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diff --git a/29640-8.txt b/29640-8.txt new file mode 100644 index 0000000..390ecf2 --- /dev/null +++ b/29640-8.txt @@ -0,0 +1,8029 @@ +The Project Gutenberg EBook of Germana, by Edmond About + +This eBook is for the use of anyone anywhere at no cost and with +almost no restrictions whatsoever. You may copy it, give it away or +re-use it under the terms of the Project Gutenberg License included +with this eBook or online at www.gutenberg.org + + +Title: Germana + +Author: Edmond About + +Translator: Tomás Orts-Ramos + +Release Date: August 8, 2009 [EBook #29640] + +Language: Spanish + +Character set encoding: ISO-8859-1 + +*** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK GERMANA *** + + + + +Produced by Chuck Greif and the Online Distributed +Proofreading Team at https://www.pgdp.net + + + + + + + + + + +BIBLIOTECA de LA NACIÓN + +EDMUNDO ABOUT + +GERMANA + +TRADUCCIÓN DE + +T. ORTS-RAMOS + +BUENOS AIRES + +1918 + +Derechos reservados. + +Imp. de LA NACIÓN.--Buenos Aires + + + + +INDICE + +I.--El aguinaldo de la duquesa + +II.--Petición de matrimonio + +III.--La boda + +IV.--Viaje a Italia + +V.--El duque + +VI.--Cartas de Corfú + +VII.--El nuevo doméstico + +VIII.--Los buenos tiempos + +IX.--Cartas de China y de París + +X.--La crisis + +XI.--La viuda Chermidy + +XII.--La guerra + +XIII.--El puñal + +XIV.--La justicia + +XV.--Conclusión + + + + +I + +EL AGUINALDO DE LA DUQUESA + + +Hacia la mitad de la calle de la Universidad, entre los números 51 y 57, +se ven cuatro hoteles que pueden citarse entre los más lindos de París. +El primero pertenece al señor Pozzo di Borgo, el segundo al conde +Mailly, el tercero al duque de Choiseul y el último, que hace esquina a +la calle Bellechasse, al barón de Sanglié. + +El aspecto de este edificio es noble. La puerta cochera da entrada a un +patio de honor cuidadosamente enarenado y tapizado de parras +centenarias. El pabellón del portero está a la izquierda, envuelto entre +el follaje espeso de la hiedra, donde los gorriones y los huéspedes de +la garita parlotean al unísono. En el fondo del patio, a la derecha, una +amplia escalinata resguardada por una marquesina, conduce al vestíbulo y +a la gran escalera. + +La planta baja y el primer piso están ocupados por el barón únicamente, +que disfruta sin compartirlo con nadie un vasto jardín, limitado por +otros jardines, y poblado de urracas, mirlos y ardillas que van y vienen +de ése a los otros en completa libertad, como si se tratara de +habitantes de un bosque y no de ciudadanos de París. + +Las armas de los Sanglié, pintadas en negro, se descubren en todas las +paredes del vestíbulo. Son un jabalí de oro en un campo de gules. El +escudo tiene por soporte dos lebreles, y está rematado con el penacho de +barón con esta leyenda: _Sang lié au Roy_[A]. + +Como media docena de lebreles vivos, agrupados según su capricho, se +aburren al pie de la escalera, mordisquean las verónicas floridas en los +vasos del Japón o se tienden sobre la alfombra alargando la cabeza +serpentina. Los lacayos, sentados en banquetas de Beauvais, cruzan +solemnemente los brazos, como conviene a los criados de buena casa. + +El día 1.º de enero de 1853, hacia las nueve de la mañana, toda la +servidumbre del hotel celebraba en el vestíbulo un congreso tumultuoso. +El administrador del barón, el señor Anatolio, acababa de distribuirles +el aguinaldo. El mayordomo había recibido quinientos francos, el ayuda +de cámara doscientos cincuenta. El menos favorecido de todos, el +marmitón, contemplaba con una ternura inefable dos hermosos luises de +oro completamente nuevos. Habría celosos en la asamblea, pero +descontentos ni uno solo, y cada uno a su manera decía que da gusto +servir a un amo rico y generoso. + +Los tales individuos formaban un grupo bastante pintoresco alrededor de +una de las bocas del calorífero. Los más madrugadores llevaban ya la +gran librea; los otros vestían aún el chaleco con mangas que constituye +el uniforme de media gala de los criados. + +El ayuda de cámara iba vestido de negro completamente, con zapatillas de +orillo; el jardinero parecía un aldeano endomingado; el cochero llevaba +chaqueta de tricot y sombrero galoneado; el portero un tahalí de oro y +zuecos. Aquí y acullá se distinguía a lo largo de las paredes, una +fusta, una almohaza, un encerador, escobas, plumeros y algo más cuyo +nombre ignoro. + +El señor dormía hasta mediodía, como quien ha pasado la noche en el +club, y por lo tanto tenían tiempo para empezar sus faenas. Por lo +pronto se entretenían en darle empleo al dinero y las ilusiones les +ocupaban bastante. Los hombres todos son algo parientes de aquella +lechera de la fábula. + +--Con esto, y lo que ya tengo ahorrado--decía el mayordomo--, puedo +redondear mi renta vitalicia. A Dios gracias no falta el pan, y los días +de la vejez los tendré asegurados. + +--Como es usted soltero--replico el ayuda de cámara--, no tiene que +pensar en nadie. Pero yo tengo familia. Por eso pienso entregarle el +dinero a ese buen señor que va a la Bolsa, y algo me producirá. + +--Es una buena idea, señor Fernando--dijo el marmitón--. Cuando vaya +usted, llévele mis cuarenta francos. + +El ayuda de cámara se creyó obligado también a intervenir y exclamó en +tono de protección: + +--¡Vaya con el joven! ¿Qué crees tú que se puede hacer con cuarenta +francos en la Bolsa? + +--Bueno--respondió el joven ahogando un suspiro--, los llevaré a la Caja +de ahorros. + +El cochero soltó una ruidosa carcajada y se dio unos puñetazos sobre el +estómago gritando: + +--Esta es mi caja de ahorros. Aquí es donde he colocado siempre mis +fondos, y a fe que no me ha ido mal. ¿Verdad, padre Altorf? + +El padre Altorf, suizo[B] de profesión, alsaciano de nacimiento, de +elevada estatura, vigoroso, huesudo, de desarrollado vientre, ancho de +hombros, de cabeza enorme y rubicundo como un hipopótamo, sonrió con el +rabillo del ojo y produjo con la lengua un pequeño chasquido que era +todo un poema. + +El jardinero, delicada flor de la Normandía, hizo sonar el dinero en su +mano y respondió al honorable preopinante: + +--¡Vamos, no diga usted tonterías! lo que se ha bebido ya no se vuelve a +tener. Lo mejor que hay es esconder el dinero en una pared vieja o en un +árbol hueco. ¡Los que así lo hagan no darán de comer al notario! + +La asamblea en pleno protestó de la ingenuidad de aquel buen hombre que +enterraba en flor sus escudos, sin hacerlos producir. Quince o diez y +seis exclamaciones se elevaron al mismo tiempo. Cada uno expuso su +opinión, descubrió su secreto, cabalgó en su Clavileño. Cada uno hizo +saltar las monedas en su bolsillo y acarició ardientemente las +esperanzas ciertas, la dicha contante y sonante que habían embolsado. El +oro mezclaba su aguda vocecita con aquel concierto de pasiones vulgares; +y el choque de las piezas de veinte francos, más embriagador que los +vapores del vino o el olor de la pólvora, emborrachaba a aquellos pobres +cerebros y aceleraba los latidos de sus groseros corazones. + +En lo más fuerte del tumulto, se abrió una pequeña puerta que daba a la +escalera, entre el piso bajo y el primero. Una mujer, con un harapiento +traje negro, descendió vivamente los peldaños, atravesó el vestíbulo, +abrió la puerta de vidrieras y desapareció en el patio. + +Todo esto pasó en un minuto y, no obstante, la sombría aparición se +llevó el buen humor de todas aquellas gentes, que se levantaron a su +paso con el más profundo respeto. Los gritos se detuvieron en sus +gargantas y el oro ya no volvió a sonar en sus bolsillos. La pobre mujer +había dejado detrás de ella como una estela de silencio y de estupor. + +El primero que se repuso fue el ayuda de cámara, que era lo que se llama +un espíritu fuerte. + +--¡Voto a...!--exclamó--. He creído ver pasar a la miseria en persona. +Me ha estropeado el año. Ya veréis cómo no vuelve a salirme nada bien +hasta el día de San Silvestre. ¡Brrr! tengo frío en la espalda. + +--¡Pobre mujer!--dijo el mayordomo--. Ha tenido cientos y miles y ya la +veis ahora... ¿Quién creería que es una duquesa? + +--Es que el vagabundo de su marido se lo ha comido todo. + +--¡Un jugador! + +--¡Un hombre que no piensa más que en comer! + +--Un andariego que trota de la mañana a la noche, con sus piernas de +rocín. + +--No es él el que me interesa: tiene lo que se merece. + +--¿Se sabe algo de la señorita Germana? + +--Su negra me ha dicho que cada día está peor. A cada golpe de tos llena +un pañuelo. + +--¡Y sin una alfombra en su habitación! Esa niña no se curaría más que +en un país templado, en Italia, por ejemplo. + +--Será un ángel para Dios. + +--Los que quedan son más dignos de compasión. + +--¡No sé cómo se las arreglará la duquesa para salir de este atolladero. +¡A todos debe! Ultimamente el panadero se ha negado a fiarles más. + +--¿Cuánto deben de alquiler? + +--Ochocientos francos; pero lo que me extraña es que siquiera el señor +haya visto el color de su dinero. + +--Si yo fuese él, preferiría tener desalquilado el piso antes que +permitir que viviesen en él personas que deshonran la casa. + +--¡No seas bestia! ¿Para qué arrastrar por el arroyo al duque de La Tour +de Embleuse y a su familia? Esas miserias, para que lo sepas, son como +las llagas del barrio; todos nosotros tenemos interés en ocultarlas. + +--¡Toma!--dijo el marmitón--, creo que tengo razón para burlarme. ¿Por +qué no trabajan? Los duques son hombres como los demás. + +--¡Muchacho!--exclamó gravemente el mayordomo--, estás diciendo cosas +incoherentes. La prueba de que no son hombres como los demás, es que yo, +tu superior, no sería ni barón durante una hora de mi vida. Además, la +duquesa es una mujer sublime y hace cosas de las que ni tú ni yo +seríamos capaces. ¿Tomarías tú caldo durante todo un año y en todas las +comidas? + +--¡Caramba! ¡No me parece eso muy divertido! + +--¡Pues bien! la duquesa pone el puchero a la lumbre cada dos días, +porque a su marido no le gusta la sopa de vigilia. El señor se come su +tapioca de caldo graso y un bistec y un par de chuletas, y la pobre y +santa mujer se conforma con los desperdicios. Es hermoso, ¿verdad? + +El marmitón pareció muy conmovido. + +--Mi buen señor Tournoy--dijo al mayordomo--, me interesan mucho esas +pobres gentes. ¿No podríamos enviarles algo por medio de la negra? + +--¡Sí, sí! ella es tan orgullosa como los otros; no querría nada de +nosotros. Y, no obstante, tengo la seguridad de que no se desayuna todos +los días. + +Esta conversación se hubiera prolongado indefinidamente a no llegar +oportunamente el señor Anatolio para interrumpirla, en el preciso +momento en que el guarda, que aun no había abierto la boca, iba a tomar +la palabra. La asamblea se disolvió más que de prisa; cada uno de los +oradores llevó consigo sus instrumentos de trabajo y en la sala de +deliberaciones no quedó más que una de esas escobas gigantescas, +llamadas cabezas de lobo. + +Mientras tanto, Margarita de Bisson, duquesa de la Tour de Embleuse, +caminaba apresuradamente en dirección a la calle Jacob. Los transeúntes +que la rozaban con el codo al correr para dar o recibir los aguinaldos, +la encontrarían seguramente parecida a una de esas irlandesas +desesperadas que patinan sobre el afirmado de las calles de Londres en +persecución del penique. Hija de los duques de Bretaña, casada con un +antiguo gobernador del Senegal, la duquesa llevaba un sombrero de paja +teñido de negro cuyas cintas se retorcían como bramantes. Un velillo de +imitación, agujereado por cinco o seis sitios distintos, mal ocultaba su +cara, dándole además un aspecto extraño. Aquel hermoso rostro, sembrado +de pequeñas manchas, producía el efecto de que estuviese desfigurada por +la viruela. Un viejo chal, ennegrecido por los cuidados del tintorero y +al que la intemperie había dado un color rojizo, dejaba caer tristemente +sus tres puntas cuyos flecos rozaban ligeramente la nieve de la acera. +La ropa que se ocultaba debajo del mantón estaba tan usada, que no se +hubiese podido decir de qué clase era a la simple vista. Unicamente +examinándola de cerca y con una lupa se hubiera podido reconocer un +_moaré_ desteñido, raído, con los pliegues cortados y las franjas +deshilachadas, devoradas por el lodo corrosivo de las calles de París. +Los zapatos que soportaban tan lamentable edificio habían perdido la +forma y el color. La ropa blanca, ese distintivo de la limpieza y del +bienestar, no asomaba ni por el cuello ni por las mangas. Algunas veces, +al pasar por un charco, el vestido se levantaba por un lado y dejaba ver +una media de lana gris y un sencillo refajo de algodón negro. Las manos +de la duquesa, enrojecidas por un frío muy vivo, se escondían bajo su +chal. Al andar, arrastraba los pies, no por indolencia, sino por el +miedo de perder los zapatos. + +Por un contraste que hemos podido observar más de una vez, la miseria no +había afeado a la duquesa, que no estaba pálida ni delgada. Había +recibido de sus antepasados una de esas bellezas rebeldes que lo +resisten todo, incluso el hambre. Se ha visto a presos que engordaban en +su calabozo hasta la hora de la muerte. A la edad de cuarenta y siete +años, la señora de la Tour de Embleuse conservaba aún, hermosos rasgos +de su juventud. Aun tenía el cabello negro y treinta y dos piezas en la +boca capaces de triturar el pan más duro. Su salud no respondía a su +aspecto, pero esto era un secreto que quedaba entre ella y su médico. La +duquesa estaba en los linderos de aquella hora peligrosa, y a veces +mortal, en que la madre desaparece para dejar lugar a la abuela. A +menudo soñaba que la sangre le llenaba la garganta como si quisiera +ahogarla. Oleadas de calor le subían hasta el cerebro y se despertaba +como si estuviese en un baño de vapor, del que se extrañaba salir con +vida. El doctor Le Bris, un médico joven y un antiguo amigo, le +recomendaba un régimen suave, sin fatigas y sobre todo sin emociones. +Pero, ¿qué alma, por estoica que fuese, hubiese atravesado sin +emocionarse por tan rudas pruebas? + +El duque César de La Tour de Embleuse, hijo de uno de los emigrantes más +fieles al rey y de los más encarnizados contra el pueblo, fue +magníficamente recompensado por los servicios de su padre. En 1827, +Carlos X le nombró gobernador general de las posesiones francesas del +Africa occidental. Tenía apenas cuarenta años. Durante veintiocho meses +de permanencia en la colonia, se defendió valerosamente contra los moros +y contra la fiebre amarilla; después pidió un permiso para casarse en +París. Era rico, gracias a la indemnización que le habían dado, y dobló +su fortuna al casarse con la hermosa Margarita de Bisson que poseía +sesenta mil francos de renta. El rey firmó al mismo tiempo su contrato y +su cesantía, y el duque se encontró casado y destituido el mismo día. El +nuevo poder le hubiera acogido de muy buena gana entre la multitud de +los tránsfugas; incluso se llegó a decir que el ministerio Casimiro +Périer le había hecho algunas proposiciones. El duque rechazó todos los +empleos, primero por orgullo, pero también por una invencible pereza. +Sea que hubiese gastado en menos de tres años toda su energía, sea que +la vida fácil de París le retuviera con un atractivo irresistible, es lo +cierto que durante diez años su único trabajo fue pasear sus caballos +por el Bosque y exhibir sus guantes amarillos en el _foyer_ de la Opera. +París era completamente nuevo para él, porque había vivido en el campo +bajo la férula inflexible de su padre hasta el momento de partir para el +Senegal. Gustó tan tarde de los placeres, que no tuvo tiempo para +saciarse. + +Todo le parecía hermoso, los goces de la mesa, las satisfacciones de la +vanidad, las emociones del juego y hasta las austeras alegrías de la +familia. Mostraba en casa la cariñosa diligencia de un buen esposo y en +el mundo la fogosidad de un hijo de familia emancipado. Su mujer era la +más dichosa de Francia, pero no la única de quien él hiciera la dicha. +Lloró de alegría al nacer su hija, allá por el verano de 1835. En el +exceso de su felicidad, compró una casa de campo a una bailarina por la +cual estaba loco. Las comidas que daba en su casa no tenían rival, como +no fuesen las cenas que daba en la de su querida. El mundo, que es +siempre indulgente para los hombres, le perdonaba aquel derroche de su +vida y de su fortuna. Además, hacía las cosas galantemente, porque sus +placeres mundanos no levantaban un eco doloroso en su casa. En justicia, +¿se le podía reprochar que hiciese partícipes a todos de la exuberancia +de su bolsillo y de su corazón? Ninguna mujer compadecía a la duquesa, +que, en efecto, no era digna de compasión. El duque evitaba +cuidadosamente comprometerse, no se exhibía en público más que con su +esposa, y antes hubiera preferido faltar a una partida que enviarla sola +al baile. + +Aquella vida por partida doble y los manejos en que un hombre de mundo +sabe envolver sus placeres, hicieron pronto brecha en su capital. Nada +cuesta más caro en París que la sombra y la discreción. El duque era +demasiado gran señor para detenerse en su camino. Nunca supo negar nada +a su esposa ni a la de los otros. Y no es que ignorase el estado de su +fortuna, pero contaba con el juego para repararla. Los hombres a quienes +el bien ha venido durmiendo se habitúan a una confianza ilimitada en el +destino. El señor de La Tour de Embleuse era dichoso como el que toma +las cartas en sus manos por primera vez. Se estima que sus ganancias del +año 1841 doblaron sus rentas y aún más, pero nada dura en este mundo, ni +siquiera la suerte en el juego; bien pronto pudo saberlo por +experiencia. La liquidación de 1848, que dejó al descubierto tantas +miserias, le demostró que estaba arruinado sin remisión. Vio que a sus +pies se abría un abismo sin fondo. Otro hubiera perdido la cabeza; él ni +siquiera perdió la esperanza. Fuese directamente a su esposa y le dijo +con la alegría de siempre: + +--Mi querida Margarita, esta maldita revolución nos lo ha quitado todo; +no nos quedan ni mil francos nuestros. + +La duquesa no esperaba semejante noticia y, pensando en su hija, lloró +amargamente. + +--No temas nada--le dijo--; es una tempestad pasajera. Cuenta conmigo; +yo cuento con el azar. Dicen que soy un hombre ligero; ¡tanto mejor! Así +volveré a flote. + +La pobre mujer enjugó sus lágrimas y le dijo: + +--¡Bien, amigo mío! ¿Es que quieres trabajar? + +--¡Yo! ¡Ni por pienso! Esperaré la Fortuna; es una caprichosa y se ha +portado siempre muy bien conmigo para que se despida así en redondo y +para siempre. + +El duque esperó ocho años en un pequeño departamento del palacio de +Sanglié, encima de las caballerizas. Sus antiguos amigos, desde que +conocieron su situación, le ayudaron con su bolsa y con su crédito. Tomó +prestado sin escrúpulo, como hombre que había hecho préstamos sin +recibo. Se le ofrecieron muchos empleos, todos decorosos. Una compañía +industrial quiso incluirle en su consejo de administración con una +gratificación que equivalía a un sueldo. Rehusó por miedo de rebajarse. +«No tengo inconveniente, dijo, en vender mi tiempo, pero a lo que no +estoy dispuesto es a prestar mi nombre.» Así fue descendiendo uno por +uno todos los peldaños de la miseria, desanimando a sus amigos, cansando +a sus acreedores, cerrándose todas las puertas, desprestigiando un +nombre que no quería comprometer, pero sin preocuparse del traje raído +que paseaba por las calles ni de su chimenea en la que no podía echar ni +un mal pedazo de leña. + +El día 1.º de enero de 1853, la duquesa llevaba al Monte de Piedad su +anillo de boda. + +Es preciso estar bien falto de todo socorro humano para empeñar un +objeto de tan escaso valor como un anillo de matrimonio. Pero la duquesa +no tenía ni un céntimo en casa y no se vive sin dinero, por más que el +crédito sea el gran resorte del comercio de París. Se compran muchas +cosas sin pagarlas cuando se puede echar sobre el mostrador una tarjeta +con un nombre conocido y una dirección elegante. Podéis amueblar vuestra +casa, llenar vuestra bodega y proveer vuestro ropero sin que tengáis +necesidad de enseñar el color de vuestros escudos. Pero hay mil gastos +cotidianos que no se hacen más que con el dinero en la mano. Un vestido +se toma a crédito, pero los remiendos se pagan al contado. Algunas veces +es más fácil comprar un reloj que una col. La duquesa disponía de un +resto de crédito que cultivaba con un cuidado religioso, pero, en cuanto +al dinero, no sabía cómo procurárselo. El duque de La Tour de Embleuse +ya no tenía amigos: los había gastado como el resto de su fortuna. Tal +compañero de colegio nos profesa cariño hasta mil francos; tal camarada +de placer llega a prestarnos cien luises; tal vecino compasivo +representa un valor de mil escudos. Pasada cierta cifra, se cree libre +de todos los deberes de la amistad; no tiene nada de qué reprocharse; ya +no os debe nada; tiene el derecho de desviar la vista cuando os +encuentra y de negaros la entrada cuando llamáis a su puerta. Las amigas +de la duquesa se habían ido apartando de ella una después de otra. La +amistad de las mujeres es seguramente más cordial que la de los hombres, +pero en uno y otro sexo no hay afecto duradero más que para sus iguales. +Se experimenta un placer delicado en subir dos o tres veces una escalera +estrecha y en sentarse cerca de un miserable camastro, pero hay muy +pocas almas tan heroicas que sean capaces de vivir familiarmente con la +desgracia de los demás. Las mejores amigas de la pobre mujer, aquellas +que la llamaban Margarita, habían sentido enfriarse su corazón en aquel +departamento sin alfombras y sin fuego, y ya habían dejado de ir. Cuando +se les hablaba de la duquesa, hacían su elogio, la compadecían +sinceramente y decían: «Nos queremos como siempre, pero no nos vemos +casi nunca. ¡Su marido tiene la culpa!» + +En aquel abandono lamentable, la duquesa recurría al último amigo de los +desgraciados, un acreedor que presta a un interés muy elevado, es +verdad, pero sin objeciones ni reproches. El Monte de Piedad guardaba +sus alhajas, sus encajes, sus vestidos, lo mejor de su ropa blanca y el +penúltimo colchón de su cama. Lo había empeñado todo a la vista del +propio duque que veía marchar uno a uno todos los objetos de su +mobiliario, despidiéndose alegremente de ellos. Aquel incomprensible +viejo vivía en su casa como Luis XIV en su reino, sin preocuparse del +porvenir y diciendo: «¡Después de mí, el diluvio!» Se levantaba ya +tarde, almorzaba con excelente apetito, se pasaba una hora en el +tocador, se teñía el pelo, se ponía colorete, se pulía las uñas y +paseaba sus gracias por París hasta la hora de comer. No mostraba la +menor extrañeza cuando veía una buena comida sobre la mesa, y era +demasiado discreto para preguntar a su mujer cómo la había logrado. Si +la comida era magra, se condolía humorísticamente y sonreía a la mala +fortuna como otras veces a la buena. Cuando Germana empezó a toser, +bromeó alegremente sobre tan mala costumbre. Se pasó largo tiempo sin +ver que la pobre languidecía, y el día que lo advirtió experimentó una +viva contrariedad. + +Cuando el doctor le anunció que sólo un milagro podía salvar a la +infeliz niña, le llamó médico _Tant-Pis_ (Tanto peor), y le dijo +frotándose las manos: «¡Vamos, vamos, eso no será nada!» El mismo +ignoraba si hablaba así para tranquilizar a la familia o es que +realmente su trivialidad natural le impedía sentir el dolor. Su mujer y +su hija le adoraban tal como era. Trataba a la duquesa con la misma +galantería que al día siguiente de la boda, y hacía saltar a Germana +sobre sus rodillas como cuando tenía tres años. La duquesa jamás le +acusó, ni en su fuero interno, de su ruina; veía en él, lo mismo que +veintitrés años antes, al hombre perfecto; tomaba su indiferencia por +valor y firmeza; esperaba en él, a pesar de todo, y le creía capaz de +levantar la casa por un golpe inesperado de fortuna. + +A Germana, según el doctor Le Bris, no le quedaban más que cuatro meses +de vida. Debía caer en los primeros días de la primavera, a tiempo para +que las lilas blancas pudiesen florecer sobre su tumba. La pobre joven +presentía su destino y juzgaba sobre su estado con una clarividencia +bien rara en los tuberculosos. Quizás hasta tenía sospechas del mal que +minaba a su madre. Dormía al lado de la duquesa, y en sus largas noches +de insomnio se asustaba algunas veces del sueño anhelante de la querida +enfermera. «Cuando yo haya muerto, pensaba, mamá no tardará en seguirme. +No estaremos mucho tiempo separadas; pero, ¿qué será de mi padre?» + +Todas las preocupaciones, todas las miserias, todos los dolores físicos +y morales tenían su asiento en aquel rincón del palacio Sanglié; y en +París, donde la miseria abunda, no había, quizás, una familia más +completamente miserable que la de La Tour de Embleuse que poseía por +todo recurso un anillo de boda. + +La duquesa fue primero a la sucursal del Monte de Piedad, situada en la +calle de Bonaparte, cerca de la Escuela de Bellas Artes, pero encontró +la casa cerrada; había olvidado que era día de fiesta. Entonces se le +ocurrió la idea de que tal vez habría abierto el comisionista de la +calle de Condé, pero le ocurrió lo mismo. No sabía ya dónde dirigirse, +porque los establecimientos de este género no son muy frecuentes en el +barrio de San Germán; no obstante, como el duque no podía comenzar el +año ayunando, entró en un pequeño establecimiento de bisutería de la +encrucijada del Odeón donde vendió su anillo por once francos. El +mercader prometió conservarlo tres meses, por si quería ir a buscarlo. + +Guardó el dinero en una punta de su pañuelo de bolsillo y, sin +detenerse, se encaminó hacia la calle de los Lombardos. Entró en una +farmacia, compró una botella de aceite de hígado de bacalao para +Germana, atravesó el arroyo, se detuvo en una tienda, eligió una +langosta y una perdiz, y volvió, enlodada hasta las rodillas, al palacio +Sanglié. No le quedaban más que cuarenta céntimos. + +El departamento que ocupaba era una construcción ligera, añadida treinta +años antes al edificio. Las cuatro piezas de que se componía estaban +separadas por tabiques de madera. La antesala daba por un lado al salón +y por el otro a un largo corredor que conducía a la habitación del +duque. Desde el salón se pasaba a la habitación de la duquesa y desde +allí al comedor que unía la habitación del duque con la de la duquesa. + +La señora de La Tour de Embleuse encontró en la antesala a su única +sirvienta, la vieja Semíramis, que lloraba silenciosamente con un papel +en la mano. + +--¿Qué tienes?--preguntó. + +--Señora, esto es todo lo que ha traído el panadero. Si no le pagamos, +no nos dará más pan. + +La duquesa recordó que, efectivamente, se le debían más de 600 francos. + +--No llores más--dijo--. Aquí tienes algún dinero; ve a la panadería de +la calle del Bac y compra un panecillo de Viena para el señor y para +nosotros lo traes del otro. Llévate eso a la cocina; es el almuerzo del +señor. Y Germana, ¿ya está levantada? + +--Sí, señora; el médico la ha visto a las diez. Aun está en la +habitación del señor duque. + +Semíramis salió y la señora de La Tour de Embleuse se dirigió a la +habitación de su marido. Cuando se disponía a abrir la puerta, oyó la +voz del duque, clara, alegre y vibrante como un clarín. + +--¡Cincuenta mil francos de renta!--decía el viejo--. ¡Ya sabía yo que +volvería la fortuna! + + + + +II + +PETICIÓN DE MATRIMONIO + + +El doctor Carlos Le Bris era uno de los hombres más apreciados de París. +La gran ciudad tiene sus niños mimados en todas las artes, pero no +conozco a ninguno que lo fuese tanto como él. Había nacido en una +miserable y pequeña ciudad de la Champaña, pero hizo sus estudios en el +colegio de Enrique IV. Un pariente suyo, que ejercía la medicina en el +país, le dedicó desde muy joven a la misma profesión. Carlos siguió sus +cursos, frecuentó los hospitales, hizo su internado, practicó a la vista +de sus maestros y ganó a pulso todos sus diplomas y algunas medallas +que hoy constituyen el adorno de su gabinete. Su única ambición era +suceder a su tío y acabar con los enfermos que el buen hombre le dejase. +Pero cuando le vieron aparecer, armado de sus éxitos y doctor hasta los +dientes, los curanderos del país, y su tío que, después de todo, no era +otra cosa, le preguntaron por qué no se había quedado en París. Unía a +su talento unos modales tan seductores y le sentaba tan bien su gran +paletó, que se adivinaba desde el primer día que todos los enfermos +serían para él. El venerable pariente se encontraba demasiado joven para +pensar en retirarse, y la rivalidad de su sobrino dio una agilidad a sus +piernas que nunca había tenido. En resumen, el pobre muchacho fue tan +mal recibido, se le pusieron tantos obstáculos en su camino, que, de +puro desesperado, se volvió a París. Sus antiguos maestros le acogieron +con los brazos abiertos y pronto tuvo una gran clientela. Los grandes +hombres tienen el medio de no ser envidiosos; gracias a su generosidad, +el doctor Le Bris hizo su reputación en cinco o seis años. Aquí se le +apreciaba como sabio, allá como bailarín, y en todas partes como hombre +simpático y bueno. Ignoraba los primeros elementos de la charlatanería, +hablaba muy poco de sus éxitos y abandonaba a sus enfermos el cuidado de +decir que los había curado. Su casa no era un templo, ni mucho menos. +Habitaba en un cuarto piso de un barrio extremo. ¿Por modestia? ¿Por +coquetería? No se sabe. Las pobres gentes de su barrio no se quejaban de +tal vecindad; él, por su parte, las cuidaba con tanta solicitud, que +algunas veces olvidaba el portamonedas a la cabecera de su cama. + +El señor Le Bris era, desde hacía tres años, el médico de la señorita de +La Tour de Embleuse. Había seguido los progresos de la enfermedad sin +poder hacer nada para detenerlos. Y no es que Germana fuese una de esas +niñas condenadas desde su nacimiento, que llevan en sí el germen de una +muerte hereditaria. Su constitución era robusta y su pecho ancho; +además, su madre nunca había tosido. Un resfriado descuidado, una +habitación demasiado fría, la privación de cosas necesarias a la vida, +es lo que había producido todo su mal. Poco a poco, a pesar de los +cuidados del doctor, la pobre niña había palidecido coma una estatua de +cera y sus fuerzas la habían abandonado; el apetito, la alegría, el +aliento, la satisfacción de respirar el aire, todo le faltaba. Seis +meses antes del principio de esta historia, Le Bris había tenido +consulta con dos celebridades. Aun podía salvarse entonces; le quedaba +un pulmón, y la Naturaleza a veces se contenta con menos. Pero era +preciso llevarla sin demora a Egipto o a Italia. + +--Sí--dijo el joven doctor--, ésa es la única prescripción racional; una +casa de campo a orillas del Arno, una vida tranquila y sin +preocupaciones pecuniarias... ¡Pero, ya veis!... + +Y designó con el dedo los cortinajes destrozados, las sillas de paja y +el desnudo pavimento del salón. + +--¡He aquí su sentencia de muerte! + +En el mes de enero el último pulmón fue afectado; el sacrificio se +consumaba. El doctor casi se preocupaba ya más de la duquesa que de la +enferma. Su última esperanza era que la hija se extinguiese dulcemente y +que la madre se salvase. + +Hizo su visita a Germana, le tomó el pulso por pura fórmula, le ofreció +una caja de bombones, la besó fraternalmente en la frente y pasó a la +habitación del señor de La Tour de Embleuse. + +El duque aun estaba en la cama y, sin los artificios de tocador, nadie +le hubiera rebajado un mes de sus sesenta y tres años. + +--Y bien, elegante doctor--dijo con su risa sonora--, ¿qué año nuevo nos +trae usted? ¿La Fortuna, al fin, querrá venir a verme? ¡Ah! ¡bribona, si +vuelvo a pillarte! Usted es testigo, doctor, de que la espero en la +cama. + +--Señor duque--respondió el doctor--, puesto que estamos solos, podemos +hablar de cosas serias. Creo que no he ocultado a usted el estado de su +hija. + +El duque hizo una pequeña mueca sentimental y dijo: + +--Verdaderamente, doctor, ¿es que no se puede ya esperar nada? Yo creo, +falsa modestia aparte, que es usted capaz de un milagro. + +Le Bris movió tristemente la cabeza. + +--Todo lo más que yo puedo hacer--respondió--, es evitarle sufrimientos +en sus últimos días. + +--¡Pobre pequeña! Figúrese usted, querido doctor, que tose todas las +noches hasta despertarme. Debe sufrir horriblemente, aunque trate de +ocultarlo. Si no hay ninguna esperanza, su última hora será la del +descanso. + +--No es eso todo lo que tengo que decirle, y perdóneme usted si empiezo +el año con tristes noticias. + +El duque se incorporó de un salto. + +--¿Qué pasa, pues? ¡Me da usted miedo! + +--La señora duquesa me inquieta desde hace algunos meses. + +--¡Ah!... Efectivamente, doctor, usted abusa de los malos augurios. La +duquesa, gracias a Dios, está perfectamente. ¡Ya quisiera estar yo como +ella!... + +El doctor entró en detalles que abatieron la indiferencia y la ligereza +del viejo. Se vio solo en el mundo y se estremeció de terror. Su voz +bajó de tono y se cogió a la mano del doctor como un náufrago al último +trozo de madera. + +--Amigo mío--le dijo--, ¡sálveme! ¡Salve a la duquesa, quería decir! No +tengo más que a ella en el mundo. ¿Qué sería de mí? Es un ángel, mi +ángel guardián. ¿Qué es necesario hacer para curarla? Dígamelo y +obedeceré como un esclavo. + +--Señor duque, lo que necesita la señora duquesa es una vida tranquila y +fácil, sin emociones, y, sobre todo, sin privaciones; un régimen suave, +alimentos escogidos y variados, una casa cómoda, un buen coche... + +--Y la luna, ¿no es verdad?--exclamó el duque con impaciencia--. Le +creía a usted, doctor, hombre de más talento y de más vista. ¡Coche! +¡casa! ¡buena alimentación! ¡Vaya usted a buscarme todo eso y se lo +daré! + +El doctor respondió sin inmutarse: + +--Ya se lo traigo a usted, señor duque, y no tiene usted más que +tomarlo. + +Los ojos del duque brillaron como los de un gato en la obscuridad. + +--¡Hable usted, pues!--exclamó--. ¡Me tiene usted en ascuas! + +--Antes de pasar adelante, señor duque, debo recordarle que desde hace +tres años soy el mejor amigo de la casa. + +--Puede usted decir el único sin temor a ser desmentido. + +--El honor de su nombre me es tan caro como a usted mismo, y si... + +--¡Va bien! ¡va bien! + +--No olvide usted que la vida de la señora duquesa está en peligro y que +yo respondo de salvarla, puesto que usted me proporciona los medios. + +--¡Qué diablo! Es usted el que me los proporciona a mí. Hace una hora +que me está usted hablando como el peripatético del _Matrimonio +forzado_. ¡Al grano, doctor, al grano! + +--A eso voy. ¿Ha visto usted nunca en París al conde de Villanera? + +--¿Al de los caballos negros? + +--Precisamente. + +--¡El más hermoso tronco de París! + +--Don Diego Gómez de Villanera es el último vástago de una ilustre +familia napolitana transplantada a España durante el reinado de Carlos +V. Su fortuna es la más grande de toda la península; si cultivase sus +tierras y explotase sus minas, sus rentas no bajarían de dos o tres +millones. Así y todo, tiene millón y medio de renta, un poco menos que +el príncipe de Isupoff, treinta y dos años, una figura agradable, una +educación exquisita, un carácter caballeroso... + +--Y a la señora de Chermidy, puede usted añadir. + +--Puesto que usted sabe eso, me abrevia el camino. El conde, por razones +que ahora sería muy largo exponer, desea abandonar a la señora de +Chermidy y unirse, con arreglo a su jerarquía, con una de las más +ilustres familias. Se preocupa tan poco de los bienes de su futura, que +asegurará a su suegro una renta de cincuenta mil francos. El suegro que +él desea es usted, y me ha encargado que explore sus disposiciones. Si +usted accede, él vendrá hoy mismo a pedirle la mano de la señorita +Germana y dentro de quince días se habrá celebrado la boda. + +Por de pronto, el duque saltó al suelo y miró fijamente al doctor. + +--¿No está usted loco?--dijo--, ¿no se está burlando de mí? Supongo que +no olvidará usted que soy el duque de La Tour de Embleuse y que puedo +doblarle en edad... ¿Es verdad todo eso que me ha dicho? + +--Como el Evangelio. + +--¿Pero él no sabe que Germana está enferma? + +--Lo sabe. + +--¿Que está moribunda? + +--Lo sabe. + +--¿Desahuciada? + +--Lo sabe. + +Una nube pasó por el rostro del viejo duque. Se sentó en un rincón de la +fría chimenea sin darse cuenta de que estaba casi desnudo y, apoyando +los codos sobre las rodillas, se apretó la cabeza con las manos. + +--Eso no es natural--añadió--; usted no me lo ha dicho todo y el señor +de Villanera debe tener algún motivo secreto para querer casarse con una +muerta. + +--En efecto--respondió el doctor--. Pero haga usted el favor de volverse +a la cama. Es una historia muy larga. + +El duque volvió a arrebujarse debajo del cobertor. Sus dientes +castañeteaban a causa del frío y de la impaciencia y tenía sus ojillos +fijos en el doctor con la curiosidad inquieta de un niño ante el que se +abre una caja de bombones. El señor Le Bris no le hizo esperar. + +--¿Usted sabe--dijo--cuál es la situación de la señora de Chermidy? + +--Viuda consolable de un marido al que no ha visto nunca. + +--Yo he visto al señor Chermidy hace tres años y le aseguro por lo tanto +que su esposa no es viuda. + +--¡Tanto mejor para él! ¡Diablo! ¡Marido de la señora Chermidy! Es una +sinecura que le debe proporcionar muy bonitas rentas. + +--¡Así es como se hacen juicios temerarios! El señor Chermidy es un +hombre honrado y hasta un oficial de algún mérito. No creo que +pertenezca a una familia aristocrática; a los treinta y cinco años era +capitán de la marina mercante y obtuvo embarque en un navío del Estado +como oficial auxiliar hasta que, al cabo de dos años de navegación, el +ministro le firmó su nombramiento de oficial. Fue en 1838 cuando puso su +corazón y sus charreteras a los pies de Honorina Lavenaze. Esta tenía +por toda fortuna sus diez y ocho años, unos grandes ojos que usted ya +conoce, un gorro de arlesiana y una ambición sin límites. No era, ni con +mucho, tan hermosa como hoy. Ella misma me ha dicho que era seca como un +palo y negra como un cuervo, pero tenía ciertos atractivos que la hacían +desear. Reinaba en el mostrador de un despacho de tabacos y, desde el +prefecto marítimo hasta los alumnos de segundo año, toda la aristocracia +náutica de Tolón iba a fumar y a suspirar a su alrededor. Pero nada +podía trastornar aquella firme cabeza, ni los vapores del incienso ni el +humo de los cigarros. Se había jurado ser juiciosa hasta que encontrase +un marido, y ninguna seducción fue bastante para desviar su decisión. +Los oficiales la llamaban _Croquet_ (rosquilla de almendra) a causa de +su dureza; los burgueses _Ulloa_, porque había sido sitiada por la +marina francesa. + +»No faltaban hombres serios que quisieran casarse con ella; en los +puertos de mar se les encuentra en abundancia. Cuando regresa de largas +travesías, el oficial de marina tiene más ilusiones, más ingenuidad, más +juventud que el día de la partida; la primera mujer que aparece a sus +ojos se le presenta tan hermosa, tan santa, como la patria que se vuelve +a ver; ¡es la patria vestida de seda! La apetitosa Honorina, vista por +Chermidy, rudo lobo de mar, fue la preferida por su candor, y aquella +oveja recalcitrante pasó a su poder bajo las barbas de sus rivales. + +»Su buena suerte, que hubiese podido darle muchos enemigos, no perjudicó +en lo más mínimo su porvenir. Aunque vivía apartado, solo con su mujer, +en una quinta aislada, obtuvo un bonito embarque, que no había pedido. +Desde entonces, no ha estado en Francia más que raras veces; siempre en +el mar, ha podido hacer economías para su esposa que, por su parte, las +ha hecho para él. Honorina, embellecida por el tocador, por el bienestar +y por el aumento de carnes, ha reinado diez años en el departamento del +Var. Los únicos acontecimientos que hayan señalado su reinado son la +quiebra de un almacenista de carbones y la destitución de dos oficiales +pagadores. Después de un proceso escandaloso, en el cual su nombre no +sonó para nada, creyó prudente exhibirse en un escenario más amplio y +tomó el piso que aun ocupa en la calle del Circo. Su marido navegaba +sobre los bancos de Terranova, mientras que ella rodaba por París. +¿Asistió usted a su presentación en esta ciudad, señor duque? + +--¡Sí, pardiez! y me atrevo a decir que hay pocas mujeres que hayan +hecho mejor su camino. Ser bonita y tener talento, no es nada; lo +difícil es aparentar ser millonaria, la única manera de que se le +ofrezcan millones. + +--Llegó aquí con doscientos o trescientos mil francos, rebañados +discretamente aquí y acullá. Así y todo, levantó en el Bosque tal +polvareda que se habría dicho que la reina de Saba acababa de llegar a +París. En menos de un año consiguió hacer hablar de sus caballos, de sus +vestidos, de su mobiliario, sin que nadie pudiese decir nada positivo +sobre su conducta. Yo mismo la he estado visitando año y medio sin +sospechar quién era. Y la hubiese creído otra cosa durante largo tiempo, +si la casualidad no me hubiera puesto en presencia de su marido. Era en +los primeros días de 1850, ahora hace tres años, poco más o menos. El +pobre diablo acababa de llegar de Terranova y a fin de mes partía para +los mares de la China, donde había de permanecer cinco años, y +encontraba muy natural abrazar a su mujer, entre dos viajes. La librea +de _sus_ criados le hizo guiñar los ojos, y los esplendores de _su_ +mobiliario le acabaron de deslumbrar. Pero cuando vio a su querida +Honorina aparecer en un traje de mañana que representaba dos o tres años +de su sueldo, se olvidó de caer en sus brazos, viró en redondo sin decir +una palabra y se hizo llevar el equipaje a la estación de Lyón. Así es +cómo el señor Chermidy me hizo entrar en la intimidad de su mujer. +Otros pormenores los conozco por el conde de Villanera. + +--¿Llegamos ya?--preguntó el duque. + +--Un poco de paciencia. La señora Chermidy había distinguido a don Diego +algún tiempo antes de la llegada de su marido. Era su vecina en el +teatro de los Italianos y había sabido mirarle con tales ojos que se +hizo presentar a ella. Todos los hombres le dirán que sus salones son +los más agradables de París, aun cuando no se encuentre a otra mujer que +a la dueña de la casa. Pero Honorina se multiplica. El conde se apasionó +por ella, llevado del mismo espíritu de emulación que perdió al pobre +Chermidy. Y la amó tanto más ciegamente, por cuanto ella le otorgó todos +los honores de la guerra y pareció ceder a una inclinación irresistible +que la arrojaba en sus brazos. El hombre más inteligente se deja prender +en este lazo y todo el escepticismo se estrella contra la comedia del +amor verdadero. Don Diego no es un atolondrado sin experiencia. Si +hubiera adivinado el menor interés, sorprendido un movimiento calculado, +se habría puesto en guardia y todo estaba perdido, pero la ladina llevó +su habilidad hasta el heroísmo. Agotó todos los recursos de su +presupuesto, gastó hasta su último sueldo e hizo creer al conde que le +amaba por él. Llegó hasta exponer su reputación, que tanto había cuidado +hasta entonces, y se hubiera comprometido locamente a no impedírselo él. +La condesa viuda de Villanera, una santa mujer, un prodigio de vejez y +de rigidez, parecida a un retrato de Velázquez, escapado del lienzo, +tuvo conocimiento de los amores de su hijo y no encontró nada que decir. +Prefería verlo en relaciones con una mujer de mundo, que perdido entre +los placeres fáciles en los cuales se arruina el cuerpo y se envilece el +alma. + +»La delicadeza de la señora Chermidy era de carácter tan quisquilloso, +que don Diego no pudo ofrecerle ni la menor bagatela. Lo primero que +aceptó de él, después de un año de intimidad, fue una inscripción de +cuarenta mil francos de renta. Estaba encinta de un hijo que nació en +noviembre de 1850. Ahora, señor duque, llegamos al fondo de la cuestión. + +»La señora Chermidy dio a luz en Bretéche-Saint-Nom, detrás de San +Germán. Yo estaba allí. Don Diego, ignorando nuestras leyes y creyendo +que todo era permitido a las personas de su condición, quería reconocer +al niño. Los primogénitos de la familia Villanera son marqueses de los +Montes de Hierro. Yo le expliqué el axioma de derecho: _Is pater est_, y +le demostré que su hijo debía llamarse Chermidy o no llamarse de ningún +modo. Precisamente el marino había estado en París en enero último y +esto bastaba para salvar las apariencias. Después de deliberar un buen +rato cerca de la cama de la parturienta, ésta nos dijo que su marido la +mataría infaliblemente si ella intentaba imponerle esta paternidad +legal. El conde añadió que el marqués de los Montes de Hierro no +consentiría jamás en firmarse Chermidy. Resumiendo, inscribí al niño en +la alcaldía con el nombre de Gómez, hijo de padres desconocidos. + +»El noble padre, dichoso y desgraciado a la vez, comunicó tan importante +acontecimiento a la venerable condesa. Esta ha querido ver al niño, y ha +hecho llevarlo a su lado, en su hotel del _faubourg_ Saint-Honoré, donde +aun está. Tiene dos años, goza de buena salud y se parece ya a las +veinticuatro generaciones de los Villanera. Don Diego adora a su hijo, y +no se consuela de ver en él a un niño sin nombre y, lo que es peor, +adulterino. La señora de Chermidy es una mujer capaz de remover las +montañas para asegurar a su heredero el nombre y la fortuna de los +Villanera. Pero la más digna de compasión es la pobre viuda. Ella prevé +que don Diego no se casará nunca ante el temor de desheredar a su hijo +amado; que desarraigará su fortuna para podérsela entregar, que venderá +las tierras de la familia y que de su ilustre nombre y grandes dominios +no quedará nada dentro de medio siglo. + +»Ante este conflicto, la señora Chermidy ha tenido un rasgo de genio y +ha dicho a don Diego: «Cásese usted. Busque una esposa de la primera +nobleza de Francia y obtenga, por medio del acta de matrimonio, que ella +reconozca a nuestro hijo como suyo. Siendo así, el pequeño Gómez será su +hijo legítimo, noble por padre y madre, heredero de todos los bienes de +la familia. En cuanto a mí, no se preocupe usted, me sacrifico por los +dos.» + +»El conde ha sometido el proyecto a su madre, que está dispuesta a +firmar a dos manos. La noble dama ha perdido ya sus ilusiones sobre la +señora Chermidy que cuesta más de cuatro millones a don Diego y que +habla de retirarse a una choza para llorar la dicha perdida pensando en +su hijo. El señor de Villanera cree cándidamente en su falsa resignación +y creería cometer un crimen abandonando a esta heroína del amor +maternal. Para terminar, y con objeto de acallar sus nobles escrúpulos, +la señora Chermidy ha susurrado al oído del conde: «Cásese usted por +poco tiempo. El doctor le buscará una esposa entre sus enfermas.» Yo he +pensado en la señorita de La Tour de Embleuse y he venido a confiarme +absolutamente en usted, señor duque. Este matrimonio, por extravagante +que parezca a primera vista, y aunque dé a usted un nieto que no es de +su sangre, asegura a la señorita Germana un fin dulce y tranquilo y una +prolongación de la existencia; salva la vida a la señora duquesa, y, en +fin... + +--Me da a mí cincuenta mil libras de renta, ¿no es eso? Pues bien, +querido doctor, le doy a usted las gracias. Dígale al señor de Villanera +que soy su servidor. A mi hija podré enterrarla tal vez, pero no +venderla. + +--Señor duque, realmente lo que propongo a usted es un negocio, pero si +yo lo creyese indigno de un caballero, no hubiera intervenido en él, +puede creerme. + +--¡Pardiez! doctor, cada uno entiende el honor a su manera. Hay el honor +del soldado, el honor del tendero y el honor del noble que no me permite +ser el abuelo del pequeño Gómez. ¡Ah! ¡el señor de Villanera pretende +legitimar a sus bastardos! Eso es Luis XIV puro, pero nosotros no +estamos aliados a la familia Saint-Simon. ¡Cincuenta mil francos de +renta! Yo he tenido ciento veinte mil, señor, sin haber hecho nunca +nada, ni bueno ni malo. ¡Y no me apartaré de las tradiciones de mis +antepasados para obtener menos de la mitad! + +--Me permito llamarle la atención, señor duque, sobre el hecho de que la +familia Villanera es digna de tal alianza. El mundo no encontraría nada +que decir. + +--¡No faltaría más sino que se me ofreciese un yerno plebeyo! Confieso +que en cualquiera otra circunstancia me consideraría muy honrado. Don +Diego Gómez de Villanera es bien nacido, he oído elogiar a su familia y +a su persona. Pero, ¡qué diablo! ¡no quiero que se diga que la señorita +de La Tour de Embleuse tenía un hijo de dos años el día de su boda! + +--No dirán nada, ni lo sabrá nadie. El reconocimiento será secreto, y +después, ¿quién se ocuparía de eso más tarde? Ni la ley ni la sociedad +establecen diferencia alguna entre un hijo legitimado y un hijo +legítimo. + +--¿Pero cree usted que yo voy a poder ver a Germana en el altar mayor de +Santo Tomás de Aquino, con el señor de Villanera a su derecha, la señora +Chermidy a su izquierda con un niño de dos años en los brazos, y el +sepulturero cerrando la comitiva? Eso es sencillamente abominable, mi +pobre doctor. No hablemos más de ello... Diga usted... ¿Y es muy +complicada esa ceremonia del reconocimiento? + +--No hay ceremonia alguna. Una frase en el acta de matrimonio y todo +queda en regla. + +--Esa frase es la que sobra. No hablemos más de ello. Ni una palabra a +la duquesa, ¿me lo promete usted? + +--Se lo prometo. + +--¿Y usted cree que verdaderamente está tan mal la pobre duquesa? ¡Pero +si está tan ágil como cuando tenía quince años! + +--El estado de la señora duquesa es bastante serio. + +--¿Y cree usted, de buena fe, que con dinero la podríamos curar? + +--Respondo de su vida si obtengo de usted... + +--Usted no obtendrá nada absolutamente. ¡Yo soy de piedra roqueña, mi +querido amigo! Y ya ve usted si mi negativa tiene mérito, ¡tal vez no +hay diez luises en toda la casa! A fe de gentilhombre que si alguien +muriese aquí no se encontraría con qué enterrarle. ¡Tanto peor! ¡tanto +peor! ¡nobleza obliga! El duque de La Tour de Embleuse no es un ama +seca, ¡y sobre todo del hijo de la señora Chermidy! Antes me dejaría +morir en un jergón. Doctor, estoy muy contento de que me haya puesto a +prueba y no le guardo ningún resentimiento. Nunca se conoce bien uno a +sí mismo y no estaba muy seguro de la cara que pondría ante cincuenta +mil francos de renta. Usted ha pulsado mi honor que ¡gracias a Dios! ha +respondido bien... ¿El señor de Villanera ofrece el capital o sólo la +renta? + +--A elección de usted, señor duque. + +--Yo he elegido la miseria, ya lo ha visto usted. ¡Pero cuando yo le +decía que la Fortuna era una caprichosa! La conozco desde hace mucho +tiempo y unas veces hemos estado en buenas relaciones y otras reñidos. +Ahora quiere tentarme... ¡como si no! ¡Adiós, querido doctor! + +El señor Le Bris se levantó de la silla. El duque le retuvo por la mano. + +--Fíjese usted en que lo que hago es heroico. ¿Usted no ha sido jugador? +¿Conoce usted las cartas? + +--Juego al _whist_. + +--Entonces no es usted jugador. Sepa usted, pues, amigo mío, que cuando +una vez se ha dejado pasar una buena racha, ya no vuelve. Al rechazar +sus proposiciones, renuncio a toda esperanza en lo porvenir y me condeno +a perpetuidad. + +--Acepte usted, pues, señor duque, y no desprecie a la fortuna. ¡Cómo! +yo le traigo a usted en mis manos la salud para la señora duquesa, el +bienestar para usted y un fin dulce y tranquilo para la pobre niña que +se extingue entre privaciones de todas clases; levanto su casa que se +derrumba entre el polvo; le doy un nieto ya criado, un niño magnífico +que podrá unir su nombre de usted al de su padre, y todo eso, ¿a qué +precio? Mediante una cláusula de dos líneas en el acta de matrimonio. ¿Y +usted prefiere mejor condenar a su hija, a su esposa y hasta condenarse +a sí mismo, antes que prestar su nombre a un niño extraño? ¿Cree usted +que con eso cometería un crimen de lesa nobleza? ¿Es que no sabe usted a +qué precio se ha conservado la nobleza en Francia y en todas partes +desde las Cruzadas? ¡Cuántos nombres salvados por milagro o por +habilidad! ¡Cuántos árboles genealógicos rejuvenecidos por un injerto +plebeyo! + +--¡Casi todos, querido doctor! Le citaría más de veinte sin salir de +esta misma calle. Además, los Villanera pertenecen a la aristocracia más +pura; no veo inconveniente en una alianza con esos señores. Con una +condición, sin embargo: y es que el asunto se lleve en plena luz, sin +hipocresía. Mi hija puede reconocer un hijo extraño en el interés de dos +ilustres casas de España y de Francia. Si alguien pregunta por qué, se +le contestará que por razones de Estado. ¿Y usted salvará a la duquesa? + +--Respondo de ella. + +--¿Y a mi hija también? + +El doctor movió lentamente la cabeza. El viejo continuó con tono de +resignación: + +--¡Qué le vamos a hacer! no se puede tener todo a la vez. ¡Pobre niña! +¡Tanto que me hubiera gustado compartir con ella el bienestar! +¡Cincuenta mil francos de renta! ¡Ya sabía yo que volvería la fortuna! + +En aquel momento entró la duquesa y su marido le hizo un resumen de los +ofrecimientos del doctor con transportes de una admiración infantil. El +señor Le Bris se había levantado para ofrecer su silla a la pobre mujer +que corría sin descanso desde por la mañana. Con los codos sobre la +cama, frente a frente del duque, escuchó con los ojos cerrados todo lo +que aquél quiso decirle. El viejo, inconstante como un hombre cuya razón +vacila, había olvidado sus propias objeciones. No veía más que una cosa +en el mundo: los cincuenta mil francos de renta. En su aturdimiento +llegó hasta a hablar a la duquesa de los peligros que corría y de su +vida amenazada. Pero esta revelación resbaló sobre su corazón sin +herirlo. + +Abrió los ojos, y volviéndolos tristemente hacia el doctor, le dijo: + +--Y bien, ¿Germana está condenada sin remisión, puesto que esa mujer no +tiene miedo de casarla con su amante? + +El doctor intentó persuadirla de que no se había perdido toda esperanza, +pero ella le detuvo con el gesto. + +--No mienta usted, pobre amigo mío. Esas gentes han puesto su confianza +en usted y le han pedido que buscase una mujer lo suficientemente +enferma para que no hubiese esperanza alguna de salvarla. Si por una +casualidad viviese, si un día llegase a colocarse entre los dos para +reclamar sus derechos y expulsar a la amante, el señor de Villanera +podría echar en cara a usted que le había engañado. Y usted no habrá +querido exponerse a eso. + +El señor Le Bris enrojeció a su pesar, porque la duquesa decía la +verdad; pero salió de aquel mal paso haciendo el elogio de don Diego. Le +pintó como un noble corazón, un caballero de antaño perdido en nuestro +siglo. + +--Puede usted creer, señora duquesa, que si nuestra querida enferma +llegase a salvarse, lo debería a su marido. El no la conoce, no la ha +visto nunca; ama a otra y abriga una esperanza bien triste para nosotros +al decidirse a colocar una esposa legítima entre su amante y él. Pero +cuanto mayor sea su interés en esperar el día de la viudez, más creerá +de su deber el retrasarlo. No sólo rodeará a su esposa de todos los +cuidados que su estado requiere, si no que es hombre para constituirse +en enfermero de ella y velarla noche y día. Le garantizo a usted que +tomará el matrimonio en serio, como todos los deberes de la vida. Es +español e incapaz de jugar con los Sacramentos; tiene un culto por su +madre y una ternura apasionada por su hijo. Esté usted segura de que el +día en que le conceda la mano de su hija, se habrá acabado todo entre él +y la señora Chermidy. Llevará a su mujer a Italia; yo les acompañaré y +usted también, y si Dios tiene a bien hacer un milagro, seremos tres +para ayudarle, señora duquesa. + +--¡Diablo!