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+The Project Gutenberg EBook of Dulce y sabrosa, by Jacinto Octavio Picón
+
+This eBook is for the use of anyone anywhere at no cost and with
+almost no restrictions whatsoever. You may copy it, give it away or
+re-use it under the terms of the Project Gutenberg License included
+with this eBook or online at www.gutenberg.org
+
+
+Title: Dulce y sabrosa
+
+Author: Jacinto Octavio Picón
+
+Release Date: October 27, 2008 [EBook #27064]
+
+Language: Spanish
+
+Character set encoding: ISO-8859-1
+
+*** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK DULCE Y SABROSA ***
+
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+Produced by Chuck Greif
+
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+Dulce y sabrosa
+
+Jacinto Octavio Picón
+
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+
+
+Advertencia para esta edición
+
+
+Si creyera que el publicar un escritor sus obras completas implica falta
+de modestia, no reimprimiría las mías. Lo hago porque están casi todas
+agotadas; pensando que es deber de padre no consentir que mueran sus
+hijos, aunque no sean tan buenos ni tan hermosos como él quiso
+engendrarlos; y también porque considero que el hombre tiene derecho a
+despedirse de la juventud recordando lo que durante ella hizo
+honradamente y con amor.
+
+Otra disculpa pienso que atenúa mi atrevimiento. Porque ser partidario
+del arte por el arte, y yo lo soy muy convencido, no puede amenguar ni
+estorbar, aun cultivando esta que se llama amena literatura, el
+entusiasmo por ideas de distinta índole; las cuales unas veces
+veladamente se transparentan y otras ostensiblemente se muestran en la
+labor de cada uno; pues no es posible, y menos en nuestra época, que el
+literato y el artista sientan y piensen ajenos al ambiente que respiran.
+Quien carece de fuerzas para conquistar la costosa gloria de adelantarse
+a su tiempo, tenga la persistente virtud de servirle: así lo he
+pretendido; mas él ha caminado tan deprisa, que hoy acaso parezcamos
+tímidos los que ayer fuimos osados. De éstos quise ser: de los que al
+estudiar lo pasado y observar lo presente procuran preparar lo porvenir
+y se esperanzan con ello. Por eso rindo tributo de constancia y firmeza
+a las ideas de mi juventud, algunas hoy tan combatidas, reuniendo estos
+pobres libros, sin que me arredre el recuerdo de cómo unos fueron
+censurados, ni espere que retoñe la benevolencia con que otros fueron
+alabados. Discurro al igual de aquel gran prosista que decía: «No es
+temor, como no es vanidad».
+
+Bien quisiera, lector, que pensáramos a dúo y que mi conciencia hallase
+siempre eco en la tuya: si por torpe desespero de lograrlo, por sincero
+creo merecerlo.
+
+No busques en mis cuentos y novelas lección ni enseñanza: quédese el
+adoctrinar para el docto, como el moralizar para el virtuoso: sólo
+tienes que agradecerme el empeño que puse en divertir y acortar tus
+horas de aburrimiento y tristeza.
+
+Sea cual fuere tu fallo, hazme la justicia de reconocer dos cosas: la
+primera, que he procurado entender y practicar el arte literario con
+aquel criterio y temperamento español más atento a reflejar lo natural
+que a dar lo imaginado por sucedido: nunca quise hacerte soñar, sino
+sentir; la segunda, que soy de los apasionados de esta hermosa y
+magnífica lengua castellana, si huraña y esquiva para quien la desconoce
+o menosprecia, en cambio agradecida y espléndida para los que, haciendo
+de ella su Dulcinea, aunque no lleguen a lograrla, tienen honra en
+servirla y placer en amarla.
+
+ J. O. P.
+
+Madrid, Abril de 1909.
+
+
+_Figúrate, lector, que vuelves a tu casa mohíno y aburrido, lacio el
+cuerpo, acibarado el ánimo por la desengañada labor del día. Cae la
+tarde; el amigo a quien esperas, no viene; la mujer querida está lejos,
+y aún no te llaman para comer. Luego el tiempo cierra en lluvia; y tú,
+apoyada la frente en la vidriera del balcón, te aburres viendo la
+inmensa comba de agua que se desprende de las nubes. Llegada la noche,
+el viento gime dolorosamente formando eco, y acaso despertando las
+tristezas de tu alma... No quieres dormir ni tienes sueño, y recelas que
+al reclinar la cabeza en la almohada se pueble tu pensamiento de
+recuerdos amargos y esperanzas frustradas. ¿A quién le faltan en la vida
+días negros, estériles para el trabajo, en que la soledad trae de la
+mano a la melancolía?_
+
+Contra ellos está escrito este libro, que, entre desconfiado y medroso,
+dejo pasar de mis manos a las tuyas. Recíbelo, no como novela que mueve
+a pensar, sino como juguete novelesco, contraveneno del tedio y engañifa
+de las horas.
+
+ JACINTO OCTAVIO PICÓN.
+
+Madrid, 1891.
+
+
+
+
+A quien leyere
+
+
+Figúrate, lector, que vuelves a tu casa mohíno y aburrido, lacio el
+cuerpo, acibarado el ánimo por la desengañada labor del día. Cae la
+tarde; el amigo a quien esperas, no viene; la mujer querida está lejos,
+y aún no te llaman para comer. Luego el tiempo cierra en lluvia; y tú,
+apoyada la frente en la vidriera del balcón, te aburres viendo la
+inmensa comba de agua que se desprende de las nubes. Llegada la noche,
+el viento gime dolorosamente formando eco, y acaso despertando las
+tristezas de tu alma... No quieres dormir ni tienes sueño, y recelas que
+al reclinar la cabeza en la almohada se pueble tu pensamiento de
+recuerdos amargos y esperanzas frustradas. ¿A quién le faltan en la vida
+días negros, estériles para el trabajo, en que la soledad trae de la
+mano a la melancolía?
+
+Contra ellos está escrito este libro, que, entre desconfiado y medroso,
+dejo pasar de mis manos a las tuyas. Recíbelo, no como novela que mueve
+a pensar, sino como juguete novelesco, contraveneno del tedio y engañifa
+de las horas.
+
+ JACINTO OCTAVIO PICÓN.
+
+Madrid, 1891.
+
+
+
+
+
+
+Capítulo I
+
+Donde se traza el retrato de don Juan y se habla de otro personaje que,
+sin ser de los principales, influye mucho en el curso de este verídico
+relato
+
+
+Dijo uno de los siete sabios de Grecia, y sin ser sabio ni griego pudo
+afirmarlo cualquier simple mortal, que todo hombre es algo maníaco, y
+que la índole de su manía y la fuerza con que es dominado por ella,
+determinan o modifican cuanto en la vida le sucede.
+
+Admitiendo esto como cierto, fácilmente puede ser comprendida y
+apreciada la personalidad de don Juan de Todellas, caballero madrileño y
+contemporáneo nuestro, cuya manía consiste en cortejar y seducir el
+mayor número posible de mujeres, con una circunstancia característica: y
+es, que así como hay quien se deleita y entusiasma con las ciencias, no
+en razón de las verdades que demuestran, sino en proporción del esfuerzo
+que ha menester su estudio, así don Juan, más que en poseer y gozar
+beldades, se complace en atraerlas y rendirlas; por donde, luego de
+lograda la victoria, viene a pecar de olvidadizo y despegado,
+entrándosele al alma el hastío en el punto mismo de la posesión.
+
+En cuanto al origen de su apellido no cabe duda de que Todellas es
+corruptela y, contracción de _Todas-Ellas_, alias o apodo que debió de
+usar alguno de sus ascendientes, y que, andando el tiempo, se ha
+convertido en nombre patronímico. De casta le viene al galgo ser
+rabilargo, y a don Juan ser enamoradizo.
+
+Como otros hombres se enorgullecen por descender de Guzmanes, Laras y
+Toledos, él se precia de contar entre sus abuelos al célebre Mañara, y
+si no dice lo mismo de Tenorio, es por no estar demostrado que en
+realidad haya existido: en cambio alardea de que, a no impedírselo las
+parejas de agentes de orden público, los serenos, el alumbrado por gas y
+otras trabas, hubiera sido cien veces más terrible que aquellos dos
+famosos libertinos.
+
+Sin embargo, no es don Juan tan perverso, o no está tan pervertido como
+se le antoja, para vanidosa satisfacción de su manía; porque cuando
+algún mal grave engendran sus hechos, antes es en virtud de la fuerza de
+las circunstancias y de las costumbres modernas, que como resultado de
+su voluntad.
+
+En una palabra: no carece de sentido moral, pero instintivamente profesa
+la doctrina de aquellos cirenaicos griegos que fundaban la vida en el
+placer. A ser posible, quisiera burlar a las mujeres sin deshonrarlas ni
+perderlas, aspirando el perfume sin ajar la flor, bebiendo en el vaso
+sin empañar el cristal; limitándose a enseñar a sus queridas lo que es
+amor, sin que luego en brazos ajenos tengan que sonrojarse por lo que
+hayan aprendido en los suyos. No es un seductor vulgar, ni un calavera
+vicioso, ni un malvado, sino un hombre enamoradizo que se siente
+impulsado hacia _ellas_, para iniciarles en los deliciosos misterios del
+amor, semejante a los creyentes fanáticos, que a toda costa pretenden
+inculcar al prójimo su fe.
+
+Imitando al borracho que dividía los vinos en buenos y mejores, por
+negar que los hubiese malos, don Juan clasifica a las mujeres en bellas
+y bellísimas, y añade que las feas pertenecen a una raza inferior, digna
+de lástima, cuya existencia sobre la tierra constituye un crimen del
+Destino, por no decir un lamentable error de la Providencia. Sin
+embargo, antes de calificar de fea a una mujer, la mira y remira
+despacito, madurando mucho la opinión, pues sabe que aun las menos
+favorecidas de la Naturaleza se hacen a veces deseables, como acontece
+verse las almas empecatadas súbitamente favorecidas por la gracia
+divina.
+
+Don Juan vive exclusivamente para ellas, o, hablando con mayor
+propiedad, para ella, pues cifra su culto a la especie en la adoración a
+la individua, en singular, porque jamás persigue, enamora ni disfruta
+dos mujeres a la vez, ni simultanea dos aventuras; diciendo que el amor
+es compuesto de estrategia y filosofía, y que jamás ningún gran capitán
+entró en campaña con dos planes, ni hubo verdadero filósofo que fundase
+sistema en dos ideas.
+
+La existencia de don Juan es continuo pensamiento en la mujer: si
+duerme, sueña con ella; si vela, medita enseñorearse de alguna; si come,
+es para adquirir vigor; si bebe, para que la imaginación se le avive y
+abrillante, inspirándole frases apasionadas; si gasta, es por ganar
+voluntades; si descansa, es para aumentar el reposo de que nace la
+fuerza.
+
+Según el estado de su ánimo y la índole de la conquista que trama, don
+Juan lee mucho, y siempre cosas o casos de amor. Conoce perfectamente la
+literatura amatoria, desde la más espiritualista, casta y platónica,
+hasta la más carnal, pecadora y lasciva. De cuantos autores han escrito
+sobre el amor, sólo a Safo rechaza; de cuantas tierras han sido teatro
+de aventuras eróticas, sólo muestra horror a Lesbos; de cuantas ciudades
+fueron en el mundo aniquiladas, sólo le parece justa la destrucción de
+Sodoma; y es tal y tan ferviente su adoración a la mujer, que, atraído
+por todas con igual intensidad, aun ignora cuál sea su tipo favorito, si
+el de la bacante desnuda, voluptuosa y medio ebria, que convirtió en
+lechos de placer los montones de heno recién segado, o el de la virgen
+cristiana que entregaba el cuerpo a la voracidad de las bestias antes
+que acceder a sentirlo profanado por caricias de paganos.
+
+Circunscribiéndose a la época en que vive, no repara en diferencias
+sociales: siendo limpia y bonita, requiebra con igual placer a una
+menestrala que a una dama, y posee arte tan exquisito para lograrlas,
+que la más arisca y desabrida se convierte con sus halagos en
+complaciente y mimosa, infiltrándoles a todas en el alma, como veneno
+que voluntariamente saborean, aquel consejo de la _Celestina_: «Gozad
+vuestras frescas mocedades; que quien tiempo tiene y mejor le espera,
+tiempo viene que se arrepiente.»
+
+Posee don Juan la envidiable cualidad de hablar y pedir a cada una según
+quien ella es, y con arreglo al momento en que solicita y suplica. La
+que reniega de la timidez, le halla osado, y comedido la que desconfía
+de su atrevimiento; con las muy castas observa la virtud de la
+paciencia, esperando y logrando del tiempo y la ocasión lo que le
+regatea la honestidad; a unas sólo intenta seducir con miradas y
+palabras; a otras en seguida les persuade de que los brazos del hombre
+se han hecho para estrechar lindos talles. Es religioso con la devota, a
+quien obsequia con primorosos rosarios y virgencillas de plata;
+dicharachero y juguetón con la coqueta, a quien agasaja con adornos y
+telas; espléndido con la interesada, y aquí de las alhajas; adulador con
+la vanidosa, romántico con la poética, mañoso con la esquiva; y se
+amolda tan por completo al genio de la que corteja, que sentando con
+ella plaza de mandadero, luego queda convertido en prior. Mientras
+ejerce señorío sobre una, la hace dichosa. Su cariño es miel, su amor
+fuego, sus deseos un continuo servir, sus manos un perpetuo regalar; y
+además de estas fecundas cualidades, que le abren los corazones más
+cerrados y le entregan los cuerpos más deseables, emplea dos recursos,
+en los que funda grandes victorias. Consiste uno en murmurar y maldecir
+de todas las mujeres mientras habla con la que codicia, y estriba el
+otro en ser o parecer tan discreto y callado, que la que peca con él le
+queda doblemente sujeta con el encanto del amor y la magia del misterio.
+
+En las rupturas es donde mejor demuestra su habilidad. Lo primero que
+intenta, cuando quiere renunciar a una mujer, es persuadirla de que a
+ella no le conviene seguir en relaciones con él: ya invoca el temor a la
+murmuración y el respeto al decoro de quien le ha hecho feliz; ya, si ve
+pretendiente que la persiga, alardea de sacrificarse dejándola en
+libertad para que otro pueda hacerla dichosa. Si esto no basta, simula
+reveses de fortuna que le apartan de la que le cansa, con lo cual el
+hastío toma forma de delicadeza; o miente celos, fomenta coqueteos,
+tiende lazos, acusa de traiciones, provoca desdenes, y fingiéndose
+agraviado, se aleja satisfecho. Con las pegajosas recalcitrantes emplea,
+si son tímidas, la amenaza del escándalo; y si son de las feroces y
+bravías, lo arrostra valerosamente, cortando el nudo, como Alejandro,
+cuando no puede desatarlo. Finalmente, muchas veces acepta el cobarde
+pero seguro recurso de la fuga; asiste a la última cita, mostrándose tan
+rendido como en la primera, y desaparece groseramente, dejando tras sí
+la humillación y el despecho, que cierran las puertas a la
+reconciliación.
+
+Los que conocen poco a don Juan creen que es un libertino vulgar,
+empeñado en jugar al Tenorio: en realidad, es un hombre que ha puesto
+sus facultades, potencias y sentidos al servicio de sus gustos, con el
+entusiasmo y la tenacidad propios del que consagra a un invento la
+existencia. Visto en la calle o el teatro, es un caballero elegante sin
+afectación, un buen mozo que parece ignorar la gentileza y gallardía de
+su persona; a solas con ellas, tan pronto resulta conquistador
+irresistible como villano medroso que desea rendirse. Dice que no es más
+diestro quien sabe vencer, sino quien acierta y aprovecha el instante de
+darse por vencido: y llegado aquel momento que, según un Santo Padre,
+sirve para renovar el mundo, no hay mujer que no le reconozca por señor,
+gozándose él en hacerles creer que le poseen cuando acaban de hacerle
+entrega de lo mejor que poseían.
+
+Don Juan tiene treinta y tantos años, es soltero, por lo cual da gracias
+a Dios lo menos una vez al día, y vive solo, sin más compañía que la de
+sus criados. Uno entre ellos es digno de elogio: Benigno, el ayuda de
+cámara, que es listo, discreto, trabajador y hasta fiel, porque le trae
+cuenta la honradez. Nadie sabe como él llevar una carta a su destino, y,
+según los casos, dejarla precipitadamente o lograr en seguida la
+contestación. Es maestro en negar o permitir oportunamente la entrada a
+las visitas, y en cuanto a intervenir y ser ayudante y, tercero en
+aventuras e intrigas amorosas, no hay Mercurio ni Celestina que le
+aventaje.
+
+Pero de quien conserva don Juan recuerdo gratísimo es de Mónica,
+cocinera que guisó para él durante muchos años. No era una fregatriz
+vulgar, sino una sacerdotisa del fogón. Instintivamente tenía idea de la
+alteza de su misión; nació artista, y sin haber leído a Ruperto de Nola,
+ni a Martínez Motiño, ni a Juan de Altimiras, ni a la Mata, ni a
+Brillat-Savarin, ni a Carême, sabía que quien da bien de comer a sus
+semejantes merece que se le abran de par en par en este mundo las
+puertas del agradecimiento y en el otro las del Paraíso.
+
+En las épocas en que don Juan tenía buen apetito, Mónica se lo
+satisfacía con escogidos platos, que jamás le proporcionaron indigestión
+ni hartazgo; cuando desganado, le excitaba el hambre comprándole y
+condimentándole moderadamente lo que mejor pudiese regalarle el paladar.
+Si el calor del verano o los excesos amorosos le debilitaban, aquella
+mujer incomparable le preparaba caldos sustanciosos, asados nutritivos y
+sabrosos postres. Si, por el contrario, sabía que su amo gozaba de
+perfecta salud y traía conquista entre manos, guisaba para él, con
+abundancia de vinos generosos, especias y estimulantes que contribuyesen
+a su vigor, a su alegría y a sus triunfos. Mónica era ecléctica, es
+decir, no trabajaba con sujeción a la rutina de ninguna escuela, sino
+que las cultivaba todas. Con igual maestría guisaba los delicados y
+finos manjares franceses que los suculentos platos de resistencia a la
+española; tan ricas salían de sus admirables manos, por ejemplo, las
+chochas a la Montmorency o las langostas a la Colbert, como la castiza
+perdiz estofada o la deliciosa empanada de lampreas. Don Juan decía que
+apreciaba a su cocinera más que a su médico, porque éste le curaba las
+enfermedades a fuerza de pócimas y drogas, y aquélla le conservaba la
+salud con exquisitos bocados.
+
+Dos o tres años antes de comenzar la acción de este relato tuvo don Juan
+que ausentarse de Madrid, y queriendo dar a Mónica una prueba del cariño
+que le profesaba, le regaló unos cuantos miles de reales, que ella
+invirtió en poner una casa de huéspedes, mas sin envilecerse guisando
+para ellos; antes al contrario, tomó cocinera que lo hiciese: de este
+modo se improvisó señora y no puso mano en cazuela a beneficio de quien
+acaso no supiese saborear su trabajo. Por supuesto, la generosidad de
+don Juan halló eco en el corazón de Mónica, la cual prometió a su amo
+volver a servirle cuando tornase a la corte.
+
+La casa de don Juan está alhajada con cuantos primores pueden allegar el
+buen gusto y el dinero. El principal adorno de sus habitaciones es una
+preciosa colección de estatuillas, dibujos, aguasfuertes, fotografías y
+pinturas, en que se refleja la pasión que le domina. Allí todo habla de
+amor. Hay reproducciones de las Venus más célebres, efigies de santas
+que amaron, como Magdalena y María Egipciaca; copias de las cortesanas y
+princesas desnudas, inmortalizadas por los pintores del Renacimiento
+italiano; miniaturas y pasteles de damas francesas, deliciosamente
+escotadas; mujeres adorables, que fueron hermosas hasta en la vejez,
+ruinas de la galantería, mártires de la pasión y sacerdotisas de la
+voluptuosidad; pero sin que figure en aquel precioso conjunto de obras
+artísticas ninguna que sea de mal gusto, o tan libre que haga repugnante
+el amor, en vez de presentarlo apetecible. No: don Juan aborrece la
+obscenidad y la grosería tanto como se deleita en la belleza y en la
+gracia. Ni en los más recónditos secretos y escondrijos de sus muebles
+podrá encontrarse una fotografía desvergonzadamente impúdica; pero en
+cambio le parece honesta sobre todo encarecimiento aquella ninfa que,
+sorprendida desnuda y acosada por un sátiro, se escondió... tras el
+tenue y plateado hilo que formó una oruga entre dos ramas de árbol.
+
+Don Juan es deísta, pues dice que sólo la Divinidad pudo concebir y
+crear la belleza femenina: y es bastante buen cristiano, recordando que
+Cristo absolvía a las pecadoras y perdonaba a las adúlteras: mas al
+propio tiempo es por sus gustos artísticos e inclinaciones literarias,
+algo pagano; lo cual le ha hecho colocar a la cabecera de la cama una
+estatuilla de Eros, muy afanado en avivar con sus soplos la llama de una
+antorcha que sustenta entre las manos. Y si alguien manifiesta sorpresa
+al verlo, don Juan declara que, no pudiendo hallar imagen auténtica del
+Dios omnipotente, y pareciéndole un poco tristes los crucifijos, ha
+colocado en su lugar aquella representación del amor, que es delicia y
+mantenimiento del mundo.
+
+En cuanto al retrato de las prendas físicas de don Juan... mejor es no
+hacerlo; a los lectores poco ha de importarles la omisión, y en cuanto a
+las lectoras, preferible es que cada una se le figure y finja con
+arreglo al tipo que más le agrade. Baste decir que es simpático, y,
+aunque sin afeminación ni _dandysmo_, cuidadoso de su persona, tanto que
+se ha preocupado mucho de cómo debe llevar repartidos los pelos en el
+rostro quien se consagra a perfecto amante.
+
+Algún tiempo anduvo lampiño, como dicen los arqueólogos que están las
+estatuas de Paris, a quien amó Elena, y el busto del famoso Antinóo;
+luego lució bigote a la borgoñona, a semejanza de aquellos galanes
+españoles del siglo XVII, que fueron regocijo de damas, monjas y
+villanas; por fin resolvió dejarse barba apuntada, según es fama que la
+tuvo el duque de Gandía cuando amó a Isabel de Portugal, y bigotes
+largos, como aquel conde de Villamediana que murió por haber puesto en
+otra reina los ojos.
+
+Bien quisiera don Juan vestir de manera que la ropa favoreciese su buen
+talle; alguna vez imaginó verse engalanado con capotillo de terciopelo
+negro, esmaltado por la venera roja de Santiago, gregüescos acuchillados
+de raso, calzas de seda, zapatos de veludillo, chambergo de plumas, con
+su joyel de pedrería, guantes de ámbar, espada de taza y lazo, y
+escarcela, bien preñada de doblas: pero no siendo carnaval todo el año,
+se ha resignado a usar prosaicos pantalones de _patén_, levitas de
+_tricot_ y americanas de _chiviot_, conservando como único elemento
+práctico de otros tiempos las monedas de oro que lleva en el bolsillo
+del chaleco, por cierto en abundancia, aunque parezca inverosímil. Los
+billetes de banco no le gustan, porque dice que las damas no deben tocar
+más papeles que cartas de amor y cuentas pagadas, y que con las criadas
+oros son triunfos.
+
+De todo lo dicho se deduce que la amatividad de don Juan no le domina y
+absorbe tan por entero, que llegue a cegarle; antes por el contrario, él
+la dirige y encauza de modo que, en vez de quedar esclavo de sus
+pasiones, las ordena con arreglo a sus deseos.
+
+Pero puede afirmarse que extrema la filantropía en lo que a la mujer se
+refiere, hasta la exageración, y aun sostiene que con ser tan sublime y
+adorable virtud la caridad, le lleva ventaja el amor; porque la caridad
+alegra un solo corazón, y el amor regocija dos almas y dos cuerpos.
+
+
+
+
+Capítulo II
+
+En que, para satisfacción del lector, aparece una mujer bonita
+
+
+Estaba don Juan hacía pocos días de regreso en Madrid, tras una ausencia
+de dos años y medio, semana más o menos, cuando una tarde, después de
+almorzar como debe hacerlo quien vive en servicio del amor, no pudo
+resistir a la tentación de abrir el balcón de su despacho y asomarse a
+dar, apoyado en la barandilla, las primeras chupadas a un buen veguero.
+Dos ideas ocupaban su imaginación: la primera mandar que buscasen y
+avisasen a la célebre Mónica para que estuviese dispuesta a volver a su
+servicio si la cocinera provisional no cumplía bien su sagrada
+obligación; y la segunda, no permanecer ocioso en materia de amores,
+para evitar lo cual, entre cada dos bocanadas de humo, dirigía unas
+cuantas miradas a la casa de enfrente, donde vivía una viuda de
+peregrina belleza, pero de tan fresca y reciente viudez, que don Juan no
+juzgaba cuerdo empezar todavía su conquista. A pesar de ello, miró
+discretamente varias veces hacia los visillos medio levantados, tras
+cuya muselina se dibujaba la figura de la viuda, entretenida en hacer
+labor. Acaso aquellas miradas fuesen estériles, mas también podían dar
+resultado; porque hay galanterías, homenajes y aun simples
+demostraciones de agrado, que son como letras de cambio a muchos días
+vista.
+
+Luego se vistió don Juan con su habitual elegancia, tomó de sobre una
+mesa el sombrero, los guantes de piel de perro avellanados, con
+pespuntes rojos, el bastón con puño de plata labrada, y se echó a la
+calle deseoso de pasear, andando a la ventura y a lo que saliere, porque
+a la sazón no tenía mujer determinada que le ocupase el ánimo.
+
+Al cabo de media hora llegó a una de aquellas alamedas del Retiro que
+empiezan junto a la _Casa de fieras_ y terminan en el estanque llamado
+_Baño de la elefanta_.
+
+El sol iba cayendo lentamente hacia la parte de Madrid, cuyas torres,
+puntiagudas y negruzcas, aparecían envueltas en una atmósfera de polvo
+luminoso, y a lo lejos se oía el rumor confuso de muchos ruidos juntos,
+que semejaban la turbulenta respiración de la ciudad. La temperatura era
+grata y el paseo estaba muy lucido, como si aquella tarde se hubiesen
+citado allí las madrileñas más lindas y elegantes, al contrario de otros
+días, en que parece que se congregan las cursis y feas para amargarnos
+la vida, atormentarnos los ojos y hacernos dudar del Todopoderoso.
+
+Don Juan miraba sin descaro, pero con bastante detenimiento a cuantas
+pasaban cerca de él, y las miraba comenzando por abajo, es decir,
+procurando verles primero los pies, luego el talle, y últimamente la
+cabeza. Si aquéllos eran feos o muy grandes, no proseguía el examen; si
+el cuerpo no era airoso, desviaba la vista: mujer en quien llegase a
+investigar con la mirada el color del pelo, la forma del cuello o el
+encaje de la cabeza sobre los hombros, podía mostrarse orgullosa de sus
+pies y su cintura. Acaso resultara demasiado minucioso y rigorista en
+estos exámenes; pero él los disculpaba diciendo que si a un caballo de
+carrera se exigen innumerables cualidades para ser calificado de bello,
+muchas más deben desearse reunidas en la mujer, que es lo principal de
+la vida para todo hombre de mediano entendimiento.
+
+En esta ocupación iba gratamente entretenido, cuando acertó a pasar a su
+lado una señora elegantísima. Comenzó don Juan el examen.
+
+Los pies de la dama eran de forma irreprochable, finos, algo elevados
+por el tarso, ni tan largos como de bolera, ni tan cortos como de china,
+y no calzados, afectando descuido, con zapatones a la inglesa, sino con
+medias de seda roja y zapatos de charol a la francesa, de tacón un
+poquito alto y sujetos con lazo de cinta negra. (Dicho sea de paso, don
+Juan maldecía con sagrada indignación de la pérfida Inglaterra que, no
+contenta con habernos robado a Gibraltar, ha hecho adoptar a nuestras
+mujeres la aborrecible moda de los zapatos grandes.)
+
+Aquella mujer no llevaba ridícula y dañosamente apretada la cintura; su
+talle, sin que nada le oprimiera, resultaba en perfecta armonía de
+líneas con las curvas que hacia arriba dibujaban el pecho y con las que
+hacia abajo modelaban las caderas. El traje no podía ser más elegante.
+Componíanlo falda negra y plegada en menudas tablas con primoroso arte,
+abrigo corto de rico paño gris muy bordado, que se ajustaba
+perfectamente a su hechicero cuerpo, y gran sombrero, también negro,
+guarnecido de plumas rizadas, y velo de tul con motas que, fingiendo
+lunares, sombreaba dulcemente su rostro. Vista de espalda, descubría por
+bajo del sombrero gran parte del rodete bien prieto, formado por una
+cabellera rubia oscura, surcada de hebras algo más claras, que, heridas
+por la luz, parecían de oro. Su andar era pausado y firme; pisaba bien y
+sus movimientos estaban animados por una gracia encantadora. Don Juan se
+dio en seguida a pensar en lo bonita que estaría aquella mujer envuelta
+en una bata lujosa, lánguidamente tumbada en una butaca, o vestida de
+baile con los brazos desnudos, ceñido el cuerpo en sedas y encajes, o
+mejor aún, en el momento de lavarse y peinarse, que es el instante más
+favorable para saber si la belleza femenina está en aquel punto de sazón
+y frescura que la hace ser la obra maestra de Dios.
+
+Aquella mujer era de las que resisten el más minucioso análisis, de las
+escogidas entre las hermosas, de las que redimen perversos o pervierten
+santos, según se les antoja. Luzbel se hubiera hecho humilde por una
+sonrisa de su boca, y el santo que vivió en el desierto, sin más
+compañía que un cerdo, hubiera renunciado a su parte de paraíso a la
+menor indicación que ella le hiciese de cenarse juntos el marrano.
+
+Don Juan la miró primero de refilón, y en conjunto, luego por la
+espalda, después de perfil, y, pareciéndole guapa, pasó junto a ella
+para verla mejor. Entonces se quedó parado, cual si le hubiesen detenido
+poniéndole una mano sobre el hombro, porque creyó conocerla, o, mejor
+dicho, reconocerla. Su memoria le trajo al pensamiento un nombre en que
+iban compendiados muchos recuerdos, pero la desconfianza le hizo decirse
+en seguida: «No, no es ella..., con esa ropa... ¡imposible!». Sin
+embargo, no se rindió a la duda, y tornó a mirarla. Ella ni aceleró ni
+acortó el paso; la insistencia casi descarada de don Juan no descompuso
+su tranquilo caminar de diosa vestida a la moderna; pero a la segunda
+vez que le sintió pasar a su lado, alzó el manguito en que llevaba
+metidas las manos, y se oprimió el velillo contra el rostro, como
+queriendo recatarse, lo cual avivó en el hombre la curiosidad y la
+sospecha. De pronto, ella, casi gritando, dijo:
+
+--¡Ten cuidado, monín!
+
+Hasta entonces no había notado don Juan que a pocos pasos delante de la
+dama marchaba un pequeñuelo, de dos años a lo más, y una muchacha
+vestida a lo niñera, cuyas ropas mostraban estar sirviendo en casa rica.
+El niño iba hecho un pimpollo, cubierto todo el vestidito de cintas y
+encajes, y la criada rodaba, para divertirle, un aro con cascabeles,
+hacia los cuales él tendía las manecitas. Hubo un momento en que por
+abalanzarse al juguete vacilaron sus pies, aún no hechos al ingrato
+contacto de la tierra; estuvo a punto de caer, y entonces la madre
+(porque debía de ser su madre), repitió sobresaltada:
+
+--¡Cuidado, monín!
+
+«¡Su voz!», pensó don Juan; mas en seguida, fijándose en el costoso
+sombrero de la dama (harto sabía él lo que cuesta un sombrero de mujer),
+añadió mentalmente: «¿Se habrá casado?» y esta suposición le hizo
+sonreír, como burlándose de alguien. Después se puso serio, diciéndose:
+«rara es la fruta que llega a los labios de su legítimo poseedor sin que
+la hayan picoteado los pájaros».
+
+Llevaba andada más de media alameda y aún no había don Juan logrado que
+la memoria le aclarase las dudas sugeridas por el espectáculo de aquella
+mujer. Apretó el paso, adelantose casi rozándole la falda, y a los diez
+o doce metros se volvió y vino hacia ella, resuelto a mirarla como las
+águilas miran al sol, cara a cara. Cruzáronse entonces las miradas de
+ambos; ella permaneció impasible, serena, y con voz que denotaba
+perfecta tranquilidad de ánimo, dijo a la niñera:
+
+--Haga usted seña a Manolo para que arrime.
+
+Entre mirarla y oírla no le quedó duda a don Juan; y fue tal la
+impresión que le produjo ver confirmada su sospecha, que, parándose
+involuntariamente, murmuró: «¡Cristeta!»
+
+Tan claro pronunció este nombre, que ella no pudo menos de oírle; pero
+no se le inmutó el semblante. Avanzó hacia la berlina que venía
+siguiéndola, esperó a que se detuviese, y sin volver el rostro, abrió la
+portezuela; en seguida dejó que montase la niñera, después levantó al
+pequeñín en brazos para que aquélla lo acomodara sobre sí, y, por
+último, subió ella, descubriendo algo más que el pie, con lo cual don
+Juan quedó maravillado y suspenso, experimentando una impresión parecida
+a la que debió de sentir Moisés cuando le enseñaron de lejos la tierra
+prometida.
+
+En el instante de arrancar el carruaje, la desconocida se alzó el
+velillo.
+
+Don Juan pudo dudar mientras vio el rostro al través del tul; pero toda
+perplejidad quedó desvanecida al mirarlo libre de aquel adorno. ¡Qué
+cara! Los ojos eran azules, oscuros, hermosísimos; la boca un poquito
+grande, como hecha adrede para que se admirasen bien los dientes; el
+color trigueño claro; las facciones delicadas; las orejas chicas; la
+expresión de la fisonomía entre seria y picaresca; en conjunto, un tipo
+popular realzado por una elegancia y dignidad exquisitas.
+
+Se había perdido ya de vista el coche, y don Juan seguía inmóvil
+pensando: «Esto es increíble. ¿Estará _con alguno_? Pero ¿y el niño?». Y
+volvió a sonreír, porque aquellos grandes ojos de azul sombrío, aquella
+graciosísima boca y airoso talle los había él contemplado muchas veces
+de cerca, tan de cerca que se los sabía de memoria, como se saben las
+cosas aprendidas a gusto. En un principio dudó por ver tales hechizos
+rodeados de prendas costosas, lazos y perifollos caros. Una voz íntima
+le había dicho, poco más o menos: «Zapatos, siete duros; abrigo, setenta
+duros; medias de seda, seis duros; sombrero, veinte duros; manguito de
+legítima nutria, qué sé yo cuántos duros»... etc., etc., y estas
+etcéteras ascendían a mucho; por lo cual se decía don Juan: «Sí, ella
+todo lo vale; cualquiera que tenga buen gusto se gastará en contentarla
+el oro y el moro; pero ¿y el chiquillo?»
+
+<tb>
+
+Don Juan volvió a su casa muy pensativo. Por la noche fue al teatro, a
+una tertulia, al club, y con nada logró distraerse. En los palcos, en
+los salones, en el cuarto del tresillo, en todas partes creyó tenerla
+delante de los ojos. Unos momentos le miraba cariñosa, otros le sonreía
+burlona; de pronto se le borraba de la imaginación y surgía su propia
+figura, la del mismo don Juan, en actitud de ir a coger amorosamente las
+manos de Cristeta, que ella retiraba esquiva. A la fingida visión que
+así gozaban los ojos, sucedía luego la ilusión de voces y palabras
+confusamente recordadas: promesas, juramentos, ternezas; todo el
+interminable repertorio de frases deliciosas que el diablo inspira a los
+que van a pecar, están pecando o acaban de pecar.
+
+Casi de madrugada se acostó con un periódico en la mano, según su
+costumbre. Leyó y no entendió: letras, líneas, párrafos y columnas
+bailaban trocando sus puestos y componiendo estupendos disparates. «Ha
+sido detenido por blasfemo... el santo del día. CULTOS: en las
+Calatravas... la _Traviata_» y otras incongruencias por el estilo. De
+pronto, extendiendo el brazo, mató de un periodicazo la bujía; después
+su espíritu fluctuó largo rato entre vigilia y soñolencia, y comenzaron
+a borrársele las ideas, sustituyéndose los antojos de lo soñado a las
+impresiones de lo real.
+
+E imaginó ver una figura de mujer hermosísima, que surgía de entre un
+macizo de plantas tropicales, intensamente iluminadas por la batería del
+gas de un escenario, y envuelta en humo rojizo de bengalas. Estaba medio
+desnuda y circundada de resplandor vivísimo, destacando las gallardas
+líneas y el blanco bulto de su cuerpo sobre un amplísimo manto rojo que
+le pendía de los hombros. Era ninfa de apoteosis zarzuelesca, profanada
+por el carmín barato, los polvos de arroz y el arrebol; aprisionadas las
+formas en lascivas mallas; pero en su rostro no se dibujaba la sonrisa
+forzadamente sensual de la comiquilla aventurera. No estaba provocativa
+y desapudorada, sino bellísima y muy seria. De pronto comenzó a sonar
+una música suave y mortecina, a intervalos interrumpida por
+reminiscencias de giros canallescos. Luego un caballero en quien don
+Juan se reconocía, salía precipitadamente de un palco proscenio, bajaba
+una escalera ancha, atravesaba un patio, subía otra escalera muy
+estrecha, cruzaba un pasillo lleno de mujeres, unas sudorosas, otras
+tiritando, todas casi desnudas, y sin hacer caso de ellas ni de sus
+dicharachos y sus risas, se detenía ante una puerta, sobre la cual
+estaba escrito este letrero:
+
+ _Señorita Moreruela._
+
+El caballero daba en la puerta unos golpecitos con el puño del bastón;
+oíase una voz que decía: «Espera...»
+
+Don Juan quedó profundamente dormido.
+
+
+
+
+Capítulo III
+
+Donde el autor dice quién es la mujer bonita
+
+
+El padre de Cristeta fue covachuelista a la antigua, con poco sueldo,
+menos consideración, gorrito de pana y mangotes[1] de percalina negra: la
+madre fue encajera de primorosas manos, que así componía, dejándolo
+nuevo, un entredós de Malinas, como restauraba un cuello de Alençon.
+Durante muchos años vivieron amantes y felices con el producto de su
+trabajo; pero llegó un día en que él quedó cesante, porque fue preciso
+emplear al sobrino del querido de la querida de un ministro, y a ella le
+faltó labor porque pasaron de moda los encajes. Entonces comenzaron a
+sufrir adversidades, escasez, pobreza, y hubieran llegado hasta verse
+miserables, si la muerte, que esta vez llegó a tiempo, no atajara sus
+desdichas. Ambos murieron con pocas semanas de diferencia, dejando en el
+mundo una niña de diez años, fruto de su amor, la cual tuvo por única
+herencia el despejo y la hermosura de su madre. Recogió a Cristeta una
+tía, casada, hermana de aquélla, que tenía estanco en uno de los sitios
+más céntricos de Madrid; y aunque las malas lenguas del barrio dijeron
+que el amparar a la huérfana fue arbitrar medio de tener persona de
+confianza que ayudase al despacho, es lo cierto que no sólo no sufrió
+malos tratos la niña, sino que hasta fue acogida con cariño y enviada a
+la maestra, donde aprendió a leer, escribir, contar, bordar y coser,
+pasando luego a encargarse del mostrador, hecha ya una mocita muy mona,
+y tan lista, que jamás se equivocaba en dar las vueltas, ni recibía
+moneda falsa, ni trabucaba los sellos de las cartas. Sus tíos no la
+mataban a trabajar; antes al contrario, le concedían permiso para salir
+de paseo los domingos con sus amiguitas, y la tenían limpia y
+decentemente vestida; limpieza y decencia que, según Cristeta fue
+creciendo, comenzaron a convertirse en extraordinario aseo y primoroso
+gusto.
+
+[1] El autor había escrito manguitos. La Academia dice mangotes. ¡Paciencia! (N. del E.)
+
+Mientras ella despachaba sellos y cigarros, su tía permanecía junto al
+mostrador, en invierno haciendo calceta con el gato en la falda y
+puestos los pies en la tarima del brasero; en verano dormitando o
+abanicándose, y en todo tiempo celosa de que ningún comprador sostuviera
+conversación larga o palique peligroso con la chica, que ya exigía
+aquella vigilancia, porque según se iba desarrollando, aumentaba el
+número de los que la echaban chicoleos y flores, no siempre de aroma muy
+puro. Así llegó a tener fama de bonita, sin que nadie pudiera jactarse
+de haber conseguido de ella una mirada cariñosa.
+
+Era lista y comprendía perfectamente, de un lado, que no le convenía
+incurrir en el desagrado de sus tíos ni desacreditarse a fuerza de
+coqueteos; y de otro, que no podía encontrar con facilidad, entre los
+hombres que frecuentaban el estanco, quien honrosamente mejorase su
+suerte. No le gustaban los jornaleros, y con instinto superior a sus
+años, adivinaba que los señoritos eran peligrosos.
+
+Como crecida a puerta de calle, sabía mucho más de lo que debe ignorar
+la pureza; pero esto que, a ser ella tonta, hubiera constituido un
+escollo, dado su natural despejo se trocaba en ventaja. Las doncellas
+ricas que despiertan a la vida entre muebles lujosos y en casas
+suntuosas, conocen las sirtes donde naufraga la virtud por la torpe
+murmuración de las visitas y el grosero lenguaje de ayas y criadas; pero
+lo inmoral y pecaminoso llega a su entendimiento desfigurado, incompleto
+y hasta poetizado con cierto aroma de encanto prohibido que acrecienta
+el peligro. En cambio, las pobres como Cristeta, desde pequeñas se
+codean simultáneamente con lo vedado y lo lícito, aprenden a defenderse
+por sí mismas, se acorazan contra los hombres, y con perfecto
+conocimiento de causa se esfuerzan en conservar lo que tanto les importa
+no perder.
+
+Cristeta vendía con amabilidad, sin hablar más de lo necesario; y en
+cuanto despachaba lo que le pedían, se ponía a leer, apoyada de codos en
+el mostrador, siendo su lectura favorita la de dramas y comedias.
+
+Apenas se estrenaba en cualquier teatro una obra, ya la tenía entre las
+manos: y como los ejemplares cuestan dinero y ella no lo gastaba, claro
+está que alguien se los prestaba.
+
+Sus tíos eran muy cariñosos, pero no podían vigilarla con igual interés
+que lo hubieran hecho sus padres, así que le dejaban leer cuanto quería;
+de modo que, a fuerza de devorar escenas de apasionamientos románticos y
+exageraciones realistas, llegó la chica a saber, teóricamente, mil cosas
+de amor que fueron aleccionándola en tan peligrosa y dulce enseñanza.
+Pero ¿quién proveía a Cristeta de dramas y comedias?
+
+En el piso principal de la misma casa del estanco vivía un editor,
+quien, por ser pequeña su habitación, tenía arrendado en la planta baja
+un cuarto, convertido en almacén de las obras que administraba. Cristeta
+escogía cuidadosamente los puros que el editor fumaba, daba a sus
+dependientes las cajetillas más gruesas, y, a cambio de esta amabilidad,
+ellos le prestaban cuantos libros pedía. Además, el cuarto--almacén tenía
+la entrada por un patio, que era de los estanqueros, y éstos cuidaban de
+que sólo entrasen allí los dependientes del editor, con lo cual él,
+seguro de robos, pagaba la custodia con billetes de favor para los
+teatros, a que de ese modo asistía Cristeta gratis y a menudo.
+
+Por último, los dependientes, que frecuentaban el estanco, habían puesto
+a Cristeta al corriente de quiénes eran los autores de las más de las
+obras que tenía leídas: así que la chica, merced a lo céntrico del sitio
+y a la mucha gente que allí entraba, llegó a conocer de vista y por sus
+nombres a casi todos los actores y poetas dramáticos y cómicos de
+Madrid.
+
+Entre semejantes lecturas y el roce de tales parroquianos, Cristeta fue
+cobrando desmesurada afición al teatro. Aquella mujercita sería, hasta
+parecer esquiva con la generalidad de los compradores, reservaba las
+sonrisas y el agrado para los escritores y cómicos, a quienes en el
+fondo de su imaginación no veía según la realidad, sino que pensaba en
+ellos como en seres superiores, de cuyos cerebros surgían y en cuyos
+labios tomaban vida todos los lances, intrigas, amores y aventuras que
+le encantaban el ánimo.
+
+Su fantasía transfiguraba y ennoblecía a los autores de los versos que
+se sabía de memoria. En vano le decían, por ejemplo, mostrándole un
+poeta sucio, grosero y malhablado: «Ése es quien ha escrito _La vida por
+el amor_». Ella en seguida le confundía con su obra, le limpiaba con la
+poesía de sus propias frases, acabando por figurárselo y verlo, no tal
+cual era, sino ennoblecido, pulcro y elegante. Venía al estanco un
+comicastro, injerto en payaso, rodeado de amigos tabernarios; pedía
+entre ternos y tacos una cajetilla de las más baratas, pagaba mostrando
+puercas las manos, sebosa la ropa, y apenas Cristeta le servía y veía
+marchar, ya no era su figura real la que conservaba en la imaginación,
+sino la de algún apuesto y enamorado caballero que le vio representar en
+las tablas.
+
+Pero estas pequeñas emociones nada eran ni valían comparadas con su
+alegría cuando el editor, por tener propicios a los estanqueros, les
+enviaba un par de butacas _de tifus_ en las últimas filas de cualquier
+teatro que andaba mal. Entonces Cristeta se vestía y emperejilaba,
+cepillaba cuidadosamente a su tío la americana o ayudaba a su tía a
+ponerse la mantilla, y con el que había de acompañarla partía gozosa,
+siendo completa su satisfacción la noche que, durante algún entreacto,
+la saludaba familiarmente cualquier poeta ramplón o se le acercaba un
+actor, por malo que fuese, a echarle cuatro requiebros.
+
+En medio del contento que Cristeta experimentaba viendo así halagados
+sus gustos, aún le quedaba una gran curiosidad por satisfacer. Conocía a
+muchos actores y poetas, músicos y danzantes, pero nunca había hablado
+con una cómica, dama joven o graciosa, ni siquiera característica, a
+quienes ella se fingía poco menos que como criaturas extraordinarias,
+completamente felices, que no tenían tiempo de sufrir ni padecer,
+perpetuamente ocupadas en ser grandes señoras, reinas y hasta diosas,
+cuya misión única en el mundo consistía en escuchar frases bonitas y
+estar preparadas para raptos de esos que, según los casos, terminan en
+muerte violenta, o boda y perdón de padre bondadoso.
+
+Para Cristeta una actriz era una mujer que nunca deja de tener a sus
+pies un hombre arrodillado, y en su camarín un mueble lleno de doblas
+con que pagar albricias por los mensajes de amor. Ignoraba que muchas
+veces la que en las tablas hace de princesa es en su casa criada de sí
+misma. Por fin llegó un día en que vio de cerca a una cómica, y no de
+las que andan de pueblo en pueblo trabajando a partido, sino de las que
+triunfan en Madrid y pagan a su modista cuentas que importan miles de
+pesetas.
+
+Había entrado un poeta en el estanco, le vio la comedianta, que en aquel
+momento pasaba por la calle, y, deseando hacerle algunas preguntas,
+entró tras él. La conversación que sostuvieron fue larga, y mientras
+duró pudo Cristeta contemplar a su sabor la elegantísima figura de
+aquella mujer a quien tantas veces había visto en la escena. Llevaba un
+primoroso traje negro con lunares blancos, el cuerpo del vestido cortado
+con tal arte que, sin formar la más leve arruga, dibujaba un busto de
+hermosas líneas; iba coquetamente calzada y sobre sus guantes grises,
+muy altos, brillaban tres o cuatro aros de plata y de oro. El sombrero
+era de ala ancha y estaba guarnecido con una pluma grande y rizada. Sus
+ademanes eran vivos, se movía mucho y jugueteaba rápidamente con el
+mango de la sombrilla; su voz, aunque dulce, denotaba carácter hecho a
+dominar y vencer.
+
+Cristeta, mirándola y remirándola, se anegaba en la admiración que
+sentía: hasta llegó a forjarse la ilusión de ser ella misma la que tenía
+delante de los ojos, antojándosele ser ella la cómica y ésta la
+estanquera; y que después, en vez de continuar allí vendiendo sellos y
+pitillos, podría irse a representar comedias por la noche y observar
+desde la escena cómo la miraban los hombres y la envidiaban las
+mujeres... Luego caería a sus pies una lluvia de ramos, y por el pasillo
+central de las butacas entrarían los acomodadores cargados con
+canastillas de flores y chucherías de regalo... Durante unos instantes
+soñó despierta, y hasta el ruido confuso de la cercana calle le pareció
+rumor de aplausos.
+
+Al marcharse la cómica, el poeta dijo a Cristeta que aquella mujer
+ganaba una onza de oro diaria; pero la estanquerita no dio señal de
+envidioso asombro ni de cosa que denotase codicia. No; lo que le parecía
+realmente envidiable era el constante triunfar, el bien vestir, el
+hablar y oír cosas bonitas, el vivir, aunque fuese con existencia
+fingida, en un mundo más poético y extraordinario que el de la realidad.
+
+Cuando Cristeta cumplió los dieciocho años, ya estaban en ella
+perfectamente desarrolladas la hermosura y la afición al teatro.
+Respecto a la primera, su belleza era indiscutible; y en cuanto a la
+segunda, que tanto había de influir en su vida, aquellas lecturas
+dramáticas y diálogos con poetas y cómicos, tanto ir a ver comedias y
+admirar a las actrices, concluyeron por entusiasmarla y sorberla el seso
+en tal grado que, aun sin atreverse todavía a comunicárselo a sus tíos,
+formó propósito de dedicarse a la escena.
+
+La casualidad o la Providencia, que acaso sean hermanas según la
+semejanza de sus obras, vino al poco tiempo en ayuda de Cristeta.
+
+Una mañana, mientras se peinaba, comenzó a cantar coplas de cierta
+zarzuela que a la sazón estaba en moda. Era verano y los balcones de la
+vecindad que daban al patio aparecían entornados. De repente, sin que
+ella lo advirtiera, se asomó a uno de ellos el editor, acompañado de
+otro caballero, y, suspendiendo ambos la conversación, escucharon a
+Cristeta, que siguió cantando con agradables modulaciones, ajena de toda
+pretensión vanidosa, como pájaro incapaz de sospechar que nadie se
+detenga a oírle. Su acento era gracioso y picaresco; su voz escasa, pero
+argentina, juvenil, y no viciada por los esfuerzos ni la mala enseñanza.
+No era voz potente ni de gran extensión, pero sí dulcísima, alegre y
+fresca, como debieron de ser las de aquellas ninfas que en la antigüedad
+jugueteaban llamando a su compañera Eco, corriendo y ocultándose tras
+los troncos de los bosques sagrados.
+
+--¿Oye usted eso?--preguntó al editor su amigo.
+
+--Sí; es la chiquilla de los estanqueros.
+
+--¿Bonita?
+
+--Un primor.
+
+--¿Se convence usted--añadió el caballero--de que si uno se propusiera
+buscarlas, encontraría mujeres para el teatro?
+
+--Hombre, no sea usted niño. Desde que no sé quién encontró un tenor en
+una herrería, todo el mundo se maravilla de cualquier voz que escucha en
+cualquier parte. Pero, en fin, si quiere usted hacerle proposiciones...
+Yo le ayudaré a usted. Me consta que la muchacha tiene la querencia de
+las tablas; vamos, que se pirra por el teatro.
+
+Poco después Cristeta, que sin saberlo acababa de probarse la voz,
+calló, concluyendo de peinarse con su acostumbrada gracia; hecho lo cual
+salió al estanco y comenzó a vender.
+
+Aquella misma noche, casi en el momento de cerrar, entró a comprar
+cigarros el dependiente mayor de la casa editorial y, trabando
+conversación con Cristeta, le dijo sin rodeos ni ambages:
+
+--¡Ni que lo hubiera usted hecho adrede! ¡Vaya una vocecita que ha sacado
+usted esta mañana mientras se peinaba! En fin... ¿quiere usted salir al
+teatro?
+
+--¿Yo?--repuso en el colmo del asombro.--¡Usted sí que se quiere quedar
+conmigo!
+
+Estaban solos: el dependiente, que no era viejo ni feo, tenía las manos
+apoyadas en el mostrador; ella estaba turbada, recelosa, esforzándose
+por sonreír, y agitada por un presentimiento incomprensible. El
+sota--editor se había puesto muy serio; a la chica un sudor se le iba y
+otro se le venía; de pronto, en un momento en que ella alzaba con cierta
+coquetería una mano para retocarse el peinado, dijo el hombre:
+
+--Vamos a ver: ¿le parece a usted que se han hecho esos dedos para pegar
+sellos y contar calderilla? Vaya, me ha dicho don Pedro, mi principal,
+que suba usted mañana con su tío, que tiene que hablar con ustedes.
+
+--¿Para qué?
+
+--Para saber si quiere usted ser cómica.
+
+--¡Yo artista!--exclamó Cristeta con indefinible sorpresa.
+
+--La misma que viste y calza. Es usted joven, guapa, tiene talento, voz,
+afición.
+
+--Lo que es afición sí que tengo.
+
+--Bueno, pues con estudiar un poco... En fin, suban ustedes mañana.
+
+Y se fue.
+
+Cuando Cristeta quedó sola, tuvo que apoyarse en la anaquelería para no
+caerse. Acostose sin cenar casi, ni hablar con nadie; permaneció largo
+rato sentada en la cama, tardó mucho en desnudarse, lloró sin saber por
+qué, se le olvidó rezar y, por fin, al deslizarse entre las sábanas
+sintiendo las frías caricias del lienzo, tornó a sus pasadas ilusiones,
+antojándosele que el ruido de los coches que pasaban por la calle era
+estrepitoso rumor de aplausos y que las voces de los vendedores de
+periódicos eran bravos frenéticos.
+
+
+
+
+Capítulo IV
+
+En el cual queda demostrado que la virtud, como el agua, brota donde
+menos se espera
+
+
+A las pocas semanas de lo narrado estaba Cristeta contratada como _otra
+tiple cómica_ en un teatrillo de tercer orden, cuyo empresario era el
+amigo del editor que la oyó cantar mientras se peinaba. Los tíos de
+Cristeta, engolosinados con la oferta de dos duros diarios, consintieron
+en el ajuste. Convínose en que al principio no representaría la niña
+sino papelitos cuya parte musical pudiese aprender al oído, y también en
+que, sin pérdida de tiempo, comenzase a tomar lecciones de canto. Ella
+se puso loca de contento y los estanqueros, imaginando que su sobrina
+tenía una mina en la garganta, transigieron en pagar maestro.
+
+El teatro donde quedó Cristeta escriturada era de los que dividen por
+horas las funciones, y en él se representaban cuatro cada noche. A la
+primera apenas iba gente; a la segunda asistían familias de los barrios
+cercanos cansadas de jugar a la perejila, jovenzuelos sin permiso para
+retirarse tarde, matrimonios de larga fecha que iban a pasar el rato
+para no verse solos, y forasteros deseosos de olvidar los sofiones
+recibidos en los ministerios con la agradable perspectiva del _coro de
+señoras_. Provinciano de éstos había capaz de renunciar a la esperada
+credencial con tal de poder contar en su pueblo que había sido dueño de
+cualquiera de aquellas infelices, condenadas a estar siempre haciendo
+muecas voluptuosas con la cara pintada y trenzados con las piernas
+presas en las desvergonzadas mallas. El público que frecuentaba la
+tercera y cuarta función se componía casi exclusivamente de hombres
+aficionados a comprar hecho el amor, y de pecadoras elegantes. A última
+hora se ponían las piezas y zarzuelitas más verdes, y cual si esto les
+sirviese de aperitivo, era de ver cómo a la salida muchos caballeros, o
+vestidos de tales, esperaban en la calle la salida de bailarinas,
+coristas y figurantas: por fin, cuando terminado el espectáculo
+comenzaba la puerta del escenario a vomitar mujeres envueltas en
+mantones y con toquillas de estambre a la cabeza, cada hombre se llevaba
+su prójima, que solía ser ajena; alguna, envidiada de las demás, subía
+en coche, y ya formadas las parejas, que a veces en realidad eran
+tercetos, todos se iban contentos; ellas haciéndose las conquistadas, y
+ellos imaginando triunfo lo que, a lo más, era compra.
+
+A llevar y recoger a Cristeta iba el tío estanquero, no sin repugnancia
+y protestas de su cónyuge, la respetable y añosa doña Frasquita.
+
+Las primeras noches intentaron algunos chuscos divertirse a costa suya;
+pero advertidos de que tenía mal genio, le dejaron en paz; en cambio,
+los señoritos que pretendían acercarse a Cristeta solicitaban su
+conversación, llamándole _don_ o _señor de_; y él, no acostumbrado a que
+gente tan bien vestida le tratase de igual a igual, acabó por creer que
+para codearse con personas finas era necesario andar entre bastidores.
+
+El día en que trabajó Cristeta por primera vez, estuvo mal servido el
+estanco. Nadie pensó sino en hacer viajes o enviar recados a casa de la
+modista, autora del traje que había de sacar a escena, en peinar y
+repeinar a la nueva artista, y en prepararle una banasta para las ropas
+y una caja para los untos, cosméticos, polvos, mano de gato y otros
+afeites.
+
+Por la mañana, un asturiano que tenía en la esquina inmediata puesto de
+café económico, vulgo _de a cuarto_, entró en el estanco a comprar
+pitillos y dijo a la criada, especie de Maritornes a medio desbastar,
+que el nombre de Cristeta estaba en el cartel del teatro con todas sus
+letras; y la palurda, aunque no sabía leer, salió corriendo a que se lo
+mostrasen; luego cruzó la calle con el mismo objeto la estanquera, sin
+lograr nada, porque se le habían olvidado los espejuelos, y, por último,
+fue también el tío, permaneciendo largo rato en contemplación de aquella
+línea del reparto donde decía:
+
+ «CHULA PRIMERA-SEÑORITA MORERUELA»
+
+Tal fue la emoción del pobre hombre, que señalando con el bastón las
+letras, dijo enfáticamente a un cochero de punto que allí estaba: «¡Es
+mi sobrina!», y la frase salió de sus labios con aquella entonación de
+noble orgullo que debía de emplear la romana Cornelia cuando dijera:
+«¡Yo soy la madre de los Gracos!»
+
+Cristeta se estrenó (_debutó_, dijeron los periódicos) en un papel de
+chula, y lo hizo con mucha gracia y desparpajo, luciendo un mantón gris
+de ocho puntas, que por la mañana costó setenta reales en la calle de
+Toledo, vestido de lanilla oscura con dibujitos claros, y a la cabeza un
+vistoso pañuelo de seda, a listas azules y amarillas, entre cuyos
+pliegues aparecía su bonitísima cara de madrileña picaresca. Iba calzada
+con medias rayadas y zapatos bajos, mostrando en cada movimiento las
+enaguas muy blancas. Sin que incurriese en desvergüenza ni descaro, su
+figura resultaba tan gallarda y airosa como encantador era su rostro. Se
+presentó en escena con los ojos turbados del miedo; pero en la segunda
+salida, al terminar una tirada de redondillas, sonaron unos cuantos
+aplausos y perdió el temor. En el resto de la zarzuelita estuvo
+saladísima, y en la única pieza que cantó, también la aplaudieron.
+Moviéndose y accionando parecía cómica veterana.
+
+Cuando al retirarse a casa salió acompañada de su tío, había en la
+puerta una manada de caballeretes esperando para verla de cerca; don
+Quintín, que así se llamaba su Argos, puso cara feroz y ella,
+esforzándose por reprimir la alegría, procuró estar seria.
+
+Nadie durmió sosegadamente aquella noche en el estanco. La tía, porque a
+pesar de la edad de su marido, estaba solevantada con lo peligroso que
+era, según dijeron las vecinas, que el bueno del hombre fuese a pasar
+las noches entre bailarinas y coristas; el tío porque, asombrado de la
+facilidad con que Cristeta se ganaba sus cuarenta reales, pensaba ya en
+el cobro de la quincena, y la muchacha porque aún le zumbaban en los
+oídos las palmadas. Mas su verdadera satisfacción fue a la mañana
+siguiente, cuando en la sección de espectáculos de un periódico leyó que
+la señorita Moreruela era de agraciada figura y tenía brillantes
+disposiciones, y estaba llamada a conquistar grandes triunfos en el
+difícil arte a que se dedicaba.
+
+Hasta final de temporada trabajó en otras dos obras, y por una de ellas
+experimentó la primera contrariedad de las muchas a que había de estar
+sujeta.
+
+Citáronla para asistir a la lectura, y acabada ésta le entregaron su
+papel, de poco más de un pliego, en cuya primera hoja estaban
+manuscritas las siguientes palabras:
+
+ NINFA ELÉCTRICA
+
+La obra era una _revista_, manojo de desvergüenzas mal escritas,
+adornado con música populachera de aires franceses disfrazados a la
+chulesca.
+
+La esperanza del éxito estaba fundada en media docena de decoraciones y
+en los trajes de las actrices, o, más claro, en la poquísima ropa que
+habían de ponerse. Cristeta tenía que salir con el pelo suelto, corpiño
+liso, muy escotado, de raso _azul eléctrico_, zapatos de lo mismo, nada
+en los brazos y en las piernas mallas hasta la cintura; es decir,
+desnuda: porque aunque de sus carnes sólo habrían de verse el escote y
+brazos, todas las líneas y prominencias del cuerpo quedaban de
+manifiesto.
+
+Cuando una de sus compañeras se lo explicó detalle por detalle, la pobre
+muchacha se puso como la grana y su primer impulso fue decir que
+renunciaba a ser cómica, pero le dio vergüenza avergonzarse. Volvió a su
+casa malhumorada, se encerró en su cuarto y estuvo llorando hasta la
+hora de tornar al teatro.
+
+Seguramente hubo por fuerza de ocurrírsele mucho tiempo antes que
+aquello había de llegar, mas no lo imaginó para tan pronto; así que su
+sorpresa fue terrible. Si al menos hubiese salido a escena un día muy de
+corto y otro muy escotada... pero así, de repente, sin preparación... ¡y
+casi desnuda! Buscando luego paliativos a su disgusto, se dijo que el
+exceso de pudor ahogaría su porvenir artístico. ¡Pues qué! ¿No había
+visto, por ejemplo, y nada menos que a célebres cantantes, lucir las
+piernas haciendo el paje de los _Hugonotes_, y algo más que las piernas
+en la Venus del _Tannhauser_? En realidad, lo que le enfadaba
+extraordinariamente no era ostentar sus encantos, porque estaba cierta
+de no hacer gesto, ademán ni movimiento indecoroso: la causa principal
+de su enojo era el tener que salir entre otras mujeres desapudoradas y
+venales que alardeaban de su desnudez, y con quienes había de alternar y
+confundirse. Esto la sacaba de sus casillas. En vano tenía ya
+acostumbrados los oídos al grosero lenguaje usado en lo interior del
+teatro y a las frases soeces con que algunos gomosos la perseguían; su
+mirada severa y su ceno adusto ponían a todo el mundo a raya; pero
+ahora, obligada a circular por entre bastidores de aquel modo, ¿cómo
+evitar las bromas insolentes, los dicharachos lascivos? Y luego, al
+salir a escena, ¡cómo caerían sobre su cuerpo las miradas! ¡Qué
+vergüenza!... En cambio, no se reirían de ella, cual les acontecía a
+algunas de sus compañeras que tenían los brazos flacos, las piernas
+torcidas, las caderas desconcertadas y el escote huesoso. Segura estaba
+de obtener un triunfo la noche en que se estrenase la _revista_, porque
+el espejo y la comparación de sí misma con aquellas desdichadas le
+habían dicho que su cuerpo era un prodigio de hermosura.
+
+En tales dudas y vacilaciones dejó pasar días y días, hasta que se echó
+encima la víspera del estreno. Entonces tuvo miedo del ridículo, pensó
+que aquello no era más que una contrariedad inherente a su profesión, y
+cuando al concluir el ensayo general le preguntó la sastra que a qué
+hora podría ir a probarla _el traje_, la citó sin oponer resistencia
+para la misma tarde, sumisa e indiferente como si se tratase de un
+asunto zanjado.
+
+Llegó la hora convenida, fue la sastra a su casa, entró en el cuartito
+de Cristeta y comenzó ésta a desnudarse, dejando por fin caer sobre la
+estera de cordelillo las ropas y prendas dichosas que llevaba más
+inmediatas al cuerpo. Entonces la encargada de vestir y desnudar
+cómicas, según los casos, no pudo reprimir una exclamación de sorpresa
+y, haciendo ademán de santiguarse, dijo:
+
+--¡Bendito sea Dios! ¡Ay, señorita; mujeres hermosas tengo vistas, pero
+como usted, ninguna!
+
+Cristeta se sintió halagada y su pudor murió a manos de su vanidad.
+
+Letra y música de la _revista_ fueron estrepitosamente silbadas,
+contribuyendo esto a realzar el triunfo de Cristeta porque cuando
+mayores eran las muestras de desagrado, salió ella a las tablas y, lo
+mismo fue verla el público, que acallarse el bastoneo y los chicheos. En
+seguida cantó bien dos o tres coplas, de esas que luego alcanzan los
+honores del organillo, y aquella música, que por sí sola no hubiese
+arrancado una palmada, fue aplaudida. Al terminar hizo la artista una
+pirueta, dio un saltito muy mono, y se metió entre bastidores.
+
+Lo que entonces estalló no fue entusiasmo, sino delirio: el público
+quiso que se repitiera la canción, no por oírla, sino por ver nuevamente
+a Cristeta; y ésta, animada con aquel éxito personalísimo, cantó mejor y
+aún se movió con más libertad. Las mujeres pensaban mirándola: «¿Qué
+harán estas bribonas para ponerse tan guapas?» Los hombres se la comían
+con los ojos.
+
+A partir de aquella noche, no hubo trapero literario de los que surten
+de majaderías propias y ajenas a los teatros de último orden, en cuyas
+cavilaciones no entrasen como elemento dramático los encantos corporales
+de Cristeta.
+
+El empresario recibió muchas obras, donde se adjudicaban a la nueva
+artista papeles que requerían poquísima ropa, con lo cual la pobre
+muchacha se persuadió de que no eran su voz y su talento los que la iban
+sacando a flote, sino su belleza.
+
+Esta fue su primera desilusión.
+
+Los pretendientes cayeron sobre Cristeta como moscas sobre pastel
+fresco; mas por ninguna de aquellas conquistas se sintió halagada.
+Cuantos hombres se le acercaban traían imaginado que era cosa de llegar
+y besar el santo, con tal de echar antes alguna limosna en el cepillo.
+Un banquero riquísimo, y muy conocido en Madrid por la protección que
+dispensaba a las chicas de vida alegre, le propuso descaradamente
+amueblarle un entresuelito y ponerle coche; un caballerete trapisondista
+y jugador intentó llevársela una noche a cenar, imaginando que cuatro
+copas de Champaña y un gabinete de fonda le asegurarían la conquista; un
+autor le ofreció un papel de gran lucimiento a cambio de una cita, y
+hasta el director de escena se brindó a solicitar para ella un
+beneficio, a condición de que ensayasen a solas lo que hubiera de
+cantar. A ser ella interesada o de temperamento fácilmente inflamable,
+pronto hubiera sucumbido: su salvación estuvo, por entonces, en que ni
+la deslumbraba el brillo del oro, ni la imaginación se le exaltaba hasta
+poner en peligro su castidad; antes al contrario, aquella larga serie de
+acometidas bruscas, en que sin poesía ni delicadeza trataron de comprar
+barata su belleza, concluyó por darle asco. No se le exacerbó la virtud,
+pero vio claro el peligro.
+
+Alguna vez, al refugiarse en el cuarto del teatro, contemplando a solas
+su gallarda figura ante el espejo, sintió deseo de riqueza; quizá, ebria
+de adulaciones, resplandores y músicas, soñó despierta con la realidad
+del amor, mas ni el fantasma del lujo ni la tentadora voz de la
+Naturaleza lograron rendirla, porque se sentía humillada de no despertar
+en los hombres más que la misma impureza que les inspiraban aquellas de
+sus compañeras, viciosas o hambrientas, que se vendían por un traje o se
+prostituían por una joya. ¿Era esto castidad ingénita, frío cálculo,
+tibieza de sangre o señal de orgullo?
+
+Cristeta no era hipócrita ni desdeñosa del amor, ni de las que, por lo
+ariscas, hacen antipática la virtud; pero instintivamente consideraba su
+hermosura como complemento de su corazón: quien no poseyese éste, no
+disfrutaría de aquélla. Se reconocía hermosa, y no concebía que pudiera
+tasarse su belleza. Era capaz de disimular el enojo y hasta de no
+enojarse contra un buen mozo que, atrayéndola con exquisito arte o por
+sorpresa, la besase, imprimiendo al beso aquella deliciosa ingenuidad
+del niño que se apodera de una golosina; pero a cuantos se atrevieron a
+propasarse con ella ofreciéndole dinero, les recibió como se recibe a un
+perro en un juego de bolos. En su corazón tenían entrada libre la
+impremeditada flaqueza que vence el ánimo más fuerte, la voluptuosidad
+que a veces flota en el ambiente y se desliza suavemente por los
+sentidos hasta lo más recóndito del alma, la ocasión traidora que llega
+cuando menos se piensa; en una palabra, todos los estimulantes del amor;
+en cambio, su pensamiento estaba cerrado al interés. Un día de campo, un
+rayo de sol o cuatro frases dichas a tiempo, podían hacer que Cristeta
+cayese trémula en los brazos de un hombre; pero quien se arriesgase a
+proponerle crudamente la compra de sus labios, los vería trocados en
+manantial de indignación; el enojo de Lucrecia fuera pálido comparado
+con el suyo.
+
+Sí: Cristeta era romántica, como casi todas las mujeres españolas; y de
+igual suerte que en un aduar de negruzcos gitanos se puede descubrir un
+niño sonrosado de pelito rubio y rizoso; a semejanza del grano de oro
+que corre arrastrado entre el légamo y las toscas piedras del río, así
+en aquel teatrucho donde toda obscenidad tenían su asiento, vivía ella
+cercada de ex--vírgenes andariegas y mamás alquiladizas, esperando, no el
+chocar de los centenes ni el crujir de las sedas, sino la voz de un
+hombre que murmurase en su oído: «¡Quiéreme!»
+
+Mujer que así pensaba no podía transigir con la perspectiva de quedarse
+sin flor, exponiéndose a dar fruto que acaso no tuviese dueño conocido.
+
+Su entereza estaba además cimentada en otra base de resistencia, acaso
+más salvadora que la misma castidad romántica.
+
+A poco de ingresar en el teatro observó Cristeta que a cuantas
+compañeras suyas pecaban y se envilecían por codicia, les salía errado
+el cálculo. Hoy se entregaban a un calavera rico, mañana a un señorito
+achulado, tal noche a un marido ajeno, tal otra a un pollancón estúpido;
+y total, alguna cena, algún traje, desempeñar a costa de uno lo que
+había de lucir con otro, y a la postre el rostro ajado y la juventud
+malbaratada: vida de moza mesonera, trajín constante, pocas propinas y
+vejez: mendiga.
+
+Tales fueron, durante algún tiempo, sus pensamientos.
+
+La maledicencia y la calumnia se cebaron en ella. Quién dijo que no era
+buena, sino pecadora a escondidas; quién que por avariciosa se hacía
+deseable, para venderse cara; quién, llegando hasta el colmo de la
+infamia, afirmó que Safo había retoñado en ella: lo cierto fue que nadie
+pudo probar acusación alguna.
+
+Por fin, cierta mañana circuló en el ensayo una noticia estupenda.
+Díjose que la noche anterior Cristeta no había salido del teatro
+acompañada sólo de su tío; que con ellos iba un caballero de treinta y
+tantos años, buen mozo y elegante; añadiose que Cristeta se apoyó en su
+brazo para llegar desde su cuarto a la calle, que luego siguieron
+juntos, ella bien arrebujada en su abrigo, él subido el cuello del gabán
+de pieles, y detrás, a dos pasos, como guardia de respeto, el tío
+estanquero. La fiera debía de estar domada y el domador se llamaba don
+Juan de Todellas.
+
+
+
+
+Capítulo V
+
+Que puede dejar dudas sobre la compatibilidad del amor y la virtud
+
+
+Pocos días antes de nacer aquellas murmuraciones, paseaba don Juan por
+los pasillos del teatro con un amigo, que le decía así:
+
+--No recuerdo dónde afirma Cervantes que los alcahuetes son gentes útiles
+a la república, y que debieran ser muy considerados. Bueno: pues
+escudado en tan autorizada opinión, no tengo inconveniente en
+presentarte a la _incorruptible_.
+
+--¡No sabes la impresión que me ha causado esa mujer! ¿Y tú crees que
+nadie ha...?
+
+--Eso dicen, aunque también le quitan mucho el pellejo. Yo creo que es
+honrada. Veremos hasta dónde llega tu buena suerte..., y te advierto dos
+cosas: primera, que no te propases a ciertos atrevimientos, como cerrar
+la puerta del cuarto estando solo con ella, y segunda, que te congracies
+con el tío. Háblale de Espartero, elogia a la milicia nacional, quema
+incienso en honor del difunto partido progresista. Por último, aunque te
+parezca ridículo, enamórala _por lo fino_.
+
+Cuando el que hizo la cita cervantesca y dio estos consejos a don Juan
+entró con él en el cuarto de Cristeta, estaba ella vestida a lo gitana,
+con falda de percal de mucho vuelo, pañuelo de espuma al talle, rizos en
+las sienes y moño bajo, hecho un jardín a puras flores. El tío sentado
+en un sillón gótico de guardarropía, leía un periódico.
+
+Luego de las frases usuales en toda presentación, el amigo dio tres o
+cuatro noticias de teatros y, pretextando saludar a una cómica, se salió
+al pasillo. Don Juan, fingiendo turbación, adoptó la postura más decente
+que pudo, como si estuviera en el salón de una gran señora. Frente a él
+Cristeta, recostada en un pequeño diván, se entretenía en hacer nuditos
+con el fleco de la pañoleta. El tío, como de encargo, no chistaba. Ya
+iba don Juan a entablar conversación, temeroso de que el traspunte
+llamase a Cristeta, cuando ésta, por decir algo, dijo poniéndose en pie:
+
+--¿Qué tal? ¿Resulta gitano el traje?
+
+--Muy característico, muy típico...
+
+Y calló, sin terminar la frase.
+
+--Hable usted con franqueza.
+
+--Que no hay analogía entre usted y ese atavío.
+
+Y como ella hiciese un mohín de sorpresa, continuó:
+
+--Quiero decir que esa falda tan hueca, ese moño tan bajo, esos rizos
+tan... subversivos, todo tan... flamenco no está en relación con la
+belleza elegante y distinguida de usted. Cuanto lleva usted encima pide
+una cara más, enérgica, facciones duras...
+
+--Gracias por la galantería--repuso ella secamente.
+
+Pero no le fue desagradable la lisonja. Estaba acostumbrada a que la
+llamasen _rica en el mundo_ o barbiana, y aquella era la primera vez que
+un hombre la galanteaba con finura.
+
+--Vamos--siguió él--; convenga usted conmigo en que su fisonomía y su porte
+son demasiado aristocráticos para estas flamenquerías: mejor estaría
+usted con un traje de baile, de raso muy claro, por ejemplo, y con un
+gran abrigo forrado de pieles que le llegase hasta los pies...; pero que
+no los ocultase... Nada de alhajas: el lugar que cubrieran valdría más
+que el mejor brillante. En fin, me resulta usted una gitana demasiado
+señorita.
+
+Cristeta sonrió con mayor afabilidad y repuso:
+
+--Pues ya lo ve usted; al público le da por esto.
+
+--Lo triste es que artistas como usted tengan que hacer estas obras.
+
+Cristeta estaba muy acostumbrada a oír elogiar sus encantos corporales;
+pero no le sucedía lo mismo respecto de sus facultades artísticas y,
+sorprendida por la última frase de don Juan, repuso con más sinceridad
+que amor propio:
+
+--Pues qué, ¿cree usted que yo sirvo para otra cosa?
+
+Con distinta mujer, don Juan hubiera aprovechado la pregunta para hacer
+un juego de palabras y un chiste picante: con Cristeta no se atrevió.
+
+--¡No lo he de creer! En cuanto se forme una buena compañía de zarzuela,
+de ópera cómica española quiero decir, verá usted cómo la buscan. El día
+en que haga usted un papel de sentimiento, una obra fina... se la comen
+a usted.
+
+De repente se asomó el traspunte a la puerta del cuarto y, sin
+detenerse, dijo:
+
+--Voy a empezar.
+
+Don Juan se despidió de Cristeta prendado hasta donde él se podía
+prendar de una mujer.
+
+Aquella noche no pasó más. Sin embargo, para completa exactitud, es
+necesario añadir que Cristeta trabajó más a gusto que de ordinario, y
+que luego, a solas en la alcoba de su casa, recordó las palabras de don
+Juan, pensando con agrado y amor propio satisfecho, en la posibilidad de
+ser artista de las que rara vez tienen que ensenar en escena lo que la
+mujer debe cubrir casi en todas partes. Después se esforzó por
+reconstruir mentalmente su diálogo con don Juan, y le pareció que había
+dado prueba de buen gusto censurando el exagerado atavío gitanesco. Por
+último, pensó que otros trajes y otros papeles le sentarían mejor: por
+ejemplo, el de la Princesa de _Pan y Toros_, el de la Magdalena de _La
+Marsellesa_, el de Aurora en _Luz y sombra_. Sí, sí; zarzuela seria. Y
+se durmió.
+
+Don Juan no incurrió en la torpeza de volver al cuarto de la señorita
+Moreruela a la noche inmediata, ni a la siguiente, ni a la otra: dejó
+pasar algunos días, hasta que hubo estreno en que ella trabajase; de
+modo que al verle entrar en su cuarto no sospechó que fuese por
+visitarla, sino con ocasión de la obra nueva.
+
+El tío, que había tomado muy en serio el papel de Argos, estaba, como de
+costumbre, leyendo un periódico, sentado en su sillón gótico, del cual
+no se levantaba más que cuando Cristeta decía: «que me voy a mudar».
+Entonces se trasladaba a un rincón del pasillo, y situándose bajo un
+mechero de gas, seguía leyendo, charlaba con el bombero de servicio o
+daba palique a alguna de las coristas que andaban de un lado para otro
+pidiéndose prestados los peines, la borla de los polvos o la mano de
+gato.
+
+Cristeta interpretaba en la pieza nueva un papel de mocita traviesa que
+se fingía juiciosa. Se había vestido con sencillez, y lo que más
+contribuía a su aspecto de modestia y candor era el peinado, con la raya
+partida por medio y alisado luego el pelo hacia las sienes. Parecía una
+colegiala. Apenas la vio don Juan, dijo como si tratase de reanudar la
+conversación que anteriormente tuvieron:
+
+--Hoy sí que está usted monísima. ¡Cualquiera diría que se ha escapado
+usted de uno de esos conventos donde se educan las señoritas de la
+grandeza!
+
+--Pues mire usted, estoy que rabio. Hoy me han repartido otro papel...
+también de esos que... en fin, véalo usted.
+
+Y tomando unos pliegos de sobre la mesa del tocador, se los mostró a don
+Juan, quien los hojeó rápidamente. Se trataba de otra _revista_, y en la
+escena en que se hacía referencia a la última Exposición de Bellas
+Artes, salían personificadas en tres guapas chicas la Arquitectura, la
+Pintura y la Escultura. Había de sacar la primera corona mural, túnica
+blanca, y en la mano la escuadra; la segunda era un mancebo de la época
+del Renacimiento, y llevaba como atributo una paleta; y la Escultura
+debía aparecer sobre un pedestal a modo de estatua, en la mayor desnudez
+posible, y sin más ropaje que un trozo de paño liado a las caderas. Todo
+esto lo explicó rápidamente Cristeta, añadiendo malhumorada:
+
+--¡Y la estatua... soy yo!
+
+Frunció don Juan el entrecejo, y exclamó, tirando los papeles sobre el
+diván:
+
+--Da grima. ¡No haga usted eso!
+
+Tan claramente manifestó su desagrado, que Cristeta no pudo menos de
+sentir sorpresa.
+
+¿Qué le importaría a aquel buen señor, que apenas la conocía, que ella
+saliese a escena más o menos ligera de ropa?
+
+--No tengo más remedio--dijo--que conformarme. No estoy, ni acaso llegue a
+verme nunca, en situación de imponerme a una empresa.
+
+--Hasta que sea yo empresario; bien es verdad que entonces trabajará
+usted lo menos posible.
+
+Don Juan no acertó a expresar bien su pensamiento, o no se atrevió a
+completarlo. Ella lo adivinó, sin embargo, y no queriendo dárselo a
+entender, repuso:
+
+--¡Pues buen modo de protegerme!
+
+En noches sucesivas don Juan asistió con frecuencia al cuarto de
+Cristeta, y por el lenguaje que usó con ella comprendió la muchacha que
+había producido honda impresión en aquel hombre: mas no llegó a tener
+que aceptarle ni rechazarle categóricamente.
+
+Estaba convencida de que la cortejaba, pero con tal comedimiento, que no
+le era fácil decidir la disposición de ánimo que debía adoptar respecto
+de él: el mucho agrado pudiera parecer liviandad, la esquivez fuera
+grosería, y despedirle con cajas destempladas era exponerse a que él la
+pusiese en ridículo encogiéndose de hombros, o acaso diciéndole
+claramente que se había hecho ilusiones. Por todo lo cual determinó
+esperar, discurriendo de este modo: «Si piensa en mí, por muy astuto que
+sea, algún día se clareará, y según sus intenciones... veremos. Una
+cómica como yo no puede pensar en casarse con un hombre como él: _lo
+otro_ no debe ser, no me conviene, no quisiera... Malo es que esté ya
+tan preocupada. En fin...¡Dios dirá!»
+
+Cristeta no tenía estipulado beneficio en la escritura: ¿quién podía
+haber adivinado que en tan poco tiempo creciera tanto, respecto de ella,
+el favor del público? Pero a falta de beneficio, el día de su santo la
+empresa le hizo regalo de una corona, y sus admiradores le llenaron el
+cuarto de flores y multitud de esas baratijas más o menos inútiles, como
+jarroncillos bomboneras, muñecos de loza y sortijeros. Cada uno de los
+que la regalaron, deseoso de mostrar su largueza o buen gusto, envió el
+obsequio al teatro. Una sola persona se lo mandó a casa; y consistió el
+regalo en un magnífico neceser de costura, formado por una gran caja de
+piel de Rusia, colocada sobre un precioso mueblecito, y provista de
+tijeras, pasacintas, devanaderas, carretes y dedal, todo de plata: nada
+faltaba de cuanto puede desear una mujer aficionada a hacer labores.
+Cristeta recibió el presente por la tarde, antes de ir al teatro, y
+abrió la caja con alegría infantil mezclada de sorpresa, como Margarita
+debió de abrir el estuche de las joyas. En uno de los casilleros
+destinados al hilo había una tarjeta de don Juan, y bajo su nombre estas
+palabras escritas con lápiz:
+
+«B. L. P. a su amiga la señorita de Moreruela y le envía ese humilde
+recuerdo».
+
+Cristeta lo apreció todo de una ojeada: _amiga... señorita... humilde
+recuerdo..._ ¡Cuánta finura y qué poca ostentación!
+
+La estanquera se quedó pasmada: el tío tomó las piezas del costurero una
+por una, pensando con respeto en el hombre que hacía regalo de tres o
+cuatro o seis libras, de plata. Cristeta se dio a reflexionar en aquello
+con más calma. Primero. ¿Por qué, contra lo acostumbrado, le envió el
+presente a su casa? Sí: esto indudablemente era horror a la ostentación.
+Segundo. ¿Por qué, pues el obsequio era costoso, haber gastado tanto
+para ella? Aquí estaban claras la esplendidez y el deseo de agradar.
+Finalmente, ¿a qué regalar un costurero a una mujer que no tenía tiempo
+de dar puntada? Esto no podía explicarse.
+
+El resultado de las anteriores y análogas cavilaciones fue que, llegada
+la noche, cuando don Juan entró a saludarla en su cuarto del teatro,
+apenas pudieron hablar a solas, le dijo ella sin disimular su
+pensamiento ni prever la respuesta:
+
+--Muchas, muchísimas gracias; pero señor Todellas, ¿cómo diablo ha
+regalado usted eso a una infeliz que no tiene tiempo para coserse una
+cinta? ¡Y cuidado que es lujoso y bonito!... Sobre todo de buen gusto.
+
+Entonces don Juan se puso muy serio, se aproximó a la cómica, como quien
+sacando fuerzas de flaqueza ha hecho propósito de osadía, y dijo con voz
+sabiamente turbada:
+
+--Cristeta, perdóneme usted la torpeza; arrincónelo usted si no le sirve;
+pero mí regalo obedece a una idea que no puedo desechar.
+
+--¿Qué idea es esa?--preguntó ella, volviendo la cabeza para mirarse al
+espejo y ocultar de algún modo la emoción que le causó la fingida
+turbación de don Juan.
+
+--Pues bien, Cristeta, lo diré, aunque se ría usted de mí: cuando pienso
+en usted, cosa que me ocurre con muchísima frecuencia, no veo con los
+ojos de la imaginación esta mujer que ahora tengo delante, no me acuerdo
+de la actriz ni del teatro, ni me gusta figurármela a usted haciendo de
+ninfa, ni de chula, ni de paje...; me exaspera la idea de que todo el
+mundo pueda contemplar...; en fin, cuando yo la veo a usted con los ojos
+del alma, se me antoja que es usted una señorita que vive recogida en su
+casa, sin que nadie pueda saber todo lo hermosa que es, sin que nadie la
+profane con deseos ni miradas. Lo confieso; me hace daño... hasta sufro
+viniendo aquí a verla a usted, y, sin embargo, vengo... y seguiré
+viniendo mientras no comprenda que mi presencia la enoja.
+
+Más claro, agua: pero estaba dicha la cosa de tal modo, que, aun
+suponiendo que Cristeta recibiera disgusto, no podía manifestarlo. La
+verdad es que en el fondo del alma sintió aquella satisfacción dulce y
+apacible que en las novelas románticas experimentan las zagalas
+galanteadas por grandes y poderosos señores. El diálogo terminó así:
+
+--¡Válgame Dios, y qué formal se pone usted para decirme esas cosas! ¿No
+conoce usted que todo eso tan fino se despega de estos sitios?
+
+--Pues para probar que hablo seriamente, me voy a permitir darle a usted
+un consejo.
+
+--Diga usted.
+
+--Haga usted una prueba... doble. La empresa está ya convencida de que
+usted sirve, y de que el público ha de quererla más cada día. En cuanto
+usted lo intente, verá cómo le guardan ciertas consideraciones. Niéguese
+usted a hacer el papel de la pieza nueva... ese de la estatua. ¿A que no
+le tuercen a usted la voluntad? Si es usted franca al decir que le
+disgustan las mallas, saldrá usted ganando no tener que ponérselas. Y de
+paso se convencerá usted de la alegría que yo experimentaré al saber que
+no han de verla otra vez medio desnuda... y reflexione usted un poco
+sobre qué clase de sentimiento será el que me inspira para que yo piense
+todo esto.
+
+--Pero... ¿qué diablos le importará a usted que salga así o de otro
+modo?--le interrumpió Cristeta con dureza; y en seguida, deseando apurar
+la situación, añadió--: ¿Imagina usted que voy a creer en esas
+delicadezas? ¿Se le dicen de veras semejantes cosas a una actriz de este
+teatro?
+
+No deseaba ella sino que don Juan cayese en el lazo y hablara más claro.
+Y como está escrito que todo Hércules tropiece con su Onfalia, don Juan
+cogió una mano a Cristeta y siguió hablando de este modo:
+
+--La temporada va a concluir; evite usted hacer ahora ese papel; nos
+trataremos durante el verano, procuraré que me conozca usted a fondo,
+que seamos verdaderos amigos... y ¡quién sabe! tal vez para el otoño
+empiece usted a pensar en si le conviene renunciar al teatro.
+
+Entonces no experimentó Cristeta lo que las pastorcillas solicitadas por
+príncipes, sino que sintió agitársele su viva sangre madrileña, y
+encarándose con don Juan, repuso ásperamente:
+
+--Sí, que renuncie al teatro, donde al fin y al cabo puedo ser buena,
+aunque no lo parezca, para dejar de serlo a beneficio de usted. Luego se
+cansa usted de mí, y me deja. Lo de siempre, usted a otra... y yo...
+
+--Es usted injusta, cruel y mal pensada--dijo don Juan, poniéndose en pie
+y haciendo ademán de coger el sombrero para irse.
+
+Cristeta le detuvo con una sonrisa, y mirándole con la más hechicera
+mezcla que imaginarse puede de tristeza y ternura, repuso:
+
+--¡Si hablara usted de veras! ¡Bah!... ¡Imposible!... Además, tengo una
+contrata para salir fuera este verano.
+
+--Pero no irá usted sola.
+
+--Probablemente con mi tío.
+
+--Y yo detrás.
+
+--Veremos...; pero crea usted que desde ahora hasta el verano ya se le
+habrá quitado a usted eso de la cabeza.
+
+--No vaya usted a creer que es un capricho.
+
+Cristeta le miró algo severa, frunció el ceño y respondió:
+
+--Nunca he creído yo que pudiera servir para satisfacer caprichos.
+
+<tb>
+
+Aquella misma semana tuvieron varias conversaciones parecidas. Por fin,
+una noche, dando pasto a la murmuración, Cristeta y su tío salieron del
+teatro acompañados de don Juan: delante iba la pareja enamorada y detrás
+el estanquero.
+
+Nadie hubo en el teatro que no diera por cierta la caída y perdición de
+la Morteruelo; y, sin embargo, el diablo no tenía todavía motivo para
+regocijarse. Lo único grave que pasó entre ella y su adorador fue que
+una noche, mientras el tío había salido a comprar un periódico, llegó
+don Juan, entró en el cuarto, se acercó de puntillas y la besó en el
+cuello. Cristeta le vio por el espejo aproximarse, pero ni esquivó el
+cuerpo ni mostró enfado, y mirándole con mayor dulzura que severidad, le
+dijo:
+
+--Pase... como extraordinario.
+
+Quien presenciase el atrevimiento de él y la indulgencia de ella, acaso
+imaginara que ya habían trocado el amor platónico por el experimental: y
+sin embargo, Cristeta estaba tan limpia de pecado, como la madre Eva
+antes de verse obligada a estrenar el primer vestido de hojas de parra
+entretejidas.
+
+
+
+
+Capítulo VI
+
+En el cual don Juan despliega su astucia, y don Quintín se hace la
+ilusión de que pueden volver «aquellos tiempos»
+
+
+La noticia del viaje a provincias llenó al pronto de júbilo a don Juan,
+quedando luego su alegría algo mermada con la perspectiva de que
+Cristeta fuese bajo la guarda de don Quintín; así que resolvió evitar a
+todo trance dicha compañía, pero sin contar con la complicidad de
+aquélla.
+
+Don Juan decidió poner en práctica uno de sus más profundos axiomas, que
+dice: «Conviene a veces, para lograr una mujer buena, utilizar los
+servicios de otra maleada». No se crea por esto que pensó en recurrir a
+ninguna corredora de alhajas, prendera a domicilio, o cualquiera otra
+congénere de la famosa vieja que perdió a Melibea: no buscó quien
+hiciese de demonio tentador, sino simplemente quien le despejase el
+camino.
+
+Se propuso que don Quintín no saliese a provincias con Cristeta, y he
+aquí cómo lo consiguió.
+
+Una tarde en que su amada no tenía ensayo, fue a la puerta del teatro,
+esperó a que saliesen las coristas, y siguió de lejos a una con quien en
+otro tiempo tuvo una aventurilla, y de la cual, por haberse mostrado
+generoso y conocerla bien, podía fiarse.
+
+Iba la muchacha a entrar en el portal de su casa, cuando la detuvo
+llamándola por su nombre: volvió el rostro la chica, acercose el
+caballero y cambiaron unas cuantas frases, que denotaban gran confianza.
+Hablaron en broma de lo pasado, como quien revuelve cenizas sin temor a
+encontrar rescoldo, y, por fin, don Juan, con aquel tono autoritario,
+propio del hombre que tiene seguridad de haberse portado bien con la
+mujer a quien habla, le dijo:
+
+--La verdad: ¿tienes algún lío? Porque no quiero comprometerte.
+
+--¡No pasa un alma! Suba usted y hablaremos.
+
+--¿Aún me llamas de usted?
+
+--Ya sabe usted que nunca pude acostumbrarme a otra cosa. Vamos arriba.
+
+Y comenzaron a subir la escalera, no con la impaciencia de antaño, sino
+como dos buenos amigos que traen entre manos un negocio. Media hora duró
+la conversación, y debieron de entenderse, porque al despedirse, don
+Juan decía:
+
+--Marearle un poco, mucha conversación, nada de hacerle concesiones, de
+cuando en cuando una dedadita de miel... y, sobre todo, que lo sepa su
+mujer.
+
+--Vaya usted descuidado: le voy a volver tarumba.
+
+<tb>
+
+Aquella misma noche, en un momento en que don Quintín salió del cuarto
+de Cristeta para que ésta se mudase de traje, y mientras estaba sentado
+leyendo el periódico bajo el mechero de gas que había en el corredor, se
+le acercó la corista a quien por la tarde habló don Juan.
+
+Venía hecha la caricatura de una gran señora, con traje de baile muy
+escotado y guantes hasta el codo, uno de ellos sin abotonar.
+
+--Vamos, don Quintín, hágame usted el favor de echarme estos
+botoncitos--dijo al estanquero, presentándole la mano y acercándosele
+mucho.
+
+No tuvo más remedio que acceder: púsose en pie, y cruzando las piernas y
+sujetando entre ellas el periódico, comenzó a meter botones en los
+ojales.
+
+Sus dedos eran demasiado gruesos y torpes para aquella operación:
+además, ojales y botones, aquéllos por chicos y éstos por grandes,
+parecían preparados con diabólica astucia; y entretanto sus miradas
+venían a caer precisamente en medio del escote de la corista, cuyos
+rizos le rozaban al menor movimiento, cosquilleándole en la frente.
+
+Nunca había visto tan de cerca mujer engalanada de aquel modo. A lo que
+más se asemejaba era a las figuras de grandes damas que adornaban
+algunas novelas de las que él solía leer en sus ratos de ocio. Doña
+Frasquita fue en sus buenos tiempos una real moza; varias criadas que
+logró conquistar le dejaron recuerdos de índole picaresca; pero jamás
+soñó, en sus largos monólogos de estanquero aburrido, tener tan cerca de
+sí una señora como aquélla. Si Mariquita, que así se llamaba, no era
+pura ni a juzgar por su aspecto podía ceñirse justificadamente la corona
+de azahar, en cambio estaba guapísima. Sus ojos eran tan expresivos, que
+parecían habladores; su boca tenía sonrisas entre mimosas y burlonas; y
+en conjunto, por su talle y rostro recordaba los tipos de aquellas
+muchachas diabólicamente hermosas que algunos pintores han trazado en
+torno de los santos combatidos de voluptuosas tentaciones.
+
+Lo que a don Quintín le producía más turbadora impresión era el olor que
+de ella se desprendía: tal vez fuese perfume barato, pero a él se le
+antojaba efluvio de diosa.
+
+Entre aspirar aquellas que le parecían suavísimas emanaciones y hacer
+esfuerzos por ajustarle el guante, lo menos tardó diez minutos en meter
+los catorce botones por sus correspondientes ojales; hecho lo cual se
+dejó caer sudoroso sobre la silla, diciendo:
+
+--¡Qué trabajos!
+
+A lo que ella repuso:
+
+--Para otras fatigas tendrá usted más habilidad.
+
+Y sentándosele de golpe en las rodillas, como niña juguetona, permaneció
+encima de él un instante: en seguida se levantó, y, alzándose la falda,
+echó a correr, mientras el pobre hombre se quedaba pasmado, semejante a
+devoto fanático que imaginase haberse visto favorecido por una aparición
+sagrada. En las manos sentía el calor de los brazos desnudos que acababa
+de tocar, ante los ojos creía tener aún el escote tentador, y el
+olorcillo a hembra le andaba escarabajeando en el olfato, como el dejo
+de una sensación gratísima. Hubo un momento en que enderezando el cuerpo
+sobre el asiento, soltó el periódico y se irguió, a modo de caballo
+viejo que ha guerreado mucho y se engalla y estira el pescuezo al
+percibir ruido de trompetas lejanas. ¡Oh, memoria, qué dulces recuerdos
+trajiste! ¡Oh, fantasía, cómo los poetizaste! Mozuela que allá en el
+pobre lugarejo le esperabas en el pajar; sabrosa luna de miel pasada con
+Frasquita; cocinerilla vencida en la trastienda, en una sofocante siesta
+de verano; dichosas y felices aventuras, ¡cómo y con qué fuerza
+surgisteis en la imaginación del estanquero, poblándola de halagadoras
+reminiscencias que le inspiraron deseos de nuevos triunfos!
+
+El episodio del guante fue prólogo de otros conmovedores sucesos.
+
+Al día siguiente la corista tuvo que ponerse, por razón de una de las
+obras en que cantaba, el más caprichoso traje que imaginarse puede. A
+modo de antenas, llevaba entre el revuelto peinado dos cuernecillos; el
+arca del cuerpo, encerrada en un corsé de terciopelo casi negro
+tornasolado, a listas pardas y de oro; y en lo restante de su persona,
+o, mejor dicho, personilla, porque era pequeña y traviesa, malla del
+color de la carne; las eternas mallas, que eran como el alma y principal
+aliciente de aquel templo de Talía. Así ataviada, y en todo semejante a
+una avispa, la gentil muchacha anduvo largo rato por un pasillo, hasta
+que, viendo a don Quintín sentado bajo el mechero de gas y enfrascado en
+la lectura, se le acercó y le dijo, aludiendo al periódico que tenía en
+las manos:
+
+--Si ve usted en los anuncios que alguien busque casa para vivir en
+compañía, dígamelo usted, que tengo un gabinete muy mono.
+
+Don Quintín no pudo reprimir el atrevido pensamiento, y repuso:
+
+--Monina, ¿me quieres a mí de huésped?
+
+--No, porque vivo solita; un señor mayor, sí; pero hombres de buena edad,
+así como usted... ¡nones!
+
+¡De buena edad! ¿Qué cosa podía lisonjearle más? Una mujer joven y
+bonita le consideraba peligroso. Se atusó el áspero bigote, tosió con
+fuerza, se acordó de las asonadas del cuarenta y del cincuenta, de las
+formaciones en que lucía el gallardo cuerpo, hasta de las barricadas, y
+recobrando el pasado ardimiento, cogió a la hechicera avispa las manos,
+que ella tuvo buen cuidado en no retirar.
+
+--Oye--le dijo--, gachoncita, pimpollo, ¿me tendrías miedo?
+
+--Miedo no, porque no asustan más que los feos; pero no quisiera que
+nadie murmurase de mí...
+
+Don Quintín creyó ver que el rostro de la chicuela se cubría de pudoroso
+carmín.
+
+--¿Te gustaría más un joven, un mocito?
+
+--No quiero nada con chiquilicuatros, que no tienen pizca de formalidad.
+
+--¿Prefieres hombres serios..., por ejemplo, yo?
+
+--Sí; pero usted no es para mí. La mujer debe buscar uno de su igual.
+
+En seguida bajó los ojos, fingió turbarse, y terminó diciendo:
+
+--Por Dios, don Quintín, déjeme usted vivir tranquila.
+
+Claramente comprendió el vejete que aquella mujer le consideraba como
+caballero, y además como peligroso. No le faltó más que oírse llamar
+guapo.
+
+En seguida sacó la chica un caramelo que llevaba oculto entre los
+pliegues del corpiño, le quitó el papel, se lo llevó a la boca, hizo
+como si quisiese y no pudiese partirlo con los dientes, y, por último,
+se lo presentó, húmedo todavía, a don Quintín, diciéndole:
+
+--Pártalo usted y deme la mitad.
+
+El estanquero no pudo más. Miró a uno y otro lado del pasillo, vio que
+nadie venía, y cogiendo a la avispa por el talle, a riesgo de quebrarle
+un ala, la atrajo hacia sí y le plantó en el cuello un beso como no se
+lo había dado a mujer alguna desde la regencia de Espartero, exclamando:
+
+--¡Tú vas a ser mi perdición!
+
+--¡Y usted la mía!--repuso ella con la voz trémula, como desposada que
+viera descorrerse las cortinas del tálamo.
+
+El momento fue solemne. Los dedos del ex--miliciano oprimían la cintura
+de la corista, cuyo cuerpo temblaba como pájaro en poder de niño.
+
+Mariquita murmuró con extraordinaria dulzura:
+
+--¡Por Dios, don Quintín!
+
+--Él, estrechándola con más fuerza, dijo:
+
+--¡Llámame Quintín nada más!
+
+--¡No, no quiero!--repuso balbuciente y medrosa--. ¡No sea usted malo...
+no quiero perderme... no me pierda usted!
+
+<tb>
+
+En los sucios pasillos del teatro comenzó a desarrollarse el idilio más
+conmovedor del mundo. ¿Dónde hay poesía tan intensa como la del tronco
+viejo que de improviso empieza a reverdecer y retoñar?
+
+Don Quintín se relajó en el cuidado y vigilancia de Cristeta, quien, a
+decir verdad, no lo sentía, porque mientras estaba con don Juan, para
+nada se acordaba de su tío y éste, prescindiendo de su sobrina, como en
+justa reciprocidad, siempre andaba en busca o en espera de Mariquita.
+
+La endiablada mozuela, ciñéndose a las instrucciones de don Juan, se
+hacía desear mucho, tardaba en acudir a las citas, luego venía armada de
+malicia, fingiendo estremecimientos, vacilaciones y sonrojos que la
+hacían más apetitosa; y si se dejaba tocar por el ex--miliciano
+remozado, en seguida se le escapaba de entre las manos, como si le
+tuviese condenado a eterna dedada de miel, sin esperanza de mayores
+goces. Las burlas de su amor eran muchas y frecuentes: las veras,
+escasas y tardías; de suerte que don Quintín pasaba, no las de Caín,
+sino las de Tántalo; pero era tal su pasión, que con un apretoncillo
+cada cuatro o seis días, con un abrazo de cuando en cuando, tenía
+bastante para seguir entusiasmado. No había cosa que no estuviera pronto
+a sacrificar por Mariquita: el estanco con anaquelería, puros, carteras
+de sellos, papeles de matrículas, todo se le antojaba poco para
+arrojarlo a los pies de aquella sirena. ¡Cuán horrible le parecía, al
+volver a casa, la severa figura de su esposa doña Frasquita! ¡Qué fea
+estaba con aquellos parches de alquitira en las sienes y aquella eterna
+labor de calceta azul entre las manos! Y no era lo malo que doña
+Frasquita hiciese medias, sino que luego se las ponía. ¡Qué diferencia
+entre aquellas groseras fundas de algodón, con que cubría sus escuálidas
+piernas, y las mallas que apretaban y contenían los bien formados
+encantos de Mariquita! ¡Oh amor, cómo pusiste al pobre don Quintín!
+¡Desde la guerra de Troya no había hecho la pasión tan cruel estrago en
+un hogar como lo hizo en aquel estanco!
+
+Porque sucedió que mientras don Quintín y Mariquita pudieron verse en el
+teatro, de nada se enteró la esposa engañada; pero luego, al terminar el
+año cómico, ni él tuvo pretexto para salir a callejear todas las noches,
+ni su enamoramiento quiso transigir con la ausencia del bien amado. La
+corista entonces, cumpliendo órdenes de don Juan, tan bien dispuestas
+como generosamente pagadas, empezó a enviar misivas a don Quintín.
+
+En vano rogó éste a la que consideraba su amante que no le mandase
+chicos con recaditos, ni mozos de cordel con cartas.
+
+Mariquita llegó a decirle:
+
+--¡Eres un mandria; anda, bayeta, si me quisieras de veras, no tendrías
+miedo a la estantigua de tu mujer!
+
+Por fin, la catástrofe se vino encima.
+
+Uno de aquellos billetes amorosos cayó en manos de doña Frasquita. ¡Y en
+qué momentos! Precisamente cuando era cosa resuelta que don Quintín
+acompañase a Cristeta en su campaña de verano. La carta interceptada
+estaba escrita con la peor intención del mundo; la fraguó don Juan, dijo
+luego a Mariquilla cuál había de ser su contenido, y después ella misma
+la redactó con espantables faltas de ortografía. Sus párrafos no dejaban
+lugar a duda. Doña Frasquita supo de un golpe que la querida de su
+marido era corista, que habían tenido sus diálogos pecadores en el
+teatro, y que, según ella le ofrecía, en el punto donde durante el
+verano había de trabajar Cristeta continuarían aquellos vergonzosos
+desórdenes. Para que nada faltase, la individua debía de ser una
+desuellabolsas y sacadineros, porque la epístola concluía de este modo:
+
+ _Quintín mío, esta es para decirte que no se te olbide benir a
+ buscarme pronto una noche, para yevarme a desempeñar el mantón, que
+ me lo as ofrecido, y a ber si me traes o me compras, para trabajar
+ afuera este berano, media dozena de pares de medias muy vistosos,
+ mono mío. Adiós, pichón, y es tullo el corazón de esta que te
+ quiere y verte desea y no te olbida._
+
+ _Mariquita._
+
+La cólera de Jehová cuando supo los retozos de Adán y Eva, fue cosa de
+risa comparada con el furor de la estanquera. No bastaron a torcer la
+resolución que adoptó ni el temor a que se malease la sobrina ni
+siquiera los cuatro duros diarios que llevaba de sueldo. Doña Frasquita
+era algo avara; pero antes de tolerar que su marido acabase de
+corromperse y perderse comprando medias a una sinvergüenza, consintió en
+que Cristeta saliese de Madrid acompañada de una doncella, costara lo
+que costara. Menos ruinosa resultaría la doncella que la pérdida de su
+marido. La escena que pasó entre los cónyuges fue trágica. Primero
+Frasquita rogó, suplicó y lloró, mientras don Quintín aguantó, cruzado
+de brazos, jurando y perjurando que el origen de aquello debía de ser
+una broma pesada de algún mal intencionado; por último, exasperada la
+esposa, empuñó un formón viejo que servía para desclavar cajones, y
+amenazó enérgicamente a su marido, diciéndole:
+
+--¡Te mato cuando estés durmiendo, y luego me mato yo! ¡Vamos a salir en
+los papeles!
+
+El pobre don Quintín cedió amedrentado.
+
+La maquinación del conquistador estaba bien urdida. El mismo día y en el
+mismo tren en que partió Cristeta para Santurroriaga salió el utilísimo
+Benigno, el ayuda de cámara de don Juan, destinado por éste a servicios
+análogos a los que el padre de los dioses exigía de Mercurio. Benigno
+iba vestido a lo burgués, llevaba instrucciones reservadas, y Cristeta
+no le conocía.
+
+
+
+
+
+
+Capítulo VII
+
+En el cual hay viaje, separación, monólogo y principio de algo más grave
+
+
+No queriendo don Juan que su amada viajase en compañía de los demás
+cómicos ni en coche de segunda, como correspondía a su categoría
+artística, le proporcionó para sí y la doncella un reservado y fue a
+despedirla a la estación, donde cubrió el asiento que debía ocupar con
+un precioso ramillete de flores y una cestilla llena de exquisitas
+provisiones de boca.
+
+Cristeta se presentó en el andén vestida con elegante sencillez. Ya no
+era la chiquilla que años antes salía muy de mañana con un pañuelo a la
+cabeza y un vestidillo de percal a comprar buñuelos para que sus tíos
+tomaran chocolate, ni recordaba en nada la humilde comiquilla de los
+primeros meses de contrata, en que iba a los ensayos con velo negro,
+como van al taller las oficialas de modista. Ahora parecía un figurín
+francés: llevaba un magnífico abrigo gris, largo y muy ajustado al
+talle; sombrero de anchas alas, adornado con lazos negros; en la mano un
+saquillo de piel de Rusia, y al subir al vagón mostró que, según su
+costumbre, iba primorosamente calzada. La doncella vestía con decencia,
+pero de modo que nadie pudiera dudar que fuese criada.
+
+Ella sentada dentro del vagón, y él de pie en el estribo, Cristeta y don
+Juan estuvieron hablando un buen rato y sin testigos enojosos, porque
+doña Frasquita no permitió que su marido fuese a la estación para
+despedir a su sobrina.
+
+--¿Qué día vendrás?--preguntó ella a su amante.
+
+--Lo antes posible.
+
+--Piénsalo bien--dijo luego Cristeta mirándole con severidad no exenta
+de cariño--. Te agradezco mucho todas tus finezas; pero..., no puedo
+adivinar qué fin va a tener esto. Conozco que te quiero, y éste es un
+mal... ¡sabe Dios! Ahora estamos a tiempo... Si te has de portar mal
+conmigo... déjame. Por lo menos, el recuerdo que conserve de ti no
+tendrá nada de rencor.
+
+--¡Tonta mía! ¡Qué cavilosa eres!
+
+--Es que... entiéndelo bien... nunca me resignaré a que mi amor sea cosa
+de juego. Yo podré no tener exigencias ridículas; pero tampoco me dejaré
+tratar como... ya me comprendes.
+
+Don Juan, no sabiendo qué responder a tan sinceros avisos, se contentaba
+con mirarla rendidamente.
+
+De pronto silbó la locomotora, lanzó tremendos resoplidos, crujieron los
+herrajes, arrancó el tren, dejando al galán en el andén con un «adiós,
+vida mía», en la boca y Cristeta permaneció asomada a la ventanilla
+hasta que le perdió de vista, agitando el pañuelo en la mano.
+
+Durante el viaje adquirió el convencimiento de que aquel hombre se le
+había entrado al corazón más de lo que acaso conviniera. Todo el camino
+fue pensando en lo distinto que era Juan de cuantos pretendientes tuvo.
+
+Echada en el fondo del vagón, sin dormir ni cambiar palabra con la
+doncella, se quedó como ensimismada. Unos ratos sus reflexiones
+semejaban examen de conciencia: mentalmente se hacía reproches por haber
+dado oídos al amor; otros momentos parecía complacerse en los recuerdos
+que su memoria iba evocando... En verdad que las galanterías de Juan
+habían sido de extraordinaria delicadeza: fue el único que, al dirigirse
+a ella, no tuvo en cuenta exclusivamente su belleza: no cabía duda de
+que le parecía, no hermosa, sino hermosísima; pero jamás se lo expresó
+con osadía ni se permitió atrevimientos de mal gusto... algún beso, eso
+sí; pero un beso casi respetuoso. Nunca mostró desconocer ni olvidarse
+del decoro debido a la mujer amada. Otros procuraron seducirla
+fingiéndose enloquecidos por su belleza, no elogiando más que sus
+encantos materiales: Juan le había dado a entender muchas veces que
+también apreciaba en ella el ingenio y la bondad: además, había hecho lo
+posible por despertar en su ánimo aversión a la vida teatral, en lo que
+tenía de peligrosa. Y sobre esto último pensó mucho Cristeta, porque el
+teatro y el arte que ella se había fingido leyendo dramas y comedias en
+la trastienda del estanco o apoyada de codos en el mostrador, no eran el
+arte y el teatro que la realidad le presentaba. Soñó con una vida toda
+poesía y encanto, y tropezó con una existencia llena de vulgaridad y
+desilusión. Por otra parte, ya no podía confundir su afición con su
+disposición: ya sabía que sus facultades no eran bastantes a eternizar
+su fama, ni muchísimo menos. Acaso estuviera predestinada a tener que
+contentarse con ser actriz mediana, de aquellas a quienes nadie echa de
+menos cuando mueren o se retiran. Era aplaudida por elegante, picaresca,
+graciosa y bonita, o por salir medio desnuda: todos decían al verla:
+«¡qué guapa!», rara vez la celebraban como artista. Harto lo comprendía
+ella, sin forjarse esas dañosas ilusiones con que el amor propio ciega y
+pierde a los vanidosos... y, además, recordaba que la única persona que
+había contribuido a promover estas ideas era Juan. Por supuesto, que sus
+indicaciones fueron hechas con exquisita discreción. Sí; aquel hombre lo
+tenía todo: galante, fino, cariñoso, espléndido, inteligente, bien
+educado... hasta guapo mozo, que es la última de las condiciones que
+debe exigir la mujer. ¡Vaya si era guapo! ¡Qué modo tenía de mirarla!
+Sus expresivos ojos sabían decir cuanto callaba su comedida lengua. Pero
+lo que causaba a Cristeta verdadera delicia era la convicción de que don
+Juan se apenaba cada vez que la veía salir a escena ligera de ropa.
+Indudablemente tenía celos del público, y por lo mismo que el seductor
+puso empeño en alejar del pensamiento de la mujer toda idea de pasión
+exclusivamente sensual, la mujer se obstinaba en persuadirse de que, no
+sólo con sus perfecciones morales, sino también con sus encantos
+físicos, le había enamorado.
+
+Toda la noche soñó despierta con don Juan, experimentando dulzura
+inefable ante la idea de que _él_ compartiese el sentimiento que había
+inspirado. El monólogo fue muy largo, e innumerables las ideas que
+mientras duró se encadenaron y sucedieron, quedando al término de todas
+evidenciada la existencia de un grave peligro para Cristeta. Don Juan
+era hombre de posición social muy superior a la suya; ella no lo
+ignoraba, y a pesar de esto le había rendido el albedrío. Don Juan no se
+aventuró a una sola demostración que indicase atrevimiento, ni dio un
+paso en el camino de la conquista material; nunca tuvo ella que decirle:
+«las manos quietas», pero ¿qué pasaría si llegasen las cosas a este
+terreno? ¿Cómo ponerle a raya, si tal aconteciera? Pensar en boda, sería
+bobada: don Juan no había de casarse con una comiquilla. ¿Qué quedaba,
+pues, en el fondo de aquella mutua inclinación sino la perspectiva de
+unas relaciones predestinadas a morir sin madurar o a convertirse en
+contrato pasajero?
+
+Cristeta no quería acostumbrarse a la idea de que su pasión creciese
+fuera de la Iglesia y a espaldas del Registro civil; pero aún le
+repugnaba más la posibilidad de perder a don Juan.
+
+Mirando tristemente el ramo que le había dado al salir de Madrid,
+imaginaba que a veces el amor tiene igual destino que las flores: se
+cortan con mimo, se les quitan las espinas con cuidado, se agrupan con
+arte, se aspira su aroma con delicia, se conservan artificialmente unas
+cuantas horas, y luego quien las deseó con vehemencia, las tira con
+desprecio.
+
+En suma, Cristeta desconfiaba sinceramente de saber ni poder ni querer
+resistir a don Juan, y al mismo tiempo su dignidad femenina se
+sublevaba, temiendo que el abandono pudiera ser para ella el mismo
+despeñadero que para tantas otras. Acaso llegase a conformarse con la
+idea de perderse por amor; mas no podía transigir con la perspectiva de
+ser una pérdida. Amar y entregar el alma, y, considerándolo como
+miserable esclavo del alma, hacer también regalo de su cuerpo... tal
+vez; pero a un solo hombre, y ese había de ser _él_.
+
+<tb>
+
+Llegada que fue a Santurroriaga se hospedó en el piso segundo de la
+_Fonda de España_. El criado de don Juan, que no la perdió de vista
+desde que se apeó del tren, se albergó en el mismo establecimiento, y
+después de saber dónde se había alojado, a fuerza de propinas, consiguió
+que le trasladasen a una pieza contigua a la que ella ocupaba: en
+seguida de lo cual dirigió a su amo un telegrama. Después aquel hombre
+utilísimo, más digno de mandar que de servir, esperó a don Juan, el cual
+llegó a las cuarenta y ocho horas.
+
+Así urdida la trama, amo y criado se encontraron _casualmente_ en la
+puerta del hospedaje, y ante el encargado de la fonda, como amigos a
+quienes el azar reúne, hablaron de este modo:
+
+_El criado_.--Si va usted a estar aquí muchos días, pida usted que le
+den el cuarto que yo tengo, porque la vista del mar es una delicia... Yo
+me voy pasado mañana.
+
+_El señor_.--Hombre, se lo agradezco a usted mucho. Y luego,
+dirigiéndose al encargado:
+
+--¿Hay inconveniente en que ocupe la habitación de este caballero?
+
+_El de la fonda_.--Ninguno. ¿Qué más nos da?
+
+Don Juan tomó posesión del cuarto inmediato al de Cristeta.
+
+Un conquistador principiante o adocenado, hubiera incurrido en la
+inexperiencia de ir aquella misma noche al teatro de la villa en busca
+de la mujer asediada, para demostrarle su amor haciendo valer la
+presteza del viaje. Don Juan, con maquiavélica sagacidad, no se dejó
+ver. Salía de la fonda muy de mañana, comía fuera, paseaba lejos y
+regresaba tarde. No hubo compañero de Cristeta que tropezase con él.
+
+Luego transcurrieron unos cuantos días sin que ella recibiese cartas de
+su amartelado caballero, lo cual estimuló su impaciencia, y ya comenzaba
+a darse casi por olvidada, cuando una noche el desasosiego se le trocó
+en alegría.
+
+Regresaba del teatro y subía de prisa la escalera, seguida de la
+doncella, que por llevar un lío de ropa andaba más despacio, cuando al
+llegar al descansillo que separaba dos tramos, vio a un hombre que,
+palmatoria en mano, entraba rápidamente en una habitación. No pudo
+distinguir bien la figura del desconocido, que abrió y cerró la puerta
+con extraordinaria precipitación; pero le pareció que aquel hombre era
+don Juan.
+
+«¡Dios mío!», murmuró la enamorada muchacha; y dándole un vuelco el
+corazón, quedó parada, sintiendo que comenzaban a temblarle las piernas.
+Haciendo un esfuerzo llegó a su cuarto, aguardó a que subiese la
+doncella, despidiola en seguida sin consentir en que la desnudase, y
+apenas se vio sola, cerró la puerta con llave y la aseguró con el
+pestillo.
+
+No se había repuesto de la emoción sufrida, cuando una tosecilla seca y
+entrecortada confirmó sus sospechas. Aquella era la seña que tenían
+concertada en el teatro de Madrid, para conocer que él había llegado y
+que esperaba en el pasillo.
+
+Cristeta, entre acobardada y gozosa, se dejó caer en una butaca. Estaba
+sola, y don Juan a dos pasos. Sólo les separaba un miserable pestillo,
+que con el dedo meñique podía descorrerse. Su turbación fue grande:
+estaba segura de que había de venir a pasar algún tiempo en la misma
+ciudad, y le aguardaba impaciente, no por días, sino por horas; pero no
+imaginaba que viniese a la misma fonda, ni que se alojase en el cuarto
+de al lado.
+
+La sacudida nerviosa que experimentó fue indefinible mezcla de pudor
+alarmado y esperanza satisfecha. Miró con recelo hacia la puerta, y
+viéndola cerrada y asegurada, se le serenaron algo los ojos, como si
+juzgase alejado el peligro. En seguida oyó otra vez sonar la tosecilla y
+sonrió orgullosa diciéndose: «¡Hasta el fin del mundo es capaz de ir por
+mí!»
+
+De repente se puso pálida como la cera; quiso suspirar, no pudo, y se le
+vino al rostro una oleada de sangre. La cosa no era para menos. Acababa
+de fijarse en una puerta de que hasta entonces no hizo caso, o en que no
+reparó, por hallarse clavada en ella, según es frecuente en las fondas,
+una percha, de la cual su doncella había colgado varías faldas y otras
+ropas largas ocultando la entrada; y era lo terrible que esta puerta
+ponía en comunicación el cuarto de Cristeta con el inmediato.
+
+Se levantó temblando, se acercó de puntillas y quitó las ropas: la
+puerta estaba cerrada y tenía el pasador echado; pero... ¿podrían
+abrirla desde la parte opuesta? Mejor dicho: ¿podría Juan entrar por
+allí?
+
+«No me acuesto», pensó; y volviendo a sentarse en la butaca, dejó pasar
+unos minutos, que le parecieron siglos.
+
+¿Se habría equivocado? ¿Sería Juan, u otro cualquiera que se le
+pareciese en el modo de toser? Si fuese él, ¡qué dulcísimo miedo! Si no,
+¡qué tranquilidad... y qué desilusión!
+
+Era en verano, y el cuarto había permanecido todo el día cerrado; así
+que entre su propio sofoco y el calor de la habitación, Cristeta no
+respiraba a gusto.
+
+Sin mover ruido fue al balcón y lo abrió.
+
+¡Qué hermosa noche! La ciudad estaba dormida, el mar en calma, el aire
+diáfano, la atmósfera serena, y en el cielo brillaban millares de
+millones de estrellas. Cristeta se apoyó de codos en la barandilla y
+aspiró con delicia el aire que venía saturado de emanaciones salinas. En
+vano quería serenarse. El corazón le latía como avisando un peligro, y
+los oídos le zumbaban remedando una canción de amor.
+
+De pronto oyó una voz suave y grata, que pronunciaba su nombre con sin
+igual ternura, y le pareció que ni antes, ni después, ni nunca en lo
+infinito del tiempo, se dijo ni dirá nombre de mujer con semejante
+acento.
+
+En el balcón inmediato al que ocupaba Cristeta estaba don Juan.
+Alargando un brazo cada amante, pudieron estrecharse las manos.
+
+--¡Imprudente!--dijo ella--. ¡Quieres comprometerme!
+
+--Nadie sabe que he venido. Peor sería ir al teatro no habiendo aquí
+nadie de tu familia. Ni siquiera el bobalicón de tu tío.
+
+--¡Pobrecillo! Bueno le dejé... El teatro le ha vuelto el juicio, o,
+mejor dicho, aquella corista... Mariquilla. Está loco. Pero el loco de
+atar eres tú. ¿Cómo te las has compuesto para que te den ese cuarto?
+
+--El cómo, no lo sé; el para qué, figúratelo. Estoy harto de verte ante
+testigos. Tengo hambre de estar solo contigo, de cogerte una mano, nada
+más que una mano, ¿entiendes? y comérmela a besos.
+
+--¿Me quieres?
+
+--Más que tú a mí.
+
+--¿Tú que sabes?
+
+--¡Rica mía!
+
+--¡Vida!
+
+--¡Cariño!
+
+Y así siguieron largo rato, dulcísimamente entretenidos en aquel
+estupendo y delicioso dúo que por primera vez tuvieron Adán y Eva, y que
+probablemente sostendrán, pareciéndoles original, el postrer hombre y la
+última mujer que queden sobre el haz de la tierra.
+
+El poético canto de la alondra avisaba a Julieta y Romeo que era llegada
+la hora de la separación; mas como allí no había pájaros, el aire fresco
+de la madrugada fue quien impuso la separación a los amantes,
+recogiéndose ambos a sus cuartos al despuntar el día; y conste que, en
+obsequio al lector, el autor prescinde de describir la llegada de la
+aurora. Cristeta se sintió más enamorada que nunca, y don Juan más
+esperanzado con la victoria, a semejanza de los grandes capitanes que no
+arriesgan ni proponen batalla hasta después de haber irritado al enemigo
+en largos días de desear la lucha, porque de esta suerte queden la
+sangre fría y la calma triunfantes del entusiasmo y del coraje.
+
+<tb>
+
+Sabed ¡oh tímidas y pudorosas doncellas merecedoras del blanco azahar!
+que la puerta de comunicación no se abrió aquella noche.
+
+Acostose Cristeta, y al apagar la bujía vio que por el ojo de la
+cerradura entraba un hilo de luz, al cual parecían dejar paso mal
+intencionadamente las prendas colgadas de la percha. Entonces, pensando
+que aquel agujerito podría convertirse en observatorio peligroso para su
+honestidad, se levantó a oscuras y lo tapó a tientas con la punta de una
+toalla, murmurando al meterse segunda vez entre las sábanas: «¡Válgame
+Dios lo que es la vida! ¡Todo Madrid me ha visto medio desnuda en el
+teatro, y ahora tomo precauciones para que no me vea el único hombre a
+quien quiero...!»
+
+
+
+
+Capítulo VIII
+
+Lo que en éste sucede, mejor es para sentido que para escrito
+
+
+Durante cuatro noches se hablaron de balcón a balcón. A la quinta
+descargó sobre la ciudad una tempestad horrible, y hubieron de suspender
+el diálogo. Tan fragorosos eran los truenos, tan frecuentes los
+relámpagos, que ambos amantes juzgaron prudente retirarse cada cual a su
+cuarto, don Juan maldiciendo de Júpiter y de Eolo, y Cristeta, que
+ignoraba la Mitología, renegando de su mala estrella.
+
+Era la una de la madrugada, y acababan de recogerse cerrando persianas y
+vidrieras, cuando Cristeta oyó golpecitos dados en la puerta por donde
+comunicaban las dos habitaciones.
+
+Aproximose al tabique, dio otros golpecitos, y acercando la boca al ojo
+de la cerradura preguntó:
+
+--¿Eres tú?
+
+Pasaron unos cuantos segundos, y de pronto vio caer al suelo la toalla,
+que pocos días antes colocara con pudorosa cautela, a modo de tapón,
+notando al mismo tiempo que por el agujerito destinado a la llave
+asomaba un mango de pluma, con el cual don Juan había empujado el lienzo
+hasta tirarlo. Venirse abajo el paño de manos, retirarse el mango de
+pluma y mirar ella por el agujerito, todo fue uno. Al pronto no
+distinguió nada; pero apartándose un poco hacia atrás, volvió a mirar, y
+entonces vio una ceja; luego se quitó la ceja, y en su lugar aparecieron
+los labios de don Juan, cuya voz entraba por aquel estrecho conducto
+casi silbando, y decía:
+
+--¿Estás ahí, vida mía?
+
+--Sí.
+
+--¿Quieres que hablemos por aquí?
+
+--Bueno; ¡pero me da una risa!...
+
+--¡Qué angostos son a veces--dijo don Juan--los senderos que Dios nos
+deja para que caminemos hacia la dicha!
+
+--Chico, parece que nos amamos por cerbatana.
+
+--¿Oyes bien?
+
+--Sí, pero tengo que pegar la oreja a la cerradura.
+
+--¡Alma mía!
+
+--¡Juan de mis ojos! ¡Monín!
+
+A la media docena de exclamaciones melosas sonaron simultáneamente dos
+carcajadas, y en seguida dijo don Juan:
+
+--Cristeta, vida mía, esto me parece el colmo de la ridiculez.
+
+--A mí también: tu voz suena como silbido de mirlo.
+
+--Pues abre la puerta.
+
+--¡Calla, loco!
+
+--Nada más que entornada.
+
+--¿Para qué?
+
+--Tú lo has dicho: para no ponernos en ridículo ante nosotros mismos.
+
+--Sí, pero, ¿y luego? Tengamos juicio.
+
+--No seas tonta.
+
+--¿Quieres que sea loca?
+
+--¿No estoy yo loco por ti?
+
+--Sí, pero tu locura buscará alivio en mi perdición, y para la mía no
+habría remedio.
+
+--¡Vaya un discreteo, y cómo se conoce que eres mujer de teatro!
+
+--Y tú hombre de mucho mundo, que es uno de los tres enemigos del alma.
+
+--Vamos, abre, paloma.
+
+--¿Y qué prometes?
+
+--Cerrar cuando tú lo mandes.
+
+--¿Palabra de honor?
+
+--Lo juro.
+
+Oyose el estridente correrse del pestillo, entreabriose la puerta, y,
+merced a la luz que cada interlocutor tenía en su cuarto, pudieron ambos
+verse perfectamente.
+
+La puerta quedó separada de su marco cosa de un palmo, y por aquel
+espacio alargó don Juan ambas manos, estrechando entre ellas una de
+Cristeta, que ésta tuvo la caridad de no retirar.
+
+--¡Parece mentira!--decía él--. La prueba de que te quiero está en la
+cobardía, en el temor de ofenderte con que te miro y te deseo.
+
+--Sí, pero te agarras.
+
+--¡Maldita tormenta! ¡Estábamos tan bien en el balcón!...
+
+La alegría retratada en el rostro de don Juan le acusaba claramente de
+mentiroso. Había empezado por no tomar a Cristeta más que una mano;
+después fue subiendo las suyas hasta cogerle la mórbida y delicada
+carnosidad del brazo, que mostraba desnudo fuera de la manga de la bata,
+y acabó por dar un golpecillo a la puerta con el pecho, dejándola medio
+abierta; de suerte que pudo acercarse mucho más a su novia y cogerle
+amorosamente la cintura, aunque sin oprimírsela con demasiada libertad.
+
+--¿Qué es esto?--exclamó ella fingiendo un enojo que no sentía, y
+moviendo la puerta con un pie.
+
+--¿Qué ha de ser? Que con esta maldita puerta me hago daño. ¿Pero qué
+tienes? ¿Desconfías de mí? ¿No hemos estado solos mil veces en tu cuarto
+del teatro en Madrid?
+
+--Es verdad... esto es bufo, y vamos a concluir burlándonos uno de otro.
+
+--Y en amor--añadió don Juan--no hay cosa peor que el ridículo.
+
+Estaban en lo cierto. La situación era propia de sainete. Cristeta tenía
+el cuerpo echado hacia adelante, para que don Juan pudiera estrecharla
+el talle, y él, ansioso de no perder lo conquistado, había metido medio
+cuerpo por entre puerta y marco; con lo cual, en vez de personas
+formales, parecían chiquillos jugando al escondite.
+
+--Basta de niñerías--dijo don Juan de repente, atrayendo hacia sí la
+puerta y abriéndola de par en par--. Entra en mi cuarto, o déjame que
+entre en el tuyo, y hablaremos tranquilamente.
+
+--¿Tranquilamente?
+
+--¿Lo dudas?
+
+--¡Como no me has avisado que venías, y luego has tomado ese cuarto!
+
+--¿Había de irme lejos pudiendo estar cerca? ¡Dilo, alma mía!
+
+Don Juan se había ya entrado a la habitación de Cristeta, y con la mayor
+naturalidad, sin arranque de enamorado fogoso ni señal de ataque a lo
+que debía respetar, fue a sentarse en el sofá, ni más ni menos que si
+llegara de visita. Ella, sonriente, monísima, se colocó frente a él, en
+una silla baja, y durante unos segundos ambos permanecieron callados.
+
+Don Juan pensaba: «Todavía no». Cristeta se decía: «¡Veremos!»
+
+Luego hablaron de cómo hizo cada cual el viaje, del tiempo que Cristeta
+había de estar allí, de cuándo partiría él, hasta que, según costumbre
+en tales casos, sin saber por dónde, volvieron al eterno dúo en que las
+promesas de amor se resuelven en suspiros, y se acaban en mimos las
+frases comenzadas con palabras. Sin duda que andaba cerca de allí un
+diablo ocioso, y quiso atormentarles, que es, según San Macario, lo más
+grave que puede acaecer a cristianos, porque al poco rato sucedió que
+don Juan, alzando suavemente a Cristeta de la silla baja donde estaba y
+sentándosela muy junto a sí en el sofá, comenzó a decirle miles de cosas
+amorosísimas, que ella escuchaba dándole gracias con los ojos. No
+pretendió el diablo tentarles más, o don Juan quiso dejar la tentación
+para otro día, porque levantándose de repente, como quien se aparta de
+un grave peligro, se pasó las manos por el rostro, y dijo:
+
+--No, Cristeta, esto es una locura... Adiós, hasta mañana; estás
+hermosísima y te quiero demasiado.--Y echando a andar hacía su cuarto,
+entró y cerró la puerta, mientras Cristeta quedaba en el sofá confusa y
+asombrada, no sabiendo qué sentimiento dominaba en su espíritu, si pena
+de amor contrariado o gratitud por el respeto que recibía.
+
+Al encerrarse don Juan en su habitación se dejó caer sobre una silla,
+admirado de su propia heroicidad. No hubo en aquel momento rasgo de
+casta entereza que no recordara con desprecio. ¿Qué José, huyendo de la
+mujer de Putifar? ¿Qué Octavio, esquivando a Cleopatra, podían
+comparársele? Porque estas dos damas fueron caprichosas pervertidas, y
+estaban cansadas de darse a quien quisiera disfrutarlas; mas Cristeta
+era la juventud no estrenada, la belleza por nadie poseída, que
+espontáneamente se le brindaban en el silencio de la noche, como en la
+soledad de un campo se ofrecen al sediento peregrino los jugosos racimos
+de la vid.
+
+Don Juan se portó así, seguro de que aquello no era renunciar a la
+victoria, sino asegurarla, dilatándola; prefirió sitiar la plaza por
+hambre a tomarla por asalto.
+
+Aunque a la noche siguiente estuvieron el cielo sereno y el aire
+templado, no se le ocurrió a ninguno de ambos amantes ponerse al balcón
+ni entornar la puerta. Cristeta fue la primera que, al volver del
+teatro, como viese el hilillo de luz que penetraba por el agujerito de
+la cerradura, despidió a la doncella lo más presto que pudo, y apenas la
+oyó subirse al piso en que dormía, tosió para que don Juan supiese que
+era esperado, y descorrió el cerrojillo. Sonar la falsa tos, rechinar el
+hierro y abrirse la puerta, apareciendo en ella el galán, fue obra de un
+momento.
+
+A estar Cristeta menos enamorada, habría podido, durante las
+veinticuatro horas transcurridas desde la entrevista anterior,
+reflexionar sobre la conducta que le convenía seguir; pero ya no
+discurría tan frescamente como al salir de Madrid. Primero el
+alejamiento de su amado, luego los diálogos de balcón a balcón, y por
+último el peligroso encanto de aquella misteriosa proximidad, acaloraron
+su imaginación, haciéndola sentir mucho y pensar poco; así que, en vez
+de apercibirse contra la cita, no supo sino esperarla con impaciencia.
+Al dirigirse hacia la puerta miró al sofá con miedo, a la cama con
+terror, y, sin embargo... abrió gozosa.
+
+Don Juan adelantó dos pasos, la cogió amorosamente por el talle y la
+besó en una mejilla con aparente inocencia, reanudando el dúo de la
+noche pasada con aquella misma naturalidad que emplearía Fray Luis de
+León al exclamar: «Decíamos ayer...» Cristeta, sin rehuir el beso, habló
+de este modo:
+
+--¡Vaya una temeridad! ¡No sabes qué cavilosa he pasado el día!
+
+--¿Por qué, vida?
+
+--No debemos continuar viéndonos de esta manera. Si alguien lo sabe,
+estoy perdida.
+
+--Tú podrás perderte, pero yo lo estoy ya; perdido de amor por ti, que
+ni descanso, ni duermo, ni sosiego, ni hago cosa a derechas; todo el día
+estoy contando minutos y esperando que llegue este momento para decirte
+que te quiero... ¡Qué hermosa estás!
+
+--¿De veras? ¡Nunca lo he oído con gusto hasta que tú me lo has dicho!
+
+--Como que nadie te lo ha dicho queriéndote: con esa cara y ese cuerpo
+que tienes, ¡claro! alguno habrá habido chiflado por ti, pero... no sé
+de qué modo expresártelo, no por cariño, como yo... sino... en fin, por
+lo guapa y por lo mareante que eres, vamos, con hambre de abrazarte...
+Ya me entiendes... ¡Quita, quita; no me mires así, que me vuelves loco!
+
+--Y tú ¿me quieres de otro modo?
+
+--¿Yo? De los dos. Cuando no te tengo al lado soy dueño de mí, pienso
+fríamente, y recordándote, siento un placer grandísimo... y tranquilo...
+vamos, como sí gozara sólo con el entendimiento, como si en vez de ser
+hombre fuese un ser maravilloso incapaz de... ¿Comprendes?...
+
+--Se me figura que sí.
+
+--Bueno; pero luego, en cuanto me acerco a ti, ¡adiós frialdad! Tú no
+habrás estado nunca borracha, ya me lo figuro; pero alguna vez, el día
+del santo de tu tía, o de una amiga, habrás bebido una copita de licor
+que se te haya subido a la cabeza... No se pierden la voluntad ni el
+sentido, pero se exalta la imaginación, todo lo demás flaquea y desmaya;
+parece que los ojos no ven sino lo que quieren ver, lo que da gusto al
+alma, y se queda uno soñando despierto, perdido de ideas... ¡Se me
+ocurren unas cosas!...
+
+--Juan, calla, o vete. ¡Déjame!
+
+--La culpa es tuya. Tienes un modo de mirar que me estremece. Como
+cuando pasa un pájaro aleteando sobre el agua, y parece que el agua
+tiembla... ¡No te rías! Pues agallado.
+
+--No digas tontunas: ¡ni que estuviéramos en escena en el teatro!
+
+--¿Qué teatro? ¿Quién te ha hablado nunca con la sinceridad que yo? Si
+hasta se me olvida lo que pienso lejos de ti. Mientras no te veo, se me
+ocurren cien mil cosas con que volverte loca; me siento más poeta que
+Dios, y en cuanto te tengo al lado, me quedo tonto, inútil, como un
+muñeco descompuesto.
+
+Cristeta respiraba penosamente, y en lo interior del pecho sentía una
+sensación extraña, como de hervor latente. Las palabras de Juan se le
+iban entrando al alma, haciendo escala en los sentidos. Por fin, igual
+que otras veces, le dijo, mirándole con melancólica ternura:
+
+--¡Si fuera verdad!...
+
+--¿Y qué derecho tienes para dudarlo?
+
+--No lo sé. Corazonadas... miedo. Vamos a ver; apártate un poquito y
+hablemos fríamente. No dudo de tu sinceridad; pero no confundamos las
+cosas. ¿Es que me quieres, o es que te parezco bonita? Piénsalo bien:
+¿qué soy yo para ti?
+
+--¡Mi vida! ¡Mi cielo!
+
+--¡Quiá! Una mujer que te gusta... una más. Y por otra parte, ¿qué puedo
+yo esperar de ti? ¡Nada! ¿No conoces que, aunque te quiera como te
+quiero, no debo hacerme ilusiones? Vamos, calla, calla. ¡Si no puede
+ser! Un hombre como tú, tan distinto de mi clase... Yo, que no he pisado
+alfombras más que en escena... No tendríamos perdón de Dios: yo, por
+vanidosa; tú, por creer que es amor eso... que es otra cosa.
+
+--¿Y qué es?--preguntó Juan con extraordinaria vehemencia.
+
+Cristeta se puso roja como la grana.
+
+--¿Lo ves?--añadió él--. Hasta te da vergüenza lo que se te ocurre. Dilo
+claro: ¿crees que yo no siento por ti más que un deseo... un
+capricho?...
+
+--Ya te he dicho otra vez que me lastima esa idea; yo no he nacido para
+satisfacer caprichos. Sólo la palabra me ofende y me repugna. Lo que
+quiero decirte es que tú confundes lo poco que me puedas querer con...
+lo otro.
+
+--Tú sí que me ofendes. ¿Cuándo se te ha acercado un hombre que te
+respete más que yo?
+
+--Es que yo sé hacerme respetar.
+
+--Pues conmigo no tienes necesidad de eso.
+
+Cristeta sostenía el diálogo con dificultad: sus frases eran diversas de
+sus pensamientos y contrarias a sus deseos; semejaba un sofista ansioso
+de dejarse convencer.
+
+Juan no había llevado la vela de su cuarto; en el de ella, aunque
+espacioso, puesto como de fonda, con pocos y baratos muebles, no lucía
+más que la llama temblorosa de una bujía, colocada sobre un veladorcito,
+en tal disposición, que dejando en sombra los rincones, daba de lleno en
+el rostro de Cristeta, iluminaba la cama, la mesa de noche y el sofá en
+que estaban sentados los amantes. Pendientes de perchas y sobre varias
+sillas, se veían ropas de calle y de escena, resaltando entre éstas una
+faldilla de seda a listas de colores vivos y tan corta, que habría de
+dejar las piernas al descubierto. Encima de un baúl había un par de
+botas altas de raso blanco con cordones de oro.
+
+La calle estaba desierta, al través de los visillos del balcón se
+divisaba el centelleo de las estrellas y a lo lejos sonaba el bramido
+ronco y tenaz que subía de la playa.
+
+En la fonda y su proximidad el silencio era completo. Mientras Cristeta
+hablaba o escuchaba, su propia voz y la de Juan parecían infundirle
+tranquilidad y sosiego: pero en los breves intervalos en que permanecían
+callados, entre frase y frase, aquel silencio era para ella un nuevo y
+peligroso incentivo, añadido a la fascinación que en su ánimo juntamente
+levantaban la sed de amor y las palabras del hombre. Medrosa por la
+ocasión y medio rendida ante la idea del amor, fijaba de cuando en
+cuando la mirada en Juan, cual si pretendiese adivinarle los
+pensamientos; otras veces dirigía la vista hacia el faldellín y botas de
+raso, que simbolizaban su peligrosa vida artística, y luego desviaba con
+desdén los ojos. En los del hombre no descubría presagio de infortunio;
+antes al contrario, estaban expresivos, atrayentes, llenos de promesas
+dulcísimas. En cambio--¡hay momentos en que las cosas hablan!--el
+faldellín y las botas de raso parecían augurar más sinsabores que el
+coro de la tragedia antigua.
+
+Un reloj de cuco que había en el pasillo inmediato, dio pausadamente las
+tres de la madrugada. Cristeta, retirando una mano que don Juan le tenía
+cogida entre las suyas, se puso en pie como tocada de un resorte. No
+hizo ademán de resistencia premeditada, ni fue el suyo acto sugerido por
+la voluntad, sino movimiento instintivo con que, sintiéndose flaquear,
+se apercibió a la defensa, viendo inevitable y cercana su amorosa
+derrota.
+
+Al verla levantarse, don Juan se puso también en pie, comprendiendo que
+en aquel instante podía intentar un asalto decisivo. La noche, el sitio,
+la soledad, el silencio, la excitabilidad de que Cristeta parecía
+poseída, hacían apetitosa y deleitable la ocasión; mas ¿a qué atacar una
+fortaleza a la cual faltaba tan poco para rendirse voluntariamente? Don
+Juan sabía que gozar una mujer, en el más noble y lato sentido de la
+palabra, no es descerrajar una puerta. La violencia es el peor enemigo
+del amor. El viento huracanado y raudo roba brutalmente su perfume a las
+flores y lo esparce sin disfrutarlo; en cambio el aura suave, el céfiro
+que dicen los poetas, vuela apacible y manso sobre los plantíos y aspira
+voluptuosamente sus delicadísimos efluvios. Don Juan prefería lo último.
+
+--Adiós, alma mía, hasta mañana... Anda, busca otro hombre que a esta
+hora, estando así, a tu lado, sea tan...
+
+--Sí, ya lo sé; tan caballero. Nunca esperé menos de ti.
+
+--Hay momentos en que caballero y tonto son sinónimos--dijo él.
+
+--No lo creas--repuso ella tendiéndole ambas manos en señal de despedida,
+y añadió--Quien sabe amar sabe agradecer.
+
+«Ya me las pagarás todas juntas», pensó don Juan. Y al mismo tiempo,
+según la tenía cogida por las yemas de los dedos, la atrajo contra sí
+hasta juntarse ambos cuerpos, y le dio un beso sonoro, largo y apretado,
+uno de esos besos que despiertan en los ángeles deseo de pedir licencia
+para venirse al mundo.
+
+En seguida, dejándola presa de aquella impresión, como si la caricia
+fuese la flecha que arrojaban los partos al huir, se entró en su
+habitación. Al verse Cristeta sola en la suya y cerrada la puerta,
+comprendió que había triunfado, mejor dicho, que se había vencido a sí
+misma. ¡Triunfo efímero y pobre vencimiento que dejaron su imaginación
+poblada de dudas!; porque aquella aparente victoria, aquel momentáneo
+éxito de castidad, era pan para hoy y hambre para mañana.
+
+No faltarán almas ruines y fantasías pervertidas que al llegar aquí
+tachen a don Juan de estúpido y a la pobre Cristeta de fácil y liviana.
+Los mismos que tal piensen no habrían vacilado en explotar su amorosa
+turbación. Así es el hombre, pronto a censurar toda flaqueza que no
+redunda en su provecho. Dios, que cuando tiene tiempo penetra en el
+corazón de los mortales, sabe que Cristeta no era fácil ni liviana: lo
+que pasaba era que le había llegado su hora.
+
+Su amor era semejante al agua que se desliza secreta y soterrada, hasta
+que llega un punto donde surge y brota, trocándose la inútil e ignorada
+corriente en manantial fresco y fecundo. ¿Sería don Juan quien en él
+apagara su sed? ¿Lo enturbiaría luego? Ello fue que tampoco aquella
+noche perdió el pudor sus fueros ni tuvieron por qué regocijarse los
+diablos. Lejos de darse a ellos, como hubiese hecho cualquier adorador
+impaciente--y conste que la impaciencia es el error que malogra más
+victorias amorosas--, don Juan se recogió a reflexionar con frialdad
+sobre la situación, ni más ni menos que podría un filósofo meditar sobre
+la ruina de un imperio.
+
+Y consideró lo siguiente:
+
+Que era hombre aguerrido en aquellas luchas, pero que estaba colocado en
+circunstancias enteramente nuevas. Había rendido mujeres sosas de las
+que caen sin lucha ni gracia, como fardos abandonados a su propio peso;
+señoritas imbéciles, tocadas de fría sensualidad; mozuelas que ceden por
+cálculo y se equivocan en la cuenta; casadas de las que se visten con
+gajes del adulterio; viudas aventureras, semejantes a los aros de circo
+con el papel ya roto, en que no deja señal un salto más o menos;
+pecadoras por hambre, que soportan los besos haciendo números de
+desempeños y deudas; lascivas por codicia que ponen el cuerpo a interés
+compuesto; y también disfrutó alguna de esas mujeres inocentemente
+viciosas, alocadas, que se entregan sin pensarlo, y a quienes se goza de
+improviso cortando la monotonía de la vida, como esas ráfagas de aire
+fresco que interrumpen de pronto el bochorno asfixiante de un día
+abrasador.
+
+Cristeta era un caso enteramente distinto. Sus encantos físicos podían
+calificarse de excepcionales. En estado normal era una de esas beldades
+serenas, de aspecto castísimo, en cuya contemplación se deleita el alma;
+y luego, cuando menos podía esperarse, aquella placidez y decoro dejaban
+el puesto a una sonrisa picaresca, hija de una sensualidad mimosa y
+dulce, natural y espontánea, que le resplandecía en los ojos
+abrillantándole las miradas, o parecía florecer en la humedad rojiza de
+los labios. Era imposible que su lenguaje fuese muy escogido, porque no
+es dado usar términos elegantes y frases primorosas a la que nace pobre,
+crece en una trastienda y entra en la vida social por el proscenio de un
+teatrucho; mas, en desquite de esta falta de atildamiento, en sus ideas
+se transparentaba siempre un fondo de delicadeza y honradez de
+sentimientos, que la hacían en extremo simpática. Aun con palabras mal
+empleadas revelaba pensamientos sanos. Un clásico hubiese dicho de ella
+que era hermosa como Diana, amante como Alcestes, compasiva como
+Antígona, y, sobre todo, enamorada como Cloe. Además, sin ser ignorante
+ni cándida, tampoco resultaba sosa ni simplona: no creía que los niños
+se encargan a París, pero el altar de su pureza no había recibido
+ofrendas, y, su misma reflexiva castidad le daba conciencia del valor de
+lo que podía perder. De todo lo cual colegía don Juan que no se trataba
+de una mujer vulgar, buena para poseída una temporadita, a quien se
+pudiese luego echar o devolver a la circulación como se compra y revende
+un caballo de lujo.
