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+The Project Gutenberg EBook of Las Solteronas, by Claude Mancey
+
+This eBook is for the use of anyone anywhere at no cost and with
+almost no restrictions whatsoever. You may copy it, give it away or
+re-use it under the terms of the Project Gutenberg License included
+with this eBook or online at www.gutenberg.org
+
+
+Title: Las Solteronas
+
+Author: Claude Mancey
+
+Release Date: August 5, 2009 [EBook #29610]
+
+Language: Spanish
+
+Character set encoding: ISO-8859-1
+
+*** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK LAS SOLTERONAS ***
+
+
+
+
+Produced by Chuck Greif and the Online Distributed
+Proofreading Team at https://www.pgdp.net
+
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+
+
+
+
+BIBLIOTECA DE «LA NACION»
+
+CLAUDE MANCEY
+
+LAS
+
+SOLTERONAS
+
+BUENOS AIRES
+
+1909
+
+Imp. y estereotipia de LA NACIÓN.--Buenos Aires.
+
+
+
+
+LAS SOLTERONAS
+
+
+Las páginas que se van a leer no necesitan un largo discurso para ser
+presentadas al público.
+
+El título que llevan basta para hacer conocer su objeto.
+
+Y basta también, añadiré, para revelar su actualidad.
+
+¡Las solteronas!
+
+Existe hoy una cuestión de las solteronas.
+
+Y el autor de esta obra ha querido exponerla, o, mejor, plantearla.
+
+Su libro--confesémoslo, puesto que es la verdad--es, ante todo, una
+tesis de sociología.
+
+Si le ha dado la forma de una novela es porque sabe, como ha dicho La
+Fontaine, que
+
+Una moral desnuda trae consigo el fastidio,
+
+mientras que
+
+El cuento hace pasar a la moral con él.
+
+La «moral» que el autor quisiera hacer «pasar» sin «fastidio» a la mente
+de los lectores, es que hay en la actualidad una crisis del matrimonio
+y que, por consecuencia de ella, muchas existencias femeninas
+transcurren no sólo en una soledad dolorosa para la que las mujeres no
+están hechas, sino en una semiesterilidad que viene en detrimento
+público.
+
+Hay en esto un mal social considerable.
+
+A los moralistas, a los economistas y a los legisladores toca buscar y
+encontrar los remedios.
+
+Toda la ambición del «Diario» que sigue es notar los signos y marcar las
+manifestaciones de ese mal.
+
+C. M.
+
+
+
+
+Aiglemont, 26 septiembre 1903
+
+
+--Abuela, abuela--grité aquella mañana al salir de la cama,--felicítame,
+porque hoy cumplo veinticinco años...
+
+Y, muy dichosa, me precipité como una tromba en el cuarto de la abuela,
+que está al lado del mío. Sorprendida por mi brusca invasión--la abuela
+no puede acostumbrarse a mis modales de torbellino--la encontré enredada
+en las bridas de su cofia de dormir, y tratando de sujetársela en la
+cabeza del modo que convenía a la solemnidad de las circunstancias.
+
+La abuela es aficionada a la etiqueta--con E mayúscula, como ella la
+escribe,--y, para ella, estaba yo faltando a las más elementales
+conveniencias al anunciarle sin más ceremonia el alba de mi
+vigésimasexta primavera.
+
+¡Ay! jamás he podido aprender la calma, esa calma de las tropas
+veteranas de que habla sin cesar mi primo el comandante Harmel.
+
+--¿Felicitarte?--articuló por fin la abuela, besándome con todo su
+corazón, mientras que su gorro se caía decididamente al
+suelo.--¿Felicitarte?... Verdaderamente, señora nieta, no veo por qué.
+
+¡Adiós mi dinero!
+
+Aquel «señora nieta» me indicaba que la aurora de mi vigésimasexta
+primavera iba a conocer la reprimenda de que fueron testigos sus
+hermanas mayores y que era preciso prestar un oído atento y sumiso a los
+consejos matrimoniales de la abuela.
+
+--Sí--continuó, persiguiendo su idea y la colocación del gorro fugitivo
+en sus hermosos cabellos blancos,--sí, por mucho que busco, no veo nada
+particularmente glorioso en el hecho de tener veinticinco años.
+
+--Abuela--respondí afectando una expresión escandalizada,--a los
+veinticinco años es cuando aparece solamente la segunda y durable gracia
+de la fisonomía...
+
+--¿Qué estás ahí diciendo, chiquilla?--interrumpió la abuela haciendo un
+visible esfuerzo para recordar el autor de esa frase conocida.
+
+--Es una canción de Legouvé, querida abuela--si se puede llamar a eso
+una canción--añadí _in petto_.--Legouvé supone que hasta los veinticinco
+años no brilla en la mirada de la mujer el fuego de la inteligencia; que
+la agudeza del ingenio se revela en las narices más movibles y más
+acusadas; que el alma, sobre todo, el alma de abnegación y de ternura,
+al asomar a los labios, a la sonrisa y a las lágrimas, muestra a la
+mujer con todo el brillo con que Dios la ha adornado al crearla; y, en
+fin, que una mujer no está llena de riqueza de sentimientos y de
+inteligencia hasta los veinticinco años. Abuela, tú no eres de la
+opinión de Legouvé, confiésalo...
+
+--En una mujer casada--respondió la abuela--todo eso puede ser verdad,
+pero... en una solterona...
+
+--¡Solterona!--exclamé lanzando una alegre carcajada.--¡Qué gran error,
+abuela!... Soltera sí, y a mucha honra; pero solterona, jamás...
+
+Y mostré a la abuela con el gesto la linda silueta que reflejaba el
+espejo del armario de familia, una silueta a lo Legouvé. Blanca y
+delgada, con mi gran peinador de mañana, no tenía yo verdaderamente el
+aspecto de una triste solterona.
+
+Mis ojos negros no hacían pensar que yo me impacientase en las tristezas
+de la espera de un esposo soñado; mis cabellos indisciplinados, de
+matices cenicientos, no atestiguaban un carácter melancólico, y mi
+sonrisa no indicaba ninguna decepción del corazón.
+
+La abuela sonrió maliciosamente sin dejar de mover la cabeza.
+
+--Sí, sí; confieso que no has llegado todavía a la decrepitud.
+
+--¡Decrepitud! malísima abuela, retira pronto esa fea palabra.
+
+--¡Diablo! Una solterona...
+
+--¡Injusto calificativo!... ¿Por qué ese epíteto de viejas en una edad
+en que lo somos tan poco?
+
+--Es el uso--respondió la abuela en un tono que significaba que no había
+nada que replicar.--A los veinticinco años se viste la primera imagen y
+se entra en el gremio de las solteronas, por muy joven y muy linda que
+una se crea. Pero la belleza y la juventud son cosas fútiles. En vez de
+enorgullecerte por tus cualidades físicas, cuida tu belleza moral, hija
+mía.
+
+--¿A los veinticinco años?... Tú bromeas, abuela. Si mi belleza moral no
+está completa a la hora actual, puedes creer que es inútil que trabaje
+en ella. A esta edad no brotan ya esas cosas.
+
+--Anda de ahí, chiquilla--replicó la abuela;--no eres seria.
+
+--Vaya si lo soy--respondí.--La prueba es que ahora mismo me voy a
+prender un bonito lazo rosa en la belleza moral. Verás como eso la
+realza a los ojos de los mortales. Sabes, abuela, que no todo el mundo
+descubre la belleza moral... mientras que un lazo rosa...
+
+--Niña mimada--suspiró la abuela,--no quieres comprender qué feliz sería
+yo viéndote casada con un buen marido y...
+
+--¡Oh! abuela querida--supliqué,--soy tan feliz a tu lado... No me eches
+de aquí, te lo ruego...
+
+--¡Echarte!--exclamó la abuela con infinita ternura en los ojos.--¿Echa
+nadie a su alegría, a su rayo de sol, a su pajarillo parlero?
+
+--No--respondí vivamente afectando un tono de broma,--no se les echa,
+pero se les pone bonitamente en la puerta. La cosa es igual aunque no lo
+parezca.
+
+--Piensa, Magdalena, que puedo faltarte. ¿Qué sería de ti sola en la
+vida?
+
+--¡Oh! abuela, no entristezcas el día de mi cumpleaños, te lo suplico.
+No me digas cosas tan horribles. En primer lugar, tú vivirás siempre.
+
+--No, hija mía--respondió la abuela con una conmovedora angustia en la
+mirada,--no viviré siempre; no hay que hacerse ilusiones. Soy vieja, me
+moriré como los demás y, te lo repito, ¡qué será de ti sin parientes,
+sin familia allegada!...
+
+--¡Abuela! ten piedad de mí--supliqué con lágrimas en los ojos;--déjame
+gozar de mi vigésimoquinto aniversario... No me obligues a pensar cosas
+tristes... No me hables de la muerte, y sobre todo de la tuya...
+
+--Es, sin embargo, una ley de la Naturaleza siempre respetada y siempre
+obedecida--respondió dulcemente la abuela.--Tu padre y tu madre te han
+dejado. ¿Por qué yo, la abuela, he de ser inmortal?... Los viejos dejan
+el sitio a los jóvenes, y los pajarillos vuelan del nido para ir a
+construir otro...
+
+--Los pajarillos sin corazón, es posible--dije dejando caer un lagrimón
+en la mano que la abuela me ofrecía--pero las nietas agradecidas...
+
+--¡Bah!--respondió la abuela,--ya salió la gran palabra... Por
+agradecimiento querrías permanecer a mi lado para cuidarme, para
+endulzar mis dolores, para alegrar mis últimos años. Pero yo, por deber,
+no quiero tal cosa. Mi deseo es que te cases y pronto. ¿Entiendes?
+
+--Sí, entiendo tu abnegación. Me has recogido a la muerte de mis padres,
+me has consagrado veinte años de tu vida que hubieras podido pasar más
+tranquilamente; y ahora te olvidas de ti misma una vez más queriendo lo
+que crees que es mi felicidad. ¿Estás segura de qué lo será el
+matrimonio?
+
+--¡Cómo si estoy segura! Perfectamente, tontilla. No hay más que dos
+maneras honradas para una mujer de tomar puesto en la vida: el
+matrimonio y el convento.
+
+--No comprendo por qué el celibato no es tan honroso como los otros dos
+medios.
+
+--No necesitas comprenderlo--respondió la abuela con energía.--No se
+permanece soltera; eso no se hace.
+
+--Entonces, casamiento o monasterio. El convento no me dice gran
+cosa--dije bajando la cabeza.--La obediencia no es mi fuerte, la pobreza
+me molestaría y sólo me seduce la castidad. Tales gustos son los de una
+solterona, pero no son una vocación religiosa. Pero el matrimonio no me
+seduce tampoco mucho. ¿Estás segura, abuela, de que tengo la vocación
+del matrimonio?
+
+--¡Cómo disparatas, hija mía, cómo disparatas!--suspiró la abuela
+encogiéndose de hombros.--Cuando una mujer no está llamada a la más
+perfecta de las vocaciones, que es la religiosa, es que Dios la llama al
+matrimonio. No hay vocación del celibato. El matrimonio es indispensable
+para las mujeres destinadas a vivir en el mundo. Piensa, Magdalena, que
+la mujer no es nada por sí misma...
+
+--¿Nada? ¿Yo no soy más que una apariencia? Soy muy real, te lo aseguro.
+
+--Nada en lo moral, hija mía. La mujer necesita un apoyo para
+sostenerla...
+
+--Sí, vamos, una especie de tutor.
+
+--Un protector para representarla...
+
+--Como un paraguas...
+
+--No digas tonterías, hija mía, hablo en serio. La mujer necesita hijos
+y familia; es preciso que su sensibilidad se emplee en los seres a
+quienes ha dado la luz. Esta es la sola dicha de la mujer y su única
+dignidad.
+
+--¿Crees, abuela?--articulé pensativa.--Sin embargo, una muchacha de mi
+edad que empieza a comprender la vida, y ve de qué regateos son objeto
+las jóvenes casaderas, no puede tener prisa por dejarse pesar como un
+saco de dinero. Un marido que se compra no es más tentador que un muñeco
+de la feria. Y, todavía, se tiene el muñeco por unos cuantos centavos,
+mientras que el hombre...
+
+--Sí, ya sé, ya sé--replicó la abuela distraída.--Digan lo que quieran,
+siempre ha sido así. Las muchachas con buen dote siempre han sido
+buscadas; las otras se casaban como podían. Hoy, el matrimonio no es
+fácil cuando no se tiene nada; pero tú no estás en ese caso. Tu pequeña
+fortuna y lo poco que yo te dejaré, te permiten hacer una elección
+honrosa. No veo nada que se oponga a tu matrimonio.
+
+--¿Nada? ¿Y el marido, abuela, qué haces de él?
+
+--El marido yo lo encontraré--respondió la abuela.--Eso es sencillo y
+fácil. Prométeme solamente ser razonable y no rechazar a ciegas
+cualquier proyecto de matrimonio.
+
+--Sí, abuela, te prometo tratar de hacerlo--respondí con firmeza.--Pero
+concédeme una gracia en cambio de esta promesa. Antes de tomar una
+resolución, déjame algún tiempo para estudiarme a mí misma y estudiar a
+los demás. Tú estás segura de que seré feliz en el matrimonio; yo lo
+dudo, y quisiera ver claro en mi corazón antes de decidir nada. ¿Es
+mucho pedir?
+
+--No, querida--respondió la abuela con un relámpago de satisfacción en
+los ojos.--Tengo confianza en tu promesa. Estudia todo lo que quieras,
+puesto que el estudio es la manía de las jóvenes de ahora; te doy carta
+blanca. Vaya, vístete--añadió echando una mirada al reloj,--para que no
+llegues tarde a misa de ocho.
+
+--¡Llegar tarde a misa en el día de mi cumpleaños!... No, abuela; Dios
+querría castigarme y sería capaz de casarme de repente...
+
+He aquí cómo, a consecuencia de esta conversación con la abuela, he
+tomado la resolución de escribir de vez en cuando mi diario, a fin de
+darme cuenta de lo que pienso y de lo que deseo. Tengo alguna libertad
+para decidir mi porvenir y descubrirme la vocación del matrimonio;
+aprovechémosla. Hasta ahora mi vocación es más bien vaga, lo confieso.
+¡Qué lástima que la abuela encuentre tan inconveniente el quedarse
+soltera! Creo que me estaría como un guante la vocación del celibato.
+
+
+
+
+4 de octubre.
+
+
+La abuela ha tomado en serio su idea del matrimonio.
+
+Al salir de la primera misa, en la que habíamos hecho nuestras
+devociones--hoy es la fiesta del Rosario,--mi querida abuela me condujo
+vivamente hacia San José, y yo comprendí inmediatamente de qué se
+trataba. San José, protector de los matrimonios, es el más solicitado
+de los santos, a pesar de San Antonio, que empieza a hacerle una
+competencia temible. Todas las mamás ávidas de casar a su progenitura
+están a los pies del santo patriarca, y todas las solteras y solteronas
+en busca de un marido le hacen una corte asidua.
+
+Al salir de la Catedral quise darme el placer de parecer ignorar lo que
+la abuela podía tener que pedir tan largamente al bueno de San José.
+
+--Muchas coqueterías te traes con San José--le dije en cuanto salimos de
+la iglesia.--Supongo que le has pedido muchas gracias en la larga
+estación que acabas de hacer delante de él.
+
+--Una sola, Magdalena--dijo la abuela con una convicción absoluta.
+
+--¡Ah!
+
+--La gracia de un buen matrimonio para ti.
+
+--¡Pobre abuela!
+
+La ocasión era tan tentadora, que dije muy de prisa:
+
+--Yo también he rezado por ti, querida abuela, aunque no para obtener la
+misma gracia. He suplicado a San José que te quite de la cabeza todo lo
+que pueda parecerse a una idea fija.
+
+Si no hubiéramos estado en medio de la calle, la abuela me hubiera
+tirado de las orejas; pero no pudiendo administrarme su castigo
+favorito, se contentó con sonreír con indulgencia. En esto nos
+encontramos de manos a boca a una charlatana, a la que la abuela recibe
+sin quererla mucho, la señora Siberot.
+
+--Querida amiga--dijo ésta, apoderándose de la mano que la abuela le
+ofrecía;--qué contenta estoy de ver a usted.
+
+--Y nosotras también, amiga mía--respondió la abuela con política.
+
+--¿Conque piensa usted casar a Magdalena?--preguntó aquella buena alma.
+
+--¿Quién le ha dicho a usted eso?--respondió la abuela.
+
+--Tres personas me lo han afirmado después de la misa de ocho.
+
+--¡Ah!--replicó la abuela mirando al reloj.--Hemos salido a las ocho y
+cuarenta y son ahora las ocho y cincuenta. En diez minutos se ha hablado
+mucho.
+
+--Ha rezado usted tanto tiempo a San José, como decía ahora mismo la
+señora de Robertier, que todo el mundo ha deducido que desea usted casar
+a su nieta.
+
+--De modo--respondió con complacencia la abuela,--que no se puede rezar
+a San José por otros motivos...
+
+--No, señora--dijo la omnipotente charlatana,--sobre todo cuando se
+tiene hija o nieta casaderas.
+
+Y viendo a lo lejos a una de sus amigas, saludó con prisa a la abuela
+para correr a la recién llegada y emprender con ella el chisme del día.
+
+--Abuela, me pones en evidencia--dije furiosa por las murmuraciones de
+que era objeto.
+
+--No te importe, hija mía--dijo la abuela siempre filósofa.--Hay que
+saber sufrir lo que no se puede evitar.
+
+De vuelta a casa, encontramos a Celestina, la cocinera, con una
+expresión consternada.
+
+--¿Qué hay, Celestina?--le pregunta la abuela.
+
+Celestina no responde y finge absorberse buscando un objeto perdido. La
+abuela, que sabe lo que significan los silencios de Celestina, sigue su
+camino y se va a su cuarto. Oigo a Celestina murmurar algo sobre San
+José, y comprendo. Aquella mujer, ferviente del celibato, está ya al
+corriente de la historia de la oración de la abuela y protesta a su
+modo.
+
+¡Dichoso país, donde las noticias se propagan con tal facilidad!
+Verdaderamente, nos sobra el teléfono.
+
+Esta tarde, en las vísperas, había poca gente, a pesar del atractivo de
+un predicador forastero. Apenas han acabado las vacaciones y los
+retrasados están gozando de los últimos placeres campestres y de los
+penúltimos rayos de sol.
+
+Era lamentable para el predicador, que debe de tener una mala opinión de
+la piedad de las aiglemontesas, y muy triste para mí, que, si no me
+intereso siempre por el sermón, me fijo mucho en la manera especial que
+tiene cada cual de escucharle.
+
+Nada más curioso que ver el aspecto de avidez del auditorio femenino por
+poco que se trate de un predicador desconocido. Desde el cuarto salmo,
+los ojos empiezan a errar desde la gran nave hasta los lados de la
+iglesia, con el ánimo de no dejar de ver la subida al púlpito. Se espera
+al predicador con impaciencia no disimulada y las plumas y los sombreros
+se levantan con un movimiento de ola en el sentido indicado por la
+curiosidad del momento. El movimiento de ola era hoy más acentuado que
+de ordinario, pues el orador conquistó a su auditorio solamente con el
+modo autoritario con que tomó posesión del púlpito. Plumas y flores se
+inclinaron con respeto enternecido.
+
+Hay que confesar que el olfato especial de las aiglemontesas en materia
+de sermones no les había engañado. El predicador ha hablado muy bien y,
+sobre todo, de un modo original, lo que, vista la rareza del caso,
+produce siempre placer. A propósito de la vida interior y del alma no
+comprendida, el orador encontró el medio de llegar a decir que ésta era
+con frecuencia la resultante de un estado no comprendido: el celibato.
+
+El sombrero de la abuela no se movió, pero, delante de mí, una porción
+de plumas, opinaron con una elocuente unanimidad en pro de tan deliciosa
+explicación. Todas parecían exclamar:
+
+--Sí, el celibato es calumniado, muy calumniado.
+
+El predicador se extendió sobre las ventajas espirituales de la
+virginidad y no temió asegurar, con gran escándalo de mi abuela, que se
+agitó en su silla, que el horror del mundo por las solteronas, no viene
+más que de un resto de paganismo. En cualquiera otra circunstancia, es
+probable que todo esto no me hubiera chocado; pero viniendo en seguida
+de la reprimenda de la abuela para celebrar mi vigésimoquinto
+aniversario, me sentí poseída de una ardiente curiosidad:
+
+--El horror de la abuela--pensé instantáneamente,--¿será un resto de
+paganismo olvidado en su cerebro?
+
+Me sonreí ligeramente ante esta sospecha, cómica a fuerza de
+inverosimilitud, y eché una mirada a la abuela para ver si se daba
+cuenta ella también de que era pagana sin saberlo. Pero vi que afectaba
+una expresión un poco incrédula. La gracia no la había tocado y seguía
+en sus errores acerca de las solteronas.
+
+Concentré toda mi atención en la idea que expresaba el predicador
+tratando de demostrar que esa falta de estima por el celibato venía de
+las religiones paganas y estaba en contradicción con el cristianismo.
+
+El origen del desprecio en que se tiene a las solteronas es
+verdaderamente curioso y mi memoria ha guardado un recuerdo casi fiel.
+
+Todo lo lejos que se remonta en la historia, se ve que los muertos
+pasaban por seres sagrados. Los antiguos les daban los epítetos más
+respetuosos que podían encontrar. Los llamaban santos, buenos y
+bienaventurados, y tenían por ellos, cualquiera que hubiera sido su
+vida, toda la veneración que el hombre puede tener por la divinidad a
+quien ama o teme. En el pensamiento antiguo cada hombre era un Dios que,
+aun siéndolo, no estaba bastante desprendido de la humanidad para no
+tener necesidad de alimento. No sólo, en ciertos días del año, se
+llevaba una comida a cada tumba, sino que los vivos debían tener fe en
+la presencia continua alrededor de ellos, de los muertos de su sangre.
+El padre de familia volvía a ser huésped invisible del hogar que había
+habitado, para recibir en él todos los días las primicias de la comida
+de la tarde y gozar del cariño fiel de sus hijos y de su viuda.
+
+¡Desgraciado el que faltaba al deber de alimentar a sus antepasados!...
+¡Desgraciado el que no era alimentado por sus descendientes!...
+
+Si, por una razón cualquiera, la cadena de las comidas llegaba a
+interrumpirse, el alma del muerto salía de su morada apacible y se
+convertía en un alma vagabunda cuya única ocupación era molestar y
+atormentar a los vivos.
+
+Unas veces les jugaba todas las malas pasadas posibles aplicándose a
+contrariar sus proyectos, a quitarles los objetos que les pertenecían y
+a hacer desaparecer las cosas más necesarias para la vida. Otras veces
+se les aparecía por la noche en formas pálidas y fantásticas, les
+perseguía y les arrancaba gritos de espanto. Después, cambiando de
+aspecto, era él quien gemía en la tempestad, quien lloraba con el viento
+de la tarde y lanzaba como un ave nocturna esas quejas agrias y
+discordantes que hacen pasar por el alma de los vivos, como por las
+cimas de los árboles, un largo escalofrío de hielo.
+
+Las ánimas no eran verdaderamente dioses más que en cuanto los vivos los
+honraban con un culto fiel, y la primera manifestación de ese culto era
+el darles alimento.
+
+Ese culto, que se encuentra en Oriente como en Occidente, tenía por
+primera regla el no poder ser tributado por cada familia más que a los
+muertos que le pertenecían por la sangre. Si una familia llegaba a
+extinguirse, las almas de los antepasados, siempre errantes en la tierra
+entre los malos genios, no podían llegar jamás al eterno reposo.
+
+El único gran interés de la vida humana era, pues, forzosamente,
+continuar la filiación para perpetuar el culto. El celibato, por
+consecuencia, era para la antigüedad una impiedad grave y una desgracia:
+una impiedad porque el soltero ponía en peligro la dicha de los manes de
+su familia; una desgracia porque él mismo no debía recibir otro culto
+después de su muerte y no debía conocer lo que regocija a los manes. Era
+a la vez para él y para sus antepasados una especie de condenación.
+
+De aquí la imposibilidad de permanecer soltero.
+
+Confieso que estas nuevas consideraciones sobre las solteronas me
+interesaron de tal modo que olvidé que tenía que oír el resto del
+sermón. Vi entonces que la peroración había terminado y empujé
+dulcemente a la abuela perdida en las dulzuras de un sueño reparador.
+
+Al salir de la Catedral, la voz de Francisca Dumais me interpeló:
+
+--Magdalena, ahí tienes un sermón de tu cuerda. A una amiga de las
+solteronas le gusta que se ocupen de ellas.
+
+--¿Por qué no?--respondí alegremente.--¿Y tú?
+
+--Eso no va conmigo--dijo Francisca con una mueca de infinito
+desdén.--Además, yo tengo respeto a la familia y no quiero condenar a
+mi pobre mamá a andar errante por toda la eternidad, como en otro
+tiempo. Los gemidos de mamá son extremadamente penosos.
+
+--Debieras estar acostumbrada sin embargo, Francisca. No pareces
+satisfecha más que cuando gime tu madre.
+
+--A mi pobre mamá le gusta eso.
+
+--¡Francisca!--protestó la señora de Dumais que llegó con la abuela
+adonde estábamos nosotras.
+
+La abuela sonrió con expresión equívoca, pues no aprecia el carácter
+libre de que se jacta Francisca. Pertenece ésta, en efecto, a un género
+poco conforme con las sanas tradiciones, que son las que gustan a la
+abuela y a sus amigas. No hay, pues, ninguna más criticada ni vigilada
+que mi pobre Francisca. Se cuenta el número de sus sombreros y se espía
+el color de sus corbatas. A esto hay que añadir que el espíritu infantil
+de Francisca le atrae numerosas enemistades. En un país de solteronas
+como el nuestro, Francisca lleva la imprudencia hasta burlarse
+continuamente de ellas. En misa, cuando se la cree sumida en una seria
+meditación, está ahogándose de risa entre las manos piadosamente juntas,
+y es el vestido de una o la actitud de otra lo que provoca su
+intempestiva alegría. Su madre se pasa la vida murmurando con espanto:
+
+--¡Oh! Francisca...
+
+Y se comprende. La buena y plácida señora de Dumais no puede creer a sus
+ojos ni a su oído desde hace veintitrés años que Francisca está en el
+mundo. Conserva el asombro de una gallina que ha empollado un huevo de
+pato creyendo empollar uno de su raza. No es posible volver jamás de
+esas sorpresas... Pobre señora Dumais.
+
+
+
+
+7 de octubre.
+
+
+Esta mañana he entrado triunfalmente en el comedor con un gran librote
+debajo del brazo. La abuela retrocedió espantada.
+
+--¡Dios mío, Magdalena! ¿te vas a examinar?
+
+--No, abuela querida, estoy haciendo un examen.
+
+--¿A quién? ¿De qué?--exclamó sorprendida.
+
+--De la cuestión de las solteronas...
+
+--Cuestión tonta y detestable idea--respondió la abuela
+enfurruñada.--Mejor harías de decirme qué te pareció aquel joven moreno
+que estaba ayer en el rosario al lado de la señorita de Sarcicourt.
+
+--Un joven moreno... en el rosario... al lado de la señorita de
+Sarcicourt... No le reparé.
+
+--Sí, sí, recuerda bien...
+
+--¡Dios mío! otro pretendiente...
+
+--¿Por qué no?
+
+--Porque no quiero... No me hables de eso, abuela, te lo ruego. ¿Cómo
+quieres que haya encontrado a un joven que no he visto?
+
+--Si tú...
+
+--No, no, que no se me hable de matrimonio... Por el momento pertenezco
+a las solteronas... Abuela--proseguí tiernamente,--no puedes querer que
+me case con un caballero porque es moreno, porque va al rosario y porque
+está al lado de la señorita de Sarcicourt...
+
+--Es una garantía.
+
+--¿El ser moreno es una garantía?--dije dando una carcajada.--¡Ah!
+querida abuela...
+
+Y aprovechando la alegría que se leía en el semblante de la buena
+señora, cambié bruscamente de conversación.
+
+--¿Sabes--dije,--que las leyes, según este librote, se acordaban en otro
+tiempo con la religión para condenar el celibato?
+
+--¡Ah!--suspiró la abuela,--eso era sin duda en el tiempo en que se
+hacían aún buenas leyes...
+
+--Era en el tiempo feliz en que florecían los hebreos, los indos, los
+persas, los griegos, los romanos, los germanos...
+
+--¿Y qué me importa a mí toda esa gente?
+
+--Un poco de paciencia, si quieres--exclamé volviendo unas hojas.--Los
+hebreos tenían enteramente tus ideas sobre el matrimonio.
+
+--No te comprendo, Magdalena. ¿Adónde vas a parar?
+
+--Continúo el sermón del domingo.
+
+--¿Cómo?
+
+--Buscando si las leyes estaban de acuerdo con las ideas religiosas...
+
+--Y has encontrado.
+
+--Que todas las legislaciones no han hecho más que confirmar lo que
+estaba ya edictado en las diferentes religiones.
+
+--¿Y eso te interesa?
+
+--En extremo.
+
+--¡Qué nieta tan rara!--exclamó la abuela encogiéndose de
+hombros.--¿Estás ahora ocupada de las solteronas?
+
+--Sí. Oye cómo comprendían los hebreos el deber de la mujer. Su única
+misión, según ellos, era dar los más hijos posibles a la familia y al
+Estado... De aquí el matrimonio obligatorio...
+
+--Tenían mucha razón.
+
+--Los indios, abuela, son también, según tú, gente razonable. A los ojos
+del legislador indio, todo el destino de la mujer se reduce a dar al
+hombre hijos y a perpetuar la especie humana. La mujer no goza de los
+favores que la ley le concede hasta que se convierte en esposa y madre.
+
+--Los indios eran gente de buen sentido--dijo la abuela con aplomo.
+
+--¿Y Zoroastro?--exclamé riendo.--Este es tu mejor apoyo... Zoroastro
+recomienda a las persas el matrimonio como la obra más meritoria y
+declara que la joven que rehusase casarse irá a los infiernos hasta la
+resurrección, aunque haya hecho buenas acciones.
+
+--Lo de los infiernos es acaso excesivo--dijo la abuela con
+malicia,--pero opino que haga una temporada de purgatorio...
+
+--Entre los griegos--continué libro en mano,--no es ya el infierno lo
+que se tiene en perspectiva, sino el Código Penal. Parece que en toda la
+Grecia el matrimonio era obligatorio, no sólo para la mujer sino también
+para el hombre y para el tutor de la mujer. La ley castigaba...
+
+--A las jóvenes recalcitrantes que...
+
+--Que se negaban a escuchar a su abuela... Es posible. En todo caso
+castigaba seguramente al soltero y al tutor que tardaba en casar a su
+pupila.
+
+--Ya ves, Magdalena--dijo la abuela sonriendo,--qué culpable eres
+conmigo. Si fuese griega, hubiera sido castigada por las leyes sin que
+tu estado de soltería me sea imputable.
+
+--Yo lo hubiera proclamado a voz en cuello, y, lejos de castigarte, el
+tribunal te hubiera felicitado por el modo que tienes de cumplir tu
+misión. Un joven moreno... La señorita de Sarcicourt... el rosario...
+Abuela, si yo hubiera sido romana, no hubiera podido reclamar contra ti
+ante el magistrado... Y las leyes permitían a la joven romana obligar a
+su padre o a su tutor a casarla.
+
+--Ya ves--interrumpió la abuela,--que cumplo con mi deber tratando de
+influir sobre ti en favor del matrimonio.
+
+--Sí, le cumples demasiado bien. En esto eres de la opinión de Dionisio
+de Halicarnaso, que, compulsando las antiguas leyes de Roma, ha
+descubierto una que obligaba a los jóvenes al matrimonio. El tratado de
+las Leyes de Cicerón, que reproduce en forma filosófica las antiguas
+leyes de Roma, contiene también una sobre el celibato.
+
+--En adelante--repuso la abuela con buen humor,--tendré en gran estima a
+Dionisio de Halicarnaso y a Cicerón. Ignoraba que esos señores fuesen
+tan amigos míos...
+
+--Hubieras debido sospecharlo... Y te hago gracia de los germanos, pues
+eran unos horribles polígamos y por este mismo hecho no admitían la
+solterona...
+
+--Y tenían mucha razón--exclamó la abuela.
+
+¿Tenían razón de ser polígamos?... ¡Ah! abuela...
+
+--¡No!--dijo la abuela dando un salto,--no es eso lo que digo. La
+poligamia hubiera debido ser siempre un caso de horca; pero, en fin,
+las solteronas...
+
+--¿También merecían ser ahorcadas?...
+
+--A medias, para que se les pasase el gusto del celibato.
+
+--¡Qué antigua eres, abuela!... Razonas como los pueblos paganos.
+
+--Cuestión de atavismo. Durante siglos y siglos se ha considerado el
+celibato como impío, y me ha quedado algo.
+
+--Pues bien, yo también siento el atavismo.
+
+--Tú eres de la generación nueva, y con esto está dicho todo. No sentís
+ni hacéis nada como nosotros. Os pasan por la cabeza ideas que jamás se
+nos hubieran ocurrido. Y, todavía, cuando esas ideas son un poco
+razonables, como la que ahora te preocupa, no me quejo. Pero,
+francamente, Magdalena, me das miedo. Te hubiera, acaso, comprendido
+mejor tu madre...--terminó la abuela con una lágrima en los ojos.
+
+--¡No! no creas eso; eres la más perfecta y la más querida de las
+abuelas... No puedes tomar a mal que yo estudie la cuestión de las
+solteronas.
+
+--¡Ay! en mi tiempo no había semejante cuestión. Todo lo que pedían las
+mujeres era un buen marido y unos hermosos hijos.
+
+--Ya ves cómo han cambiado los tiempos... Un buen marido es un mito,
+abuela... Por mucho que muevas la cabeza, no puedes menos de reconocer
+que los maridos actuales no valen lo que los de entonces.
+
+--Sí, hija mía, sí, valen lo mismo. Solamente, en otro tiempo, las
+mujeres tenían... ¿cómo diré yo?... tenían más paciencia... más
+dulzura... más abnegación. Estaban menos poseídas de su personalidad y
+sabían anularse a tiempo...
+
+--Aquello era la esclavitud, abuela.
+
+--No, querida--dijo la abuela con voz persuasiva;--aquello era el amor.
+
+--¡El amor!--respondí.--¿Qué es eso?... En las novelas veo lo que es;
+pero en la vida real...
+
+--Es inútil decírtelo si tú no has de sentirlo; y si lo sientes, es aún
+más inútil definírtelo.
+
+Dicho esto, la abuela me dio un beso y me dejó muy pensativa.
+
+¿Ha podido realmente la abuela conocer el amor?... Me parece tan
+extraordinario... Es verdad que cuando habla del abuelo su voz toma una
+inflección tan profunda que se ve que hay en ella un mundo de recuerdos
+dichosos e íntimos ocultos en la menor palabra... ¡Querida abuela!
+
+En el momento en que ella salía, entró en el comedor Celestina y se
+acercó a mí tan quedito que casi me dio un susto al exclamar:
+
+--Estoy segura de que la señora acaba de hacer un sermón sobre las
+solteras, para el uso de la señorita.
+
+--No, Celestina--respondí maquinalmente;--la abuela me hablaba de amor.
+
+--¡De amor, a una joven como usted!... Nuestra pobre señora pierde la
+cabeza...
+
+--¡Una joven como yo, a los veinticinco años!... ¡Vaya una juventud! Hay
+que vivir en un medio petrificado como el nuestro, pobre vieja, para no
+conocer nada de la vida a mi edad... Algunas veces casi me sublevo, pero
+después se me pasa...
+
+--Esas ideas no son de usted, señorita. Me parece estar oyendo a la
+señorita Francisca--respondió Celestina escandalizada.--Creo que es esa
+una sociedad que no le conviene a usted gran cosa...
+
+No respondí por no envenenar la discusión. Celestina es pudibunda hasta
+el exceso y no ve nada más hermoso en la existencia que poseer el
+derecho virginal de vestirse de blanco en los días de procesión, a pesar
+de su cara apergaminada. Al lado de ese ideal, el matrimonio, que priva
+de la dicha de llevar semejante traje, no puede ser evidentemente, más
+que un estado reprobado por Dios y legitimado por alguna cosa que está
+en el fondo de un falso sacramento.
+
+--No hay que pensar en el amor, señorita--murmuró mientras yo me
+disponía a subir a mi cuarto.--Es la perdición de las jóvenes.
+
+--¿Tú crees?--dije, divertida por los terrores de la buena anciana, cuyo
+principal título de gloria--después del derecho de vestirse de
+blanco--es el haberme recibido en su delantal el día de mi entrada en
+este valle de lágrimas. Celestina deduce de este alto hecho el derecho
+de reprenderme en todas las circunstancias notables, y no se priva de
+ejercerlo.
+
+En el movimiento febril que agitaba su mano vi bien que tenía que
+hacerme un largo discurso--los estremecimientos de la mano traducen
+siempre en Celestina un gran deseo de agitar la lengua--pero la voz de
+la abuela, que le llamaba, puso término a su comezón de hablar.
+
+Vuelta a mi cuarto, me encuentro más perpleja que nunca y, para no
+pensar más en el matrimonio, hago lo que puedo por ocupar el pensamiento
+en otra cosa.
+
+¡Qué pesados me parecen ahora mis veinticinco años!... La abuela tiene
+razón; llevo un mundo en los hombros...
+
+Cuánto más feliz era cuando, en vez de soñar con un marido por la
+voluntad de la abuela, no tenía más preocupaciones que mi muñeca.
+
+¡Mi muñeca!... ¡Qué lejos está!...
+
+Y, sin embargo, me parece que era ayer cuando ese querido objeto,
+informe y sin nombre, que había llegado a ser mi hija a consecuencia de
+múltiples desgracias, me absorbía hasta tal punto, que a su lado, a
+fuerza de amor, no sentía ya que era yo huérfana...
+
+No he conocido a mi madre, que murió al nacer yo. Mi padre, desesperado
+por la muerte de su mujer, a la que amaba apasionadamente, no la
+sobrevivió más que cuatro años. En unos días fue arrebatado por una
+tifoidea, dejándome a mi abuela materna, mi única parienta próxima y a
+la que no he dejado desde entonces... No tengo más que cerrar los ojos
+para acordarme de la silueta de aquel pobre padre y de aquella mirada
+tan triste y tan buena con que todas las noches iba a vigilar el
+comienzo de mi sueño llevándome la impresión de una profunda ternura...
+¡Pobre padre!... ¡Cuánto tiempo le reclamó mi corazón de niña, no
+creyendo ni en la eterna separación ni en la muerte!... Aquel viaje de
+que me hablaban debía terminarse para mí por un feliz regreso y, sobre
+todo, por un cargamento de numerosos recuerdos después de una ausencia
+tan prolongada... ¡Ay! me informaba yo mucho menos de la fecha en que
+debía ver a mi padre que de la en que le vería llegar cargado de
+muñecas, de globos y de cocinitas... Aun siendo desgraciados, qué
+felices son los niños...
+
+Mi querida abuela cuidó de mi infancia y, a pesar de su tristeza y de su
+dolor, de ella me vinieron todas las alegrías y todas las felicidades de
+niña.
+
+Mi vida entera cabe en esta palabra: la abuela.
+
+Todos mis recuerdos están concentrados en ella, pues no puedo, como la
+mayor parte de las niñas, cifrar mi vida en la visión de un alegre hogar
+atestado de niños pequeños y protegido por la doble ternura de un padre
+y una madre... Tenía, sin embargo, amiguitas que iban a jugar y a reír
+conmigo; pero detrás de aquel cuadro de cándida alegría, veo siempre
+aparecer la sombra melancólica del largo velo de la abuela.
+
+No se sabe de qué secretas e incomprensibles angustias están formados
+los recuerdos de niño cubiertos con un velo de crespón... He esperado
+durante años el día glorioso y seductor en que la abuela, como las
+madres de mis amigas, llevase por fin un sombrero con un ramo de
+flores... Ese día no ha llegado jamás...
+
+Ahora, cuando voy a casa de mis amigas y veo de cerca lo que es la vida
+ordinaria para la generalidad de las jóvenes de mi sociedad, cuanto más
+sufro por los sitios que hay vacíos a mi lado, más vivo y más profundo
+es mi agradecimiento por mi querida abuela, cuya abnegación me ha
+rehecho un hogar y reconstituido una familia.
+
+Por eso amo a todo lo que ama la abuela...
+
+A pesar de las ideas que oigo emitir a mi alrededor, coloco la estancia
+en nuestro antiguo pueblo por encima de toda otra estancia y la dichosa
+posesión de nuestra casa de familia superior a todas las felicidades.
+
+No es muy grande nuestra sencilla casa. Blanca y limpia con sus
+persianas inmaculadas y sus cristales brillantes bajo unas cortinas un
+poco antiguas, se abre con discreta elegancia en un patio plantado de
+árboles y adornado de canastillos floridos, al que llamamos pomposamente
+«nuestro jardín...» Tengo en él mis rosas preferidas y mis plantas
+favoritas; y cultivo con éxito cuanto tiene la dicha de agradarme, con
+tal de que no necesite mucho sol, ni mucha sombra, ni muchos cuidados...
+En un rincón de nuestro minúsculo jardín y debajo de un fresno llorón,
+tengo hasta un banco, un banco inmenso, una mesa de labor y unos cuantos
+sillones de mimbre... En verano, hacemos allí salón, y llevo la fantasía
+hasta dar tés... Mis amigas pretenden que una taza de té perfumada con
+la fragancia de las rosas que nos rodean, no es ya una taza de té, sino
+una taza de néctar... ¡Dichosa ilusión!
+
+Una planta baja muy elevada, un primer piso de una altura inverosímil y
+un sobrado que hace la admiración de las lavanderas cuando tienden en él
+la ropa mojada y perfumada de espliego y lirio: he aquí todo nuestro
+_home_.
+
+La planta baja tiene cuatro piezas inmensas, profundas, frías y casi
+desnudas en su inmensidad. La cocina podría albergar un ejército de
+marmitones; sólo las cacerolas y los peroles de cobre vigorosamente
+frotados ponen en ella una nota alegre que continúa la cocinera,
+reluciente como una alhaja. Aquel es el domicilio de Celestina, su
+triunfo, su admiración, su gloria, el orgullo y el amor de su vida.
+
+La sala de baños es grande y bien dispuesta; la abuela no deja nunca de
+explicarme su comodidad asegurándome que ha empleado en aquel arreglo
+las economías de un año de rentas. Por esta confidencia, con frecuencia
+renovada, mido yo toda la extensión de la belleza de la instalación y...
+la del sacrificio realizado por la abuela, pues las rentas, según ella,
+están hechas para ser economizadas y no para ser gastadas...
+
+El comedor, en el que la abuela y yo estamos como alejadas, y el salón,
+en el que parecen perdidas las butacas en cuanto estamos solas en él,
+completan la planta baja. En el piso primero se encuentran todas las
+alcobas, de dimensiones más ordinarias, gracias al cuarto de tocador de
+que cada una está provista. Por todas partes un diluvio de armarios y
+una inundación de comodidades perfectamente inútiles...
+
+Antes del sobrado, hay una gran pieza abohardillada que es el dominio de
+Celestina y en la que las paredes están cubiertas de imágenes sagradas;
+hay hasta diecinueve San Antonios en diversas actitudes y ocho San
+Benitos; en cambio no hay más que un Sagrado Corazón, una sola Virgen y
+un San José. Celestina practica la piedad actual, que exalta a los
+santos de moda con detrimento de los demás. ¡Pobres antiguos santos!...
+Estos son precisamente mis preferidos.
+
+Exceptuando el cuarto de Celestina, ¿está todo esto al gusto del día?
+
+Para una mujer mundana, no, evidentemente. El mueblaje, que presenta
+huellas de las generaciones pasadas, es viejo y está un poco ajado, pero
+a mí me gusta tal como es. En cada una de sus arrugas se escribe la edad
+de un matiz claro, o en algo más rapado. Yo leo en estos signos
+venerables la historia de los que se han marchado; y la forma un poco
+anticuada de todo lo que me rodea hace vivir y palpitar en mí el alma
+de las cosas viejas que han existido y no existirán más acaso.
+
+En el comedor, la abuela hace admirar como una reliquia la inmensa y
+antigua tapicería que ocupa todo un ancho hueco: una historia de caza,
+en la que se adivina una historia de amor. He crecido y he vivido
+delante de esa eterna historia de una eterna caza y de un eterno amor,
+preguntándome sin cesar qué sucedería cuando los personajes en escena
+hubiesen vuelto al antiguo castillo de torrecillas que se ven en una
+lontananza degradada... Pero jamás mi pregunta infantil tuvo la
+satisfacción de una respuesta, y mis sueños siguieron meciéndose con los
+sonidos encantadores que yo suponía que debían salir de las diferentes
+trompas llevadas por legendarios caballeros. Era yo una bella princesa
+encantada que esperaba al hermoso caballero encantador del tapiz, pues
+en aquel tiempo--que ha pasado después,--tenía la vocación del
+matrimonio, una vocación seria, ardiente y resuelta...
+
+Encontraba al príncipe también en el salón bajo la forma de un joven y
+bizarro oficial de la Restauración, mi bisabuelo. Otras lindas damas, de
+graciosas papalinas de encajes y bonitas pañoletas de gasa, le formaban
+una corte un poco paliducha y envejecida. Cuando se entra en el salón de
+la abuela, se hace una reverencia infalible e instintivamente. No le
+falta a una nada para levantarse la falda, con un movimiento de
+coquetería anticuada, de la que le gusta a la abuela.
+
+Sí, todo es viejo e insípido, y, sin embargo, exquisito.
+
+
+
+
+10 de octubre.
+
+
+Francisca está furiosa.
+
+He ido esta tarde a pedirle un dibujo de bordado, que me hacía falta, y
+la he encontrado en un estado de irritación indescriptible.
+
+--¡Maldito país! ¡Maldita gente!... Pueblo de chismes!
+
+Por poco me tira de espaldas aquel huracán; pero como conozco a
+Francisca, tomé el partido de esperar que hubiese acabado su letanía de
+tontunas.
+
+--¿Qué pasa?
+
+--No me hables; estoy furiosa.
+
+--Ya lo veo.
+
+--Tengo una rabia...
+
+--También eso es visible.
+
+--Figúrate que la señorita Bonnetable acaba de venir a traer a mamá un
+gran chisme sobre mí...
+
+--¡Ah!... Se puede saber...
+
+--Sí--respondió Francisca, vacilando un poco.--Se trata del capitán
+Tronchet, que, según parece, ha pasado dos veces por delante de mis
+ventanas, en el momento en que yo las abría.
+
+--¿Y qué?
+
+--Que no es verdad lo que se dice... ¡Oh! esas solteronas...
+
+--¿No has abierto las ventanas, y no ha pasado el capitán?
+
+--Sí--respondió Francisca, con su desparpajo habitual,--pero cuando yo
+he abierto la ventana, ignoraba que pasaba el capitán, y cuando éste
+pasó, no sabía que yo abría la ventana. Y suponen que estábamos de
+acuerdo...
+
+--¿Y qué?
+
+--Que me ofende horriblemente que se crea que hago caso de ese capitán,
+que estoy segura que no se ocupa de mí... Es rico, y...
+
+--Y tú no mucho... Piensas, no sin razón, que hay incompatibilidad de
+fortuna, y te abstienes de cuidados inútiles.
+
+--Justamente--respondió Francisca un poco dulcificada.--Pero como todo
+el mundo sabe que deseo casarme, aprovechan la ocasión para colgarme una
+porción de historias a cual más tontas.
+
+--Eso gusta a todo el mundo.
+
+--Eso es precisamente lo que me indigna... ¡Ah! Magdalena, cuándo saldré
+de este pueblo, de este medio y de estos inconvenientes... ¡Qué sueño!
+
+--Qué ida la de apurarte de ese modo--dije descontenta.--Se está muy
+bien aquí...
+
+--Sí, habla por ti, tranquila y dulce Magdalena; yo me ahogo en medio de
+las ideas antidiluvianas que nos rodean. Me horrorizo ante estas cadenas
+de prejuicios... Todo esto me irrita, y acabará por volverme mala.
+
+--Qué exageración, mi pobre Francisca...
+
+--¡Cómo!--exclamó Francisca con cólera,--¿encuentras divertido vivir en
+medio de los aiglemonteses?... Pues sólo con pasar por las calles un
+poco estrechas de este viejo Aiglemont, atrapo yo el _spleen_...
+
+--¡Pobre Francisca!--dije con sonrisa burlona.
+
+--Sí, búrlate de mí, pero eso no quita que esté muy harta de esta vida.
+Es divertido... Aquí cada cual vive en familia, o mejor dicho, en
+camarilla. No se admite más que un pequeño núcleo de fieles y se cierra
+desdeñosamente la puerta a todo lo que huele a nuevo y original. Somos
+anticuados como un diablo... Es como si estuviéramos dando vueltas
+perpetuamente en un pequeño círculo.
+
+--¡Crimen imperdonable!--murmuró en sordina para no ofender a la
+irritable Francisca.
+
+--Sí, crimen imperdonable... Es aburrido estar atada toda la vida;
+primero por los prejuicios de educación. Hay que hacer esto o lo otro;
+esto no, ni aquello tampoco... Tal cosa es sacrosanta y tal otra levanta
+una polvareda general sin que se sepa por qué ni cómo... Sí--continuó
+Francisca,--sé por qué y cómo, por el grito de mamá: «¡Oh! Francisca...»
+Es cargante esa pobre mamá...
+
+--¡Oh! Francisca...--dije, imitando a la señora de Dumais.
+
+--No me pongas nerviosa, Magdalena... Y después, ¿conoces algo más
+inepto que los prejuicios de sociedad? Piensa en los gritos que darían
+nuestras amigas si la camarilla llamada alta burguesía se reuniese con
+la pequeña, y si la gente aristocrática acogiese al comercio y a los que
+participan de las ideas gubernamentales... ¡Dios mío! la mitad de
+Aiglemont sucumbiría del ataque causado por la indignación.
+
+--Qué le hemos de hacer--dije con cierta indiferencia;--no querrás
+reformar las costumbres y las ideas de las pequeñas poblaciones...
+
+--Sí que querría--replicó Francisca exaltada.--Es insoportable vivir
+aquí... Y esas historias sin fin sobre el prójimo, y esa malevolencia
+universal... ¡Qué horror!
+
+--Cálmate, Francisca--le dije al besarla para despedirme.--Te aseguro
+que los aiglemonteses no son tan malos como crees.
+
+--¡Que no son tan malos!--exclamó Francisca, al salir a
+despedirme.--Bien se ve que eres una aiglemontesa... Piensas como yo,
+pero no haya miedo de que lo confieses. Anda, eres una hipócrita...
+
+--Gracias--dije con la filosofía que caracteriza mis relaciones con
+Francisca.
+
+--De modo que tú encuentras que aquí la gente no es mala--siguió
+diciendo Francisca con una recrudescencia de acritud. Pues se pasa la
+vida arañándose, mordiéndose, desgarrándose y devorándose.
+
+--Hasta la vista, Francisca--dije para cortar aquella inundación de
+invectivas...--Sin el capitán Tronchet, no dirías todo eso...
+
+--Puede ser--respondió Francisca en un rasgo repentino de buen
+humor.--Sabes, Magdalena, que eres una buena persona y que te quiero
+mucho--terminó dando una carcajada.
+
+No es muy halagüeño que digamos el cumplimiento de Francisca, y de otra
+no le aceptaría, seguramente; pero está convenido que Francisca puede
+decir todo lo que se le pone en la cabeza. Esto hace saltar algunas
+veces a la abuela, pero como mi amiga ostenta una vocación por el
+matrimonio muy caracterizada, la abuela tiene por ella alguna
+indulgencia en consideración de sus buenas disposiciones.
+
+No comprendo la antipatía de Francisca por este pobre Aiglemont. Nunca
+pierde la ocasión de embestir a la población de las solteronas, como
+ella la llama.
+
+Es, sin embargo, muy pintoresco mi pueblo natal y yo estoy muy orgullosa
+de él...
+
+Situado en el extremo de una cadena de montañas, a modo de un punto
+final, Aiglemont, mi tranquilo pueblo natal, se levanta en la roca con
+la majestad de una cosa vieja dormida en la serena conciencia de un
+largo pasado. Cuando todo desaparece de las antiguas fortalezas, y la
+ciencia militar, tocada por el progreso, destruye todo lo que nuestros
+antepasados habían tenido a honor construir, Aiglemont escapa a la
+destrucción y sigue presentándose orgullosamente en su recinto de
+fortificaciones que la mantienen y la protegen contra una caída posible
+en el valle. Limpia y coqueta, sonríe en medio de un cinturón de verdor
+del que surgen sus torres grises.
+
+Aquellas fortificaciones son celebradas en diez leguas a la redonda. Son
+el paseo favorito de los aiglemonteses, que no se cansan de admirar sus
+puntos de vista, y es la primera visita que se impone a los extranjeros
+a quienes los azares o las exigencias de la vida conducen hasta nuestra
+peña. Se les cuenta la historia de nuestras fortificaciones llenas de
+torres y de temerosas prisiones, y las historias que circulan a
+propósito de ellas. Se les muestra con orgullo cierta roca que se abrió
+para dejar pasar un santo apóstol amenazado por una tropa de bárbaros.
+Se les conduce a la famosa torre Sarracena y se les hace admirar la
+belleza del paisaje que cambia de aspecto en cada uno de los cuatro
+puntos cardinales. Después, si el guía está dotado de un alma
+verdaderamente aiglemontesa, pondera el pasado en detrimento del
+presente:
+
+--Aiglemont--dice con énfasis en el tono arrastrado y nasal peculiar de
+los aiglemonteses,--es la última fortaleza del catolicismo. Hasta la
+Revolución éramos posesión eclesiástica y moriremos fieles a nuestros
+destinos. Nada de ideas nuevas...
+
+El habitante de nuevo cuño tiene un lenguaje muy distinto:
+
+--Aiglemont--dice,--es la fortaleza del obscurantismo, del clericalismo
+y del fanatismo. Es un país de supersticiones; transformémosle en país
+de luz.
+
+Y detrás de sus fortificaciones, los aiglemonteses, divididos en dos
+campos, miran con malos ojos a todo el que no piensa como ellos. Los
+católicos condenan a los librepensadores y éstos tratan a aquéllos de
+imbéciles, sin más ceremonias.
+
+Existe un terreno de unión, sin embargo, en los días de grandes fiestas.
+Católicos y librepensadores se agolpan con entusiasmo en la antigua
+Catedral para oír los incomparables acentos de nuestro incomparable
+coro.
+
+--Estáis cogidos, odiosos impíos--parecen decir las caras de los devotos
+asiduos ante la invasión de los nuevos filisteos.
+
+--El coro nos pertenece como a vosotros, estúpidos santurrones--parece
+que responden los impíos aludidos.
+
+Y unos y otros, al salir de la Catedral, exclaman con satisfacción:
+
+--La verdad es que Aiglemont puede estar orgulloso de su coro.
+
+Se dice Aiglemont y no la Catedral.
+
+En Aiglemont, en efecto, hay dos parroquias, San Aprúnculo, la
+Catedral, y San Gengulfo, la parroquia secundaria. La guerra es casi
+continua entre aprunculinos y gengulfianos, y los primeros desdeñan a
+los segundos por su iglesia, por supuesto. Unos y otros cuentan en sus
+filas numerosas solteronas, pues el matrimonio, preciso es confesarlo,
+está poco de moda en nuestro pueblo. En teoría se habla mucho de él; las
+muchachas pululan en Aiglemont. Pero el número limitado de los jóvenes
+casaderos hace que, si son muchos los llamados al sacramento del
+matrimonio, son pocos los escogidos.
+
+No sé si es ese medio ambiente lo que me hace ser también refractaria al
+matrimonio, o si es la poca costumbre de ver casar a las jóvenes de mi
+sociedad lo que me hace considerar mi propio matrimonio como una
+eventualidad temible. La verdad es que, a pesar de mi deseo de claridad,
+no consigo poner estar cosas en claro.
+
+--Estas muchachas...--diría la abuela,--qué imposibles son...
+
+
+
+
+14 de octubre.
+
+
+Llueve, hace viento y reina un tiempo frío y obscuro. En la prisión en
+que la prudencia manda estarse, vuelvo a ocuparme de la cuestión de las
+solteronas. Esta mañana he declarado a la abuela que deseaba estudiar
+seriamente ese asunto tan interesante.
+
+--No veo el interés--respondió la abuela.
+
+--Pero, abuela, en una población como ésta, el pueblo de las solteronas,
+como le llama Francisca, es...
+
+--Francisca no es seria--exclamó Celestina, que iba a arreglar el fuego
+de la chimenea, y aprovechó la oportunidad para mezclarse en la
+conversación.
+
+--¿Tú qué sabes?--dije descontenta.
+
+--Sé lo que sé--respondió Celestina con la dignidad de los grandes
+días.--Una señorita que no habla más que de casarse, no es una señorita
+seria...
+
+--Cállese usted, Celestina--replicó la abuela.--Tú no entiendes nada de
+eso, hija mía.
+
+Celestina no dijo palabra, muy ofendida por la observación de la abuela.
+Vi, en efecto, por su mirada despreciativa y por su labio en forma de
+pila de agua bendita, que las personas que hablaban de matrimonio eran
+sospechosas para ella; tan sospechosas, que tomó el partido de volvernos
+la espalda sin más ceremonia.
+
+--Sí, abuela--dije en cuanto se fue Celestina,--quiero seguir a las
+solteronas a través de las edades. ¿Ves en ello algún inconveniente?
+
+--Veo los de hacer un viaje muy fastidioso y de singularizarte de un
+modo ridículo.
+
+--Sin embargo, antes de decir si estoy madura para el matrimonio, me
+gustaría saber si el celibato me tienta definitivamente...
+
+La abuela hizo un movimiento de tan excesivo mal humor, que me quedé
+ligeramente aturdida.
+
+--¿Es necesario hacer un estudio tan profundo para poner en claro ese
+grave problema?... ¡Qué rara eres, hija mía!
+
+--Pero, en fin, tú permites que me ocupe en esto; es todo lo que reclamo
+de tu indulgencia...
+
+--¡Ay!--suspiró la abuela,--cuánto preferiría verte reclamar un buen
+marido... Sabes que la mujer del coronel Dauvat me ha hablado para ti de
+un joven teniente que...
+
+--Me escapo; abuela, me escapo... Nada de tenientes, por amor de Dios...
+Por ahora, vivan las solteronas...
+
+--Chiquilla--murmuró la abuela, encogiéndose de hombros.--Mala
+chiquilla...
+
+Tranquila con el permiso de la abuela, registré la biblioteca y busqué
+con ardor todo lo que pudiera ilustrarme sobre el concepto de la mujer
+en la antigüedad respecto del celibato. ¿Aceptaba sin repugnancia la
+idea del matrimonio?... ¿Sentía alguna contrariedad al casarse?...
+¿Hubiera experimentado cierto alivio sabiendo que estaba libre de una
+obligación que le creaban las leyes religiosas y civiles?...
+
+Mis investigaciones me pusieron pronto al corriente.
+
+No hay la menor incertidumbre en estas cuestiones.
+
+El único sueño de la mujer antigua es un marido. Su cerebro está tan
+hecho a la idea de la necesidad del matrimonio y su corazón tan
+desequilibrado fuera del marido obligatorio, que no puede concebir otro
+ideal. Todo su ser moral va todavía a apoyar esas buenas razones por el
+terror de los castigos de la otra vida que esperan a la mujer
+desprovista de la égida de un marido. La pobre mujer de la antigüedad
+está, pues, colocada en el dilema más espantoso: un marido, o nada de
+dicha en la tierra, ni de reposo eterno.
+
+El desprecio y la abyección en que viven las mujeres sin marido le dan
+desde luego en el mundo una muestra de lo que tendrá que soportar en el
+otro. No puede considerar el celibato más que como la más terrible
+desgracia, la única que compromete al mismo tiempo el mundo y la
+eternidad.
+
+Una desgracia que persigue durante la vida y sigue aún a la eternidad,
+es para hacer reflexionar, convengo en ello. Si la abuela, en vez de
+prodigarme argumentos discutibles me ofreciese algo semejante, se puede
+apostar a que no vacilaría yo lo más mínimo, pues preferiría aventurar
+la desgracia de mi existencia mortal a arriesgar la salvación eterna...
+Pero el caso es que como no hay nada sólido en el mundo, las ideas han
+cambiado de tal modo, que la abuela no puede llamar al Cielo en su
+ayuda, aunque no le faltarían ganas. Desde San Pablo... Pero no
+anticipemos.
+
+En aquellos abominables tiempos de matrimonio forzoso, las leyes que
+regían los bienes agravaban todavía la dependencia de la mujer. Aquellas
+leyes, fieles reflejos del pensamiento antiguo, multiplicaban las trabas
+en torno del sexo débil y acentuaban en él la creencia en la necesidad
+absoluta del matrimonio. No sólo hacía falta un marido para asegurar la
+dicha eterna, sino que ese marido era igualmente necesario para ser
+admitida al derecho de vivir, implicado en el de poseer.
+
+Cuando, por el mayor de los azares, se encuentra en la antigüedad una
+mujer honrada sin casar, la trompeta de la fama invita a la posteridad a
+guardar la memoria de un hecho tan sorprendente. No se dice: Tal mujer
+no se casó porque no quiso. No. Se busca, se comenta y se considera que
+algo sobrehumano protegió una determinación que todos califican de
+extraordinaria. Si se trata de la hija de Pitágoras, una de las primeras
+que ilustró el nombre de solterona, se cuenta que el filósofo,
+suponiendo haber sido mujer en una vida anterior, tenía una alta idea de
+la excelencia de la mujer, en lo que difería extraordinariamente de sus
+contemporáneos, y había reivindicado la encarnación de la antigua
+sabiduría en un hermoso tipo femenino. Ese tipo lo encontró en su propia
+familia. Damo, su hija, llegó a ser su discípulo más ardiente; y la
+consagró a los dioses por un voto de virginidad perpetua, le confió
+todos los secretos de su psicología y se dice que le dejó sus escritos,
+haciéndole prometer que no los publicaría jamás. Damo, el asombro y la
+admiración de toda la Grecia, tuvo el valor de la obediencia y se llevó
+a la tumba los secretos del ilustre anciano.
+
+Aun cuando se debilita en Occidente el culto por los muertos y
+disminuye, por consecuencia, la hostilidad que creaba contra el
+celibato, la antipatía subsiste, a pesar de todo. Se hace constar con
+asombro que una mujer pintora de Grecia, la famosa Lala, de Cycique, que
+vivió 80 años antes de Jesucristo, no se casó, y se cuida de hacer
+observar que fue su gran fervor por su arte lo que la llevó a esa
+extremidad lamentable. Del mismo modo, la hija de Plinio, el célebre
+naturalista, necesita la reputación de su padre para hacer aceptar su
+situación de solterona.
+
+Si la antigüedad cuida de hacernos notar particularmente ilustres
+excepciones a la ley común del matrimonio, no quiere esto decir que esa
+ley no haya sufrido ningún eclipse a través de los siglos. Cuando, en el
+momento de la decadencia, fue necesario multiplicar las leyes en favor
+del matrimonio, es evidente que, esa multiplicación indicaba que el
+matrimonio caía en olvido.
+
+Es de notar, en efecto, que la multiplicación de las leyes morales no
+prueba que un pueblo se mejore, sino precisamente lo contrario. Cuando
+la moral está en peligro, es cuando tiene que pedir socorro. Y toma
+entonces de la autoridad de las leyes la última, y casi siempre
+impotente sanción.
+
+Este hecho es particularmente cierto cuando se trata de las leyes
+concernientes al matrimonio en los pueblos monógamos, como Grecia y
+Roma. Cuando el matrimonio se hundió por todas partes fue cuando las
+leyes civiles, que no hay que confundir con las religiosas,
+multiplicaron sus prescripciones para obligar a realizarlo. ¿Quién
+pensaría en buscar penas severas para los recalcitrantes ni en acentuar
+los castigos que les están destinados si no hubiese necesidad de
+castigar ni de obligar?
+
+La verdad exige declarar que en este caso los recalcitrantes fueron los
+hombres y no las mujeres. Los solterones son los que han producido las
+solteronas.
+
+La mujer ocupaba tan poca plaza en el mundo antiguo, que era fácil
+tratarla como una cantidad despreciable; y sin preocuparse de lo que
+podía pensar, los señores hombres no pensaron más que en hacer una vida
+de placeres y de feliz quietud, exenta de los cuidados de la paternidad
+y de las cargas de familia.
+
+Influida todavía por siglos de hostilidad contra el celibato, la mujer
+tuvo que sublevarse contra tal abandono. Hay que confesar que todo
+concurría a hacerle la resignación difícil. Sin gran esfuerzo de
+imaginación, podemos figurarnos el estado de alma de una de aquellas
+romanas o de aquellas griegas honradas a quienes las leyes civiles y
+religiosas llamaban al matrimonio y que no encontraban marido.
+
+Extrañadas al principio, cada cual podía pensar que siendo más amable y
+más bella que su vecina, su juventud no se pasaría en un lamentable
+aislamiento. Después, pasada la edad fijada por las leyes, y fuertemente
+estropeada la juventud, venían las inquietudes y triunfaban los
+cuidados. El deseo de agradar ponía un fulgor febril en la mirada de la
+solterona anticipada y en la más estudiada de sus sonrisas había una
+crispación. Iba, venía, rogaba a la diosa favorable al matrimonio,
+suplicaba a su padre o a su tutor que la encontrasen un marido, los
+llevaba en caso de necesidad a los tribunales, y no por eso encontraba
+lo que era el objeto de sus sueños. Agriábase entonces su carácter, su
+humor se ponía triste y acerbo su pensamiento. Y juventud, belleza y
+salud, se consumían en la vana espera del que no venía ni vendría
+jamás... ¡Pobres solteronas!
+
+Fue preciso el cristianismo para cambiar el ideal de una gran parte del
+mundo. En cuanto apareció, la existencia de la mujer sufrió una
+transformación tan completa como prodigiosa; de esclava que era, se
+encontró de repente con una personalidad justamente respetada. Después,
+la divinización de la virgen echó por tierra todas las ideas admitidas y
+fue posible a la mujer vivir honrada y casta al lado del matrimonio.
+Bajo la influencia del cristianismo se llegó a comprender que el término
+«solterona,» cuyo equivalente existía ciertamente en la lengua del
+tiempo, no era en sí mismo nada deshonroso. Una vez admitido el estado
+de virginidad, era natural que se envejeciese en él. ¿Qué es una
+solterona? Una virgen vieja. Tener cabellos blancos y la cara arrugada
+no ha sido nunca una mala acción, que yo sepa.
+
+En esto estaban mis reflexiones, cuando juzgué a propósito hacer
+participar de mi admiración a la abuela.
+
+Sorprendida por mi brusca entrada en el salón donde ella estaba, me echó
+una mirada interrogadora.
+
+--Abuela--exclamé triunfante,--es el cristianismo el que ha hecho las
+solteronas; así, pues...
+
+--¡Qué tonterías dices, hija mía! ¿Cómo quieres que el cristianismo haya
+hecho las solteronas?...
+
+--Divinizando la virginidad.
+
+--Ya ves que tú misma te contradices. El cristianismo ha divinizado la
+virginidad, es cierto. Pero si ha hecho de la virgen la esposa de Dios,
+no ha querido en modo alguno divinizar a las vírgenes mundanas, a las
+que uno de vuestros autores de moda llama las «semivírgenes.»
+
+--Yo tampoco, abuela, hablo de las solteronas que conocemos...
+
+--Dejemos en paz sus lenguas, hija mía; no despertemos al gato que
+duerme...--murmuró la abuela sonriendo.
+
+Y no quiso oír nada más.
+
+Es obstinada la abuela... No le gustan las solteronas y no consiente en
+escuchar nada en su favor. Por fortuna, estoy aquí yo para
+rehabilitarlas en mi propia mente.
+
+
+
+
+16 de octubre.
+
+
+Pensaba poder continuar hoy lo que yo llamo con cierto énfasis «mis
+estudios históricos,» pero había contado sin la abuela. Lo que le conté
+del resultado de mis investigaciones la tenía muy contrariada, según
+pude juzgar por su expresión nada satisfecha, al tomar el desayuno.
+
+--Estas chiquillas--murmuró al sentarse a la mesa,--tienen una
+independencia y unas ideas...
+
+Y en cuanto terminamos, me dijo sencillamente:
+
+--Ponte el sombrero, Magdalena.
+
+Obedecí de prisa, y la encontré dispuesta a salir conmigo. El sombrero,
+puesto ligeramente torcido en la cabeza, indicaba en la abuela ideas
+belicosas. No hice ninguna pregunta y la seguí dócilmente, preguntándome
+dónde me llevaba. ¿Era al convento para hacerme reflexionar sobre el
+matrimonio? ¿Era a la cárcel, para castigar mi falta de vocación
+espontánea?...
+
+No era, por fortuna, a ninguno de los dos sitios, sino sencillamente a
+casa de su director y amigo, el señor canónigo Tomás, profesor del
+Colegio Libre. La abuela tiene la costumbre de consultar con él todos
+sus asuntos, pequeños y grandes.
+
+Era, pues, el caso de hacerlo.
+
+En cuanto entramos en su despacho, el padre Tomás comprendió que había
+electricidad en el aire.
+
+--¿La señorita Magdalena ha roto su muñeca?--preguntó sonriendo al ver
+la seriedad de la abuela.
+
+--Si no fuera más que eso...--suspiró la abuela, sentándose en una
+cómoda butaca, mientras yo me instalaba modestamente en una
+silla.--Magdalena me tiene consternada.
+
+Y se puso a contar con vehemencia sus penas. Narró al cura su deseo de
+casarme, mi poco entusiasmo por obedecerla, mi manía de profundizarlo
+todo y el estudio que yo estaba haciendo de las solteronas; en una
+palabra, todo salió a relucir.
+
+El cura, repantigado en su butaca, escuchó con atención las quejas de la
+abuela. En su buena y plácida cara, iluminada por una mirada de
+sorprendente inteligencia, no se hubiera podido leer ninguna impresión
+si el brillo malicioso de sus ojos no le hubiera hecho traición. El cura
+se divertía.
+
+Cuando la abuela lo hubo dicho todo, el padre Tomás clavó un instante
+sus chispeantes pupilas en las de la abuela y se echó a reír.
+
+La abuela dio un salto de indignación.
+
+El cura, que la conocía, vio que no debía tirar más de la cuerda
+sensible, y respondió tranquilamente, ajustándose los anteojos:
+
+--Al desear casar a su nieta, señora, cumple usted con su deber...
+
+La abuela me lanzó una mirada de triunfo.
+
+--Pero Magdalena está en su derecho al querer reflexionar--añadió.
+
+Y, a mi vez, levanté la cabeza victoriosamente.
+
+El cura hizo como que no echaba de ver lo que pasaba entre nosotras.
+
+--El matrimonio es cosa tan grave--continuó,--que cierto moralista ha
+dicho que no era demasiado toda la vida para reflexionar antes de
+comprometerse a él...
+
+La abuela bajó los ojos en señal de desaprobación.
+
+--No digo que ese parecer sea eminentemente práctico... Pero, en
+fin--dijo el cura moviendo la cabeza,--no podemos menos de reconocerle
+cierta prudencia...
+
+La abuela se estremeció, y yo me eché a reír.
+
+--Sin aconsejar a Magdalena que llevé las cosas tan lejos, es bueno, sin
+embargo, que reflexione, y mucho, antes de contraer los lazos sagrados
+del matrimonio.
+
+--Pero, padre--interrumpió la abuela, que perdía la paciencia,--¿hacían
+falta tantas ceremonias en otro tiempo para casarse? Los padres
+presentaban un partido conveniente, y las jóvenes se casaban sin decir
+palabra. Nadie pensaba en estas dilaciones de que usted habla, y que no
+comprendo más que cuando una joven es llamada hacia Dios...
+
+--Evidentemente--respondió el cura, cogiendo su caja de rapé y tomando
+un buen polvo.--Así sucedía y así sucede todavía con las jóvenes
+acostumbradas a la obediencia pasiva...
+
+--Señor cura, le cojo a usted en flagrante delito de contradicción.
+Habla usted de obediencia pasiva... ¿Quién me ha aconsejado desarrollar
+la personalidad de mi nieta?... ¿Quién me ha impulsado a formarle un
+carácter suyo?... ¿Quién me ha dicho a cada uno de sus caprichos:
+«Déjelo usted pasar; será una mujer y no una figurante?...» ¿No ha sido
+usted, señor cura?
+
+--Sí, señora--respondió el cura sin confusión alguna.--Y hoy lo
+repetiría una vez más. Los tiempos han marchado, y nosotros con ellos.
+La vida fácil de otro tiempo se ha acabado, y ante las generaciones
+nuevas se abre una vida de combate. Hay que combatir para tener un sitio
+al sol, y educar a las jóvenes como se las educaba en otro tiempo, sería
+un verdadero anacronismo.
+
+--¿Por qué?--dijo la abuela, no convencida.
+
+--Porque la joven figurante ha dejado de existir. En otro tiempo, la
+joven era educada exclusivamente para el matrimonio, y se trataba de
+formarle un carácter fácilmente maleable para asegurar la felicidad
+conyugal. Las ricas se casaban todas. Hoy no es ya lo mismo. Al lado de
+las muchachas sin dote, que no encuentran con quién casarse, existen las
+jóvenes de dote pequeño o mediano, que no son más buscadas por los
+hombres. Hacer del matrimonio el ideal de todas las jóvenes es, pues, un
+grave error, puesto que es condenarlas de antemano a desengaños
+ciertos...
+
+--No veo en qué--replicó la abuela.
+
+--¡Que no ve usted en qué!--dijo el cura sorprendido.--Piense usted,
+señora, en la crueldad de condenar a una joven al celibato cuando todas
+sus aspiraciones y todo su ser tiendan hacia la dicha del matrimonio...
+¿Qué quiere usted que haga en la vida una pobre joven cuyo espíritu,
+cuya voluntad y cuyo corazón no están formados y necesitan equilibrarse
+con el espíritu, la voluntad y el corazón de un hombre?...
+
+--Entonces, usted cree en la dificultad creciente del matrimonio para
+las mujeres...--preguntó la abuela.
+
+--Sí, señora, creo en ella.
+
+--Magdalena tiene un bonito dote y...
+
+--Sí, es posible, y se casará fácilmente--respondió el cura.--Pero como
+posee un carácter muy personal y fuertemente equilibrado, la dificultad
+vendrá de su parte. Querrá reflexionar, elegir, calcular...
+
+--Entonces, Dios mío, ¿qué va a ser de nosotras? Las jóvenes que no
+tienen carácter, están expuestas a ser desgraciadas no casándose... Las
+que lo tienen, están amenazadas de sufrir casándose... ¡Qué dilema,
+señor cura!
+
+--Sí--dijo el cura pensativo;--es cierto que ahí está el escollo. El
+matrimonio sufre la suerte común a las cosas de la tierra; está
+atravesando una crisis...
+
+--Por eso mismo hay que combatirla--afirmó la abuela con gran energía.
+
+--¿Cómo?--dijo el cura más y más pensativo.--Lo que pasa en los grandes
+centros industriales es una imagen de lo que ocurre en todas partes. Hay
+tendencias a la huelga general...
+
+--¡La huelga contra el matrimonio!--exclamó la abuela, que no sabía si
+reír o enfadarse.
+
+--La huelga contra el matrimonio, sí--articuló claramente el cura.--Lo
+que hace al grevista es la conciencia de sus derechos y la posibilidad
+de hacerlos valer... Transporte usted la huelga de la industria al
+matrimonio, y tendrá la palabra de la situación.
+
+--Entonces--exclamó la abuela desesperada,--Magdalena es una
+huelguista...
+
+--No, todavía no--dijo dulcemente el cura,--pero tiene tendencias.
+
+Y añadió designándome a la abuela:
+
+--¿Se puede saber lo que pasa en una cabeza de veinte años?
+
+--Veinticinco, señor cura, veinticinco--rectificó la abuela, un poco
+humillada por la cifra respetable de mis primaveras.
+
+--Veinticinco años--repuso el cura;--entonces es más grave... A los
+veinticinco años no se es ya un alma cualquiera y se tiene una
+personalidad... Sí, es más grave... A esa edad se sabe que la vida de la
+mujer casada es una vida relativa y que su dicha está a merced de
+otro... No hay que extrañar que ciertas naturalezas se subleven y
+retrocedan ante esta dependencia absoluta... Note usted, señora, qué
+general es la huelga del matrimonio; tan difícil es decidir a ciertos
+jóvenes a casarse como a ciertas muchachas a contraer matrimonio.
+
+--Sin embargo, señor cura, todavía se casa la gente--objetó la abuela.
+
+--Sí--respondió el cura con bondad,--todos los obreros no están en
+huelga, pero sí muchos. Hay huelguistas hombres y huelguistas mujeres;
+entre éstas habrá usted de contar a todas las que no quieren casarse por
+motivos de abnegación, de salud, de sentimientos de pureza virginal, de
+amor al estudio, de exceso de escepticismo... de menor necesidad de la
+persona complementaria, es decir, del marido.
+
+Bajé la cabeza y me ruboricé ante la mirada investigadora del cura.
+
+--Además--prosiguió éste,--hay los huelguistas hombres, de los que no
+tenemos para qué ocuparnos, pues los motivos que les impiden casarse
+son de interés o de egoísmo, lo que es poco caballeresco... Entre los
+huelguistas mujeres y los huelguistas hombres hay, como siempre,
+víctimas de la misma huelga, que son algunas buenas y puras jóvenes que
+no encuentran con quién casarse por falta de un poco de dinero. Esta es
+una de las plagas de nuestra época--concluyó el cura haciendo un gesto
+de desanimación.
+
+--Entonces--respondió la abuela con un resplandor de esperanza,--puesto
+que usted califica de plaga semejante estado de cosas, es que está por
+el matrimonio...
+
+--Sin duda, señora--afirmó el cura,--el matrimonio es una necesidad
+social a la que deben someterse los que están llamados a ese estado...
+
+La abuela volvió a tomar aspecto de triunfo.
+
+--Pero no soy de opinión de que se violenten las vocaciones...
+
+A mi vez cobré valor.
+
+--Deje usted a Magdalena estudiar su cuestión de las solteronas, puesto
+que eso le interesa. Acaso nos descubrirá cosas asombrosas--añadió con
+una risa sonora que hizo temblar los cristales del despacho.
+
+--Señor cura--dije en tono de protesta,--si usted supiera cuánto deseo
+complacer a la abuela...
+
+--Eso está muy bien dicho, pequeña--respondió la abuela muy contenta.
+
+--Vaya, la señorita Magdalena no se quedará solterona, lo preveo--dijo
+el cura sin dejar de sonreír.
+
+--No será porque no las quiera ni porque no las defienda--contesté
+arriesgando una mirada del lado de la abuela.
+
+--Sí, sí, usted quiere jugar a los perros de Terranova--exclamó el cura
+satisfecho al ver que estábamos más contentas.--Tiene usted razón. La
+solterona de otro tiempo, aquella caricatura física de la mujer, ha
+dejado, casi, de existir. Ya no se encuentran aquellos buenos tipos
+clásicos de trajes anticuados y estrechos como sus ideas. La solterona
+actual es con frecuencia una mujer de gusto, cuando no es la mujer de
+todas las caridades y de todas las abnegaciones.
+
+--¡Ah!--exclamé aturdidamente,--siendo el cristianismo el que ha hecho
+posible la vida de la solterona, es muy natural que inspire esa vida...
+
+--Otra tontería de Magdalena--murmuró la abuela.
+
+--¿Cómo?--dijo el cura con estupor,--¿encuentra usted que Magdalena ha
+dicho una tontería porque quiere que el cristianismo inspire la vida de
+la solterona?
+
+--No, señor cura, no es eso. Esta chica nos marea suponiendo que sólo el
+cristianismo ha hecho las solteronas...
+
+--¿Y usted quisiera que yo le dijese que se equivoca?--preguntó el cura
+maliciosamente.
+
+--¡Oh! sí, señor cura--suspiró la abuela.
+
+--Pues bien, señora, para complacer a usted, quiero recordar a Magdalena
+el respeto que debe a esos cabellos blancos--prosiguió el cura con su
+franca sonrisa.--Pero no puedo desmentirla por completo en cuanto a lo
+demás...
+
+--¡Imposible!--exclamó la abuela.--No va usted a decirme que es el
+cristianismo el que ha hecho las solteronas... No, no... Eso es una
+herejía...
+
+--Sin embargo, señora, las palabras de San Pablo son formales. «El que
+no estando obligado por ninguna necesidad y siendo enteramente dueño de
+hacer lo que quiera, ha tomado la firme resolución de guardar su hija,
+hace bien. Porque el que casa a su hija hace bien, pero el que no la
+casa hace mejor.» ¿Lo oye usted, señora? San Pablo dice «hace mejor...»
+
+--¡Ah!--exclamó la abuela indignada,--jamás hubiera esperado semejante
+lenguaje de un apóstol y un santo...
+
+--Cálmese usted, señora--dijo el cura muy divertido,--y observe qué
+alivio representaba el consejo de San Pablo a los padres de familia de
+la época, obligados por las leyes a casar a sus hijas e impotentes por
+las costumbres para hallar el esposo obligatorio...
+
+--No--exclamó la abuela,--no hubiera creído jamás que un apóstol, que un
+santo, aconsejase el celibato mundano...
+
+--Y en esto tiene usted razón--respondió el cura.--Tan lejos ha estado
+San Pablo de hacer la solterona, que no se encuentran muchas en los
+primeros siglos del cristianismo, ni en la Edad Media ni, siquiera, en
+los tiempos modernos.
+
+--¿Por qué?--pregunté interesada, mientras la abuela se reponía de su
+indignación.
+
+--A consecuencia de los cambios que las invasiones de los bárbaros
+trajeron a las costumbres y, sobre todo, a causa de la transformación
+propia de las cosas humanas. San Pablo no había dado más que un consejo
+y los siglos que siguieron encontraron en él un amplio permiso para
+condenar a una cantidad innumerable de mujeres, no al celibato mundano
+voluntario, sino al celibato religioso forzado, tan penoso para las
+almas a quienes no atrae una vocación especial...
+
+--¿En interés de qué?--dije más y más poseída de mi asunto.
+
+--En el interés personal de las familias de entonces. Vamos a ver,
+Magdalena--dijo el cura en tono regañón,--un poco de memoria... Usted
+debe de recordar la historia... Pues bien, dígame usted lo que sepa de
+la transformación de las leyes en el momento de la invasión de los
+bárbaros.
+
+--No es difícil, señor cura--respondí con entusiasmo.--Ayer precisamente
+he estado hojeando la «Historia moral de las mujeres» de mi amigo
+Legouvé, y he visto que las luchas perpetuas y las guerras continuas
+acabaron por poner los bienes en manos masculinas. Entre los invasores,
+las hijas estaban excluidas de la propiedad.
+
+--Bien--dijo el cura con satisfacción,--muy bien...
+
+--Los bárbaros decían: «Nada de hijas ante los hijos,» lo que no es
+justo--añadí con convicción.
+
+--Eso es un detalle--dijo el cura en tono doctoral.--¿Y qué pasó después
+de la conquista?
+
+--Una cosa muy sencilla, señor cura. Los dueños del suelo, en plena y
+legítima posesión de sus bienes, no tuvieron más que un deseo, asegurar
+la conservación de esos bienes en toda su integridad a una descendencia
+única. El feudalismo no dice ya «nada de hijas delante de los hijos,»
+sino «nada de hijos delante de los primogénitos...»
+
+--Perfectamente--exclamó el cura.--Va usted a ver en seguida el
+encadenamiento de los hechos. Por una rara asociación de ideas, la
+dureza del padre de familia, que excluye de su herencia a la totalidad
+de sus hijos menos uno, se une a la fe sincera del creyente que quiere
+la prosperidad de la religión. Estos dos sentimientos, al parecer,
+inconciliables, impulsan al padre de familia a poner continuamente en
+práctica y hasta exagerar el consejo de San Pablo... Así pues, no se
+casa a las hijas más que cuando se encuentra una unión ventajosa para el
+padre o para el hijo mayor; en el caso contrario, se las mete en un
+convento, sean los que quieran sus gustos o deseos.
+
+--¡Infelices!--exclamé llena de conmiseración por aquellas hermanas de
+antaño.
+
+--Los siglos pasados--continuó el cura, que se creía en su
+cátedra,--están llenos del ruido de esas vocaciones obligatorias,
+gracias a las cuales no había entonces más que pocas o ninguna solterona
+en el mundo. La totalidad o poco menos de las mujeres no casadas, eran
+entonces encerradas en los conventos...
+
+--¡Qué admirado debió estar San Pablo con semejante éxito!--exclamé con
+una risa tan ruidosa que la abuela se estremeció.
+
+--San Pablo...--murmuró con rencor,--San Pablo es un mal santo.
+
+--¡Oh! señora--respondió el cura descontento,--San Pablo es la gloria de
+la Iglesia... Pero como no quiero que le crea usted el padre de las
+solteronas voy a leerle una carta muy curiosa del Papa Inocencio IV a
+propósito de las solteronas. Allí verá usted la doctrina de la Iglesia
+en plena Edad Media, y, por consecuencia, una rehabilitación de San
+Pablo.
+
+El cura desapareció un instante en su biblioteca y volvió con un gran
+librote que abrió por la página en cuestión.
+
+--Se trata, señoras--dijo,--de la Princesa Isabel de Francia, hermana de
+San Luis. Aquella virtuosa Princesa resolvió no casarse, siendo así que
+su hermano deseaba que lo hiciera con el hijo del Emperador Federico II.
+Si la Princesa hubiera querido hacerse religiosa no hubiera encontrado
+ciertamente ninguna oposición en su familia, pero la desgraciada hablaba
+de celibato mundano... «No tendré--respondía a todas las
+instancias,--otro esposo más que Jesucristo; sin pasar el resto de mis
+días en un claustro, viviré en medio del mundo en un estado de
+virginidad.» Blanca de Castilla, su madre, y el Rey Luis IX, su hermano,
+a quien esta resolución contrariaba en extremo, se dirigieron al Papa
+Inocencio IV para que la combatiese. Inocencio escribió a la Princesa
+una carta llena de razón y de dulzura, en la que se esforzaba por
+demostrar a la joven qué desagradable sería para la familia real contar
+con una «solterona» entre sus miembros.
+
+El cura recalcó la palabra «solterona» con entonación tan burlona, que
+la abuela y yo soltamos la carcajada.
+
+--Escuchen ustedes la lectura de esta carta, que va a consolar a usted,
+señora. «Me dicen--escribía el Pontífice,--que queréis vivir en el mundo
+y que vuestra inclinación os lleva a hacer en él una existencia separada
+de los vivos, sin pretender el matrimonio ni las esperanzas de
+posteridad. Sin embargo, según me informan, no tenéis la intención de
+entrar en un monasterio para vivir en él en la profesión religiosa, sino
+que vuestra mente se forma una vida neutra que no es ordinaria en el
+siglo y que no puede recibir la aprobación de aquellos a quienes debéis
+obediencia.»
+
+--Eso está bien hablado--exclamó la abuela;--Inocencio IV me consuela
+de San Pablo... ¿Qué tienes que responder a esto, hija mía?
+
+--Lo que probablemente respondería Isabel de Francia...
+
+--Isabel--continuó el cura,--escribió al Papa una larga carta para
+justificar su conducta y solicitar su perdón. «No soy una
+rebelde--decía,--ni una desobediente; quiero obedecer y morir a vuestros
+pies, cuando me hayáis hecho el favor de oír una sola palabra para mi
+justificación.» Inocencio IV había hablado a la Princesa de la
+excelencia y de la santidad del matrimonio...
+
+--¡Qué gran Papa!--exclamó la abuela llena de admiración.
+
+--...Isabel respondió en estos términos: «Sé que el matrimonio es
+honroso, y el lecho de las esposas castas inmaculado; pero no puedo
+olvidar lo que dijo el apóstol San Pablo...»
+
+--¡Otra vez San Pablo!--gruñó la abuela...--¡Qué santo!...
+
+--«...Que hay que tener una santa emulación por los dones de Dios y
+desear los más excelentes. He oído con frecuencia que la virginidad está
+tan por encima del matrimonio como la claridad del sol sobre la de las
+estrellas. Es la vida que Jesucristo ha consagrado en su purísima carne
+y aquélla de que la Santísima Virgen nos ha dado ejemplo. ¿Qué daño hago
+a mi nacimiento renunciando al hijo del Emperador para casarme con el
+soberano Monarca del Cielo y de la tierra? El poco conocimiento que
+tengo de las letras sagradas no me permite ignorar unas palabras de San
+Agustín, que dice: «Más vale dar vírgenes a Jesucristo que Césares al
+mundo.»
+
+--Es encantador que también San Agustín se meta en esto--dijo la
+abuela.--Y añadió volviéndose hacia mí.--¿De modo que las ideas de la
+Princesa son las tuyas?
+
+--No por completo--confesé.--La Princesa es una santa y yo no. Además,
+su celibato no es más que una vida religiosa...
+
+--Precisamente--confirmó el cura.--La historia nos enseña que si la
+Princesa Isabel ganó su causa, no perseveró en su deseo de celibato
+mundano. Rompiendo con aquella vida neutra que afligía al Papa, se hizo
+monja, y murió siéndolo.
+
+--¡Bah!--dijo la abuela,--para ser una solterona tan convencida de su
+derecho, la Princesa no tuvo mucha perseverancia...
+
+--Es verdad--contestó el buen cura, que no quería contrariar de nuevo a
+la abuela.--Note usted, sin embargo, qué progreso en el desarrollo de la
+personalidad femenina denota ese proyecto de la Princesa... Cincuenta
+años antes supongo que no hubiera habido grandes escrúpulos para vencer
+la resistencia de una joven colocada en oposición directa con los
+suyos...
+
+--Ese fue entonces el comienzo de la rebelión--objetó la abuela,
+levantándose para despedirse del cura, al que habíamos hecho perder un
+tiempo precioso.
+
+--Nada de eso, señora--respondió con bondad el cura;--es el primer
+vagido de una personalidad que se ignora.
+
+--¡Singular vagido!--dijo la abuela.--En fin... a San Pablo y San
+Agustín se lo debemos--añadió con rencor.--Verdaderamente, no puedo
+digerir eso...
+
+--Sí, sí--respondió el cura con condescendencia,--ya lo digerirá usted.
+Ya verá, ya verá.
+
+Y al acompañarnos galantemente hasta la puerta, nos dijo con malicia:
+
+--Vayan en paz, señoras, vayan en paz...
+
+Aquel deseo no debía realizarse, pues apenas entramos en casa, a la
+abuela le faltó tiempo para dar parte a Celestina del supuesto horror
+del Papa Inocencio IV por las solteronas.
+
+--¡Eso un Papa!--exclamó Celestina.--Debe de ser, todo lo más, un Papa
+falso...
+
+Iba la abuela a protestar vigorosamente, cuando me apresuré a calmar a
+Celestina recordándole las palabras de San Pablo: «El que casa a su hija
+hace bien; el que no la casa hace mejor.»
+
+Creí que se iba a desmayar de gusto al oír estas palabras.
+
+--Ese es un santo bueno... Ese es un santo grande... Ese es un santo...
+santo. No hay como los apóstoles.
+
+--No hay como los Papas--replicó la abuela.
+
+Celestina es tan intransigente en sus ideas que no va a dejar vivir a la
+abuela con San Pablo. La guerra está declarada entre el apóstol y el
+Papa, ¡Pobre Inocencio IV! ¡Bueno le va a poner Celestina!
+
+Estaba yo escribiendo estas palabras, cuando oí un golpe en la puerta y
+me vi entrar a Celestina muy sofocada.
+
+--No comprendo--acabó por decir cuando pudo recobrar el uso de la
+palabra,--no comprendo que la señora dé tanta importancia a lo que dice
+un «inocente.»
+
+--Inocencio IV no era un inocente--repliqué.--Fue, por el contrario, un
+gran Papa que se llamaba Inocente como tú te llamas Celestina.
+
+--¡Bah!--dijo Celestina incrédula;--la señorita no me hará creer que
+nadie se llame Inocente sin tener buenas razones para ello.
+
+Y me dejó muy indignada por lo que ella llamaba mi obstinación en
+defender a aquel «inocente.» Tenía yo razón al exclamar: ¡Pobre
+Inocencio IV!
+
+
+
+
+18 de octubre.
+
+
+Hoy he dado un buen paseo con el que no contaba. Estaban dando las dos
+cuando la campanilla sonó alegremente a impulso de un mano viva y
+nerviosa.
+
+--Es la señorita Francisca, seguramente--dijo Celestina, yendo a abrir
+sin apresurarse.
+
+Era ella, en efecto, que venía con Petra Brenay, Genoveva Ribert y sus
+madres, a buscarme para dar un paseo. Acepté con entusiasmo. La abuela
+tiene dificultad para andar y me confía con placer a esas señoras que me
+acogen siempre con gran amabilidad.
+
+Genoveva y Petra son, como Francisca, de mis más antiguas amigas, y,
+como yo, son aiglemontesas de nacimiento.
+
+Genoveva nuestra decana, frisa en los veintiocho años. Es una morenita
+delgada y esbelta, de facciones acentuadas y dulces al mismo tiempo.
+Elegante sin exceso, piadosa sin mogigatería y adicta sin ostentación,
+es enteramente mi ideal. A ella es a quien confío más fácilmente mis
+pensamientos, y la abuela, que aprecia mucho el carácter firme y leal de
+Genoveva, protege nuestra intimidad. Genoveva quiere permanecer soltera
+por gusto, según dice ella, pero la abuela, que no podría soportar
+semejante inconveniencia, asegura que es más bien por abnegación para su
+madre, a la que cuida y consuela en sus dolores físicos y morales. Yo
+soy de la misma opinión.
+
+Petra es extremadamente fina y menuda, muy rubia y con una aristocrática
+silueta. Es la gracia hecha mujer, aunque un poco caprichosa y
+fantástica y algo niña mimada. Su padre, el Barón de Brenay, no ve más
+que por los ojos de su querida hija, que es la única bonita, la única
+bien nacida y la única posible. A fuerza de oírlo repetir, Petra lo cree
+y espera con serena convicción la hora encantadora y deseada en que la
+renta de sus veinte mil pesos de dote, o sean seiscientos pesos, le
+atraerán algún millonario por marido. Los señores de Brenay desean el
+millón, como es de suponer, y Petra, hija respetuosa, comparte
+enteramente las opiniones de sus padres. Está convenido que Petra no se
+casa con menos de un millón.
+
+--No se puede vivir con menos de seis u ocho mil pesos al año--dice a
+cada momento el Barón de Brenay.
+
+--Es lo justo para no morirse de hambre--añade la Baronesa.
+
+Y como los dos tienen una fe ardiente y convencida en el valor de la
+partícula «de» colocada delante de un nombre, conservan la dulce o
+inocente ilusión de que toda la humanidad participa de esa fe. Un
+riquísimo plebeyo será indudablemente muy halagado al depositar a los
+pies de la divina Petra un número incalculable de billetes de banco...
+Esperan a ese novio ideal y le aceptan de antemano con una
+condescendencia muy divertida. Muchas veces nos reímos entre nosotras
+de los sueños dorados de Petra, pero sin permitirnos discutirlos. Los
+dogmas de fe no se discuten.
+
+Dejando a las mamás que hablasen entre ellas, tomamos rápidamente la
+delantera en cuanto estuvimos fuera de la población.
+
+--Y bien, Magdalena--exclamó de repente Francisca,--¿sigues defendiendo
+a las aiglemontesas?
+
+--Como las ataques mucho, puede ser.
+
+--¡Ah! veo que cedes, caballeresca Magdalena--exclamó Francisca
+triunfante.--El otro día te alzabas en los espolones como un gallo
+inglés.
+
+--Si alguien enseñaba los espolones--dije reprimiendo una fuerte gana de
+reír,--no creo que fui yo...
+
+--No, joven virtuosa; confieso que debió de ser mi modesta persona la
+que se agrió con los golpes repetidos que me asestan ciertas malas
+solteronas...
+
+--Si tú las provocas, no tienes más que lo que mereces.
+
+--Eso es, métete en esa pandilla, y contra mí además... ¡Ah!--dijo
+Francisca dando un gran suspiro,--bastante desgraciado es pensar que se
+va una a enmohecer como las otras en la piel de una solterona...
+
+--Nadie te obliga a enmohecer--objetó Genoveva.
+
+--Sí, se acartona una a pesar suyo cuando el celibato le ata las alas.
+
+--Pues bien, cásate--exclamé.
+
+--¡Ah! como llegue a pasar al alcance de mi mano un pretendiente, os
+prevengo que salto a él y de grado o por fuerza le llevo al cura y al
+alcalde.
+
+--¿Aunque no te guste?...--pregunté interesada.
+
+--Un pretendiente gusta siempre.
+
+--¿Aunque sea feo y viejo?
+
+--Me tiene sin cuidado--respondió Francisca con su desenvoltura
+habitual.
+
+--¡Oh!--dije indignada.--No creo que te casaras con alguien que no te
+gustara...
+
+--¿No?... Como que le iba a dejar... ¿Estás todavía en los dichosos
+tiempos de los matrimonios por amor?
+
+--¡Cómo!--exclamé consternada.--¿No estás tú ya en ellos?
+
+--El amor sublime...--respondió la incorregible burlona;--creo que no me
+sentaría bien.
+
+--Dices tonterías--hizo observar la prudente Genoveva, también muy
+sofocada.
+
+--Tonterías... no. En realidad--añadió Francisca viendo que había ido
+demasiado lejos, estoy hablando en broma.--Me sacáis de mis casillas con
+vuestros gustos de celibato. Es horrible volverse un ser ridículo, malo,
+maldiciente y charlatán... una sobra.
+
+--Yo no creo ser una sobra--protestó vivamente Genoveva.
+
+--Tú, puede que no--concedió con generosidad Francisca,--pero las
+demás... Dios mío, no es ese mi ideal.
+
+--Ni el mío--afirmó Petra.--A mí me gustará comerme el dinero de un
+marido muy rico.
+
+--¡Comerte el dinero!--objeté.--¿Es eso todo lo que tú ves en el
+matrimonio?
+
+--Evidentemente--respondió Petra con su gran aspecto de las
+cruzadas.--Comprenderás que si me caso con un plebeyo rico, no voy a
+pasar el tiempo en amar a ese caballero... Amar a su dinero y hacerle
+valsar, es otra cosa...
+
+--Pobre plebeyo--dijo Francisca con compasión.--Estoy segura de que le
+harás ver que es un honor para él dejarse roer el dinero por tus lindos
+dientecitos aristocráticos.
+
+Petra sonrió sin responder.
+
+--¡Bah!--replicó Francisca sin poderse contener, una partícula no es
+cosa que se come...--¿Qué le vas a dar en cambio a tu marido?
+
+--Nada--respondió Petra desdeñosa.
+
+--Pobre señor; su vida va a ser un perpetuo viernes...
+
+Genoveva, para cambiar de conversación, nos llamó la atención sobre el
+paisaje de otoño que se ofrecía a nuestra vista.
+
+--No, no, Genoveva, nada de poesía; nada de hojas muertas o a punto de
+morir... Estoy harta de eso... Hace veintitrés años que estoy
+contemplando las bellezas de nuestro pueblo y ya no me entusiasma la
+Naturaleza... Es aburrido.
+
+--Qué alma de artista--murmuré _in petto_; y después, armándome de
+valor, me atreví a hablarles de mis estudios sobre las solteronas.
+Francisca aprovechó la ocasión para lanzar gritos de horror, que Petra
+imitó a la sordina. Envalentonada por la mirada de aprobación de
+Genoveva, conté mis descubrimientos sobre el origen de las solteronas y
+les dije que en los pueblos polígamos no las había.
+
+--¿No?--exclamó Francisca.--Pronto, Petra, vámonos a esos pueblos
+felices.
+
+--No creas que me conformaría con la vida de harén--respondió Petra en
+tono desdeñoso.
+
+--Es verdad--exclamó Francisca;--ya he dicho otra tontería.
+
+--No me extraña--dijo dando un suspiro la pobre señora de Dumais que nos
+había seguido.
+
+--Esperaba eso de mamá--respondió Francisca con filosofía.
+
+A mí tampoco me extrañan las reflexiones maternales...
+
+Cuando llegamos a mi casa ofrecí a todas las señoras una taza de té. Las
+de Brenay y Dumais tenían prisa por volver a sus casas, y rehusaron;
+pero las tres jóvenes aceptaron. Celestina, que sabe cuánto me gusta
+tomar un refrigerio al volver de paseo, lo preparó todo en seguida, y
+entre una galleta y una tostada continué mis confidencias.
+
+La idea de que San Pablo, con gran escándalo de la abuela y gran
+contento de Celestina, era el padre de las solteronas, divirtió mucho a
+mis amigas. Francisca, que tiene siempre ideas originales, me pidió que
+llamase a Celestina para contemplar su gozo. Hícelo yo de buen grado y
+pedí una cosa cualquiera a mi buena vieja para explicar mi campanillazo.
+
+--Y bien, Celestina--dijo Francisca,--San Pablo es un gran santo...
+
+--Sí, señorita--respondió respetuosamente Celestina, que pareció mirar a
+Francisca con mejores ojos.--No es como ese inocente...
+
+--¿Qué inocente?--interrogó Francisca asombrada.
+
+--Ya te contaré eso dentro de un momento--dije.--Vamos, Celestina, dinos
+lo que piensas de San Pablo--continué dirigiéndome a la anciana, que se
+obstinaba en pasarse la mano por las narices como para quitarse una
+humedad molesta.
+
+--Pienso--respondió la aludida, a la que halagaba la atención de que era
+objeto,--pienso que Dios ha enviado a San Pablo para impedir que las
+jóvenes se pierdan casándose.
+
+--Pero, Celestina--dijo Genoveva con una débil sonrisa,--no es una
+perdición el casarse.
+
+--Sí, señorita--aseguró Celestina;--en los hombres es puro vicio y en
+las mujeres una torpeza...
+
+--¡Bueno!... Ya está la especie humana rápidamente juzgada--exclamó
+Petra en medio de las risas de todas.
+
+--Pues bien, Celestina--añadió Francisca muy seria,--encuentro que tiene
+usted razón. En su lugar de usted daría algún paso cerca del señor cura
+para obtener que Santa Catalina, que es una solterona de pacotilla, sea
+puesta en la puerta de la corporación y que San Pablo sea nombrado
+patrono en su lugar.
+
+--¡Cuánta razón tiene la señorita y qué bien estaría eso!...
+
+--Me apresuré a despedir a Celestina e hice reproches a Francisca. La
+aturdida no ha pensado que Celestina va a tomar todo esto en serio y
+acaso a intentar con el cura el paso aconsejado... En fin, ya veremos.
+
+Reanudé mi narración de las solteronas para explicar el «inocente» de
+Celestina, y aquello fue un concierto de risas. Francisca por poco se
+ahoga con una castaña en dulce y Petra se atragantó completamente al
+beber el último sorbo de té.
+
+Por fin se restableció el silencio y emprendimos una nueva conversación
+más seria, aunque sobre el mismo asunto.
+
+Genoveva me preguntó con qué objeto hacía mis investigaciones, y le
+respondí que todo mi deseo era encontrar libros que me inicien en la
+introducción de las solteronas en la sociedad moderna, pues hasta ahora
+no me daba cuenta más que de la solterona involuntaria.
+
+--Mi madre debe de tener algo sobre eso--dijo Genoveva después de
+reflexionar.--Buscaré y te enviaré todo lo que encuentre.
+
+--Le di las gracias con efusión, y como se hacía tarde, unos
+campanillazos vinieron a poner término a nuestra alegre conversación.
+Era que venían a buscar a mis amigas.
+
+Francisca fue todavía la que tuvo la última ocurrencia. Había ya salido
+de la antesala, cuando, dando media vuelta, vino hacia mí y me dijo con
+su gracia acostumbrada:
+
+--Hasta la vista, solterona...
+
+--Adiós y gracias--repitieron en coro Genoveva y Petra.
+
+--Adiós, hasta la vista, muchachas...--respondí gozosa, mientras se
+restablecía el silencio en nuestra tranquila casa y resonaban todavía a
+lo lejos las notas del alegre terceto.
+
+¡Solterona!... Pues bien, acepto el augurio...
+
+
+
+
+20 de octubre.
+
+
+Con gran desesperación de la abuela, Genoveva me envió al día siguiente
+los libros prometidos y desde entonces los leo y los devoro. Aunque la
+abuela dice que estoy ridícula con mis solteronas, la verdad es que las
+encuentro un serio interés. Mis estudios me deleitan y los continúo.
+
+Hubiera deseado encontrar otra Isabel de Francia para tener derecho a
+sentar un sólido juicio sobre una base no menos seria; pero con gran
+sentimiento mío, la vocación del celibato no parece haber sido
+voluntaria en los siglos pasados. Casarse es decididamente una cosa de
+un orden esencialmente natural y parece que la solterona por gusto es
+una creación exclusivamente moderna.
+
+¿De dónde viene?
+
+Eso es lo que he procurado investigar con una paciencia tan
+extraordinaria como inusitada. He reanudado mis estudios en pleno
+feudalismo, en medio del vigoroso impulso del espíritu caballeresco. Me
+ha parecido curioso estudiar esa época, ya muy brumosa, en la que «Mi
+Dios y mi Dama» era el grito de los infanzones que iban a la batalla con
+una cruz en la mano y los colores de la señora de sus pensamientos en el
+corazón. Eso difiere un poco de nuestros jóvenes modernos, que no han
+conservado, evidentemente, esas nobles maneras.
+
+¿Qué era esa dama evocada por la imaginación de nuestros antepasados?
+
+Algunas veces era una delicada niña de púdica sonrisa; con frecuencia
+era la esposa de algún caballero renombrado, pero ni una sola vez, que
+yo sepa, se la encuentra bajo las facciones de una honrada y casta
+solterona. El estado neutro de que hablaba el Papa no está muy en honor
+ni en el mundo eclesiástico ni en la sociedad seglar. Preciso es añadir,
+por otra parte, que el enorme éxito de lo que se llamaba tan exactamente
+«cortes de amor» no era para fomentar el estado de virginidad ni para
+darle muchos elogios. El espíritu caballeresco, basado en el amor, debía
+ser hostil al celibato, y todas sus adoraciones y homenajes se dirigían
+a aquellas que, lejos de estar armadas contra los sentimientos tiernos,
+sabían animarlos graciosamente.
+
+La caballería, a pesar de la aureola con que ha llegado hasta nosotros,
+no se alimentaba exclusivamente de flores azules cogidas en el país del
+ideal. Práctica y dura, apreciaba muy bien las especies contantes y
+sonantes o los hermosos dominios dorados por el sol.
+
+El sistema feudal, al privar a las hijas de toda fortuna, aumentó
+considerablemente el número de las muchachas pobres y, por consiguiente,
+imposibles de casar, pues en aquel noble tiempo de sentimientos
+caballerescos hacía falta un dote para conquistar un marido. La historia
+no nos dice si bardos o trovadores consagraron a este asunto, sin
+embargo tan interesante, sus versos y sus melodías. Es de creer que ni
+unos ni otros hubieran logrado transformar una sociedad que exaltaba a
+la mujer y buscaba el dinero.
+
+La nobleza y la burguesía, encontrando la mayor facilidad para
+desembarazarse de las hijas sin soltar dinero, preferían darlas sin dote
+al convento a dotarlas para casarlas.
