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+The Project Gutenberg EBook of La desheredada, by Benito Pérez Galdós
+
+This eBook is for the use of anyone anywhere at no cost and with
+almost no restrictions whatsoever. You may copy it, give it away or
+re-use it under the terms of the Project Gutenberg License included
+with this eBook or online at www.gutenberg.org
+
+
+Title: La desheredada
+
+Author: Benito Pérez Galdós
+
+Release Date: July 2, 2008 [EBook #25956]
+
+Language: Spanish
+
+Character set encoding: ISO-8859-1
+
+*** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK LA DESHEREDADA ***
+
+
+
+
+Produced by Chuck Greif
+
+
+
+
+
+
+
+
+La desheredada
+
+Benito Pérez Galdós
+
+
+
+
+Primera parte
+
+
+_Saliendo a relucir aquí, sin saber cómo ni por qué, algunas dolencias
+sociales, nacidas de la falta de nutrición y del poco uso que se viene
+haciendo de los benéficos reconstituyentes llamados_ =Aritmética=, =Lógica=,
+=Moral= _y_ =Sentido Común=, _convendría dedicar estas páginas... ¿a quién?
+¿al infeliz paciente, a los curanderos y droguistas que, llamándose
+filósofos y políticos, le recetan uno y otro día?... No; las dedico a
+los que son o deben ser verdaderos médicos: a los maestros de escuela._
+
+B. P. G.
+
+Madrid.--Enero de 1881.
+
+
+
+ PERSONAJES DE ESTA PRIMERA PARTE
+
+ ISIDORA RUFETE, _protagonista._
+ MARIANO RUFETE, _su hermano._
+ LA SANGUIJUELERA, _tía._
+ AUGUSTO MIQUIS, _estudiante de Medicina._
+ JOAQUÍN PEZ, _Marqués viudo de_
+ SALDEORO, _hijo de_
+ DON JUAN MANUEL JOSÉ DEL PEZ, _Director general en el
+ Ministerio de Hacienda._
+ DON JOSÉ DE RELIMPIO Y SASTRE, _espejo de los vagos._
+ DOÑA LAURA, _su esposa_
+ MELCHOR DE RELIMPIO _hijos_
+ EMILIA _hijos_
+ LEONOR _hijos_
+ LA MARQUESA DE ARANSIS.
+ EL MAJITO, _niño._
+ ZARAPICOS _pícaros_
+ GONZALETE _pícaros_
+ TOMÁS RUFETE.
+ EL SEÑOR DE CANENCIA.
+ MATÍAS ALONSO, _conserje de la casa de Aransis._
+ UN CONCEJAL.
+ UN COMISARIO DE BENEFICENCIA.
+ MI TÍO EL CANÓNIGO _(que no sale)._
+
+ _Hombres y mujeres del pueblo, niños, Peces de ambos sexos,
+ criados, guardias civiles, etc._
+
+ _La escena en Madrid, y empieza en la primavera de 1872._
+
+
+
+
+Capítulo I
+
+Final de otra novela
+
+
+=--I--=
+
+«...¿Se han reunido todos los ministros?... ¿Puede empezar el
+Consejo?... ¡El coche, el coche, o no llegaré a tiempo al Senado!...
+Esta vida es intolerable... ¡Y el país, ese bendito monstruo con cabeza
+de barbarie y cola de ingratitud, no sabe apreciar nuestra abnegación,
+paga nuestros sacrificios con injurias, y se regocija de vernos
+humillados! Pero ya te arreglaré yo, país de las monas. ¿Cómo te llamas?
+Te llamas _Envidiópolis_, la ciudad sin alturas; y como eres puro suelo,
+simpatizas con todo lo que cae... ¿Cuánto va? Diez millones,
+veinticuatro millones, ciento sesenta y siete millones, doscientas
+treinta y tres mil cuatrocientas doce pesetas con setenta y cinco
+céntimos...; esa es la cantidad. Ya no te me olvidarás, pícara; ya te
+pillé, ya no te me escapas, ¡oh cantidad temblorosa, escurridiza,
+inaprehensible, como una gota de mercurio! Aquí te tengo dentro del
+puño, y para que no vuelvas a marcharte, jugando, al caos del olvido, te
+pongo en esta gaveta de mi cerebro, donde dice: _Subvención personal..._
+Permítame Su Señoría que me admire de la despreocupación con que Su
+Señoría y los amigos de Su Señoría confiesan haber infringido la
+Constitución... No me importan los murmullos. Mandaré despejar las
+tribunas... ¡A votar, a votar! ¿Votos a mí? ¿Queréis saber con qué
+poderes gobierno? Ahí los tenéis: se cargan por la culata. He aquí mis
+votos: me los ha fabricado Krupp... Pero ¿qué ruido es este?¿Quién
+corretea en mi cerebro? ¡Eh!, ¿quién anda arriba?... Ya, ya; es la gota
+de mercurio, que se ha salido de su gaveta...».
