tas_. Aquel
+fenómeno viviente, aquel montón de grasa, aquel paquidermo femenino,
+había seguido durante quince años a la señora Chermidy en la buena y en
+la adversa fortuna. Había sido la cómplice de sus progresos, la
+confidente de sus pecados, la encubridora de sus millones. Sentada en un
+rincón del fuego, como un monstruo familiar, leía en las cartas el
+porvenir de mamá; la prometía el reino de París, como una bruja de
+Shakespeare; la animaba en sus desfallecimientos, consolaba sus
+disgustos, arrancaba sus cabellos blancos y la servía con una devoción
+canina. No había ganado nada a su servicio, ni rentas del Estado, ni
+libreta en la Caja de ahorros, y no quería nada para sí. Tenía diez años
+más que la señora Chermidy, y esto, así como su obesidad enfermiza, le
+daba la seguridad de morir antes que ella y, desde luego, en su casa; no
+se despide a un servidor que pueda llevarse nuestros secretos. Mientras
+pudiese satisfacer sus necesidades, _le Tas_ no tenía ni ambición, ni
+codicia, ni vanidad personal; se consideraba rica, brillante y
+triunfante en la persona de su bella prima. Aquellas dos mujeres,
+estrechamente unidas por una amistad de quince años, formaban un solo
+individuo. Era una cabeza con dos caras, como la máscara de los cómicos
+de la antigüedad. De un lado, sonreía al amor, del otro hacía muecas al
+crimen. La una se mostraba porque era hermosa; la otra se ocultaba
+porque hubiera causado horror.
+
+La señora Chermidy prometió al duque ocuparse en su asunto. Aquel mismo
+día, efectivamente, habló con _le Tas_ acerca del criado que se podría
+enviar a Corfú.
+
+La linda arlesiana estaba bien decidida a cortar en flor la curación de
+Germana, pero era demasiado prudente para emprender nada por su cuenta y
+riesgo. Sabía que un crimen es siempre una torpeza y su situación era
+muy envidiable para que se expusiera a perderla en un mal negocio.
+
+--Tienes razón--le dijo _le Tas_--, nada de sangre. Hay que dejar eso.
+Un crimen nunca aprovecha a su autor; sólo resulta útil a los otros. Se
+mata a un rico en la carretera y se le encuentran cien sueldos en el
+bolsillo. Todo lo demás va a parar a los herederos.
+
+--¡Pero aquí soy yo la que hereda!
+
+--No heredarías si te sorprendiesen en un delito. Por de pronto, ella
+puede morir de muerte natural. Y si esto no bastase, puede haber alguien
+que la ayude, pero sin nuestra intervención.
+
+--¿Qué hacer, pues?
+
+--Interesar a alguien en la muerte de Germana. Suponte un enfermo que
+dijese a los que la asisten: muchachos, cuidadme bien; el día de mi
+muerte tendréis todos mil francos de renta. ¿Crees tú que ese hombre
+viviría mucho tiempo? Creo que sería fácil encontrar un mozo inteligente
+que interpretase a su manera las órdenes del médico. Se le darían sus
+mil francos de renta, y los herederos...
+
+--Heredarían. Comprendo perfectamente. Pero, ¡es tan difícil la
+elección! ¿Y si tropezásemos con un hombre honrado?
+
+--¿Es que los hay?
+
+--_Le Tas_, calumnias al género humano. No hay muchos hombres capaces de
+jugarse la cabeza por mil francos de renta.
+
+--Estoy segura de que si enviásemos allá abajo un hombrecillo que yo
+conozco, un verdadero bribón de París, pálido como una manzana que no ha
+madurado, mimado por los otros criados, celoso de aquellos a quienes
+sirve, envidioso del lujo que le rodea, vicioso como un sumiller, al
+cabo de quince días se habría hecho cargo del porvenir que se le
+ofrecía.
+
+--Tal vez. ¿Pero y si erraba el golpe?
+
+--Entonces habría que echar mano de un hombre de experiencia; buscar un
+práctico que tenga costumbre de esas cosas.
+
+--Veo que te acuerdas de Tolón, hija mía.
+
+--¡Toma! allí hay sujetos muy a propósito para eso.
+
+--¿Es que quieres que vaya a buscar un criado al presidio?
+
+--Los hay que ya han cumplido.
+
+--¿Dónde encontrarlos?
+
+--Búscalos. Creo que vale la pena dar con el que nos hace falta.
+
+Algunas horas después de esta conversación, la señora Chermidy, bella
+como la virtud, hacía los honores de su salón a personas de las más
+respetables de París.
+
+Entre los concurrentes de su casa había un viejo solterón de humor
+alegre, de conversación espiritual, gran aficionado a los libros nuevos,
+asiduo a las primeras representaciones y muy conocedor de historias
+inéditas; tan irreprochable en la elección de sus palabras como en la de
+sus trajes, y fiel a las tradiciones de la antigua galantería francesa.
+Era jefe de negociado en la prefectura de policía.
+
+La señora Chermidy le sirvió con sus propias manos una taza de te, al
+mismo tiempo que le dirigía una sonrisa inefable. Conversó largo tiempo
+con él, le obligó a agotar su repertorio y oyó con el mayor interés
+cuanto le plugo contarle. Por la primera vez, después de muchos años,
+cometió una injusticia con sus amigos y se apartó de su imparcialidad
+habitual.
+
+El excelente hombre se creía estar en el cielo y tamborileaba con sus
+dedos sobre la pechera de su camisa con una satisfacción visible.
+
+No obstante, como no hay compañía, por buena que sea, a la que no haya
+que dejar, el señor Domet se dirigió discretamente hacia la puerta
+cuando faltaban pocos minutos para media noche. Aun quedaban veinte
+personas en el salón. La señora Chermidy lo llamó en voz alta con la
+graciosa desenvoltura de un ama de casa que no perdona a los desertores.
+
+--Querido señor Domet--le dijo--, es usted demasiado encantador para que
+le devuelva tan pronto la libertad. Venga usted aquí, a mi lado, y
+cuénteme otra de esas historias tan interesantes que sabe usted.
+
+El excelente hombre obedeció con muy buena voluntad, aunque tenía por
+principio acostarse pronto y levantarse temprano. Pero protestó diciendo
+que había agotado toda su provisión y que, a menos de inventar, ya no
+tenía nada que contar. Algunos amigos de la casa formaron un círculo a
+su alrededor con objeto de importunarle. Se le hicieron mil preguntas
+más indiscretas las unas que las otras; le preguntaron la verdad sobre
+la _Máscara de hierro_, se le incitó a que dijese el verdadero nombre
+del autor de las _Cartas de Junio_, se le pidieron detalles sobre el
+anillo de Gyges, sobre la Conspiración de las pólvoras, sobre el Consejo
+de los Diez y por si aun esto fuera poco se le invitó a que expusiera su
+opinión sobre los resortes de gobierno. El señor Domet respondió a todo
+alegremente, rápidamente, con ese buen humor de las personas de edad
+que es el fruto de una vida tranquila. Pero no estaba completamente
+tranquilo y se removía en su sillón como un pescado en la sartén. La
+señora Chermidy, siempre bondadosa, acudió en su auxilio y le dijo:
+
+--Soy yo quien le he entregado a los filisteos; es justo que sea yo
+también quien le libre de sus manos, pero con una condición.
+
+--Acepto con los ojos cerrados, señora.
+
+--Se dice que casi todos los crímenes que se cometen son ejecutados por
+gentes que ya han tenido que ver con la justicia, por licenciados de
+presidio. ¿Es ésa la palabra?
+
+--Sí, señora.
+
+--Pues bien; explíquenos usted lo que es un licenciado de presidio.
+
+El amable funcionario se quitó sus lentes, los limpió con el pañuelo y
+volvió a colocarlos sobre su nariz. Todos los que quedaban en el salón
+se reunieron a su alrededor y se dispusieron a escuchar. El duque de La
+Tour de Embleuse se colocó tranquilamente al lado de la chimenea sin
+sospechar que asistía al asesinato de su hija. Las gentes de mundo
+tienen una curiosidad de _gourmet_ y los pequeños misterios del crimen
+son un plato de exquisito gusto para los espíritus estragados.
+
+--¡Dios mío! señora--dijo el jefe de negociado--, si es una simple
+definición lo que usted pide, no tardaré en estar en la cama. Los
+licenciados de presidio son aquellos que ya han cumplido su condena.
+Permítame usted que le bese la manó y me despida.
+
+--¡Cómo! ¿Eso es todo?
+
+--Absolutamente. Y tenga usted en cuenta que yo soy, en Francia, el
+hombre que mejor conoce a esas gentes. No he visto ni uno solo, pero
+tengo sus expedientes entre mis papeles; conozco su pasado, su presente,
+su profesión, su residencia y podría enumerarlos a todos por sus
+nombres, apellidos, nombres falsos y apodos.
+
+--Así es como César (sea dicho sin comparación) conocía a todos los
+soldados de su ejército.
+
+--César, señora, mejor que un gran capitán, fue el primer jefe
+administrativo de su época.
+
+--¿Y había licenciados de presidio en la república romana?
+
+--No, señora, y bien pronto tampoco los habrá en Francia. Nosotros
+comenzamos a imitar el ejemplo de los ingleses que han reemplazado el
+presidio por la deportación. La seguridad pública ganará y la
+prosperidad de nuestras colonias no perderá nada. El presidio era la
+escuela de todos los vicios; los deportados se moralizan por el trabajo.
+
+--¡Tanto peor! Yo echo de menos los licenciados de presidio. Será una
+pérdida sensible para los autores de folletines. Pero, en fin, señor
+Domet, ¿qué es de esas gentes? ¿Qué hacen? ¿Qué dicen? ¿Dónde viven?
+¿Cómo van vestidos? ¿Dónde se les encuentra? ¿Cómo se les puede
+reconocer? ¿Aun van marcados?
+
+--Algunos; los decanos de la orden. La marca ha sido suprimida en 1791,
+restablecida en 1806, y abolida definitivamente por la ley de 28 de
+abril de 1832. Un licenciado de presidio se parece en todo a un hombre
+honrado. Se viste como quiere y ejerce la profesión que se le ha
+enseñado. Desgraciadamente casi todos han aprendido a robar.
+
+--¿Pero habrá buenas gentes entre ellos?
+
+--No muchas. ¡Figúrese usted, con la educación del presidio! Además, les
+es bastante difícil ganar su vida honradamente.
+
+--¿Por qué?
+
+--Son conocidos sus antecedentes y los patronos no se muestran muy
+aficionados a admitirlos. Sus compañeros de taller los desprecian. Si
+tienen dinero y se establecen por su cuenta, no encuentran obreros.
+
+--¿Se les reconoce, pues? ¿De qué modo? ¿Si alguno quisiera entrar a mi
+servicio, cómo podría yo saber quién era?
+
+--No tenga usted cuidado. Les está prohibida la residencia en París,
+porque la vigilancia sería muy difícil. Se les señala una residencia en
+provincias, en una ciudad pequeña, y la policía local no los pierde de
+vista.
+
+--¿Y si viniesen a París sin permiso?
+
+--Entonces habrían infringido la orden y les haríamos deportar de nuevo,
+en virtud de un decreto de 8 de diciembre de 1851.
+
+--Así, ¿ya no queda ninguno en esas viviendas especiales?
+
+--El consejo municipal del departamento del Sena ha hecho demoler las
+casas de que usted habla. Ya no hay guaridas para la caza, ni caza para
+las guaridas.
+
+--¡Bondad divina! ¡estamos en la edad de oro! Señor Domet, usted deshoja
+mis ilusiones una por una. ¡Qué manera de quitar poesía a la vida!
+
+--Hermosa dama, la vida no carecerá jamás de poesía para los que tengan
+la dicha de ver a usted.
+
+Este cumplimiento fue disparado con una tal ampulosidad de galantería
+burguesa, que toda la asamblea aplaudió. El señor Domet se ruborizó
+hasta el blanco de los ojos y miró las puntas de sus zapatos. Pero la
+señora Chermidy le llamó de nuevo a la cuestión.
+
+--¿Dónde están los licenciados de presidio? ¿Los hay en Vaugirard?
+
+--No, señora, en el departamento del Sena no hay ninguno.
+
+--¿Los hay en Saint-Germain?
+
+--No.
+
+--¿En Compiègne?
+
+--No.
+
+--¿En Corbeil?
+
+--Sí.
+
+--¿Cuántos?
+
+--¿Usted espera cogerme en falta?
+
+--Con eso cuento.
+
+--Pues bien, hay cuatro.
+
+--¿Sus nombres? ¡Vamos, César!
+
+--Rabichon, Lebrasseur, Chassepie y Mantoux.
+
+--¡Toma! Las primeras sílabas de esos nombres forman una palabra.
+
+--Usted ha adivinado en seguida el secreto de mi mnemotecnia.
+
+--Repita usted: Rabichon...
+
+--Lebrasseur, Chassepie y Mantoux.
+
+--Es curioso. Ahora todos somos tan sabios como usted. Rabichon,
+Lebrasseur, Chassepie y Mantoux. ¿Y qué hacen esas buenas gentes?
+
+--Los dos primeros están provisionalmente en un almacén de papel; el
+tercero es jardinero y el cuarto tiene una cerrajería.
+
+--Señor Domet, es usted un grande hombre; perdóneme si he dudado de su
+erudición.
+
+--¡Mientras que no dude de mi obediencia!
+
+El señor Domet partió; era la una y todos se levantaron el uno después
+del otro. Besaron religiosamente, como un relicario, aquella pequeña
+mano blanca que acariciaba la esperanza de un crimen. Al despedirse, la
+hermosa mujer aun repetía: Rabichon, Lebrasseur, Chassepie y Mantoux.
+
+El duque fue el último en salir.
+
+--¿En qué piensa usted?--le dijo--; parece usted preocupada.
+
+--Pienso en Corfú.
+
+--Piense usted en los amigos de París.
+
+--Buenas noches, señor duque. Creo que _le Tas_ ha encontrado un
+doméstico. Mañana irá a informarse y uno de estos días hablaremos de
+ello.
+
+Al día siguiente, _le Tas_ tomó el tren de Corbeil. Se hospedó en el
+hotel de Francia y se puso inmediatamente a recorrer la ciudad. Visitó
+las papelerías, compró flores a todos los jardineros y se paseó por
+todas las calles. El domingo por la mañana perdió la llave de su saco de
+viaje y se dirigió a un pequeño establecimiento de cerrajería de la
+carretera de Essonne donde soplaba el fuelle a pesar de la ley del
+descanso dominical. La muestra ostentaba este letrero: _Mantoux Poca
+Suerte, cerrajero_. El dueño era un hombre pequeño, de treinta a treinta
+y cinco años, moreno, bien formado, vivo y despejado. No había necesidad
+de mirarle dos veces para ver a qué religión pertenecía. Era de los que
+hacen del sábado su domingo. El afán del lucro brillaba en sus pequeños
+ojos y su nariz se asemejaba al pico de un ave de rapiña. _Le Tas_ le
+rogó que pasase al hotel para forzar una cerradura, lo que Mantoux llevó
+a cabo como hombre experimentado. _Le Tas_ le retuvo a su lado por los
+encantos de la conversación. Le preguntó si estaba contento de sus
+negocios, y le respondió como hombre disgustado de la vida. Nada le
+había salido bien desde que estaba en el mundo. Había servido como
+_groom_ y su dueño lo despidió. Entró después como aprendiz en casa de
+un mecánico y la susceptibilidad de algunos clientes le hizo abandonar
+el establecimiento. A los veinte años quiso hacer con algunos amigos un
+negocio magnífico: un trabajo de cerrajería que debía proporcionar una
+fortuna a cada uno de los asociados. A pesar de su celo y de su
+habilidad, fracasaron vergonzosamente, y después hubo de remar diez
+años sin poderse levantar de su caída. Desde entonces todos le llamaban
+_Poca Suerte_. Ultimamente había venido a establecerse en Corbeil,
+después de una larga permanencia en el Midi. Las autoridades de la
+ciudad le conocían a fondo y se interesaban por su suerte; de cuando en
+cuando recibía la visita del señor comisario de policía. No obstante, el
+trabajo no abundaba en su taller y eran pocas las casas que estaban
+abiertas para él.
+
+_Le Tas_ compartió sus pesares y le preguntó por qué no iba a buscar
+fortuna a otro sitio.
+
+_Poca Suerte_ respondió melancólicamente que no tenía ganas ni medios de
+viajar. Tendría que estar allí largo tiempo. La cabra no tiene más
+remedio que ramonear allí donde la atan.
+
+--¿Aunque no haya nada que ramonear?--preguntó _le Tas_.
+
+El, por toda respuesta, inclinó la cabeza.
+
+_Le Tas_ le dijo:
+
+--Si no me equivoco, y me parece que no, usted es un excelente hombre,
+como yo soy una buena muchacha. ¿Por qué no intenta usted colocarse en
+una buena casa, puesto que ya ha servido? Yo estoy en París, en casa de
+una señora sola que me trata muy bien; y no me sería difícil encontrarle
+algo por el estilo.
+
+--Le doy las gracias de todo corazón; pero me está prohibida la estancia
+en París.
+
+--¿Por el médico?
+
+--Sí, estoy delicado del pecho.
+
+--Precisamente la plaza que le ofrezco no es en París. Es fuera de
+Francia, allá por Turquía, en un país donde los tísicos van a curarse
+calentándose al sol.
+
+--Si la casa es buena, eso me gustaría mucho. Pero necesito muchas cosas
+para pasar la frontera: dinero, pasaportes, y no tengo nada de eso.
+
+--Nada le faltará si usted conviene a la señora. Pero sería conveniente
+permanecer en París aunque no fuese más que una o dos horas.
+
+--Eso es fácil. No me ocurriría nada aunque pasase un día entero.
+
+--Seguramente.
+
+--Si nos arreglamos, yo quisiera poner otro nombre en mi pasaporte. Ya
+he usado bastante el mío, no me ha traído más que desgracia, y quisiera
+dejarlo en Francia junto con mis vestidos viejos.
+
+--Tiene usted razón. Eso es lo que se llama cambiar de piel. Ya hablaré
+de usted a la señora y si se arregla todo, le escribiré.
+
+_Le Tas_ volvió la misma noche a París. Mantoux, llamado _Poca Suerte_,
+creyó haber hallado un hada bienhechora bajo la envoltura de un
+elefante. Los sueños más dorados fueron a sentarse a su cabecera. Soñó
+que era a la vez rico y honrado y que la Academia francesa le concedía
+un premio a la virtud de cincuenta mil francos de renta. El lunes por la
+tarde recibió una carta, levantó su destierro y se presentó el martes
+por la mañana en casa de la señora Chermidy. Se había cortado la barba
+y los cabellos, pero _le Tas_ se guardó bien de preguntarle por qué.
+
+El esplendor de la casa lo deslumbró; la dignidad severa de la señora
+Chermidy le impuso el mayor respeto. La hermosa bribona había adoptado
+una cara de procurador imperial. Lo hizo comparecer ante ella y lo
+interrogó sobre su pasado como mujer que no se equivoca. El mintió como
+un prospecto y ella hizo ver que lo creía en absoluto. Cuando le hubo
+dado todos los informes deseables, le dijo:
+
+--Bueno, muchacho, la plaza que le voy a dar a usted es de confianza.
+Uno de mis amigos, el señor de La Tour de Embleuse, busca un doméstico
+para su hija que se halla moribunda en el extranjero. Tendrá muy buen
+sueldo y 1.200 francos de renta vitalicia cuando la enferma muera. Está
+desahuciada por todos los médicos. El sueldo le será pagado por la
+familia; en cuanto a la renta, le respondo yo. Pórtese usted como un
+buen servidor y espere pacientemente el fin: no perderá nada con
+esperar.
+
+Mantoux juró por el Dios de sus padres que cuidaría a la joven dama como
+una hermana de la caridad y que la obligaría a vivir cien años.
+
+--Está bien--respondió la señora Chermidy--; usted nos servirá a la mesa
+esta noche y le presentaré al señor duque de La Tour de Embleuse.
+Muéstrese a él tal como es usted y yo le respondo que le admitirá.
+
+«Ocurra lo que ocurra, añadió para sí misma, ese bribón verá en mí a
+una inocente y no a su cómplice.»
+
+Mantoux sirvió a la mesa, no sin haber tomado una buena lección de su
+protectora _le Tas_. Los invitados eran cuatro: había otros tantos
+criados para cambiar los platos, y el cerrajero no tenía más que mirar
+lo que hacían los otros. La señora Chermidy se había propuesto darle una
+lección de toxicología. No juzgaba inútil enseñarle el empleo de los
+venenos, y había elegido, en consecuencia, a los convidados. Estos eran
+un magistrado, un profesor de medicina legal y el señor de La Tour de
+Embleuse.
+
+Aparentando indiferencia hizo recaer la conversación sobre el capítulo
+de los venenos. Los hombres que profesan esta materia delicada, son
+generalmente avaros de su ciencia, pero algunas veces, en la mesa, se
+olvidan. Tal secreto que se guarda cuidadosamente al público, puede
+contarse confidencialmente cuando se tiene por auditorio a un
+magistrado, a un gran señor y a una linda dama cinco o seis veces
+millonaria. Con los criados no se cuenta: está convenido que no tienen
+oídos.
+
+Desgraciadamente para la señora Chermidy, los venenos llegaron antes que
+el Champaña. El doctor se mostró prudente, bromeó mucho y no cometió la
+menor imprudencia. Se recreó en las curiosidades arqueológicas, aseguró
+que la ciencia de los venenos no había progresado, que habíamos perdido
+las fórmulas de Locusta, de Lucrecia Borgia, de Catalina de Médicis y de
+la marquesa de Brinvilliers, y lamentó, riendo, la pérdida de tan
+hermosos secretos, lloró por el veneno fulminante del joven Británico,
+por las guantes perfumados de Juana de Albret, los polvos de sucesión y
+el licor de familia que cambiaba el vino de Chipre en vino de Siracusa;
+en su revista no olvidó tampoco el ramo fatal de Adriana Lecouvreur. La
+señora Chermidy pudo observar que el cerrajero escuchaba atentamente.
+
+--Háblenos usted de venenos modernos--dijo al doctor--, de los venenos
+empleados en nuestros días, de venenos en servicio activo.
+
+--¡Ay señora!--contestó--. Estamos en plena decadencia. No es difícil
+matar a las gentes: un pistoletazo basta y sobra para ello. Pero se
+trata de matar sin que queden vestigios. El veneno no es bueno para otra
+cosa y ésa es la única ventaja sobre la pistola. Desgraciadamente, en el
+mismo instante en que sale un tóxico nuevo, se descubre un medio de
+comprobar su presencia. El demonio del bien tiene las alas tan poderosas
+como el genio del mal. El arsénico es un buen obrero, pero ahí está el
+aparato de March para vigilar la obra. La nicotina no es una tontería,
+la estricnina también es un buen producto; pero el señor magistrado sabe
+tan bien como yo que la estricnina y la nicotina han encontrado ya sus
+fiscales, es decir, sus reactivos. Se ha adoptado el fósforo con un
+fundamento de razón, apoyándose en lo siguiente: «El cuerpo humano
+contiene fósforo en cantidad apreciable; si el análisis químico lo
+descubre en el cuerpo de la víctima, se podrá decir que es la
+Naturaleza quien lo ha puesto allí»; pero ¡ay! no nos ha costado tampoco
+mucho trabajo demostrar la diferencia entre el fósforo natural y el
+ingerido. No es, pues, difícil matar a una persona, pero es casi
+imposible hacerlo impunemente. Yo podría indicar a usted el medio de
+envenenar a veinticinco personas a la vez, en una habitación cerrada,
+sin darles ningún brebaje. El ensayo no costaría ni dos reales, pero al
+asesino le costaría la cabeza. Un químico de mucho talento ha inventado
+recientemente una composición sutil que también tiene su encanto.
+Rompiendo el tubo que la contiene, las gentes caerían como moscas, pero
+no se podría convencer a nadie de que la muerte había sido natural.
+
+--Doctor--preguntó la señora Chermidy--, ¿qué es el ácido prúsico?
+
+--El ácido prúsico o cianhídrico, señora, es un veneno muy difícil de
+fabricar, imposible de adquirir, imposible de conservar puro, aun en
+recipientes negros.
+
+--¿Y deja trazas?
+
+--¡Magníficas! Tiñe a las gentes de azul; así es cómo se ha descubierto
+el azul de Prusia.
+
+--Usted se burla de nosotros, doctor. Usted no tiene respeto ni por
+aquello que hay de más sagrado en el mundo: la curiosidad de una mujer.
+Me han hablado de un veneno de Africa o de América que mata a los
+hombres con la cantidad que cabe en una punta de alfiler. ¿Es una
+invención de los novelistas?
+
+--No, es una invención de los salvajes. Se unta con él la punta de las
+flechas. Lindo veneno, señora; no hace languidecer a sus víctimas; es el
+rayo en miniatura. Lo más curioso es que se le puede comer impunemente.
+Los salvajes lo emplean en las salsas y en los combates, en la guerra y
+en la cocina.
+
+--Acaba usted de decir su nombre y ya no me acuerdo.
+
+--No lo he dicho, señora, pero estoy dispuesto a hacerlo. Es el
+_curare_. Se vende en Africa, en las montañas de la Luna. El comerciante
+es antropófago.
+
+La señora Chermidy dejó a un lado sus venenos para dedicarse a sus
+invitados. El doctor guardó cuidadosamente el depósito terrible que todo
+médico lleva consigo. Pero el duque quedó muy bien impresionado de la
+atención y del interés de Mantoux. Desde entonces quedaba al servicio de
+su hija.
+
+
+
+
+VIII
+
+LOS BUENOS TIEMPOS
+
+
+Cuando se lee una historia de la Revolución francesa se sorprende uno
+grandemente al encontrar meses enteros de paz profunda y de dicha
+completa. Las pasiones están adormecidas, los odios descansan, los
+temores desaparecen, los partidos rivales marchan como hermanos cogidos
+de la mano, los enemigos se besan en la plaza pública. Esos hermosos
+días son como un alto preparado de etapa en etapa en un camino
+sangriento.
+
+Altos parecidos se encuentran en la vida más agitada y más desgraciada.
+Las revoluciones del alma y del cuerpo, las pasiones y las enfermedades
+también necesitan algunos instantes de reposo. El hombre es un ser tan
+débil que no puede obrar ni sufrir continuamente. Si no se detuviese de
+cuando en cuando, pronto agotaría sus fuerzas.
+
+El verano de 1853 fue para Germana uno de esos momentos de reposo que
+tanto convienen a la debilidad humana. Y a fe que se aprovechó de ello;
+se recreó en su dicha y adquirió algunas fuerzas para las pruebas por
+que aun tenía que pasar.
+
+El clima de las islas Jónicas es de una dulzura y una regularidad sin
+igual. Allí el invierno no es otra cosa que la transición del otoño a la
+primavera; los veranos son de una serenidad fatigosa. De cuando en
+cuando se ve una nube pasajera sobre las siete islas, pero no se detiene
+nunca. Se pasan hasta tres meses esperando una gota de agua. En aquel
+árido paraíso no se dice: Aburrido como la lluvia, sino: Aburrido como
+el buen tiempo.
+
+El buen tiempo no aburría a Germana; la curaba lentamente. El señor Le
+Bris asistía a aquel milagro del cielo azul; dejaba obrar a la
+Naturaleza y seguía con un interés apasionado la acción lenta de un
+poder superior al suyo. Era demasiado modesto para atribuirse el honor
+de la cura, y confesaba ingenuamente que la única medicina infalible es
+la que viene de lo alto.