+
+Resumen: primero: Cristeta era una verdadera conquista, inapreciable,
+sabrosísima, pero también un origen de pavorosa responsabilidad.
+Segundo: en esto mismo radicaba la fascinadora atracción que sobre él
+ejercía. Y tercero: tratándose de una mujer excepcional, era necesario
+emplear medios extraordinarios para lograrla.
+
+Don Juan se durmió pensando en estas cosas y en sus derivados.
+
+Ella monologueó bastante menos. Luego de cerrar la puerta y tapar con el
+paño de manos el ojo de la cerradura, se quitó las horquillas, lavose a
+chapuz la cara porque estaba muy acalorada, y se acostó.
+
+Ambos soñaron disparatadamente, porque como durante el sueño trabaja el
+espíritu abandonado a sí propio, no crea sino desatinos y
+extravagancias. Sin duda por esto quiso Dios que el espíritu tuviese
+como base de operaciones, el cuerpo, la vil materia, tan calumniada por
+los espiritualistas. Además, ¿quien sería capaz de comprender o
+interpretar los ensueños de una doncella?
+
+Dijo Zenón que nunca desentrañará el hombre la esencia de las cosas; mas
+se le olvidó añadir que el sumo grado de lo imposible es descifrar lo
+que sueña la mujer.
+
+
+
+
+Capítulo IX
+
+Busca don Quintín a una mujer y cae en las redes de otra
+
+
+Ni marido pobre de mujer acaudalada, ni yerno de suegra intolerante, ni
+protegido por rico vanidoso, se vieron nunca tan privados de libertad
+como el mísero don Quintín a partir de aquel día en que doña Frasquita
+se enteró del devaneo que su esposo traía entre manos; porque la
+aventura con Mariquita, que para él fue simple pecado de pensamiento,
+semejante a la delectación morosa que dicen los teólogos, a la vieja le
+pareció adulterio consumado. A fin de tenerle más sujeto, dispuso aquel
+_Tetrarca_ con faldas que la criada hiciese los pocos recados que en la
+casa se ofrecían; buscó y pagó persona que acudiese a los centros
+oficiales de donde había que recoger las sacas del tabaco y los pedidos
+del papel sellado; obligó a su esposo a encargarse de la venta desde que
+se abría hasta que se cerraba el estanco para que no tuviera momento
+libre, y, finalmente, decidió pasar el día sentada junto al mostrador,
+en continua vigilancia, con propósito de morder y arañar a quien se
+presentase trayendo carta o recado sospechoso. Tan horrible fue el
+cautiverio, que el infeliz llegó a no poner los pies en la calle sino
+los domingos y fiestas de guardar, a primera hora, cuando su esposa le
+llevaba a misa, sacándole a que tomase el aire, como las doncellas de
+servir sacan a los perritos falderos para que no empuerquen las
+alfombras.
+
+Don Quintín pasó muy triste la primera quincena (desde que se había
+identificado con las cosas del teatro contaba por quincenas); luego,
+prescindiendo de atractivos inútiles, dejó de usar corbata y de teñirse
+los bigotes, y, por último, cayó en una melancolía tan dramática para él
+como risible para los que le rodeaban. Ratos había en que se quedaba
+embobado, despachando automáticamente lo que le pedían, hasta que la
+severa y desapacible voz de Frasquita venía a turbar sus arrobos con
+frases crueles.
+
+--¿En qué piensas, burro?--solía decirle--; ¿te estás acordando de aquella
+sinvergüenza? ¡Cochino!
+
+Otras veces era más expresiva y humillante.
+
+--¿Y todo para qué?--exclamaba con gesto de pitonisa descreída--¡No puedes
+con la comida de casa, y querías ir de fonda!
+
+Lo que más hirió la delicadeza de su amor fue que un día, aludiendo a
+Mariquita, dijese:
+
+--¡Si fuera una persona decente! ¡Pero una sacadineros y desbaratacamas!
+
+¡Cuánto sufría! ¡Interesada ella, que sólo le hizo gastar en unos
+cuantos cafés! ¡Desbaratacamas una mujer a quien no consiguió besar sino
+tres o cuatro veces en la nuca y por sorpresa!
+
+Así pasó algún tiempo, hasta que una mañana, después de haber leído en
+alta voz cierto periódico que contenía una lista de compañía lírica que
+la víspera había salido a provincias y en la que figuraba Mariquilla
+como partiquina, resolvió sacudir el yugo. No podría verla, pues estaba
+ausente, pero averiguaría su paradero, la escribiría, y acaso le
+contestara diciéndole la fecha de su regreso. La perspectiva de
+recibir--buscando medio seguro--una carta suya, le infundió ánimo, y
+arrojando el periódico sobre el velador de la trastienda, dijo a su
+mujer:
+
+--¡Tranquilízate! Esa infeliz no está en Madrid... Ahora mismo me largo a
+respirar un rato a gusto, lejos de ti... ¡fiera!--Y sin esperar
+respuesta, se calzó y salió.
+
+Aunque, gracias a lo rápido de su resolución, estaba seguro de que no
+podía ser espiado, anduvo largo rato vagando por calles y plazas,
+volviéndose de vez en cuando a mirar si le seguían, hasta que,
+convencido de que no existía tal peligro, tomó el camino de la casa de
+Mariquita. Nunca la había visitado, pero sabía sus señas: Cuervo, 14,
+sotabanco, cerca del cielo. ¡Siempre, anda la felicidad por las nubes!
+
+Antes de llegar se le llenó el alma de ilusiones. ¿Se habría, como es
+frecuente, retrasado la salida de la compañía, y estaría Mariquilla en
+su casa? ¡Cuán sabroso desquite tomaría de la tiránica Frasquita! Mas
+discurriendo de esta suerte, le asaltó una duda horripilante... ¿Tendría
+razón su mujer? Él, que nunca sentía apetito en casa, ¿podría soportar
+la comida de fonda? Parose un momento, como cuentan que se detuvieron
+Osmán ante Alejandría y Tito ante Jerusalén, y luego avanzó
+denodadamente, pensando: «¡Sí... aunque me muera... Cuervo, 14!»
+
+Allí fue la primera decepción. La portera le dijo que efectivamente
+había vivido en la casa una chica que era _del treato_, pero que el mes
+anterior la desahució el amo porque no pagaba, y además por escandalosa
+y descarada. Don Quintín se alejó tristemente, imaginando que pues
+Mariquita, a pesar de ser tan guapa, no tenía con qué pagar el cuarto,
+era criminal poner en duda su moralidad, y que la acusación de escándalo
+y descaro era calumnia porteril.
+
+Desde la calle del Cuervo fue a ver al conserje del teatro para
+preguntarle dónde habitaba otra corista llamada Carolina, muy amiga de
+Mariquita y que tal vez supiese su paradero.
+
+¡Oh impremeditada determinación, qué de males trajiste! ¡Pobre viejo,
+que imaginando hacer una visita, cayó es un abismo!
+
+Al pisar la entrada del teatro el corazón le latía con desusada fuerza.
+Ponte, lector, en situación análoga; haz memoria de si siendo colegial
+te enamoraste de una primita o de una amiga de tu hermana; recuerda
+luego si pasados los años de la juventud, y ya hecho hombre, tornaste a
+pisar los lugares donde, al conocerla, sentiste o creíste sentir amor;
+deja que en tu alma, tal vez vieja y gastada, reverdezca aquella
+primavera de tu mocedad; adórnala de reminiscencias dulcísimas, y
+entonces ¡sólo entonces! comprenderás cómo la fantasía de don Quintín se
+deleitó en recordar la que a él se le antojaba pasión avasalladora.
+
+Previo regalo de un cigarro con que don Quintín le obsequió, el portero
+del teatro le dijo dónde vivía la corista por quien iba preguntando, y
+allá se fue a buscarla, deseoso de hablar de Mariquilla y esperanzado en
+saber cuándo regresaría para precipitarse en su busca; porque durante
+aquella larga caminata, según se había ido alejando de su casa y
+cónyuge, sintió que el amor se enseñoreaba de su espíritu y de sus
+sentidos, y hasta le pareció que si encontrase a Mariquilla podría
+llevársela a comer de fonda, contra lo que suponía la desengañada
+Frasquita.
+
+Dominado por tales pensamientos, subió la escalera estrecha y muy pina,
+de una casa de aspecto pobre y nada limpio, detúvose en un descansillo,
+tiró de un cordón mugriento y abriole Carolina; el prototipo de la
+corista que contratan las empresas, no por lo bonitas, sino por tener
+mucho repertorio y por no faltarles nunca quien pague con un ajuste el
+recuerdo de una conquista.
+
+Era mujer de cuarenta y tantos años, gruesa, ex--guapa, en buen estado de
+conservación, aunque algo ajada, y con más experiencia de los hombres de
+la que a don Quintín hubiera entonces convenido. Vestía bata flotante de
+percal claro; no debía de llevar corsé, porque se le notaba el temblor
+de las carnes libres; estaba recién peinada, y de su cuerpo se
+desprendía aquella emanación intensa de perfumes baratos con que el
+estanquero experimentó sensaciones indefinibles cuando habló por primera
+vez con Mariquilla.
+
+--¡Don Quintín de mis entretelas! ¡Tanto bueno por mi casa! ¿Qué le trae
+a usted por aquí?
+
+--Lo primero, el gusto de verla, que no es grano de anís; y luego...
+
+--¡Me lo he maliciado; preguntarme por la María!
+
+--No crea usted que sólo por eso. Pues qué, ¿no es nada contemplar ese
+cuerpo tan hermoso?
+
+--Déjese usted de requiebros. ¡Bonita me encuentra usted! Ni tiempo he
+tenido de ponerme el corsé.
+
+--¡Mejor que mejor!--Repuso don Quintín, echando una mirada codiciosa al
+busto de Carolina.
+
+Ésta, cogiéndole de la mano para guiarle por la oscuridad del pasillo,
+le llevó hasta el comedorcito, donde se sentaron: ella en una silla baja
+de hacer labor, y él en una butaca vieja y desvencijada. El comedor era
+muy pequeño, y en la estancia inmediata, que era la alcoba, se veía una
+cama cubierta con colcha de indiana.
+
+El día estaba caluroso; el estanquero, a fuerza de pensar en la
+coristilla, venía predispuesto al amor, y Carolina no era la última
+encarnación de Lucrecia, la casta.
+
+--Sí, señora--repitió él, disimulando su pensamiento; lo primero, el
+gustazo de verla, como que está usted hermosísima.
+
+--No es usted mal adulador... ahora. Puede que sea usted el único que no
+me dijo en el teatro «buenos ojos tienes». ¡Andaba usted tan embobado
+con aquélla!
+
+Aquí le pareció a don Quintín que para averiguar algo debía emplear
+juntamente la sagacidad y la galantería, por lo cual añadió:
+
+--¿Qué quería usted? ¿Qué anduviese a la greña con todos los que la
+solicitaban? ¡Buen trabajo! Hubiese tenido que pelearme con ciento y la
+madre. Pero lo que es guapa... ¡ya lo creo que me lo parecía usted!
+¡Vaya un cuerpo... en fin, aquí está, gracias a Dios, y se puede ver!
+
+Poseído de súbito ardimiento amoroso, extendió ambas manos hacia el
+talle de Carolina, quien, deseando mostrarse pudorosa, pero no arisca,
+echó el cuerpo para atrás, diciendo con mucha monería:
+
+--¿Qué había usted de fijarse en nadie, sí estaba usted chalado con
+aquélla?
+
+--Aquélla... aquélla...--murmuró él con fingido desprecio--. No sé por
+dónde anda, ni me importa. Valiente...
+
+Sus labios intentaron decir una ofensa, pero no acertaron a formularla.
+Comprendió que era una villanía hablar mal de Mariquilla, aunque fuese
+en son de astucia para averiguar su paradero.
+
+--Entonces, ¿qué diablos le trae a usted por aquí? ¡Ya está usted buena
+maula! ¿No sé yo que se gastaba usted con ella los ojos de la cara? ¡Y
+que no es usted poco rumboso, decían allí!
+
+--¡Bah! Una cosa es gastar y otra querer.
+
+Harto sabía Carolina que el amor de don Quintín no había llegado al
+terreno práctico, y desde que le abrió la puerta comprendió que iba en
+busca de noticias de su compañera; pero con la rapidez del pensamiento
+concibió el atrevido proyecto de seducirle. No era rico, ni de él podían
+esperarse solitarios para las orejas ni entresuelo amueblado; mas
+tampoco sería imposible sacarle unos cuantos duros al mes. Su estanco
+estaba en sitio céntrico, debía de producir bastante... la mujer muy
+vieja... Nadie es capaz de prever hasta dónde puede llegar un anciano
+tocado de la tarántula amorosa. Suponiendo que se mostrase insensible y
+la despreciase, ¿qué le importaba? Aquello era jugar un décimo de
+lotería: por de contado, no había de caerle el premio gordo; mas acaso
+el estanquero le ayudase a pagar el cuarto o le regalase algún
+vestidillo. Por su larga experiencia teatral no ignoraba Carolina que
+hay en la vida del hombre dos períodos durante los cuales es fácilmente
+poseído de la pasión impetuosa y arrebatada: la primera juventud, en que
+las cortesanas parecen ángeles caídos, y la entrada de la vejez, en que
+uno quiere despedirse de la naturaleza con aquella música de besos que
+en la adolescencia nos abrió las puertas de la dicha.
+
+A estos picarescos y sabios propósitos de Carolina correspondía
+perfectamente la situación de ánimo en que se hallaba don Quintín;
+porque, aunque él lo ignorase o no pudiera razonarlo, lo que sentía por
+Mariquilla no era enamoramiento exclusivo, sino exacerbación de la
+facultad amorosa, pronta a extinguirse en su organismo. Estaba en el
+caso del niño que, deseando un juguete, ambiciona el primero que ve, y
+luego se satisface, contenta y entretiene con cualquiera otro que le
+dan.
+
+La táctica de Carolina estribó en hacerle creer que le consideraba como
+hombre conquistador, enamoradizo, mujeriego y rumboso; y comenzó a
+mirarle del modo más dulce y hechicero que supo, diciéndole:
+
+--¡Ya, ya, ni que fuéramos tontas! Todos son ustedes iguales. Hoy ésta,
+mañana la otra... Mariquilla está fuera, y se habrá usted dicho: «Vamos
+a ver a lo que sabe su amiga».
+
+--¡Qué mal pensada! Verdad que tiene usted disculpa, porque como está
+usted tan guapa, no haría ningún disparate quien se volviese loco por
+usted.
+
+Las miradas de Carolina eran incendiarias; don Quintín empezaba a
+olvidarse de Mariquilla. Hubo un momento en que, comparándola
+mentalmente con la garbosa hembra que tenía delante, resultó de esta
+comparación que la primera no pasaba de muchacha vivarachuela y
+graciosilla, en tanto que la segunda era mujer formada y en plena
+madurez de belleza.
+
+--Vamos, dígamelo usted claro. ¿Ha venido usted a preguntarme por
+_aquélla_, o a verme a mí? Porque para lo primero todavía soy joven, y
+para lo segundo...
+
+--¿Estoy demasiado viejo?
+
+--No he dicho tal.
+
+--Viejo, ¿eh? ¿Conque viejo? Pues la leña seca es la que arde mejor.--Y al
+decir esto se levantó y abrazó a Carolina, como en un célebre cuadro de
+Rubens abrazan los sátiros a las ninfas, sin que ella le rechazara.
+
+¿Cuál será el alma cruel y despiadada que la vitupere? Mandan los santos
+preceptos que se dé de beber al sediento, pan a quien tiene hambre, y
+posada al peregrino. Pues, ¿dónde agua más fresca, ni pan más tierno, ni
+albergue más grato que el amor? Además, la caridad bien ordenada empieza
+por uno mismo, y Carolina también sentía necesidad de amor.
+
+<tb>
+
+Pasadas dos horas en deliciosa y culpable intimidad, tanto más grata
+cuanto menos premeditada y prevista, dijo Carolina, mientras él se ponía
+los tirantes y ella, ante un espejo roto, se atusaba los desordenados
+rizos.
+
+--Anda, tontín, rico mío, más vale gallinita que pollita. Mejor te irá
+conmigo que con aquella embaucadora, bribona, que se estaba burlando de
+ti. ¡Me daba una rabia!
+
+--¿Y cómo lo sabes?--repuso él saboreando la delicia de tutear a una mujer
+que no era legalmente suya, e indignado al mismo tiempo ante la idea de
+haber servido de hazmerreír a Mariquilla.
+
+--¡Vaya si lo sé! ¡Qué borricotes sois los hombres! Ahora que ya eres
+mío, porque supongo que vendrás a menudo, te lo voy a decir. ¡Me
+gustabas de un modo atroz! ¿Y verdad que tu Carola te gusta también más
+que aquella gata esmirriada? Mira... no sé los años que tienes; nadie
+tiene más de los que representa; pero ya quisieran muchos jóvenes
+igualarse contigo.
+
+--¿De veras, pichona?
+
+--¡Buenos están los jóvenes!... ¡Tísicos! Parece que se va a concluir el
+mundo. Yo también valgo más que cualquier chiquilla. Compara, compara
+este pecho y esta mata de pelo con aquellos pellejos colganderos y
+aquella cabeza llena de añadidos.
+
+--¡Buena diferencia va de mujer a mujer!
+
+--Pues para ti soy. Veremos cómo te las compones en tu casa... porque has
+de venir a verme casi todos los días.
+
+--¿A diario, chica?... No sé si podré--dijo él algo intranquilo.
+
+--¿No has de poder? ¡Anda, pillín, que no te arrepentirás!
+
+--¿Estás siempre sola?
+
+--Siempre, vidita. Y vive tranquilo: no soy yo como aquella perdida
+que...
+
+--Mala voluntad la tienes.
+
+--Como que me tenías chaladita y me daba ira de verla cómo se burlaba de
+ti.
+
+--¿Qué hacía?
+
+En parte mintiendo, en parte diciendo verdad, Carolina resolvió asegurar
+la adquisición que acababa de hacer. Mezcló en sus frases lo cierto con
+lo calumnioso, y procuró apartar a don Quintín de Mariquilla, haciéndole
+creer que le consideraba capaz de la mayor generosidad y lleno de
+ardimiento para los dúos amorosos.
+
+--Vamos, ¿qué hacía aquella... desdichada?--tornó a preguntar don Quintín.
+
+--No merece que vuelvas a pensar en la muy sinvergüenza. ¿Que qué hacía?
+Ponerte cuernos. ¡Como si con un granadero como tú no tuviera bastante
+una _pitifláutica_ como aquélla! Todas las del coro sabíamos que tú le
+regalaste el mantón bordado y _la mar_ de medias. Decía que te iba a
+dejar el estanco hasta sin esponja para mojar los sellos. Y al mismo
+tiempo, como después de la función te ibas con tu sobrina, ella se
+largaba con el segundo apunte. ¡Me daba una rabia! Porque cuando la
+mujer es libre, bueno; lo que yo digo, que se amontone con quienquiera,
+pero que no engañe a nadie... Un hombre es un hombre.
+
+--De modo que ella...
+
+--¡Ya lo creo! Y no era eso lo peor. Algunos del teatro creían que todo
+era mentira, que no teníais nada que ver, vamos, que os hablábais y nada
+más..., porque ella no se dejaba... ¿estamos? ¡Como si tú fueras un
+_lila_ que se gastase la plata sólo por mirarla! Y también decían que
+don Juan, el querido o novio, lo que fuese, de tu sobrina, era quien
+había encargado a la María que te hablase y te marease para mientras
+tanto quedarse solo con la tiple. En fin, distraerte para que no
+estorbases. Mira que si hubiese sido verdad... ¡bonito papel!
+
+Ante tan cruda y horrible revelación, faltó poco para que don Quintín se
+enfureciese. Su emoción fue grandísima, porque indudablemente Carola
+decía verdad. ¿Cómo había él de dudar, sabiendo por experiencia, o mejor
+dicho por falta de ella, que no había logrado de Mariquita sino algunos
+besos y apretujones a hurtadillas? En seguida se dio a recordar
+pormenores e incidentes que confirmaron sus sospechas. No cabía duda.
+Sí: todo fue comedia. Acaso Cristeta no entrase en la conspiración, pero
+se aprovechó de ella; Mariquita sirvió de agente a don Juan; los
+diálogos enloquecedores pasados bajo el mechero de gas que había en el
+pasillo, fueron otras tantas ocasiones de que los novios se hablasen
+libremente. ¡Y pensar que él no consiguió de Mariquilla nada sustancioso
+y positivo! ¡Ni una sola vez! ¡Qué burla tan infame! Lo único que le
+consolaba era que hubiese quien se lo diera por comido, juzgándole como
+amante rumboso, pagano y favorecido.
+
+--¿Conque les serví de tapadera?--decía sonriendo--. ¡Tiene gracia! ¡Y yo
+me contentaba con mirarla... vaya, vaya!
+
+--De lo segundo no te digo nada. Ahora que eres mío, comprendo con
+conocimiento de causa que no te limitarías a mirarla como si fuera
+estampa; pero lo que es de que servías de tapadera y de que don Juan fue
+quien te preparó la conquista de la sinvergüenza... de eso no te quepa
+la menor duda.
+
+Harto sabía él a qué atenerse. Sí: tapadera, y además _lila_. Le costó
+gran esfuerzo disimular el enojo; pasó un rato muy malo, pero los mimos
+y carantoñas de su Circe le endulzaron algo el pesar.
+
+--¿Vendrás pronto a verme?--le decía, poniéndose archizalamera--. Cuanto
+antes mejor. Yo no soy exigente; si tienes miedo a que lo sepan en tu
+casa, pasearemos por las afueras... y luego nos vendremos aquí a nuestro
+nido, como dos tortolitos.
+
+--Sí, sí; vendré, vendré--repetía el estanquero, que ya sentía prisa por
+marcharse: mas ella, como si quisiese sellar su amoroso contrato de un
+modo inolvidable, dio un salto de pantera celosa, y arrojándosele al
+cuello le abrazó, besándole el cerdoso bigote, al mismo tiempo que decía
+con la voz astutamente entrecortada por la emoción:
+
+--¡Quintín, qué felices vamos a ser!
+
+Desasiose de ella con suavidad, como don Florambel se apartaba de la
+encantadora princesa Graselinda, y comenzó a bajar despacio la escalera,
+repitiendo dulcemente:
+
+--Adiós, rica; vendré, vendré, y seremos buenos amigos.
+
+Ella le vio marchar entre satisfecha y desconfiada... ¿Sería aquella una
+verdadera conquista, al menos una ayuda para pagar la casa? ¡Y qué
+lástima que el diablo del hombre no tuviera veinte años menos!
+
+Don Quintín salió a la calle tan engreído y hueco como mujer fea a quien
+por casualidad chicolean en paseo. La cosa lo merecía. Acababa de
+adquirir la grata convicción de que, aunque fuese de tarde en tarde,
+podía comer de fonda.
+
+Mas como no hay dicha completa en corazón humano, junto de este regocijo
+se alzó en su pecho un mal sentimiento, un odio terrible hacia don Juan,
+que había jugado con él como con un chiquillo. «Sí--iba gruñendo entre un
+diente sí y otro no, pues los tenía salteados--; he sido tapadera,
+Celestina macho, alcahuete sin saberlo... ¡Yo haciendo el buey con la
+mocosa de la chiquilla en el pasillo, y él encerrado con la otra... sabe
+Dios! ¡Ah, don Juan de los demonios, ya me las pagarás algún día!
+¡Pensar que la trastuela no me dejó... ni una vez!»
+
+Y en lo más íntimo de su alma hizo acopio de rencor, y se juró que si la
+suerte, la casualidad o su propia astucia se le mostraban favorables,
+tomaría de don Juan espantosa venganza.
+
+
+
+
+Capítulo X
+
+En que ocurre el más grave y deleitoso suceso de esta historia
+
+
+Don Juan resolvió triunfar de Cristeta, empleando medios
+extraordinarios.
+
+Una de aquellas noches de los dúos forzosamente castos, con reservas
+mentales, abrió ella la puerta, pasó él, y sentados en el sofá lo más
+cerca que permitían el pudor y el respeto, comenzaron la cantata mil y
+tantos diciéndose esas eternas frases juntamente dulzonas, picarescas,
+inocentes, maliciosas, arteras, ingenuas, sinceras y mentidas, muchas
+veces estúpidas, pero siempre gratas, con que se entretienen y engañan
+los amantes mientras se prepara la catástrofe del drama a que la
+Providencia les tiene predestinados. Aquella noche la elocuencia de don
+Juan era maravillosa, y su ternura exquisita; a pesar de lo cual
+Cristeta tardó pocos minutos en notar que estaba caviloso. Traía
+fruncido el entrecejo y sus miradas denotaban mal disimulada
+preocupación.
+
+--¿Qué tienes?--le preguntó cariñosamente.
+
+--Nada.
+
+--Me engañas, algo te pasa.
+
+--No, mujer.
+
+--Es claro; como no soy nada para ti...
+
+--Demasiado sabes que te adoro...; pero no voy a inventar cosas graves
+por capricho.
+
+--Bueno, cállatelo; luego dirás que me quieres.
+
+Don Juan puso cara de gran pesadumbre, lo más triste que pudo, y dejó
+caer la cabeza sobre el pecho. Entonces Cristeta se la levantó
+suavemente con ambas manos, y mirándole de hito en hito, cual si
+quisiera leerle en las pupilas el secreto, dijo:
+
+--Juan... ¡mientes! a ti te pasa algo.
+
+Hubo un instante de ese silencio que los novelistas llaman solemne.
+
+Quien hubiese podido bucear en el pensamiento de don Juan, habría visto
+que le repugnaba mentir. Por vez primera condenaba su conciencia los
+medios que iba pronto a emplear su astucia. Cristeta le seguía mirando
+con todo el poderoso encanto del amor sincero.
+
+--Anda... Juan... ¡dímelo!
+
+Él fingió ceder.
+
+--Sí, me ocurre... y muy grave... Oye.
+
+Y sacando del bolsillo una carta, hizo como que buscaba con la mirada un
+párrafo, y leyó lo siguiente:
+
+ _«Lo de París va mal, muy mal, y es preciso que estemos dispuestos
+ a obrar con rapidez y energía si se nos echa encima alguna
+ complicación. Sé de buena tinta que la casa Garcitola está haciendo
+ negocios desastrosos. Desconfío de que, si nos lo propusiéramos,
+ pudiésemos recoger ahora los fondos, y por otra parte reclamarlos
+ en estas circunstancias, acaso sea perjudicarnos contribuyendo al
+ nublado que se les viene encima. En fin, sirvan estas líneas de
+ toque de alarma. En cuanto sepa algo concreto, le avisaré a usted
+ para que me dé órdenes. En asunto tan grave no me atrevo a tomar la
+ iniciativa.»_
+
+Todo lo cual oído con profunda atención, dijo Cristeta:
+
+--Bueno, ahora explícamelo.
+
+--Yo tenía valores de importancia colocados en esa casa Garcitola y
+Compañía, de París. Hace unos cuantos meses se empezó a decir si andaban
+o no andaban mal y, la verdad, como es una casa tan fuerte, cometí la
+tontería de no hacer caso...; y ahora, ya lo ves, mi agente de Madrid me
+escribe lo que acabas de oír... Nada, que si quiebran, me van a dejar
+por puertas.
+
+Cristeta le escuchó atónita. Él se puso en pie, y sin temor de mover
+ruido, dio dos o tres paseos por el cuarto, a modo de león enjaulado.
+
+Ella asustada, pero respetando su disgusto, se limitó a mirarle como
+implorando prudencia. Don Juan--¡parece mentira que sea el hombre capaz
+de tal perversidad!--aprovechó la ocasión, se acercó de puntillas a
+Cristeta, y arrojándose en sus brazos dijo en voz muy queda, casi, y sin
+casi, pegando los labios a la linda oreja de su amada:
+
+--Perdóname, no sé lo que me hago.
+
+Lo grave fue que, en lugar de desasirse en seguida, siguió agarrado a
+ella. Parecía hombre harto de esperar a la Fortuna, que de pronto la ve,
+la asalta, la sorprende, la sujeta, y decide no soltarla en su vida.
+Cristeta nada hizo por despegar su cuerpo del cuerpo de su amante, sino
+murmurar con voz preñada de caricias:
+
+--¡Juan... Juan mío!
+
+Él, sin aflojar los brazos, decía:
+
+--Figúrate... cobraré, si cobro, en créditos, en papeles que tendré que
+realizar poco a poco, con pérdidas enormes, y al fin y a la postre
+quedaré mal, muy mal, con una renta miserable, gustos costosos, sin
+hábitos de trabajo...
+
+--Un hombre como tú hace con el trabajo lo que quiere.
+
+--¡Quiá! Me iré a vivir a un pueblo, sin más lujo que una escopeta, ni
+más amigo que un perro.
+
+De pronto soltó a Cristeta, se sentó en una silla, y juntando las manos,
+comenzó a dar vueltas con los pulgares, como suelen hacer los que están
+muy aburridos.
+
+Cristeta, discurriendo con el sublime egoísmo del amor, pensó:--«¡Pobre!
+¡Tal vez se quede pobre! ¡Así será más fácilmente mío!»
+
+--Ya supondrás--continuó él--que tendré pronto necesidad de ir, no sé aún
+si a Paris o a Madrid. Y luego... se acabaron las locuras.
+
+--Pero ¿qué locuras haces?
+
+--El vivir como vivo. ¡Buen porvenir me espera! Un ama de llaves más
+vieja que dueña de teatro antiguo, una criada de cincuenta reales... y
+si no, al pueblo, al pueblo.
+
+--Calla, hombre...; no querrá Dios que lo hayas perdido todo.
+
+--Eso no lo puedo saber hasta que vaya a París y hable con el banquero, o
+vea en Madrid a mi agente. Hoy por hoy nada sé de cierto.
+
+--No quiero decir eso: digo si supones que ya se ha concluido todo para
+ti en el mundo. ¡Ingrato! ¿No vale ni significa nada mi cariño?
+
+Don Juan la miró con ternura, la cogió una mano, oprimiéndosela
+fuertemente, y en seguida, cual si cediese a la dolorosa impresión que
+acibaraba su ánimo, dejó caer la cabeza sobre el pecho de Cristeta.
+
+A ser otra la ocasión, ésta se hubiera echado hacia atrás con oportuno
+pudor; pero en aquellos tristes momentos no quiso mostrar esquivez ni
+parecer arisca.
+
+Ambos permanecieron silenciosos: ella inmóvil, sin valor para
+rechazarle; él en la misma postura, sintiendo en la frente el dulce
+calor del pecho de su amada. Al cabo de unos cuantos minutos dijo
+Cristeta:
+
+--Vamos, no te apures... mírame cara a cara. ¿Sirve esta pobre mujer para
+convencerte de que no lo has perdido todo? Vaya, hombre, si supiera que
+esto nos aproximaba... ya te pagaría yo en amor lo que perdieses en
+dinero. ¡Te quiero tanto!--Y en seguida, como si se arrepintiese de su
+sinceridad, añadió:--No; no; soy una egoísta. Vete mañana mismo a cuidar
+de tu fortuna. ¡Yo no debo ni puedo ser nada para ti!
+
+Fueron dichas estas palabras con acento de tan honda tristeza, y
+produjeron tal emoción en don Juan, que se avergonzó de emplear aquella
+estratagema ruin y mentirosa. Comprendió que la infeliz a quien estaba
+engañando no era casada trapisondista que mereciese desprecio por faltar
+a su deber, ni viuda buscona armada por la experiencia contra la
+seducción, ni siquiera mozuela desenvuelta y sabedora de cómo se finge
+la pérdida de la honestidad: era una pobre mujer realmente apasionada,
+que sin carecer de perspicacia y malicia, las tenía como adormecidas y
+embotadas por el pícaro amor. Era lista, capaz de la más artera
+coquetería, pero en frío, respecto de un hombre por quien no hubiese
+llegado a interesarse. Así lo entendía don Juan, quien comenzó a
+experimentar lástima de ella y severidad para consigo; mas ambos
+sentimientos quedaron ahogados por el influjo de la belleza de Cristeta.
+La perspectiva de que al empobrecer fuese aquel hombre más fácilmente
+suyo, el afán de mostrarle cariño, y lo mucho que don Juan se había
+arrimado a ella, la pusieron hermosísima. Tenía los ojos húmedos y
+brillantes, los labios secos y la tez muy pálida. Sus miradas variaban
+rápidamente de expresión; tan pronto parecían medrosas, como lucía en
+ellas la llamarada propia del deseo amoroso.
+
+Durante un rato bastante largo, don Juan siguió hablando de la casa de
+banca y presagiando infortunios: ella de cuando en cuando le decía:
+
+--No te disgustes...; puede que todo se arregle... mírame...; anda,
+mírame. ¿No me quieres ya?
+
+En esto, sin saber cómo, ni quien atrajo a quién, ni cuál fue el primero
+en sentarse, volvieron al sofá--mueble en ciertos casos peligrosísimo--, y
+sucedió que los brazos de Juan rodearon y ciñeron la cintura de
+Cristeta, las manos de ésta se le posaron a él amorosamente una en cada
+hombro, cogiéndole luego la cabeza entremedias, y por fin y remate, para
+que fuese más bello el grupo, Dios, que es supremo artista, dispuso que
+el rostro del amante viniese a caer y descansar, por segunda vez, encima
+del pecho de la amada.
+
+Así permanecieron unos minutos, mudas las bocas, embebecidos los
+espíritus y quietas las manos de ambos, especialmente las de ella, cual
+si bastase para su doble delicia aquel dulce calor que los cuerpos se
+comunicaban. Después sonaron de labio a labio palabras dichas en voz
+baja, y, por fin, mutuamente sorbidas las almas y atraídas las bocas, se
+besaron. Ella en seguida, confusa y atemorizada, apartó el rostro; mas
+él, buscándole la mirada para leerle el pensamiento, le cogió la cara
+entre las manos y permaneció contemplándola.
+
+El instante fue sublime. A Juan se le olvidaron las teorías de
+conquistador, el cálculo, la lástima, la astucia, todo, hasta el temor a
+las consecuencias, mezquina consideración que acibara grandes placeres.
+De su alma y de su cuerpo se enseñoreó una fuerza incontrastable que le
+impulsaba a poseer el alma y el cuerpo de Cristeta, para sumarse e
+identificarse con ella, como se compenetran y confunden dos rayos de
+luz. En la muchacha tampoco tenía ya imperio la voluntad; desfallecía de
+amor, miraba y no veía, las palabras de don Juan no le parecían voces
+humanas; se le antojaba estar oyendo el ruido delicioso que las puertas
+de los cielos deben de producir al abrirse para que penetre en la gloria
+un elegido del Señor. Algo semejante a lo que ambos sintieron
+experimentarían de fijo nuestros primeros padres cuando emprendieron la
+tarea de poblar el mundo para que hubiese quien alabase a Dios. Sonó un
+beso digno del Paraíso. La mano izquierda de don Juan se posó sobre la
+doble y turgente redondez del pecho de Cristeta... Poco después, el
+corsé, tibio aún por el calor del hermoso tesoro que guardaba, caía
+sobre la alfombrilla al pie del sofá... Pero, ¡tente pluma!
+
+¿Y por qué? ¿Por qué ha de considerarse vituperable y deshonesta la
+pintura del amor material en lo que tiene de artístico y poético?
+Permítese al novelista y al poeta describir todas las fases de la
+ambición soberbia, de la vanidad ridícula, del odio aborrecible, del
+rencor infame; podemos desmenuzar en prosa y verso todos los malos
+sentimientos: ¿y no hemos de poder pintar la deliciosa y natural
+aproximación de los sexos que instintivamente aspiran a juntarse hasta
+ser, como el Señor dispuso que fueran, carne de una carne, hueso de un
+hueso, dos en uno? ¡Es triste cosa! Sólo algún lírico cursi, sólo algún
+académico fósil, culpan de loco al telescopio que escudriña el espacio,
+o de cruel al bisturí que dilacera las carnes; y sin embargo, son muchas
+las gentes que llaman indigna y pecadora a la pluma que pinta los
+deliciosos transportes del amor.
+
+Arrebata el viento el polen de una flor, lo deja caer en otra de la
+misma especie, y de allí a poco brotan nuevas yemas y pimpollos. Sacude
+el céfiro el ramaje de la palmera macho, y llevando un algo misterioso
+de ella a la palmera hembra, la hermosea y fructifica. ¿Acaso se tacha
+de inmoral al botánico que lo observa y escribe? Entre las concavidades
+de las rocas marinas, en lechos de algas o sobre las cernidas arenas de
+la playa, deposita el pez hembra sus huevas; deslízase luego sobre ellas
+el amoroso macho, y las fecunda. ¿Culpa nadie de obsceno al naturalista
+que lo consigna en sus libros?
+
+Si de la humildad de plantas y bestias pasamos a lo más excelso que cabe
+en el pensamiento, vemos que las religiones que amamantaron a la
+humanidad en el culto de lo divino, están saturadas de amor. Los dioses
+amaban como hombres; por eso inspiraron fe; las diosas se dejaban
+abrazar como mujeres; por eso fueron tan amables y dignas de adoración.
+El Olimpo pagano era un semillero de aventuras eróticas: Júpiter y Apolo
+perseguían a las ninfas como los banqueros de nuestro siglo a las
+costurerillas; Venus y Juno tenían caprichos como nuestras grandes
+damas, se prendaban de la gallardía varonil, y escogían amante entre
+semidioses de segunda fila y rústicos pastores. La antigüedad clásica,
+no deja, sin embargo, de llevar ofrendas a las aras. Los más grandes
+poetas, sin que nadie les tache de pervertidores, fundan sus obras
+admirables en aquellas pasiones que convertían en alcobas las grutas,
+las florestas, los prados, las selvas y los bosques.
+
+Vienen luego los tiempos en que el verdadero Dios escoge por suyo un
+pueblo entre los que habitan la tierra, y el amor no pierde sus
+prerrogativas ni sus fueros. Antes al contrario, el mismo Señor lo
+emplea en su servicio: ÉL hace que la hermosa Thamar conciba de Judá; ÉL
+dispone que la desvalida Ruth se tienda en la era junto a Booz para que
+se perpetúe su raza; ÉL aumenta la belleza de Judith para que aparezca
+incomparable y fascine a Holofernes; ordena que los patriarcas duerman
+con sus siervas, los reyes con sus esclavas, que Asuero repudie a
+Vasthi, y que Makeda, reina de Saba, soberana del dichoso Yemen,
+desfallezca de voluptuosidad en el lecho de Salomón. ¿Qué más? El
+Redentor perdona a la adúltera, y por haber amado mucho, María de
+Magdalena es preferida y escogida entre todas para que, merced a su
+intervención, se funde el sagrado misterio de la Resurrección. No: no
+quiso el Redentor, después de muerto, aparecerse a ninguna virgen
+ignorante, a ninguna casada cumplidora de sus deberes, a ninguna viuda
+sorbida por la devoción; sino que radiante de esplendorosa gloria,
+circundado de luz, se apareció a una pobre pecadora. Las mujeres
+hebreas, siriacas y caldeas que en desprecio del amor se rapaban el
+pelo, no hallaron gracia delante del Señor; en cambio permitió a
+Magdalena que con su rubia cabellera enjugase los divinos pies.
+
+--«Amor--dice uno de los más admirables místicos españoles--, es río de
+paz, dulce sueño del alma, transformación del hombre que ni piensa ni
+siente ni quiere más que amor. Como a la flor se sigue el fruto, se
+sigue a la perfección el amor ardiente. Amor es el fin de la ley de
+gracia.» ¡Cuán mezquinas parecen luego las palabras del filósofo moderno
+que ha dicho que el amor es sólo impulso de los sentidos, que toma
+origen en el celo!
+
+Sí: amor es esencialmente celestial; la hipocresía, exclusivamente
+humana. Dijo el Señor: «Creced y multiplicáos»; y sucede que nadie
+censura a la mujer ni al hombre porque se desarrollen ni crezcan; mas
+¡oh terrible inconsecuencia! en cuanto dos que bien se quieren tratan de
+multiplicarse o se colocan en disposición de que la operación sea
+posible, todo es ponerles trabas, prohibiciones y obstáculos para que no
+cumplan la segunda mitad del divino mandato. De esta intolerancia ha
+nacido, sin duda, la invención de las formalidades civiles y canónicas,
+pues en el Paraíso no hubo bendición ni juez municipal. ¡Cuán sabio y
+generoso es Dios! ¡Cuán mezquinos los hombres! Sobre todo, ¡cuán necios!
+Porque jamás ha intentado la locura humana que los ríos retrocedan cauce
+arriba desde el mar hasta sus fuentes, ni que los astros, desviándose de
+sus órbitas, valseen caprichosamente en el éter; ni ha querido nadie
+trocar en compasivo al tigre, ni en feroz al tórtolo, y, sin embargo,
+hay quien pretende que el hombre y la mujer no se atraigan. A la luz del
+día muestran los hombres la codicia, la crueldad, la ira, hasta la
+asquerosa envidia; sólo para el amor buscan la oscuridad: guerrean y se
+despedazan al sol; aman y se engendran, como si conspirasen, entre las
+sombras de la noche. Y es que encima de cada uno de los grandes dones
+con que Dios nos ha favorecido, hemos echado una mancha. Sobre la
+sinceridad la mentira, sobre la fe la duda, sobre la caridad el egoísmo,
+sobre el amor la hipocresía. Porque habéis de saber--niñas inocentes y
+mujeres contenidas por el falso decoro--que cuando vais por la alameda
+con el elegido de vuestro corazón y se confunde el rumor de vuestras
+frases con el ruido del ramaje, y luego suena un beso, puede haber
+imprudencia, pero no hay delito: cuando en la tentadora soledad del
+gabinete, siendo ambos libres y estando enamorados, os aproximáis sin
+desdoro de tercero y sin acordaros luego de quien fue el primero en
+acercarse, tampoco se enfurruñan los cielos. ¿Sabéis lo que es
+pecaminoso y detestable sobre todo encarecimiento? La venta de las
+caricias, el robo del placer ajeno, el rompimiento de la fe jurada, el
+ultraje al nombre de esposo, el repugnante comercio del amor, que
+convierte el lecho en posada y la memoria en índice de liviandades.
+¡Cuán tristes las que, comerciando con el amor, han de ofrecer la
+mercancía! ¡Cuán despreciables las que lo dan a cambio de joyas y de
+galas! Mas las apasionadas que se rinden, ¡cuán dignas de indulgencia!
+San Pedro no dejará paso a las que ostenten en torno de los ojos el
+livor que deja el cansancio sensual soportado para comprar brillantes;
+pero dará entrada en la gloria a las que vea con el rostro demacrado,
+mitad por el hambre y mitad por el placer; será cariñoso con las que
+hayan desfallecido de amor, y los Arcángeles, las Dominaciones y los
+Tronos que gozan perdurablemente la presencia de Dios, cantarán
+diciendo: «¡Bienaventuradas las que supieron amar, porque de ellas es el
+reino de los cielos!»
+
+<tb>
+
+Iba ya el resplandor del día dibujando líneas de luz por entre los
+resquicios y rendijas del maderaje del balcón, cuando don Juan,
+desasiéndose de los brazos de Cristeta, entre melosidades y ternezas, se
+fue a su cuarto, donde desbarató su propia cama para que los criados
+ignorasen que no había dormido allí. En seguida se lavó, casi a
+disgusto, porque el frescor del agua le arrancaba de la piel el perfume
+de los halagos de Cristeta, y después se marchó a dar un paseo.
+
+Ella, al verse sola, pasó un rato presa de verdadero estupor: luego
+quedó entre atónita y apenada. ¿Qué había hecho? ¡Deshonrada...
+perdida... pero dichosa! No le parecía ser la misma. Unos instantes
+experimentaba sensaciones análogas a las que sufriría una ciega, para
+quien la lobreguez de la ceguera se trocase de improviso en viva
+claridad; se sentía deslumbrada por el amor. Sus conjeturas, sus dudas,
+su ignorancia medio desflorada por la malicia, todo se había
+desvanecido, quedando en su lugar la sabrosa certidumbre del pecado.
+Otros ratos le parecía ser ángel caído sin redención posible. ¿Qué fue
+de los propósitos de tenaz virtud? ¿Dónde estaban el _no debo... no me
+conviene... yo no soy de esas_? Un instante de pasión había dado al
+traste con todo.
+
+Por cima del vencimiento sufrido, quedaba, sin embargo, en el alma de
+Cristeta un motivo de respetable orgullo. En la abdicación de su
+albedrío, en la entrega de su cuerpo, no influyó nada el cálculo.
+Complacíase en recordar que no tenía cosa que echarse en cara. Vio
+entrar a su amado pensativo y triste por malas noticias que recibiera, e
+intentó consolarle; él, agradecido a su piedad, la estrechó entre los
+brazos. De lo demás no hacía memoria...
+
+La bella Kadjira, contemplando el infortunio de Mahoma, le dijo: «¡Yo
+seré tu primer creyente!» Cristeta, viendo desdichado a su amante se le
+entregó diciendo: «Mis labios son manantial de consuelo. ¡Bebe!»
+Después... suspiros sofocados por caricias y una sensación nueva,
+indefinible, mitad material, mitad extrasensual. ¿Hizo bien? ¿Cometió
+gran pecado? ¡Ah! Si pudiese afirmar o negar... ¡qué gran problema
+habría resuelto!
+
+Lo indudable era que sentía pena por no tenerle allí. ¿Por qué se iría
+tan pronto? ¿Qué le importaba que aquello se supiese? Juan no era ya a
+sus ojos el personaje de un ensueño amoroso; debía ser el compañero de
+su vida, pero sin obligación, sin vínculo forzoso, sin lazo que le
+sujetase, por propia y complacida voluntad. El alma de la mujer podía en
+ella más que el instinto de la hembra. El amor material le pareció cosa
+baladí. Se había entregado; bueno ¿y qué? ¿no era libre? ¡así como así,
+jamás había de pertenecer a otro! No en vano tenía metida en el cerebro
+la vehemencia romántica de cuantas escenas dramáticas leyó y vio
+representar.
+
+A medio día salió al ensayo. Al andar por las calles le pareció que
+pisaba con más fuerza, que era más mujer. A la hora de la comida oyó que
+uno de varios huéspedes que había sentados cerca de ella decía,
+mirándola de reojo:--«La Moreruela está hoy más guapa que nunca.»
+Cristeta pensó: «¡Mejor para mi Juan!» En el teatro, durante la función,
+trabajó apriesa; por su gusto hubiese llevado a escape las escenas, no
+movida de la grosera impaciencia del deseo, sino dulcemente estimulada
+por el anhelo de ver a Juan.
+
+El segundo canto del poema comenzó en seguida de retirarse a su cuarto
+de la fonda. Entrar y despedir a la doncella, todo fue uno. Sonaron las
+dos de la madrugada. Tosió; ahora era ella la que tosía. La puertecilla
+de comunicación se abrió al momento.
+
+Y así sucesivamente muchos días.
+
+Cristeta estaba muy contenta. La satisfacción por el pleno disfrute de
+su amor, podía en ella más que el miedo a las desdichas que su debilidad
+le acarrease.
+
+Don Juan pasaba noches felicísimas, gozando con los sentidos, porque la
+belleza de Cristeta le enloquecía; y con el entendimiento, porque de la
+boca de aquella mujer incomparable no salían sino frases de sinceridad y
+sumisión. Gratos eran sus besos, ya frescos como agua de peña viva, ya
+ardorosos como latidos de fiebre; pero ¡cuán más deleitosas eran las
+cosas que decía! ¡Qué mezcla tan extraña de impuro desenfreno y
+exquisita ternura!
+
+Las manifestaciones de su apasionamiento juntamente extremosas y
+sinceras, convencieron a don Juan de una verdad terrible: la de que
+aquella mujer se había dejado poseer materialmente porque estaba
+enamorada con toda su alma: rindió primero el albedrío y luego como
+derivación ineludible hizo entrega de su hermosura.
+
+La cosa no podía ser más grave.
+
+Cristeta le parecía hermosísima, encantadora; pero cada día más suya. Le
+tenía como hechizado. Algunas noches hasta se le olvidaban los
+preparativos de fuga. Ni siquiera mentaba la quiebra de Garcitola y
+Compañía.
+
+Por fin, comenzó a monologuear, ni más ni menos que personaje dramático.
+Sabía perfectamente que con una aventurera a quien no se debe exigir
+fidelidad, es posible prolongar ciertos devaneos; pero profesaba la
+máxima de que, tratándose de una mujer no pervertida, es peligrosísimo
+pasar al segundo mes, porque suelen sobrevenir aquellas lamentables
+complicaciones a que tanto horror mostraba el gran don Francisco de
+Quevedo. Por grande que fuese el placer de don Juan, comenzó a
+experimentar temor. Su sentido moral, hasta cierto punto, le consentía
+apoderarse de una beldad, como quien se posesiona de un hermoso palacio;
+pero la idea de que el palacio llegase a estar de pronto habitado, y la
+consecuencia de tener él luego que cargar con el habitante, era cosa que
+le ponía los pelos de punta.
+
+Los diálogos íntimos entre amantes mientras dura el primer período de la
+posesión, son exclusivamente amorosos: ella se despepita en juramentos,
+él se deshace en promesas, ella fantasea proyectos para lo futuro, él
+pone por las nubes su dicha y su agradecimiento... como si aquello no
+hubiese de acabar nunca; hasta que llega una época en que, sin
+prescindir de hablar y practicar amores, se habla también de otras
+cosas. El giro que entonces toman estas conversaciones _a posteriori_
+decide la suerte de los enamorados. Don Juan sabía todo esto por propia
+experiencia, y veía con espanto que cuando Cristeta hacía alguna alusión
+a lo porvenir, sus palabras eran tan sinceras y acusaban un amor tan
+hondo, que era imposible descubrir en ellas asomo de cálculo ni sombra
+de interés. No cabía duda: aquella mujer alcanzaba la importancia de su
+nueva situación; no se dolía de lo ocurrido, ni denotaba la más remota
+veleidad de querer explotar su sacrificio, mas tampoco le cabía en la
+cabeza la sospecha de que pudiese ser víctima de una infamia. En
+resumen: don Juan llegó a convencerse de que la Providencia, o su buena
+suerte, le habían deparado un regalo digno del más afortunado mortal;
+pero un regalo al cual era imposible renunciar sin cometer una verdadera
+canallada.
+
+Por primera vez sentía disgusto pensando en cómo deshacerse de una
+mujer, no porque estuviera realmente enamorado, aunque Cristeta le
+gustaba sobremanera, sino por lástima. Tenía la costumbre de gozar las
+conquistas y renunciar a ellas con indiferencia, sin pensar poco ni
+mucho en cuál fuese luego la suerte de la que abandonaba. En no lastimar
+ni escarnecer a sus víctimas puso siempre gran cuidado; mas era la
+verdad que sus concubinas y queridas, ya duraderas, ya momentáneas,
+todos sus _líos_, habían sido muy diferentes de Cristeta. Y, sin
+embargo, aquello tenía que concluir, so pena de que, el mejor día, es
+decir, el peor, surgiese una complicación gravísima. A veces,
+esforzándose en supeditar el pensamiento a la voluntad, imaginaba que la
+palabra _canallada_ no era propia ni exacta. ¿Habló él nunca de boda?
+¿Exigió ella promesa en que él consintiese? Nada de esto. Pues entonces
+¿cómo había de figurarse Cristeta que tal hombre podría llegar a ser su
+esposo? Además, el matrimonio entre un caballero y una comiquilla de un
+teatro de cuarto orden, era un disparate. Sobre todo, cuando él esquivó
+cuidadosísimamente dar margen a la menor esperanza de vicaría, ¿qué
+podía temer? ¡No tendría uno poco trabajo si hubiese de entregar mano,
+porvenir, fortuna y nombre a cuantas se dejan prender en las redes de la
+seducción! Cristeta era bellísima, sentimental, ingenua, _codorniz
+sencilla_, sobre todo desinteresada; mas sus muchas prendas físicas y
+morales no justificaban que hombre tal quedase por siempre sometido a su
+imperio. Lo grave era que don Juan comprendía, no sólo que le agradaba
+la posesión y goce de los encantos de Cristeta, sino que también le
+cautivaba su trato, carácter y conversación, y esto es lo más peligroso
+que respecto de la mujer puede acontecerle a uno. Luego se imponía el
+rompimiento. El gusto que de ella y con ella recibía, no era razón para
+perpetuar el amorío. También le gustaba el Borgoña, y, sin embargo, no
+renunciaba al Jerez; comía con deleite las chochas y no prescindía del
+salmón. ¿Por qué, pues, había de limitarse a Cristeta, si su paladar
+amoroso estaba en disposición de saborear infinitos manjares? La pobre
+muchacha quedó condenada a olvido.
+
+En seguida vino el excogitar procedimiento; y respecto de éste, don Juan
+comprendió que se le imponían la dulzura y la generosidad, casi la
+piedad y la largueza. Era preciso portarse del modo que causase en ella
+el menor daño posible: se había hecho acreedora a todo miramiento. Las
+bases que en su ánimo adoptó, fueron las siguientes: primera, huir
+evitando toda escena triste y enojosa, ya que, dado el carácter de
+Cristeta, no había temor a gritos, pelotera ni escándalo. Harto sabía él
+que Cristeta era de las que lloran y no alborotan, sufren y no insultan.
+Esta misma humildad le hacía más desagradable el abandono. Segunda base:
+regalarle una cantidad de dinero de relativa importancia, como obsequio
+a su ternura y en compensación del desengaño y desperfectos causados.
+
+En cuanto a la huida, no había dificultad: a las diez de la noche pasaba
+por Santurroriaga un tren hacia Francia, y Cristeta no volvía del teatro
+hasta las doce. Lo del dinero había que pensarlo despacio, calculando
+bien el desembolso. No podía ser tan cuantioso que delatando riqueza
+despertase codicia, ni tan pobre que resultara mezquino; ¡eso no!
+Cristeta era el mejor libro de amor que él había leído, el volumen cuyas
+páginas le proporcionaron goces a la vez más intensos y más plácidos, el
+más original y nuevo, pues era texto escrito con admirable ingenuidad, y
+ejemplar por nadie manoseado: ¡ni siquiera tenía cortadas las hojas!
+¡Qué prólogo tan deleitoso y lleno de promesas! ¡Qué capítulos tan
+impregnados de sincera pasión! ¡Cómo, párrafo tras párrafo, había ido
+viendo al amor quedar victorioso de la castidad!... Quien leyese luego
+todo aquello, ¿sería capaz de apreciarlo? Acaso el tomo cayera en manos
+de un hombre zafio y rudo. ¡Vaya usted a saber si un escribano, un
+comerciante, un militarote, tendrán sensibilidad para apreciar la
+candorosa impaciencia de Cloe en _Las Pastorales_, de Longo, o la
+exquisita voluptuosidad que hace palpitar el corazón de la Sulamita en
+el divino _Cantar de los Cantares_!
+
+A fuerza de ahondar en eso, don Juan se convenció de que Cristeta
+despertaba en él cierto interés, algo que no le hizo experimentar
+ninguna de cuantas había conocido hasta entonces. No obstante lo cual,
+sin pararse a desentrañar lo significativo del síntoma, quedaron en su
+ánimo resueltos el regalo y la fuga.
+
+
+
+
+Capítulo XI
+
+A consecuencia del cual perderá don Juan la simpatía de las lectoras
+
+
+Durante varias noches observó Cristeta que su amante volvía a estar
+caviloso, y que sus impulsos amorosos sufrían intervalos en los cuales
+se quedaba ensimismado y triste. La verdad era que al pobre conquistador
+le costaba esfuerzo y pena fingir preocupación y mal humor: lo de tener
+que ponerse melancólico entre dos caricias, le iba pareciendo
+intolerable. Había momentos en que le daban ganas de echarlo todo a
+rodar, declarándose vencido y confesando que la casa Garcitola y su
+quiebra eran pura embustería. Al mismo tiempo, y esto sí que era grave,
+cuanto más dueño se hacía de Cristeta, más se asombraba de no sentir
+amagos de hastío: indudablemente el amor de aquella mujer era un
+bebedizo que en vez de calmar la sed, la producía y excitaba. Por lo
+cual don Juan suponiéndose puesto en ridículo ante sí mismo, se asustó y
+resolvió convencerse de que no había degenerado, y de que estaba en
+pleno uso de su libre albedrío. Entonces, rechazando como vergonzosa la
+posibilidad de haberse enamorado, sacrificó su gusto al pícaro amor
+propio, y determinó huir cuanto antes de Cristeta, en cuyos encantos
+comenzaba a vislumbrar, no una conquista semejante a sus anteriores
+hazañas, sino una red capaz de aprisionarle para siempre.
+
+<tb>
+
+Eran las dos de la madrugada.
+
+La bujía colocada encima de la mesa estaba a punto de consumirse. De
+pronto el pábilo vaciló, cayendo sobre la esperma liquidada, brilló un
+momento con mucha intensidad, y se apagó. Las tinieblas aminoraron el
+pudor de Cristeta y dieron valor a don Juan.
+
+Aguardábale ella con los brazos abiertos, cuando en vez de recibir el
+beso esperado, oyó la voz de don Juan que decía:
+
+--Lo malo es que no tengo fósforos.
+
+--Bueno... no hacen falta.
+
+En vano siguió esperando el beso, prólogo de mayores dulzuras.
+
+--¿Sabes, chica, que hoy he recibido carta del agente?
+
+--¿Y qué?--preguntó con gran vehemencia.
+
+--Lo peor: que el día menos pensado voy a tener que marcharme.
+
+--¿Por mucho tiempo?
+
+--No lo sé.
+
+Don Juan sintió posarse en sus hombros los brazos desnudos de la
+enamorada y oyó estas palabras, que le hicieron experimentar una
+indefinible confusión de miedo y de placer.
+
+--¡Juan mío, por lo que mas quieras en el mundo, no me dejes!
+
+¿Cómo hablar, en tal momento, de intereses?
+
+--¿Qué va a ser de mí?--seguía ella--. No tengo miedo al porvenir. Ya sé
+que no me ha de faltar contrata, que tengo seguro el pan en casa de mis
+tíos..; pero no podré vivir sin ti. Dime que volverás, que me quieres,
+que eres mío para siempre.
+
+--Vamos, mujer, no te pongas dramática. ¿No has venido solita a
+Santurroriaga y he tardado que sé yo cuántos días en llegar?
+
+--Sí; pero aún no era como ahora... no éramos todavía uno de otro.
+¡Venías... por lo que yo me sé!... ¡A estas alturas sabe Dios si tendré
+encanto ni atractivo para ti!
+
+--No seas simple, vidita, antes te quería por lo que esperaba, ahora por
+lo que tengo. ¡Cualquiera diría que ir quince días a París, a Madrid, o
+donde sea, es una separación eterna!
+
+Aunque continuaban a oscuras y abrazados, ambos tenían más despabilado
+el recelo que el deseo. Cristeta debió de notar algo anómalo en la voz
+de don Juan; tal vez en la tiniebla favorecedora del engaño le pareciese
+sospechoso su lenguaje, porque de repente exclamó:
+
+--¡Luz, luz, quiero verte la cara!... No me beses..., déjame llorar...
+¡Luz... luz!
+
+Oyose el rápido posarse de los pies de Cristeta sobre el entarimado.
+Luego añadió:
+
+--Aquí..., encima del tocador: trae tu palmatoria.
+
+Sonó el frotamiento de un fósforo, y quedó débilmente iluminado el
+cuarto.
+
+Estaba ella casi en paños menores, mas no considerando el momento
+propicio al amor, en seguida se vistió y calzó; arrebujose en una bata,
+y al ver a don Juan que volvía de su cuarto palmatoria en mano, le dijo:
+
+--Ven, siéntate aquí; la verdad... nada te pido...
+
+Y rompió de nuevo en llanto.
+
+Nunca había visto él llorar así: en vano quiso que aquellas lágrimas le
+pareciesen falsas o ridículas. Por fortuna, sólo duraron unos cuantos
+segundos, porque ella las contuvo como tragándoselas; procuró serenarse,
+y habló sin gimoteos ni sollozos.
+
+--Sé que no tengo sobre ti ningún derecho. No te pido nada, ni por
+soñación. ¿Será cierto eso de la casa de banca y el dinero? Aunque me
+engañes, me alegraré de que sea mentira, porque prefiero mi desdicha a
+tu ruina.
+
+Estaba tan nerviosa, que era inútil su empeño por aparecer serena:
+denotaba tan verdadero pesar, que don Juan comenzó a darse a todos
+diablos.
+
+--Mira--prosiguió ella--: si aquí hay mal, toda la culpa es mía. Nos
+conocimos, te gusté, tú a mí más...; luego ha pasado lo que Dios ha
+querido... Vamos, para que veas si te quiero, no me arrepiento. Conque
+está tranquilo: no soy mujer que arme trapatiesta ni escándalo; pero no
+me engañes. Ya no me quieres, ¿verdad? Consiento en ser desgraciada, y
+lo seré si me dejas; pero no mientas por lástima. Francamente,
+¿volverás?
+
+Aunque redunde en descrédito de la pericia de don Juan, forzoso es decir
+que el giro que tomó la escena le hizo perder su habitual serenidad. El
+compromiso era de marca mayor. Le mortificaba mentir, y al mismo tiempo
+le faltaba valor para decirlo en crudo: ¡como que es necesario más
+coraje para decir a una mujer «ahí queda eso» que para tomar una
+barricada a pecho descubierto!
+
+En vano intentó hacer un llamamiento al amor físico. Cristeta se mostró
+refractaria a las caricias. Hay instantes en que resulta grosera la más
+delicada voluptuosidad: amar sin deseo es peor que comer sin hambre.
+
+--Anda--dijo ella, tragándose el salado amargor de las lágrimas--; confiesa
+que no vuelves..., que te has cansado de mí.
+
+Entonces él no pudo más, y mintió por salir del atolladero, exclamando:
+
+--¡No he de volver!
+
+A esta frase se agarró ella como a clavo ardiendo.
+
+--No te pido juramento ni promesa, ni mucho menos palabra de honor; pero
+si esto se acabó, desengáñame de una vez. Comprendo que he hecho mal en
+ser tuya, y sin embargo, ni me arrepiento ni quiero que me lo
+agradezcas...; pero tampoco me confundas con otras que hayan sido tuyas
+sin quererte.
+
+Don Juan había luchado mucho contra la coquetería y la astucia
+femeninas; había burlado a veteranas de la galantería, a beatas
+lagartonas, a señoras raposas, quedando siempre victorioso de sus malas
+artes y enredos; pero no acertó a luchar abiertamente con aquella
+sinceridad.
+
+¿Fue ternura repentina, de la que se creía incapaz, o vergonzosa
+abdicación de sus principios y presagio de mayores debilidades? Nadie le
+culpe. ¿Cómo ser cruel con una mujer que, lejos de echar en cara los
+favores otorgados, ni arrepentirse de ellos, ni solicitar cosa alguna
+para lo porvenir, se limitaba a pedir lealtad? De la desvergonzada
+Zaluka, de la sagaz Cleopatra, cualquiera triunfa, porque el hombre se
+deleita tanto en humillar la soberbia como en poseer la belleza, pero
+¿quién es capaz de permanecer insensible ante la enamorada humilde y
+suplicante?
+
+--Ignoro cuánto tiempo tendré que estar en Madrid o en París--dijo don
+Juan--. No sé dónde iré...; en fin, no me voy del mundo. Claro que
+volveré; y si no te encuentro aquí..., en Madrid nos reuniremos.
+
+--¿Me escribirás a menudo? ¿Podré yo escribirte?
+
+--Siempre que quieras.
+
+--¿Verdad que no estás hastiado de mí? ¿Me quieres?
+
+--¡Con toda mi alma!
+
+(Evocando sus propios recuerdos, ponga el lector aquí cuanto haya
+experimentado en casos parecidos.)
+
+¡Oh inacabable encadenamiento de frases, tan tontas para escritas como
+deliciosas para pronunciadas y oídas!
+
+Cuanto hizo don Juan encaminado a enardecer los sentidos de Cristeta,
+fue trabajo perdido. La ninfa de abrasadora voluptuosidad se había
+trocado en fría escultura. Estaba triste, lleno su pensamiento de cosas
+amargas. Recibía los besos como Dios las oraciones, sin darse cuenta de
+ello.
+
+--No..., hoy no..., déjame...; dime que eres mío..., y nada más. No sabes
+quererme así..., vamos..., sin eso.
+
+El último diálogo fue casto. A las siete de la mañana, después de haber
+pasado la noche en triste honestidad, don Juan se retiró a su cuarto. En
+el instante de separarse la abrazó y besó mucho, sin que Cristeta
+experimentara emoción. Fue despedida de manos quietas.
+
+Ella, al quedarse sola, se tiró llorando sobre la cama.
+
+«Nada, nada--se decía don Juan poco después, haciendo preparativos de
+viaje--, la carta, el dinero y tierra por medio. Con esto y con que no lo
+quiera tomar...; sería la primera. ¿Cómo se lo doy, y cuánto le dejo?
+Dejarlo..., en un talón contra el Banco, para que lo cobre aquí o en
+Madrid...; lo difícil de precisar es el cuánto. Por supuesto que a
+ninguna se lo he dado con tanto gusto. Ni codicia ni exigencias...
+¡Lástima de chica! La verdad es que da compasión. Pero yo no he de
+cargar con ella para toda la vida. Lo que no puedo hacer es andar con
+tacañerías. Conque... estudiemos fríamente el caso. A una pérdida le
+daría tanto o cuanto, según su categoría y su modo de vivir, como quien
+paga cuenta de fonda con arreglo al lujo y fama de la casa. Con una
+mujer de género intermedio, por ejemplo, una de esas viudas que jamás
+tuvieron marido, tampoco habría duda: todo era cuestión de darle lo
+bastante con que vivir hasta que hallara quien me reemplazase. A una
+señora... ¡éstas sí que salen caras!, una alhaja. Pero con esta
+desdichada, que no es aventurera, ni perdida, ni soltera de nadie, ni
+viuda de todos, ni siquiera señora..., ¿qué hago? ¡Maldita sea la hora
+en que la busqué! No, eso no...; no vengamos ahora con exageraciones: lo
+malo es tener que dejarla, porque... bonita... ¡como ninguna! Y ¿qué
+haré? ¡Cuando digo que este problema de quedar bien es en ciertos casos
+imposible de resolver! Lo esencial es componérmelas de modo que no haya
+reanudación posible. En amor las soldaduras son fatales..., ya lo sé. Lo
+malo es que para esto sería necesario que yo me portase como un sucio, y
+la chica no lo merece..., tan guapa, de tan buen fondo..., ¡pues y la
+forma! Una cosa es escurrir el bulto, y otra dejar de ser caballero. Hay
+que hacer el desembolso de una vez. Sí: dar hoy de sobra es adquirir la
+seguridad de que no pida en lo sucesivo... Aunque bien mirado..., no es
+de las que piden. Hago cuenta que me asaltó la tentación de ir al
+Casino.... subí a la _sala del crimen_..., _bacarrat_, _treinta y
+cuarenta_, cualquier cosa, unos cuantos pases con mala sombra..., y
+veinte o treinta mil reales fuera del bolsillo. ¿Mil quinientos duros?
+¡Mucho es! Me parece que me he escurrido. ¿Y si se engolosina, y yo
+mismo la echo a perder, despertándole la codicia? En realidad..., ¿qué
+clase de mujer es? No es cosa de hacer el primo. Una chicuela criada a
+puerta de calle, en un estanco, una corista distinguida... ¡Me da una
+rabia pensar que si hubiera tenido paciencia la pesco con cuatro cenas y
+un traje! Pero ¡quiá! esta mujer ha cedido porque se ha enamorado de mí.
+Además, ha llegado a mis manos... como nieve recién caída..., intacta.
+Lo dicho: acabar de una vez, pero portándome como quien soy. La cosa
+sale cara: ¡bah! cada uno lo gasta como le da la gana. No tengo potros
+de carrera, ni bebo, ni compro antiguallas, ni juego. Mujeres, eso sí.
+Bueno, ¿y qué? ¿en qué mejor? Si sabiendo lo que es esta chica le
+pidiera a uno _antes_ el oro y el moro, daría hasta la última peseta;
+conque, ¡fuera tacañería!» Y siguió el monólogo.
+
+«Veinte mil... treinta mil reales... mil... mil quinientos... Bueno, mil
+duretes, cifra redonda. En su vida ha visto tanto dinero junto. Casi
+puede decirse que no hay en Madrid mujer que no se logre con eso; aunque
+no, todas no. Lo cierto es que cuanto más espléndido me muestre, más
+claro verá ella el propósito de romper, y aquí de lo que se trata es de
+cortar por lo sano... Bien pesado y medido todo, puede que los mil duros
+sean su perdición... si se los gasta en trapos y se echa a rodar por
+esos mundos de Dios. Lo sentiría porque la pobre no lo merece. ¿Y a mí
+qué me importa? Si se ha de perder, lo mismo sucederá dándole poco que
+mucho. Con tres o cuatro mil pesetillas se vuelve loca. No serían muchos
+los hombres que hicieran esto en igual caso, sobre todo pudiendo
+largarse impunemente sin chistar. Por otra parte, según yo escriba la
+carta de despedida, así será la impresión que ella reciba. Vamos con
+calma: la carta no debe ser un rompimiento a raja tabla, porque con lo
+entusiasmada que la tengo y con dinero a mano, se viene detrás de mí.
+¡Horror! Hay que decirle que vendré... cuando pueda... plazo
+indeterminado... los negocios... y al volver a Madrid no parezco por el
+teatro en que ella esté. Son diez o doce mil reales tirados a la calle,
+pero lo bailado nadie me lo quita. Diez, no, tienen que ser más... No
+vayamos mermándola tanto que resulte una mezquindad. Ya sé yo que otro
+no se los daría. ¡Doce mil reales a una mujer! En el teatro resultaría
+absurdo, inverosímil; ¡pero yo soy quien soy! La chica me gusta como no
+me ha gustado ninguna mujer. ¡Si no fuera por miedo a la duplicación de
+mi individuo, un demonio la dejaba yo! La verdad es que Dios debió
+decir: _Crescite et multiplicamini..._ si os conviene, y si no, no. En
+fin, ¿para qué tengo el dinero? ¿me da la gana de quedar bien? ¡pues lo
+hago y _San Seacabó_! ¡Quién me dice a mí que luego, cuando ande yo
+rodando de juerga en juerga y de amorío en amorío, no me la encuentro y
+reanudamos por unos días! ¡También somos burros los hombres! Tendría
+gracia que fuese yo capaz de recogerla de los brazos de otro, cuando
+ahora es mía, y nada más que mía. Eso sería lo mismo que no saborear un
+buen plato, dejar que se lo llevaran a la cocina, y cuando lo hubieran
+catado y pringado en él los criados, volver a pedirlo para chuparme los
+dedos de gusto. ¡Qué mal organizado está el mundo! Vamos a ver, ¿por qué
+no había yo de seguir con esta mujer hasta que nos cansáramos, y
+después, sin reñir, separarnos pacíficamente como dos buenos amigos que
+han hecho juntos un negocio? ¿Dónde mejor negocio que pasar una
+temporadita en plena felicidad? Y en seguida, lo mismo con otra. Pero...
+que no me salieran tan caras; porque... ¿En qué quedamos? ¿Cuánto le
+doy? ¿Diez, doce, veinte, treinta mil reales...?»
+
+Se puso a escribir sin tenerlo fijamente resuelto. Comenzó una carta, la
+rompió, y después otras. Por fin le pareció que la tercera o cuarta
+quedaba bien. Luego sacó de la cartera un sobre, y de éste tres talones,
+con los huecos en blanco, contra el Banco de España. Tomó uno de ellos,
+y al ir a llenar los claros del impreso, se quedó pensativo, mordiendo
+el mango de la pluma, como poeta que no halla consonante.
+
+¡Qué animalucho tan despreciable es el hombre! Cuando Cristeta le abrió
+los brazos no vaciló en poseerla, y ahora llevaba una eternidad pensando
+si habían de ser diez o veinte. ¡Ah, mujeres! Sabed que al hombre, como
+al hierro, hay que pedirle las cosas en caliente, porque pasados en uno
+el entusiasmo amoroso, y la incandescencia en otro, quedan fríos y
+duros, y a nada se prestan.
+
+Sin embargo, hay hombres de hombres. Don Juan se quitó de la boca el
+mango de pluma y escribió con letra clarísima _cinco mil pesetas_. Hecho
+lo cual, arrojó sobre la mesa el palitroque, murmurando: «¡Quien tal
+hizo, que tal pague!»
+
+¿Lo tenéis por inverosímil? Pues sois tacaños. ¿Os parece demasiado? Es
+que no habéis sentido los embriagadores halagos de Cristeta. ¿Fue
+arranque de hermosísima liberalidad? Tampoco. Si la Venus antigua,
+manca, mutilada, de la cual sólo gozan los ojos, y que no se digna bajar
+de su pedestal, no tiene precio, ¿cuánto vale una mujer de veinte años,
+estatua viva y cariñosa?
+
+Repuesto del esfuerzo que le costó aquel rasgo, don Juan guardó en el
+baúl las pocas ropas que tenía sobre las sillas y colgadas de las
+perchas. La cuenta de la fonda no había que pensar en pagarla hasta más
+tarde: no hiciese el diablo que Cristeta por casualidad se enterara y se
+escamase.
+
+Al día siguiente, comió mientras Cristeta estaba en el teatro; pagó al
+amo, en persona, y le entregó la carta para la pobre muchacha,
+diciéndole:
+
+--No sabía que la Moreruela y yo éramos vecinos de cuarto. Dele usted
+esto. Son proposiciones que le hace un empresario amigo mío.
+
+--Vaya usted tranquilo.
+
+A las diez salía el tren, y aunque la estación distaba poco de la fonda,
+a las nueve andaba ya don Juan paseando su impaciencia por el andén, tan
+contrariado y en tal estado de ánimo, que si en aquellos momentos
+hubiese aparecido ella, se la lleva consigo.
+
+Luego, al reclinar la cabeza en los ásperos almohadones del vagón, se
+acordó del suave pecho de Cristeta. La forma del recuerdo no era en
+verdad, muy desinteresada; pero lo cierto es que echó de menos a su
+víctima, cosa en él enteramente nueva.
+
+Al otro día pernoctó en Burdeos. Comió poco, callejeó sin saber por
+dónde, y se acostó. ¡Santo Dios qué noche! Ni momento de sueño ni
+instante de reposo. ¡Qué desasosiego, qué cama... y _qué espantosa
+soledad_!
+
+¿Era que se arrepentía, o simplemente que la echaba de menos? En vano
+intentó explicárselo.
+
+Cuanto sentía estaba en abierta contradicción con sus antecedentes, sus
+ideas y sus prácticas amorosas; al par le daban orgullo los recuerdos y
+vergüenza lo presente.
+
+Probándose don Juan ropa en casa de su sastre, vio cierto día a una
+linda muchacha, de oficio chalequera, que iba a _entregar_. El lenguaje
+al par candoroso y achulado de la menestrala, su inexperiencia amatoria
+y su tipo mitad picaresco y distinguido, le sorbieron el seso; casi
+llegó a temer haberse enamorado de veras, cuando a las pocas semanas la
+dejó por otra, no sin endulzarle el disgusto a fuerza de generosidad.
+
+En los últimos días de una primavera cortejó a una viuda aristocrática
+tan honesta y virtuosa, que no murmuraban de ella ni aun sus íntimas
+amigas. Al empezar el verano logró rendirla, y comenzado en Madrid el
+idilio, se dieron cita para continuarlo en un pueblecillo de baños. La
+ilustre cuna de la dama, su fama de virtuosa y su intenso amor de viuda
+con deseos atrasados, le cautivaron en tal grado, que también esta vez
+imaginó hallarse en vías de sincero apasionamiento. Pronto se convenció
+de que su entusiasmo era mero resultado del contraste que formaban los
+picantes atractivos de la chalequera con el exquisito libertinaje de la
+gran señora. Por temor al qué dirán no quisieron viajar juntos,
+conviniendo en que él se adelantaría tres días. Despidiéronse con
+derroche de caricias; hubo dúo de amor con música de juramentos; partió
+el dichoso amante maldiciendo la separación, luego ella, a pesar de lo
+convenido, adelantó su marcha veinticuatro horas, y en premio de tanta
+priesa lo primero que vio al llegar al balneario fue al traidor don
+Juan, no entretenido, sino embobado en decir melosidades a una señorita
+pazguata y cursi, cuyo modesto atavío y encogidos modales formaban nuevo
+y apetitoso contraste con la elegancia de la viuda.
+
+Entre estos dos extremos, uno plebeyo y otro linajudo, yacían olvidadas
+en el corazón de don Juan docenas de conquistas intermedias, de las
+cuales ninguna hubo que le dejase en la memoria recuerdos mortificantes.
+Así que el hombre estaba triste y desazonado, porque ahora Cristeta le
+ocasionaba, juntamente, pesar de haberla perdido y casi disgusto por su
+proceder respecto de ella. Jamás hasta entonces se preocupó del porvenir
+que cupiese en suerte a la mujer por él abandonada. Y ahora... ¡qué
+diferencia entre el estúpido diálogo en que estaba engolfado con su
+propio pensamiento y el que a tales horas pudiera tener con Cristeta!
+Además, su olfato estaba hecho a deleitarse con el perfume juvenil del
+hermoso cuerpo de la muchacha, y las sábanas de la fonda le olían a
+jabón ordinario. Y casi sentía remordimiento. ¿Qué sería de ella? Si se
+perdiese, ¿quién tendría la culpa? Aunque bien miradas las cosas, ¿qué
+le importaba? ¿Quién era aquella mujer? Una chica guapa que se había
+dejado atrapar. ¡Bonito estaría que don Juan de Todellas se desvelase
+por tan poco! Caída... seducción... engaño... palabrería ridícula.
+Pasados los dieciocho años _ella_ no es nunca seducida, sino seductora.
+
+A pesar de todas estas reflexiones, el pobre hombre pasó la noche
+pensando en Cristeta como colegial enamorado de la hermanita de un
+compañero.
+
+<tb>
+
+Mientras don Juan escapaba cobardemente, falseando su carácter y
+sintiendo un desasosiego moral que le avergonzaba, Cristeta volvía del
+teatro a la fonda.
+
+Entró en el vestíbulo, se acercó al casillero donde estaban las
+palmatorias y las llaves, y vio junto a la de su cuarto una carta. Sin
+saber por que, le dio un vuelco el corazón. La víspera había recibido
+noticias de sus tíos. ¿Quién la escribiría?
+
+En seguida, observando que el sobre carecía de sello, se tragó la
+partida.
+
+Subió precipitadamente la escalera, tiró sobre la cama el abrigo, y dejó
+la carta sobre la mesilla de noche... ¡la misma mesita donde él ponía la
+vela para ver mejor los encantos de su cuerpo! Despidió a la doncella,
+rasgó el sobre y buscó con la mirada la firma... _tuyo, Juan_. ¡Qué
+mentira!
+
+Los ojos se le arrasaron en llanto. Lo menos tardó un cuarto de hora en
+poder leer con tranquilidad de espíritu aquellas malhadadas líneas.
+Decían así:
+
+ _«Cristeta mía: Lo que temíamos. Esta mañana he recibido carta del
+ agente. Estoy casi arruinado. Tengo forzosamente que ir a París,
+ desde donde te escribiré. Lo que no puedo decirte aún es cuánto
+ tiempo estaremos separados. Me ha faltado valor para despedirme de
+ ti. Si te veo no me voy. Escríbeme a mi nombre, Poste Restante (que
+ es como a la lista del Correo) París. El cariño que te profeso me
+ autoriza, sin que puedas ofenderte, para pensar en ti, por si tardo
+ en volver, y te dejo ese papelillo, que es un talón contra el
+ Banco: puedes cobrarlo aquí o en Madrid. Cuando lo presentes te
+ darán, sin excusa ni demora, cinco mil pesetas. No son regalo; es
+ por si necesitas algo. Creo que tendrás bastante hasta que nos
+ veamos. Escríbeme en seguida para que yo sepa que no ha habido
+ extravío. Las circunstancias disculpan esta precipitada marcha.
+ Además, tú eres muy buena y me perdonarás. Muchos, muchos besos._
+
+ _Tuyo,_
+
+ _Juan.»_
+
+Mientras Cristeta leía la carta, se le cayó al suelo el talón contra el
+Banco.
+
+Llenósele el alma de tristeza, y lloró silenciosamente. No existen
+palabras con que expresar su pena. La prosa vulgar y llana sería pálida;
+la retórica, falsa e insufrible. No hay vocablo que dé idea de lo amarga
+que es una lágrima, ni giro que refleje el desconsuelo que se enseñorea
+del corazón desposeído de esperanza. Por supuesto que ni por asomo pensó
+en que se acostaría sola. Y es que la mujer, por sensual y materialista
+que sea, tiene en los instantes de dolor una pureza de sentimientos que
+rara vez brilla en el hombre.
+
+<tb>
+
+A la hora del alba, cansada de martirizarse el pensamiento, se asomó al
+balcón.
+
+Las auras, cargadas de sales marinas, vinieron frescas y vivas a besarla
+el rostro, pálidamente iluminado por la claridad difusa y temblorosa.
+
+¡Qué hermosa descripción podría hacerse de mujer romántica, joven,
+bonita y abandonada! El hueco del balcón donde destaca la gallarda
+figura esfumada en el incierto resplandor del amanecer; las gentiles
+formas ceñidas por un abrigo de viaje; el rostro pálido y ojeroso;
+aquellos labios huérfanos del beso; aquel pecho sin corsé, cuya blandura
+descansaba, no en las avariciosas manos del amante, sino en la fría
+barandilla de hierro..., el ánimo combatido por la desesperación, el
+cuerpo invadido de laxitud... y el sol oculto entre un cendal de nubes,
+como pesaroso de alumbrar tanta tristeza.
+
+¡Pobre Cristeta! ¡Qué infame abandono!
+
+En grandes errores incurre a veces la Providencia: mientras las personas
+padecen hambre y sed, las bestias de sabrosa carne pastan libres en las
+montañas, y los arroyos culebrean inútiles por el llano; mientras tantos
+hombres permanecían castos por fuerza, aquella mujer estaba sola. Pero
+Cristeta no era groseramente materialista: ¡no! lo que traía lágrimas a
+sus ojos era la pérdida de las ilusiones, aves misteriosas que anidan en
+el corazón, donde jamás tornan, si el desengaño las ahuyenta... Tin,
+tin... Las seis. Ya pasaba gente por la calle.
+
+Poco a poco sus pensamientos se apaciguaron, las ideas impuestas por la
+realidad se abrieron paso a través del dolor exacerbado por la fantasía,
+y finalmente surgió la voluntad, imponiendo cordura y calma. ¡La calma,
+el recurso de los desdichados!
+
+Borráronse de la linda frente las arrugas del ceño fruncido por la
+tristeza... ¿En qué pensaba? ¡Misterio! También los hay en la realidad,
+que es una gran novela.
+
+Permaneció largo rato apoyada en la barandilla: sus labios se movían
+como si hablase. Por fin, transida de frío, se entró al cuarto y cerró
+el balcón. Entonces vio caído en el suelo un papel y recogiéndolo
+murmuró con desprecio:
+
+--¡Ah, sí, el dinero!
+
+Y quedó como ensimismada.
+
+La mujer es poco dada a pensar; mas cuando piensa despacio, ¡pobre del
+hombre!
+
+Las ropas que tenía puestas no eran lujosas; el ajuar del cuarto era
+mezquino, pero ella por la actitud y la expresión de su semblante,
+parecía una reina destronada, en el instante de concebir el irrevocable
+propósito de reconquistar lo perdido.
+
+Felipe II solía decir: _«El tiempo y yo para otros dos»_; Cristeta, se
+contentó con murmurar:
+
+«Haré lo que pueda.»
+
+
+
+
+Capítulo XII
+
+Siguen, Cristeta enamorada, don Quintín echándose a perder, y don Juan
+sin sospechar la que le espera
+
+
+Cuando, pasados algunos días, se convenció Cristeta de que don Juan no
+se acordaba de ella para escribirle cuatro líneas, su tristeza rayó en
+melancolía. Lo primero que se le ocurrió fue romper la contrata, volver
+a Madrid, renunciar al teatro y resignarse a vivir en el estanco con sus
+tíos. Lo que no se le pasó por el magín fue buscar ni desear heredero al
+amante fugitivo y perdido; porque, no cabía duda, don Juan se había
+escapado como chico que pone pies en polvorosa después de robar la
+golosina largo tiempo deseada. Unos ratos esta idea hacía presa en su
+pensamiento, otros momentos se esperanzaba con la posibilidad de
+reconquistarle. Por fin, comprendió que no era cuerdo aquello de romper
+la escritura. ¿Con qué pretexto? ¿Qué haría si la empresa, auxiliada por
+el gobernador, se obstinase en obligarla a trabajar? Era forzoso seguir
+en el teatro.
+
+Estaba una noche sentada en su cuarto, después de concluida la última
+obra en que cantaba, cuando entró a saludarla uno de sus más entusiastas
+galanteadores, hijo de una rica familia comercial de Santurroriaga.
+
+--Me alegro de que venga usted--dijo ella--porque tengo que pedirle un
+favor.
+
+--Usted no pide... manda. Y luego, aunque no me pague usted, yo me daré
+por recompensado con el gusto de haberla servido.
+
+--Hará usted bien, porque no tengo nada que dar.
+
+--Como usted quisiera...
+
+--Bueno, ya sabe usted que es servicio gratuito, desinteresado, sin otra
+esperanza que la de que seamos buenos amigos.
+
+--¿Nada más?
+
+--¿Hará usted lo que yo le pida?
+
+--De cabeza.
+
+--Dios se lo premie. Deseo que averigüe usted, y me diga, dónde está en
+París una casa de banca española que se llama de Garcitola y Compañía.
+Vamos, las señas para poder enviar una carta.
+
+--Pues... se me figura que en ninguna parte.
+
+--¿Por qué?
+
+--Porque mi padre está en relación con casi todas las casas españolas de
+París, y esa no la he oído nombrar nunca. Conque, si tiene usted
+negocios, déjese usted de semejante casa y entiéndase usted conmigo.
+
+--¿Pero usted no lo sabe con certeza?
+
+--Certeza, no: me enteraré, y mañana sabrá usted lo que haya, con toda
+seguridad.
+
+--Se lo agradeceré a usted con toda mi alma.
+
+--¿Nada más con el alma?
+
+--Déjese usted de bromas: no hemos de ser nunca más que amigos.
+
+--¿Ni siquiera me dejará usted que la bese, como la besa un compañero en
+escena?
+
+--Bueno; me besará usted la mano, y entendiendo que el beso no tiene
+importancia ni trastienda de ninguna clase.
+
+--Quiere decir que la besaré a usted como los chicos besaban antes la
+mano a los curas.
+
+--Igualito.
+
+A la noche siguiente supo Cristeta que ni en París ni en Madrid había
+tal casa de Garcitola ni solo ni con compañía: y lo peor del caso era
+que su adorador no mentía.
+
+--¡Lo que yo me figuré!--exclamó ella.
+
+--Ahora venga la mano--dijo él.
+
+--Le advierto a usted que mi interés en saber si existía esa casa era por
+averiguar el paradero de un hombre...; de modo que recibiré el beso que
+usted me dé como quien no recibe nada. Ya ve usted si soy leal. Ahora,
+si usted quiere...
+
+Aquel hombre era discreto, y no insistió. Luego, a solas, Cristeta, se
+quedó muy pensativa.
+
+«Ésta ya me la tenía yo tragada. Ni quiebra... ni disgustos... ¡Todo
+mentira! Y, sin embargo, Juan algo siente por mí... algún cariño o
+principio de cariño me tiene... y miedo de que vaya en aumento, porque
+si no... ¡quiá! no se escapa él con semejante cobardía. No hubiera
+preparado las cosas con tanta astucia y con tales visos de verdad. ¡Ha
+sido todo tan verosímil! ¡Y a mí que me dio lástima! Lo que es bien
+urdido sí que ha estado. Pero ha tenido miedo, mucho miedo... Le ha
+faltado valor para decirme cara a cara: 'esto se acabó'. Por supuesto
+que ha pensado despacio en mí: el dinero lo demuestra. No me ha regalado
+una alhaja como quien deja un recuerdo a una mujer coqueta y
+vanidosa...; no, ha sido dinero, como quien dice: 'por si necesitas
+algo': luego su deseo no ha sido regalarme, sino que no llegue a
+faltarme nada. ¡Me dan unas ganas de devolvérselo! Pero... ¿cómo? Y
+además... no, mientras yo conserve ese dinero siempre habrá algo entre
+nosotros. Poco he de poder... En fin, veremos.»
+
+A partir de entonces, Cristeta recobró aparentemente la tranquilidad de
+espíritu, sobre todo en el teatro y en presencia de gentes extrañas;
+hasta se dejó cortejar; pero con frecuencia se quedaba ensimismada,
+sujeta al imperio de una idea, como persona que medita y fragua un plan
+calculando todos los casos, incidentes y peripecias que en su desarrollo
+pueden sobrevenir.
+
+Por fin un día, tras cavilar y sufrir mucho, determinó escribirle,
+procurando que sus palabras no acusaran despecho sino amargura. La
+carta, después de muy pensada, quedó con estas mismas frases y
+ortografía; bien es verdad que no podían exigirse superiores a quien se
+crió en un estanco y comenzó a vivir en un teatro de tercer orden.
+
+ _«Querido Juan mío: No tengas miedo de que te aburra echándote en
+ cara lo mal y remal que te as portado conmigo. No quiero más que
+ decirte una cosa, y esa cosa es que no puedes tener queja de mí que
+ e sido tonta de remate por demasiado buena, porque lo que as hecho
+ tú no lo hace un cabayero, y, sin embargo, eres bueno y te quiero:
+ lo que no sé es por qué te as ido así, cuando yo no te he faltado
+ ni por soñación. También te quiero decir que no me hago ilusiones
+ contigo, pues estoy combencida de que ni me escribirás ni arás por
+ verme: yo, aunque te quiero con toda mi alma, ojalá no fuese la
+ pura verdad, tampoco procuraré de que lleguemos a encontrarnos en
+ ningún lado, porque te había de ver azorao, y no quiero que le dé
+ bergüenza de aber se portao mal al hombre a quien yo he, querido.
+ Ésta es también para decirte que ya sé que no tengo derecho ninguno
+ para obligarte a nada. Figúrate cuando yo no he sabido guardarme,
+ cómo voy a decirte por qué no has mirado por mí; los hombres sois
+ así, y la que se fía de vosotros merece que la maten por tonta. No
+ creas que me consuelo tan fácilmente, porque perdiéndote seme a ido
+ toda la alegría, y no por lo que tú te figurarás, sino cuando estoy
+ sola, muy sola, es cuando te echo de menos, porque las cosas que me
+ decías parecía que me querías. En fin, esto se acabó, y no soy nada
+ para ti, y te deseo que seas muy feliz con la que busques, pero
+ para mí se acabaron los hombres. Lo mucho que te he querido Juan
+ mío, no me ha dejado nada para otros. En fin, adiós Juan, y
+ disimula que haya sido tan larga; pero no lo puedo remediar, porque
+ estoy yorando. Ya sé que tú no me querías, y me engañabas y mentías
+ al revés de esta que te a querido y no te a engañao nunca tu_
+
+ CRISTA.
+
+ PORDATA: _Te doy las gracias por el dinero que me as regalado. La
+ primera intención que me dio fue debolvértelo, porque yo no lo he
+ echo por el interés; pero me lo guardo por si algún día lo
+ necesito, que lo sacaré pensando que me lo a dado el único hombre
+ de quien yo puedo tomarlo sin que me dé vergüenza, porque siempre
+ te he mirado como si fueras mío de beras, aunque ya sabía yo que
+ todo esto era por pasar el tiempo. En fin, adiós por última vez, y
+ que la Birgen te perdone, que yo no te deseo mal ninguno. Cuando te
+ as ido así, es que no volverás nunca.»_
+
+La letra era torpe y temblorosa; algunas palabras estaban medio borradas
+por las lágrimas que habían caído sobre el papel, mezclándose a la tinta
+fresca.
+
+Aunque don Juan se lo dejó encargado, no quiso dirigirle la carta a
+_París-Poste Restante_, y deseosa de que no se extraviara se la remitió
+a don Quintín, cerrada, y acompañada de otra para él, en que le decía lo
+siguiente:
+
+ _«Querido tío: Ésta es para decirle a usted que le mando por
+ Fernández, como el mes pasado, dieciséis duros para ayuda de la
+ casa, y para que vean ustedes que no soy descastada, porque lo que
+ yo pueda ganar ustedes lo an echo. También ba con ésta otra carta
+ para el señor Todellas, y ará usted lo que yo le digo, ya le diré a
+ usted por qué cuando nos veamos, que será pronto, porque aquí
+ llueve y se acaba el berano, y se va la gente y el teatro anda
+ perdido esta quincena. Yo no me voy antes por no pagarme el biaje
+ de mi bolsillo, y con la compañía no. Pues con la carta azjunta ará
+ usted lo siguiente: irá usted a su casa, preguntará usted en dónde
+ está y sus señas, y, si no lo dicen irá usted al casino, y sino lo
+ preguntará usted como pueda, y enviará la carta certificada con
+ lacre, como cuando se manda dinero. También se me ocurre la idea de
+ que pregunte usted a los periodistas que iban por el teatro, y no
+ deje usted de hacerlo, que va se lo explicaré a usted todo, y no
+ quiero que sepa nada la tía, y usted me escribirá enseguida. Sin
+ más por hoy que me digan ustedes enseguida si han recibido ésta.
+ Muchos recuerdos para usted y besos para la tía de ésta su sobrina
+ que les quiere mucho y berles desea,_
+
+ CRISTETA MORERUELA.»
+
+<tb>
+
+Por los días en que don Quintín recibió ambas cartas, brillaba para él
+con vivo resplandores la estrella del amor: estaba sometido al imperio
+de Venus, representada por Carola.
+
+Cometió la imprudencia de mostrarse generoso, en cuanto permitían sus
+ahorros, comprando hoy un vestido, mañana un abrigo; le dio para
+desempeñar alhajillas, hasta la llevó a cenar al café, con todo lo cual
+Carola llegó a persuadirse de que el vejete tenía dinero. Resultado: la
+corista machucha y corrida determinó, primero, desplegar cuantas
+zalamerías y gatadas pudiese sugerirle su deseo de asegurar la presa, y
+segundo, recurrir, si fuese necesario, a la bronca y el escándalo para
+evitar el abandono: cuando no bastasen las cucamonas y los mimos,
+emplearía el terror. Estaba en el otoño, ya muy entrado, de su azarosa
+vida, y comprendía que aquel hombre era una ganga.
+
+Entregáronse, pues, al mayor desenfreno amoroso: ella por cálculo y él
+por torpe apasionamiento.
+
+Cuentan las historias de Oriente que Seleuco, rey de Antioquía, mandó
+fabricar un estanque con fondo y muros de plata bruñida, lleno de agua
+limpísima y aromatizada, donde dispuso que su prometida Maiouma nadase
+desnuda a la luz de la luna, antes de serle llevada a la cámara nupcial:
+y refieren las crónicas arábigas que Yusuf de Granada gozó a su favorita
+Jandaya teniendo por tálamo un montón que mandó formar deshojando las
+rosas más encendidas y rojas que pudieron cogerse en el Generalife; pero
+estas son exageraciones de historiadores, o fantasías de poetas, que
+resultan pobres y mezquinas comparadas con los modos que Carolina
+inventaba para enloquecer a su amante.
+
+Un día, fingiendo que para airearlos había sacado del cofre los trajes
+de teatro, le esperó vestida de odalisca zarzuelera, con perlas de
+vidrio entre las trenzas, collar de monedillas de cobre, y el cuerpo
+impúdicamente semioculto entre rasos deslucidos y gasas tazadas, pero al
+fin rasos y gasas como don Quintín no los había visto ni en sueños. Otra
+tarde, pues aquellos desórdenes eran vespertinos, le aguardó vestida de
+aldeana, y otra vez en traje de bailarina. Carola no era mujer: era un
+serrallo. Pero lo que le ponía fuera de sí era admirarla de señora, con
+abanico de plumas, vestido de cola, escotada y con prendido de flores en
+el pecho. Cuando la veía engalanada de este modo, no se sentaba, sino
+que se dejaba caer estupefacto en un sillón desvencijado: ella entonces
+se ponía de media anqueta en uno de los brazos del butacón, y alzando
+una copa de Champaña, que compró en el Rastro, brindaba con pardillo de
+la taberna cercana: luego paladeaban a medias los incendiados sorbos, y
+de fijo que no gozaron la mitad que ellos los más venturosos amantes de
+la historia. No hizo tanto Aspasia, prendada de Alcibíades. Don Quintín
+se anegaba en un mar de impurezas: sus amorosos aspavientos sólo eran
+comparables a las convulsiones de una rana sometida a una corriente
+eléctrica. Aquel hombre que imponía respeto a sus convecinos mientras
+despachaba sellos y cajetillas, más serio que San Luis cuando
+administraba justicia bajo el legendario roble, era por las tardes un
+personaje enteramente distinto. Lo único que sentía era no tener ropa
+con que disfrazarse de magnate o de emperador; de algo, en fin, con
+autoridad para hacer que el mundo entero se postrara en adoración de
+aquella sirena.
+
+Sin embargo, en medio de tan enloquecedoras orgías sentía punzadas de
+amargura, porque junto a los rasgados ojos de Carola descubría la
+terrible pata de gallo, y el exceso de celo con que le procuraba
+placeres nuevos y sensaciones desconocidas le hacía pensar en que
+aquella mujer debía de haber aprendido tan impuro arte en brazos de
+otros amantes: sobre todo, le molestaba que se desesperase y quedara
+rendida cuando él tardaba en responder, o no respondía, al llamamiento
+voluptuoso a que ella le incitaba con todo linaje de rebuscados
+artificios. Finalmente: varias veces, al hundir sus dedos en los
+desordenados rizos de Carola, había sorprendido mechones de canas
+ocultas en lo más recóndito del moño. ¡Terrible descubrimiento! En un
+principio Carola le pareció apropiada a su edad y estado de
+conservación; pero luego se le antojó algo entrada en años. ¡Cuánto más
+intensas hubieran sido aquellas dulzuras compartidas con una querida
+joven! Entonces, del fondo de su pensamiento surgía el recuerdo de
+Mariquilla, y junto a ella, por relación de ideas, la odiosa figura de
+don Juan, el hombre aborrecido, porque para don Quintín era verdad
+incontrovertible que, a no evitarlo aquél, la muchacha se le hubiera
+rendido. Los paralelos que establecía con la imaginación al pensar en
+tales cosas, resultaban poco favorables a Carola. ¡Qué diferencia entre
+sus blanduchos y manoseados encantos y el duro y levantado pecho de
+Mariquilla!
+
+Había también otro motivo para que don Quintín persistiese en su rencor
+hacia don Juan; y era, que desde la época en que doña Frasquita dio
+crédito a los supuestos desórdenes de su esposo con Mariquilla, no dejó
+de atormentarle con furibundos celos. Consentía de mala gana en las
+salidas al caer la tarde, que él aprovechaba para convertir en harén el
+sotabanco de Carola; pero de noche no le permitía poner el pie en la
+calle. Además, de los labios de doña Frasquita continuamente brotaban
+dichos y apóstrofes tan destemplados como éstos:--«¡Carcamal! ¡No haber
+tenido familia a los veinte, y querer correrla con un pie en la
+sepultura! ¡Cochino! ¡Buen chasco se llevaría la que fuese, porque... al
+burro que no puede con la albarda, échele usted doble carga!»
+
+Don Quintín sonreía y callaba, esperanzado con tomar secreta venganza de
+tan ofensivas frases, a falta de Mariquilla, en brazos de Carola, aunque
+no fuese más que una o dos veces por semana.
+
+Lo peor era que, sorbido por el amor, se cuidaba muy poco del estanco.
+No hacía oportunamente las sacas del tabaco, no iba _al sello_ cuando
+debía, se le olvidaba escoger los _peninsulares_, y hasta llegó a tomar
+moneda falsa.
+
+Tal era su situación cuando recibió las dos cartas de Cristeta. Leyó
+primero la que le iba destinada, y en seguida ocultó la otra, temeroso
+de que doña Frasquita la viese. Luego comenzó la curiosidad a roerle el
+pensamiento. ¿Por qué escribiría su sobrina con tanto misterio al
+aborrecido don Juan? ¿Qué habría pasado entre ambos? ¿Estarían en
+relaciones... íntimas... _arrimaos_, que dice la gente ordinaria? El
+empeño de Cristeta en averiguar su paradero, autorizaba las más
+ofensivas conjeturas y don Quintín tenía el espíritu predispuesto a
+concebir pecados y liviandades. ¿No estaba él enamorado hasta las
+cachas? ¿Pues cómo había de ser inverosímil que Cristeta hubiese
+incurrido en alguna desenvoltura?
+
+Claro está que al imaginarlo no se apenó como si se tratara de una hija
+suya; pero se disgustó y, sobre todo, aprovechó la ocasión para
+acrecentar con justa causa su odio hacia don Juan; casi alegrándose por
+tener motivo que atizara su deseo de venganza. Consideró a Cristeta
+seducida, abandonada, y le dio lástima; mas el sentimiento que le dominó
+fue el rencor. Cuando se le ocurría la idea de que tal vez la desdicha
+de Cristeta fuese figuración suya, se ponía triste cual si viese
+quebrantada la base de sus proyectos de venganza. ¿Se habría ella, tan
+lista y juiciosa, dejado atrapar por aquel bribón? El único medio de
+salir de dudas era abrir la segunda carta. ¿Con qué derecho? Con el
+mismo que tuvo don Juan para burlarse de él, haciéndole juguete de una
+chicuela y, lo que era peor, estorbando que la conquistase. La
+dificultad estaba en abrir la carta sin que luego se conociera. Tras
+largas cavilaciones, obedeciendo a una idea que le pareció tan original
+como atrevida y segura, sin pararse en peligros, rasgó el sobre y leyó.
+
+La carta le dijo claramente el infortunio de su sobrina. En el alma de
+don Quintín sonó una voz que pareció gritar ¡venganza! con aquella
+terrible entonación que en los dramas históricos emplean los racionistas
+para gritar: «¡Arma, arma, guerra, guerra!» Después se quedó abismado en
+un mar de dudas. ¿Se daría por enterado del secreto que acababa de
+descubrir, confesando a Cristeta la violación de la carta? No, porque se
+enfurecería. Lo conveniente era ayudarla, tenerla contenta, aparentando
+ignorancia, y buscar en ella un aliado, con cuyo auxilio fuese posible
+domesticar a doña Franquista y gozar de mayor libertad. Por último,
+encerrado en su cuarto, releyó tres o cuatro veces la carta para
+empaparse bien de sus quejas. Después buscó un sobre parecido al que
+había roto, y colocando el viejo sobre el vidrio de un balcón y poniendo
+el nuevo encima, calcó el primero al trasluz, haciéndolo con tanta
+habilidad, que su misma sobrina hubiera quedado engañada.
+
+Al día siguiente estuvo en la secretaría del Casino, averiguó dónde
+vivía don Juan, fue a su casa, esperó al cartero, le siguió hasta
+Correos, y mostrándoselo a otro cartero amigo suyo que allí estaba, hizo
+que éste preguntase a su colega dónde dejó encargado don Juan que le
+remitiesen las cartas que para él llegaron. La respuesta fue
+satisfactoria: _12, rue de Rochechouart, París._ Y allí envió el pliego,
+certificado en toda regla.
+
+<tb>
+
+A las pocas semanas de esto llegó Cristeta, triste de ánimo y
+desmejorada de cuerpo. Lo primero que hizo fue comunicar a sus tíos que
+había formado irrevocable propósito de renunciar al teatro. Prometioles
+que en la casa les aliviaría cuanto pudiese del trabajo, habló de
+ponerse a oficio, y añadió que, a ser forzoso, se buscaría de cualquier
+modo honradamente la vida: todo menos volver a pisar un escenario. Tan
+firme la vieron en su resolución, que no intentaron disuadirla; don
+Quintín nada objetó, comprendiendo que hubiera sido inútil; doña
+Franquista lo sintió, calculando que ya no volverían sus guardadores
+dedos a tocar el importe de las quincenas; pero al mismo tiempo se
+alegró, imaginando que, alejada Cristeta del teatro, no habría pretexto
+para que lo frecuentase su marido.
+
+La regla de conducta que Cristeta se había impuesto consistía en esperar
+los acontecimientos y dar tiempo al tiempo. En lo más recóndito del
+pensamiento dejó que anidara la esperanza; en el fondo del corazón
+ocultó su amor a Juan, y en lo más seguro de su cómoda guardó el pequeño
+fajo de billetes de banco que cobró en Santurroriaga al presentar el
+talón firmado por su ex--amante.
+
+Su vida fue desde entonces toda recogimiento y prudencia. Por la mañana
+temprano se alisaba el pelo, sin tufos, rizos, ni flequillo; se vestía
+modestamente, y comenzaba a despachar en el estanco sin más descanso que
+el preciso para almorzar y comer. Luego de cerrada la tienda, se
+retiraba a su cuarto y allí poblaba de recuerdos su triste soledad, o
+lloraba, doliéndole como a verdadera enamorada, antes la injusticia del
+abandono, que la crueldad de la deshonra. Otras veces, embriagándose de
+esperanzas, acariciaba proyectos, y soñando juntamente con lo porvenir y
+lo pasado, le parecía que las lágrimas que le resbalaban desde las
+mejillas a los labios, tenían el sabor dulcísimo de los besos perdidos.
+¡La deshonra! ¿Qué le importaba? ¿Ni a qué echar de menos el encanto de
+la doncellez sí jamás había de sentir no poder ofrecérselo a otro
+hombre?... ¡Qué días tan largos! ¡Qué noches tan tristes! Comparaba las
+de ahora, con las pasadas, y aunque exenta de grosera sensualidad, veía
+que la almohada de su cama era para ella sola demasiado grande. Como de
+hoguera encendida en campo raso que cuando parece apagada, de pronto se
+aviva y chisporrotea al menor soplo de aire, así en su mente se iban
+alzando los recuerdos. Largas y turbulentas veladas de amor, estabais
+lejanas, pero no olvidadas. ¡Qué impaciencia en la espera! ¡Qué alegría
+cuando llegaba! ¡En la posesión, qué completa entrega de alma y cuerpo!
+¡Qué dulce laxitud en el reposo! Y en la despedida, ¡qué dulcísima pena!
+¿Quién hacía la última caricia? Esto sí que era irrecordable. Las
+escenas y momentos que Cristeta se complacía en evocar, no le venían a
+la memoria como delirio de imaginación viciosa obstinada en reproducir
+mentalmente lo que aun para el pensamiento debe ser pudoroso; eran
+reminiscencias espontáneas, dispersas e incompletas, rememoradas como
+versos sueltos de un poema leído en días venturosos. ¡Cuánto gozaba _él_
+sepultando las manos entre sus rizos de oro, y con qué delicia aspiraba
+la leve ráfaga de perfume que de ellos se escapaba! Después venía el
+ruido rápido que producen las trencillas del corsé al deslizarse por
+entre los ojetes metálicos; luego caían sobre la alfombra las ropas, con
+gemir de ola en playa, oíase el murmullo de las frases ahogadas en
+besos, y en seguida comenzaban esos primores de refinamiento amoroso que
+condenan los hipócritas y disculpan los sabios. ¡Cómo los recordaba!
+Juan tenía la costumbre de colocar la luz sobre la mesa de noche, porque
+no le gustaba poseerla sin mirarla; durante los primeros abrazos
+charlaban mucho, boca con oído. Después... un pecho anheloso sirviendo
+de almohada palpitante a un rostro agradecido, y, por fin, el resplandor
+del alba que, como virgen pálida y envidiosa, llamaba temblando en los
+vidrios del balcón para decir a los felices amantes: «¡Basta!» Mas no
+todo lo que Cristeta sentía era deliciosamente impuro, no; que junto a
+la involuntaria tentación del deseo también bullían en su alma ideas
+ajenas al placer. Sí; cien cuerpos quisiera tener para que él, como
+señor, los poseyera, y cada noche una virginidad para entregársela; pero
+al mismo tiempo, si enfermase, ¡con qué sincera abnegación le cuidaría!
+Si el dolor le postrara dejándole años y años sin fuerza para oprimirla
+ni voluptuosidad para besarla, ¡cuán tranquila y resignadamente se
+trocaría de querida en enfermera! Entonces vendría la lujuria del
+cariño, el no dormir para velarle, el contar los minutos para darle a su
+tiempo los remedios, el espiar el hervor de su respiración y el ardor de
+la frente y la transpiración de la piel; y los bajos oficios que a otras
+personas fueran repugnantes y que ella haría gozosa saboreando su triste
+y voluntaria servidumbre. Le amaba mucho, pero aún le quería más. Capaz
+era de sorberle la vida y destrozarle la salud a fuerza de pedirle amor;
+pero también tenía en el alma un tesoro de cariño, donde, como en un
+Jordán, podían purificarse sus caricias y sus besos.
+
+De esta suerte, entre avivar recuerdos y esperanzas con espejismos del
+deseo, se le fue pasando el tiempo. Transcurrieron semanas, meses, y
+llegó el aniversario del día en que le conoció... No: no fue de día, fue
+de noche. Lo recordaba hasta en los menores detalles. Estaba vestida de
+gitana: falda de percal muy hueca, rizos en las sienes, moño bajo y la
+nuca acariciada por un manojillo de flores que parecían colocadas por el
+mismo diablo. Cuantos así la vieron la elogiaron achuladamente: sólo él
+tuvo valor para decir que todo aquello, por flamenco y grosero, desdecía
+de su tipo elegante y fino. ¡De cuántas cosas parecidas se acordaba!
+
+Ansiosa de saber si Juan había llegado a Madrid, fue a los teatros en
+días de estreno, al primer turno del Real, y nada. Llegaba a primera
+hora, acompañada de su tío, se acomodaba en una galería alta, tendía la
+vista por la sala, y cuando se convencía de que Juan no estaba, se
+volvía a casa con las lágrimas agolpadas a los ojos y la esperanza
+refugiada en lo más hondo del alma. No era su propósito hacerse la
+encontradiza, ni hablarle, ni menos reconvenirle; lo que ansiaba era
+verle.
+
+Acabó el invierno; pasaron la primavera y el verano siguiente sin que
+pudiese averiguar su paradero. Cada vez que don Quintín, enviado por
+ella, iba al portal de la casa en que vivía le daban la misma respuesta:
+«No sabemos nada; se plantará aquí sin avisar, como siempre; luego come
+unos días de fonda hasta que puede venir Mónica, su cocinera.» De cuando
+en cuando Cristeta leía en los periódicos las revistas de salones por
+ver si el nombre de Juan figuraba en la relación de algún baile; y si
+entraba en el estanco persona de quien ella supiese que le conocía,
+preguntaba con timidez mezclada de astucia. Todo era inútil: en los
+teatros no se le veía, la portera seguía esperándole, y los revisteros
+de salones sin nombrarle. ¿Cuál sería la causa de tan prolongada
+ausencia? ¿Por huir de ella? ¡Ojalá! Señal de que no la había olvidado.
+¿Estaría preso en brazos de otra? Amarga era la suposición; pero no
+importaba gran cosa, porque Juan no permanecía nunca mucho tiempo en tal
+cautividad: se prendaba de un cuerpo hermoso hasta conocerlo poco a
+poco, beso a beso; pero enamorarse... ¡imposible! En esto precisamente
+fundaba Cristeta su esperanza. ¿Cuál era su plan? A nadie lo comunicó.
+Doña Franquista ignoraba que hubiese sido seducida y abandonada: don
+Quintín, merced a su pasada indiscreción, sabía la verdad incompleta;
+que don Juan se portó villanamente; pero del provecto que ella abrigase,
+ni palabra.
+
+Mientras tanto don Juan continuaba en París haciendo vida de hombre
+alegre, libre y rico. ¿A qué narrar sus aventuras? Hoy, una pecadora más
+o menos cara, de esas cuyo amor gozado sin ilusión, deja en alma y
+cuerpo el descaecimiento y el hastío propios de todo lo forzado; mañana,
+una gran señora de aquellas a quienes se corteja por vanidad, cuyas
+caricias no valen el sobresalto que cuestan; otro día, una camarera de
+fonda de las que a primera vista parecen limpias y resultan
+insoportables; de cuando en cuando, la mujer con quien se tropieza en
+viaje, posesión de lo anónimo, encanto de lo desconocido, los besos en
+el túnel, la parada en la misma fonda, noche, almuerzo, regalo y
+despedida con tristeza falsificada. Pero entre tanto desatino amoroso,
+entre tanto deleite comprado, ni un solo latido de verdadera pasión. Ni
+en las almohadas recién puestas de la cortesana, que diariamente se
+mudan sin que su dueño sepa quién habrá de arrugarlas, ni en los cojines
+sedosos del gabinete de la gran señora, aún oprimidos por el peso de
+otro adulterio, ni en las camas de fonda cuyos muelles crujen hoy para
+uno y mañana para otro, en ninguna parte gozó don Juan aquel plácido y
+tranquilo deleite que le ofrecieron los brazos de Cristeta. No la echó
+de menos ni se arrepintió de haberla huido; pero la recordaba porque las
+otras mujeres se la traían a la memoria sugiriéndole involuntarias
+comparaciones de que siempre salía victoriosa. Ocurríale, sin embargo,
+que cuanto mayor era el encanto con que la recordaba, más intenso era
+también el desasosiego que le producía, porque la reflexión se hartaba
+de decirle que Cristeta no era flor de un día o estrella de una noche.
+Sólo pudo librarse de ella empleando el cobarde recurso de la fuga. ¿Qué
+sucedería si volviese a encontrarla en su camino? Aunque por propia
+voluntad nunca evocaba su recuerdo, muchas veces, en la impaciencia de
+una cita, en el ficticio entusiasmo de una parodia de amor, en medio del
+enojo que causa la posesión de lo que se ha deseado tibiamente, surgía
+en su pensamiento la imagen de Cristeta, única mujer que al entregársele
+le había dado, al par del cuerpo, algo del alma.
+
+Hubo antiguamente en tierra de Indias una princesa que poseyendo un
+arenal extenso, quiso convertirlo en jardín. A fuerza de gastar vidas de
+esclavos y talegos de monedas, pobló el arenal de flores
+maravillosamente raras cada una de las cuales representaba un tesoro. Y
+ocurrió, que estando un día la princesa apoyada de codos en la baranda
+de ágata que dominaba aquel campo de colores vivos y movibles, vio una
+flor sencillísima, blanca y ligeramente sonrosada como mejilla pudorosa,
+que había brotado espontáneamente sin costar una gota de sudor ni un
+hilo de agua. Y desde entonces, por mucho que la princesa se deleitase
+en contemplar las flores que representaban vidas de esclavos y montones
+de riquezas, siempre se le iban los ojos hacia la florecilla humilde,
+cuya semilla trajo el aire misterioso de regiones lejanas.
+
+Lo mismo le pasaba a don Juan. Las ropas casi impalpables por lo finas,
+los perfumes más rebuscados, los corsés llenos de encajes no conseguían
+destronar de su memoria los lienzos que envolvían a Cristeta, el natural
+aroma de su limpio cuerpo y el modesto corsé blanco que tanto les hacía
+reír, entre impacientes y burlones, cuando se le hacía nudos la
+trencilla.
+
+¡Misterio incomprensible! Las reminiscencias de don Juan no eran castas,
+y, sin embargo, al desvanecerse y borrarse le dejaban en el alma cierta
+serena placidez; semejantes al humo que cuando se alza de la tierra es
+vapor sucio, y que a veces acaba por parecer en el espacio nube
+resplandeciente y limpia.
+
+Dos años y unos cuantos meses pasaron Cristeta y don Juan, viviendo de
+esta suerte, cada uno por su lado.
+
+Recordaba él de tarde en tarde, sin querer; ella no dejó un solo día de
+esperarle.
+
+
+
+
+Capítulo XIII
+
+Hacen alianza el amor, que es niño, y la travesura, que es mujer
+
+
+En el estanco hubo notables alteraciones originadas de aquella
+alborotada pasión que se apoderó del viejo; pues lo que le hubiera
+ocurrido con Mariquilla, si don Juan no lo estorbara, le sucedió con
+Carola. Comenzó yendo a verla una vez por semana, como periódico de
+modas o entrega de novelón patibulario; luego cada tres días, cual si su
+amor fuese terciana, y acabó visitándola casi diariamente; no siendo lo
+lastimoso que menudeara las visitas, sino que entre el desasosiego que
+las precedía y lo desmazalado y lacio que solían dejarle, ni fuerza le
+quedaba en la lengua para humedecer un sello. A consecuencia de las
+cenas, y particularmente de los postres, el infeliz no tenía cabeza para
+nada.
+
+Doña Franquista, creyendo que su mal humor era rabia por habérsele
+frustrado la aventura que ella evitó, le oía refunfuñar y maldecir sin
+hacerle pizca de caso, hasta que irritado con aquella ofensiva
+indiferencia y envalentonado por su senil amor, llegó a convertirse en
+tiranuelo del hogar donde dos años antes tenía idéntica autoridad que el
+gato. En vano pretendió su mujer recobrar el perdido ascendiente:
+Quintín estaba desconocido: tan pronto se enfurecía por un quítame allá
+esas pajas, como respondía a las lágrimas con desdeñoso encogimiento de
+hombros, acabando por quedarse impasible, a modo de ídolo chino de los
+que se contemplan el ombligo, con lo cual ella llegaba al paroxismo de
+la cólera.
+
+Por contera, se hizo rumboso, y no para su casa. No podía regalar a su
+Circe piedras preciosas ni brocados; pero en la medida de sus posibles,
+le compraba los diamantes americanos por libras, y las telas de lanilla
+por kilómetros. En metálico le fue llevando primero poco a poco, y en
+seguida mucho a mucho, cuanto tenía ahorrado desde que vendió la primera
+tagarnina de a tres cuartos, y luego dio en la flor de sangrar el cajón
+de la venta diaria, dejándolo algunas veces sin cambio de dos pesetas.
+Si no trasladó al sotabanco de Carola cuanto había en la trastienda, fue
+por considerarlo indigno de tan gran señora; pero la única prenda lujosa
+que tenía Frasquita, un soberbio pañolón de Manila poblado de chinos y
+guacamayos multicolores, pasó del cofre marital al baúl del adulterio.
+Afortunadamente, la ultrajada esposa tardó mucho en saberlo.
+
+En el estanco no se comía más que sopa, cocido, ensalada, y de postre
+fruta, cuando por barata hasta los soldados podían comprarla. La
+tacañería de Quintín suprimió los buñuelos de Todos los Santos, el
+besugo de Nochebuena y los panecillos de San Antón; en cambio para su
+daifa, pavo y perniles se le antojaban poco. Raro era el día que al ir a
+visitarla no le llevaba alguna golosina; unas veces jamón con huevos
+hilados, otras _píos nonos_ rellenos de dulce crema, y en viéndola
+bostezar de aburrimiento, que le parecía flato, bajaba de tres en tres
+las escaleras para que del café cercano trajesen un _bisté_ sepultado
+bajo un cerrillo de patatas. Su mayor delicia consistía en obsequiarla
+con merengues, que luego ambos comían a medias, mordiéndolos al mismo
+tiempo por opuestos extremos, hasta que, tropezándose las culpables
+bocas, sonaban escandalosos besos.
+
+So pretexto de adecentarse por la mucha gente que entraba en el estanco,
+y en realidad por deseo de aparecer más elegante a los ojos de su amada,
+don Quintín se hizo casi gomoso. La americana pardusca, de codos raídos
+y solapas sebosas, fue sustituida con otra de paño _fantasía_ a cuadros
+azul--verdoso y ocre; las corbatas de tres vueltas, contemporáneas de la
+_vicalvarada_, se trocaron en nudos a la marinera, ya morados como
+pellejo de ciruela damascena, ya blanquisucios como cuello de tórtola;
+con asombro de Frasquita, se acostumbró a mudarse de camisa dos veces
+por semana; y desafiando al reuma, en lugar de calzoncillos de bayeta
+amarilla, comenzó a usarlos de bombasí, que otros llaman fustán, tela
+peluda, con lo cual de medio cuerpo abajo, más que hombre parecía oso
+blanco. ¡Irracional y triste condición que le trajo la ponzoña de la
+sensualidad!
+
+Lo peor fue que por tanto emperejilarse y tanto ir a casa de su querida,
+se relajó en la vigilancia y cuidado del despacho, de tal modo, que
+cuando no le faltaban cajetillas se le concluían los sellos; resultando
+que empezó por perder la confianza de los parroquianos a quienes escogía
+puros, y acabó por desacreditar la tienda en pocos meses.
+
+Lo que sucedió entonces, fue horrible. Cierto individuo que ambicionaba
+el estanco y que servía de agente electoral a un personaje político,
+logró que para dárselo a él se lo quitaran a don Quintín, el cual al
+volver una tarde de casa de Carola, deshecho a puras caricias, se
+encontró sobre el mostrador un oficio en que la Dirección de Rentas
+Estancadas le desposeía de aquella concesión estanqueril, cambiándosela
+por otra en los barrios bajos, que seguramente produciría mucho menos.
+
+El golpe fue tremendo. ¡Un estanco en la calle de la Pingarrona! «¡Un
+miserable tenducho donde sólo entrarían jornaleros y verduleras, donde
+no se despacharía un céntimo de _escogidos_, ni sobres, ni plumas, ni
+boquillas, ni más sellos que de a quince, ni apenas papel sellado!
+Además, derrochados los ahorros reunidos desde tiempo de Narváez, ¿con
+qué tesoros pagaría los caprichos de su adorada? ¡Adiós, regalos
+agradecidos con caricias de pantera enamorada! ¡Adiós, huevos hilados y
+_bistés_ con patatas, y cafés con tostada como no los soñó ningún
+sátrapa de Oriente! Jamás ilusiones humanas se derrumbaron desde tan
+alto. ¡Infeliz estanquero, en quien la suerte hacía escarnio,
+mostrándole brutalmente que el amor, cuanto más caro cuesta, con mayor
+facilidad se pierde!
+
+Le fue preciso resignarse, y aceptó el traslado desde el estanco
+céntrico al de la calle de la Pingarrona.
+
+Antes de que se verificara la mudanza ocurrieron en la casa grandes
+novedades.
+
+Hacía tiempo que don Quintín estaba cariñosísimo y muy servicial con
+Cristeta, impulsándole a ello, primero, el afán de influir en su ánimo
+para que tornase al teatro, de lo cual a él no podía menos de seguírsele
+provecho; y segundo, el haber adivinado que a la chica le bullía en el
+pensamiento alguna maquinación contra don Juan, empresa en que estaba
+dispuesto a favorecerla. «Si no tiene a ese maldito entre ceja y
+ceja--pensaba--, ¿a qué viene el encargarme cada tres días que averigüe si
+ha vuelto?» Ello fue que, por aquellos mismos días en que sobrevino la
+traslación del estanco, supo que don Juan estaba de regreso y acto
+continuo se lo comunicó a Cristeta.
+
+¡Con qué dulcísima emoción recibió ésta la noticia! Ante la idea de
+verle, su alma se bañó en alegría, después frunció el lindo ceño,
+revelando perplejidad, y, por último, su actitud y la expresión de su
+rostro fueron los mismos que cuando dos años atrás quedó abandonada en
+la fonda de Santurroriaga. Como entonces, el ajuar de su cuarto era
+modestísimo; como entonces, ella, por su arrogancia y seriedad, tomó
+aspecto de reina destronada y resuelta a reconquistar el cetro. Lo que
+fraguaba era misterio impenetrable. Con nadie comunicó su designio, pero
+su plan debía de estar erizado de obstáculos, porque aquella noche
+durmió mal. No la desvelaron voluntarios ensueños de amor sino cálculos
+de presupuestos, cuentas y números.
+
+A la mañana siguiente, hallándose con sus tíos en la trastienda, que
+todos habían de abandonar en breve, les habló de esta suerte:
+
+--Tiítos, no crean ustedes que lo que les voy a decir es por falta de
+cariño...; pero en fin..., aquí todo va muy mal, y con la picardía que
+han hecho de quitarles a ustedes este estanco, comprendo que habrá que
+reducir mucho los gastos.
+
+--Habla, que nos tienes con el alma en un hilo--dijo don Quintín.
+
+--Si creen ustedes que hago lo que voy a hacer por no estar a las duras,
+como he estado a las maduras, que se les quite eso de la cabeza. Yo
+seguiré ayudándoles a ustedes en lo que pueda; por de pronto, aquí están
+estos treinta duros para la mudanza. Y como doña Frasquita abriese más
+boca que un horno, Cristeta prosiguió:--Déjenme ustedes concluir. No
+quiero serles gravosa y me voy.
+
+--¡Muchacha!
+
+--¿Estás en tu juicio?
+
+--Nada, nada; quiero vivir sola. Además, tal vez vuelva al teatro, y como
+ustedes comprenderán, no puedo ser artista y vivir en la calle de la
+Pingarrona, donde ustedes van a parar.
+
+La conversación fue larga, mostrándose Cristeta tan firme en su
+propósito, que los vicios bajaron la cabeza. Doña Frasquita tembló ante
+la idea de que, si su sobrina volvía al teatro, tornase su marido a las
+pasadas liviandades: don Quintín, barruntando que en aquello andaba
+Juan, calló seguro de que Cristeta le hablaría luego reservadamente.
+
+No se había equivocado. Cuando tío y sobrina se quedaron solos, dijo
+ella con la energía de quien no admite contradicción:
+
+--Óigame usted bien, tío. Quiero irme a vivir solita, porque me conviene;
+no hay fuerzas humanas que me hagan desistir. Y le advierto a usted una
+cosa: que sé todo lo que se trae usted con la Carolina, la que estaba de
+corista cuando yo trabajaba. Y hasta me malicio que si le han quitado a
+usted el estanco, es porque no piensa usted más que en ella ni se cuida
+usted de nada, y a eso se han _agarrao_.
+
+Don Quintín abrió desmesuradamente los ojos.
+
+--Bueno--continuó Cristeta--; pues no quiero que nadie, ¿lo entiende
+usted?, que absolutamente nadie sepa dónde voy a vivir. Venga quien
+venga, usted como si no supiese jota. Mientras yo no disponga otra cosa.
+
+--¿Y si viene don Juan?
+
+--A ése menos que a nadie.
+
+--¿Pero qué líos traes entre manos?
+
+--A su tiempo se sabrá todo; ahora no. Y le advierto a usted que ya puede
+enseñar bien la lección a la tía. Compónganselas ustedes como quieran;
+pero en cuantito que digan a alguien, sea quien fuere, mi paradero,
+vengo y le cuento a la tía de pe a pa todas sus trapisondas de usted; lo
+de Mariquilla, que si no fue... no quedó por usted, y lo de esta mala
+pécora de ahora, que le tiene a usted sorbido el seso.
+
+--¡Chiquilla! Yo hago de mi capa...
+
+--Usted no hace más que tonterías. Clarito; armo la de Dios es Cristo, y
+entre la tía y Carola le sacan a usted los ojos. Usted verá lo que ha de
+hacer para tenerme contenta; en cambio, le daré a usted de cuando en
+cuando lo que pueda, no por ayudarle a mantener vicios, ¿estamos? sino
+para que no meta usted mano al cajón y evitar disgustos a la tía, porque
+esa chifladura de hacerse el enamorado no habrá medio de quitársela a
+usted de la cabeza... es cosa de los años.
+
+--Muchacha... ¿es que vas a darme lecciones? ¿Te has vuelto loca?
+
+--Usted sí que está chocho; pero yo no puedo evitarlo. ¿Qué adelantaría
+con tirar de la manta? La tía se moría del sofocón.
+
+--O me ahogaba.
+
+--Pues lo dicho. En cuanto alguien sepa, por culpa de usted, dónde vivo
+yo, sabrá doña Frasquita dónde tiene usted la querida.
+
+Tan vanidoso es el hombre, que la palabra _querida_ sonó en los oídos de
+don Quintín como una música deliciosa. Luego, por la cuenta que le
+traía, convenció a su mujer de que a Cristeta le era indispensable vivir
+sola. Ambos viejos, medio en serio, medio en broma, la llamaron
+descastada, ingratona y mala cabeza; pero se conformaron, quedando
+resuelto que a nadie dirían su paradero.
+
+Aquella tarde Cristeta permaneció encerrada en su cuarto arreglando
+ropas y baúles, y al día siguiente salió muy de mañana, tan pobremente
+vestida, que parecía una modistilla. Desde la Plaza Mayor bajó por la
+calle de Toledo, torció luego hacia la derecha, a los pocos minutos de
+marcha se detuvo en una calle cercana a San Francisco el Grande, miró el
+número de una casa, entró en el portal sin vacilar, subió la escalera, y
+en uno de los pisos altos llamó. A los pocos segundos le abría la puerta
+una joven, guapetona y de fisonomía inteligente. Se llamaba Inés, y
+había sido criada de doña Frasquita, de cuya casa salió para casarse con
+un ex--cochero que, tras haber servido a un grande, con la protección de
+éste y sus propios ahorros, estableció un servicio de carruajes por
+abono.
+
+Mientras duró el noviazgo de Inés y Manolo, que así se llamaba el mozo,
+Cristeta compadecida de ellos, les protegió cuanto pudo, facilitando
+salidas a la muchacha, disculpándola si tardaba, y hasta espumando el
+puchero cuando la enamorada se entretenía un rato en la esquina
+inmediata. Por último, al celebrarse la boda se prestó a ser madrina, en
+nombre de una condesa a quien había servido el novio, y desde entonces,
+agradecida la pareja, aunque parezca inverosímil, mostró siempre cariño
+a la _señorita Cristeta_, sin parar mientes en que, a pesar de este
+señorío, eran ellos casi ricos con relación a la sobrina de los
+estanqueros.
+
+Al verse Inés y Cristeta cruzaron unas cuantas frases llanamente
+afectuosas, y según hablaban fueron entrando a un cuarto, en cuyas
+paredes se veía hasta media docena de litografías con color que
+representaban caballos y carruajes de distintas formas, láminas
+arrancadas sin duda del catálogo de algún constructor de coches.
+Componían el modesto mueblaje una consola, sillas de tapicería muy
+usadas, procedentes de casa de los condes, y un sofá de gutapercha en
+plena decrepitud. Sobre la consola había un santo bajo fanal, dos
+floreros de loza con ramos de mano y varias fotografías; el retrato de
+la condesa con galas de baile, haciendo pareja a éste el de Cristeta en
+traje de teatro, el del conde a caballo y, por último, los de Manolo e
+Inés, él con capa y ella con mantilla de casco.
+
+Grave y trascendental debió de ser lo que trataron ambas mujeres, porque
+a pesar de hallarse solas, Cristeta bajó la voz cuanto pudo, limitándose
+Inés a contestar con inclinaciones de cabeza y caídas de párpados, que
+denotaban conformidad y sumisión. Después el diálogo se hizo más
+entrecortado, pero tan a la sordina, que quien hubiese estado cerca
+habría oído unas palabras sí y otras no, quedando, por lo tanto,
+incompleto y truncado el sentido de las frases. Por ejemplo:
+
+_Cristeta_.--No sé..., dos, tres meses... Esencial..., niñera.
+
+_Inés_.--Sí..., doña Jesualda..., don Pedro, casa vieja..., el
+administrador conocido... Chico... mañana iremos juntas.
+
+_Cristeta_.--Berlina..., tu marido. Los sitios convenidos de antemano...
+¿Comprendes?
+
+_Inés_.--Hablarán ustedes.
+
+La conversación se prolongó mucho, y al final hablaron un poco más alto,
+refiriéndose a lo anteriormente dicho.
+
+_Inés_.--Todo se arreglará.
+
+_Cristeta_.--Convéncele tú.
+
+_Inés_.--Mañana sin falta.
+
+_Cristeta_.--No tengo más esperanza.
+
+_Inés_.--¿Quién sabe?
+
+_Cristeta_.--Tómalo con empeño.
+
+_Inés_.--Vaya usted tranquila, y hasta mañana...; pero, la verdad....
+¡qué granujas son los hombres!
+
+_Cristeta_.--Y nosotras, ¡qué simples!
+
+_Inés_.--No, pues si todas fuéramos tan listas come usted, ¡pobrecitos!
+
+_Cristeta_.--Con eso y con que no me sirva de nada...
+
+_Inés_.--Adiós, señorita.
+
+Aquella misma noche discutieron marido y mujer el caso, hasta que él
+cedió a los deseos que tenía ella de complacer a la que fue protectora
+de su amor.
+
+Volvió Cristeta al día siguiente, y en la misma salita de la víspera fue
+recibida por Inés, que la estaba esperando, acompañada de una mujer
+entrada en años, corpulenta, ex--guapa, muy achulada y al parecer amable.
+Inés dijo presentándolas mutuamente:
+
+--Esta es la señorita de quien hemos hablado, aquí tiene usted a doña
+Jesualda. A ver si se entienden ustedes.
+
+La Jesualda habitaba un cuarto tercero interior de una casa de la calle
+de Don Pedro; había sido prestamista, pero se le torcieron los negocios
+y tuvo que renunciar al comercio. Entonces quiso vivir en compañía de
+alguien que le ayudase a pagar el inquilinato, mas por lo apartado de
+aquel barrio no halló gente de la condición que deseaba. Al oír la
+proposición de Cristeta, comenzó presentando obstáculos y haciendo
+aspavientos, luego sonrió maliciosamente, después fingió sentirse
+súbitamente movida de simpatía, y concluyó aceptando el trato previo
+ajuste del pago y otras condiciones. Hubo aquello de «con tal que no
+haya escándalo..., yo no quiero líos..., usted parece persona decente,
+etc., etc.». Todo lo cual oyó Cristeta violentándose para no enviar a la
+Jesualda noramala.
+
+En conclusión: por una cantidad módica dispondría de una alcoba y un
+gabinetito con cuatro sillas, cómoda y un sofá de Vitoria; daría un
+tanto para la comida, y habían de correr por cuenta suya el lavado y el
+planchado de su ropa. Al final menudearon las promesas de fidelidad y
+complacencia. Cuando se despidieron, Cristeta pensaba: «¡Bah!..., por
+dos o tres meses...» Jesualda se decía: «Ahora rompe a volar...; pero
+esta mocita se pierde de vista. Puede que sea una mina.»
+
+Pasado un rato, Inés y Cristeta salieron juntas dirigiéndose a una casa
+de la calle de San Lucas, que tenía un portalón, sobre el cual se leía
+este letrero:
+
+ COCHES DE LUJO
+ ABONOS POR MESES
+ <b>Se admiten caballos a pupilo</b>
+
+--Aquí es--dijo Inesilla al llegar, cediendo el paso a la señorita.
+
+«La Virgen me ayude»,--pensó Cristeta, que iba muy preocupada.
+
+Entraron: al fondo, bajo cobertizo, había varios coches; a la derecha
+una gran cuadra; a la izquierda, un cuartito con una mesa, sobre la cual
+se veían un tintero, varias plumas y dos gruesos cuadernos: era el sitio
+donde Inés ayudaba a su marido tomando apuntación de los encargos y
+reclamaciones.
+
+Manolo, que estaba esperándolas, salió a recibirlas, y como lo tenía
+todo hablado con su mujer, en seguida se entendió con Cristeta. A cuanto
+ella decía contestaba:
+
+--Con usted no quiero ganar; en no perdiendo, lo que usted mande; como
+que es usted más buena que el pan.
+
+Al despedirse estaban de acuerdo.
+
+Cristeta e Inés quedaron juntas en el cuartito; la segunda decía:
+
+--Con la Jesualda no estará usted mal; es formalota y no tiene mala
+vecindad; abajo, una viuda y su hija que cosen para el corte; en el
+segundo, una tal Mónica, que tiene huéspedes de medio pelo, ¡figúrese
+usted en aquel barrio qué huéspedes ha de haber!; arriba, un militar
+_retirao_ que vive con una que dicen si es sobrina _u lo otro_; y en el
+sotabanco, la madre del niño y la sobrina, que ahora las llamaré. Toda
+esta gente en lo interior; la parte que _tié_ vistas a la calle, ya lo
+sabe usted, es de los señores dueños de la casa. Lo _prencipal_ es que
+yo estoy cerca, y si se pone usted mala no ha de faltarle _ná_. Yo no
+acabo de hacerme cargo de lo que usted prepara; en fin, cuando usted lo
+hace, sus motivos tendrá. En cuanto a mi Manolo... es _callao_, no lo
+sabrá ni la tierra, y como él arree un _cabayo_..., ya _puén golverse_
+locos los que la busquen a usted.
+
+En seguida llamó a la mujer de un mozo, la cual se presentó a los pocos
+momentos acompañada de una sobrina, de dieciséis años, graciosa,
+esbelta, vivaracha, al parecer muy inteligente, y que traía de la mano a
+un niño de dos años. Aunque desarrapado, sucio y mocoso, el chiquitín
+parecía un angelito. Muchos lores ingleses hubieran dado sus bosques de
+Escocia y sus rentas de la India por ser padres de un muñeco como aquél.
+La chiquilla tenía trazas de descarada.
+
+Cristeta habló en voz baja con ella y con su tía. Ésta dijo:
+
+--Ya _má enterao_ la _señá_ Inés de lo que usted desea. No hay
+_deficultad_, _mayormente_. De cuartos, lo que diga la _señá_ Inés,
+porque yo la debo el pan... La chica es ésta..., ya la ve usted, ¡más
+lista!, parte un pelo en el aire, como que la querían en un taller _pá_
+ir a la cobranza de cuentas _atrasás_ a las señoras que no pagan..., y
+el niño, aunque sea mío..., _velay_ que _paece_ un _capuyo_ de rosa. Por
+supuesto, que ha de dormir en mi casa.
+
+Cristeta cogió al niño, hízole fiestas y, mirando a la sobrina,
+preguntó:
+
+--¿Cómo te llamas?
+
+--Julia, para servir a Dios y a _ustéz_.
+
+--Bueno, pues tú y yo hablaremos despacio. ¿Harás todo lo que te mande?
+
+--Ya lo verá _ustéz_; todo.
+
+Intentó Cristeta dar a la muchacha instrucciones detalladas, pero la tía
+interrumpió la explicación, que amenazaba ser larga, con estas palabras:
+
+--Eso mañana, en su casa de _ustéz_, o lo que es lo _mesmo_, en la
+nuestra, porque va le habrá _esplicao_ a _ustéz_ la señorita Inés que
+nosotras vivimos encima de doña Jesualda, en el sotabanco. En cuanto a
+la chica, es obediente, _espabilá_ y _tóo_ lo ha de hacer a
+_satisfación_.
+
+--Entonces, asunto concluido--dijo Inés.
+
+Luego acompañó a la señorita hasta el centro de Madrid, donde cerca del
+estanco se separaron. Cristeta siguió sola, tan ensimismada, que ni
+siquiera se fijaba en que, a pesar de lo humildemente que iba vestida,
+los hombres se la comían con los ojos.
+
+Al día siguiente, muy temprano, salió del estanco y fue a casa de una
+modista, con la cual, tiempo atrás, contrajo amistad mientras trabajó en
+el teatro.
+
+Estuvo largo rato viendo telas, escogiendo colores, examinando
+figurines, probándose modelos y dejándose tomar medidas. Todo lo que se
+encargó fue sencillo y elegantísimo; pero caro para ella. La modista
+sonreía maliciosamente, como diciendo: «Esta ya cayó. Parroquiana
+tenemos. ¿Quién será el pagano?»
+
+Otras dos mañanas pasó Cristeta comprando de tienda en tienda guantes,
+velitos, menudencias de adorno y pequeñas galas de esas que son
+complemento de todo traje femenino. Y por último, después de haber
+preparado cuanto consideró necesario, una tarde, entre dos luces, se
+mudó al tercero interior de doña Jesualda, en la calle de Don Pedro. En
+un carrito fueron la cama, sus dos baúles, un arca y varios líos de
+ropa; ella montó en un simón, llevando sobre las rodillas el costurero
+que en días más tranquilos le regaló don Juan.
+
+La despedida de los tíos no fue dramática. Doña Frasquita parecía decir:
+«Hágase tu voluntad.» Para ella Cristeta simbolizaba el teatro, es
+decir, la perdición y los vicios de su marido. Don Quintín sonreía
+mirando socarronamente a su sobrina; desde que la sabía conocedora de
+sus liviandades, recelaba que hablase. Cristeta estuvo muy cariñosa, y
+en el momento de salir del estanco, lloró. Allí había pasado los
+primeros años de la juventud; allí había soñado con damas, galanes,
+romances, raptos, aventuras, trajes y aplausos; allí, sobre todo, sufrió
+las primeras noches de insomnio pensando en Juan.
+
+Por la noche, ya en su nueva casa, permaneció largo rato, primero
+echando cuentas por los dedos y luego haciendo números en un papelito.
+Temía que le faltase dinero.
+
+Después de acostada, sus recuerdos y esperanzas comenzaron a desvelarla.
+
+Borrosas memorias de la infancia, primeros latidos de la juventud,
+amarguras, goces conseguidos, deseos frustrados, proyectos rotos,
+espejismos que finge la ambición, retazos de lo pasado y visiones de lo
+porvenir... ¡Parece que os refugiáis entre los pliegues de la almohada y
+que, cuando en ella reclinamos la cabeza, salís a estorbar el sueño,
+hermosa imagen de la nada!
+
+«Sí, esta es la tercera o cuarta cama en que duermo... De chiquita... no
+hago memoria... ¡Ah, sí! Mi madre era rubia, muy guapa: siempre estaba
+trabajando con almohadillas, encajes y alfileres...; el pelo como el
+oro, la voz dulce...; debió de ser muy desgraciada. ¡Por qué no habrá
+vivido mi madre! Luego he dormido en casa de los tíos. ¡Pobrecillos,
+nunca les abandonaré! Después la cama de la fonda en Santurroriaga...
+¡con él!..., y ahora esta alcoba, porque la cama es la mía. Si algún día
+tuviera yo casa, quisiera conservar esta cama. ¡Dios mío, qué será de
+mí!... Juan... Aunque no me tocara nunca...; pero sentirle cerca...,
+verle todos los días..., saber lo que piensa..., cuidarle..., que me
+hable con cariño... ¿Por qué encontrarán otras mujeres quien las
+quiera?...»
+
+Se quedó dormida con un brazo caído fuera del embozo, despechugada y el
+pelo revuelto en primoroso desorden sobre la almohada, como madeja que
+hubiesen enmarañado ángeles.
+
+
+
+
+
+
+Capítulo XIV
+
+Del cual se colige la vulgarísima verdad de que el hombre es un
+animalucho que desprecia lo que posee y torna a desearlo cuando le
+parece ajeno
+
+
+Dos años y algunos meses pasaron desde que don Juan abandonó a Cristeta
+en Santurroriaga hasta que volvió a Madrid.
+
+Al encontrarse con su víctima en las alamedas del Retiro, se quedó
+asombrado. Pasó casi toda la noche pensando en ella, y lo poco que
+durmió, contemplándola en sueños. Puesta su memoria en constante
+trabajo, recordó cuanto a la pobre muchacha se refería: la primera vez
+que hablaron, su diplomacia en cortejarla, los diálogos en el cuartito
+del teatro, interrumpidos bruscamente por las entradas del segundo
+apunte... ¡Qué guapa estaba con aquellos trajes! Creía verla de paje, de
+chula, de princesa, de gitana, y a veces medio desnuda, envuelta en un
+amplio manto rojo, destacando sobre un fondo de plantas tropicales y
+aureolada por los resplandores de la luz eléctrica. Al caer el telón (le
+parecía que fue ayer), abandonado el palco, bajaba las escalerillas de
+estampía... Después, Santurroriaga, la fonda... ¡y el Paraíso!
+
+A la madrugada despertó intranquilo. Sin poder ni querer sofocar los
+impulsos de la imaginación, siguió complaciéndose en recordar lo que
+sintió por Cristeta, semejante al niño que, tras haber destrozado un
+juguete, se obstina, desvive y rabia por recomponerlo y restaurarlo.
+Después hizo mil conjeturas, fundadas en la diferencia que existía entre
+la Cristeta que le perteneció y la que acababa de ver en el Retiro.
+¡Cuánto mejor le sentaban las galas de señora que los oropelescos e
+impúdicos disfraces del teatro! Le parecía mentira que fuese la misma a
+quien tantas veces tuvo entre los brazos. No podía decirse que hubiese
+sufrido, sino gozado cambio; antes era fina, gentil y airosa; ahora, sin
+perder elegancia, esbeltez ni gallardía, estaba más llenita y
+redondeada; de linda se había trocado en hermosa. ¡Y qué modo de vestir!
+¡Buena modista y buen pagano!, porque todo lo que llevaba puesto era
+rico. ¿En poder de quién estaría? ¿Qué vida habría hecho desde que él la
+dejó burlada? Fuese amante o marido, hombre había por medio; era
+imposible explicarse de otra suerte el lujo que ostentaba, y mucho menos
+la existencia del niño. Lo más verosímil era que se hubiese casado,
+porque su severa elegancia, exenta de perifollos llamativos, no era
+propia de aventurera, sino de muy señora. Pero... ¿habría tenido la
+criminal imprudencia de casarse engañando a un hombre, ocultándole su
+pasado? ¡Lo pasado! En el largo catálogo de sus conquistas, ninguna
+recordaba don Juan que valiese lo que aquélla. No; en el alma de
+Cristeta no cabía la doblez de hacerse valer como doncella intacta..., y
+aún era menos admisible la suposición de que ella, tan poética y
+desinteresada, cobrase amor a un hombre capaz de quererla como propia
+sabiendo que otro la gozó primero. Lo cierto era que él había tenido
+sucesor, y la existencia del niño demostraba que el reemplazo fue
+rapidísimo. Nunca pudo--recordarse con más oportunidad aquello de «a rey
+muerto, rey puesto». «¡Al fin, mujer! Tanta promesa, tanto juramento, y
+luego... Todas son iguales--seguía monologueando don Juan--. Mientras no
+tienen idea exacta de lo que es el hombre, se embriagan de poesía y de
+ilusiones; pero en cuanto lo saben, quieren hartarse de realidad. A
+otras no es el amor ni el hombre quien las pierde, sino el lujo: la
+serpiente del Paraíso debió de presentar a Eva la manzana envuelta en un
+corte de vestido o metida en una capota. Sin embargo, mucho ha de haber
+variado Cristeta hasta igualarse con las que se prostituyen por cintas y
+brillantes. Aunque la cosa resulte anómala, tiene que estar casada...
+¡tal vez casada por amor!»
+
+No le faltaba razón. En la hermosura de los hijos suele reflejarse el
+amor que se tuvieron los padres, y aquel niño tan lindo no era escultura
+modelada con indiferencia. ¿Qué edad tendría? Un par de años,
+aproximadamente el tiempo transcurrido desde que él dejó a la madre.
+«Entonces... ¿cómo explicar?... Calma, calma--continuaba--, vamos a ver.
+Fue en agosto..., un año, dos... no sale la cuenta. Sería preciso creer
+que en seguida, en seguidita que yo escurrí el bulto se _lió_ con otro.