+
+El que de tal modo habla (si merece nombre de lenguaje esta expresión
+atropellada y difusa, en la cual los retazos de oraciones corresponden
+al espantoso fraccionamiento de ideas) es uno de esos hombres que han
+llegado a perder la normalidad de la fisonomía, y con ella la
+inscripción aproximada de la edad. ¿Hállase en el punto central de la
+vida, o en miserable decrepitud? La movilidad de sus facciones y el
+llamear de sus ojos, ¿anuncian exaltado ingenio, o desconsoladora
+imbecilidad? No es fácil decirlo, ni el espectador, oyéndole y viéndole,
+sabe decidirse entre la compasión y la risa. Tiene la cabeza casi
+totalmente exhausta de pelo, la barba escasa, entrecana y afeitada a
+trozos, como un prado a medio segar. El labio superior, demasiado largo
+y colgante, parece haber crecido y ablandádose recientemente, y no cesa
+de agitarse con nerviosos temblores, que dan a su boca cierta semejanza
+con el hocico gracioso del conejo royendo berzas. Es pálido su rostro,
+la piel papirácea, las piernas flacas, la estatura corta, ligeramente
+corva la espalda. Su voz sonora regalaría el oído si su palabra no fuera
+un compuesto atronador de todas las maneras posibles de reír, de todas
+las maneras posibles de increpar, de los tonos del enfático discurso y
+del plañidero sermón.
+
+Acércase a él un señor serio y bondadoso, pónele la mano en el hombro
+con blandura y cariño, le toma el pulso, lee brevemente en su extraviada
+fisonomía, en sus negras pupilas, en el caído labio, y volviéndose a un
+joven que le acompaña, dice a este:
+
+«Bromuro potásico, doble dosis».
+
+Sigue adelante el médico, y el paciente toma de nuevo su tono oratorio,
+tratando de convencer al tronco de un árbol. Porque la escena pasa en un
+gran patio cuadrilongo, cerrado por altos muros sin resalto ni relieve
+alguno que puedan facilitar la evasión. Árboles no muy grandes,
+plantados en fila, tristes y con poca salud, si bien con muchos pájaros,
+dejan caer uniformes discos de sombra sobre el suelo de arena, sin una
+hoja, sin una piedra, sin un guijarro, llano y correcto cual alfombra de
+polvo. Como treinta individuos vagan por aquel triste espacio; los unos
+lentos y rígidos como espectros, los otros precipitados y jadeantes.
+Este da vueltas alrededor de dos árboles, trazando con su paso infinitos
+ochos, sin cesar de mover brazos, manos y dedos, fatigadísimo sin sudar
+y balbuciente sin decir nada, rugoso el ceño, huyendo con indecible
+zozobra de un perseguidor imaginario. Aquel, arrojado en tierra, aplica
+la oreja al polvo para oír hablar a los antípodas, y su cara de idiota,
+plantada en el suelo, es como un amarillo melón que se ríe. Un tercero
+canta en voz alta, mostrando un papel o estado sinóptico de los
+ejércitos europeos, con división de armas y los respectivos soberanos o
+jefes, todo lo cual debe ser puesto en música.
+
+El médico va de uno a otro, interrogándoles, contemporizando
+graciosamente con las manías de ellos, sin dejar de hacer objeciones
+discretas a cada una. Ya se detiene a echar un párrafo con aquel, de
+rostro estúpido, que lleva el pecho cargado de medallas, escapularios y
+amuletos; ya habla rápidamente con un viejecillo encanijado y risueño
+que, paseándose solo y tranquilo junto al muro, con un mugriento kempis
+en la mano, parece filósofo anacoreta o Diógenes del Cristianismo, por
+el abandono de su traje y la unción bondadosa de su fisonomía. Es un
+sacerdote que tuvo mucho seso. Está meditando ahora la carta que ha de
+dirigir al Papa en este día, siguiendo una costumbre que se repite
+infaliblemente en los trescientos sesenta y cinco de cada año, y ya
+lleva veinte de encierro. Estrecha con mucho afecto la mano del doctor,
+échale unos cuantos latines muy bien encajados en la conversación, y por
+último pregunta si ha sido echada al correo su epístola del día
+anterior, a lo que contesta el médico que sí, y que forzosamente Su
+Santidad anda muy distraído en Roma cuando no se digna contestar a
+comunicaciones de tanta importancia.
+
+Vuelve el médico hacia donde está el que en los primeros renglones hemos
+descrito, y antes de llegar a él dice al practicante:
+
+«Este desgraciado Rufete va a pasar a _Pobres_, porque hace tres meses
+que su familia no paga la pensión de segunda. Él no se dará cuenta del
+cambio de situación. Si se exacerba esta tarde, será preciso
+encerrarle».