+
+No obstante, para merecer la ayuda del Cielo, él también ayudaba un
+poco. Había recibido de París el yodómetro del doctor Chartroule con una
+provisión de cigarrillos yodados. Estos cigarrillos, compuestos de
+hierbas aromáticas y de plantas calmantes en infusión con una disolución
+de yodo, haciendo llegar el medicamento hasta los pulmones,
+acostumbraban a los órganos más delicados a la presencia de un cuerpo
+extraño y preparaban al enfermo para aspirar el yodo puro a través de
+los tubos del aparato. Por desgracia, el aparato llegó destrozado,
+aunque hubiese sido embalado por el mismo duque y conducido con los
+mayores cuidados por el nuevo doméstico. Era necesario pedir otro, y
+esto requería tiempo.
+
+Al cabo de un mes de aquel tratamiento anodino, Germana experimentaba ya
+una mejoría sensible. Estaba menos débil durante el día; soportaba mejor
+las fatigas de un largo paseo y cada vez acudía con menos frecuencia a
+su cama de reposo. Su apetito era más vivo, y sobre todo más constante;
+ya no rechazaba los alimentos casi sin haberlos probado. Comía, digería
+y dormía bastante bien. La fiebre de la caída de la tarde había
+disminuido; los sudores que inundan por las noches a los tísicos, no
+eran tan abundantes.
+
+El corazón de la enferma no tardó también en entrar en convalecencia. Su
+desesperación, su humor huraño y el odio a los que la amaban, cedieron
+la plaza a una melancolía dulce y benévola. Se consideraba tan dichosa
+al sentirse renacer, que hubiera querido dar las gracias al cielo y a la
+tierra.
+
+Los convalecientes son niños grandes que se asen, por miedo de caer, a
+todo lo que les rodea. Germana retenía a sus amigos a su lado; temía a
+la soledad; quería ser tranquilizada a todas horas; continuamente decía
+a la condesa: «¿Verdad que estoy mejor?» Y luego, en voz más baja,
+añadía: «¿Me moriré?» La condesa le respondía riendo: «Si la muerte
+viniese por usted yo le enseñaría mi cara y ya tendría buen cuidado de
+escaparse.» La condesa estaba orgullosa de su fealdad, como las otras
+mujeres lo están de su belleza. La coquetería es infinita.
+
+Don Diego esperaba pacientemente que Germana le comprendiese. Era
+demasiado delicado y demasiado orgulloso para importunarla con sus
+cumplimientos, pero siempre estaba dispuesto a dar el primer paso cuando
+ella le llamase con la mirada. Para la joven se había hecho ya una dulce
+costumbre el espectáculo de aquella amistad discreta y silenciosa. El
+conde tenía en su fealdad algo de heroico y de grande que las mujeres
+aprecian más que la hermosura. No era de aquellos que hacen conquistas,
+pero sí de los que inspiran pasiones. Su larga cara cetrina, sus grandes
+manos bronceadas contrastaban con cierta brillantez con su traje blanco.
+Sus grandes ojos negros dejaban escapar relámpagos de dulzura y de
+bondad; su voz fuerte y metálica adquiría a veces inflexiones suaves.
+Germana acabó por encontrar un parecido entre aquel grande de España y
+un león amansado.
+
+Cuando se paseaba por el jardín bajo los viejos naranjos, apoyada en el
+brazo de la vieja o arrastrando al pequeño Gómez, el conde la seguía de
+lejos, sin afectación, con un libro en la mano. No adoptaba los aires
+melancólicos de un enamorado, ni confiaba sus suspiros al viento. Más
+bien se le hubiera tomado por un padre indulgente que quiere vigilar a
+sus hijos sin intimidarlos en sus juegos. Su afecto por Germana se
+componía de caridad cristiana, de compasión por la debilidad y de
+aquella alegría agridulce que un hombre de corazón encuentra en el
+cumplimiento de los deberes difíciles. Quizá también había en aquel
+sentimiento algo de legítimo orgullo. Constituía, efectivamente, una
+hermosa victoria arrancar una presa cierta a la muerte y crear de nuevo
+un ser que la enfermedad casi había destruido. Los médicos conocen ese
+placer y consagran toda su amistad a los que han sacado del otro mundo;
+tienen por ellos la ternura del criador por la criatura.
+
+El hábito, que lo vence todo, había acostumbrado a Germana a hablar con
+su marido. Cuando se ve a una persona desde la mañana a la noche, no hay
+odio que dure; se habla, se responde, esto no compromete a nada; pero,
+la vida no es posible más que a este precio. Ella le llamaba don Diego;
+él sencillamente Germana.
+
+Un día de mediados del mes de junio, estaba tendida en el jardín sobre
+unos tapices de Esmirna. La señora de Villanera, sentada a su lado,
+desgranaba maquinalmente un grueso rosario de coral, y el pequeño Gómez
+recogía naranjas del suelo para atiborrarse los bolsillos. En aquel
+momento pasaba el conde con un libro en la mano. Germana se incorporó y
+le invitó a tomar asiento. El obedeció sin hacerse de rogar y guardó el
+libro en el bolsillo.
+
+--¿Qué leía usted?--preguntó ella.
+
+--Va usted a reírse de mí. El griego--contestó ruborizándose como un
+colegial.
+
+--¡El griego! ¡Usted sabe leer el griego! ¿Y un hombre como usted ha
+podido entretenerse aprendiendo el griego?
+
+--Una verdadera casualidad. Mi preceptor hubiera podido resultar un
+imbécil como los demás, ¿no es cierto?, pues bien, me encontré con que
+era un sabio.
+
+--¿Y usted lee el griego por placer?
+
+--A Homero, sí. Esto es la _Odisea_.
+
+--Sí--dijo simulando un pequeño bostezo--. Ya había leído eso en
+Bitaubé. Era un libro con un cuchillo y un casco en la cubierta.
+
+--Siendo así, le extrañaría a usted mucho si le leyese a Homero en
+Homero; seguramente no le reconocería.
+
+--¡Muchas gracias! no me gustan las historias de batallas.
+
+--No las hay en la _Odisea_. Es una novela de costumbres, la primera que
+se haya escrito, y quizás la más hermosa. Nuestros autores a la moda, no
+inventarán nada más interesante que la historia de ese propietario
+campesino que ha dejado su casa para ganar dinero, que vuelve después de
+veinte años de ausencia, que encuentra a su regreso un ejército de
+faquines instalados en su casa para galantear a su mujer y comerse su
+pan y que los mata a flechazos. Hay ahí un drama interesante, incluso
+para el público de los bulevares. Nada falta, ni el fiel servidor Eumeo,
+ni el pastor que hace traición a su amo, ni las criadas juiciosas, ni
+las criadas locas. El único defecto de esta historia es que siempre nos
+la han servido con una traducción llena de énfasis. Han cambiado en
+otros tantos reyes los jóvenes rústicos que cortejaban a Penélope; han
+convertido la granja en palacio y han prodigado el oro por todas partes.
+Si yo me atreviese a traducirle solamente una página, quedaría usted
+maravillada de la verdad sencilla y familiar del relato; usted vería con
+qué alegría ingenua habla el poeta del vino tinto y de la carne
+suculenta: y con qué admiración, de las puertas bien cerradas y de las
+mesas bien acepilladas. Vería usted sobre todo con qué exactitud está
+descrita la Naturaleza y reconocería en mi libro el mar, el cielo y la
+campiña que ahora estamos contemplando.
+
+--Probemos, pues--dijo Germana--. Si me duermo, ya lo verá usted.
+
+El conde obedeció muy a gusto y comenzó a traducir el primer canto a
+libro abierto, desarrollando ante los ojos de Germana el bello estilo
+homérico, más rico, más pintoresco y más centelleante que los
+brillantes tejidos de Beyruth y de Damasco. Su traducción era tanto más
+libre cuanto que no entendía bien todas las palabras, pero entendía
+perfectamente al poeta. Abrevió algunas descripciones demasiado largas,
+interpretó a su modo ciertos pasajes curiosos y a todo añadió un
+comentario inteligente. En resumen, consiguió interesar a su querido
+auditorio, a excepción del marqués de los Montes de Hierro que chillaba
+como un condenado para interrumpir la lectura. Los niños son como los
+pájaros; cantan cuando se habla delante de ellos.
+
+Yo no sé si los jóvenes esposos llegaron hasta el final de la _Odisea_,
+pero don Diego había encontrado el medio de despertar el interés de su
+mujer, y esto era mucho. Germana adquirió la costumbre de oírle leer y
+de encontrarse bien en su compañía y no tardó en ver en él un espíritu
+superior. Era demasiado tímido para hablar en su propio nombre, pero la
+vecindad de un gran poeta le daba atrevimiento y sus ideas personales
+iban saliendo a la superficie bajo la protección del pensamiento de los
+otros. Dante, Ariosto, Cervantes, Shakespeare, fueron los sublimes
+intermediarios que se encargaron de aproximar aquellas dos almas y de
+infundirlas cariño. Germana no se sentía humillada por su ignorancia ni
+ante la superioridad de su marido. La mujer se siente orgullosa de no
+ser nada en comparación del que ama.
+
+Pronto adoptaron el hábito de vivir juntos y de reunirse en el jardín
+para hablar y para leer. Lo que constituía el encanto de aquellas
+reuniones, no era la alegría; era una cierta serenidad tranquila y
+amistosa. Don Diego no sabía reír y la risa de su madre se asemejaba a
+una mueca nerviosa. El doctor, franco y alegre como un champañés,
+parecía dar la nota discordante cuando arrojaba su grano de sal en la
+conversación. Germana aun tosía alguna vez y conservaba en su cara la
+expresión inquieta que da el presentimiento de la muerte. Y no obstante,
+aquellos días de verano sin nubes habían sido los primeros días dichosos
+de su juventud.
+
+¿Cuántas veces, en aquella intimidad de la vida de familia, fue turbado
+el espíritu del conde por el recuerdo de la señora Chermidy? Nadie lo ha
+sabido y yo tampoco me aventuraré a decirlo. Es probable que la soledad,
+la ociosidad, la privación de placeres activos, en que el hombre gasta
+sus energías, y, en fin, la savia de la primavera que asciende a la
+cabeza de los seres vivientes como a las sumidades de los árboles, le
+hiciera lamentar más de una vez la noble resolución que había tomado.
+Los trapenses que vuelven la espalda al mundo después de haber gozado de
+él, encuentran en el fondo del claustro armas prestas contra las
+tentaciones del pasado; son éstas el ayuno, la oración y un régimen
+capaz de matar los ímpetus juveniles. Quizás hay más mérito en combatir
+como don Diego, completamente desarmado. El señor Le Bris le seguía con
+el rabillo del ojo, como a un enfermo al que hay que evitar una recaída.
+Le hablaba muy raras veces de París, nunca de la calle del Circo. Un día
+leyó en un diario francés que la _Náyade_ había anclado ante Ky-Tcheou,
+en el mar del Japón, para pedir reparación del insulto hecho a unos
+misioneros franceses; Le Bris rompió el periódico para que su lectura no
+pudiese suscitar la menor conversación sobre la señora Chermidy.
+
+En Oriente, a horas determinadas, la brisa del mediodía embriaga más
+poderosamente los sentidos del hombre que el vino de Tinos que se bebe
+con el nombre de malvasía; el corazón se funde como la cera; la voluntad
+se distiende, el espíritu se debilita. Si uno se esfuerza en pensar, las
+ideas se escapan como el agua que se va de entre los dedos. Se va a
+buscar un libro, un dulce y antiguo amigo y, sin querer, los ojos se
+desvían desde las primeras líneas; la mirada vaga, los párpados se abren
+y se cierran sin saber por qué. Es en esas horas de somnolencia y de
+dulce quietud cuando nuestros corazones se abren por sí mismos. Las
+virtudes masculinas triunfan fácilmente cuando un frío vivo nos enrojece
+la nariz y nos hiela las orejas, y cuando el aire de diciembre aprieta
+las fibras de la carne y de la voluntad. Pero cuando los jazmines
+extienden su perfume por los alrededores, cuando las hojas del laurel
+cerezo nos caen sobre la cabeza, cuando los pinos sacudidos por el
+viento suenan como liras y cuando las velas blancas se dibujan a lo
+lejos sobre el mar, entonces sería preciso ser bien ciego y bien sordo
+para ver y oír otra cosa que el amor.
+
+Don Diego advirtió un día que Germana había cambiado, sin perder nada en
+el cambio. Sus mejillas estaban más llenas y mejor nutridas; todos los
+huecos de aquel lindo rostro se iban rellenando; las arrugas siniestras
+comenzaban a borrarse. Un color más sano orlaba su bella frente, y sus
+cabellos de oro no parecían ya la corona de una muerta.
+
+Había oído una lectura bastante larga; la fatiga y el sueño se habían
+apoderado de ella al mismo tiempo y, dejando caer la cabeza hacia atrás,
+se había quedado dormida en el sillón. El conde estaba solo con ella.
+Dejó el libro en el suelo, se aproximó dulcemente, se puso de rodillas
+ante ella y adelantó los labios para besarla en la frente, pero se
+contuvo por un instinto de delicadeza. Por primera vez pensó con horror
+en la manera cómo había llegado a ser el esposo de Germana; tuvo
+vergüenza de la venta, se dijo que un beso obtenido por sorpresa sería
+algo como un crimen, y se prohibió a sí mismo amar a su mujer hasta el
+día en que estuviese seguro de ser amado por ella.
+
+Los huéspedes de la villa Dandolo no vivían en una soledad tan absoluta
+como se pudiera suponer. El aislamiento no se encuentra más que en las
+grandes ciudades, donde cada uno vive para sí sin inquietarse del
+vecino. En el campo, los menos sociables se buscan y no se teme hacer un
+camino de una legua; el hombre sabe que ha nacido para la sociedad y
+busca la conversación de sus semejantes.
+
+Pocos eran los días en que Germana no recibía alguna visita. Al
+principio iban a su casa por curiosidad, después por un interés
+compasivo y finalmente por amistad. Aquel rincón de la isla estaba
+habitado por cinco o seis familias modestas, que hubieran sido pobres en
+la ciudad, y que no carecían de nada en sus tierras porque sabían
+contentarse con poco. Sus castillos caían en ruinas y no tenían dinero
+para repararlos; pero sostenían con cuidado, encima de la puerta de
+entrada, un escudo contemporáneo de las Cruzadas. Las islas Jónicas son
+el _faubourg_ Saint-Germain de Oriente; allí encontraréis las grandes
+virtudes y las pequeñas extravagancias de la nobleza, orgullo, dignidad,
+pobreza decente y laboriosa, y una cierta elegancia en la vida más
+humilde.
+
+Al propietario de la villa, el señor conde Dandolo, no le hubieran
+podido reprochar nada sus antepasados los dux. Era un hombre pequeño,
+vivo e inteligente, muy conocedor de los asuntos políticos, atraído a la
+vez por el partido griego y la influencia inglesa, pero inclinado a la
+oposición y siempre dispuesto a juzgar con severidad los actos del lord
+comisario. Seguía de cerca las intrigas viejas y nuevas que dividen a
+Europa, vigilaba los progresos del leopardo británico, discutía la
+cuestión de Oriente, se inquietaba de la influencia de los jesuitas y
+era presidente de la logia masónica de Corfú. Un excelente hombre que
+derrochaba más actividad que un marino del antiguo régimen para navegar
+alrededor de un vaso de agua. Su hijo Spiro, un hermoso joven de treinta
+años, se había dejado conquistar por las ideas inglesas, como toda la
+nueva generación. Era amigo de los oficiales y se le veía en el teatro
+con ellos. Los Dandolo hubieran podido vivir espléndidamente si se
+hubiesen podido deshacer de sus bienes, pero en Corfú los habitantes son
+tan pobres, como rica es la tierra. Todos están prestos a vender, nadie
+a comprar. El conde y Spiro hablaban elegantemente las tres lenguas del
+país, el inglés, el griego y el italiano; además sabían el francés, por
+lo que su amistad fue preciosa para Germana. Spiro se interesaba por la
+bella enferma con todo el calor de un corazón desocupado.
+
+Algunas veces lo acompañaba un hombre, digno por todos conceptos de sus
+amigos, el doctor Delviniotis, profesor de química de la Facultad de
+Corfú. El señor Delviniotis profesaba a la enferma una amistad tanto más
+viva, cuanto que él tenía una hija de la misma edad. Daba sus consejos
+al doctor Le Bris, hablaba en italiano con el conde y la señora de
+Villanera y lamentaba no saber el francés para poder entablar más amplio
+conocimiento con Germana. Se le veía sentado delante de ella durante
+horas enteras, buscando una frase o mirándola sin decir nada con esa
+cortesía tranquila y muda que reina en todo Oriente.
+
+El hombre más ruidoso de toda la compañía era un viejo francés,
+establecido en Corfú desde el año 1814, el capitán Bretignières. Había
+abandonado el servicio a los veinticuatro años con una pensión de retiro
+y una pierna de madera. Aquel corpachón seco y huesudo saltaba
+alegremente, bebía de lo lindo, reía a carcajadas y se burlaba de la
+vejez. Hacía una legua a pie para ir a comer a la villa Dandolo, contaba
+historietas militares, se atusaba el bigote y sostenía que las islas
+Jónicas deberían pertenecer a Francia. Era un convidado sumamente
+agradable que comunicaba su alegría a todos los de la casa. Algunas
+veces, cuando se echaba vino en el vaso, decía sentenciosamente:
+
+--Cuando se está en buena compañía, se puede beber impunemente tanto
+como se quiera.
+
+Germana comía siempre con buen apetito cuando el capitán estaba allí.
+Aquel amable cojo, tan obstinadamente apegado a la vida, le hacía
+acariciar una dulce esperanza y la obligaba a creer en el porvenir. El
+señor de Bretignières tuteaba al pequeño marqués, le llamaba mi general
+y le hacía saltar sobre su única rodilla. Besaba galantemente las manos
+de la enferma y la servía con la devoción de un viejo paje o de un
+trovador retirado.
+
+Tenía un admirador de otra escuela en la persona del señor Stevens, juez
+de instrucción del tribunal real de Corfú. Este honorable magistrado
+empleaba en los cuidados de su cuerpo un sueldo de mil libras esterlinas
+anuales. No habéis visto jamás un hombre más limpio, más satisfecho, más
+nutrido, más brillante y de una salud más tranquila y mejor paladeada.
+Egoísta como todos los viejos solterones, serio como todos los
+magistrados, flemático como todos los ingleses, ocultaba bajo la
+beatífica rotundidez de su cuerpo una cierta dosis de sensibilidad. La
+salud le parecía un don tan precioso, que hubiera querido repartirla
+entre todo el mundo. Había conocido al joven inglés de Pompeya y había
+seguido de cerca las diversas fases de su curación. Contaba ingenuamente
+que había experimentado una simpatía mediocre por aquel ser pálido y
+moribundo, pero que le había amado más de día en día a medida que le
+veía volver a la vida. Había acabado por ser su amigo íntimo el día en
+que pudo estrecharle la mano sin hacerle gritar. Fue lo mismo para
+Germana. Evitó aficionarse a ella mientras la creyó condenada a muerte;
+pero desde el momento en que le pareció que se instalaba en este mundo,
+le abrió su corazón de par en par.
+
+Los más próximos vecinos de la casa eran la señora Vitré y su hijo. En
+poco tiempo se convirtieron en los amigos más íntimos. La baronesa de
+Vitré era una normanda refugiada en Corfú con los restos de su fortuna.
+Como ella evitaba contar su historia, no se supo jamás qué
+acontecimientos la habían arrojado de su país. Lo que era evidente es
+que la baronesa vivía como una mujer honrada y educaba admirablemente a
+su hijo. Tenía cuarenta años y una belleza un poco vulgar; en Francia la
+hubieran tomado por una granjera del país de Caux. Pero ella se ocupaba
+de su casa, de sus olivos y de su querido Gastón con una actividad
+metódica y un celo incansable que denotaban su procedencia. La grandeza
+es un don que se revela en todas las situaciones de la vida y sobre los
+escenarios más diversos: se muestra por igual en el trabajo y en el
+reposo y no brilla más en un salón que en una buhardilla. La señora de
+Vitré, entre sus dos criadas, vestida, como ellas, con el traje
+nacional, parecido al hábito de los carmelitas, tenía un aspecto tan
+imponente como Penélope bordando las túnicas del joven Telémaco. Gastón
+de Vitré, bello como una joven de veinte años, llevaba la vida ruda y
+activa de un noble campesino. Trabajaba, cortaba los árboles, cogía
+naranjas y arrancaba las ramas de los granados cuyos rojos frutos se
+abrían al sol. Por la mañana, corría con la escopeta al hombro para
+matar algunos zorzales o papafigos; por la noche, leía con su madre, que
+fue su profesor y la nodriza de su espíritu. Sin preocupaciones del
+porvenir, ignorando las cosas del mundo y encerrando sus pensamientos en
+el horizonte limitado por sus miradas, no deseaba otros placeres que una
+hermosa jornada de caza, una lectura de Lamartine o un paseo por el mar.
+Era un corazón virgen, un alma severa y blanca como esas bellas hojas de
+papel que invitan a la pluma a escribir. Cuando su madre lo llevó a la
+villa Dandolo, advirtió, por primera vez, que era un pobre ignorante, se
+ruborizó de la ociosidad en que había vivido y lamentó no haber
+aprendido la medicina.
+
+Las visitas son siempre largas en el campo. Se hace tanto para verse,
+que se tiene pena después de abandonarse. Los Dandolo y los Vitré, el
+doctor Delviniotis, el juez y el capitán pasaban algunas veces días
+enteros alrededor de la hermosa enferma. Ella los retenía con alegría,
+sin darse cuenta del motivo secreto que la hacía obrar así. Es que ya
+comenzaba a evitar las ocasiones de encontrarse sola con su marido.
+Tanto como el amor declarado huye de los importunos y busca la
+intimidad, el amor naciente gusta de la compañía y de las distracciones.
+Desde que nos comenzamos a sentir poseídos por otro, nos parece que los
+extraños y los indiferentes nos protegen contra nuestra debilidad, y que
+quedaríamos sin defensa sin ellos.
+
+La señora de Villanera servía, sin saberlo, este secreto deseo de
+Germana, reteniendo a su lado a la señora de Vitré, con la que cada día
+se sentía más identificada. Don Diego no había llegado aún a ese punto
+en que un amante soporta impacientemente la compañía de los extraños; su
+cariño por Germana era aún desinteresado. Buscaba ante todo aquello que
+podía distraer a la joven para que se sintiese más interesada por la
+vida. Quizás aquel hombre tímido, como todos los hombres verdaderamente
+fuertes, evitaba explicarse a sí mismo el sentimiento nuevo que le
+atraía hacia ella. Temía verse preso entre dos deberes contrarios; no se
+podía ocultar que estaba ligado por toda la vida a la señora Chermidy.
+La creía digna de su amor, la amaba a pesar de su falta, como se ama a
+la mujer culpable o inocente por la que se es correspondido. Si hubieran
+ido con pruebas en la mano a decirle que la señora Chermidy no era digna
+de él, hubiera experimentado un sentimiento de angustia y no se hubiera
+alegrado de recobrar su libertad. No se rompe fácilmente con tres años
+de dicha: no se dice frotándose las manos: ¡Loado sea Dios! ¡mi hijo es
+el hijo de una intrigante!
+
+El conde experimentaba, pues, un malestar moral, una inquietud sorda que
+contrariaba su pasión naciente. Temía confesarse a sí mismo; se detenía
+ante su corazón como ante una carta que no nos atrevemos a abrir.
+
+Mientras tanto, los jóvenes esposos se buscaban, se encontraban bien
+cuando estaban juntos y daban las gracias desde el fondo de su corazón a
+los que les impedían estar solos. El círculo de amigos que se sentaban
+alrededor de ellos, abrigaba su amor, como los grandes obreros que
+rodean los vergeles de Normandía protegen la floración de los manzanos.
+
+El salón de recepciones era el centro del jardín, alfombrado de naranjas
+que habían caído antes de sazonar. Germana, sentada en su sillón, fumaba
+cigarrillos yodados; el conde la miraba vivir; la señora de Villanera
+jugaba con el niño como una faunesa vieja y negra con su retoño
+bronceado. Los amigos se balanceaban en las mecedoras que se habían
+hecho traer de América. De cuando en cuando, Mantoux u otro criado de la
+casa, servía café, helados o confituras, según los usos de la
+hospitalidad oriental. Los huéspedes se extrañaban de que la dueña de la
+casa fuese la única fumadora de toda la concurrencia. En Oriente se fuma
+siempre. Vosotros arrojáis el cigarrillo a la puerta de una casa, pero
+la dueña os ofrece otro en seguida. Germana, sea que fuese más
+indulgente para el único vicio de su marido, sea que se apiadase de
+aquellos pobres griegos que no podían vivir sin el tabaco, decretó un
+día que el cigarrillo sería permitido en toda la extensión de su
+imperio. Don Diego le recordó sonriendo sus antiguas repugnancias. La
+joven se ruborizó ligeramente y replicó con viveza:
+
+--He leído en _El Conde de Montecristo_ que el tabaco turco era un
+perfume y yo sé que aquí, a la vista de las riberas de Turquía, no se
+fuma de otro. No se trata de esos nauseabundos cigarros que usaba usted
+y cuya sola vista me hace daño.
+
+Bien pronto se vieron aparecer en el jardín y en la casa los grandes
+_chibuks_ de hornillo rojo y boquilla de ámbar; los _narghilés_ de
+cristal que cantan al hervir y que pasean sobre la hierba su largo tubo
+flexible como una serpiente. A fines de julio los nauseabundos cigarros
+se escaparon tímidamente de no sé qué receptáculo invisible y
+encontraron gracia ante Germana, lo que dio a comprender que se
+encontraba mucho mejor.
+
+Fue por aquella época cuando el elegido por la señora Chermidy, Mantoux,
+llamado _Poca Suerte_, tomó el partido de envenenar a su ama.
+
+Hay siempre algo de bueno en el hombre más vicioso y yo debo confesar
+que por espacio de dos meses fue un criado excelente. Cuando el duque,
+que ignoraba su historia, le hizo dar un pasaporte a nombre de Mateo,
+atravesó la frontera con alegría y reconocimiento. Quizá pensaba de
+buena fe, como el criado de Tucaret, en ser el tronco de hombres
+honrados. La dulzura de Germana, el encanto que ejercía sobre todos los
+que la rodeaban, lo bien que pagaba a los que la servían y la poca
+esperanza que se tenía de salvarla, inspiraron buenos sentimientos a
+aquel criado de contrabando. Sabía mucho mejor descerrajar una puerta
+que preparar un vaso de agua azucarada, pero se esforzó en no parecer un
+novicio y lo consiguió. Pertenecía a una raza inteligente, apta para
+todo, hábil en todos los oficios y en todas las artes. Se aplicó tan
+bien, hizo tales progresos y aprendió tan pronto su obligación, que sus
+amos estaban muy contentos de él.
+
+La señora Chermidy le había recomendado que ocultase su religión y aun
+que renegase de ella si le interrogaban. Conocía la fama de intolerantes
+que tienen los españoles para con los israelitas. Desgraciadamente aquel
+honrado hombre forrado de nuevo no podía ocultar su cara. La señora de
+Villanera sospechó que, por lo menos, era un hebreo convertido. Porque,
+como buena española, hacía poca diferencia entre los convertidos y los
+obstinados[F]. Era la mejor mujer del mundo, pero los hubiera enviado a
+todos a la hoguera, segura de que los doce apóstoles hubieran hecho otro
+tanto.