--añadió el duque--. No hay nada imposible; todo puede ocurrir +en este mundo; ¿quién me hubiera dicho esta mañana que yo heredaría +cincuenta mil francos de renta? + +Ante estas palabras la duquesa sintió que una oleada de lágrimas subía a +sus ojos. + +--Amigo mío--dijo--, es muy triste el que los padres hereden a los +hijos. Si Dios tiene decidido llamar a su lado a mi pobre Germana, yo +bendeciré llorando su mano rigurosa y esperaré a tu lado el instante en +que debamos reunirnos. Pero yo quiero que la memoria de mi ángel amado +sea tan pura como su vida. Desde hace más de veinte años conservo un +ramo de flores de azahar, marchito lo mismo que mi felicidad y mi +juventud: cuando ella muera quiero ponerlo sobre su ataúd. + +--¡Ta! ¡ta!--exclamó el duque--. ¡Así son las mujeres! Tú estás enferma, +querida, y no serán las flores de azahar las que te curen. + +--¡En cuanto a mí...! + +Su mirada acabó la frase de modo tan expresivo que hasta el mismo duque +la comprendió. + +--¡Eso es!--dijo--; ¡a vuestra comodidad! ¡moríos las dos juntas! ¿Y +entonces qué será de mí? + +--Usted será rico, padre mío--dijo Germana abriendo la puerta del +comedor. + +La duquesa se levantó como movida por un resorte y corrió hacia su hija; +pero ésta no tenía necesidad de apoyo. Besó a su madre y con paso firme +y resuelto, el paso de los mártires, avanzó hasta la cama. + +Iba vestida de blanco, como Paulina en el quinto acto de _Poliuto_. Un +pálido rayo del sol de enero caía sobre su frente, formando como una +aureola. Su rostro sin color parecía una página borrada en la que no se +veía brillar más que dos grandes ojos negros. Una masa de cabellos de +oro, finos y frondosos, se amontonaban sobre su cabeza. Una hermosa +cabellera es el último adorno de los tísicos; la conservan hasta el fin +y son enterrados con ella. Sus manos transparentes caían a lo largo del +cuerpo y se confundían con los pliegues del vestido. Era tal la delgadez +de su persona que se asemejaba a una de esas criaturas celestes que no +tienen ninguna de las bellezas ni de las imperfecciones de la mujer. + +Se sentó familiarmente al borde de la cama, pasó el brazo derecho +alrededor del cuello de su padre y le atrajo dulcemente hacia sí. +Después designó la silla a Le Bris y le dijo: + +--Haga el favor de sentarse, doctor, para que la familia esté completa. +No me arrepiento de haber escuchado detrás de las puertas. Yo me temía +que no hubiese servido para gran cosa; esta discusión me ha demostrado +que aún podría ser útil a los míos. Ustedes son testigos de que no tengo +ningún aprecio a la vida y que hace seis meses me he despedido de ella. +Así como así este mundo es una bien triste morada para los que no pueden +respirar sin sufrir. Mi único disgusto era el de legar a mis padres un +porvenir de dolores y de miserias; ahora ya estoy tranquila. Me casaré +con el conde de Villanera y adoptaré al hijo de esa señora. Gracias, +querido doctor; a usted debemos nuestra salvación. Gracias a usted, el +desarreglo de esas gentes devolverá el bienestar a mi excelente padre y +la vida a mi noble madre. Mi paso por el mundo no habrá sido inútil. Me +quedaba por todo bien el recuerdo de una vida pura y un pobre nombre +sin mancha, como el velo de la primera comunión de una niña. Se lo doy +todo a mis padres. Le ruego, mamá, que no proteste usted. No se +desobedece a los enfermos. ¿Verdad, doctor? + +--Señorita--respondió tendiéndole la mano--, es usted una santa. + +--Sí; me esperan allá arriba; mi urna está dispuesta para recibirme. +Rogaré a Dios por usted, mi digno amigo, ya que usted no lo hace. + +Al hablar así su voz tenía algo de alado, de aéreo, de sobrenatural, +como la serenidad del cielo. La duquesa se estremecía al escucharla; le +parecía que el alma de su hija iba a escapar como un pájaro al que se ha +abierto la jaula. Estrechó a Germana entre sus brazos y le dijo: + +--¡No, tú no nos dejarás! Iremos todos a Italia y el sol te curará. El +señor de Villanera es un hombre de corazón. + +La enferma se encogió ligeramente de hombros y respondió: + +--El hombre a quien se refiere usted hará mejor en quedarse en París, +puesto que aquí tiene sus afectos, y en dejarme que pague tranquilamente +mi deuda. Ya sé yo a lo que me comprometo aceptando su nombre. ¿Qué +diría, ¡Dios santo!, si le jugase la mala partida de curarme? La señora +Chermidy tendría el derecho de hacerme expulsar de este mundo por la +justicia. Y diga usted, doctor, ¿me veré obligada a presentarme al señor +de Villanera? + +El señor Le Bris contestó con un imperceptible signo afirmativo. + +--Bueno--dijo ella--, le haré buena cara. En cuanto al niño, le besaré +de muy buena gana. Siempre me han gustado los niños. + +La duquesa miró al cielo como un náufrago mira la orilla. + +--Si Dios es justo--murmuró--, no nos separará; nos llevará a todos +juntos. + +--No, querida mamá; usted vivirá para mi padre. Usted, padre mío, vivirá +para sí mismo. + +--Te lo prometo--respondió ingenuamente el viejo. + +Ni la duquesa ni su hija parecieron darse cuenta del egoísmo monstruoso +que se encerraba detrás de aquellas palabras, al contrario, se +emocionaron hasta derramar lágrimas; solamente el doctor sonrió. + +Semíramis entró, anunciando que el almuerzo del señor duque estaba en la +mesa. + +--Adiós, señoras--dijo el doctor--; voy a llevar esas buenas noticias al +conde. Creo que ustedes recibirán hoy mismo su visita. + +--¿Tan pronto?--preguntó la duquesa. + +--No tenemos tiempo que perder--añadió Germana. + +--Mientras tanto--dijo el duque--, almorcemos. + + + + +III + +LA BODA + + +El señor Le Bris tenía el coche a la puerta. Se hizo llevar a una lujosa +confitería del barrio, compró una cajita de madera de violeta, la hizo +llenar de bombones, volvió a subir al coche, que se detuvo bien pronto +delante de la casa de la señora Chermidy. La bella arlesiana era +propietaria del edificio, aunque no ocupaba más que el primer piso. El +conserje era uno de sus criados y sabía que dos golpes de timbre +significaban una visita para su señora. + +Las puertas se abrieron por sí solas ante el joven doctor. Un lacayo le +cogió el gabán de sobre los hombros con tanta ligereza que apenas si lo +advirtió. Otro le introdujo, sin anunciarle, en el comedor. En aquel +momento el conde y la señora Chermidy se sentaban a la mesa. La dueña de +la casa le presentó sus mejillas y el conde le estrechó cordialmente la +mano. + +Los cubiertos habían sido puestos sin mantel sobre una mesa biselada de +encina tallada. La habitación estaba adornada con tallas antiguas y +cuadros modernos; un célebre banquero de la Calzada de Antin, que +manejaba el pincel en sus ratos de ocio, había ofrecido a la señora +Chermidy cuatro grandes panneaux representando escenas de naturaleza +muerta; el techo era una copia del _Banquete de los dioses_; la +alfombra había venido de Esmirna y los floreros de Macao. Una gran araña +flamante, de vientre redondeado y delgadas patas, se agarraba +implacablemente al centro del techo sin respeto alguno para la asamblea +de los dioses. Dos aparadores esculpidos por Knecht brillaban a la luz +con su profusión de cristal, loza y plata. El servicio de mesa +correspondía a tanta suntuosidad; los platos eran chinos, las botellas +de Bohemia y los vasos de Venecia. Los mangos de los cuchillos provenían +de un servicio encargado a Sajonia por Luis XV. + +Si el señor Le Bris hubiese gustado de las antítesis, habría podido +hacer una comparación muy interesante entre el mobiliario de la señora +Chermidy y el de la duquesa de La Tour de Embleuse. Pero los médicos de +París son filósofos imperturbables que viajan entre el lujo y la +miseria, sin extrañarse de nada, del mismo modo que pasan del calor al +frío sin resfriarse. + +La señora Chermidy estaba envuelta en vestido acolchado de raso blanco. +Con aquel traje parecía una gata sobre un edredón, una joya en su +estuche. No habéis visto nunca nada más brillante que su persona, ni más +muelle que su envoltura. Tenía treinta y tres años, una hermosa edad +para las mujeres que han sabido conservarse. La belleza, el más +perecedero de todos los bienes terrestres, es aquel cuya administración +resulta más difícil. La Naturaleza la da; el arte añade muy poca cosa, +pero es necesario saberla conservar. Los pródigos que la derrochan y +los avaros que no hacen uso de ella, llegan en pocos años al mismo +resultado; la mujer de genio es la que se gobierna con una sabia +economía. La señora Chermidy, nacida sin pasiones y sin virtudes, sobria +en todos los placeres, siempre tranquila en el fondo del corazón con las +apariencias de una vivacidad meridional, administraba con tanto cuidado +su belleza como su fortuna. Cultivaba su frescura lo mismo que un tenor +cultiva su voz. Era de aquellas mujeres que dicen locuras a todas horas, +pero que no las hacen más que con su cuenta y razón; muy capaz de +arrojar un millón por el balcón para que le entrasen dos por la puerta, +pero demasiado prudente para cascar una avellana con los dientes. Sus +antiguos admiradores de Tolón apenas si hubieran podido reconocerla: +tanto había cambiado, o, por mejor decir, ganado. Sin ser tan blanca +como una flamenca, había encontrado, no sé dónde, reflejos nacarados. La +salud subía hasta sus pupilas en suaves arreboles rosados; su boca +pequeña, redonda, carnosa, parecía una gruesa cereza que los gorriones +hubiesen abierto a picotazos. Sus ojos brillaban en sus órbitas obscuras +como un fuego de sarmientos en el centro de la chimenea. La indiferencia +y la bondad formaban en su rostro una mezcla deliciosa. Sus cabellos, de +un negro azulado, se partían sobre una frente pura, como las alas de un +cuervo sobre la nieve de diciembre. Todo en ella era joven, fresco, +sonriente; hubiera sido necesario tener muy buenos ojos para descubrir +en los ángulos de aquella linda boca dos arrugas imperceptibles, finas +como el cabello rubio de un recién nacido, y que ocultaban una ambición +insaciable, una voluntad de hierro, una perseverancia china y una +energía capaz de todos los crímenes. + +Sus manos eran quizás un poco cortas, pero blancas como el marfil, con +los dedos redondos, ondulosos, regordetes, en los que, no obstante, se +adivinaba la garra. Su pie era el pie corto de las andaluzas, +redondeado, lo mostraba tal como era y no cometía la tontería de usar +botas largas. Todo su cuerpo era corto y redondeado, lo mismo que sus +pies y sus manos; el talle un poco grueso, los brazos un poco carnosos, +las caderas un poco pronunciadas; demasiada gordura, si os parece, pero +la gordura graciosa de una codorniz, la redondez sabrosa de una hermosa +fruta. + +Don Diego se la comía con los ojos con una admiración infantil. ¿Es que +los enamorados de todas las clases no son niños? Según las teogonías +antiguas, el Amor es un niño de cinco años y medio, y no obstante +Hesiodo asegura que es más viejo que el Tiempo. + +El conde de Villanera descendía en línea recta de esos españoles +caballerescos hasta lo ridículo, que el divino Cervantes ha +ridiculizado, no sin admirarlos. Nada había en él que descubriese su +origen napolitano, y se hubiera dicho que sus antepasados le habían +legado, con armas y bagajes, la vieja virtud de la España heroica. Era +un joven serio, rígido, frío, algo engreído, con un corazón de fuego y +un alma apasionada. Hablaba poco, siempre después de larga reflexión, y +nunca había mentido. No le gustaba discutir y reía rara vez, pero su +sonrisa estaba llena de una gracia afable que no carecía de grandeza. La +alegría, convengo en ello, le hubiera sentado mal. Intentad +representaros un don Quijote joven, vestido de frac. A primera vista no +se distinguía más que por sus negros bigotes, puntiagudos, lustrosos. Su +larga nariz se encorvaba vigorosamente como el pico de un águila; tenía +los ojos negros, las cejas negras, los cabellos negros y la tez del +color uniforme de una naranja de Portugal. Sus dientes podían haber +pasado por hermosos si no hubiesen sido tan largos y si su dueño no +hubiera sido fumador. Estaban revestidos de un esmalte un poco +amarillento, pero tan sólido que de él se hubieran podido construir +piedras de molino. El blanco de sus ojos era también algo amarillento; +no obstante, no se podía negar que tenía unos ojos muy hermosos. En +cuanto a su boca, no dejaba nada que desear, y debajo de sus mostachos +se advertían unos labios rosados como los de un niño. Sus brazos y sus +piernas, así como sus manos y sus pies, eran de una longitud +aristocrática. Finalmente, tenía la estatura de un granadero y la +apostura de un príncipe. + +Si preguntáis por qué un hombre así había podido caer en las manos de la +señora Chermidy, os contestaré que la dama era más atractiva y más hábil +que Dulcinea del Toboso. Los hombres del temple de don Diego no son los +más difíciles de engañar, y el león se arroja con mayor aturdimiento +sobre la trampa que el zorro. La sencillez, la rectitud y todas las +cualidades generosas son otros tantos defectos para tratar con ciertas +gentes. Un corazón honrado no desconfía de los cálculos y bellaquerías +de que es incapaz, y cada cual se hace el mundo a su imagen. Si alguien +hubiera dicho al señor de Villanera que la señora Chermidy le amaba por +el interés, se habría encogido de hombros. Ella no le había pedido nada +y él se lo había ofrecido todo. Al aceptar cuatro millones, le hacía un +favor y él le estaba reconocido. + +Por lo demás, al ver las miradas que le lanzaba a intervalos, era fácil +adivinar que la fortuna de los Villanera podía cambiar de manos en el +espacio de ocho días. Un perro echado a los pies de su dueño no era más +humilde ni más respetuoso que él. Se leía en sus grandes ojos negros el +reconocimiento apasionado que todo hombre galante debe a la mujer que ha +elegido; la admiración religiosa de un padre joven por la madre de su +hijo. Se veía, en fin, como un deseo no saciado, una sumisión de la +fuerza al capricho, el temor de la negativa, una solicitud inquieta que +probaba que la señora Chermidy era una mujer de talento. + +El simpático doctor, sentado enfrente del conde, formaba con él un +contraste singular. El señor Le Bris era lo que se llama un muchacho +guapo. Quizá le faltaban un centímetro o dos para llegar a una estatura +regular, pero era bien proporcionado. No tenía cara de tonto ni mucho +menos, pero no sé si su nariz era del todo correcta. Su fisonomía decía +muchas cosas, pero su filiación no os hubiese dicho nada. Se vestía con +un aseo que se confundía con la elegancia; el corte de sus patillas +castañas era irreprochable y su raya se prolongaba casi hasta la nuca. +No era un hombre vulgar y, sin embargo, no se salía de lo vulgar. +Ninguna muchacha casadera le hubiese rechazado por su físico, pero me +habría extrañado mucho que se echase al agua por él. Además, se veía que +no llegaría a los cuarenta años sin tener vientre. + +Difícilmente otro médico podía ser más a propósito que él para la +clientela. Sin parar mañana y tarde, afectuoso con lo más alto y lo más +bajo de la sociedad, no desentona nunca. Es un Alcibíades burgués que se +acomoda a todas las costumbres. Es apreciado en el _faubourg_ +Saint-Germain por su reserva, en la Calzada de Antin por su ingenio y en +la calle Vivienne por su franqueza. Las mujeres, fuese cualquiera su +posición, trabajaban activamente por él; ¿y sabéis por qué? Porque al +lado de una enferma joven o vieja, fea o hermosa, demostraba una +solicitud amable, una especie de galantería intermedia entre el respeto +y el amor. El mismo no ha sabido explicarse jamás la naturaleza de este +sentimiento, pero todas las mujeres sienten por él una simpatía benévola +que puede llevarle muy lejos. + +Sus antiguos camaradas del hospital le habían llamado, por este motivo, +_la llave de los corazones_. Yo sé de una casa donde se le llama, y no +sin motivo, _la tumba de los secretos_. Sus jóvenes clientes del +_faubourg_ Saint-Germain le reprochaban el que visitase todas las +noches el escenario de la Opera y le llamaban _mata ratas_. En cambio, +en el salón de baile su juiciosa conducta le había valido el apodo de +_Nuevo Continente_. + +--Y bien, Tumba de los secretos--dijo la señora Chermidy con su ligero +acento provenzal--, ¿ha cumplido usted mi encargo? + +--Sí, señora. + +--¿Se trata de la tísica en cuestión? + +--Sí, de la señorita de La Tour de Embleuse. + +--¡Bravo! me parece que es una buena alianza... Yo siempre había sentido +interés por las tísicas... ¡Las mujeres que tosen...! Ya ve usted cómo +el Cielo recompensa mi compasión. + +--Doctor--preguntó el conde--, ¿ha hablado usted de las condiciones? + +--Sí, querido conde; las aceptan todas. + +La señora Chermidy lanzó un grito de alegría. + +--¡Negocio concluido! ¡Viva París, donde se compran las duquesas al +contado! + +El conde frunció el entrecejo. El doctor dijo vivamente: + +--Si usted hubiese podido venir conmigo, señora, tengo la seguridad de +que habría llorado. + +--¿Es realmente muy conmovedor una duquesa que vende a su hija? ¡Un +episodio del mercado de esclavas! + +--Yo diría mejor un episodio de la vida de los mártires. + +--¡Galante está usted! + +El doctor contó la escena en la que él había representado un papel. El +conde se emocionó. La señora Chermidy tomó su pañuelo e hizo ademán de +enjugar sus hermosos ojos que no lo necesitaban. + +--Me satisface mucho--dijo el conde--que sea ella quien haya adoptado +esta resolución. Si los padres hubiesen aceptado por sí mismos, tal vez +les habría juzgado mal. + +--Perdón, pero antes de juzgarles faltaría saber si esta mañana tenían +pan en casa. + +--¿Pan? + +--Pan, sin metáfora. + +--Adiós--dijo el conde--. Voy a saludar a mi madre. Dormía aún esta +mañana cuando he salido del hotel. Le contaré todo lo ocurrido y le +preguntaré qué es lo que debo hacer. ¿Es posible, doctor, que haya +gentes que carezcan de pan? + +--He encontrado algunas en el camino de mi vida. Desgraciadamente no +tenía un millón para ofrecerles como hoy. + +El conde besó la mano a la señora Chermidy y corrió al hotel de su +madre. La linda mujer quedó con el doctor. + +--Puesto que hay gentes que carecen de pan--dijo--, veamos, doctor, ¡una +taza de café!... ¿Cómo me las arreglaría yo para ver a esa mártir del +pecho? Porque es necesario que sepa yo a quién confío a mi hijo. + +--Puede usted verla en la iglesia, el día de la boda. + +--¿En la iglesia? ¿Pero es que puede salir? + +--Sin duda... en coche. + +--Creí que estaba más enferma. + +--¿Usted por lo visto quería un casamiento _in articulo mortis_? + +--No, pero quiero estar segura. ¡Bondad divina! ¡doctor, si llegase a +curar! + +--La Facultad de Medicina se extrañaría mucho. + +--¡Y don Diego quedaría casado para siempre! ¡Y yo mataría a usted, +Llave de los corazones! + +--¡Ay! señora, no me siento en peligro. + +--¡Cómo ay! + +--Perdone usted, es el médico el que habla, no el amigo. + +--Una vez casada, ¿usted continuará asistiéndola? + +--¿Es que hay que dejarla morir sin socorro? + +--¡Toma! ¿para qué la casamos, pues? No será para que sea eterna. + +El doctor reprimió un movimiento de disgusto y respondió con el tono más +natural, como el de un hombre en el que la virtud no es pedantería: + +--¡Dios mío! señora, es mi costumbre, y ya soy demasiado viejo para +corregirme. Nosotros los médicos cuidamos a nuestros enfermos como los +perros de Terranova salvan a los que se están ahogando. Cuestión de +instinto. Un perro salva ciegamente al enemigo de su dueño. Yo cuidaré a +esa pobre criatura como si todos tuviésemos interés en que se curase. + +Después de la partida del doctor, la señora Chermidy pasó a su tocador y +se entregó en manos de su doncella. Por la primera vez en mucho tiempo +se dejó vestir sin fijarse: ¡tenía otras preocupaciones más +importantes! Aquel matrimonio que había preparado, aquella combinación +inteligente que ella misma se aplaudía como un rasgo de genio, podía +convertirse en su confusión y en su ruina. No hacía falta para ello más +que un capricho de la Naturaleza o la estúpida honradez de un médico +para que quedasen fallidos los cálculos más sabios y defraudadas sus más +queridas esperanzas. Comenzaba a dudar de su amante, de su buena +estrella, de todo, en fin. + +Hacia las tres de la tarde comenzaron a desfilar las visitas. Hubo de +sonreír a todos los pares de patillas que se acercaron a ella, +extasiarse ante cuarenta cajas de bombones salidas todas de la misma +tienda. Maldijo con todo su corazón las amables importunidades de año +nuevo, pero no dejó traslucir nada de la inquietud que le roía el alma. +Todos los que salían de su casa se hacían lenguas de su amabilidad. + +Y es que tenía un talento bien precioso para una dueña de casa; sabía +hacer hablar a todo el mundo. Hablaba a cada uno de lo que más le +interesaba; conducía a cada uno al terreno en que se encontraba más +firme. Aquella mujer sin educación, demasiado perezosa y demasiado +orgullosa para tener un libro en la mano, sabía fabricarse un fondo de +conocimientos útiles leyendo a sus amigos. Y ellos le servían con la +mejor voluntad. En el mundo somos así; agradecemos interiormente a todo +aquel que nos obliga a hablar de lo que sabemos o a contar la historia +que decimos bien. El que nos hace mostrar nuestro talento no es nunca +un tonto, y cuando se está contento de sí mismo, no se está descontento +de los demás. Los hombres más inteligentes trabajaban en la reputación +de la señora Chermidy, tan pronto proporcionándole ideas, tan pronto +diciendo con una secreta complacencia: «Es una mujer superior, me ha +comprendido.» + +En el curso de aquella reunión se encaró con un homeópata de renombre, +que cuidaba a las personas más ilustres de París. Encontró medio de +interrogarle delante de siete u ocho personas sobre el punto que la +preocupaba. + +--Doctor--le dijo--, usted que todo lo sabe, ¿quiere decirme si los +tísicos pueden curar? + +El homeópata le respondió galantemente que ella no tendría nunca nada +que temer de tal enfermedad. + +--No se trata de mí--repuso--. Es que me intereso vivamente por una +pobre niña que tiene los pulmones destrozados. + +--Envíeme usted a su casa, señora. No hay curación imposible para la +homeopatía. + +--Es usted muy bueno, doctor. Pero su médico, un simple alópata, asegura +que ya no le queda más que un pulmón, y aun estropeado. + +--Se le puede curar. + +--El pulmón, tal vez. ¿Pero y la enferma? + +--Puede vivir con un solo pulmón. Se ha visto muchas veces. Yo no le +aseguro que pueda subir al Mont-Blanc a la carrera, pero sí vivir +tranquilamente por espacio de muchos años, a fuerza de cuidados y de +glóbulos. + +--¡No deja de ser un porvenir! Nunca hubiese creído que se pudiese vivir +con un solo pulmón. + +--Tenemos ejemplos muy numerosos. La autopsia ha demostrado... + +--¡La autopsia! ¡pero la autopsia no se hace más que a los muertos! + +--Tiene usted razón, señora, y mis palabras se asemejan a una tontería. +No obstante, escuche usted. En Argelia, el ganado de los árabes es +generalmente tísico. Los rebaños están mal cuidados, pasan las noches al +relente y enferman del pecho. Nuestros súbditos musulmanes no se sirven +para nada del veterinario; dejan a Mahoma el cuidado de curar a sus +vacas y a sus bueyes. Pierden muchas cabezas a causa de esta +negligencia, pero no las pierden todas. Los animales curan alguna vez, +sin el socorro de la ciencia y a pesar de todos los estragos que la +enfermedad haya podido hacer en su cuerpo. Uno de mis colegas que presta +servicio en el ejército del Africa, ha visto sacrificar en los mataderos +vacas curadas de la tisis y que habían vivido muchos años con un solo +pulmón en muy mal estado. A esta autopsia quería referirme yo. + +--Ahora comprendo--contestó la señora Chermidy--. ¿Entonces, si se +matase a todas las personas que viven en nuestra sociedad se encontraría +algunas que no tienen los pulmones como es debido? + +--Y que no parecen darse cuenta. Precisamente, señora. + +Una hora más tarde se había renovado la tertulia alrededor de la +chimenea del salón. La señora Chermidy vio entrar un viejo alópata, +curtido en el ejercicio de la profesión, que no creía en los milagros, +que gustaba de colocar las cosas en lo peor y que se extrañaba de que un +animal tan frágil como el hombre pudiese llegar sin accidente a los +sesenta años. + +--Doctor--le dijo--, tendría usted que haber llegado un momento antes; +se ha perdido usted un hermoso panegírico de la homeopatía. El señor +P..., que acaba de salir, se alababa de hacernos vivir a todos con un +solo pulmón. ¿Qué le parece a usted? + +El anciano médico se encogió imperceptiblemente de hombros. + +--Señora--respondió--, el pulmón es a la vez el más delicado y el más +indispensable de nuestros órganos; renueva la vida a cada segundo por un +prodigio de combustión que Spallanzani y los más grandes fisiólogos no +han explicado ni descrito. Su contextura es de una fragilidad que +espanta; su funcionamiento le expone a peligros continuamente renovados. +Es en el pulmón donde nuestra sangre se pone en contacto inmediato con +el aire exterior. Si se pensase que el aire es casi siempre demasiado +frío o demasiado caliente o bien está mezclado con gases deletéreos, no +se respiraría una sola vez sin hacer testamento. Un filósofo alemán que +prolongó su vida a fuerza de prudencia, el célebre Kant, cuando daba su +cotidiano paseo higiénico, tenía cuidado de cerrar la boca y de +respirar exclusivamente por la nariz ¡tanto temía al aire que le +rodeaba! + +--Pero, entonces, querido doctor, ¿todos estamos condenados a morir del +pecho? + +--Mueren muchos, señora, y los homeópatas no lo evitan. + +--¡Pero también curan muchos! Veamos; quiero suponer que un hombre joven +y robusto se casa con una joven y bella tísica. El la lleva a Italia, +hace lo posible por curarla y le proporciona los cuidados de un hombre +como usted. ¿Es que no podría en dos o tres años...? + +--¿Salvar al marido? Es posible; pero yo no me atrevería a responder. + +--¡El marido! ¿Pero qué peligro puede haber? + +--El peligro del contagio, señora. ¿Quién sabe si los tubérculos que +nacen en los pulmones del tísico no extienden a su alrededor el germen +de la muerte? Pero perdone usted, no es éste ni el lugar ni el momento +de desarrollar una nueva teoría, inventada por mí, y que pienso someter +uno de estos días al examen de la Academia de Medicina. Unicamente le +contaré un caso observado por mí. + +--Hable usted, querido doctor; hay tanto placer como provecho en +escuchar a un hombre como usted. + +--Hace cinco años, señora, visitaba yo a la mujer de un sastre de la +calle de Richelieu, una infeliz criatura abominablemente tísica. Su +marido era un robusto alemán, sólido y sano como una manzana. Los dos +se adoraban. En 1849 habían tenido un niño que no vivió. La mujer murió +en 1850; yo hice todo lo que pude por salvarla. El marido me pidió la +cuenta y yo pasé dos años sin ir por la casa. El año último el sastre me +envió a buscar; le encontré en la cama, de tal modo cambiado, que no +podía reconocerle. Estaba tísico en el último grado. Así lo dije a una +regordeta que lloraba a su cabecera. Era su segunda esposa; había +cometido la tontería de casarse de nuevo. El marido murió, conforme al +programa. La viuda ha heredado la enfermedad. Ayer la visité y aunque el +mal ha sido atacado desde el principio, no me atrevería a responder de +nada. + +La señora Chermidy cerró sus puertas a las cinco de la tarde y se sumió +en una melancólica meditación. + +Nunca había desesperado de ser condesa de la Villanera. Toda mujer que +engaña a su marido aspira necesariamente a ser viuda; con mayor motivo +cuando tiene un amante rico y soltero. No creía descabellado que +Chermidy faltase un día u otro. Un hombre que vive entre el cielo y el +agua es un enfermo en peligro de muerte. + +Sus esperanzas habían tomado cuerpo desde el nacimiento del pequeño +Gómez. Tenía atado al conde con un lazo bien poderoso para las almas +honradas, el amor paternal. Al casar al señor de Villanera con una +moribunda, aseguraba el porvenir de su hijo y el suyo propio. Pero en la +víspera de realizarse aquel atrevido proyecto, descubría dos peligros +que no había previsto. Germana podía curar. Si sucumbía, podía arrastrar +al conde con ella y legarle un germen mortal. En el primer caso, la +señora Chermidy lo perdía todo, incluso su hijo. ¿Con qué derecho iría a +reclamar el hijo legítimo de don Diego y de la señorita de La Tour de +Embleuse? Por otra parte, si el conde debía morir después de su mujer, +ella no se casaría con él. Se sentía demasiado joven y era demasiado +hermosa para representar el papel de la segunda esposa del sastre. + +Afortunadamente, pensaba, nada se ha hecho aún. Se puede buscar otro +expediente. El conde está enamorado y es padre; haré de él lo que +quiera. Si es absolutamente necesario que se case para que legitime a su +hijo, ya encontraremos otra enferma cuya muerte sea más segura y cuyo +mal no sea contagioso. Además, se decía para tranquilizarse, que el +viejo alópata era un original capaz de inventar las teorías más +absurdas. Había oído decir, es verdad, que la tuberculosis se transmitía +algunas veces de padre a hijo, pero encontraba muy natural que Germana +guardase para sí la enfermedad y la muerte, como bienes parafernales. Lo +que la inquietaba seriamente era la posibilidad de una de esas +curaciones maravillosas que echan por tierra todos los cálculos de la +prudencia humana. Comenzaba a odiar al doctor Le Bris, tanto por sus +escrúpulos como por su talento. Para acabarse de tranquilizar se +prometió cortar en flor las gestiones de don Diego, hasta que ella +hubiese tomado todas sus precauciones. + +Pero los acontecimientos habían ido muy de prisa durante el día y el +conde llegó a las diez para decirle que sus planes se habían ido +cumpliendo al pie de la letra. + +Don Diego, al levantarse de la mesa, había corrido a casa de su madre. +La vieja condesa era una mujer de la misma madera que su hijo, alta, +seca, huesuda, modelada como una tabla, plantada majestuosamente sobre +dos grandes pies, morena hasta dar miedo a los niños, con una mueca +aristocrática que parecía una sonrisa, y el pelo gris partido. Escuchó +el relató de don Diego con la condescendencia rígida y desdeñosa de +otras épocas para las pequeñeces de hoy. Por su parte, el conde no hizo +nada para atenuar lo que había de reprensible en los cálculos de su +matrimonio. Aquellas dos personas honradas, pero mezcladas por la fuerza +de las circunstancias en uno de esos asuntos escabrosos que algunas +veces se presentan en París, no se preocupaban más que de los medios de +hacer dignamente una cosa que sus antepasados no habían hecho. La viuda +no tuvo en la conversación un reproche, ni siquiera mudo; hubiera sido +tardío; únicamente se trataba de asegurar el porvenir de la casa +salvando el nombre de los Villanera. + +Cuando todos los pormenores quedaron convenidos, la condesa subió a su +carroza y se hizo conducir al palacio Sanglié. Los lacayos del barón la +condujeron hasta el departamento de la duquesa. Semíramis le abrió la +puerta y la introdujo en el salón. El señor y la señora de La Tour de +Embleuse la recibieron al lado de la chimenea, en la que ardía todo lo +que se había podido encontrar en la casa: dos tablas de la cocina, una +silla de paja y otros objetos. La duquesa se había vestido como había +podido. Su traje de terciopelo negro azuleaba por los pliegues. El duque +llevaba la cinta de sus condecoraciones sobre un frac más raído que el +de un maestro de escuela. + +La entrevista fue fría y solemne. La señora de La Tour de Embleuse no +podía hacer buena cara a los que especulaban sobre la próxima muerte de +su hija. El duque, más despreocupado, intentó aparecer como un hombre de +mundo, pero la rigidez de la viuda paralizó todas sus gracias y sintió +frío hasta en la espalda. La señora de Villanera, por un error que se +comete frecuentemente en los primeros encuentros, envolvió en un mismo +juicio despectivo al duque y a la duquesa. Los acusó de demasiado +apresuramiento y creyó leer en sus ojos una alegría sórdida. No +obstante, no olvidó los graves intereses que allí la llevaban y expuso +fríamente el motivo de su visita. Discutió, como si fuese un notario, +todas las condiciones del matrimonio, y cuando estuvieron de acuerdo +sobre todos los puntos, se levantó de su silla y dijo con una voz +metálica: + +--Señor duque, señora duquesa, tengo el honor de pedirles la mano de la +señorita Germana de La Tour de Embleuse, su hija, para el conde Diego +Gómez de la Villanera, mi hijo. + +El duque respondió que su hija se consideraba muy honrada por la +elección del señor de Villanera. + +Se fijó de común acuerdo el día de la boda y la duquesa fue a buscar a +Germana para presentarla a la viuda. La pobre niña creyó morir de +espanto al compararse con aquel espectro de mujer. La condesa la +encontró de su agrado, le habló maternalmente, la besó en la frente y +pensó al despedirse: «¿Por qué ha de estar condenada a muerte? Tal vez +fuese la nuera que me convendría.» + +Al entrar en el hotel, la señora de Villanera encontró a don Diego que +jugaba con el niño. El padre y el hijo formaban un grupo bastante +original; quizás un extraño hubiese sonreído. El conde manejaba a la +débil criatura con una ternura temerosa; quizá tenía miedo de hacer +pedazos a su heredero con algún movimiento de sus robustos brazos. El +niño era bastante fuerte para su edad, pero feo, sin gracia y +excesivamente huraño. Desde que le habían separado de su nodriza, no +había visto más que dos seres humanos, su padre y su abuela, y vivía +entre aquellos dos colosos como Gulliver en la isla de los gigantes. La +viuda se había secuestrado voluntariamente para estar a su lado; hacía y +recibía muy pocas visitas por miedo que alguna palabra imprudente +traicionase su secreto. Los únicos cómplices de aquella educación +clandestina eran cinco o seis viejos domésticos encanecidos bajo la +librea, gentes de otra época y de otro país. Hubieseis dicho que se +trataba de los restos del ejército de Gonzalo de Córdoba o bien de +náufragos de la Armada Invencible. A la sombra de aquella extraña +familia, el niño crecía tristemente. Le faltaba la compañía de los de su +edad y era inútil que se le quisiera enseñar a jugar. Hay niños de dos +años que ya saben decirlo todo; él apenas si pronunciaba cinco o seis +palabras de dos sílabas. Don Diego lo adoraba tal como era: un padre es +siempre un padre; pero él tenía miedo a don Diego. Decía mamá a la vieja +condesa, pero no la besaba sin llorar muchas veces. En cuanto a su +madre, la conocía solamente de vista; la encontraba de cuando en cuando, +en una plazoleta apartada, lejos de las alamedas por donde pasea la +multitud. La señora Chermidy dejaba su coche a cierta distancia e iba a +pie hasta el del conde; besaba al niño a hurtadillas, le daba bombones y +le decía con una ternura sincera: «¡Mi pobre perrito, nunca serás mío!» +No hubiera sido prudente llevarlo a su casa aun cuando la condesa viuda +lo permitiese. La señora Chermidy sabía salvar las apariencias. Todo +París sospechaba su situación, pero el mundo establece una gran +diferencia entre una delincuente convencida o una mujer sospechosa. Así +podía encontrar aquí y acullá algunas almas tan ingenuas que +respondiesen de su virtud. + +La señora de Villanera anunció a su hijo que la demanda estaba hecha y +aceptada. Hizo el elogio de Germana, sin decir nada de la familia, y +describió la miseria en que vivían los duques. Don Diego dijo que era +preciso enviarles un pronto socorro sin humillarles. La condesa propuso +sencillamente abrir su bolsillo al viejo duque en la seguridad de que +no dejaría de recurrir a él; pero el conde encontró más decente comprar +inmediatamente la canastilla y deslizar en ella mil luises. Esta limosna +oculta entre flores serviría para pagar las deudas más apremiantes y +para que la familia pudiese comer durante quince días. Y así se hizo. La +madre y el hijo quisieron encargarse personalmente de ello. Antes de +salir, la señora de Villanera besó las anaranjadas mejillas de su nieto +y le dijo: «Vaya, mi pobre bastardo, ¡tu aguinaldo consistirá en un +nombre!» + +Nada es imposible en París: la canastilla fue improvisada en algunas +horas. Por la noche, todos los comerciantes enviaron sus telas, sus +encajes, sus cachemiras y sus joyas. La condesa no quiso confiar a nadie +el encargo de arreglarlo todo y de colocar los cartuchos del oro en el +cajón de los alfileres. A las diez, la canastilla salió en dirección al +palacio Sanglié, mientras que el conde se dirigía a casa de la señora +Chermidy. + +Germana y la duquesa examinaron con fría curiosidad aquellos tesoros. La +señora de La Tour de Embleuse admiraba los aderezos de su hija como +Clitemnestra pudo admirar las bandas fúnebres destinadas a adornar la +frente de Ifigenia. Germana recordó a sus padres el capítulo de _Pablo y +Virginia_ en que ésta gasta el dinero de su tía en pequeños regalos para +su familia y sus amigos: ¿Qué haremos de todo esto, dijo, nosotros que +ya no tenemos amigos ni familia? ¡Qué lástima!» El duque abrió los +cajones con noble desdén, como hombre a quien todos los esplendores han +sido familiares; pero no conservó su indiferencia a la vista del oro. +Sus ojos se iluminaron. Aquellas manos aristocráticas que se habían +abierto tan a menudo para dar, se crisparon ávidamente como las garras +de un avaro. Rompió el papel de todos los cartuchos, hizo brillar el oro +amarillento a la luz de una lámpara humeante e hizo tintinear a sus +oídos aquellos discos trémulos, que tañían alegremente los funerales de +Germana. + +La pasión es un nivel brutal que iguala a todos los hombres. El señor +duque de La Tour de Embleuse hubiera podido desempeñar su parte a las +nueve de la mañana en el vestíbulo, en el concierto de los domésticos +del palacio Sanglié. No obstante, bien pronto apareció el hombre +educado. El duque metió el oro en el cajón y dijo con una frialdad +estudiada: «Esto es de Germana; guárdalo bien, hija mía. Ya nos +prestarás un poco para hacer hervir el puchero. Hoy hemos comido +bastante mediocremente. Si fuese rico, como lo seré dentro de un mes, os +llevaría a cenar al restaurant.» La enferma y la moribunda adivinaron +los secretos deseos del viejo. No os podéis imaginar con qué tierna +solicitud, con qué piedad respetuosa Germana le obligó a tomar algún +dinero y la duquesa le vistió y le peinó para que fuese a cenar fuera de +casa. Volvió a las dos de la madrugada. Su mujer y su hija oyeron unos +pasos desiguales en el corredor. Pero ni una ni otra abrieron la boca y +procuraron hacerse creer mutuamente que dormían. + +Don Diego y la señora Chermidy pasaron una velada tempestuosa. La bella +arlesiana comenzó por oponer a su amante diversas objeciones contra la +boda. El conde, que no discutía nunca, le contestó con dos observaciones +que no tenían réplica: «El asunto ya está concluido y usted es quien lo +ha querido.» Ella cambió de táctica y ensayó el efecto de las amenazas. +Le juró que rompería con él, que lo abandonaría, que le quitaría a su +hijo, que promovería un escándalo, que se mataría. La sugestiva dama +estaba muy hermosa en su furia; tenía el aire de un pajarito asustado, +ante el cual un enamorado no podía permanecer insensible. El conde pidió +gracia, pero firme en su resolución. Cedía como esos buenos resortes de +acero que se doblan con gran esfuerzo, y que se enderezan con la +prontitud del relámpago. Entonces abrió la esclusa de sus lágrimas; +agotó el arsenal de su ternura y fue durante tres cuartos de hora la más +desgraciada y la más enamorada de las mujeres. Cualquiera, al oírla, +hubiera creído que ella era la víctima y Germana el verdugo. Don Diego +lloró con ella: las lágrimas se deslizaban por su rostro varonil como la +lluvia sobre una estatua de bronce. Cometió todas las cobardías que el +amor exige. Habló de la futura condesa con una frialdad rayana en el +desprecio; prometió por su honor que ella no viviría largo tiempo y +hasta ofreció a la señora Chermidy que le permitiría ver a Germana antes +de la boda. Pero su palabra estaba ya dada y los Villanera nunca se +vuelven atrás de lo que dicen. Todo lo que la dama pudo obtener es que +él la iría a ver todos los días clandestinamente, hasta que se celebrase +la boda. + +Al día siguiente la señora de Villanera le condujo al palacio Sanglié y +le presentó a su nueva familia. Visita de ceremonia que no duró más de +un cuarto de hora. Germana se desmayó en su presencia. Más tarde ha +confesado que aquella fisonomía dura la espantó y que había creído ver +entrar al hombre que debía enterrarla. En cuanto a él tampoco se sentía +muy a gusto. No obstante, encontró algunas frases de cortesía y de +reconocimiento que conmovieron a la duquesa. + +Volvió todos los días, sin su madre, mientras se publicaban las +amonestaciones. Según la costumbre establecida, cada vez llevaba un +ramo. Germana le rogó que escogiese flores sin perfume. Soportaba +difícilmente los olores. Aquellas entrevistas le molestaban mucho y +fatigaban a Germana, pero había que conformarse con la rutina. El señor +Le Bris temió por un momento que la enferma sucumbiese antes del día +fijado y la señora Chermidy llegó a participar de los temores del +doctor. Cuando vio que Germana estaba irremisiblemente condenada, tuvo +miedo de que muriese demasiado pronto y se interesó por su vida. Algunas +veces ella misma conducía al conde a la calle de Poitiers y le esperaba +en su coche. + +La duquesa había comprendido que no podía casar a su hija en aquel +zaquizamí y alquiló por mil francos mensuales un bonito departamento +amueblado en una casa próxima. Germana fue trasladada sin accidente, +aprovechando un día de sol. Allí es a donde don Diego iba a hacerle la +corte; la vieja condesa iba con tanta frecuencia como él y permanecía +más tiempo. No tardó mucho en conocer a la señora de La Tour de Embleuse +y el hielo quedó roto. Pudo admirar las virtudes de aquella noble mujer +que durante ocho años había tenido que pasar por puertas bajas sin +inclinar la cabeza una sola vez. Por su parte, la duquesa reconoció en +la señora de Villanera una de esas almas elegidas que el mundo no +aprecia en lo que valen porque sólo juzga por las apariencias. La cama +de Germana sirvió de lazo de unión a aquellas dos madres. La anciana +condesa disputó más de una vez a la señora de La Tour de Embleuse las +fatigas y las molestias del estado de enfermera. Cada una de ellas +quería encargarse de los cuidados más penosos y de esos servicios en que +estalla la abnegación del sexo sublime. + +El viejo duque proporcionaba a su mujer un suplemento de preocupaciones +sin el cual hubiera podido pasarse perfectamente. El dinero le había +dado como una tercera juventud. Juventud sin excusa, cuyas locuras frías +y sin alegría no podían interesar a nadie. Vivía fuera de su casa y la +solicitud discreta de su esposa no llegaba hasta inquirir sus acciones. +Trataba de distraerse, según decía, de los disgustos domésticos. El oro +de su hija resbalaba entre sus dedos y Dios sabe a qué manos iba a +parar. Había perdido, en ocho años de miseria, aquella elegancia que +ennoblece hasta las tonterías de los hombres bien nacidos. Todos los +placeres le eran permitidos y llegó hasta llevar a la cabecera de +Germana el olor nauseabundo de la taberna. La duquesa temblaba ante la +idea de dejar a aquel niño viejo en París, con más dinero del que se +necesitaba para matar a diez hombres. En cuanto a llevarlo a Italia, ni +soñarlo. París era el único lugar donde había conocido la vida y su +corazón estaba encadenado al asfaltado de las calles. La pobre mujer se +sentía atraída por dos deberes contrarios. Hubiera querido dividirse en +dos para endulzar los últimos momentos de su hija y para conducir la +vejez alocada de su incorregible marido. Germana asistía desde su cama a +los combates interiores que sostenía la duquesa. A fuerza de sufrir +juntas, la madre y la hija habían llegado a entenderse sin decir nada y +a no tener más que un alma para las dos. Un día, la enferma declaró +rotundamente que no abandonaría Francia. + +--¿Es que no estoy bien aquí?