+
+Poniéndole la mano en el hombro, el facultativo dice a Rufete:
+
+«Basta, basta ya de violencias. Ya hemos dicho que seremos amigos,
+siempre que usted no se me salga de las vías legales... El país le hará
+justicia... Calma, serenidad. Si pudiera usted dejar el poder por unos
+cuantos meses, ¡qué bien nos vendría a los dos! Nos dedicaríamos a curar
+radicalmente ese constipado...
+
+--No es constipado--replica Rufete con prontitud, describiendo arcos con
+la cabeza--. Es una gota de mercurio... Anda rodando y escurriéndose...
+Ahora está aquí, en la sien derecha... Ahora corre y pasa a la sien
+izquierda... Son ciento sesenta y siete millones, doscientas...
+
+--Ya, ya sé... Yo quisiera que no se ocupase usted más de esa cantidad,
+puesto que está segura.
+
+--No, no está segura--dice Rufete, demostrando terror--. No sabe usted
+qué guerra me hacen esos pillos. No me pueden ver. Pero yo gozo con sus
+infamias. Cuando un verdadero genio se empeña en subir a la gloria, la
+envidia le proporciona escaleras. Deme usted una envidia tan grande como
+una montaña, y le doy a usted una reputación más grande que el mundo...
+Adiós; me voy al Congreso. ¿No sabe usted que se han sublevado los
+maceros?... Abur, abur».
+
+El médico hace a su compañero la expresiva seña de _no tiene remedio_, y
+pasa adelante.
+
+
+=--II--=
+
+No consta si fue aquel día o el siguiente cuando trasladaron al infeliz
+Rufete desde el departamento de pensionistas al de pobres. En el primero
+había tenido ciertas ventajas de alimento, comodidad, luz, recreo; en el
+segundo disfrutaba de un patio insano y estrecho, de un camastrón, de un
+rancho. ¡Ay! Cualquiera que despertara súbitamente a la razón y se
+encontrase en el departamento de pobres, entre turba lastimosa de seres
+que sólo tienen de humano la figura, y se viera en un corral más propio
+para gallinas que para enfermos, volvería seguramente a caer en
+demencia, con la monomanía de ser bestia dañina. ¡En aquellos locales
+primitivos, apenas tocados aún por la administración reformista, en el
+largo pasillo, formado por larga fila de jaulas, en el patio de tierra,
+donde se revuelcan los imbéciles y hacen piruetas los exaltados, allí,
+allí es donde se ve todo el horror de esa sección espantosa de la
+Beneficencia, en que se reúnen la caridad cristiana y la defensa social,
+estableciendo una lúgubre fortaleza llamada manicomio, que juntamente es
+hospital y presidio! ¡Allí es donde el sano siente que su sangre se
+hiela y que su espíritu se anonada, viendo aquella parte de la humanidad
+aprisionada por enferma, observando cómo los locos refinan su locura con
+el mutuo ejemplo, cómo perfeccionan sus manías, cómo se adiestran en
+aquel arte horroroso de hacer lo contrario de lo que el buen sentido nos
+ordena!
+
+Si en unos la afasia excluye toda clase de dolor, en otros la superficie
+alborotada de su ser manifiesta indecibles tormentos... ¡Y considerar
+que aquella triste colonia no representa otra cosa que la exageración o
+el extremo irritativo de nuestras múltiples particularidades morales o
+intelectuales... que todos, cuál más, cuál menos, tenemos la
+inspiración, el estro de los disparates, y a poco que nos descuidemos
+entramos de lleno en los sombríos dominios de la ciencia alienista!
+Porque no, no son tan grandes las diferencias. Las ideas de estos
+desgraciados son nuestras ideas, pero desengarzadas, sueltas, sacadas de
+la misteriosa hebra que gallardamente las enfila. Estos pobres orates
+somos nosotros mismos que dormimos anoche nuestro pensamiento en la
+variedad esplendente de todas las ideas posibles, y hoy por la mañana lo
+despertamos en la aridez de una sola. ¡Oh! Leganés, si quisieran
+representarte en una ciudad teórica, a semejanza de las que antaño
+trazaban filósofos, santos y estampistas, para expresar un plan moral o
+religioso, no, no habría arquitectos ni fisiólogos que se atrevieran a
+marcar con segura mano tus hospitalarias paredes. «Hay muchos cuerdos
+que son locos razonables». Esta sentencia es de Rufete.
+
+El cual no se dio cuenta de aquella caída brusca desde las grandezas de
+pensionista a la humildad del asilado. El patio es estrecho. Se codean
+demasiado los enfermos, simulando a veces la existencia de un bendito
+sentimiento que rarísima vez habita en los manicomios: la amistad.
+Aquello parece a veces una Bolsa de contratación de manías. Hay demanda
+y oferta de desatinos. Se miran sin verse. Cada cual está bastante
+ocupado consigo mismo para cuidarse de los demás. El egoísmo ha llegado
+aquí a su grado máximo. Los imbéciles yacen por el suelo. Parece que
+están pastando. Algunos exaltados cantan en un rincón. Hay grupos que se
+forman y se deshacen, porque si no amistad, hay allí misteriosas
+simpatías o antipatías que en un momento nacen o mueren.