+
+Pero las dificultades de la vida se acentuaban para las jóvenes
+casaderas y para los conventos que las servían de refugio. El número de
+monjas obligadas crecía hasta tal punto, que ciertas casas faltas de
+recursos tuvieron que recurrir a la bondad real para obtener algunas
+larguezas. Luis XIV permitió a algunas comunidades aceptar dotes a
+condición de que se dedicasen a la instrucción profesional de las hijas
+del pueblo. Pero con esta ocasión se renovaron los antiguos edictos para
+los conventos ricos con agravación de las penas para los infractores. El
+Parlamento de París castigó a las religiosas de la Virginidad por haber
+medido una vocación «más al peso del metal que al del santuario.»
+
+La sociedad meticulosa de la época prefería la desgracia de sus hijas en
+un claustro, a su dicha relativa en el mundo, en el que no se admitía el
+celibato. Las conveniencias lo mismo que el espíritu religioso de la
+época se oponían a este último partido.
+
+Los predicadores tronaban en el púlpito contra el entristecedor
+espectáculo del celibato involuntario, y uno de ellos llegó a decir que
+las hijas solteras que se quedan en el mundo son en él objeto de
+escándalo y un obstáculo a las buenas costumbres.
+
+¿Cómo, después de esto, atreverse a permanecer solterona? Era necesario
+tomar el camino del claustro, donde nadie pensaba en averiguar el grado
+de vocación que llevaba a tantas pobres almas.
+
+Los moralistas hablaban también en favor del matrimonio, demostrando,
+como Montesquieu, que «cuanto más se disminuye el número de los
+matrimonios que pudieran hacerse, más se corrompe a los que están ya
+hechos: cuantas menos personas casadas hay, menos fidelidad existe en
+los matrimonios, como cuando hay más ladrones existen más robos.»
+
+Y como la causa del matrimonio no avanzaba un paso, se decidió dejar
+resueltamente a un lado a las jóvenes feas y pobres para dar, al menos,
+a las que no lo eran un puesto más ancho en el mundo. Un sabio casuista,
+el padre Bonacina, jesuita, declaraba «exenta de pecado a la madre que
+desee la muerte de sus hijas sino puede casarlas a su gusto a causa de
+su fealdad o de su pobreza.»
+
+Con el convento para las unas, el matrimonio para las otras y la muerte
+para las que no entraban en ninguno de los dos estados, pudiérase creer
+que en adelante no habría ya esas desgraciadas jóvenes cuya vista
+producía en la conciencia pública el efecto de un remordimiento. Pero la
+especie no quiso desaparecer. Al fin del siglo XVIII, el moralista
+Sebastián Mercier declara que «en todas las casas burguesas de París se
+encuentran cuatro jóvenes casaderas por una casada.»
+
+Dejé la pluma, pensativa, reflexionando que en provincias, a la hora
+actual, el matrimonio está por lo menos tan abandonado como en tiempo de
+Sebastián Mercier, cuando la abuela me arrancó bruscamente de mis
+demasiado sabias meditaciones.
+
+--Un poco de memoria, Magdalena. Olvida que tenemos que ir esta tarde a
+ver a la señora de Brenay.
+
+--Es verdad--exclamé,--no me acordaba...
+
+--Las solteronas te hacen perder la cabeza, pobre hija mía... Vamos,
+despáchate. Voy a ponerme el sombrero y te espero en el salón.
+
+En diez minutos hice el milagro de estar compuesta y acicalada. La
+abuela, satisfecha, se dignó sonreírme con una benevolencia en la que
+entraba un poco de inocente admiración.
+
+Pasar de repente de la calma absoluta a una intensa tempestad, es
+siempre desagradable, y esto fue lo que nos sucedió a la abuela y a mí.
+Dejamos la apacible tranquilidad de nuestro _home_ y nos encontramos en
+pleno huracán en casa de los Brenay.
+
+El señor de Brenay, que no parece más que raras veces por su salón,
+estaba paseándose con agitación febril que sacudía con bruscos
+movimientos sus bigotes largos y retorcidos. La de Brenay, desplomada en
+una butaca, parecía aniquilada y olvidaba por completo el cuidado de
+conservar sus maneras aristocráticas. Petra, muy encarnada y como
+vergonzosa, estaba mordiendo rabiosamente el pañuelo. Era indudable que
+caíamos en plena escena de familia. La abuela y yo cambiamos rápidamente
+una mirada de estupor, pero era imposible retroceder.
+
+El salón de los Brenay, siempre tan animado, tan alegre, tan en armonía
+con los gustos de los dueños de la casa, me pareció ensombrecido por
+negras nubes cuando tomé posesión de una silla al lado de Petra. El
+señor de Brenay, hombre muy corrido, creyó que debía, en cuanto se
+cambiaron los primeros cumplimientos, ponernos al corriente de lo que
+motivaba semejante perturbación en su interior.
+
+--Esta democracia...--dijo con un desdén exasperado,--esta democracia es
+audaz en extremo... ¿Creerá usted, señora, que un teniente de
+infantería... sin apellido... casi sin fortuna... mil doscientos pesos
+de renta--¿qué es eso?--se atreve a levantar los ojos hasta mi hija?
+
+--Audaz es en efecto--dijo la abuela en tono de broma.--Un gusano de la
+tierra enamorado de una estrella...
+
+--Precisamente--exclamó Brenay con acento de aprobación.--El teniente
+Cotorrac...
+
+--¿Es posible--dijo la señora de Brenay confundida,--que con semejante
+nombre se atreva a pensar en mi hija?...
+
+--¡Ah!--gimió Petra,--estoy avergonzada... Qué apellido para anunciar en
+un salón... La señora de Cotorrac...
+
+La desesperación de Petra era tan franca, que reprimí valerosamente toda
+hilaridad. Y tuve mérito, porque la escena era divertida.
+
+--¡Cállate, hija mía, cállate!... Ese ganapán, ese perdido merecería
+seis meses de castillo por haberse permitido pensar en ti... ¡Si
+volviera el antiguo régimen!
+
+--Si se nos permitiese solamente hacer que nuestros criados dieran una
+buena paliza a esos insolentes...--acentuó la señora de Brenay,--no
+pasarían estas cosas.
+
+--Dios mío--se atrevió a decir la abuela, bastante divertida en el fondo
+por aquella tragicomedia.--¿Creen ustedes que el crimen no tiene
+excusa?... Petra es tan linda y tan seductora...
+
+--Mi hija no debe ser linda ni seductora para quien no es de su
+clase--gruñó el padre.
+
+--Un pobre diablo puede tener ojos--añadió la abuela,--y hasta
+corazón... Y si ese pobre diablo es un oficial y tiene mil doscientos
+pesos de renta... la cosa cambia de punto de vista.
+
+--No cambia nada--exclamó Brenay.--¿Es bien nacido?... No... ¿Tiene
+fortuna?... No... ¡Ah! el lado vergonzoso del negocio es que ese mozo
+afirma que está loco por mi hija...
+
+--Papá, por Dios, no repitas semejante cosa...
+
+--¿Y qué?--preguntó la abuela.
+
+--Que es un amor inadmisible--respondió Brenay con su voz más
+mordaz,--que estoy seguro de que hace estremecerse de horror en sus
+tumbas a todos los Brenay pasados...
+
+--Sin contar los Mauval a que yo pertenezco,--apoyó la de Brenay.
+
+La abuela se esforzó en vano por establecer que la respetabilidad
+personal, las cualidades del joven, su sinceridad y su lealtad evidente
+eran dignas de otra acogida. Ni el señor de Brenay ni su mujer quisieron
+conceder nada, y Petra, herida en su amor propio, no consintió tampoco
+en deponer su cólera.
+
+Después de un cuarto de hora de una conversación difícil, cuyo asunto
+era imposible de cambiar, tan violenta era la exasperación reciente, la
+abuela se levantó con gran satisfacción mía. Yo, que me complazco mucho
+habitualmente con la compañía de Petra, fui feliz al dejarla. Tales
+prejuicios de casta, o de pandilla, como diría Francisca, son tan
+extraordinarios que me producen el efecto de un gran anacronismo.
+
+--¡Bah!--dije a la abuela, que estaba un poco sublevada con lo que
+acababa de oír;--supongamos que vivimos en el siglo XVIII en lugar de
+encontrarnos en el XX, y todo será natural...
+
+--Las enseñanzas de la historia son letra muerta para muchos--murmuró la
+abuela...--Es curioso--añadió,--el ver cuántas personas inteligentes hay
+entre nosotros a quienes la historia no ha enseñado nada.
+
+--¡Aprender!... Esa es toda la filosofía de la vida, abuela querida...
+Pides demasiado.
+
+La abuela, sorprendida, me miró atentamente.
+
+--Acaso tengas razón--añadió cuando se dio cuenta de que era yo quien
+había hablado.--En todo caso, la pobre Petra está en la dolorosa vía del
+celibato.
+
+--¡Dolorosa!... no, abuela, muy feliz.
+
+Y para ahorrarme un sermón de la abuela, desaparecí prontamente de su
+horizonte. Abríase ante mí la puerta de mi casa y me metí en ella más
+que de prisa.
+
+
+
+
+22 de octubre.
+
+
+Mis investigaciones van tomando cuerpo... Las solteronas se enredan en
+una madeja inesperada. Estaba yo gimiendo en mi interior por las
+dificultades de mi tarea, cuando la Providencia, bajo las facciones del
+padre Tomás, vino a llamar a la puerta de la abuela. El buen cura
+deseaba averiguar el estado de nuestras cabezas y el de nuestros
+corazones.
+
+Apenas entró en el salón, iluminado por un lindo rayo de sol, que
+aureolaban los primeros fuegos del hogar en un dulce resplandor, cuando
+llegaron también la de Ribert y Genoveva para informarse del resultado
+de mis lecturas.
+
+La abuela no reanuda sus días de recibir hasta noviembre, pero acoge con
+gusto a las personas de nuestra intimidad que se presentan. No cierra su
+puerta desde julio hasta Todos los Santos más que a los indiferentes
+que, con pretexto de interés, van a casa ajena a informarse del matiz de
+las ideas y del aspecto de las caras para inventar historias
+sorprendentes e inverosímiles.
+
+Me puse tan alegre por aquella doble visita que de buena gana hubiera
+saltado al cuello del cura y al de la señora de Ribert para
+manifestarles mi satisfacción. Me indemnicé de la imposibilidad
+absoluta de hacerlo precipitándome a las mejillas de Genoveva que
+recibieron cada una dos sonoros besos.
+
+La de Ribert es el vivo retrato de su hija o más bien, ésta es la
+reproducción exacta de lo que ha debido de ser su madre. El cabello gris
+de la de Ribert, parece ser el sucesor designado de la opulenta
+cabellera de Genoveva. Sólo ha cambiado el talle, engruesado por la
+edad, y, sobre todo, ha venido la enfermedad triste e implacable que la
+mitad del tiempo clava a Genoveva en la cabecera de su madre, sin que la
+una ni la otra pierdan por eso una sola de sus sonrisas ni un átomo de
+su apacible amabilidad.
+
+El padre Tomás, conocido y apreciado por el pueblo entero, lo que no es
+frecuente en Aiglemont, es también íntimo de los Ribert. El cura sacó en
+seguida la conversación de las solteronas, ayudado por la de Ribert,
+apasionada por todo lo que se refiere a la evolución femenina. Es, al
+contrario que la abuela, enemiga del matrimonio y se dice por lo bajo
+que su marido, muerto hace muchos años, no la hizo precisamente feliz.
+
+--Y bien, ¿cómo van esos estudios?--dijo el cura con una risa sonora que
+hizo estremecerse hasta las tenazas de la chimenea.
+
+--Están suspendidos, señor cura.
+
+--¿Por qué?
+
+--Porque no encuentro el lazo que debe unir a la solterona involuntaria
+de otro tiempo con la de hoy. He llegado casi al fin del siglo XVIII y
+me falta una Princesa Isabel...
+
+--¡Dios mío!--gimió la abuela,--no se concibe semejante obstinación.
+
+--Sí, señora, ciertamente--respondió el cura con bondad.
+
+Y añadió dirigiéndose a mí:
+
+--Si necesita usted absolutamente una princesa, me parece que la Corte
+de Luis XVI le ofrece una solterona distinguida...
+
+--¡Qué aturdida soy!--dije con convicción.--Es verdad, olvidaba a madama
+Isabel, la hermana de Luis XVI...
+
+--Sí, madama Isabel, sin hablar de otras ilustres solteronas. En cuanto
+al lazo que usted reclama entre las solteronas involuntarias y las
+voluntarias, existe muy claro. ¿Qué hace usted de la Revolución y del
+Código de Napoleón?...
+
+--Nada absolutamente, señor cura--dejé escapar a pesar mío.--Esas dos
+cosas no me dicen nada que valga.
+
+--Pues es un error--respondió el cura.--La Revolución y el Código de
+Napoleón, por el establecimiento de principios nuevos y por la abolición
+del derecho de primogenitura, han dado a las jóvenes de las clases
+acomodadas una independencia real para permitirles vivir como les
+acomoda. De aquí se deduce...
+
+--¿Entonces, señor cura--preguntó la de Ribert muy interesada,--usted
+cree que la Revolución y el Código entran por mucho en este temor del
+matrimonio que manifiestan tantas jóvenes modernas...
+
+--Evidentemente... ¿No se nota ese temor precisamente en la
+burguesía?...
+
+--Sí, es cierto. Sin embargo...
+
+--No hay sin embargo--afirmó el cura con autoridad.--Desde el momento en
+que se suprimió el derecho de primogenitura y la mujer mayor, no
+casada, fue admitida a gozar de sus bienes, se ha desarrollado, por la
+fuerza de las cosas, el gusto por el celibato voluntario. Abra usted el
+Código...
+
+--No, no--dijimos en coro,--la cosa no es distraída.
+
+--Pues bien, no le abran. Pero si le abrieran, verían que la mujer
+soltera es más generosamente tratada que la que se encuentra bajo la
+potencia del marido. La primera goza de todos sus derechos en cuanto es
+mayor de edad; la segunda es una eterna menor.
+
+--Pero dije cautivada por la demostración;--entonces usted cree...
+
+--Sin duda, sin duda--replicó el cura.--Es claro que al convertirse la
+soltera en protegida del Código, el celibato, hasta entonces objeto de
+aversión, adquiere rápidamente, bajo el imperio de nuevas costumbres,
+toda la apariencia de una posición escogida.
+
+--Si lo que usted dice es exacto--repuso la abuela olvidando su
+antipatía por este asunto,--habría que buscar en esa transformación de
+las leyes el comienzo de otras muchas evoluciones.
+
+--Así lo creo, señora--respondió el cura.--La evolución femenina de que
+habla todo el mundo, me parece que no tiene otra causa primera. Los
+cambios de hechos acarrean siempre cambios de ideas, cuando no es el
+cambio de éstas lo que produce el de los primeros.
+
+--Es curioso, muy curioso--exclamó la de Ribert.--Sin
+embargo--objetó,--no comprendo bien la importancia extraordinaria que da
+usted al Código de Napoleón desde el punto de vista femenino.
+
+--Va usted a comprenderlo--respondió el cura, muy contento por la
+atención de su auditorio.--Por primera vez en la historia de los siglos,
+la mujer de las clases acomodadas es llamada de soltera a la libre
+posesión de sus bienes de familia. ¿Cómo quiere usted que tal evolución
+no traiga consigo otra?
+
+--Es verdad--dijo Genoveva,--todo se enlaza.
+
+--Usted me comprende, señorita Genoveva--dijo el cura con una mirada de
+aprobación.--La mujer que posee, es naturalmente una mujer que obra y
+llega a ser por la fuerza de las cosas una personalidad con la que hay
+que contar.
+
+--¡Qué lejos estamos--exclamé,--de las leyes de Manou, del Génesis y del
+Corán!... Unas y otras declaraban con una notable unanimidad que la
+mujer sin marido no era nada y no podía nada...
+
+--Sí--aprobó el cura,--todo está muy cambiado. Las mujeres, que no eran
+nada en otro tiempo, están a punto de serlo todo, gracias a las
+solteronas--añadió con malicia.
+
+--¡Todo!--exclamó la abuela.--Las solteronas son entonces, según usted,
+abominables feministas....
+
+--No, no--respondió el cura divertido por la alarma de la abuela.--Usted
+exagera... Afirmo sencillamente que la posesión legal de los bienes
+fomenta en la soltera el desarrollo de su personalidad. Y hay que
+confesarlo, no se puede creer que el desarrollo de la personalidad en la
+mujer sea un excelente factor de matrimonio.
+
+--Es verdad--aprobó la de Ribert.--La independencia de bienes provoca la
+de la voluntad y la de la mente. No querría deducir que la independencia
+del corazón sigue el mismo movimiento, pues eso traería serias
+consecuencias. Pero hay una evidente propensión a un individualismo
+que, como usted dice, está muy lejos del matrimonio.
+
+La abuela no pudo contener una exclamación de horror.
+
+--Sí--dijo el cura pensativo sin ocuparse ya de los suspiros de la
+abuela,--el individualismo es ahora una especie de contagio. Es la idea
+fija de muchas jóvenes... ¿Es un bien o un mal?... El porvenir lo dirá.
+Por el momento, se hace un pedestal a la mujer moderna sin pensar que,
+acaso, el individualismo llegará a ser sinónimo de egoísmo...
+
+--No, señor cura--respondió Genoveva con energía.--Se puede tener una
+personalidad bien caracterizada sin caer en el horrible defecto que
+usted señala.
+
+--He dicho «acaso» y no «ciertamente...» Hay en esto un escollo, un gran
+escollo. Muchas jóvenes--añadió con tristeza más acentuada, mirándome
+con fijeza;--muchas jóvenes de las mejores y de las más inteligentes, no
+sienten ya la necesidad de apoyarse en el brazo de un marido...
+
+--Y bien--dijo alegremente la de Ribert mientras la abuela volvía a
+suspirar,--tanto mejor... Puesto que se dice que ya no es posible casar
+a las hijas, dichosas la que no tienen la vocación del matrimonio.
+
+--Sí, lo concedo--dijo el cura.--¿Pero por qué ese estado de alma reina
+precisamente entre las jóvenes que se casarían más fácilmente? Sí, es
+bueno en general que las jóvenes no coloquen en el matrimonio su única
+probabilidad de dicha...
+
+--¡Pobre probabilidad!--interrumpió la de Ribert.
+
+--...Es preciso, sin embargo, no complicar la situación haciendo que se
+implante demasiado ese miedo del matrimonio.
+
+--Eso es lo que me canso de decir--exclamó la abuela.--Es malo, es
+espantoso...--acabó en el último grado de la indignación.--¡Ah! señor
+cura, señor cura... ¿Qué ha hecho usted de Magdalena?
+
+--Caín, ¿qué has hecho de tu hermano?--parodió dulcemente el
+sacerdote.--Pero señora,--continuó con más vivacidad,--no he hecho nada
+malo de Magdalena, que yo sepa. Es verdaderamente buena,--añadió con la
+satisfacción del que se complace en su obra moral, mientras sus buenos
+ojos se fijaban en mí con una indulgencia enteramente paternal.
+
+--Sí, lo concedo, no es mala--dijo la abuela halagada en su amor
+maternal.--Pero esa personalidad... ese modo de bastarse a sí misma...
+
+--Ya sé, ya sé--replicó el cura confuso.--Verdaderamente, no había
+previsto ese peligro.
+
+--¡Un peligro!--exclamó la de Ribert, contenta al ver al cura habérselas
+con la abuela.--¿Dónde ve usted ese peligro?
+
+--Un peligro desde el punto de vista del matrimonio, se
+entiende--explicó el sacerdote.--Involuntariamente, al armar a las
+muchachas para el famoso _struggle for life_, las armamos contra el
+matrimonio. En el día en que sienten verdaderamente que son alguien,
+saben por esto mismo razonar. Ahora bien, el razonamiento mata la
+ilusión; la ilusión perdida da el golpe de muerte a la confianza; y
+aniquilada la confianza, ¿dónde quiere usted que se coloque el amor en
+un corazón femenino?... Pero, en realidad--continuó el buen cura
+levantando la cabeza con confianza,--Magdalena no ha dicho que renuncia
+al matrimonio.
+
+--Sí, sí, haga usted el buen apóstol... ¿No ve usted que va por ese
+camino?
+
+--Todavía no, señora. Magdalena está en el período de la reflexión.
+
+--Admito que reflexione sobre tal o cual pretendiente, señor cura, pero
+sobre el matrimonio... sobre el matrimonio...
+
+--San Pablo, señora...
+
+--No me hable usted de San Pablo, por amor de Dios--dijo la abuela con
+agitación.
+
+--Y bien, Magdalena--preguntó la de Ribert para evitar a San Pablo una
+nueva algarada;--¿qué tiene usted que reprochar al matrimonio, hija mía?
+
+--El marido--respondí con sincera convicción.
+
+--¡El marido!--exclamó la de Ribert riendo, con gran contento de
+Genoveva, que gozaba deliciosamente de la alegría de su madre.--¡El
+marido!... Qué gran verdad...
+
+La abuela, consternada, nos miraba a las tres alternativamente con tal
+expresión de reproche, que el cura tomó el prudente partido de dejarnos
+para cortar la conversación. La de Ribert y Genoveva se quedaron todavía
+unos instantes, y cuando vieron tranquila a la abuela, se levantaron con
+la promesa de vernos muy pronto.
+
+--Estas señoras son muy amables--dijo la abuela en cuanto se
+marcharon,--pero es lástima que tengan ideas falsas... ¡Qué mal se
+razona ahora!... En mi tiempo no era así.
+
+--En tu tiempo, abuela--repliqué apoyando dulcemente la cabeza en su
+hombro,--todo el mundo era perfecto.
+
+--Aduladora--respondió la abuela dándome un beso.--Bien sabes que haces
+de mí todo lo que quieres...
+
+Y se firmó la paz con otro beso.
+
+¡Ah! si la abuela quisiera ser razonable, qué felices seríamos...
+
+
+
+
+24 de octubre.
+
+
+Hay personas a quienes la suerte se complace en jugar malas pasadas. Y
+ese es mi caso...
+
+Creía la paz asegurada enteramente entre la abuela y yo y me preparaba a
+gozar de nuevos días de serena tranquilidad, cuando esta mañana la
+abuela me dirigió este discurso:
+
+--Hija mía, puedes hacerme justicia...
+
+--No tengo otra intención, abuela.
+
+--Te dejo perfectamente libre para tomar el pulso a tu vocación
+futura...
+
+Aquí hice un movimiento de cabeza afirmativo.
+
+--Pero estimo que si esos estudios preliminares van a durar diez años...
+
+--¡Adiós!... Estoy cogida.
+
+--...No habrá ya para ti ninguna probabilidad de matrimonio.
+
+--¿Y la señorita Romanot, que acaba de casarse a los treinta y ocho
+años?... ¿Y la de Ormont, cuya cuadragésimasexta primavera ha conocido
+al fin los triunfos del matrimonio?... ¿Dónde me las dejas?
+
+--Son ejemplos que no hay que seguir. Considero sencillamente esas
+uniones tardías como asociaciones amistosas y no como matrimonios.
+
+--¡Bah! todo lo que se busca hoy es una asociación amistosa.
+
+--¡Otra vez!--exclamó la abuela con alguna impaciencia.--¿Soy yo, a mi
+edad, quien debe recordarte las ilusiones de la tuya?... Dios mío, qué
+desabridas y singulares son esas muchachas...
+
+--No es culpa mía. La desilusión y la singularidad están en el aire que
+se respira.
+
+--Empiezo a creerlo--replicó la abuela descontenta.--Pero como quiero
+cumplir con mi deber a pesar de todo, quiero verte aceptar dócilmente,
+al lado de tus estudios sobre las solteronas...
+
+Aquí la abuela se encogió de hombros con expresión de supremo desdén.
+
+--...Un examen atento de las proposiciones de matrimonio que se te
+puedan hacer...
+
+--Abuela, me habías prometido...
+
+--Te he prometido no influir en tu resolución definitiva, sí, Magdalena.
+Lo que no he prometido es dejarte echar a perder tu vida como lo estás
+haciendo.
+
+--Abuela--protesté,--soy tan feliz... No trato más que de estar a tu
+lado.
+
+--Sí, ya lo sé, mala nieta... Y eso es lo que no comprendo... A los
+veinticinco años encontrarse dichosa sin el apoyo de un marido, no es
+natural...
+
+--Además, querida abuela, ¿para qué necesito un marido puesto que te
+tengo a ti?
+
+--¿Para qué?... ¡Ah! Magdalena...
+
+Y la abuela, suspirando fuertemente, me miró con tierna piedad. No me
+comprende, es seguro, y yo no la comprendo tampoco.
+
+--He recibido hace un momento--prosiguió la abuela,--una esquela de
+nuestro notario y amigo el señor Boulmet, que me ruega que le reciba a
+las dos. No me oculta que su visita tiene por objeto un proyecto de
+matrimonio...
+
+--¡Oh! no, no--exclamé con espanto.--¡Ah! San José...
+
+--He dicho un proyecto y no un matrimonio... Te dejo absolutamente libre
+de resolver lo que te acomode, pero quiero...
+
+La abuela puso en esta palabra toda su energía.
+
+--...Quiero que estés presente en la entrevista. A los veinticinco años
+debe una mujer decidir ella misma su vida... Te prevengo que no toleraré
+más que te sustraigas a la menor petición de matrimonio como lo has
+hecho hasta hoy.
+
+--Pero abuela--repliqué victoriosa,--sabes que no estaré libre a las
+dos. La señora de Dumais y Francisca van a venir a buscarme para ir a
+paseo, de modo...
+
+--Escribe dos letras a Francisca para excusarte--respondió la abuela con
+su tranquila firmeza de los grandes días.
+
+Cuando la abuela se expresa así no hay más que obedecer, y así lo hice.
+
+A las dos en punto, el señor Boulmet, tieso y atildado como de
+costumbre, entró en el salón bajo la poco benévola mirada de Celestina,
+que sospecha evidentemente algo. Habitualmente encuentro muy bien al
+señor Boulmet, pero hoy me es sencillamente odioso...
+
+Su cráneo desnudo me parecía el receptáculo de un mundo infinito de
+malos pensamientos; aquellas dos cositas brillantes que esconde bajo sus
+anteojos de oro despedían para mí fulgores satánicos, y hasta su bigote
+gris, de aspecto ordinariamente bondadoso, tomó a mis ojos una
+significación agresiva. Hízome estremecer su perfecta levita negra
+abierta sobre una correcta corbata, y el alto cuello en que el señor
+Boulmet aprisiona las gracias conquistadoras que le quedan, me pareció
+una alusión directa a la dicha del matrimonio.
+
+El señor Boulmet me conoce demasiado bien para no echar de ver que su
+visita, o más bien, su objeto, me entusiasmaba poco.
+
+--Ea, Magdalena--me dijo después de los primeros cumplimientos,--no
+ponga usted esa cara tan triste. Qué diablo, un matrimonio no es un
+entierro...
+
+--Casi--exclamé dando un suspiro.
+
+--Entonces--preguntó el notario volviéndose hacia la abuela,--¿la
+conversión no se ha verificado?...
+
+--¡Ay!--murmuró la abuela.
+
+--Es muy singular--siguió diciendo el señor Boulmet.--¿Querrá usted
+creer, señora, que su nieta de usted no es una excepción y que existe
+esta antipatía por el matrimonio en una gran parte de mi clientela?...
+Así como las jóvenes sencillas y sin gran instrucción ni dote parecen
+entusiasmadas por el matrimonio, las dotadas de talento y fortuna
+manifiestan respecto de él una frialdad significativa.
+
+--Semejante disposición huele a feminismo--dijo la abuela pensando
+todavía en la conversación del cura con la de Ribert.
+
+--¡El feminismo!... ¡El feminismo en Aiglemont!--exclamó con horror el
+Señor Boulmet.--Me deja usted estupefacto, señora... Después de
+todo--añadió volviendo a tomar su aspecto profesional,--tengo tan poco
+tiempo para ocuparme en semejante cuestión, que me dispensará usted si
+me declaro incompetente.
+
+--Sí, lo comprendo--respondió la abuela.--Pero dígame usted, entre
+nosotros, ¿qué piensa usted de estas jóvenes de hoy?
+
+--Que son muy viejas para su edad.
+
+--¡Gracias a Dios que encuentro alguien de mi opinión!--exclamó la
+abuela triunfante.
+
+--Sí, confieso que estas cuestiones nuevas me confunden un poco y
+trastornan también mi estudio... Tenemos menos contratos de matrimonio
+y, sobre todo, menos buenos contratos... Es muy deplorable... Sé que
+habitamos en un clima templado y que éstos son especiales para las
+solteras...
+
+--¿Por qué?--pregunté interesada por mis queridas solteronas.
+
+--Porque la acción del clima influye en el desarrollo de la vida de
+familia y en el temperamento personal.
+
+--¿Cómo?--pregunté con emoción y sorpresa.
+
+--Porque las ideas más serias... una naturaleza más fría... y una gran
+dificultad para los cuidados materiales son las causas de esta
+propensión al celibato.
+
+--¡Gran Dios! hacia los polos eso debe de ser un ideal...
+
+--No--respondió el notario sonriendo por mi ardor.--En los países muy
+fríos las dificultades de la vida son tales y los rigores del clima tan
+implacables, que la gente se casa con entusiasmo por motivos opuestos a
+los que hacen de los meridionales celosos partidarios del matrimonio.
+Allí se necesitan los unos a los otros, y la existencia de una
+solterona...
+
+--Sería un escándalo--añadió la abuela contenta al ver que había en la
+tierra numerosas personas sensatas.--Pero--continuó,--no nos
+extraviemos... Magdalena me ha prometido escuchar cuerdamente la
+proposición que nos hace usted el honor de trasmitirnos. Cuento con su
+razón y con sus sentimientos para hacerle comprender que tiene algo
+mucho mejor que hacer que permanecer solterona...
+
+--Evidentemente--exclamó el señor Boulmet.--Una joven tan bonita, tan
+inteligente, tan instruida... Una mujer superior...
+
+--Señor Boulmet--dije en tono de súplica, ofendida por unos
+cumplimientos que tomaba por una burla.
+
+--Con tan hermoso dote--prosiguió nuestro notario,--sería una lástima...
+Su boda de usted sería para mí la ocasión de uno de mis mejores
+contratos.
+
+Después sacó una cartera, cogió unos papeles y siguió diciendo:
+
+--Vean ustedes la proposición que vengo a comunicarles. Mi colega de
+Plany en Val me escribe que está encargado por uno de sus clientes de
+encontrar una joven de buena familia, de 22 a 26 años, bonita, seria,
+bien educada y perfecta dueña de su casa, que tenga tanto en dote como
+en esperanzas...
+
+--¡Oh!--exclamé con indignación.
+
+--¿Qué hay?--me preguntó el notario muy tranquilo.--Acaso la palabra
+esperanzas... Es el término corriente.
+
+--Sí--respondí mientras sentía en el corazón un agudo dolor,--es el
+término para hablar de la muerte de las personas queridas... La
+esperanza, palabra de alegría y de dicha, se convierte en ciertas
+circunstancias en sinónima de tristeza y de luto...
+
+Boulmet hizo el gesto vago de un hombre que no puede cambiar nada de las
+cosas y siguió su relato sin que la abuela hubiese manifestado la menor
+emoción.
+
+--Decíamos que debe tener, tanto en dote como en esperanzas de cuarenta
+a sesenta mil pesos; Magdalena me ha parecido que estaba indicada. Los
+28.600 pesos que tiene de sus padres y los 20.000 que usted le dejará,
+la ponen en una bonita situación. Sé que para la mayor parte de nuestros
+modernos «Arribistas» no será mucho, pero como el joven en cuestión se
+contenta, todo está bien. Así, pues...
+
+--¿Y el joven?--preguntó la abuela.
+
+--¡Ah! es verdad; olvidaba hablar del joven... Pues bien; ese caballero
+me parece perfecto. Hasta ahora ignoro su nombre y sólo sé que es un
+industrial del norte del departamento. Linda fábrica de familia, grandes
+esperanzas, 31 años, bien parecido, buena salud, bien educado,
+principios religiosos...
+
+--Perfectamente--exclamó la abuela,--queremos ante todo principios
+religiosos...
+
+--Tiene actualmente 40.000 pesos de capital y gana un año con otro de
+cuatro a cinco mil pesos.
+
+--Soberbio--exclamó la abuela encantada.--¡Oh! querido amigo, qué
+agradecimiento...
+
+--Tiene un automóvil, caballos, coches...
+
+--¡Dios mío! qué hermosa vida puedes hacer... Veamos, responde algo,
+Magdalena.
+
+--Estoy escuchando y espero...
+
+--¿Qué?
+
+--Saber algo del joven.
+
+--¡Cómo! ¿no sabe usted bastante?--dijo el notario sorprendido.--¿Qué
+más quiere usted saber?...
+
+--¿Cómo es ese caballero?...
+
+--¡Ah! es muy justo--dijo el notario tomando de su cartera otro
+sobre.--Vea usted su fotografía...
+
+Y dándosela a la abuela, esperó el resultado del examen.
+
+--No es feo...--exclamó la abuela acercándose y retirándose la
+fotografía a los ojos para ver sus diversas expresiones.--Me gusta esta
+expresión enérgica, esos ojos francamente abiertos, esta boca medio
+sonriente... Tiene hermosos cabellos... y buen bigote... Sí, no es
+feo... Mira, Magdalena.
+
+No eché más que una ojeada a la fotografía, que representaba, en efecto,
+un buen mozo. Para mí importa tan poco el físico en la cuestión del
+matrimonio, que no me fijé gran cosa en las facciones de aquel señor que
+me ofrecían como pudieran ofrecerme otra cosa.
+
+--Ha comprendido usted mal, caballero--dije al notario devolviéndole su
+fotografía.--Preguntaba cómo era moralmente ese caballero, el señor X...
+hasta más amplia información.
+
+--No tiene ningún vicio--afirmó redondamente el notario.--Si fuese
+jugador, mujeriego o borracho, mi colega de Plany no me lo recomendaría
+tan eficazmente.
+
+--Seguramente--apoyó la abuela muy satisfecha.
+
+--¿Constituye, pues, una cualidad el no ser jugador, mujeriego, ni
+borracho?--pregunté.
+
+--No, no, no digo eso; pero, en fin, así se tiene la seguridad de que no
+hay tacha.
+
+--¿Tiene corazón?--pregunté sencillamente.
+
+--¿Corazón?--dijo el notario sorprendido.--Creo que sí; todo el mundo
+posee en el pecho una víscera de ese nombre.
+
+--¿Se le conocen sentimientos generosos?...
+
+--Diablo, diablo... Eso no lo sé; lo supongo...
+
+--¿Ha sido bueno con su familia?... ¿Es humano con sus obreros? ¿Se
+ocupa de ellos?...
+
+--¿Cómo diantre quiere usted que yo lo sepa?
+
+--¿Le gusta la música?... ¿Se interesa por la literatura?... ¿Sabe
+hablar?... ¿Es de los que tienen en la boca más que historias de caza o
+chismes de política?...
+
+--¡Demonio!--exclamó el digno notario.--Esto no es una proposición de
+matrimonio; es un examen...
+
+--Sí--respondí sonriendo;--es un examen. El matrimonio es cosa bastante
+seria para que desee no casarme solamente con una cara y una fábrica. Al
+lado de los hechos exteriores hay muchas cosas pequeñas que revelan a un
+hombre. Esas cosas pequeñas son las que yo quisiera conocer...
+
+--Precisamente estoy encargado de solicitar el favor de una entrevista
+y...
+
+--¡Oh! todavía no--respondí con espanto.--No estoy decidida a tomar en
+consideración este proyecto, pues no puedo admitir la posibilidad de
+confiar mi vida a un desconocido.
+
+--Ya le conocerás y le amarás--dijo la abuela con fuego.
+
+--No, abuela, no te hagas ilusiones--objeté moviendo la cabeza.--Entre
+algunas de mi generación y la generalidad de la tuya hay un mundo de
+distancia... Vosotras os casabais a ciegas y el amor venía después o no
+venía. Yo quiero saber con quién me caso. Quisiera conocer a ese
+elegido, escogerle entre todos y, sobre todo--añadí más bajo,--quisiera
+amarle antes de casarme, pues después... tendría miedo de que no
+ocurriera tal cosa...
+
+--¡Dios mío! qué niñería en una cabeza de veinticinco años...--gimió la
+abuela.--¿Comprende usted, amigo, el estado de alma de estas jóvenes
+instruidas y razonadoras?
+
+--Puede ser--dijo el notario ligeramente pensativo.--Magdalena tiene
+alguna razón.
+
+--¿Verdad, caballero?--dije con confianza.--La abuela encuentra extraño
+que yo no manifieste gran simpatía por el matrimonio... Le aseguro a
+usted que preferiría mil veces permanecer soltera...
+
+--Es sabido--respondió la abuela en tono seco poniéndose las manos en
+los oídos para no oír el resto.
+
+--...Antes que hacer una boda como las que veo todos los días... No
+quiero arreglar un negocio, sino asegurar mi dicha.
+
+--Bueno, pero, una entrevista...--propuso el notario.
+
+--Sí--dije con amargura;--una entrevista en la que los dos estaremos
+tiesos y falsos iluminará enormemente mi juicio...
+
+--En fin, di adónde vas a parar--exclamó la abuela violenta.--El uso
+quiere que las cosas se hagan así...
+
+--El uso sí, abuela--respondí dulcemente,--pero la prudencia...
+
+--¡La prudencia!... ¡Eres tú la que habla de prudencia!... No sabes lo
+que dices... En fin--dijo al señor Boulmet,--dejemos a esta razonadora
+reflexionar hasta el primero de noviembre. Hasta entonces, usted será
+tan bueno que tomará los informes complementarios, pues espero que
+Magdalena consentirá, por darme gusto, en aceptar esta entrevista...
+Sería una locura el rehusar tal situación...
+
+--Sí--confirmé políticamente al notario,--la situación es tentadora,
+pero el hombre...
+
+--¡Bah!--respondió bruscamente el notario levantándose para
+despedirse.--La situación vale lo que vale el hombre...
+
+--Es cierto--confirmó la abuela con seguridad.--Ese caballero me es muy
+simpático.
+
+--A mí no--respondí por lo bajo, mientras la abuela daba unos pasos para
+acompañar al notario llenándole de testimonios de agradecimiento.
+
+En cuanto desapareció, la abuela se me acercó bruscamente.
+
+--Y bien Magdalena--dijo con ternura,--reflexiona, te lo suplico...
+Piensa que puedes darme una gran alegría...
+
+Apoyada en la abuela, que me tenía abrazada y bien apretada contra ella,
+prometí todo lo que ella quiso... Tengo, pues, seis días para descubrir
+si quiero o no ver al señor X...
+
+¡Ah! llévese el diablo al señor X... y al notario con él... San José ha
+escuchado demasiado bien a la abuela...
+
+
+
+
+28 de octubre.
+
+
+La abuela afecta una expresión de absoluta seguridad. Celestina, que
+sospecha alguna cosa, me mira con lástima, y esta mañana llegó a decirme
+mientras la abuela estaba en misa:
+
+--No tenga usted miedo, señorita; San Pablo va a sacarla del mal paso.
+
+--¿Qué quieres decir?
+
+--No estoy ciega--respondió mi vieja Celestina, y su cara tomó una
+expresión de astucia tan intensa, que tomé el partido de reír sin pedir
+otra explicación.
+
+Estoy muy contrariada, y Celestina lo ve muy bien. Paso los días y las
+noches en las más serias reflexiones y no llego a decidir si quiero o no
+ver al señorito X...
+
+Para complacer a la abuela, me siento muy capaz de decir sí, y aceptar
+la entrevista.
+
+Para complacerme a mí misma, me siento igualmente capaz de gritar no, y
+no aceptar nada.
+
+Cambio de opinión cada cinco minutos, lo que no es para llegar a una
+solución.
+
+Los estudios que he hecho en estos últimos tiempos sobre las solteronas,
+unidos a la intervención del padre Tomás, me ilustran asombrosamente.
+Hasta ahora no lograba comprender por qué me era tan indiferente el
+matrimonio y, al ver el espanto de la abuela, llegaba a creerme un ser
+desequilibrado. Ahora estoy tranquila. Veo muy bien que esta
+indiferencia que yo tomaba por una cosa anormal y alarmante no es más
+que el resultado de la educación que he recibido y el fruto de una
+evolución que todo el mundo echa de ver.
+
+No sé si esto es feminismo; pero, en todo caso, mis reivindicaciones son
+modestas. Quisiera solamente que la sociedad cambiase la manera de casar
+a las jóvenes y la hiciese más conforme con la educación que recibimos.
+Si se nos educa con cuidado, si se trata de aumentar el número de
+nuestras cualidades y de disminuir el de nuestros defectos, si se nos da
+una educación cuidada y una instrucción extensa, si se nos inicia en el
+culto de la belleza en todas sus formas, si, sobre todo, se nos forma
+una voluntad y un juicio personales, ¿es para arrojarnos sin más
+miramientos en los brazos del primer individuo que pasa?...
+
+Evidentemente, hay en esto una flagrante contradicción.
+
+Para aceptar un matrimonio de este género era necesario que nos
+preparase a él una educación especial, la de otro tiempo. Entonces se
+formaban generalmente «tipos flácidos,» como dice el presidente
+Roosevelt, de esos tipos propios para recibir cualquiera impresión. En
+cuanto se les presentaba un marido, las jóvenes de ese tipo le aceptaban
+con los ojos cerrados. El mundo, las conveniencias, la familia y la
+razón querían ese matrimonio, y era imposible resistir a tales
+argumentos.
+
+Ahora se ha hecho una revolución.
+
+Si hay todavía jóvenes del tipo «flácido,» las hay que han aprendido a
+bastarse a sí mismas y, por consecuencia, a pasarse sin el apoyo de un
+marido.
+
+Esas jóvenes, lejos de ser figurantes, según la graciosa expresión del
+padre Tomás, se sienten capaces de ocupar en su hogar una categoría
+equivalente a la de su futuro marido. Sin pensar en destronarle y
+conservándole las señales exteriores del respeto conyugal más completo,
+quieren ser amigas, consejeras, confidentes, y no simples criadas
+solamente admitidas al honor de remendar los calcetines del señor o de
+presidir al buen orden de las comidas.
+
+Los seres modernos que nos hemos vuelto, las personalidades
+perfectamente vivientes que se mueven en nosotras, no pueden ir con
+entusiasmo al matrimonio tal como le comprenden las costumbres
+provincianas estrechas y desconfiadas, malévolas, celosas y tiránicas.
+
+Sería, pues, preciso tener la facultad de recibir en nuestra casa al
+joven con quien pudiéramos casarnos y llegar así por el conocimiento al
+amor. Pero esto está terminantemente prohibido. Recibir jóvenes en una
+casa donde hay muchachas sin hermanos, sería exponerse a perder la buena
+reputación y atraerse toda clase de molestias mezcladas con las más
+estúpidas observaciones.
+
+Mi asunto, pues, es claro.
+
+Si quiero complacer a la abuela, no tengo más recurso que el flechazo.
+Ver a un caballero, vislumbrarle tan sólo, y enamorarme de él; esto es
+lo que necesito...
+
+¡Si yo pudiera sentir y razonar como Francisca y Petra no tendría
+dificultades!... Pero nunca, jamás podré ver un salvador en un marido.
+
+¿Qué hacer?... ¿Negarme a la entrevista?... La verdad es que me dan
+buenas ganas...
+
+
+
+
+31 de octubre.
+
+
+ Mucho la mujer varía,
+ Loco quien de ella se fía...
+
+La sabiduría de las naciones habla en este momento por mi boca, sin que
+mi propia sabiduría la contradiga... Al contrario.
+
+Encuentro tonto el ir así en contra de todo lo que siento; y sin
+embargo, por complacer a la abuela, primero, y por otro motivo después,
+acepto la entrevista... Me encojo de hombros por adelantado, pero lo
+hecho hecho está. Resignémonos a la aventura...
+
+Esta mañana, en la Catedral, mientras esperaba mi vez para confesarme y
+estaba meditando sobre los proyectos de la abuela, preguntándome si
+debía confiarme o no a mi confesor, fui distraída de mis pensamientos
+por un murmullo molesto. Volví discretamente la cabeza para darme cuenta
+de lo que pasaba, y vi con terror que me había colocado justamente
+delante de las dos peores lenguas de Aiglemont, dos solteronas,
+naturalmente. Confieso que mi amor a las solteras se alía muy bien con
+un justo conocimiento de los defectos de algunas de ellas. Entre muchos
+ángeles hay algunas víboras. Estaban éstas aguzando sus aguijones a
+costa del señor cura, del vicario de semana, de cierta capilla mal
+arreglada, etc.
+
+No presté al principio gran atención a lo que se decía tan cerca de mí y
+me contenté con experimentar una fuerte distracción representándome la
+fisonomía feliz de mis dos charlatanas. Sus ojos chispeaban ciertamente
+de malicia bajo los párpados devotamente bajos y la sonrisa de sus
+delgados labios debía de ser agria. No pude menos de volverme
+ligeramente para contemplar el delicioso cuadro que mis falsas santas
+ofrecían a las miradas del prójimo... Tan ocupadas estaban con sus
+chismes y tan expertas eran en disimularlos, que no vieron mi movimiento
+y pude impregnar los ojos a mi gusto en su exquisita hipocresía. Sus
+palabras me llegaban ahora distintamente:
+
+--¿Quién se confiesa tan largamente?
+
+--La de Bormel.
+
+--Mucho tiene que decir... Mire usted... agita los pies... No parece que
+está muy a sus anchas...
+
+--Lo creo... Si confiesa la mitad de lo que tiene de qué acusarse,
+tendrá para toda la mañana.
+
+--¡Es posible!... Es verdad entonces lo que se dice...
+
+--Vaya si es verdad.
+
+--¿Está usted segura de que el capitán Clarmont?...
+
+--Está todo el día metido en su casa...
+
+Púseme en seguida de rodillas para no oír la continuación de la
+historia, que prometía ser picante aunque poco a propósito para castos
+oídos. Traté de reanudar el curso de pensamientos más serios, pero me
+fue imposible... Apenas me había vuelto a sentar el murmullo llegó a mí
+más fuerte.
+
+Es el cuarto sombrero desde el mes de junio.
+
+--¿De veras?
+
+--Como usted lo oye, querida... Tiene una rosa, otro negro y otro
+encarnado... El que usted ve es el encarnado... Es indigno de una
+joven...
+
+Alcé los ojos para contemplar a mi vez el famoso sombrero indigno, y me
+vi en la sombra de la capilla el perfil de Francisca Dumais debajo del
+sombrero incriminado. ¡Pobre Francisca! Era de ella de quien hablaban...
+
+--Con dos mil pesos de dote es vergonzoso ponerse tan maja--siguió
+diciendo una de las solteronas en un devoto susurro.
+
+--Sí--respondió la otra,--así es como se llega insensiblemente a la
+perdición... Esa chica de los Dumais tiene la simiente de las malas
+personas.
+
+Hice un esfuerzo para no oír más y hasta tosí con furor. Las habladoras
+siguieron impertérritas.
+
+--¿Qué le pasa a la chica de Gardier?... Hace un ruido... Es casi
+indecente...
+
+--Es que se da importancia--respondió la otra por lo bajo...--Piense
+usted, querida, que el señor Boulmet, el notario, se está ocupando de
+casarla...
+
+--¿Hace mucho tiempo?
+
+--Me han dicho que estuvo en casa de la señora Sermet, la abuela de esta
+chica, el sábado último... Entró a las dos y salió a las tres y trece...
+Ya comprende usted...
+
+--¡Digo!... la buena señora estará muy contenta porque se va a
+desembarazar de su nieta.
+
+--Lo creo... parece que la muchacha le da una guerra... Tiene un
+carácter infernal y no hace más que lo que se le antoja...
+
+--No me extraña, porque está muy mal educada.
+
+--Como todas las jóvenes de ahora. ¿Querrá usted creer, amiga mía, que
+esa chica no quiere casarse?
+
+--¿Es posible?... No me gustan nada tales ideas... ¿Y es seria esta
+farsante?
+
+--No lo creo.
+
+--Ya decía yo... Habrá probablemente algún oficial bajo cuerda...
+
+Estaba yo tan indignada que me quedé incapaz de todo esfuerzo de
+voluntad.
+
+¡Cómo!... Yo doy guerra a la abuela, tengo un carácter infernal y, por
+añadidura, no soy seria... La cosa era fuerte.
+
+Detrás de mí seguía el susurro, pero con pausas. Bien necesitaban tomar
+aliento... Al cabo de unos instantes las dos buenas almas echaron de ver
+probablemente que no estaban nada edificantes o se les acabó el asunto
+de la conversación.
+
+--Querida--dijo una de ellas,--me está usted distrayendo.
+
+--Es verdad--confesó la otra,--y voy a rezar humildemente un diez del
+rosario para pedir perdón a Dios.
+
+Se puso de rodillas y sentí pasar por mis cabellos su aliento de víbora.
+Yo también me arrodillé para evitarlo. Estaba furiosa.
+
+En la calma de la capilla apenas iluminada por el resplandor rojizo que
+entraba por los vidrios, me sentía irritada y nerviosa. Quería rezar y
+no podía... En vez de formular actos de contrición no hacía más que
+repetir:
+
+--Estúpidas, perversas, ridículas... ¡Estas solteronas!...
+
+Mi imaginación excitada no tenía en cuenta el sitio en que estaba; y en
+la sombra del altar, apenas visible entre los fieles, me parecía ver
+levantarse la silueta de la abuela que me gritaba:
+
+--Ahí tienes lo que tú serás si te obstinas en tus ideas de celibato...
+
+¡Oh! no, no es así. A Dios gracias, no todas las solteronas tienen la
+devoción llena de hiel ni son tan falsas y mordaces. Si hay entre ellas
+frutas podridas, no lo están todas, por fortuna, y las hay sanas y
+agradables de saborear en las relaciones cotidianas... Los pensamientos
+se agolpaban en mi pobre cerebro y me hacían sufrir. Me preguntaba lo
+que valen a los ojos de Dios las oraciones de esas malas almas... ¿Las
+escucha?... ¿Las perdona cuando por toda reparación pasan unas cuentas
+del rosario creyendo que eso basta para expiar una calumnia o una
+maledicencia?...
+
+Empezaba a sentirme muy severa para todas esas faltas y sus autoras,
+cuando me llegó la vez de confesarme.
+
+ * * * * *
+
+Las buenas palabras del cura me repusieron tan pronto como las otras me
+habían desequilibrado. Encontré por milagro mi serenidad habitual y
+perdoné por completo a mis detractoras.
+
+En cuanto entré en casa corrí al cuarto de la abuela y le dije que
+estaba decidida a hacer lo que ella deseaba. Le di la segunda edición de
+la conversación de mis charlatanas esperando un gran acceso de
+indignación, pero no hubo nada de eso. La abuela sonrió con perfecta
+tranquilidad.
+
+--¿Tienes la pretensión, Magdalena, de reformar las cabezas y las
+lenguas?
+
+--De ningún modo, abuela.
+
+--Entonces, hija mía, ¿qué te importa?
+
+--Me subleva oír hablar mal de todo el mundo... y en la iglesia sobre
+todo.
+
+--Dios está en todas partes--respondió la abuela,--y ofenderle aquí o
+allá siempre es ofenderle.
+
+Después, cambiando de conversación, la abuela, muy alegre, me anunció
+que corría a casa del notario para darle la buena noticia y pedirle
+algunos informes complementarios.
+
+Durante todo el día la abuela mostró una actividad febril y estuvo yendo
+y viniendo de la casa del padre Tomás a la del notario y viceversa.
+Aquello era el cuento de nunca acabar. Era tal su gozo, que no se fijó
+en las cosas que más le chocaban habitualmente. No hizo ninguna
+observación a propósito de la chimenea, en la que se veía una capa de
+polvo que databa de la víspera, y soportó heroicamente el pescado
+quemado que Celestina nos sirvió para castigarnos, por tener secretos
+para ella.
+
+Parece que el padre Tomás está encantado por la felicidad de la abuela,
+aunque no comprende muy bien las causas de mi repentino cambio de
+parecer.
+
+--Después de todo--dijo,--una entrevista no compromete a nada...
+
+Como soy absolutamente de su parecer, empiezo a recobrar la libre
+posesión de mí misma, que me faltaba esta mañana.
+
+Está convenido que el señor Desmaroy, así se llama el pretendiente,
+vendrá el sábado próximo. Después de mil conferencias y reflexiones, la
+abuela se ha decidido por una simple entrevista en casa. Con el pretexto
+de ver las antigüedades--el tapiz del comedor, por ejemplo, y no a
+mí,--el notario nos traerá a su protegido. Es la manera más práctica de
+evitar los comentarios de los habladores, siempre en acecho. El tapiz de
+la abuela pasa a los ojos de todos por una maravilla, que los amigos de
+nuestros amigos están en la obligación de venir a admirar. Así todo será
+natural para Celestina, y nos evitará una crisis de indignación de su
+parte, que no dejaría de ocurrir si ella supiera...
+
+Ya la alegría de la abuela le parece sospechosa, y esta tarde, en la
+mesa, cuando pasó a mi lado para servir el postre, le oí murmurar _sotto
+voce_:
+
+--Todos estos misterios huelen a casorio...
+
+Hice como que no comprendía. ¿Para qué?
+
+La imaginación de la abuela tiene alas y anticipa grandemente los
+acontecimientos. Ya le parece que me está viendo en el altar, al que
+está convenido que debe conducirme nuestro primo el comandante Harmel.
+Yo creí que aquí se detendrían los arreglos futuros, pero nada de eso.
+Al darme, hace un momento, el beso de la noche, la abuela me ha
+preguntado muy seria si me gusta más el terciopelo o el raso...
+
+--¿Para qué, abuela?
+
+--Para tu traje, hija mía, para tu traje de boda.
+
+--¡Mi traje de boda!--exclamé con estupor.--Dios mío, todavía no estamos
+en ese caso.
+
+Ante la cara de contrariedad de la abuela, contuve la risa, pronta a
+escaparse. La abuela, seguramente no puede imaginar que yo pueda
+desagradar al señor Desmaroy, y no se le pasa tampoco por la cabeza que
+yo pueda renunciar a un partido tan soberbio.
+
+--¡Cuarenta mil pesos de capital!... Cuatro o cinco mil de
+beneficios!... Es el yerno soñado... Positivamente, si yo lo hubiera
+encargado a mi gusto, no sería de otro modo... ¡Y sentimientos
+religiosos!... ¡Qué suerte tienes, Magdalena!...
+
+Magdalena no dice nada, pero piensa. Todo lo que dice la abuela está muy
+bien. La situación es hermosa, no lo niego, y hasta me gusta mucho...
+Pero el marido... ¿Me gustará el marido?...
+
+
+
+
+2 de noviembre.
+
+
+Día de duelo y de tristeza...
+
+La vida está hoy como suspendida, y todos olvidan los cuidados
+cotidianos para no pensar más que en sus queridos muertos, segados por
+la inexorable fatalidad y acostados en la tumba donde duermen su último
+sueño.
+
+La abuela no hace ninguna alusión al señor Desmaroy, y yo sigo su
+ejemplo, contenta por escapar, durante algunas horas, al pensamiento
+mortificante del cambio que se prepara.
+
+¡Qué miserables son todas estas fruslerías miradas a la luz de la
+muerte!... Hay que vivir, sin duda, y es preciso elegir el género de
+vida que se prefiere; pero, pasada aquí o allí, ¿qué importa la vida?...
+Lo esencial es evitar el más pequeño mal y realizar todo el bien
+posible.
+
+La única cosa cierta en esta pobre vida es la implacable ley de la
+muerte. Sé que moriré, mientras ignoro si seré o no dichosa en la vida
+que elija. Si me caso, preciso será, tarde o temprano, dejar a mi
+marido; si tengo hijos, también a ellos tendré que darles un eterno
+adiós... Multiplicar las afecciones es multiplicar las probabilidades de
+dolor... ¿Para qué buscar causas de sufrimiento?...
+
+¡Ay!... ¿Qué responder a esto?
+
+Me gusta, en el día de los muertos, una atmósfera gris y obscura, un
+cielo cubierto y bajo en armonía con la tristeza de los corazones. En
+aquella mañana el sol brillaba y el azul del cielo, apenas velado por
+unas nubecillas, se ensombrecía de pálidos tintes bajo la mordedura de
+los primeros fríos. Lo mismo en el infinito del horizonte que en un
+círculo más reducido, todo revestía una especie de aspecto alegre que
+adornaba de poesía a aquella fiesta melancólica de los muertos.
+
+En el camino, atestado de hojas amarillas, desarrollaba sus largos
+anillos la procesión lenta y recogida. Los niños de las escuelas,
+olvidados de la tristeza ambiente, cantaban el _De Profundis_, y se
+sonreían los unos a los otros; en seguida los coristas, muy graves
+también, con sus sobrepellices blancas, entonaban el _miserere_. A lo
+lejos sonaban por todas partes las campanas, y su fúnebre clamor ponía
+una nota sorda en aquellas voces humanas, entonando el canto de los
+Muertos... En el cementerio todos se acercaban a las tumbas amadas, en
+las que una profusión de crisantemos, en brillantes haces, arrojaban
+sobre los difuntos todas las quimeras y las ilusiones de los vivos... De
+repente, todo quedó en silencio, y llegaron a nosotras las estrofas del
+_Libera_, desgarradoras y monótonas. El velo de la abuela, aquel velo
+eterno, se enlutó más todavía bajo el peso de las penas sin cesar
+renacientes. Las horas de agonía, implacables y torturadoras volvieron a
+empezar... Bajo el aliento de nuestras ardientes oraciones, los muertos
+amados volvieron a vivir ante nuestros ojos durante un segundo, para
+caer una vez más sin vida en el fondo de sus tumbas, cerradas para
+siempre... Sentimos que estaban bien muertos aquellos a quien
+llevábamos el fiel tributo del recuerdo... En dulce y plañidera cadencia
+cayeron entonces sobre ellos las oraciones finales que entonaba la voz
+del que presidía la procesión; diose la bendición, se restableció el
+silencio... y cada cual, alejándose del campo del reposo, fue a coger de
+nuevo el fardo de la vida, pensando en los que ya no existen...
+
+
+
+
+5 de noviembre.
+
+
+La abuela ha reanudado sus días de recepción hoy, primer jueves de
+noviembre.
+
+Muy de mañana he tenido una larga conversación con la abuela, a
+propósito del señor Desmaroy, y aproveché sus buenas disposiciones,
+causadas por mi docilidad para sus proyectos, para formular algunos
+deseos, el primero de los cuales era continuar mis estudios sobre las
+solteronas.
+
+La abuela se encogió de hombros, como de costumbre, al oír ese nombre
+aborrecido, pero, a pesar de su antipatía, me permitió hacer lo que
+quisiera. Todos estos preliminares no tenían otro objeto que obtener que
+la abuela me llamase al salón si se presentaban hoy algunas solteronas,
+pues quería hacer mis estudios del natural.
+
+Generalmente a la abuela le gusta recibir sola, y no me llama más que
+cuando viene con su madre alguna de mis amigas. Dice, como razón de ese
+ostracismo, que sus recepciones serían mortalmente fastidiosas para una
+cabeza como la mía, siendo así que el elemento ligero falta en ellas por
+completo. Es poco halagüeño para mí...
+
+Las íntimas de la abuela son personas de edad madura. Muchas solteronas
+y no pocas señoras ancianas, son asiduas a sus jueves. Los caballeros
+son escasos, por el contrario, y la juventud no se muestra más que para
+mí. Mis amigas y yo formamos en el salón un grupo especial llamado el
+«rincón de las malas cabezas,» según una frase de cierta amiga de la
+abuela. Aquel rincón querido está formado por un ancho biombo japonés,
+entre cuyos repliegues se esconden las banquetas destinadas a la
+juventud, mientras inmensas palmeras proyectan su sombra fantástica
+sobre nuestro asilo. Cuando las señoras quieren librarse de nuestra
+importuna presencia, la abuela me hace una señal y me voy dócilmente a
+nuestro refugio, llevándome a mis amigas encantadas. Dicho sea entre
+nosotros, no es siempre divertido oír hablar del sermón del día antes,
+del de mañana, de la actitud del señor cura, de las congregaciones, del
+Gobierno, de tal señora que espera un nuevo hijo, de una desgraciada,
+cuyo marido es borracho, de una tal que es gastadora, de la doncella de
+la de fulano que tiene mala conducta, etc., etc.
+
+Estamos lejos de aquellos salones en que se hablaba y de los que mi
+imaginación deslumbrada ha conservado un literario recuerdo.
+
+El salón en que se conversa, es la excepción en Provincias; el en que se
+chismorrea, es enteramente la regla general... En casa de la abuela se
+conversa un poco... a veces; se chismorrea siempre... Con dulzura,
+seguramente, sin maldad y con una notoria benevolencia, pero, en fin, se
+chismorrea.
+
+Hasta ahora estaba yo casi excluida de esas reuniones, sin gran
+sentimiento mío, lo confieso. Hoy han cambiado mis ideas. Con mis
+pretensiones al estudio de mis semejantes, mis alas se desarrollan y se
+ensanchan y pido conocer el mundo, la vida, las solteronas... y qué sé
+yo cuántas cosas... En una palabra, la abuela está un poco asustada al
+ver tal actividad intelectual.
+
+--Espero, Magdalena, que no te vas a volver una cerebral--gime aterrada.
+
+Esa palabra en la boca de la abuela, es sinónimo de desequilibrada, pero
+yo no me ofendo. Un cumplimiento más de los que tienen poco de
+halagüeños... ¡Bah! no hay más que acorazarse...
+
+La primera visita de esta tarde ha sido el padre Tomás. Estaba yo
+terminando de arreglar las flores en los inmensos jarrones de los
+ángulos, y echando una ojeada a los almohadones para convencerme de que
+estaban bien colocados, cuando el cura me sorprendió, en el momento en
+que me disponía a subir a mi cuarto a esperar que la abuela tuviese a
+bien llamarme. El padre Tomás penetró en el salón con tan prodigiosa
+vivacidad, que tropezó en una mesita en la que la abuela expone--pues es
+una verdadera exposición,--preciosas miniaturas antiguas. La mesa
+retembló en sus patas vacilantes, los caballetes se estremecieron bajo
+su gracioso peso de cuadritos y retratos, y el cura se quedó tan
+confundido que sus gafas temblaron en la rebelde nariz.
+
+--¡Cómo, Magdalena! vaya un modo de abandonar a las solteronas--me dijo
+en cuanto se calmó un poco la emoción de una entrada tan bien combinada
+y no bien se hubo sentado en la silla que le indicó la abuela.--Esto es
+una traición.
+
+--No, señor cura--respondí alegremente.--Continúo mis estudios, con
+permiso de la abuela.
+
+--¿Y el señor Desmaroy, le autoriza a usted igualmente?--preguntó el
+cura con tono bastante irónico.
+
+--Se lo ruego a usted, señor cura, dejemos al señor Desmaroy en paz por
+ahora, y hasta pasado mañana--imploré más con la mirada que con la
+palabra.--Hoy me propongo aumentar mi ciencia del celibato y cuento con
+usted para ayudarme, ya que ha venido.
+
+--Muy bien--dijo el cura, comprendiendo que no había cambiado tanto de
+ideas como él creía, lo que me valió una dulce sonrisa, pues el cura
+detesta a las veletas.--¿Qué desea usted saber de éste su humilde
+servidor?--prosiguió, con mirada maliciosa.
+
+--¿Me van ustedes a condenar a otra conversación sobre las
+solteronas?--preguntó la abuela descontenta.--Creo, señor cura, que es
+usted tan insoportable como mi nieta...
+
+--¿Cree usted?--preguntó el cura con una de esas buenas sonrisas de que
+él tiene el secreto.--Y yo que me hacía ilusiones...
+
+La abuela movió la cabeza con expresión de duda, lo que puso el colmo a
+la alegría del cura, pues es éste tan feliz como un rey cuando puede
+contrariar a la abuela.
+
+--Y bien, Magdalena, ¿en qué está usted?--me dijo por fin, cuando
+recobró el aliento.
+
+--Me detiene la dificultad de distinguir las solteronas voluntarias de
+las involuntarias...
+
+--¿Cómo es eso?
+
+--En las jóvenes reconozco muy bien las diferentes categorías. Así, por
+ejemplo, veo sin microscopio que si Francisca y Petra, sin contar otras
+amigas en el mismo caso, no llegan a casarse, serán ciertamente
+solteronas involuntarias, recalcitrantes del celibato. Es igualmente
+visible a simple vista que si Genoveva y yo no nos casamos, pasamos
+inmediatamente a la categoría de solteronas voluntarias. Lo que es
+menos claro es lo que pasa con las solteronas llegadas.
+
+--¿Llegadas a qué?--preguntó el cura abriendo los ojos interrogadores
+detrás de las gafas.
+
+--Llegadas al pleno esplendor del celibato, a la completa y profunda
+posesión de su yo personal.
+
+--¡Vaya! si empiezan ustedes con eso del «yo personal»--protestó la
+abuela,--van a decir, ciertamente, muchas tonterías... Estamos perdidos.
+
+--No tanto como usted cree--respondió vivamente el cura.--Si he
+comprendido bien--continuó dirigiéndose a mí,--querría usted saber cómo
+se distingue una solterona voluntaria de una forzosa, cuando ambas son
+de cierta edad...
+
+--Eso es, señor cura, enteramente eso.
+
+--Entonces--replicó el cura sonriendo a medias,--se tiene ya la
+murmuración del pueblo como base de información...
+
+--¡Oh!--protesté vivamente, un poco conmovida por semejante frase.
+
+--No deja usted de saber--prosiguió con acento burlón más marcado,--que
+la señorita X, que tiene sesenta años, tenía una vocación pronunciada
+por el matrimonio; que la señorita Y, de cinco años más que ella, tuvo
+un amor desgraciado segado en flor; que la señorita Z, de unas cuantas
+primaveras menos, asustó a sus pretendientes por su mal carácter; que
+ésta no tenía dote; que aquélla tenía demasiadas pretensiones, etc.,
+etc.
+
+--Sí, señor cura, se pueden, en efecto, conocer las hablillas; pero sé
+por mí misma lo que valen los chismes de una población pequeña, para
+darles ninguna fe. Eso es la fábula, y yo querría la historia.
+
+--Veo--respondió el cura riéndose,--que no ha olvidado usted la
+conversación que sorprendió en la víspera de cierta fiesta...
+
+Yo también me reí, pues sabía que la abuela le había contado de cabo a
+rabo mi escena de la Catedral.
+
+--Comprendo ese rencor--continuó el cura.
+
+--He perdonado, señor cura.
+
+--Muy bien; digamos entonces su memoria. El consejo de referirse a las
+hablillas corrientes ha sido una broma; nada más falso, con frecuencia,
+ni más malo siempre. Hay, por otra parte, un medio muy sencillo de
+formular el distingo que usted busca. Cuando, por ejemplo, ve usted en
+el mundo una madre de familia cuidadosa de sus deberes, celosa de su
+dignidad, buena esposa, buena madre, y adicta de una manera absoluta a
+aquel cuyo nombre lleva, ¿qué piensa usted?
+
+--Que está dentro de su vocación, señor cura.
+
+--Tiene usted razón.
+
+--¡Bonitas cosas dicen ustedes!--exclamó la abuela con repentina
+energía...--¿Qué cree usted entonces de esas malas cabezas que hacen la
+desgracia de su matrimonio?... ¿Que no están dentro de su vocación?...
+Entonces, esa vocación... Señor cura, me hace usted ruborizarme...
+
+--No hay por qué, señora--respondió el cura con un dejo de
+impaciencia.--Esas malas cabezas, están, sin duda, en su vocación. No se
+han engañado más que en la línea general que convenía tomar, puesto que
+estaban hechas para el matrimonio; lo que les ha faltado es el marido
+que les convenía. Hay mala cabeza con un marido que podía ser una mujer
+perfecta con otro. Hace usted más el proceso del matrimonio moderno que
+el del matrimonio en sí mismo, ¿sabe usted, señora?
+
+--Cómo me espanta ese matrimonio en que ninguno de los dos se
+conoce--murmuré estremeciéndome...
+
+--No hablemos de matrimonios--exclamó el cura.--Estamos en el celibato,
+hablemos de él... No tenemos más que transportar a las solteronas las
+cualidades de bondad que admiramos en la mujer casada, para darnos
+cuenta si está o no en su vocación.
+
+--Eso es muy fuerte--protestó la abuela indignada.--¿Hay, pues, ahora
+una vocación del celibato?...
+
+--Puede ser--dijo el cura sonriendo. ¿Qué es la vocación sino la
+atracción que sentimos por una vida especial?... ¿Podemos negar que
+ciertas almas tienen una simpatía particular por el celibato?
+
+--Pero eso es abominable--exclamó la abuela con espanto.
+
+--No, no tanto como usted supone--respondió el cura un tanto
+malicioso.--Lo que estoy exponiendo en este momento son las ideas
+nuevas. Ahora bien, estando casi admitida la vocación al celibato, se
+puede decir de un modo general que toda solterona agria, malévola y
+malhumorada es una solterona involuntaria. No le ha faltado más que el
+matrimonio para hacer de ella una mujer encantadora, puesto que _a
+priori_, toda mujer debe ser encantadora...
+
+--Sin embargo, señor cura--repliqué sin recoger la alusión a mí
+contenida en las últimas palabras,--esa mujer ha podido atravesar
+pruebas que hayan transformado su carácter...
+
+--No creo que tales causas puedan producir ese efecto. La desgracia
+eleva a las almas hermosas y no abate más que a los caracteres débiles.
+Conozco solteronas para quienes la vida ha sido muy dura, y son mujeres
+casi perfectas. Así, cuando encuentro a una de esas solteronas buena,
+servicial, contenta con su suerte, benévola en sus juicios y caritativa
+en palabras y en obras, pienso siempre con satisfacción: He aquí un alma
+en su vía... Qué rica naturaleza...
+
+--Pero entonces--interrumpí prorrumpiendo en una carcajada muy poco
+reverente,--si lo que usted dice es exacto, como lo moral influye en lo
+físico, no hay más que mirar a las solteronas para distinguir la
+voluntaria de la que no lo es... Una fisonomía animada, una mirada de
+bondad, una sonrisa satisfecha y una conversación amable, deben ser la
+característica de la soltera por vocación...
+
+--No tan de prisa--exclamó el cura.--¿Qué hace usted de la enfermedad,
+que cambia la animación en tristeza, sobre todo en las nerviosas?...
+¿Qué de la sordera que ensombrece la mirada y le da una expresión
+inquieta?... No hay que ser tan categórico. El buen fruto se distingue
+del averiado por las palabras y los actos. Además, entre las solteras
+voluntarias y las que no lo son, hay que colocar a las resignadas.
+
+--¡Ah!--dije interesada,--¿en qué se puede reconocer a éstas; en el
+color de sus cintas, en la flor de sus sombreros, en la armonía de su
+traje?...
+
+--No--respondió el cura, divertido por mi interés.--Se las conoce...
+¿cómo diré yo?... en su resignación, qué diablo... Son blandas,
+grisáceas, dulces y borrosas. Son más bien cuadros despintados que
+mujeres de edad...
+
+--Sí, comprendo, señor cura--dije conteniendo la risa,--son las
+«Flácidas» de la corporación...
+
+Un ruido de pasos, una puerta que se abre, y nuestra conversación queda
+interrumpida. Celestina, con su voz especial de los jueves--se anuncia
+todavía en casa de la abuela,--anunció:
+
+--La señorita Sarcicourt.
+
+El cura me echó una mirada rápida que significaba: «Va usted a estudiar
+en lo vivo.»
+
+Aprovechando las efusiones a que se entregaban la abuela y la señorita
+Sarcicourt, el padre Tomás se retiró, con gran desesperación de aquellas
+señoras, que querían retenerle.
+
+--¡Oh! señor cura, soy yo quien le echa... Qué lástima...--murmuraba la
+señorita Sarcicourt haciendo monadas.
+
+--Nada de eso, nada de eso--respondía el cura, que no entendía de
+finuras...--Me voy porque me voy... Buenas tardes... Adiós, señoras.
+
+Acompañé al cura hasta la puerta, y sus últimas palabras fueron:
+
+--Sobre todo, no falte usted a la caridad...
+
+Cuando volví al salón, la conversación era ya animada. La de Sarcicourt
+estaba dando a la abuela una receta exquisita para hacer el _pudign_ con
+fresas. Volví a ocupar mi puesto, sin intervenir en la tal receta, y me
+divertí en observar a la señorita Sarcicourt, como si no la hubiera
+visto nunca.
+
+Unos sesenta años. Alta, flaca, después de haber sido delgada, la
+señorita Sarcicourt carece de proporciones en lo alto de su larga
+silueta. Tiene una cabeza de pájaro en un cuello de jirafa. Su cabeza
+está siempre cubierta con un vasto sombrero de plumas desmayadas, que se
+agitan en cadencia a cada una de las palabras que pronuncia. La
+fisonomía de la buena mujer es más bien simpática, sus frases son
+bastante benévolas y sus recetas culinarias, en las que sobresale, son
+exquisitas. Los ojos azules, que fueron hermosos, según asegura la
+abuela, y la sonrisa, que debió de ser encantadora, son, por el momento,
+los primeros muy tiernos y la segunda profundamente melancólica. Se ve
+el alma no comprendida a la que ha faltado el alma hermana para ser
+dichosa... ¡Pobre señorita Sarcicourt!...
+
+La clasifico inmediatamente y la clavo con un alfiler en mi colección:
+«Resignada en toda la línea. Inútil profundizar. Alma grisácea, dulce,
+borrosa, cuadro despintado...»
+
+Iba, sin embargo, a escuchar la conversación comenzada para comprobar mi
+impresión con todo conocimiento de causa, cuando Celestina introdujo
+nuevas visitantes:
+
+--La señorita Bonnetable.
+
+--La señora y la señorita Dumais.
+
+De un salto estuve en los brazos de Francisca y le expliqué en dos
+palabras mi estudio del natural y mi deseo de no tomar posesión aquella
+tarde del rincón de las malas cabezas. Francisca me echa una mirada de
+pesar, lanzando un suspiro hacia nuestro querido biombo, y un gesto
+hacia la señorita Bonnetable. Mi amiga se inclina con su gracia habitual
+ante la abuela, que la besa en la frente, y va a sentarse a mi lado
+después de haber yo saludado a las recién llegadas y preguntado por
+Pomme, la gata favorita de la señorita Bonnetable, y por Loustic, su
+perro.
+
+La Bonnetable no se parece en nada a la Sarcicourt, de la que es casi
+contemporánea. Pequeña y corta, la primera parece un tambor mayor con
+las piernas cortadas, pues goza de una estatura desmesuradamente larga,
+con relación a los miembros inferiores. En pie es una enana; sentada
+parece inmensa. Su voz, retumbante, hace eco en todos los departamentos
+que tienen la suerte de recibirla; habla alto y firme y no admite que se
+discuta con ella. Sus palabras adquieren así una importancia capital, y
+todos la escuchan con respeto. Pero si cuando habla sabe tomar aspecto
+de maza, cuando se calla es todavía más aterradora; su silencio es de
+plomo.
+
+--¿Qué hay de nuevo, señoras?--preguntó en cuanto estuvo
+sentada.--Supongo que sabrán ustedes que la doncella de la Courtin deja
+a su ama...
+
+--¿De veras?--exclamó la señorita Sarcicourt.
+
+--Es un desagradable acontecimiento para esa buena señora de Courtin...
+
+--¡Buena!... ¡Buena!...--replicó la Bonnetable, ya a la defensiva.--Si
+lo que se dice es verdad, la de Courtin no tiene nada de buena...
+
+--Me asombra usted--exclamó la de Dumais.
+
+--Figúrense ustedes, señoras...
+
+--La señora y la señorita Aimont--anunció Celestina en este momento.
+
+Corrí a recibir a Paulina, una de mis buenas amigas, y la coloqué al
+lado de Francisca, después de haberme inclinado delante de la de Aimont,
+que me respondió con un vigoroso _shake-hand_.
+
+Muy amable y jovial la señora de Aimont. No tiene más que un sueño:
+casar a su hija... Pero Paulina tiene 10.000 pesos de dote y cree que
+con esa suma puede conquistar un yerno en una posición fantásticamente
+hermosa. Lo que la de Brenay y Petra sueñan en aristocracia o en dinero,
+la de Aimont lo desea en posición. No tiene más que estas palabras en la
+boca:
+
+--Mi hija se casará con una posición.
+
+Si se la incita un poco, se la obliga a precisar:
+
+--Mi hija no se casará más que con un forastero. En Aiglemont no hay
+posiciones...
+
+Todos aquí compadecen a esta pobre muchacha destinada a casarse con un
+forastero. Es cosa corriente, como un proverbio, que no hay en Aiglemont
+ninguna situación digna de la señorita Aimont, y la interesada, que es
+de mi edad, no es pedida con frecuencia en matrimonio. Los que pudieran
+arriesgarse no se atreven, y los que serían aceptados no se presentan.
+
+Paulina sufre con invariable buen humor los inconvenientes de tener una
+madre demasiado ambiciosa y acepta por adelantado la famosa posición
+venidera. A todo lo que dice su madre, responde dócilmente:
+
+--Sí, mamá.
+
+Su bonita y agradable cara no refleja más que sentimientos amables y
+plácidos. Sin ser preciosa, no es fea, y hasta se parece bastante a un
+bombón pequeñito, rosado y apetitoso. Lo que le da sobre todo ese
+aspecto es la falta de expresión de su mirada. Sus ojos grises están
+invariablemente tranquilos y como fijos en el blanco lechoso que los
+rodea. Francisca, que tiene para cada cual su frase picante, exclamó un
+día dirigiéndose a Paulina:
+
+--Lo que tú tienes no son ojos, sino linternas sordas...
+
+La frase ha hecho fortuna y es corriente, cuando se habla de Paulina, el
+decir, para distinguirla de su prima del mismo nombre, «la de las
+linternas sordas.» Su madre lo sabe y es la primera en reírse.
+
+--Linternas de 10.000 pesos--exclamó.--No está tan mal. ¡Cuántas cosas
+se pueden alumbrar con ellas!...
+
+Se reanudó la conversación en cuanto se dieron noticias de la salud de
+todas, y se supo al fin que la de Courtin pesaba el pan a su doncella,
+le medía el vino y no dejaba a su disposición ni el más pequeño terrón
+de azúcar.
+
+--Si esa muchacha se hubiera puesto mala en la noche, decía la
+Bonnetable en tono trágico, no hubiera tenido azúcar para hacerse una
+infusión...
+
+Era lamentable, en efecto.
+
+En resumen, después de diversas peripecias en las que el vino se
+mezclaba con el azúcar y el pan, la doncella se había despedido.
+
+Debió hacerlo antes...
+
+--¿No hay ningún matrimonio en el horizonte?--preguntó la de Aimont
+queriendo llevar la conversación a su asunto favorito.
+
+--Ni uno--respondió la Bonnetable en tono contundente.
+
+--Sin embargo--insinuó la Sarcicourt,--¿no se habla del matrimonio de la
+señorita de Brenay con el capitán Bellortet?
+
+--¡Qué disparate!--exclamó la Bonnetable.--La chica de Brenay no puede
+encontrar un marido serio...
+
+--¡Víbora!--murmuró Francisca entre dientes.
+
+--¡Oh!--protestó la abuela,--Petra es amiga de mi nieta y es
+encantadora.
+
+--Y muy distinguida--confirmó la de Aimont.
+
+--Enteramente como es debido--afirmó la de Dumais.--¡Ah! si Francisca se
+le pareciese...--terminó dando un suspiro.
+
+--La señorita de Brenay puede ser encantadora, no digo que no--dijo
+categóricamente la Bonnetable,--pero es gastadora hasta el extremo... Y
+después, esa pretensión a millones cuando se tiene un dote modesto...
+
+--No es tan modesto un dote de 20.000 pesos--exclamó la de Aimont pronta
+a indignarse.
+
+--Es modesto para la señorita de Brenay que quiere hacer una vida de
+10.000--afirmó la Bonnetable con bastante razón esta vez.--No se
+comprenden semejantes exigencias... Su cocinera dijo una vez a la mía...
+
+--Si escucha usted los chismes de las criadas--dijo la abuela,--no oirá
+nada serio...
+
+--No los escucho, los oigo--respondió la Bonnetable ofendida por la
+observación de la abuela, lo que no es lo mismo--afirmó con un tono de
+superioridad aplastante...--Esos chismes, como usted los llama, enseñan
+por lo menos a conocer a las personas de que se habla...
+
+--Como no sirvan precisamente para lo contrario--rectificó la abuela
+descontenta.
+
+--En todo caso--añadió la Bonnetable más y más ofendida por la oposición
+de la abuela,--la de Brenay es ridícula y su hija también...
+
+--¡Oh!--protestaron las señoras en coro.
+
+--Eso se llama ver la paja en el ojo ajeno y no la viga en el
+propio--dijo Francisca a media voz.
+
+--Sí, son ridículas, lo mantengo--replicó la Bonnetable, dispuesta esta
+vez a dar la cabeza, si era preciso, para sostener su opinión.--Hase
+visto querer casarse con un hombre que tenga millones y un nombre
+histórico cuando se tiene 20.000 pesos y un nombre que no tiene nada de
+eso...
+
+--Los Brenay son de buena familia--dijo la de Aimont.
+
+--No digo que no en cuanto a la honradez--se dignó responder la
+Bonnetable.--Pero en cuanto a su partícula--acentuó con perfecto
+desprecio,--es una broma. Los Brenay son burgueses de partícula usurpada
+y no pertenecen en modo alguno a la aristocracia... Yo soy de tan buena
+familia como ellos, y jamás he tenido tales pretensiones... en los
+tiempos en que las tenía--añadió la amable vieja.
+
+--Menos mal--dejó escapar Francisca por lo bajo.
+
+--¿Usted ha tenido pretensiones?--preguntó alegremente la de Aimont
+tratando de evitar la tempestad que amenazaba.--Yo creí que estaba usted
+libre de tales debilidades...
+
+--No...--dijo haciendo monadas la Bonnetable con voz que ella se
+esforzaba por hacer aflautada;--he pagado mi tributo a la juventud como
+todo el mundo... He sido muy solicitada.
+
+--¡Qué guasa!--exclamó Francisca empujándome con el codo.
+
+--Y muy adulada... Si no he hecho un brillante matrimonio ha sido porque
+no he querido.
+
+--Embustera--dijo Francisca a la sordina, mientras yo me mordía los
+labios para no reír.
+
+--¡Ah!--gimió la de Dumais,--nuestras pobres hijas no podrán decir otro
+tanto...
+
+--Lo diremos de todos modos, mamá. A cuarenta años de distancia se dicen
+siempre esas cosas aunque sean inexactas--exclamó Francisca sin poder
+contener su maldita lengua.
+
+El silencio, un terrible silencio de plomo se extendió como por encanto
+por el salón. La Bonnetable tomó la actitud de una persona gravemente
+ultrajada y la de Dumais, aplastada en su butaca, no tuvo siquiera el
+recurso de decir como de costumbre:
+
+--¡Oh! Francisca...
+
+--Sí--siguió diciendo la de Aimont, tratando de salvar la situación,--es
+indiscutible que el matrimonio es difícil para nuestras hijas. ¡Hay tan
+pocas buenas posiciones!... Es imposible casarlas con un empleadillo de
+600 o 800 pesos de sueldo. ¿Verdad, Paulina?
+
+--Sí, mamá.
+
+--Sin embargo--se atrevió a decir la Sarcicourt con una apariencia de
+valor,--esos son los sueldos ordinarios de los jóvenes. Solamente más
+adelante...
+
+--Queremos un marido que haya llegado. ¿Verdad, Paulina?
+
+--Sí, mamá.
+
+--En la industria y en el alto comercio se encuentran muy buenas
+posiciones--dijo la de Aimont, que no quería que se creyese la verdad,
+es decir, que dejaría a Paulina casarse con un vejestorio con tal de que
+hubiese llegado.
+
+--El alto comercio y la industria--respondió victoriosamente la
+Bonnetable,--tienen otras pretensiones que las que usted puede
+atribuirles. ¿Qué son 10.000 pesos para un industrial o un comerciante
+tales como usted los concibe?... Una gota de agua.
+
+--¿Y 2.000 pesos--preguntó Francisca con un candor inimitable,--qué
+serán entonces?... Serán la quinta parte de una gota... Una miseria.
+
+--Sí, señorita--respondió la Bonnetable lanzando a la pobre Francisca
+unos ojos furibundos,--2.000 pesos de dote son la miseria... Por otra
+parte--siguió diciendo la dulce solterona,--haría falta una fortuna
+para corregir los desastres de la educación moderna. Las jóvenes
+actuales están muy mal educadas--terminó con una intención que no se
+ocultó a nadie.
+
+--¿Están mucho peor educadas que las de otro tiempo?--preguntó Francisca
+en tono de exquisita urbanidad.
+
+--¡Oh! Francisca...--murmuró la de Dumais pálida de espanto.
+
+--Ciertamente--respondió la Bonnetable aniquilándola con la mirada.--En
+mis tiempos las jóvenes no preguntaban jamás a las personas mayores y
+esperaban modestamente que se les dirigiese la palabra.
+
+--Debía de ser muy fastidioso--dijo Francisca con la modestia de una
+sólida convicción.
+
+--En aquellos tiempos--siguió diciendo la Bonnetable más severa que
+nunca,--las jóvenes no pensaban más que en la corrección de su actitud.
+
+--Qué mujeres tan distinguidas debían de ser...--suspiró Francisca con
+una expresión ingenua que velaba la impertinencia de sus palabras.
+
+La de Dumais parecía literalmente sobre ascuas, la abuela fruncía la
+nariz y la de Aimont contenía una enorme gana de reír, mientras que la
+de Sarcicourt y Paulina echaban a su alrededor miradas de ciervas
+moribundas. Hacer frente a la intrépida señorita Bonnetable... Qué
+audacia...
+
+Seguramente, ésta no es del tipo resignado... En su humor agresivo y
+autoritario, adivinaba yo una rabiosa recalcitrante. ¿Pero cómo
+cerciorarme?
+
+Sin adivinar el precipicio que se abría ante mis pasos, me lancé
+inocentemente en la pelea preguntando a la Bonnetable si estaba
+satisfecha de haber permanecido soltera.
+
+¡Dios mío, qué éxito!...
+
+Fue aquello un estupor tan general en todo el salón, que comprendí
+instantáneamente que había metido los pies en el plato. Preciso era
+retirarlos...
+
+La abuela vino por fortuna en mi socorro y reanudó la conversación como
+pudo para mantenerla en alturas inofensivas. Y sin la señorita
+Bonnetable, que respiraba con ruido como para tragar una píldora enorme,
+se hubiera creído que no había pasado nada extraordinario.
+
+Al fin la situación se mejoró por completo en cuanto la inefable
+señorita Bonnetable se dignó levantarse para despedirse. Dio un adiós
+bastante seco a la abuela, nos volvió la espalda a Francisca y a mí y
+apenas estuvo política con las otras personas que allí estaban.
+
+--¡Uf!--murmuró Francisca en cuanto se cerró la puerta después de dar
+salida a la dulce señorita Bonnetable.--¡Qué solterona!
+
+Solamente entonces supe que la Bonnetable no se ha consolado todavía de
+su situación de solterona, debida a su carácter irascible y
+desagradable. «En los tiempos en que tenía pretensiones,» según su
+expresión, se dice que puso en fuga a cinco pretendientes; los cinco
+habían estado muy enamorados del dote, que era bueno, pero nunca
+pudieron resignarse a casarse con la mujer. Hasta se cuenta que uno de
+ellos ofreció a su futuro suegro tomar el dote sin la mujer. A lo que el
+señor Bonnetable contestó:
+
+--¡Por vida del demonio! ¡Cómo le comprendo a usted, amigo mío!...
+
+--¿Y yo?--respondió Francisca.--En lugar de ese pretendiente hubiera
+hecho duplicar el dote y tomado la mujer para ahogarla. Hubiera sido un
+servicio a la humanidad.
+
+--¡Oh! Francisca...--protestó su madre angustiada.--No hables así...
+
+La risa que se apoderó de todo el mundo acabó de restablecer el perfecto
+equilibrio de la conversación. Cuando todos se marcharon la abuela me
+regañó por mi indiscreta curiosidad y por las reflexiones de Francisca.
+
+--Las faltas son personales--hice observar a la abuela.--Bastante tengo
+con mi tontería sin echar sobre mis hombros las de Francisca.
+
+Pues, señor, he aquí un feliz estudio del natural...
+
+A pocas torpezas de este género, estoy segura de ser despellejada viva
+antes de mucho tiempo... La abuela, que no quiere mi muerte, me ha
+impuesto que en adelante haga mis investigaciones con más discreción, y
+hasta ha añadido a modo de peroración:
+
+--Ese género de torpezas, Magdalena, son señal de una educación
+detestable.
+
+¡Qué humillación!...
+
+
+
+
+7 de noviembre.
+
+
+El gran día ha pasado...
+
+Se acabó la entrevista y desapareció el miedo... _Deo gratias_.
+
+En cuanto me desperté esta mañana me sentí la cabeza pesada, oprimido el
+corazón y contraído el estómago. Traté en vano de recobrar mi calma
+habitual... El pensamiento de pasar a mi vez por las exigencias de la
+feria del matrimonio me tenía un poco embobada.
+
+--Señorita, he aquí un marido que le conviene a usted--zumbaba a mi oído
+no sé qué voz discordante del dominio de la pesadilla.--Véale usted...
+Examínele... este hombre es perfecto...
+
+--Caballero...--me figuré que otras voces murmuraban en el mismo momento
+al señor Desmaroy,--acuda usted pronto a Aiglemont... En esa peña viven
+en buena armonía el dote y la mujer que le esperan... Tome usted a peso
+el primero y sea indulgente con la segunda... ¿Qué importa ésta si aquél
+le agrada?...
+
+--Estos son--pensé,--los preliminares del matrimonio... del santo
+matrimonio cristiano... ¿Dónde está usted, monseñor Dupanloup?...
+
+Resuelta, a pesar de estas terribles reflexiones, a afrontar las
+necesidades de mi no menos terrible situación de joven casadera, me
+presté de buen grado a los preliminares de ese comienzo de acuerdo entre
+dos almas... ¡Dos almas!... ¡Qué ironía!...
+
+Un lindo cuerpo de seda azul pálido, moldeaba mi talle; y mi cabello,
+más cuidadosamente ondulado que de ordinario, realzaba mi modesta
+fisonomía. Una ojeada al espejo me dijo lo que yo sabía, es decir, que
+con menos de mis 28.600 pesos tendría aún alguna probabilidad de gustar
+a un pretendiente que no fuese ciego.
+
+Concedido esto a la imparcialidad, me encontré sobre las armas a las dos
+menos cuarto. En seguida bajé al salón donde encontré a la abuela muy
+agitada.
+
+--Y bien, Magdalena, ¿te late el corazón?--preguntó la abuela con
+emoción.
+
+--No, querida abuela, mi corazón está muy tranquilo... El cerebro es
+otra cosa... Tengo un horrible dolor de cabeza.
+
+--Muy tonta vas a estar, mi pobre Magdalena. Al diablo se le ocurre
+tener dolor de cabeza en un momento semejante...
+
+--Poco importa, abuela, puesto que no soy ni coja, ni torcida, ni manca,
+ni muda, ni sorda, y tengo 28.600 pesos de dote... Con esta cifra
+supongo que no se exige tener ingenio. Por 28.600 pesos tiene una mujer
+todos los derechos posibles a la tontería.
+
+--¡Siempre tus ideas!... ¡Qué extraña eres!... En fin, explica de una
+vez lo que quieres...
+
+--¿Lo que quiero?... no hago más que repetirlo, abuela. Desearía,
+sencillamente, elegir yo misma mi marido... si debo casarme. Quisiera
+que se me permitiese ver seres masculinos de carne y hueso y aprender a
+conocerlos de otro modo que de oídas. Mi satisfacción sería completa si
+un día sintiese en el corazón el estremecimiento preludio del amor y
+pudiera decirte designándote al que lo hubiera provocado: ese es mi
+marido, con ese me casaré, no porque tiene el bigote rubio o los ojos de
+tal color, una fábrica o una fortuna, sino porque me gusta bastante para
+seguirle para siempre en el dolor como en la alegría...
+
+--¡Qué demencia!--exclamó la abuela consternada.--Esas son ilusiones
+románticas... La vida no es una novela...
+
+--¿Por qué no?... ¿Qué inconveniente verías en que la vida de dos en el
+matrimonio fuese una deliciosa novela?... Debe ser una de esas novelas
+cuya lectura puede permitir una madre a su hija... con tal de que esté
+bien escrita, entendámonos... Me gusta cuidar el estilo...
+
+--Locuras--balbució la abuela.
+
+Un campanillazo, un ademán de la abuela para asegurarse de que su
+peinado está como es debido, un dolor más fuerte en mi cabeza, y entró
+en el salón mi destino bajo la forma del señor Boulmet acompañado del
+señor Desmaroy.
+
+Boulmet estaba radiante y, con una gracia antigua, solemnizada por
+cuarenta años de notariado, nos presentó al señor Desmaroy como un
+ferviente aficionado a antigüedades, lo que trajo a los labios de todos
+una leve sonrisa...
+
+Desmaroy, muy en su papel, no parecía cortado para un hombre en su caso,
+y se resignó con visible buen humor a ver todas las antigüedades
+posibles, incluso mi persona.
+
+Aproveché el interés que manifestaba el visitante, suspendido de los
+labios de la abuela, que le explicaba la procedencia de una consola, la
+historia de un cuadro o la leyenda de una miniatura, para observar en
+detalle a mi pretendiente.
+
+Era visible que se esforzaba por conquistar a la abuela por una atención
+respetuosa y delicada a todas sus palabras. Un buen punto por esto...
+
+Ni bajo ni alto, ni gordo ni delgado, Desmaroy tiene unas señas
+personales que corresponden a no pocos ciudadanos franceses... Es de los
+que se dice: frente regular, nariz regular, etc... Sólo su mirada
+autoritaria y su barbilla testaruda ofrecen algo bastante
+característico.
+
+Desmaroy no es ciertamente un cualquiera y hasta estoy dispuesta a creer
+que posee cualidades eminentes. Los ojos y la sonrisa son francos, pero
+la voz, voluntariamente dulcificada, tiene a veces singulares
+inflexiones. Es cortante y punzante. Además, ese diablo de barbilla...
+esa mirada... huelo el dueño, el hombre seguro de su fuerza y que quiere
+imponérsela a todos... Es verdaderamente guapo; y, sin embargo, tengo la
+intuición de la antipatía de nuestros defectos, así como creo en la
+probable simpatía de nuestras cualidades. Su autoritarismo da miedo a mi
+independencia. Si me decido a tomar un marido, no quiero darme un dueño.
+
+Poco a poco, el señor Desmaroy olvida su dulzura convencional. Su mirada
+es la de un comisario cuando inspecciona las cosas que le enseña
+Boulmet, el cual, correcto en extremo, se mata por presentar a su
+cliente todas las antigüedades de la abuela.
+
+--Esto, señor mío, es del siglo XIII... Esto del XIV... Tal cosa data
+del reinado de Luis XIV... Tal otra es del más puro Enrique II...
+
+Y el señor Desmaroy mira, toma a peso, aprecia y estima.
+
+Ni una sola vez habla del valor artístico del objeto designado... No...
+vale tanto o cuánto. Su admiración no empieza hasta los 100 pesos; hasta
+esa cifra hace un gesto desdeñoso.
+
+Es halagüeño para mí... Si soy pesada en la misma balanza, qué ideal...
+
+Al llegar al inmenso tapiz de Beauvais, del comedor, el señor Desmaroy
+deja escapar un grito del corazón:
+
+--Qué error dejar dormir tanto dinero... Cuánto dinero improductivo...
+Si este tapiz fuese mío, qué pronto le vendería...
+
+La abuela disimula su asombro con una sonrisa que lo mismo significa
+adhesión que reprobación. De prisa va el caballero... «Si fuese mío...»
+¡Oh! hablar de vender el tapiz de Beauvais...
+
+La mirada del señor Desmaroy se cruza con la mía. Nuestras dos
+voluntades cruzan el hierro. La suya, un poco arrepentida de la
+reflexión que se le ha escapado; la mía bastante desdeñosa por la
+indiscreción cometida.
+
+Evidentemente mi antipatía se precisa.
+
+Desmaroy sostiene sus ideas y yo las mías, nos miramos otra vez, no como
+amigos sino como luchadores.
+
+Leo en sus ojos:
+
+--Esta muchacha es demasiado absoluta... Qué cabeza... Yo la meteré en
+cintura... Una mujer está hecha para obedecer.
+
+Bajo los ojos y mis párpados ocultan una respuesta acerba e irritada...
+
+--No, no me meterá usted en cintura, porque jamás seré su mujer...
+
+Desde este momento mi cerebro se despeja, póngome alegre y sonriente, la
+preocupación desaparece y me encuentro libre... ¡Dichosa sensación!...
+Ya no hay pretendiente, ni estudio, ni cuidado, ni veo en el señor
+Desmaroy más que un aficionado a antigüedades...
+
+Mi buena querida abuela está encantada viendo aquel cambio repentino y
+la visita se acaba con todas las apariencias de un acuerdo cordial.
+Adivino que el señor Desmaroy me encuentra muy a su gusto y salta a la
+vista que Boulmet está orgulloso de su cliente; la abuela se enorgullece
+ostensiblemente con una nieta tan linda.
+
+--Estas tablas--le dice,--son modernas; están pintadas por mi nieta...
+Este almohadón bordado ha sido copiado por mi nieta de un modelo
+antiguo...
+
+No faltó más sino que la abuela me hiciese ponerme al piano para tocar
+una pieza o cantar una romancita...
+
+Por fin se termina la sesión. Todo el mundo está satisfecho y yo
+también... Decididamente, la feria del matrimonio tiene de bueno que
+enseña a estar contento de uno mismo y de los demás. Esto último es
+mucho más raro que lo primero. La abuela no cesa de elogiar al
+pretendiente.
+
+--¿Y el tapiz, abuela?...
+
+--¿Qué tapiz?... ¡Ah! sí, la venta... Razonamiento de hombre de
+negocios, hija mía... Piensa como un hombre serio.
+
+Pido ocho días de reflexión. Es imposible decir hoy a la abuela:
+
+--Los defectos de ese caballero son antipáticos a los míos; no le
+quiero.
+
+La buena señora me creería loca y se pondría enferma de pena. En ocho
+días todo se arregla. El tiempo es un hábil auxiliar...
+
+Mientras tanto respiro a mis anchas y me siento libre de un peso
+enorme... ¡Qué bien voy a dormir esta noche!...
+
+
+
+
+15 de noviembre.
+
+
+Hacía bien en contar con mi buena estrella para sacarme del mal paso.
+Todo se ha arreglado con una sencillez asombrosa.
+
+Una aventura no muy lejana ocurrida al señor Desmaroy y descubierta por
+el padre Tomás, encargado por la abuela de comprobar los informes del
+notario, ha puesto fuego a la pólvora y apresurado el no final. La
+abuela ha suspirado un poco por la forma al pronunciarle
+categóricamente, pero su negativa ha sido espontánea porque no podía
+prescindir de la cosa... Boulmet se ha mostrado menos fácil.
+
+--Pardiez--exclamó,--puesto que la novela en cuestión se terminó ocho
+días antes de las negociaciones, ¿qué más quieren ustedes?...
+
+--Nada de novelas--repliqué.
+
+--¡Nada de novelas!--repitió el señor Boulmet en el colmo de la
+estupefacción.--¿Dónde encontrará usted un hombre de treinta años que no
+haya tenido su novela?... ¿Su novela?... Sus novelas, su colección de
+novelas...
+
+--De acuerdo--replicó la abuela, contrariada por encontrar una tacha en
+su pájaro raro.--Pero si desgraciadamente es imposible ignorar que
+existen esas novelas, se puede exigir al menos que la última no se haya
+terminado hace tan poco tiempo... y, sobre todo, que no haya lugar a
+temer que la última hoja de esa novela no se haya vuelto tan
+definitivamente como se quiere asegurar...
+
+--Señora--respondió Boulmet,--el señor Desmaroy es un hombre de honor.
+
+--¿Qué tiene que ver el honor de un hombre con esta especie de cosas?...
+¿Ignora usted, acaso, que hay hombres que se jactan de pagar sus deudas
+y no temen faltar a sus juramentos? El honor humano es poca garantía
+cuando se trata de la fe conyugal.
+
+--El señor Desmaroy tiene principios religiosos, de modo que...
+
+--¿Le han protegido los principios religiosos?
+
+--Acaso le han sostenido y preservado mucho tiempo... Y después, qué
+diablo--añadió nuestro notario falto de argumentos,--los principios
+religiosos salvan el edificio, pero no impiden las grietas... en ciertas
+naturalezas.
+
+--Y bien--dijo la abuela,--nosotras no queremos grietas, está decidido.
+
+He vuelto, pues, a ser una joven como las demás... ¡Qué suerte!
+
+La de Ribert y Genoveva, a quienes había puesto al corriente de las
+peripecias de los últimos días, me aprobaron completamente cuando fui a
+contarles el desenlace de nuestros proyectos de matrimonio.
+
+--Magdalena--me dijo la de Ribert con una melancolía que no es en ella
+habitual--desconfíe usted de las locuras pasadas en un futuro marido...
+Estas locuras vuelven a empezar muchas veces.
+
+Es lo que yo pensaba. Me ha satisfecho, sin embargo, oírselo repetir a
+una mujer que ha tenido ciertamente algo de ese género que reprochar a
+su marido. Aunque se suponga lo contrario, la experiencia de los demás
+nos aprovecha siempre un poco.
+
+Con la de Ribert he reanudado mis averiguaciones relativas a las
+solteronas. Le he contado nuestro pique con la Bonnetable y mi
+desencanto a propósito de las solteronas desde que las estudio al
+natural. En primer lugar, la maldad de algunas de ellas, mis dos malas
+lenguas de la Catedral; después el matiz grisáceo y desteñido de las
+pobres solteronas resignadas con su estado, en lugar de estar alegres;
+en fin, la omnipotencia notable de las recalcitrantes del celibato que
+dejan caer sobre todo el mundo, en general, y sobre cada cual, en
+particular, el peso de su descontento perpetuo.
+
+--Hará usted mal de juzgar por el carácter de la excepción el carácter
+de la masa--me respondió la de Ribert.--¿Cree usted de buena fe que las
+solteronas tienen el monopolio de la maldad en la charla, y que sólo una
+de ellas puede presentar el carácter de la Bonnetable?...
+
+--No--respondí convencida por el razonamiento.--Tiene usted razón. El
+amor a los chismes no es solamente un defecto de solterona, sino la
+pasión de todas las mujeres desocupadas y frívolas. En cuanto al
+carácter de la Bonnetable, debe ciertamente de encontrarse en mujeres
+casadas.
+
+--Conozco algunas, por mi parte, que no dejan nada que desear en cuanto
+al órgano, al gesto y a la manía del mando. Esas hacen marchar su casa
+con la punta del dedo, y no están contentas más que de ellas mismas y de
+su progenitura. Todo lo que no toca inmediatamente al círculo reducido
+de su familia, es implacablemente criticado, denigrado y
+pisoteado...--dijo Genoveva.
+
+--Eso no es raro--repuso la de Ribert, sonriendo.--Hasta hay mujeres que
+se dicen bien educadas que llegan a decir palabrotas... Pero no hablemos
+de esas monstruosas excepciones. El matrimonio es un gran sacramento, es
+verdad, pero sería pueril reconocerle la facultad de dar a las que le
+reciben inteligencia, dulzura y virtud. Existen las agriadas del
+matrimonio, como las agriadas del celibato. Y así como no se dice que
+todas las casadas son desagradables, porque lo son algunas, se debe
+tener la misma circunspección respecto de las solteras.
+
+--Es verdad--respondí.--Pero el mundo no hace esas distinciones y
+condena a las solteronas en conjunto. La abuela, de acuerdo con el
+mundo, no las quiere nada, aunque tenga una profunda amistad con algunas
+de ellas... La abuela estaría enteramente desolada si yo me quedase
+soltera.
+
+--Comprendo que la buena señora desee establecer a usted, pero en fin,
+¿qué reprocha al celibato? Confieso que no veo bien el por qué de su
+animosidad, aunque me dé cuenta del de su preferencia.
+
+--Afirma que el celibato es una situación anormal, antinatural y... ¿qué
+se yo?
+
+--Sí, la mujer debe casarse, tener hijos... eso es conocido... ¿Y qué
+más?
+
+--Según ella, la mayor parte de las solteronas son egoístas.
+
+--¿Y los premios Montyon?...--objetó Genoveva.--Esos premios son de
+solteras y no para las egoístas...
+
+--La abuela dice también que las solteras tienen la devoción estrecha,
+meticulosa y hecha de menudas prácticas, más que de profunda piedad; que
+son charlatanas y envidiosas; que tienen ideas mezquinas y atrasadas, y,
+en fin, que poseen todos los defectillos imaginables, entendiendo por
+defectillos todo lo que achica un carácter, todo lo que apaga un alma...
+
+--Sí, pero el conjunto de esos defectos constituye una tacha enteramente
+femenina y no es sólo aplicable a las solteronas... No creía yo que la
+señora de Sermet tenía respecto a ellas esa opinión tan poco fundada...
+
+--Sí, señora--respondí,--y eso es lo que me ha hecho empezar mis
+investigaciones. Me sentía tan poca vocación por el matrimonio y tanta
+por el celibato, que he querido darme cuenta de lo que se podía
+reprochar a esas pobres criticadas.
+
+--¿Y has encontrado algo?--preguntó Genoveva con interés.
+
+--No mucho... Veo, sobre todo, muchos prejuicios e ideas hechas que
+pasan de generación en generación como un gabán viejo que cada cual
+adapta a su talla y a su gusto.
+
+--Creo--dijo Genoveva,--que lo que más ha contribuido a dar un aspecto
+ridículo a la solterona, es la inconsecuencia de algunas de ellas--las
+recalcitrantes del celibato, como tú las llamas,--que tienen la mala
+costumbre de gritar sus penas al primero que se presenta, y de ir de
+puerta en puerta pidiendo un marido.
+
+--¡De puerta en puerta!--murmuré sorprendida...
+
+--Pregunta a mamá--interrumpió Genoveva.
+
+--Genoveva tiene razón, Magdalena. Conozco personalmente solteras,
+contemporáneas mías, cuya juventud se ha pasado en repetir a todas sus
+relaciones: «Cáseme usted... Por Dios, encuéntreme usted un marido... No
+se olvide usted de mí.» Esto se repite al principio con compasión,
+después con un dejo de burla y luego con un desdén acentuado. Y se
+deduce ligeramente que todas las solteronas se encuentran en este caso
+ridículo y no forman en su conjunto más que una gran colección de
+«dejadas por cuenta.»
+
+--Es injusto--exclamé con emoción.
+
+--No, Magdalena--respondió sencillamente la de Ribert.--Supongamos que
+Francisca, Petra y Paulina no se casen. ¿Qué pensará usted?
+
+--Que no han encontrado el pretendiente de sus sueños--respondí sin
+reflexionar.
+
+--Ya lo ve usted... Usted misma, una amiga, participa de la opinión
+general. Si no encuentran el pretendiente de sus sueños, es
+evidentemente porque éste no es tal pretendiente... Convengamos en que
+hay aquí un «dejado por cuenta» evidente.
+
+--Acaso mis amigas tienen pretensiones por encima de su situación de
+fortuna y...