+
+Mantoux, que había transigido más de una vez con su conciencia, no hizo
+escrúpulos al acto de renegar de la religión de sus padres. Pero, por
+una de esas contradicciones tan frecuentes en los hombres, no se decidió
+nunca a comer los mismos alimentos que sus camaradas. Sin hacer alarde
+de ello, se dedicó a las legumbres, a las frutas y a las herbáceas,
+viviendo como un vegetariano, un pitagórico. Se consolaba de este
+régimen cuando se le enviaba con alguna comisión a la ciudad. Entonces
+corría en derechura al barrio judío, fraternizaba con sus compatriotas,
+hablaba con ellos esa jerga semihebraica que sirve de lazo de unión a la
+gran nación dispersa, y comía carne _kaucher_, es decir, matada por el
+sacrificador, según los preceptos de la ley. Era un consuelo que
+seguramente le habría faltado durante el tiempo que estuvo en presidio.
+
+Hablando con sus correligionarios, se enteró de muchas cosas; supo que
+Corfú era un excelente país, una verdadera tierra de promisión en la que
+se vivía muy barato y en la que sería rico con 1.200 francos de renta.
+Se enteró también de que la justicia inglesa era severa, pero que con
+una buena lancha y dos remos se podía escapar a la persecución de la
+ley. Bastaba poner el pie en Turquía; el continente estaba a algunas
+millas de allí, ¡se le veía, se le tocaba casi! Supo, por fin, donde se
+podía adquirir arsénico a un precio módico.
+
+Hacia los últimos días de julio, oyó afirmar a muchas personas que la
+joven condesa estaba en vías de curación. Se aseguró por sus propios
+ojos y vio que, efectivamente, estaría restablecida de un día a otro.
+Todas las noches al llevarle un vaso de agua azucarada podía observar,
+junto con el señor Le Bris, cómo disminuían la tos y la fiebre. Un día
+asistió al acto de desembalar una caja mucho mejor cerrada que la que él
+había traído de París. De ella vio salir un lindo aparato de cobre y de
+cristal, una pequeña máquina muy sencilla, y tan sugestiva, que al verla
+sentía uno no ser tísico. El doctor se apresuró a montarla, y dijo,
+mirándola con ternura: «¡He aquí, tal vez, la salvación de la condesa!»
+
+Estas palabras fueron tanto más penosas para Mantoux, cuanto que acababa
+de echar el ojo a una pequeña propiedad, con sus árboles y su casa para
+el dueño, el nido que podía apetecer una familia honrada. Entonces se le
+ocurrió la idea de hacer añicos aquel aparato de destrucción que
+amenazaba su fortuna. Pero no tardó en comprender que le pondrían a la
+puerta y que no sólo perdería su pensión, sino también su sueldo.
+Resignose, pues, a ser un buen criado.
+
+Por desgracia, sus camaradas hacían ya comentarios sobre el régimen
+vegetariano a que se había sometido. La señora de Villanera entró en
+alarma, se informó de todo y decidió que era un judío incorregible,
+relapso y todo lo demás por añadidura. Le preguntó si le convenía buscar
+una plaza en Corfú, o bien prefería regresar a Francia. El desgraciado
+gimió, pidió gracia y recurrió a la intervención caritativa de la buena
+Germana, pero la señora de Villanera se mostró inexorable. Todo lo que
+pudo obtener es que continuaría allí hasta la llegada de su substituto.
+
+Le quedaba un mes por delante: he aquí cómo lo aprovechó. Compró algunos
+gramos de ácido arsenioso que guardó en su habitación. Cogió una pizca,
+la cantidad necesaria para matar a dos hombres, y la disolvió en un vaso
+de agua. Colocó el vaso en la alacena, sobre una tabla muy alta a la
+cual no se podía llegar sino subiéndose a una silla; y, sin perder
+tiempo, echó algunas gotas de aquel líquido envenenado en el agua de la
+enferma, después de prometerse repetir las operación todos los días,
+matar lentamente a su ama y merecer, a pesar del pequeño aparato, los
+beneficios de la señora Chermidy.
+
+
+
+
+IX
+
+CARTAS DE CHINA Y DE PARÍS
+
+
+_al señor Mateo Mantoux, en casa del señor conde de Villanera, Villa
+Dandolo, en Corfú_
+
+«Sin fecha.
+
+»Tú no me conoces, y yo en cambio te conozco como si te hubiese
+inventado. Eres un antiguo pensionista del Gobierno en la escuela naval
+de Tolón; allí es donde te vi por primera vez. Más tarde te encontré en
+Corbeil; no era tu posición muy brillante y la policía tenía fijos los
+ojos en ti. Tuviste la suerte de caer sobre una estúpida parisiense que
+te procuró una buena colocación con la esperanza de una pensión. La
+señora de la calle del Circo y su camarera te tienen por un inocente; se
+dice que tus señores te distinguen con su confianza. Si la enferma que
+cuidas hubiera tomado soleta para el otro mundo, serías rico,
+considerado, y vivirías como un burgués allí donde mejor te pluguiese.
+Desgraciadamente no se ha decidido, y a ti no se te ha ocurrido hacer
+nada para decidirla. Peor para ti; seguirás llamándote _Poca Suerte_. El
+comisario de policía de Corbeil te busca. Está sobre tu pista. Si no
+tomas las medidas convenientes, darán contigo ahí. Por mi parte, yo que
+te escribo, te he encontrado. ¿Te gustaría ir a coger pimienta a Cayena?
+¡Pues trabaja, holgazán! Tienes la fortuna en la mano tan cierto como me
+llamo... Pero no hay necesidad de que sepas mi nombre. No soy ni
+Rabichon, ni Lebrasseur, ni Chassepie. Abrigo la esperanza de que sabrás
+comprender lo que te conviene.
+
+»Tu amigo
+
+»X. Y. Z.»
+
+
+_La señora Chermidy al doctor Le Bris_
+
+«París, 13 de agosto de 1853.
+
+»Llave de los corazones, mi estimado amigo, he aquí una grande y
+magnífica noticia. Mme. de Sevigné se la haría esperar durante dos
+páginas; yo voy más pronto al grano y se la espeto en seguida. ¡Soy
+viuda, amigo mío; viuda sin apelación; viuda en última instancia, como
+si el notario lo hubiese rubricado! He recibido la noticia oficial, el
+acta de defunción, el pésame del ministerio de Marina, el sable y las
+charreteras del difunto y una pensión de 750 francos para que pueda
+poner coche en los días de mi vejez. ¡Viuda, viuda, viuda! No hay
+palabra más bonita en la lengua francesa. Me he vestido de negro; me
+paseo a pie por las calles, y siento un gran deseo de detener a los
+transeúntes para hacerles saber que soy viuda.
+
+»En esta ocasión he comprendido que no soy una mujer vulgar. Conozco más
+de una que habría llorado por debilidad humana y para darle una pequeña
+satisfacción a sus nervios; yo, he reído como una loca. Ya no hay
+Chermidy; Chermidy no existe, y tenemos derecho a decir ya el difunto
+Chermidy.
+
+»Ya sabe usted, tumba de los secretos, que jamás quise a ese hombre. No
+era nada para mí. Llevaba su apellido, soportaba sus botaratadas; los
+dos o tres bofetones que me ha dado eran los únicos lazos que el amor
+había formado entre nosotros. El hombre que yo he amado, mi verdadero
+esposo, mi esposo ante Dios, no se ha llamado nunca Chermidy. Mi fortuna
+no procede de ese marinero; no le debo nada, y sería una hipócrita si lo
+llorase. ¿No asistió usted a nuestra última entrevista? ¿Se acuerda
+usted de la mueca conyugal que embellecía sus facciones? Si no hubiese
+estado usted presente, me habría jugado una mala partida: esos maridos
+marinos son capaces de todo. Las cartas me han anunciado repetidas veces
+que yo moriría de muerte violenta, y es que las cartas conocían al señor
+Chermidy. Tarde o temprano me habría retorcido el cuello, y hubiera
+bailado el día de mi entierro. Ahora soy yo la que río, la que bailo y
+dice tonterías; el mío es un caso de legítima defensa.
+
+»¡Vamos, es una linda historia la de esa muerte! Nunca se ha visto
+objeto de china igual, y yo la conservaré en una rinconera. Todos mis
+amigos han venido a darme el pésame, poniendo cara de circunstancias;
+pero les he contado el suceso y les he hecho perder la gravedad en
+seguida. Hemos estado riendo a mandíbula batiente hasta las doce y media
+de la noche.
+
+»Figúrese usted, mi querido doctor, que la _Náyade_ había anclado
+delante de Ky-Tcheou. No he podido encontrar de ningún modo en el mapa
+donde cae eso, y estoy desesperada. Los geógrafos de hoy son seres muy
+incompletos. Ky-Tcheou debe estar al sur de la península de Corea, en el
+mar del Japón. He encontrado Kin-Tcheou, pero en la provincia de
+Ching-King, en el golfo de Leou-Toung, en el mar Amarillo. ¡Póngase
+usted en lugar de una pobre viuda que no sabe en qué latitud la han
+privado de su marido!
+
+»Sea lo que fuere, los magistrados de Ky-Tcheou o Kin-Tcheou, en la
+desembocadura del río Li-Kiang, habían maltratado a dos misioneros
+franceses. El mandarín gobernador, o padre de la ciudad, el poderoso
+Gu-Ly, consagraba todos sus ocios a hacerles jugarretas a los
+extranjeros. Existen tres factorías europeas en ese lugar de recreo. Un
+francés que compra seda, ejerce las funciones de agente consular. Tenía
+una bandera delante de su puerta y los misioneros se alojaban en su
+casa. Gu-Ly hizo prender a los dos sacerdotes acusándolos de predicar
+una religión extraña. Difícilmente se pudieron defender los sacerdotes
+mentados, puesto que a eso, a predicar la religión cristiana, habían
+ido. Fueron condenados, y corrió el rumor de que los habían matado.
+Debido a eso envió el almirante a la _Náyade_ con la misión de enterarse
+de lo que ocurría.
+
+»El comandante hizo ir a Gu-Ly a su presencia, ¿Se representa usted a mi
+marido frente a frente con el tal chino? Gu-Ly aseguró que los
+misioneros no tenían novedad, pero que habían infringido las leyes del
+país, y por lo tanto era preciso que sufriesen seis meses de cárcel. Mi
+marido quiso verlos y se le ofreció que se los enseñarían a través de
+las rejas. Aquella misma noche se trasladó a las puertas de la prisión
+con una compañía de desembarco. Vio a dos misioneros que gesticulaban en
+la ventana, el cónsul los reconoció y todo el mundo quedó satisfecho.
+
+»Pero al día siguiente fueron a avisar al cónsul que los misioneros
+habían sido degollados ocho días antes de la llegada de la _Náyade_. Más
+de veinte testigos certificaron el hecho. Mi Chermidy volvió a
+endosarse el uniforme, desembarcó con sus hombres, fue de nuevo a la
+cárcel y derribó las puertas, sin hacer caso a los misioneros que le
+hacían señas con los brazos para que regresara al buque. Encontró en el
+calabozo dos figuras de cera, modeladas con una perfección chinesca;
+eran los dos misioneros que le habían enseñado el día anterior.
+
+»Mi marido montó en cólera. No era de los que sufren que se les engañe;
+éste es un defecto que siempre ha tenido. Volvió a bordo y juró por lo
+más sagrado que bombardearía la ciudad, si los asesinos no eran
+castigados. El mandarín, temblando como una hoja, hizo acto de sumisión
+y condenó a los jueces a ser aserrados vivos. Mi marido no tuvo ninguna
+objeción que hacer.
+
+»Pero la legislación del país permite a todo condenado a muerte buscar
+un substituto. Hay agencias especiales que, mediante cinco o seis mil
+francos y buenas promesas, deciden a un pobre diablo a dejarse cortar en
+dos. Los chinos de la clase baja, los que viven mezclados con los
+animales, no tienen gran apego a la vida. Y se comprende. ¡Para lo que
+hacen! No les cuesta, pues, gran trabajo, decidirse a dejar este mundo
+cuando se les ofrece mil piastras y tres días para comérselas. Mi marido
+aceptó a los substitutos, asistió al suplicio e hizo las paces con el
+ingenioso Gu-Ly, llegando en su clemencia hasta invitarle a comer al día
+siguiente con los magistrados que se habían hecho sustituir. Esto era
+obrar como buen diplomático, porque, después de todo, ¿qué es la
+diplomacia? El arte de perdonar las injurias tan pronto como han quedado
+vengadas.
+
+»Gu-Ly y sus cómplices fueron a comer a bordo de la _Náyade_. Los
+postres fueron interrumpidos por un incendio magnífico; el navío ardía
+como una cerilla. Funcionaron las bombas oportunamente, se echaron las
+culpas sobre un pinche de cocina y se dieron excusas al venerable Gu-Ly.
+
+»¿Encuentra usted el relato un poco largo? ¡Paciencia! todo se andará.
+El mandarín quiso devolverle su fineza y le invitó para el día siguiente
+a uno de esos banquetes en que triunfa la prodigalidad china. Nosotros
+somos unos pobres señores comparados con esos originales. Admiramos
+mucho al _gentleman_ que gasta en un cubierto para él solo quinientos
+francos en el café de París: ¡los chinos hacen las cosas de otro modo!
+Anunciaron al comandante las salsas espolvoreadas con perlas finas, los
+nidos de golondrinas con lenguas de faisán, y la célebre tortilla de
+huevos de pavo real que se hace en la misma mesa matando a cada hembra
+para arrancarle su huevo. Mi Chermidy, simple como un remo, no adivinó
+que sería él quien pagaría el _menú_. Según los relatos oficiales, se
+relamía los labios y se prometía escuchar atentamente las comedias con
+que se acostumbra sazonar un festín chino.
+
+»Desembarcó con el cónsul y cuatro hombres de escolta, bajo una lluvia
+persistente. Ya comprenderá usted que no olvidaría su uniforme de gala.
+Una diputación de magistrados lo recibió con toda la etiqueta de rigor.
+Supongo que quedaría satisfecho de la arenga. Si los chinos adoran la
+etiqueta, los marinos no la detestan. Se le izó sobre un caballejo.
+Desde aquí le veo trotando y dando tumbos. El animal (dicho sea sin
+equívoco) se hundía en el barro hasta los corvejones; las ciudades de
+China están empedradas con un afirmado de dos filas que las hace aptas a
+la vez para el tránsito rodado y para la navegación. Doce jóvenes
+vestidos de seda de color de rosa marchaban a sus lados, con una pluma
+de pavo real en la mano. Cantaban con su voz gangosa alabanzas en honor
+del grande, del poderoso, del invencible Chermidy, y agasajaban
+dulcemente a la montura con las barbas de sus plumas. Los pequeños le
+hacían cosquillas en las narices y los mayores le hurgaban en el
+interior de las orejas tan bien y tan largo tiempo, que el animal acabó
+por encabritarse. El caballero, torpe como un marino, cayó de espaldas.
+Los niños corrieron hacia él y le preguntaron todos a la vez si se había
+hecho daño, si tenía necesidad de algo, si quería agua para lavarse, y,
+sin dejar de hablar, sacaron sus cuchillos de los bolsillos y le
+cortaron el cuello sin ruido, sin escándalo, hasta que la cabeza quedó
+completamente separada del tronco.
+
+»Es el cónsul el que ha contado esta historia. Me temo mucho que no
+hubiera podido hablar nunca más con nadie a no ser por el socorro de los
+cuatro marineros que le salvaron la vida y le condujeron a bordo. Me
+detengo aquí, porque la pieza pierde su interés desde el momento en que
+el héroe ha sido enterrado. Ya sabrá usted la continuación por los
+periódicos y por la carta adjunta que los oficiales de la _Náyade_ se
+han tomado la molestia de enviarme. Lamento sinceramente la muerte del
+mandarín Gu-Ly. Si viviese aún, le aseguraría un plato de nidos de
+golondrinas para el resto de sus días. Desde que mi dicha depende de una
+doble viudez, me he prometido siempre partir un millón entre las almas
+caritativas que me librasen de mis enemigos. En un cajón de mi
+_secreter_ había quinientos mil francos para ese mandarín que ya no
+existe.
+
+»Tumba de los secretos, quemará usted mi carta, ¿no es verdad? Queme
+también los periódicos que hablan de este asunto. No es necesario que
+don Diego sepa que yo soy libre mientras él aún continúa encadenado.
+Evitemos a nuestros amigos disgustos demasiado crueles. Sobre todo, no
+le diga usted que el luto me embellece.
+
+»Cuide bien a la persona a la cual se ha dedicado usted. Pase lo que
+pase, tendrá el mérito de haberla hecho vivir más de lo que era
+humanamente posible. Si le hubieran dicho antes de dejar París que iba a
+estar ausente siete u ocho meses, ¿comería tan buenas codornices? Cuando
+esté curada o le ocurra otra cosa, usted vendrá a París y entonces
+trataremos de buscarle una clientela, porque estoy segura de que sus
+enfermos, a excepción de mí, no le reconocerán.
+
+»El señor duque de La Tour de Embleuse, que me hace algunos días el
+honor de comer en mi casa, me ha rogado que buscase otro criado para su
+hija. Yo había tomado apresuradamente mis informes sobre el primero que
+le envié, pero después me han dicho que es un sujeto de malos
+antecedentes. Echelo usted lo más pronto posible, o quédeselo bajo su
+responsabilidad hasta la llegada del substituto.
+
+»Adiós, llave de los corazones. El mío le está abierto desde hace mucho
+tiempo, y si no es usted el mejor de mis amigos, no es mía la culpa.
+Consérveme mi marido y mi hijo y seré siempre completamente suya.
+
+»HONORINA.»
+
+
+_Los oficiales de la «Náyade» a la señora Chermidy_
+
+«Hong-Kong, 2 de abril 1853.
+
+»Señora: Los oficiales y los alumnos embarcados a bordo de la _Náyade_
+cumplimos un penoso deber al unir nuestro pesar al dolor bien legítimo
+que le causará la pérdida del comandante Chermidy.
+
+»Una odiosa conspiración ha robado a Francia uno de sus oficiales más
+honorables y más experimentados: a usted, señora, un marido, del cual
+todos habíamos podido apreciar la bondad y la dulzura; a nosotros un
+jefe, o mejor dicho, un compañero, que tenía a honor descargarnos del
+peso del servicio, reservándose la parte más pesada.
+
+»Al enviarle las insignias de su grado, que había conquistado tan
+laboriosamente, lamentamos, señora, no poder unir la condecoración de
+los valientes que merecía desde hace mucho tiempo, tanto por la duración
+como por la importancia de sus servicios, y que le esperaba sin duda,
+después de una campaña que tendremos que terminar sin él.
+
+»Es un débil consuelo, señora, en un dolor como el suyo, el placer de la
+venganza. No obstante, nos sentimos orgullosos de poder decir a usted
+que hemos hecho gloriosos funerales a nuestro bravo comandante.
+
+»Cuando el señor cónsul y los cuatro marineros que habían presenciado el
+crimen nos trajeron la noticia a bordo, el más antiguo de los tenientes
+de navío, que había sucedido al excelente oficial que habíamos perdido,
+hizo evacuar las personas y las mercaderías de las factorías europeas, y
+comenzamos un fuego graneado contra la ciudad que la convirtió en
+cenizas en menos de dos días. Gu-Ly y sus compañeros creyeron encontrar
+un refugio seguro en la fortaleza. La compañía de desembarco, a las
+órdenes de uno de los nuestros, los sitió durante una semana con dos
+cañones que habíamos llevado a tierra. La conducta de nuestros hombres
+fue admirable; vengaron cumplidamente a su comandante. La _Náyade_ no
+izó el pabellón imperial hasta después de haber castigado
+implacablemente al mandarín gobernador y a todos los que se habían
+reunido alrededor de su persona. A la hora en que le escribimos, señora,
+ya no existe la ciudad llamada Ky-Tcheou; no queda en su lugar más que
+un montón de cenizas que podría ser llamado la tumba del comandante
+Chermidy.
+
+»Reciba usted, señora, el homenaje de los sentimientos de la más
+profunda simpatía, y reconózcanos como sus más humildes y fieles
+servidores. (_Siguen las firmas._)»
+
+
+
+
+X
+
+LA CRISIS
+
+
+La época más dichosa en la vida de una joven es el año que precede a su
+matrimonio. Toda mujer que quiera pasar revista a sus recuerdos se
+acordará con un sentimiento de pesar de aquel invierno bendito entre
+todos, en que su elección ya estaba hecha, pero ignorada de los demás.
+Una multitud de pretendientes tímidos e indecisos se mostraban
+obsequiosos a su alrededor, se disputaban su ramo o su abanico y la
+envolvían en una atmósfera de amor, que ella respiraba con embriaguez.
+Ella ya había distinguido entre todos al hombre del cual quería ser,
+pero no le había prometido nada y experimentaba una cierta alegría en
+tratarle como a los demás y en ocultarle su preferencia. Se divertía en
+hacerle dudar de su dicha, en llevarle de la esperanza al temor, en
+someterle todos los días a una prueba. Pero en el fondo de su corazón,
+le inmolaba todos su rivales y depositaba a sus pies todos los
+homenajes que fingía acoger. Se prometía recompensar espléndidamente
+tanta perseverancia y resignación, y sobre todo saboreaba el placer,
+eminentemente femenino, de mandar a todos y de no obedecer más que a uno
+solo.
+
+Este período triunfal había faltado en la vida de Germana. El año que
+precedió a su matrimonio había sido el más triste y el más miserable de
+su pobre juventud. Pero el año que siguió la indemnizó en parte. Vivía
+en Corfú en un círculo de admiradores apasionados. Todos los que la
+rodeaban, viejos y jóvenes, experimentaban por ella un sentimiento muy
+parecido al amor. Llevaba impreso sobre su hermosa frente ese signo de
+melancolía que demuestra que una mujer no es dichosa. Es un atractivo
+que pocos hombres resisten. Los más atrevidos temen ofrecerse a la que
+parece no carecer de nada, pero la tristeza enardece a los tímidos. No
+faltaban, ciertamente, médicos a aquella alma afligida. El joven
+Dandolo, uno de los hombres más brillantes de las siete islas, la
+asediaba con sus cuidados, la deslumbraba con su talento y le imponía su
+amistad soberbia con la autoridad del que siempre ha triunfado. Gastón
+de Vitré paseaba alrededor de ella una solicitud inquieta. El hermoso
+joven se sentía nacer a una nueva vida. No había cambiado nada en sus
+costumbres, y sus ocupaciones y sus placeres marchaban al mismo paso que
+antes, pero cuando leía cerca de su madre, veía más allá de las páginas
+del libro; se detenía como deslumbrado en medio de la lectura; se sumía
+en un ensueño a propósito de un verso que jamás le había impresionado.
+El beso de despedida que daba por las noches a la señora de Vitré
+quemaba la frente de su madre. Cuando rezaba, de rodillas, con la cabeza
+apoyada contra la cama, veía pasar entre sus ojos y sus párpados
+imágenes extrañas.
+
+No dormía toda la noche de un tirón, como antes; su sueño era
+entrecortado. Se levantaba antes del amanecer y corría por el campo con
+una impaciencia febril. La escopeta le pesaba menos sobre el hombro; sus
+pies casi no pisaban la hierba seca. Cuando se embarcaba, se internaba
+más que nunca en el mar y sus brazos robustos encontraban un placer en
+impulsar los remos; cualquiera que fuese el objeto de su visita, un
+encanto invisible lo atraía siempre cerca de Germana, lo mismo por
+tierra que por mar; se volvía hacia ella como la brújula a la estrella,
+sin tener conciencia del poder que lo atraía. Era acogido amistosamente,
+se tenía placer al verle y a él no se le ocultaba. No obstante, siempre
+mostraba prisa de partir y no entraba más que un momento, pretextando
+que su madre lo esperaba, pero es lo cierto que a la caída del sol aun
+estaba sentado al lado de la querida enferma, y se extrañaba de que los
+días fuesen tan cortos en el mes de agosto.
+
+El señor Stevens, hombre de peso y de gravedad, marcaba el paso detrás
+del sillón de Germana como un regimiento de infantería; tenía para ella
+esas atenciones reflexivas y serenas que constituyen la fuerza de los
+hombres de cincuenta años. Le llevaba bombones, le contaba cuentos y le
+prodigaba esas pequeñas atenciones a las que una mujer no se muestra
+nunca insensible. Germana no despreciaba aquella buena amistad, paternal
+en la forma, menos paternal no obstante que la del doctor Delviniotis.
+Recompensaba también con una dulce mirada al capitán Bretignières, aquel
+excelente hombre al que no faltaba más que una pluma en el sombrero. Se
+regocijaba al verle correr a su alrededor con todo el estruendo de una
+fantasía árabe. Tenía una amistad bien tierna por el doctor; el señor Le
+Bris, acostumbrado a hacer una corte inocente a sus enfermas, no sabía
+con precisión el sentimiento que experimentaba por la joven condesa de
+Villanera. Esta cambiaba a ojos vistas y aquella belleza renaciente
+podía derribar en un instante la frágil barrera que separa la amistad
+del amor.
+
+Todos estos sentimientos mal definidos y más difíciles de nombrar que de
+describir constituían la alegría de la casa y la dicha de Germana.
+Encontraba una gran diferencia entre su último invierno de París y su
+primer verano de Corfú. La villa y el jardín respiraban alegría,
+esperanza y amor. No se oían más que palabras de cordialidad y francas
+carcajadas. Los huéspedes rivalizaban en ingenio y en buen humor, y
+Germana se sentía renacer al dulce calor de todos aquellos corazones
+devotos que latían por ella. Si algunas veces atizaba el fuego por una
+inocente coquetería, es porque quería asegurar la conquista de su
+marido.
+
+Los recuerdos penosos de su matrimonio se iban poco a poco borrando de
+su memoria. Había olvidado la lúgubre ceremonia de Santo Tomás de Aquino
+y se consideraba como una prometida que espera el momento de ir a la
+iglesia. No pensaba ya en la señora Chermidy y no experimentaba aquel
+frío interior que da el temor de una rival. Su marido se le aparecía
+como un hombre nuevo; ella se creía también ser una mujer nueva, acabada
+de nacer. ¿Acaso escapar a una muerte cierta, no es nacer una segunda
+vez? Hacía remontar su nacimiento a la primavera y se decía sonriendo:
+«Soy una niña de cuatro meses.» La vieja condesa la confirmaba en
+aquella idea tomándola en brazos como a una criatura.
+
+Lo que le hubiera podido llamar a la realidad era la presencia del
+marqués. Era difícil olvidar que aquel niño tenía una madre y que
+aquella madre podía venir un día u otro a reclamar la dicha que le
+habían tomado. Pero Germana se había acostumbrado a mirar al pequeño
+Gómez como a su hijo. El amor maternal es de tal modo innato en las
+mujeres, que se desarrolla en ellas mucho antes que el matrimonio. Por
+eso se ve a niñas de dos años ofrecer el pecho a sus muñecas. El marqués
+de los Montes de Hierro era la muñeca de Germana. Se olvidaba de sí
+misma para ocuparse de su hijo. Había acabado por encontrarle hermoso,
+lo que prueba que tenía un verdadero corazón de madre. Don Diego la
+miraba con complacencia cuando estrechaba entre sus brazos a aquel
+pequeño gnomo bronceado. Y se regocijaba al observar que la mueca
+hereditaria de los Villanera no daba miedo a su mujer.
+
+Todas las noches, a las nueve, los señores y los criados se reunían en
+el salón para rezar en común. La vieja condesa se mostraba muy apegada a
+esta costumbre religiosa y aristocrática. Ella misma leía las oraciones
+en latín. Los domésticos griegos se asociaban devotamente a la plegaria
+común, a pesar del cisma que divide a los cristianos de Occidente. Mateo
+Mantoux se arrodillaba en un rincón, desde el cual podía ver sin ser
+visto, y desde allí trataba de leer en la cara de Germana los estragos
+del arsénico.