+¡Qué falta de pudor! Lo único claro y patente es que los mimos, las
+ternezas, aquel entusiasmo... ¡todo farsa! También esto lo repugno; no,
+Cristeta no es mujer que se entregue a cualquiera de la noche a la
+mañana, mucho menos en aquellas circunstancias, sin necesidad, porque yo
+le regalé mil duros... para vivir un año. Entonces, ¿en qué quedamos?
+No, pues lo que es yo no he colaborado a la venida del angelito al
+mundo. ¡Poca prisa que se hubiese dado ella a buscarme! Por otra
+parte..., ni su aspecto de ahora, ni su índole, ni su carácter, me
+autorizan para creer que haya _dado el salto_, es decir, que esté
+entregada a la circulación como un billete de banco. Luego no hay
+escape: cuando yo hice la memada de dejarla, encontró con quien casarse
+y aprovechó la ocasión. ¡Bien le ha sentado el matrimonio!... Está mil
+veces más guapa que antes. ¡Y yo que llegué a creer que me quería! Es
+decir, quererme..., no..., aunque sí, como se quiere al primero..., la
+novedad, la sorpresa, el despertar de los sentidos..., pero yo buscaré
+modo de darle a entender que no me ha engañado. ¡Cómo se habrá reído de
+mí! Aunque no sea más que un cuartito de hora tengo que hablar con ella
+y decirle: ¿Conque me querías tanto..., estabas loquita..., a mí
+solito?... ¡Embustera! Si hubiese creído que me querías no me habría
+marchado... Está hecha una real moza... ¡qué modo de andar y qué cuerpo,
+y qué señorío, y qué boca!... Pero, en fin, para mí es cosa perdida...,
+aunque nadie sabe lo que puede suceder. Si está casada con un hombre de
+cierta clase, vamos, de buena sociedad, persona conocida, algún día nos
+encontraremos en teatro, baile o tertulia, y entonces... ¡Una vez, nada
+más que una vez, por capricho, por el gustazo de avergonzarla! Y sin
+temor de ninguna clase, estando casada... todo consiste en ser prudente.
+No hay comparación: vale ahora infinitamente más. Antes era... lo que
+era: una comiquilla decentita y graciosa; ayer parecía una duquesa.
+¡Daría cualquier cosa por saber todo lo que ha sucedido! A mí no me
+importa..., vayan benditos de Dios ella y el estúpido a quien haya
+pescado...; pero, ¡como yo la coja un día!..., vamos, que no me quedo
+sin plantarle cuatro besos y decirle cuatro verdades.»
+
+Siguió pensando largo rato. La sospecha de que el chico fuese suyo le
+parecía lisa y llanamente absurda y, sin embargo, estaba dentro de lo
+posible. ¿Se habría casado? Todo el empeño de don Juan estribaba en
+persuadirse de que el tal matrimonio le tenía sin cuidado, a pesar de lo
+cual la hipótesis iba tomando amarga intensidad de torcedor. ¿Lo habría
+callado todo, engañando a un hombre o, por el contrario, le confesaría
+su pasado? Si lo primero, era infame y despreciable; si lo segundo,
+necia y sinvergüenza por unirse a quien tales tragaderas tuviese. Tal
+vez viviera poniendo precio a su belleza. Esta suposición era la que más
+daño le hacía. Casada... malo...; pero lo _otro_, peor mil veces. La
+sangre se le agolpaba al cerebro.
+
+Cuando desmenuzando con la reflexión todas aquellas verosimilitudes y
+conjeturas cayó en la cuenta de que la suerte de Cristeta le preocupaba,
+y que además le entristecía la posibilidad de su perdición, experimentó
+una emoción indefinible. En el reloj del despacho sonaron las ocho de la
+mañana. Entonces, irritado y mohíno al considerar que había pasado la
+noche en blanco, se obstinó en pensar claro y armarse de sangre fría.
+¿Qué diablos era aquello? ¿De cuándo acá meditaba él con semejante
+aquilatamiento sobre lo que hubiese podido suceder a una ex--querida? Lo
+cierto era que sólo había dormido un rato, y ése soñando con ella. La
+mayor parte de la noche fue de completo desvelo, de verdadero insomnio.
+Era necedad resistirse a la evidencia; desvelado... ¡y casi febril!
+¡Quitarle el sueño una mujer! Y no una señora curtida en achaque de
+aventuras, ni una doncellita boba temible por su misma ingenuidad, ni
+una astuta sabedora de todas las bajezas que el hombre es capaz de
+cometer _antes_, y de las infamias que hace _después_, nada de esto,
+sino que se trataba de una mujer incauta, inexperta, gozada y
+abandonada. Cierto que la dejó, pero sin escarnecerla ni despreciarla.
+En cambio ella se vengaba turbando el tranquilo curso de su vida,
+haciéndole sufrir una dolorosa mortificación de amor propio y, lo que
+era más grave, inspirándole ideas cuyo alcance no podía calcular.
+
+Las últimas frases que don Juan pronunció mentalmente en aquel largo y
+humillante monólogo fueron estas: «Sí, ¿eh?... Pues ahora me gusta más
+que antes... ¡ella caerá! No es que me importe, nada de eso... lo único
+que quiero es tenerla una vez entre los brazos... porque sí... ¿Qué se
+habrá figurado la grandísima tonta?»
+
+
+
+
+Capítulo XV
+
+Donde se ve que cuando el hombre tiende la red, ya está pescando la
+mujer
+
+
+El día en que don Juan vio a Cristeta en el Retiro, fue domingo. Al
+siguiente, hizo el viaje en balde: procuró distraerse mirando y
+remirando a cuantas pasaban; mas en vano. Acaso no faltasen en el paseo
+mujeres guapas y elegantes, pero todas se le antojaron cursis o feas. La
+de bonitos pies, tenía el cuerpo atalegado; la de cintura esbelta, era
+antipática de rostro; la bien vestida, horrible; la hermosa, iba hecha
+un adefesio. ¿Sería cosa providencial? No, sino que él llevaba grabada
+en el magín, como única apetecible y codiciable, la que realmente
+deseaba.
+
+Entretanto, la maquiavélica Cristeta estaba solita en su modesto
+albergue de la calle de Don Pedro, diciéndose: «Hoy me andará buscando.»
+
+Martes. Hermoso día de otoño, aunque algo fresco. En el Retiro muy poca
+gente: don Juan llega de los primeros, se cansa de andar, se disgusta y
+siente impulsos de volverse a casa. Por fin comienzan a venir paseantes.
+A las cinco aparece Cristeta al término de una alameda: traje, el mismo
+del día pasado; lleva al niño cogidito de la mano y el coche les sigue a
+corta distancia. Don Juan se adelanta, acorta la marcha, la deja pasar,
+la alcanza y retrocede, todo sin dejar de mirarla. Ella, calmosa,
+serena, impasible, como si no le conociera. Fue tan marcada su
+indiferencia, que don Juan se dijo: «¡Tendría gracia que yo me hubiese
+equivocado!» Pero tornó a mirarla y se convenció de que era ella, la
+misma, la propia Cristeta, que tantas veces le había dicho: «¡Juan mío!»
+Poco le faltó para llegarse a ella y hablarla. Por fortuna se contuvo
+pensando: «¿Y si me pega un bufido y me pongo en ridículo? No, todavía
+no.» Final, el mismo de la primera vez. El coche se para, Manolito, que
+va en el pescante, se quita respetuosamente el sombrero. Cristeta coge
+al niño, lo sienta, sube y desaparece sin que don Juan pueda sorprender
+una mirada de reojo, ni el más leve indicio de curiosidad. Atormentado
+del despecho, no se le ocurre más que esto: «Un cochero _de abono_ no
+saluda de esa manera; el carruaje es suyo. No me cabe duda; está casada.
+¡mejor!»
+
+Miércoles. La tarde fría, las alamedas desiertas; llega don Juan, abarca
+con la vista aquella soledad y piensa: «¡Si viniese ahora mismo!»
+Después anda un buen rato a paso largo para entrar en calor, hasta que
+aparece Cristeta seguida de la niñera, que trae al pequeñuelo en brazos.
+Comienza a soplar un Norte muy desapacible; las hojas secas, arrebatadas
+de los árboles, forman en el suelo ruidosos remolinos de oro. Ella se
+muestra más indiferente que nunca. El viento, al agitar su falda, le
+pega la tela a las piernas, modelando indiscretamente sus formas y
+dejando al descubierto los pies. Diez o doce minutos de paseo. Una
+turbonada; aquello se hace insoportable. Otro día perdido.
+
+Jueves. Lloviznando. Cristeta, encerrada en casa, se distrae zurciendo
+ropa blanca. De rato en rato, hilos y aguja se le caen sobre el regazo.
+«Veremos... ya lleva tres ojeos. ¡Se me pasan unas ganas de hacerle
+señas para que se acerque!»
+
+Don Juan anda mientras tanto aburriéndose en visitas y sin poder
+desechar de la imaginación aquellos pies que pisan la arena como sin
+tocarla. «Sí, el traje el mismo, menos las medias; las de ayer eran
+negras con lunares azules... Parece que se le han agrandado los ojos. ¡Y
+qué cuerpo!»
+
+Viernes, sábado y domingo. Lluvia continuada: un temporal. Ella con
+jaqueca, tumbada en el sofá de Vitoria y fija la vista en la pared. Al
+caer la tarde, cuando escasea la luz, cree ver dibujarse sobre la blanca
+superficie del muro una serie de escenas en que don Juan, arrodillado a
+sus pies, le pide perdón con frases muy apasionadas. Por desgracia o por
+fortuna aquello es una visión destituida de realidad, un sueño, porque
+si él entrase... ¡sabe Dios!
+
+Segundo lunes. Hermoso día, pero el piso demasiado húmedo. Don Juan
+piensa: «No irá», y se queda en casa leyendo. Cristeta sale. Al fin
+mujer. Paseo en balde. Luego, noche de insomnio pensando: «¿Estará
+malo?»
+
+Martes. Sol esplendoroso, piso seco, ambiente primaveral. Casi al mismo
+tiempo llegan ambos espoleados por la impaciencia. Ella con otro traje:
+falda ceniza y abrigo muy oscuro, de paño todo bordado; sombrero gris
+con gran lazo y velillo; en vez de zapatos, botas. Don Juan, que va
+resuelto a hablar, se acobarda viendo a la niñera. «No: los criados son
+enemigos, no quiero comprometerla. Pero cuando viene aquí, cuando no se
+va de paseo a otra parte... por algo es.»
+
+En estos y parecidos lances, es decir, sin ninguno notable,
+transcurrieron veintitantos días.
+
+Por fin, una tarde, cuando don Juan iba por frente a la Cibeles,
+dirigiéndose al Retiro, vio a la niñera sola con el chico. Buscó con las
+miradas a Cristeta; pero en balde, y se dijo: «Ésta es la mía.»
+
+La niñera era pequeña, menudita, lista, graciosilla y achulada; un
+aperitivo o un _hors d'oeuvre_, si don Juan no tuviese puesto en más
+alta empresa el pensamiento. La chica, llevando al pequeñín de la mano,
+se dirigía hacia la parte del Prado donde paran los cochecillos tirados
+por cabras o burritos para recreo de niños. «Bueno--pensó don Juan--;
+luego vendrá la madre a buscarles.» Una hora fue siguiéndoles a larga
+distancia y gruñendo entre dientes: «¡Que haga yo esto!»
+
+Las cinco; Cristeta no viene y la niñera endereza los pasos hacia la
+Carrera de San Jerónimo; don Juan no aguanta más y, colocándose junto a
+ella, le habla de este modo:
+
+--Cuerpo bonito..., ¿vamos de retirada? Parece que hoy no ha salido la
+señorita.
+
+--¿Y a usted qué se _l'importa_?
+
+--No te atufes, mujer; cuando te lo pregunto, por algo será.
+
+--Es que yo no sé quién es _ustéz_.
+
+--¿Crees que te voy a comer?
+
+--Ya... como que no soy hierba...
+
+--¡Qué mal genio tienes y que reguapa eres!
+
+--Es que no quiero músicas y no se meta usted conmigo, que yo voy por mi
+camino y la calle es del rey.
+
+--No seas tonta y baja la voz. ¿Qué trabajo te cuesta contestarme a
+cuatro preguntas? No te arrepentirás; mira que soy muy agradecido.
+
+Julia se detuvo diciendo al chiquitín:
+
+--Aguarda, hijo, que este _cabayero_ me va a sacar de pobre.
+
+--Tu señorita se llama doña Cristeta, ¿verdad? ¿Dónde vivís? ¿Cómo se
+llama su marido? ¿Cuánto tiempo hace que están casados?
+
+--¡Pero, hombre, se _l'a figurao_ a _ustéz_ que soy catecismo _pa_
+responder a tantas cosas!
+
+--Bueno, pues dime lo que sepas.
+
+--¿No ve _ustéz_ que _entavía soy yo_ muy joven _pa_ ese oficio?
+
+--No seas tonta. Lo que ganas tú en dos meses te lo doy yo en un minuto.
+Por hablar nadie se pierde.
+
+--_Sigún_... y yo no quiero líos.
+
+Don Juan sacó del bolsillo del chaleco cuatro monedas de a veinte reales
+y quiso ponérselas en la mano.
+
+--¿Va usted a comprar la barandilla del _Prao_?
+
+--Toma, mujer.
+
+Ella hizo un movimiento como para alargar la mano; pero de repente se
+echó hacía atrás esquivando el cuerpo y diciendo rapidísimamente:
+
+--_Quitesusté pa_ un _lao_ que viene el coche con la señora...--y en voz
+baja, muy baja, añadió--: Agur, hasta otro día, cuando me vea usted sola.
+
+Don Juan, iluminado de súbita inspiración, repuso también muy aprisa:
+
+--Aquí mismo, a esta hora, la primera tarde que llueva. No te
+arrepentirás.
+
+Julia no había mentido. La berlina bajaba echando chispas por la Plaza
+de las Cortes. El cochero, al ver a la niñera, detuvo; abrió Cristeta
+desde dentro la portezuela y subió la chica con el nene.
+
+<tb>
+
+Como si el diablo fuese ordenador del tiempo en perjuicio del amor,
+tardó bastantes días en llover, con lo cual don Juan comenzó a
+desesperarse; tanto, que pensó en dar un golpe decisivo para inquirir
+dónde vivía Cristeta. Pensó primero en que lo averiguase Benigno, su
+ayuda de cámara; pero Julia era guapa, el hombre podía encapricharse...
+Resolvió hacer la diligencia por sí mismo.
+
+Una tarde fue al Retiro en una victoria tirada por un buen caballo, con
+cochero previamente instruido y seguro de ser gratificado. Debía éste,
+mientras don Juan pasease a pie, no perderle de vista, aproximarse a una
+seña convenida y seguir luego tras la berlina de Cristeta. La traza no
+era mala; pero falló. Manolo fue más listo, su caballo mejor y el
+cochero de don Juan se quedó rezagado en un cruce de calles, donde hubo
+confusión de carros y carruajes.
+
+A esta intentona siguieron varios días de buen tiempo en Madrid, y de
+mal humor en don Juan, porque ni la señora ni la niñera aparecieron por
+el Retiro ni el Prado.
+
+Cristeta dejó de ir a paseo y no permitió salir a la chica, con objeto
+de excitar y enardecer más la curiosidad de don Juan; pero a la par que
+esto hacía por reflexión, se apoderó de ella tal impaciencia que estuvo
+a pique de escribirle diciéndole con terrible laconismo: «Ven.» Por
+supuesto que si lo hace él se presenta de fijo en su casa o dondequiera
+le citase, sin miedo a marido, aunque fuera más temible que el Gran
+Turco. El pobre don Juan estaba rabioso por lo que le sucedía. Más de un
+mes llevaba perdido en persecución de una mujer a quien dos años antes
+había considerado peligrosa. «En realidad--pensaba, tratando de
+explicarse su conducta--, esto es... una locura... un capricho. (Cuando
+en materia de amor el hombre califica su gusto de capricho, es que está
+ciego de amor propio.) Nada más que un capricho. ¿Se ha casado? Ha hecho
+bien...; pero de mí no se burla una mujer a quien he tenido en los
+brazos. Yo le enseñaré quién soy. Cuando se me antoja una la logro, y
+cuando quiero la dejo, y luego, si me da la gana, vuelta a empezar. Una
+noche... una tarde... una hora, y después vaya bendita de Dios. Aunque
+esté casada con el mismísimo Padre Santo. ¡Se ha puesto tan guapa!»
+
+Hasta entonces nunca había entrado en sus teorías ni en sus prácticas
+intentar la repetición de semejantes aventuras, porque
+despreciativamente calificaba esto de reincidencia vergonzosa. Pero ¿era
+sólo amor propio lo que ahora le impulsaba al quebrantamiento de tales
+doctrinas? No; y la demostración, terrible por cierto, consistía en que,
+desde la tarde del primer encuentro con Cristeta, no se le había
+ocurrido acercarse ni conocer, en sentido bíblico, a ninguna mujer. Y
+fue sin premeditarlo, como si por instinto ahorrara brío, esfuerzo y
+terneza, ilusionado con la esperanza de que se presentase la ocasión de
+reanudar la lectura del poema estúpidamente interrumpido en
+Santurroriaga.
+
+Cuando, a fuerza de reflexionar sobre su situación, se dio cuenta de
+aquella castidad, experimentó una sensación rarísima, mezcla de terror y
+vergüenza: lo primero, porque le espeluznaba la perspectiva de que una
+mujer le absorbiese y tiranizara el pensamiento; lo segundo, porque para
+un hombre como él era ridícula semejante continencia. Quiso entonces
+persuadirse de que no estaba cautivo de una idea fija, de que el
+fantasma de Cristeta no le había sorbido la voluntad, y determinó
+visitar a cualquiera de aquellas antiguas conocidas suyas, y de otros,
+siempre dispuestas a representar papel de Danae no por una lluvia de
+oro, sino por unos cuantos duros.
+
+A fuer de inteligente y delicado en cosas de amor, era don Juan, aunque
+no invulnerable a la seducción poco sensible a los halagos de
+_vengadoras_, _momentáneas_ y _horizontales_. No le importaba que le
+costase caro el viaje a Citerea; pero sentía repugnancia invencible a
+pagarlo al contado, como si besos y caricias fuesen guantes y corbatas:
+gustábale, por el contrario, dejar espacio entre el placer y la
+remuneración para poetizar y envolver en voluntarias ilusiones lo
+prosaico de la realidad, prefiriendo gastarse muchos centenares en un
+regalo a dejar unos pocos sobre una mesa de noche o dentro de un
+sortijero. Y tenía razón: ¿dónde hay cosa que tanto descorazone y
+repugne como besar a una mujer y cinco minutos después darle dinero?
+¡Todo se puede perdonar al oro menos que sirva para comprar el amor!
+
+El resultado de esta quintaesencia de romanticismo bien entendido, era
+que no conocía gran número de pecadoras. En cambio, aquellas a quienes
+trataba constituían la flor y nata del gremio; el estado mayor de los
+ejércitos del diablo. Unas, nacidas en baja condición, fueron
+encumbradas en virtud de su belleza; otras habían trocado la miseria
+vergonzante de la clase media por el esplendor lujoso de la corrupción.
+A todas sirvió de escabel la imbecilidad de los hombres.
+
+¿Cuál sería la que él utilizase de _modus vivendi_ y como remedio
+pasajero a la soledad que le atormentaba? ¿A cuál de ellas se dirigiría?
+
+¿A la encantadora Elvira? Cierto que tenía el cuerpo escultural,
+vivificado por venas azuladas que parecían serpear entre tibia
+carnosidad de rosas; mas su belleza estaba deslucida porque, teniendo el
+pelo tan negro como las bayas de la yedra, había dado en la estúpida
+manía de teñírselo de rubio lino. Además, era muy bestia, no podía
+sostener una conversación, y con ella el dúo del amor casi se convertía
+en triste soliloquio.
+
+¿Enriqueta? Lánguida, esbelta, pálida y ojerosa, parecía sentimental y
+romántica; pero al comer devoraba, bebía como un tudesco y amaba con
+estremecimientos de epilepsia: pecar con ella no era rendir grato
+tributo a la Naturaleza, sino hacer un favor.
+
+¿Flora? La cara valía poco: chatilla y morenucha; lo demás, admirable,
+el pecho como de Venus victoriosa, las caderas con curvas de ánfora, las
+piernas como de Diana Cazadora; por mirarla desnudarse hubiera Orestes
+prescindido de su venganza. Pero luego, no había que contar con ella: en
+la situación culminante del coloquio amoroso se quedaba insensible,
+entreteniéndose en seguir con la vista los dibujos del papel de la pared
+o contando las estrías de las columnillas de la cama. Hacía concebir
+grandes esperanzas y acababa prestándose al amor como a una servidumbre.
+Durante el prólogo, sus sonrisas eran un estímulo; después, una mueca de
+doloroso hastío.
+
+¿Araceli? ¡Pobre muchacha! Tez de rosa enfermiza, piel dorada con
+reflejos de ámbar. Cuando se destrenzaba el pelo, dejándolo caer suelto
+hebra a hebra en torno del cuerpo, envolviéndose en un manto de oro
+luminoso, parecía la diosa del pudor. ¿Por qué estaría siempre triste?
+Bajo los rasgos de lápiz azulado con que se agrandaba los ojos brillaba
+perpetua humedad de lágrimas. ¿Qué habría en su alma? ¿Laxitud de
+pecadora cansada o nostalgia de castidad atropellada?
+
+¿Marcela? Guapísima, juguetona, sensual, elegante, mimosa y zalamera
+hasta el punto de aparentar que se entregaba ilusionada; pero... la
+codicia en persona. No hablaba más que de previsión, ahorros y
+peluconas. Oyéndola sin mirarla, podía uno imaginar que escuchaba
+consejos de pariente tacaño. Un día, entre gatadas y bromas, le quitó a
+un amante dos perlas de la pechera, y retorciendo una horquilla de las
+llamadas invisibles, con su alambre finísimo improvisó un par de
+pendientes, y se quedó con ellos.
+
+¿Mercedes? La mentira en todo su esplendor. Afectaba exceso de pasión;
+una noche de caricias suyas rendía más que tres días de caza.
+
+¿Alberta? El tipo de la gran señora frustrada; no era cortesana por
+miedo al trabajo, sino por ansia de brillar; hablaba inglés y francés;
+leía a Byron y Musset en el original; el membrete de sus cartas
+ostentaba este lema: _Una para todos y todos para una_. Sus manos eran
+de reina, sus pies de niña, los ojos como violetas claras mojadas de
+rocío..., pero tenía en su casa para abrir la puerta una hermana de
+dieciocho años, tísica, que daba compasión. ¡La antesala del placer
+parecía custodiada por el ángel de la muerte!
+
+¿Leonor?... No la recordaba bien... ¡Ah, sí! La insaciable; hembra
+peligrosísima. A semejanza de Diógenes, siempre andaba buscando un
+hombre.
+
+¿Blanca? La hermosura sin alma, la coquetería sin delicadeza. Poseía la
+ciencia de vestirse e ignoraba el arte de desnudarse.
+
+Margarita..., Paz..., Asunción...; profesionales vulgares que no sabían
+más que entregarse como insensible mercancía a tantos o cuantos duros
+vista. ¡No! Ninguna le servía. Pobres imbéciles condenadas a vender lo
+inapreciable. ¡Farsantas de la comedia del amor, incapaces de imitar la
+poesía de la realidad! ¡Ah, Cristeta! Tú, amante toda verdad, sinceridad
+y entusiasmo, ¿dónde estabas? ¡Tú, la única que en cada beso daba un
+poco del alma! ¡Sólo poner tu nombre junto con los de aquellas
+desgraciadas, era ofenderte!
+
+Don Juan no estableció comparación ni paralelo entre ella y las
+sacerdotisas de Venus; pero instintivamente, sin quererlo, a cada
+cuerpo, a cada rostro, a cada boca, a cada rasgo femenino que evocaba,
+le parecían superiores el cuerpo, el rostro, la boca y el recuerdo todo
+de Cristeta. ¿Por qué la dejaría? Y ella, ¿cómo se había entregado a
+otro hombre? Lo primero fue insensatez; lo segundo pedía venganza.
+
+Don Juan iba excitándose por grados. ¿Qué sería aquello? ¿Vanidad
+herida, amor propio humillado, capricho incompletamente satisfecho?
+Cristeta le ocupaba el ánimo, le absorbía la voluntad y le llenaba el
+pensamiento. En ninguna encontró aquella rara mezcla de amor ardiente y
+de cariño impecable, aquella voluptuosidad empapada de ternura, ni aquel
+sensualismo exento de vicio. ¡Los labios de fuego, las miradas castas!
+¡Ah, necio y mentecato, que por propia culpa la perdió!
+
+«Ella..., ella ha hecho bien en casarse, o en regalarse a quien le haya
+dado gana. La demostración de lo que vale--se decía él--está en la
+conducta que observa. En el Retiro ni una sola mirada, y luego ha dejado
+de ir. Indudablemente no va porque cuando me ve, sufre.»
+
+¡Qué mezcla de risa, gozo y orgullo hubiera experimentado Cristeta si
+por arte de magia le fuese dado asistir a tales monólogos! Y
+generalizando el caso, ¡cómo se reirían las mujeres de los hombres si
+les vieran pensar!
+
+<tb>
+
+A todo esto sin llover; es decir, don Juan, imposibilitado de hablar con
+Julia, la niñera, que ni se acordaría tal vez de la cita.
+
+En cambio, fue a todos los teatros de Madrid, visitando varios cada
+noche; asistió a estrenos, funciones de beneficencia y turnos distintos;
+todo en balde. «No la dejará su marido, o no querrá ella separarse del
+niño. ¡Claro! Una mujer así tiene que ser buena madre. Además, le dará
+pena ir al teatro... ¡sitio en que me conoció! La verdad es que me he
+portado muy mal. ¿Cómo buscarla sin comprometerla?... ¿Cuándo lloverá?
+¿Se acordará Julia?» Poco faltó para que mandase hacer rogativas.
+
+Por fin llovió, y con tal abundancia que acudir a la cita era ponerse
+hecho una sopa.
+
+Se calzó fuerte, se puso el impermeable y bajó al Prado, yendo a
+colocarse ante la fuente de Neptuno, con los pies en un lago, el diluvio
+en torno y la imaginación barrenada por la impaciencia. Transcurrió
+media hora: según el reloj treinta miserables minutos; para el
+pensamiento, treinta siglos de malestar y desesperación. Repentinamente
+su espíritu se inundó de luz. A distancia de cien metros apareció Julia,
+paraguas en mano pisando adoquines, saltando charquitos, tan airosa como
+indecorosamente arremangada. Al llegar a cuatro pasos de él, dijo
+chulescamente:
+
+--Oiga usted, señorito, ¿me _tié_ usted que contar muchas cosas _ú_ es
+que vamos a hacer de patos?
+
+--Nos meteremos en un portal.
+
+--¿Y si pasa alguno que me _conozga_ y lo cuenta?
+
+--Tienes razón; vámonos a un café, sígueme.
+
+Andando muy de prisa, llegaron a un cafetín cercano a la calle de
+Atocha, sentáronse y acercóseles el mozo:
+
+--¿Qué va a ser?
+
+--¿Qué quieres tomar?--preguntó don Juan a la muchacha.
+
+--Café con media de abajo.
+
+--Pues yo... chica de cerveza.
+
+--Hasta en botella le gustan a usted.
+
+--Si son como tú, ya lo creo.
+
+--No me peino _pa_ señores. Conque hable usted claro, que estamos lejos y
+cae agua.
+
+El lugar era ignominioso: un café con tabladillo para cantadores,
+banquetas más destripadas que caballo de picador, el techo ennegrecido a
+fuerza de humo, el ambiente apestando a tabaco de colillas, el piso
+escurridizo y viscoso de saliva; al fondo, un mostrador lleno de vasijas
+sucias y, en último término, una entre cocina y cueva, especie de
+laboratorio infernal consagrado al dios Cólico. El local casi desierto.
+Sólo en un rincón una pareja de chula y chulo, a quienes se oía decir:
+
+_Él_.--Tres pesetas...; anda rica, tres pelas.
+
+_Ella_.--Tres pares de cuernos..., so gandul.
+
+_Él_.--Te voy a cortar la cara.
+
+_Ella_.--¿La traes _afilá_?
+
+Luego él cuchicheaba requiebros; la mujer sonreía lascivamente y,
+después, sobre el mármol del velador, sonaban cuartos.
+
+Sirvió el mozo lo que le habían pedido; comenzó don Juan haciendo muecas
+al beber cerveza, quitó la chica un pelo que traía la tostada y,
+guardándose las sobras del azúcar, habló de este modo:
+
+--Ya he dicho que vivo lejos.
+
+--¿Dónde?
+
+--Es que si _paece_ usted por allí y huele mi señorita que tengo yo la
+culpa, me planta en la calle.
+
+--¿Tu señora se llama doña Cristeta Moreruela?
+
+--No señor, es decir, Cristeta sí que se llama, pero el apellido es
+Martínez.
+
+--¡Imposible!
+
+--_Pos_ si lo sabe usted, ¿_pa_ qué he hecho yo esta caminata? El señor
+se llama Martínez, conque _sacusté_ la consecuencia.
+
+--De modo que está casada, ¿desde cuándo?
+
+--_Ende_ que le dijeron los latines, si se los han dicho.
+
+--¿No estás segura?
+
+--Segura no, porque no me convidaron; lo que sé es que el señor está en
+_Felipinas ú_ en la Habana, de cierto no sé... vamos, en América.
+Escribe _toos_ los correos y manda el _conquibus_, y la señora no para
+de hablar del amo, y es buena, aunque _tié_ el genio _mu soberbio_, y no
+se visita con nadie.
+
+--¿Hacía cuándo crees tú que se casaron?
+
+--El niño _tié_ veintiséis meses, conque...
+
+--Y él en la Habana, ¿qué hace?
+
+--¿Qué ha de hacer? _Empleao_. En la primavera viene.
+
+Al decir _primavera_, Julia sonrió sin que don Juan lo notase, porque se
+había quedado muy pensativo. De pronto, exclamó:
+
+--Bueno, mujer. Pues... yo te pagaré bien, ¿entiendes?; pero desde hoy a
+quien sirves es a mí.
+
+--Eso no _pué_ ser.
+
+--¿Por qué?
+
+--Porque me va usted a pedir cosas que... me tendré que ir de la casa y
+no me trae cuenta, porque el señor, cuando venga, va a emplear a mi papá
+en consumos.
+
+--Yo emplearé a tu papá y a toda tu familia.
+
+--¡Qué fuerte se conoce que le ha _entrao_ a usted! Por supuesto que no
+me extraña, porque a mi señorita _toos_ los hombres se la comen con los
+ojos...; verdad que se quedan iguales, con las ganas.
+
+--Debe de ser muy buena.
+
+--Mal genio; pero tocante a... vamos, a eso que usted anda buscando, me
+_paece_ a mí que es perder el tiempo. En fin, yo haré lo que usted me
+mande, con una sola condición: que no _parezga_ usted por donde vivimos,
+a lo menos hasta que...
+
+--¿Hasta que nos arreglemos?
+
+--Cabalito.
+
+--Te lo prometo; me ayudas, te pago bien, y por ahora no pongo los pies
+en vuestro barrio. Otra cosa: ¿son ricos? ¿Cómo tienen puesta la casa?
+Aunque yo no haya de ir... ¿dónde vive?
+
+--Vaya... pues... la calle no se la digo a usted, vamos, que tengo mucho
+miedo a que me despidan.
+
+Don Juan fingió resignarse con la negativa, y formó propósito de irse
+luego siguiendo de lejos a Julia. Ésta continuó:
+
+--El cuarto es _manífico_, de casa grande, muy hermoso, con vistas a un
+jardín antiguo. Los muebles buenos; _pa_ la compra dan cuatro _ú_ cinco
+duros diarios, y la señorita gasta unas ropas blancas muy ricas.
+
+Don Juan permaneció un instante silencioso y luego dijo:
+
+--Bueno, pues lo primero es que me averigües, con seguridad, si están
+casados, y el punto, el pueblo donde está él, y qué empleo tiene.
+Además, le entregarás esta carta a la señorita... y esto para ti.
+
+Dicho lo cual, alargando la mano por bajo de la mesa, colocó sobre la
+falda de Julia cinco monedas de a duro. El mágico efecto que causaron se
+reflejó en la respuesta:
+
+--¿Y cuándo nos _golvemos_ a ver?--dijo embolsando carta y dinero.
+
+--Si contestara...
+
+--¡Están verdes!
+
+--Pues cuando le des la carta o la hayas puesto donde la coja, al otro
+día haces una escapada.
+
+--Muy tempranito ha de ser.
+
+La perspectiva de un madrugón disgustó a don Juan; pero repuso
+bravamente:
+
+--¡No importa!
+
+--¿Sabe usted el jardinillo de la Plaza Mayor? Pues... pasado mañana a
+las siete y media.
+
+--De siete y media a ocho.
+
+--Corriente.
+
+--Adiós.
+
+Julia salió del café arrebujándose en el mantón; don Juan pagó en un
+abrir y cerrar de ojos, se echó a la calle, miró en todas direcciones
+deseoso de ver a la muchacha para seguirla y... nada; como si se la
+hubiese tragado la tierra. Se acercó a una esquina cercana, luego a otra
+un poco más distante, se paró, tornó a mirar hacia los lados, de frente;
+todo fue inútil.
+
+La grandísima pícara estaba escondida en una tienda de ultramarinos
+inmediata al café: desde allí observó los movimientos de don Juan hasta
+que le vio marcharse despacio, tan mohíno y preocupado, que, a pesar de
+la lluvia, llevaba el impermeable sin abotonar, y la cabeza tan caída
+sobre el pecho, que el agua le iba entrando por el cogote.
+
+Luego que le perdió de vista salió ella de su escondrijo. La risa le
+retozaba en el cuerpo, con los dedos metidos en la faltriquera iba
+palpando los duros, y de trecho en trecho, temerosa de ser seguida,
+volvía la cara. Precaución inútil. Don Juan marchaba en dirección
+contraria, y de tan mal humor, que ni siquiera dirigía una mirada a las
+mujeres que, al cruzar las calles enlodadas, se recogían las faldas,
+enseñando algo de lo que a él tanto le gustaba.
+
+
+
+
+Capítulo XVI
+
+Donde se prosigue la demostración de que el amor puede hacer astuta a la
+engañada y crédulo al engañador
+
+
+La carta confiada por don Juan a Julia y leída con avidez por Cristeta,
+decía lo siguiente:
+
+ _«Sé que no tengo derecho a pedirte nada, ni lo merezco, pero es
+ necesario que hablemos una sola vez; cinco minutos, donde tú
+ quieras. Puedes escribirme a mi casa con entera confianza. Creo
+ inútil firmar.»_
+
+Cristeta pensó: «¡Qué lacónico y qué escamado! Lo que él quiere es
+visita, entrevista para empezar a mentir, ponerse cariñoso y volverme
+loca. No, pues todavía no.»
+
+Llegado el día de la segunda cita entre Julia y don Juan, éste acudió
+primero. A las siete y cinco estaba embozado en la capa y dando vueltas
+por el jardinillo de la Plaza Mayor, que aparecía envuelta en la neblina
+llorona y gris de la mañana. Paseo arriba, paseo abajo, empezó a
+monologuear como todo el que espera:
+
+«Esto es levantarse con el sol; estoy convertido en pájaro; no me falta
+más que trinar..., todo se andará. ¡Cuánto tiempo hacía que no
+madrugaba!; desde que troné con la devota. ¡Buen catarro me hizo pescar
+en las Jerónimas! ¡Y qué habilidad tenía para entrar y salir en una
+iglesia sin que la conociesen! Cualquiera hubiese creído que eran dos
+mujeres distintas; entraba muy de prisa, inclinada la cabeza sobre el
+pecho, recogida la falda, tan caído el velo que no se le veía más que la
+punta de la nariz; salía derecha, irguiéndose para parecer más alta,
+suelta la falda, el velo echado hacia atrás y pisando fuerte; nada, dos
+personas distintas. Recuerdo que usaba un escapulario tamaño casi como
+un ladrillo, pero muy perfumado con heliotropo blanco, y dentro del cual
+escondía el retrato de su primer amante. Yo creo que era sinceramente
+religiosa. Una tarde, mientras se quitaba el corsé, me dijo: «Mira tú si
+el Señor es bueno que, según la doctrina, lo primero es amar a Dios
+sobre todas las cosas, y fíjate en que no dice sobre todos los hombres.»
+Los días en que se confesaba me decía entre caricias y besos: «Chico,
+esto es coser por la mañana y deshacer la labor por la noche.» ¡Pobre
+muchacha! Luego quiso seducirla un cura, y se hizo escéptica. ¡Con qué
+poco se pierde la fe! ¡Bah! Aquello pasó... Ya tenía yo olvidado el
+Madrid de por la mañana. Lo mismo está hoy que cuando iba yo a la
+Universidad. Puestos de buñoleras, burras de leche, traperos, cocineras,
+albañiles con blusa y tartera, el carro de la basura con un barrendero
+encima que parece un cónsul romano preparándose para entrar en triunfo,
+alguna pareja de estudiante y modista... ¡quién fuera él!... y yo aquí
+hecho un imbécil esperando a una niñera..., ni más ni menos que un
+soldado... Esa es la estatua de Felipe III o Felipe IV, no estoy
+seguro... igual da. ¡Aquella sí que era buena época! Capa, espada,
+linterna, escala, un buen criado, en las comedias antiguas les llaman
+lacayos, el bolsillo bien repleto de doblas... y a perseguir tapadas.
+¡Famosa debía de estar la corte! Libertad no habría; pero en cuanto a
+divertirse, cada oveja con su pareja..., mejor que ahora. Ellas siempre
+encerradas como monjas; así que cuando podían salir o meterle a uno en
+casa, se volvían locas. Y eso que había frailes. ¡Los frailes! Eran
+sabios que en materia de agricultura recogían sin sembrar, y en amor
+sembraban sin recoger. Yo tengo la preocupación de creer que no hay
+español que no tenga en las venas sangre de fraile... Siempre que se me
+ocurre una idea mala, digo: esto, esto es atavismo, reminiscencia del
+padre Tal o Cual, que debió de tener algo con alguna de mis abuelas...
+El Madrid de hoy es insoportable. Todos los pisos bajos son tiendas,
+apenas hay rejas. ¿Cómo se las arreglarían ahora aquellos galanes? ¡Qué
+cosas se les ocurrirían a Villamediana y a Quevedo, viendo este Madrid,
+que tiene la Plaza de Oriente al Norte, la estatua de la Comedia delante
+del teatro italiano, y aquí en la Plaza de la Constitución la estatua de
+un rey absoluto! ¡Cuánto disparate!... Pero, ¿no vendrá esa chiquilla?
+¿Se estarán burlando de mí? No: Cristeta no es capaz... ¿Estará
+realmente casada?... Importarme, no me importa nada; pero me
+mortificaría que conmigo presumiese de incorruptible...»
+
+A las ocho menos cuarto apareció Julia bajo el arco que da a la calle de
+Toledo. Al verla, se dirigió hacia ella con mal disimulada impaciencia:
+
+--¿Qué hay, buena pieza?
+
+--_Pos_ verá usted. Lo primero que se me ocurrió fue decir a la señorita
+que, estando yo en el portal, _yegó_ un _cabayero_ a dejar una carta, y
+que como no estaba la portera, la tomé yo. Por lo pronto no se malició
+nada; pero luego en cuantito que la leyó, se tragó la partida.
+
+--¿Y qué cara puso?
+
+--Sabe más que Lepe, Lepijo y toda su parentela. Me llamó, se encaró
+conmigo, y me dijo que la carta me la habían _dao_ a mí _diretamente_, y
+que si tomaba otra, me plantaba en la calle.
+
+--Bueno; pero ¿crees tú que fue pamema o que se incomodó de veras?
+
+--Le diré a usted; yo salí del gabinete haciendo como que me largaba a la
+cocina, y me planté detrás de la puerta, y por una rendija miré... Se
+quedó más blanca que el papel..., luego se sentó de espaldas; pero me
+pareció que _yoraba_, _lo cual que_ no me lo explico.
+
+--Vamos por partes: ¿te preguntó las señas del caballero de quien tomaste
+la carta?
+
+--Sí, y dije: buen mozo, con barba corta y bigote largo, bien _plantao,
+mu fino_... en fin, usted.
+
+--Gracias, prenda. Pues mañana tienes que venir aquí para que te dé otra
+carta.
+
+--Mire usted que me despiden.
+
+--Calla, y escucha. Te daré la carta y la dejas sobre un mueble donde
+ella la vea, Si riñe, hemos concluido, y pensaremos otra cosa: si calla,
+ya sabemos a qué atenernos. Tú sírveme bien, y no te importe lo demás.
+Toma, para ti.--La propina fue respetable.
+
+--Me _paece_ a mí que me está usted metiendo en un berenjenal. A ver si
+usted se come el queso y yo pierdo el pan.
+
+--Yo lo remediaría. Otra cosa. Por lo que pueda ocurrir, es indispensable
+que me digas dónde vivís.
+
+--Bueno, pues mire usted, yo se lo diré a usted en cuanto huela que la
+señorita _está por usté_; antes no porque me quedo en _mitá_ de la
+calle: luego _ustés_ harán lo que quieran; pero le _azvierto_ a usted
+una cosa, y es que..., la verdad, yo no sé si la señorita el día de
+mañana le pondrá a usted buenos ojos, no la _conozgo_ bastante... y ya
+sabe usted lo que son las señoras...; lo que sé, de seguro, es que tiene
+mucho miedo a la _vecindaz_, que está llena de amigas y _conocías_ suyas
+por _toos laos_; en casa no entra _dengún_ señor... y, en fin, que en
+cuanto se asome usted por allí, ha _perdío_ usted el pleito. Como veo
+que es usted una persona decente, no le quiero engañar. ¿Sabe usted lo
+que le digo? Y mire usted, que aquí donde me ve usted tan joven, he
+_servío_ en muchas casas.
+
+--Habla mujer.
+
+--Pues que de _yevar_ el gato al agua _tié_ que ser en otro barrio; pero
+_mu_ lejos. Con el _caráter_ y las _cercunstancias_ de mi señorita,
+_tié_ usted que ir a robar lejos, como los gitanos.
+
+--Puede que tengas razón. En fin, por ahora seguiré tu consejo. Sin
+embargo, a pesar de esto, quiero resueltamente que me digas dónde vivís;
+yo no pareceré por allí, pero necesito saberlo. Y vive tranquila; lo que
+a ti te trae cuenta es estar a bien conmigo. Conque habla, pimpollo.
+
+Julia fingió vacilar, y por fin repuso:
+
+--Bueno, pues vivimos en la calle de Don Pedro, número 20, la única casa
+que _tié_ jardín con tapias _mu_ altas que dan a otra calleja
+_estrechisma_. Pero ya le diré yo a usted cuándo _tié_ que _dir_ por
+allí, no vaya usted a ensuciarlo _too_ por _pricipitación_.
+
+--Corriente. ¿Vendrás mañana por la carta?
+
+--Sí: agur, que se va a levantar el ama.
+
+--Adiós, salerosa. ¿Sabes que me gustas?
+
+--¿También le gustan a usted las sirvientas? _Pa_ mucha gente quiere
+usted servir a la vez.
+
+La segunda carta fue redactada en estos términos:
+
+ _«Cristeta: No quiero resignarme a que conserves mal recuerdo de
+ mí. Es necesario que te explique muchas cosas. Concédeme unos
+ cuantos minutos, y no volveré a molestarte nunca. Sé que la única
+ persona a quien puedes temer no está en Madrid. Espero con
+ impaciencia un recado o dos líneas tuyas. Recibe un respetuoso
+ saludo de_
+
+ J.»
+
+Nuevo intervalo de veinticuatro horas, y nueva entrevista de la niñera
+con don Juan al pie de la estatua de Felipe III. ¡Triste cosa, ser rey y
+presenciar alcahueterías!
+
+La mañana, extremadamente fría; lluvia mentidita de calabobos; don Juan
+ojeroso y falto de sueño; la chica burlona, desenfadada y alegre.
+
+--¿Qué hay?
+
+--_Rigular._
+
+--Explícate.
+
+--Dejé la carta encima del tocador, entré poco después y la estaba
+leyendo _mu_ seria. En seguida la rompió en pedacitos y la tiró a la
+chimenea, diciendo, como para que yo me hiciese cargo: «Ya se cansará.»
+Después _me se_ quedó mirando _clavá_, y dijo: «Muchacha, ¿tú te has
+_empeñao_ en irte a servir a otro _lao_?»
+
+Don Juan hizo un gesto de disgusto: Julia prosiguió.
+
+--Pero lo que yo me digo: cuando no me ha _despedío_ ya..., es _güena_
+señal. Y ha de saber usted que no me lo esperaba yo; creí que la
+señorita sería más dura de pelar; pero desengáñese usted..., _pa_ ver
+picardías no hay más que servir a las amas. Crea usted que nosotras nos
+vamos con un hortera o un _soldao_; pero lo que es las señoras, en
+viendo _cabayeros_... como si no fueran tales señoras.
+
+--Tienes razón.
+
+--Por supuesto que también los hombres son _negaos_: no lo tome usted a
+mala parte; pero ¿se le figura a usted que el _marío_ de mi ama no está
+_dejao_ de la mano de Dios _pa dirse_ a la Habana _ú_ donde sea,
+mientras ella está tan reguapa que da gloria, y más fresca que una rosa?
+Lo que yo digo: si él está en el _otro mundo_, ella como si estuviera
+viuda, y las viudas son del diablo.
+
+--¡Ah! Bueno, y ¿qué hay de eso? ¿Cuándo se casaron?
+
+--Verá usted: me ha dicho la cocinera, que es la más antigua, que el
+señor es bastante mayor, no viejo, ¿eh?; pero la _yeva_ veinte años, lo
+menos. Se conocieron fuera de Madrid, en un pueblo donde hay mar, ya va
+_pa_ tres años, y el casarse fue por la posta. Vamos, que les entró muy
+fuerte... como a usted ahora.
+
+--Sigue.
+
+--Luego, hace tres meses, el señor, que estaba _empleao_ aquí, se ha ido
+a la Habana; dicen que es _pa_ tener no sé qué categoría o señorío, y
+_golverse_ y _cobrar_ más; después, si se muere habiendo _estao_ allí,
+porque él ha _estao_ antes también, pues, si se lo lleva Pateta, le deja
+_mu_ buena orfandad a la señora.
+
+--Viudedad, mujer, viudedad.
+
+--¡Ah! _me se_ olvidaba lo mejor. A la cocinera le han dicho que la
+señorita había sido de las que trabajan en el _treato_.
+
+--Eso debe de ser una paparrucha. No tiene trazas de cómica. Lo que has
+de averiguar es si tiene unos parientes estanqueros, y si habla de que
+vuelva pronto tu señor.
+
+--De parientes nunca habla, como si fuera inclusera. El señor _tié_ que
+estar allá un año... le faltan nueve meses. Ingénieselas usted ahora
+mientras él está allá..., en _golviendo_..., pues, entonces... ya
+¡maldita la falta que le hace usted a ella!
+
+--Bien, hija, bien. Eres jovencita; pero piensas claro.
+
+--Lo que la enseñan a una. En fin, yo me tengo que largar. ¿Manda usted
+algo? ¡Ah, _me se_ olvidaba una cosa que _l'importa_ a usted mucho!
+Según la cocinera, el amo es muy bruto... ¡conque, ojo al Cristo!
+
+--¿Cómo?
+
+--Que es hombre que gasta malas pulgas, y si se entera de que usted u
+otro _cualisisquiera_ anda buscándole las vueltas _pa_ torearle, pues, a
+la señorita y a usted, _ú_ al que sea, lo hace polvo. El tal señor de
+Martínez es atroz de grosero y de mal _hablao_.
+
+--Me tiene sin cuidado. Lo principal es que yo me haga simpático a la
+señorita..., luego..., si viene ya nos las compondremos como podamos.
+Vamos a lo que importa. Mira..., mañana..., no, mejor ahora mismo,
+espera. Vengo prevenido para ver si me ahorro otro madrugón.
+
+Sacó de la petaca una tarjeta, un sobre pequeño y un lápiz; miró en
+torno, y convencido de que la gente que pasaba no era tal que pudiese
+conocerle, hizo ademán de escribir sosteniendo la tarjeta en la mano
+izquierda.
+
+--Poco cabe ahí--dijo Julia mirando el pedazo de cartulina--. ¿_Sabusté_ lo
+que le digo? _Póngala_ usted a la señorita que si no contesta se
+plantifica usted en su casa _pa_ hablar con ella, y apuesto las orejas a
+que, por miedo, contesta. En fin, así sabrá usted si da lumbre, porque
+hasta hoy está usted como alma en pena.
+
+«¡Oh malicia, oh ingenio, hasta en los más humildes resplandeces!»--pensó
+don Juan y añadió en voz alta:
+
+--Hablas como un libro.
+
+En seguida escribió estas líneas:
+
+ _«Cristeta: Esto y resuelto a que nos veamos. Si no me contestas,
+ si no accedes a ello, pasado mañana, sin falta, me presentaré en tu
+ casa. Date por avisada. Perdóname; pero ni puedo ni quiero estar
+ más tiempo sin hablarte._
+
+ _Tuyo, Juan.»_
+
+Metió en el sobre la tarjeta, se la dio a Julia, despidiéronse, y ya
+estaban a punto de separarse, cuando él, por precaución para lo
+sucesivo, dijo:
+
+--Oye, por si yo te necesito o tú tienes algo nuevo que decirme, cada dos
+días por la mañana, a la misma hora de hoy, aquí nos veremos. ¿Vendrás?
+
+--Bueno, vendré; pero usted las lía de tanto madrugar.
+
+Y cada uno se fue por su camino.
+
+Poco después, don Juan, resuelto a seguir el consejo de Julia, quiso,
+para orientarse, conocer el terreno que acaso habría de pisar, y tomando
+un coche de punto, encargó al simón que pasase despacito por la calle de
+Don Pedro.
+
+Se quedó asombrado. La casa de que Julia le hablara era la de los duques
+de Barbacana, una de las más antiguas y señoriales de Madrid, un
+edificio de mediados del siglo XVIII, caserón destartalado, con honores
+de palacio, formando esquina con una calleja inmediata y rodeado de
+altas tapias, tras las cuales se alzaban unas cuantas acacias. «No cabe
+duda--se dijo--, la casa de los de Barbacana. Pues les costará carísimo.
+¿Con quién se habrá casado esa mujer? ¿Qué señor Martínez será ese? ¿A
+que está nadando en la opulencia y resulta inútil cuanto yo intente?»
+
+Al tornar hacia el centro de Madrid, llevaba la cabeza llena de dudas,
+conjeturas y suposiciones. La vista de aquella fachada con grandes
+huecos, el portal enarenado y lleno de tiestos, el arranque de la
+escalera alfombrada, el farolón monumental y, sobre todo, la grave
+figura del portero augustamente envuelto en un levitón con cada botón
+como un platillo, y con gorra de cinta blasonada, aquel conjunto de
+señorío rancio y fortuna segura, le dejó estupefacto. «¡Qué barbaridad!
+Pues aunque los duques vivan en el principal y alquilen el segundo y sea
+interior, lo menos... ¡qué sé yo cuánto! ¿Se habrá casado con el
+administrador y les darán casa? No, porque no estaría él en América.»
+
+Don Juan empezó a creer que la situación se complicaba. Cristeta debía
+de estar rica, y no necesitaría para nada de su antiguo amante; además,
+era mujer capaz de entregarse, pero incapaz de venderse; por último,
+también pudiera suceder que estuviese enamorada de su marido. Al
+ocurrírsele esta idea frunció el entrecejo, y pasándose la mano por la
+frente, pensó: «¿Enamorada del otro? ¡Imposible! Pero... ¿y a mí qué?
+Mejor. Lo esencial es que se ha puesto hermosísima, mucho más guapa que
+antes. En fin, tengo ese capricho y me da la gana. Ha engordado...,
+antes tenía el pecho como de ninfa jovencilla, hoy debe de tenerlo como
+la diosa de la abundancia. ¡Me da una ira pensar que el burro de
+Martínez!... No es que yo me arrepienta; pero la verdad es que anduve
+algo precipitado en dejarla.»
+
+Evocando recuerdos se le vinieron a la imaginación muchas cosas. Ninguna
+mujer poseyó que fuese tan cariñosa. ¡Qué modo de echarle al cuello los
+brazos! ¡Pues y aquella lánguida monería con que se le ceñía al cuerpo,
+posando la gentil cabeza sobre su hombro! Sin saber cómo, se le caían
+las horquillas, y el pelo suelto, rizoso y perfumado le rozaba la
+frente. Lo particular era que la sensualidad, la parte grosera del amor,
+permanecía en ella velada por un pudor admirable. Jamás habló de
+resistencia, ni de perdición, ni echó en cara lo que daba, ni tuvo
+miedo, ni alardeó de doncellez. Se dejó poseer con prodigiosa
+naturalidad, como quien tiene sed y bebe agua, pareciéndole que la
+entrega de su cuerpo era lógica, fatal e ineludible consecuencia de
+haber sometido el alma. ¡Qué momentos tan dulces! La verdad es que todo
+el mundo se ríe de estas cosas cuando las ve escritas; pero cuando las
+trae uno mismo a la propia memoria, parece que saltan chispas de los
+nervios y que ruedan lagrimones por las mejillas. Lo inolvidable para
+don Juan era el modo que Cristeta tenía de besarle. A la llegada, un
+beso repentino, brusco y rápido; el desahogo de la impaciencia. Luego,
+según el momento y la situación de ánimo, variedad infinita; todo un
+curso espontáneo de filosofía sentimental. Si le veía triste, besos de
+cariño dulces y desinteresados, como caricias aniñadas. Si estaba
+contento, besos juguetones y mimosos, algo lentos. Cuando quería
+marcharse, besos prietos y tercos, en que la húmeda tersura de los
+labios palpitaba con deliciosa laxitud, queriendo sorberle el alma. Nada
+de grosería ni lujuria. Estos besos eran el maravilloso límite que
+separa lo físico de lo inmaterial. Las bocas se unían como si tuvieran
+vida propia, e independiente del resto del cuerpo. La confusión de los
+alientos era símbolo del maridaje de las almas. ¿Quién ha dicho que esto
+es pecaminoso? Si Dios ha desparramado en los labios, con infinito arte,
+las papilas nerviosas que perciben y sutilizan la sensibilidad, y no
+sirven para besar, entonces, ¿para qué sirven? El principal encanto de
+las caricias de Cristeta consistía en que no permitían precisar dónde
+acababa el amor puro y dónde empezaba la sensualidad. Tenía los enlaces
+perezosos y movimientos lánguidos con que ciertos animales mitológicos,
+mitad mujeres, mitad serpientes, se ciñen a los troncos de árbol; pero
+al mismo tiempo sus miradas permanecían limpias y exentas de lascivia.
+El cuerpo era blanco, no con la blancura mate, yesosa y seca de la
+gardenia, ni con el tono marfilesco sucio de la magnolia, sino
+ligeramente carminoso como el de una rosa blanca que tuviera pudor y se
+ruborizase. En punto a modales no era una duquesa de tiempo de Luis XV,
+mas poseía en grado superlativo esa aptitud femenina, merced a la cual
+la muchacha que por primera vez se enrosca al cuello un collar de
+perlas, parece que las ha llevado toda la vida. «Bueno--todo esto lo
+pensaba don Juan--; pues dé usted a una mujer así trapos, galas, joyas,
+ropas interiores finísimas, casa lujosa, criados, perfumes, blondas,
+muebles cómodos, lámparas que adormezcan la luz... y ¡a morir los
+caballeros! A pesar de todo lo cual, Cristeta ha venido a parar en
+esposa de un señor Martínez. ¿Quién será él...? empleado en Cuba..., no
+quisiera pensar mal; pero probablemente un ladrón..., es decir, un
+hombre sin delicadeza. Ella, juzgándose perdida ¡por culpa mía!, habrá
+transigido; no puede ser feliz. Un hombre que la deja sola por sumar
+años de servicios y adquirir categoría, es un bestia.» Había momentos en
+que don Juan se ponía malo a fuerza de recordar, discurrir, esperanzarse
+y darse a los diablos.
+
+Al día siguiente de haber confiado a Julia la tarjeta escrita con lápiz,
+recibió una carta. El papel, finísimo, pliego pequeño, algo perfumado,
+sin cifra ni sello: la letra desfigurada y temblorosa, no decía más que
+esto:
+
+ _«Tú lo as querido. No tienes derecho de comprometer con tantas
+ imprudencias a una pobre mujer que ningún daño te a causado.
+ Mañana, por única vez, para despedirnos, a las ocho de la mañana en
+ la Moncloa, entrando por la parte de la Bombilla iré en coche y por
+ la Birgen rompe este papel._
+
+ C.»
+
+<tb>
+
+¡Dios santo, qué noche! Averiguó, porque no lo sabía, hacia dónde estaba
+la Bombilla, ajustó y citó un carruaje para las seis y media de la
+mañana, pensando en tener, si éste faltaba, tiempo de buscar otro;
+estuvo leyendo, sin enterarse, hasta las dos; intentó dormir, no pudo, y
+desconfiando de que le despertasen oportunamente, se levantó antes de
+que amaneciese. A las siete en punto tenía la capa puesta.
+
+Poco después se apeaba ante la ermita de San Antonio de la Florida, y
+deseoso de que nadie fuese testigo de lo que ocurriera, dijo al cochero
+que le aguardase, y se internó andando por las alamedas de la Moncloa.
+
+La mañana estaba fría, el paseo triste y solitario. Hacia el fondo, en
+la lejanía del paisaje, visto a trozos entre grupos de troncos, la
+niebla, aún no disipada por el sol pálido y débil, formaba un tenue velo
+gris, sobre el cual destacaban los intrincados arabescos del ramaje
+seco, los cipreses, cuyo vértice mecía el aire, y las apretadas copas de
+los pinos. Una nubecilla brumosa pegada al suelo marcaba el sitio de un
+estanque terso como un espejo negro. En los sitios sombríos la escarcha,
+no derretida todavía, brillaba como polvo diamantino sobre el musgo
+aterciopelado. Las hojas caídas, secas y abarquilladas, se arremolinaban
+al menor soplo del viento en torno de los hoyos y socavas. A los lados
+de las alamedas, en las cunetas del riego, había charquitos de agua
+helada. De largo en largo se retorcían en la atmósfera las espirales
+azuladas que formaba el humo de las hoguerillas encendidas por los
+guardas. El silencio era tan completo que hasta se percibía el aleteo de
+los pájaros al desprenderse de las temblorosas ramas, y de cuando en
+cuando, a gran distancia, sonaba el silbato de una locomotora, o el
+rechinar de las ruedas de algún carro que pasaba por el camino del
+Pardo.
+
+Don Juan andaba despacio, pisando hojarasca, que crujía bajo sus pies
+como quejándose. Aguijoneado por la impaciencia se desembozaba
+frecuentemente para mirar el reloj; y pareciéndole que las manecillas
+estaban inmóviles, se lo aplicaba al oído. De pronto se detenía, y
+volviendo pies atrás, desandaba parte de lo andado; parábase de nuevo,
+ávido de oír el acercarse de algún coche..., y nada.
+
+¿Sería posible que no viniese? ¿Habría sido capaz de citarle sólo por
+dar largas al asunto? ¿Acaso para exasperarle? Si tal sucediera, él se
+tendría la culpa por la amenaza de plantarse en su casa. Para una mujer
+casada el lance podía resultar comprometido. Sin embargo, como su marido
+estaba tan lejos... También para él era..., no enojosa, sino delicada la
+entrevista. ¿Cómo no pensó antes en esto? ¿Qué iba a decir para
+disculparse de la infamia pasada? ¿Por dónde iba a comenzar? ¿Qué
+táctica seguiría? Si aquella mujer por él inicuamente...--no cabía
+negarlo, inicuamente seducida y abandonada--, encontró después un hombre,
+un filósofo que, mediante matrimonio, o fuese como fuese, aseguró su
+porvenir, ¿con qué derecho iba él a turbar su reposo? Si le dijese, que
+ciertamente se lo diría: «yo no tengo la culpa», ¿qué contestaría?
+Además, ¿qué iba a solicitar? ¿Amor platónico? ¡Absurdo! El amor
+platónico es la falsa resignación de los que no pueden besarse. Cuando
+una mujer y un hombre se han devorado a caricias, ya no hay platonismo
+posible. ¿Volver a las andadas? ¿Para qué? ¿Para cansarse al cabo de un
+par de meses, sentir el mismo hastío de la vez primera, y portarse de
+nuevo como un charrán?
+
+No estaba seguro de poder reanudar el idilio, y ya entreveía la
+contingencia de tener que romperlo. Sin embargo, ni por un momento se le
+ocurrió la idea de salirse fuera del paseo y volverse a casa,
+renunciando a la cita. Sólo la idea de mirar a Cristeta cerca de sí, de
+contemplar su hermosura y oír el timbre de su voz, bastaba para que
+olvidase todo lo demás. Lo peor que le podía ocurrir era quedar en
+ridículo. ¿En ridículo él? ¡Imposible! La escena tomaría sin duda tono
+romántico, al menos al principio. Después... según. Su papel era rogar
+mucho, mostrándose arrepentido, en pocas y bien sentidas palabras. Ella
+se negaría rotundamente.... ¡pero le oiría! Tal vez trajese el ánimo
+dispuesto a concesiones. ¿Cuáles? ¿Citarle nuevamente? ¿Dónde ni con qué
+objeto? ¿Para entregársele renovando en perjuicio de otro las venturas
+pasadas? Don Juan lo deseaba... y lo temía. Reconquistarla, estrecharla
+contra su pecho, volverla loca..., bueno; pero arriesgarse a tener algún
+día que esconderse cobardemente, ¡eso no! por muy bravo que fuese el
+señor Martínez. En el momento en que ella, casada o libre, accediese a
+la consumación del engaño, ya fuese real y positivamente adúltera, ya
+tan sólo traidora, dejaría de ser la mujer que le agradaba; seguiría
+siendo hermosa...; pero le parecería falsa, viciosa, vulgar. Suponiendo
+que se _arreglaran_, palabra vil en este sentido, ¿cómo ponerse de
+acuerdo? ¿Pertenecía legítimamente a otro? Pues habría que andar a salto
+de mata, recatándose, escondiéndose. Cuando el marido volviese, la
+humillación sería completa. Lo raro, el síntoma grave, consistía en que
+otras veces no paró mientes ante la perspectiva del placer robado, y
+ahora sí. ¡Ruin cosa sería verse obligado a guardar respetos a un
+marido! Por supuesto que si no estuviera realmente casada ¡ah!,
+entonces, aun transigiría menos. Ocultarse de un legítimo esposo..., tal
+vez; pero de un simple poseedor, ¡jamás! No había que perder la
+esperanza. En el mero hecho de citarle... ¡Tendría chiste que no
+viniese! Pero sí; un coche se acerca; su berlina.
+
+Efectivamente; el carruaje avanzaba de prisa por el centro del paseo.
+Don Juan se hizo a un lado, ocultándose tras el grueso tronco de un
+álamo. Cristeta, que le había visto desde lejos, mandó parar, y se apeó.
+
+Por su figura y traje venía primorosa. Llevaba falda lisa de paño gris,
+formando grandes pliegues, corta para lucir los pies, calzados con
+medias negras y zapatitos a la francesa, abrigo muy oscuro, ceñido al
+talle con cordones de seda que pendían hasta el suelo, y forro de felpa
+roja que se descubría a cada paso; sombrerillo de terciopelo ceniciento
+con velito y lazos encarnados; cuello largo de piel que culebreaba sobre
+el pecho, y manguito. Tenía la tez algo carminosa, como excitada por el
+aire fresco de la mañana; los ojos acusando insomnio y llanto,
+contorneados de un livor apenas perceptible; el garbo, la esbeltez, la
+manera de andar, eran una delicia.
+
+No estaba todavía lo bastante cerca de don Juan para que pudiera
+desmenuzarla con los ojos, pero la presintió; el corazón le brincaba
+dentro del pecho como pájaro inquieto en jaula estrecha. Un hombre
+ducho, corrido y experimentado en tales lances, ¡temblar de aquel modo,
+ni más ni menos que un estudiantillo! ¡Qué vergüenza!
+
+El coche dio la vuelta y quedó parado. Ella cruzó ante el árbol tras el
+que don Juan estaba escondido y pasó de largo; él, entonces, salió,
+llamándola en voz baja:
+
+--¡Cristeta, Cristeta mía!
+
+Sin detenerse, repuso:
+
+--Anda... anda hasta que perdamos de vista el coche.
+
+Uno tras otro, a veinte pasos de distancia, siguieron cosa de cien
+metros, internándose luego hacia la derecha en los jardinillos donde hay
+una plazoleta con macizos de boj y bancos de piedra en torno de una
+fuente. Allí se detuvo Cristeta, y volviéndose, aguardó al galán; éste
+avanzó rápidamente, al llegar junto a ella se desembozó, y mirándola con
+ternura, sin desplegar los labios, le tendió las manos. Ella no sacó las
+suyas del manguito, y bajando los párpados quedó silenciosa, impasible e
+inmóvil, como deidad que se dignase escuchar a un mortal. Viéndola don
+Juan en actitud tan indiferente y desdeñosa se amilanó por completo.
+Cristeta, después de complacerse unos segundos en saborear aquella
+turbación, dijo fríamente:
+
+--Aquí me tienes.
+
+--¡Cuánto te agradezco... vida mía!
+
+--No, Juan, tuya no. He venido y he hecho mal, lo sé; ahora lo siento.
+Pero quería suplicarte de rodillas, exigirte, si es necesario, que no
+vuelvas a pensar en mí.
+
+--¡Imposible!
+
+--¡Calla! No sabes lo que te dices. En ti sería una locura, en mí una
+infamia.
+
+Don Juan, sin dejarla seguir, preguntó dolorosamente:
+
+--¿Luego estás casada?
+
+Cristeta, en vez de contestar categóricamente, dejó caer los brazos
+rectos a lo largo del cuerpo, con ademán de profunda resignación, y sin
+desplegar los labios inclinó la cabeza sobre el pecho.
+
+Entonces él exclamó:
+
+--¡Mentira parece que hayas tenido valor!
+
+--No tienes derecho a reconvenirme. Te gusté, era libre, y además tonta:
+te creí... ¿qué había de suceder? Después me abandonaste sin el más leve
+motivo de queja.
+
+Al llegar aquí, don Juan creyó notar que los ojos de Cristeta brillaban
+humedecidos en llanto, y que su voz acusaba profunda turbación de
+espíritu.
+
+En cuanto a él, no sabía cómo disculparse para salir del paso.
+
+--Mi situación... aquel maldito negocio...--dijo apartando la mirada.
+
+--Todo mentira; ya lo sé. Me dejaste a sangre fría, con una perfidia
+inconcebible... Ahora... ¡tú lo has querido! Nada puede haber entre
+nosotros.
+
+Estaban solos; no había en torno paseantes, jardineros ni guardas;
+nadie. Don Juan hizo ademán de querer sentarse en un banco, y miró a
+Cristeta para que también lo hiciese; mas ella movió la cabeza negando,
+y aproximándose a la fuente, se apoyó de espalda en los sillares del
+pilón.
+
+Los tibios rayos del sol, que ya iban haciendo jirones en la niebla,
+comenzaron a reverberar en la limpia superficie del agua, sobre la cual
+caía con rumor unísono y constante el chorrito del surtidor. De cuando
+en cuando venía una hoja seca revoloteando por el aire, como mariposa de
+oro, hasta quedar presa entre los pliegues de la falda de Cristeta,
+quien distraída, casi maquinalmente, la tomaba con las puntas de los
+dedos, dejándola sobre el haz del agua.
+
+Viendo don Juan que no quería sentarse, permaneció en pie frente a ella
+sin atreverse a proferir palabra. Cristeta tornó al pasado juego de
+bajar la cabeza para evitar encuentro de miradas, hasta que pasados unos
+cuantos segundos, tendió con desconfianza la vista en torno, y dijo:
+
+--Déjame, ingrato, déjame que me vaya... esto es una locura.--Y
+apartándose de la fuente, anduvo algunos pasos.
+
+--¡No, por Dios!--exclamó él suplicante--. Tenemos mucho que hablar. No
+puedo seguir así; ¿cómo quieres que me resigne a perderte?
+
+--¡Qué remedio! Juan, piénsalo; ni yo soy mujer capaz de cometer una
+infamia, ni tú transigirías con ciertas cosas...
+
+--¡Eso jamás!
+
+--Entonces... ¡ya lo ves! Adiós, Juan. ¡Bien sabe Dios que la culpa no es
+mía!
+
+--No me has querido nunca.
+
+--¡Qué sabes tú lo que es querer! Sí, con toda mi alma... es decir, te
+quise cuando podía quererte.
+
+--No me hubieras olvidado tan pronto.
+
+--¿Merecías otra cosa? En fin, ni tú debes hablar más, ni yo escucharte.
+He venido, ¿qué se yo?, por debilidad, por miedo a que tuvieras el
+atrevimiento de plantarte en mi casa.
+
+--Estaba resuelto.
+
+--Pues si es verdad que me has querido, que aún me quieres,
+demuéstramelo... dejándome vivir tranquila y no te guardaré rencor, es
+más, te lo agradeceré con toda mi alma.
+
+--Calla, eso no se le dice a un hombre como yo. ¿Crees que pueden quedar
+así las cosas?
+
+--No te forjes ilusiones: aquello acabó para siempre. Ya que no supiste
+quererme, veremos si sabes respetarme. Adiós, adiós, Juan, que se hace
+tarde y puede venir gente.
+
+Esto dijo con la voz penosamente entrecortada y los ojos nublados de las
+mal contenidas lágrimas.
+
+Don Juan concibió, sin embargo, alguna esperanza. Indudablemente,
+aquella mujer había ido decidida a darlo todo por concluido; pero sus
+miradas, su turbación, el constante aludir a lo pasado, como echándolo
+de menos, indicaban que le costaba gran pena resignarse.
+
+--Mira, Cristeta--dijo bajando los ojos, al modo de quien hace una
+confesión vergonzosa--, tienes razón. Mi conducta... tú no sabes lo que
+es la vida de un hombre... estaba en circunstancias excepcionales...
+podré haberme portado mal... pero caro lo estoy pagando.
+
+--Y ahora que no tiene remedio--le interrumpió ella con un mohín
+delicioso--es cuando caes en la cuenta.
+
+--¡Si me quisieses de veras!
+
+--¡No sueñes! Nuestras relaciones fueron antes un juego peligroso en que
+yo salí perdiendo. Hoy, en cuanto a mí, serían un crimen, y por parte
+tuya una vileza. Concluiríamos aborreciéndonos.
+
+--Bueno, como quieras, puede que tengas razón; pero yo no me conformo.
+¡Qué impresión me causó encontrarte! ¡Cuánto me has hecho soñar! Ahora,
+ahora es cuando te adoro. ¡Idea, imagina, propón un medio, un recurso!
+Soy capaz...
+
+--¿De qué? No hables más, que me ofendes.
+
+Don Juan miró rápidamente a todos lados, vio que nadie podía
+sorprenderles, y alargando los brazos, intentó coger las manos a
+Cristeta; mas ella, echándose hacia atrás, las esquivó temblorosa,
+exclamando:
+
+--¡No! ¡No me toques!... Adiós, adiós.
+
+Y al decir esto, se apartó muy despacio.
+
+Entonces, envalentonado él por la soledad y aún mas por la emoción que
+el semblante de Cristeta revelaba, la alcanzó, cogiéndola por una manga
+del abrigo, al mismo tiempo que con voz trémula e intención resuelta,
+decía:
+
+--¡No te irás! Tú no puedes ser de nadie más que mía. ¿Entiendes? ¡Mía o
+de nadie!
+
+--Te digo que me dejes. ¡No eres caballero!
+
+--Aquí no hay caballero que valga; no hay más que un hombre que te
+quiere, que tiene derecho...
+
+--¡Calla, o me marcho!
+
+--¡Me oirás! ¿Conque has tenido valor de engañar a un pobre hombre y
+ahora quieres sentar plaza de virtud arisca? ¡Es tarde!
+
+Aun pareciéndole a Cristeta dura y grosera la frase, se alegró de oírla,
+porque la energía con que don Juan la dijo denotaba sinceridad. Ningún
+halago de los que recibiera en otro tiempo fue tan de su gusto como
+aquel espontáneo arranque de despecho.
+
+--Me abandonaste--replicó--, y lo que se tira por la ventana es de quien
+primero lo recoge.
+
+--Eso será si yo lo consiento. ¡Buscaré a ese hombre...!
+
+--¡No, por Dios!
+
+--Pues prométeme que...--y no siguió.
+
+--¿Ves? No puedes decirlo. ¿Qué he de prometer?
+
+--Quiero verte..., nada más que verte alguna vez. ¡Mira que estoy
+dispuesto a todo!
+
+Deseando ella cortar la entrevista, fingió ceder, y dirigiéndose hacia
+el sitio donde el coche la esperaba, echó a andar diciendo:
+
+--Bueno..., ahora déjame..., procuraré que nos veamos, cuando pueda
+ser..., pero tú mismo te persuadirás de que no debemos..., sería indigno
+de nosotros...; por piedad, déjame marchar, que es tarde.
+
+Don Juan insistió:
+
+--Pues dime que nos veremos. ¿Dónde? ¿Cuándo? ¡Cristeta, tú no sabes cómo
+estoy!
+
+--Una vez..., te lo prometo...; quédate aquí, no me acompañes más..., y
+luego ten prudencia y no me sigas.
+
+--Te obedeceré..., lo que tú quieras...; pero júrame que nos veremos
+pronto, que no me has olvidado por completo.--Y con mezcla de solemnidad
+y enternecimiento, añadió, clavando en ella sus expresivos ojos--:
+¡Cristeta..., júramelo..., por tu hijo!
+
+--Bien; te lo juro por el niño, y ten prudencia, por la Virgen del
+Carmen.
+
+Corrió hacia el coche, y don Juan se quedó mirándola embelesado.
+
+Al arrancar la berlina se asomó a la ventanilla fingiendo que se
+incorporaba para acomodarse en el asiento. Un instante después, mientras
+el carruaje corría camino de Madrid, no pudo contener la risa pensando:
+«Pobrecito niño... ¡jurar en falso! ¡Válgame María Santísima!... aunque
+no es mío, no quisiera que le sucediese cosa mala. ¡Angelito de su
+madre!»
+
+Don Juan, loco de contento, dio la vuelta hacia San Antonio, diciéndose
+mentalmente: «Es indudable que se ha casado por despecho; todavía me
+quiere..., ha consentido en que nos veamos, lo ha jurado por su hijo,
+¡pobrecilla!, y después ha dicho 'prudencia', es decir, todo se
+arreglará. El arreglo corre de mi cuenta. La cosa no es tan fácil como
+parece. Vamos a cuentas. Aunque no se parece a ninguna otra, al fin es
+mujer. Está casada, y, sin embargo, ha consentido en que nos viéramos...
+luego es mía... en espíritu. El tiempo hará lo demás. Lo imposible,
+inútil y absurdo, dadas las circunstancias, sería repetir las citas al
+aire libre. Una vez, pase, por lo que tiene de poético. ¡Ya lo creo que
+tiene poesía! La mañana, la niebla, el miedo, el misterio, ¡hasta el
+sitio...! Aquí venían con sus amantes las damas de tiempo de Carlos IV;
+en este palacio de la Moncloa debían de tener sus citas Godoy y María
+Luisa. ¡Cuántas picardías habrán visto esos merenderos! ¡Si pudiese
+hablar esa ropa que hay tendida! ¡Pobre Manzanares, cuánta burla le han
+hecho!; _arroyo aprendiz de río_, dijo Quevedo; _río con mal de piedra_,
+le llamó Lope... ¡Si hubiese por aquí una casita decente! Pero ¡quiá!,
+no es mujer que se deje llevar a cualquier parte. De amigas no querrá
+fiarse, y hará bien. Tengo observado que cuando una mujer le presta a
+otra su casa, concluye por robarle el amante. Si consintiera en venir a
+mi casa, sería lo mejor. ¿Qué tiene de particular que una señora entre a
+cualquier hora del día en un portal de la calle de las Infantas? Nada.
+¡Si fuese en sitio apartado, en barrio sospechoso! Cuanto más céntrica y
+frecuentada es una calle menos se escama la gente de ver a un hombre
+parado con una señora o acompañándola; lo que huele a pecado es
+encontrarse una pareja fuera de puertas o por calles extraviadas. Sólo
+el hecho de haberme citado en la Moncloa demuestra que esta pobre chica
+no tiene experiencia ni pizca de malicia. ¡Está monísima! Ahora, ahora
+que no está en Madrid el bestia de su marido, es cuando tengo que
+domesticarla. Y ha de ser en mi casita. ¡Venus a domicilio! ¡Vaya si
+vendrá! La verdad es que lo más cómodo es que ellas vengan a verle a
+uno. ¡Y cómo les gusta! Se hacen la ilusión de que se truecan los sexos
+y arrostran el peligro con más valor que nosotros... Me acuerdo de
+aquella que me decía sentada en el sillón de mí despacho: «Un día vas a
+poner en el balcón una muestra con un letrero que diga MODAS, para que
+yo me asome impunemente o para que me traiga mi marido hasta la puerta.»
+Cristeta no es capaz de semejante desvergüenza, pero vendrá. Esto es lo
+primero que hay que procurar. Si no quiere, buscaremos otro medio.»
+
+<tb>
+
+Aquel mismo día por la noche Cristeta mandó recado a don Quintín
+rogándole que fuese a verla. Obedeció el vejete, y hablaron largo y
+tendido. La sobrina dio encargos e instrucciones; el tío, por la cuenta
+que le tenía, prometió obedecer.
+
+Fue conferencia importantísima, pero secreta; semejante a esos consejos
+de ministros en que se tratan cosas graves, que sólo andando el tiempo
+se descubren.
+
+
+
+
+Capítulo XVII
+
+Donde el zorro se forja la ilusión de que la gallina puede venir a
+entregársele
+
+
+Tanto se envalentonó don Juan a consecuencia de la entrevista en la
+Moncloa que, por conducto de Julia, envió a su hermosa deseada la carta
+siguiente:
+
+ _«Cristeta de mi vida: No renuncio a que hablemos en lugar seguro.
+ Tu marido está muy lejos de Madrid, y nada tiene de particular que
+ una señora pase a cualquier hora del día por esta calle. Aquí en mi
+ casa te aguardo mañana a las tres. No hay ni puede haber lugar más
+ seguro. En lo porvenir acaso esto fuese imprudente: ahora no. Ven
+ sin miedo. No tendrás necesidad de llamar porque estaré solo y al
+ cuidado para recibirte, y al salir hallarás en la puerta un coche
+ que te llevará hasta donde quieras. ¿Vendrás? Me dice el corazón
+ que sí, y por supuesto, te doy palabra de honor de que no haré
+ nada, absolutamente nada que pueda enojarte. Vienes a casa de un
+ caballero. Te he querido, te quiero, y haré los imposibles por
+ demostrarte que estoy resuelto a poner remedio a tan dolorosa y
+ difícil situación. Piensa que vas a decidir de los dos para siempre
+ y ven sin miedo y quema este papel. Por Dios, no faltes. Tuyo
+ siempre,_
+
+ _Juan_
+
+ _Infantas, 80 duplicado, entresuelo.»_
+
+Luego de enviada la carta, cayó en la cuenta de que tal vez fuese
+demasiado expresiva y comprometedora; pero tal era la exaltación de su
+ánimo, que se dijo: «No importa; hoy por hoy no hay peligro y aunque
+estuviese aquí el marido, haría lo mismo. Lo esencial es que ella venga,
+y vendrá.»
+
+Aquella noche durmió mal, tras madrugar mucho, almorzó sin gana y se
+vistió como quien pretende agradar.
+
+Sobre la chimenea del despacho colocó dos jarroncillos llenos de flores;
+en seguida, por si era curiosa y le revolvía los papeles, como habían
+hecho otras, escondió varias cartas en una sombrerera vieja, arrojándola
+encima de un armario, y quitó de la vista dos retratos de antiguas
+conocidas y otro de una cómica fotografiada en ademán provocativo. En un
+veladorcito puso un sortijero con alfileres, horquillas, agujas,
+imperdibles y un gran frasco de agua de Colonia sin destapar, con su
+caperuza de pergamino y sus cordones de colores. Pero, de allí a poco,
+pensándolo mejor, e imaginando que aquello, además de estar en
+contradicción con su carta, denotaba práctica de libertino a sangre
+fría, solamente dejó el perfume y las flores.
+
+Según las manecillas del reloj iban avanzando despacito, comenzó a
+recapacitar si todo estaba dispuesto y en su punto. Nada ni nadie podría
+turbarles. Los criados fueron alejados engañosamente, y la portera
+advertida de que sólo dejase subir a la señora que había de llegar a las
+tres.
+
+Comenzó don Juan a dar paseos por el cuarto, y cada vez que llegaba
+hasta la puerta de la escalera, aguzaba el oído, esforzándose en
+distinguir y diferenciar los pasos de las gentes que subían... Los
+peldaños crujen... ¡no es ella!; debe de ser una mujer muy gorda; luego
+un chico que baja de estampía; después la pausada y ruidosa ascensión
+del... De pronto sonó un campanillazo; tornó de puntillas hasta la
+puerta, descorrió con gran tiento el ventanillo, y por una rendija
+imperceptible, conteniendo la respiración, miró. Era un amigo: la
+portera se había descuidado. Otro campanillazo, dos más, el último a la
+desesperada, mucho más fuerte... y el inoportuno bajó lentamente la
+escalera como quien da tiempo a que abran y le llamen.
+
+Las tres menos diez. Hasta las flores, mal puestas en los búcaros,
+caídas y doblados los tallos, parecían cansadas de esperar. Silencio
+completo. De repente don Juan se dirige hacia la alcoba, porque más allá
+del hueco que la separa del despacho, se ve la cama cubierta de un rico
+paño japonés.
+
+«Esto está mal; no debe verse tanto» pensó, y desplegando un biombo de
+telas antiguas, ocultó el lecho, del cual sólo quedaron visibles las
+almohadas, blancas, limpísimas, aún cuadriculadas por los dobleces del
+planchado.
+
+Al pasar ante un espejo se miró un instante y sonrió satisfecho. Tenía
+la barba sedosa y muy cuidada; los ojos algo tristes, como de quien
+espera una dicha, desconfiando lograrla porque no cree merecerla... El
+gozo, la alegría, serán luego, cuando ella entre, porque no ha de
+faltar. El marido no está en Madrid, el sitio es seguro, la impunidad
+completa. Por otra parte, él se ha resignado de antemano a portarse como
+caballero, a estar casi platónico para inspirar confianza. Lo demás
+vendrá con el tiempo.
+
+De cuatro miradas examinó el cuarto y le pareció que no estaba mal.
+Alejando toda sospecha de ocio y frivolidad, había sobre una mesa varios
+libros con señales interpoladas entre las hojas, y páginas dobladas. En
+un testero de pared, llenando un hueco entre dos cuadros, se veían
+brillar dos espadas de duelo que representaban la dignidad y el valor.
+La alfombra no tenía motas, ni manchas de ceniza de cigarro; ni un átomo
+de polvo empañaba los muebles.
+
+¡Menos cinco! Se dirigió al balcón, y apoyando la frente contra el
+vidrio, miró hacia la calle que enfilaba con el portal, por donde ella
+probablemente vendría. Así permaneció un rato, que se le antojó muy
+largo; mas al consultar de nuevo el reloj, vio que apenas se había
+movido el minutero.
+
+«Es difícil que una señora sea puntual; ¡tardan tanto en emperejilarse!»
+
+Quiso distraerse leyendo periódicos; pero su imaginación tomó rumbo
+hacia Cristeta y comenzó a fingírsela presente deleitándose en ella
+igual que si la tuviese ante los ojos. Ensimismado y desprendido de
+cuanto le rodeaba, creyó verla mientras en su casa se vestía, desazonada
+y trémula, engalanándose con premeditación para venir a rendírsele. ¡Oh
+portentosa fuerza de abstracción! ¡Oh bienhechora potencia imaginativa!,
+¡sed benditas, porque dais al hombre la visión de la dicha deseada
+cuando aún la tiene lejos... cuando acaso jamás ha de llegar!...
+
+<tb>
+
+No, no es visión, es realidad; no imagina verla, sino que la está
+mirando.
+
+Su tocador, ni grande ni lujoso, respira limpieza y elegancia. Cristeta,
+en pie, frente al espejo, pincha en el rodete rubio la última horquilla,
+y con la yema de los dedos se arregla los ensortijados ricillos de la
+nuca. Estremecida de pudor y de frío, se quita la bata y la tira sobre
+un sofá. Las ropas interiores son finísimas; están adornadas de
+estrechas cintas de tonos pálidos, y trascienden suavemente a verbena.
+Las medias son negras, como exige la impúdica perversión de la moda; las
+ligas, de color de rosa. Ya se calza los bien formados pies. Ahora se
+pone el corsé, lleno de vistosos pespuntes, y encima el cuerpo de suave
+batista para no ensuciarlo. En seguida el vestido que, arrugando el
+canesú de la camisa, oculta el nacimiento del pecho y los hermosos
+brazos. La falda cae, resbalando a lo largo de la enagua; se abrocha de
+prisa; busca entre varias horquillas un alfiler largo para sujetar el
+sombrero, y se lo prende, dejando que el velo caiga, sombreándola el
+rostro dulcemente. Los guantes..., una pulsera..., la lisa de plata,
+nada que tenga pedrería. Se acabó. Algo falta: pudorosa, aunque nadie
+puede verla, se vuelve de espaldas a la puerta y se estira una media.
+
+«¡Qué hermosa es! ¡Cuánta cosa bonita y elegante se ha puesto! ¡Y pensar
+que tal vez yo se lo vaya quitando todo poco a poco, con mimo,
+lentamente, lazo a lazo, botón a botón, broche a broche, sin que oponga
+resistencia ni enfado! Pero sabe Dios lo que sucederá, porque es una
+mujer excepcional, capaz, aunque venga, de no dejarse besar ni las yemas
+de los dedos. Sería desesperante y ridículo que sólo viniese para que
+tuviéramos una escena romántica... con lágrimas.»
+
+El reloj marca las tres en punto, la máquina produce un quejido metálico
+y el timbre suena pausadamente. ¡Qué espacio tan largo entre una y otra
+campanada! Hasta los objetos parece que aguardan impacientes. Don Juan
+vuelve de nuevo a pasear, atento el oído hacía la puerta y fruncido el
+entrecejo por el enojo. Empieza a desconfiar.
+
+«¡No viene! ¿Qué ridículo miedo, qué recelo se le habrá metido en el
+alma? ¡Virtud de última hora!»
+
+Torna al balcón, apoya la cabeza en la vidriera, que se empaña con el
+vaho de su aliento, y exclama, hablando solo:
+
+--¡Gracias a Dios! ¡Allí está!
+
+Cristeta viene por lo alto de la calle, vestida como él la soñó. Sus
+enguantadas manos oprimen un grueso devocionario, sujeto con un elástico
+rojo, y bajo el tul del velo brillan sus rizos de oro. A cada instante
+vuelve la cabeza hacia atrás. Entonces, don Juan sonríe con orgullo y se
+dirige lentamente a la puerta.
+
+Al cruzar el despacho, lo inspecciona todo por última vez. Nada falta.
+Para ella la butaca en que descansará su cuerpo agitado por la emoción y
+el miedo, ¡quizá por el amor! En el suelo, el almohadón, bordado por
+otra mujer ya olvidada, y muy cerca, la silla baja de fumar, que él
+tomará para sí, cogiéndola como al descuido, procurando tener la presa
+al alcance de la mano.
+
+Pero en la escalera no suena el esperado taconeo ni el roce crujiente de
+la falda.
+
+«¿Qué será esto?»
+
+Vuelve precipitadamente al balcón, alza el visillo y la ve en la acera
+opuesta parada ante un escaparate, como si con disimulo se contemplara
+en su cristal. En realidad, lo que hace es mirar con terror a derecha e
+izquierda; hasta se nota la respiración alterada que levanta y deprime
+su hermosísimo pecho, Don Juan piensa:
+
+«Esta es la última vacilación.»
+
+De pronto, Cristeta se vuelve, avanza en dirección al portal... se
+detiene para dejar paso a un hombre que va cargado, y en seguida,
+obedeciendo a un impulso inesperado, con un movimiento nervioso, se
+vuelve de espaldas y echa a andar muy de prisa, calle arriba, por donde
+vino. Pero aún queda esperanza: de repente acorta el paso, sigue
+despacio, parece que duda, vacilando entre la cita y el deber... Por fin
+acelera la marcha, se aleja casi corriendo, y allá, en lo alto de la
+calle, se pierde confundida en un grupo de gente, mientras don Juan,
+humillado y rabioso, murmura entre dientes, rasgando el visillo del
+balcón:
+
+--¡Cobarde! ¡Bribona!
+
+Si la coge en aquel momento, la mata.
+
+<tb>
+
+Al anochecer se presentó en la casa un mozo de cuerda, mostrando tal
+empeño por entregar al señor una carta en propia mano, que para tomarla
+de la suya don Juan, todavía mohíno, salió al recibimiento.
+
+Rasgó el sobre: lo que dentro venía era una tarjeta: el nombre
+litografiado decía: _Cristeta Moreruela de Martínez_, y encima, escritas
+con lápiz y mano temblorosa, estas palabras:
+
+ _«He ido asta la puerta de tu casa, y me a faltado balor. No pidas
+ lo imposible. Perdona a esta pobre mujer que sufre mucho, y
+ holbídame adiós para sienpre._
+
+ CRISTA.»
+
+Al releer aquellas cuatro líneas, luego de ido el mozo, don Juan sonrió
+como si contemplara un billete de lotería premiado.
+
+«No me esperaba esta satisfacción, que casi es una promesa--se decía
+paseando desde la sala al despacho y viceversa--: nos acercamos al
+momento supremo de la crisis. Lo que me figuré: casada por despecho, y
+arrepentida. Me quiere... y le falta valor... lo cual prueba que no es
+mala. Yo tengo la culpa de todo. ¡Qué lucha habrá sostenido la pobre
+consigo misma! ¡Qué noche habrá pasado! Porque... vamos a cuentas: si se
+ha casado, aunque me quiera, por fuerza ha de costarle trabajo hacer
+traición... traición, no; pero, en fin, engañar al otro. Lo que en
+realidad no es más que la vuelta al primer amor, creerá ella que es una
+liviandad imperdonable, y no le faltará razón, pero ¿a mí qué? Yo no soy
+el marido. Por supuesto que si no hay tal marido, si sólo se trata de un
+amante, y le deja por mí, ella tiene que considerarse como una mujer que
+va de hombre a hombre, como hueso de perro a perro, o baraja de mano en
+mano. En fin, me parece que está al caer. Lo cierto es que nosotros
+somos responsables de todos los pecados, desórdenes y zorrerías que
+cometen las pobres mujeres. Ésta, por ejemplo, me gustó; preparé las
+cosas... y ¡mía! Luego la dejo plantada, y ella encuentra modo de
+remediarse o redimirse, y lo acepta: vuelvo a verla, me encapricho de
+nuevo y ¡seamos justos! ¿qué derecho tengo para quejarme ni para
+llamarle _las cuatro letras_ porque también ella vuelva a encapricharse
+conmigo? Indudablemente ha experimentado al verme lo mismo que yo he
+sentido al mirarla... ¡Cómo se habrá acordado de las noches de
+Santurroriaga! Yo estaba enviciado con amores de otra clase. La verdad
+es que cuantas se me han entregado, lo han hecho por interés o por _lo
+otro_: cuando no he sido pagano, he sido apagafuegos, casi un bombero
+del amor. Con Crista, no. Esta tarde la hubiera matado... Y el caso es
+que ha venido, ha llegado hasta la puerta... después debió de darle
+miedo, es decir, no precisamente de mí, sino de sí misma, de verse
+conmigo a solas. No podríamos contenernos. Mientras nos veamos al aire
+libre, todo va bueno; pero como lleguemos a encontrarnos entre cuatro
+paredes ¡solos! del primer beso la dejo los labios descoloridos. Ella sí
+que cuando me besaba, parecía que me sorbía el alma. Hablaba más con los
+ojos que con los labios. Me sucedía respecto de ella una cosa
+enteramente nueva: con todas las mujeres, el verdadero encanto es antes;
+con ella, la verdadera delicia era después, porque cuando se le adormece
+la voluptuosidad, se le despierta la ternura. A pesar de lo cual, me
+largué por cobardía, pero sin hastío. Lo cierto es que si, uno pensara
+mucho en estas cosas, se volvería loco. En toda posesión hay un momento
+terrible, un instante en que, al separarse las cabezas, cada uno quiere
+respirar solo, a gusto, como si no hubiera pasado nada: con Crista,
+no... jamás sentí a su lado el egoísmo del reposo. Los últimos besos me
+sabían mejor que los primeros. Entonces, ¿por qué hice la burrada de
+marcharme, humillándola y dejándola mil duros, es decir, lo que cuesta
+en ramos, palcos y dijes cualquier señora de las que no tienen
+vergüenza? Sin embargo, esa mujer ha venido hasta la puerta de mi casa.
+Por codicia no es; basta ver la elegancia con que viste para comprender
+que no necesita nada: por lujuria tampoco, porque no es viciosa. ¡Pues
+si ha venido, señal de que sufre y me quiere! ¡Daría el alma por
+saberlo! ¿Qué habrá hecho, qué habrá pensado antes de decidirse a venir?
+La chica, Julia, me dará detalles; ataré cabos, y por el hilo sacaré el
+ovillo. Mañana lo sabré.»
+
+Toda la noche se pasó en claro el pobre don Juan haciendo planes,
+ideando recursos y arrostrando mentalmente las consecuencias de cuanto
+se le ocurría, que era gravísimo, porque en sus pensamientos, cálculos y
+temores, ya no figuraba él solo frente a la irresoluta Cristeta, sino
+que entre ambos se alzaba, misterioso y tremendo, un nuevo personaje: el
+señor Martínez, propietario legítimo de aquel cuerpo adorable, dueño
+legal de la mujer amada.
+
+«¿Amada?--se decía--. No, esto no es amor, es obcecación, empeño, vanidad,
+capricho: tiene que ser mía veinticuatro horas o lo que me dé la
+gana...: si quiero, toda la vida: pero mía y remía como mis ideas, como
+mis pensamientos. ¿Qué puede suceder? ¿Que me encapriche seriamente? Así
+como así, ninguna vale lo que ella; y además, si ésta es buena, ¿voy a
+pasar años y más años cambiando de mujeres?»
+
+Muy de mañana, yerto de frío y nervioso de impaciencia, esperó a Julia
+en la Plaza Mayor, viéndola llegar como el reo de muerte a quien le trae
+el indulto. La chica venía esperanzada en que sus palabras se trocarían
+pronto en buena propina, y sin dar tiempo a que él desplegase los
+labios, dijo:
+
+--Hoy sí que tengo cosas que hablar con usted. Pero ¿qué le ha hecho
+usted a mi señorita? Razón tenía yo _pa_ maliciarme que iba usted a
+meternos en un lío _mú_ gordo.
+
+--Cuenta, cuenta. ¿Qué ha pasado? Dímelo todo; ya sabes que tu señorito
+soy yo.
+
+--¿Lo que ha pasado? La mar de lágrimas. Cuando el otro día _golví_ a
+casa con la tarjeta de usted, me dije: «Suceda lo que quiera, no ando
+con tapujos»; y se la di como si fuera cosa corriente. Ni chistó:
+_endispués_ de leerla se puso pálida, como _amortajá_, ¡y le entró un
+temblor! ¡Me daba una lástima! ¡Y _miusté_ que _pa_ darme a mí lástima
+una señorita! La noche... ¡ha _tomao_ más tila! _Cá_ vez que una mujer
+_tié_ que tomar tila, le debían dar rejalgar a un hombre. Al otro día,
+es decir, ayer, comenzó a vestirse a las doce: se puso maja de veras. En
+enaguas... un ángel. Pidió el coche _pa_ las dos. Luego supe yo, por el
+cochero, que lo dejó esperando junto al oratorio de la calle de
+Valverde, y se fue sola, y tardó... menos de media hora. Poco tiempo es
+_pa_ cosa mala.
+
+--Sigue, sigue.
+
+--Yo creí, pues, que había ido _enonde_ usted, a buscarle; pero me chocó
+que volviera _demasiao_ pronto: y lo mismo fue entrar en casa, que ir y
+tirarse llorando encima de la cama. Y llora que te llora la _tié_ usted.
+Esto acabará _mú remal_. En fin, que _golvió_ hecha una _Madalena_. Si
+sigue así, se pone mala de verdad. Por supuesto, el día que venga el
+amo, no paro en la casa ni _pa_ tomar dulces.
+
+--De modo que tú crees que ella... está interesada.
+
+--Ella está por usted, pero tiene un miedo atroz...; _lo cual que_ el
+miedo puede más que usted.
+
+--Pues adelante con los faroles, y ya sabes que todos estos paseos yo te
+los pagaré bien.
+
+--Es que... hay más, y gordo. Usted me dijo que averiguara aquello de
+cuándo se había _casao_, y del _treato_, y de si tenía unos parientes
+con tienda.
+
+--Todo ello importantísimo.
+
+--Pues la cocinera _m'a_ dicho que la señorita ha _sío_ cómica, que una
+vez la vio _de_ trabajar, pero que ahora está _desconocía_, porque está
+muchísimo más guapa; y que fuera de Madrid tomó relaciones con un señor
+y se casó; pero algunos dicen que no están _casaos_, y que por eso no la
+_quién_ ver sus tíos, que son estanqueros; y otros dicen que ella es la
+que no le da la gana de _ajuntarse_ con ellos, porque le da vergüenza de
+que son gente ordinaria; y me extraña, porque la señorita es buena.
+
+--En resumen; seguro no sabes nada.
+
+--¡Si _quedrá_ usted que le traigan a la señorita ya mansa y conforme!...
+¿_Tié_ usted más que buscar a esos estanqueros, y ponerse al habla con
+ellos y que desembuchen la verdad?
+
+Don Juan, considerando inútil enterar a Julia de cuanto sabía relativo a
+los antecedentes de Cristeta y sus tíos, calló; y acordándose de don
+Quintín, se dijo que podría sacar de él gran partido.
+
+--No andas descaminada: buscaré a los estanqueros.
+
+--_Qué icir_ que si no está casada...; pero lo que yo me digo: si no lo
+está, si es dueña de hacer de su capa un sayo, ¿por qué llora tanto?
+
+--Muchacha, eres un dije: toma--(la propina fue espléndida)--, y desde
+mañana vienes aquí, sin falta, todos los días a la misma hora, a recibir
+órdenes como un corneta.
+
+--Es que la señorita se ha _calao_ que yo salgo por hablar con usted. Si
+me regaña o me dice cualquier cosa, ¿qué contesto?
+
+--Por ahora... dices que no te dejo a sol ni a sombra; que tú crees que
+yo ando loco por ella, sobre todo muy triste...
+
+--_Pa_ triste, ella. ¡Si la viera usted _de_ llorar! En fin, Dios nos
+tenga de su mano. Mire usted que, según me han dicho, ¡el marido es más
+bruto! Una fiera. Si se plantase aquí de repente, salíamos en los
+papeles.
+
+El grupo que durante estos diálogos formaba la pareja de señorito y
+niñera, merecía tomarse como asunto de un buen romance castizo. Ella,
+traviesa y pícara, rebosándole malicia los ojos y desparpajo los labios,
+sin pañuelo a la cabeza, y liada en el mantón, dentro del cual removía
+el airoso cuerpo para sentirse acariciada del calor; él soñoliento,
+molesto, desasosegado y frío, trayéndose a cada instante sobre el hombro
+el embozo de la capa; la chica, toda viveza, el hombre, todo
+impaciencia. En torno, gente que pasaba mirándoles de reojo y
+barruntando trapicheo; algún chico parado, con los libros sujetos entre
+las piernas, ocupados dientes y manos en el aceitoso buñuelo; al fondo,
+los soportales de la Plaza esfumados en la neblina temprana; las mulas
+del tranvía despidiendo del cuerpo nubes de vaho; la atmósfera húmeda,
+impregnada del olor al café que un mancebo tostaba ante una tienda; el
+ambiente sucio, como si en él se condensaran los soeces ternos y tacos
+de los carreteros; las piedras resbaladizas, y en el centro del
+jardinillo, descollando sobre un macizo de arbustos amoratados por los
+hielos, la estatua del pobre Felipe III, con el cetro y los bigotes
+acaramelados por la escarcha.
+
+Pero lo más notable era la cara que ponía Julia cuando se separaba de
+Juan. De fijo que no se divirtieron tanto con el inmortal Manchego las
+doncellas de los Duques, ni la propia Lozana con los clérigos a quienes
+se vendía por nueva, como ella gozaba en contribuir al rendimiento del
+Tenorio decadente.
+
+Julia servía con el mayor celo a Cristeta: primero, por obediencia a sus
+padres y a Inés, que se lo encargaron; segundo, porque don Juan,
+espléndido y dadivoso, le regalaba continuamente duros y pesetas con
+novelesca prodigalidad; además, se divertía mucho contribuyendo a traer
+engañado a un caballero. Acordábase instintivamente de que era mujer y
+trabajaba en provecho ajeno como si fuera en causa propia. ¿Dónde mayor
+alegría para una mujer lista que entrar en pacto contra un hombre? Así
+que, tras cada entrevista con don Juan, refería a su ama cuanto con él
+hablaba. Aquel día Cristeta la escuchó con vivo interés.
+
+--Todo va bien--dijo después de oírla--; de modo que...
+
+--Ese _señor_ está _perdío_ por usted: debe de ser..., no se enfade
+usted..., vamos, ¡un _gatera_ más listo!; pero esta vez..., ya no sabe
+el hombre lo que se pesca. De fijo que a estas horas anda por esas
+calles brincando como una cabra en busca de sus tíos de usted. ¿No era
+eso lo que hacía falta?
+
+--Cabal.
+
+--¿Y esto, señorita? ¡Mire usted que es mucha plata!--dijo Julia
+presentando el puñado de pesetas, fruto de la última propina.
+
+--Eso es tuyo. Lo que yo te doy de menos él te lo da de más. Anda, que
+pronto se te acabará.
+
+--Lo que hace falta es que usted acabe con él..., es decir, que empiece.
+Cuando la señorita se case me lleva de doncella, y luego, si Dios es
+servido... de niñera.
+
+--¡Ave María Purísima!
+
+Las dos sonrieron, pero de distinto modo; la criada con la satisfacción
+de la codicia lograda; el ama, con la esperanza de la dicha.
+
+Al quedarse sola Cristeta se sentó en una silla baja de hacer labor, y
+tapándose los ojos para no ver las cosas de este mundo, se puso
+voluntariamente soñadora, pareciéndole ver a don Juan, también solo en
+su casa, triste, malhumorado, vuelto hacia ella el pensamiento y
+sintiendo lo que jamás hasta entonces ninguna otra mujer le hizo sentir.
+
+¿Existirá en el mundo de las pasiones influencia secreta que aproxime y
+relacione las almas separadas moviéndolas simultáneamente con un mismo
+afecto, como viento invisible que a un tiempo menea en parajes apartados
+las ramas de los árboles? ¡Quién sabe! Lo cierto es que, mientras la
+esperanzada Cristeta veía posible la realización de su ventura, don
+Juan, puestos en ella los cinco sentidos con amoroso empeño, tomaba la
+resolución de buscar a don Quintín para que éste le sacase de dudas
+sobre si era o no verdad lo del casorio, y pensando en él se decía:
+«Está visto que ese pobre majadero ha nacido en provecho mío.»
+
+
+
+
+Capítulo XVIII
+
+De la importantísima conferencia que celebraron el Tenorio decadente y
+el estanquero libertino, con otros graves sucesos
+
+
+Ignorante don Juan de que don Quintín hubiese venido a menos, resolvió
+visitarle en su estanco, donde hasta entonces, por prudencia, jamás puso
+los pies. Fue allá, entró, pidió puros, escogiolos despacio mirando
+hacia la trastienda... y nada. Entonces se atrevió a preguntar al
+chicuelo mugriento, mofletudo y asabañonado que le despachaba.
+
+--¿Está el amo?
+
+--El señor Juaneca ha salido.
+
+--No, don Quintín.
+
+--Ese era el de _enantes_, que vendía pitillos de contrabando y lo
+quitaron por gandul.
+
+--¿Y dónde ha ido a parar?
+
+--Le dieron otro estanco, y no sé más. ¡Valientes puercos debían de estar
+él y toda su casta! ¡Cómo dejaron la casa de telarañas! Nos encontramos
+esto, mal _comparao_, lo _mesmo_ que una pocilga, con perdón de usted;
+menos el cuartito que da al patio, ese estaba limpio.
+
+«¡El cuartito que ella tenía y del cual me habló tantas veces!»--pensó
+don Juan, y en seguida dijo:
+
+--¿Conque le dieron otro estanco? ¿dónde?
+
+--En la taberna de al _lao ú_ en _ofecinas_ de estancadas, le darán a
+usted razón.
+
+Don Juan pagó los Puros, dejando la vuelta como propina, y salió.
+
+Luego, mediante encargo que confió a un diputado amigo suyo, el cual
+hizo minuciosas gestiones, supo que la nueva madriguera estanqueril de
+don Quintín estaba en la poco aristocrática calle de la Pingarrona, y
+allí imaginó ir a buscarle; pero pensándolo mejor, mandó a su ayuda de
+cámara, el inapreciable y fiel Benigno, que volvió con más noticias que
+un corresponsal del _Times_. Primero, pagando _tintas_ al doncel de los
+sabañones, y después a un vecino pingarronesco, Benigno averiguó cuanto
+a su amo interesaba, sin omitir los amores de don Quintín con Carola,
+trapicheo que sólo doña Frasquita ignoraba en el barrio: criadas,
+vecinos, porteros y parroquianos, todos sabían que el estanquero tenía,
+como ellos decían, un _apaño_. De lo que nadie tenía pleno conocimiento
+era de la precaria situación a que se veía reducido el ex--miliciano
+mujeriego.
+
+La mudanza de tienda y calle no fue para él venir a menos, sino llegar a
+casi nada, por lo cual Carola empezó a mostrársele despegada y arisca,
+tanto como antes fue apasionada y pegajosa. Con la buena parroquia y
+aquel cajón siempre lleno, que semejaba esportillo del Banco, acabaron
+los mimos y complacencias de la jamona impúdica. Hízose, sobre todo,
+pedigüeña en grado inaguantable.
+
+Lo primero que el pobre hombre se vio imposibilitado de comprarle fue un
+corsé de cuatro duros, lleno de puntillas, lazos, pespuntes y
+escarolados. La corsetera había dicho a Carola:
+
+--¡Vaya una prenda _pa_ una señora que la pueda lucir!;--y ella lo deseó
+como un guerrero desea una buena arma de combate. Pidióselo a su
+Quintín, y éste, fingiendo bromear, repuso:
+
+--¿Corsé? A fuerza de aceros y ballenas me vas a estropear ese cuerpecito
+tan rico. Ya sabes que me da rabia ir a cogerte y encontrarme con esas
+cosas tan duras.
+
+--En casa no te digo; pero por la calle no he de ir con las carnes
+colgando como una vaca.
+
+--Para eso no necesitas corsé de cuatro pesos.
+
+--¡Ah! ¿Es por el dinero, don Roñoso?
+
+--No, palabra; es que estos días... ¿te es igual a fin de mes?
+
+Carola no quiso insistir; pero miró a su amante con profundo desprecio,
+como las grandes cortesanas de Atenas debían de mirar a los esclavos
+persas. Luego él faltó algunas noches o acortó las visitas, quejándose
+de pesadez en el estómago. Para ella subían cena del café; pero ya la
+ingrata no le daba, como antes, con sus propios dientes, alguna patata
+frita, ni se dejaba arrancar las pasas de los labios. Interesada y
+rencorosa, tenía clavadas en el pensamiento todas las ballenas del corsé
+negado. Transcurridos algunos días, dijo al vejestorio:
+
+--Oye, capitalista, lo del corsé lo mismo me da una semana que otra; pero
+la cama está hecha _peazos_, y el herrero pide tres duros por
+componerla.
+
+--¿Tres duros?
+
+--¡Tú sabes cómo está, si parece que dan batallas encima!
+
+--¿Y ha de ser el herrero? Con un cordel o un alambre la dejo yo más
+firme que el propio suelo.
+
+--_U_ con saliva de mona--repuso ella muy enojada--: ¿no sabes que la has
+_desatornillao_ toda a puros brincos? ¿Quién tiene la culpa?
+
+--Déjalo, mujer... por ahora; el mes que viene...
+
+--Estoy viendo que te voy a pedir de comer y me vas a decir que aguarde a
+otro mes. Pues el casero es como el tren, que no espera por nadie, y ha
+cumplido ayer; conque venga _parné_ o me busco un _señor_.
+
+Lívido de angustia y coraje, repuso:
+
+--Yo me veré con el administrador. Es forzoso que tengamos paciencia.
+
+--Vamos, tú estás más _arrancao_ que árbol viejo.
+
+Engañado Quintín por la pausada entonación con que Carola le dijo esto,
+imaginó que el instante era favorable a un desbordamiento de lealtad, al
+cual ella forzosamente respondería con una explosión de ternura.
+
+--¡Carola, Carola mía!--exclamó hiposo y sollozante--; tengo que decírtelo
+todo.
+
+--Lo que has de hacer es darme algo.
+
+Entonces, poniendo cara muy compungida, extendió las manos en busca de
+las de su amada, y dijo:
+
+--¡Vida mía, todo se arreglará! Ahora no puedo nada, nada; el estanco
+nuevo es una perdición. Yo te traeré... unos días... ¡demasiado sabes!
+
+--Lo que sé es que ni ropa, ni casa, ni pagar un triste catre, que tú
+mismo has _desfondicao_... ni _ná_.
+
+--Más lo siento yo que tú.
+
+Y quiso prodigarle en besos lo que no podía en pesetas; mas ella se
+desprendió de sus brazos, diciendo desabridamente:
+
+--Estos marranos de hombres creen que tener querida es tener guitarra,
+que se deja tocar sin que la den de comer.
+
+--Por Dios, nena; tú no eres mi querida; ¡eres mi alma!
+
+--Yo soy una mujer que _tié_ que gastar en comer, y en vestir, y en
+zapatos, y cuando un zángano no dispone de posibles... ¿o es que me voy
+a guisar el aire?
+
+--Cuando he tenido... y en cuanto tenga...
+
+--_Pus_ entonces _güelves_.
+
+Carola se iba enfurruñando por momentos. Él la escuchaba pasmado,
+acordándose de las grandes _cocottes_ de París, de quienes en los
+folletines había leído que despiden como lacayos a los lores ingleses
+luego que les han arruinado. De pronto, se le acercó humilde y
+cariacontecido, temblándole los labios, sublime y ridículo de amor,
+gritando:
+
+--¡Qué! ¿Vas a dejarme sospechar que me querías por el interés?
+¡Permíteme que te bese, o creeré que eres una cualquier cosa!
+
+Adelantó con indecible majestad, como el león hacia su hembra; hubo en
+su actitud impulso de amante y arrogancia de señorío. Carola,
+miserablemente asustada con aquello de la traslación de estanco y
+penuria del nuevo establecimiento, comprendió que el odre estaba seco.
+Ni corsé, ni cenas, ni recibo de inquilinato... no pudo más. Miró al
+pobre viejo con expresión de frío desprecio, y plegando en burlona mueca
+los labios por él tantas y tantas veces besados, le dijo:
+
+--Oiga usted, don Baboso de Singuita, ¿te has _figurao_ que una hembra
+como yo va a esperar _pa_ dejarse querer a que llueva dinero el mes que
+viene? Si no me _pués_ mantener con decoro, ¿_pá_ qué te me has
+_arrimao_, cara de siglo?
+
+Quiso erguirse altanero y tremendo; pero vencido de la emoción, sintió
+que flaqueaba todo el edificio de su cuerpo, y lanzando a su cruel
+señora una mirada lánguida de bestia moribunda, entre súplica y
+reproche, dejose caer, abatido y lacio, en aquel mismo sillón donde
+antes los dos solían sentarse para que él la estrechase entre los
+avarientos brazos, mientras ella, vestida de gran señora y copa en mano,
+entonaba un vals callejero convertido en brindis orgiástico... El
+recuerdo de aquellos momentos fue como visión rapidísima que le llenó de
+amargura el alma. En seguida se quedó absorto, con los ojos asombrados y
+saltones, y los labios fruncidos por una sonrisa diabólica de ángel
+caído. Tan feo se puso que Carola soltó la carcajada. Entonces, pasando
+de la estupidez al furor, sintió que en lo más hondo del pensamiento
+surgía la idea del crimen, no para cometerlo, sino comprendiendo que en
+situaciones análogas se den puñaladas y mueran las queridas traidoras a
+manos de sus amantes. Estaba grandiosamente ridículo. Carola se
+convenció de que aquel pobre hombre era incapaz de pegarle ni un tirón
+de orejas; pero vio claro que haría cualquier disparate por seguir
+poseyéndola o por hacerse la ilusión de que la poseía, y con aviesa
+intención, para enloquecerle y hechizarle, comenzó a desabrocharse el
+cuerpo del vestido y luego se alzó ligeramente la falda mientras
+moviendo en ondulaciones canallescas todo su cuerpo pecador, decía con
+voz de chula raída y descocada:
+
+--¿Crees que esta personilla se va a quedar sin corsé, y que estos pies
+van a salir a ganarlo, y que este cuerpo ha _nacío_ para tumbarse en un
+catre _desvencijao_? ¿Crees que voy a domesticar al _administraor_
+pagándole en carne? Si no tenías dinero, podías haberte _quedao_ dando
+_cabezás_ contra el mostrador, _ú_ poniendo bizmas a la vieja, que
+_paece_ un vencejo _atontao_.
+
+--¡Carola! ¡Señora!
+
+--Aquí no hay más señora que una fiera, porque ¿sabes lo que te digo? Que
+me temo que te lo estés gastando con otras; ¡conque fuera de aquí, a
+buscar guita! Lo que decía mi pobrecita madre: «sin bolsa llena, ni
+rubia ni morena».
+
+Empujándole hacia la puerta, le echó del cuarto; pero en el pasillo, a
+oscuras, varió de súbito el tono de la voz, y ciñéndole al cuello los
+brazos, le dijo dulzonamente entre dos largos besos:
+
+--Rico del alma, fuera de broma, tráeme unos durillos, que me hacen mucha
+falta.
+
+Y le plantó en el descansillo de la escalera, dejándole turulato, ya
+convencido de que, a pesar de aquellos besos, el amor y sus derivados
+eran para él cosa perdida como no arbitrase recursos.
+
+¿A quién pediría prestado, qué malbarató o empeñó? No se sabe; pero a la
+tarde siguiente llevó trece duros, mediante los cuales, Carola tuvo
+corsé y quedó restaurado el catre. Sin embargo, en días posteriores,
+menudearon las exigencias de la impura. Pidió un boa, jabón de olor, un
+palanganero, chambras bordadas y una bata. El espíritu de don Quintín se
+llenó de sombras: parecía que en su pensamiento se habían juntado el
+furor de los héroes clásicos, la melancolía de los galanes románticos y
+el escepticismo de los protagonistas de drama moderno, todo lo cual, el
+pobre hombre, instintivamente, resumía en aquella horrible frase de su
+querida: «Sin bolsa llena, ni rubia ni morena.»
+
+Tal era su situación de ánimo cuando una mañana se le presentó Benigno
+en el estanco, y sin ambages ni rodeos, le dio el siguiente recado:
+
+--De parte de mi amo, don Juan de Todellas, que desea hablar con usted, y
+que le espera mañana a las doce en su casa--(y dio las señas)--para
+almorzar.
+
+Dicho lo cual se fue.
+
+Acordándose entonces del último diálogo que tuvo con su sobrina cuando
+ella le mandó llamar después de ver a don Juan en la Moncloa, el
+estanquero pensó:
+
+«El grandísimo pillo me busca; tenía razón la chica; pues sí que iré, y
+veremos por dónde respira. ¡Canalla...! ¡A ese sí que no le faltará
+dinero para tener queridas!»
+
+<tb>
+
+Son las once Y media de la mañana. La escena pasa en el gabinete de don
+Juan.
+
+Las paredes están cubiertas de pinturas, fotografías y grabados que
+representan retratos de beldades célebres más o menos vestidas, y
+episodios de amor, donde se ven reproducidas todas las fases de la
+pasión: mitos sagrados, tradiciones históricas y engendros literarios.
+Psiquis se quema las alas en la antorcha del divino Eros; la fiel
+Penélope desteje su labor; el necio Candaules muestra a Gyjes la hermosa
+desnudez de su esposa Nyssia; Florinda y don Rodrigo, enlazados bajo un
+naranjo, dan pretexto a la venida del moro; Carlos I y Bárbara de
+Blomberg se abrazan enamorados y orgullosos, presintiendo que ha de
+nacer quien venza en Lepanto; la desvergonzada Lozana se deja tentar por
+un canónigo a quien pide dineros; Felipe II se exalta mirando el ojo
+sano de la Éboli; el Burlador de Sevilla descansa en brazos de Tisbea;
+Felipe IV desciñe a la Calderona los cordones de un justillo; Luis XV se
+divierte en pintar a la Dubarry un lunar junto a la boca; Mirabeau besa
+el retrato de Sofía; Fernando VII hace cosquillas a _Pepa la Naranjera_;
+Rodolfo de Austria expira en brazos de María Véscera, y como síntesis de
+la dulce locura que a todos agitó, el gran Don Quijote muere resignado
+sin haber poseído jamás a Dulcinea.
+
+En el centro del cuarto está puesta la mesa; el mantel es adamascado y
+fino; los cubiertos de plata labrada; la vajilla con cifra de oro; las
+copas, de tan sutil cristal, que semejan aire cuajado. Sobre un
+veladorcito hay cuatro botellas; dos de Burdeos que, como buenas
+girondinas, tienen a modo de gorritos frigios sus cápsulas rojas, una de
+Champaña con capellina de plata, y otra de Jerez que parece oro líquido.
+
+Don Juan espera impaciente abrochándose el batín oscuro de alamares
+negros. Cuatro minutos antes de las doce suena un campanillazo. Benigno,
+servilleta al hombro, se dirige hacia la puerta poniéndose los guantes
+blancos de algodoncillo.
+
+Don Quintín, de levita, prestada y archicumplida, entra escamado,
+receloso, pero sonriente y haciendo cortesías. Acude a la cita porque a
+ello le obliga su situación respecto de Cristeta, que puede contar a
+Frasquita lo que ésta debe ignorar, y también porque, descubriendo los
+pensamientos de don Juan, le será más fácil la venganza.
+
+Su antiguo conocido le recibe amabilísimamente.
+
+--¡Mi señor don Quintín, y cuántos deseos tenía de que honrase usted mi
+choza! ¿Cómo va ese valor?
+
+--¿A esto llama usted choza, y están las paredes llenas de santos?
+
+--Vaya, vaya, usted me perdonará el atrevimiento; pero yo necesitaba
+hablar con usted, y pensé que almorzando se entienden las gentes.
+
+--Tantas gracias.
+
+Se sientan cerca de la chimenea, cuyas llamas se reflejan en los vidrios
+de los cuadros, y comienza el festín.
+
+Ostras: don Quintín desprende de sus conchas las primeras con el
+cuchillo, hasta que al ver emplear a don Juan el tenedorcillo _ad hoc_,
+le imita torpemente, pensando mientras come: «¿Quién sería el primero
+que probase esta porquería?»
+
+Benigno presenta una fuente, y al mismo tiempo dice don Juan:
+
+--Huevos _al plato_.
+
+Don Quintín, sirviéndose, reflexiona: «¿Pues dónde los había de poner?»
+
+Apaciguada la primera furia del hambre, dice el anfitrión:
+
+--Sí, tenemos que hablar largo y tendido.
+
+--Soy todo orejas.
+
+--Pues bien: ha de saber usted que yo presté dinero a un amigo mío
+empresario del _Teatro de las Musas_; no ha podido pagarme, y por tratos
+y combinaciones que hemos hecho, y con los cuales no quiero molestar a
+usted..., total, que me quedo de empresario. En mi vida las he visto más
+gordas; pero estoy decidido a defender mi dinero, para lo cual formaré
+una compañía como en Madrid no se ha oído, y necesito que usted me
+ayude.
+
+--¿Yo?
+
+--Usted. Llevo adelantados los trabajos, cuento con artistas..., un coro
+que... ya verá usted...; pero nada puedo ultimar si usted no me
+favorece.
+
+--No entiendo.
+
+--Yo no hago nada sin contar con su sobrina Cristeta; y además, necesito
+una persona de toda confianza para representante de la empresa, y esa
+persona es usted.
+
+A don Quintín se le atragantó un sorbo de Burdeos, que para él tenía
+sabor de chacolí detestable. Las palabras que acababa de oír le
+parecieron el principio de una complicadísima serie de mentiras; pero en
+seguida se le ocurrió la idea de que si aquello fuese cierto, no habría
+de faltarle contrato para Carola, es decir, querida por cuenta ajena...
+y un coro a su disposición. Ocultando la sorpresa, repuso:
+
+--De mí disponga usted; en cuanto a mi sobrina, se ha retirado del
+teatro.
+
+--Por eso le busco a usted, que es quien ha de convencerla. Yo no me
+atrevo..., las mujeres... En fin, usted, antes que tío es usted hombre
+de talento y comprenderá mi situación. Yo me permití galantearla,
+cortejarla, cuatro bromas: ¡como es tan guapa! No me hizo caso; total,
+nada, una niñería..., y es posible que ella tenga reparo de tratar
+conmigo. En suma: yo le ofrezco a usted, como tal representante,
+cincuenta pesos al mes, y a ella una escritura con mi firma en blanco
+para que fije el sueldo que quiera. ¡Verá usted qué temporada!
+
+Estaban comiendo solomillo con trufas, que a don Quintín le parecieron
+patatas de luto; don Juan seguía hablando entre bocado y sorbo.
+
+--Hay que regenerar el gusto del público: nada de revistas ni
+pantorrillas..., ésas para usted y para mí. Arte serio; ya ve usted que
+la Moreruela es indispensable.
+
+Don Quintín, rebañando con un migote la rica salsa, guardó silencio unos
+instantes, cual si dudase de la oportunidad de lo que iba a decir, y,
+por último, habló resueltamente, aunque sonriendo para disminuir el
+alcance de sus frases:
+
+--Señor mío; usted sí que tiene remuchísimo talento; y todo eso está muy
+bien urdido...; pero a perro viejo no hay tus tus.
+
+--¿Cómo?
+
+--Que no me engaña usted. A usted le tienen sin cuidado el arte, la
+empresa y hasta las buenas mozas del coro.
+
+--Explíquese usted.
+
+--Lo que a usted le interesa es... la muchacha.
+
+--Ahora sí que tiene usted que explicarse--repuso don Juan desconcertado.
+
+--Sí, mi sobrina: y hablando en plata, lo que usted pretende es que yo le
+ponga en contacto con ella.
+
+Don Juan se quedó atónito y a dos dedos de contestar ásperamente; mas no
+podía permitirse frase dura en su propia casa, y el gesto que ponía don
+Quintín no era de enojo, sino casi de broma.
+
+--Usted ha pensado en mí--prosiguió el estanquero--, para dar más seriedad
+a su conducta... y, sobre todo, me ha buscado porque no halla medio ni
+manera de acercarse a la chica, y como no había usted de decirme
+descaradamente y en seco su propósito, ha inventado usted eso del
+teatro. Pero usted ignora muchas cosas. Primera: que mi sobrina no es mi
+sobrina, sino de mi mujer..., es decir, _ná_. Segunda: que se ha portado
+cochinamente conmigo y no la veo hace mucho tiempo..., ni ganas. Y, por
+último, que puede hacer, o ha hecho ya, de su capa un sayo, sin que yo
+tenga derecho ni voluntad de meterme en sus interioridades. Conque,
+favor por favor; usted me honra convidándome y ofreciéndome un
+destino... que buena falta me hace, y yo le declaro a usted que la tal
+sobrina... puede irse al moro sin que me importe. Vamos, que se ha
+equivocado usted de medio a medio.
+
+--Yo no he querido lastimar en lo más mínimo...
+
+--Esté usted tranquilo; dos hombres formales no pueden reñir por esa...
+ingrata. Harto sé yo lo que son mujeres, ¿Le gusta a usted? Bueno...,
+pues usted ¡a ella! y nosotros tan amigos como antes.
+
+Don Juan, en el colmo del asombro, exclamó:
+
+--¿Que no le importa a usted?
+
+--Absolutamente nada.
+
+Pausa de unos segundos: el amo hace seña al criado, y éste echa Jerez en
+la copa grande de don Quintín.
+
+El diálogo continúa del siguiente modo:
+
+--Me deja usted espantado.
+
+--Ni tres cominos, por trastuela, ingrata y mala cabeza.
+
+--¿Mala cabeza, y se ha casado?
+
+--¿Está usted seguro de eso? Pues sabe usted más que yo. Desde
+Santurroriaga me mandó a pedir ciertos papeles: su fe de bautismo, las
+partidas de muerto de sus padres... qué sé yo, algunos documentos tenía
+ella...; yo no estuve delante si le dijeron los latines, ni fui padrino;
+¡y la grandísima necia descastada, viene luego a Madrid, recoge cuatro
+trastos de mi casa; y abur! Yo no he de pedirle ni agua, ni quiero
+meterme en su vida privada.
+
+Sorprendido don Juan por la actitud y palabras de don Quintín, cambió de
+táctica, y queriendo sacar fruto de su indiferencia, le dijo:
+
+--Vaya, vaya... déjese usted de resentimientos y de delicadezas y piense
+usted que lo que le propongo, si es beneficioso para ella, no lo es
+menos para usted. Usted no ha de ir a pedirle nada, sino a ofrecerle una
+contrata ventajosa.
+
+--Sí; y además a procurar que se vean ustedes.
+
+Don Juan, fingiendo no haber oído, siguió:
+
+--Si no está casada... aceptará, y si lo está, saldremos de dudas.
+
+Don Quintín, puesta de babero la servilleta y empuñando una pata de
+pollo frío, se balanceó en la silla, riendo como un sátiro viejo.
+
+Entonces, obediente a una seña de su amo, Benigno escanció otro largo
+chorro de sol embotellado en la copa del estanquero, quien sin perder la
+serenidad, habló de este modo:
+
+--No quiere usted entenderme... Usted parte un pelo en el aire...; pero
+yo, aunque no he recibido cierta educación, tampoco soy _negao_. Me va
+usted a llamar sinvergüenza; pero, en fin... juguemos a cartas vistas y
+cada cual atienda a su juego. Lo que usted desea es que yo le saque de
+dudas sobre lo del casorio, y que le ponga a usted al habla con ella, y
+lo ha querido usted conseguir sin que yo me diese cuenta. No me ofendo;
+pero en vez de un memo se encuentra usted con un hombre franco que le
+dice: mi sobrina nada me importa. ¿Se ha casado? Vaya bendita de Dios.
+¿No se ha casado y anda usted tras ella? Me es igual.
+
+Don Juan resolvió jugarse el todo por el todo, a lo menos en lo tocante
+a valerse de don Quintín, y apoyando los codos en el mantel, dijo:
+
+--Es usted un lince y un hombre... leal. Franqueza por franqueza. Sí,
+señor, me gusta Cristeta...
+
+--A todos nos gustan las mujeres; ¿cree usted que no tengo yo también lo
+que necesito?...
+
+--... me gusta Cristeta; pero ¿y si fuera también verdad que deseo
+meterme a empresario? Como usted ve, mi casa es pequeña, necesito poner
+un cuarto, una oficina donde ultimar contratos, hacer ajustes, etc., y
+necesito un representante. ¿Quiere usted serlo? Mil realitos al mes... y
+luego si usted logra que yo ajuste a esa señorita...
+
+--¡Ahí le duele!... No andemos con hipocresías. Ya le he dicho a usted
+que yo también tengo mis debilidades.
+
+--Entonces... entre hombres debemos ayudarnos. El día menos pensado tiene
+usted una conquista seria, y me dice usted: «Amigo Todellas, présteme
+usted la llave y váyase usted de paseo»; por un amigo todo se hace.
+
+A don Quintín se le ocurrió una idea portentosa: pareciole que no cabía
+más en cerebro humano. Aquel hombre que se había burlado de él, le
+estaba facilitando el camino de la más sabrosa venganza. Otra era la que
+él tenía pensada; pero, pues las cosas venían rodadas... ¡también
+aquélla!
+
+Don Juan continuaba diciendo:
+
+--¿No está usted quejoso de ella, no se ha portado con usted
+indignamente?
+
+--Tiene usted razón; trato hecho. Yo le llevaré a usted la... tiple.
+
+--Y yo le nombro a usted... eso que he dicho antes.
+
+Don Quintín representaba la comedia por imposición y encargo ajeno; pero
+al mismo tiempo, le sonreía la perspectiva de aquella venganza que había
+imaginado; además, si lo de la empresa teatral fuese recurso cierto,
+ideado por don Juan para entenderse con Cristeta, también de esto
+sacaría él partido, procurando el ajuste de Carola. En vista de lo cual,
+aunque desconfiaba de la farsa, fingió aceptarla, considerándola como un
+_modus vivendi_ necesario para sellar el vergonzoso pacto. El taponazo
+del Champaña le sacó de sus cavilaciones.
+
+Don Juan, alzando la espumante copa, le dijo, como si fuesen antiguos
+compañeros de calaveradas:
+
+--Cuando dos caballeros quieren entenderse, no hay quien pueda con ellos.
+Todavía tiene usted que hacer buenas migas con este cura... ya sé yo los
+puntos que usted calza. (_Pausa larga_.) Vaya, el día que se canse usted
+de Carola, le voy a presentar a usted a una chica de veinte que le
+vuelve a usted tarumba.
+
+--¿Pero usted sabía?...
+
+--¿Lo de Carolina? Todo Madrid lo sabe, y ándese usted con tiento..., es
+guapa mujer, pero costosa, exigente, acostumbrada a mucho señorío; no le
+vendrán a usted mal los cincuenta de la representación. Lo grave sería
+que lo supiese su esposa de usted.
+
+Este momento fue el único en que don Quintín perdió terreno. No era sólo
+Cristeta quien podía perderle; también aquel hombre conocía su
+secreto...; pero ¿qué secreto si acababa de oír que Carola era mujer de
+fama?
+
+--¿Quedamos--preguntó don Juan--, en que somos buenos amigos?
+
+--Sí, señor. ¡Tiene usted un modo de tratar las cosas!... Vaya, y para
+que usted no pueda tener queja de mí, le diré a usted una sospecha, no
+pasa de sospecha, que yo tengo. Usted sabe que Cristeta fue a
+Santurroriaga hace cerca de tres años. Pues bien; la doncella que la
+acompañó me ha contado que allí tuvo algo con no sabe quién..., de
+cierto, nada; pero algún lío debía de traer entre manos, porque, según
+la chica, en cuanto llegaban por la noche del teatro a la fonda,
+Cristeta la despedía sin dejar que la desnudase; y otras veces se
+quedaba escribiendo hasta muy tarde.
+
+Aquí a don Juan se le alegra la mirada de un modo apenas perceptible, y
+rueda por sus labios una sonrisa.
+
+Prosigue don Quintín:
+
+--En seguida, o poco después, vino lo del casorio con Martínez que, según
+mis noticias, es un animalote ordinario que se chifló atrozmente por
+ella.
+
+Don Juan se pone muy serio y escucha con mayor interés.
+
+El estanquero continúa:
+
+--Bueno; pues yo, teniendo en cuenta lo lista que es Cristeta y lo
+apasionado que llegó a estar Martínez por ella, me hago la siguiente
+pregunta, y usted dirá si es un disparate: ¿no es posible que el chico
+sea del otro de quien habla la doncella, suponiendo que sea verdad, y
+que Cristeta, al casarse con el Martínez, le haya hecho apechugar con el
+muñeco... ya nacido o en vísperas? Crea usted que una mujer que se ve
+perdida es capaz de todo, y un hombre enamorado también. He dicho
+sospecha, nada más que sospecha; pero tiene su poquito de fundamento,
+porque fíjese usted: primero lo que dice la doncella, y luego el casarse
+con un tío tan ordinario, sólo puede haberlo hecho por cálculo; ¿y qué
+mayor provecho que legalizar la situación en que se hallaba?; por
+último: ¿a qué esconderse de mí y de mi mujer, a quienes debía estar tan
+agradecida, esquivándonos como lo ha hecho? Vamos, yo veo la cosa
+turbia.
+
+La impresión que recibió don Juan fue horrible.
+
+Fingió escucharlo todo sin darle importancia, haciendo como que jugaba
+distraídamente con el regojuelo que había quedado sobre la mesa, pero en
+realidad estaba profundamente pensativo.
+
+Aquella idea se le había ocurrido alguna vez, muy vagamente, pero jamás
+la formuló su pensamiento con tan espantables caracteres de posibilidad.
+¡Suyo el hijo de Cristeta! ¡Vaya un final de almuerzo! Poco le faltó
+para exigir a don Quintín con malos modos que confesara cuanto supiese;
+mas comprendió que la violencia era inútil. Sólo su propio ingenio y la
+confesión de Cristeta podían sacarle de dudas: era forzoso que mediase
+entre ambos una explicación. Al cabo de unos instantes, sobreponiéndose
+al disgusto que experimentaba, reanudó el diálogo y se mostró
+amabilísimo con don Quintín. Aquel hombre le era, desgraciadamente,
+necesario.
+
+Tomaron exquisito moka, que al estanquero le pareció inferior al del
+café, y luego, saboreando unas copas de licor, don Juan le ofreció
+habanos.
+
+--No es mal tabaco--decía don Quintín--; pero crea usted que no hay nada
+como los peninsulares bien elegidos.
+
+Separáronse tras grandes protestas de lealtad y mutua protección.
+
+Poco después don Quintín iba por la calle haciendo estas reflexiones:
+«¡Vaya un tío cuco...! pero se ha fastidiado. ¡Cincuenta duros...!
+¡Carola, segura...! En cuanto a lo demás... Cristeta verá lo que hace:
+he cumplido sus órdenes; ahora... me lavo las manos.»
+
+Hasta quedarse solo no sintió don Juan en toda su intensidad el
+disgustazo que acababan de darle.
+
+Había en los razonamientos de don Quintín, o, mejor dicho, se desprendía
+de ellos una consideración de muchísima fuerza. ¿Cómo se explicaba que
+Cristeta, tan sentimental y delicada, hubiese consentido en entregarse a
+un hombre como Martínez, rico, pero vulgarote y ordinario? Don Juan
+recordaba perfectamente las repetidas veces en que Julia le habló de su
+amo tratándole de grosero, basto y a la pata la llana. Pensándolo bien,
+estas confidencias de la niñera podían servir de base a las conjeturas
+en que ahora le hacían caer las frases del estanquero; todo indicaba que
+sólo el interés, pero un interés poderosísimo, había determinado la
+boda. Por otra parte, no siendo ella codiciosa... ¿qué interés podía
+tener...? sólo el de regularizar la falsa situación en que se hallase, o
+el ansia de asegurar el porvenir del niño, si ya estaba camino del
+mundo.
+
+«Este mamarracho de viejo--se decía--, es un sinvergüenza capaz, por
+dinero, de hacernos el embozo de la cama...; pero ¡ella, ella! Ahora me
+explico sus lágrimas, su miedo de acercarse a mí, sus palabras
+tristes...; no puede menos de quererme. Y el chico... ¿mío? ¡sabe Dios!;
+pero no es ningún imposible... y ese señor Martínez... ¡anima!, aunque
+no, puede que no esté sino perdidamente enamorado, loco, ¿no ha de poder
+trastornarse otro hombre si a mí me están dando ganas de llorar?»
+
+<tb>
+
+Aquella misma noche el estanquero refirió a su sobrina cuanto habló con
+don Juan durante el almuerzo; pero puso gran cuidado en callar todas
+aquellas sospechas que le hizo concebir relacionadas con el origen del
+niño, y que respondían a su particular deseo de vengarse. No obstante la
+omisión, Cristeta escuchó todo lo demás inquieta y azorada, miedosa de
+su propia obra. Una imprudencia, por pequeña que fuese, y estaba
+perdida; el menor descuido, y en vez de ingeniosa enamorada, semejaría
+codiciosa enredadora.
+
+¡Triste condición de toda mujer amante y burlada, que al reconquistar el
+bien perdido, parece trapisondista despreciable!
+
+
+
+
+
+
+Capítulo XIX
+
+De cómo Cristeta representó en un palco mejor que cuando lo hacía en el
+escenario
+
+
+Don Juan tenía pensado alquilar un cuarto y amueblar en él dos
+habitaciones: una tal que pareciese oficina, para dar sombra de
+apariencia a lo de la empresa teatral, y otra cuidadosamente alhajada,
+donde, atraída Cristeta, quedara su resistencia vencida; pero en vista
+de la conferencia con don Quintín, consideró inútil lo primero, pues el
+grandísimo bribón no había menester disimulo, sino dinero; por lo cual a
+otro día del almuerzo le mandó a Benigno con una carta en que, a modo de
+primer mes de sueldo, le remitía mil reales, es decir, el amor de Carola
+provisionalmente asegurado. En cuanto a lo de alhajar cómoda y
+lujosamente un nido donde recibir a Cristeta, también varió algo su
+propósito, discurriendo que tal vez careciera de sentido común el
+forjarse ilusiones si la paloma había ya anidado en otro lado, y hasta
+hecho cría.
+
+El deseo de aquel hombre iba sufriendo una transformación tan radical
+como justificada. Lo que hasta entonces le movió fue el apetito amoroso
+que juntamente despertaban en su ánimo la belleza de Cristeta, la
+envidia de su legítimo poseedor y la vanidad herida; pero a consecuencia
+del almuerzo con don Quintín, todo cambió. Ya no podía bastarle poseer a
+Cristeta como a una mujer cualquiera; quería saber si aún era amado de
+ella; aquilatar qué clase de afecto profesaba a su marido, o lo que
+fuese; obtener pleno conocimiento del origen del niño; en fin, salir de
+dudas. La frívola pertinacia del galanteador de oficio, la tenacidad
+irritante del mujeriego afortunado, habían cedido el puesto a móviles
+más serios. Lo que comenzó a guisa de vulgar conquista, iba
+transformándose en drama psicológico, sin puñalada, pistoletazo, ni
+catástrofe, pero muy serio: acaso con su catástrofe y todo, porque
+¿quién era capaz de prever las complicaciones a que podría dar ocasión
+el odioso Martínez? Pero lo grave era que la mujer antes perseguida y
+deseada sólo por gentil y graciosa, se había trocado en hechicera
+enigmática: ya no era don Juan un temperamento atraído por la belleza,
+sino una voluntad obstinada en descubrir el arcano que llevaba una mujer
+dentro del pecho. Hasta el pecho ¡lo más hermoso del cuerpo de Cristeta!
+se le olvidaba pensando en su corazón.
+
+Tomó un piso entresuelo en cierta casa de un amigo suyo (la calle,
+aunque céntrica, casi solitaria), y en cuatro días, a fuerza de dinero y
+con ayuda de don Quintín, hizo que le amueblaran un precioso gabinete
+donde todo era sencillo y de exquisito gusto. La alfombra, clara; sobre
+una mesita, una lámpara preparada, y como adorno, muchas flores. No
+había reloj, para indicar que quien lo dirigió todo no quería tasado el
+tiempo. Por precaución tenía la estancia puertas francas a escaleras
+distintas, y en los balcones visillos muy tupidos. Junto a la chimenea
+se veía uno de esos asientos llamados confidentes, dispuestos en forma
+de ese, donde una pareja puede mirarse rostro a rostro, llegando tibio
+el aliento del que habla a la oreja del que escucha: para diálogo
+amoroso, imposible hallarlo mejor; pero no era mueble incitante y
+traidor de aquellos en que la castidad suele reclinarse sana y
+levantarse herida.
+
+Al quinto día, luego que la casa estuvo dispuesta, don Juan entregó a su
+representante una llave por si encontraba momento propicio de llevar a
+Cristeta o de hacer que se resolviese a ir; y envolviendo el ruego en
+promesas, le suplicó que apurara todos los medios imaginables para que
+su sobrina le concediese la deseada entrevista.
+
+En un principio, de acuerdo con ella, don Quintín dio largas pretextando
+que no había logrado verla; después dijo que vacilaba y temía; por
+último, que comenzaba a desesperar. Así transcurrieron dos semanas, de
+beneficioso resultado para su bolsillo y de triste incertidumbre para
+don Juan, quien al cabo determinó escribir a su adorada; de lo que se
+originó nueva cita con Julia en la Plaza Mayor, y nueva carta, que a la
+letra decía estas palabras:
+
+ _«Cristeta de mi alma: Ha pasado qué sé yo cuánto tiempo desde que
+ nos vimos; no tengo ya ninguna esperanza y, sin embargo, no me
+ resigno a perderte. ¿Dejarás que me marche de Madrid? Porque no
+ puedo vivir así. No te pido más que una entrevista muy breve, y te
+ doy palabra de honor que no tendrás que arrepentirte._
+
+ _He puesto un cuartito en la calle de Belén, 78, entresuelo. Allí
+ te aguardo mañana y pasado, desde la una de la tarde hasta el
+ anochecer. Si no me contestas dentro de cuarenta y ocho horas, será
+ señal de que nada puedo esperar, y esta misma semana saldré de
+ Madrid para no volver nunca. Adiós, Cristeta de mis ojos. Medita
+ bien lo que resuelves, que va de veras, y acuérdate de tu
+ desgraciado_
+
+ JUAN.»
+
+Al expirar el plazo, cuyo término caía en lunes, don Juan recibió
+respuesta con estas palabras, de mano de Cristeta:
+
+ _«Estoy malucha, y además no puedo ni debo aceptar eso que
+ propones; el domingo que biene toma un palco alto, para por la
+ tarde, en cualquier teatro, y enbiamelo: de otro modo, nada._
+
+ C.»
+
+¡Qué semana! Ni educanda encerrada que aguarda el día de salida para ver
+al primer muchacho que a hurtadillas le oprime la mano, y con quien soñó
+castamente en el lecho virginal del convento; ni príncipe en vísperas de
+ser coronado rey; ni miserable usurero a punto de cobrar; ni madre de
+marino que en la costa espera el navío donde su hijo torna, nadie se
+impacientó ni desesperó tanto como el pobre don Juan.
+
+Llegó el sábado; fijáronse en las esquinas los carteles teatrales,
+leyolos, calculó cuál sería la función más larga, y vio que en la
+Zarzuela representaban un melodrama en cinco actos, seguido de sainete;
+es decir, cinco entreactos, que era lo que a él le interesaba. Tomó para
+sí una butaca, escogió un buen palco y se lo mandó a Cristeta. «¿Quién
+la acompañará?--pensó--. Cuando lo ha pedido para por la tarde, es que
+lleva al chico.» Y al recordar al niño se le puso carne de gallina.
+
+El domingo amaneció sereno, hermosísimo. Con el temor de que se
+suspendiera la función, se puso don Juan más nervioso que mujer en
+tienda de sedas. Por fortuna, al medio día se nubló el cielo y comenzó a
+llover. Su primera impresión fue de alegría; pero luego se dijo: «¿A que
+no va porque no coja humedad el chiquillo?»
+
+Hasta la hora del espectáculo permaneció encerrado en casa y, según su
+costumbre, quiso distraerse leyendo; pero todo fue inútil. Tal estaba su
+ánimo, que no le hizo gracia _Don Quijote_. Si llega a hojear _La divina
+comedia_ se ríe del conde Ugolino. Al oír que daban las tres en el reloj
+del despacho, púsose el gabán y salió.
+
+Madrid estaba convertido en un lodazal; soplaba norte pulmoníaco, y la
+lluvia, por lo terca y violenta, se burlaba de toda prenda impermeable;
+pero a don Juan le pareció que caminaba por las secas alamedas de un
+jardín donde corría suavísimo céfiro y que del cielo caía tibio rocío
+perfumado, como aquel que un alarife cordobés hizo llover en el serrallo
+del califa.
+
+Cuando llegó al teatro aún estaba el pórtico cerrado, y ante él
+esperaban, devorados de impaciencia y roídos de mal humor, grupos de
+papás, manadas de niñeras y enjambres de chicos. Por fin, abrieron, y la
+puerta comenzó a engullir gente. Todos se apresuraron: nadie dio tantos
+codazos como don Juan.
+
+Otros llevaban al niño de la mano: él llevaba dentro al niño Amor, que,
+aposentado en su corazón y su pensamiento, lugares donde antes jamás
+entró, corría de uno para otro.
+
+La sala estaba a media luz: don Juan, que llevaba tres horas
+diciéndose:--_«Principal, número nueve»_, miró al palco.
+
+Los violines, mal afinados, gruñían como cochinillos hambrientos, oíase
+algún quejido gangoso de clarinete y rasgaban el aire alegres carcajadas
+infantiles.
+
+Don Juan, de pie en el callejón central de las butacas, tenía fija la
+mirada en el palco. De pronto, levantose la cortina, apareció Julia con
+el niño en brazos, y tras ella, destacando por claro sobre el fondo
+oscuro del palco, se dibujó la encantadora figura de Cristeta, en
+actitud de alzar las manos para quitarse un precioso sombrerillo. ¡Qué
+semblante y qué talle! A no estar trastornado por sus preocupaciones,
+don Juan hubiese comprendido mirándola, que la esbeltez de aquella mujer
+era incompatible con la maternidad. Lo de llevar al teatro un niño de
+dos años, le pareció insensato...; pero era el pretexto: y además, los
+padres llevan a sus hijos demasiado pronto al teatro, porque se hacen la
+ilusión de que entienden lo que ven.
+
+Cuando aumentó repentinamente la intensidad del alumbrado, Julia y el
+chico lanzaron a dúo un ¡aah! formidable. Cristeta se sonrió, y a don
+Juan le pareció que de aquella sonrisa había brotado la claridad.
+
+¡Qué hermosa estaba la antigua comiquilla! Lo que descubría del traje
+por cima del antepecho del palco, era un primor. Vestía una chaquetilla
+de paño gris perla, bien ceñida y sin adornos, luciendo, al quitársela,
+el cuerpo del vestido, liso y rojo muy oscuro, con muchos botoncitos de
+plata; al cuello una gola de piel negrísima, sobre la cual brillaba,
+como enroscada sierpe de oro, el moño de pelo sedoso y rubio. Nada de
+joyas, ni siquiera un brazalete; pero, en cambio, sus movimientos,
+ademanes y posturas estaban impregnados de aristocrática gentileza.
+
+Don Juan enderezó hacia ella los gemelos, y viéndola tan hermosa creyó
+no haberla poseído nunca. No parecía muchacha plebeya elegantizada de
+repente, sino hija de grandes, hecha desde niña a todos los
+refinamientos del lujo.
+
+Lo poco que don Juan oyó del acto primero, se le hizo interminable. ¡Y
+qué malo! Arte para la galería, espectáculo propio de pueblos atrasados;
+lo de siempre: la dama perseguida, el traidor eterno, el vulgar
+gracioso. Por supuesto, que Lope o Alarcón no le hubieran aquel día
+parecido mejores. Miró hacia el palco muchas veces, y en dos notó que
+ella le correspondía con amables sonrisas. Terminado el acto, repitió
+las miradas con gran insistencia, moviendo hacia arriba la cabeza,
+indicando que quería subir: ella, disimuladamente, extendió el brazo y
+abrió la mano, moviéndola hacia abajo, lo cual, con toda claridad,
+significaba: «Espera.» Don Juan puso cara de pariente desheredado. En el
+segundo, tercero y penúltimo entreacto, que por fortuna no fueron
+largos, ocurrió exactamente lo mismo, con lo cual el disgusto del
+enamorado arreció tanto, que comenzó a retorcerse en la butaca como
+diablo que se ahogase en agua bendita. ¿Si habría pensado aquella mujer
+que iba él a contentarse con una ración de vista?