+
+--Sí, lo concedo, y de eso tiene la culpa la educación moderna; pero, en
+suma, sus amigas de usted serían «dejadas por cuenta» puesto que los
+pretendientes que ellas aceptarían no las quieren...
+
+--Pero--entonces balbucí confundida,--las solteronas han hecho ellas
+mismas su reputación...
+
+--En mucha parte, sí--afirmó la de Ribert.--Las solteras forzosas han
+gritado tanto sus desilusiones, que el mundo, generalmente poco
+benévolo, ha creído que todas las solteras estaban en el mismo caso.
+
+--¡Vírgenes y mártires!--exclamó muy contrariada por esta nueva
+concepción.--¡Es completo!
+
+La de Ribert y Genoveva se echaron a reír. Mi consternación les
+divertía.
+
+--Y bien, ese maravilloso estado, ¿te tienta todavía?--preguntó Genoveva
+con los ojos brillantes de malicia.
+
+--Sí--respondí con alguna vacilación.--Pero me fastidia, sin embargo,
+pensar que las solteronas tienen un lado un tanto ridículo... ¡Qué idea,
+reclamar un marido con tanta insistencia y tan poca discrección!...
+¡Bah!--exclamé con más firmeza,--me siento, con todo, una aptitud
+sublime para esa vocación tan desacreditada... Sin embargo, por
+complacer a mi abuela, consiento en poner toda mi buena voluntad al
+servicio del matrimonio. Mi amor a las solteronas no me impedirá,
+probablemente, volver a empezar dentro de poco la ceremonia de los
+últimos días con otro caballero.
+
+--¿No te ha curado el señor Desmaroy de esa buena voluntad?--preguntó
+Genoveva sonriendo.
+
+--No, ese señor ha respondido simplemente a la pregunta que yo había
+hecho al señor Boulmet. «¿Tiene corazón?» Ha resultado que tenía más del
+necesario, y no ha habido más.
+
+--Sí--dijo la de Ribert muy animada,--y además no le gustaba a usted...
+
+--Absolutamente nada--exclamé con una seguridad inmutable.
+
+La de Ribert y Genoveva me abrazaron con efusión, y las dejé para volver
+a mi casa.
+
+Al entrar en la cocina para decir una cosa a la buena anciana, me la vi
+muy afanada delante de la mesa, con la pluma en la mano y la cara
+congestionada, por los esfuerzos que hacía para escribir una carta.
+
+--Mi pobre Celestina--dije al pasar,--te vas a poner mala.
+
+--No hay cuidado... La señorita no se casa ya, y siendo así... Sé lo que
+sé, y cumplo mi voto...
+
+--¿Qué voto?
+
+--Eso es cuenta mía... Asunto de conciencia...--respondió
+misteriosamente Celestina.--He hecho un voto, y puesto que no se casa
+usted, voy a cumplirlo... No hay más.
+
+Veo que no sacaré nada de esta obstinada y tomo el sabio partido de
+dejarla cumplir su voto, que no puede ser más que alguna cosa
+edificante, pues Celestina piensa siempre en todo y por todo, en la
+edificación del prójimo... ¡Es hermoso!...
+
+
+
+
+22 de noviembre.
+
+
+Esta mañana nos hemos reído mucho la abuela y yo.
+
+Tenía necesidad la abuela de ver al señor cura a propósito de unos
+pobres a quienes socorremos, y se fue a casa del padre Tomás. La abuela
+recibió de su pastor la acogida más alegre que se puede desear. De tan
+buena gana reía el señor cura, que ya empezaba la abuela a amoscarse
+ligeramente, cuando aquel sacó una carta de su escritorio y se la dio
+sin más explicaciones.
+
+Copio textualmente esta obra maestra que la abuela me ha traído como
+dato para mis estudios sobre las solteronas; pues se trata de una carta
+de Celestina al cura, la carta que tanta curiosidad me había inspirado.
+Corrijo las faltas de ortografía, para facilitar su lectura.
+
+Celestina Robert al señor cura de San Aprúnculo.
+
+ * * * * *
+
+«Aiglemont 15 de noviembre de 1903.
+
+»Señor cura:
+
+»Ya no se casa nuestra señorita. Como tengo gran confianza en el buen
+San Pablo, había prometido al gran apóstol dar un paso cerca de usted
+en el caso de que nuestra señorita no se casara con el señor que ha
+venido con motivo de las antigüedades de la señora.
+
+»Cumplo mi voto.
+
+»Pienso, señor cura, que Santa Catalina no es una verdadera solterona,
+puesto que murió joven. Por esto no hay obligación de conservarla como
+nuestra patrona. Este honor corresponde, sin disputa, al apóstol San
+Pablo, que permitió a la gente de su tiempo y a la de los tiempos de
+después, no casar a sus hijas. Aunque se enfade mi pobre señora, que no
+es de esta opinión.
+
+»El día de Santa Catalina está próximo, señor cura. Para cumplir mi voto
+pido al señor cura que no se celebre esta santa y que deje la fiesta de
+las señoritas para San Pablo.
+
+»Su humilde servidora
+
+»CELESTINA ROBERT.
+
+ »Miembro de la orden tercera de San Francisco, cofrade de la
+ Propagación de la fe, de la Santa Infancia, de San José, del
+ Sagrado Corazón, de las ánimas del Purgatorio, de San Antonio,
+ etc., etc...»
+
+ * * * * *
+
+Solté una sonora carcajada al leer esta epístola fantástica y también la
+abuela se rió de buena gana.
+
+--Está decididamente en el aire la manía de escribir--dijo enjugándose
+los ojos que estaban llenos de lágrimas.--¡En qué siglo vivimos!... Y
+proponer a San Pablo...
+
+--Es una broma de Francisca--dije a la abuela, en cuanto pude
+respirar.--La pobre Celestina ha sido sugestionada.
+
+--¿Cómo es eso?--preguntó la abuela incrédula.
+
+Le conté lo que había pasado con Francisca a propósito de San Pablo y el
+presentimiento que yo tuve de lo que podría hacer la vieja cocinera.
+
+--¿Y qué ha dicho el señor cura?--pregunté.
+
+--Estaba tan divertido por esta petición poco común, que no pensaba en
+decir su opinión. Mira la carta que me ha dado para Celestina. Léela; no
+está cerrada.
+
+ * * * * *
+
+«AGUSTÍN LABERTAL,
+
+»Cura arcipreste de la catedral de Aiglemont,»
+
+»da las gracias a la señorita Celestina Robert por su interesante
+comunicación, que ha llegado tarde. Por este año no es posible ningún
+cambio en la reglamentación de las fiestas habituales. El señor Labertal
+aprovecha la ocasión para recomendaros a las buenas oraciones de la
+señorita Robert.»
+
+ * * * * *
+
+--¡Calla!--dije estupefacta,--el señor cura parece que toma en serio
+esta comunicación...
+
+--Tiene que usar ciertas consideraciones...
+
+--¡Consideraciones!... ¿Por qué?
+
+--Ofender a una solterona de la intransigencia de Celestina, sería
+peligroso...
+
+--Sí, comprendo... El señor cura temería legítimas represalias...
+
+--Ciertamente--dijo la abuela con convicción.
+
+--Pobre señor cura, tiene miedo... Teme a los gendarmes de Dios,
+¿verdad, abuela?
+
+--¿Qué gendarmes, hija mía?
+
+--Todas las devotas del género de Celestina, son los gendarmes de
+Dios... A ellas corresponde la vigilancia de la parroquia entera, desde
+el señor cura hasta el último niño del catecismo... Es seguramente un
+monopolio.
+
+--Exageras, Magdalena.
+
+--Bien sabe usted lo contrario, abuela... Si el señor cura llega tarde a
+misa, si se enreda en un _oremus_ si no estaba en el confesionario a la
+hora exacta, si la señora de Tal ha ido a buscarle a la sacristía, si la
+señorita Fulana ha tosido en misa, todo es materia de numerosas
+reflexiones... Pobre señor cura, buena falta le hace tener diplomacia...
+
+--Sí--respondió la abuela contrariada por el sesgo que tomaba la
+conversación.--La diplomacia ha sido siempre una cosa tan hábil como
+inteligente.
+
+--Es verdad--dije después de unos momentos de reflexión,--más vale
+rodear las dificultades que tomarlas por asalto... ¿Sabes, abuela, que
+no debe de ser agradable ocuparse de tantas fruslerías cuando parece que
+el alma no debiera ser atraída más que por las grandes cosas?...
+
+--Ve a decir a Celestina que su proyecto no es de una importancia
+capital, y verás cómo te recibe.
+
+--Pobre Celestina... ¿En qué consiste que el cerebro llega a estrecharse
+hasta ese punto?
+
+--No creo que el de Celestina haya tenido nunca una amplitud notable...
+
+--Lo admito, en cuanto a Celestina. Pero ¿crees que es una excepción?
+
+--No, hija mía. Ese es uno de los escollos del celibato, pues, en mi
+concepto, hay más peligro de mezquindad en la mujer que vive sola que en
+la que tiene marido e hijos. Al contacto de las inteligencias que se
+mueven alrededor suyo, es más difícil que una mujer se disminuya,
+intelectualmente hablando: su cerebro, en vez de disminuir, tiene
+tendencia a ensancharse. Lejos de atrofiarse en la tristeza de la
+soledad, se expansiona en los goces de la familia... Realmente, habría
+mucho que hablar respecto de esto...
+
+--¡Oh! abuela--protesté con vehemencia,--no se puede decir que una vida
+está truncada cuando se tiene la dicha de vivir sin un marido, sin un
+dueño, y libre de tantas vicisitudes...
+
+--Admitamos que exagero en cuanto a algunas; pero me concederás que
+muchas solteronas participan de mi opinión. No todas tienen tus ideas y
+las hay que se resignan difícilmente al celibato.
+
+--Las hay que no se resignan--exclamé riendo al recordar a la Bonnetable
+y su mal humor.
+
+--Y bien, puesto que somos del mismo parecer, al menos en ciertos casos,
+es fácil que nos entendamos. Tomemos por ejemplo, si quieres, una
+soltera que lo es a pesar de sus deseos más sinceros. ¿Crees que será
+dichosa y apta para ensanchar su horizonte?...
+
+--Qué sé yo...--dije con alguna vacilación.
+
+--Fatalmente tendrá que encerrarse en su concha. En lugar de tener una
+piedad sincera e ilustrada, sus desilusiones la impulsan a los extremos
+de la exaltación religiosa. Será una fanática de las pequeñas
+devociones, de las pequeñas distracciones y de las ocupaciones pequeñas.
+Pisoteará sin escrúpulo la reputación del prójimo, y se creerá en el
+camino del infierno si falta a un rosario o a un sermón. Después, si no
+tiene el corazón bastante noble para entregarse por completo a todos, no
+pensará más que en sí misma, se replegará en su alma, en su cerebro y en
+su conciencia. A fuerza de investigar sus propios pensamientos y sus más
+ínfimos deseos, llegará a inspeccionar al prójimo de un modo igualmente
+meticuloso. Poco a poco pensará menos en sus defectos que en los de los
+demás. ¡Ah! Magdalena, una vida truncada es terrible para ella misma y
+para los otros. La malevolencia sistemática engendra tantas
+catástrofes...
+
+--Sí--respondí un poco pensativa,--la solterona, tal como tú la pintas,
+vive en un martirio perpetuo. Todo el calor desocupado de su corazón se
+transforma y se pierde... Da en hiel lo que hubiera debido prodigar en
+miel... ¡Pobre solterona!...
+
+--Sí, por lo mismo que compadezco con toda mi alma a esas víctimas de la
+vida, no querría, hija mía, verte tomar un camino semejante...
+
+--Yo no soy de la madera de esas solteronas... Yo no deseo casarme, sé
+pensar y no estoy desocupada... No, tranquilízate; si permanezco soltera
+tendré siempre el alma igual y alegre y seré un ejemplo extraordinario
+de felicidad en el celibato.
+
+--Quién sabe...--murmuró la abuela pasándose la mano por la
+frente.--Quién sabe... Dios te preserve de las tempestades del corazón,
+mi querida nieta... Pero--dijo de pronto para ahuyentar la
+melancolía,--nos hemos extraviado de Celestina... Cierra la esquela del
+cura para que yo pueda entregársela, y no hables de esto a la buena
+mujer. Si sospechase que estamos al corriente de su paso, guardaría
+rencor al señor cura por esta indiscreción, permitida sin embargo.
+
+--¡Rencor de solterona!--exclamé fingiendo un escalofrío.--¡Qué cosa tan
+espantosa!...
+
+Esperaba yo ver en Celestina los efectos de una cruel decepción, como
+vajilla rota, platos echados a perder, gruñidos, empujones... Pero no,
+Celestina estuvo de buen humor todo el día y hasta le oí cantar a voz
+en cuello un cántico a la Virgen.
+
+La esperanza permanece en el fondo de su corazón, es cierto. Ha llegado
+tarde este año, pero el que viene... ¡Pobre Santa Catalina! Ya puede
+aprovechar lo poco que le queda... ¡Viva San Pablo!...
+
+
+
+
+25 de noviembre.
+
+
+Hoy gran fiesta para las solteras, jóvenes y viejas.
+
+A primera hora, esta mañana, Celestina, de muy buen humor, se paseaba en
+su cocina con ardor febril.
+
+--Pero, mujer, te estás cansando--le dije con conmiseración.
+
+--No--exclamó alegremente...--Quiero que el té de la señora sea
+perfecto. Eso hará rabiar a Mariana, la cocinera de la señorita
+Bonnetable--añadió con la cara llena de satisfacción.
+
+--¿Por qué ha de rabiar?
+
+--La señorita sabe bien que en el último té de la señorita Bonnetable
+los pasteles de chocolate estaban quemados.
+
+--¡Ah! y los tuyos...
+
+--Los míos son siempre perfectos--respondió Celestina con
+vehemencia.--Además--dijo entre dientes,--he prometido dos centavos a
+San Antonio si sale bien la gran merienda.
+
+Esa gran merienda de que habla Celestina con énfasis, es un simple té
+que todos los años, el 25 de noviembre, ofrece la abuela a sus amigas y
+a las mías solteras. De un año a otro Celestina piensa con ardor en la
+cantidad de novedades que podrá introducir en los pasteles y por toda
+recompensa no ambiciona más que cumplimientos, lo que, entre paréntesis,
+no le falta, pues todas conocen su flaco y la adulan.
+
+A las dos y media empezó a oírse la campanilla. Genoveva, Petra, Paulina
+y Francisca llegaron de las primeras. Siguioles de cerca la señorita
+Sarcicourt. La Bonnetable, no habiendo podido digerir la «incalificable
+agresión» de que fue objeto de parte de Francisca y de la mía, se había
+excusado. Llegaron después la señorita Fontane, encantadora solterona
+por convicción; la señorita Melanval, presidenta de no sé cuántas
+asociaciones y ligas, y cuya única ocupación consiste en apuntar en una
+cartera los nombres de las nuevas adherentes a sus queridas obras; la
+señora Roubinet, de buena conversación, muy farsante y demasiado ocupada
+en procurar su efecto personal para pensar mucho en los demás, con lo
+que va ganando una sólida reputación de benevolencia que nadie piensa en
+discutir. Faltaron otras dos amigas de la abuela, que estaban
+resfriadas.
+
+Por disposición de la abuela, que temía las ocurrencias de Francisca y,
+un poco, las mías, toda la juventud ocupaba el «rincón de las malas
+cabezas.» Las personas serias rodeaban a la abuela.
+
+Como yo estaba un poco silenciosa, contra mi costumbre, Petra me
+interpeló de repente:
+
+--Pero di algo, Magdalena; estás en las nubes. Parece que no oyes lo que
+se dice.
+
+--En efecto--respondí,--estaba distraída mirando al grupo de la abuela.
+
+--¡Ah!--exclamó Petra tan desdeñosa como si se tratara del pobre
+teniente Cotorrac.--¿Te interesan esas señoritas?
+
+--Mucho. Estaba pensando precisamente que la señorita Fontane debe de
+ser una solterona por vocación...
+
+--Pienso como tú--exclamó Genoveva.
+
+--Sí, se ve la buena voluntad... Observad qué armoniosa es toda su
+persona. La mirada, la sonrisa, la voz, el gesto, todo respira el
+contento.
+
+--¿Y la señorita Roubinet?--prosiguió Genoveva.--¿Creéis que no acusa
+una satisfacción perfecta?
+
+--Sí--respondí,--pero no es lo mismo. La Roubinet finge la satisfacción
+de cabeza y la Fontane posee la de corazón.
+
+--¿Y la Melanval, la encuentran ustedes bien armonizada?--preguntó
+Paulina, que habla poco y escucha mucho.
+
+--Esa es el colmo de la satisfacción--respondió Francisca, absorta hasta
+entonces en algún pensamiento íntimo, y que pareció que se despertaba de
+repente.--¡Cómo! tener la presidencia de tantas cosas y poseer el honor
+de apuntar en su libro de memorias los nombres de tantas personas... es
+un goce que renace sin cesar... Se está a la cabeza de una sociedad con
+tan poderoso juego en las manos... Se acabó en Aiglemont el privilegio
+de la aristocracia--añadió echando a Petra una mirada maliciosa;--ahora
+es el reinado de la virtud... Por otra parte, sólo al ver el modo que
+tiene la Melanval de mover las plumas del sombrero, de colocar la cabeza
+y de hacer reverencias, se comprende su inefable dicha, al lado de la
+cual no es nada la felicidad paradisíaca...
+
+--La Sarcicourt no participa de esa felicidad--hizo observar
+Genoveva.--Vean ustedes cómo contrastan sus aires modestos y su palidez
+con la amable animación de la Fontane y con la alegría de la Roubinet al
+buscar una frase o una cita.
+
+--Veo que te vuelves burlona, Genoveva--le dije amenazándola con el
+dedo.
+
+La única respuesta de Santa Genoveva como nosotras la llamamos, fue una
+fina sonrisa.
+
+--¡Ay!--exclamó de pronto Francisca levantando al techo unos ojos
+desesperados;--qué fastidioso es pasar la vida con solteronas...
+
+--Veo que sigues con tan poco gusto por ese glorioso estado--dijo
+Genoveva con compasión.
+
+--Tengo tanto horror al celibato--respondió Francisca,--que me siento
+con malas disposiciones hacia las solteras... Soy capaz de todas las
+bajezas por atrapar un marido...
+
+--Yo no--respondió Petra con un movimiento de protesta.--Si deseo
+casarme, al menos estoy segura de no ir hasta la bajeza. Los Brenay no
+han cometido jamás malas acciones...
+
+--Tampoco los Dumais--replicó orgullosamente Francisca.--Pero--terminó
+con filosofía,--alguna vez han de empezar...
+
+--Francisca exagera--se apresuró a decir Genoveva para evitar toda
+protesta nuestra.--Francisca exagera siempre...
+
+--Nada de eso; no exagero--exclamó Francisca.--Quiero casarme y me
+casaré--añadió con un fruncimiento de cejas que envejeció de un modo
+extraño su cara, de ordinario tan animada.
+
+--¿Y tú, Paulina?--pregunté para evitar otra declaración de principios
+de Francisca.
+
+--Yo--dijo Paulina ligeramente sorprendida por la pregunta,--haré lo que
+quiera mamá.
+
+--¡Dios mío! qué paloma...--murmuró Francisca con despecho.--Esto se
+llama un carácter fácil...
+
+--¿Por qué no he de hacer lo que quiera mamá?--replicó Paulina
+asombrada.--Mamá no puede querer más que mi bien.
+
+--Sí, sí--respondió Francisca muy nerviosa.--Déjate conducir y guiar...
+No pienses... No hables... No andes... Tu mamá hará todo eso por ti...
+
+--¡Oh! Francisca...
+
+--Y si necesitas sonarte, espera que tu madre te prepare el pañuelo, so
+mema...
+
+--¡Oh! Francisca...--volvió a decir la pobre Paulina completamente
+enfadada esta vez.
+
+--Ea, no hables tú ahora como mi madre--exclamó Francisca cada vez más
+exasperada.--Me fastidias y me irritas...
+
+--¡Vamos, niñas!... ¿Qué pasa?--preguntó la abuela desde el extremo del
+salón.
+
+--Pasa, señora, que estoy muy enfadada--respondió Francisca.
+
+--Venid un poco con nosotras; nuestro juicio corregirá vuestra
+exuberancia.
+
+--No, no, voy a decir tonterías... No me llamen ustedes a su lado.
+
+--Sí--respondió mi querida abuela con indulgencia.--Estando prevenidas
+no nos asustaremos.
+
+--Sí, sí, vengan ustedes, señoritas--insistió la Melanval, la presidenta
+de las presidentas...--Tengo justamente una nueva obra que
+presentarles...
+
+--¡Ah!--exclamó Francisca precipitándose de un salto a la silla que le
+indicaba la abuela a su lado.--Si es una obra para casar a las muchachas
+en busca de marido, cuente usted conmigo.
+
+Todas nos echamos a reír al instalarnos junto al grupo serio.
+
+--¿Está usted tan descontenta de su suerte?--preguntó la Fontane con su
+amabilidad habitual.
+
+--Murmurar o quejarse--dijo sentenciosamente la Roubinet,--es oponerse a
+las leyes universales...
+
+--¿Es usted quien ha inventado eso, señorita?--preguntó Francisca con
+fingida dulzura volviéndose hacia la oradora.
+
+--No Francisca--respondió la Roubinet con una modestia tan afectada como
+la dulzura de Francisca.--Esas palabras son de Federico el Grande.
+
+--¡Un prusiano!... ¡Qué horror!... ¿Cómo puede usted citar frases de un
+enemigo de Francia?--objetó Francisca lo más seria que pudo.
+
+--El genio no tiene patria--respondió la Roubinet convencida.
+
+--Internacionalista y solterona... Es el colmo... ¡Ah!--añadió Francisca
+cada vez más nerviosa,--no quiero quedarme soltera...
+
+--¿Sueña usted con el acuerdo de dos almas hermanas?--preguntó la
+Roubinet, que no pensaba en enfadarse por las ocurrencias de
+Francisca.--Lo comprendo... Encontrar en la vida una alma a nuestro
+diapasón... ¡Qué ideal!...
+
+--La verdad es que me importa poco el diapasón--respondió
+Francisca.--Hasta consiento en dar el sí bemol cuando mi alma hermana dé
+el la natural... Pero, por amor de Dios que me encuentren un marido...
+
+--Pero, Francisca, ¿qué tiene usted? Algo ha debido de ocurrirle, porque
+no la conozco...
+
+--Sí--respondió francamente Francisca.--Me ha ocurrido, que se
+presentaba un pretendiente para mí, y mis 2.000 pesos de dote le han
+puesto en fuga... como de costumbre.
+
+--¿No tenía fortuna?--preguntó la abuela.
+
+--No, señora, ninguna. 500 pesos de sueldo por toda renta.
+
+--Con los intereses de los 2.000 pesos--dijo la Sarcicourt,--pongamos 80
+pesos, el total de 580. ¿Espera usted vivir con esa cifra?
+
+--¿Por qué no?--respondió ingenuamente Francisca.
+
+--Es posible vivir con 580 pesos--replicó la abuela,--pero con otra
+educación que la de usted.
+
+--Eso es lo que ha dicho el pretendiente--confesó con franqueza
+Francisca.--¿Creerá, usted, señora--añadió,--que ese caballero llegó a
+querer convencer a papá de que cuando no se tienen más que 2.000 pesos
+de dote se impone otra educación que la mía?
+
+--¿Si?--dijo la abuela interesada.--¿Y qué respondió el señor Dumais?
+
+--Papá se enfadó al principio, y cuando volvió a casa regañó a mamá
+diciendo que su debilidad era la causa de este nuevo incidente.
+
+--Pobre señora de Dumais--gimió la Sarcicourt.--Es tan buena...
+
+--Demasiado buena--dijo la abuela entre dientes.--De modo--siguió
+diciendo más alto,--que no se casa usted, Francisca...
+
+--¡Ay!--respondió la aludida,--mis pretendientes no cesan de correr...
+Señorita--dijo yendo a arrodillarse delante de la Melanval,--¿no tiene
+usted una liga por pequeña que sea, que se ocupe de las jóvenes
+casaderas?... Si no la hay debiera haberla... Sería cien veces más
+útil--terminó levantándose,--que todas esas ligas que fastidian a todo
+el mundo...
+
+--¡Francisca!--dijo la abuela con cierto tono de severidad,--va usted a
+decir tonterías, hija mía.
+
+--Sí, es verdad... Me callo--respondió Francisca con esa gracia
+irresistible que hace que se le perdonen todas sus imprudencias.
+
+--No comprendo--dijo la Fontane,--el horror que usted manifiesta por el
+celibato... Eso estaba bien en otro tiempo, pero hoy le aseguro a usted
+que está bien visto el quedarse soltera.
+
+--No, amiga mía--respondió vivamente la abuela.--Eso es inadmisible.
+
+--Sin embargo--añadió la Fontane reprimiendo una fuerte gana de
+reír,--estamos aquí cuatro representantes del celibato, sin contar la
+quinta--dijo echando una mirada a Genoveva,--y no veo lo que tenemos de
+reprensible.
+
+--Eso depende de los motivos que han ocasionado en cada una el celibato.
+Los hay que yo admito y otros que no--terminó la abuela, ya descontenta
+al ver que iba yo a caer en mi tema favorito.
+
+--¿Cuáles son esos motivos admitidos?--suspiró la Sarcicourt,--¿es
+indiscreto preguntarlo?
+
+--De ningún modo, querida amiga--dijo la abuela, ya en pleno buen
+humor.--El padre Tomás, explicando este asunto a mi nieta, los enumeró
+bastante sumariamente. Voy a tratar de recordarlos para complacer a
+usted, aunque estoy muy cansada.
+
+--No se tome usted esa molestia, señora--interrumpió la Fontane.--Ese
+asunto le es a usted antipático y voy a tratar de reemplazar a usted.
+Creo--continuó, mirando a la Sarcicourt,--que una de las primeras
+razones que impulsan al celibato es la abnegación.
+
+--¡La abnegación!--exclamó la Roubinet con todo el ardor de una persona
+que nunca ha sabido lo que es eso.--¡Qué poesía en ese motivo!... ¡Qué
+suavidad!...
+
+--Hay muchos géneros de abnegación--hizo observar Genoveva.
+
+--En efecto, puede una sacrificarse de mil modos--repuso la Fontane muy
+risueña.
+
+--Se trata de encontrar el bueno--dijo Francisca, que generalmente
+proclama que la abnegación es un asunto de edad y de temperamento.
+
+--Todos son buenos--respondió la Fontane.--Entre la abnegación de una
+hija que se consagra a sus padres y la de una hermana que se sacrifica
+por sus hermanos menores, no sé, en verdad, a cuál dar la preferencia.
+Aquí son los padres muertos que dejan una familia que criar; allí unos
+padres pobres o enfermos a quienes hay que atender o cuidar... Se puede
+una quedar al lado de un hermano soltero para cuidarle la casa... Un
+hermano que se queda viudo necesita a su hermana para vigilar a los
+pequeños, dirigir a los mayores y ser una madre para todos... Un hermano
+sacerdote nos reclama... Una hermana enferma nos absorbe... Y luego,
+fuera de la familia, se encuentran nobles causas de abnegación...
+
+--Dios mío--interrumpió Francisca,--bastantes hay ya; no añada usted
+más...
+
+--¡Niña mimada!... Debe usted comprender, Francisca--siguió diciendo la
+Fontane,--que hay almas que sienten la necesidad de sacrificarse por el
+prójimo en un marco más ancho que el de la familia. Existen muchas
+nobles hermanas de la caridad, seglares.
+
+--Sí--respondió Francisca poco convencida,--para las almas hermosas
+puede tener atractivos todo eso... Para las almas inferiores como la
+mía, no tiene ninguno.
+
+--Yo creí, Francisca--dijo la abuela con tono de reproche,--que tenía
+usted corazón.
+
+--Mi corazón se atrofia en el celibato--respondió Francisca sin
+miramientos.--Siento que me voy volviendo mala...
+
+--Buena solterona--murmuró Petra a la sordina.--Esto promete para el
+porvenir.
+
+--Entonces, Francisca--dijo la Fontane,--no es usted de aquellas a
+quienes retiene en la pendiente del matrimonio un sentimiento de pudor
+virginal...
+
+--Absolutamente--respondió Francisca con la inconsciente franqueza que
+brilla en todas sus palabras y que le vale tantas críticas.--¿Existen,
+pues, casos de ese género?...
+
+--Ciertamente. ¡Cuántas almas temen los rozamientos de la vida!...
+
+--Sí--hizo observar la Melanval bajando púdicamente los párpados,--el
+matrimonio no es un modo de existencia propio de las naturalezas finas y
+delicadas...
+
+--¡Oh!--protestaron la abuela, Francisca y Petra.
+
+--Yo misma--continuó la presidenta,--me he estremecido siempre de horror
+al pensar que un caballero hubiera podido besarme...
+
+--Entonces--exclamó Francisca,--no tenía usted más que besarlo la
+primera, y así...
+
+--¡Francisca!--dijeron todas a coro.--_Schoking_...
+
+--Francisca razona como una niña caprichosa--respondió la
+Melanval.--Habrá que cuidar esa imaginación--añadió un poco
+descontenta.--Si no pone usted remedio se va a destruir cerebro, corazón
+y alma. Mala pendiente, hija mía; muy mala pendiente...
+
+--¿Qué le voy a hacer?--suspiró Francisca en tono burlón.--Es el efecto
+en mí del celibato... Hay jóvenes que se vuelven de azúcar, como
+Genoveva; hay otras que se ponen más agrias que un limón, como yo... No
+comprendo por qué tienen ustedes todas, trazas de encontrar magnífico
+ese sentimiento de pureza virginal de que hablan. Eso es bueno para una
+monja, pero cuando no se siente una llamada hacia Dios...
+
+--Ciertas almas--respondió la Fontane,--prefieren su blancura de armiño
+a todos los goces de la vida... Ese sentimiento purísimo es
+infinitamente respetable, tanto como hermoso.
+
+--Y muy raro--dijo la abuela echando a Francisca una mirada terrible
+para que no dijera alguna nueva tontería.
+
+--Es muy difícil el saberlo exactamente--respondió la Fontane.--La
+pureza extrema siendo silenciosa, las almas que han huido del matrimonio
+para sacrificarse a ese deseo virginal, no lo cuentan generalmente. Es
+un secreto entre ellas y Dios.
+
+--¡Secreto ideal!... ¡Secreto de amor!...--murmuró la Roubinet con la
+cara satisfecha de un niño que está comiendo dulces.
+
+--En materia de secretos de amor--dijo la Fontane,--hay también
+afecciones interrumpidas por la muerte, la traición o cualquiera otra
+causa. Esas afecciones dejan en el corazón de ciertas jóvenes una huella
+bastante profunda para que no sea posible otro amor... No habiendo
+podido casarse con el que amaban, esos corazones fieles prefieren vivir,
+envejecer y morir solos...
+
+--¡Ah!--dijo Francisca estremeciéndose.--Nos deja usted heladas... Si
+eso es el amor no le quiero.
+
+--¡Qué hermoso es el amor!--murmuró la Roubinet.
+
+--Muy hermoso--replicó la abuela,--pero muy peligroso para cabezas
+jóvenes.
+
+--No para la mía--objetó Francisca triunfante.
+
+--¿Quién sabe?...--exhaló Genoveva en un aliento apenas perceptible.
+
+--Una de las causas más frecuentes de celibato--dijo la Fontane,--es
+tener un carácter demasiado independiente.
+
+--Detestable causa--exclamó la abuela dirigiéndome un suspiro.
+
+--No es ese mi caso--afirmó la Sarcicourt, que temía probablemente que
+se le imputase semejante disposición.--En mi vida he sabido lo que era
+tener ideas fijas y personales...
+
+--¡Pobre amiga!--respondió Francisca llena de lástima.
+
+--Esa independencia de carácter--continuó la Fontane,--no sólo es un
+motivo de celibato del lado femenino, sino que asusta también a no pocos
+jóvenes. ¿Qué vamos a hacer--piensan--de una mujer autoritaria y
+déspota?...
+
+--Ahogarla--exclamó Francisca pensando en la Bonnetable y en el deseo ya
+formulado.
+
+--Es un remedio un poquito radical--opinó la Sarcicourt, que no está por
+las medidas violentas.
+
+--No se emplea casi nunca--respondió la Fontane.--Existe, por otra
+parte, el contraste de la independiente, y es la joven a quien todo
+asusta, la que teme las responsabilidades del matrimonio y rehuye la
+carga de almas que ese estado lleva consigo.
+
+--¡Qué valentía!--exclamó Genoveva riendo.--Eso huele a las Cruzadas,
+¿eh, Petra?
+
+Petra se encogió de hombros amablemente sin decir nada.
+
+--El divorcio y la inseguridad en el matrimonio--prosiguió la
+Fontane,--provocan igualmente la vocación del celibato en algunas
+muchachas...
+
+--Lo que pasa en el mundo es verdaderamente espantoso... ¡Qué negro
+abismo!--exclamó la Melanval.
+
+--«Corromper y ser corrompido, ha dicho Tácito, es lo que se llama el
+siglo»--dijo la Roubinet orgullosa de su frase.
+
+--Por fortuna--observó la Melanval,--tenemos obras para evitar todos
+esos peligros... Así, la obra de la reforma social...
+
+--No es suficiente--terminó Francisca con un resplandor malicioso en los
+ojos.--Haría falta una obra de los desengañados, una unión de las
+separadas, una liga contra los divorcios, una federación de celosas, y
+qué sé yo cuántas cosas más... ¿Tiene usted una asociación contra el
+celibato obligatorio?... Pues sería de primera utilidad. Admitirá usted
+fácilmente que si los motivos enumerados por la señorita Fontane
+impulsan al celibato, hay otros que le crean... sin impulsar a él...
+
+--Ciertamente--respondió la Fontane con sonrisa burlona.--La
+insuficiencia del dote cuando se es gastadora, es una de esas causas
+temibles y temidas.
+
+--Esto es lo que se llama recibir una estocada--articuló
+Francisca.--_Mea culpa_... _Mea culpa_...
+
+--Los pretendientes toman miedo a las mujeres que les llevarían tan
+graves motivos de alarma.... Además, hay que tener en cuenta las
+presunciones de las muchachas que se estiman en un alto valor, siendo
+así que...
+
+--Que no valen gran cosa...--concluyó Petra.--Me reconozco a mi vez...
+_Mea máxima culpa_...
+
+--¿Para qué tantas pretensiones?--preguntó la Melanval.
+
+--Es muy sencillo--respondió Petra.--Yo deseo el nombre, la familia, la
+fortuna, la respetabilidad, las relaciones y un físico agradable.
+
+--¡Mucho es eso!--exclamó la Melanval.
+
+--Tengo veinte mil pesos de dote...
+
+--Es poco--hizo constar la Melanval.--Hagamos un pequeño sacrificio...
+¿El nombre?
+
+--Imposible... ¿Un matrimonio desigual?... Horror...
+
+--La familia va con el nombre. ¿La fortuna?...
+
+--Jamás... Se va el dinero de las manos sin echarlo de ver.
+
+--Entonces--replicó la Melanval un poco extrañada--no queda nada que
+sacrificar, pues la respetabilidad es necesaria. Como no sea el
+físico...
+
+--Me es indispensable--respondió sencillamente Petra.
+
+--¡Bah! ya irá usted rebajando, hija mía--dijo la abuela con su dulce
+filosofía.--Y quiera Dios que no sea tarde--suspiró pensando en el
+teniente Cotorrac.
+
+--Es lo que yo digo algunas voces a mamá--dijo Paulina un poco confusa
+por no ser de la opinión de su madre.--Mamá, que me quiere mucho, sueña
+para mí con una situación brillante, y... con diez mil pesos de dote...
+no sé si...
+
+--¿Si conquistarás esa situación?--acabó Francisca riéndose.--Creo que
+no, mi pobre Paulina... Rebaja pronto... pronto... Ya quisiera yo tener
+que rebajar algo--gimió Francisca,--pero no puedo disminuir mis
+pretensiones a no ser que me case con un gañán, con un marmitón o con un
+mono vestido, lo que está lejos de ser tentador.
+
+--¡Ah!--suspiró la Sarcicourt;--no estamos ya en los tiempos en que la
+gente se contentaba con una choza y un corazón...
+
+--¡Dichosa época!--exclamó la Roubinet.--Pero si no tenemos ya esas
+graciosas costumbres, sepamos acomodarnos, como decía Máximo del Camp,
+al tiempo en que vivimos; sólo en esto reside el gran arte de la vida.
+
+--La falta de salud--dijo la Fontane, llevando la conversación a su
+punto de partida,--asusta también a muchos pretendientes. ¿Qué hacer de
+una mujer enferma?...
+
+--Cuidarla--murmuró Francisca con irónica piedad.--Pero esos hombres son
+tan detestables enfermeros...
+
+--Es cierto--dijo la abuela,--que se debería vigilar escrupulosamente la
+salud de la mujer lo mismo que la del hombre en todos los matrimonios,
+y, en caso de incertidumbre, prohibirles una unión llena de peligros.
+
+--¡Cómo!--exclamó asombrada.--Ahora es la abuela partidaria del
+celibato... ¡Qué conquista!...
+
+--¿Y dónde me dejan ustedes el amor al estudio y la pasión por las
+artes?--interumpió la Roubinet.--En nuestra época hay muchas jóvenes
+que prescinden del matrimonio para seguir esa vía privilegiada.
+
+--¡Bah!--dijo la abuela.--¿Son las jóvenes sabias y las artistas en flor
+las que renuncian al matrimonio, o es el matrimonio el que no las
+quiere?
+
+--La estadística se calla en este punto--respondió la Roubinet
+ligeramente confusa.--Pero he leído con gran satisfacción la vida de
+ciertas solteronas sabias o artistas--dijo con su énfasis habitual.
+
+--¡Oh!--exclamó Petra.--Creo que sueña usted.
+
+--No, por cierto--insistió la Roubinet.--Así, en literatura...
+
+En este momento entró Celestina con una bandeja cargada de pasteles de
+perfumes variados, e interrumpió a la Roubinet.
+
+--Suplico a usted que espere un poco--dije a la oradora.--Déjeme servir
+el té, pues sentiría mucho no oír a usted.
+
+--Vaya usted, vaya, Magdalena--respondió la Roubinet muy halagada por mi
+petición.
+
+--¡Qué delicioso perfume de flor de azahar!--exclamó Francisca
+apoderándose de un plato de mostachones para presentárselo a las
+invitadas.--Es un perfume de circunstancias... Hoy, fiesta de Santa
+Catalina, todo debe ser flor de azahar.
+
+--¡Oh!--dijo haciendo monadas la Roubinet,--yo prefiero unas gotas de
+ron en el té... Si me hace usted el favor, Magdalena...
+
+--¡Cuidado!--exclamó Francisca;--el ron es un perfume de coraceros...
+
+--No me importa--aseguró la Roubinet,--mi estómago le recibe muy bien.
+
+--El mío no--dijo dulcemente la Sarcicourt.--El médico me prohíbe los
+licores fuertes... Una gotita de leche, Magdalena, si usted gusta.
+
+Cada cual tuvo al fin lo que deseaba, y la conversación se volvió a
+animar.
+
+--¿Cree usted--dijo Genoveva dirigiéndose a la Roubinet,--que las
+solteronas cuentan en sus filas muchas literatas distinguidas?
+
+--¡Cómo! Genoveva--dijo la Fontane,--¿olvida usted a nuestra ilustre
+Eugenia de Guerín?...
+
+--No, pensaba en ella, así como en Clarisa Bader y en la Bremer. Pero no
+conozco muchas más.
+
+--¡Cómo!--exclamó la Roubinet con indignación.--¿No conoce usted a la
+señorita de Marchef, que compuso un libro titulado «_Las mujeres, su
+pasado, su presente y su porvenir..._»? ¿Ni a la señorita Bertin, que
+hizo un volumen coronado por la Academia Francesa y hasta compuso dos
+óperas?... Hay además Miss Frances Brown, poetisa; Miss Martineau, la
+ilustre filósofa de opiniones un poco atrevidas... Miss Cummins, Miss
+Sedwick, Miss Wetherell, Miss Lothropp, Miss Johnson, americanas cuyas
+obras habrá usted leído; Miss Pardoc y Miss Kavanagh, novelistas
+inglesas; las señoritas Poulet y Luisa Stappaerts, poetisas belgas; la
+señorita Gatti de Gamond, prosista de mérito; las señoritas Fleuriot,
+Marechal y Monniot, cuyas obras han hecho la dicha de las generaciones
+nuevas, y no sé cuántas más...
+
+--¡Qué diluvio!--exclamó la abuela.--¡Cómo las solteronas tienen la
+pluma tan intemperante!... Ya no me extraña que Magdalena...
+
+--¡Abuela!--imploré.
+
+--La pintura--prosiguió la Roubinet poseída de su asunto--cuenta también
+solteronas de talento. No citaré a usted más que dos de las más
+ilustres: la gran artista holandesa María Van-Osterroyek, que vivió en
+el siglo XVII, y nuestra gran francesa Rosa Bonheur...
+
+--¡Qué nombres y qué artistas!... Cuánto celebro ver que las solteronas
+están tan favorecidas...
+
+--¿Por qué no habían de serlo?--preguntó la Melanval.--Las solteras
+encierran bastantes mujeres de bien para tener el derecho de
+enorgullecerse con las mujeres de talento que figuran en sus filas.
+
+--Con más motivo--añadió la abuela,--porque no pueden ustedes citar
+personas vivas. Nada asegura que no se casarán...
+
+--Sí--dijo la Fontane,--se han visto casos en estos últimos tiempos.
+
+--Hablen ustedes de las mujeres de bien--dijo la Melanval;--será más
+edificante...
+
+--Ahí tenemos a Celestina--exclamó Francisca dirigiendo una sonría a la
+anciana criada que entraba en este instante para llevarse las tazas del
+té y todo lo que nos molestaba. Pero Celestina hizo como que no había
+oído.
+
+--Las mujeres de bien solteronas son demasiado numerosas--siguió
+diciendo la Fontane.--Creo que habría que nombrarlas todas para no
+cometer error. ¿Qué solterona no ha contribuido al bien de la familia o
+de la sociedad?...
+
+--La señorita Bonnetable--aseguró Francisca.
+
+--Silencio, Francisca,--exclamó la abuela.--El carácter de la señorita
+Bonnetable no le impide ser muy buena en el fondo.
+
+--Sí, señora--respondió Francisca,--en el último fondo, en el sitio que
+no se ve ni se oye, es buena y dulce como el azúcar.
+
+--Niña cruel--dijo la abuela encogiéndose de hombros.
+
+--Lo cierto es--siguió diciendo la Melanval,--que la mayor parte de
+nuestras obras tienen como presidentas o como fundadoras mujeres
+solteras... Sería imposible hacer una lista...
+
+--No veo la dificultad--dijo Francisca disimulando un bostezo.--No hay
+más que coger la nomenclatura de los premios de virtud en la Academia;
+eso no puede servir de base.
+
+--Detestable burlona--murmuró la Melanval contrariada. Y añadió
+dirigiéndose a la Fontane:--creo que hay que convenir entre nosotras que
+si todas las mujeres de bien no son solteras, en cambio todas las
+solteras son mujeres de bien.
+
+--¡Felices ellas!--exclamó Petra.--Ese es un panegírico bien sentido...
+
+--En un día de Santa Catalina era obligatorio,--repuso Francisca.--Y por
+cierto que han olvidado ustedes el citar a esta pobre santa entre las
+ilustres solteronas... Tengo una vaga idea de que fue una filósofa
+distinguida.
+
+--Y una mártir incomparable--añadió la Melanval santiguándose.--¡Buena
+Santa Catalina!...
+
+--_Ora pro nobis_--exclamaron a la vez Petra y Francisca que se reían
+con toda su alma.
+
+--No, no--dijo Francisca dando un salto;--no queremos formar parte de la
+corporación.
+
+--Y tienen ustedes razón, hijas mías--respondió la abuela siempre llena
+de indulgencia por las jóvenes deseosas de casarse.--Recen ustedes a
+San José y será mucho mejor...
+
+--Además--añadió la Roubinet mirando a Francisca con intención,--al
+rezar a nuestro gran patriarca cuide usted de conservar su gracia y su
+humor apacible:
+
+ Con la sonrisa en los labios
+ Y con la gracia en los ojos
+ La virtud es aún más bella...
+
+--Bonitos versos--dijo la abuela.--¿De quién son?
+
+--De uno de mis autores favoritos--respondió la Roubinet muy contenta
+por haber hecho efecto.--Son de Laprade.
+
+--¿Laprade?--murmuró Francisca reuniendo sus recuerdos.--Creo haber
+leído algo de ese buen señor... ¡Qué aburrido era!...
+
+Genoveva y Paulina trataron de hacer callar a Francisca, pero fue inútil
+felizmente, pues sus palabras se perdieron en el ruido de las
+despedidas.
+
+--Espera--me dijo Francisca al oído al tiempo de despedirse de la
+abuela,--voy a dejar con la boca abierta a la Roubinet con mi erudición.
+Escucha bien.
+
+Y haciendo una graciosa reverencia a la abuela, Francisca declamó con
+gracia:
+
+ Si el tiempo se va, señora,
+ Nosotras también nos vamos...
+
+Una risa general acogió esta nueva broma de Francisca, que había
+encontrado medio de desnaturalizar el pensamiento del poeta.
+
+--Delicioso--exclamó la Roubinet extasiada.--Yo conozco estos versos,
+pero no recuerdo el nombre del autor... Venga usted al socorro de mi
+memoria infiel, Francisca.
+
+--Esos versos son de uno de mis autores favoritos--parodió
+Francisca.--Son de Ronsard...
+
+--¡De Ronsard!--exclamó la Roubinet sofocada.
+
+--Sí, señorita--terminó Francisca,--rabie usted... Usted no nos ha dado
+más que Laprade...--Y repitió con una mueca desdeñosa:--Laprade...
+
+Todas exclamaron en coro en medio de las risas que reinaban:
+
+--¡Oh! Francisca...
+
+
+
+
+3 de diciembre.
+
+
+He pasado una gran parte del día en la Catedral. Hoy era la fiesta de
+Santa Catalina, fiesta parroquial tan sólo, pero interesante por el gran
+número de personas a quienes se refiere.
+
+¡Cuántas distracciones tuve en la misa mayor!
+
+Aunque salí de la casa con buenas disposiciones de fervor, mi
+insoportable imaginación hizo de las suyas. Hasta el Ofertorio todo fue
+bien, pero en ese momento, curiosa de reflexionar un poco sobre la
+innumerable cantidad de solteronas que desfilaban delante de mi vista,
+me extravié completamente.
+
+En seguida clasifiqué a las personas que pasaban en mis tres grandes
+divisiones:
+
+Solteronas voluntarias.
+
+Solteronas resignadas.
+
+Solteronas recalcitrantes.
+
+Vuelta a casa, continué mis meditaciones y he aquí lo que llegué a poner
+en claro en conjunto.
+
+La solterona voluntaria, diga lo que quiera el padre Tomás, se distingue
+a primera vista. Es viva, aunque sea reumática y sobre todo si es
+nerviosa. Su fisonomía es apacible y animada, su mirada benévola y su
+sonrisa bondadosa.
+
+La resignada es melancólicamente trivial: mirada apagada, sonrisa
+triste, modo de andar frío. A diez pasos y aun de más lejos se la conoce
+de una mirada.
+
+La recalcitrante es... recalcitrante. ¡Qué aspecto de mal genio!... En
+lugar de la sonrisa amable de la primera y de la dulzura borrosa de la
+segunda, es enteramente alarmante. Mirada dura, labios secos, modo de
+andar irritado. En vano se esfuerza la piedad por dar a su fisonomía un
+aspecto de ternura; se ve el esfuerzo y no se adivina la paz.
+
+Irremediablemente formadas en mi mente las tres grandes divisiones, pasé
+a las subdivisiones.
+
+Las solteronas voluntarias se reclutan evidentemente entre las que se
+han dejado guiar en la elección de su existencia por motivos de
+abnegación, o un sentimiento de pureza virginal, o el recuerdo de una
+afección muerta, o el amor de la independencia, o ese vago esceptismo
+que se apodera de tantas jóvenes, o por el temor de las
+responsabilidades, espantosas en efecto para quien reflexiona.
+
+El amor al estudio y a las artes hace descontentas o satisfechas, según
+que el celibato proviene de la libre elección o del encadenamiento de
+las circunstancias. Estas, según sus tendencias personales, se vuelven
+entonces resignadas, si son de humor acomodaticio, o sublevadas si
+pertenecen a la categoría de las violentas.
+
+La misma observación respecto de la falta de salud. La solterona se ha
+sustraído por sí misma al matrimonio o la han sustraído. En la primera
+suposición, su alma tranquila y estoica impone silencio a su corazón y
+le da los medios de llegar a las dulzuras del celibato voluntario. En
+la segunda, se lamenta, se entristece, no piensa más que en su mala
+salud, envidia la suerte de las jóvenes más favorecidas en este concepto
+y acaba por dar un ejemplo notable de rebelión en el celibato.
+
+--Sin mi mala salud--murmura,--hubiera podido casarme... A mi mala salud
+debo, pues, el tener que vivir sola...
+
+--En cuanto a la insuficiencia de dote o a la exageración de
+pretensiones, que hace que una solterona sería feliz al aceptar a los
+cuarenta años el partido que ha renunciado a los veinte, no creo
+engañarme haciendo de esos dos motivos la causa inicial del gran
+ejército de las recalcitrantes.
+
+Estas recalcitrantes no han renunciado al matrimonio; son los
+pretendientes los que no han querido presentarse. Por una parte, el dote
+era tan pequeño y tan desproporcionado con la fortuna, que era imposible
+que los hombres de buen sentido se arriesgasen a la gran aventura del
+matrimonio con semejantes jóvenes. Por otra parte, el dote estaba tan
+poco en relación con las pretensiones emitidas, que había pretendientes
+que no se atrevían a pedir lo que otros no se dignaban solicitar.
+
+En las pequeñas poblaciones es cosa corriente que la joven de buena
+familia, sin dote o con uno muy pequeño, participe de la educación y de
+los placeres de las muchachas ricas: piano torturado, pintura profanada,
+fútiles trabajos de aguja de los que enseñan a una joven a apasionarse
+por lo superfino cuando no tiene siquiera lo necesario...
+
+Todos estos tipos de solteronas viven juntas en medio del alegre
+concierto de burlas imparcialmente distribuidas a todas sin distinción
+de mérito.
+
+Cuando se quiere designar un carácter susceptible se dice:
+
+--Es una solterona.
+
+Cuando se habla de un espíritu estrecho y vulgar, se exclama con mirada
+desdeñosa:
+
+--Qué se puede esperar de una solterona...
+
+Si se trata de una devoción mal comprendida, todo el mundo se encoge de
+hombros y murmura:--Es una verdadera solterona...
+
+Si por casualidad se hace alusión a costumbres rutinarias, al egoísmo o
+a las conversaciones agridulces, todos repiten:
+
+--Qué propio es de una solterona...
+
+Para pintar un traje extravagante se exclama:
+
+--Vaya una facha de solterona...
+
+Si por ventura recae la conversación sobre la pasión de los gatos, de
+los perros, de los pájaros o de los cintajos amarillos, brota un grito
+unánime:
+
+--Gustos de solterona...
+
+En fin, última y suprema ofensa, si se quiere calificar a alguna persona
+profundamente inútil a la sociedad, todos proclaman:
+
+--Inútil como una solterona...
+
+Véase cómo la solterona se convierte en un objeto antipático cuando
+debiera ofrecer el más singular de los atractivos, el de un enigma que
+descifrar.
+
+
+
+
+9 de diciembre.
+
+
+¡Cuántas mudanzas en lo que constituye una vida de joven soltera!...
+Ayer todo era tranquilidad absoluta; hoy empiezo de nuevo a subir el
+calvario de una muchacha casadera... ¡Qué fastidio!... Y pensar que es
+el padre Tomás a quien debo esta resurrección de las complicaciones.
+
+Esta mañana me previno la abuela que deseaba hacer conmigo algunas
+visitas por la tarde. A las dos subí a mi cuarto para ponerme el traje
+de rigor, cuando la abuela me hizo sufrir un examen imprevisto.
+
+--¿Qué vestido te pones?
+
+--El gris, corte de sastre.
+
+--El gris... No, yo preferiría el azul marino con aquella linda pechera
+que tan bien te sienta. Debajo del abrigo de pieles ligeramente
+entreabierto, hace muy bien...
+
+--Pero yo no tengo conquistas que hacer, abuela... ¿Cree usted útil que
+me ponga el traje número uno?...
+
+--Sí... sí... ¿Qué sombrero?...
+
+--El Santos Dumont.
+
+--No, ese no... Ponte más bien el de la pluma amazona que te sienta
+maravillosamente sobre tu cabello rubio.
+
+--¿Maravillosamente?... Bueno, abuela.
+
+Me vestí muy pensativa... ¿Qué significaban esas precauciones
+inusitadas?... ¿Qué las idas y venidas de la abuela, que ha salido estos
+días varias veces de tapadillo?... Verdaderamente todo esto me parecía
+poco claro y empezaba a temer seriamente un atentado premeditado contra
+mi libertad, cuando tomé confianza al ver que la abuela se dirigía, y me
+dirigía por consiguiente, hacia el Colegio Libre.
+
+--En casa del padre Tomás--murmuré para mis adentros,--no hay nada que
+temer... La feria del matrimonio no tiene allí puesto.
+
+Llamé, pues, con todo el candor de una perfecta quietud y no encontré
+extraordinario que el cura no estuviese solo. Muy ocupado en hablar de
+buenas obras con un caballero bastante feo, que parecía un tarro de
+tabaco, el cura nos acogió, sin embargo, con una alegría muy
+halagüeña... Evidentemente no había la menor mala intención en aquellos
+ojos eternamente maliciosos ni en aquella risa tan franca.
+
+La abuela, no queriendo interrumpir la conversación de aquellos señores,
+se confundió en excusas y suplicó al cura que nos dejase aprovechar sus
+luces comunes continuando su plática.
+
+El caballero tarro de tabaco nos fue presentado. Se llama Teodoro
+Baurepois y practica como especialidad la salvación de Francia. Tuvimos
+el gusto de oír interesantes cosas sobre el socialismo cristiano, los
+círculos obreros, la protección de los patronos, los retiros y un
+diluvio de teorías... El caballero habla bien y se expresa con
+facilidad y hasta con elegancia. El padre Tomás parece que le da gran
+importancia y le exhibe como una coqueta enseñaría una sortija.
+
+La abuela, por discreción, hizo una visita muy corta. Mi inocencia no
+sospechó del señor de Baurepois, el cual no me parecía de la madera de
+que se hacen los maridos.
+
+En casa de la Bonnetable, olvidada ya de su enfado, esperé en vano al
+señor en honor del cual me había puesto mi traje azul y el sombrero cuya
+pluma, etc.
+
+En casa de la señora de Ribert, ni sombra de pretendiente.
+
+En casa de la Roubinet, nada más que un diluvio de flores de retórica.
+
+En casa de la Sarcicourt, absolutamente nada...
+
+Me resigné fácilmente a pensar que el pretendiente--porque debía de
+haberlo--había llegado tarde al tren.
+
+--Otro día será--pensé con alguna angustia ante la idea de volver a
+empezar las fases de mi atavío de conquista.
+
+La abuela se encargó de desengañarme con una pregunta tan brusca como
+imprevista.
+
+--¿Qué te parece el señor de Baurepois, Magdalena?
+
+--Muy feo--respondí con indiscutible sinceridad.
+
+--Sí, no es un Adonis, ya lo sé... Pero su corazón... su inteligencia...
+
+--Su corazón, abuela, parece muy vasto a juzgar por la extensión y el
+número de las obras a que se dedica... Su inteligencia debe de tener
+las mismas dimensiones... Seguramente es un alma poco vulgar...
+
+--¡Ah! querida--exclamó la abuela besándome con efusión.--Qué dichosa
+soy al oírte juzgar así al señor Baurepois... Temía que su físico...
+
+--¿Su físico?...--respondí disimulando una sonrisa.
+
+--Sí, temí que te impresionase contra él... Pero el padre Tomás, que es
+un hombre de gran talento, me había dicho que él conduciría la
+conversación de manera que quedases conquistada...
+
+--¿Conquistada?... Entonces se conquista ahora a las muchachas con
+discusiones sociales...
+
+--Las muchachas serias--respondió la abuela ligeramente
+ofendida,--tienen así ocasión de apreciar a un pretendiente... ¿Qué más
+quieren?
+
+Solté una carcajada vibrante, prolongada, interminable.
+
+--De modo, abuela, que el señor de Baurepois era un pretendiente...
+
+--Ciertamente--balbuceó la abuela.--¿Por qué no?
+
+--¿Y el padre Tomás ha tratado de encontrar una conversación seductora?
+
+--Seguramente--dijo la abuela, que no comprendía mis preguntas.
+
+--Pues bien, el señor de Baurepois es horrible y su conversación...
+cargante, como diría Francisca.
+
+--¡Oh! estas muchachas...
+
+--Figúrate una conferencia entre un señor que quiere salvar a Francia y
+su pobre mujer... Cada uno de sus desengaños recaerá en la
+desgraciada... Cada _meeting_ fracasado será una ocasión de
+recriminaciones... Cada _speech_ interrumpido constituirá un motivo de
+discordia... Y los artículos de los periódicos... Y los ataques
+personales... Y las perfidias de los amigos políticos... Figúrate el
+despertar por la mañana: «¡Ah! amiga mía, _La Linterna_ se va a meter
+conmigo»--«No, amigo mío.»--«Sí sí, siento que voy a recibir alguna cosa
+desagradable.»--«Pero mi pobre Teodoro, te alarmas sin motivo.»--«Pues
+si no es _La Linterna_, será _La Acción_.»--«Nada de eso, está
+tranquilo. Además, _La Autoridad_ te defenderá si te atanca.»--«¿Tú
+crees?»--«_La Autoridad_ está en el caso de administrarme una paliza
+disimulada... Me defenderá criticándome.»--«Pues bien, amigo, espera
+para apurarte a que ocurran todas estas cosas.»--«¡Ah! así sois las
+mujeres, descuidadas, frívolas, egoístas... El padre Tomás me ha
+engañado sobre tu carácter. No tienes nada de lo que hace falta para un
+hombre de mi valía.» ¡Ay! abuela, no quiero despertar de esta manera...
+
+La abuela se encogió de hombros.
+
+--¡Qué niñada, Magdalena!... Estás desbarrando... Y yo que esperaba que
+la belleza moral del señor de Baurepois...
+
+--Permíteme, abuela. No niego la belleza moral del señor de Baurepois...
+Es hasta probable que si yo conociera a ese señor un poco más, me
+gustaría bastante para olvidar a la larga las imperfecciones físicas que
+me ciegan por el momento. Esa belleza moral está demasiado oculta... El
+salvar a Francia es hermoso, no digo que no, pero, entre nosotras, yo no
+tengo tanta ambición. Mi alma burguesa estaría más conforme con una
+dicha más tranquila y menos ilusoria... Un marido que me hiciera feliz
+es todo lo que yo pediría.
+
+--Y bien, el señor Baurepois...
+
+--Temo que me aburriría mortalmente.
+
+--Trate usted de gustar a una muchacha...--murmuró la abuela con una
+desesperación que hubiera sido cómica a no ser tan sincera.--Oye--me
+dijo dejándome para no ceder a la tentación de regañarme,--quiero creer
+que no es esa tu última palabra. Tengo los informes más perfectos sobre
+el señor de Baurepois. Como fortuna y como relaciones no encontrarás
+cosa mejor... Es un hombre serio... Reflexiona.
+
+Y la abuela desapareció sin dejarme decir una palabra.
+
+De modo que estoy lucida... Después del señor Desmaroy, el señor de
+Baurepois... De Escila a Caribdis... ¡Qué agradable situación la de una
+joven casadera!...
+
+
+
+
+16 de diciembre.
+
+
+La abuela acepta difícilmente mi negativa respecto del señor de
+Baurepois, dice que me porto como un chorlito y lamenta mi deplorable
+obstinación.
+
+El padre Tomás, aunque más conciliador, confiesa que le ha sorprendido
+desagradablemente lo que él llama el fracaso de mi inteligencia y de mi
+razón.
+
+--Rehusar un joven ocupado en cuestiones tan elevadas... Y yo, que creía
+que su conversación había encantado a usted...
+
+--Me interesó, señor cura, lo que no es lo mismo. El interés está lejos
+del encanto...
+
+Por la gesticulación del cura se ve que no comprende mi estado de alma y
+que no se da cuenta tampoco de la psicología de un corazón de muchacha.
+
+La de Ribert y Genoveva son más indulgentes conmigo. Sin dejar de apoyar
+a la abuela ponderándome las ventajas de una unión con el señor de
+Baurepois, una de las fuerzas del partido militante conservador, han
+depuesto las armas las primeras.
+
+--No ha llegado la hora de Magdalena, ha dicho la de Ribert a Genoveva.
+Cuando esa hora suene, discutirá menos... Su convicción se formará sola
+y ella misma reclamará el derecho de casarse con el que le haya gustado.
+
+--¡Oh! señora--respondí con cierta melancolía,--renuncio a conocer jamás
+esa hora... Jamás podré acostumbrarme a ese modo de casarse...
+
+--Pero, Magdalena--dijo la buena Genoveva,--todo el mundo se casa así en
+nuestra sociedad.
+
+--Sí--respondí suspirando,--el matrimonio de inclinación es considerado
+como un suceso raro y muy peligroso. Todos predican las peores
+calamidades a los que se dejan llevar al matrimonio por un cariño
+apasionado. Lo que no obsta para que yo encuentre odioso casarse en las
+condiciones ordinarias...
+
+Estaba yo tan nerviosa por las interminables discusiones que había
+tenido que sostener con la abuela en los últimos días, que me eché a
+llorar. Genoveva me abrazó.
+
+--¡Oh! no llores, Magdalena... Qué niña eres... Nadie te obliga a
+casarte... Sé razonable...
+
+Razonable... Que si quieres... Cada vez lloraba más... La de Ribert
+parecía consternada y Genoveva, para consolarme, acabó por llorar
+también.
+
+--No llore usted así, Magdalena, hija mía... Su abuela de usted no
+piensa obligarla al matrimonio.
+
+--No, señora--respondí entre dos sollozos,--pero todas ustedes me
+encuentran poco razonable y novelesca porque no puedo decidirme a
+casarme con un hombre a quien no conozco. Es ese juicio lo que me hace
+daño, mucho daño en el corazón...
+
+--¡Bah! tontuela, nadie juzga a usted así--me dijo con bondad la de
+Ribert.--No llore usted más, no sea niña...
+
+--Tranquilízate--añadió Genoveva enjugándose los ojos, muy
+encarnados.--Te lo ruego; me das pena...
+
+Al fin logré dominarme y me decidí a guardarme el pañuelo en el
+bolsillo.
+
+--Vamos, ¿se acabó la pena?--me preguntó amablemente la de Ribert
+dándome un beso.
+
+--Así lo espero--dije mientras se me saltaban otra vez las lágrimas por
+el tono de la pregunta y por el beso maternal de la buena señora.
+
+En cuanto me tranquilicé un poco, expliqué a aquellas señoras que había
+algo en mí que se negaba absolutamente al matrimonio con un desconocido.
+
+--Sí--exclamé,--no puedo, no podré nunca decidirme...
+
+--Pues bien--respondió la de Ribert, que comprendió que no era el
+momento de insistir,--espere usted, la cosa no corre prisa... Si Dios
+quiere que usted se case, él sabrá enviarle el marido que la convenga.
+
+--Sí, sí--añadió Genoveva.--Hablemos de las solteronas... Eso distraerá
+a Magdalena.
+
+Pronto recobró mi alegría su vivacidad habitual. Al contar mis últimas
+impresiones sobre mi asunto favorito, hablé del deseo de saber lo que
+piensan los hombres que no se casan.
+
+--¿Para qué?--preguntó la de Ribert un poco asombrada.
+
+--Para comprender sus motivos de celibato. Puesto que hay solteronas
+recalcitrantes que lo son a pesar suyo, tendría curiosidad de saber los
+motivos que alegan esos caballeros para despreciarlas de ese modo.
+
+--La falta de dote y las pretensiones de las jóvenes casaderas son
+motivos suficientes--dijo Genoveva.--No veo qué más puedes desear para
+informarte...
+
+--Sí--repliqué--hay además otra cosa. No me harás creer que el egoísmo
+está bastante extendido en la tierra para que no haya otros motivos
+serios que expliquen ese abandono del matrimonio... Además--añadí
+bajando los ojos a la chimenea, que ostentaba un hermoso fuego,--no
+pueden ustedes figurarse qué curiosa estoy por saber si hay entre los
+hombres algunos que piensen como yo... Debo de poseer un alma hermana
+que se asuste de casarse con una desconocida.
+
+--¿Y quisieras conocer a esa alma hermana?--preguntó con curiosidad
+Genoveva sonriendo.
+
+--Puede ser--dije sintiendo que me ponía colorada.--Quisiera al menos
+saber si existe...
+
+--Vean ustedes esta joven razonable que quisiera hacer un estudio del
+natural--exclamó la de Ribert sonriendo...--Después de todo--añadió
+después de una corta vacilación,--¿por qué no?...
+
+--¡Cómo!--exclamó Genoveva.--¿Qué diría la de Sermet?
+
+--Sí, comprendo, hija mía, pero no se trata de Magdalena... ¿Por qué no
+he de hacer yo lo que no puede hacer ella? Yo tengo ya la edad de la
+razón.
+
+--¡Oh! señora--exclamé con ardor arrojándome en sus brazos.--¡Qué buena
+es usted!...
+
+--No, no tan buena... Sabe usted que hace mucho tiempo que me ocupo en
+cuestiones femeninas... Me gusta tener datos precisos. Algunas veces,
+esto entre nosotras, he escrito a un periódico para obtener informes...
+Ese periódico se llama «Preguntas y Respuestas». Inserta las preguntas
+que se le envían, y entre sus lectores o lectoras, hay siempre personas
+de buena voluntad que dan una respuesta cualquiera... ¿Quiere usted que
+trate de tener lo que desea en su lugar?...
+
+--Sí, pero ¿cómo?--dije interesada.
+
+--No es difícil poner un anuncio pidiendo las noticias que deseamos. Los
+que quisieran dar respuesta dirigirían sus misivas al periódico, y éste
+me las transmitiría bajo sobre con iniciales.
+
+--¡Oh! sí--respondí llena de entusiasmo.--Haga usted eso por mí,
+señora... Genoveva, corramos a pedir permiso a la abuela...
+
+--No, ve tú sola--dijo Genoveva riendo de mi entusiasmo.--Tu abuela se
+va a enfadar y no me atrevo a ser yo la que haga semejante petición.
+
+--Anda Genoveva, te lo suplico--dije abrazándola.--La abuela te lo
+concederá todo... Sabe que eres tan buena y razonable...
+
+--¿Qué hago?--preguntó Genoveva a su madre.--¿Debo arriesgarme?
+
+--Sí--respondió la de Ribert.--Bien puedes hacer eso por Magdalena.
+
+El tiempo de echarse una falda, de ponerse los guantes y el sombrero, y
+Genoveva estuvo pronta a acompañarme a casa de la abuela, que se quedó
+sorprendida de nuestra entrada repentina. Costole mil trabajos ponerse
+al corriente de lo que queríamos y empezó por llenarse de indignación en
+cuanto supo poco más o menos de lo que se trataba. Se calmó un poco al
+oír las dulces razones de Genoveva y acabó por enviarnos al padre
+Tomás, sin cuya opinión no podía pasarse en semejante caso.
+
+--La cosa se sale tanto de las conveniencias...--murmuró la pobre abuela
+consternada.--En verdad, no sé si estáis locas o si soy yo la que no
+está en el movimiento de ideas moderno... ¡En qué siglo vivimos!...
+
+Genoveva nos acompañó a casa del padre Tomás, que, felizmente para
+nosotras, tiene la indignación menos fácil que la abuela. El cura
+escuchó con atención las explicaciones de Genoveva, la cual se abstuvo,
+sin embargo, de hablar de mi deseo de encontrar un alma hermana. Un poco
+sorprendido al principio, movió largo tiempo la cabeza antes de
+responder... Era seguro que vacilaba.
+
+--¡Dios mío!--dijo por fin,--si fuese Magdalena la que pusiera ese
+anuncio, diría que era imposible de todo punto...
+
+--Así lo comprende mamá--hizo observar Genoveva.
+
+--Pero la señora de Ribert, a quien todo el mundo conoce como mujer
+seria, inteligente y ocupada en trabajos intelectuales, puede
+perfectamente hacer lo que le plazca. No veo ninguna razón para negar la
+autorización solicitada.
+
+--Entonces, señor cura, suplico a usted dos letras para la abuela...
+Sería capaz de no creernos...
+
+--Esperen ustedes--dijo el cura lleno de condescendencia.
+
+Cogió una tarjeta y escribió debajo:
+
+«¿Por qué impedir el vuelo de un pajarillo? Hay más grandeza verdadera
+en lanzarse por encima de lo convencional que en permanecer
+obstinadamente atado a lo vulgar...
+
+»Todos mis respetos.»
+
+--Gracias, señor cura, gracias de todo corazón--exclamé con un intenso
+acento de triunfo.
+
+--Calma, calma...--dijo el cura.--Si su cerebro de usted se pone en
+ebullición, retiro el permiso...
+
+Una dulce sonrisa de Genoveva le tranquilizó. Y nos fuimos rápidamente a
+casa. Celestina tuvo mil trabajos para seguirnos a nuestro paso.
+
+--Abuela--dije con expresión vencedora dándole la carta del cura,--aquí
+tienes la respuesta que esperabas.
+
+La abuela se sujetó las gafas con cuidado, cogió la tarjeta, la leyó, la
+releyó, la meditó y dijo finalmente encogiéndose de hombros:
+
+--El cura descarrila... y vosotras también.
+
+--¡Oh! abuela--dije horriblemente alarmada,--¿niegas el permiso?
+
+--No... haz lo que quieras. Francamente, no puedo hacerme a estas
+costumbres nuevas... Escribir a un periódico... Poner un anuncio... ¡Y
+qué anuncio!...
+
+--Gracias, abuela, gracias de todos modos--exclamé con transporte.
+
+--No hay de qué--respondió la abuela.--Pasa por el mundo entero una
+especie de viento de locura... No me habléis más de todo esto--concluyó
+volviéndonos la espalda.
+
+La de Ribert, que esperaba una oposición obstinada de la abuela, se
+quedó sorprendida de nuestro éxito.
+
+--Bueno--dijo alegremente,--aprovechemos el permiso y ocupémonos del
+anuncio. Aquí tenéis el que he redactado durante vuestra ausencia.
+
+ * * * * *
+
+«Persona seria que hace estudios sobre las solteronas, desea conocer los
+motivos que alejan a los hombres del matrimonio. Respuesta a las
+iniciales A. B. C. Oficinas del periódico.»
+
+ * * * * *
+
+--¿Qué pensáis de esto?
+
+--¡Perfecto!--exclamé saltando de alegría.--Pronto, un sobre... ¡Oh!
+señora, qué agradecimiento... Qué feliz soy...
+
+--Espere usted, Magdalena--dijo la pobre señora de Ribert, aturdida por
+mi turbulencia.--Espere usted; hacen falta aún mil cosas. Qué niña...
+
+Por fin salió la carta... Volví a casa, donde encontré a la abuela casi
+repuesta de su exceso de indignación, y ya me encuentro alegre como...
+me falta término de comparación.
+
+Cuánto quisiera tener rápidamente una respuesta.
+
+
+
+
+22 de diciembre.
+
+
+¡Nada!... No hay respuesta... Qué largo es esto...
+
+Hoy, el día en que recibe la señora de Brenay, hemos ido a verla.
+También ha ido Francisca y su madre, Paulina y la señora de Aimont. Se
+habló mucho del baile blanco que da la señora de Geraumont con motivo de
+los esponsales de su hija, que se casa con un riquísimo banquero. Los
+Geraumont son unos opulentos molineros retirados de los negocios y no
+tienen la suerte de agradar a lo que se llama «la alta sociedad,» que
+les pone mala cara.
+
+--¿Vas a ese baile, Magdalena?--me preguntó Petra.
+
+--Magdalena no sale más que en la intimidad--respondió la abuela.--Una
+huérfana no está en su lugar en reuniones muy numerosas.
+
+--Pero es un baile blanco--observó la de Brenay.
+
+--Sí, lo sé; pero es todavía demasiado mundano para Magdalena. ¿Y usted
+ha aceptado?--preguntó la abuela a la de Brenay.
+
+--Los Geraumont no son de nuestra sociedad--respondió la de Brenay
+desdeñosa.
+
+--¡Ah!--respondió sencillamente la abuela, que, a pesar de ser
+aiglemontesa, no admite tan sutiles distinciones.--¿Y usted,
+señora?--preguntó a la de Aimont.
+
+--No me halaga el exponerme a bailar con los proveedores--respondió
+ésta.--Es un baile de comerciantes, de modo que...
+
+--Pues nosotros aceptamos--dijo Francisca antes de que se lo
+preguntaran.--Siempre encontraremos algunos amigos para hacer banda
+aparte, y será divertido...
+
+--Y, sobre todo, muy fino para la dueña de la casa--murmuró la abuela a
+la sordina.
+
+--Me hace usted reflexionar--dijo la de Aimont.--Si estuviera segura de
+encontrar en casa de esa gente personas conocidas, puede que aceptase
+por Paulina... Hay tan pocas distracciones en Aiglemont...
+
+La abuela logró apenas contener una sonrisa que yo adiviné en su mirada
+casi maliciosa. Demasiado inteligente para apreciar mucho esas
+estrecheces tan en boga en Aiglemont, la abuela cambió la conversación,
+que amenazaba ser funesta para los pobres Geraumont.
+
+--¿No hay ningún matrimonio en el horizonte?--preguntó sabiendo que así
+complacía a todas aquellas señoras.--La chica de Geraumont no es, sin
+embargo, la única joven casadera...
+
+En este momento entraron otros visitantes en el salón, con tal
+estrépito, que la conversación se suspendió. Grande fue la sorpresa
+general al ver que eran el padre Tomás y la Melanval que se anonadaban
+mutuamente de testimonios de finura y se negaban a pasar el uno delante
+del otro. Por fin encontraron el secreto de ponerse de acuerdo
+precipitándose los dos a un tiempo a la puerta, lo que produjo un ruido
+espantoso y provocó una risa enorme en el interior del salón.
+
+En cuanto se restableció la calma, siguió la conversación con toda su
+vivacidad.
+
+--Señor cura--dijo la de Brenay,--háganos usted saber lo que piensa del
+desgraciado estado de cosas que íbamos a hacer constar una vez más; la
+dificultad de casar a las jóvenes que tienen un dote mediano...
+
+--Y a las que le tiene pequeño--añadió la de Dumais con una convicción
+de las más sinceras.
+
+--Lo cierto es--prosiguió la de Aimont,--que en nuestra población, como
+en otras muchas, hay muchas jóvenes cuyos padres viven en buena
+posición... Esas jóvenes no tienen ni más ni menos atractivos que los
+que tenían sus madres a su edad, y, sin embargo, no encuentran marido...
+
+--Sí--convino el padre Tomás.--Ya he tenido una larga conversación sobre
+esto con la señora de Sermet y Magdalena. Nada se opone a que la
+continuemos... Las condiciones de la vida moderna aumentan
+considerablemente las probabilidades que tiene una muchacha para no
+casarse--dijo mirándonos una tras otra a todas las jóvenes
+presentes.--Los hechos están ahí, innegables, casi palpables...
+
+--Destruya usted esos hechos, señor cura, destrúyalos usted--interrumpió
+Francisca con su petulancia habitual.--Es horrible condenarnos con
+hechos... y con hechos palpables...
+
+--¿Y qué quiere usted que yo le haga?--objetó el cura.--En primer lugar,
+nacen indiscutiblemente más mujeres que hombres, al menos en Francia...
+Después la muerte se lleva más pronto a los hombres que a las mujeres,
+lo que hace el elogio de ustedes, señoras--observó graciosamente el
+cura,--porque prueba la pureza de su vida. El hombre paga sus locuras o
+sus debilidades... En tercer lugar, la aspereza creciente de la famosa
+lucha por la vida exalta los sentimientos egoístas en el hombre. «Tengo
+bastante para mí--se dice,--pero no para tres o cuatro, si tengo
+hijos...» Esta tendencia, por otra parte, no es reciente; Michelet
+hablaba de ella en su libro sobre la mujer.
+
+--Y bien, ¿por qué no educar a las jóvenes con arreglo a este nuevo
+estado de cosas?--exclamó la Melanval.
+
+--Es verdad--respondió el cura.--Últimamente he leído un artículo de
+Marcel Prevost...
+
+--¡Oh!--balbució la Melanval con espanto.--Usted lee a Marcel Prevost...
+
+--¡Los canónigos leen, pues, a Marcel Prevost!--murmuró Francisca con
+una apariencia de ingenuidad que no engañó a nadie.
+
+--Los canónigos... no lo sé. En cuanto a los profesores, su deber es
+ponerse al corriente de todo lo que puede ser útil al cumplimiento de su
+misión y...
+
+--Señor cura--dijo en tono lastimero la de Dumais,--perdone usted a
+Francisca.
+
+--No hay nada en todo esto que necesite perdón. Francisca me hacía una
+pregunta y yo respondo... Los profesores están hechos para
+responder--añadió el cura con una buena sonrisa.--Decíamos, pues--dijo
+reanudando el hilo de sus ideas,--que Marcel Prevost se ocupaba en la
+cuestión del celibato y va hasta aconsejar que se eduque a las muchachas
+para ese estado. El escritor dirige a las jóvenes un discurso, muy bien
+hecho a fe mía, en el que les dice poco más o menos:
+
+«Soñad con un marido, unos hijos y un hogar; es legítimo. Tratad de ser
+unas muchachas casaderas tan cumplidas, que el dejaros por cuenta
+atestigüe una inverosímil ceguera. Pero concebid paralelamente otro
+porvenir además del matrimonio para el caso de que no os caséis a pesar
+de todo... Sobre todo, no vayáis a meteros en la cabeza que vuestra vida
+quedará truncada si no habéis encontrado esposo. Hay algo que el
+celibato no perjudicará ni disminuirá, y es vuestra propia personalidad,
+o, más sencillamente, las probabilidades de gozar honradamente de la
+vida que os ofrecen vuestro corazón, vuestra inteligencia y hasta
+vuestras facultades físicas, desarrolladas con cuidado. El celibato no
+es, en suma, más que una desgracia negativa, la falta de una añadidura.
+Guardaos de jugar todo vuestro destino a un suceso que no depende de
+vosotras. Antes de ser esposas, antes de ser casaderas, sois personas;
+el perfeccionamiento de esa persona depende sólo de vosotras.»
+
+--¡Bravo por Marcel Prevost!--exclamé con entusiasmo.--Todo eso es
+justamente lo que yo pienso... ¡Y qué bien dicho está!...
+
+--Ya tenemos a Marcel Prevost elevado a la altura de un padre de la
+Iglesia--dijo la abuela descontenta de sus teorías.--¡Si nos vamos a
+preocupar de la opinión de los literatos modernos!...
+
+--Querida señora--respondió el cura, otra vez en discordancia con su
+antigua amiga,--esa opinión tiene su valor... Mientras los novelistas
+tengan la especialidad de pintar las ideas de una época, habrá que tener
+en cuenta lo que ellos indican y...
+
+--¿Son acaso las ideas de nuestra época lo que ese señor ha expuesto en
+el discurso que acaba usted de leernos?... ¡Ah! señor cura, jamás,
+jamás--respondió la abuela en un acceso de violenta indignación.--¿Qué
+madre tendría semejante lenguaje?
+
+--Una madre prudente y lista--dijo el cura muy bajo.--Pero, en realidad,
+señora ¿se cree usted de esta época?... Usted, abuela, ¿comprende todos
+los pensamientos de su nieta?
+
+--Verdaderamente no--repuso la abuela confusa.--Todo lo que oigo ahora
+es tan contrario a lo que se decía y se pensaba en mi juventud, que no
+puedo acostumbrarme... Esta Magdalena me trastorna.
+
+--¿Yo?--balbucí sorprendida.--Diga usted más bien Marcel Prevost... En
+cuanto a mí, te engañas seguramente, abuela.
+
+--No, no, sé lo que me digo... Ya estás entusiasmada por las teorías de
+ese caballero... ¡Ah! qué jóvenes las actuales...
+
+--¡Ay!--gimió la de Dumais a modo de aprobación.
+
+--¿Por qué educar a las jóvenes como se hace ahora?--dijo la abuela con
+más energía.--En mi tiempo éramos más prácticos y no educábamos a las
+jóvenes más que para esposas ni les inculcábamos cualidades o talentos
+más que para el matrimonio... Aquel era mejor tiempo.
+
+--De eso habría mucho que hablar--respondió el cura moviendo la
+cabeza.--En la dichosa época de que usted habla, los prejuicios eran
+tales, que los padres no se atrevían a desarrollar en sus hijas una de
+las más puras pasiones de un gran corazón, el amor a la belleza...
+Entonces existían muchas mujeres para las cuales la cultura de la
+inteligencia y la generosidad del alma eran causas incesantes de lucha
+y de discordia con sus maridos...
+
+--¿Y cree usted que se han acabado esos tiempos?--preguntó la de Aimont
+en tono de burla.--¿Los señores maridos se han vuelto tan perfectos que
+pueden apreciar la idealidad en sus mujeres?...
+
+--Eso--dijo el cura confuso,--depende de las mujeres y... de los
+maridos.
+
+--Sí--añadió la de Brenay,--sin contar que el intelectualismo exagerado
+de que padecemos no es muy apreciado por esos pobres maridos... ¿Qué se
+hace con una intelectual?--terminó con una sonrisa llena de malicia.
+
+--Esa es una objeción pueril--respondió el cura.--Nunca el corazón de
+las mujeres encontrará mejor sostén ni un alimento más poderoso que el
+estudio de la Naturaleza. ¿Verdad, Magdalena?
+
+--Predica usted a una convertida--dijo la abuela.--Magdalena piensa como
+usted... Usted es para ella la ley de los profetas... Sin embargo,
+admitiendo que tenga usted razón, ¿todas esas bellas cosas mejorarán la
+situación de las solteronas?... Esa es la cuestión.
+
+--Por lo menos les harán soportar una situación que muchas de ellas no
+han creado ni deseado--respondió el cura,--pues en esta clase de cosas
+las costumbres pueden mucho... En Inglaterra una mujer no está obligada
+a tomar un nombre que no es el suyo para ser respetada. Los ingleses
+llegan hasta a encontrar muy práctica esa multiplicación de las
+solteronas...
+
+--No me extraña--dijo Francisca,--los ingleses razonan siempre en contra
+del sentido común.
+
+--No tanto, no tanto--murmuró el cura.--En estos tiempos está cada cual
+tan absorbido por sus intereses que no tiene tiempo más que para pensar
+en sí mismo. Ahora bien, las solteronas, que no tienen nada que hacer,
+están destinadas a pensar en los demás.
+
+--¡Es delicioso!--exclamó Francisca con convicción.
+
+--Es hermoso--dijo la abuela levantándose para despedirse.--Pero, sin
+embargo, ¿es esa la dicha?...
+
+El cura contempló durante unos segundos la silueta de la abuela plantada
+delante de él como una verdadera interrogación.
+
+--¿La dicha?--respondió.--La dicha se encuentra allí donde está el
+deber.
+
+--¡Ay!--exclamó Francisca,--esa es la dicha a precios reducidos.
+
+--Yo hubiera preferido otros deberes--replicó la abuela moviendo la
+cabeza con melancolía.
+
+--Sí, ya sé... Pero el deber cambia con la época en que se vive.
+
+--Puede ser--respondió la abuela.--La generación actual es eléctrica
+hasta en el deber... Tiene usted razón, señor cura, yo no soy de este
+siglo...
+
+El saludo de la abuela se resintió de la tristeza de su última frase y
+careció, casi, de la tradicional reverencia. Las mías indicaron mi
+serenidad habitual. Yo estoy siempre contenta cuando se habla de las
+solteronas.
+
+¡Cuánto voy a tener que escribir esta noche!...
+
+Ya acabé... Qué suerte...
+
+
+
+
+29 de diciembre.
+
+
+Empiezan a llegar las respuestas... Soy feliz como el pez en el agua. Mi
+dicha está, sin embargo, un poco empañada por el aspecto frío de la
+abuela, cada vez más disgustada por las ideas de su nieta; así es que no
+me atrevo a hablar de este asunto espinoso y mi alegría es silenciosa.
+
+La de Ribert, que es la bondad misma, ha venido con Genoveva para darme
+lectura de los primeros envíos. Hasta ahora no sirven para ilustrar
+mucho la situación: egoísmo, filosofía, mal humor y recriminaciones,
+esto es lo que nos dan las cuatro primeras muestras. La de Ribert
+asegura que esto es ya un éxito enorme que nos promete para los días
+siguientes cartas de un interés palpitante. Como yo no pido más que
+palpitar, espero...
+
+ * * * * *
+
+«Bernardo Monastiel a una persona seria.
+
+»Apreciable persona seria:
+
+»Soy hombre y soltero.
+
+»Confieso francamente que el matrimonio me tentaba bastante y hasta iba
+a sacrificar en su altar, cuando el Destino misericordioso me inundó de
+luz colocando ante mis ojos dos inocentes frases llenas de
+consecuencias.
+
+»Una de ellas estaba concebida de este modo:
+
+»Serás demasiado feliz si no tienes mujer.
+
+»Ya me sonreía el ser feliz; ¿cómo resistir a serlo demasiado?
+
+»La otra, con su laconismo, acabó lo que la primera había empezado:
+
+»No hay nada tan hermoso ni tan bueno como el celibato.
+
+»Menandro y Horacio son los únicos culpables... Sólo a ellos, señora,
+debe usted dirigir sus reproches... si los hay.
+
+»Reciba usted, apreciable persona seria, el homenaje de todo mi respeto.
+
+»BERNARDO MONASTIEL.»
+
+ * * * * *
+
+--Esto es hablar para no decir nada--dije a Genoveva, devolviéndole la
+carta.
+
+--No--replicó la de Ribert,--es el lenguaje de un amable egoísta... La
+belleza y la bondad del celibato son la eterna canción de los que
+rehuyen las cargas de una familia. Se pueden encontrar mejores
+razones...
+
+--Empiezo la otra--exclamó Genoveva.--No nos detengamos en el egoísmo.
+
+ * * * * *
+
+«X. Y. Z. a la señora...
+
+»Señora:
+
+»La pregunta que usted hace me hiere en lo vivo y me obliga a confesar
+una situación deplorable, en la que nos hallamos muchos jóvenes de mi
+edad, sin atrevernos a quejarnos.
+
+»Nadie desea casarse más que yo. Desgraciadamente, no tengo fortuna.
+Siendo reducidos mis recursos, me es tan imposible encontrar una mujer
+rica, como casarme con una pobre.
+
+»Homenajes respetuosos.
+
+»X. Y. Z.»
+
+ * * * * *
+
+--¡Pobre mozo!--exclamé.--¿Cree usted que ese motivo es verdadero?
+
+--Vaya si lo creo--respondió la de Ribert;--ese muchacho es
+absolutamente sincero. Ya conoce usted las pretensiones de las mujeres
+ricas, que jamás se casan con jóvenes pobres o sin gran porvenir...
+¿Cómo casarse con muchachas sin fortuna, cuando la bolsa está mal
+provista?... Eso sería, como dice el proverbio, casar el hambre con la
+gana de comer.
+
+--Es muy triste para los jóvenes--dije con compasión.--¿Cómo remediarlo?
+
+--Es difícil--respondió la de Ribert. Hay en esto todo un problema de
+economía social que hace retroceder a las inteligencias más juiciosas.
+
+--Retrocedamos, entonces, sin vergüenza--dijo Genoveva.--Propongo que
+las muchachas ricas se conformen con maridos sin fortuna, a fin de
+restablecer el equilibrio, puesto en peligro por la acumulación de
+riquezas en las mismas manos...
+
+--¡Miren la socialista!--exclamé riéndome.--Esta Genoveva tiene teorías
+aventuradas. Si la oyese la abuela...
+
+--¡Bah!--dijo Genoveva con serenidad.--Mi socialismo no hace daño a
+nadie, y estoy segura de que tu abuela lo aprobaría.
+
+--En teoría, puede ser que sí. Pero en la práctica, puedes estar segura
+de que no sería lo mismo. Jamás me dejará la abuela casarme con un
+joven sin fortuna...
+
+--Pasemos al número tres--dijo la de Ribert.--Es una linda muestra de
+los productos modernos, con una ligera tintura de bellas letras.
+
+ * * * * *
+
+«Un perfecto egoísta a la Esfinge del Periódico de las preguntas y
+respuestas:
+
+»Oh, Esfinge, que se oculta bajo la modesta apelación de «persona
+seria,» siento que es usted mujer joven y bonita...»
+
+--Cuando se quiere mostrar ingenio--interrumpió la de Ribert,--se engaña
+uno algunas veces...
+
+«Porque es usted esas tres cosas, respondo a su pregunta.
+
+»No soy más que un vulgar egoísta, que, saturado de bellas letras, dice
+con Anaxándrides:
+
+ * * * * *
+
+»Voy a casarme.--Tanto peor.--¡Cómo tanto peor!--Sí, es abrir tu hogar a
+todos los males: Si eres pobre y tomas mujer rica, serás esclavo hasta
+la muerte; si la mujer no tiene nada, serás más desgraciado, porque en
+lugar de un estómago, tendrás que alimentar dos...»
+
+»Quisiera besar a usted la mano, amable Esfinge, pero no puedo...
+
+»UN PERFECTO EGOÍSTA.»
+
+ * * * * *
+
+--El matrimonio pobre--dije riéndome,--es el efecto terrible. No había
+yo reflexionado en la cruel necesidad de alimentar dos estómagos, en
+lugar de uno...
+
+--¿Dos?...--terminó Genoveva;--di más bien tres... cuatro... cinco...
+seis...
+
+--¿Por qué no doce... o dieciocho?...
+
+--Como en el Canadá--hizo observar la de Ribert.--Pero en el Canadá
+produciría vergüenza escribir semejante carta. Allí se considera una
+familia numerosa como una bendición divina. Mientras que aquí es...
+
+--Una maldición--terminé, un poco pensativa.--Cómo huele esta carta a
+decadencia... El retoño de una raza fuerte, no escribiría una carta
+semejante.
+
+--El espíritu caballeresco, Magdalena, está muy enfermo--respondió la de
+Ribert.--En ninguna de estas cartas se encuentra la más pequeña huella
+de él.
+
+Cogí las cartas esparcidas en la mesa, y las recorrí con los ojos
+durante unos segundos.
+
+--En suma--dije a modo de conclusión,--es el _yo_, siempre el _yo_ lo
+que domina... Ninguna otra razón... ¿Piensan así todos los hombres,
+señora?
+
+--Todos no, Magdalena, pero sí muchos. Note usted, hija mía, cómo se
+desprende de todas estas cartas el cuidado del bienestar personal...
+¡Pobres mujeres!...
+
+--Sí--suspiré.--Y pensar que van tan alegremente al matrimonio con
+individuos de ese género...
+
+--Van muy alegres, es verdad... ¿Pero siguen estándolo?...--murmuró la
+de Ribert con inconsciente tristeza.
+
+--Dios mío--exclamé para cortar las meditaciones de la de Ribert, que
+parecían dolorosas;--qué contenta estoy de aprender a conocer a los
+señores hombres... Nuestra averiguación me va a abrir horizontes
+enteramente nuevos. Con tal de que todas las cartas no se parezcan a
+éstas... Quisiera encontrar mi alma hermana.
+
+--¿Y qué harás cuando la hayas descubierto?
+
+--Nada--aseguré con toda convicción.--Lo quiero por amor al arte, y sólo
+para convencerme de que no soy un objeto descabalado en la gran feria
+del matrimonio.
+
+--¿Sólo para eso?--repitió la de Ribert mirándome con atención.--¿Está
+usted segura de su imaginación y de su corazón, Magdalena?...
+
+--No comprendo--exclamé estupefacta.
+
+La de Ribert me besó con efusión por toda respuesta. Decididamente, cada
+vez comprendo menos...
+
+
+
+
+1.º de enero 1904.
+
+
+El mes de enero ha hecho su aparición esta mañana. La abuela está
+desolada.
+
+--Piensa, hija mía--me dijo, cuando fui a cumplimentarla por el año
+nuevo,--piensa que tendrás 26 años en septiembre próximo... Es horrible.
+
+--¿Por qué?... ¿tendré que matarme para no llegar a esta época
+nefasta?... Confieso que quiero conservar la cabeza y...
+
+--No digas tonterías, Magdalena, ya me comprendes.... Tener 26 años y no
+estar casada, es humillante.
+
+--Pues yo no siento semejante humillación.
+
+--Tú no sientes nada, como todo el mundo... Pregunta a Francisca, a
+Petra y a Paulina, y a tantas otras, lo que pensarían si se encontrasen
+en una situación tan ridícula.
+
+--¡Bah! se lo preguntaré cuando lo estén, porque llegarán como yo,
+querida abuela.
+
+--No será por su culpa--respondió la abuela, dando un gran
+suspiro.--¡Ah! Magdalena, si tú quisieras...
+
+Magdalena se hizo la sorda y ofreció a su abuela un almohadón bordado
+como recuerdo del día de año nuevo. Recibí, en cambio, un gran cuello
+de encaje de Venecia, del que tenía yo mucha gana, y que excedía mucho
+de los recursos de mi modesta pensión. La abuela, que es inflexible en
+la economía, me asigna 100 pesos al año para vestirme y para mis gastos
+personales. Con ningún pretexto puedo gastar más. Pero, por fortuna mía,
+están ahí el día de año nuevo y el de mi santo para corregir los rigores
+de mi presupuesto. Y la abuela es tan buena con su nieta...
+
+Al salir de misa, las de Ribert me llevaron a su casa, para darme
+lectura de dos nuevas epístolas. En cuanto estuvimos instaladas en su
+saloncillo, Genoveva me puso en la mano las cartas en cuestión, y
+después, quitándome prestamente la corbata, me puso al cuello un
+delicioso lazo, obra maestra de sus primorosos dedos.
+
+--Es mi aguinaldo--me dijo, abrazándome con todo su corazón.--Te deseo
+un buen año y... un alma hermana...
+
+Sin recoger la broma, puse en las manos de Genoveva mi recuerdo de año
+nuevo, que era un velillo de butaca, pintado a mano. Genoveva pareció
+contenta de mi trabajo, y fui dichosa al ver su placer.
+
+--¿Y las cartas?--dijo la de Ribert.--Pensemos en las cosas serias...
+
+Iba a abrir una cuando se presentó Francisca.
+
+--Estoy haciendo visitas--nos dijo al entrar,--a todas las personas
+queridas, para desearles un buen año.
+
+Genoveva recibió sonriendo su entusiasta abrazo, cambiaron las dos sus
+regalitos, y nos pusimos a hablar al lado del claro fuego de los leños
+monumentales en uso en Aiglemont.
+
+--¿Vamos a leer estas cartas a Francisca?--exclamó de pronto
+aturdidamente.
+
+--«Las cartas a Francisca»--dijo la de Ribert, frunciendo las
+cejas,--son la propiedad de uno de nuestros novelistas...
+
+--Sí, señora, pero yo no hablo de Marcel Prevost, sino de las cartas, de
+las famosas cartas...
+
+--¡Niña charlatana! exclamó la de Ribert, cuyo fruncimiento de cejas
+comprendí entonces. No quería, evidentemente, que Francisca estuviese al
+corriente de nuestras averiguaciones, y yo había hablado como una tonta.
+
+Viendo que no había modo de retroceder, la de Ribert explicó a Francisca
+el estudio que estaba haciendo sobre el celibato, pero se abstuvo de
+hacerme intervenir en el asunto. Francisca se quedó entusiasmada.
+
+--¡Qué gusto, saber lo que piensan esos bribones de hombres, cuando no
+las echan de gran corazón!... ¡Cuánto me alegro de que me admita usted a
+conocer las lucubraciones de esos caballeros!...
+
+--Y con más motivo--dijo la de Ribert,--puesto que encuentro que las dos
+cartas de que se trata, le convienen a usted bastante...
+
+--¡Qué suerte!--dijo Francisca interesada.--¿Hay, pues, personas que me
+aprecian?... Esto me hará encontrar una novedad después de mi querida
+mamá.
+
+--Genoveva, léenos esas cartas--dijo la de Ribert a su hija.--Francisca
+va en seguida a saber a qué atenerse...
+
+--¡Qué!--exclamó Francisca;--si se trata de una reprimenda, me tapo los
+oídos; para esa ingrata tarea, basta con mi madre...
+
+Pero era curiosa, y abrió las orejas cuanto pudo, a fin de no perder
+sílaba de una lectura tan poco común.
+
+--Qué asombrados se quedarían los aiglemonteses si tuvieran noticias de
+una correspondencia escandalosa como ésta...--dijo, todavía, antes de
+callarse definitivamente.
+
+--Se trata de un secreto entre nosotras--hizo observar la de Ribert,--y
+cuento con la discreción de usted, Francisca.
+
+--A fe de hombre honrado--respondió la aludida,--lo prometo.
+
+--Y la incorregible niña mimada se repantigó cómodamente en un sillón
+para escuchar mejor. Francisca asegura que su moral no está a gusto más
+que cuando su físico no sufre ninguna molestia.
+
+ * * * * *
+
+ «Pedro Marcelier,
+Registrador de la Propiedad en Santa Rosa,
+ a una persona desconocida.
+
+»Caballero o señora:
+
+»Empiezo por presentarme.
+
+»Soy soltero, partidario del matrimonio, veintisiete años, 560 pesos de
+sueldo y una posición honrosa cuando me jubile; familia considerada y
+apreciables probabilidades de fortuna por herencia.
+
+»En lo físico, se me encuentra, generalmente, bien, sobre todo mis tías,
+que son tan indulgentes.
+
+»En lo moral, no me conozco ninguna deformidad, pero esta vez, soy yo el
+indulgente... signo característico de mi buen temperamento: busco una
+mujer, y no un dote...»
+
+ * * * * *
+
+--Eso es lo que me hace falta--exclamó Francisca.--Buen muchacho...
+
+--Silencio--dijo Genoveva.--Continúo...
+
+ * * * * *
+
+«El sutil talento de usted, señora o caballero, percibirá en seguida la
+diferencia enorme, inconmensurable, que me separa de los demás solteros,
+y su corazón preverá un éxito fácil.
+
+»Error grave, señora. (Creo decididamente que es usted mujer.)
+
+»Hago a usted juez de la situación.
+
+»Hará unos tres meses, una de esas excelentes tías de que he tenido el
+honor de hablar, me hizo insinuaciones a propósito de un proyecto de
+matrimonio.
+
+»--Desgraciadamente--me dijo,--la muchacha no tiene otro dote más que
+sus veinte primaveras, sus bellos ojos y sus muchas habilidades...
+
+»--Es mucho, tía.
+
+»--¿Cómo mucho?
+
+»--Sí, soy joven, me gusta el trabajo, y en vez de un matrimonio rico,
+me contentaré con un matrimonio feliz.
+
+»--Bravo muchacho--respondió mi tía, dándome un abrazo.»
+
+ * * * * *
+
+--¡Diablo!--exclamó Francisca,--yo haría otro tanto... Ese Pedro es un
+corazón de oro...
+
+ * * * * *
+
+«Mi tía corrió a casa de su amiga, madre de la joven, e hizo
+triunfalmente su proposición: pero, en lugar del éxito esperado, la
+respuesta fue rotundamente negativa. Le dijeron que era yo muy joven y
+no bastante rico. Aquella muchacha de tantas perfecciones, no quería
+casarse más que con un caballero llegado a la fortuna y... a la edad de
+los ataques reumáticos. Evidentemente, no era yo su ideal.
+
+»Mi tía se quedó consternada.
+
+»Para consolarme de aquel fracaso, quiso probarme que no todas las
+jóvenes pensaban del mismo modo, y yo la creí de buen grado.
+
+»Pocos días después me anunció el descubrimiento de la mujer soñada, que
+era una linda joven, también sin fortuna, hija de una prima de la amiga
+de una amiga suya. Yo dejé correr las cosas.
+
+»Con 560 pesos y los 240 de renta que me producirían los 8.000 que mis
+padres me constituyen como dote, lo que me da 800 pesos, no tengo la
+pretensión de hacer una vida brillante, pero puedo bien dar a mi hogar
+un aspecto honroso si mi mujer posee las cualidades serias que convienen
+a una joven sin fortuna. Ahora bien: he aquí cómo trataban de establecer
+nuestro presupuesto la señora X... y su hija:
+
+»--¿Qué pensión piensa usted señalar a mi hija para vestirse?--me
+preguntó mi futura suegra.
+
+»--La que ella quiera--respondí galantemente.
+
+»--Muy bien--continuó la señora X,--Susana no es exigente. Ya sabe usted
+que se hace ella misma casi todos los trajes, y que no manda hacer más
+que los de ceremonia. Una pensión pequeña, bastará. ¿Qué diría usted de
+80 pesos?
+
+»--Concedido--respondí, dando gracias a la Providencia por haberme dado
+una suegra tan razonable.
+
+»¡Ay! la hora del desengaño llegó rápidamente.
+
+»Ante mis ojos espantados desfilaron cifras amenazadoras:
+
+»200 pesos para los gastos de una criada. Susana había sido demasiado
+bien educada, para hacer ella misma los quehaceres de la casa.
+
+»40 pesos para las comidas que tendríamos que devolver. A Susana le
+gustaba la sociedad.
+
+»20 pesos para accesorios de pintura, bordado, música, etc. Susana tenía
+tantas habilidades...
+
+»80 pesos para veranear. A Susana le gustaban los viajes.
+
+»20 pesos para las buenas obras. Susana daba su óbolo a todo el que se
+lo pedía.
+
+»En una palabra, llegamos rápidamente a un total de 440 pesos, y mis
+recursos se elevan a 800.
+
+»--¿Ha calculado usted, señora--dije con algún embarazo,--que hemos
+gastado ya 440 pesos, y que no quedan más que 360 para la casa, la
+comida, mis gastos personales, calefacción, alumbrado, lavandera,
+seguro, médico, boticario, etcétera, etc.? Y si nuestra casa se poblase,
+si hubiera una cuna... o varias...
+
+»--¡Dios mío! es verdad--exclamó mi futura suegra.--¿Qué hacemos?
+
+»¿Qué hacemos?...
+
+»Yo encontré la respuesta en seguida; no me casé, y no trataré de
+hacerlo, mientras la categoría de las muchachas casaderas no se
+transforme.
+
+»Puesto que desea usted conocer los motivos que alejan a los jóvenes del
+matrimonio, puede poner entre los más frecuentes, el que me atrevo a
+exponerle. La educación superficial y brillante de que sufren las
+jóvenes sin fortuna, y pertenecientes a cierta sociedad, es ciertamente
+una causa de celibato forzoso para ellas.
+
+»Si con 800 pesos no puedo yo nivelar un presupuesto, qué dirán los que
+están reducidos a vivir con 400 ó 600 pesos...
+
+»Mientras las muchachas pobres sean la reproducción exacta, en
+cualidades, defectos y gustos, de las ricas, que no se extrañen de que
+éstas sean preferidas.
+
+»Someto mi caso y mis reflexiones a su alto juicio, y ruego a usted que
+se sirva aceptar mis homenajes.
+
+»PEDRO MARCELIER.»
+
+ * * * * *
+
+--¿Qué decís de esto, hijas mías?--preguntó la de Ribert.
+
+--Es muy interesante--respondí pensativa. Iba a añadir:--«Y muy
+verdad,»--pero me contuvo el pensar que aquella carta aludía
+directamente a Francisca. No se podía hacer más claramente el proceso de
+su caso particular, y el de las jóvenes educadas como ella. Genoveva se
+abstuvo de hacer ninguna observación, por el mismo motivo. Francisca
+observó el embarazo general, y con su vivacidad de siempre, se apresuró
+a quitar al asunto todo carácter personal.
+
+--¡Vaya un cargante!--exclamó.--Qué manía de hacer sumas y restas...
+Solamente en el registro se puede tener un gusto tan pronunciado por el
+cálculo y sus complicaciones...
+
+--Siempre es útil saber contar--dijo dulcemente Genoveva.
+
+--Sí, lo concedo--respondió Francisca en tono de condescendencia.--Pero
+ese señor, en vez de volver la espalda en seguida, pudo decir claramente
+lo que pensaba a la madre de la joven. Pudieron entenderse, economizar,
+borrar uno de los gastos...
+
+--¿Cuál hubiera usted borrado, Francisca?--preguntó la de Ribert con una
+sonrisa ligeramente burlona.
+
+--¿Yo?... Ni uno, señora,--respondió Francisca muy convencida.--Todo eso
+es estrictamente necesario...
+
+--Sí--dijo la de Ribert,--un gasto a que se está acostumbrado, se
+convierte, en efecto, en una necesidad. El período que precede al
+matrimonio es generalmente una amable suspensión de todas las facultades
+prácticas, y se tira el dinero por las ventanas... Es, con frecuencia,
+una fiebre de las más malignas, de la que las jóvenes se resisten
+durante algún tiempo... Y se acostumbra uno pronto a no calcular...
+
+--¡Qué exageración!--exclamó Francisca.
+
+--No, no exagero. Después de los esplendores de unos esponsales
+dichosos, vienen los faustos de la boda, completados por los gastos del
+viaje obligatorio... Los jóvenes que poseen pocos bienes, hacen las
+cosas tan regiamente como aquellos cuya fortuna está sólidamente
+establecida... Hace falta voluntad y energía para resistir a la
+corriente de los placeres y arreglar los gastos de tal modo, que se
+salve el equilibrio del presupuesto, conservando las apariencias de una
+vida acomodada... ¿Cree usted que las jóvenes modernas ven bien ese
+grave aspecto del matrimonio?...
+
+--La verdad es que no lo sé--dijo Francisca.--Por mi parte prefiero
+confesar en seguida que no entiendo nada de todo eso.
+
+--Ya ve usted--respondió sencillamente la de Ribert,--que el señor
+Marcelier tenía razón.
+
+--¿Y la otra carta?--preguntó Francisca, queriendo cambiar de
+conversación.
+
+Genoveva puso en la mesa la carta que acababa de leer, y cogió la
+reclamada por Francisca.
+
+--Te prevengo--dijo riendo,--que esta carta no te va a gustar mucho más.
+Escucha.
+
+ * * * * *
+
+«Juan Dormal al abonado X. Y. Z.
+
+»Nadie era más partidario que yo del matrimonio. Soñaba yo con amor y
+con agua fresca, cuando las muchachas se encargaron de administrarme
+dicha agua fresca en forma de duchas desilusionantes.
+
+»Tres intentos de matrimonio a cual más desgraciado, me han desanimado
+para mucho tiempo, y he abandonado la idea de casarme.
+
+»Permítame usted que le cuente estos ensayos lo más sucintamente
+posible, a fin de contribuir así modestamente a sus interesantes
+estudios.
+
+»Hace unos seis meses, mi madre me presentó en una casa donde debía
+encontrar una señorita llena de cualidades y limpia de todo defecto.
+Encontré, en efecto, una encantadora joven, de una elegancia perfecta,
+amable, graciosa, alegre, y, en una palabra, enteramente seductora.
+Antes de inflamarme por esta maravilla, el último resplandor de buen
+sentido, me hizo averiguar los gustos de la que mi madre llamaba ya en
+el fondo de su corazón «mi deliciosa hija.»