+
+No había dejado ni sola vez de envenenar el vaso de agua azucarada que
+llevaba todas las noches a Germana. Esperaba que el arsénico a pequeñas
+dosis aceleraría los progresos de la enfermedad, sin dejar trazas
+visibles. Este es un prejuicio extendido entre las clases ignorantes.
+Mateo Mantoux, con razón llamado _Poca Suerte,_ no podía saber que el
+veneno mata de una vez a las gentes, o no les hace nada. Creía que
+aquellos miligramos de ácido arsenioso ingeridos diariamente se unían en
+el cuerpo hasta formar gramos; y es que no contaba con el trabajo
+infatigable de la naturaleza que repara incesantemente todos los
+desórdenes interiores. Si hubiese tomado una lección más detallada de
+toxicología o se hubiera acordado del ejemplo de Mitrídates, hubiera
+comprendido que los envenenamientos microscópicos producen unos efectos
+muy distintos de los que él esperaba. Pero Mateo Mantoux no había leído
+la historia.
+
+Lo que aun le habría extrañado más es saber que el arsénico a pequeñas
+dosis es un remedio contra la tuberculosis. No la cura siempre, pero por
+lo menos procura un verdadero alivio al enfermo. Las moléculas del
+veneno van a quemarse en los pulmones al contacto del aire exterior y
+producen una respiración ficticia. Siempre es algo respirar con más
+facilidad, y Germana había podido notarlo. Además, el arsénico rebaja la
+fiebre, abre el apetito, facilita el sueño, restablece las carnes y no
+perjudica el efecto de los otros medicamentos, ayudándolos algunas
+veces.
+
+El señor Le Bris había pensado muchas veces en tratar a Germana por este
+método, pero un escrúpulo bien natural le detenía. No estaba seguro de
+salvar a la enferma y aquel diablo de arsénico le recordaba a la señora
+Chermidy. Mateo Mantoux, médico menos timorato, aceleró los efectos del
+yodo y la curación de Germana.
+
+Germana llevaba ya un mes del tratamiento por el yodo. El doctor asistía
+todas las mañanas a la inspiración, y muchas veces le acompañaba el
+señor Delviniotis. Este tratamiento no es infalible, pero es suave y
+fácil. Una corriente de aire caliente disuelve lentamente un centigramo
+de yodo y lo hace penetrar en los pulmones sin esfuerzo ni dolor alguno.
+El yodo puro no embriaga a los enfermos como la tintura, no provoca la
+tos, no produce estomatitis. Su único defecto es dejar en la boca un
+ligero sabor a herrumbre, al cual el enfermo no tarda en acostumbrarse.
+Los señores Le Bris y Delviniotis acostumbraron suavemente a Germana a
+este medicamento nuevo. En su impaciencia por curar hubiera querido
+arrancarse su mal a viva fuerza; pero ellos no le permitían más que una
+inspiración diaria y aun muy corta: tres minutos, cuatro a lo más. Con
+el tiempo aumentaron la dosis y a medida que la curación avanzaba
+llegaron a darle hasta dos centigramos diarios.
+
+El estado de la enferma mejoraba con una rapidez increíble, gracias a la
+discreta colaboración de Mateo Mantoux. Un desconocido que hubiese
+estado por primera vez en la villa Dandolo no habría sospechado que allí
+hubiese una tísica. A fines de agosto, Germana estaba fresca como una
+rosa y redonda como una fruta. En aquel hermoso jardín donde la
+Naturaleza había acumulado todas sus maravillas, el sol no alumbraba
+nada más brillante que aquella mujer completamente nueva, por decirlo
+así, que salía de la enfermedad como una joya de su estuche. No sólo los
+colores de la juventud florecían en su rostro, sino que la salud
+metamorfoseaba cada día las formas de su cuerpo. Las dulces oleadas de
+una sangre generosa henchían lentamente su piel rosada y transparente;
+todos los resortes de la vida, relajados por tres años de dolor,
+recobraban su tensión con una alegría visible.
+
+Los testigos de aquella transformación bendecían la ciencia como se
+bendice a Dios. Pero el más dichoso de todos era quizás el doctor Le
+Bris. La curación de Germana podía parecer a los demás una esperanza;
+sólo para él era una certidumbre. Al auscultar a su querida enferma,
+comprobaba todos los días la disminución del mal; veía la curación en
+sus efectos y en sus causas; medía como con un compás el terreno que
+había ganado a la muerte. La auscultación, método admirable que la
+ciencia moderna debe al genio de Hipócrates, permite al médico leer en
+el cuerpo del enfermo como en un libro abierto. Los resortes invisibles
+que se agitan en nosotros producen en su marcha regular un ruido tan
+constante como el movimiento de un péndulo. El oído del médico, cuando
+está acostumbrado a percibir esa harmonía de la salud, reconoce por
+signos ciertos el más pequeño desorden interior. La enfermedad tiene su
+lenguaje claro y preciso para el observador inteligente que asiste a los
+progresos de la vida o de la muerte. Un sonido mate designa al médico
+las partes del pulmón donde el aire ya no penetra; un estertor
+particular le indica las cavernas invasoras que caracterizan el último
+período de la tuberculosis. El señor Le Bris reconoció bien pronto que
+las partes impermeables al aire se circunscribían de día en día; que el
+estertor se extinguía poco a poco; que el aire entraba suavemente en las
+células vivificadas que envolvían las cavernas cicatrizadas. Había
+dibujado, para la vieja condesa, el plano exacto de los estragos que la
+enfermedad había hecho en el pecho de la joven. Todas las mañanas
+trazaba con lápiz un nuevo contorno que atestiguaba el progreso
+cotidiano de la curación. Balzac ha descrito el caso de un individuo, en
+su novela _La piel de zapa_, cuya vida, figurada por un cuero que él
+corta a medida de sus deseos y necesidades, se va limitando cada día. El
+caso de Germana era al revés.
+
+El 31 de agosto, el señor Le Bris, dichoso como un vencedor, dio un
+paseo a pie hasta la ciudad. El campo le agradaba, pero no desdeñaba
+tampoco una vuelta por la explanada donde le divertían las cornamusas de
+los regimientos escoceses. Además, contemplaba el humo de los vapores,
+creía aproximarse a París. Le agradaba también comer en compañía de los
+oficiales ingleses y curiosear después un rato por las calles
+comerciales. Admiraba a los soldados vestidos completamente de blanco,
+con sombrero de paja, guantes amarillos y zapatos cuidadosamente
+lustrados, a la hora en que aquellos bravos, acompañados de sus
+pequeños, iban a comprar sus provisiones. Reposaban los ojos en el
+espectáculo de las admirables instalaciones de frutas verdes que los
+vendedores procuraban presentar con una limpieza inglesa. El uno frotaba
+las ciruelas contra su manga para sacarlas lustre; el otro cepillaba con
+un cepillito de sombrero el terciopelo rosado de los melocotones. Era un
+pintoresco batiburrillo en el que se veían melones del tamaño de
+calabazas, limones gruesos como melones, ciruelas como limones y uvas
+como ciruelas. Quizá también el joven doctor miraba con cierta
+complacencia a las lindas griegas asomadas a los balcones y rodeadas de
+flores. En aquel país de dicha y despreocupación, las burguesitas no se
+desdeñan en enviar besos a los extranjeros, como las floristas de
+Florencia les arrojan ramos en sus coches. Si su padre las ve, las
+abofetea rudamente, en nombre de la moral, y esto da un poco de variedad
+al cuadro.
+
+Mientras el doctor pasaba el rato inocentemente, el conde Dandolo, el
+capitán Bretignières y los Vitré, comían juntos en casa del señor de
+Villanera. Germana tenía buen apetito; pero en cambio el pobre Gastón no
+comía más que con los ojos.
+
+A los postres se entabló una conversación muy interesante. El señor
+Dandolo describió a grandes rasgos la política inglesa en extremo
+Oriente, mostrando a la gran nación establecida en Hong-Kong, en Macao,
+en Cantón, en todas partes.
+
+--Nuestros hijos--decía--, verán a los ingleses dueños de la China y del
+Japón.
+
+--¡Alto ahí!--interrumpió el capitán Bretignières. ¿Qué dejaríamos
+entonces para Francia?
+
+--Todo lo que pida, es decir, nada. Francia es un país desinteresado. Se
+pasa la vida haciendo conquistas, pero no guarda nada para sí.
+
+--Entendámonos, señor conde. Francia nunca ha tenido egoísmo. Ha hecho
+más por la civilización que ningún otro país de Europa, y nunca ha
+pedido recompensa. El Universo entero es nuestro deudor; nosotros le
+proveemos de ideas desde hace trescientos o cuatrocientos años, y no nos
+ha dado nada en cambio. ¡Cuando pienso que ni siquiera tenemos las islas
+Jónicas!
+
+--Ya las han tenido, capitán, y no han querido conservarlas.
+
+--¡Ah! ¡si yo tuviese mis dos piernas!
+
+--¿Qué haría usted, capitán?--preguntó la señora de Villanera.
+
+--¿Qué haría, señora? Mi país no tiene ambición; ya la tendría yo por
+él. Yo le daría las islas Jónicas, Malta, las Indias, la China y el
+Japón; y no sufriría que se hablase de monarquía universal.
+
+--El señor de Bretignières--dijo Germana--se parece al preceptor aquel
+de quien uno de los alumnos robó un higo. Le hizo un sermón sobre la
+glotonería y se comió el higo en el calor de la improvisación.
+
+El capitán se detuvo ruborizándose hasta las orejas.
+
+--Creo--dijo--que he ido más lejos que mi pensamiento. ¿Dónde estábamos?
+
+--En todas partes--respondió el conde Dandolo.
+
+--Es justo, puesto que hablamos de Inglaterra. ¿Cree usted que si lo de
+Ky-Tcheou hubiese ocurrido a un navío inglés se hubieran conformado sus
+oficiales con bombardear la ciudad? ¡No son tan tontos! Inglaterra
+habría conseguido un buen tratado de comercio, cien millones en metálico
+y cincuenta leguas de territorio.
+
+--¿Lo cree usted?--preguntó el señor Dandolo.
+
+--Estoy seguro.
+
+--Pues bien, ¿para qué discutir más? Soy de igual opinión.
+
+--¿Qué es esa historia de Ky-Tcheou?--preguntó Germana.
+
+--¿No ha leído usted eso, señora?
+
+--Nosotros no vemos ningún periódico aquí, a excepción de usted, querido
+conde.
+
+--Pues bien, lo de Ky-Tcheou es un asunto de importancia. Los chinos han
+asesinado a dos misioneros y a un comandante francés; los franceses han
+arrasado la ciudad, tan completamente, que su nombre no figura ya en el
+mapa; las gentes se preguntan en qué quedará eso; yo creo que en nada.
+
+El conde, que hasta entonces había permanecido silencioso, preguntó al
+señor Dandolo:
+
+--¿Es reciente la historia de que usted habla?
+
+--De ahora mismo. Ha llegado en el último correo. ¿No ha oído hablar
+usted de la _Náyade_? ¿No ha leído la muerte del comandante Chermidy?
+
+El conde de Villanera palideció; Germana le miró fijamente para
+sorprender en él un síntoma de alegría; la vieja condesa se levantó de
+la mesa y el señor Dandolo pasó al salón sin haber contado la historia
+de Ky-Tcheou.
+
+Germana aprovechó el momento en que se servía el café para arrastrar al
+señor de Villanera hasta el jardín. El sol se había puesto dos horas
+antes y la noche era calurosa como un día de verano. Los dos esposos se
+sentaron juntos en un banco rústico a orillas del mar. La luna no había
+aparecido aún en el horizonte, pero las estrellas fugaces cruzaban el
+cielo en todas direcciones, y las olas iluminaban la playa con sus
+fosforescencias.
+
+Don Diego aun estaba aturdido por la noticia que acababa de oír. Había
+recibido una sacudida violenta; pero la impresión había sido tan
+repentina que aun no podía darse cuenta exacta de si era de placer o de
+pena. Se parecía al hombre que se ha caído de un tejado y se palpa para
+saber si está muerto o vivo. Mil reflexiones rápidas atravesaban
+confusamente su espíritu, como las antorchas que cruzan un campo sin
+disipar las tinieblas. Germana no estaba más tranquila que él. Presentía
+que su vida iba a decidirse en una hora y que su médico no era ya el
+señor Le Bris, sino el señor de Villanera. No obstante, los dos jóvenes,
+conmovidos hasta el fondo del alma por una emoción violenta,
+permanecieron algunos instantes sentados el uno al lado del otro en el
+más profundo silencio. Un pescador que pasaba cerca de la orilla les
+tomó seguramente por dos amantes dichosos, absortos en la contemplación
+de su felicidad.
+
+Germana fue la primera en hablar. Se volvió hacia su marido, le cogió
+las dos manos y le dijo con voz ahogada:
+
+--Don Diego, ¿lo sabía usted?
+
+--No, Germana. Si lo hubiera sabido se lo habría dicho. No tengo
+secretos para usted.
+
+--¿Y qué impresión le ha producido a usted la noticia? ¿De disgusto o de
+alegría?
+
+--No sé qué responder y me pone usted en un verdadero compromiso. Déjeme
+tiempo para que pueda darme cuenta de lo que me pasa. Ese acontecimiento
+no puede alegrarme, ya lo sabe usted. Pero si yo le dijese que me sabe
+mal creería usted que yo había tomado mis medidas para esa fatal
+eventualidad. ¿No es eso lo que usted piensa?
+
+--Yo no estoy segura de lo que pienso, don Diego. Mi corazón late tan
+fuerte, que me sería difícil oír otra cosa. La única idea que se me
+presenta clara es la de que esa mujer es libre. Si le había prometido
+quedarse viuda, ha cumplido su palabra antes que usted. Ha sido la
+primera en llegar a la cita que le ha dado usted, y yo temo...
+
+--¿Qué teme usted?
+
+--Ser un obstáculo, puesto que mi vida le separa de la dicha y que mi
+salud le hace perder toda esperanza.
+
+--Su vida y su salud, Germana, son presentes de Dios. Es un milagro del
+Cielo el que la ha conservado a usted, y ahora que ya conozco a usted
+bendigo desde el fondo de mi corazón los decretos de la Providencia.
+
+--Le doy las gracias, don Diego, y le reconozco a usted en ese lenguaje
+noble y religioso. Es usted demasiado buen cristiano para rebelarse
+contra un milagro. Pero, ¿no siente usted ningún disgusto? Hábleme usted
+con entera franqueza porque ya estoy lo suficientemente fuerte para
+oírlo todo.
+
+--Lo único que siento es no haber dado a usted mi primer amor.
+
+--¡Qué bueno es usted! Esa mujer no ha sido jamás digna de usted. Yo no
+la he visto nunca, pero instintivamente la detesto, la desprecio.
+
+--No hay necesidad de despreciarla, Germana. Yo ya no la amo porque mi
+corazón está lleno de usted y no queda en él sitio para otra; pero no
+tiene usted razón al despreciarla, se lo juro.
+
+--¿Por qué quiere usted que sea yo más indulgente que el resto del
+mundo? Ella ha faltado a todos sus deberes engañando a un hombre honrado
+que le había dado su nombre. ¿Cómo una mujer puede hacer traición a su
+marido?
+
+--Es culpable a los ojos del mundo, pero yo no puedo censurarla porque
+me amaba.
+
+--¿Y quién no amaría a usted, amigo mío? ¡Es usted tan bueno, tan
+grande, tan noble, tan hermoso! No, no haga usted gestos de protesta. Yo
+no tengo peor gusto que las otras y sé bien lo que digo. Usted no se
+parece al señor Le Bris, ni a Gastón de Vitré, ni a Spiro Dandolo ni a
+ninguno de esos que tienen éxito con las mujeres; y no obstante, fue al
+verle a usted la primera vez cuando comprendí que el hombre era la más
+bella criatura de Dios.
+
+--¿Me ama usted, pues, un poco, Germana?
+
+--Hace ya mucho tiempo. Desde el día que entró usted en el palacio
+Sanglié. Y, sin embargo, no era para nada bueno para lo que iba usted a
+mi casa. Cuando el doctor propuso el negocio a mis padres, yo creí que
+iba a casarme con un mal hombre. Yo me prometía sufrirle con paciencia y
+abandonarle sin pesar. Pero cuando le encontré en el salón, quedé
+avergonzada y lamenté que un cálculo tan vil hubiese nacido en una
+cabeza tan noble y tan inteligente. Entonces comencé a tratarle con
+despego; ¿sabe usted por qué? Me hubiera muerto de vergüenza si hubiera
+adivinado usted que yo le amaba. Esto no entraba en nuestros tratos.
+Durante todo el viaje no pensé más que en darle disgustos. ¿Cree usted
+que me hubiera conducido con tanta ingratitud de serme usted
+indiferente? Pero yo estaba furiosa al ver que si me trataba usted tan
+bien era por descargo de su conciencia. Después, sin quererlo, pensaba
+en la otra que le esperaba en París. Además temía adquirir una dulce
+costumbre de dicha y de amor que la muerte vendría a romper. Y por
+último ¡estaba tan enferma y sufría tan cruelmente! El día en que lloró
+usted asomado a la ventanilla, yo lo vi y estuve a punto de pedirle
+perdón y de saltarle al cuello, pero el orgullo me contuvo. Yo
+pertenezco a una raza ilustre, amigo mío, y soy la única en mi familia
+que se haya vendido por dinero. El día que fuimos a Pompeya, estuve a
+punto de descubrirme. ¿Se acuerda usted? Yo no he olvidado nada, ni sus
+dulces palabras, ni mis extravagancias, ni sus cuidados tan tiernos y
+tan pacientes, ni todo el mal que le hice. Yo le he dado un cáliz bien
+amargo y usted lo ha apurado hasta las heces. Verdad es que yo no era
+tampoco más feliz. Yo no estaba segura de usted, temía equivocarme sobre
+el sentido de sus bondades y de interpretar por señales de amor lo que
+era piedad. Lo único que me tranquilizaba un poco era el placer que
+manifestaba usted en quedarse a mi lado. Cuando usted paseaba por el
+jardín, yo, desde mi diván, le seguía con el rabillo del ojo y muchas
+veces fingía dormir para que usted se acercase a mí con más libertad. No
+tenía necesidad de abrir los ojos para saber que usted estaba allí; le
+veía a través de las pestañas. Y en cualquier lugar que usted esté yo le
+adivino y sería capaz de encontrarle con los ojos cerrados. Cuando usted
+está a mi lado, mi corazón se dilata y se hincha de tal modo, que no me
+cabe en el pecho. Cuando usted habla, su voz me entra a borbotones por
+los oídos y me embriago oyéndole. Cada vez que mi mano toca la de usted,
+un estremecimiento me recorre todo el cuerpo y experimento una sensación
+tan dulcemente extraña que me conmueve hasta la raíz del cabello. Cuando
+usted se aleja por un instante, cuando no puedo verle ni oírle, se hace
+un gran vacío a mi alrededor y siento que hasta la tierra me falta bajo
+los pies. Ahora, don Diego, dígame si le amo, porque usted tiene más
+experiencia que yo y no se puede equivocar. Yo no soy más que una pobre
+ignorante, pero usted debe recordar si es así como le amaban en París.
+
+Esta confesión ingenua descendía como un rocío matinal sobre el corazón
+de don Diego. Y se sintió tan deliciosamente refrescado que olvidó no
+sólo los cuidados presentes, sino hasta los placeres pasados. Una luz
+nueva iluminó su espíritu; comparó de una sola ojeada sus antiguos
+amores, agitados y cenagosos como un charco, con la dulce limpidez de la
+felicidad legítima. Es la historia de todos los maridos jóvenes.
+
+El día en que descansan la cabeza sobre la almohada conyugal, advierten
+con una dulce sorpresa que nunca habían dormido tan bien.
+
+El conde besó tiernamente las dos manos de Germana y le dijo:
+
+--Sí, tú me amas, y nadie me ha amado nunca como tú. Tú me has hecho ver
+un mundo nuevo, lleno de delicias honestas y de placeres sin
+remordimientos. Yo no sé si te he salvado la vida, pero tú me has pagado
+con creces la deuda abriendo mis ojos ciegos a la santa luz del amor.
+Amémonos, Germana, tanto como nuestro corazón sea capaz. Dios que nos ha
+unido por el matrimonio, se alegrará de haber hecho dos dichosos más.
+Olvidemos al mundo entero para ser el uno del otro; cerremos los oídos a
+todos los ruidos del mundo, tanto si vienen de la China como de París.
+Este es el paraíso terrestre; vivamos para nosotros solos bendiciendo la
+mano que nos ha colocado en él.
+
+--Vivamos para nosotros--dijo la joven--y para los que nos aman. Yo no
+sería dichosa si no tuviese con nosotros a nuestra madre y a nuestro
+hijo. Les he amado tiernamente desde el primer día. ¡Y cómo se le
+parecen los dos, amigo mío! Cuando el pequeño Gómez viene a jugar al
+jardín me parece que veo su sonrisa de usted en su carita. Estoy muy
+contenta de haberlo adoptado. Esa mujer no me lo robará jamás, ¿no es
+verdad? La ley me lo ha dado para siempre; es mi heredero, ¡mi único
+hijo!
+
+--No, Germana--respondió el conde--, es tu hijo mayor.
+
+Germana tendió los brazos a su marido, se los anudó alrededor del
+cuello, le atrajo hacia sí y colocó dulcemente su boca sobre sus labios.
+Pero la emoción de este primer beso fue más fuerte que la pobre
+convaleciente. Sus ojos se velaron y todo su cuerpo desfalleció. Cuando
+se sintió algo más repuesta se dirigió a la casa del brazo de su marido.
+Apoyaba en él todo el peso de su cuerpo y marchaba casi suspendida, como
+un niño que da sus primeros pasos.
+
+--Ya lo ve usted--le dijo--, estoy aún bastante débil a pesar de las
+apariencias. Me creía fuerte y he aquí que una apariencia de dicha ha
+bastado para derribarme. No me diga usted esas cosas tan bonitas, no me
+haga demasiado dichosa; cuídeme hasta que esté fuera de peligro. ¡Sería
+muy triste morir cuando comienza una vida tan hermosa! Ahora, voy a
+apresurar mi curación y a cuidarme con todas mis fuerzas. Vuelva usted
+al salón; yo voy corriendo a ocultarme en mi habitación. Hasta mañana,
+amigo mío; ¡le amo!
+
+Ella subió a su dormitorio y se arrojó sobre la cama, tan confusa como
+emocionada. Un punto luminoso que brillaba en un ángulo de la estancia
+atrajo su atención. La llama de la lámpara se reflejaba en un pequeño
+globo del yodómetro. Desde lo más profundo de su corazón bendijo aquel
+aparato bienhechor que le había devuelto la vida y le había de devolver
+las fuerzas en algunos días. Entonces se le ocurrió la idea de apresurar
+su curación ingiriendo una buena cantidad de yodo sin permiso del
+doctor. Preparó el aparato, lo aproximó a su cama y bebió ávidamente el
+vapor violáceo, con alegría; no experimentaba disgusto ni fatigas;
+aquello era la vida que entraba a borbotones en su cuerpo. Se sentía
+orgullosa de poder probar al médico que era demasiado prudente; se
+complacía en una locura heroica y arriesgaba su vida por el amor a don
+Diego.
+
+No se supo qué cantidad de yodo había aspirado, ni cuánto tiempo había
+prolongado aquella fatal imprudencia. Cuando la anciana condesa abandonó
+el salón para ir a ver a la enferma, se encontró con el aparato roto y
+derribado por el suelo y a Germana con una fiebre violenta. Se la
+atendió como se pudo hasta el regreso del doctor Le Bris, que llegó a
+caballo, a media noche. Todos los convidados pernoctaron en la villa
+para saber con más prontitud las noticias. El doctor estaba espantado
+ante la agitación de Germana. No sabía si atribuirla al uso inmoderado
+del yodo o a alguna emoción peligrosa. La señora de Villanera acusaba
+secretamente al conde Dandolo; don Diego se acusaba a sí mismo.
+
+Al día siguiente, Le Bris reconoció una inflamación en los pulmones que
+podía producir la muerte, y llamó al doctor Delviniotis y a dos de sus
+colegas. Los médicos diferían sobre la causa del mal, pero ninguno se
+atrevió a responder de la curación. El señor Le Bris había perdido la
+cabeza como un capitán de barco que encuentra un banco de rocas a la
+entrada del puerto. El señor Delviniotis, más tranquilo, aunque no
+había podido menos que llorar, abrigaba tímidamente un resto de
+esperanza.
+
+--Quizá--dijo--nos encontramos ante una inflamación adhesiva que cerrará
+las cavernas y reparará todos los desórdenes causados por la enfermedad.
+
+El pobre doctor escuchaba esta opinión meneando tristemente la cabeza.
+Es como si a un arquitecto se le dijese: «La casa construida por usted
+está mal cimentada, pero puede sobrevenir un terremoto y devolverle su
+equilibrio.» Todos estaban conformes en que la enferma entraba en una
+crisis, pero nadie, ni el propio señor Delviniotis, se atrevía a
+asegurar que no se terminase por la muerte.
+
+Germana deliraba. No reconocía a nadie. En todos los hombres que se le
+acercaban creía reconocer a don Diego; en todas las mujeres a la señora
+Chermidy. Sus discursos confusos eran una mezcla de frases de cariño y
+de imprecaciones. A cada momento preguntaba por su hijo. Le presentaban
+al pequeño marqués y lo rechazaba con disgusto diciendo: «No es éste.
+Traedme a mi hijo mayor, al hijo de esa mujer. Estoy segura de que me lo
+ha robado.» El niño comprendía vagamente el peligro de su mamaíta, aun
+cuando no tuviese ninguna noción de la muerte. Veía llorar a todo el
+mundo y él también lloraba lanzando grandes gritos.
+
+Se vio entonces cuán querida era la joven por todos los que le rodeaban.
+Durante ocho días los amigos de la familia acamparon en la casa,
+durmiendo donde podían, comiendo lo que encontraban y ocupándose
+exclusivamente de la enferma. Los dos médicos estaban encadenados a la
+cabecera de Germana. El capitán Bretignières no podía estarse quieto un
+momento; daba agitados paseos por la casa y el jardín; por todas partes
+no se oía más que el paso ruidoso de su pierna de madera. El señor
+Stevens abandonó sus asuntos, su tribunal y sus costumbres. La señora de
+Vitré se convirtió en enfermera a las órdenes de la condesa. Los dos
+Dandolo corrían mañana y noche a la ciudad en busca de médicos que no
+sabían qué decir y de medicamentos que no hacían nada. Los vecinos de
+los alrededores estaban ansiosos; las noticias de Germana se cotizaban a
+todas horas en los pequeños castillos de la vecindad. De todos lados
+afluían los remedios caseros, las panaceas secretas que se transmiten de
+padres a hijos.
+
+Don Diego y Gastón de Vitré se asemejaban en su dolor. Se hubiera dicho
+que eran dos hermanos de la moribunda. El uno y el otro vivían apartados
+de los demás y se pasaban el día sentados bajo un árbol o sobre la
+arena, sumidos en un estupor mudo y sin lágrimas. Si el conde hubiese
+tenido lugar de ser celoso, lo habría estado de la desesperación del
+joven. Pero cada uno de los circunstantes estaba demasiado preocupado
+por el peligro de Germana para observar la fisonomía del vecino.
+Unicamente la señora de Vitré dirigía de cuando en cuando una mirada de
+ansiedad a su hijo, e inmediatamente corría a la cama de Germana, como
+si un instinto secreto le dijese que de ella dependía la salvación de
+Gastón.