+
+Dos loqueros graves, membrudos, aburridos de su oficio, se pasean
+atentos como polizontes que espían el crimen. Son los inquisidores del
+disparate. No hay compasión en sus rostros, ni blandura en sus manos, ni
+caridad en sus almas. De cuantos funcionarios ha podido inventar la
+tutela del Estado, ninguno es tan antipático como el domador de locos.
+Carcelero--enfermero es una máquina muscular que ha de constreñir en sus
+brazos de hierro al rebelde y al furioso; tutea a los enfermos, los da
+de comer sin cariño, los acogota si es menester, vive siempre prevenido
+contra los ataques, carga como costales a los imbéciles, viste a los
+impedidos; sería un santo si no fuera un bruto. El día en que la ley
+haga desaparecer al verdugo, será un día grande si al mismo tiempo la
+caridad hace desaparecer al loquero.
+
+Rufete huía maquinalmente de los loqueros, como si los odiara. Los
+funcionarios eran para él la oposición, la minoría, la prensa; eran
+también el país que le vigilaba, le pedía cuentas, le preguntaba por el
+comercio abatido, por la industria en mantillas, por la agricultura
+rutinaria y pobre, por el crédito muerto. Pero ya le pondría él las
+peras a cuarto al señor país, representado en aquellos dos señores
+tiesos, que en todo querían meterse, que todo lo querían saber, como si
+él, el eminentísimo Rufete, estuviera en tan alta posición para dar
+gusto a tales espantajos. Le miraban atentos, y con sus ojos
+investigadores le decían: «Somos la envidia que te mancha para bruñirte
+y te arrastra para encumbrarte».
+
+Todos los habitantes del corral tienen su sitio de preferencia. Esta
+atracción de un trozo de pared, de un ángulo, de una mancha de sombra,
+es un resto de la simpatía local que aquellos infelices llevan a la
+región de tinieblas en que vive su espíritu. Constantemente se agitaba
+Rufete en un ángulo del patio, tribuna de sus discursos, trono de su
+poder. La pared remedaba las murallas egipcias, porque el yeso,
+cayéndose, y la lluvia, manchando, habían bosquejado allí mil figuras
+faraónicas.
+
+Cuando Rufete se cansaba de andar, sentábase. Tenía mucho que hacer,
+despachar mil asuntos, oír a una turba de secretarios, generales,
+arzobispos, archipámpanos, y después..., ¡ah!, después tenía que echar
+miles de firmas, millones, billones, cuatrillones de firmas. Se sentaba
+en el suelo, cruzaba los brazos sobre las rodillas, hundía la cara entre
+las manos, y así pasaba algunas horas oyendo el sordo incesante resbalar
+del mercurio dentro de su cabeza. En aquella situación, el infeliz
+contaba los ciento sesenta y siete millones de pesetas. Esto era fácil,
+sí, muy fácil; lo terrible era el pico de aquella suma. ¿Por qué se
+escapaban las cifras, huyendo y desapareciendo en menudas partículas del
+metal líquido por los intersticios del tul del pensamiento? Era preciso
+pensar fuerte y espesar la tela, para coger aquellas 233.412 pesetas,
+con sus graciosas crías los 75 céntimos.
+
+Los vestidos de este sujeto sin ventura eran puramente teóricos. Había
+sobre sus miserables y secas carnes algunas formas de tela que
+respondían en principio a la idea de camisa, de levita, de pantalón;
+pero más era por los pedazos que faltaban que por los pedazos que
+subsistían. ¡Hacía tanto tiempo que su familia no le llevaba ropa!...
+Últimamente le pusieron una blusa azul. Pero una mañana se comió la
+mitad. Era el más indócil y peor educado de todos los habitantes de la
+casa. No obstante, sobre aquellos harapos se ponía todos los días una
+corbata no mala, liándosela con arte y esmero delante de la pared, hecha
+espejo de un golpe de imaginación. Aquel negro dogal sobre la carne
+desnuda del estirado cuello, impedíale a veces los movimientos; pero
+llevaba con paciencia la molestia en gracia del bien parecer.
+
+Cuando anochecía o cuando el tiempo era malo, Rufete era el último que
+dejaba el patio. Comúnmente los loqueros se veían en el caso de llevarle
+a la fuerza. Dormía en una sala baja, húmeda, con rejas a un largo
+pasillo, el cual las tenía a la huerta. Desde los duros camastros veíase
+la espesura del arbolado; pero, al través de las rejas dobles, la
+alegría del intenso verdor llegaba a los ojos de los orates mermada o
+casi perdida, con un efecto de país bordado en cañamazo. En el
+dormitorio no cesaban, ni aun a horas avanzadas, los cantos y gritos.