+
+»No soy un lobo, ni tengo nada de salvaje, pero tampoco tengo los gustos
+de un mundano decidido. Confieso que mi ideal sería un hogar apacible y
+dichoso, y que encontraría muy desagradable que mi mujer estuviese
+siempre rodeada de una multitud de adoradores.
+
+»Ahora, bien, en pocas horas supe que Gilberta M... era una coqueta
+empedernida, muy experta en audaces amoríos... Se citaba el número de
+sus adoradores, casi igual al de sus trajes... Se me dijo que aquella
+joven tan perfecta, era tan desagradable en el interior de su casa, como
+encantadora fuera... Supe que era incapaz de coger una aguja, pero que,
+en cambio, sobresalía en el piano, en el _tennis_ y en el _croquet_, que
+nadie montaba en bicicleta como ella y que no tenía rival en la
+gabota...
+
+»Como sujeto de amoríos encontré a Gilberta ideal, pero como esposa...
+diablo, aquello dejaba que desear. Abandoné, pues, el proyecto de mi
+madre, y declaré francamente que no me casaría más que con una joven
+seriamente educada... Se casa uno para estar tranquilo, después de todo.
+
+»Mi segundo ensayo fue lamentable, en otro concepto. Di con una joven
+profundamente seria, pero una verdadera mujer mecánica. Sofía D... se
+había impuesto cinco horas diarias de estudio de piano, dos de pintura,
+una de canto y dos de paseo higiénico: total, diez horas de ocupaciones
+sagradas que nada ni nadie tenía derecho a distraer... Condiciones _sine
+qua non_ del matrimonio; había que tomarla así o dejarla... Yo la dejé
+con mucho gusto... ¡Cinco horas de piano!... ¡Cabeza hacía falta!...
+
+»--Búscame--dije a mi madre,--una buena camarada, ni muy mundana ni muy
+seria; una joven de buena familia, sin demasiadas habilidades... Una
+hija de la Naturaleza...
+
+»Esta perla estaba esta vez en un castillo de la Edad Media, muy
+pintoresco, a fe mía... Fui a él en la estación de la caza, y sufrí
+desengaño tras desengaño...
+
+»Micaela S..., buena muchacha, fraternal como un diablo, camarada con
+exceso; tenía una conversación que indicaba demasiado que era,
+realmente, una hija de la Naturaleza...
+
+»No podía decir tres palabras sin añadir una patochada y soltar una
+desvergüenza digna de un carretero. No pude hacerme a aquella fantástica
+educación, y llegué al colmo del asombro cuando le oí llamar a su padre:
+«Mi viejo Teófilo» y a su madre: «La buena Isabel.» Cerré la maleta, y
+volví a tomar el tren.
+
+»He aquí el relato muy abreviado de mis tentativas matrimoniales, la más
+desagradable de las cuales, fue la de la camarada.
+
+»Una camarada es la mujer a quien se prohíbe tener ese encanto femenino
+que nos cautiva; es la loca que firma riendo un contrato de igualdad,
+que es para ella un engaño... La camarada es la mujer que renuncia a las
+consideraciones que da la ternura, a los miramientos que da el respeto y
+a los matices que da el amor... La camarada es la mujer ante la cual se
+puede hacer todo, es la mujer con la que nadie debe casarse...
+
+»Rogando a usted que me dispense tan larga misiva, suplícole que acepte
+la expresión de mis respetos.
+
+»JUAN DORMAL,
+»Capitán de Artillería.»
+
+
+ * * * * *
+
+Cuando Genoveva terminó la lectura, nos quedamos todas en silencio.
+Francisca mordisqueaba la punta del pañuelo y columpiaba un pie puesto
+sobre el otro. Yo me reía en mis adentros de su evidente disgusto. Ella,
+que tiene por principio que la camarada es la mujer del porvenir, no
+podía evidentemente conformarse con este nuevo concepto de la camarada,
+y esto le hacía perder su buen humor acostumbrado.
+
+--Este señor razona muy bien... ¿Qué os parece?--preguntó la de Ribert,
+echando una mirada a Francisca.
+
+--Ese señor es un imbécil--dijo levantándose bruscamente.
+
+--No te enfades, Francisca--exclamé, echándome a reír...--No te he oído
+nunca decir las palabrotas de que habla el señor Dormal... No se trata
+de ti.
+
+--Sí, sí, sabes bien que todas esas frases sobre la camarada me dan en
+pleno estómago. ¡Ah! el muy idiota...
+
+--¿Tu estómago?...
+
+--No, ese capitán del diablo.
+
+--Vamos, Francisca, tranquilícese usted--dijo la de Ribert.--Si hubiera
+previsto que estas cartas iban a contrariar a usted tanto, no se las
+hubiera leído.
+
+--No lo sienta usted, señora--respondió Francisca con una vivacidad
+enteramente elástica,--soy yo quien lo ha pedido... Pero ese señor
+ridículo que afirma que no se casa nadie con la mujer camarada, se
+engaña... Yo me casaré--añadió con una expresión repentinamente
+endurecida,--diga lo que quiera ese señor y sus admiradores...
+
+Estas fueron las últimas palabras de la fantástica Francisca, que dijo
+que nos dejaba porque tenía que terminar sus visitas de primero de año.
+En cuanto se marchó, me levanté para despedirme de aquellas señoras,
+pero la de Ribert me detuvo.
+
+--Esta Francisca es alarmante, muy alarmante... Su gana de casarse le
+turba el entendimiento--dijo moviendo la cabeza con expresión
+meditabunda.
+
+--¡Bah!--respondió Genoveva siempre indulgente.--Es esa una crisis por
+la que pasan muchas jóvenes... Ya pasará; te lo aseguro.
+
+--Pero es una crisis peligrosa--observó la de Ribert;--su corazón y su
+cabeza se atrofian visiblemente... No se fíe usted, Magdalena... No
+debía usted decírselo todo a Francisca como lo hace.
+
+--Siento en el alma haber iniciado a Francisca en nuestras
+averiguaciones, puesto que esto contraría a usted--respondí un poco
+confusa.--Me he arrepentido en seguida de mi indiscreción, y...
+
+--Sí, hubiera preferido no ponerla al corriente de lo que
+hacemos--murmuró la de Ribert un poco ensombrecida.--Pero a lo hecho,
+pecho--añadió con su sonrisa habitual.--Esa Francisca desea demasiado
+casarse y ese deseo es chocante en una señorita...
+
+--¡Bah! váyase por las que no lo desean bastante--dijo Genoveva.--Hay en
+esto un buen sistema de compensaciones...
+
+La de Ribert no respondió, pero su cara expresaba una penosa ansiedad.
+
+--Magdalena--dijo dirigiéndose a mí,--disminuya usted un poco sus
+relaciones con Francisca... Casi me dan ganas de hablar de esto con la
+señora de Sermet...
+
+Genoveva y yo le suplicamos que no lo hiciese. Francisca es buena en el
+fondo, muy amable y muy divertida. No comprendo que se sea tan severa
+con ella. La de Ribert es un poco dura...
+
+Por la tarde han venido a vernos todas nuestras amigas, con gran
+satisfacción de Celestina, orgullosa de ver tanta gente.
+
+--Hay aquí más visitas que en casa del alcalde--decía.
+
+Francisca ha estado a punto de tener otro pique con la Bonnetable, a la
+que se obstina en contrariar en todo; pero la abuela lo ha evitado dos
+veces, cortando la palabra a la incorregible niña mimada. La Roubinet,
+como de costumbre, ha dicho lindas frases sobre el primero de enero, y
+cuando deseó amablemente un marido a las solteras presentes, la virtuosa
+Melanval no dejó de exclamar:
+
+--Con el permiso de Dios, por supuesto...
+
+A lo que Francisca, nerviosa, por su comienzo de escaramuza con la
+Bonnetable, respondió por lo bajo:
+
+--O del diablo, me importa poco...
+
+La Bonnetable, al oírlo, dio tal salto, que su silla produjo un horrible
+gemido y dio ocasión a la abuela para variar de conversación hablando de
+la poca solidez de los muebles modernos.
+
+Mientras tanto, Petra y Paulina hablaron mucho de la próxima fiesta del
+general. Parece que el regimiento se ha aumentado con un nuevo capitán,
+el Barón de Erinois, viudo y padre de cinco hijos, pero poseedor de
+12.000 pesos de renta. La de Brenay está tratando de pescar en sus redes
+a este incomparable capitalista, mientras la ingeniosa madre de Paulina
+ha descubierto en Martimprey, el pueblo de al lado, un joven industrial
+cuya posición es tan tentadora, que la de Aimont ha inaugurado su plan
+de campaña haciendo la corte al cura del pueblo, que tiene una gran
+influencia con el joven en cuestión...
+
+Dios las bendiga... Como en el día de año nuevo se cambian los votos más
+estrafalarios, nada se opone a que desee a estas señoras un pronto
+éxito.
+
+
+
+
+8 de enero.
+
+
+Estaba hace ocho días deleitándome en el análisis de las cartas
+recibidas y encontrando que los hombres tienen a veces buenas razones
+para no casarse, cuando esta mañana recibí con gran satisfacción esta
+esquela de Genoveva:
+
+ * * * * *
+
+«Querida amiga:
+
+»El alma hermana no es un mito, pues ha dado señales de vida. Adjuntas
+esas señales, con muchos besos de tu
+
+»GENOVEVA.»
+
+ * * * * *
+
+Abro la carta y descubro con encanto el milagroso hallazgo... El alma
+hermana está en mis manos, al menos por la expresión de sus
+pensamientos... ¡Qué dichosa soy!...
+
+ * * * * *
+
+«Señora:
+
+«Agradezco infinito al periódico que me procure el honor de escribir a
+usted sobre un asunto que tanto me interesa.
+
+»Soy soltero y estaría bastante resuelto a casarme, si tuviese la
+suerte de encontrar una mujer que me gustase a mí y no a la servicial
+persona que quiera mediar para probarme que tal joven me conviene
+muchísimo. Tengo horror a los intermediarios en esta especie de cosas y
+votaría con gran placer una ley que castigase a las personas cuya
+especialidad consiste en hacer la felicidad de los demás.
+
+»A mi edad--30 años el mes próximo,--se sabe bien lo que se quiere y lo
+que no se quiere. Puedo juzgar por mí mismo, y como mi fortuna me
+permite no mirar a la de la mujer con quien me case, no me molesta
+ningún prejuicio...»
+
+--¡Ah! eso es--exclamé sin dejar de leer.
+
+«No deseo ni dote, ni relaciones, ni gran trascendencia intelectual en
+mi prometida, y sé que solamente con sentirla en perfecta comunidad de
+ideas conmigo, podré amarla.
+
+--Lo mismo que yo con un marido, murmuré con unos latidos del corazón
+que no me dejaban respirar.
+
+«Ahora bien, señora, no creo que se puede amar a una joven que en la
+primera entrevista aparece desempeñando un papel convenido de antemano.
+Cualesquiera que sean sus atractivos, son artificiales, y confieso que,
+por mi parte, renunciaría a adivinar lo que pasa en aquel cerebro
+velado, como no me arriesgaría a augurar las causas que hacen moverse a
+un corazón que vive bajo tan lindos atavíos.
+
+»La joven casadera es un enigma difícil de descifrar, siendo así, que yo
+quiero descifrar a mi prometida antes de querer a mi mujer. Para amar
+hay que conocer y no basta la etiqueta...
+
+»Como usted ve, señora, tengo la debilidad de desear un matrimonio de
+inclinación, pero, desagraciadamente, la vida de nuestras pequeñas
+poblaciones se presta poco a ello. En Bellefontaine, donde vivo, los
+hombres están agrupados de un lado y las mujeres de otro. Conocemos el
+color de los sombreros de esas señoritas, pero no el de sus ideas.
+
+»Me es imposible casarme en esas condiciones.
+
+»Tengo fe, sin embargo, en la Providencia y espero tranquilamente que
+suene mi hora. La mujer con quien debo casarme existe seguramente y
+vendrá a mí. La espero con confianza y una ternura que no pide más que
+entregarse...
+
+»Perdone usted esta confidencia demasiado personal, en gracia de la
+intención que la ha motivado. He querido dar a usted parte de esta causa
+de celibato, más frecuente de lo que se cree. Nosotros, los hombres,
+somos con frecuencia tímidos. ¿Por qué no confesarlo?
+
+»Reciba usted, señora, el testimonio de mis respetos.
+
+MAURICIO BALTET.»
+
+ * * * * *
+
+Me quedé muy pensativa después de la lectura de esta carta singular que
+tan bien concuerda con mis ideas... Genoveva, pues, no se había
+engañado; existe realmente un joven que piensa como yo en esta cuestión
+del matrimonio... ¡Lástima que el señor Baltet viva en Bellefontaine en
+lugar de vivir en Aiglemont!... En fin, qué le hemos de hacer...
+
+Fui por la tarde a dar las gracias a Genoveva por su amable envío, y mi
+amiga se arrojó a mis brazos para felicitarme por mi buena suerte,
+mientras su madre me preguntaba con interés si estaba satisfecha.
+
+No pude negarlo, puesto que a mi satisfacción de los primeros momentos
+se unía otro sentimiento muy comprensible, que era éste; el señor Baltet
+empezaba a pertenecerme por derecho de conquista. La de Ribert decía
+hablando de él:
+
+--El alma hermana de usted.
+
+Genoveva iba más lejos y decía:
+
+--Tu _alter ego_.
+
+--Figúrese usted, señora, que este señor Baltet no me parece ya un
+extraño... Le adopto, le acaparo y hago causa común con él...
+
+--De prisa vas--respondió Genoveva maliciosamente.--¡Qué lástima, mamá,
+que el señor Baltet y Magdalena no se conozcan!...
+
+No pude menos de ruborizarme al oír estas palabras que estaban tan en el
+tono de mis ideas, y me apresuré a distraer la atención de Genoveva, que
+empezaba a pesarme un poco.
+
+--Nuestros estudios adelantan mucho, ¿verdad?--dije con una flexibilidad
+de tono digna de Francisca.
+
+--Sí--respondió la de Ribert,--y estoy muy satisfecha al ver que los
+hombres no son tan egoístas como yo temía. Decididamente, hay unanimidad
+en las quejas contra la educación de las jóvenes actuales... Tengo aquí
+otras cartas en el mismo sentido.
+
+--¿Sí?--exclamé esforzándome por olvidar al señor Baltet para no pensar
+más que en la correspondencia de la de Ribert.--¿Qué se les reprocha de
+nuevo?
+
+--De nuevo, poco. Esos señores se quejan con una notable unanimidad del
+espíritu de independencia, de la coquetería y del ardor por los
+_sports_ que distinguen a las muchachas... Y el piano, el pobre piano,
+qué tempestades levanta...
+
+--Y hay madres que creen que la música es una preciosa añadidura al dote
+de sus hijas--dijo Genoveva con una risa que nos puso de buen humor.
+
+--Se equivocan como unas estúpidas--exclamó una voz burlona y vibrante,
+la voz de Francisca, que entraba en este momento en el saloncillo.--Y
+bien--añadió, después de darnos un vigoroso apretón de manos,--¿hay
+indiscreción en preguntar a ustedes qué dicen esos imbéciles?...
+
+Y sin oír el grito ordinario de protesta que se nos escapó a pesar
+nuestro: «¡Oh! Francisca,» se instaló cómodamente en un sillón. La de
+Ribert le echó una mirada escandalizada al verla sentarse con las
+piernas cruzadas, postura con que la incorregible Francisca se complace
+en excitar la indignación de las respetables aiglemontesas. La buena
+señora se calló sin embargo.
+
+--He encontrado mi alma hermana, Francisca... He...
+
+Una imperiosa mirada de la de Ribert me cortó la frase. Era visible que,
+según ella, acababa de cometer otra tontería. No comprendo esos
+misterios para una cosa tan sencilla... Pero como ya no podía retroceder
+di a Francisca la carta del señor Baltet diciéndole sencillamente:
+
+--De mi alma hermana.
+
+--Entonces será tan mema como tú--respondió Francisca,--y no es poco
+decir, mi pobre Magdalena...
+
+Leyó y releyó la carta como para pesar sus términos.
+
+--¿De modo que este majadero es tu ideal?--preguntó en tono burlón en
+cuanto acabó la lectura.--¿No ves, inocente, que tiene todas las
+cualidades para ser engañado?...
+
+--¿Cómo es eso?--dije admirada por la apreciación de Francisca.
+
+--Ese señor es demasiado cándido--continuó.--Para cogerle y acapararle
+no hay más que hacerle creer que se tienen los mismos gustos que él, y
+¡pan! ya está pescado...
+
+--Qué cosas dices--murmuré confundida.
+
+--De tu alma hermana... ¿eh?... Si tu abuela te hubiera dejado leer la
+mitad solamente de los librotes que yo he leído, razonarías como yo, mi
+pobre Magdalena.
+
+--Y sería una lástima--respondió la de Ribert, muy descontenta esta
+vez.--Usted, Francisca, tiene un modo de ser poco tranquilizador... No
+comprendo...
+
+--¿Que tenga estas ideas sobre la especie masculina?... ¡Ah!--suspiró
+Francisca cómicamente,--yo puedo asegurar que los hombres no valen nada,
+puesto que...
+
+--Puesto que no se casan contigo--añadió Genoveva.
+
+--Tú lo has dicho--respondió Francisca imperturbable.--¿Sabe usted lo
+que a los mejores les gusta más en nosotras?
+
+--No--contestó la de Ribert divertida a pesar suyo.
+
+--Nuestros defectos.
+
+--Pero, Francisca--dijimos con indignación,--¿cómo puede usted decir una
+cosa semejante?
+
+--Dios mío, no griten ustedes tanto--respondió poniéndose las manos en
+los oídos.--Certifico que un exceso de cualidades en la mujer aleja a
+los pretendientes... En cambio una llena de defectos se casa en
+seguida.
+
+--Entonces está usted madura para el matrimonio--respondió la de Ribert
+medio enfadada, medio en broma...
+
+--Lo creo... con un poco más de mis 2.000 pesos de dote, hace mucho
+tiempo que estaría casada. Esos caballeros me encuentran encantadora.
+
+--Y muy mal educada--añadió la de Ribert.
+
+--Eso es lo más sabroso... Usted, señora, no entiende nada de amor...
+
+--Francisca--replicó la de Ribert, muy severa esta vez,--si sigue usted
+así voy a ponerla en la puerta.
+
+--Señora--exclamó Francisca con una flexibilidad enteramente
+felina,--hablaba en broma, no me regañe usted... Era para escandalizar a
+Magdalena, cuya expresión de inocencia me divierte mucho.
+
+Y Francisca me envió un beso con los dedos mientras la de Ribert seguía
+mirándola de un modo poco tierno... Qué idea la de tomar en serio lo que
+dice esta loca de Francisca... Es tan niña...
+
+--¿Puedo escuchar aún, algunos párrafos de esa correspondencia de
+solteros?--preguntó Francisca.--Prometo ser buena como una imagen y
+respetuosa como un leño.
+
+La mirada de la de Ribert se dulcificó ante el tono de la petición, que
+produjo en todas una franca carcajada.
+
+--Al lado--dijo,--de todos los motivos de abstención ya enumerados, hay
+aquí una carta según la cual se debe atribuir el celibato de muchos al
+desarrollo del lujo. Su autor, hijo de un antiguo zuavo pontificio,
+cita una frase de Pío IX a la señorita de Gentelles: «Es el lujo lo que
+con frecuencia desune a los esposos y con más frecuencia todavía impide
+la conclusión de los matrimonios; pues apenas se encuentran hombres que
+consientan en cargarse con tan enorme gasto.»
+
+--Pío IX debía de tener la presciencia de mis pretendientes--exclamó
+Francisca con graciosa convicción.--¿Y qué van ustedes a hacer de todas
+estas noticias?
+
+--Nada--respondió la de Ribert.--Es una satisfacción para mí saber que
+los jóvenes tienen buenas razones para no lanzarse a un matrimonio
+arriesgado... Las muchachas de la clase media están muy mal educadas y
+no quieren a los hombres de posición análoga a la suya.
+
+--Eso no es cierto--dijo Francisca.--Un marido no importa cómo, sea
+quien quiera, en cualquier parte que se encuentre, aunque sea en la
+China, es todo lo que yo pido.
+
+--¡Qué Francisca ésta!--murmuró la indulgente Genoveva con una mirada
+suplicante hacia su madre para que no respondiese a Francisca.
+
+La de Ribert me leyó todas las cartas recibidas, y dejé a aquellas
+señoras, llevándome la carta de mi alma hermana, que Genoveva me puso en
+la mano en el momento de salir.
+
+Cuando entré en casa, la abuela, que estaba en el salón, notó en seguida
+mi alegría y levantó la cabeza tan bruscamente que se le cayeron las
+gafas a la alfombra.
+
+--Muy risueña estás, hija mía--me dijo con su bondad habitual.--¿Qué
+hay?
+
+Sin tener en cuenta su animosidad por nuestras investigaciones, se lo
+conté todo y le leí triunfalmente la carta del señor Baltet. Esperaba yo
+un sermón sobre las costumbres actuales y violentos reproches sobre el
+modo de ser de las jóvenes modernas, pero, con gran asombro mío, la
+abuela se contentó con mirarme con sorpresa y exclamó en tres tonos
+diferentes:
+
+--Calla... calla... calla...
+
+Después se aseguró tranquilamente las gafas en la nariz, cogió su labor
+y habló de otra cosa...
+
+¡Y yo, que esperaba una reprimenda!...
+
+
+
+
+15 de enero.
+
+
+Es curioso cómo me interesa el señor Baltet... Llevo dos noches soñando
+con él. Le veo rubio, delgado, bastante alto. Sus ojos azules son dulces
+y su voz agradable.
+
+Bajo el imperio de mi preocupación involuntaria, me interesan menos las
+cartas que recibe la de Ribert, que no comprende mi repentina
+indiferencia... Hago vanos esfuerzos para recobrar mi ardor, pero no lo
+consigo.
+
+Genoveva ha descubierto una parte de la verdad.
+
+--Ahora que Magdalena posee su alma hermana, no le interesa ya el resto.
+
+Es eso y no lo es. Pero cómo explicar...
+
+La de Ribert me leyó una porción de misivas explicando de diversos modos
+la escasez de maridos... ¡Cómo me hubiera interesado todo esto hace
+quince días!... Hubiera sido para mí un placer transcribir todas estas
+cartas, estudiarlas de cerca, discutirlas. Hoy no tengo paciencia para
+ello ni lo deseo... Cómo se cambia...
+
+Lo que yo quisiera, a todo esto, es saber si el señor Baltet es rubio o
+moreno... Me gustaría que se pareciese a mi sueño...
+
+
+
+
+24 de enero.
+
+
+¡Qué cosa tan singular es una idea fija!...
+
+Creo, palabra de honor, que no pienso ya más que en el señor Baltet...
+Llevo la necedad hasta poner su carta debajo de mi almohada... Es un
+colmo y un colmo estúpido, como diría Francisca. ¿Qué necesidad tengo de
+la carta del señor Baltet para dormir?...
+
+¿Estaré enferma?
+
+Saco la lengua delante del espejo, y la encuentro magnífica... Me tomo
+el pulso y nada tiene de anormal... ¿Qué es entonces todo esto?...
+¿Existe un resfriado moral?...
+
+Todo me lleva invariablemente a ese señor Baltet a quien no conozco.
+Ayer encontré a Petra que, con tierna solicitud, iba a acompañar a paseo
+a Simona y Gertrudis de Erinois, y no pude menos de pensar que sería yo
+muy feliz paseándome así con las niñas de Baltet... si es que existen
+niñas de Baltet... La de Brenay acapara a los Erinois, padre e hijos;
+todo Aiglemont se interesa por la lucha Brenay-Erinois, como llaman a la
+nueva intentona de esta ambiciosa señora de Brenay. Se hacen apuestas, y
+Paulina me ha contado que su padre ha apostado un peso a que la boda no
+se hace. La de Aimont está muy descontenta porque teme que esta historia
+de la apuesta llegue a oídos de los Brenay, que se pondrían furiosos.
+
+--Pero también--objetaba la de Aimont,--no se comprende semejante
+imprudencia... Petra ha recorrido ayer toda la calle de Thiers con las
+niñas de Erinois... Es correr detrás del padre demasiado visiblemente.
+
+No veo que haya una relación tan visible entre el padre y las hijas,
+pero esto debe de consistir en mis preocupaciones personales.
+
+¿Será que mi cabeza descarrila, como dice algunas veces la abuela?...
+
+
+
+
+29 de enero.
+
+
+Esta tarde, me ha sorprendido la abuela registrando el diccionario
+geográfico.
+
+--¿Qué buscas, Magdalena?
+
+--Nada, abuela... El nombre de una población--balbucí ruborizándome de
+un modo anormal.
+
+--¿Qué nombre?
+
+--Bellefontaine--murmuré ocultando esta vez la cara en el libro.--Tiene
+6.000 habitantes--dije sin atreverme a levantar los ojos.
+
+--Un poco menos que Aiglemont--respondió la abuela sin fijarse lo más
+mínimo en mi confusión.--Me gustan esos pueblos pequeños... Las
+costumbres son en ellos apacibles y honradas...
+
+Dicho esto, me dejó con el pretexto de dar órdenes a Celestina. No sé
+por qué me pareció sorprender un relámpago de satisfacción en la mirada
+que me echó al cerrar la puerta...
+
+
+
+
+2 de febrero.
+
+
+Descarrilo, positivamente.
+
+Esta mañana, después de misa, me he encontrado delante de la imagen de
+San Antonio con la de Aimont. San Antonio es menos comprometedor que San
+José y las muchachas casaderas pueden rezarle sin que todo el pueblo sea
+informado inmediatamente de que están en instancia con el Cielo para
+obtener un marido.
+
+La de Aimont estaba confusa y yo también. Ella rezaba por el señor de
+Martimprey a fin de que el santo favoreciese el matrimonio de su hija.
+Yo suplicaba a San Antonio en favor del señor Baltet. Pero sin precisar.
+
+--He perdido unas llaves que me hacen mucha falta y vengo a encomendar
+mi causa a San Antonio--me dijo la de Aimont al oído.
+
+--Yo he extraviado un pañuelo de valor--respondí con la misma
+sinceridad,--y espero que San Antonio...
+
+Cambiamos un apretón de manos y no hubo más.
+
+La de Ribert, a quien encontré al salir de la Catedral, me dio broma
+amablemente sobre mi repentino desencanto respecto de nuestros
+estudios...
+
+Protesté, pero débilmente y sin convicción. Para explicar mi cambio de
+actitud alegué unos trabajos urgentes de pintura. La abuela, que se
+reunió con nosotros en este momento, cambió con la de Ribert una mirada
+de inteligencia que me ruborizó... Por fortuna, la conversación tomó
+otro sesgo.
+
+¡Dios mío, te lo ruego, haz que ni la abuela ni la de Ribert adivinen mi
+niñería!
+
+
+
+
+10 de febrero.
+
+
+Francisca, extrañada porque no me encuentra en ninguna parte, ha venido
+a buscarme esta mañana.
+
+Vamos a ver, Magdalena--me gritó desde el umbral de la puerta,--vengo a
+saber por qué desapareces así de la circulación. ¿Por qué no has ido a
+casa de Petra ni a la de Paulina?... Te hemos echado mucho de menos...
+Si supieras cómo nos hemos reído... La de Brenay se cree ya suegra del
+Barón de Erinois; habla de él con un orgullo extravagante y mima a las
+chiquillas cuanto puede...
+
+--¡Ah!--dije aparentando interés.
+
+--Simona de Erinois dijo el otro día una frase que no tiene precio.
+Figúrate que se atrevió a decir a la de Brenay: «Eres amable porque
+quieres a papá...» Imagínate el cuadro...
+
+--¡Ah!...
+
+--Lo que me parece que va bien es el matrimonio de Paulina. Según lo que
+cuenta la de Aimont, el joven que tiene tan bonita fortuna en Martimprey
+exige 20.000 pesos de dote. La de Aimont protesta... «¡Qué
+exigencia!--murmura;--es draconiano...»
+
+--Y ella, ¿no se encuentra exigente?
+
+--Nada de eso--respondió Francisca con una burlona carcajada.--Ella es
+natural que tenga las pretensiones que quiera, eso es permitido... Lo
+que no lo es, es que el caballero haga lo mismo.
+
+--¡Ah!--respondí pensando en otra cosa.
+
+Francisca se acercó a mí y me levantó la cabeza cogiéndome por la
+barbilla.
+
+--¿Me quieres decir qué significan esas distracciones?--me preguntó
+meneándome.--La verdad es que no te conozco... Vamos, no me mires así,
+porque creeré que no tienes la conciencia tranquila...
+
+Por toda respuesta me eché a llorar sin poder más que decir débilmente:
+
+--No sé lo que tengo... Creo que estoy enferma...
+
+Francisca me miró un instante en silencio, registró mi escritorio,
+descubrió mi diario y leyó las últimas páginas sin que yo pensase
+siquiera en oponerme.
+
+--¡Vamos! esto es... Estás cogida, mi pobre amiga...
+
+--¿Cómo cogida?...
+
+--Sí, estás chiflada por el señor Baltet.
+
+--Chiflada...
+
+--Ciertamente... Le amas... ¿Comprendes ahora?
+
+--No, no, Francisca, no te figures eso--exclamé espantada y sin llorar
+ya esta vez;--estoy enferma...
+
+--Enferma... ¿Dónde?
+
+--Por todas partes...
+
+--Una especie de angustia, ¿eh?...
+
+--Sí.
+
+--Falta de interés hacia todo... Una idea fija...
+
+--Sí, sí...
+
+--Accesos de tristeza... Ganas de llorar...
+
+--Sí, sí--dije sintiendo que las lágrimas se me escapaban con
+abundancia.
+
+--Pues bien, eso es el amor--exclamó Francisca con entonación
+triunfante.--Te aseguro, hija mía, que eso es el amor...
+
+--No es posible--respondí indignada.--No conozco siquiera a ese señor y
+quieres que le ame...
+
+--No es necesario conocer para amar--dijo Francisca con vivacidad.--En
+las novelas no se conoce más que a los amigos. Con los enamorados la
+cosa es más rápida... Una chispa, y brota el amor...
+
+--En las novelas, Francisca, pero en la vida...
+
+--En la vida pasa como en las novelas... Créeme, Magdalena, he leído
+bastante para conocer la materia...
+
+--¿Crees entonces?...--pregunté un poco influida por la convicción de
+Francisca.
+
+--Sí... Con tus ideas y tu educación, tenía que suceder... ¡Ah!
+Magdalena, la solterona se transforma en una enamorada... Es
+graciosísimo...
+
+Sonreí débilmente.
+
+--No te burles, Francisca... Piensa que te puede suceder lo mismo...
+
+--¿A mí?--exclamó indignada;--jamás... ¿Yo enamorada?... El amor, amiga
+mía, no es de mi cuerda.
+
+--¿Y lo es de la mía?...
+
+--Completamente... Tú eres cariñosa, Magdalena, y yo no... Por otra
+parte--añadió,--prefiero mi carácter al tuyo...
+
+--Cada cual es como Dios le ha hecho--suspiré, envidiándole su filosofía
+y su buen humor.
+
+--Desgraciadamente para ti. Teniendo corazón se sufre... Con un corazón
+de similor como el mío, todo importa poco... ¡Viva el similor!...
+
+--¡Viva el amor!--respondí por lo bajo.
+
+--¡Qué gusto!--exclamó Francisca muy contenta.--Va a ser divertido ver a
+una enamorada de carne y hueso... ¿Me lo contarás todo, eh,
+Magdalena?...
+
+La niñada de Francisca me hizo reír, y prometí todo lo que quiso. He
+aquí a la buena Francisca elevada al papel de confidente... Se calumnia
+al decir que no tiene corazón, y todo el mundo es injusto con ella...
+Es, sin embargo, la única que me ha comprendido... Qué buena y segura
+amiga...
+
+--¡Pensar que estoy enamorada!... Es lindo el amor, pero triste... Y
+hasta hace un poco de daño...
+
+
+
+
+16 de febrero.
+
+
+La abuela va con frecuencia a casa de la Ribert, el padre Tomás viene a
+la nuestra, Genoveva aparece y desaparece y me envía amables sonrisas, y
+Celestina afecta cierto aire de discreción... Con tal de que no piensen
+otra vez en casarme... ¡Oh! no, no estoy para entrevistas...
+
+No he podido menos de dar parte a Francisca de mis temores, y me ha
+animado a la resistencia.
+
+--El amor es siempre contrariado por la familia--observó, dándose
+importancia.
+
+--¿Crees eso?
+
+--Sí. Hay que tener energía y no dejarte influir...
+
+--Pero...
+
+--Si cedes, todo está perdido.
+
+--No cedo--respondí;--pero, en fin, Francisca, yo no conozco al señor
+Baltet...
+
+--Que no le conoces... ¿Y la famosa carta?...
+
+--Es verdad; existe la carta.
+
+--Una carta como esa, basta para inflamar un corazón...
+
+--Un corazón inflamable--rectifiqué,--pero no uno como el tuyo.
+
+--No se trata de mí--respondió Francisca.--sabes que yo no represento
+más que los papeles de coqueta, mientras que tú eres una enamorada de
+nacimiento...
+
+--¿Verdad?...
+
+--Sí, cuando yo te lo digo...
+
+¡Buena y querida Francisca!... Qué suerte tiene de saber tanto... Hemos
+discutido juntas el santo a quien hay que rezar para conseguir que el
+señor Baltet llegue a conocerme. Yo me inclinaba a San Antonio, pero
+Francisca no es de mi opinión y me encomienda a Santa Magdalena. Me ha
+traído el librito del padre Lacordaire para excitar mi confianza en la
+querida santa.
+
+
+
+
+20 de febrero.
+
+
+--¡Qué revolución en mi vida!...
+
+--¡Oh! qué inmenso agradecimiento el mío a mi buena y querida abuela...
+Y pensar que estaba yo a punto de creer que su abnegación se
+debilitaba... Qué monstruoso error y qué ingratitud sin ejemplo...
+
+Esta mañana, almorzando, la abuela me hizo observar que estaba quedando
+mal con la de Ribert y que no debía abandonarla así, después de haberla
+molestado tanto con mis deseos de estudio.
+
+Si ahora te interesan menos las solteronas--dijo la abuela con fina
+sonrisa,--no por eso debes tomar ese aspecto despegado... Hace más de
+cinco meses nos estás fastidiando con tus solteronas... ¡Dios mío! qué
+disgustos me has dado... En fin, ya pasó...
+
+--¿Qué es lo que ha pasado?--pregunté fingiendo no comprender el
+pensamiento de la abuela.
+
+--Tu incomprensible gusto... Para ti no había más que las solteronas...
+Sólo ellas eran buenas y perfectas...
+
+--No, abuela. Pero convengamos en que son tan buenas y tan perfectas
+como las casadas... o más.
+
+--¡Bah! no hablemos más... Para salvar tu reputación, iremos esta tarde
+a casa de la de Ribert... No quiero que esta excelente amiga te juzgue
+mal.
+
+Se convino que a las tres dadas me encontraría dispuesta para acompañar
+a la abuela, y como no quería, de ningún modo, sufrir un interrogatorio
+malicioso, envié dos letras a Francisca para que se encontrase a las
+tres en casa de la de Ribert. Contaba con ella para cambiar de
+conversación e impedirla que fuese desagradable para mí.
+
+A la hora indicada, y en el momento de entrar en casa de nuestras
+amigas, nos tropezamos con Francisca, la cual, después de haber saludado
+amablemente a la abuela, nos propuso acompañarnos. La abuela hizo un
+movimiento de protesta que Francisca aparentó no ver ni yo tampoco. En
+seguida llamé, para evitar la hostilidad de la abuela, a la que no hacía
+ninguna gracia la compañía de Francisca.
+
+Marieta, la doncella, nos abrió la puerta, y cambió un mirada con la
+abuela, que me asombró. Pareció que la abuela le preguntaba:
+
+--¿Hay alguien con la señora?
+
+Y que Marieta había respondido:
+
+--Sí.
+
+Mientras subía la escalera, me sentí oprimida y rara. Francisca me
+empujó con el codo y me dijo:
+
+--Esto huele a misterio, ¿eh?...
+
+Mi opresión aumentaba, y me parecía que marchaba hacia mi destino, casi
+hacia mi desgracia... Si me hubiera atrevido, me hubiera escapado... Por
+fin, se abre la puerta del salón y... ¿qué veo?
+
+Delante de la ventana, ocupados en mirar fotografías, estaban la de
+Ribert y un joven rubio... alto... delgado... de ojos azules... Es el
+señor Baltet, estoy segura...
+
+Las presentaciones no me enseñaron nada. Le había conocido... ¡Cómo se
+parecía al hombre de mis sueños!... Su voz tiene las mismas inflexiones
+corteses... ¡Es él!...
+
+Pero... si es él, es que la abuela y la de Ribert me han adivinado...
+¡Qué vergüenza!
+
+Por un violento esfuerzo, logro recobrar un poco la calma, pero no puedo
+hablar... Francisca, que lo ha comprendido todo, se divierte
+grandemente, ríe, habla, afecta su expresión reservada de los buenos
+días, y exhibe de vez en cuando algún ingenio. Está encantadora,
+mientras que yo tengo la sensación de estar estúpida como una docena de
+gansos reunidos... La de Ribert me mira con reproche, la abuela con
+ansiedad, y las dos están casi duras con Francisca, y cortan
+intencionadamente sus frases más brillantes... Por fortuna para mi
+amiga, su humor parece estar en buen tiempo fijo y me quedo asombrada
+de su dulzura desusada. ¡Pobre Francisca! Hace eso por mí... Qué buena
+es...
+
+La de Ribert nos explicó en pocas palabras cómo había conocido al señor
+Baltet, y habló de sus investigaciones sobre el celibato... La abuela
+sonrió... El señor Baltet tomó parte en la conversación... Genoveva
+habló también... Solamente a mí no se me ocurrió nada que decir... Era
+tan feliz con mi absurda angustia... No sé cuánto tiempo duró la visita,
+pero cuando la abuela se levantó, di un suspiro de pena... La abuela lo
+notó probablemente, pues invitó al señor Baltet a ir a casa al día
+siguiente, con aquellas señoras, para ver unas antigüedades que podía
+enseñarles.
+
+El señor Baltet dio las gracias y aceptó, diciendo que quería aprovechar
+su estancia en Aiglemont para hacer unos estudios arqueológicos del
+mayor interés. Tiene una carta de recomendación para el padre Tomás, lo
+que pareció encantar a la abuela.
+
+Pero Francisca dio un violento golpe a su encanto, expresando que
+tendría mucho gusto en ser admitida a contemplar esas cosas que tanto le
+gustan. La abuela no había comprendido ciertamente a Francisca en la
+invitación, pero la curiosilla desempeñó perfectamente bien el papel de
+aficionada a antigüedades, y hasta tomó cierta expresión profunda al
+hablar de arqueología, todo para ablandar a la abuela y conseguir que no
+se le cerrase la puerta... El señor Baltet parecía ver con placer las
+diversas evoluciones de Francisca. Cómo se hubiera reído si hubiera
+sospechado la comedia que nos estaba representando...
+
+Genoveva me acompañó hasta la puerta y me dio un beso tan tierno, que
+me sentí instantáneamente animada y libre de mi absurda angustia.
+
+--Qué lástima, dejar a la de Ribert--dije a la abuela en cuanto
+salimos.--Creo ahora haber recobrado mi presencia de ánimo y hubiera
+gozado más de la presencia de mi alma hermana...
+
+--Silencio--dijo la abuela;--esperemos a estar en casa para hablar
+libremente...
+
+Al llegar, me eché en los brazos de la abuela, y sólo mis lágrimas le
+dijeron elocuentemente mi agradecimiento.
+
+--¡Querida abuela!--suspiré, cubriéndola de besos.
+
+--¿Estás contenta, hija mía?--me preguntó con voz conmovida,
+devolviéndome con usura mis caricias.
+
+--Abuela, abuela... ¿Habías adivinado?... Qué ángel guardián...
+
+--No era difícil--respondió.--Eres tan misteriosa, pobre hija mía, que
+llevas el secreto escrito en la frente...
+
+--¡Dios mío! y yo que apenas lo sabía... Sin Francisca, no lo hubiera
+sospechado siquiera...
+
+--Dichosa inocencia--exclamó la abuela riéndose.--Pero--añadió más
+severamente,--te ruego, Magdalena, que no acojas a Francisca como lo
+haces... Es astuta esa muchacha... Me contraría el verla mañana con el
+señor Baltet...
+
+--¿Por qué?--pregunté sorprendida.
+
+--Por nada--respondió la abuela, haciendo un movimiento como para
+ahuyentar un pensamiento importuno.--Hablemos de nuestro complot...
+
+Me contó entonces que había vigilado mis impresiones, que se había
+confiado al padre Tomás, y que la de Ribert había prestado su concurso
+a la conspiración. Con el pretexto de comunidad de ideas, había
+respondido directamente al señor Baltet. Este había pedido con la misma
+ocasión algunos datos sobre los descubrimientos arqueológicos hechos en
+Aiglemont, y la de Ribert había respondido tan bien, que el señor Baltet
+manifestó el deseo de venir a juzgar personalmente. Y todo se había
+arreglado.
+
+--De modo--pregunté mordida en el corazón por una secreta angustia,--que
+no se ha tratado de mí...
+
+--Nada de eso--respondió la abuela.--Acuérdate de la declaración de
+principios del señor Baltet... Creo que hablaba de exterminar a todo
+intermediario en un asunto matrimonial... No era este el caso de
+probar...
+
+--Mejor--respondí;--me quitas un gran peso...
+
+--Un poco de buen sentido, Magdalena--dijo la abuela.--Ya me haces
+incurrir en cosas bastante extraordinarias sin llegar a ofrecer a nadie
+mi nieta... ¡Ah! qué débil es el corazón de una abuela... Por cariño a
+ti, me veo metida en la más tonta historia que he visto jamás... La
+culpa es de las solteronas... Las abomino...
+
+--Querida abuela--respondí, apoyando la cabeza en su hombro,--si esas
+aborrecidas solteronas fuesen la causa de mi felicidad, ¿las
+detestarías?...
+
+--No, hija mía--dijo la abuela enternecida.--Tu dicha es mi única
+preocupación... de modo que tú crees...
+
+--Sí--balbucí confusa,--sí, creo...
+
+--¿Ya no eres opuesta al matrimonio?
+
+--Muy poquito ya... casi nada.
+
+--¡Ay! hija mía, qué alegría me das... Al fin podré morir tranquila...
+
+--No hables así, abuela adorada. Lo que hace falta es que vivas mucho
+tiempo... siempre.
+
+La abuela movió la cabeza con expresión de pena, y para no enternecerse
+más, me habló de la buena posición del señor Baltet, de sus gustos
+serios y de sus relaciones con el mundo de la ciencia.
+
+--¡Es alguien!--dijo la abuela.
+
+--Con tal de que yo llegue a ser algo para ese alguien...--murmuré con
+nueva angustia.
+
+--¿Por qué no?--respondió la abuela con orgullo.--Tendría que ver que a
+ese señor se le ocurriera criticarte...
+
+--Sin criticarme, podría sencillamente no reparar en mí...
+
+--¿En ti?...
+
+Esta pregunta fue un poema de amor, de confianza y de admiración y dijo
+todo el cariño de mi abuela querida y su fe ciega en el porvenir de su
+nieta.
+
+¡Pobre abuela!...
+
+
+
+
+21 de febrero.
+
+
+El señor Baltet me gusta cada vez más.
+
+Ha estado delicioso esta tarde. Cada uno de los objetos que le
+presentaba la abuela, era motivo para una disertación medio seria,
+medio jocosa. La de Ribert y Genoveva han quedado conquistadas como
+yo... aunque en distinto grado. Hasta Celestina manifiesta alguna
+indulgencia hacia el señor Baltet. La abuela no habla más que de él, y
+su nombre sale a cada instante en la conversación... Yo sonrío y me
+pongo encarnada... Dios mío, qué dichosa soy...
+
+Francisca me asombra prodigiosamente. Ella, que no tiene la costumbre de
+hablar seriamente, está admirable de formalidad y de oportunidad. No sé
+dónde ha ido a buscar las anécdotas que nos ha contado sobre un plato de
+Bernardo Palissy; todas la hemos escuchado con la misma sorpresa. Sin
+ese airecito reservado y dulce que ha inaugurado, sin duda en obsequio
+del señor Baltet, se hubiera ganado algunas observaciones de la abuela o
+de la de Ribert; pero nadie ha dicho nada, en consideración a un
+esfuerzo tan meritorio. El mismo señor Baltet escuchaba con gusto lo que
+decía Francisca. En varias ocasiones ha buscado su mirada y casi
+solicitado su aprobación; y la deliciosa Francisca, encantadora de
+ingenuidad y de modestia, sonreía, decía algunas palabras sin
+incorrecciones, se callaba y bajaba los ojos... Hasta he notado que le
+sale muy bien ese juego de miradas... Qué milagrosa conversión... No he
+podido menos de hacérselo observar:
+
+--Dime, Francisca, ¿se trata de una apuesta?
+
+--No hagas caso, Magdalena--me respondió, soltando una carcajada, que me
+pareció nerviosa,--es mi cara de hacer conquistas...
+
+--¡Su cara de hacer conquistas!... ¡Qué broma!...
+
+
+
+
+25 de febrero.
+
+
+Se ha marchado, y todo mi horizonte se ha ensombrecido de repente... El
+cielo me parece obscuro, las nubes tristes, las calles enlutadas, la
+gente fea y me pesa la vida diaria... ¿Es esto el amor?... ¿Amaré
+verdaderamente a un hombre a quien apenas conozco y en el que pienso sin
+cesar?...
+
+La abuela asegura que le he gustado y apoya su opinión en las
+confidencias que le ha hecho el padre Tomás. El señor Baltet le ha
+hablado de su deseo de casarse y de su voluntad de no hacerlo más que
+con una mujer que le guste absolutamente. El cura, con su espiritual
+bondad, le ha animado, y ha sabido por él que mi alma hermana se
+interesa por una joven descubierta hace poco tiempo... ¡Salto de
+alegría!... Gracias, Dios mío...
+
+El señor Baltet debe de estar contento de la recepción que se le ha
+hecho en Aiglemont. El padre Tomás le ha mostrado una benevolencia
+excesiva. El señor Dumais, a ruego de Francisca, se ha desvivido por
+acompañarle y enseñarle las curiosidades de la población, y, en una
+palabra, todos han puesto de su parte para que el arqueólogo encuentre
+en Aiglemont algo más que la antigüedad... ¿Ha encontrado,
+verdaderamente?... ¿Se lleva una impresión seria y duradera?... ¡Cómo
+quisiera saberlo!...
+
+He tratado de ver a Francisca para saber su pensamiento sobre esto, y me
+ha sido imposible... Francisca, que se encontraba como por milagro ante
+los pasos del señor Baltet, es ahora invisible.
+
+--La señorita ha salido.
+
+Tal es la respuesta que responde a mi campanillazo, cada vez que trato
+de ver a esta fantástica Francisca.
+
+Es curioso... Creí tener muchas cosas que escribir esta noche, y no me
+ocurre nada... Estoy distraída... Busco las palabras, y mis ideas se
+confunden... ¿Qué estará haciendo el señor Baltet mientras yo
+escribo?...
+
+
+
+
+1.º de marzo.
+
+
+La de Ribert ha recibido una carta de mi alma hermana, llena de
+esperanzas para mí. El señor Baltet escribe con todas sus letras:
+
+«Espero que tendré pronto una gran confidencia que hacer a usted,
+confidencia a que tiene derecho, puesto que está usted un poco en el
+fondo del secreto que me interesa.»
+
+Genoveva me ha dado broma sobre esto.
+
+--El señor Baltet ha descubierto un sarcófago o alguna moneda muy rara,
+y quiere participárselo a mi madre... Es muy amable--ha añadido,
+dirigiéndome una linda sonrisa.
+
+Yo también me he reído... Qué lejos está el señor Baltet de tal asunto
+de confidencias... Tan lejos como yo...
+
+He podido echar la vista encima a Francisca, durante un minuto. Estaba
+nerviosa, molesta e impresionable en exceso.
+
+--Sabes--le dije, con toda la exuberancia de mi alegría,--la de Ribert
+tiene una carta...
+
+--¡Ah!--dijo con voz apagada.--¿Y qué dice?...
+
+--Nada preciso, pero hay muchas esperanzas...
+
+--¿Nada preciso?... ¿Seguramente?...--preguntó en un tono violento y
+temeroso a la vez.
+
+--Puesto que yo te lo digo--respondí extrañada al ver aquel temor
+incomprensible.--Nadie está más interesado que yo en creer otra cosa...
+
+--Es verdad--replicó Francisca con voz extraña,--tú eres la más
+interesada en la cuestión...
+
+--Sin duda--dije.--Y dime, ¿cómo le encuentras?...
+
+--¿Yo?...--preguntó Francisca...--Pero cogió de prisa el sombrero, que
+estaba en una mesa de su cuarto, y se lo puso en un momento...--¡Y yo
+que olvidaba el encargo de mamá!...--exclamó, con una prisa
+extraordinaria en ella.--Dispénsame, Magdalena, tengo que salir... ¡Ah!
+sí--dijo en el momento en que la dejaba,--me preguntabas cómo le
+encuentro... Pues bien, mi opinión no ha cambiado... El señor Baltet es
+un majadero, a quien la primera mujer un poco lista escamoteará cuándo y
+cómo le plazca...
+
+--Si soy yo--exclamé,--no me quejo.
+
+--Y tienes razón--respondió Francisca, con no sé qué relámpago en los
+ojos.
+
+Es singular esta Francisca...
+
+Mi destino empieza a dibujarse... Voy a él confiada y dichosa, creyendo
+al fin en la felicidad de la mujer en posesión de un marido amado y de
+unos hijos queridos... ¡Qué camino recorrido en pocas semanas!...
+
+No he podido menos de hacérselo observar a la de Ribert, cuya
+indulgencia conozco.
+
+--Es el momento psicológico, Magdalena... Esa hora suena para todas...
+
+--Pero hay que oírla--murmuré con una fantástica visión en el corazón y
+en los ojos.
+
+--¡Bah! habría de ser sorda para no oír, al menos, las campanadas de una
+parte...
+
+--Es verdad... pero con algodón en los oídos...
+
+--¿Tiene usted algodón ahora?--me preguntó la de Ribert, con una sonrisa
+enteramente maternal.
+
+--No--respondí, ruborizándome;--al menos para lo que viene de
+Bellefontaine...
+
+Y me marché con el corazón en fiesta y el alma en ebullición.
+
+
+
+
+5 de marzo.
+
+
+No se habla en el pueblo más que del chasco de la de Brenay con el Barón
+de Erinois. La Bonnetable hace el oficio de tambor municipal y va de
+casa en casa a llevar la noticia. El brillante capitán se vuelve a
+casar, pero no con Petra. Sus 13.000 pesos de renta han encontrado otra
+renta de 4.000 en una joven, sin más antepasados que unos fabricantes de
+productos químicos... La crónica añade que las esperanzas de la novia
+exceden con mucho a su dote...
+
+La abuela lo siente por Petra, puesto que ésta lo deseaba, pero vitupera
+vivamente a la de Brenay, por desear tanto la gran riqueza.
+
+--¡Qué singulares matrimonios se hacen ahora!--dice.--Todo desaparece
+ante la fortuna... Todo el mundo se arrodilla ante el becerro de oro...
+Qué costumbres...
+
+No hay noticias del señor Baltet... La de Ribert le espera todos los
+días... ¡Y yo!...
+
+--Dígale usted que sí en seguida, señora, no le haga usted esperar--le
+digo muy bajo.
+
+--De modo que hay que decir sí...
+
+--Sí... sí... sí...
+
+--Cómo me recuerdas a tu pobre madre--dijo la abuela, con voz
+temblorosa.--Así estaba el día en que tu padre la solicitó...
+
+--Y los dos te dan las gracias, abuela adorada, por la dicha que das a
+su hija...
+
+--Así lo espero--respondió la abuela mirando las fotografías de los
+muertos queridos...--He hecho cuanto he podido para reemplazarlos
+contigo... ¿Lo he conseguido?
+
+--Bien sabes que sí.
+
+Mis besos pusieron fin a la conversación.
+
+Como el señor Baltet no sea un buen nieto para la abuela, estoy pronta
+al divorcio... Cuidado con el papel sellado...
+
+
+
+
+9 de marzo.
+
+
+Por fin ha habido una carta suya, dirigida esta vez al padre Tomás, a
+propósito de un volumen que no se encuentra en las librerías... Pero
+como el volumen me interesa poco, retengo sobre todo la frase en que el
+señor Baltet asegura que su viaje a Aiglemont ha sido su camino de
+Damasco, y que su sueño dorado sería llamar su mujer a aquella de quien
+conserva tan profundo recuerdo...
+
+¡Qué bien dicho está!
+
+Cinco veces he leído el famoso pasaje, y, finalmente, para escapar a las
+miradas maliciosas del padre Tomás, me he arrojado llorando en los
+brazos de la abuela.
+
+El cura se quedó un poco sorprendido por esta conclusión imprevista.
+
+--¡Cómo!... ¿Lágrimas?...--murmuró levantando las gafas para ver mejor.
+
+--Sí--respondió la abuela,--esta niña está muy sensible...
+
+--¿Y es esa frase, que parece insignificante, la que ha provocado tal
+diluvio?
+
+--Ciertamente... Señor cura--añadió la abuela descontenta,--no tiene
+usted corazón, sino comprende estas lágrimas.
+
+--¡Bah!--respondió el cura, comprimiendo políticamente la risa,--creo
+tenerlo un poco, aunque mis glándulas lacrimales no tengan la misma
+capacidad que las de Magdalena...
+
+No pude menos de reírme de la evidente sinceridad del cura, el cual dio
+un salto al oír la carcajada burlona que dejé escapar.
+
+--¿Ahora se ríe?...--exclamó abriendo los ojos con intensa
+sorpresa.--Qué hermosa es la juventud... Se llora y se ríe sin saber por
+qué...
+
+En seguida, para evitar otra emoción, me preguntó a quemarropa:
+
+--¿Y las solteronas?... veo que las abandona usted definitivamente... No
+está bien interrumpir tan bonitos estudios...
+
+--Así es la vida--respondí;--pero no crea usted que las abandono, puesto
+que les deberé mi felicidad...
+
+El cura me miró con expresión de asombro, y la abuela me dirigió una
+sonrisa.
+
+--Eso--dijo,--no es de la competencia de usted, señor cura... sea
+indulgente... Magdalena es tan feliz...
+
+--Feliz por una frasecilla sin estilo, sin citación...--dijo
+despidiéndonos,--sí, no lo comprendo...
+
+--Lo creo, señor cura, que no lo comprende usted... Eso no es de su
+competencia, como dice la abuela...
+
+
+
+
+12 de marzo.
+
+
+¡Ay!... todo está acabado desde ayer... desapareció aquella dicha que
+tanto me ilusionaba...
+
+El señor Baltet se casa, sí, pero... con Francisca...
+
+Es en Francisca en quien ha reparado; es a Francisca a quien ama; a ella
+es a quien pide en matrimonio, por medio de la de Ribert, consternada.
+
+En el primer momento, la de Ribert quería devolver la carta y rogar al
+señor... no, no puedo escribir su nombre... que hiciese sus encargos él
+mismo, pero le supliqué que salvase mi amor propio y aceptase la misión
+que se le confiaba.
+
+La abuela echa chispas contra Francisca; la de Ribert y Genoveva están
+indignadas, y el cura afirma que desde Dalila no se ha visto un ejemplo
+de traición semejante... Me esfuerzo por parecer animosa, pero estoy
+herida en el corazón...
+
+--¡Queridos sueños míos!... ¡Qué derrumbamiento!
+
+
+
+
+20 de marzo.
+
+
+Se han hecho los esponsales de Francisca... La de Dumais vino ayer a
+participar el matrimonio a la abuela, pero ésta, muy delicada, no pudo
+recibirla...
+
+¡Cuánto sufro, Dios mío!... ¿Le amaba, pues, hasta ese punto?
+
+
+
+
+25 de marzo.
+
+
+Parece que hay que salvar la situación y tener el valor de no cambiar
+mis costumbres para escapar de las hablillas del pueblo. La abuela me
+suplica que reciba a Francisca, que ha venido ya a verme cuatro veces...
+Hasta ahora he resistido, pero la abuela tiene razón... A la misma
+Celestina no dejaría de chocarle... Ayer dejó escapar una reflexión
+significativa:
+
+--No vale la pena de ponerse una persona en las niñas de los ojos para
+dejarla luego en la puerta...--murmuró cuando iba a decir a Francisca
+que había yo salido.
+
+Recibiré, pues, a Francisca... Qué penoso momento... Con tal de que
+tenga valor...
+
+
+
+
+28 de marzo.
+
+
+He visto a Francisca y he tenido con ella una escena muy dura.
+
+La abuela me había suplicado tanto que me dominase, y tan vigorosamente
+me había sermoneado el padre Tomás, que estuve casi correcta.
+
+Francisca entró un poco desconcertada. Evidentemente tenía conciencia de
+su mala acción. Sin hacerle un reproche, le ofrecí la mano.
+
+--¿Me guardas rencor, Magdalena?
+
+--Mucho.
+
+--Sin embargo, te juro que ha sucedido a pesar mío...
+
+--De modo que te casas a pesar tuyo...
+
+--No... lo confieso... Pero... ¿Cómo diré yo?... Al principio no pensé
+en tal cosa.
+
+--Sin duda--dije con amargura.--Sin pensar, estuviste provocadora y
+coqueta. Sin querer, prodigaste mil gracias conquistadoras y lo hiciste
+todo, todo, para quitármele...
+
+Me callé de repente, viendo que iba demasiado lejos, y seguí diciendo
+con más calma:
+
+--¿Por qué me has hecho traición?
+
+--¡Traición!... que palabra...
+
+--Es la justa.
+
+--Pues bien, sí, te he hecho traición, pero al principio, créeme,
+Magdalena, no pensaba en ello...
+
+--Que no pensabas...
+
+--No, te lo juro... estuviste tan torpe... no hablabas... apenas
+sonreías...
+
+--Sí, estuve torpe como un ganso y tú ingeniosa como un demonio... es
+sabido... ¿Y qué?...
+
+--¿Y qué?... Que vi en seguida que no le gustarías jamás... jamás...
+¿entiendes?...
+
+--¿Por qué jamás?
+
+--Los hombres como él, no aprecian a las mujeres como tú... Su razón no
+podía simpatizar con la tuya... Su prudencia tenía necesidad de mi
+locura...
+
+--¡Ah!...
+
+--La prueba es--dijo Francisca con energía,--que en seguida comprendí su
+inclinación hacia mí y su indiferencia contigo.
+
+--Debiste decírmelo.
+
+--¿Para hacer imposible mi juego?... No, por cierto, Magdalena. El señor
+Baltet es un hombre serio, un hombre que no ha vivido... Te
+aseguro--continuó Francisca casi suplicante,--que esa clase de hombres
+no se aficionan más que a...
+
+--A las bribonas, tienes razón.
+
+La palabra era dura, y la sentí inmediatamente, aunque sin desear
+retirarla.
+
+--¡Bien!--articuló Francisca, respirando profundamente.--Pero, por muy
+bribona que sea, oye lo que tengo que decirte... Mi prometido... era el
+único marido posible para mí...
+
+--¿Por qué?
+
+--Porque es uno de los raros jóvenes que desprecian la fortuna...
+
+--Desprecio no recíproco, ¿verdad?...
+
+--No recíproco--confirmó Francisca muy sombría.--El es rico y le es
+fácil ese desprecio... yo, soy pobre y quiero vivir...
+
+--Pues bien, tus medios te lo permitirán ahora--dejé escapar...
+
+--¡Ah! Magdalena, eres cruel...
+
+--Es que sufro... ¿Pero qué te importa eso a ti?--exclamé bruscamente.
+
+--Yo también he sufrido--dijo Francisca...--tú no sabes lo que es desear
+casarse... No comprendes el infierno de no concebir otra vida más que la
+del matrimonio, ni más dicha que la de una buena unión, y pensar que
+jamás... jamás... se tendrá marido...
+
+--Se toma el de las demás...
+
+--El señor Baltet no lo era tuyo.
+
+--No, pero sin ti, lo hubiera sido...
+
+--Nunca...
+
+--¿Qué sabes tú?
+
+--El me lo ha dicho.
+
+--¡Ah!--exclamé yendo hacia ella en actitud amenazadora,--¿me has hecho
+traición dos veces?...
+
+--No--me respondió sin bajar los ojos;--le he preguntado sencillamente
+por qué me había preferido siendo pobre, a ti que eres rica...
+
+--¡Ah!...
+
+--Jamás--me respondió,--me hubiera casado con una mujer que tuviese
+fortuna... Quiero que mi esposa me lo deba todo, lo mismo su bienestar
+que su amor...
+
+--De modo que te has perdonado tu traición...
+
+--Todavía no... Quisiera, Magdalena, que te dieses cuenta de los
+sentimientos que puede experimentar una muchacha pobre cuando contempla
+la vida de las dichosas de la tierra desde el fondo del abismo en que
+vegeta... Ninguna probabilidad de casarse... Ninguna esperanza en la
+vida... Entonces deja una de darse cuenta del bien y del mal... No se
+piensa, no se vive, ni se desea más que conquistar lo imposible...
+
+--Aunque sea destrozando el corazón de otra...
+
+--Qué importa... Es la lucha por la vida...
+
+--Lucha horrible...
+
+--Pero permitida.
+
+--¿Por qué, desgraciada?...
+
+--Por el instinto de la dicha... ¿Es ésta, acaso, un monopolio de las
+jóvenes que tienen dote?
+
+--¿Somos tan felices?...
+
+--Vuestra felicidad es insolente...
+
+--¡Ah! Francisca--dije enternecida.--No tengo padre ni madre y me quitas
+el único hombre a quien hubiera podido amar...
+
+--Era el único con quien podía yo casarme... Tú puedes escoger...
+
+--Ya había escogido.
+
+--Peor para ti... La cuestión no está en escoger, sino en ser
+escogida...
+
+--Bueno--respondí.--Estoy vencida, luego no tengo razón... No te deseo
+ningún mal, pero quiera Dios, Francisca, que seas más honrada como
+esposa que como amiga... ¿Le amas al menos?
+
+--Todavía no--respondió Francisca después de un instante de
+vacilación.--Pero ya le amaré--añadió precipitadamente.
+
+--O no le amarás--murmuré llena de angustia...--¡Qué triste es vivir!...
+
+Francisca me miró, vaciló y se atrevió por fin a invitarme a su boda.
+Entregada a mí misma, hubiera rehusado con indignación; para salvar las
+apariencias, acepté.
+
+--Para ti como para mí, vale más que nada se sepa fuera... Nuestra
+amistad ha muerto...
+
+--¡Oh, Magdalena!
+
+--Sí, ha muerto... de nada sirve negar la evidencia. Vas a salir de
+Aiglemont; hasta que te vayas, estaremos en la misma actitud en que
+estábamos. ¿Has comprendido?...
+
+--Acepto tus condiciones puesto que he obrado mal contigo... Pero...
+yo... Magdalena... te quiero como siempre...
+
+--Sin duda... el gato quiere al ratón con que juega... Adiós, Francisca.
+
+Hizo un movimiento para abrazarme, pero yo permanecí helada.
+
+--Adiós, Magdalena... Eres dura...
+
+--Sí, las víctimas lo son siempre, es sabido. Pero me es imposible darte
+las gracias a pesar de mi buena voluntad... Adiós, pues...
+
+Y Francisca desapareció, muy feliz sin duda, por haber terminado su
+nueva comedia.
+
+Qué razón tenía la de Ribert y la abuela al ponerme en guardia contra
+ella... ¿Por qué no las he escuchado?... ¡Ay! ya es tarde...
+
+
+
+
+31 de marzo
+
+
+Se habla mucho del matrimonio de Francisca. Yo estoy heroica y me
+callo... La de Aimont gime al hablar de la increíble suerte de esta
+muchacha que ha encontrado el secreto de pescar tan buen partido. La
+cosa les es más sensible porque el joven de Martimprey exige 20.000
+pesos de dote en vez de 10.000, para casarse con Paulina. Es lo
+último...
+
+Los Aimont están furiosos por tal regateo, y es natural.
+
+--¿Cómo va una a hacer para casar a sus hijas, Dios mío?--murmura la de
+Aimont.--No puede una, sin embargo, ponerse al acecho detrás de un muro
+protector y tirar sobre los yernos posibles...
+
+--A eso se llegará, señora--dijo la abuela como consuelo...--La caza a
+los maridos amenaza con hacerse bárbara... ¡Qué costumbres!...
+
+Pobre abuela... Siente mi pena a pesar de la calma aparente que ha
+logrado conquistar. Está triste y pálida y me mira con inquietud... En
+pocos días ha envejecido muchos años... Y pensar que hubiera querido
+tanto hacerla dichosa...
+
+
+
+
+16 de abril.
+
+
+He pasado una parte del día leyendo este voluminoso diario, relato de
+mis deseos y de mis ilusiones y testigo de mi decepción. Estaba
+recorriéndole con toda la melancolía de un ensueño interrumpido, cuando
+han venido a pedir noticias mías el padre Tomás, la de Ribert y
+Genoveva.
+
+Les he leído unos pasajes de mi precioso cuaderno, y el padre Tomás me
+aconseja que le continúe.
+
+--¿Qué voy a continuar?--pregunté.--¿Se continúa lo que está acabado?
+
+--¿Cómo que está acabado?...
+
+--Sí... ¿Qué quiere usted que añada a mis solteronas?--dije sonriendo
+tristemente.
+
+--Un último capítulo--respondió el cura con fingida alegría.--Alguna
+cosa original.
+
+--Ese capítulo--respondí,--está escrito... Me faltaba la solterona por
+decepción, y ya la tengo... Después, como cosa inédita...
+
+--Permítame usted...
+
+--Hacía falta añadir la lucha vergonzosa que atraviesa la joven sin
+fortuna en el camino de la que la posee... También está relatado.
+
+--No hablemos de eso--exclamó la de Ribert con lágrimas en los
+ojos.--Distráigase usted, Magdalena, y no piense más en esa decepción
+que nos incumbe a todos, y a mí sobre todo...
+
+--Por favor, déjeme usted toda la responsabilidad de lo que ha
+pasado--dije con voz poco segura.--Así como ignoraba lo que era una
+decepción, no sabía hasta donde podía ir la joven hipnotizada por el
+deseo de casarse... Ahora lo sé--añadí temblando ligeramente;--la cosa
+hace poco honor a la sociedad...
+
+--La sociedad no tiene que ver con eso--dijo la abuela estudiándome con
+angustia;--todo depende del carácter particular.
+
+--No siempre--respondí en tono más firme.--La lucha está emprendida de
+abajo a arriba en esta vieja sociedad alterada. Solamente en este
+combate por la vida, desgraciados los tímidos, desgraciados los débiles,
+desgraciados los concienzudos... Esos están vencidos de antemano...
+
+--Vaya--respondió el cura,--usted exagera las cosas...
+
+--¿No soy yo una vencida?...
+
+--Sin embargo--replicó el cura mientras la abuela se enjugaba una
+lágrima,--no hay que ver las cosas tan negras... Podría usted ganar una
+enfermedad del estómago--añadió intentando una broma.
+
+--Tengo ya tan malo el corazón...--murmuré apoyando la cabeza en el
+respaldo de la butaca.--Siento rencor por la sociedad entera.
+
+--¿Por qué?--preguntó Genoveva.
+
+--Una sociedad que hace tan poco para proteger a sus miembros más
+débiles es una sociedad a la que falta algo...
+
+--Le faltan tantas cosas--suspiró el cura.
+
+--Sí, pero sobre todo la presciencia de los peligros que hace correr a
+aquellos a quienes tiene la misión de guardar y no guarda... En el
+estado actual de nuestras costumbres, ¿qué puede hacer una joven que
+quiere casarse y no encuentra con quién?...
+
+--Resignarse en el celibato--respondió la de Ribert.--No hay otra cosa.
+
+--¿Y para la que no acepta la resignación?... Para esa no hay más que la
+rebelión--añadí convencida.--Las honradas faltarán al honor haciendo
+traición a quien puedan... Las otras caerán más bajo todavía... Es
+triste--continué,--pues si la sociedad no protege a sus individuos, se
+protegerán ellos mismos y volverá a empezar la lucha cuerpo a cuerpo,
+con la traición además...
+
+El padre Tomás movió la cabeza, la abuela me miró con expresión de
+alarma y la de Ribert y Genoveva parecieron confusas.
+
+--Es duro--añadí bajando los ojos,--ser engañada por la amistad y por lo
+que se cree ser el amor...
+
+Nadie respondió.
+
+Al cabo de un instante, el cura tosió, para aclararse la voz, y dijo:
+
+--Por encima de la amistad que hace traición y del amor que desilusiona,
+hay, sin embargo, Magdalena, algo, o más bien, alguien que usted
+olvida...
+
+Le miré con incertidumbre.
+
+--Está Dios--continuó en un tono majestuoso que me conmovió;--Dios que
+castiga las traiciones y consuela a los engañados...
+
+--Sí--respondí en un impulso de sinceridad.--Pero mi decepción está tan
+reciente que...
+
+--¿Quiere usted una receta para curarla?
+
+--¿Una receta?--pregunté sonriendo esta vez, con gran contento de la
+abuela.--Démela usted pronto, señor cura, pues bastante la necesito...
+
+--No penar en lo que se sufre, sino en lo que sufren los demás... Esta
+es mi receta.
+
+--Pero... es una receta de solteronas--exclamé.
+
+--Por eso es de circunstancias...
+
+--Sí--respondí valientemente.--Puesto que soy una solterona
+involuntaria, utilicemos las recetas de las solteronas... Resumamos,
+señor cura... Para hacer una solterona se toma una joven, se la
+desilusiona, se le hace traición...
+
+--No siempre--protestó Genoveva.
+
+--Y si no se le hace traición, se le acapara y se la ocupa de los demás
+y no de sí misma... Vive para los pobres, para los desgraciados y para
+los enfermos... Envejece... se acartona... se deseca...
+
+--Y muere--dijo la de Ribert en tono trágico.
+
+--Y va derecha al Cielo--añadió el cura,--escoltada por las lágrimas de
+todos los que ha aliviado y acogida por las sonrisas de los
+bienaventurados que la han precedido...
+
+--Entonces, la solterona...--pregunté.
+
+--Es una reina en el Cielo... cuando ha sido buena.
+
+--¿Y si no lo ha sido?...
+
+--Ha tenido bastante purgatorio en la tierra para no necesitar pasarlo
+de nuevo en el otro mundo--dijo el cura en tono un poquito sarcástico.
+
+--Dichosas solteronas--suspiró la abuela.
+
+--Sí--respondí sintiendo cierto alivio...--Dichosa la que sufre sin
+haber hecho nunca sufrir...
+
+--¡Sufrir y no hacer sufrir! sí--murmuró la abuela con su voz grave de
+los grandes días de duelo;--sí, esa debiera ser la fórmula de la vida de
+la mujer, aun de la más feliz de todas.
+
+FIN
+
+
+
+
+
+End of the Project Gutenberg EBook of Las Solteronas, by Claude Mancey
+
+*** END OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK LAS SOLTERONAS ***
+
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+The Project Gutenberg EBook of Las Solteronas, by Claude Mancey
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+This eBook is for the use of anyone anywhere at no cost and with
+almost no restrictions whatsoever. You may copy it, give it away or
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+with this eBook or online at www.gutenberg.org
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+
+Title: Las Solteronas
+
+Author: Claude Mancey
+
+Release Date: August 5, 2009 [EBook #29610]
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+Language: Spanish
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+Character set encoding: ISO-8859-1
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+*** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK LAS SOLTERONAS ***
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+<hr class="full" />
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+<p class="c un top15"><b>BIBLIOTECA DE «LA NACION»</b></p>
+
+<h2>CLAUDE MANCEY</h2>
+
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+<h1>SOLTERONAS</h1>
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+<p class="c top15"><img src="images/001.png"
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+
+<p class="c top15">BUENOS AIRES<br />1909</p>
+
+<p class="c">Imp. y estereotipia de <span class="smcap">La Nación</span>.&mdash;Buenos Aires.</p>
+
+<hr />
+
+<p class="cabez">LAS SOLTERONAS</p>
+
+
+<p>Las páginas que se van a leer no necesitan un largo discurso para ser
+presentadas al público.</p>
+
+<p>El título que llevan basta para hacer conocer su objeto.</p>
+
+<p>Y basta también, añadiré, para revelar su actualidad.</p>
+
+<p>¡Las solteronas!</p>
+
+<p>Existe hoy una cuestión de las solteronas.</p>
+
+<p>Y el autor de esta obra ha querido exponerla, o, mejor, plantearla.</p>
+
+<p>Su libro&mdash;confesémoslo, puesto que es la verdad&mdash;es, ante todo, una
+tesis de sociología.</p>
+
+<p>Si le ha dado la forma de una novela es porque sabe, como ha dicho La
+Fontaine, que</p>
+
+<p>
+Una moral desnuda trae consigo el fastidio,<br />
+<br />
+mientras que<br />
+</p>
+
+<p>El cuento hace pasar a la moral con él.<br />
+</p>
+
+<p>La «moral» que el autor quisiera hacer «pasar» sin «fastidio» a la mente
+de los lectores, es que hay en la actualidad una crisis del matrimonio
+y que, por consecuencia de ella, muchas existencias femeninas
+transcurren no sólo en una soledad dolorosa para la que las mujeres no
+están hechas, sino en una semiesterilidad que viene en detrimento
+público.</p>
+
+<p>Hay en esto un mal social considerable.</p>
+
+<p>A los moralistas, a los economistas y a los legisladores toca buscar y
+encontrar los remedios.</p>
+
+<p>Toda la ambición del «Diario» que sigue es notar los signos y marcar las
+manifestaciones de ese mal.</p>
+
+<p class="r">C. M.</p>
+
+
+
+<p class="fecha">Aiglemont, 26 septiembre 1903</p>
+
+
+<p>&mdash;Abuela, abuela&mdash;grité aquella mañana al salir de la cama,&mdash;felicítame,
+porque hoy cumplo veinticinco años...</p>
+
+<p>Y, muy dichosa, me precipité como una tromba en el cuarto de la abuela,
+que está al lado del mío. Sorprendida por mi brusca invasión&mdash;la abuela
+no puede acostumbrarse a mis modales de torbellino&mdash;la encontré enredada
+en las bridas de su cofia de dormir, y tratando de sujetársela en la
+cabeza del modo que convenía a la solemnidad de las circunstancias.</p>
+
+<p>La abuela es aficionada a la etiqueta&mdash;con E mayúscula, como ella la
+escribe,&mdash;y, para ella, estaba yo faltando a las más elementales
+conveniencias al anunciarle sin más ceremonia el alba de mi
+vigésimasexta primavera.</p>
+
+<p>¡Ay! jamás he podido aprender la calma, esa calma de las tropas
+veteranas de que habla sin cesar mi primo el comandante Harmel.</p>
+
+<p>&mdash;¿Felicitarte?&mdash;articuló por fin la abuela, besándome con todo su
+corazón, mientras que su gorro se caía decididamente al
+suelo.&mdash;¿Felicitarte?... Verdaderamente, señora nieta, no veo por qué.</p>
+
+<p>¡Adiós mi dinero!</p>
+
+<p>Aquel «señora nieta» me indicaba que la aurora de mi vigésimasexta
+primavera iba a conocer la reprimenda de que fueron testigos sus
+hermanas mayores y que era preciso prestar un oído atento y sumiso a los
+consejos matrimoniales de la abuela.</p>
+
+<p>&mdash;Sí&mdash;continuó, persiguiendo su idea y la colocación del gorro fugitivo
+en sus hermosos cabellos blancos,&mdash;sí, por mucho que busco, no veo nada
+particularmente glorioso en el hecho de tener veinticinco años.</p>
+
+<p>&mdash;Abuela&mdash;respondí afectando una expresión escandalizada,&mdash;a los
+veinticinco años es cuando aparece solamente la segunda y durable gracia
+de la fisonomía...</p>
+
+<p>&mdash;¿Qué estás ahí diciendo, chiquilla?&mdash;interrumpió la abuela haciendo un
+visible esfuerzo para recordar el autor de esa frase conocida.</p>
+
+<p>&mdash;Es una canción de Legouvé, querida abuela&mdash;si se puede llamar a eso
+una canción&mdash;añadí <i>in petto</i>.&mdash;Legouvé supone que hasta los veinticinco
+años no brilla en la mirada de la mujer el fuego de la inteligencia; que
+la agudeza del ingenio se revela en las narices más movibles y más
+acusadas; que el alma, sobre todo, el alma de abnegación y de ternura,
+al asomar a los labios, a la sonrisa y a las lágrimas, muestra a la
+mujer con todo el brillo con que Dios la ha adornado al crearla; y, en
+fin, que una mujer no está llena de riqueza de sentimientos y de
+inteligencia hasta los veinticinco años. Abuela, tú no eres de la
+opinión de Legouvé, confiésalo...</p>
+
+<p>&mdash;En una mujer casada&mdash;respondió la abuela&mdash;todo eso puede ser verdad,
+pero... en una solterona...</p>
+
+<p>&mdash;¡Solterona!&mdash;exclamé lanzando una alegre carcajada.&mdash;¡Qué gran error,
+abuela!... Soltera sí, y a mucha honra; pero solterona, jamás...</p>
+
+<p>Y mostré a la abuela con el gesto la linda silueta que reflejaba el
+espejo del armario de familia, una silueta a lo Legouvé. Blanca y
+delgada, con mi gran peinador de mañana, no tenía yo verdaderamente el
+aspecto de una triste solterona.</p>
+
+<p>Mis ojos negros no hacían pensar que yo me impacientase en las tristezas
+de la espera de un esposo soñado; mis cabellos indisciplinados, de
+matices cenicientos, no atestiguaban un carácter melancólico, y mi
+sonrisa no indicaba ninguna decepción del corazón.</p>
+
+<p>La abuela sonrió maliciosamente sin dejar de mover la cabeza.</p>
+
+<p>&mdash;Sí, sí; confieso que no has llegado todavía a la decrepitud.</p>
+
+<p>&mdash;¡Decrepitud! malísima abuela, retira pronto esa fea palabra.</p>
+
+<p>&mdash;¡Diablo! Una solterona...</p>
+
+<p>&mdash;¡Injusto calificativo!... ¿Por qué ese epíteto de viejas en una edad
+en que lo somos tan poco?</p>
+
+<p>&mdash;Es el uso&mdash;respondió la abuela en un tono que significaba que no había
+nada que replicar.&mdash;A los veinticinco años se viste la primera imagen y
+se entra en el gremio de las solteronas, por muy joven y muy linda que
+una se crea. Pero la belleza y la juventud son cosas fútiles. En vez de
+enorgullecerte por tus cualidades físicas, cuida tu belleza moral, hija
+mía.</p>
+
+<p>&mdash;¿A los veinticinco años?... Tú bromeas, abuela. Si mi belleza moral no
+está completa a la hora actual, puedes creer que es inútil que trabaje
+en ella. A esta edad no brotan ya esas cosas.</p>
+
+<p>&mdash;Anda de ahí, chiquilla&mdash;replicó la abuela;&mdash;no eres seria.</p>
+
+<p>&mdash;Vaya si lo soy&mdash;respondí.&mdash;La prueba es que ahora mismo me voy a
+prender un bonito lazo rosa en la belleza moral. Verás como eso la
+realza a los ojos de los mortales. Sabes, abuela, que no todo el mundo
+descubre la belleza moral... mientras que un lazo rosa...</p>
+
+<p>&mdash;Niña mimada&mdash;suspiró la abuela,&mdash;no quieres comprender qué feliz sería
+yo viéndote casada con un buen marido y...</p>
+
+<p>&mdash;¡Oh! abuela querida&mdash;supliqué,&mdash;soy tan feliz a tu lado... No me eches
+de aquí, te lo ruego...</p>
+
+<p>&mdash;¡Echarte!&mdash;exclamó la abuela con infinita ternura en los ojos.&mdash;¿Echa
+nadie a su alegría, a su rayo de sol, a su pajarillo parlero?</p>
+
+<p>&mdash;No&mdash;respondí vivamente afectando un tono de broma,&mdash;no se les echa,
+pero se les pone bonitamente en la puerta. La cosa es igual aunque no lo
+parezca.</p>
+
+<p>&mdash;Piensa, Magdalena, que puedo faltarte. ¿Qué sería de ti sola en la
+vida?</p>
+
+<p>&mdash;¡Oh! abuela, no entristezcas el día de mi cumpleaños, te lo suplico.
+No me digas cosas tan horribles. En primer lugar, tú vivirás siempre.</p>
+
+<p>&mdash;No, hija mía&mdash;respondió la abuela con una conmovedora angustia en la
+mirada,&mdash;no viviré siempre; no hay que hacerse ilusiones. Soy vieja, me
+moriré como los demás y, te lo repito, ¡qué será de ti sin parientes,
+sin familia allegada!...</p>
+
+<p>&mdash;¡Abuela! ten piedad de mí&mdash;supliqué con lágrimas en los ojos;&mdash;déjame
+gozar de mi vigésimoquinto aniversario... No me obligues a pensar cosas
+tristes... No me hables de la muerte, y sobre todo de la tuya...</p>
+
+<p>&mdash;Es, sin embargo, una ley de la Naturaleza siempre respetada y siempre
+obedecida&mdash;respondió dulcemente la abuela.&mdash;Tu padre y tu madre te han
+dejado. ¿Por qué yo, la abuela, he de ser inmortal?... Los viejos dejan
+el sitio a los jóvenes, y los pajarillos vuelan del nido para ir a
+construir otro...</p>
+
+<p>&mdash;Los pajarillos sin corazón, es posible&mdash;dije dejando caer un lagrimón
+en la mano que la abuela me ofrecía&mdash;pero las nietas agradecidas...</p>
+
+<p>&mdash;¡Bah!&mdash;respondió la abuela,&mdash;ya salió la gran palabra... Por
+agradecimiento querrías permanecer a mi lado para cuidarme, para
+endulzar mis dolores, para alegrar mis últimos años. Pero yo, por deber,
+no quiero tal cosa. Mi deseo es que te cases y pronto. ¿Entiendes?</p>
+
+<p>&mdash;Sí, entiendo tu abnegación. Me has recogido a la muerte de mis padres,
+me has consagrado veinte años de tu vida que hubieras podido pasar más
+tranquilamente; y ahora te olvidas de ti misma una vez más queriendo lo
+que crees que es mi felicidad. ¿Estás segura de qué lo será el
+matrimonio?</p>
+
+<p>&mdash;¡Cómo si estoy segura! Perfectamente, tontilla. No hay más que dos
+maneras honradas para una mujer de tomar puesto en la vida: el
+matrimonio y el convento.</p>
+
+<p>&mdash;No comprendo por qué el celibato no es tan honroso como los otros dos
+medios.</p>
+
+<p>&mdash;No necesitas comprenderlo&mdash;respondió la abuela con energía.&mdash;No se
+permanece soltera; eso no se hace.</p>
+
+<p>&mdash;Entonces, casamiento o monasterio. El convento no me dice gran
+cosa&mdash;dije bajando la cabeza.&mdash;La obediencia no es mi fuerte, la pobreza
+me molestaría y sólo me seduce la castidad. Tales gustos son los de una
+solterona, pero no son una vocación religiosa. Pero el matrimonio no me
+seduce tampoco mucho. ¿Estás segura, abuela, de que tengo la vocación
+del matrimonio?</p>
+
+<p>&mdash;¡Cómo disparatas, hija mía, cómo disparatas!&mdash;suspiró la abuela
+encogiéndose de hombros.&mdash;Cuando una mujer no está llamada a la más
+perfecta de las vocaciones, que es la religiosa, es que Dios la llama al
+matrimonio. No hay vocación del celibato. El matrimonio es indispensable
+para las mujeres destinadas a vivir en el mundo. Piensa, Magdalena, que
+la mujer no es nada por sí misma...</p>
+
+<p>&mdash;¿Nada? ¿Yo no soy más que una apariencia? Soy muy real, te lo aseguro.</p>
+
+<p>&mdash;Nada en lo moral, hija mía. La mujer necesita un apoyo para
+sostenerla...</p>
+
+<p>&mdash;Sí, vamos, una especie de tutor.</p>
+
+<p>&mdash;Un protector para representarla...</p>
+
+<p>&mdash;Como un paraguas...</p>
+
+<p>&mdash;No digas tonterías, hija mía, hablo en serio. La mujer necesita hijos
+y familia; es preciso que su sensibilidad se emplee en los seres a
+quienes ha dado la luz. Esta es la sola dicha de la mujer y su única
+dignidad.</p>
+
+<p>&mdash;¿Crees, abuela?&mdash;articulé pensativa.&mdash;Sin embargo, una muchacha de mi
+edad que empieza a comprender la vida, y ve de qué regateos son objeto
+las jóvenes casaderas, no puede tener prisa por dejarse pesar como un
+saco de dinero. Un marido que se compra no es más tentador que un muñeco
+de la feria. Y, todavía, se tiene el muñeco por unos cuantos centavos,
+mientras que el hombre...</p>
+
+<p>&mdash;Sí, ya sé, ya sé&mdash;replicó la abuela distraída.&mdash;Digan lo que quieran,
+siempre ha sido así. Las muchachas con buen dote siempre han sido
+buscadas; las otras se casaban como podían. Hoy, el matrimonio no es
+fácil cuando no se tiene nada; pero tú no estás en ese caso. Tu pequeña
+fortuna y lo poco que yo te dejaré, te permiten hacer una elección
+honrosa. No veo nada que se oponga a tu matrimonio.</p>
+
+<p>&mdash;¿Nada? ¿Y el marido, abuela, qué haces de él?</p>
+
+<p>&mdash;El marido yo lo encontraré&mdash;respondió la abuela.&mdash;Eso es sencillo y
+fácil. Prométeme solamente ser razonable y no rechazar a ciegas
+cualquier proyecto de matrimonio.</p>
+
+<p>&mdash;Sí, abuela, te prometo tratar de hacerlo&mdash;respondí con firmeza.&mdash;Pero
+concédeme una gracia en cambio de esta promesa. Antes de tomar una
+resolución, déjame algún tiempo para estudiarme a mí misma y estudiar a
+los demás. Tú estás segura de que seré feliz en el matrimonio; yo lo
+dudo, y quisiera ver claro en mi corazón antes de decidir nada. ¿Es
+mucho pedir?</p>
+
+<p>&mdash;No, querida&mdash;respondió la abuela con un relámpago de satisfacción en
+los ojos.&mdash;Tengo confianza en tu promesa. Estudia todo lo que quieras,
+puesto que el estudio es la manía de las jóvenes de ahora; te doy carta
+blanca. Vaya, vístete&mdash;añadió echando una mirada al reloj,&mdash;para que no
+llegues tarde a misa de ocho.</p>
+
+<p>&mdash;¡Llegar tarde a misa en el día de mi cumpleaños!... No, abuela; Dios
+querría castigarme y sería capaz de casarme de repente...</p>
+
+<p>He aquí cómo, a consecuencia de esta conversación con la abuela, he
+tomado la resolución de escribir de vez en cuando mi diario, a fin de
+darme cuenta de lo que pienso y de lo que deseo. Tengo alguna libertad
+para decidir mi porvenir y descubrirme la vocación del matrimonio;
+aprovechémosla. Hasta ahora mi vocación es más bien vaga, lo confieso.
+¡Qué lástima que la abuela encuentre tan inconveniente el quedarse
+soltera! Creo que me estaría como un guante la vocación del celibato.</p>
+
+
+
+<p class="fecha">4 de octubre.</p>
+
+
+<p>La abuela ha tomado en serio su idea del matrimonio.</p>
+
+<p>Al salir de la primera misa, en la que habíamos hecho nuestras
+devociones&mdash;hoy es la fiesta del Rosario,&mdash;mi querida abuela me condujo
+vivamente hacia San José, y yo comprendí inmediatamente de qué se
+trataba. San José, protector de los matrimonios, es el más solicitado
+de los santos, a pesar de San Antonio, que empieza a hacerle una
+competencia temible. Todas las mamás ávidas de casar a su progenitura
+están a los pies del santo patriarca, y todas las solteras y solteronas
+en busca de un marido le hacen una corte asidua.</p>
+
+<p>Al salir de la Catedral quise darme el placer de parecer ignorar lo que
+la abuela podía tener que pedir tan largamente al bueno de San José.</p>
+
+<p>&mdash;Muchas coqueterías te traes con San José&mdash;le dije en cuanto salimos de
+la iglesia.&mdash;Supongo que le has pedido muchas gracias en la larga
+estación que acabas de hacer delante de él.</p>
+
+<p>&mdash;Una sola, Magdalena&mdash;dijo la abuela con una convicción absoluta.</p>
+
+<p>&mdash;¡Ah!</p>
+
+<p>&mdash;La gracia de un buen matrimonio para ti.</p>
+
+<p>&mdash;¡Pobre abuela!</p>
+
+<p>La ocasión era tan tentadora, que dije muy de prisa:</p>
+
+<p>&mdash;Yo también he rezado por ti, querida abuela, aunque no para obtener la
+misma gracia. He suplicado a San José que te quite de la cabeza todo lo
+que pueda parecerse a una idea fija.</p>
+
+<p>Si no hubiéramos estado en medio de la calle, la abuela me hubiera
+tirado de las orejas; pero no pudiendo administrarme su castigo
+favorito, se contentó con sonreír con indulgencia. En esto nos
+encontramos de manos a boca a una charlatana, a la que la abuela recibe
+sin quererla mucho, la señora Siberot.</p>
+
+<p>&mdash;Querida amiga&mdash;dijo ésta, apoderándose de la mano que la abuela le
+ofrecía;&mdash;qué contenta estoy de ver a usted.</p>
+
+<p>&mdash;Y nosotras también, amiga mía&mdash;respondió la abuela con política.</p>
+
+<p>&mdash;¿Conque piensa usted casar a Magdalena?&mdash;preguntó aquella buena alma.</p>
+
+<p>&mdash;¿Quién le ha dicho a usted eso?&mdash;respondió la abuela.</p>
+
+<p>&mdash;Tres personas me lo han afirmado después de la misa de ocho.</p>
+
+<p>&mdash;¡Ah!&mdash;replicó la abuela mirando al reloj.&mdash;Hemos salido a las ocho y
+cuarenta y son ahora las ocho y cincuenta. En diez minutos se ha hablado
+mucho.</p>
+
+<p>&mdash;Ha rezado usted tanto tiempo a San José, como decía ahora mismo la
+señora de Robertier, que todo el mundo ha deducido que desea usted casar
+a su nieta.</p>
+
+<p>&mdash;De modo&mdash;respondió con complacencia la abuela,&mdash;que no se puede rezar
+a San José por otros motivos...</p>
+
+<p>&mdash;No, señora&mdash;dijo la omnipotente charlatana,&mdash;sobre todo cuando se
+tiene hija o nieta casaderas.</p>
+
+<p>Y viendo a lo lejos a una de sus amigas, saludó con prisa a la abuela
+para correr a la recién llegada y emprender con ella el chisme del día.</p>
+
+<p>&mdash;Abuela, me pones en evidencia&mdash;dije furiosa por las murmuraciones de
+que era objeto.</p>
+
+<p>&mdash;No te importe, hija mía&mdash;dijo la abuela siempre filósofa.&mdash;Hay que
+saber sufrir lo que no se puede evitar.</p>
+
+<p>De vuelta a casa, encontramos a Celestina, la cocinera, con una
+expresión consternada.</p>
+
+<p>&mdash;¿Qué hay, Celestina?&mdash;le pregunta la abuela.</p>
+
+<p>Celestina no responde y finge absorberse buscando un objeto perdido. La
+abuela, que sabe lo que significan los silencios de Celestina, sigue su
+camino y se va a su cuarto. Oigo a Celestina murmurar algo sobre San
+José, y comprendo. Aquella mujer, ferviente del celibato, está ya al
+corriente de la historia de la oración de la abuela y protesta a su
+modo.</p>
+
+<p>¡Dichoso país, donde las noticias se propagan con tal facilidad!
+Verdaderamente, nos sobra el teléfono.</p>
+
+<p>Esta tarde, en las vísperas, había poca gente, a pesar del atractivo de
+un predicador forastero. Apenas han acabado las vacaciones y los
+retrasados están gozando de los últimos placeres campestres y de los
+penúltimos rayos de sol.</p>
+
+<p>Era lamentable para el predicador, que debe de tener una mala opinión de
+la piedad de las aiglemontesas, y muy triste para mí, que, si no me
+intereso siempre por el sermón, me fijo mucho en la manera especial que
+tiene cada cual de escucharle.</p>
+
+<p>Nada más curioso que ver el aspecto de avidez del auditorio femenino por
+poco que se trate de un predicador desconocido. Desde el cuarto salmo,
+los ojos empiezan a errar desde la gran nave hasta los lados de la
+iglesia, con el ánimo de no dejar de ver la subida al púlpito. Se espera
+al predicador con impaciencia no disimulada y las plumas y los sombreros
+se levantan con un movimiento de ola en el sentido indicado por la
+curiosidad del momento. El movimiento de ola era hoy más acentuado que
+de ordinario, pues el orador conquistó a su auditorio solamente con el
+modo autoritario con que tomó posesión del púlpito. Plumas y flores se
+inclinaron con respeto enternecido.</p>
+
+<p>Hay que confesar que el olfato especial de las aiglemontesas en materia
+de sermones no les había engañado. El predicador ha hablado muy bien y,
+sobre todo, de un modo original, lo que, vista la rareza del caso,
+produce siempre placer. A propósito de la vida interior y del alma no
+comprendida, el orador encontró el medio de llegar a decir que ésta era
+con frecuencia la resultante de un estado no comprendido: el celibato.</p>
+
+<p>El sombrero de la abuela no se movió, pero, delante de mí, una porción
+de plumas, opinaron con una elocuente unanimidad en pro de tan deliciosa
+explicación. Todas parecían exclamar:</p>
+
+<p>&mdash;Sí, el celibato es calumniado, muy calumniado.</p>
+
+<p>El predicador se extendió sobre las ventajas espirituales de la
+virginidad y no temió asegurar, con gran escándalo de mi abuela, que se
+agitó en su silla, que el horror del mundo por las solteronas, no viene
+más que de un resto de paganismo. En cualquiera otra circunstancia, es
+probable que todo esto no me hubiera chocado; pero viniendo en seguida
+de la reprimenda de la abuela para celebrar mi vigésimoquinto
+aniversario, me sentí poseída de una ardiente curiosidad:</p>
+
+<p>&mdash;El horror de la abuela&mdash;pensé instantáneamente,&mdash;¿será un resto de
+paganismo olvidado en su cerebro?</p>
+
+<p>Me sonreí ligeramente ante esta sospecha, cómica a fuerza de
+inverosimilitud, y eché una mirada a la abuela para ver si se daba
+cuenta ella también de que era pagana sin saberlo. Pero vi que afectaba
+una expresión un poco incrédula. La gracia no la había tocado y seguía
+en sus errores acerca de las solteronas.</p>
+
+<p>Concentré toda mi atención en la idea que expresaba el predicador
+tratando de demostrar que esa falta de estima por el celibato venía de
+las religiones paganas y estaba en contradicción con el cristianismo.</p>
+
+<p>El origen del desprecio en que se tiene a las solteronas es
+verdaderamente curioso y mi memoria ha guardado un recuerdo casi fiel.</p>
+
+<p>Todo lo lejos que se remonta en la historia, se ve que los muertos
+pasaban por seres sagrados. Los antiguos les daban los epítetos más
+respetuosos que podían encontrar. Los llamaban santos, buenos y
+bienaventurados, y tenían por ellos, cualquiera que hubiera sido su
+vida, toda la veneración que el hombre puede tener por la divinidad a
+quien ama o teme. En el pensamiento antiguo cada hombre era un Dios que,
+aun siéndolo, no estaba bastante desprendido de la humanidad para no
+tener necesidad de alimento. No sólo, en ciertos días del año, se
+llevaba una comida a cada tumba, sino que los vivos debían tener fe en
+la presencia continua alrededor de ellos, de los muertos de su sangre.
+El padre de familia volvía a ser huésped invisible del hogar que había
+habitado, para recibir en él todos los días las primicias de la comida
+de la tarde y gozar del cariño fiel de sus hijos y de su viuda.</p>
+
+<p>¡Desgraciado el que faltaba al deber de alimentar a sus antepasados!...
+¡Desgraciado el que no era alimentado por sus descendientes!...</p>
+
+<p>Si, por una razón cualquiera, la cadena de las comidas llegaba a
+interrumpirse, el alma del muerto salía de su morada apacible y se
+convertía en un alma vagabunda cuya única ocupación era molestar y
+atormentar a los vivos.</p>
+
+<p>Unas veces les jugaba todas las malas pasadas posibles aplicándose a
+contrariar sus proyectos, a quitarles los objetos que les pertenecían y
+a hacer desaparecer las cosas más necesarias para la vida. Otras veces
+se les aparecía por la noche en formas pálidas y fantásticas, les
+perseguía y les arrancaba gritos de espanto. Después, cambiando de
+aspecto, era él quien gemía en la tempestad, quien lloraba con el viento
+de la tarde y lanzaba como un ave nocturna esas quejas agrias y
+discordantes que hacen pasar por el alma de los vivos, como por las
+cimas de los árboles, un largo escalofrío de hielo.</p>
+
+<p>Las ánimas no eran verdaderamente dioses más que en cuanto los vivos los
+honraban con un culto fiel, y la primera manifestación de ese culto era
+el darles alimento.</p>
+
+<p>Ese culto, que se encuentra en Oriente como en Occidente, tenía por
+primera regla el no poder ser tributado por cada familia más que a los
+muertos que le pertenecían por la sangre. Si una familia llegaba a
+extinguirse, las almas de los antepasados, siempre errantes en la tierra
+entre los malos genios, no podían llegar jamás al eterno reposo.</p>
+
+<p>El único gran interés de la vida humana era, pues, forzosamente,
+continuar la filiación para perpetuar el culto. El celibato, por
+consecuencia, era para la antigüedad una impiedad grave y una desgracia:
+una impiedad porque el soltero ponía en peligro la dicha de los manes de
+su familia; una desgracia porque él mismo no debía recibir otro culto
+después de su muerte y no debía conocer lo que regocija a los manes. Era
+a la vez para él y para sus antepasados una especie de condenación.</p>
+
+<p>De aquí la imposibilidad de permanecer soltero.</p>
+
+<p>Confieso que estas nuevas consideraciones sobre las solteronas me
+interesaron de tal modo que olvidé que tenía que oír el resto del
+sermón. Vi entonces que la peroración había terminado y empujé
+dulcemente a la abuela perdida en las dulzuras de un sueño reparador.</p>
+
+<p>Al salir de la Catedral, la voz de Francisca Dumais me interpeló:</p>
+
+<p>&mdash;Magdalena, ahí tienes un sermón de tu cuerda. A una amiga de las
+solteronas le gusta que se ocupen de ellas.</p>
+
+<p>&mdash;¿Por qué no?&mdash;respondí alegremente.&mdash;¿Y tú?</p>
+
+<p>&mdash;Eso no va conmigo&mdash;dijo Francisca con una mueca de infinito
+desdén.&mdash;Además, yo tengo respeto a la familia y no quiero condenar a
+mi pobre mamá a andar errante por toda la eternidad, como en otro
+tiempo. Los gemidos de mamá son extremadamente penosos.</p>
+
+<p>&mdash;Debieras estar acostumbrada sin embargo, Francisca. No pareces
+satisfecha más que cuando gime tu madre.</p>
+
+<p>&mdash;A mi pobre mamá le gusta eso.</p>
+
+<p>&mdash;¡Francisca!&mdash;protestó la señora de Dumais que llegó con la abuela
+adonde estábamos nosotras.</p>
+
+<p>La abuela sonrió con expresión equívoca, pues no aprecia el carácter
+libre de que se jacta Francisca. Pertenece ésta, en efecto, a un género
+poco conforme con las sanas tradiciones, que son las que gustan a la
+abuela y a sus amigas. No hay, pues, ninguna más criticada ni vigilada
+que mi pobre Francisca. Se cuenta el número de sus sombreros y se espía
+el color de sus corbatas. A esto hay que añadir que el espíritu infantil
+de Francisca le atrae numerosas enemistades. En un país de solteronas
+como el nuestro, Francisca lleva la imprudencia hasta burlarse
+continuamente de ellas. En misa, cuando se la cree sumida en una seria
+meditación, está ahogándose de risa entre las manos piadosamente juntas,
+y es el vestido de una o la actitud de otra lo que provoca su
+intempestiva alegría. Su madre se pasa la vida murmurando con espanto:</p>
+
+<p>&mdash;¡Oh! Francisca...</p>
+
+<p>Y se comprende. La buena y plácida señora de Dumais no puede creer a sus
+ojos ni a su oído desde hace veintitrés años que Francisca está en el
+mundo. Conserva el asombro de una gallina que ha empollado un huevo de
+pato creyendo empollar uno de su raza. No es posible volver jamás de
+esas sorpresas... Pobre señora Dumais.</p>
+
+
+
+<p class="fecha">7 de octubre.</p>
+
+
+<p>Esta mañana he entrado triunfalmente en el comedor con un gran librote
+debajo del brazo. La abuela retrocedió espantada.</p>
+
+<p>&mdash;¡Dios mío, Magdalena! ¿te vas a examinar?</p>
+
+<p>&mdash;No, abuela querida, estoy haciendo un examen.</p>
+
+<p>&mdash;¿A quién? ¿De qué?&mdash;exclamó sorprendida.</p>
+
+<p>&mdash;De la cuestión de las solteronas...</p>
+
+<p>&mdash;Cuestión tonta y detestable idea&mdash;respondió la abuela
+enfurruñada.&mdash;Mejor harías de decirme qué te pareció aquel joven moreno
+que estaba ayer en el rosario al lado de la señorita de Sarcicourt.</p>
+
+<p>&mdash;Un joven moreno... en el rosario... al lado de la señorita de
+Sarcicourt... No le reparé.</p>
+
+<p>&mdash;Sí, sí, recuerda bien...</p>
+
+<p>&mdash;¡Dios mío! otro pretendiente...</p>
+
+<p>&mdash;¿Por qué no?</p>
+
+<p>&mdash;Porque no quiero... No me hables de eso, abuela, te lo ruego. ¿Cómo
+quieres que haya encontrado a un joven que no he visto?</p>
+
+<p>&mdash;Si tú...</p>
+
+<p>&mdash;No, no, que no se me hable de matrimonio... Por el momento pertenezco
+a las solteronas... Abuela&mdash;proseguí tiernamente,&mdash;no puedes querer que
+me case con un caballero porque es moreno, porque va al rosario y porque
+está al lado de la señorita de Sarcicourt...</p>
+
+<p>&mdash;Es una garantía.</p>
+
+<p>&mdash;¿El ser moreno es una garantía?&mdash;dije dando una carcajada.&mdash;¡Ah!
+querida abuela...</p>
+
+<p>Y aprovechando la alegría que se leía en el semblante de la buena
+señora, cambié bruscamente de conversación.</p>
+
+<p>&mdash;¿Sabes&mdash;dije,&mdash;que las leyes, según este librote, se acordaban en otro
+tiempo con la religión para condenar el celibato?</p>
+
+<p>&mdash;¡Ah!&mdash;suspiró la abuela,&mdash;eso era sin duda en el tiempo en que se
+hacían aún buenas leyes...</p>
+
+<p>&mdash;Era en el tiempo feliz en que florecían los hebreos, los indos, los
+persas, los griegos, los romanos, los germanos...</p>
+
+<p>&mdash;¿Y qué me importa a mí toda esa gente?</p>
+
+<p>&mdash;Un poco de paciencia, si quieres&mdash;exclamé volviendo unas hojas.&mdash;Los
+hebreos tenían enteramente tus ideas sobre el matrimonio.</p>
+
+<p>&mdash;No te comprendo, Magdalena. ¿Adónde vas a parar?</p>
+
+<p>&mdash;Continúo el sermón del domingo.</p>
+
+<p>&mdash;¿Cómo?</p>
+
+<p>&mdash;Buscando si las leyes estaban de acuerdo con las ideas religiosas...</p>
+
+<p>&mdash;Y has encontrado.</p>
+
+<p>&mdash;Que todas las legislaciones no han hecho más que confirmar lo que
+estaba ya edictado en las diferentes religiones.</p>
+
+<p>&mdash;¿Y eso te interesa?</p>
+
+<p>&mdash;En extremo.</p>
+
+<p>&mdash;¡Qué nieta tan rara!&mdash;exclamó la abuela encogiéndose de
+hombros.&mdash;¿Estás ahora ocupada de las solteronas?</p>
+
+<p>&mdash;Sí. Oye cómo comprendían los hebreos el deber de la mujer. Su única
+misión, según ellos, era dar los más hijos posibles a la familia y al
+Estado... De aquí el matrimonio obligatorio...</p>
+
+<p>&mdash;Tenían mucha razón.</p>
+
+<p>&mdash;Los indios, abuela, son también, según tú, gente razonable. A los ojos
+del legislador indio, todo el destino de la mujer se reduce a dar al
+hombre hijos y a perpetuar la especie humana. La mujer no goza de los
+favores que la ley le concede hasta que se convierte en esposa y madre.</p>
+
+<p>&mdash;Los indios eran gente de buen sentido&mdash;dijo la abuela con aplomo.</p>
+
+<p>&mdash;¿Y Zoroastro?&mdash;exclamé riendo.&mdash;Este es tu mejor apoyo... Zoroastro
+recomienda a las persas el matrimonio como la obra más meritoria y
+declara que la joven que rehusase casarse irá a los infiernos hasta la
+resurrección, aunque haya hecho buenas acciones.</p>
+
+<p>&mdash;Lo de los infiernos es acaso excesivo&mdash;dijo la abuela con
+malicia,&mdash;pero opino que haga una temporada de purgatorio...</p>
+
+<p>&mdash;Entre los griegos&mdash;continué libro en mano,&mdash;no es ya el infierno lo
+que se tiene en perspectiva, sino el Código Penal. Parece que en toda la
+Grecia el matrimonio era obligatorio, no sólo para la mujer sino también
+para el hombre y para el tutor de la mujer. La ley castigaba...</p>
+
+<p>&mdash;A las jóvenes recalcitrantes que...</p>
+
+<p>&mdash;Que se negaban a escuchar a su abuela... Es posible. En todo caso
+castigaba seguramente al soltero y al tutor que tardaba en casar a su
+pupila.</p>
+
+<p>&mdash;Ya ves, Magdalena&mdash;dijo la abuela sonriendo,&mdash;qué culpable eres
+conmigo. Si fuese griega, hubiera sido castigada por las leyes sin que
+tu estado de soltería me sea imputable.</p>
+
+<p>&mdash;Yo lo hubiera proclamado a voz en cuello, y, lejos de castigarte, el
+tribunal te hubiera felicitado por el modo que tienes de cumplir tu
+misión. Un joven moreno... La señorita de Sarcicourt... el rosario...