+
+La viuda de Villanera ofrecía un aspecto terrorífico. Aquella mujer
+alta, negra, sucia y despeinada, no lloraba más que su hijo, pero en sus
+grandes y azorados ojos se leía un poema de dolor. No hablaba con nadie,
+no veía a nadie y dejaba que sus huéspedes se hiciesen ellos mismos los
+honores de la casa. Todo su ser estaba consagrado a la salvación de
+Germana; toda su alma luchaba contra el peligro presente con una
+voluntad de hierro. Jamás el genio del bien había adoptado un aspecto
+más feroz y más terrible. Se leía en su rostro una abnegación furiosa,
+una amistad exasperada, una ternura irascible. No era ni una mujer ni
+una enfermera, sino un demonio femenino que disputaba su presa a la
+muerte.
+
+En cambio el bueno de Mateo Mantoux tomaba dulcemente el sol. Como todos
+los señores se disputaban los quehaceres de los criados, el antiguo
+cerrajero se adjudicaba los ocios de un señor. Se informaba todas las
+mañanas de la salud de Germana, únicamente por saber si entraría en
+posesión muy pronto de sus 1.200 francos de renta. Atribuía la muerte de
+su ama al vaso de agua azucarada que le había preparado tan
+pacientemente todas las noches, y pensaba frotándose las manos que todo
+llega para el que sabe esperar. A mediodía hacía un segundo almuerzo, y
+para digerir bien, a estilo de propietario, se paseaba una o dos horas
+alrededor de la finca a la que había echado el ojo. Notaba que los setos
+estaban mal cuidados y se prometía reforzarlos, para que no pudiesen
+entrar los ladrones.
+
+El 6 de septiembre, hasta el señor Delviniotis había perdido toda
+esperanza. Mateo Mantoux lo supo y se apresuró a escribir «a la señorita
+_le Tas_, en casa de la señora Chermidy, calle del Circo, París».
+
+El mismo día, el señor Le Bris escribía al señor de La Tour de Embleuse:
+
+ «Señor duque: No me atrevo a llamarle a su lado. Cuando usted
+ reciba esta carta, ya habrá dejado de existir. Cuide y consuele a
+ la señora duquesa.»
+
+
+
+
+XI
+
+LA VIUDA CHERMIDY
+
+
+La carta de Mantoux y la promesa formal de la muerte de Germana llegaron
+el 12 de septiembre a poder de la señora Chermidy.
+
+La bella arlesiana había perdido ya las esperanzas y la paciencia. Nadie
+le escribía de Corfú; no sabía noticias de su amante ni de su hijo; el
+doctor, ocupado en cosas más importantes, ni siquiera le había dado el
+pésame por la muerte de su marido. Comenzaba a dudar del señor de
+Villanera y se comparaba a Calipso, a Medea, a la rubia Ariadna y a
+todas las abandonadas de la fábula. Algunas veces se extrañaba de ver
+que su despecho se convertía en amor, sorprendiéndose de suspirar sin
+testigos y con la mejor buena fe del mundo. El recuerdo de tres años
+pasados con el conde producía en su corazón una sensación mezcla de
+dolor y de placer. Se reprochaba, entre otras tonterías, el haberle
+tenido la brida demasiado corta y el haberse hecho tanto de desear; el
+no haberle saciado de dicha y el no haberle matado de ternura.
+
+--Es culpa mía--pensaba--; lo he acostumbrado a privarse de mí. Si yo
+hubiese sabido apoderarme de él, me habría hecho necesaria para su vida.
+No hubiera tenido que hacer más que un signo para que abandonase a su
+mujer, a su madre, a todo, en fin.
+
+Se preguntaba frecuentemente si la ausencia no la había perjudicado en
+el espíritu de don Diego. Meditaba sobre la locución popular: «Ojos que
+no ven, corazón que no siente». Pensaba en embarcarse para las islas
+Jónicas, en caer como una bomba en la casa de su amante y en apoderarse
+de él en una lucha heroica. Le bastaría un cuarto de hora para reanimar
+el fuego mal extinguido y para reanudar una costumbre que no estaba más
+que interrumpida. Se veía disputando con la anciana condesa y con
+Germana; ella sabría anonadarlas con su belleza, con su elocuencia, con
+su energía. Entonces se apoderaría de su hijo, huiría con él y la
+sonrisa irresistible del niño arrastraría al padre.
+
+--¿Quién sabe--se decía--si una escena bien representada no mataría a la
+enferma? ¿No se ve a mujeres llenas de salud desmayarse en el teatro?
+Un buen drama representado por mí, tal vez la haría desmayar para
+siempre.
+
+Un sentimiento más humano, y por lo tanto más verosímil, la hacía
+lamentar la ausencia de su hijo. Ella lo había llevado en sus entrañas y
+puesto en el mundo; era su madre, después de todo, y sentía haberse
+deshecho de él en provecho de otra. El amor materno encuentra
+alojamiento en todas partes; es un huésped sin prejuicios, que sufre la
+vecindad de las pasiones más bajas. Vive cómodamente en el corazón más
+depravado y en el alma más pervertida. La señora Chermidy derramó
+algunas lágrimas bien sinceras pensando que había alienado la propiedad
+de su hijo y abdicado del nombre de madre.
+
+Era verdaderamente desgraciada. Es únicamente en el teatro donde la
+desgracia es privilegio de la virtud. No le hubieran faltado
+distracciones y para ello no tenía más que elegir, pero sabía por
+experiencia que el placer no consuela de nada. Desde hacía diez años su
+vida había sido agitada y ruidosa como una fiesta, pero a expensas de la
+paz del alma. No hay nada más vacío, más inquieto y más miserable que la
+existencia de una mujer que sólo vive para el placer. La ambición que la
+había sostenido desde su matrimonio, comenzaba ya a abandonarla; era
+como la caña hendida que se doblega bajo la mano del viajero. Era
+bastante rica para no desear el aumento de su fortuna; hay poca
+diferencia entre un millón de beneficios y quinientos mil francos de
+renta; algunos caballos más en las caballerizas, algunos lacayos más a
+la entrada, no añaden casi nada a la felicidad del dueño. Lo que la
+había halagado durante algún tiempo, era un nombre ilustre que pasear
+por el mundo. Hasta pensó más de una vez en procurárselo por la vía
+legítima, y encontró cincuenta para elegir; siempre hay nombres a la
+venta en París. Pero tenía el derecho a mostrarse exigente: ¡cuando se
+ha llevado el de Villanera! No se decidió.
+
+Mientras tanto, concibió la extravagante idea de dar un sucesor público
+a don Diego. Quizá cuando viese su tesoro en manos de otro acudiera a
+reclamarlo. Pero también temía proporcionar con ello armas a sus
+enemigos; Germana no estaba salvada aún; era jugarse el todo por el todo
+y se exponía a cerrarse las puertas del matrimonio. Además, por mucho
+que buscase a su alrededor, no encontraba un hombre que valiese un
+capricho ni que fuese digno de sustituir por un solo día al señor de
+Villanera. Los supernumerarios que la hacían la corte en el salón, no
+supieron nunca cuán cerca habían estado de la dicha.
+
+Para ocupar sus ocios, no encontró nada mejor que acabar la ruina moral
+del anciano duque. Cumplió la tarea que se había impuesto con la
+atención minuciosa, el cuidado paciente y la perseverancia infatigable
+de aquella sultana aburrida que, en la ausencia del señor, arranca una a
+una todas las plumas de un viejo loro.
+
+Hubiera preferido, desde luego, vengarse directamente de Germana; pero
+Germana estaba lejos. Si la duquesa se hubiese encontrado a su alcance,
+hubiera dado la preferencia a la duquesa. Pero la duquesa no salía de su
+habitación más que para ir a la iglesia: la señora Chermidy no podía
+encontrarla allí, porque no iba nunca. Hubiera podido también matar de
+hambre a la ducal familia; pero la operación requería tiempo. Al volver
+a tener dinero, el señor de La Tour de Embleuse había levantado de nuevo
+su crédito. La hermosa enemiga de la familia no tenía más que al duque
+en su poder; juró hacerle perder la cabeza, y lo consiguió.
+
+En los baños rusos, cuando el paciente sale de la abrasadora estufa,
+cuando su cuerpo se ha acostumbrado gradualmente a un alta temperatura,
+cuando el calor ha dilatado ampliamente sus poros y su rostro se esponja
+como una peonía en flor, se le conduce suavemente bajo un grifo de agua
+fría; una ducha glacial le cae sobre la cabeza y el frío le penetra
+hasta la medula. La señora Chermidy trató al duque por el mismo
+procedimiento. «A los rusos les sienta bien, pensaba; al viejo le
+sentará mal.» Fue víctima de la coquetería más odiosa que haya torturado
+jamás el corazón de un hombre. La señora Chermidy le persuadió de que le
+amaba, _le Tas_ se lo juró, y si se hubiera contentado con palabras,
+habría sido el sexagenario más dichoso de París. Se pasaba la vida en la
+calle del Circo, y sufría un verdadero martirio. Derrochaba todos los
+días tanta elocuencia y pasión, tantos razonamientos y ruegos, tanta
+verdadera y falsa lógica como J. J. Rousseau en _La Nueva Eloísa_; todas
+las noches lo ponían a la puerta con buenas palabras. Juraba no volver
+más; empleaba una larga noche de insomnio en maldecir al autor de su
+suplicio, y al día siguiente corría a casa de su verdugo con una
+impaciencia senil. Toda su inteligencia, toda su voluntad, todos sus
+vicios se habían absorbido y confundido en aquella pasión única. No era
+ya ni marido, ni padre, ni hombre, ni caballero; era sencillamente el
+juguete de la señora Chermidy.
+
+La experiencia dio tan buenos resultados, que el pobre hombre, fuese
+dichoso, fuese desgraciado, había de dejar la vida en ella. Un suplicio
+prolongado lo mataba lentamente; la gracia que pedía lo hubiera matado
+de repente.
+
+Después de un verano de sufrimientos cotidianos, sus facultades
+intelectuales habían descendido sensiblemente. Casi no tenía ya memoria;
+por lo menos olvidaba todo lo que no se refería a su amor. No se
+interesaba por nada; los asuntos privados y públicos, su casa, su mujer,
+su hija, todo le era indiferente y extraño. La duquesa le cuidaba como a
+un niño cuando por casualidad se quedaba a su lado; desgraciadamente no
+era aún bastante niño para que se le pudiese encerrar en casa.
+
+Cuando recibió la carta del doctor Le Bris la releyó dos o tres veces
+sin comprenderla. Si la duquesa hubiera estado allí, le habría rogado
+que se la leyese y se la explicase. Pero rompió el sobre cuando ya había
+salido para dirigirse a toda prisa a la calle del Circo y no quiso
+desandar lo andado. A fuerza de leerla, adivinó que se trataba de su
+hija, se encogió de hombros y se dijo sin acortar el paso:
+
+--Ese Le Bris es siempre el mismo. Yo no sé qué tiene contra mi hija. La
+prueba de que no está para morir, es que se encuentra bien.
+
+No obstante, reflexionó que el doctor podía muy bien decir verdad. Esta
+idea le produjo terror.
+
+--Sería una gran desgracia para nosotros--decía corriendo con toda la
+velocidad de sus piernas--. Soy un padre sin consuelo. No hay tiempo que
+perder. Voy a anunciárselo a Honorina. Ella me comprenderá, porque tiene
+buen corazón. Ella tendrá piedad de mí, enjugará mis lágrimas, y, quién
+sabe si...
+
+Cuando entró en el salón, sonreía con aire embrutecido.
+
+Nunca la señora Chermidy había estado tan bella y tan radiante. Su cara
+parecía un sol; el triunfo relampagueaba en sus ojos; su sillón parecía
+un trono, y su voz sonaba como un clarín. Se levantó para recibir al
+duque; sus pies no tocaban sobre la alfombra y su cabeza, soberbia de
+alegría, parecía ascender hasta el techo. El viejo se detuvo atontado y
+jadeante al verla de tal modo transfigurada. Balbució algunas palabras
+ininteligibles y se dejó caer pesadamente en un sillón.
+
+La señora Chermidy fue a sentarse a su lado.
+
+--¡Buenos días, señor duque!--exclamó--. Buenos días, y adiós.
+
+El duque palideció y repitió estúpidamente:
+
+--¿Adiós?
+
+--Sí, adiós. ¿No me pregunta usted a dónde voy?
+
+--Sí.
+
+--Pues bien, esté satisfecho. Voy a Corfú.
+
+--A propósito--dijo él--. Creo que mi hija ha muerto. El doctor me lo ha
+escrito esta mañana. Soy muy desgraciado, Honorina, y debería usted
+tener piedad de mí.
+
+--¡Ah! ¡es usted desgraciado! ¡y la duquesa también es muy desgraciada!
+¡Y la vieja Villanera debe de llorar lágrimas negras sobre sus mejillas
+bronceadas! Pero yo, no; yo río, triunfo, reino; y la enterraré y
+después me casaré. ¡Ya ha muerto! ¡Al fin ha pagado su deuda! ¡al fin me
+devuelve todo lo que me había robado! ¡y entraré en posesión de mi
+amante y de mi hijo! ¿Por qué me mira usted con esos ojos de extrañeza?
+¿Es que creía usted que iba a contenerme? Ya he hecho bastante con
+devorar mi rabia durante ocho meses. Tanto peor para aquellos a quienes
+mi dicha ofusque; no tienen más que cerrar los ojos.
+
+Aquella alegría desenfrenada pareció devolver al anciano una apariencia
+de razón. Se levantó con energía y dijo a la viuda:
+
+--¿Piensa usted en lo que está haciendo? ¡Usted se regocija delante de
+mí de la muerte de mi hija!
+
+--Y en cambio usted--contestó impúdicamente--se ha regocijado de su
+vida. ¿Quién es el que se tomaba la molestia de traerme sus noticias?
+¿Quién es el que venía todos los días a decirme en la cara: está mejor?
+¿Quién es el que me obligaba a leer sus cartas y las del médico? Hace
+casi ocho meses que usted me estaba asesinando con su salud. ¡Qué menos
+que un cuarto de hora para regalarme con su muerte!
+
+--Pero, Honorina, ¡usted es una mujer horrible!
+
+--Sé perfectamente lo que soy. Si su hija de usted hubiera vivido, como
+ha estado a punto de ocurrir, no se habría ocultado de mí. Hubiera
+paseado todos los días por el Bosque, con don Diego, con mi hijo, ¡y yo
+les hubiera visto desde mi coche! Hubiera habitado en un palacio, en
+París, y yo me habría consumido a la puerta. Hubiera puesto en sus
+tarjetas de visita el nombre de Villanera, que es el mío; me parece,
+¡caramba!, que lo he ganado bien. ¿Y no quiere usted que ahora tome mi
+desquite?
+
+--¿Pero es que aun ama al señor de Villanera?
+
+--¡Pobre duque! ¿Es que cree usted que de la noche a la mañana se puede
+olvidar a un hombre como don Diego? ¿Usted cree que se echa un niño al
+mundo, como el mío, que ha nacido marqués, para hacer un regalo a una
+tísica? ¿Admite usted que yo haya pedido a Dios durante tres años la
+muerte de mi marido, yo que no rezo nunca, para no hacer nada de mi
+libertad? ¿Usted supone que Chermidy se ha hecho matar en Ky-Tcheou para
+que yo quede viuda a perpetuidad?
+
+--¿Así va usted a casarse con el conde de Villanera?
+
+--¡Claro!
+
+--¿Y yo?
+
+--¿Usted, buen hombre? Vaya a consolar a su mujer; por ahí debería haber
+empezado.
+
+--¿Y qué voy a decirle?
+
+--Dígale lo que quiera. Adiós; tengo que hacer mis baúles. ¿Tiene usted
+necesidad de dinero?
+
+El duque hizo un gesto de disgusto que advirtió la señora Chermidy.
+
+--¿Es que le repugna nuestro dinero? ¡A su gusto! no le daremos más.
+
+El anciano salió sin saber lo que se hacía, como un hombre borracho.
+Erró por las calles hasta la noche. Hacia las diez sintió hambre. Montó
+en un coche y se hizo conducir al club. Estaba tan cambiado, que el
+señor de Sanglié casi no lo reconoció.
+
+--¿Qué mala hierba ha pisado usted?--le preguntó el barón--. Tiene usted
+la cara trastornada y parece que va a caerse. Siéntese y hablaremos.
+
+--Con mucho gusto--dijo el duque.
+
+--¿Cómo va la duquesa? Llego del campo y aun no he tenido tiempo de
+hacer ninguna visita.
+
+--¿Que cómo va la duquesa?
+
+--Sí.
+
+--Creo que va a llorar.
+
+--Está loco--pensó el barón.
+
+El duque añadió sin cambiar de tono:
+
+--Me figuro que Germana ha muerto y que Honorina se alegra de ello.
+Encuentro eso horrible y así se lo he dicho a ella misma.
+
+--¡Germana! ¡Vamos, pobre amigo mío, piense usted en lo que dice!
+¡Germana! ¿Ha muerto la señora de Villanera?
+
+--La señora de Villanera es Honorina. Va a casarse con el conde. Tome
+usted, aquí tengo la carta. Pero, ¿qué piensa usted de la conducta de
+Honorina?
+
+El barón leyó de una ojeada la carta del doctor.
+
+--¿Hace mucho que sabe usted eso?--preguntó.
+
+--Desde esta mañana, cuando iba a casa de Honorina.
+
+--¿Y la duquesa sabe algo?
+
+--No, no sé cómo decírselo... Quería preguntárselo a Honorina...
+
+--¡Ea! ¡Que se vaya al diablo Honorina!
+
+--Es lo que yo digo.
+
+Llamaron al barón para el _whist_ y respondió, sin levantarse, que
+estaba ocupado, rogando a un amigo que tomase su puesto. Quería acabar
+la confesión, pero el duque le interrumpió diciéndole con voz ronca:
+
+--Tengo hambre. Aun no he comido hoy.
+
+--¿De veras?
+
+--Sí; hágame servir un cubierto. También tendrá usted que prestarme
+dinero, no me queda nada.
+
+--¡Cómo!
+
+--Sí, sí; yo tenía un millón, pero se lo he dado a Honorina.
+
+El duque comió con el apetito voraz de un loco. Después, sus ideas
+parecieron aclararse. Era un espíritu fatigado más bien que enfermo.
+Contó al barón la pasión insensata que lo consumía desde hacía seis
+meses; le explicó cómo se había despojado de todo por la señora
+Chermidy.
+
+El barón era un hombre excelente y quedó tristemente impresionado al oír
+que aquella casa que había visto levantarse en pocos meses había caído
+más bajo que nunca. Compadeció sobre todo a la duquesa que debía
+infaliblemente sucumbir a tantos golpes, y tomó sobre sí la tarea de
+anunciarle gradualmente la enfermedad y la muerte de Germana,
+aplicándose a fortificar el debilitado entendimiento del viejo duque. Se
+tranquilizó sobre las consecuencias de su loca generosidad: era evidente
+que el señor de Villanera no dejaría en la miseria a su suegro. Al mismo
+tiempo pudo estudiar, a través de las confesiones y de las reticencias
+del anciano, el carácter singular de la señora Chermidy.
+
+La autoridad de un espíritu sano es muy eficaz sobre un cerebro enfermo.
+Después de dos horas de conversación, el señor de La Tour de Embleuse
+desembrolló el caos de sus ideas, lloró la muerte de su hija, temió por
+la salud de su esposa, lamentó las tonterías que había hecho y estimó a
+la señora Chermidy en su justo valor. El señor de Sanglié le dejó a la
+puerta de su casa muy aliviado, ya que no curado.
+
+Al día siguiente, temprano, el barón hizo una visita a la duquesa.
+Detuvo en el umbral al duque que se disponía a salir y le obligó a
+entrar con él. Durante tres días no le quitó la vista de encima; lo
+paseó, lo llevó a diversiones y consiguió distraerle del único
+pensamiento que lo agitaba. El 16 de septiembre lo condujo al hotel de
+la implacable Honorina y le probó, preguntándolo al conserje, que había
+partido con _le Tas_ para las islas Jónicas.
+
+El duque pareció emocionarse menos de lo que se hubiera creído. Vivió
+apaciblemente encerrado en su casa, tuvo toda clase de atenciones para
+con su esposa y le demostró, con una delicadeza extrema, que Germana
+nunca había estado curada y que debía esperarse lo peor. Se interesó en
+los menores detalles domésticos, reconoció la necesidad de hacer algunas
+compras, pidió 2.000 francos a su amigo Sanglié, guardó el dinero, y el
+20 de septiembre por la mañana partió para Corfú sin haberse despedido
+de nadie.
+
+
+
+
+XII
+
+LA GUERRA
+
+
+El día 8 de septiembre, Germana, que había sido condenada sin apelación
+por la ciencia, equivocó a los médicos y a sus amigos, y empezó a
+convalecer. La fiebre que la devoraba remitió en pocas horas como esas
+grandes tormentas de los trópicos que arrancan de raíz los árboles,
+derriban las casas, conmueven las montañas, y un rayo de sol detiene en
+medio de su carrera.
+
+Esta feliz revolución se operó tan bruscamente, que el señor Gómez y la
+condesa no daban crédito a la realidad. Aunque el hombre se habitúa
+antes a la dicha que al dolor, sus corazones permanecieron varios días
+en suspenso. Temían ser víctimas de una ilusión; no se atrevían a
+felicitarse de un milagro tan poco esperado, y se preguntaban si esa
+apariencia de curación no era el supremo esfuerzo de un ser que se
+aferra a la vida, el postrer relámpago de una lámpara que se apaga.
+
+Pero el doctor Le Bris y el señor Delviniotis comprobaron por señales
+inequívocas que los males de aquel pobre cuerpo habían terminado. La
+inflamación reparó en ocho días todos los destrozos de una larga
+enfermedad; la crisis había salvado a Germana; el terremoto había vuelto
+a poner la casa sobre su base.
+
+A la joven le parecía naturalísimo vivir y haber curado. Gracias al
+delirio producido por la fiebre, pasó junto a la muerte sin darse
+cuenta, y la violencia del mal le había quitado la conciencia del
+peligro. Despertó como un niño sobre el brocal de un pozo, sin medir la
+profundidad del abismo. Cuando le dijeron que había estado a punto de
+morir y que sus amigos desconfiaban de salvarla, quedó muy sorprendida.
+No sabía de cuán lejos regresaba. Y al prometerle que viviría mucho
+tiempo y que ya no sufriría, miró con ternura al crucifijo de marfil que
+tenía sobre la cabecera de su cama y dijo con una alegría dulce y
+confiada:
+
+--El Señor me debía eso; ya he pasado el purgatorio.
+
+En poco tiempo recobró las fuerzas, y no tardó en florecer la juventud
+en sus mejillas. Se habría dicho que la Naturaleza se apresuraba en
+adornarla para la dicha. Entró en posesión de la vida con la alegría
+impetuosa de un pretendiente que de un salto se encarama sobre el trono
+de sus padres. Habría querido estar en un mismo momento en todos lados,
+gozar a un mismo tiempo de todos los placeres que le habían sido
+devueltos, del movimiento y del reposo, de la soledad y de la compañía,
+de la claridad deslumbradora de los días y del suave resplandor de las
+noches. Sus manecitas se aferraban con delicia a todo cuanto la rodeaba.
+Abrumaba con sus caricias a su marido, a su suegra, al niño, a sus
+amigos. Sentía la necesidad de manifestar su dicha en mil ternuras. A
+veces lloraba sin motivo. Pero eran lágrimas dulces. El pequeño Gómez
+con sus besos las enjugaba en el borde de sus ojos, como los pajaritos
+beben el rocío en el cáliz de una flor.
+
+Todo es causa de placer para los convalecientes. Las funciones más
+indiferentes de la vida constituyen una fuente de delicias inefables
+para el que ha visto próxima la muerte. Todos sus sentidos vibran al
+menor contacto del mundo exterior. El calor del sol les parece más dulce
+que un manto de armiño; la luz alegra sus ojos como una caricia, el
+perfume de las flores le embriaga, los rumores de la Naturaleza llegan a
+su oído como una suave melodía, y el pan le parece bueno.
+
+Los que habían compartido los sufrimientos de Germana, se sentían
+renacer con ella. Su convalecencia restableció prontamente a todos los
+que estuvieron asociados a sus dolores. A su alrededor ya no hubo
+señales de preocupación, y la alegría hizo palpitar a todos los
+corazones al unísono. Quedaron olvidadas todas las fatigas y todas las
+angustias; la dicha reinó en el hogar; el primer día bueno borró de
+todos los rostros la huella de las vigilias y de las lágrimas. Los
+huéspedes de la villa Dandolo no pensaban en regresar a sus casas.
+Unidos por la felicidad, como lo habían estado por la inquietud, se
+agrupaban alrededor de Germana, como una familia bien avenida alrededor
+de un niño mimado. El día en que le escribieron a la duquesa de La Tour
+de Embleuse, para comunicarle la salvación de su hija, cada uno quiso
+ponerle algo en la carta a la venturosa madre, y la pluma fue pasando de
+mano en mano. Esta carta llegó a París el 22 de septiembre, dos días
+después del eclipse del anciano duque.
+
+La señora Chermidy y su inseparable _le Tas_ desembarcaron el 24 por la
+noche en la ciudad de Corfú. La viuda del comandante había hecho las
+maletas a toda prisa. Apenas si tomó el tiempo preciso para reunir cien
+mil francos para el salario de Mantoux y gastos imprevistos. _Le Tas_ le
+aconsejó que aguardase en París noticias más positivas; pero se cree con
+tanto gusto lo que se desea, que la señora Chermidy ya daba a Germana
+por enterrada.
+
+De Trieste a Corfú hizo el viaje en el puente con los gemelos siempre en
+la mano, para ser la primera en anunciar la tierra. Hubiera querido
+detener a todos los barcos que pasaban a la vista, para preguntarles si
+no llevaban carta para ella. Se informó si llegarían por la mañana, pues
+no se sentía con fuerzas para pasar una noche más en la espera y tenía
+el propósito de dirigirse inmediatamente a la villa Dandolo. Su
+impaciencia se revelaba hasta el punto de que los pasajeros de primera
+la designaban con el nombre de la _heredera_, y en voz baja se decía que
+iba a Corfú a incautarse de una herencia cuantiosa.
+
+Hizo bastante mala mar durante dos días, y todo el pasaje se mareó a
+excepción de la heredera de Germana, que no tenía tiempo para notar los
+vaivenes del barco. Quizás ni aun sus pies tocaban la cubierta del
+vapor. Tal era su ligereza que volaba en vez de marchar, y cuando por
+casualidad se dormía soñaba que nadaba en el aire.
+
+Cuando el buque fondeó en el puerto era noche cerrada, y ya habían dado
+las nueve cuando los pasajeros y sus equipajes llegaron a tierra. La
+vista de las lucecitas diseminadas que brillaban aquí y acullá en la
+ciudad, produjo un efecto desagradable a la señora Chermidy. Al llegar
+al término de un viaje, la esperanza que nos había llevado hasta allí
+con sus alas nos falta, y caemos rudamente sobre la realidad. Lo que nos
+parecía más seguro queda velado por la duda; no contamos ya con nada y
+empezamos a esperarlo todo. Nos sobrecoge el frío, sea cual fuere el
+ardor de las pasiones que nos animan; nos sentimos inclinados a creer lo
+peor, nos pesa haber emprendido el viaje y quisiéramos retroceder.
+
+La impresión es tanto más penosa cuando ya no estamos solos y llegamos a
+un país menos conocido. Si nadie nos espera en el puerto y nos vemos
+abandonados entre las garras de esos faquines políglotas que zumban
+alrededor de los viajeros, nuestro primer sentimiento es una mezcla de
+desprecio, repugnancia y desaliento. La señora Chermidy llegó muy
+disgustada al hotel de Trafalgar.