+Las tinieblas eran para la mayor parte de ellos lo mismo que el claro
+día. Algunos dormían con los ojos abiertos. Oíase desde la sala la
+murmuración del chorro de una fuente, la cual con tal constancia
+estimulaba el oído, que Rufete se pasaba horas enteras en conversación
+tirada con el agua charlatana en estos o parecidos términos: «En todo lo
+que Su Señoría me dice, señor chorro, hay mucha parte de razón y mucho
+que no puede admitirse. Subí al poder empujado por el país que me
+llamaba, que me necesitaba. El primer escalón fue mi mérito, el segundo
+mi resolución, el tercero la lisonja, el cuarto la envidia... ¿Pero qué
+habla usted de convenios reservados, de pactos deshonrosos? Cállese
+usted, tenga usted la bondad de callarse; le ruego, le mando a usted que
+se calle».
+
+Y colérico se abalanzaba a la reja, ponía el oído, hacía señales de
+conformidad o denegación, oprimía los barrotes. La fluida elocuencia del
+chorro no tenía fin jamás. Era como uno de esos oradores incansables que
+siempre están hablando de sí mismos. La aurora le encontraba engolfado
+en la misma tesis, y a Rufete diciendo con espantosa jovialidad: «No me
+convence, no me convence Su Señoría».
+
+¡La aurora!, aun en una casa de locos es alegre; aun allí son hermosos
+el risueño abrir de ojos del día y la primera mirada que cielo y tierra,
+árboles y casas, montes y valles se dirigen. Allí los pájaros
+madrugadores gorjean lo mismo que en las alamedas del Retiro sobre las
+parejas de novios; el sol, padre de toda belleza, esparce por allí los
+mismos prodigios de forma y color que en las aldeas y ciudades, y el
+propio airecillo picante que menea los árboles, que orea el campo, que
+estimula a los hombres al trabajo y lleva a todas partes la alegría, el
+buen apetito, la sazón y la salud, derrama también por todas las zonas
+del establecimiento su soplo vivificante. Las flores se abren, las
+moscas emprenden sus infinitos giros, las palomas se lanzan a sus
+remotos viajes atmosféricos; arriba y abajo cada cual cede al impulso
+excitante según su naturaleza. Los locos salen de los cuartos o
+dormitorios con sus fieros instintos poderosamente estimulados.
+Redoblan, en aquella hora del despertamiento general, sus acostumbrados
+dislates, hablan más alto, ríen más fuerte, se arrastran y se embrutecen
+más; algunos rezan, otros se admiran de que el sol haya salido de noche,
+aquel responde al lejano canto del gallo, este saluda al loquero con
+urbanidad refinada; quién pide papel y tinta para escribir la carta, ¡la
+indispensable carta del día!; quién se lanza a la carrera, huyendo de un
+perseguidor que aparece montado en el caballo del día, y todo aquel
+carnavalesco mundo comienza con brío su ordinaria existencia.
+
+La numerosa servidumbre de la casa emprende la faena de limpieza, y
+estrépito de escobazos corre por salas y pasillos, confundiéndose con el
+sacudir de ropas, el arrastrar de muebles. A misa llama la campana de la
+capilla, el Director administrativo sale de su despacho a inspeccionar
+los servicios, y las hermanas de la Caridad, alma y sostén del asilo por
+estar encargadas de su régimen doméstico, van y vienen con actividad de
+madres de familia. Sus faldas azules, azotadas por enorme rosario, sus
+blancas tocas aladas, respetables y respetadas como enseña de paz, se
+ven por todas partes, entre el verdor de la huerta, entre los estantes
+de la botica, en la enorme cocina, cuyos hogares de hierro vomitan
+lumbre; en la despensa llena de víveres; en el lavadero, donde ya saltan
+los chorros de agua; en el alto secadero que domina la huerta, y en el
+patio de mujeres, en la región de las locas, que es el departamento de
+trabajo más penoso y de las dificultades más terribles.
+
+¡Las locas! Estamos en el lugar espeluznante de aquel Limbo enmascarado
+de mundo. Los hombres inspiran lástima y terror; las hijas de Eva
+inspiran sentimientos de difícil determinación. Su locura es, por lo
+general, más pacífica que en nosotros, excepto en ciertos casos
+patológicos exclusivamente propios de su sexo. Su patio, defendido en la
+parte del sol por esteras, es un gallinero donde cacarean hasta veinte o
+treinta hembras con murmullo de coquetería, de celos, de cháchara
+frívola y desacorde que no tiene fin, ni principio, ni términos claros,
+ni pausa, ni variedad. Óyese desde lejos, cual disputa de cotorras en la
+soledad de un bosque... Las hay también juiciosas. Algunas pensionistas,
+tratadas con esmero, están tranquilas y calladas en habitación clara y
+limpia, ocupándose en coser, bajo la vigilancia y dirección de dos
+hermanas de la Caridad. Otras se decoran con guirnaldas de trapo, flores
+secas o con plumas de gallina. Sonríen con estupidez o clavan en el
+visitante extraviados ojazos.