+
+Por fin, al caer el telón tras el último acto del melodrama, cuando no
+quedaban más que un intermedio y el sainete, don Juan, ya tan impaciente
+que aun sin permiso ni consentimiento subiera, repitió la seña de
+levantar la cabeza como preguntando: «¿Voy?» Entonces Cristeta le
+dirigió una mirada cariñosa, haciendo al mismo tiempo un gesto de
+conformidad, que quería decir: «Ven.»
+
+Salió de la platea, y echando escaleras arriba, medio derribó a un
+chico, pisó a una señora y tropezó con un caballero, a quien tiró el
+cigarro. Le pareció oír insultos a su espalda, pero no hizo caso. El
+corazón le latía como a chico en examen.
+
+Antes de que acudiese el acomodador ya tenía Cristeta entornada la
+puerta del palco, cuyas cortinas caían rectas, dejando sólo entre sí una
+estrecha abertura por donde penetraban el resplandor y los rumores de la
+sala. Juan cerró con tiento; y no por estudiada osadía, como en otros
+tiempos, sino por sincero e irresistible impulso, cogiendo con fuerza
+las manos de Cristeta, la empujó hacia atrás, sentándola en la banqueta
+del antepalco; y en seguida, alzando hasta su boca las manos deseadas,
+despacio, tembloroso, casi con respeto, se las besó, seguro de que no
+podían ser vistos, mientras ella, al través de la cabritilla, sintió
+algo que la quemaba dulcemente.
+
+Pasaron unos segundos sin que ninguno de ambos profanase aquel silencio,
+que lo decía todo. Por fin habló Juan en voz baja:
+
+--Tú mandas y yo obedezco; pero mía ¡para siempre!
+
+La respuesta fue un suspiro salido de muy hondo, y un movimiento de
+cabeza triste y negativo.
+
+Estaban en sombra, nadie podía verles, y por entre la separación del
+cortinaje penetraba una faja de luz que Cristeta procuraba esquivar
+echando el cuerpo hacia atrás. Al moverse creyó dar con la espalda en el
+muro; pero Juan había sabiamente deslizado una de sus manos entre la
+pared y el cuerpo de ella, de modo que al querer recostarse quedó
+aprisionada por el talle. Ambos se estremecieron, pareciéndoles que no
+había transcurrido tiempo desde la última caricia. Aquello fue la
+repetición del bien pasado; acaso la dicha más grata que da el amor.
+¡Qué recuerdos! Astucia de mujer, cavilosidad de hombre, entereza de
+ánimo, escozor de vanidad ajada, ¡cómo vinisteis a tierra fundidos por
+aquel calor que, traspasando las telas y penetrando las carnes, llegaba
+por los nervios al centro de las almas!
+
+--¡Vida mía!
+
+--¡Juan, por piedad!
+
+Fueron dos exclamaciones más henchidas de poesía que el mejor poema. Sin
+embargo, Cristeta, que todo lo arriesgaba en la partida, se rehizo, y
+dominando su primera impresión, se aprestó a la lucha. Era llegado el
+instante de lo que ella, a solas con su pensamiento, llamaba el último
+acto de su comedia. Sin apartar el cuerpo del brazo de Juan ni retirar
+la mano que le tenía abandonada, pero mostrándose fría y serena (la
+procesión andaba por dentro), dijo:
+
+--¿Por qué no me dejas vivir tranquila? ¿Qué quieres? ¿No comprendes que
+todo debe ser inútil?
+
+--Lo veremos. Hay mucho que hablar. Un hombre que se ve en mi situación,
+tiene derecho a...
+
+--A nada.
+
+--Te equivocas. No queda tiempo, ni éste es sitio para explicarse; pero
+como tú no has querido nunca venir a terreno mío...
+
+--¿Era decoroso?
+
+--En fin, aprovechemos los instantes. ¿Cuál ha sido tu conducta desde que
+me fui a París?
+
+--¿Desde que me abandonaste en la fonda de Santurroriaga?
+
+--Bueno, como quieras, te abandoné; de eso luego se tratará. ¿Qué
+hiciste?
+
+--¿Y no se te ha ocurrido preguntártelo a ti mismo hasta que has vuelto a
+verme?
+
+--¡Responde!
+
+--¿Y por qué has de ser tú y no yo quien interrogue? ¿Porque eres hombre?
+Ten calma.
+
+--No puedo, la tendré cuando hayas vuelto a mi poder.
+
+--¡Ah! Me quieres ahora porque no puedo ser tuya.
+
+--Más de lo que te figuras. Estoy dispuesto a todo.
+
+--Y yo a nada.
+
+--¡Parece mentira que se te hayan olvidado ciertas cosas!
+
+--¿Cómo he de olvidar lo que hiciste conmigo?
+
+--Bueno..., ¿qué buscas, qué pretendes? ¿La satisfacción de oírme que
+hice mal? ¿que te diga que me arrepiento? ¿que ni siquiera me porté como
+caballero? Corriente; no merezco ni lástima...; humíllame, véngate
+cuanto quieras; pero, ¡por Dios, Cristeta, vida mía! ¿a quién has
+querido, de quién eres...? ¡yo no puedo vivir así!
+
+Tal sinceridad había en su acento, que de buena gana Cristeta se hubiese
+dejado comer a besos, si no temiera que la precipitación malograse su
+plan. Se limitó a mirarle con dulzura, respondiendo:
+
+--¿Pues qué clase de mujer crees que soy? ¿de las que tú estabas
+acostumbrado a tratar?
+
+--Es que no puedo callártelo.... esa criatura--y extendió el brazo hacia
+donde estaba el niño--esa criatura me tiene loco... Cuando yo me marché
+de Santurroriaga..., porque..., la verdad..., ¿al cabo de cuánto tiempo
+te casaste? Aun suponiendo que hallases un hombre tonto o... poco
+escrupuloso, en fin, uno que pasara por todo, ¿no tenía yo algún derecho
+a saber la resolución que ibas a tomar?
+
+Cristeta, sorprendida, le dejó concluir. Ignoraba las insidiosas frases
+pronunciadas por su tío el día del almuerzo para herir a don Juan, y no
+esperaba semejante ataque. Cierto que había, desde un principio, ideado
+acompañarse del niño para dar más viso de verdad a su condición de
+casada; pero, a pesar de su travesura, jamás imaginó, ni entró en sus
+cálculos, excitar a Juan martirizándole con la creencia de que el chico
+pudiera ser suyo; y en aquel momento comprendió, por fortuna, que el
+recurso que a las manos se le venía era efímero y de muy peligroso
+aprovechamiento. Además, su orgullo legítimo de mujer amante le inspiró
+el recelo de que si don Juan aceptase aquella paternidad, ya no sería
+ella misma quien venciera, sino el niño, y por último pensó también que
+como al fin y a la postre habría de descubrirse la mentira, sería fatal
+para ella que su ingenio de enamorada pudiese ser calificado como
+ambiciosa tramoya y conspiración de aventurera.
+
+Juan estaba pendiente de sus labios.
+
+Cristeta suspiró; luego guardó silencio en larga pausa, mirándole
+fríamente, mostrándole impávida el azul profundo de sus ojos; se pasó la
+lengua húmeda por los labios secos, y muy despacio, levantando una mano
+y posándosela en el hombro, le dijo con melancólica solemnidad, al mismo
+tiempo que dejaba caer ruborosa los párpados de larguísimas pestañas.
+
+--Vive tranquilo; te juro que ese niño no es tuyo.
+
+Juan reprimió un suspiro de desahogo, y acentuando el fervor amoroso,
+por disimular la emoción, repuso a modo de acusador:
+
+--Entonces, infame... sí, perdóname, infame, ¿qué cariño era el tuyo, qué
+pasión era aquélla, si cuando apenas me fui te entregaste a otro y con
+tal entusiasmo que... ¡ahí están las pruebas! (Y volvió a señalar al
+chico.) Yo pude ser falso, engañador, traidor, sobre todo, tonto,
+porque, al dejarte, en la culpa llevaba la pena; pero ¿qué nombre merece
+tu conducta?
+
+--¿Es decir, que mi obligación era quedarme toda la vida esperando a que
+se te antojase volver a acordarte de mí, como se queda un libro en un
+estante, hasta que su dueño tenga capricho de volverlo a leer? Sé
+franco, mírame cara a cara y dime: si yo fuera libre, ¿hubieras vuelto a
+pensar en mí? Dispensa la dureza, pero lo que ahora sientes no es amor,
+es envidia de otro.
+
+--De ese otro a quien odio y aborrezco, también tenemos que hablar; pero
+quien me importa verdaderamente, eres tú. Ya lo estás viendo: me has
+dicho que el niño nada tiene que ver conmigo, y sigo diciéndote que no
+puedo vivir sin ti.
+
+--¿Pues qué recurso sino conformarse?
+
+--¡Si fuera en Francia!
+
+--Sí, allí creo que se casan y se descasan como perros.
+
+--¡Bendito país, donde la traición, el engaño y hasta el error tienen
+remedio!
+
+--¿Y quién te dice que yo sea capaz de aceptar eso? ¿Acaso no puedo
+quererle?
+
+--¿Al niño? Naturalmente; al fin, es hijo tuyo.
+
+--No me has comprendido...--repuso sin atreverse a concluir.
+
+--¡Calla, traidora! porque no respondo de mí.
+
+Y alzó tanto la voz, que ella hizo ademán de taparle la boca con la
+mano.
+
+--No pensemos en lo imposible--añadió Cristeta tristemente--¿Has querido
+verme para que sufriéramos los dos? Ya estarás satisfecho; pero basta...
+¡por la Virgen Santa!
+
+Intentó incorporarse, Juan la contuvo oprimiéndola el talle, y aún más
+con el suplicar de su mirada, al mismo tiempo que decía:
+
+--No perdamos tiempo en recriminaciones inútiles. ¿Me he portado mal?,
+pues te pido perdón. ¿Has obrado por despecho?, te perdono. ¿Nos hemos
+equivocado los dos, yo al dejarte y tú al olvidarme?, pues venzamos a la
+desgracia. Manda, ordena, dispón, decide lo que quieras; paso por todo,
+¡pero mía, mía para siempre!
+
+--¿Y qué sabes tú lo que es _siempre_? ¿Cuánto tardarías en cansarte otra
+vez de mí? Y, sobre todo, no reparas en lo que hablas... y me estás
+ofendiendo. Óyelo bien; jamás engañaré a Martínez, lo juro. Lo hecho,
+hecho está.--Y al decir esto, sonrió ligeramente, como burlándose de sus
+propias palabras.
+
+--¡Pues yo lo deshago!--replicó Juan en fogoso arranque.
+
+--Eso se dice ahí, en el escenario, pero aquí en la vida... ¡ya no
+podemos ser dichosos!
+
+--¿Luego me quieres? ¡alma mía! ¿No eres feliz? ¿Qué hombre es ése? ¿Por
+qué te has enamorado? Cuéntamelo todo.
+
+--No me atormentes más, que estoy sufriendo mucho...; mira, mira--añadió
+levantando un poco la cortina--márchate, que ha comenzado el sainete.
+
+No había comenzado, sino que faltaba poco para que concluyera.
+
+--¡Quiá! ¡Qué he de irme! ¿Crees que he venido sólo para esto? Vuelves a
+ser mía... y hoy te acompaño hasta tu casa.
+
+--Ni una palabra más. Accedí a oírte, porque supuse que tendrías juicio.
+Esto se acabó; yo no transigiré nunca con ciertas cosas.
+
+--Ni yo con perderte.
+
+--Entonces, ¿qué pretendes? ¿que sea de dos a un tiempo? ¿Quién
+resultaría despreciable, nosotros o _él_? Figúrate lo absurdo, que _él_
+lo tolerase: ¿crees que yo podría tenerle al lado?
+
+--Cuanto dices prueba que no has dejado de quererme: ¡eso es lo que yo
+deseaba saber! Ahora, la última pregunta, y ¡mira que hablas con un
+hombre resuelto a todo!: ¿estás realmente casada? porque hay quien... no
+lo cree.
+
+Cristeta vaciló un punto, sin atreverse a responder categóricamente.
+Hasta entonces había puesto especial empeño en no afirmarlo. Tampoco en
+aquel instante quiso decirlo, y en vez de contestar de palabra, como si
+cediese a una languidez incontrastable, dejó caer el dulce peso de su
+cuerpo sobre el hombro de Juan, al mismo tiempo que decía:
+
+--¡Qué desgraciada soy! ¡Déjame, déjame!
+
+Al sentir Juan acariciado el rostro por el cosquilleo del pelo de
+Cristeta, dio al olvido la pregunta que hizo, la respuesta que esperaba,
+hubiera olvidado hasta la gloria si entonces se la hubiesen ofrecido, y
+estrechando contra el pecho la cabeza de su amada y pegando los labios a
+su oído, le dijo:
+
+--Iremos donde quieras, solos... o con tu chico..., yo seré su..., lo que
+tú mandes, ¡alma mía!
+
+Y la besó callada y blandamente entre el rizo y la oreja.
+
+Cristeta levantó la cabeza, mostrando involuntariamente los ojos llenos
+de felicidad. Juan había pronunciado aquellas palabras con una expresión
+nueva, desconocida para ella, y aquel beso fue más casto, más sincero,
+menos egoísta que los dados en otro tiempo por los mismos labios. No se
+sintió deseada, sino querida, y en lo más íntimo de su espíritu se alzó
+una voz que le decía: «Es tan mío como yo suya.»
+
+La función estaba concluyendo. Púsose Cristeta en pie sin que ya él lo
+estorbase, esquivó sus miradas como aterrada, y le dijo:
+
+--Vete. Quiero salir sola.
+
+--¿No viene nadie, ni tu tío, para acompañarte?
+
+--¡Ah!... A propósito de mi tío. Tengo que pedirte un favor.
+
+A no estar tan ciego el pobre don Juan hubiera notado que no era propio
+de situación tan grave hablar del ridículo don Quintín; mas sin pensar
+en ello, repuso:
+
+--¿Tú pedirme favores? Pon un bando, y hago que te obedezca... hasta el
+mismo Nuncio.
+
+--No exageres. Lo que quiero es que no contribuyas a volver loco a ese
+pobre hombre. En cuanto tiene dinero hace cada barbaridad... Con que no
+le des ni un duro. ¿Me lo prometes?
+
+--Pero, mujer...
+
+--No hay pero que valga; cuanto le das es para su mal.
+
+--¿Por qué?
+
+--Porque tiene... Vamos, que se lo gasta todo con una bribona, no para en
+casa, descuida el estanco, trata mal a la pobre tía... y se pone malo.
+¿Lo harás?
+
+--Te prometo no volver a darle ni una peseta. Adiós, y piensa que ya eres
+mía. Ahora cuando quieras nos veremos para convenir lo que más te
+agrade.
+
+Cristeta, comprendiendo que había llegado uno de los momentos más
+amargos y difíciles de su empresa, hizo un esfuerzo, y arqueando con
+gesto de desesperación los labios, alterada y sombría la voz, dijo,
+llenando de pesar a Juan:
+
+--No nos hagamos ilusiones... Me despreciarías, y harías bien... Esto es
+un sueño... Me estás volviendo loca, ¡pobre de mí!... Perdóname...
+Imposible. ¡Adiós!
+
+Las palabras salieron de sus labios saturadas de amargura; pero al mismo
+tiempo, sin que pudiera evitarlo, brilló en sus ojos tal llamarada de
+pasión, que aquella mezcla de negativa y de amor fue lo sumo de la
+coquetería. Don Juan no sabía a qué santo encomendarse. La boca de
+Cristeta decía: «Nunca»; los ojos gritaban: «Llévame.»
+
+Reclinada en la pared del antepalco, desordenadillo el rizoso pelo,
+acarminadas las mejillas y voluptuosa la mirada, estaba realmente
+encantadora.
+
+Don Juan, medio enloquecido, dijo:
+
+--¿Eres Cristeta, o eres un tigre que está jugando con mi felicidad?
+
+--¡Felicidad!--exclamó ella con acento melodramático, oportuna
+reminiscencia de su carrera artística--¡Felicidad!... Juan, no me hagas
+ser mala... ¡No quiero!... Adiós. ¡Jamás volveremos a vernos!
+
+En seguida hizo a la niñera una seña, salió ésta con el chico, le
+arroparon, pusiéronse la moza su mantón, la señora su linda chaquetilla,
+y salieron del palco. En el pasillo, Cristeta habló a su adorador en voz
+baja:
+
+--¡Por caridad... vete!
+
+--¿Hablaremos?--repuso él suplicante.
+
+--No me hagas ser mala. No quiero. Vete...
+
+El pasillo estaba ya lleno de gente. Don Juan comprendió que no era
+posible seguir hablando sin ponerse en ridículo.
+
+Mustio, alicaído y rabioso, bajó tras ella la escalera. Su propósito era
+seguirlas; pero apenas pisaron la calle se metieron en el coche que
+estaba aguardando. No debió de quedarse tan triste ni asombrado aquel
+hidalgo de la leyenda que vio ante sus ojos pasar su propio entierro,
+como quedó don Juan mirando alejarse rápida mente la berlina
+
+Cristeta iba encogida y como acurrucada en el fondo del coche, medrosa
+por lo que acababa de hacer. El riesgo de su ventura la tenía muerta de
+miedo. Pensó que acaso fue más allá de lo prudente. ¿Llegaría él a
+razonar, sentir y disculpar los móviles que la impulsaron, y, sobre
+todo, a empaparse bien de que eran desinteresados? Si creía que su
+objeto era atraparle, como en su soez lenguaje dicen los hombres entre
+sí, estaba perdida. Ocurríasele que con otro hombre habría empleado
+recursos diferentes; pero en seguida reflexionaba que a otro no le
+hubiera querido. En cuanto a Juan... él mismo, con su carácter,
+suministró idea del estímulo que había menester. ¿Estaba enviciado en la
+facilidad, madre del hastío?, pues hacerse desear. ¿Eran sus amores
+pasajeros y compradizos?, pues demostrarle que ella no se vendía, ni era
+su corazón tesoro para derrochado en unos días. ¿Lograría que Juan viese
+claro el sentimiento que la impulsó a tales aventuras? En caso
+afirmativo, el éxito sería doble: primero, porque adquiriría la
+persuasión de que Juan la conocía a fondo, como debe ser conocida la
+mujer amada; y segundo, porque así la conquista sería definitiva.
+Hallando mujer tan encariñada y animosa, sólo un necio podía renunciar a
+ella. En cambio, el fracaso no era únicamente la pérdida de la dicha,
+sino el descrédito a los ojos de Juan. ¡Adiós esperanza, amor..., todo!
+No se arredraba pensando en la vuelta al estanco y la pobreza; pero
+Juan, Juan... ¿Por qué se le habría metido aquel hombre tan adentro del
+alma? De todos modos, era imposible prolongar mucho la situación.
+
+Y, sin embargo, faltaba el último cartucho por quemar.
+
+Según costumbre, se apeó del coche en sitio apartado y volvió a casa a
+pie, sola y dando rodeos.
+
+Desnudose despacio, engolfada en sus ideas, entreteniéndose en guardar
+con cuidado sus ropas, relativamente lujosas, como el guerrero cuida y
+guarda las armas. Luego dirigió una mirada a los pobres muebles y
+blancas paredes de su cuarto, y suspiró pensando:
+
+«¡Quién sabe! ¡El beso de hoy me ha parecido beso de cariño!»
+
+<tb>
+
+Don Juan se retiró como chico a quien dan cañazo en la escuela.
+
+«¿Qué mujer es ésta?--se decía al entrar en su casa--. ¿La coqueta más
+temible del mundo, o una desdichada que fluctúa entre el deber y el
+amor? Porque, ¡vaya si me quiere! ¡Cómo temblaba cuando la besé... y qué
+modo de mirar!»
+
+Ya no se le ocurría todo aquello de capricho, vanidad, lo que me dé la
+gana, un día, una hora... La quería por suya como se desea la felicidad,
+sin fijar término ni plazo, lo antes posible y para siempre: ya no era
+el temible Burlador de Sevilla, que seduce, logra y desprecia, sino el
+Tenorio apasionado que se rinde a doña Inés.
+
+Entre su deseo y su esperanza surgía el recuerdo de las últimas frases
+que Cristeta le dijo en el antepalco. Las recordaba claras, indudables,
+palabra por palabra, sílaba por sílaba. «... No me hagas ser mala... ¡No
+quiero!... Vete... ¡Nunca!»
+
+Entonces el hombre insustancial y frívolo, que no había vertido una
+lágrima desde la muerte de su madre, se dejó caer en una butaca,
+cubriose el rostro temiendo que le hicieran burla las Venus de bronce,
+las fotografías de mujeres hermosas o los retratos de queridas olvidadas
+y se echó a llorar como un niño.
+
+
+
+
+Capítulo XX
+
+Los favores que don Juan hizo antaño a su cocinera Mónica, le fueron
+grandemente pagados sin que él lo sospechara
+
+
+Cartas impregnadas de ternura, junto a las cuales resultarían pálidas
+aquellas que se escribieron en el Paracleto; recados apremiantes
+enviados por conducto de Julia; súplicas, amenazas, todo fue inútil.
+Cristeta, voluntariamente recluida en su casa, daba la callada por
+respuesta. Entonces, al modo que el general sitiador a quien es adversa
+la fortuna suspende el ataque y se encierra en su tienda, don Juan
+comenzó a filosofar, recurso de desgraciados, y le pareció que su pasado
+era ridículo; su presente, amarguísimo; su porvenir, incierto. El mal
+humor fue poco a poco convirtiéndosele en tristeza y ésta en melancolía.
+Haciendo retrospectivo examen de conciencia, consideró que su vida fue
+hasta entonces una serie de aventuras vulgares. Las mujeres a quienes
+venció no eran dignas de ser conquistadas: unas, porque valiendo poco le
+costaron mucho; otras, porque no se rindieron al galán seductor, sino a
+su propia desesperada lascivia; ya eran jovencillas viciosas,
+ex--vírgenes locas; ya mal casadas, ya viudas consumidas en forzosa
+continencia. Todas le dieron sobras de amor, escoria de los sentidos;
+pocas recordaba que no le hiciesen reír o avergonzarse. Ahora comprendía
+que cuanta fruta mordió era de la que se pudre en agraz o de la que por
+su peso cae dañada del árbol: la única vez que llegó a cogerla sazonada
+y fragante, dejó, como un estúpido, que otro la saborease, y al querer
+recobrarla... «Imposible». El acento con que Cristeta pronunció esta
+palabra le taladraba los oídos y le acibaraba el alma.
+
+A fuerza de permanecer encerrado en casa, comenzó a digerir mal, y luego
+a comer poco: uniose al desasosiego moral el malestar físico, ayudó la
+inapetencia a la melancolía, y en menos de tres semanas se quedó flaco y
+triste como fiera enjaulada.
+
+Benigno, a quien el retiro de su amo tenía la libertad mermada, le
+propuso llamar a Mónica, la incomparable cocinera que en situaciones
+menos graves había restaurado sus fuerzas. Don Juan le preguntó:
+
+--¿Recuerdas dónde vive?
+
+--No, pero lo preguntaré.
+
+--Bueno. Haz lo que quieras.
+
+Un poco movida del agradecimiento a la pasada generosidad de don Juan, y
+un mucho estimulada por el interés, Mónica dejó sus huéspedes
+encomendados a la cocinera que antaño tomó por hacer papel de ama, y
+volvió al servicio de su señor. Mas sus habilidades culinarias fueron
+estériles. ¿Qué vale el buen caldo contra la pasión de ánimo? ¿Qué
+pueden Vatel ni Motiño contra la lobreguez de ideas? ¡Mísero don Juan!
+La más suculenta gelatina se le acedaba, irritábanle los mariscos, la
+carne asada le daba náuseas, lo caliente le producía frío, con lo helado
+sudaba, las trufas le enfurecían, el rico Borgoña se le antojaba brebaje
+despreciable y la manzanilla le daba ganas de llorar; púsose al fin más
+triste que San Juan cuando descubrió la estrella del ajenjo que vertía
+hiel sobre la tierra. Llamó al médico, y al verle entrar en su cuarto
+túvole por precursor y heraldo de la muerte. Nada sacó en limpio. ¿Era
+dispepsia, gastralgia, pirosis? ¡Oh, inútil ciencia! ¡Oh, vanidad
+moderna! Una buena Celestina le hubiese valido más que el mismo
+Hipócrates.
+
+Cierta mañana Mónica le preparó ostras, huevos con cabezas de
+espárragos, solomillo en salsa de vino de Madera, pastel de chochas
+frías: todo ello en compañía de buen _Pomar_, incomparable _Tío Pepe_ y
+café como el que hacen las huríes a Mahoma. Trabajo perdido. Los
+manjares volvieron, casi intactos, a la cocina. Supuso la vestal del
+fogón que la inapetencia era desprecio, y por salir de dudas, movida de
+santa indignación, entró al despacho.
+
+Estaba don Juan macilento, escuálido, sentado en un sillón y más sombrío
+que Bruto la víspera de Filipos. Recibiola sin sonrisas, sin gana de
+bromas, preguntando con voz desfallecida:
+
+--¿Qué te pasa, mujer?
+
+--Eso pregunto yo. ¿Qué le pasa al señor?
+
+--No tengo apetito.
+
+--Pues el almuerzo de hoy era para abrírselo a cualquiera.
+
+--Estoy malo.
+
+--Lo que estará el señor será...
+
+Y se detuvo respetuosa.
+
+--Di, mujer; ya sabes que te quiero y que siempre te he permitido que me
+hables con franqueza. ¡Al cabo de tantos años!
+
+--Pues lo que estará el señor será enamorado, y le habrá _dao_ más fuerte
+que otras veces.
+
+El silencio de don Juan fue una especie de afirmación.
+
+--El señor es joven y está un real mozo...; pero a cada puerco le llega
+su San Martín...
+
+--Gracias.
+
+--Perdone el señor. Vamos, señorito, he querido decir que se habrá usted
+_estragao_ con tanto variar de _guisaos_, y estará usted _reventao_ de
+andar a salto de mata, cazando en sotos ajenos, y tendrá gana de
+fincarse.
+
+--No te entiendo.
+
+--Decía el cura de mi pueblo que el hombre que anda tras las mujeres es
+como el que ve muchas tierras, que al fin se cansa y quiere tener un
+rinconcito suyo..., pues; no quiero el monte del tío, sino el terruño
+mío.
+
+Esta tosca imagen le pareció a don Juan la síntesis de su situación;
+pero no era cosa de poner a la cocinera en antecedentes de su
+desventura. Sonrió con benevolencia y repuso:
+
+--Puede que no te falte razón.
+
+--Será alguna de esas señoritas de ahora que van tan majas y tienen unos
+cuerpos que da gloria. Convídela usted a comer con los papás, y pongo
+unos platos que se chupan los dedos, se entusiasman y para postre le
+regalan a usted la niña. ¿O será alguna de las antiguas? ¿Doña Purita,
+la que llegaba aquí en lunes y se marchaba en domingo, y venía su madre
+a traerle la muda? ¿La señorita Elisa, que le dejó a usted la mesa del
+despacho _perdía_ de polvos de arroz? ¿La señora condesa...?
+
+--¡Calla, por Dios, mujer!
+
+--Sí, que sería el cuento de nunca acabar. La verdad es que ya esas no le
+convienen a usted: más vale que se busque usted otro remedio: a cabeza
+cansada, almohada nueva. Lo que importa es caer bien. No ha de faltarle
+a usted árbol donde ahorcarse. ¡Si viera usted qué chicas hay por esos
+rincones del mundo!
+
+Don Juan escuchaba por distraerse. Mónica seguía:
+
+--Yo tengo la tema de que los señores se gastan _ustés_ el dinero con las
+que valen menos: _toos_ los _cabayeros_ de Madrid se están _ustés_
+arruinando por docenas de mujeres _perdías_ y las mejores se las dejan
+_pa_ los estudiantillos y los horteras. ¡Hay por ahí _ca_ menestral, y
+_ca_ señorita cursi..., y _ustés_ gastándose el dinero con unos
+_plumeros_! En mis barrios, en mi casa, sin ir más lejos, conozco yo una
+muchacha que _paece_ un ángel, y allí se está como flor en cerro, que ni
+la huelen ni la cogen... hasta que pase el burro y se la coma...; es
+decir, cualquiera.
+
+--Guapa, ¿eh? ¿Alguna modista o peinadora?
+
+--Por ahí, por ahí; pero monísima. Esbelta, graciosa... y cara de buena.
+Vive sola, en el tercero interior, y debe de ser muy pobrecita. Yo,
+cuando la vi al principio de vivir en la casa, que usted me dio el
+dinero _pa_ eso de tener huéspedes, tuve _intinciones_ de hablarla _pa_
+que viviese conmigo en compañía: vamos, mi idea era darle cuarto y
+comida, y que ella, en cambio, me cuidase de la casa, porque yo no puedo
+atender a todo.
+
+--¿Y no lo hiciste?
+
+--Poco faltó: lo dejé, porque como tengo seis o siete huéspedes jóvenes,
+y ella es tan guapa, me dije: se va a armar aquí una que ni la Inclusa
+en diciembre.
+
+--¿Por qué dices eso?
+
+--Porque nueve meses después del Carnaval es cuando llevan más chicos.
+
+--¿De modo que no os arreglasteis? Además, naturalmente, siendo bonita,
+tendrá sus aventuras.
+
+--Quiá, no señor. ¡Si vive allí que parece una monja! No recibe
+_vesitas_, ni van señores, ni tiene novio, ni se le conocen trapisondas,
+ni apenas sale. Mire usted que es en mis barrios, donde todo se sabe, y
+no murmuran de ella: está igual que las que tienen el novio en Cuba y lo
+esperan, como si no hubiera más hombres en el mundo.
+
+--Eso es un fenómeno.
+
+--Aunque usted se burle, debe de ser una bendita, porque tan joven, tan
+guapa y vivir así... Por la mañana va una chiquilla, por cierto muy
+chula, y le trae de la plaza _cualisquier_ cosa para comer, y le pone el
+puchero, y le barre el cuarto, y se larga. Luego ella se las arregla
+solita, y se pasa el día cose que cose... y también lee mucho.
+
+--¿Y dices que no tiene _lío_?
+
+--No creo, porque vive como huéspeda con una que le llaman Jesualda, y
+digo yo, que sí..., vamos, si fuese mala..., _pos_ no andaría tan mal de
+cuartos. Lo que tendrá si acaso, es alguna cosa muy _callá_ y que no lo
+sienta ni la tierra; pero no debe de ser muy a su gusto, porque la mayor
+parte de los días _tié_ los ojos así como de haber _yorao_, y siempre
+está _mú_ triste y con cara de pocos amigos; a mí me da mucha lástima.
+
+Don Juan clasificó mentalmente a la desconocida diciendo para sus
+adentros: «Modista romántica: conozco la clase.» Mónica continuó
+hablando:
+
+--En fin, tan sería y tan _ensimismá_ me pareció a mí la tal muchacha,
+que desistí de proponerle que se viniese conmigo; porque lo que yo me
+dije: si anda siempre con sus cavilaciones a vueltas, no puede tener
+cuenta de la casa.
+
+--¿Y vive completamente sola?
+
+--Como canario en jaula: ahora _paece_ un pardillo o un gorrión, porque
+está mal _vestía_; pero si la tuviera un señor, con _güena_ casa y mejor
+ropa..., ¡vaya una pájara bonita! Por supuesto que _tié_ en la cara una
+bondad y así unas trazas de muchacha de las que no se echan a perder...
+
+--¿Cómo se llama?
+
+--No me acuerdo bien; pero el nombre no es bonito: creo que es Crisanta,
+o Cristina, o Críspula.
+
+Don Juan, acordándose instantáneamente de su amada, preguntó:
+
+--¿Cristeta?
+
+--Ya le digo a usted que no me acuerdo bien; pero algo así como eso que
+usted dice: Cristeta... Crisanta... ¿qué sé yo?
+
+Entonces él volvió a preguntar, animándose:
+
+--¿Qué señas tiene?
+
+--Ojos azules, grandes y oscuros; las pestañas larguísimas; el pelo rubio
+como un trigal, y ¡vaya un cuerpo! Pero ya las gastará usted mejores.
+
+Aquel retrato podía ser el de muchas mujeres, pero a don Juan se le
+antojó la pintura de Cristeta: el presentimiento, sospecha o lo que
+fuese le pareció, sin embargo, ridículo; no obstante lo cual, hizo dos
+últimas preguntas:
+
+--¿Está casada? ¿Tiene un niño?
+
+--¿No le he dicho al señor que vive sola como un hongo? Y lo que es
+chico..., no hay más que verla; es necesario ser _negao ú_ estar memo
+_pa_ suponer que pueda tener aquel cuerpo y aquel talle una mujer que...
+
+--¿Qué?
+
+--Vamos, que _haiga_ parido, señor.
+
+La sospecha de don Juan se desvaneció por completo. ¿Qué tenía que ver
+Cristeta, casada, madre y en buena posición, con una pobre muchacha sola
+y que seguramente viviría de sus manos? ¿Lo parecido del nombre? Una
+coincidencia. ¿Rubia, con ojos azules? ¡Hay tantas!
+
+Mónica presenciaba, respetuosamente callada, la actitud pensativa de su
+amo; y al cabo de unos minutos, creyendo que estorbaba, se despidió:
+
+--¿Tiene el señor algo que mandarme?
+
+--Nada, Mónica, gracias.
+
+--Que se mejore el señor. Nunca me han gustado ciertos papeles; porque lo
+que yo me digo: si no hubiera alcahuetas, no habría... de las otras.
+¡Pero si yo pudiera traerle a usted mi vecinita!
+
+--Abur, mujer.
+
+--Quede con Dios el señor.
+
+Marchose la cocinera y, al quedarse solo el caballero, tornaron a
+entristecerle sus ideas. Todavía flotó un momento en su imaginación el
+fantasma indeterminado y vago de aquella pobre muchacha que, como él,
+acaso vivía consumida por las penas. Una chica guapa que trabajaba para
+comer. Ese debió de ser también el destino de Cristeta. La suerte lo
+quiso de otro modo. ¡La suerte, próspera para ella, contraria para él!
+¿Quién le había de decir, años atrás, que por una mujer se vería en tal
+estado? Porque, no había que forjarse ilusiones, estaba enfermizo,
+inapetente, aburrido y enamorado de un imposible. La situación era
+desesperante. La verdad es que hoy el galán desdeñado no tiene más
+remedio que aguantarse. ¡Dichosos tiempos aquellos en que a un caballero
+era posible rodearse de allegados, deudos, parientes y escuderos, y
+sorprender palacio, asaltar castillo o violar convento para llevarse
+como en volandas a la mujer querida, así fuese dama, emperatriz o
+abadesa de las Huelgas! ¡Oh, miserables y menguados días modernos, en
+que cualquier juez protege a un egoísta y miserable marido!
+
+A tales y tan disparatados pensamientos se entregaba, que si no
+enloquecía le faltaba poco. Aquella noche fue de las más crueles de su
+vida.
+
+De repente, levantándose del sillón, donde había permanecido caviloso
+largo rato, dio unos paseos por el cuarto, miró con tristeza las
+pinturas, grabados y retratos de mujeres hermosas que ahora le parecían
+feas; contemplolo todo con amargura, como si estuviese resuelto a
+perderlo pronto de vista, y en seguida, sentándose ante la mesa de
+despacho, escribió la siguiente carta:
+
+ _«Cristeta mía (y te llamo así por última vez). Me marcho de
+ Madrid. Quisiera despedirme de ti, pero tú no lo consentirás y no
+ me atrevo a suplicarte que nos veamos. Me has hecho muy
+ desgraciado. No sabía yo que te quería tanto. Adiós, y si algún día
+ crees que puede tener remedio el mal que has causado, llámame.
+ Entonces sabrás lo que yo soy capaz de hacer por ti._
+
+ _Tuyo,_
+
+ JUAN.
+
+ _Si consigo arreglar mis asuntos, me marcharé esta misma semana.
+ Adiós por última vez.»_
+
+
+
+
+Capítulo XXI
+
+Del fin que tuvieron los desordenados amores de don Quintín y del
+principio de su cautividad
+
+
+ _Vuela pensamiento y diles_
+ _a los ojos que más quiero_
+ _que hay dinero._
+
+Esto, poco más o menos, pensó don Quintín, sin haber leído al gran
+Quevedo, cuando recibió los cincuenta duros que don Juan le enviara con
+pretexto de hacerle su representante, y en realidad por esperanza de
+convertirle en alcahuete.
+
+Lo triste del caso fue que aquellos mil reales que el estanquero
+consideró como el primer filón de una mina quedaron reducidos a la
+triste condición de prólogo sin libro y preludio sin ópera.
+
+He aquí cómo y por qué.
+
+Tornar don Quintín los cincuenta pesos y correr a casa de Carola todo
+fue uno; treinta regaló a su querida, regiamente, de un golpe; con un
+billete de veinte, ocultándolo en el forro del hongo, se quedó él para
+satisfacción de atrasos y menudencias. Los seiscientos reales cayeron en
+manos de la corista igual que agua en criba, y no fue lo peor que los
+derrochara en cuatro días, sino que, engolosinada con tal esplendidez,
+llegó a sospechar si su amante habría descubierto modo de convertir los
+_perros chicos_ en centenes.
+
+Luego que hubo invertido la fabulosa cantidad en lazos, cosméticos,
+afeites y menjurjes, pidió más, exigiéndolo con tal imperio que don
+Quintín, de un lado sujeto al hechizo de su Circe, y de otro confiado en
+que tenía por banquero a don Juan, determinó ir a su casa y darle un
+fenomenal sablazo. Allí no fue Troya, pero fue la gallina de los huevos
+de oro.
+
+Después de urdir en su pobre entendimiento una mentira burda,
+presentósele don Quintín diciéndole en sustancia que Cristeta se le
+mostraba cada día más entera y rebelde; pero que él había discurrido
+manera de amansarla y rendirla. Añadió que la muchacha se había
+entrampado por gastar en ropas y galas mucho más de lo que podía con
+arreglo a lo que su marido le enviaba, llegando a deber a una modista
+hasta dos mil reales, por lo cual él proponía a don Juan que éste le
+entregase dicha cantidad para que satisficiese en su nombre la cuenta
+pendiente, rasgo con que ella se ablandaría, demostrándolo en seguida
+aceptando cita o acudiendo a entrevista.
+
+Don Juan, avisado como estaba por Cristeta, le oyó sin hacerle caso,
+comprendió que su amada era incapaz de dejarse influir por una cuenta de
+quinientas ni de quinientas mil pesetas y, poniendo cara de hereje a la
+petición, negó en redondo el dinero. Entonces don Quintín quiso alardear
+de franqueza, y le pidió lisa y desvergonzadamente cuarenta duros
+prestados a cuenta de sus futuras mensualidades como representante, con
+lo cual don Juan, persuadido de que Cristeta tenía razón al exigirle que
+no le diera un cuarto, también se los negó en pocas y desabridas
+palabras, sin alegar pretexto ni excusa. Tal hizo, primero por
+obediencia de amante, y segundo, porque si de algo se convence pronto el
+hombre es de que no debe dar.
+
+De haberle prestado, tal vez se le apaciguase a don Quintín el odio que
+le profesaba; pero aquella descortés negativa recrudeció hasta lo
+indecible sus antiguos deseos de venganza.
+
+«¡Habrá tío marrano--se decía--, que me da de almorzar vino agrio y
+patatas negras; me propone que le ayude a engatusar a mi pobre sobrina,
+que al fin es mi sobrina, y ahora me niega cuarenta miserables duros!»
+
+Irri, sobre todo, la consideración de que ya no era una, sino dos,
+las conquistas que por su culpa se le malograron: antes la de Mariquita,
+y ahora la de Carola, pues indudablemente, apenas ésta le viese
+arruinado, le plantaría de patitas en la calle.
+
+Y no era el suyo falso pesimismo ideológico, sino exacto conocimiento de
+la realidad.
+
+Carola, engolosinada por aquel fabuloso regalo de los treinta pesos,
+pidió más; el estanquero se deshizo en promesas, dio largas, rogó
+plazos, tomose prórrogas, pasaron muchos días, no llevó un cuarto, y la
+corista fue trocándose rápidamente de jamona complaciente y lúbrica en
+arpía exigente y pedigüeña. Más de una semana transcurrió sin que don
+Quintín la convidase a cenar, hasta que aquel día infausto del sablazo
+frustrado se presentó en su casa llevándole por todo regalo un cuarterón
+de butifarra y siendo recibido con tal desabrimiento que pudo conjeturar
+cercano el fin de sus placeres. En vano quiso mostrarse dulce y
+apasionado. ¿Qué ternura ni qué vehemencia pueden amansar a una pantera?
+Carola, que necesitaba dinero, rechazó el embutido de don Quintín,
+alardeando de burlona, coqueta y desesperante.
+
+Días atrás le había pedido con qué comprarse un abrigo adornado, según
+dijo el tendero, con piel de marta cibelina, que sería nutria de alero,
+y don Quintín, ¡tacañería insufrible!, demoró el regalo, así que la
+presentación de la butifarra fue considerada como un insulto.
+
+--Guárdatela--le dijo--para la desdentada de tu mujer, que se contentará
+con eso.
+
+--Vidita, no he podido más y cálmate, que mi señora no tiene nada que ver
+en nuestras diferencias.
+
+--¡Qué _difiriencias_, si siempre es lo mismo; yo pedir y tú negar!
+
+--Ya lucirán días mejores.
+
+--Pues entonces vienes, galán.
+
+--Vamos, fierecilla, no seas tan brava, que tu Quintín es capaz de vender
+el alma al diablo por complacerte.
+
+--¡Buena venta nos dé Dios! Por lo visto el demonio no da más que para
+butifarra, y esa poca y pasada.
+
+La sonrisa con que Carola subrayó esta frase fue un modelo de canallesco
+desgarro.
+
+Don Quintín, para desarmarla, quiso darle un beso; pero ella le apartó
+de un codazo, gritando:
+
+--No estoy de humor, _agüelo_; esta tarde no quiero babas.
+
+--¡Carola!
+
+--Lo dicho. ¿Te parece ni medio decente que una mujer que te da su
+cuerpecito _haiga_ de estarse siempre pidiendo como chico goloso? Tú
+quieres mucho mimo por poco trigo. No podemos seguir así. Me das para
+vivir con decoro o despejas la plaza.
+
+--Ya te doy cuanto puedo..., todo lo que puedo.
+
+--Pues en vez de esas _roñoserías_ es preciso que me pases una cosa fija
+cada mes, como hacen todos los caballeros. Pero, ¡qué sabes tú de
+caballero! Vergüenza debía darte tenerme así. Vamos a ver: ¿cuándo me
+pones un cuarto como Dios manda?
+
+Esta especie de invocación a hombres que ponen casa a la querida, dejó
+muy caviloso a don Quintín, haciéndole discurrir amargamente sobre las
+injusticias sociales.
+
+«¡Unos tanto y otros tan poco!--pensaba--. Hay quien está como yo y quien
+regala a la querida caballos rusos, y quien, como ese maldito, amuebla
+casa para una sola cita... No ha puesto más que un gabinete; pero para
+el caso es igual.»
+
+De este rápido hermanar en su imaginación la propia miseria con la
+riqueza del aborrecido don Juan, brotó en su lóbrego y envidioso
+pensamiento una llamarada de odio y venganza. La desgracia le hizo mal
+filósofo, y la mala filosofía le trastornó el seso.
+
+Sin hacer caso de Carola, siguió monologueando tristemente:
+
+«Sí..., esto se acaba... por culpa de ese tuno. Y podría reventarle de
+mil modos. Yo me quedo sin Carola, pero antes voy a darme el gustazo de
+gozarla a costa suya, en su propia casa... y además le hago romper con
+la otra. No está mal pensado. Llevo a Carola, hago que Cristeta lo sepa,
+con lo cual se creerá engañada y le deja compuesto y sin novia. La cosa
+tiene un peligro muy gordo: porque si luego se sabe la verdad, Cristeta
+se lo cuenta todo a Frasquita y ésta me saca los ojos. Además, lo que
+debo hacer no es apartarle de Cristeta, sino todo lo contrario. Anda,
+que se arreglen, que se casen si pueden, y ya se cansarán como me he
+cansado yo de mi mujer. ¡Si pudiera darle a su Cristeta para toda la
+vida! ¿Quiere conquistar a lo rico, sistema de llegar y besar el santo?
+Pues santo para _in eternum_. Como hubiese modo de casarlos, ya se vería
+él, andando el tiempo, con Cristeta hecha Frasquita: los ojos tiernos,
+la boca desdentada, los zapatitos coquetones convertidos en zapatillas
+de orillo, medias caseras de algodón azul, y en vez de ligas color de
+rosa, cinta balduque. ¡Si pudiera casarle! Hay que madurarlo. Ahora, por
+lo pronto, algo he de hacer con él..., ¡cochino!, y con esta pícara que
+se me va de entre las manos. ¡Un hombre que pone un gabinete como aquel
+para una cita nada más, y luego me niega cuarenta duros!... Lo salado
+sería que yo llevase allí a Carola, pero no para hacer una comedia, sino
+para pasar una tardecita de _juerga_ en los muebles que él ha pagado.
+¡Hay allí unos almohadones! ¡Buena broma llevar mi pájara al nido que él
+fabricó para la suya! La cosa es fácil, porque tengo la llave que me dio
+por si Cristeta quería ir... Nada, nada, que lo hago.»
+
+Carola, viéndole tan largo rato callado y con la cabeza baja, e
+imaginando que su silencio y humildad eran implícita confusión y
+vergüenza por su carencia de recursos, comenzó a afirmarse en la idea de
+que aquel hombre no tenía un cuarto, y discurrió que pues no le servía
+ni de pagano ni para _capricho_, lo mejor era darle pasaporte. Por lo
+cual, deseosa de exasperarle y provocar la ruptura definitiva, le dijo
+con gran sorna:
+
+--¿Estás pensando en comprarme la Casa de la Moneda?
+
+Don Quintín, seducido por aquella idea de sabrosa venganza, miró a su
+querida, gozándose de antemano en la sorpresa que había de causarle y,
+tras larga pausa, habló tranquilo y sonriente:
+
+--¡Parece mentira qué repoquísimo olfato tenéis las hembras! Vengo a
+darte la gran prueba de que siempre estoy pensando en ti, y me recibes
+con cara de vinagre.
+
+--¿Qué me traes?
+
+--Hoy, nada; pero mañana...
+
+--Habla clarito...
+
+--Sabrás, pichona--repuso él urdiendo la más enmarañada trama de cosas
+verdaderas y falsas--, has de saber, monina, que un señor, amigo mío,
+toma el teatro de las Musas para este año, y me ha nombrado su
+representante. Como comprenderás, no han de faltarte dos duritos
+diarios, por supuesto, sin obligación de ir a ensayo más que cuando te
+dé la gana.
+
+--¿De verdad?
+
+--Lo que oyes. Un tío muy rico, con vocación de caballo blanco.
+
+--He conocido muchos.
+
+--Como la perdida de mi sobrina fue del teatro, y yo andaba metido
+siempre entre bastidores, ese señor cree que yo debo saber algo de tales
+negocios... Yo le he dicho a todo que sí. Tú me pondrás al corriente de
+ciertas cosas. Lo principal es que nos ponemos las botas..., y mientras
+dura... vida y dulzura.
+
+--Te _azvierto_ que yo no vuelvo al coro... Quiero ser parte, y tres
+duros.
+
+--Todo se andará, Y escucha, prenda, que el bien y el mal nunca vienen
+solos. Lo que tiene gracia es que ese caballero está _liado_ con una
+señora de alto copete, condesa creo que es, y para verse con seguridad
+han puesto un cuartito..., ¡vaya un gabinete!, donde tienen sus citas.
+
+--¿Y nosotros qué sacamos con eso?
+
+--Ahora lo verás. Te digo que es un gabinete como una caja de dulces:
+¡con un lujo! Pero como ella es casada no van allí más que con grandes
+precauciones... Bueno, pues nos ha venido Dios a ver.
+
+--¿Por qué?
+
+--Como yo antes salía poco de casa y ahora siempre falto de ella porque
+estoy aquí contigo, mi mujer anda loca de puro escamada; tanto, que me
+ha mandado seguir por un chico que afortunadamente me lo ha dicho, y
+callará. Pero estamos amenazados de que el mejor día haga Frasquita
+averiguaciones, se plante aquí y nos arme la _escandalera_ del siglo.
+
+--Eso será lo que tase un sastre, porque si viene, del primer trastazo la
+dejo _perniquebrá_.
+
+--Tú no eres capaz de hacer tal cosa, porque, al fin y al cabo, se trata
+de mi señora.
+
+--Te _azvierto_ que de tres _patás_ la _espampirolo_ y te quedas más
+viudo que el marido de una difunta.
+
+--Cálmate. No llegará el caso de que nos pesque, porque vamos a curarnos
+en salud.
+
+--¿Tapujos?
+
+--No, hija, sino la gran comodidad para pasar unas horitas como unos
+marqueses, sin que lo sepa nadie. ¡Verás qué gabinete! Nos citamos,
+entramos con cinco minutos de diferencia: yo primero, tú en seguida, y
+al salir lo mismo. Cuando veas el cuarto, querrás quedarte allí.
+
+--¿Puesto con lujo?
+
+--Así quisiera yo arreglarte uno... y ¡quién sabe! Mira, tengo la
+esperanza de que ese señor, por lo que me ha contado, en cuanto pueda
+rompe con la dama, la deja plantada y... yo veré cómo me las ingenio,
+pero malo será que no discurramos modo de quedarnos con alfombras,
+espejos, muebles: en fin, todo. ¿Y para quién será, rica del alma?
+
+--Eso es vender la piel del lobo antes de haberlo _matao_. Por ahora, lo
+que tú tienes es un miedo atroz a _la_ fantasma de tu mujer.
+
+--No es miedo; pero no quiero que pudiendo evitarlo nos den una desazón
+en tonto. ¿Y dónde me dejas el tratarnos a cuerpo de rey? Chica, ¡qué
+cuarto! Hay un sofá retorcido para sentarse dos y comerse a besos...
+Nada más que mirarlo da vergüenza.
+
+--Lo que dará serán ganas de sentarse.
+
+--Anda, paloma, ¿vendrás?
+
+--_Me se_ figura un disparate. De aquí nadie puede echarnos..., y de
+allí, ¡sabe Dios!
+
+--Por ir una tarde, tomarnos allí media librita de jamón y unas copitas,
+y tirarte yo cuatro bocados, no perdemos nada. Tengo la llave; mi amigo
+no va nunca sin que yo lo sepa. Pasado mañana está citado con la
+condesa; de modo que mañana tenemos por nuestra toda la tarde. ¿Querrás,
+gachona?
+
+Por fin consintió y se citaron.
+
+--Bueno; pues mañana, a las tres, sin falta. Belén, 78, entresuelo; allí
+estaré para recibirte.
+
+--Te prometo que no faltaré.
+
+--Adiós, reina.
+
+--Abur, capitalista.
+
+Movida por la curiosidad y espoleada por su instinto de mujer perdida,
+aceptó Carola la proposición; pero lo que más inclinó su ánimo fue
+aquella remota posibilidad de que llegasen a ser suyos los muebles a que
+se refirió el vejete. Si no había mentido, y cuenta que el caso, por lo
+vulgar, parecía verosímil, no era soñar con lo imposible. El caballero
+que alquila un cuarto donde recibir a una casada, puede necesitar la
+ayuda de otro hombre para mil cosas en que el secreto es necesario, como
+hablar al administrador, firmar recibo, comprar trastos, pagar cuentas,
+etc., etc., y puede luego tronar con la conquista y, por último, decir a
+su complaciente auxiliar que se quede con los muebles, que él no sabe
+dónde guardar, o acaso se le hayan hecho aborrecibles por el recuerdo de
+quien se los hizo pagar. No dijo, pues, don Quintín ninguna majadería
+cuando admitió la posibilidad de que aquellos primores de que se
+componía el gabinete pasaran, andando, y tal vez volando el tiempo, a
+manos de Carola, quien se alegró tanto con esta esperanza que siguió
+largo rato acariciándola, y aun ideando traza con que anticiparla.
+
+Pero luego el mucho pensar, como sucede siempre, enturbió su alegría,
+porque de la reflexión nacieron la duda y el desasosiego. ¿Quiénes
+serían el caballero y la dama que tan misteriosamente se amaban? ¿No
+podía suceder también que don Quintín fuese rico y buscara medio de
+evitar mayores gastos, atribuyendo al capricho de otro lo que él
+fraguase para su seguridad y regalo? Su proceder autorizaba las
+sospechas: le había dado dinero con gran desigualdad de plazos y
+desproporción de cantidades; sus regalos fueron muy rogados o
+imprevistos; sus intermitencias y variaciones tenían marcado tinte de
+tacañería. Aquel caballero, ¿sería él? ¿Tendría mucho dinero, o tal vez
+fuese todo una broma grosera, una venganza por las pasadas esquiveces y
+amenazas de mandarle noramala? ¿Y si el estanquero tuviese gato? ¡Buena
+torpeza estaría el tratarle despreciativamente, pudiendo, con maña,
+sacarle el oro y el moro!
+
+¿Habría en realidad otro caballero? Aquello del teatro..., salir del
+coro..., ser parte..., dos o tres duros..., los muebles...
+
+¡Era cosa de volverse loca! ¿Y si todo fuera embustería de don Quintín,
+que tratase de llevarla a una indecente casa de citas por miedo a su
+mujer?
+
+Resuelta a salir de dudas, aquella misma tarde se lió en un mantón,
+púsose un pañuelo de seda a la cabeza y en tan chulesco atavío, que era
+como mejor estaba, se fue al núm. 78 de la calle de Belén, apenas cerró
+la noche.
+
+Cinco minutos después, según suele acontecer entre gente de poco más o
+menos, estaba en amigable diálogo con la portera. ¿Cómo se las arregló?
+Ideando una de esas mentiras mujeriles que de puro sencillas se
+confunden con la verdad. El diálogo fue del modo siguiente:
+
+--Diga usted, señora--preguntó muy arrebujada en el mantón--, ¿_m'hace_
+usted el _orsequio_ de decirme si es cierto que hay aquí un sotabanco
+_desarquilao_?
+
+--No lo hay.
+
+--Pos me lo habían _asegurao_.
+
+--_Pos l'han engañao_ a _ustez_.
+
+--Me lo ha dicho una compañera, que trabajamos ella y yo en _ca_ el
+tapicero que ha traído muebles al entresuelo, _pa_ ese señor que ha
+puesto el cuarto.
+
+No fue necesario más. La portera, que había visto alquilar el piso,
+ignorando el objeto, traer los muebles sin saber de dónde, y quedar
+luego la casa cerrada, ardía en deseos de aclarar el enigma: de suerte
+que, al oír a Carola, quien por su astucia parecía enterada de algo, en
+seguida entró en conversación con ella.
+
+--Pues esa oficiala, compañera mía--hablaba Carola--me ha dicho que por los
+chicos que trajeron los muebles sabe que hay un sotabanco de cincuenta
+_riales_.
+
+--No hay tal; son guardillas trasteras de los _enquilinos_..., buenas
+familias.--Y fue enumerando cuanta gente había en la casa, hasta llegar
+al cuarto entresuelo.
+
+--Sí, al señor del entresuelo le _conozgo_ yo: es alto, flaco, viejo, de
+bigote recio--dijo Carola detallando las señas de don Quintín.
+
+La portera comenzó a negar moviendo la cabeza.
+
+--¿Cómo que no?
+
+--Como que no; ese caballero anciano que usted dice, y que también ha
+venido por aquí, debe de ser el mayordomo _u_ cosa tal, de otro más
+joven, que es quien ha puesto el cuarto.... por cierto que ahora lo
+quita.
+
+--¡Cómo que lo quita!
+
+--Quitándolo y llevándose los trastos. Ya me olí yo que se trataba de una
+trapisonda, vamos, de un señor _arrimao_ con una señora. Verá usted:
+primero vino el joven y tomó el cuarto, luego volvió con el viejo ese
+que usted dice, que le trataba al joven con mucho miramiento, dejándole
+pasar siempre por delante...; no, amigos no son, más parecen amo y
+mayordomo. El joven le dio una de las dos _yaves_ para que _golviese_ a
+_inspecionar_; pero crea usted que, según les he visto yo _de_ hablar,
+uno manda y otro calla y obedece.
+
+--¿Y no ha venido nadie más?
+
+--Nadie. Y ya va _pa_ cinco semanas que trajeron los muebles.
+Indudablemente esto era con _ojebto_ de traer una mujer _casá_ y luego
+se les habrá _torcío_ el carro, _ú pa_ una de esas _ofecinas_ que dan
+timos. En fin, la última vez que estuvieron los dos, el joven le dijo al
+viejo aquí en el portal: «no importa nada; total, un trimestre de
+alquiler y los muebles, que como son pocos y buenos no estorban; la
+semana que viene me los llevaré a mi casa y servirán para renovar el
+gabinete..., o por si algún día me caso.»
+
+Carola, rabiosa y despechada, pero disimulando el enojo, preguntó:
+
+--¿De modo que el viejo es un lacayón alcahuete, cochino?
+
+--No digo tanto; pero me malicio que hacen de él repoquísimo caso; vamos,
+es un criado antiguo de esos que hay en las casas grandes.
+
+Carola sabía cuanto deseaba. Todo quedó explicado. Don Quintín estaba
+sirviendo de aquello que dijo la portera al caballero de los muebles,
+luego éste dispondría que le llevasen los trastos a su casa, y sobre tal
+fundamento se le ocurrió al viejo la idea de engatusarla con esperanzas.
+Resumen: el estanquero era un imbécil chocho, sin una peseta y además
+_lioso_ y trapalón que, viéndose amenazado de calabazas, pretendía ganar
+tiempo... y tener querida de balde. Se puso furiosa. Aquel hombre de
+quien, por lo menos esperó el cuarto pagado, algún vestido, cenas y
+chucherías, era un farsante tronado, _ganguero_, sinvergüenza. Tuvo
+ahorrillos, se los gastó, y aquí paz y después gloria. En una palabra:
+no era proporción para conservada, ni había que esperar de él cosa
+buena. «Lo mejor--se decía Carola--es despedirle pronto, cuanto antes, de
+modo que no volvamos a vernos, lo _cual que_ hay que armarle un tiberio
+_mu_ gordo. Los muebles..., vaya una guasa..., me la _tié_ que pagar.
+Demasiado sabía que no habían de ser para él. ¡Marranote! ¿Cómo haría yo
+para que me dejase en paz? Lo seguro es que lo sepa su mujer y lo mate
+de un sofocón.»
+
+Siguió muy cavilosa andando hacia su calle, y poco antes de llegar, como
+quien acaba de adoptar una resolución, entró en una lonja de
+ultramarinos, donde compró un pliego de papel y un sobre.
+
+«Es lo mejor--pensaba--, una marimorena espantosa, y se acabó.»
+
+Su plan era canallesco, pero terrible y de seguro resultado. Llegó a su
+casa, buscó una pluma, un resto de tinta clarucha que tenía en una
+jícara y, desfigurando la letra, escribió en el papel recién comprado
+las siguientes palabras:
+
+ _«Doña Frasquita, si quiere ustez saber lo que es el pérdis de su
+ marido, baya ustez mañana a las cuatro y media, calle de Belén, 78,
+ piso entresuelo, que allí estará él con una bribona (esta palabra
+ la tachó y luego la volvió a poner) que es la que te tié esmirriao
+ y le saca los cuartos, y a plique ustez remedio porque es una mala
+ vergüenza, y se lo avisa quien bien la quiere, y rascarse agüela.»_
+
+Escrito el anónimo, puso el sobre _a doña Frasquita_, y llamando a un
+muchacho de la vecindad, de quien podía fiarse, le dijo:
+
+--Vas al estanco que hay a lo último de la calle de la Pingarrona,
+preguntas por esta señora, _la_ entregas la carta en propia mano,
+teniendo cuidado de que esté sola, y en seguida aprietas a correr.
+
+<tb>
+
+A las tres y media de la tarde siguiente llegaba don Quintín a la casa
+de la calle de Belén.
+
+--Dentro de un rato--advirtió a la portera--, vendrá una señora; no
+necesita usted preguntarle a qué cuarto sube.
+
+--Corriente--repuso ella, pensando para su capote--: «ya pareció el peine.»
+
+Luego que don Quintín se quedó solo en el gabinete, sacó de bajo la capa
+una botella de Jerez barato y tres o cuatro paquetes: en uno traía jamón
+en dulce, en otro pasteles y aceitunas, en el último y más voluminoso,
+una rosca para Carola, que tenía buenos dientes, y para él un panecillo
+bajo, todo miga. En seguida salió para pedir a la portera un vaso, uno
+solo; pues, sin haber leído a Béranger, sabía que los amantes deben
+beber en la misma copa: y tornando a encerrarse, encendió la chimenea, y
+paseo arriba, paseo abajo por el corredor, esperó.
+
+«¡Ah, infame don Juan; empiezas a pagármelas! ¿Conque muebles,
+alfombras, almohadas, sedas, palitroques dorados y silla en forma de
+ocho para traer a mi sobrina? ¿Pues ahora verás! Tú lo gastas y yo lo
+aprovecho. Y si puedo, te caso. ¿Cómo? Todavía no lo sé, pero ya
+veremos.»
+
+Estas y análogas majaderías se repetía mentalmente por vigésima vez,
+cuando sintiendo pasos tras la puerta de la escalera, abrió antes que
+llamasen. No se había equivocado: era Carola, que acababa de pasar de
+largo sin corresponder al saludo porteril.
+
+El estanquero recibió a su amada con un largo beso. Luego ella, con
+miradas displicentes y poniendo a todo reparos, como quien sabe que
+aquello no ha de ser jamás suyo, inspeccionó el gabinete. Sin embargo,
+en su interior, quedó maravillada y envidiosa.
+
+Nunca había visto muebles tan ricos. Eran pocos, pero elegantísimos. Dos
+butacas de raso entre azulado y ceniciento, con flecos de borlitas y
+madroños multicolores y brillantes; en la pared, un magnífico espejo con
+ancho marco de dorada hojarasca; en el centro, un veladorcito de ónix y
+bronce, sobre el cual había una canastilla de porcelana de Sèvres, llena
+de las flores, ya marchitas, que llevó don Juan el primer día; ante la
+chimenea encendida, la famosa doble silla en forma de S, y en el suelo,
+para que la esperada beldad pusiese los lindos piececitos, dos grandes
+almohadones de seda oscura, que destacaban sobre la alfombra casi blanca
+cuajada de rosas amarillentas.
+
+Carola, pensando que todo aquello pudo ser y no sería jamás suyo, lo
+contempló despreciativamente, escupió sin mirar dónde, y encarándose con
+don Quintín, dijo con gran sorna:
+
+--Este es lujo para mujeres malas. Oye, galán, ¿y que has traído en esos
+papeles?
+
+Deshizo él los paquetes, destapó la botella, y extendiendo la mano,
+repuso triunfalmente:
+
+--Mira.
+
+--¡Vaya una merienda para un cuarto como éste! ¿No te da vergüenza?
+¿Cuándo me llevas estos trastos a casa?
+
+--Veremos...
+
+--Dijo el ciego, y nunca vio.
+
+--Rica, dame un beso, y toma un bocadito de estas golosinas.
+
+Carola, dejándole con la palabra en la boca, recorrió las demás
+habitaciones en que no había muebles, y volvió al gabinete diciendo con
+desapudorada malicia:
+
+--Chico, ¿sabes que aquí falta un mueble muy importante?: aquel que se
+nos desvencijó a nosotros, ¿_u_ es que el caballero amigo tuyo trata a
+la señora como santo de barro, que se mira y no se toca?
+
+--Déjate de eso, y pensemos en nosotros.
+
+--¡Mira, mira qué cortinas!
+
+--Siéntate en esa butaca, y yo a tus pies, en ese almohadón como un
+perrito; luego nos iremos a tu casa.
+
+--Salimos _acaloraos_ y nos da un aire...
+
+--Otra cosa mejor; ven a esa silla que parece un ocho, y te doy ocho mil
+besos.
+
+--No, chico: los besos son como las aceitunas: que abren el apetito, y
+tenemos que largarnos pronto.
+
+El envidioso asombro que aquellos muebles le inspiraban, se traducía en
+movimientos nerviosos y gestos desabridos; desparramaba las miradas por
+la estancia, y en seguida se le contraían los labios y se le dilataban
+las ventanas de la nariz. ¿No era una desesperación que andando por el
+mundo hombres capaces de gastarse aquello, hubiese mujeres como ella
+que, aun siendo pródigas de su cuerpo, tenían que vivir entre hambre y
+remiendo? De repente, clavando los ojos en don Quintín, lanzó sobre el
+pobre vejete toda la envidia acumulada en sus cuarenta y muchos años de
+deslices, caídas por capricho y complacencias cobradas muy barato para
+poder vivir. ¿No era irritante que algunas compañeras suyas hubiesen
+hallado imbéciles que de buenas a primeras les pusieron coche, y ella,
+con haber rodado tanto, viera llegar la vejez sin pan y sin lumbre? Unas
+cuanto más se venden, más caras valen, y otras... Se acordó del anónimo
+y comenzó a desasosegarse. Doña Frasquita lo habría recibido la víspera
+al anochecer... No tardaría en llegar. El escándalo iba a ser mayúsculo,
+pero así acababa todo de una vez. ¿Qué podía esperar del vejestorio? Ni
+dinero ni placer. Nada. Si fuese un señor rico como el que había pagado
+todo aquello... La suntuosidad de la estancia le inspiró envidia, y la
+envidia amargura, porque la más abominable de las pasiones torpes lleva
+en sí propia su castigo.
+
+Don Quintín se mostraba resplandeciente de alegría. Las sedas, los
+rasos, la grata comodidad de los muebles, cuyas curvas incitaban a la
+voluptuosidad, la satisfacción de aprovecharlo todo, siendo ajeno, y la
+presencia de aquella mujer, que aunque ordinaria parecía una figura de
+Rubens, le tenían extático, suspenso el espíritu y alborotados los
+sentidos. A ratos se acordaba de don Juan, imaginando que la jugarreta
+tenía muchísima gracia; y cada vez que al recostarse se hundían, bajo su
+peso, los muelles de las butacas, creía sentarse sobre la propia
+dignidad de su enemigo.
+
+Alardeando de fino, colocó los almohadones ante la chimenea, y dijo a
+Carola:
+
+--Anda, gachona, ven y siéntate aquí conmigo, en el suelo, como los
+moros; nos calentaremos los pies, que estoy hecho un sorbete.
+
+--Burro, ¡mira que tener frío junto a mí!--Y en seguida, con pérfida
+premeditación, añadió--: ¡Vaya una fogata que has _armao_!... Me ahogo...
+yo me quito la esclavina, y si quieres creerme, desabotónate el chaleco,
+que luego, en la calle, te hielas.
+
+Dicho lo cual, se desabrochó el cuerpo del vestido enseñando la chambra
+y el nacimiento del pecho, para que quien les sorprendiese supusiera que
+estaban entregados a impuras y culpables caricias.
+
+Don Quintín se desabrochó también el chaleco, mostrando la pechera de la
+camisa. Después, alargando una mano, según estaba sentado, cogió de
+sobre el velador la botella de Jerez, hizo que Carola empinase, y en
+seguida pretendió que, con los labios húmedos, le besara.
+
+--¿No te dan gusto este vinillo y ese fuego tan cariñoso?
+
+--¡Vaya un hombre, que _tié_ al lado una mujer y se pone en cuclillas
+junto a la chimenea!
+
+--¿Qué te parece el cuartito? ¡Mira que si pudiéramos quedarnos, es
+decir, quedarte con todo esto!
+
+De repente, sonó un campanillazo. Don Quintín tembló de miedo, como los
+convidados de Tenorio al oír el aldabonazo del Comendador. Carola se
+dijo: «a lo hecho, pecho.»
+
+Ambos guardaron medroso silencio.
+
+Siguió un segundo campanillazo, y entonces dijo él:
+
+--Nosotros no abrimos: ya se cansarán.
+
+--_Panoli_, ¿tienes miedo? Yo iré, que a mí no me conocerán, y diré que
+no hay nadie.
+
+Adivinando lo que había de suceder, se puso el mantón, cogió
+disimuladamente el velo para estar dispuesta a la fuga, y se dirigió
+hacia el pasillo.
+
+Transcurrió un minuto; aún rechinaban los goznes de la puerta, cuando
+don Quintín oyó el timbre de una voz que le dejó trémulo de espanto;
+apenas sus labios acertaron a balbucear un nombre:
+
+--¡¡Es Frasquita!!
+
+También sonó la voz de Carola:
+
+--Buena mujer--decía--, aquí no vive ese señor.
+
+--¡Ya lo sé, ya lo sé!--repetía la voz espantable--; pero ahí dentro está;
+¡déjeme usted pasar!
+
+--¿Es usted su criada?
+
+--¡Es mi marido!
+
+Carola, fingiendo tremenda ira, comenzó a gritar:
+
+--¿Marido? Embustera, vieja, estantigua, si lo que _paece_ usted es la
+estampa de las cuarenta horas.
+
+Y vuelto el rostro hacia dentro, añadió:
+
+--Quintinito, hijo, mono, sal y pega un empellón a esta fiera.
+
+Al mismo tiempo retrocedió con malicia por el pasillo, dejando avanzar a
+la exasperada Frasquita, que al fin penetró en el gabinete, desencajada
+y colérica.
+
+Era alta, flaca, barbipeluda, huesosa, sin pecho, recta de caderas; la
+figura espantable, los ademanes ridículamente trágicos. Venía toda
+vestida de oscuro, con largo velo a la cabeza, de suerte que, por su
+traje y catadura, parecía una de aquellas entre brujas y dueñas
+calderonianas que hace doscientos años servían para arredrar galanes,
+vigilar mozas y asustar chiquillos.
+
+En el instante de pisar ella el gabinete, don Quintín estaba tumbado
+ante la chimenea, con la cabeza reclinada en un almohadón, desabrochado
+el chaleco y sujetando en una mano la botella de Jerez medio vacía.
+
+Verle Frasquita y abalanzarse a él, todo fue uno.
+
+--Canalla, indecente, sucio, vicioso, ¿en esto te gastas el dinero?
+¿Quién es esa tía?
+
+El pobre hombre se quedó como muerto. Carola, afinando su astuta
+perversidad, se había desabotonado por completo el cuerpo del vestido,
+deslazándose, además, la cinta de las enaguas, como si tuviera la ropa
+en tal desorden antes que llegara Frasquita, y al mismo tiempo,
+encarándose con ella, decía:
+
+--¿Pero es usted su mujer? ¡Jesús, qué antigua! Diga usted, señora, ¿qué
+sucedió el Dos de Mayo? Oye, Quintín, ahora te digo, que haces bien en
+buscar carne fresca fuera de casa, porque tu parienta está mojama. Anda,
+calzonazos, échala o me marcho.
+
+Frasquita, espantada de tales improperios y aturdida por la estúpida
+pasividad de su esposo, dudó un momento entre arañar al infiel o
+agarrarse con la desvergonzada manceba; por fin, temerosa de que ésta la
+maltratase, se arrancó contra el estanquero, y a pellizcos y tirones de
+pelos, le levantó del suelo, vociferando:
+
+--¡Despídela, pégala, quiero que la mates!, _ustez_, mala mujer, ladrona
+de hombres, ¡fuera de aquí!
+
+Quintín continuaba mudo. Tenía la seguridad de que la menor imprudencia
+de sus labios contra Carola empeoraría la situación, y con su mujer
+tampoco se atrevía.
+
+--¿Qué hacíais?--preguntó Frasquita, clavando los ojos en el desnudo pecho
+de la corista pecadora.
+
+Carola miraba socarronamente al estanquero, diciéndole con retintín:
+
+--¿Y es esto lo que usas _pa_ diario? Elige pronto: la bruja o yo...;
+pero luego no me vengas a casa babeando.
+
+--¡Cállese usted, so _chupacharcos_!--gritó Frasquita, lívida de puro
+encorajada.
+
+--¿Escuchas? Ya te lo había yo _anunciao_, que no tendrías hígados _pa_
+decir a esta vieja en su cara lo que a mí me dices cuando tú sabes...
+Adiós, hombre, adiós, y que seáis felices. ¡Bueno te vas a poner de
+huesos! ¡_Mia_ que se podían sacar hormillas de esta buena señora!--Y
+dirigiéndose a la esposa ofendida, añadió--: Guárdelo usted como oro en
+paño, que todavía pueden _ustés_ tener familia. En esto ha _parao_ tanta
+monería, que parecías un perrito faldero--dijo--, y salió lentamente por
+el pasillo, mientras Frasquita, temblona de pura rabia, continuaba dando
+a don Quintín pechugones, arañazos, pellizcos, tirones de pelo y, lo que
+era peor, dirigiéndole un interrogatorio, cuya entonación y preguntas
+auguraban la más espantable venganza.
+
+--¿Por qué estaba contigo?¿Cuánto tiempo hace que os habláis? ¿Quién es?
+¿Quién ha pagado todo esto? Gorrinos, ¿por qué estabais desabrochados?
+¿De dónde sacas el dinero?
+
+No pudo más. El sofoco había llegado a su límite; zumbáronle los oídos,
+tambaleose y dio con su cuerpo sobre aquellos mismos almohadones que
+Quintín dispuso para distinto empleo.
+
+Al cabo de un rato, tras mucho rociarle su marido el rostro con Jerez,
+volvió en sí; pero enteramente transformada. Ya no era la arpía que
+araña, ni la euménide que desgarra, sino una terrible y serena parca
+que, extendiendo trágicamente el brazo hacia la puerta, dijo en olímpico
+reposo:
+
+--Señor mío, vámonos; en casita ajustaremos cuentas.
+
+Después enmudeció, como si se hubiese tragado la lengua. No hubo medio
+de que rompiese aquel mutismo pavoroso. Salieron, pasaron calles y
+plazas; él, cabizbajo y anonadado, delante; ella, implacable y
+rencorosa, detrás; ambos medio muertos, uno de miedo y otro de coraje,
+hasta llegar a la calle de la Pingarrona.
+
+Al entrar en el estanco, Frasquita, solemne y triunfadora, levantó la
+trampilla del mostrador, y dejando paso a Quintín, al par que le
+señalaba la silla puesta junto al brasero, en la trastienda, dijo con
+voz reposada y grave:
+
+--Viciosote; usted, que siempre estaba en casa, flojo y alicaído, como
+bandera en día sin viento, ¿salía a presumir fuera? ¡Ya te daré yo
+_querindangas_! ¡Cochino! ¡Mientras yo viva, no saldrás a la calle más
+que conmigo!
+
+La escuchó atónito, dejó escapar un suspiro de galeote recién sujeto al
+banco, y tendió la vista por la oscura mansión estanqueril, como debió
+de hacer, al verse abandonado de sus verdugos, aquel príncipe faraónico
+a quien sepultaron vivo en las entrañas de la gran pirámide.
+
+Tal fin tuvieron los desórdenes quintinescos, y es fama en el barrio que
+jamás ha vuelto el pobre viejo a salir solo.
+
+Bien dice el _Ecclesiastes_: «Cada cosa tiene su tiempo y sazón, y es
+mucha la aflicción del hombre».
+
+
+
+
+Capítulo XXII
+
+El delirio
+
+
+Pocas horas después de enviar don Juan a Cristeta su romántica y
+desesperada carta de despedida, recibió de ella un papelito que traía
+estas palabras escritas con mano temblorosa:
+
+ _«Juan: Oy mismo a las once de la noche te espero en la plaza de
+ oriente frente a la puerta de Palacio, y si no estás decidido a
+ todo no bayas._
+
+ _Cristeta.»_
+
+<tb>
+
+Don Juan, de hongo y capa, impaciente y nervioso, aguarda en el sitio y
+hora que le marcaron.
+
+En un reloj cercano da el cuarto para las once. Del Guadarrama, y
+haciendo escala en la _Punta del Diamante_ y la _Garita del Diablo_,
+viene un norte sutil y helado que traspasa los tuétanos. Los enormes y
+desnarigados reyes de piedra que rodean el jardinillo, surgen de entre
+los árboles como grandes espectros blancos. Las llamas del gas se agitan
+en sus fanales de vidrio, proyectando sombras temblorosas en el suelo
+húmedo y barroso. No pasa casi nadie: sólo se oye de rato en rato la
+sorda trepidación del tranvía y continuamente el rápido y corto pasear
+de los centinelas de Palacio.
+
+Don Juan, que comienza a malhumorarse, lanza sin cesar miradas hacia el
+sitio donde arranca el Viaducto de la calle de Segovia, cuando
+repentinamente, de entre la negrura del ambiente, surge un bulto de
+mujer, a quien delatan su airosidad y gallardía. Viene modestísimamente
+vestida con traje oscuro, mantón, y toquilla de estambre blanco a la
+cabeza. Don Juan cree asistir a la resurrección de su antigua Cristeta,
+la que salía del teatro en su primera época de comedianta pobre. No se
+ha equivocado; ella es.
+
+--Dame el brazo--le dice en voz baja y acercándose.
+
+Cristeta obedece, y el galán, al rozar el cuerpo de su amada, siente
+algo parecido al latigazo de una descarga eléctrica. La mujer tiembla
+pudorosamente, pero sin medrosa hipocresía.
+
+--Cristeta de mi alma, ¿qué es esto?, ¿te has decidido? ¡No me engañes,
+que me moriría de pena!
+
+--No hay momento que perder, quiero volverme pronto.
+
+--Habla, vida mía. Todo lo que quieras, menos que yo viva sin ti.
+
+--Juan..., estamos locos.
+
+--Dime que me quieres y me dejo matar.
+
+Sus voces languidecían; sus cuerpos, poseídos de atracción mutua e
+imperiosa, se juntaban como dos hojas de árbol que el viento agita.
+Acortaron el paso. Juan, deseoso de prolongar aquella emoción
+paradisíaca, exclamó sin tener en cuenta el intenso frío:
+
+--¡Qué hermosa noche! ¡Cristeta, ya eres mía!
+
+--Espera--dijo ella--; antes tienes que oírme. Se trata de nuestro
+porvenir... Toda la vida. ¡Piensa lo que haces!
+
+--Te juro que te quiero como no he querido a nadie. Ahora dispón lo que
+se te antoje.
+
+Mirole ella con inefable ternura, adhiriéndose a su brazo como planta
+endeble que ha menester apoyo, y murmuró:
+
+--¿Qué será de mí? ¿Me quieres de veras?
+
+La respuesta fue un delicioso apretujón por bajo de la capa, y al mismo
+tiempo una mirada en que iba envuelta la promesa de la felicidad.
+
+--Pues bien, Juan, no puedo luchar más; soy tuya..., haz lo que quieras;
+manda, llévame donde quieras.
+
+--No: mandar tú, obedecer yo.
+
+--¿Me abandonarás otra vez?
+
+Don Juan aflojó el embozo, y subiendo hasta sus labios la mano de
+Cristeta, se la besó con más fervor que si la tocara por vez primera,
+diciendo al mismo tiempo:
+
+--Traigo dinero de sobra; vengo dispuesto a todo...
+
+--Por ahora, paciencia--continuó ella--, tengo que irme en seguida; pero...
+pocas horas faltan. Mañana a las dos de la tarde ven a mi casa.
+¿Entiendes? Quiero que vengas a buscarme y quiero salir de mi casa
+contigo, a la luz del sol..., iremos donde quieras... para siempre.
+¿Comprendes? ¡Toda la vida! ¿Querrás? Pero te advierto que jamás volveré
+a mi casa ni a soportar a ningún hombre que no seas tú. Tuya, y nada más
+que tuya...
+
+--Te juro--interrumpió él con acento solemne--, que nunca te abandonaré...,
+y si algún día eres libre..., en fin, ya hablaremos.
+
+Pretendió ir por la calle de Bailén abajo para prolongar el paseo, mas
+Cristeta le hizo volver.
+
+--Vámonos, tengo prisa--decía--; acompáñame hasta pasado el Viaducto.
+
+--Como quieras; pero ¿te arrepentirás de lo dicho?
+
+Anduvieron largo trecho silenciosos: al pasar sobre el puente de hierro,
+mirando por bajo la pavorosa negrura del abismo, se les ocurrió a los
+dos una idea espantosa. ¿Fue natural romanticismo de sus almas, o
+resultado de la exaltación de sus espíritus? ¡Quién sabe! Lo cierto es
+que ambos temblaron, y al temblar se pegaron uno a otro.
+
+Cerca de la calle de Don Pedro, dijo Cristeta:
+
+--Vete desde aquí. Hasta mañana. ¿Sabes el número?
+
+Entonces ella, deteniéndose bajo una farola para ser bien vista, fijó en
+don Juan sus hermosísimos ojos; y oprimiéndole las manos en señal de
+despedida, repitió:
+
+--Toda la noche, te queda toda la noche; ¡piénsalo bien! ¿Verdad que
+serás bueno conmigo? Y ya lo sabes, es para toda la vida, porque yo no
+soy capaz más que de resoluciones extremas.
+
+Dicho lo cual, desasiéndose de él y dejándole confuso en medio de la
+acera, se alejó precipitadamente hasta entrar en el anchuroso portal de
+la casa donde vivía.
+
+Don Juan pasó de largo, miró con disimulo, y después de verla torcer
+hacia el arranque de la escalera, apretó el paso. Luego, dando rodeos
+para no encontrarse con nadie, se fue a su casa, impaciente por saborear
+a solas la realización de su esperanza.
+
+Encerrose en el despacho, abrió el cajoncito más recóndito de su mesa, y
+fue reuniendo y apuntando todo el dinero que tenía: sesenta y tantos
+duros en plata, unas cuantas monedas de oro y ocho mil pesetas en
+billetes. Además, de su último viaje a Francia le quedaban diecisiete
+luises y dos o tres billetes de cien francos. Total, dinero sobrado para
+llegar a cualquier parte. Después, a modo de novio en víspera de boda,
+quemó en la chimenea varios retratos y un puñado de cartas, y, por
+último, llamó a Benigno, quien oyó con verdadero asombro estas palabras:
+
+--Mañana temprano me pones encima de esa butaca un traje gris, de
+americana, la manta de viaje con las correas, una gorra y el gabán de
+pieles. Prepara un maletín con los avíos de tocador y ropa interior;
+nada de frac, ropa de etiqueta, ninguna. Saldré en cuanto almuerce;
+puede que vuelva acompañado... y entonces ya te daré órdenes; pero lo
+probable es que no vuelva. Si te envío recado, llevarás el maletín donde
+te mande, y hasta que recibas noticias mías, mucho cuidado con la casa,
+y cuando te escriba harás lo que te indique al pie de la letra. ¿Te has
+enterado?
+
+--De todo, señor.
+
+--Ya lo sabes. No te muevas de aquí hasta que recibas orden por escrito;
+puede que vuelva..., no lo sé, y puede que te mande cerrar la casa y
+venir donde yo esté.
+
+--Comprendido, señor.
+
+--Pues ahora déjame.
+
+Al quedarse solo volvió a contar el dinero, y al cabo de una hora se
+acostó. Estaba tranquilo, con esa falsa serenidad propia de quien, tras
+desearlo mucho, adopta una resolución muy grave.
+
+Tardó largo rato en conciliar el sueño. Su imaginación vagaba
+desvariando de unas ideas a otras, como si el razonamiento fuese incapaz
+de sujetarlas. Quería pensar despacio, aquilatar la trascendencia de su
+propósito, traer a juicio su pasado, considerar lo presente..., adivinar
+lo porvenir... Inútil empeño.
+
+La fantasía, estimulándose más cada instante, quedaba triunfante del
+raciocinio. Compromisos, obligaciones, conflictos, luchas, catástrofes,
+todo lo grave que le parecía cercano y probable, se desvanecía, quedando
+en su lugar un fantasma encantador e imperioso que le abría los brazos y
+le llamaba con promesas de perdurable felicidad. Era Cristeta; pero una
+Cristeta nueva, renovada, hacia la cual se sentía impulsado, no sólo por
+inclinación amatoria, sino también por algo misterioso, privativo del
+espíritu y puramente anímico, en que no entraba para nada la fascinación
+de la hermosura. Antes, al pensar en beldades deseadas y no poseídas,
+siempre le dominó el encanto de la forma: ahora sus sentidos parecían
+aletargados, y en cambio el ansia de perfecciones morales surgía potente
+y avasalladora.
+
+Los ojos de Cristeta oscuros y azulados, como cielo en noche serena; la
+boca, fuente de ternura y sumidero de besos; el pelo rubio y largo, como
+crecido para cubrir la almohada formando al rostro un nimbo de oro; el
+pecho blanco y firme, donde parecían palpitar impacientes dos rubíes
+carnosos perdidos entre nieve; todo el conjunto de atractivos que
+formaban lo material de la mujer, lo veía don Juan desvanecido, borroso,
+deseable, pero secundario; y en cambio, al poner su pensamiento en el
+pensamiento de ella, experimentaba una sensación de ansia y desasosiego
+entre penosa y grata, como si la voluntad y el alma carecieran de algo
+que sólo pudiese hallar satisfacción y plenitud en la posesión pura e
+inmaterial de Cristeta. Tormento y placer análogo debieron de sentir y
+gozar los místicos que, abrasados en fervor religioso, tendían a
+identificarse y sumarse con la divina esencia, cual si anhelaran ver
+anonadarse su alma dentro de otra alma superior e increada. Tuvo luego
+también momentos de intensa embriaguez amorosa; pero brevísimos,
+fugaces, y apaciguada pronto aquella excitación, se rindió al cansancio
+físico.
+
+Entonces el espíritu, libre de influjo externo, prosiguió su incansable
+labor, y comenzó a soñar disparatadamente, mezclándose y trabándose en
+sus desvaríos lo verosímil con lo imposible, y las reminiscencias de lo
+real con las locuras de lo imaginario.
+
+De igual suerte que cuando el maestro duerme los chicos arman bulla y
+algazara, así al quedar en reposo la voluntad de don Juan, se le
+avivaron los deseos, excitáronsele los recuerdos, y las imágenes creadas
+por la fantasía, unas brillantes, otras pálidas, pero todas de intensa
+realidad para su mente, comenzaron a desfilar en ronda interminable.
+
+No creyó ver sino que con los ojos del alma vio a Cristeta como estaba
+la primera vez que hablaron: falda muy hueca, de percal, pañoleta de
+espuma al talle, zapatitos con galgas y moño bajo, lleno de flores; todo
+el atavío gitanesco; pero no en el cuarto del teatro, sino en aquella
+plazoleta de la Moncloa situada junto a la fuentecilla. Servían de fondo
+a la figura los troncos de los árboles atigrados por manchas musgosas, y
+en torno de su cabeza revoloteaban hojas secas de plátano que, traídas y
+llevadas por el viento, semejaban errantes estrellas de oro. De pronto,
+mujer, paisaje y fuente, se deshicieron como humo ingrávido, el espacio
+quedó vacío, y en la atmósfera desierta, pero alumbrada por un sol
+invisible, sonaron muchos ruidos diferentes que juntos simulaban un coro
+de mujeres burlonas. Hubo crujir de sedas manoseadas, rumor de
+varillajes de abanicos, chasquidos de besos, sonoridades de monedas de
+oro caídas sobre mármol, y luego grandes carcajadas, como si alguien
+diabólicamente se mofara de la hermosura, el lujo y el amor. De
+improviso, todo cambió, apareciendo por arte de magia un cuarto
+vulgarmente amueblado con cama de hierro, sofá de espadaña, dos baúles y
+una percha clavada en la puerta. Sobre asientos y muebles había muchas
+ropas adornadas de oropel y talco.
+
+Contemplando aquello el hombre dormido se obstina en avivar recuerdos y
+coordinar ideas, pero es en vano; porque las memorias no obedecen a la
+evocación y los pensamientos se alteran. Luego su atención y sus ojos
+son imperiosamente atraídos por algo que le suspende y encanta.
+
+Al pie de la cama deshecha, hay una mujer sentada en una silla baja:
+tiene el pelo revuelto, el rostro abrillantado por las lágrimas
+restregadas, y la boca contraída por el amargo dejo de una felicidad
+apenas gozada y ya perdida. Junto a ella, caídos en el entarimado del
+piso, se ven dos papeles arrugados: una carta y un impreso pequeño con
+cifras manuscritas. Después todo aquello se transforma en una capilla
+oscura y sucia, donde huele a sudor y a cera. Un hombre y una mujer se
+arrodillan ante otro hombre que lee un librote, trazando con las manos
+en el aire figuras misteriosas: la mujer es Cristeta; pero la fisonomía
+y el aspecto de su acompañante carecen de rasgos definidos. No es alto
+ni bajo, flaco ni grueso; a ratos lampiño, a ratos barbudo... Al sonar
+un campanillazo la visión se disipa y el lúgubre recinto se trueca en un
+paseo enarenado, por donde corretea un niño tras un ato de madera. El
+chiquitín tropieza, cae, se lastima... y suena un grito. Una mujer queda
+tendida en tierra y dos hombres se abalanzan a socorrerla; en el primero
+se reconoce don Juan; el segundo es el otro, el desconocido de la
+capilla, el monstruo sin fisonomía. Su audacia no tiene límites. Se
+inclina sobre el cuerpo de la desmayada, y con la insolente autoridad de
+un poseedor legítimo, hace ademán de ir a desabrocharle el cuerpo del
+vestido para que, respirando mejor, cese la congoja. Entonces a don Juan
+se le sube la sangre a la cabeza. ¡Tocar aquel hombre el pecho de
+Cristeta! ¡Profanación! Tanto valdría que un bárbaro escupiese al Apolo
+Délfico o que un judío cometiese irreverencia ante Jesús Sacramentado.
+Don Juan se arroja, o cree arrojarse, sobre el marido, y ofendiéndole de
+palabra, le sujeta, le zarandea y le sacude... Suena una bofetada. La
+mano invisible del hombre sin fisonomía ha caído ruidosamente sobre el
+rostro de don Juan como cae el mazo del batán sobre la superficie del
+agua. El ofendido saca un revólver, dispara y se oye un ruido semejante
+al desplome de un cuerpo exánime. Al desvanecerse el humo del fogonazo,
+todo desaparece y se disipa; por el aire vuelan pedazos de papeles que
+llevan impresas palabras terroríficas: asesinato..., mujer casada...,
+amante..., niño huérfano. Después, en la lejanía de un campo, junto a
+unos murallones de ladrillo, se alza un tablado, encima del cual,
+destacando sobre el cielo, se ven cuatro hombres que sientan a otro por
+fuerza en un banquillo, tras el cual, a manera de respaldo, hay un
+madero tieso...
+
+¡Qué horrible pesadilla! Por fortuna, un cambio de postura desvía la
+sangre de ciertos sitios del cerebro, quedan libres los nervios
+oprimidos, sufren otros la presión y...
+
+Un bosque fantástico, cuyos árboles tienen, en vez de hojas, monedas de
+oro. Don Juan camina silenciosamente por una vereda, cuando de pronto,
+hendiéndose las cortezas de los troncos, dejan paso a mujeres
+magníficamente ataviadas y ninfas en todo el esplendor de su sagrada
+desnudez.
+
+Las hay blancas con el transparente blancor del alabastro; rubias como
+hebras de mazorca; morenas en que parecen haberse deleitado las miradas
+del sol, y también las hay enteramente negras, al igual de aquella
+princesa de las leyendas árabes que fue engendrada por el misterio en el
+vientre de la noche.
+
+Agitadas de neurosis, exasperadas de lujuria, como diablos súcubos se
+dejan poseer por don Juan, y apenas poseídas, se truecan en pelados y
+mal olientes esqueletos. Gasas, tisúes y rasos quedan desfilachados y en
+jirones, flotando sobre las osamentas. En derredor de las vértebras
+cervicales caen desgranados y sueltos los collares. De los cúbitos
+penden los brazaletes rotos. En torno de las sienes calvas, con la
+amarillez del marfil viejo, se marchitan las coronas de rosas, y en la
+medrosa concavidad de las órbitas vacías, en vez de las pupilas bañadas
+de efluvios amorosos, brilla la pálida fosforescencia de las larvas
+inquietas. El suelo todo es podredumbre; el espacio todo luz: y he aquí
+que, de repente, la figura de Cristeta vestida de hilos de agua y rayos
+de luna entretejidos, cruza el éter impasible y angélica, dejando tras
+sí una estela de polvo luminoso. El alma de don Juan da un vuelco hacia
+ella, la alcanza, la detiene, y al tocarla queda convertida en estatua.
+En vano pretende vivificarla acariciando sus hermosas caderas, y
+gimiendo de dolor entre sus marmóreos pechos. Ya no es mujer, es una
+divinidad.
+
+Es la diosa del amor en nueva forma, con caracteres desconocidos. No es
+Afrodita a quien se rinde culto de pasiones sensuales; no es la Venus
+Cálvica, que recibe en ofrenda cabelleras de vírgenes; parece la Venus
+Apostropha, que desdeña y castiga los pensamientos impuros. A fuerza de
+besarla éntrasele a don Juan por los labios hasta el alma el frío de la
+piedra, y paralizada su sangre, se desploma rendido.
+
+Cuando torna en sí, la amargura se ha enseñoreado de su alma: la
+privación del placer le ha hecho filósofo; pero la filosofía seca su
+corazón, y sediento de esperanza, se hace religioso y degenera en
+místico...
+
+Sueña que es el apóstol único de una religión nueva, agradable y
+tolerante, que abarca y atesora la poesía pagana, la severidad
+protestante, el fausto católico, el sentido práctico hebreo y el poder
+político del islam, simbolizándolo todo en ritos fantásticos y
+heterogéneos de que él es gran sacerdote, y en que se hallan
+representadas todas las aspiraciones del espíritu y todos los apetitos
+de la carne, desde el ascetismo de los anacoretas hasta los bailes
+misteriosos y lúbricos del Oriente primitivo.
+
+La efigie de Cristeta-Venus se transforma de repente en la Eva mosaica
+que perdió el Paraíso, y en torno de ella comienza el desfile de una
+procesión interminable. Allí van las virginales deidades indias,
+moradoras de los lagos, que con el calor de sus pechos entibian el agua
+que ha de regar la flor del loto; las impúdicas danzadoras egipcias y
+malacitanas, que acuden a Roma para divertimiento de Césares; las
+doncellas corintias consagradas a Palas, que asisten a las Panateneas;
+las sacerdotisas galas que lanzan a los bárbaros contra el antiguo
+mundo; las damas de las cortes de amor que tiñen en la púrpura de su
+sangre la flor que ha de premiar a su poeta; las cortesanas del
+Renacimiento, que el arte convierte en imágenes de dolorosas; las monjas
+españolas, devoradas de histerismo religioso; las damas galantes de la
+Francia borbónica, que sin traicionar al amor supieron hacer de cada
+hombre un amante; y, por último, la mujer moderna, cuyo tipo varía,
+desde la Hermana de la Caridad que riega con sus piadosas lágrimas las
+llagas del herido, hasta la pecadora de oficio que, vendiéndose al rico
+y regalándose al pobre, ofrece a todos la ilusión del amor. Y aparecen
+figuras extraordinarias, enigmáticas, en quienes palpitan encarnaciones
+distintas y olvidadas de la eterna Eva. Allí se acercan la Venus
+Fecunda, ensangrentada por un cilicio, envuelta en un sudario, y María
+de Nazareth, coronada de pámpanos y esgrimiendo el tirso de las
+bacantes. La diosa gentílica canta el _Dies irae_. La virgen cristiana
+recita los versos impíos de Lucrecio...
+
+Entre tantas, ¿cuál es la dispensadora de la dicha, cuál la verdadera
+mujer? ¡Nadie lo sabrá nunca!
+
+Poco a poco todo aquello se borra, reaparece la noche oscura, y del
+cielo comienzan a caer las estrellas, metamorfoseadas en almeas desnudas
+mal envueltas en gasas transparentes. Don Juan se aleja de ellas, y
+llega a la orilla de un lago, por cuyas tranquilas aguas se desliza una
+barca tripulada de doncellas, que se alejan cantando tristemente. Las
+mira y ve que son sus propias ilusiones, que bogan río abajo de la vida
+despidiéndose de él para siempre.
+
+Por último, todo cambia: lo fantástico se trueca en realidad pavorosa.
+
+Es de noche: un hombre viejo y enfermo está solo en un gabinete. La tos
+le desgarra el pecho, tiene las piernas hinchadas por la gota, el
+estómago roído de dolores, y para que el sufrimiento sea completo,
+conserva el cerebro despierto y sano. Una criada torpe y gruñona le
+asiste con malos modos, sin solicitud ni cariño. ¡Qué soledad tan
+triste! ¡Ni una hija, ni una caricia, ni un beso! ¡Oh mocedad
+malbaratada! ¡Oh presente amarguísimo! Perdidos en la lejanía de la
+juventud y vigorosamente evocados por el pensamiento, vienen a la mente
+los recuerdos: pasan muchas mujeres: don Juan las ve, violenta su
+imaginación para acordarse de sus nombres y no puede; porque si todas le
+dieron su cuerpo, ninguna le dejó la dulzura del cariño en la memoria.
+La postrera de todas trae las miradas impregnadas de amor, la boca
+prometedora de besos, pero al mismo tiempo sus labios murmuran una
+palabra: «Imposible». Es Cristeta. Don Juan, reconociéndola, suplica,
+implora, ruega, grita, procura detenerla, y nuevamente el fantasma se
+disipa, dejándole en las manos la sensación de un sudor frío y pegajoso.
+
+<tb>
+
+Suena el lento y ruidoso rodar de un carro; luego el campanilleo de las
+burras de leche; óyese a lo lejos el vocear de un pobre vendedor
+ambulante; y por los resquicios y rendijas del balcón penetra, en hilos
+plateados, la clara luz del día.
+
+Don Juan despierta y se arroja del lecho abajo, restregándose los ojos.
+
+Todo ha sido un sueño mentiroso. Es joven, está en su casa, no ha matado
+a nadie, y... a las dos le espera Cristeta; no en forma de impalpable
+fantasma ni de fría escultura, sino en carne y hueso, amante y cariñosa.
+Entonces, sacudiendo el sopor morboso de la pesadilla, mira en torno. Lo
+primero que ve es la ropa de viaje colocada sobre una butaca, y en un
+rincón el mueblecillo donde la víspera guardó el dinero para huir con
+ella, robándosela al hombre misterioso sin rostro ni facciones. Un
+nombre se le viene a los labios: «¡Martínez!» Esta es la única tristeza
+indudable que pasa del sueño a la vigilia.
+
+Al dar la una en el reloj del despacho, don Juan sale de su casa
+llevando el corazón henchido de amor, el ánimo resuelto a todo y los
+bolsillos repletos de dinero.
+
+¿Qué más necesita el hombre a quien aguarda una mujer?
+
+
+
+
+Capítulo XXIII
+
+Concluye ésta, entre verídica o imaginaria historia, con el raro ejemplo
+de una mujer que todo lo pospone al deseo de ser amada
+
+
+Salió don Juan vestido de viaje, tomó un coche, apeose cerca de la calle
+de Don Pedro, y por fin llegó al portal de la casa en que vivía
+Cristeta. No arribó Ulises a la deseada Itaca, ni vieron los Magos el
+sagrado pesebre poseídos de tan honda emoción como la que él sentía.
+
+Penetró en el zaguán, y acercándose casi respetuosamente al portero, de
+suntuoso levitón y gorra blasonada, le preguntó:
+
+--¿La señora de Martínez?
+
+--No vive aquí.
+
+--¿Cómo?
+
+--Que no es aquí.
+
+--Sí, hombre; una señora joven y guapa que se llama doña Cristeta.
+
+--¡Acabara usted! Sí, señor. Segundo patio, escalera interior, piso
+tercero.
+
+--¿Está usted seguro?
+
+--¿_Quedrá_ usted saber de la casa más que yo?
+
+En otra ocasión, don Juan hubiera castigado con un sopapo la porteril
+arrogancia; pero en aquellos momentos no estaba para provocar
+conflictos.
+
+Dejando a su derecha el arranque de la escalera señorial, lujosamente
+alfombrada, atravesó el patio, empedrado como para espera de coches, y
+comenzó a subir la otra humilde y estrecha escalera que le indicaron. La
+contestación del portero le había dejado confuso. ¿Qué significaba
+aquello? ¿Cristeta en piso interior y con entrada miserable? ¿Cómo tan
+gran dicha por tan ruin camino? Tal vez el siervo enlevitonado hubiese
+recibido discreta orden para enviarle por la escalera de servicio. ¡Oh
+mujer, cuán grande es tu prudencia que a todo atiendes y remedias!
+
+De pronto, en un descansillo, vio un niño jugando solito con unas cajas
+viejas de fósforos; representaba, poco más o menos, tres años, y se
+parecía, como una gota de agua a otra gota de agua, al chiquitín de
+quien iba Cristeta acompañada la tarde que se la encontró en el Retiro.
+Creyendo reconocerle, pero resistiéndose a dar crédito a sus ojos,
+pensó: «Parece imposible que descuide al niño de este modo. No, no puede
+ser. ¿Cómo es posible que esta criatura sucia, desarrapada y mocosa, sea
+el angelito vestido de encajes a quien vi en el Paseo de Coches?» Subió
+los seis tramos que le faltaban y tuvo que detenerse a respirar. ¿Por
+cansancio? No. ¿Por miedo? Tampoco. Por incertidumbre y turbación de
+espíritu. En su memoria flotaba una frase preñada de misterios. Cristeta
+le había dicho al separarse la noche anterior: «... ¡resoluciones
+extremas!» ¿Qué pretendería? En un segundo imaginó don Juan mil clases
+diversas de resoluciones extremas. La fuga, el sud--expreso, el _sleeping
+car_, la ocultación en su propia casa, la vida errante por el extranjero
+con nombres supuestos... ¿Querría, tal vez, que provocara y matase a su
+marido? ¡Absurdo! ¿Habría pensado en un doble y romántico suicidio? Al
+ocurrírsele esto se acordó de cómo temblaba la pobrecilla cuando pasaron
+por el Viaducto de la calle de Segovia. Lo que faltaba de escalera no
+dio tiempo a más suposiciones.
+
+Estaba en el descansillo del piso tercero, ante una puerta de
+cuarterones, groseramente pintada de azul. El cordel de la campanilla,
+de puro mugriento, parecía negro.
+
+«¡Cosa más rara!»
+
+Llamó con mano temblorosa, y casi al mismo tiempo abrió la puerta, no
+una criada, ni la esperada niñera, sino la propia Cristeta, cuya esbelta
+figura destacó sobre la pared blanca de un pasillo. Estaba vestida y
+peinada con adorable sencillez; el traje, de lana oscura sin adornos; el
+pelo, modestamente recogido hacia las sienes. Esforzábase por aparentar
+serenidad, pero sus ojos revelaban haber llorado mucho, y su hermoso
+pecho, alzándose y deprimiéndose a intervalos muy cortos, daba prueba de
+agitación mal contenida. Tendió a don Juan la mano derecha, que él
+estrechó entre las suyas, y calladamente, sin soltarle, le guió hacia
+dentro.
+
+El pasillo era muy corto, y a su término había un cuarto de humilde
+aspecto. Constaba el mueblaje de cuatro sillas de Vitoria, un sofá viejo
+de espadaña y una cómoda de nogal. Por la ventana, que descubría mucho
+cielo, entraba la claridad a torrentes. Tras una puerta vidriera
+entreabierta veíase la alcoba y en ella un catre de hierro cubierto por
+una colcha de cotonía. Sobre las sillas no había nada, pero el sofá
+quedaba casi oculto por un montón de ropas relativamente lujosas, que
+formaban contraste con lo modesto y pobre de la estancia. Allí estaban
+la falda negra plegada en menudas tablas con primoroso arte, y el abrigo
+corto de rico paño gris que tiempo atrás lució Cristeta en el paseo del
+Retiro, el otro abrigo forrado de seda roja que llevó a la cita en la
+Moncloa, el cuerpo encarnado con botoncitos de plata que se puso la
+tarde del teatro, y encima de todo un boa gris y un sombrero negro de
+ala grande y pluma rizada.
+
+Don Juan, mudo y absorto, permanecía en pie; Cristeta separó a un lado
+las ropas e hizo a su amante seña de que se sentara junto a ella en el
+sofá. Obedeció él, y en seguida, mirándolo todo con extrema curiosidad,
+sin poder ni querer contenerse, dijo:
+
+--Esto es imposible, no puede ser. ¿Vives aquí?
+
+Cristeta, con grandísima calma, pero algo alterada la voz por la
+emoción, repuso:
+
+--Esta es mi casa.
+
+--¿Pero no tienes criados?
+
+Suspiró lentamente, y replicó:
+
+--No tengo criados.
+
+--¿Tu hijo?
+
+--No tengo hijo.
+
+--¿Tu marido?...
+
+--No tengo marido.
+
+Entonces... explícame... ¿Verdad que eres mi Cristeta de mi vida?
+
+--Eso no lo sé todavía. Veremos.
+
+--¡Habla!
+
+Por el ancho hueco de la ventana se veían torres, veletas, campanarios,
+las masas rojizas y las líneas quebradas de los tejados vecinos, y
+dominándolo todo, el cielo azul radiante de esplendorosa claridad. Un
+rayo de sol venía a juguetear sobre los ladrillos del piso haciendo
+dibujos luminosos. Don Juan pensó llegar a una casa de burgueses ricos y
+estaba rodeado de pobreza. Las riquezas del mundo parecían refugiadas en
+las pupilas de Cristeta, donde brillaba un tesoro de amor.
+
+--Habla, por piedad--repitió él.
+
+Cristeta, violentándose mucho, como jugador nervioso que arriesga su
+porvenir entero al azar de un naipe, dijo así:
+
+--¿Te acuerdas de cómo me dejaste abandonada en Santurroriaga?
+
+--Sí; pero, ¿verdad que me has perdonado? Ahora soy otro, y te adoro.
+
+--Yo hasta entonces no había querido a nadie ni me había dejado
+querer..., ni poseer. Fuiste el primero y el único, porque después...
+tampoco.
+
+--¿Qué?
+
+--La pura verdad. En cambio, a ti te quise como te quiero en este
+momento. Cuando te fuiste hice propósito de ser para toda la vida tuya o
+de nadie. Soy libre, enteramente libre, y lo único que sé de amor es lo
+que aprendí en tus brazos. Luego volviste a verme, creíste otra cosa, me
+deseaste de nuevo, y aquí estás.
+
+--¡Por Dios te pido que no me vuelvas loco! ¡Habla claro!
+
+--Que tu Cristeta es la misma de siempre, la de antes, tuya, nada más que
+tuya, y que te ha engañado para no perderte.
+
+--Pero ¿y tu marido, tu hijo, tu modo de vivir, el coche, el lujo?
+
+--Todo mentira.
+
+--¿Has hecho una comedia?
+
+--No me culpes. Si yo hubiera sido mujer rica, señora que frecuentase la
+misma sociedad que tú, te habría buscado de otro modo: en bailes,
+teatros y tertulias; pero estábamos tan lejos uno de otro, que por
+fuerza tenía que valerme de medios extraordinarios. Y, sobre todo,
+piensa una cosa: yo no te he dicho nunca, ni una sola vez, ¡buen cuidado
+he tenido!, que estuviese casada; te lo he dejado creer y nada más.
+
+--¿Pero es posible?
+
+--¿No fue posible que tú me dejases sin motivo, queriéndome como decías?
+¿De qué te sorprendes? ¿Quién ha buscado a quién? Mientras fui tuya,
+¡vergüenza me da recordarlo!, ni siquiera sospechaste el cariño que mi
+corazón encerraba para ti. Después, suponiendo que era de otro hombre,
+me has deseado con rabia, con locura, como se desea lo ajeno. Ahora ves
+que no tengo dueño y comienzas a dudar.
+
+--¿Y esas ropas, ese lujo, el coche, todo lo que yo he sabido de otro
+hombre... un señor Martínez... un niño?
+
+--¡Pobre de mí! ¿Cuánto dinero me dejaste al marcharte de Santurroriaga?
+
+--Veinte mil reales.
+
+--Pues aún me quedan algunos duros. Lo demás lo he gastado en ese lujo de
+que hablas, en alquilar este cuartito y ese coche que has visto, en
+tener niñera, una chica que, a pesar de tu experiencia, te ha engañado
+como a un chino, y en que unas pobres gentes me dejasen por unas cuantas
+veces ese niño a quien yo he vestido y de quien tú te has figurado...
+
+--¡No me mientes eso!
+
+--Total: la mujer a quien abandonaste siendo tuya y nada más que tuya, te
+ha enloquecido por sólo parecerte ajena.
+
+En seguida, punto por punto, minuciosamente, sin omitir detalle, le
+refirió cuanto había tramado y hecho con propósito de atraerle, desde
+que en la fonda de Santurroriaga se quedó pensativa como reina
+destronada que medita reconquistar lo perdido, hasta el instante en que,
+sintiéndole subir la escalera, colocó sobre el sofá aquellos trajes con
+que se había engalanado. Nada calló; ni el auxilio recibido de Inés, ni
+la complicidad de don Quintín, ni el alquiler de la berlina, ni el
+precio de aquel pobre cuartito, ni sus muchas y amargas lágrimas. Fue
+una confesión larga y completa, un examen de conciencia en que dejó que
+se transparentase su alma, mostrando a don Juan lo íntimo de su corazón
+tan franca y lealmente como en otro tiempo le dio a besar la blanca y
+tibia redondez de su pecho. Por último, añadió:
+
+--Ya lo sabes todo, y ahora sólo te pido que respondas a esta pregunta:
+¿Cuándo has sentido verdadero amor por mí? ¿Mientras fui tuya honrada y
+pobremente, a pesar de lo cual me despreciaste, o ahora, cuando nada más
+que con darte oídos debí parecerte infame y despreciable?
+
+Don Juan, avergonzado, callaba. Cristeta prosiguió:
+
+--Tal vez no me perdones estos engaños, hijos de mi amor, y, sin embargo,
+me agradecerías los besos que ahora te diera, aunque fuesen robados a
+otro hombre. Te juro que no he mentido en nada. Mis tíos, la falsa
+niñera que tantos plantones te ha dado, mi antigua criada Inés, su
+marido, a quien alquilé la berlina, la madre del chico, cuantas personas
+me conocen, hasta la Mónica, una mujer que tiene aquí abajo casa de
+huéspedes y que ha servido en la tuya; todos pueden decirte cuál ha sido
+mi vida. Te dirán también que alguna vez salía muy bien vestida: ya
+sabes para qué. Mucho he sufrido, pero todo lo doy por bien empleado,
+porque al verte seguirme, y perseguirme, y rogarme, y temblar en mis
+brazos, y besarme, como temblaste y me besaste la tarde del teatro...
+vamos, he llegado a creer que me amas de veras. ¿Me perdonas?
+
+Estaba hermosísima. Un ligero estremecimiento hacía palpitar sus labios;
+los ojos, prometiendo amor, imploraban piedad, y el rostro iba tomando
+la palidez marmórea de la estatua que vio don Juan en sueños; pero ésta
+no era piedra esculpida, sino hermosa carne modelada por Dios y
+vivificada con el soplo de su espíritu para delicia del hombre.
+
+Don Juan no pudo aguantar más. Levantose del sofá, la miró frente a
+frente, como para buscar en el abismo azul de sus ojos confirmación a
+sus palabras, y luego, alzándola y atrayéndola lentamente hacia sí, pegó
+los labios a la oreja encendida de su amada, y murmuró estas palabras:
+
+--¿Tanto me quieres?
+
+Ella dobló la cabeza sobre el hombro del amante, pegose a él, cuerpo con
+cuerpo, y en voz muy queda, como se dicen las grandes cosas de la vida,
+repuso:
+
+--¿No me dejarás nunca?
+
+Entonces--nadie sabrá jamás si fue sincero arranque o astucia
+premeditada--volvió a mirarla fijamente, y presentándole la mano derecha,
+preguntó con increíble valor:
+
+--¿Quieres ser mi mujer?
+
+Ella, desasiéndose de sus brazos, apartó el cuerpo, se restañó con el
+pañuelo las lágrimas, y revelando la energía de quien en todo ha pensado
+y tiene, hace tiempo, adoptada una resolución, contestó:
+
+--¡Eso... jamás!
+
+--¿Por qué?
+
+Cristeta quiso expresar todo lo que sentía, y acordándose tal vez de que
+fue comedianta, lo formuló en lenguaje, aunque sincero, un poquito
+dramático, diciendo:
+
+--Lo que yo quiero no es tu libertad, sino tu cariño. ¿Casarnos? ¿Para
+qué? ¿Para darte por seca y rigurosa obligación lo que por libre y
+complacido albedrío quiero que sea tuyo? ¿Para mermar a la pasión el
+encanto de la espontaneidad? ¿Por ventura serán entonces más cariñosos
+tus besos, más prietos tus abrazos? ¿Tendremos mayor firmeza en la
+confianza ni más brava abnegación en la desgracia? ¿Qué ceremonia, qué
+rito, que fórmula ha puesto el Señor por cima de este anhelo con que mi
+pensamiento quiere volar para hacer nido en tu alma?
+
+--¡Cristeta!
+
+--Yo te serviré en el bien, de estímulo, en el mal, de rémora. Duplicaré
+tus venturas y compartiré tus penas. ¿Te veré dichoso?, pues mi amor
+será la gota que llene el vaso de tu felicidad. ¿Desgraciado?, yo
+lloraré por ambos... Pero ¿casarme? ¿Y si te arrepintieras? ¡Qué horror
+si algún día confundieses mi gratitud con mi cariño! ¿Llevar tu nombre?
+Bajando está siempre de mi pensamiento a mis labios; mío es aunque no
+quieras, y al dormirme siento que se me asoma a la boca para guardarte
+todo el aliento de mi vida. ¡No! tú, libre como el aire; yo esclava,
+quieta, callada y mansa como el agua eternamente enamorada del cielo
+que, aun sin darse cuenta de ello, igual refleja los alegres arreboles
+del alba que las tristes nubes de la tempestad.
+
+Don Juan hizo ademán de arrodillarse--la cosa no era para menos--; mas
+ella no lo consintió, y poniéndole una mano en cada hombro le miró
+embebecida, al mismo tiempo que decía:
+
+--En el momento en que nos sujetase algo superior a nuestra voluntad, el
+amor no sería dulce impulso del alma, sino tributo doloroso.
+
+--¿Y el mundo, la sociedad y las gentes?
+
+--¿Ahora te preocupas por eso? ¿Te cuidabas de ello al perseguir casadas?
+Los que acaso me disculparan adúltera, me rechazarán amante... ¡Ya lo
+sé! Pero ¿a quién consagro yo mi existencia, a ti o al prójimo?
+
+--¿Me prometes que serás siempre mía?
+
+--Vive tranquilo. Si he hecho tanto para que vuelvas a mí, ¿qué no seré
+capaz de hacer por merecerte y conservarte?
+
+Callaron, cambiando dos miradas que hacían inútil toda protesta de
+sinceridad. En la imaginación de ambos surgió la misma idea, formulada
+en sentido contrario. Él pensó: «Será mi mujer»; y ella se dijo: «Si me
+caso le pierdo».
+
+Juan abrió los brazos, y Cristeta, limpia de pensamiento impuro, pero
+llorosa de felicidad, se arrojó en ellos. Oprimiola él cariñosamente
+contra sí, y mientras sentía sobre el pecho su dulce sollozar, hundió
+los labios entre sus rizos de oro y los cubrió de besos.
+
+Madrid, 1891.
+
+
+
+
+
+End of Project Gutenberg's Dulce y sabrosa, by Jacinto Octavio Picón
+
+*** END OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK DULCE Y SABROSA ***
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+harmless from all liability, costs and expenses, including legal fees,
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+or cause to occur: (a) distribution of this or any Project Gutenberg-tm
+work, (b) alteration, modification, or additions or deletions to any
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+
+Project Gutenberg-tm is synonymous with the free distribution of
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+including obsolete, old, middle-aged and new computers. It exists
+because of the efforts of hundreds of volunteers and donations from
+people in all walks of life.
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+Volunteers and financial support to provide volunteers with the
+assistance they need, is critical to reaching Project Gutenberg-tm's
+goals and ensuring that the Project Gutenberg-tm collection will
+remain freely available for generations to come. In 2001, the Project
+Gutenberg Literary Archive Foundation was created to provide a secure
+and permanent future for Project Gutenberg-tm and future generations.
+To learn more about the Project Gutenberg Literary Archive Foundation
+and how your efforts and donations can help, see Sections 3 and 4
+and the Foundation web page at http://www.pglaf.org.
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+
+Section 3. Information about the Project Gutenberg Literary Archive
+Foundation
+
+The Project Gutenberg Literary Archive Foundation is a non profit
+501(c)(3) educational corporation organized under the laws of the
+state of Mississippi and granted tax exempt status by the Internal
+Revenue Service. The Foundation's EIN or federal tax identification
+number is 64-6221541. Its 501(c)(3) letter is posted at
+http://pglaf.org/fundraising. Contributions to the Project Gutenberg
+Literary Archive Foundation are tax deductible to the full extent
+permitted by U.S. federal laws and your state's laws.
+
+The Foundation's principal office is located at 4557 Melan Dr. S.
+Fairbanks, AK, 99712., but its volunteers and employees are scattered
+throughout numerous locations. Its business office is located at
+809 North 1500 West, Salt Lake City, UT 84116, (801) 596-1887, email
+business@pglaf.org. Email contact links and up to date contact
+information can be found at the Foundation's web site and official
+page at http://pglaf.org
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+For additional contact information:
+ Dr. Gregory B. Newby
+ Chief Executive and Director
+ gbnewby@pglaf.org
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+Section 4. Information about Donations to the Project Gutenberg
+Literary Archive Foundation
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+Project Gutenberg-tm depends upon and cannot survive without wide
+spread public support and donations to carry out its mission of
+increasing the number of public domain and licensed works that can be
+freely distributed in machine readable form accessible by the widest
+array of equipment including outdated equipment. Many small donations
+($1 to $5,000) are particularly important to maintaining tax exempt
+status with the IRS.
+
+The Foundation is committed to complying with the laws regulating
+charities and charitable donations in all 50 states of the United
+States. Compliance requirements are not uniform and it takes a
+considerable effort, much paperwork and many fees to meet and keep up
+with these requirements. We do not solicit donations in locations
+where we have not received written confirmation of compliance. To
+SEND DONATIONS or determine the status of compliance for any
+particular state visit http://pglaf.org
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+While we cannot and do not solicit contributions from states where we
+have not met the solicitation requirements, we know of no prohibition
+against accepting unsolicited donations from donors in such states who
+approach us with offers to donate.
+
+International donations are gratefully accepted, but we cannot make
+any statements concerning tax treatment of donations received from
+outside the United States. U.S. laws alone swamp our small staff.
+
+Please check the Project Gutenberg Web pages for current donation
+methods and addresses. Donations are accepted in a number of other
+ways including checks, online payments and credit card donations.
+To donate, please visit: http://pglaf.org/donate
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+
+Section 5. General Information About Project Gutenberg-tm electronic
+works.
+
+Professor Michael S. Hart is the originator of the Project Gutenberg-tm
+concept of a library of electronic works that could be freely shared
+with anyone. For thirty years, he produced and distributed Project
+Gutenberg-tm eBooks with only a loose network of volunteer support.
+
+
+Project Gutenberg-tm eBooks are often created from several printed
+editions, all of which are confirmed as Public Domain in the U.S.
+unless a copyright notice is included. Thus, we do not necessarily
+keep eBooks in compliance with any particular paper edition.
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+Most people start at our Web site which has the main PG search facility:
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+This Web site includes information about Project Gutenberg-tm,
+including how to make donations to the Project Gutenberg Literary
+Archive Foundation, how to help produce our new eBooks, and how to
+subscribe to our email newsletter to hear about new eBooks.
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+ </head>
+<body>
+
+
+<pre>
+
+The Project Gutenberg EBook of Dulce y sabrosa, by Jacinto Octavio Picón
+
+This eBook is for the use of anyone anywhere at no cost and with
+almost no restrictions whatsoever. You may copy it, give it away or
+re-use it under the terms of the Project Gutenberg License included
+with this eBook or online at www.gutenberg.org
+
+
+Title: Dulce y sabrosa
+
+Author: Jacinto Octavio Picón
+
+Release Date: October 27, 2008 [EBook #27064]
+
+Language: Spanish
+
+Character set encoding: ISO-8859-1
+
+*** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK DULCE Y SABROSA ***
+
+
+
+
+Produced by Chuck Greif
+
+
+
+
+
+</pre>
+
+<hr class="full" />
+
+<h1>Dulce y sabrosa</h1>
+
+<h2>Jacinto Octavio Picón</h2>
+
+
+<table summary="toc" cellspacing="0" cellpadding="0">
+<tr><td>
+<a href="#Capitulo_I"><b>Capítulos: I, </b></a>
+<a href="#Capitulo_II"><b>II, </b></a>
+<a href="#Capitulo_III"><b>III, </b></a>
+<a href="#Capitulo_IV"><b>IV, </b></a>
+<a href="#Capitulo_V"><b>V, </b></a>
+<a href="#Capitulo_VI"><b>VI, </b></a>
+<a href="#Capitulo_VII"><b>VII, </b></a>
+<a href="#Capitulo_VIII"><b>VIII, </b></a>
+<a href="#Capitulo_IX"><b>IX, </b></a>
+<a href="#Capitulo_X"><b>X, </b></a>
+<a href="#Capitulo_XI"><b>XI, </b></a>
+<a href="#Capitulo_XII"><b>XII, </b></a>
+<a href="#Capitulo_XIII"><b>XIII, </b></a>
+<a href="#Capitulo_XIV"><b>XIV, </b></a>
+<a href="#Capitulo_XV"><b>XV, </b></a>
+<a href="#Capitulo_XVI"><b>XVI, </b></a>
+<a href="#Capitulo_XVII"><b>XVII, </b></a>
+<a href="#Capitulo_XVIII"><b>XVIII, </b></a>
+<a href="#Capitulo_XIX"><b>XIX, </b></a>
+<a href="#Capitulo_XX"><b>XX, </b></a>
+<a href="#Capitulo_XXI"><b>XXI, </b></a>
+<a href="#Capitulo_XXII"><b>XXII, </b></a>
+<a href="#Capitulo_XXIII"><b>XXIII</b></a>
+</td></tr>
+</table>
+
+
+<h3>Advertencia para esta edición</h3>
+
+
+<p>Si creyera que el publicar un escritor sus obras completas implica falta
+de modestia, no reimprimiría las mías. Lo hago porque están casi todas
+agotadas; pensando que es deber de padre no consentir que mueran sus
+hijos, aunque no sean tan buenos ni tan hermosos como él quiso
+engendrarlos; y también porque considero que el hombre tiene derecho a
+despedirse de la juventud recordando lo que durante ella hizo
+honradamente y con amor.</p>
+
+<p>Otra disculpa pienso que atenúa mi atrevimiento. Porque ser partidario
+del arte por el arte, y yo lo soy muy convencido, no puede amenguar ni
+estorbar, aun cultivando esta que se llama amena literatura, el
+entusiasmo por ideas de distinta índole; las cuales unas veces
+veladamente se transparentan y otras ostensiblemente se muestran en la
+labor de cada uno; pues no es posible, y menos en nuestra época, que el
+literato y el artista sientan y piensen ajenos al ambiente que respiran.
+Quien carece de fuerzas para conquistar la costosa gloria de adelantarse
+a su tiempo, tenga la persistente virtud de servirle: así lo he
+pretendido; mas él ha caminado tan deprisa, que hoy acaso parezcamos
+tímidos los que ayer fuimos osados. De éstos quise ser: de los que al
+estudiar lo pasado y observar lo presente procuran preparar lo porvenir
+y se esperanzan con ello. Por eso rindo tributo de constancia y firmeza
+a las ideas de mi juventud, algunas hoy tan combatidas, reuniendo estos
+pobres libros, sin que me arredre el recuerdo de cómo unos fueron
+censurados, ni espere que retoñe la benevolencia con que otros fueron
+alabados. Discurro al igual de aquel gran prosista que decía: «No es
+temor, como no es vanidad».</p>
+
+<p>Bien quisiera, lector, que pensáramos a dúo y que mi conciencia hallase
+siempre eco en la tuya: si por torpe desespero de lograrlo, por sincero
+creo merecerlo.</p>
+
+<p>No busques en mis cuentos y novelas lección ni enseñanza: quédese el
+adoctrinar para el docto, como el moralizar para el virtuoso: sólo
+tienes que agradecerme el empeño que puse en divertir y acortar tus
+horas de aburrimiento y tristeza.</p>
+
+<p>Sea cual fuere tu fallo, hazme la justicia de reconocer dos cosas: la
+primera, que he procurado entender y practicar el arte literario con
+aquel criterio y temperamento español más atento a reflejar lo natural
+que a dar lo imaginado por sucedido: nunca quise hacerte soñar, sino
+sentir; la segunda, que soy de los apasionados de esta hermosa y
+magnífica lengua castellana, si huraña y esquiva para quien la desconoce
+o menosprecia, en cambio agradecida y espléndida para los que, haciendo
+de ella su Dulcinea, aunque no lleguen a lograrla, tienen honra en
+servirla y placer en amarla.</p>
+
+
+<p class="r">J. O. P.</p>
+
+<p>Madrid, Abril de 1909.</p>
+
+
+<p><i>Figúrate, lector, que vuelves a tu casa mohíno y aburrido, lacio el
+cuerpo, acibarado el ánimo por la desengañada labor del día. Cae la
+tarde; el amigo a quien esperas, no viene; la mujer querida está lejos,
+y aún no te llaman para comer. Luego el tiempo cierra en lluvia; y tú,
+apoyada la frente en la vidriera del balcón, te aburres viendo la
+inmensa comba de agua que se desprende de las nubes. Llegada la noche,
+el viento gime dolorosamente formando eco, y acaso despertando las
+tristezas de tu alma... No quieres dormir ni tienes sueño, y recelas que
+al reclinar la cabeza en la almohada se pueble tu pensamiento de
+recuerdos amargos y esperanzas frustradas. ¿A quién le faltan en la vida
+días negros, estériles para el trabajo, en que la soledad trae de la
+mano a la melancolía?</i></p>
+
+<p>Contra ellos está escrito este libro, que, entre desconfiado y medroso,
+dejo pasar de mis manos a las tuyas. Recíbelo, no como novela que mueve
+a pensar, sino como juguete novelesco, contraveneno del tedio y engañifa
+de las horas.</p>
+
+
+<p class="r">JACINTO OCTAVIO PICÓN.</p>
+
+<p>Madrid, 1891.</p>
+
+
+
+<h3>A quien leyere</h3>
+
+
+<p>Figúrate, lector, que vuelves a tu casa mohíno y aburrido, lacio el
+cuerpo, acibarado el ánimo por la desengañada labor del día. Cae la
+tarde; el amigo a quien esperas, no viene; la mujer querida está lejos,
+y aún no te llaman para comer. Luego el tiempo cierra en lluvia; y tú,
+apoyada la frente en la vidriera del balcón, te aburres viendo la
+inmensa comba de agua que se desprende de las nubes. Llegada la noche,
+el viento gime dolorosamente formando eco, y acaso despertando las
+tristezas de tu alma... No quieres dormir ni tienes sueño, y recelas que
+al reclinar la cabeza en la almohada se pueble tu pensamiento de
+recuerdos amargos y esperanzas frustradas. ¿A quién le faltan en la vida
+días negros, estériles para el trabajo, en que la soledad trae de la
+mano a la melancolía?</p>
+
+<p>Contra ellos está escrito este libro, que, entre desconfiado y medroso,
+dejo pasar de mis manos a las tuyas. Recíbelo, no como novela que mueve
+a pensar, sino como juguete novelesco, contraveneno del tedio y engañifa
+de las horas.</p>
+
+
+<p class="r">JACINTO OCTAVIO PICÓN.</p>
+
+<p>Madrid, 1891.</p>
+
+
+
+
+
+<h3><a name="Capitulo_I" id="Capitulo_I"></a>Capítulo I</h3>
+
+<p>Donde se traza el retrato de don Juan y se habla de otro personaje que,
+sin ser de los principales, influye mucho en el curso de este verídico
+relato</p>
+
+
+<p>Dijo uno de los siete sabios de Grecia, y sin ser sabio ni griego pudo
+afirmarlo cualquier simple mortal, que todo hombre es algo maníaco, y
+que la índole de su manía y la fuerza con que es dominado por ella,
+determinan o modifican cuanto en la vida le sucede.</p>
+
+<p>Admitiendo esto como cierto, fácilmente puede ser comprendida y
+apreciada la personalidad de don Juan de Todellas, caballero madrileño y
+contemporáneo nuestro, cuya manía consiste en cortejar y seducir el
+mayor número posible de mujeres, con una circunstancia característica: y
+es, que así como hay quien se deleita y entusiasma con las ciencias, no
+en razón de las verdades que demuestran, sino en proporción del esfuerzo
+que ha menester su estudio, así don Juan, más que en poseer y gozar
+beldades, se complace en atraerlas y rendirlas; por donde, luego de
+lograda la victoria, viene a pecar de olvidadizo y despegado,
+entrándosele al alma el hastío en el punto mismo de la posesión.</p>
+
+<p>En cuanto al origen de su apellido no cabe duda de que Todellas es
+corruptela y, contracción de <i>Todas-Ellas</i>, alias o apodo que debió de
+usar alguno de sus ascendientes, y que, andando el tiempo, se ha
+convertido en nombre patronímico. De casta le viene al galgo ser
+rabilargo, y a don Juan ser enamoradizo.</p>
+
+<p>Como otros hombres se enorgullecen por descender de Guzmanes, Laras y
+Toledos, él se precia de contar entre sus abuelos al célebre Mañara, y
+si no dice lo mismo de Tenorio, es por no estar demostrado que en
+realidad haya existido: en cambio alardea de que, a no impedírselo las
+parejas de agentes de orden público, los serenos, el alumbrado por gas y
+otras trabas, hubiera sido cien veces más terrible que aquellos dos
+famosos libertinos.</p>
+
+<p>Sin embargo, no es don Juan tan perverso, o no está tan pervertido como
+se le antoja, para vanidosa satisfacción de su manía; porque cuando
+algún mal grave engendran sus hechos, antes es en virtud de la fuerza de
+las circunstancias y de las costumbres modernas, que como resultado de
+su voluntad.</p>
+
+<p>En una palabra: no carece de sentido moral, pero instintivamente profesa
+la doctrina de aquellos cirenaicos griegos que fundaban la vida en el
+placer. A ser posible, quisiera burlar a las mujeres sin deshonrarlas ni
+perderlas, aspirando el perfume sin ajar la flor, bebiendo en el vaso
+sin empañar el cristal; limitándose a enseñar a sus queridas lo que es
+amor, sin que luego en brazos ajenos tengan que sonrojarse por lo que
+hayan aprendido en los suyos. No es un seductor vulgar, ni un calavera
+vicioso, ni un malvado, sino un hombre enamoradizo que se siente
+impulsado hacia <i>ellas</i>, para iniciarles en los deliciosos misterios del
+amor, semejante a los creyentes fanáticos, que a toda costa pretenden
+inculcar al prójimo su fe.</p>
+
+<p>Imitando al borracho que dividía los vinos en buenos y mejores, por
+negar que los hubiese malos, don Juan clasifica a las mujeres en bellas
+y bellísimas, y añade que las feas pertenecen a una raza inferior, digna
+de lástima, cuya existencia sobre la tierra constituye un crimen del
+Destino, por no decir un lamentable error de la Providencia. Sin
+embargo, antes de calificar de fea a una mujer, la mira y remira
+despacito, madurando mucho la opinión, pues sabe que aun las menos
+favorecidas de la Naturaleza se hacen a veces deseables, como acontece
+verse las almas empecatadas súbitamente favorecidas por la gracia
+divina.</p>
+
+<p>Don Juan vive exclusivamente para ellas, o, hablando con mayor
+propiedad, para ella, pues cifra su culto a la especie en la adoración a
+la individua, en singular, porque jamás persigue, enamora ni disfruta
+dos mujeres a la vez, ni simultanea dos aventuras; diciendo que el amor
+es compuesto de estrategia y filosofía, y que jamás ningún gran capitán
+entró en campaña con dos planes, ni hubo verdadero filósofo que fundase
+sistema en dos ideas.</p>
+
+<p>La existencia de don Juan es continuo pensamiento en la mujer: si
+duerme, sueña con ella; si vela, medita enseñorearse de alguna; si come,
+es para adquirir vigor; si bebe, para que la imaginación se le avive y
+abrillante, inspirándole frases apasionadas; si gasta, es por ganar
+voluntades; si descansa, es para aumentar el reposo de que nace la
+fuerza.</p>
+
+<p>Según el estado de su ánimo y la índole de la conquista que trama, don
+Juan lee mucho, y siempre cosas o casos de amor. Conoce perfectamente la
+literatura amatoria, desde la más espiritualista, casta y platónica,
+hasta la más carnal, pecadora y lasciva. De cuantos autores han escrito
+sobre el amor, sólo a Safo rechaza; de cuantas tierras han sido teatro
+de aventuras eróticas, sólo muestra horror a Lesbos; de cuantas ciudades
+fueron en el mundo aniquiladas, sólo le parece justa la destrucción de
+Sodoma; y es tal y tan ferviente su adoración a la mujer, que, atraído
+por todas con igual intensidad, aun ignora cuál sea su tipo favorito, si
+el de la bacante desnuda, voluptuosa y medio ebria, que convirtió en
+lechos de placer los montones de heno recién segado, o el de la virgen
+cristiana que entregaba el cuerpo a la voracidad de las bestias antes
+que acceder a sentirlo profanado por caricias de paganos.</p>
+
+<p>Circunscribiéndose a la época en que vive, no repara en diferencias
+sociales: siendo limpia y bonita, requiebra con igual placer a una
+menestrala que a una dama, y posee arte tan exquisito para lograrlas,
+que la más arisca y desabrida se convierte con sus halagos en
+complaciente y mimosa, infiltrándoles a todas en el alma, como veneno
+que voluntariamente saborean, aquel consejo de la <i>Celestina</i>: «Gozad
+vuestras frescas mocedades; que quien tiempo tiene y mejor le espera,
+tiempo viene que se arrepiente.»</p>
+
+<p>Posee don Juan la envidiable cualidad de hablar y pedir a cada una según
+quien ella es, y con arreglo al momento en que solicita y suplica. La
+que reniega de la timidez, le halla osado, y comedido la que desconfía
+de su atrevimiento; con las muy castas observa la virtud de la
+paciencia, esperando y logrando del tiempo y la ocasión lo que le
+regatea la honestidad; a unas sólo intenta seducir con miradas y
+palabras; a otras en seguida les persuade de que los brazos del hombre
+se han hecho para estrechar lindos talles. Es religioso con la devota, a
+quien obsequia con primorosos rosarios y virgencillas de plata;
+dicharachero y juguetón con la coqueta, a quien agasaja con adornos y
+telas; espléndido con la interesada, y aquí de las alhajas; adulador con
+la vanidosa, romántico con la poética, mañoso con la esquiva; y se
+amolda tan por completo al genio de la que corteja, que sentando con
+ella plaza de mandadero, luego queda convertido en prior. Mientras
+ejerce señorío sobre una, la hace dichosa. Su cariño es miel, su amor
+fuego, sus deseos un continuo servir, sus manos un perpetuo regalar; y
+además de estas fecundas cualidades, que le abren los corazones más
+cerrados y le entregan los cuerpos más deseables, emplea dos recursos,
+en los que funda grandes victorias. Consiste uno en murmurar y maldecir
+de todas las mujeres mientras habla con la que codicia, y estriba el
+otro en ser o parecer tan discreto y callado, que la que peca con él le
+queda doblemente sujeta con el encanto del amor y la magia del misterio.</p>
+
+<p>En las rupturas es donde mejor demuestra su habilidad. Lo primero que
+intenta, cuando quiere renunciar a una mujer, es persuadirla de que a
+ella no le conviene seguir en relaciones con él: ya invoca el temor a la
+murmuración y el respeto al decoro de quien le ha hecho feliz; ya, si ve
+pretendiente que la persiga, alardea de sacrificarse dejándola en
+libertad para que otro pueda hacerla dichosa. Si esto no basta, simula
+reveses de fortuna que le apartan de la que le cansa, con lo cual el
+hastío toma forma de delicadeza; o miente celos, fomenta coqueteos,
+tiende lazos, acusa de traiciones, provoca desdenes, y fingiéndose
+agraviado, se aleja satisfecho. Con las pegajosas recalcitrantes emplea,
+si son tímidas, la amenaza del escándalo; y si son de las feroces y
+bravías, lo arrostra valerosamente, cortando el nudo, como Alejandro,
+cuando no puede desatarlo. Finalmente, muchas veces acepta el cobarde
+pero seguro recurso de la fuga; asiste a la última cita, mostrándose tan
+rendido como en la primera, y desaparece groseramente, dejando tras sí
+la humillación y el despecho, que cierran las puertas a la
+reconciliación.</p>
+
+<p>Los que conocen poco a don Juan creen que es un libertino vulgar,
+empeñado en jugar al Tenorio: en realidad, es un hombre que ha puesto
+sus facultades, potencias y sentidos al servicio de sus gustos, con el
+entusiasmo y la tenacidad propios del que consagra a un invento la
+existencia. Visto en la calle o el teatro, es un caballero elegante sin
+afectación, un buen mozo que parece ignorar la gentileza y gallardía de
+su persona; a solas con ellas, tan pronto resulta conquistador
+irresistible como villano medroso que desea rendirse. Dice que no es más
+diestro quien sabe vencer, sino quien acierta y aprovecha el instante de
+darse por vencido: y llegado aquel momento que, según un Santo Padre,
+sirve para renovar el mundo, no hay mujer que no le reconozca por señor,
+gozándose él en hacerles creer que le poseen cuando acaban de hacerle
+entrega de lo mejor que poseían.</p>
+
+<p>Don Juan tiene treinta y tantos años, es soltero, por lo cual da gracias
+a Dios lo menos una vez al día, y vive solo, sin más compañía que la de
+sus criados. Uno entre ellos es digno de elogio: Benigno, el ayuda de
+cámara, que es listo, discreto, trabajador y hasta fiel, porque le trae
+cuenta la honradez. Nadie sabe como él llevar una carta a su destino, y,
+según los casos, dejarla precipitadamente o lograr en seguida la
+contestación. Es maestro en negar o permitir oportunamente la entrada a
+las visitas, y en cuanto a intervenir y ser ayudante y, tercero en
+aventuras e intrigas amorosas, no hay Mercurio ni Celestina que le
+aventaje.</p>
+
+<p>Pero de quien conserva don Juan recuerdo gratísimo es de Mónica,
+cocinera que guisó para él durante muchos años. No era una fregatriz
+vulgar, sino una sacerdotisa del fogón. Instintivamente tenía idea de la
+alteza de su misión; nació artista, y sin haber leído a Ruperto de Nola,
+ni a Martínez Motiño, ni a Juan de Altimiras, ni a la Mata, ni a
+Brillat-Savarin, ni a Carême, sabía que quien da bien de comer a sus
+semejantes merece que se le abran de par en par en este mundo las
+puertas del agradecimiento y en el otro las del Paraíso.</p>
+
+<p>En las épocas en que don Juan tenía buen apetito, Mónica se lo
+satisfacía con escogidos platos, que jamás le proporcionaron indigestión
+ni hartazgo; cuando desganado, le excitaba el hambre comprándole y
+condimentándole moderadamente lo que mejor pudiese regalarle el paladar.
+Si el calor del verano o los excesos amorosos le debilitaban, aquella
+mujer incomparable le preparaba caldos sustanciosos, asados nutritivos y
+sabrosos postres. Si, por el contrario, sabía que su amo gozaba de
+perfecta salud y traía conquista entre manos, guisaba para él, con
+abundancia de vinos generosos, especias y estimulantes que contribuyesen
+a su vigor, a su alegría y a sus triunfos. Mónica era ecléctica, es
+decir, no trabajaba con sujeción a la rutina de ninguna escuela, sino
+que las cultivaba todas. Con igual maestría guisaba los delicados y
+finos manjares franceses que los suculentos platos de resistencia a la
+española; tan ricas salían de sus admirables manos, por ejemplo, las
+chochas a la Montmorency o las langostas a la Colbert, como la castiza
+perdiz estofada o la deliciosa empanada de lampreas. Don Juan decía que
+apreciaba a su cocinera más que a su médico, porque éste le curaba las
+enfermedades a fuerza de pócimas y drogas, y aquélla le conservaba la
+salud con exquisitos bocados.</p>
+
+<p>Dos o tres años antes de comenzar la acción de este relato tuvo don Juan
+que ausentarse de Madrid, y queriendo dar a Mónica una prueba del cariño
+que le profesaba, le regaló unos cuantos miles de reales, que ella
+invirtió en poner una casa de huéspedes, mas sin envilecerse guisando
+para ellos; antes al contrario, tomó cocinera que lo hiciese: de este
+modo se improvisó señora y no puso mano en cazuela a beneficio de quien
+acaso no supiese saborear su trabajo. Por supuesto, la generosidad de
+don Juan halló eco en el corazón de Mónica, la cual prometió a su amo
+volver a servirle cuando tornase a la corte.</p>
+
+<p>La casa de don Juan está alhajada con cuantos primores pueden allegar el
+buen gusto y el dinero. El principal adorno de sus habitaciones es una
+preciosa colección de estatuillas, dibujos, aguasfuertes, fotografías y
+pinturas, en que se refleja la pasión que le domina. Allí todo habla de
+amor. Hay reproducciones de las Venus más célebres, efigies de santas
+que amaron, como Magdalena y María Egipciaca; copias de las cortesanas y
+princesas desnudas, inmortalizadas por los pintores del Renacimiento
+italiano; miniaturas y pasteles de damas francesas, deliciosamente
+escotadas; mujeres adorables, que fueron hermosas hasta en la vejez,
+ruinas de la galantería, mártires de la pasión y sacerdotisas de la
+voluptuosidad; pero sin que figure en aquel precioso conjunto de obras
+artísticas ninguna que sea de mal gusto, o tan libre que haga repugnante
+el amor, en vez de presentarlo apetecible. No: don Juan aborrece la
+obscenidad y la grosería tanto como se deleita en la belleza y en la
+gracia. Ni en los más recónditos secretos y escondrijos de sus muebles
+podrá encontrarse una fotografía desvergonzadamente impúdica; pero en
+cambio le parece honesta sobre todo encarecimiento aquella ninfa que,
+sorprendida desnuda y acosada por un sátiro, se escondió... tras el
+tenue y plateado hilo que formó una oruga entre dos ramas de árbol.</p>
+
+<p>Don Juan es deísta, pues dice que sólo la Divinidad pudo concebir y
+crear la belleza femenina: y es bastante buen cristiano, recordando que
+Cristo absolvía a las pecadoras y perdonaba a las adúlteras: mas al
+propio tiempo es por sus gustos artísticos e inclinaciones literarias,
+algo pagano; lo cual le ha hecho colocar a la cabecera de la cama una
+estatuilla de Eros, muy afanado en avivar con sus soplos la llama de una
+antorcha que sustenta entre las manos. Y si alguien manifiesta sorpresa
+al verlo, don Juan declara que, no pudiendo hallar imagen auténtica del
+Dios omnipotente, y pareciéndole un poco tristes los crucifijos, ha
+colocado en su lugar aquella representación del amor, que es delicia y
+mantenimiento del mundo.</p>
+
+<p>En cuanto al retrato de las prendas físicas de don Juan... mejor es no
+hacerlo; a los lectores poco ha de importarles la omisión, y en cuanto a
+las lectoras, preferible es que cada una se le figure y finja con
+arreglo al tipo que más le agrade. Baste decir que es simpático, y,
+aunque sin afeminación ni <i>dandysmo</i>, cuidadoso de su persona, tanto que
+se ha preocupado mucho de cómo debe llevar repartidos los pelos en el
+rostro quien se consagra a perfecto amante.</p>
+
+<p>Algún tiempo anduvo lampiño, como dicen los arqueólogos que están las
+estatuas de Paris, a quien amó Elena, y el busto del famoso Antinóo;
+luego lució bigote a la borgoñona, a semejanza de aquellos galanes
+españoles del siglo XVII, que fueron regocijo de damas, monjas y
+villanas; por fin resolvió dejarse barba apuntada, según es fama que la
+tuvo el duque de Gandía cuando amó a Isabel de Portugal, y bigotes
+largos, como aquel conde de Villamediana que murió por haber puesto en
+otra reina los ojos.</p>
+
+<p>Bien quisiera don Juan vestir de manera que la ropa favoreciese su buen
+talle; alguna vez imaginó verse engalanado con capotillo de terciopelo
+negro, esmaltado por la venera roja de Santiago, gregüescos acuchillados
+de raso, calzas de seda, zapatos de veludillo, chambergo de plumas, con
+su joyel de pedrería, guantes de ámbar, espada de taza y lazo, y
+escarcela, bien preñada de doblas: pero no siendo carnaval todo el año,
+se ha resignado a usar prosaicos pantalones de <i>patén</i>, levitas de
+<i>tricot</i> y americanas de <i>chiviot</i>, conservando como único elemento
+práctico de otros tiempos las monedas de oro que lleva en el bolsillo
+del chaleco, por cierto en abundancia, aunque parezca inverosímil. Los
+billetes de banco no le gustan, porque dice que las damas no deben tocar
+más papeles que cartas de amor y cuentas pagadas, y que con las criadas
+oros son triunfos.</p>
+
+<p>De todo lo dicho se deduce que la amatividad de don Juan no le domina y
+absorbe tan por entero, que llegue a cegarle; antes por el contrario, él
+la dirige y encauza de modo que, en vez de quedar esclavo de sus
+pasiones, las ordena con arreglo a sus deseos.</p>
+
+<p>Pero puede afirmarse que extrema la filantropía en lo que a la mujer se
+refiere, hasta la exageración, y aun sostiene que con ser tan sublime y
+adorable virtud la caridad, le lleva ventaja el amor; porque la caridad
+alegra un solo corazón, y el amor regocija dos almas y dos cuerpos.</p>
+
+
+
+<h3><a name="Capitulo_II" id="Capitulo_II"></a>Capítulo II</h3>
+
+<p>En que, para satisfacción del lector, aparece una mujer bonita</p>
+
+
+<p>Estaba don Juan hacía pocos días de regreso en Madrid, tras una ausencia
+de dos años y medio, semana más o menos, cuando una tarde, después de
+almorzar como debe hacerlo quien vive en servicio del amor, no pudo
+resistir a la tentación de abrir el balcón de su despacho y asomarse a
+dar, apoyado en la barandilla, las primeras chupadas a un buen veguero.