+
+Esperaba enterarse a su llegada de la muerte de Germana, y lo primero de
+que se enteró fue de que la lengua francesa no está muy extendida en los
+hoteles de Corfú, y como entre la señora Chermidy y _le Tas_ no poseían
+más lengua extranjera que el provenzal, no hay que decir que con ella
+tampoco adelantaban nada. Les fue preciso recurrir a un intérprete, y
+cenar mientras lo esperaban. El intérprete llegó cuando el dueño del
+hotel ya se había acostado, y hubo de levantarse gruñendo y protestando
+de que se le molestase para asuntos que nada le importaban. Le eran
+desconocidos los señores de Villanera, y le parecía dudoso que hubiesen
+estado en la isla, pues todos los viajeros distinguidos se hospedaban en
+_Trafalgar Hotel_. No se podía suponer que si los señores de Villanera
+eran «gente bien» se hubiesen ido a otra parte. El hotel de Inglaterra,
+el de Albión, el Victoria, eran establecimientos de último orden,
+indignos de hospedar a los señores de Villanera.
+
+Dicho esto, el hotelero se acostó, y el intérprete ofreció ir en seguida
+en busca de informes. Estuvo ausente una gran parte de la noche, y _le
+Tas_ se durmió esperándole. La señora Chermidy tascó el freno, no sin
+que más de una vez encontrara sorprendente que una persona que tenía
+cien mil francos en su poder no pudiese adquirir una noticia tan
+sencilla. Despertó a la pobre _le Tas_ que ya no podía más, y ésta le
+aconsejó que durmiera y no se pudriera la sangre.
+
+--Ya comprendes--le dijo--que si la pequeña ha emprendido el viaje al
+otro mundo, no se habrán entretenido en colgar la población de negro. No
+sabremos nada hasta que vayamos al campo. Todos deben conocer la villa
+Dandolo. Acuéstate tranquilamente, y mañana será otro día. ¿A qué te
+expones? Con seguridad que si ha muerto no resucitará esta noche.
+
+Iba la señora Chermidy a seguir el consejo de su prima, cuando el
+comisionista del hotel llegó con gran alboroto a comunicarle que los
+señores de Villanera habían desembarcado en la isla en el mes de abril,
+con su médico y toda la servidumbre; que los habían llevado a la villa
+Dandolo, y que debía haber muerto hacía ya tiempo si es que no se
+encontraba mejor a estas horas. La viuda, impaciente, puso al empleado
+en la puerta, se echó luego sobre la cama y durmió bastante mal.
+
+A la mañana siguiente tomó un coche y se hizo llevar a la villa Dandolo.
+El cochero no supo decirle lo que le interesaba, y los campesinos que
+encontró en el camino oyeron sus preguntas sin comprenderlas. Todas las
+casas que veía se le antojaban la villa Dandolo, pues en realidad se
+parecen mucho unas a otras en la isla. Cuando el cochero le señaló un
+tejado de pizarras oculto entre los árboles, se apretó el corazón con
+ambas manos. Consultaba con gran atención la fisonomía del paisaje para
+ver si le anunciaba la gran noticia que ardía en deseos de conocer.
+Desgraciadamente los jardines, los caminos y los bosques son testigos
+impasibles de nuestras alegrías y de nuestros dolores. Si se interesan
+por nuestra muerte, lo disimulan admirablemente, pues los árboles del
+parque no se visten de luto por la muerte de su dueño.
+
+La señora Chermidy paladeaba la lentitud de los caballos. Habría querido
+subir al galope la escalinata que conducía a la villa. No podía
+contenerse; iba de una ventanilla a la otra, interrogando la casa y los
+campos y buscando una figura humana. Por fin saltó a tierra, corrió
+hacia la villa, encontró todas las puertas abiertas y no vio a nadie.
+Retrocedió y penetró en el jardín del Norte; estaba desierto. Una
+puertecita y una escalerilla llevaban al jardín del Mediodía. Se lanzó
+por ella y se aventuró por las avenidas.
+
+A la sombra de un corpulento naranjo, por el lado de la playa, divisó a
+una mujer vestida de blanco, que se paseaba con un libro en la mano.
+Estaba demasiado lejos para reconocerla, pero el color del vestido le
+dio que pensar. No se llevan trajes blancos en una casa donde hay luto.
+Todas las observaciones que había hecho durante cinco minutos combatían
+en su espíritu. El abandono casi absoluto de la villa podía hacer creer
+en la muerte de Germana; las puertas abiertas, los criados ausentes, los
+dueños en viaje, pero, ¿para dónde? Quizás para París. Mas, ¿cómo no
+sabían nada en la ciudad? ¿Habría curado Germana? Imposible en tan poco
+tiempo. ¿Estaba todavía enferma? En ese caso la cuidarían y no dejarían
+las puertas abiertas. No se atrevía a aproximarse a la paseante blanca,
+cuando de pronto un niño entró corriendo en la avenida y se perdió entre
+los árboles, como un conejo asustado que atraviesa un sendero del
+bosque. Reconoció en aquel niño a su hijo y recobró su audacia.
+
+--¿Qué es lo que temo?--pensó--. Nadie tiene derecho a echarme de aquí.
+Que esa mujer viva o que haya muerto, soy madre y vengo a ver a mi hijo.
+
+Dirigiose rectamente hacia el niño. El pequeño Gómez sintió miedo al ver
+a aquella mujer enlutada, y escapó corriendo hacia su madre. La señora
+Chermidy dio algunos pasos tras él y se detuvo en seguida en presencia
+de Germana.
+
+Germana se hallaba sola en el jardín con el marqués de los Montes de
+Hierro. Sus huéspedes acababan de despedirse de ella; la condesa y su
+hijo habían ido a acompañar a la señora de Vitré; el doctor se marchó a
+la ciudad con los Dandolo y Delviniotis. La casa estaba en poder de los
+criados, que dormían la siesta, según costumbre, donde el sueño los
+había sorprendido.
+
+La señora Chermidy reconoció a la primera ojeada a la mujer que sólo una
+vez había visto, y a la que no esperaba encontrar en este mundo. No
+obstante su serenidad y estar dotada por la Naturaleza de un alma bien
+templada, retrocedió un paso largo, como el soldado que ve hundirse el
+puente que él iba a atravesar. No era mujer que se alimentase de
+quimeras; comprendió su posición y de un salto llegó hasta las últimas
+consecuencias. Vio a su rival curada y bien curada, a su amante
+confiscado, su hijo en manos de otra y su porvenir estropeado. La caída
+fue tanto más ruda cuanto que la hermosa ambiciosa caía de lo más alto.
+Después de haber amontonado montaña sobre montaña hasta las puertas del
+cielo, los titanes de la fábula no sintieron más duramente el rayo que
+los aniquilaba.
+
+El odio que la viuda sentía por la joven condesa desde el día en que
+había empezado a temerla se elevó súbitamente a proporciones colosales,
+como esos árboles de teatro que el maquinista hace brotar del suelo y
+subir hasta los frisos. La primera idea que atravesó su mente fue la de
+un crimen. En sus músculos sintió estremecerse una fuerza centuplicada
+por la rabia. Preguntose por qué con sus manos no rompía el obstáculo
+tan sutil que la separaba de su dicha, y por un instante fue la hermana
+de aquellas Thyades que desgarraban en pedazos los leones y los tigres
+vivos. Se arrepintió de haber dejado olvidado en el hotel Trafalgar un
+puñal corso, joya terrible, que en todos lados colocaba sobre el ábaco
+de la chimenea. La hoja era azul como el muelle de un reloj, larga y
+flexible como la ballena de un corsé; la empuñadura era de ébano con
+incrustaciones de plata, y la vaina de platino grabado. Con el
+pensamiento corrió hasta esa arma familiar, la empuñó con la imaginación
+y la acarició. Pensó en seguida en el mar que batía muellemente la
+ladera del jardín. Nada más fácil ni más tentador que llevar hasta allí
+a Germana, como el águila se lleva a un cordero blanco por el aire, y
+tenderla bajo tres pies de agua, ahogar sus gritos bajo las olas y
+comprimir sus esfuerzos hasta el momento en que una convulsión postrera
+hiciera una nueva condesa de Villanera.
+
+Afortunadamente la distancia es mayor entre el pensamiento y la acción
+que entre los brazos y la cabeza. Además el pequeño Gómez estaba allí y
+su presencia quizás salvó la vida de Germana. Más de una vez, para
+paralizar una mano criminal, basta la mirada límpida de un niño. Los
+seres más pervertidos experimentan un respeto involuntario ante esa edad
+sagrada y aun más augusta que la vejez. La vejez es como un agua en
+reposo que ha dejado caer al fondo todas las impurezas de la vida; la
+infamia es una fuente escapada de la montaña: se la agita sin
+enturbiarla, porque es pura hasta el fondo. Los ancianos poseen la
+ciencia del bien y del mal; la ignorancia de los niños es como la nieve
+inmaculada de la Jungfrau que nada ha mancillado, ni aun la huella del
+pie de un pájaro.
+
+La señora Chermidy, concibió, acarició, debatió y rechazó la idea de un
+crimen mientras cerraba la sombrilla y saludaba a Germana, que no la
+conocía.
+
+Germana la acogió con esa gracia y esa cordialidad que es privativa de
+los venturosos en el mundo. La visita de una desconocida no tenía para
+ella nada de sorprendente. Casi diariamente recibía personas de la
+vecindad que se habían interesado por su curación y que iban a
+felicitarla por haber recobrado la salud. La viuda inició la
+conversación con unas cuantas palabras incoherentes que daban idea del
+tumulto de sus pensamientos.
+
+--Señora--le dijo--, usted no esperaba seguramente... yo tampoco
+esperaba... Si hubiese sabido... Acabo de llegar de París, señora. Su
+señor padre, el duque de La Tour de Embleuse, que me honra con su
+amistad...
+
+--¿Usted conoce a mi padre, señora?--interrumpió vivamente Germana--.
+¿Hace poco que lo ha visto usted?
+
+--Hace ocho días.
+
+--Permítame, pues, que la bese. ¡Mi pobre padre! ¿Cómo está? Nos escribe
+rara vez. Deme noticias de mi madre.
+
+La señora Chermidy se mordió los labios.
+
+--No esperaba, señora--dijo sin contestar a la pregunta--, encontrarla
+tan bien. La última carta que el señor duque recibió de Corfú...
+
+--Sí, efectivamente, señora; había llegado ya al último extremo, pero no
+me han querido en el cielo. Pero siéntese a mi lado. A la hora presente
+mi padre y mi madre ya estarán tranquilos. ¡Oh, estoy completamente
+restablecida! Debe conocerse, ¿no es verdad? Míreme usted bien.
+
+--Sí, señora. Por lo que en París nos dijeron, ha sido un milagro.
+
+--Un milagro del cariño y del amor, señora. ¡La condesa, mi madre, es
+tan buena! ¡Mi marido me quiere tanto!
+
+--¡Ah!... ¡Qué niño tan lindo ése que juega allí bajó! ¿Es de usted,
+señora?
+
+Germana se levantó del banco, miró a la viuda y retrocedió atemorizada,
+como si hubiese pisado una serpiente.
+
+--¡Señora!--dijo a la desconocida--, usted es la señora Chermidy.
+
+Esta se levantó a su vez y avanzó hacia Germana como para pasar sobre su
+cuerpo y contestó:
+
+--Sí, soy la madre del marqués y la esposa, ante Dios, de don Diego. ¿En
+qué me ha reconocido?
+
+--Por el tono con que ha hablado del niño.
+
+Fue dicho esto tan dulcemente, que la señora Chermidy se sintió
+sobrecogida por un sentimiento extraño. La cólera, la sorpresa y todas
+las emociones que la ahogaban, se resolvieron en un hondo sollozo, y dos
+gruesas lágrimas rodaron por sus mejillas. Germana ignoraba que se
+llorase de rabia. Compadeció a su enemiga y exclamó ingenuamente:
+
+--¡Pobre mujer!
+
+Las dos lágrimas se secaron instantáneamente, como las gotas de lluvia
+que caen en un cráter.
+
+--¡Pobre mujer, yo!--replicó con dureza la señora Chermidy--. ¡Bueno,
+sí, soy digna de compasión porque he sido engañada, porque han abusado
+de mi buena fe, porque el cielo y la tierra unidos han conspirado para
+traicionarme, porque me han robado un nombre, una fortuna, al hombre
+que yo amaba y al hijo al que di vida entre dolores y sollozos!
+
+Germana quedó sobrecogida de espanto ante aquella explosión de ira, y
+sus ojos se volvieron hacia la casa como en demanda de auxilio.
+
+--Señora--dijo temblorosa--, si para eso ha venido usted a mi casa...
+
+--¡A su casa! ¿No llama usted a sus criados para hacerme arrojar de su
+casa? ¡Realmente, es curioso que sea yo quien esté en su casa de usted!
+¡Pero si usted no tiene nada que no proceda de mí! ¡Su marido, su hijo,
+su fortuna y hasta el mismo aire que respira, todo procede de mí, todo
+me pertenece, todo lo tiene usted en depósito porque yo se lo he
+confiado; me lo debe usted todo y nunca me reembolsará! Usted vegetaba
+en París sobre un mal camastro; los médicos la habían desahuciado, no le
+quedaban ni tres meses de vida, ¡así me lo habían prometido! ¡Su padre y
+su madre de usted se morían de hambre! Sin mí, la familia de La Tour de
+Embleuse no sería más que un montón de polvo en la fosa común. ¡Yo se lo
+he dado a usted todo, padre, madre, marido, hijo y la vida, y se atreve
+usted a decirme en mi cara que estoy en su casa! ¡Es preciso ser bien
+ingrata!
+
+Era difícil contestar a esta elocuencia salvaje. Germana cruzó los
+brazos sobre el pecho y dijo:
+
+--Señora, en vano sondeo mi conciencia; no me puedo encontrar culpable
+de nada como no sea de haber curado. Jamás he contraído ningún
+compromiso con usted, por la sencilla razón de que ésta es la primera
+vez que la veo. Cierto es que sin usted hace tiempo que me hubiese
+muerto; pero si usted me ha salvado ha sido sin querer, y la prueba
+mejor es que acaba de reprocharme el aire que respiro. ¿Ha sido usted la
+que me dio por esposa al conde de Villanera? Es posible. Pero me eligió
+usted porque me creía condenada a muerte sin remedio. Por eso no le debo
+ninguna gratitud. Ahora, ¿qué puedo hacer para serle útil? Estoy
+dispuesta a todo, menos a morir.
+
+--Yo no le pido nada; no quiero nada; no espero nada.
+
+--¿Entonces qué ha venido a hacer usted aquí?... ¡Dios mío! ¡Me creía
+usted enferma y esperaba encontrarme muerta!
+
+--Estaba en mi derecho. Pero he debido tomar informes respecto a su
+familia: ¡los La Tour de Embleuse no han pagado nunca sus deudas!
+
+Al oír esta grosería, Germana perdió la paciencia y replicó:
+
+--Señora, ya está usted viendo que me encuentro bien. Puesto que
+únicamente había venido para enterrarme, su misión ha terminado, y nada
+tiene ya que hacer aquí.
+
+La señora Chermidy se instaló resueltamente en el banco de piedra
+diciendo:
+
+--No me iré sin haber visto a don Diego.
+
+--¡Don Diego!--exclamó la convaleciente--. ¡No lo verá usted! No quiero
+que él la vea. Escúcheme atentamente, señora. Estoy aún muy débil, pero
+encontraré las fuerzas de las leonas para defender mi felicidad. No es
+que yo dude de él: es bueno, me quiere como a una hermana y no tardará
+en quererme como a esposa. Pero no quiero que su corazón se desgarre
+entre lo pasado y lo porvenir. Sería odioso obligarle a elegir entre
+nosotras. Además, usted debe de haber comprendido que ya ha hecho su
+elección, puesto que no le ha escrito más.
+
+--¡Criatura! ¡No has podido conocer lo que es el amor en medio de las
+tisanas! ¡No sabes el imperio que tomamos sobre el hombre a fuerza de
+hacerlo dichoso! No has visto los hilos de oro, más finos y más tupidos
+que los de la tela de araña, que tejemos alrededor de su corazón! No he
+venido sin armas a declararte la guerra. Traigo conmigo el recuerdo de
+tres años de pasión satisfecha y nunca saciada. Eres libre de oponer a
+todo eso tus besos fraternales y tus caricias de colegiala. ¿Quizás
+crees que has apagado el fuego que yo encendí? ¡Espera que yo sople en
+él, y verás qué incendio!
+
+--Usted no le hablará. Si él fuera bastante débil para acceder a esa
+fatal entrevista, su madre y yo sabríamos impedirlo.
+
+--¡Bastante me preocupo yo de su madre! Tengo derechos sobre él yo
+también, y los haré valer.
+
+--No sé qué derechos pueda alegar una mujer que se ha comportado como
+usted, pero sé que la Iglesia y la ley me han dado al conde de Villanera
+el día en que ellas me dieron a él.
+
+--Oiga usted; le abandono el libre dominio de todos los bienes que usted
+posee. Viva, sea dichosa y rica; haga la felicidad de su familia, cuide
+de sus padres en sus últimos días, pero déjeme a don Diego. Nada es para
+usted todavía, según usted mismo me ha confesado. No ha sido su esposo,
+ha sido su médico, su enfermero, el ayudante del doctor Le Bris.
+
+--Es todo para mí, señora, puesto que le amo.
+
+--¡Ah, es así! Pues bien, cambiemos de nota. ¡Devuélvame a mi hijo! Es
+mío; y supongo que convendrá usted en ello. Cuando se lo cedí, puse
+condiciones. Como usted no ha cumplido su palabra yo retiro la mía.
+
+--Señora--respondió Germana--, si usted quisiera a ese niño no pensaría
+en despojarlo de su nombre y su fortuna.
+
+--¡No me importa! Lo quiero para mí, como todas las madres. Prefiero
+tener un bastardo a quien besar todas las mañanas, que oír a un marqués
+que le llame a usted mamá.
+
+--Sé--repuso Germana--que el niño era de usted; pero usted lo dio. Ni
+usted puede reclamarlo ni menos yo entregárselo.
+
+--Lo pediré ante los tribunales. Revelaré el misterio de su nacimiento.
+Nada arriesgo al presente: mi marido ha muerto, y ya no me matará.
+
+--Perderá usted el pleito.
+
+--Pero lograré armar un gran escándalo. ¡Ah, la señora de Villanera
+tiene en mucho su nombre! ¡Se han cometido infamias para el mayor lustre
+del apellido de los Villanera! Le aferraré por las orejas a ese título
+que Italia disputa a España! ¡Lo arrastraré del juzgado de primera
+instancia al más alto tribunal; haré que lo impriman en todos los
+periódicos; será la comidilla de las tabernas de París; lo haré publicar
+en las _Pequeñas causas célebres_, y la condesa vieja reventará de
+rabia! ¡Y ya pueden decir los abogados y sentenciar los jueces! Perderé
+el pleito, pero todos los futuros Villanera estarán tachados de
+Chermidy!
+
+Hablaba con tal calor que su discurso llamó la atención del marqués. Se
+hallaba a diez pasos de distancia, gravemente ocupado en plantar ramas
+en la arena para hacer un jardincito. Abandonó su tarea y fue a
+colocarse delante de la señora Chermidy, con un bracito en jarras. Al
+verle aproximar, Germana dijo a la viuda:
+
+--Preciso es, señora, que la pasión la extravíe, pues hace una hora que
+está reclamando al niño, y todavía no se le ha ocurrido besarlo.
+
+El marqués presentole la mejilla sin el menor entusiasmo, y dijo a su
+terrible madre, en esa media lengua propia de los niños de su edad:
+
+--Señora, ¿qué le dices a mamá?
+
+--Marqués--respondió Germana--, esta señora quiere llevarte a París.
+¿Quieres irte con ella?
+
+Por toda contestación el niño se echó en brazos de Germana, y dirigió
+una mirada de recelo a la señora Chermidy.
+
+--Le queremos todos--dijo Germana.
+
+--Usted también, señora. Es una habilidad.
+
+--Es natural. Se le parece mucho a su padre.
+
+--Mírame bien--dijo la viuda a su hijo--. ¿No me reconoces?
+
+--No.
+
+--Soy tu madre.
+
+--No.
+
+--¡Tú eres mi hijo, mi hijo!
+
+--No eres tú, es mamá Germana.
+
+--¿No tienes otra madre?
+
+--Sí; mamá Nera. Está en casa mamá Vitré.
+
+--Para él todas son madres suyas menos yo. ¿No recuerdas haberme visto
+en París?
+
+--¿Qué es París?
+
+--Yo te daba bombones.
+
+--¿Dónde están tus bombones?
+
+--Vamos, los niños son hombres pequeños; la ingratitud les brota con los
+dientes. Marqués de los Montes de Hierro, escúchame bien. Todas esas
+mamás son las que te han criado. Yo soy tu verdadera madre, la única
+madre, la que te ha dado el ser.
+
+El niño sólo comprendió que aquella señora le reñía, y se echó a llorar
+amargamente costando gran trabajo consolarlo a Germana.
+
+--Ya ve usted, señora--dijo ésta a la viuda--, que nadie la retiene
+aquí, ni aun el marqués.
+
+--He aquí mi ultimátum--respondió la señora Chermidy altivamente.
+
+Pero una voz muy conocida de ella le cortó la palabra. Era el doctor Le
+Bris que llegaba de Corfú a todo correr. Había visto a _le Tas_ en una
+ventana del hotel Trafalgar, y al galope traía este notición. El cochero
+de la señora Chermidy al que había encontrado a la puerta de la villa,
+lo había asustado al decirle que había llevado allí a una señora.
+Recorrió la casa, puso en pie a todos los dormilones que hallaba en su
+camino y bajó las escaleras del jardín de cuatro en cuatro peldaños.
+
+No pensaba el doctor que la señora Chermidy fuese capaz de cometer un
+crimen; pero, sin embargo, dejó escapar un suspiro de satisfacción al
+encontrar a Germana como la había dejado. Le tomó el pulso antes de
+decir palabra y luego habló.
+
+--Condesa, está usted un poco agitada--manifestó--, y creo que la
+soledad le será conveniente. Descanse usted si le parece, mientras yo
+acompaño a la señora hasta su coche.
+
+Dictó la orden sonriendo, pero con un tono tan autoritario que la señora
+Chermidy aceptó su brazo sin replicar.
+
+Cuando hubieron dado juntos algunos pasos añadió el doctor:
+
+--¡Cómo, mi linda cliente! ¡Supongo que no tiene usted la intención de
+estropear mi obra! ¿Qué diablo viene usted a hacer aquí?
+
+--¿Qué carta es ésa, pues--contestó la viuda ingenuamente--, que ha
+escrito usted al duque?
+
+--¡Ah, ya comprendo! Con efecto, pasamos una semana difícil; pero el
+buen tiempo ha reaparecido.
+
+--¿No queda ningún recurso, llave de los corazones?
+
+--Ninguno, como no me muera.
+
+--¿Y qué va usted ganando?
+
+--La satisfacción del deber cumplido. Es una hermosa curación; como ésa
+no se cuentan por docenas.
+
+--Mi pobre amigo, dicen que usted hará carrera; yo me temo que no pasará
+de vegetar toda su vida. Las personas de talento son a veces bastante
+estúpidas.
+
+--¡Qué se le va a hacer! No se puede contentar a todo el mundo. La
+Fontaine ha dicho eso en verso, no recuerdo dónde.
+
+--¿Qué va a ser de mí? Lo pierdo todo.
+
+--¿Cree usted?
+
+--Sin duda.
+
+--Los millones, pues, para usted no son nada. Usted es mujer precavida,
+y ha ido siempre a lo práctico.
+
+--¿Esa opinión es la de usted?
+
+--La mía y la de otros.
+
+--¿La de don Diego, acaso?
+
+--Es posible.
+
+--Pues es bien injusto. Por nada le devolvería lo que me ha dado.
+
+--Ya sabe usted que él no lo tomará. Adiós, señora.
+
+--¿Sigue usted teniendo a ese Mateo que el duque le envió de París?
+
+--Sí; ¿por qué?
+
+--Porque ya le he dicho que desconfíe de él.
+
+--Por mí no le han despedido.
+
+La señora Chermidy regresó precipitadamente a la ciudad. Su retirada
+parecía una derrota, y _le Tas_, que esperaba noticias en la ventana,
+adivinó en seguida lo que ocurría. Así que la viuda llegó a su
+habitación exclamó:
+
+--¡Maldita jornada!
+
+--¿Se ha salvado?
+
+--Está curada. No he podido ver al conde, ni creo verlo, y Le Bris casi
+me ha puesto en la calle.
+
+--Si éste encuentra su clientela, pierdo el nombre que llevo. Ya puedes
+hacer, amigo, lo que quieras, pero nunca serás más que un imbécil.
+
+--O un bribón. Nos ha engañado como todos los demás.
+
+--¿De quién fiarse, gran Dios, si no se puede contar con un ex
+presidiario?... Después de esto, le habrán puesto quizás en la puerta.
+
+--No, aun está en la casa.
+
+--Entonces aun hay remedio. Yo le hablaré. Hay que jugarse el todo por
+el todo.
+
+--¡Vamos, pues! Es necesario que vea a don Diego.
+
+--¿Y cómo le verás?
+
+--Alquilaré cualquier casa por allá.
+
+--Vamos. Estoy segura de que si llegas a tenerle bajo tus ojos, harás de
+él lo que quieras. ¡Estás soberbia!
+
+--Es la cólera. Le he reclamado el pequeño, y les he amenazado con un
+proceso. Tendrá miedo y vendrá.
+
+--¡Si viene, lo robas!
+
+--¡Como a una pluma!
+
+--Quizás has hecho mal en hablar de proceso. Es demasiado orgulloso para
+ceder por ese procedimiento. Atacar a un español por las amenazas, es lo
+mismo que acariciar a un lobo a contrapelo.
+
+--Si las amenazas no sirven para nada, tengo otra idea. Hago testamento
+en favor del marqués, le devuelvo sus millones hasta el último céntimo y
+después me mato.
+
+--¡Vaya una idea! ¡Muy bonita! ¿Y qué habrás adelantado con eso?
+
+--¡No seas tonta! Me mataré sin hacerme daño. El testamento demostrará
+que no tengo apego al dinero; el puñal, que tampoco se lo tengo a la
+vida, pero no me mataré hasta el momento en que vaya a abrir la puerta.
+
+_Le Tas_ encontró la invención excelente, aunque no fuese precisamente
+nueva.
+
+--¡Bueno!--dijo--; es, únicamente, un caballero andante; no tolerará que
+la mujer a quien ha amado se dé muerte por sus hermosos ojos. ¡Son tan
+bestias los hombres! ¡Si yo fuese tan bonita como tú, los haría correr!
+
+--Mientras tanto, hija mía, seremos nosotras las que corramos; y desde
+mañana mismo.
+
+--¡Pues bien, sí! ¡en marcha!
+
+Al día siguiente, las dos mujeres, escoltadas por un mozo de cuerda, se
+hicieron conducir al sur de la isla. Allí, en las inmediaciones de la
+villa Dandolo, encontraron una linda casita para vender o alquilar, con
+su verja y todo. Era la misma que la señora de Villanera había elegido
+para el señor de La Tour de Embleuse, en el caso en que éste se
+decidiese a pasar el verano en Corfú. Era el castillo en el aire del
+pobre Mantoux, llamado _Poca Suerte_. La casa fue alquilada el 24 de
+septiembre, amueblada el 25 y ocupada el 26 por la mañana. Así se lo
+hicieron saber a don Diego.