+
+También la _hermosa mitad_ tiene sus jaulas de dobles rejas. No serían
+mujeres si no necesitaran alguna vez estar bajo llave. Es frecuente ver
+dos manos flacas y nerviosas asidas a una reja, y oír la voz ronca de
+una desgraciada que pide le devuelvan los hijos que nunca ha tenido. Hay
+una que corre por pasillos y salas buscan _do su propia persona._
+
+Volvamos al patio de varones pobres. Aquel día faltaba en él Rufete.
+Creeríase que había crisis. Poco después de amanecer se dirigió al
+loquero y le dijo: «Hoy no estoy para nadie, absolutamente para nadie».
+Después cayó en un marasmo profundo. Enmudeció. El chorro de la fuente
+preguntaba por él y ninguno de los asilados allí presentes sabía darle
+razón.
+
+Lleváronle a la enfermería. El médico mandó que le dieran una ducha, y
+fue llevado en brazos a la inquisición de agua. Es un pequeño balneario,
+sabiamente construido, donde hay diversos aparatos de tormento. Allí dan
+lanzazos en los costados, azotes en la espalda, barrenos en la cabeza,
+todo con mangas y tubos de agua. Esta tiene presión formidable, y sus
+golpes y embestidas son verdaderamente feroces. Los chorros afilados, o
+en láminas, o divididos en hilos penetrantes como agujas de hielo,
+atacan encarnizados con el áspero chirrido del acero. Rufete, que ya
+conocía el lugar y la maquinaria, se defendió con fiero instinto. Le
+embrazaron, oprimiéndole en fuerte anilla horizontal de hierro sujeta a
+la pared, y allí, sin defensa posible, desnudo, recibió la acometida.
+Poco después yacía aletargado en una cama con visibles apariencias de
+bienestar. Al fin, durmió profundamente.
+
+
+=--III--=
+
+A la misma hora que esto pasaba, una joven llegó a la puerta del
+establecimiento. Quería ver al señor Director, al señor facultativo,
+quería ver a un enfermo, a su señor padre, a un tal don Tomás Rufete;
+quería entrar aunque se lo vedaran; quería hablar con el señor capellán,
+con las hermanas, con los loqueros; quería ver el establecimiento;
+quería entregar una cosa; quería decir otra cosa...
+
+Estos múltiples deseos, que se encerraban en uno solo, fueron expresados
+atropelladamente y con turbación por la muchacha, que era más que
+medianamente bonita, no por cierto muy bien vestida ni con gran esmero
+calzada. Temblaba al hacer sus preguntas y ponía extraordinario ardor en
+la expresión de su deseo. Sus ojos expresivos habían llorado, y aún
+lloraban algo todavía. Sus manos algo bastas, sin duda a causa del
+trabajo, oprimían un lío de ropa seminueva, mal envuelta en un pañuelo
+rojo. Rojo era también el que ella en su cabeza llevaba, descuidadamente
+liado debajo de la barba a estilo de Madrid. ¿Con qué prenda se cubría?
+¿Sotana, mantón, gabán de hombre? No: era una prenda híbrida, un arreglo
+del ruso al español, un cubrepersona de corte no muy conforme con el
+usual patrón. Ello es que su pañuelo rojo, sus lágrimas acabadas de
+secar, su gabán raído y de muy difícil calificación en indumentaria, su
+agraciado rostro, su ademán de resignación, sus botas mayores que los
+pies y ya entradas en días, inspiraban lástima.
+
+No le fue difícil llegar al despacho del señor Director. Al verle y
+darse a conocer y preguntar por el Sr. Rufete, se le vinieron tantas
+lágrimas a los ojos y la garganta se le obstruyó de tal modo, que tuvo
+que callarse. El Director, hombre compasivo, la mandó sentar, rogándole
+que se calmase.
+
+«Hace tres meses que no se ha pagado la pensión--dijo ella al cabo,
+metiendo la mano en alguna parte de su extraña vestimenta».
+
+Porque el gabán tenía un bolsillo hondo. Su autora había sido pródiga en
+esto, presumiendo tener mucho que guardar. De aquel pozo de tela sacó un
+paquete de papel que parecía contener dinero.
+
+«Luego, luego veremos--dijo el Director, resistiéndose a tomar la
+suma--. ¡Ah! ¿También trae ropa? Veo que no se descuida usted... Está
+bien, bien. El pobre D. Tomás tenía ya mucha falta... Déjelo usted ahí.
+Luego... Siéntese usted y descanse.
+
+--¿Pero no le veré ahora mismo?--preguntó ella con ansiedad.
+
+--No es fácil, no es fácil. Ya sabe usted que se excitan mucho al ver a
+las personas de su familia. Precisamente el pobre Sr. Rufete está
+sufriendo ahora una crisis bastante peligrosa».
+
+La del ruso cruzó las manos, y miró al techo.