--decía--. ¿Qué necesidad hay de agitar al +viento una antorcha que se extingue? + +En aquel momento entró la señora de Villanera con el conde y el señor Le +Bris. + +--Querida condesa--dijo Germana--, ¿es absolutamente necesario que me +enviéis a Italia? Para lo que he de hacer, mejor estoy aquí, y además no +quisiera que mi madre dejase París. + +--¡Pues que se quede!--respondió la condesa con su vivacidad española--. +No tenemos necesidad de ella y yo la cuidaré a usted mejor que nadie. +Usted es mi hija, ¿lo oye usted?, y tendremos ocasión de probárselo. + +El conde insistió sobre la necesidad del viaje y el doctor hizo coro con +él. + +--Además--añadió el señor Le Bris--, la duquesa no nos sería +precisamente útil. Dos enfermos en un mismo carruaje no permiten +adelantar mucho. El viaje que es conveniente para usted, sería +perjudicial para la señora duquesa. + +En el fondo de su corazón, el honrado joven quería ahorrar a la duquesa +el espectáculo de la agonía de su hija. Quedó, pues, convenido, que la +señora de La Tour de Embleuse permanecería en París: Germana partiría +con su marido, su suegra, el pequeño Gómez y el doctor. + +El señor Le Bris se había comprometido un poco irreflexivamente a +abandonar su clientela. El viaje le podía costar caro si duraba mucho +tiempo. Lo difícil no era encontrar un colega que se encargase de la +duquesa y de los demás enfermos; pero París es una ciudad donde los +ausentes no hacen carrera y aquel que no se exhibe todos los días es +pronto olvidado. El joven doctor sentía por Germana una amistad sólida, +pero la amistad no nos lleva nunca al olvido de nosotros mismos: éste es +uno de los privilegios del amor. + +Por su parte, don Diego se había impuesto el cumplimiento de su deber y +quería que Germana fuese acompañada de su médico de cabecera. Preguntó +al señor Le Bris cuánto ganaba cada año. + +--Veinte mil francos--contestó el doctor--. De esos cobro cinco o seis +mil. + +--¿Y el resto? + +--Me lo quedan a deber. Nosotros no tenemos derecho a acudir a los +juzgados. + +--¿Haría usted el viaje a Italia por veinte mil francos anuales? + +--Mi pobre conde, no hablemos de años. Lo que le queda de vida debe +contarse por meses, quizás por semanas. + +--¡Pongamos dos mil francos al mes y sea usted de los nuestros! + +El señor Le Bris estrechó la mano del conde. El interés se mezcla en +todas las pasiones humanas, y representa igualmente su papel en el drama +y en la comedia. El amor y el odio, el crimen y la virtud, la vida y la +muerte, no se cruzan jamás sin codearse con un personaje brillante y +sonoro que se llama el dinero. + +Fue el doctor el encargado de entregar al duque el precio de su hija. El +conde no se hubiera atrevido jamás a dar un millón a un gentilhombre. El +señor Le Bris, que conocía al duque, cumplió su comisión fácilmente. Le +llevó una inscripción de cincuenta mil francos de renta y le dijo: + +--Señor duque, he aquí la salvación de la señora duquesa. + +--¡Y la mía!--añadió el viejo--. Usted nos ha prestado un gran servicio, +doctor, y desde este momento queda al servicio de mi casa. + +El joven respondió cortésmente: + +--Es cosa hecha, señor duque. + +Hubiera podido añadir que desde hacía tres años les visitaba +gratuitamente. + +El día de la boda por la mañana fue la modista a casa de Germana para +probarle el traje de novia. La joven se prestó dulcemente a aquella +triste chanza. La costurera advirtió que un punto del cuerpo se había +descosido y se dispuso a reparar el desperfecto. + +--¿Para qué?--dijo la enferma--. No he de usarlo más. + +Al presentarle el velo, notó la ausencia de las flores de azahar. + +--Está bien; temí que no se hubiesen fijado. + +Aquellos preparativos eran de una tristeza fúnebre. + +--Mamá--dijo Germana--, ¿se acuerda usted de los versos del poeta +Jasmin, cuya traducción me leyó usted en la _Revista de Ambos Mundos_? + + «Todos los caminos debían florecer, + Porque la hermosa novia iba a salir; + Debían florecer, florecer y granar, + Porque la hermosa novia iba a pasar.» + +¿Cómo terminaba? No me acuerdo. ¡Ah! ¡sí! + + «Todos los caminos debían gemir, + Porque la hermosa muerta iba a salir; + Debían gemir, debían llorar. + Porque la hermosa muerta iba a pasar.» + +La duquesa se deshacía en lágrimas. Germana le pidió perdón por su +cobardía. + +--Espere usted--dijo--, ya me verá ante el enemigo. Debo llevar +dignamente el nombre de ustedes. ¿No soy el último vástago de los La +Tour de Embleuse? + +Los testigos del conde fueron el embajador de España y el secretario de +la legación de las Dos Sicilias. Los de Germana, el barón de Sanglié y +el doctor Le Bris. Todo el _faubourg_ fue invitado a la misa. El señor +de Villanera conocía a lo mejor de París y al viejo duque no le +molestaba resucitar públicamente como millonario. Las tres cuartas +partes de los invitados fueron exactos a la cita; a pesar de la +discreción de los invitados, el público adivinaba cierta anormalidad. En +todo caso, no deja de ser algo raro y curioso la boda de una moribunda. +Al dar las doce de la noche, doscientos o trescientos coches, que venían +del baile o del teatro, fueron a depositar su carga en la plazoleta de +Santo Tomás de Aquino. + +La novia descendió la gradería del brazo del doctor Le Bris. Se la +encontró menos pálida de lo que se esperaba, pero es que había rogado a +su madre que le pusiera un poco de colorete para representar aquella +comedia. + +Avanzó con paso firme hasta el reclinatorio que se le había destinado. +Su padre le daba la mano y marchaba triunfalmente a su izquierda, +mirando con el monóculo a la concurrencia. El singular viejo no pudo +retener una exclamación al advertir medio oculta entre la multitud una +encantadora cabeza: «¡Hermosa mujer!», dijo como si se hallase en el +bulevar. + +Era la señora Chermidy que había querido ver con sus propios ojos si la +novia aun estaba viva. + +Después de la ceremonia, una silla de postas con cuatro caballos llevó a +los viajeros hasta la barrera de Fontainebleau, pero desde allí +retrocedió al bulevar exterior y regresó al palacio Villanera. Era +necesario tomar al pequeño Gómez y dar a Germana algunas horas de +reposo. + + + + +IV + +VIAJE A ITALIA + + +Germana durmió poco aquella noche. Estaba acostada en una inmensa cama +de pabellón, en el centro de una habitación desconocida. Un globo de +porcelana mal iluminaba los tapices. Mil figuras extravagantes parecían +salirse de la pared y bailar alrededor de la cama. Por primera vez, +durante veinte años, se veía separada de su madre. Había sido +reemplazada por la señora de Villanera, atenta a sus menores deseos y +movimientos, pero que le daba miedo. En un ambiente tan poco +tranquilizador, la pobre niña no se atrevía ni a dormir ni a estar +despierta. Cerraba los ojos para no ver los tapices, pero no tardaba en +volverlos a abrir, porque entonces se le presentaban otras imágenes más +espantosas. Creía ver a la muerte en persona, tal como los imagineros de +la Edad Media la habían representado en los misales. + +--Si me duermo--pensaba--, nadie vendrá a despertarme; me han dejado +aquí para que me muera. + +Un gran reloj de Boule marcaba las horas sobre la chimenea. Los golpes +secos del péndulo, la regularidad inflexible del movimiento, le +crispaban los nervios: rogó a la condesa que parase el reloj. Pero bien +pronto el silencio le pareció más temible que el ruido e hizo devolver +la vida a la inocente máquina. + +Hacia la mañana, la fatiga fue más fuerte que todas las preocupaciones. +Germana dejó caer sus pesados párpados, pero se despertó casi en el acto +al ver que tenía las manos cruzadas sobre el pecho. Ella sabía que en +esta postura se enterraba a los muertos. Sacó fuera de los cobertores +sus bracitos descarnados y se cogió fuertemente a la madera de la cama. +La condesa se apoderó de su mano, la besó dulcemente y la retuvo sobre +sus rodillas. Solamente entonces se tranquilizó la enferma y durmió +hasta entrado el día. Soñó que la condesa estaba de pie a su derecha, +que tenía la figura de un ángel y que le habían salido unas alas +blancas. A su izquierda veía otra mujer, pero no pudo reconocerla. Lo +único que pudo distinguir fue un velo de encaje, dos grandes alas de +cachemira y dos garras de diamantes. El conde se paseaba con paso +agitado: iba de una a otra mujer y les hablaba al oído. Finalmente, el +techo se abrió, descendiendo un hermoso niño mofletudo, parecido a esos +querubines que guardan los tabernáculos de las iglesias. El ángel voló +sonriendo hacia la enferma, ella abrió los brazos para recibirlo y el +movimiento que hizo la despertó. + +Al abrir los ojos, vio entrar a la vieja condesa con traje de viaje y al +joven Gómez trotando a su lado. El niño sonrió instintivamente a aquella +linda muñeca blanca con cabellos de oro, e hizo ademán de querer trepar +a la cama. Germana intentó ayudarle, pero no era bastante fuerte. La +condesa de la Villanera le levantó como una pluma y lo arrojó suavemente +sobre los almohadones. + +--Hija mía--le dijo con emoción mal contenida--, te presento al marqués +de los Montes de Hierro. + +Germana cogió al niño por la cabeza y le besó dos o tres veces. El +pequeño Gómez recibió aquellas caricias con agrado y aun creo que le +devolvió un beso. La joven le miró largo rato y sintió el corazón +emocionado. No sé qué proceso se desarrolló en el fondo de su +pensamiento, pero, después de un esfuerzo invisible, le dijo a media +voz: + +--¡Hijo mío! + +La viuda la abrazó agradecida. + +--Marqués, ahí tienes a tu mamaíta. + +--¡Mamá!--repitió el niño sonriendo. + +--¿Quieres que sea tu mamá?--preguntó Germana. + +--Sí--respondió. + +--Pobre pequeño, no será por mucho tiempo, ¡no! + +--¡No!--repitió el niño sin comprender lo que decía. + +Desde aquel momento el hijo y la madre fueron amigos. El pequeño Gómez +no quiso salir ya de la habitación y asistió al tocado de Germana. Esta +le tenía sobre sus rodillas cuando entró el conde de Villanera a saludar +a su esposa y a besarle la mano. La joven experimentó una especie de +vergüenza al verse así sorprendida y dejó resbalar al niño sobre la +alfombra. + +Germana no había amado aún más que a su madre y a su padre. No había +estado en el colegio, no había tenido amigas y no conocía a ningún +hombre. El derroche de amor y de amistad que se hace en los pensionados, +y que gasta el corazón de las jóvenes antes de tiempo, no había mermado +las riquezas de su alma. Amó, pues, a su suegra y a su hijo adoptivo +como un pródigo que no teme arruinarse; dedicó al doctor Le Bris una +ternura fraternal, pero le pareció imposible amar a su marido: esto era +superior a sus fuerzas; más valía, pues, renunciar. Y no es que el conde +fuese un hombre desagradable; otra mujer le hubiera encontrado perfecto. +De todos sus compañeros de viaje, fue seguramente el más paciente, el +más atento, el más delicado; un caballero de honor encargado de escoltar +a una reina joven, no hubiera cumplido mejor su deber. Era él quien lo +disponía todo para la marcha y para el reposo, arreglaba el paso de los +caballos, elegía las comidas y preparaba los alojamientos. Las jornadas +que hacían eran cortas, de modo que en dos etapas adelantaban diez +leguas. + +Esta manera de viajar hubiera agotado la paciencia de un hombre joven y +robusto: don Diego no temía más que Germana pudiera fatigarse. Era +fumador, como creo ya haberos dicho. Desde el primer día del viaje se +redujo a fumar dos cigarros por día; uno por la mañana, antes de partir, +y el otro por la noche, antes de acostarse. Pero una mañana la enferma +le dijo: + +--¿No ha fumado usted? Me parece sentir el olor del tabaco. + +Don Diego dejó sus cigarros en la primera posada y no volvió a fumar. + +La enferma lo aceptaba todo de su marido sin perdonarle ningún +sacrificio. ¿No le había dado ella más de lo que podía darle? Ella se +repetía continuamente que don Diego la cuidaba por deber o, mejor dicho, +para descargo de su conciencia, que la amistad no entraba para nada en +todas aquellas atenciones; que él desempeñaba fríamente el papel de buen +marido; que amaba a otra mujer; que no se pertenecía y que había dejado +su corazón en Francia. Pensaba, en fin, que aquel hombre que parecía tan +cuidadoso de su vida, se había casado con ella con la esperanza de que +moriría bien pronto, y se indignaba de ver retrasar con todos sus +esfuerzos el acontecimiento que tanto deseaba. + +Fue, pues, tan dura para él, como era amable para los demás. Ocupaba el +fondo del carruaje con la vieja condesa. Don Diego, el médico y el niño +estaban de espaldas a los caballos. Si alguna vez el niño trepaba sobre +sus rodillas, o si la viuda, dormida por la monotonía del movimiento, +dejaba caer la cabeza sobre su hombro escuálido, jugaba con el pequeño o +acariciaba los cabellos de la viuda. Pero no permitía que su marido le +preguntase siquiera por su estado, y un día le respondió con una +crueldad sangrienta: + +--Esto va bien, sufro mucho. + +Don Diego sacó la cabeza por la ventanilla y sus lágrimas cayeron sobre +las ruedas. + +El viaje duró tres meses, sin cambiar ni el humor ni la salud de +Germana. No estaba mejor ni peor: arrastraba la vida. Tenía siempre la +misma aversión a su marido, pero se iba acostumbrando a él. Italia +entera pasó ante su vista sin que se interesase por nada, ni siquiera se +fijase en ningún sitio. Verdad es que en invierno Italia se parece mucho +a Francia. Nieva un poco menos, pero llueve más. + +El clima de Niza la hubiera sentado muy bien. Pasando por el paseo de +los Ingleses, don Diego había hecho el elogio de una linda villa pintada +de color de rosa y rodeada de un jardín de naranjos. Pero Germana se +aburría de ver desfilar todo el día una interminable procesión de +tísicos. Los condenados que se destierran a Niza tienen miedo los unos +de los otros y cada uno de ellos lee su destino en la palidez del +vecino. + +--¡Vamos a Florencia!--dijo ella. + +Y don Diego hizo enganchar para Florencia. + +Encontró en la ciudad un aspecto de fiesta que parecía exacerbar su +desgracia. El primer día que fue conducida al paseo, que oyó la música +de los regimientos austriacos y que las floristas mofletudas arrojaron +su mercancía en el coche, reprochó duramente a su marido el haberla +expuesto a un contraste tan cruel. Quedaba Pisa y allí fueron. Quiso ver +el Campo Santo y la terrorífica obra maestra de Orcagna. Aquellas +pinturas fúnebres, aquellos cuadros de la Muerte, dueña de la vida, la +impresionaron fuertemente y salió de allí más muerta que viva. + +Entonces expresó el deseo de ir hasta Roma. El clima de la gran ciudad +no debía favorecerla precisamente, pero había llegado ya al punto en que +el médico no niega nada a su enfermo. Vio Roma y creyó entrar en una +vasta necrópolis. Aquellas casas desiertas, los palacios vacíos y las +grandes iglesias en las que se ve de espacio en espacio un fiel +arrodillado, tomaron a sus ojos una fisonomía sepulcral. + +Partió para Nápoles y tampoco se encontró mejor. Se habían alojado en +Santa Lucía. El más hermoso golfo del universo ondulaba sus aguas azules +ante ella; el Vesubio humeaba bajo sus balcones; el sitio estaba bien +elegido para vivir y morir. Pero ella soportaba impacientemente los +ruidos de la calle, el grito agudo de los cocheros, el paso sonoro de +las patrullas suizas y el canto de los pescadores. Maldijo la ciudad +ruidosa y agitada donde ni siquiera era permitido sufrir en paz. La +ofrecieron hallar en las inmediaciones un retiro más tranquilo; quiso +buscar por sí misma e hizo un gasto de actividad que la agotó en pocos +días. El doctor estaba admirado de tanta resistencia. Era preciso que la +Naturaleza hubiera construido su cuerpo con bien sólidos materiales o +bien que un alma vigorosa retrasase la ruina de aquel edificio que se +desplomaba. + +Le enseñaron Sorrento y Castellamare; la pasearon durante ocho días de +lugar en lugar sin que se decidiese a hacer una elección. Una noche, +tuvo el capricho de visitar Pompeya a la luz de la luna. + +--Es una ciudad por mi estilo--dijo con una sonrisa amarga--; es justo +que los muertos se consuelen entre sí. + +Fue preciso arrastrarla por espacio de dos horas sobre el empedrado +desigual de la ciudad muerta. Hubiera sido un paseo delicioso para un +corazón alegre. El día había sido hermoso; la noche era casi tibia. La +luna iluminaba los objetos como un sol de invierno. El silencio añadía +al espectáculo un encanto dulce y solemne. Las ruinas de Pompeya no +tienen la grandeza aplastante de esos monumentos romanos que inspiraron +tan largas frases a madama de Staël. Son los restos de una ciudad de +diez mil habitantes; los edificios privados y públicos tienen una +fisonomía provinciana. Al entrar en aquellas calles estrechas, al abrir +la puerta de sus casitas, se penetra en la vida íntima de la antigüedad +y se es recibido amistosamente en un pueblo que ya no existe. + +Encontráis allí una singular mezcla del sentimiento artístico que +distinguía a los antiguos y del mal gusto que es patrimonio de los +pequeños burgueses de todas las épocas. Nada más divertido que descubrir +bajo el polvo de veinte siglos jardinillos semejantes a los de los +Inválidos, con su surtidor microscópico, los pequeños patos de mármol y +la estatuíta de Apolo en el centro. He ahí el dominio de un ciudadano +romano que vivía de sus rentas en el año 79 de la Era cristiana. La +alegría champañesa del doctor se recreaba dulcemente en medio de +aquellos curiosos restos. Don Diego traducía a su mujer los relatos +interminables del guarda, pero la impaciencia febril de la enferma +quitaba todo encanto a la excursión. La pobre niña no era dueña de sí +misma; pertenecía a la enfermedad y a la muerte próxima. No caminaba +nada más que por sentirse vivir, ni hablaba más que por oír su voz. Se +adelantaba a la comitiva, volvía sobre sus pasos, pedía que la dejasen +ver de nuevo lo que ya había visto, se detenía en el camino y se +ingeniaba en buscar caprichos que nadie podía satisfacer. Hacia las +nueve, el frío se apoderó de ella y propuso volver al hotel. +«Decididamente, dijo, quiero morir aquí; por lo menos estaré tranquila.» +Pero después pensó que el Vesubio no había dicho aún su última palabra y +que podría depositar una sábana de fuego sobre su tumba. Entonces habló +de volver a París y se acostó con unos escalofríos que no presagiaban +nada bueno. + +La viuda cenó a su lado. El niño ya dormía desde hacía rato. El dueño de +la _Corona de hierro_ invitó a los caballeros a bajar al comedor; +estarían mejor que en la habitación de un enfermo y tendrían compañía. + +El médico aceptó la proposición y don Diego le siguió. + +La compañía se reducía a dos personas; un pintor francés, gordinflón y +de buen humor, y un joven inglés encarnado como un cangrejo. Los dos +habían visto entrar a Germana y habían adivinado sin esfuerzo el mal que +la mataba. El pintor profesaba una filosofía alegre, como todo el que +digiere bien. + +--Yo, señor--decía a su vecino--, si nunca llegase a padecer del pecho, +lo que no es probable, no me apartaría en absoluto de mi régimen de +vida. En todas partes se cura y en todas partes se muere. El aire de +París es quizás el que mejor conviene a los tísicos. Hablan del Nilo: +los posaderos del Cairo son los que han hecho extender esa opinión. Sin +duda el vapor del río sirve para algo, pero, ¿y la arena del desierto no +es perjudicial? Se os entra en los pulmones, se aloja en ellos y ¡buenas +noches!... Usted me dirá que si de todos modos hay que morir, queda por +lo menos el derecho de elegir el sitio. Me hago cargo perfectamente de +ello. ¿Ha viajado usted por la regencia de Túnez? + +--Sí. + +--¿Ha visto usted cortar la cabeza a alguien? + +--No. + +--Pues bien, todo eso se ha perdido usted. Esos desgraciados tienen el +derecho de elegir el sitio. Cuando un tunecino es condenado a muerte, se +le da tiempo hasta la puesta del sol para buscar el lugar en que se le +haya de cortar la cabeza. Desde el amanecer, dos verdugos le cogen del +brazo y le conducen al campo. Cada vez que llegan a algún lindo rincón +de paisaje, un arroyuelo sombreado por dos palmeras, los ejecutores +dicen al paciente: «¿Cómo encuentras esto? Sería inútil buscar nada +mejor.» «Vamos más lejos, dice el otro, aquí hay moscas.» Le pasean así +hasta que ha encontrado un lugar de su agrado y se decide generalmente a +la puesta del sol. Entonces se arrodilla, los dos vecinos sacan sus +cuchillos y le cortan tranquilamente la cabeza. Pero tiene, por lo +menos, el consuelo de morir en un terreno a su gusto. He conocido en +París a una bailarina que se le había metido la misma idea en la cabeza. +Se había comprado un terreno en el Père-Lachaise e iba a visitarlo de +cuando en cuando, cada vez con mayor placer. Los seis metros de su +propiedad estaban en uno de los más bellos rincones del cementerio, +rodeado de monumentos burgueses y con vistas al exterior. Pero sus +compatriotas de usted son los que cometen mayores extravagancias. Uno +que encontré una vez quería ser enterrado en Etretat porque allí el aire +es más puro, porque se ve el mar y porque nunca ha habido cólera. Me +contaron de otro que compraba terrenos en todas las ciudades por donde +pasaba. Desgraciadamente murió en la travesía de Liverpool a Nueva York +y el capitán le hizo arrojar al agua. + +Don Diego y el doctor hubieran dejado muy a gusto de oír semejante +discurso e iban a rogar a su vecino que cambiase de conversación, +cuando el joven inglés tomó la palabra. + +--Pues yo, señor--dijo--, hace dos años estaba tan enfermo como esa +joven que hemos visto pasar. Los médicos de Londres y de París me habían +firmado mi pasaporte y yo buscaba también un sitio para morir. Lo elegí +en las islas Jónicas, en la parte meridional de Corfú. Me instalé allí +esperando mi hora y me encontré bien, tan bien, que la hora pasó. + +El médico tomó la palabra con la desenvoltura que reina en las mesas +redondas de Italia: + +--¿Usted ha estado tísico, señor? + +--En tercer grado, si es que toda la Facultad no se burló de mí. + +Citó los nombres de los médicos que lo habían visitado y condenado. +Contó cómo había acabado por cuidarse él mismo, sin nuevos remedios, en +el campo, lejos del bullicio, esperando la muerte, bajo el cielo de +Corfú. + +El señor Le Bris le pidió permiso para auscultarle, a lo que se negó él +con un terror cómico. Le habían contado la historia del médico que mató +a su enfermo para saber cómo se había curado. + +Una hora después el conde estaba sentado a la cabecera de Germana. La +enferma tenía el rostro encendido y la palabra jadeante. + +--Venga usted--dijo a su marido--. Tengo que hablarle seriamente. ¿No se +fija usted en que estoy mejor esta noche? Tal vez estoy en vías de +curación. Su porvenir de usted está comprometido. Le he hecho perder ya +tres meses; nadie esperaba que durase tanto. Mi familia tiene mucha +vitalidad; será necesario que me mate. Usted tiene derecho, ya lo sé; +para eso le ha costado su dinero. Pero déjeme aún algunos días; ¡es tan +hermosa la luz! Me parece que respiro mejor. + +Don Diego le cogió la mano; estaba ardiente. + +--Germana--le dijo--, he comido con un joven inglés que ya le enseñaré +mañana. Estaba más enfermo que usted, según asegura; el cielo de Corfú +le ha curado. ¿Quiere usted que nos marchemos a Corfú? + +La joven se incorporó en la cama, le miró en los ojos y le dijo con una +emoción que rayaba en el delirio: + +--¿Dices la verdad?... ¿Puedo vivir aún?... ¿Volveré a ver a mi madre? +¡Ah! si tú me salvases, toda mi vida sería poca para pagar tanto bien. +Te serviría como una esclava, educaría a tu hijo y haría un grande +hombre de él... ¡Desgraciada! no es para eso para lo que tú me has +elegido. Tú amas a esa mujer, la echas de menos, la escribes, ansias el +momento de volver a verla, y todas las horas de mi vida son otros tantos +robos que cometo... + +Durante dos días, su mal pareció agravarse en aquella habitación del +hotel y todos creyeron que moriría sobre las ruinas de Pompeya. No +obstante, pudo levantarse en la primera semana de abril. Conducida a +Nápoles, embarcó en un paquebot que partía para Malta y desde allí un +vapor del Lloyd inglés la transportó hasta el puerto de Corfú. + + + + +V + +EL DUQUE + + +El señor y la señora de La Tour de Embleuse se habían despedido de su +hija en la sacristía de Santo Tomás de Aquino. La duquesa lloró mucho; +el duque tomó más alegremente la separación, para tranquilizar a su +esposa y a su hija; quizá también porque no encontró lágrimas en sus +ojos. En su fuero interno, él no creía en la muerte de Germana. El solo, +con la vieja condesa de Villanera, esperaba el milagro de la curación. +Aquel caballero servidor de la fortuna estaba firmemente convencido de +que una dicha nunca llega sola. Todo le parecía posible desde que había +vuelto a salir a flote. Comenzó por predecir el restablecimiento de su +mujer y no se equivocó. + +La duquesa era de una constitución robusta, como toda su familia. Las +fatigas, las noches sin dormir y las privaciones habían tomado una gran +parte en la enfermedad crítica que la edad le había aportado. Añadid a +esto las angustias continuas de una madre que espera el último suspiro +de su hija. La señora de La Tour de Embleuse sentía tanto o más los +dolores de Germana que los suyos propios. Cuando se separó de su querida +enferma, se repuso poco a poco y compartió menos penosamente los males +que no veía tan de cerca. La imaginación nos hace sufrir tanto como los +sentidos, pero una desgracia que no vemos pierde algo de su crudeza. Si +vemos aplastar un hombre en la calle, experimentamos un dolor físico, +como si las ruedas hubiesen pasado por encima de nuestro cuerpo; el +relato de este suceso leído en un periódico no hace más que rozar +nuestra piel. La duquesa no podía estar tranquila ni ser feliz, pero por +lo menos escapó a la acción directa del peligro sobre su sistema +nervioso. No es que hubiese recobrado la calma, pero no vivía en la +terrible ansiedad del que espera un acontecimiento inevitable. No abría +jamás sin temblar una carta de Italia, pero en el intervalo de cada +correo tenía instantes de reposo. A las vivas angustias que la +torturaban, sucedió un dolor sordo que la costumbre le hizo familiar. +Experimentaba el triste consuelo de un enfermo que del estado agudo pasa +al estado crónico. + +Un amigo del joven doctor la visitaba dos o tres veces por semana, pero +su verdadero médico continuaba siendo el señor Le Bris. Este le escribía +regularmente, así como a la señora Chermidy, y aunque siempre había +procurado no mentir, las dos correspondencias no se parecían mucho. +Repetía a la pobre madre que Germana vivía, que la enfermedad parecía +haberse detenido y que aquella dichosa suspensión de una marcha fatal +daba derecho a esperar un milagro. No se alababa de curarla y decía a la +señora Chermidy que sólo Dios podía aplazar indefinidamente la viudez de +don Diego. La ciencia era impotente para salvar a la joven condesa de +Villanera. Vivía aún y la enfermedad parecía haber hecho un alto, lo +mismo que un viajero descansa en una posada para continuar con mayor +vigor al día siguiente. Germana estaba siempre débil durante el día, +febril y agitada al aproximarse la noche. El sueño le negaba sus +favores, su apetito era caprichoso y rechazaba los platos con disgusto +desde el momento que los había probado. Su delgadez era espantosa y la +señora Chermidy hubiera tenido sumo placer en verla. Se podía decir que +debajo de la piel límpida y transparente no tenía más que huesos y +tendones; los pómulos parecían salírsele de la cara. ¡Verdaderamente era +preciso que la señora Chermidy fuese muy impaciente para pedir algo más! + +El duque no sabía o no quería saber esto y ya había celebrado más de una +vez la curación de su hija. En la edad del juicio, aquel anciano, cuyos +cabellos blancos hubieran inspirado respeto si no se los tiñese, +resistía mejor que un joven las fatigas del placer. Se adivinaba +fácilmente que agotaría más pronto sus escudos que sus necesidades y sus +fuerzas. Los hombres que han entrado tarde en la vida encuentran +reservas extraordinarias para sus últimos años. + +Disponía de poco dinero efectivo, por muy millonario que fuese. El +primer semestre de sus rentas debía vencer el 22 de julio; mientras +tanto, era preciso vivir de los 20.000 francos de la canastilla. Esto +era bastante para los gastos de la casa y para las pequeñas deudas que +esperan menos que las grandes. Si la duquesa hubiese tenido a su +disposición esta suma habría puesto la casa sobre un pie decente; pero +el duque no soltaba la llave de la caja, siempre que en ella hubiese +dinero. Pagó muy pocas deudas; se negó cortésmente a comprar muebles y +conservó, a pesar de la duquesa y del sentido común, un departamento de +12.000 francos, en el cual no se detenía un instante. De cuando en +cuando daba un luis a Semíramis para la cocina, pero nunca se preocupó +de preguntarle cuánto se le debía por sus servicios. Compró dos o tres +vestidos magníficos a la duquesa, que carecía de la ropa interior más +necesaria. Lo que empleaba cada día en sus gastos personales era un +secreto entre su cajón y él. + +No creáis, sin embargo, que tenía el egoísmo odioso de ciertos maridos +que tiran el dinero a manos llenas y quieren conocer al céntimo los +desembolsos de su esposa. Concedía a la duquesa tanta libertad para lo +pequeño como se reservaba él para lo grande. Continuaba siendo aquel +hombre cortés, solícito y tierno que su pobre mujer adoraba hasta en sus +faltas. El se informaba de su salud con una atención casi filial. Le +repetía por lo menos una vez al día: «Eres mi ángel guardián.» Le daba +nombres tan dulces que, sin el testimonio de los espejos, hubiera creído +tener veinte años. Algo es algo; y el peor marido no es despreciable más +que a medias, cuando deja una dulce ilusión a su víctima. Un gran +artista que ha visto nuestra sociedad con los ojos de Balzac, y que la +ha pintado mejor, Gavarni, ha puesto este singular juicio en la boca de +una mujer del pueblo: «Mi marido, un perro acabado; ¡pero el rey de los +hombres!» Traducid la frase en estilo noble y comprenderéis el amor +obstinado de la duquesa por el duque. + +No obstante, el viejo descendía rápidamente todos los escalones que un +hombre bien nacido puede descender. Cuando el ruido de su nueva fortuna +se hubo extendido por París, encontró en el Bosque un cierto número de +antiguos conocidos que habían tomado la costumbre de volver la cabeza +cuando le veían. Le invitaron a algunos salones de Montmartre donde los +hombres más elegantes y más respetables van algunas veces en buena +compañía a buscar la mala. Encontró aquí y acullá muebles que había +comprado con su dinero; miró la hora en relojes cuya factura había +pagado. La pasión del juego, que dormía en él desde muchos años, se +despertó más ardiente que nunca; pero jugó a lo pícaro, alrededor de +esos tapetes sospechosos que la policía barre de cuando en cuando. Aquel +mundo peligroso, que es maestro en adular todos los vicios de que vive, +hizo un recibimiento triunfal al duque de La Tour de Embleuse y le +aplaudió su juventud póstuma que salía de la miseria como Lázaro de su +tumba. Le probaron que tenía veinte años y él intentó probárselo a sí +mismo. Asistió a grandes comilonas, con detrimento de su estómago, bebió +_champagne_, fumó cigarros y rompió botellas. En aquellas reuniones la +dignidad quedaba en el guardarropa. No obstante, los recién llegados de +provincias, los extranjeros perdidos en París o los hijos de familia +escapados de la tutela paternal, admiraban los nobles modales y la +apostura aristocrática de aquel gentilhombre averiado. Los hombres le +respetaban más de lo que se respetaba él mismo; las mujeres contemplaban +en él una ruina a la que habían contribuido y que, no obstante, se +conservaba bien. En ciertos remansos de la sociedad se hace más caso de +un veterano que se ha comido ciento veinte mil francos de renta que de +un soldado que haya perdido los dos brazos en el campo de batalla. + +El duque siguió a esta sociedad a todos los lugares donde ella iba. Así, +concurrió a las primeras representaciones de ciertos teatros y el +respeto de su nombre, que le había acompañado en la primera mitad de su +carrera, pareció abandonarle para siempre. En dos meses se convirtió en +el hombre más criticado de París. Tal vez hubiera tenido más recato en +su conducta si el conocimiento de sus actos hubiera podido llegar a su +familia. Pero Germana estaba en Italia y la duquesa se había encerrado +en su casa; no tenía, pues, nada que temer. + +El contraste de su nombre y de su conducta le dio en poco tiempo una +popularidad entre la gente baja, que parecía ser muy de su gusto. Se le +vio, a la salida del teatro, en un café del bulevar del Temple, rodeado +de figurantes mal afeitados y de cómicos ínfimos que bebían un ponche en +su honor, le contemplaban con los ojos muy abiertos y se disputaban la +gloria de estrechar la mano de un duque que no era nada orgulloso. Pero +aun descendió más, si esto era posible. Los compañeros más abyectos +eran buenos para él y más de una vez se le vio en los arrabales sentado +ante un jarro de vino tinto, a la mesa de una taberna. Es muy difícil, +en el siglo XIX, encanallarse con elegancia. Unicamente la corte de Luis +XV intentó este esfuerzo con algún éxito. Dos o tres grandes señores +franceses y extranjeros quisieron revivir las tradiciones de los buenos +tiempos, pero con bastante menos dignidad. El alma más altanera se +desploma con una rapidez increíble en los placeres malsanos y en las +fiestas nauseabundas de los arrabales. Las únicas orgías a las que se +resiste algún tiempo son aquellas que cuestan muy caro. El contentarse +con poco, que es una virtud en los trabajadores, es el último grado de +la abyección en los hombres desocupados y ricos. + +El pobre duque estaba en lo más bajo cuando dos personas le tendieron la +mano por motivos bien distintos. Sus salvadores fueron el barón de +Sanglié y la señora Chermidy. + +El señor de Sanglié iba de cuando en cuando a llamar a la puerta de los +de La Tour de Embleuse. Era su antiguo propietario, el testigo de boda +de Germana y el amigo de la familia. A la duquesa la encontraba siempre, +al duque nunca; pero todo París le daba noticias de su deplorable amigo. +Resolvió, pues, salvarle, del mismo modo que antes le había dado +alojamiento, por el honor del linaje. + +El barón era lo que se llama, aun hoy, un perfecto caballero. No era +guapo y aun tenía en su fisonomía algo de su nombre[C]. Su rostro +abultado y encarnado se escondía en un matorral de pelo rojizo. Robusto +como un cazador y ligeramente ventrudo, nadie le hubiera hecho más de +cuarenta años, aunque había cumplido ya los cincuenta. Los barones de +Sanglié datan de una época en que se construía sólidamente. Bastante +rico para vivir espléndidamente sin hacer nada, cuidaba de su persona y +vivía por vivir bien. + +Su traje y su aspecto eran igualmente aristocráticos. Por la mañana se +le encontraba con vestidos amplios, sólidos, cómodos y de una elegancia +coquetonamente descuidada. Por la noche, su traje era irreprochable y +del mejor gusto, siendo uno de aquellos hombres cuya ropa no llamaba +nunca la atención, que es la elegancia más difícil. Tenía tanto cuidado +de su cuerpo como de sus vestidos. Montaba a caballo todos los días y +frecuentaba el juego de pelota; por la noche asistía a uno de los +teatros de ópera y luego hacía su partida de _whist_ en el club. Buen +jugador, buen comensal y magnífico bebedor; gran fumador, inteligente en +pintura y bastante buen jinete para ganar un _steeple chase_, pero +demasiado juicioso para arriesgar su fortuna en un caballo de carrera o +en una cuadra; indiferente a los libros nuevos, despreocupado en +política, prestamista fácil para los que le podían devolver el préstamo, +generoso a veces para los pobres, muy sociable, de una cortesía +caballeresca con las mujeres, era amable y bueno como todos los +egoístas inteligentes. Hacer el bien sin molestarse, es una de las +formas más simpáticas del egoísmo. + +La salvación del duque no era, sin embargo, cosa fácil. El barón no la +habría logrado jamás sin un auxilio poderoso, la vanidad, que aun +sobrenadaba un poco en aquel triste naufragio de todas las virtudes +aristocráticas; el señor de Sanglié le asió por ella como se coge por +los cabellos al hombre que se ahoga. + +Fue a buscarle hasta en los chiribitiles donde arrastraba su nombre y su +casta. Le golpeó rudamente en el hombro y le dijo con aquella franqueza +que oculta tan bien la adulación: + +--¿Qué hace usted, mi querido duque? Este no es su sitio. Todo el mundo +le echa de menos en nuestro círculo, hombres y mujeres; ¿me ha oído +usted bien? Todos los La Tour de Embleuse han sostenido su jerarquía +desde Carlomagno; no concedo a usted el derecho de hacer quedar mal a +sus antepasados. Todos nosotros tenemos necesidad de usted. Ea, +¡pardiez! si usted se entierra aquí en la flor de la edad madura, ¿quién +nos dará lecciones de elegancia? ¿quién nos enseñará a vivir bien, a +comerse correctamente una fortuna? ¿quién nos enseñará el arte de gustar +a las mujeres, que se va perdiendo entre nosotros? + +El duque respondió con un gruñido como el borracho a quien se despierta +bruscamente. Gozaba en paz de su nueva fortuna y no se preocupaba de +reanudar las costumbres incómodas que el mundo impone a sus esclavos; +una pereza invencible le encadenaba a los placeres fáciles que no exigen +ningún esfuerzo de decencia o de inteligencia. Pretendía, pues, que se +encontraba bien, que no deseaba nada mejor y que cada uno se proporciona +sus diversiones donde puede. + +--Venga usted conmigo--continuó el barón--, y yo le juro que le haré +encontrar diversiones más dignas de usted. No tema usted perder en el +cambio; en nuestro mundo se vive bien, y usted lo sabe mejor que nadie. +Ya supondrá usted que no he venido aquí para conducirle a su casa; para +eso le hubiera enviado a un misionero. ¡Qué diablo! en parte yo también +soy de la escuela de usted. Yo no desprecio ni el vino, ni el juego, ni +el amor, pero yo mantendré contra todo el mundo, y contra usted mismo, +que un duque de La Tour de Embleuse no debe embriagarse, arruinarse o +condenarse más que con sus iguales. + +Estos y otros argumentos por el estilo acabaron por convencer al duque +que volvió, no a la virtud, pues el camino era demasiado largo para sus +viejas piernas, pero sí al vicio elegante. El señor de Sanglié le llevó +a uno de los mejores sastres del bulevar, como se conduce un desertor al +vestuario del cuartel, que le obligó a endosarse la librea de las gentes +de mundo. Aquel singular enfermo era siempre idólatra de su persona, +pero hacía mucho tiempo que economizaba los gastos del culto. Había +conservado la costumbre de pintarse y acicalarse y no descuidaba ninguna +de las prácticas que podían darle una apariencia de juventud, pero no +le disgustaba parecer más nuevo que su traje. Le probaron que algunos +metros de tela fina rejuvenece el aspecto de la persona y acabó por +convenir en que los sastres no son gente despreciable. Este era un gran +paso; un hombre bien vestido, está medio salvado. Los padres de familia +ya lo saben y cuando vienen a París a arrancar del vicio a un hijo +pródigo, lo primero que hacen es llevarle a casa de un sastre. + +El barón se encargó de lanzar a su discípulo; le hizo admitir en su +club. Allí se comía bien, y el señor de La Tour de Embleuse no perdió +nada en cambiar de cocinero. Antes de su conversión, la comida +excesivamente condimentada de los figones y el uso de los licores +falsificados irritaban su estómago, enrojecían su lengua y le condenaban +a una sed inextinguible. La engañaba bebiendo aún más y el pobre hombre +estaba en un círculo vicioso del cual no podía salir sino por la muerte. +La duquesa se asustaba alguna vez de su ardoroso aliento y no se atrevía +a manifestarle sus terrores, pero colocaba discretamente sobre su mesita +de noche alguna tisana refrescante y perfumada que él no tomaba. La mesa +del círculo le restableció insensiblemente, por más que no se privaba de +nada. El incentivo del juego le retenía bajo la férula de su protector. +Los abonados del club jugaban al _whist_ y al _écarté_ con un cierto +atrevimiento, pero sin intemperancia; rara vez se pasaba de un luis por +puesta; no era, pues, una distracción peligrosa para un millonario. Si +aventuraba una fuerte suma en una partida de _écarté_, nadie tenía el +derecho, es verdad, de llamarle a la razón, pero por lo menos había de +escuchar las advertencias de los compañeros. Todos le conocían y se +interesaban por él como por un convaleciente. Un jugador se conduce como +un hombre juicioso o como un loco, según que sea incitado o contenido +por los que le rodean. A él le refrenaban, y con una mano tan delicada, +que no sentía el tirón de la brida. + +Los salones más distinguidos le abrieron sus puertas de par en par; toda +aristocracia es naturalmente francmasónica, y un duque, por tonterías +que haya cometido, tiene derechos imprescindibles a la indulgencia de +sus iguales. El _faubourg_ Saint-Germain, como el hijo respetuoso de +Noé, cubrió con su manto de púrpura los antiguos extravíos del anciano. +Los hombres le trataron con consideración; las mujeres con benevolencia. +¿En qué país y en qué época han dejado ellas de tener indulgencia para +las malas personas? Se le miraba como un viajero que había atravesado +comarcas desconocidas. No obstante, ninguna mujer se atrevió a +preguntarle sus impresiones de viaje. No tardó en ponerse a tono con tan +buena compañía, porque a todos los defectos de la juventud unía aquella +flexibilidad de espíritu que es uno de sus más hermosos privilegios. A +nadie extrañó que la elección del conde de Villanera, que le había +aceptado por suegro, recayese en un hombre tan digno de su nombre y de +su fortuna. + +El barón le había prometido placeres más vivos, y no faltó a su +palabra. No le encerró en el _faubourg_ como en una fortaleza y le hizo +ver un mundo menos empingorotado. Siempre con la etiqueta de la alta +sociedad, le condujo a algunos de esos salones en los que la gente era +aceptada sin pruebas, pero no sin motivo. Le presentó a viudas cuyos +maridos nunca habían estado en París, a mujeres legítimamente casadas +pero indispuestas con su familia, a marquesas desterradas del _faubourg_ +a consecuencia de un escándalo, a personas respetables que vivían +espléndidamente sin fortuna conocida. Aquella sociedad heterogénea +estaba relacionada de una parte con el gran mundo y de otra con las +gentes de conducta equívoca. Yo no aconsejaría a ninguna madre que +llevase allí a sus hijas, pero hay muchos hijos que van con sus padres y +salen igual que han entrado. No se encuentra allí la austeridad de +costumbres, la vida patriarcal, el buen gusto severo y el lenguaje digno +y grave que reina en los antiguos salones del _faubourg_, pero se baila +decentemente, se juega sin recurrir a las trampas y no son robados los +abrigos del recibimiento. En una de esas casas es donde se encontraron +el duque y la señora Chermidy. + +Ella le reconoció a la primera ojeada, por haberle visto el día de la +boda. Sabía que era abuelo de su hijo, padre de Germana y millonario a +expensas de don Diego. Una mujer como la señora Chermidy no olvida nunca +la cara de un hombre a quien ha dado un millón. No le hubiera sabido mal +conocerle de cerca, pero nunca hubiera dado un paso por hacerlo. El +duque le ahorró el camino. Desde el momento en que supo que estaba allí +se presentó por sí mismo a ella, con una impertinencia cuyo espectáculo +hubiera regocijado a todas las mujeres honradas de París. Nada hay que +plazca más profundamente a las mujeres virtuosas que ver tratar +desvergonzadamente a las que no lo son. + +El duque no tenía intención de ofender a aquella hermosa ni de renegar +en un solo día de la religión de toda su vida; pero hablaba a las gentes +en su lenguaje y creía no equivocarse con la señora Chermidy. Se sentó +familiarmente a su lado y le dijo: + +--Señora, permítame usted que le presente a uno de sus antiguos +admiradores, el duque de La Tour de Embleuse. Ya había tenido el gusto +de verla en Santo Tomás de Aquino. Casi somos de la familia; aliados por +los hijos. Permítame usted, pues, que, como buen pariente, le dé la mano +izquierda. + +La señora Chermidy, que razonaba con la rapidez del relámpago, +comprendió desde la primera palabra la posición en que estaba colocada. +Cualquiera que fuese su respuesta, siempre quedaría humillada ante el +duque. En lugar de aceptar la mano que le tendía, se levantó con un +gesto lleno de dignidad y de dolor, que puso además de relieve toda la +opulencia de su cuerpo, y se dirigió hacia la puerta sin volver la +cabeza, como una reina ultrajada por el último de sus súbditos. + +El viejo cayó en el lazo. Corrió hacia ella y balbuceó algunas palabras +de excusa. La hermosa arlesiana le dirigió una mirada tan brillante, +que creyó ver a través de ella una lágrima y le dijo a media voz con una +emoción contenida o admirablemente fingida: + +--Señor duque, usted no sabe y por tanto no puede comprender lo que me +pasa. Venga mañana a las dos; estaré sola y podremos hablar. + +Después se alejó sin querer esperar la contestación, y cinco minutos más +tarde se oyó su coche rodar sobre la arena del patio. + +El pobre duque había sido prevenido y creía conocer muy bien a la dama, +pues el doctor se la había pintado al vivo. Pero se reprochó lo que +había hecho y hasta el día siguiente estuvo en un estado de +intranquilidad no exento de remordimientos. Se dice, no obstante, que +hombre prevenido vale por dos. + +Fue exacto a la cita y se encontró enfrente de una mujer que había +llorado. + +--Señor duque--le dijo--, he hecho todo lo posible por olvidar las +palabras crueles con que usted me abordó anoche. No lo he conseguido del +todo, pero ya pasará, no hablemos más de eso. + +El duque quiso reiterar sus excusas; estaba profundamente admirado. La +señora Chermidy había empleado la mañana en hacerse un tocado +irresistible. Seguramente estaba más hermosa aún que la noche anterior. +Una mujer está en su tocador como un cuadro en su marco. Aprovechó la +turbación en que sus gracias habían envuelto al señor de La Tour de +Embleuse para acabarle de arrollar en los pliegues de su oratoria +insidiosa. Empleó primero el respeto tímido que convenía a una mujer en +su posición. Hizo protestas de una veneración exagerada por la ilustre +familia en la que había introducido a su hijo; se atribuyó el honor de +haber elegido a los La Tour de Embleuse entre veinte casas linajudas del +_faubourg_ y de haber levantado por la fortuna uno de los más hermosos +nombres de Europa. Los ademanes muelles y la languidez melancólica con +que este exordio fue acompañado, persuadieron al viejo duque, mucho más +que las palabras, y casi no dudó de que había insultado a su +bienhechora. + +--Yo comprendo--continuó--, que usted no puede tener mucha estimación +por mí. Usted me compadecería, no obstante, porque usted tiene un noble +corazón, si conociese la historia de mi vida. + +Era maestra en aquella pantomima tan expresiva de los habitantes del +Mediodía, que da verosimilitud a las mayores mentiras. Sus ojos, sus +manos, sus piececitos, hablaban al mismo tiempo que sus labios y +parecían ser otros tantos testigos de su veracidad. Cuando se la había +oído una vez, se estaba tan firmemente convencido como si se hubiese +abierto una información con todas las formalidades del caso. + +Contó su nacimiento en una rica propiedad de la Provenza. Sus padres, +que poseían una importante fábrica, destinaban a un industrial su hija y +su fortuna. Pero el amor, ese señor inflexible de la vida humana, le +había arrojado en los brazos de un simple oficial. Su familia se había +distanciado de ella hasta el momento en que las brutalidades del señor +Chermidy la habían hecho salir de la casa conyugal. ¡Pobre Chermidy! +¡una mujer siempre tiene razón contra un marido que está en China! + +Una vez viuda, o poco menos, había venido a París donde vivió +modestamente hasta la muerte de su padre. Una herencia más considerable +de lo que ella esperaba la había permitido montar su casa con cierto +lujo. Algunas especulaciones afortunadas habían aumentado su capital; +era rica, pero se aburría. A los treinta años se soporta de mala gana la +soledad. Había amado al conde de Villanera sin conocerle, desde la +primera vez que le vio en los Italianos. + +El duque no pudo menos de decirse a sí mismo que don Diego era un jayán +bien dichoso. + +Después, y acompañándose de una mirada en la que brillaba el candor, +probó que el señor de Villanera no le había dado más que su amor. Y no +es que no fuese generoso; pero ella no era mujer capaz de mezclar los +asuntos de interés con los asuntos del corazón. + +Había llevado su desinterés hasta el sacrificio; había cedido su hijo