+Abuela, si yo hubiera sido romana, no hubiera podido reclamar contra ti
+ante el magistrado... Y las leyes permitían a la joven romana obligar a
+su padre o a su tutor a casarla.</p>
+
+<p>&mdash;Ya ves&mdash;interrumpió la abuela,&mdash;que cumplo con mi deber tratando de
+influir sobre ti en favor del matrimonio.</p>
+
+<p>&mdash;Sí, le cumples demasiado bien. En esto eres de la opinión de Dionisio
+de Halicarnaso, que, compulsando las antiguas leyes de Roma, ha
+descubierto una que obligaba a los jóvenes al matrimonio. El tratado de
+las Leyes de Cicerón, que reproduce en forma filosófica las antiguas
+leyes de Roma, contiene también una sobre el celibato.</p>
+
+<p>&mdash;En adelante&mdash;repuso la abuela con buen humor,&mdash;tendré en gran estima a
+Dionisio de Halicarnaso y a Cicerón. Ignoraba que esos señores fuesen
+tan amigos míos...</p>
+
+<p>&mdash;Hubieras debido sospecharlo... Y te hago gracia de los germanos, pues
+eran unos horribles polígamos y por este mismo hecho no admitían la
+solterona...</p>
+
+<p>&mdash;Y tenían mucha razón&mdash;exclamó la abuela.</p>
+
+<p>¿Tenían razón de ser polígamos?... ¡Ah! abuela...</p>
+
+<p>&mdash;¡No!&mdash;dijo la abuela dando un salto,&mdash;no es eso lo que digo. La
+poligamia hubiera debido ser siempre un caso de horca; pero, en fin,
+las solteronas...</p>
+
+<p>&mdash;¿También merecían ser ahorcadas?...</p>
+
+<p>&mdash;A medias, para que se les pasase el gusto del celibato.</p>
+
+<p>&mdash;¡Qué antigua eres, abuela!... Razonas como los pueblos paganos.</p>
+
+<p>&mdash;Cuestión de atavismo. Durante siglos y siglos se ha considerado el
+celibato como impío, y me ha quedado algo.</p>
+
+<p>&mdash;Pues bien, yo también siento el atavismo.</p>
+
+<p>&mdash;Tú eres de la generación nueva, y con esto está dicho todo. No sentís
+ni hacéis nada como nosotros. Os pasan por la cabeza ideas que jamás se
+nos hubieran ocurrido. Y, todavía, cuando esas ideas son un poco
+razonables, como la que ahora te preocupa, no me quejo. Pero,
+francamente, Magdalena, me das miedo. Te hubiera, acaso, comprendido
+mejor tu madre...&mdash;terminó la abuela con una lágrima en los ojos.</p>
+
+<p>&mdash;¡No! no creas eso; eres la más perfecta y la más querida de las
+abuelas... No puedes tomar a mal que yo estudie la cuestión de las
+solteronas.</p>
+
+<p>&mdash;¡Ay! en mi tiempo no había semejante cuestión. Todo lo que pedían las
+mujeres era un buen marido y unos hermosos hijos.</p>
+
+<p>&mdash;Ya ves cómo han cambiado los tiempos... Un buen marido es un mito,
+abuela... Por mucho que muevas la cabeza, no puedes menos de reconocer
+que los maridos actuales no valen lo que los de entonces.</p>
+
+<p>&mdash;Sí, hija mía, sí, valen lo mismo. Solamente, en otro tiempo, las
+mujeres tenían... ¿cómo diré yo?... tenían más paciencia... más
+dulzura... más abnegación. Estaban menos poseídas de su personalidad y
+sabían anularse a tiempo...</p>
+
+<p>&mdash;Aquello era la esclavitud, abuela.</p>
+
+<p>&mdash;No, querida&mdash;dijo la abuela con voz persuasiva;&mdash;aquello era el amor.</p>
+
+<p>&mdash;¡El amor!&mdash;respondí.&mdash;¿Qué es eso?... En las novelas veo lo que es;
+pero en la vida real...</p>
+
+<p>&mdash;Es inútil decírtelo si tú no has de sentirlo; y si lo sientes, es aún
+más inútil definírtelo.</p>
+
+<p>Dicho esto, la abuela me dio un beso y me dejó muy pensativa.</p>
+
+<p>¿Ha podido realmente la abuela conocer el amor?... Me parece tan
+extraordinario... Es verdad que cuando habla del abuelo su voz toma una
+inflección tan profunda que se ve que hay en ella un mundo de recuerdos
+dichosos e íntimos ocultos en la menor palabra... ¡Querida abuela!</p>
+
+<p>En el momento en que ella salía, entró en el comedor Celestina y se
+acercó a mí tan quedito que casi me dio un susto al exclamar:</p>
+
+<p>&mdash;Estoy segura de que la señora acaba de hacer un sermón sobre las
+solteras, para el uso de la señorita.</p>
+
+<p>&mdash;No, Celestina&mdash;respondí maquinalmente;&mdash;la abuela me hablaba de amor.</p>
+
+<p>&mdash;¡De amor, a una joven como usted!... Nuestra pobre señora pierde la
+cabeza...</p>
+
+<p>&mdash;¡Una joven como yo, a los veinticinco años!... ¡Vaya una juventud! Hay
+que vivir en un medio petrificado como el nuestro, pobre vieja, para no
+conocer nada de la vida a mi edad... Algunas veces casi me sublevo, pero
+después se me pasa...</p>
+
+<p>&mdash;Esas ideas no son de usted, señorita. Me parece estar oyendo a la
+señorita Francisca&mdash;respondió Celestina escandalizada.&mdash;Creo que es esa
+una sociedad que no le conviene a usted gran cosa...</p>
+
+<p>No respondí por no envenenar la discusión. Celestina es pudibunda hasta
+el exceso y no ve nada más hermoso en la existencia que poseer el
+derecho virginal de vestirse de blanco en los días de procesión, a pesar
+de su cara apergaminada. Al lado de ese ideal, el matrimonio, que priva
+de la dicha de llevar semejante traje, no puede ser evidentemente, más
+que un estado reprobado por Dios y legitimado por alguna cosa que está
+en el fondo de un falso sacramento.</p>
+
+<p>&mdash;No hay que pensar en el amor, señorita&mdash;murmuró mientras yo me
+disponía a subir a mi cuarto.&mdash;Es la perdición de las jóvenes.</p>
+
+<p>&mdash;¿Tú crees?&mdash;dije, divertida por los terrores de la buena anciana, cuyo
+principal título de gloria&mdash;después del derecho de vestirse de
+blanco&mdash;es el haberme recibido en su delantal el día de mi entrada en
+este valle de lágrimas. Celestina deduce de este alto hecho el derecho
+de reprenderme en todas las circunstancias notables, y no se priva de
+ejercerlo.</p>
+
+<p>En el movimiento febril que agitaba su mano vi bien que tenía que
+hacerme un largo discurso&mdash;los estremecimientos de la mano traducen
+siempre en Celestina un gran deseo de agitar la lengua&mdash;pero la voz de
+la abuela, que le llamaba, puso término a su comezón de hablar.</p>
+
+<p>Vuelta a mi cuarto, me encuentro más perpleja que nunca y, para no
+pensar más en el matrimonio, hago lo que puedo por ocupar el pensamiento
+en otra cosa.</p>
+
+<p>¡Qué pesados me parecen ahora mis veinticinco años!... La abuela tiene
+razón; llevo un mundo en los hombros...</p>
+
+<p>Cuánto más feliz era cuando, en vez de soñar con un marido por la
+voluntad de la abuela, no tenía más preocupaciones que mi muñeca.</p>
+
+<p>¡Mi muñeca!... ¡Qué lejos está!...</p>
+
+<p>Y, sin embargo, me parece que era ayer cuando ese querido objeto,
+informe y sin nombre, que había llegado a ser mi hija a consecuencia de
+múltiples desgracias, me absorbía hasta tal punto, que a su lado, a
+fuerza de amor, no sentía ya que era yo huérfana...</p>
+
+<p>No he conocido a mi madre, que murió al nacer yo. Mi padre, desesperado
+por la muerte de su mujer, a la que amaba apasionadamente, no la
+sobrevivió más que cuatro años. En unos días fue arrebatado por una
+tifoidea, dejándome a mi abuela materna, mi única parienta próxima y a
+la que no he dejado desde entonces... No tengo más que cerrar los ojos
+para acordarme de la silueta de aquel pobre padre y de aquella mirada
+tan triste y tan buena con que todas las noches iba a vigilar el
+comienzo de mi sueño llevándome la impresión de una profunda ternura...
+¡Pobre padre!... ¡Cuánto tiempo le reclamó mi corazón de niña, no
+creyendo ni en la eterna separación ni en la muerte!... Aquel viaje de
+que me hablaban debía terminarse para mí por un feliz regreso y, sobre
+todo, por un cargamento de numerosos recuerdos después de una ausencia
+tan prolongada... ¡Ay! me informaba yo mucho menos de la fecha en que
+debía ver a mi padre que de la en que le vería llegar cargado de
+muñecas, de globos y de cocinitas... Aun siendo desgraciados, qué
+felices son los niños...</p>
+
+<p>Mi querida abuela cuidó de mi infancia y, a pesar de su tristeza y de su
+dolor, de ella me vinieron todas las alegrías y todas las felicidades de
+niña.</p>
+
+<p>Mi vida entera cabe en esta palabra: la abuela.</p>
+
+<p>Todos mis recuerdos están concentrados en ella, pues no puedo, como la
+mayor parte de las niñas, cifrar mi vida en la visión de un alegre hogar
+atestado de niños pequeños y protegido por la doble ternura de un padre
+y una madre... Tenía, sin embargo, amiguitas que iban a jugar y a reír
+conmigo; pero detrás de aquel cuadro de cándida alegría, veo siempre
+aparecer la sombra melancólica del largo velo de la abuela.</p>
+
+<p>No se sabe de qué secretas e incomprensibles angustias están formados
+los recuerdos de niño cubiertos con un velo de crespón... He esperado
+durante años el día glorioso y seductor en que la abuela, como las
+madres de mis amigas, llevase por fin un sombrero con un ramo de
+flores... Ese día no ha llegado jamás...</p>
+
+<p>Ahora, cuando voy a casa de mis amigas y veo de cerca lo que es la vida
+ordinaria para la generalidad de las jóvenes de mi sociedad, cuanto más
+sufro por los sitios que hay vacíos a mi lado, más vivo y más profundo
+es mi agradecimiento por mi querida abuela, cuya abnegación me ha
+rehecho un hogar y reconstituido una familia.</p>
+
+<p>Por eso amo a todo lo que ama la abuela...</p>
+
+<p>A pesar de las ideas que oigo emitir a mi alrededor, coloco la estancia
+en nuestro antiguo pueblo por encima de toda otra estancia y la dichosa
+posesión de nuestra casa de familia superior a todas las felicidades.</p>
+
+<p>No es muy grande nuestra sencilla casa. Blanca y limpia con sus
+persianas inmaculadas y sus cristales brillantes bajo unas cortinas un
+poco antiguas, se abre con discreta elegancia en un patio plantado de
+árboles y adornado de canastillos floridos, al que llamamos pomposamente
+«nuestro jardín...» Tengo en él mis rosas preferidas y mis plantas
+favoritas; y cultivo con éxito cuanto tiene la dicha de agradarme, con
+tal de que no necesite mucho sol, ni mucha sombra, ni muchos cuidados...
+En un rincón de nuestro minúsculo jardín y debajo de un fresno llorón,
+tengo hasta un banco, un banco inmenso, una mesa de labor y unos cuantos
+sillones de mimbre... En verano, hacemos allí salón, y llevo la fantasía
+hasta dar tés... Mis amigas pretenden que una taza de té perfumada con
+la fragancia de las rosas que nos rodean, no es ya una taza de té, sino
+una taza de néctar... ¡Dichosa ilusión!</p>
+
+<p>Una planta baja muy elevada, un primer piso de una altura inverosímil y
+un sobrado que hace la admiración de las lavanderas cuando tienden en él
+la ropa mojada y perfumada de espliego y lirio: he aquí todo nuestro
+<i>home</i>.</p>
+
+<p>La planta baja tiene cuatro piezas inmensas, profundas, frías y casi
+desnudas en su inmensidad. La cocina podría albergar un ejército de
+marmitones; sólo las cacerolas y los peroles de cobre vigorosamente
+frotados ponen en ella una nota alegre que continúa la cocinera,
+reluciente como una alhaja. Aquel es el domicilio de Celestina, su
+triunfo, su admiración, su gloria, el orgullo y el amor de su vida.</p>
+
+<p>La sala de baños es grande y bien dispuesta; la abuela no deja nunca de
+explicarme su comodidad asegurándome que ha empleado en aquel arreglo
+las economías de un año de rentas. Por esta confidencia, con frecuencia
+renovada, mido yo toda la extensión de la belleza de la instalación y...
+la del sacrificio realizado por la abuela, pues las rentas, según ella,
+están hechas para ser economizadas y no para ser gastadas...</p>
+
+<p>El comedor, en el que la abuela y yo estamos como alejadas, y el salón,
+en el que parecen perdidas las butacas en cuanto estamos solas en él,
+completan la planta baja. En el piso primero se encuentran todas las
+alcobas, de dimensiones más ordinarias, gracias al cuarto de tocador de
+que cada una está provista. Por todas partes un diluvio de armarios y
+una inundación de comodidades perfectamente inútiles...</p>
+
+<p>Antes del sobrado, hay una gran pieza abohardillada que es el dominio de
+Celestina y en la que las paredes están cubiertas de imágenes sagradas;
+hay hasta diecinueve San Antonios en diversas actitudes y ocho San
+Benitos; en cambio no hay más que un Sagrado Corazón, una sola Virgen y
+un San José. Celestina practica la piedad actual, que exalta a los
+santos de moda con detrimento de los demás. ¡Pobres antiguos santos!...
+Estos son precisamente mis preferidos.</p>
+
+<p>Exceptuando el cuarto de Celestina, ¿está todo esto al gusto del día?</p>
+
+<p>Para una mujer mundana, no, evidentemente. El mueblaje, que presenta
+huellas de las generaciones pasadas, es viejo y está un poco ajado, pero
+a mí me gusta tal como es. En cada una de sus arrugas se escribe la edad
+de un matiz claro, o en algo más rapado. Yo leo en estos signos
+venerables la historia de los que se han marchado; y la forma un poco
+anticuada de todo lo que me rodea hace vivir y palpitar en mí el alma
+de las cosas viejas que han existido y no existirán más acaso.</p>
+
+<p>En el comedor, la abuela hace admirar como una reliquia la inmensa y
+antigua tapicería que ocupa todo un ancho hueco: una historia de caza,
+en la que se adivina una historia de amor. He crecido y he vivido
+delante de esa eterna historia de una eterna caza y de un eterno amor,
+preguntándome sin cesar qué sucedería cuando los personajes en escena
+hubiesen vuelto al antiguo castillo de torrecillas que se ven en una
+lontananza degradada... Pero jamás mi pregunta infantil tuvo la
+satisfacción de una respuesta, y mis sueños siguieron meciéndose con los
+sonidos encantadores que yo suponía que debían salir de las diferentes
+trompas llevadas por legendarios caballeros. Era yo una bella princesa
+encantada que esperaba al hermoso caballero encantador del tapiz, pues
+en aquel tiempo&mdash;que ha pasado después,&mdash;tenía la vocación del
+matrimonio, una vocación seria, ardiente y resuelta...</p>
+
+<p>Encontraba al príncipe también en el salón bajo la forma de un joven y
+bizarro oficial de la Restauración, mi bisabuelo. Otras lindas damas, de
+graciosas papalinas de encajes y bonitas pañoletas de gasa, le formaban
+una corte un poco paliducha y envejecida. Cuando se entra en el salón de
+la abuela, se hace una reverencia infalible e instintivamente. No le
+falta a una nada para levantarse la falda, con un movimiento de
+coquetería anticuada, de la que le gusta a la abuela.</p>
+
+<p>Sí, todo es viejo e insípido, y, sin embargo, exquisito.</p>
+
+
+
+<p class="fecha">10 de octubre.</p>
+
+
+<p>Francisca está furiosa.</p>
+
+<p>He ido esta tarde a pedirle un dibujo de bordado, que me hacía falta, y
+la he encontrado en un estado de irritación indescriptible.</p>
+
+<p>&mdash;¡Maldito país! ¡Maldita gente!... Pueblo de chismes!</p>
+
+<p>Por poco me tira de espaldas aquel huracán; pero como conozco a
+Francisca, tomé el partido de esperar que hubiese acabado su letanía de
+tontunas.</p>
+
+<p>&mdash;¿Qué pasa?</p>
+
+<p>&mdash;No me hables; estoy furiosa.</p>
+
+<p>&mdash;Ya lo veo.</p>
+
+<p>&mdash;Tengo una rabia...</p>
+
+<p>&mdash;También eso es visible.</p>
+
+<p>&mdash;Figúrate que la señorita Bonnetable acaba de venir a traer a mamá un
+gran chisme sobre mí...</p>
+
+<p>&mdash;¡Ah!... Se puede saber...</p>
+
+<p>&mdash;Sí&mdash;respondió Francisca, vacilando un poco.&mdash;Se trata del capitán
+Tronchet, que, según parece, ha pasado dos veces por delante de mis
+ventanas, en el momento en que yo las abría.</p>
+
+<p>&mdash;¿Y qué?</p>
+
+<p>&mdash;Que no es verdad lo que se dice... ¡Oh! esas solteronas...</p>
+
+<p>&mdash;¿No has abierto las ventanas, y no ha pasado el capitán?</p>
+
+<p>&mdash;Sí&mdash;respondió Francisca, con su desparpajo habitual,&mdash;pero cuando yo
+he abierto la ventana, ignoraba que pasaba el capitán, y cuando éste
+pasó, no sabía que yo abría la ventana. Y suponen que estábamos de
+acuerdo...</p>
+
+<p>&mdash;¿Y qué?</p>
+
+<p>&mdash;Que me ofende horriblemente que se crea que hago caso de ese capitán,
+que estoy segura que no se ocupa de mí... Es rico, y...</p>
+
+<p>&mdash;Y tú no mucho... Piensas, no sin razón, que hay incompatibilidad de
+fortuna, y te abstienes de cuidados inútiles.</p>
+
+<p>&mdash;Justamente&mdash;respondió Francisca un poco dulcificada.&mdash;Pero como todo
+el mundo sabe que deseo casarme, aprovechan la ocasión para colgarme una
+porción de historias a cual más tontas.</p>
+
+<p>&mdash;Eso gusta a todo el mundo.</p>
+
+<p>&mdash;Eso es precisamente lo que me indigna... ¡Ah! Magdalena, cuándo saldré
+de este pueblo, de este medio y de estos inconvenientes... ¡Qué sueño!</p>
+
+<p>&mdash;Qué ida la de apurarte de ese modo&mdash;dije descontenta.&mdash;Se está muy
+bien aquí...</p>
+
+<p>&mdash;Sí, habla por ti, tranquila y dulce Magdalena; yo me ahogo en medio de
+las ideas antidiluvianas que nos rodean. Me horrorizo ante estas cadenas
+de prejuicios... Todo esto me irrita, y acabará por volverme mala.</p>
+
+<p>&mdash;Qué exageración, mi pobre Francisca...</p>
+
+<p>&mdash;¡Cómo!&mdash;exclamó Francisca con cólera,&mdash;¿encuentras divertido vivir en
+medio de los aiglemonteses?... Pues sólo con pasar por las calles un
+poco estrechas de este viejo Aiglemont, atrapo yo el <i>spleen</i>...</p>
+
+<p>&mdash;¡Pobre Francisca!&mdash;dije con sonrisa burlona.</p>
+
+<p>&mdash;Sí, búrlate de mí, pero eso no quita que esté muy harta de esta vida.
+Es divertido... Aquí cada cual vive en familia, o mejor dicho, en
+camarilla. No se admite más que un pequeño núcleo de fieles y se cierra
+desdeñosamente la puerta a todo lo que huele a nuevo y original. Somos
+anticuados como un diablo... Es como si estuviéramos dando vueltas
+perpetuamente en un pequeño círculo.</p>
+
+<p>&mdash;¡Crimen imperdonable!&mdash;murmuró en sordina para no ofender a la
+irritable Francisca.</p>
+
+<p>&mdash;Sí, crimen imperdonable... Es aburrido estar atada toda la vida;
+primero por los prejuicios de educación. Hay que hacer esto o lo otro;
+esto no, ni aquello tampoco... Tal cosa es sacrosanta y tal otra levanta
+una polvareda general sin que se sepa por qué ni cómo... Sí&mdash;continuó
+Francisca,&mdash;sé por qué y cómo, por el grito de mamá: «¡Oh! Francisca...»
+Es cargante esa pobre mamá...</p>
+
+<p>&mdash;¡Oh! Francisca...&mdash;dije, imitando a la señora de Dumais.</p>
+
+<p>&mdash;No me pongas nerviosa, Magdalena... Y después, ¿conoces algo más
+inepto que los prejuicios de sociedad? Piensa en los gritos que darían
+nuestras amigas si la camarilla llamada alta burguesía se reuniese con
+la pequeña, y si la gente aristocrática acogiese al comercio y a los que
+participan de las ideas gubernamentales... ¡Dios mío! la mitad de
+Aiglemont sucumbiría del ataque causado por la indignación.</p>
+
+<p>&mdash;Qué le hemos de hacer&mdash;dije con cierta indiferencia;&mdash;no querrás
+reformar las costumbres y las ideas de las pequeñas poblaciones...</p>
+
+<p>&mdash;Sí que querría&mdash;replicó Francisca exaltada.&mdash;Es insoportable vivir
+aquí... Y esas historias sin fin sobre el prójimo, y esa malevolencia
+universal... ¡Qué horror!</p>
+
+<p>&mdash;Cálmate, Francisca&mdash;le dije al besarla para despedirme.&mdash;Te aseguro
+que los aiglemonteses no son tan malos como crees.</p>
+
+<p>&mdash;¡Que no son tan malos!&mdash;exclamó Francisca, al salir a
+despedirme.&mdash;Bien se ve que eres una aiglemontesa... Piensas como yo,
+pero no haya miedo de que lo confieses. Anda, eres una hipócrita...</p>
+
+<p>&mdash;Gracias&mdash;dije con la filosofía que caracteriza mis relaciones con
+Francisca.</p>
+
+<p>&mdash;De modo que tú encuentras que aquí la gente no es mala&mdash;siguió
+diciendo Francisca con una recrudescencia de acritud. Pues se pasa la
+vida arañándose, mordiéndose, desgarrándose y devorándose.</p>
+
+<p>&mdash;Hasta la vista, Francisca&mdash;dije para cortar aquella inundación de
+invectivas...&mdash;Sin el capitán Tronchet, no dirías todo eso...</p>
+
+<p>&mdash;Puede ser&mdash;respondió Francisca en un rasgo repentino de buen
+humor.&mdash;Sabes, Magdalena, que eres una buena persona y que te quiero
+mucho&mdash;terminó dando una carcajada.</p>
+
+<p>No es muy halagüeño que digamos el cumplimiento de Francisca, y de otra
+no le aceptaría, seguramente; pero está convenido que Francisca puede
+decir todo lo que se le pone en la cabeza. Esto hace saltar algunas
+veces a la abuela, pero como mi amiga ostenta una vocación por el
+matrimonio muy caracterizada, la abuela tiene por ella alguna
+indulgencia en consideración de sus buenas disposiciones.</p>
+
+<p>No comprendo la antipatía de Francisca por este pobre Aiglemont. Nunca
+pierde la ocasión de embestir a la población de las solteronas, como
+ella la llama.</p>
+
+<p>Es, sin embargo, muy pintoresco mi pueblo natal y yo estoy muy orgullosa
+de él...</p>
+
+<p>Situado en el extremo de una cadena de montañas, a modo de un punto
+final, Aiglemont, mi tranquilo pueblo natal, se levanta en la roca con
+la majestad de una cosa vieja dormida en la serena conciencia de un
+largo pasado. Cuando todo desaparece de las antiguas fortalezas, y la
+ciencia militar, tocada por el progreso, destruye todo lo que nuestros
+antepasados habían tenido a honor construir, Aiglemont escapa a la
+destrucción y sigue presentándose orgullosamente en su recinto de
+fortificaciones que la mantienen y la protegen contra una caída posible
+en el valle. Limpia y coqueta, sonríe en medio de un cinturón de verdor
+del que surgen sus torres grises.</p>
+
+<p>Aquellas fortificaciones son celebradas en diez leguas a la redonda. Son
+el paseo favorito de los aiglemonteses, que no se cansan de admirar sus
+puntos de vista, y es la primera visita que se impone a los extranjeros
+a quienes los azares o las exigencias de la vida conducen hasta nuestra
+peña. Se les cuenta la historia de nuestras fortificaciones llenas de
+torres y de temerosas prisiones, y las historias que circulan a
+propósito de ellas. Se les muestra con orgullo cierta roca que se abrió
+para dejar pasar un santo apóstol amenazado por una tropa de bárbaros.
+Se les conduce a la famosa torre Sarracena y se les hace admirar la
+belleza del paisaje que cambia de aspecto en cada uno de los cuatro
+puntos cardinales. Después, si el guía está dotado de un alma
+verdaderamente aiglemontesa, pondera el pasado en detrimento del
+presente:</p>
+
+<p>&mdash;Aiglemont&mdash;dice con énfasis en el tono arrastrado y nasal peculiar de
+los aiglemonteses,&mdash;es la última fortaleza del catolicismo. Hasta la
+Revolución éramos posesión eclesiástica y moriremos fieles a nuestros
+destinos. Nada de ideas nuevas...</p>
+
+<p>El habitante de nuevo cuño tiene un lenguaje muy distinto:</p>
+
+<p>&mdash;Aiglemont&mdash;dice,&mdash;es la fortaleza del obscurantismo, del clericalismo
+y del fanatismo. Es un país de supersticiones; transformémosle en país
+de luz.</p>
+
+<p>Y detrás de sus fortificaciones, los aiglemonteses, divididos en dos
+campos, miran con malos ojos a todo el que no piensa como ellos. Los
+católicos condenan a los librepensadores y éstos tratan a aquéllos de
+imbéciles, sin más ceremonias.</p>
+
+<p>Existe un terreno de unión, sin embargo, en los días de grandes fiestas.
+Católicos y librepensadores se agolpan con entusiasmo en la antigua
+Catedral para oír los incomparables acentos de nuestro incomparable
+coro.</p>
+
+<p>&mdash;Estáis cogidos, odiosos impíos&mdash;parecen decir las caras de los devotos
+asiduos ante la invasión de los nuevos filisteos.</p>
+
+<p>&mdash;El coro nos pertenece como a vosotros, estúpidos santurrones&mdash;parece
+que responden los impíos aludidos.</p>
+
+<p>Y unos y otros, al salir de la Catedral, exclaman con satisfacción:</p>
+
+<p>&mdash;La verdad es que Aiglemont puede estar orgulloso de su coro.</p>
+
+<p>Se dice Aiglemont y no la Catedral.</p>
+
+<p>En Aiglemont, en efecto, hay dos parroquias, San Aprúnculo, la
+Catedral, y San Gengulfo, la parroquia secundaria. La guerra es casi
+continua entre aprunculinos y gengulfianos, y los primeros desdeñan a
+los segundos por su iglesia, por supuesto. Unos y otros cuentan en sus
+filas numerosas solteronas, pues el matrimonio, preciso es confesarlo,
+está poco de moda en nuestro pueblo. En teoría se habla mucho de él; las
+muchachas pululan en Aiglemont. Pero el número limitado de los jóvenes
+casaderos hace que, si son muchos los llamados al sacramento del
+matrimonio, son pocos los escogidos.</p>
+
+<p>No sé si es ese medio ambiente lo que me hace ser también refractaria al
+matrimonio, o si es la poca costumbre de ver casar a las jóvenes de mi
+sociedad lo que me hace considerar mi propio matrimonio como una
+eventualidad temible. La verdad es que, a pesar de mi deseo de claridad,
+no consigo poner estar cosas en claro.</p>
+
+<p>&mdash;Estas muchachas...&mdash;diría la abuela,&mdash;qué imposibles son...</p>
+
+
+
+<p class="fecha">14 de octubre.</p>
+
+
+<p>Llueve, hace viento y reina un tiempo frío y obscuro. En la prisión en
+que la prudencia manda estarse, vuelvo a ocuparme de la cuestión de las
+solteronas. Esta mañana he declarado a la abuela que deseaba estudiar
+seriamente ese asunto tan interesante.</p>
+
+<p>&mdash;No veo el interés&mdash;respondió la abuela.</p>
+
+<p>&mdash;Pero, abuela, en una población como ésta, el pueblo de las solteronas,
+como le llama Francisca, es...</p>
+
+<p>&mdash;Francisca no es seria&mdash;exclamó Celestina, que iba a arreglar el fuego
+de la chimenea, y aprovechó la oportunidad para mezclarse en la
+conversación.</p>
+
+<p>&mdash;¿Tú qué sabes?&mdash;dije descontenta.</p>
+
+<p>&mdash;Sé lo que sé&mdash;respondió Celestina con la dignidad de los grandes
+días.&mdash;Una señorita que no habla más que de casarse, no es una señorita
+seria...</p>
+
+<p>&mdash;Cállese usted, Celestina&mdash;replicó la abuela.&mdash;Tú no entiendes nada de
+eso, hija mía.</p>
+
+<p>Celestina no dijo palabra, muy ofendida por la observación de la abuela.
+Vi, en efecto, por su mirada despreciativa y por su labio en forma de
+pila de agua bendita, que las personas que hablaban de matrimonio eran
+sospechosas para ella; tan sospechosas, que tomó el partido de volvernos
+la espalda sin más ceremonia.</p>
+
+<p>&mdash;Sí, abuela&mdash;dije en cuanto se fue Celestina,&mdash;quiero seguir a las
+solteronas a través de las edades. ¿Ves en ello algún inconveniente?</p>
+
+<p>&mdash;Veo los de hacer un viaje muy fastidioso y de singularizarte de un
+modo ridículo.</p>
+
+<p>&mdash;Sin embargo, antes de decir si estoy madura para el matrimonio, me
+gustaría saber si el celibato me tienta definitivamente...</p>
+
+<p>La abuela hizo un movimiento de tan excesivo mal humor, que me quedé
+ligeramente aturdida.</p>
+
+<p>&mdash;¿Es necesario hacer un estudio tan profundo para poner en claro ese
+grave problema?... ¡Qué rara eres, hija mía!</p>
+
+<p>&mdash;Pero, en fin, tú permites que me ocupe en esto; es todo lo que reclamo
+de tu indulgencia...</p>
+
+<p>&mdash;¡Ay!&mdash;suspiró la abuela,&mdash;cuánto preferiría verte reclamar un buen
+marido... Sabes que la mujer del coronel Dauvat me ha hablado para ti de
+un joven teniente que...</p>
+
+<p>&mdash;Me escapo; abuela, me escapo... Nada de tenientes, por amor de Dios...
+Por ahora, vivan las solteronas...</p>
+
+<p>&mdash;Chiquilla&mdash;murmuró la abuela, encogiéndose de hombros.&mdash;Mala
+chiquilla...</p>
+
+<p>Tranquila con el permiso de la abuela, registré la biblioteca y busqué
+con ardor todo lo que pudiera ilustrarme sobre el concepto de la mujer
+en la antigüedad respecto del celibato. ¿Aceptaba sin repugnancia la
+idea del matrimonio?... ¿Sentía alguna contrariedad al casarse?...
+¿Hubiera experimentado cierto alivio sabiendo que estaba libre de una
+obligación que le creaban las leyes religiosas y civiles?...</p>
+
+<p>Mis investigaciones me pusieron pronto al corriente.</p>
+
+<p>No hay la menor incertidumbre en estas cuestiones.</p>
+
+<p>El único sueño de la mujer antigua es un marido. Su cerebro está tan
+hecho a la idea de la necesidad del matrimonio y su corazón tan
+desequilibrado fuera del marido obligatorio, que no puede concebir otro
+ideal. Todo su ser moral va todavía a apoyar esas buenas razones por el
+terror de los castigos de la otra vida que esperan a la mujer
+desprovista de la égida de un marido. La pobre mujer de la antigüedad
+está, pues, colocada en el dilema más espantoso: un marido, o nada de
+dicha en la tierra, ni de reposo eterno.</p>
+
+<p>El desprecio y la abyección en que viven las mujeres sin marido le dan
+desde luego en el mundo una muestra de lo que tendrá que soportar en el
+otro. No puede considerar el celibato más que como la más terrible
+desgracia, la única que compromete al mismo tiempo el mundo y la
+eternidad.</p>
+
+<p>Una desgracia que persigue durante la vida y sigue aún a la eternidad,
+es para hacer reflexionar, convengo en ello. Si la abuela, en vez de
+prodigarme argumentos discutibles me ofreciese algo semejante, se puede
+apostar a que no vacilaría yo lo más mínimo, pues preferiría aventurar
+la desgracia de mi existencia mortal a arriesgar la salvación eterna...
+Pero el caso es que como no hay nada sólido en el mundo, las ideas han
+cambiado de tal modo, que la abuela no puede llamar al Cielo en su
+ayuda, aunque no le faltarían ganas. Desde San Pablo... Pero no
+anticipemos.</p>
+
+<p>En aquellos abominables tiempos de matrimonio forzoso, las leyes que
+regían los bienes agravaban todavía la dependencia de la mujer. Aquellas
+leyes, fieles reflejos del pensamiento antiguo, multiplicaban las trabas
+en torno del sexo débil y acentuaban en él la creencia en la necesidad
+absoluta del matrimonio. No sólo hacía falta un marido para asegurar la
+dicha eterna, sino que ese marido era igualmente necesario para ser
+admitida al derecho de vivir, implicado en el de poseer.</p>
+
+<p>Cuando, por el mayor de los azares, se encuentra en la antigüedad una
+mujer honrada sin casar, la trompeta de la fama invita a la posteridad a
+guardar la memoria de un hecho tan sorprendente. No se dice: Tal mujer
+no se casó porque no quiso. No. Se busca, se comenta y se considera que
+algo sobrehumano protegió una determinación que todos califican de
+extraordinaria. Si se trata de la hija de Pitágoras, una de las primeras
+que ilustró el nombre de solterona, se cuenta que el filósofo,
+suponiendo haber sido mujer en una vida anterior, tenía una alta idea de
+la excelencia de la mujer, en lo que difería extraordinariamente de sus
+contemporáneos, y había reivindicado la encarnación de la antigua
+sabiduría en un hermoso tipo femenino. Ese tipo lo encontró en su propia
+familia. Damo, su hija, llegó a ser su discípulo más ardiente; y la
+consagró a los dioses por un voto de virginidad perpetua, le confió
+todos los secretos de su psicología y se dice que le dejó sus escritos,
+haciéndole prometer que no los publicaría jamás. Damo, el asombro y la
+admiración de toda la Grecia, tuvo el valor de la obediencia y se llevó
+a la tumba los secretos del ilustre anciano.</p>
+
+<p>Aun cuando se debilita en Occidente el culto por los muertos y
+disminuye, por consecuencia, la hostilidad que creaba contra el
+celibato, la antipatía subsiste, a pesar de todo. Se hace constar con
+asombro que una mujer pintora de Grecia, la famosa Lala, de Cycique, que
+vivió 80 años antes de Jesucristo, no se casó, y se cuida de hacer
+observar que fue su gran fervor por su arte lo que la llevó a esa
+extremidad lamentable. Del mismo modo, la hija de Plinio, el célebre
+naturalista, necesita la reputación de su padre para hacer aceptar su
+situación de solterona.</p>
+
+<p>Si la antigüedad cuida de hacernos notar particularmente ilustres
+excepciones a la ley común del matrimonio, no quiere esto decir que esa
+ley no haya sufrido ningún eclipse a través de los siglos. Cuando, en el
+momento de la decadencia, fue necesario multiplicar las leyes en favor
+del matrimonio, es evidente que, esa multiplicación indicaba que el
+matrimonio caía en olvido.</p>
+
+<p>Es de notar, en efecto, que la multiplicación de las leyes morales no
+prueba que un pueblo se mejore, sino precisamente lo contrario. Cuando
+la moral está en peligro, es cuando tiene que pedir socorro. Y toma
+entonces de la autoridad de las leyes la última, y casi siempre
+impotente sanción.</p>
+
+<p>Este hecho es particularmente cierto cuando se trata de las leyes
+concernientes al matrimonio en los pueblos monógamos, como Grecia y
+Roma. Cuando el matrimonio se hundió por todas partes fue cuando las
+leyes civiles, que no hay que confundir con las religiosas,
+multiplicaron sus prescripciones para obligar a realizarlo. ¿Quién
+pensaría en buscar penas severas para los recalcitrantes ni en acentuar
+los castigos que les están destinados si no hubiese necesidad de
+castigar ni de obligar?</p>
+
+<p>La verdad exige declarar que en este caso los recalcitrantes fueron los
+hombres y no las mujeres. Los solterones son los que han producido las
+solteronas.</p>
+
+<p>La mujer ocupaba tan poca plaza en el mundo antiguo, que era fácil
+tratarla como una cantidad despreciable; y sin preocuparse de lo que
+podía pensar, los señores hombres no pensaron más que en hacer una vida
+de placeres y de feliz quietud, exenta de los cuidados de la paternidad
+y de las cargas de familia.</p>
+
+<p>Influida todavía por siglos de hostilidad contra el celibato, la mujer
+tuvo que sublevarse contra tal abandono. Hay que confesar que todo
+concurría a hacerle la resignación difícil. Sin gran esfuerzo de
+imaginación, podemos figurarnos el estado de alma de una de aquellas
+romanas o de aquellas griegas honradas a quienes las leyes civiles y
+religiosas llamaban al matrimonio y que no encontraban marido.</p>
+
+<p>Extrañadas al principio, cada cual podía pensar que siendo más amable y
+más bella que su vecina, su juventud no se pasaría en un lamentable
+aislamiento. Después, pasada la edad fijada por las leyes, y fuertemente
+estropeada la juventud, venían las inquietudes y triunfaban los
+cuidados. El deseo de agradar ponía un fulgor febril en la mirada de la
+solterona anticipada y en la más estudiada de sus sonrisas había una
+crispación. Iba, venía, rogaba a la diosa favorable al matrimonio,
+suplicaba a su padre o a su tutor que la encontrasen un marido, los
+llevaba en caso de necesidad a los tribunales, y no por eso encontraba
+lo que era el objeto de sus sueños. Agriábase entonces su carácter, su
+humor se ponía triste y acerbo su pensamiento. Y juventud, belleza y
+salud, se consumían en la vana espera del que no venía ni vendría
+jamás... ¡Pobres solteronas!</p>
+
+<p>Fue preciso el cristianismo para cambiar el ideal de una gran parte del
+mundo. En cuanto apareció, la existencia de la mujer sufrió una
+transformación tan completa como prodigiosa; de esclava que era, se
+encontró de repente con una personalidad justamente respetada. Después,
+la divinización de la virgen echó por tierra todas las ideas admitidas y
+fue posible a la mujer vivir honrada y casta al lado del matrimonio.
+Bajo la influencia del cristianismo se llegó a comprender que el término
+«solterona,» cuyo equivalente existía ciertamente en la lengua del
+tiempo, no era en sí mismo nada deshonroso. Una vez admitido el estado
+de virginidad, era natural que se envejeciese en él. ¿Qué es una
+solterona? Una virgen vieja. Tener cabellos blancos y la cara arrugada
+no ha sido nunca una mala acción, que yo sepa.</p>
+
+<p>En esto estaban mis reflexiones, cuando juzgué a propósito hacer
+participar de mi admiración a la abuela.</p>
+
+<p>Sorprendida por mi brusca entrada en el salón donde ella estaba, me echó
+una mirada interrogadora.</p>
+
+<p>&mdash;Abuela&mdash;exclamé triunfante,&mdash;es el cristianismo el que ha hecho las
+solteronas; así, pues...</p>
+
+<p>&mdash;¡Qué tonterías dices, hija mía! ¿Cómo quieres que el cristianismo haya
+hecho las solteronas?...</p>
+
+<p>&mdash;Divinizando la virginidad.</p>
+
+<p>&mdash;Ya ves que tú misma te contradices. El cristianismo ha divinizado la
+virginidad, es cierto. Pero si ha hecho de la virgen la esposa de Dios,
+no ha querido en modo alguno divinizar a las vírgenes mundanas, a las
+que uno de vuestros autores de moda llama las «semivírgenes.»</p>
+
+<p>&mdash;Yo tampoco, abuela, hablo de las solteronas que conocemos...</p>
+
+<p>&mdash;Dejemos en paz sus lenguas, hija mía; no despertemos al gato que
+duerme...&mdash;murmuró la abuela sonriendo.</p>
+
+<p>Y no quiso oír nada más.</p>
+
+<p>Es obstinada la abuela... No le gustan las solteronas y no consiente en
+escuchar nada en su favor. Por fortuna, estoy aquí yo para
+rehabilitarlas en mi propia mente.</p>
+
+
+
+<p class="fecha">16 de octubre.</p>
+
+
+<p>Pensaba poder continuar hoy lo que yo llamo con cierto énfasis «mis
+estudios históricos,» pero había contado sin la abuela. Lo que le conté
+del resultado de mis investigaciones la tenía muy contrariada, según
+pude juzgar por su expresión nada satisfecha, al tomar el desayuno.</p>
+
+<p>&mdash;Estas chiquillas&mdash;murmuró al sentarse a la mesa,&mdash;tienen una
+independencia y unas ideas...</p>
+
+<p>Y en cuanto terminamos, me dijo sencillamente:</p>
+
+<p>&mdash;Ponte el sombrero, Magdalena.</p>
+
+<p>Obedecí de prisa, y la encontré dispuesta a salir conmigo. El sombrero,
+puesto ligeramente torcido en la cabeza, indicaba en la abuela ideas
+belicosas. No hice ninguna pregunta y la seguí dócilmente, preguntándome
+dónde me llevaba. ¿Era al convento para hacerme reflexionar sobre el
+matrimonio? ¿Era a la cárcel, para castigar mi falta de vocación
+espontánea?...</p>
+
+<p>No era, por fortuna, a ninguno de los dos sitios, sino sencillamente a
+casa de su director y amigo, el señor canónigo Tomás, profesor del
+Colegio Libre. La abuela tiene la costumbre de consultar con él todos
+sus asuntos, pequeños y grandes.</p>
+
+<p>Era, pues, el caso de hacerlo.</p>
+
+<p>En cuanto entramos en su despacho, el padre Tomás comprendió que había
+electricidad en el aire.</p>
+
+<p>&mdash;¿La señorita Magdalena ha roto su muñeca?&mdash;preguntó sonriendo al ver
+la seriedad de la abuela.</p>
+
+<p>&mdash;Si no fuera más que eso...&mdash;suspiró la abuela, sentándose en una
+cómoda butaca, mientras yo me instalaba modestamente en una
+silla.&mdash;Magdalena me tiene consternada.</p>
+
+<p>Y se puso a contar con vehemencia sus penas. Narró al cura su deseo de
+casarme, mi poco entusiasmo por obedecerla, mi manía de profundizarlo
+todo y el estudio que yo estaba haciendo de las solteronas; en una
+palabra, todo salió a relucir.</p>
+
+<p>El cura, repantigado en su butaca, escuchó con atención las quejas de la
+abuela. En su buena y plácida cara, iluminada por una mirada de
+sorprendente inteligencia, no se hubiera podido leer ninguna impresión
+si el brillo malicioso de sus ojos no le hubiera hecho traición. El cura
+se divertía.</p>
+
+<p>Cuando la abuela lo hubo dicho todo, el padre Tomás clavó un instante
+sus chispeantes pupilas en las de la abuela y se echó a reír.</p>
+
+<p>La abuela dio un salto de indignación.</p>
+
+<p>El cura, que la conocía, vio que no debía tirar más de la cuerda
+sensible, y respondió tranquilamente, ajustándose los anteojos:</p>
+
+<p>&mdash;Al desear casar a su nieta, señora, cumple usted con su deber...</p>
+
+<p>La abuela me lanzó una mirada de triunfo.</p>
+
+<p>&mdash;Pero Magdalena está en su derecho al querer reflexionar&mdash;añadió.</p>
+
+<p>Y, a mi vez, levanté la cabeza victoriosamente.</p>
+
+<p>El cura hizo como que no echaba de ver lo que pasaba entre nosotras.</p>
+
+<p>&mdash;El matrimonio es cosa tan grave&mdash;continuó,&mdash;que cierto moralista ha
+dicho que no era demasiado toda la vida para reflexionar antes de
+comprometerse a él...</p>
+
+<p>La abuela bajó los ojos en señal de desaprobación.</p>
+
+<p>&mdash;No digo que ese parecer sea eminentemente práctico... Pero, en
+fin&mdash;dijo el cura moviendo la cabeza,&mdash;no podemos menos de reconocerle
+cierta prudencia...</p>
+
+<p>La abuela se estremeció, y yo me eché a reír.</p>
+
+<p>&mdash;Sin aconsejar a Magdalena que llevé las cosas tan lejos, es bueno, sin
+embargo, que reflexione, y mucho, antes de contraer los lazos sagrados
+del matrimonio.</p>
+
+<p>&mdash;Pero, padre&mdash;interrumpió la abuela, que perdía la paciencia,&mdash;¿hacían
+falta tantas ceremonias en otro tiempo para casarse? Los padres
+presentaban un partido conveniente, y las jóvenes se casaban sin decir
+palabra. Nadie pensaba en estas dilaciones de que usted habla, y que no
+comprendo más que cuando una joven es llamada hacia Dios...</p>
+
+<p>&mdash;Evidentemente&mdash;respondió el cura, cogiendo su caja de rapé y tomando
+un buen polvo.&mdash;Así sucedía y así sucede todavía con las jóvenes
+acostumbradas a la obediencia pasiva...</p>
+
+<p>&mdash;Señor cura, le cojo a usted en flagrante delito de contradicción.
+Habla usted de obediencia pasiva... ¿Quién me ha aconsejado desarrollar
+la personalidad de mi nieta?... ¿Quién me ha impulsado a formarle un
+carácter suyo?... ¿Quién me ha dicho a cada uno de sus caprichos:
+«Déjelo usted pasar; será una mujer y no una figurante?...» ¿No ha sido
+usted, señor cura?</p>
+
+<p>&mdash;Sí, señora&mdash;respondió el cura sin confusión alguna.&mdash;Y hoy lo
+repetiría una vez más. Los tiempos han marchado, y nosotros con ellos.
+La vida fácil de otro tiempo se ha acabado, y ante las generaciones
+nuevas se abre una vida de combate. Hay que combatir para tener un sitio
+al sol, y educar a las jóvenes como se las educaba en otro tiempo, sería
+un verdadero anacronismo.</p>
+
+<p>&mdash;¿Por qué?&mdash;dijo la abuela, no convencida.</p>
+
+<p>&mdash;Porque la joven figurante ha dejado de existir. En otro tiempo, la
+joven era educada exclusivamente para el matrimonio, y se trataba de
+formarle un carácter fácilmente maleable para asegurar la felicidad
+conyugal. Las ricas se casaban todas. Hoy no es ya lo mismo. Al lado de
+las muchachas sin dote, que no encuentran con quién casarse, existen las
+jóvenes de dote pequeño o mediano, que no son más buscadas por los
+hombres. Hacer del matrimonio el ideal de todas las jóvenes es, pues, un
+grave error, puesto que es condenarlas de antemano a desengaños
+ciertos...</p>
+
+<p>&mdash;No veo en qué&mdash;replicó la abuela.</p>
+
+<p>&mdash;¡Que no ve usted en qué!&mdash;dijo el cura sorprendido.&mdash;Piense usted,
+señora, en la crueldad de condenar a una joven al celibato cuando todas
+sus aspiraciones y todo su ser tiendan hacia la dicha del matrimonio...
+¿Qué quiere usted que haga en la vida una pobre joven cuyo espíritu,
+cuya voluntad y cuyo corazón no están formados y necesitan equilibrarse
+con el espíritu, la voluntad y el corazón de un hombre?...</p>
+
+<p>&mdash;Entonces, usted cree en la dificultad creciente del matrimonio para
+las mujeres...&mdash;preguntó la abuela.</p>
+
+<p>&mdash;Sí, señora, creo en ella.</p>
+
+<p>&mdash;Magdalena tiene un bonito dote y...</p>
+
+<p>&mdash;Sí, es posible, y se casará fácilmente&mdash;respondió el cura.&mdash;Pero como
+posee un carácter muy personal y fuertemente equilibrado, la dificultad
+vendrá de su parte. Querrá reflexionar, elegir, calcular...</p>
+
+<p>&mdash;Entonces, Dios mío, ¿qué va a ser de nosotras? Las jóvenes que no
+tienen carácter, están expuestas a ser desgraciadas no casándose... Las
+que lo tienen, están amenazadas de sufrir casándose... ¡Qué dilema,
+señor cura!</p>
+
+<p>&mdash;Sí&mdash;dijo el cura pensativo;&mdash;es cierto que ahí está el escollo. El
+matrimonio sufre la suerte común a las cosas de la tierra; está
+atravesando una crisis...</p>
+
+<p>&mdash;Por eso mismo hay que combatirla&mdash;afirmó la abuela con gran energía.</p>
+
+<p>&mdash;¿Cómo?&mdash;dijo el cura más y más pensativo.&mdash;Lo que pasa en los grandes
+centros industriales es una imagen de lo que ocurre en todas partes. Hay
+tendencias a la huelga general...</p>
+
+<p>&mdash;¡La huelga contra el matrimonio!&mdash;exclamó la abuela, que no sabía si
+reír o enfadarse.</p>
+
+<p>&mdash;La huelga contra el matrimonio, sí&mdash;articuló claramente el cura.&mdash;Lo
+que hace al grevista es la conciencia de sus derechos y la posibilidad
+de hacerlos valer... Transporte usted la huelga de la industria al
+matrimonio, y tendrá la palabra de la situación.</p>
+
+<p>&mdash;Entonces&mdash;exclamó la abuela desesperada,&mdash;Magdalena es una
+huelguista...</p>
+
+<p>&mdash;No, todavía no&mdash;dijo dulcemente el cura,&mdash;pero tiene tendencias.</p>
+
+<p>Y añadió designándome a la abuela:</p>
+
+<p>&mdash;¿Se puede saber lo que pasa en una cabeza de veinte años?</p>
+
+<p>&mdash;Veinticinco, señor cura, veinticinco&mdash;rectificó la abuela, un poco
+humillada por la cifra respetable de mis primaveras.</p>
+
+<p>&mdash;Veinticinco años&mdash;repuso el cura;&mdash;entonces es más grave... A los
+veinticinco años no se es ya un alma cualquiera y se tiene una
+personalidad... Sí, es más grave... A esa edad se sabe que la vida de la
+mujer casada es una vida relativa y que su dicha está a merced de
+otro... No hay que extrañar que ciertas naturalezas se subleven y
+retrocedan ante esta dependencia absoluta... Note usted, señora, qué
+general es la huelga del matrimonio; tan difícil es decidir a ciertos
+jóvenes a casarse como a ciertas muchachas a contraer matrimonio.</p>
+
+<p>&mdash;Sin embargo, señor cura, todavía se casa la gente&mdash;objetó la abuela.</p>
+
+<p>&mdash;Sí&mdash;respondió el cura con bondad,&mdash;todos los obreros no están en
+huelga, pero sí muchos. Hay huelguistas hombres y huelguistas mujeres;
+entre éstas habrá usted de contar a todas las que no quieren casarse por
+motivos de abnegación, de salud, de sentimientos de pureza virginal, de
+amor al estudio, de exceso de escepticismo... de menor necesidad de la
+persona complementaria, es decir, del marido.</p>
+
+<p>Bajé la cabeza y me ruboricé ante la mirada investigadora del cura.</p>
+
+<p>&mdash;Además&mdash;prosiguió éste,&mdash;hay los huelguistas hombres, de los que no
+tenemos para qué ocuparnos, pues los motivos que les impiden casarse
+son de interés o de egoísmo, lo que es poco caballeresco... Entre los
+huelguistas mujeres y los huelguistas hombres hay, como siempre,
+víctimas de la misma huelga, que son algunas buenas y puras jóvenes que
+no encuentran con quién casarse por falta de un poco de dinero. Esta es
+una de las plagas de nuestra época&mdash;concluyó el cura haciendo un gesto
+de desanimación.</p>
+
+<p>&mdash;Entonces&mdash;respondió la abuela con un resplandor de esperanza,&mdash;puesto
+que usted califica de plaga semejante estado de cosas, es que está por
+el matrimonio...</p>
+
+<p>&mdash;Sin duda, señora&mdash;afirmó el cura,&mdash;el matrimonio es una necesidad
+social a la que deben someterse los que están llamados a ese estado...</p>
+
+<p>La abuela volvió a tomar aspecto de triunfo.</p>
+
+<p>&mdash;Pero no soy de opinión de que se violenten las vocaciones...</p>
+
+<p>A mi vez cobré valor.</p>
+
+<p>&mdash;Deje usted a Magdalena estudiar su cuestión de las solteronas, puesto
+que eso le interesa. Acaso nos descubrirá cosas asombrosas&mdash;añadió con
+una risa sonora que hizo temblar los cristales del despacho.</p>
+
+<p>&mdash;Señor cura&mdash;dije en tono de protesta,&mdash;si usted supiera cuánto deseo
+complacer a la abuela...</p>
+
+<p>&mdash;Eso está muy bien dicho, pequeña&mdash;respondió la abuela muy contenta.</p>
+
+<p>&mdash;Vaya, la señorita Magdalena no se quedará solterona, lo preveo&mdash;dijo
+el cura sin dejar de sonreír.</p>
+
+<p>&mdash;No será porque no las quiera ni porque no las defienda&mdash;contesté
+arriesgando una mirada del lado de la abuela.</p>
+
+<p>&mdash;Sí, sí, usted quiere jugar a los perros de Terranova&mdash;exclamó el cura
+satisfecho al ver que estábamos más contentas.&mdash;Tiene usted razón. La
+solterona de otro tiempo, aquella caricatura física de la mujer, ha
+dejado, casi, de existir. Ya no se encuentran aquellos buenos tipos
+clásicos de trajes anticuados y estrechos como sus ideas. La solterona
+actual es con frecuencia una mujer de gusto, cuando no es la mujer de
+todas las caridades y de todas las abnegaciones.</p>
+
+<p>&mdash;¡Ah!&mdash;exclamé aturdidamente,&mdash;siendo el cristianismo el que ha hecho
+posible la vida de la solterona, es muy natural que inspire esa vida...</p>
+
+<p>&mdash;Otra tontería de Magdalena&mdash;murmuró la abuela.</p>
+
+<p>&mdash;¿Cómo?&mdash;dijo el cura con estupor,&mdash;¿encuentra usted que Magdalena ha
+dicho una tontería porque quiere que el cristianismo inspire la vida de
+la solterona?</p>
+
+<p>&mdash;No, señor cura, no es eso. Esta chica nos marea suponiendo que sólo el
+cristianismo ha hecho las solteronas...</p>
+
+<p>&mdash;¿Y usted quisiera que yo le dijese que se equivoca?&mdash;preguntó el cura
+maliciosamente.</p>
+
+<p>&mdash;¡Oh! sí, señor cura&mdash;suspiró la abuela.</p>
+
+<p>&mdash;Pues bien, señora, para complacer a usted, quiero recordar a Magdalena
+el respeto que debe a esos cabellos blancos&mdash;prosiguió el cura con su
+franca sonrisa.&mdash;Pero no puedo desmentirla por completo en cuanto a lo
+demás...</p>
+
+<p>&mdash;¡Imposible!&mdash;exclamó la abuela.&mdash;No va usted a decirme que es el
+cristianismo el que ha hecho las solteronas... No, no... Eso es una
+herejía...</p>
+
+<p>&mdash;Sin embargo, señora, las palabras de San Pablo son formales. «El que
+no estando obligado por ninguna necesidad y siendo enteramente dueño de
+hacer lo que quiera, ha tomado la firme resolución de guardar su hija,
+hace bien. Porque el que casa a su hija hace bien, pero el que no la
+casa hace mejor.» ¿Lo oye usted, señora? San Pablo dice «hace mejor...»</p>
+
+<p>&mdash;¡Ah!&mdash;exclamó la abuela indignada,&mdash;jamás hubiera esperado semejante
+lenguaje de un apóstol y un santo...</p>
+
+<p>&mdash;Cálmese usted, señora&mdash;dijo el cura muy divertido,&mdash;y observe qué
+alivio representaba el consejo de San Pablo a los padres de familia de
+la época, obligados por las leyes a casar a sus hijas e impotentes por
+las costumbres para hallar el esposo obligatorio...</p>
+
+<p>&mdash;No&mdash;exclamó la abuela,&mdash;no hubiera creído jamás que un apóstol, que un
+santo, aconsejase el celibato mundano...</p>
+
+<p>&mdash;Y en esto tiene usted razón&mdash;respondió el cura.&mdash;Tan lejos ha estado
+San Pablo de hacer la solterona, que no se encuentran muchas en los
+primeros siglos del cristianismo, ni en la Edad Media ni, siquiera, en
+los tiempos modernos.</p>
+
+<p>&mdash;¿Por qué?&mdash;pregunté interesada, mientras la abuela se reponía de su
+indignación.</p>
+
+<p>&mdash;A consecuencia de los cambios que las invasiones de los bárbaros
+trajeron a las costumbres y, sobre todo, a causa de la transformación
+propia de las cosas humanas. San Pablo no había dado más que un consejo
+y los siglos que siguieron encontraron en él un amplio permiso para
+condenar a una cantidad innumerable de mujeres, no al celibato mundano
+voluntario, sino al celibato religioso forzado, tan penoso para las
+almas a quienes no atrae una vocación especial...</p>
+
+<p>&mdash;¿En interés de qué?&mdash;dije más y más poseída de mi asunto.</p>
+
+<p>&mdash;En el interés personal de las familias de entonces. Vamos a ver,
+Magdalena&mdash;dijo el cura en tono regañón,&mdash;un poco de memoria... Usted
+debe de recordar la historia... Pues bien, dígame usted lo que sepa de
+la transformación de las leyes en el momento de la invasión de los
+bárbaros.</p>
+
+<p>&mdash;No es difícil, señor cura&mdash;respondí con entusiasmo.&mdash;Ayer precisamente
+he estado hojeando la «Historia moral de las mujeres» de mi amigo
+Legouvé, y he visto que las luchas perpetuas y las guerras continuas
+acabaron por poner los bienes en manos masculinas. Entre los invasores,
+las hijas estaban excluidas de la propiedad.</p>
+
+<p>&mdash;Bien&mdash;dijo el cura con satisfacción,&mdash;muy bien...</p>
+
+<p>&mdash;Los bárbaros decían: «Nada de hijas ante los hijos,» lo que no es
+justo&mdash;añadí con convicción.</p>
+
+<p>&mdash;Eso es un detalle&mdash;dijo el cura en tono doctoral.&mdash;¿Y qué pasó después
+de la conquista?</p>
+
+<p>&mdash;Una cosa muy sencilla, señor cura. Los dueños del suelo, en plena y
+legítima posesión de sus bienes, no tuvieron más que un deseo, asegurar
+la conservación de esos bienes en toda su integridad a una descendencia
+única. El feudalismo no dice ya «nada de hijas delante de los hijos,»
+sino «nada de hijos delante de los primogénitos...»</p>
+
+<p>&mdash;Perfectamente&mdash;exclamó el cura.&mdash;Va usted a ver en seguida el
+encadenamiento de los hechos. Por una rara asociación de ideas, la
+dureza del padre de familia, que excluye de su herencia a la totalidad
+de sus hijos menos uno, se une a la fe sincera del creyente que quiere
+la prosperidad de la religión. Estos dos sentimientos, al parecer,
+inconciliables, impulsan al padre de familia a poner continuamente en
+práctica y hasta exagerar el consejo de San Pablo... Así pues, no se
+casa a las hijas más que cuando se encuentra una unión ventajosa para el
+padre o para el hijo mayor; en el caso contrario, se las mete en un
+convento, sean los que quieran sus gustos o deseos.</p>
+
+<p>&mdash;¡Infelices!&mdash;exclamé llena de conmiseración por aquellas hermanas de
+antaño.</p>
+
+<p>&mdash;Los siglos pasados&mdash;continuó el cura, que se creía en su
+cátedra,&mdash;están llenos del ruido de esas vocaciones obligatorias,
+gracias a las cuales no había entonces más que pocas o ninguna solterona
+en el mundo. La totalidad o poco menos de las mujeres no casadas, eran
+entonces encerradas en los conventos...</p>
+
+<p>&mdash;¡Qué admirado debió estar San Pablo con semejante éxito!&mdash;exclamé con
+una risa tan ruidosa que la abuela se estremeció.</p>
+
+<p>&mdash;San Pablo...&mdash;murmuró con rencor,&mdash;San Pablo es un mal santo.</p>
+
+<p>&mdash;¡Oh! señora&mdash;respondió el cura descontento,&mdash;San Pablo es la gloria de
+la Iglesia... Pero como no quiero que le crea usted el padre de las
+solteronas voy a leerle una carta muy curiosa del Papa Inocencio IV a
+propósito de las solteronas. Allí verá usted la doctrina de la Iglesia
+en plena Edad Media, y, por consecuencia, una rehabilitación de San
+Pablo.</p>
+
+<p>El cura desapareció un instante en su biblioteca y volvió con un gran
+librote que abrió por la página en cuestión.</p>
+
+<p>&mdash;Se trata, señoras&mdash;dijo,&mdash;de la Princesa Isabel de Francia, hermana de
+San Luis. Aquella virtuosa Princesa resolvió no casarse, siendo así que
+su hermano deseaba que lo hiciera con el hijo del Emperador Federico II.
+Si la Princesa hubiera querido hacerse religiosa no hubiera encontrado
+ciertamente ninguna oposición en su familia, pero la desgraciada hablaba
+de celibato mundano... «No tendré&mdash;respondía a todas las
+instancias,&mdash;otro esposo más que Jesucristo; sin pasar el resto de mis
+días en un claustro, viviré en medio del mundo en un estado de
+virginidad.» Blanca de Castilla, su madre, y el Rey Luis IX, su hermano,
+a quien esta resolución contrariaba en extremo, se dirigieron al Papa
+Inocencio IV para que la combatiese. Inocencio escribió a la Princesa
+una carta llena de razón y de dulzura, en la que se esforzaba por
+demostrar a la joven qué desagradable sería para la familia real contar
+con una «solterona» entre sus miembros.</p>
+
+<p>El cura recalcó la palabra «solterona» con entonación tan burlona, que
+la abuela y yo soltamos la carcajada.</p>
+
+<p>&mdash;Escuchen ustedes la lectura de esta carta, que va a consolar a usted,
+señora. «Me dicen&mdash;escribía el Pontífice,&mdash;que queréis vivir en el mundo
+y que vuestra inclinación os lleva a hacer en él una existencia separada
+de los vivos, sin pretender el matrimonio ni las esperanzas de
+posteridad. Sin embargo, según me informan, no tenéis la intención de
+entrar en un monasterio para vivir en él en la profesión religiosa, sino
+que vuestra mente se forma una vida neutra que no es ordinaria en el
+siglo y que no puede recibir la aprobación de aquellos a quienes debéis
+obediencia.»</p>
+
+<p>&mdash;Eso está bien hablado&mdash;exclamó la abuela;&mdash;Inocencio IV me consuela
+de San Pablo... ¿Qué tienes que responder a esto, hija mía?</p>
+
+<p>&mdash;Lo que probablemente respondería Isabel de Francia...</p>
+
+<p>&mdash;Isabel&mdash;continuó el cura,&mdash;escribió al Papa una larga carta para
+justificar su conducta y solicitar su perdón. «No soy una
+rebelde&mdash;decía,&mdash;ni una desobediente; quiero obedecer y morir a vuestros
+pies, cuando me hayáis hecho el favor de oír una sola palabra para mi
+justificación.» Inocencio IV había hablado a la Princesa de la
+excelencia y de la santidad del matrimonio...</p>
+
+<p>&mdash;¡Qué gran Papa!&mdash;exclamó la abuela llena de admiración.</p>
+
+<p>&mdash;...Isabel respondió en estos términos: «Sé que el matrimonio es
+honroso, y el lecho de las esposas castas inmaculado; pero no puedo
+olvidar lo que dijo el apóstol San Pablo...»</p>
+
+<p>&mdash;¡Otra vez San Pablo!&mdash;gruñó la abuela...&mdash;¡Qué santo!...</p>
+
+<p>&mdash;«...Que hay que tener una santa emulación por los dones de Dios y
+desear los más excelentes. He oído con frecuencia que la virginidad está
+tan por encima del matrimonio como la claridad del sol sobre la de las
+estrellas. Es la vida que Jesucristo ha consagrado en su purísima carne
+y aquélla de que la Santísima Virgen nos ha dado ejemplo. ¿Qué daño hago
+a mi nacimiento renunciando al hijo del Emperador para casarme con el
+soberano Monarca del Cielo y de la tierra? El poco conocimiento que
+tengo de las letras sagradas no me permite ignorar unas palabras de San
+Agustín, que dice: «Más vale dar vírgenes a Jesucristo que Césares al
+mundo.»</p>
+
+<p>&mdash;Es encantador que también San Agustín se meta en esto&mdash;dijo la
+abuela.&mdash;Y añadió volviéndose hacia mí.&mdash;¿De modo que las ideas de la
+Princesa son las tuyas?</p>
+
+<p>&mdash;No por completo&mdash;confesé.&mdash;La Princesa es una santa y yo no. Además,
+su celibato no es más que una vida religiosa...</p>
+
+<p>&mdash;Precisamente&mdash;confirmó el cura.&mdash;La historia nos enseña que si la
+Princesa Isabel ganó su causa, no perseveró en su deseo de celibato
+mundano. Rompiendo con aquella vida neutra que afligía al Papa, se hizo
+monja, y murió siéndolo.</p>
+
+<p>&mdash;¡Bah!&mdash;dijo la abuela,&mdash;para ser una solterona tan convencida de su
+derecho, la Princesa no tuvo mucha perseverancia...</p>
+
+<p>&mdash;Es verdad&mdash;contestó el buen cura, que no quería contrariar de nuevo a
+la abuela.&mdash;Note usted, sin embargo, qué progreso en el desarrollo de la
+personalidad femenina denota ese proyecto de la Princesa... Cincuenta
+años antes supongo que no hubiera habido grandes escrúpulos para vencer
+la resistencia de una joven colocada en oposición directa con los
+suyos...</p>
+
+<p>&mdash;Ese fue entonces el comienzo de la rebelión&mdash;objetó la abuela,
+levantándose para despedirse del cura, al que habíamos hecho perder un
+tiempo precioso.</p>
+
+<p>&mdash;Nada de eso, señora&mdash;respondió con bondad el cura;&mdash;es el primer
+vagido de una personalidad que se ignora.</p>
+
+<p>&mdash;¡Singular vagido!&mdash;dijo la abuela.&mdash;En fin... a San Pablo y San
+Agustín se lo debemos&mdash;añadió con rencor.&mdash;Verdaderamente, no puedo
+digerir eso...</p>
+
+<p>&mdash;Sí, sí&mdash;respondió el cura con condescendencia,&mdash;ya lo digerirá usted.
+Ya verá, ya verá.</p>
+
+<p>Y al acompañarnos galantemente hasta la puerta, nos dijo con malicia:</p>
+
+<p>&mdash;Vayan en paz, señoras, vayan en paz...</p>
+
+<p>Aquel deseo no debía realizarse, pues apenas entramos en casa, a la
+abuela le faltó tiempo para dar parte a Celestina del supuesto horror
+del Papa Inocencio IV por las solteronas.</p>
+
+<p>&mdash;¡Eso un Papa!&mdash;exclamó Celestina.&mdash;Debe de ser, todo lo más, un Papa
+falso...</p>
+
+<p>Iba la abuela a protestar vigorosamente, cuando me apresuré a calmar a
+Celestina recordándole las palabras de San Pablo: «El que casa a su hija
+hace bien; el que no la casa hace mejor.»</p>
+
+<p>Creí que se iba a desmayar de gusto al oír estas palabras.</p>
+
+<p>&mdash;Ese es un santo bueno... Ese es un santo grande... Ese es un santo...
+santo. No hay como los apóstoles.</p>
+
+<p>&mdash;No hay como los Papas&mdash;replicó la abuela.</p>
+
+<p>Celestina es tan intransigente en sus ideas que no va a dejar vivir a la
+abuela con San Pablo. La guerra está declarada entre el apóstol y el
+Papa, ¡Pobre Inocencio IV! ¡Bueno le va a poner Celestina!</p>
+
+<p>Estaba yo escribiendo estas palabras, cuando oí un golpe en la puerta y
+me vi entrar a Celestina muy sofocada.</p>
+
+<p>&mdash;No comprendo&mdash;acabó por decir cuando pudo recobrar el uso de la
+palabra,&mdash;no comprendo que la señora dé tanta importancia a lo que dice
+un «inocente.»</p>
+
+<p>&mdash;Inocencio IV no era un inocente&mdash;repliqué.&mdash;Fue, por el contrario, un
+gran Papa que se llamaba Inocente como tú te llamas Celestina.</p>
+
+<p>&mdash;¡Bah!&mdash;dijo Celestina incrédula;&mdash;la señorita no me hará creer que
+nadie se llame Inocente sin tener buenas razones para ello.</p>
+
+<p>Y me dejó muy indignada por lo que ella llamaba mi obstinación en
+defender a aquel «inocente.» Tenía yo razón al exclamar: ¡Pobre
+Inocencio IV!</p>
+
+
+
+<p class="fecha">18 de octubre.</p>
+
+
+<p>Hoy he dado un buen paseo con el que no contaba. Estaban dando las dos
+cuando la campanilla sonó alegremente a impulso de un mano viva y
+nerviosa.</p>
+
+<p>&mdash;Es la señorita Francisca, seguramente&mdash;dijo Celestina, yendo a abrir
+sin apresurarse.</p>
+
+<p>Era ella, en efecto, que venía con Petra Brenay, Genoveva Ribert y sus
+madres, a buscarme para dar un paseo. Acepté con entusiasmo. La abuela
+tiene dificultad para andar y me confía con placer a esas señoras que me
+acogen siempre con gran amabilidad.</p>
+
+<p>Genoveva y Petra son, como Francisca, de mis más antiguas amigas, y,
+como yo, son aiglemontesas de nacimiento.</p>
+
+<p>Genoveva nuestra decana, frisa en los veintiocho años. Es una morenita
+delgada y esbelta, de facciones acentuadas y dulces al mismo tiempo.
+Elegante sin exceso, piadosa sin mogigatería y adicta sin ostentación,
+es enteramente mi ideal. A ella es a quien confío más fácilmente mis
+pensamientos, y la abuela, que aprecia mucho el carácter firme y leal de
+Genoveva, protege nuestra intimidad. Genoveva quiere permanecer soltera
+por gusto, según dice ella, pero la abuela, que no podría soportar
+semejante inconveniencia, asegura que es más bien por abnegación para su
+madre, a la que cuida y consuela en sus dolores físicos y morales. Yo
+soy de la misma opinión.</p>
+
+<p>Petra es extremadamente fina y menuda, muy rubia y con una aristocrática
+silueta. Es la gracia hecha mujer, aunque un poco caprichosa y
+fantástica y algo niña mimada. Su padre, el Barón de Brenay, no ve más
+que por los ojos de su querida hija, que es la única bonita, la única
+bien nacida y la única posible. A fuerza de oírlo repetir, Petra lo cree
+y espera con serena convicción la hora encantadora y deseada en que la
+renta de sus veinte mil pesos de dote, o sean seiscientos pesos, le
+atraerán algún millonario por marido. Los señores de Brenay desean el
+millón, como es de suponer, y Petra, hija respetuosa, comparte
+enteramente las opiniones de sus padres. Está convenido que Petra no se
+casa con menos de un millón.</p>
+
+<p>&mdash;No se puede vivir con menos de seis u ocho mil pesos al año&mdash;dice a
+cada momento el Barón de Brenay.</p>
+
+<p>&mdash;Es lo justo para no morirse de hambre&mdash;añade la Baronesa.</p>
+
+<p>Y como los dos tienen una fe ardiente y convencida en el valor de la
+partícula «de» colocada delante de un nombre, conservan la dulce o
+inocente ilusión de que toda la humanidad participa de esa fe. Un
+riquísimo plebeyo será indudablemente muy halagado al depositar a los
+pies de la divina Petra un número incalculable de billetes de banco...
+Esperan a ese novio ideal y le aceptan de antemano con una
+condescendencia muy divertida. Muchas veces nos reímos entre nosotras
+de los sueños dorados de Petra, pero sin permitirnos discutirlos. Los
+dogmas de fe no se discuten.</p>
+
+<p>Dejando a las mamás que hablasen entre ellas, tomamos rápidamente la
+delantera en cuanto estuvimos fuera de la población.</p>
+
+<p>&mdash;Y bien, Magdalena&mdash;exclamó de repente Francisca,&mdash;¿sigues defendiendo
+a las aiglemontesas?</p>
+
+<p>&mdash;Como las ataques mucho, puede ser.</p>
+
+<p>&mdash;¡Ah! veo que cedes, caballeresca Magdalena&mdash;exclamó Francisca
+triunfante.&mdash;El otro día te alzabas en los espolones como un gallo
+inglés.</p>
+
+<p>&mdash;Si alguien enseñaba los espolones&mdash;dije reprimiendo una fuerte gana de
+reír,&mdash;no creo que fui yo...</p>
+
+<p>&mdash;No, joven virtuosa; confieso que debió de ser mi modesta persona la
+que se agrió con los golpes repetidos que me asestan ciertas malas
+solteronas...</p>
+
+<p>&mdash;Si tú las provocas, no tienes más que lo que mereces.</p>
+
+<p>&mdash;Eso es, métete en esa pandilla, y contra mí además... ¡Ah!&mdash;dijo
+Francisca dando un gran suspiro,&mdash;bastante desgraciado es pensar que se
+va una a enmohecer como las otras en la piel de una solterona...</p>
+
+<p>&mdash;Nadie te obliga a enmohecer&mdash;objetó Genoveva.</p>
+
+<p>&mdash;Sí, se acartona una a pesar suyo cuando el celibato le ata las alas.</p>
+
+<p>&mdash;Pues bien, cásate&mdash;exclamé.</p>
+
+<p>&mdash;¡Ah! como llegue a pasar al alcance de mi mano un pretendiente, os
+prevengo que salto a él y de grado o por fuerza le llevo al cura y al
+alcalde.</p>
+
+<p>&mdash;¿Aunque no te guste?...&mdash;pregunté interesada.</p>
+
+<p>&mdash;Un pretendiente gusta siempre.</p>
+
+<p>&mdash;¿Aunque sea feo y viejo?</p>
+
+<p>&mdash;Me tiene sin cuidado&mdash;respondió Francisca con su desenvoltura
+habitual.</p>
+
+<p>&mdash;¡Oh!&mdash;dije indignada.&mdash;No creo que te casaras con alguien que no te
+gustara...</p>
+
+<p>&mdash;¿No?... Como que le iba a dejar... ¿Estás todavía en los dichosos
+tiempos de los matrimonios por amor?</p>
+
+<p>&mdash;¡Cómo!&mdash;exclamé consternada.&mdash;¿No estás tú ya en ellos?</p>
+
+<p>&mdash;El amor sublime...&mdash;respondió la incorregible burlona;&mdash;creo que no me
+sentaría bien.</p>
+
+<p>&mdash;Dices tonterías&mdash;hizo observar la prudente Genoveva, también muy
+sofocada.</p>
+
+<p>&mdash;Tonterías... no. En realidad&mdash;añadió Francisca viendo que había ido
+demasiado lejos, estoy hablando en broma.&mdash;Me sacáis de mis casillas con
+vuestros gustos de celibato. Es horrible volverse un ser ridículo, malo,
+maldiciente y charlatán... una sobra.</p>
+
+<p>&mdash;Yo no creo ser una sobra&mdash;protestó vivamente Genoveva.</p>
+
+<p>&mdash;Tú, puede que no&mdash;concedió con generosidad Francisca,&mdash;pero las
+demás... Dios mío, no es ese mi ideal.</p>
+
+<p>&mdash;Ni el mío&mdash;afirmó Petra.&mdash;A mí me gustará comerme el dinero de un
+marido muy rico.</p>
+
+<p>&mdash;¡Comerte el dinero!&mdash;objeté.&mdash;¿Es eso todo lo que tú ves en el
+matrimonio?</p>
+
+<p>&mdash;Evidentemente&mdash;respondió Petra con su gran aspecto de las
+cruzadas.&mdash;Comprenderás que si me caso con un plebeyo rico, no voy a
+pasar el tiempo en amar a ese caballero... Amar a su dinero y hacerle
+valsar, es otra cosa...</p>
+
+<p>&mdash;Pobre plebeyo&mdash;dijo Francisca con compasión.&mdash;Estoy segura de que le
+harás ver que es un honor para él dejarse roer el dinero por tus lindos
+dientecitos aristocráticos.</p>
+
+<p>Petra sonrió sin responder.</p>
+
+<p>&mdash;¡Bah!&mdash;replicó Francisca sin poderse contener, una partícula no es
+cosa que se come...&mdash;¿Qué le vas a dar en cambio a tu marido?</p>
+
+<p>&mdash;Nada&mdash;respondió Petra desdeñosa.</p>
+
+<p>&mdash;Pobre señor; su vida va a ser un perpetuo viernes...</p>
+
+<p>Genoveva, para cambiar de conversación, nos llamó la atención sobre el
+paisaje de otoño que se ofrecía a nuestra vista.</p>
+
+<p>&mdash;No, no, Genoveva, nada de poesía; nada de hojas muertas o a punto de
+morir... Estoy harta de eso... Hace veintitrés años que estoy
+contemplando las bellezas de nuestro pueblo y ya no me entusiasma la
+Naturaleza... Es aburrido.</p>
+
+<p>&mdash;Qué alma de artista&mdash;murmuré <i>in petto</i>; y después, armándome de
+valor, me atreví a hablarles de mis estudios sobre las solteronas.
+Francisca aprovechó la ocasión para lanzar gritos de horror, que Petra
+imitó a la sordina. Envalentonada por la mirada de aprobación de
+Genoveva, conté mis descubrimientos sobre el origen de las solteronas y
+les dije que en los pueblos polígamos no las había.</p>
+
+<p>&mdash;¿No?&mdash;exclamó Francisca.&mdash;Pronto, Petra, vámonos a esos pueblos
+felices.</p>
+
+<p>&mdash;No creas que me conformaría con la vida de harén&mdash;respondió Petra en
+tono desdeñoso.</p>
+
+<p>&mdash;Es verdad&mdash;exclamó Francisca;&mdash;ya he dicho otra tontería.</p>
+
+<p>&mdash;No me extraña&mdash;dijo dando un suspiro la pobre señora de Dumais que nos
+había seguido.</p>
+
+<p>&mdash;Esperaba eso de mamá&mdash;respondió Francisca con filosofía.</p>
+
+<p>A mí tampoco me extrañan las reflexiones maternales...</p>
+
+<p>Cuando llegamos a mi casa ofrecí a todas las señoras una taza de té. Las
+de Brenay y Dumais tenían prisa por volver a sus casas, y rehusaron;
+pero las tres jóvenes aceptaron. Celestina, que sabe cuánto me gusta
+tomar un refrigerio al volver de paseo, lo preparó todo en seguida, y
+entre una galleta y una tostada continué mis confidencias.</p>
+
+<p>La idea de que San Pablo, con gran escándalo de la abuela y gran
+contento de Celestina, era el padre de las solteronas, divirtió mucho a
+mis amigas. Francisca, que tiene siempre ideas originales, me pidió que
+llamase a Celestina para contemplar su gozo. Hícelo yo de buen grado y
+pedí una cosa cualquiera a mi buena vieja para explicar mi campanillazo.</p>
+
+<p>&mdash;Y bien, Celestina&mdash;dijo Francisca,&mdash;San Pablo es un gran santo...</p>
+
+<p>&mdash;Sí, señorita&mdash;respondió respetuosamente Celestina, que pareció mirar a
+Francisca con mejores ojos.&mdash;No es como ese inocente...</p>
+
+<p>&mdash;¿Qué inocente?&mdash;interrogó Francisca asombrada.</p>
+
+<p>&mdash;Ya te contaré eso dentro de un momento&mdash;dije.&mdash;Vamos, Celestina, dinos
+lo que piensas de San Pablo&mdash;continué dirigiéndome a la anciana, que se
+obstinaba en pasarse la mano por las narices como para quitarse una
+humedad molesta.</p>
+
+<p>&mdash;Pienso&mdash;respondió la aludida, a la que halagaba la atención de que era
+objeto,&mdash;pienso que Dios ha enviado a San Pablo para impedir que las
+jóvenes se pierdan casándose.</p>
+
+<p>&mdash;Pero, Celestina&mdash;dijo Genoveva con una débil sonrisa,&mdash;no es una
+perdición el casarse.</p>
+
+<p>&mdash;Sí, señorita&mdash;aseguró Celestina;&mdash;en los hombres es puro vicio y en
+las mujeres una torpeza...</p>
+
+<p>&mdash;¡Bueno!... Ya está la especie humana rápidamente juzgada&mdash;exclamó
+Petra en medio de las risas de todas.</p>
+
+<p>&mdash;Pues bien, Celestina&mdash;añadió Francisca muy seria,&mdash;encuentro que tiene
+usted razón. En su lugar de usted daría algún paso cerca del señor cura
+para obtener que Santa Catalina, que es una solterona de pacotilla, sea
+puesta en la puerta de la corporación y que San Pablo sea nombrado
+patrono en su lugar.</p>
+
+<p>&mdash;¡Cuánta razón tiene la señorita y qué bien estaría eso!...</p>
+
+<p>&mdash;Me apresuré a despedir a Celestina e hice reproches a Francisca. La
+aturdida no ha pensado que Celestina va a tomar todo esto en serio y
+acaso a intentar con el cura el paso aconsejado... En fin, ya veremos.</p>
+
+<p>Reanudé mi narración de las solteronas para explicar el «inocente» de
+Celestina, y aquello fue un concierto de risas. Francisca por poco se
+ahoga con una castaña en dulce y Petra se atragantó completamente al
+beber el último sorbo de té.</p>
+
+<p>Por fin se restableció el silencio y emprendimos una nueva conversación
+más seria, aunque sobre el mismo asunto.</p>
+
+<p>Genoveva me preguntó con qué objeto hacía mis investigaciones, y le
+respondí que todo mi deseo era encontrar libros que me inicien en la
+introducción de las solteronas en la sociedad moderna, pues hasta ahora
+no me daba cuenta más que de la solterona involuntaria.</p>
+
+<p>&mdash;Mi madre debe de tener algo sobre eso&mdash;dijo Genoveva después de
+reflexionar.&mdash;Buscaré y te enviaré todo lo que encuentre.</p>
+
+<p>&mdash;Le di las gracias con efusión, y como se hacía tarde, unos
+campanillazos vinieron a poner término a nuestra alegre conversación.
+Era que venían a buscar a mis amigas.</p>
+
+<p>Francisca fue todavía la que tuvo la última ocurrencia. Había ya salido
+de la antesala, cuando, dando media vuelta, vino hacia mí y me dijo con
+su gracia acostumbrada:</p>
+
+<p>&mdash;Hasta la vista, solterona...</p>
+
+<p>&mdash;Adiós y gracias&mdash;repitieron en coro Genoveva y Petra.</p>
+
+<p>&mdash;Adiós, hasta la vista, muchachas...&mdash;respondí gozosa, mientras se
+restablecía el silencio en nuestra tranquila casa y resonaban todavía a
+lo lejos las notas del alegre terceto.</p>
+
+<p>¡Solterona!... Pues bien, acepto el augurio...</p>
+
+
+
+<p class="fecha">20 de octubre.</p>
+
+
+<p>Con gran desesperación de la abuela, Genoveva me envió al día siguiente
+los libros prometidos y desde entonces los leo y los devoro. Aunque la
+abuela dice que estoy ridícula con mis solteronas, la verdad es que las
+encuentro un serio interés. Mis estudios me deleitan y los continúo.</p>
+
+<p>Hubiera deseado encontrar otra Isabel de Francia para tener derecho a
+sentar un sólido juicio sobre una base no menos seria; pero con gran
+sentimiento mío, la vocación del celibato no parece haber sido
+voluntaria en los siglos pasados. Casarse es decididamente una cosa de
+un orden esencialmente natural y parece que la solterona por gusto es
+una creación exclusivamente moderna.</p>
+
+<p>¿De dónde viene?</p>
+
+<p>Eso es lo que he procurado investigar con una paciencia tan
+extraordinaria como inusitada. He reanudado mis estudios en pleno
+feudalismo, en medio del vigoroso impulso del espíritu caballeresco. Me
+ha parecido curioso estudiar esa época, ya muy brumosa, en la que «Mi
+Dios y mi Dama» era el grito de los infanzones que iban a la batalla con
+una cruz en la mano y los colores de la señora de sus pensamientos en el
+corazón. Eso difiere un poco de nuestros jóvenes modernos, que no han
+conservado, evidentemente, esas nobles maneras.</p>
+
+<p>¿Qué era esa dama evocada por la imaginación de nuestros antepasados?</p>
+
+<p>Algunas veces era una delicada niña de púdica sonrisa; con frecuencia
+era la esposa de algún caballero renombrado, pero ni una sola vez, que
+yo sepa, se la encuentra bajo las facciones de una honrada y casta
+solterona. El estado neutro de que hablaba el Papa no está muy en honor
+ni en el mundo eclesiástico ni en la sociedad seglar. Preciso es añadir,
+por otra parte, que el enorme éxito de lo que se llamaba tan exactamente
+«cortes de amor» no era para fomentar el estado de virginidad ni para
+darle muchos elogios. El espíritu caballeresco, basado en el amor, debía
+ser hostil al celibato, y todas sus adoraciones y homenajes se dirigían
+a aquellas que, lejos de estar armadas contra los sentimientos tiernos,
+sabían animarlos graciosamente.</p>
+
+<p>La caballería, a pesar de la aureola con que ha llegado hasta nosotros,
+no se alimentaba exclusivamente de flores azules cogidas en el país del
+ideal. Práctica y dura, apreciaba muy bien las especies contantes y
+sonantes o los hermosos dominios dorados por el sol.</p>
+
+<p>El sistema feudal, al privar a las hijas de toda fortuna, aumentó
+considerablemente el número de las muchachas pobres y, por consiguiente,
+imposibles de casar, pues en aquel noble tiempo de sentimientos
+caballerescos hacía falta un dote para conquistar un marido. La historia
+no nos dice si bardos o trovadores consagraron a este asunto, sin
+embargo tan interesante, sus versos y sus melodías. Es de creer que ni
+unos ni otros hubieran logrado transformar una sociedad que exaltaba a
+la mujer y buscaba el dinero.</p>
+
+<p>La nobleza y la burguesía, encontrando la mayor facilidad para
+desembarazarse de las hijas sin soltar dinero, preferían darlas sin dote
+al convento a dotarlas para casarlas.</p>
+
+<p>Pero las dificultades de la vida se acentuaban para las jóvenes
+casaderas y para los conventos que las servían de refugio. El número de
+monjas obligadas crecía hasta tal punto, que ciertas casas faltas de
+recursos tuvieron que recurrir a la bondad real para obtener algunas
+larguezas. Luis XIV permitió a algunas comunidades aceptar dotes a
+condición de que se dedicasen a la instrucción profesional de las hijas
+del pueblo. Pero con esta ocasión se renovaron los antiguos edictos para
+los conventos ricos con agravación de las penas para los infractores. El
+Parlamento de París castigó a las religiosas de la Virginidad por haber
+medido una vocación «más al peso del metal que al del santuario.»</p>
+
+<p>La sociedad meticulosa de la época prefería la desgracia de sus hijas en
+un claustro, a su dicha relativa en el mundo, en el que no se admitía el
+celibato. Las conveniencias lo mismo que el espíritu religioso de la
+época se oponían a este último partido.</p>
+
+<p>Los predicadores tronaban en el púlpito contra el entristecedor
+espectáculo del celibato involuntario, y uno de ellos llegó a decir que
+las hijas solteras que se quedan en el mundo son en él objeto de
+escándalo y un obstáculo a las buenas costumbres.</p>
+
+<p>¿Cómo, después de esto, atreverse a permanecer solterona? Era necesario
+tomar el camino del claustro, donde nadie pensaba en averiguar el grado
+de vocación que llevaba a tantas pobres almas.</p>
+
+<p>Los moralistas hablaban también en favor del matrimonio, demostrando,
+como Montesquieu, que «cuanto más se disminuye el número de los
+matrimonios que pudieran hacerse, más se corrompe a los que están ya
+hechos: cuantas menos personas casadas hay, menos fidelidad existe en
+los matrimonios, como cuando hay más ladrones existen más robos.»</p>
+
+<p>Y como la causa del matrimonio no avanzaba un paso, se decidió dejar
+resueltamente a un lado a las jóvenes feas y pobres para dar, al menos,
+a las que no lo eran un puesto más ancho en el mundo. Un sabio casuista,
+el padre Bonacina, jesuita, declaraba «exenta de pecado a la madre que
+desee la muerte de sus hijas sino puede casarlas a su gusto a causa de
+su fealdad o de su pobreza.»</p>
+
+<p>Con el convento para las unas, el matrimonio para las otras y la muerte
+para las que no entraban en ninguno de los dos estados, pudiérase creer
+que en adelante no habría ya esas desgraciadas jóvenes cuya vista
+producía en la conciencia pública el efecto de un remordimiento. Pero la
+especie no quiso desaparecer. Al fin del siglo <span class="smcap">XVIII</span>, el moralista
+Sebastián Mercier declara que «en todas las casas burguesas de París se
+encuentran cuatro jóvenes casaderas por una casada.»</p>
+
+<p>Dejé la pluma, pensativa, reflexionando que en provincias, a la hora
+actual, el matrimonio está por lo menos tan abandonado como en tiempo de
+Sebastián Mercier, cuando la abuela me arrancó bruscamente de mis
+demasiado sabias meditaciones.</p>
+
+<p>&mdash;Un poco de memoria, Magdalena. Olvida que tenemos que ir esta tarde a
+ver a la señora de Brenay.</p>
+
+<p>&mdash;Es verdad&mdash;exclamé,&mdash;no me acordaba...</p>
+
+<p>&mdash;Las solteronas te hacen perder la cabeza, pobre hija mía... Vamos,
+despáchate. Voy a ponerme el sombrero y te espero en el salón.</p>
+
+<p>En diez minutos hice el milagro de estar compuesta y acicalada. La
+abuela, satisfecha, se dignó sonreírme con una benevolencia en la que
+entraba un poco de inocente admiración.</p>
+
+<p>Pasar de repente de la calma absoluta a una intensa tempestad, es
+siempre desagradable, y esto fue lo que nos sucedió a la abuela y a mí.
+Dejamos la apacible tranquilidad de nuestro <i>home</i> y nos encontramos en
+pleno huracán en casa de los Brenay.</p>
+
+<p>El señor de Brenay, que no parece más que raras veces por su salón,
+estaba paseándose con agitación febril que sacudía con bruscos
+movimientos sus bigotes largos y retorcidos. La de Brenay, desplomada en
+una butaca, parecía aniquilada y olvidaba por completo el cuidado de
+conservar sus maneras aristocráticas. Petra, muy encarnada y como
+vergonzosa, estaba mordiendo rabiosamente el pañuelo. Era indudable que
+caíamos en plena escena de familia. La abuela y yo cambiamos rápidamente
+una mirada de estupor, pero era imposible retroceder.</p>
+
+<p>El salón de los Brenay, siempre tan animado, tan alegre, tan en armonía
+con los gustos de los dueños de la casa, me pareció ensombrecido por
+negras nubes cuando tomé posesión de una silla al lado de Petra. El
+señor de Brenay, hombre muy corrido, creyó que debía, en cuanto se
+cambiaron los primeros cumplimientos, ponernos al corriente de lo que
+motivaba semejante perturbación en su interior.</p>
+
+<p>&mdash;Esta democracia...&mdash;dijo con un desdén exasperado,&mdash;esta democracia es
+audaz en extremo... ¿Creerá usted, señora, que un teniente de
+infantería... sin apellido... casi sin fortuna... mil doscientos pesos
+de renta&mdash;¿qué es eso?&mdash;se atreve a levantar los ojos hasta mi hija?</p>
+
+<p>&mdash;Audaz es en efecto&mdash;dijo la abuela en tono de broma.&mdash;Un gusano de la
+tierra enamorado de una estrella...</p>
+
+<p>&mdash;Precisamente&mdash;exclamó Brenay con acento de aprobación.&mdash;El teniente
+Cotorrac...</p>
+
+<p>&mdash;¿Es posible&mdash;dijo la señora de Brenay confundida,&mdash;que con semejante
+nombre se atreva a pensar en mi hija?...</p>
+
+<p>&mdash;¡Ah!&mdash;gimió Petra,&mdash;estoy avergonzada... Qué apellido para anunciar en
+un salón... La señora de Cotorrac...</p>
+
+<p>La desesperación de Petra era tan franca, que reprimí valerosamente toda
+hilaridad. Y tuve mérito, porque la escena era divertida.</p>
+
+<p>&mdash;¡Cállate, hija mía, cállate!... Ese ganapán, ese perdido merecería
+seis meses de castillo por haberse permitido pensar en ti... ¡Si
+volviera el antiguo régimen!</p>
+
+<p>&mdash;Si se nos permitiese solamente hacer que nuestros criados dieran una
+buena paliza a esos insolentes...&mdash;acentuó la señora de Brenay,&mdash;no
+pasarían estas cosas.</p>
+
+<p>&mdash;Dios mío&mdash;se atrevió a decir la abuela, bastante divertida en el fondo
+por aquella tragicomedia.&mdash;¿Creen ustedes que el crimen no tiene
+excusa?... Petra es tan linda y tan seductora...</p>
+
+<p>&mdash;Mi hija no debe ser linda ni seductora para quien no es de su
+clase&mdash;gruñó el padre.</p>
+
+<p>&mdash;Un pobre diablo puede tener ojos&mdash;añadió la abuela,&mdash;y hasta
+corazón... Y si ese pobre diablo es un oficial y tiene mil doscientos
+pesos de renta... la cosa cambia de punto de vista.</p>
+
+<p>&mdash;No cambia nada&mdash;exclamó Brenay.&mdash;¿Es bien nacido?... No... ¿Tiene
+fortuna?... No... ¡Ah! el lado vergonzoso del negocio es que ese mozo
+afirma que está loco por mi hija...</p>
+
+<p>&mdash;Papá, por Dios, no repitas semejante cosa...</p>
+
+<p>&mdash;¿Y qué?&mdash;preguntó la abuela.</p>
+
+<p>&mdash;Que es un amor inadmisible&mdash;respondió Brenay con su voz más
+mordaz,&mdash;que estoy seguro de que hace estremecerse de horror en sus
+tumbas a todos los Brenay pasados...</p>
+
+<p>&mdash;Sin contar los Mauval a que yo pertenezco,&mdash;apoyó la de Brenay.</p>
+
+<p>La abuela se esforzó en vano por establecer que la respetabilidad
+personal, las cualidades del joven, su sinceridad y su lealtad evidente
+eran dignas de otra acogida. Ni el señor de Brenay ni su mujer quisieron
+conceder nada, y Petra, herida en su amor propio, no consintió tampoco
+en deponer su cólera.</p>
+
+<p>Después de un cuarto de hora de una conversación difícil, cuyo asunto
+era imposible de cambiar, tan violenta era la exasperación reciente, la
+abuela se levantó con gran satisfacción mía. Yo, que me complazco mucho
+habitualmente con la compañía de Petra, fui feliz al dejarla. Tales
+prejuicios de casta, o de pandilla, como diría Francisca, son tan
+extraordinarios que me producen el efecto de un gran anacronismo.</p>
+
+<p>&mdash;¡Bah!&mdash;dije a la abuela, que estaba un poco sublevada con lo que
+acababa de oír;&mdash;supongamos que vivimos en el siglo <span class="smcap">XVIII</span> en lugar de
+encontrarnos en el <span class="smcap">XX</span>, y todo será natural...</p>
+
+<p>&mdash;Las enseñanzas de la historia son letra muerta para muchos&mdash;murmuró la
+abuela...&mdash;Es curioso&mdash;añadió,&mdash;el ver cuántas personas inteligentes hay
+entre nosotros a quienes la historia no ha enseñado nada.</p>
+
+<p>&mdash;¡Aprender!... Esa es toda la filosofía de la vida, abuela querida...
+Pides demasiado.</p>
+
+<p>La abuela, sorprendida, me miró atentamente.</p>
+
+<p>&mdash;Acaso tengas razón&mdash;añadió cuando se dio cuenta de que era yo quien
+había hablado.&mdash;En todo caso, la pobre Petra está en la dolorosa vía del
+celibato.</p>
+
+<p>&mdash;¡Dolorosa!... no, abuela, muy feliz.</p>
+
+<p>Y para ahorrarme un sermón de la abuela, desaparecí prontamente de su
+horizonte. Abríase ante mí la puerta de mi casa y me metí en ella más
+que de prisa.</p>
+
+
+
+<p class="fecha">22 de octubre.</p>
+
+
+<p>Mis investigaciones van tomando cuerpo... Las solteronas se enredan en
+una madeja inesperada. Estaba yo gimiendo en mi interior por las
+dificultades de mi tarea, cuando la Providencia, bajo las facciones del
+padre Tomás, vino a llamar a la puerta de la abuela. El buen cura
+deseaba averiguar el estado de nuestras cabezas y el de nuestros
+corazones.</p>
+
+<p>Apenas entró en el salón, iluminado por un lindo rayo de sol, que
+aureolaban los primeros fuegos del hogar en un dulce resplandor, cuando
+llegaron también la de Ribert y Genoveva para informarse del resultado
+de mis lecturas.</p>
+
+<p>La abuela no reanuda sus días de recibir hasta noviembre, pero acoge con
+gusto a las personas de nuestra intimidad que se presentan. No cierra su
+puerta desde julio hasta Todos los Santos más que a los indiferentes
+que, con pretexto de interés, van a casa ajena a informarse del matiz de
+las ideas y del aspecto de las caras para inventar historias
+sorprendentes e inverosímiles.</p>
+
+<p>Me puse tan alegre por aquella doble visita que de buena gana hubiera
+saltado al cuello del cura y al de la señora de Ribert para
+manifestarles mi satisfacción. Me indemnicé de la imposibilidad
+absoluta de hacerlo precipitándome a las mejillas de Genoveva que
+recibieron cada una dos sonoros besos.</p>
+
+<p>La de Ribert es el vivo retrato de su hija o más bien, ésta es la
+reproducción exacta de lo que ha debido de ser su madre. El cabello gris
+de la de Ribert, parece ser el sucesor designado de la opulenta
+cabellera de Genoveva. Sólo ha cambiado el talle, engruesado por la
+edad, y, sobre todo, ha venido la enfermedad triste e implacable que la
+mitad del tiempo clava a Genoveva en la cabecera de su madre, sin que la
+una ni la otra pierdan por eso una sola de sus sonrisas ni un átomo de
+su apacible amabilidad.</p>
+
+<p>El padre Tomás, conocido y apreciado por el pueblo entero, lo que no es
+frecuente en Aiglemont, es también íntimo de los Ribert. El cura sacó en
+seguida la conversación de las solteronas, ayudado por la de Ribert,
+apasionada por todo lo que se refiere a la evolución femenina. Es, al
+contrario que la abuela, enemiga del matrimonio y se dice por lo bajo
+que su marido, muerto hace muchos años, no la hizo precisamente feliz.</p>
+
+<p>&mdash;Y bien, ¿cómo van esos estudios?&mdash;dijo el cura con una risa sonora que
+hizo estremecerse hasta las tenazas de la chimenea.</p>
+
+<p>&mdash;Están suspendidos, señor cura.</p>
+
+<p>&mdash;¿Por qué?</p>
+
+<p>&mdash;Porque no encuentro el lazo que debe unir a la solterona involuntaria
+de otro tiempo con la de hoy. He llegado casi al fin del siglo XVIII y
+me falta una Princesa Isabel...</p>
+
+<p>&mdash;¡Dios mío!&mdash;gimió la abuela,&mdash;no se concibe semejante obstinación.</p>
+
+<p>&mdash;Sí, señora, ciertamente&mdash;respondió el cura con bondad.</p>
+
+<p>Y añadió dirigiéndose a mí:</p>
+
+<p>&mdash;Si necesita usted absolutamente una princesa, me parece que la Corte
+de Luis XVI le ofrece una solterona distinguida...</p>
+
+<p>&mdash;¡Qué aturdida soy!&mdash;dije con convicción.&mdash;Es verdad, olvidaba a madama
+Isabel, la hermana de Luis XVI...</p>
+
+<p>&mdash;Sí, madama Isabel, sin hablar de otras ilustres solteronas. En cuanto
+al lazo que usted reclama entre las solteronas involuntarias y las
+voluntarias, existe muy claro. ¿Qué hace usted de la Revolución y del
+Código de Napoleón?...</p>
+
+<p>&mdash;Nada absolutamente, señor cura&mdash;dejé escapar a pesar mío.&mdash;Esas dos
+cosas no me dicen nada que valga.</p>
+
+<p>&mdash;Pues es un error&mdash;respondió el cura.&mdash;La Revolución y el Código de
+Napoleón, por el establecimiento de principios nuevos y por la abolición
+del derecho de primogenitura, han dado a las jóvenes de las clases
+acomodadas una independencia real para permitirles vivir como les
+acomoda. De aquí se deduce...</p>
+
+<p>&mdash;¿Entonces, señor cura&mdash;preguntó la de Ribert muy interesada,&mdash;usted
+cree que la Revolución y el Código entran por mucho en este temor del
+matrimonio que manifiestan tantas jóvenes modernas...</p>
+
+<p>&mdash;Evidentemente... ¿No se nota ese temor precisamente en la
+burguesía?...</p>
+
+<p>&mdash;Sí, es cierto. Sin embargo...</p>
+
+<p>&mdash;No hay sin embargo&mdash;afirmó el cura con autoridad.&mdash;Desde el momento en
+que se suprimió el derecho de primogenitura y la mujer mayor, no
+casada, fue admitida a gozar de sus bienes, se ha desarrollado, por la
+fuerza de las cosas, el gusto por el celibato voluntario. Abra usted el
+Código...</p>
+
+<p>&mdash;No, no&mdash;dijimos en coro,&mdash;la cosa no es distraída.</p>
+
+<p>&mdash;Pues bien, no le abran. Pero si le abrieran, verían que la mujer
+soltera es más generosamente tratada que la que se encuentra bajo la
+potencia del marido. La primera goza de todos sus derechos en cuanto es
+mayor de edad; la segunda es una eterna menor.</p>
+
+<p>&mdash;Pero dije cautivada por la demostración;&mdash;entonces usted cree...</p>
+
+<p>&mdash;Sin duda, sin duda&mdash;replicó el cura.&mdash;Es claro que al convertirse la
+soltera en protegida del Código, el celibato, hasta entonces objeto de
+aversión, adquiere rápidamente, bajo el imperio de nuevas costumbres,
+toda la apariencia de una posición escogida.</p>
+
+<p>&mdash;Si lo que usted dice es exacto&mdash;repuso la abuela olvidando su
+antipatía por este asunto,&mdash;habría que buscar en esa transformación de
+las leyes el comienzo de otras muchas evoluciones.</p>
+
+<p>&mdash;Así lo creo, señora&mdash;respondió el cura.&mdash;La evolución femenina de que
+habla todo el mundo, me parece que no tiene otra causa primera. Los
+cambios de hechos acarrean siempre cambios de ideas, cuando no es el
+cambio de éstas lo que produce el de los primeros.</p>
+
+<p>&mdash;Es curioso, muy curioso&mdash;exclamó la de Ribert.&mdash;Sin
+embargo&mdash;objetó,&mdash;no comprendo bien la importancia extraordinaria que da
+usted al Código de Napoleón desde el punto de vista femenino.</p>
+
+<p>&mdash;Va usted a comprenderlo&mdash;respondió el cura, muy contento por la
+atención de su auditorio.&mdash;Por primera vez en la historia de los siglos,
+la mujer de las clases acomodadas es llamada de soltera a la libre
+posesión de sus bienes de familia. ¿Cómo quiere usted que tal evolución
+no traiga consigo otra?</p>
+
+<p>&mdash;Es verdad&mdash;dijo Genoveva,&mdash;todo se enlaza.</p>
+
+<p>&mdash;Usted me comprende, señorita Genoveva&mdash;dijo el cura con una mirada de
+aprobación.&mdash;La mujer que posee, es naturalmente una mujer que obra y
+llega a ser por la fuerza de las cosas una personalidad con la que hay
+que contar.</p>
+
+<p>&mdash;¡Qué lejos estamos&mdash;exclamé,&mdash;de las leyes de Manou, del Génesis y del
+Corán!... Unas y otras declaraban con una notable unanimidad que la
+mujer sin marido no era nada y no podía nada...</p>
+
+<p>&mdash;Sí&mdash;aprobó el cura,&mdash;todo está muy cambiado. Las mujeres, que no eran
+nada en otro tiempo, están a punto de serlo todo, gracias a las
+solteronas&mdash;añadió con malicia.</p>
+
+<p>&mdash;¡Todo!&mdash;exclamó la abuela.&mdash;Las solteronas son entonces, según usted,
+abominables feministas....</p>
+
+<p>&mdash;No, no&mdash;respondió el cura divertido por la alarma de la abuela.&mdash;Usted
+exagera... Afirmo sencillamente que la posesión legal de los bienes
+fomenta en la soltera el desarrollo de su personalidad. Y hay que
+confesarlo, no se puede creer que el desarrollo de la personalidad en la
+mujer sea un excelente factor de matrimonio.</p>
+
+<p>&mdash;Es verdad&mdash;aprobó la de Ribert.&mdash;La independencia de bienes provoca la
+de la voluntad y la de la mente. No querría deducir que la independencia
+del corazón sigue el mismo movimiento, pues eso traería serias
+consecuencias. Pero hay una evidente propensión a un individualismo
+que, como usted dice, está muy lejos del matrimonio.</p>
+
+<p>La abuela no pudo contener una exclamación de horror.</p>
+
+<p>&mdash;Sí&mdash;dijo el cura pensativo sin ocuparse ya de los suspiros de la
+abuela,&mdash;el individualismo es ahora una especie de contagio. Es la idea
+fija de muchas jóvenes... ¿Es un bien o un mal?... El porvenir lo dirá.