+
+«El señor facultativo está haciendo ahora la visita... Le hablaremos,
+veremos lo que dice. Si él consiente... Pero no lo consentirá. No
+conviene que usted vea a su señor padre ahora. Más tarde... Siéntese
+usted, tranquilícese. Ya, ya recuerdo cuando vino usted con él hace
+bastante tiempo. Usted se llama...
+
+--Isidora, para servir a usted... ¡Pobrecito papá! Si no me le dejan
+ver, dígale usted que estoy aquí, que está aquí su Isidorita, que viene
+a darle un beso, que mañana traeré a Mariano, mi hermanito... ¡Ah Dios
+mío!; pero él no entenderá, no entenderá nada. ¡Pobre hombre! ¿Y no hay
+esperanzas de que vuelva a la razón?».
+
+El Director hizo signos de cabeza y boca sumamente desconsoladores.
+Parecía empeñado en quitar toda esperanza. Isidora, rendida de
+cansancio, se sentó en una banqueta. Habiéndole recomendado con frases
+convencionales, si bien generosas, la resignación y una tranquilidad que
+era imposible, el Director salió.
+
+No se quedó sola la joven en el despacho. En un ángulo de este había una
+mesa de escribir. Sentado tras ella, con la espalda a la pared, un
+hombre escribía, fija la vista en el papel, trazando con seguro pulso
+esos hermosos caracteres redondos y claros de la caligrafía española. La
+mesa estaba llena de papeles que parecían estados, listas de nombres,
+cuentas con infinitas baterías de números. Un alto estante repleto de
+papeles y libros rayados indicaba que aquel buen señor de pluma y suma
+ayudaba al Director, cuya mesa no distaba mucho, en la difícil
+administración del Establecimiento. Era el tipo del funcionario antiguo,
+del ya fenecido covachuelista, conservado allí cual muestra del
+metódico, rutinario y honradísimo personal de nuestra primitiva
+burocracia. Era de edad provecta, pequeño, arrugadito, bastante moreno y
+totalmente afeitado como un cura. Cubría su cabeza con un bonetillo
+circular, ni muy nuevo ni muy raído, contemporáneo de los manguitos
+verdes atados a sus codos. Escribía con trazos tan seguros, uniformes y
+ordenados, que parecía escribientil máquina. Sin alzar los ojos del
+papel estiraba de rato en rato toda la piel de la boca, mostraba los
+dientes blancos, finos y claros, y por entre los huecos de ellos sorbía
+una gran porción de aire. Isidora, harto ocupada de su dolor, no hacía
+caso del anciano escribiente; pero este no cesaba de echar ojeadas
+oblicuas a la joven como buscando un motivo de entablar conversación.
+Siendo al fin más fuerte que su timidez su apetito de charlar, rompió el
+silencio de esta manera:
+
+«Señorita, ¿se cansa usted de esperar?... Todo sea por Dios. No hay más
+remedio que conformarse con su santa voluntad».
+
+A Isidora (¿por qué ocultarlo?) le gustó que la llamaran señorita. Pero
+como su ánimo no estaba para vanidades, fijó toda su atención en las
+palabras consoladoras que había oído, contestando a ellas con una mirada
+y un hondísimo suspiro.
+
+«Esta casa--añadió el amanuense dando a conocer mejor su voz melodiosa y
+dulce, que llegaba al alma--no es una casa de divertimiento; es un asilo
+triste y fúnebre, señorita. Yo me hago cargo, sí, señorita, me hago
+cargo de su dolor de usted...».
+
+Y se envasó en el cuerpo, aspirándola por entre los dientes, otra gran
+cantidad de aire. Jugaba graciosamente con la pluma, y mojándola y
+sacudiéndola a golpecitos metódicos, prosiguió así:
+
+«Pero no debe esperarse de este pícaro mundo otra cosa que penas,
+¡ay!... penas y amarguras. Usted es joven, usted es una niña, y
+todavía... vamos, todavía no conoce más que las flores que suelen
+adornar al principio los bordes del camino; pero cuando usted ande más,
+más...».
+
+Isidora dio otro suspiro. Grandísimo consuelo le infundían las palabras
+sensatas y filosóficas de aquel bondadoso sujeto, a quien desde entonces
+tuvo por sacerdote.
+
+«¿Es usted...._por casualidad_ sacerdote?--le preguntó con timidez.
+
+--No, señora--repuso el otro, escribiendo un poco--. Soy seglar. Hace
+treinta y dos años que trabajo en esta oficina. Pero, volviendo al
+asunto, el mundo, señorita, es un valle de lágrimas. Váyase usted
+acostumbrando a esta idea. Afortunadamente hemos nacido y vivimos en el
+seno de la religión verdadera, y sabemos que hay un _más allá_, sabemos
+que en ese _más allá_, señorita, nos aguarda el premio de nuestros
+afanes; sabemos que hemos de volver a ver a los que hemos perdido...».
+
+El anciano se conmovió un poco, Isidora tanto, que volvieron a salir
+lágrimas de sus ojos. Llevándose a ellos la punta del pañuelo rojo,
+exclamó:
+
+«¡Mi pobre enfermo!...