+
+El conde pasaba un verdadero suplicio desde hacía tres días. Germana le
+contó la visita que había recibido. La pobre niña no sabía el efecto que
+le produciría aquella noticia y, sin embargo, quiso ser ella quien se la
+diese. Al anunciar a don Diego la noticia de la llegada de su antigua
+amante, se aseguraba en un instante de si estaba bien curado de su amor.
+Un hombre sorprendido no tiene tiempo de disimular y la primera
+impresión que se lee en su cara es la verdadera. Germana se jugaba el
+todo por el todo sometiendo a su marido a semejante prueba. Un relámpago
+de alegría en los ojos del conde la habría matado más seguramente que un
+pistoletazo. Pero las mujeres son así, y su amor heroico prefiere un
+peligro seguro a una dicha incierta.
+
+El señor de Villanera estaba bien curado, porque se enteró de aquella
+noticia como el que recibe una impresión desagradable. Su frente se veló
+de una tristeza que no tenía nada de exagerada, porque era sincera. No
+se mostró ni indignado ni escandalizado, porque el paso de la señora
+Chermidy, impertinente a los ojos de todos, era bien excusable para él.
+No hizo el gesto de desagrado de un gobernador de provincia al que dicen
+que el enemigo ha hecho una incursión en su territorio; demostró el
+disgusto de un hombre al que un accidente previsto viene a turbar en su
+felicidad.
+
+Germana no pudo repetirle sin un poco de cólera las palabras insolentes
+de aquella mujer y sus monstruosas pretensiones. El doctor hizo coro con
+ella y la anciana condesa lamentó altamente no haber estado allí para
+arrojar a aquella desvergonzada a la puerta o al mar; el mar era una de
+las puertas del jardín. Pero don Diego, en lugar de unirse a las
+protestas de toda la familia, se aplicó a calmar ánimos y a vendar
+heridas. Defendió a su antigua querida o, mejor dicho, la compadeció
+como un hombre galante que ya no ama, pero que se cree amado aún. Llenó
+este dulce deber con una tal delicadeza, que Germana aun quedó
+agradecida, porque apreció una vez más la rectitud y la firmeza de su
+alma. Además, si le permitía al conde dar su compasión a la señora
+Chermidy, es porque estaba bien segura de poseer todo su amor.
+
+La condesa era bastante menos tolerante. La reivindicación del niño y la
+amenaza de un proceso escandaloso, la habían exasperado. No se
+conformaba con menos que entregar a la viuda a los magistrados de las
+siete islas y hacerla expulsar vergonzosamente como una aventurera.
+
+--El señor Stevens--dijo--es amigo nuestro y no nos negará este pequeño
+servicio.
+
+Para ella, la visita de la viuda a Germana tenía todos los caracteres de
+una tentativa de asesinato, porque, después de todo, la presencia de una
+mujer tan odiosa podía matar a una convaleciente. El doctor no encontró
+descabellada la idea.
+
+El conde intentó calmar a su madre.
+
+--No tema usted nada--dijo--, no intentará ningún proceso. No es tan
+desnaturalizada que quiera comprometer a su hijo al mismo tiempo que a
+nosotros. La cólera la ofuscó, sin duda. A nosotros, que somos dichosos,
+nos es fácil hablar sensatamente. Debe estar indignada contra mí y
+mirarme como a un gran culpable, porque yo la he abandonado sin tener
+nada que reprocharle; en ocho meses no le he escrito ni una sola carta;
+he dado mi alma a otra. Aun me odiaría más si supiera que los días más
+dichosos de mi vida son los que he pasado lejos de ella al lado de mi
+Germana y si yo le dijese que mi corazón está lleno de amor hasta los
+bordes, como esas copas que una gota más haría desbordar. Déjeme que la
+despida con buenas palabras. ¿Por qué no he de ir a abrirle mi corazón y
+a mostrarle que ya no queda sitio para ella? No hace falta más que una
+hora de dulzura y de firmeza para cambiar el amor despechado en una
+amistad pura y duradera. Yo le aseguro que no pensará más en el
+escándalo y será digna de encontrarse con nosotros sin embarazo y de
+enviar a buscar de cuando en cuando noticias de su hijo. Hay pocas
+mujeres que no estén expuestas a codearse en un salón con la antigua
+amante de su marido. Y no por eso se arrancan los ojos; el presente y el
+pasado viven en buena harmonía, una vez que la frontera que las separa
+está bien delimitada. Considere, además, que nuestra situación no es la
+corriente. Por mucho que hagamos nosotros, por mucho que haga ella
+misma, esa desgraciada será siempre, a los ojos de Dios, la madre de
+nuestro hijo. Aunque no hubiese sido más que su nodriza, nuestro deber
+sería asegurarla contra la miseria. No nos neguemos a una gestión
+inocente y prudente que puede salvarla de la desesperación y del crimen.
+
+Don Diego hablaba de tan buena fe, que Germana le tendió la mano y le
+dijo:
+
+--Amigo mío, yo había asegurado a esa mujer que no volvería a verle,
+pero si yo hubiese oído hablar a usted con tanta razón y experiencia, yo
+misma le hubiera conducido a usted a su casa. Tome el coche sin pérdida
+de tiempo, corra a despedirla y perdónela el mal que me ha hecho como yo
+la perdono.
+
+--¡Muy bonito!--exclamó la señora de Villanera--. Si él sube al coche,
+yo misma desengancharé a los caballos. Don Diego, usted no me consultó
+para tomar una amante; no me escuchó usted cuando le dije que había
+caído en manos de una bribona; puesto que usted me consulta hoy, tendrá
+que escucharme hasta el fin. Soy yo quien le he casado. Yo le he dejado
+hacer, en el interés de nuestra raza, un tratado que sería odioso entre
+los burgueses; pero la grandeza de los intereses y el principio a
+salvar, excusan muchas cosas. Dios ha permitido que un asunto tan mal
+iniciado se haya convertido en la felicidad de todos. ¡Dios sea loado!
+Pero no se dirá, mientras viva yo, que usted ha salido de casa de su
+esposa santa y legítima para entrar en la de su antigua amante. Ya sé
+que usted no la ama ya, pero tampoco la desprecia lo bastante para que
+yo le crea curado. Esa Chermidy le ha tenido tres años en sus garras; no
+quiero exponerle a que caiga de nuevo en ellas. No diga usted que no con
+la cabeza. La carne es débil, hijo mío; lo sé por usted, ya que no por
+experiencia propia. Conozco a los hombres, aunque nunca me han hecho la
+corte. Pero cuando se asiste al teatro por espacio de cincuenta años se
+está un poco en el secreto de la comedia. Acuérdese bien de esto: el
+mejor de los hombres no vale nada. El mejor es usted, se lo concedo.
+Usted está curado de su amor; pero esos amores parásitos son de la
+familia de la acacia; se arranca el árbol, se queman las raíces y los
+retoños salen a millares. ¿Quién me asegura que la vista de esa mujer no
+le hará perder la cabeza? Usted no tiene el cerebro tan sólido para
+exponerlo a semejante sacudida. Quien ha bebido beberá; y usted ha
+bebido tanto que yo pensaba que se ahogaría. ¡Ah! si usted estuviese
+casado desde hace tres o cuatro años, si usted viviese como vivirá
+pronto, con la ayuda de Dios, si el marqués tuviese un hermano o una
+hermana, quizás entonces le dejaría suelta la brida. Pero suponga que su
+antigua locura vuelve, ¡habría hecho yo un bonito papel casándole con
+este ángel! Por eso es, mi querido conde, por lo que no irá usted a casa
+de la señora Chermidy, ni siquiera para despedirla, y si, a pesar de mi
+negativa, va usted, cuando vuelva no encontrará aquí ni a su mujer ni a
+su madre.
+
+Don Diego se conformó, pero estuvo de mal humor por espacio de tres
+días. El doctor Le Bris había cambiado de enfermo y se dedicaba a curar
+el cerebro de su amigo y a desarraigar las ilusiones obstinadas que el
+conde guardaba sobre su amante. Desató implacablemente la tupida venda
+que el pobre hombre se había dejado colocar sobre los ojos. Le contó
+detalladamente todo lo que sabía del pasado de aquella mujer; le hizo
+ver que era ambiciosa, avariciosa, ladina y malvada.
+
+--Me llaman la tumba de los secretos--pensaba, adivinando todas las
+maldiciones que sobre él caerían--, pero la justicia tiene derecho a
+abrir las tumbas.
+
+Don Diego dudaba aún; le hizo leer la última carta que había recibido de
+la señora Chermidy. El conde se estremeció de horror viendo allí una
+provocación al asesinato con una recompensa de quinientos mil francos.
+
+La llegada del duque fue una nueva prueba de la maldad de la señora
+Chermidy. El pobre anciano había hecho el viaje sin accidentes gracias a
+ese instinto de conservación que nos es común con los animales; pero su
+espíritu había desgranado todas sus ideas por el camino, como un collar
+cuyo hilo se rompe. Supo encontrar la villa Dandolo y cayó en medio de
+la familia extrañada, sin más emoción que la que experimentaría al salir
+de su habitación. Germana le saltó al cuello y le colmó de ternezas; él
+se dejaba acariciar como un perro que juega con un niño.
+
+--¡Qué bueno es usted!--le dijo--. Ha sabido que yo estaba en peligro y
+ha corrido a verme.
+
+--¡Toma! Es verdad--respondió--. ¿No has muerto, pues? ¿Cómo te las has
+arreglado? Estoy muy contento, es decir, no mucho; Honorina está furiosa
+contra ti. ¿No está aquí Honorina? Ha venido a casarse con el conde.
+¡Mientras me perdone!
+
+Nadie le pudo arrancar una palabra sobre la salud de la duquesa, pero en
+cambio habló de Honorina tanto como quiso. Contó todas las dichas y
+todos los pesares que le había dado. Todos sus discursos se referían a
+ella, así como todas sus preguntas: la quería a todo precio y empleó la
+astucia de una tribu india para descubrir su dirección.
+
+La llegada inesperada de aquella ruina viviente fue un serio dolor para
+Germana y una cruel enseñanza para don Diego. La señora de Villanera,
+que nunca había sentido simpatía por el duque, se interesaba
+mediocremente por su estado, pero se consideraba triunfante al tener a
+mano a una víctima de la señora Chermidy. Dedicó los cuidados más
+asiduos al señor de La Tour de Embleuse y le arrancó todos los secretos
+de su miseria y de su decadencia.
+
+El duque había fondeado en la casa desde hacía unas horas, cuando la
+señora Chermidy hizo saber a don Diego que era vecina suya y que le
+esperaba. El conde enseñó la carta al señor Le Bris.
+
+--¿Qué le contestaría usted en mi lugar?--le preguntó con indiferencia.
+
+--La ofrecería dinero. Ella ha venido aquí para apoderarse de su nombre,
+de su persona y de su fortuna. Cuando ha visto que la condesa aún vivía,
+ha renunciado al nombre y se ha hecho fuerte en lo demás. Cuando vea que
+su persona de usted se pasa fácilmente sin la suya, se contentará con el
+dinero.
+
+--¿Y ese proceso, ese escándalo con que nos amenaza?
+
+--Ofrézcala dinero.
+
+--Pero, ¿y su hijo?
+
+--Cuestión de dinero. Claro que habrá de ser mucho. Se dan dos sueldos a
+un mendigo de blusa, diez al que viste de americana, cien al de levita;
+calcule usted lo que conviene ofrecer a los que mendigan en coche de
+cuatro caballos.
+
+--¿Quiere ir usted a ver lo que pide?
+
+--¡Diablo! Usted me ha contratado por meses; no contábamos las visitas.
+
+El doctor se hizo llevar a casa de la señora Chermidy. Cuando entró,
+estaba en escena. Sentada lánguidamente en un gran sillón, los brazos
+colgando, la cabellera suelta, dejaba errar sus ojos melancólicos, y
+_Soñadora, miraba vagamente hacia el espacio._
+
+--Buenos días, señora--dijo el doctor--. Puede usted sentarse a su
+comodidad, soy yo.
+
+Se levantó sobresaltada, corrió a él y le dijo:
+
+--¡Es usted, amigo mío! Me dio usted un disgusto el otro día. ¿Es así
+como debía acogerme después de una larga ausencia?
+
+--No hablemos más de eso, ¿le parece a usted? Hoy no vengo como amigo,
+sino como embajador.
+
+--¿No le veré a él, pues?
+
+--No; pero, si tiene usted curiosidad por ver a alguien, puedo enseñarle
+al duque de La Tour de Embleuse.
+
+--¿Está aquí?
+
+--Sí, desde esta mañana. Una linda obra de usted, pero sin firma.
+
+--No soy responsable de las necedades de todos los viejos locos que
+pierden la cabeza por mí.
+
+--¿Ni de los millones que pierden en su casa? De acuerdo.
+
+--¿Pero de buena fe me cree usted una mujer interesada, llave de los
+corazones?
+
+--¡Caramba! ¿Cuánto quiere usted por volverse a París y permanecer
+tranquila allí?
+
+--Nada.
+
+--Le pagaremos el pasaje, aunque cueste un millón.
+
+--Es que somos dos; he traído a _le Tas_.
+
+--Doblaremos quizá la suma.
+
+--¿Qué ganaría yo con eso? Si yo fuese lo que usted supone, podría tomar
+hoy el dinero y dar mañana el escándalo. Pero valgo más que todos
+ustedes.
+
+--¡Muchas gracias!
+
+--Tome usted, bello embajador, llévele esto al rey su señor y dígale que
+si quiere algo para el otro mundo, me lo puede enviar esta noche.
+
+--¡Cómo! ¿Ya acudimos a los grandes efectos?
+
+--Sí, amigo mío. Este es mi testamento y aquí está el acta de mis
+últimas voluntades. El paquete no está cerrado, puede usted leerlo.
+
+--¡Efectivamente!
+
+Y leyó:
+
+«Este es mi testamento y el acta de mis últimas voluntades.
+
+»En la víspera de dejar voluntariamente una vida que el abandono del
+señor conde de Villanera me ha hecho odiosa...»
+
+--¡Desgraciada!--dijo el doctor interrumpiendo la lectura.
+
+--Es la verdad pura.
+
+--Borre esa frase. Está mal escrita.
+
+--Las mujeres no escriben bien más que las cartas. No tienen la
+especialidad de los testamentos.
+
+--Entonces, continúo:
+
+«Yo, Honorina Lavenaze, viuda de Chermidy, sana de cuerpo y de espíritu,
+lego todos mis bienes muebles e inmuebles a Gómez, marqués de los Montes
+de Hierro, hijo único del conde de Villanera. (Firmado.)»
+
+--Y mañana por la mañana quedará rubricado. ¡Vaya usted!
+
+--Me parece que no.
+
+--¿Lo duda usted?
+
+--Sí.
+
+--¿Y quiere usted decirme por qué no me mataré yo?
+
+--Porque eso sería un gran placer para tres o cuatro honradas personas
+que yo conozco. Adiós, señora.
+
+Aun no se había cerrado la puerta tras el doctor, cuando _le Tas_ salió
+de una habitación inmediata en compañía de Mantoux.
+
+
+
+
+XIII
+
+EL PUÑAL
+
+
+Mateo Mantoux no podía consolarse de la curación de Germana. Acusaba al
+droguero de haberle vendido arsénico falsificado. En su dolor,
+descuidaba el servicio y se consolaba divagando alrededor de la villa.
+El objeto de sus paseos era siempre aquella linda propiedad de la cual
+había sido el dueño en esperanza. A fuerza de contemplarla la conocía
+hasta en sus menores detalles, como si se hubiese criado en ella. Sabía
+cuántos balcones tenía la casa y no había un árbol que no tuviese un
+recuerdo para él. Había franqueado la verja más de una vez, lo que no
+era difícil. Aquel paraíso terrestre estaba cerrado por un seto de
+cactus y de áloes, formidable defensa si se cuida de ella, pero la
+infranqueable barrera había caído en tres o cuatro sitios y la delicada
+librea de Mantoux podía saltar sin peligro al recinto prohibido.
+
+El 26 de septiembre, hacia las cuatro de la tarde, aquel melancólico
+bribón pensaba en su desgracia franqueando la valla. Se acordaba con
+amargura de sus primeras entrevistas con _le Tas_ y de la acogida de la
+señora Chermidy. Cuando comparaba su situación presente con la que había
+soñado, se consideraba como el más desgraciado de los hombres, porque
+creía haber perdido lo que había dejado de ganar. La interrupción de una
+masa enorme que se movía pesadamente en el jardín interrumpió el curso
+de sus ideas. Se restregó los ojos y se preguntó por un instante si veía
+a _le Tas_ o a su sombra; pero las sombras no abultan tanto. _Le Tas_ le
+advirtió y le hizo señas. Precisamente estaba buscándole.
+
+--¡Qué tal!--le dijo--. ¿Cómo va eso, guapo enfermero? Ha cuidado usted
+muy bien a su ama y ya está curada.
+
+--¡Poca suerte!--respondió él con un gran suspiro.
+
+--Estamos solos--continuó _le Tas_--, nadie puede oírnos; no tenemos
+tiempo que perder. ¿Estás contento de que haya curado tu señora?
+
+--Ciertamente, señorita. No obstante, su ama me había prometido otra
+cosa.
+
+--¿Qué es lo que te había prometido?
+
+--Que la señora moriría bien pronto y que yo tendría 1.200 francos de
+renta.
+
+--Y tú hubieras preferido eso, ¿verdad?
+
+--¡Claro! Así hubiera sido propietario, mientras que ahora tendré que
+vivir siempre en casa de los otros.
+
+--¿Y no se te ha ocurrido nunca hacer por tu cuenta lo que la enfermedad
+no había hecho?
+
+Mantoux la miró fijamente con una turbación visible. No sabía si se
+trataba de un juez o de un cómplice. Ella le sacó de su embarazo
+añadiendo:
+
+--Yo te conozco; te había visto en Tolón. Cuando fui a visitarte a
+Corbeil, ya conocía tu historia.
+
+--¡De modo que usted...! ¿Así usted tenía su idea al enviarme aquí?
+
+--Seguramente. Si no hubiese habido nada que hacer, yo hubiera buscado a
+un hombre honrado. Gracias a Dios, no faltan. ¡Hasta hay demasiados!
+
+--¿Y era por eso por lo que me ofrecían 1.200 francos de renta?
+
+--¡Figúrate!
+
+--Sospecho que fue usted la que me escribió aquel anónimo.
+
+--¿Quién había de ser?
+
+--¿Pero qué interés tiene usted?
+
+--¿Qué interés? Tu ama ha robado su marido a la mía. ¿Comprendes ahora?
+
+--Empiezo a comprender.
+
+--Deberías haber empezado más pronto, ¡imbécil!
+
+--Es verdad; no obstante, algo he hecho.
+
+--¿Qué has hecho?
+
+--He comprado arsénico y le he dado un poco todas las noches.
+
+--¿De veras?
+
+--¡Palabra de honor!
+
+--Debes de haberle dado muy poco.
+
+--Tenía miedo de comprometerme. Es un veneno que deja señales.
+
+--¡Cobarde!
+
+--¡Toma! No se hace uno cortar el cuello por 1.200 francos de renta!...
+
+--La señora te hubiera dado todo lo que hubieras querido.
+
+--Habérmelo dicho. Ahora ya es tarde.
+
+Mantoux esperaba en una habitación contigua la partida del doctor Le
+Bris. Algunas palabras sueltas de la conversación llegaban a sus oídos.
+No obstante, no comprendió más que a medias el trato que le querían
+hacer. Abordó con una desconfianza respetuosa a la señora Chermidy. La
+viuda no juzgó conveniente entrar en explicaciones con él hasta que no
+hubiese recibido una respuesta de don Diego. Estaba muy agitada y daba
+apresurados pasos por el salón. Escuchaba a _le Tas_ sin oírla y miraba
+al ex presidiario sin verle. Le era bien conocida la cortesía del conde
+de Villanera para que pudiese apreciar en todo su valor su ausencia y su
+silencio.
+
+--Ya no me ama--se decía--. Menos mal, si sólo fuese indiferencia; ya
+sabría yo reconquistarle. Pero seguramente me han pintado a sus ojos
+como un monstruo. Si así no fuese, no me habría tratado de tal modo.
+¡Ofrecerme dinero por mediación de ese odioso Le Bris! ¡Y en qué
+términos, grandes dioses! Si me ve con los mismos ojos que su embajador,
+si he perdido ya su aprecio, ¿qué será de mí? No volverá ya. Viudo o no,
+está perdido para mí. Entonces, ¿a qué conduciría?... ¿por pura
+venganza? Pues bien, sea, ¡me vengaré! Pero esperemos. Si no viene
+corriendo cuando haya leído lo que he escrito, todo está perdido.
+
+--Señora--interrumpió Mantoux--, es preciso que vaya a servir la comida,
+y si la señora tiene algo que mandarme...
+
+--Ve a servir tu comida--respondió--; pero no olvides que me perteneces.
+Escucha bien todo lo que digan, para repetírmelo.
+
+--Sí, señora.
+
+--Un momento. Quizás el señor de Villanera venga aquí esta tarde. En tal
+caso, no tendré necesidad de ti. No obstante, paséate por los
+alrededores mañana por la mañana. Si no viniese... ¡pero no, eso es
+imposible! vienes tú así que se hayan acostado. No importa a que hora.
+Tal vez _le Tas_ duerma; llama de todos modos, yo te abriré la puerta.
+
+--Es inútil, señora; he sido cerrajero y conservo mis herramientas.
+
+--Bien, te esperaré. Pero estoy segura que el conde vendrá.
+
+Mantoux sirvió a la mesa y aun cuando se esforzó en oír la conversación,
+el nombre de la señora Chermidy no fue pronunciado.
+
+Se comió en familia, con un solo invitado, el señor Stevens. La señora
+de Villanera le preguntó si la ley inglesa permitía a los magistrados
+expulsar a los vagabundos sin otra forma de proceso. El señor Stevens
+respondió que la legislación de su país protegía la libertad individual
+hasta en sus abusos.
+
+--Eso está muy bien--dijo el doctor sonriendo--. ¿Y a las aventureras?
+
+--Se las trata un poco más severamente.
+
+--¿Aun cuando tengan cinco o seis millones de capital?
+
+--Si conocéis muchas de esa especie, enviadlas todas a Inglaterra. Se
+las recibirá con los brazos abiertos, se las coronará de rosas y se
+casarán con _lords_.
+
+La señora de Villanera hizo una mueca y se pasó a otra cosa.
+
+Durante toda la comida, el viejo duque tuvo los ojos fijos en Mantoux.
+Aquel cerebro impotente, aquella memoria desvanecida, supo reconocer en
+él al hombre que había visto una sola vez en casa de la señora Chermidy.
+Lo llamó aparte después de los postres y lo condujo misteriosamente a su
+habitación.
+
+--¿Dónde está ella?--le preguntó--. Tú la conoces; tú sabes dónde está
+oculta; ¡porque me la ocultan!
+
+--Señor duque--respondió--, no sé a quien...
+
+--Te hablo de Honorina. Ya sabes quién es, Honorina, la dama de la calle
+del Circo.
+
+--¿La señora Chermidy?
+
+--¡Ah! ¿ves cómo la conoces? Estoy seguro de que tú la has visto. ¡Mi
+hija también la ha visto! ¡el doctor también! todos, en fin, ¡menos yo!
+Ve a buscármela y te haré rico.
+
+Mantoux respondió:
+
+--Puedo jurar al señor duque que no sé dónde está la señora Chermidy.
+
+--¡Dímelo, bribón! no se lo contaré a nadie: esto quedará entre los
+dos... Si no me lo dices esta noche, te haré cortar la cabeza--añadió en
+tono de amenaza.
+
+El ex presidiario se estremeció como si el viejo pudiese leer en su
+conciencia. Pero el duque había cambiado de nota: lloraba como un niño.
+
+--Hijo mío--decía--, no quiero tener secretos para ti. Es necesario que
+te anuncie la desgracia que nos amenaza. Honorina quiere matarse esta
+noche; se lo ha dicho al doctor y ha enseñado su testamento a mi yerno.
+Ellos pretenden que no hará nada y que sólo se propone asustarle, pero
+yo la conozco mejor que nadie y sé que se matará. ¿Y por qué no ha de
+matarse? ¡Ya ves, a mí que te estoy hablando, me ha matado! ¿Te has
+fijado en aquel puñal que tenía sobre su chimenea en París? Pues bien,
+un día, no me acuerdo cuándo, me lo hundió en el corazón. Con ese mismo
+cuchillo se matará esta noche, si no llego a tiempo. ¿Quieres llevarme a
+su casa?
+
+Mantoux hizo nuevas protestas de que ignoraba el domicilio de la viuda,
+pero no pudo convencer al insensato viejo. Hasta las diez de la noche,
+el señor de La Tour de Embleuse le siguió a todas partes, al jardín, a
+la despensa, a la cocina, con la paciencia de un salvaje.
+
+--Es inútil que disimules--le decía--; tú irás a su casa y yo te
+seguiré.
+
+En las islas Jónicas la gente se acuesta temprano. A media noche todos
+dormían en la casa, menos el duque y Mantoux. El ex presidiario
+descendió a paso de lobo la escalerilla que conducía a su habitación. Al
+atravesar el jardín del norte creyó ver deslizarse una sombra entre los
+olivos. Salió al campo y anduvo a lo largo de las verjas, por senderos
+extraviados, en dirección a la propiedad que tan bien conocía. La sombra
+encarnizada le siguió de lejos hasta la valla. Mantoux se preguntó si no
+le había engañado su vista y si no era víctima de una alucinación;
+recuperó la presencia de ánimo, volvió sobre sus pasos y buscó al
+enemigo; el camino estaba desierto y la aparición se había desvanecido
+en la noche.
+
+Una obscuridad profunda envolvía la casa. El único balcón en que se veía
+luz era el de la señora Chermidy, que estaba en el piso bajo: Mantoux
+comprendió que le esperaban. Sacó un manojo de llaves falsas que había
+envuelto en un trapo para que no hiciesen ruido, pero no tuvo tiempo de
+emplearlas. La señora Chermidy le abrió la puerta.
+
+--Habla en voz baja--dijo--. _Le Tas_ acaba de dormirse.
+
+Los dos cómplices entraron en la habitación, y lo primero que hirió la
+vista de Mantoux fue el puñal de que le había hablado el duque.
+
+--¡Y bien!--exclamó la viuda--; ¿el señor de Villanera se ha acostado?
+
+--Sí, señora.
+
+--¡Infame! ¿Qué han dicho mientras comían?
+
+--No han hablado de la señora.
+
+--¿Ni una palabra?
+
+--No; pero después de comer, el señor duque me ha preguntado la
+dirección de la señora. Le he encontrado muy desmejorado.
+
+--¿No ha dicho nada más?
+
+--Tonterías. Que la señora quería matarse, que ha escrito su testamento.
+
+--Sí, es verdad; lo he hecho para obligar al conde a que viniese. ¿Se ha
+acostado?
+
+--¡Oh! sí, señora. La habitación del señor está cerca de las nuestras.
+El señor ha apagado la luz a las once.
+
+--Oye; si han dicho algo de mí en la mesa, puedes repetírmelo sin temor;
+no me enfadaría por ello, al contrario, me consideraría dichosa.
+
+--No han abierto la boca para ocuparse de la señora.
+
+--¡Ah! ¡les anuncio que voy a matarme esta noche y ni siquiera me
+dedican un pequeño comentario!
+
+--No se han ocupado de la señora; como si la señora no estuviese en el
+mundo.
+
+--Está bien; ya les recordaré que estoy viva. _Le Tas_ me ha dicho que
+le habías dado arsénico a la condesa.
+
+--Sí, señora; pero no ha hecho efecto.