+Por el momento, se hace un pedestal a la mujer moderna sin pensar que,
+acaso, el individualismo llegará a ser sinónimo de egoísmo...</p>
+
+<p>&mdash;No, señor cura&mdash;respondió Genoveva con energía.&mdash;Se puede tener una
+personalidad bien caracterizada sin caer en el horrible defecto que
+usted señala.</p>
+
+<p>&mdash;He dicho «acaso» y no «ciertamente...» Hay en esto un escollo, un gran
+escollo. Muchas jóvenes&mdash;añadió con tristeza más acentuada, mirándome
+con fijeza;&mdash;muchas jóvenes de las mejores y de las más inteligentes, no
+sienten ya la necesidad de apoyarse en el brazo de un marido...</p>
+
+<p>&mdash;Y bien&mdash;dijo alegremente la de Ribert mientras la abuela volvía a
+suspirar,&mdash;tanto mejor... Puesto que se dice que ya no es posible casar
+a las hijas, dichosas la que no tienen la vocación del matrimonio.</p>
+
+<p>&mdash;Sí, lo concedo&mdash;dijo el cura.&mdash;¿Pero por qué ese estado de alma reina
+precisamente entre las jóvenes que se casarían más fácilmente? Sí, es
+bueno en general que las jóvenes no coloquen en el matrimonio su única
+probabilidad de dicha...</p>
+
+<p>&mdash;¡Pobre probabilidad!&mdash;interrumpió la de Ribert.</p>
+
+<p>&mdash;...Es preciso, sin embargo, no complicar la situación haciendo que se
+implante demasiado ese miedo del matrimonio.</p>
+
+<p>&mdash;Eso es lo que me canso de decir&mdash;exclamó la abuela.&mdash;Es malo, es
+espantoso...&mdash;acabó en el último grado de la indignación.&mdash;¡Ah! señor
+cura, señor cura... ¿Qué ha hecho usted de Magdalena?</p>
+
+<p>&mdash;Caín, ¿qué has hecho de tu hermano?&mdash;parodió dulcemente el
+sacerdote.&mdash;Pero señora,&mdash;continuó con más vivacidad,&mdash;no he hecho nada
+malo de Magdalena, que yo sepa. Es verdaderamente buena,&mdash;añadió con la
+satisfacción del que se complace en su obra moral, mientras sus buenos
+ojos se fijaban en mí con una indulgencia enteramente paternal.</p>
+
+<p>&mdash;Sí, lo concedo, no es mala&mdash;dijo la abuela halagada en su amor
+maternal.&mdash;Pero esa personalidad... ese modo de bastarse a sí misma...</p>
+
+<p>&mdash;Ya sé, ya sé&mdash;replicó el cura confuso.&mdash;Verdaderamente, no había
+previsto ese peligro.</p>
+
+<p>&mdash;¡Un peligro!&mdash;exclamó la de Ribert, contenta al ver al cura habérselas
+con la abuela.&mdash;¿Dónde ve usted ese peligro?</p>
+
+<p>&mdash;Un peligro desde el punto de vista del matrimonio, se
+entiende&mdash;explicó el sacerdote.&mdash;Involuntariamente, al armar a las
+muchachas para el famoso <i>struggle for life</i>, las armamos contra el
+matrimonio. En el día en que sienten verdaderamente que son alguien,
+saben por esto mismo razonar. Ahora bien, el razonamiento mata la
+ilusión; la ilusión perdida da el golpe de muerte a la confianza; y
+aniquilada la confianza, ¿dónde quiere usted que se coloque el amor en
+un corazón femenino?... Pero, en realidad&mdash;continuó el buen cura
+levantando la cabeza con confianza,&mdash;Magdalena no ha dicho que renuncia
+al matrimonio.</p>
+
+<p>&mdash;Sí, sí, haga usted el buen apóstol... ¿No ve usted que va por ese
+camino?</p>
+
+<p>&mdash;Todavía no, señora. Magdalena está en el período de la reflexión.</p>
+
+<p>&mdash;Admito que reflexione sobre tal o cual pretendiente, señor cura, pero
+sobre el matrimonio... sobre el matrimonio...</p>
+
+<p>&mdash;San Pablo, señora...</p>
+
+<p>&mdash;No me hable usted de San Pablo, por amor de Dios&mdash;dijo la abuela con
+agitación.</p>
+
+<p>&mdash;Y bien, Magdalena&mdash;preguntó la de Ribert para evitar a San Pablo una
+nueva algarada;&mdash;¿qué tiene usted que reprochar al matrimonio, hija mía?</p>
+
+<p>&mdash;El marido&mdash;respondí con sincera convicción.</p>
+
+<p>&mdash;¡El marido!&mdash;exclamó la de Ribert riendo, con gran contento de
+Genoveva, que gozaba deliciosamente de la alegría de su madre.&mdash;¡El
+marido!... Qué gran verdad...</p>
+
+<p>La abuela, consternada, nos miraba a las tres alternativamente con tal
+expresión de reproche, que el cura tomó el prudente partido de dejarnos
+para cortar la conversación. La de Ribert y Genoveva se quedaron todavía
+unos instantes, y cuando vieron tranquila a la abuela, se levantaron con
+la promesa de vernos muy pronto.</p>
+
+<p>&mdash;Estas señoras son muy amables&mdash;dijo la abuela en cuanto se
+marcharon,&mdash;pero es lástima que tengan ideas falsas... ¡Qué mal se
+razona ahora!... En mi tiempo no era así.</p>
+
+<p>&mdash;En tu tiempo, abuela&mdash;repliqué apoyando dulcemente la cabeza en su
+hombro,&mdash;todo el mundo era perfecto.</p>
+
+<p>&mdash;Aduladora&mdash;respondió la abuela dándome un beso.&mdash;Bien sabes que haces
+de mí todo lo que quieres...</p>
+
+<p>Y se firmó la paz con otro beso.</p>
+
+<p>¡Ah! si la abuela quisiera ser razonable, qué felices seríamos...</p>
+
+
+
+<p class="fecha">24 de octubre.</p>
+
+
+<p>Hay personas a quienes la suerte se complace en jugar malas pasadas. Y
+ese es mi caso...</p>
+
+<p>Creía la paz asegurada enteramente entre la abuela y yo y me preparaba a
+gozar de nuevos días de serena tranquilidad, cuando esta mañana la
+abuela me dirigió este discurso:</p>
+
+<p>&mdash;Hija mía, puedes hacerme justicia...</p>
+
+<p>&mdash;No tengo otra intención, abuela.</p>
+
+<p>&mdash;Te dejo perfectamente libre para tomar el pulso a tu vocación
+futura...</p>
+
+<p>Aquí hice un movimiento de cabeza afirmativo.</p>
+
+<p>&mdash;Pero estimo que si esos estudios preliminares van a durar diez años...</p>
+
+<p>&mdash;¡Adiós!... Estoy cogida.</p>
+
+<p>&mdash;...No habrá ya para ti ninguna probabilidad de matrimonio.</p>
+
+<p>&mdash;¿Y la señorita Romanot, que acaba de casarse a los treinta y ocho
+años?... ¿Y la de Ormont, cuya cuadragésimasexta primavera ha conocido
+al fin los triunfos del matrimonio?... ¿Dónde me las dejas?</p>
+
+<p>&mdash;Son ejemplos que no hay que seguir. Considero sencillamente esas
+uniones tardías como asociaciones amistosas y no como matrimonios.</p>
+
+<p>&mdash;¡Bah! todo lo que se busca hoy es una asociación amistosa.</p>
+
+<p>&mdash;¡Otra vez!&mdash;exclamó la abuela con alguna impaciencia.&mdash;¿Soy yo, a mi
+edad, quien debe recordarte las ilusiones de la tuya?... Dios mío, qué
+desabridas y singulares son esas muchachas...</p>
+
+<p>&mdash;No es culpa mía. La desilusión y la singularidad están en el aire que
+se respira.</p>
+
+<p>&mdash;Empiezo a creerlo&mdash;replicó la abuela descontenta.&mdash;Pero como quiero
+cumplir con mi deber a pesar de todo, quiero verte aceptar dócilmente,
+al lado de tus estudios sobre las solteronas...</p>
+
+<p>Aquí la abuela se encogió de hombros con expresión de supremo desdén.</p>
+
+<p>&mdash;...Un examen atento de las proposiciones de matrimonio que se te
+puedan hacer...</p>
+
+<p>&mdash;Abuela, me habías prometido...</p>
+
+<p>&mdash;Te he prometido no influir en tu resolución definitiva, sí, Magdalena.
+Lo que no he prometido es dejarte echar a perder tu vida como lo estás
+haciendo.</p>
+
+<p>&mdash;Abuela&mdash;protesté,&mdash;soy tan feliz... No trato más que de estar a tu
+lado.</p>
+
+<p>&mdash;Sí, ya lo sé, mala nieta... Y eso es lo que no comprendo... A los
+veinticinco años encontrarse dichosa sin el apoyo de un marido, no es
+natural...</p>
+
+<p>&mdash;Además, querida abuela, ¿para qué necesito un marido puesto que te
+tengo a ti?</p>
+
+<p>&mdash;¿Para qué?... ¡Ah! Magdalena...</p>
+
+<p>Y la abuela, suspirando fuertemente, me miró con tierna piedad. No me
+comprende, es seguro, y yo no la comprendo tampoco.</p>
+
+<p>&mdash;He recibido hace un momento&mdash;prosiguió la abuela,&mdash;una esquela de
+nuestro notario y amigo el señor Boulmet, que me ruega que le reciba a
+las dos. No me oculta que su visita tiene por objeto un proyecto de
+matrimonio...</p>
+
+<p>&mdash;¡Oh! no, no&mdash;exclamé con espanto.&mdash;¡Ah! San José...</p>
+
+<p>&mdash;He dicho un proyecto y no un matrimonio... Te dejo absolutamente libre
+de resolver lo que te acomode, pero quiero...</p>
+
+<p>La abuela puso en esta palabra toda su energía.</p>
+
+<p>&mdash;...Quiero que estés presente en la entrevista. A los veinticinco años
+debe una mujer decidir ella misma su vida... Te prevengo que no toleraré
+más que te sustraigas a la menor petición de matrimonio como lo has
+hecho hasta hoy.</p>
+
+<p>&mdash;Pero abuela&mdash;repliqué victoriosa,&mdash;sabes que no estaré libre a las
+dos. La señora de Dumais y Francisca van a venir a buscarme para ir a
+paseo, de modo...</p>
+
+<p>&mdash;Escribe dos letras a Francisca para excusarte&mdash;respondió la abuela con
+su tranquila firmeza de los grandes días.</p>
+
+<p>Cuando la abuela se expresa así no hay más que obedecer, y así lo hice.</p>
+
+<p>A las dos en punto, el señor Boulmet, tieso y atildado como de
+costumbre, entró en el salón bajo la poco benévola mirada de Celestina,
+que sospecha evidentemente algo. Habitualmente encuentro muy bien al
+señor Boulmet, pero hoy me es sencillamente odioso...</p>
+
+<p>Su cráneo desnudo me parecía el receptáculo de un mundo infinito de
+malos pensamientos; aquellas dos cositas brillantes que esconde bajo sus
+anteojos de oro despedían para mí fulgores satánicos, y hasta su bigote
+gris, de aspecto ordinariamente bondadoso, tomó a mis ojos una
+significación agresiva. Hízome estremecer su perfecta levita negra
+abierta sobre una correcta corbata, y el alto cuello en que el señor
+Boulmet aprisiona las gracias conquistadoras que le quedan, me pareció
+una alusión directa a la dicha del matrimonio.</p>
+
+<p>El señor Boulmet me conoce demasiado bien para no echar de ver que su
+visita, o más bien, su objeto, me entusiasmaba poco.</p>
+
+<p>&mdash;Ea, Magdalena&mdash;me dijo después de los primeros cumplimientos,&mdash;no
+ponga usted esa cara tan triste. Qué diablo, un matrimonio no es un
+entierro...</p>
+
+<p>&mdash;Casi&mdash;exclamé dando un suspiro.</p>
+
+<p>&mdash;Entonces&mdash;preguntó el notario volviéndose hacia la abuela,&mdash;¿la
+conversión no se ha verificado?...</p>
+
+<p>&mdash;¡Ay!&mdash;murmuró la abuela.</p>
+
+<p>&mdash;Es muy singular&mdash;siguió diciendo el señor Boulmet.&mdash;¿Querrá usted
+creer, señora, que su nieta de usted no es una excepción y que existe
+esta antipatía por el matrimonio en una gran parte de mi clientela?...
+Así como las jóvenes sencillas y sin gran instrucción ni dote parecen
+entusiasmadas por el matrimonio, las dotadas de talento y fortuna
+manifiestan respecto de él una frialdad significativa.</p>
+
+<p>&mdash;Semejante disposición huele a feminismo&mdash;dijo la abuela pensando
+todavía en la conversación del cura con la de Ribert.</p>
+
+<p>&mdash;¡El feminismo!... ¡El feminismo en Aiglemont!&mdash;exclamó con horror el
+Señor Boulmet.&mdash;Me deja usted estupefacto, señora... Después de
+todo&mdash;añadió volviendo a tomar su aspecto profesional,&mdash;tengo tan poco
+tiempo para ocuparme en semejante cuestión, que me dispensará usted si
+me declaro incompetente.</p>
+
+<p>&mdash;Sí, lo comprendo&mdash;respondió la abuela.&mdash;Pero dígame usted, entre
+nosotros, ¿qué piensa usted de estas jóvenes de hoy?</p>
+
+<p>&mdash;Que son muy viejas para su edad.</p>
+
+<p>&mdash;¡Gracias a Dios que encuentro alguien de mi opinión!&mdash;exclamó la
+abuela triunfante.</p>
+
+<p>&mdash;Sí, confieso que estas cuestiones nuevas me confunden un poco y
+trastornan también mi estudio... Tenemos menos contratos de matrimonio
+y, sobre todo, menos buenos contratos... Es muy deplorable... Sé que
+habitamos en un clima templado y que éstos son especiales para las
+solteras...</p>
+
+<p>&mdash;¿Por qué?&mdash;pregunté interesada por mis queridas solteronas.</p>
+
+<p>&mdash;Porque la acción del clima influye en el desarrollo de la vida de
+familia y en el temperamento personal.</p>
+
+<p>&mdash;¿Cómo?&mdash;pregunté con emoción y sorpresa.</p>
+
+<p>&mdash;Porque las ideas más serias... una naturaleza más fría... y una gran
+dificultad para los cuidados materiales son las causas de esta
+propensión al celibato.</p>
+
+<p>&mdash;¡Gran Dios! hacia los polos eso debe de ser un ideal...</p>
+
+<p>&mdash;No&mdash;respondió el notario sonriendo por mi ardor.&mdash;En los países muy
+fríos las dificultades de la vida son tales y los rigores del clima tan
+implacables, que la gente se casa con entusiasmo por motivos opuestos a
+los que hacen de los meridionales celosos partidarios del matrimonio.
+Allí se necesitan los unos a los otros, y la existencia de una
+solterona...</p>
+
+<p>&mdash;Sería un escándalo&mdash;añadió la abuela contenta al ver que había en la
+tierra numerosas personas sensatas.&mdash;Pero&mdash;continuó,&mdash;no nos
+extraviemos... Magdalena me ha prometido escuchar cuerdamente la
+proposición que nos hace usted el honor de trasmitirnos. Cuento con su
+razón y con sus sentimientos para hacerle comprender que tiene algo
+mucho mejor que hacer que permanecer solterona...</p>
+
+<p>&mdash;Evidentemente&mdash;exclamó el señor Boulmet.&mdash;Una joven tan bonita, tan
+inteligente, tan instruida... Una mujer superior...</p>
+
+<p>&mdash;Señor Boulmet&mdash;dije en tono de súplica, ofendida por unos
+cumplimientos que tomaba por una burla.</p>
+
+<p>&mdash;Con tan hermoso dote&mdash;prosiguió nuestro notario,&mdash;sería una lástima...
+Su boda de usted sería para mí la ocasión de uno de mis mejores
+contratos.</p>
+
+<p>Después sacó una cartera, cogió unos papeles y siguió diciendo:</p>
+
+<p>&mdash;Vean ustedes la proposición que vengo a comunicarles. Mi colega de
+Plany en Val me escribe que está encargado por uno de sus clientes de
+encontrar una joven de buena familia, de 22 a 26 años, bonita, seria,
+bien educada y perfecta dueña de su casa, que tenga tanto en dote como
+en esperanzas...</p>
+
+<p>&mdash;¡Oh!&mdash;exclamé con indignación.</p>
+
+<p>&mdash;¿Qué hay?&mdash;me preguntó el notario muy tranquilo.&mdash;Acaso la palabra
+esperanzas... Es el término corriente.</p>
+
+<p>&mdash;Sí&mdash;respondí mientras sentía en el corazón un agudo dolor,&mdash;es el
+término para hablar de la muerte de las personas queridas... La
+esperanza, palabra de alegría y de dicha, se convierte en ciertas
+circunstancias en sinónima de tristeza y de luto...</p>
+
+<p>Boulmet hizo el gesto vago de un hombre que no puede cambiar nada de las
+cosas y siguió su relato sin que la abuela hubiese manifestado la menor
+emoción.</p>
+
+<p>&mdash;Decíamos que debe tener, tanto en dote como en esperanzas de cuarenta
+a sesenta mil pesos; Magdalena me ha parecido que estaba indicada. Los
+28.600 pesos que tiene de sus padres y los 20.000 que usted le dejará,
+la ponen en una bonita situación. Sé que para la mayor parte de nuestros
+modernos «Arribistas» no será mucho, pero como el joven en cuestión se
+contenta, todo está bien. Así, pues...</p>
+
+<p>&mdash;¿Y el joven?&mdash;preguntó la abuela.</p>
+
+<p>&mdash;¡Ah! es verdad; olvidaba hablar del joven... Pues bien; ese caballero
+me parece perfecto. Hasta ahora ignoro su nombre y sólo sé que es un
+industrial del norte del departamento. Linda fábrica de familia, grandes
+esperanzas, 31 años, bien parecido, buena salud, bien educado,
+principios religiosos...</p>
+
+<p>&mdash;Perfectamente&mdash;exclamó la abuela,&mdash;queremos ante todo principios
+religiosos...</p>
+
+<p>&mdash;Tiene actualmente 40.000 pesos de capital y gana un año con otro de
+cuatro a cinco mil pesos.</p>
+
+<p>&mdash;Soberbio&mdash;exclamó la abuela encantada.&mdash;¡Oh! querido amigo, qué
+agradecimiento...</p>
+
+<p>&mdash;Tiene un automóvil, caballos, coches...</p>
+
+<p>&mdash;¡Dios mío! qué hermosa vida puedes hacer... Veamos, responde algo,
+Magdalena.</p>
+
+<p>&mdash;Estoy escuchando y espero...</p>
+
+<p>&mdash;¿Qué?</p>
+
+<p>&mdash;Saber algo del joven.</p>
+
+<p>&mdash;¡Cómo! ¿no sabe usted bastante?&mdash;dijo el notario sorprendido.&mdash;¿Qué
+más quiere usted saber?...</p>
+
+<p>&mdash;¿Cómo es ese caballero?...</p>
+
+<p>&mdash;¡Ah! es muy justo&mdash;dijo el notario tomando de su cartera otro
+sobre.&mdash;Vea usted su fotografía...</p>
+
+<p>Y dándosela a la abuela, esperó el resultado del examen.</p>
+
+<p>&mdash;No es feo...&mdash;exclamó la abuela acercándose y retirándose la
+fotografía a los ojos para ver sus diversas expresiones.&mdash;Me gusta esta
+expresión enérgica, esos ojos francamente abiertos, esta boca medio
+sonriente... Tiene hermosos cabellos... y buen bigote... Sí, no es
+feo... Mira, Magdalena.</p>
+
+<p>No eché más que una ojeada a la fotografía, que representaba, en efecto,
+un buen mozo. Para mí importa tan poco el físico en la cuestión del
+matrimonio, que no me fijé gran cosa en las facciones de aquel señor que
+me ofrecían como pudieran ofrecerme otra cosa.</p>
+
+<p>&mdash;Ha comprendido usted mal, caballero&mdash;dije al notario devolviéndole su
+fotografía.&mdash;Preguntaba cómo era moralmente ese caballero, el señor X...
+hasta más amplia información.</p>
+
+<p>&mdash;No tiene ningún vicio&mdash;afirmó redondamente el notario.&mdash;Si fuese
+jugador, mujeriego o borracho, mi colega de Plany no me lo recomendaría
+tan eficazmente.</p>
+
+<p>&mdash;Seguramente&mdash;apoyó la abuela muy satisfecha.</p>
+
+<p>&mdash;¿Constituye, pues, una cualidad el no ser jugador, mujeriego, ni
+borracho?&mdash;pregunté.</p>
+
+<p>&mdash;No, no, no digo eso; pero, en fin, así se tiene la seguridad de que no
+hay tacha.</p>
+
+<p>&mdash;¿Tiene corazón?&mdash;pregunté sencillamente.</p>
+
+<p>&mdash;¿Corazón?&mdash;dijo el notario sorprendido.&mdash;Creo que sí; todo el mundo
+posee en el pecho una víscera de ese nombre.</p>
+
+<p>&mdash;¿Se le conocen sentimientos generosos?...</p>
+
+<p>&mdash;Diablo, diablo... Eso no lo sé; lo supongo...</p>
+
+<p>&mdash;¿Ha sido bueno con su familia?... ¿Es humano con sus obreros? ¿Se
+ocupa de ellos?...</p>
+
+<p>&mdash;¿Cómo diantre quiere usted que yo lo sepa?</p>
+
+<p>&mdash;¿Le gusta la música?... ¿Se interesa por la literatura?... ¿Sabe
+hablar?... ¿Es de los que tienen en la boca más que historias de caza o
+chismes de política?...</p>
+
+<p>&mdash;¡Demonio!&mdash;exclamó el digno notario.&mdash;Esto no es una proposición de
+matrimonio; es un examen...</p>
+
+<p>&mdash;Sí&mdash;respondí sonriendo;&mdash;es un examen. El matrimonio es cosa bastante
+seria para que desee no casarme solamente con una cara y una fábrica. Al
+lado de los hechos exteriores hay muchas cosas pequeñas que revelan a un
+hombre. Esas cosas pequeñas son las que yo quisiera conocer...</p>
+
+<p>&mdash;Precisamente estoy encargado de solicitar el favor de una entrevista
+y...</p>
+
+<p>&mdash;¡Oh! todavía no&mdash;respondí con espanto.&mdash;No estoy decidida a tomar en
+consideración este proyecto, pues no puedo admitir la posibilidad de
+confiar mi vida a un desconocido.</p>
+
+<p>&mdash;Ya le conocerás y le amarás&mdash;dijo la abuela con fuego.</p>
+
+<p>&mdash;No, abuela, no te hagas ilusiones&mdash;objeté moviendo la cabeza.&mdash;Entre
+algunas de mi generación y la generalidad de la tuya hay un mundo de
+distancia... Vosotras os casabais a ciegas y el amor venía después o no
+venía. Yo quiero saber con quién me caso. Quisiera conocer a ese
+elegido, escogerle entre todos y, sobre todo&mdash;añadí más bajo,&mdash;quisiera
+amarle antes de casarme, pues después... tendría miedo de que no
+ocurriera tal cosa...</p>
+
+<p>&mdash;¡Dios mío! qué niñería en una cabeza de veinticinco años...&mdash;gimió la
+abuela.&mdash;¿Comprende usted, amigo, el estado de alma de estas jóvenes
+instruidas y razonadoras?</p>
+
+<p>&mdash;Puede ser&mdash;dijo el notario ligeramente pensativo.&mdash;Magdalena tiene
+alguna razón.</p>
+
+<p>&mdash;¿Verdad, caballero?&mdash;dije con confianza.&mdash;La abuela encuentra extraño
+que yo no manifieste gran simpatía por el matrimonio... Le aseguro a
+usted que preferiría mil veces permanecer soltera...</p>
+
+<p>&mdash;Es sabido&mdash;respondió la abuela en tono seco poniéndose las manos en
+los oídos para no oír el resto.</p>
+
+<p>&mdash;...Antes que hacer una boda como las que veo todos los días... No
+quiero arreglar un negocio, sino asegurar mi dicha.</p>
+
+<p>&mdash;Bueno, pero, una entrevista...&mdash;propuso el notario.</p>
+
+<p>&mdash;Sí&mdash;dije con amargura;&mdash;una entrevista en la que los dos estaremos
+tiesos y falsos iluminará enormemente mi juicio...</p>
+
+<p>&mdash;En fin, di adónde vas a parar&mdash;exclamó la abuela violenta.&mdash;El uso
+quiere que las cosas se hagan así...</p>
+
+<p>&mdash;El uso sí, abuela&mdash;respondí dulcemente,&mdash;pero la prudencia...</p>
+
+<p>&mdash;¡La prudencia!... ¡Eres tú la que habla de prudencia!... No sabes lo
+que dices... En fin&mdash;dijo al señor Boulmet,&mdash;dejemos a esta razonadora
+reflexionar hasta el primero de noviembre. Hasta entonces, usted será
+tan bueno que tomará los informes complementarios, pues espero que
+Magdalena consentirá, por darme gusto, en aceptar esta entrevista...
+Sería una locura el rehusar tal situación...</p>
+
+<p>&mdash;Sí&mdash;confirmé políticamente al notario,&mdash;la situación es tentadora,
+pero el hombre...</p>
+
+<p>&mdash;¡Bah!&mdash;respondió bruscamente el notario levantándose para
+despedirse.&mdash;La situación vale lo que vale el hombre...</p>
+
+<p>&mdash;Es cierto&mdash;confirmó la abuela con seguridad.&mdash;Ese caballero me es muy
+simpático.</p>
+
+<p>&mdash;A mí no&mdash;respondí por lo bajo, mientras la abuela daba unos pasos para
+acompañar al notario llenándole de testimonios de agradecimiento.</p>
+
+<p>En cuanto desapareció, la abuela se me acercó bruscamente.</p>
+
+<p>&mdash;Y bien Magdalena&mdash;dijo con ternura,&mdash;reflexiona, te lo suplico...
+Piensa que puedes darme una gran alegría...</p>
+
+<p>Apoyada en la abuela, que me tenía abrazada y bien apretada contra ella,
+prometí todo lo que ella quiso... Tengo, pues, seis días para descubrir
+si quiero o no ver al señor X...</p>
+
+<p>¡Ah! llévese el diablo al señor X... y al notario con él... San José ha
+escuchado demasiado bien a la abuela...</p>
+
+
+
+<p class="fecha">28 de octubre.</p>
+
+
+<p>La abuela afecta una expresión de absoluta seguridad. Celestina, que
+sospecha alguna cosa, me mira con lástima, y esta mañana llegó a decirme
+mientras la abuela estaba en misa:</p>
+
+<p>&mdash;No tenga usted miedo, señorita; San Pablo va a sacarla del mal paso.</p>
+
+<p>&mdash;¿Qué quieres decir?</p>
+
+<p>&mdash;No estoy ciega&mdash;respondió mi vieja Celestina, y su cara tomó una
+expresión de astucia tan intensa, que tomé el partido de reír sin pedir
+otra explicación.</p>
+
+<p>Estoy muy contrariada, y Celestina lo ve muy bien. Paso los días y las
+noches en las más serias reflexiones y no llego a decidir si quiero o no
+ver al señorito X...</p>
+
+<p>Para complacer a la abuela, me siento muy capaz de decir sí, y aceptar
+la entrevista.</p>
+
+<p>Para complacerme a mí misma, me siento igualmente capaz de gritar no, y
+no aceptar nada.</p>
+
+<p>Cambio de opinión cada cinco minutos, lo que no es para llegar a una
+solución.</p>
+
+<p>Los estudios que he hecho en estos últimos tiempos sobre las solteronas,
+unidos a la intervención del padre Tomás, me ilustran asombrosamente.
+Hasta ahora no lograba comprender por qué me era tan indiferente el
+matrimonio y, al ver el espanto de la abuela, llegaba a creerme un ser
+desequilibrado. Ahora estoy tranquila. Veo muy bien que esta
+indiferencia que yo tomaba por una cosa anormal y alarmante no es más
+que el resultado de la educación que he recibido y el fruto de una
+evolución que todo el mundo echa de ver.</p>
+
+<p>No sé si esto es feminismo; pero, en todo caso, mis reivindicaciones son
+modestas. Quisiera solamente que la sociedad cambiase la manera de casar
+a las jóvenes y la hiciese más conforme con la educación que recibimos.
+Si se nos educa con cuidado, si se trata de aumentar el número de
+nuestras cualidades y de disminuir el de nuestros defectos, si se nos da
+una educación cuidada y una instrucción extensa, si se nos inicia en el
+culto de la belleza en todas sus formas, si, sobre todo, se nos forma
+una voluntad y un juicio personales, ¿es para arrojarnos sin más
+miramientos en los brazos del primer individuo que pasa?...</p>
+
+<p>Evidentemente, hay en esto una flagrante contradicción.</p>
+
+<p>Para aceptar un matrimonio de este género era necesario que nos
+preparase a él una educación especial, la de otro tiempo. Entonces se
+formaban generalmente «tipos flácidos,» como dice el presidente
+Roosevelt, de esos tipos propios para recibir cualquiera impresión. En
+cuanto se les presentaba un marido, las jóvenes de ese tipo le aceptaban
+con los ojos cerrados. El mundo, las conveniencias, la familia y la
+razón querían ese matrimonio, y era imposible resistir a tales
+argumentos.</p>
+
+<p>Ahora se ha hecho una revolución.</p>
+
+<p>Si hay todavía jóvenes del tipo «flácido,» las hay que han aprendido a
+bastarse a sí mismas y, por consecuencia, a pasarse sin el apoyo de un
+marido.</p>
+
+<p>Esas jóvenes, lejos de ser figurantes, según la graciosa expresión del
+padre Tomás, se sienten capaces de ocupar en su hogar una categoría
+equivalente a la de su futuro marido. Sin pensar en destronarle y
+conservándole las señales exteriores del respeto conyugal más completo,
+quieren ser amigas, consejeras, confidentes, y no simples criadas
+solamente admitidas al honor de remendar los calcetines del señor o de
+presidir al buen orden de las comidas.</p>
+
+<p>Los seres modernos que nos hemos vuelto, las personalidades
+perfectamente vivientes que se mueven en nosotras, no pueden ir con
+entusiasmo al matrimonio tal como le comprenden las costumbres
+provincianas estrechas y desconfiadas, malévolas, celosas y tiránicas.</p>
+
+<p>Sería, pues, preciso tener la facultad de recibir en nuestra casa al
+joven con quien pudiéramos casarnos y llegar así por el conocimiento al
+amor. Pero esto está terminantemente prohibido. Recibir jóvenes en una
+casa donde hay muchachas sin hermanos, sería exponerse a perder la buena
+reputación y atraerse toda clase de molestias mezcladas con las más
+estúpidas observaciones.</p>
+
+<p>Mi asunto, pues, es claro.</p>
+
+<p>Si quiero complacer a la abuela, no tengo más recurso que el flechazo.
+Ver a un caballero, vislumbrarle tan sólo, y enamorarme de él; esto es
+lo que necesito...</p>
+
+<p>¡Si yo pudiera sentir y razonar como Francisca y Petra no tendría
+dificultades!... Pero nunca, jamás podré ver un salvador en un marido.</p>
+
+<p>¿Qué hacer?... ¿Negarme a la entrevista?... La verdad es que me dan
+buenas ganas...</p>
+
+
+
+<p class="fecha">31 de octubre.</p>
+
+
+<p class="poem">
+<span style="margin-left: 2em;">Mucho la mujer varía,</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">Loco quien de ella se fía...</span><br />
+</p>
+
+<p>La sabiduría de las naciones habla en este momento por mi boca, sin que
+mi propia sabiduría la contradiga... Al contrario.</p>
+
+<p>Encuentro tonto el ir así en contra de todo lo que siento; y sin
+embargo, por complacer a la abuela, primero, y por otro motivo después,
+acepto la entrevista... Me encojo de hombros por adelantado, pero lo
+hecho hecho está. Resignémonos a la aventura...</p>
+
+<p>Esta mañana, en la Catedral, mientras esperaba mi vez para confesarme y
+estaba meditando sobre los proyectos de la abuela, preguntándome si
+debía confiarme o no a mi confesor, fui distraída de mis pensamientos
+por un murmullo molesto. Volví discretamente la cabeza para darme cuenta
+de lo que pasaba, y vi con terror que me había colocado justamente
+delante de las dos peores lenguas de Aiglemont, dos solteronas,
+naturalmente. Confieso que mi amor a las solteras se alía muy bien con
+un justo conocimiento de los defectos de algunas de ellas. Entre muchos
+ángeles hay algunas víboras. Estaban éstas aguzando sus aguijones a
+costa del señor cura, del vicario de semana, de cierta capilla mal
+arreglada, etc.</p>
+
+<p>No presté al principio gran atención a lo que se decía tan cerca de mí y
+me contenté con experimentar una fuerte distracción representándome la
+fisonomía feliz de mis dos charlatanas. Sus ojos chispeaban ciertamente
+de malicia bajo los párpados devotamente bajos y la sonrisa de sus
+delgados labios debía de ser agria. No pude menos de volverme
+ligeramente para contemplar el delicioso cuadro que mis falsas santas
+ofrecían a las miradas del prójimo... Tan ocupadas estaban con sus
+chismes y tan expertas eran en disimularlos, que no vieron mi movimiento
+y pude impregnar los ojos a mi gusto en su exquisita hipocresía. Sus
+palabras me llegaban ahora distintamente:</p>
+
+<p>&mdash;¿Quién se confiesa tan largamente?</p>
+
+<p>&mdash;La de Bormel.</p>
+
+<p>&mdash;Mucho tiene que decir... Mire usted... agita los pies... No parece que
+está muy a sus anchas...</p>
+
+<p>&mdash;Lo creo... Si confiesa la mitad de lo que tiene de qué acusarse,
+tendrá para toda la mañana.</p>
+
+<p>&mdash;¡Es posible!... Es verdad entonces lo que se dice...</p>
+
+<p>&mdash;Vaya si es verdad.</p>
+
+<p>&mdash;¿Está usted segura de que el capitán Clarmont?...</p>
+
+<p>&mdash;Está todo el día metido en su casa...</p>
+
+<p>Púseme en seguida de rodillas para no oír la continuación de la
+historia, que prometía ser picante aunque poco a propósito para castos
+oídos. Traté de reanudar el curso de pensamientos más serios, pero me
+fue imposible... Apenas me había vuelto a sentar el murmullo llegó a mí
+más fuerte.</p>
+
+<p>Es el cuarto sombrero desde el mes de junio.</p>
+
+<p>&mdash;¿De veras?</p>
+
+<p>&mdash;Como usted lo oye, querida... Tiene una rosa, otro negro y otro
+encarnado... El que usted ve es el encarnado... Es indigno de una
+joven...</p>
+
+<p>Alcé los ojos para contemplar a mi vez el famoso sombrero indigno, y me
+vi en la sombra de la capilla el perfil de Francisca Dumais debajo del
+sombrero incriminado. ¡Pobre Francisca! Era de ella de quien hablaban...</p>
+
+<p>&mdash;Con dos mil pesos de dote es vergonzoso ponerse tan maja&mdash;siguió
+diciendo una de las solteronas en un devoto susurro.</p>
+
+<p>&mdash;Sí&mdash;respondió la otra,&mdash;así es como se llega insensiblemente a la
+perdición... Esa chica de los Dumais tiene la simiente de las malas
+personas.</p>
+
+<p>Hice un esfuerzo para no oír más y hasta tosí con furor. Las habladoras
+siguieron impertérritas.</p>
+
+<p>&mdash;¿Qué le pasa a la chica de Gardier?... Hace un ruido... Es casi
+indecente...</p>
+
+<p>&mdash;Es que se da importancia&mdash;respondió la otra por lo bajo...&mdash;Piense
+usted, querida, que el señor Boulmet, el notario, se está ocupando de
+casarla...</p>
+
+<p>&mdash;¿Hace mucho tiempo?</p>
+
+<p>&mdash;Me han dicho que estuvo en casa de la señora Sermet, la abuela de esta
+chica, el sábado último... Entró a las dos y salió a las tres y trece...
+Ya comprende usted...</p>
+
+<p>&mdash;¡Digo!... la buena señora estará muy contenta porque se va a
+desembarazar de su nieta.</p>
+
+<p>&mdash;Lo creo... parece que la muchacha le da una guerra... Tiene un
+carácter infernal y no hace más que lo que se le antoja...</p>
+
+<p>&mdash;No me extraña, porque está muy mal educada.</p>
+
+<p>&mdash;Como todas las jóvenes de ahora. ¿Querrá usted creer, amiga mía, que
+esa chica no quiere casarse?</p>
+
+<p>&mdash;¿Es posible?... No me gustan nada tales ideas... ¿Y es seria esta
+farsante?</p>
+
+<p>&mdash;No lo creo.</p>
+
+<p>&mdash;Ya decía yo... Habrá probablemente algún oficial bajo cuerda...</p>
+
+<p>Estaba yo tan indignada que me quedé incapaz de todo esfuerzo de
+voluntad.</p>
+
+<p>¡Cómo!... Yo doy guerra a la abuela, tengo un carácter infernal y, por
+añadidura, no soy seria... La cosa era fuerte.</p>
+
+<p>Detrás de mí seguía el susurro, pero con pausas. Bien necesitaban tomar
+aliento... Al cabo de unos instantes las dos buenas almas echaron de ver
+probablemente que no estaban nada edificantes o se les acabó el asunto
+de la conversación.</p>
+
+<p>&mdash;Querida&mdash;dijo una de ellas,&mdash;me está usted distrayendo.</p>
+
+<p>&mdash;Es verdad&mdash;confesó la otra,&mdash;y voy a rezar humildemente un diez del
+rosario para pedir perdón a Dios.</p>
+
+<p>Se puso de rodillas y sentí pasar por mis cabellos su aliento de víbora.
+Yo también me arrodillé para evitarlo. Estaba furiosa.</p>
+
+<p>En la calma de la capilla apenas iluminada por el resplandor rojizo que
+entraba por los vidrios, me sentía irritada y nerviosa. Quería rezar y
+no podía... En vez de formular actos de contrición no hacía más que
+repetir:</p>
+
+<p>&mdash;Estúpidas, perversas, ridículas... ¡Estas solteronas!...</p>
+
+<p>Mi imaginación excitada no tenía en cuenta el sitio en que estaba; y en
+la sombra del altar, apenas visible entre los fieles, me parecía ver
+levantarse la silueta de la abuela que me gritaba:</p>
+
+<p>&mdash;Ahí tienes lo que tú serás si te obstinas en tus ideas de celibato...</p>
+
+<p>¡Oh! no, no es así. A Dios gracias, no todas las solteronas tienen la
+devoción llena de hiel ni son tan falsas y mordaces. Si hay entre ellas
+frutas podridas, no lo están todas, por fortuna, y las hay sanas y
+agradables de saborear en las relaciones cotidianas... Los pensamientos
+se agolpaban en mi pobre cerebro y me hacían sufrir. Me preguntaba lo
+que valen a los ojos de Dios las oraciones de esas malas almas... ¿Las
+escucha?... ¿Las perdona cuando por toda reparación pasan unas cuentas
+del rosario creyendo que eso basta para expiar una calumnia o una
+maledicencia?...</p>
+
+<p class="puntos">Empezaba a sentirme muy severa para todas esas faltas y sus autoras,
+cuando me llegó la vez de confesarme.</p>
+
+<p class="top5">Las buenas palabras del cura me repusieron tan pronto como las otras me
+habían desequilibrado. Encontré por milagro mi serenidad habitual y
+perdoné por completo a mis detractoras.</p>
+
+<p>En cuanto entré en casa corrí al cuarto de la abuela y le dije que
+estaba decidida a hacer lo que ella deseaba. Le di la segunda edición de
+la conversación de mis charlatanas esperando un gran acceso de
+indignación, pero no hubo nada de eso. La abuela sonrió con perfecta
+tranquilidad.</p>
+
+<p>&mdash;¿Tienes la pretensión, Magdalena, de reformar las cabezas y las
+lenguas?</p>
+
+<p>&mdash;De ningún modo, abuela.</p>
+
+<p>&mdash;Entonces, hija mía, ¿qué te importa?</p>
+
+<p>&mdash;Me subleva oír hablar mal de todo el mundo... y en la iglesia sobre
+todo.</p>
+
+<p>&mdash;Dios está en todas partes&mdash;respondió la abuela,&mdash;y ofenderle aquí o
+allá siempre es ofenderle.</p>
+
+<p>Después, cambiando de conversación, la abuela, muy alegre, me anunció
+que corría a casa del notario para darle la buena noticia y pedirle
+algunos informes complementarios.</p>
+
+<p>Durante todo el día la abuela mostró una actividad febril y estuvo yendo
+y viniendo de la casa del padre Tomás a la del notario y viceversa.
+Aquello era el cuento de nunca acabar. Era tal su gozo, que no se fijó
+en las cosas que más le chocaban habitualmente. No hizo ninguna
+observación a propósito de la chimenea, en la que se veía una capa de
+polvo que databa de la víspera, y soportó heroicamente el pescado
+quemado que Celestina nos sirvió para castigarnos, por tener secretos
+para ella.</p>
+
+<p>Parece que el padre Tomás está encantado por la felicidad de la abuela,
+aunque no comprende muy bien las causas de mi repentino cambio de
+parecer.</p>
+
+<p>&mdash;Después de todo&mdash;dijo,&mdash;una entrevista no compromete a nada...</p>
+
+<p>Como soy absolutamente de su parecer, empiezo a recobrar la libre
+posesión de mí misma, que me faltaba esta mañana.</p>
+
+<p>Está convenido que el señor Desmaroy, así se llama el pretendiente,
+vendrá el sábado próximo. Después de mil conferencias y reflexiones, la
+abuela se ha decidido por una simple entrevista en casa. Con el pretexto
+de ver las antigüedades&mdash;el tapiz del comedor, por ejemplo, y no a
+mí,&mdash;el notario nos traerá a su protegido. Es la manera más práctica de
+evitar los comentarios de los habladores, siempre en acecho. El tapiz de
+la abuela pasa a los ojos de todos por una maravilla, que los amigos de
+nuestros amigos están en la obligación de venir a admirar. Así todo será
+natural para Celestina, y nos evitará una crisis de indignación de su
+parte, que no dejaría de ocurrir si ella supiera...</p>
+
+<p>Ya la alegría de la abuela le parece sospechosa, y esta tarde, en la
+mesa, cuando pasó a mi lado para servir el postre, le oí murmurar <i>sotto
+voce</i>:</p>
+
+<p>&mdash;Todos estos misterios huelen a casorio...</p>
+
+<p>Hice como que no comprendía. ¿Para qué?</p>
+
+<p>La imaginación de la abuela tiene alas y anticipa grandemente los
+acontecimientos. Ya le parece que me está viendo en el altar, al que
+está convenido que debe conducirme nuestro primo el comandante Harmel.
+Yo creí que aquí se detendrían los arreglos futuros, pero nada de eso.
+Al darme, hace un momento, el beso de la noche, la abuela me ha
+preguntado muy seria si me gusta más el terciopelo o el raso...</p>
+
+<p>&mdash;¿Para qué, abuela?</p>
+
+<p>&mdash;Para tu traje, hija mía, para tu traje de boda.</p>
+
+<p>&mdash;¡Mi traje de boda!&mdash;exclamé con estupor.&mdash;Dios mío, todavía no estamos
+en ese caso.</p>
+
+<p>Ante la cara de contrariedad de la abuela, contuve la risa, pronta a
+escaparse. La abuela, seguramente no puede imaginar que yo pueda
+desagradar al señor Desmaroy, y no se le pasa tampoco por la cabeza que
+yo pueda renunciar a un partido tan soberbio.</p>
+
+<p>&mdash;¡Cuarenta mil pesos de capital!... Cuatro o cinco mil de
+beneficios!... Es el yerno soñado... Positivamente, si yo lo hubiera
+encargado a mi gusto, no sería de otro modo... ¡Y sentimientos
+religiosos!... ¡Qué suerte tienes, Magdalena!...</p>
+
+<p>Magdalena no dice nada, pero piensa. Todo lo que dice la abuela está muy
+bien. La situación es hermosa, no lo niego, y hasta me gusta mucho...
+Pero el marido... ¿Me gustará el marido?...</p>
+
+
+
+<p class="fecha">2 de noviembre.</p>
+
+
+<p>Día de duelo y de tristeza...</p>
+
+<p>La vida está hoy como suspendida, y todos olvidan los cuidados
+cotidianos para no pensar más que en sus queridos muertos, segados por
+la inexorable fatalidad y acostados en la tumba donde duermen su último
+sueño.</p>
+
+<p>La abuela no hace ninguna alusión al señor Desmaroy, y yo sigo su
+ejemplo, contenta por escapar, durante algunas horas, al pensamiento
+mortificante del cambio que se prepara.</p>
+
+<p>¡Qué miserables son todas estas fruslerías miradas a la luz de la
+muerte!... Hay que vivir, sin duda, y es preciso elegir el género de
+vida que se prefiere; pero, pasada aquí o allí, ¿qué importa la vida?...
+Lo esencial es evitar el más pequeño mal y realizar todo el bien
+posible.</p>
+
+<p>La única cosa cierta en esta pobre vida es la implacable ley de la
+muerte. Sé que moriré, mientras ignoro si seré o no dichosa en la vida
+que elija. Si me caso, preciso será, tarde o temprano, dejar a mi
+marido; si tengo hijos, también a ellos tendré que darles un eterno
+adiós... Multiplicar las afecciones es multiplicar las probabilidades de
+dolor... ¿Para qué buscar causas de sufrimiento?...</p>
+
+<p>¡Ay!... ¿Qué responder a esto?</p>
+
+<p>Me gusta, en el día de los muertos, una atmósfera gris y obscura, un
+cielo cubierto y bajo en armonía con la tristeza de los corazones. En
+aquella mañana el sol brillaba y el azul del cielo, apenas velado por
+unas nubecillas, se ensombrecía de pálidos tintes bajo la mordedura de
+los primeros fríos. Lo mismo en el infinito del horizonte que en un
+círculo más reducido, todo revestía una especie de aspecto alegre que
+adornaba de poesía a aquella fiesta melancólica de los muertos.</p>
+
+<p>En el camino, atestado de hojas amarillas, desarrollaba sus largos
+anillos la procesión lenta y recogida. Los niños de las escuelas,
+olvidados de la tristeza ambiente, cantaban el <i>De Profundis</i>, y se
+sonreían los unos a los otros; en seguida los coristas, muy graves
+también, con sus sobrepellices blancas, entonaban el <i>miserere</i>. A lo
+lejos sonaban por todas partes las campanas, y su fúnebre clamor ponía
+una nota sorda en aquellas voces humanas, entonando el canto de los
+Muertos... En el cementerio todos se acercaban a las tumbas amadas, en
+las que una profusión de crisantemos, en brillantes haces, arrojaban
+sobre los difuntos todas las quimeras y las ilusiones de los vivos... De
+repente, todo quedó en silencio, y llegaron a nosotras las estrofas del
+<i>Libera</i>, desgarradoras y monótonas. El velo de la abuela, aquel velo
+eterno, se enlutó más todavía bajo el peso de las penas sin cesar
+renacientes. Las horas de agonía, implacables y torturadoras volvieron a
+empezar... Bajo el aliento de nuestras ardientes oraciones, los muertos
+amados volvieron a vivir ante nuestros ojos durante un segundo, para
+caer una vez más sin vida en el fondo de sus tumbas, cerradas para
+siempre... Sentimos que estaban bien muertos aquellos a quien
+llevábamos el fiel tributo del recuerdo... En dulce y plañidera cadencia
+cayeron entonces sobre ellos las oraciones finales que entonaba la voz
+del que presidía la procesión; diose la bendición, se restableció el
+silencio... y cada cual, alejándose del campo del reposo, fue a coger de
+nuevo el fardo de la vida, pensando en los que ya no existen...</p>
+
+
+
+<p class="fecha">5 de noviembre.</p>
+
+
+<p>La abuela ha reanudado sus días de recepción hoy, primer jueves de
+noviembre.</p>
+
+<p>Muy de mañana he tenido una larga conversación con la abuela, a
+propósito del señor Desmaroy, y aproveché sus buenas disposiciones,
+causadas por mi docilidad para sus proyectos, para formular algunos
+deseos, el primero de los cuales era continuar mis estudios sobre las
+solteronas.</p>
+
+<p>La abuela se encogió de hombros, como de costumbre, al oír ese nombre
+aborrecido, pero, a pesar de su antipatía, me permitió hacer lo que
+quisiera. Todos estos preliminares no tenían otro objeto que obtener que
+la abuela me llamase al salón si se presentaban hoy algunas solteronas,
+pues quería hacer mis estudios del natural.</p>
+
+<p>Generalmente a la abuela le gusta recibir sola, y no me llama más que
+cuando viene con su madre alguna de mis amigas. Dice, como razón de ese
+ostracismo, que sus recepciones serían mortalmente fastidiosas para una
+cabeza como la mía, siendo así que el elemento ligero falta en ellas por
+completo. Es poco halagüeño para mí...</p>
+
+<p>Las íntimas de la abuela son personas de edad madura. Muchas solteronas
+y no pocas señoras ancianas, son asiduas a sus jueves. Los caballeros
+son escasos, por el contrario, y la juventud no se muestra más que para
+mí. Mis amigas y yo formamos en el salón un grupo especial llamado el
+«rincón de las malas cabezas,» según una frase de cierta amiga de la
+abuela. Aquel rincón querido está formado por un ancho biombo japonés,
+entre cuyos repliegues se esconden las banquetas destinadas a la
+juventud, mientras inmensas palmeras proyectan su sombra fantástica
+sobre nuestro asilo. Cuando las señoras quieren librarse de nuestra
+importuna presencia, la abuela me hace una señal y me voy dócilmente a
+nuestro refugio, llevándome a mis amigas encantadas. Dicho sea entre
+nosotros, no es siempre divertido oír hablar del sermón del día antes,
+del de mañana, de la actitud del señor cura, de las congregaciones, del
+Gobierno, de tal señora que espera un nuevo hijo, de una desgraciada,
+cuyo marido es borracho, de una tal que es gastadora, de la doncella de
+la de fulano que tiene mala conducta, etc., etc.</p>
+
+<p>Estamos lejos de aquellos salones en que se hablaba y de los que mi
+imaginación deslumbrada ha conservado un literario recuerdo.</p>
+
+<p>El salón en que se conversa, es la excepción en Provincias; el en que se
+chismorrea, es enteramente la regla general... En casa de la abuela se
+conversa un poco... a veces; se chismorrea siempre... Con dulzura,
+seguramente, sin maldad y con una notoria benevolencia, pero, en fin, se
+chismorrea.</p>
+
+<p>Hasta ahora estaba yo casi excluida de esas reuniones, sin gran
+sentimiento mío, lo confieso. Hoy han cambiado mis ideas. Con mis
+pretensiones al estudio de mis semejantes, mis alas se desarrollan y se
+ensanchan y pido conocer el mundo, la vida, las solteronas... y qué sé
+yo cuántas cosas... En una palabra, la abuela está un poco asustada al
+ver tal actividad intelectual.</p>
+
+<p>&mdash;Espero, Magdalena, que no te vas a volver una cerebral&mdash;gime aterrada.</p>
+
+<p>Esa palabra en la boca de la abuela, es sinónimo de desequilibrada, pero
+yo no me ofendo. Un cumplimiento más de los que tienen poco de
+halagüeños... ¡Bah! no hay más que acorazarse...</p>
+
+<p>La primera visita de esta tarde ha sido el padre Tomás. Estaba yo
+terminando de arreglar las flores en los inmensos jarrones de los
+ángulos, y echando una ojeada a los almohadones para convencerme de que
+estaban bien colocados, cuando el cura me sorprendió, en el momento en
+que me disponía a subir a mi cuarto a esperar que la abuela tuviese a
+bien llamarme. El padre Tomás penetró en el salón con tan prodigiosa
+vivacidad, que tropezó en una mesita en la que la abuela expone&mdash;pues es
+una verdadera exposición,&mdash;preciosas miniaturas antiguas. La mesa
+retembló en sus patas vacilantes, los caballetes se estremecieron bajo
+su gracioso peso de cuadritos y retratos, y el cura se quedó tan
+confundido que sus gafas temblaron en la rebelde nariz.</p>
+
+<p>&mdash;¡Cómo, Magdalena! vaya un modo de abandonar a las solteronas&mdash;me dijo
+en cuanto se calmó un poco la emoción de una entrada tan bien combinada
+y no bien se hubo sentado en la silla que le indicó la abuela.&mdash;Esto es
+una traición.</p>
+
+<p>&mdash;No, señor cura&mdash;respondí alegremente.&mdash;Continúo mis estudios, con
+permiso de la abuela.</p>
+
+<p>&mdash;¿Y el señor Desmaroy, le autoriza a usted igualmente?&mdash;preguntó el
+cura con tono bastante irónico.</p>
+
+<p>&mdash;Se lo ruego a usted, señor cura, dejemos al señor Desmaroy en paz por
+ahora, y hasta pasado mañana&mdash;imploré más con la mirada que con la
+palabra.&mdash;Hoy me propongo aumentar mi ciencia del celibato y cuento con
+usted para ayudarme, ya que ha venido.</p>
+
+<p>&mdash;Muy bien&mdash;dijo el cura, comprendiendo que no había cambiado tanto de
+ideas como él creía, lo que me valió una dulce sonrisa, pues el cura
+detesta a las veletas.&mdash;¿Qué desea usted saber de éste su humilde
+servidor?&mdash;prosiguió, con mirada maliciosa.</p>
+
+<p>&mdash;¿Me van ustedes a condenar a otra conversación sobre las
+solteronas?&mdash;preguntó la abuela descontenta.&mdash;Creo, señor cura, que es
+usted tan insoportable como mi nieta...</p>
+
+<p>&mdash;¿Cree usted?&mdash;preguntó el cura con una de esas buenas sonrisas de que
+él tiene el secreto.&mdash;Y yo que me hacía ilusiones...</p>
+
+<p>La abuela movió la cabeza con expresión de duda, lo que puso el colmo a
+la alegría del cura, pues es éste tan feliz como un rey cuando puede
+contrariar a la abuela.</p>
+
+<p>&mdash;Y bien, Magdalena, ¿en qué está usted?&mdash;me dijo por fin, cuando
+recobró el aliento.</p>
+
+<p>&mdash;Me detiene la dificultad de distinguir las solteronas voluntarias de
+las involuntarias...</p>
+
+<p>&mdash;¿Cómo es eso?</p>
+
+<p>&mdash;En las jóvenes reconozco muy bien las diferentes categorías. Así, por
+ejemplo, veo sin microscopio que si Francisca y Petra, sin contar otras
+amigas en el mismo caso, no llegan a casarse, serán ciertamente
+solteronas involuntarias, recalcitrantes del celibato. Es igualmente
+visible a simple vista que si Genoveva y yo no nos casamos, pasamos
+inmediatamente a la categoría de solteronas voluntarias. Lo que es
+menos claro es lo que pasa con las solteronas llegadas.</p>
+
+<p>&mdash;¿Llegadas a qué?&mdash;preguntó el cura abriendo los ojos interrogadores
+detrás de las gafas.</p>
+
+<p>&mdash;Llegadas al pleno esplendor del celibato, a la completa y profunda
+posesión de su yo personal.</p>
+
+<p>&mdash;¡Vaya! si empiezan ustedes con eso del «yo personal»&mdash;protestó la
+abuela,&mdash;van a decir, ciertamente, muchas tonterías... Estamos perdidos.</p>
+
+<p>&mdash;No tanto como usted cree&mdash;respondió vivamente el cura.&mdash;Si he
+comprendido bien&mdash;continuó dirigiéndose a mí,&mdash;querría usted saber cómo
+se distingue una solterona voluntaria de una forzosa, cuando ambas son
+de cierta edad...</p>
+
+<p>&mdash;Eso es, señor cura, enteramente eso.</p>
+
+<p>&mdash;Entonces&mdash;replicó el cura sonriendo a medias,&mdash;se tiene ya la
+murmuración del pueblo como base de información...</p>
+
+<p>&mdash;¡Oh!&mdash;protesté vivamente, un poco conmovida por semejante frase.</p>
+
+<p>&mdash;No deja usted de saber&mdash;prosiguió con acento burlón más marcado,&mdash;que
+la señorita X, que tiene sesenta años, tenía una vocación pronunciada
+por el matrimonio; que la señorita Y, de cinco años más que ella, tuvo
+un amor desgraciado segado en flor; que la señorita Z, de unas cuantas
+primaveras menos, asustó a sus pretendientes por su mal carácter; que
+ésta no tenía dote; que aquélla tenía demasiadas pretensiones, etc.,
+etc.</p>
+
+<p>&mdash;Sí, señor cura, se pueden, en efecto, conocer las hablillas; pero sé
+por mí misma lo que valen los chismes de una población pequeña, para
+darles ninguna fe. Eso es la fábula, y yo querría la historia.</p>
+
+<p>&mdash;Veo&mdash;respondió el cura riéndose,&mdash;que no ha olvidado usted la
+conversación que sorprendió en la víspera de cierta fiesta...</p>
+
+<p>Yo también me reí, pues sabía que la abuela le había contado de cabo a
+rabo mi escena de la Catedral.</p>
+
+<p>&mdash;Comprendo ese rencor&mdash;continuó el cura.</p>
+
+<p>&mdash;He perdonado, señor cura.</p>
+
+<p>&mdash;Muy bien; digamos entonces su memoria. El consejo de referirse a las
+hablillas corrientes ha sido una broma; nada más falso, con frecuencia,
+ni más malo siempre. Hay, por otra parte, un medio muy sencillo de
+formular el distingo que usted busca. Cuando, por ejemplo, ve usted en
+el mundo una madre de familia cuidadosa de sus deberes, celosa de su
+dignidad, buena esposa, buena madre, y adicta de una manera absoluta a
+aquel cuyo nombre lleva, ¿qué piensa usted?</p>
+
+<p>&mdash;Que está dentro de su vocación, señor cura.</p>
+
+<p>&mdash;Tiene usted razón.</p>
+
+<p>&mdash;¡Bonitas cosas dicen ustedes!&mdash;exclamó la abuela con repentina
+energía...&mdash;¿Qué cree usted entonces de esas malas cabezas que hacen la
+desgracia de su matrimonio?... ¿Que no están dentro de su vocación?...
+Entonces, esa vocación... Señor cura, me hace usted ruborizarme...</p>
+
+<p>&mdash;No hay por qué, señora&mdash;respondió el cura con un dejo de
+impaciencia.&mdash;Esas malas cabezas, están, sin duda, en su vocación. No se
+han engañado más que en la línea general que convenía tomar, puesto que
+estaban hechas para el matrimonio; lo que les ha faltado es el marido
+que les convenía. Hay mala cabeza con un marido que podía ser una mujer
+perfecta con otro. Hace usted más el proceso del matrimonio moderno que
+el del matrimonio en sí mismo, ¿sabe usted, señora?</p>
+
+<p>&mdash;Cómo me espanta ese matrimonio en que ninguno de los dos se
+conoce&mdash;murmuré estremeciéndome...</p>
+
+<p>&mdash;No hablemos de matrimonios&mdash;exclamó el cura.&mdash;Estamos en el celibato,
+hablemos de él... No tenemos más que transportar a las solteronas las
+cualidades de bondad que admiramos en la mujer casada, para darnos
+cuenta si está o no en su vocación.</p>
+
+<p>&mdash;Eso es muy fuerte&mdash;protestó la abuela indignada.&mdash;¿Hay, pues, ahora
+una vocación del celibato?...</p>
+
+<p>&mdash;Puede ser&mdash;dijo el cura sonriendo. ¿Qué es la vocación sino la
+atracción que sentimos por una vida especial?... ¿Podemos negar que
+ciertas almas tienen una simpatía particular por el celibato?</p>
+
+<p>&mdash;Pero eso es abominable&mdash;exclamó la abuela con espanto.</p>
+
+<p>&mdash;No, no tanto como usted supone&mdash;respondió el cura un tanto
+malicioso.&mdash;Lo que estoy exponiendo en este momento son las ideas
+nuevas. Ahora bien, estando casi admitida la vocación al celibato, se
+puede decir de un modo general que toda solterona agria, malévola y
+malhumorada es una solterona involuntaria. No le ha faltado más que el
+matrimonio para hacer de ella una mujer encantadora, puesto que <i>a
+priori</i>, toda mujer debe ser encantadora...</p>
+
+<p>&mdash;Sin embargo, señor cura&mdash;repliqué sin recoger la alusión a mí
+contenida en las últimas palabras,&mdash;esa mujer ha podido atravesar
+pruebas que hayan transformado su carácter...</p>
+
+<p>&mdash;No creo que tales causas puedan producir ese efecto. La desgracia
+eleva a las almas hermosas y no abate más que a los caracteres débiles.
+Conozco solteronas para quienes la vida ha sido muy dura, y son mujeres
+casi perfectas. Así, cuando encuentro a una de esas solteronas buena,
+servicial, contenta con su suerte, benévola en sus juicios y caritativa
+en palabras y en obras, pienso siempre con satisfacción: He aquí un alma
+en su vía... Qué rica naturaleza...</p>
+
+<p>&mdash;Pero entonces&mdash;interrumpí prorrumpiendo en una carcajada muy poco
+reverente,&mdash;si lo que usted dice es exacto, como lo moral influye en lo
+físico, no hay más que mirar a las solteronas para distinguir la
+voluntaria de la que no lo es... Una fisonomía animada, una mirada de
+bondad, una sonrisa satisfecha y una conversación amable, deben ser la
+característica de la soltera por vocación...</p>
+
+<p>&mdash;No tan de prisa&mdash;exclamó el cura.&mdash;¿Qué hace usted de la enfermedad,
+que cambia la animación en tristeza, sobre todo en las nerviosas?...
+¿Qué de la sordera que ensombrece la mirada y le da una expresión
+inquieta?... No hay que ser tan categórico. El buen fruto se distingue
+del averiado por las palabras y los actos. Además, entre las solteras
+voluntarias y las que no lo son, hay que colocar a las resignadas.</p>
+
+<p>&mdash;¡Ah!&mdash;dije interesada,&mdash;¿en qué se puede reconocer a éstas; en el
+color de sus cintas, en la flor de sus sombreros, en la armonía de su
+traje?...</p>
+
+<p>&mdash;No&mdash;respondió el cura, divertido por mi interés.&mdash;Se las conoce...
+¿cómo diré yo?... en su resignación, qué diablo... Son blandas,
+grisáceas, dulces y borrosas. Son más bien cuadros despintados que
+mujeres de edad...</p>
+
+<p>&mdash;Sí, comprendo, señor cura&mdash;dije conteniendo la risa,&mdash;son las
+«Flácidas» de la corporación...</p>
+
+<p>Un ruido de pasos, una puerta que se abre, y nuestra conversación queda
+interrumpida. Celestina, con su voz especial de los jueves&mdash;se anuncia
+todavía en casa de la abuela,&mdash;anunció:</p>
+
+<p>&mdash;La señorita Sarcicourt.</p>
+
+<p>El cura me echó una mirada rápida que significaba: «Va usted a estudiar
+en lo vivo.»</p>
+
+<p>Aprovechando las efusiones a que se entregaban la abuela y la señorita
+Sarcicourt, el padre Tomás se retiró, con gran desesperación de aquellas
+señoras, que querían retenerle.</p>
+
+<p>&mdash;¡Oh! señor cura, soy yo quien le echa... Qué lástima...&mdash;murmuraba la
+señorita Sarcicourt haciendo monadas.</p>
+
+<p>&mdash;Nada de eso, nada de eso&mdash;respondía el cura, que no entendía de
+finuras...&mdash;Me voy porque me voy... Buenas tardes... Adiós, señoras.</p>
+
+<p>Acompañé al cura hasta la puerta, y sus últimas palabras fueron:</p>
+
+<p>&mdash;Sobre todo, no falte usted a la caridad...</p>
+
+<p>Cuando volví al salón, la conversación era ya animada. La de Sarcicourt
+estaba dando a la abuela una receta exquisita para hacer el <i>pudign</i> con
+fresas. Volví a ocupar mi puesto, sin intervenir en la tal receta, y me
+divertí en observar a la señorita Sarcicourt, como si no la hubiera
+visto nunca.</p>
+
+<p>Unos sesenta años. Alta, flaca, después de haber sido delgada, la
+señorita Sarcicourt carece de proporciones en lo alto de su larga
+silueta. Tiene una cabeza de pájaro en un cuello de jirafa. Su cabeza
+está siempre cubierta con un vasto sombrero de plumas desmayadas, que se
+agitan en cadencia a cada una de las palabras que pronuncia. La
+fisonomía de la buena mujer es más bien simpática, sus frases son
+bastante benévolas y sus recetas culinarias, en las que sobresale, son
+exquisitas. Los ojos azules, que fueron hermosos, según asegura la
+abuela, y la sonrisa, que debió de ser encantadora, son, por el momento,
+los primeros muy tiernos y la segunda profundamente melancólica. Se ve
+el alma no comprendida a la que ha faltado el alma hermana para ser
+dichosa... ¡Pobre señorita Sarcicourt!...</p>
+
+<p>La clasifico inmediatamente y la clavo con un alfiler en mi colección:
+«Resignada en toda la línea. Inútil profundizar. Alma grisácea, dulce,
+borrosa, cuadro despintado...»</p>
+
+<p>Iba, sin embargo, a escuchar la conversación comenzada para comprobar mi
+impresión con todo conocimiento de causa, cuando Celestina introdujo
+nuevas visitantes:</p>
+
+<p>&mdash;La señorita Bonnetable.</p>
+
+<p>&mdash;La señora y la señorita Dumais.</p>
+
+<p>De un salto estuve en los brazos de Francisca y le expliqué en dos
+palabras mi estudio del natural y mi deseo de no tomar posesión aquella
+tarde del rincón de las malas cabezas. Francisca me echa una mirada de
+pesar, lanzando un suspiro hacia nuestro querido biombo, y un gesto
+hacia la señorita Bonnetable. Mi amiga se inclina con su gracia habitual
+ante la abuela, que la besa en la frente, y va a sentarse a mi lado
+después de haber yo saludado a las recién llegadas y preguntado por
+Pomme, la gata favorita de la señorita Bonnetable, y por Loustic, su
+perro.</p>
+
+<p>La Bonnetable no se parece en nada a la Sarcicourt, de la que es casi
+contemporánea. Pequeña y corta, la primera parece un tambor mayor con
+las piernas cortadas, pues goza de una estatura desmesuradamente larga,
+con relación a los miembros inferiores. En pie es una enana; sentada
+parece inmensa. Su voz, retumbante, hace eco en todos los departamentos
+que tienen la suerte de recibirla; habla alto y firme y no admite que se
+discuta con ella. Sus palabras adquieren así una importancia capital, y
+todos la escuchan con respeto. Pero si cuando habla sabe tomar aspecto
+de maza, cuando se calla es todavía más aterradora; su silencio es de
+plomo.</p>
+
+<p>&mdash;¿Qué hay de nuevo, señoras?&mdash;preguntó en cuanto estuvo
+sentada.&mdash;Supongo que sabrán ustedes que la doncella de la Courtin deja
+a su ama...</p>
+
+<p>&mdash;¿De veras?&mdash;exclamó la señorita Sarcicourt.</p>
+
+<p>&mdash;Es un desagradable acontecimiento para esa buena señora de Courtin...</p>
+
+<p>&mdash;¡Buena!... ¡Buena!...&mdash;replicó la Bonnetable, ya a la defensiva.&mdash;Si
+lo que se dice es verdad, la de Courtin no tiene nada de buena...</p>
+
+<p>&mdash;Me asombra usted&mdash;exclamó la de Dumais.</p>
+
+<p>&mdash;Figúrense ustedes, señoras...</p>
+
+<p>&mdash;La señora y la señorita Aimont&mdash;anunció Celestina en este momento.</p>
+
+<p>Corrí a recibir a Paulina, una de mis buenas amigas, y la coloqué al
+lado de Francisca, después de haberme inclinado delante de la de Aimont,
+que me respondió con un vigoroso <i>shake-hand</i>.</p>
+
+<p>Muy amable y jovial la señora de Aimont. No tiene más que un sueño:
+casar a su hija... Pero Paulina tiene 10.000 pesos de dote y cree que
+con esa suma puede conquistar un yerno en una posición fantásticamente
+hermosa. Lo que la de Brenay y Petra sueñan en aristocracia o en dinero,
+la de Aimont lo desea en posición. No tiene más que estas palabras en la
+boca:</p>
+
+<p>&mdash;Mi hija se casará con una posición.</p>
+
+<p>Si se la incita un poco, se la obliga a precisar:</p>
+
+<p>&mdash;Mi hija no se casará más que con un forastero. En Aiglemont no hay
+posiciones...</p>
+
+<p>Todos aquí compadecen a esta pobre muchacha destinada a casarse con un
+forastero. Es cosa corriente, como un proverbio, que no hay en Aiglemont
+ninguna situación digna de la señorita Aimont, y la interesada, que es
+de mi edad, no es pedida con frecuencia en matrimonio. Los que pudieran
+arriesgarse no se atreven, y los que serían aceptados no se presentan.</p>
+
+<p>Paulina sufre con invariable buen humor los inconvenientes de tener una
+madre demasiado ambiciosa y acepta por adelantado la famosa posición
+venidera. A todo lo que dice su madre, responde dócilmente:</p>
+
+<p>&mdash;Sí, mamá.</p>
+
+<p>Su bonita y agradable cara no refleja más que sentimientos amables y
+plácidos. Sin ser preciosa, no es fea, y hasta se parece bastante a un
+bombón pequeñito, rosado y apetitoso. Lo que le da sobre todo ese
+aspecto es la falta de expresión de su mirada. Sus ojos grises están
+invariablemente tranquilos y como fijos en el blanco lechoso que los
+rodea. Francisca, que tiene para cada cual su frase picante, exclamó un
+día dirigiéndose a Paulina:</p>
+
+<p>&mdash;Lo que tú tienes no son ojos, sino linternas sordas...</p>
+
+<p>La frase ha hecho fortuna y es corriente, cuando se habla de Paulina, el
+decir, para distinguirla de su prima del mismo nombre, «la de las
+linternas sordas.» Su madre lo sabe y es la primera en reírse.</p>
+
+<p>&mdash;Linternas de 10.000 pesos&mdash;exclamó.&mdash;No está tan mal. ¡Cuántas cosas
+se pueden alumbrar con ellas!...</p>
+
+<p>Se reanudó la conversación en cuanto se dieron noticias de la salud de
+todas, y se supo al fin que la de Courtin pesaba el pan a su doncella,
+le medía el vino y no dejaba a su disposición ni el más pequeño terrón
+de azúcar.</p>
+
+<p>&mdash;Si esa muchacha se hubiera puesto mala en la noche, decía la
+Bonnetable en tono trágico, no hubiera tenido azúcar para hacerse una
+infusión...</p>
+
+<p>Era lamentable, en efecto.</p>
+
+<p>En resumen, después de diversas peripecias en las que el vino se
+mezclaba con el azúcar y el pan, la doncella se había despedido.</p>
+
+<p>Debió hacerlo antes...</p>
+
+<p>&mdash;¿No hay ningún matrimonio en el horizonte?&mdash;preguntó la de Aimont
+queriendo llevar la conversación a su asunto favorito.</p>
+
+<p>&mdash;Ni uno&mdash;respondió la Bonnetable en tono contundente.</p>
+
+<p>&mdash;Sin embargo&mdash;insinuó la Sarcicourt,&mdash;¿no se habla del matrimonio de la
+señorita de Brenay con el capitán Bellortet?</p>
+
+<p>&mdash;¡Qué disparate!&mdash;exclamó la Bonnetable.&mdash;La chica de Brenay no puede
+encontrar un marido serio...</p>
+
+<p>&mdash;¡Víbora!&mdash;murmuró Francisca entre dientes.</p>
+
+<p>&mdash;¡Oh!&mdash;protestó la abuela,&mdash;Petra es amiga de mi nieta y es
+encantadora.</p>
+
+<p>&mdash;Y muy distinguida&mdash;confirmó la de Aimont.</p>
+
+<p>&mdash;Enteramente como es debido&mdash;afirmó la de Dumais.&mdash;¡Ah! si Francisca se
+le pareciese...&mdash;terminó dando un suspiro.</p>
+
+<p>&mdash;La señorita de Brenay puede ser encantadora, no digo que no&mdash;dijo
+categóricamente la Bonnetable,&mdash;pero es gastadora hasta el extremo... Y
+después, esa pretensión a millones cuando se tiene un dote modesto...</p>
+
+<p>&mdash;No es tan modesto un dote de 20.000 pesos&mdash;exclamó la de Aimont pronta
+a indignarse.</p>
+
+<p>&mdash;Es modesto para la señorita de Brenay que quiere hacer una vida de
+10.000&mdash;afirmó la Bonnetable con bastante razón esta vez.&mdash;No se
+comprenden semejantes exigencias... Su cocinera dijo una vez a la mía...</p>
+
+<p>&mdash;Si escucha usted los chismes de las criadas&mdash;dijo la abuela,&mdash;no oirá
+nada serio...</p>
+
+<p>&mdash;No los escucho, los oigo&mdash;respondió la Bonnetable ofendida por la
+observación de la abuela, lo que no es lo mismo&mdash;afirmó con un tono de
+superioridad aplastante...&mdash;Esos chismes, como usted los llama, enseñan
+por lo menos a conocer a las personas de que se habla...</p>
+
+<p>&mdash;Como no sirvan precisamente para lo contrario&mdash;rectificó la abuela
+descontenta.</p>
+
+<p>&mdash;En todo caso&mdash;añadió la Bonnetable más y más ofendida por la oposición
+de la abuela,&mdash;la de Brenay es ridícula y su hija también...</p>
+
+<p>&mdash;¡Oh!&mdash;protestaron las señoras en coro.</p>
+
+<p>&mdash;Eso se llama ver la paja en el ojo ajeno y no la viga en el
+propio&mdash;dijo Francisca a media voz.</p>
+
+<p>&mdash;Sí, son ridículas, lo mantengo&mdash;replicó la Bonnetable, dispuesta esta
+vez a dar la cabeza, si era preciso, para sostener su opinión.&mdash;Hase
+visto querer casarse con un hombre que tenga millones y un nombre
+histórico cuando se tiene 20.000 pesos y un nombre que no tiene nada de
+eso...</p>
+
+<p>&mdash;Los Brenay son de buena familia&mdash;dijo la de Aimont.</p>
+
+<p>&mdash;No digo que no en cuanto a la honradez&mdash;se dignó responder la
+Bonnetable.&mdash;Pero en cuanto a su partícula&mdash;acentuó con perfecto
+desprecio,&mdash;es una broma. Los Brenay son burgueses de partícula usurpada
+y no pertenecen en modo alguno a la aristocracia... Yo soy de tan buena
+familia como ellos, y jamás he tenido tales pretensiones... en los
+tiempos en que las tenía&mdash;añadió la amable vieja.</p>
+
+<p>&mdash;Menos mal&mdash;dejó escapar Francisca por lo bajo.</p>
+
+<p>&mdash;¿Usted ha tenido pretensiones?&mdash;preguntó alegremente la de Aimont
+tratando de evitar la tempestad que amenazaba.&mdash;Yo creí que estaba usted
+libre de tales debilidades...</p>
+
+<p>&mdash;No...&mdash;dijo haciendo monadas la Bonnetable con voz que ella se
+esforzaba por hacer aflautada;&mdash;he pagado mi tributo a la juventud como
+todo el mundo... He sido muy solicitada.</p>
+
+<p>&mdash;¡Qué guasa!&mdash;exclamó Francisca empujándome con el codo.</p>
+
+<p>&mdash;Y muy adulada... Si no he hecho un brillante matrimonio ha sido porque
+no he querido.</p>
+
+<p>&mdash;Embustera&mdash;dijo Francisca a la sordina, mientras yo me mordía los
+labios para no reír.</p>
+
+<p>&mdash;¡Ah!&mdash;gimió la de Dumais,&mdash;nuestras pobres hijas no podrán decir otro
+tanto...</p>
+
+<p>&mdash;Lo diremos de todos modos, mamá. A cuarenta años de distancia se dicen
+siempre esas cosas aunque sean inexactas&mdash;exclamó Francisca sin poder
+contener su maldita lengua.</p>
+
+<p>El silencio, un terrible silencio de plomo se extendió como por encanto
+por el salón. La Bonnetable tomó la actitud de una persona gravemente
+ultrajada y la de Dumais, aplastada en su butaca, no tuvo siquiera el
+recurso de decir como de costumbre:</p>
+
+<p>&mdash;¡Oh! Francisca...</p>
+
+<p>&mdash;Sí&mdash;siguió diciendo la de Aimont, tratando de salvar la situación,&mdash;es
+indiscutible que el matrimonio es difícil para nuestras hijas. ¡Hay tan
+pocas buenas posiciones!... Es imposible casarlas con un empleadillo de
+600 u 800 pesos de sueldo. ¿Verdad, Paulina?</p>
+
+<p>&mdash;Sí, mamá.</p>
+
+<p>&mdash;Sin embargo&mdash;se atrevió a decir la Sarcicourt con una apariencia de
+valor,&mdash;esos son los sueldos ordinarios de los jóvenes. Solamente más
+adelante...</p>
+
+<p>&mdash;Queremos un marido que haya llegado. ¿Verdad, Paulina?</p>
+
+<p>&mdash;Sí, mamá.</p>
+
+<p>&mdash;En la industria y en el alto comercio se encuentran muy buenas
+posiciones&mdash;dijo la de Aimont, que no quería que se creyese la verdad,
+es decir, que dejaría a Paulina casarse con un vejestorio con tal de que
+hubiese llegado.</p>
+
+<p>&mdash;El alto comercio y la industria&mdash;respondió victoriosamente la
+Bonnetable,&mdash;tienen otras pretensiones que las que usted puede
+atribuirles. ¿Qué son 10.000 pesos para un industrial o un comerciante
+tales como usted los concibe?... Una gota de agua.</p>
+
+<p>&mdash;¿Y 2.000 pesos&mdash;preguntó Francisca con un candor inimitable,&mdash;qué
+serán entonces?... Serán la quinta parte de una gota... Una miseria.</p>
+
+<p>&mdash;Sí, señorita&mdash;respondió la Bonnetable lanzando a la pobre Francisca
+unos ojos furibundos,&mdash;2.000 pesos de dote son la miseria... Por otra
+parte&mdash;siguió diciendo la dulce solterona,&mdash;haría falta una fortuna
+para corregir los desastres de la educación moderna. Las jóvenes
+actuales están muy mal educadas&mdash;terminó con una intención que no se
+ocultó a nadie.</p>
+
+<p>&mdash;¿Están mucho peor educadas que las de otro tiempo?&mdash;preguntó Francisca
+en tono de exquisita urbanidad.</p>
+
+<p>&mdash;¡Oh! Francisca...&mdash;murmuró la de Dumais pálida de espanto.</p>
+
+<p>&mdash;Ciertamente&mdash;respondió la Bonnetable aniquilándola con la mirada.&mdash;En
+mis tiempos las jóvenes no preguntaban jamás a las personas mayores y
+esperaban modestamente que se les dirigiese la palabra.</p>
+
+<p>&mdash;Debía de ser muy fastidioso&mdash;dijo Francisca con la modestia de una
+sólida convicción.</p>
+
+<p>&mdash;En aquellos tiempos&mdash;siguió diciendo la Bonnetable más severa que
+nunca,&mdash;las jóvenes no pensaban más que en la corrección de su actitud.</p>
+
+<p>&mdash;Qué mujeres tan distinguidas debían de ser...&mdash;suspiró Francisca con
+una expresión ingenua que velaba la impertinencia de sus palabras.</p>
+
+<p>La de Dumais parecía literalmente sobre ascuas, la abuela fruncía la
+nariz y la de Aimont contenía una enorme gana de reír, mientras que la
+de Sarcicourt y Paulina echaban a su alrededor miradas de ciervas
+moribundas. Hacer frente a la intrépida señorita Bonnetable... Qué
+audacia...</p>
+
+<p>Seguramente, ésta no es del tipo resignado... En su humor agresivo y
+autoritario, adivinaba yo una rabiosa recalcitrante. ¿Pero cómo
+cerciorarme?</p>
+
+<p>Sin adivinar el precipicio que se abría ante mis pasos, me lancé
+inocentemente en la pelea preguntando a la Bonnetable si estaba
+satisfecha de haber permanecido soltera.</p>
+
+<p>¡Dios mío, qué éxito!...</p>
+
+<p>Fue aquello un estupor tan general en todo el salón, que comprendí
+instantáneamente que había metido los pies en el plato. Preciso era
+retirarlos...</p>
+
+<p>La abuela vino por fortuna en mi socorro y reanudó la conversación como
+pudo para mantenerla en alturas inofensivas. Y sin la señorita
+Bonnetable, que respiraba con ruido como para tragar una píldora enorme,
+se hubiera creído que no había pasado nada extraordinario.</p>
+
+<p>Al fin la situación se mejoró por completo en cuanto la inefable
+señorita Bonnetable se dignó levantarse para despedirse. Dio un adiós
+bastante seco a la abuela, nos volvió la espalda a Francisca y a mí y
+apenas estuvo política con las otras personas que allí estaban.</p>
+
+<p>&mdash;¡Uf!&mdash;murmuró Francisca en cuanto se cerró la puerta después de dar
+salida a la dulce señorita Bonnetable.&mdash;¡Qué solterona!</p>
+
+<p>Solamente entonces supe que la Bonnetable no se ha consolado todavía de
+su situación de solterona, debida a su carácter irascible y
+desagradable. «En los tiempos en que tenía pretensiones,» según su
+expresión, se dice que puso en fuga a cinco pretendientes; los cinco
+habían estado muy enamorados del dote, que era bueno, pero nunca
+pudieron resignarse a casarse con la mujer. Hasta se cuenta que uno de
+ellos ofreció a su futuro suegro tomar el dote sin la mujer. A lo que el
+señor Bonnetable contestó:</p>
+
+<p>&mdash;¡Por vida del demonio! ¡Cómo le comprendo a usted, amigo mío!...</p>
+
+<p>&mdash;¿Y yo?&mdash;respondió Francisca.&mdash;En lugar de ese pretendiente hubiera
+hecho duplicar el dote y tomado la mujer para ahogarla. Hubiera sido un
+servicio a la humanidad.</p>
+
+<p>&mdash;¡Oh! Francisca...&mdash;protestó su madre angustiada.&mdash;No hables así...</p>
+
+<p>La risa que se apoderó de todo el mundo acabó de restablecer el perfecto
+equilibrio de la conversación. Cuando todos se marcharon la abuela me
+regañó por mi indiscreta curiosidad y por las reflexiones de Francisca.</p>
+
+<p>&mdash;Las faltas son personales&mdash;hice observar a la abuela.&mdash;Bastante tengo
+con mi tontería sin echar sobre mis hombros las de Francisca.</p>
+
+<p>Pues, señor, he aquí un feliz estudio del natural...</p>
+
+<p>A pocas torpezas de este género, estoy segura de ser despellejada viva
+antes de mucho tiempo... La abuela, que no quiere mi muerte, me ha
+impuesto que en adelante haga mis investigaciones con más discreción, y
+hasta ha añadido a modo de peroración:</p>
+
+<p>&mdash;Ese género de torpezas, Magdalena, son señal de una educación
+detestable.</p>
+
+<p>¡Qué humillación!...</p>
+
+
+
+<p class="fecha">7 de noviembre.</p>
+
+
+<p>El gran día ha pasado...</p>
+
+<p>Se acabó la entrevista y desapareció el miedo... <i>Deo gratias</i>.</p>
+
+<p>En cuanto me desperté esta mañana me sentí la cabeza pesada, oprimido el
+corazón y contraído el estómago. Traté en vano de recobrar mi calma
+habitual... El pensamiento de pasar a mi vez por las exigencias de la
+feria del matrimonio me tenía un poco embobada.</p>
+
+<p>&mdash;Señorita, he aquí un marido que le conviene a usted&mdash;zumbaba a mi oído
+no sé qué voz discordante del dominio de la pesadilla.&mdash;Véale usted...
+Examínele... este hombre es perfecto...</p>
+
+<p>&mdash;Caballero...&mdash;me figuré que otras voces murmuraban en el mismo momento
+al señor Desmaroy,&mdash;acuda usted pronto a Aiglemont... En esa peña viven
+en buena armonía el dote y la mujer que le esperan... Tome usted a peso
+el primero y sea indulgente con la segunda... ¿Qué importa ésta si aquél
+le agrada?...</p>
+
+<p>&mdash;Estos son&mdash;pensé,&mdash;los preliminares del matrimonio... del santo
+matrimonio cristiano... ¿Dónde está usted, monseñor Dupanloup?...</p>
+
+<p>Resuelta, a pesar de estas terribles reflexiones, a afrontar las
+necesidades de mi no menos terrible situación de joven casadera, me
+presté de buen grado a los preliminares de ese comienzo de acuerdo entre
+dos almas... ¡Dos almas!... ¡Qué ironía!...</p>
+
+<p>Un lindo cuerpo de seda azul pálido, moldeaba mi talle; y mi cabello,
+más cuidadosamente ondulado que de ordinario, realzaba mi modesta
+fisonomía. Una ojeada al espejo me dijo lo que yo sabía, es decir, que
+con menos de mis 28.600 pesos tendría aún alguna probabilidad de gustar
+a un pretendiente que no fuese ciego.</p>
+
+<p>Concedido esto a la imparcialidad, me encontré sobre las armas a las dos
+menos cuarto. En seguida bajé al salón donde encontré a la abuela muy
+agitada.</p>
+
+<p>&mdash;Y bien, Magdalena, ¿te late el corazón?&mdash;preguntó la abuela con
+emoción.</p>
+
+<p>&mdash;No, querida abuela, mi corazón está muy tranquilo... El cerebro es
+otra cosa... Tengo un horrible dolor de cabeza.</p>
+
+<p>&mdash;Muy tonta vas a estar, mi pobre Magdalena. Al diablo se le ocurre
+tener dolor de cabeza en un momento semejante...</p>
+
+<p>&mdash;Poco importa, abuela, puesto que no soy ni coja, ni torcida, ni manca,
+ni muda, ni sorda, y tengo 28.600 pesos de dote... Con esta cifra
+supongo que no se exige tener ingenio. Por 28.600 pesos tiene una mujer
+todos los derechos posibles a la tontería.</p>
+
+<p>&mdash;¡Siempre tus ideas!... ¡Qué extraña eres!... En fin, explica de una
+vez lo que quieres...</p>
+
+<p>&mdash;¿Lo que quiero?... no hago más que repetirlo, abuela. Desearía,
+sencillamente, elegir yo misma mi marido... si debo casarme. Quisiera
+que se me permitiese ver seres masculinos de carne y hueso y aprender a
+conocerlos de otro modo que de oídas. Mi satisfacción sería completa si
+un día sintiese en el corazón el estremecimiento preludio del amor y
+pudiera decirte designándote al que lo hubiera provocado: ese es mi
+marido, con ese me casaré, no porque tiene el bigote rubio o los ojos de
+tal color, una fábrica o una fortuna, sino porque me gusta bastante para
+seguirle para siempre en el dolor como en la alegría...</p>
+
+<p>&mdash;¡Qué demencia!&mdash;exclamó la abuela consternada.&mdash;Esas son ilusiones
+románticas... La vida no es una novela...</p>
+
+<p>&mdash;¿Por qué no?... ¿Qué inconveniente verías en que la vida de dos en el
+matrimonio fuese una deliciosa novela?... Debe ser una de esas novelas
+cuya lectura puede permitir una madre a su hija... con tal de que esté
+bien escrita, entendámonos... Me gusta cuidar el estilo...</p>
+
+<p>&mdash;Locuras&mdash;balbució la abuela.</p>
+
+<p>Un campanillazo, un ademán de la abuela para asegurarse de que su
+peinado está como es debido, un dolor más fuerte en mi cabeza, y entró
+en el salón mi destino bajo la forma del señor Boulmet acompañado del
+señor Desmaroy.</p>
+
+<p>Boulmet estaba radiante y, con una gracia antigua, solemnizada por
+cuarenta años de notariado, nos presentó al señor Desmaroy como un
+ferviente aficionado a antigüedades, lo que trajo a los labios de todos
+una leve sonrisa...</p>
+
+<p>Desmaroy, muy en su papel, no parecía cortado para un hombre en su caso,
+y se resignó con visible buen humor a ver todas las antigüedades
+posibles, incluso mi persona.</p>
+
+<p>Aproveché el interés que manifestaba el visitante, suspendido de los
+labios de la abuela, que le explicaba la procedencia de una consola, la
+historia de un cuadro o la leyenda de una miniatura, para observar en
+detalle a mi pretendiente.</p>
+
+<p>Era visible que se esforzaba por conquistar a la abuela por una atención
+respetuosa y delicada a todas sus palabras. Un buen punto por esto...</p>
+
+<p>Ni bajo ni alto, ni gordo ni delgado, Desmaroy tiene unas señas
+personales que corresponden a no pocos ciudadanos franceses... Es de los
+que se dice: frente regular, nariz regular, etc... Sólo su mirada
+autoritaria y su barbilla testaruda ofrecen algo bastante
+característico.</p>
+
+<p>Desmaroy no es ciertamente un cualquiera y hasta estoy dispuesta a creer
+que posee cualidades eminentes. Los ojos y la sonrisa son francos, pero
+la voz, voluntariamente dulcificada, tiene a veces singulares
+inflexiones. Es cortante y punzante. Además, ese diablo de barbilla...
+esa mirada... huelo el dueño, el hombre seguro de su fuerza y que quiere
+imponérsela a todos... Es verdaderamente guapo; y, sin embargo, tengo la
+intuición de la antipatía de nuestros defectos, así como creo en la
+probable simpatía de nuestras cualidades. Su autoritarismo da miedo a mi
+independencia. Si me decido a tomar un marido, no quiero darme un dueño.</p>
+
+<p>Poco a poco, el señor Desmaroy olvida su dulzura convencional. Su mirada
+es la de un comisario cuando inspecciona las cosas que le enseña
+Boulmet, el cual, correcto en extremo, se mata por presentar a su
+cliente todas las antigüedades de la abuela.</p>
+
+<p>&mdash;Esto, señor mío, es del siglo <span class="smcap">XIII</span>... Esto del <span class="smcap">XIV</span>... Tal cosa data
+del reinado de Luis XIV... Tal otra es del más puro Enrique II...</p>
+
+<p>Y el señor Desmaroy mira, toma a peso, aprecia y estima.</p>
+
+<p>Ni una sola vez habla del valor artístico del objeto designado... No...
+vale tanto o cuánto. Su admiración no empieza hasta los 100 pesos; hasta
+esa cifra hace un gesto desdeñoso.</p>
+
+<p>Es halagüeño para mí... Si soy pesada en la misma balanza, qué ideal...</p>
+
+<p>Al llegar al inmenso tapiz de Beauvais, del comedor, el señor Desmaroy
+deja escapar un grito del corazón:</p>
+
+<p>&mdash;Qué error dejar dormir tanto dinero... Cuánto dinero improductivo...
+Si este tapiz fuese mío, qué pronto le vendería...</p>
+
+<p>La abuela disimula su asombro con una sonrisa que lo mismo significa
+adhesión que reprobación. De prisa va el caballero... «Si fuese mío...»
+¡Oh! hablar de vender el tapiz de Beauvais...</p>
+
+<p>La mirada del señor Desmaroy se cruza con la mía. Nuestras dos
+voluntades cruzan el hierro. La suya, un poco arrepentida de la
+reflexión que se le ha escapado; la mía bastante desdeñosa por la
+indiscreción cometida.</p>
+
+<p>Evidentemente mi antipatía se precisa.</p>
+
+<p>Desmaroy sostiene sus ideas y yo las mías, nos miramos otra vez, no como
+amigos sino como luchadores.</p>
+
+<p>Leo en sus ojos:</p>
+
+<p>&mdash;Esta muchacha es demasiado absoluta... Qué cabeza... Yo la meteré en
+cintura... Una mujer está hecha para obedecer.</p>
+
+<p>Bajo los ojos y mis párpados ocultan una respuesta acerba e irritada...</p>
+
+<p>&mdash;No, no me meterá usted en cintura, porque jamás seré su mujer...</p>
+
+<p>Desde este momento mi cerebro se despeja, póngome alegre y sonriente, la
+preocupación desaparece y me encuentro libre... ¡Dichosa sensación!...
+Ya no hay pretendiente, ni estudio, ni cuidado, ni veo en el señor
+Desmaroy más que un aficionado a antigüedades...</p>
+
+<p>Mi buena querida abuela está encantada viendo aquel cambio repentino y
+la visita se acaba con todas las apariencias de un acuerdo cordial.
+Adivino que el señor Desmaroy me encuentra muy a su gusto y salta a la
+vista que Boulmet está orgulloso de su cliente; la abuela se enorgullece
+ostensiblemente con una nieta tan linda.</p>
+
+<p>&mdash;Estas tablas&mdash;le dice,&mdash;son modernas; están pintadas por mi nieta...
+Este almohadón bordado ha sido copiado por mi nieta de un modelo
+antiguo...</p>
+
+<p>No faltó más sino que la abuela me hiciese ponerme al piano para tocar
+una pieza o cantar una romancita...</p>
+
+<p>Por fin se termina la sesión. Todo el mundo está satisfecho y yo
+también... Decididamente, la feria del matrimonio tiene de bueno que
+enseña a estar contento de uno mismo y de los demás. Esto último es
+mucho más raro que lo primero. La abuela no cesa de elogiar al
+pretendiente.</p>
+
+<p>&mdash;¿Y el tapiz, abuela?...</p>
+
+<p>&mdash;¿Qué tapiz?... ¡Ah! sí, la venta... Razonamiento de hombre de
+negocios, hija mía... Piensa como un hombre serio.</p>
+
+<p>Pido ocho días de reflexión. Es imposible decir hoy a la abuela:</p>
+
+<p>&mdash;Los defectos de ese caballero son antipáticos a los míos; no le
+quiero.</p>
+
+<p>La buena señora me creería loca y se pondría enferma de pena. En ocho
+días todo se arregla. El tiempo es un hábil auxiliar...</p>
+
+<p>Mientras tanto respiro a mis anchas y me siento libre de un peso
+enorme... ¡Qué bien voy a dormir esta noche!...</p>
+
+
+
+<p class="fecha">15 de noviembre.</p>
+
+
+<p>Hacía bien en contar con mi buena estrella para sacarme del mal paso.
+Todo se ha arreglado con una sencillez asombrosa.</p>
+
+<p>Una aventura no muy lejana ocurrida al señor Desmaroy y descubierta por
+el padre Tomás, encargado por la abuela de comprobar los informes del
+notario, ha puesto fuego a la pólvora y apresurado el no final. La
+abuela ha suspirado un poco por la forma al pronunciarle
+categóricamente, pero su negativa ha sido espontánea porque no podía
+prescindir de la cosa... Boulmet se ha mostrado menos fácil.</p>
+
+<p>&mdash;Pardiez&mdash;exclamó,&mdash;puesto que la novela en cuestión se terminó ocho
+días antes de las negociaciones, ¿qué más quieren ustedes?...</p>
+
+<p>&mdash;Nada de novelas&mdash;repliqué.</p>
+
+<p>&mdash;¡Nada de novelas!&mdash;repitió el señor Boulmet en el colmo de la
+estupefacción.&mdash;¿Dónde encontrará usted un hombre de treinta años que no
+haya tenido su novela?... ¿Su novela?... Sus novelas, su colección de
+novelas...</p>
+
+<p>&mdash;De acuerdo&mdash;replicó la abuela, contrariada por encontrar una tacha en
+su pájaro raro.&mdash;Pero si desgraciadamente es imposible ignorar que
+existen esas novelas, se puede exigir al menos que la última no se haya
+terminado hace tan poco tiempo... y, sobre todo, que no haya lugar a
+temer que la última hoja de esa novela no se haya vuelto tan
+definitivamente como se quiere asegurar...</p>
+
+<p>&mdash;Señora&mdash;respondió Boulmet,&mdash;el señor Desmaroy es un hombre de honor.</p>
+
+<p>&mdash;¿Qué tiene que ver el honor de un hombre con esta especie de cosas?...
+¿Ignora usted, acaso, que hay hombres que se jactan de pagar sus deudas
+y no temen faltar a sus juramentos? El honor humano es poca garantía
+cuando se trata de la fe conyugal.</p>
+
+<p>&mdash;El señor Desmaroy tiene principios religiosos, de modo que...</p>
+
+<p>&mdash;¿Le han protegido los principios religiosos?</p>
+
+<p>&mdash;Acaso le han sostenido y preservado mucho tiempo... Y después, qué
+diablo&mdash;añadió nuestro notario falto de argumentos,&mdash;los principios
+religiosos salvan el edificio, pero no impiden las grietas... en ciertas
+naturalezas.</p>
+
+<p>&mdash;Y bien&mdash;dijo la abuela,&mdash;nosotras no queremos grietas, está decidido.</p>
+
+<p>He vuelto, pues, a ser una joven como las demás... ¡Qué suerte!</p>
+
+<p>La de Ribert y Genoveva, a quienes había puesto al corriente de las
+peripecias de los últimos días, me aprobaron completamente cuando fui a
+contarles el desenlace de nuestros proyectos de matrimonio.</p>
+
+<p>&mdash;Magdalena&mdash;me dijo la de Ribert con una melancolía que no es en ella
+habitual&mdash;desconfíe usted de las locuras pasadas en un futuro marido...
+Estas locuras vuelven a empezar muchas veces.</p>
+
+<p>Es lo que yo pensaba. Me ha satisfecho, sin embargo, oírselo repetir a
+una mujer que ha tenido ciertamente algo de ese género que reprochar a
+su marido. Aunque se suponga lo contrario, la experiencia de los demás
+nos aprovecha siempre un poco.</p>
+
+<p>Con la de Ribert he reanudado mis averiguaciones relativas a las
+solteronas. Le he contado nuestro pique con la Bonnetable y mi
+desencanto a propósito de las solteronas desde que las estudio al
+natural. En primer lugar, la maldad de algunas de ellas, mis dos malas
+lenguas de la Catedral; después el matiz grisáceo y desteñido de las
+pobres solteronas resignadas con su estado, en lugar de estar alegres;
+en fin, la omnipotencia notable de las recalcitrantes del celibato que
+dejan caer sobre todo el mundo, en general, y sobre cada cual, en
+particular, el peso de su descontento perpetuo.</p>
+
+<p>&mdash;Hará usted mal de juzgar por el carácter de la excepción el carácter
+de la masa&mdash;me respondió la de Ribert.&mdash;¿Cree usted de buena fe que las
+solteronas tienen el monopolio de la maldad en la charla, y que sólo una
+de ellas puede presentar el carácter de la Bonnetable?...</p>
+
+<p>&mdash;No&mdash;respondí convencida por el razonamiento.&mdash;Tiene usted razón. El
+amor a los chismes no es solamente un defecto de solterona, sino la
+pasión de todas las mujeres desocupadas y frívolas. En cuanto al
+carácter de la Bonnetable, debe ciertamente de encontrarse en mujeres
+casadas.</p>
+
+<p>&mdash;Conozco algunas, por mi parte, que no dejan nada que desear en cuanto
+al órgano, al gesto y a la manía del mando. Esas hacen marchar su casa
+con la punta del dedo, y no están contentas más que de ellas mismas y de
+su progenitura. Todo lo que no toca inmediatamente al círculo reducido
+de su familia, es implacablemente criticado, denigrado y
+pisoteado...&mdash;dijo Genoveva.</p>
+
+<p>&mdash;Eso no es raro&mdash;repuso la de Ribert, sonriendo.&mdash;Hasta hay mujeres que
+se dicen bien educadas que llegan a decir palabrotas... Pero no hablemos
+de esas monstruosas excepciones. El matrimonio es un gran sacramento, es
+verdad, pero sería pueril reconocerle la facultad de dar a las que le
+reciben inteligencia, dulzura y virtud. Existen las agriadas del
+matrimonio, como las agriadas del celibato. Y así como no se dice que
+todas las casadas son desagradables, porque lo son algunas, se debe
+tener la misma circunspección respecto de las solteras.</p>
+
+<p>&mdash;Es verdad&mdash;respondí.&mdash;Pero el mundo no hace esas distinciones y
+condena a las solteronas en conjunto. La abuela, de acuerdo con el
+mundo, no las quiere nada, aunque tenga una profunda amistad con algunas
+de ellas... La abuela estaría enteramente desolada si yo me quedase
+soltera.</p>
+
+<p>&mdash;Comprendo que la buena señora desee establecer a usted, pero en fin,
+¿qué reprocha al celibato? Confieso que no veo bien el por qué de su
+animosidad, aunque me dé cuenta del de su preferencia.</p>
+
+<p>&mdash;Afirma que el celibato es una situación anormal, antinatural y... ¿qué
+se yo?</p>
+
+<p>&mdash;Sí, la mujer debe casarse, tener hijos... eso es conocido... ¿Y qué
+más?</p>
+
+<p>&mdash;Según ella, la mayor parte de las solteronas son egoístas.</p>
+
+<p>&mdash;¿Y los premios Montyon?...&mdash;objetó Genoveva.&mdash;Esos premios son de
+solteras y no para las egoístas...</p>
+
+<p>&mdash;La abuela dice también que las solteras tienen la devoción estrecha,
+meticulosa y hecha de menudas prácticas, más que de profunda piedad; que
+son charlatanas y envidiosas; que tienen ideas mezquinas y atrasadas, y,
+en fin, que poseen todos los defectillos imaginables, entendiendo por
+defectillos todo lo que achica un carácter, todo lo que apaga un alma...</p>
+
+<p>&mdash;Sí, pero el conjunto de esos defectos constituye una tacha enteramente
+femenina y no es sólo aplicable a las solteronas... No creía yo que la
+señora de Sermet tenía respecto a ellas esa opinión tan poco fundada...</p>
+
+<p>&mdash;Sí, señora&mdash;respondí,&mdash;y eso es lo que me ha hecho empezar mis
+investigaciones. Me sentía tan poca vocación por el matrimonio y tanta
+por el celibato, que he querido darme cuenta de lo que se podía
+reprochar a esas pobres criticadas.</p>
+
+<p>&mdash;¿Y has encontrado algo?&mdash;preguntó Genoveva con interés.</p>
+
+<p>&mdash;No mucho... Veo, sobre todo, muchos prejuicios e ideas hechas que
+pasan de generación en generación como un gabán viejo que cada cual
+adapta a su talla y a su gusto.</p>
+
+<p>&mdash;Creo&mdash;dijo Genoveva,&mdash;que lo que más ha contribuido a dar un aspecto
+ridículo a la solterona, es la inconsecuencia de algunas de ellas&mdash;las
+recalcitrantes del celibato, como tú las llamas,&mdash;que tienen la mala
+costumbre de gritar sus penas al primero que se presenta, y de ir de
+puerta en puerta pidiendo un marido.</p>
+
+<p>&mdash;¡De puerta en puerta!&mdash;murmuré sorprendida...</p>
+
+<p>&mdash;Pregunta a mamá&mdash;interrumpió Genoveva.</p>
+
+<p>&mdash;Genoveva tiene razón, Magdalena. Conozco personalmente solteras,
+contemporáneas mías, cuya juventud se ha pasado en repetir a todas sus
+relaciones: «Cáseme usted... Por Dios, encuéntreme usted un marido... No
+se olvide usted de mí.» Esto se repite al principio con compasión,
+después con un dejo de burla y luego con un desdén acentuado. Y se
+deduce ligeramente que todas las solteronas se encuentran en este caso
+ridículo y no forman en su conjunto más que una gran colección de
+«dejadas por cuenta.»</p>
+
+<p>&mdash;Es injusto&mdash;exclamé con emoción.</p>
+
+<p>&mdash;No, Magdalena&mdash;respondió sencillamente la de Ribert.&mdash;Supongamos que
+Francisca, Petra y Paulina no se casen. ¿Qué pensará usted?</p>
+
+<p>&mdash;Que no han encontrado el pretendiente de sus sueños&mdash;respondí sin
+reflexionar.</p>
+
+<p>&mdash;Ya lo ve usted... Usted misma, una amiga, participa de la opinión
+general. Si no encuentran el pretendiente de sus sueños, es
+evidentemente porque éste no es tal pretendiente... Convengamos en que
+hay aquí un «dejado por cuenta» evidente.</p>
+
+<p>&mdash;Acaso mis amigas tienen pretensiones por encima de su situación de
+fortuna y...</p>
+
+<p>&mdash;Sí, lo concedo, y de eso tiene la culpa la educación moderna; pero, en
+suma, sus amigas de usted serían «dejadas por cuenta» puesto que los
+pretendientes que ellas aceptarían no las quieren...</p>
+
+<p>&mdash;Pero&mdash;entonces balbucí confundida,&mdash;las solteronas han hecho ellas
+mismas su reputación...</p>
+
+<p>&mdash;En mucha parte, sí&mdash;afirmó la de Ribert.&mdash;Las solteras forzosas han
+gritado tanto sus desilusiones, que el mundo, generalmente poco
+benévolo, ha creído que todas las solteras estaban en el mismo caso.</p>
+
+<p>&mdash;¡Vírgenes y mártires!&mdash;exclamó muy contrariada por esta nueva
+concepción.&mdash;¡Es completo!</p>
+
+<p>La de Ribert y Genoveva se echaron a reír. Mi consternación les
+divertía.</p>
+
+<p>&mdash;Y bien, ese maravilloso estado, ¿te tienta todavía?&mdash;preguntó Genoveva
+con los ojos brillantes de malicia.</p>
+
+<p>&mdash;Sí&mdash;respondí con alguna vacilación.&mdash;Pero me fastidia, sin embargo,
+pensar que las solteronas tienen un lado un tanto ridículo... ¡Qué idea,
+reclamar un marido con tanta insistencia y tan poca discrección!...
+¡Bah!&mdash;exclamé con más firmeza,&mdash;me siento, con todo, una aptitud
+sublime para esa vocación tan desacreditada... Sin embargo, por
+complacer a mi abuela, consiento en poner toda mi buena voluntad al
+servicio del matrimonio. Mi amor a las solteronas no me impedirá,
+probablemente, volver a empezar dentro de poco la ceremonia de los
+últimos días con otro caballero.</p>
+
+<p>&mdash;¿No te ha curado el señor Desmaroy de esa buena voluntad?&mdash;preguntó
+Genoveva sonriendo.</p>
+
+<p>&mdash;No, ese señor ha respondido simplemente a la pregunta que yo había
+hecho al señor Boulmet. «¿Tiene corazón?» Ha resultado que tenía más del
+necesario, y no ha habido más.</p>
+
+<p>&mdash;Sí&mdash;dijo la de Ribert muy animada,&mdash;y además no le gustaba a usted...</p>
+
+<p>&mdash;Absolutamente nada&mdash;exclamé con una seguridad inmutable.</p>
+
+<p>La de Ribert y Genoveva me abrazaron con efusión, y las dejé para volver
+a mi casa.</p>
+
+<p>Al entrar en la cocina para decir una cosa a la buena anciana, me la vi
+muy afanada delante de la mesa, con la pluma en la mano y la cara
+congestionada, por los esfuerzos que hacía para escribir una carta.</p>
+
+<p>&mdash;Mi pobre Celestina&mdash;dije al pasar,&mdash;te vas a poner mala.</p>
+
+<p>&mdash;No hay cuidado... La señorita no se casa ya, y siendo así... Sé lo que
+sé, y cumplo mi voto...</p>
+
+<p>&mdash;¿Qué voto?</p>
+
+<p>&mdash;Eso es cuenta mía... Asunto de conciencia...&mdash;respondió
+misteriosamente Celestina.&mdash;He hecho un voto, y puesto que no se casa
+usted, voy a cumplirlo... No hay más.</p>
+
+<p>Veo que no sacaré nada de esta obstinada y tomo el sabio partido de
+dejarla cumplir su voto, que no puede ser más que alguna cosa
+edificante, pues Celestina piensa siempre en todo y por todo, en la
+edificación del prójimo... ¡Es hermoso!...</p>
+
+
+
+<p class="fecha">22 de noviembre.</p>
+
+
+<p>Esta mañana nos hemos reído mucho la abuela y yo.</p>
+
+<p>Tenía necesidad la abuela de ver al señor cura a propósito de unos
+pobres a quienes socorremos, y se fue a casa del padre Tomás. La abuela
+recibió de su pastor la acogida más alegre que se puede desear. De tan
+buena gana reía el señor cura, que ya empezaba la abuela a amoscarse
+ligeramente, cuando aquel sacó una carta de su escritorio y se la dio
+sin más explicaciones.</p>
+
+<p>Copio textualmente esta obra maestra que la abuela me ha traído como
+dato para mis estudios sobre las solteronas; pues se trata de una carta
+de Celestina al cura, la carta que tanta curiosidad me había inspirado.