a +la condesa de Villanera y había acabado por abandonarlo a otra madre. +Había devuelto la libertad a su amante. ¡El conde estaba casado, viajaba +por restablecer la salud de su joven esposa y ni siquiera escribía a la +pobre abandonada para darle noticias del pequeño! + +Acabó su discurso dejando caer sus dos brazos con un abandono lleno de +elegancia. + +--En fin--añadió--, aquí me tiene usted más sola que nunca, en esta +ociosidad del corazón que no es para mí. En cuanto a consuelos, no los +tengo; distracciones, las encontraría, pero mi corazón está demasiado +triste. Conozco a algunos caballeros que vienen aquí todos los martes +por la noche a charlar un rato. No me atrevo a invitar al señor duque de +La Tour de Embleuse a estas reuniones melancólicas; su negativa me +humillaría y me haría muy desgraciada. + +Cierto que la campana de la señora Chermidy no sonaba igual que la del +señor Le Bris, pero el timbre era tan dulce, que el duque se dejó +engañar como un niño. Compadeció a la linda dama y le prometió que de +cuando en cuando iría a llevarle noticias de su hijo. + +El salón de la señora Chermidy era, en efecto, el lugar de reunión de un +cierto número de hombres distinguidos. Ella sabía atraerles y retenerles +a su alrededor por un medio menos heroico que el de la señora de +Warrens; se hacía amar con menos exposición. Los unos conocían su +posición, los otros creían en su virtud; todos estaban persuadidos de +que su corazón estaba libre, y que el último poseedor, se llamase +Villanera o Chermidy, había dejado una sucesión abierta. Ella se valía +de su situación para explotar a todos sus admiradores en provecho de su +fortuna. Artistas, escritores, hombres de negocios, hombres de mundo, la +servían simultáneamente en la medida de sus medios. Eran otros tantos +empleados suyos a los que pagaba con esperanzas. Un agente de cambio de +sus amigos le hacía operaciones por 20.000 francos al mes; un pintor le +compraba cuadros, un especulador enriquecido adquiría terrenos para +ella. Servicios gratuitos, es verdad, pero ninguno dejaba de serle útil +porque todos aspiraban a ser amados. A los impacientes que estrechaban +demasiado el cerco, les enseñaba su casa: una casa de cristal. Hasta sus +menores acciones procuraba que fuesen conocidas, sin duda para +tranquilizar la susceptibilidad de don Diego; quizá también para oponer +una barrera entre ella y los que dudaban de su virtud. + +La presencia del duque en los salones de la calle del Circo no fue +tampoco inútil a la reputación de la señora Chermidy. Así pudo detener +ciertos rumores que circulaban acerca del matrimonio del conde; probó a +algunas almas crédulas que no había habido nunca nada entre ella y el +conde de Villanera. ¿Cómo suponer que la señora Chermidy invitara al +suegro de su amante? + +Explotó este nuevo conocimiento con igual habilidad que los antiguos. Le +importaba mucho conocer con exactitud el estado de Germana y llevar la +cuenta de los días que le quedaban de vida. El señor de La Tour de +Embleuse le confió un día todas las cartas del doctor Le Bris. + +Su lectura produjo en ella tal impresión que hubiera caído enferma de no +ser más fuerte que todas las enfermedades. Se vio traicionada por el +médico, por el conde y por la Naturaleza. Se representó el porvenir más +odioso que una imaginación de mujer pudiese concebir. Una rival elegida +por ella le robaba su amante y su hijo, sin tener para ello que cometer +ningún crimen, sin intriga, sin cálculo de su parte, con el apoyo de +todas las leyes divinas y humanas. + +No obstante, recobró algo de su valor al pensar que el doctor quería, +piadosamente, ocultar la verdad a la duquesa. Lo mejor era ver las +cartas de la propia Germana; el duque no dejaría de satisfacer su +siniestra curiosidad. + +El señor de La Tour de Embleuse era presa de una de esas pasiones +finales que acaban con el cuerpo y el alma de los viejos. Todos los +vicios que le dominaban desde medio siglo antes, habían abdicado en +provecho de un solo amor. Cuando los ingenieros reúnen en un canal todos +los arroyuelos dispersos de la llanura, crean un río bastante capaz para +la navegación. + +El barón de Sanglié, la duquesa y todos los que se interesaban por él, +estaban asombrados del cambio de sus costumbres. Vivía tan sobriamente +como el joven ambicioso que quiere triunfar por medio de las mujeres. +Iba muy raras veces por el club y ya no jugaba. El cuidado de su tocador +le ocupaba gran parte de la mañana. Había vuelto a dedicarse a la +equitación y paseaba todos los días por el Bosque de cuatro a seis. +Comía con su esposa siempre que no estaba invitado a la mesa de la +señora Chermidy. Iba todas las noches a las reuniones del gran mundo +para encontrarse con ella, y tan pronto como había abandonado el baile, +el duque volvía a su casa, daba las buenas noches a su mujer y se +acostaba. El miedo de comprometer a la que amaba le devolvió las +costumbres de discreción que habían velado los primeros desórdenes de su +vida, y la duquesa le creyó fuera de peligro, precisamente en el momento +en que estaba perdido sin remedio. + +La señora Chermidy, maestra en las artes de la seducción, afectaba +tratarle con una ternura filial. Le recibía a todas horas, incluso +cuando estaba en su tocador. Nunca retiraba su mano o su frente a un +beso del duque; le reconvenía dulcemente, le escuchaba con complacencia, +aceptaba sus caricias como pruebas de generosidad, no aparentaba ningún +temor y no parecía sospechar el sentimiento brutal que ella misma +fomentaba todos los días. Para tenerle a distancia no empleaba más que +una sola arma: la humildad. Era implacablemente respetuosa. Se dejaba +dar todos los nombres que el amor puede inspirar a un hombre, pero no se +olvidaba ni una sola vez de llamarle señor duque. El viejo insensato +hubiese dado toda su fortuna por que la señora Chermidy le faltase al +respeto. + +Por de pronto le sacrificó lo que un honrado anciano pueda tener en más +estima, la santidad del nombre de padre. Pidió a la duquesa las cartas +de Germana, con el pretexto de volverlas a leer, y la noble mujer lloró +de alegría al confiar tan preciado tesoro a su marido. Corrió sin +pérdida de tiempo a la calle del Circo y fue recibido con los brazos +abiertos. Aquellas cartas que la enferma había garrapateado con su mano +trémula, aquellas cartas en que a veces ponía besos para su madre en un +cuadro mal dibujado debajo de la firma, aquellas cartas que la duquesa +había regado con sus lágrimas, fueron registradas sobre una mesita del +salón, como un juego de naipes, por un viejo depravado y una mujer +perversa. + +La señora Chermidy, disfrazando su odio bajo una máscara de compasión, +buscó ávidamente algunos síntomas de muerte entre las protestas de +ternura, y no quedó más que medianamente satisfecha. El olor que +exhalaba aquella correspondencia no era el que atrae los cuervos a los +campos de batalla. Era como el perfume de una florecilla enfermiza que +languidece al soplo del invierno, pero que se abriría al sol si la brisa +del mediodía viniese a barrer las nubes. La cruel arlesiana encontraba +demasiada firmeza en aquella mano, demasiada vida en aquel espíritu y +unos latidos inquietantes en aquel corazón. Mas no era esto todo; sintió +que se apoderaba de ella una sospecha desgarradora. La enferma contaba +con demasiada complacencia los cuidados de su marido. Se acusaba de +ingratitud, se reprochaba el corresponder mal a lo que por ella hacía. +La señora Chermidy rugió interiormente a la idea de que el marido y la +mujer acabasen quizá por sentirse atraídos el uno hacia el otro; temió +que la piedad, el reconocimiento, la costumbre, uniría a las dos almas +jóvenes y que un día vería sentarse entre don Diego y Germana a un +invitado con el que no había contado: el Amor. + +La profanación de las cartas de Germana tuvo lugar algunos días después +de su llegada a Corfú. Si la señora Chermidy hubiese podido ver con sus +propios ojos a su inocente rival, es probable que su miedo se hubiese +trocado en piedad. Las fatigas del viaje habían dejado a la pobre niña +en un estado deplorable. Pero la amante de don Diego se forjaba a todas +horas unos monstruos que repartían la salud y se veía suplantada sin +remisión. El día en que sus sospechas se cambiasen en certidumbre, no +retrocedería ante ningún crimen. Mientras tanto, por espíritu de +prudencia y de venganza, por entretener su ocio de hermosa sin empleo, +por una especulación de interés y de perversidad, se divertía en +desplumar al señor de La Tour de Embleuse. Encontraba gracioso +despojarle del millón que le había dado, sin perjuicio de devolvérselo a +la muerte de su hija. Era una especie de desquite que se adjudicaba en +caso de desgracia. + +No era difícil hacerle dar una inscripción de renta. El duque se ponía +todos los días a sus pies con cuanto poseía. Era de un carácter y de un +temperamento capaz de arruinarse sin publicarlo y de vencer sin +atribuirse la victoria. Un hombre de honor no compromete nunca a una +mujer, aunque se vea despojado por ella. Pero la señora Chermidy pensaba +que sería más digno de ella tomar un millón sin dar nada en cambio, y +guardando siempre la superioridad sobre el donante. + +Un día que el viejo deliraba a sus pies y renovaba por centésima vez el +ofrecimiento de su fortuna, ella le dijo: + +--Acepto, señor duque. + +El señor de La Tour de Embleuse perdió la cabeza como un aeronauta +novicio al que se rompiese la cuerda del globo[D]. Creyó estar en el +séptimo cielo. La dama detuvo dulcemente sus transportes y le dijo: + +--Cuando usted me hubiera dado un millón, ¿creería usted haberme pagado? + +El duque protestó, pero sus ojos decían, y no sin razón, que desde el +momento en que la virtud se pone en venta, un millón no es un precio +despreciable. + +Ella contestó al pensamiento de su adversario: + +--Señor duque, las mujeres entre las cuales hace usted la injusticia de +colocarme, valen tanto más cuanto que son más ricas. Yo he heredado +cuatro millones; he ganado lo menos tres en los negocios y mi fortuna es +tan limpia que la podría realizar sin pérdida en un mes. Ya ve usted que +hay pocas mujeres en Francia que tengan derecho a ponerse un precio más +elevado. Esto le prueba a usted que también tengo el medio de darme por +nada. Si yo le llego a amar, lo que quizás ocurra, el dinero no será +nada entre nosotros. El hombre a quien yo dé mi corazón tendrá encima +todo lo demás. + +El duque cayó desde lo más alto y dio rudamente contra el suelo. Era +tan desgraciado al guardar su millón como se había sentido feliz al +recibirlo. La señora Chermidy pareció tener piedad de él. + +--Niño grande--le dijo--, no llore usted. He empezado por decirle que +aceptaba. Pero tenga usted cuidado; voy a hacerle mis condiciones. + +El señor de La Tour de Embleuse sonrió como un moribundo que ve +entreabrirse el cielo. + +--Soy yo quien ha enriquecido a usted--le dijo--. Le conocía de antiguo, +o por lo menos conocía su reputación. Usted se ha comido su fortuna con +una grandeza digna de los tiempos heroicos. Es usted el último +representante de la verdadera nobleza, en esta edad degenerada. También +es usted, sin saberlo, el único hombre de París capaz de interesar +seriamente el espíritu de las mujeres. Yo siempre he lamentado que usted +no tuviese una fortuna incalculable como la de don Diego: usted habría +sido más grande que Sardanápalo. A falta de otra cosa mejor, hice que le +diesen un millón; se hace lo que se puede. Pero he tomado mal mis +medidas y la cosa no ha respondido a mis esperanzas. Lo que tiene usted +en su cajón es un papelote que nunca le serviría para nada. El día 22 de +junio cobrará usted sus 25.000 francos; de aquí a entonces no hará más +que vegetar. Contraerá deudas y sus rentas no harían más que enriquecer +a los acreedores. Deme usted su inscripción de renta y yo haré que la +venda mi agente de cambio. Guardaré el capital, porque no me fío de +usted. En cambio es absolutamente preciso que acepte el producto. Y no +crea que éste será de cincuenta mil francos; serán ochenta mil o cien +mil, quizá más. Conozco la Bolsa a fondo, aunque nunca haya puesto los +pies allí; y sé que se gana todo lo que se quiere con algunos millones +en dinero contante y sonante. El papel del Estado es una admirable +invención para los burgueses que quieren vivir modestamente y sin +preocupaciones. Para las gentes de nuestra clase que no temen el peligro +ni el trabajo, ¡viva la especulación! Es lo mismo que el juego en gran +escala y usted es jugador, ¿no es cierto? + +--Lo he sido. + +--Y lo es aún. Correremos juntos el mismo albur; pondremos en común +nuestros intereses, nuestros placeres, nuestros temores, nuestras +esperanzas. + +--Los dos formaremos como uno solo. + +--En la Bolsa, al menos. + +--¡Honorina! + +Honorina pareció sumirse en una profunda reflexión y ocultó el rostro +entre sus manos. El duque se apoderó de ellas poniendo fin así a aquel +eclipse de belleza. La señora Chermidy le miró fijamente, sonrió con +melancolía y le dijo: + +--Perdóneme usted, señor duque, y olvidemos nuestros castillos en el +aire. Nos extraviábamos en el porvenir como dos niños en el bosque. Era +un dulce sueño, pero no pensemos más en ello. No tengo el derecho de +despojarle, aunque sea para enriquecerle. ¿Qué dirían de mí? ¿Qué +pensarían de usted mismo? ¡Si la señora duquesa se enterase de lo que +habíamos hecho! + +La señora Chermidy sabía perfectamente que para hacer odiosa a una mujer +ante su marido, es suficiente pronunciar su nombre en ciertos momentos. +El duque respondió altivamente que su mujer no se mezclaba nunca en sus +negocios y que además lo tenía prohibido. + +--Pero--continuó la tentadora--usted tiene una hija; y todo lo que usted +posee debe volver a ella. No estaría bien. + +--Pero--replicó el duque--mi hija tiene un hijo que es el de usted. +Nuestras fortunas irán juntas al pequeño marqués. ¿Acaso no somos de la +misma familia? + +--Usted ya me dijo eso otra vez, señor duque; pero aquel día me causó +menos placer que hoy. + +La señora Chermidy colocó la inscripción de renta en un cajón y se +guardó mucho de venderla. Aquella mujer tenía el instinto de lo sólido y +desconfiaba juiciosamente de la inestabilidad de las cosas humanas. El +duque fue, desde aquel momento, el asociado de su hermosa amiga. Le +quedaba el derecho de visitar su caja y encontró en ella, hasta nueva +orden, tanto dinero como quiso. Esto es todo lo que pudo obtener de +aquella generosa y sonriente virtud. Honorina se ocupaba del viejo con +una ternura minuciosa; le hizo abandonar el departamento que ocupaba; le +transportó a los Campos Elíseos con la duquesa y le compró muebles, +cuidando de que no faltase nada en la casa y preocupándose incluso de +los gastos de la cocina. Hecho esto, se frotó las manos y se dijo +riendo: + +--Ya tengo al enemigo bloqueado, y si nunca llegara a declararse la +guerra, les mataría de hambre sin piedad. + + + + +VI + +CARTAS DE CORFÚ + + +_El doctor Le Bris a la señora Chermidy._ + +«Corfú, 20 abril 1853. + +»Apreciable señora: Yo no podía prever, el día que me despedí de usted, +que nuestra correspondencia sería tan larga. Don Diego tampoco lo +esperaba. Si yo hubiese podido prevenirlo, no creo que él tomase la +resolución heroica de privarse de sus cartas ni del placer de +escribirle. Pero todos los hombres están sujetos al error, sobre todo +los médicos. No enseñe usted esta frase a mis colegas. + +»Hicimos un viaje bien tonto de Malta a Corfú, en un vapor muy sucio, +cuya chimenea humeaba horriblemente. Teníamos el viento de proa; la +lluvia nos privaba con frecuencia de subir al puente y la niebla invadía +hasta nuestros camarotes. El mareo no perdonó más que al niño y a la +enferma; y es que hay estados de gracia para los que entran en la vida +y para los que se disponen a abandonarla. Teníamos por toda sociedad una +familia inglesa que regresaba de las Indias: un coronel al servicio de +la compañía y sus dos hijas, amarillas como la piel de Rusia. Unicamente +el vino de Burdeos gana con un viaje tan largo. Esas señoritas no nos +honraron ni con una palabra; lo que las excusa un poco es que no sabían +el francés. A la menor claridad subían al puente con sus álbumes para +dibujar unos paisajes que parecían _plum-puddings_. Después de una +eterna travesía de cinco días, el vapor nos condujo por fin a buen +puerto; no habíamos tenido siquiera la distracción de un naufragio. El +camino de la vida está empedrado de decepciones. + +»Mientras nos proporcionamos una casa en el campo, nos hemos alojado en +la capital de la isla, en el hotel Victoria. Esperamos salir de aquí a +fines de semana, pero no me atrevo a asegurar si lo haremos todos con +nuestras piernas. Mi pobre enferma está cada vez peor; el viaje la ha +fatigado más aún que si se hubiese mareado. La señora de Villanera no la +abandona ni un instante; don Diego se porta admirablemente; en cuanto a +mí, hago todo lo posible, es decir, muy poco. Es inútil ensayar un +tratamiento que añadiría sufrimientos sin aumentar las probabilidades de +curación. ¡Es usted muy dichosa, señora, de tener tanta belleza como +salud! + +»Si esta crisis no es la última, intentaré el amoníaco o el yodo. El +yodo triunfa en algunos casos; los señores Piorry y Chartroule lo +emplean con éxito. ¿Usted será tan amable que nos envíe el aparato del +doctor Chartroule y una provisión de cigarrillos yodados? Todo lo +encontrará en la farmacia Dublanc, calle del Temple, al lado del +bulevar. El amoníaco también da buenos resultados; pero el único remedio +con el que se pueda contar seriamente, es un milagro. Así, pues, viva +usted en paz, ténganos un poco de cariño y ayúdenos a cumplir nuestro +deber hasta el fin. El viejo Gil, que la condesa había traído para que +le sirviese, ha caído enfermo de las fiebres de Italia, aunque ésta no +sea la estación de las fiebres. Es un enfermo más y un servidor menos. + +»La alegría y la salud tienen una magnífica representación en la casa: +el pequeño Gómez. El día que lo vuelva usted a ver será bien dichosa. Se +lo ve crecer y hasta creo ¡Dios me perdone! que está embellecido. Será +menos Villanera de lo que me figuraba al principio. La verdad es que +parecería cosa del diablo si no tuviese algo de su madre. Es menos +huraño; se deja besar y besa; alarga los labios hacia todas las caras +con una impetuosidad que sería inquietante en una niña. + +»Don Diego está en negociaciones con un descendiente de un dux para +alquilar una casa que le convendría mucho. La campiña está dividida en +una multitud de propiedades agradables, adornadas con castillos +ruinosos. Yo he visitado algunos jardines; son generalmente más +habitables que las casas a que pertenecen. Esos chiribitiles +aristocráticos que conservan un aire de grandeza en medio de su +desolación, participan de granja, de castillo y de choza. Si conseguimos +alquilar la villa Dandolo, quizá no estaremos del todo mal. Bastará con +poner algunos vidrios en los balcones. La exposición es admirable, al +Mediodía, sobre el mar. El jardín, muy hermoso. Los vecinos son nobles y +dicen que algunos hablan el francés. ¿Pero quién sabe si tendremos +tiempo de entablar conocimiento con ellos? + +»No echaré de menos la estancia en la ciudad, aunque en ella se viva +bien. Es muy linda y en ciertos aspectos me recuerda Nápoles. La +explanada, el palacio del lord comisario y los alrededores forman una +ciudad inglesa. Los ingleses han construido a expensas de los griegos +fortificaciones gigantescas que hacen de la plaza un pequeño Gibraltar. +Yo asisto todas las mañanas a las evoluciones de un regimiento de +escoceses que me divierten mucho con sus cornamusas. La ciudad griega es +antigua y curiosamente construida: casas altas, pequeñas arcadas y una +linda cabeza en cada balcón. El barrio judío es repugnante, pero se +encuentran perlas en aquel estercolero dignas del lápiz de Gavarni. La +población se compone de griegos, italianos, judíos y malteses, pero +todos hacen lo posible por parecer ingleses. Tenemos también un teatro +en el que dan representaciones de _Juana de Arco_ del maestro Verdi. Yo +fui una noche, aprovechando que la enferma tenía menos de 120 +pulsaciones por minuto. Al final del primer acto, toda la asamblea se +levantó respetuosamente, mientras que la orquesta tocaba el _God save +the Queen_. Es una costumbre establecida en todas las posesiones +inglesas. No le extrañe a usted que se represente la muerte de Juana de +Arco ante un público inglés; el autor del libreto ha tenido cuidado de +modificar la historia. Juana de Arco defiende a Francia contra un +enemigo cualquiera, los turcos, los abisinios o los chinos. Lleva una +coraza de papel de plata y agita una bandera del tamaño de un abanico +hasta el momento en que se presenta en escena un heraldo y dice al rey: + + _Rotto e'l nemico, e Giovanna e stinta._ + +»Llega la heroína sobre almohadones; una banda manchada de rojo indica +que está mortalmente herida. Se incorpora con gran esfuerzo, canta una +romanza con su voz más fuerte y expira entre los aplausos de la sala. +Todos los habitantes de Corfú están convencidos de que Juana ha muerto a +consecuencia, no sólo de una herida, sino también de una serie de +gorgoritos. + +»El conde me ha dejado ir solo al teatro; y no obstante, ya sabe usted +si es apasionado de Verdi. ¿No fue en una representación del _Hernani_ +cuando su mirada se encontró por primera vez con la de usted? Pero el +pobre muchacho se inmola materialmente a su deber. ¡Qué marido, señora, +para aquella que sea su esposa definitiva! + +»Los periódicos nos han traído noticias de la China que usted ha debido +leer con tanto interés como nosotros. Parece que esa nación ha tratado +ligeramente a dos misioneros franceses y que la _Náyade_ se ha puesto en +camino para castigar a los culpables. Si la _Náyade_ no ha cambiado de +comandante, esperaremos con impaciencia las noticias de la expedición. +Cada uno para sí y Dios para todos. Yo deseo todas las prosperidades +imaginables a mis amigos, sin desear, no obstante, la muerte de nadie. +Se dice que los chinos son pésimos artilleros, aunque se alaben de haber +inventado la pólvora. Sin embargo, no hace falta más que un obús +clarividente para hacer la felicidad de muchas personas. + +»Adiós, señora. Si yo le escribiese tanto como la amo, mi carta no +tendría fin. Pero, después del placer de conversar con usted, es +necesario que acuda al cumplimiento de mi deber, que me llama desde la +habitación vecina. ¡Placer, deber! dos caballos muy difíciles de uncir +juntos. Yo intento hacerlo lo mejor que puedo, y si no llego a conciliar +todas las cosas, es porque un hombre no puede maniobrar libremente entre +el yunque y el martillo. Aprécieme si puede, compadézcame si quiere, no +me maldiga, ocurra lo que ocurra, y si en el próximo correo recibe un +sobre orlado de negro, hágame el honor de creer firmemente que no tengo +ningún derecho a su reconocimiento. + +»Beso la mano más linda de París. + +»CARLOS LE BRIS.» + + +_La condesa viuda de Villanera a la señora de La Tour de Embleuse._ + +«Villa Dandolo, 2 mayo 1853. + +»Mi querida duquesa; No dudo ya de que Germana está mejor. Nos hemos +cambiado de casa esta mañana, o, mejor dicho, he sido yo quien lo he +tenido que hacer todo. Tenía que arreglar los baúles, envolver a la +enferma en algodón, vigilar al pequeño, buscar el coche y casi enganchar +los caballos. El conde no sirve para nada; es un talento de familia. En +España se dice torpe como un Villanera. El doctor revoloteaba a mi +alrededor como un moscardón; he tenido que hacerle sentar en un rincón. +Cuando tengo prisa, no puedo sufrir que la tengan los demás; el que me +ayuda me incomoda. ¡Y ese asno de Gil que se ha puesto enfermo en la +mejor ocasión! Voy a enviarle a París para que se cure, y le ruego que +me busque otro criado. Lo he hecho todo, prevenido todo y arreglado lo +mejor que he podido; he encontrado el medio de estar dentro y fuera, en +casa y en la calle. Afortunadamente las calles son magníficas; el +afirmado no tiene nada que envidiar al del bulevar. Hemos salido a las +diez, y ahora ya nos tiene usted instalados. He desembalado a mis +gentes, abierto mis paquetes, hecho mis camas, preparado la comida con +un cocinero indígena que quería echar pimienta en todo, incluso en las +sopas de leche. Han comido todos, paseado, vuelto a comer; ahora ya +duermen y yo le escribo sobre la almohada de Germana, como un soldado +sobre un tambor cuando ha terminado la batalla. + +»La victoria es nuestra, a fe de viejo capitán. Nuestra hija se curará, +estoy segura. Me ha hecho pasar, no obstante, quince noches +desagradables en esta ciudad de Corfú. No se decidía a dormir y tenía +que mecerla como a un niño. Comía únicamente por darme gusto; nada le +apetecía, y cuando no se come, se acaban las fuerzas. No le quedaba más +que un soplo de vida presto a extinguirse a cada instante, pero yo no +desesperaba nunca. Tenga usted valor; esta noche ha cenado, ha bebido +dos dedos de vino de Chipre y ahora duerme. + +»Había oído decir muchas veces que una madre quiere a sus hijos en razón +de los disgustos que le dan; esto no lo sabía por experiencia. Todos los +Villanera, de padre a hijo, son como los árboles que se plantan en el +campo y crecen. Pero desde que usted me confió el pobre cuerpo de esa +hermosa alma, desde que hago centinela alrededor de nuestra niña para +impedir que la muerte se aproxime, desde que he aprendido a sufrir, a +respirar y hasta a ahogarme con ella, siento latir mi corazón con una +fuerza inusitada. Yo no era madre más que a medias, puesto que no había +tenido ocasión de participar de los dolores de los otros. Ahora valgo +más que antes, soy mejor, me encuentro en un plano superior. Es el dolor +el que nos hace semejantes a la madre de Dios, ese modelo de todas las +madres. _¡Ave María, mater dolorosa!_ + +»No tema usted, mi pobre duquesa; Germana vivirá. Dios no me hubiera +dado este profundo amor por ella, si hubiese resuelto arrancarla de este +mundo. Aquel que gobierna los corazones mide la violencia de nuestros +sentimientos con arreglo a la duración de lo que amamos, y yo amo a +Germana como si hubiese de estar eternamente entre nosotros. La +Providencia se burla de la ambición, de la avaricia y de todas las +pasiones humanas, pero respeta los afectos legítimos y no separa nunca a +los que se aman piadosamente en el seno de la familia. ¿Por qué me +hubiera hecho conocer y amar a Germana si hubiese tenido el designio de +arrebatármela de entre los brazos? Sería un juego cruel e indigno de la +bondad de Dios. Además, el interés de nuestra raza está ligado a la vida +de esa niña. Si tuviésemos la desgracia de perderla, un día u otro +volvería a casarse don Diego. San Jaime, al que hemos dedicado dos +iglesias, no permitirá que un nombre como el nuestro sea llevado por la +señora Chermidy. + +»No crea usted que espere nada del doctor Le Bris; los sabios no +entienden de esas cosas. El verdadero médico, es Dios en el cielo y el +amor en la tierra. Las consultas, los medicamentos y todo lo que +compramos con dinero, no aumentan la suma de nuestros días. Ya verá +usted lo que hemos imaginado para que viva. Todas las mañanas, mi hijo, +mi nieto y yo, rogamos a Dios que tome algo de nuestras vidas para +añadir a la de Germana. El pequeño une sus manos como nosotros; yo +pronuncio la oración y ha de ser el Cielo muy sordo si no nos oye. + +»Don Diego ama a su mujer; ya se lo había dicho a usted. La ama con un +amor puro, desprovisto de todas las impurezas terrestres. Si la amase de +otro modo, en el estado en que ella se encuentra, me produciría horror. +Tiene por ella la adoración religiosa que un buen cristiano dedica a la +santa de su iglesia, a la Virgen de su capilla, a la imagen casta y +velada que resplandece en el fondo del santuario. Los españoles somos +así. Sabemos amar simplemente, heroicamente, sin ninguna esperanza +mundana, sin otra recompensa que el placer de caer de rodillas ante una +imagen venerada. Para nosotros, Germana no es otra cosa: la perfecta +imagen de las santas del Paraíso. Cuando San Ignacio y sus gloriosos +compañeros se alistaron bajo el estandarte de María, dieron a todos los +hombres el ejemplo caballeresco del amor puro. + +»Cuando esté curada, ¡ah! entonces ya veremos. Espere usted solamente a +que la pobre virgencita pálida haya recobrado los colores de la +juventud. Su cuerpo, hoy, no es más que una urna de cristal transparente +con un alma en el fondo. Pero cuando la sangre regenerada circule por +sus venas, cuando el aire del cielo ensanche su pecho, cuando los +perfumes generosos de la campiña hablen a su corazón y hagan latir sus +sienes, cuando el pan y el vino, esos presentes de Dios, hayan reparado +sus fuerzas, cuando un ardor impaciente la haga correr desalentada bajo +los grandes naranjos del jardín, entonces entrará en una nueva +belleza... y don Diego tiene ojos. Sabrá establecer una diferencia entre +sus antiguos amores y su dicha presente. Seguramente no tendré que +mostrarle en qué grado una belleza noble y casta, realzada por todo el +brillo de la sangre y por todo el esplendor de la virtud, es superior a +los halagos impúdicos de una bribona. Mientras tanto, ya está en buen +camino. En casi cuatro meses que hemos abandonado París, no ha escrito +ni recibido una carta; el olvido se hace en su corazón lejos de la +indigna que le perdía. La ausencia que fortifica las pasiones honradas, +mata en muy poco tiempo aquellas que sólo subsisten por el hábito del +placer. + +»Quizá también nuestra buena Germana llegue a participar de ese amor. +Hasta el presente es sólo a mí, de toda la familia, a quien quiere. +Claro está que no hablo del pequeño marqués: ya sabe usted que lo quiso +desde el primer día. En cambio manifiesta a mi pobre hijo una +indiferencia que se parece mucho al odio. También es verdad que ya no le +maltrata como antes y soporta sus atenciones con una especie de +resignación. Tolera su presencia, no se extraña de verle a su lado y se +va acostumbrando a él. Mas no es necesario ser un lince para leer en su +rostro una sorda impaciencia, un odio domado que se subleva a cada +instante, quizás el desprecio de una muchacha honrada por un hombre que +ha cometido faltas. ¡Ay, pobre amiga mía! la indulgencia es una virtud +propia de nuestra edad; los jóvenes no la practican. No obstante, debo +reconocer que Germana disimula con cuidado sus pequeños resentimientos. +Su cortesía con don Diego es irreprochable. Conversa con él horas +enteras sin dar muestras de cansancio; le escucha hasta con gusto; le +responde algunas veces y acoge sus ternezas con una dulzura fría y +resignada. Un hombre menos delicado no advertiría que es aborrecido; mi +hijo lo sabe y la perdona. Ayer me decía: «Es imposible detestar a los +amigos con más encanto y bondad. Es el ángel de la ingratitud.» + +»¿Cómo acabará todo esto? Bien, créame usted. Tengo confianza en Dios, +tengo fe en mi hijo y esperanza en Germana. Nosotros la curaremos, +incluso de su ingratitud, sobre todo si usted viene a ayudarnos. Ya +estoy enterada de que el duque camina como un buen muchacho por el +sendero de la virtud y de que los padres lo ponen como ejemplo a sus +hijos. Si usted pudiese dejarlo por uno o dos meses, sería recibida aquí +con los brazos abiertos. En el caso en que el encantador convertido +quisiera también tomar los aires del campo, le podríamos preparar un +buen alojamiento. + +»Hasta muy pronto, pues, mi excelente amiga, querida hermana de mis +afectos y de mis dolores. La quiero cada vez más, a medida que su hija +me va siendo más querida. La distancia que nos separa no podrá enfriar +una tan buena amistad; nos hemos visto poco y no nos escribimos mucho, +pero nuestras oraciones se confunden todos los días al pie del trono de +Dios. + +»CONDESA DE VILLANERA. + +»P. S. No se olvide usted de mi criado y sobre todo que sea joven. +Nuestros matusalenes del hotel Villanera no se aclimatarían aquí.» + + +_Germana a su madre._ + +«Villa Dandolo, 7 mayo 1853. + +»Mi querida mamá: El viejo Gil, que le entregará esta carta, le dirá lo +bien que se está aquí. No es en Corfú donde ha cogido las fiebres; fue +en la campiña de Roma; de modo que no tenga usted ningún cuidado. + +»He estado bastante enferma después de mi última carta, pero mi segunda +madre ha debido decirle que ya estoy mucho mejor. El señor de Villanera +quizá también le ha escrito; no le pido cuenta de sus actos. En cuanto a +mí, estoy lo suficientemente fuerte desde hace algún tiempo para +emborronar cuatro carillas de papel; pero, ¿querrá usted creer que me +falta tiempo? Paso mi vida respirando; es una ocupación muy agradable en +la que empleo diez o doce horas diarias. + +»Durante la crisis que he atravesado, he sufrido mucho. No recuerdo +haber estado tan mal en París. Puede usted creer que muchas personas en +mi lugar hubieran deseado la muerte. No obstante, yo me agarraba a la +vida con una obstinación increíble. ¡Cómo se cambia! ¿Y en qué consiste +que yo no vea las cosas con los mismos ojos? + +»Indudablemente en que hubiera sido muy triste morir lejos de usted, sin +que sus queridas manos me pudiesen cerrar los ojos. Por lo demás, no son +cuidados los que me faltan. Si hubiese sucumbido, como el doctor casi +esperaba, podía usted haber tenido un consuelo. Lo más triste cuando +muere un ser querido lejos de nosotros debe ser el pensar que le habrán +faltado los cuidados que nosotros le hubiéramos prodigado. A mí, en +cambio, nada me falta y todos son muy buenos para mí, incluso el señor +de Villanera. Espero, querida mamá, que se repita usted esto muchas +veces si me ocurriese una desgracia. + +»Quizá también la amistad y la compasión de los que me rodean han +contribuido un poco a hacerme amar la vida. El día en que me despedí de +usted y de mi padre, dije adiós a todo. Yo no sabía que los que me +acompañaban habían de ser para mí una verdadera familia. El doctor es +perfecto; me trata como si esperase curarme. La señora de Villanera (la +auténtica) es como usted misma. El marqués es un excelente hombrecito; +el viejo Gil me ha rodeado de atenciones. Yo no he querido entristecer a +todas esas gentes con el espectáculo de mi agonía y ya ve usted cómo he +salido del paso. Tanto peor para los que contaban con mi muerte; tendrán +que esperar bastante tiempo. + +»Usted me había recomendado que le describiese nuestra casa para que su +pensamiento supiese dónde encontrarme cuando quisiera hacerme una +visita. El señor de Villanera, que dibuja bastante bien para ser un +gran señor, le enviará el plano del castillo y del jardín. Me he +atrevido a pedirle esta gracia; era preciso que fuese cosa de usted para +ello. Mientras tanto, conténtese usted con saber que habitamos unas +ruinas sumamente pintorescas. Desde lejos, la casa parece una vieja +iglesia demolida durante la Revolución. No hubiera podido creer nunca +que se pudiese vivir en su interior. Se llega al vestíbulo por cinco o +seis rampas practicables para los carruajes y con un piso desigual y +accidentado, que, si se sostiene, es por la fuerza de la costumbre, +porque el cemento hace mucho tiempo que falta. Los alelíes y las plantas +trepadoras se deslizan por todas las grietas y perfuman el camino como +un jardín. La casa está rodeada de árboles y a un cuarto de hora de la +población más próxima. No sé aún con exactitud de cuántos pisos se +compone; las habitaciones no están todas las unas encima de las otras; +se diría que el segundo piso ha bajado hasta el nivel del suelo a causa +de un temblor de tierra. Por un lado no hay que subir ni bajar +escaleras; por el otro hay que descender con peligro de la cabeza. Es en +este laberinto, querida mamá, donde tiene usted que buscar a su hija. Yo +misma me busco algunas veces y no me encuentro siempre. + +»Tenemos por lo menos veinte habitaciones inútiles y una magnífica sala +de billar donde las golondrinas construyen sus nidos, pero no crea usted +que las haya arrojado de allí. ¿Qué soy aquí yo misma? Un pajarillo +lanzado de su nido por el frío. Mi habitación es la mejor acondicionada +de toda la casa. Es grande como la Cámara de los diputados y está +pintada al óleo de arriba abajo. Prefiero esto que el papel: es más +limpio y sobre todo más fresco. El señor de Villanera me ha hecho traer +de Corfú un mobiliario nuevo, de fabricación inglesa. Mi cama, mis +sillas y mis sillones se pasean a sus anchas en esta inmensidad. La +buena condesa duerme en una pieza inmediata, al lado del pequeño +marqués. Cuando digo que duerme, es para que no se enfade. La veo a mi +lado cuando me duermo, la encuentro en el mismo sitio al abrir los ojos, +pero me guardaré muy bien de decirle que ha pasado la noche fuera de su +cama. El doctor ocupa una habitación del mismo piso, pero más alejada. +Se le ha instalado lo más cómodamente que se ha podido. Los que cuidan a +los demás tienen la costumbre de cuidarse a sí mismos. El señor de +Villanera campa no sé dónde, bajo el tejado. ¿Es que la casa tiene +verdaderamente tejado? Nuestros criados griegos e italianos duermen al +aire libre: es la costumbre del país. + +»Mis balcones, en número de cuatro, dan al Levante y al Mediodía. Desde +las nueve el aire y la luz inundan mi dormitorio. Me levantan, me visten +y abren los balcones uno a uno para que el aire del mar no me sorprenda +bruscamente. Hacia las diez, bajo a los jardines. Tengo dos a mi +disposición: el uno al norte de la casa, limitado por un muro más +complicado que la gran muralla de la China; el otro al Mediodía, bañado +por el mar. El jardín del norte está plantado de olivos, de azufaifos y +de nísperos del Japón. El otro es un enorme bosque de naranjos, de +higueras, de limoneros, de áloes, de chumberas y de parras gigantescas +que lo invaden todo, que trepan a todos los árboles y se encaraman en lo +más alto. El señor de Villanera decía ayer que la vid es la cabra del +reino vegetal. Es muy hermoso, mi pobre mamá, correr de un lado a otro, +ir a todas partes con completa libertad. Yo nunca había gozado de +semejante dicha. ¡Pero si viviese!... + +»Comienzo ya a pasear valientemente por las alamedas. Hasta hace ocho +días eran impracticables, porque el jardinero del conde Dandolo es un +romántico puro, enamorado del hermoso desorden y de las gracias +melenudas. Hemos cortado los árboles a hachazos, ni más ni menos que en +una selva virgen. He pedido clemencia para los naranjos, porque ya sabrá +usted que me he reconciliado con el olor de las flores. Sin embargo, no +me las ponen en la habitación; sólo las tolero al aire libre. El perfume +que las flores cortadas exhalan en un lugar cerrado me sube al cerebro +como un olor de muerte, y esto me entristece. Pero cuando las plantas +florecen al sol, bajo la brisa del mar, yo me regocijo con ellas, tomo +parte en su dicha y se me ensancha el corazón. ¡Qué hermosa es la +tierra! ¡Y qué feliz todo el que vive! ¡Sería muy triste abandonar este +mundo delicioso que Dios ha creado para el placer del hombre! Y, sin +embargo, hay gentes que se matan. ¡Qué locos! + +»Decían en París que yo no vería brotar las hojas. No me hubiera +consolado de morir tan pronto, sin haber podido ver la primavera. Han +brotado esas queridas hojas de abril y yo estoy aquí para verlas. Las +toco, las huelo, las estrujo entre mis manos y las digo: «Aun estoy +entre vosotras. Quizá me será dado ver el estío bajo vuestra sombra. Si +hemos de caer juntas, ¡ah! permaneced largo tiempo sobre esos hermosos +árboles, asíos sólidamente a las ramas y vivid para que yo viva.» + +»¿Habrá algo más alegre, más vivo, más variado que los brotes nuevos? +Son blancos en los álamos y en los sauces, rojos en los granados, rubios +como mis cabellos en la copa de las verdes encinas, de color violeta en +las ramas de los limoneros. ¿De qué color serán dentro de seis meses? No +pensemos en eso. Los pajarillos hacen sus nidos en los árboles; el mar +azul acaricia dulcemente la arena de la orilla; el sol generoso deposita +sus bienhechores rayos sobre mis pobres manos pálidas y enflaquecidas; +siento circular en mis pulmones un aire dulce y penetrante como su voz +de usted, mi buena mamá. Hay instantes en que me figuro que ese buen +sol, esos árboles en flor, esos pájaros que cantan, son otros tantos +amigos que piden gracia para mí y que no me dejarán morir. Quisiera +tener amigos en toda la tierra, interesar a la Naturaleza entera en mi +suerte, emocionar hasta a las mismas piedras y que de los cuatro puntos +del mundo se elevase al cielo una tal lamentación y una tal plegaria, +que Dios se conmoviese. El es bueno, es justo; yo no le he desobedecido +jamás, nunca he hecho mal a nadie. No le costaría gran trabajo dejarme +vivir con los demás, confundida entre la multitud de los seres que +respiran. ¡Ocupo tan poco sitio! Y además, no soy muy cara de mantener. + +»Por desgracia, hay gentes que se pondrían luto si yo curase y que no se +consolarían jamás si me viesen viva. ¿Qué le vamos a hacer? Están en su +derecho. He contraído una deuda y tengo el deber de pagarla. + +»Mi querida mamá, ¿qué piensa usted del señor de Villanera? ¿Qué +concepto tienen de él en París? ¿Es posible que un hombre tan sencillo, +tan paciente y tan dulce, sea un mal hombre? Me he fijado en sus ojos +por primera ver hace poco días; son unos hermosos ojos capaces de +engañar al más listo. + +»Adiós, mi buena madre; rece por mí y vea si puede obtener de mi padre +que vaya un día a la iglesia con usted. Si él hiciera eso por su pequeña +Germana, la conversión sería completa y yo quizá me salvaría. Debe haber +una recompensa allá arriba para los que conducen un alma a Dios. ¿Pero +quién podrá tener crédito en el cielo si no es usted, querida santa? + +»Con una ternura infinita soy siempre su respetuosa hija + +»GERMANA. + +»P. S. Los besos para mi padre son los que hay a la derecha de la firma; +los de usted son los de la izquierda.» + + + + +VII + +EL NUEVO DOMÉSTICO + + +El duque no enseñó a la señora Chermidy la carta de la condesa, pero le +hizo leer la de Germana. + +--Ya ve usted--le dijo--; ha adelantado la mitad del camino en su +curación. + +Ella se esforzó en sonreír y respondió: + +--Usted es un hombre dichoso; todo le sale bien. + +--Menos el amor. + +--¡Paciencia! + +--No se puede tener mucha a mi edad. + +--¿Por qué? + +--Porque no hay tiempo que perder. + +--¿Quién es ese viejo Gil que le trae las cartas? ¿un correo? + +--No; es un ayuda de cámara que pide un substituto. La señora de +Villanera encarga a la duquesa que le busque un buen criado. + +--Eso no es fácil en París. + +--Hablaré al mayordomo de mi amigo Sanglié. + +--¿Quiere usted que yo, por mi parte, le ayude también? _Le Tas_[E] +tiene siempre media docena de criados en la manga; es una verdadera +agencia de colocaciones. + +--Si _le Tas_ tiene algún protegido que establecer, le tomaré de muy +buena gana. Pero tenga usted en cuenta que lo que necesitamos es un +hombre de confianza, un enfermero. + +--_Le Tas_ debe tener enfermeros; tiene de todo. + +_Le Tas_ era la doncella de la señora Chermidy. No se la veía nunca en +el salón, ni siquiera por casualidad; pero los amigos íntimos de la casa +se sentían muy honrados de entablar conocimiento con ella. Era una +doméstica con sus 120 kilos de peso, compatriota y hasta algo pariente +de la dueña de la casa. Se llamaba Honorina Lavenaze, como su ama; pero +su deformidad hacía que todo el mundo la conociera por _le Tas_. Aquel +fenómeno viviente, aquel montón de grasa, aquel paquidermo femenino, +había seguido durante quince años a la señora Chermidy en la buena y en +la adversa fortuna. Había sido la cómplice de sus progresos, la +confidente de sus pecados, la encubridora de sus millones. Sentada en un +rincón del fuego, como un monstruo familiar, leía en las cartas el +porvenir de mamá; la prometía el reino de París, como una bruja de +Shakespeare; la animaba en sus desfallecimientos, consolaba sus +disgustos, arrancaba sus cabellos blancos y la servía con una devoción +canina. No había ganado nada a su servicio, ni rentas del Estado, ni +libreta en la Caja de ahorros, y no quería nada para sí. Tenía diez años +más que la señora Chermidy, y esto, así como su obesidad enfermiza, le +daba la seguridad de morir antes que ella y, desde luego, en su casa; no +se despide a un servidor que pueda llevarse nuestros secretos. Mientras +pudiese satisfacer sus necesidades, _le Tas_ no tenía ni ambición, ni +codicia, ni vanidad personal; se consideraba rica, brillante y +triunfante en la persona de su bella prima. Aquellas dos mujeres, +estrechamente unidas por una amistad de quince años, formaban un solo +individuo. Era una cabeza con dos caras, como la máscara de los cómicos +de la antigüedad. De un lado, sonreía al amor, del otro hacía muecas al +crimen. La una se mostraba porque era hermosa; la otra se ocultaba +porque hubiera causado horror. + +La señora Chermidy prometió al duque ocuparse en su asunto. Aquel mismo +día, efectivamente, habló con _le Tas_ acerca del criado que se podría +enviar a Corfú. + +La linda arlesiana estaba bien decidida a cortar en flor la curación de +Germana, pero era demasiado prudente para emprender nada por su cuenta y +riesgo. Sabía que un crimen es siempre una torpeza y su situación era +muy envidiable para que se expusiera a perderla en un mal negocio. + +--Tienes razón--le dijo _le Tas_--, nada de sangre. Hay que dejar eso. +Un crimen nunca aprovecha a su autor; sólo resulta útil a los otros. Se +mata a un rico en la carretera y se le encuentran cien sueldos en el +bolsillo. Todo lo demás va a parar a los herederos. + +--¡Pero aquí soy yo la que hereda! + +--No heredarías si te sorprendiesen en un delito. Por de pronto, ella +puede morir de muerte natural. Y si esto no bastase, puede haber alguien +que la ayude, pero sin nuestra intervención. + +--¿Qué hacer, pues? + +--Interesar a alguien en la muerte de Germana. Suponte un enfermo que +dijese a los que la asisten: muchachos, cuidadme bien; el día de mi +muerte tendréis todos mil francos de renta. ¿Crees tú que ese hombre +viviría mucho tiempo? Creo que sería fácil encontrar un mozo inteligente +que interpretase a su manera las órdenes del médico. Se le darían sus +mil francos de renta, y los herederos... + +--Heredarían. Comprendo perfectamente. Pero, ¡es tan difícil la +elección! ¿Y si tropezásemos con un hombre honrado? + +--¿Es que los hay? + +--_Le Tas_, calumnias al género humano. No hay muchos hombres capaces de +jugarse la cabeza por mil francos de renta. + +--Estoy segura de que si enviásemos allá abajo un hombrecillo que yo +conozco, un verdadero bribón de París, pálido como una manzana que no ha +madurado, mimado por los otros criados, celoso de aquellos a quienes +sirve, envidioso del lujo que le rodea, vicioso como un sumiller, al +cabo de quince días se habría hecho cargo del porvenir que se le +ofrecía. + +--Tal vez. ¿Pero y si erraba el golpe? + +--Entonces habría que echar mano de un hombre de experiencia; buscar un +práctico que tenga costumbre de esas cosas. + +--Veo que te acuerdas de Tolón, hija mía. + +--¡Toma! allí hay sujetos muy a propósito para eso. + +--¿Es que quieres que vaya a buscar un criado al presidio? + +--Los hay que ya han cumplido. + +--¿Dónde encontrarlos? + +--Búscalos. Creo que vale la pena dar con el que nos hace falta. + +Algunas horas después de esta conversación, la señora Chermidy, bella +como la virtud, hacía los honores de su salón a personas de las más +respetables de París. + +Entre los concurrentes de su casa había un viejo solterón de humor +alegre, de conversación espiritual, gran aficionado a los libros nuevos, +asiduo a las primeras representaciones y muy conocedor de historias +inéditas; tan irreprochable en la elección de sus palabras como en la de +sus trajes, y fiel a las tradiciones de la antigua galantería francesa. +Era jefe de negociado en la prefectura de policía. + +La señora Chermidy le sirvió con sus propias manos una taza de te, al +mismo tiempo que le dirigía una sonrisa inefable. Conversó largo tiempo +con él, le obligó a agotar su repertorio y oyó con el mayor interés +cuanto le plugo contarle. Por la primera vez, después de muchos años, +cometió una injusticia con sus amigos y se apartó de su imparcialidad +habitual. + +El excelente hombre se creía estar en el cielo y tamborileaba con sus +dedos sobre la pechera de su camisa con una satisfacción visible. + +No obstante, como no hay compañía, por buena que sea, a la que no haya +que dejar, el señor Domet se dirigió discretamente hacia la puerta +cuando faltaban pocos minutos para media noche. Aun quedaban veinte +personas en el salón. La señora Chermidy lo llamó en voz alta con la +graciosa desenvoltura de un ama de casa que no perdona a los desertores. + +--Querido señor Domet--le dijo--, es usted demasiado encantador para que +le devuelva tan pronto la libertad. Venga usted aquí, a mi lado, y +cuénteme otra de esas historias tan interesantes que sabe usted. + +El excelente hombre obedeció con muy buena voluntad, aunque tenía por +principio acostarse pronto y levantarse temprano. Pero protestó diciendo +que había agotado toda su provisión y que, a menos de inventar, ya no +tenía nada que contar. Algunos amigos de la casa formaron un círculo a +su alrededor con objeto de importunarle. Se le hicieron mil preguntas +más indiscretas las unas que las otras; le preguntaron la verdad sobre +la _Máscara de hierro_, se le incitó a que dijese el verdadero nombre +del autor de las _Cartas de Junio_, se le pidieron detalles sobre el +anillo de Gyges, sobre la Conspiración de las pólvoras, sobre el Consejo +de los Diez y por si aun esto fuera poco se le invitó a que expusiera su +opinión sobre los resortes de gobierno. El señor Domet respondió a todo +alegremente, rápidamente, con ese buen humor de las personas de edad +que es el fruto de una vida tranquila. Pero no estaba completamente +tranquilo y se removía en su sillón como un pescado en la sartén. La +señora Chermidy, siempre bondadosa, acudió en su auxilio y le dijo: + +--Soy yo quien le he entregado a los filisteos; es justo que sea yo +también quien le libre de sus manos, pero con una condición. + +--Acepto con los ojos cerrados, señora. + +--Se dice que casi todos los crímenes que se cometen son ejecutados por +gentes que ya han tenido que ver con la justicia, por licenciados de +presidio. ¿Es ésa la palabra? + +--Sí, señora. + +--Pues bien; explíquenos usted lo que es un licenciado de presidio. + +El amable funcionario se quitó sus lentes, los limpió con el pañuelo y +volvió a colocarlos sobre su nariz. Todos los que quedaban en el salón +se reunieron a su alrededor y se dispusieron a escuchar. El duque de La +Tour de Embleuse se colocó tranquilamente al lado de la chimenea sin +sospechar que asistía al asesinato de su hija. Las gentes de mundo +tienen una curiosidad de _gourmet_ y los pequeños misterios del crimen +son un plato de exquisito gusto para los espíritus estragados. + +--¡Dios mío! señora--dijo el jefe de negociado--, si es una simple +definición lo que usted pide, no tardaré en estar en la cama. Los +licenciados de presidio son aquellos que ya han cumplido su condena. +Permítame usted que le bese la manó y me despida. + +--¡Cómo! ¿Eso es todo? + +--Absolutamente. Y tenga usted en cuenta que yo soy, en Francia, el +hombre que mejor conoce a esas gentes. No he visto ni uno solo, pero +tengo sus expedientes entre mis papeles; conozco su pasado, su presente, +su profesión, su residencia y podría enumerarlos a todos por sus +nombres, apellidos, nombres falsos y apodos. + +--Así es como César (sea dicho sin comparación) conocía a todos los +soldados de su ejército. + +--César, señora, mejor que un gran capitán, fue el primer jefe +administrativo de su época. + +--¿Y había licenciados de presidio en la república romana? + +--No, señora, y bien pronto tampoco los habrá en Francia. Nosotros +comenzamos a imitar el ejemplo de los ingleses que han reemplazado el +presidio por la deportación. La seguridad pública ganará y la +prosperidad de nuestras colonias no perderá nada. El presidio era la +escuela de todos los vicios; los deportados se moralizan por el trabajo. + +--¡Tanto peor! Yo echo de menos los licenciados de presidio. Será una +pérdida sensible para los autores de folletines. Pero, en fin, señor +Domet, ¿qué es de esas gentes? ¿Qué hacen? ¿Qué dicen? ¿Dónde viven? +¿Cómo van vestidos? ¿Dónde se les encuentra? ¿Cómo se les puede +reconocer? ¿Aun van marcados? + +--Algunos; los decanos de la orden. La marca ha sido suprimida en 1791, +restablecida en 1806, y abolida definitivamente por la ley de 28 de +abril de 1832. Un licenciado de presidio se parece en todo a un hombre +honrado. Se viste como quiere y ejerce la profesión que se le ha +enseñado. Desgraciadamente casi todos han aprendido a robar. + +--¿Pero habrá buenas gentes entre ellos? + +--No muchas. ¡Figúrese usted, con la educación del presidio! Además, les +es bastante difícil ganar su vida honradamente. + +--¿Por qué? + +--Son conocidos sus antecedentes y los patronos no se muestran muy +aficionados a admitirlos. Sus compañeros de taller los desprecian. Si +tienen dinero y se establecen por su cuenta, no encuentran obreros. + +--¿Se les reconoce, pues? ¿De qué modo? ¿Si alguno quisiera entrar a mi +servicio, cómo podría yo saber quién era? + +--No tenga usted cuidado. Les está prohibida la residencia en París, +porque la vigilancia sería muy difícil. Se les señala una residencia en +provincias, en una ciudad pequeña, y la policía local no los pierde de +vista. + +--¿Y si viniesen a París sin permiso? + +--Entonces habrían infringido la orden y les haríamos deportar de nuevo, +en virtud de un decreto de 8 de diciembre de 1851. + +--Así, ¿ya no queda ninguno en esas viviendas especiales? + +--El consejo municipal del departamento del Sena ha hecho demoler las +casas de que usted habla. Ya no hay guaridas para la caza, ni caza para +las guaridas. + +--¡Bondad divina! ¡estamos en la edad de oro! Señor Domet, usted deshoja +mis ilusiones una por una. ¡Qué manera de quitar poesía a la vida! + +--Hermosa dama, la vida no carecerá jamás de poesía para los que tengan +la dicha de ver a usted. + +Este cumplimiento fue disparado con una tal ampulosidad de galantería +burguesa, que toda la asamblea aplaudió. El señor Domet se ruborizó +hasta el blanco de los ojos y miró las puntas de sus zapatos. Pero la +señora Chermidy le llamó de nuevo a la cuestión. + +--¿Dónde están los licenciados de presidio? ¿Los hay en Vaugirard? + +--No, señora, en el departamento del Sena no hay ninguno. + +--¿Los hay en Saint-Germain? + +--No. + +--¿En Compiègne? + +--No. + +--¿En Corbeil? + +--Sí. + +--¿Cuántos? + +--¿Usted espera cogerme en falta? + +--Con eso cuento. + +--Pues bien, hay cuatro. + +--¿Sus nombres? ¡Vamos, César! + +--Rabichon, Lebrasseur, Chassepie y Mantoux. + +--¡Toma! Las primeras sílabas de esos nombres forman una palabra. + +--Usted ha adivinado en seguida el secreto de mi mnemotecnia. + +--Repita usted: Rabichon... + +--Lebrasseur, Chassepie y Mantoux. + +--Es curioso. Ahora todos somos tan sabios como usted. Rabichon, +Lebrasseur, Chassepie y Mantoux. ¿Y qué hacen esas buenas gentes? + +--Los dos primeros están provisionalmente en un almacén de papel; el +tercero es jardinero y el cuarto tiene una cerrajería. + +--Señor Domet, es usted un grande hombre; perdóneme si he dudado de su +erudición. + +--¡Mientras que no dude de mi obediencia! + +El señor Domet partió; era la una y todos se levantaron el uno después +del otro. Besaron religiosamente, como un relicario, aquella pequeña +mano blanca que acariciaba la esperanza de un crimen. Al despedirse, la +hermosa mujer aun repetía: Rabichon, Lebrasseur, Chassepie y Mantoux. + +El duque fue el último en salir. + +--¿En qué piensa usted?