+Dos ideas ocupaban su imaginación: la primera mandar que buscasen y
+avisasen a la célebre Mónica para que estuviese dispuesta a volver a su
+servicio si la cocinera provisional no cumplía bien su sagrada
+obligación; y la segunda, no permanecer ocioso en materia de amores,
+para evitar lo cual, entre cada dos bocanadas de humo, dirigía unas
+cuantas miradas a la casa de enfrente, donde vivía una viuda de
+peregrina belleza, pero de tan fresca y reciente viudez, que don Juan no
+juzgaba cuerdo empezar todavía su conquista. A pesar de ello, miró
+discretamente varias veces hacia los visillos medio levantados, tras
+cuya muselina se dibujaba la figura de la viuda, entretenida en hacer
+labor. Acaso aquellas miradas fuesen estériles, mas también podían dar
+resultado; porque hay galanterías, homenajes y aun simples
+demostraciones de agrado, que son como letras de cambio a muchos días
+vista.</p>
+
+<p>Luego se vistió don Juan con su habitual elegancia, tomó de sobre una
+mesa el sombrero, los guantes de piel de perro avellanados, con
+pespuntes rojos, el bastón con puño de plata labrada, y se echó a la
+calle deseoso de pasear, andando a la ventura y a lo que saliere, porque
+a la sazón no tenía mujer determinada que le ocupase el ánimo.</p>
+
+<p>Al cabo de media hora llegó a una de aquellas alamedas del Retiro que
+empiezan junto a la <i>Casa de fieras</i> y terminan en el estanque llamado
+<i>Baño de la elefanta</i>.</p>
+
+<p>El sol iba cayendo lentamente hacia la parte de Madrid, cuyas torres,
+puntiagudas y negruzcas, aparecían envueltas en una atmósfera de polvo
+luminoso, y a lo lejos se oía el rumor confuso de muchos ruidos juntos,
+que semejaban la turbulenta respiración de la ciudad. La temperatura era
+grata y el paseo estaba muy lucido, como si aquella tarde se hubiesen
+citado allí las madrileñas más lindas y elegantes, al contrario de otros
+días, en que parece que se congregan las cursis y feas para amargarnos
+la vida, atormentarnos los ojos y hacernos dudar del Todopoderoso.</p>
+
+<p>Don Juan miraba sin descaro, pero con bastante detenimiento a cuantas
+pasaban cerca de él, y las miraba comenzando por abajo, es decir,
+procurando verles primero los pies, luego el talle, y últimamente la
+cabeza. Si aquéllos eran feos o muy grandes, no proseguía el examen; si
+el cuerpo no era airoso, desviaba la vista: mujer en quien llegase a
+investigar con la mirada el color del pelo, la forma del cuello o el
+encaje de la cabeza sobre los hombros, podía mostrarse orgullosa de sus
+pies y su cintura. Acaso resultara demasiado minucioso y rigorista en
+estos exámenes; pero él los disculpaba diciendo que si a un caballo de
+carrera se exigen innumerables cualidades para ser calificado de bello,
+muchas más deben desearse reunidas en la mujer, que es lo principal de
+la vida para todo hombre de mediano entendimiento.</p>
+
+<p>En esta ocupación iba gratamente entretenido, cuando acertó a pasar a su
+lado una señora elegantísima. Comenzó don Juan el examen.</p>
+
+<p>Los pies de la dama eran de forma irreprochable, finos, algo elevados
+por el tarso, ni tan largos como de bolera, ni tan cortos como de china,
+y no calzados, afectando descuido, con zapatones a la inglesa, sino con
+medias de seda roja y zapatos de charol a la francesa, de tacón un
+poquito alto y sujetos con lazo de cinta negra. (Dicho sea de paso, don
+Juan maldecía con sagrada indignación de la pérfida Inglaterra que, no
+contenta con habernos robado a Gibraltar, ha hecho adoptar a nuestras
+mujeres la aborrecible moda de los zapatos grandes.)</p>
+
+<p>Aquella mujer no llevaba ridícula y dañosamente apretada la cintura; su
+talle, sin que nada le oprimiera, resultaba en perfecta armonía de
+líneas con las curvas que hacia arriba dibujaban el pecho y con las que
+hacia abajo modelaban las caderas. El traje no podía ser más elegante.
+Componíanlo falda negra y plegada en menudas tablas con primoroso arte,
+abrigo corto de rico paño gris muy bordado, que se ajustaba
+perfectamente a su hechicero cuerpo, y gran sombrero, también negro,
+guarnecido de plumas rizadas, y velo de tul con motas que, fingiendo
+lunares, sombreaba dulcemente su rostro. Vista de espalda, descubría por
+bajo del sombrero gran parte del rodete bien prieto, formado por una
+cabellera rubia oscura, surcada de hebras algo más claras, que, heridas
+por la luz, parecían de oro. Su andar era pausado y firme; pisaba bien y
+sus movimientos estaban animados por una gracia encantadora. Don Juan se
+dio en seguida a pensar en lo bonita que estaría aquella mujer envuelta
+en una bata lujosa, lánguidamente tumbada en una butaca, o vestida de
+baile con los brazos desnudos, ceñido el cuerpo en sedas y encajes, o
+mejor aún, en el momento de lavarse y peinarse, que es el instante más
+favorable para saber si la belleza femenina está en aquel punto de sazón
+y frescura que la hace ser la obra maestra de Dios.</p>
+
+<p>Aquella mujer era de las que resisten el más minucioso análisis, de las
+escogidas entre las hermosas, de las que redimen perversos o pervierten
+santos, según se les antoja. Luzbel se hubiera hecho humilde por una
+sonrisa de su boca, y el santo que vivió en el desierto, sin más
+compañía que un cerdo, hubiera renunciado a su parte de paraíso a la
+menor indicación que ella le hiciese de cenarse juntos el marrano.</p>
+
+<p>Don Juan la miró primero de refilón, y en conjunto, luego por la
+espalda, después de perfil, y, pareciéndole guapa, pasó junto a ella
+para verla mejor. Entonces se quedó parado, cual si le hubiesen detenido
+poniéndole una mano sobre el hombro, porque creyó conocerla, o, mejor
+dicho, reconocerla. Su memoria le trajo al pensamiento un nombre en que
+iban compendiados muchos recuerdos, pero la desconfianza le hizo decirse
+en seguida: «No, no es ella..., con esa ropa... ¡imposible!». Sin
+embargo, no se rindió a la duda, y tornó a mirarla. Ella ni aceleró ni
+acortó el paso; la insistencia casi descarada de don Juan no descompuso
+su tranquilo caminar de diosa vestida a la moderna; pero a la segunda
+vez que le sintió pasar a su lado, alzó el manguito en que llevaba
+metidas las manos, y se oprimió el velillo contra el rostro, como
+queriendo recatarse, lo cual avivó en el hombre la curiosidad y la
+sospecha. De pronto, ella, casi gritando, dijo:</p>
+
+<p>&mdash;¡Ten cuidado, monín!</p>
+
+<p>Hasta entonces no había notado don Juan que a pocos pasos delante de la
+dama marchaba un pequeñuelo, de dos años a lo más, y una muchacha
+vestida a lo niñera, cuyas ropas mostraban estar sirviendo en casa rica.
+El niño iba hecho un pimpollo, cubierto todo el vestidito de cintas y
+encajes, y la criada rodaba, para divertirle, un aro con cascabeles,
+hacia los cuales él tendía las manecitas. Hubo un momento en que por
+abalanzarse al juguete vacilaron sus pies, aún no hechos al ingrato
+contacto de la tierra; estuvo a punto de caer, y entonces la madre
+(porque debía de ser su madre), repitió sobresaltada:</p>
+
+<p>&mdash;¡Cuidado, monín!</p>
+
+<p>«¡Su voz!», pensó don Juan; mas en seguida, fijándose en el costoso
+sombrero de la dama (harto sabía él lo que cuesta un sombrero de mujer),
+añadió mentalmente: «¿Se habrá casado?» y esta suposición le hizo
+sonreír, como burlándose de alguien. Después se puso serio, diciéndose:
+«rara es la fruta que llega a los labios de su legítimo poseedor sin que
+la hayan picoteado los pájaros».</p>
+
+<p>Llevaba andada más de media alameda y aún no había don Juan logrado que
+la memoria le aclarase las dudas sugeridas por el espectáculo de aquella
+mujer. Apretó el paso, adelantose casi rozándole la falda, y a los diez
+o doce metros se volvió y vino hacia ella, resuelto a mirarla como las
+águilas miran al sol, cara a cara. Cruzáronse entonces las miradas de
+ambos; ella permaneció impasible, serena, y con voz que denotaba
+perfecta tranquilidad de ánimo, dijo a la niñera:</p>
+
+<p>&mdash;Haga usted seña a Manolo para que arrime.</p>
+
+<p>Entre mirarla y oírla no le quedó duda a don Juan; y fue tal la
+impresión que le produjo ver confirmada su sospecha, que, parándose
+involuntariamente, murmuró: «¡Cristeta!»</p>
+
+<p>Tan claro pronunció este nombre, que ella no pudo menos de oírle; pero
+no se le inmutó el semblante. Avanzó hacia la berlina que venía
+siguiéndola, esperó a que se detuviese, y sin volver el rostro, abrió la
+portezuela; en seguida dejó que montase la niñera, después levantó al
+pequeñín en brazos para que aquélla lo acomodara sobre sí, y, por
+último, subió ella, descubriendo algo más que el pie, con lo cual don
+Juan quedó maravillado y suspenso, experimentando una impresión parecida
+a la que debió de sentir Moisés cuando le enseñaron de lejos la tierra
+prometida.</p>
+
+<p>En el instante de arrancar el carruaje, la desconocida se alzó el
+velillo.</p>
+
+<p>Don Juan pudo dudar mientras vio el rostro al través del tul; pero toda
+perplejidad quedó desvanecida al mirarlo libre de aquel adorno. ¡Qué
+cara! Los ojos eran azules, oscuros, hermosísimos; la boca un poquito
+grande, como hecha adrede para que se admirasen bien los dientes; el
+color trigueño claro; las facciones delicadas; las orejas chicas; la
+expresión de la fisonomía entre seria y picaresca; en conjunto, un tipo
+popular realzado por una elegancia y dignidad exquisitas.</p>
+
+<p>Se había perdido ya de vista el coche, y don Juan seguía inmóvil
+pensando: «Esto es increíble. ¿Estará <i>con alguno</i>? Pero ¿y el niño?». Y
+volvió a sonreír, porque aquellos grandes ojos de azul sombrío, aquella
+graciosísima boca y airoso talle los había él contemplado muchas veces
+de cerca, tan de cerca que se los sabía de memoria, como se saben las
+cosas aprendidas a gusto. En un principio dudó por ver tales hechizos
+rodeados de prendas costosas, lazos y perifollos caros. Una voz íntima
+le había dicho, poco más o menos: «Zapatos, siete duros; abrigo, setenta
+duros; medias de seda, seis duros; sombrero, veinte duros; manguito de
+legítima nutria, qué sé yo cuántos duros»... etc., etc., y estas
+etcéteras ascendían a mucho; por lo cual se decía don Juan: «Sí, ella
+todo lo vale; cualquiera que tenga buen gusto se gastará en contentarla
+el oro y el moro; pero ¿y el chiquillo?»</p>
+
+<p class="puntos">*<br />* *</p>
+
+<p>Don Juan volvió a su casa muy pensativo. Por la noche fue al teatro, a
+una tertulia, al club, y con nada logró distraerse. En los palcos, en
+los salones, en el cuarto del tresillo, en todas partes creyó tenerla
+delante de los ojos. Unos momentos le miraba cariñosa, otros le sonreía
+burlona; de pronto se le borraba de la imaginación y surgía su propia
+figura, la del mismo don Juan, en actitud de ir a coger amorosamente las
+manos de Cristeta, que ella retiraba esquiva. A la fingida visión que
+así gozaban los ojos, sucedía luego la ilusión de voces y palabras
+confusamente recordadas: promesas, juramentos, ternezas; todo el
+interminable repertorio de frases deliciosas que el diablo inspira a los
+que van a pecar, están pecando o acaban de pecar.</p>
+
+<p>Casi de madrugada se acostó con un periódico en la mano, según su
+costumbre. Leyó y no entendió: letras, líneas, párrafos y columnas
+bailaban trocando sus puestos y componiendo estupendos disparates. «Ha
+sido detenido por blasfemo... el santo del día. CULTOS: en las
+Calatravas... la <i>Traviata</i>» y otras incongruencias por el estilo. De
+pronto, extendiendo el brazo, mató de un periodicazo la bujía; después
+su espíritu fluctuó largo rato entre vigilia y soñolencia, y comenzaron
+a borrársele las ideas, sustituyéndose los antojos de lo soñado a las
+impresiones de lo real.</p>
+
+<p>E imaginó ver una figura de mujer hermosísima, que surgía de entre un
+macizo de plantas tropicales, intensamente iluminadas por la batería del
+gas de un escenario, y envuelta en humo rojizo de bengalas. Estaba medio
+desnuda y circundada de resplandor vivísimo, destacando las gallardas
+líneas y el blanco bulto de su cuerpo sobre un amplísimo manto rojo que
+le pendía de los hombros. Era ninfa de apoteosis zarzuelesca, profanada
+por el carmín barato, los polvos de arroz y el arrebol; aprisionadas las
+formas en lascivas mallas; pero en su rostro no se dibujaba la sonrisa
+forzadamente sensual de la comiquilla aventurera. No estaba provocativa
+y desapudorada, sino bellísima y muy seria. De pronto comenzó a sonar
+una música suave y mortecina, a intervalos interrumpida por
+reminiscencias de giros canallescos. Luego un caballero en quien don
+Juan se reconocía, salía precipitadamente de un palco proscenio, bajaba
+una escalera ancha, atravesaba un patio, subía otra escalera muy
+estrecha, cruzaba un pasillo lleno de mujeres, unas sudorosas, otras
+tiritando, todas casi desnudas, y sin hacer caso de ellas ni de sus
+dicharachos y sus risas, se detenía ante una puerta, sobre la cual
+estaba escrito este letrero:</p>
+
+<p class="c"><i>Señorita Moreruela.</i></p>
+
+<p>El caballero daba en la puerta unos golpecitos con el puño del bastón;
+oíase una voz que decía: «Espera...»</p>
+
+<p>Don Juan quedó profundamente dormido.</p>
+
+
+
+<h3><a name="Capitulo_III" id="Capitulo_III"></a>Capítulo III</h3>
+
+<p>Donde el autor dice quién es la mujer bonita</p>
+
+
+<p>El padre de Cristeta fue covachuelista a la antigua, con poco sueldo,
+menos consideración, gorrito de pana y mangotes<a name="FNanchor_1_1" id="FNanchor_1_1"></a><a href="#Footnote_1_1" class="fnanchor">[1]</a> de percalina negra: la
+madre fue encajera de primorosas manos, que así componía, dejándolo
+nuevo, un entredós de Malinas, como restauraba un cuello de Alençon.
+Durante muchos años vivieron amantes y felices con el producto de su
+trabajo; pero llegó un día en que él quedó cesante, porque fue preciso
+emplear al sobrino del querido de la querida de un ministro, y a ella le
+faltó labor porque pasaron de moda los encajes. Entonces comenzaron a
+sufrir adversidades, escasez, pobreza, y hubieran llegado hasta verse
+miserables, si la muerte, que esta vez llegó a tiempo, no atajara sus
+desdichas. Ambos murieron con pocas semanas de diferencia, dejando en el
+mundo una niña de diez años, fruto de su amor, la cual tuvo por única
+herencia el despejo y la hermosura de su madre. Recogió a Cristeta una
+tía, casada, hermana de aquélla, que tenía estanco en uno de los sitios
+más céntricos de Madrid; y aunque las malas lenguas del barrio dijeron
+que el amparar a la huérfana fue arbitrar medio de tener persona de
+confianza que ayudase al despacho, es lo cierto que no sólo no sufrió
+malos tratos la niña, sino que hasta fue acogida con cariño y enviada a
+la maestra, donde aprendió a leer, escribir, contar, bordar y coser,
+pasando luego a encargarse del mostrador, hecha ya una mocita muy mona,
+y tan lista, que jamás se equivocaba en dar las vueltas, ni recibía
+moneda falsa, ni trabucaba los sellos de las cartas. Sus tíos no la
+mataban a trabajar; antes al contrario, le concedían permiso para salir
+de paseo los domingos con sus amiguitas, y la tenían limpia y
+decentemente vestida; limpieza y decencia que, según Cristeta fue
+creciendo, comenzaron a convertirse en extraordinario aseo y primoroso
+gusto.</p>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_1_1" id="Footnote_1_1"></a><a href="#FNanchor_1_1"><span class="label">[1]</span></a> El autor había escrito manguitos. La Academia dice mangotes. ¡Paciencia! (N. del E.) </p></div>
+
+<p>Mientras ella despachaba sellos y cigarros, su tía permanecía junto al
+mostrador, en invierno haciendo calceta con el gato en la falda y
+puestos los pies en la tarima del brasero; en verano dormitando o
+abanicándose, y en todo tiempo celosa de que ningún comprador sostuviera
+conversación larga o palique peligroso con la chica, que ya exigía
+aquella vigilancia, porque según se iba desarrollando, aumentaba el
+número de los que la echaban chicoleos y flores, no siempre de aroma muy
+puro. Así llegó a tener fama de bonita, sin que nadie pudiera jactarse
+de haber conseguido de ella una mirada cariñosa.</p>
+
+<p>Era lista y comprendía perfectamente, de un lado, que no le convenía
+incurrir en el desagrado de sus tíos ni desacreditarse a fuerza de
+coqueteos; y de otro, que no podía encontrar con facilidad, entre los
+hombres que frecuentaban el estanco, quien honrosamente mejorase su
+suerte. No le gustaban los jornaleros, y con instinto superior a sus
+años, adivinaba que los señoritos eran peligrosos.</p>
+
+<p>Como crecida a puerta de calle, sabía mucho más de lo que debe ignorar
+la pureza; pero esto que, a ser ella tonta, hubiera constituido un
+escollo, dado su natural despejo se trocaba en ventaja. Las doncellas
+ricas que despiertan a la vida entre muebles lujosos y en casas
+suntuosas, conocen las sirtes donde naufraga la virtud por la torpe
+murmuración de las visitas y el grosero lenguaje de ayas y criadas; pero
+lo inmoral y pecaminoso llega a su entendimiento desfigurado, incompleto
+y hasta poetizado con cierto aroma de encanto prohibido que acrecienta
+el peligro. En cambio, las pobres como Cristeta, desde pequeñas se
+codean simultáneamente con lo vedado y lo lícito, aprenden a defenderse
+por sí mismas, se acorazan contra los hombres, y con perfecto
+conocimiento de causa se esfuerzan en conservar lo que tanto les importa
+no perder.</p>
+
+<p>Cristeta vendía con amabilidad, sin hablar más de lo necesario; y en
+cuanto despachaba lo que le pedían, se ponía a leer, apoyada de codos en
+el mostrador, siendo su lectura favorita la de dramas y comedias.</p>
+
+<p>Apenas se estrenaba en cualquier teatro una obra, ya la tenía entre las
+manos: y como los ejemplares cuestan dinero y ella no lo gastaba, claro
+está que alguien se los prestaba.</p>
+
+<p>Sus tíos eran muy cariñosos, pero no podían vigilarla con igual interés
+que lo hubieran hecho sus padres, así que le dejaban leer cuanto quería;
+de modo que, a fuerza de devorar escenas de apasionamientos románticos y
+exageraciones realistas, llegó la chica a saber, teóricamente, mil cosas
+de amor que fueron aleccionándola en tan peligrosa y dulce enseñanza.
+Pero ¿quién proveía a Cristeta de dramas y comedias?</p>
+
+<p>En el piso principal de la misma casa del estanco vivía un editor,
+quien, por ser pequeña su habitación, tenía arrendado en la planta baja
+un cuarto, convertido en almacén de las obras que administraba. Cristeta
+escogía cuidadosamente los puros que el editor fumaba, daba a sus
+dependientes las cajetillas más gruesas, y, a cambio de esta amabilidad,
+ellos le prestaban cuantos libros pedía. Además, el cuarto&mdash;almacén tenía
+la entrada por un patio, que era de los estanqueros, y éstos cuidaban de
+que sólo entrasen allí los dependientes del editor, con lo cual él,
+seguro de robos, pagaba la custodia con billetes de favor para los
+teatros, a que de ese modo asistía Cristeta gratis y a menudo.</p>
+
+<p>Por último, los dependientes, que frecuentaban el estanco, habían puesto
+a Cristeta al corriente de quiénes eran los autores de las más de las
+obras que tenía leídas: así que la chica, merced a lo céntrico del sitio
+y a la mucha gente que allí entraba, llegó a conocer de vista y por sus
+nombres a casi todos los actores y poetas dramáticos y cómicos de
+Madrid.</p>
+
+<p>Entre semejantes lecturas y el roce de tales parroquianos, Cristeta fue
+cobrando desmesurada afición al teatro. Aquella mujercita sería, hasta
+parecer esquiva con la generalidad de los compradores, reservaba las
+sonrisas y el agrado para los escritores y cómicos, a quienes en el
+fondo de su imaginación no veía según la realidad, sino que pensaba en
+ellos como en seres superiores, de cuyos cerebros surgían y en cuyos
+labios tomaban vida todos los lances, intrigas, amores y aventuras que
+le encantaban el ánimo.</p>
+
+<p>Su fantasía transfiguraba y ennoblecía a los autores de los versos que
+se sabía de memoria. En vano le decían, por ejemplo, mostrándole un
+poeta sucio, grosero y malhablado: «Ése es quien ha escrito <i>La vida por
+el amor</i>». Ella en seguida le confundía con su obra, le limpiaba con la
+poesía de sus propias frases, acabando por figurárselo y verlo, no tal
+cual era, sino ennoblecido, pulcro y elegante. Venía al estanco un
+comicastro, injerto en payaso, rodeado de amigos tabernarios; pedía
+entre ternos y tacos una cajetilla de las más baratas, pagaba mostrando
+puercas las manos, sebosa la ropa, y apenas Cristeta le servía y veía
+marchar, ya no era su figura real la que conservaba en la imaginación,
+sino la de algún apuesto y enamorado caballero que le vio representar en
+las tablas.</p>
+
+<p>Pero estas pequeñas emociones nada eran ni valían comparadas con su
+alegría cuando el editor, por tener propicios a los estanqueros, les
+enviaba un par de butacas <i>de tifus</i> en las últimas filas de cualquier
+teatro que andaba mal. Entonces Cristeta se vestía y emperejilaba,
+cepillaba cuidadosamente a su tío la americana o ayudaba a su tía a
+ponerse la mantilla, y con el que había de acompañarla partía gozosa,
+siendo completa su satisfacción la noche que, durante algún entreacto,
+la saludaba familiarmente cualquier poeta ramplón o se le acercaba un
+actor, por malo que fuese, a echarle cuatro requiebros.</p>
+
+<p>En medio del contento que Cristeta experimentaba viendo así halagados
+sus gustos, aún le quedaba una gran curiosidad por satisfacer. Conocía a
+muchos actores y poetas, músicos y danzantes, pero nunca había hablado
+con una cómica, dama joven o graciosa, ni siquiera característica, a
+quienes ella se fingía poco menos que como criaturas extraordinarias,
+completamente felices, que no tenían tiempo de sufrir ni padecer,
+perpetuamente ocupadas en ser grandes señoras, reinas y hasta diosas,
+cuya misión única en el mundo consistía en escuchar frases bonitas y
+estar preparadas para raptos de esos que, según los casos, terminan en
+muerte violenta, o boda y perdón de padre bondadoso.</p>
+
+<p>Para Cristeta una actriz era una mujer que nunca deja de tener a sus
+pies un hombre arrodillado, y en su camarín un mueble lleno de doblas
+con que pagar albricias por los mensajes de amor. Ignoraba que muchas
+veces la que en las tablas hace de princesa es en su casa criada de sí
+misma. Por fin llegó un día en que vio de cerca a una cómica, y no de
+las que andan de pueblo en pueblo trabajando a partido, sino de las que
+triunfan en Madrid y pagan a su modista cuentas que importan miles de
+pesetas.</p>
+
+<p>Había entrado un poeta en el estanco, le vio la comedianta, que en aquel
+momento pasaba por la calle, y, deseando hacerle algunas preguntas,
+entró tras él. La conversación que sostuvieron fue larga, y mientras
+duró pudo Cristeta contemplar a su sabor la elegantísima figura de
+aquella mujer a quien tantas veces había visto en la escena. Llevaba un
+primoroso traje negro con lunares blancos, el cuerpo del vestido cortado
+con tal arte que, sin formar la más leve arruga, dibujaba un busto de
+hermosas líneas; iba coquetamente calzada y sobre sus guantes grises,
+muy altos, brillaban tres o cuatro aros de plata y de oro. El sombrero
+era de ala ancha y estaba guarnecido con una pluma grande y rizada. Sus
+ademanes eran vivos, se movía mucho y jugueteaba rápidamente con el
+mango de la sombrilla; su voz, aunque dulce, denotaba carácter hecho a
+dominar y vencer.</p>
+
+<p>Cristeta, mirándola y remirándola, se anegaba en la admiración que
+sentía: hasta llegó a forjarse la ilusión de ser ella misma la que tenía
+delante de los ojos, antojándosele ser ella la cómica y ésta la
+estanquera; y que después, en vez de continuar allí vendiendo sellos y
+pitillos, podría irse a representar comedias por la noche y observar
+desde la escena cómo la miraban los hombres y la envidiaban las
+mujeres... Luego caería a sus pies una lluvia de ramos, y por el pasillo
+central de las butacas entrarían los acomodadores cargados con
+canastillas de flores y chucherías de regalo... Durante unos instantes
+soñó despierta, y hasta el ruido confuso de la cercana calle le pareció
+rumor de aplausos.</p>
+
+<p>Al marcharse la cómica, el poeta dijo a Cristeta que aquella mujer
+ganaba una onza de oro diaria; pero la estanquerita no dio señal de
+envidioso asombro ni de cosa que denotase codicia. No; lo que le parecía
+realmente envidiable era el constante triunfar, el bien vestir, el
+hablar y oír cosas bonitas, el vivir, aunque fuese con existencia
+fingida, en un mundo más poético y extraordinario que el de la realidad.</p>
+
+<p>Cuando Cristeta cumplió los dieciocho años, ya estaban en ella
+perfectamente desarrolladas la hermosura y la afición al teatro.
+Respecto a la primera, su belleza era indiscutible; y en cuanto a la
+segunda, que tanto había de influir en su vida, aquellas lecturas
+dramáticas y diálogos con poetas y cómicos, tanto ir a ver comedias y
+admirar a las actrices, concluyeron por entusiasmarla y sorberla el seso
+en tal grado que, aun sin atreverse todavía a comunicárselo a sus tíos,
+formó propósito de dedicarse a la escena.</p>
+
+<p>La casualidad o la Providencia, que acaso sean hermanas según la
+semejanza de sus obras, vino al poco tiempo en ayuda de Cristeta.</p>
+
+<p>Una mañana, mientras se peinaba, comenzó a cantar coplas de cierta
+zarzuela que a la sazón estaba en moda. Era verano y los balcones de la
+vecindad que daban al patio aparecían entornados. De repente, sin que
+ella lo advirtiera, se asomó a uno de ellos el editor, acompañado de
+otro caballero, y, suspendiendo ambos la conversación, escucharon a
+Cristeta, que siguió cantando con agradables modulaciones, ajena de toda
+pretensión vanidosa, como pájaro incapaz de sospechar que nadie se
+detenga a oírle. Su acento era gracioso y picaresco; su voz escasa, pero
+argentina, juvenil, y no viciada por los esfuerzos ni la mala enseñanza.
+No era voz potente ni de gran extensión, pero sí dulcísima, alegre y
+fresca, como debieron de ser las de aquellas ninfas que en la antigüedad
+jugueteaban llamando a su compañera Eco, corriendo y ocultándose tras
+los troncos de los bosques sagrados.</p>
+
+<p>&mdash;¿Oye usted eso?&mdash;preguntó al editor su amigo.</p>
+
+<p>&mdash;Sí; es la chiquilla de los estanqueros.</p>
+
+<p>&mdash;¿Bonita?</p>
+
+<p>&mdash;Un primor.</p>
+
+<p>&mdash;¿Se convence usted&mdash;añadió el caballero&mdash;de que si uno se propusiera
+buscarlas, encontraría mujeres para el teatro?</p>
+
+<p>&mdash;Hombre, no sea usted niño. Desde que no sé quién encontró un tenor en
+una herrería, todo el mundo se maravilla de cualquier voz que escucha en
+cualquier parte. Pero, en fin, si quiere usted hacerle proposiciones...
+Yo le ayudaré a usted. Me consta que la muchacha tiene la querencia de
+las tablas; vamos, que se pirra por el teatro.</p>
+
+<p>Poco después Cristeta, que sin saberlo acababa de probarse la voz,
+calló, concluyendo de peinarse con su acostumbrada gracia; hecho lo cual
+salió al estanco y comenzó a vender.</p>
+
+<p>Aquella misma noche, casi en el momento de cerrar, entró a comprar
+cigarros el dependiente mayor de la casa editorial y, trabando
+conversación con Cristeta, le dijo sin rodeos ni ambages:</p>
+
+<p>&mdash;¡Ni que lo hubiera usted hecho adrede! ¡Vaya una vocecita que ha sacado
+usted esta mañana mientras se peinaba! En fin... ¿quiere usted salir al
+teatro?</p>
+
+<p>&mdash;¿Yo?&mdash;repuso en el colmo del asombro.&mdash;¡Usted sí que se quiere quedar
+conmigo!</p>
+
+<p>Estaban solos: el dependiente, que no era viejo ni feo, tenía las manos
+apoyadas en el mostrador; ella estaba turbada, recelosa, esforzándose
+por sonreír, y agitada por un presentimiento incomprensible. El
+sota&mdash;editor se había puesto muy serio; a la chica un sudor se le iba y
+otro se le venía; de pronto, en un momento en que ella alzaba con cierta
+coquetería una mano para retocarse el peinado, dijo el hombre:</p>
+
+<p>&mdash;Vamos a ver: ¿le parece a usted que se han hecho esos dedos para pegar
+sellos y contar calderilla? Vaya, me ha dicho don Pedro, mi principal,
+que suba usted mañana con su tío, que tiene que hablar con ustedes.</p>
+
+<p>&mdash;¿Para qué?</p>
+
+<p>&mdash;Para saber si quiere usted ser cómica.</p>
+
+<p>&mdash;¡Yo artista!&mdash;exclamó Cristeta con indefinible sorpresa.</p>
+
+<p>&mdash;La misma que viste y calza. Es usted joven, guapa, tiene talento, voz,
+afición.</p>
+
+<p>&mdash;Lo que es afición sí que tengo.</p>
+
+<p>&mdash;Bueno, pues con estudiar un poco... En fin, suban ustedes mañana.</p>
+
+<p>Y se fue.</p>
+
+<p>Cuando Cristeta quedó sola, tuvo que apoyarse en la anaquelería para no
+caerse. Acostose sin cenar casi, ni hablar con nadie; permaneció largo
+rato sentada en la cama, tardó mucho en desnudarse, lloró sin saber por
+qué, se le olvidó rezar y, por fin, al deslizarse entre las sábanas
+sintiendo las frías caricias del lienzo, tornó a sus pasadas ilusiones,
+antojándosele que el ruido de los coches que pasaban por la calle era
+estrepitoso rumor de aplausos y que las voces de los vendedores de
+periódicos eran bravos frenéticos.</p>
+
+
+
+<h3><a name="Capitulo_IV" id="Capitulo_IV"></a>Capítulo IV</h3>
+
+<p>En el cual queda demostrado que la virtud, como el agua, brota donde
+menos se espera</p>
+
+
+<p>A las pocas semanas de lo narrado estaba Cristeta contratada como <i>otra
+tiple cómica</i> en un teatrillo de tercer orden, cuyo empresario era el
+amigo del editor que la oyó cantar mientras se peinaba. Los tíos de
+Cristeta, engolosinados con la oferta de dos duros diarios, consintieron
+en el ajuste. Convínose en que al principio no representaría la niña
+sino papelitos cuya parte musical pudiese aprender al oído, y también en
+que, sin pérdida de tiempo, comenzase a tomar lecciones de canto. Ella
+se puso loca de contento y los estanqueros, imaginando que su sobrina
+tenía una mina en la garganta, transigieron en pagar maestro.</p>
+
+<p>El teatro donde quedó Cristeta escriturada era de los que dividen por
+horas las funciones, y en él se representaban cuatro cada noche. A la
+primera apenas iba gente; a la segunda asistían familias de los barrios
+cercanos cansadas de jugar a la perejila, jovenzuelos sin permiso para
+retirarse tarde, matrimonios de larga fecha que iban a pasar el rato
+para no verse solos, y forasteros deseosos de olvidar los sofiones
+recibidos en los ministerios con la agradable perspectiva del <i>coro de
+señoras</i>. Provinciano de éstos había capaz de renunciar a la esperada
+credencial con tal de poder contar en su pueblo que había sido dueño de
+cualquiera de aquellas infelices, condenadas a estar siempre haciendo
+muecas voluptuosas con la cara pintada y trenzados con las piernas
+presas en las desvergonzadas mallas. El público que frecuentaba la
+tercera y cuarta función se componía casi exclusivamente de hombres
+aficionados a comprar hecho el amor, y de pecadoras elegantes. A última
+hora se ponían las piezas y zarzuelitas más verdes, y cual si esto les
+sirviese de aperitivo, era de ver cómo a la salida muchos caballeros, o
+vestidos de tales, esperaban en la calle la salida de bailarinas,
+coristas y figurantas: por fin, cuando terminado el espectáculo
+comenzaba la puerta del escenario a vomitar mujeres envueltas en
+mantones y con toquillas de estambre a la cabeza, cada hombre se llevaba
+su prójima, que solía ser ajena; alguna, envidiada de las demás, subía
+en coche, y ya formadas las parejas, que a veces en realidad eran
+tercetos, todos se iban contentos; ellas haciéndose las conquistadas, y
+ellos imaginando triunfo lo que, a lo más, era compra.</p>
+
+<p>A llevar y recoger a Cristeta iba el tío estanquero, no sin repugnancia
+y protestas de su cónyuge, la respetable y añosa doña Frasquita.</p>
+
+<p>Las primeras noches intentaron algunos chuscos divertirse a costa suya;
+pero advertidos de que tenía mal genio, le dejaron en paz; en cambio,
+los señoritos que pretendían acercarse a Cristeta solicitaban su
+conversación, llamándole <i>don</i> o <i>señor de</i>; y él, no acostumbrado a que
+gente tan bien vestida le tratase de igual a igual, acabó por creer que
+para codearse con personas finas era necesario andar entre bastidores.</p>
+
+<p>El día en que trabajó Cristeta por primera vez, estuvo mal servido el
+estanco. Nadie pensó sino en hacer viajes o enviar recados a casa de la
+modista, autora del traje que había de sacar a escena, en peinar y
+repeinar a la nueva artista, y en prepararle una banasta para las ropas
+y una caja para los untos, cosméticos, polvos, mano de gato y otros
+afeites.</p>
+
+<p>Por la mañana, un asturiano que tenía en la esquina inmediata puesto de
+café económico, vulgo <i>de a cuarto</i>, entró en el estanco a comprar
+pitillos y dijo a la criada, especie de Maritornes a medio desbastar,
+que el nombre de Cristeta estaba en el cartel del teatro con todas sus
+letras; y la palurda, aunque no sabía leer, salió corriendo a que se lo
+mostrasen; luego cruzó la calle con el mismo objeto la estanquera, sin
+lograr nada, porque se le habían olvidado los espejuelos, y, por último,
+fue también el tío, permaneciendo largo rato en contemplación de aquella
+línea del reparto donde decía:</p>
+
+<p class="c">«CHULA PRIMERA-SEÑORITA MORERUELA»</p>
+
+<p>Tal fue la emoción del pobre hombre, que señalando con el bastón las
+letras, dijo enfáticamente a un cochero de punto que allí estaba: «¡Es
+mi sobrina!», y la frase salió de sus labios con aquella entonación de
+noble orgullo que debía de emplear la romana Cornelia cuando dijera:
+«¡Yo soy la madre de los Gracos!»</p>
+
+<p>Cristeta se estrenó (<i>debutó</i>, dijeron los periódicos) en un papel de
+chula, y lo hizo con mucha gracia y desparpajo, luciendo un mantón gris
+de ocho puntas, que por la mañana costó setenta reales en la calle de
+Toledo, vestido de lanilla oscura con dibujitos claros, y a la cabeza un
+vistoso pañuelo de seda, a listas azules y amarillas, entre cuyos
+pliegues aparecía su bonitísima cara de madrileña picaresca. Iba calzada
+con medias rayadas y zapatos bajos, mostrando en cada movimiento las
+enaguas muy blancas. Sin que incurriese en desvergüenza ni descaro, su
+figura resultaba tan gallarda y airosa como encantador era su rostro. Se
+presentó en escena con los ojos turbados del miedo; pero en la segunda
+salida, al terminar una tirada de redondillas, sonaron unos cuantos
+aplausos y perdió el temor. En el resto de la zarzuelita estuvo
+saladísima, y en la única pieza que cantó, también la aplaudieron.
+Moviéndose y accionando parecía cómica veterana.</p>
+
+<p>Cuando al retirarse a casa salió acompañada de su tío, había en la
+puerta una manada de caballeretes esperando para verla de cerca; don
+Quintín, que así se llamaba su Argos, puso cara feroz y ella,
+esforzándose por reprimir la alegría, procuró estar seria.</p>
+
+<p>Nadie durmió sosegadamente aquella noche en el estanco. La tía, porque a
+pesar de la edad de su marido, estaba solevantada con lo peligroso que
+era, según dijeron las vecinas, que el bueno del hombre fuese a pasar
+las noches entre bailarinas y coristas; el tío porque, asombrado de la
+facilidad con que Cristeta se ganaba sus cuarenta reales, pensaba ya en
+el cobro de la quincena, y la muchacha porque aún le zumbaban en los
+oídos las palmadas. Mas su verdadera satisfacción fue a la mañana
+siguiente, cuando en la sección de espectáculos de un periódico leyó que
+la señorita Moreruela era de agraciada figura y tenía brillantes
+disposiciones, y estaba llamada a conquistar grandes triunfos en el
+difícil arte a que se dedicaba.</p>
+
+<p>Hasta final de temporada trabajó en otras dos obras, y por una de ellas
+experimentó la primera contrariedad de las muchas a que había de estar
+sujeta.</p>
+
+<p>Citáronla para asistir a la lectura, y acabada ésta le entregaron su
+papel, de poco más de un pliego, en cuya primera hoja estaban
+manuscritas las siguientes palabras:</p>
+
+<p class="c">NINFA ELÉCTRICA</p>
+
+<p>La obra era una <i>revista</i>, manojo de desvergüenzas mal escritas,
+adornado con música populachera de aires franceses disfrazados a la
+chulesca.</p>
+
+<p>La esperanza del éxito estaba fundada en media docena de decoraciones y
+en los trajes de las actrices, o, más claro, en la poquísima ropa que
+habían de ponerse. Cristeta tenía que salir con el pelo suelto, corpiño
+liso, muy escotado, de raso <i>azul eléctrico</i>, zapatos de lo mismo, nada
+en los brazos y en las piernas mallas hasta la cintura; es decir,
+desnuda: porque aunque de sus carnes sólo habrían de verse el escote y
+brazos, todas las líneas y prominencias del cuerpo quedaban de
+manifiesto.</p>
+
+<p>Cuando una de sus compañeras se lo explicó detalle por detalle, la pobre
+muchacha se puso como la grana y su primer impulso fue decir que
+renunciaba a ser cómica, pero le dio vergüenza avergonzarse. Volvió a su
+casa malhumorada, se encerró en su cuarto y estuvo llorando hasta la
+hora de tornar al teatro.</p>
+
+<p>Seguramente hubo por fuerza de ocurrírsele mucho tiempo antes que
+aquello había de llegar, mas no lo imaginó para tan pronto; así que su
+sorpresa fue terrible. Si al menos hubiese salido a escena un día muy de
+corto y otro muy escotada... pero así, de repente, sin preparación... ¡y
+casi desnuda! Buscando luego paliativos a su disgusto, se dijo que el
+exceso de pudor ahogaría su porvenir artístico. ¡Pues qué! ¿No había
+visto, por ejemplo, y nada menos que a célebres cantantes, lucir las
+piernas haciendo el paje de los <i>Hugonotes</i>, y algo más que las piernas
+en la Venus del <i>Tannhauser</i>? En realidad, lo que le enfadaba
+extraordinariamente no era ostentar sus encantos, porque estaba cierta
+de no hacer gesto, ademán ni movimiento indecoroso: la causa principal
+de su enojo era el tener que salir entre otras mujeres desapudoradas y
+venales que alardeaban de su desnudez, y con quienes había de alternar y
+confundirse. Esto la sacaba de sus casillas. En vano tenía ya
+acostumbrados los oídos al grosero lenguaje usado en lo interior del
+teatro y a las frases soeces con que algunos gomosos la perseguían; su
+mirada severa y su ceno adusto ponían a todo el mundo a raya; pero
+ahora, obligada a circular por entre bastidores de aquel modo, ¿cómo
+evitar las bromas insolentes, los dicharachos lascivos? Y luego, al
+salir a escena, ¡cómo caerían sobre su cuerpo las miradas! ¡Qué
+vergüenza!... En cambio, no se reirían de ella, cual les acontecía a
+algunas de sus compañeras que tenían los brazos flacos, las piernas
+torcidas, las caderas desconcertadas y el escote huesoso. Segura estaba
+de obtener un triunfo la noche en que se estrenase la <i>revista</i>, porque
+el espejo y la comparación de sí misma con aquellas desdichadas le
+habían dicho que su cuerpo era un prodigio de hermosura.</p>
+
+<p>En tales dudas y vacilaciones dejó pasar días y días, hasta que se echó
+encima la víspera del estreno. Entonces tuvo miedo del ridículo, pensó
+que aquello no era más que una contrariedad inherente a su profesión, y
+cuando al concluir el ensayo general le preguntó la sastra que a qué
+hora podría ir a probarla <i>el traje</i>, la citó sin oponer resistencia
+para la misma tarde, sumisa e indiferente como si se tratase de un
+asunto zanjado.</p>
+
+<p>Llegó la hora convenida, fue la sastra a su casa, entró en el cuartito
+de Cristeta y comenzó ésta a desnudarse, dejando por fin caer sobre la
+estera de cordelillo las ropas y prendas dichosas que llevaba más
+inmediatas al cuerpo. Entonces la encargada de vestir y desnudar
+cómicas, según los casos, no pudo reprimir una exclamación de sorpresa
+y, haciendo ademán de santiguarse, dijo:</p>
+
+<p>&mdash;¡Bendito sea Dios! ¡Ay, señorita; mujeres hermosas tengo vistas, pero
+como usted, ninguna!</p>
+
+<p>Cristeta se sintió halagada y su pudor murió a manos de su vanidad.</p>
+
+<p>Letra y música de la <i>revista</i> fueron estrepitosamente silbadas,
+contribuyendo esto a realzar el triunfo de Cristeta porque cuando
+mayores eran las muestras de desagrado, salió ella a las tablas y, lo
+mismo fue verla el público, que acallarse el bastoneo y los chicheos. En
+seguida cantó bien dos o tres coplas, de esas que luego alcanzan los
+honores del organillo, y aquella música, que por sí sola no hubiese
+arrancado una palmada, fue aplaudida. Al terminar hizo la artista una
+pirueta, dio un saltito muy mono, y se metió entre bastidores.</p>
+
+<p>Lo que entonces estalló no fue entusiasmo, sino delirio: el público
+quiso que se repitiera la canción, no por oírla, sino por ver nuevamente
+a Cristeta; y ésta, animada con aquel éxito personalísimo, cantó mejor y
+aún se movió con más libertad. Las mujeres pensaban mirándola: «¿Qué
+harán estas bribonas para ponerse tan guapas?» Los hombres se la comían
+con los ojos.</p>
+
+<p>A partir de aquella noche, no hubo trapero literario de los que surten
+de majaderías propias y ajenas a los teatros de último orden, en cuyas
+cavilaciones no entrasen como elemento dramático los encantos corporales
+de Cristeta.</p>
+
+<p>El empresario recibió muchas obras, donde se adjudicaban a la nueva
+artista papeles que requerían poquísima ropa, con lo cual la pobre
+muchacha se persuadió de que no eran su voz y su talento los que la iban
+sacando a flote, sino su belleza.</p>
+
+<p>Esta fue su primera desilusión.</p>
+
+<p>Los pretendientes cayeron sobre Cristeta como moscas sobre pastel
+fresco; mas por ninguna de aquellas conquistas se sintió halagada.
+Cuantos hombres se le acercaban traían imaginado que era cosa de llegar
+y besar el santo, con tal de echar antes alguna limosna en el cepillo.
+Un banquero riquísimo, y muy conocido en Madrid por la protección que
+dispensaba a las chicas de vida alegre, le propuso descaradamente
+amueblarle un entresuelito y ponerle coche; un caballerete trapisondista
+y jugador intentó llevársela una noche a cenar, imaginando que cuatro
+copas de Champaña y un gabinete de fonda le asegurarían la conquista; un
+autor le ofreció un papel de gran lucimiento a cambio de una cita, y
+hasta el director de escena se brindó a solicitar para ella un
+beneficio, a condición de que ensayasen a solas lo que hubiera de
+cantar. A ser ella interesada o de temperamento fácilmente inflamable,
+pronto hubiera sucumbido: su salvación estuvo, por entonces, en que ni
+la deslumbraba el brillo del oro, ni la imaginación se le exaltaba hasta
+poner en peligro su castidad; antes al contrario, aquella larga serie de
+acometidas bruscas, en que sin poesía ni delicadeza trataron de comprar
+barata su belleza, concluyó por darle asco. No se le exacerbó la virtud,
+pero vio claro el peligro.</p>
+
+<p>Alguna vez, al refugiarse en el cuarto del teatro, contemplando a solas
+su gallarda figura ante el espejo, sintió deseo de riqueza; quizá, ebria
+de adulaciones, resplandores y músicas, soñó despierta con la realidad
+del amor, mas ni el fantasma del lujo ni la tentadora voz de la
+Naturaleza lograron rendirla, porque se sentía humillada de no despertar
+en los hombres más que la misma impureza que les inspiraban aquellas de
+sus compañeras, viciosas o hambrientas, que se vendían por un traje o se
+prostituían por una joya. ¿Era esto castidad ingénita, frío cálculo,
+tibieza de sangre o señal de orgullo?</p>
+
+<p>Cristeta no era hipócrita ni desdeñosa del amor, ni de las que, por lo
+ariscas, hacen antipática la virtud; pero instintivamente consideraba su
+hermosura como complemento de su corazón: quien no poseyese éste, no
+disfrutaría de aquélla. Se reconocía hermosa, y no concebía que pudiera
+tasarse su belleza. Era capaz de disimular el enojo y hasta de no
+enojarse contra un buen mozo que, atrayéndola con exquisito arte o por
+sorpresa, la besase, imprimiendo al beso aquella deliciosa ingenuidad
+del niño que se apodera de una golosina; pero a cuantos se atrevieron a
+propasarse con ella ofreciéndole dinero, les recibió como se recibe a un
+perro en un juego de bolos. En su corazón tenían entrada libre la
+impremeditada flaqueza que vence el ánimo más fuerte, la voluptuosidad
+que a veces flota en el ambiente y se desliza suavemente por los
+sentidos hasta lo más recóndito del alma, la ocasión traidora que llega
+cuando menos se piensa; en una palabra, todos los estimulantes del amor;
+en cambio, su pensamiento estaba cerrado al interés. Un día de campo, un
+rayo de sol o cuatro frases dichas a tiempo, podían hacer que Cristeta
+cayese trémula en los brazos de un hombre; pero quien se arriesgase a
+proponerle crudamente la compra de sus labios, los vería trocados en
+manantial de indignación; el enojo de Lucrecia fuera pálido comparado
+con el suyo.</p>
+
+<p>Sí: Cristeta era romántica, como casi todas las mujeres españolas; y de
+igual suerte que en un aduar de negruzcos gitanos se puede descubrir un
+niño sonrosado de pelito rubio y rizoso; a semejanza del grano de oro
+que corre arrastrado entre el légamo y las toscas piedras del río, así
+en aquel teatrucho donde toda obscenidad tenían su asiento, vivía ella
+cercada de ex&mdash;vírgenes andariegas y mamás alquiladizas, esperando, no el
+chocar de los centenes ni el crujir de las sedas, sino la voz de un
+hombre que murmurase en su oído: «¡Quiéreme!»</p>
+
+<p>Mujer que así pensaba no podía transigir con la perspectiva de quedarse
+sin flor, exponiéndose a dar fruto que acaso no tuviese dueño conocido.</p>
+
+<p>Su entereza estaba además cimentada en otra base de resistencia, acaso
+más salvadora que la misma castidad romántica.</p>
+
+<p>A poco de ingresar en el teatro observó Cristeta que a cuantas
+compañeras suyas pecaban y se envilecían por codicia, les salía errado
+el cálculo. Hoy se entregaban a un calavera rico, mañana a un señorito
+achulado, tal noche a un marido ajeno, tal otra a un pollancón estúpido;
+y total, alguna cena, algún traje, desempeñar a costa de uno lo que
+había de lucir con otro, y a la postre el rostro ajado y la juventud
+malbaratada: vida de moza mesonera, trajín constante, pocas propinas y
+vejez: mendiga.</p>
+
+<p>Tales fueron, durante algún tiempo, sus pensamientos.</p>
+
+<p>La maledicencia y la calumnia se cebaron en ella. Quién dijo que no era
+buena, sino pecadora a escondidas; quién que por avariciosa se hacía
+deseable, para venderse cara; quién, llegando hasta el colmo de la
+infamia, afirmó que Safo había retoñado en ella: lo cierto fue que nadie
+pudo probar acusación alguna.</p>
+
+<p>Por fin, cierta mañana circuló en el ensayo una noticia estupenda.
+Díjose que la noche anterior Cristeta no había salido del teatro
+acompañada sólo de su tío; que con ellos iba un caballero de treinta y
+tantos años, buen mozo y elegante; añadiose que Cristeta se apoyó en su
+brazo para llegar desde su cuarto a la calle, que luego siguieron
+juntos, ella bien arrebujada en su abrigo, él subido el cuello del gabán
+de pieles, y detrás, a dos pasos, como guardia de respeto, el tío
+estanquero. La fiera debía de estar domada y el domador se llamaba don
+Juan de Todellas.</p>
+
+
+
+<h3><a name="Capitulo_V" id="Capitulo_V"></a>Capítulo V</h3>
+
+<p>Que puede dejar dudas sobre la compatibilidad del amor y la virtud</p>
+
+
+<p>Pocos días antes de nacer aquellas murmuraciones, paseaba don Juan por
+los pasillos del teatro con un amigo, que le decía así:</p>
+
+<p>&mdash;No recuerdo dónde afirma Cervantes que los alcahuetes son gentes útiles
+a la república, y que debieran ser muy considerados. Bueno: pues
+escudado en tan autorizada opinión, no tengo inconveniente en
+presentarte a la <i>incorruptible</i>.</p>
+
+<p>&mdash;¡No sabes la impresión que me ha causado esa mujer! ¿Y tú crees que
+nadie ha...?</p>
+
+<p>&mdash;Eso dicen, aunque también le quitan mucho el pellejo. Yo creo que es
+honrada. Veremos hasta dónde llega tu buena suerte..., y te advierto dos
+cosas: primera, que no te propases a ciertos atrevimientos, como cerrar
+la puerta del cuarto estando solo con ella, y segunda, que te congracies
+con el tío. Háblale de Espartero, elogia a la milicia nacional, quema
+incienso en honor del difunto partido progresista. Por último, aunque te
+parezca ridículo, enamórala <i>por lo fino</i>.</p>
+
+<p>Cuando el que hizo la cita cervantesca y dio estos consejos a don Juan
+entró con él en el cuarto de Cristeta, estaba ella vestida a lo gitana,
+con falda de percal de mucho vuelo, pañuelo de espuma al talle, rizos en
+las sienes y moño bajo, hecho un jardín a puras flores. El tío sentado
+en un sillón gótico de guardarropía, leía un periódico.</p>
+
+<p>Luego de las frases usuales en toda presentación, el amigo dio tres o
+cuatro noticias de teatros y, pretextando saludar a una cómica, se salió
+al pasillo. Don Juan, fingiendo turbación, adoptó la postura más decente
+que pudo, como si estuviera en el salón de una gran señora. Frente a él
+Cristeta, recostada en un pequeño diván, se entretenía en hacer nuditos
+con el fleco de la pañoleta. El tío, como de encargo, no chistaba. Ya
+iba don Juan a entablar conversación, temeroso de que el traspunte
+llamase a Cristeta, cuando ésta, por decir algo, dijo poniéndose en pie:</p>
+
+<p>&mdash;¿Qué tal? ¿Resulta gitano el traje?</p>
+
+<p>&mdash;Muy característico, muy típico...</p>
+
+<p>Y calló, sin terminar la frase.</p>
+
+<p>&mdash;Hable usted con franqueza.</p>
+
+<p>&mdash;Que no hay analogía entre usted y ese atavío.</p>
+
+<p>Y como ella hiciese un mohín de sorpresa, continuó:</p>
+
+<p>&mdash;Quiero decir que esa falda tan hueca, ese moño tan bajo, esos rizos
+tan... subversivos, todo tan... flamenco no está en relación con la
+belleza elegante y distinguida de usted. Cuanto lleva usted encima pide
+una cara más, enérgica, facciones duras...</p>
+
+<p>&mdash;Gracias por la galantería&mdash;repuso ella secamente.</p>
+
+<p>Pero no le fue desagradable la lisonja. Estaba acostumbrada a que la
+llamasen <i>rica en el mundo</i> o barbiana, y aquella era la primera vez que
+un hombre la galanteaba con finura.</p>
+
+<p>&mdash;Vamos&mdash;siguió él&mdash;; convenga usted conmigo en que su fisonomía y su porte
+son demasiado aristocráticos para estas flamenquerías: mejor estaría
+usted con un traje de baile, de raso muy claro, por ejemplo, y con un
+gran abrigo forrado de pieles que le llegase hasta los pies...; pero que
+no los ocultase... Nada de alhajas: el lugar que cubrieran valdría más
+que el mejor brillante. En fin, me resulta usted una gitana demasiado
+señorita.</p>
+
+<p>Cristeta sonrió con mayor afabilidad y repuso:</p>
+
+<p>&mdash;Pues ya lo ve usted; al público le da por esto.</p>
+
+<p>&mdash;Lo triste es que artistas como usted tengan que hacer estas obras.</p>
+
+<p>Cristeta estaba muy acostumbrada a oír elogiar sus encantos corporales;
+pero no le sucedía lo mismo respecto de sus facultades artísticas y,
+sorprendida por la última frase de don Juan, repuso con más sinceridad
+que amor propio:</p>
+
+<p>&mdash;Pues qué, ¿cree usted que yo sirvo para otra cosa?</p>
+
+<p>Con distinta mujer, don Juan hubiera aprovechado la pregunta para hacer
+un juego de palabras y un chiste picante: con Cristeta no se atrevió.</p>
+
+<p>&mdash;¡No lo he de creer! En cuanto se forme una buena compañía de zarzuela,
+de ópera cómica española quiero decir, verá usted cómo la buscan. El día
+en que haga usted un papel de sentimiento, una obra fina... se la comen
+a usted.</p>
+
+<p>De repente se asomó el traspunte a la puerta del cuarto y, sin
+detenerse, dijo:</p>
+
+<p>&mdash;Voy a empezar.</p>
+
+<p>Don Juan se despidió de Cristeta prendado hasta donde él se podía
+prendar de una mujer.</p>
+
+<p>Aquella noche no pasó más. Sin embargo, para completa exactitud, es
+necesario añadir que Cristeta trabajó más a gusto que de ordinario, y
+que luego, a solas en la alcoba de su casa, recordó las palabras de don
+Juan, pensando con agrado y amor propio satisfecho, en la posibilidad de
+ser artista de las que rara vez tienen que ensenar en escena lo que la
+mujer debe cubrir casi en todas partes. Después se esforzó por
+reconstruir mentalmente su diálogo con don Juan, y le pareció que había
+dado prueba de buen gusto censurando el exagerado atavío gitanesco. Por
+último, pensó que otros trajes y otros papeles le sentarían mejor: por
+ejemplo, el de la Princesa de <i>Pan y Toros</i>, el de la Magdalena de <i>La
+Marsellesa</i>, el de Aurora en <i>Luz y sombra</i>. Sí, sí; zarzuela seria. Y
+se durmió.</p>
+
+<p>Don Juan no incurrió en la torpeza de volver al cuarto de la señorita
+Moreruela a la noche inmediata, ni a la siguiente, ni a la otra: dejó
+pasar algunos días, hasta que hubo estreno en que ella trabajase; de
+modo que al verle entrar en su cuarto no sospechó que fuese por
+visitarla, sino con ocasión de la obra nueva.</p>
+
+<p>El tío, que había tomado muy en serio el papel de Argos, estaba, como de
+costumbre, leyendo un periódico, sentado en su sillón gótico, del cual
+no se levantaba más que cuando Cristeta decía: «que me voy a mudar».
+Entonces se trasladaba a un rincón del pasillo, y situándose bajo un
+mechero de gas, seguía leyendo, charlaba con el bombero de servicio o
+daba palique a alguna de las coristas que andaban de un lado para otro
+pidiéndose prestados los peines, la borla de los polvos o la mano de
+gato.</p>
+
+<p>Cristeta interpretaba en la pieza nueva un papel de mocita traviesa que
+se fingía juiciosa. Se había vestido con sencillez, y lo que más
+contribuía a su aspecto de modestia y candor era el peinado, con la raya
+partida por medio y alisado luego el pelo hacia las sienes. Parecía una
+colegiala. Apenas la vio don Juan, dijo como si tratase de reanudar la
+conversación que anteriormente tuvieron:</p>
+
+<p>&mdash;Hoy sí que está usted monísima. ¡Cualquiera diría que se ha escapado
+usted de uno de esos conventos donde se educan las señoritas de la
+grandeza!</p>
+
+<p>&mdash;Pues mire usted, estoy que rabio. Hoy me han repartido otro papel...
+también de esos que... en fin, véalo usted.</p>
+
+<p>Y tomando unos pliegos de sobre la mesa del tocador, se los mostró a don
+Juan, quien los hojeó rápidamente. Se trataba de otra <i>revista</i>, y en la
+escena en que se hacía referencia a la última Exposición de Bellas
+Artes, salían personificadas en tres guapas chicas la Arquitectura, la
+Pintura y la Escultura. Había de sacar la primera corona mural, túnica
+blanca, y en la mano la escuadra; la segunda era un mancebo de la época
+del Renacimiento, y llevaba como atributo una paleta; y la Escultura
+debía aparecer sobre un pedestal a modo de estatua, en la mayor desnudez
+posible, y sin más ropaje que un trozo de paño liado a las caderas. Todo
+esto lo explicó rápidamente Cristeta, añadiendo malhumorada:</p>
+
+<p>&mdash;¡Y la estatua... soy yo!</p>
+
+<p>Frunció don Juan el entrecejo, y exclamó, tirando los papeles sobre el
+diván:</p>
+
+<p>&mdash;Da grima. ¡No haga usted eso!</p>
+
+<p>Tan claramente manifestó su desagrado, que Cristeta no pudo menos de
+sentir sorpresa.</p>
+
+<p>¿Qué le importaría a aquel buen señor, que apenas la conocía, que ella
+saliese a escena más o menos ligera de ropa?</p>
+
+<p>&mdash;No tengo más remedio&mdash;dijo&mdash;que conformarme. No estoy, ni acaso llegue a
+verme nunca, en situación de imponerme a una empresa.</p>
+
+<p>&mdash;Hasta que sea yo empresario; bien es verdad que entonces trabajará
+usted lo menos posible.</p>
+
+<p>Don Juan no acertó a expresar bien su pensamiento, o no se atrevió a
+completarlo. Ella lo adivinó, sin embargo, y no queriendo dárselo a
+entender, repuso:</p>
+
+<p>&mdash;¡Pues buen modo de protegerme!</p>
+
+<p>En noches sucesivas don Juan asistió con frecuencia al cuarto de
+Cristeta, y por el lenguaje que usó con ella comprendió la muchacha que
+había producido honda impresión en aquel hombre: mas no llegó a tener
+que aceptarle ni rechazarle categóricamente.</p>
+
+<p>Estaba convencida de que la cortejaba, pero con tal comedimiento, que no
+le era fácil decidir la disposición de ánimo que debía adoptar respecto
+de él: el mucho agrado pudiera parecer liviandad, la esquivez fuera
+grosería, y despedirle con cajas destempladas era exponerse a que él la
+pusiese en ridículo encogiéndose de hombros, o acaso diciéndole
+claramente que se había hecho ilusiones. Por todo lo cual determinó
+esperar, discurriendo de este modo: «Si piensa en mí, por muy astuto que
+sea, algún día se clareará, y según sus intenciones... veremos. Una
+cómica como yo no puede pensar en casarse con un hombre como él: <i>lo
+otro</i> no debe ser, no me conviene, no quisiera... Malo es que esté ya
+tan preocupada. En fin...¡Dios dirá!»</p>
+
+<p>Cristeta no tenía estipulado beneficio en la escritura: ¿quién podía
+haber adivinado que en tan poco tiempo creciera tanto, respecto de ella,
+el favor del público? Pero a falta de beneficio, el día de su santo la
+empresa le hizo regalo de una corona, y sus admiradores le llenaron el
+cuarto de flores y multitud de esas baratijas más o menos inútiles, como
+jarroncillos bomboneras, muñecos de loza y sortijeros. Cada uno de los
+que la regalaron, deseoso de mostrar su largueza o buen gusto, envió el
+obsequio al teatro. Una sola persona se lo mandó a casa; y consistió el
+regalo en un magnífico neceser de costura, formado por una gran caja de
+piel de Rusia, colocada sobre un precioso mueblecito, y provista de
+tijeras, pasacintas, devanaderas, carretes y dedal, todo de plata: nada
+faltaba de cuanto puede desear una mujer aficionada a hacer labores.
+Cristeta recibió el presente por la tarde, antes de ir al teatro, y
+abrió la caja con alegría infantil mezclada de sorpresa, como Margarita
+debió de abrir el estuche de las joyas. En uno de los casilleros
+destinados al hilo había una tarjeta de don Juan, y bajo su nombre estas
+palabras escritas con lápiz:</p>
+
+<p>«B. L. P. a su amiga la señorita de Moreruela y le envía ese humilde
+recuerdo».</p>
+
+<p>Cristeta lo apreció todo de una ojeada: <i>amiga... señorita... humilde
+recuerdo...</i> ¡Cuánta finura y qué poca ostentación!</p>
+
+<p>La estanquera se quedó pasmada: el tío tomó las piezas del costurero una
+por una, pensando con respeto en el hombre que hacía regalo de tres o
+cuatro o seis libras, de plata. Cristeta se dio a reflexionar en aquello
+con más calma. Primero. ¿Por qué, contra lo acostumbrado, le envió el
+presente a su casa? Sí: esto indudablemente era horror a la ostentación.
+Segundo. ¿Por qué, pues el obsequio era costoso, haber gastado tanto
+para ella? Aquí estaban claras la esplendidez y el deseo de agradar.
+Finalmente, ¿a qué regalar un costurero a una mujer que no tenía tiempo
+de dar puntada? Esto no podía explicarse.</p>
+
+<p>El resultado de las anteriores y análogas cavilaciones fue que, llegada
+la noche, cuando don Juan entró a saludarla en su cuarto del teatro,
+apenas pudieron hablar a solas, le dijo ella sin disimular su
+pensamiento ni prever la respuesta:</p>
+
+<p>&mdash;Muchas, muchísimas gracias; pero señor Todellas, ¿cómo diablo ha
+regalado usted eso a una infeliz que no tiene tiempo para coserse una
+cinta? ¡Y cuidado que es lujoso y bonito!... Sobre todo de buen gusto.</p>
+
+<p>Entonces don Juan se puso muy serio, se aproximó a la cómica, como quien
+sacando fuerzas de flaqueza ha hecho propósito de osadía, y dijo con voz
+sabiamente turbada:</p>
+
+<p>&mdash;Cristeta, perdóneme usted la torpeza; arrincónelo usted si no le sirve;
+pero mí regalo obedece a una idea que no puedo desechar.</p>
+
+<p>&mdash;¿Qué idea es esa?&mdash;preguntó ella, volviendo la cabeza para mirarse al
+espejo y ocultar de algún modo la emoción que le causó la fingida
+turbación de don Juan.</p>
+
+<p>&mdash;Pues bien, Cristeta, lo diré, aunque se ría usted de mí: cuando pienso
+en usted, cosa que me ocurre con muchísima frecuencia, no veo con los
+ojos de la imaginación esta mujer que ahora tengo delante, no me acuerdo
+de la actriz ni del teatro, ni me gusta figurármela a usted haciendo de
+ninfa, ni de chula, ni de paje...; me exaspera la idea de que todo el
+mundo pueda contemplar...; en fin, cuando yo la veo a usted con los ojos
+del alma, se me antoja que es usted una señorita que vive recogida en su
+casa, sin que nadie pueda saber todo lo hermosa que es, sin que nadie la
+profane con deseos ni miradas. Lo confieso; me hace daño... hasta sufro
+viniendo aquí a verla a usted, y, sin embargo, vengo... y seguiré
+viniendo mientras no comprenda que mi presencia la enoja.</p>
+
+<p>Más claro, agua: pero estaba dicha la cosa de tal modo, que, aun
+suponiendo que Cristeta recibiera disgusto, no podía manifestarlo. La
+verdad es que en el fondo del alma sintió aquella satisfacción dulce y
+apacible que en las novelas románticas experimentan las zagalas
+galanteadas por grandes y poderosos señores. El diálogo terminó así:</p>
+
+<p>&mdash;¡Válgame Dios, y qué formal se pone usted para decirme esas cosas! ¿No
+conoce usted que todo eso tan fino se despega de estos sitios?</p>
+
+<p>&mdash;Pues para probar que hablo seriamente, me voy a permitir darle a usted
+un consejo.</p>
+
+<p>&mdash;Diga usted.</p>
+
+<p>&mdash;Haga usted una prueba... doble. La empresa está ya convencida de que
+usted sirve, y de que el público ha de quererla más cada día. En cuanto
+usted lo intente, verá cómo le guardan ciertas consideraciones. Niéguese
+usted a hacer el papel de la pieza nueva... ese de la estatua. ¿A que no
+le tuercen a usted la voluntad? Si es usted franca al decir que le
+disgustan las mallas, saldrá usted ganando no tener que ponérselas. Y de
+paso se convencerá usted de la alegría que yo experimentaré al saber que
+no han de verla otra vez medio desnuda... y reflexione usted un poco
+sobre qué clase de sentimiento será el que me inspira para que yo piense
+todo esto.</p>
+
+<p>&mdash;Pero... ¿qué diablos le importará a usted que salga así o de otro
+modo?&mdash;le interrumpió Cristeta con dureza; y en seguida, deseando apurar
+la situación, añadió&mdash;: ¿Imagina usted que voy a creer en esas
+delicadezas? ¿Se le dicen de veras semejantes cosas a una actriz de este
+teatro?</p>
+
+<p>No deseaba ella sino que don Juan cayese en el lazo y hablara más claro.
+Y como está escrito que todo Hércules tropiece con su Onfalia, don Juan
+cogió una mano a Cristeta y siguió hablando de este modo:</p>
+
+<p>&mdash;La temporada va a concluir; evite usted hacer ahora ese papel; nos
+trataremos durante el verano, procuraré que me conozca usted a fondo,
+que seamos verdaderos amigos... y ¡quién sabe! tal vez para el otoño
+empiece usted a pensar en si le conviene renunciar al teatro.</p>
+
+<p>Entonces no experimentó Cristeta lo que las pastorcillas solicitadas por
+príncipes, sino que sintió agitársele su viva sangre madrileña, y
+encarándose con don Juan, repuso ásperamente:</p>
+
+<p>&mdash;Sí, que renuncie al teatro, donde al fin y al cabo puedo ser buena,
+aunque no lo parezca, para dejar de serlo a beneficio de usted. Luego se
+cansa usted de mí, y me deja. Lo de siempre, usted a otra... y yo...</p>
+
+<p>&mdash;Es usted injusta, cruel y mal pensada&mdash;dijo don Juan, poniéndose en pie
+y haciendo ademán de coger el sombrero para irse.</p>
+
+<p>Cristeta le detuvo con una sonrisa, y mirándole con la más hechicera
+mezcla que imaginarse puede de tristeza y ternura, repuso:</p>
+
+<p>&mdash;¡Si hablara usted de veras! ¡Bah!... ¡Imposible!... Además, tengo una
+contrata para salir fuera este verano.</p>
+
+<p>&mdash;Pero no irá usted sola.</p>
+
+<p>&mdash;Probablemente con mi tío.</p>
+
+<p>&mdash;Y yo detrás.</p>
+
+<p>&mdash;Veremos...; pero crea usted que desde ahora hasta el verano ya se le
+habrá quitado a usted eso de la cabeza.</p>
+
+<p>&mdash;No vaya usted a creer que es un capricho.</p>
+
+<p>Cristeta le miró algo severa, frunció el ceño y respondió:</p>
+
+<p>&mdash;Nunca he creído yo que pudiera servir para satisfacer caprichos.</p>
+
+<p class="puntos">*<br />* *</p>
+
+<p>Aquella misma semana tuvieron varias conversaciones parecidas. Por fin,
+una noche, dando pasto a la murmuración, Cristeta y su tío salieron del
+teatro acompañados de don Juan: delante iba la pareja enamorada y detrás
+el estanquero.</p>
+
+<p>Nadie hubo en el teatro que no diera por cierta la caída y perdición de
+la Morteruelo; y, sin embargo, el diablo no tenía todavía motivo para
+regocijarse. Lo único grave que pasó entre ella y su adorador fue que
+una noche, mientras el tío había salido a comprar un periódico, llegó
+don Juan, entró en el cuarto, se acercó de puntillas y la besó en el
+cuello. Cristeta le vio por el espejo aproximarse, pero ni esquivó el
+cuerpo ni mostró enfado, y mirándole con mayor dulzura que severidad, le
+dijo:</p>
+
+<p>&mdash;Pase... como extraordinario.</p>
+
+<p>Quien presenciase el atrevimiento de él y la indulgencia de ella, acaso
+imaginara que ya habían trocado el amor platónico por el experimental: y
+sin embargo, Cristeta estaba tan limpia de pecado, como la madre Eva
+antes de verse obligada a estrenar el primer vestido de hojas de parra
+entretejidas.</p>
+
+
+
+<h3><a name="Capitulo_VI" id="Capitulo_VI"></a>Capítulo VI</h3>
+
+<p>En el cual don Juan despliega su astucia, y don Quintín se hace la
+ilusión de que pueden volver «aquellos tiempos»</p>
+
+
+<p>La noticia del viaje a provincias llenó al pronto de júbilo a don Juan,
+quedando luego su alegría algo mermada con la perspectiva de que
+Cristeta fuese bajo la guarda de don Quintín; así que resolvió evitar a
+todo trance dicha compañía, pero sin contar con la complicidad de
+aquélla.</p>
+
+<p>Don Juan decidió poner en práctica uno de sus más profundos axiomas, que
+dice: «Conviene a veces, para lograr una mujer buena, utilizar los
+servicios de otra maleada». No se crea por esto que pensó en recurrir a
+ninguna corredora de alhajas, prendera a domicilio, o cualquiera otra
+congénere de la famosa vieja que perdió a Melibea: no buscó quien
+hiciese de demonio tentador, sino simplemente quien le despejase el
+camino.</p>
+
+<p>Se propuso que don Quintín no saliese a provincias con Cristeta, y he
+aquí cómo lo consiguió.</p>
+
+<p>Una tarde en que su amada no tenía ensayo, fue a la puerta del teatro,
+esperó a que saliesen las coristas, y siguió de lejos a una con quien en
+otro tiempo tuvo una aventurilla, y de la cual, por haberse mostrado
+generoso y conocerla bien, podía fiarse.</p>
+
+<p>Iba la muchacha a entrar en el portal de su casa, cuando la detuvo
+llamándola por su nombre: volvió el rostro la chica, acercose el
+caballero y cambiaron unas cuantas frases, que denotaban gran confianza.
+Hablaron en broma de lo pasado, como quien revuelve cenizas sin temor a
+encontrar rescoldo, y, por fin, don Juan, con aquel tono autoritario,
+propio del hombre que tiene seguridad de haberse portado bien con la
+mujer a quien habla, le dijo:</p>
+
+<p>&mdash;La verdad: ¿tienes algún lío? Porque no quiero comprometerte.</p>
+
+<p>&mdash;¡No pasa un alma! Suba usted y hablaremos.</p>
+
+<p>&mdash;¿Aún me llamas de usted?</p>
+
+<p>&mdash;Ya sabe usted que nunca pude acostumbrarme a otra cosa. Vamos arriba.</p>
+
+<p>Y comenzaron a subir la escalera, no con la impaciencia de antaño, sino
+como dos buenos amigos que traen entre manos un negocio. Media hora duró
+la conversación, y debieron de entenderse, porque al despedirse, don
+Juan decía:</p>
+
+<p>&mdash;Marearle un poco, mucha conversación, nada de hacerle concesiones, de
+cuando en cuando una dedadita de miel... y, sobre todo, que lo sepa su
+mujer.</p>
+
+<p>&mdash;Vaya usted descuidado: le voy a volver tarumba.</p>
+
+<p class="puntos">*<br />* *</p>
+
+<p>Aquella misma noche, en un momento en que don Quintín salió del cuarto
+de Cristeta para que ésta se mudase de traje, y mientras estaba sentado
+leyendo el periódico bajo el mechero de gas que había en el corredor, se
+le acercó la corista a quien por la tarde habló don Juan.</p>
+
+<p>Venía hecha la caricatura de una gran señora, con traje de baile muy
+escotado y guantes hasta el codo, uno de ellos sin abotonar.</p>
+
+<p>&mdash;Vamos, don Quintín, hágame usted el favor de echarme estos
+botoncitos&mdash;dijo al estanquero, presentándole la mano y acercándosele
+mucho.</p>
+
+<p>No tuvo más remedio que acceder: púsose en pie, y cruzando las piernas y
+sujetando entre ellas el periódico, comenzó a meter botones en los
+ojales.</p>
+
+<p>Sus dedos eran demasiado gruesos y torpes para aquella operación:
+además, ojales y botones, aquéllos por chicos y éstos por grandes,
+parecían preparados con diabólica astucia; y entretanto sus miradas
+venían a caer precisamente en medio del escote de la corista, cuyos
+rizos le rozaban al menor movimiento, cosquilleándole en la frente.</p>
+
+<p>Nunca había visto tan de cerca mujer engalanada de aquel modo. A lo que
+más se asemejaba era a las figuras de grandes damas que adornaban
+algunas novelas de las que él solía leer en sus ratos de ocio. Doña
+Frasquita fue en sus buenos tiempos una real moza; varias criadas que
+logró conquistar le dejaron recuerdos de índole picaresca; pero jamás
+soñó, en sus largos monólogos de estanquero aburrido, tener tan cerca de
+sí una señora como aquélla. Si Mariquita, que así se llamaba, no era
+pura ni a juzgar por su aspecto podía ceñirse justificadamente la corona
+de azahar, en cambio estaba guapísima. Sus ojos eran tan expresivos, que
+parecían habladores; su boca tenía sonrisas entre mimosas y burlonas; y
+en conjunto, por su talle y rostro recordaba los tipos de aquellas
+muchachas diabólicamente hermosas que algunos pintores han trazado en
+torno de los santos combatidos de voluptuosas tentaciones.</p>
+
+<p>Lo que a don Quintín le producía más turbadora impresión era el olor que
+de ella se desprendía: tal vez fuese perfume barato, pero a él se le
+antojaba efluvio de diosa.</p>
+
+<p>Entre aspirar aquellas que le parecían suavísimas emanaciones y hacer
+esfuerzos por ajustarle el guante, lo menos tardó diez minutos en meter
+los catorce botones por sus correspondientes ojales; hecho lo cual se
+dejó caer sudoroso sobre la silla, diciendo:</p>
+
+<p>&mdash;¡Qué trabajos!</p>
+
+<p>A lo que ella repuso:</p>
+
+<p>&mdash;Para otras fatigas tendrá usted más habilidad.</p>
+
+<p>Y sentándosele de golpe en las rodillas, como niña juguetona, permaneció
+encima de él un instante: en seguida se levantó, y, alzándose la falda,
+echó a correr, mientras el pobre hombre se quedaba pasmado, semejante a
+devoto fanático que imaginase haberse visto favorecido por una aparición
+sagrada. En las manos sentía el calor de los brazos desnudos que acababa
+de tocar, ante los ojos creía tener aún el escote tentador, y el
+olorcillo a hembra le andaba escarabajeando en el olfato, como el dejo
+de una sensación gratísima. Hubo un momento en que enderezando el cuerpo
+sobre el asiento, soltó el periódico y se irguió, a modo de caballo
+viejo que ha guerreado mucho y se engalla y estira el pescuezo al
+percibir ruido de trompetas lejanas. ¡Oh, memoria, qué dulces recuerdos
+trajiste! ¡Oh, fantasía, cómo los poetizaste! Mozuela que allá en el
+pobre lugarejo le esperabas en el pajar; sabrosa luna de miel pasada con
+Frasquita; cocinerilla vencida en la trastienda, en una sofocante siesta
+de verano; dichosas y felices aventuras, ¡cómo y con qué fuerza
+surgisteis en la imaginación del estanquero, poblándola de halagadoras
+reminiscencias que le inspiraron deseos de nuevos triunfos!</p>
+
+<p>El episodio del guante fue prólogo de otros conmovedores sucesos.</p>
+
+<p>Al día siguiente la corista tuvo que ponerse, por razón de una de las
+obras en que cantaba, el más caprichoso traje que imaginarse puede. A
+modo de antenas, llevaba entre el revuelto peinado dos cuernecillos; el
+arca del cuerpo, encerrada en un corsé de terciopelo casi negro
+tornasolado, a listas pardas y de oro; y en lo restante de su persona,
+o, mejor dicho, personilla, porque era pequeña y traviesa, malla del
+color de la carne; las eternas mallas, que eran como el alma y principal
+aliciente de aquel templo de Talía. Así ataviada, y en todo semejante a
+una avispa, la gentil muchacha anduvo largo rato por un pasillo, hasta
+que, viendo a don Quintín sentado bajo el mechero de gas y enfrascado en
+la lectura, se le acercó y le dijo, aludiendo al periódico que tenía en
+las manos:</p>
+
+<p>&mdash;Si ve usted en los anuncios que alguien busque casa para vivir en
+compañía, dígamelo usted, que tengo un gabinete muy mono.</p>
+
+<p>Don Quintín no pudo reprimir el atrevido pensamiento, y repuso:</p>
+
+<p>&mdash;Monina, ¿me quieres a mí de huésped?</p>
+
+<p>&mdash;No, porque vivo solita; un señor mayor, sí; pero hombres de buena edad,
+así como usted... ¡nones!</p>
+
+<p>¡De buena edad! ¿Qué cosa podía lisonjearle más? Una mujer joven y
+bonita le consideraba peligroso. Se atusó el áspero bigote, tosió con
+fuerza, se acordó de las asonadas del cuarenta y del cincuenta, de las
+formaciones en que lucía el gallardo cuerpo, hasta de las barricadas, y
+recobrando el pasado ardimiento, cogió a la hechicera avispa las manos,
+que ella tuvo buen cuidado en no retirar.</p>
+
+<p>&mdash;Oye&mdash;le dijo&mdash;, gachoncita, pimpollo, ¿me tendrías miedo?</p>
+
+<p>&mdash;Miedo no, porque no asustan más que los feos; pero no quisiera que
+nadie murmurase de mí...</p>
+
+<p>Don Quintín creyó ver que el rostro de la chicuela se cubría de pudoroso
+carmín.</p>
+
+<p>&mdash;¿Te gustaría más un joven, un mocito?</p>
+
+<p>&mdash;No quiero nada con chiquilicuatros, que no tienen pizca de formalidad.</p>
+
+<p>&mdash;¿Prefieres hombres serios..., por ejemplo, yo?</p>
+
+<p>&mdash;Sí; pero usted no es para mí. La mujer debe buscar uno de su igual.</p>
+
+<p>En seguida bajó los ojos, fingió turbarse, y terminó diciendo:</p>
+
+<p>&mdash;Por Dios, don Quintín, déjeme usted vivir tranquila.</p>
+
+<p>Claramente comprendió el vejete que aquella mujer le consideraba como
+caballero, y además como peligroso. No le faltó más que oírse llamar
+guapo.</p>
+
+<p>En seguida sacó la chica un caramelo que llevaba oculto entre los
+pliegues del corpiño, le quitó el papel, se lo llevó a la boca, hizo
+como si quisiese y no pudiese partirlo con los dientes, y, por último,
+se lo presentó, húmedo todavía, a don Quintín, diciéndole:</p>
+
+<p>&mdash;Pártalo usted y deme la mitad.</p>
+
+<p>El estanquero no pudo más. Miró a uno y otro lado del pasillo, vio que
+nadie venía, y cogiendo a la avispa por el talle, a riesgo de quebrarle
+un ala, la atrajo hacia sí y le plantó en el cuello un beso como no se
+lo había dado a mujer alguna desde la regencia de Espartero, exclamando:</p>
+
+<p>&mdash;¡Tú vas a ser mi perdición!</p>
+
+<p>&mdash;¡Y usted la mía!&mdash;repuso ella con la voz trémula, como desposada que
+viera descorrerse las cortinas del tálamo.</p>
+
+<p>El momento fue solemne. Los dedos del ex&mdash;miliciano oprimían la cintura
+de la corista, cuyo cuerpo temblaba como pájaro en poder de niño.</p>
+
+<p>Mariquita murmuró con extraordinaria dulzura:</p>
+
+<p>&mdash;¡Por Dios, don Quintín!</p>
+
+<p>&mdash;Él, estrechándola con más fuerza, dijo:</p>
+
+<p>&mdash;¡Llámame Quintín nada más!</p>
+
+<p>&mdash;¡No, no quiero!&mdash;repuso balbuciente y medrosa&mdash;. ¡No sea usted malo... no
+quiero perderme... no me pierda usted!</p>
+
+<p class="puntos">*<br />* *</p>
+
+<p>En los sucios pasillos del teatro comenzó a desarrollarse el idilio más
+conmovedor del mundo. ¿Dónde hay poesía tan intensa como la del tronco
+viejo que de improviso empieza a reverdecer y retoñar?</p>
+
+<p>Don Quintín se relajó en el cuidado y vigilancia de Cristeta, quien, a
+decir verdad, no lo sentía, porque mientras estaba con don Juan, para
+nada se acordaba de su tío y éste, prescindiendo de su sobrina, como en
+justa reciprocidad, siempre andaba en busca o en espera de Mariquita.</p>
+
+<p>La endiablada mozuela, ciñéndose a las instrucciones de don Juan, se
+hacía desear mucho, tardaba en acudir a las citas, luego venía armada de
+malicia, fingiendo estremecimientos, vacilaciones y sonrojos que la
+hacían más apetitosa; y si se dejaba tocar por el ex&mdash;miliciano remozado,
+en seguida se le escapaba de entre las manos, como si le tuviese
+condenado a eterna dedada de miel, sin esperanza de mayores goces. Las
+burlas de su amor eran muchas y frecuentes: las veras, escasas y
+tardías; de suerte que don Quintín pasaba, no las de Caín, sino las de
+Tántalo; pero era tal su pasión, que con un apretoncillo cada cuatro o
+seis días, con un abrazo de cuando en cuando, tenía bastante para seguir
+entusiasmado. No había cosa que no estuviera pronto a sacrificar por
+Mariquita: el estanco con anaquelería, puros, carteras de sellos,
+papeles de matrículas, todo se le antojaba poco para arrojarlo a los
+pies de aquella sirena. ¡Cuán horrible le parecía, al volver a casa, la
+severa figura de su esposa doña Frasquita! ¡Qué fea estaba con aquellos
+parches de alquitira en las sienes y aquella eterna labor de calceta
+azul entre las manos! Y no era lo malo que doña Frasquita hiciese
+medias, sino que luego se las ponía. ¡Qué diferencia entre aquellas
+groseras fundas de algodón, con que cubría sus escuálidas piernas, y las
+mallas que apretaban y contenían los bien formados encantos de
+Mariquita! ¡Oh amor, cómo pusiste al pobre don Quintín! ¡Desde la guerra
+de Troya no había hecho la pasión tan cruel estrago en un hogar como lo
+hizo en aquel estanco!</p>
+
+<p>Porque sucedió que mientras don Quintín y Mariquita pudieron verse en el
+teatro, de nada se enteró la esposa engañada; pero luego, al terminar el
+año cómico, ni él tuvo pretexto para salir a callejear todas las noches,
+ni su enamoramiento quiso transigir con la ausencia del bien amado. La
+corista entonces, cumpliendo órdenes de don Juan, tan bien dispuestas
+como generosamente pagadas, empezó a enviar misivas a don Quintín.</p>
+
+<p>En vano rogó éste a la que consideraba su amante que no le mandase
+chicos con recaditos, ni mozos de cordel con cartas.</p>
+
+<p>Mariquita llegó a decirle:</p>
+
+<p>&mdash;¡Eres un mandria; anda, bayeta, si me quisieras de veras, no tendrías
+miedo a la estantigua de tu mujer!</p>
+
+<p>Por fin, la catástrofe se vino encima.</p>
+
+<p>Uno de aquellos billetes amorosos cayó en manos de doña Frasquita. ¡Y en
+qué momentos! Precisamente cuando era cosa resuelta que don Quintín
+acompañase a Cristeta en su campaña de verano. La carta interceptada
+estaba escrita con la peor intención del mundo; la fraguó don Juan, dijo
+luego a Mariquilla cuál había de ser su contenido, y después ella misma
+la redactó con espantables faltas de ortografía. Sus párrafos no dejaban
+lugar a duda. Doña Frasquita supo de un golpe que la querida de su
+marido era corista, que habían tenido sus diálogos pecadores en el
+teatro, y que, según ella le ofrecía, en el punto donde durante el
+verano había de trabajar Cristeta continuarían aquellos vergonzosos
+desórdenes. Para que nada faltase, la individua debía de ser una
+desuellabolsas y sacadineros, porque la epístola concluía de este modo:</p>
+
+<div class="blockquot"><p><i>Quintín mío, esta es para decirte que no se te olbide benir a
+buscarme pronto una noche, para yevarme a desempeñar el mantón, que me
+lo as ofrecido, y a ber si me traes o me compras, para trabajar afuera
+este berano, media dozena de pares de medias muy vistosos, mono mío.
+Adiós, pichón, y es tullo el corazón de esta que te quiere y verte desea
+y no te olbida.</i></p>
+
+<p class="r"><i>Mariquita.</i></p></div>
+
+<p>La cólera de Jehová cuando supo los retozos de Adán y Eva, fue cosa de
+risa comparada con el furor de la estanquera. No bastaron a torcer la
+resolución que adoptó ni el temor a que se malease la sobrina ni
+siquiera los cuatro duros diarios que llevaba de sueldo. Doña Frasquita
+era algo avara; pero antes de tolerar que su marido acabase de
+corromperse y perderse comprando medias a una sinvergüenza, consintió en
+que Cristeta saliese de Madrid acompañada de una doncella, costara lo
+que costara. Menos ruinosa resultaría la doncella que la pérdida de su
+marido. La escena que pasó entre los cónyuges fue trágica. Primero
+Frasquita rogó, suplicó y lloró, mientras don Quintín aguantó, cruzado
+de brazos, jurando y perjurando que el origen de aquello debía de ser
+una broma pesada de algún mal intencionado; por último, exasperada la
+esposa, empuñó un formón viejo que servía para desclavar cajones, y
+amenazó enérgicamente a su marido, diciéndole:</p>
+
+<p>&mdash;¡Te mato cuando estés durmiendo, y luego me mato yo! ¡Vamos a salir en
+los papeles!</p>
+
+<p>El pobre don Quintín cedió amedrentado.</p>
+
+<p>La maquinación del conquistador estaba bien urdida. El mismo día y en el
+mismo tren en que partió Cristeta para Santurroriaga salió el utilísimo
+Benigno, el ayuda de cámara de don Juan, destinado por éste a servicios
+análogos a los que el padre de los dioses exigía de Mercurio. Benigno
+iba vestido a lo burgués, llevaba instrucciones reservadas, y Cristeta
+no le conocía.</p>
+
+
+
+
+
+<h3><a name="Capitulo_VII" id="Capitulo_VII"></a>Capítulo VII</h3>
+
+<p>En el cual hay viaje, separación, monólogo y principio de algo más grave</p>
+
+
+<p>No queriendo don Juan que su amada viajase en compañía de los demás
+cómicos ni en coche de segunda, como correspondía a su categoría
+artística, le proporcionó para sí y la doncella un reservado y fue a
+despedirla a la estación, donde cubrió el asiento que debía ocupar con
+un precioso ramillete de flores y una cestilla llena de exquisitas
+provisiones de boca.</p>
+
+<p>Cristeta se presentó en el andén vestida con elegante sencillez. Ya no
+era la chiquilla que años antes salía muy de mañana con un pañuelo a la
+cabeza y un vestidillo de percal a comprar buñuelos para que sus tíos
+tomaran chocolate, ni recordaba en nada la humilde comiquilla de los
+primeros meses de contrata, en que iba a los ensayos con velo negro,
+como van al taller las oficialas de modista. Ahora parecía un figurín
+francés: llevaba un magnífico abrigo gris, largo y muy ajustado al
+talle; sombrero de anchas alas, adornado con lazos negros; en la mano un
+saquillo de piel de Rusia, y al subir al vagón mostró que, según su
+costumbre, iba primorosamente calzada. La doncella vestía con decencia,
+pero de modo que nadie pudiera dudar que fuese criada.</p>
+
+<p>Ella sentada dentro del vagón, y él de pie en el estribo, Cristeta y don
+Juan estuvieron hablando un buen rato y sin testigos enojosos, porque
+doña Frasquita no permitió que su marido fuese a la estación para
+despedir a su sobrina.</p>
+
+<p>&mdash;¿Qué día vendrás?&mdash;preguntó ella a su amante.</p>
+
+<p>&mdash;Lo antes posible.</p>
+
+<p>&mdash;Piénsalo bien&mdash;dijo luego Cristeta mirándole con severidad no exenta de
+cariño&mdash;. Te agradezco mucho todas tus finezas; pero..., no puedo
+adivinar qué fin va a tener esto. Conozco que te quiero, y éste es un
+mal... ¡sabe Dios! Ahora estamos a tiempo... Si te has de portar mal
+conmigo... déjame. Por lo menos, el recuerdo que conserve de ti no
+tendrá nada de rencor.</p>
+
+<p>&mdash;¡Tonta mía! ¡Qué cavilosa eres!</p>
+
+<p>&mdash;Es que... entiéndelo bien... nunca me resignaré a que mi amor sea cosa
+de juego. Yo podré no tener exigencias ridículas; pero tampoco me dejaré
+tratar como... ya me comprendes.</p>
+
+<p>Don Juan, no sabiendo qué responder a tan sinceros avisos, se contentaba
+con mirarla rendidamente.</p>
+
+<p>De pronto silbó la locomotora, lanzó tremendos resoplidos, crujieron los
+herrajes, arrancó el tren, dejando al galán en el andén con un «adiós,
+vida mía», en la boca y Cristeta permaneció asomada a la ventanilla
+hasta que le perdió de vista, agitando el pañuelo en la mano.</p>
+
+<p>Durante el viaje adquirió el convencimiento de que aquel hombre se le
+había entrado al corazón más de lo que acaso conviniera. Todo el camino
+fue pensando en lo distinto que era Juan de cuantos pretendientes tuvo.</p>
+
+<p>Echada en el fondo del vagón, sin dormir ni cambiar palabra con la
+doncella, se quedó como ensimismada. Unos ratos sus reflexiones
+semejaban examen de conciencia: mentalmente se hacía reproches por haber
+dado oídos al amor; otros momentos parecía complacerse en los recuerdos
+que su memoria iba evocando... En verdad que las galanterías de Juan
+habían sido de extraordinaria delicadeza: fue el único que, al dirigirse
+a ella, no tuvo en cuenta exclusivamente su belleza: no cabía duda de
+que le parecía, no hermosa, sino hermosísima; pero jamás se lo expresó
+con osadía ni se permitió atrevimientos de mal gusto... algún beso, eso
+sí; pero un beso casi respetuoso. Nunca mostró desconocer ni olvidarse
+del decoro debido a la mujer amada. Otros procuraron seducirla
+fingiéndose enloquecidos por su belleza, no elogiando más que sus
+encantos materiales: Juan le había dado a entender muchas veces que
+también apreciaba en ella el ingenio y la bondad: además, había hecho lo
+posible por despertar en su ánimo aversión a la vida teatral, en lo que
+tenía de peligrosa. Y sobre esto último pensó mucho Cristeta, porque el
+teatro y el arte que ella se había fingido leyendo dramas y comedias en
+la trastienda del estanco o apoyada de codos en el mostrador, no eran el
+arte y el teatro que la realidad le presentaba. Soñó con una vida toda
+poesía y encanto, y tropezó con una existencia llena de vulgaridad y
+desilusión. Por otra parte, ya no podía confundir su afición con su
+disposición: ya sabía que sus facultades no eran bastantes a eternizar
+su fama, ni muchísimo menos. Acaso estuviera predestinada a tener que
+contentarse con ser actriz mediana, de aquellas a quienes nadie echa de
+menos cuando mueren o se retiran. Era aplaudida por elegante, picaresca,
+graciosa y bonita, o por salir medio desnuda: todos decían al verla:
+«¡qué guapa!», rara vez la celebraban como artista. Harto lo comprendía
+ella, sin forjarse esas dañosas ilusiones con que el amor propio ciega y
+pierde a los vanidosos... y, además, recordaba que la única persona que
+había contribuido a promover estas ideas era Juan. Por supuesto, que sus
+indicaciones fueron hechas con exquisita discreción. Sí; aquel hombre lo
+tenía todo: galante, fino, cariñoso, espléndido, inteligente, bien
+educado... hasta guapo mozo, que es la última de las condiciones que
+debe exigir la mujer. ¡Vaya si era guapo! ¡Qué modo tenía de mirarla!
+Sus expresivos ojos sabían decir cuanto callaba su comedida lengua. Pero
+lo que causaba a Cristeta verdadera delicia era la convicción de que don
+Juan se apenaba cada vez que la veía salir a escena ligera de ropa.
+Indudablemente tenía celos del público, y por lo mismo que el seductor
+puso empeño en alejar del pensamiento de la mujer toda idea de pasión
+exclusivamente sensual, la mujer se obstinaba en persuadirse de que, no
+sólo con sus perfecciones morales, sino también con sus encantos
+físicos, le había enamorado.</p>
+
+<p>Toda la noche soñó despierta con don Juan, experimentando dulzura
+inefable ante la idea de que <i>él</i> compartiese el sentimiento que había
+inspirado. El monólogo fue muy largo, e innumerables las ideas que
+mientras duró se encadenaron y sucedieron, quedando al término de todas
+evidenciada la existencia de un grave peligro para Cristeta. Don Juan
+era hombre de posición social muy superior a la suya; ella no lo
+ignoraba, y a pesar de esto le había rendido el albedrío. Don Juan no se
+aventuró a una sola demostración que indicase atrevimiento, ni dio un
+paso en el camino de la conquista material; nunca tuvo ella que decirle:
+«las manos quietas», pero ¿qué pasaría si llegasen las cosas a este
+terreno? ¿Cómo ponerle a raya, si tal aconteciera? Pensar en boda, sería
+bobada: don Juan no había de casarse con una comiquilla. ¿Qué quedaba,
+pues, en el fondo de aquella mutua inclinación sino la perspectiva de
+unas relaciones predestinadas a morir sin madurar o a convertirse en
+contrato pasajero?</p>
+
+<p>Cristeta no quería acostumbrarse a la idea de que su pasión creciese
+fuera de la Iglesia y a espaldas del Registro civil; pero aún le
+repugnaba más la posibilidad de perder a don Juan.</p>
+
+<p>Mirando tristemente el ramo que le había dado al salir de Madrid,
+imaginaba que a veces el amor tiene igual destino que las flores: se
+cortan con mimo, se les quitan las espinas con cuidado, se agrupan con
+arte, se aspira su aroma con delicia, se conservan artificialmente unas
+cuantas horas, y luego quien las deseó con vehemencia, las tira con
+desprecio.</p>
+
+<p>En suma, Cristeta desconfiaba sinceramente de saber ni poder ni querer
+resistir a don Juan, y al mismo tiempo su dignidad femenina se
+sublevaba, temiendo que el abandono pudiera ser para ella el mismo
+despeñadero que para tantas otras. Acaso llegase a conformarse con la
+idea de perderse por amor; mas no podía transigir con la perspectiva de
+ser una pérdida. Amar y entregar el alma, y, considerándolo como
+miserable esclavo del alma, hacer también regalo de su cuerpo... tal
+vez; pero a un solo hombre, y ese había de ser <i>él</i>.</p>
+
+<p class="puntos">*<br />* *</p>
+
+<p>Llegada que fue a Santurroriaga se hospedó en el piso segundo de la
+<i>Fonda de España</i>. El criado de don Juan, que no la perdió de vista
+desde que se apeó del tren, se albergó en el mismo establecimiento, y
+después de saber dónde se había alojado, a fuerza de propinas, consiguió
+que le trasladasen a una pieza contigua a la que ella ocupaba: en
+seguida de lo cual dirigió a su amo un telegrama. Después aquel hombre
+utilísimo, más digno de mandar que de servir, esperó a don Juan, el cual
+llegó a las cuarenta y ocho horas.</p>
+
+<p>Así urdida la trama, amo y criado se encontraron <i>casualmente</i> en la
+puerta del hospedaje, y ante el encargado de la fonda, como amigos a
+quienes el azar reúne, hablaron de este modo:</p>
+
+<p><i>El criado</i>.&mdash;Si va usted a estar aquí muchos días, pida usted que le
+den el cuarto que yo tengo, porque la vista del mar es una delicia... Yo
+me voy pasado mañana.</p>
+
+<p><i>El señor</i>.&mdash;Hombre, se lo agradezco a usted mucho. Y luego,
+dirigiéndose al encargado:</p>
+
+<p>&mdash;¿Hay inconveniente en que ocupe la habitación de este caballero?</p>
+
+<p><i>El de la fonda</i>.&mdash;Ninguno. ¿Qué más nos da?</p>
+
+<p>Don Juan tomó posesión del cuarto inmediato al de Cristeta.</p>
+
+<p>Un conquistador principiante o adocenado, hubiera incurrido en la
+inexperiencia de ir aquella misma noche al teatro de la villa en busca
+de la mujer asediada, para demostrarle su amor haciendo valer la
+presteza del viaje. Don Juan, con maquiavélica sagacidad, no se dejó
+ver. Salía de la fonda muy de mañana, comía fuera, paseaba lejos y
+regresaba tarde. No hubo compañero de Cristeta que tropezase con él.</p>
+
+<p>Luego transcurrieron unos cuantos días sin que ella recibiese cartas de
+su amartelado caballero, lo cual estimuló su impaciencia, y ya comenzaba
+a darse casi por olvidada, cuando una noche el desasosiego se le trocó
+en alegría.</p>
+
+<p>Regresaba del teatro y subía de prisa la escalera, seguida de la
+doncella, que por llevar un lío de ropa andaba más despacio, cuando al
+llegar al descansillo que separaba dos tramos, vio a un hombre que,
+palmatoria en mano, entraba rápidamente en una habitación. No pudo
+distinguir bien la figura del desconocido, que abrió y cerró la puerta
+con extraordinaria precipitación; pero le pareció que aquel hombre era
+don Juan.</p>
+
+<p>«¡Dios mío!», murmuró la enamorada muchacha; y dándole un vuelco el
+corazón, quedó parada, sintiendo que comenzaban a temblarle las piernas.
+Haciendo un esfuerzo llegó a su cuarto, aguardó a que subiese la
+doncella, despidiola en seguida sin consentir en que la desnudase, y
+apenas se vio sola, cerró la puerta con llave y la aseguró con el
+pestillo.</p>
+
+<p>No se había repuesto de la emoción sufrida, cuando una tosecilla seca y
+entrecortada confirmó sus sospechas. Aquella era la seña que tenían
+concertada en el teatro de Madrid, para conocer que él había llegado y
+que esperaba en el pasillo.</p>
+
+<p>Cristeta, entre acobardada y gozosa, se dejó caer en una butaca. Estaba
+sola, y don Juan a dos pasos. Sólo les separaba un miserable pestillo,
+que con el dedo meñique podía descorrerse. Su turbación fue grande:
+estaba segura de que había de venir a pasar algún tiempo en la misma
+ciudad, y le aguardaba impaciente, no por días, sino por horas; pero no
+imaginaba que viniese a la misma fonda, ni que se alojase en el cuarto
+de al lado.</p>
+
+<p>La sacudida nerviosa que experimentó fue indefinible mezcla de pudor
+alarmado y esperanza satisfecha. Miró con recelo hacia la puerta, y
+viéndola cerrada y asegurada, se le serenaron algo los ojos, como si
+juzgase alejado el peligro. En seguida oyó otra vez sonar la tosecilla y
+sonrió orgullosa diciéndose: «¡Hasta el fin del mundo es capaz de ir por
+mí!»</p>
+
+<p>De repente se puso pálida como la cera; quiso suspirar, no pudo, y se le
+vino al rostro una oleada de sangre. La cosa no era para menos. Acababa
+de fijarse en una puerta de que hasta entonces no hizo caso, o en que no
+reparó, por hallarse clavada en ella, según es frecuente en las fondas,
+una percha, de la cual su doncella había colgado varías faldas y otras
+ropas largas ocultando la entrada; y era lo terrible que esta puerta
+ponía en comunicación el cuarto de Cristeta con el inmediato.</p>
+
+<p>Se levantó temblando, se acercó de puntillas y quitó las ropas: la
+puerta estaba cerrada y tenía el pasador echado; pero... ¿podrían
+abrirla desde la parte opuesta? Mejor dicho: ¿podría Juan entrar por
+allí?</p>
+
+<p>«No me acuesto», pensó; y volviendo a sentarse en la butaca, dejó pasar
+unos minutos, que le parecieron siglos.</p>
+
+<p>¿Se habría equivocado? ¿Sería Juan, u otro cualquiera que se le
+pareciese en el modo de toser? Si fuese él, ¡qué dulcísimo miedo! Si no,
+¡qué tranquilidad... y qué desilusión!</p>
+
+<p>Era en verano, y el cuarto había permanecido todo el día cerrado; así
+que entre su propio sofoco y el calor de la habitación, Cristeta no
+respiraba a gusto.</p>
+
+<p>Sin mover ruido fue al balcón y lo abrió.</p>
+
+<p>¡Qué hermosa noche! La ciudad estaba dormida, el mar en calma, el aire
+diáfano, la atmósfera serena, y en el cielo brillaban millares de
+millones de estrellas. Cristeta se apoyó de codos en la barandilla y
+aspiró con delicia el aire que venía saturado de emanaciones salinas. En
+vano quería serenarse. El corazón le latía como avisando un peligro, y
+los oídos le zumbaban remedando una canción de amor.</p>
+
+<p>De pronto oyó una voz suave y grata, que pronunciaba su nombre con sin
+igual ternura, y le pareció que ni antes, ni después, ni nunca en lo
+infinito del tiempo, se dijo ni dirá nombre de mujer con semejante
+acento.</p>
+
+<p>En el balcón inmediato al que ocupaba Cristeta estaba don Juan.
+Alargando un brazo cada amante, pudieron estrecharse las manos.</p>
+
+<p>&mdash;¡Imprudente!&mdash;dijo ella&mdash;. ¡Quieres comprometerme!</p>
+
+<p>&mdash;Nadie sabe que he venido. Peor sería ir al teatro no habiendo aquí
+nadie de tu familia. Ni siquiera el bobalicón de tu tío.</p>
+
+<p>&mdash;¡Pobrecillo! Bueno le dejé... El teatro le ha vuelto el juicio, o,
+mejor dicho, aquella corista... Mariquilla. Está loco. Pero el loco de
+atar eres tú. ¿Cómo te las has compuesto para que te den ese cuarto?</p>
+
+<p>&mdash;El cómo, no lo sé; el para qué, figúratelo. Estoy harto de verte ante
+testigos. Tengo hambre de estar solo contigo, de cogerte una mano, nada
+más que una mano, ¿entiendes? y comérmela a besos.</p>
+
+<p>&mdash;¿Me quieres?</p>
+
+<p>&mdash;Más que tú a mí.</p>
+
+<p>&mdash;¿Tú que sabes?</p>
+
+<p>&mdash;¡Rica mía!</p>
+
+<p>&mdash;¡Vida!</p>
+
+<p>&mdash;¡Cariño!</p>
+
+<p>Y así siguieron largo rato, dulcísimamente entretenidos en aquel
+estupendo y delicioso dúo que por primera vez tuvieron Adán y Eva, y que
+probablemente sostendrán, pareciéndoles original, el postrer hombre y la
+última mujer que queden sobre el haz de la tierra.</p>
+
+<p>El poético canto de la alondra avisaba a Julieta y Romeo que era llegada
+la hora de la separación; mas como allí no había pájaros, el aire fresco
+de la madrugada fue quien impuso la separación a los amantes,
+recogiéndose ambos a sus cuartos al despuntar el día; y conste que, en
+obsequio al lector, el autor prescinde de describir la llegada de la
+aurora. Cristeta se sintió más enamorada que nunca, y don Juan más
+esperanzado con la victoria, a semejanza de los grandes capitanes que no
+arriesgan ni proponen batalla hasta después de haber irritado al enemigo
+en largos días de desear la lucha, porque de esta suerte queden la
+sangre fría y la calma triunfantes del entusiasmo y del coraje.</p>
+
+<p class="puntos">*<br />* *</p>
+
+<p>Sabed ¡oh tímidas y pudorosas doncellas merecedoras del blanco azahar!
+que la puerta de comunicación no se abrió aquella noche.</p>
+
+<p>Acostose Cristeta, y al apagar la bujía vio que por el ojo de la
+cerradura entraba un hilo de luz, al cual parecían dejar paso mal
+intencionadamente las prendas colgadas de la percha. Entonces, pensando
+que aquel agujerito podría convertirse en observatorio peligroso para su
+honestidad, se levantó a oscuras y lo tapó a tientas con la punta de una
+toalla, murmurando al meterse segunda vez entre las sábanas: «¡Válgame
+Dios lo que es la vida! ¡Todo Madrid me ha visto medio desnuda en el
+teatro, y ahora tomo precauciones para que no me vea el único hombre a
+quien quiero...!»</p>
+
+
+
+<h3><a name="Capitulo_VIII" id="Capitulo_VIII"></a>Capítulo VIII</h3>
+
+<p>Lo que en éste sucede, mejor es para sentido que para escrito</p>
+
+
+<p>Durante cuatro noches se hablaron de balcón a balcón. A la quinta
+descargó sobre la ciudad una tempestad horrible, y hubieron de suspender
+el diálogo. Tan fragorosos eran los truenos, tan frecuentes los
+relámpagos, que ambos amantes juzgaron prudente retirarse cada cual a su
+cuarto, don Juan maldiciendo de Júpiter y de Eolo, y Cristeta, que
+ignoraba la Mitología, renegando de su mala estrella.</p>
+
+<p>Era la una de la madrugada, y acababan de recogerse cerrando persianas y
+vidrieras, cuando Cristeta oyó golpecitos dados en la puerta por donde
+comunicaban las dos habitaciones.</p>
+
+<p>Aproximose al tabique, dio otros golpecitos, y acercando la boca al ojo
+de la cerradura preguntó:</p>
+
+<p>&mdash;¿Eres tú?</p>
+
+<p>Pasaron unos cuantos segundos, y de pronto vio caer al suelo la toalla,
+que pocos días antes colocara con pudorosa cautela, a modo de tapón,
+notando al mismo tiempo que por el agujerito destinado a la llave
+asomaba un mango de pluma, con el cual don Juan había empujado el lienzo
+hasta tirarlo. Venirse abajo el paño de manos, retirarse el mango de
+pluma y mirar ella por el agujerito, todo fue uno. Al pronto no
+distinguió nada; pero apartándose un poco hacia atrás, volvió a mirar, y
+entonces vio una ceja; luego se quitó la ceja, y en su lugar aparecieron
+los labios de don Juan, cuya voz entraba por aquel estrecho conducto
+casi silbando, y decía:</p>
+
+<p>&mdash;¿Estás ahí, vida mía?</p>
+
+<p>&mdash;Sí.</p>
+
+<p>&mdash;¿Quieres que hablemos por aquí?</p>
+
+<p>&mdash;Bueno; ¡pero me da una risa!...</p>
+
+<p>&mdash;¡Qué angostos son a veces&mdash;dijo don Juan&mdash;los senderos que Dios nos deja
+para que caminemos hacia la dicha!</p>
+
+<p>&mdash;Chico, parece que nos amamos por cerbatana.</p>
+
+<p>&mdash;¿Oyes bien?</p>
+
+<p>&mdash;Sí, pero tengo que pegar la oreja a la cerradura.</p>
+
+<p>&mdash;¡Alma mía!</p>
+
+<p>&mdash;¡Juan de mis ojos! ¡Monín!</p>
+
+<p>A la media docena de exclamaciones melosas sonaron simultáneamente dos
+carcajadas, y en seguida dijo don Juan:</p>
+
+<p>&mdash;Cristeta, vida mía, esto me parece el colmo de la ridiculez.</p>
+
+<p>&mdash;A mí también: tu voz suena como silbido de mirlo.</p>
+
+<p>&mdash;Pues abre la puerta.</p>
+
+<p>&mdash;¡Calla, loco!</p>
+
+<p>&mdash;Nada más que entornada.</p>
+
+<p>&mdash;¿Para qué?</p>
+
+<p>&mdash;Tú lo has dicho: para no ponernos en ridículo ante nosotros mismos.</p>
+
+<p>&mdash;Sí, pero, ¿y luego? Tengamos juicio.</p>
+
+<p>&mdash;No seas tonta.</p>
+
+<p>&mdash;¿Quieres que sea loca?</p>
+
+<p>&mdash;¿No estoy yo loco por ti?</p>
+
+<p>&mdash;Sí, pero tu locura buscará alivio en mi perdición, y para la mía no
+habría remedio.</p>
+
+<p>&mdash;¡Vaya un discreteo, y cómo se conoce que eres mujer de teatro!</p>
+
+<p>&mdash;Y tú hombre de mucho mundo, que es uno de los tres enemigos del alma.</p>
+
+<p>&mdash;Vamos, abre, paloma.</p>
+
+<p>&mdash;¿Y qué prometes?</p>
+
+<p>&mdash;Cerrar cuando tú lo mandes.</p>
+
+<p>&mdash;¿Palabra de honor?</p>
+
+<p>&mdash;Lo juro.</p>
+
+<p>Oyose el estridente correrse del pestillo, entreabriose la puerta, y,
+merced a la luz que cada interlocutor tenía en su cuarto, pudieron ambos
+verse perfectamente.</p>
+
+<p>La puerta quedó separada de su marco cosa de un palmo, y por aquel
+espacio alargó don Juan ambas manos, estrechando entre ellas una de
+Cristeta, que ésta tuvo la caridad de no retirar.</p>
+
+<p>&mdash;¡Parece mentira!&mdash;decía él&mdash;. La prueba de que te quiero está en la
+cobardía, en el temor de ofenderte con que te miro y te deseo.</p>
+
+<p>&mdash;Sí, pero te agarras.</p>
+
+<p>&mdash;¡Maldita tormenta! ¡Estábamos tan bien en el balcón!...</p>
+
+<p>La alegría retratada en el rostro de don Juan le acusaba claramente de
+mentiroso. Había empezado por no tomar a Cristeta más que una mano;
+después fue subiendo las suyas hasta cogerle la mórbida y delicada
+carnosidad del brazo, que mostraba desnudo fuera de la manga de la bata,
+y acabó por dar un golpecillo a la puerta con el pecho, dejándola medio
+abierta; de suerte que pudo acercarse mucho más a su novia y cogerle
+amorosamente la cintura, aunque sin oprimírsela con demasiada libertad.</p>
+
+<p>&mdash;¿Qué es esto?&mdash;exclamó ella fingiendo un enojo que no sentía, y moviendo
+la puerta con un pie.</p>
+
+<p>&mdash;¿Qué ha de ser? Que con esta maldita puerta me hago daño. ¿Pero qué
+tienes? ¿Desconfías de mí? ¿No hemos estado solos mil veces en tu cuarto
+del teatro en Madrid?</p>
+
+<p>&mdash;Es verdad... esto es bufo, y vamos a concluir burlándonos uno de otro.</p>
+
+<p>&mdash;Y en amor&mdash;añadió don Juan&mdash;no hay cosa peor que el ridículo.</p>
+
+<p>Estaban en lo cierto. La situación era propia de sainete. Cristeta tenía
+el cuerpo echado hacia adelante, para que don Juan pudiera estrecharla
+el talle, y él, ansioso de no perder lo conquistado, había metido medio
+cuerpo por entre puerta y marco; con lo cual, en vez de personas
+formales, parecían chiquillos jugando al escondite.</p>
+
+<p>&mdash;Basta de niñerías&mdash;dijo don Juan de repente, atrayendo hacia sí la
+puerta y abriéndola de par en par&mdash;. Entra en mi cuarto, o déjame que
+entre en el tuyo, y hablaremos tranquilamente.</p>
+
+<p>&mdash;¿Tranquilamente?</p>
+
+<p>&mdash;¿Lo dudas?</p>
+
+<p>&mdash;¡Como no me has avisado que venías, y luego has tomado ese cuarto!</p>
+
+<p>&mdash;¿Había de irme lejos pudiendo estar cerca? ¡Dilo, alma mía!</p>
+
+<p>Don Juan se había ya entrado a la habitación de Cristeta, y con la mayor
+naturalidad, sin arranque de enamorado fogoso ni señal de ataque a lo
+que debía respetar, fue a sentarse en el sofá, ni más ni menos que si
+llegara de visita. Ella, sonriente, monísima, se colocó frente a él, en
+una silla baja, y durante unos segundos ambos permanecieron callados.</p>
+
+<p>Don Juan pensaba: «Todavía no». Cristeta se decía: «¡Veremos!»</p>
+
+<p>Luego hablaron de cómo hizo cada cual el viaje, del tiempo que Cristeta
+había de estar allí, de cuándo partiría él, hasta que, según costumbre
+en tales casos, sin saber por dónde, volvieron al eterno dúo en que las
+promesas de amor se resuelven en suspiros, y se acaban en mimos las
+frases comenzadas con palabras. Sin duda que andaba cerca de allí un
+diablo ocioso, y quiso atormentarles, que es, según San Macario, lo más
+grave que puede acaecer a cristianos, porque al poco rato sucedió que
+don Juan, alzando suavemente a Cristeta de la silla baja donde estaba y
+sentándosela muy junto a sí en el sofá, comenzó a decirle miles de cosas
+amorosísimas, que ella escuchaba dándole gracias con los ojos. No
+pretendió el diablo tentarles más, o don Juan quiso dejar la tentación
+para otro día, porque levantándose de repente, como quien se aparta de
+un grave peligro, se pasó las manos por el rostro, y dijo:</p>
+
+<p>&mdash;No, Cristeta, esto es una locura... Adiós, hasta mañana; estás
+hermosísima y te quiero demasiado.&mdash;Y echando a andar hacía su cuarto,
+entró y cerró la puerta, mientras Cristeta quedaba en el sofá confusa y
+asombrada, no sabiendo qué sentimiento dominaba en su espíritu, si pena
+de amor contrariado o gratitud por el respeto que recibía.</p>
+
+<p>Al encerrarse don Juan en su habitación se dejó caer sobre una silla,
+admirado de su propia heroicidad. No hubo en aquel momento rasgo de
+casta entereza que no recordara con desprecio. ¿Qué José, huyendo de la
+mujer de Putifar? ¿Qué Octavio, esquivando a Cleopatra, podían
+comparársele? Porque estas dos damas fueron caprichosas pervertidas, y
+estaban cansadas de darse a quien quisiera disfrutarlas; mas Cristeta
+era la juventud no estrenada, la belleza por nadie poseída, que
+espontáneamente se le brindaban en el silencio de la noche, como en la
+soledad de un campo se ofrecen al sediento peregrino los jugosos racimos
+de la vid.</p>
+
+<p>Don Juan se portó así, seguro de que aquello no era renunciar a la
+victoria, sino asegurarla, dilatándola; prefirió sitiar la plaza por
+hambre a tomarla por asalto.</p>
+
+<p>Aunque a la noche siguiente estuvieron el cielo sereno y el aire
+templado, no se le ocurrió a ninguno de ambos amantes ponerse al balcón
+ni entornar la puerta. Cristeta fue la primera que, al volver del
+teatro, como viese el hilillo de luz que penetraba por el agujerito de
+la cerradura, despidió a la doncella lo más presto que pudo, y apenas la
+oyó subirse al piso en que dormía, tosió para que don Juan supiese que
+era esperado, y descorrió el cerrojillo. Sonar la falsa tos, rechinar el
+hierro y abrirse la puerta, apareciendo en ella el galán, fue obra de un
+momento.</p>
+
+<p>A estar Cristeta menos enamorada, habría podido, durante las
+veinticuatro horas transcurridas desde la entrevista anterior,
+reflexionar sobre la conducta que le convenía seguir; pero ya no
+discurría tan frescamente como al salir de Madrid. Primero el
+alejamiento de su amado, luego los diálogos de balcón a balcón, y por
+último el peligroso encanto de aquella misteriosa proximidad, acaloraron
+su imaginación, haciéndola sentir mucho y pensar poco; así que, en vez
+de apercibirse contra la cita, no supo sino esperarla con impaciencia.
+Al dirigirse hacia la puerta miró al sofá con miedo, a la cama con
+terror, y, sin embargo... abrió gozosa.</p>
+
+<p>Don Juan adelantó dos pasos, la cogió amorosamente por el talle y la
+besó en una mejilla con aparente inocencia, reanudando el dúo de la
+noche pasada con aquella misma naturalidad que emplearía Fray Luis de
+León al exclamar: «Decíamos ayer...» Cristeta, sin rehuir el beso, habló
+de este modo:</p>
+
+<p>&mdash;¡Vaya una temeridad! ¡No sabes qué cavilosa he pasado el día!</p>
+
+<p>&mdash;¿Por qué, vida?</p>
+
+<p>&mdash;No debemos continuar viéndonos de esta manera. Si alguien lo sabe,
+estoy perdida.</p>
+
+<p>&mdash;Tú podrás perderte, pero yo lo estoy ya; perdido de amor por ti, que ni
+descanso, ni duermo, ni sosiego, ni hago cosa a derechas; todo el día
+estoy contando minutos y esperando que llegue este momento para decirte
+que te quiero... ¡Qué hermosa estás!</p>
+
+<p>&mdash;¿De veras? ¡Nunca lo he oído con gusto hasta que tú me lo has dicho!</p>
+
+<p>&mdash;Como que nadie te lo ha dicho queriéndote: con esa cara y ese cuerpo
+que tienes, ¡claro! alguno habrá habido chiflado por ti, pero... no sé
+de qué modo expresártelo, no por cariño, como yo... sino... en fin, por
+lo guapa y por lo mareante que eres, vamos, con hambre de abrazarte...
+Ya me entiendes... ¡Quita, quita; no me mires así, que me vuelves loco!</p>
+
+<p>&mdash;Y tú ¿me quieres de otro modo?</p>
+
+<p>&mdash;¿Yo? De los dos. Cuando no te tengo al lado soy dueño de mí, pienso
+fríamente, y recordándote, siento un placer grandísimo... y tranquilo...
+vamos, como sí gozara sólo con el entendimiento, como si en vez de ser
+hombre fuese un ser maravilloso incapaz de... ¿Comprendes?...</p>
+
+<p>&mdash;Se me figura que sí.</p>
+
+<p>&mdash;Bueno; pero luego, en cuanto me acerco a ti, ¡adiós frialdad! Tú no
+habrás estado nunca borracha, ya me lo figuro; pero alguna vez, el día
+del santo de tu tía, o de una amiga, habrás bebido una copita de licor
+que se te haya subido a la cabeza... No se pierden la voluntad ni el
+sentido, pero se exalta la imaginación, todo lo demás flaquea y desmaya;
+parece que los ojos no ven sino lo que quieren ver, lo que da gusto al
+alma, y se queda uno soñando despierto, perdido de ideas... ¡Se me
+ocurren unas cosas!...</p>
+
+<p>&mdash;Juan, calla, o vete. ¡Déjame!</p>
+
+<p>&mdash;La culpa es tuya. Tienes un modo de mirar que me estremece. Como cuando
+pasa un pájaro aleteando sobre el agua, y parece que el agua tiembla...
+¡No te rías! Pues agallado.</p>
+
+<p>&mdash;No digas tontunas: ¡ni que estuviéramos en escena en el teatro!</p>
+
+<p>&mdash;¿Qué teatro? ¿Quién te ha hablado nunca con la sinceridad que yo? Si
+hasta se me olvida lo que pienso lejos de ti. Mientras no te veo, se me
+ocurren cien mil cosas con que volverte loca; me siento más poeta que
+Dios, y en cuanto te tengo al lado, me quedo tonto, inútil, como un
+muñeco descompuesto.</p>
+
+<p>Cristeta respiraba penosamente, y en lo interior del pecho sentía una
+sensación extraña, como de hervor latente. Las palabras de Juan se le
+iban entrando al alma, haciendo escala en los sentidos. Por fin, igual
+que otras veces, le dijo, mirándole con melancólica ternura:</p>
+
+<p>&mdash;¡Si fuera verdad!...</p>
+
+<p>&mdash;¿Y qué derecho tienes para dudarlo?</p>
+
+<p>&mdash;No lo sé. Corazonadas... miedo. Vamos a ver; apártate un poquito y
+hablemos fríamente. No dudo de tu sinceridad; pero no confundamos las
+cosas. ¿Es que me quieres, o es que te parezco bonita? Piénsalo bien:
+¿qué soy yo para ti?</p>
+
+<p>&mdash;¡Mi vida! ¡Mi cielo!</p>
+
+<p>&mdash;¡Quiá! Una mujer que te gusta... una más. Y por otra parte, ¿qué puedo
+yo esperar de ti? ¡Nada! ¿No conoces que, aunque te quiera como te
+quiero, no debo hacerme ilusiones? Vamos, calla, calla. ¡Si no puede
+ser! Un hombre como tú, tan distinto de mi clase... Yo, que no he pisado
+alfombras más que en escena... No tendríamos perdón de Dios: yo, por
+vanidosa; tú, por creer que es amor eso... que es otra cosa.</p>
+
+<p>&mdash;¿Y qué es?&mdash;preguntó Juan con extraordinaria vehemencia.</p>
+
+<p>Cristeta se puso roja como la grana.</p>
+
+<p>&mdash;¿Lo ves?&mdash;añadió él&mdash;. Hasta te da vergüenza lo que se te ocurre. Dilo
+claro: ¿crees que yo no siento por ti más que un deseo... un
+capricho?...</p>
+
+<p>&mdash;Ya te he dicho otra vez que me lastima esa idea; yo no he nacido para
+satisfacer caprichos. Sólo la palabra me ofende y me repugna. Lo que
+quiero decirte es que tú confundes lo poco que me puedas querer con...
+lo otro.</p>
+
+<p>&mdash;Tú sí que me ofendes. ¿Cuándo se te ha acercado un hombre que te
+respete más que yo?</p>
+
+<p>&mdash;Es que yo sé hacerme respetar.</p>
+
+<p>&mdash;Pues conmigo no tienes necesidad de eso.</p>
+
+<p>Cristeta sostenía el diálogo con dificultad: sus frases eran diversas de
+sus pensamientos y contrarias a sus deseos; semejaba un sofista ansioso
+de dejarse convencer.</p>
+
+<p>Juan no había llevado la vela de su cuarto; en el de ella, aunque
+espacioso, puesto como de fonda, con pocos y baratos muebles, no lucía
+más que la llama temblorosa de una bujía, colocada sobre un veladorcito,
+en tal disposición, que dejando en sombra los rincones, daba de lleno en
+el rostro de Cristeta, iluminaba la cama, la mesa de noche y el sofá en
+que estaban sentados los amantes. Pendientes de perchas y sobre varias
+sillas, se veían ropas de calle y de escena, resaltando entre éstas una
+faldilla de seda a listas de colores vivos y tan corta, que habría de
+dejar las piernas al descubierto. Encima de un baúl había un par de
+botas altas de raso blanco con cordones de oro.</p>
+
+<p>La calle estaba desierta, al través de los visillos del balcón se
+divisaba el centelleo de las estrellas y a lo lejos sonaba el bramido
+ronco y tenaz que subía de la playa.</p>
+
+<p>En la fonda y su proximidad el silencio era completo. Mientras Cristeta
+hablaba o escuchaba, su propia voz y la de Juan parecían infundirle
+tranquilidad y sosiego: pero en los breves intervalos en que permanecían
+callados, entre frase y frase, aquel silencio era para ella un nuevo y
+peligroso incentivo, añadido a la fascinación que en su ánimo juntamente
+levantaban la sed de amor y las palabras del hombre. Medrosa por la
+ocasión y medio rendida ante la idea del amor, fijaba de cuando en
+cuando la mirada en Juan, cual si pretendiese adivinarle los
+pensamientos; otras veces dirigía la vista hacia el faldellín y botas de
+raso, que simbolizaban su peligrosa vida artística, y luego desviaba con
+desdén los ojos. En los del hombre no descubría presagio de infortunio;
+antes al contrario, estaban expresivos, atrayentes, llenos de promesas
+dulcísimas. En cambio&mdash;¡hay momentos en que las cosas hablan!&mdash;el
+faldellín y las botas de raso parecían augurar más sinsabores que el
+coro de la tragedia antigua.</p>
+
+<p>Un reloj de cuco que había en el pasillo inmediato, dio pausadamente las
+tres de la madrugada. Cristeta, retirando una mano que don Juan le tenía
+cogida entre las suyas, se puso en pie como tocada de un resorte. No
+hizo ademán de resistencia premeditada, ni fue el suyo acto sugerido por
+la voluntad, sino movimiento instintivo con que, sintiéndose flaquear,
+se apercibió a la defensa, viendo inevitable y cercana su amorosa
+derrota.</p>
+
+<p>Al verla levantarse, don Juan se puso también en pie, comprendiendo que
+en aquel instante podía intentar un asalto decisivo. La noche, el sitio,
+la soledad, el silencio, la excitabilidad de que Cristeta parecía
+poseída, hacían apetitosa y deleitable la ocasión; mas ¿a qué atacar una
+fortaleza a la cual faltaba tan poco para rendirse voluntariamente? Don
+Juan sabía que gozar una mujer, en el más noble y lato sentido de la
+palabra, no es descerrajar una puerta. La violencia es el peor enemigo
+del amor. El viento huracanado y raudo roba brutalmente su perfume a las
+flores y lo esparce sin disfrutarlo; en cambio el aura suave, el céfiro
+que dicen los poetas, vuela apacible y manso sobre los plantíos y aspira
+voluptuosamente sus delicadísimos efluvios. Don Juan prefería lo último.</p>
+
+<p>&mdash;Adiós, alma mía, hasta mañana... Anda, busca otro hombre que a esta
+hora, estando así, a tu lado, sea tan...</p>
+
+<p>&mdash;Sí, ya lo sé; tan caballero. Nunca esperé menos de ti.</p>
+
+<p>&mdash;Hay momentos en que caballero y tonto son sinónimos&mdash;dijo él.</p>
+
+<p>&mdash;No lo creas&mdash;repuso ella tendiéndole ambas manos en señal de despedida,
+y añadió&mdash;Quien sabe amar sabe agradecer.</p>
+
+<p>«Ya me las pagarás todas juntas», pensó don Juan. Y al mismo tiempo,
+según la tenía cogida por las yemas de los dedos, la atrajo contra sí
+hasta juntarse ambos cuerpos, y le dio un beso sonoro, largo y apretado,
+uno de esos besos que despiertan en los ángeles deseo de pedir licencia
+para venirse al mundo.</p>
+
+<p>En seguida, dejándola presa de aquella impresión, como si la caricia
+fuese la flecha que arrojaban los partos al huir, se entró en su
+habitación. Al verse Cristeta sola en la suya y cerrada la puerta,
+comprendió que había triunfado, mejor dicho, que se había vencido a sí
+misma. ¡Triunfo efímero y pobre vencimiento que dejaron su imaginación
+poblada de dudas!; porque aquella aparente victoria, aquel momentáneo
+éxito de castidad, era pan para hoy y hambre para mañana.</p>
+
+<p>No faltarán almas ruines y fantasías pervertidas que al llegar aquí
+tachen a don Juan de estúpido y a la pobre Cristeta de fácil y liviana.
+Los mismos que tal piensen no habrían vacilado en explotar su amorosa
+turbación. Así es el hombre, pronto a censurar toda flaqueza que no
+redunda en su provecho. Dios, que cuando tiene tiempo penetra en el
+corazón de los mortales, sabe que Cristeta no era fácil ni liviana: lo
+que pasaba era que le había llegado su hora.</p>
+
+<p>Su amor era semejante al agua que se desliza secreta y soterrada, hasta
+que llega un punto donde surge y brota, trocándose la inútil e ignorada
+corriente en manantial fresco y fecundo. ¿Sería don Juan quien en él
+apagara su sed? ¿Lo enturbiaría luego? Ello fue que tampoco aquella
+noche perdió el pudor sus fueros ni tuvieron por qué regocijarse los
+diablos. Lejos de darse a ellos, como hubiese hecho cualquier adorador
+impaciente&mdash;y conste que la impaciencia es el error que malogra más
+victorias amorosas&mdash;, don Juan se recogió a reflexionar con frialdad
+sobre la situación, ni más ni menos que podría un filósofo meditar sobre
+la ruina de un imperio.</p>
+
+<p>Y consideró lo siguiente:</p>
+
+<p>Que era hombre aguerrido en aquellas luchas, pero que estaba colocado en
+circunstancias enteramente nuevas. Había rendido mujeres sosas de las
+que caen sin lucha ni gracia, como fardos abandonados a su propio peso;
+señoritas imbéciles, tocadas de fría sensualidad; mozuelas que ceden por
+cálculo y se equivocan en la cuenta; casadas de las que se visten con
+gajes del adulterio; viudas aventureras, semejantes a los aros de circo
+con el papel ya roto, en que no deja señal un salto más o menos;
+pecadoras por hambre, que soportan los besos haciendo números de
+desempeños y deudas; lascivas por codicia que ponen el cuerpo a interés
+compuesto; y también disfrutó alguna de esas mujeres inocentemente
+viciosas, alocadas, que se entregan sin pensarlo, y a quienes se goza de
+improviso cortando la monotonía de la vida, como esas ráfagas de aire
+fresco que interrumpen de pronto el bochorno asfixiante de un día
+abrasador.</p>
+
+<p>Cristeta era un caso enteramente distinto. Sus encantos físicos podían
+calificarse de excepcionales. En estado normal era una de esas beldades
+serenas, de aspecto castísimo, en cuya contemplación se deleita el alma;
+y luego, cuando menos podía esperarse, aquella placidez y decoro dejaban
+el puesto a una sonrisa picaresca, hija de una sensualidad mimosa y
+dulce, natural y espontánea, que le resplandecía en los ojos
+abrillantándole las miradas, o parecía florecer en la humedad rojiza de
+los labios. Era imposible que su lenguaje fuese muy escogido, porque no
+es dado usar términos elegantes y frases primorosas a la que nace pobre,
+crece en una trastienda y entra en la vida social por el proscenio de un
+teatrucho; mas, en desquite de esta falta de atildamiento, en sus ideas
+se transparentaba siempre un fondo de delicadeza y honradez de
+sentimientos, que la hacían en extremo simpática. Aun con palabras mal
+empleadas revelaba pensamientos sanos. Un clásico hubiese dicho de ella
+que era hermosa como Diana, amante como Alcestes, compasiva como
+Antígona, y, sobre todo, enamorada como Cloe. Además, sin ser ignorante
+ni cándida, tampoco resultaba sosa ni simplona: no creía que los niños
+se encargan a París, pero el altar de su pureza no había recibido
+ofrendas, y, su misma reflexiva castidad le daba conciencia del valor de
+lo que podía perder. De todo lo cual colegía don Juan que no se trataba
+de una mujer vulgar, buena para poseída una temporadita, a quien se
+pudiese luego echar o devolver a la circulación como se compra y revende
+un caballo de lujo.</p>
+
+<p>Resumen: primero: Cristeta era una verdadera conquista, inapreciable,
+sabrosísima, pero también un origen de pavorosa responsabilidad.
+Segundo: en esto mismo radicaba la fascinadora atracción que sobre él
+ejercía. Y tercero: tratándose de una mujer excepcional, era necesario
+emplear medios extraordinarios para lograrla.</p>
+
+<p>Don Juan se durmió pensando en estas cosas y en sus derivados.</p>
+
+<p>Ella monologueó bastante menos. Luego de cerrar la puerta y tapar con el
+paño de manos el ojo de la cerradura, se quitó las horquillas, lavose a
+chapuz la cara porque estaba muy acalorada, y se acostó.</p>
+
+<p>Ambos soñaron disparatadamente, porque como durante el sueño trabaja el
+espíritu abandonado a sí propio, no crea sino desatinos y
+extravagancias. Sin duda por esto quiso Dios que el espíritu tuviese
+como base de operaciones, el cuerpo, la vil materia, tan calumniada por
+los espiritualistas. Además, ¿quien sería capaz de comprender o
+interpretar los ensueños de una doncella?</p>
+
+<p>Dijo Zenón que nunca desentrañará el hombre la esencia de las cosas; mas
+se le olvidó añadir que el sumo grado de lo imposible es descifrar lo
+que sueña la mujer.</p>
+
+
+
+<h3><a name="Capitulo_IX" id="Capitulo_IX"></a>Capítulo IX</h3>
+
+<p>Busca don Quintín a una mujer y cae en las redes de otra</p>
+
+
+<p>Ni marido pobre de mujer acaudalada, ni yerno de suegra intolerante, ni
+protegido por rico vanidoso, se vieron nunca tan privados de libertad
+como el mísero don Quintín a partir de aquel día en que doña Frasquita
+se enteró del devaneo que su esposo traía entre manos; porque la
+aventura con Mariquita, que para él fue simple pecado de pensamiento,
+semejante a la delectación morosa que dicen los teólogos, a la vieja le
+pareció adulterio consumado. A fin de tenerle más sujeto, dispuso aquel
+<i>Tetrarca</i> con faldas que la criada hiciese los pocos recados que en la
+casa se ofrecían; buscó y pagó persona que acudiese a los centros
+oficiales de donde había que recoger las sacas del tabaco y los pedidos
+del papel sellado; obligó a su esposo a encargarse de la venta desde que
+se abría hasta que se cerraba el estanco para que no tuviera momento
+libre, y, finalmente, decidió pasar el día sentada junto al mostrador,
+en continua vigilancia, con propósito de morder y arañar a quien se
+presentase trayendo carta o recado sospechoso. Tan horrible fue el
+cautiverio, que el infeliz llegó a no poner los pies en la calle sino
+los domingos y fiestas de guardar, a primera hora, cuando su esposa le
+llevaba a misa, sacándole a que tomase el aire, como las doncellas de
+servir sacan a los perritos falderos para que no empuerquen las
+alfombras.</p>
+
+<p>Don Quintín pasó muy triste la primera quincena (desde que se había
+identificado con las cosas del teatro contaba por quincenas); luego,
+prescindiendo de atractivos inútiles, dejó de usar corbata y de teñirse
+los bigotes, y, por último, cayó en una melancolía tan dramática para él
+como risible para los que le rodeaban. Ratos había en que se quedaba
+embobado, despachando automáticamente lo que le pedían, hasta que la
+severa y desapacible voz de Frasquita venía a turbar sus arrobos con
+frases crueles.</p>
+
+<p>&mdash;¿En qué piensas, burro?&mdash;solía decirle&mdash;; ¿te estás acordando de aquella
+sinvergüenza? ¡Cochino!</p>
+
+<p>Otras veces era más expresiva y humillante.</p>
+
+<p>&mdash;¿Y todo para qué?&mdash;exclamaba con gesto de pitonisa descreída&mdash;¡No puedes
+con la comida de casa, y querías ir de fonda!</p>
+
+<p>Lo que más hirió la delicadeza de su amor fue que un día, aludiendo a
+Mariquita, dijese:</p>
+
+<p>&mdash;¡Si fuera una persona decente! ¡Pero una sacadineros y desbaratacamas!</p>
+
+<p>¡Cuánto sufría! ¡Interesada ella, que sólo le hizo gastar en unos
+cuantos cafés! ¡Desbaratacamas una mujer a quien no consiguió besar sino
+tres o cuatro veces en la nuca y por sorpresa!</p>
+
+<p>Así pasó algún tiempo, hasta que una mañana, después de haber leído en
+alta voz cierto periódico que contenía una lista de compañía lírica que
+la víspera había salido a provincias y en la que figuraba Mariquilla
+como partiquina, resolvió sacudir el yugo. No podría verla, pues estaba
+ausente, pero averiguaría su paradero, la escribiría, y acaso le
+contestara diciéndole la fecha de su regreso. La perspectiva de
+recibir&mdash;buscando medio seguro&mdash;una carta suya, le infundió ánimo, y
+arrojando el periódico sobre el velador de la trastienda, dijo a su
+mujer:</p>
+
+<p>&mdash;¡Tranquilízate! Esa infeliz no está en Madrid... Ahora mismo me largo a
+respirar un rato a gusto, lejos de ti... ¡fiera!&mdash;Y sin esperar
+respuesta, se calzó y salió.</p>
+
+<p>Aunque, gracias a lo rápido de su resolución, estaba seguro de que no
+podía ser espiado, anduvo largo rato vagando por calles y plazas,
+volviéndose de vez en cuando a mirar si le seguían, hasta que,
+convencido de que no existía tal peligro, tomó el camino de la casa de
+Mariquita. Nunca la había visitado, pero sabía sus señas: Cuervo, 14,
+sotabanco, cerca del cielo. ¡Siempre, anda la felicidad por las nubes!</p>
+
+<p>Antes de llegar se le llenó el alma de ilusiones. ¿Se habría, como es
+frecuente, retrasado la salida de la compañía, y estaría Mariquilla en
+su casa? ¡Cuán sabroso desquite tomaría de la tiránica Frasquita! Mas
+discurriendo de esta suerte, le asaltó una duda horripilante... ¿Tendría
+razón su mujer? Él, que nunca sentía apetito en casa, ¿podría soportar
+la comida de fonda? Parose un momento, como cuentan que se detuvieron
+Osmán ante Alejandría y Tito ante Jerusalén, y luego avanzó
+denodadamente, pensando: «¡Sí... aunque me muera... Cuervo, 14!»</p>
+
+<p>Allí fue la primera decepción. La portera le dijo que efectivamente
+había vivido en la casa una chica que era <i>del treato</i>, pero que el mes
+anterior la desahució el amo porque no pagaba, y además por escandalosa
+y descarada. Don Quintín se alejó tristemente, imaginando que pues
+Mariquita, a pesar de ser tan guapa, no tenía con qué pagar el cuarto,
+era criminal poner en duda su moralidad, y que la acusación de escándalo
+y descaro era calumnia porteril.</p>
+
+<p>Desde la calle del Cuervo fue a ver al conserje del teatro para
+preguntarle dónde habitaba otra corista llamada Carolina, muy amiga de
+Mariquita y que tal vez supiese su paradero.</p>
+
+<p>¡Oh impremeditada determinación, qué de males trajiste! ¡Pobre viejo,
+que imaginando hacer una visita, cayó es un abismo!</p>
+
+<p>Al pisar la entrada del teatro el corazón le latía con desusada fuerza.
+Ponte, lector, en situación análoga; haz memoria de si siendo colegial
+te enamoraste de una primita o de una amiga de tu hermana; recuerda
+luego si pasados los años de la juventud, y ya hecho hombre, tornaste a
+pisar los lugares donde, al conocerla, sentiste o creíste sentir amor;
+deja que en tu alma, tal vez vieja y gastada, reverdezca aquella
+primavera de tu mocedad; adórnala de reminiscencias dulcísimas, y
+entonces ¡sólo entonces! comprenderás cómo la fantasía de don Quintín se
+deleitó en recordar la que a él se le antojaba pasión avasalladora.</p>
+
+<p>Previo regalo de un cigarro con que don Quintín le obsequió, el portero
+del teatro le dijo dónde vivía la corista por quien iba preguntando, y
+allá se fue a buscarla, deseoso de hablar de Mariquilla y esperanzado en
+saber cuándo regresaría para precipitarse en su busca; porque durante
+aquella larga caminata, según se había ido alejando de su casa y
+cónyuge, sintió que el amor se enseñoreaba de su espíritu y de sus
+sentidos, y hasta le pareció que si encontrase a Mariquilla podría
+llevársela a comer de fonda, contra lo que suponía la desengañada
+Frasquita.</p>
+
+<p>Dominado por tales pensamientos, subió la escalera estrecha y muy pina,
+de una casa de aspecto pobre y nada limpio, detúvose en un descansillo,
+tiró de un cordón mugriento y abriole Carolina; el prototipo de la
+corista que contratan las empresas, no por lo bonitas, sino por tener
+mucho repertorio y por no faltarles nunca quien pague con un ajuste el
+recuerdo de una conquista.</p>
+
+<p>Era mujer de cuarenta y tantos años, gruesa, ex&mdash;guapa, en buen estado de
+conservación, aunque algo ajada, y con más experiencia de los hombres de
+la que a don Quintín hubiera entonces convenido. Vestía bata flotante de
+percal claro; no debía de llevar corsé, porque se le notaba el temblor
+de las carnes libres; estaba recién peinada, y de su cuerpo se
+desprendía aquella emanación intensa de perfumes baratos con que el
+estanquero experimentó sensaciones indefinibles cuando habló por primera
+vez con Mariquilla.</p>
+
+<p>&mdash;¡Don Quintín de mis entretelas! ¡Tanto bueno por mi casa! ¿Qué le trae
+a usted por aquí?</p>
+
+<p>&mdash;Lo primero, el gusto de verla, que no es grano de anís; y luego...</p>
+
+<p>&mdash;¡Me lo he maliciado; preguntarme por la María!</p>
+
+<p>&mdash;No crea usted que sólo por eso. Pues qué, ¿no es nada contemplar ese
+cuerpo tan hermoso?</p>
+
+<p>&mdash;Déjese usted de requiebros. ¡Bonita me encuentra usted! Ni tiempo he
+tenido de ponerme el corsé.</p>
+
+<p>&mdash;¡Mejor que mejor!&mdash;Repuso don Quintín, echando una mirada codiciosa al
+busto de Carolina.</p>
+
+<p>Ésta, cogiéndole de la mano para guiarle por la oscuridad del pasillo,
+le llevó hasta el comedorcito, donde se sentaron: ella en una silla baja
+de hacer labor, y él en una butaca vieja y desvencijada. El comedor era
+muy pequeño, y en la estancia inmediata, que era la alcoba, se veía una
+cama cubierta con colcha de indiana.</p>
+
+<p>El día estaba caluroso; el estanquero, a fuerza de pensar en la
+coristilla, venía predispuesto al amor, y Carolina no era la última
+encarnación de Lucrecia, la casta.</p>
+
+<p>&mdash;Sí, señora&mdash;repitió él, disimulando su pensamiento; lo primero, el
+gustazo de verla, como que está usted hermosísima.</p>
+
+<p>&mdash;No es usted mal adulador... ahora. Puede que sea usted el único que no
+me dijo en el teatro «buenos ojos tienes». ¡Andaba usted tan embobado
+con aquélla!</p>
+
+<p>Aquí le pareció a don Quintín que para averiguar algo debía emplear
+juntamente la sagacidad y la galantería, por lo cual añadió:</p>
+
+<p>&mdash;¿Qué quería usted? ¿Qué anduviese a la greña con todos los que la
+solicitaban? ¡Buen trabajo! Hubiese tenido que pelearme con ciento y la
+madre. Pero lo que es guapa... ¡ya lo creo que me lo parecía usted!
+¡Vaya un cuerpo... en fin, aquí está, gracias a Dios, y se puede ver!</p>
+
+<p>Poseído de súbito ardimiento amoroso, extendió ambas manos hacia el
+talle de Carolina, quien, deseando mostrarse pudorosa, pero no arisca,
+echó el cuerpo para atrás, diciendo con mucha monería:</p>
+
+<p>&mdash;¿Qué había usted de fijarse en nadie, sí estaba usted chalado con
+aquélla?</p>
+
+<p>&mdash;Aquélla... aquélla...&mdash;murmuró él con fingido desprecio&mdash;. No sé por
+dónde anda, ni me importa. Valiente...</p>
+
+<p>Sus labios intentaron decir una ofensa, pero no acertaron a formularla.