+Corrijo las faltas de ortografía, para facilitar su lectura.</p>
+
+<p class="top5">Celestina Robert al señor cura de San Aprúnculo.</p>
+
+<p><span style="margin-left: 2em;">«Aiglemont 15 de noviembre de 1903.</span></p>
+
+<p><span style="margin-left: 4em;">»Señor cura:</span></p>
+
+<p>»Ya no se casa nuestra señorita. Como tengo gran confianza en el buen
+San Pablo, había prometido al gran apóstol dar un paso cerca de usted
+en el caso de que nuestra señorita no se casara con el señor que ha
+venido con motivo de las antigüedades de la señora.</p>
+
+<p>»Cumplo mi voto.</p>
+
+<p>»Pienso, señor cura, que Santa Catalina no es una verdadera solterona,
+puesto que murió joven. Por esto no hay obligación de conservarla como
+nuestra patrona. Este honor corresponde, sin disputa, al apóstol San
+Pablo, que permitió a la gente de su tiempo y a la de los tiempos de
+después, no casar a sus hijas. Aunque se enfade mi pobre señora, que no
+es de esta opinión.</p>
+
+<p>»El día de Santa Catalina está próximo, señor cura. Para cumplir mi voto
+pido al señor cura que no se celebre esta santa y que deje la fiesta de
+las señoritas para San Pablo.</p>
+
+<p>»Su humilde servidora</p>
+
+<p class="r smcap">Celestina Robert.</p>
+
+<p class="miembro">»Miembro de la orden tercera de San Francisco, cofrade de la
+Propagación de la fe, de la Santa Infancia, de San José, del
+Sagrado Corazón, de las ánimas del Purgatorio, de San Antonio,
+etc., etc...»</p>
+
+<p class="top5">Solté una sonora carcajada al leer esta epístola fantástica y también la
+abuela se rió de buena gana.</p>
+
+<p>&mdash;Está decididamente en el aire la manía de escribir&mdash;dijo enjugándose
+los ojos que estaban llenos de lágrimas.&mdash;¡En qué siglo vivimos!... Y
+proponer a San Pablo...</p>
+
+<p>&mdash;Es una broma de Francisca&mdash;dije a la abuela, en cuanto pude
+respirar.&mdash;La pobre Celestina ha sido sugestionada.</p>
+
+<p>&mdash;¿Cómo es eso?&mdash;preguntó la abuela incrédula.</p>
+
+<p>Le conté lo que había pasado con Francisca a propósito de San Pablo y el
+presentimiento que yo tuve de lo que podría hacer la vieja cocinera.</p>
+
+<p>&mdash;¿Y qué ha dicho el señor cura?&mdash;pregunté.</p>
+
+<p>&mdash;Estaba tan divertido por esta petición poco común, que no pensaba en
+decir su opinión. Mira la carta que me ha dado para Celestina. Léela; no
+está cerrada.</p>
+
+<p class="top5 smcap r">Agustín Labertal,</p>
+
+<p class="r miembro">»Cura arcipreste de la catedral de Aiglemont,»</p>
+
+<p class="no">»da las gracias a la señorita Celestina Robert por su interesante
+comunicación, que ha llegado tarde. Por este año no es posible ningún
+cambio en la reglamentación de las fiestas habituales. El señor Labertal
+aprovecha la ocasión para recomendaros a las buenas oraciones de la
+señorita Robert.»</p>
+
+<p class="top5">&mdash;¡Calla!&mdash;dije estupefacta,&mdash;el señor cura parece que toma en serio
+esta comunicación...</p>
+
+<p>&mdash;Tiene que usar ciertas consideraciones...</p>
+
+<p>&mdash;¡Consideraciones!... ¿Por qué?</p>
+
+<p>&mdash;Ofender a una solterona de la intransigencia de Celestina, sería
+peligroso...</p>
+
+<p>&mdash;Sí, comprendo... El señor cura temería legítimas represalias...</p>
+
+<p>&mdash;Ciertamente&mdash;dijo la abuela con convicción.</p>
+
+<p>&mdash;Pobre señor cura, tiene miedo... Teme a los gendarmes de Dios,
+¿verdad, abuela?</p>
+
+<p>&mdash;¿Qué gendarmes, hija mía?</p>
+
+<p>&mdash;Todas las devotas del género de Celestina, son los gendarmes de
+Dios... A ellas corresponde la vigilancia de la parroquia entera, desde
+el señor cura hasta el último niño del catecismo... Es seguramente un
+monopolio.</p>
+
+<p>&mdash;Exageras, Magdalena.</p>
+
+<p>&mdash;Bien sabe usted lo contrario, abuela... Si el señor cura llega tarde a
+misa, si se enreda en un <i>oremus</i> si no estaba en el confesionario a la
+hora exacta, si la señora de Tal ha ido a buscarle a la sacristía, si la
+señorita Fulana ha tosido en misa, todo es materia de numerosas
+reflexiones... Pobre señor cura, buena falta le hace tener diplomacia...</p>
+
+<p>&mdash;Sí&mdash;respondió la abuela contrariada por el sesgo que tomaba la
+conversación.&mdash;La diplomacia ha sido siempre una cosa tan hábil como
+inteligente.</p>
+
+<p>&mdash;Es verdad&mdash;dije después de unos momentos de reflexión,&mdash;más vale
+rodear las dificultades que tomarlas por asalto... ¿Sabes, abuela, que
+no debe de ser agradable ocuparse de tantas fruslerías cuando parece que
+el alma no debiera ser atraída más que por las grandes cosas?...</p>
+
+<p>&mdash;Ve a decir a Celestina que su proyecto no es de una importancia
+capital, y verás cómo te recibe.</p>
+
+<p>&mdash;Pobre Celestina... ¿En qué consiste que el cerebro llega a estrecharse
+hasta ese punto?</p>
+
+<p>&mdash;No creo que el de Celestina haya tenido nunca una amplitud notable...</p>
+
+<p>&mdash;Lo admito, en cuanto a Celestina. Pero ¿crees que es una excepción?</p>
+
+<p>&mdash;No, hija mía. Ese es uno de los escollos del celibato, pues, en mi
+concepto, hay más peligro de mezquindad en la mujer que vive sola que en
+la que tiene marido e hijos. Al contacto de las inteligencias que se
+mueven alrededor suyo, es más difícil que una mujer se disminuya,
+intelectualmente hablando: su cerebro, en vez de disminuir, tiene
+tendencia a ensancharse. Lejos de atrofiarse en la tristeza de la
+soledad, se expansiona en los goces de la familia... Realmente, habría
+mucho que hablar respecto de esto...</p>
+
+<p>&mdash;¡Oh! abuela&mdash;protesté con vehemencia,&mdash;no se puede decir que una vida
+está truncada cuando se tiene la dicha de vivir sin un marido, sin un
+dueño, y libre de tantas vicisitudes...</p>
+
+<p>&mdash;Admitamos que exagero en cuanto a algunas; pero me concederás que
+muchas solteronas participan de mi opinión. No todas tienen tus ideas y
+las hay que se resignan difícilmente al celibato.</p>
+
+<p>&mdash;Las hay que no se resignan&mdash;exclamé riendo al recordar a la Bonnetable
+y su mal humor.</p>
+
+<p>&mdash;Y bien, puesto que somos del mismo parecer, al menos en ciertos casos,
+es fácil que nos entendamos. Tomemos por ejemplo, si quieres, una
+soltera que lo es a pesar de sus deseos más sinceros. ¿Crees que será
+dichosa y apta para ensanchar su horizonte?...</p>
+
+<p>&mdash;Qué sé yo...&mdash;dije con alguna vacilación.</p>
+
+<p>&mdash;Fatalmente tendrá que encerrarse en su concha. En lugar de tener una
+piedad sincera e ilustrada, sus desilusiones la impulsan a los extremos
+de la exaltación religiosa. Será una fanática de las pequeñas
+devociones, de las pequeñas distracciones y de las ocupaciones pequeñas.
+Pisoteará sin escrúpulo la reputación del prójimo, y se creerá en el
+camino del infierno si falta a un rosario o a un sermón. Después, si no
+tiene el corazón bastante noble para entregarse por completo a todos, no
+pensará más que en sí misma, se replegará en su alma, en su cerebro y en
+su conciencia. A fuerza de investigar sus propios pensamientos y sus más
+ínfimos deseos, llegará a inspeccionar al prójimo de un modo igualmente
+meticuloso. Poco a poco pensará menos en sus defectos que en los de los
+demás. ¡Ah! Magdalena, una vida truncada es terrible para ella misma y
+para los otros. La malevolencia sistemática engendra tantas
+catástrofes...</p>
+
+<p>&mdash;Sí&mdash;respondí un poco pensativa,&mdash;la solterona, tal como tú la pintas,
+vive en un martirio perpetuo. Todo el calor desocupado de su corazón se
+transforma y se pierde... Da en hiel lo que hubiera debido prodigar en
+miel... ¡Pobre solterona!...</p>
+
+<p>&mdash;Sí, por lo mismo que compadezco con toda mi alma a esas víctimas de la
+vida, no querría, hija mía, verte tomar un camino semejante...</p>
+
+<p>&mdash;Yo no soy de la madera de esas solteronas... Yo no deseo casarme, sé
+pensar y no estoy desocupada... No, tranquilízate; si permanezco soltera
+tendré siempre el alma igual y alegre y seré un ejemplo extraordinario
+de felicidad en el celibato.</p>
+
+<p>&mdash;Quién sabe...&mdash;murmuró la abuela pasándose la mano por la
+frente.&mdash;Quién sabe... Dios te preserve de las tempestades del corazón,
+mi querida nieta... Pero&mdash;dijo de pronto para ahuyentar la
+melancolía,&mdash;nos hemos extraviado de Celestina... Cierra la esquela del
+cura para que yo pueda entregársela, y no hables de esto a la buena
+mujer. Si sospechase que estamos al corriente de su paso, guardaría
+rencor al señor cura por esta indiscreción, permitida sin embargo.</p>
+
+<p>&mdash;¡Rencor de solterona!&mdash;exclamé fingiendo un escalofrío.&mdash;¡Qué cosa tan
+espantosa!...</p>
+
+<p>Esperaba yo ver en Celestina los efectos de una cruel decepción, como
+vajilla rota, platos echados a perder, gruñidos, empujones... Pero no,
+Celestina estuvo de buen humor todo el día y hasta le oí cantar a voz
+en cuello un cántico a la Virgen.</p>
+
+<p>La esperanza permanece en el fondo de su corazón, es cierto. Ha llegado
+tarde este año, pero el que viene... ¡Pobre Santa Catalina! Ya puede
+aprovechar lo poco que le queda... ¡Viva San Pablo!...</p>
+
+
+
+<p class="fecha">25 de noviembre.</p>
+
+
+<p>Hoy gran fiesta para las solteras, jóvenes y viejas.</p>
+
+<p>A primera hora, esta mañana, Celestina, de muy buen humor, se paseaba en
+su cocina con ardor febril.</p>
+
+<p>&mdash;Pero, mujer, te estás cansando&mdash;le dije con conmiseración.</p>
+
+<p>&mdash;No&mdash;exclamó alegremente...&mdash;Quiero que el té de la señora sea
+perfecto. Eso hará rabiar a Mariana, la cocinera de la señorita
+Bonnetable&mdash;añadió con la cara llena de satisfacción.</p>
+
+<p>&mdash;¿Por qué ha de rabiar?</p>
+
+<p>&mdash;La señorita sabe bien que en el último té de la señorita Bonnetable
+los pasteles de chocolate estaban quemados.</p>
+
+<p>&mdash;¡Ah! y los tuyos...</p>
+
+<p>&mdash;Los míos son siempre perfectos&mdash;respondió Celestina con
+vehemencia.&mdash;Además&mdash;dijo entre dientes,&mdash;he prometido dos centavos a
+San Antonio si sale bien la gran merienda.</p>
+
+<p>Esa gran merienda de que habla Celestina con énfasis, es un simple té
+que todos los años, el 25 de noviembre, ofrece la abuela a sus amigas y
+a las mías solteras. De un año a otro Celestina piensa con ardor en la
+cantidad de novedades que podrá introducir en los pasteles y por toda
+recompensa no ambiciona más que cumplimientos, lo que, entre paréntesis,
+no le falta, pues todas conocen su flaco y la adulan.</p>
+
+<p>A las dos y media empezó a oírse la campanilla. Genoveva, Petra, Paulina
+y Francisca llegaron de las primeras. Siguioles de cerca la señorita
+Sarcicourt. La Bonnetable, no habiendo podido digerir la «incalificable
+agresión» de que fue objeto de parte de Francisca y de la mía, se había
+excusado. Llegaron después la señorita Fontane, encantadora solterona
+por convicción; la señorita Melanval, presidenta de no sé cuántas
+asociaciones y ligas, y cuya única ocupación consiste en apuntar en una
+cartera los nombres de las nuevas adherentes a sus queridas obras; la
+señora Roubinet, de buena conversación, muy farsante y demasiado ocupada
+en procurar su efecto personal para pensar mucho en los demás, con lo
+que va ganando una sólida reputación de benevolencia que nadie piensa en
+discutir. Faltaron otras dos amigas de la abuela, que estaban
+resfriadas.</p>
+
+<p>Por disposición de la abuela, que temía las ocurrencias de Francisca y,
+un poco, las mías, toda la juventud ocupaba el «rincón de las malas
+cabezas.» Las personas serias rodeaban a la abuela.</p>
+
+<p>Como yo estaba un poco silenciosa, contra mi costumbre, Petra me
+interpeló de repente:</p>
+
+<p>&mdash;Pero di algo, Magdalena; estás en las nubes. Parece que no oyes lo que
+se dice.</p>
+
+<p>&mdash;En efecto&mdash;respondí,&mdash;estaba distraída mirando al grupo de la abuela.</p>
+
+<p>&mdash;¡Ah!&mdash;exclamó Petra tan desdeñosa como si se tratara del pobre
+teniente Cotorrac.&mdash;¿Te interesan esas señoritas?</p>
+
+<p>&mdash;Mucho. Estaba pensando precisamente que la señorita Fontane debe de
+ser una solterona por vocación...</p>
+
+<p>&mdash;Pienso como tú&mdash;exclamó Genoveva.</p>
+
+<p>&mdash;Sí, se ve la buena voluntad... Observad qué armoniosa es toda su
+persona. La mirada, la sonrisa, la voz, el gesto, todo respira el
+contento.</p>
+
+<p>&mdash;¿Y la señorita Roubinet?&mdash;prosiguió Genoveva.&mdash;¿Creéis que no acusa
+una satisfacción perfecta?</p>
+
+<p>&mdash;Sí&mdash;respondí,&mdash;pero no es lo mismo. La Roubinet finge la satisfacción
+de cabeza y la Fontane posee la de corazón.</p>
+
+<p>&mdash;¿Y la Melanval, la encuentran ustedes bien armonizada?&mdash;preguntó
+Paulina, que habla poco y escucha mucho.</p>
+
+<p>&mdash;Esa es el colmo de la satisfacción&mdash;respondió Francisca, absorta hasta
+entonces en algún pensamiento íntimo, y que pareció que se despertaba de
+repente.&mdash;¡Cómo! tener la presidencia de tantas cosas y poseer el honor
+de apuntar en su libro de memorias los nombres de tantas personas... es
+un goce que renace sin cesar... Se está a la cabeza de una sociedad con
+tan poderoso juego en las manos... Se acabó en Aiglemont el privilegio
+de la aristocracia&mdash;añadió echando a Petra una mirada maliciosa;&mdash;ahora
+es el reinado de la virtud... Por otra parte, sólo al ver el modo que
+tiene la Melanval de mover las plumas del sombrero, de colocar la cabeza
+y de hacer reverencias, se comprende su inefable dicha, al lado de la
+cual no es nada la felicidad paradisíaca...</p>
+
+<p>&mdash;La Sarcicourt no participa de esa felicidad&mdash;hizo observar
+Genoveva.&mdash;Vean ustedes cómo contrastan sus aires modestos y su palidez
+con la amable animación de la Fontane y con la alegría de la Roubinet al
+buscar una frase o una cita.</p>
+
+<p>&mdash;Veo que te vuelves burlona, Genoveva&mdash;le dije amenazándola con el
+dedo.</p>
+
+<p>La única respuesta de Santa Genoveva como nosotras la llamamos, fue una
+fina sonrisa.</p>
+
+<p>&mdash;¡Ay!&mdash;exclamó de pronto Francisca levantando al techo unos ojos
+desesperados;&mdash;qué fastidioso es pasar la vida con solteronas...</p>
+
+<p>&mdash;Veo que sigues con tan poco gusto por ese glorioso estado&mdash;dijo
+Genoveva con compasión.</p>
+
+<p>&mdash;Tengo tanto horror al celibato&mdash;respondió Francisca,&mdash;que me siento
+con malas disposiciones hacia las solteras... Soy capaz de todas las
+bajezas por atrapar un marido...</p>
+
+<p>&mdash;Yo no&mdash;respondió Petra con un movimiento de protesta.&mdash;Si deseo
+casarme, al menos estoy segura de no ir hasta la bajeza. Los Brenay no
+han cometido jamás malas acciones...</p>
+
+<p>&mdash;Tampoco los Dumais&mdash;replicó orgullosamente Francisca.&mdash;Pero&mdash;terminó
+con filosofía,&mdash;alguna vez han de empezar...</p>
+
+<p>&mdash;Francisca exagera&mdash;se apresuró a decir Genoveva para evitar toda
+protesta nuestra.&mdash;Francisca exagera siempre...</p>
+
+<p>&mdash;Nada de eso; no exagero&mdash;exclamó Francisca.&mdash;Quiero casarme y me
+casaré&mdash;añadió con un fruncimiento de cejas que envejeció de un modo
+extraño su cara, de ordinario tan animada.</p>
+
+<p>&mdash;¿Y tú, Paulina?&mdash;pregunté para evitar otra declaración de principios
+de Francisca.</p>
+
+<p>&mdash;Yo&mdash;dijo Paulina ligeramente sorprendida por la pregunta,&mdash;haré lo que
+quiera mamá.</p>
+
+<p>&mdash;¡Dios mío! qué paloma...&mdash;murmuró Francisca con despecho.&mdash;Esto se
+llama un carácter fácil...</p>
+
+<p>&mdash;¿Por qué no he de hacer lo que quiera mamá?&mdash;replicó Paulina
+asombrada.&mdash;Mamá no puede querer más que mi bien.</p>
+
+<p>&mdash;Sí, sí&mdash;respondió Francisca muy nerviosa.&mdash;Déjate conducir y guiar...
+No pienses... No hables... No andes... Tu mamá hará todo eso por ti...</p>
+
+<p>&mdash;¡Oh! Francisca...</p>
+
+<p>&mdash;Y si necesitas sonarte, espera que tu madre te prepare el pañuelo, so
+mema...</p>
+
+<p>&mdash;¡Oh! Francisca...&mdash;volvió a decir la pobre Paulina completamente
+enfadada esta vez.</p>
+
+<p>&mdash;Ea, no hables tú ahora como mi madre&mdash;exclamó Francisca cada vez más
+exasperada.&mdash;Me fastidias y me irritas...</p>
+
+<p>&mdash;¡Vamos, niñas!... ¿Qué pasa?&mdash;preguntó la abuela desde el extremo del
+salón.</p>
+
+<p>&mdash;Pasa, señora, que estoy muy enfadada&mdash;respondió Francisca.</p>
+
+<p>&mdash;Venid un poco con nosotras; nuestro juicio corregirá vuestra
+exuberancia.</p>
+
+<p>&mdash;No, no, voy a decir tonterías... No me llamen ustedes a su lado.</p>
+
+<p>&mdash;Sí&mdash;respondió mi querida abuela con indulgencia.&mdash;Estando prevenidas
+no nos asustaremos.</p>
+
+<p>&mdash;Sí, sí, vengan ustedes, señoritas&mdash;insistió la Melanval, la presidenta
+de las presidentas...&mdash;Tengo justamente una nueva obra que
+presentarles...</p>
+
+<p>&mdash;¡Ah!&mdash;exclamó Francisca precipitándose de un salto a la silla que le
+indicaba la abuela a su lado.&mdash;Si es una obra para casar a las muchachas
+en busca de marido, cuente usted conmigo.</p>
+
+<p>Todas nos echamos a reír al instalarnos junto al grupo serio.</p>
+
+<p>&mdash;¿Está usted tan descontenta de su suerte?&mdash;preguntó la Fontane con su
+amabilidad habitual.</p>
+
+<p>&mdash;Murmurar o quejarse&mdash;dijo sentenciosamente la Roubinet,&mdash;es oponerse a
+las leyes universales...</p>
+
+<p>&mdash;¿Es usted quien ha inventado eso, señorita?&mdash;preguntó Francisca con
+fingida dulzura volviéndose hacia la oradora.</p>
+
+<p>&mdash;No Francisca&mdash;respondió la Roubinet con una modestia tan afectada como
+la dulzura de Francisca.&mdash;Esas palabras son de Federico el Grande.</p>
+
+<p>&mdash;¡Un prusiano!... ¡Qué horror!... ¿Cómo puede usted citar frases de un
+enemigo de Francia?&mdash;objetó Francisca lo más seria que pudo.</p>
+
+<p>&mdash;El genio no tiene patria&mdash;respondió la Roubinet convencida.</p>
+
+<p>&mdash;Internacionalista y solterona... Es el colmo... ¡Ah!&mdash;añadió Francisca
+cada vez más nerviosa,&mdash;no quiero quedarme soltera...</p>
+
+<p>&mdash;¿Sueña usted con el acuerdo de dos almas hermanas?&mdash;preguntó la
+Roubinet, que no pensaba en enfadarse por las ocurrencias de
+Francisca.&mdash;Lo comprendo... Encontrar en la vida una alma a nuestro
+diapasón... ¡Qué ideal!...</p>
+
+<p>&mdash;La verdad es que me importa poco el diapasón&mdash;respondió
+Francisca.&mdash;Hasta consiento en dar el sí bemol cuando mi alma hermana dé
+el la natural... Pero, por amor de Dios que me encuentren un marido...</p>
+
+<p>&mdash;Pero, Francisca, ¿qué tiene usted? Algo ha debido de ocurrirle, porque
+no la conozco...</p>
+
+<p>&mdash;Sí&mdash;respondió francamente Francisca.&mdash;Me ha ocurrido, que se
+presentaba un pretendiente para mí, y mis 2.000 pesos de dote le han
+puesto en fuga... como de costumbre.</p>
+
+<p>&mdash;¿No tenía fortuna?&mdash;preguntó la abuela.</p>
+
+<p>&mdash;No, señora, ninguna. 500 pesos de sueldo por toda renta.</p>
+
+<p>&mdash;Con los intereses de los 2.000 pesos&mdash;dijo la Sarcicourt,&mdash;pongamos 80
+pesos, el total de 580. ¿Espera usted vivir con esa cifra?</p>
+
+<p>&mdash;¿Por qué no?&mdash;respondió ingenuamente Francisca.</p>
+
+<p>&mdash;Es posible vivir con 580 pesos&mdash;replicó la abuela,&mdash;pero con otra
+educación que la de usted.</p>
+
+<p>&mdash;Eso es lo que ha dicho el pretendiente&mdash;confesó con franqueza
+Francisca.&mdash;¿Creerá, usted, señora&mdash;añadió,&mdash;que ese caballero llegó a
+querer convencer a papá de que cuando no se tienen más que 2.000 pesos
+de dote se impone otra educación que la mía?</p>
+
+<p>&mdash;¿Si?&mdash;dijo la abuela interesada.&mdash;¿Y qué respondió el señor Dumais?</p>
+
+<p>&mdash;Papá se enfadó al principio, y cuando volvió a casa regañó a mamá
+diciendo que su debilidad era la causa de este nuevo incidente.</p>
+
+<p>&mdash;Pobre señora de Dumais&mdash;gimió la Sarcicourt.&mdash;Es tan buena...</p>
+
+<p>&mdash;Demasiado buena&mdash;dijo la abuela entre dientes.&mdash;De modo&mdash;siguió
+diciendo más alto,&mdash;que no se casa usted, Francisca...</p>
+
+<p>&mdash;¡Ay!&mdash;respondió la aludida,&mdash;mis pretendientes no cesan de correr...
+Señorita&mdash;dijo yendo a arrodillarse delante de la Melanval,&mdash;¿no tiene
+usted una liga por pequeña que sea, que se ocupe de las jóvenes
+casaderas?... Si no la hay debiera haberla... Sería cien veces más
+útil&mdash;terminó levantándose,&mdash;que todas esas ligas que fastidian a todo
+el mundo...</p>
+
+<p>&mdash;¡Francisca!&mdash;dijo la abuela con cierto tono de severidad,&mdash;va usted a
+decir tonterías, hija mía.</p>
+
+<p>&mdash;Sí, es verdad... Me callo&mdash;respondió Francisca con esa gracia
+irresistible que hace que se le perdonen todas sus imprudencias.</p>
+
+<p>&mdash;No comprendo&mdash;dijo la Fontane,&mdash;el horror que usted manifiesta por el
+celibato... Eso estaba bien en otro tiempo, pero hoy le aseguro a usted
+que está bien visto el quedarse soltera.</p>
+
+<p>&mdash;No, amiga mía&mdash;respondió vivamente la abuela.&mdash;Eso es inadmisible.</p>
+
+<p>&mdash;Sin embargo&mdash;añadió la Fontane reprimiendo una fuerte gana de
+reír,&mdash;estamos aquí cuatro representantes del celibato, sin contar la
+quinta&mdash;dijo echando una mirada a Genoveva,&mdash;y no veo lo que tenemos de
+reprensible.</p>
+
+<p>&mdash;Eso depende de los motivos que han ocasionado en cada una el celibato.
+Los hay que yo admito y otros que no&mdash;terminó la abuela, ya descontenta
+al ver que iba yo a caer en mi tema favorito.</p>
+
+<p>&mdash;¿Cuáles son esos motivos admitidos?&mdash;suspiró la Sarcicourt,&mdash;¿es
+indiscreto preguntarlo?</p>
+
+<p>&mdash;De ningún modo, querida amiga&mdash;dijo la abuela, ya en pleno buen
+humor.&mdash;El padre Tomás, explicando este asunto a mi nieta, los enumeró
+bastante sumariamente. Voy a tratar de recordarlos para complacer a
+usted, aunque estoy muy cansada.</p>
+
+<p>&mdash;No se tome usted esa molestia, señora&mdash;interrumpió la Fontane.&mdash;Ese
+asunto le es a usted antipático y voy a tratar de reemplazar a usted.
+Creo&mdash;continuó, mirando a la Sarcicourt,&mdash;que una de las primeras
+razones que impulsan al celibato es la abnegación.</p>
+
+<p>&mdash;¡La abnegación!&mdash;exclamó la Roubinet con todo el ardor de una persona
+que nunca ha sabido lo que es eso.&mdash;¡Qué poesía en ese motivo!... ¡Qué
+suavidad!...</p>
+
+<p>&mdash;Hay muchos géneros de abnegación&mdash;hizo observar Genoveva.</p>
+
+<p>&mdash;En efecto, puede una sacrificarse de mil modos&mdash;repuso la Fontane muy
+risueña.</p>
+
+<p>&mdash;Se trata de encontrar el bueno&mdash;dijo Francisca, que generalmente
+proclama que la abnegación es un asunto de edad y de temperamento.</p>
+
+<p>&mdash;Todos son buenos&mdash;respondió la Fontane.&mdash;Entre la abnegación de una
+hija que se consagra a sus padres y la de una hermana que se sacrifica
+por sus hermanos menores, no sé, en verdad, a cuál dar la preferencia.
+Aquí son los padres muertos que dejan una familia que criar; allí unos
+padres pobres o enfermos a quienes hay que atender o cuidar... Se puede
+una quedar al lado de un hermano soltero para cuidarle la casa... Un
+hermano que se queda viudo necesita a su hermana para vigilar a los
+pequeños, dirigir a los mayores y ser una madre para todos... Un hermano
+sacerdote nos reclama... Una hermana enferma nos absorbe... Y luego,
+fuera de la familia, se encuentran nobles causas de abnegación...</p>
+
+<p>&mdash;Dios mío&mdash;interrumpió Francisca,&mdash;bastantes hay ya; no añada usted
+más...</p>
+
+<p>&mdash;¡Niña mimada!... Debe usted comprender, Francisca&mdash;siguió diciendo la
+Fontane,&mdash;que hay almas que sienten la necesidad de sacrificarse por el
+prójimo en un marco más ancho que el de la familia. Existen muchas
+nobles hermanas de la caridad, seglares.</p>
+
+<p>&mdash;Sí&mdash;respondió Francisca poco convencida,&mdash;para las almas hermosas
+puede tener atractivos todo eso... Para las almas inferiores como la
+mía, no tiene ninguno.</p>
+
+<p>&mdash;Yo creí, Francisca&mdash;dijo la abuela con tono de reproche,&mdash;que tenía
+usted corazón.</p>
+
+<p>&mdash;Mi corazón se atrofia en el celibato&mdash;respondió Francisca sin
+miramientos.&mdash;Siento que me voy volviendo mala...</p>
+
+<p>&mdash;Buena solterona&mdash;murmuró Petra a la sordina.&mdash;Esto promete para el
+porvenir.</p>
+
+<p>&mdash;Entonces, Francisca&mdash;dijo la Fontane,&mdash;no es usted de aquellas a
+quienes retiene en la pendiente del matrimonio un sentimiento de pudor
+virginal...</p>
+
+<p>&mdash;Absolutamente&mdash;respondió Francisca con la inconsciente franqueza que
+brilla en todas sus palabras y que le vale tantas críticas.&mdash;¿Existen,
+pues, casos de ese género?...</p>
+
+<p>&mdash;Ciertamente. ¡Cuántas almas temen los rozamientos de la vida!...</p>
+
+<p>&mdash;Sí&mdash;hizo observar la Melanval bajando púdicamente los párpados,&mdash;el
+matrimonio no es un modo de existencia propio de las naturalezas finas y
+delicadas...</p>
+
+<p>&mdash;¡Oh!&mdash;protestaron la abuela, Francisca y Petra.</p>
+
+<p>&mdash;Yo misma&mdash;continuó la presidenta,&mdash;me he estremecido siempre de horror
+al pensar que un caballero hubiera podido besarme...</p>
+
+<p>&mdash;Entonces&mdash;exclamó Francisca,&mdash;no tenía usted más que besarlo la
+primera, y así...</p>
+
+<p>&mdash;¡Francisca!&mdash;dijeron todas a coro.&mdash;<i>Schoking</i>...</p>
+
+<p>&mdash;Francisca razona como una niña caprichosa&mdash;respondió la
+Melanval.&mdash;Habrá que cuidar esa imaginación&mdash;añadió un poco
+descontenta.&mdash;Si no pone usted remedio se va a destruir cerebro, corazón
+y alma. Mala pendiente, hija mía; muy mala pendiente...</p>
+
+<p>&mdash;¿Qué le voy a hacer?&mdash;suspiró Francisca en tono burlón.&mdash;Es el efecto
+en mí del celibato... Hay jóvenes que se vuelven de azúcar, como
+Genoveva; hay otras que se ponen más agrias que un limón, como yo... No
+comprendo por qué tienen ustedes todas, trazas de encontrar magnífico
+ese sentimiento de pureza virginal de que hablan. Eso es bueno para una
+monja, pero cuando no se siente una llamada hacia Dios...</p>
+
+<p>&mdash;Ciertas almas&mdash;respondió la Fontane,&mdash;prefieren su blancura de armiño
+a todos los goces de la vida... Ese sentimiento purísimo es
+infinitamente respetable, tanto como hermoso.</p>
+
+<p>&mdash;Y muy raro&mdash;dijo la abuela echando a Francisca una mirada terrible
+para que no dijera alguna nueva tontería.</p>
+
+<p>&mdash;Es muy difícil el saberlo exactamente&mdash;respondió la Fontane.&mdash;La
+pureza extrema siendo silenciosa, las almas que han huido del matrimonio
+para sacrificarse a ese deseo virginal, no lo cuentan generalmente. Es
+un secreto entre ellas y Dios.</p>
+
+<p>&mdash;¡Secreto ideal!... ¡Secreto de amor!...&mdash;murmuró la Roubinet con la
+cara satisfecha de un niño que está comiendo dulces.</p>
+
+<p>&mdash;En materia de secretos de amor&mdash;dijo la Fontane,&mdash;hay también
+afecciones interrumpidas por la muerte, la traición o cualquiera otra
+causa. Esas afecciones dejan en el corazón de ciertas jóvenes una huella
+bastante profunda para que no sea posible otro amor... No habiendo
+podido casarse con el que amaban, esos corazones fieles prefieren vivir,
+envejecer y morir solos...</p>
+
+<p>&mdash;¡Ah!&mdash;dijo Francisca estremeciéndose.&mdash;Nos deja usted heladas... Si
+eso es el amor no le quiero.</p>
+
+<p>&mdash;¡Qué hermoso es el amor!&mdash;murmuró la Roubinet.</p>
+
+<p>&mdash;Muy hermoso&mdash;replicó la abuela,&mdash;pero muy peligroso para cabezas
+jóvenes.</p>
+
+<p>&mdash;No para la mía&mdash;objetó Francisca triunfante.</p>
+
+<p>&mdash;¿Quién sabe?...&mdash;exhaló Genoveva en un aliento apenas perceptible.</p>
+
+<p>&mdash;Una de las causas más frecuentes de celibato&mdash;dijo la Fontane,&mdash;es
+tener un carácter demasiado independiente.</p>
+
+<p>&mdash;Detestable causa&mdash;exclamó la abuela dirigiéndome un suspiro.</p>
+
+<p>&mdash;No es ese mi caso&mdash;afirmó la Sarcicourt, que temía probablemente que
+se le imputase semejante disposición.&mdash;En mi vida he sabido lo que era
+tener ideas fijas y personales...</p>
+
+<p>&mdash;¡Pobre amiga!&mdash;respondió Francisca llena de lástima.</p>
+
+<p>&mdash;Esa independencia de carácter&mdash;continuó la Fontane,&mdash;no sólo es un
+motivo de celibato del lado femenino, sino que asusta también a no pocos
+jóvenes. ¿Qué vamos a hacer&mdash;piensan&mdash;de una mujer autoritaria y
+déspota?...</p>
+
+<p>&mdash;Ahogarla&mdash;exclamó Francisca pensando en la Bonnetable y en el deseo ya
+formulado.</p>
+
+<p>&mdash;Es un remedio un poquito radical&mdash;opinó la Sarcicourt, que no está por
+las medidas violentas.</p>
+
+<p>&mdash;No se emplea casi nunca&mdash;respondió la Fontane.&mdash;Existe, por otra
+parte, el contraste de la independiente, y es la joven a quien todo
+asusta, la que teme las responsabilidades del matrimonio y rehuye la
+carga de almas que ese estado lleva consigo.</p>
+
+<p>&mdash;¡Qué valentía!&mdash;exclamó Genoveva riendo.&mdash;Eso huele a las Cruzadas,
+¿eh, Petra?</p>
+
+<p>Petra se encogió de hombros amablemente sin decir nada.</p>
+
+<p>&mdash;El divorcio y la inseguridad en el matrimonio&mdash;prosiguió la
+Fontane,&mdash;provocan igualmente la vocación del celibato en algunas
+muchachas...</p>
+
+<p>&mdash;Lo que pasa en el mundo es verdaderamente espantoso... ¡Qué negro
+abismo!&mdash;exclamó la Melanval.</p>
+
+<p>&mdash;«Corromper y ser corrompido, ha dicho Tácito, es lo que se llama el
+siglo»&mdash;dijo la Roubinet orgullosa de su frase.</p>
+
+<p>&mdash;Por fortuna&mdash;observó la Melanval,&mdash;tenemos obras para evitar todos
+esos peligros... Así, la obra de la reforma social...</p>
+
+<p>&mdash;No es suficiente&mdash;terminó Francisca con un resplandor malicioso en los
+ojos.&mdash;Haría falta una obra de los desengañados, una unión de las
+separadas, una liga contra los divorcios, una federación de celosas, y
+qué sé yo cuántas cosas más... ¿Tiene usted una asociación contra el
+celibato obligatorio?... Pues sería de primera utilidad. Admitirá usted
+fácilmente que si los motivos enumerados por la señorita Fontane
+impulsan al celibato, hay otros que le crean... sin impulsar a él...</p>
+
+<p>&mdash;Ciertamente&mdash;respondió la Fontane con sonrisa burlona.&mdash;La
+insuficiencia del dote cuando se es gastadora, es una de esas causas
+temibles y temidas.</p>
+
+<p>&mdash;Esto es lo que se llama recibir una estocada&mdash;articuló
+Francisca.&mdash;<i>Mea culpa</i>... <i>Mea culpa</i>...</p>
+
+<p>&mdash;Los pretendientes toman miedo a las mujeres que les llevarían tan
+graves motivos de alarma.... Además, hay que tener en cuenta las
+presunciones de las muchachas que se estiman en un alto valor, siendo
+así que...</p>
+
+<p>&mdash;Que no valen gran cosa...&mdash;concluyó Petra.&mdash;Me reconozco a mi vez...
+<i>Mea máxima culpa</i>...</p>
+
+<p>&mdash;¿Para qué tantas pretensiones?&mdash;preguntó la Melanval.</p>
+
+<p>&mdash;Es muy sencillo&mdash;respondió Petra.&mdash;Yo deseo el nombre, la familia, la
+fortuna, la respetabilidad, las relaciones y un físico agradable.</p>
+
+<p>&mdash;¡Mucho es eso!&mdash;exclamó la Melanval.</p>
+
+<p>&mdash;Tengo veinte mil pesos de dote...</p>
+
+<p>&mdash;Es poco&mdash;hizo constar la Melanval.&mdash;Hagamos un pequeño sacrificio...
+¿El nombre?</p>
+
+<p>&mdash;Imposible... ¿Un matrimonio desigual?... Horror...</p>
+
+<p>&mdash;La familia va con el nombre. ¿La fortuna?...</p>
+
+<p>&mdash;Jamás... Se va el dinero de las manos sin echarlo de ver.</p>
+
+<p>&mdash;Entonces&mdash;replicó la Melanval un poco extrañada&mdash;no queda nada que
+sacrificar, pues la respetabilidad es necesaria. Como no sea el
+físico...</p>
+
+<p>&mdash;Me es indispensable&mdash;respondió sencillamente Petra.</p>
+
+<p>&mdash;¡Bah! ya irá usted rebajando, hija mía&mdash;dijo la abuela con su dulce
+filosofía.&mdash;Y quiera Dios que no sea tarde&mdash;suspiró pensando en el
+teniente Cotorrac.</p>
+
+<p>&mdash;Es lo que yo digo algunas voces a mamá&mdash;dijo Paulina un poco confusa
+por no ser de la opinión de su madre.&mdash;Mamá, que me quiere mucho, sueña
+para mí con una situación brillante, y... con diez mil pesos de dote...
+no sé si...</p>
+
+<p>&mdash;¿Si conquistarás esa situación?&mdash;acabó Francisca riéndose.&mdash;Creo que
+no, mi pobre Paulina... Rebaja pronto... pronto... Ya quisiera yo tener
+que rebajar algo&mdash;gimió Francisca,&mdash;pero no puedo disminuir mis
+pretensiones a no ser que me case con un gañán, con un marmitón o con un
+mono vestido, lo que está lejos de ser tentador.</p>
+
+<p>&mdash;¡Ah!&mdash;suspiró la Sarcicourt;&mdash;no estamos ya en los tiempos en que la
+gente se contentaba con una choza y un corazón...</p>
+
+<p>&mdash;¡Dichosa época!&mdash;exclamó la Roubinet.&mdash;Pero si no tenemos ya esas
+graciosas costumbres, sepamos acomodarnos, como decía Máximo del Camp,
+al tiempo en que vivimos; sólo en esto reside el gran arte de la vida.</p>
+
+<p>&mdash;La falta de salud&mdash;dijo la Fontane, llevando la conversación a su
+punto de partida,&mdash;asusta también a muchos pretendientes. ¿Qué hacer de
+una mujer enferma?...</p>
+
+<p>&mdash;Cuidarla&mdash;murmuró Francisca con irónica piedad.&mdash;Pero esos hombres son
+tan detestables enfermeros...</p>
+
+<p>&mdash;Es cierto&mdash;dijo la abuela,&mdash;que se debería vigilar escrupulosamente la
+salud de la mujer lo mismo que la del hombre en todos los matrimonios,
+y, en caso de incertidumbre, prohibirles una unión llena de peligros.</p>
+
+<p>&mdash;¡Cómo!&mdash;exclamó asombrada.&mdash;Ahora es la abuela partidaria del
+celibato... ¡Qué conquista!...</p>
+
+<p>&mdash;¿Y dónde me dejan ustedes el amor al estudio y la pasión por las
+artes?&mdash;interumpió la Roubinet.&mdash;En nuestra época hay muchas jóvenes
+que prescinden del matrimonio para seguir esa vía privilegiada.</p>
+
+<p>&mdash;¡Bah!&mdash;dijo la abuela.&mdash;¿Son las jóvenes sabias y las artistas en flor
+las que renuncian al matrimonio, o es el matrimonio el que no las
+quiere?</p>
+
+<p>&mdash;La estadística se calla en este punto&mdash;respondió la Roubinet
+ligeramente confusa.&mdash;Pero he leído con gran satisfacción la vida de
+ciertas solteronas sabias o artistas&mdash;dijo con su énfasis habitual.</p>
+
+<p>&mdash;¡Oh!&mdash;exclamó Petra.&mdash;Creo que sueña usted.</p>
+
+<p>&mdash;No, por cierto&mdash;insistió la Roubinet.&mdash;Así, en literatura...</p>
+
+<p>En este momento entró Celestina con una bandeja cargada de pasteles de
+perfumes variados, e interrumpió a la Roubinet.</p>
+
+<p>&mdash;Suplico a usted que espere un poco&mdash;dije a la oradora.&mdash;Déjeme servir
+el té, pues sentiría mucho no oír a usted.</p>
+
+<p>&mdash;Vaya usted, vaya, Magdalena&mdash;respondió la Roubinet muy halagada por mi
+petición.</p>
+
+<p>&mdash;¡Qué delicioso perfume de flor de azahar!&mdash;exclamó Francisca
+apoderándose de un plato de mostachones para presentárselo a las
+invitadas.&mdash;Es un perfume de circunstancias... Hoy, fiesta de Santa
+Catalina, todo debe ser flor de azahar.</p>
+
+<p>&mdash;¡Oh!&mdash;dijo haciendo monadas la Roubinet,&mdash;yo prefiero unas gotas de
+ron en el té... Si me hace usted el favor, Magdalena...</p>
+
+<p>&mdash;¡Cuidado!&mdash;exclamó Francisca;&mdash;el ron es un perfume de coraceros...</p>
+
+<p>&mdash;No me importa&mdash;aseguró la Roubinet,&mdash;mi estómago le recibe muy bien.</p>
+
+<p>&mdash;El mío no&mdash;dijo dulcemente la Sarcicourt.&mdash;El médico me prohíbe los
+licores fuertes... Una gotita de leche, Magdalena, si usted gusta.</p>
+
+<p>Cada cual tuvo al fin lo que deseaba, y la conversación se volvió a
+animar.</p>
+
+<p>&mdash;¿Cree usted&mdash;dijo Genoveva dirigiéndose a la Roubinet,&mdash;que las
+solteronas cuentan en sus filas muchas literatas distinguidas?</p>
+
+<p>&mdash;¡Cómo! Genoveva&mdash;dijo la Fontane,&mdash;¿olvida usted a nuestra ilustre
+Eugenia de Guerín?...</p>
+
+<p>&mdash;No, pensaba en ella, así como en Clarisa Bader y en la Bremer. Pero no
+conozco muchas más.</p>
+
+<p>&mdash;¡Cómo!&mdash;exclamó la Roubinet con indignación.&mdash;¿No conoce usted a la
+señorita de Marchef, que compuso un libro titulado «<i>Las mujeres, su
+pasado, su presente y su porvenir...</i>»? ¿Ni a la señorita Bertin, que
+hizo un volumen coronado por la Academia Francesa y hasta compuso dos
+óperas?... Hay además Miss Frances Brown, poetisa; Miss Martineau, la
+ilustre filósofa de opiniones un poco atrevidas... Miss Cummins, Miss
+Sedwick, Miss Wetherell, Miss Lothropp, Miss Johnson, americanas cuyas
+obras habrá usted leído; Miss Pardoc y Miss Kavanagh, novelistas
+inglesas; las señoritas Poulet y Luisa Stappaerts, poetisas belgas; la
+señorita Gatti de Gamond, prosista de mérito; las señoritas Fleuriot,
+Marechal y Monniot, cuyas obras han hecho la dicha de las generaciones
+nuevas, y no sé cuántas más...</p>
+
+<p>&mdash;¡Qué diluvio!&mdash;exclamó la abuela.&mdash;¡Cómo las solteronas tienen la
+pluma tan intemperante!... Ya no me extraña que Magdalena...</p>
+
+<p>&mdash;¡Abuela!&mdash;imploré.</p>
+
+<p>&mdash;La pintura&mdash;prosiguió la Roubinet poseída de su asunto&mdash;cuenta también
+solteronas de talento. No citaré a usted más que dos de las más
+ilustres: la gran artista holandesa María Van-Osterroyek, que vivió en
+el siglo <span class="smcap">XVII</span>, y nuestra gran francesa Rosa Bonheur...</p>
+
+<p>&mdash;¡Qué nombres y qué artistas!... Cuánto celebro ver que las solteronas
+están tan favorecidas...</p>
+
+<p>&mdash;¿Por qué no habían de serlo?&mdash;preguntó la Melanval.&mdash;Las solteras
+encierran bastantes mujeres de bien para tener el derecho de
+enorgullecerse con las mujeres de talento que figuran en sus filas.</p>
+
+<p>&mdash;Con más motivo&mdash;añadió la abuela,&mdash;porque no pueden ustedes citar
+personas vivas. Nada asegura que no se casarán...</p>
+
+<p>&mdash;Sí&mdash;dijo la Fontane,&mdash;se han visto casos en estos últimos tiempos.</p>
+
+<p>&mdash;Hablen ustedes de las mujeres de bien&mdash;dijo la Melanval;&mdash;será más
+edificante...</p>
+
+<p>&mdash;Ahí tenemos a Celestina&mdash;exclamó Francisca dirigiendo una sonría a la
+anciana criada que entraba en este instante para llevarse las tazas del
+té y todo lo que nos molestaba. Pero Celestina hizo como que no había
+oído.</p>
+
+<p>&mdash;Las mujeres de bien solteronas son demasiado numerosas&mdash;siguió
+diciendo la Fontane.&mdash;Creo que habría que nombrarlas todas para no
+cometer error. ¿Qué solterona no ha contribuido al bien de la familia o
+de la sociedad?...</p>
+
+<p>&mdash;La señorita Bonnetable&mdash;aseguró Francisca.</p>
+
+<p>&mdash;Silencio, Francisca,&mdash;exclamó la abuela.&mdash;El carácter de la señorita
+Bonnetable no le impide ser muy buena en el fondo.</p>
+
+<p>&mdash;Sí, señora&mdash;respondió Francisca,&mdash;en el último fondo, en el sitio que
+no se ve ni se oye, es buena y dulce como el azúcar.</p>
+
+<p>&mdash;Niña cruel&mdash;dijo la abuela encogiéndose de hombros.</p>
+
+<p>&mdash;Lo cierto es&mdash;siguió diciendo la Melanval,&mdash;que la mayor parte de
+nuestras obras tienen como presidentas o como fundadoras mujeres
+solteras... Sería imposible hacer una lista...</p>
+
+<p>&mdash;No veo la dificultad&mdash;dijo Francisca disimulando un bostezo.&mdash;No hay
+más que coger la nomenclatura de los premios de virtud en la Academia;
+eso no puede servir de base.</p>
+
+<p>&mdash;Detestable burlona&mdash;murmuró la Melanval contrariada. Y añadió
+dirigiéndose a la Fontane:&mdash;creo que hay que convenir entre nosotras que
+si todas las mujeres de bien no son solteras, en cambio todas las
+solteras son mujeres de bien.</p>
+
+<p>&mdash;¡Felices ellas!&mdash;exclamó Petra.&mdash;Ese es un panegírico bien sentido...</p>
+
+<p>&mdash;En un día de Santa Catalina era obligatorio,&mdash;repuso Francisca.&mdash;Y por
+cierto que han olvidado ustedes el citar a esta pobre santa entre las
+ilustres solteronas... Tengo una vaga idea de que fue una filósofa
+distinguida.</p>
+
+<p>&mdash;Y una mártir incomparable&mdash;añadió la Melanval santiguándose.&mdash;¡Buena
+Santa Catalina!...</p>
+
+<p>&mdash;<i>Ora pro nobis</i>&mdash;exclamaron a la vez Petra y Francisca que se reían
+con toda su alma.</p>
+
+<p>&mdash;No, no&mdash;dijo Francisca dando un salto;&mdash;no queremos formar parte de la
+corporación.</p>
+
+<p>&mdash;Y tienen ustedes razón, hijas mías&mdash;respondió la abuela siempre llena
+de indulgencia por las jóvenes deseosas de casarse.&mdash;Recen ustedes a
+San José y será mucho mejor...</p>
+
+<p>&mdash;Además&mdash;añadió la Roubinet mirando a Francisca con intención,&mdash;al
+rezar a nuestro gran patriarca cuide usted de conservar su gracia y su
+humor apacible:</p>
+
+<p class="poem">
+<span style="margin-left: 2em;">Con la sonrisa en los labios</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">Y con la gracia en los ojos</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">La virtud es aún más bella...</span><br />
+</p>
+
+<p>&mdash;Bonitos versos&mdash;dijo la abuela.&mdash;¿De quién son?</p>
+
+<p>&mdash;De uno de mis autores favoritos&mdash;respondió la Roubinet muy contenta
+por haber hecho efecto.&mdash;Son de Laprade.</p>
+
+<p>&mdash;¿Laprade?&mdash;murmuró Francisca reuniendo sus recuerdos.&mdash;Creo haber
+leído algo de ese buen señor... ¡Qué aburrido era!...</p>
+
+<p>Genoveva y Paulina trataron de hacer callar a Francisca, pero fue inútil
+felizmente, pues sus palabras se perdieron en el ruido de las
+despedidas.</p>
+
+<p>&mdash;Espera&mdash;me dijo Francisca al oído al tiempo de despedirse de la
+abuela,&mdash;voy a dejar con la boca abierta a la Roubinet con mi erudición.
+Escucha bien.</p>
+
+<p>Y haciendo una graciosa reverencia a la abuela, Francisca declamó con
+gracia:</p>
+
+<p class="poem">
+<span style="margin-left: 2em;">Si el tiempo se va, señora,</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">Nosotras también nos vamos...</span><br />
+</p>
+
+<p>Una risa general acogió esta nueva broma de Francisca, que había
+encontrado medio de desnaturalizar el pensamiento del poeta.</p>
+
+<p>&mdash;Delicioso&mdash;exclamó la Roubinet extasiada.&mdash;Yo conozco estos versos,
+pero no recuerdo el nombre del autor... Venga usted al socorro de mi
+memoria infiel, Francisca.</p>
+
+<p>&mdash;Esos versos son de uno de mis autores favoritos&mdash;parodió
+Francisca.&mdash;Son de Ronsard...</p>
+
+<p>&mdash;¡De Ronsard!&mdash;exclamó la Roubinet sofocada.</p>
+
+<p>&mdash;Sí, señorita&mdash;terminó Francisca,&mdash;rabie usted... Usted no nos ha dado
+más que Laprade...&mdash;Y repitió con una mueca desdeñosa:&mdash;Laprade...</p>
+
+<p>Todas exclamaron en coro en medio de las risas que reinaban:</p>
+
+<p>&mdash;¡Oh! Francisca...</p>
+
+
+
+<p class="fecha">3 de diciembre.</p>
+
+
+<p>He pasado una gran parte del día en la Catedral. Hoy era la fiesta de
+Santa Catalina, fiesta parroquial tan sólo, pero interesante por el gran
+número de personas a quienes se refiere.</p>
+
+<p>¡Cuántas distracciones tuve en la misa mayor!</p>
+
+<p>Aunque salí de la casa con buenas disposiciones de fervor, mi
+insoportable imaginación hizo de las suyas. Hasta el Ofertorio todo fue
+bien, pero en ese momento, curiosa de reflexionar un poco sobre la
+innumerable cantidad de solteronas que desfilaban delante de mi vista,
+me extravié completamente.</p>
+
+<p>En seguida clasifiqué a las personas que pasaban en mis tres grandes
+divisiones:</p>
+
+<p>Solteronas voluntarias.</p>
+
+<p>Solteronas resignadas.</p>
+
+<p>Solteronas recalcitrantes.</p>
+
+<p>Vuelta a casa, continué mis meditaciones y he aquí lo que llegué a poner
+en claro en conjunto.</p>
+
+<p>La solterona voluntaria, diga lo que quiera el padre Tomás, se distingue
+a primera vista. Es viva, aunque sea reumática y sobre todo si es
+nerviosa. Su fisonomía es apacible y animada, su mirada benévola y su
+sonrisa bondadosa.</p>
+
+<p>La resignada es melancólicamente trivial: mirada apagada, sonrisa
+triste, modo de andar frío. A diez pasos y aun de más lejos se la conoce
+de una mirada.</p>
+
+<p>La recalcitrante es... recalcitrante. ¡Qué aspecto de mal genio!... En
+lugar de la sonrisa amable de la primera y de la dulzura borrosa de la
+segunda, es enteramente alarmante. Mirada dura, labios secos, modo de
+andar irritado. En vano se esfuerza la piedad por dar a su fisonomía un
+aspecto de ternura; se ve el esfuerzo y no se adivina la paz.</p>
+
+<p>Irremediablemente formadas en mi mente las tres grandes divisiones, pasé
+a las subdivisiones.</p>
+
+<p>Las solteronas voluntarias se reclutan evidentemente entre las que se
+han dejado guiar en la elección de su existencia por motivos de
+abnegación, o un sentimiento de pureza virginal, o el recuerdo de una
+afección muerta, o el amor de la independencia, o ese vago esceptismo
+que se apodera de tantas jóvenes, o por el temor de las
+responsabilidades, espantosas en efecto para quien reflexiona.</p>
+
+<p>El amor al estudio y a las artes hace descontentas o satisfechas, según
+que el celibato proviene de la libre elección o del encadenamiento de
+las circunstancias. Estas, según sus tendencias personales, se vuelven
+entonces resignadas, si son de humor acomodaticio, o sublevadas si
+pertenecen a la categoría de las violentas.</p>
+
+<p>La misma observación respecto de la falta de salud. La solterona se ha
+sustraído por sí misma al matrimonio o la han sustraído. En la primera
+suposición, su alma tranquila y estoica impone silencio a su corazón y
+le da los medios de llegar a las dulzuras del celibato voluntario. En
+la segunda, se lamenta, se entristece, no piensa más que en su mala
+salud, envidia la suerte de las jóvenes más favorecidas en este concepto
+y acaba por dar un ejemplo notable de rebelión en el celibato.</p>
+
+<p>&mdash;Sin mi mala salud&mdash;murmura,&mdash;hubiera podido casarme... A mi mala salud
+debo, pues, el tener que vivir sola...</p>
+
+<p>&mdash;En cuanto a la insuficiencia de dote o a la exageración de
+pretensiones, que hace que una solterona sería feliz al aceptar a los
+cuarenta años el partido que ha renunciado a los veinte, no creo
+engañarme haciendo de esos dos motivos la causa inicial del gran
+ejército de las recalcitrantes.</p>
+
+<p>Estas recalcitrantes no han renunciado al matrimonio; son los
+pretendientes los que no han querido presentarse. Por una parte, el dote
+era tan pequeño y tan desproporcionado con la fortuna, que era imposible
+que los hombres de buen sentido se arriesgasen a la gran aventura del
+matrimonio con semejantes jóvenes. Por otra parte, el dote estaba tan
+poco en relación con las pretensiones emitidas, que había pretendientes
+que no se atrevían a pedir lo que otros no se dignaban solicitar.</p>
+
+<p>En las pequeñas poblaciones es cosa corriente que la joven de buena
+familia, sin dote o con uno muy pequeño, participe de la educación y de
+los placeres de las muchachas ricas: piano torturado, pintura profanada,
+fútiles trabajos de aguja de los que enseñan a una joven a apasionarse
+por lo superfino cuando no tiene siquiera lo necesario...</p>
+
+<p>Todos estos tipos de solteronas viven juntas en medio del alegre
+concierto de burlas imparcialmente distribuidas a todas sin distinción
+de mérito.</p>
+
+<p>Cuando se quiere designar un carácter susceptible se dice:</p>
+
+<p>&mdash;Es una solterona.</p>
+
+<p>Cuando se habla de un espíritu estrecho y vulgar, se exclama con mirada
+desdeñosa:</p>
+
+<p>&mdash;Qué se puede esperar de una solterona...</p>
+
+<p>Si se trata de una devoción mal comprendida, todo el mundo se encoge de
+hombros y murmura:&mdash;Es una verdadera solterona...</p>
+
+<p>Si por casualidad se hace alusión a costumbres rutinarias, al egoísmo o
+a las conversaciones agridulces, todos repiten:</p>
+
+<p>&mdash;Qué propio es de una solterona...</p>
+
+<p>Para pintar un traje extravagante se exclama:</p>
+
+<p>&mdash;Vaya una facha de solterona...</p>
+
+<p>Si por ventura recae la conversación sobre la pasión de los gatos, de
+los perros, de los pájaros o de los cintajos amarillos, brota un grito
+unánime:</p>
+
+<p>&mdash;Gustos de solterona...</p>
+
+<p>En fin, última y suprema ofensa, si se quiere calificar a alguna persona
+profundamente inútil a la sociedad, todos proclaman:</p>
+
+<p>&mdash;Inútil como una solterona...</p>
+
+<p>Véase cómo la solterona se convierte en un objeto antipático cuando
+debiera ofrecer el más singular de los atractivos, el de un enigma que
+descifrar.</p>
+
+
+
+<p class="fecha">9 de diciembre.</p>
+
+
+<p>¡Cuántas mudanzas en lo que constituye una vida de joven soltera!...
+Ayer todo era tranquilidad absoluta; hoy empiezo de nuevo a subir el
+calvario de una muchacha casadera... ¡Qué fastidio!... Y pensar que es
+el padre Tomás a quien debo esta resurrección de las complicaciones.</p>
+
+<p>Esta mañana me previno la abuela que deseaba hacer conmigo algunas
+visitas por la tarde. A las dos subí a mi cuarto para ponerme el traje
+de rigor, cuando la abuela me hizo sufrir un examen imprevisto.</p>
+
+<p>&mdash;¿Qué vestido te pones?</p>
+
+<p>&mdash;El gris, corte de sastre.</p>
+
+<p>&mdash;El gris... No, yo preferiría el azul marino con aquella linda pechera
+que tan bien te sienta. Debajo del abrigo de pieles ligeramente
+entreabierto, hace muy bien...</p>
+
+<p>&mdash;Pero yo no tengo conquistas que hacer, abuela... ¿Cree usted útil que
+me ponga el traje número uno?...</p>
+
+<p>&mdash;Sí... sí... ¿Qué sombrero?...</p>
+
+<p>&mdash;El Santos Dumont.</p>
+
+<p>&mdash;No, ese no... Ponte más bien el de la pluma amazona que te sienta
+maravillosamente sobre tu cabello rubio.</p>
+
+<p>&mdash;¿Maravillosamente?... Bueno, abuela.</p>
+
+<p>Me vestí muy pensativa... ¿Qué significaban esas precauciones
+inusitadas?... ¿Qué las idas y venidas de la abuela, que ha salido estos
+días varias veces de tapadillo?... Verdaderamente todo esto me parecía
+poco claro y empezaba a temer seriamente un atentado premeditado contra
+mi libertad, cuando tomé confianza al ver que la abuela se dirigía, y me
+dirigía por consiguiente, hacia el Colegio Libre.</p>
+
+<p>&mdash;En casa del padre Tomás&mdash;murmuré para mis adentros,&mdash;no hay nada que
+temer... La feria del matrimonio no tiene allí puesto.</p>
+
+<p>Llamé, pues, con todo el candor de una perfecta quietud y no encontré
+extraordinario que el cura no estuviese solo. Muy ocupado en hablar de
+buenas obras con un caballero bastante feo, que parecía un tarro de
+tabaco, el cura nos acogió, sin embargo, con una alegría muy
+halagüeña... Evidentemente no había la menor mala intención en aquellos
+ojos eternamente maliciosos ni en aquella risa tan franca.</p>
+
+<p>La abuela, no queriendo interrumpir la conversación de aquellos señores,
+se confundió en excusas y suplicó al cura que nos dejase aprovechar sus
+luces comunes continuando su plática.</p>
+
+<p>El caballero tarro de tabaco nos fue presentado. Se llama Teodoro
+Baurepois y practica como especialidad la salvación de Francia. Tuvimos
+el gusto de oír interesantes cosas sobre el socialismo cristiano, los
+círculos obreros, la protección de los patronos, los retiros y un
+diluvio de teorías... El caballero habla bien y se expresa con
+facilidad y hasta con elegancia. El padre Tomás parece que le da gran
+importancia y le exhibe como una coqueta enseñaría una sortija.</p>
+
+<p>La abuela, por discreción, hizo una visita muy corta. Mi inocencia no
+sospechó del señor de Baurepois, el cual no me parecía de la madera de
+que se hacen los maridos.</p>
+
+<p>En casa de la Bonnetable, olvidada ya de su enfado, esperé en vano al
+señor en honor del cual me había puesto mi traje azul y el sombrero cuya
+pluma, etc.</p>
+
+<p>En casa de la señora de Ribert, ni sombra de pretendiente.</p>
+
+<p>En casa de la Roubinet, nada más que un diluvio de flores de retórica.</p>
+
+<p>En casa de la Sarcicourt, absolutamente nada...</p>
+
+<p>Me resigné fácilmente a pensar que el pretendiente&mdash;porque debía de
+haberlo&mdash;había llegado tarde al tren.</p>
+
+<p>&mdash;Otro día será&mdash;pensé con alguna angustia ante la idea de volver a
+empezar las fases de mi atavío de conquista.</p>
+
+<p>La abuela se encargó de desengañarme con una pregunta tan brusca como
+imprevista.</p>
+
+<p>&mdash;¿Qué te parece el señor de Baurepois, Magdalena?</p>
+
+<p>&mdash;Muy feo&mdash;respondí con indiscutible sinceridad.</p>
+
+<p>&mdash;Sí, no es un Adonis, ya lo sé... Pero su corazón... su inteligencia...</p>
+
+<p>&mdash;Su corazón, abuela, parece muy vasto a juzgar por la extensión y el
+número de las obras a que se dedica... Su inteligencia debe de tener
+las mismas dimensiones... Seguramente es un alma poco vulgar...</p>
+
+<p>&mdash;¡Ah! querida&mdash;exclamó la abuela besándome con efusión.&mdash;Qué dichosa
+soy al oírte juzgar así al señor Baurepois... Temía que su físico...</p>
+
+<p>&mdash;¿Su físico?...&mdash;respondí disimulando una sonrisa.</p>
+
+<p>&mdash;Sí, temí que te impresionase contra él... Pero el padre Tomás, que es
+un hombre de gran talento, me había dicho que él conduciría la
+conversación de manera que quedases conquistada...</p>
+
+<p>&mdash;¿Conquistada?... Entonces se conquista ahora a las muchachas con
+discusiones sociales...</p>
+
+<p>&mdash;Las muchachas serias&mdash;respondió la abuela ligeramente
+ofendida,&mdash;tienen así ocasión de apreciar a un pretendiente... ¿Qué más
+quieren?</p>
+
+<p>Solté una carcajada vibrante, prolongada, interminable.</p>
+
+<p>&mdash;De modo, abuela, que el señor de Baurepois era un pretendiente...</p>
+
+<p>&mdash;Ciertamente&mdash;balbuceó la abuela.&mdash;¿Por qué no?</p>
+
+<p>&mdash;¿Y el padre Tomás ha tratado de encontrar una conversación seductora?</p>
+
+<p>&mdash;Seguramente&mdash;dijo la abuela, que no comprendía mis preguntas.</p>
+
+<p>&mdash;Pues bien, el señor de Baurepois es horrible y su conversación...
+cargante, como diría Francisca.</p>
+
+<p>&mdash;¡Oh! estas muchachas...</p>
+
+<p>&mdash;Figúrate una conferencia entre un señor que quiere salvar a Francia y
+su pobre mujer... Cada uno de sus desengaños recaerá en la
+desgraciada... Cada <i>meeting</i> fracasado será una ocasión de
+recriminaciones... Cada <i>speech</i> interrumpido constituirá un motivo de
+discordia... Y los artículos de los periódicos... Y los ataques
+personales... Y las perfidias de los amigos políticos... Figúrate el
+despertar por la mañana: «¡Ah! amiga mía, <i>La Linterna</i> se va a meter
+conmigo»&mdash;«No, amigo mío.»&mdash;«Sí sí, siento que voy a recibir alguna cosa
+desagradable.»&mdash;«Pero mi pobre Teodoro, te alarmas sin motivo.»&mdash;«Pues
+si no es <i>La Linterna</i>, será <i>La Acción</i>.»&mdash;«Nada de eso, está
+tranquilo. Además, <i>La Autoridad</i> te defenderá si te atanca.»&mdash;«¿Tú
+crees?»&mdash;«<i>La Autoridad</i> está en el caso de administrarme una paliza
+disimulada... Me defenderá criticándome.»&mdash;«Pues bien, amigo, espera
+para apurarte a que ocurran todas estas cosas.»&mdash;«¡Ah! así sois las
+mujeres, descuidadas, frívolas, egoístas... El padre Tomás me ha
+engañado sobre tu carácter. No tienes nada de lo que hace falta para un
+hombre de mi valía.» ¡Ay! abuela, no quiero despertar de esta manera...</p>
+
+<p>La abuela se encogió de hombros.</p>
+
+<p>&mdash;¡Qué niñada, Magdalena!... Estás desbarrando... Y yo que esperaba que
+la belleza moral del señor de Baurepois...</p>
+
+<p>&mdash;Permíteme, abuela. No niego la belleza moral del señor de Baurepois...
+Es hasta probable que si yo conociera a ese señor un poco más, me
+gustaría bastante para olvidar a la larga las imperfecciones físicas que
+me ciegan por el momento. Esa belleza moral está demasiado oculta... El
+salvar a Francia es hermoso, no digo que no, pero, entre nosotras, yo no
+tengo tanta ambición. Mi alma burguesa estaría más conforme con una
+dicha más tranquila y menos ilusoria... Un marido que me hiciera feliz
+es todo lo que yo pediría.</p>
+
+<p>&mdash;Y bien, el señor Baurepois...</p>
+
+<p>&mdash;Temo que me aburriría mortalmente.</p>
+
+<p>&mdash;Trate usted de gustar a una muchacha...&mdash;murmuró la abuela con una
+desesperación que hubiera sido cómica a no ser tan sincera.&mdash;Oye&mdash;me
+dijo dejándome para no ceder a la tentación de regañarme,&mdash;quiero creer
+que no es esa tu última palabra. Tengo los informes más perfectos sobre
+el señor de Baurepois. Como fortuna y como relaciones no encontrarás
+cosa mejor... Es un hombre serio... Reflexiona.</p>
+
+<p>Y la abuela desapareció sin dejarme decir una palabra.</p>
+
+<p>De modo que estoy lucida... Después del señor Desmaroy, el señor de
+Baurepois... De Escila a Caribdis... ¡Qué agradable situación la de una
+joven casadera!...</p>
+
+
+
+<p class="fecha">16 de diciembre.</p>
+
+
+<p>La abuela acepta difícilmente mi negativa respecto del señor de
+Baurepois, dice que me porto como un chorlito y lamenta mi deplorable
+obstinación.</p>
+
+<p>El padre Tomás, aunque más conciliador, confiesa que le ha sorprendido
+desagradablemente lo que él llama el fracaso de mi inteligencia y de mi
+razón.</p>
+
+<p>&mdash;Rehusar un joven ocupado en cuestiones tan elevadas... Y yo, que creía
+que su conversación había encantado a usted...</p>
+
+<p>&mdash;Me interesó, señor cura, lo que no es lo mismo. El interés está lejos
+del encanto...</p>
+
+<p>Por la gesticulación del cura se ve que no comprende mi estado de alma y
+que no se da cuenta tampoco de la psicología de un corazón de muchacha.</p>
+
+<p>La de Ribert y Genoveva son más indulgentes conmigo. Sin dejar de apoyar
+a la abuela ponderándome las ventajas de una unión con el señor de
+Baurepois, una de las fuerzas del partido militante conservador, han
+depuesto las armas las primeras.</p>
+
+<p>&mdash;No ha llegado la hora de Magdalena, ha dicho la de Ribert a Genoveva.
+Cuando esa hora suene, discutirá menos... Su convicción se formará sola
+y ella misma reclamará el derecho de casarse con el que le haya gustado.</p>
+
+<p>&mdash;¡Oh! señora&mdash;respondí con cierta melancolía,&mdash;renuncio a conocer jamás
+esa hora... Jamás podré acostumbrarme a ese modo de casarse...</p>
+
+<p>&mdash;Pero, Magdalena&mdash;dijo la buena Genoveva,&mdash;todo el mundo se casa así en
+nuestra sociedad.</p>
+
+<p>&mdash;Sí&mdash;respondí suspirando,&mdash;el matrimonio de inclinación es considerado
+como un suceso raro y muy peligroso. Todos predican las peores
+calamidades a los que se dejan llevar al matrimonio por un cariño
+apasionado. Lo que no obsta para que yo encuentre odioso casarse en las
+condiciones ordinarias...</p>
+
+<p>Estaba yo tan nerviosa por las interminables discusiones que había
+tenido que sostener con la abuela en los últimos días, que me eché a
+llorar. Genoveva me abrazó.</p>
+
+<p>&mdash;¡Oh! no llores, Magdalena... Qué niña eres... Nadie te obliga a
+casarte... Sé razonable...</p>
+
+<p>Razonable... Que si quieres... Cada vez lloraba más... La de Ribert
+parecía consternada y Genoveva, para consolarme, acabó por llorar
+también.</p>
+
+<p>&mdash;No llore usted así, Magdalena, hija mía... Su abuela de usted no
+piensa obligarla al matrimonio.</p>
+
+<p>&mdash;No, señora&mdash;respondí entre dos sollozos,&mdash;pero todas ustedes me
+encuentran poco razonable y novelesca porque no puedo decidirme a
+casarme con un hombre a quien no conozco. Es ese juicio lo que me hace
+daño, mucho daño en el corazón...</p>
+
+<p>&mdash;¡Bah! tontuela, nadie juzga a usted así&mdash;me dijo con bondad la de
+Ribert.&mdash;No llore usted más, no sea niña...</p>
+
+<p>&mdash;Tranquilízate&mdash;añadió Genoveva enjugándose los ojos, muy
+encarnados.&mdash;Te lo ruego; me das pena...</p>
+
+<p>Al fin logré dominarme y me decidí a guardarme el pañuelo en el
+bolsillo.</p>
+
+<p>&mdash;Vamos, ¿se acabó la pena?&mdash;me preguntó amablemente la de Ribert
+dándome un beso.</p>
+
+<p>&mdash;Así lo espero&mdash;dije mientras se me saltaban otra vez las lágrimas por
+el tono de la pregunta y por el beso maternal de la buena señora.</p>
+
+<p>En cuanto me tranquilicé un poco, expliqué a aquellas señoras que había
+algo en mí que se negaba absolutamente al matrimonio con un desconocido.</p>
+
+<p>&mdash;Sí&mdash;exclamé,&mdash;no puedo, no podré nunca decidirme...</p>
+
+<p>&mdash;Pues bien&mdash;respondió la de Ribert, que comprendió que no era el
+momento de insistir,&mdash;espere usted, la cosa no corre prisa... Si Dios
+quiere que usted se case, él sabrá enviarle el marido que la convenga.</p>
+
+<p>&mdash;Sí, sí&mdash;añadió Genoveva.&mdash;Hablemos de las solteronas... Eso distraerá
+a Magdalena.</p>
+
+<p>Pronto recobró mi alegría su vivacidad habitual. Al contar mis últimas
+impresiones sobre mi asunto favorito, hablé del deseo de saber lo que
+piensan los hombres que no se casan.</p>
+
+<p>&mdash;¿Para qué?&mdash;preguntó la de Ribert un poco asombrada.</p>
+
+<p>&mdash;Para comprender sus motivos de celibato. Puesto que hay solteronas
+recalcitrantes que lo son a pesar suyo, tendría curiosidad de saber los
+motivos que alegan esos caballeros para despreciarlas de ese modo.</p>
+
+<p>&mdash;La falta de dote y las pretensiones de las jóvenes casaderas son
+motivos suficientes&mdash;dijo Genoveva.&mdash;No veo qué más puedes desear para
+informarte...</p>
+
+<p>&mdash;Sí&mdash;repliqué&mdash;hay además otra cosa. No me harás creer que el egoísmo
+está bastante extendido en la tierra para que no haya otros motivos
+serios que expliquen ese abandono del matrimonio... Además&mdash;añadí
+bajando los ojos a la chimenea, que ostentaba un hermoso fuego,&mdash;no
+pueden ustedes figurarse qué curiosa estoy por saber si hay entre los
+hombres algunos que piensen como yo... Debo de poseer un alma hermana
+que se asuste de casarse con una desconocida.</p>
+
+<p>&mdash;¿Y quisieras conocer a esa alma hermana?&mdash;preguntó con curiosidad
+Genoveva sonriendo.</p>
+
+<p>&mdash;Puede ser&mdash;dije sintiendo que me ponía colorada.&mdash;Quisiera al menos
+saber si existe...</p>
+
+<p>&mdash;Vean ustedes esta joven razonable que quisiera hacer un estudio del
+natural&mdash;exclamó la de Ribert sonriendo...&mdash;Después de todo&mdash;añadió
+después de una corta vacilación,&mdash;¿por qué no?...</p>
+
+<p>&mdash;¡Cómo!&mdash;exclamó Genoveva.&mdash;¿Qué diría la de Sermet?</p>
+
+<p>&mdash;Sí, comprendo, hija mía, pero no se trata de Magdalena... ¿Por qué no
+he de hacer yo lo que no puede hacer ella? Yo tengo ya la edad de la
+razón.</p>
+
+<p>&mdash;¡Oh! señora&mdash;exclamé con ardor arrojándome en sus brazos.&mdash;¡Qué buena
+es usted!...</p>
+
+<p>&mdash;No, no tan buena... Sabe usted que hace mucho tiempo que me ocupo en
+cuestiones femeninas... Me gusta tener datos precisos. Algunas veces,
+esto entre nosotras, he escrito a un periódico para obtener informes...
+Ese periódico se llama «Preguntas y Respuestas». Inserta las preguntas
+que se le envían, y entre sus lectores o lectoras, hay siempre personas
+de buena voluntad que dan una respuesta cualquiera... ¿Quiere usted que
+trate de tener lo que desea en su lugar?...</p>
+
+<p>&mdash;Sí, pero ¿cómo?&mdash;dije interesada.</p>
+
+<p>&mdash;No es difícil poner un anuncio pidiendo las noticias que deseamos. Los
+que quisieran dar respuesta dirigirían sus misivas al periódico, y éste
+me las transmitiría bajo sobre con iniciales.</p>
+
+<p>&mdash;¡Oh! sí&mdash;respondí llena de entusiasmo.&mdash;Haga usted eso por mí,
+señora... Genoveva, corramos a pedir permiso a la abuela...</p>
+
+<p>&mdash;No, ve tú sola&mdash;dijo Genoveva riendo de mi entusiasmo.&mdash;Tu abuela se
+va a enfadar y no me atrevo a ser yo la que haga semejante petición.</p>
+
+<p>&mdash;Anda Genoveva, te lo suplico&mdash;dije abrazándola.&mdash;La abuela te lo
+concederá todo... Sabe que eres tan buena y razonable...</p>
+
+<p>&mdash;¿Qué hago?&mdash;preguntó Genoveva a su madre.&mdash;¿Debo arriesgarme?</p>
+
+<p>&mdash;Sí&mdash;respondió la de Ribert.&mdash;Bien puedes hacer eso por Magdalena.</p>
+
+<p>El tiempo de echarse una falda, de ponerse los guantes y el sombrero, y
+Genoveva estuvo pronta a acompañarme a casa de la abuela, que se quedó
+sorprendida de nuestra entrada repentina. Costole mil trabajos ponerse
+al corriente de lo que queríamos y empezó por llenarse de indignación en
+cuanto supo poco más o menos de lo que se trataba. Se calmó un poco al
+oír las dulces razones de Genoveva y acabó por enviarnos al padre
+Tomás, sin cuya opinión no podía pasarse en semejante caso.</p>
+
+<p>&mdash;La cosa se sale tanto de las conveniencias...&mdash;murmuró la pobre abuela
+consternada.&mdash;En verdad, no sé si estáis locas o si soy yo la que no
+está en el movimiento de ideas moderno... ¡En qué siglo vivimos!...</p>
+
+<p>Genoveva nos acompañó a casa del padre Tomás, que, felizmente para
+nosotras, tiene la indignación menos fácil que la abuela. El cura
+escuchó con atención las explicaciones de Genoveva, la cual se abstuvo,
+sin embargo, de hablar de mi deseo de encontrar un alma hermana. Un poco
+sorprendido al principio, movió largo tiempo la cabeza antes de
+responder... Era seguro que vacilaba.</p>
+
+<p>&mdash;¡Dios mío!&mdash;dijo por fin,&mdash;si fuese Magdalena la que pusiera ese
+anuncio, diría que era imposible de todo punto...</p>
+
+<p>&mdash;Así lo comprende mamá&mdash;hizo observar Genoveva.</p>
+
+<p>&mdash;Pero la señora de Ribert, a quien todo el mundo conoce como mujer
+seria, inteligente y ocupada en trabajos intelectuales, puede
+perfectamente hacer lo que le plazca. No veo ninguna razón para negar la
+autorización solicitada.</p>
+
+<p>&mdash;Entonces, señor cura, suplico a usted dos letras para la abuela...
+Sería capaz de no creernos...</p>
+
+<p>&mdash;Esperen ustedes&mdash;dijo el cura lleno de condescendencia.</p>
+
+<p>Cogió una tarjeta y escribió debajo:</p>
+
+<p>«¿Por qué impedir el vuelo de un pajarillo? Hay más grandeza verdadera
+en lanzarse por encima de lo convencional que en permanecer
+obstinadamente atado a lo vulgar...</p>
+
+<p>»Todos mis respetos.»</p>
+
+<p>&mdash;Gracias, señor cura, gracias de todo corazón&mdash;exclamé con un intenso
+acento de triunfo.</p>
+
+<p>&mdash;Calma, calma...&mdash;dijo el cura.&mdash;Si su cerebro de usted se pone en
+ebullición, retiro el permiso...</p>
+
+<p>Una dulce sonrisa de Genoveva le tranquilizó. Y nos fuimos rápidamente a
+casa. Celestina tuvo mil trabajos para seguirnos a nuestro paso.</p>
+
+<p>&mdash;Abuela&mdash;dije con expresión vencedora dándole la carta del cura,&mdash;aquí
+tienes la respuesta que esperabas.</p>
+
+<p>La abuela se sujetó las gafas con cuidado, cogió la tarjeta, la leyó, la
+releyó, la meditó y dijo finalmente encogiéndose de hombros:</p>
+
+<p>&mdash;El cura descarrila... y vosotras también.</p>
+
+<p>&mdash;¡Oh! abuela&mdash;dije horriblemente alarmada,&mdash;¿niegas el permiso?</p>
+
+<p>&mdash;No... haz lo que quieras. Francamente, no puedo hacerme a estas
+costumbres nuevas... Escribir a un periódico... Poner un anuncio... ¡Y
+qué anuncio!...</p>
+
+<p>&mdash;Gracias, abuela, gracias de todos modos&mdash;exclamé con transporte.</p>
+
+<p>&mdash;No hay de qué&mdash;respondió la abuela.&mdash;Pasa por el mundo entero una
+especie de viento de locura... No me habléis más de todo esto&mdash;concluyó
+volviéndonos la espalda.</p>
+
+<p>La de Ribert, que esperaba una oposición obstinada de la abuela, se
+quedó sorprendida de nuestro éxito.</p>
+
+<p>&mdash;Bueno&mdash;dijo alegremente,&mdash;aprovechemos el permiso y ocupémonos del
+anuncio. Aquí tenéis el que he redactado durante vuestra ausencia.</p>
+
+<p class="top5">«Persona seria que hace estudios sobre las solteronas, desea conocer los
+motivos que alejan a los hombres del matrimonio. Respuesta a las
+iniciales A. B. C. Oficinas del periódico.»</p>
+
+<p class="top5">&mdash;¿Qué pensáis de esto?</p>
+
+<p>&mdash;¡Perfecto!&mdash;exclamé saltando de alegría.&mdash;Pronto, un sobre... ¡Oh!
+señora, qué agradecimiento... Qué feliz soy...</p>
+
+<p>&mdash;Espere usted, Magdalena&mdash;dijo la pobre señora de Ribert, aturdida por
+mi turbulencia.&mdash;Espere usted; hacen falta aún mil cosas. Qué niña...</p>
+
+<p>Por fin salió la carta... Volví a casa, donde encontré a la abuela casi
+repuesta de su exceso de indignación, y ya me encuentro alegre como...
+me falta término de comparación.</p>
+
+<p>Cuánto quisiera tener rápidamente una respuesta.</p>
+
+
+
+<p class="fecha">22 de diciembre.</p>
+
+
+<p>¡Nada!... No hay respuesta... Qué largo es esto...</p>
+
+<p>Hoy, el día en que recibe la señora de Brenay, hemos ido a verla.
+También ha ido Francisca y su madre, Paulina y la señora de Aimont. Se
+habló mucho del baile blanco que da la señora de Geraumont con motivo de
+los esponsales de su hija, que se casa con un riquísimo banquero. Los
+Geraumont son unos opulentos molineros retirados de los negocios y no
+tienen la suerte de agradar a lo que se llama «la alta sociedad,» que
+les pone mala cara.</p>
+
+<p>&mdash;¿Vas a ese baile, Magdalena?&mdash;me preguntó Petra.</p>
+
+<p>&mdash;Magdalena no sale más que en la intimidad&mdash;respondió la abuela.&mdash;Una
+huérfana no está en su lugar en reuniones muy numerosas.</p>
+
+<p>&mdash;Pero es un baile blanco&mdash;observó la de Brenay.</p>
+
+<p>&mdash;Sí, lo sé; pero es todavía demasiado mundano para Magdalena. ¿Y usted
+ha aceptado?&mdash;preguntó la abuela a la de Brenay.</p>
+
+<p>&mdash;Los Geraumont no son de nuestra sociedad&mdash;respondió la de Brenay
+desdeñosa.</p>
+
+<p>&mdash;¡Ah!&mdash;respondió sencillamente la abuela, que, a pesar de ser
+aiglemontesa, no admite tan sutiles distinciones.&mdash;¿Y usted,
+señora?&mdash;preguntó a la de Aimont.</p>
+
+<p>&mdash;No me halaga el exponerme a bailar con los proveedores&mdash;respondió
+ésta.&mdash;Es un baile de comerciantes, de modo que...</p>
+
+<p>&mdash;Pues nosotros aceptamos&mdash;dijo Francisca antes de que se lo
+preguntaran.&mdash;Siempre encontraremos algunos amigos para hacer banda
+aparte, y será divertido...</p>
+
+<p>&mdash;Y, sobre todo, muy fino para la dueña de la casa&mdash;murmuró la abuela a
+la sordina.</p>
+
+<p>&mdash;Me hace usted reflexionar&mdash;dijo la de Aimont.&mdash;Si estuviera segura de
+encontrar en casa de esa gente personas conocidas, puede que aceptase
+por Paulina... Hay tan pocas distracciones en Aiglemont...</p>
+
+<p>La abuela logró apenas contener una sonrisa que yo adiviné en su mirada
+casi maliciosa. Demasiado inteligente para apreciar mucho esas
+estrecheces tan en boga en Aiglemont, la abuela cambió la conversación,
+que amenazaba ser funesta para los pobres Geraumont.</p>
+
+<p>&mdash;¿No hay ningún matrimonio en el horizonte?&mdash;preguntó sabiendo que así
+complacía a todas aquellas señoras.&mdash;La chica de Geraumont no es, sin
+embargo, la única joven casadera...</p>
+
+<p>En este momento entraron otros visitantes en el salón, con tal
+estrépito, que la conversación se suspendió. Grande fue la sorpresa
+general al ver que eran el padre Tomás y la Melanval que se anonadaban
+mutuamente de testimonios de finura y se negaban a pasar el uno delante
+del otro. Por fin encontraron el secreto de ponerse de acuerdo
+precipitándose los dos a un tiempo a la puerta, lo que produjo un ruido
+espantoso y provocó una risa enorme en el interior del salón.</p>
+
+<p>En cuanto se restableció la calma, siguió la conversación con toda su
+vivacidad.</p>
+
+<p>&mdash;Señor cura&mdash;dijo la de Brenay,&mdash;háganos usted saber lo que piensa del
+desgraciado estado de cosas que íbamos a hacer constar una vez más; la
+dificultad de casar a las jóvenes que tienen un dote mediano...</p>
+
+<p>&mdash;Y a las que le tiene pequeño&mdash;añadió la de Dumais con una convicción
+de las más sinceras.</p>
+
+<p>&mdash;Lo cierto es&mdash;prosiguió la de Aimont,&mdash;que en nuestra población, como
+en otras muchas, hay muchas jóvenes cuyos padres viven en buena
+posición... Esas jóvenes no tienen ni más ni menos atractivos que los
+que tenían sus madres a su edad, y, sin embargo, no encuentran marido...</p>
+
+<p>&mdash;Sí&mdash;convino el padre Tomás.&mdash;Ya he tenido una larga conversación sobre
+esto con la señora de Sermet y Magdalena. Nada se opone a que la
+continuemos... Las condiciones de la vida moderna aumentan
+considerablemente las probabilidades que tiene una muchacha para no
+casarse&mdash;dijo mirándonos una tras otra a todas las jóvenes
+presentes.&mdash;Los hechos están ahí, innegables, casi palpables...</p>
+
+<p>&mdash;Destruya usted esos hechos, señor cura, destrúyalos usted&mdash;interrumpió
+Francisca con su petulancia habitual.&mdash;Es horrible condenarnos con
+hechos... y con hechos palpables...</p>
+
+<p>&mdash;¿Y qué quiere usted que yo le haga?&mdash;objetó el cura.&mdash;En primer lugar,
+nacen indiscutiblemente más mujeres que hombres, al menos en Francia...
+Después la muerte se lleva más pronto a los hombres que a las mujeres,
+lo que hace el elogio de ustedes, señoras&mdash;observó graciosamente el
+cura,&mdash;porque prueba la pureza de su vida. El hombre paga sus locuras o
+sus debilidades... En tercer lugar, la aspereza creciente de la famosa
+lucha por la vida exalta los sentimientos egoístas en el hombre. «Tengo
+bastante para mí&mdash;se dice,&mdash;pero no para tres o cuatro, si tengo
+hijos...» Esta tendencia, por otra parte, no es reciente; Michelet
+hablaba de ella en su libro sobre la mujer.</p>
+
+<p>&mdash;Y bien, ¿por qué no educar a las jóvenes con arreglo a este nuevo
+estado de cosas?&mdash;exclamó la Melanval.</p>
+
+<p>&mdash;Es verdad&mdash;respondió el cura.&mdash;Últimamente he leído un artículo de
+Marcel Prevost...</p>
+
+<p>&mdash;¡Oh!&mdash;balbució la Melanval con espanto.&mdash;Usted lee a Marcel Prevost...</p>
+
+<p>&mdash;¡Los canónigos leen, pues, a Marcel Prevost!&mdash;murmuró Francisca con
+una apariencia de ingenuidad que no engañó a nadie.</p>
+
+<p>&mdash;Los canónigos... no lo sé. En cuanto a los profesores, su deber es
+ponerse al corriente de todo lo que puede ser útil al cumplimiento de su
+misión y...</p>
+
+<p>&mdash;Señor cura&mdash;dijo en tono lastimero la de Dumais,&mdash;perdone usted a
+Francisca.</p>
+
+<p>&mdash;No hay nada en todo esto que necesite perdón. Francisca me hacía una
+pregunta y yo respondo... Los profesores están hechos para
+responder&mdash;añadió el cura con una buena sonrisa.&mdash;Decíamos, pues&mdash;dijo
+reanudando el hilo de sus ideas,&mdash;que Marcel Prevost se ocupaba en la
+cuestión del celibato y va hasta aconsejar que se eduque a las muchachas
+para ese estado. El escritor dirige a las jóvenes un discurso, muy bien
+hecho a fe mía, en el que les dice poco más o menos:</p>
+
+<p>«Soñad con un marido, unos hijos y un hogar; es legítimo. Tratad de ser
+unas muchachas casaderas tan cumplidas, que el dejaros por cuenta
+atestigüe una inverosímil ceguera. Pero concebid paralelamente otro
+porvenir además del matrimonio para el caso de que no os caséis a pesar
+de todo... Sobre todo, no vayáis a meteros en la cabeza que vuestra vida
+quedará truncada si no habéis encontrado esposo. Hay algo que el
+celibato no perjudicará ni disminuirá, y es vuestra propia personalidad,
+o, más sencillamente, las probabilidades de gozar honradamente de la
+vida que os ofrecen vuestro corazón, vuestra inteligencia y hasta
+vuestras facultades físicas, desarrolladas con cuidado. El celibato no
+es, en suma, más que una desgracia negativa, la falta de una añadidura.
+Guardaos de jugar todo vuestro destino a un suceso que no depende de
+vosotras. Antes de ser esposas, antes de ser casaderas, sois personas;
+el perfeccionamiento de esa persona depende sólo de vosotras.»</p>
+
+<p>&mdash;¡Bravo por Marcel Prevost!&mdash;exclamé con entusiasmo.&mdash;Todo eso es
+justamente lo que yo pienso... ¡Y qué bien dicho está!...</p>
+
+<p>&mdash;Ya tenemos a Marcel Prevost elevado a la altura de un padre de la
+Iglesia&mdash;dijo la abuela descontenta de sus teorías.&mdash;¡Si nos vamos a
+preocupar de la opinión de los literatos modernos!...</p>
+
+<p>&mdash;Querida señora&mdash;respondió el cura, otra vez en discordancia con su
+antigua amiga,&mdash;esa opinión tiene su valor... Mientras los novelistas
+tengan la especialidad de pintar las ideas de una época, habrá que tener
+en cuenta lo que ellos indican y...</p>
+
+<p>&mdash;¿Son acaso las ideas de nuestra época lo que ese señor ha expuesto en
+el discurso que acaba usted de leernos?... ¡Ah! señor cura, jamás,
+jamás&mdash;respondió la abuela en un acceso de violenta indignación.&mdash;¿Qué
+madre tendría semejante lenguaje?</p>
+
+<p>&mdash;Una madre prudente y lista&mdash;dijo el cura muy bajo.&mdash;Pero, en realidad,
+señora ¿se cree usted de esta época?... Usted, abuela, ¿comprende todos
+los pensamientos de su nieta?</p>
+
+<p>&mdash;Verdaderamente no&mdash;repuso la abuela confusa.&mdash;Todo lo que oigo ahora
+es tan contrario a lo que se decía y se pensaba en mi juventud, que no
+puedo acostumbrarme... Esta Magdalena me trastorna.</p>
+
+<p>&mdash;¿Yo?&mdash;balbucí sorprendida.&mdash;Diga usted más bien Marcel Prevost... En
+cuanto a mí, te engañas seguramente, abuela.</p>
+
+<p>&mdash;No, no, sé lo que me digo... Ya estás entusiasmada por las teorías de
+ese caballero... ¡Ah! qué jóvenes las actuales...</p>
+
+<p>&mdash;¡Ay!&mdash;gimió la de Dumais a modo de aprobación.</p>
+
+<p>&mdash;¿Por qué educar a las jóvenes como se hace ahora?&mdash;dijo la abuela con
+más energía.&mdash;En mi tiempo éramos más prácticos y no educábamos a las
+jóvenes más que para esposas ni les inculcábamos cualidades o talentos
+más que para el matrimonio... Aquel era mejor tiempo.</p>
+
+<p>&mdash;De eso habría mucho que hablar&mdash;respondió el cura moviendo la
+cabeza.&mdash;En la dichosa época de que usted habla, los prejuicios eran
+tales, que los padres no se atrevían a desarrollar en sus hijas una de
+las más puras pasiones de un gran corazón, el amor a la belleza...
+Entonces existían muchas mujeres para las cuales la cultura de la
+inteligencia y la generosidad del alma eran causas incesantes de lucha
+y de discordia con sus maridos...</p>
+
+<p>&mdash;¿Y cree usted que se han acabado esos tiempos?&mdash;preguntó la de Aimont
+en tono de burla.&mdash;¿Los señores maridos se han vuelto tan perfectos que
+pueden apreciar la idealidad en sus mujeres?...</p>
+
+<p>&mdash;Eso&mdash;dijo el cura confuso,&mdash;depende de las mujeres y... de los
+maridos.</p>
+
+<p>&mdash;Sí&mdash;añadió la de Brenay,&mdash;sin contar que el intelectualismo exagerado
+de que padecemos no es muy apreciado por esos pobres maridos... ¿Qué se
+hace con una intelectual?&mdash;terminó con una sonrisa llena de malicia.</p>
+
+<p>&mdash;Esa es una objeción pueril&mdash;respondió el cura.&mdash;Nunca el corazón de
+las mujeres encontrará mejor sostén ni un alimento más poderoso que el
+estudio de la Naturaleza. ¿Verdad, Magdalena?</p>
+
+<p>&mdash;Predica usted a una convertida&mdash;dijo la abuela.&mdash;Magdalena piensa como
+usted... Usted es para ella la ley de los profetas... Sin embargo,
+admitiendo que tenga usted razón, ¿todas esas bellas cosas mejorarán la
+situación de las solteronas?... Esa es la cuestión.</p>
+
+<p>&mdash;Por lo menos les harán soportar una situación que muchas de ellas no
+han creado ni deseado&mdash;respondió el cura,&mdash;pues en esta clase de cosas
+las costumbres pueden mucho... En Inglaterra una mujer no está obligada
+a tomar un nombre que no es el suyo para ser respetada. Los ingleses
+llegan hasta a encontrar muy práctica esa multiplicación de las
+solteronas...</p>
+
+<p>&mdash;No me extraña&mdash;dijo Francisca,&mdash;los ingleses razonan siempre en contra
+del sentido común.</p>
+
+<p>&mdash;No tanto, no tanto&mdash;murmuró el cura.&mdash;En estos tiempos está cada cual
+tan absorbido por sus intereses que no tiene tiempo más que para pensar
+en sí mismo. Ahora bien, las solteronas, que no tienen nada que hacer,
+están destinadas a pensar en los demás.</p>
+
+<p>&mdash;¡Es delicioso!&mdash;exclamó Francisca con convicción.</p>
+
+<p>&mdash;Es hermoso&mdash;dijo la abuela levantándose para despedirse.&mdash;Pero, sin
+embargo, ¿es esa la dicha?...</p>
+
+<p>El cura contempló durante unos segundos la silueta de la abuela plantada
+delante de él como una verdadera interrogación.</p>
+
+<p>&mdash;¿La dicha?&mdash;respondió.&mdash;La dicha se encuentra allí donde está el
+deber.</p>
+
+<p>&mdash;¡Ay!&mdash;exclamó Francisca,&mdash;esa es la dicha a precios reducidos.</p>
+
+<p>&mdash;Yo hubiera preferido otros deberes&mdash;replicó la abuela moviendo la
+cabeza con melancolía.</p>
+
+<p>&mdash;Sí, ya sé... Pero el deber cambia con la época en que se vive.</p>
+
+<p>&mdash;Puede ser&mdash;respondió la abuela.&mdash;La generación actual es eléctrica
+hasta en el deber... Tiene usted razón, señor cura, yo no soy de este
+siglo...</p>
+
+<p>El saludo de la abuela se resintió de la tristeza de su última frase y
+careció, casi, de la tradicional reverencia. Las mías indicaron mi
+serenidad habitual. Yo estoy siempre contenta cuando se habla de las
+solteronas.</p>
+
+<p>¡Cuánto voy a tener que escribir esta noche!...</p>
+
+<p>Ya acabé... Qué suerte...</p>
+
+
+
+<p class="fecha">29 de diciembre.</p>
+
+
+<p>Empiezan a llegar las respuestas... Soy feliz como el pez en el agua. Mi
+dicha está, sin embargo, un poco empañada por el aspecto frío de la
+abuela, cada vez más disgustada por las ideas de su nieta; así es que no
+me atrevo a hablar de este asunto espinoso y mi alegría es silenciosa.</p>
+
+<p>La de Ribert, que es la bondad misma, ha venido con Genoveva para darme
+lectura de los primeros envíos. Hasta ahora no sirven para ilustrar
+mucho la situación: egoísmo, filosofía, mal humor y recriminaciones,
+esto es lo que nos dan las cuatro primeras muestras. La de Ribert
+asegura que esto es ya un éxito enorme que nos promete para los días
+siguientes cartas de un interés palpitante. Como yo no pido más que
+palpitar, espero...</p>
+
+<p class="top5"><span style="margin-left: 2em;">«Bernardo Monastiel a una persona seria.</span><br />
+<br />
+<span style="margin-left: 6em;">»Apreciable persona seria:</span><br />
+</p>
+
+<p>»Soy hombre y soltero.</p>
+
+<p>»Confieso francamente que el matrimonio me tentaba bastante y hasta iba
+a sacrificar en su altar, cuando el Destino misericordioso me inundó de
+luz colocando ante mis ojos dos inocentes frases llenas de
+consecuencias.</p>
+
+<p>»Una de ellas estaba concebida de este modo:</p>
+
+<p>»Serás demasiado feliz si no tienes mujer.</p>
+
+<p>»Ya me sonreía el ser feliz; ¿cómo resistir a serlo demasiado?</p>
+
+<p>»La otra, con su laconismo, acabó lo que la primera había empezado:</p>
+
+<p>»No hay nada tan hermoso ni tan bueno como el celibato.</p>
+
+<p>»Menandro y Horacio son los únicos culpables... Sólo a ellos, señora,
+debe usted dirigir sus reproches... si los hay.</p>
+
+<p>»Reciba usted, apreciable persona seria, el homenaje de todo mi respeto.</p>
+
+<p class="r smcap">Bernardo Monastiel.»</p>
+
+<p class="top5">&mdash;Esto es hablar para no decir nada&mdash;dije a Genoveva, devolviéndole la
+carta.</p>
+
+<p>&mdash;No&mdash;replicó la de Ribert,&mdash;es el lenguaje de un amable egoísta... La
+belleza y la bondad del celibato son la eterna canción de los que
+rehuyen las cargas de una familia. Se pueden encontrar mejores
+razones...</p>
+
+<p>&mdash;Empiezo la otra&mdash;exclamó Genoveva.&mdash;No nos detengamos en el egoísmo.</p>
+
+<p class="top5"><span style="margin-left: 6em;">«X. Y. Z. a la señora...</span><br />
+<br />
+<span style="margin-left: 10em;">»Señora:</span><br />
+</p>
+
+<p>»La pregunta que usted hace me hiere en lo vivo y me obliga a confesar
+una situación deplorable, en la que nos hallamos muchos jóvenes de mi
+edad, sin atrevernos a quejarnos.</p>
+
+<p>»Nadie desea casarse más que yo. Desgraciadamente, no tengo fortuna.
+Siendo reducidos mis recursos, me es tan imposible encontrar una mujer
+rica, como casarme con una pobre.</p>
+
+<p>»Homenajes respetuosos.</p>
+
+<p class="r">»X. Y. Z.»</p>
+
+<p class="top5">&mdash;¡Pobre mozo!&mdash;exclamé.&mdash;¿Cree usted que ese motivo es verdadero?</p>
+
+<p>&mdash;Vaya si lo creo&mdash;respondió la de Ribert;&mdash;ese muchacho es
+absolutamente sincero. Ya conoce usted las pretensiones de las mujeres
+ricas, que jamás se casan con jóvenes pobres o sin gran porvenir...
+¿Cómo casarse con muchachas sin fortuna, cuando la bolsa está mal
+provista?... Eso sería, como dice el proverbio, casar el hambre con la
+gana de comer.</p>
+
+<p>&mdash;Es muy triste para los jóvenes&mdash;dije con compasión.&mdash;¿Cómo remediarlo?</p>
+
+<p>&mdash;Es difícil&mdash;respondió la de Ribert. Hay en esto todo un problema de
+economía social que hace retroceder a las inteligencias más juiciosas.</p>
+
+<p>&mdash;Retrocedamos, entonces, sin vergüenza&mdash;dijo Genoveva.&mdash;Propongo que
+las muchachas ricas se conformen con maridos sin fortuna, a fin de
+restablecer el equilibrio, puesto en peligro por la acumulación de
+riquezas en las mismas manos...</p>
+
+<p>&mdash;¡Miren la socialista!&mdash;exclamé riéndome.&mdash;Esta Genoveva tiene teorías
+aventuradas. Si la oyese la abuela...</p>
+
+<p>&mdash;¡Bah!&mdash;dijo Genoveva con serenidad.&mdash;Mi socialismo no hace daño a
+nadie, y estoy segura de que tu abuela lo aprobaría.</p>
+
+<p>&mdash;En teoría, puede ser que sí. Pero en la práctica, puedes estar segura
+de que no sería lo mismo. Jamás me dejará la abuela casarme con un
+joven sin fortuna...</p>
+
+<p>&mdash;Pasemos al número tres&mdash;dijo la de Ribert.&mdash;Es una linda muestra de
+los productos modernos, con una ligera tintura de bellas letras.</p>
+
+<p class="top5">«Un perfecto egoísta a la Esfinge del Periódico de las preguntas y
+respuestas:</p>
+
+<p>»Oh, Esfinge, que se oculta bajo la modesta apelación de «persona
+seria,» siento que es usted mujer joven y bonita...»</p>
+
+<p>&mdash;Cuando se quiere mostrar ingenio&mdash;interrumpió la de Ribert,&mdash;se engaña
+uno algunas veces...</p>
+
+<p>«Porque es usted esas tres cosas, respondo a su pregunta.</p>
+
+<p>»No soy más que un vulgar egoísta, que, saturado de bellas letras, dice
+con Anaxándrides:</p>
+
+<p class="top5">»Voy a casarme.&mdash;Tanto peor.&mdash;¡Cómo tanto peor!&mdash;Sí, es abrir tu hogar a
+todos los males: Si eres pobre y tomas mujer rica, serás esclavo hasta
+la muerte; si la mujer no tiene nada, serás más desgraciado, porque en
+lugar de un estómago, tendrás que alimentar dos...»</p>
+
+<p>»Quisiera besar a usted la mano, amable Esfinge, pero no puedo...</p>
+
+<p class="r smcap">Un perfecto egoísta.»</p>
+
+<p class="top5">&mdash;El matrimonio pobre&mdash;dije riéndome,&mdash;es el efecto terrible. No había
+yo reflexionado en la cruel necesidad de alimentar dos estómagos, en
+lugar de uno...</p>
+
+<p>&mdash;¿Dos?...&mdash;terminó Genoveva;&mdash;di más bien tres... cuatro... cinco...
+seis...</p>
+
+<p>&mdash;¿Por qué no doce... o dieciocho?...</p>
+
+<p>&mdash;Como en el Canadá&mdash;hizo observar la de Ribert.&mdash;Pero en el Canadá
+produciría vergüenza escribir semejante carta. Allí se considera una
+familia numerosa como una bendición divina. Mientras que aquí es...</p>
+
+<p>&mdash;Una maldición&mdash;terminé, un poco pensativa.&mdash;Cómo huele esta carta a
+decadencia... El retoño de una raza fuerte, no escribiría una carta
+semejante.</p>
+
+<p>&mdash;El espíritu caballeresco, Magdalena, está muy enfermo&mdash;respondió la de
+Ribert.&mdash;En ninguna de estas cartas se encuentra la más pequeña huella
+de él.</p>
+
+<p>Cogí las cartas esparcidas en la mesa, y las recorrí con los ojos
+durante unos segundos.</p>
+
+<p>&mdash;En suma&mdash;dije a modo de conclusión,&mdash;es el <i>yo</i>, siempre el <i>yo</i> lo
+que domina... Ninguna otra razón... ¿Piensan así todos los hombres,
+señora?</p>
+
+<p>&mdash;Todos no, Magdalena, pero sí muchos. Note usted, hija mía, cómo se
+desprende de todas estas cartas el cuidado del bienestar personal...