--le dijo--; parece usted preocupada. + +--Pienso en Corfú. + +--Piense usted en los amigos de París. + +--Buenas noches, señor duque. Creo que _le Tas_ ha encontrado un +doméstico. Mañana irá a informarse y uno de estos días hablaremos de +ello. + +Al día siguiente, _le Tas_ tomó el tren de Corbeil. Se hospedó en el +hotel de Francia y se puso inmediatamente a recorrer la ciudad. Visitó +las papelerías, compró flores a todos los jardineros y se paseó por +todas las calles. El domingo por la mañana perdió la llave de su saco de +viaje y se dirigió a un pequeño establecimiento de cerrajería de la +carretera de Essonne donde soplaba el fuelle a pesar de la ley del +descanso dominical. La muestra ostentaba este letrero: _Mantoux Poca +Suerte, cerrajero_. El dueño era un hombre pequeño, de treinta a treinta +y cinco años, moreno, bien formado, vivo y despejado. No había necesidad +de mirarle dos veces para ver a qué religión pertenecía. Era de los que +hacen del sábado su domingo. El afán del lucro brillaba en sus pequeños +ojos y su nariz se asemejaba al pico de un ave de rapiña. _Le Tas_ le +rogó que pasase al hotel para forzar una cerradura, lo que Mantoux llevó +a cabo como hombre experimentado. _Le Tas_ le retuvo a su lado por los +encantos de la conversación. Le preguntó si estaba contento de sus +negocios, y le respondió como hombre disgustado de la vida. Nada le +había salido bien desde que estaba en el mundo. Había servido como +_groom_ y su dueño lo despidió. Entró después como aprendiz en casa de +un mecánico y la susceptibilidad de algunos clientes le hizo abandonar +el establecimiento. A los veinte años quiso hacer con algunos amigos un +negocio magnífico: un trabajo de cerrajería que debía proporcionar una +fortuna a cada uno de los asociados. A pesar de su celo y de su +habilidad, fracasaron vergonzosamente, y después hubo de remar diez +años sin poderse levantar de su caída. Desde entonces todos le llamaban +_Poca Suerte_. Ultimamente había venido a establecerse en Corbeil, +después de una larga permanencia en el Midi. Las autoridades de la +ciudad le conocían a fondo y se interesaban por su suerte; de cuando en +cuando recibía la visita del señor comisario de policía. No obstante, el +trabajo no abundaba en su taller y eran pocas las casas que estaban +abiertas para él. + +_Le Tas_ compartió sus pesares y le preguntó por qué no iba a buscar +fortuna a otro sitio. + +_Poca Suerte_ respondió melancólicamente que no tenía ganas ni medios de +viajar. Tendría que estar allí largo tiempo. La cabra no tiene más +remedio que ramonear allí donde la atan. + +--¿Aunque no haya nada que ramonear?--preguntó _le Tas_. + +El, por toda respuesta, inclinó la cabeza. + +_Le Tas_ le dijo: + +--Si no me equivoco, y me parece que no, usted es un excelente hombre, +como yo soy una buena muchacha. ¿Por qué no intenta usted colocarse en +una buena casa, puesto que ya ha servido? Yo estoy en París, en casa de +una señora sola que me trata muy bien; y no me sería difícil encontrarle +algo por el estilo. + +--Le doy las gracias de todo corazón; pero me está prohibida la estancia +en París. + +--¿Por el médico? + +--Sí, estoy delicado del pecho. + +--Precisamente la plaza que le ofrezco no es en París. Es fuera de +Francia, allá por Turquía, en un país donde los tísicos van a curarse +calentándose al sol. + +--Si la casa es buena, eso me gustaría mucho. Pero necesito muchas cosas +para pasar la frontera: dinero, pasaportes, y no tengo nada de eso. + +--Nada le faltará si usted conviene a la señora. Pero sería conveniente +permanecer en París aunque no fuese más que una o dos horas. + +--Eso es fácil. No me ocurriría nada aunque pasase un día entero. + +--Seguramente. + +--Si nos arreglamos, yo quisiera poner otro nombre en mi pasaporte. Ya +he usado bastante el mío, no me ha traído más que desgracia, y quisiera +dejarlo en Francia junto con mis vestidos viejos. + +--Tiene usted razón. Eso es lo que se llama cambiar de piel. Ya hablaré +de usted a la señora y si se arregla todo, le escribiré. + +_Le Tas_ volvió la misma noche a París. Mantoux, llamado _Poca Suerte_, +creyó haber hallado un hada bienhechora bajo la envoltura de un +elefante. Los sueños más dorados fueron a sentarse a su cabecera. Soñó +que era a la vez rico y honrado y que la Academia francesa le concedía +un premio a la virtud de cincuenta mil francos de renta. El lunes por la +tarde recibió una carta, levantó su destierro y se presentó el martes +por la mañana en casa de la señora Chermidy. Se había cortado la barba +y los cabellos, pero _le Tas_ se guardó bien de preguntarle por qué. + +El esplendor de la casa lo deslumbró; la dignidad severa de la señora +Chermidy le impuso el mayor respeto. La hermosa bribona había adoptado +una cara de procurador imperial. Lo hizo comparecer ante ella y lo +interrogó sobre su pasado como mujer que no se equivoca. El mintió como +un prospecto y ella hizo ver que lo creía en absoluto. Cuando le hubo +dado todos los informes deseables, le dijo: + +--Bueno, muchacho, la plaza que le voy a dar a usted es de confianza. +Uno de mis amigos, el señor de La Tour de Embleuse, busca un doméstico +para su hija que se halla moribunda en el extranjero. Tendrá muy buen +sueldo y 1.200 francos de renta vitalicia cuando la enferma muera. Está +desahuciada por todos los médicos. El sueldo le será pagado por la +familia; en cuanto a la renta, le respondo yo. Pórtese usted como un +buen servidor y espere pacientemente el fin: no perderá nada con +esperar. + +Mantoux juró por el Dios de sus padres que cuidaría a la joven dama como +una hermana de la caridad y que la obligaría a vivir cien años. + +--Está bien--respondió la señora Chermidy--; usted nos servirá a la mesa +esta noche y le presentaré al señor duque de La Tour de Embleuse. +Muéstrese a él tal como es usted y yo le respondo que le admitirá. + +«Ocurra lo que ocurra, añadió para sí misma, ese bribón verá en mí a +una inocente y no a su cómplice.» + +Mantoux sirvió a la mesa, no sin haber tomado una buena lección de su +protectora _le Tas_. Los invitados eran cuatro: había otros tantos +criados para cambiar los platos, y el cerrajero no tenía más que mirar +lo que hacían los otros. La señora Chermidy se había propuesto darle una +lección de toxicología. No juzgaba inútil enseñarle el empleo de los +venenos, y había elegido, en consecuencia, a los convidados. Estos eran +un magistrado, un profesor de medicina legal y el señor de La Tour de +Embleuse. + +Aparentando indiferencia hizo recaer la conversación sobre el capítulo +de los venenos. Los hombres que profesan esta materia delicada, son +generalmente avaros de su ciencia, pero algunas veces, en la mesa, se +olvidan. Tal secreto que se guarda cuidadosamente al público, puede +contarse confidencialmente cuando se tiene por auditorio a un +magistrado, a un gran señor y a una linda dama cinco o seis veces +millonaria. Con los criados no se cuenta: está convenido que no tienen +oídos. + +Desgraciadamente para la señora Chermidy, los venenos llegaron antes que +el Champaña. El doctor se mostró prudente, bromeó mucho y no cometió la +menor imprudencia. Se recreó en las curiosidades arqueológicas, aseguró +que la ciencia de los venenos no había progresado, que habíamos perdido +las fórmulas de Locusta, de Lucrecia Borgia, de Catalina de Médicis y de +la marquesa de Brinvilliers, y lamentó, riendo, la pérdida de tan +hermosos secretos, lloró por el veneno fulminante del joven Británico, +por las guantes perfumados de Juana de Albret, los polvos de sucesión y +el licor de familia que cambiaba el vino de Chipre en vino de Siracusa; +en su revista no olvidó tampoco el ramo fatal de Adriana Lecouvreur. La +señora Chermidy pudo observar que el cerrajero escuchaba atentamente. + +--Háblenos usted de venenos modernos--dijo al doctor--, de los venenos +empleados en nuestros días, de venenos en servicio activo. + +--¡Ay señora!--contestó--. Estamos en plena decadencia. No es difícil +matar a las gentes: un pistoletazo basta y sobra para ello. Pero se +trata de matar sin que queden vestigios. El veneno no es bueno para otra +cosa y ésa es la única ventaja sobre la pistola. Desgraciadamente, en el +mismo instante en que sale un tóxico nuevo, se descubre un medio de +comprobar su presencia. El demonio del bien tiene las alas tan poderosas +como el genio del mal. El arsénico es un buen obrero, pero ahí está el +aparato de March para vigilar la obra. La nicotina no es una tontería, +la estricnina también es un buen producto; pero el señor magistrado sabe +tan bien como yo que la estricnina y la nicotina han encontrado ya sus +fiscales, es decir, sus reactivos. Se ha adoptado el fósforo con un +fundamento de razón, apoyándose en lo siguiente: «El cuerpo humano +contiene fósforo en cantidad apreciable; si el análisis químico lo +descubre en el cuerpo de la víctima, se podrá decir que es la +Naturaleza quien lo ha puesto allí»; pero ¡ay! no nos ha costado tampoco +mucho trabajo demostrar la diferencia entre el fósforo natural y el +ingerido. No es, pues, difícil matar a una persona, pero es casi +imposible hacerlo impunemente. Yo podría indicar a usted el medio de +envenenar a veinticinco personas a la vez, en una habitación cerrada, +sin darles ningún brebaje. El ensayo no costaría ni dos reales, pero al +asesino le costaría la cabeza. Un químico de mucho talento ha inventado +recientemente una composición sutil que también tiene su encanto. +Rompiendo el tubo que la contiene, las gentes caerían como moscas, pero +no se podría convencer a nadie de que la muerte había sido natural. + +--Doctor--preguntó la señora Chermidy--, ¿qué es el ácido prúsico? + +--El ácido prúsico o cianhídrico, señora, es un veneno muy difícil de +fabricar, imposible de adquirir, imposible de conservar puro, aun en +recipientes negros. + +--¿Y deja trazas? + +--¡Magníficas! Tiñe a las gentes de azul; así es cómo se ha descubierto +el azul de Prusia. + +--Usted se burla de nosotros, doctor. Usted no tiene respeto ni por +aquello que hay de más sagrado en el mundo: la curiosidad de una mujer. +Me han hablado de un veneno de Africa o de América que mata a los +hombres con la cantidad que cabe en una punta de alfiler. ¿Es una +invención de los novelistas? + +--No, es una invención de los salvajes. Se unta con él la punta de las +flechas. Lindo veneno, señora; no hace languidecer a sus víctimas; es el +rayo en miniatura. Lo más curioso es que se le puede comer impunemente. +Los salvajes lo emplean en las salsas y en los combates, en la guerra y +en la cocina. + +--Acaba usted de decir su nombre y ya no me acuerdo. + +--No lo he dicho, señora, pero estoy dispuesto a hacerlo. Es el +_curare_. Se vende en Africa, en las montañas de la Luna. El comerciante +es antropófago. + +La señora Chermidy dejó a un lado sus venenos para dedicarse a sus +invitados. El doctor guardó cuidadosamente el depósito terrible que todo +médico lleva consigo. Pero el duque quedó muy bien impresionado de la +atención y del interés de Mantoux. Desde entonces quedaba al servicio de +su hija. + + + + +VIII + +LOS BUENOS TIEMPOS + + +Cuando se lee una historia de la Revolución francesa se sorprende uno +grandemente al encontrar meses enteros de paz profunda y de dicha +completa. Las pasiones están adormecidas, los odios descansan, los +temores desaparecen, los partidos rivales marchan como hermanos cogidos +de la mano, los enemigos se besan en la plaza pública. Esos hermosos +días son como un alto preparado de etapa en etapa en un camino +sangriento. + +Altos parecidos se encuentran en la vida más agitada y más desgraciada. +Las revoluciones del alma y del cuerpo, las pasiones y las enfermedades +también necesitan algunos instantes de reposo. El hombre es un ser tan +débil que no puede obrar ni sufrir continuamente. Si no se detuviese de +cuando en cuando, pronto agotaría sus fuerzas. + +El verano de 1853 fue para Germana uno de esos momentos de reposo que +tanto convienen a la debilidad humana. Y a fe que se aprovechó de ello; +se recreó en su dicha y adquirió algunas fuerzas para las pruebas por +que aun tenía que pasar. + +El clima de las islas Jónicas es de una dulzura y una regularidad sin +igual. Allí el invierno no es otra cosa que la transición del otoño a la +primavera; los veranos son de una serenidad fatigosa. De cuando en +cuando se ve una nube pasajera sobre las siete islas, pero no se detiene +nunca. Se pasan hasta tres meses esperando una gota de agua. En aquel +árido paraíso no se dice: Aburrido como la lluvia, sino: Aburrido como +el buen tiempo. + +El buen tiempo no aburría a Germana; la curaba lentamente. El señor Le +Bris asistía a aquel milagro del cielo azul; dejaba obrar a la +Naturaleza y seguía con un interés apasionado la acción lenta de un +poder superior al suyo. Era demasiado modesto para atribuirse el honor +de la cura, y confesaba ingenuamente que la única medicina infalible es +la que viene de lo alto. + +No obstante, para merecer la ayuda del Cielo, él también ayudaba un +poco. Había recibido de París el yodómetro del doctor Chartroule con una +provisión de cigarrillos yodados. Estos cigarrillos, compuestos de +hierbas aromáticas y de plantas calmantes en infusión con una disolución +de yodo, haciendo llegar el medicamento hasta los pulmones, +acostumbraban a los órganos más delicados a la presencia de un cuerpo +extraño y preparaban al enfermo para aspirar el yodo puro a través de +los tubos del aparato. Por desgracia, el aparato llegó destrozado, +aunque hubiese sido embalado por el mismo duque y conducido con los +mayores cuidados por el nuevo doméstico. Era necesario pedir otro, y +esto requería tiempo. + +Al cabo de un mes de aquel tratamiento anodino, Germana experimentaba ya +una mejoría sensible. Estaba menos débil durante el día; soportaba mejor +las fatigas de un largo paseo y cada vez acudía con menos frecuencia a +su cama de reposo. Su apetito era más vivo, y sobre todo más constante; +ya no rechazaba los alimentos casi sin haberlos probado. Comía, digería +y dormía bastante bien. La fiebre de la caída de la tarde había +disminuido; los sudores que inundan por las noches a los tísicos, no +eran tan abundantes. + +El corazón de la enferma no tardó también en entrar en convalecencia. Su +desesperación, su humor huraño y el odio a los que la amaban, cedieron +la plaza a una melancolía dulce y benévola. Se consideraba tan dichosa +al sentirse renacer, que hubiera querido dar las gracias al cielo y a la +tierra. + +Los convalecientes son niños grandes que se asen, por miedo de caer, a +todo lo que les rodea. Germana retenía a sus amigos a su lado; temía a +la soledad; quería ser tranquilizada a todas horas; continuamente decía +a la condesa: «¿Verdad que estoy mejor?» Y luego, en voz más baja, +añadía: «¿Me moriré?» La condesa le respondía riendo: «Si la muerte +viniese por usted yo le enseñaría mi cara y ya tendría buen cuidado de +escaparse.» La condesa estaba orgullosa de su fealdad, como las otras +mujeres lo están de su belleza. La coquetería es infinita. + +Don Diego esperaba pacientemente que Germana le comprendiese. Era +demasiado delicado y demasiado orgulloso para importunarla con sus +cumplimientos, pero siempre estaba dispuesto a dar el primer paso cuando +ella le llamase con la mirada. Para la joven se había hecho ya una dulce +costumbre el espectáculo de aquella amistad discreta y silenciosa. El +conde tenía en su fealdad algo de heroico y de grande que las mujeres +aprecian más que la hermosura. No era de aquellos que hacen conquistas, +pero sí de los que inspiran pasiones. Su larga cara cetrina, sus grandes +manos bronceadas contrastaban con cierta brillantez con su traje blanco. +Sus grandes ojos negros dejaban escapar relámpagos de dulzura y de +bondad; su voz fuerte y metálica adquiría a veces inflexiones suaves. +Germana acabó por encontrar un parecido entre aquel grande de España y +un león amansado. + +Cuando se paseaba por el jardín bajo los viejos naranjos, apoyada en el +brazo de la vieja o arrastrando al pequeño Gómez, el conde la seguía de +lejos, sin afectación, con un libro en la mano. No adoptaba los aires +melancólicos de un enamorado, ni confiaba sus suspiros al viento. Más +bien se le hubiera tomado por un padre indulgente que quiere vigilar a +sus hijos sin intimidarlos en sus juegos. Su afecto por Germana se +componía de caridad cristiana, de compasión por la debilidad y de +aquella alegría agridulce que un hombre de corazón encuentra en el +cumplimiento de los deberes difíciles. Quizá también había en aquel +sentimiento algo de legítimo orgullo. Constituía, efectivamente, una +hermosa victoria arrancar una presa cierta a la muerte y crear de nuevo +un ser que la enfermedad casi había destruido. Los médicos conocen ese +placer y consagran toda su amistad a los que han sacado del otro mundo; +tienen por ellos la ternura del criador por la criatura. + +El hábito, que lo vence todo, había acostumbrado a Germana a hablar con +su marido. Cuando se ve a una persona desde la mañana a la noche, no hay +odio que dure; se habla, se responde, esto no compromete a nada; pero, +la vida no es posible más que a este precio. Ella le llamaba don Diego; +él sencillamente Germana. + +Un día de mediados del mes de junio, estaba tendida en el jardín sobre +unos tapices de Esmirna. La señora de Villanera, sentada a su lado, +desgranaba maquinalmente un grueso rosario de coral, y el pequeño Gómez +recogía naranjas del suelo para atiborrarse los bolsillos. En aquel +momento pasaba el conde con un libro en la mano. Germana se incorporó y +le invitó a tomar asiento. El obedeció sin hacerse de rogar y guardó el +libro en el bolsillo. + +--¿Qué leía usted?--preguntó ella. + +--Va usted a reírse de mí. El griego--contestó ruborizándose como un +colegial. + +--¡El griego! ¡Usted sabe leer el griego! ¿Y un hombre como usted ha +podido entretenerse aprendiendo el griego? + +--Una verdadera casualidad. Mi preceptor hubiera podido resultar un +imbécil como los demás, ¿no es cierto?, pues bien, me encontré con que +era un sabio. + +--¿Y usted lee el griego por placer? + +--A Homero, sí. Esto es la _Odisea_. + +--Sí--dijo simulando un pequeño bostezo--. Ya había leído eso en +Bitaubé. Era un libro con un cuchillo y un casco en la cubierta. + +--Siendo así, le extrañaría a usted mucho si le leyese a Homero en +Homero; seguramente no le reconocería. + +--¡Muchas gracias! no me gustan las historias de batallas. + +--No las hay en la _Odisea_. Es una novela de costumbres, la primera que +se haya escrito, y quizás la más hermosa. Nuestros autores a la moda, no +inventarán nada más interesante que la historia de ese propietario +campesino que ha dejado su casa para ganar dinero, que vuelve después de +veinte años de ausencia, que encuentra a su regreso un ejército de +faquines instalados en su casa para galantear a su mujer y comerse su +pan y que los mata a flechazos. Hay ahí un drama interesante, incluso +para el público de los bulevares. Nada falta, ni el fiel servidor Eumeo, +ni el pastor que hace traición a su amo, ni las criadas juiciosas, ni +las criadas locas. El único defecto de esta historia es que siempre nos +la han servido con una traducción llena de énfasis. Han cambiado en +otros tantos reyes los jóvenes rústicos que cortejaban a Penélope; han +convertido la granja en palacio y han prodigado el oro por todas partes. +Si yo me atreviese a traducirle solamente una página, quedaría usted +maravillada de la verdad sencilla y familiar del relato; usted vería con +qué alegría ingenua habla el poeta del vino tinto y de la carne +suculenta: y con qué admiración, de las puertas bien cerradas y de las +mesas bien acepilladas. Vería usted sobre todo con qué exactitud está +descrita la Naturaleza y reconocería en mi libro el mar, el cielo y la +campiña que ahora estamos contemplando. + +--Probemos, pues--dijo Germana--. Si me duermo, ya lo verá usted. + +El conde obedeció muy a gusto y comenzó a traducir el primer canto a +libro abierto, desarrollando ante los ojos de Germana el bello estilo +homérico, más rico, más pintoresco y más centelleante que los +brillantes tejidos de Beyruth y de Damasco. Su traducción era tanto más +libre cuanto que no entendía bien todas las palabras, pero entendía +perfectamente al poeta. Abrevió algunas descripciones demasiado largas, +interpretó a su modo ciertos pasajes curiosos y a todo añadió un +comentario inteligente. En resumen, consiguió interesar a su querido +auditorio, a excepción del marqués de los Montes de Hierro que chillaba +como un condenado para interrumpir la lectura. Los niños son como los +pájaros; cantan cuando se habla delante de ellos. + +Yo no sé si los jóvenes esposos llegaron hasta el final de la _Odisea_, +pero don Diego había encontrado el medio de despertar el interés de su +mujer, y esto era mucho. Germana adquirió la costumbre de oírle leer y +de encontrarse bien en su compañía y no tardó en ver en él un espíritu +superior. Era demasiado tímido para hablar en su propio nombre, pero la +vecindad de un gran poeta le daba atrevimiento y sus ideas personales +iban saliendo a la superficie bajo la protección del pensamiento de los +otros. Dante, Ariosto, Cervantes, Shakespeare, fueron los sublimes +intermediarios que se encargaron de aproximar aquellas dos almas y de +infundirlas cariño. Germana no se sentía humillada por su ignorancia ni +ante la superioridad de su marido. La mujer se siente orgullosa de no +ser nada en comparación del que ama. + +Pronto adoptaron el hábito de vivir juntos y de reunirse en el jardín +para hablar y para leer. Lo que constituía el encanto de aquellas +reuniones, no era la alegría; era una cierta serenidad tranquila y +amistosa. Don Diego no sabía reír y la risa de su madre se asemejaba a +una mueca nerviosa. El doctor, franco y alegre como un champañés, +parecía dar la nota discordante cuando arrojaba su grano de sal en la +conversación. Germana aun tosía alguna vez y conservaba en su cara la +expresión inquieta que da el presentimiento de la muerte. Y no obstante, +aquellos días de verano sin nubes habían sido los primeros días dichosos +de su juventud. + +¿Cuántas veces, en aquella intimidad de la vida de familia, fue turbado +el espíritu del conde por el recuerdo de la señora Chermidy? Nadie lo ha +sabido y yo tampoco me aventuraré a decirlo. Es probable que la soledad, +la ociosidad, la privación de placeres activos, en que el hombre gasta +sus energías, y, en fin, la savia de la primavera que asciende a la +cabeza de los seres vivientes como a las sumidades de los árboles, le +hiciera lamentar más de una vez la noble resolución que había tomado. +Los trapenses que vuelven la espalda al mundo después de haber gozado de +él, encuentran en el fondo del claustro armas prestas contra las +tentaciones del pasado; son éstas el ayuno, la oración y un régimen +capaz de matar los ímpetus juveniles. Quizás hay más mérito en combatir +como don Diego, completamente desarmado. El señor Le Bris le seguía con +el rabillo del ojo, como a un enfermo al que hay que evitar una recaída. +Le hablaba muy raras veces de París, nunca de la calle del Circo. Un día +leyó en un diario francés que la _Náyade_ había anclado ante Ky-Tcheou, +en el mar del Japón, para pedir reparación del insulto hecho a unos +misioneros franceses; Le Bris rompió el periódico para que su lectura no +pudiese suscitar la menor conversación sobre la señora Chermidy. + +En Oriente, a horas determinadas, la brisa del mediodía embriaga más +poderosamente los sentidos del hombre que el vino de Tinos que se bebe +con el nombre de malvasía; el corazón se funde como la cera; la voluntad +se distiende, el espíritu se debilita. Si uno se esfuerza en pensar, las +ideas se escapan como el agua que se va de entre los dedos. Se va a +buscar un libro, un dulce y antiguo amigo y, sin querer, los ojos se +desvían desde las primeras líneas; la mirada vaga, los párpados se abren +y se cierran sin saber por qué. Es en esas horas de somnolencia y de +dulce quietud cuando nuestros corazones se abren por sí mismos. Las +virtudes masculinas triunfan fácilmente cuando un frío vivo nos enrojece +la nariz y nos hiela las orejas, y cuando el aire de diciembre aprieta +las fibras de la carne y de la voluntad. Pero cuando los jazmines +extienden su perfume por los alrededores, cuando las hojas del laurel +cerezo nos caen sobre la cabeza, cuando los pinos sacudidos por el +viento suenan como liras y cuando las velas blancas se dibujan a lo +lejos sobre el mar, entonces sería preciso ser bien ciego y bien sordo +para ver y oír otra cosa que el amor. + +Don Diego advirtió un día que Germana había cambiado, sin perder nada en +el cambio. Sus mejillas estaban más llenas y mejor nutridas; todos los +huecos de aquel lindo rostro se iban rellenando; las arrugas siniestras +comenzaban a borrarse. Un color más sano orlaba su bella frente, y sus +cabellos de oro no parecían ya la corona de una muerta. + +Había oído una lectura bastante larga; la fatiga y el sueño se habían +apoderado de ella al mismo tiempo y, dejando caer la cabeza hacia atrás, +se había quedado dormida en el sillón. El conde estaba solo con ella. +Dejó el libro en el suelo, se aproximó dulcemente, se puso de rodillas +ante ella y adelantó los labios para besarla en la frente, pero se +contuvo por un instinto de delicadeza. Por primera vez pensó con horror +en la manera cómo había llegado a ser el esposo de Germana; tuvo +vergüenza de la venta, se dijo que un beso obtenido por sorpresa sería +algo como un crimen, y se prohibió a sí mismo amar a su mujer hasta el +día en que estuviese seguro de ser amado por ella. + +Los huéspedes de la villa Dandolo no vivían en una soledad tan absoluta +como se pudiera suponer. El aislamiento no se encuentra más que en las +grandes ciudades, donde cada uno vive para sí sin inquietarse del +vecino. En el campo, los menos sociables se buscan y no se teme hacer un +camino de una legua; el hombre sabe que ha nacido para la sociedad y +busca la conversación de sus semejantes. + +Pocos eran los días en que Germana no recibía alguna visita. Al +principio iban a su casa por curiosidad, después por un interés +compasivo y finalmente por amistad. Aquel rincón de la isla estaba +habitado por cinco o seis familias modestas, que hubieran sido pobres en +la ciudad, y que no carecían de nada en sus tierras porque sabían +contentarse con poco. Sus castillos caían en ruinas y no tenían dinero +para repararlos; pero sostenían con cuidado, encima de la puerta de +entrada, un escudo contemporáneo de las Cruzadas. Las islas Jónicas son +el _faubourg_ Saint-Germain de Oriente; allí encontraréis las grandes +virtudes y las pequeñas extravagancias de la nobleza, orgullo, dignidad, +pobreza decente y laboriosa, y una cierta elegancia en la vida más +humilde. + +Al propietario de la villa, el señor conde Dandolo, no le hubieran +podido reprochar nada sus antepasados los dux. Era un hombre pequeño, +vivo e inteligente, muy conocedor de los asuntos políticos, atraído a la +vez por el partido griego y la influencia inglesa, pero inclinado a la +oposición y siempre dispuesto a juzgar con severidad los actos del lord +comisario. Seguía de cerca las intrigas viejas y nuevas que dividen a +Europa, vigilaba los progresos del leopardo británico, discutía la +cuestión de Oriente, se inquietaba de la influencia de los jesuitas y +era presidente de la logia masónica de Corfú. Un excelente hombre que +derrochaba más actividad que un marino del antiguo régimen para navegar +alrededor de un vaso de agua. Su hijo Spiro, un hermoso joven de treinta +años, se había dejado conquistar por las ideas inglesas, como toda la +nueva generación. Era amigo de los oficiales y se le veía en el teatro +con ellos. Los Dandolo hubieran podido vivir espléndidamente si se +hubiesen podido deshacer de sus bienes, pero en Corfú los habitantes son +tan pobres, como rica es la tierra. Todos están prestos a vender, nadie +a comprar. El conde y Spiro hablaban elegantemente las tres lenguas del +país, el inglés, el griego y el italiano; además sabían el francés, por +lo que su amistad fue preciosa para Germana. Spiro se interesaba por la +bella enferma con todo el calor de un corazón desocupado. + +Algunas veces lo acompañaba un hombre, digno por todos conceptos de sus +amigos, el doctor Delviniotis, profesor de química de la Facultad de +Corfú. El señor Delviniotis profesaba a la enferma una amistad tanto más +viva, cuanto que él tenía una hija de la misma edad. Daba sus consejos +al doctor Le Bris, hablaba en italiano con el conde y la señora de +Villanera y lamentaba no saber el francés para poder entablar más amplio +conocimiento con Germana. Se le veía sentado delante de ella durante +horas enteras, buscando una frase o mirándola sin decir nada con esa +cortesía tranquila y muda que reina en todo Oriente. + +El hombre más ruidoso de toda la compañía era un viejo francés, +establecido en Corfú desde el año 1814, el capitán Bretignières. Había +abandonado el servicio a los veinticuatro años con una pensión de retiro +y una pierna de madera. Aquel corpachón seco y huesudo saltaba +alegremente, bebía de lo lindo, reía a carcajadas y se burlaba de la +vejez. Hacía una legua a pie para ir a comer a la villa Dandolo, contaba +historietas militares, se atusaba el bigote y sostenía que las islas +Jónicas deberían pertenecer a Francia. Era un convidado sumamente +agradable que comunicaba su alegría a todos los de la casa. Algunas +veces, cuando se echaba vino en el vaso, decía sentenciosamente: + +--Cuando se está en buena compañía, se puede beber impunemente tanto +como se quiera. + +Germana comía siempre con buen apetito cuando el capitán estaba allí. +Aquel amable cojo, tan obstinadamente apegado a la vida, le hacía +acariciar una dulce esperanza y la obligaba a creer en el porvenir. El +señor de Bretignières tuteaba al pequeño marqués, le llamaba mi general +y le hacía saltar sobre su única rodilla. Besaba galantemente las manos +de la enferma y la servía con la devoción de un viejo paje o de un +trovador retirado. + +Tenía un admirador de otra escuela en la persona del señor Stevens, juez +de instrucción del tribunal real de Corfú. Este honorable magistrado +empleaba en los cuidados de su cuerpo un sueldo de mil libras esterlinas +anuales. No habéis visto jamás un hombre más limpio, más satisfecho, más +nutrido, más brillante y de una salud más tranquila y mejor paladeada. +Egoísta como todos los viejos solterones, serio como todos los +magistrados, flemático como todos los ingleses, ocultaba bajo la +beatífica rotundidez de su cuerpo una cierta dosis de sensibilidad. La +salud le parecía un don tan precioso, que hubiera querido repartirla +entre todo el mundo. Había conocido al joven inglés de Pompeya y había +seguido de cerca las diversas fases de su curación. Contaba ingenuamente +que había experimentado una simpatía mediocre por aquel ser pálido y +moribundo, pero que le había amado más de día en día a medida que le +veía volver a la vida. Había acabado por ser su amigo íntimo el día en +que pudo estrecharle la mano sin hacerle gritar. Fue lo mismo para +Germana. Evitó aficionarse a ella mientras la creyó condenada a muerte; +pero desde el momento en que le pareció que se instalaba en este mundo, +le abrió su corazón de par en par. + +Los más próximos vecinos de la casa eran la señora Vitré y su hijo. En +poco tiempo se convirtieron en los amigos más íntimos. La baronesa de +Vitré era una normanda refugiada en Corfú con los restos de su fortuna. +Como ella evitaba contar su historia, no se supo jamás qué +acontecimientos la habían arrojado de su país. Lo que era evidente es +que la baronesa vivía como una mujer honrada y educaba admirablemente a +su hijo. Tenía cuarenta años y una belleza un poco vulgar; en Francia la +hubieran tomado por una granjera del país de Caux. Pero ella se ocupaba +de su casa, de sus olivos y de su querido Gastón con una actividad +metódica y un celo incansable que denotaban su procedencia. La grandeza +es un don que se revela en todas las situaciones de la vida y sobre los +escenarios más diversos: se muestra por igual en el trabajo y en el +reposo y no brilla más en un salón que en una buhardilla. La señora de +Vitré, entre sus dos criadas, vestida, como ellas, con el traje +nacional, parecido al hábito de los carmelitas, tenía un aspecto tan +imponente como Penélope bordando las túnicas del joven Telémaco. Gastón +de Vitré, bello como una joven de veinte años, llevaba la vida ruda y +activa de un noble campesino. Trabajaba, cortaba los árboles, cogía +naranjas y arrancaba las ramas de los granados cuyos rojos frutos se +abrían al sol. Por la mañana, corría con la escopeta al hombro para +matar algunos zorzales o papafigos; por la noche, leía con su madre, que +fue su profesor y la nodriza de su espíritu. Sin preocupaciones del +porvenir, ignorando las cosas del mundo y encerrando sus pensamientos en +el horizonte limitado por sus miradas, no deseaba otros placeres que una +hermosa jornada de caza, una lectura de Lamartine o un paseo por el mar. +Era un corazón virgen, un alma severa y blanca como esas bellas hojas de +papel que invitan a la pluma a escribir. Cuando su madre lo llevó a la +villa Dandolo, advirtió, por primera vez, que era un pobre ignorante, se +ruborizó de la ociosidad en que había vivido y lamentó no haber +aprendido la medicina. + +Las visitas son siempre largas en el campo. Se hace tanto para verse, +que se tiene pena después de abandonarse. Los Dandolo y los Vitré, el +doctor Delviniotis, el juez y el capitán pasaban algunas veces días +enteros alrededor de la hermosa enferma. Ella los retenía con alegría, +sin darse cuenta del motivo secreto que la hacía obrar así. Es que ya +comenzaba a evitar las ocasiones de encontrarse sola con su marido. +Tanto como el amor declarado huye de los importunos y busca la +intimidad, el amor naciente gusta de la compañía y de las distracciones. +Desde que nos comenzamos a sentir poseídos por otro, nos parece que los +extraños y los indiferentes nos protegen contra nuestra debilidad, y que +quedaríamos sin defensa sin ellos. + +La señora de Villanera servía, sin saberlo, este secreto deseo de +Germana, reteniendo a su lado a la señora de Vitré, con la que cada día +se sentía más identificada. Don Diego no había llegado aún a ese punto +en que un amante soporta impacientemente la compañía de los extraños; su +cariño por Germana era aún desinteresado. Buscaba ante todo aquello que +podía distraer a la joven para que se sintiese más interesada por la +vida. Quizás aquel hombre tímido, como todos los hombres verdaderamente +fuertes, evitaba explicarse a sí mismo el sentimiento nuevo que le +atraía hacia ella. Temía verse preso entre dos deberes contrarios; no se +podía ocultar que estaba ligado por toda la vida a la señora Chermidy. +La creía digna de su amor, la amaba a pesar de su falta, como se ama a +la mujer culpable o inocente por la que se es correspondido. Si hubieran +ido con pruebas en la mano a decirle que la señora Chermidy no era digna +de él, hubiera experimentado un sentimiento de angustia y no se hubiera +alegrado de recobrar su libertad. No se rompe fácilmente con tres años +de dicha: no se dice frotándose las manos: ¡Loado sea Dios! ¡mi hijo es +el hijo de una intrigante! + +El conde experimentaba, pues, un malestar moral, una inquietud sorda que +contrariaba su pasión naciente. Temía confesarse a sí mismo; se detenía +ante su corazón como ante una carta que no nos atrevemos a abrir. + +Mientras tanto, los jóvenes esposos se buscaban, se encontraban bien +cuando estaban juntos y daban las gracias desde el fondo de su corazón a +los que les impedían estar solos. El círculo de amigos que se sentaban +alrededor de ellos, abrigaba su amor, como los grandes obreros que +rodean los vergeles de Normandía protegen la floración de los manzanos. + +El salón de recepciones era el centro del jardín, alfombrado de naranjas +que habían caído antes de sazonar. Germana, sentada en su sillón, fumaba +cigarrillos yodados; el conde la miraba vivir; la señora de Villanera +jugaba con el niño como una faunesa vieja y negra con su retoño +bronceado. Los amigos se balanceaban en las mecedoras que se habían +hecho traer de América. De cuando en cuando, Mantoux u otro criado de la +casa, servía café, helados o confituras, según los usos de la +hospitalidad oriental. Los huéspedes se extrañaban de que la dueña de la +casa fuese la única fumadora de toda la concurrencia. En Oriente se fuma +siempre. Vosotros arrojáis el cigarrillo a la puerta de una casa, pero +la dueña os ofrece otro en seguida. Germana, sea que fuese más +indulgente para el único vicio de su marido, sea que se apiadase de +aquellos pobres griegos que no podían vivir sin el tabaco, decretó un +día que el cigarrillo sería permitido en toda la extensión de su +imperio. Don Diego le recordó sonriendo sus antiguas repugnancias. La +joven se ruborizó ligeramente y replicó con viveza: + +--He leído en _El Conde de Montecristo_ que el tabaco turco era un +perfume y yo sé que aquí, a la vista de las riberas de Turquía, no se +fuma de otro. No se trata de esos nauseabundos cigarros que usaba usted +y cuya sola vista me hace daño. + +Bien pronto se vieron aparecer en el jardín y en la casa los grandes +_chibuks_ de hornillo rojo y boquilla de ámbar; los _narghilés_ de +cristal que cantan al hervir y que pasean sobre la hierba su largo tubo +flexible como una serpiente. A fines de julio los nauseabundos cigarros +se escaparon tímidamente de no sé qué receptáculo invisible y +encontraron gracia ante Germana, lo que dio a comprender que se +encontraba mucho mejor. + +Fue por aquella época cuando el elegido por la señora Chermidy, Mantoux, +llamado _Poca Suerte_, tomó el partido de envenenar a su ama. + +Hay siempre algo de bueno en el hombre más vicioso y yo debo confesar +que por espacio de dos meses fue un criado excelente. Cuando el duque, +que ignoraba su historia, le hizo dar un pasaporte a nombre de Mateo, +atravesó la frontera con alegría y reconocimiento. Quizá pensaba de +buena fe, como el criado de Tucaret, en ser el tronco de hombres +honrados. La dulzura de Germana, el encanto que ejercía sobre todos los +que la rodeaban, lo bien que pagaba a los que la servían y la poca +esperanza que se tenía de salvarla, inspiraron buenos sentimientos a +aquel criado de contrabando. Sabía mucho mejor descerrajar una puerta +que preparar un vaso de agua azucarada, pero se esforzó en no parecer un +novicio y lo consiguió. Pertenecía a una raza inteligente, apta para +todo, hábil en todos los oficios y en todas las artes. Se aplicó tan +bien, hizo tales progresos y aprendió tan pronto su obligación, que sus +amos estaban muy contentos de él. + +La señora Chermidy le había recomendado que ocultase su religión y aun +que renegase de ella si le interrogaban. Conocía la fama de intolerantes +que tienen los españoles para con los israelitas. Desgraciadamente aquel +honrado hombre forrado de nuevo no podía ocultar su cara. La señora de +Villanera sospechó que, por lo menos, era un hebreo convertido. Porque, +como buena española, hacía poca diferencia entre los convertidos y los +obstinados[F]. Era la mejor mujer del mundo, pero los hubiera enviado a +todos a la hoguera, segura de que los doce apóstoles hubieran hecho otro +tanto. + +Mantoux, que había transigido más de una vez con su conciencia, no hizo +escrúpulos al acto de renegar de la religión de sus padres. Pero, por +una de esas contradicciones tan frecuentes en los hombres, no se decidió +nunca a comer los mismos alimentos que sus camaradas. Sin hacer alarde +de ello, se dedicó a las legumbres, a las frutas y a las herbáceas, +viviendo como un vegetariano, un pitagórico. Se consolaba de este +régimen cuando se le enviaba con alguna comisión a la ciudad. Entonces +corría en derechura al barrio judío, fraternizaba con sus compatriotas, +hablaba con ellos esa jerga semihebraica que sirve de lazo de unión a la +gran nación dispersa, y comía carne _kaucher_, es decir, matada por el +sacrificador, según los preceptos de la ley. Era un consuelo que +seguramente le habría faltado durante el tiempo que estuvo en presidio. + +Hablando con sus correligionarios, se enteró de muchas cosas; supo que +Corfú era un excelente país, una verdadera tierra de promisión en la que +se vivía muy barato y en la que sería rico con 1.200 francos de renta. +Se enteró también de que la justicia inglesa era severa, pero que con +una buena lancha y dos remos se podía escapar a la persecución de la +ley. Bastaba poner el pie en Turquía; el continente estaba a algunas +millas de allí, ¡se le veía, se le tocaba casi! Supo, por fin, donde se +podía adquirir arsénico a un precio módico. + +Hacia los últimos días de julio, oyó afirmar a muchas personas que la +joven condesa estaba en vías de curación. Se aseguró por sus propios +ojos y vio que, efectivamente, estaría restablecida de un día a otro. +Todas las noches al llevarle un vaso de agua azucarada podía observar, +junto con el señor Le Bris, cómo disminuían la tos y la fiebre. Un día +asistió al acto de desembalar una caja mucho mejor cerrada que la que él +había traído de París. De ella vio salir un lindo aparato de cobre y de +cristal, una pequeña máquina muy sencilla, y tan sugestiva, que al verla +sentía uno no ser tísico. El doctor se apresuró a montarla, y dijo, +mirándola con ternura: «¡He aquí, tal vez, la salvación de la condesa!» + +Estas palabras fueron tanto más penosas para Mantoux, cuanto que acababa +de echar el ojo a una pequeña propiedad, con sus árboles y su casa para +el dueño, el nido que podía apetecer una familia honrada. Entonces se le +ocurrió la idea de hacer añicos aquel aparato de destrucción que +amenazaba su fortuna. Pero no tardó en comprender que le pondrían a la +puerta y que no sólo perdería su pensión, sino también su sueldo. +Resignose, pues, a ser un buen criado. + +Por desgracia, sus camaradas hacían ya comentarios sobre el régimen +vegetariano a que se había sometido. La señora de Villanera entró en +alarma, se informó de todo y decidió que era un judío incorregible, +relapso y todo lo demás por añadidura. Le preguntó si le convenía buscar +una plaza en Corfú, o bien prefería regresar a Francia. El desgraciado +gimió, pidió gracia y recurrió a la intervención caritativa de la buena +Germana, pero la señora de Villanera se mostró inexorable. Todo lo que +pudo obtener es que continuaría allí hasta la llegada de su substituto. + +Le quedaba un mes por delante: he aquí cómo lo aprovechó. Compró algunos +gramos de ácido arsenioso que guardó en su habitación. Cogió una pizca, +la cantidad necesaria para matar a dos hombres, y la disolvió en un vaso +de agua. Colocó el vaso en la alacena, sobre una tabla muy alta a la +cual no se podía llegar sino subiéndose a una silla; y, sin perder +tiempo, echó algunas gotas de aquel líquido envenenado en el agua de la +enferma, después de prometerse repetir las operación todos los días, +matar lentamente a su ama y merecer, a pesar del pequeño aparato, los +beneficios de la señora Chermidy. + + + + +IX + +CARTAS DE CHINA Y DE PARÍS + + +_al señor Mateo Mantoux, en casa del señor conde de Villanera, Villa +Dandolo, en Corfú_ + +«Sin fecha. + +»Tú no me conoces, y yo en cambio te conozco como si te hubiese +inventado. Eres un antiguo pensionista del Gobierno en la escuela naval +de Tolón; allí es donde te vi por primera vez. Más tarde te encontré en +Corbeil; no era tu posición muy brillante y la