+Comprendió que era una villanía hablar mal de Mariquilla, aunque fuese
+en son de astucia para averiguar su paradero.</p>
+
+<p>&mdash;Entonces, ¿qué diablos le trae a usted por aquí? ¡Ya está usted buena
+maula! ¿No sé yo que se gastaba usted con ella los ojos de la cara? ¡Y
+que no es usted poco rumboso, decían allí!</p>
+
+<p>&mdash;¡Bah! Una cosa es gastar y otra querer.</p>
+
+<p>Harto sabía Carolina que el amor de don Quintín no había llegado al
+terreno práctico, y desde que le abrió la puerta comprendió que iba en
+busca de noticias de su compañera; pero con la rapidez del pensamiento
+concibió el atrevido proyecto de seducirle. No era rico, ni de él podían
+esperarse solitarios para las orejas ni entresuelo amueblado; mas
+tampoco sería imposible sacarle unos cuantos duros al mes. Su estanco
+estaba en sitio céntrico, debía de producir bastante... la mujer muy
+vieja... Nadie es capaz de prever hasta dónde puede llegar un anciano
+tocado de la tarántula amorosa. Suponiendo que se mostrase insensible y
+la despreciase, ¿qué le importaba? Aquello era jugar un décimo de
+lotería: por de contado, no había de caerle el premio gordo; mas acaso
+el estanquero le ayudase a pagar el cuarto o le regalase algún
+vestidillo. Por su larga experiencia teatral no ignoraba Carolina que
+hay en la vida del hombre dos períodos durante los cuales es fácilmente
+poseído de la pasión impetuosa y arrebatada: la primera juventud, en que
+las cortesanas parecen ángeles caídos, y la entrada de la vejez, en que
+uno quiere despedirse de la naturaleza con aquella música de besos que
+en la adolescencia nos abrió las puertas de la dicha.</p>
+
+<p>A estos picarescos y sabios propósitos de Carolina correspondía
+perfectamente la situación de ánimo en que se hallaba don Quintín;
+porque, aunque él lo ignorase o no pudiera razonarlo, lo que sentía por
+Mariquilla no era enamoramiento exclusivo, sino exacerbación de la
+facultad amorosa, pronta a extinguirse en su organismo. Estaba en el
+caso del niño que, deseando un juguete, ambiciona el primero que ve, y
+luego se satisface, contenta y entretiene con cualquiera otro que le
+dan.</p>
+
+<p>La táctica de Carolina estribó en hacerle creer que le consideraba como
+hombre conquistador, enamoradizo, mujeriego y rumboso; y comenzó a
+mirarle del modo más dulce y hechicero que supo, diciéndole:</p>
+
+<p>&mdash;¡Ya, ya, ni que fuéramos tontas! Todos son ustedes iguales. Hoy ésta,
+mañana la otra... Mariquilla está fuera, y se habrá usted dicho: «Vamos
+a ver a lo que sabe su amiga».</p>
+
+<p>&mdash;¡Qué mal pensada! Verdad que tiene usted disculpa, porque como está
+usted tan guapa, no haría ningún disparate quien se volviese loco por
+usted.</p>
+
+<p>Las miradas de Carolina eran incendiarias; don Quintín empezaba a
+olvidarse de Mariquilla. Hubo un momento en que, comparándola
+mentalmente con la garbosa hembra que tenía delante, resultó de esta
+comparación que la primera no pasaba de muchacha vivarachuela y
+graciosilla, en tanto que la segunda era mujer formada y en plena
+madurez de belleza.</p>
+
+<p>&mdash;Vamos, dígamelo usted claro. ¿Ha venido usted a preguntarme por
+<i>aquélla</i>, o a verme a mí? Porque para lo primero todavía soy joven, y
+para lo segundo...</p>
+
+<p>&mdash;¿Estoy demasiado viejo?</p>
+
+<p>&mdash;No he dicho tal.</p>
+
+<p>&mdash;Viejo, ¿eh? ¿Conque viejo? Pues la leña seca es la que arde mejor.&mdash;Y al
+decir esto se levantó y abrazó a Carolina, como en un célebre cuadro de
+Rubens abrazan los sátiros a las ninfas, sin que ella le rechazara.</p>
+
+<p>¿Cuál será el alma cruel y despiadada que la vitupere? Mandan los santos
+preceptos que se dé de beber al sediento, pan a quien tiene hambre, y
+posada al peregrino. Pues, ¿dónde agua más fresca, ni pan más tierno, ni
+albergue más grato que el amor? Además, la caridad bien ordenada empieza
+por uno mismo, y Carolina también sentía necesidad de amor.</p>
+
+<p class="puntos">*<br />* *</p>
+
+<p>Pasadas dos horas en deliciosa y culpable intimidad, tanto más grata
+cuanto menos premeditada y prevista, dijo Carolina, mientras él se ponía
+los tirantes y ella, ante un espejo roto, se atusaba los desordenados
+rizos.</p>
+
+<p>&mdash;Anda, tontín, rico mío, más vale gallinita que pollita. Mejor te irá
+conmigo que con aquella embaucadora, bribona, que se estaba burlando de
+ti. ¡Me daba una rabia!</p>
+
+<p>&mdash;¿Y cómo lo sabes?&mdash;repuso él saboreando la delicia de tutear a una mujer
+que no era legalmente suya, e indignado al mismo tiempo ante la idea de
+haber servido de hazmerreír a Mariquilla.</p>
+
+<p>&mdash;¡Vaya si lo sé! ¡Qué borricotes sois los hombres! Ahora que ya eres
+mío, porque supongo que vendrás a menudo, te lo voy a decir. ¡Me
+gustabas de un modo atroz! ¿Y verdad que tu Carola te gusta también más
+que aquella gata esmirriada? Mira... no sé los años que tienes; nadie
+tiene más de los que representa; pero ya quisieran muchos jóvenes
+igualarse contigo.</p>
+
+<p>&mdash;¿De veras, pichona?</p>
+
+<p>&mdash;¡Buenos están los jóvenes!... ¡Tísicos! Parece que se va a concluir el
+mundo. Yo también valgo más que cualquier chiquilla. Compara, compara
+este pecho y esta mata de pelo con aquellos pellejos colganderos y
+aquella cabeza llena de añadidos.</p>
+
+<p>&mdash;¡Buena diferencia va de mujer a mujer!</p>
+
+<p>&mdash;Pues para ti soy. Veremos cómo te las compones en tu casa... porque has
+de venir a verme casi todos los días.</p>
+
+<p>&mdash;¿A diario, chica?... No sé si podré&mdash;dijo él algo intranquilo.</p>
+
+<p>&mdash;¿No has de poder? ¡Anda, pillín, que no te arrepentirás!</p>
+
+<p>&mdash;¿Estás siempre sola?</p>
+
+<p>&mdash;Siempre, vidita. Y vive tranquilo: no soy yo como aquella perdida
+que...</p>
+
+<p>&mdash;Mala voluntad la tienes.</p>
+
+<p>&mdash;Como que me tenías chaladita y me daba ira de verla cómo se burlaba de
+ti.</p>
+
+<p>&mdash;¿Qué hacía?</p>
+
+<p>En parte mintiendo, en parte diciendo verdad, Carolina resolvió asegurar
+la adquisición que acababa de hacer. Mezcló en sus frases lo cierto con
+lo calumnioso, y procuró apartar a don Quintín de Mariquilla, haciéndole
+creer que le consideraba capaz de la mayor generosidad y lleno de
+ardimiento para los dúos amorosos.</p>
+
+<p>&mdash;Vamos, ¿qué hacía aquella... desdichada?&mdash;tornó a preguntar don Quintín.</p>
+
+<p>&mdash;No merece que vuelvas a pensar en la muy sinvergüenza. ¿Que qué hacía?
+Ponerte cuernos. ¡Como si con un granadero como tú no tuviera bastante
+una <i>pitifláutica</i> como aquélla! Todas las del coro sabíamos que tú le
+regalaste el mantón bordado y <i>la mar</i> de medias. Decía que te iba a
+dejar el estanco hasta sin esponja para mojar los sellos. Y al mismo
+tiempo, como después de la función te ibas con tu sobrina, ella se
+largaba con el segundo apunte. ¡Me daba una rabia! Porque cuando la
+mujer es libre, bueno; lo que yo digo, que se amontone con quienquiera,
+pero que no engañe a nadie... Un hombre es un hombre.</p>
+
+<p>&mdash;De modo que ella...</p>
+
+<p>&mdash;¡Ya lo creo! Y no era eso lo peor. Algunos del teatro creían que todo
+era mentira, que no teníais nada que ver, vamos, que os hablábais y nada
+más..., porque ella no se dejaba... ¿estamos? ¡Como si tú fueras un
+<i>lila</i> que se gastase la plata sólo por mirarla! Y también decían que
+don Juan, el querido o novio, lo que fuese, de tu sobrina, era quien
+había encargado a la María que te hablase y te marease para mientras
+tanto quedarse solo con la tiple. En fin, distraerte para que no
+estorbases. Mira que si hubiese sido verdad... ¡bonito papel!</p>
+
+<p>Ante tan cruda y horrible revelación, faltó poco para que don Quintín se
+enfureciese. Su emoción fue grandísima, porque indudablemente Carola
+decía verdad. ¿Cómo había él de dudar, sabiendo por experiencia, o mejor
+dicho por falta de ella, que no había logrado de Mariquita sino algunos
+besos y apretujones a hurtadillas? En seguida se dio a recordar
+pormenores e incidentes que confirmaron sus sospechas. No cabía duda.
+Sí: todo fue comedia. Acaso Cristeta no entrase en la conspiración, pero
+se aprovechó de ella; Mariquita sirvió de agente a don Juan; los
+diálogos enloquecedores pasados bajo el mechero de gas que había en el
+pasillo, fueron otras tantas ocasiones de que los novios se hablasen
+libremente. ¡Y pensar que él no consiguió de Mariquilla nada sustancioso
+y positivo! ¡Ni una sola vez! ¡Qué burla tan infame! Lo único que le
+consolaba era que hubiese quien se lo diera por comido, juzgándole como
+amante rumboso, pagano y favorecido.</p>
+
+<p>&mdash;¿Conque les serví de tapadera?&mdash;decía sonriendo&mdash;. ¡Tiene gracia! ¡Y yo
+me contentaba con mirarla... vaya, vaya!</p>
+
+<p>&mdash;De lo segundo no te digo nada. Ahora que eres mío, comprendo con
+conocimiento de causa que no te limitarías a mirarla como si fuera
+estampa; pero lo que es de que servías de tapadera y de que don Juan fue
+quien te preparó la conquista de la sinvergüenza... de eso no te quepa
+la menor duda.</p>
+
+<p>Harto sabía él a qué atenerse. Sí: tapadera, y además <i>lila</i>. Le costó
+gran esfuerzo disimular el enojo; pasó un rato muy malo, pero los mimos
+y carantoñas de su Circe le endulzaron algo el pesar.</p>
+
+<p>&mdash;¿Vendrás pronto a verme?&mdash;le decía, poniéndose archizalamera&mdash;. Cuanto
+antes mejor. Yo no soy exigente; si tienes miedo a que lo sepan en tu
+casa, pasearemos por las afueras... y luego nos vendremos aquí a nuestro
+nido, como dos tortolitos.</p>
+
+<p>&mdash;Sí, sí; vendré, vendré&mdash;repetía el estanquero, que ya sentía prisa por
+marcharse: mas ella, como si quisiese sellar su amoroso contrato de un
+modo inolvidable, dio un salto de pantera celosa, y arrojándosele al
+cuello le abrazó, besándole el cerdoso bigote, al mismo tiempo que decía
+con la voz astutamente entrecortada por la emoción:</p>
+
+<p>&mdash;¡Quintín, qué felices vamos a ser!</p>
+
+<p>Desasiose de ella con suavidad, como don Florambel se apartaba de la
+encantadora princesa Graselinda, y comenzó a bajar despacio la escalera,
+repitiendo dulcemente:</p>
+
+<p>&mdash;Adiós, rica; vendré, vendré, y seremos buenos amigos.</p>
+
+<p>Ella le vio marchar entre satisfecha y desconfiada... ¿Sería aquella una
+verdadera conquista, al menos una ayuda para pagar la casa? ¡Y qué
+lástima que el diablo del hombre no tuviera veinte años menos!</p>
+
+<p>Don Quintín salió a la calle tan engreído y hueco como mujer fea a quien
+por casualidad chicolean en paseo. La cosa lo merecía. Acababa de
+adquirir la grata convicción de que, aunque fuese de tarde en tarde,
+podía comer de fonda.</p>
+
+<p>Mas como no hay dicha completa en corazón humano, junto de este regocijo
+se alzó en su pecho un mal sentimiento, un odio terrible hacia don Juan,
+que había jugado con él como con un chiquillo. «Sí&mdash;iba gruñendo entre un
+diente sí y otro no, pues los tenía salteados&mdash;; he sido tapadera,
+Celestina macho, alcahuete sin saberlo... ¡Yo haciendo el buey con la
+mocosa de la chiquilla en el pasillo, y él encerrado con la otra... sabe
+Dios! ¡Ah, don Juan de los demonios, ya me las pagarás algún día!
+¡Pensar que la trastuela no me dejó... ni una vez!»</p>
+
+<p>Y en lo más íntimo de su alma hizo acopio de rencor, y se juró que si la
+suerte, la casualidad o su propia astucia se le mostraban favorables,
+tomaría de don Juan espantosa venganza.</p>
+
+
+
+<h3><a name="Capitulo_X" id="Capitulo_X"></a>Capítulo X</h3>
+
+<p>En que ocurre el más grave y deleitoso suceso de esta historia</p>
+
+
+<p>Don Juan resolvió triunfar de Cristeta, empleando medios
+extraordinarios.</p>
+
+<p>Una de aquellas noches de los dúos forzosamente castos, con reservas
+mentales, abrió ella la puerta, pasó él, y sentados en el sofá lo más
+cerca que permitían el pudor y el respeto, comenzaron la cantata mil y
+tantos diciéndose esas eternas frases juntamente dulzonas, picarescas,
+inocentes, maliciosas, arteras, ingenuas, sinceras y mentidas, muchas
+veces estúpidas, pero siempre gratas, con que se entretienen y engañan
+los amantes mientras se prepara la catástrofe del drama a que la
+Providencia les tiene predestinados. Aquella noche la elocuencia de don
+Juan era maravillosa, y su ternura exquisita; a pesar de lo cual
+Cristeta tardó pocos minutos en notar que estaba caviloso. Traía
+fruncido el entrecejo y sus miradas denotaban mal disimulada
+preocupación.</p>
+
+<p>&mdash;¿Qué tienes?&mdash;le preguntó cariñosamente.</p>
+
+<p>&mdash;Nada.</p>
+
+<p>&mdash;Me engañas, algo te pasa.</p>
+
+<p>&mdash;No, mujer.</p>
+
+<p>&mdash;Es claro; como no soy nada para ti...</p>
+
+<p>&mdash;Demasiado sabes que te adoro...; pero no voy a inventar cosas graves
+por capricho.</p>
+
+<p>&mdash;Bueno, cállatelo; luego dirás que me quieres.</p>
+
+<p>Don Juan puso cara de gran pesadumbre, lo más triste que pudo, y dejó
+caer la cabeza sobre el pecho. Entonces Cristeta se la levantó
+suavemente con ambas manos, y mirándole de hito en hito, cual si
+quisiera leerle en las pupilas el secreto, dijo:</p>
+
+<p>&mdash;Juan... ¡mientes! a ti te pasa algo.</p>
+
+<p>Hubo un instante de ese silencio que los novelistas llaman solemne.</p>
+
+<p>Quien hubiese podido bucear en el pensamiento de don Juan, habría visto
+que le repugnaba mentir. Por vez primera condenaba su conciencia los
+medios que iba pronto a emplear su astucia. Cristeta le seguía mirando
+con todo el poderoso encanto del amor sincero.</p>
+
+<p>&mdash;Anda... Juan... ¡dímelo!</p>
+
+<p>Él fingió ceder.</p>
+
+<p>&mdash;Sí, me ocurre... y muy grave... Oye.</p>
+
+<p>Y sacando del bolsillo una carta, hizo como que buscaba con la mirada un
+párrafo, y leyó lo siguiente:</p>
+
+<div class="blockquot"><p><i>«Lo de París va mal, muy mal, y es preciso que estemos
+dispuestos a obrar con rapidez y energía si se nos echa encima alguna
+complicación. Sé de buena tinta que la casa Garcitola está haciendo
+negocios desastrosos. Desconfío de que, si nos lo propusiéramos,
+pudiésemos recoger ahora los fondos, y por otra parte reclamarlos en
+estas circunstancias, acaso sea perjudicarnos contribuyendo al nublado
+que se les viene encima. En fin, sirvan estas líneas de toque de alarma.
+En cuanto sepa algo concreto, le avisaré a usted para que me dé órdenes.
+En asunto tan grave no me atrevo a tomar la iniciativa.»</i></p></div>
+
+<p>Todo lo cual oído con profunda atención, dijo Cristeta:</p>
+
+<p>&mdash;Bueno, ahora explícamelo.</p>
+
+<p>&mdash;Yo tenía valores de importancia colocados en esa casa Garcitola y
+Compañía, de París. Hace unos cuantos meses se empezó a decir si andaban
+o no andaban mal y, la verdad, como es una casa tan fuerte, cometí la
+tontería de no hacer caso...; y ahora, ya lo ves, mi agente de Madrid me
+escribe lo que acabas de oír... Nada, que si quiebran, me van a dejar
+por puertas.</p>
+
+<p>Cristeta le escuchó atónita. Él se puso en pie, y sin temor de mover
+ruido, dio dos o tres paseos por el cuarto, a modo de león enjaulado.</p>
+
+<p>Ella asustada, pero respetando su disgusto, se limitó a mirarle como
+implorando prudencia. Don Juan&mdash;¡parece mentira que sea el hombre capaz
+de tal perversidad!&mdash;aprovechó la ocasión, se acercó de puntillas a
+Cristeta, y arrojándose en sus brazos dijo en voz muy queda, casi, y sin
+casi, pegando los labios a la linda oreja de su amada:</p>
+
+<p>&mdash;Perdóname, no sé lo que me hago.</p>
+
+<p>Lo grave fue que, en lugar de desasirse en seguida, siguió agarrado a
+ella. Parecía hombre harto de esperar a la Fortuna, que de pronto la ve,
+la asalta, la sorprende, la sujeta, y decide no soltarla en su vida.
+Cristeta nada hizo por despegar su cuerpo del cuerpo de su amante, sino
+murmurar con voz preñada de caricias:</p>
+
+<p>&mdash;¡Juan... Juan mío!</p>
+
+<p>Él, sin aflojar los brazos, decía:</p>
+
+<p>&mdash;Figúrate... cobraré, si cobro, en créditos, en papeles que tendré que
+realizar poco a poco, con pérdidas enormes, y al fin y a la postre
+quedaré mal, muy mal, con una renta miserable, gustos costosos, sin
+hábitos de trabajo...</p>
+
+<p>&mdash;Un hombre como tú hace con el trabajo lo que quiere.</p>
+
+<p>&mdash;¡Quiá! Me iré a vivir a un pueblo, sin más lujo que una escopeta, ni
+más amigo que un perro.</p>
+
+<p>De pronto soltó a Cristeta, se sentó en una silla, y juntando las manos,
+comenzó a dar vueltas con los pulgares, como suelen hacer los que están
+muy aburridos.</p>
+
+<p>Cristeta, discurriendo con el sublime egoísmo del amor, pensó:&mdash;«¡Pobre!
+¡Tal vez se quede pobre! ¡Así será más fácilmente mío!»</p>
+
+<p>&mdash;Ya supondrás&mdash;continuó él&mdash;que tendré pronto necesidad de ir, no sé aún
+si a Paris o a Madrid. Y luego... se acabaron las locuras.</p>
+
+<p>&mdash;Pero ¿qué locuras haces?</p>
+
+<p>&mdash;El vivir como vivo. ¡Buen porvenir me espera! Un ama de llaves más
+vieja que dueña de teatro antiguo, una criada de cincuenta reales... y
+si no, al pueblo, al pueblo.</p>
+
+<p>&mdash;Calla, hombre...; no querrá Dios que lo hayas perdido todo.</p>
+
+<p>&mdash;Eso no lo puedo saber hasta que vaya a París y hable con el banquero, o
+vea en Madrid a mi agente. Hoy por hoy nada sé de cierto.</p>
+
+<p>&mdash;No quiero decir eso: digo si supones que ya se ha concluido todo para
+ti en el mundo. ¡Ingrato! ¿No vale ni significa nada mi cariño?</p>
+
+<p>Don Juan la miró con ternura, la cogió una mano, oprimiéndosela
+fuertemente, y en seguida, cual si cediese a la dolorosa impresión que
+acibaraba su ánimo, dejó caer la cabeza sobre el pecho de Cristeta.</p>
+
+<p>A ser otra la ocasión, ésta se hubiera echado hacia atrás con oportuno
+pudor; pero en aquellos tristes momentos no quiso mostrar esquivez ni
+parecer arisca.</p>
+
+<p>Ambos permanecieron silenciosos: ella inmóvil, sin valor para
+rechazarle; él en la misma postura, sintiendo en la frente el dulce
+calor del pecho de su amada. Al cabo de unos cuantos minutos dijo
+Cristeta:</p>
+
+<p>&mdash;Vamos, no te apures... mírame cara a cara. ¿Sirve esta pobre mujer para
+convencerte de que no lo has perdido todo? Vaya, hombre, si supiera que
+esto nos aproximaba... ya te pagaría yo en amor lo que perdieses en
+dinero. ¡Te quiero tanto!&mdash;Y en seguida, como si se arrepintiese de su
+sinceridad, añadió:&mdash;No; no; soy una egoísta. Vete mañana mismo a cuidar
+de tu fortuna. ¡Yo no debo ni puedo ser nada para ti!</p>
+
+<p>Fueron dichas estas palabras con acento de tan honda tristeza, y
+produjeron tal emoción en don Juan, que se avergonzó de emplear aquella
+estratagema ruin y mentirosa. Comprendió que la infeliz a quien estaba
+engañando no era casada trapisondista que mereciese desprecio por faltar
+a su deber, ni viuda buscona armada por la experiencia contra la
+seducción, ni siquiera mozuela desenvuelta y sabedora de cómo se finge
+la pérdida de la honestidad: era una pobre mujer realmente apasionada,
+que sin carecer de perspicacia y malicia, las tenía como adormecidas y
+embotadas por el pícaro amor. Era lista, capaz de la más artera
+coquetería, pero en frío, respecto de un hombre por quien no hubiese
+llegado a interesarse. Así lo entendía don Juan, quien comenzó a
+experimentar lástima de ella y severidad para consigo; mas ambos
+sentimientos quedaron ahogados por el influjo de la belleza de Cristeta.
+La perspectiva de que al empobrecer fuese aquel hombre más fácilmente
+suyo, el afán de mostrarle cariño, y lo mucho que don Juan se había
+arrimado a ella, la pusieron hermosísima. Tenía los ojos húmedos y
+brillantes, los labios secos y la tez muy pálida. Sus miradas variaban
+rápidamente de expresión; tan pronto parecían medrosas, como lucía en
+ellas la llamarada propia del deseo amoroso.</p>
+
+<p>Durante un rato bastante largo, don Juan siguió hablando de la casa de
+banca y presagiando infortunios: ella de cuando en cuando le decía:</p>
+
+<p>&mdash;No te disgustes...; puede que todo se arregle... mírame...; anda,
+mírame. ¿No me quieres ya?</p>
+
+<p>En esto, sin saber cómo, ni quien atrajo a quién, ni cuál fue el primero
+en sentarse, volvieron al sofá&mdash;mueble en ciertos casos peligrosísimo&mdash;, y
+sucedió que los brazos de Juan rodearon y ciñeron la cintura de
+Cristeta, las manos de ésta se le posaron a él amorosamente una en cada
+hombro, cogiéndole luego la cabeza entremedias, y por fin y remate, para
+que fuese más bello el grupo, Dios, que es supremo artista, dispuso que
+el rostro del amante viniese a caer y descansar, por segunda vez, encima
+del pecho de la amada.</p>
+
+<p>Así permanecieron unos minutos, mudas las bocas, embebecidos los
+espíritus y quietas las manos de ambos, especialmente las de ella, cual
+si bastase para su doble delicia aquel dulce calor que los cuerpos se
+comunicaban. Después sonaron de labio a labio palabras dichas en voz
+baja, y, por fin, mutuamente sorbidas las almas y atraídas las bocas, se
+besaron. Ella en seguida, confusa y atemorizada, apartó el rostro; mas
+él, buscándole la mirada para leerle el pensamiento, le cogió la cara
+entre las manos y permaneció contemplándola.</p>
+
+<p>El instante fue sublime. A Juan se le olvidaron las teorías de
+conquistador, el cálculo, la lástima, la astucia, todo, hasta el temor a
+las consecuencias, mezquina consideración que acibara grandes placeres.
+De su alma y de su cuerpo se enseñoreó una fuerza incontrastable que le
+impulsaba a poseer el alma y el cuerpo de Cristeta, para sumarse e
+identificarse con ella, como se compenetran y confunden dos rayos de
+luz. En la muchacha tampoco tenía ya imperio la voluntad; desfallecía de
+amor, miraba y no veía, las palabras de don Juan no le parecían voces
+humanas; se le antojaba estar oyendo el ruido delicioso que las puertas
+de los cielos deben de producir al abrirse para que penetre en la gloria
+un elegido del Señor. Algo semejante a lo que ambos sintieron
+experimentarían de fijo nuestros primeros padres cuando emprendieron la
+tarea de poblar el mundo para que hubiese quien alabase a Dios. Sonó un
+beso digno del Paraíso. La mano izquierda de don Juan se posó sobre la
+doble y turgente redondez del pecho de Cristeta... Poco después, el
+corsé, tibio aún por el calor del hermoso tesoro que guardaba, caía
+sobre la alfombrilla al pie del sofá... Pero, ¡tente pluma!</p>
+
+<p>¿Y por qué? ¿Por qué ha de considerarse vituperable y deshonesta la
+pintura del amor material en lo que tiene de artístico y poético?
+Permítese al novelista y al poeta describir todas las fases de la
+ambición soberbia, de la vanidad ridícula, del odio aborrecible, del
+rencor infame; podemos desmenuzar en prosa y verso todos los malos
+sentimientos: ¿y no hemos de poder pintar la deliciosa y natural
+aproximación de los sexos que instintivamente aspiran a juntarse hasta
+ser, como el Señor dispuso que fueran, carne de una carne, hueso de un
+hueso, dos en uno? ¡Es triste cosa! Sólo algún lírico cursi, sólo algún
+académico fósil, culpan de loco al telescopio que escudriña el espacio,
+o de cruel al bisturí que dilacera las carnes; y sin embargo, son muchas
+las gentes que llaman indigna y pecadora a la pluma que pinta los
+deliciosos transportes del amor.</p>
+
+<p>Arrebata el viento el polen de una flor, lo deja caer en otra de la
+misma especie, y de allí a poco brotan nuevas yemas y pimpollos. Sacude
+el céfiro el ramaje de la palmera macho, y llevando un algo misterioso
+de ella a la palmera hembra, la hermosea y fructifica. ¿Acaso se tacha
+de inmoral al botánico que lo observa y escribe? Entre las concavidades
+de las rocas marinas, en lechos de algas o sobre las cernidas arenas de
+la playa, deposita el pez hembra sus huevas; deslízase luego sobre ellas
+el amoroso macho, y las fecunda. ¿Culpa nadie de obsceno al naturalista
+que lo consigna en sus libros?</p>
+
+<p>Si de la humildad de plantas y bestias pasamos a lo más excelso que cabe
+en el pensamiento, vemos que las religiones que amamantaron a la
+humanidad en el culto de lo divino, están saturadas de amor. Los dioses
+amaban como hombres; por eso inspiraron fe; las diosas se dejaban
+abrazar como mujeres; por eso fueron tan amables y dignas de adoración.
+El Olimpo pagano era un semillero de aventuras eróticas: Júpiter y Apolo
+perseguían a las ninfas como los banqueros de nuestro siglo a las
+costurerillas; Venus y Juno tenían caprichos como nuestras grandes
+damas, se prendaban de la gallardía varonil, y escogían amante entre
+semidioses de segunda fila y rústicos pastores. La antigüedad clásica,
+no deja, sin embargo, de llevar ofrendas a las aras. Los más grandes
+poetas, sin que nadie les tache de pervertidores, fundan sus obras
+admirables en aquellas pasiones que convertían en alcobas las grutas,
+las florestas, los prados, las selvas y los bosques.</p>
+
+<p>Vienen luego los tiempos en que el verdadero Dios escoge por suyo un
+pueblo entre los que habitan la tierra, y el amor no pierde sus
+prerrogativas ni sus fueros. Antes al contrario, el mismo Señor lo
+emplea en su servicio: ÉL hace que la hermosa Thamar conciba de Judá; ÉL
+dispone que la desvalida Ruth se tienda en la era junto a Booz para que
+se perpetúe su raza; ÉL aumenta la belleza de Judith para que aparezca
+incomparable y fascine a Holofernes; ordena que los patriarcas duerman
+con sus siervas, los reyes con sus esclavas, que Asuero repudie a
+Vasthi, y que Makeda, reina de Saba, soberana del dichoso Yemen,
+desfallezca de voluptuosidad en el lecho de Salomón. ¿Qué más? El
+Redentor perdona a la adúltera, y por haber amado mucho, María de
+Magdalena es preferida y escogida entre todas para que, merced a su
+intervención, se funde el sagrado misterio de la Resurrección. No: no
+quiso el Redentor, después de muerto, aparecerse a ninguna virgen
+ignorante, a ninguna casada cumplidora de sus deberes, a ninguna viuda
+sorbida por la devoción; sino que radiante de esplendorosa gloria,
+circundado de luz, se apareció a una pobre pecadora. Las mujeres
+hebreas, siriacas y caldeas que en desprecio del amor se rapaban el
+pelo, no hallaron gracia delante del Señor; en cambio permitió a
+Magdalena que con su rubia cabellera enjugase los divinos pies.</p>
+
+<p>&mdash;«Amor&mdash;dice uno de los más admirables místicos españoles&mdash;, es río de
+paz, dulce sueño del alma, transformación del hombre que ni piensa ni
+siente ni quiere más que amor. Como a la flor se sigue el fruto, se
+sigue a la perfección el amor ardiente. Amor es el fin de la ley de
+gracia.» ¡Cuán mezquinas parecen luego las palabras del filósofo moderno
+que ha dicho que el amor es sólo impulso de los sentidos, que toma
+origen en el celo!</p>
+
+<p>Sí: amor es esencialmente celestial; la hipocresía, exclusivamente
+humana. Dijo el Señor: «Creced y multiplicáos»; y sucede que nadie
+censura a la mujer ni al hombre porque se desarrollen ni crezcan; mas
+¡oh terrible inconsecuencia! en cuanto dos que bien se quieren tratan de
+multiplicarse o se colocan en disposición de que la operación sea
+posible, todo es ponerles trabas, prohibiciones y obstáculos para que no
+cumplan la segunda mitad del divino mandato. De esta intolerancia ha
+nacido, sin duda, la invención de las formalidades civiles y canónicas,
+pues en el Paraíso no hubo bendición ni juez municipal. ¡Cuán sabio y
+generoso es Dios! ¡Cuán mezquinos los hombres! Sobre todo, ¡cuán necios!
+Porque jamás ha intentado la locura humana que los ríos retrocedan cauce
+arriba desde el mar hasta sus fuentes, ni que los astros, desviándose de
+sus órbitas, valseen caprichosamente en el éter; ni ha querido nadie
+trocar en compasivo al tigre, ni en feroz al tórtolo, y, sin embargo,
+hay quien pretende que el hombre y la mujer no se atraigan. A la luz del
+día muestran los hombres la codicia, la crueldad, la ira, hasta la
+asquerosa envidia; sólo para el amor buscan la oscuridad: guerrean y se
+despedazan al sol; aman y se engendran, como si conspirasen, entre las
+sombras de la noche. Y es que encima de cada uno de los grandes dones
+con que Dios nos ha favorecido, hemos echado una mancha. Sobre la
+sinceridad la mentira, sobre la fe la duda, sobre la caridad el egoísmo,
+sobre el amor la hipocresía. Porque habéis de saber&mdash;niñas inocentes y
+mujeres contenidas por el falso decoro&mdash;que cuando vais por la alameda
+con el elegido de vuestro corazón y se confunde el rumor de vuestras
+frases con el ruido del ramaje, y luego suena un beso, puede haber
+imprudencia, pero no hay delito: cuando en la tentadora soledad del
+gabinete, siendo ambos libres y estando enamorados, os aproximáis sin
+desdoro de tercero y sin acordaros luego de quien fue el primero en
+acercarse, tampoco se enfurruñan los cielos. ¿Sabéis lo que es
+pecaminoso y detestable sobre todo encarecimiento? La venta de las
+caricias, el robo del placer ajeno, el rompimiento de la fe jurada, el
+ultraje al nombre de esposo, el repugnante comercio del amor, que
+convierte el lecho en posada y la memoria en índice de liviandades.
+¡Cuán tristes las que, comerciando con el amor, han de ofrecer la
+mercancía! ¡Cuán despreciables las que lo dan a cambio de joyas y de
+galas! Mas las apasionadas que se rinden, ¡cuán dignas de indulgencia!
+San Pedro no dejará paso a las que ostenten en torno de los ojos el
+livor que deja el cansancio sensual soportado para comprar brillantes;
+pero dará entrada en la gloria a las que vea con el rostro demacrado,
+mitad por el hambre y mitad por el placer; será cariñoso con las que
+hayan desfallecido de amor, y los Arcángeles, las Dominaciones y los
+Tronos que gozan perdurablemente la presencia de Dios, cantarán
+diciendo: «¡Bienaventuradas las que supieron amar, porque de ellas es el
+reino de los cielos!»</p>
+
+<p class="puntos">*<br />* *</p>
+
+<p>Iba ya el resplandor del día dibujando líneas de luz por entre los
+resquicios y rendijas del maderaje del balcón, cuando don Juan,
+desasiéndose de los brazos de Cristeta, entre melosidades y ternezas, se
+fue a su cuarto, donde desbarató su propia cama para que los criados
+ignorasen que no había dormido allí. En seguida se lavó, casi a
+disgusto, porque el frescor del agua le arrancaba de la piel el perfume
+de los halagos de Cristeta, y después se marchó a dar un paseo.</p>
+
+<p>Ella, al verse sola, pasó un rato presa de verdadero estupor: luego
+quedó entre atónita y apenada. ¿Qué había hecho? ¡Deshonrada...
+perdida... pero dichosa! No le parecía ser la misma. Unos instantes
+experimentaba sensaciones análogas a las que sufriría una ciega, para
+quien la lobreguez de la ceguera se trocase de improviso en viva
+claridad; se sentía deslumbrada por el amor. Sus conjeturas, sus dudas,
+su ignorancia medio desflorada por la malicia, todo se había
+desvanecido, quedando en su lugar la sabrosa certidumbre del pecado.
+Otros ratos le parecía ser ángel caído sin redención posible. ¿Qué fue
+de los propósitos de tenaz virtud? ¿Dónde estaban el <i>no debo... no me
+conviene... yo no soy de esas</i>? Un instante de pasión había dado al
+traste con todo.</p>
+
+<p>Por cima del vencimiento sufrido, quedaba, sin embargo, en el alma de
+Cristeta un motivo de respetable orgullo. En la abdicación de su
+albedrío, en la entrega de su cuerpo, no influyó nada el cálculo.
+Complacíase en recordar que no tenía cosa que echarse en cara. Vio
+entrar a su amado pensativo y triste por malas noticias que recibiera, e
+intentó consolarle; él, agradecido a su piedad, la estrechó entre los
+brazos. De lo demás no hacía memoria...</p>
+
+<p>La bella Kadjira, contemplando el infortunio de Mahoma, le dijo: «¡Yo
+seré tu primer creyente!» Cristeta, viendo desdichado a su amante se le
+entregó diciendo: «Mis labios son manantial de consuelo. ¡Bebe!»
+Después... suspiros sofocados por caricias y una sensación nueva,
+indefinible, mitad material, mitad extrasensual. ¿Hizo bien? ¿Cometió
+gran pecado? ¡Ah! Si pudiese afirmar o negar... ¡qué gran problema
+habría resuelto!</p>
+
+<p>Lo indudable era que sentía pena por no tenerle allí. ¿Por qué se iría
+tan pronto? ¿Qué le importaba que aquello se supiese? Juan no era ya a
+sus ojos el personaje de un ensueño amoroso; debía ser el compañero de
+su vida, pero sin obligación, sin vínculo forzoso, sin lazo que le
+sujetase, por propia y complacida voluntad. El alma de la mujer podía en
+ella más que el instinto de la hembra. El amor material le pareció cosa
+baladí. Se había entregado; bueno ¿y qué? ¿no era libre? ¡así como así,
+jamás había de pertenecer a otro! No en vano tenía metida en el cerebro
+la vehemencia romántica de cuantas escenas dramáticas leyó y vio
+representar.</p>
+
+<p>A medio día salió al ensayo. Al andar por las calles le pareció que
+pisaba con más fuerza, que era más mujer. A la hora de la comida oyó que
+uno de varios huéspedes que había sentados cerca de ella decía,
+mirándola de reojo:&mdash;«La Moreruela está hoy más guapa que nunca.»
+Cristeta pensó: «¡Mejor para mi Juan!» En el teatro, durante la función,
+trabajó apriesa; por su gusto hubiese llevado a escape las escenas, no
+movida de la grosera impaciencia del deseo, sino dulcemente estimulada
+por el anhelo de ver a Juan.</p>
+
+<p>El segundo canto del poema comenzó en seguida de retirarse a su cuarto
+de la fonda. Entrar y despedir a la doncella, todo fue uno. Sonaron las
+dos de la madrugada. Tosió; ahora era ella la que tosía. La puertecilla
+de comunicación se abrió al momento.</p>
+
+<p>Y así sucesivamente muchos días.</p>
+
+<p>Cristeta estaba muy contenta. La satisfacción por el pleno disfrute de
+su amor, podía en ella más que el miedo a las desdichas que su debilidad
+le acarrease.</p>
+
+<p>Don Juan pasaba noches felicísimas, gozando con los sentidos, porque la
+belleza de Cristeta le enloquecía; y con el entendimiento, porque de la
+boca de aquella mujer incomparable no salían sino frases de sinceridad y
+sumisión. Gratos eran sus besos, ya frescos como agua de peña viva, ya
+ardorosos como latidos de fiebre; pero ¡cuán más deleitosas eran las
+cosas que decía! ¡Qué mezcla tan extraña de impuro desenfreno y
+exquisita ternura!</p>
+
+<p>Las manifestaciones de su apasionamiento juntamente extremosas y
+sinceras, convencieron a don Juan de una verdad terrible: la de que
+aquella mujer se había dejado poseer materialmente porque estaba
+enamorada con toda su alma: rindió primero el albedrío y luego como
+derivación ineludible hizo entrega de su hermosura.</p>
+
+<p>La cosa no podía ser más grave.</p>
+
+<p>Cristeta le parecía hermosísima, encantadora; pero cada día más suya. Le
+tenía como hechizado. Algunas noches hasta se le olvidaban los
+preparativos de fuga. Ni siquiera mentaba la quiebra de Garcitola y
+Compañía.</p>
+
+<p>Por fin, comenzó a monologuear, ni más ni menos que personaje dramático.
+Sabía perfectamente que con una aventurera a quien no se debe exigir
+fidelidad, es posible prolongar ciertos devaneos; pero profesaba la
+máxima de que, tratándose de una mujer no pervertida, es peligrosísimo
+pasar al segundo mes, porque suelen sobrevenir aquellas lamentables
+complicaciones a que tanto horror mostraba el gran don Francisco de
+Quevedo. Por grande que fuese el placer de don Juan, comenzó a
+experimentar temor. Su sentido moral, hasta cierto punto, le consentía
+apoderarse de una beldad, como quien se posesiona de un hermoso palacio;
+pero la idea de que el palacio llegase a estar de pronto habitado, y la
+consecuencia de tener él luego que cargar con el habitante, era cosa que
+le ponía los pelos de punta.</p>
+
+<p>Los diálogos íntimos entre amantes mientras dura el primer período de la
+posesión, son exclusivamente amorosos: ella se despepita en juramentos,
+él se deshace en promesas, ella fantasea proyectos para lo futuro, él
+pone por las nubes su dicha y su agradecimiento... como si aquello no
+hubiese de acabar nunca; hasta que llega una época en que, sin
+prescindir de hablar y practicar amores, se habla también de otras
+cosas. El giro que entonces toman estas conversaciones <i>a posteriori</i>
+decide la suerte de los enamorados. Don Juan sabía todo esto por propia
+experiencia, y veía con espanto que cuando Cristeta hacía alguna alusión
+a lo porvenir, sus palabras eran tan sinceras y acusaban un amor tan
+hondo, que era imposible descubrir en ellas asomo de cálculo ni sombra
+de interés. No cabía duda: aquella mujer alcanzaba la importancia de su
+nueva situación; no se dolía de lo ocurrido, ni denotaba la más remota
+veleidad de querer explotar su sacrificio, mas tampoco le cabía en la
+cabeza la sospecha de que pudiese ser víctima de una infamia. En
+resumen: don Juan llegó a convencerse de que la Providencia, o su buena
+suerte, le habían deparado un regalo digno del más afortunado mortal;
+pero un regalo al cual era imposible renunciar sin cometer una verdadera
+canallada.</p>
+
+<p>Por primera vez sentía disgusto pensando en cómo deshacerse de una
+mujer, no porque estuviera realmente enamorado, aunque Cristeta le
+gustaba sobremanera, sino por lástima. Tenía la costumbre de gozar las
+conquistas y renunciar a ellas con indiferencia, sin pensar poco ni
+mucho en cuál fuese luego la suerte de la que abandonaba. En no lastimar
+ni escarnecer a sus víctimas puso siempre gran cuidado; mas era la
+verdad que sus concubinas y queridas, ya duraderas, ya momentáneas,
+todos sus <i>líos</i>, habían sido muy diferentes de Cristeta. Y, sin
+embargo, aquello tenía que concluir, so pena de que, el mejor día, es
+decir, el peor, surgiese una complicación gravísima. A veces,
+esforzándose en supeditar el pensamiento a la voluntad, imaginaba que la
+palabra <i>canallada</i> no era propia ni exacta. ¿Habló él nunca de boda?
+¿Exigió ella promesa en que él consintiese? Nada de esto. Pues entonces
+¿cómo había de figurarse Cristeta que tal hombre podría llegar a ser su
+esposo? Además, el matrimonio entre un caballero y una comiquilla de un
+teatro de cuarto orden, era un disparate. Sobre todo, cuando él esquivó
+cuidadosísimamente dar margen a la menor esperanza de vicaría, ¿qué
+podía temer? ¡No tendría uno poco trabajo si hubiese de entregar mano,
+porvenir, fortuna y nombre a cuantas se dejan prender en las redes de la
+seducción! Cristeta era bellísima, sentimental, ingenua, <i>codorniz
+sencilla</i>, sobre todo desinteresada; mas sus muchas prendas físicas y
+morales no justificaban que hombre tal quedase por siempre sometido a su
+imperio. Lo grave era que don Juan comprendía, no sólo que le agradaba
+la posesión y goce de los encantos de Cristeta, sino que también le
+cautivaba su trato, carácter y conversación, y esto es lo más peligroso
+que respecto de la mujer puede acontecerle a uno. Luego se imponía el
+rompimiento. El gusto que de ella y con ella recibía, no era razón para
+perpetuar el amorío. También le gustaba el Borgoña, y, sin embargo, no
+renunciaba al Jerez; comía con deleite las chochas y no prescindía del
+salmón. ¿Por qué, pues, había de limitarse a Cristeta, si su paladar
+amoroso estaba en disposición de saborear infinitos manjares? La pobre
+muchacha quedó condenada a olvido.</p>
+
+<p>En seguida vino el excogitar procedimiento; y respecto de éste, don Juan
+comprendió que se le imponían la dulzura y la generosidad, casi la
+piedad y la largueza. Era preciso portarse del modo que causase en ella
+el menor daño posible: se había hecho acreedora a todo miramiento. Las
+bases que en su ánimo adoptó, fueron las siguientes: primera, huir
+evitando toda escena triste y enojosa, ya que, dado el carácter de
+Cristeta, no había temor a gritos, pelotera ni escándalo. Harto sabía él
+que Cristeta era de las que lloran y no alborotan, sufren y no insultan.
+Esta misma humildad le hacía más desagradable el abandono. Segunda base:
+regalarle una cantidad de dinero de relativa importancia, como obsequio
+a su ternura y en compensación del desengaño y desperfectos causados.</p>
+
+<p>En cuanto a la huida, no había dificultad: a las diez de la noche pasaba
+por Santurroriaga un tren hacia Francia, y Cristeta no volvía del teatro
+hasta las doce. Lo del dinero había que pensarlo despacio, calculando
+bien el desembolso. No podía ser tan cuantioso que delatando riqueza
+despertase codicia, ni tan pobre que resultara mezquino; ¡eso no!
+Cristeta era el mejor libro de amor que él había leído, el volumen cuyas
+páginas le proporcionaron goces a la vez más intensos y más plácidos, el
+más original y nuevo, pues era texto escrito con admirable ingenuidad, y
+ejemplar por nadie manoseado: ¡ni siquiera tenía cortadas las hojas!
+¡Qué prólogo tan deleitoso y lleno de promesas! ¡Qué capítulos tan
+impregnados de sincera pasión! ¡Cómo, párrafo tras párrafo, había ido
+viendo al amor quedar victorioso de la castidad!... Quien leyese luego
+todo aquello, ¿sería capaz de apreciarlo? Acaso el tomo cayera en manos
+de un hombre zafio y rudo. ¡Vaya usted a saber si un escribano, un
+comerciante, un militarote, tendrán sensibilidad para apreciar la
+candorosa impaciencia de Cloe en <i>Las Pastorales</i>, de Longo, o la
+exquisita voluptuosidad que hace palpitar el corazón de la Sulamita en
+el divino <i>Cantar de los Cantares</i>!</p>
+
+<p>A fuerza de ahondar en eso, don Juan se convenció de que Cristeta
+despertaba en él cierto interés, algo que no le hizo experimentar
+ninguna de cuantas había conocido hasta entonces. No obstante lo cual,
+sin pararse a desentrañar lo significativo del síntoma, quedaron en su
+ánimo resueltos el regalo y la fuga.</p>
+
+
+
+<h3><a name="Capitulo_XI" id="Capitulo_XI"></a>Capítulo XI</h3>
+
+<p>A consecuencia del cual perderá don Juan la simpatía de las lectoras</p>
+
+
+<p>Durante varias noches observó Cristeta que su amante volvía a estar
+caviloso, y que sus impulsos amorosos sufrían intervalos en los cuales
+se quedaba ensimismado y triste. La verdad era que al pobre conquistador
+le costaba esfuerzo y pena fingir preocupación y mal humor: lo de tener
+que ponerse melancólico entre dos caricias, le iba pareciendo
+intolerable. Había momentos en que le daban ganas de echarlo todo a
+rodar, declarándose vencido y confesando que la casa Garcitola y su
+quiebra eran pura embustería. Al mismo tiempo, y esto sí que era grave,
+cuanto más dueño se hacía de Cristeta, más se asombraba de no sentir
+amagos de hastío: indudablemente el amor de aquella mujer era un
+bebedizo que en vez de calmar la sed, la producía y excitaba. Por lo
+cual don Juan suponiéndose puesto en ridículo ante sí mismo, se asustó y
+resolvió convencerse de que no había degenerado, y de que estaba en
+pleno uso de su libre albedrío. Entonces, rechazando como vergonzosa la
+posibilidad de haberse enamorado, sacrificó su gusto al pícaro amor
+propio, y determinó huir cuanto antes de Cristeta, en cuyos encantos
+comenzaba a vislumbrar, no una conquista semejante a sus anteriores
+hazañas, sino una red capaz de aprisionarle para siempre.</p>
+
+<p class="puntos">*<br />* *</p>
+
+<p>Eran las dos de la madrugada.</p>
+
+<p>La bujía colocada encima de la mesa estaba a punto de consumirse. De
+pronto el pábilo vaciló, cayendo sobre la esperma liquidada, brilló un
+momento con mucha intensidad, y se apagó. Las tinieblas aminoraron el
+pudor de Cristeta y dieron valor a don Juan.</p>
+
+<p>Aguardábale ella con los brazos abiertos, cuando en vez de recibir el
+beso esperado, oyó la voz de don Juan que decía:</p>
+
+<p>&mdash;Lo malo es que no tengo fósforos.</p>
+
+<p>&mdash;Bueno... no hacen falta.</p>
+
+<p>En vano siguió esperando el beso, prólogo de mayores dulzuras.</p>
+
+<p>&mdash;¿Sabes, chica, que hoy he recibido carta del agente?</p>
+
+<p>&mdash;¿Y qué?&mdash;preguntó con gran vehemencia.</p>
+
+<p>&mdash;Lo peor: que el día menos pensado voy a tener que marcharme.</p>
+
+<p>&mdash;¿Por mucho tiempo?</p>
+
+<p>&mdash;No lo sé.</p>
+
+<p>Don Juan sintió posarse en sus hombros los brazos desnudos de la
+enamorada y oyó estas palabras, que le hicieron experimentar una
+indefinible confusión de miedo y de placer.</p>
+
+<p>&mdash;¡Juan mío, por lo que mas quieras en el mundo, no me dejes!</p>
+
+<p>¿Cómo hablar, en tal momento, de intereses?</p>
+
+<p>&mdash;¿Qué va a ser de mí?&mdash;seguía ella&mdash;. No tengo miedo al porvenir. Ya sé
+que no me ha de faltar contrata, que tengo seguro el pan en casa de mis
+tíos..; pero no podré vivir sin ti. Dime que volverás, que me quieres,
+que eres mío para siempre.</p>
+
+<p>&mdash;Vamos, mujer, no te pongas dramática. ¿No has venido solita a
+Santurroriaga y he tardado que sé yo cuántos días en llegar?</p>
+
+<p>&mdash;Sí; pero aún no era como ahora... no éramos todavía uno de otro.
+¡Venías... por lo que yo me sé!... ¡A estas alturas sabe Dios si tendré
+encanto ni atractivo para ti!</p>
+
+<p>&mdash;No seas simple, vidita, antes te quería por lo que esperaba, ahora por
+lo que tengo. ¡Cualquiera diría que ir quince días a París, a Madrid, o
+donde sea, es una separación eterna!</p>
+
+<p>Aunque continuaban a oscuras y abrazados, ambos tenían más despabilado
+el recelo que el deseo. Cristeta debió de notar algo anómalo en la voz
+de don Juan; tal vez en la tiniebla favorecedora del engaño le pareciese
+sospechoso su lenguaje, porque de repente exclamó:</p>
+
+<p>&mdash;¡Luz, luz, quiero verte la cara!... No me beses..., déjame llorar...
+¡Luz... luz!</p>
+
+<p>Oyose el rápido posarse de los pies de Cristeta sobre el entarimado.
+Luego añadió:</p>
+
+<p>&mdash;Aquí..., encima del tocador: trae tu palmatoria.</p>
+
+<p>Sonó el frotamiento de un fósforo, y quedó débilmente iluminado el
+cuarto.</p>
+
+<p>Estaba ella casi en paños menores, mas no considerando el momento
+propicio al amor, en seguida se vistió y calzó; arrebujose en una bata,
+y al ver a don Juan que volvía de su cuarto palmatoria en mano, le dijo:</p>
+
+<p>&mdash;Ven, siéntate aquí; la verdad... nada te pido...</p>
+
+<p>Y rompió de nuevo en llanto.</p>
+
+<p>Nunca había visto él llorar así: en vano quiso que aquellas lágrimas le
+pareciesen falsas o ridículas. Por fortuna, sólo duraron unos cuantos
+segundos, porque ella las contuvo como tragándoselas; procuró serenarse,
+y habló sin gimoteos ni sollozos.</p>
+
+<p>&mdash;Sé que no tengo sobre ti ningún derecho. No te pido nada, ni por
+soñación. ¿Será cierto eso de la casa de banca y el dinero? Aunque me
+engañes, me alegraré de que sea mentira, porque prefiero mi desdicha a
+tu ruina.</p>
+
+<p>Estaba tan nerviosa, que era inútil su empeño por aparecer serena:
+denotaba tan verdadero pesar, que don Juan comenzó a darse a todos
+diablos.</p>
+
+<p>&mdash;Mira&mdash;prosiguió ella&mdash;: si aquí hay mal, toda la culpa es mía. Nos
+conocimos, te gusté, tú a mí más...; luego ha pasado lo que Dios ha
+querido... Vamos, para que veas si te quiero, no me arrepiento. Conque
+está tranquilo: no soy mujer que arme trapatiesta ni escándalo; pero no
+me engañes. Ya no me quieres, ¿verdad? Consiento en ser desgraciada, y
+lo seré si me dejas; pero no mientas por lástima. Francamente,
+¿volverás?</p>
+
+<p>Aunque redunde en descrédito de la pericia de don Juan, forzoso es decir
+que el giro que tomó la escena le hizo perder su habitual serenidad. El
+compromiso era de marca mayor. Le mortificaba mentir, y al mismo tiempo
+le faltaba valor para decirlo en crudo: ¡como que es necesario más
+coraje para decir a una mujer «ahí queda eso» que para tomar una
+barricada a pecho descubierto!</p>
+
+<p>En vano intentó hacer un llamamiento al amor físico. Cristeta se mostró
+refractaria a las caricias. Hay instantes en que resulta grosera la más
+delicada voluptuosidad: amar sin deseo es peor que comer sin hambre.</p>
+
+<p>&mdash;Anda&mdash;dijo ella, tragándose el salado amargor de las lágrimas&mdash;; confiesa
+que no vuelves..., que te has cansado de mí.</p>
+
+<p>Entonces él no pudo más, y mintió por salir del atolladero, exclamando:</p>
+
+<p>&mdash;¡No he de volver!</p>
+
+<p>A esta frase se agarró ella como a clavo ardiendo.</p>
+
+<p>&mdash;No te pido juramento ni promesa, ni mucho menos palabra de honor; pero
+si esto se acabó, desengáñame de una vez. Comprendo que he hecho mal en
+ser tuya, y sin embargo, ni me arrepiento ni quiero que me lo
+agradezcas...; pero tampoco me confundas con otras que hayan sido tuyas
+sin quererte.</p>
+
+<p>Don Juan había luchado mucho contra la coquetería y la astucia
+femeninas; había burlado a veteranas de la galantería, a beatas
+lagartonas, a señoras raposas, quedando siempre victorioso de sus malas
+artes y enredos; pero no acertó a luchar abiertamente con aquella
+sinceridad.</p>
+
+<p>¿Fue ternura repentina, de la que se creía incapaz, o vergonzosa
+abdicación de sus principios y presagio de mayores debilidades? Nadie le
+culpe. ¿Cómo ser cruel con una mujer que, lejos de echar en cara los
+favores otorgados, ni arrepentirse de ellos, ni solicitar cosa alguna
+para lo porvenir, se limitaba a pedir lealtad? De la desvergonzada
+Zaluka, de la sagaz Cleopatra, cualquiera triunfa, porque el hombre se
+deleita tanto en humillar la soberbia como en poseer la belleza, pero
+¿quién es capaz de permanecer insensible ante la enamorada humilde y
+suplicante?</p>
+
+<p>&mdash;Ignoro cuánto tiempo tendré que estar en Madrid o en París&mdash;dijo don
+Juan&mdash;. No sé dónde iré...; en fin, no me voy del mundo. Claro que
+volveré; y si no te encuentro aquí..., en Madrid nos reuniremos.</p>
+
+<p>&mdash;¿Me escribirás a menudo? ¿Podré yo escribirte?</p>
+
+<p>&mdash;Siempre que quieras.</p>
+
+<p>&mdash;¿Verdad que no estás hastiado de mí? ¿Me quieres?</p>
+
+<p>&mdash;¡Con toda mi alma!</p>
+
+<p>(Evocando sus propios recuerdos, ponga el lector aquí cuanto haya
+experimentado en casos parecidos.)</p>
+
+<p>¡Oh inacabable encadenamiento de frases, tan tontas para escritas como
+deliciosas para pronunciadas y oídas!</p>
+
+<p>Cuanto hizo don Juan encaminado a enardecer los sentidos de Cristeta,
+fue trabajo perdido. La ninfa de abrasadora voluptuosidad se había
+trocado en fría escultura. Estaba triste, lleno su pensamiento de cosas
+amargas. Recibía los besos como Dios las oraciones, sin darse cuenta de
+ello.</p>
+
+<p>&mdash;No..., hoy no..., déjame...; dime que eres mío..., y nada más. No sabes
+quererme así..., vamos..., sin eso.</p>
+
+<p>El último diálogo fue casto. A las siete de la mañana, después de haber
+pasado la noche en triste honestidad, don Juan se retiró a su cuarto. En
+el instante de separarse la abrazó y besó mucho, sin que Cristeta
+experimentara emoción. Fue despedida de manos quietas.</p>
+
+<p>Ella, al quedarse sola, se tiró llorando sobre la cama.</p>
+
+<p>«Nada, nada&mdash;se decía don Juan poco después, haciendo preparativos de
+viaje&mdash;, la carta, el dinero y tierra por medio. Con esto y con que no lo
+quiera tomar...; sería la primera. ¿Cómo se lo doy, y cuánto le dejo?
+Dejarlo..., en un talón contra el Banco, para que lo cobre aquí o en
+Madrid...; lo difícil de precisar es el cuánto. Por supuesto que a
+ninguna se lo he dado con tanto gusto. Ni codicia ni exigencias...
+¡Lástima de chica! La verdad es que da compasión. Pero yo no he de
+cargar con ella para toda la vida. Lo que no puedo hacer es andar con
+tacañerías. Conque... estudiemos fríamente el caso. A una pérdida le
+daría tanto o cuanto, según su categoría y su modo de vivir, como quien
+paga cuenta de fonda con arreglo al lujo y fama de la casa. Con una
+mujer de género intermedio, por ejemplo, una de esas viudas que jamás
+tuvieron marido, tampoco habría duda: todo era cuestión de darle lo
+bastante con que vivir hasta que hallara quien me reemplazase. A una
+señora... ¡éstas sí que salen caras!, una alhaja. Pero con esta
+desdichada, que no es aventurera, ni perdida, ni soltera de nadie, ni
+viuda de todos, ni siquiera señora..., ¿qué hago? ¡Maldita sea la hora
+en que la busqué! No, eso no...; no vengamos ahora con exageraciones: lo
+malo es tener que dejarla, porque... bonita... ¡como ninguna! Y ¿qué
+haré? ¡Cuando digo que este problema de quedar bien es en ciertos casos
+imposible de resolver! Lo esencial es componérmelas de modo que no haya
+reanudación posible. En amor las soldaduras son fatales..., ya lo sé. Lo
+malo es que para esto sería necesario que yo me portase como un sucio, y
+la chica no lo merece..., tan guapa, de tan buen fondo..., ¡pues y la
+forma! Una cosa es escurrir el bulto, y otra dejar de ser caballero. Hay
+que hacer el desembolso de una vez. Sí: dar hoy de sobra es adquirir la
+seguridad de que no pida en lo sucesivo... Aunque bien mirado..., no es
+de las que piden. Hago cuenta que me asaltó la tentación de ir al
+Casino.... subí a la <i>sala del crimen</i>..., <i>bacarrat</i>, <i>treinta y
+cuarenta</i>, cualquier cosa, unos cuantos pases con mala sombra..., y
+veinte o treinta mil reales fuera del bolsillo. ¿Mil quinientos duros?
+¡Mucho es! Me parece que me he escurrido. ¿Y si se engolosina, y yo
+mismo la echo a perder, despertándole la codicia? En realidad..., ¿qué
+clase de mujer es? No es cosa de hacer el primo. Una chicuela criada a
+puerta de calle, en un estanco, una corista distinguida... ¡Me da una
+rabia pensar que si hubiera tenido paciencia la pesco con cuatro cenas y
+un traje! Pero ¡quiá! esta mujer ha cedido porque se ha enamorado de mí.
+Además, ha llegado a mis manos... como nieve recién caída..., intacta.
+Lo dicho: acabar de una vez, pero portándome como quien soy. La cosa
+sale cara: ¡bah! cada uno lo gasta como le da la gana. No tengo potros
+de carrera, ni bebo, ni compro antiguallas, ni juego. Mujeres, eso sí.
+Bueno, ¿y qué? ¿en qué mejor? Si sabiendo lo que es esta chica le
+pidiera a uno <i>antes</i> el oro y el moro, daría hasta la última peseta;
+conque, ¡fuera tacañería!» Y siguió el monólogo.</p>
+
+<p>«Veinte mil... treinta mil reales... mil... mil quinientos... Bueno, mil
+duretes, cifra redonda. En su vida ha visto tanto dinero junto. Casi
+puede decirse que no hay en Madrid mujer que no se logre con eso; aunque
+no, todas no. Lo cierto es que cuanto más espléndido me muestre, más
+claro verá ella el propósito de romper, y aquí de lo que se trata es de
+cortar por lo sano... Bien pesado y medido todo, puede que los mil duros
+sean su perdición... si se los gasta en trapos y se echa a rodar por
+esos mundos de Dios. Lo sentiría porque la pobre no lo merece. ¿Y a mí
+qué me importa? Si se ha de perder, lo mismo sucederá dándole poco que
+mucho. Con tres o cuatro mil pesetillas se vuelve loca. No serían muchos
+los hombres que hicieran esto en igual caso, sobre todo pudiendo
+largarse impunemente sin chistar. Por otra parte, según yo escriba la
+carta de despedida, así será la impresión que ella reciba. Vamos con
+calma: la carta no debe ser un rompimiento a raja tabla, porque con lo
+entusiasmada que la tengo y con dinero a mano, se viene detrás de mí.
+¡Horror! Hay que decirle que vendré... cuando pueda... plazo
+indeterminado... los negocios... y al volver a Madrid no parezco por el
+teatro en que ella esté. Son diez o doce mil reales tirados a la calle,
+pero lo bailado nadie me lo quita. Diez, no, tienen que ser más... No
+vayamos mermándola tanto que resulte una mezquindad. Ya sé yo que otro
+no se los daría. ¡Doce mil reales a una mujer! En el teatro resultaría
+absurdo, inverosímil; ¡pero yo soy quien soy! La chica me gusta como no
+me ha gustado ninguna mujer. ¡Si no fuera por miedo a la duplicación de
+mi individuo, un demonio la dejaba yo! La verdad es que Dios debió
+decir: <i>Crescite et multiplicamini...</i> si os conviene, y si no, no. En
+fin, ¿para qué tengo el dinero? ¿me da la gana de quedar bien? ¡pues lo
+hago y <i>San Seacabó</i>! ¡Quién me dice a mí que luego, cuando ande yo
+rodando de juerga en juerga y de amorío en amorío, no me la encuentro y
+reanudamos por unos días! ¡También somos burros los hombres! Tendría
+gracia que fuese yo capaz de recogerla de los brazos de otro, cuando
+ahora es mía, y nada más que mía. Eso sería lo mismo que no saborear un
+buen plato, dejar que se lo llevaran a la cocina, y cuando lo hubieran
+catado y pringado en él los criados, volver a pedirlo para chuparme los
+dedos de gusto. ¡Qué mal organizado está el mundo! Vamos a ver, ¿por qué
+no había yo de seguir con esta mujer hasta que nos cansáramos, y
+después, sin reñir, separarnos pacíficamente como dos buenos amigos que
+han hecho juntos un negocio? ¿Dónde mejor negocio que pasar una
+temporadita en plena felicidad? Y en seguida, lo mismo con otra. Pero...
+que no me salieran tan caras; porque... ¿En qué quedamos? ¿Cuánto le
+doy? ¿Diez, doce, veinte, treinta mil reales...?»</p>
+
+<p>Se puso a escribir sin tenerlo fijamente resuelto. Comenzó una carta, la
+rompió, y después otras. Por fin le pareció que la tercera o cuarta
+quedaba bien. Luego sacó de la cartera un sobre, y de éste tres talones,
+con los huecos en blanco, contra el Banco de España. Tomó uno de ellos,
+y al ir a llenar los claros del impreso, se quedó pensativo, mordiendo
+el mango de la pluma, como poeta que no halla consonante.</p>
+
+<p>¡Qué animalucho tan despreciable es el hombre! Cuando Cristeta le abrió
+los brazos no vaciló en poseerla, y ahora llevaba una eternidad pensando
+si habían de ser diez o veinte. ¡Ah, mujeres! Sabed que al hombre, como
+al hierro, hay que pedirle las cosas en caliente, porque pasados en uno
+el entusiasmo amoroso, y la incandescencia en otro, quedan fríos y
+duros, y a nada se prestan.</p>
+
+<p>Sin embargo, hay hombres de hombres. Don Juan se quitó de la boca el
+mango de pluma y escribió con letra clarísima <i>cinco mil pesetas</i>. Hecho
+lo cual, arrojó sobre la mesa el palitroque, murmurando: «¡Quien tal
+hizo, que tal pague!»</p>
+
+<p>¿Lo tenéis por inverosímil? Pues sois tacaños. ¿Os parece demasiado? Es
+que no habéis sentido los embriagadores halagos de Cristeta. ¿Fue
+arranque de hermosísima liberalidad? Tampoco. Si la Venus antigua,
+manca, mutilada, de la cual sólo gozan los ojos, y que no se digna bajar
+de su pedestal, no tiene precio, ¿cuánto vale una mujer de veinte años,
+estatua viva y cariñosa?</p>
+
+<p>Repuesto del esfuerzo que le costó aquel rasgo, don Juan guardó en el
+baúl las pocas ropas que tenía sobre las sillas y colgadas de las
+perchas. La cuenta de la fonda no había que pensar en pagarla hasta más
+tarde: no hiciese el diablo que Cristeta por casualidad se enterara y se
+escamase.</p>
+
+<p>Al día siguiente, comió mientras Cristeta estaba en el teatro; pagó al
+amo, en persona, y le entregó la carta para la pobre muchacha,
+diciéndole:</p>
+
+<p>&mdash;No sabía que la Moreruela y yo éramos vecinos de cuarto. Dele usted
+esto. Son proposiciones que le hace un empresario amigo mío.</p>
+
+<p>&mdash;Vaya usted tranquilo.</p>
+
+<p>A las diez salía el tren, y aunque la estación distaba poco de la fonda,
+a las nueve andaba ya don Juan paseando su impaciencia por el andén, tan
+contrariado y en tal estado de ánimo, que si en aquellos momentos
+hubiese aparecido ella, se la lleva consigo.</p>
+
+<p>Luego, al reclinar la cabeza en los ásperos almohadones del vagón, se
+acordó del suave pecho de Cristeta. La forma del recuerdo no era en
+verdad, muy desinteresada; pero lo cierto es que echó de menos a su
+víctima, cosa en él enteramente nueva.</p>
+
+<p>Al otro día pernoctó en Burdeos. Comió poco, callejeó sin saber por
+dónde, y se acostó. ¡Santo Dios qué noche! Ni momento de sueño ni
+instante de reposo. ¡Qué desasosiego, qué cama... y <i>qué espantosa
+soledad</i>!</p>
+
+<p>¿Era que se arrepentía, o simplemente que la echaba de menos? En vano
+intentó explicárselo.</p>
+
+<p>Cuanto sentía estaba en abierta contradicción con sus antecedentes, sus
+ideas y sus prácticas amorosas; al par le daban orgullo los recuerdos y
+vergüenza lo presente.</p>
+
+<p>Probándose don Juan ropa en casa de su sastre, vio cierto día a una
+linda muchacha, de oficio chalequera, que iba a <i>entregar</i>. El lenguaje
+al par candoroso y achulado de la menestrala, su inexperiencia amatoria
+y su tipo mitad picaresco y distinguido, le sorbieron el seso; casi
+llegó a temer haberse enamorado de veras, cuando a las pocas semanas la
+dejó por otra, no sin endulzarle el disgusto a fuerza de generosidad.</p>
+
+<p>En los últimos días de una primavera cortejó a una viuda aristocrática
+tan honesta y virtuosa, que no murmuraban de ella ni aun sus íntimas
+amigas. Al empezar el verano logró rendirla, y comenzado en Madrid el
+idilio, se dieron cita para continuarlo en un pueblecillo de baños. La
+ilustre cuna de la dama, su fama de virtuosa y su intenso amor de viuda
+con deseos atrasados, le cautivaron en tal grado, que también esta vez
+imaginó hallarse en vías de sincero apasionamiento. Pronto se convenció
+de que su entusiasmo era mero resultado del contraste que formaban los
+picantes atractivos de la chalequera con el exquisito libertinaje de la
+gran señora. Por temor al qué dirán no quisieron viajar juntos,
+conviniendo en que él se adelantaría tres días. Despidiéronse con
+derroche de caricias; hubo dúo de amor con música de juramentos; partió
+el dichoso amante maldiciendo la separación, luego ella, a pesar de lo
+convenido, adelantó su marcha veinticuatro horas, y en premio de tanta
+priesa lo primero que vio al llegar al balneario fue al traidor don
+Juan, no entretenido, sino embobado en decir melosidades a una señorita
+pazguata y cursi, cuyo modesto atavío y encogidos modales formaban nuevo
+y apetitoso contraste con la elegancia de la viuda.</p>
+
+<p>Entre estos dos extremos, uno plebeyo y otro linajudo, yacían olvidadas
+en el corazón de don Juan docenas de conquistas intermedias, de las
+cuales ninguna hubo que le dejase en la memoria recuerdos mortificantes.
+Así que el hombre estaba triste y desazonado, porque ahora Cristeta le
+ocasionaba, juntamente, pesar de haberla perdido y casi disgusto por su
+proceder respecto de ella. Jamás hasta entonces se preocupó del porvenir
+que cupiese en suerte a la mujer por él abandonada. Y ahora... ¡qué
+diferencia entre el estúpido diálogo en que estaba engolfado con su
+propio pensamiento y el que a tales horas pudiera tener con Cristeta!
+Además, su olfato estaba hecho a deleitarse con el perfume juvenil del
+hermoso cuerpo de la muchacha, y las sábanas de la fonda le olían a
+jabón ordinario. Y casi sentía remordimiento. ¿Qué sería de ella? Si se
+perdiese, ¿quién tendría la culpa? Aunque bien miradas las cosas, ¿qué
+le importaba? ¿Quién era aquella mujer? Una chica guapa que se había
+dejado atrapar. ¡Bonito estaría que don Juan de Todellas se desvelase
+por tan poco! Caída... seducción... engaño... palabrería ridícula.
+Pasados los dieciocho años <i>ella</i> no es nunca seducida, sino seductora.</p>
+
+<p>A pesar de todas estas reflexiones, el pobre hombre pasó la noche
+pensando en Cristeta como colegial enamorado de la hermanita de un
+compañero.</p>
+
+<p class="puntos">*<br />* *</p>
+
+<p>Mientras don Juan escapaba cobardemente, falseando su carácter y
+sintiendo un desasosiego moral que le avergonzaba, Cristeta volvía del
+teatro a la fonda.</p>
+
+<p>Entró en el vestíbulo, se acercó al casillero donde estaban las
+palmatorias y las llaves, y vio junto a la de su cuarto una carta. Sin
+saber por que, le dio un vuelco el corazón. La víspera había recibido
+noticias de sus tíos. ¿Quién la escribiría?</p>
+
+<p>En seguida, observando que el sobre carecía de sello, se tragó la
+partida.</p>
+
+<p>Subió precipitadamente la escalera, tiró sobre la cama el abrigo, y dejó
+la carta sobre la mesilla de noche... ¡la misma mesita donde él ponía la
+vela para ver mejor los encantos de su cuerpo! Despidió a la doncella,
+rasgó el sobre y buscó con la mirada la firma... <i>tuyo, Juan</i>. ¡Qué
+mentira!</p>
+
+<p>Los ojos se le arrasaron en llanto. Lo menos tardó un cuarto de hora en
+poder leer con tranquilidad de espíritu aquellas malhadadas líneas.
+Decían así:</p>
+
+<div class="blockquot"><p><i>«Cristeta mía: Lo que temíamos. Esta mañana he recibido carta
+del agente. Estoy casi arruinado. Tengo forzosamente que ir a París,
+desde donde te escribiré. Lo que no puedo decirte aún es cuánto tiempo
+estaremos separados. Me ha faltado valor para despedirme de ti. Si te
+veo no me voy. Escríbeme a mi nombre, Poste Restante (que es como a la
+lista del Correo) París. El cariño que te profeso me autoriza, sin que
+puedas ofenderte, para pensar en ti, por si tardo en volver, y te dejo
+ese papelillo, que es un talón contra el Banco: puedes cobrarlo aquí o
+en Madrid. Cuando lo presentes te darán, sin excusa ni demora, cinco mil
+pesetas. No son regalo; es por si necesitas algo. Creo que tendrás
+bastante hasta que nos veamos. Escríbeme en seguida para que yo sepa que
+no ha habido extravío. Las circunstancias disculpan esta precipitada
+marcha. Además, tú eres muy buena y me perdonarás. Muchos, muchos
+besos.</i></p>
+
+<p><i>Tuyo,</i></p>
+
+<p class="r"><i>Juan.»</i></p></div>
+
+<p>Mientras Cristeta leía la carta, se le cayó al suelo el talón contra el
+Banco.</p>
+
+<p>Llenósele el alma de tristeza, y lloró silenciosamente. No existen
+palabras con que expresar su pena. La prosa vulgar y llana sería pálida;
+la retórica, falsa e insufrible. No hay vocablo que dé idea de lo amarga
+que es una lágrima, ni giro que refleje el desconsuelo que se enseñorea
+del corazón desposeído de esperanza. Por supuesto que ni por asomo pensó
+en que se acostaría sola. Y es que la mujer, por sensual y materialista
+que sea, tiene en los instantes de dolor una pureza de sentimientos que
+rara vez brilla en el hombre.</p>
+
+<p class="puntos">*<br />* *</p>
+
+<p>A la hora del alba, cansada de martirizarse el pensamiento, se asomó al
+balcón.</p>
+
+<p>Las auras, cargadas de sales marinas, vinieron frescas y vivas a besarla
+el rostro, pálidamente iluminado por la claridad difusa y temblorosa.</p>
+
+<p>¡Qué hermosa descripción podría hacerse de mujer romántica, joven,
+bonita y abandonada! El hueco del balcón donde destaca la gallarda
+figura esfumada en el incierto resplandor del amanecer; las gentiles
+formas ceñidas por un abrigo de viaje; el rostro pálido y ojeroso;
+aquellos labios huérfanos del beso; aquel pecho sin corsé, cuya blandura
+descansaba, no en las avariciosas manos del amante, sino en la fría
+barandilla de hierro..., el ánimo combatido por la desesperación, el
+cuerpo invadido de laxitud... y el sol oculto entre un cendal de nubes,
+como pesaroso de alumbrar tanta tristeza.</p>
+
+<p>¡Pobre Cristeta! ¡Qué infame abandono!</p>
+
+<p>En grandes errores incurre a veces la Providencia: mientras las personas
+padecen hambre y sed, las bestias de sabrosa carne pastan libres en las
+montañas, y los arroyos culebrean inútiles por el llano; mientras tantos
+hombres permanecían castos por fuerza, aquella mujer estaba sola. Pero
+Cristeta no era groseramente materialista: ¡no! lo que traía lágrimas a
+sus ojos era la pérdida de las ilusiones, aves misteriosas que anidan en
+el corazón, donde jamás tornan, si el desengaño las ahuyenta... Tin,
+tin... Las seis. Ya pasaba gente por la calle.</p>
+
+<p>Poco a poco sus pensamientos se apaciguaron, las ideas impuestas por la
+realidad se abrieron paso a través del dolor exacerbado por la fantasía,
+y finalmente surgió la voluntad, imponiendo cordura y calma. ¡La calma,
+el recurso de los desdichados!</p>
+
+<p>Borráronse de la linda frente las arrugas del ceño fruncido por la
+tristeza... ¿En qué pensaba? ¡Misterio! También los hay en la realidad,
+que es una gran novela.</p>
+
+<p>Permaneció largo rato apoyada en la barandilla: sus labios se movían
+como si hablase. Por fin, transida de frío, se entró al cuarto y cerró
+el balcón. Entonces vio caído en el suelo un papel y recogiéndolo
+murmuró con desprecio:</p>
+
+<p>&mdash;¡Ah, sí, el dinero!</p>
+
+<p>Y quedó como ensimismada.</p>
+
+<p>La mujer es poco dada a pensar; mas cuando piensa despacio, ¡pobre del
+hombre!</p>
+
+<p>Las ropas que tenía puestas no eran lujosas; el ajuar del cuarto era
+mezquino, pero ella por la actitud y la expresión de su semblante,
+parecía una reina destronada, en el instante de concebir el irrevocable
+propósito de reconquistar lo perdido.</p>
+
+<p>Felipe II solía decir: <i>«El tiempo y yo para otros dos»</i>; Cristeta, se
+contentó con murmurar:</p>
+
+<p>«Haré lo que pueda.»</p>
+
+
+
+<h3><a name="Capitulo_XII" id="Capitulo_XII"></a>Capítulo XII</h3>
+
+<p>Siguen, Cristeta enamorada, don Quintín echándose a perder, y don Juan
+sin sospechar la que le espera</p>
+
+
+<p>Cuando, pasados algunos días, se convenció Cristeta de que don Juan no
+se acordaba de ella para escribirle cuatro líneas, su tristeza rayó en
+melancolía. Lo primero que se le ocurrió fue romper la contrata, volver
+a Madrid, renunciar al teatro y resignarse a vivir en el estanco con sus
+tíos. Lo que no se le pasó por el magín fue buscar ni desear heredero al
+amante fugitivo y perdido; porque, no cabía duda, don Juan se había
+escapado como chico que pone pies en polvorosa después de robar la
+golosina largo tiempo deseada. Unos ratos esta idea hacía presa en su
+pensamiento, otros momentos se esperanzaba con la posibilidad de
+reconquistarle. Por fin, comprendió que no era cuerdo aquello de romper
+la escritura. ¿Con qué pretexto? ¿Qué haría si la empresa, auxiliada por
+el gobernador, se obstinase en obligarla a trabajar? Era forzoso seguir
+en el teatro.</p>
+
+<p>Estaba una noche sentada en su cuarto, después de concluida la última
+obra en que cantaba, cuando entró a saludarla uno de sus más entusiastas
+galanteadores, hijo de una rica familia comercial de Santurroriaga.</p>
+
+<p>&mdash;Me alegro de que venga usted&mdash;dijo ella&mdash;porque tengo que pedirle un
+favor.</p>
+
+<p>&mdash;Usted no pide... manda. Y luego, aunque no me pague usted, yo me daré
+por recompensado con el gusto de haberla servido.</p>
+
+<p>&mdash;Hará usted bien, porque no tengo nada que dar.</p>
+
+<p>&mdash;Como usted quisiera...</p>
+
+<p>&mdash;Bueno, ya sabe usted que es servicio gratuito, desinteresado, sin otra
+esperanza que la de que seamos buenos amigos.</p>
+
+<p>&mdash;¿Nada más?</p>
+
+<p>&mdash;¿Hará usted lo que yo le pida?</p>
+
+<p>&mdash;De cabeza.</p>
+
+<p>&mdash;Dios se lo premie. Deseo que averigüe usted, y me diga, dónde está en
+París una casa de banca española que se llama de Garcitola y Compañía.
+Vamos, las señas para poder enviar una carta.</p>
+
+<p>&mdash;Pues... se me figura que en ninguna parte.</p>
+
+<p>&mdash;¿Por qué?</p>
+
+<p>&mdash;Porque mi padre está en relación con casi todas las casas españolas de
+París, y esa no la he oído nombrar nunca. Conque, si tiene usted
+negocios, déjese usted de semejante casa y entiéndase usted conmigo.</p>
+
+<p>&mdash;¿Pero usted no lo sabe con certeza?</p>
+
+<p>&mdash;Certeza, no: me enteraré, y mañana sabrá usted lo que haya, con toda
+seguridad.</p>
+
+<p>&mdash;Se lo agradeceré a usted con toda mi alma.</p>
+
+<p>&mdash;¿Nada más con el alma?</p>
+
+<p>&mdash;Déjese usted de bromas: no hemos de ser nunca más que amigos.</p>
+
+<p>&mdash;¿Ni siquiera me dejará usted que la bese, como la besa un compañero en
+escena?</p>
+
+<p>&mdash;Bueno; me besará usted la mano, y entendiendo que el beso no tiene
+importancia ni trastienda de ninguna clase.</p>
+
+<p>&mdash;Quiere decir que la besaré a usted como los chicos besaban antes la
+mano a los curas.</p>
+
+<p>&mdash;Igualito.</p>
+
+<p>A la noche siguiente supo Cristeta que ni en París ni en Madrid había
+tal casa de Garcitola ni solo ni con compañía: y lo peor del caso era
+que su adorador no mentía.</p>
+
+<p>&mdash;¡Lo que yo me figuré!&mdash;exclamó ella.</p>
+
+<p>&mdash;Ahora venga la mano&mdash;dijo él.</p>
+
+<p>&mdash;Le advierto a usted que mi interés en saber si existía esa casa era por
+averiguar el paradero de un hombre...; de modo que recibiré el beso que
+usted me dé como quien no recibe nada. Ya ve usted si soy leal. Ahora,
+si usted quiere...</p>
+
+<p>Aquel hombre era discreto, y no insistió. Luego, a solas, Cristeta, se
+quedó muy pensativa.</p>
+
+<p>«Ésta ya me la tenía yo tragada. Ni quiebra... ni disgustos... ¡Todo
+mentira! Y, sin embargo, Juan algo siente por mí... algún cariño o
+principio de cariño me tiene... y miedo de que vaya en aumento, porque
+si no... ¡quiá! no se escapa él con semejante cobardía. No hubiera
+preparado las cosas con tanta astucia y con tales visos de verdad. ¡Ha
+sido todo tan verosímil! ¡Y a mí que me dio lástima! Lo que es bien
+urdido sí que ha estado. Pero ha tenido miedo, mucho miedo... Le ha
+faltado valor para decirme cara a cara: 'esto se acabó'. Por supuesto
+que ha pensado despacio en mí: el dinero lo demuestra. No me ha regalado
+una alhaja como quien deja un recuerdo a una mujer coqueta y
+vanidosa...; no, ha sido dinero, como quien dice: 'por si necesitas
+algo': luego su deseo no ha sido regalarme, sino que no llegue a
+faltarme nada. ¡Me dan unas ganas de devolvérselo! Pero... ¿cómo? Y
+además... no, mientras yo conserve ese dinero siempre habrá algo entre
+nosotros. Poco he de poder... En fin, veremos.»</p>
+
+<p>A partir de entonces, Cristeta recobró aparentemente la tranquilidad de
+espíritu, sobre todo en el teatro y en presencia de gentes extrañas;
+hasta se dejó cortejar; pero con frecuencia se quedaba ensimismada,
+sujeta al imperio de una idea, como persona que medita y fragua un plan
+calculando todos los casos, incidentes y peripecias que en su desarrollo
+pueden sobrevenir.</p>
+
+<p>Por fin un día, tras cavilar y sufrir mucho, determinó escribirle,
+procurando que sus palabras no acusaran despecho sino amargura. La
+carta, después de muy pensada, quedó con estas mismas frases y
+ortografía; bien es verdad que no podían exigirse superiores a quien se
+crió en un estanco y comenzó a vivir en un teatro de tercer orden.</p>
+
+<div class="blockquot"><p><i>«Querido Juan mío: No tengas miedo de que te aburra echándote en
+cara lo mal y remal que te as portado conmigo. No quiero más que decirte
+una cosa, y esa cosa es que no puedes tener queja de mí que e sido tonta
+de remate por demasiado buena, porque lo que as hecho tú no lo hace un
+cabayero, y, sin embargo, eres bueno y te quiero: lo que no sé es por
+qué te as ido así, cuando yo no te he faltado ni por soñación. También
+te quiero decir que no me hago ilusiones contigo, pues estoy combencida
+de que ni me escribirás ni arás por verme: yo, aunque te quiero con toda
+mi alma, ojalá no fuese la pura verdad, tampoco procuraré de que
+lleguemos a encontrarnos en ningún lado, porque te había de ver azorao,
+y no quiero que le dé bergüenza de aber se portao mal al hombre a quien
+yo he, querido. Ésta es también para decirte que ya sé que no tengo
+derecho ninguno para obligarte a nada. Figúrate cuando yo no he sabido
+guardarme, cómo voy a decirte por qué no has mirado por mí; los hombres
+sois así, y la que se fía de vosotros merece que la maten por tonta. No
+creas que me consuelo tan fácilmente, porque perdiéndote seme a ido toda
+la alegría, y no por lo que tú te figurarás, sino cuando estoy sola, muy
+sola, es cuando te echo de menos, porque las cosas que me decías parecía
+que me querías. En fin, esto se acabó, y no soy nada para ti, y te deseo
+que seas muy feliz con la que busques, pero para mí se acabaron los
+hombres. Lo mucho que te he querido Juan mío, no me ha dejado nada para
+otros. En fin, adiós Juan, y disimula que haya sido tan larga; pero no
+lo puedo remediar, porque estoy yorando. Ya sé que tú no me querías, y
+me engañabas y mentías al revés de esta que te a querido y no te a
+engañao nunca tu</i></p>
+
+<p class="r">CRISTA.</p>
+
+<p>PORDATA: <i>Te doy las gracias por el dinero que me as regalado. La
+primera intención que me dio fue debolvértelo, porque yo no lo he echo
+por el interés; pero me lo guardo por si algún día lo necesito, que lo
+sacaré pensando que me lo a dado el único hombre de quien yo puedo
+tomarlo sin que me dé vergüenza, porque siempre te he mirado como si
+fueras mío de beras, aunque ya sabía yo que todo esto era por pasar el
+tiempo. En fin, adiós por última vez, y que la Birgen te perdone, que yo
+no te deseo mal ninguno. Cuando te as ido así, es que no volverás
+nunca.»</i></p></div>
+
+<p>La letra era torpe y temblorosa; algunas palabras estaban medio borradas
+por las lágrimas que habían caído sobre el papel, mezclándose a la tinta
+fresca.</p>
+
+<p>Aunque don Juan se lo dejó encargado, no quiso dirigirle la carta a
+<i>París-Poste Restante</i>, y deseosa de que no se extraviara se la remitió
+a don Quintín, cerrada, y acompañada de otra para él, en que le decía lo
+siguiente:</p>
+
+<div class="blockquot"><p><i>«Querido tío: Ésta es para decirle a usted que le mando por
+Fernández, como el mes pasado, dieciséis duros para ayuda de la casa, y
+para que vean ustedes que no soy descastada, porque lo que yo pueda
+ganar ustedes lo an echo. También ba con ésta otra carta para el señor
+Todellas, y ará usted lo que yo le digo, ya le diré a usted por qué
+cuando nos veamos, que será pronto, porque aquí llueve y se acaba el
+berano, y se va la gente y el teatro anda perdido esta quincena. Yo no
+me voy antes por no pagarme el biaje de mi bolsillo, y con la compañía
+no. Pues con la carta azjunta ará usted lo siguiente: irá usted a su
+casa, preguntará usted en dónde está y sus señas, y, si no lo dicen irá
+usted al casino, y sino lo preguntará usted como pueda, y enviará la
+carta certificada con lacre, como cuando se manda dinero. También se me
+ocurre la idea de que pregunte usted a los periodistas que iban por el
+teatro, y no deje usted de hacerlo, que va se lo explicaré a usted todo,
+y no quiero que sepa nada la tía, y usted me escribirá enseguida. Sin
+más por hoy que me digan ustedes enseguida si han recibido ésta. Muchos
+recuerdos para usted y besos para la tía de ésta su sobrina que les
+quiere mucho y berles desea,</i></p>
+
+<p class="r">CRISTETA MORERUELA.»</p></div>
+
+<p class="puntos">*<br />* *</p>
+
+<p>Por los días en que don Quintín recibió ambas cartas, brillaba para él
+con vivo resplandores la estrella del amor: estaba sometido al imperio
+de Venus, representada por Carola.</p>
+
+<p>Cometió la imprudencia de mostrarse generoso, en cuanto permitían sus
+ahorros, comprando hoy un vestido, mañana un abrigo; le dio para
+desempeñar alhajillas, hasta la llevó a cenar al café, con todo lo cual
+Carola llegó a persuadirse de que el vejete tenía dinero. Resultado: la
+corista machucha y corrida determinó, primero, desplegar cuantas
+zalamerías y gatadas pudiese sugerirle su deseo de asegurar la presa, y
+segundo, recurrir, si fuese necesario, a la bronca y el escándalo para
+evitar el abandono: cuando no bastasen las cucamonas y los mimos,
+emplearía el terror. Estaba en el otoño, ya muy entrado, de su azarosa
+vida, y comprendía que aquel hombre era una ganga.</p>
+
+<p>Entregáronse, pues, al mayor desenfreno amoroso: ella por cálculo y él
+por torpe apasionamiento.</p>
+
+<p>Cuentan las historias de Oriente que Seleuco, rey de Antioquía, mandó
+fabricar un estanque con fondo y muros de plata bruñida, lleno de agua
+limpísima y aromatizada, donde dispuso que su prometida Maiouma nadase
+desnuda a la luz de la luna, antes de serle llevada a la cámara nupcial:
+y refieren las crónicas arábigas que Yusuf de Granada gozó a su favorita
+Jandaya teniendo por tálamo un montón que mandó formar deshojando las
+rosas más encendidas y rojas que pudieron cogerse en el Generalife; pero
+estas son exageraciones de historiadores, o fantasías de poetas, que
+resultan pobres y mezquinas comparadas con los modos que Carolina
+inventaba para enloquecer a su amante.</p>
+
+<p>Un día, fingiendo que para airearlos había sacado del cofre los trajes
+de teatro, le esperó vestida de odalisca zarzuelera, con perlas de
+vidrio entre las trenzas, collar de monedillas de cobre, y el cuerpo
+impúdicamente semioculto entre rasos deslucidos y gasas tazadas, pero al
+fin rasos y gasas como don Quintín no los había visto ni en sueños. Otra
+tarde, pues aquellos desórdenes eran vespertinos, le aguardó vestida de
+aldeana, y otra vez en traje de bailarina. Carola no era mujer: era un
+serrallo. Pero lo que le ponía fuera de sí era admirarla de señora, con
+abanico de plumas, vestido de cola, escotada y con prendido de flores en
+el pecho. Cuando la veía engalanada de este modo, no se sentaba, sino
+que se dejaba caer estupefacto en un sillón desvencijado: ella entonces
+se ponía de media anqueta en uno de los brazos del butacón, y alzando
+una copa de Champaña, que compró en el Rastro, brindaba con pardillo de
+la taberna cercana: luego paladeaban a medias los incendiados sorbos, y
+de fijo que no gozaron la mitad que ellos los más venturosos amantes de
+la historia. No hizo tanto Aspasia, prendada de Alcibíades. Don Quintín
+se anegaba en un mar de impurezas: sus amorosos aspavientos sólo eran
+comparables a las convulsiones de una rana sometida a una corriente
+eléctrica. Aquel hombre que imponía respeto a sus convecinos mientras
+despachaba sellos y cajetillas, más serio que San Luis cuando
+administraba justicia bajo el legendario roble, era por las tardes un
+personaje enteramente distinto. Lo único que sentía era no tener ropa
+con que disfrazarse de magnate o de emperador; de algo, en fin, con
+autoridad para hacer que el mundo entero se postrara en adoración de
+aquella sirena.</p>
+
+<p>Sin embargo, en medio de tan enloquecedoras orgías sentía punzadas de
+amargura, porque junto a los rasgados ojos de Carola descubría la
+terrible pata de gallo, y el exceso de celo con que le procuraba
+placeres nuevos y sensaciones desconocidas le hacía pensar en que
+aquella mujer debía de haber aprendido tan impuro arte en brazos de
+otros amantes: sobre todo, le molestaba que se desesperase y quedara
+rendida cuando él tardaba en responder, o no respondía, al llamamiento
+voluptuoso a que ella le incitaba con todo linaje de rebuscados
+artificios. Finalmente: varias veces, al hundir sus dedos en los
+desordenados rizos de Carola, había sorprendido mechones de canas
+ocultas en lo más recóndito del moño. ¡Terrible descubrimiento! En un
+principio Carola le pareció apropiada a su edad y estado de
+conservación; pero luego se le antojó algo entrada en años. ¡Cuánto más
+intensas hubieran sido aquellas dulzuras compartidas con una querida
+joven! Entonces, del fondo de su pensamiento surgía el recuerdo de
+Mariquilla, y junto a ella, por relación de ideas, la odiosa figura de
+don Juan, el hombre aborrecido, porque para don Quintín era verdad
+incontrovertible que, a no evitarlo aquél, la muchacha se le hubiera
+rendido. Los paralelos que establecía con la imaginación al pensar en
+tales cosas, resultaban poco favorables a Carola. ¡Qué diferencia entre
+sus blanduchos y manoseados encantos y el duro y levantado pecho de
+Mariquilla!</p>
+
+<p>Había también otro motivo para que don Quintín persistiese en su rencor
+hacia don Juan; y era, que desde la época en que doña Frasquita dio
+crédito a los supuestos desórdenes de su esposo con Mariquilla, no dejó
+de atormentarle con furibundos celos. Consentía de mala gana en las
+salidas al caer la tarde, que él aprovechaba para convertir en harén el
+sotabanco de Carola; pero de noche no le permitía poner el pie en la
+calle. Además, de los labios de doña Frasquita continuamente brotaban
+dichos y apóstrofes tan destemplados como éstos:&mdash;«¡Carcamal! ¡No haber
+tenido familia a los veinte, y querer correrla con un pie en la
+sepultura! ¡Cochino! ¡Buen chasco se llevaría la que fuese, porque... al
+burro que no puede con la albarda, échele usted doble carga!»</p>
+
+<p>Don Quintín sonreía y callaba, esperanzado con tomar secreta venganza de
+tan ofensivas frases, a falta de Mariquilla, en brazos de Carola, aunque
+no fuese más que una o dos veces por semana.</p>
+
+<p>Lo peor era que, sorbido por el amor, se cuidaba muy poco del estanco.
+No hacía oportunamente las sacas del tabaco, no iba <i>al sello</i> cuando
+debía, se le olvidaba escoger los <i>peninsulares</i>, y hasta llegó a tomar
+moneda falsa.</p>
+
+<p>Tal era su situación cuando recibió las dos cartas de Cristeta. Leyó
+primero la que le iba destinada, y en seguida ocultó la otra, temeroso
+de que doña Frasquita la viese. Luego comenzó la curiosidad a roerle el
+pensamiento. ¿Por qué escribiría su sobrina con tanto misterio al
+aborrecido don Juan? ¿Qué habría pasado entre ambos? ¿Estarían en
+relaciones... íntimas... <i>arrimaos</i>, que dice la gente ordinaria? El
+empeño de Cristeta en averiguar su paradero, autorizaba las más
+ofensivas conjeturas y don Quintín tenía el espíritu predispuesto a
+concebir pecados y liviandades. ¿No estaba él enamorado hasta las
+cachas? ¿Pues cómo había de ser inverosímil que Cristeta hubiese
+incurrido en alguna desenvoltura?</p>
+
+<p>Claro está que al imaginarlo no se apenó como si se tratara de una hija
+suya; pero se disgustó y, sobre todo, aprovechó la ocasión para
+acrecentar con justa causa su odio hacia don Juan; casi alegrándose por
+tener motivo que atizara su deseo de venganza. Consideró a Cristeta
+seducida, abandonada, y le dio lástima; mas el sentimiento que le dominó
+fue el rencor. Cuando se le ocurría la idea de que tal vez la desdicha
+de Cristeta fuese figuración suya, se ponía triste cual si viese
+quebrantada la base de sus proyectos de venganza. ¿Se habría ella, tan
+lista y juiciosa, dejado atrapar por aquel bribón? El único medio de
+salir de dudas era abrir la segunda carta. ¿Con qué derecho? Con el
+mismo que tuvo don Juan para burlarse de él, haciéndole juguete de una
+chicuela y, lo que era peor, estorbando que la conquistase. La
+dificultad estaba en abrir la carta sin que luego se conociera. Tras
+largas cavilaciones, obedeciendo a una idea que le pareció tan original
+como atrevida y segura, sin pararse en peligros, rasgó el sobre y leyó.</p>
+
+<p>La carta le dijo claramente el infortunio de su sobrina. En el alma de
+don Quintín sonó una voz que pareció gritar ¡venganza! con aquella
+terrible entonación que en los dramas históricos emplean los racionistas
+para gritar: «¡Arma, arma, guerra, guerra!» Después se quedó abismado en
+un mar de dudas. ¿Se daría por enterado del secreto que acababa de
+descubrir, confesando a Cristeta la violación de la carta? No, porque se
+enfurecería. Lo conveniente era ayudarla, tenerla contenta, aparentando
+ignorancia, y buscar en ella un aliado, con cuyo auxilio fuese posible
+domesticar a doña Franquista y gozar de mayor libertad. Por último,
+encerrado en su cuarto, releyó tres o cuatro veces la carta para
+empaparse bien de sus quejas. Después buscó un sobre parecido al que
+había roto, y colocando el viejo sobre el vidrio de un balcón y poniendo
+el nuevo encima, calcó el primero al trasluz, haciéndolo con tanta
+habilidad, que su misma sobrina hubiera quedado engañada.</p>
+
+<p>Al día siguiente estuvo en la secretaría del Casino, averiguó dónde
+vivía don Juan, fue a su casa, esperó al cartero, le siguió hasta
+Correos, y mostrándoselo a otro cartero amigo suyo que allí estaba, hizo
+que éste preguntase a su colega dónde dejó encargado don Juan que le
+remitiesen las cartas que para él llegaron. La respuesta fue
+satisfactoria: <i>12, rue de Rochechouart, París.</i> Y allí envió el pliego,
+certificado en toda regla.</p>
+
+<p class="puntos">*<br />* *</p>
+
+<p>A las pocas semanas de esto llegó Cristeta, triste de ánimo y
+desmejorada de cuerpo. Lo primero que hizo fue comunicar a sus tíos que
+había formado irrevocable propósito de renunciar al teatro. Prometioles
+que en la casa les aliviaría cuanto pudiese del trabajo, habló de
+ponerse a oficio, y añadió que, a ser forzoso, se buscaría de cualquier
+modo honradamente la vida: todo menos volver a pisar un escenario. Tan
+firme la vieron en su resolución, que no intentaron disuadirla; don
+Quintín nada objetó, comprendiendo que hubiera sido inútil; doña
+Franquista lo sintió, calculando que ya no volverían sus guardadores
+dedos a tocar el importe de las quincenas; pero al mismo tiempo se
+alegró, imaginando que, alejada Cristeta del teatro, no habría pretexto
+para que lo frecuentase su marido.</p>
+
+<p>La regla de conducta que Cristeta se había impuesto consistía en esperar
+los acontecimientos y dar tiempo al tiempo. En lo más recóndito del
+pensamiento dejó que anidara la esperanza; en el fondo del corazón
+ocultó su amor a Juan, y en lo más seguro de su cómoda guardó el pequeño
+fajo de billetes de banco que cobró en Santurroriaga al presentar el
+talón firmado por su ex&mdash;amante.</p>
+
+<p>Su vida fue desde entonces toda recogimiento y prudencia. Por la mañana
+temprano se alisaba el pelo, sin tufos, rizos, ni flequillo; se vestía
+modestamente, y comenzaba a despachar en el estanco sin más descanso que
+el preciso para almorzar y comer. Luego de cerrada la tienda, se
+retiraba a su cuarto y allí poblaba de recuerdos su triste soledad, o
+lloraba, doliéndole como a verdadera enamorada, antes la injusticia del
+abandono, que la crueldad de la deshonra. Otras veces, embriagándose de
+esperanzas, acariciaba proyectos, y soñando juntamente con lo porvenir y
+lo pasado, le parecía que las lágrimas que le resbalaban desde las
+mejillas a los labios, tenían el sabor dulcísimo de los besos perdidos.
+¡La deshonra! ¿Qué le importaba? ¿Ni a qué echar de menos el encanto de
+la doncellez sí jamás había de sentir no poder ofrecérselo a otro
+hombre?... ¡Qué días tan largos! ¡Qué noches tan tristes! Comparaba las
+de ahora, con las pasadas, y aunque exenta de grosera sensualidad, veía
+que la almohada de su cama era para ella sola demasiado grande. Como de
+hoguera encendida en campo raso que cuando parece apagada, de pronto se
+aviva y chisporrotea al menor soplo de aire, así en su mente se iban
+alzando los recuerdos. Largas y turbulentas veladas de amor, estabais
+lejanas, pero no olvidadas. ¡Qué impaciencia en la espera! ¡Qué alegría
+cuando llegaba! ¡En la posesión, qué completa entrega de alma y cuerpo!
+¡Qué dulce laxitud en el reposo! Y en la despedida, ¡qué dulcísima pena!
+¿Quién hacía la última caricia? Esto sí que era irrecordable. Las
+escenas y momentos que Cristeta se complacía en evocar, no le venían a
+la memoria como delirio de imaginación viciosa obstinada en reproducir
+mentalmente lo que aun para el pensamiento debe ser pudoroso; eran
+reminiscencias espontáneas, dispersas e incompletas, rememoradas como
+versos sueltos de un poema leído en días venturosos. ¡Cuánto gozaba <i>él</i>
+sepultando las manos entre sus rizos de oro, y con qué delicia aspiraba
+la leve ráfaga de perfume que de ellos se escapaba! Después venía el
+ruido rápido que producen las trencillas del corsé al deslizarse por
+entre los ojetes metálicos; luego caían sobre la alfombra las ropas, con
+gemir de ola en playa, oíase el murmullo de las frases ahogadas en
+besos, y en seguida comenzaban esos primores de refinamiento amoroso que
+condenan los hipócritas y disculpan los sabios. ¡Cómo los recordaba!
+Juan tenía la costumbre de colocar la luz sobre la mesa de noche, porque
+no le gustaba poseerla sin mirarla; durante los primeros abrazos
+charlaban mucho, boca con oído. Después... un pecho anheloso sirviendo
+de almohada palpitante a un rostro agradecido, y, por fin, el resplandor
+del alba que, como virgen pálida y envidiosa, llamaba temblando en los
+vidrios del balcón para decir a los felices amantes: «¡Basta!» Mas no
+todo lo que Cristeta sentía era deliciosamente impuro, no; que junto a
+la involuntaria tentación del deseo también bullían en su alma ideas
+ajenas al placer. Sí; cien cuerpos quisiera tener para que él, como
+señor, los poseyera, y cada noche una virginidad para entregársela; pero
+al mismo tiempo, si enfermase, ¡con qué sincera abnegación le cuidaría!
+Si el dolor le postrara dejándole años y años sin fuerza para oprimirla
+ni voluptuosidad para besarla, ¡cuán tranquila y resignadamente se
+trocaría de querida en enfermera! Entonces vendría la lujuria del
+cariño, el no dormir para velarle, el contar los minutos para darle a su
+tiempo los remedios, el espiar el hervor de su respiración y el ardor de
+la frente y la transpiración de la piel; y los bajos oficios que a otras
+personas fueran repugnantes y que ella haría gozosa saboreando su triste
+y voluntaria servidumbre. Le amaba mucho, pero aún le quería más. Capaz
+era de sorberle la vida y destrozarle la salud a fuerza de pedirle amor;
+pero también tenía en el alma un tesoro de cariño, donde, como en un
+Jordán, podían purificarse sus caricias y sus besos.</p>
+
+<p>De esta suerte, entre avivar recuerdos y esperanzas con espejismos del
+deseo, se le fue pasando el tiempo. Transcurrieron semanas, meses, y
+llegó el aniversario del día en que le conoció... No: no fue de día, fue
+de noche. Lo recordaba hasta en los menores detalles. Estaba vestida de
+gitana: falda de percal muy hueca, rizos en las sienes, moño bajo y la
+nuca acariciada por un manojillo de flores que parecían colocadas por el
+mismo diablo. Cuantos así la vieron la elogiaron achuladamente: sólo él
+tuvo valor para decir que todo aquello, por flamenco y grosero, desdecía
+de su tipo elegante y fino. ¡De cuántas cosas parecidas se acordaba!</p>
+
+<p>Ansiosa de saber si Juan había llegado a Madrid, fue a los teatros en
+días de estreno, al primer turno del Real, y nada. Llegaba a primera
+hora, acompañada de su tío, se acomodaba en una galería alta, tendía la
+vista por la sala, y cuando se convencía de que Juan no estaba, se
+volvía a casa con las lágrimas agolpadas a los ojos y la esperanza
+refugiada en lo más hondo del alma. No era su propósito hacerse la
+encontradiza, ni hablarle, ni menos reconvenirle; lo que ansiaba era
+verle.</p>
+
+<p>Acabó el invierno; pasaron la primavera y el verano siguiente sin que
+pudiese averiguar su paradero. Cada vez que don Quintín, enviado por
+ella, iba al portal de la casa en que vivía le daban la misma respuesta:
+«No sabemos nada; se plantará aquí sin avisar, como siempre; luego come
+unos días de fonda hasta que puede venir Mónica, su cocinera.» De cuando
+en cuando Cristeta leía en los periódicos las revistas de salones por
+ver si el nombre de Juan figuraba en la relación de algún baile; y si
+entraba en el estanco persona de quien ella supiese que le conocía,
+preguntaba con timidez mezclada de astucia. Todo era inútil: en los
+teatros no se le veía, la portera seguía esperándole, y los revisteros
+de salones sin nombrarle. ¿Cuál sería la causa de tan prolongada
+ausencia? ¿Por huir de ella? ¡Ojalá! Señal de que no la había olvidado.
+¿Estaría preso en brazos de otra? Amarga era la suposición; pero no
+importaba gran cosa, porque Juan no permanecía nunca mucho tiempo en tal
+cautividad: se prendaba de un cuerpo hermoso hasta conocerlo poco a
+poco, beso a beso; pero enamorarse... ¡imposible! En esto precisamente
+fundaba Cristeta su esperanza. ¿Cuál era su plan? A nadie lo comunicó.
+Doña Franquista ignoraba que hubiese sido seducida y abandonada: don
+Quintín, merced a su pasada indiscreción, sabía la verdad incompleta;
+que don Juan se portó villanamente; pero del provecto que ella abrigase,
+ni palabra.</p>
+
+<p>Mientras tanto don Juan continuaba en París haciendo vida de hombre
+alegre, libre y rico. ¿A qué narrar sus aventuras? Hoy, una pecadora más
+o menos cara, de esas cuyo amor gozado sin ilusión, deja en alma y
+cuerpo el descaecimiento y el hastío propios de todo lo forzado; mañana,
+una gran señora de aquellas a quienes se corteja por vanidad, cuyas
+caricias no valen el sobresalto que cuestan; otro día, una camarera de
+fonda de las que a primera vista parecen limpias y resultan
+insoportables; de cuando en cuando, la mujer con quien se tropieza en
+viaje, posesión de lo anónimo, encanto de lo desconocido, los besos en
+el túnel, la parada en la misma fonda, noche, almuerzo, regalo y
+despedida con tristeza falsificada. Pero entre tanto desatino amoroso,
+entre tanto deleite comprado, ni un solo latido de verdadera pasión. Ni
+en las almohadas recién puestas de la cortesana, que diariamente se
+mudan sin que su dueño sepa quién habrá de arrugarlas, ni en los cojines
+sedosos del gabinete de la gran señora, aún oprimidos por el peso de
+otro adulterio, ni en las camas de fonda cuyos muelles crujen hoy para
+uno y mañana para otro, en ninguna parte gozó don Juan aquel plácido y
+tranquilo deleite que le ofrecieron los brazos de Cristeta. No la echó
+de menos ni se arrepintió de haberla huido; pero la recordaba porque las
+otras mujeres se la traían a la memoria sugiriéndole involuntarias
+comparaciones de que siempre salía victoriosa. Ocurríale, sin embargo,
+que cuanto mayor era el encanto con que la recordaba, más intenso era
+también el desasosiego que le producía, porque la reflexión se hartaba
+de decirle que Cristeta no era flor de un día o estrella de una noche.
+Sólo pudo librarse de ella empleando el cobarde recurso de la fuga. ¿Qué
+sucedería si volviese a encontrarla en su camino? Aunque por propia
+voluntad nunca evocaba su recuerdo, muchas veces, en la impaciencia de
+una cita, en el ficticio entusiasmo de una parodia de amor, en medio del
+enojo que causa la posesión de lo que se ha deseado tibiamente, surgía
+en su pensamiento la imagen de Cristeta, única mujer que al entregársele
+le había dado, al par del cuerpo, algo del alma.</p>
+
+<p>Hubo antiguamente en tierra de Indias una princesa que poseyendo un
+arenal extenso, quiso convertirlo en jardín. A fuerza de gastar vidas de
+esclavos y talegos de monedas, pobló el arenal de flores
+maravillosamente raras cada una de las cuales representaba un tesoro. Y
+ocurrió, que estando un día la princesa apoyada de codos en la baranda
+de ágata que dominaba aquel campo de colores vivos y movibles, vio una
+flor sencillísima, blanca y ligeramente sonrosada como mejilla pudorosa,
+que había brotado espontáneamente sin costar una gota de sudor ni un
+hilo de agua. Y desde entonces, por mucho que la princesa se deleitase
+en contemplar las flores que representaban vidas de esclavos y montones
+de riquezas, siempre se le iban los ojos hacia la florecilla humilde,
+cuya semilla trajo el aire misterioso de regiones lejanas.</p>
+
+<p>Lo mismo le pasaba a don Juan. Las ropas casi impalpables por lo finas,
+los perfumes más rebuscados, los corsés llenos de encajes no conseguían
+destronar de su memoria los lienzos que envolvían a Cristeta, el natural
+aroma de su limpio cuerpo y el modesto corsé blanco que tanto les hacía
+reír, entre impacientes y burlones, cuando se le hacía nudos la
+trencilla.</p>
+
+<p>¡Misterio incomprensible! Las reminiscencias de don Juan no eran castas,
+y, sin embargo, al desvanecerse y borrarse le dejaban en el alma cierta
+serena placidez; semejantes al humo que cuando se alza de la tierra es
+vapor sucio, y que a veces acaba por parecer en el espacio nube
+resplandeciente y limpia.</p>
+
+<p>Dos años y unos cuantos meses pasaron Cristeta y don Juan, viviendo de
+esta suerte, cada uno por su lado.</p>
+
+<p>Recordaba él de tarde en tarde, sin querer; ella no dejó un solo día de
+esperarle.</p>
+
+
+
+<h3><a name="Capitulo_XIII" id="Capitulo_XIII"></a>Capítulo XIII</h3>
+
+<p>Hacen alianza el amor, que es niño, y la travesura, que es mujer</p>
+
+
+<p>En el estanco hubo notables alteraciones originadas de aquella
+alborotada pasión que se apoderó del viejo; pues lo que le hubiera
+ocurrido con Mariquilla, si don Juan no lo estorbara, le sucedió con
+Carola. Comenzó yendo a verla una vez por semana, como periódico de
+modas o entrega de novelón patibulario; luego cada tres días, cual si su
+amor fuese terciana, y acabó visitándola casi diariamente; no siendo lo
+lastimoso que menudeara las visitas, sino que entre el desasosiego que
+las precedía y lo desmazalado y lacio que solían dejarle, ni fuerza le
+quedaba en la lengua para humedecer un sello. A consecuencia de las
+cenas, y particularmente de los postres, el infeliz no tenía cabeza para
+nada.</p>
+
+<p>Doña Franquista, creyendo que su mal humor era rabia por habérsele
+frustrado la aventura que ella evitó, le oía refunfuñar y maldecir sin
+hacerle pizca de caso, hasta que irritado con aquella ofensiva
+indiferencia y envalentonado por su senil amor, llegó a convertirse en
+tiranuelo del hogar donde dos años antes tenía idéntica autoridad que el
+gato. En vano pretendió su mujer recobrar el perdido ascendiente:
+Quintín estaba desconocido: tan pronto se enfurecía por un quítame allá
+esas pajas, como respondía a las lágrimas con desdeñoso encogimiento de
+hombros, acabando por quedarse impasible, a modo de ídolo chino de los
+que se contemplan el ombligo, con lo cual ella llegaba al paroxismo de
+la cólera.</p>
+
+<p>Por contera, se hizo rumboso, y no para su casa. No podía regalar a su
+Circe piedras preciosas ni brocados; pero en la medida de sus posibles,
+le compraba los diamantes americanos por libras, y las telas de lanilla
+por kilómetros. En metálico le fue llevando primero poco a poco, y en
+seguida mucho a mucho, cuanto tenía ahorrado desde que vendió la primera
+tagarnina de a tres cuartos, y luego dio en la flor de sangrar el cajón
+de la venta diaria, dejándolo algunas veces sin cambio de dos pesetas.
+Si no trasladó al sotabanco de Carola cuanto había en la trastienda, fue
+por considerarlo indigno de tan gran señora; pero la única prenda lujosa
+que tenía Frasquita, un soberbio pañolón de Manila poblado de chinos y
+guacamayos multicolores, pasó del cofre marital al baúl del adulterio.
+Afortunadamente, la ultrajada esposa tardó mucho en saberlo.</p>
+
+<p>En el estanco no se comía más que sopa, cocido, ensalada, y de postre
+fruta, cuando por barata hasta los soldados podían comprarla. La
+tacañería de Quintín suprimió los buñuelos de Todos los Santos, el
+besugo de Nochebuena y los panecillos de San Antón; en cambio para su
+daifa, pavo y perniles se le antojaban poco. Raro era el día que al ir a
+visitarla no le llevaba alguna golosina; unas veces jamón con huevos
+hilados, otras <i>píos nonos</i> rellenos de dulce crema, y en viéndola
+bostezar de aburrimiento, que le parecía flato, bajaba de tres en tres
+las escaleras para que del café cercano trajesen un <i>bisté</i> sepultado
+bajo un cerrillo de patatas. Su mayor delicia consistía en obsequiarla
+con merengues, que luego ambos comían a medias, mordiéndolos al mismo
+tiempo por opuestos extremos, hasta que, tropezándose las culpables
+bocas, sonaban escandalosos besos.</p>
+
+<p>So pretexto de adecentarse por la mucha gente que entraba en el estanco,
+y en realidad por deseo de aparecer más elegante a los ojos de su amada,
+don Quintín se hizo casi gomoso. La americana pardusca, de codos raídos
+y solapas sebosas, fue sustituida con otra de paño <i>fantasía</i> a cuadros
+azul&mdash;verdoso y ocre; las corbatas de tres vueltas, contemporáneas de la
+<i>vicalvarada</i>, se trocaron en nudos a la marinera, ya morados como
+pellejo de ciruela damascena, ya blanquisucios como cuello de tórtola;
+con asombro de Frasquita, se acostumbró a mudarse de camisa dos veces
+por semana; y desafiando al reuma, en lugar de calzoncillos de bayeta
+amarilla, comenzó a usarlos de bombasí, que otros llaman fustán, tela
+peluda, con lo cual de medio cuerpo abajo, más que hombre parecía oso
+blanco. ¡Irracional y triste condición que le trajo la ponzoña de la
+sensualidad!</p>
+
+<p>Lo peor fue que por tanto emperejilarse y tanto ir a casa de su querida,
+se relajó en la vigilancia y cuidado del despacho, de tal modo, que
+cuando no le faltaban cajetillas se le concluían los sellos; resultando
+que empezó por perder la confianza de los parroquianos a quienes escogía
+puros, y acabó por desacreditar la tienda en pocos meses.</p>
+
+<p>Lo que sucedió entonces, fue horrible. Cierto individuo que ambicionaba
+el estanco y que servía de agente electoral a un personaje político,
+logró que para dárselo a él se lo quitaran a don Quintín, el cual al
+volver una tarde de casa de Carola, deshecho a puras caricias, se
+encontró sobre el mostrador un oficio en que la Dirección de Rentas
+Estancadas le desposeía de aquella concesión estanqueril, cambiándosela
+por otra en los barrios bajos, que seguramente produciría mucho menos.</p>
+
+<p>El golpe fue tremendo. ¡Un estanco en la calle de la Pingarrona! «¡Un
+miserable tenducho donde sólo entrarían jornaleros y verduleras, donde
+no se despacharía un céntimo de <i>escogidos</i>, ni sobres, ni plumas, ni
+boquillas, ni más sellos que de a quince, ni apenas papel sellado!
+Además, derrochados los ahorros reunidos desde tiempo de Narváez, ¿con
+qué tesoros pagaría los caprichos de su adorada? ¡Adiós, regalos
+agradecidos con caricias de pantera enamorada! ¡Adiós, huevos hilados y
+<i>bistés</i> con patatas, y cafés con tostada como no los soñó ningún
+sátrapa de Oriente! Jamás ilusiones humanas se derrumbaron desde tan
+alto. ¡Infeliz estanquero, en quien la suerte hacía escarnio,
+mostrándole brutalmente que el amor, cuanto más caro cuesta, con mayor
+facilidad se pierde!</p>
+
+<p>Le fue preciso resignarse, y aceptó el traslado desde el estanco
+céntrico al de la calle de la Pingarrona.</p>
+
+<p>Antes de que se verificara la mudanza ocurrieron en la casa grandes
+novedades.</p>
+
+<p>Hacía tiempo que don Quintín estaba cariñosísimo y muy servicial con
+Cristeta, impulsándole a ello, primero, el afán de influir en su ánimo
+para que tornase al teatro, de lo cual a él no podía menos de seguírsele
+provecho; y segundo, el haber adivinado que a la chica le bullía en el
+pensamiento alguna maquinación contra don Juan, empresa en que estaba
+dispuesto a favorecerla. «Si no tiene a ese maldito entre ceja y
+ceja&mdash;pensaba&mdash;, ¿a qué viene el encargarme cada tres días que averigüe si
+ha vuelto?» Ello fue que, por aquellos mismos días en que sobrevino la
+traslación del estanco, supo que don Juan estaba de regreso y acto
+continuo se lo comunicó a Cristeta.</p>
+
+<p>¡Con qué dulcísima emoción recibió ésta la noticia! Ante la idea de
+verle, su alma se bañó en alegría, después frunció el lindo ceño,
+revelando perplejidad, y, por último, su actitud y la expresión de su
+rostro fueron los mismos que cuando dos años atrás quedó abandonada en
+la fonda de Santurroriaga. Como entonces, el ajuar de su cuarto era
+modestísimo; como entonces, ella, por su arrogancia y seriedad, tomó
+aspecto de reina destronada y resuelta a reconquistar el cetro. Lo que
+fraguaba era misterio impenetrable. Con nadie comunicó su designio, pero
+su plan debía de estar erizado de obstáculos, porque aquella noche
+durmió mal. No la desvelaron voluntarios ensueños de amor sino cálculos
+de presupuestos, cuentas y números.</p>
+
+<p>A la mañana siguiente, hallándose con sus tíos en la trastienda, que
+todos habían de abandonar en breve, les habló de esta suerte:</p>
+
+<p>&mdash;Tiítos, no crean ustedes que lo que les voy a decir es por falta de
+cariño...; pero en fin..., aquí todo va muy mal, y con la picardía que
+han hecho de quitarles a ustedes este estanco, comprendo que habrá que
+reducir mucho los gastos.</p>
+
+<p>&mdash;Habla, que nos tienes con el alma en un hilo&mdash;dijo don Quintín.</p>
+
+<p>&mdash;Si creen ustedes que hago lo que voy a hacer por no estar a las duras,
+como he estado a las maduras, que se les quite eso de la cabeza. Yo
+seguiré ayudándoles a ustedes en lo que pueda; por de pronto, aquí están
+estos treinta duros para la mudanza. Y como doña Frasquita abriese más
+boca que un horno, Cristeta prosiguió:&mdash;Déjenme ustedes concluir. No
+quiero serles gravosa y me voy.</p>
+
+<p>&mdash;¡Muchacha!</p>
+
+<p>&mdash;¿Estás en tu juicio?</p>
+
+<p>&mdash;Nada, nada; quiero vivir sola. Además, tal vez vuelva al teatro, y como
+ustedes comprenderán, no puedo ser artista y vivir en la calle de la
+Pingarrona, donde ustedes van a parar.</p>
+
+<p>La conversación fue larga, mostrándose Cristeta tan firme en su
+propósito, que los vicios bajaron la cabeza. Doña Frasquita tembló ante
+la idea de que, si su sobrina volvía al teatro, tornase su marido a las
+pasadas liviandades: don Quintín, barruntando que en aquello andaba
+Juan, calló seguro de que Cristeta le hablaría luego reservadamente.</p>
+
+<p>No se había equivocado. Cuando tío y sobrina se quedaron solos, dijo
+ella con la energía de quien no admite contradicción:</p>
+
+<p>&mdash;Óigame usted bien, tío. Quiero irme a vivir solita, porque me conviene;
+no hay fuerzas humanas que me hagan desistir. Y le advierto a usted una
+cosa: que sé todo lo que se trae usted con la Carolina, la que estaba de
+corista cuando yo trabajaba. Y hasta me malicio que si le han quitado a
+usted el estanco, es porque no piensa usted más que en ella ni se cuida
+usted de nada, y a eso se han <i>agarrao</i>.</p>
+
+<p>Don Quintín abrió desmesuradamente los ojos.</p>
+
+<p>&mdash;Bueno&mdash;continuó Cristeta&mdash;; pues no quiero que nadie, ¿lo entiende
+usted?, que absolutamente nadie sepa dónde voy a vivir. Venga quien
+venga, usted como si no supiese jota. Mientras yo no disponga otra cosa.</p>
+
+<p>&mdash;¿Y si viene don Juan?</p>
+
+<p>&mdash;A ése menos que a nadie.</p>
+
+<p>&mdash;¿Pero qué líos traes entre manos?</p>
+
+<p>&mdash;A su tiempo se sabrá todo; ahora no. Y le advierto a usted que ya puede
+enseñar bien la lección a la tía. Compónganselas ustedes como quieran;
+pero en cuantito que digan a alguien, sea quien fuere, mi paradero,
+vengo y le cuento a la tía de pe a pa todas sus trapisondas de usted; lo
+de Mariquilla, que si no fue... no quedó por usted, y lo de esta mala
+pécora de ahora, que le tiene a usted sorbido el seso.</p>
+
+<p>&mdash;¡Chiquilla! Yo hago de mi capa...</p>
+
+<p>&mdash;Usted no hace más que tonterías. Clarito; armo la de Dios es Cristo, y
+entre la tía y Carola le sacan a usted los ojos. Usted verá lo que ha de
+hacer para tenerme contenta; en cambio, le daré a usted de cuando en
+cuando lo que pueda, no por ayudarle a mantener vicios, ¿estamos? sino
+para que no meta usted mano al cajón y evitar disgustos a la tía, porque
+esa chifladura de hacerse el enamorado no habrá medio de quitársela a
+usted de la cabeza... es cosa de los años.</p>
+
+<p>&mdash;Muchacha... ¿es que vas a darme lecciones? ¿Te has vuelto loca?</p>
+
+<p>&mdash;Usted sí que está chocho; pero yo no puedo evitarlo. ¿Qué adelantaría
+con tirar de la manta? La tía se moría del sofocón.</p>
+
+<p>&mdash;O me ahogaba.</p>
+
+<p>&mdash;Pues lo dicho. En cuanto alguien sepa, por culpa de usted, dónde vivo
+yo, sabrá doña Frasquita dónde tiene usted la querida.</p>
+
+<p>Tan vanidoso es el hombre, que la palabra <i>querida</i> sonó en los oídos de
+don Quintín como una música deliciosa. Luego, por la cuenta que le
+traía, convenció a su mujer de que a Cristeta le era indispensable vivir
+sola. Ambos viejos, medio en serio, medio en broma, la llamaron
+descastada, ingratona y mala cabeza; pero se conformaron, quedando
+resuelto que a nadie dirían su paradero.</p>
+
+<p>Aquella tarde Cristeta permaneció encerrada en su cuarto arreglando
+ropas y baúles, y al día siguiente salió muy de mañana, tan pobremente
+vestida, que parecía una modistilla. Desde la Plaza Mayor bajó por la
+calle de Toledo, torció luego hacia la derecha, a los pocos minutos de
+marcha se detuvo en una calle cercana a San Francisco el Grande, miró el
+número de una casa, entró en el portal sin vacilar, subió la escalera, y
+en uno de los pisos altos llamó. A los pocos segundos le abría la puerta
+una joven, guapetona y de fisonomía inteligente. Se llamaba Inés, y
+había sido criada de doña Frasquita, de cuya casa salió para casarse con
+un ex&mdash;cochero que, tras haber servido a un grande, con la protección de
+éste y sus propios ahorros, estableció un servicio de carruajes por
+abono.</p>
+
+<p>Mientras duró el noviazgo de Inés y Manolo, que así se llamaba el mozo,
+Cristeta compadecida de ellos, les protegió cuanto pudo, facilitando
+salidas a la muchacha, disculpándola si tardaba, y hasta espumando el
+puchero cuando la enamorada se entretenía un rato en la esquina
+inmediata. Por último, al celebrarse la boda se prestó a ser madrina, en
+nombre de una condesa a quien había servido el novio, y desde entonces,
+agradecida la pareja, aunque parezca inverosímil, mostró siempre cariño
+a la <i>señorita Cristeta</i>, sin parar mientes en que, a pesar de este
+señorío, eran ellos casi ricos con relación a la sobrina de los
+estanqueros.</p>
+
+<p>Al verse Inés y Cristeta cruzaron unas cuantas frases llanamente
+afectuosas, y según hablaban fueron entrando a un cuarto, en cuyas
+paredes se veía hasta media docena de litografías con color que
+representaban caballos y carruajes de distintas formas, láminas
+arrancadas sin duda del catálogo de algún constructor de coches.
+Componían el modesto mueblaje una consola, sillas de tapicería muy
+usadas, procedentes de casa de los condes, y un sofá de gutapercha en
+plena decrepitud. Sobre la consola había un santo bajo fanal, dos
+floreros de loza con ramos de mano y varias fotografías; el retrato de
+la condesa con galas de baile, haciendo pareja a éste el de Cristeta en
+traje de teatro, el del conde a caballo y, por último, los de Manolo e
+Inés, él con capa y ella con mantilla de casco.</p>
+
+<p>Grave y trascendental debió de ser lo que trataron ambas mujeres, porque
+a pesar de hallarse solas, Cristeta bajó la voz cuanto pudo, limitándose
+Inés a contestar con inclinaciones de cabeza y caídas de párpados, que
+denotaban conformidad y sumisión. Después el diálogo se hizo más
+entrecortado, pero tan a la sordina, que quien hubiese estado cerca
+habría oído unas palabras sí y otras no, quedando, por lo tanto,
+incompleto y truncado el sentido de las frases. Por ejemplo:</p>
+
+<p><i>Cristeta</i>.&mdash;No sé..., dos, tres meses... Esencial..., niñera.</p>
+
+<p><i>Inés</i>.&mdash;Sí..., doña Jesualda..., don Pedro, casa vieja..., el
+administrador conocido... Chico... mañana iremos juntas.</p>
+
+<p><i>Cristeta</i>.&mdash;Berlina..., tu marido. Los sitios convenidos de antemano...
+¿Comprendes?</p>
+
+<p><i>Inés</i>.&mdash;Hablarán ustedes.</p>
+
+<p>La conversación se prolongó mucho, y al final hablaron un poco más alto,
+refiriéndose a lo anteriormente dicho.</p>
+
+<p><i>Inés</i>.&mdash;Todo se arreglará.</p>
+
+<p><i>Cristeta</i>.&mdash;Convéncele tú.</p>
+
+<p><i>Inés</i>.&mdash;Mañana sin falta.</p>
+
+<p><i>Cristeta</i>.&mdash;No tengo más esperanza.</p>
+
+<p><i>Inés</i>.&mdash;¿Quién sabe?</p>
+
+<p><i>Cristeta</i>.&mdash;Tómalo con empeño.</p>
+
+<p><i>Inés</i>.&mdash;Vaya usted tranquila, y hasta mañana...; pero, la verdad....
+¡qué granujas son los hombres!</p>
+
+<p><i>Cristeta</i>.&mdash;Y nosotras, ¡qué simples!</p>
+
+<p><i>Inés</i>.&mdash;No, pues si todas fuéramos tan listas come usted, ¡pobrecitos!</p>
+
+<p><i>Cristeta</i>.&mdash;Con eso y con que no me sirva de nada...</p>
+
+<p><i>Inés</i>.&mdash;Adiós, señorita.</p>
+
+<p>Aquella misma noche discutieron marido y mujer el caso, hasta que él
+cedió a los deseos que tenía ella de complacer a la que fue protectora
+de su amor.</p>
+
+<p>Volvió Cristeta al día siguiente, y en la misma salita de la víspera fue
+recibida por Inés, que la estaba esperando, acompañada de una mujer
+entrada en años, corpulenta, ex&mdash;guapa, muy achulada y al parecer amable.
+Inés dijo presentándolas mutuamente:</p>
+
+<p>&mdash;Esta es la señorita de quien hemos hablado, aquí tiene usted a doña
+Jesualda. A ver si se entienden ustedes.</p>
+
+<p>La Jesualda habitaba un cuarto tercero interior de una casa de la calle
+de Don Pedro; había sido prestamista, pero se le torcieron los negocios
+y tuvo que renunciar al comercio. Entonces quiso vivir en compañía de
+alguien que le ayudase a pagar el inquilinato, mas por lo apartado de
+aquel barrio no halló gente de la condición que deseaba. Al oír la
+proposición de Cristeta, comenzó presentando obstáculos y haciendo
+aspavientos, luego sonrió maliciosamente, después fingió sentirse
+súbitamente movida de simpatía, y concluyó aceptando el trato previo
+ajuste del pago y otras condiciones. Hubo aquello de «con tal que no
+haya escándalo..., yo no quiero líos..., usted parece persona decente,
+etc., etc.». Todo lo cual oyó Cristeta violentándose para no enviar a la
+Jesualda noramala.</p>
+
+<p>En conclusión: por una cantidad módica dispondría de una alcoba y un
+gabinetito con cuatro sillas, cómoda y un sofá de Vitoria; daría un
+tanto para la comida, y habían de correr por cuenta suya el lavado y el
+planchado de su ropa. Al final menudearon las promesas de fidelidad y
+complacencia. Cuando se despidieron, Cristeta pensaba: «¡Bah!..., por
+dos o tres meses...» Jesualda se decía: «Ahora rompe a volar...; pero
+esta mocita se pierde de vista. Puede que sea una mina.»</p>
+
+<p>Pasado un rato, Inés y Cristeta salieron juntas dirigiéndose a una casa
+de la calle de San Lucas, que tenía un portalón, sobre el cual se leía
+este letrero:</p>
+
+<p class="c">COCHES DE LUJO<br />
+ABONOS POR MESES<br />
+<b>Se admiten caballos a pupilo</b></p>
+
+<p>&mdash;Aquí es&mdash;dijo Inesilla al llegar, cediendo el paso a la señorita.</p>
+
+<p>«La Virgen me ayude»,&mdash;pensó Cristeta, que iba muy preocupada.</p>
+
+<p>Entraron: al fondo, bajo cobertizo, había varios coches; a la derecha
+una gran cuadra; a la izquierda, un cuartito con una mesa, sobre la cual
+se veían un tintero, varias plumas y dos gruesos cuadernos: era el sitio
+donde Inés ayudaba a su marido tomando apuntación de los encargos y
+reclamaciones.</p>
+
+<p>Manolo, que estaba esperándolas, salió a recibirlas, y como lo tenía
+todo hablado con su mujer, en seguida se entendió con Cristeta. A cuanto
+ella decía contestaba:</p>
+
+<p>&mdash;Con usted no quiero ganar; en no perdiendo, lo que usted mande; como
+que es usted más buena que el pan.</p>
+
+<p>Al despedirse estaban de acuerdo.</p>
+
+<p>Cristeta e Inés quedaron juntas en el cuartito; la segunda decía:</p>
+
+<p>&mdash;Con la Jesualda no estará usted mal; es formalota y no tiene mala
+vecindad; abajo, una viuda y su hija que cosen para el corte; en el
+segundo, una tal Mónica, que tiene huéspedes de medio pelo, ¡figúrese
+usted en aquel barrio qué huéspedes ha de haber!; arriba, un militar
+<i>retirao</i> que vive con una que dicen si es sobrina <i>u lo otro</i>; y en el
+sotabanco, la madre del niño y la sobrina, que ahora las llamaré. Toda
+esta gente en lo interior; la parte que <i>tié</i> vistas a la calle, ya lo
+sabe usted, es de los señores dueños de la casa. Lo <i>prencipal</i> es que
+yo estoy cerca, y si se pone usted mala no ha de faltarle <i>ná</i>. Yo no
+acabo de hacerme cargo de lo que usted prepara; en fin, cuando usted lo
+hace, sus motivos tendrá. En cuanto a mi Manolo... es <i>callao</i>, no lo
+sabrá ni la tierra, y como él arree un <i>cabayo</i>..., ya <i>puén golverse</i>
+locos los que la busquen a usted.</p>
+
+<p>En seguida llamó a la mujer de un mozo, la cual se presentó a los pocos
+momentos acompañada de una sobrina, de dieciséis años, graciosa,
+esbelta, vivaracha, al parecer muy inteligente, y que traía de la mano a
+un niño de dos años. Aunque desarrapado, sucio y mocoso, el chiquitín
+parecía un angelito. Muchos lores ingleses hubieran dado sus bosques de
+Escocia y sus rentas de la India por ser padres de un muñeco como aquél.
+La chiquilla tenía trazas de descarada.</p>
+
+<p>Cristeta habló en voz baja con ella y con su tía. Ésta dijo:</p>
+
+<p>&mdash;Ya <i>má enterao</i> la <i>señá</i> Inés de lo que usted desea. No hay
+<i>deficultad</i>, <i>mayormente</i>. De cuartos, lo que diga la <i>señá</i> Inés,
+porque yo la debo el pan... La chica es ésta..., ya la ve usted, ¡más
+lista!, parte un pelo en el aire, como que la querían en un taller <i>pá</i>
+ir a la cobranza de cuentas <i>atrasás</i> a las señoras que no pagan..., y
+el niño, aunque sea mío..., <i>velay</i> que <i>paece</i> un <i>capuyo</i> de rosa. Por
+supuesto, que ha de dormir en mi casa.</p>
+
+<p>Cristeta cogió al niño, hízole fiestas y, mirando a la sobrina,
+preguntó:</p>
+
+<p>&mdash;¿Cómo te llamas?</p>
+
+<p>&mdash;Julia, para servir a Dios y a <i>ustéz</i>.</p>
+
+<p>&mdash;Bueno, pues tú y yo hablaremos despacio. ¿Harás todo lo que te mande?</p>
+
+<p>&mdash;Ya lo verá <i>ustéz</i>; todo.</p>
+
+<p>Intentó Cristeta dar a la muchacha instrucciones detalladas, pero la tía
+interrumpió la explicación, que amenazaba ser larga, con estas palabras:</p>
+
+<p>&mdash;Eso mañana, en su casa de <i>ustéz</i>, o lo que es lo <i>mesmo</i>, en la
+nuestra, porque va le habrá <i>esplicao</i> a <i>ustéz</i> la señorita Inés que
+nosotras vivimos encima de doña Jesualda, en el sotabanco. En cuanto a
+la chica, es obediente, <i>espabilá</i> y <i>tóo</i> lo ha de hacer a
+<i>satisfación</i>.</p>
+
+<p>&mdash;Entonces, asunto concluido&mdash;dijo Inés.</p>
+
+<p>Luego acompañó a la señorita hasta el centro de Madrid, donde cerca del
+estanco se separaron. Cristeta siguió sola, tan ensimismada, que ni
+siquiera se fijaba en que, a pesar de lo humildemente que iba vestida,
+los hombres se la comían con los ojos.</p>
+
+<p>Al día siguiente, muy temprano, salió del estanco y fue a casa de una
+modista, con la cual, tiempo atrás, contrajo amistad mientras trabajó en
+el teatro.</p>
+
+<p>Estuvo largo rato viendo telas, escogiendo colores, examinando
+figurines, probándose modelos y dejándose tomar medidas. Todo lo que se
+encargó fue sencillo y elegantísimo; pero caro para ella. La modista
+sonreía maliciosamente, como diciendo: «Esta ya cayó. Parroquiana
+tenemos. ¿Quién será el pagano?»</p>
+
+<p>Otras dos mañanas pasó Cristeta comprando de tienda en tienda guantes,
+velitos, menudencias de adorno y pequeñas galas de esas que son
+complemento de todo traje femenino. Y por último, después de haber
+preparado cuanto consideró necesario, una tarde, entre dos luces, se
+mudó al tercero interior de doña Jesualda, en la calle de Don Pedro. En
+un carrito fueron la cama, sus dos baúles, un arca y varios líos de
+ropa; ella montó en un simón, llevando sobre las rodillas el costurero
+que en días más tranquilos le regaló don Juan.</p>
+
+<p>La despedida de los tíos no fue dramática. Doña Frasquita parecía decir:
+«Hágase tu voluntad.» Para ella Cristeta simbolizaba el teatro, es
+decir, la perdición y los vicios de su marido. Don Quintín sonreía
+mirando socarronamente a su sobrina; desde que la sabía conocedora de
+sus liviandades, recelaba que hablase. Cristeta estuvo muy cariñosa, y
+en el momento de salir del estanco, lloró. Allí había pasado los
+primeros años de la juventud; allí había soñado con damas, galanes,
+romances, raptos, aventuras, trajes y aplausos; allí, sobre todo, sufrió
+las primeras noches de insomnio pensando en Juan.</p>
+
+<p>Por la noche, ya en su nueva casa, permaneció largo rato, primero
+echando cuentas por los dedos y luego haciendo números en un papelito.
+Temía que le faltase dinero.</p>
+
+<p>Después de acostada, sus recuerdos y esperanzas comenzaron a desvelarla.</p>
+
+<p>Borrosas memorias de la infancia, primeros latidos de la juventud,
+amarguras, goces conseguidos, deseos frustrados, proyectos rotos,
+espejismos que finge la ambición, retazos de lo pasado y visiones de lo
+porvenir... ¡Parece que os refugiáis entre los pliegues de la almohada y
+que, cuando en ella reclinamos la cabeza, salís a estorbar el sueño,
+hermosa imagen de la nada!</p>
+
+<p>«Sí, esta es la tercera o cuarta cama en que duermo... De chiquita... no
+hago memoria... ¡Ah, sí! Mi madre era rubia, muy guapa: siempre estaba
+trabajando con almohadillas, encajes y alfileres...; el pelo como el
+oro, la voz dulce...; debió de ser muy desgraciada. ¡Por qué no habrá
+vivido mi madre! Luego he dormido en casa de los tíos. ¡Pobrecillos,
+nunca les abandonaré! Después la cama de la fonda en Santurroriaga...
+¡con él!..., y ahora esta alcoba, porque la cama es la mía. Si algún día
+tuviera yo casa, quisiera conservar esta cama. ¡Dios mío, qué será de
+mí!... Juan... Aunque no me tocara nunca...; pero sentirle cerca...,
+verle todos los días..., saber lo que piensa..., cuidarle..., que me
+hable con cariño... ¿Por qué encontrarán otras mujeres quien las
+quiera?...»</p>
+
+<p>Se quedó dormida con un brazo caído fuera del embozo, despechugada y el
+pelo revuelto en primoroso desorden sobre la almohada, como madeja que
+hubiesen enmarañado ángeles.</p>
+
+
+
+
+
+<h3><a name="Capitulo_XIV" id="Capitulo_XIV"></a>Capítulo XIV</h3>
+
+<p>Del cual se colige la vulgarísima verdad de que el hombre es un
+animalucho que desprecia lo que posee y torna a desearlo cuando le
+parece ajeno</p>
+
+
+<p>Dos años y algunos meses pasaron desde que don Juan abandonó a Cristeta
+en Santurroriaga hasta que volvió a Madrid.</p>
+
+<p>Al encontrarse con su víctima en las alamedas del Retiro, se quedó
+asombrado. Pasó casi toda la noche pensando en ella, y lo poco que
+durmió, contemplándola en sueños. Puesta su memoria en constante
+trabajo, recordó cuanto a la pobre muchacha se refería: la primera vez
+que hablaron, su diplomacia en cortejarla, los diálogos en el cuartito
+del teatro, interrumpidos bruscamente por las entradas del segundo
+apunte... ¡Qué guapa estaba con aquellos trajes! Creía verla de paje, de
+chula, de princesa, de gitana, y a veces medio desnuda, envuelta en un
+amplio manto rojo, destacando sobre un fondo de plantas tropicales y
+aureolada por los resplandores de la luz eléctrica. Al caer el telón (le
+parecía que fue ayer), abandonado el palco, bajaba las escalerillas de
+estampía... Después, Santurroriaga, la fonda... ¡y el Paraíso!</p>
+
+<p>A la madrugada despertó intranquilo. Sin poder ni querer sofocar los
+impulsos de la imaginación, siguió complaciéndose en recordar lo que
+sintió por Cristeta, semejante al niño que, tras haber destrozado un
+juguete, se obstina, desvive y rabia por recomponerlo y restaurarlo.
+Después hizo mil conjeturas, fundadas en la diferencia que existía entre
+la Cristeta que le perteneció y la que acababa de ver en el Retiro.
+¡Cuánto mejor le sentaban las galas de señora que los oropelescos e
+impúdicos disfraces del teatro! Le parecía mentira que fuese la misma a
+quien tantas veces tuvo entre los brazos. No podía decirse que hubiese
+sufrido, sino gozado cambio; antes era fina, gentil y airosa; ahora, sin
+perder elegancia, esbeltez ni gallardía, estaba más llenita y
+redondeada; de linda se había trocado en hermosa. ¡Y qué modo de vestir!
+¡Buena modista y buen pagano!, porque todo lo que llevaba puesto era
+rico. ¿En poder de quién estaría? ¿Qué vida habría hecho desde que él la
+dejó burlada? Fuese amante o marido, hombre había por medio; era
+imposible explicarse de otra suerte el lujo que ostentaba, y mucho menos
+la existencia del niño. Lo más verosímil era que se hubiese casado,
+porque su severa elegancia, exenta de perifollos llamativos, no era
+propia de aventurera, sino de muy señora. Pero... ¿habría tenido la
+criminal imprudencia de casarse engañando a un hombre, ocultándole su
+pasado? ¡Lo pasado! En el largo catálogo de sus conquistas, ninguna
+recordaba don Juan que valiese lo que aquélla. No; en el alma de
+Cristeta no cabía la doblez de hacerse valer como doncella intacta..., y
+aún era menos admisible la suposición de que ella, tan poética y
+desinteresada, cobrase amor a un hombre capaz de quererla como propia
+sabiendo que otro la gozó primero. Lo cierto era que él había tenido
+sucesor, y la existencia del niño demostraba que el reemplazo fue
+rapidísimo. Nunca pudo&mdash;recordarse con más oportunidad aquello de «a rey
+muerto, rey puesto». «¡Al fin, mujer! Tanta promesa, tanto juramento, y
+luego... Todas son iguales&mdash;seguía monologueando don Juan&mdash;. Mientras no
+tienen idea exacta de lo que es el hombre, se embriagan de poesía y de
+ilusiones; pero en cuanto lo saben, quieren hartarse de realidad. A
+otras no es el amor ni el hombre quien las pierde, sino el lujo: la
+serpiente del Paraíso debió de presentar a Eva la manzana envuelta en un
+corte de vestido o metida en una capota. Sin embargo, mucho ha de haber
+variado Cristeta hasta igualarse con las que se prostituyen por cintas y
+brillantes. Aunque la cosa resulte anómala, tiene que estar casada...
+¡tal vez casada por amor!»</p>
+
+<p>No le faltaba razón. En la hermosura de los hijos suele reflejarse el
+amor que se tuvieron los padres, y aquel niño tan lindo no era escultura
+modelada con indiferencia. ¿Qué edad tendría? Un par de años,
+aproximadamente el tiempo transcurrido desde que él dejó a la madre.
+«Entonces... ¿cómo explicar?... Calma, calma&mdash;continuaba&mdash;, vamos a ver.
+Fue en agosto..., un año, dos... no sale la cuenta. Sería preciso creer
+que en seguida, en seguidita que yo escurrí el bulto se <i>lió</i> con otro.
+¡Qué falta de pudor! Lo único claro y patente es que los mimos, las
+ternezas, aquel entusiasmo... ¡todo farsa! También esto lo repugno; no,
+Cristeta no es mujer que se entregue a cualquiera de la noche a la
+mañana, mucho menos en aquellas circunstancias, sin necesidad, porque yo
+le regalé mil duros... para vivir un año. Entonces, ¿en qué quedamos?
+No, pues lo que es yo no he colaborado a la venida del angelito al
+mundo. ¡Poca prisa que se hubiese dado ella a buscarme! Por otra
+parte..., ni su aspecto de ahora, ni su índole, ni su carácter, me
+autorizan para creer que haya <i>dado el salto</i>, es decir, que esté
+entregada a la circulación como un billete de banco. Luego no hay
+escape: cuando yo hice la memada de dejarla, encontró con quien casarse
+y aprovechó la ocasión. ¡Bien le ha sentado el matrimonio!... Está mil
+veces más guapa que antes. ¡Y yo que llegué a creer que me quería! Es
+decir, quererme..., no..., aunque sí, como se quiere al primero..., la
+novedad, la sorpresa, el despertar de los sentidos..., pero yo buscaré
+modo de darle a entender que no me ha engañado. ¡Cómo se habrá reído de
+mí! Aunque no sea más que un cuartito de hora tengo que hablar con ella
+y decirle: ¿Conque me querías tanto..., estabas loquita..., a mí
+solito?... ¡Embustera! Si hubiese creído que me querías no me habría
+marchado... Está hecha una real moza... ¡qué modo de andar y qué cuerpo,
+y qué señorío, y qué boca!... Pero, en fin, para mí es cosa perdida...,
+aunque nadie sabe lo que puede suceder. Si está casada con un hombre de
+cierta clase, vamos, de buena sociedad, persona conocida, algún día nos
+encontraremos en teatro, baile o tertulia, y entonces... ¡Una vez, nada
+más que una vez, por capricho, por el gustazo de avergonzarla! Y sin
+temor de ninguna clase, estando casada... todo consiste en ser prudente.
+No hay comparación: vale ahora infinitamente más. Antes era... lo que
+era: una comiquilla decentita y graciosa; ayer parecía una duquesa.
+¡Daría cualquier cosa por saber todo lo que ha sucedido! A mí no me
+importa..., vayan benditos de Dios ella y el estúpido a quien haya
+pescado...; pero, ¡como yo la coja un día!..., vamos, que no me quedo
+sin plantarle cuatro besos y decirle cuatro verdades.»</p>
+
+<p>Siguió pensando largo rato. La sospecha de que el chico fuese suyo le
+parecía lisa y llanamente absurda y, sin embargo, estaba dentro de lo
+posible. ¿Se habría casado? Todo el empeño de don Juan estribaba en
+persuadirse de que el tal matrimonio le tenía sin cuidado, a pesar de lo
+cual la hipótesis iba tomando amarga intensidad de torcedor. ¿Lo habría
+callado todo, engañando a un hombre o, por el contrario, le confesaría
+su pasado? Si lo primero, era infame y despreciable; si lo segundo,
+necia y sinvergüenza por unirse a quien tales tragaderas tuviese. Tal
+vez viviera poniendo precio a su belleza. Esta suposición era la que más
+daño le hacía. Casada... malo...; pero lo <i>otro</i>, peor mil veces. La
+sangre se le agolpaba al cerebro.</p>
+
+<p>Cuando desmenuzando con la reflexión todas aquellas verosimilitudes y
+conjeturas cayó en la cuenta de que la suerte de Cristeta le preocupaba,
+y que además le entristecía la posibilidad de su perdición, experimentó
+una emoción indefinible. En el reloj del despacho sonaron las ocho de la
+mañana. Entonces, irritado y mohíno al considerar que había pasado la
+noche en blanco, se obstinó en pensar claro y armarse de sangre fría.
+¿Qué diablos era aquello? ¿De cuándo acá meditaba él con semejante
+aquilatamiento sobre lo que hubiese podido suceder a una ex&mdash;querida? Lo
+cierto era que sólo había dormido un rato, y ése soñando con ella. La
+mayor parte de la noche fue de completo desvelo, de verdadero insomnio.
+Era necedad resistirse a la evidencia; desvelado... ¡y casi febril!
+¡Quitarle el sueño una mujer! Y no una señora curtida en achaque de
+aventuras, ni una doncellita boba temible por su misma ingenuidad, ni
+una astuta sabedora de todas las bajezas que el hombre es capaz de
+cometer <i>antes</i>, y de las infamias que hace <i>después</i>, nada de esto,
+sino que se trataba de una mujer incauta, inexperta, gozada y
+abandonada. Cierto que la dejó, pero sin escarnecerla ni despreciarla.
+En cambio ella se vengaba turbando el tranquilo curso de su vida,
+haciéndole sufrir una dolorosa mortificación de amor propio y, lo que
+era más grave, inspirándole ideas cuyo alcance no podía calcular.</p>
+
+<p>Las últimas frases que don Juan pronunció mentalmente en aquel largo y
+humillante monólogo fueron estas: «Sí, ¿eh?... Pues ahora me gusta más
+que antes... ¡ella caerá! No es que me importe, nada de eso... lo único
+que quiero es tenerla una vez entre los brazos... porque sí... ¿Qué se
+habrá figurado la grandísima tonta?»</p>
+
+
+
+<h3><a name="Capitulo_XV" id="Capitulo_XV"></a>Capítulo XV</h3>
+
+<p>Donde se ve que cuando el hombre tiende la red, ya está pescando la
+mujer</p>
+
+
+<p>El día en que don Juan vio a Cristeta en el Retiro, fue domingo. Al
+siguiente, hizo el viaje en balde: procuró distraerse mirando y
+remirando a cuantas pasaban; mas en vano. Acaso no faltasen en el paseo
+mujeres guapas y elegantes, pero todas se le antojaron cursis o feas. La
+de bonitos pies, tenía el cuerpo atalegado; la de cintura esbelta, era
+antipática de rostro; la bien vestida, horrible; la hermosa, iba hecha
+un adefesio. ¿Sería cosa providencial? No, sino que él llevaba grabada
+en el magín, como única apetecible y codiciable, la que realmente
+deseaba.</p>
+
+<p>Entretanto, la maquiavélica Cristeta estaba solita en su modesto
+albergue de la calle de Don Pedro, diciéndose: «Hoy me andará buscando.»</p>
+
+<p>Martes. Hermoso día de otoño, aunque algo fresco. En el Retiro muy poca
+gente: don Juan llega de los primeros, se cansa de andar, se disgusta y
+siente impulsos de volverse a casa. Por fin comienzan a venir paseantes.