+
+--Si le dieses una puñalada, quizás haría efecto.
+
+--¡Oh! ¡señora! ¡una puñalada! eso ya es más grave.
+
+--¿Qué diferencia hay?
+
+--Por de pronto, la señora condesa estaba enferma, y la enfermedad tiene
+buenas espaldas para cargar con todo. ¡Pero matar a una persona que está
+sana! Eso es más difícil.
+
+--Te pagaré según el trabajo.
+
+--¿Y si me cogen?
+
+--Tomas una embarcación y te refugias en Turquía; la justicia no te
+perseguirá hasta allí.
+
+--Es que tenía la idea de quedarme aquí. Quería comprar una propiedad.
+
+--La tierra se compra por nada en Turquía.
+
+--Es igual. Lo que la señora pide vale cincuenta mil francos.
+
+--¿Cincuenta mil francos?
+
+--¡Espero que la señora no querrá regatear!
+
+--Sea. Trato hecho.
+
+--¿Y dinero contante?
+
+--Contante.
+
+--¿Lo tiene usted? Porque si usted no me pagase esa suma, no iría a
+reclamársela a París.
+
+--Tengo cien mil francos en mi _secreter_.
+
+--Pido cinco minutos para reflexionar.
+
+--Reflexiona.
+
+Mantoux se volvió hacia la chimenea, se apoderó maquinalmente del puñal
+corso de la señora Chermidy, probó la punta sobre uno de sus dedos e
+hizo doblar la hoja sobre el mármol. La señora Chermidy no le miraba;
+esperaba el resultado de su decisión.
+
+--Ya lo he pensado--dijo--. Prefiero quedarme aquí que ir a Turquía; mis
+compatriotas son mejor tratados en Corfú; además, he aprendido un poco
+el italiano y no aprendería el turco; y, por último, el jardín y la casa
+que usted ha alquilado, me convienen.
+
+--¿Pero cómo diablos quieres...?
+
+--He encontrado el medio. En lugar de dar una puñalada a la señora
+condesa, se la doy a usted. En primer lugar, esto me vale cien mil
+francos y no cincuenta mil. Después, nadie tratará de acusarme o de
+perseguirme, porque usted ha hecho su testamento para suicidarse esta
+noche. La encontrarán en su cama, atravesada con su puñal y verán que
+usted ha tenido palabra. Y por último, dicho sea sin ofenderla, prefiero
+matar a una bribona como usted que a una mujer honrada como mi señora,
+que siempre me ha tratado bien. Es el primer paso que voy a intentar por
+el buen camino y espero que el Dios de Abraham y de Jacob sabrán
+recompensármelo.
+
+
+
+
+XIV
+
+LA JUSTICIA
+
+
+La sombra que había seguido a Mantoux desde la villa Dandolo hasta el
+jardín de la señora Chermidy era el duque de La Tour de Embleuse.
+
+Un instinto tan infalible como el razonamiento dijo al insensato que
+Mateo era esperado en casa de la bella arlesiana. Espió su partida;
+esperó la hora en el fondo de un corredor obscuro de la villa. Cuando
+oyó al ex presidiario abrir la puerta de su cuarto, supo ahogar su voz y
+reprimir la risa nerviosa que sacudía su viejo cuerpo desde la cabeza a
+los pies. Para descender la escalera en seguimiento de su guía, se quitó
+los zapatos e hizo todo el camino descalzo, entre los guijarros y las
+espinas que ensangrentaban sus pies a cada paso. No advirtió ni la
+longitud del camino, ni los rodeos interminables, ni la fatiga, ni el
+dolor. El imperio de una idea fija le hacía insensible a todo; su único
+temor era perder a su conductor o ser visto por él. Cuando Mantoux
+redoblaba el paso, el duque corría detrás de él, como si tuviese alas;
+cuando aquél volvía la cabeza, el duque se tendía sobre el vientre y se
+metía en los fosos o se replegaba adosado a un seto espinoso de cactus o
+de granados.
+
+Se detuvo al fin junto a la valla. Una voz secreta le dijo que el único
+balcón donde se veía luz era el de la señora Chermidy. Vio a su guía
+detenerse a la puerta. Una mujer fue a abrirle, y su viejo corazón
+brincó con una alegría desordenada al reconocer a la criatura que le
+atraía.
+
+¡No estaba, pues, muerta! ¡Podría verla, hablarle y quizá volver a
+hacerle amable la vida! Su primer impulso fue lanzarse hacia ella; pero
+se contuvo. Estaba seguro de que no se mataría en presencia del criado.
+Se prometió esperar a que estuviese sola para caer en su casa,
+sorprenderla y arrancarle el puñal de la mano.
+
+Guardó su impaciencia durante una hora larga, sin advertirlo. Amaba a la
+señora Chermidy como no había amado a su mujer ni a su hija. Sentía
+germinar en su cerebro ideas de abnegación, de solicitud, de desinterés,
+de humilde esclavitud. Aquel amor irreflexivo, absoluto, sin medida ni
+restricción, no era un sentimiento nuevo para él; hacía sesenta años que
+se amaba a sí mismo de igual modo. Su egoísmo había cambiado de objeto
+sin cambiar de carácter. Hubiera inmolado el mundo entero al capricho de
+la señora Chermidy, como antes a su propio interés o a sus placeres.
+
+Desde el día que la ingrata le abandonó, no vivía. Su corazón no podía
+latir más que a su lado; sus pulmones no respiraban más que el aire que
+ella había respirado. Iba a través del mundo como un cuerpo inerte
+lanzado en el vacío.
+
+Algunas veces, un resto de razón descendía a su espíritu y se decía:
+
+--Soy un viejo loco. ¿Por qué me he atrevido a hablarle de amor? El amor
+no sienta bien a un vejestorio como yo. Que me conceda un poco de
+amistad, será todo lo que yo merezca. Que me sufra en su casa como a un
+padre y yo encontraré en un rincón de mi corazón sentimientos
+paternales. Ella es desgraciada, llora el abandono de Villanera; yo la
+consolaré.
+
+La esperanza de volver a verla le producía fiebre. Sus ojos fatigados
+por la fiebre le cosquilleaban dolorosamente, pero esperaba llorar
+cuando cayese a los pies de Honorina. En los grandes dolores de la vida,
+nuestros ojos se calman con las lágrimas. El señor de La Tour de
+Embleuse, sentado en un rincón del jardín, frente a la casa, se parecía
+al animal que ha corrido tres días por el desierto en busca de agua
+fresca y que se detiene con el último impulso ante el manantial deseado,
+con el ojo sangriento y la lengua colgando.
+
+El último resplandor se extinguió en la habitación y el balcón del que
+él no separaba la mirada se confundió con todos los demás en la
+obscuridad. Pero la casa, invisible para los demás, no lo era para el
+duque, y el balcón brillaba como un sol a sus ojos iluminados. Vio a
+Mantoux salir de la casa, huir a través de los campos con una carrera
+desesperada, sin volver la cabeza hacia atrás. Entonces salió de su
+escondite y avanzó a paso de lobo hasta el balcón bien amado. Ni
+siquiera se fijó en si la puerta estaba abierta o cerrada, ¡tanto le
+atraía aquel balcón! Se apoyó en el borde, palpó los hierros y apoyó su
+nariz y su boca contra un vidrio, sintiendo una frescura consoladora con
+el contacto.
+
+Dentro como fuera, reinaba una obscuridad grande, pero los enfermos
+sentidos del viejo loco creyeron ver a la señora Chermidy arrodillada al
+pie de su cama, con la cabeza hundida entre las manos y abriendo a la
+oración sus bellos labios rosados. Para llamarle la atención golpeó
+dulcemente el cristal, pero nadie le contestó. Entonces creyó verla
+dormida, porque las alucinaciones más contradictorias se sucedían en su
+espíritu. Reflexionó largamente sobre el medio de llegar hasta ella y
+despertarla sin asustarla. Para alcanzar su objeto se sentía capaz de
+todo, incluso de demoler un lienzo de pared sin otro auxilio que el de
+sus diez dedos. Al acariciar la vidriera advirtió que el vidrio estaba
+encerrado en un armazón de plomo. Entonces decidió arrancarlo con las
+manos, y tan valerosamente emprendió la tarea que acabó por conducirla a
+buen término. Sus uñas se retorcían alguna vez sobre el plomo o se
+quebraban sobre el vidrio; sus dedos sangraban, pero no hacía caso; si
+se detenía alguna vez, era para secarse la sangre, para escuchar los
+ruidos que podían venir de dentro y asegurarse de que Honorina
+continuaba durmiendo.
+
+Cuando hubo casi arrancado el armazón, empezó a tirar del vidrio
+deteniéndose cada vez que se oía un crujido o que una sacudida demasiado
+violenta hacía resonar todo el balcón. Por fin su paciencia obtuvo la
+recompensa y la hoja transparente cayó en sus manos. La depositó sin
+hacer ruido sobre la arena de la alameda, dio un paso apoyando el índice
+sobre sus labios y fue a aspirar el vaho de la habitación por la
+abertura que había hecho. Su pecho se henchía con una ávida
+voluptuosidad. Era la primera vez que respiraba en diez días.
+
+Alargó la mano hacia la habitación, palpó el interior, encontró la
+falleba y la cogió. Las vidrieras eran pequeñas, la abertura estrecha,
+por lo cual no podía mover el brazo con desahogo; no obstante, la puerta
+cedió rechinando sobre sus goznes. El duque se asustó ante aquel ruido y
+pensó que todo estaba perdido. Retrocedió hasta el fondo del jardín y
+trepó a un árbol, con los ojos fijos en la casa y el oído abierto a
+todos los ruidos. Escuchó largo tiempo y no oyó otra cosa que el lamento
+dulce y melancólico de los sapos que cantaban al borde del camino.
+Descendió de su observatorio y llegó a gatas hasta el balcón, tan pronto
+bajando la cabeza para no ser visto, tan pronto levantándola para ver y
+oír. Volvió al sitio de donde el miedo le había arrojado y se aseguró de
+que Honorina dormía aún.
+
+Las dos puertas del balcón se abrieron sin ruido. El aire de la noche
+entró en la casa sin despertar a la bella dormida. El duque echó una
+pierna por encima de los hierros y se deslizó en la habitación. La
+alegría y el miedo le hacían temblar como un árbol sacudido por el
+viento. Vacilante, iba adelantando sin atreverse a apoyarse en los
+muebles. La habitación estaba llena de objetos de toda clase, de baúles
+abiertos y cerrados y aun de muebles derribados. El duque atravesó por
+todos aquellos obstáculos con precauciones infinitas. Marchaba a
+tientas, rozando todos los objetos sin tocarlos y paseando entre las
+sombras sus dedos destrozados. A cada paso murmuraba en voz baja:
+
+--Honorina, ¿está usted ahí? ¿me oye usted? Soy yo, su viejo amigo, el
+más desgraciado, el más respetuoso de todos sus amigos. No tenga usted
+miedo; no tema nada, ni siquiera que le dirija ningún reproche. En París
+estaba loco, pero el viaje me ha cambiado. Soy un padre que viene a
+consolarla. No se mate usted; ¡yo me moriría!
+
+Aquí se detuvo, se calló y escuchó. No oía más que los latidos de su
+corazón. Tuvo miedo y se sentó un momento para calmar su angustia.
+
+--¡Honorina!--gritó levantándose--, ¿está usted muerta?
+
+Fue la muerte en persona la que le respondió. Tropezó contra un mueble y
+sus manos nadaron en un mar de sangre.
+
+Cayó arrodillado, apoyó los brazos en la cama y permaneció hasta que se
+hizo de día en la misma postura. No se preguntó siquiera cómo había
+podido ocurrir aquella desgracia. No experimentó ni sorpresa ni pesar.
+La sangre le subió hasta el cerebro y todo concluyó. Su cabeza no era
+más que una jaula abierta de la que la razón había volado. Pasó las
+últimas horas de la noche apoyado sobre un cadáver que se enfriaba
+gradualmente.
+
+Cuando _le Tas_ fue a ver si su hermosa prima se había despertado, oyó a
+través de la puerta un grito estridente como el canto del grajo. Al
+entrar vio un viejo ensangrentado que agitaba la cabeza en todas
+direcciones como para sacudir la sangre. El duque de La Tour de Embleuse
+gritaba: «¡Acá! ¡Acá! ¡Acá!» Era todo lo que le quedaba del don de la
+palabra, el más hermoso privilegio del hombre. Su cara era una mueca
+horrible, sus ojos se abrían y se cerraban automáticamente; sus piernas
+estaban paralizadas, su cuerpo hundido en el sillón, sus manos muertas.
+
+_Le Tas_ no había conocido más que un sentimiento humano: adoraba a
+Honorina. La monstruosa criatura se arrojó sobre el cuerpo de su dueña
+lanzando un grito como el que no es posible oírlos más que en el
+desierto. Lloró como las tigresas deben llorar a sus cachorros. Arrancó
+el cuchillo de una grande y profundida herida que ya no sangraba; cogió
+en brazos a aquel hermoso cuerpo inanimado y le colmó de caricias locas.
+Si las almas pudiesen partirse en dos, ella hubiera resucitado a sus
+expensas a su querida Honorina. La cólera sucedió bien pronto al dolor.
+No dudó ni un instante de que el duque fuese el asesino. Arrojó el
+cadáver sobre la cama y corrió con toda su masa hacia el viejo. Le
+golpeó, le mordió las manos y buscó sus ojos para arrancárselos, pero el
+duque era insensible y no respondía a aquellas violencias más que por un
+grito uniforme que debía ser en lo sucesivo su único lenguaje. Los
+animales tienen diferentes sonidos para expresar la alegría o el dolor;
+pero el paralítico yace en el último grado de la escala de los seres.
+_Le Tas_ se cansó de golpearlo antes de que él sospechase que lo
+golpeaban.
+
+Mientras tanto, Germana, bella y sonriente como la mañana, despertaba a
+su madre y a su marido, asistía al tocado de su hijo y bajaba al jardín
+para respirar el aire embalsamado del otoño. Los señores Le Bris y
+Stevens no tardaron en unirse a ellos. Todos contemplaban al pequeño
+Gómez que paseaba un galápago por el jardín. El único que faltaba era el
+duque. Sus balcones aun estaban cerrados, y respetaron su sueño. Mateo
+Mantoux, que había redoblado su celo desde que el doctor le mantuviera
+en su plaza, lavaba activamente su ropa al borde de un arroyuelo que
+corría hacia el mar.
+
+El criado del señor Stevens acudió apresuradamente a llamar a su señor.
+En la vecindad se había cometido un crimen; todo el cantón estaba
+emocionado. El señor Stevens, al despedirse de sus amigos, pidió algunos
+detalles al mensajero.
+
+--No sé nada--respondió éste--. Dicen que han encontrado a una francesa
+muerta en su cama.
+
+--¿Cerca de aquí?--interrumpió el doctor.
+
+--A un cuarto de legua.
+
+--¿No dicen si es una recién llegada?
+
+--Creo que sí; pero su criada no habla más que el francés y no han
+podido comprenderla.
+
+--¿Usted ha visto a la criada? ¿Una mujer gruesa?
+
+--Enorme.
+
+--Vaya, no será nada--dijo el señor Le Bris--. Querido señor Stevens, es
+la hora del desayuno y usted hará muy bien en acompañarnos. La muerta
+está perfectamente, yo se lo aseguro.
+
+El señor Stevens, hombre grave, no comprendió la ironía. El doctor
+añadió:
+
+--¿La ley inglesa castiga a los que prometen suicidarse y no cumplen su
+palabra?
+
+--No, pero castiga el suicidio cuando está probado.
+
+--Vamos, no tengo suerte con la ley inglesa.
+
+--Ahora en serio, doctor--continuó el magistrado--. ¿Cree usted
+verdaderamente que se trata de una falsa alarma?
+
+--Le respondo de que la dama en cuestión no ha recibido ni un rasguño.
+La conozco bien y sé que está demasiado enamorada de su piel para
+agujereársela.
+
+--Pero, ¿y si hubiese sido asesinada?
+
+--No tenga usted cuidado, mi excelente amigo. ¿Conoce usted a los
+pájaros de jaula?
+
+--No mucho.
+
+--¿Entonces usted no sabe la diferencia que hay entre los pájaros de
+cabeza azul y los pájaros de cabeza negra?
+
+--No.
+
+--Los pájaros de cabeza azul son unos lindos animalitos que se dejan
+matar sin resistencia; los de cabeza negra son los que matan a los
+otros. ¡Pues bien! la dama en cuestión es un pájaro de cabeza negra.
+Ahora, vamos a desayunarnos.
+
+--No comprendo. ¿Entonces por qué me harían llamar?
+
+--Si le hace venir a buscar aquí, no es por el placer de hablar con
+usted. Es para atraer a otra persona. ¿Qué dice usted, querido conde?
+
+--Tiene razón--dijo la viuda.
+
+El conde no respondió. Estaba más emocionado de lo que quería aparentar.
+Germana le tendió la mano y le dijo:
+
+--Vaya usted con el señor Stevens, amigo mío, y confírmese en que el
+doctor habrá dicho la verdad.
+
+--¡Diablo!--dijo el señor Le Bris--, yo también voy; aunque no me ha
+invitado nadie, seré de la partida. Pero si esa señora no ha muerto
+irremisiblemente, juro por mi bonete de doctor que el conde no le dirá
+ni una palabra.
+
+El señor Stevens, el conde y el doctor partieron en coche. Diez minutos
+después se detenían ante la casa de la señora Chermidy. El doctor ya
+había cambiado de pensamiento y presentía una desgracia. Una muchedumbre
+compacta rodeaba la valla y la policía maltesa no bastaba para contener
+la curiosidad pública.
+
+--¡Diablo!--dijo el doctor--, ¿es que esa señora se habrá matado para
+jugarnos una mala partida? No la creía tan fuerte como todo eso.
+
+El conde se mordía el bigote sin decir nada. Había amado a la señora
+Chermidy durante tres años y se había creído sinceramente correspondido.
+Se le destrozaba el corazón ante la idea de que se hubiese matado por
+él. Los recuerdos del pasado se revolvían contra las afirmaciones del
+doctor y defendían victoriosamente la causa de Honorina.
+
+La multitud abrió paso al señor Stevens y a sus acompañantes. Guiados
+por los agentes llegaron a la cámara mortuoria. La señora Chermidy
+estaba en su cama con el mismo vestido que la víspera. Su linda cabeza
+colgaba horriblemente. Su boca entreabierta dejaba ver dos hileras de
+pequeños dientes apretados por las convulsiones de la agonía. Sus ojos,
+que una mano piadosa no había cerrado a tiempo, parecían mirar la muerte
+con espanto. El puñal estaba en medio de la pieza, en el sitio en que
+_le Tas_ lo arrojara. La sangre lo había inundado todo. Un gran charco
+coagulado ante la chimenea anunciaba que la desgraciada se había herido
+allí. Un reguero de un rojo obscuro demostraba que había tenido fuerzas
+para arrastrarse hasta la cama.
+
+La criada, que había llamado a la justicia y alarmado al vecindario, ya
+no gritaba. Acurrucada en un rincón, con los ojos fijos en el cadáver de
+su ama, miraba ir y venir a toda aquella gente maquinalmente. La llegada
+del conde y de Le Bris no la hizo salir tampoco de su sopor.
+
+El señor Stevens, seguido del actuario, hizo la información ocular y
+dictó la descripción del cadáver con la impasibilidad de la justicia,
+rogando al doctor que declarase cuanto supiera. Le Bris contó todo lo
+ocurrido, lo que sabía él, y esto, junto con lo que él mismo vio,
+confirmó al magistrado en la idea del suicidio.
+
+Esta palabra, pronunciada a media voz, produjo en _le Tas_ como una
+conmoción eléctrica. Se levantó como una fiera y mirando fijamente al
+doctor, le dijo:
+
+--¡Suicidio! Demasiado sabe usted que no era capaz de suicidarse. ¡Pobre
+ángel! ¡Tan hermosa y tan feliz que era! ¡Hubiera vivido cien años si no
+la hubiesen asesinado! Además, ¿es que ese viejo no estaba ahí? Vayan a
+verle y verán que está lleno de su sangre.
+
+Entonces advirtió al conde de Villanera que se había dejado caer en un
+sillón y lloraba silenciosamente.
+
+--¿Ha venido usted al fin?--le dijo--. ¡Tenía que haberlo hecho antes!
+¡Ah, señor conde! ¡Paga usted muy mal sus deudas de amor!
+
+Mientras el juez y el médico entraban en la pieza vecina, donde una
+dolorosa sorpresa les aguardaba, _le Tas_ arrastró al conde hasta la
+cama, le obligó a mirar a su antigua amante y le hizo oír una oración
+fúnebre que le puso el cabello de punta.
+
+--¡Vea usted, vea usted!--decía sollozando--, vea esos hermosos ojos que
+le sonreían tan tiernamente, esa linda boca que le ha besado tantas
+veces, esos cabellos tan negros que usted desataba con sus propias
+manos... ¿Se acuerda de la primera vez que fue usted a la calle del
+Circo? Cuando todos hubieron salido, usted se arrodilló para besar esa
+mano. ¡Y ahora qué fría está! ¡Usted le había jurado fidelidad eterna
+hasta la muerte! ¡Bésela, pues, caballero fiel!
+
+El conde, inmóvil, rígido y más frío que el cadáver que tenía enfrente,
+expió en un minuto tres años de dicha ilegítima.
+
+En esto trajeron al duque que también pagaba, y bien caro, una vida de
+egoísmo y de ingratitud.
+
+La sangre de que estaba cubierto, su presencia en la casa, el vidrio
+arrancado, los arañazos de sus manos, y sobre todo la pérdida de su
+razón, hicieron creer un instante que él era el asesino. El doctor
+examinó la herida de la señora Chermidy y reconoció que el puñal había
+atravesado el corazón de parte a parte; la muerte debió de ser
+instantánea; era, pues, imposible, que la víctima hubiese podido llegar
+hasta la cama. El señor Stevens, comiendo la noche anterior con el
+duque, había podido observar el estado de sus facultades mentales. El
+señor Le Bris le explicó en pocas palabras cómo la manía homicida habría
+podido germinar en su cerebro desequilibrado. Si era verdad que había
+cometido el crimen, la justicia no podía hacer nada contra un loco. La
+Naturaleza le había condenado a una muerte próxima, después de algunos
+meses de una existencia peor que la misma muerte.
+
+Pero, examinando más de cerca el cadáver, se encontró en su mano
+crispada algunos cabellos más cortos y más rudos que los de una mujer y
+de un color más natural que los del duque. El actuario, al levantar un
+mueble derribado, recogió un botón de librea con las armas de los
+Villanera. Finalmente el cajón donde la señora Chermidy había guardado
+cien mil francos, estaba vacío. Era, pues, necesario, buscar a otro
+asesino. Interrogaron a _le Tas_, pero no pudieron obtener nada. De
+pronto se golpeó en la frente diciendo:
+
+--¡Bestia de mí! ¡es él! ¡El miserable! ¡Le haré despellejar vivo! pero,
+¿para qué? Ya hablará. Enterrad a mi señora, echadme a mí a la basura y
+él que se vaya al diablo.
+
+La justicia se trasladó el mismo día a la villa Dandolo donde se pudo
+comprobar que Mateo era el autor del crimen. Al ser detenido exclamó:
+
+--¡Poca suerte!
+
+El señor Stevens le hizo conducir al castillo de Guilfort, a orillas del
+mar. Fue bastante afortunado para escaparse durante la noche, pero cayó
+en una de esas grandes redes que los pescadores tienden por la tarde
+para levantarlas por la mañana.
+
+
+
+
+XV
+
+CONCLUSIÓN
+
+
+Si habéis visto el mar en la estación de los equinoccios, cuando las
+olas amarillas suben hasta lo más alto de la escollera y los guijarros
+se entrechocan con estrépito sobre la orilla, cuando el viento aúlla en
+el cielo negro y el oleaje abate los restos informes de los naufragios,
+volvedle a ver en verano; no le reconoceréis. Los guijarros relucientes
+están alineados a lo largo de la playa; el mar se extiende como una
+sabana azul bajo el riente cielo; a lo lejos se ven cruzar las velas
+blancas, y sobre la escollera las parisienses abren sus sombrillas de
+color de rosa.
+
+El conde y la condesa de Villanera, después de un largo viaje cuya
+historia no ha sabido nunca París, han vuelto hace tres meses a su
+palacio del _faubourg_ de San Honorato. La condesa viuda que había
+partido con ellos, y la duquesa que se les había unido a la muerte del
+duque, compartían sin celos el gobierno de una gran casa y la educación
+de una linda criatura. Era una niña de dos años, parecida a su madre, y
+más hermosa por lo tanto que su hermano mayor, el difunto marqués.
+
+El doctor Le Bris era aún el médico y el mejor amigo de la casa. El
+viejo duque y el pequeño Gómez habían muerto en sus brazos, el uno en
+Corfú y el otro en Roma, a consecuencia de una tifoidea.
+
+El pequeño marqués tenía una fortuna personal de seis o siete millones
+que le había dejado una parienta lejana y que sus padres emplearon en
+obras de caridad.
+
+Una capilla se eleva al sur de la isla de Corfú, sobre el emplazamiento
+de la villa Dandolo, y es servida por un joven sacerdote de una
+sabiduría y una tristeza ejemplares: Gastón de Vitré.
+
+FIN
+
+
+NOTAS:
+
+[A] _Sangre ligada con el Rey._
+
+[B] Portero de casa principal.
+
+[C] Jabalí.
+
+[D] Hay que tener presente la época en que se escribió esta novela.
+
+[E] El montón.
+
+[F] Se puede perdonar esta ridícula afirmación al autor en gracia al
+buen concepto que en general tiene formado de los españoles. N. del T.
+
+
+
+
+
+
+End of the Project Gutenberg EBook of Germana, by Edmond About
+
+*** END OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK GERMANA ***
+
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+Produced by Chuck Greif and the Online Distributed
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+and help preserve free future access to Project Gutenberg-tm electronic
+works. See paragraph 1.E below.
+
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+considerable effort, much paperwork and many fees to meet and keep up
+with these requirements. We do not solicit donations in locations
+where we have not received written confirmation of compliance. To
+SEND DONATIONS or determine the status of compliance for any
+particular state visit https://pglaf.org
+
+While we cannot and do not solicit contributions from states where we
+have not met the solicitation requirements, we know of no prohibition
+against accepting unsolicited donations from donors in such states who
+approach us with offers to donate.
+
+International donations are gratefully accepted, but we cannot make
+any statements concerning tax treatment of donations received from
+outside the United States. U.S. laws alone swamp our small staff.
+
+Please check the Project Gutenberg Web pages for current donation
+methods and addresses. Donations are accepted in a number of other
+ways including including checks, online payments and credit card
+donations. To donate, please visit: https://pglaf.org/donate
+
+
+Section 5. General Information About Project Gutenberg-tm electronic
+works.
+
+Professor Michael S. Hart was the originator of the Project Gutenberg-tm
+concept of a library of electronic works that could be freely shared
+with anyone. For thirty years, he produced and distributed Project
+Gutenberg-tm eBooks with only a loose network of volunteer support.
+
+
+Project Gutenberg-tm eBooks are often created from several printed
+editions, all of which are confirmed as Public Domain in the U.S.
+unless a copyright notice is included. Thus, we do not necessarily
+keep eBooks in compliance with any particular paper edition.
+
+
+Most people start at our Web site which has the main PG search facility:
+
+ https://www.gutenberg.org
+
+This Web site includes information about Project Gutenberg-tm,
+including how to make donations to the Project Gutenberg Literary
+Archive Foundation, how to help produce our new eBooks, and how to
+subscribe to our email newsletter to hear about new eBooks.