policía tenía fijos los +ojos en ti. Tuviste la suerte de caer sobre una estúpida parisiense que +te procuró una buena colocación con la esperanza de una pensión. La +señora de la calle del Circo y su camarera te tienen por un inocente; se +dice que tus señores te distinguen con su confianza. Si la enferma que +cuidas hubiera tomado soleta para el otro mundo, serías rico, +considerado, y vivirías como un burgués allí donde mejor te pluguiese. +Desgraciadamente no se ha decidido, y a ti no se te ha ocurrido hacer +nada para decidirla. Peor para ti; seguirás llamándote _Poca Suerte_. El +comisario de policía de Corbeil te busca. Está sobre tu pista. Si no +tomas las medidas convenientes, darán contigo ahí. Por mi parte, yo que +te escribo, te he encontrado. ¿Te gustaría ir a coger pimienta a Cayena? +¡Pues trabaja, holgazán! Tienes la fortuna en la mano tan cierto como me +llamo... Pero no hay necesidad de que sepas mi nombre. No soy ni +Rabichon, ni Lebrasseur, ni Chassepie. Abrigo la esperanza de que sabrás +comprender lo que te conviene. + +»Tu amigo + +»X. Y. Z.» + + +_La señora Chermidy al doctor Le Bris_ + +«París, 13 de agosto de 1853. + +»Llave de los corazones, mi estimado amigo, he aquí una grande y +magnífica noticia. Mme. de Sevigné se la haría esperar durante dos +páginas; yo voy más pronto al grano y se la espeto en seguida. ¡Soy +viuda, amigo mío; viuda sin apelación; viuda en última instancia, como +si el notario lo hubiese rubricado! He recibido la noticia oficial, el +acta de defunción, el pésame del ministerio de Marina, el sable y las +charreteras del difunto y una pensión de 750 francos para que pueda +poner coche en los días de mi vejez. ¡Viuda, viuda, viuda! No hay +palabra más bonita en la lengua francesa. Me he vestido de negro; me +paseo a pie por las calles, y siento un gran deseo de detener a los +transeúntes para hacerles saber que soy viuda. + +»En esta ocasión he comprendido que no soy una mujer vulgar. Conozco más +de una que habría llorado por debilidad humana y para darle una pequeña +satisfacción a sus nervios; yo, he reído como una loca. Ya no hay +Chermidy; Chermidy no existe, y tenemos derecho a decir ya el difunto +Chermidy. + +»Ya sabe usted, tumba de los secretos, que jamás quise a ese hombre. No +era nada para mí. Llevaba su apellido, soportaba sus botaratadas; los +dos o tres bofetones que me ha dado eran los únicos lazos que el amor +había formado entre nosotros. El hombre que yo he amado, mi verdadero +esposo, mi esposo ante Dios, no se ha llamado nunca Chermidy. Mi fortuna +no procede de ese marinero; no le debo nada, y sería una hipócrita si lo +llorase. ¿No asistió usted a nuestra última entrevista? ¿Se acuerda +usted de la mueca conyugal que embellecía sus facciones? Si no hubiese +estado usted presente, me habría jugado una mala partida: esos maridos +marinos son capaces de todo. Las cartas me han anunciado repetidas veces +que yo moriría de muerte violenta, y es que las cartas conocían al señor +Chermidy. Tarde o temprano me habría retorcido el cuello, y hubiera +bailado el día de mi entierro. Ahora soy yo la que río, la que bailo y +dice tonterías; el mío es un caso de legítima defensa. + +»¡Vamos, es una linda historia la de esa muerte! Nunca se ha visto +objeto de china igual, y yo la conservaré en una rinconera. Todos mis +amigos han venido a darme el pésame, poniendo cara de circunstancias; +pero les he contado el suceso y les he hecho perder la gravedad en +seguida. Hemos estado riendo a mandíbula batiente hasta las doce y media +de la noche. + +»Figúrese usted, mi querido doctor, que la _Náyade_ había anclado +delante de Ky-Tcheou. No he podido encontrar de ningún modo en el mapa +donde cae eso, y estoy desesperada. Los geógrafos de hoy son seres muy +incompletos. Ky-Tcheou debe estar al sur de la península de Corea, en el +mar del Japón. He encontrado Kin-Tcheou, pero en la provincia de +Ching-King, en el golfo de Leou-Toung, en el mar Amarillo. ¡Póngase +usted en lugar de una pobre viuda que no sabe en qué latitud la han +privado de su marido! + +»Sea lo que fuere, los magistrados de Ky-Tcheou o Kin-Tcheou, en la +desembocadura del río Li-Kiang, habían maltratado a dos misioneros +franceses. El mandarín gobernador, o padre de la ciudad, el poderoso +Gu-Ly, consagraba todos sus ocios a hacerles jugarretas a los +extranjeros. Existen tres factorías europeas en ese lugar de recreo. Un +francés que compra seda, ejerce las funciones de agente consular. Tenía +una bandera delante de su puerta y los misioneros se alojaban en su +casa. Gu-Ly hizo prender a los dos sacerdotes acusándolos de predicar +una religión extraña. Difícilmente se pudieron defender los sacerdotes +mentados, puesto que a eso, a predicar la religión cristiana, habían +ido. Fueron condenados, y corrió el rumor de que los habían matado. +Debido a eso envió el almirante a la _Náyade_ con la misión de enterarse +de lo que ocurría. + +»El comandante hizo ir a Gu-Ly a su presencia, ¿Se representa usted a mi +marido frente a frente con el tal chino? Gu-Ly aseguró que los +misioneros no tenían novedad, pero que habían infringido las leyes del +país, y por lo tanto era preciso que sufriesen seis meses de cárcel. Mi +marido quiso verlos y se le ofreció que se los enseñarían a través de +las rejas. Aquella misma noche se trasladó a las puertas de la prisión +con una compañía de desembarco. Vio a dos misioneros que gesticulaban en +la ventana, el cónsul los reconoció y todo el mundo quedó satisfecho. + +»Pero al día siguiente fueron a avisar al cónsul que los misioneros +habían sido degollados ocho días antes de la llegada de la _Náyade_. Más +de veinte testigos certificaron el hecho. Mi Chermidy volvió a +endosarse el uniforme, desembarcó con sus hombres, fue de nuevo a la +cárcel y derribó las puertas, sin hacer caso a los misioneros que le +hacían señas con los brazos para que regresara al buque. Encontró en el +calabozo dos figuras de cera, modeladas con una perfección chinesca; +eran los dos misioneros que le habían enseñado el día anterior. + +»Mi marido montó en cólera. No era de los que sufren que se les engañe; +éste es un defecto que siempre ha tenido. Volvió a bordo y juró por lo +más sagrado que bombardearía la ciudad, si los asesinos no eran +castigados. El mandarín, temblando como una hoja, hizo acto de sumisión +y condenó a los jueces a ser aserrados vivos. Mi marido no tuvo ninguna +objeción que hacer. + +»Pero la legislación del país permite a todo condenado a muerte buscar +un substituto. Hay agencias especiales que, mediante cinco o seis mil +francos y buenas promesas, deciden a un pobre diablo a dejarse cortar en +dos. Los chinos de la clase baja, los que viven mezclados con los +animales, no tienen gran apego a la vida. Y se comprende. ¡Para lo que +hacen! No les cuesta, pues, gran trabajo, decidirse a dejar este mundo +cuando se les ofrece mil piastras y tres días para comérselas. Mi marido +aceptó a los substitutos, asistió al suplicio e hizo las paces con el +ingenioso Gu-Ly, llegando en su clemencia hasta invitarle a comer al día +siguiente con los magistrados que se habían hecho sustituir. Esto era +obrar como buen diplomático, porque, después de todo, ¿qué es la +diplomacia? El arte de perdonar las injurias tan pronto como han quedado +vengadas. + +»Gu-Ly y sus cómplices fueron a comer a bordo de la _Náyade_. Los +postres fueron interrumpidos por un incendio magnífico; el navío ardía +como una cerilla. Funcionaron las bombas oportunamente, se echaron las +culpas sobre un pinche de cocina y se dieron excusas al venerable Gu-Ly. + +»¿Encuentra usted el relato un poco largo? ¡Paciencia! todo se andará. +El mandarín quiso devolverle su fineza y le invitó para el día siguiente +a uno de esos banquetes en que triunfa la prodigalidad china. Nosotros +somos unos pobres señores comparados con esos originales. Admiramos +mucho al _gentleman_ que gasta en un cubierto para él solo quinientos +francos en el café de París: ¡los chinos hacen las cosas de otro modo! +Anunciaron al comandante las salsas espolvoreadas con perlas finas, los +nidos de golondrinas con lenguas de faisán, y la célebre tortilla de +huevos de pavo real que se hace en la misma mesa matando a cada hembra +para arrancarle su huevo. Mi Chermidy, simple como un remo, no adivinó +que sería él quien pagaría el _menú_. Según los relatos oficiales, se +relamía los labios y se prometía escuchar atentamente las comedias con +que se acostumbra sazonar un festín chino. + +»Desembarcó con el cónsul y cuatro hombres de escolta, bajo una lluvia +persistente. Ya comprenderá usted que no olvidaría su uniforme de gala. +Una diputación de magistrados lo recibió con toda la etiqueta de rigor. +Supongo que quedaría satisfecho de la arenga. Si los chinos adoran la +etiqueta, los marinos no la detestan. Se le izó sobre un caballejo. +Desde aquí le veo trotando y dando tumbos. El animal (dicho sea sin +equívoco) se hundía en el barro hasta los corvejones; las ciudades de +China están empedradas con un afirmado de dos filas que las hace aptas a +la vez para el tránsito rodado y para la navegación. Doce jóvenes +vestidos de seda de color de rosa marchaban a sus lados, con una pluma +de pavo real en la mano. Cantaban con su voz gangosa alabanzas en honor +del grande, del poderoso, del invencible Chermidy, y agasajaban +dulcemente a la montura con las barbas de sus plumas. Los pequeños le +hacían cosquillas en las narices y los mayores le hurgaban en el +interior de las orejas tan bien y tan largo tiempo, que el animal acabó +por encabritarse. El caballero, torpe como un marino, cayó de espaldas. +Los niños corrieron hacia él y le preguntaron todos a la vez si se había +hecho daño, si tenía necesidad de algo, si quería agua para lavarse, y, +sin dejar de hablar, sacaron sus cuchillos de los bolsillos y le +cortaron el cuello sin ruido, sin escándalo, hasta que la cabeza quedó +completamente separada del tronco. + +»Es el cónsul el que ha contado esta historia. Me temo mucho que no +hubiera podido hablar nunca más con nadie a no ser por el socorro de los +cuatro marineros que le salvaron la vida y le condujeron a bordo. Me +detengo aquí, porque la pieza pierde su interés desde el momento en que +el héroe ha sido enterrado. Ya sabrá usted la continuación por los +periódicos y por la carta adjunta que los oficiales de la _Náyade_ se +han tomado la molestia de enviarme. Lamento sinceramente la muerte del +mandarín Gu-Ly. Si viviese aún, le aseguraría un plato de nidos de +golondrinas para el resto de sus días. Desde que mi dicha depende de una +doble viudez, me he prometido siempre partir un millón entre las almas +caritativas que me librasen de mis enemigos. En un cajón de mi +_secreter_ había quinientos mil francos para ese mandarín que ya no +existe. + +»Tumba de los secretos, quemará usted mi carta, ¿no es verdad? Queme +también los periódicos que hablan de este asunto. No es necesario que +don Diego sepa que yo soy libre mientras él aún continúa encadenado. +Evitemos a nuestros amigos disgustos demasiado crueles. Sobre todo, no +le diga usted que el luto me embellece. + +»Cuide bien a la persona a la cual se ha dedicado usted. Pase lo que +pase, tendrá el mérito de haberla hecho vivir más de lo que era +humanamente posible. Si le hubieran dicho antes de dejar París que iba a +estar ausente siete u ocho meses, ¿comería tan buenas codornices? Cuando +esté curada o le ocurra otra cosa, usted vendrá a París y entonces +trataremos de buscarle una clientela, porque estoy segura de que sus +enfermos, a excepción de mí, no le reconocerán. + +»El señor duque de La Tour de Embleuse, que me hace algunos días el +honor de comer en mi casa, me ha rogado que buscase otro criado para su +hija. Yo había tomado apresuradamente mis informes sobre el primero que +le envié, pero después me han dicho que es un sujeto de malos +antecedentes. Echelo usted lo más pronto posible, o quédeselo bajo su +responsabilidad hasta la llegada del substituto. + +»Adiós, llave de los corazones. El mío le está abierto desde hace mucho +tiempo, y si no es usted el mejor de mis amigos, no es mía la culpa. +Consérveme mi marido y mi hijo y seré siempre completamente suya. + +»HONORINA.» + + +_Los oficiales de la «Náyade» a la señora Chermidy_ + +«Hong-Kong, 2 de abril 1853. + +»Señora: Los oficiales y los alumnos embarcados a bordo de la _Náyade_ +cumplimos un penoso deber al unir nuestro pesar al dolor bien legítimo +que le causará la pérdida del comandante Chermidy. + +»Una odiosa conspiración ha robado a Francia uno de sus oficiales más +honorables y más experimentados: a usted, señora, un marido, del cual +todos habíamos podido apreciar la bondad y la dulzura; a nosotros un +jefe, o mejor dicho, un compañero, que tenía a honor descargarnos del +peso del servicio, reservándose la parte más pesada. + +»Al enviarle las insignias de su grado, que había conquistado tan +laboriosamente, lamentamos, señora, no poder unir la condecoración de +los valientes que merecía desde hace mucho tiempo, tanto por la duración +como por la importancia de sus servicios, y que le esperaba sin duda, +después de una campaña que tendremos que terminar sin él. + +»Es un débil consuelo, señora, en un dolor como el suyo, el placer de la +venganza. No obstante, nos sentimos orgullosos de poder decir a usted +que hemos hecho gloriosos funerales a nuestro bravo comandante. + +»Cuando el señor cónsul y los cuatro marineros que habían presenciado el +crimen nos trajeron la noticia a bordo, el más antiguo de los tenientes +de navío, que había sucedido al excelente oficial que habíamos perdido, +hizo evacuar las personas y las mercaderías de las factorías europeas, y +comenzamos un fuego graneado contra la ciudad que la convirtió en +cenizas en menos de dos días. Gu-Ly y sus compañeros creyeron encontrar +un refugio seguro en la fortaleza. La compañía de desembarco, a las +órdenes de uno de los nuestros, los sitió durante una semana con dos +cañones que habíamos llevado a tierra. La conducta de nuestros hombres +fue admirable; vengaron cumplidamente a su comandante. La _Náyade_ no +izó el pabellón imperial hasta después de haber castigado +implacablemente al mandarín gobernador y a todos los que se habían +reunido alrededor de su persona. A la hora en que le escribimos, señora, +ya no existe la ciudad llamada Ky-Tcheou; no queda en su lugar más que +un montón de cenizas que podría ser llamado la tumba del comandante +Chermidy. + +»Reciba usted, señora, el homenaje de los sentimientos de la más +profunda simpatía, y reconózcanos como sus más humildes y fieles +servidores. (_Siguen las firmas._)» + + + + +X + +LA CRISIS + + +La época más dichosa en la vida de una joven es el año que precede a su +matrimonio. Toda mujer que quiera pasar revista a sus recuerdos se +acordará con un sentimiento de pesar de aquel invierno bendito entre +todos, en que su elección ya estaba hecha, pero ignorada de los demás. +Una multitud de pretendientes tímidos e indecisos se mostraban +obsequiosos a su alrededor, se disputaban su ramo o su abanico y la +envolvían en una atmósfera de amor, que ella respiraba con embriaguez. +Ella ya había distinguido entre todos al hombre del cual quería ser, +pero no le había prometido nada y experimentaba una cierta alegría en +tratarle como a los demás y en ocultarle su preferencia. Se divertía en +hacerle dudar de su dicha, en llevarle de la esperanza al temor, en +someterle todos los días a una prueba. Pero en el fondo de su corazón, +le inmolaba todos su rivales y depositaba a sus pies todos los +homenajes que fingía acoger. Se prometía recompensar espléndidamente +tanta perseverancia y resignación, y sobre todo saboreaba el placer, +eminentemente femenino, de mandar a todos y de no obedecer más que a uno +solo. + +Este período triunfal había faltado en la vida de Germana. El año que +precedió a su matrimonio había sido el más triste y el más miserable de +su pobre juventud. Pero el año que siguió la indemnizó en parte. Vivía +en Corfú en un círculo de admiradores apasionados. Todos los que la +rodeaban, viejos y jóvenes, experimentaban por ella un sentimiento muy +parecido al amor. Llevaba impreso sobre su hermosa frente ese signo de +melancolía que demuestra que una mujer no es dichosa. Es un atractivo +que pocos hombres resisten. Los más atrevidos temen ofrecerse a la que +parece no carecer de nada, pero la tristeza enardece a los tímidos. No +faltaban, ciertamente, médicos a aquella alma afligida. El joven +Dandolo, uno de los hombres más brillantes de las siete islas, la +asediaba con sus cuidados, la deslumbraba con su talento y le imponía su +amistad soberbia con la autoridad del que siempre ha triunfado. Gastón +de Vitré paseaba alrededor de ella una solicitud inquieta. El hermoso +joven se sentía nacer a una nueva vida. No había cambiado nada en sus +costumbres, y sus ocupaciones y sus placeres marchaban al mismo paso que +antes, pero cuando leía cerca de su madre, veía más allá de las páginas +del libro; se detenía como deslumbrado en medio de la lectura; se sumía +en un ensueño a propósito de un verso que jamás le había impresionado. +El beso de despedida que daba por las noches a la señora de Vitré +quemaba la frente de su madre. Cuando rezaba, de rodillas, con la cabeza +apoyada contra la cama, veía pasar entre sus ojos y sus párpados +imágenes extrañas. + +No dormía toda la noche de un tirón, como antes; su sueño era +entrecortado. Se levantaba antes del amanecer y corría por el campo con +una impaciencia febril. La escopeta le pesaba menos sobre el hombro; sus +pies casi no pisaban la hierba seca. Cuando se embarcaba, se internaba +más que nunca en el mar y sus brazos robustos encontraban un placer en +impulsar los remos; cualquiera que fuese el objeto de su visita, un +encanto invisible lo atraía siempre cerca de Germana, lo mismo por +tierra que por mar; se volvía hacia ella como la brújula a la estrella, +sin tener conciencia del poder que lo atraía. Era acogido amistosamente, +se tenía placer al verle y a él no se le ocultaba. No obstante, siempre +mostraba prisa de partir y no entraba más que un momento, pretextando +que su madre lo esperaba, pero es lo cierto que a la caída del sol aun +estaba sentado al lado de la querida enferma, y se extrañaba de que los +días fuesen tan cortos en el mes de agosto. + +El señor Stevens, hombre de peso y de gravedad, marcaba el paso detrás +del sillón de Germana como un regimiento de infantería; tenía para ella +esas atenciones reflexivas y serenas que constituyen la fuerza de los +hombres de cincuenta años. Le llevaba bombones, le contaba cuentos y le +prodigaba esas pequeñas atenciones a las que una mujer no se muestra +nunca insensible. Germana no despreciaba aquella buena amistad, paternal +en la forma, menos paternal no obstante que la del doctor Delviniotis. +Recompensaba también con una dulce mirada al capitán Bretignières, aquel +excelente hombre al que no faltaba más que una pluma en el sombrero. Se +regocijaba al verle correr a su alrededor con todo el estruendo de una +fantasía árabe. Tenía una amistad bien tierna por el doctor; el señor Le +Bris, acostumbrado a hacer una corte inocente a sus enfermas, no sabía +con precisión el sentimiento que experimentaba por la joven condesa de +Villanera. Esta cambiaba a ojos vistas y aquella belleza renaciente +podía derribar en un instante la frágil barrera que separa la amistad +del amor. + +Todos estos sentimientos mal definidos y más difíciles de nombrar que de +describir constituían la alegría de la casa y la dicha de Germana. +Encontraba una gran diferencia entre su último invierno de París y su +primer verano de Corfú. La villa y el jardín respiraban alegría, +esperanza y amor. No se oían más que palabras de cordialidad y francas +carcajadas. Los huéspedes rivalizaban en ingenio y en buen humor, y +Germana se sentía renacer al dulce calor de todos aquellos corazones +devotos que latían por ella. Si algunas veces atizaba el fuego por una +inocente coquetería, es porque quería asegurar la conquista de su +marido. + +Los recuerdos penosos de su matrimonio se iban poco a poco borrando de +su memoria. Había olvidado la lúgubre ceremonia de Santo Tomás de Aquino +y se consideraba como una prometida que espera el momento de ir a la +iglesia. No pensaba ya en la señora Chermidy y no experimentaba aquel +frío interior que da el temor de una rival. Su marido se le aparecía +como un hombre nuevo; ella se creía también ser una mujer nueva, acabada +de nacer. ¿Acaso escapar a una muerte cierta, no es nacer una segunda +vez? Hacía remontar su nacimiento a la primavera y se decía sonriendo: +«Soy una niña de cuatro meses.» La vieja condesa la confirmaba en +aquella idea tomándola en brazos como a una criatura. + +Lo que le hubiera podido llamar a la realidad era la presencia del +marqués. Era difícil olvidar que aquel niño tenía una madre y que +aquella madre podía venir un día u otro a reclamar la dicha que le +habían tomado. Pero Germana se había acostumbrado a mirar al pequeño +Gómez como a su hijo. El amor maternal es de tal modo innato en las +mujeres, que se desarrolla en ellas mucho antes que el matrimonio. Por +eso se ve a niñas de dos años ofrecer el pecho a sus muñecas. El marqués +de los Montes de Hierro era la muñeca de Germana. Se olvidaba de sí +misma para ocuparse de su hijo. Había acabado por encontrarle hermoso, +lo que prueba que tenía un verdadero corazón de madre. Don Diego la +miraba con complacencia cuando estrechaba entre sus brazos a aquel +pequeño gnomo bronceado. Y se regocijaba al observar que la mueca +hereditaria de los Villanera no daba miedo a su mujer. + +Todas las noches, a las nueve, los señores y los criados se reunían en +el salón para rezar en común. La vieja condesa se mostraba muy apegada a +esta costumbre religiosa y aristocrática. Ella misma leía las oraciones +en latín. Los domésticos griegos se asociaban devotamente a la plegaria +común, a pesar del cisma que divide a los cristianos de Occidente. Mateo +Mantoux se arrodillaba en un rincón, desde el cual podía ver sin ser +visto, y desde allí trataba de leer en la cara de Germana los estragos +del arsénico. + +No había dejado ni sola vez de envenenar el vaso de agua azucarada que +llevaba todas las noches a Germana. Esperaba que el arsénico a pequeñas +dosis aceleraría los progresos de la enfermedad, sin dejar trazas +visibles. Este es un prejuicio extendido entre las clases ignorantes. +Mateo Mantoux, con razón llamado _Poca Suerte,_ no podía saber que el +veneno mata de una vez a las gentes, o no les hace nada. Creía que +aquellos miligramos de ácido arsenioso ingeridos diariamente se unían en +el cuerpo hasta formar gramos; y es que no contaba con el trabajo +infatigable de la naturaleza que repara incesantemente todos los +desórdenes interiores. Si hubiese tomado una lección más detallada de +toxicología o se hubiera acordado del ejemplo de Mitrídates, hubiera +comprendido que los envenenamientos microscópicos producen unos efectos +muy distintos de los que él esperaba. Pero Mateo Mantoux no había leído +la historia. + +Lo que aun le habría extrañado más es saber que el arsénico a pequeñas +dosis es un remedio contra la tuberculosis. No la cura siempre, pero por +lo menos procura un verdadero alivio al enfermo. Las moléculas del +veneno van a quemarse en los pulmones al contacto del aire exterior y +producen una respiración ficticia. Siempre es algo respirar con más +facilidad, y Germana había podido notarlo. Además, el arsénico rebaja la +fiebre, abre el apetito, facilita el sueño, restablece las carnes y no +perjudica el efecto de los otros medicamentos, ayudándolos algunas +veces. + +El señor Le Bris había pensado muchas veces en tratar a Germana por este +método, pero un escrúpulo bien natural le detenía. No estaba seguro de +salvar a la enferma y aquel diablo de arsénico le recordaba a la señora +Chermidy. Mateo Mantoux, médico menos timorato, aceleró los efectos del +yodo y la curación de Germana. + +Germana llevaba ya un mes del tratamiento por el yodo. El doctor asistía +todas las mañanas a la inspiración, y muchas veces le acompañaba el +señor Delviniotis. Este tratamiento no es infalible, pero es suave y +fácil. Una corriente de aire caliente disuelve lentamente un centigramo +de yodo y lo hace penetrar en los pulmones sin esfuerzo ni dolor alguno. +El yodo puro no embriaga a los enfermos como la tintura, no provoca la +tos, no produce estomatitis. Su único defecto es dejar en la boca un +ligero sabor a herrumbre, al cual el enfermo no tarda en acostumbrarse. +Los señores Le Bris y Delviniotis acostumbraron suavemente a Germana a +este medicamento nuevo. En su impaciencia por curar hubiera querido +arrancarse su mal a viva fuerza; pero ellos no le permitían más que una +inspiración diaria y aun muy corta: tres minutos, cuatro a lo más. Con +el tiempo aumentaron la dosis y a medida que la curación avanzaba +llegaron a darle hasta dos centigramos diarios. + +El estado de la enferma mejoraba con una rapidez increíble, gracias a la +discreta colaboración de Mateo Mantoux. Un desconocido que hubiese +estado por primera vez en la villa Dandolo no habría sospechado que allí +hubiese una tísica. A fines de agosto, Germana estaba fresca como una +rosa y redonda como una fruta. En aquel hermoso jardín donde la +Naturaleza había acumulado todas sus maravillas, el sol no alumbraba +nada más brillante que aquella mujer completamente nueva, por decirlo +así, que salía de la enfermedad como una joya de su estuche. No sólo los +colores de la juventud florecían en su rostro, sino que la salud +metamorfoseaba cada día las formas de su cuerpo. Las dulces oleadas de +una sangre generosa henchían lentamente su piel rosada y transparente; +todos los resortes de la vida, relajados por tres años de dolor, +recobraban su tensión con una alegría visible. + +Los testigos de aquella transformación bendecían la ciencia como se +bendice a Dios. Pero el más dichoso de todos era quizás el doctor Le +Bris. La curación de Germana podía parecer a los demás una esperanza; +sólo para él era una certidumbre. Al auscultar a su querida enferma, +comprobaba todos los días la disminución del mal; veía la curación en +sus efectos y en sus causas; medía como con un compás el terreno que +había ganado a la muerte. La auscultación, método admirable que la +ciencia moderna debe al genio de Hipócrates, permite al médico leer en +el cuerpo del enfermo como en un libro abierto. Los resortes invisibles +que se agitan en nosotros producen en su marcha regular un ruido tan +constante como el movimiento de un péndulo. El oído del médico, cuando +está acostumbrado a percibir esa harmonía de la salud, reconoce por +signos ciertos el más pequeño desorden interior. La enfermedad tiene su +lenguaje claro y preciso para el observador inteligente que asiste a los +progresos de la vida o de la muerte. Un sonido mate designa al médico +las partes del pulmón donde el aire ya no penetra; un estertor +particular le indica las cavernas invasoras que caracterizan el último +período de la tuberculosis. El señor Le Bris reconoció bien pronto que +las partes impermeables al aire se circunscribían de día en día; que el +estertor se extinguía poco a poco; que el aire entraba suavemente en las +células vivificadas que envolvían las cavernas cicatrizadas. Había +dibujado, para la vieja condesa, el plano exacto de los estragos que la +enfermedad había hecho en el pecho de la joven. Todas las mañanas +trazaba con lápiz un nuevo contorno que atestiguaba el progreso +cotidiano de la curación. Balzac ha descrito el caso de un individuo, en +su novela _La piel de zapa_, cuya vida, figurada por un cuero que él +corta a medida de sus deseos y necesidades, se va limitando cada día. El +caso de Germana era al revés. + +El 31 de agosto, el señor Le Bris, dichoso como un vencedor, dio un +paseo a pie hasta la ciudad. El campo le agradaba, pero no desdeñaba +tampoco una vuelta por la explanada donde le divertían las cornamusas de +los regimientos escoceses. Además, contemplaba el humo de los vapores, +creía aproximarse a París. Le agradaba también comer en compañía de los +oficiales ingleses y curiosear después un rato por las calles +comerciales. Admiraba a los soldados vestidos completamente de blanco, +con sombrero de paja, guantes amarillos y zapatos cuidadosamente +lustrados, a la hora en que aquellos bravos, acompañados de sus +pequeños, iban a comprar sus provisiones. Reposaban los ojos en el +espectáculo de las admirables instalaciones de frutas verdes que los +vendedores procuraban presentar con una limpieza inglesa. El uno frotaba +las ciruelas contra su manga para sacarlas lustre; el otro cepillaba con +un cepillito de sombrero el terciopelo rosado de los melocotones. Era un +pintoresco batiburrillo en el que se veían melones del tamaño de +calabazas, limones gruesos como melones, ciruelas como limones y uvas +como ciruelas. Quizá también el joven doctor miraba con cierta +complacencia a las lindas griegas asomadas a los balcones y rodeadas de +flores. En aquel país de dicha y despreocupación, las burguesitas no se +desdeñan en enviar besos a los extranjeros, como las floristas de +Florencia les arrojan ramos en sus coches. Si su padre las ve, las +abofetea rudamente, en nombre de la moral, y esto da un poco de variedad +al cuadro. + +Mientras el doctor pasaba el rato inocentemente, el conde Dandolo, el +capitán Bretignières y los Vitré, comían juntos en casa del señor de +Villanera. Germana tenía buen apetito; pero en cambio el pobre Gastón no +comía más que con los ojos. + +A los postres se entabló una conversación muy interesante. El señor +Dandolo describió a grandes rasgos la política inglesa en extremo +Oriente, mostrando a la gran nación establecida en Hong-Kong, en Macao, +en Cantón, en todas partes. + +--Nuestros hijos--decía--, verán a los ingleses dueños de la China y del +Japón. + +--¡Alto ahí!--interrumpió el capitán Bretignières. ¿Qué dejaríamos +entonces para Francia? + +--Todo lo que pida, es decir, nada. Francia es un país desinteresado. Se +pasa la vida haciendo conquistas, pero no guarda nada para sí. + +--Entendámonos, señor conde. Francia nunca ha tenido egoísmo. Ha hecho +más por la civilización que ningún otro país de Europa, y nunca ha +pedido recompensa. El Universo entero es nuestro deudor; nosotros le +proveemos de ideas desde hace trescientos o cuatrocientos años, y no nos +ha dado nada en cambio. ¡Cuando pienso que ni siquiera tenemos las islas +Jónicas! + +--Ya las han tenido, capitán, y no han querido conservarlas. + +--¡Ah! ¡si yo tuviese mis dos piernas! + +--¿Qué haría usted, capitán?--preguntó la señora de Villanera. + +--¿Qué haría, señora? Mi país no tiene ambición; ya la tendría yo por +él. Yo le daría las islas Jónicas, Malta, las Indias, la China y el +Japón; y no sufriría que se hablase de monarquía universal. + +--El señor de Bretignières--dijo Germana--se parece al preceptor aquel +de quien uno de los alumnos robó un higo. Le hizo un sermón sobre la +glotonería y se comió el higo en el calor de la improvisación. + +El capitán se detuvo ruborizándose hasta las orejas. + +--Creo--dijo--que he ido más lejos que mi pensamiento. ¿Dónde estábamos? + +--En todas partes--respondió el conde Dandolo. + +--Es justo, puesto que hablamos de Inglaterra. ¿Cree usted que si lo de +Ky-Tcheou hubiese ocurrido a un navío inglés se hubieran conformado sus +oficiales con bombardear la ciudad? ¡No son tan tontos! Inglaterra +habría conseguido un buen tratado de comercio, cien millones en metálico +y cincuenta leguas de territorio. + +--¿Lo cree usted?--preguntó el señor Dandolo. + +--Estoy seguro. + +--Pues bien, ¿para qué discutir más? Soy de igual opinión. + +--¿Qué es esa historia de Ky-Tcheou?--preguntó Germana. + +--¿No ha leído usted eso, señora? + +--Nosotros no vemos ningún periódico aquí, a excepción de usted, querido +conde. + +--Pues bien, lo de Ky-Tcheou es un asunto de importancia. Los chinos han +asesinado a dos misioneros y a un comandante francés; los franceses han +arrasado la ciudad, tan completamente, que su nombre no figura ya en el +mapa; las gentes se preguntan en qué quedará eso; yo creo que en nada. + +El conde, que hasta entonces había permanecido silencioso, preguntó al +señor Dandolo: + +--¿Es reciente la historia de que usted habla? + +--De ahora mismo. Ha llegado en el último correo. ¿No ha oído hablar +usted de la _Náyade_? ¿No ha leído la muerte del comandante Chermidy? + +El conde de Villanera palideció; Germana le miró fijamente para +sorprender en él un síntoma de alegría; la vieja condesa se levantó de +la mesa y el señor Dandolo pasó al salón sin haber contado la historia +de Ky-Tcheou. + +Germana aprovechó el momento en que se servía el café para arrastrar al +señor de Villanera hasta el jardín. El sol se había puesto dos horas +antes y la noche era calurosa como un día de verano. Los dos esposos se +sentaron juntos en un banco rústico a orillas del mar. La luna no había +aparecido aún en el horizonte, pero las estrellas fugaces cruzaban el +cielo en todas direcciones, y las olas iluminaban la playa con sus +fosforescencias. + +Don Diego aun estaba aturdido por la noticia que acababa de oír. Había +recibido una sacudida violenta; pero la impresión había sido tan +repentina que aun no podía darse cuenta exacta de si era de placer o de +pena. Se parecía al hombre que se ha caído de un tejado y se palpa para +saber si está muerto o vivo. Mil reflexiones rápidas atravesaban +confusamente su espíritu, como las antorchas que cruzan un campo sin +disipar las tinieblas. Germana no estaba más tranquila que él. Presentía +que su vida iba a decidirse en una hora y que su médico no era ya el +señor Le Bris, sino el señor de Villanera. No obstante, los dos jóvenes, +conmovidos hasta el fondo del alma por una emoción violenta, +permanecieron algunos instantes sentados el uno al lado del otro en el +más profundo silencio. Un pescador que pasaba cerca de la orilla les +tomó seguramente por dos amantes dichosos, absortos en la contemplación +de su felicidad. + +Germana fue la primera en hablar. Se volvió hacia su marido, le cogió +las dos manos y le dijo con voz ahogada: + +--Don Diego, ¿lo sabía usted? + +--No, Germana. Si lo hubiera sabido se lo habría dicho. No tengo +secretos para usted. + +--¿Y qué impresión le ha producido a usted la noticia? ¿De disgusto o de +alegría? + +--No sé qué responder y me pone usted en un verdadero compromiso. Déjeme +tiempo para que pueda darme cuenta de lo que me pasa. Ese acontecimiento +no puede alegrarme, ya lo sabe usted. Pero si yo le dijese que me sabe +mal creería usted que yo había tomado mis medidas para esa fatal +eventualidad. ¿No es eso lo que usted piensa? + +--Yo no estoy segura de lo que pienso, don Diego. Mi corazón late tan +fuerte, que me sería difícil oír otra cosa. La única idea que se me +presenta clara es la de que esa mujer es libre. Si le había prometido +quedarse viuda, ha cumplido su palabra antes que usted. Ha sido la +primera en llegar a la cita que le ha dado usted, y yo temo... + +--¿Qué teme usted? + +--Ser un obstáculo, puesto que mi vida le separa de la dicha y que mi +salud le hace perder toda esperanza. + +--Su vida y su salud, Germana, son presentes de Dios. Es un milagro del +Cielo el que la ha conservado a usted, y ahora que ya conozco a usted +bendigo desde el fondo de mi corazón los decretos de la Providencia. + +--Le doy las gracias, don Diego, y le reconozco a usted en ese lenguaje +noble y religioso. Es usted demasiado buen cristiano para rebelarse +contra un milagro. Pero, ¿no siente usted ningún disgusto? Hábleme usted +con entera franqueza porque ya estoy lo suficientemente fuerte para +oírlo todo. + +--Lo único que siento es no haber dado a usted mi primer amor. + +--¡Qué bueno es usted! Esa mujer no ha sido jamás digna de usted. Yo no +la he visto nunca, pero instintivamente la detesto, la desprecio. + +--No hay necesidad de despreciarla, Germana. Yo ya no la amo porque mi +corazón está lleno de usted y no queda en él sitio para otra; pero no +tiene usted razón al despreciarla, se lo juro. + +--¿Por qué quiere usted que sea yo más indulgente que el resto del +mundo? Ella ha faltado a todos sus deberes engañando a un hombre honrado +que le había dado su nombre. ¿Cómo una mujer puede hacer traición a su +marido? + +--Es culpable a los ojos del mundo, pero yo no puedo censurarla porque +me amaba. + +--¿Y quién no amaría a usted, amigo mío? ¡Es usted tan bueno, tan +grande, tan noble, tan hermoso! No, no haga usted gestos de protesta. Yo +no tengo peor gusto que las otras y sé bien lo que digo. Usted no se +parece al señor Le Bris, ni a Gastón de Vitré, ni a Spiro Dandolo ni a +ninguno de esos que tienen éxito con las mujeres; y no obstante, fue al +verle a usted la primera vez cuando comprendí que el hombre era la más +bella criatura de Dios. + +--¿Me ama usted, pues, un poco, Germana? + +--Hace ya mucho tiempo. Desde el día que entró usted en el palacio +Sanglié. Y, sin embargo, no era para nada bueno para lo que iba usted a +mi casa. Cuando el doctor propuso el negocio a mis padres, yo creí que +iba a casarme con un mal hombre. Yo me prometía sufrirle con paciencia y +abandonarle sin pesar. Pero cuando le encontré en el salón, quedé +avergonzada y lamenté que un cálculo tan vil hubiese nacido en una +cabeza tan noble y tan inteligente. Entonces comencé a tratarle con +despego; ¿sabe usted por qué? Me hubiera muerto de vergüenza si hubiera +adivinado usted que yo le amaba. Esto no entraba en nuestros tratos. +Durante todo el viaje no pensé más que en darle disgustos. ¿Cree usted +que me hubiera conducido con tanta ingratitud de serme usted +indiferente? Pero yo estaba furiosa al ver que si me trataba usted tan +bien era por descargo de su conciencia. Después, sin quererlo, pensaba +en la otra que le esperaba en París. Además temía adquirir una dulce +costumbre de dicha y de amor que la muerte vendría a romper. Y por +último ¡estaba tan enferma y sufría tan cruelmente! El día en que lloró +usted asomado a la ventanilla, yo lo vi y estuve a punto de pedirle +perdón y de saltarle al cuello, pero el orgullo me contuvo. Yo +pertenezco a una raza ilustre, amigo mío, y soy la única en mi familia +que se haya vendido por dinero. El día que fuimos a Pompeya, estuve a +punto de descubrirme. ¿Se acuerda usted? Yo no he olvidado nada, ni sus +dulces palabras, ni mis extravagancias, ni sus cuidados tan tiernos y +tan pacientes, ni todo el mal que le hice. Yo le he dado un cáliz bien +amargo y usted lo ha apurado hasta las heces. Verdad es que yo no era +tampoco más feliz. Yo no estaba segura de usted, temía equivocarme sobre +el sentido de sus bondades y de interpretar por señales de amor lo que +era piedad. Lo único que me tranquilizaba un poco era el placer que +manifestaba usted en quedarse a mi lado. Cuando usted paseaba por el +jardín, yo, desde mi diván, le seguía con el rabillo del ojo y muchas +veces fingía dormir para que usted se acercase a mí con más libertad. No +tenía necesidad de abrir los ojos para saber que usted estaba allí; le +veía a través de las pestañas. Y en cualquier lugar que usted esté yo le +adivino y sería capaz de encontrarle con los ojos cerrados. Cuando usted +está a mi lado, mi corazón se dilata y se hincha de tal modo, que no me +cabe en el pecho. Cuando usted habla, su voz me entra a borbotones por +los oídos y me embriago oyéndole. Cada vez que mi mano toca la de usted, +un estremecimiento me recorre todo el cuerpo y experimento una sensación +tan dulcemente extraña que me conmueve hasta la raíz del cabello. Cuando +usted se aleja por un instante, cuando no puedo verle ni oírle, se hace +un gran vacío a mi alrededor y siento que hasta la tierra me falta bajo +los pies. Ahora, don Diego, dígame si le amo, porque usted tiene más +experiencia que yo y no se puede equivocar. Yo no soy más que una pobre +ignorante, pero usted debe recordar si es así como le amaban en París. + +Esta confesión ingenua descendía como un rocío matinal sobre el corazón +de don Diego. Y se sintió tan deliciosamente refrescado que olvidó no +sólo los cuidados presentes, sino hasta los placeres pasados. Una luz +nueva iluminó su espíritu; comparó de una sola ojeada sus antiguos +amores, agitados y cenagosos como un charco, con la dulce limpidez de la +felicidad legítima. Es la historia de todos los maridos jóvenes. + +El día en que descansan la cabeza sobre la almohada conyugal, advierten +con una dulce sorpresa que nunca habían dormido tan bien. + +El conde besó tiernamente las dos manos de Germana y le dijo: + +--Sí, tú me amas, y nadie me ha amado nunca como tú. Tú me has hecho ver +un mundo nuevo, lleno de delicias honestas y de placeres sin +remordimientos. Yo no sé si te he salvado la vida, pero tú me has pagado +con creces la deuda abriendo mis ojos ciegos a la santa luz del amor. +Amémonos, Germana, tanto como nuestro corazón sea capaz. Dios que nos ha +unido por el matrimonio, se alegrará de haber hecho dos dichosos más. +Olvidemos al mundo entero para ser el uno del otro; cerremos los oídos a +todos los ruidos del mundo, tanto si vienen de la China como de París. +Este es el paraíso terrestre; vivamos para nosotros solos bendiciendo la +mano que nos ha colocado en él. + +--Vivamos para nosotros--dijo la joven--y para los que nos aman. Yo no +sería dichosa si no tuviese con nosotros a nuestra madre y a nuestro +hijo. Les he amado tiernamente desde el primer día. ¡Y cómo se le +parecen los dos, amigo mío! Cuando el pequeño Gómez viene a jugar al +jardín me parece que veo su sonrisa de usted en su carita. Estoy muy +contenta de haberlo adoptado. Esa mujer no me lo robará jamás, ¿no es +verdad? La ley me lo ha dado para siempre; es mi heredero, ¡mi único +hijo! + +--No, Germana--respondió el conde--, es tu hijo mayor. + +Germana tendió los brazos a su marido, se los anudó alrededor del +cuello, le atrajo hacia sí y colocó dulcemente su boca sobre sus labios. +Pero la emoción de este primer beso fue más fuerte que la pobre +convaleciente. Sus ojos se velaron y todo su cuerpo desfalleció. Cuando +se sintió algo más repuesta se dirigió a la casa del brazo de su marido. +Apoyaba en él todo el peso de su cuerpo y marchaba casi suspendida, como +un niño que da sus primeros pasos. + +--Ya lo ve usted--le dijo--, estoy aún bastante débil a pesar de las +apariencias. Me creía fuerte y he aquí que una apariencia de dicha ha +bastado para derribarme. No me diga usted esas cosas tan bonitas, no me +haga demasiado dichosa; cuídeme hasta que esté fuera de peligro. ¡Sería +muy triste morir cuando comienza una vida tan hermosa! Ahora, voy a +apresurar mi curación y a cuidarme con todas mis fuerzas. Vuelva usted +al salón; yo voy corriendo a ocultarme en mi habitación. Hasta mañana, +amigo mío; ¡le amo! + +Ella subió a su dormitorio y se arrojó sobre la cama, tan confusa como +emocionada. Un punto luminoso que brillaba en un ángulo de la estancia +atrajo su atención. La llama de la lámpara se reflejaba en un pequeño +globo del yodómetro. Desde lo más profundo de su corazón bendijo aquel +aparato bienhechor que le había devuelto la vida y le había de devolver +las fuerzas en algunos días. Entonces se le ocurrió la idea de apresurar +su curación ingiriendo una buena cantidad de yodo sin permiso del +doctor. Preparó el aparato, lo aproximó a su cama y bebió ávidamente el +vapor violáceo, con alegría; no experimentaba disgusto ni fatigas; +aquello era la vida que entraba a borbotones en su cuerpo. Se sentía +orgullosa de poder probar al médico que era demasiado prudente; se +complacía en una locura heroica y arriesgaba su vida por el amor a don +Diego. + +No se supo qué cantidad de yodo había aspirado, ni cuánto tiempo había +prolongado aquella fatal imprudencia. Cuando la anciana condesa abandonó +el salón para ir a ver a la enferma, se encontró con el aparato roto y +derribado por el suelo y a Germana con una fiebre violenta. Se la +atendió como se pudo hasta el regreso del doctor Le Bris, que llegó a +caballo, a media noche. Todos los convidados pernoctaron en la villa +para saber con más prontitud las noticias. El doctor estaba espantado +ante la agitación de Germana. No sabía si atribuirla al uso inmoderado +del yodo o a alguna emoción peligrosa. La señora de Villanera acusaba +secretamente al conde Dandolo; don Diego se acusaba a sí mismo. + +Al día siguiente, Le Bris reconoció una inflamación en los pulmones que +podía producir la muerte, y llamó al doctor Delviniotis y a dos de sus +colegas. Los médicos diferían sobre la causa del mal, pero ninguno se +atrevió a responder de la curación. El señor Le Bris había perdido la +cabeza como un capitán de barco que encuentra un banco de rocas a la +entrada del puerto. El señor Delviniotis, más tranquilo, aunque no +había podido menos que llorar, abrigaba tímidamente un resto de +esperanza. + +--Quizá--dijo--nos encontramos ante una inflamación adhesiva que cerrará +las cavernas y reparará todos los desórdenes causados por la enfermedad. + +El pobre doctor escuchaba esta opinión meneando tristemente la cabeza. +Es como si a un arquitecto se le dijese: «La casa construida por usted +está mal cimentada, pero puede sobrevenir un terremoto y devolverle su +equilibrio.» Todos estaban conformes en que la enferma entraba en una +crisis, pero nadie, ni el propio señor Delviniotis, se atrevía a +asegurar que no se terminase por la muerte. + +Germana deliraba. No reconocía a nadie. En todos los hombres que se le +acercaban creía reconocer a don Diego; en todas las mujeres a la señora +Chermidy. Sus discursos confusos eran una mezcla de frases de cariño y +de imprecaciones. A cada momento preguntaba por su hijo. Le presentaban +al pequeño marqués y lo rechazaba con disgusto diciendo: «No es éste. +Traedme a mi hijo mayor, al hijo de esa mujer. Estoy segura de que me lo +ha robado.» El niño comprendía vagamente el peligro de su mamaíta, aun +cuando no tuviese ninguna noción de la muerte. Veía llorar a todo el +mundo y él también lloraba lanzando grandes gritos. + +Se vio entonces cuán querida era la joven por todos los que le rodeaban. +Durante ocho días los amigos de la familia acamparon en la casa, +durmiendo donde podían, comiendo lo que encontraban y ocupándose +exclusivamente de la enferma. Los dos médicos estaban encadenados a la +cabecera de Germana. El capitán Bretignières no podía estarse quieto un +momento; daba agitados paseos por la casa y el jardín; por todas partes +no se oía más que el paso ruidoso de su pierna de madera. El señor +Stevens abandonó sus asuntos, su tribunal y sus costumbres. La señora de +Vitré se convirtió en enfermera a las órdenes de la condesa. Los dos +Dandolo corrían mañana y noche a la ciudad en busca de médicos que no +sabían qué decir y de medicamentos que no hacían nada. Los vecinos de +los alrededores estaban ansiosos; las noticias de Germana se cotizaban a +todas horas en los pequeños castillos de la vecindad. De todos lados +afluían los remedios caseros, las panaceas secretas que se transmiten de +padres a hijos. + +Don Diego y Gastón de Vitré se asemejaban en su dolor. Se hubiera dicho +que eran dos hermanos de la moribunda. El uno y el otro vivían apartados +de los demás y se pasaban el día sentados bajo un árbol o sobre la +arena, sumidos en un estupor mudo y sin lágrimas. Si el conde hubiese +tenido lugar de ser celoso, lo habría estado de la desesperación del +joven. Pero cada uno de los circunstantes estaba demasiado preocupado +por el peligro de Germana para observar la fisonomía del vecino. +Unicamente la señora de Vitré dirigía de cuando en cuando una mirada de +ansiedad a su hijo, e inmediatamente corría a la cama de Germana, como +si un instinto secreto le dijese que de ella dependía la salvación de +Gastón. + +La viuda de Villanera ofrecía un aspecto terrorífico. Aquella mujer +alta, negra, sucia y despeinada, no lloraba más que su hijo, pero en sus +grandes y azorados ojos se leía un poema de dolor. No hablaba con nadie, +no veía a nadie y dejaba que sus huéspedes se hiciesen ellos mismos los +honores de la casa. Todo su ser estaba consagrado a la salvación de +Germana; toda su alma luchaba contra el peligro presente con una +voluntad de hierro. Jamás el genio del bien había adoptado un aspecto +más feroz y más terrible. Se leía en su rostro una abnegación furiosa, +una amistad exasperada, una ternura irascible. No era ni una mujer ni +una enfermera, sino un demonio femenino que disputaba su presa a la +muerte. + +En cambio el bueno de Mateo Mantoux tomaba dulcemente el sol. Como todos +los señores se disputaban los quehaceres de los criados, el antiguo +cerrajero se adjudicaba los ocios de un señor. Se informaba todas las +mañanas de la salud de Germana, únicamente por saber si entraría en +posesión muy pronto de sus 1.200 francos de renta. Atribuía la muerte de +su ama al vaso de agua azucarada que le había preparado tan +pacientemente todas las noches, y pensaba frotándose las manos que todo +llega para el que sabe esperar. A mediodía hacía un segundo almuerzo, y +para digerir bien, a estilo de propietario, se paseaba una o dos horas +alrededor de la finca a la que había echado el ojo. Notaba que los setos +estaban mal cuidados y se prometía reforzarlos, para que no pudiesen +entrar los ladrones. + +El 6 de septiembre, hasta el señor Delviniotis había perdido toda +esperanza. Mateo Mantoux lo supo y se apresuró a escribir «a la señorita +_le Tas_, en casa de la señora Chermidy, calle del Circo, París». + +El mismo día, el señor Le Bris escribía al señor de La Tour de Embleuse: + + «Señor duque: No me atrevo a llamarle a su