+¡Pobres mujeres!...</p>
+
+<p>&mdash;Sí&mdash;suspiré.&mdash;Y pensar que van tan alegremente al matrimonio con
+individuos de ese género...</p>
+
+<p>&mdash;Van muy alegres, es verdad... ¿Pero siguen estándolo?...&mdash;murmuró la
+de Ribert con inconsciente tristeza.</p>
+
+<p>&mdash;Dios mío&mdash;exclamé para cortar las meditaciones de la de Ribert, que
+parecían dolorosas;&mdash;qué contenta estoy de aprender a conocer a los
+señores hombres... Nuestra averiguación me va a abrir horizontes
+enteramente nuevos. Con tal de que todas las cartas no se parezcan a
+éstas... Quisiera encontrar mi alma hermana.</p>
+
+<p>&mdash;¿Y qué harás cuando la hayas descubierto?</p>
+
+<p>&mdash;Nada&mdash;aseguré con toda convicción.&mdash;Lo quiero por amor al arte, y sólo
+para convencerme de que no soy un objeto descabalado en la gran feria
+del matrimonio.</p>
+
+<p>&mdash;¿Sólo para eso?&mdash;repitió la de Ribert mirándome con atención.&mdash;¿Está
+usted segura de su imaginación y de su corazón, Magdalena?...</p>
+
+<p>&mdash;No comprendo&mdash;exclamé estupefacta.</p>
+
+<p>La de Ribert me besó con efusión por toda respuesta. Decididamente, cada
+vez comprendo menos...</p>
+
+
+
+<p class="fecha">1.º de enero 1904.</p>
+
+
+<p>El mes de enero ha hecho su aparición esta mañana. La abuela está
+desolada.</p>
+
+<p>&mdash;Piensa, hija mía&mdash;me dijo, cuando fui a cumplimentarla por el año
+nuevo,&mdash;piensa que tendrás 26 años en septiembre próximo... Es horrible.</p>
+
+<p>&mdash;¿Por qué?... ¿tendré que matarme para no llegar a esta época
+nefasta?... Confieso que quiero conservar la cabeza y...</p>
+
+<p>&mdash;No digas tonterías, Magdalena, ya me comprendes.... Tener 26 años y no
+estar casada, es humillante.</p>
+
+<p>&mdash;Pues yo no siento semejante humillación.</p>
+
+<p>&mdash;Tú no sientes nada, como todo el mundo... Pregunta a Francisca, a
+Petra y a Paulina, y a tantas otras, lo que pensarían si se encontrasen
+en una situación tan ridícula.</p>
+
+<p>&mdash;¡Bah! se lo preguntaré cuando lo estén, porque llegarán como yo,
+querida abuela.</p>
+
+<p>&mdash;No será por su culpa&mdash;respondió la abuela, dando un gran
+suspiro.&mdash;¡Ah! Magdalena, si tú quisieras...</p>
+
+<p>Magdalena se hizo la sorda y ofreció a su abuela un almohadón bordado
+como recuerdo del día de año nuevo. Recibí, en cambio, un gran cuello
+de encaje de Venecia, del que tenía yo mucha gana, y que excedía mucho
+de los recursos de mi modesta pensión. La abuela, que es inflexible en
+la economía, me asigna 100 pesos al año para vestirme y para mis gastos
+personales. Con ningún pretexto puedo gastar más. Pero, por fortuna mía,
+están ahí el día de año nuevo y el de mi santo para corregir los rigores
+de mi presupuesto. Y la abuela es tan buena con su nieta...</p>
+
+<p>Al salir de misa, las de Ribert me llevaron a su casa, para darme
+lectura de dos nuevas epístolas. En cuanto estuvimos instaladas en su
+saloncillo, Genoveva me puso en la mano las cartas en cuestión, y
+después, quitándome prestamente la corbata, me puso al cuello un
+delicioso lazo, obra maestra de sus primorosos dedos.</p>
+
+<p>&mdash;Es mi aguinaldo&mdash;me dijo, abrazándome con todo su corazón.&mdash;Te deseo
+un buen año y... un alma hermana...</p>
+
+<p>Sin recoger la broma, puse en las manos de Genoveva mi recuerdo de año
+nuevo, que era un velillo de butaca, pintado a mano. Genoveva pareció
+contenta de mi trabajo, y fui dichosa al ver su placer.</p>
+
+<p>&mdash;¿Y las cartas?&mdash;dijo la de Ribert.&mdash;Pensemos en las cosas serias...</p>
+
+<p>Iba a abrir una cuando se presentó Francisca.</p>
+
+<p>&mdash;Estoy haciendo visitas&mdash;nos dijo al entrar,&mdash;a todas las personas
+queridas, para desearles un buen año.</p>
+
+<p>Genoveva recibió sonriendo su entusiasta abrazo, cambiaron las dos sus
+regalitos, y nos pusimos a hablar al lado del claro fuego de los leños
+monumentales en uso en Aiglemont.</p>
+
+<p>&mdash;¿Vamos a leer estas cartas a Francisca?&mdash;exclamó de pronto
+aturdidamente.</p>
+
+<p>&mdash;«Las cartas a Francisca»&mdash;dijo la de Ribert, frunciendo las
+cejas,&mdash;son la propiedad de uno de nuestros novelistas...</p>
+
+<p>&mdash;Sí, señora, pero yo no hablo de Marcel Prevost, sino de las cartas, de
+las famosas cartas...</p>
+
+<p>&mdash;¡Niña charlatana! exclamó la de Ribert, cuyo fruncimiento de cejas
+comprendí entonces. No quería, evidentemente, que Francisca estuviese al
+corriente de nuestras averiguaciones, y yo había hablado como una tonta.</p>
+
+<p>Viendo que no había modo de retroceder, la de Ribert explicó a Francisca
+el estudio que estaba haciendo sobre el celibato, pero se abstuvo de
+hacerme intervenir en el asunto. Francisca se quedó entusiasmada.</p>
+
+<p>&mdash;¡Qué gusto, saber lo que piensan esos bribones de hombres, cuando no
+las echan de gran corazón!... ¡Cuánto me alegro de que me admita usted a
+conocer las lucubraciones de esos caballeros!...</p>
+
+<p>&mdash;Y con más motivo&mdash;dijo la de Ribert,&mdash;puesto que encuentro que las dos
+cartas de que se trata, le convienen a usted bastante...</p>
+
+<p>&mdash;¡Qué suerte!&mdash;dijo Francisca interesada.&mdash;¿Hay, pues, personas que me
+aprecian?... Esto me hará encontrar una novedad después de mi querida
+mamá.</p>
+
+<p>&mdash;Genoveva, léenos esas cartas&mdash;dijo la de Ribert a su hija.&mdash;Francisca
+va en seguida a saber a qué atenerse...</p>
+
+<p>&mdash;¡Qué!&mdash;exclamó Francisca;&mdash;si se trata de una reprimenda, me tapo los
+oídos; para esa ingrata tarea, basta con mi madre...</p>
+
+<p>Pero era curiosa, y abrió las orejas cuanto pudo, a fin de no perder
+sílaba de una lectura tan poco común.</p>
+
+<p>&mdash;Qué asombrados se quedarían los aiglemonteses si tuvieran noticias de
+una correspondencia escandalosa como ésta...&mdash;dijo, todavía, antes de
+callarse definitivamente.</p>
+
+<p>&mdash;Se trata de un secreto entre nosotras&mdash;hizo observar la de Ribert,&mdash;y
+cuento con la discreción de usted, Francisca.</p>
+
+<p>&mdash;A fe de hombre honrado&mdash;respondió la aludida,&mdash;lo prometo.</p>
+
+<p>&mdash;Y la incorregible niña mimada se repantigó cómodamente en un sillón
+para escuchar mejor. Francisca asegura que su moral no está a gusto más
+que cuando su físico no sufre ninguna molestia.</p>
+
+<p class="top5">
+<span style="margin-left: 4em;">«Pedro Marcelier,</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">Registrador de la Propiedad en Santa Rosa,</span><br />
+<span style="margin-left: 9.5em;">a una persona desconocida.</span><br />
+<br />
+<span style="margin-left: 4em;">»Caballero o señora:</span><br />
+</p>
+
+<p>»Empiezo por presentarme.</p>
+
+<p>»Soy soltero, partidario del matrimonio, veintisiete años, 560 pesos de
+sueldo y una posición honrosa cuando me jubile; familia considerada y
+apreciables probabilidades de fortuna por herencia.</p>
+
+<p>»En lo físico, se me encuentra, generalmente, bien, sobre todo mis tías,
+que son tan indulgentes.</p>
+
+<p>»En lo moral, no me conozco ninguna deformidad, pero esta vez, soy yo el
+indulgente... signo característico de mi buen temperamento: busco una
+mujer, y no un dote...»</p>
+
+<p class="top5">&mdash;Eso es lo que me hace falta&mdash;exclamó Francisca.&mdash;Buen muchacho...</p>
+
+<p>&mdash;Silencio&mdash;dijo Genoveva.&mdash;Continúo...</p>
+
+<p class="top5">«El sutil talento de usted, señora o caballero, percibirá en seguida la
+diferencia enorme, inconmensurable, que me separa de los demás solteros,
+y su corazón preverá un éxito fácil.</p>
+
+<p>»Error grave, señora. (Creo decididamente que es usted mujer.)</p>
+
+<p>»Hago a usted juez de la situación.</p>
+
+<p>»Hará unos tres meses, una de esas excelentes tías de que he tenido el
+honor de hablar, me hizo insinuaciones a propósito de un proyecto de
+matrimonio.</p>
+
+<p>»&mdash;Desgraciadamente&mdash;me dijo,&mdash;la muchacha no tiene otro dote más que
+sus veinte primaveras, sus bellos ojos y sus muchas habilidades...</p>
+
+<p>»&mdash;Es mucho, tía.</p>
+
+<p>»&mdash;¿Cómo mucho?</p>
+
+<p>»&mdash;Sí, soy joven, me gusta el trabajo, y en vez de un matrimonio rico,
+me contentaré con un matrimonio feliz.</p>
+
+<p>»&mdash;Bravo muchacho&mdash;respondió mi tía, dándome un abrazo.»</p>
+
+<p class="top5">&mdash;¡Diablo!&mdash;exclamó Francisca,&mdash;yo haría otro tanto... Ese Pedro es un
+corazón de oro...</p>
+
+<p class="top5">«Mi tía corrió a casa de su amiga, madre de la joven, e hizo
+triunfalmente su proposición: pero, en lugar del éxito esperado, la
+respuesta fue rotundamente negativa. Le dijeron que era yo muy joven y
+no bastante rico. Aquella muchacha de tantas perfecciones, no quería
+casarse más que con un caballero llegado a la fortuna y... a la edad de
+los ataques reumáticos. Evidentemente, no era yo su ideal.</p>
+
+<p>»Mi tía se quedó consternada.</p>
+
+<p>»Para consolarme de aquel fracaso, quiso probarme que no todas las
+jóvenes pensaban del mismo modo, y yo la creí de buen grado.</p>
+
+<p>»Pocos días después me anunció el descubrimiento de la mujer soñada, que
+era una linda joven, también sin fortuna, hija de una prima de la amiga
+de una amiga suya. Yo dejé correr las cosas.</p>
+
+<p>»Con 560 pesos y los 240 de renta que me producirían los 8.000 que mis
+padres me constituyen como dote, lo que me da 800 pesos, no tengo la
+pretensión de hacer una vida brillante, pero puedo bien dar a mi hogar
+un aspecto honroso si mi mujer posee las cualidades serias que convienen
+a una joven sin fortuna. Ahora bien: he aquí cómo trataban de establecer
+nuestro presupuesto la señora X... y su hija:</p>
+
+<p>»&mdash;¿Qué pensión piensa usted señalar a mi hija para vestirse?&mdash;me
+preguntó mi futura suegra.</p>
+
+<p>»&mdash;La que ella quiera&mdash;respondí galantemente.</p>
+
+<p>»&mdash;Muy bien&mdash;continuó la señora X,&mdash;Susana no es exigente. Ya sabe usted
+que se hace ella misma casi todos los trajes, y que no manda hacer más
+que los de ceremonia. Una pensión pequeña, bastará. ¿Qué diría usted de
+80 pesos?</p>
+
+<p>»&mdash;Concedido&mdash;respondí, dando gracias a la Providencia por haberme dado
+una suegra tan razonable.</p>
+
+<p>»¡Ay! la hora del desengaño llegó rápidamente.</p>
+
+<p>»Ante mis ojos espantados desfilaron cifras amenazadoras:</p>
+
+<p>»200 pesos para los gastos de una criada. Susana había sido demasiado
+bien educada, para hacer ella misma los quehaceres de la casa.</p>
+
+<p>»40 pesos para las comidas que tendríamos que devolver. A Susana le
+gustaba la sociedad.</p>
+
+<p>»20 pesos para accesorios de pintura, bordado, música, etc. Susana tenía
+tantas habilidades...</p>
+
+<p>»80 pesos para veranear. A Susana le gustaban los viajes.</p>
+
+<p>»20 pesos para las buenas obras. Susana daba su óbolo a todo el que se
+lo pedía.</p>
+
+<p>»En una palabra, llegamos rápidamente a un total de 440 pesos, y mis
+recursos se elevan a 800.</p>
+
+<p>»&mdash;¿Ha calculado usted, señora&mdash;dije con algún embarazo,&mdash;que hemos
+gastado ya 440 pesos, y que no quedan más que 360 para la casa, la
+comida, mis gastos personales, calefacción, alumbrado, lavandera,
+seguro, médico, boticario, etcétera, etc.? Y si nuestra casa se poblase,
+si hubiera una cuna... o varias...</p>
+
+<p>»&mdash;¡Dios mío! es verdad&mdash;exclamó mi futura suegra.&mdash;¿Qué hacemos?</p>
+
+<p>»¿Qué hacemos?...</p>
+
+<p>»Yo encontré la respuesta en seguida; no me casé, y no trataré de
+hacerlo, mientras la categoría de las muchachas casaderas no se
+transforme.</p>
+
+<p>»Puesto que desea usted conocer los motivos que alejan a los jóvenes del
+matrimonio, puede poner entre los más frecuentes, el que me atrevo a
+exponerle. La educación superficial y brillante de que sufren las
+jóvenes sin fortuna, y pertenecientes a cierta sociedad, es ciertamente
+una causa de celibato forzoso para ellas.</p>
+
+<p>»Si con 800 pesos no puedo yo nivelar un presupuesto, qué dirán los que
+están reducidos a vivir con 400 ó 600 pesos...</p>
+
+<p>»Mientras las muchachas pobres sean la reproducción exacta, en
+cualidades, defectos y gustos, de las ricas, que no se extrañen de que
+éstas sean preferidas.</p>
+
+<p>»Someto mi caso y mis reflexiones a su alto juicio, y ruego a usted que
+se sirva aceptar mis homenajes.</p>
+
+<p class="r smcap">»Pedro Marcelier.»</p>
+
+<p class="top5">&mdash;¿Qué decís de esto, hijas mías?&mdash;preguntó la de Ribert.</p>
+
+<p>&mdash;Es muy interesante&mdash;respondí pensativa. Iba a añadir:&mdash;«Y muy
+verdad,»&mdash;pero me contuvo el pensar que aquella carta aludía
+directamente a Francisca. No se podía hacer más claramente el proceso de
+su caso particular, y el de las jóvenes educadas como ella. Genoveva se
+abstuvo de hacer ninguna observación, por el mismo motivo. Francisca
+observó el embarazo general, y con su vivacidad de siempre, se apresuró
+a quitar al asunto todo carácter personal.</p>
+
+<p>&mdash;¡Vaya un cargante!&mdash;exclamó.&mdash;Qué manía de hacer sumas y restas...
+Solamente en el registro se puede tener un gusto tan pronunciado por el
+cálculo y sus complicaciones...</p>
+
+<p>&mdash;Siempre es útil saber contar&mdash;dijo dulcemente Genoveva.</p>
+
+<p>&mdash;Sí, lo concedo&mdash;respondió Francisca en tono de condescendencia.&mdash;Pero
+ese señor, en vez de volver la espalda en seguida, pudo decir claramente
+lo que pensaba a la madre de la joven. Pudieron entenderse, economizar,
+borrar uno de los gastos...</p>
+
+<p>&mdash;¿Cuál hubiera usted borrado, Francisca?&mdash;preguntó la de Ribert con una
+sonrisa ligeramente burlona.</p>
+
+<p>&mdash;¿Yo?... Ni uno, señora,&mdash;respondió Francisca muy convencida.&mdash;Todo eso
+es estrictamente necesario...</p>
+
+<p>&mdash;Sí&mdash;dijo la de Ribert,&mdash;un gasto a que se está acostumbrado, se
+convierte, en efecto, en una necesidad. El período que precede al
+matrimonio es generalmente una amable suspensión de todas las facultades
+prácticas, y se tira el dinero por las ventanas... Es, con frecuencia,
+una fiebre de las más malignas, de la que las jóvenes se resisten
+durante algún tiempo... Y se acostumbra uno pronto a no calcular...</p>
+
+<p>&mdash;¡Qué exageración!&mdash;exclamó Francisca.</p>
+
+<p>&mdash;No, no exagero. Después de los esplendores de unos esponsales
+dichosos, vienen los faustos de la boda, completados por los gastos del
+viaje obligatorio... Los jóvenes que poseen pocos bienes, hacen las
+cosas tan regiamente como aquellos cuya fortuna está sólidamente
+establecida... Hace falta voluntad y energía para resistir a la
+corriente de los placeres y arreglar los gastos de tal modo, que se
+salve el equilibrio del presupuesto, conservando las apariencias de una
+vida acomodada... ¿Cree usted que las jóvenes modernas ven bien ese
+grave aspecto del matrimonio?...</p>
+
+<p>&mdash;La verdad es que no lo sé&mdash;dijo Francisca.&mdash;Por mi parte prefiero
+confesar en seguida que no entiendo nada de todo eso.</p>
+
+<p>&mdash;Ya ve usted&mdash;respondió sencillamente la de Ribert,&mdash;que el señor
+Marcelier tenía razón.</p>
+
+<p>&mdash;¿Y la otra carta?&mdash;preguntó Francisca, queriendo cambiar de
+conversación.</p>
+
+<p>Genoveva puso en la mesa la carta que acababa de leer, y cogió la
+reclamada por Francisca.</p>
+
+<p>&mdash;Te prevengo&mdash;dijo riendo,&mdash;que esta carta no te va a gustar mucho más.
+Escucha.</p>
+
+<p class="top5">
+<span style="margin-left: 6em;">«Juan Dormal al abonado X. Y. Z.</span><br />
+</p>
+
+<p class="top5">»Nadie era más partidario que yo del matrimonio. Soñaba yo con amor y
+con agua fresca, cuando las muchachas se encargaron de administrarme
+dicha agua fresca en forma de duchas desilusionantes.</p>
+
+<p>»Tres intentos de matrimonio a cual más desgraciado, me han desanimado
+para mucho tiempo, y he abandonado la idea de casarme.</p>
+
+<p>»Permítame usted que le cuente estos ensayos lo más sucintamente
+posible, a fin de contribuir así modestamente a sus interesantes
+estudios.</p>
+
+<p>»Hace unos seis meses, mi madre me presentó en una casa donde debía
+encontrar una señorita llena de cualidades y limpia de todo defecto.
+Encontré, en efecto, una encantadora joven, de una elegancia perfecta,
+amable, graciosa, alegre, y, en una palabra, enteramente seductora.
+Antes de inflamarme por esta maravilla, el último resplandor de buen
+sentido, me hizo averiguar los gustos de la que mi madre llamaba ya en
+el fondo de su corazón «mi deliciosa hija.»</p>
+
+<p>»No soy un lobo, ni tengo nada de salvaje, pero tampoco tengo los gustos
+de un mundano decidido. Confieso que mi ideal sería un hogar apacible y
+dichoso, y que encontraría muy desagradable que mi mujer estuviese
+siempre rodeada de una multitud de adoradores.</p>
+
+<p>»Ahora, bien, en pocas horas supe que Gilberta M... era una coqueta
+empedernida, muy experta en audaces amoríos... Se citaba el número de
+sus adoradores, casi igual al de sus trajes... Se me dijo que aquella
+joven tan perfecta, era tan desagradable en el interior de su casa, como
+encantadora fuera... Supe que era incapaz de coger una aguja, pero que,
+en cambio, sobresalía en el piano, en el <i>tennis</i> y en el <i>croquet</i>, que
+nadie montaba en bicicleta como ella y que no tenía rival en la
+gabota...</p>
+
+<p>»Como sujeto de amoríos encontré a Gilberta ideal, pero como esposa...
+diablo, aquello dejaba que desear. Abandoné, pues, el proyecto de mi
+madre, y declaré francamente que no me casaría más que con una joven
+seriamente educada... Se casa uno para estar tranquilo, después de todo.</p>
+
+<p>»Mi segundo ensayo fue lamentable, en otro concepto. Di con una joven
+profundamente seria, pero una verdadera mujer mecánica. Sofía D... se
+había impuesto cinco horas diarias de estudio de piano, dos de pintura,
+una de canto y dos de paseo higiénico: total, diez horas de ocupaciones
+sagradas que nada ni nadie tenía derecho a distraer... Condiciones <i>sine
+qua non</i> del matrimonio; había que tomarla así o dejarla... Yo la dejé
+con mucho gusto... ¡Cinco horas de piano!... ¡Cabeza hacía falta!...</p>
+
+<p>»&mdash;Búscame&mdash;dije a mi madre,&mdash;una buena camarada, ni muy mundana ni muy
+seria; una joven de buena familia, sin demasiadas habilidades... Una
+hija de la Naturaleza...</p>
+
+<p>»Esta perla estaba esta vez en un castillo de la Edad Media, muy
+pintoresco, a fe mía... Fui a él en la estación de la caza, y sufrí
+desengaño tras desengaño...</p>
+
+<p>»Micaela S..., buena muchacha, fraternal como un diablo, camarada con
+exceso; tenía una conversación que indicaba demasiado que era,
+realmente, una hija de la Naturaleza...</p>
+
+<p>»No podía decir tres palabras sin añadir una patochada y soltar una
+desvergüenza digna de un carretero. No pude hacerme a aquella fantástica
+educación, y llegué al colmo del asombro cuando le oí llamar a su padre:
+«Mi viejo Teófilo» y a su madre: «La buena Isabel.» Cerré la maleta, y
+volví a tomar el tren.</p>
+
+<p>»He aquí el relato muy abreviado de mis tentativas matrimoniales, la más
+desagradable de las cuales, fue la de la camarada.</p>
+
+<p>»Una camarada es la mujer a quien se prohíbe tener ese encanto femenino
+que nos cautiva; es la loca que firma riendo un contrato de igualdad,
+que es para ella un engaño... La camarada es la mujer que renuncia a las
+consideraciones que da la ternura, a los miramientos que da el respeto y
+a los matices que da el amor... La camarada es la mujer ante la cual se
+puede hacer todo, es la mujer con la que nadie debe casarse...</p>
+
+<p>»Rogando a usted que me dispense tan larga misiva, suplícole que acepte
+la expresión de mis respetos.</p>
+
+<p class="r">»<span class="smcap">Juan Dormal</span>,<br />
+»Capitán de Artillería.»<br />
+</p>
+
+<p class="top5">Cuando Genoveva terminó la lectura, nos quedamos todas en silencio.
+Francisca mordisqueaba la punta del pañuelo y columpiaba un pie puesto
+sobre el otro. Yo me reía en mis adentros de su evidente disgusto. Ella,
+que tiene por principio que la camarada es la mujer del porvenir, no
+podía evidentemente conformarse con este nuevo concepto de la camarada,
+y esto le hacía perder su buen humor acostumbrado.</p>
+
+<p>&mdash;Este señor razona muy bien... ¿Qué os parece?&mdash;preguntó la de Ribert,
+echando una mirada a Francisca.</p>
+
+<p>&mdash;Ese señor es un imbécil&mdash;dijo levantándose bruscamente.</p>
+
+<p>&mdash;No te enfades, Francisca&mdash;exclamé, echándome a reír...&mdash;No te he oído
+nunca decir las palabrotas de que habla el señor Dormal... No se trata
+de ti.</p>
+
+<p>&mdash;Sí, sí, sabes bien que todas esas frases sobre la camarada me dan en
+pleno estómago. ¡Ah! el muy idiota...</p>
+
+<p>&mdash;¿Tu estómago?...</p>
+
+<p>&mdash;No, ese capitán del diablo.</p>
+
+<p>&mdash;Vamos, Francisca, tranquilícese usted&mdash;dijo la de Ribert.&mdash;Si hubiera
+previsto que estas cartas iban a contrariar a usted tanto, no se las
+hubiera leído.</p>
+
+<p>&mdash;No lo sienta usted, señora&mdash;respondió Francisca con una vivacidad
+enteramente elástica,&mdash;soy yo quien lo ha pedido... Pero ese señor
+ridículo que afirma que no se casa nadie con la mujer camarada, se
+engaña... Yo me casaré&mdash;añadió con una expresión repentinamente
+endurecida,&mdash;diga lo que quiera ese señor y sus admiradores...</p>
+
+<p>Estas fueron las últimas palabras de la fantástica Francisca, que dijo
+que nos dejaba porque tenía que terminar sus visitas de primero de año.
+En cuanto se marchó, me levanté para despedirme de aquellas señoras,
+pero la de Ribert me detuvo.</p>
+
+<p>&mdash;Esta Francisca es alarmante, muy alarmante... Su gana de casarse le
+turba el entendimiento&mdash;dijo moviendo la cabeza con expresión
+meditabunda.</p>
+
+<p>&mdash;¡Bah!&mdash;respondió Genoveva siempre indulgente.&mdash;Es esa una crisis por
+la que pasan muchas jóvenes... Ya pasará; te lo aseguro.</p>
+
+<p>&mdash;Pero es una crisis peligrosa&mdash;observó la de Ribert;&mdash;su corazón y su
+cabeza se atrofian visiblemente... No se fíe usted, Magdalena... No
+debía usted decírselo todo a Francisca como lo hace.</p>
+
+<p>&mdash;Siento en el alma haber iniciado a Francisca en nuestras
+averiguaciones, puesto que esto contraría a usted&mdash;respondí un poco
+confusa.&mdash;Me he arrepentido en seguida de mi indiscreción, y...</p>
+
+<p>&mdash;Sí, hubiera preferido no ponerla al corriente de lo que
+hacemos&mdash;murmuró la de Ribert un poco ensombrecida.&mdash;Pero a lo hecho,
+pecho&mdash;añadió con su sonrisa habitual.&mdash;Esa Francisca desea demasiado
+casarse y ese deseo es chocante en una señorita...</p>
+
+<p>&mdash;¡Bah! váyase por las que no lo desean bastante&mdash;dijo Genoveva.&mdash;Hay en
+esto un buen sistema de compensaciones...</p>
+
+<p>La de Ribert no respondió, pero su cara expresaba una penosa ansiedad.</p>
+
+<p>&mdash;Magdalena&mdash;dijo dirigiéndose a mí,&mdash;disminuya usted un poco sus
+relaciones con Francisca... Casi me dan ganas de hablar de esto con la
+señora de Sermet...</p>
+
+<p>Genoveva y yo le suplicamos que no lo hiciese. Francisca es buena en el
+fondo, muy amable y muy divertida. No comprendo que se sea tan severa
+con ella. La de Ribert es un poco dura...</p>
+
+<p>Por la tarde han venido a vernos todas nuestras amigas, con gran
+satisfacción de Celestina, orgullosa de ver tanta gente.</p>
+
+<p>&mdash;Hay aquí más visitas que en casa del alcalde&mdash;decía.</p>
+
+<p>Francisca ha estado a punto de tener otro pique con la Bonnetable, a la
+que se obstina en contrariar en todo; pero la abuela lo ha evitado dos
+veces, cortando la palabra a la incorregible niña mimada. La Roubinet,
+como de costumbre, ha dicho lindas frases sobre el primero de enero, y
+cuando deseó amablemente un marido a las solteras presentes, la virtuosa
+Melanval no dejó de exclamar:</p>
+
+<p>&mdash;Con el permiso de Dios, por supuesto...</p>
+
+<p>A lo que Francisca, nerviosa, por su comienzo de escaramuza con la
+Bonnetable, respondió por lo bajo:</p>
+
+<p>&mdash;O del diablo, me importa poco...</p>
+
+<p>La Bonnetable, al oírlo, dio tal salto, que su silla produjo un horrible
+gemido y dio ocasión a la abuela para variar de conversación hablando de
+la poca solidez de los muebles modernos.</p>
+
+<p>Mientras tanto, Petra y Paulina hablaron mucho de la próxima fiesta del
+general. Parece que el regimiento se ha aumentado con un nuevo capitán,
+el Barón de Erinois, viudo y padre de cinco hijos, pero poseedor de
+12.000 pesos de renta. La de Brenay está tratando de pescar en sus redes
+a este incomparable capitalista, mientras la ingeniosa madre de Paulina
+ha descubierto en Martimprey, el pueblo de al lado, un joven industrial
+cuya posición es tan tentadora, que la de Aimont ha inaugurado su plan
+de campaña haciendo la corte al cura del pueblo, que tiene una gran
+influencia con el joven en cuestión...</p>
+
+<p>Dios las bendiga... Como en el día de año nuevo se cambian los votos más
+estrafalarios, nada se opone a que desee a estas señoras un pronto
+éxito.</p>
+
+
+
+<p class="fecha">8 de enero.</p>
+
+
+<p>Estaba hace ocho días deleitándome en el análisis de las cartas
+recibidas y encontrando que los hombres tienen a veces buenas razones
+para no casarse, cuando esta mañana recibí con gran satisfacción esta
+esquela de Genoveva:</p>
+
+<p class="top5"><span style="margin-left: 6em;">«Querida amiga:</span><br />
+</p>
+
+<p>»El alma hermana no es un mito, pues ha dado señales de vida. Adjuntas
+esas señales, con muchos besos de tu</p>
+
+<p class="r smcap">»Genoveva.»</p>
+
+<p class="top5">Abro la carta y descubro con encanto el milagroso hallazgo... El alma
+hermana está en mis manos, al menos por la expresión de sus
+pensamientos... ¡Qué dichosa soy!...</p>
+
+<p class="r top5">«Señora:</p>
+
+<p class="top5">«Agradezco infinito al periódico que me procure el honor de escribir a
+usted sobre un asunto que tanto me interesa.</p>
+
+<p>»Soy soltero y estaría bastante resuelto a casarme, si tuviese la
+suerte de encontrar una mujer que me gustase a mí y no a la servicial
+persona que quiera mediar para probarme que tal joven me conviene
+muchísimo. Tengo horror a los intermediarios en esta especie de cosas y
+votaría con gran placer una ley que castigase a las personas cuya
+especialidad consiste en hacer la felicidad de los demás.</p>
+
+<p>»A mi edad&mdash;30 años el mes próximo,&mdash;se sabe bien lo que se quiere y lo
+que no se quiere. Puedo juzgar por mí mismo, y como mi fortuna me
+permite no mirar a la de la mujer con quien me case, no me molesta
+ningún prejuicio...»</p>
+
+<p>&mdash;¡Ah! eso es&mdash;exclamé sin dejar de leer.</p>
+
+<p>«No deseo ni dote, ni relaciones, ni gran trascendencia intelectual en
+mi prometida, y sé que solamente con sentirla en perfecta comunidad de
+ideas conmigo, podré amarla.</p>
+
+<p>&mdash;Lo mismo que yo con un marido, murmuré con unos latidos del corazón
+que no me dejaban respirar.</p>
+
+<p>«Ahora bien, señora, no creo que se puede amar a una joven que en la
+primera entrevista aparece desempeñando un papel convenido de antemano.
+Cualesquiera que sean sus atractivos, son artificiales, y confieso que,
+por mi parte, renunciaría a adivinar lo que pasa en aquel cerebro
+velado, como no me arriesgaría a augurar las causas que hacen moverse a
+un corazón que vive bajo tan lindos atavíos.</p>
+
+<p>»La joven casadera es un enigma difícil de descifrar, siendo así, que yo
+quiero descifrar a mi prometida antes de querer a mi mujer. Para amar
+hay que conocer y no basta la etiqueta...</p>
+
+<p>»Como usted ve, señora, tengo la debilidad de desear un matrimonio de
+inclinación, pero, desagraciadamente, la vida de nuestras pequeñas
+poblaciones se presta poco a ello. En Bellefontaine, donde vivo, los
+hombres están agrupados de un lado y las mujeres de otro. Conocemos el
+color de los sombreros de esas señoritas, pero no el de sus ideas.</p>
+
+<p>»Me es imposible casarme en esas condiciones.</p>
+
+<p>»Tengo fe, sin embargo, en la Providencia y espero tranquilamente que
+suene mi hora. La mujer con quien debo casarme existe seguramente y
+vendrá a mí. La espero con confianza y una ternura que no pide más que
+entregarse...</p>
+
+<p>»Perdone usted esta confidencia demasiado personal, en gracia de la
+intención que la ha motivado. He querido dar a usted parte de esta causa
+de celibato, más frecuente de lo que se cree. Nosotros, los hombres,
+somos con frecuencia tímidos. ¿Por qué no confesarlo?</p>
+
+<p>»Reciba usted, señora, el testimonio de mis respetos.</p>
+
+<p class="r smcap">Mauricio Baltet.»</p>
+
+<p class="top5">Me quedé muy pensativa después de la lectura de esta carta singular que
+tan bien concuerda con mis ideas... Genoveva, pues, no se había
+engañado; existe realmente un joven que piensa como yo en esta cuestión
+del matrimonio... ¡Lástima que el señor Baltet viva en Bellefontaine en
+lugar de vivir en Aiglemont!... En fin, qué le hemos de hacer...</p>
+
+<p>Fui por la tarde a dar las gracias a Genoveva por su amable envío, y mi
+amiga se arrojó a mis brazos para felicitarme por mi buena suerte,
+mientras su madre me preguntaba con interés si estaba satisfecha.</p>
+
+<p>No pude negarlo, puesto que a mi satisfacción de los primeros momentos
+se unía otro sentimiento muy comprensible, que era éste; el señor Baltet
+empezaba a pertenecerme por derecho de conquista. La de Ribert decía
+hablando de él:</p>
+
+<p>&mdash;El alma hermana de usted.</p>
+
+<p>Genoveva iba más lejos y decía:</p>
+
+<p>&mdash;Tu <i>alter ego</i>.</p>
+
+<p>&mdash;Figúrese usted, señora, que este señor Baltet no me parece ya un
+extraño... Le adopto, le acaparo y hago causa común con él...</p>
+
+<p>&mdash;De prisa vas&mdash;respondió Genoveva maliciosamente.&mdash;¡Qué lástima, mamá,
+que el señor Baltet y Magdalena no se conozcan!...</p>
+
+<p>No pude menos de ruborizarme al oír estas palabras que estaban tan en el
+tono de mis ideas, y me apresuré a distraer la atención de Genoveva, que
+empezaba a pesarme un poco.</p>
+
+<p>&mdash;Nuestros estudios adelantan mucho, ¿verdad?&mdash;dije con una flexibilidad
+de tono digna de Francisca.</p>
+
+<p>&mdash;Sí&mdash;respondió la de Ribert,&mdash;y estoy muy satisfecha al ver que los
+hombres no son tan egoístas como yo temía. Decididamente, hay unanimidad
+en las quejas contra la educación de las jóvenes actuales... Tengo aquí
+otras cartas en el mismo sentido.</p>
+
+<p>&mdash;¿Sí?&mdash;exclamé esforzándome por olvidar al señor Baltet para no pensar
+más que en la correspondencia de la de Ribert.&mdash;¿Qué se les reprocha de
+nuevo?</p>
+
+<p>&mdash;De nuevo, poco. Esos señores se quejan con una notable unanimidad del
+espíritu de independencia, de la coquetería y del ardor por los
+<i>sports</i> que distinguen a las muchachas... Y el piano, el pobre piano,
+qué tempestades levanta...</p>
+
+<p>&mdash;Y hay madres que creen que la música es una preciosa añadidura al dote
+de sus hijas&mdash;dijo Genoveva con una risa que nos puso de buen humor.</p>
+
+<p>&mdash;Se equivocan como unas estúpidas&mdash;exclamó una voz burlona y vibrante,
+la voz de Francisca, que entraba en este momento en el saloncillo.&mdash;Y
+bien&mdash;añadió, después de darnos un vigoroso apretón de manos,&mdash;¿hay
+indiscreción en preguntar a ustedes qué dicen esos imbéciles?...</p>
+
+<p>Y sin oír el grito ordinario de protesta que se nos escapó a pesar
+nuestro: «¡Oh! Francisca,» se instaló cómodamente en un sillón. La de
+Ribert le echó una mirada escandalizada al verla sentarse con las
+piernas cruzadas, postura con que la incorregible Francisca se complace
+en excitar la indignación de las respetables aiglemontesas. La buena
+señora se calló sin embargo.</p>
+
+<p>&mdash;He encontrado mi alma hermana, Francisca... He...</p>
+
+<p>Una imperiosa mirada de la de Ribert me cortó la frase. Era visible que,
+según ella, acababa de cometer otra tontería. No comprendo esos
+misterios para una cosa tan sencilla... Pero como ya no podía retroceder
+di a Francisca la carta del señor Baltet diciéndole sencillamente:</p>
+
+<p>&mdash;De mi alma hermana.</p>
+
+<p>&mdash;Entonces será tan mema como tú&mdash;respondió Francisca,&mdash;y no es poco
+decir, mi pobre Magdalena...</p>
+
+<p>Leyó y releyó la carta como para pesar sus términos.</p>
+
+<p>&mdash;¿De modo que este majadero es tu ideal?&mdash;preguntó en tono burlón en
+cuanto acabó la lectura.&mdash;¿No ves, inocente, que tiene todas las
+cualidades para ser engañado?...</p>
+
+<p>&mdash;¿Cómo es eso?&mdash;dije admirada por la apreciación de Francisca.</p>
+
+<p>&mdash;Ese señor es demasiado cándido&mdash;continuó.&mdash;Para cogerle y acapararle
+no hay más que hacerle creer que se tienen los mismos gustos que él, y
+¡pan! ya está pescado...</p>
+
+<p>&mdash;Qué cosas dices&mdash;murmuré confundida.</p>
+
+<p>&mdash;De tu alma hermana... ¿eh?... Si tu abuela te hubiera dejado leer la
+mitad solamente de los librotes que yo he leído, razonarías como yo, mi
+pobre Magdalena.</p>
+
+<p>&mdash;Y sería una lástima&mdash;respondió la de Ribert, muy descontenta esta
+vez.&mdash;Usted, Francisca, tiene un modo de ser poco tranquilizador... No
+comprendo...</p>
+
+<p>&mdash;¿Que tenga estas ideas sobre la especie masculina?... ¡Ah!&mdash;suspiró
+Francisca cómicamente,&mdash;yo puedo asegurar que los hombres no valen nada,
+puesto que...</p>
+
+<p>&mdash;Puesto que no se casan contigo&mdash;añadió Genoveva.</p>
+
+<p>&mdash;Tú lo has dicho&mdash;respondió Francisca imperturbable.&mdash;¿Sabe usted lo
+que a los mejores les gusta más en nosotras?</p>
+
+<p>&mdash;No&mdash;contestó la de Ribert divertida a pesar suyo.</p>
+
+<p>&mdash;Nuestros defectos.</p>
+
+<p>&mdash;Pero, Francisca&mdash;dijimos con indignación,&mdash;¿cómo puede usted decir una
+cosa semejante?</p>
+
+<p>&mdash;Dios mío, no griten ustedes tanto&mdash;respondió poniéndose las manos en
+los oídos.&mdash;Certifico que un exceso de cualidades en la mujer aleja a
+los pretendientes... En cambio una llena de defectos se casa en
+seguida.</p>
+
+<p>&mdash;Entonces está usted madura para el matrimonio&mdash;respondió la de Ribert
+medio enfadada, medio en broma...</p>
+
+<p>&mdash;Lo creo... con un poco más de mis 2.000 pesos de dote, hace mucho
+tiempo que estaría casada. Esos caballeros me encuentran encantadora.</p>
+
+<p>&mdash;Y muy mal educada&mdash;añadió la de Ribert.</p>
+
+<p>&mdash;Eso es lo más sabroso... Usted, señora, no entiende nada de amor...</p>
+
+<p>&mdash;Francisca&mdash;replicó la de Ribert, muy severa esta vez,&mdash;si sigue usted
+así voy a ponerla en la puerta.</p>
+
+<p>&mdash;Señora&mdash;exclamó Francisca con una flexibilidad enteramente
+felina,&mdash;hablaba en broma, no me regañe usted... Era para escandalizar a
+Magdalena, cuya expresión de inocencia me divierte mucho.</p>
+
+<p>Y Francisca me envió un beso con los dedos mientras la de Ribert seguía
+mirándola de un modo poco tierno... Qué idea la de tomar en serio lo que
+dice esta loca de Francisca... Es tan niña...</p>
+
+<p>&mdash;¿Puedo escuchar aún, algunos párrafos de esa correspondencia de
+solteros?&mdash;preguntó Francisca.&mdash;Prometo ser buena como una imagen y
+respetuosa como un leño.</p>
+
+<p>La mirada de la de Ribert se dulcificó ante el tono de la petición, que
+produjo en todas una franca carcajada.</p>
+
+<p>&mdash;Al lado&mdash;dijo,&mdash;de todos los motivos de abstención ya enumerados, hay
+aquí una carta según la cual se debe atribuir el celibato de muchos al
+desarrollo del lujo. Su autor, hijo de un antiguo zuavo pontificio,
+cita una frase de Pío IX a la señorita de Gentelles: «Es el lujo lo que
+con frecuencia desune a los esposos y con más frecuencia todavía impide
+la conclusión de los matrimonios; pues apenas se encuentran hombres que
+consientan en cargarse con tan enorme gasto.»</p>
+
+<p>&mdash;Pío IX debía de tener la presciencia de mis pretendientes&mdash;exclamó
+Francisca con graciosa convicción.&mdash;¿Y qué van ustedes a hacer de todas
+estas noticias?</p>
+
+<p>&mdash;Nada&mdash;respondió la de Ribert.&mdash;Es una satisfacción para mí saber que
+los jóvenes tienen buenas razones para no lanzarse a un matrimonio
+arriesgado... Las muchachas de la clase media están muy mal educadas y
+no quieren a los hombres de posición análoga a la suya.</p>
+
+<p>&mdash;Eso no es cierto&mdash;dijo Francisca.&mdash;Un marido no importa cómo, sea
+quien quiera, en cualquier parte que se encuentre, aunque sea en la
+China, es todo lo que yo pido.</p>
+
+<p>&mdash;¡Qué Francisca ésta!&mdash;murmuró la indulgente Genoveva con una mirada
+suplicante hacia su madre para que no respondiese a Francisca.</p>
+
+<p>La de Ribert me leyó todas las cartas recibidas, y dejé a aquellas
+señoras, llevándome la carta de mi alma hermana, que Genoveva me puso en
+la mano en el momento de salir.</p>
+
+<p>Cuando entré en casa, la abuela, que estaba en el salón, notó en seguida
+mi alegría y levantó la cabeza tan bruscamente que se le cayeron las
+gafas a la alfombra.</p>
+
+<p>&mdash;Muy risueña estás, hija mía&mdash;me dijo con su bondad habitual.&mdash;¿Qué
+hay?</p>
+
+<p>Sin tener en cuenta su animosidad por nuestras investigaciones, se lo
+conté todo y le leí triunfalmente la carta del señor Baltet. Esperaba yo
+un sermón sobre las costumbres actuales y violentos reproches sobre el
+modo de ser de las jóvenes modernas, pero, con gran asombro mío, la
+abuela se contentó con mirarme con sorpresa y exclamó en tres tonos
+diferentes:</p>
+
+<p>&mdash;Calla... calla... calla...</p>
+
+<p>Después se aseguró tranquilamente las gafas en la nariz, cogió su labor
+y habló de otra cosa...</p>
+
+<p>¡Y yo, que esperaba una reprimenda!...</p>
+
+
+
+<p class="fecha">15 de enero.</p>
+
+
+<p>Es curioso cómo me interesa el señor Baltet... Llevo dos noches soñando
+con él. Le veo rubio, delgado, bastante alto. Sus ojos azules son dulces
+y su voz agradable.</p>
+
+<p>Bajo el imperio de mi preocupación involuntaria, me interesan menos las
+cartas que recibe la de Ribert, que no comprende mi repentina
+indiferencia... Hago vanos esfuerzos para recobrar mi ardor, pero no lo
+consigo.</p>
+
+<p>Genoveva ha descubierto una parte de la verdad.</p>
+
+<p>&mdash;Ahora que Magdalena posee su alma hermana, no le interesa ya el resto.</p>
+
+<p>Es eso y no lo es. Pero cómo explicar...</p>
+
+<p>La de Ribert me leyó una porción de misivas explicando de diversos modos
+la escasez de maridos... ¡Cómo me hubiera interesado todo esto hace
+quince días!... Hubiera sido para mí un placer transcribir todas estas
+cartas, estudiarlas de cerca, discutirlas. Hoy no tengo paciencia para
+ello ni lo deseo... Cómo se cambia...</p>
+
+<p>Lo que yo quisiera, a todo esto, es saber si el señor Baltet es rubio o
+moreno... Me gustaría que se pareciese a mi sueño...</p>
+
+
+
+<p class="fecha">24 de enero.</p>
+
+
+<p>¡Qué cosa tan singular es una idea fija!...</p>
+
+<p>Creo, palabra de honor, que no pienso ya más que en el señor Baltet...
+Llevo la necedad hasta poner su carta debajo de mi almohada... Es un
+colmo y un colmo estúpido, como diría Francisca. ¿Qué necesidad tengo de
+la carta del señor Baltet para dormir?...</p>
+
+<p>¿Estaré enferma?</p>
+
+<p>Saco la lengua delante del espejo, y la encuentro magnífica... Me tomo
+el pulso y nada tiene de anormal... ¿Qué es entonces todo esto?...
+¿Existe un resfriado moral?...</p>
+
+<p>Todo me lleva invariablemente a ese señor Baltet a quien no conozco.
+Ayer encontré a Petra que, con tierna solicitud, iba a acompañar a paseo
+a Simona y Gertrudis de Erinois, y no pude menos de pensar que sería yo
+muy feliz paseándome así con las niñas de Baltet... si es que existen
+niñas de Baltet... La de Brenay acapara a los Erinois, padre e hijos;
+todo Aiglemont se interesa por la lucha Brenay-Erinois, como llaman a la
+nueva intentona de esta ambiciosa señora de Brenay. Se hacen apuestas, y
+Paulina me ha contado que su padre ha apostado un peso a que la boda no
+se hace. La de Aimont está muy descontenta porque teme que esta historia
+de la apuesta llegue a oídos de los Brenay, que se pondrían furiosos.</p>
+
+<p>&mdash;Pero también&mdash;objetaba la de Aimont,&mdash;no se comprende semejante
+imprudencia... Petra ha recorrido ayer toda la calle de Thiers con las
+niñas de Erinois... Es correr detrás del padre demasiado visiblemente.</p>
+
+<p>No veo que haya una relación tan visible entre el padre y las hijas,
+pero esto debe de consistir en mis preocupaciones personales.</p>
+
+<p>¿Será que mi cabeza descarrila, como dice algunas veces la abuela?...</p>
+
+
+
+<p class="fecha">29 de enero.</p>
+
+
+<p>Esta tarde, me ha sorprendido la abuela registrando el diccionario
+geográfico.</p>
+
+<p>&mdash;¿Qué buscas, Magdalena?</p>
+
+<p>&mdash;Nada, abuela... El nombre de una población&mdash;balbucí ruborizándome de
+un modo anormal.</p>
+
+<p>&mdash;¿Qué nombre?</p>
+
+<p>&mdash;Bellefontaine&mdash;murmuré ocultando esta vez la cara en el libro.&mdash;Tiene
+6.000 habitantes&mdash;dije sin atreverme a levantar los ojos.</p>
+
+<p>&mdash;Un poco menos que Aiglemont&mdash;respondió la abuela sin fijarse lo más
+mínimo en mi confusión.&mdash;Me gustan esos pueblos pequeños... Las
+costumbres son en ellos apacibles y honradas...</p>
+
+<p>Dicho esto, me dejó con el pretexto de dar órdenes a Celestina. No sé
+por qué me pareció sorprender un relámpago de satisfacción en la mirada
+que me echó al cerrar la puerta...</p>
+
+
+
+<p class="fecha">2 de febrero.</p>
+
+
+<p>Descarrilo, positivamente.</p>
+
+<p>Esta mañana, después de misa, me he encontrado delante de la imagen de
+San Antonio con la de Aimont. San Antonio es menos comprometedor que San
+José y las muchachas casaderas pueden rezarle sin que todo el pueblo sea
+informado inmediatamente de que están en instancia con el Cielo para
+obtener un marido.</p>
+
+<p>La de Aimont estaba confusa y yo también. Ella rezaba por el señor de
+Martimprey a fin de que el santo favoreciese el matrimonio de su hija.
+Yo suplicaba a San Antonio en favor del señor Baltet. Pero sin precisar.</p>
+
+<p>&mdash;He perdido unas llaves que me hacen mucha falta y vengo a encomendar
+mi causa a San Antonio&mdash;me dijo la de Aimont al oído.</p>
+
+<p>&mdash;Yo he extraviado un pañuelo de valor&mdash;respondí con la misma
+sinceridad,&mdash;y espero que San Antonio...</p>
+
+<p>Cambiamos un apretón de manos y no hubo más.</p>
+
+<p>La de Ribert, a quien encontré al salir de la Catedral, me dio broma
+amablemente sobre mi repentino desencanto respecto de nuestros
+estudios...</p>
+
+<p>Protesté, pero débilmente y sin convicción. Para explicar mi cambio de
+actitud alegué unos trabajos urgentes de pintura. La abuela, que se
+reunió con nosotros en este momento, cambió con la de Ribert una mirada
+de inteligencia que me ruborizó... Por fortuna, la conversación tomó
+otro sesgo.</p>
+
+<p>¡Dios mío, te lo ruego, haz que ni la abuela ni la de Ribert adivinen mi
+niñería!</p>
+
+
+
+<p class="fecha">10 de febrero.</p>
+
+
+<p>Francisca, extrañada porque no me encuentra en ninguna parte, ha venido
+a buscarme esta mañana.</p>
+
+<p>Vamos a ver, Magdalena&mdash;me gritó desde el umbral de la puerta,&mdash;vengo a
+saber por qué desapareces así de la circulación. ¿Por qué no has ido a
+casa de Petra ni a la de Paulina?... Te hemos echado mucho de menos...
+Si supieras cómo nos hemos reído... La de Brenay se cree ya suegra del
+Barón de Erinois; habla de él con un orgullo extravagante y mima a las
+chiquillas cuanto puede...</p>
+
+<p>&mdash;¡Ah!&mdash;dije aparentando interés.</p>
+
+<p>&mdash;Simona de Erinois dijo el otro día una frase que no tiene precio.
+Figúrate que se atrevió a decir a la de Brenay: «Eres amable porque
+quieres a papá...» Imagínate el cuadro...</p>
+
+<p>&mdash;¡Ah!...</p>
+
+<p>&mdash;Lo que me parece que va bien es el matrimonio de Paulina. Según lo que
+cuenta la de Aimont, el joven que tiene tan bonita fortuna en Martimprey
+exige 20.000 pesos de dote. La de Aimont protesta... «¡Qué
+exigencia!&mdash;murmura;&mdash;es draconiano...»</p>
+
+<p>&mdash;Y ella, ¿no se encuentra exigente?</p>
+
+<p>&mdash;Nada de eso&mdash;respondió Francisca con una burlona carcajada.&mdash;Ella es
+natural que tenga las pretensiones que quiera, eso es permitido... Lo
+que no lo es, es que el caballero haga lo mismo.</p>
+
+<p>&mdash;¡Ah!&mdash;respondí pensando en otra cosa.</p>
+
+<p>Francisca se acercó a mí y me levantó la cabeza cogiéndome por la
+barbilla.</p>
+
+<p>&mdash;¿Me quieres decir qué significan esas distracciones?&mdash;me preguntó
+meneándome.&mdash;La verdad es que no te conozco... Vamos, no me mires así,
+porque creeré que no tienes la conciencia tranquila...</p>
+
+<p>Por toda respuesta me eché a llorar sin poder más que decir débilmente:</p>
+
+<p>&mdash;No sé lo que tengo... Creo que estoy enferma...</p>
+
+<p>Francisca me miró un instante en silencio, registró mi escritorio,
+descubrió mi diario y leyó las últimas páginas sin que yo pensase
+siquiera en oponerme.</p>
+
+<p>&mdash;¡Vamos! esto es... Estás cogida, mi pobre amiga...</p>
+
+<p>&mdash;¿Cómo cogida?...</p>
+
+<p>&mdash;Sí, estás chiflada por el señor Baltet.</p>
+
+<p>&mdash;Chiflada...</p>
+
+<p>&mdash;Ciertamente... Le amas... ¿Comprendes ahora?</p>
+
+<p>&mdash;No, no, Francisca, no te figures eso&mdash;exclamé espantada y sin llorar
+ya esta vez;&mdash;estoy enferma...</p>
+
+<p>&mdash;Enferma... ¿Dónde?</p>
+
+<p>&mdash;Por todas partes...</p>
+
+<p>&mdash;Una especie de angustia, ¿eh?...</p>
+
+<p>&mdash;Sí.</p>
+
+<p>&mdash;Falta de interés hacia todo... Una idea fija...</p>
+
+<p>&mdash;Sí, sí...</p>
+
+<p>&mdash;Accesos de tristeza... Ganas de llorar...</p>
+
+<p>&mdash;Sí, sí&mdash;dije sintiendo que las lágrimas se me escapaban con
+abundancia.</p>
+
+<p>&mdash;Pues bien, eso es el amor&mdash;exclamó Francisca con entonación
+triunfante.&mdash;Te aseguro, hija mía, que eso es el amor...</p>
+
+<p>&mdash;No es posible&mdash;respondí indignada.&mdash;No conozco siquiera a ese señor y
+quieres que le ame...</p>
+
+<p>&mdash;No es necesario conocer para amar&mdash;dijo Francisca con vivacidad.&mdash;En
+las novelas no se conoce más que a los amigos. Con los enamorados la
+cosa es más rápida... Una chispa, y brota el amor...</p>
+
+<p>&mdash;En las novelas, Francisca, pero en la vida...</p>
+
+<p>&mdash;En la vida pasa como en las novelas... Créeme, Magdalena, he leído
+bastante para conocer la materia...</p>
+
+<p>&mdash;¿Crees entonces?...&mdash;pregunté un poco influida por la convicción de
+Francisca.</p>
+
+<p>&mdash;Sí... Con tus ideas y tu educación, tenía que suceder... ¡Ah!
+Magdalena, la solterona se transforma en una enamorada... Es
+graciosísimo...</p>
+
+<p>Sonreí débilmente.</p>
+
+<p>&mdash;No te burles, Francisca... Piensa que te puede suceder lo mismo...</p>
+
+<p>&mdash;¿A mí?&mdash;exclamó indignada;&mdash;jamás... ¿Yo enamorada?... El amor, amiga
+mía, no es de mi cuerda.</p>
+
+<p>&mdash;¿Y lo es de la mía?...</p>
+
+<p>&mdash;Completamente... Tú eres cariñosa, Magdalena, y yo no... Por otra
+parte&mdash;añadió,&mdash;prefiero mi carácter al tuyo...</p>
+
+<p>&mdash;Cada cual es como Dios le ha hecho&mdash;suspiré, envidiándole su filosofía
+y su buen humor.</p>
+
+<p>&mdash;Desgraciadamente para ti. Teniendo corazón se sufre... Con un corazón
+de similor como el mío, todo importa poco... ¡Viva el similor!...</p>
+
+<p>&mdash;¡Viva el amor!&mdash;respondí por lo bajo.</p>
+
+<p>&mdash;¡Qué gusto!&mdash;exclamó Francisca muy contenta.&mdash;Va a ser divertido ver a
+una enamorada de carne y hueso... ¿Me lo contarás todo, eh,
+Magdalena?...</p>
+
+<p>La niñada de Francisca me hizo reír, y prometí todo lo que quiso. He
+aquí a la buena Francisca elevada al papel de confidente... Se calumnia
+al decir que no tiene corazón, y todo el mundo es injusto con ella...
+Es, sin embargo, la única que me ha comprendido... Qué buena y segura
+amiga...</p>
+
+<p>&mdash;¡Pensar que estoy enamorada!... Es lindo el amor, pero triste... Y
+hasta hace un poco de daño...</p>
+
+
+
+<p class="fecha">16 de febrero.</p>
+
+
+<p>La abuela va con frecuencia a casa de la Ribert, el padre Tomás viene a
+la nuestra, Genoveva aparece y desaparece y me envía amables sonrisas, y
+Celestina afecta cierto aire de discreción... Con tal de que no piensen
+otra vez en casarme... ¡Oh! no, no estoy para entrevistas...</p>
+
+<p>No he podido menos de dar parte a Francisca de mis temores, y me ha
+animado a la resistencia.</p>
+
+<p>&mdash;El amor es siempre contrariado por la familia&mdash;observó, dándose
+importancia.</p>
+
+<p>&mdash;¿Crees eso?</p>
+
+<p>&mdash;Sí. Hay que tener energía y no dejarte influir...</p>
+
+<p>&mdash;Pero...</p>
+
+<p>&mdash;Si cedes, todo está perdido.</p>
+
+<p>&mdash;No cedo&mdash;respondí;&mdash;pero, en fin, Francisca, yo no conozco al señor
+Baltet...</p>
+
+<p>&mdash;Que no le conoces... ¿Y la famosa carta?...</p>
+
+<p>&mdash;Es verdad; existe la carta.</p>
+
+<p>&mdash;Una carta como esa, basta para inflamar un corazón...</p>
+
+<p>&mdash;Un corazón inflamable&mdash;rectifiqué,&mdash;pero no uno como el tuyo.</p>
+
+<p>&mdash;No se trata de mí&mdash;respondió Francisca.&mdash;sabes que yo no represento
+más que los papeles de coqueta, mientras que tú eres una enamorada de
+nacimiento...</p>
+
+<p>&mdash;¿Verdad?...</p>
+
+<p>&mdash;Sí, cuando yo te lo digo...</p>
+
+<p>¡Buena y querida Francisca!... Qué suerte tiene de saber tanto... Hemos
+discutido juntas el santo a quien hay que rezar para conseguir que el
+señor Baltet llegue a conocerme. Yo me inclinaba a San Antonio, pero
+Francisca no es de mi opinión y me encomienda a Santa Magdalena. Me ha
+traído el librito del padre Lacordaire para excitar mi confianza en la
+querida santa.</p>
+
+
+
+<p class="fecha">20 de febrero.</p>
+
+
+<p>&mdash;¡Qué revolución en mi vida!...</p>
+
+<p>&mdash;¡Oh! qué inmenso agradecimiento el mío a mi buena y querida abuela...
+Y pensar que estaba yo a punto de creer que su abnegación se
+debilitaba... Qué monstruoso error y qué ingratitud sin ejemplo...</p>
+
+<p>Esta mañana, almorzando, la abuela me hizo observar que estaba quedando
+mal con la de Ribert y que no debía abandonarla así, después de haberla
+molestado tanto con mis deseos de estudio.</p>
+
+<p>Si ahora te interesan menos las solteronas&mdash;dijo la abuela con fina
+sonrisa,&mdash;no por eso debes tomar ese aspecto despegado... Hace más de
+cinco meses nos estás fastidiando con tus solteronas... ¡Dios mío! qué
+disgustos me has dado... En fin, ya pasó...</p>
+
+<p>&mdash;¿Qué es lo que ha pasado?&mdash;pregunté fingiendo no comprender el
+pensamiento de la abuela.</p>
+
+<p>&mdash;Tu incomprensible gusto... Para ti no había más que las solteronas...
+Sólo ellas eran buenas y perfectas...</p>
+
+<p>&mdash;No, abuela. Pero convengamos en que son tan buenas y tan perfectas
+como las casadas... o más.</p>
+
+<p>&mdash;¡Bah! no hablemos más... Para salvar tu reputación, iremos esta tarde
+a casa de la de Ribert... No quiero que esta excelente amiga te juzgue
+mal.</p>
+
+<p>Se convino que a las tres dadas me encontraría dispuesta para acompañar
+a la abuela, y como no quería, de ningún modo, sufrir un interrogatorio
+malicioso, envié dos letras a Francisca para que se encontrase a las
+tres en casa de la de Ribert. Contaba con ella para cambiar de
+conversación e impedirla que fuese desagradable para mí.</p>
+
+<p>A la hora indicada, y en el momento de entrar en casa de nuestras
+amigas, nos tropezamos con Francisca, la cual, después de haber saludado
+amablemente a la abuela, nos propuso acompañarnos. La abuela hizo un
+movimiento de protesta que Francisca aparentó no ver ni yo tampoco. En
+seguida llamé, para evitar la hostilidad de la abuela, a la que no hacía
+ninguna gracia la compañía de Francisca.</p>
+
+<p>Marieta, la doncella, nos abrió la puerta, y cambió un mirada con la
+abuela, que me asombró. Pareció que la abuela le preguntaba:</p>
+
+<p>&mdash;¿Hay alguien con la señora?</p>
+
+<p>Y que Marieta había respondido:</p>
+
+<p>&mdash;Sí.</p>
+
+<p>Mientras subía la escalera, me sentí oprimida y rara. Francisca me
+empujó con el codo y me dijo:</p>
+
+<p>&mdash;Esto huele a misterio, ¿eh?...</p>
+
+<p>Mi opresión aumentaba, y me parecía que marchaba hacia mi destino, casi
+hacia mi desgracia... Si me hubiera atrevido, me hubiera escapado... Por
+fin, se abre la puerta del salón y... ¿qué veo?</p>
+
+<p>Delante de la ventana, ocupados en mirar fotografías, estaban la de
+Ribert y un joven rubio... alto... delgado... de ojos azules... Es el
+señor Baltet, estoy segura...</p>
+
+<p>Las presentaciones no me enseñaron nada. Le había conocido... ¡Cómo se
+parecía al hombre de mis sueños!... Su voz tiene las mismas inflexiones
+corteses... ¡Es él!...</p>
+
+<p>Pero... si es él, es que la abuela y la de Ribert me han adivinado...
+¡Qué vergüenza!</p>
+
+<p>Por un violento esfuerzo, logro recobrar un poco la calma, pero no puedo
+hablar... Francisca, que lo ha comprendido todo, se divierte
+grandemente, ríe, habla, afecta su expresión reservada de los buenos
+días, y exhibe de vez en cuando algún ingenio. Está encantadora,
+mientras que yo tengo la sensación de estar estúpida como una docena de
+gansos reunidos... La de Ribert me mira con reproche, la abuela con
+ansiedad, y las dos están casi duras con Francisca, y cortan
+intencionadamente sus frases más brillantes... Por fortuna para mi
+amiga, su humor parece estar en buen tiempo fijo y me quedo asombrada
+de su dulzura desusada. ¡Pobre Francisca! Hace eso por mí... Qué buena
+es...</p>
+
+<p>La de Ribert nos explicó en pocas palabras cómo había conocido al señor
+Baltet, y habló de sus investigaciones sobre el celibato... La abuela
+sonrió... El señor Baltet tomó parte en la conversación... Genoveva
+habló también... Solamente a mí no se me ocurrió nada que decir... Era
+tan feliz con mi absurda angustia... No sé cuánto tiempo duró la visita,
+pero cuando la abuela se levantó, di un suspiro de pena... La abuela lo
+notó probablemente, pues invitó al señor Baltet a ir a casa al día
+siguiente, con aquellas señoras, para ver unas antigüedades que podía
+enseñarles.</p>
+
+<p>El señor Baltet dio las gracias y aceptó, diciendo que quería aprovechar
+su estancia en Aiglemont para hacer unos estudios arqueológicos del
+mayor interés. Tiene una carta de recomendación para el padre Tomás, lo
+que pareció encantar a la abuela.</p>
+
+<p>Pero Francisca dio un violento golpe a su encanto, expresando que
+tendría mucho gusto en ser admitida a contemplar esas cosas que tanto le
+gustan. La abuela no había comprendido ciertamente a Francisca en la
+invitación, pero la curiosilla desempeñó perfectamente bien el papel de
+aficionada a antigüedades, y hasta tomó cierta expresión profunda al
+hablar de arqueología, todo para ablandar a la abuela y conseguir que no
+se le cerrase la puerta... El señor Baltet parecía ver con placer las
+diversas evoluciones de Francisca. Cómo se hubiera reído si hubiera
+sospechado la comedia que nos estaba representando...</p>
+
+<p>Genoveva me acompañó hasta la puerta y me dio un beso tan tierno, que
+me sentí instantáneamente animada y libre de mi absurda angustia.</p>
+
+<p>&mdash;Qué lástima, dejar a la de Ribert&mdash;dije a la abuela en cuanto
+salimos.&mdash;Creo ahora haber recobrado mi presencia de ánimo y hubiera
+gozado más de la presencia de mi alma hermana...</p>
+
+<p>&mdash;Silencio&mdash;dijo la abuela;&mdash;esperemos a estar en casa para hablar
+libremente...</p>
+
+<p>Al llegar, me eché en los brazos de la abuela, y sólo mis lágrimas le
+dijeron elocuentemente mi agradecimiento.</p>
+
+<p>&mdash;¡Querida abuela!&mdash;suspiré, cubriéndola de besos.</p>
+
+<p>&mdash;¿Estás contenta, hija mía?&mdash;me preguntó con voz conmovida,
+devolviéndome con usura mis caricias.</p>
+
+<p>&mdash;Abuela, abuela... ¿Habías adivinado?... Qué ángel guardián...</p>
+
+<p>&mdash;No era difícil&mdash;respondió.&mdash;Eres tan misteriosa, pobre hija mía, que
+llevas el secreto escrito en la frente...</p>
+
+<p>&mdash;¡Dios mío! y yo que apenas lo sabía... Sin Francisca, no lo hubiera
+sospechado siquiera...</p>
+
+<p>&mdash;Dichosa inocencia&mdash;exclamó la abuela riéndose.&mdash;Pero&mdash;añadió más
+severamente,&mdash;te ruego, Magdalena, que no acojas a Francisca como lo
+haces... Es astuta esa muchacha... Me contraría el verla mañana con el
+señor Baltet...</p>
+
+<p>&mdash;¿Por qué?&mdash;pregunté sorprendida.</p>
+
+<p>&mdash;Por nada&mdash;respondió la abuela, haciendo un movimiento como para
+ahuyentar un pensamiento importuno.&mdash;Hablemos de nuestro complot...</p>
+
+<p>Me contó entonces que había vigilado mis impresiones, que se había
+confiado al padre Tomás, y que la de Ribert había prestado su concurso
+a la conspiración. Con el pretexto de comunidad de ideas, había
+respondido directamente al señor Baltet. Este había pedido con la misma
+ocasión algunos datos sobre los descubrimientos arqueológicos hechos en
+Aiglemont, y la de Ribert había respondido tan bien, que el señor Baltet
+manifestó el deseo de venir a juzgar personalmente. Y todo se había
+arreglado.</p>
+
+<p>&mdash;De modo&mdash;pregunté mordida en el corazón por una secreta angustia,&mdash;que
+no se ha tratado de mí...</p>
+
+<p>&mdash;Nada de eso&mdash;respondió la abuela.&mdash;Acuérdate de la declaración de
+principios del señor Baltet... Creo que hablaba de exterminar a todo
+intermediario en un asunto matrimonial... No era este el caso de
+probar...</p>
+
+<p>&mdash;Mejor&mdash;respondí;&mdash;me quitas un gran peso...</p>
+
+<p>&mdash;Un poco de buen sentido, Magdalena&mdash;dijo la abuela.&mdash;Ya me haces
+incurrir en cosas bastante extraordinarias sin llegar a ofrecer a nadie
+mi nieta... ¡Ah! qué débil es el corazón de una abuela... Por cariño a
+ti, me veo metida en la más tonta historia que he visto jamás... La
+culpa es de las solteronas... Las abomino...</p>
+
+<p>&mdash;Querida abuela&mdash;respondí, apoyando la cabeza en su hombro,&mdash;si esas
+aborrecidas solteronas fuesen la causa de mi felicidad, ¿las
+detestarías?...</p>
+
+<p>&mdash;No, hija mía&mdash;dijo la abuela enternecida.&mdash;Tu dicha es mi única
+preocupación... de modo que tú crees...</p>
+
+<p>&mdash;Sí&mdash;balbucí confusa,&mdash;sí, creo...</p>
+
+<p>&mdash;¿Ya no eres opuesta al matrimonio?</p>
+
+<p>&mdash;Muy poquito ya... casi nada.</p>
+
+<p>&mdash;¡Ay! hija mía, qué alegría me das... Al fin podré morir tranquila...</p>
+
+<p>&mdash;No hables así, abuela adorada. Lo que hace falta es que vivas mucho
+tiempo... siempre.</p>
+
+<p>La abuela movió la cabeza con expresión de pena, y para no enternecerse
+más, me habló de la buena posición del señor Baltet, de sus gustos
+serios y de sus relaciones con el mundo de la ciencia.</p>
+
+<p>&mdash;¡Es alguien!&mdash;dijo la abuela.</p>
+
+<p>&mdash;Con tal de que yo llegue a ser algo para ese alguien...&mdash;murmuré con
+nueva angustia.</p>
+
+<p>&mdash;¿Por qué no?&mdash;respondió la abuela con orgullo.&mdash;Tendría que ver que a
+ese señor se le ocurriera criticarte...</p>
+
+<p>&mdash;Sin criticarme, podría sencillamente no reparar en mí...</p>
+
+<p>&mdash;¿En ti?...</p>
+
+<p>Esta pregunta fue un poema de amor, de confianza y de admiración y dijo
+todo el cariño de mi abuela querida y su fe ciega en el porvenir de su
+nieta.</p>
+
+<p>¡Pobre abuela!...</p>
+
+
+
+<p class="fecha">21 de febrero.</p>
+
+
+<p>El señor Baltet me gusta cada vez más.</p>
+
+<p>Ha estado delicioso esta tarde. Cada uno de los objetos que le
+presentaba la abuela, era motivo para una disertación medio seria,
+medio jocosa. La de Ribert y Genoveva han quedado conquistadas como
+yo... aunque en distinto grado. Hasta Celestina manifiesta alguna
+indulgencia hacia el señor Baltet. La abuela no habla más que de él, y
+su nombre sale a cada instante en la conversación... Yo sonrío y me
+pongo encarnada... Dios mío, qué dichosa soy...</p>
+
+<p>Francisca me asombra prodigiosamente. Ella, que no tiene la costumbre de
+hablar seriamente, está admirable de formalidad y de oportunidad. No sé
+dónde ha ido a buscar las anécdotas que nos ha contado sobre un plato de
+Bernardo Palissy; todas la hemos escuchado con la misma sorpresa. Sin
+ese airecito reservado y dulce que ha inaugurado, sin duda en obsequio
+del señor Baltet, se hubiera ganado algunas observaciones de la abuela o
+de la de Ribert; pero nadie ha dicho nada, en consideración a un
+esfuerzo tan meritorio. El mismo señor Baltet escuchaba con gusto lo que
+decía Francisca. En varias ocasiones ha buscado su mirada y casi
+solicitado su aprobación; y la deliciosa Francisca, encantadora de
+ingenuidad y de modestia, sonreía, decía algunas palabras sin
+incorrecciones, se callaba y bajaba los ojos... Hasta he notado que le
+sale muy bien ese juego de miradas... Qué milagrosa conversión... No he
+podido menos de hacérselo observar:</p>
+
+<p>&mdash;Dime, Francisca, ¿se trata de una apuesta?</p>
+
+<p>&mdash;No hagas caso, Magdalena&mdash;me respondió, soltando una carcajada, que me
+pareció nerviosa,&mdash;es mi cara de hacer conquistas...</p>
+
+<p>&mdash;¡Su cara de hacer conquistas!... ¡Qué broma!...</p>
+
+
+
+<p class="fecha">25 de febrero.</p>
+
+
+<p>Se ha marchado, y todo mi horizonte se ha ensombrecido de repente... El
+cielo me parece obscuro, las nubes tristes, las calles enlutadas, la
+gente fea y me pesa la vida diaria... ¿Es esto el amor?... ¿Amaré
+verdaderamente a un hombre a quien apenas conozco y en el que pienso sin
+cesar?...</p>
+
+<p>La abuela asegura que le he gustado y apoya su opinión en las
+confidencias que le ha hecho el padre Tomás. El señor Baltet le ha
+hablado de su deseo de casarse y de su voluntad de no hacerlo más que
+con una mujer que le guste absolutamente. El cura, con su espiritual
+bondad, le ha animado, y ha sabido por él que mi alma hermana se
+interesa por una joven descubierta hace poco tiempo... ¡Salto de
+alegría!... Gracias, Dios mío...</p>
+
+<p>El señor Baltet debe de estar contento de la recepción que se le ha
+hecho en Aiglemont. El padre Tomás le ha mostrado una benevolencia
+excesiva. El señor Dumais, a ruego de Francisca, se ha desvivido por
+acompañarle y enseñarle las curiosidades de la población, y, en una
+palabra, todos han puesto de su parte para que el arqueólogo encuentre
+en Aiglemont algo más que la antigüedad... ¿Ha encontrado,
+verdaderamente?... ¿Se lleva una impresión seria y duradera?... ¡Cómo
+quisiera saberlo!...</p>
+
+<p>He tratado de ver a Francisca para saber su pensamiento sobre esto, y me
+ha sido imposible... Francisca, que se encontraba como por milagro ante
+los pasos del señor Baltet, es ahora invisible.</p>
+
+<p>&mdash;La señorita ha salido.</p>
+
+<p>Tal es la respuesta que responde a mi campanillazo, cada vez que trato
+de ver a esta fantástica Francisca.</p>
+
+<p>Es curioso... Creí tener muchas cosas que escribir esta noche, y no me
+ocurre nada... Estoy distraída... Busco las palabras, y mis ideas se
+confunden... ¿Qué estará haciendo el señor Baltet mientras yo
+escribo?...</p>
+
+
+
+<p class="fecha">1.º de marzo.</p>
+
+
+<p>La de Ribert ha recibido una carta de mi alma hermana, llena de
+esperanzas para mí. El señor Baltet escribe con todas sus letras:</p>
+
+<p>«Espero que tendré pronto una gran confidencia que hacer a usted,
+confidencia a que tiene derecho, puesto que está usted un poco en el
+fondo del secreto que me interesa.»</p>
+
+<p>Genoveva me ha dado broma sobre esto.</p>
+
+<p>&mdash;El señor Baltet ha descubierto un sarcófago o alguna moneda muy rara,
+y quiere participárselo a mi madre... Es muy amable&mdash;ha añadido,
+dirigiéndome una linda sonrisa.</p>
+
+<p>Yo también me he reído... Qué lejos está el señor Baltet de tal asunto
+de confidencias... Tan lejos como yo...</p>
+
+<p>He podido echar la vista encima a Francisca, durante un minuto. Estaba
+nerviosa, molesta e impresionable en exceso.</p>
+
+<p>&mdash;Sabes&mdash;le dije, con toda la exuberancia de mi alegría,&mdash;la de Ribert
+tiene una carta...</p>
+
+<p>&mdash;¡Ah!&mdash;dijo con voz apagada.&mdash;¿Y qué dice?...</p>
+
+<p>&mdash;Nada preciso, pero hay muchas esperanzas...</p>
+
+<p>&mdash;¿Nada preciso?... ¿Seguramente?...&mdash;preguntó en un tono violento y
+temeroso a la vez.</p>
+
+<p>&mdash;Puesto que yo te lo digo&mdash;respondí extrañada al ver aquel temor
+incomprensible.&mdash;Nadie está más interesado que yo en creer otra cosa...</p>
+
+<p>&mdash;Es verdad&mdash;replicó Francisca con voz extraña,&mdash;tú eres la más
+interesada en la cuestión...</p>
+
+<p>&mdash;Sin duda&mdash;dije.&mdash;Y dime, ¿cómo le encuentras?...</p>
+
+<p>&mdash;¿Yo?...&mdash;preguntó Francisca...&mdash;Pero cogió de prisa el sombrero, que
+estaba en una mesa de su cuarto, y se lo puso en un momento...&mdash;¡Y yo
+que olvidaba el encargo de mamá!...&mdash;exclamó, con una prisa
+extraordinaria en ella.&mdash;Dispénsame, Magdalena, tengo que salir... ¡Ah!
+sí&mdash;dijo en el momento en que la dejaba,&mdash;me preguntabas cómo le
+encuentro... Pues bien, mi opinión no ha cambiado... El señor Baltet es
+un majadero, a quien la primera mujer un poco lista escamoteará cuándo y
+cómo le plazca...</p>
+
+<p>&mdash;Si soy yo&mdash;exclamé,&mdash;no me quejo.</p>
+
+<p>&mdash;Y tienes razón&mdash;respondió Francisca, con no sé qué relámpago en los
+ojos.</p>
+
+<p>Es singular esta Francisca...</p>
+
+<p>Mi destino empieza a dibujarse... Voy a él confiada y dichosa, creyendo
+al fin en la felicidad de la mujer en posesión de un marido amado y de
+unos hijos queridos... ¡Qué camino recorrido en pocas semanas!...</p>
+
+<p>No he podido menos de hacérselo observar a la de Ribert, cuya
+indulgencia conozco.</p>
+
+<p>&mdash;Es el momento psicológico, Magdalena... Esa hora suena para todas...</p>
+
+<p>&mdash;Pero hay que oírla&mdash;murmuré con una fantástica visión en el corazón y
+en los ojos.</p>
+
+<p>&mdash;¡Bah! habría de ser sorda para no oír, al menos, las campanadas de una
+parte...</p>
+
+<p>&mdash;Es verdad... pero con algodón en los oídos...</p>
+
+<p>&mdash;¿Tiene usted algodón ahora?&mdash;me preguntó la de Ribert, con una sonrisa
+enteramente maternal.</p>
+
+<p>&mdash;No&mdash;respondí, ruborizándome;&mdash;al menos para lo que viene de
+Bellefontaine...</p>
+
+<p>Y me marché con el corazón en fiesta y el alma en ebullición.</p>
+
+
+
+<p class="fecha">5 de marzo.</p>
+
+
+<p>No se habla en el pueblo más que del chasco de la de Brenay con el Barón
+de Erinois. La Bonnetable hace el oficio de tambor municipal y va de
+casa en casa a llevar la noticia. El brillante capitán se vuelve a
+casar, pero no con Petra. Sus 13.000 pesos de renta han encontrado otra
+renta de 4.000 en una joven, sin más antepasados que unos fabricantes de
+productos químicos... La crónica añade que las esperanzas de la novia
+exceden con mucho a su dote...</p>
+
+<p>La abuela lo siente por Petra, puesto que ésta lo deseaba, pero vitupera
+vivamente a la de Brenay, por desear tanto la gran riqueza.</p>
+
+<p>&mdash;¡Qué singulares matrimonios se hacen ahora!&mdash;dice.&mdash;Todo desaparece
+ante la fortuna... Todo el mundo se arrodilla ante el becerro de oro...
+Qué costumbres...</p>
+
+<p>No hay noticias del señor Baltet... La de Ribert le espera todos los
+días... ¡Y yo!...</p>
+
+<p>&mdash;Dígale usted que sí en seguida, señora, no le haga usted esperar&mdash;le
+digo muy bajo.</p>
+
+<p>&mdash;De modo que hay que decir sí...</p>
+
+<p>&mdash;Sí... sí... sí...</p>
+
+<p>&mdash;Cómo me recuerdas a tu pobre madre&mdash;dijo la abuela, con voz
+temblorosa.&mdash;Así estaba el día en que tu padre la solicitó...</p>
+
+<p>&mdash;Y los dos te dan las gracias, abuela adorada, por la dicha que das a
+su hija...</p>
+
+<p>&mdash;Así lo espero&mdash;respondió la abuela mirando las fotografías de los
+muertos queridos...&mdash;He hecho cuanto he podido para reemplazarlos
+contigo... ¿Lo he conseguido?</p>
+
+<p>&mdash;Bien sabes que sí.</p>
+
+<p>Mis besos pusieron fin a la conversación.</p>
+
+<p>Como el señor Baltet no sea un buen nieto para la abuela, estoy pronta
+al divorcio... Cuidado con el papel sellado...</p>
+
+
+
+<p class="fecha">9 de marzo.</p>
+
+
+<p>Por fin ha habido una carta suya, dirigida esta vez al padre Tomás, a
+propósito de un volumen que no se encuentra en las librerías... Pero
+como el volumen me interesa poco, retengo sobre todo la frase en que el
+señor Baltet asegura que su viaje a Aiglemont ha sido su camino de
+Damasco, y que su sueño dorado sería llamar su mujer a aquella de quien
+conserva tan profundo recuerdo...</p>
+
+<p>¡Qué bien dicho está!</p>
+
+<p>Cinco veces he leído el famoso pasaje, y, finalmente, para escapar a las
+miradas maliciosas del padre Tomás, me he arrojado llorando en los
+brazos de la abuela.</p>
+
+<p>El cura se quedó un poco sorprendido por esta conclusión imprevista.</p>
+
+<p>&mdash;¡Cómo!... ¿Lágrimas?...&mdash;murmuró levantando las gafas para ver mejor.</p>
+
+<p>&mdash;Sí&mdash;respondió la abuela,&mdash;esta niña está muy sensible...</p>
+
+<p>&mdash;¿Y es esa frase, que parece insignificante, la que ha provocado tal
+diluvio?</p>
+
+<p>&mdash;Ciertamente... Señor cura&mdash;añadió la abuela descontenta,&mdash;no tiene
+usted corazón, sino comprende estas lágrimas.</p>
+
+<p>&mdash;¡Bah!&mdash;respondió el cura, comprimiendo políticamente la risa,&mdash;creo
+tenerlo un poco, aunque mis glándulas lacrimales no tengan la misma
+capacidad que las de Magdalena...</p>
+
+<p>No pude menos de reírme de la evidente sinceridad del cura, el cual dio
+un salto al oír la carcajada burlona que dejé escapar.</p>
+
+<p>&mdash;¿Ahora se ríe?...&mdash;exclamó abriendo los ojos con intensa
+sorpresa.&mdash;Qué hermosa es la juventud... Se llora y se ríe sin saber por
+qué...</p>
+
+<p>En seguida, para evitar otra emoción, me preguntó a quemarropa:</p>
+
+<p>&mdash;¿Y las solteronas?... veo que las abandona usted definitivamente... No
+está bien interrumpir tan bonitos estudios...</p>
+
+<p>&mdash;Así es la vida&mdash;respondí;&mdash;pero no crea usted que las abandono, puesto
+que les deberé mi felicidad...</p>
+
+<p>El cura me miró con expresión de asombro, y la abuela me dirigió una
+sonrisa.</p>
+
+<p>&mdash;Eso&mdash;dijo,&mdash;no es de la competencia de usted, señor cura... sea
+indulgente... Magdalena es tan feliz...</p>
+
+<p>&mdash;Feliz por una frasecilla sin estilo, sin citación...&mdash;dijo
+despidiéndonos,&mdash;sí, no lo comprendo...</p>
+
+<p>&mdash;Lo creo, señor cura, que no lo comprende usted... Eso no es de su
+competencia, como dice la abuela...</p>
+
+
+
+<p class="fecha">12 de marzo.</p>
+
+
+<p>¡Ay!... todo está acabado desde ayer... desapareció aquella dicha que
+tanto me ilusionaba...</p>
+
+<p>El señor Baltet se casa, sí, pero... con Francisca...</p>
+
+<p>Es en Francisca en quien ha reparado; es a Francisca a quien ama; a ella
+es a quien pide en matrimonio, por medio de la de Ribert, consternada.</p>
+
+<p>En el primer momento, la de Ribert quería devolver la carta y rogar al
+señor... no, no puedo escribir su nombre... que hiciese sus encargos él
+mismo, pero le supliqué que salvase mi amor propio y aceptase la misión
+que se le confiaba.</p>
+
+<p>La abuela echa chispas contra Francisca; la de Ribert y Genoveva están
+indignadas, y el cura afirma que desde Dalila no se ha visto un ejemplo
+de traición semejante... Me esfuerzo por parecer animosa, pero estoy
+herida en el corazón...</p>
+
+<p>&mdash;¡Queridos sueños míos!... ¡Qué derrumbamiento!</p>
+
+
+
+<p class="fecha">20 de marzo.</p>
+
+
+<p>Se han hecho los esponsales de Francisca... La de Dumais vino ayer a
+participar el matrimonio a la abuela, pero ésta, muy delicada, no pudo
+recibirla...</p>
+
+<p>¡Cuánto sufro, Dios mío!... ¿Le amaba, pues, hasta ese punto?</p>
+
+
+
+<p class="fecha">25 de marzo.</p>
+
+
+<p>Parece que hay que salvar la situación y tener el valor de no cambiar
+mis costumbres para escapar de las hablillas del pueblo. La abuela me
+suplica que reciba a Francisca, que ha venido ya a verme cuatro veces...
+Hasta ahora he resistido, pero la abuela tiene razón... A la misma
+Celestina no dejaría de chocarle... Ayer dejó escapar una reflexión
+significativa:</p>
+
+<p>&mdash;No vale la pena de ponerse una persona en las niñas de los ojos para
+dejarla luego en la puerta...&mdash;murmuró cuando iba a decir a Francisca
+que había yo salido.</p>
+
+<p>Recibiré, pues, a Francisca... Qué penoso momento... Con tal de que
+tenga valor...</p>
+
+
+
+<p class="fecha">28 de marzo.</p>
+
+
+<p>He visto a Francisca y he tenido con ella una escena muy dura.</p>
+
+<p>La abuela me había suplicado tanto que me dominase, y tan vigorosamente
+me había sermoneado el padre Tomás, que estuve casi correcta.</p>
+
+<p>Francisca entró un poco desconcertada. Evidentemente tenía conciencia de
+su mala acción. Sin hacerle un reproche, le ofrecí la mano.</p>
+
+<p>&mdash;¿Me guardas rencor, Magdalena?</p>
+
+<p>&mdash;Mucho.</p>
+
+<p>&mdash;Sin embargo, te juro que ha sucedido a pesar mío...</p>
+
+<p>&mdash;De modo que te casas a pesar tuyo...</p>
+
+<p>&mdash;No... lo confieso... Pero... ¿Cómo diré yo?... Al principio no pensé
+en tal cosa.</p>
+
+<p>&mdash;Sin duda&mdash;dije con amargura.&mdash;Sin pensar, estuviste provocadora y
+coqueta. Sin querer, prodigaste mil gracias conquistadoras y lo hiciste
+todo, todo, para quitármele...</p>
+
+<p>Me callé de repente, viendo que iba demasiado lejos, y seguí diciendo
+con más calma:</p>
+
+<p>&mdash;¿Por qué me has hecho traición?</p>
+
+<p>&mdash;¡Traición!... que palabra...</p>
+
+<p>&mdash;Es la justa.</p>
+
+<p>&mdash;Pues bien, sí, te he hecho traición, pero al principio, créeme,
+Magdalena, no pensaba en ello...</p>
+
+<p>&mdash;Que no pensabas...</p>
+
+<p>&mdash;No, te lo juro... estuviste tan torpe... no hablabas... apenas
+sonreías...</p>
+
+<p>&mdash;Sí, estuve torpe como un ganso y tú ingeniosa como un demonio... es
+sabido... ¿Y qué?...</p>
+
+<p>&mdash;¿Y qué?... Que vi en seguida que no le gustarías jamás... jamás...
+¿entiendes?...</p>
+
+<p>&mdash;¿Por qué jamás?</p>
+
+<p>&mdash;Los hombres como él, no aprecian a las mujeres como tú... Su razón no
+podía simpatizar con la tuya... Su prudencia tenía necesidad de mi
+locura...</p>
+
+<p>&mdash;¡Ah!...</p>
+
+<p>&mdash;La prueba es&mdash;dijo Francisca con energía,&mdash;que en seguida comprendí su
+inclinación hacia mí y su indiferencia contigo.</p>
+
+<p>&mdash;Debiste decírmelo.</p>
+
+<p>&mdash;¿Para hacer imposible mi juego?... No, por cierto, Magdalena. El señor
+Baltet es un hombre serio, un hombre que no ha vivido... Te
+aseguro&mdash;continuó Francisca casi suplicante,&mdash;que esa clase de hombres
+no se aficionan más que a...</p>
+
+<p>&mdash;A las bribonas, tienes razón.</p>
+
+<p>La palabra era dura, y la sentí inmediatamente, aunque sin desear
+retirarla.</p>
+
+<p>&mdash;¡Bien!&mdash;articuló Francisca, respirando profundamente.&mdash;Pero, por muy
+bribona que sea, oye lo que tengo que decirte... Mi prometido... era el
+único marido posible para mí...</p>
+
+<p>&mdash;¿Por qué?</p>
+
+<p>&mdash;Porque es uno de los raros jóvenes que desprecian la fortuna...</p>
+
+<p>&mdash;Desprecio no recíproco, ¿verdad?...</p>
+
+<p>&mdash;No recíproco&mdash;confirmó Francisca muy sombría.&mdash;El es rico y le es
+fácil ese desprecio... yo, soy pobre y quiero vivir...</p>
+
+<p>&mdash;Pues bien, tus medios te lo permitirán ahora&mdash;dejé escapar...</p>
+
+<p>&mdash;¡Ah! Magdalena, eres cruel...</p>
+
+<p>&mdash;Es que sufro... ¿Pero qué te importa eso a ti?&mdash;exclamé bruscamente.</p>
+
+<p>&mdash;Yo también he sufrido&mdash;dijo Francisca...&mdash;tú no sabes lo que es desear
+casarse... No comprendes el infierno de no concebir otra vida más que la
+del matrimonio, ni más dicha que la de una buena unión, y pensar que
+jamás... jamás... se tendrá marido...</p>
+
+<p>&mdash;Se toma el de las demás...</p>
+
+<p>&mdash;El señor Baltet no lo era tuyo.</p>
+
+<p>&mdash;No, pero sin ti, lo hubiera sido...</p>
+
+<p>&mdash;Nunca...</p>
+
+<p>&mdash;¿Qué sabes tú?</p>
+
+<p>&mdash;El me lo ha dicho.</p>
+
+<p>&mdash;¡Ah!&mdash;exclamé yendo hacia ella en actitud amenazadora,&mdash;¿me has hecho
+traición dos veces?...</p>
+
+<p>&mdash;No&mdash;me respondió sin bajar los ojos;&mdash;le he preguntado sencillamente
+por qué me había preferido siendo pobre, a ti que eres rica...</p>
+
+<p>&mdash;¡Ah!...</p>
+
+<p>&mdash;Jamás&mdash;me respondió,&mdash;me hubiera casado con una mujer que tuviese
+fortuna... Quiero que mi esposa me lo deba todo, lo mismo su bienestar
+que su amor...</p>
+
+<p>&mdash;De modo que te has perdonado tu traición...</p>
+
+<p>&mdash;Todavía no... Quisiera, Magdalena, que te dieses cuenta de los
+sentimientos que puede experimentar una muchacha pobre cuando contempla
+la vida de las dichosas de la tierra desde el fondo del abismo en que
+vegeta... Ninguna probabilidad de casarse... Ninguna esperanza en la
+vida... Entonces deja una de darse cuenta del bien y del mal... No se
+piensa, no se vive, ni se desea más que conquistar lo imposible...</p>
+
+<p>&mdash;Aunque sea destrozando el corazón de otra...</p>
+
+<p>&mdash;Qué importa... Es la lucha por la vida...</p>
+
+<p>&mdash;Lucha horrible...</p>
+
+<p>&mdash;Pero permitida.</p>
+
+<p>&mdash;¿Por qué, desgraciada?...</p>
+
+<p>&mdash;Por el instinto de la dicha... ¿Es ésta, acaso, un monopolio de las
+jóvenes que tienen dote?</p>
+
+<p>&mdash;¿Somos tan felices?...</p>
+
+<p>&mdash;Vuestra felicidad es insolente...</p>
+
+<p>&mdash;¡Ah! Francisca&mdash;dije enternecida.&mdash;No tengo padre ni madre y me quitas
+el único hombre a quien hubiera podido amar...</p>
+
+<p>&mdash;Era el único con quien podía yo casarme... Tú puedes escoger...</p>
+
+<p>&mdash;Ya había escogido.</p>
+
+<p>&mdash;Peor para ti... La cuestión no está en escoger, sino en ser
+escogida...</p>
+
+<p>&mdash;Bueno&mdash;respondí.&mdash;Estoy vencida, luego no tengo razón... No te deseo
+ningún mal, pero quiera Dios, Francisca, que seas más honrada como
+esposa que como amiga... ¿Le amas al menos?</p>
+
+<p>&mdash;Todavía no&mdash;respondió Francisca después de un instante de
+vacilación.&mdash;Pero ya le amaré&mdash;añadió precipitadamente.</p>
+
+<p>&mdash;O no le amarás&mdash;murmuré llena de angustia...&mdash;¡Qué triste es vivir!...</p>
+
+<p>Francisca me miró, vaciló y se atrevió por fin a invitarme a su boda.
+Entregada a mí misma, hubiera rehusado con indignación; para salvar las
+apariencias, acepté.</p>
+
+<p>&mdash;Para ti como para mí, vale más que nada se sepa fuera... Nuestra
+amistad ha muerto...</p>
+
+<p>&mdash;¡Oh, Magdalena!</p>
+
+<p>&mdash;Sí, ha muerto... de nada sirve negar la evidencia. Vas a salir de
+Aiglemont; hasta que te vayas, estaremos en la misma actitud en que
+estábamos. ¿Has comprendido?...</p>
+
+<p>&mdash;Acepto tus condiciones puesto que he obrado mal contigo... Pero...
+yo... Magdalena... te quiero como siempre...</p>
+
+<p>&mdash;Sin duda... el gato quiere al ratón con que juega... Adiós, Francisca.</p>
+
+<p>Hizo un movimiento para abrazarme, pero yo permanecí helada.</p>
+
+<p>&mdash;Adiós, Magdalena... Eres dura...</p>
+
+<p>&mdash;Sí, las víctimas lo son siempre, es sabido. Pero me es imposible darte
+las gracias a pesar de mi buena voluntad... Adiós, pues...</p>
+
+<p>Y Francisca desapareció, muy feliz sin duda, por haber terminado su
+nueva comedia.</p>
+
+<p>Qué razón tenía la de Ribert y la abuela al ponerme en guardia contra
+ella... ¿Por qué no las he escuchado?... ¡Ay! ya es tarde...</p>
+
+
+
+<p class="fecha">31 de marzo</p>
+
+
+<p>Se habla mucho del matrimonio de Francisca. Yo estoy heroica y me
+callo... La de Aimont gime al hablar de la increíble suerte de esta
+muchacha que ha encontrado el secreto de pescar tan buen partido. La
+cosa les es más sensible porque el joven de Martimprey exige 20.000
+pesos de dote en vez de 10.000, para casarse con Paulina. Es lo
+último...</p>
+
+<p>Los Aimont están furiosos por tal regateo, y es natural.</p>
+
+<p>&mdash;¿Cómo va una a hacer para casar a sus hijas, Dios mío?&mdash;murmura la de
+Aimont.&mdash;No puede una, sin embargo, ponerse al acecho detrás de un muro
+protector y tirar sobre los yernos posibles...</p>
+
+<p>&mdash;A eso se llegará, señora&mdash;dijo la abuela como consuelo...&mdash;La caza a
+los maridos amenaza con hacerse bárbara... ¡Qué costumbres!...</p>
+
+<p>Pobre abuela... Siente mi pena a pesar de la calma aparente que ha
+logrado conquistar. Está triste y pálida y me mira con inquietud... En
+pocos días ha envejecido muchos años... Y pensar que hubiera querido
+tanto hacerla dichosa...</p>
+
+
+
+<p class="fecha">16 de abril.</p>
+
+
+<p>He pasado una parte del día leyendo este voluminoso diario, relato de
+mis deseos y de mis ilusiones y testigo de mi decepción. Estaba
+recorriéndole con toda la melancolía de un ensueño interrumpido, cuando
+han venido a pedir noticias mías el padre Tomás, la de Ribert y
+Genoveva.</p>
+
+<p>Les he leído unos pasajes de mi precioso cuaderno, y el padre Tomás me
+aconseja que le continúe.</p>
+
+<p>&mdash;¿Qué voy a continuar?&mdash;pregunté.&mdash;¿Se continúa lo que está acabado?</p>
+
+<p>&mdash;¿Cómo que está acabado?...</p>
+
+<p>&mdash;Sí... ¿Qué quiere usted que añada a mis solteronas?&mdash;dije sonriendo
+tristemente.</p>
+
+<p>&mdash;Un último capítulo&mdash;respondió el cura con fingida alegría.&mdash;Alguna
+cosa original.</p>
+
+<p>&mdash;Ese capítulo&mdash;respondí,&mdash;está escrito... Me faltaba la solterona por
+decepción, y ya la tengo... Después, como cosa inédita...</p>
+
+<p>&mdash;Permítame usted...</p>
+
+<p>&mdash;Hacía falta añadir la lucha vergonzosa que atraviesa la joven sin
+fortuna en el camino de la que la posee... También está relatado.</p>
+
+<p>&mdash;No hablemos de eso&mdash;exclamó la de Ribert con lágrimas en los
+ojos.&mdash;Distráigase usted, Magdalena, y no piense más en esa decepción
+que nos incumbe a todos, y a mí sobre todo...</p>
+
+<p>&mdash;Por favor, déjeme usted toda la responsabilidad de lo que ha
+pasado&mdash;dije con voz poco segura.&mdash;Así como ignoraba lo que era una
+decepción, no sabía hasta donde podía ir la joven hipnotizada por el
+deseo de casarse... Ahora lo sé&mdash;añadí temblando ligeramente;&mdash;la cosa
+hace poco honor a la sociedad...</p>
+
+<p>&mdash;La sociedad no tiene que ver con eso&mdash;dijo la abuela estudiándome con
+angustia;&mdash;todo depende del carácter particular.</p>
+
+<p>&mdash;No siempre&mdash;respondí en tono más firme.&mdash;La lucha está emprendida de
+abajo a arriba en esta vieja sociedad alterada. Solamente en este
+combate por la vida, desgraciados los tímidos, desgraciados los débiles,
+desgraciados los concienzudos... Esos están vencidos de antemano...</p>
+
+<p>&mdash;Vaya&mdash;respondió el cura,&mdash;usted exagera las cosas...</p>
+
+<p>&mdash;¿No soy yo una vencida?...</p>
+
+<p>&mdash;Sin embargo&mdash;replicó el cura mientras la abuela se enjugaba una
+lágrima,&mdash;no hay que ver las cosas tan negras... Podría usted ganar una
+enfermedad del estómago&mdash;añadió intentando una broma.</p>
+
+<p>&mdash;Tengo ya tan malo el corazón...&mdash;murmuré apoyando la cabeza en el
+respaldo de la butaca.&mdash;Siento rencor por la sociedad entera.</p>
+
+<p>&mdash;¿Por qué?&mdash;preguntó Genoveva.</p>
+
+<p>&mdash;Una sociedad que hace tan poco para proteger a sus miembros más
+débiles es una sociedad a la que falta algo...</p>
+
+<p>&mdash;Le faltan tantas cosas&mdash;suspiró el cura.</p>
+
+<p>&mdash;Sí, pero sobre todo la presciencia de los peligros que hace correr a
+aquellos a quienes tiene la misión de guardar y no guarda... En el
+estado actual de nuestras costumbres, ¿qué puede hacer una joven que
+quiere casarse y no encuentra con quién?...</p>
+
+<p>&mdash;Resignarse en el celibato&mdash;respondió la de Ribert.&mdash;No hay otra cosa.</p>
+
+<p>&mdash;¿Y para la que no acepta la resignación?... Para esa no hay más que la
+rebelión&mdash;añadí convencida.&mdash;Las honradas faltarán al honor haciendo
+traición a quien puedan... Las otras caerán más bajo todavía... Es
+triste&mdash;continué,&mdash;pues si la sociedad no protege a sus individuos, se
+protegerán ellos mismos y volverá a empezar la lucha cuerpo a cuerpo,
+con la traición además...</p>
+
+<p>El padre Tomás movió la cabeza, la abuela me miró con expresión de
+alarma y la de Ribert y Genoveva parecieron confusas.</p>
+
+<p>&mdash;Es duro&mdash;añadí bajando los ojos,&mdash;ser engañada por la amistad y por lo
+que se cree ser el amor...</p>
+
+<p>Nadie respondió.</p>
+
+<p>Al cabo de un instante, el cura tosió, para aclararse la voz, y dijo:</p>
+
+<p>&mdash;Por encima de la amistad que hace traición y del amor que desilusiona,
+hay, sin embargo, Magdalena, algo, o más bien, alguien que usted
+olvida...</p>
+
+<p>Le miré con incertidumbre.</p>
+
+<p>&mdash;Está Dios&mdash;continuó en un tono majestuoso que me conmovió;&mdash;Dios que
+castiga las traiciones y consuela a los engañados...</p>
+
+<p>&mdash;Sí&mdash;respondí en un impulso de sinceridad.&mdash;Pero mi decepción está tan
+reciente que...</p>
+
+<p>&mdash;¿Quiere usted una receta para curarla?</p>
+
+<p>&mdash;¿Una receta?&mdash;pregunté sonriendo esta vez, con gran contento de la
+abuela.&mdash;Démela usted pronto, señor cura, pues bastante la necesito...</p>
+
+<p>&mdash;No penar en lo que se sufre, sino en lo que sufren los demás... Esta
+es mi receta.</p>
+
+<p>&mdash;Pero... es una receta de solteronas&mdash;exclamé.</p>
+
+<p>&mdash;Por eso es de circunstancias...</p>
+
+<p>&mdash;Sí&mdash;respondí valientemente.&mdash;Puesto que soy una solterona
+involuntaria, utilicemos las recetas de las solteronas... Resumamos,
+señor cura... Para hacer una solterona se toma una joven, se la
+desilusiona, se le hace traición...</p>
+
+<p>&mdash;No siempre&mdash;protestó Genoveva.</p>
+
+<p>&mdash;Y si no se le hace traición, se le acapara y se la ocupa de los demás
+y no de sí misma... Vive para los pobres, para los desgraciados y para
+los enfermos... Envejece... se acartona... se deseca...</p>
+
+<p>&mdash;Y muere&mdash;dijo la de Ribert en tono trágico.</p>
+
+<p>&mdash;Y va derecha al Cielo&mdash;añadió el cura,&mdash;escoltada por las lágrimas de
+todos los que ha aliviado y acogida por las sonrisas de los
+bienaventurados que la han precedido...</p>
+
+<p>&mdash;Entonces, la solterona...&mdash;pregunté.</p>
+
+<p>&mdash;Es una reina en el Cielo... cuando ha sido buena.</p>
+
+<p>&mdash;¿Y si no lo ha sido?...</p>
+
+<p>&mdash;Ha tenido bastante purgatorio en la tierra para no necesitar pasarlo
+de nuevo en el otro mundo&mdash;dijo el cura en tono un poquito sarcástico.</p>
+
+<p>&mdash;Dichosas solteronas&mdash;suspiró la abuela.</p>
+
+<p>&mdash;Sí&mdash;respondí sintiendo cierto alivio...&mdash;Dichosa la que sufre sin
+haber hecho nunca sufrir...</p>
+
+<p>&mdash;¡Sufrir y no hacer sufrir! sí&mdash;murmuró la abuela con su voz grave de
+los grandes días de duelo;&mdash;sí, esa debiera ser la fórmula de la vida de
+la mujer, aun de la más feliz de todas.</p>
+
+<p class="c top15">FIN</p>
+
+<hr class="full" />
+
+
+
+
+
+
+
+<pre>
+
+
+
+
+
+End of the Project Gutenberg EBook of Las Solteronas, by Claude Mancey
+
+*** END OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK LAS SOLTERONAS ***
+
+***** This file should be named 29610-h.htm or 29610-h.zip *****
+This and all associated files of various formats will be found in:
+ https://www.gutenberg.org/2/9/6/1/29610/
+
+Produced by Chuck Greif and the Online Distributed
+Proofreading Team at https://www.pgdp.net
+
+
+Updated editions will replace the previous one--the old editions
+will be renamed.
+
+Creating the works from public domain print editions means that no
+one owns a United States copyright in these works, so the Foundation
+(and you!) can copy and distribute it in the United States without
+permission and without paying copyright royalties. Special rules,
+set forth in the General Terms of Use part of this license, apply to
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+Gutenberg is a registered trademark, and may not be used if you
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+do not charge anything for copies of this eBook, complying with the
+rules is very easy. You may use this eBook for nearly any purpose
+such as creation of derivative works, reports, performances and
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+practically ANYTHING with public domain eBooks. Redistribution is
+subject to the trademark license, especially commercial
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+
+
+*** START: FULL LICENSE ***
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+THE FULL PROJECT GUTENBERG LICENSE
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+Gutenberg-tm electronic works if you follow the terms of this agreement
+and help preserve free future access to Project Gutenberg-tm electronic
+works. See paragraph 1.E below.
+
+1.C. The Project Gutenberg Literary Archive Foundation ("the Foundation"
+or PGLAF), owns a compilation copyright in the collection of Project
+Gutenberg-tm electronic works. Nearly all the individual works in the
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+
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+in paragraph 1.F.3, this work is provided to you 'AS-IS' WITH NO OTHER
+WARRANTIES OF ANY KIND, EXPRESS OR IMPLIED, INCLUDING BUT NOT LIMITED TO
+WARRANTIES OF MERCHANTIBILITY OR FITNESS FOR ANY PURPOSE.
+
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+warranties or the exclusion or limitation of certain types of damages.
+If any disclaimer or limitation set forth in this agreement violates the
+law of the state applicable to this agreement, the agreement shall be
+interpreted to make the maximum disclaimer or limitation permitted by
+the applicable state law. The invalidity or unenforceability of any
+provision of this agreement shall not void the remaining provisions.
+
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+promotion and distribution of Project Gutenberg-tm electronic works,
+harmless from all liability, costs and expenses, including legal fees,
+that arise directly or indirectly from any of the following which you do
+or cause to occur: (a) distribution of this or any Project Gutenberg-tm
+work, (b) alteration, modification, or additions or deletions to any
+Project Gutenberg-tm work, and (c) any Defect you cause.
+
+
+Section 2. Information about the Mission of Project Gutenberg-tm
+
+Project Gutenberg-tm is synonymous with the free distribution of
+electronic works in formats readable by the widest variety of computers
+including obsolete, old, middle-aged and new computers. It exists
+because of the efforts of hundreds of volunteers and donations from
+people in all walks of life.
+
+Volunteers and financial support to provide volunteers with the
+assistance they need are critical to reaching Project Gutenberg-tm's
+goals and ensuring that the Project Gutenberg-tm collection will
+remain freely available for generations to come. In 2001, the Project
+Gutenberg Literary Archive Foundation was created to provide a secure
+and permanent future for Project Gutenberg-tm and future generations.
+To learn more about the Project Gutenberg Literary Archive Foundation
+and how your efforts and donations can help, see Sections 3 and 4
+and the Foundation web page at https://www.pglaf.org.
+
+
+Section 3. Information about the Project Gutenberg Literary Archive
+Foundation
+
+The Project Gutenberg Literary Archive Foundation is a non profit
+501(c)(3) educational corporation organized under the laws of the
+state of Mississippi and granted tax exempt status by the Internal
+Revenue Service. The Foundation's EIN or federal tax identification
+number is 64-6221541. Its 501(c)(3) letter is posted at
+https://pglaf.org/fundraising. Contributions to the Project Gutenberg
+Literary Archive Foundation are tax deductible to the full extent
+permitted by U.S. federal laws and your state's laws.
+
+The Foundation's principal office is located at 4557 Melan Dr. S.
+Fairbanks, AK, 99712., but its volunteers and employees are scattered
+throughout numerous locations. Its business office is located at
+809 North 1500 West, Salt Lake City, UT 84116, (801) 596-1887, email
+business@pglaf.org. Email contact links and up to date contact
+information can be found at the Foundation's web site and official
+page at https://pglaf.org
+
+For additional contact information:
+ Dr. Gregory B. Newby
+ Chief Executive and Director
+ gbnewby@pglaf.org
+
+
+Section 4. Information about Donations to the Project Gutenberg
+Literary Archive Foundation
+
+Project Gutenberg-tm depends upon and cannot survive without wide
+spread public support and donations to carry out its mission of
+increasing the number of public domain and licensed works that can be
+freely distributed in machine readable form accessible by the widest
+array of equipment including outdated equipment. Many small donations
+($1 to $5,000) are particularly important to maintaining tax exempt
+status with the IRS.
+
+The Foundation is committed to complying with the laws regulating
+charities and charitable donations in all 50 states of the United
+States. Compliance requirements are not uniform and it takes a
+considerable effort, much paperwork and many fees to meet and keep up
+with these requirements. We do not solicit donations in locations
+where we have not received written confirmation of compliance. To
+SEND DONATIONS or determine the status of compliance for any
+particular state visit https://pglaf.org
+
+While we cannot and do not solicit contributions from states where we
+have not met the solicitation requirements, we know of no prohibition
+against accepting unsolicited donations from donors in such states who
+approach us with offers to donate.
+
+International donations are gratefully accepted, but we cannot make
+any statements concerning tax treatment of donations received from
+outside the United States. U.S. laws alone swamp our small staff.
+
+Please check the Project Gutenberg Web pages for current donation
+methods and addresses. Donations are accepted in a number of other
+ways including including checks, online payments and credit card
+donations. To donate, please visit: https://pglaf.org/donate
+
+
+Section 5. General Information About Project Gutenberg-tm electronic
+works.
+
+Professor Michael S. Hart was the originator of the Project Gutenberg-tm
+concept of a library of electronic works that could be freely shared
+with anyone. For thirty years, he produced and distributed Project
+Gutenberg-tm eBooks with only a loose network of volunteer support.
+
+
+Project Gutenberg-tm eBooks are often created from several printed
+editions, all of which are confirmed as Public Domain in the U.S.
+unless a copyright notice is included. Thus, we do not necessarily
+keep eBooks in compliance with any particular paper edition.
+
+
+Most people start at our Web site which has the main PG search facility:
+
+ https://www.gutenberg.org
+
+This Web site includes information about Project Gutenberg-tm,
+including how to make donations to the Project Gutenberg Literary
+Archive Foundation, how to help produce our new eBooks, and how to
+subscribe to our email newsletter to hear about new eBooks.
+
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+the "Copyright How-To" at https://www.gutenberg.org.
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+No investigation has been made concerning possible copyrights in
+jurisdictions other than the United States. Anyone seeking to utilize
+this eBook outside of the United States should confirm copyright
+status under the laws that apply to them.
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