+A las cinco aparece Cristeta al término de una alameda: traje, el mismo
+del día pasado; lleva al niño cogidito de la mano y el coche les sigue a
+corta distancia. Don Juan se adelanta, acorta la marcha, la deja pasar,
+la alcanza y retrocede, todo sin dejar de mirarla. Ella, calmosa,
+serena, impasible, como si no le conociera. Fue tan marcada su
+indiferencia, que don Juan se dijo: «¡Tendría gracia que yo me hubiese
+equivocado!» Pero tornó a mirarla y se convenció de que era ella, la
+misma, la propia Cristeta, que tantas veces le había dicho: «¡Juan mío!»
+Poco le faltó para llegarse a ella y hablarla. Por fortuna se contuvo
+pensando: «¿Y si me pega un bufido y me pongo en ridículo? No, todavía
+no.» Final, el mismo de la primera vez. El coche se para, Manolito, que
+va en el pescante, se quita respetuosamente el sombrero. Cristeta coge
+al niño, lo sienta, sube y desaparece sin que don Juan pueda sorprender
+una mirada de reojo, ni el más leve indicio de curiosidad. Atormentado
+del despecho, no se le ocurre más que esto: «Un cochero <i>de abono</i> no
+saluda de esa manera; el carruaje es suyo. No me cabe duda; está casada.
+¡mejor!»</p>
+
+<p>Miércoles. La tarde fría, las alamedas desiertas; llega don Juan, abarca
+con la vista aquella soledad y piensa: «¡Si viniese ahora mismo!»
+Después anda un buen rato a paso largo para entrar en calor, hasta que
+aparece Cristeta seguida de la niñera, que trae al pequeñuelo en brazos.
+Comienza a soplar un Norte muy desapacible; las hojas secas, arrebatadas
+de los árboles, forman en el suelo ruidosos remolinos de oro. Ella se
+muestra más indiferente que nunca. El viento, al agitar su falda, le
+pega la tela a las piernas, modelando indiscretamente sus formas y
+dejando al descubierto los pies. Diez o doce minutos de paseo. Una
+turbonada; aquello se hace insoportable. Otro día perdido.</p>
+
+<p>Jueves. Lloviznando. Cristeta, encerrada en casa, se distrae zurciendo
+ropa blanca. De rato en rato, hilos y aguja se le caen sobre el regazo.
+«Veremos... ya lleva tres ojeos. ¡Se me pasan unas ganas de hacerle
+señas para que se acerque!»</p>
+
+<p>Don Juan anda mientras tanto aburriéndose en visitas y sin poder
+desechar de la imaginación aquellos pies que pisan la arena como sin
+tocarla. «Sí, el traje el mismo, menos las medias; las de ayer eran
+negras con lunares azules... Parece que se le han agrandado los ojos. ¡Y
+qué cuerpo!»</p>
+
+<p>Viernes, sábado y domingo. Lluvia continuada: un temporal. Ella con
+jaqueca, tumbada en el sofá de Vitoria y fija la vista en la pared. Al
+caer la tarde, cuando escasea la luz, cree ver dibujarse sobre la blanca
+superficie del muro una serie de escenas en que don Juan, arrodillado a
+sus pies, le pide perdón con frases muy apasionadas. Por desgracia o por
+fortuna aquello es una visión destituida de realidad, un sueño, porque
+si él entrase... ¡sabe Dios!</p>
+
+<p>Segundo lunes. Hermoso día, pero el piso demasiado húmedo. Don Juan
+piensa: «No irá», y se queda en casa leyendo. Cristeta sale. Al fin
+mujer. Paseo en balde. Luego, noche de insomnio pensando: «¿Estará
+malo?»</p>
+
+<p>Martes. Sol esplendoroso, piso seco, ambiente primaveral. Casi al mismo
+tiempo llegan ambos espoleados por la impaciencia. Ella con otro traje:
+falda ceniza y abrigo muy oscuro, de paño todo bordado; sombrero gris
+con gran lazo y velillo; en vez de zapatos, botas. Don Juan, que va
+resuelto a hablar, se acobarda viendo a la niñera. «No: los criados son
+enemigos, no quiero comprometerla. Pero cuando viene aquí, cuando no se
+va de paseo a otra parte... por algo es.»</p>
+
+<p>En estos y parecidos lances, es decir, sin ninguno notable,
+transcurrieron veintitantos días.</p>
+
+<p>Por fin, una tarde, cuando don Juan iba por frente a la Cibeles,
+dirigiéndose al Retiro, vio a la niñera sola con el chico. Buscó con las
+miradas a Cristeta; pero en balde, y se dijo: «Ésta es la mía.»</p>
+
+<p>La niñera era pequeña, menudita, lista, graciosilla y achulada; un
+aperitivo o un <i>hors d'&oelig;uvre</i>, si don Juan no tuviese puesto en más
+alta empresa el pensamiento. La chica, llevando al pequeñín de la mano,
+se dirigía hacia la parte del Prado donde paran los cochecillos tirados
+por cabras o burritos para recreo de niños. «Bueno&mdash;pensó don Juan&mdash;;
+luego vendrá la madre a buscarles.» Una hora fue siguiéndoles a larga
+distancia y gruñendo entre dientes: «¡Que haga yo esto!»</p>
+
+<p>Las cinco; Cristeta no viene y la niñera endereza los pasos hacia la
+Carrera de San Jerónimo; don Juan no aguanta más y, colocándose junto a
+ella, le habla de este modo:</p>
+
+<p>&mdash;Cuerpo bonito..., ¿vamos de retirada? Parece que hoy no ha salido la
+señorita.</p>
+
+<p>&mdash;¿Y a usted qué se <i>l'importa</i>?</p>
+
+<p>&mdash;No te atufes, mujer; cuando te lo pregunto, por algo será.</p>
+
+<p>&mdash;Es que yo no sé quién es <i>ustéz</i>.</p>
+
+<p>&mdash;¿Crees que te voy a comer?</p>
+
+<p>&mdash;Ya... como que no soy hierba...</p>
+
+<p>&mdash;¡Qué mal genio tienes y que reguapa eres!</p>
+
+<p>&mdash;Es que no quiero músicas y no se meta usted conmigo, que yo voy por mi
+camino y la calle es del rey.</p>
+
+<p>&mdash;No seas tonta y baja la voz. ¿Qué trabajo te cuesta contestarme a
+cuatro preguntas? No te arrepentirás; mira que soy muy agradecido.</p>
+
+<p>Julia se detuvo diciendo al chiquitín:</p>
+
+<p>&mdash;Aguarda, hijo, que este <i>cabayero</i> me va a sacar de pobre.</p>
+
+<p>&mdash;Tu señorita se llama doña Cristeta, ¿verdad? ¿Dónde vivís? ¿Cómo se
+llama su marido? ¿Cuánto tiempo hace que están casados?</p>
+
+<p>&mdash;¡Pero, hombre, se <i>l'a figurao</i> a <i>ustéz</i> que soy catecismo <i>pa</i>
+responder a tantas cosas!</p>
+
+<p>&mdash;Bueno, pues dime lo que sepas.</p>
+
+<p>&mdash;¿No ve <i>ustéz</i> que <i>entavía soy yo</i> muy joven <i>pa</i> ese oficio?</p>
+
+<p>&mdash;No seas tonta. Lo que ganas tú en dos meses te lo doy yo en un minuto.
+Por hablar nadie se pierde.</p>
+
+<p>&mdash;<i>Sigún</i>... y yo no quiero líos.</p>
+
+<p>Don Juan sacó del bolsillo del chaleco cuatro monedas de a veinte reales
+y quiso ponérselas en la mano.</p>
+
+<p>&mdash;¿Va usted a comprar la barandilla del <i>Prao</i>?</p>
+
+<p>&mdash;Toma, mujer.</p>
+
+<p>Ella hizo un movimiento como para alargar la mano; pero de repente se
+echó hacía atrás esquivando el cuerpo y diciendo rapidísimamente:</p>
+
+<p>&mdash;<i>Quitesusté pa</i> un <i>lao</i> que viene el coche con la señora...&mdash;y en voz
+baja, muy baja, añadió&mdash;: Agur, hasta otro día, cuando me vea usted sola.</p>
+
+<p>Don Juan, iluminado de súbita inspiración, repuso también muy aprisa:</p>
+
+<p>&mdash;Aquí mismo, a esta hora, la primera tarde que llueva. No te
+arrepentirás.</p>
+
+<p>Julia no había mentido. La berlina bajaba echando chispas por la Plaza
+de las Cortes. El cochero, al ver a la niñera, detuvo; abrió Cristeta
+desde dentro la portezuela y subió la chica con el nene.</p>
+
+<p class="puntos">*<br />* *</p>
+
+<p>Como si el diablo fuese ordenador del tiempo en perjuicio del amor,
+tardó bastantes días en llover, con lo cual don Juan comenzó a
+desesperarse; tanto, que pensó en dar un golpe decisivo para inquirir
+dónde vivía Cristeta. Pensó primero en que lo averiguase Benigno, su
+ayuda de cámara; pero Julia era guapa, el hombre podía encapricharse...
+Resolvió hacer la diligencia por sí mismo.</p>
+
+<p>Una tarde fue al Retiro en una victoria tirada por un buen caballo, con
+cochero previamente instruido y seguro de ser gratificado. Debía éste,
+mientras don Juan pasease a pie, no perderle de vista, aproximarse a una
+seña convenida y seguir luego tras la berlina de Cristeta. La traza no
+era mala; pero falló. Manolo fue más listo, su caballo mejor y el
+cochero de don Juan se quedó rezagado en un cruce de calles, donde hubo
+confusión de carros y carruajes.</p>
+
+<p>A esta intentona siguieron varios días de buen tiempo en Madrid, y de
+mal humor en don Juan, porque ni la señora ni la niñera aparecieron por
+el Retiro ni el Prado.</p>
+
+<p>Cristeta dejó de ir a paseo y no permitió salir a la chica, con objeto
+de excitar y enardecer más la curiosidad de don Juan; pero a la par que
+esto hacía por reflexión, se apoderó de ella tal impaciencia que estuvo
+a pique de escribirle diciéndole con terrible laconismo: «Ven.» Por
+supuesto que si lo hace él se presenta de fijo en su casa o dondequiera
+le citase, sin miedo a marido, aunque fuera más temible que el Gran
+Turco. El pobre don Juan estaba rabioso por lo que le sucedía. Más de un
+mes llevaba perdido en persecución de una mujer a quien dos años antes
+había considerado peligrosa. «En realidad&mdash;pensaba, tratando de
+explicarse su conducta&mdash;, esto es... una locura... un capricho. (Cuando
+en materia de amor el hombre califica su gusto de capricho, es que está
+ciego de amor propio.) Nada más que un capricho. ¿Se ha casado? Ha hecho
+bien...; pero de mí no se burla una mujer a quien he tenido en los
+brazos. Yo le enseñaré quién soy. Cuando se me antoja una la logro, y
+cuando quiero la dejo, y luego, si me da la gana, vuelta a empezar. Una
+noche... una tarde... una hora, y después vaya bendita de Dios. Aunque
+esté casada con el mismísimo Padre Santo. ¡Se ha puesto tan guapa!»</p>
+
+<p>Hasta entonces nunca había entrado en sus teorías ni en sus prácticas
+intentar la repetición de semejantes aventuras, porque
+despreciativamente calificaba esto de reincidencia vergonzosa. Pero ¿era
+sólo amor propio lo que ahora le impulsaba al quebrantamiento de tales
+doctrinas? No; y la demostración, terrible por cierto, consistía en que,
+desde la tarde del primer encuentro con Cristeta, no se le había
+ocurrido acercarse ni conocer, en sentido bíblico, a ninguna mujer. Y
+fue sin premeditarlo, como si por instinto ahorrara brío, esfuerzo y
+terneza, ilusionado con la esperanza de que se presentase la ocasión de
+reanudar la lectura del poema estúpidamente interrumpido en
+Santurroriaga.</p>
+
+<p>Cuando, a fuerza de reflexionar sobre su situación, se dio cuenta de
+aquella castidad, experimentó una sensación rarísima, mezcla de terror y
+vergüenza: lo primero, porque le espeluznaba la perspectiva de que una
+mujer le absorbiese y tiranizara el pensamiento; lo segundo, porque para
+un hombre como él era ridícula semejante continencia. Quiso entonces
+persuadirse de que no estaba cautivo de una idea fija, de que el
+fantasma de Cristeta no le había sorbido la voluntad, y determinó
+visitar a cualquiera de aquellas antiguas conocidas suyas, y de otros,
+siempre dispuestas a representar papel de Danae no por una lluvia de
+oro, sino por unos cuantos duros.</p>
+
+<p>A fuer de inteligente y delicado en cosas de amor, era don Juan, aunque
+no invulnerable a la seducción poco sensible a los halagos de
+<i>vengadoras</i>, <i>momentáneas</i> y <i>horizontales</i>. No le importaba que le
+costase caro el viaje a Citerea; pero sentía repugnancia invencible a
+pagarlo al contado, como si besos y caricias fuesen guantes y corbatas:
+gustábale, por el contrario, dejar espacio entre el placer y la
+remuneración para poetizar y envolver en voluntarias ilusiones lo
+prosaico de la realidad, prefiriendo gastarse muchos centenares en un
+regalo a dejar unos pocos sobre una mesa de noche o dentro de un
+sortijero. Y tenía razón: ¿dónde hay cosa que tanto descorazone y
+repugne como besar a una mujer y cinco minutos después darle dinero?
+¡Todo se puede perdonar al oro menos que sirva para comprar el amor!</p>
+
+<p>El resultado de esta quintaesencia de romanticismo bien entendido, era
+que no conocía gran número de pecadoras. En cambio, aquellas a quienes
+trataba constituían la flor y nata del gremio; el estado mayor de los
+ejércitos del diablo. Unas, nacidas en baja condición, fueron
+encumbradas en virtud de su belleza; otras habían trocado la miseria
+vergonzante de la clase media por el esplendor lujoso de la corrupción.
+A todas sirvió de escabel la imbecilidad de los hombres.</p>
+
+<p>¿Cuál sería la que él utilizase de <i>modus vivendi</i> y como remedio
+pasajero a la soledad que le atormentaba? ¿A cuál de ellas se dirigiría?</p>
+
+<p>¿A la encantadora Elvira? Cierto que tenía el cuerpo escultural,
+vivificado por venas azuladas que parecían serpear entre tibia
+carnosidad de rosas; mas su belleza estaba deslucida porque, teniendo el
+pelo tan negro como las bayas de la yedra, había dado en la estúpida
+manía de teñírselo de rubio lino. Además, era muy bestia, no podía
+sostener una conversación, y con ella el dúo del amor casi se convertía
+en triste soliloquio.</p>
+
+<p>¿Enriqueta? Lánguida, esbelta, pálida y ojerosa, parecía sentimental y
+romántica; pero al comer devoraba, bebía como un tudesco y amaba con
+estremecimientos de epilepsia: pecar con ella no era rendir grato
+tributo a la Naturaleza, sino hacer un favor.</p>
+
+<p>¿Flora? La cara valía poco: chatilla y morenucha; lo demás, admirable,
+el pecho como de Venus victoriosa, las caderas con curvas de ánfora, las
+piernas como de Diana Cazadora; por mirarla desnudarse hubiera Orestes
+prescindido de su venganza. Pero luego, no había que contar con ella: en
+la situación culminante del coloquio amoroso se quedaba insensible,
+entreteniéndose en seguir con la vista los dibujos del papel de la pared
+o contando las estrías de las columnillas de la cama. Hacía concebir
+grandes esperanzas y acababa prestándose al amor como a una servidumbre.
+Durante el prólogo, sus sonrisas eran un estímulo; después, una mueca de
+doloroso hastío.</p>
+
+<p>¿Araceli? ¡Pobre muchacha! Tez de rosa enfermiza, piel dorada con
+reflejos de ámbar. Cuando se destrenzaba el pelo, dejándolo caer suelto
+hebra a hebra en torno del cuerpo, envolviéndose en un manto de oro
+luminoso, parecía la diosa del pudor. ¿Por qué estaría siempre triste?
+Bajo los rasgos de lápiz azulado con que se agrandaba los ojos brillaba
+perpetua humedad de lágrimas. ¿Qué habría en su alma? ¿Laxitud de
+pecadora cansada o nostalgia de castidad atropellada?</p>
+
+<p>¿Marcela? Guapísima, juguetona, sensual, elegante, mimosa y zalamera
+hasta el punto de aparentar que se entregaba ilusionada; pero... la
+codicia en persona. No hablaba más que de previsión, ahorros y
+peluconas. Oyéndola sin mirarla, podía uno imaginar que escuchaba
+consejos de pariente tacaño. Un día, entre gatadas y bromas, le quitó a
+un amante dos perlas de la pechera, y retorciendo una horquilla de las
+llamadas invisibles, con su alambre finísimo improvisó un par de
+pendientes, y se quedó con ellos.</p>
+
+<p>¿Mercedes? La mentira en todo su esplendor. Afectaba exceso de pasión;
+una noche de caricias suyas rendía más que tres días de caza.</p>
+
+<p>¿Alberta? El tipo de la gran señora frustrada; no era cortesana por
+miedo al trabajo, sino por ansia de brillar; hablaba inglés y francés;
+leía a Byron y Musset en el original; el membrete de sus cartas
+ostentaba este lema: <i>Una para todos y todos para una</i>. Sus manos eran
+de reina, sus pies de niña, los ojos como violetas claras mojadas de
+rocío..., pero tenía en su casa para abrir la puerta una hermana de
+dieciocho años, tísica, que daba compasión. ¡La antesala del placer
+parecía custodiada por el ángel de la muerte!</p>
+
+<p>¿Leonor?... No la recordaba bien... ¡Ah, sí! La insaciable; hembra
+peligrosísima. A semejanza de Diógenes, siempre andaba buscando un
+hombre.</p>
+
+<p>¿Blanca? La hermosura sin alma, la coquetería sin delicadeza. Poseía la
+ciencia de vestirse e ignoraba el arte de desnudarse.</p>
+
+<p>Margarita..., Paz..., Asunción...; profesionales vulgares que no sabían
+más que entregarse como insensible mercancía a tantos o cuantos duros
+vista. ¡No! Ninguna le servía. Pobres imbéciles condenadas a vender lo
+inapreciable. ¡Farsantas de la comedia del amor, incapaces de imitar la
+poesía de la realidad! ¡Ah, Cristeta! Tú, amante toda verdad, sinceridad
+y entusiasmo, ¿dónde estabas? ¡Tú, la única que en cada beso daba un
+poco del alma! ¡Sólo poner tu nombre junto con los de aquellas
+desgraciadas, era ofenderte!</p>
+
+<p>Don Juan no estableció comparación ni paralelo entre ella y las
+sacerdotisas de Venus; pero instintivamente, sin quererlo, a cada
+cuerpo, a cada rostro, a cada boca, a cada rasgo femenino que evocaba,
+le parecían superiores el cuerpo, el rostro, la boca y el recuerdo todo
+de Cristeta. ¿Por qué la dejaría? Y ella, ¿cómo se había entregado a
+otro hombre? Lo primero fue insensatez; lo segundo pedía venganza.</p>
+
+<p>Don Juan iba excitándose por grados. ¿Qué sería aquello? ¿Vanidad
+herida, amor propio humillado, capricho incompletamente satisfecho?
+Cristeta le ocupaba el ánimo, le absorbía la voluntad y le llenaba el
+pensamiento. En ninguna encontró aquella rara mezcla de amor ardiente y
+de cariño impecable, aquella voluptuosidad empapada de ternura, ni aquel
+sensualismo exento de vicio. ¡Los labios de fuego, las miradas castas!
+¡Ah, necio y mentecato, que por propia culpa la perdió!</p>
+
+<p>«Ella..., ella ha hecho bien en casarse, o en regalarse a quien le haya
+dado gana. La demostración de lo que vale&mdash;se decía él&mdash;está en la
+conducta que observa. En el Retiro ni una sola mirada, y luego ha dejado
+de ir. Indudablemente no va porque cuando me ve, sufre.»</p>
+
+<p>¡Qué mezcla de risa, gozo y orgullo hubiera experimentado Cristeta si
+por arte de magia le fuese dado asistir a tales monólogos! Y
+generalizando el caso, ¡cómo se reirían las mujeres de los hombres si
+les vieran pensar!</p>
+
+<p class="puntos">*<br />* *</p>
+
+<p>A todo esto sin llover; es decir, don Juan, imposibilitado de hablar con
+Julia, la niñera, que ni se acordaría tal vez de la cita.</p>
+
+<p>En cambio, fue a todos los teatros de Madrid, visitando varios cada
+noche; asistió a estrenos, funciones de beneficencia y turnos distintos;
+todo en balde. «No la dejará su marido, o no querrá ella separarse del
+niño. ¡Claro! Una mujer así tiene que ser buena madre. Además, le dará
+pena ir al teatro... ¡sitio en que me conoció! La verdad es que me he
+portado muy mal. ¿Cómo buscarla sin comprometerla?... ¿Cuándo lloverá?
+¿Se acordará Julia?» Poco faltó para que mandase hacer rogativas.</p>
+
+<p>Por fin llovió, y con tal abundancia que acudir a la cita era ponerse
+hecho una sopa.</p>
+
+<p>Se calzó fuerte, se puso el impermeable y bajó al Prado, yendo a
+colocarse ante la fuente de Neptuno, con los pies en un lago, el diluvio
+en torno y la imaginación barrenada por la impaciencia. Transcurrió
+media hora: según el reloj treinta miserables minutos; para el
+pensamiento, treinta siglos de malestar y desesperación. Repentinamente
+su espíritu se inundó de luz. A distancia de cien metros apareció Julia,
+paraguas en mano pisando adoquines, saltando charquitos, tan airosa como
+indecorosamente arremangada. Al llegar a cuatro pasos de él, dijo
+chulescamente:</p>
+
+<p>&mdash;Oiga usted, señorito, ¿me <i>tié</i> usted que contar muchas cosas <i>ú</i> es
+que vamos a hacer de patos?</p>
+
+<p>&mdash;Nos meteremos en un portal.</p>
+
+<p>&mdash;¿Y si pasa alguno que me <i>conozga</i> y lo cuenta?</p>
+
+<p>&mdash;Tienes razón; vámonos a un café, sígueme.</p>
+
+<p>Andando muy de prisa, llegaron a un cafetín cercano a la calle de
+Atocha, sentáronse y acercóseles el mozo:</p>
+
+<p>&mdash;¿Qué va a ser?</p>
+
+<p>&mdash;¿Qué quieres tomar?&mdash;preguntó don Juan a la muchacha.</p>
+
+<p>&mdash;Café con media de abajo.</p>
+
+<p>&mdash;Pues yo... chica de cerveza.</p>
+
+<p>&mdash;Hasta en botella le gustan a usted.</p>
+
+<p>&mdash;Si son como tú, ya lo creo.</p>
+
+<p>&mdash;No me peino <i>pa</i> señores. Conque hable usted claro, que estamos lejos y
+cae agua.</p>
+
+<p>El lugar era ignominioso: un café con tabladillo para cantadores,
+banquetas más destripadas que caballo de picador, el techo ennegrecido a
+fuerza de humo, el ambiente apestando a tabaco de colillas, el piso
+escurridizo y viscoso de saliva; al fondo, un mostrador lleno de vasijas
+sucias y, en último término, una entre cocina y cueva, especie de
+laboratorio infernal consagrado al dios Cólico. El local casi desierto.
+Sólo en un rincón una pareja de chula y chulo, a quienes se oía decir:</p>
+
+<p><i>Él</i>.&mdash;Tres pesetas...; anda rica, tres pelas.</p>
+
+<p><i>Ella</i>.&mdash;Tres pares de cuernos..., so gandul.</p>
+
+<p><i>Él</i>.&mdash;Te voy a cortar la cara.</p>
+
+<p><i>Ella</i>.&mdash;¿La traes <i>afilá</i>?</p>
+
+<p>Luego él cuchicheaba requiebros; la mujer sonreía lascivamente y,
+después, sobre el mármol del velador, sonaban cuartos.</p>
+
+<p>Sirvió el mozo lo que le habían pedido; comenzó don Juan haciendo muecas
+al beber cerveza, quitó la chica un pelo que traía la tostada y,
+guardándose las sobras del azúcar, habló de este modo:</p>
+
+<p>&mdash;Ya he dicho que vivo lejos.</p>
+
+<p>&mdash;¿Dónde?</p>
+
+<p>&mdash;Es que si <i>paece</i> usted por allí y huele mi señorita que tengo yo la
+culpa, me planta en la calle.</p>
+
+<p>&mdash;¿Tu señora se llama doña Cristeta Moreruela?</p>
+
+<p>&mdash;No señor, es decir, Cristeta sí que se llama, pero el apellido es
+Martínez.</p>
+
+<p>&mdash;¡Imposible!</p>
+
+<p>&mdash;<i>Pos</i> si lo sabe usted, ¿<i>pa</i> qué he hecho yo esta caminata? El señor
+se llama Martínez, conque <i>sacusté</i> la consecuencia.</p>
+
+<p>&mdash;De modo que está casada, ¿desde cuándo?</p>
+
+<p>&mdash;<i>Ende</i> que le dijeron los latines, si se los han dicho.</p>
+
+<p>&mdash;¿No estás segura?</p>
+
+<p>&mdash;Segura no, porque no me convidaron; lo que sé es que el señor está en
+<i>Felipinas ú</i> en la Habana, de cierto no sé... vamos, en América.
+Escribe <i>toos</i> los correos y manda el <i>conquibus</i>, y la señora no para
+de hablar del amo, y es buena, aunque <i>tié</i> el genio <i>mu soberbio</i>, y no
+se visita con nadie.</p>
+
+<p>&mdash;¿Hacía cuándo crees tú que se casaron?</p>
+
+<p>&mdash;El niño <i>tié</i> veintiséis meses, conque...</p>
+
+<p>&mdash;Y él en la Habana, ¿qué hace?</p>
+
+<p>&mdash;¿Qué ha de hacer? <i>Empleao</i>. En la primavera viene.</p>
+
+<p>Al decir <i>primavera</i>, Julia sonrió sin que don Juan lo notase, porque se
+había quedado muy pensativo. De pronto, exclamó:</p>
+
+<p>&mdash;Bueno, mujer. Pues... yo te pagaré bien, ¿entiendes?; pero desde hoy a
+quien sirves es a mí.</p>
+
+<p>&mdash;Eso no <i>pué</i> ser.</p>
+
+<p>&mdash;¿Por qué?</p>
+
+<p>&mdash;Porque me va usted a pedir cosas que... me tendré que ir de la casa y
+no me trae cuenta, porque el señor, cuando venga, va a emplear a mi papá
+en consumos.</p>
+
+<p>&mdash;Yo emplearé a tu papá y a toda tu familia.</p>
+
+<p>&mdash;¡Qué fuerte se conoce que le ha <i>entrao</i> a usted! Por supuesto que no
+me extraña, porque a mi señorita <i>toos</i> los hombres se la comen con los
+ojos...; verdad que se quedan iguales, con las ganas.</p>
+
+<p>&mdash;Debe de ser muy buena.</p>
+
+<p>&mdash;Mal genio; pero tocante a... vamos, a eso que usted anda buscando, me
+<i>paece</i> a mí que es perder el tiempo. En fin, yo haré lo que usted me
+mande, con una sola condición: que no <i>parezga</i> usted por donde vivimos,
+a lo menos hasta que...</p>
+
+<p>&mdash;¿Hasta que nos arreglemos?</p>
+
+<p>&mdash;Cabalito.</p>
+
+<p>&mdash;Te lo prometo; me ayudas, te pago bien, y por ahora no pongo los pies
+en vuestro barrio. Otra cosa: ¿son ricos? ¿Cómo tienen puesta la casa?
+Aunque yo no haya de ir... ¿dónde vive?</p>
+
+<p>&mdash;Vaya... pues... la calle no se la digo a usted, vamos, que tengo mucho
+miedo a que me despidan.</p>
+
+<p>Don Juan fingió resignarse con la negativa, y formó propósito de irse
+luego siguiendo de lejos a Julia. Ésta continuó:</p>
+
+<p>&mdash;El cuarto es <i>manífico</i>, de casa grande, muy hermoso, con vistas a un
+jardín antiguo. Los muebles buenos; <i>pa</i> la compra dan cuatro <i>ú</i> cinco
+duros diarios, y la señorita gasta unas ropas blancas muy ricas.</p>
+
+<p>Don Juan permaneció un instante silencioso y luego dijo:</p>
+
+<p>&mdash;Bueno, pues lo primero es que me averigües, con seguridad, si están
+casados, y el punto, el pueblo donde está él, y qué empleo tiene.
+Además, le entregarás esta carta a la señorita... y esto para ti.</p>
+
+<p>Dicho lo cual, alargando la mano por bajo de la mesa, colocó sobre la
+falda de Julia cinco monedas de a duro. El mágico efecto que causaron se
+reflejó en la respuesta:</p>
+
+<p>&mdash;¿Y cuándo nos <i>golvemos</i> a ver?&mdash;dijo embolsando carta y dinero.</p>
+
+<p>&mdash;Si contestara...</p>
+
+<p>&mdash;¡Están verdes!</p>
+
+<p>&mdash;Pues cuando le des la carta o la hayas puesto donde la coja, al otro
+día haces una escapada.</p>
+
+<p>&mdash;Muy tempranito ha de ser.</p>
+
+<p>La perspectiva de un madrugón disgustó a don Juan; pero repuso
+bravamente:</p>
+
+<p>&mdash;¡No importa!</p>
+
+<p>&mdash;¿Sabe usted el jardinillo de la Plaza Mayor? Pues... pasado mañana a
+las siete y media.</p>
+
+<p>&mdash;De siete y media a ocho.</p>
+
+<p>&mdash;Corriente.</p>
+
+<p>&mdash;Adiós.</p>
+
+<p>Julia salió del café arrebujándose en el mantón; don Juan pagó en un
+abrir y cerrar de ojos, se echó a la calle, miró en todas direcciones
+deseoso de ver a la muchacha para seguirla y... nada; como si se la
+hubiese tragado la tierra. Se acercó a una esquina cercana, luego a otra
+un poco más distante, se paró, tornó a mirar hacia los lados, de frente;
+todo fue inútil.</p>
+
+<p>La grandísima pícara estaba escondida en una tienda de ultramarinos
+inmediata al café: desde allí observó los movimientos de don Juan hasta
+que le vio marcharse despacio, tan mohíno y preocupado, que, a pesar de
+la lluvia, llevaba el impermeable sin abotonar, y la cabeza tan caída
+sobre el pecho, que el agua le iba entrando por el cogote.</p>
+
+<p>Luego que le perdió de vista salió ella de su escondrijo. La risa le
+retozaba en el cuerpo, con los dedos metidos en la faltriquera iba
+palpando los duros, y de trecho en trecho, temerosa de ser seguida,
+volvía la cara. Precaución inútil. Don Juan marchaba en dirección
+contraria, y de tan mal humor, que ni siquiera dirigía una mirada a las
+mujeres que, al cruzar las calles enlodadas, se recogían las faldas,
+enseñando algo de lo que a él tanto le gustaba.</p>
+
+
+
+<h3><a name="Capitulo_XVI" id="Capitulo_XVI"></a>Capítulo XVI</h3>
+
+<p>Donde se prosigue la demostración de que el amor puede hacer astuta a la
+engañada y crédulo al engañador</p>
+
+
+<p>La carta confiada por don Juan a Julia y leída con avidez por Cristeta,
+decía lo siguiente:</p>
+
+<div class="blockquot"><p><i>«Sé que no tengo derecho a pedirte nada, ni lo merezco, pero es
+necesario que hablemos una sola vez; cinco minutos, donde tú quieras.
+Puedes escribirme a mi casa con entera confianza. Creo inútil firmar.»</i></p></div>
+
+<p>Cristeta pensó: «¡Qué lacónico y qué escamado! Lo que él quiere es
+visita, entrevista para empezar a mentir, ponerse cariñoso y volverme
+loca. No, pues todavía no.»</p>
+
+<p>Llegado el día de la segunda cita entre Julia y don Juan, éste acudió
+primero. A las siete y cinco estaba embozado en la capa y dando vueltas
+por el jardinillo de la Plaza Mayor, que aparecía envuelta en la neblina
+llorona y gris de la mañana. Paseo arriba, paseo abajo, empezó a
+monologuear como todo el que espera:</p>
+
+<p>«Esto es levantarse con el sol; estoy convertido en pájaro; no me falta
+más que trinar..., todo se andará. ¡Cuánto tiempo hacía que no
+madrugaba!; desde que troné con la devota. ¡Buen catarro me hizo pescar
+en las Jerónimas! ¡Y qué habilidad tenía para entrar y salir en una
+iglesia sin que la conociesen! Cualquiera hubiese creído que eran dos
+mujeres distintas; entraba muy de prisa, inclinada la cabeza sobre el
+pecho, recogida la falda, tan caído el velo que no se le veía más que la
+punta de la nariz; salía derecha, irguiéndose para parecer más alta,
+suelta la falda, el velo echado hacia atrás y pisando fuerte; nada, dos
+personas distintas. Recuerdo que usaba un escapulario tamaño casi como
+un ladrillo, pero muy perfumado con heliotropo blanco, y dentro del cual
+escondía el retrato de su primer amante. Yo creo que era sinceramente
+religiosa. Una tarde, mientras se quitaba el corsé, me dijo: «Mira tú si
+el Señor es bueno que, según la doctrina, lo primero es amar a Dios
+sobre todas las cosas, y fíjate en que no dice sobre todos los hombres.»
+Los días en que se confesaba me decía entre caricias y besos: «Chico,
+esto es coser por la mañana y deshacer la labor por la noche.» ¡Pobre
+muchacha! Luego quiso seducirla un cura, y se hizo escéptica. ¡Con qué
+poco se pierde la fe! ¡Bah! Aquello pasó... Ya tenía yo olvidado el
+Madrid de por la mañana. Lo mismo está hoy que cuando iba yo a la
+Universidad. Puestos de buñoleras, burras de leche, traperos, cocineras,
+albañiles con blusa y tartera, el carro de la basura con un barrendero
+encima que parece un cónsul romano preparándose para entrar en triunfo,
+alguna pareja de estudiante y modista... ¡quién fuera él!... y yo aquí
+hecho un imbécil esperando a una niñera..., ni más ni menos que un
+soldado... Esa es la estatua de Felipe III o Felipe IV, no estoy
+seguro... igual da. ¡Aquella sí que era buena época! Capa, espada,
+linterna, escala, un buen criado, en las comedias antiguas les llaman
+lacayos, el bolsillo bien repleto de doblas... y a perseguir tapadas.
+¡Famosa debía de estar la corte! Libertad no habría; pero en cuanto a
+divertirse, cada oveja con su pareja..., mejor que ahora. Ellas siempre
+encerradas como monjas; así que cuando podían salir o meterle a uno en
+casa, se volvían locas. Y eso que había frailes. ¡Los frailes! Eran
+sabios que en materia de agricultura recogían sin sembrar, y en amor
+sembraban sin recoger. Yo tengo la preocupación de creer que no hay
+español que no tenga en las venas sangre de fraile... Siempre que se me
+ocurre una idea mala, digo: esto, esto es atavismo, reminiscencia del
+padre Tal o Cual, que debió de tener algo con alguna de mis abuelas...
+El Madrid de hoy es insoportable. Todos los pisos bajos son tiendas,
+apenas hay rejas. ¿Cómo se las arreglarían ahora aquellos galanes? ¡Qué
+cosas se les ocurrirían a Villamediana y a Quevedo, viendo este Madrid,
+que tiene la Plaza de Oriente al Norte, la estatua de la Comedia delante
+del teatro italiano, y aquí en la Plaza de la Constitución la estatua de
+un rey absoluto! ¡Cuánto disparate!... Pero, ¿no vendrá esa chiquilla?
+¿Se estarán burlando de mí? No: Cristeta no es capaz... ¿Estará
+realmente casada?... Importarme, no me importa nada; pero me
+mortificaría que conmigo presumiese de incorruptible...»</p>
+
+<p>A las ocho menos cuarto apareció Julia bajo el arco que da a la calle de
+Toledo. Al verla, se dirigió hacia ella con mal disimulada impaciencia:</p>
+
+<p>&mdash;¿Qué hay, buena pieza?</p>
+
+<p>&mdash;<i>Pos</i> verá usted. Lo primero que se me ocurrió fue decir a la señorita
+que, estando yo en el portal, <i>yegó</i> un <i>cabayero</i> a dejar una carta, y
+que como no estaba la portera, la tomé yo. Por lo pronto no se malició
+nada; pero luego en cuantito que la leyó, se tragó la partida.</p>
+
+<p>&mdash;¿Y qué cara puso?</p>
+
+<p>&mdash;Sabe más que Lepe, Lepijo y toda su parentela. Me llamó, se encaró
+conmigo, y me dijo que la carta me la habían <i>dao</i> a mí <i>diretamente</i>, y
+que si tomaba otra, me plantaba en la calle.</p>
+
+<p>&mdash;Bueno; pero ¿crees tú que fue pamema o que se incomodó de veras?</p>
+
+<p>&mdash;Le diré a usted; yo salí del gabinete haciendo como que me largaba a la
+cocina, y me planté detrás de la puerta, y por una rendija miré... Se
+quedó más blanca que el papel..., luego se sentó de espaldas; pero me
+pareció que <i>yoraba</i>, <i>lo cual que</i> no me lo explico.</p>
+
+<p>&mdash;Vamos por partes: ¿te preguntó las señas del caballero de quien tomaste
+la carta?</p>
+
+<p>&mdash;Sí, y dije: buen mozo, con barba corta y bigote largo, bien <i>plantao,
+mu fino</i>... en fin, usted.</p>
+
+<p>&mdash;Gracias, prenda. Pues mañana tienes que venir aquí para que te dé otra
+carta.</p>
+
+<p>&mdash;Mire usted que me despiden.</p>
+
+<p>&mdash;Calla, y escucha. Te daré la carta y la dejas sobre un mueble donde
+ella la vea, Si riñe, hemos concluido, y pensaremos otra cosa: si calla,
+ya sabemos a qué atenernos. Tú sírveme bien, y no te importe lo demás.
+Toma, para ti.&mdash;La propina fue respetable.</p>
+
+<p>&mdash;Me <i>paece</i> a mí que me está usted metiendo en un berenjenal. A ver si
+usted se come el queso y yo pierdo el pan.</p>
+
+<p>&mdash;Yo lo remediaría. Otra cosa. Por lo que pueda ocurrir, es indispensable
+que me digas dónde vivís.</p>
+
+<p>&mdash;Bueno, pues mire usted, yo se lo diré a usted en cuanto huela que la
+señorita <i>está por usté</i>; antes no porque me quedo en <i>mitá</i> de la
+calle: luego <i>ustés</i> harán lo que quieran; pero le <i>azvierto</i> a usted
+una cosa, y es que..., la verdad, yo no sé si la señorita el día de
+mañana le pondrá a usted buenos ojos, no la <i>conozgo</i> bastante... y ya
+sabe usted lo que son las señoras...; lo que sé, de seguro, es que tiene
+mucho miedo a la <i>vecindaz</i>, que está llena de amigas y <i>conocías</i> suyas
+por <i>toos laos</i>; en casa no entra <i>dengún</i> señor... y, en fin, que en
+cuanto se asome usted por allí, ha <i>perdío</i> usted el pleito. Como veo
+que es usted una persona decente, no le quiero engañar. ¿Sabe usted lo
+que le digo? Y mire usted, que aquí donde me ve usted tan joven, he
+<i>servío</i> en muchas casas.</p>
+
+<p>&mdash;Habla mujer.</p>
+
+<p>&mdash;Pues que de <i>yevar</i> el gato al agua <i>tié</i> que ser en otro barrio; pero
+<i>mu</i> lejos. Con el <i>caráter</i> y las <i>cercunstancias</i> de mi señorita,
+<i>tié</i> usted que ir a robar lejos, como los gitanos.</p>
+
+<p>&mdash;Puede que tengas razón. En fin, por ahora seguiré tu consejo. Sin
+embargo, a pesar de esto, quiero resueltamente que me digas dónde vivís;
+yo no pareceré por allí, pero necesito saberlo. Y vive tranquila; lo que
+a ti te trae cuenta es estar a bien conmigo. Conque habla, pimpollo.</p>
+
+<p>Julia fingió vacilar, y por fin repuso:</p>
+
+<p>&mdash;Bueno, pues vivimos en la calle de Don Pedro, número 20, la única casa
+que <i>tié</i> jardín con tapias <i>mu</i> altas que dan a otra calleja
+<i>estrechisma</i>. Pero ya le diré yo a usted cuándo <i>tié</i> que <i>dir</i> por
+allí, no vaya usted a ensuciarlo <i>too</i> por <i>pricipitación</i>.</p>
+
+<p>&mdash;Corriente. ¿Vendrás mañana por la carta?</p>
+
+<p>&mdash;Sí: agur, que se va a levantar el ama.</p>
+
+<p>&mdash;Adiós, salerosa. ¿Sabes que me gustas?</p>
+
+<p>&mdash;¿También le gustan a usted las sirvientas? <i>Pa</i> mucha gente quiere
+usted servir a la vez.</p>
+
+<p>La segunda carta fue redactada en estos términos:</p>
+
+<div class="blockquot"><p><i>«Cristeta: No quiero resignarme a que conserves mal recuerdo de
+mí. Es necesario que te explique muchas cosas. Concédeme unos cuantos
+minutos, y no volveré a molestarte nunca. Sé que la única persona a
+quien puedes temer no está en Madrid. Espero con impaciencia un recado o
+dos líneas tuyas. Recibe un respetuoso saludo de</i></p>
+
+<p class="r">J.»</p></div>
+
+<p>Nuevo intervalo de veinticuatro horas, y nueva entrevista de la niñera
+con don Juan al pie de la estatua de Felipe III. ¡Triste cosa, ser rey y
+presenciar alcahueterías!</p>
+
+<p>La mañana, extremadamente fría; lluvia mentidita de calabobos; don Juan
+ojeroso y falto de sueño; la chica burlona, desenfadada y alegre.</p>
+
+<p>&mdash;¿Qué hay?</p>
+
+<p>&mdash;<i>Rigular.</i></p>
+
+<p>&mdash;Explícate.</p>
+
+<p>&mdash;Dejé la carta encima del tocador, entré poco después y la estaba
+leyendo <i>mu</i> seria. En seguida la rompió en pedacitos y la tiró a la
+chimenea, diciendo, como para que yo me hiciese cargo: «Ya se cansará.»
+Después <i>me se</i> quedó mirando <i>clavá</i>, y dijo: «Muchacha, ¿tú te has
+<i>empeñao</i> en irte a servir a otro <i>lao</i>?»</p>
+
+<p>Don Juan hizo un gesto de disgusto: Julia prosiguió.</p>
+
+<p>&mdash;Pero lo que yo me digo: cuando no me ha <i>despedío</i> ya..., es <i>güena</i>
+señal. Y ha de saber usted que no me lo esperaba yo; creí que la
+señorita sería más dura de pelar; pero desengáñese usted..., <i>pa</i> ver
+picardías no hay más que servir a las amas. Crea usted que nosotras nos
+vamos con un hortera o un <i>soldao</i>; pero lo que es las señoras, en
+viendo <i>cabayeros</i>... como si no fueran tales señoras.</p>
+
+<p>&mdash;Tienes razón.</p>
+
+<p>&mdash;Por supuesto que también los hombres son <i>negaos</i>: no lo tome usted a
+mala parte; pero ¿se le figura a usted que el <i>marío</i> de mi ama no está
+<i>dejao</i> de la mano de Dios <i>pa dirse</i> a la Habana <i>ú</i> donde sea,
+mientras ella está tan reguapa que da gloria, y más fresca que una rosa?
+Lo que yo digo: si él está en el <i>otro mundo</i>, ella como si estuviera
+viuda, y las viudas son del diablo.</p>
+
+<p>&mdash;¡Ah! Bueno, y ¿qué hay de eso? ¿Cuándo se casaron?</p>
+
+<p>&mdash;Verá usted: me ha dicho la cocinera, que es la más antigua, que el
+señor es bastante mayor, no viejo, ¿eh?; pero la <i>yeva</i> veinte años, lo
+menos. Se conocieron fuera de Madrid, en un pueblo donde hay mar, ya va
+<i>pa</i> tres años, y el casarse fue por la posta. Vamos, que les entró muy
+fuerte... como a usted ahora.</p>
+
+<p>&mdash;Sigue.</p>
+
+<p>&mdash;Luego, hace tres meses, el señor, que estaba <i>empleao</i> aquí, se ha ido
+a la Habana; dicen que es <i>pa</i> tener no sé qué categoría o señorío, y
+<i>golverse</i> y <i>cobrar</i> más; después, si se muere habiendo <i>estao</i> allí,
+porque él ha <i>estao</i> antes también, pues, si se lo lleva Pateta, le deja
+<i>mu</i> buena orfandad a la señora.</p>
+
+<p>&mdash;Viudedad, mujer, viudedad.</p>
+
+<p>&mdash;¡Ah! <i>me se</i> olvidaba lo mejor. A la cocinera le han dicho que la
+señorita había sido de las que trabajan en el <i>treato</i>.</p>
+
+<p>&mdash;Eso debe de ser una paparrucha. No tiene trazas de cómica. Lo que has
+de averiguar es si tiene unos parientes estanqueros, y si habla de que
+vuelva pronto tu señor.</p>
+
+<p>&mdash;De parientes nunca habla, como si fuera inclusera. El señor <i>tié</i> que
+estar allá un año... le faltan nueve meses. Ingénieselas usted ahora
+mientras él está allá..., en <i>golviendo</i>..., pues, entonces... ya
+¡maldita la falta que le hace usted a ella!</p>
+
+<p>&mdash;Bien, hija, bien. Eres jovencita; pero piensas claro.</p>
+
+<p>&mdash;Lo que la enseñan a una. En fin, yo me tengo que largar. ¿Manda usted
+algo? ¡Ah, <i>me se</i> olvidaba una cosa que <i>l'importa</i> a usted mucho!
+Según la cocinera, el amo es muy bruto... ¡conque, ojo al Cristo!</p>
+
+<p>&mdash;¿Cómo?</p>
+
+<p>&mdash;Que es hombre que gasta malas pulgas, y si se entera de que usted u
+otro <i>cualisisquiera</i> anda buscándole las vueltas <i>pa</i> torearle, pues, a
+la señorita y a usted, <i>ú</i> al que sea, lo hace polvo. El tal señor de
+Martínez es atroz de grosero y de mal <i>hablao</i>.</p>
+
+<p>&mdash;Me tiene sin cuidado. Lo principal es que yo me haga simpático a la
+señorita..., luego..., si viene ya nos las compondremos como podamos.
+Vamos a lo que importa. Mira..., mañana..., no, mejor ahora mismo,
+espera. Vengo prevenido para ver si me ahorro otro madrugón.</p>
+
+<p>Sacó de la petaca una tarjeta, un sobre pequeño y un lápiz; miró en
+torno, y convencido de que la gente que pasaba no era tal que pudiese
+conocerle, hizo ademán de escribir sosteniendo la tarjeta en la mano
+izquierda.</p>
+
+<p>&mdash;Poco cabe ahí&mdash;dijo Julia mirando el pedazo de cartulina&mdash;. ¿<i>Sabusté</i> lo
+que le digo? <i>Póngala</i> usted a la señorita que si no contesta se
+plantifica usted en su casa <i>pa</i> hablar con ella, y apuesto las orejas a
+que, por miedo, contesta. En fin, así sabrá usted si da lumbre, porque
+hasta hoy está usted como alma en pena.</p>
+
+<p>«¡Oh malicia, oh ingenio, hasta en los más humildes resplandeces!»&mdash;pensó
+don Juan y añadió en voz alta:</p>
+
+<p>&mdash;Hablas como un libro.</p>
+
+<p>En seguida escribió estas líneas:</p>
+
+<div class="blockquot"><p><i>«Cristeta: Esto y resuelto a que nos veamos. Si no me contestas,
+si no accedes a ello, pasado mañana, sin falta, me presentaré en tu
+casa. Date por avisada. Perdóname; pero ni puedo ni quiero estar más
+tiempo sin hablarte.</i></p>
+
+<p class="r"><i>Tuyo, Juan.»</i></p></div>
+
+<p>Metió en el sobre la tarjeta, se la dio a Julia, despidiéronse, y ya
+estaban a punto de separarse, cuando él, por precaución para lo
+sucesivo, dijo:</p>
+
+<p>&mdash;Oye, por si yo te necesito o tú tienes algo nuevo que decirme, cada dos
+días por la mañana, a la misma hora de hoy, aquí nos veremos. ¿Vendrás?</p>
+
+<p>&mdash;Bueno, vendré; pero usted las lía de tanto madrugar.</p>
+
+<p>Y cada uno se fue por su camino.</p>
+
+<p>Poco después, don Juan, resuelto a seguir el consejo de Julia, quiso,
+para orientarse, conocer el terreno que acaso habría de pisar, y tomando
+un coche de punto, encargó al simón que pasase despacito por la calle de
+Don Pedro.</p>
+
+<p>Se quedó asombrado. La casa de que Julia le hablara era la de los duques
+de Barbacana, una de las más antiguas y señoriales de Madrid, un
+edificio de mediados del siglo XVIII, caserón destartalado, con honores
+de palacio, formando esquina con una calleja inmediata y rodeado de
+altas tapias, tras las cuales se alzaban unas cuantas acacias. «No cabe
+duda&mdash;se dijo&mdash;, la casa de los de Barbacana. Pues les costará carísimo.
+¿Con quién se habrá casado esa mujer? ¿Qué señor Martínez será ese? ¿A
+que está nadando en la opulencia y resulta inútil cuanto yo intente?»</p>
+
+<p>Al tornar hacia el centro de Madrid, llevaba la cabeza llena de dudas,
+conjeturas y suposiciones. La vista de aquella fachada con grandes
+huecos, el portal enarenado y lleno de tiestos, el arranque de la
+escalera alfombrada, el farolón monumental y, sobre todo, la grave
+figura del portero augustamente envuelto en un levitón con cada botón
+como un platillo, y con gorra de cinta blasonada, aquel conjunto de
+señorío rancio y fortuna segura, le dejó estupefacto. «¡Qué barbaridad!
+Pues aunque los duques vivan en el principal y alquilen el segundo y sea
+interior, lo menos... ¡qué sé yo cuánto! ¿Se habrá casado con el
+administrador y les darán casa? No, porque no estaría él en América.»</p>
+
+<p>Don Juan empezó a creer que la situación se complicaba. Cristeta debía
+de estar rica, y no necesitaría para nada de su antiguo amante; además,
+era mujer capaz de entregarse, pero incapaz de venderse; por último,
+también pudiera suceder que estuviese enamorada de su marido. Al
+ocurrírsele esta idea frunció el entrecejo, y pasándose la mano por la
+frente, pensó: «¿Enamorada del otro? ¡Imposible! Pero... ¿y a mí qué?
+Mejor. Lo esencial es que se ha puesto hermosísima, mucho más guapa que
+antes. En fin, tengo ese capricho y me da la gana. Ha engordado...,
+antes tenía el pecho como de ninfa jovencilla, hoy debe de tenerlo como
+la diosa de la abundancia. ¡Me da una ira pensar que el burro de
+Martínez!... No es que yo me arrepienta; pero la verdad es que anduve
+algo precipitado en dejarla.»</p>
+
+<p>Evocando recuerdos se le vinieron a la imaginación muchas cosas. Ninguna
+mujer poseyó que fuese tan cariñosa. ¡Qué modo de echarle al cuello los
+brazos! ¡Pues y aquella lánguida monería con que se le ceñía al cuerpo,
+posando la gentil cabeza sobre su hombro! Sin saber cómo, se le caían
+las horquillas, y el pelo suelto, rizoso y perfumado le rozaba la
+frente. Lo particular era que la sensualidad, la parte grosera del amor,
+permanecía en ella velada por un pudor admirable. Jamás habló de
+resistencia, ni de perdición, ni echó en cara lo que daba, ni tuvo
+miedo, ni alardeó de doncellez. Se dejó poseer con prodigiosa
+naturalidad, como quien tiene sed y bebe agua, pareciéndole que la
+entrega de su cuerpo era lógica, fatal e ineludible consecuencia de
+haber sometido el alma. ¡Qué momentos tan dulces! La verdad es que todo
+el mundo se ríe de estas cosas cuando las ve escritas; pero cuando las
+trae uno mismo a la propia memoria, parece que saltan chispas de los
+nervios y que ruedan lagrimones por las mejillas. Lo inolvidable para
+don Juan era el modo que Cristeta tenía de besarle. A la llegada, un
+beso repentino, brusco y rápido; el desahogo de la impaciencia. Luego,
+según el momento y la situación de ánimo, variedad infinita; todo un
+curso espontáneo de filosofía sentimental. Si le veía triste, besos de
+cariño dulces y desinteresados, como caricias aniñadas. Si estaba
+contento, besos juguetones y mimosos, algo lentos. Cuando quería
+marcharse, besos prietos y tercos, en que la húmeda tersura de los
+labios palpitaba con deliciosa laxitud, queriendo sorberle el alma. Nada
+de grosería ni lujuria. Estos besos eran el maravilloso límite que
+separa lo físico de lo inmaterial. Las bocas se unían como si tuvieran
+vida propia, e independiente del resto del cuerpo. La confusión de los
+alientos era símbolo del maridaje de las almas. ¿Quién ha dicho que esto
+es pecaminoso? Si Dios ha desparramado en los labios, con infinito arte,
+las papilas nerviosas que perciben y sutilizan la sensibilidad, y no
+sirven para besar, entonces, ¿para qué sirven? El principal encanto de
+las caricias de Cristeta consistía en que no permitían precisar dónde
+acababa el amor puro y dónde empezaba la sensualidad. Tenía los enlaces
+perezosos y movimientos lánguidos con que ciertos animales mitológicos,
+mitad mujeres, mitad serpientes, se ciñen a los troncos de árbol; pero
+al mismo tiempo sus miradas permanecían limpias y exentas de lascivia.
+El cuerpo era blanco, no con la blancura mate, yesosa y seca de la
+gardenia, ni con el tono marfilesco sucio de la magnolia, sino
+ligeramente carminoso como el de una rosa blanca que tuviera pudor y se
+ruborizase. En punto a modales no era una duquesa de tiempo de Luis XV,
+mas poseía en grado superlativo esa aptitud femenina, merced a la cual
+la muchacha que por primera vez se enrosca al cuello un collar de
+perlas, parece que las ha llevado toda la vida. «Bueno&mdash;todo esto lo
+pensaba don Juan&mdash;; pues dé usted a una mujer así trapos, galas, joyas,
+ropas interiores finísimas, casa lujosa, criados, perfumes, blondas,
+muebles cómodos, lámparas que adormezcan la luz... y ¡a morir los
+caballeros! A pesar de todo lo cual, Cristeta ha venido a parar en
+esposa de un señor Martínez. ¿Quién será él...? empleado en Cuba..., no
+quisiera pensar mal; pero probablemente un ladrón..., es decir, un
+hombre sin delicadeza. Ella, juzgándose perdida ¡por culpa mía!, habrá
+transigido; no puede ser feliz. Un hombre que la deja sola por sumar
+años de servicios y adquirir categoría, es un bestia.» Había momentos en
+que don Juan se ponía malo a fuerza de recordar, discurrir, esperanzarse
+y darse a los diablos.</p>
+
+<p>Al día siguiente de haber confiado a Julia la tarjeta escrita con lápiz,
+recibió una carta. El papel, finísimo, pliego pequeño, algo perfumado,
+sin cifra ni sello: la letra desfigurada y temblorosa, no decía más que
+esto:</p>
+
+<div class="blockquot"><p><i>«Tú lo as querido. No tienes derecho de comprometer con tantas
+imprudencias a una pobre mujer que ningún daño te a causado. Mañana, por
+única vez, para despedirnos, a las ocho de la mañana en la Moncloa,
+entrando por la parte de la Bombilla iré en coche y por la Birgen rompe
+este papel.</i></p>
+
+<p class="r">C.»</p></div>
+
+<p class="puntos">*<br />* *</p>
+
+<p>¡Dios santo, qué noche! Averiguó, porque no lo sabía, hacia dónde estaba
+la Bombilla, ajustó y citó un carruaje para las seis y media de la
+mañana, pensando en tener, si éste faltaba, tiempo de buscar otro;
+estuvo leyendo, sin enterarse, hasta las dos; intentó dormir, no pudo, y
+desconfiando de que le despertasen oportunamente, se levantó antes de
+que amaneciese. A las siete en punto tenía la capa puesta.</p>
+
+<p>Poco después se apeaba ante la ermita de San Antonio de la Florida, y
+deseoso de que nadie fuese testigo de lo que ocurriera, dijo al cochero
+que le aguardase, y se internó andando por las alamedas de la Moncloa.</p>
+
+<p>La mañana estaba fría, el paseo triste y solitario. Hacia el fondo, en
+la lejanía del paisaje, visto a trozos entre grupos de troncos, la
+niebla, aún no disipada por el sol pálido y débil, formaba un tenue velo
+gris, sobre el cual destacaban los intrincados arabescos del ramaje
+seco, los cipreses, cuyo vértice mecía el aire, y las apretadas copas de
+los pinos. Una nubecilla brumosa pegada al suelo marcaba el sitio de un
+estanque terso como un espejo negro. En los sitios sombríos la escarcha,
+no derretida todavía, brillaba como polvo diamantino sobre el musgo
+aterciopelado. Las hojas caídas, secas y abarquilladas, se arremolinaban
+al menor soplo del viento en torno de los hoyos y socavas. A los lados
+de las alamedas, en las cunetas del riego, había charquitos de agua
+helada. De largo en largo se retorcían en la atmósfera las espirales
+azuladas que formaba el humo de las hoguerillas encendidas por los
+guardas. El silencio era tan completo que hasta se percibía el aleteo de
+los pájaros al desprenderse de las temblorosas ramas, y de cuando en
+cuando, a gran distancia, sonaba el silbato de una locomotora, o el
+rechinar de las ruedas de algún carro que pasaba por el camino del
+Pardo.</p>
+
+<p>Don Juan andaba despacio, pisando hojarasca, que crujía bajo sus pies
+como quejándose. Aguijoneado por la impaciencia se desembozaba
+frecuentemente para mirar el reloj; y pareciéndole que las manecillas
+estaban inmóviles, se lo aplicaba al oído. De pronto se detenía, y
+volviendo pies atrás, desandaba parte de lo andado; parábase de nuevo,
+ávido de oír el acercarse de algún coche..., y nada.</p>
+
+<p>¿Sería posible que no viniese? ¿Habría sido capaz de citarle sólo por
+dar largas al asunto? ¿Acaso para exasperarle? Si tal sucediera, él se
+tendría la culpa por la amenaza de plantarse en su casa. Para una mujer
+casada el lance podía resultar comprometido. Sin embargo, como su marido
+estaba tan lejos... También para él era..., no enojosa, sino delicada la
+entrevista. ¿Cómo no pensó antes en esto? ¿Qué iba a decir para
+disculparse de la infamia pasada? ¿Por dónde iba a comenzar? ¿Qué
+táctica seguiría? Si aquella mujer por él inicuamente...&mdash;no cabía
+negarlo, inicuamente seducida y abandonada&mdash;, encontró después un hombre,
+un filósofo que, mediante matrimonio, o fuese como fuese, aseguró su
+porvenir, ¿con qué derecho iba él a turbar su reposo? Si le dijese, que
+ciertamente se lo diría: «yo no tengo la culpa», ¿qué contestaría?
+Además, ¿qué iba a solicitar? ¿Amor platónico? ¡Absurdo! El amor
+platónico es la falsa resignación de los que no pueden besarse. Cuando
+una mujer y un hombre se han devorado a caricias, ya no hay platonismo
+posible. ¿Volver a las andadas? ¿Para qué? ¿Para cansarse al cabo de un
+par de meses, sentir el mismo hastío de la vez primera, y portarse de
+nuevo como un charrán?</p>
+
+<p>No estaba seguro de poder reanudar el idilio, y ya entreveía la
+contingencia de tener que romperlo. Sin embargo, ni por un momento se le
+ocurrió la idea de salirse fuera del paseo y volverse a casa,
+renunciando a la cita. Sólo la idea de mirar a Cristeta cerca de sí, de
+contemplar su hermosura y oír el timbre de su voz, bastaba para que
+olvidase todo lo demás. Lo peor que le podía ocurrir era quedar en
+ridículo. ¿En ridículo él? ¡Imposible! La escena tomaría sin duda tono
+romántico, al menos al principio. Después... según. Su papel era rogar
+mucho, mostrándose arrepentido, en pocas y bien sentidas palabras. Ella
+se negaría rotundamente.... ¡pero le oiría! Tal vez trajese el ánimo
+dispuesto a concesiones. ¿Cuáles? ¿Citarle nuevamente? ¿Dónde ni con qué
+objeto? ¿Para entregársele renovando en perjuicio de otro las venturas
+pasadas? Don Juan lo deseaba... y lo temía. Reconquistarla, estrecharla
+contra su pecho, volverla loca..., bueno; pero arriesgarse a tener algún
+día que esconderse cobardemente, ¡eso no! por muy bravo que fuese el
+señor Martínez. En el momento en que ella, casada o libre, accediese a
+la consumación del engaño, ya fuese real y positivamente adúltera, ya
+tan sólo traidora, dejaría de ser la mujer que le agradaba; seguiría
+siendo hermosa...; pero le parecería falsa, viciosa, vulgar. Suponiendo
+que se <i>arreglaran</i>, palabra vil en este sentido, ¿cómo ponerse de
+acuerdo? ¿Pertenecía legítimamente a otro? Pues habría que andar a salto
+de mata, recatándose, escondiéndose. Cuando el marido volviese, la
+humillación sería completa. Lo raro, el síntoma grave, consistía en que
+otras veces no paró mientes ante la perspectiva del placer robado, y
+ahora sí. ¡Ruin cosa sería verse obligado a guardar respetos a un
+marido! Por supuesto que si no estuviera realmente casada ¡ah!,
+entonces, aun transigiría menos. Ocultarse de un legítimo esposo..., tal
+vez; pero de un simple poseedor, ¡jamás! No había que perder la
+esperanza. En el mero hecho de citarle... ¡Tendría chiste que no
+viniese! Pero sí; un coche se acerca; su berlina.</p>
+
+<p>Efectivamente; el carruaje avanzaba de prisa por el centro del paseo.
+Don Juan se hizo a un lado, ocultándose tras el grueso tronco de un
+álamo. Cristeta, que le había visto desde lejos, mandó parar, y se apeó.</p>
+
+<p>Por su figura y traje venía primorosa. Llevaba falda lisa de paño gris,
+formando grandes pliegues, corta para lucir los pies, calzados con
+medias negras y zapatitos a la francesa, abrigo muy oscuro, ceñido al
+talle con cordones de seda que pendían hasta el suelo, y forro de felpa
+roja que se descubría a cada paso; sombrerillo de terciopelo ceniciento
+con velito y lazos encarnados; cuello largo de piel que culebreaba sobre
+el pecho, y manguito. Tenía la tez algo carminosa, como excitada por el
+aire fresco de la mañana; los ojos acusando insomnio y llanto,
+contorneados de un livor apenas perceptible; el garbo, la esbeltez, la
+manera de andar, eran una delicia.</p>
+
+<p>No estaba todavía lo bastante cerca de don Juan para que pudiera
+desmenuzarla con los ojos, pero la presintió; el corazón le brincaba
+dentro del pecho como pájaro inquieto en jaula estrecha. Un hombre
+ducho, corrido y experimentado en tales lances, ¡temblar de aquel modo,
+ni más ni menos que un estudiantillo! ¡Qué vergüenza!</p>
+
+<p>El coche dio la vuelta y quedó parado. Ella cruzó ante el árbol tras el
+que don Juan estaba escondido y pasó de largo; él, entonces, salió,
+llamándola en voz baja:</p>
+
+<p>&mdash;¡Cristeta, Cristeta mía!</p>
+
+<p>Sin detenerse, repuso:</p>
+
+<p>&mdash;Anda... anda hasta que perdamos de vista el coche.</p>
+
+<p>Uno tras otro, a veinte pasos de distancia, siguieron cosa de cien
+metros, internándose luego hacia la derecha en los jardinillos donde hay
+una plazoleta con macizos de boj y bancos de piedra en torno de una
+fuente. Allí se detuvo Cristeta, y volviéndose, aguardó al galán; éste
+avanzó rápidamente, al llegar junto a ella se desembozó, y mirándola con
+ternura, sin desplegar los labios, le tendió las manos. Ella no sacó las
+suyas del manguito, y bajando los párpados quedó silenciosa, impasible e
+inmóvil, como deidad que se dignase escuchar a un mortal. Viéndola don
+Juan en actitud tan indiferente y desdeñosa se amilanó por completo.
+Cristeta, después de complacerse unos segundos en saborear aquella
+turbación, dijo fríamente:</p>
+
+<p>&mdash;Aquí me tienes.</p>
+
+<p>&mdash;¡Cuánto te agradezco... vida mía!</p>
+
+<p>&mdash;No, Juan, tuya no. He venido y he hecho mal, lo sé; ahora lo siento.
+Pero quería suplicarte de rodillas, exigirte, si es necesario, que no
+vuelvas a pensar en mí.</p>
+
+<p>&mdash;¡Imposible!</p>
+
+<p>&mdash;¡Calla! No sabes lo que te dices. En ti sería una locura, en mí una
+infamia.</p>
+
+<p>Don Juan, sin dejarla seguir, preguntó dolorosamente:</p>
+
+<p>&mdash;¿Luego estás casada?</p>
+
+<p>Cristeta, en vez de contestar categóricamente, dejó caer los brazos
+rectos a lo largo del cuerpo, con ademán de profunda resignación, y sin
+desplegar los labios inclinó la cabeza sobre el pecho.</p>
+
+<p>Entonces él exclamó:</p>
+
+<p>&mdash;¡Mentira parece que hayas tenido valor!</p>
+
+<p>&mdash;No tienes derecho a reconvenirme. Te gusté, era libre, y además tonta:
+te creí... ¿qué había de suceder? Después me abandonaste sin el más leve
+motivo de queja.</p>
+
+<p>Al llegar aquí, don Juan creyó notar que los ojos de Cristeta brillaban
+humedecidos en llanto, y que su voz acusaba profunda turbación de
+espíritu.</p>
+
+<p>En cuanto a él, no sabía cómo disculparse para salir del paso.</p>
+
+<p>&mdash;Mi situación... aquel maldito negocio...&mdash;dijo apartando la mirada.</p>
+
+<p>&mdash;Todo mentira; ya lo sé. Me dejaste a sangre fría, con una perfidia
+inconcebible... Ahora... ¡tú lo has querido! Nada puede haber entre
+nosotros.</p>
+
+<p>Estaban solos; no había en torno paseantes, jardineros ni guardas;
+nadie. Don Juan hizo ademán de querer sentarse en un banco, y miró a
+Cristeta para que también lo hiciese; mas ella movió la cabeza negando,
+y aproximándose a la fuente, se apoyó de espalda en los sillares del
+pilón.</p>
+
+<p>Los tibios rayos del sol, que ya iban haciendo jirones en la niebla,
+comenzaron a reverberar en la limpia superficie del agua, sobre la cual
+caía con rumor unísono y constante el chorrito del surtidor. De cuando
+en cuando venía una hoja seca revoloteando por el aire, como mariposa de
+oro, hasta quedar presa entre los pliegues de la falda de Cristeta,
+quien distraída, casi maquinalmente, la tomaba con las puntas de los
+dedos, dejándola sobre el haz del agua.</p>
+
+<p>Viendo don Juan que no quería sentarse, permaneció en pie frente a ella
+sin atreverse a proferir palabra. Cristeta tornó al pasado juego de
+bajar la cabeza para evitar encuentro de miradas, hasta que pasados unos
+cuantos segundos, tendió con desconfianza la vista en torno, y dijo:</p>
+
+<p>&mdash;Déjame, ingrato, déjame que me vaya... esto es una locura.&mdash;Y
+apartándose de la fuente, anduvo algunos pasos.</p>
+
+<p>&mdash;¡No, por Dios!&mdash;exclamó él suplicante&mdash;. Tenemos mucho que hablar. No
+puedo seguir así; ¿cómo quieres que me resigne a perderte?</p>
+
+<p>&mdash;¡Qué remedio! Juan, piénsalo; ni yo soy mujer capaz de cometer una
+infamia, ni tú transigirías con ciertas cosas...</p>
+
+<p>&mdash;¡Eso jamás!</p>
+
+<p>&mdash;Entonces... ¡ya lo ves! Adiós, Juan. ¡Bien sabe Dios que la culpa no es
+mía!</p>
+
+<p>&mdash;No me has querido nunca.</p>
+
+<p>&mdash;¡Qué sabes tú lo que es querer! Sí, con toda mi alma... es decir, te
+quise cuando podía quererte.</p>
+
+<p>&mdash;No me hubieras olvidado tan pronto.</p>
+
+<p>&mdash;¿Merecías otra cosa? En fin, ni tú debes hablar más, ni yo escucharte.
+He venido, ¿qué se yo?, por debilidad, por miedo a que tuvieras el
+atrevimiento de plantarte en mi casa.</p>
+
+<p>&mdash;Estaba resuelto.</p>
+
+<p>&mdash;Pues si es verdad que me has querido, que aún me quieres,
+demuéstramelo... dejándome vivir tranquila y no te guardaré rencor, es
+más, te lo agradeceré con toda mi alma.</p>
+
+<p>&mdash;Calla, eso no se le dice a un hombre como yo. ¿Crees que pueden quedar
+así las cosas?</p>
+
+<p>&mdash;No te forjes ilusiones: aquello acabó para siempre. Ya que no supiste
+quererme, veremos si sabes respetarme. Adiós, adiós, Juan, que se hace
+tarde y puede venir gente.</p>
+
+<p>Esto dijo con la voz penosamente entrecortada y los ojos nublados de las
+mal contenidas lágrimas.</p>
+
+<p>Don Juan concibió, sin embargo, alguna esperanza. Indudablemente,
+aquella mujer había ido decidida a darlo todo por concluido; pero sus
+miradas, su turbación, el constante aludir a lo pasado, como echándolo
+de menos, indicaban que le costaba gran pena resignarse.</p>
+
+<p>&mdash;Mira, Cristeta&mdash;dijo bajando los ojos, al modo de quien hace una
+confesión vergonzosa&mdash;, tienes razón. Mi conducta... tú no sabes lo que
+es la vida de un hombre... estaba en circunstancias excepcionales...
+podré haberme portado mal... pero caro lo estoy pagando.</p>
+
+<p>&mdash;Y ahora que no tiene remedio&mdash;le interrumpió ella con un mohín
+delicioso&mdash;es cuando caes en la cuenta.</p>
+
+<p>&mdash;¡Si me quisieses de veras!</p>
+
+<p>&mdash;¡No sueñes! Nuestras relaciones fueron antes un juego peligroso en que
+yo salí perdiendo. Hoy, en cuanto a mí, serían un crimen, y por parte
+tuya una vileza. Concluiríamos aborreciéndonos.</p>
+
+<p>&mdash;Bueno, como quieras, puede que tengas razón; pero yo no me conformo.
+¡Qué impresión me causó encontrarte! ¡Cuánto me has hecho soñar! Ahora,
+ahora es cuando te adoro. ¡Idea, imagina, propón un medio, un recurso!
+Soy capaz...</p>
+
+<p>&mdash;¿De qué? No hables más, que me ofendes.</p>
+
+<p>Don Juan miró rápidamente a todos lados, vio que nadie podía
+sorprenderles, y alargando los brazos, intentó coger las manos a
+Cristeta; mas ella, echándose hacia atrás, las esquivó temblorosa,
+exclamando:</p>
+
+<p>&mdash;¡No! ¡No me toques!... Adiós, adiós.</p>
+
+<p>Y al decir esto, se apartó muy despacio.</p>
+
+<p>Entonces, envalentonado él por la soledad y aún mas por la emoción que
+el semblante de Cristeta revelaba, la alcanzó, cogiéndola por una manga
+del abrigo, al mismo tiempo que con voz trémula e intención resuelta,
+decía:</p>
+
+<p>&mdash;¡No te irás! Tú no puedes ser de nadie más que mía. ¿Entiendes? ¡Mía o
+de nadie!</p>
+
+<p>&mdash;Te digo que me dejes. ¡No eres caballero!</p>
+
+<p>&mdash;Aquí no hay caballero que valga; no hay más que un hombre que te
+quiere, que tiene derecho...</p>
+
+<p>&mdash;¡Calla, o me marcho!</p>
+
+<p>&mdash;¡Me oirás! ¿Conque has tenido valor de engañar a un pobre hombre y
+ahora quieres sentar plaza de virtud arisca? ¡Es tarde!</p>
+
+<p>Aun pareciéndole a Cristeta dura y grosera la frase, se alegró de oírla,
+porque la energía con que don Juan la dijo denotaba sinceridad. Ningún
+halago de los que recibiera en otro tiempo fue tan de su gusto como
+aquel espontáneo arranque de despecho.</p>
+
+<p>&mdash;Me abandonaste&mdash;replicó&mdash;, y lo que se tira por la ventana es de quien
+primero lo recoge.</p>
+
+<p>&mdash;Eso será si yo lo consiento. ¡Buscaré a ese hombre...!</p>
+
+<p>&mdash;¡No, por Dios!</p>
+
+<p>&mdash;Pues prométeme que...&mdash;y no siguió.</p>
+
+<p>&mdash;¿Ves? No puedes decirlo. ¿Qué he de prometer?</p>
+
+<p>&mdash;Quiero verte..., nada más que verte alguna vez. ¡Mira que estoy
+dispuesto a todo!</p>
+
+<p>Deseando ella cortar la entrevista, fingió ceder, y dirigiéndose hacia
+el sitio donde el coche la esperaba, echó a andar diciendo:</p>
+
+<p>&mdash;Bueno..., ahora déjame..., procuraré que nos veamos, cuando pueda
+ser..., pero tú mismo te persuadirás de que no debemos..., sería indigno
+de nosotros...; por piedad, déjame marchar, que es tarde.</p>
+
+<p>Don Juan insistió:</p>
+
+<p>&mdash;Pues dime que nos veremos. ¿Dónde? ¿Cuándo? ¡Cristeta, tú no sabes cómo
+estoy!</p>
+
+<p>&mdash;Una vez..., te lo prometo...; quédate aquí, no me acompañes más..., y
+luego ten prudencia y no me sigas.</p>
+
+<p>&mdash;Te obedeceré..., lo que tú quieras...; pero júrame que nos veremos
+pronto, que no me has olvidado por completo.&mdash;Y con mezcla de solemnidad
+y enternecimiento, añadió, clavando en ella sus expresivos ojos&mdash;:
+¡Cristeta..., júramelo..., por tu hijo!</p>
+
+<p>&mdash;Bien; te lo juro por el niño, y ten prudencia, por la Virgen del
+Carmen.</p>
+
+<p>Corrió hacia el coche, y don Juan se quedó mirándola embelesado.</p>
+
+<p>Al arrancar la berlina se asomó a la ventanilla fingiendo que se
+incorporaba para acomodarse en el asiento. Un instante después, mientras
+el carruaje corría camino de Madrid, no pudo contener la risa pensando:
+«Pobrecito niño... ¡jurar en falso! ¡Válgame María Santísima!... aunque
+no es mío, no quisiera que le sucediese cosa mala. ¡Angelito de su
+madre!»</p>
+
+<p>Don Juan, loco de contento, dio la vuelta hacia San Antonio, diciéndose
+mentalmente: «Es indudable que se ha casado por despecho; todavía me
+quiere..., ha consentido en que nos veamos, lo ha jurado por su hijo,
+¡pobrecilla!, y después ha dicho 'prudencia', es decir, todo se
+arreglará. El arreglo corre de mi cuenta. La cosa no es tan fácil como
+parece. Vamos a cuentas. Aunque no se parece a ninguna otra, al fin es
+mujer. Está casada, y, sin embargo, ha consentido en que nos viéramos...
+luego es mía... en espíritu. El tiempo hará lo demás. Lo imposible,
+inútil y absurdo, dadas las circunstancias, sería repetir las citas al
+aire libre. Una vez, pase, por lo que tiene de poético. ¡Ya lo creo que
+tiene poesía! La mañana, la niebla, el miedo, el misterio, ¡hasta el
+sitio...! Aquí venían con sus amantes las damas de tiempo de Carlos IV;
+en este palacio de la Moncloa debían de tener sus citas Godoy y María
+Luisa. ¡Cuántas picardías habrán visto esos merenderos! ¡Si pudiese
+hablar esa ropa que hay tendida! ¡Pobre Manzanares, cuánta burla le han
+hecho!; <i>arroyo aprendiz de río</i>, dijo Quevedo; <i>río con mal de piedra</i>,
+le llamó Lope... ¡Si hubiese por aquí una casita decente! Pero ¡quiá!,
+no es mujer que se deje llevar a cualquier parte. De amigas no querrá
+fiarse, y hará bien. Tengo observado que cuando una mujer le presta a
+otra su casa, concluye por robarle el amante. Si consintiera en venir a
+mi casa, sería lo mejor. ¿Qué tiene de particular que una señora entre a
+cualquier hora del día en un portal de la calle de las Infantas? Nada.
+¡Si fuese en sitio apartado, en barrio sospechoso! Cuanto más céntrica y
+frecuentada es una calle menos se escama la gente de ver a un hombre
+parado con una señora o acompañándola; lo que huele a pecado es
+encontrarse una pareja fuera de puertas o por calles extraviadas. Sólo
+el hecho de haberme citado en la Moncloa demuestra que esta pobre chica
+no tiene experiencia ni pizca de malicia. ¡Está monísima! Ahora, ahora
+que no está en Madrid el bestia de su marido, es cuando tengo que
+domesticarla. Y ha de ser en mi casita. ¡Venus a domicilio! ¡Vaya si
+vendrá! La verdad es que lo más cómodo es que ellas vengan a verle a
+uno. ¡Y cómo les gusta! Se hacen la ilusión de que se truecan los sexos
+y arrostran el peligro con más valor que nosotros... Me acuerdo de
+aquella que me decía sentada en el sillón de mí despacho: «Un día vas a
+poner en el balcón una muestra con un letrero que diga MODAS, para que
+yo me asome impunemente o para que me traiga mi marido hasta la puerta.»
+Cristeta no es capaz de semejante desvergüenza, pero vendrá. Esto es lo
+primero que hay que procurar. Si no quiere, buscaremos otro medio.»</p>
+
+<p class="puntos">*<br />* *</p>
+
+<p>Aquel mismo día por la noche Cristeta mandó recado a don Quintín
+rogándole que fuese a verla. Obedeció el vejete, y hablaron largo y
+tendido. La sobrina dio encargos e instrucciones; el tío, por la cuenta
+que le tenía, prometió obedecer.</p>
+
+<p>Fue conferencia importantísima, pero secreta; semejante a esos consejos
+de ministros en que se tratan cosas graves, que sólo andando el tiempo
+se descubren.</p>
+
+
+
+<h3><a name="Capitulo_XVII" id="Capitulo_XVII"></a>Capítulo XVII</h3>
+
+<p>Donde el zorro se forja la ilusión de que la gallina puede venir a
+entregársele</p>
+
+
+<p>Tanto se envalentonó don Juan a consecuencia de la entrevista en la
+Moncloa que, por conducto de Julia, envió a su hermosa deseada la carta
+siguiente:</p>
+
+<div class="blockquot"><p><i>«Cristeta de mi vida: No renuncio a que hablemos en lugar
+seguro. Tu marido está muy lejos de Madrid, y nada tiene de particular
+que una señora pase a cualquier hora del día por esta calle. Aquí en mi
+casa te aguardo mañana a las tres. No hay ni puede haber lugar más
+seguro. En lo porvenir acaso esto fuese imprudente: ahora no. Ven sin
+miedo. No tendrás necesidad de llamar porque estaré solo y al cuidado
+para recibirte, y al salir hallarás en la puerta un coche que te llevará
+hasta donde quieras. ¿Vendrás? Me dice el corazón que sí, y por
+supuesto, te doy palabra de honor de que no haré nada, absolutamente
+nada que pueda enojarte. Vienes a casa de un caballero. Te he querido,
+te quiero, y haré los imposibles por demostrarte que estoy resuelto a
+poner remedio a tan dolorosa y difícil situación. Piensa que vas a
+decidir de los dos para siempre y ven sin miedo y quema este papel. Por
+Dios, no faltes. Tuyo siempre,</i></p>
+
+<p class="r"><i>Juan</i></p>
+
+<p><i>Infantas, 80 duplicado, entresuelo.»</i></p></div>
+
+<p>Luego de enviada la carta, cayó en la cuenta de que tal vez fuese
+demasiado expresiva y comprometedora; pero tal era la exaltación de su
+ánimo, que se dijo: «No importa; hoy por hoy no hay peligro y aunque
+estuviese aquí el marido, haría lo mismo. Lo esencial es que ella venga,
+y vendrá.»</p>
+
+<p>Aquella noche durmió mal, tras madrugar mucho, almorzó sin gana y se
+vistió como quien pretende agradar.</p>
+
+<p>Sobre la chimenea del despacho colocó dos jarroncillos llenos de flores;
+en seguida, por si era curiosa y le revolvía los papeles, como habían
+hecho otras, escondió varias cartas en una sombrerera vieja, arrojándola
+encima de un armario, y quitó de la vista dos retratos de antiguas
+conocidas y otro de una cómica fotografiada en ademán provocativo. En un
+veladorcito puso un sortijero con alfileres, horquillas, agujas,
+imperdibles y un gran frasco de agua de Colonia sin destapar, con su
+caperuza de pergamino y sus cordones de colores. Pero, de allí a poco,
+pensándolo mejor, e imaginando que aquello, además de estar en
+contradicción con su carta, denotaba práctica de libertino a sangre
+fría, solamente dejó el perfume y las flores.</p>
+
+<p>Según las manecillas del reloj iban avanzando despacito, comenzó a
+recapacitar si todo estaba dispuesto y en su punto. Nada ni nadie podría
+turbarles. Los criados fueron alejados engañosamente, y la portera
+advertida de que sólo dejase subir a la señora que había de llegar a las
+tres.</p>
+
+<p>Comenzó don Juan a dar paseos por el cuarto, y cada vez que llegaba
+hasta la puerta de la escalera, aguzaba el oído, esforzándose en
+distinguir y diferenciar los pasos de las gentes que subían... Los
+peldaños crujen... ¡no es ella!; debe de ser una mujer muy gorda; luego
+un chico que baja de estampía; después la pausada y ruidosa ascensión
+del... De pronto sonó un campanillazo; tornó de puntillas hasta la
+puerta, descorrió con gran tiento el ventanillo, y por una rendija
+imperceptible, conteniendo la respiración, miró. Era un amigo: la
+portera se había descuidado. Otro campanillazo, dos más, el último a la
+desesperada, mucho más fuerte... y el inoportuno bajó lentamente la
+escalera como quien da tiempo a que abran y le llamen.</p>
+
+<p>Las tres menos diez. Hasta las flores, mal puestas en los búcaros,
+caídas y doblados los tallos, parecían cansadas de esperar. Silencio
+completo. De repente don Juan se dirige hacia la alcoba, porque más allá
+del hueco que la separa del despacho, se ve la cama cubierta de un rico
+paño japonés.</p>
+
+<p>«Esto está mal; no debe verse tanto» pensó, y desplegando un biombo de
+telas antiguas, ocultó el lecho, del cual sólo quedaron visibles las
+almohadas, blancas, limpísimas, aún cuadriculadas por los dobleces del
+planchado.</p>
+
+<p>Al pasar ante un espejo se miró un instante y sonrió satisfecho. Tenía
+la barba sedosa y muy cuidada; los ojos algo tristes, como de quien
+espera una dicha, desconfiando lograrla porque no cree merecerla... El
+gozo, la alegría, serán luego, cuando ella entre, porque no ha de
+faltar. El marido no está en Madrid, el sitio es seguro, la impunidad
+completa. Por otra parte, él se ha resignado de antemano a portarse como
+caballero, a estar casi platónico para inspirar confianza. Lo demás
+vendrá con el tiempo.</p>
+
+<p>De cuatro miradas examinó el cuarto y le pareció que no estaba mal.
+Alejando toda sospecha de ocio y frivolidad, había sobre una mesa varios
+libros con señales interpoladas entre las hojas, y páginas dobladas. En
+un testero de pared, llenando un hueco entre dos cuadros, se veían
+brillar dos espadas de duelo que representaban la dignidad y el valor.
+La alfombra no tenía motas, ni manchas de ceniza de cigarro; ni un átomo
+de polvo empañaba los muebles.</p>
+
+<p>¡Menos cinco! Se dirigió al balcón, y apoyando la frente contra el
+vidrio, miró hacia la calle que enfilaba con el portal, por donde ella
+probablemente vendría. Así permaneció un rato, que se le antojó muy
+largo; mas al consultar de nuevo el reloj, vio que apenas se había
+movido el minutero.</p>
+
+<p>«Es difícil que una señora sea puntual; ¡tardan tanto en emperejilarse!»</p>
+
+<p>Quiso distraerse leyendo periódicos; pero su imaginación tomó rumbo
+hacia Cristeta y comenzó a fingírsela presente deleitándose en ella
+igual que si la tuviese ante los ojos. Ensimismado y desprendido de
+cuanto le rodeaba, creyó verla mientras en su casa se vestía, desazonada
+y trémula, engalanándose con premeditación para venir a rendírsele. ¡Oh
+portentosa fuerza de abstracción! ¡Oh bienhechora potencia imaginativa!,
+¡sed benditas, porque dais al hombre la visión de la dicha deseada
+cuando aún la tiene lejos... cuando acaso jamás ha de llegar!...</p>
+
+<p class="puntos">*<br />* *</p>
+
+<p>No, no es visión, es realidad; no imagina verla, sino que la está
+mirando.</p>
+
+<p>Su tocador, ni grande ni lujoso, respira limpieza y elegancia. Cristeta,
+en pie, frente al espejo, pincha en el rodete rubio la última horquilla,
+y con la yema de los dedos se arregla los ensortijados ricillos de la
+nuca. Estremecida de pudor y de frío, se quita la bata y la tira sobre
+un sofá. Las ropas interiores son finísimas; están adornadas de
+estrechas cintas de tonos pálidos, y trascienden suavemente a verbena.
+Las medias son negras, como exige la impúdica perversión de la moda; las
+ligas, de color de rosa. Ya se calza los bien formados pies. Ahora se
+pone el corsé, lleno de vistosos pespuntes, y encima el cuerpo de suave
+batista para no ensuciarlo. En seguida el vestido que, arrugando el
+canesú de la camisa, oculta el nacimiento del pecho y los hermosos
+brazos. La falda cae, resbalando a lo largo de la enagua; se abrocha de
+prisa; busca entre varias horquillas un alfiler largo para sujetar el
+sombrero, y se lo prende, dejando que el velo caiga, sombreándola el
+rostro dulcemente. Los guantes..., una pulsera..., la lisa de plata,
+nada que tenga pedrería. Se acabó. Algo falta: pudorosa, aunque nadie
+puede verla, se vuelve de espaldas a la puerta y se estira una media.</p>
+
+<p>«¡Qué hermosa es! ¡Cuánta cosa bonita y elegante se ha puesto! ¡Y pensar
+que tal vez yo se lo vaya quitando todo poco a poco, con mimo,
+lentamente, lazo a lazo, botón a botón, broche a broche, sin que oponga
+resistencia ni enfado! Pero sabe Dios lo que sucederá, porque es una
+mujer excepcional, capaz, aunque venga, de no dejarse besar ni las yemas
+de los dedos. Sería desesperante y ridículo que sólo viniese para que
+tuviéramos una escena romántica... con lágrimas.»</p>
+
+<p>El reloj marca las tres en punto, la máquina produce un quejido metálico
+y el timbre suena pausadamente. ¡Qué espacio tan largo entre una y otra
+campanada! Hasta los objetos parece que aguardan impacientes. Don Juan
+vuelve de nuevo a pasear, atento el oído hacía la puerta y fruncido el
+entrecejo por el enojo. Empieza a desconfiar.</p>
+
+<p>«¡No viene! ¿Qué ridículo miedo, qué recelo se le habrá metido en el
+alma? ¡Virtud de última hora!»</p>
+
+<p>Torna al balcón, apoya la cabeza en la vidriera, que se empaña con el
+vaho de su aliento, y exclama, hablando solo:</p>
+
+<p>&mdash;¡Gracias a Dios! ¡Allí está!</p>
+
+<p>Cristeta viene por lo alto de la calle, vestida como él la soñó. Sus
+enguantadas manos oprimen un grueso devocionario, sujeto con un elástico
+rojo, y bajo el tul del velo brillan sus rizos de oro. A cada instante
+vuelve la cabeza hacia atrás. Entonces, don Juan sonríe con orgullo y se
+dirige lentamente a la puerta.</p>
+
+<p>Al cruzar el despacho, lo inspecciona todo por última vez. Nada falta.
+Para ella la butaca en que descansará su cuerpo agitado por la emoción y
+el miedo, ¡quizá por el amor! En el suelo, el almohadón, bordado por
+otra mujer ya olvidada, y muy cerca, la silla baja de fumar, que él
+tomará para sí, cogiéndola como al descuido, procurando tener la presa
+al alcance de la mano.</p>
+
+<p>Pero en la escalera no suena el esperado taconeo ni el roce crujiente de
+la falda.</p>
+
+<p>«¿Qué será esto?»</p>
+
+<p>Vuelve precipitadamente al balcón, alza el visillo y la ve en la acera
+opuesta parada ante un escaparate, como si con disimulo se contemplara
+en su cristal. En realidad, lo que hace es mirar con terror a derecha e
+izquierda; hasta se nota la respiración alterada que levanta y deprime
+su hermosísimo pecho, Don Juan piensa:</p>
+
+<p>«Esta es la última vacilación.»</p>
+
+<p>De pronto, Cristeta se vuelve, avanza en dirección al portal... se
+detiene para dejar paso a un hombre que va cargado, y en seguida,
+obedeciendo a un impulso inesperado, con un movimiento nervioso, se
+vuelve de espaldas y echa a andar muy de prisa, calle arriba, por donde
+vino. Pero aún queda esperanza: de repente acorta el paso, sigue
+despacio, parece que duda, vacilando entre la cita y el deber... Por fin
+acelera la marcha, se aleja casi corriendo, y allá, en lo alto de la
+calle, se pierde confundida en un grupo de gente, mientras don Juan,
+humillado y rabioso, murmura entre dientes, rasgando el visillo del
+balcón:</p>
+
+<p>&mdash;¡Cobarde! ¡Bribona!</p>
+
+<p>Si la coge en aquel momento, la mata.</p>
+
+<p class="puntos">*<br />* *</p>
+
+<p>Al anochecer se presentó en la casa un mozo de cuerda, mostrando tal
+empeño por entregar al señor una carta en propia mano, que para tomarla
+de la suya don Juan, todavía mohíno, salió al recibimiento.</p>
+
+<p>Rasgó el sobre: lo que dentro venía era una tarjeta: el nombre
+litografiado decía: <i>Cristeta Moreruela de Martínez</i>, y encima, escritas
+con lápiz y mano temblorosa, estas palabras:</p>
+
+<div class="blockquot"><p><i>«He ido asta la puerta de tu casa, y me a faltado balor. No
+pidas lo imposible. Perdona a esta pobre mujer que sufre mucho, y
+holbídame adiós para sienpre.</i></p>
+
+<p class="r">CRISTA.»</p></div>
+
+<p>Al releer aquellas cuatro líneas, luego de ido el mozo, don Juan sonrió
+como si contemplara un billete de lotería premiado.</p>
+
+<p>«No me esperaba esta satisfacción, que casi es una promesa&mdash;se decía
+paseando desde la sala al despacho y viceversa&mdash;: nos acercamos al
+momento supremo de la crisis. Lo que me figuré: casada por despecho, y
+arrepentida. Me quiere... y le falta valor... lo cual prueba que no es
+mala. Yo tengo la culpa de todo. ¡Qué lucha habrá sostenido la pobre
+consigo misma! ¡Qué noche habrá pasado! Porque... vamos a cuentas: si se
+ha casado, aunque me quiera, por fuerza ha de costarle trabajo hacer
+traición... traición, no; pero, en fin, engañar al otro. Lo que en
+realidad no es más que la vuelta al primer amor, creerá ella que es una
+liviandad imperdonable, y no le faltará razón, pero ¿a mí qué? Yo no soy
+el marido. Por supuesto que si no hay tal marido, si sólo se trata de un
+amante, y le deja por mí, ella tiene que considerarse como una mujer que
+va de hombre a hombre, como hueso de perro a perro, o baraja de mano en
+mano. En fin, me parece que está al caer. Lo cierto es que nosotros
+somos responsables de todos los pecados, desórdenes y zorrerías que
+cometen las pobres mujeres. Ésta, por ejemplo, me gustó; preparé las
+cosas... y ¡mía! Luego la dejo plantada, y ella encuentra modo de
+remediarse o redimirse, y lo acepta: vuelvo a verla, me encapricho de
+nuevo y ¡seamos justos! ¿qué derecho tengo para quejarme ni para
+llamarle <i>las cuatro letras</i> porque también ella vuelva a encapricharse
+conmigo? Indudablemente ha experimentado al verme lo mismo que yo he
+sentido al mirarla... ¡Cómo se habrá acordado de las noches de
+Santurroriaga! Yo estaba enviciado con amores de otra clase. La verdad
+es que cuantas se me han entregado, lo han hecho por interés o por <i>lo
+otro</i>: cuando no he sido pagano, he sido apagafuegos, casi un bombero
+del amor. Con Crista, no. Esta tarde la hubiera matado... Y el caso es
+que ha venido, ha llegado hasta la puerta... después debió de darle
+miedo, es decir, no precisamente de mí, sino de sí misma, de verse
+conmigo a solas. No podríamos contenernos. Mientras nos veamos al aire
+libre, todo va bueno; pero como lleguemos a encontrarnos entre cuatro
+paredes ¡solos! del primer beso la dejo los labios descoloridos. Ella sí
+que cuando me besaba, parecía que me sorbía el alma. Hablaba más con los
+ojos que con los labios. Me sucedía respecto de ella una cosa
+enteramente nueva: con todas las mujeres, el verdadero encanto es antes;
+con ella, la verdadera delicia era después, porque cuando se le adormece
+la voluptuosidad, se le despierta la ternura. A pesar de lo cual, me
+largué por cobardía, pero sin hastío. Lo cierto es que si, uno pensara
+mucho en estas cosas, se volvería loco. En toda posesión hay un momento
+terrible, un instante en que, al separarse las cabezas, cada uno quiere
+respirar solo, a gusto, como si no hubiera pasado nada: con Crista,
+no... jamás sentí a su lado el egoísmo del reposo. Los últimos besos me
+sabían mejor que los primeros. Entonces, ¿por qué hice la burrada de
+marcharme, humillándola y dejándola mil duros, es decir, lo que cuesta
+en ramos, palcos y dijes cualquier señora de las que no tienen
+vergüenza? Sin embargo, esa mujer ha venido hasta la puerta de mi casa.
+Por codicia no es; basta ver la elegancia con que viste para comprender
+que no necesita nada: por lujuria tampoco, porque no es viciosa. ¡Pues
+si ha venido, señal de que sufre y me quiere! ¡Daría el alma por
+saberlo! ¿Qué habrá hecho, qué habrá pensado antes de decidirse a venir?
+La chica, Julia, me dará detalles; ataré cabos, y por el hilo sacaré el
+ovillo. Mañana lo sabré.»</p>
+
+<p>Toda la noche se pasó en claro el pobre don Juan haciendo planes,
+ideando recursos y arrostrando mentalmente las consecuencias de cuanto
+se le ocurría, que era gravísimo, porque en sus pensamientos, cálculos y
+temores, ya no figuraba él solo frente a la irresoluta Cristeta, sino
+que entre ambos se alzaba, misterioso y tremendo, un nuevo personaje: el
+señor Martínez, propietario legítimo de aquel cuerpo adorable, dueño
+legal de la mujer amada.</p>
+
+<p>«¿Amada?&mdash;se decía&mdash;. No, esto no es amor, es obcecación, empeño, vanidad,
+capricho: tiene que ser mía veinticuatro horas o lo que me dé la
+gana...: si quiero, toda la vida: pero mía y remía como mis ideas, como
+mis pensamientos. ¿Qué puede suceder? ¿Que me encapriche seriamente? Así
+como así, ninguna vale lo que ella; y además, si ésta es buena, ¿voy a
+pasar años y más años cambiando de mujeres?»</p>
+
+<p>Muy de mañana, yerto de frío y nervioso de impaciencia, esperó a Julia
+en la Plaza Mayor, viéndola llegar como el reo de muerte a quien le trae
+el indulto. La chica venía esperanzada en que sus palabras se trocarían
+pronto en buena propina, y sin dar tiempo a que él desplegase los
+labios, dijo:</p>
+
+<p>&mdash;Hoy sí que tengo cosas que hablar con usted. Pero ¿qué le ha hecho
+usted a mi señorita? Razón tenía yo <i>pa</i> maliciarme que iba usted a
+meternos en un lío <i>mú</i> gordo.</p>
+
+<p>&mdash;Cuenta, cuenta. ¿Qué ha pasado? Dímelo todo; ya sabes que tu señorito
+soy yo.</p>
+
+<p>&mdash;¿Lo que ha pasado? La mar de lágrimas. Cuando el otro día <i>golví</i> a
+casa con la tarjeta de usted, me dije: «Suceda lo que quiera, no ando
+con tapujos»; y se la di como si fuera cosa corriente. Ni chistó:
+<i>endispués</i> de leerla se puso pálida, como <i>amortajá</i>, ¡y le entró un
+temblor! ¡Me daba una lástima! ¡Y <i>miusté</i> que <i>pa</i> darme a mí lástima
+una señorita! La noche... ¡ha <i>tomao</i> más tila! <i>Cá</i> vez que una mujer
+<i>tié</i> que tomar tila, le debían dar rejalgar a un hombre. Al otro día,
+es decir, ayer, comenzó a vestirse a las doce: se puso maja de veras. En
+enaguas... un ángel. Pidió el coche <i>pa</i> las dos. Luego supe yo, por el
+cochero, que lo dejó esperando junto al oratorio de la calle de
+Valverde, y se fue sola, y tardó... menos de media hora. Poco tiempo es
+<i>pa</i> cosa mala.</p>
+
+<p>&mdash;Sigue, sigue.</p>
+
+<p>&mdash;Yo creí, pues, que había ido <i>enonde</i> usted, a buscarle; pero me chocó
+que volviera <i>demasiao</i> pronto: y lo mismo fue entrar en casa, que ir y
+tirarse llorando encima de la cama. Y llora que te llora la <i>tié</i> usted.
+Esto acabará <i>mú remal</i>. En fin, que <i>golvió</i> hecha una <i>Madalena</i>. Si
+sigue así, se pone mala de verdad. Por supuesto, el día que venga el
+amo, no paro en la casa ni <i>pa</i> tomar dulces.</p>
+
+<p>&mdash;De modo que tú crees que ella... está interesada.</p>
+
+<p>&mdash;Ella está por usted, pero tiene un miedo atroz...; <i>lo cual que</i> el
+miedo puede más que usted.</p>
+
+<p>&mdash;Pues adelante con los faroles, y ya sabes que todos estos paseos yo te
+los pagaré bien.</p>
+
+<p>&mdash;Es que... hay más, y gordo. Usted me dijo que averiguara aquello de
+cuándo se había <i>casao</i>, y del <i>treato</i>, y de si tenía unos parientes
+con tienda.</p>
+
+<p>&mdash;Todo ello importantísimo.</p>
+
+<p>&mdash;Pues la cocinera <i>m'a</i> dicho que la señorita ha <i>sío</i> cómica, que una
+vez la vio <i>de</i> trabajar, pero que ahora está <i>desconocía</i>, porque está
+muchísimo más guapa; y que fuera de Madrid tomó relaciones con un señor
+y se casó; pero algunos dicen que no están <i>casaos</i>, y que por eso no la
+<i>quién</i> ver sus tíos, que son estanqueros; y otros dicen que ella es la
+que no le da la gana de <i>ajuntarse</i> con ellos, porque le da vergüenza de
+que son gente ordinaria; y me extraña, porque la señorita es buena.</p>
+
+<p>&mdash;En resumen; seguro no sabes nada.</p>
+
+<p>&mdash;¡Si <i>quedrá</i> usted que le traigan a la señorita ya mansa y conforme!...
+¿<i>Tié</i> usted más que buscar a esos estanqueros, y ponerse al habla con
+ellos y que desembuchen la verdad?</p>
+
+<p>Don Juan, considerando inútil enterar a Julia de cuanto sabía relativo a
+los antecedentes de Cristeta y sus tíos, calló; y acordándose de don
+Quintín, se dijo que podría sacar de él gran partido.</p>
+
+<p>&mdash;No andas descaminada: buscaré a los estanqueros.</p>
+
+<p>&mdash;<i>Qué icir</i> que si no está casada...; pero lo que yo me digo: si no lo
+está, si es dueña de hacer de su capa un sayo, ¿por qué llora tanto?</p>
+
+<p>&mdash;Muchacha, eres un dije: toma&mdash;(la propina fue espléndida)&mdash;, y desde
+mañana vienes aquí, sin falta, todos los días a la misma hora, a recibir
+órdenes como un corneta.</p>
+
+<p>&mdash;Es que la señorita se ha <i>calao</i> que yo salgo por hablar con usted. Si
+me regaña o me dice cualquier cosa, ¿qué contesto?</p>
+
+<p>&mdash;Por ahora... dices que no te dejo a sol ni a sombra; que tú crees que
+yo ando loco por ella, sobre todo muy triste...</p>
+
+<p>&mdash;<i>Pa</i> triste, ella. ¡Si la viera usted <i>de</i> llorar! En fin, Dios nos
+tenga de su mano. Mire usted que, según me han dicho, ¡el marido es más
+bruto! Una fiera. Si se plantase aquí de repente, salíamos en los
+papeles.</p>
+
+<p>El grupo que durante estos diálogos formaba la pareja de señorito y
+niñera, merecía tomarse como asunto de un buen romance castizo. Ella,
+traviesa y pícara, rebosándole malicia los ojos y desparpajo los labios,
+sin pañuelo a la cabeza, y liada en el mantón, dentro del cual removía
+el airoso cuerpo para sentirse acariciada del calor; él soñoliento,
+molesto, desasosegado y frío, trayéndose a cada instante sobre el hombro
+el embozo de la capa; la chica, toda viveza, el hombre, todo
+impaciencia. En torno, gente que pasaba mirándoles de reojo y
+barruntando trapicheo; algún chico parado, con los libros sujetos entre
+las piernas, ocupados dientes y manos en el aceitoso buñuelo; al fondo,
+los soportales de la Plaza esfumados en la neblina temprana; las mulas
+del tranvía despidiendo del cuerpo nubes de vaho; la atmósfera húmeda,
+impregnada del olor al café que un mancebo tostaba ante una tienda; el
+ambiente sucio, como si en él se condensaran los soeces ternos y tacos
+de los carreteros; las piedras resbaladizas, y en el centro del
+jardinillo, descollando sobre un macizo de arbustos amoratados por los
+hielos, la estatua del pobre Felipe III, con el cetro y los bigotes
+acaramelados por la escarcha.</p>
+
+<p>Pero lo más notable era la cara que ponía Julia cuando se separaba de
+Juan. De fijo que no se divirtieron tanto con el inmortal Manchego las
+doncellas de los Duques, ni la propia Lozana con los clérigos a quienes
+se vendía por nueva, como ella gozaba en contribuir al rendimiento del
+Tenorio decadente.</p>
+
+<p>Julia servía con el mayor celo a Cristeta: primero, por obediencia a sus
+padres y a Inés, que se lo encargaron; segundo, porque don Juan,
+espléndido y dadivoso, le regalaba continuamente duros y pesetas con
+novelesca prodigalidad; además, se divertía mucho contribuyendo a traer
+engañado a un caballero. Acordábase instintivamente de que era mujer y
+trabajaba en provecho ajeno como si fuera en causa propia. ¿Dónde mayor
+alegría para una mujer lista que entrar en pacto contra un hombre? Así
+que, tras cada entrevista con don Juan, refería a su ama cuanto con él
+hablaba. Aquel día Cristeta la escuchó con vivo interés.</p>
+
+<p>&mdash;Todo va bien&mdash;dijo después de oírla&mdash;; de modo que...</p>
+
+<p>&mdash;Ese <i>señor</i> está <i>perdío</i> por usted: debe de ser..., no se enfade
+usted..., vamos, ¡un <i>gatera</i> más listo!; pero esta vez..., ya no sabe
+el hombre lo que se pesca. De fijo que a estas horas anda por esas
+calles brincando como una cabra en busca de sus tíos de usted. ¿No era
+eso lo que hacía falta?</p>
+
+<p>&mdash;Cabal.</p>
+
+<p>&mdash;¿Y esto, señorita? ¡Mire usted que es mucha plata!&mdash;dijo Julia
+presentando el puñado de pesetas, fruto de la última propina.</p>
+
+<p>&mdash;Eso es tuyo. Lo que yo te doy de menos él te lo da de más. Anda, que
+pronto se te acabará.</p>
+
+<p>&mdash;Lo que hace falta es que usted acabe con él..., es decir, que empiece.
+Cuando la señorita se case me lleva de doncella, y luego, si Dios es
+servido... de niñera.</p>
+
+<p>&mdash;¡Ave María Purísima!</p>
+
+<p>Las dos sonrieron, pero de distinto modo; la criada con la satisfacción
+de la codicia lograda; el ama, con la esperanza de la dicha.</p>
+
+<p>Al quedarse sola Cristeta se sentó en una silla baja de hacer labor, y
+tapándose los ojos para no ver las cosas de este mundo, se puso
+voluntariamente soñadora, pareciéndole ver a don Juan, también solo en
+su casa, triste, malhumorado, vuelto hacia ella el pensamiento y
+sintiendo lo que jamás hasta entonces ninguna otra mujer le hizo sentir.</p>
+
+<p>¿Existirá en el mundo de las pasiones influencia secreta que aproxime y
+relacione las almas separadas moviéndolas simultáneamente con un mismo
+afecto, como viento invisible que a un tiempo menea en parajes apartados
+las ramas de los árboles? ¡Quién sabe! Lo cierto es que, mientras la
+esperanzada Cristeta veía posible la realización de su ventura, don
+Juan, puestos en ella los cinco sentidos con amoroso empeño, tomaba la
+resolución de buscar a don Quintín para que éste le sacase de dudas
+sobre si era o no verdad lo del casorio, y pensando en él se decía:
+«Está visto que ese pobre majadero ha nacido en provecho mío.»</p>
+
+
+
+<h3><a name="Capitulo_XVIII" id="Capitulo_XVIII"></a>Capítulo XVIII</h3>
+
+<p>De la importantísima conferencia que celebraron el Tenorio decadente y
+el estanquero libertino, con otros graves sucesos</p>
+
+
+<p>Ignorante don Juan de que don Quintín hubiese venido a menos, resolvió
+visitarle en su estanco, donde hasta entonces, por prudencia, jamás puso
+los pies. Fue allá, entró, pidió puros, escogiolos despacio mirando
+hacia la trastienda... y nada. Entonces se atrevió a preguntar al
+chicuelo mugriento, mofletudo y asabañonado que le despachaba.</p>
+
+<p>&mdash;¿Está el amo?</p>
+
+<p>&mdash;El señor Juaneca ha salido.</p>
+
+<p>&mdash;No, don Quintín.</p>
+
+<p>&mdash;Ese era el de <i>enantes</i>, que vendía pitillos de contrabando y lo
+quitaron por gandul.</p>
+
+<p>&mdash;¿Y dónde ha ido a parar?</p>
+
+<p>&mdash;Le dieron otro estanco, y no sé más. ¡Valientes puercos debían de estar
+él y toda su casta! ¡Cómo dejaron la casa de telarañas! Nos encontramos
+esto, mal <i>comparao</i>, lo <i>mesmo</i> que una pocilga, con perdón de usted;
+menos el cuartito que da al patio, ese estaba limpio.</p>
+
+<p>«¡El cuartito que ella tenía y del cual me habló tantas veces!»&mdash;pensó
+don Juan, y en seguida dijo:</p>
+
+<p>&mdash;¿Conque le dieron otro estanco? ¿dónde?</p>
+
+<p>&mdash;En la taberna de al <i>lao ú</i> en <i>ofecinas</i> de estancadas, le darán a
+usted razón.</p>
+
+<p>Don Juan pagó los Puros, dejando la vuelta como propina, y salió.</p>
+
+<p>Luego, mediante encargo que confió a un diputado amigo suyo, el cual
+hizo minuciosas gestiones, supo que la nueva madriguera estanqueril de
+don Quintín estaba en la poco aristocrática calle de la Pingarrona, y
+allí imaginó ir a buscarle; pero pensándolo mejor, mandó a su ayuda de
+cámara, el inapreciable y fiel Benigno, que volvió con más noticias que
+un corresponsal del <i>Times</i>. Primero, pagando <i>tintas</i> al doncel de los
+sabañones, y después a un vecino pingarronesco, Benigno averiguó cuanto
+a su amo interesaba, sin omitir los amores de don Quintín con Carola,
+trapicheo que sólo doña Frasquita ignoraba en el barrio: criadas,
+vecinos, porteros y parroquianos, todos sabían que el estanquero tenía,
+como ellos decían, un <i>apaño</i>. De lo que nadie tenía pleno conocimiento
+era de la precaria situación a que se veía reducido el ex&mdash;miliciano
+mujeriego.</p>
+
+<p>La mudanza de tienda y calle no fue para él venir a menos, sino llegar a
+casi nada, por lo cual Carola empezó a mostrársele despegada y arisca,
+tanto como antes fue apasionada y pegajosa. Con la buena parroquia y
+aquel cajón siempre lleno, que semejaba esportillo del Banco, acabaron
+los mimos y complacencias de la jamona impúdica. Hízose, sobre todo,
+pedigüeña en grado inaguantable.</p>
+
+<p>Lo primero que el pobre hombre se vio imposibilitado de comprarle fue un
+corsé de cuatro duros, lleno de puntillas, lazos, pespuntes y
+escarolados. La corsetera había dicho a Carola:</p>
+
+<p>&mdash;¡Vaya una prenda <i>pa</i> una señora que la pueda lucir!;&mdash;y ella lo deseó
+como un guerrero desea una buena arma de combate. Pidióselo a su
+Quintín, y éste, fingiendo bromear, repuso:</p>
+
+<p>&mdash;¿Corsé? A fuerza de aceros y ballenas me vas a estropear ese cuerpecito
+tan rico. Ya sabes que me da rabia ir a cogerte y encontrarme con esas
+cosas tan duras.</p>
+
+<p>&mdash;En casa no te digo; pero por la calle no he de ir con las carnes
+colgando como una vaca.</p>
+
+<p>&mdash;Para eso no necesitas corsé de cuatro pesos.</p>
+
+<p>&mdash;¡Ah! ¿Es por el dinero, don Roñoso?</p>
+
+<p>&mdash;No, palabra; es que estos días... ¿te es igual a fin de mes?</p>
+
+<p>Carola no quiso insistir; pero miró a su amante con profundo desprecio,
+como las grandes cortesanas de Atenas debían de mirar a los esclavos
+persas. Luego él faltó algunas noches o acortó las visitas, quejándose
+de pesadez en el estómago. Para ella subían cena del café; pero ya la
+ingrata no le daba, como antes, con sus propios dientes, alguna patata
+frita, ni se dejaba arrancar las pasas de los labios. Interesada y
+rencorosa, tenía clavadas en el pensamiento todas las ballenas del corsé
+negado. Transcurridos algunos días, dijo al vejestorio:</p>
+
+<p>&mdash;Oye, capitalista, lo del corsé lo mismo me da una semana que otra; pero
+la cama está hecha <i>peazos</i>, y el herrero pide tres duros por
+componerla.</p>
+
+<p>&mdash;¿Tres duros?</p>
+
+<p>&mdash;¡Tú sabes cómo está, si parece que dan batallas encima!</p>
+
+<p>&mdash;¿Y ha de ser el herrero? Con un cordel o un alambre la dejo yo más
+firme que el propio suelo.</p>
+
+<p>&mdash;<i>U</i> con saliva de mona&mdash;repuso ella muy enojada&mdash;: ¿no sabes que la has
+<i>desatornillao</i> toda a puros brincos? ¿Quién tiene la culpa?</p>
+
+<p>&mdash;Déjalo, mujer... por ahora; el mes que viene...</p>
+
+<p>&mdash;Estoy viendo que te voy a pedir de comer y me vas a decir que aguarde a
+otro mes. Pues el casero es como el tren, que no espera por nadie, y ha
+cumplido ayer; conque venga <i>parné</i> o me busco un <i>señor</i>.</p>
+
+<p>Lívido de angustia y coraje, repuso:</p>
+
+<p>&mdash;Yo me veré con el administrador. Es forzoso que tengamos paciencia.</p>
+
+<p>&mdash;Vamos, tú estás más <i>arrancao</i> que árbol viejo.</p>
+
+<p>Engañado Quintín por la pausada entonación con que Carola le dijo esto,
+imaginó que el instante era favorable a un desbordamiento de lealtad, al
+cual ella forzosamente respondería con una explosión de ternura.</p>
+
+<p>&mdash;¡Carola, Carola mía!&mdash;exclamó hiposo y sollozante&mdash;; tengo que decírtelo
+todo.</p>
+
+<p>&mdash;Lo que has de hacer es darme algo.</p>
+
+<p>Entonces, poniendo cara muy compungida, extendió las manos en busca de
+las de su amada, y dijo:</p>
+
+<p>&mdash;¡Vida mía, todo se arreglará! Ahora no puedo nada, nada; el estanco
+nuevo es una perdición. Yo te traeré... unos días... ¡demasiado sabes!</p>
+
+<p>&mdash;Lo que sé es que ni ropa, ni casa, ni pagar un triste catre, que tú
+mismo has <i>desfondicao</i>... ni <i>ná</i>.</p>
+
+<p>&mdash;Más lo siento yo que tú.</p>
+
+<p>Y quiso prodigarle en besos lo que no podía en pesetas; mas ella se
+desprendió de sus brazos, diciendo desabridamente:</p>
+
+<p>&mdash;Estos marranos de hombres creen que tener querida es tener guitarra,
+que se deja tocar sin que la den de comer.</p>
+
+<p>&mdash;Por Dios, nena; tú no eres mi querida; ¡eres mi alma!</p>
+
+<p>&mdash;Yo soy una mujer que <i>tié</i> que gastar en comer, y en vestir, y en
+zapatos, y cuando un zángano no dispone de posibles... ¿o es que me voy
+a guisar el aire?</p>
+
+<p>&mdash;Cuando he tenido... y en cuanto tenga...</p>
+
+<p>&mdash;<i>Pus</i> entonces <i>güelves</i>.</p>
+
+<p>Carola se iba enfurruñando por momentos. Él la escuchaba pasmado,
+acordándose de las grandes <i>cocottes</i> de París, de quienes en los
+folletines había leído que despiden como lacayos a los lores ingleses
+luego que les han arruinado. De pronto, se le acercó humilde y
+cariacontecido, temblándole los labios, sublime y ridículo de amor,
+gritando:</p>
+
+<p>&mdash;¡Qué! ¿Vas a dejarme sospechar que me querías por el interés?
+¡Permíteme que te bese, o creeré que eres una cualquier cosa!</p>
+
+<p>Adelantó con indecible majestad, como el león hacia su hembra; hubo en
+su actitud impulso de amante y arrogancia de señorío. Carola,
+miserablemente asustada con aquello de la traslación de estanco y
+penuria del nuevo establecimiento, comprendió que el odre estaba seco.
+Ni corsé, ni cenas, ni recibo de inquilinato... no pudo más. Miró al
+pobre viejo con expresión de frío desprecio, y plegando en burlona mueca
+los labios por él tantas y tantas veces besados, le dijo:</p>
+
+<p>&mdash;Oiga usted, don Baboso de Singuita, ¿te has <i>figurao</i> que una hembra
+como yo va a esperar <i>pa</i> dejarse querer a que llueva dinero el mes que
+viene? Si no me <i>pués</i> mantener con decoro, ¿<i>pá</i> qué te me has
+<i>arrimao</i>, cara de siglo?</p>
+
+<p>Quiso erguirse altanero y tremendo; pero vencido de la emoción, sintió
+que flaqueaba todo el edificio de su cuerpo, y lanzando a su cruel
+señora una mirada lánguida de bestia moribunda, entre súplica y
+reproche, dejose caer, abatido y lacio, en aquel mismo sillón donde
+antes los dos solían sentarse para que él la estrechase entre los
+avarientos brazos, mientras ella, vestida de gran señora y copa en mano,
+entonaba un vals callejero convertido en brindis orgiástico... El
+recuerdo de aquellos momentos fue como visión rapidísima que le llenó de
+amargura el alma. En seguida se quedó absorto, con los ojos asombrados y
+saltones, y los labios fruncidos por una sonrisa diabólica de ángel
+caído. Tan feo se puso que Carola soltó la carcajada. Entonces, pasando
+de la estupidez al furor, sintió que en lo más hondo del pensamiento
+surgía la idea del crimen, no para cometerlo, sino comprendiendo que en
+situaciones análogas se den puñaladas y mueran las queridas traidoras a
+manos de sus amantes. Estaba grandiosamente ridículo. Carola se
+convenció de que aquel pobre hombre era incapaz de pegarle ni un tirón
+de orejas; pero vio claro que haría cualquier disparate por seguir
+poseyéndola o por hacerse la ilusión de que la poseía, y con aviesa
+intención, para enloquecerle y hechizarle, comenzó a desabrocharse el
+cuerpo del vestido y luego se alzó ligeramente la falda mientras
+moviendo en ondulaciones canallescas todo su cuerpo pecador, decía con
+voz de chula raída y descocada:</p>
+
+<p>&mdash;¿Crees que esta personilla se va a quedar sin corsé, y que estos pies
+van a salir a ganarlo, y que este cuerpo ha <i>nacío</i> para tumbarse en un
+catre <i>desvencijao</i>? ¿Crees que voy a domesticar al <i>administraor</i>
+pagándole en carne? Si no tenías dinero, podías haberte <i>quedao</i> dando
+<i>cabezás</i> contra el mostrador, <i>ú</i> poniendo bizmas a la vieja, que
+<i>paece</i> un vencejo <i>atontao</i>.</p>
+
+<p>&mdash;¡Carola! ¡Señora!</p>
+
+<p>&mdash;Aquí no hay más señora que una fiera, porque ¿sabes lo que te digo? Que
+me temo que te lo estés gastando con otras; ¡conque fuera de aquí, a
+buscar guita! Lo que decía mi pobrecita madre: «sin bolsa llena, ni
+rubia ni morena».</p>
+
+<p>Empujándole hacia la puerta, le echó del cuarto; pero en el pasillo, a
+oscuras, varió de súbito el tono de la voz, y ciñéndole al cuello los
+brazos, le dijo dulzonamente entre dos largos besos:</p>
+
+<p>&mdash;Rico del alma, fuera de broma, tráeme unos durillos, que me hacen mucha
+falta.</p>
+
+<p>Y le plantó en el descansillo de la escalera, dejándole turulato, ya
+convencido de que, a pesar de aquellos besos, el amor y sus derivados
+eran para él cosa perdida como no arbitrase recursos.</p>
+
+<p>¿A quién pediría prestado, qué malbarató o empeñó? No se sabe; pero a la
+tarde siguiente llevó trece duros, mediante los cuales, Carola tuvo
+corsé y quedó restaurado el catre. Sin embargo, en días posteriores,
+menudearon las exigencias de la impura. Pidió un boa, jabón de olor, un
+palanganero, chambras bordadas y una bata. El espíritu de don Quintín se
+llenó de sombras: parecía que en su pensamiento se habían juntado el
+furor de los héroes clásicos, la melancolía de los galanes románticos y
+el escepticismo de los protagonistas de drama moderno, todo lo cual, el
+pobre hombre, instintivamente, resumía en aquella horrible frase de su
+querida: «Sin bolsa llena, ni rubia ni morena.»</p>
+
+<p>Tal era su situación de ánimo cuando una mañana se le presentó Benigno
+en el estanco, y sin ambages ni rodeos, le dio el siguiente recado:</p>
+
+<p>&mdash;De parte de mi amo, don Juan de Todellas, que desea hablar con usted, y
+que le espera mañana a las doce en su casa&mdash;(y dio las señas)&mdash;para
+almorzar.</p>
+
+<p>Dicho lo cual se fue.</p>
+
+<p>Acordándose entonces del último diálogo que tuvo con su sobrina cuando
+ella le mandó llamar después de ver a don Juan en la Moncloa, el
+estanquero pensó:</p>
+
+<p>«El grandísimo pillo me busca; tenía razón la chica; pues sí que iré, y
+veremos por dónde respira. ¡Canalla...! ¡A ese sí que no le faltará
+dinero para tener queridas!»</p>
+
+<p class="puntos">*<br />* *</p>
+
+<p>Son las once Y media de la mañana. La escena pasa en el gabinete de don
+Juan.</p>
+
+<p>Las paredes están cubiertas de pinturas, fotografías y grabados que
+representan retratos de beldades célebres más o menos vestidas, y
+episodios de amor, donde se ven reproducidas todas las fases de la
+pasión: mitos sagrados, tradiciones históricas y engendros literarios.
+Psiquis se quema las alas en la antorcha del divino Eros; la fiel
+Penélope desteje su labor; el necio Candaules muestra a Gyjes la hermosa
+desnudez de su esposa Nyssia; Florinda y don Rodrigo, enlazados bajo un
+naranjo, dan pretexto a la venida del moro; Carlos I y Bárbara de
+Blomberg se abrazan enamorados y orgullosos, presintiendo que ha de
+nacer quien venza en Lepanto; la desvergonzada Lozana se deja tentar por
+un canónigo a quien pide dineros; Felipe II se exalta mirando el ojo
+sano de la Éboli; el Burlador de Sevilla descansa en brazos de Tisbea;
+Felipe IV desciñe a la Calderona los cordones de un justillo; Luis XV se
+divierte en pintar a la Dubarry un lunar junto a la boca; Mirabeau besa
+el retrato de Sofía; Fernando VII hace cosquillas a <i>Pepa la Naranjera</i>;
+Rodolfo de Austria expira en brazos de María Véscera, y como síntesis de
+la dulce locura que a todos agitó, el gran Don Quijote muere resignado
+sin haber poseído jamás a Dulcinea.</p>
+
+<p>En el centro del cuarto está puesta la mesa; el mantel es adamascado y
+fino; los cubiertos de plata labrada; la vajilla con cifra de oro; las
+copas, de tan sutil cristal, que semejan aire cuajado. Sobre un
+veladorcito hay cuatro botellas; dos de Burdeos que, como buenas
+girondinas, tienen a modo de gorritos frigios sus cápsulas rojas, una de
+Champaña con capellina de plata, y otra de Jerez que parece oro líquido.</p>
+
+<p>Don Juan espera impaciente abrochándose el batín oscuro de alamares
+negros. Cuatro minutos antes de las doce suena un campanillazo. Benigno,
+servilleta al hombro, se dirige hacia la puerta poniéndose los guantes
+blancos de algodoncillo.</p>
+
+<p>Don Quintín, de levita, prestada y archicumplida, entra escamado,
+receloso, pero sonriente y haciendo cortesías. Acude a la cita porque a
+ello le obliga su situación respecto de Cristeta, que puede contar a
+Frasquita lo que ésta debe ignorar, y también porque, descubriendo los
+pensamientos de don Juan, le será más fácil la venganza.</p>
+
+<p>Su antiguo conocido le recibe amabilísimamente.</p>
+
+<p>&mdash;¡Mi señor don Quintín, y cuántos deseos tenía de que honrase usted mi
+choza! ¿Cómo va ese valor?</p>
+
+<p>&mdash;¿A esto llama usted choza, y están las paredes llenas de santos?</p>
+
+<p>&mdash;Vaya, vaya, usted me perdonará el atrevimiento; pero yo necesitaba
+hablar con usted, y pensé que almorzando se entienden las gentes.</p>
+
+<p>&mdash;Tantas gracias.</p>
+
+<p>Se sientan cerca de la chimenea, cuyas llamas se reflejan en los vidrios
+de los cuadros, y comienza el festín.</p>
+
+<p>Ostras: don Quintín desprende de sus conchas las primeras con el
+cuchillo, hasta que al ver emplear a don Juan el tenedorcillo <i>ad hoc</i>,
+le imita torpemente, pensando mientras come: «¿Quién sería el primero
+que probase esta porquería?»</p>
+
+<p>Benigno presenta una fuente, y al mismo tiempo dice don Juan:</p>
+
+<p>&mdash;Huevos <i>al plato</i>.</p>
+
+<p>Don Quintín, sirviéndose, reflexiona: «¿Pues dónde los había de poner?»</p>
+
+<p>Apaciguada la primera furia del hambre, dice el anfitrión:</p>
+
+<p>&mdash;Sí, tenemos que hablar largo y tendido.</p>
+
+<p>&mdash;Soy todo orejas.</p>
+
+<p>&mdash;Pues bien: ha de saber usted que yo presté dinero a un amigo mío
+empresario del <i>Teatro de las Musas</i>; no ha podido pagarme, y por tratos
+y combinaciones que hemos hecho, y con los cuales no quiero molestar a
+usted..., total, que me quedo de empresario. En mi vida las he visto más
+gordas; pero estoy decidido a defender mi dinero, para lo cual formaré
+una compañía como en Madrid no se ha oído, y necesito que usted me
+ayude.</p>
+
+<p>&mdash;¿Yo?</p>
+
+<p>&mdash;Usted. Llevo adelantados los trabajos, cuento con artistas..., un coro
+que... ya verá usted...; pero nada puedo ultimar si usted no me
+favorece.</p>
+
+<p>&mdash;No entiendo.</p>
+
+<p>&mdash;Yo no hago nada sin contar con su sobrina Cristeta; y además, necesito
+una persona de toda confianza para representante de la empresa, y esa
+persona es usted.</p>
+
+<p>A don Quintín se le atragantó un sorbo de Burdeos, que para él tenía
+sabor de chacolí detestable. Las palabras que acababa de oír le
+parecieron el principio de una complicadísima serie de mentiras; pero en
+seguida se le ocurrió la idea de que si aquello fuese cierto, no habría
+de faltarle contrato para Carola, es decir, querida por cuenta ajena...
+y un coro a su disposición. Ocultando la sorpresa, repuso:</p>
+
+<p>&mdash;De mí disponga usted; en cuanto a mi sobrina, se ha retirado del
+teatro.</p>
+
+<p>&mdash;Por eso le busco a usted, que es quien ha de convencerla. Yo no me
+atrevo..., las mujeres... En fin, usted, antes que tío es usted hombre
+de talento y comprenderá mi situación. Yo me permití galantearla,
+cortejarla, cuatro bromas: ¡como es tan guapa! No me hizo caso; total,
+nada, una niñería..., y es posible que ella tenga reparo de tratar
+conmigo. En suma: yo le ofrezco a usted, como tal representante,
+cincuenta pesos al mes, y a ella una escritura con mi firma en blanco
+para que fije el sueldo que quiera. ¡Verá usted qué temporada!</p>
+
+<p>Estaban comiendo solomillo con trufas, que a don Quintín le parecieron
+patatas de luto; don Juan seguía hablando entre bocado y sorbo.</p>
+
+<p>&mdash;Hay que regenerar el gusto del público: nada de revistas ni
+pantorrillas..., ésas para usted y para mí. Arte serio; ya ve usted que
+la Moreruela es indispensable.</p>
+
+<p>Don Quintín, rebañando con un migote la rica salsa, guardó silencio unos
+instantes, cual si dudase de la oportunidad de lo que iba a decir, y,
+por último, habló resueltamente, aunque sonriendo para disminuir el
+alcance de sus frases:</p>
+
+<p>&mdash;Señor mío; usted sí que tiene remuchísimo talento; y todo eso está muy
+bien urdido...; pero a perro viejo no hay tus tus.</p>
+
+<p>&mdash;¿Cómo?</p>
+
+<p>&mdash;Que no me engaña usted. A usted le tienen sin cuidado el arte, la
+empresa y hasta las buenas mozas del coro.</p>
+
+<p>&mdash;Explíquese usted.</p>
+
+<p>&mdash;Lo que a usted le interesa es... la muchacha.</p>
+
+<p>&mdash;Ahora sí que tiene usted que explicarse&mdash;repuso don Juan desconcertado.</p>
+
+<p>&mdash;Sí, mi sobrina: y hablando en plata, lo que usted pretende es que yo le
+ponga en contacto con ella.</p>
+
+<p>Don Juan se quedó atónito y a dos dedos de contestar ásperamente; mas no
+podía permitirse frase dura en su propia casa, y el gesto que ponía don
+Quintín no era de enojo, sino casi de broma.</p>
+
+<p>&mdash;Usted ha pensado en mí&mdash;prosiguió el estanquero&mdash;, para dar más seriedad
+a su conducta... y, sobre todo, me ha buscado porque no halla medio ni
+manera de acercarse a la chica, y como no había usted de decirme
+descaradamente y en seco su propósito, ha inventado usted eso del
+teatro. Pero usted ignora muchas cosas. Primera: que mi sobrina no es mi
+sobrina, sino de mi mujer..., es decir, <i>ná</i>. Segunda: que se ha portado
+cochinamente conmigo y no la veo hace mucho tiempo..., ni ganas. Y, por
+último, que puede hacer, o ha hecho ya, de su capa un sayo, sin que yo
+tenga derecho ni voluntad de meterme en sus interioridades. Conque,
+favor por favor; usted me honra convidándome y ofreciéndome un
+destino... que buena falta me hace, y yo le declaro a usted que la tal
+sobrina... puede irse al moro sin que me importe. Vamos, que se ha
+equivocado usted de medio a medio.</p>
+
+<p>&mdash;Yo no he querido lastimar en lo más mínimo...</p>
+
+<p>&mdash;Esté usted tranquilo; dos hombres formales no pueden reñir por esa...
+ingrata. Harto sé yo lo que son mujeres, ¿Le gusta a usted? Bueno...,
+pues usted ¡a ella! y nosotros tan amigos como antes.</p>
+
+<p>Don Juan, en el colmo del asombro, exclamó:</p>
+
+<p>&mdash;¿Que no le importa a usted?</p>
+
+<p>&mdash;Absolutamente nada.</p>
+
+<p>Pausa de unos segundos: el amo hace seña al criado, y éste echa Jerez en
+la copa grande de don Quintín.</p>
+
+<p>El diálogo continúa del siguiente modo:</p>
+
+<p>&mdash;Me deja usted espantado.</p>
+
+<p>&mdash;Ni tres cominos, por trastuela, ingrata y mala cabeza.</p>
+
+<p>&mdash;¿Mala cabeza, y se ha casado?</p>
+
+<p>&mdash;¿Está usted seguro de eso? Pues sabe usted más que yo. Desde
+Santurroriaga me mandó a pedir ciertos papeles: su fe de bautismo, las
+partidas de muerto de sus padres... qué sé yo, algunos documentos tenía
+ella...; yo no estuve delante si le dijeron los latines, ni fui padrino;
+¡y la grandísima necia descastada, viene luego a Madrid, recoge cuatro
+trastos de mi casa; y abur! Yo no he de pedirle ni agua, ni quiero
+meterme en su vida privada.</p>
+
+<p>Sorprendido don Juan por la actitud y palabras de don Quintín, cambió de
+táctica, y queriendo sacar fruto de su indiferencia, le dijo:</p>
+
+<p>&mdash;Vaya, vaya... déjese usted de resentimientos y de delicadezas y piense
+usted que lo que le propongo, si es beneficioso para ella, no lo es
+menos para usted. Usted no ha de ir a pedirle nada, sino a ofrecerle una
+contrata ventajosa.</p>
+
+<p>&mdash;Sí; y además a procurar que se vean ustedes.</p>
+
+<p>Don Juan, fingiendo no haber oído, siguió:</p>
+
+<p>&mdash;Si no está casada... aceptará, y si lo está, saldremos de dudas.</p>
+
+<p>Don Quintín, puesta de babero la servilleta y empuñando una pata de
+pollo frío, se balanceó en la silla, riendo como un sátiro viejo.</p>
+
+<p>Entonces, obediente a una seña de su amo, Benigno escanció otro largo
+chorro de sol embotellado en la copa del estanquero, quien sin perder la
+serenidad, habló de este modo:</p>
+
+<p>&mdash;No quiere usted entenderme... Usted parte un pelo en el aire...; pero
+yo, aunque no he recibido cierta educación, tampoco soy <i>negao</i>. Me va
+usted a llamar sinvergüenza; pero, en fin... juguemos a cartas vistas y
+cada cual atienda a su juego. Lo que usted desea es que yo le saque de
+dudas sobre lo del casorio, y que le ponga a usted al habla con ella, y
+lo ha querido usted conseguir sin que yo me diese cuenta. No me ofendo;
+pero en vez de un memo se encuentra usted con un hombre franco que le
+dice: mi sobrina nada me importa. ¿Se ha casado? Vaya bendita de Dios.
+¿No se ha casado y anda usted tras ella? Me es igual.</p>
+
+<p>Don Juan resolvió jugarse el todo por el todo, a lo menos en lo tocante
+a valerse de don Quintín, y apoyando los codos en el mantel, dijo:</p>
+
+<p>&mdash;Es usted un lince y un hombre... leal. Franqueza por franqueza. Sí,
+señor, me gusta Cristeta...</p>
+
+<p>&mdash;A todos nos gustan las mujeres; ¿cree usted que no tengo yo también lo
+que necesito?...</p>
+
+<p>&mdash;... me gusta Cristeta; pero ¿y si fuera también verdad que deseo
+meterme a empresario? Como usted ve, mi casa es pequeña, necesito poner
+un cuarto, una oficina donde ultimar contratos, hacer ajustes, etc., y
+necesito un representante. ¿Quiere usted serlo? Mil realitos al mes... y
+luego si usted logra que yo ajuste a esa señorita...</p>
+
+<p>&mdash;¡Ahí le duele!... No andemos con hipocresías. Ya le he dicho a usted
+que yo también tengo mis debilidades.</p>
+
+<p>&mdash;Entonces... entre hombres debemos ayudarnos. El día menos pensado tiene
+usted una conquista seria, y me dice usted: «Amigo Todellas, présteme
+usted la llave y váyase usted de paseo»; por un amigo todo se hace.</p>
+
+<p>A don Quintín se le ocurrió una idea portentosa: pareciole que no cabía
+más en cerebro humano. Aquel hombre que se había burlado de él, le
+estaba facilitando el camino de la más sabrosa venganza. Otra era la que
+él tenía pensada; pero, pues las cosas venían rodadas... ¡también
+aquélla!</p>
+
+<p>Don Juan continuaba diciendo:</p>
+
+<p>&mdash;¿No está usted quejoso de ella, no se ha portado con usted
+indignamente?</p>
+
+<p>&mdash;Tiene usted razón; trato hecho. Yo le llevaré a usted la... tiple.</p>
+
+<p>&mdash;Y yo le nombro a usted... eso que he dicho antes.</p>
+
+<p>Don Quintín representaba la comedia por imposición y encargo ajeno; pero
+al mismo tiempo, le sonreía la perspectiva de aquella venganza que había
+imaginado; además, si lo de la empresa teatral fuese recurso cierto,
+ideado por don Juan para entenderse con Cristeta, también de esto
+sacaría él partido, procurando el ajuste de Carola. En vista de lo cual,
+aunque desconfiaba de la farsa, fingió aceptarla, considerándola como un
+<i>modus vivendi</i> necesario para sellar el vergonzoso pacto. El taponazo
+del Champaña le sacó de sus cavilaciones.</p>
+
+<p>Don Juan, alzando la espumante copa, le dijo, como si fuesen antiguos
+compañeros de calaveradas:</p>
+
+<p>&mdash;Cuando dos caballeros quieren entenderse, no hay quien pueda con ellos.
+Todavía tiene usted que hacer buenas migas con este cura... ya sé yo los
+puntos que usted calza. (<i>Pausa larga</i>.) Vaya, el día que se canse usted
+de Carola, le voy a presentar a usted a una chica de veinte que le
+vuelve a usted tarumba.</p>
+
+<p>&mdash;¿Pero usted sabía?...</p>
+
+<p>&mdash;¿Lo de Carolina? Todo Madrid lo sabe, y ándese usted con tiento..., es
+guapa mujer, pero costosa, exigente, acostumbrada a mucho señorío; no le
+vendrán a usted mal los cincuenta de la representación. Lo grave sería
+que lo supiese su esposa de usted.</p>
+
+<p>Este momento fue el único en que don Quintín perdió terreno. No era sólo
+Cristeta quien podía perderle; también aquel hombre conocía su
+secreto...; pero ¿qué secreto si acababa de oír que Carola era mujer de
+fama?</p>
+
+<p>&mdash;¿Quedamos&mdash;preguntó don Juan&mdash;, en que somos buenos amigos?</p>
+
+<p>&mdash;Sí, señor. ¡Tiene usted un modo de tratar las cosas!... Vaya, y para
+que usted no pueda tener queja de mí, le diré a usted una sospecha, no
+pasa de sospecha, que yo tengo. Usted sabe que Cristeta fue a
+Santurroriaga hace cerca de tres años. Pues bien; la doncella que la
+acompañó me ha contado que allí tuvo algo con no sabe quién..., de
+cierto, nada; pero algún lío debía de traer entre manos, porque, según
+la chica, en cuanto llegaban por la noche del teatro a la fonda,
+Cristeta la despedía sin dejar que la desnudase; y otras veces se
+quedaba escribiendo hasta muy tarde.</p>
+
+<p>Aquí a don Juan se le alegra la mirada de un modo apenas perceptible, y
+rueda por sus labios una sonrisa.</p>
+
+<p>Prosigue don Quintín:</p>
+
+<p>&mdash;En seguida, o poco después, vino lo del casorio con Martínez que, según
+mis noticias, es un animalote ordinario que se chifló atrozmente por
+ella.</p>
+
+<p>Don Juan se pone muy serio y escucha con mayor interés.</p>
+
+<p>El estanquero continúa:</p>
+
+<p>&mdash;Bueno; pues yo, teniendo en cuenta lo lista que es Cristeta y lo
+apasionado que llegó a estar Martínez por ella, me hago la siguiente
+pregunta, y usted dirá si es un disparate: ¿no es posible que el chico
+sea del otro de quien habla la doncella, suponiendo que sea verdad, y
+que Cristeta, al casarse con el Martínez, le haya hecho apechugar con el
+muñeco... ya nacido o en vísperas? Crea usted que una mujer que se ve
+perdida es capaz de todo, y un hombre enamorado también. He dicho
+sospecha, nada más que sospecha; pero tiene su poquito de fundamento,
+porque fíjese usted: primero lo que dice la doncella, y luego el casarse
+con un tío tan ordinario, sólo puede haberlo hecho por cálculo; ¿y qué
+mayor provecho que legalizar la situación en que se hallaba?; por
+último: ¿a qué esconderse de mí y de mi mujer, a quienes debía estar tan
+agradecida, esquivándonos como lo ha hecho? Vamos, yo veo la cosa
+turbia.</p>
+
+<p>La impresión que recibió don Juan fue horrible.</p>
+
+<p>Fingió escucharlo todo sin darle importancia, haciendo como que jugaba
+distraídamente con el regojuelo que había quedado sobre la mesa, pero en
+realidad estaba profundamente pensativo.</p>
+
+<p>Aquella idea se le había ocurrido alguna vez, muy vagamente, pero jamás
+la formuló su pensamiento con tan espantables caracteres de posibilidad.
+¡Suyo el hijo de Cristeta! ¡Vaya un final de almuerzo! Poco le faltó
+para exigir a don Quintín con malos modos que confesara cuanto supiese;
+mas comprendió que la violencia era inútil. Sólo su propio ingenio y la
+confesión de Cristeta podían sacarle de dudas: era forzoso que mediase
+entre ambos una explicación. Al cabo de unos instantes, sobreponiéndose
+al disgusto que experimentaba, reanudó el diálogo y se mostró
+amabilísimo con don Quintín. Aquel hombre le era, desgraciadamente,
+necesario.</p>
+
+<p>Tomaron exquisito moka, que al estanquero le pareció inferior al del
+café, y luego, saboreando unas copas de licor, don Juan le ofreció
+habanos.</p>
+
+<p>&mdash;No es mal tabaco&mdash;decía don Quintín&mdash;; pero crea usted que no hay nada
+como los peninsulares bien elegidos.</p>
+
+<p>Separáronse tras grandes protestas de lealtad y mutua protección.</p>
+
+<p>Poco después don Quintín iba por la calle haciendo estas reflexiones:
+«¡Vaya un tío cuco...! pero se ha fastidiado. ¡Cincuenta duros...!
+¡Carola, segura...! En cuanto a lo demás... Cristeta verá lo que hace:
+he cumplido sus órdenes; ahora... me lavo las manos.»</p>
+
+<p>Hasta quedarse solo no sintió don Juan en toda su intensidad el
+disgustazo que acababan de darle.</p>
+
+<p>Había en los razonamientos de don Quintín, o, mejor dicho, se desprendía
+de ellos una consideración de muchísima fuerza. ¿Cómo se explicaba que
+Cristeta, tan sentimental y delicada, hubiese consentido en entregarse a
+un hombre como Martínez, rico, pero vulgarote y ordinario? Don Juan
+recordaba perfectamente las repetidas veces en que Julia le habló de su
+amo tratándole de grosero, basto y a la pata la llana. Pensándolo bien,
+estas confidencias de la niñera podían servir de base a las conjeturas
+en que ahora le hacían caer las frases del estanquero; todo indicaba que
+sólo el interés, pero un interés poderosísimo, había determinado la
+boda. Por otra parte, no siendo ella codiciosa... ¿qué interés podía
+tener...? sólo el de regularizar la falsa situación en que se hallase, o
+el ansia de asegurar el porvenir del niño, si ya estaba camino del
+mundo.</p>
+
+<p>«Este mamarracho de viejo&mdash;se decía&mdash;, es un sinvergüenza capaz, por
+dinero, de hacernos el embozo de la cama...; pero ¡ella, ella! Ahora me
+explico sus lágrimas, su miedo de acercarse a mí, sus palabras
+tristes...; no puede menos de quererme. Y el chico... ¿mío? ¡sabe Dios!;
+pero no es ningún imposible... y ese señor Martínez... ¡anima!, aunque
+no, puede que no esté sino perdidamente enamorado, loco, ¿no ha de poder
+trastornarse otro hombre si a mí me están dando ganas de llorar?»</p>
+
+<p class="puntos">*<br />* *</p>
+
+<p>Aquella misma noche el estanquero refirió a su sobrina cuanto habló con
+don Juan durante el almuerzo; pero puso gran cuidado en callar todas
+aquellas sospechas que le hizo concebir relacionadas con el origen del
+niño, y que respondían a su particular deseo de vengarse. No obstante la
+omisión, Cristeta escuchó todo lo demás inquieta y azorada, miedosa de
+su propia obra. Una imprudencia, por pequeña que fuese, y estaba
+perdida; el menor descuido, y en vez de ingeniosa enamorada, semejaría
+codiciosa enredadora.</p>
+
+<p>¡Triste condición de toda mujer amante y burlada, que al reconquistar el
+bien perdido, parece trapisondista despreciable!</p>
+
+
+
+
+
+<h3><a name="Capitulo_XIX" id="Capitulo_XIX"></a>Capítulo XIX</h3>
+
+<p>De cómo Cristeta representó en un palco mejor que cuando lo hacía en el
+escenario</p>
+
+
+<p>Don Juan tenía pensado alquilar un cuarto y amueblar en él dos
+habitaciones: una tal que pareciese oficina, para dar sombra de
+apariencia a lo de la empresa teatral, y otra cuidadosamente alhajada,
+donde, atraída Cristeta, quedara su resistencia vencida; pero en vista
+de la conferencia con don Quintín, consideró inútil lo primero, pues el
+grandísimo bribón no había menester disimulo, sino dinero; por lo cual a
+otro día del almuerzo le mandó a Benigno con una carta en que, a modo de
+primer mes de sueldo, le remitía mil reales, es decir, el amor de Carola
+provisionalmente asegurado. En cuanto a lo de alhajar cómoda y
+lujosamente un nido donde recibir a Cristeta, también varió algo su
+propósito, discurriendo que tal vez careciera de sentido común el
+forjarse ilusiones si la paloma había ya anidado en otro lado, y hasta
+hecho cría.</p>
+
+<p>El deseo de aquel hombre iba sufriendo una transformación tan radical
+como justificada. Lo que hasta entonces le movió fue el apetito amoroso
+que juntamente despertaban en su ánimo la belleza de Cristeta, la
+envidia de su legítimo poseedor y la vanidad herida; pero a consecuencia
+del almuerzo con don Quintín, todo cambió. Ya no podía bastarle poseer a
+Cristeta como a una mujer cualquiera; quería saber si aún era amado de
+ella; aquilatar qué clase de afecto profesaba a su marido, o lo que
+fuese; obtener pleno conocimiento del origen del niño; en fin, salir de
+dudas. La frívola pertinacia del galanteador de oficio, la tenacidad
+irritante del mujeriego afortunado, habían cedido el puesto a móviles
+más serios. Lo que comenzó a guisa de vulgar conquista, iba
+transformándose en drama psicológico, sin puñalada, pistoletazo, ni
+catástrofe, pero muy serio: acaso con su catástrofe y todo, porque
+¿quién era capaz de prever las complicaciones a que podría dar ocasión
+el odioso Martínez? Pero lo grave era que la mujer antes perseguida y
+deseada sólo por gentil y graciosa, se había trocado en hechicera
+enigmática: ya no era don Juan un temperamento atraído por la belleza,
+sino una voluntad obstinada en descubrir el arcano que llevaba una mujer
+dentro del pecho. Hasta el pecho ¡lo más hermoso del cuerpo de Cristeta!