lado. Cuando usted + reciba esta carta, ya habrá dejado de existir. Cuide y consuele a + la señora duquesa.» + + + + +XI + +LA VIUDA CHERMIDY + + +La carta de Mantoux y la promesa formal de la muerte de Germana llegaron +el 12 de septiembre a poder de la señora Chermidy. + +La bella arlesiana había perdido ya las esperanzas y la paciencia. Nadie +le escribía de Corfú; no sabía noticias de su amante ni de su hijo; el +doctor, ocupado en cosas más importantes, ni siquiera le había dado el +pésame por la muerte de su marido. Comenzaba a dudar del señor de +Villanera y se comparaba a Calipso, a Medea, a la rubia Ariadna y a +todas las abandonadas de la fábula. Algunas veces se extrañaba de ver +que su despecho se convertía en amor, sorprendiéndose de suspirar sin +testigos y con la mejor buena fe del mundo. El recuerdo de tres años +pasados con el conde producía en su corazón una sensación mezcla de +dolor y de placer. Se reprochaba, entre otras tonterías, el haberle +tenido la brida demasiado corta y el haberse hecho tanto de desear; el +no haberle saciado de dicha y el no haberle matado de ternura. + +--Es culpa mía--pensaba--; lo he acostumbrado a privarse de mí. Si yo +hubiese sabido apoderarme de él, me habría hecho necesaria para su vida. +No hubiera tenido que hacer más que un signo para que abandonase a su +mujer, a su madre, a todo, en fin. + +Se preguntaba frecuentemente si la ausencia no la había perjudicado en +el espíritu de don Diego. Meditaba sobre la locución popular: «Ojos que +no ven, corazón que no siente». Pensaba en embarcarse para las islas +Jónicas, en caer como una bomba en la casa de su amante y en apoderarse +de él en una lucha heroica. Le bastaría un cuarto de hora para reanimar +el fuego mal extinguido y para reanudar una costumbre que no estaba más +que interrumpida. Se veía disputando con la anciana condesa y con +Germana; ella sabría anonadarlas con su belleza, con su elocuencia, con +su energía. Entonces se apoderaría de su hijo, huiría con él y la +sonrisa irresistible del niño arrastraría al padre. + +--¿Quién sabe--se decía--si una escena bien representada no mataría a la +enferma? ¿No se ve a mujeres llenas de salud desmayarse en el teatro? +Un buen drama representado por mí, tal vez la haría desmayar para +siempre. + +Un sentimiento más humano, y por lo tanto más verosímil, la hacía +lamentar la ausencia de su hijo. Ella lo había llevado en sus entrañas y +puesto en el mundo; era su madre, después de todo, y sentía haberse +deshecho de él en provecho de otra. El amor materno encuentra +alojamiento en todas partes; es un huésped sin prejuicios, que sufre la +vecindad de las pasiones más bajas. Vive cómodamente en el corazón más +depravado y en el alma más pervertida. La señora Chermidy derramó +algunas lágrimas bien sinceras pensando que había alienado la propiedad +de su hijo y abdicado del nombre de madre. + +Era verdaderamente desgraciada. Es únicamente en el teatro donde la +desgracia es privilegio de la virtud. No le hubieran faltado +distracciones y para ello no tenía más que elegir, pero sabía por +experiencia que el placer no consuela de nada. Desde hacía diez años su +vida había sido agitada y ruidosa como una fiesta, pero a expensas de la +paz del alma. No hay nada más vacío, más inquieto y más miserable que la +existencia de una mujer que sólo vive para el placer. La ambición que la +había sostenido desde su matrimonio, comenzaba ya a abandonarla; era +como la caña hendida que se doblega bajo la mano del viajero. Era +bastante rica para no desear el aumento de su fortuna; hay poca +diferencia entre un millón de beneficios y quinientos mil francos de +renta; algunos caballos más en las caballerizas, algunos lacayos más a +la entrada, no añaden casi nada a la felicidad del dueño. Lo que la +había halagado durante algún tiempo, era un nombre ilustre que pasear +por el mundo. Hasta pensó más de una vez en procurárselo por la vía +legítima, y encontró cincuenta para elegir; siempre hay nombres a la +venta en París. Pero tenía el derecho a mostrarse exigente: ¡cuando se +ha llevado el de Villanera! No se decidió. + +Mientras tanto, concibió la extravagante idea de dar un sucesor público +a don Diego. Quizá cuando viese su tesoro en manos de otro acudiera a +reclamarlo. Pero también temía proporcionar con ello armas a sus +enemigos; Germana no estaba salvada aún; era jugarse el todo por el todo +y se exponía a cerrarse las puertas del matrimonio. Además, por mucho +que buscase a su alrededor, no encontraba un hombre que valiese un +capricho ni que fuese digno de sustituir por un solo día al señor de +Villanera. Los supernumerarios que la hacían la corte en el salón, no +supieron nunca cuán cerca habían estado de la dicha. + +Para ocupar sus ocios, no encontró nada mejor que acabar la ruina moral +del anciano duque. Cumplió la tarea que se había impuesto con la +atención minuciosa, el cuidado paciente y la perseverancia infatigable +de aquella sultana aburrida que, en la ausencia del señor, arranca una a +una todas las plumas de un viejo loro. + +Hubiera preferido, desde luego, vengarse directamente de Germana; pero +Germana estaba lejos. Si la duquesa se hubiese encontrado a su alcance, +hubiera dado la preferencia a la duquesa. Pero la duquesa no salía de su +habitación más que para ir a la iglesia: la señora Chermidy no podía +encontrarla allí, porque no iba nunca. Hubiera podido también matar de +hambre a la ducal familia; pero la operación requería tiempo. Al volver +a tener dinero, el señor de La Tour de Embleuse había levantado de nuevo +su crédito. La hermosa enemiga de la familia no tenía más que al duque +en su poder; juró hacerle perder la cabeza, y lo consiguió. + +En los baños rusos, cuando el paciente sale de la abrasadora estufa, +cuando su cuerpo se ha acostumbrado gradualmente a un alta temperatura, +cuando el calor ha dilatado ampliamente sus poros y su rostro se esponja +como una peonía en flor, se le conduce suavemente bajo un grifo de agua +fría; una ducha glacial le cae sobre la cabeza y el frío le penetra +hasta la medula. La señora Chermidy trató al duque por el mismo +procedimiento. «A los rusos les sienta bien, pensaba; al viejo le +sentará mal.» Fue víctima de la coquetería más odiosa que haya torturado +jamás el corazón de un hombre. La señora Chermidy le persuadió de que le +amaba, _le Tas_ se lo juró, y si se hubiera contentado con palabras, +habría sido el sexagenario más dichoso de París. Se pasaba la vida en la +calle del Circo, y sufría un verdadero martirio. Derrochaba todos los +días tanta elocuencia y pasión, tantos razonamientos y ruegos, tanta +verdadera y falsa lógica como J. J. Rousseau en _La Nueva Eloísa_; todas +las noches lo ponían a la puerta con buenas palabras. Juraba no volver +más; empleaba una larga noche de insomnio en maldecir al autor de su +suplicio, y al día siguiente corría a casa de su verdugo con una +impaciencia senil. Toda su inteligencia, toda su voluntad, todos sus +vicios se habían absorbido y confundido en aquella pasión única. No era +ya ni marido, ni padre, ni hombre, ni caballero; era sencillamente el +juguete de la señora Chermidy. + +La experiencia dio tan buenos resultados, que el pobre hombre, fuese +dichoso, fuese desgraciado, había de dejar la vida en ella. Un suplicio +prolongado lo mataba lentamente; la gracia que pedía lo hubiera matado +de repente. + +Después de un verano de sufrimientos cotidianos, sus facultades +intelectuales habían descendido sensiblemente. Casi no tenía ya memoria; +por lo menos olvidaba todo lo que no se refería a su amor. No se +interesaba por nada; los asuntos privados y públicos, su casa, su mujer, +su hija, todo le era indiferente y extraño. La duquesa le cuidaba como a +un niño cuando por casualidad se quedaba a su lado; desgraciadamente no +era aún bastante niño para que se le pudiese encerrar en casa. + +Cuando recibió la carta del doctor Le Bris la releyó dos o tres veces +sin comprenderla. Si la duquesa hubiera estado allí, le habría rogado +que se la leyese y se la explicase. Pero rompió el sobre cuando ya había +salido para dirigirse a toda prisa a la calle del Circo y no quiso +desandar lo andado. A fuerza de leerla, adivinó que se trataba de su +hija, se encogió de hombros y se dijo sin acortar el paso: + +--Ese Le Bris es siempre el mismo. Yo no sé qué tiene contra mi hija. La +prueba de que no está para morir, es que se encuentra bien. + +No obstante, reflexionó que el doctor podía muy bien decir verdad. Esta +idea le produjo terror. + +--Sería una gran desgracia para nosotros--decía corriendo con toda la +velocidad de sus piernas--. Soy un padre sin consuelo. No hay tiempo que +perder. Voy a anunciárselo a Honorina. Ella me comprenderá, porque tiene +buen corazón. Ella tendrá piedad de mí, enjugará mis lágrimas, y, quién +sabe si... + +Cuando entró en el salón, sonreía con aire embrutecido. + +Nunca la señora Chermidy había estado tan bella y tan radiante. Su cara +parecía un sol; el triunfo relampagueaba en sus ojos; su sillón parecía +un trono, y su voz sonaba como un clarín. Se levantó para recibir al +duque; sus pies no tocaban sobre la alfombra y su cabeza, soberbia de +alegría, parecía ascender hasta el techo. El viejo se detuvo atontado y +jadeante al verla de tal modo transfigurada. Balbució algunas palabras +ininteligibles y se dejó caer pesadamente en un sillón. + +La señora Chermidy fue a sentarse a su lado. + +--¡Buenos días, señor duque!--exclamó--. Buenos días, y adiós. + +El duque palideció y repitió estúpidamente: + +--¿Adiós? + +--Sí, adiós. ¿No me pregunta usted a dónde voy? + +--Sí. + +--Pues bien, esté satisfecho. Voy a Corfú. + +--A propósito--dijo él--. Creo que mi hija ha muerto. El doctor me lo ha +escrito esta mañana. Soy muy desgraciado, Honorina, y debería usted +tener piedad de mí. + +--¡Ah! ¡es usted desgraciado! ¡y la duquesa también es muy desgraciada! +¡Y la vieja Villanera debe de llorar lágrimas negras sobre sus mejillas +bronceadas! Pero yo, no; yo río, triunfo, reino; y la enterraré y +después me casaré. ¡Ya ha muerto! ¡Al fin ha pagado su deuda! ¡al fin me +devuelve todo lo que me había robado! ¡y entraré en posesión de mi +amante y de mi hijo! ¿Por qué me mira usted con esos ojos de extrañeza? +¿Es que creía usted que iba a contenerme? Ya he hecho bastante con +devorar mi rabia durante ocho meses. Tanto peor para aquellos a quienes +mi dicha ofusque; no tienen más que cerrar los ojos. + +Aquella alegría desenfrenada pareció devolver al anciano una apariencia +de razón. Se levantó con energía y dijo a la viuda: + +--¿Piensa usted en lo que está haciendo? ¡Usted se regocija delante de +mí de la muerte de mi hija! + +--Y en cambio usted--contestó impúdicamente--se ha regocijado de su +vida. ¿Quién es el que se tomaba la molestia de traerme sus noticias? +¿Quién es el que venía todos los días a decirme en la cara: está mejor? +¿Quién es el que me obligaba a leer sus cartas y las del médico? Hace +casi ocho meses que usted me estaba asesinando con su salud. ¡Qué menos +que un cuarto de hora para regalarme con su muerte! + +--Pero, Honorina, ¡usted es una mujer horrible! + +--Sé perfectamente lo que soy. Si su hija de usted hubiera vivido, como +ha estado a punto de ocurrir, no se habría ocultado de mí. Hubiera +paseado todos los días por el Bosque, con don Diego, con mi hijo, ¡y yo +les hubiera visto desde mi coche! Hubiera habitado en un palacio, en +París, y yo me habría consumido a la puerta. Hubiera puesto en sus +tarjetas de visita el nombre de Villanera, que es el mío; me parece, +¡caramba!, que lo he ganado bien. ¿Y no quiere usted que ahora tome mi +desquite? + +--¿Pero es que aun ama al señor de Villanera? + +--¡Pobre duque! ¿Es que cree usted que de la noche a la mañana se puede +olvidar a un hombre como don Diego? ¿Usted cree que se echa un niño al +mundo, como el mío, que ha nacido marqués, para hacer un regalo a una +tísica? ¿Admite usted que yo haya pedido a Dios durante tres años la +muerte de mi marido, yo que no rezo nunca, para no hacer nada de mi +libertad? ¿Usted supone que Chermidy se ha hecho matar en Ky-Tcheou para +que yo quede viuda a perpetuidad? + +--¿Así va usted a casarse con el conde de Villanera? + +--¡Claro! + +--¿Y yo? + +--¿Usted, buen hombre? Vaya a consolar a su mujer; por ahí debería haber +empezado. + +--¿Y qué voy a decirle? + +--Dígale lo que quiera. Adiós; tengo que hacer mis baúles. ¿Tiene usted +necesidad de dinero? + +El duque hizo un gesto de disgusto que advirtió la señora Chermidy. + +--¿Es que le repugna nuestro dinero? ¡A su gusto! no le daremos más. + +El anciano salió sin saber lo que se hacía, como un hombre borracho. +Erró por las calles hasta la noche. Hacia las diez sintió hambre. Montó +en un coche y se hizo conducir al club. Estaba tan cambiado, que el +señor de Sanglié casi no lo reconoció. + +--¿Qué mala hierba ha pisado usted?--le preguntó el barón--. Tiene usted +la cara trastornada y parece que va a caerse. Siéntese y hablaremos. + +--Con mucho gusto--dijo el duque. + +--¿Cómo va la duquesa? Llego del campo y aun no he tenido tiempo de +hacer ninguna visita. + +--¿Que cómo va la duquesa? + +--Sí. + +--Creo que va a llorar. + +--Está loco--pensó el barón. + +El duque añadió sin cambiar de tono: + +--Me figuro que Germana ha muerto y que Honorina se alegra de ello. +Encuentro eso horrible y así se lo he dicho a ella misma. + +--¡Germana! ¡Vamos, pobre amigo mío, piense usted en lo que dice! +¡Germana! ¿Ha muerto la señora de Villanera? + +--La señora de Villanera es Honorina. Va a casarse con el conde. Tome +usted, aquí tengo la carta. Pero, ¿qué piensa usted de la conducta de +Honorina? + +El barón leyó de una ojeada la carta del doctor. + +--¿Hace mucho que sabe usted eso?--preguntó. + +--Desde esta mañana, cuando iba a casa de Honorina. + +--¿Y la duquesa sabe algo? + +--No, no sé cómo decírselo... Quería preguntárselo a Honorina... + +--¡Ea! ¡Que se vaya al diablo Honorina! + +--Es lo que yo digo. + +Llamaron al barón para el _whist_ y respondió, sin levantarse, que +estaba ocupado, rogando a un amigo que tomase su puesto. Quería acabar +la confesión, pero el duque le interrumpió diciéndole con voz ronca: + +--Tengo hambre. Aun no he comido hoy. + +--¿De veras? + +--Sí; hágame servir un cubierto. También tendrá usted que prestarme +dinero, no me queda nada. + +--¡Cómo! + +--Sí, sí; yo tenía un millón, pero se lo he dado a Honorina. + +El duque comió con el apetito voraz de un loco. Después, sus ideas +parecieron aclararse. Era un espíritu fatigado más bien que enfermo. +Contó al barón la pasión insensata que lo consumía desde hacía seis +meses; le explicó cómo se había despojado de todo por la señora +Chermidy. + +El barón era un hombre excelente y quedó tristemente impresionado al oír +que aquella casa que había visto levantarse en pocos meses había caído +más bajo que nunca. Compadeció sobre todo a la duquesa que debía +infaliblemente sucumbir a tantos golpes, y tomó sobre sí la tarea de +anunciarle gradualmente la enfermedad y la muerte de Germana, +aplicándose a fortificar el debilitado entendimiento del viejo duque. Se +tranquilizó sobre las consecuencias de su loca generosidad: era evidente +que el señor de Villanera no dejaría en la miseria a su suegro. Al mismo +tiempo pudo estudiar, a través de las confesiones y de las reticencias +del anciano, el carácter singular de la señora Chermidy. + +La autoridad de un espíritu sano es muy eficaz sobre un cerebro enfermo. +Después de dos horas de conversación, el señor de La Tour de Embleuse +desembrolló el caos de sus ideas, lloró la muerte de su hija, temió por +la salud de su esposa, lamentó las tonterías que había hecho y estimó a +la señora Chermidy en su justo valor. El señor de Sanglié le dejó a la +puerta de su casa muy aliviado, ya que no curado. + +Al día siguiente, temprano, el barón hizo una visita a la duquesa. +Detuvo en el umbral al duque que se disponía a salir y le obligó a +entrar con él. Durante tres días no le quitó la vista de encima; lo +paseó, lo llevó a diversiones y consiguió distraerle del único +pensamiento que lo agitaba. El 16 de septiembre lo condujo al hotel de +la implacable Honorina y le probó, preguntándolo al conserje, que había +partido con _le Tas_ para las islas Jónicas. + +El duque pareció emocionarse menos de lo que se hubiera creído. Vivió +apaciblemente encerrado en su casa, tuvo toda clase de atenciones para +con su esposa y le demostró, con una delicadeza extrema, que Germana +nunca había estado curada y que debía esperarse lo peor. Se interesó en +los menores detalles domésticos, reconoció la necesidad de hacer algunas +compras, pidió 2.000 francos a su amigo Sanglié, guardó el dinero, y el +20 de septiembre por la mañana partió para Corfú sin haberse despedido +de nadie. + + + + +XII + +LA GUERRA + + +El día 8 de septiembre, Germana, que había sido condenada sin apelación +por la ciencia, equivocó a los médicos y a sus amigos, y empezó a +convalecer. La fiebre que la devoraba remitió en pocas horas como esas +grandes tormentas de los trópicos que arrancan de raíz los árboles, +derriban las casas, conmueven las montañas, y un rayo de sol detiene en +medio de su carrera. + +Esta feliz revolución se operó tan bruscamente, que el señor Gómez y la +condesa no daban crédito a la realidad. Aunque el hombre se habitúa +antes a la dicha que al dolor, sus corazones permanecieron varios días +en suspenso. Temían ser víctimas de una ilusión; no se atrevían a +felicitarse de un milagro tan poco esperado, y se preguntaban si esa +apariencia de curación no era el supremo esfuerzo de un ser que se +aferra a la vida, el postrer relámpago de una lámpara que se apaga. + +Pero el doctor Le Bris y el señor Delviniotis comprobaron por señales +inequívocas que los males de aquel pobre cuerpo habían terminado. La +inflamación reparó en ocho días todos los destrozos de una larga +enfermedad; la crisis había salvado a Germana; el terremoto había vuelto +a poner la casa sobre su base. + +A la joven le parecía naturalísimo vivir y haber curado. Gracias al +delirio producido por la fiebre, pasó junto a la muerte sin darse +cuenta, y la violencia del mal le había quitado la conciencia del +peligro. Despertó como un niño sobre el brocal de un pozo, sin medir la +profundidad del abismo. Cuando le dijeron que había estado a punto de +morir y que sus amigos desconfiaban de salvarla, quedó muy sorprendida. +No sabía de cuán lejos regresaba. Y al prometerle que viviría mucho +tiempo y que ya no sufriría, miró con ternura al crucifijo de marfil que +tenía sobre la cabecera de su cama y dijo con una alegría dulce y +confiada: + +--El Señor me debía eso; ya he pasado el purgatorio. + +En poco tiempo recobró las fuerzas, y no tardó en florecer la juventud +en sus mejillas. Se habría dicho que la Naturaleza se apresuraba en +adornarla para la dicha. Entró en posesión de la vida con la alegría +impetuosa de un pretendiente que de un salto se encarama sobre el trono +de sus padres. Habría querido estar en un mismo momento en todos lados, +gozar a un mismo tiempo de todos los placeres que le habían sido +devueltos, del movimiento y del reposo, de la soledad y de la compañía, +de la claridad deslumbradora de los días y del suave resplandor de las +noches. Sus manecitas se aferraban con delicia a todo cuanto la rodeaba. +Abrumaba con sus caricias a su marido, a su suegra, al niño, a sus +amigos. Sentía la necesidad de manifestar su dicha en mil ternuras. A +veces lloraba sin motivo. Pero eran lágrimas dulces. El pequeño Gómez +con sus besos las enjugaba en el borde de sus ojos, como los pajaritos +beben el rocío en el cáliz de una flor. + +Todo es causa de placer para los convalecientes. Las funciones más +indiferentes de la vida constituyen una fuente de delicias inefables +para el que ha visto próxima la muerte. Todos sus sentidos vibran al +menor contacto del mundo exterior. El calor del sol les parece más dulce +que un manto de armiño; la luz alegra sus ojos como una caricia, el +perfume de las flores le embriaga, los rumores de la Naturaleza llegan a +su oído como una suave melodía, y el pan le parece bueno. + +Los que habían compartido los sufrimientos de Germana, se sentían +renacer con ella. Su convalecencia restableció prontamente a todos los +que estuvieron asociados a sus dolores. A su alrededor ya no hubo +señales de preocupación, y la alegría hizo palpitar a todos los +corazones al unísono. Quedaron olvidadas todas las fatigas y todas las +angustias; la dicha reinó en el hogar; el primer día bueno borró de +todos los rostros la huella de las vigilias y de las lágrimas. Los +huéspedes de la villa Dandolo no pensaban en regresar a sus casas. +Unidos por la felicidad, como lo habían estado por la inquietud, se +agrupaban alrededor de Germana, como una familia bien avenida alrededor +de un niño mimado. El día en que le escribieron a la duquesa de La Tour +de Embleuse, para comunicarle la salvación de su hija, cada uno quiso +ponerle algo en la carta a la venturosa madre, y la pluma fue pasando de +mano en mano. Esta carta llegó a París el 22 de septiembre, dos días +después del eclipse del anciano duque. + +La señora Chermidy y su inseparable _le Tas_ desembarcaron el 24 por la +noche en la ciudad de Corfú. La viuda del comandante había hecho las +maletas a toda prisa. Apenas si tomó el tiempo preciso para reunir cien +mil francos para el salario de Mantoux y gastos imprevistos. _Le Tas_ le +aconsejó que aguardase en París noticias más positivas; pero se cree con +tanto gusto lo que se desea, que la señora Chermidy ya daba a Germana +por enterrada. + +De Trieste a Corfú hizo el viaje en el puente con los gemelos siempre en +la mano, para ser la primera en anunciar la tierra. Hubiera querido +detener a todos los barcos que pasaban a la vista, para preguntarles si +no llevaban carta para ella. Se informó si llegarían por la mañana, pues +no se sentía con fuerzas para pasar una noche más en la espera y tenía +el propósito de dirigirse inmediatamente a la villa Dandolo. Su +impaciencia se revelaba hasta el punto de que los pasajeros de primera +la designaban con el nombre de la _heredera_, y en voz baja se decía que +iba a Corfú a incautarse de una herencia cuantiosa. + +Hizo bastante mala mar durante dos días, y todo el pasaje se mareó a +excepción de la heredera de Germana, que no tenía tiempo para notar los +vaivenes del barco. Quizás ni aun sus pies tocaban la cubierta del +vapor. Tal era su ligereza que volaba en vez de marchar, y cuando por +casualidad se dormía soñaba que nadaba en el aire. + +Cuando el buque fondeó en el puerto era noche cerrada, y ya habían dado +las nueve cuando los pasajeros y sus equipajes llegaron a tierra. La +vista de las lucecitas diseminadas que brillaban aquí y acullá en la +ciudad, produjo un efecto desagradable a la señora Chermidy. Al llegar +al término de un viaje, la esperanza que nos había llevado hasta allí +con sus alas nos falta, y caemos rudamente sobre la realidad. Lo que nos +parecía más seguro queda velado por la duda; no contamos ya con nada y +empezamos a esperarlo todo. Nos sobrecoge el frío, sea cual fuere el +ardor de las pasiones que nos animan; nos sentimos inclinados a creer lo +peor, nos pesa haber emprendido el viaje y quisiéramos retroceder. + +La impresión es tanto más penosa cuando ya no estamos solos y llegamos a +un país menos conocido. Si nadie nos espera en el puerto y nos vemos +abandonados entre las garras de esos faquines políglotas que zumban +alrededor de los viajeros, nuestro primer sentimiento es una mezcla de +desprecio, repugnancia y desaliento. La señora Chermidy llegó muy +disgustada al hotel de Trafalgar. + +Esperaba enterarse a su llegada de la muerte de Germana, y lo primero de +que se enteró fue de que la lengua francesa no está muy extendida en los +hoteles de Corfú, y como entre la señora Chermidy y _le Tas_ no poseían +más lengua extranjera que el provenzal, no hay que decir que con ella +tampoco adelantaban nada. Les fue preciso recurrir a un intérprete, y +cenar mientras lo esperaban. El intérprete llegó cuando el dueño del +hotel ya se había acostado, y hubo de levantarse gruñendo y protestando +de que se le molestase para asuntos que nada le importaban. Le eran +desconocidos los señores de Villanera, y le parecía dudoso que hubiesen +estado en la isla, pues todos los viajeros distinguidos se hospedaban en +_Trafalgar Hotel_. No se podía suponer que si los señores de Villanera +eran «gente bien» se hubiesen ido a otra parte. El hotel de Inglaterra, +el de Albión, el Victoria, eran establecimientos de último orden, +indignos de hospedar a los señores de Villanera. + +Dicho esto, el hotelero se acostó, y el intérprete ofreció ir en seguida +en busca de informes. Estuvo ausente una gran parte de la noche, y _le +Tas_ se durmió esperándole. La señora Chermidy tascó el freno, no sin +que más de una vez encontrara sorprendente que una persona que tenía +cien mil francos en su poder no pudiese adquirir una noticia tan +sencilla. Despertó a la pobre _le Tas_ que ya no podía más, y ésta le +aconsejó que durmiera y no se pudriera la sangre. + +--Ya comprendes--le dijo--que si la pequeña ha emprendido el viaje al +otro mundo, no se habrán entretenido en colgar la población de negro. No +sabremos nada hasta que vayamos al campo. Todos deben conocer la villa +Dandolo. Acuéstate tranquilamente, y mañana será otro día. ¿A qué te +expones? Con seguridad que si ha muerto no resucitará esta noche. + +Iba la señora Chermidy a seguir el consejo de su prima, cuando el +comisionista del hotel llegó con gran alboroto a comunicarle que los +señores de Villanera habían desembarcado en la isla en el mes de abril, +con su médico y toda la servidumbre; que los habían llevado a la villa +Dandolo, y que debía haber muerto hacía ya tiempo si es que no se +encontraba mejor a estas horas. La viuda, impaciente, puso al empleado +en la puerta, se echó luego sobre la cama y durmió bastante mal. + +A la mañana siguiente tomó un coche y se hizo llevar a la villa Dandolo. +El cochero no supo decirle lo que le interesaba, y los campesinos que +encontró en el camino oyeron sus preguntas sin comprenderlas. Todas las +casas que veía se le antojaban la villa Dandolo, pues en realidad se +parecen mucho unas a otras en la isla. Cuando el cochero le señaló un +tejado de pizarras oculto entre los árboles, se apretó el corazón con +ambas manos. Consultaba con gran atención la fisonomía del paisaje para +ver si le anunciaba la gran noticia que ardía en deseos de conocer. +Desgraciadamente los jardines, los caminos y los bosques son testigos +impasibles de nuestras alegrías y de nuestros dolores. Si se interesan +por nuestra muerte, lo disimulan admirablemente, pues los árboles del +parque no se visten de luto por la muerte de su dueño. + +La señora Chermidy paladeaba la lentitud de los caballos. Habría querido +subir al galope la escalinata que conducía a la villa. No podía +contenerse; iba de una ventanilla a la otra, interrogando la casa y los +campos y buscando una figura humana. Por fin saltó a tierra, corrió +hacia la villa, encontró todas las puertas abiertas y no vio a nadie. +Retrocedió y penetró en el jardín del Norte; estaba desierto. Una +puertecita y una escalerilla llevaban al jardín del Mediodía. Se lanzó +por ella y se aventuró por las avenidas. + +A la sombra de un corpulento naranjo, por el lado de la playa, divisó a +una mujer vestida de blanco, que se paseaba con un libro en la mano. +Estaba demasiado lejos para reconocerla, pero el color del vestido le +dio que pensar. No se llevan trajes blancos en una casa donde hay luto. +Todas las observaciones que había hecho durante cinco minutos combatían +en su espíritu. El abandono casi absoluto de la villa podía hacer creer +en la muerte de Germana; las puertas abiertas, los criados ausentes, los +dueños en viaje, pero, ¿para dónde? Quizás para París. Mas, ¿cómo no +sabían nada en la ciudad? ¿Habría curado Germana? Imposible en tan poco +tiempo. ¿Estaba todavía enferma? En ese caso la cuidarían y no dejarían +las puertas abiertas. No se atrevía a aproximarse a la paseante blanca, +cuando de pronto un niño entró corriendo en la avenida y se perdió entre +los árboles, como un conejo asustado que atraviesa un sendero del +bosque. Reconoció en aquel niño a su hijo y recobró su audacia. + +--¿Qué es lo que temo?--pensó--. Nadie tiene derecho a echarme de aquí. +Que esa mujer viva o que haya muerto, soy madre y vengo a ver a mi hijo. + +Dirigiose rectamente hacia el niño. El pequeño Gómez sintió miedo al ver +a aquella mujer enlutada, y escapó corriendo hacia su madre. La señora +Chermidy dio algunos pasos tras él y se detuvo en seguida en presencia +de Germana. + +Germana se hallaba sola en el jardín con el marqués de los Montes de +Hierro. Sus huéspedes acababan de despedirse de ella; la condesa y su +hijo habían ido a acompañar a la señora de Vitré; el doctor se marchó a +la ciudad con los Dandolo y Delviniotis. La casa estaba en poder de los +criados, que dormían la siesta, según costumbre, donde el sueño los +había sorprendido. + +La señora Chermidy reconoció a la primera ojeada a la mujer que sólo una +vez había visto, y a la que no esperaba encontrar en este mundo. No +obstante su serenidad y estar dotada por la Naturaleza de un alma bien +templada, retrocedió un paso largo, como el soldado que ve hundirse el +puente que él iba a atravesar. No era mujer que se alimentase de +quimeras; comprendió su posición y de un salto llegó hasta las últimas +consecuencias. Vio a su rival curada y bien curada, a su amante +confiscado, su hijo en manos de otra y su porvenir estropeado. La caída +fue tanto más ruda cuanto que la hermosa ambiciosa caía de lo más alto. +Después de haber amontonado montaña sobre montaña hasta las puertas del +cielo, los titanes de la fábula no sintieron más duramente el rayo que +los aniquilaba. + +El odio que la viuda sentía por la joven condesa desde el día en que +había empezado a temerla se elevó súbitamente a proporciones colosales, +como esos árboles de teatro que el maquinista hace brotar del suelo y +subir hasta los frisos. La primera idea que atravesó su mente fue la de +un crimen. En sus músculos sintió estremecerse una fuerza centuplicada +por la rabia. Preguntose por qué con sus manos no rompía el obstáculo +tan sutil que la separaba de su dicha, y por un instante fue la hermana +de aquellas Thyades que desgarraban en pedazos los leones y los tigres +vivos. Se arrepintió de haber dejado olvidado en el hotel Trafalgar un +puñal corso, joya terrible, que en todos lados colocaba sobre el ábaco +de la chimenea. La hoja era azul como el muelle de un reloj, larga y +flexible como la ballena de un corsé; la empuñadura era de ébano con +incrustaciones de plata, y la vaina de platino grabado. Con el +pensamiento corrió hasta esa arma familiar, la empuñó con la imaginación +y la acarició. Pensó en seguida en el mar que batía muellemente la +ladera del jardín. Nada más fácil ni más tentador que llevar hasta allí +a Germana, como el águila se lleva a un cordero blanco por el aire, y +tenderla bajo tres pies de agua, ahogar sus gritos bajo las olas y +comprimir sus esfuerzos hasta el momento en que una convulsión postrera +hiciera una nueva condesa de Villanera. + +Afortunadamente la distancia es mayor entre el pensamiento y la acción +que entre los brazos y la cabeza. Además el pequeño Gómez estaba allí y +su presencia quizás salvó la vida de Germana. Más de una vez, para +paralizar una mano criminal, basta la mirada límpida de un niño. Los +seres más pervertidos experimentan un respeto involuntario ante esa edad +sagrada y aun más augusta que la vejez. La vejez es como un agua en +reposo que ha dejado caer al fondo todas las impurezas de la vida; la +infamia es una fuente escapada de la montaña: se la agita sin +enturbiarla, porque es pura hasta el fondo. Los ancianos poseen la +ciencia del bien y del mal; la ignorancia de los niños es como la nieve +inmaculada de la Jungfrau que nada ha mancillado, ni aun la huella del +pie de un pájaro. + +La señora Chermidy, concibió, acarició, debatió y rechazó la idea de un +crimen mientras cerraba la sombrilla y saludaba a Germana, que no la +conocía. + +Germana la acogió con esa gracia y esa cordialidad que es privativa de +los venturosos en el mundo. La visita de una desconocida no tenía para +ella nada de sorprendente. Casi diariamente recibía personas de la +vecindad que se habían interesado por su curación y que iban a +felicitarla por haber recobrado la salud. La viuda inició la +conversación con unas cuantas palabras incoherentes que daban idea del +tumulto de sus pensamientos. + +--Señora--le dijo--, usted no esperaba seguramente... yo tampoco +esperaba... Si hubiese sabido... Acabo de llegar de París, señora. Su +señor padre, el duque de La Tour de Embleuse, que me honra con su +amistad... + +--¿Usted conoce a mi padre, señora?--interrumpió vivamente Germana--. +¿Hace poco que lo ha visto usted? + +--Hace ocho días. + +--Permítame, pues, que la bese. ¡Mi pobre padre! ¿Cómo está? Nos escribe +rara vez. Deme noticias de mi madre. + +La señora Chermidy se mordió los labios. + +--No esperaba, señora--dijo sin contestar a la pregunta--, encontrarla +tan bien. La última carta que el señor duque recibió de Corfú... + +--Sí, efectivamente, señora; había llegado ya al último extremo, pero no +me han querido en el cielo. Pero siéntese a mi lado. A la hora presente +mi padre y mi madre ya estarán tranquilos. ¡Oh, estoy completamente +restablecida! Debe conocerse, ¿no es verdad? Míreme usted bien. + +--Sí, señora. Por lo que en París nos dijeron, ha sido un milagro. + +--Un milagro del cariño y del amor, señora. ¡La condesa, mi madre, es +tan buena! ¡Mi marido me quiere tanto! + +--¡Ah!... ¡Qué niño tan lindo ése que juega allí bajó! ¿Es de usted, +señora? + +Germana se levantó del banco, miró a la viuda y retrocedió atemorizada, +como si hubiese pisado una serpiente. + +--¡Señora!--dijo a la desconocida--, usted es la señora Chermidy. + +Esta se levantó a su vez y avanzó hacia Germana como para pasar sobre su +cuerpo y contestó: + +--Sí, soy la madre del marqués y la esposa, ante Dios, de don Diego. ¿En +qué me ha reconocido? + +--Por el tono con que ha hablado del niño. + +Fue dicho esto tan dulcemente, que la señora Chermidy se sintió +sobrecogida por un sentimiento extraño. La cólera, la sorpresa y todas +las emociones que la ahogaban, se resolvieron en un hondo sollozo, y dos +gruesas lágrimas rodaron por sus mejillas. Germana ignoraba que se +llorase de rabia. Compadeció a su enemiga y exclamó ingenuamente: + +--¡Pobre mujer! + +Las dos lágrimas se secaron instantáneamente, como las gotas de lluvia +que caen en un cráter. + +--¡Pobre mujer, yo!--replicó con dureza la señora Chermidy--. ¡Bueno, +sí, soy digna de compasión porque he sido engañada, porque han abusado +de mi buena fe, porque el cielo y la tierra unidos han conspirado para +traicionarme, porque me han robado un nombre, una fortuna, al hombre +que yo amaba y al hijo al que di vida entre dolores y sollozos! + +Germana quedó sobrecogida de espanto ante aquella explosión de ira, y +sus ojos se volvieron hacia la casa como en demanda de auxilio. + +--Señora--dijo temblorosa--, si para eso ha venido usted a mi casa... + +--¡A su casa! ¿No llama usted a sus criados para hacerme arrojar de su +casa? ¡Realmente, es curioso que sea yo quien esté en su casa de usted! +¡Pero si usted no tiene nada que no proceda de mí! ¡Su marido, su hijo, +su fortuna y hasta el mismo aire que respira, todo procede de mí, todo +me pertenece, todo lo tiene usted en depósito porque yo se lo he +confiado; me lo debe usted todo y nunca me reembolsará! Usted vegetaba +en París sobre un mal camastro; los médicos la habían desahuciado, no le +quedaban ni tres meses de vida, ¡así me lo habían prometido! ¡Su padre y +su madre de usted se morían de hambre! Sin mí, la familia de La Tour de +Embleuse no sería más que un montón de polvo en la fosa común. ¡Yo se lo +he dado a usted todo, padre, madre, marido, hijo y la vida, y se atreve +usted a decirme en mi cara que estoy en su casa! ¡Es preciso ser bien +ingrata! + +Era difícil contestar a esta elocuencia salvaje. Germana cruzó los +brazos sobre el pecho y dijo: + +--Señora, en vano sondeo mi conciencia; no me puedo encontrar culpable +de nada como no sea de haber curado. Jamás he contraído ningún +compromiso con usted, por la sencilla razón de que ésta es la primera +vez que la veo. Cierto es que sin usted hace tiempo que me hubiese +muerto; pero si usted me ha salvado ha sido sin querer, y la prueba +mejor es que acaba de reprocharme el aire que respiro. ¿Ha sido usted la +que me dio por esposa al conde de Villanera? Es posible. Pero me eligió +usted porque me creía condenada a muerte sin remedio. Por eso no le debo +ninguna gratitud. Ahora, ¿qué puedo hacer para serle útil? Estoy +dispuesta a todo, menos a morir. + +--Yo no le pido nada; no quiero nada; no espero nada. + +--¿Entonces qué ha venido a hacer usted aquí?... ¡Dios mío! ¡Me creía +usted enferma y esperaba encontrarme muerta! + +--Estaba en mi derecho. Pero he debido tomar informes respecto a su +familia: ¡los La Tour de Embleuse no han pagado nunca sus deudas! + +Al oír esta grosería, Germana perdió la paciencia y replicó: + +--Señora, ya está usted viendo que me encuentro bien. Puesto que +únicamente había venido para enterrarme, su misión ha terminado, y nada +tiene ya que hacer aquí. + +La señora Chermidy se instaló resueltamente en el banco de piedra +diciendo: + +--No me iré sin haber visto a don Diego. + +--¡Don Diego!--exclamó la convaleciente--. ¡No lo verá usted! No quiero +que él la vea. Escúcheme atentamente, señora. Estoy aún muy débil, pero +encontraré las fuerzas de las leonas para defender mi felicidad. No es +que yo dude de él: es bueno, me quiere como a una hermana y no tardará +en quererme como a esposa. Pero no quiero que su corazón se desgarre +entre lo pasado y lo porvenir. Sería odioso obligarle a elegir entre +nosotras. Además, usted debe de haber comprendido que ya ha hecho su +elección, puesto que no le ha escrito más. + +--¡Criatura! ¡No has podido conocer lo que es el amor en medio de las +tisanas! ¡No sabes el imperio que tomamos sobre el hombre a fuerza de +hacerlo dichoso! No has visto los hilos de oro, más finos y más tupidos +que los de la tela de araña, que tejemos alrededor de su corazón! No he +venido sin armas a declararte la guerra. Traigo conmigo el recuerdo de +tres años de pasión satisfecha y nunca saciada. Eres libre de oponer a +todo eso tus besos fraternales y tus caricias de colegiala. ¿Quizás +crees que has apagado el fuego que yo encendí? ¡Espera que yo sople en +él, y verás qué incendio! + +--Usted no le hablará. Si él fuera bastante débil para acceder a esa +fatal entrevista, su madre y yo sabríamos impedirlo. + +--¡Bastante me preocupo yo de su madre! Tengo derechos sobre él yo +también, y los haré valer. + +--No sé qué derechos pueda alegar una mujer que se ha comportado como +usted, pero sé que la Iglesia y la ley me han dado al conde de Villanera +el día en que ellas me dieron a él. + +--Oiga usted; le abandono el libre dominio de todos los bienes que usted +posee. Viva, sea dichosa y rica; haga la felicidad de su familia, cuide +de sus padres en sus últimos días, pero déjeme a don Diego. Nada es para +usted todavía, según usted mismo me ha confesado. No ha sido su esposo, +ha sido su médico, su enfermero, el ayudante del doctor Le Bris. + +--Es todo para mí, señora, puesto que le amo. + +--¡Ah, es así! Pues bien, cambiemos de nota. ¡Devuélvame a mi hijo! Es +mío; y supongo que convendrá usted en ello. Cuando se lo cedí, puse +condiciones. Como usted no ha cumplido su palabra yo retiro la mía. + +--Señora--respondió Germana--, si usted quisiera a ese niño no pensaría +en despojarlo de su nombre y su fortuna. + +--¡No me importa! Lo quiero para mí, como todas las madres. Prefiero +tener un bastardo a quien besar todas las mañanas, que oír a un marqués +que le llame a usted mamá. + +--Sé--repuso Germana--que el niño era de usted; pero usted lo dio. Ni +usted puede reclamarlo ni menos yo entregárselo. + +--Lo pediré ante los tribunales. Revelaré el misterio de su nacimiento. +Nada arriesgo al presente: mi marido ha muerto, y ya no me matará. + +--Perderá usted el pleito. + +--Pero lograré armar un gran escándalo. ¡Ah, la señora de Villanera +tiene en mucho su nombre! ¡Se han cometido infamias para el mayor lustre +del apellido de los Villanera! Le aferraré por las orejas a ese título +que Italia disputa a España! ¡Lo arrastraré del juzgado de primera +instancia al más alto tribunal; haré que lo impriman en todos los +periódicos; será la comidilla de las tabernas de París; lo haré publicar +en las _Pequeñas causas célebres_, y la condesa vieja reventará de +rabia! ¡Y ya pueden decir los abogados y sentenciar los jueces! Perderé +el pleito, pero todos los futuros Villanera estarán tachados de +Chermidy! + +Hablaba con tal calor que su discurso llamó la atención del marqués. Se +hallaba a diez pasos de distancia, gravemente ocupado en plantar ramas +en la arena para hacer un jardincito. Abandonó su tarea y fue a +colocarse delante de la señora Chermidy, con un bracito en jarras. Al +verle aproximar, Germana dijo a la viuda: + +--Preciso es, señora, que la pasión la extravíe, pues hace una hora que +está reclamando al niño, y todavía no se le ha ocurrido besarlo. + +El marqués presentole la mejilla sin el menor entusiasmo, y dijo a su +terrible madre, en esa media lengua propia de los niños de su edad: + +--Señora, ¿qué le dices a mamá? + +--Marqués--respondió Germana--, esta señora quiere llevarte a París. +¿Quieres irte con ella? + +Por toda contestación el niño se echó en brazos de Germana, y dirigió +una mirada de recelo a la señora Chermidy. + +--Le queremos todos--dijo Germana. + +--Usted también, señora. Es una habilidad. + +--Es natural. Se le parece mucho a su padre. + +--Mírame bien--dijo la viuda a su hijo--. ¿No me reconoces? + +--No. + +--Soy tu madre. + +--No. + +--¡Tú eres mi hijo, mi hijo! + +--No eres tú, es mamá Germana. + +--¿No tienes otra madre? + +--Sí; mamá Nera. Está en casa mamá Vitré. + +--Para él todas son madres suyas menos yo. ¿No recuerdas haberme visto +en París? + +--¿Qué es París? + +--Yo te daba bombones. + +--¿Dónde están tus bombones? + +--Vamos, los niños son hombres pequeños; la ingratitud les brota con los +dientes. Marqués de los Montes de Hierro, escúchame bien. Todas esas +mamás son las que te han criado. Yo soy tu verdadera madre, la única +madre, la que te ha dado el ser. + +El niño sólo comprendió que aquella señora le reñía, y se echó a llorar +amargamente costando gran trabajo consolarlo a Germana. + +--Ya ve usted, señora--dijo ésta a la viuda--, que nadie la retiene +aquí, ni aun el marqués. + +--He aquí mi ultimátum--respondió la señora Chermidy altivamente. + +Pero una voz muy conocida de ella le cortó la palabra. Era el doctor Le +Bris que llegaba de Corfú a todo correr. Había visto a _le Tas_ en una +ventana del hotel Trafalgar, y al galope traía este notición. El cochero +de la señora Chermidy al que había encontrado a la puerta de la villa, +lo había asustado al decirle que había llevado allí a una señora. +Recorrió la casa, puso en pie a todos los dormilones que hallaba en su +camino y bajó las escaleras del jardín de cuatro en cuatro peldaños. + +No pensaba el doctor que la señora Chermidy fuese capaz de cometer un +crimen; pero, sin embargo, dejó escapar un suspiro de satisfacción al +encontrar a Germana como la había dejado. Le tomó el pulso antes de +decir palabra y luego habló. + +--Condesa, está usted un poco agitada--manifestó--, y creo que la +soledad le será conveniente. Descanse usted si le parece, mientras yo +acompaño a la señora hasta su coche. + +Dictó la orden sonriendo, pero con un tono tan autoritario que la señora +Chermidy aceptó su brazo sin replicar. + +Cuando hubieron dado juntos algunos pasos añadió el doctor: + +--¡Cómo, mi linda cliente! ¡Supongo que no tiene usted la intención de +estropear mi obra! ¿Qué diablo viene usted a hacer aquí? + +--¿Qué carta es ésa, pues--contestó la viuda ingenuamente--, que ha +escrito usted al duque? + +--¡Ah, ya comprendo! Con efecto, pasamos una semana difícil; pero el +buen tiempo ha reaparecido. + +--¿No queda ningún recurso, llave de los corazones? + +--Ninguno, como no me muera. + +--¿Y qué va usted ganando? + +--La satisfacción del deber cumplido. Es una hermosa curación; como ésa +no se cuentan por docenas. + +--Mi pobre amigo, dicen que usted hará carrera; yo me temo que no pasará +de vegetar toda su vida. Las personas de talento son a veces bastante +estúpidas. + +--¡Qué se le va a hacer! No se puede contentar a todo el mundo. La +Fontaine ha dicho eso en verso, no recuerdo dónde. + +--¿Qué va a ser de mí? Lo pierdo todo. + +--¿Cree usted? + +--Sin duda. + +--Los millones, pues, para usted no son nada. Usted es mujer precavida, +y ha ido siempre a lo práctico. + +--¿Esa opinión es la de usted? + +--La mía y la de otros. + +--¿La de don Diego, acaso? + +--Es posible. + +--Pues es bien injusto. Por nada le devolvería lo que me ha dado. + +--Ya sabe usted que él no lo tomará. Adiós, señora. + +--¿Sigue usted teniendo a ese Mateo que el duque le envió de París? + +--Sí; ¿por qué? + +--Porque ya le he dicho que desconfíe de él. + +--Por mí no le han despedido. + +La señora Chermidy regresó precipitadamente a la ciudad. Su retirada +parecía una derrota, y _le Tas_, que esperaba noticias en la ventana, +adivinó en seguida lo que ocurría. Así que la viuda llegó a su +habitación exclamó: + +--¡Maldita jornada! + +--¿Se ha salvado? + +--Está curada. No he podido ver al conde, ni creo verlo, y Le Bris casi +me ha puesto en la calle. + +--Si éste encuentra su clientela, pierdo el nombre que llevo. Ya puedes +hacer, amigo, lo que quieras, pero nunca serás más que un imbécil. + +--O un bribón. Nos ha engañado como todos los demás. + +--¿De quién fiarse, gran Dios, si no se puede contar con un ex +presidiario?... Después de esto, le habrán puesto quizás en la puerta. + +--No, aun está en la casa. + +--Entonces aun hay remedio. Yo le hablaré. Hay que jugarse el todo por +el todo. + +--¡Vamos, pues! Es necesario que vea a don Diego. + +--¿Y cómo le verás? + +--Alquilaré cualquier casa por allá. + +--Vamos. Estoy segura de que si llegas a tenerle bajo tus ojos, harás de +él lo que quieras. ¡Estás soberbia! + +--Es la cólera. Le he reclamado el pequeño, y les he amenazado con un +proceso. Tendrá miedo y vendrá. + +--¡Si viene, lo robas! + +--¡Como a una pluma! + +--Quizás has hecho mal en hablar de proceso. Es demasiado orgulloso para +ceder por ese procedimiento. Atacar a un español por las amenazas, es lo +mismo que acariciar a un lobo a contrapelo. + +--Si las amenazas no sirven para nada, tengo otra idea. Hago testamento +en favor del marqués, le devuelvo sus millones hasta el último céntimo y +después me mato. + +--¡Vaya una idea! ¡Muy bonita! ¿Y qué habrás adelantado con eso? + +--¡No seas tonta! Me mataré sin hacerme daño. El testamento demostrará +que no tengo apego al dinero; el puñal, que tampoco se lo tengo a la +vida, pero no me mataré hasta el momento en que vaya a abrir la puerta. + +_Le Tas_ encontró la invención excelente, aunque no fuese precisamente +nueva. + +--¡Bueno!