+se le olvidaba pensando en su corazón.</p>
+
+<p>Tomó un piso entresuelo en cierta casa de un amigo suyo (la calle,
+aunque céntrica, casi solitaria), y en cuatro días, a fuerza de dinero y
+con ayuda de don Quintín, hizo que le amueblaran un precioso gabinete
+donde todo era sencillo y de exquisito gusto. La alfombra, clara; sobre
+una mesita, una lámpara preparada, y como adorno, muchas flores. No
+había reloj, para indicar que quien lo dirigió todo no quería tasado el
+tiempo. Por precaución tenía la estancia puertas francas a escaleras
+distintas, y en los balcones visillos muy tupidos. Junto a la chimenea
+se veía uno de esos asientos llamados confidentes, dispuestos en forma
+de ese, donde una pareja puede mirarse rostro a rostro, llegando tibio
+el aliento del que habla a la oreja del que escucha: para diálogo
+amoroso, imposible hallarlo mejor; pero no era mueble incitante y
+traidor de aquellos en que la castidad suele reclinarse sana y
+levantarse herida.</p>
+
+<p>Al quinto día, luego que la casa estuvo dispuesta, don Juan entregó a su
+representante una llave por si encontraba momento propicio de llevar a
+Cristeta o de hacer que se resolviese a ir; y envolviendo el ruego en
+promesas, le suplicó que apurara todos los medios imaginables para que
+su sobrina le concediese la deseada entrevista.</p>
+
+<p>En un principio, de acuerdo con ella, don Quintín dio largas pretextando
+que no había logrado verla; después dijo que vacilaba y temía; por
+último, que comenzaba a desesperar. Así transcurrieron dos semanas, de
+beneficioso resultado para su bolsillo y de triste incertidumbre para
+don Juan, quien al cabo determinó escribir a su adorada; de lo que se
+originó nueva cita con Julia en la Plaza Mayor, y nueva carta, que a la
+letra decía estas palabras:</p>
+
+<div class="blockquot"><p><i>«Cristeta de mi alma: Ha pasado qué sé yo cuánto tiempo desde que
+nos vimos; no tengo ya ninguna esperanza y, sin embargo, no me resigno a
+perderte. ¿Dejarás que me marche de Madrid? Porque no puedo vivir así.
+No te pido más que una entrevista muy breve, y te doy palabra de honor
+que no tendrás que arrepentirte.</i></p>
+
+<p><i>He puesto un cuartito en la calle de Belén, 78, entresuelo. Allí
+te aguardo mañana y pasado, desde la una de la tarde hasta el anochecer.
+Si no me contestas dentro de cuarenta y ocho horas, será señal de que
+nada puedo esperar, y esta misma semana saldré de Madrid para no volver
+nunca. Adiós, Cristeta de mis ojos. Medita bien lo que resuelves, que va
+de veras, y acuérdate de tu desgraciado</i></p>
+
+<p class="r">JUAN.»</p></div>
+
+<p>Al expirar el plazo, cuyo término caía en lunes, don Juan recibió
+respuesta con estas palabras, de mano de Cristeta:</p>
+
+<div class="blockquot"><p><i>«Estoy malucha, y además no puedo ni debo aceptar eso que
+propones; el domingo que biene toma un palco alto, para por la tarde, en
+cualquier teatro, y enbiamelo: de otro modo, nada.</i></p>
+
+<p class="r">C.»</p></div>
+
+<p>¡Qué semana! Ni educanda encerrada que aguarda el día de salida para ver
+al primer muchacho que a hurtadillas le oprime la mano, y con quien soñó
+castamente en el lecho virginal del convento; ni príncipe en vísperas de
+ser coronado rey; ni miserable usurero a punto de cobrar; ni madre de
+marino que en la costa espera el navío donde su hijo torna, nadie se
+impacientó ni desesperó tanto como el pobre don Juan.</p>
+
+<p>Llegó el sábado; fijáronse en las esquinas los carteles teatrales,
+leyolos, calculó cuál sería la función más larga, y vio que en la
+Zarzuela representaban un melodrama en cinco actos, seguido de sainete;
+es decir, cinco entreactos, que era lo que a él le interesaba. Tomó para
+sí una butaca, escogió un buen palco y se lo mandó a Cristeta. «¿Quién
+la acompañará?&mdash;pensó&mdash;. Cuando lo ha pedido para por la tarde, es que
+lleva al chico.» Y al recordar al niño se le puso carne de gallina.</p>
+
+<p>El domingo amaneció sereno, hermosísimo. Con el temor de que se
+suspendiera la función, se puso don Juan más nervioso que mujer en
+tienda de sedas. Por fortuna, al medio día se nubló el cielo y comenzó a
+llover. Su primera impresión fue de alegría; pero luego se dijo: «¿A que
+no va porque no coja humedad el chiquillo?»</p>
+
+<p>Hasta la hora del espectáculo permaneció encerrado en casa y, según su
+costumbre, quiso distraerse leyendo; pero todo fue inútil. Tal estaba su
+ánimo, que no le hizo gracia <i>Don Quijote</i>. Si llega a hojear <i>La divina
+comedia</i> se ríe del conde Ugolino. Al oír que daban las tres en el reloj
+del despacho, púsose el gabán y salió.</p>
+
+<p>Madrid estaba convertido en un lodazal; soplaba norte pulmoníaco, y la
+lluvia, por lo terca y violenta, se burlaba de toda prenda impermeable;
+pero a don Juan le pareció que caminaba por las secas alamedas de un
+jardín donde corría suavísimo céfiro y que del cielo caía tibio rocío
+perfumado, como aquel que un alarife cordobés hizo llover en el serrallo
+del califa.</p>
+
+<p>Cuando llegó al teatro aún estaba el pórtico cerrado, y ante él
+esperaban, devorados de impaciencia y roídos de mal humor, grupos de
+papás, manadas de niñeras y enjambres de chicos. Por fin, abrieron, y la
+puerta comenzó a engullir gente. Todos se apresuraron: nadie dio tantos
+codazos como don Juan.</p>
+
+<p>Otros llevaban al niño de la mano: él llevaba dentro al niño Amor, que,
+aposentado en su corazón y su pensamiento, lugares donde antes jamás
+entró, corría de uno para otro.</p>
+
+<p>La sala estaba a media luz: don Juan, que llevaba tres horas
+diciéndose:&mdash;<i>«Principal, número nueve»</i>, miró al palco.</p>
+
+<p>Los violines, mal afinados, gruñían como cochinillos hambrientos, oíase
+algún quejido gangoso de clarinete y rasgaban el aire alegres carcajadas
+infantiles.</p>
+
+<p>Don Juan, de pie en el callejón central de las butacas, tenía fija la
+mirada en el palco. De pronto, levantose la cortina, apareció Julia con
+el niño en brazos, y tras ella, destacando por claro sobre el fondo
+oscuro del palco, se dibujó la encantadora figura de Cristeta, en
+actitud de alzar las manos para quitarse un precioso sombrerillo. ¡Qué
+semblante y qué talle! A no estar trastornado por sus preocupaciones,
+don Juan hubiese comprendido mirándola, que la esbeltez de aquella mujer
+era incompatible con la maternidad. Lo de llevar al teatro un niño de
+dos años, le pareció insensato...; pero era el pretexto: y además, los
+padres llevan a sus hijos demasiado pronto al teatro, porque se hacen la
+ilusión de que entienden lo que ven.</p>
+
+<p>Cuando aumentó repentinamente la intensidad del alumbrado, Julia y el
+chico lanzaron a dúo un ¡aah! formidable. Cristeta se sonrió, y a don
+Juan le pareció que de aquella sonrisa había brotado la claridad.</p>
+
+<p>¡Qué hermosa estaba la antigua comiquilla! Lo que descubría del traje
+por cima del antepecho del palco, era un primor. Vestía una chaquetilla
+de paño gris perla, bien ceñida y sin adornos, luciendo, al quitársela,
+el cuerpo del vestido, liso y rojo muy oscuro, con muchos botoncitos de
+plata; al cuello una gola de piel negrísima, sobre la cual brillaba,
+como enroscada sierpe de oro, el moño de pelo sedoso y rubio. Nada de
+joyas, ni siquiera un brazalete; pero, en cambio, sus movimientos,
+ademanes y posturas estaban impregnados de aristocrática gentileza.</p>
+
+<p>Don Juan enderezó hacia ella los gemelos, y viéndola tan hermosa creyó
+no haberla poseído nunca. No parecía muchacha plebeya elegantizada de
+repente, sino hija de grandes, hecha desde niña a todos los
+refinamientos del lujo.</p>
+
+<p>Lo poco que don Juan oyó del acto primero, se le hizo interminable. ¡Y
+qué malo! Arte para la galería, espectáculo propio de pueblos atrasados;
+lo de siempre: la dama perseguida, el traidor eterno, el vulgar
+gracioso. Por supuesto, que Lope o Alarcón no le hubieran aquel día
+parecido mejores. Miró hacia el palco muchas veces, y en dos notó que
+ella le correspondía con amables sonrisas. Terminado el acto, repitió
+las miradas con gran insistencia, moviendo hacia arriba la cabeza,
+indicando que quería subir: ella, disimuladamente, extendió el brazo y
+abrió la mano, moviéndola hacia abajo, lo cual, con toda claridad,
+significaba: «Espera.» Don Juan puso cara de pariente desheredado. En el
+segundo, tercero y penúltimo entreacto, que por fortuna no fueron
+largos, ocurrió exactamente lo mismo, con lo cual el disgusto del
+enamorado arreció tanto, que comenzó a retorcerse en la butaca como
+diablo que se ahogase en agua bendita. ¿Si habría pensado aquella mujer
+que iba él a contentarse con una ración de vista?</p>
+
+<p>Por fin, al caer el telón tras el último acto del melodrama, cuando no
+quedaban más que un intermedio y el sainete, don Juan, ya tan impaciente
+que aun sin permiso ni consentimiento subiera, repitió la seña de
+levantar la cabeza como preguntando: «¿Voy?» Entonces Cristeta le
+dirigió una mirada cariñosa, haciendo al mismo tiempo un gesto de
+conformidad, que quería decir: «Ven.»</p>
+
+<p>Salió de la platea, y echando escaleras arriba, medio derribó a un
+chico, pisó a una señora y tropezó con un caballero, a quien tiró el
+cigarro. Le pareció oír insultos a su espalda, pero no hizo caso. El
+corazón le latía como a chico en examen.</p>
+
+<p>Antes de que acudiese el acomodador ya tenía Cristeta entornada la
+puerta del palco, cuyas cortinas caían rectas, dejando sólo entre sí una
+estrecha abertura por donde penetraban el resplandor y los rumores de la
+sala. Juan cerró con tiento; y no por estudiada osadía, como en otros
+tiempos, sino por sincero e irresistible impulso, cogiendo con fuerza
+las manos de Cristeta, la empujó hacia atrás, sentándola en la banqueta
+del antepalco; y en seguida, alzando hasta su boca las manos deseadas,
+despacio, tembloroso, casi con respeto, se las besó, seguro de que no
+podían ser vistos, mientras ella, al través de la cabritilla, sintió
+algo que la quemaba dulcemente.</p>
+
+<p>Pasaron unos segundos sin que ninguno de ambos profanase aquel silencio,
+que lo decía todo. Por fin habló Juan en voz baja:</p>
+
+<p>&mdash;Tú mandas y yo obedezco; pero mía ¡para siempre!</p>
+
+<p>La respuesta fue un suspiro salido de muy hondo, y un movimiento de
+cabeza triste y negativo.</p>
+
+<p>Estaban en sombra, nadie podía verles, y por entre la separación del
+cortinaje penetraba una faja de luz que Cristeta procuraba esquivar
+echando el cuerpo hacia atrás. Al moverse creyó dar con la espalda en el
+muro; pero Juan había sabiamente deslizado una de sus manos entre la
+pared y el cuerpo de ella, de modo que al querer recostarse quedó
+aprisionada por el talle. Ambos se estremecieron, pareciéndoles que no
+había transcurrido tiempo desde la última caricia. Aquello fue la
+repetición del bien pasado; acaso la dicha más grata que da el amor.
+¡Qué recuerdos! Astucia de mujer, cavilosidad de hombre, entereza de
+ánimo, escozor de vanidad ajada, ¡cómo vinisteis a tierra fundidos por
+aquel calor que, traspasando las telas y penetrando las carnes, llegaba
+por los nervios al centro de las almas!</p>
+
+<p>&mdash;¡Vida mía!</p>
+
+<p>&mdash;¡Juan, por piedad!</p>
+
+<p>Fueron dos exclamaciones más henchidas de poesía que el mejor poema. Sin
+embargo, Cristeta, que todo lo arriesgaba en la partida, se rehizo, y
+dominando su primera impresión, se aprestó a la lucha. Era llegado el
+instante de lo que ella, a solas con su pensamiento, llamaba el último
+acto de su comedia. Sin apartar el cuerpo del brazo de Juan ni retirar
+la mano que le tenía abandonada, pero mostrándose fría y serena (la
+procesión andaba por dentro), dijo:</p>
+
+<p>&mdash;¿Por qué no me dejas vivir tranquila? ¿Qué quieres? ¿No comprendes que
+todo debe ser inútil?</p>
+
+<p>&mdash;Lo veremos. Hay mucho que hablar. Un hombre que se ve en mi situación,
+tiene derecho a...</p>
+
+<p>&mdash;A nada.</p>
+
+<p>&mdash;Te equivocas. No queda tiempo, ni éste es sitio para explicarse; pero
+como tú no has querido nunca venir a terreno mío...</p>
+
+<p>&mdash;¿Era decoroso?</p>
+
+<p>&mdash;En fin, aprovechemos los instantes. ¿Cuál ha sido tu conducta desde que
+me fui a París?</p>
+
+<p>&mdash;¿Desde que me abandonaste en la fonda de Santurroriaga?</p>
+
+<p>&mdash;Bueno, como quieras, te abandoné; de eso luego se tratará. ¿Qué
+hiciste?</p>
+
+<p>&mdash;¿Y no se te ha ocurrido preguntártelo a ti mismo hasta que has vuelto a
+verme?</p>
+
+<p>&mdash;¡Responde!</p>
+
+<p>&mdash;¿Y por qué has de ser tú y no yo quien interrogue? ¿Porque eres hombre?
+Ten calma.</p>
+
+<p>&mdash;No puedo, la tendré cuando hayas vuelto a mi poder.</p>
+
+<p>&mdash;¡Ah! Me quieres ahora porque no puedo ser tuya.</p>
+
+<p>&mdash;Más de lo que te figuras. Estoy dispuesto a todo.</p>
+
+<p>&mdash;Y yo a nada.</p>
+
+<p>&mdash;¡Parece mentira que se te hayan olvidado ciertas cosas!</p>
+
+<p>&mdash;¿Cómo he de olvidar lo que hiciste conmigo?</p>
+
+<p>&mdash;Bueno..., ¿qué buscas, qué pretendes? ¿La satisfacción de oírme que
+hice mal? ¿que te diga que me arrepiento? ¿que ni siquiera me porté como
+caballero? Corriente; no merezco ni lástima...; humíllame, véngate
+cuanto quieras; pero, ¡por Dios, Cristeta, vida mía! ¿a quién has
+querido, de quién eres...? ¡yo no puedo vivir así!</p>
+
+<p>Tal sinceridad había en su acento, que de buena gana Cristeta se hubiese
+dejado comer a besos, si no temiera que la precipitación malograse su
+plan. Se limitó a mirarle con dulzura, respondiendo:</p>
+
+<p>&mdash;¿Pues qué clase de mujer crees que soy? ¿de las que tú estabas
+acostumbrado a tratar?</p>
+
+<p>&mdash;Es que no puedo callártelo.... esa criatura&mdash;y extendió el brazo hacia
+donde estaba el niño&mdash;esa criatura me tiene loco... Cuando yo me marché
+de Santurroriaga..., porque..., la verdad..., ¿al cabo de cuánto tiempo
+te casaste? Aun suponiendo que hallases un hombre tonto o... poco
+escrupuloso, en fin, uno que pasara por todo, ¿no tenía yo algún derecho
+a saber la resolución que ibas a tomar?</p>
+
+<p>Cristeta, sorprendida, le dejó concluir. Ignoraba las insidiosas frases
+pronunciadas por su tío el día del almuerzo para herir a don Juan, y no
+esperaba semejante ataque. Cierto que había, desde un principio, ideado
+acompañarse del niño para dar más viso de verdad a su condición de
+casada; pero, a pesar de su travesura, jamás imaginó, ni entró en sus
+cálculos, excitar a Juan martirizándole con la creencia de que el chico
+pudiera ser suyo; y en aquel momento comprendió, por fortuna, que el
+recurso que a las manos se le venía era efímero y de muy peligroso
+aprovechamiento. Además, su orgullo legítimo de mujer amante le inspiró
+el recelo de que si don Juan aceptase aquella paternidad, ya no sería
+ella misma quien venciera, sino el niño, y por último pensó también que
+como al fin y a la postre habría de descubrirse la mentira, sería fatal
+para ella que su ingenio de enamorada pudiese ser calificado como
+ambiciosa tramoya y conspiración de aventurera.</p>
+
+<p>Juan estaba pendiente de sus labios.</p>
+
+<p>Cristeta suspiró; luego guardó silencio en larga pausa, mirándole
+fríamente, mostrándole impávida el azul profundo de sus ojos; se pasó la
+lengua húmeda por los labios secos, y muy despacio, levantando una mano
+y posándosela en el hombro, le dijo con melancólica solemnidad, al mismo
+tiempo que dejaba caer ruborosa los párpados de larguísimas pestañas.</p>
+
+<p>&mdash;Vive tranquilo; te juro que ese niño no es tuyo.</p>
+
+<p>Juan reprimió un suspiro de desahogo, y acentuando el fervor amoroso,
+por disimular la emoción, repuso a modo de acusador:</p>
+
+<p>&mdash;Entonces, infame... sí, perdóname, infame, ¿qué cariño era el tuyo, qué
+pasión era aquélla, si cuando apenas me fui te entregaste a otro y con
+tal entusiasmo que... ¡ahí están las pruebas! (Y volvió a señalar al
+chico.) Yo pude ser falso, engañador, traidor, sobre todo, tonto,
+porque, al dejarte, en la culpa llevaba la pena; pero ¿qué nombre merece
+tu conducta?</p>
+
+<p>&mdash;¿Es decir, que mi obligación era quedarme toda la vida esperando a que
+se te antojase volver a acordarte de mí, como se queda un libro en un
+estante, hasta que su dueño tenga capricho de volverlo a leer? Sé
+franco, mírame cara a cara y dime: si yo fuera libre, ¿hubieras vuelto a
+pensar en mí? Dispensa la dureza, pero lo que ahora sientes no es amor,
+es envidia de otro.</p>
+
+<p>&mdash;De ese otro a quien odio y aborrezco, también tenemos que hablar; pero
+quien me importa verdaderamente, eres tú. Ya lo estás viendo: me has
+dicho que el niño nada tiene que ver conmigo, y sigo diciéndote que no
+puedo vivir sin ti.</p>
+
+<p>&mdash;¿Pues qué recurso sino conformarse?</p>
+
+<p>&mdash;¡Si fuera en Francia!</p>
+
+<p>&mdash;Sí, allí creo que se casan y se descasan como perros.</p>
+
+<p>&mdash;¡Bendito país, donde la traición, el engaño y hasta el error tienen
+remedio!</p>
+
+<p>&mdash;¿Y quién te dice que yo sea capaz de aceptar eso? ¿Acaso no puedo
+quererle?</p>
+
+<p>&mdash;¿Al niño? Naturalmente; al fin, es hijo tuyo.</p>
+
+<p>&mdash;No me has comprendido...&mdash;repuso sin atreverse a concluir.</p>
+
+<p>&mdash;¡Calla, traidora! porque no respondo de mí.</p>
+
+<p>Y alzó tanto la voz, que ella hizo ademán de taparle la boca con la
+mano.</p>
+
+<p>&mdash;No pensemos en lo imposible&mdash;añadió Cristeta tristemente&mdash;¿Has querido
+verme para que sufriéramos los dos? Ya estarás satisfecho; pero basta...
+¡por la Virgen Santa!</p>
+
+<p>Intentó incorporarse, Juan la contuvo oprimiéndola el talle, y aún más
+con el suplicar de su mirada, al mismo tiempo que decía:</p>
+
+<p>&mdash;No perdamos tiempo en recriminaciones inútiles. ¿Me he portado mal?,
+pues te pido perdón. ¿Has obrado por despecho?, te perdono. ¿Nos hemos
+equivocado los dos, yo al dejarte y tú al olvidarme?, pues venzamos a la
+desgracia. Manda, ordena, dispón, decide lo que quieras; paso por todo,
+¡pero mía, mía para siempre!</p>
+
+<p>&mdash;¿Y qué sabes tú lo que es <i>siempre</i>? ¿Cuánto tardarías en cansarte otra
+vez de mí? Y, sobre todo, no reparas en lo que hablas... y me estás
+ofendiendo. Óyelo bien; jamás engañaré a Martínez, lo juro. Lo hecho,
+hecho está.&mdash;Y al decir esto, sonrió ligeramente, como burlándose de sus
+propias palabras.</p>
+
+<p>&mdash;¡Pues yo lo deshago!&mdash;replicó Juan en fogoso arranque.</p>
+
+<p>&mdash;Eso se dice ahí, en el escenario, pero aquí en la vida... ¡ya no
+podemos ser dichosos!</p>
+
+<p>&mdash;¿Luego me quieres? ¡alma mía! ¿No eres feliz? ¿Qué hombre es ése? ¿Por
+qué te has enamorado? Cuéntamelo todo.</p>
+
+<p>&mdash;No me atormentes más, que estoy sufriendo mucho...; mira, mira&mdash;añadió
+levantando un poco la cortina&mdash;márchate, que ha comenzado el sainete.</p>
+
+<p>No había comenzado, sino que faltaba poco para que concluyera.</p>
+
+<p>&mdash;¡Quiá! ¡Qué he de irme! ¿Crees que he venido sólo para esto? Vuelves a
+ser mía... y hoy te acompaño hasta tu casa.</p>
+
+<p>&mdash;Ni una palabra más. Accedí a oírte, porque supuse que tendrías juicio.
+Esto se acabó; yo no transigiré nunca con ciertas cosas.</p>
+
+<p>&mdash;Ni yo con perderte.</p>
+
+<p>&mdash;Entonces, ¿qué pretendes? ¿que sea de dos a un tiempo? ¿Quién
+resultaría despreciable, nosotros o <i>él</i>? Figúrate lo absurdo, que <i>él</i>
+lo tolerase: ¿crees que yo podría tenerle al lado?</p>
+
+<p>&mdash;Cuanto dices prueba que no has dejado de quererme: ¡eso es lo que yo
+deseaba saber! Ahora, la última pregunta, y ¡mira que hablas con un
+hombre resuelto a todo!: ¿estás realmente casada? porque hay quien... no
+lo cree.</p>
+
+<p>Cristeta vaciló un punto, sin atreverse a responder categóricamente.
+Hasta entonces había puesto especial empeño en no afirmarlo. Tampoco en
+aquel instante quiso decirlo, y en vez de contestar de palabra, como si
+cediese a una languidez incontrastable, dejó caer el dulce peso de su
+cuerpo sobre el hombro de Juan, al mismo tiempo que decía:</p>
+
+<p>&mdash;¡Qué desgraciada soy! ¡Déjame, déjame!</p>
+
+<p>Al sentir Juan acariciado el rostro por el cosquilleo del pelo de
+Cristeta, dio al olvido la pregunta que hizo, la respuesta que esperaba,
+hubiera olvidado hasta la gloria si entonces se la hubiesen ofrecido, y
+estrechando contra el pecho la cabeza de su amada y pegando los labios a
+su oído, le dijo:</p>
+
+<p>&mdash;Iremos donde quieras, solos... o con tu chico..., yo seré su..., lo que
+tú mandes, ¡alma mía!</p>
+
+<p>Y la besó callada y blandamente entre el rizo y la oreja.</p>
+
+<p>Cristeta levantó la cabeza, mostrando involuntariamente los ojos llenos
+de felicidad. Juan había pronunciado aquellas palabras con una expresión
+nueva, desconocida para ella, y aquel beso fue más casto, más sincero,
+menos egoísta que los dados en otro tiempo por los mismos labios. No se
+sintió deseada, sino querida, y en lo más íntimo de su espíritu se alzó
+una voz que le decía: «Es tan mío como yo suya.»</p>
+
+<p>La función estaba concluyendo. Púsose Cristeta en pie sin que ya él lo
+estorbase, esquivó sus miradas como aterrada, y le dijo:</p>
+
+<p>&mdash;Vete. Quiero salir sola.</p>
+
+<p>&mdash;¿No viene nadie, ni tu tío, para acompañarte?</p>
+
+<p>&mdash;¡Ah!... A propósito de mi tío. Tengo que pedirte un favor.</p>
+
+<p>A no estar tan ciego el pobre don Juan hubiera notado que no era propio
+de situación tan grave hablar del ridículo don Quintín; mas sin pensar
+en ello, repuso:</p>
+
+<p>&mdash;¿Tú pedirme favores? Pon un bando, y hago que te obedezca... hasta el
+mismo Nuncio.</p>
+
+<p>&mdash;No exageres. Lo que quiero es que no contribuyas a volver loco a ese
+pobre hombre. En cuanto tiene dinero hace cada barbaridad... Con que no
+le des ni un duro. ¿Me lo prometes?</p>
+
+<p>&mdash;Pero, mujer...</p>
+
+<p>&mdash;No hay pero que valga; cuanto le das es para su mal.</p>
+
+<p>&mdash;¿Por qué?</p>
+
+<p>&mdash;Porque tiene... Vamos, que se lo gasta todo con una bribona, no para en
+casa, descuida el estanco, trata mal a la pobre tía... y se pone malo.
+¿Lo harás?</p>
+
+<p>&mdash;Te prometo no volver a darle ni una peseta. Adiós, y piensa que ya eres
+mía. Ahora cuando quieras nos veremos para convenir lo que más te
+agrade.</p>
+
+<p>Cristeta, comprendiendo que había llegado uno de los momentos más
+amargos y difíciles de su empresa, hizo un esfuerzo, y arqueando con
+gesto de desesperación los labios, alterada y sombría la voz, dijo,
+llenando de pesar a Juan:</p>
+
+<p>&mdash;No nos hagamos ilusiones... Me despreciarías, y harías bien... Esto es
+un sueño... Me estás volviendo loca, ¡pobre de mí!... Perdóname...
+Imposible. ¡Adiós!</p>
+
+<p>Las palabras salieron de sus labios saturadas de amargura; pero al mismo
+tiempo, sin que pudiera evitarlo, brilló en sus ojos tal llamarada de
+pasión, que aquella mezcla de negativa y de amor fue lo sumo de la
+coquetería. Don Juan no sabía a qué santo encomendarse. La boca de
+Cristeta decía: «Nunca»; los ojos gritaban: «Llévame.»</p>
+
+<p>Reclinada en la pared del antepalco, desordenadillo el rizoso pelo,
+acarminadas las mejillas y voluptuosa la mirada, estaba realmente
+encantadora.</p>
+
+<p>Don Juan, medio enloquecido, dijo:</p>
+
+<p>&mdash;¿Eres Cristeta, o eres un tigre que está jugando con mi felicidad?</p>
+
+<p>&mdash;¡Felicidad!&mdash;exclamó ella con acento melodramático, oportuna
+reminiscencia de su carrera artística&mdash;¡Felicidad!... Juan, no me hagas
+ser mala... ¡No quiero!... Adiós. ¡Jamás volveremos a vernos!</p>
+
+<p>En seguida hizo a la niñera una seña, salió ésta con el chico, le
+arroparon, pusiéronse la moza su mantón, la señora su linda chaquetilla,
+y salieron del palco. En el pasillo, Cristeta habló a su adorador en voz
+baja:</p>
+
+<p>&mdash;¡Por caridad... vete!</p>
+
+<p>&mdash;¿Hablaremos?&mdash;repuso él suplicante.</p>
+
+<p>&mdash;No me hagas ser mala. No quiero. Vete...</p>
+
+<p>El pasillo estaba ya lleno de gente. Don Juan comprendió que no era
+posible seguir hablando sin ponerse en ridículo.</p>
+
+<p>Mustio, alicaído y rabioso, bajó tras ella la escalera. Su propósito era
+seguirlas; pero apenas pisaron la calle se metieron en el coche que
+estaba aguardando. No debió de quedarse tan triste ni asombrado aquel
+hidalgo de la leyenda que vio ante sus ojos pasar su propio entierro,
+como quedó don Juan mirando alejarse rápida mente la berlina</p>
+
+<p>Cristeta iba encogida y como acurrucada en el fondo del coche, medrosa
+por lo que acababa de hacer. El riesgo de su ventura la tenía muerta de
+miedo. Pensó que acaso fue más allá de lo prudente. ¿Llegaría él a
+razonar, sentir y disculpar los móviles que la impulsaron, y, sobre
+todo, a empaparse bien de que eran desinteresados? Si creía que su
+objeto era atraparle, como en su soez lenguaje dicen los hombres entre
+sí, estaba perdida. Ocurríasele que con otro hombre habría empleado
+recursos diferentes; pero en seguida reflexionaba que a otro no le
+hubiera querido. En cuanto a Juan... él mismo, con su carácter,
+suministró idea del estímulo que había menester. ¿Estaba enviciado en la
+facilidad, madre del hastío?, pues hacerse desear. ¿Eran sus amores
+pasajeros y compradizos?, pues demostrarle que ella no se vendía, ni era
+su corazón tesoro para derrochado en unos días. ¿Lograría que Juan viese
+claro el sentimiento que la impulsó a tales aventuras? En caso
+afirmativo, el éxito sería doble: primero, porque adquiriría la
+persuasión de que Juan la conocía a fondo, como debe ser conocida la
+mujer amada; y segundo, porque así la conquista sería definitiva.
+Hallando mujer tan encariñada y animosa, sólo un necio podía renunciar a
+ella. En cambio, el fracaso no era únicamente la pérdida de la dicha,
+sino el descrédito a los ojos de Juan. ¡Adiós esperanza, amor..., todo!
+No se arredraba pensando en la vuelta al estanco y la pobreza; pero
+Juan, Juan... ¿Por qué se le habría metido aquel hombre tan adentro del
+alma? De todos modos, era imposible prolongar mucho la situación.</p>
+
+<p>Y, sin embargo, faltaba el último cartucho por quemar.</p>
+
+<p>Según costumbre, se apeó del coche en sitio apartado y volvió a casa a
+pie, sola y dando rodeos.</p>
+
+<p>Desnudose despacio, engolfada en sus ideas, entreteniéndose en guardar
+con cuidado sus ropas, relativamente lujosas, como el guerrero cuida y
+guarda las armas. Luego dirigió una mirada a los pobres muebles y
+blancas paredes de su cuarto, y suspiró pensando:</p>
+
+<p>«¡Quién sabe! ¡El beso de hoy me ha parecido beso de cariño!»</p>
+
+<p class="puntos">*<br />* *</p>
+
+<p>Don Juan se retiró como chico a quien dan cañazo en la escuela.</p>
+
+<p>«¿Qué mujer es ésta?&mdash;se decía al entrar en su casa&mdash;. ¿La coqueta más
+temible del mundo, o una desdichada que fluctúa entre el deber y el
+amor? Porque, ¡vaya si me quiere! ¡Cómo temblaba cuando la besé... y qué
+modo de mirar!»</p>
+
+<p>Ya no se le ocurría todo aquello de capricho, vanidad, lo que me dé la
+gana, un día, una hora... La quería por suya como se desea la felicidad,
+sin fijar término ni plazo, lo antes posible y para siempre: ya no era
+el temible Burlador de Sevilla, que seduce, logra y desprecia, sino el
+Tenorio apasionado que se rinde a doña Inés.</p>
+
+<p>Entre su deseo y su esperanza surgía el recuerdo de las últimas frases
+que Cristeta le dijo en el antepalco. Las recordaba claras, indudables,
+palabra por palabra, sílaba por sílaba. «... No me hagas ser mala... ¡No
+quiero!... Vete... ¡Nunca!»</p>
+
+<p>Entonces el hombre insustancial y frívolo, que no había vertido una
+lágrima desde la muerte de su madre, se dejó caer en una butaca,
+cubriose el rostro temiendo que le hicieran burla las Venus de bronce,
+las fotografías de mujeres hermosas o los retratos de queridas olvidadas
+y se echó a llorar como un niño.</p>
+
+
+
+<h3><a name="Capitulo_XX" id="Capitulo_XX"></a>Capítulo XX</h3>
+
+<p>Los favores que don Juan hizo antaño a su cocinera Mónica, le fueron
+grandemente pagados sin que él lo sospechara</p>
+
+
+<p>Cartas impregnadas de ternura, junto a las cuales resultarían pálidas
+aquellas que se escribieron en el Paracleto; recados apremiantes
+enviados por conducto de Julia; súplicas, amenazas, todo fue inútil.
+Cristeta, voluntariamente recluida en su casa, daba la callada por
+respuesta. Entonces, al modo que el general sitiador a quien es adversa
+la fortuna suspende el ataque y se encierra en su tienda, don Juan
+comenzó a filosofar, recurso de desgraciados, y le pareció que su pasado
+era ridículo; su presente, amarguísimo; su porvenir, incierto. El mal
+humor fue poco a poco convirtiéndosele en tristeza y ésta en melancolía.
+Haciendo retrospectivo examen de conciencia, consideró que su vida fue
+hasta entonces una serie de aventuras vulgares. Las mujeres a quienes
+venció no eran dignas de ser conquistadas: unas, porque valiendo poco le
+costaron mucho; otras, porque no se rindieron al galán seductor, sino a
+su propia desesperada lascivia; ya eran jovencillas viciosas,
+ex&mdash;vírgenes locas; ya mal casadas, ya viudas consumidas en forzosa
+continencia. Todas le dieron sobras de amor, escoria de los sentidos;
+pocas recordaba que no le hiciesen reír o avergonzarse. Ahora comprendía
+que cuanta fruta mordió era de la que se pudre en agraz o de la que por
+su peso cae dañada del árbol: la única vez que llegó a cogerla sazonada
+y fragante, dejó, como un estúpido, que otro la saborease, y al querer
+recobrarla... «Imposible». El acento con que Cristeta pronunció esta
+palabra le taladraba los oídos y le acibaraba el alma.</p>
+
+<p>A fuerza de permanecer encerrado en casa, comenzó a digerir mal, y luego
+a comer poco: uniose al desasosiego moral el malestar físico, ayudó la
+inapetencia a la melancolía, y en menos de tres semanas se quedó flaco y
+triste como fiera enjaulada.</p>
+
+<p>Benigno, a quien el retiro de su amo tenía la libertad mermada, le
+propuso llamar a Mónica, la incomparable cocinera que en situaciones
+menos graves había restaurado sus fuerzas. Don Juan le preguntó:</p>
+
+<p>&mdash;¿Recuerdas dónde vive?</p>
+
+<p>&mdash;No, pero lo preguntaré.</p>
+
+<p>&mdash;Bueno. Haz lo que quieras.</p>
+
+<p>Un poco movida del agradecimiento a la pasada generosidad de don Juan, y
+un mucho estimulada por el interés, Mónica dejó sus huéspedes
+encomendados a la cocinera que antaño tomó por hacer papel de ama, y
+volvió al servicio de su señor. Mas sus habilidades culinarias fueron
+estériles. ¿Qué vale el buen caldo contra la pasión de ánimo? ¿Qué
+pueden Vatel ni Motiño contra la lobreguez de ideas? ¡Mísero don Juan!
+La más suculenta gelatina se le acedaba, irritábanle los mariscos, la
+carne asada le daba náuseas, lo caliente le producía frío, con lo helado
+sudaba, las trufas le enfurecían, el rico Borgoña se le antojaba brebaje
+despreciable y la manzanilla le daba ganas de llorar; púsose al fin más
+triste que San Juan cuando descubrió la estrella del ajenjo que vertía
+hiel sobre la tierra. Llamó al médico, y al verle entrar en su cuarto
+túvole por precursor y heraldo de la muerte. Nada sacó en limpio. ¿Era
+dispepsia, gastralgia, pirosis? ¡Oh, inútil ciencia! ¡Oh, vanidad
+moderna! Una buena Celestina le hubiese valido más que el mismo
+Hipócrates.</p>
+
+<p>Cierta mañana Mónica le preparó ostras, huevos con cabezas de
+espárragos, solomillo en salsa de vino de Madera, pastel de chochas
+frías: todo ello en compañía de buen <i>Pomar</i>, incomparable <i>Tío Pepe</i> y
+café como el que hacen las huríes a Mahoma. Trabajo perdido. Los
+manjares volvieron, casi intactos, a la cocina. Supuso la vestal del
+fogón que la inapetencia era desprecio, y por salir de dudas, movida de
+santa indignación, entró al despacho.</p>
+
+<p>Estaba don Juan macilento, escuálido, sentado en un sillón y más sombrío
+que Bruto la víspera de Filipos. Recibiola sin sonrisas, sin gana de
+bromas, preguntando con voz desfallecida:</p>
+
+<p>&mdash;¿Qué te pasa, mujer?</p>
+
+<p>&mdash;Eso pregunto yo. ¿Qué le pasa al señor?</p>
+
+<p>&mdash;No tengo apetito.</p>
+
+<p>&mdash;Pues el almuerzo de hoy era para abrírselo a cualquiera.</p>
+
+<p>&mdash;Estoy malo.</p>
+
+<p>&mdash;Lo que estará el señor será...</p>
+
+<p>Y se detuvo respetuosa.</p>
+
+<p>&mdash;Di, mujer; ya sabes que te quiero y que siempre te he permitido que me
+hables con franqueza. ¡Al cabo de tantos años!</p>
+
+<p>&mdash;Pues lo que estará el señor será enamorado, y le habrá <i>dao</i> más fuerte
+que otras veces.</p>
+
+<p>El silencio de don Juan fue una especie de afirmación.</p>
+
+<p>&mdash;El señor es joven y está un real mozo...; pero a cada puerco le llega
+su San Martín...</p>
+
+<p>&mdash;Gracias.</p>
+
+<p>&mdash;Perdone el señor. Vamos, señorito, he querido decir que se habrá usted
+<i>estragao</i> con tanto variar de <i>guisaos</i>, y estará usted <i>reventao</i> de
+andar a salto de mata, cazando en sotos ajenos, y tendrá gana de
+fincarse.</p>
+
+<p>&mdash;No te entiendo.</p>
+
+<p>&mdash;Decía el cura de mi pueblo que el hombre que anda tras las mujeres es
+como el que ve muchas tierras, que al fin se cansa y quiere tener un
+rinconcito suyo..., pues; no quiero el monte del tío, sino el terruño
+mío.</p>
+
+<p>Esta tosca imagen le pareció a don Juan la síntesis de su situación;
+pero no era cosa de poner a la cocinera en antecedentes de su
+desventura. Sonrió con benevolencia y repuso:</p>
+
+<p>&mdash;Puede que no te falte razón.</p>
+
+<p>&mdash;Será alguna de esas señoritas de ahora que van tan majas y tienen unos
+cuerpos que da gloria. Convídela usted a comer con los papás, y pongo
+unos platos que se chupan los dedos, se entusiasman y para postre le
+regalan a usted la niña. ¿O será alguna de las antiguas? ¿Doña Purita,
+la que llegaba aquí en lunes y se marchaba en domingo, y venía su madre
+a traerle la muda? ¿La señorita Elisa, que le dejó a usted la mesa del
+despacho <i>perdía</i> de polvos de arroz? ¿La señora condesa...?</p>
+
+<p>&mdash;¡Calla, por Dios, mujer!</p>
+
+<p>&mdash;Sí, que sería el cuento de nunca acabar. La verdad es que ya esas no le
+convienen a usted: más vale que se busque usted otro remedio: a cabeza
+cansada, almohada nueva. Lo que importa es caer bien. No ha de faltarle
+a usted árbol donde ahorcarse. ¡Si viera usted qué chicas hay por esos
+rincones del mundo!</p>
+
+<p>Don Juan escuchaba por distraerse. Mónica seguía:</p>
+
+<p>&mdash;Yo tengo la tema de que los señores se gastan <i>ustés</i> el dinero con las
+que valen menos: <i>toos</i> los <i>cabayeros</i> de Madrid se están <i>ustés</i>
+arruinando por docenas de mujeres <i>perdías</i> y las mejores se las dejan
+<i>pa</i> los estudiantillos y los horteras. ¡Hay por ahí <i>ca</i> menestral, y
+<i>ca</i> señorita cursi..., y <i>ustés</i> gastándose el dinero con unos
+<i>plumeros</i>! En mis barrios, en mi casa, sin ir más lejos, conozco yo una
+muchacha que <i>paece</i> un ángel, y allí se está como flor en cerro, que ni
+la huelen ni la cogen... hasta que pase el burro y se la coma...; es
+decir, cualquiera.</p>
+
+<p>&mdash;Guapa, ¿eh? ¿Alguna modista o peinadora?</p>
+
+<p>&mdash;Por ahí, por ahí; pero monísima. Esbelta, graciosa... y cara de buena.
+Vive sola, en el tercero interior, y debe de ser muy pobrecita. Yo,
+cuando la vi al principio de vivir en la casa, que usted me dio el
+dinero <i>pa</i> eso de tener huéspedes, tuve <i>intinciones</i> de hablarla <i>pa</i>
+que viviese conmigo en compañía: vamos, mi idea era darle cuarto y
+comida, y que ella, en cambio, me cuidase de la casa, porque yo no puedo
+atender a todo.</p>
+
+<p>&mdash;¿Y no lo hiciste?</p>
+
+<p>&mdash;Poco faltó: lo dejé, porque como tengo seis o siete huéspedes jóvenes,
+y ella es tan guapa, me dije: se va a armar aquí una que ni la Inclusa
+en diciembre.</p>
+
+<p>&mdash;¿Por qué dices eso?</p>
+
+<p>&mdash;Porque nueve meses después del Carnaval es cuando llevan más chicos.</p>
+
+<p>&mdash;¿De modo que no os arreglasteis? Además, naturalmente, siendo bonita,
+tendrá sus aventuras.</p>
+
+<p>&mdash;Quiá, no señor. ¡Si vive allí que parece una monja! No recibe
+<i>vesitas</i>, ni van señores, ni tiene novio, ni se le conocen trapisondas,
+ni apenas sale. Mire usted que es en mis barrios, donde todo se sabe, y
+no murmuran de ella: está igual que las que tienen el novio en Cuba y lo
+esperan, como si no hubiera más hombres en el mundo.</p>
+
+<p>&mdash;Eso es un fenómeno.</p>
+
+<p>&mdash;Aunque usted se burle, debe de ser una bendita, porque tan joven, tan
+guapa y vivir así... Por la mañana va una chiquilla, por cierto muy
+chula, y le trae de la plaza <i>cualisquier</i> cosa para comer, y le pone el
+puchero, y le barre el cuarto, y se larga. Luego ella se las arregla
+solita, y se pasa el día cose que cose... y también lee mucho.</p>
+
+<p>&mdash;¿Y dices que no tiene <i>lío</i>?</p>
+
+<p>&mdash;No creo, porque vive como huéspeda con una que le llaman Jesualda, y
+digo yo, que sí..., vamos, si fuese mala..., <i>pos</i> no andaría tan mal de
+cuartos. Lo que tendrá si acaso, es alguna cosa muy <i>callá</i> y que no lo
+sienta ni la tierra; pero no debe de ser muy a su gusto, porque la mayor
+parte de los días <i>tié</i> los ojos así como de haber <i>yorao</i>, y siempre
+está <i>mú</i> triste y con cara de pocos amigos; a mí me da mucha lástima.</p>
+
+<p>Don Juan clasificó mentalmente a la desconocida diciendo para sus
+adentros: «Modista romántica: conozco la clase.» Mónica continuó
+hablando:</p>
+
+<p>&mdash;En fin, tan sería y tan <i>ensimismá</i> me pareció a mí la tal muchacha,
+que desistí de proponerle que se viniese conmigo; porque lo que yo me
+dije: si anda siempre con sus cavilaciones a vueltas, no puede tener
+cuenta de la casa.</p>
+
+<p>&mdash;¿Y vive completamente sola?</p>
+
+<p>&mdash;Como canario en jaula: ahora <i>paece</i> un pardillo o un gorrión, porque
+está mal <i>vestía</i>; pero si la tuviera un señor, con <i>güena</i> casa y mejor
+ropa..., ¡vaya una pájara bonita! Por supuesto que <i>tié</i> en la cara una
+bondad y así unas trazas de muchacha de las que no se echan a perder...</p>
+
+<p>&mdash;¿Cómo se llama?</p>
+
+<p>&mdash;No me acuerdo bien; pero el nombre no es bonito: creo que es Crisanta,
+o Cristina, o Críspula.</p>
+
+<p>Don Juan, acordándose instantáneamente de su amada, preguntó:</p>
+
+<p>&mdash;¿Cristeta?</p>
+
+<p>&mdash;Ya le digo a usted que no me acuerdo bien; pero algo así como eso que
+usted dice: Cristeta... Crisanta... ¿qué sé yo?</p>
+
+<p>Entonces él volvió a preguntar, animándose:</p>
+
+<p>&mdash;¿Qué señas tiene?</p>
+
+<p>&mdash;Ojos azules, grandes y oscuros; las pestañas larguísimas; el pelo rubio
+como un trigal, y ¡vaya un cuerpo! Pero ya las gastará usted mejores.</p>
+
+<p>Aquel retrato podía ser el de muchas mujeres, pero a don Juan se le
+antojó la pintura de Cristeta: el presentimiento, sospecha o lo que
+fuese le pareció, sin embargo, ridículo; no obstante lo cual, hizo dos
+últimas preguntas:</p>
+
+<p>&mdash;¿Está casada? ¿Tiene un niño?</p>
+
+<p>&mdash;¿No le he dicho al señor que vive sola como un hongo? Y lo que es
+chico..., no hay más que verla; es necesario ser <i>negao ú</i> estar memo
+<i>pa</i> suponer que pueda tener aquel cuerpo y aquel talle una mujer que...</p>
+
+<p>&mdash;¿Qué?</p>
+
+<p>&mdash;Vamos, que <i>haiga</i> parido, señor.</p>
+
+<p>La sospecha de don Juan se desvaneció por completo. ¿Qué tenía que ver
+Cristeta, casada, madre y en buena posición, con una pobre muchacha sola
+y que seguramente viviría de sus manos? ¿Lo parecido del nombre? Una
+coincidencia. ¿Rubia, con ojos azules? ¡Hay tantas!</p>
+
+<p>Mónica presenciaba, respetuosamente callada, la actitud pensativa de su
+amo; y al cabo de unos minutos, creyendo que estorbaba, se despidió:</p>
+
+<p>&mdash;¿Tiene el señor algo que mandarme?</p>
+
+<p>&mdash;Nada, Mónica, gracias.</p>
+
+<p>&mdash;Que se mejore el señor. Nunca me han gustado ciertos papeles; porque lo
+que yo me digo: si no hubiera alcahuetas, no habría... de las otras.
+¡Pero si yo pudiera traerle a usted mi vecinita!</p>
+
+<p>&mdash;Abur, mujer.</p>
+
+<p>&mdash;Quede con Dios el señor.</p>
+
+<p>Marchose la cocinera y, al quedarse solo el caballero, tornaron a
+entristecerle sus ideas. Todavía flotó un momento en su imaginación el
+fantasma indeterminado y vago de aquella pobre muchacha que, como él,
+acaso vivía consumida por las penas. Una chica guapa que trabajaba para
+comer. Ese debió de ser también el destino de Cristeta. La suerte lo
+quiso de otro modo. ¡La suerte, próspera para ella, contraria para él!
+¿Quién le había de decir, años atrás, que por una mujer se vería en tal
+estado? Porque, no había que forjarse ilusiones, estaba enfermizo,
+inapetente, aburrido y enamorado de un imposible. La situación era
+desesperante. La verdad es que hoy el galán desdeñado no tiene más
+remedio que aguantarse. ¡Dichosos tiempos aquellos en que a un caballero
+era posible rodearse de allegados, deudos, parientes y escuderos, y
+sorprender palacio, asaltar castillo o violar convento para llevarse
+como en volandas a la mujer querida, así fuese dama, emperatriz o
+abadesa de las Huelgas! ¡Oh, miserables y menguados días modernos, en
+que cualquier juez protege a un egoísta y miserable marido!</p>
+
+<p>A tales y tan disparatados pensamientos se entregaba, que si no
+enloquecía le faltaba poco. Aquella noche fue de las más crueles de su
+vida.</p>
+
+<p>De repente, levantándose del sillón, donde había permanecido caviloso
+largo rato, dio unos paseos por el cuarto, miró con tristeza las
+pinturas, grabados y retratos de mujeres hermosas que ahora le parecían
+feas; contemplolo todo con amargura, como si estuviese resuelto a
+perderlo pronto de vista, y en seguida, sentándose ante la mesa de
+despacho, escribió la siguiente carta:</p>
+
+<div class="blockquot"><p><i>«Cristeta mía (y te llamo así por última vez). Me marcho de
+Madrid. Quisiera despedirme de ti, pero tú no lo consentirás y no me
+atrevo a suplicarte que nos veamos. Me has hecho muy desgraciado. No
+sabía yo que te quería tanto. Adiós, y si algún día crees que puede
+tener remedio el mal que has causado, llámame. Entonces sabrás lo que yo
+soy capaz de hacer por ti.</i></p>
+
+<p><i>Tuyo,</i></p>
+
+<p class="r">JUAN.</p>
+
+<p><i>Si consigo arreglar mis asuntos, me marcharé esta misma semana.
+Adiós por última vez.»</i></p></div>
+
+
+
+<h3><a name="Capitulo_XXI" id="Capitulo_XXI"></a>Capítulo XXI</h3>
+
+<p>Del fin que tuvieron los desordenados amores de don Quintín y del
+principio de su cautividad</p>
+
+
+<p class="poem">
+<span style="margin-left: 2em;"><i>Vuela pensamiento y diles</i></span><br />
+<span style="margin-left: 2em;"><i>a los ojos que más quiero</i></span><br />
+<span style="margin-left: 2em;"><i>que hay dinero.</i></span><br />
+</p>
+
+<p>Esto, poco más o menos, pensó don Quintín, sin haber leído al gran
+Quevedo, cuando recibió los cincuenta duros que don Juan le enviara con
+pretexto de hacerle su representante, y en realidad por esperanza de
+convertirle en alcahuete.</p>
+
+<p>Lo triste del caso fue que aquellos mil reales que el estanquero
+consideró como el primer filón de una mina quedaron reducidos a la
+triste condición de prólogo sin libro y preludio sin ópera.</p>
+
+<p>He aquí cómo y por qué.</p>
+
+<p>Tornar don Quintín los cincuenta pesos y correr a casa de Carola todo
+fue uno; treinta regaló a su querida, regiamente, de un golpe; con un
+billete de veinte, ocultándolo en el forro del hongo, se quedó él para
+satisfacción de atrasos y menudencias. Los seiscientos reales cayeron en
+manos de la corista igual que agua en criba, y no fue lo peor que los
+derrochara en cuatro días, sino que, engolosinada con tal esplendidez,
+llegó a sospechar si su amante habría descubierto modo de convertir los
+<i>perros chicos</i> en centenes.</p>
+
+<p>Luego que hubo invertido la fabulosa cantidad en lazos, cosméticos,
+afeites y menjurjes, pidió más, exigiéndolo con tal imperio que don
+Quintín, de un lado sujeto al hechizo de su Circe, y de otro confiado en
+que tenía por banquero a don Juan, determinó ir a su casa y darle un
+fenomenal sablazo. Allí no fue Troya, pero fue la gallina de los huevos
+de oro.</p>
+
+<p>Después de urdir en su pobre entendimiento una mentira burda,
+presentósele don Quintín diciéndole en sustancia que Cristeta se le
+mostraba cada día más entera y rebelde; pero que él había discurrido
+manera de amansarla y rendirla. Añadió que la muchacha se había
+entrampado por gastar en ropas y galas mucho más de lo que podía con
+arreglo a lo que su marido le enviaba, llegando a deber a una modista
+hasta dos mil reales, por lo cual él proponía a don Juan que éste le
+entregase dicha cantidad para que satisficiese en su nombre la cuenta
+pendiente, rasgo con que ella se ablandaría, demostrándolo en seguida
+aceptando cita o acudiendo a entrevista.</p>
+
+<p>Don Juan, avisado como estaba por Cristeta, le oyó sin hacerle caso,
+comprendió que su amada era incapaz de dejarse influir por una cuenta de
+quinientas ni de quinientas mil pesetas y, poniendo cara de hereje a la
+petición, negó en redondo el dinero. Entonces don Quintín quiso alardear
+de franqueza, y le pidió lisa y desvergonzadamente cuarenta duros
+prestados a cuenta de sus futuras mensualidades como representante, con
+lo cual don Juan, persuadido de que Cristeta tenía razón al exigirle que
+no le diera un cuarto, también se los negó en pocas y desabridas
+palabras, sin alegar pretexto ni excusa. Tal hizo, primero por
+obediencia de amante, y segundo, porque si de algo se convence pronto el
+hombre es de que no debe dar.</p>
+
+<p>De haberle prestado, tal vez se le apaciguase a don Quintín el odio que
+le profesaba; pero aquella descortés negativa recrudeció hasta lo
+indecible sus antiguos deseos de venganza.</p>
+
+<p>«¡Habrá tío marrano&mdash;se decía&mdash;, que me da de almorzar vino agrio y
+patatas negras; me propone que le ayude a engatusar a mi pobre sobrina,
+que al fin es mi sobrina, y ahora me niega cuarenta miserables duros!»</p>
+
+<p>Irri, sobre todo, la consideración de que ya no era una, sino dos,
+las conquistas que por su culpa se le malograron: antes la de Mariquita,
+y ahora la de Carola, pues indudablemente, apenas ésta le viese
+arruinado, le plantaría de patitas en la calle.</p>
+
+<p>Y no era el suyo falso pesimismo ideológico, sino exacto conocimiento de
+la realidad.</p>
+
+<p>Carola, engolosinada por aquel fabuloso regalo de los treinta pesos,
+pidió más; el estanquero se deshizo en promesas, dio largas, rogó
+plazos, tomose prórrogas, pasaron muchos días, no llevó un cuarto, y la
+corista fue trocándose rápidamente de jamona complaciente y lúbrica en
+arpía exigente y pedigüeña. Más de una semana transcurrió sin que don
+Quintín la convidase a cenar, hasta que aquel día infausto del sablazo
+frustrado se presentó en su casa llevándole por todo regalo un cuarterón
+de butifarra y siendo recibido con tal desabrimiento que pudo conjeturar
+cercano el fin de sus placeres. En vano quiso mostrarse dulce y
+apasionado. ¿Qué ternura ni qué vehemencia pueden amansar a una pantera?
+Carola, que necesitaba dinero, rechazó el embutido de don Quintín,
+alardeando de burlona, coqueta y desesperante.</p>
+
+<p>Días atrás le había pedido con qué comprarse un abrigo adornado, según
+dijo el tendero, con piel de marta cibelina, que sería nutria de alero,
+y don Quintín, ¡tacañería insufrible!, demoró el regalo, así que la
+presentación de la butifarra fue considerada como un insulto.</p>
+
+<p>&mdash;Guárdatela&mdash;le dijo&mdash;para la desdentada de tu mujer, que se contentará
+con eso.</p>
+
+<p>&mdash;Vidita, no he podido más y cálmate, que mi señora no tiene nada que ver
+en nuestras diferencias.</p>
+
+<p>&mdash;¡Qué <i>difiriencias</i>, si siempre es lo mismo; yo pedir y tú negar!</p>
+
+<p>&mdash;Ya lucirán días mejores.</p>
+
+<p>&mdash;Pues entonces vienes, galán.</p>
+
+<p>&mdash;Vamos, fierecilla, no seas tan brava, que tu Quintín es capaz de vender
+el alma al diablo por complacerte.</p>
+
+<p>&mdash;¡Buena venta nos dé Dios! Por lo visto el demonio no da más que para
+butifarra, y esa poca y pasada.</p>
+
+<p>La sonrisa con que Carola subrayó esta frase fue un modelo de canallesco
+desgarro.</p>
+
+<p>Don Quintín, para desarmarla, quiso darle un beso; pero ella le apartó
+de un codazo, gritando:</p>
+
+<p>&mdash;No estoy de humor, <i>agüelo</i>; esta tarde no quiero babas.</p>
+
+<p>&mdash;¡Carola!</p>
+
+<p>&mdash;Lo dicho. ¿Te parece ni medio decente que una mujer que te da su
+cuerpecito <i>haiga</i> de estarse siempre pidiendo como chico goloso? Tú
+quieres mucho mimo por poco trigo. No podemos seguir así. Me das para
+vivir con decoro o despejas la plaza.</p>
+
+<p>&mdash;Ya te doy cuanto puedo..., todo lo que puedo.</p>
+
+<p>&mdash;Pues en vez de esas <i>roñoserías</i> es preciso que me pases una cosa fija
+cada mes, como hacen todos los caballeros. Pero, ¡qué sabes tú de
+caballero! Vergüenza debía darte tenerme así. Vamos a ver: ¿cuándo me
+pones un cuarto como Dios manda?</p>
+
+<p>Esta especie de invocación a hombres que ponen casa a la querida, dejó
+muy caviloso a don Quintín, haciéndole discurrir amargamente sobre las
+injusticias sociales.</p>
+
+<p>«¡Unos tanto y otros tan poco!&mdash;pensaba&mdash;. Hay quien está como yo y quien
+regala a la querida caballos rusos, y quien, como ese maldito, amuebla
+casa para una sola cita... No ha puesto más que un gabinete; pero para
+el caso es igual.»</p>
+
+<p>De este rápido hermanar en su imaginación la propia miseria con la
+riqueza del aborrecido don Juan, brotó en su lóbrego y envidioso
+pensamiento una llamarada de odio y venganza. La desgracia le hizo mal
+filósofo, y la mala filosofía le trastornó el seso.</p>
+
+<p>Sin hacer caso de Carola, siguió monologueando tristemente:</p>
+
+<p>«Sí..., esto se acaba... por culpa de ese tuno. Y podría reventarle de
+mil modos. Yo me quedo sin Carola, pero antes voy a darme el gustazo de
+gozarla a costa suya, en su propia casa... y además le hago romper con
+la otra. No está mal pensado. Llevo a Carola, hago que Cristeta lo sepa,
+con lo cual se creerá engañada y le deja compuesto y sin novia. La cosa
+tiene un peligro muy gordo: porque si luego se sabe la verdad, Cristeta
+se lo cuenta todo a Frasquita y ésta me saca los ojos. Además, lo que
+debo hacer no es apartarle de Cristeta, sino todo lo contrario. Anda,
+que se arreglen, que se casen si pueden, y ya se cansarán como me he
+cansado yo de mi mujer. ¡Si pudiera darle a su Cristeta para toda la
+vida! ¿Quiere conquistar a lo rico, sistema de llegar y besar el santo?
+Pues santo para <i>in eternum</i>. Como hubiese modo de casarlos, ya se vería
+él, andando el tiempo, con Cristeta hecha Frasquita: los ojos tiernos,
+la boca desdentada, los zapatitos coquetones convertidos en zapatillas
+de orillo, medias caseras de algodón azul, y en vez de ligas color de
+rosa, cinta balduque. ¡Si pudiera casarle! Hay que madurarlo. Ahora, por
+lo pronto, algo he de hacer con él..., ¡cochino!, y con esta pícara que
+se me va de entre las manos. ¡Un hombre que pone un gabinete como aquel
+para una cita nada más, y luego me niega cuarenta duros!... Lo salado
+sería que yo llevase allí a Carola, pero no para hacer una comedia, sino
+para pasar una tardecita de <i>juerga</i> en los muebles que él ha pagado.
+¡Hay allí unos almohadones! ¡Buena broma llevar mi pájara al nido que él
+fabricó para la suya! La cosa es fácil, porque tengo la llave que me dio
+por si Cristeta quería ir... Nada, nada, que lo hago.»</p>
+
+<p>Carola, viéndole tan largo rato callado y con la cabeza baja, e
+imaginando que su silencio y humildad eran implícita confusión y
+vergüenza por su carencia de recursos, comenzó a afirmarse en la idea de
+que aquel hombre no tenía un cuarto, y discurrió que pues no le servía
+ni de pagano ni para <i>capricho</i>, lo mejor era darle pasaporte. Por lo
+cual, deseosa de exasperarle y provocar la ruptura definitiva, le dijo
+con gran sorna:</p>
+
+<p>&mdash;¿Estás pensando en comprarme la Casa de la Moneda?</p>
+
+<p>Don Quintín, seducido por aquella idea de sabrosa venganza, miró a su
+querida, gozándose de antemano en la sorpresa que había de causarle y,
+tras larga pausa, habló tranquilo y sonriente:</p>
+
+<p>&mdash;¡Parece mentira qué repoquísimo olfato tenéis las hembras! Vengo a
+darte la gran prueba de que siempre estoy pensando en ti, y me recibes
+con cara de vinagre.</p>
+
+<p>&mdash;¿Qué me traes?</p>
+
+<p>&mdash;Hoy, nada; pero mañana...</p>
+
+<p>&mdash;Habla clarito...</p>
+
+<p>&mdash;Sabrás, pichona&mdash;repuso él urdiendo la más enmarañada trama de cosas
+verdaderas y falsas&mdash;, has de saber, monina, que un señor, amigo mío,
+toma el teatro de las Musas para este año, y me ha nombrado su
+representante. Como comprenderás, no han de faltarte dos duritos
+diarios, por supuesto, sin obligación de ir a ensayo más que cuando te
+dé la gana.</p>
+
+<p>&mdash;¿De verdad?</p>
+
+<p>&mdash;Lo que oyes. Un tío muy rico, con vocación de caballo blanco.</p>
+
+<p>&mdash;He conocido muchos.</p>
+
+<p>&mdash;Como la perdida de mi sobrina fue del teatro, y yo andaba metido
+siempre entre bastidores, ese señor cree que yo debo saber algo de tales
+negocios... Yo le he dicho a todo que sí. Tú me pondrás al corriente de
+ciertas cosas. Lo principal es que nos ponemos las botas..., y mientras
+dura... vida y dulzura.</p>
+
+<p>&mdash;Te <i>azvierto</i> que yo no vuelvo al coro... Quiero ser parte, y tres
+duros.</p>
+
+<p>&mdash;Todo se andará, Y escucha, prenda, que el bien y el mal nunca vienen
+solos. Lo que tiene gracia es que ese caballero está <i>liado</i> con una
+señora de alto copete, condesa creo que es, y para verse con seguridad
+han puesto un cuartito..., ¡vaya un gabinete!, donde tienen sus citas.</p>
+
+<p>&mdash;¿Y nosotros qué sacamos con eso?</p>
+
+<p>&mdash;Ahora lo verás. Te digo que es un gabinete como una caja de dulces:
+¡con un lujo! Pero como ella es casada no van allí más que con grandes
+precauciones... Bueno, pues nos ha venido Dios a ver.</p>
+
+<p>&mdash;¿Por qué?</p>
+
+<p>&mdash;Como yo antes salía poco de casa y ahora siempre falto de ella porque
+estoy aquí contigo, mi mujer anda loca de puro escamada; tanto, que me
+ha mandado seguir por un chico que afortunadamente me lo ha dicho, y
+callará. Pero estamos amenazados de que el mejor día haga Frasquita
+averiguaciones, se plante aquí y nos arme la <i>escandalera</i> del siglo.</p>
+
+<p>&mdash;Eso será lo que tase un sastre, porque si viene, del primer trastazo la
+dejo <i>perniquebrá</i>.</p>
+
+<p>&mdash;Tú no eres capaz de hacer tal cosa, porque, al fin y al cabo, se trata
+de mi señora.</p>
+
+<p>&mdash;Te <i>azvierto</i> que de tres <i>patás</i> la <i>espampirolo</i> y te quedas más
+viudo que el marido de una difunta.</p>
+
+<p>&mdash;Cálmate. No llegará el caso de que nos pesque, porque vamos a curarnos
+en salud.</p>
+
+<p>&mdash;¿Tapujos?</p>
+
+<p>&mdash;No, hija, sino la gran comodidad para pasar unas horitas como unos
+marqueses, sin que lo sepa nadie. ¡Verás qué gabinete! Nos citamos,
+entramos con cinco minutos de diferencia: yo primero, tú en seguida, y
+al salir lo mismo. Cuando veas el cuarto, querrás quedarte allí.</p>
+
+<p>&mdash;¿Puesto con lujo?</p>
+
+<p>&mdash;Así quisiera yo arreglarte uno... y ¡quién sabe! Mira, tengo la
+esperanza de que ese señor, por lo que me ha contado, en cuanto pueda
+rompe con la dama, la deja plantada y... yo veré cómo me las ingenio,
+pero malo será que no discurramos modo de quedarnos con alfombras,
+espejos, muebles: en fin, todo. ¿Y para quién será, rica del alma?</p>
+
+<p>&mdash;Eso es vender la piel del lobo antes de haberlo <i>matao</i>. Por ahora, lo
+que tú tienes es un miedo atroz a <i>la</i> fantasma de tu mujer.</p>
+
+<p>&mdash;No es miedo; pero no quiero que pudiendo evitarlo nos den una desazón
+en tonto. ¿Y dónde me dejas el tratarnos a cuerpo de rey? Chica, ¡qué
+cuarto! Hay un sofá retorcido para sentarse dos y comerse a besos...
+Nada más que mirarlo da vergüenza.</p>
+
+<p>&mdash;Lo que dará serán ganas de sentarse.</p>
+
+<p>&mdash;Anda, paloma, ¿vendrás?</p>
+
+<p>&mdash;<i>Me se</i> figura un disparate. De aquí nadie puede echarnos..., y de
+allí, ¡sabe Dios!</p>
+
+<p>&mdash;Por ir una tarde, tomarnos allí media librita de jamón y unas copitas,
+y tirarte yo cuatro bocados, no perdemos nada. Tengo la llave; mi amigo
+no va nunca sin que yo lo sepa. Pasado mañana está citado con la
+condesa; de modo que mañana tenemos por nuestra toda la tarde. ¿Querrás,
+gachona?</p>
+
+<p>Por fin consintió y se citaron.</p>
+
+<p>&mdash;Bueno; pues mañana, a las tres, sin falta. Belén, 78, entresuelo; allí
+estaré para recibirte.</p>
+
+<p>&mdash;Te prometo que no faltaré.</p>
+
+<p>&mdash;Adiós, reina.</p>
+
+<p>&mdash;Abur, capitalista.</p>
+
+<p>Movida por la curiosidad y espoleada por su instinto de mujer perdida,
+aceptó Carola la proposición; pero lo que más inclinó su ánimo fue
+aquella remota posibilidad de que llegasen a ser suyos los muebles a que
+se refirió el vejete. Si no había mentido, y cuenta que el caso, por lo
+vulgar, parecía verosímil, no era soñar con lo imposible. El caballero
+que alquila un cuarto donde recibir a una casada, puede necesitar la
+ayuda de otro hombre para mil cosas en que el secreto es necesario, como
+hablar al administrador, firmar recibo, comprar trastos, pagar cuentas,
+etc., etc., y puede luego tronar con la conquista y, por último, decir a
+su complaciente auxiliar que se quede con los muebles, que él no sabe
+dónde guardar, o acaso se le hayan hecho aborrecibles por el recuerdo de
+quien se los hizo pagar. No dijo, pues, don Quintín ninguna majadería
+cuando admitió la posibilidad de que aquellos primores de que se
+componía el gabinete pasaran, andando, y tal vez volando el tiempo, a
+manos de Carola, quien se alegró tanto con esta esperanza que siguió
+largo rato acariciándola, y aun ideando traza con que anticiparla.</p>
+
+<p>Pero luego el mucho pensar, como sucede siempre, enturbió su alegría,
+porque de la reflexión nacieron la duda y el desasosiego. ¿Quiénes
+serían el caballero y la dama que tan misteriosamente se amaban? ¿No
+podía suceder también que don Quintín fuese rico y buscara medio de
+evitar mayores gastos, atribuyendo al capricho de otro lo que él
+fraguase para su seguridad y regalo? Su proceder autorizaba las
+sospechas: le había dado dinero con gran desigualdad de plazos y
+desproporción de cantidades; sus regalos fueron muy rogados o
+imprevistos; sus intermitencias y variaciones tenían marcado tinte de
+tacañería. Aquel caballero, ¿sería él? ¿Tendría mucho dinero, o tal vez
+fuese todo una broma grosera, una venganza por las pasadas esquiveces y
+amenazas de mandarle noramala? ¿Y si el estanquero tuviese gato? ¡Buena
+torpeza estaría el tratarle despreciativamente, pudiendo, con maña,
+sacarle el oro y el moro!</p>
+
+<p>¿Habría en realidad otro caballero? Aquello del teatro..., salir del
+coro..., ser parte..., dos o tres duros..., los muebles...</p>
+
+<p>¡Era cosa de volverse loca! ¿Y si todo fuera embustería de don Quintín,
+que tratase de llevarla a una indecente casa de citas por miedo a su
+mujer?</p>
+
+<p>Resuelta a salir de dudas, aquella misma tarde se lió en un mantón,
+púsose un pañuelo de seda a la cabeza y en tan chulesco atavío, que era
+como mejor estaba, se fue al núm. 78 de la calle de Belén, apenas cerró
+la noche.</p>
+
+<p>Cinco minutos después, según suele acontecer entre gente de poco más o
+menos, estaba en amigable diálogo con la portera. ¿Cómo se las arregló?
+Ideando una de esas mentiras mujeriles que de puro sencillas se
+confunden con la verdad. El diálogo fue del modo siguiente:</p>
+
+<p>&mdash;Diga usted, señora&mdash;preguntó muy arrebujada en el mantón&mdash;, ¿<i>m'hace</i>
+usted el <i>orsequio</i> de decirme si es cierto que hay aquí un sotabanco
+<i>desarquilao</i>?</p>
+
+<p>&mdash;No lo hay.</p>
+
+<p>&mdash;Pos me lo habían <i>asegurao</i>.</p>
+
+<p>&mdash;<i>Pos l'han engañao</i> a <i>ustez</i>.</p>
+
+<p>&mdash;Me lo ha dicho una compañera, que trabajamos ella y yo en <i>ca</i> el
+tapicero que ha traído muebles al entresuelo, <i>pa</i> ese señor que ha
+puesto el cuarto.</p>
+
+<p>No fue necesario más. La portera, que había visto alquilar el piso,
+ignorando el objeto, traer los muebles sin saber de dónde, y quedar
+luego la casa cerrada, ardía en deseos de aclarar el enigma: de suerte
+que, al oír a Carola, quien por su astucia parecía enterada de algo, en
+seguida entró en conversación con ella.</p>
+
+<p>&mdash;Pues esa oficiala, compañera mía&mdash;hablaba Carola&mdash;me ha dicho que por los
+chicos que trajeron los muebles sabe que hay un sotabanco de cincuenta
+<i>riales</i>.</p>
+
+<p>&mdash;No hay tal; son guardillas trasteras de los <i>enquilinos</i>..., buenas
+familias.&mdash;Y fue enumerando cuanta gente había en la casa, hasta llegar
+al cuarto entresuelo.</p>
+
+<p>&mdash;Sí, al señor del entresuelo le <i>conozgo</i> yo: es alto, flaco, viejo, de
+bigote recio&mdash;dijo Carola detallando las señas de don Quintín.</p>
+
+<p>La portera comenzó a negar moviendo la cabeza.</p>
+
+<p>&mdash;¿Cómo que no?</p>
+
+<p>&mdash;Como que no; ese caballero anciano que usted dice, y que también ha
+venido por aquí, debe de ser el mayordomo <i>u</i> cosa tal, de otro más
+joven, que es quien ha puesto el cuarto.... por cierto que ahora lo
+quita.</p>
+
+<p>&mdash;¡Cómo que lo quita!</p>
+
+<p>&mdash;Quitándolo y llevándose los trastos. Ya me olí yo que se trataba de una
+trapisonda, vamos, de un señor <i>arrimao</i> con una señora. Verá usted:
+primero vino el joven y tomó el cuarto, luego volvió con el viejo ese
+que usted dice, que le trataba al joven con mucho miramiento, dejándole
+pasar siempre por delante...; no, amigos no son, más parecen amo y
+mayordomo. El joven le dio una de las dos <i>yaves</i> para que <i>golviese</i> a
+<i>inspecionar</i>; pero crea usted que, según les he visto yo <i>de</i> hablar,
+uno manda y otro calla y obedece.</p>
+
+<p>&mdash;¿Y no ha venido nadie más?</p>
+
+<p>&mdash;Nadie. Y ya va <i>pa</i> cinco semanas que trajeron los muebles.
+Indudablemente esto era con <i>ojebto</i> de traer una mujer <i>casá</i> y luego
+se les habrá <i>torcío</i> el carro, <i>ú pa</i> una de esas <i>ofecinas</i> que dan
+timos. En fin, la última vez que estuvieron los dos, el joven le dijo al
+viejo aquí en el portal: «no importa nada; total, un trimestre de
+alquiler y los muebles, que como son pocos y buenos no estorban; la
+semana que viene me los llevaré a mi casa y servirán para renovar el
+gabinete..., o por si algún día me caso.»</p>
+
+<p>Carola, rabiosa y despechada, pero disimulando el enojo, preguntó:</p>
+
+<p>&mdash;¿De modo que el viejo es un lacayón alcahuete, cochino?</p>
+
+<p>&mdash;No digo tanto; pero me malicio que hacen de él repoquísimo caso; vamos,
+es un criado antiguo de esos que hay en las casas grandes.</p>
+
+<p>Carola sabía cuanto deseaba. Todo quedó explicado. Don Quintín estaba
+sirviendo de aquello que dijo la portera al caballero de los muebles,
+luego éste dispondría que le llevasen los trastos a su casa, y sobre tal
+fundamento se le ocurrió al viejo la idea de engatusarla con esperanzas.
+Resumen: el estanquero era un imbécil chocho, sin una peseta y además
+<i>lioso</i> y trapalón que, viéndose amenazado de calabazas, pretendía ganar
+tiempo... y tener querida de balde. Se puso furiosa. Aquel hombre de
+quien, por lo menos esperó el cuarto pagado, algún vestido, cenas y
+chucherías, era un farsante tronado, <i>ganguero</i>, sinvergüenza. Tuvo
+ahorrillos, se los gastó, y aquí paz y después gloria. En una palabra:
+no era proporción para conservada, ni había que esperar de él cosa
+buena. «Lo mejor&mdash;se decía Carola&mdash;es despedirle pronto, cuanto antes, de
+modo que no volvamos a vernos, lo <i>cual que</i> hay que armarle un tiberio
+<i>mu</i> gordo. Los muebles..., vaya una guasa..., me la <i>tié</i> que pagar.
+Demasiado sabía que no habían de ser para él. ¡Marranote! ¿Cómo haría yo
+para que me dejase en paz? Lo seguro es que lo sepa su mujer y lo mate
+de un sofocón.»</p>
+
+<p>Siguió muy cavilosa andando hacia su calle, y poco antes de llegar, como
+quien acaba de adoptar una resolución, entró en una lonja de
+ultramarinos, donde compró un pliego de papel y un sobre.</p>
+
+<p>«Es lo mejor&mdash;pensaba&mdash;, una marimorena espantosa, y se acabó.»</p>
+
+<p>Su plan era canallesco, pero terrible y de seguro resultado. Llegó a su
+casa, buscó una pluma, un resto de tinta clarucha que tenía en una
+jícara y, desfigurando la letra, escribió en el papel recién comprado
+las siguientes palabras:</p>
+
+<div class="blockquot"><p><i>«Doña Frasquita, si quiere ustez saber lo que es el pérdis de su
+marido, baya ustez mañana a las cuatro y media, calle de Belén, 78, piso
+entresuelo, que allí estará él con una bribona (esta palabra la tachó y
+luego la volvió a poner) que es la que te tié esmirriao y le saca los
+cuartos, y a plique ustez remedio porque es una mala vergüenza, y se lo
+avisa quien bien la quiere, y rascarse agüela.»</i></p></div>
+
+<p>Escrito el anónimo, puso el sobre <i>a doña Frasquita</i>, y llamando a un
+muchacho de la vecindad, de quien podía fiarse, le dijo:</p>
+
+<p>&mdash;Vas al estanco que hay a lo último de la calle de la Pingarrona,
+preguntas por esta señora, <i>la</i> entregas la carta en propia mano,
+teniendo cuidado de que esté sola, y en seguida aprietas a correr.</p>
+
+<p class="puntos">*<br />* *</p>
+
+<p>A las tres y media de la tarde siguiente llegaba don Quintín a la casa
+de la calle de Belén.</p>
+
+<p>&mdash;Dentro de un rato&mdash;advirtió a la portera&mdash;, vendrá una señora; no
+necesita usted preguntarle a qué cuarto sube.</p>
+
+<p>&mdash;Corriente&mdash;repuso ella, pensando para su capote&mdash;: «ya pareció el peine.»</p>
+
+<p>Luego que don Quintín se quedó solo en el gabinete, sacó de bajo la capa
+una botella de Jerez barato y tres o cuatro paquetes: en uno traía jamón
+en dulce, en otro pasteles y aceitunas, en el último y más voluminoso,
+una rosca para Carola, que tenía buenos dientes, y para él un panecillo
+bajo, todo miga. En seguida salió para pedir a la portera un vaso, uno
+solo; pues, sin haber leído a Béranger, sabía que los amantes deben
+beber en la misma copa: y tornando a encerrarse, encendió la chimenea, y
+paseo arriba, paseo abajo por el corredor, esperó.</p>
+
+<p>«¡Ah, infame don Juan; empiezas a pagármelas! ¿Conque muebles,
+alfombras, almohadas, sedas, palitroques dorados y silla en forma de
+ocho para traer a mi sobrina? ¿Pues ahora verás! Tú lo gastas y yo lo
+aprovecho. Y si puedo, te caso. ¿Cómo? Todavía no lo sé, pero ya
+veremos.»</p>
+
+<p>Estas y análogas majaderías se repetía mentalmente por vigésima vez,
+cuando sintiendo pasos tras la puerta de la escalera, abrió antes que
+llamasen. No se había equivocado: era Carola, que acababa de pasar de
+largo sin corresponder al saludo porteril.</p>
+
+<p>El estanquero recibió a su amada con un largo beso. Luego ella, con
+miradas displicentes y poniendo a todo reparos, como quien sabe que
+aquello no ha de ser jamás suyo, inspeccionó el gabinete. Sin embargo,
+en su interior, quedó maravillada y envidiosa.</p>
+
+<p>Nunca había visto muebles tan ricos. Eran pocos, pero elegantísimos. Dos
+butacas de raso entre azulado y ceniciento, con flecos de borlitas y
+madroños multicolores y brillantes; en la pared, un magnífico espejo con
+ancho marco de dorada hojarasca; en el centro, un veladorcito de ónix y
+bronce, sobre el cual había una canastilla de porcelana de Sèvres, llena
+de las flores, ya marchitas, que llevó don Juan el primer día; ante la
+chimenea encendida, la famosa doble silla en forma de S, y en el suelo,
+para que la esperada beldad pusiese los lindos piececitos, dos grandes
+almohadones de seda oscura, que destacaban sobre la alfombra casi blanca
+cuajada de rosas amarillentas.</p>
+
+<p>Carola, pensando que todo aquello pudo ser y no sería jamás suyo, lo
+contempló despreciativamente, escupió sin mirar dónde, y encarándose con
+don Quintín, dijo con gran sorna:</p>
+
+<p>&mdash;Este es lujo para mujeres malas. Oye, galán, ¿y que has traído en esos
+papeles?</p>
+
+<p>Deshizo él los paquetes, destapó la botella, y extendiendo la mano,
+repuso triunfalmente:</p>
+
+<p>&mdash;Mira.</p>
+
+<p>&mdash;¡Vaya una merienda para un cuarto como éste! ¿No te da vergüenza?
+¿Cuándo me llevas estos trastos a casa?</p>
+
+<p>&mdash;Veremos...</p>
+
+<p>&mdash;Dijo el ciego, y nunca vio.</p>
+
+<p>&mdash;Rica, dame un beso, y toma un bocadito de estas golosinas.</p>
+
+<p>Carola, dejándole con la palabra en la boca, recorrió las demás
+habitaciones en que no había muebles, y volvió al gabinete diciendo con
+desapudorada malicia:</p>
+
+<p>&mdash;Chico, ¿sabes que aquí falta un mueble muy importante?: aquel que se
+nos desvencijó a nosotros, ¿<i>u</i> es que el caballero amigo tuyo trata a
+la señora como santo de barro, que se mira y no se toca?</p>
+
+<p>&mdash;Déjate de eso, y pensemos en nosotros.</p>
+
+<p>&mdash;¡Mira, mira qué cortinas!</p>
+
+<p>&mdash;Siéntate en esa butaca, y yo a tus pies, en ese almohadón como un
+perrito; luego nos iremos a tu casa.</p>
+
+<p>&mdash;Salimos <i>acaloraos</i> y nos da un aire...</p>
+
+<p>&mdash;Otra cosa mejor; ven a esa silla que parece un ocho, y te doy ocho mil
+besos.</p>
+
+<p>&mdash;No, chico: los besos son como las aceitunas: que abren el apetito, y
+tenemos que largarnos pronto.</p>
+
+<p>El envidioso asombro que aquellos muebles le inspiraban, se traducía en
+movimientos nerviosos y gestos desabridos; desparramaba las miradas por
+la estancia, y en seguida se le contraían los labios y se le dilataban
+las ventanas de la nariz. ¿No era una desesperación que andando por el
+mundo hombres capaces de gastarse aquello, hubiese mujeres como ella
+que, aun siendo pródigas de su cuerpo, tenían que vivir entre hambre y
+remiendo? De repente, clavando los ojos en don Quintín, lanzó sobre el
+pobre vejete toda la envidia acumulada en sus cuarenta y muchos años de
+deslices, caídas por capricho y complacencias cobradas muy barato para
+poder vivir. ¿No era irritante que algunas compañeras suyas hubiesen
+hallado imbéciles que de buenas a primeras les pusieron coche, y ella,
+con haber rodado tanto, viera llegar la vejez sin pan y sin lumbre? Unas
+cuanto más se venden, más caras valen, y otras... Se acordó del anónimo
+y comenzó a desasosegarse. Doña Frasquita lo habría recibido la víspera
+al anochecer... No tardaría en llegar. El escándalo iba a ser mayúsculo,
+pero así acababa todo de una vez. ¿Qué podía esperar del vejestorio? Ni
+dinero ni placer. Nada. Si fuese un señor rico como el que había pagado
+todo aquello... La suntuosidad de la estancia le inspiró envidia, y la
+envidia amargura, porque la más abominable de las pasiones torpes lleva
+en sí propia su castigo.</p>
+
+<p>Don Quintín se mostraba resplandeciente de alegría. Las sedas, los
+rasos, la grata comodidad de los muebles, cuyas curvas incitaban a la
+voluptuosidad, la satisfacción de aprovecharlo todo, siendo ajeno, y la
+presencia de aquella mujer, que aunque ordinaria parecía una figura de
+Rubens, le tenían extático, suspenso el espíritu y alborotados los
+sentidos. A ratos se acordaba de don Juan, imaginando que la jugarreta
+tenía muchísima gracia; y cada vez que al recostarse se hundían, bajo su
+peso, los muelles de las butacas, creía sentarse sobre la propia
+dignidad de su enemigo.</p>
+
+<p>Alardeando de fino, colocó los almohadones ante la chimenea, y dijo a
+Carola:</p>
+
+<p>&mdash;Anda, gachona, ven y siéntate aquí conmigo, en el suelo, como los
+moros; nos calentaremos los pies, que estoy hecho un sorbete.</p>
+
+<p>&mdash;Burro, ¡mira que tener frío junto a mí!&mdash;Y en seguida, con pérfida
+premeditación, añadió&mdash;: ¡Vaya una fogata que has <i>armao</i>!... Me ahogo...
+yo me quito la esclavina, y si quieres creerme, desabotónate el chaleco,
+que luego, en la calle, te hielas.</p>
+
+<p>Dicho lo cual, se desabrochó el cuerpo del vestido enseñando la chambra
+y el nacimiento del pecho, para que quien les sorprendiese supusiera que
+estaban entregados a impuras y culpables caricias.</p>
+
+<p>Don Quintín se desabrochó también el chaleco, mostrando la pechera de la
+camisa. Después, alargando una mano, según estaba sentado, cogió de
+sobre el velador la botella de Jerez, hizo que Carola empinase, y en
+seguida pretendió que, con los labios húmedos, le besara.</p>
+
+<p>&mdash;¿No te dan gusto este vinillo y ese fuego tan cariñoso?</p>
+
+<p>&mdash;¡Vaya un hombre, que <i>tié</i> al lado una mujer y se pone en cuclillas
+junto a la chimenea!</p>
+
+<p>&mdash;¿Qué te parece el cuartito? ¡Mira que si pudiéramos quedarnos, es
+decir, quedarte con todo esto!</p>
+
+<p>De repente, sonó un campanillazo. Don Quintín tembló de miedo, como los
+convidados de Tenorio al oír el aldabonazo del Comendador. Carola se
+dijo: «a lo hecho, pecho.»</p>
+
+<p>Ambos guardaron medroso silencio.</p>
+
+<p>Siguió un segundo campanillazo, y entonces dijo él:</p>
+
+<p>&mdash;Nosotros no abrimos: ya se cansarán.</p>
+
+<p>&mdash;<i>Panoli</i>, ¿tienes miedo? Yo iré, que a mí no me conocerán, y diré que
+no hay nadie.</p>
+
+<p>Adivinando lo que había de suceder, se puso el mantón, cogió
+disimuladamente el velo para estar dispuesta a la fuga, y se dirigió
+hacia el pasillo.</p>
+
+<p>Transcurrió un minuto; aún rechinaban los goznes de la puerta, cuando
+don Quintín oyó el timbre de una voz que le dejó trémulo de espanto;
+apenas sus labios acertaron a balbucear un nombre:</p>
+
+<p>&mdash;¡¡Es Frasquita!!</p>
+
+<p>También sonó la voz de Carola:</p>
+
+<p>&mdash;Buena mujer&mdash;decía&mdash;, aquí no vive ese señor.</p>
+
+<p>&mdash;¡Ya lo sé, ya lo sé!&mdash;repetía la voz espantable&mdash;; pero ahí dentro está;
+¡déjeme usted pasar!</p>
+
+<p>&mdash;¿Es usted su criada?</p>
+
+<p>&mdash;¡Es mi marido!</p>
+
+<p>Carola, fingiendo tremenda ira, comenzó a gritar:</p>
+
+<p>&mdash;¿Marido? Embustera, vieja, estantigua, si lo que <i>paece</i> usted es la
+estampa de las cuarenta horas.</p>
+
+<p>Y vuelto el rostro hacia dentro, añadió:</p>
+
+<p>&mdash;Quintinito, hijo, mono, sal y pega un empellón a esta fiera.</p>
+
+<p>Al mismo tiempo retrocedió con malicia por el pasillo, dejando avanzar a
+la exasperada Frasquita, que al fin penetró en el gabinete, desencajada
+y colérica.</p>
+
+<p>Era alta, flaca, barbipeluda, huesosa, sin pecho, recta de caderas; la
+figura espantable, los ademanes ridículamente trágicos. Venía toda
+vestida de oscuro, con largo velo a la cabeza, de suerte que, por su
+traje y catadura, parecía una de aquellas entre brujas y dueñas
+calderonianas que hace doscientos años servían para arredrar galanes,
+vigilar mozas y asustar chiquillos.</p>
+
+<p>En el instante de pisar ella el gabinete, don Quintín estaba tumbado
+ante la chimenea, con la cabeza reclinada en un almohadón, desabrochado
+el chaleco y sujetando en una mano la botella de Jerez medio vacía.</p>
+
+<p>Verle Frasquita y abalanzarse a él, todo fue uno.</p>
+
+<p>&mdash;Canalla, indecente, sucio, vicioso, ¿en esto te gastas el dinero?
+¿Quién es esa tía?</p>
+
+<p>El pobre hombre se quedó como muerto. Carola, afinando su astuta
+perversidad, se había desabotonado por completo el cuerpo del vestido,
+deslazándose, además, la cinta de las enaguas, como si tuviera la ropa
+en tal desorden antes que llegara Frasquita, y al mismo tiempo,
+encarándose con ella, decía:</p>
+
+<p>&mdash;¿Pero es usted su mujer? ¡Jesús, qué antigua! Diga usted, señora, ¿qué
+sucedió el Dos de Mayo? Oye, Quintín, ahora te digo, que haces bien en
+buscar carne fresca fuera de casa, porque tu parienta está mojama. Anda,
+calzonazos, échala o me marcho.</p>
+
+<p>Frasquita, espantada de tales improperios y aturdida por la estúpida
+pasividad de su esposo, dudó un momento entre arañar al infiel o
+agarrarse con la desvergonzada manceba; por fin, temerosa de que ésta la
+maltratase, se arrancó contra el estanquero, y a pellizcos y tirones de
+pelos, le levantó del suelo, vociferando:</p>
+
+<p>&mdash;¡Despídela, pégala, quiero que la mates!, <i>ustez</i>, mala mujer, ladrona
+de hombres, ¡fuera de aquí!</p>
+
+<p>Quintín continuaba mudo. Tenía la seguridad de que la menor imprudencia
+de sus labios contra Carola empeoraría la situación, y con su mujer
+tampoco se atrevía.</p>
+
+<p>&mdash;¿Qué hacíais?&mdash;preguntó Frasquita, clavando los ojos en el desnudo pecho
+de la corista pecadora.</p>
+
+<p>Carola miraba socarronamente al estanquero, diciéndole con retintín:</p>
+
+<p>&mdash;¿Y es esto lo que usas <i>pa</i> diario? Elige pronto: la bruja o yo...;
+pero luego no me vengas a casa babeando.</p>
+
+<p>&mdash;¡Cállese usted, so <i>chupacharcos</i>!&mdash;gritó Frasquita, lívida de puro
+encorajada.</p>
+
+<p>&mdash;¿Escuchas? Ya te lo había yo <i>anunciao</i>, que no tendrías hígados <i>pa</i>
+decir a esta vieja en su cara lo que a mí me dices cuando tú sabes...
+Adiós, hombre, adiós, y que seáis felices. ¡Bueno te vas a poner de
+huesos! ¡<i>Mia</i> que se podían sacar hormillas de esta buena señora!&mdash;Y
+dirigiéndose a la esposa ofendida, añadió&mdash;: Guárdelo usted como oro en
+paño, que todavía pueden <i>ustés</i> tener familia. En esto ha <i>parao</i> tanta
+monería, que parecías un perrito faldero&mdash;dijo&mdash;, y salió lentamente por
+el pasillo, mientras Frasquita, temblona de pura rabia, continuaba dando
+a don Quintín pechugones, arañazos, pellizcos, tirones de pelo y, lo que
+era peor, dirigiéndole un interrogatorio, cuya entonación y preguntas
+auguraban la más espantable venganza.</p>
+
+<p>&mdash;¿Por qué estaba contigo?¿Cuánto tiempo hace que os habláis? ¿Quién es?
+¿Quién ha pagado todo esto? Gorrinos, ¿por qué estabais desabrochados?
+¿De dónde sacas el dinero?</p>
+
+<p>No pudo más. El sofoco había llegado a su límite; zumbáronle los oídos,
+tambaleose y dio con su cuerpo sobre aquellos mismos almohadones que
+Quintín dispuso para distinto empleo.</p>
+
+<p>Al cabo de un rato, tras mucho rociarle su marido el rostro con Jerez,
+volvió en sí; pero enteramente transformada. Ya no era la arpía que
+araña, ni la euménide que desgarra, sino una terrible y serena parca
+que, extendiendo trágicamente el brazo hacia la puerta, dijo en olímpico
+reposo:</p>
+
+<p>&mdash;Señor mío, vámonos; en casita ajustaremos cuentas.</p>
+
+<p>Después enmudeció, como si se hubiese tragado la lengua. No hubo medio
+de que rompiese aquel mutismo pavoroso. Salieron, pasaron calles y
+plazas; él, cabizbajo y anonadado, delante; ella, implacable y
+rencorosa, detrás; ambos medio muertos, uno de miedo y otro de coraje,
+hasta llegar a la calle de la Pingarrona.</p>
+
+<p>Al entrar en el estanco, Frasquita, solemne y triunfadora, levantó la
+trampilla del mostrador, y dejando paso a Quintín, al par que le
+señalaba la silla puesta junto al brasero, en la trastienda, dijo con
+voz reposada y grave:</p>
+
+<p>&mdash;Viciosote; usted, que siempre estaba en casa, flojo y alicaído, como
+bandera en día sin viento, ¿salía a presumir fuera? ¡Ya te daré yo
+<i>querindangas</i>! ¡Cochino! ¡Mientras yo viva, no saldrás a la calle más
+que conmigo!</p>
+
+<p>La escuchó atónito, dejó escapar un suspiro de galeote recién sujeto al
+banco, y tendió la vista por la oscura mansión estanqueril, como debió
+de hacer, al verse abandonado de sus verdugos, aquel príncipe faraónico
+a quien sepultaron vivo en las entrañas de la gran pirámide.</p>
+
+<p>Tal fin tuvieron los desórdenes quintinescos, y es fama en el barrio que
+jamás ha vuelto el pobre viejo a salir solo.</p>
+
+<p>Bien dice el <i>Ecclesiastes</i>: «Cada cosa tiene su tiempo y sazón, y es
+mucha la aflicción del hombre».</p>
+
+
+
+<h3><a name="Capitulo_XXII" id="Capitulo_XXII"></a>Capítulo XXII</h3>
+
+<p>El delirio</p>
+
+
+<p>Pocas horas después de enviar don Juan a Cristeta su romántica y
+desesperada carta de despedida, recibió de ella un papelito que traía
+estas palabras escritas con mano temblorosa:</p>
+
+<div class="blockquot"><p><i>«Juan: Oy mismo a las once de la noche te espero en la plaza de
+oriente frente a la puerta de Palacio, y si no estás decidido a todo no
+bayas.</i></p>
+
+<p class="r"><i>Cristeta.»</i></p></div>
+
+<p class="puntos">*<br />* *</p>
+
+<p>Don Juan, de hongo y capa, impaciente y nervioso, aguarda en el sitio y
+hora que le marcaron.</p>
+
+<p>En un reloj cercano da el cuarto para las once. Del Guadarrama, y
+haciendo escala en la <i>Punta del Diamante</i> y la <i>Garita del Diablo</i>,
+viene un norte sutil y helado que traspasa los tuétanos. Los enormes y
+desnarigados reyes de piedra que rodean el jardinillo, surgen de entre
+los árboles como grandes espectros blancos. Las llamas del gas se agitan
+en sus fanales de vidrio, proyectando sombras temblorosas en el suelo
+húmedo y barroso. No pasa casi nadie: sólo se oye de rato en rato la
+sorda trepidación del tranvía y continuamente el rápido y corto pasear
+de los centinelas de Palacio.</p>
+
+<p>Don Juan, que comienza a malhumorarse, lanza sin cesar miradas hacia el
+sitio donde arranca el Viaducto de la calle de Segovia, cuando
+repentinamente, de entre la negrura del ambiente, surge un bulto de
+mujer, a quien delatan su airosidad y gallardía. Viene modestísimamente
+vestida con traje oscuro, mantón, y toquilla de estambre blanco a la
+cabeza. Don Juan cree asistir a la resurrección de su antigua Cristeta,
+la que salía del teatro en su primera época de comedianta pobre. No se
+ha equivocado; ella es.</p>
+
+<p>&mdash;Dame el brazo&mdash;le dice en voz baja y acercándose.</p>
+
+<p>Cristeta obedece, y el galán, al rozar el cuerpo de su amada, siente
+algo parecido al latigazo de una descarga eléctrica. La mujer tiembla
+pudorosamente, pero sin medrosa hipocresía.</p>
+
+<p>&mdash;Cristeta de mi alma, ¿qué es esto?, ¿te has decidido? ¡No me engañes,
+que me moriría de pena!</p>
+
+<p>&mdash;No hay momento que perder, quiero volverme pronto.</p>
+
+<p>&mdash;Habla, vida mía. Todo lo que quieras, menos que yo viva sin ti.</p>
+
+<p>&mdash;Juan..., estamos locos.</p>
+
+<p>&mdash;Dime que me quieres y me dejo matar.</p>
+
+<p>Sus voces languidecían; sus cuerpos, poseídos de atracción mutua e
+imperiosa, se juntaban como dos hojas de árbol que el viento agita.
+Acortaron el paso. Juan, deseoso de prolongar aquella emoción
+paradisíaca, exclamó sin tener en cuenta el intenso frío:</p>
+
+<p>&mdash;¡Qué hermosa noche! ¡Cristeta, ya eres mía!</p>
+
+<p>&mdash;Espera&mdash;dijo ella&mdash;; antes tienes que oírme. Se trata de nuestro
+porvenir... Toda la vida. ¡Piensa lo que haces!</p>
+
+<p>&mdash;Te juro que te quiero como no he querido a nadie. Ahora dispón lo que
+se te antoje.</p>
+
+<p>Mirole ella con inefable ternura, adhiriéndose a su brazo como planta
+endeble que ha menester apoyo, y murmuró:</p>
+
+<p>&mdash;¿Qué será de mí? ¿Me quieres de veras?</p>
+
+<p>La respuesta fue un delicioso apretujón por bajo de la capa, y al mismo
+tiempo una mirada en que iba envuelta la promesa de la felicidad.</p>
+
+<p>&mdash;Pues bien, Juan, no puedo luchar más; soy tuya..., haz lo que quieras;
+manda, llévame donde quieras.</p>
+
+<p>&mdash;No: mandar tú, obedecer yo.</p>
+
+<p>&mdash;¿Me abandonarás otra vez?</p>
+
+<p>Don Juan aflojó el embozo, y subiendo hasta sus labios la mano de
+Cristeta, se la besó con más fervor que si la tocara por vez primera,
+diciendo al mismo tiempo:</p>
+
+<p>&mdash;Traigo dinero de sobra; vengo dispuesto a todo...</p>
+
+<p>&mdash;Por ahora, paciencia&mdash;continuó ella&mdash;, tengo que irme en seguida; pero...
+pocas horas faltan. Mañana a las dos de la tarde ven a mi casa.
+¿Entiendes? Quiero que vengas a buscarme y quiero salir de mi casa
+contigo, a la luz del sol..., iremos donde quieras... para siempre.
+¿Comprendes? ¡Toda la vida! ¿Querrás? Pero te advierto que jamás volveré
+a mi casa ni a soportar a ningún hombre que no seas tú. Tuya, y nada más
+que tuya...</p>
+
+<p>&mdash;Te juro&mdash;interrumpió él con acento solemne&mdash;, que nunca te abandonaré...,
+y si algún día eres libre..., en fin, ya hablaremos.</p>
+
+<p>Pretendió ir por la calle de Bailén abajo para prolongar el paseo, mas
+Cristeta le hizo volver.</p>
+
+<p>&mdash;Vámonos, tengo prisa&mdash;decía&mdash;; acompáñame hasta pasado el Viaducto.</p>
+
+<p>&mdash;Como quieras; pero ¿te arrepentirás de lo dicho?</p>
+
+<p>Anduvieron largo trecho silenciosos: al pasar sobre el puente de hierro,
+mirando por bajo la pavorosa negrura del abismo, se les ocurrió a los
+dos una idea espantosa. ¿Fue natural romanticismo de sus almas, o
+resultado de la exaltación de sus espíritus? ¡Quién sabe! Lo cierto es
+que ambos temblaron, y al temblar se pegaron uno a otro.</p>
+
+<p>Cerca de la calle de Don Pedro, dijo Cristeta:</p>
+
+<p>&mdash;Vete desde aquí. Hasta mañana. ¿Sabes el número?</p>
+
+<p>Entonces ella, deteniéndose bajo una farola para ser bien vista, fijó en
+don Juan sus hermosísimos ojos; y oprimiéndole las manos en señal de
+despedida, repitió:</p>
+
+<p>&mdash;Toda la noche, te queda toda la noche; ¡piénsalo bien! ¿Verdad que
+serás bueno conmigo? Y ya lo sabes, es para toda la vida, porque yo no
+soy capaz más que de resoluciones extremas.</p>
+
+<p>Dicho lo cual, desasiéndose de él y dejándole confuso en medio de la
+acera, se alejó precipitadamente hasta entrar en el anchuroso portal de
+la casa donde vivía.</p>
+
+<p>Don Juan pasó de largo, miró con disimulo, y después de verla torcer
+hacia el arranque de la escalera, apretó el paso. Luego, dando rodeos
+para no encontrarse con nadie, se fue a su casa, impaciente por saborear
+a solas la realización de su esperanza.</p>
+
+<p>Encerrose en el despacho, abrió el cajoncito más recóndito de su mesa, y
+fue reuniendo y apuntando todo el dinero que tenía: sesenta y tantos
+duros en plata, unas cuantas monedas de oro y ocho mil pesetas en
+billetes. Además, de su último viaje a Francia le quedaban diecisiete
+luises y dos o tres billetes de cien francos. Total, dinero sobrado para
+llegar a cualquier parte. Después, a modo de novio en víspera de boda,
+quemó en la chimenea varios retratos y un puñado de cartas, y, por
+último, llamó a Benigno, quien oyó con verdadero asombro estas palabras:</p>
+
+<p>&mdash;Mañana temprano me pones encima de esa butaca un traje gris, de
+americana, la manta de viaje con las correas, una gorra y el gabán de
+pieles. Prepara un maletín con los avíos de tocador y ropa interior;
+nada de frac, ropa de etiqueta, ninguna. Saldré en cuanto almuerce;
+puede que vuelva acompañado... y entonces ya te daré órdenes; pero lo
+probable es que no vuelva. Si te envío recado, llevarás el maletín donde
+te mande, y hasta que recibas noticias mías, mucho cuidado con la casa,
+y cuando te escriba harás lo que te indique al pie de la letra. ¿Te has
+enterado?</p>
+
+<p>&mdash;De todo, señor.</p>
+
+<p>&mdash;Ya lo sabes. No te muevas de aquí hasta que recibas orden por escrito;
+puede que vuelva..., no lo sé, y puede que te mande cerrar la casa y
+venir donde yo esté.</p>
+
+<p>&mdash;Comprendido, señor.</p>
+
+<p>&mdash;Pues ahora déjame.</p>
+
+<p>Al quedarse solo volvió a contar el dinero, y al cabo de una hora se
+acostó. Estaba tranquilo, con esa falsa serenidad propia de quien, tras
+desearlo mucho, adopta una resolución muy grave.</p>
+
+<p>Tardó largo rato en conciliar el sueño. Su imaginación vagaba
+desvariando de unas ideas a otras, como si el razonamiento fuese incapaz
+de sujetarlas. Quería pensar despacio, aquilatar la trascendencia de su
+propósito, traer a juicio su pasado, considerar lo presente..., adivinar
+lo porvenir... Inútil empeño.</p>
+
+<p>La fantasía, estimulándose más cada instante, quedaba triunfante del
+raciocinio. Compromisos, obligaciones, conflictos, luchas, catástrofes,
+todo lo grave que le parecía cercano y probable, se desvanecía, quedando
+en su lugar un fantasma encantador e imperioso que le abría los brazos y
+le llamaba con promesas de perdurable felicidad. Era Cristeta; pero una
+Cristeta nueva, renovada, hacia la cual se sentía impulsado, no sólo por
+inclinación amatoria, sino también por algo misterioso, privativo del
+espíritu y puramente anímico, en que no entraba para nada la fascinación
+de la hermosura. Antes, al pensar en beldades deseadas y no poseídas,
+siempre le dominó el encanto de la forma: ahora sus sentidos parecían
+aletargados, y en cambio el ansia de perfecciones morales surgía potente
+y avasalladora.</p>
+
+<p>Los ojos de Cristeta oscuros y azulados, como cielo en noche serena; la
+boca, fuente de ternura y sumidero de besos; el pelo rubio y largo, como
+crecido para cubrir la almohada formando al rostro un nimbo de oro; el
+pecho blanco y firme, donde parecían palpitar impacientes dos rubíes
+carnosos perdidos entre nieve; todo el conjunto de atractivos que
+formaban lo material de la mujer, lo veía don Juan desvanecido, borroso,
+deseable, pero secundario; y en cambio, al poner su pensamiento en el
+pensamiento de ella, experimentaba una sensación de ansia y desasosiego
+entre penosa y grata, como si la voluntad y el alma carecieran de algo
+que sólo pudiese hallar satisfacción y plenitud en la posesión pura e
+inmaterial de Cristeta. Tormento y placer análogo debieron de sentir y
+gozar los místicos que, abrasados en fervor religioso, tendían a
+identificarse y sumarse con la divina esencia, cual si anhelaran ver
+anonadarse su alma dentro de otra alma superior e increada. Tuvo luego
+también momentos de intensa embriaguez amorosa; pero brevísimos,
+fugaces, y apaciguada pronto aquella excitación, se rindió al cansancio
+físico.</p>
+
+<p>Entonces el espíritu, libre de influjo externo, prosiguió su incansable
+labor, y comenzó a soñar disparatadamente, mezclándose y trabándose en
+sus desvaríos lo verosímil con lo imposible, y las reminiscencias de lo
+real con las locuras de lo imaginario.</p>
+
+<p>De igual suerte que cuando el maestro duerme los chicos arman bulla y
+algazara, así al quedar en reposo la voluntad de don Juan, se le
+avivaron los deseos, excitáronsele los recuerdos, y las imágenes creadas
+por la fantasía, unas brillantes, otras pálidas, pero todas de intensa
+realidad para su mente, comenzaron a desfilar en ronda interminable.</p>
+
+<p>No creyó ver sino que con los ojos del alma vio a Cristeta como estaba
+la primera vez que hablaron: falda muy hueca, de percal, pañoleta de
+espuma al talle, zapatitos con galgas y moño bajo, lleno de flores; todo
+el atavío gitanesco; pero no en el cuarto del teatro, sino en aquella
+plazoleta de la Moncloa situada junto a la fuentecilla. Servían de fondo
+a la figura los troncos de los árboles atigrados por manchas musgosas, y
+en torno de su cabeza revoloteaban hojas secas de plátano que, traídas y
+llevadas por el viento, semejaban errantes estrellas de oro. De pronto,
+mujer, paisaje y fuente, se deshicieron como humo ingrávido, el espacio
+quedó vacío, y en la atmósfera desierta, pero alumbrada por un sol
+invisible, sonaron muchos ruidos diferentes que juntos simulaban un coro
+de mujeres burlonas. Hubo crujir de sedas manoseadas, rumor de
+varillajes de abanicos, chasquidos de besos, sonoridades de monedas de
+oro caídas sobre mármol, y luego grandes carcajadas, como si alguien
+diabólicamente se mofara de la hermosura, el lujo y el amor. De
+improviso, todo cambió, apareciendo por arte de magia un cuarto
+vulgarmente amueblado con cama de hierro, sofá de espadaña, dos baúles y
+una percha clavada en la puerta. Sobre asientos y muebles había muchas
+ropas adornadas de oropel y talco.</p>
+
+<p>Contemplando aquello el hombre dormido se obstina en avivar recuerdos y
+coordinar ideas, pero es en vano; porque las memorias no obedecen a la
+evocación y los pensamientos se alteran. Luego su atención y sus ojos
+son imperiosamente atraídos por algo que le suspende y encanta.</p>
+
+<p>Al pie de la cama deshecha, hay una mujer sentada en una silla baja:
+tiene el pelo revuelto, el rostro abrillantado por las lágrimas
+restregadas, y la boca contraída por el amargo dejo de una felicidad
+apenas gozada y ya perdida. Junto a ella, caídos en el entarimado del
+piso, se ven dos papeles arrugados: una carta y un impreso pequeño con
+cifras manuscritas. Después todo aquello se transforma en una capilla
+oscura y sucia, donde huele a sudor y a cera. Un hombre y una mujer se
+arrodillan ante otro hombre que lee un librote, trazando con las manos
+en el aire figuras misteriosas: la mujer es Cristeta; pero la fisonomía
+y el aspecto de su acompañante carecen de rasgos definidos. No es alto
+ni bajo, flaco ni grueso; a ratos lampiño, a ratos barbudo... Al sonar
+un campanillazo la visión se disipa y el lúgubre recinto se trueca en un
+paseo enarenado, por donde corretea un niño tras un ato de madera. El
+chiquitín tropieza, cae, se lastima... y suena un grito. Una mujer queda
+tendida en tierra y dos hombres se abalanzan a socorrerla; en el primero
+se reconoce don Juan; el segundo es el otro, el desconocido de la
+capilla, el monstruo sin fisonomía. Su audacia no tiene límites. Se
+inclina sobre el cuerpo de la desmayada, y con la insolente autoridad de
+un poseedor legítimo, hace ademán de ir a desabrocharle el cuerpo del
+vestido para que, respirando mejor, cese la congoja. Entonces a don Juan
+se le sube la sangre a la cabeza. ¡Tocar aquel hombre el pecho de
+Cristeta! ¡Profanación! Tanto valdría que un bárbaro escupiese al Apolo
+Délfico o que un judío cometiese irreverencia ante Jesús Sacramentado.
+Don Juan se arroja, o cree arrojarse, sobre el marido, y ofendiéndole de
+palabra, le sujeta, le zarandea y le sacude... Suena una bofetada. La
+mano invisible del hombre sin fisonomía ha caído ruidosamente sobre el
+rostro de don Juan como cae el mazo del batán sobre la superficie del
+agua. El ofendido saca un revólver, dispara y se oye un ruido semejante
+al desplome de un cuerpo exánime. Al desvanecerse el humo del fogonazo,
+todo desaparece y se disipa; por el aire vuelan pedazos de papeles que
+llevan impresas palabras terroríficas: asesinato..., mujer casada...,
+amante..., niño huérfano. Después, en la lejanía de un campo, junto a
+unos murallones de ladrillo, se alza un tablado, encima del cual,
+destacando sobre el cielo, se ven cuatro hombres que sientan a otro por
+fuerza en un banquillo, tras el cual, a manera de respaldo, hay un
+madero tieso...</p>
+
+<p>¡Qué horrible pesadilla! Por fortuna, un cambio de postura desvía la
+sangre de ciertos sitios del cerebro, quedan libres los nervios
+oprimidos, sufren otros la presión y...</p>
+
+<p>Un bosque fantástico, cuyos árboles tienen, en vez de hojas, monedas de
+oro. Don Juan camina silenciosamente por una vereda, cuando de pronto,
+hendiéndose las cortezas de los troncos, dejan paso a mujeres
+magníficamente ataviadas y ninfas en todo el esplendor de su sagrada
+desnudez.</p>
+
+<p>Las hay blancas con el transparente blancor del alabastro; rubias como
+hebras de mazorca; morenas en que parecen haberse deleitado las miradas
+del sol, y también las hay enteramente negras, al igual de aquella
+princesa de las leyendas árabes que fue engendrada por el misterio en el
+vientre de la noche.</p>
+
+<p>Agitadas de neurosis, exasperadas de lujuria, como diablos súcubos se
+dejan poseer por don Juan, y apenas poseídas, se truecan en pelados y
+mal olientes esqueletos. Gasas, tisúes y rasos quedan desfilachados y en
+jirones, flotando sobre las osamentas. En derredor de las vértebras
+cervicales caen desgranados y sueltos los collares. De los cúbitos
+penden los brazaletes rotos. En torno de las sienes calvas, con la
+amarillez del marfil viejo, se marchitan las coronas de rosas, y en la
+medrosa concavidad de las órbitas vacías, en vez de las pupilas bañadas
+de efluvios amorosos, brilla la pálida fosforescencia de las larvas
+inquietas. El suelo todo es podredumbre; el espacio todo luz: y he aquí
+que, de repente, la figura de Cristeta vestida de hilos de agua y rayos
+de luna entretejidos, cruza el éter impasible y angélica, dejando tras
+sí una estela de polvo luminoso. El alma de don Juan da un vuelco hacia
+ella, la alcanza, la detiene, y al tocarla queda convertida en estatua.
+En vano pretende vivificarla acariciando sus hermosas caderas, y
+gimiendo de dolor entre sus marmóreos pechos. Ya no es mujer, es una
+divinidad.</p>
+
+<p>Es la diosa del amor en nueva forma, con caracteres desconocidos. No es
+Afrodita a quien se rinde culto de pasiones sensuales; no es la Venus
+Cálvica, que recibe en ofrenda cabelleras de vírgenes; parece la Venus
+Apostropha, que desdeña y castiga los pensamientos impuros. A fuerza de
+besarla éntrasele a don Juan por los labios hasta el alma el frío de la
+piedra, y paralizada su sangre, se desploma rendido.</p>
+
+<p>Cuando torna en sí, la amargura se ha enseñoreado de su alma: la
+privación del placer le ha hecho filósofo; pero la filosofía seca su
+corazón, y sediento de esperanza, se hace religioso y degenera en
+místico...</p>
+
+<p>Sueña que es el apóstol único de una religión nueva, agradable y
+tolerante, que abarca y atesora la poesía pagana, la severidad
+protestante, el fausto católico, el sentido práctico hebreo y el poder
+político del islam, simbolizándolo todo en ritos fantásticos y
+heterogéneos de que él es gran sacerdote, y en que se hallan
+representadas todas las aspiraciones del espíritu y todos los apetitos
+de la carne, desde el ascetismo de los anacoretas hasta los bailes
+misteriosos y lúbricos del Oriente primitivo.</p>
+
+<p>La efigie de Cristeta-Venus se transforma de repente en la Eva mosaica
+que perdió el Paraíso, y en torno de ella comienza el desfile de una
+procesión interminable. Allí van las virginales deidades indias,
+moradoras de los lagos, que con el calor de sus pechos entibian el agua
+que ha de regar la flor del loto; las impúdicas danzadoras egipcias y
+malacitanas, que acuden a Roma para divertimiento de Césares; las
+doncellas corintias consagradas a Palas, que asisten a las Panateneas;
+las sacerdotisas galas que lanzan a los bárbaros contra el antiguo
+mundo; las damas de las cortes de amor que tiñen en la púrpura de su
+sangre la flor que ha de premiar a su poeta; las cortesanas del
+Renacimiento, que el arte convierte en imágenes de dolorosas; las monjas
+españolas, devoradas de histerismo religioso; las damas galantes de la
+Francia borbónica, que sin traicionar al amor supieron hacer de cada
+hombre un amante; y, por último, la mujer moderna, cuyo tipo varía,
+desde la Hermana de la Caridad que riega con sus piadosas lágrimas las
+llagas del herido, hasta la pecadora de oficio que, vendiéndose al rico
+y regalándose al pobre, ofrece a todos la ilusión del amor. Y aparecen
+figuras extraordinarias, enigmáticas, en quienes palpitan encarnaciones
+distintas y olvidadas de la eterna Eva. Allí se acercan la Venus
+Fecunda, ensangrentada por un cilicio, envuelta en un sudario, y María
+de Nazareth, coronada de pámpanos y esgrimiendo el tirso de las
+bacantes. La diosa gentílica canta el <i>Dies irae</i>. La virgen cristiana
+recita los versos impíos de Lucrecio...</p>
+
+<p>Entre tantas, ¿cuál es la dispensadora de la dicha, cuál la verdadera
+mujer? ¡Nadie lo sabrá nunca!</p>
+
+<p>Poco a poco todo aquello se borra, reaparece la noche oscura, y del
+cielo comienzan a caer las estrellas, metamorfoseadas en almeas desnudas
+mal envueltas en gasas transparentes. Don Juan se aleja de ellas, y
+llega a la orilla de un lago, por cuyas tranquilas aguas se desliza una
+barca tripulada de doncellas, que se alejan cantando tristemente. Las
+mira y ve que son sus propias ilusiones, que bogan río abajo de la vida
+despidiéndose de él para siempre.</p>
+
+<p>Por último, todo cambia: lo fantástico se trueca en realidad pavorosa.</p>
+
+<p>Es de noche: un hombre viejo y enfermo está solo en un gabinete. La tos
+le desgarra el pecho, tiene las piernas hinchadas por la gota, el
+estómago roído de dolores, y para que el sufrimiento sea completo,
+conserva el cerebro despierto y sano. Una criada torpe y gruñona le
+asiste con malos modos, sin solicitud ni cariño. ¡Qué soledad tan
+triste! ¡Ni una hija, ni una caricia, ni un beso! ¡Oh mocedad
+malbaratada! ¡Oh presente amarguísimo! Perdidos en la lejanía de la
+juventud y vigorosamente evocados por el pensamiento, vienen a la mente
+los recuerdos: pasan muchas mujeres: don Juan las ve, violenta su
+imaginación para acordarse de sus nombres y no puede; porque si todas le
+dieron su cuerpo, ninguna le dejó la dulzura del cariño en la memoria.
+La postrera de todas trae las miradas impregnadas de amor, la boca
+prometedora de besos, pero al mismo tiempo sus labios murmuran una
+palabra: «Imposible». Es Cristeta. Don Juan, reconociéndola, suplica,
+implora, ruega, grita, procura detenerla, y nuevamente el fantasma se
+disipa, dejándole en las manos la sensación de un sudor frío y pegajoso.</p>
+
+<p class="puntos">*<br />* *</p>
+
+<p>Suena el lento y ruidoso rodar de un carro; luego el campanilleo de las
+burras de leche; óyese a lo lejos el vocear de un pobre vendedor
+ambulante; y por los resquicios y rendijas del balcón penetra, en hilos
+plateados, la clara luz del día.</p>
+
+<p>Don Juan despierta y se arroja del lecho abajo, restregándose los ojos.</p>
+
+<p>Todo ha sido un sueño mentiroso. Es joven, está en su casa, no ha matado
+a nadie, y... a las dos le espera Cristeta; no en forma de impalpable
+fantasma ni de fría escultura, sino en carne y hueso, amante y cariñosa.
+Entonces, sacudiendo el sopor morboso de la pesadilla, mira en torno. Lo
+primero que ve es la ropa de viaje colocada sobre una butaca, y en un
+rincón el mueblecillo donde la víspera guardó el dinero para huir con
+ella, robándosela al hombre misterioso sin rostro ni facciones. Un
+nombre se le viene a los labios: «¡Martínez!» Esta es la única tristeza
+indudable que pasa del sueño a la vigilia.</p>
+
+<p>Al dar la una en el reloj del despacho, don Juan sale de su casa
+llevando el corazón henchido de amor, el ánimo resuelto a todo y los
+bolsillos repletos de dinero.</p>
+
+<p>¿Qué más necesita el hombre a quien aguarda una mujer?</p>
+
+
+
+<h3><a name="Capitulo_XXIII" id="Capitulo_XXIII"></a>Capítulo XXIII</h3>
+
+<p>Concluye ésta, entre verídica o imaginaria historia, con el raro ejemplo
+de una mujer que todo lo pospone al deseo de ser amada</p>
+
+
+<p>Salió don Juan vestido de viaje, tomó un coche, apeose cerca de la calle
+de Don Pedro, y por fin llegó al portal de la casa en que vivía
+Cristeta. No arribó Ulises a la deseada Itaca, ni vieron los Magos el
+sagrado pesebre poseídos de tan honda emoción como la que él sentía.</p>
+
+<p>Penetró en el zaguán, y acercándose casi respetuosamente al portero, de
+suntuoso levitón y gorra blasonada, le preguntó:</p>
+
+<p>&mdash;¿La señora de Martínez?</p>
+
+<p>&mdash;No vive aquí.</p>
+
+<p>&mdash;¿Cómo?</p>
+
+<p>&mdash;Que no es aquí.</p>
+
+<p>&mdash;Sí, hombre; una señora joven y guapa que se llama doña Cristeta.</p>
+
+<p>&mdash;¡Acabara usted! Sí, señor. Segundo patio, escalera interior, piso
+tercero.</p>
+
+<p>&mdash;¿Está usted seguro?</p>
+
+<p>&mdash;¿<i>Quedrá</i> usted saber de la casa más que yo?</p>
+
+<p>En otra ocasión, don Juan hubiera castigado con un sopapo la porteril
+arrogancia; pero en aquellos momentos no estaba para provocar
+conflictos.</p>
+
+<p>Dejando a su derecha el arranque de la escalera señorial, lujosamente
+alfombrada, atravesó el patio, empedrado como para espera de coches, y
+comenzó a subir la otra humilde y estrecha escalera que le indicaron. La
+contestación del portero le había dejado confuso. ¿Qué significaba
+aquello? ¿Cristeta en piso interior y con entrada miserable? ¿Cómo tan
+gran dicha por tan ruin camino? Tal vez el siervo enlevitonado hubiese
+recibido discreta orden para enviarle por la escalera de servicio. ¡Oh
+mujer, cuán grande es tu prudencia que a todo atiendes y remedias!</p>
+
+<p>De pronto, en un descansillo, vio un niño jugando solito con unas cajas
+viejas de fósforos; representaba, poco más o menos, tres años, y se
+parecía, como una gota de agua a otra gota de agua, al chiquitín de
+quien iba Cristeta acompañada la tarde que se la encontró en el Retiro.
+Creyendo reconocerle, pero resistiéndose a dar crédito a sus ojos,
+pensó: «Parece imposible que descuide al niño de este modo. No, no puede
+ser. ¿Cómo es posible que esta criatura sucia, desarrapada y mocosa, sea
+el angelito vestido de encajes a quien vi en el Paseo de Coches?» Subió
+los seis tramos que le faltaban y tuvo que detenerse a respirar. ¿Por
+cansancio? No. ¿Por miedo? Tampoco. Por incertidumbre y turbación de
+espíritu. En su memoria flotaba una frase preñada de misterios. Cristeta
+le había dicho al separarse la noche anterior: «... ¡resoluciones
+extremas!» ¿Qué pretendería? En un segundo imaginó don Juan mil clases
+diversas de resoluciones extremas. La fuga, el sud&mdash;expreso, el <i>sleeping
+car</i>, la ocultación en su propia casa, la vida errante por el extranjero
+con nombres supuestos... ¿Querría, tal vez, que provocara y matase a su
+marido? ¡Absurdo! ¿Habría pensado en un doble y romántico suicidio? Al
+ocurrírsele esto se acordó de cómo temblaba la pobrecilla cuando pasaron
+por el Viaducto de la calle de Segovia. Lo que faltaba de escalera no
+dio tiempo a más suposiciones.</p>
+
+<p>Estaba en el descansillo del piso tercero, ante una puerta de
+cuarterones, groseramente pintada de azul. El cordel de la campanilla,
+de puro mugriento, parecía negro.</p>
+
+<p>«¡Cosa más rara!»</p>
+
+<p>Llamó con mano temblorosa, y casi al mismo tiempo abrió la puerta, no
+una criada, ni la esperada niñera, sino la propia Cristeta, cuya esbelta
+figura destacó sobre la pared blanca de un pasillo. Estaba vestida y
+peinada con adorable sencillez; el traje, de lana oscura sin adornos; el
+pelo, modestamente recogido hacia las sienes. Esforzábase por aparentar
+serenidad, pero sus ojos revelaban haber llorado mucho, y su hermoso
+pecho, alzándose y deprimiéndose a intervalos muy cortos, daba prueba de
+agitación mal contenida. Tendió a don Juan la mano derecha, que él
+estrechó entre las suyas, y calladamente, sin soltarle, le guió hacia
+dentro.</p>
+
+<p>El pasillo era muy corto, y a su término había un cuarto de humilde
+aspecto. Constaba el mueblaje de cuatro sillas de Vitoria, un sofá viejo
+de espadaña y una cómoda de nogal. Por la ventana, que descubría mucho
+cielo, entraba la claridad a torrentes. Tras una puerta vidriera
+entreabierta veíase la alcoba y en ella un catre de hierro cubierto por
+una colcha de cotonía. Sobre las sillas no había nada, pero el sofá
+quedaba casi oculto por un montón de ropas relativamente lujosas, que
+formaban contraste con lo modesto y pobre de la estancia. Allí estaban
+la falda negra plegada en menudas tablas con primoroso arte, y el abrigo
+corto de rico paño gris que tiempo atrás lució Cristeta en el paseo del
+Retiro, el otro abrigo forrado de seda roja que llevó a la cita en la
+Moncloa, el cuerpo encarnado con botoncitos de plata que se puso la
+tarde del teatro, y encima de todo un boa gris y un sombrero negro de
+ala grande y pluma rizada.</p>
+
+<p>Don Juan, mudo y absorto, permanecía en pie; Cristeta separó a un lado
+las ropas e hizo a su amante seña de que se sentara junto a ella en el
+sofá. Obedeció él, y en seguida, mirándolo todo con extrema curiosidad,
+sin poder ni querer contenerse, dijo:</p>
+
+<p>&mdash;Esto es imposible, no puede ser. ¿Vives aquí?</p>
+
+<p>Cristeta, con grandísima calma, pero algo alterada la voz por la
+emoción, repuso:</p>
+
+<p>&mdash;Esta es mi casa.</p>
+
+<p>&mdash;¿Pero no tienes criados?</p>
+
+<p>Suspiró lentamente, y replicó:</p>
+
+<p>&mdash;No tengo criados.</p>
+
+<p>&mdash;¿Tu hijo?</p>
+
+<p>&mdash;No tengo hijo.</p>
+
+<p>&mdash;¿Tu marido?...</p>
+
+<p>&mdash;No tengo marido.</p>
+
+<p>Entonces... explícame... ¿Verdad que eres mi Cristeta de mi vida?</p>
+
+<p>&mdash;Eso no lo sé todavía. Veremos.</p>
+
+<p>&mdash;¡Habla!</p>
+
+<p>Por el ancho hueco de la ventana se veían torres, veletas, campanarios,
+las masas rojizas y las líneas quebradas de los tejados vecinos, y
+dominándolo todo, el cielo azul radiante de esplendorosa claridad. Un
+rayo de sol venía a juguetear sobre los ladrillos del piso haciendo
+dibujos luminosos. Don Juan pensó llegar a una casa de burgueses ricos y
+estaba rodeado de pobreza. Las riquezas del mundo parecían refugiadas en
+las pupilas de Cristeta, donde brillaba un tesoro de amor.</p>
+
+<p>&mdash;Habla, por piedad&mdash;repitió él.</p>
+
+<p>Cristeta, violentándose mucho, como jugador nervioso que arriesga su
+porvenir entero al azar de un naipe, dijo así:</p>
+
+<p>&mdash;¿Te acuerdas de cómo me dejaste abandonada en Santurroriaga?</p>
+
+<p>&mdash;Sí; pero, ¿verdad que me has perdonado? Ahora soy otro, y te adoro.</p>
+
+<p>&mdash;Yo hasta entonces no había querido a nadie ni me había dejado
+querer..., ni poseer. Fuiste el primero y el único, porque después...
+tampoco.</p>
+
+<p>&mdash;¿Qué?</p>
+
+<p>&mdash;La pura verdad. En cambio, a ti te quise como te quiero en este
+momento. Cuando te fuiste hice propósito de ser para toda la vida tuya o
+de nadie. Soy libre, enteramente libre, y lo único que sé de amor es lo
+que aprendí en tus brazos. Luego volviste a verme, creíste otra cosa, me
+deseaste de nuevo, y aquí estás.</p>
+
+<p>&mdash;¡Por Dios te pido que no me vuelvas loco! ¡Habla claro!</p>
+
+<p>&mdash;Que tu Cristeta es la misma de siempre, la de antes, tuya, nada más que
+tuya, y que te ha engañado para no perderte.</p>
+
+<p>&mdash;Pero ¿y tu marido, tu hijo, tu modo de vivir, el coche, el lujo?</p>
+
+<p>&mdash;Todo mentira.</p>
+
+<p>&mdash;¿Has hecho una comedia?</p>
+
+<p>&mdash;No me culpes. Si yo hubiera sido mujer rica, señora que frecuentase la
+misma sociedad que tú, te habría buscado de otro modo: en bailes,
+teatros y tertulias; pero estábamos tan lejos uno de otro, que por
+fuerza tenía que valerme de medios extraordinarios. Y, sobre todo,
+piensa una cosa: yo no te he dicho nunca, ni una sola vez, ¡buen cuidado
+he tenido!, que estuviese casada; te lo he dejado creer y nada más.</p>
+
+<p>&mdash;¿Pero es posible?</p>
+
+<p>&mdash;¿No fue posible que tú me dejases sin motivo, queriéndome como decías?
+¿De qué te sorprendes? ¿Quién ha buscado a quién? Mientras fui tuya,
+¡vergüenza me da recordarlo!, ni siquiera sospechaste el cariño que mi
+corazón encerraba para ti. Después, suponiendo que era de otro hombre,
+me has deseado con rabia, con locura, como se desea lo ajeno. Ahora ves
+que no tengo dueño y comienzas a dudar.</p>
+
+<p>&mdash;¿Y esas ropas, ese lujo, el coche, todo lo que yo he sabido de otro
+hombre... un señor Martínez... un niño?</p>
+
+<p>&mdash;¡Pobre de mí! ¿Cuánto dinero me dejaste al marcharte de Santurroriaga?</p>
+
+<p>&mdash;Veinte mil reales.</p>
+
+<p>&mdash;Pues aún me quedan algunos duros. Lo demás lo he gastado en ese lujo de
+que hablas, en alquilar este cuartito y ese coche que has visto, en
+tener niñera, una chica que, a pesar de tu experiencia, te ha engañado
+como a un chino, y en que unas pobres gentes me dejasen por unas cuantas
+veces ese niño a quien yo he vestido y de quien tú te has figurado...</p>
+
+<p>&mdash;¡No me mientes eso!</p>
+
+<p>&mdash;Total: la mujer a quien abandonaste siendo tuya y nada más que tuya, te
+ha enloquecido por sólo parecerte ajena.</p>
+
+<p>En seguida, punto por punto, minuciosamente, sin omitir detalle, le
+refirió cuanto había tramado y hecho con propósito de atraerle, desde
+que en la fonda de Santurroriaga se quedó pensativa como reina
+destronada que medita reconquistar lo perdido, hasta el instante en que,
+sintiéndole subir la escalera, colocó sobre el sofá aquellos trajes con
+que se había engalanado. Nada calló; ni el auxilio recibido de Inés, ni
+la complicidad de don Quintín, ni el alquiler de la berlina, ni el
+precio de aquel pobre cuartito, ni sus muchas y amargas lágrimas. Fue
+una confesión larga y completa, un examen de conciencia en que dejó que
+se transparentase su alma, mostrando a don Juan lo íntimo de su corazón
+tan franca y lealmente como en otro tiempo le dio a besar la blanca y
+tibia redondez de su pecho. Por último, añadió:</p>
+
+<p>&mdash;Ya lo sabes todo, y ahora sólo te pido que respondas a esta pregunta:
+¿Cuándo has sentido verdadero amor por mí? ¿Mientras fui tuya honrada y
+pobremente, a pesar de lo cual me despreciaste, o ahora, cuando nada más
+que con darte oídos debí parecerte infame y despreciable?</p>
+
+<p>Don Juan, avergonzado, callaba. Cristeta prosiguió:</p>
+
+<p>&mdash;Tal vez no me perdones estos engaños, hijos de mi amor, y, sin embargo,
+me agradecerías los besos que ahora te diera, aunque fuesen robados a
+otro hombre. Te juro que no he mentido en nada. Mis tíos, la falsa
+niñera que tantos plantones te ha dado, mi antigua criada Inés, su
+marido, a quien alquilé la berlina, la madre del chico, cuantas personas
+me conocen, hasta la Mónica, una mujer que tiene aquí abajo casa de
+huéspedes y que ha servido en la tuya; todos pueden decirte cuál ha sido
+mi vida. Te dirán también que alguna vez salía muy bien vestida: ya
+sabes para qué. Mucho he sufrido, pero todo lo doy por bien empleado,
+porque al verte seguirme, y perseguirme, y rogarme, y temblar en mis
+brazos, y besarme, como temblaste y me besaste la tarde del teatro...
+vamos, he llegado a creer que me amas de veras. ¿Me perdonas?</p>
+
+<p>Estaba hermosísima. Un ligero estremecimiento hacía palpitar sus labios;
+los ojos, prometiendo amor, imploraban piedad, y el rostro iba tomando
+la palidez marmórea de la estatua que vio don Juan en sueños; pero ésta
+no era piedra esculpida, sino hermosa carne modelada por Dios y
+vivificada con el soplo de su espíritu para delicia del hombre.</p>
+
+<p>Don Juan no pudo aguantar más. Levantose del sofá, la miró frente a
+frente, como para buscar en el abismo azul de sus ojos confirmación a
+sus palabras, y luego, alzándola y atrayéndola lentamente hacia sí, pegó
+los labios a la oreja encendida de su amada, y murmuró estas palabras:</p>
+
+<p>&mdash;¿Tanto me quieres?</p>
+
+<p>Ella dobló la cabeza sobre el hombro del amante, pegose a él, cuerpo con
+cuerpo, y en voz muy queda, como se dicen las grandes cosas de la vida,
+repuso:</p>
+
+<p>&mdash;¿No me dejarás nunca?</p>
+
+<p>Entonces&mdash;nadie sabrá jamás si fue sincero arranque o astucia
+premeditada&mdash;volvió a mirarla fijamente, y presentándole la mano derecha,
+preguntó con increíble valor:</p>
+
+<p>&mdash;¿Quieres ser mi mujer?</p>
+
+<p>Ella, desasiéndose de sus brazos, apartó el cuerpo, se restañó con el
+pañuelo las lágrimas, y revelando la energía de quien en todo ha pensado
+y tiene, hace tiempo, adoptada una resolución, contestó:</p>
+
+<p>&mdash;¡Eso... jamás!</p>
+
+<p>&mdash;¿Por qué?</p>
+
+<p>Cristeta quiso expresar todo lo que sentía, y acordándose tal vez de que
+fue comedianta, lo formuló en lenguaje, aunque sincero, un poquito
+dramático, diciendo:</p>
+
+<p>&mdash;Lo que yo quiero no es tu libertad, sino tu cariño. ¿Casarnos? ¿Para
+qué? ¿Para darte por seca y rigurosa obligación lo que por libre y
+complacido albedrío quiero que sea tuyo? ¿Para mermar a la pasión el
+encanto de la espontaneidad? ¿Por ventura serán entonces más cariñosos
+tus besos, más prietos tus abrazos? ¿Tendremos mayor firmeza en la
+confianza ni más brava abnegación en la desgracia? ¿Qué ceremonia, qué
+rito, que fórmula ha puesto el Señor por cima de este anhelo con que mi
+pensamiento quiere volar para hacer nido en tu alma?</p>
+
+<p>&mdash;¡Cristeta!</p>
+
+<p>&mdash;Yo te serviré en el bien, de estímulo, en el mal, de rémora. Duplicaré
+tus venturas y compartiré tus penas. ¿Te veré dichoso?, pues mi amor
+será la gota que llene el vaso de tu felicidad. ¿Desgraciado?, yo
+lloraré por ambos... Pero ¿casarme? ¿Y si te arrepintieras? ¡Qué horror
+si algún día confundieses mi gratitud con mi cariño! ¿Llevar tu nombre?
+Bajando está siempre de mi pensamiento a mis labios; mío es aunque no
+quieras, y al dormirme siento que se me asoma a la boca para guardarte
+todo el aliento de mi vida. ¡No! tú, libre como el aire; yo esclava,
+quieta, callada y mansa como el agua eternamente enamorada del cielo
+que, aun sin darse cuenta de ello, igual refleja los alegres arreboles
+del alba que las tristes nubes de la tempestad.</p>
+
+<p>Don Juan hizo ademán de arrodillarse&mdash;la cosa no era para menos&mdash;; mas
+ella no lo consintió, y poniéndole una mano en cada hombro le miró
+embebecida, al mismo tiempo que decía:</p>
+
+<p>&mdash;En el momento en que nos sujetase algo superior a nuestra voluntad, el
+amor no sería dulce impulso del alma, sino tributo doloroso.</p>
+
+<p>&mdash;¿Y el mundo, la sociedad y las gentes?</p>
+
+<p>&mdash;¿Ahora te preocupas por eso? ¿Te cuidabas de ello al perseguir casadas?
+Los que acaso me disculparan adúltera, me rechazarán amante... ¡Ya lo
+sé! Pero ¿a quién consagro yo mi existencia, a ti o al prójimo?</p>
+
+<p>&mdash;¿Me prometes que serás siempre mía?</p>
+
+<p>&mdash;Vive tranquilo. Si he hecho tanto para que vuelvas a mí, ¿qué no seré
+capaz de hacer por merecerte y conservarte?</p>
+
+<p>Callaron, cambiando dos miradas que hacían inútil toda protesta de
+sinceridad. En la imaginación de ambos surgió la misma idea, formulada
+en sentido contrario. Él pensó: «Será mi mujer»; y ella se dijo: «Si me
+caso le pierdo».</p>
+
+<p>Juan abrió los brazos, y Cristeta, limpia de pensamiento impuro, pero
+llorosa de felicidad, se arrojó en ellos. Oprimiola él cariñosamente
+contra sí, y mientras sentía sobre el pecho su dulce sollozar, hundió
+los labios entre sus rizos de oro y los cubrió de besos.</p>
+
+<p>Madrid, 1891.</p>
+
+<hr class="full" />
+
+
+
+
+
+
+
+<pre>
+
+
+
+
+
+End of Project Gutenberg's Dulce y sabrosa, by Jacinto Octavio Picón
+
+*** END OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK DULCE Y SABROSA ***
+
+***** This file should be named 27064-h.htm or 27064-h.zip *****
+This and all associated files of various formats will be found in:
+ http://www.gutenberg.org/2/7/0/6/27064/
+
+Produced by Chuck Greif
+
+Updated editions will replace the previous one--the old editions
+will be renamed.
+
+Creating the works from public domain print editions means that no
+one owns a United States copyright in these works, so the Foundation
+(and you!) can copy and distribute it in the United States without
+permission and without paying copyright royalties. Special rules,
+set forth in the General Terms of Use part of this license, apply to
+copying and distributing Project Gutenberg-tm electronic works to
+protect the PROJECT GUTENBERG-tm concept and trademark. Project
+Gutenberg is a registered trademark, and may not be used if you
+charge for the eBooks, unless you receive specific permission. If you
+do not charge anything for copies of this eBook, complying with the
+rules is very easy. You may use this eBook for nearly any purpose
+such as creation of derivative works, reports, performances and
+research. They may be modified and printed and given away--you may do
+practically ANYTHING with public domain eBooks. Redistribution is
+subject to the trademark license, especially commercial
+redistribution.
+
+
+
+*** START: FULL LICENSE ***
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+THE FULL PROJECT GUTENBERG LICENSE
+PLEASE READ THIS BEFORE YOU DISTRIBUTE OR USE THIS WORK
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+To protect the Project Gutenberg-tm mission of promoting the free
+distribution of electronic works, by using or distributing this work
+(or any other work associated in any way with the phrase "Project
+Gutenberg"), you agree to comply with all the terms of the Full Project
+Gutenberg-tm License (available with this file or online at
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+Gutenberg-tm electronic work and you do not agree to be bound by the
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+entity to whom you paid the fee as set forth in paragraph 1.E.8.
+
+1.B. "Project Gutenberg" is a registered trademark. It may only be
+used on or associated in any way with an electronic work by people who
+agree to be bound by the terms of this agreement. There are a few
+things that you can do with most Project Gutenberg-tm electronic works
+even without complying with the full terms of this agreement. See
+paragraph 1.C below. There are a lot of things you can do with Project
+Gutenberg-tm electronic works if you follow the terms of this agreement
+and help preserve free future access to Project Gutenberg-tm electronic
+works. See paragraph 1.E below.
+
+1.C. The Project Gutenberg Literary Archive Foundation ("the Foundation"
+or PGLAF), owns a compilation copyright in the collection of Project
+Gutenberg-tm electronic works. Nearly all the individual works in the
+collection are in the public domain in the United States. If an
+individual work is in the public domain in the United States and you are
+located in the United States, we do not claim a right to prevent you from
+copying, distributing, performing, displaying or creating derivative
+works based on the work as long as all references to Project Gutenberg
+are removed. Of course, we hope that you will support the Project
+Gutenberg-tm mission of promoting free access to electronic works by
+freely sharing Project Gutenberg-tm works in compliance with the terms of
+this agreement for keeping the Project Gutenberg-tm name associated with
+the work. You can easily comply with the terms of this agreement by
+keeping this work in the same format with its attached full Project
+Gutenberg-tm License when you share it without charge with others.
+
+1.D. The copyright laws of the place where you are located also govern
+what you can do with this work. Copyright laws in most countries are in
+a constant state of change. If you are outside the United States, check
+the laws of your country in addition to the terms of this agreement
+before downloading, copying, displaying, performing, distributing or
+creating derivative works based on this work or any other Project
+Gutenberg-tm work. The Foundation makes no representations concerning
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+States.
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+through 1.E.7 or obtain permission for the use of the work and the
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+
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+work or any other work associated with Project Gutenberg-tm.
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+you must, at no additional cost, fee or expense to the user, provide a
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+ prepare (or are legally required to prepare) your periodic tax
+ returns. Royalty payments should be clearly marked as such and
+ sent to the Project Gutenberg Literary Archive Foundation at the
+ address specified in Section 4, "Information about donations to
+ the Project Gutenberg Literary Archive Foundation."
+
+- You provide a full refund of any money paid by a user who notifies
+ you in writing (or by e-mail) within 30 days of receipt that s/he
+ does not agree to the terms of the full Project Gutenberg-tm
+ License. You must require such a user to return or
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+ and discontinue all use of and all access to other copies of
+ Project Gutenberg-tm works.
+
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+ money paid for a work or a replacement copy, if a defect in the
+ electronic work is discovered and reported to you within 90 days
+ of receipt of the work.
+
+- You comply with all other terms of this agreement for free
+ distribution of Project Gutenberg-tm works.
+
+1.E.9. If you wish to charge a fee or distribute a Project Gutenberg-tm
+electronic work or group of works on different terms than are set
+forth in this agreement, you must obtain permission in writing from
+both the Project Gutenberg Literary Archive Foundation and Michael
+Hart, the owner of the Project Gutenberg-tm trademark. Contact the
+Foundation as set forth in Section 3 below.
+
+1.F.
+
+1.F.1. Project Gutenberg volunteers and employees expend considerable
+effort to identify, do copyright research on, transcribe and proofread
+public domain works in creating the Project Gutenberg-tm
+collection. Despite these efforts, Project Gutenberg-tm electronic
+works, and the medium on which they may be stored, may contain
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+INCIDENTAL DAMAGES EVEN IF YOU GIVE NOTICE OF THE POSSIBILITY OF SUCH
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+
+1.F.3. LIMITED RIGHT OF REPLACEMENT OR REFUND - If you discover a
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+the defective work may elect to provide a replacement copy in lieu of a
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+providing it to you may choose to give you a second opportunity to
+receive the work electronically in lieu of a refund. If the second copy
+is also defective, you may demand a refund in writing without further
+opportunities to fix the problem.
+
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+WARRANTIES OF MERCHANTIBILITY OR FITNESS FOR ANY PURPOSE.
+
+1.F.5. Some states do not allow disclaimers of certain implied
+warranties or the exclusion or limitation of certain types of damages.
+If any disclaimer or limitation set forth in this agreement violates the
+law of the state applicable to this agreement, the agreement shall be
+interpreted to make the maximum disclaimer or limitation permitted by
+the applicable state law. The invalidity or unenforceability of any
+provision of this agreement shall not void the remaining provisions.
+
+1.F.6. INDEMNITY - You agree to indemnify and hold the Foundation, the
+trademark owner, any agent or employee of the Foundation, anyone
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+with this agreement, and any volunteers associated with the production,
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+harmless from all liability, costs and expenses, including legal fees,
+that arise directly or indirectly from any of the following which you do
+or cause to occur: (a) distribution of this or any Project Gutenberg-tm
+work, (b) alteration, modification, or additions or deletions to any
+Project Gutenberg-tm work, and (c) any Defect you cause.
+
+
+Section 2. Information about the Mission of Project Gutenberg-tm
+
+Project Gutenberg-tm is synonymous with the free distribution of
+electronic works in formats readable by the widest variety of computers
+including obsolete, old, middle-aged and new computers. It exists
+because of the efforts of hundreds of volunteers and donations from
+people in all walks of life.
+
+Volunteers and financial support to provide volunteers with the
+assistance they need, is critical to reaching Project Gutenberg-tm's
+goals and ensuring that the Project Gutenberg-tm collection will
+remain freely available for generations to come. In 2001, the Project
+Gutenberg Literary Archive Foundation was created to provide a secure
+and permanent future for Project Gutenberg-tm and future generations.
+To learn more about the Project Gutenberg Literary Archive Foundation
+and how your efforts and donations can help, see Sections 3 and 4
+and the Foundation web page at http://www.pglaf.org.
+
+
+Section 3. Information about the Project Gutenberg Literary Archive
+Foundation
+
+The Project Gutenberg Literary Archive Foundation is a non profit
+501(c)(3) educational corporation organized under the laws of the
+state of Mississippi and granted tax exempt status by the Internal
+Revenue Service. The Foundation's EIN or federal tax identification
+number is 64-6221541. Its 501(c)(3) letter is posted at
+http://pglaf.org/fundraising. Contributions to the Project Gutenberg
+Literary Archive Foundation are tax deductible to the full extent
+permitted by U.S. federal laws and your state's laws.
+
+The Foundation's principal office is located at 4557 Melan Dr. S.
+Fairbanks, AK, 99712., but its volunteers and employees are scattered
+throughout numerous locations. Its business office is located at
+809 North 1500 West, Salt Lake City, UT 84116, (801) 596-1887, email
+business@pglaf.org. Email contact links and up to date contact
+information can be found at the Foundation's web site and official
+page at http://pglaf.org
+
+For additional contact information:
+ Dr. Gregory B. Newby
+ Chief Executive and Director
+ gbnewby@pglaf.org
+
+
+Section 4. Information about Donations to the Project Gutenberg
+Literary Archive Foundation
+
+Project Gutenberg-tm depends upon and cannot survive without wide
+spread public support and donations to carry out its mission of
+increasing the number of public domain and licensed works that can be
+freely distributed in machine readable form accessible by the widest
+array of equipment including outdated equipment. Many small donations
+($1 to $5,000) are particularly important to maintaining tax exempt
+status with the IRS.
+
+The Foundation is committed to complying with the laws regulating
+charities and charitable donations in all 50 states of the United
+States. Compliance requirements are not uniform and it takes a
+considerable effort, much paperwork and many fees to meet and keep up
+with these requirements. We do not solicit donations in locations
+where we have not received written confirmation of compliance. To
+SEND DONATIONS or determine the status of compliance for any
+particular state visit http://pglaf.org
+
+While we cannot and do not solicit contributions from states where we
+have not met the solicitation requirements, we know of no prohibition
+against accepting unsolicited donations from donors in such states who
+approach us with offers to donate.
+
+International donations are gratefully accepted, but we cannot make
+any statements concerning tax treatment of donations received from
+outside the United States. U.S. laws alone swamp our small staff.
+
+Please check the Project Gutenberg Web pages for current donation
+methods and addresses. Donations are accepted in a number of other
+ways including checks, online payments and credit card donations.
+To donate, please visit: http://pglaf.org/donate
+
+
+Section 5. General Information About Project Gutenberg-tm electronic
+works.
+
+Professor Michael S. Hart is the originator of the Project Gutenberg-tm
+concept of a library of electronic works that could be freely shared
+with anyone. For thirty years, he produced and distributed Project
+Gutenberg-tm eBooks with only a loose network of volunteer support.
+
+
+Project Gutenberg-tm eBooks are often created from several printed
+editions, all of which are confirmed as Public Domain in the U.S.
+unless a copyright notice is included. Thus, we do not necessarily
+keep eBooks in compliance with any particular paper edition.
+
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+Most people start at our Web site which has the main PG search facility:
+
+ http://www.gutenberg.org
+
+This Web site includes information about Project Gutenberg-tm,
+including how to make donations to the Project Gutenberg Literary
+Archive Foundation, how to help produce our new eBooks, and how to
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+the "Copyright How-To" at https://www.gutenberg.org.
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+No investigation has been made concerning possible copyrights in
+jurisdictions other than the United States. Anyone seeking to utilize
+this eBook outside of the United States should confirm copyright
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