--dijo--; es, únicamente, un caballero andante; no tolerará que +la mujer a quien ha amado se dé muerte por sus hermosos ojos. ¡Son tan +bestias los hombres! ¡Si yo fuese tan bonita como tú, los haría correr! + +--Mientras tanto, hija mía, seremos nosotras las que corramos; y desde +mañana mismo. + +--¡Pues bien, sí! ¡en marcha! + +Al día siguiente, las dos mujeres, escoltadas por un mozo de cuerda, se +hicieron conducir al sur de la isla. Allí, en las inmediaciones de la +villa Dandolo, encontraron una linda casita para vender o alquilar, con +su verja y todo. Era la misma que la señora de Villanera había elegido +para el señor de La Tour de Embleuse, en el caso en que éste se +decidiese a pasar el verano en Corfú. Era el castillo en el aire del +pobre Mantoux, llamado _Poca Suerte_. La casa fue alquilada el 24 de +septiembre, amueblada el 25 y ocupada el 26 por la mañana. Así se lo +hicieron saber a don Diego. + +El conde pasaba un verdadero suplicio desde hacía tres días. Germana le +contó la visita que había recibido. La pobre niña no sabía el efecto que +le produciría aquella noticia y, sin embargo, quiso ser ella quien se la +diese. Al anunciar a don Diego la noticia de la llegada de su antigua +amante, se aseguraba en un instante de si estaba bien curado de su amor. +Un hombre sorprendido no tiene tiempo de disimular y la primera +impresión que se lee en su cara es la verdadera. Germana se jugaba el +todo por el todo sometiendo a su marido a semejante prueba. Un relámpago +de alegría en los ojos del conde la habría matado más seguramente que un +pistoletazo. Pero las mujeres son así, y su amor heroico prefiere un +peligro seguro a una dicha incierta. + +El señor de Villanera estaba bien curado, porque se enteró de aquella +noticia como el que recibe una impresión desagradable. Su frente se veló +de una tristeza que no tenía nada de exagerada, porque era sincera. No +se mostró ni indignado ni escandalizado, porque el paso de la señora +Chermidy, impertinente a los ojos de todos, era bien excusable para él. +No hizo el gesto de desagrado de un gobernador de provincia al que dicen +que el enemigo ha hecho una incursión en su territorio; demostró el +disgusto de un hombre al que un accidente previsto viene a turbar en su +felicidad. + +Germana no pudo repetirle sin un poco de cólera las palabras insolentes +de aquella mujer y sus monstruosas pretensiones. El doctor hizo coro con +ella y la anciana condesa lamentó altamente no haber estado allí para +arrojar a aquella desvergonzada a la puerta o al mar; el mar era una de +las puertas del jardín. Pero don Diego, en lugar de unirse a las +protestas de toda la familia, se aplicó a calmar ánimos y a vendar +heridas. Defendió a su antigua querida o, mejor dicho, la compadeció +como un hombre galante que ya no ama, pero que se cree amado aún. Llenó +este dulce deber con una tal delicadeza, que Germana aun quedó +agradecida, porque apreció una vez más la rectitud y la firmeza de su +alma. Además, si le permitía al conde dar su compasión a la señora +Chermidy, es porque estaba bien segura de poseer todo su amor. + +La condesa era bastante menos tolerante. La reivindicación del niño y la +amenaza de un proceso escandaloso, la habían exasperado. No se +conformaba con menos que entregar a la viuda a los magistrados de las +siete islas y hacerla expulsar vergonzosamente como una aventurera. + +--El señor Stevens--dijo--es amigo nuestro y no nos negará este pequeño +servicio. + +Para ella, la visita de la viuda a Germana tenía todos los caracteres de +una tentativa de asesinato, porque, después de todo, la presencia de una +mujer tan odiosa podía matar a una convaleciente. El doctor no encontró +descabellada la idea. + +El conde intentó calmar a su madre. + +--No tema usted nada--dijo--, no intentará ningún proceso. No es tan +desnaturalizada que quiera comprometer a su hijo al mismo tiempo que a +nosotros. La cólera la ofuscó, sin duda. A nosotros, que somos dichosos, +nos es fácil hablar sensatamente. Debe estar indignada contra mí y +mirarme como a un gran culpable, porque yo la he abandonado sin tener +nada que reprocharle; en ocho meses no le he escrito ni una sola carta; +he dado mi alma a otra. Aun me odiaría más si supiera que los días más +dichosos de mi vida son los que he pasado lejos de ella al lado de mi +Germana y si yo le dijese que mi corazón está lleno de amor hasta los +bordes, como esas copas que una gota más haría desbordar. Déjeme que la +despida con buenas palabras. ¿Por qué no he de ir a abrirle mi corazón y +a mostrarle que ya no queda sitio para ella? No hace falta más que una +hora de dulzura y de firmeza para cambiar el amor despechado en una +amistad pura y duradera. Yo le aseguro que no pensará más en el +escándalo y será digna de encontrarse con nosotros sin embarazo y de +enviar a buscar de cuando en cuando noticias de su hijo. Hay pocas +mujeres que no estén expuestas a codearse en un salón con la antigua +amante de su marido. Y no por eso se arrancan los ojos; el presente y el +pasado viven en buena harmonía, una vez que la frontera que las separa +está bien delimitada. Considere, además, que nuestra situación no es la +corriente. Por mucho que hagamos nosotros, por mucho que haga ella +misma, esa desgraciada será siempre, a los ojos de Dios, la madre de +nuestro hijo. Aunque no hubiese sido más que su nodriza, nuestro deber +sería asegurarla contra la miseria. No nos neguemos a una gestión +inocente y prudente que puede salvarla de la desesperación y del crimen. + +Don Diego hablaba de tan buena fe, que Germana le tendió la mano y le +dijo: + +--Amigo mío, yo había asegurado a esa mujer que no volvería a verle, +pero si yo hubiese oído hablar a usted con tanta razón y experiencia, yo +misma le hubiera conducido a usted a su casa. Tome el coche sin pérdida +de tiempo, corra a despedirla y perdónela el mal que me ha hecho como yo +la perdono. + +--¡Muy bonito!--exclamó la señora de Villanera--. Si él sube al coche, +yo misma desengancharé a los caballos. Don Diego, usted no me consultó +para tomar una amante; no me escuchó usted cuando le dije que había +caído en manos de una bribona; puesto que usted me consulta hoy, tendrá +que escucharme hasta el fin. Soy yo quien le he casado. Yo le he dejado +hacer, en el interés de nuestra raza, un tratado que sería odioso entre +los burgueses; pero la grandeza de los intereses y el principio a +salvar, excusan muchas cosas. Dios ha permitido que un asunto tan mal +iniciado se haya convertido en la felicidad de todos. ¡Dios sea loado! +Pero no se dirá, mientras viva yo, que usted ha salido de casa de su +esposa santa y legítima para entrar en la de su antigua amante. Ya sé +que usted no la ama ya, pero tampoco la desprecia lo bastante para que +yo le crea curado. Esa Chermidy le ha tenido tres años en sus garras; no +quiero exponerle a que caiga de nuevo en ellas. No diga usted que no con +la cabeza. La carne es débil, hijo mío; lo sé por usted, ya que no por +experiencia propia. Conozco a los hombres, aunque nunca me han hecho la +corte. Pero cuando se asiste al teatro por espacio de cincuenta años se +está un poco en el secreto de la comedia. Acuérdese bien de esto: el +mejor de los hombres no vale nada. El mejor es usted, se lo concedo. +Usted está curado de su amor; pero esos amores parásitos son de la +familia de la acacia; se arranca el árbol, se queman las raíces y los +retoños salen a millares. ¿Quién me asegura que la vista de esa mujer no +le hará perder la cabeza? Usted no tiene el cerebro tan sólido para +exponerlo a semejante sacudida. Quien ha bebido beberá; y usted ha +bebido tanto que yo pensaba que se ahogaría. ¡Ah! si usted estuviese +casado desde hace tres o cuatro años, si usted viviese como vivirá +pronto, con la ayuda de Dios, si el marqués tuviese un hermano o una +hermana, quizás entonces le dejaría suelta la brida. Pero suponga que su +antigua locura vuelve, ¡habría hecho yo un bonito papel casándole con +este ángel! Por eso es, mi querido conde, por lo que no irá usted a casa +de la señora Chermidy, ni siquiera para despedirla, y si, a pesar de mi +negativa, va usted, cuando vuelva no encontrará aquí ni a su mujer ni a +su madre. + +Don Diego se conformó, pero estuvo de mal humor por espacio de tres +días. El doctor Le Bris había cambiado de enfermo y se dedicaba a curar +el cerebro de su amigo y a desarraigar las ilusiones obstinadas que el +conde guardaba sobre su amante. Desató implacablemente la tupida venda +que el pobre hombre se había dejado colocar sobre los ojos. Le contó +detalladamente todo lo que sabía del pasado de aquella mujer; le hizo +ver que era ambiciosa, avariciosa, ladina y malvada. + +--Me llaman la tumba de los secretos--pensaba, adivinando todas las +maldiciones que sobre él caerían--, pero la justicia tiene derecho a +abrir las tumbas. + +Don Diego dudaba aún; le hizo leer la última carta que había recibido de +la señora Chermidy. El conde se estremeció de horror viendo allí una +provocación al asesinato con una recompensa de quinientos mil francos. + +La llegada del duque fue una nueva prueba de la maldad de la señora +Chermidy. El pobre anciano había hecho el viaje sin accidentes gracias a +ese instinto de conservación que nos es común con los animales; pero su +espíritu había desgranado todas sus ideas por el camino, como un collar +cuyo hilo se rompe. Supo encontrar la villa Dandolo y cayó en medio de +la familia extrañada, sin más emoción que la que experimentaría al salir +de su habitación. Germana le saltó al cuello y le colmó de ternezas; él +se dejaba acariciar como un perro que juega con un niño. + +--¡Qué bueno es usted!--le dijo--. Ha sabido que yo estaba en peligro y +ha corrido a verme. + +--¡Toma! Es verdad--respondió--. ¿No has muerto, pues? ¿Cómo te las has +arreglado? Estoy muy contento, es decir, no mucho; Honorina está furiosa +contra ti. ¿No está aquí Honorina? Ha venido a casarse con el conde. +¡Mientras me perdone! + +Nadie le pudo arrancar una palabra sobre la salud de la duquesa, pero en +cambio habló de Honorina tanto como quiso. Contó todas las dichas y +todos los pesares que le había dado. Todos sus discursos se referían a +ella, así como todas sus preguntas: la quería a todo precio y empleó la +astucia de una tribu india para descubrir su dirección. + +La llegada inesperada de aquella ruina viviente fue un serio dolor para +Germana y una cruel enseñanza para don Diego. La señora de Villanera, +que nunca había sentido simpatía por el duque, se interesaba +mediocremente por su estado, pero se consideraba triunfante al tener a +mano a una víctima de la señora Chermidy. Dedicó los cuidados más +asiduos al señor de La Tour de Embleuse y le arrancó todos los secretos +de su miseria y de su decadencia. + +El duque había fondeado en la casa desde hacía unas horas, cuando la +señora Chermidy hizo saber a don Diego que era vecina suya y que le +esperaba. El conde enseñó la carta al señor Le Bris. + +--¿Qué le contestaría usted en mi lugar?--le preguntó con indiferencia. + +--La ofrecería dinero. Ella ha venido aquí para apoderarse de su nombre, +de su persona y de su fortuna. Cuando ha visto que la condesa aún vivía, +ha renunciado al nombre y se ha hecho fuerte en lo demás. Cuando vea que +su persona de usted se pasa fácilmente sin la suya, se contentará con el +dinero. + +--¿Y ese proceso, ese escándalo con que nos amenaza? + +--Ofrézcala dinero. + +--Pero, ¿y su hijo? + +--Cuestión de dinero. Claro que habrá de ser mucho. Se dan dos sueldos a +un mendigo de blusa, diez al que viste de americana, cien al de levita; +calcule usted lo que conviene ofrecer a los que mendigan en coche de +cuatro caballos. + +--¿Quiere ir usted a ver lo que pide? + +--¡Diablo! Usted me ha contratado por meses; no contábamos las visitas. + +El doctor se hizo llevar a casa de la señora Chermidy. Cuando entró, +estaba en escena. Sentada lánguidamente en un gran sillón, los brazos +colgando, la cabellera suelta, dejaba errar sus ojos melancólicos, y +_Soñadora, miraba vagamente hacia el espacio._ + +--Buenos días, señora--dijo el doctor--. Puede usted sentarse a su +comodidad, soy yo. + +Se levantó sobresaltada, corrió a él y le dijo: + +--¡Es usted, amigo mío! Me dio usted un disgusto el otro día. ¿Es así +como debía acogerme después de una larga ausencia? + +--No hablemos más de eso, ¿le parece a usted? Hoy no vengo como amigo, +sino como embajador. + +--¿No le veré a él, pues? + +--No; pero, si tiene usted curiosidad por ver a alguien, puedo enseñarle +al duque de La Tour de Embleuse. + +--¿Está aquí? + +--Sí, desde esta mañana. Una linda obra de usted, pero sin firma. + +--No soy responsable de las necedades de todos los viejos locos que +pierden la cabeza por mí. + +--¿Ni de los millones que pierden en su casa? De acuerdo. + +--¿Pero de buena fe me cree usted una mujer interesada, llave de los +corazones? + +--¡Caramba! ¿Cuánto quiere usted por volverse a París y permanecer +tranquila allí? + +--Nada. + +--Le pagaremos el pasaje, aunque cueste un millón. + +--Es que somos dos; he traído a _le Tas_. + +--Doblaremos quizá la suma. + +--¿Qué ganaría yo con eso? Si yo fuese lo que usted supone, podría tomar +hoy el dinero y dar mañana el escándalo. Pero valgo más que todos +ustedes. + +--¡Muchas gracias! + +--Tome usted, bello embajador, llévele esto al rey su señor y dígale que +si quiere algo para el otro mundo, me lo puede enviar esta noche. + +--¡Cómo! ¿Ya acudimos a los grandes efectos? + +--Sí, amigo mío. Este es mi testamento y aquí está el acta de mis +últimas voluntades. El paquete no está cerrado, puede usted leerlo. + +--¡Efectivamente! + +Y leyó: + +«Este es mi testamento y el acta de mis últimas voluntades. + +»En la víspera de dejar voluntariamente una vida que el abandono del +señor conde de Villanera me ha hecho odiosa...» + +--¡Desgraciada!--dijo el doctor interrumpiendo la lectura. + +--Es la verdad pura. + +--Borre esa frase. Está mal escrita. + +--Las mujeres no escriben bien más que las cartas. No tienen la +especialidad de los testamentos. + +--Entonces, continúo: + +«Yo, Honorina Lavenaze, viuda de Chermidy, sana de cuerpo y de espíritu, +lego todos mis bienes muebles e inmuebles a Gómez, marqués de los Montes +de Hierro, hijo único del conde de Villanera. (Firmado.)» + +--Y mañana por la mañana quedará rubricado. ¡Vaya usted! + +--Me parece que no. + +--¿Lo duda usted? + +--Sí. + +--¿Y quiere usted decirme por qué no me mataré yo? + +--Porque eso sería un gran placer para tres o cuatro honradas personas +que yo conozco. Adiós, señora. + +Aun no se había cerrado la puerta tras el doctor, cuando _le Tas_ salió +de una habitación inmediata en compañía de Mantoux. + + + + +XIII + +EL PUÑAL + + +Mateo Mantoux no podía consolarse de la curación de Germana. Acusaba al +droguero de haberle vendido arsénico falsificado. En su dolor, +descuidaba el servicio y se consolaba divagando alrededor de la villa. +El objeto de sus paseos era siempre aquella linda propiedad de la cual +había sido el dueño en esperanza. A fuerza de contemplarla la conocía +hasta en sus menores detalles, como si se hubiese criado en ella. Sabía +cuántos balcones tenía la casa y no había un árbol que no tuviese un +recuerdo para él. Había franqueado la verja más de una vez, lo que no +era difícil. Aquel paraíso terrestre estaba cerrado por un seto de +cactus y de áloes, formidable defensa si se cuida de ella, pero la +infranqueable barrera había caído en tres o cuatro sitios y la delicada +librea de Mantoux podía saltar sin peligro al recinto prohibido. + +El 26 de septiembre, hacia las cuatro de la tarde, aquel melancólico +bribón pensaba en su desgracia franqueando la valla. Se acordaba con +amargura de sus primeras entrevistas con _le Tas_ y de la acogida de la +señora Chermidy. Cuando comparaba su situación presente con la que había +soñado, se consideraba como el más desgraciado de los hombres, porque +creía haber perdido lo que había dejado de ganar. La interrupción de una +masa enorme que se movía pesadamente en el jardín interrumpió el curso +de sus ideas. Se restregó los ojos y se preguntó por un instante si veía +a _le Tas_ o a su sombra; pero las sombras no abultan tanto. _Le Tas_ le +advirtió y le hizo señas. Precisamente estaba buscándole. + +--¡Qué tal!--le dijo--. ¿Cómo va eso, guapo enfermero? Ha cuidado usted +muy bien a su ama y ya está curada. + +--¡Poca suerte!--respondió él con un gran suspiro. + +--Estamos solos--continuó _le Tas_--, nadie puede oírnos; no tenemos +tiempo que perder. ¿Estás contento de que haya curado tu señora? + +--Ciertamente, señorita. No obstante, su ama me había prometido otra +cosa. + +--¿Qué es lo que te había prometido? + +--Que la señora moriría bien pronto y que yo tendría 1.200 francos de +renta. + +--Y tú hubieras preferido eso, ¿verdad? + +--¡Claro! Así hubiera sido propietario, mientras que ahora tendré que +vivir siempre en casa de los otros. + +--¿Y no se te ha ocurrido nunca hacer por tu cuenta lo que la enfermedad +no había hecho? + +Mantoux la miró fijamente con una turbación visible. No sabía si se +trataba de un juez o de un cómplice. Ella le sacó de su embarazo +añadiendo: + +--Yo te conozco; te había visto en Tolón. Cuando fui a visitarte a +Corbeil, ya conocía tu historia. + +--¡De modo que usted...! ¿Así usted tenía su idea al enviarme aquí? + +--Seguramente. Si no hubiese habido nada que hacer, yo hubiera buscado a +un hombre honrado. Gracias a Dios, no faltan. ¡Hasta hay demasiados! + +--¿Y era por eso por lo que me ofrecían 1.200 francos de renta? + +--¡Figúrate! + +--Sospecho que fue usted la que me escribió aquel anónimo. + +--¿Quién había de ser? + +--¿Pero qué interés tiene usted? + +--¿Qué interés? Tu ama ha robado su marido a la mía. ¿Comprendes ahora? + +--Empiezo a comprender. + +--Deberías haber empezado más pronto, ¡imbécil! + +--Es verdad; no obstante, algo he hecho. + +--¿Qué has hecho? + +--He comprado arsénico y le he dado un poco todas las noches. + +--¿De veras? + +--¡Palabra de honor! + +--Debes de haberle dado muy poco. + +--Tenía miedo de comprometerme. Es un veneno que deja señales. + +--¡Cobarde! + +--¡Toma! No se hace uno cortar el cuello por 1.200 francos de renta!... + +--La señora te hubiera dado todo lo que hubieras querido. + +--Habérmelo dicho. Ahora ya es tarde. + +Mantoux esperaba en una habitación contigua la partida del doctor Le +Bris. Algunas palabras sueltas de la conversación llegaban a sus oídos. +No obstante, no comprendió más que a medias el trato que le querían +hacer. Abordó con una desconfianza respetuosa a la señora Chermidy. La +viuda no juzgó conveniente entrar en explicaciones con él hasta que no +hubiese recibido una respuesta de don Diego. Estaba muy agitada y daba +apresurados pasos por el salón. Escuchaba a _le Tas_ sin oírla y miraba +al ex presidiario sin verle. Le era bien conocida la cortesía del conde +de Villanera para que pudiese apreciar en todo su valor su ausencia y su +silencio. + +--Ya no me ama--se decía--. Menos mal, si sólo fuese indiferencia; ya +sabría yo reconquistarle. Pero seguramente me han pintado a sus ojos +como un monstruo. Si así no fuese, no me habría tratado de tal modo. +¡Ofrecerme dinero por mediación de ese odioso Le Bris! ¡Y en qué +términos, grandes dioses! Si me ve con los mismos ojos que su embajador, +si he perdido ya su aprecio, ¿qué será de mí? No volverá ya. Viudo o no, +está perdido para mí. Entonces, ¿a qué conduciría?... ¿por pura +venganza? Pues bien, sea, ¡me vengaré! Pero esperemos. Si no viene +corriendo cuando haya leído lo que he escrito, todo está perdido. + +--Señora--interrumpió Mantoux--, es preciso que vaya a servir la comida, +y si la señora tiene algo que mandarme... + +--Ve a servir tu comida--respondió--; pero no olvides que me perteneces. +Escucha bien todo lo que digan, para repetírmelo. + +--Sí, señora. + +--Un momento. Quizás el señor de Villanera venga aquí esta tarde. En tal +caso, no tendré necesidad de ti. No obstante, paséate por los +alrededores mañana por la mañana. Si no viniese... ¡pero no, eso es +imposible! vienes tú así que se hayan acostado. No importa a que hora. +Tal vez _le Tas_ duerma; llama de todos modos, yo te abriré la puerta. + +--Es inútil, señora; he sido cerrajero y conservo mis herramientas. + +--Bien, te esperaré. Pero estoy segura que el conde vendrá. + +Mantoux sirvió a la mesa y aun cuando se esforzó en oír la conversación, +el nombre de la señora Chermidy no fue pronunciado. + +Se comió en familia, con un solo invitado, el señor Stevens. La señora +de Villanera le preguntó si la ley inglesa permitía a los magistrados +expulsar a los vagabundos sin otra forma de proceso. El señor Stevens +respondió que la legislación de su país protegía la libertad individual +hasta en sus abusos. + +--Eso está muy bien--dijo el doctor sonriendo--. ¿Y a las aventureras? + +--Se las trata un poco más severamente. + +--¿Aun cuando tengan cinco o seis millones de capital? + +--Si conocéis muchas de esa especie, enviadlas todas a Inglaterra. Se +las recibirá con los brazos abiertos, se las coronará de rosas y se +casarán con _lords_. + +La señora de Villanera hizo una mueca y se pasó a otra cosa. + +Durante toda la comida, el viejo duque tuvo los ojos fijos en Mantoux. +Aquel cerebro impotente, aquella memoria desvanecida, supo reconocer en +él al hombre que había visto una sola vez en casa de la señora Chermidy. +Lo llamó aparte después de los postres y lo condujo misteriosamente a su +habitación. + +--¿Dónde está ella?--le preguntó--. Tú la conoces; tú sabes dónde está +oculta; ¡porque me la ocultan! + +--Señor duque--respondió--, no sé a quien... + +--Te hablo de Honorina. Ya sabes quién es, Honorina, la dama de la calle +del Circo. + +--¿La señora Chermidy? + +--¡Ah! ¿ves cómo la conoces? Estoy seguro de que tú la has visto. ¡Mi +hija también la ha visto! ¡el doctor también! todos, en fin, ¡menos yo! +Ve a buscármela y te haré rico. + +Mantoux respondió: + +--Puedo jurar al señor duque que no sé dónde está la señora Chermidy. + +--¡Dímelo, bribón! no se lo contaré a nadie: esto quedará entre los +dos... Si no me lo dices esta noche, te haré cortar la cabeza--añadió en +tono de amenaza. + +El ex presidiario se estremeció como si el viejo pudiese leer en su +conciencia. Pero el duque había cambiado de nota: lloraba como un niño. + +--Hijo mío--decía--, no quiero tener secretos para ti. Es necesario que +te anuncie la desgracia que nos amenaza. Honorina quiere matarse esta +noche; se lo ha dicho al doctor y ha enseñado su testamento a mi yerno. +Ellos pretenden que no hará nada y que sólo se propone asustarle, pero +yo la conozco mejor que nadie y sé que se matará. ¿Y por qué no ha de +matarse? ¡Ya ves, a mí que te estoy hablando, me ha matado! ¿Te has +fijado en aquel puñal que tenía sobre su chimenea en París? Pues bien, +un día, no me acuerdo cuándo, me lo hundió en el corazón. Con ese mismo +cuchillo se matará esta noche, si no llego a tiempo. ¿Quieres llevarme a +su casa? + +Mantoux hizo nuevas protestas de que ignoraba el domicilio de la viuda, +pero no pudo convencer al insensato viejo. Hasta las diez de la noche, +el señor de La Tour de Embleuse le siguió a todas partes, al jardín, a +la despensa, a la cocina, con la paciencia de un salvaje. + +--Es inútil que disimules--le decía--; tú irás a su casa y yo te +seguiré. + +En las islas Jónicas la gente se acuesta temprano. A media noche todos +dormían en la casa, menos el duque y Mantoux. El ex presidiario +descendió a paso de lobo la escalerilla que conducía a su habitación. Al +atravesar el jardín del norte creyó ver deslizarse una sombra entre los +olivos. Salió al campo y anduvo a lo largo de las verjas, por senderos +extraviados, en dirección a la propiedad que tan bien conocía. La sombra +encarnizada le siguió de lejos hasta la valla. Mantoux se preguntó si no +le había engañado su vista y si no era víctima de una alucinación; +recuperó la presencia de ánimo, volvió sobre sus pasos y buscó al +enemigo; el camino estaba desierto y la aparición se había desvanecido +en la noche. + +Una obscuridad profunda envolvía la casa. El único balcón en que se veía +luz era el de la señora Chermidy, que estaba en el piso bajo: Mantoux +comprendió que le esperaban. Sacó un manojo de llaves falsas que había +envuelto en un trapo para que no hiciesen ruido, pero no tuvo tiempo de +emplearlas. La señora Chermidy le abrió la puerta. + +--Habla en voz baja--dijo--. _Le Tas_ acaba de dormirse. + +Los dos cómplices entraron en la habitación, y lo primero que hirió la +vista de Mantoux fue el puñal de que le había hablado el duque. + +--¡Y bien!--exclamó la viuda--; ¿el señor de Villanera se ha acostado? + +--Sí, señora. + +--¡Infame! ¿Qué han dicho mientras comían? + +--No han hablado de la señora. + +--¿Ni una palabra? + +--No; pero después de comer, el señor duque me ha preguntado la +dirección de la señora. Le he encontrado muy desmejorado. + +--¿No ha dicho nada más? + +--Tonterías. Que la señora quería matarse, que ha escrito su testamento. + +--Sí, es verdad; lo he hecho para obligar al conde a que viniese. ¿Se ha +acostado? + +--¡Oh! sí, señora. La habitación del señor está cerca de las nuestras. +El señor ha apagado la luz a las once. + +--Oye; si han dicho algo de mí en la mesa, puedes repetírmelo sin temor; +no me enfadaría por ello, al contrario, me consideraría dichosa. + +--No han abierto la boca para ocuparse de la señora. + +--¡Ah! ¡les anuncio que voy a matarme esta noche y ni siquiera me +dedican un pequeño comentario! + +--No se han ocupado de la señora; como si la señora no estuviese en el +mundo. + +--Está bien; ya les recordaré que estoy viva. _Le Tas_ me ha dicho que +le habías dado arsénico a la condesa. + +--Sí, señora; pero no ha hecho efecto. + +--Si le dieses una puñalada, quizás haría efecto. + +--¡Oh! ¡señora! ¡una puñalada! eso ya es más grave. + +--¿Qué diferencia hay? + +--Por de pronto, la señora condesa estaba enferma, y la enfermedad tiene +buenas espaldas para cargar con todo. ¡Pero matar a una persona que está +sana! Eso es más difícil. + +--Te pagaré según el trabajo. + +--¿Y si me cogen? + +--Tomas una embarcación y te refugias en Turquía; la justicia no te +perseguirá hasta allí. + +--Es que tenía la idea de quedarme aquí. Quería comprar una propiedad. + +--La tierra se compra por nada en Turquía. + +--Es igual. Lo que la señora pide vale cincuenta mil francos. + +--¿Cincuenta mil francos? + +--¡Espero que la señora no querrá regatear! + +--Sea. Trato hecho. + +--¿Y dinero contante? + +--Contante. + +--¿Lo tiene usted? Porque si usted no me pagase esa suma, no iría a +reclamársela a París. + +--Tengo cien mil francos en mi _secreter_. + +--Pido cinco minutos para reflexionar. + +--Reflexiona. + +Mantoux se volvió hacia la chimenea, se apoderó maquinalmente del puñal +corso de la señora Chermidy, probó la punta sobre uno de sus dedos e +hizo doblar la hoja sobre el mármol. La señora Chermidy no le miraba; +esperaba el resultado de su decisión. + +--Ya lo he pensado--dijo--. Prefiero quedarme aquí que ir a Turquía; mis +compatriotas son mejor tratados en Corfú; además, he aprendido un poco +el italiano y no aprendería el turco; y, por último, el jardín y la casa +que usted ha alquilado, me convienen. + +--¿Pero cómo diablos quieres...? + +--He encontrado el medio. En lugar de dar una puñalada a la señora +condesa, se la doy a usted. En primer lugar, esto me vale cien mil +francos y no cincuenta mil. Después, nadie tratará de acusarme o de +perseguirme, porque usted ha hecho su testamento para suicidarse esta +noche. La encontrarán en su cama, atravesada con su puñal y verán que +usted ha tenido palabra. Y por último, dicho sea sin ofenderla, prefiero +matar a una bribona como usted que a una mujer honrada como mi señora, +que siempre me ha tratado bien. Es el primer paso que voy a intentar por +el buen camino y espero que el Dios de Abraham y de Jacob sabrán +recompensármelo. + + + + +XIV + +LA JUSTICIA + + +La sombra que había seguido a Mantoux desde la villa Dandolo hasta el +jardín de la señora Chermidy era el duque de La Tour de Embleuse. + +Un instinto tan infalible como el razonamiento dijo al insensato que +Mateo era esperado en casa de la bella arlesiana. Espió su partida; +esperó la hora en el fondo de un corredor obscuro de la villa. Cuando +oyó al ex presidiario abrir la puerta de su cuarto, supo ahogar su voz y +reprimir la risa nerviosa que sacudía su viejo cuerpo desde la cabeza a +los pies. Para descender la escalera en seguimiento de su guía, se quitó +los zapatos e hizo todo el camino descalzo, entre los guijarros y las +espinas que ensangrentaban sus pies a cada paso. No advirtió ni la +longitud del camino, ni los rodeos interminables, ni la fatiga, ni el +dolor. El imperio de una idea fija le hacía insensible a todo; su único +temor era perder a su conductor o ser visto por él. Cuando Mantoux +redoblaba el paso, el duque corría detrás de él, como si tuviese alas; +cuando aquél volvía la cabeza, el duque se tendía sobre el vientre y se +metía en los fosos o se replegaba adosado a un seto espinoso de cactus o +de granados. + +Se detuvo al fin junto a la valla. Una voz secreta le dijo que el único +balcón donde se veía luz era el de la señora Chermidy. Vio a su guía +detenerse a la puerta. Una mujer fue a abrirle, y su viejo corazón +brincó con una alegría desordenada al reconocer a la criatura que le +atraía. + +¡No estaba, pues, muerta! ¡Podría verla, hablarle y quizá volver a +hacerle amable la vida! Su primer impulso fue lanzarse hacia ella; pero +se contuvo. Estaba seguro de que no se mataría en presencia del criado. +Se prometió esperar a que estuviese sola para caer en su casa, +sorprenderla y arrancarle el puñal de la mano. + +Guardó su impaciencia durante una hora larga, sin advertirlo. Amaba a la +señora Chermidy como no había amado a su mujer ni a su hija. Sentía +germinar en su cerebro ideas de abnegación, de solicitud, de desinterés, +de humilde esclavitud. Aquel amor irreflexivo, absoluto, sin medida ni +restricción, no era un sentimiento nuevo para él; hacía sesenta años que +se amaba a sí mismo de igual modo. Su egoísmo había cambiado de objeto +sin cambiar de carácter. Hubiera inmolado el mundo entero al capricho de +la señora Chermidy, como antes a su propio interés o a sus placeres. + +Desde el día que la ingrata le abandonó, no vivía. Su corazón no podía +latir más que a su lado; sus pulmones no respiraban más que el aire que +ella había respirado. Iba a través del mundo como un cuerpo inerte +lanzado en el vacío. + +Algunas veces, un resto de razón descendía a su espíritu y se decía: + +--Soy un viejo loco. ¿Por qué me he atrevido a hablarle de amor? El amor +no sienta bien a un vejestorio como yo. Que me conceda un poco de +amistad, será todo lo que yo merezca. Que me sufra en su casa como a un +padre y yo encontraré en un rincón de mi corazón sentimientos +paternales. Ella es desgraciada, llora el abandono de Villanera; yo la +consolaré. + +La esperanza de volver a verla le producía fiebre. Sus ojos fatigados +por la fiebre le cosquilleaban dolorosamente, pero esperaba llorar +cuando cayese a los pies de Honorina. En los grandes dolores de la vida, +nuestros ojos se calman con las lágrimas. El señor de La Tour de +Embleuse, sentado en un rincón del jardín, frente a la casa, se parecía +al animal que ha corrido tres días por el desierto en busca de agua +fresca y que se detiene con el último impulso ante el manantial deseado, +con el ojo sangriento y la lengua colgando. + +El último resplandor se extinguió en la habitación y el balcón del que +él no separaba la mirada se confundió con todos los demás en la +obscuridad. Pero la casa, invisible para los demás, no lo era para el +duque, y el balcón brillaba como un sol a sus ojos iluminados. Vio a +Mantoux salir de la casa, huir a través de los campos con una carrera +desesperada, sin volver la cabeza hacia atrás. Entonces salió de su +escondite y avanzó a paso de lobo hasta el balcón bien amado. Ni +siquiera se fijó en si la puerta estaba abierta o cerrada, ¡tanto le +atraía aquel balcón! Se apoyó en el borde, palpó los hierros y apoyó su +nariz y su boca contra un vidrio, sintiendo una frescura consoladora con +el contacto. + +Dentro como fuera, reinaba una obscuridad grande, pero los enfermos +sentidos del viejo loco creyeron ver a la señora Chermidy arrodillada al +pie de su cama, con la cabeza hundida entre las manos y abriendo a la +oración sus bellos labios rosados. Para llamarle la atención golpeó +dulcemente el cristal, pero nadie le contestó. Entonces creyó verla +dormida, porque las alucinaciones más contradictorias se sucedían en su +espíritu. Reflexionó largamente sobre el medio de llegar hasta ella y +despertarla sin asustarla. Para alcanzar su objeto se sentía capaz de +todo, incluso de demoler un lienzo de pared sin otro auxilio que el de +sus diez dedos. Al acariciar la vidriera advirtió que el vidrio estaba +encerrado en un armazón de plomo. Entonces decidió arrancarlo con las +manos, y tan valerosamente emprendió la tarea que acabó por conducirla a +buen término. Sus uñas se retorcían alguna vez sobre el plomo o se +quebraban sobre el vidrio; sus dedos sangraban, pero no hacía caso; si +se detenía alguna vez, era para secarse la sangre, para escuchar los +ruidos que podían venir de dentro y asegurarse de que Honorina +continuaba durmiendo. + +Cuando hubo casi arrancado el armazón, empezó a tirar del vidrio +deteniéndose cada vez que se oía un crujido o que una sacudida demasiado +violenta hacía resonar todo el balcón. Por fin su paciencia obtuvo la +recompensa y la hoja transparente cayó en sus manos. La depositó sin +hacer ruido sobre la arena de la alameda, dio un paso apoyando el índice +sobre sus labios y fue a aspirar el vaho de la habitación por la +abertura que había hecho. Su pecho se henchía con una ávida +voluptuosidad. Era la primera vez que respiraba en diez días. + +Alargó la mano hacia la habitación, palpó el interior, encontró la +falleba y la cogió. Las vidrieras eran pequeñas, la abertura estrecha, +por lo cual no podía mover el brazo con desahogo; no obstante, la puerta +cedió rechinando sobre sus goznes. El duque se asustó ante aquel ruido y +pensó que todo estaba perdido. Retrocedió hasta el fondo del jardín y +trepó a un árbol, con los ojos fijos en la casa y el oído abierto a +todos los ruidos. Escuchó largo tiempo y no oyó otra cosa que el lamento +dulce y melancólico de los sapos que cantaban al borde del camino. +Descendió de su observatorio y llegó a gatas hasta el balcón, tan pronto +bajando la cabeza para no ser visto, tan pronto levantándola para ver y +oír. Volvió al sitio de donde el miedo le había arrojado y se aseguró de +que Honorina dormía aún. + +Las dos puertas del balcón se abrieron sin ruido. El aire de la noche +entró en la casa sin despertar a la bella dormida. El duque echó una +pierna por encima de los hierros y se deslizó en la habitación. La +alegría y el miedo le hacían temblar como un árbol sacudido por el +viento. Vacilante, iba adelantando sin atreverse a apoyarse en los +muebles. La habitación estaba llena de objetos de toda clase, de baúles +abiertos y cerrados y aun de muebles derribados. El duque atravesó por +todos aquellos obstáculos con precauciones infinitas. Marchaba a +tientas, rozando todos los objetos sin tocarlos y paseando entre las +sombras sus dedos destrozados. A cada paso murmuraba en voz baja: + +--Honorina, ¿está usted ahí? ¿me oye usted? Soy yo, su viejo amigo, el +más desgraciado, el más respetuoso de todos sus amigos. No tenga usted +miedo; no tema nada, ni siquiera que le dirija ningún reproche. En París +estaba loco, pero el viaje me ha cambiado. Soy un padre que viene a +consolarla. No se mate usted; ¡yo me moriría! + +Aquí se detuvo, se calló y escuchó. No oía más que los latidos de su +corazón. Tuvo miedo y se sentó un momento para calmar su angustia. + +--¡Honorina!--gritó levantándose--, ¿está usted muerta? + +Fue la muerte en persona la que le respondió. Tropezó contra un mueble y +sus manos nadaron en un mar de sangre. + +Cayó arrodillado, apoyó los brazos en la cama y permaneció hasta que se +hizo de día en la misma postura. No se preguntó siquiera cómo había +podido ocurrir aquella desgracia. No experimentó ni sorpresa ni pesar. +La sangre le subió hasta el cerebro y todo concluyó. Su cabeza no era +más que una jaula abierta de la que la razón había volado. Pasó las +últimas horas de la noche apoyado sobre un cadáver que se enfriaba +gradualmente. + +Cuando _le Tas_ fue a ver si su hermosa prima se había despertado, oyó a +través de la puerta un grito estridente como el canto del grajo. Al +entrar vio un viejo ensangrentado que agitaba la cabeza en todas +direcciones como para sacudir la sangre. El duque de La Tour de Embleuse +gritaba: «¡Acá! ¡Acá! ¡Acá!» Era todo lo que le quedaba del don de la +palabra, el más hermoso privilegio del hombre. Su cara era una mueca +horrible, sus ojos se abrían y se cerraban automáticamente; sus piernas +estaban paralizadas, su cuerpo hundido en el sillón, sus manos muertas. + +_Le Tas_ no había conocido más que un sentimiento humano: adoraba a +Honorina. La monstruosa criatura se arrojó sobre el cuerpo de su dueña +lanzando un grito como el que no es posible oírlos más que en el +desierto. Lloró como las tigresas deben llorar a sus cachorros. Arrancó +el cuchillo de una grande y profundida herida que ya no sangraba; cogió +en brazos a aquel hermoso cuerpo inanimado y le colmó de caricias locas. +Si las almas pudiesen partirse en dos, ella hubiera resucitado a sus +expensas a su querida Honorina. La cólera sucedió bien pronto al dolor. +No dudó ni un instante de que el duque fuese el asesino. Arrojó el +cadáver sobre la cama y corrió con toda su masa hacia el viejo. Le +golpeó, le mordió las manos y buscó sus ojos para arrancárselos, pero el +duque era insensible y no respondía a aquellas violencias más que por un +grito uniforme que debía ser en lo sucesivo su único lenguaje. Los +animales tienen diferentes sonidos para expresar la alegría o el dolor; +pero el paralítico yace en el último grado de la escala de los seres. +_Le Tas_ se cansó de golpearlo antes de que él sospechase que lo +golpeaban. + +Mientras tanto, Germana, bella y sonriente como la mañana, despertaba a +su madre y a su marido, asistía al tocado de su hijo y bajaba al jardín +para respirar el aire embalsamado del otoño. Los señores Le Bris y +Stevens no tardaron en unirse a ellos. Todos contemplaban al pequeño +Gómez que paseaba un galápago por el jardín. El único que faltaba era el +duque. Sus balcones aun estaban cerrados, y respetaron su sueño. Mateo +Mantoux, que había redoblado su celo desde que el doctor le mantuviera +en su plaza, lavaba activamente su ropa al borde de un arroyuelo que +corría hacia el mar. + +El criado del señor Stevens acudió apresuradamente a llamar a su señor. +En la vecindad se había cometido un crimen; todo el cantón estaba +emocionado. El señor Stevens, al despedirse de sus amigos, pidió algunos +detalles al mensajero. + +--No sé nada--respondió éste--. Dicen que han encontrado a una francesa +muerta en su cama. + +--¿Cerca de aquí?--interrumpió el doctor. + +--A un cuarto de legua. + +--¿No dicen si es una recién llegada? + +--Creo que sí; pero su criada no habla más que el francés y no han +podido comprenderla. + +--¿Usted ha visto a la criada? ¿Una mujer gruesa? + +--Enorme. + +--Vaya, no será nada--dijo el señor Le Bris--. Querido señor Stevens, es +la hora del desayuno y usted hará muy bien en acompañarnos. La muerta +está perfectamente, yo se lo aseguro. + +El señor Stevens, hombre grave, no comprendió la ironía. El doctor +añadió: + +--¿La ley inglesa castiga a los que prometen suicidarse y no cumplen su +palabra? + +--No, pero castiga el suicidio cuando está probado. + +--Vamos, no tengo suerte con la ley inglesa. + +--Ahora en serio, doctor--continuó el magistrado--. ¿Cree usted +verdaderamente que se trata de una falsa alarma? + +--Le respondo de que la dama en cuestión no ha recibido ni un rasguño. +La conozco bien y sé que está demasiado enamorada de su piel para +agujereársela. + +--Pero, ¿y si hubiese sido asesinada? + +--No tenga usted cuidado, mi excelente amigo. ¿Conoce usted a los +pájaros de jaula? + +--No mucho. + +--¿Entonces usted no sabe la diferencia que hay entre los pájaros de +cabeza azul y los pájaros de cabeza negra? + +--No. + +--Los pájaros de cabeza azul son unos lindos animalitos que se dejan +matar sin resistencia; los de cabeza negra son los que matan a los +otros. ¡Pues bien! la dama en cuestión es un pájaro de cabeza negra. +Ahora, vamos a desayunarnos. + +--No comprendo. ¿Entonces por qué me harían llamar? + +--Si le hace venir a buscar aquí, no es por el placer de hablar con +usted. Es para atraer a otra persona. ¿Qué dice usted, querido conde? + +--Tiene razón--dijo la viuda. + +El conde no respondió. Estaba más emocionado de lo que quería aparentar. +Germana le tendió la mano y le dijo: + +--Vaya usted con el señor Stevens, amigo mío, y confírmese en que el +doctor habrá dicho la verdad. + +--¡Diablo!--dijo el señor Le Bris--, yo también voy; aunque no me ha +invitado nadie, seré de la partida. Pero si esa señora no ha muerto +irremisiblemente, juro por mi bonete de doctor que el conde no le dirá +ni una palabra. + +El señor Stevens, el conde y el doctor partieron en coche. Diez minutos +después se detenían ante la casa de la señora Chermidy. El doctor ya +había cambiado de pensamiento y presentía una desgracia. Una muchedumbre +compacta rodeaba la valla y la policía maltesa no bastaba para contener +la curiosidad pública. + +--¡Diablo!--dijo el doctor--, ¿es que esa señora se habrá matado para +jugarnos una mala partida? No la creía tan fuerte como todo eso. + +El conde se mordía el bigote sin decir nada. Había amado a la señora +Chermidy durante tres años y se había creído sinceramente correspondido. +Se le destrozaba el corazón ante la idea de que se hubiese matado por +él. Los recuerdos del pasado se revolvían contra las afirmaciones del +doctor y defendían victoriosamente la causa de Honorina. + +La multitud abrió paso al señor Stevens y a sus acompañantes. Guiados +por los agentes llegaron a la cámara mortuoria. La señora Chermidy +estaba en su cama con el mismo vestido que la víspera. Su linda cabeza +colgaba horriblemente. Su boca entreabierta dejaba ver dos hileras de +pequeños dientes apretados por las convulsiones de la agonía. Sus ojos, +que una mano piadosa no había cerrado a tiempo, parecían mirar la muerte +con espanto. El puñal estaba en medio de la pieza, en el sitio en que +_le Tas_ lo arrojara. La sangre lo había inundado todo. Un gran charco +coagulado ante la chimenea anunciaba que la desgraciada se había herido +allí. Un reguero de un rojo obscuro demostraba que había tenido fuerzas +para arrastrarse hasta la cama. + +La criada, que había llamado a la justicia y alarmado al vecindario, ya +no gritaba. Acurrucada en un rincón, con los ojos fijos en el cadáver de +su ama, miraba ir y venir a toda aquella gente maquinalmente. La llegada +del conde y de Le Bris no la hizo salir tampoco de su sopor. + +El señor Stevens, seguido del actuario, hizo la información ocular y +dictó la descripción del cadáver con la impasibilidad de la justicia, +rogando al doctor que declarase cuanto supiera. Le Bris contó todo lo +ocurrido, lo que sabía él, y esto, junto con lo que él mismo vio, +confirmó al magistrado en la idea del suicidio. + +Esta palabra, pronunciada a media voz, produjo en _le Tas_ como una +conmoción eléctrica. Se levantó como una fiera y mirando fijamente al +doctor, le dijo: + +--¡Suicidio! Demasiado sabe usted que no era capaz de suicidarse. ¡Pobre +ángel! ¡Tan hermosa y tan feliz que era! ¡Hubiera vivido cien años si no +la hubiesen asesinado! Además, ¿es que ese viejo no estaba ahí? Vayan a +verle y verán que está lleno de su sangre. + +Entonces advirtió al conde de Villanera que se había dejado caer en un +sillón y lloraba silenciosamente. + +--¿Ha venido usted al fin?--le dijo--. ¡Tenía que haberlo hecho antes! +¡Ah, señor conde! ¡Paga usted muy mal sus deudas de amor! + +Mientras el juez y el médico entraban en la pieza vecina, donde una +dolorosa sorpresa les aguardaba, _le Tas_ arrastró al conde hasta la +cama, le obligó a mirar a su antigua amante y le hizo oír una oración +fúnebre que le puso el cabello de punta. + +--¡Vea usted, vea usted!--decía sollozando--, vea esos hermosos ojos que +le sonreían tan tiernamente, esa linda boca que le ha besado tantas +veces, esos cabellos tan negros que usted desataba con sus propias +manos... ¿Se acuerda de la primera vez que fue usted a la calle del +Circo? Cuando todos hubieron salido, usted se arrodilló para besar esa +mano. ¡Y ahora qué fría está! ¡Usted le había jurado fidelidad eterna +hasta la muerte! ¡Bésela, pues, caballero fiel! + +El conde, inmóvil, rígido y más frío que el cadáver que tenía enfrente, +expió en un minuto tres años de dicha ilegítima. + +En esto trajeron al duque que también pagaba, y bien caro, una vida de +egoísmo y de ingratitud. + +La sangre de que estaba cubierto, su presencia en la casa, el vidrio +arrancado, los arañazos de sus manos, y sobre todo la pérdida de su +razón, hicieron creer un instante que él era el asesino. El doctor +examinó la herida de la señora Chermidy y reconoció que el puñal había +atravesado el corazón de parte a parte; la muerte debió de ser +instantánea; era, pues, imposible, que la víctima hubiese podido llegar +hasta la cama. El señor Stevens, comiendo la noche anterior con el +duque, había podido observar el estado de sus facultades mentales. El +señor Le Bris le explicó en pocas palabras cómo la manía homicida habría +podido germinar en su cerebro desequilibrado. Si era verdad que había +cometido el crimen, la justicia no podía hacer nada contra un loco. La +Naturaleza le había condenado a una muerte próxima, después de algunos +meses de una existencia peor que la misma muerte. + +Pero, examinando más de cerca el cadáver, se encontró en su mano +crispada algunos cabellos más cortos y más rudos que los de una mujer y +de un color más natural que los del duque. El actuario, al levantar un +mueble derribado, recogió un botón de librea con las armas de los +Villanera. Finalmente el cajón donde la señora Chermidy había guardado +cien mil francos, estaba vacío. Era, pues, necesario, buscar a otro +asesino. Interrogaron a _le Tas_, pero no pudieron obtener nada. De +pronto se golpeó en la frente diciendo: + +--¡Bestia de mí! ¡es él! ¡El miserable! ¡Le haré despellejar vivo! pero, +¿para qué? Ya hablará. Enterrad a mi señora, echadme a mí a la basura y +él que se vaya al diablo. + +La justicia se trasladó el mismo día a la villa Dandolo donde se pudo +comprobar que Mateo era el autor del crimen. Al ser detenido exclamó: + +--¡Poca suerte! + +El señor Stevens le hizo conducir al castillo de Guilfort, a orillas del +mar. Fue bastante afortunado para escaparse durante la noche, pero cayó +en una de esas grandes redes que los pescadores tienden por la tarde +para levantarlas por la mañana. + + + + +XV + +CONCLUSIÓN + + +Si habéis visto el mar en la estación de los equinoccios, cuando las +olas amarillas suben hasta lo más alto de la escollera y los guijarros +se entrechocan con estrépito sobre la orilla, cuando el viento aúlla en +el cielo negro y el oleaje abate los restos informes de los naufragios, +volvedle a ver en verano; no le reconoceréis. Los guijarros relucientes +están alineados a lo largo de la playa; el mar se extiende como una +sabana azul bajo el riente cielo; a lo lejos se ven cruzar las velas +blancas, y sobre la escollera las parisienses abren sus sombrillas de +color de rosa. + +El conde y la condesa de Villanera, después de un largo viaje cuya +historia no ha sabido nunca París, han vuelto hace tres meses a su +palacio del _faubourg_ de San Honorato. La condesa viuda que había +partido con ellos, y la duquesa que se les había unido a la muerte del +duque, compartían sin celos el gobierno de una gran casa y la educación +de una linda criatura. Era una niña de dos años, parecida a su madre, y +más hermosa por lo tanto que su hermano mayor, el difunto marqués. + +El doctor Le Bris era aún el médico y el mejor amigo de la casa. El +viejo duque y el pequeño Gómez habían muerto en sus brazos, el uno en +Corfú y el otro en Roma, a consecuencia de una tifoidea. + +El pequeño marqués tenía una fortuna personal de seis o siete millones +que le había dejado una parienta lejana y que sus padres emplearon en +obras de caridad. + +Una capilla se eleva al sur de la isla de Corfú, sobre el emplazamiento +de la villa Dandolo, y es servida por un joven sacerdote de una +sabiduría y una tristeza ejemplares: Gastón de Vitré. + +FIN + + +NOTAS: + +[A] _Sangre ligada con el Rey._ + +[B] Portero de casa principal. + +[C] Jabalí. + +[D] Hay que tener presente la época en que se escribió esta novela. + +[E] El montón. + +[F] Se puede perdonar esta ridícula afirmación al autor en gracia al +buen concepto que en general tiene formado de los españoles. N. del T. + + + + + + +End of the Project Gutenberg EBook of Germana, by Edmond About + +*** END OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK GERMANA *** + +***** This file should be named 29640-8.txt or 29640-8.zip ***** +This and all associated files of various formats will be found in: + https://www.gutenberg.org/2/9/6/4/29640/ + +Produced by Chuck Greif and the Online Distributed +Proofreading Team at https://www.pgdp.net + + +Updated editions will replace the previous one--the old editions +will be renamed. + +Creating the works from public domain print editions means that no +one owns a United States copyright in these works, so the Foundation +(and you!) can copy and distribute it in the United States without +permission and without paying copyright royalties. Special rules, +set forth in the General Terms of Use part of this license, apply to +copying and distributing Project Gutenberg-tm electronic works to +protect the PROJECT GUTENBERG-tm concept and trademark. 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It exists +because of the efforts of hundreds of volunteers and donations from +people in all walks of life. + +Volunteers and financial support to provide volunteers with the +assistance they need are critical to reaching Project Gutenberg-tm's +goals and ensuring that the Project Gutenberg-tm collection will +remain freely available for generations to come. In 2001, the Project +Gutenberg Literary Archive Foundation was created to provide a secure +and permanent future for Project Gutenberg-tm and future generations. +To learn more about the Project Gutenberg Literary Archive Foundation +and how your efforts and donations can help, see Sections 3 and 4 +and the Foundation web page at https://www.pglaf.org. + + +Section 3. 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Email contact links and up to date contact +information can be found at the Foundation's web site and official +page at https://pglaf.org + +For additional contact information: + Dr. Gregory B. Newby + Chief Executive and Director + gbnewby@pglaf.org + + +Section 4. Information about Donations to the Project Gutenberg +Literary Archive Foundation + +Project Gutenberg-tm depends upon and cannot survive without wide +spread public support and donations to carry out its mission of +increasing the number of public domain and licensed works that can be +freely distributed in machine readable form accessible by the widest +array of equipment including outdated equipment. Many small donations +($1 to $5,000) are particularly important to maintaining tax exempt +status with the IRS. + +The Foundation is committed to complying with the laws regulating +charities and charitable donations in all 50 states of the United +States. 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