+
+--¡Ah!... ¡qué bello es el dolor de una hija!--dijo el bebedor de aire
+soltando resueltamente la pluma--, ¡cuán meritorio a los ojos de Aquel
+que todo lo ve, que todo lo pesa, que da a cada uno lo suyo!... Llore
+usted, llore usted; no seré yo quien trate de combatir su pena con
+consuelos triviales. Lo único que le diré es que la religión y el tiempo
+la curarán de este mal: la religión elevando su espíritu y haciéndole
+ver una segunda vida de premio y descanso donde los que hemos llorado
+seremos consolados, donde los que tuvimos hambre y sed de justicia
+seremos hartos; el tiempo, pasando su mano suave, suave, por estas
+nuestras heridas y cerrándolas poco a poco. Usted es aún muy joven.
+Puede ser que el Señor le reserve aquí en la tierra algo de lo que, por
+no tener otra palabra, llamamos felicidades; usted será esposa de algún
+hombre honrado, madre de familia, dignísima abuela...».
+
+Acababa de liar un cigarrillo, y con mucha finura dijo así:
+
+«¿Le molesta a usted el humo del tabaco?
+
+--¡Oh! no, señor; no, señor.
+
+--Más cómodamente estará usted en el sillón que en ese banco. ¿Por qué
+no se sienta usted allí?
+
+--No, señor; muchas gracias. Aquí estoy bien».
+
+Isidora estaba encantada. La discreta palabra de aquel buen señor,
+realzada por un metal de voz muy dulce, su urbanidad sin tacha, un no sé
+qué de tierno, paternal y simpático que en su semblante había,
+cautivaban a la dolorida joven, inspirándole tanta admiración como
+gratitud. El ancianito la miraba como para inundarla, digámoslo así, con
+las corrientes de bondad que afluían de sus ojos. Había en su mirar
+tanta compasión, un interés tan puro y cristiano, que la pobre joven se
+felicitó interiormente de aquella amistad que le deparaba Dios en
+momentos de aflicción. Pensándolo así y dando gracias a Dios por un
+socorro moral de tanta valía, se sintió tocada del deseo de confiarse,
+de abrir un poco su corazón para mostrar sus penas. Era naturalmente
+expansiva, y las circunstancias la ponían en el caso de serlo más aún
+que de ordinario.
+
+«¿Conoce usted a mi padre?--preguntó.
+
+--Sí, hija mía, le conozco y me da mucha lástima... Bastante se ha hecho
+en la casa por aliviar sus penas y combatir sus manías... Pero Dios no
+ha querido. Contra Él no se puede nada. Consolémonos todos pensando en
+que la grandiosa armonía del mundo consiste en el cumplimiento de la
+voluntad soberana».
+
+Esta sentencia afectó a la de Rufete, haciéndole pensar en lo cara que a
+ella sola le costaba la armonía de todos. Enjugándose otra vez las
+lágrimas, dijo así:
+
+«¡Y si viera usted qué bueno ha sido siempre!... ¡Cuánto nos quería! No
+tenía más que un defecto, y es que nunca se contentaba con su suerte,
+sino que aspiraba a más, a más. Es que el pobrecito tenía talento, se
+encontraba siempre en último lugar debiendo estar en el primero... ¡Hay
+en el mundo cada injusticia...! Por eso él no se conformaba nunca, y
+estaba siempre de mal humor y se enojaba y reñía con mi madre. Como era
+caballero y sus posibles no le daban para portarse como caballero,
+padecía lo indecible. Y no es que no trabajase... Iba a la oficina casi
+todos los días y se pasaba en ella lo menos dos horas. Fue secretario de
+tres Gobiernos de provincia y no llegó a gobernador por intrigas de los
+del partido. Mi madre le decía: «¡Ah!, mejor te valdría haber aprendido
+un oficio que no vivir colgado a los faldones de los ministros, hoy me
+caigo, hoy me levanto...». ¡Pero quia!; él sabía de oficina más que la
+_Gaceta_, y cuando hablaba de las rentas, del presupuesto y de esas
+cosas de gobernar, todos los que le oían estaban asombrados. Su padre,
+mi abuelito, había sido también de oficina. El pobre murió de mala
+manera. ¿Le conoció usted?...
+
+--No, hija mía. Siga usted, que la oigo con mucho interés.
+
+--Fue, en no sé qué tiempo, de la Milicia Nacional, hizo barricadas,
+hablaba mucho, y para él todos los que gobernaban eran ladrones. Cuando
+yo era niña jugaba con el morrión de mi abuelo... ¡Qué cosas!... Oiga
+usted... El que llamo mi padre fue más listo que el que llamo mi abuelo.
+¡Oh!, sí, era caballero y tenía talento. En el partido le temían. Él
+mismo lo decía: «Yo tengo que llegar a donde debo llegar, o me volveré
+loco...» ¡Pobrecito! Cuando estaba cesante se desesperaba. Iba a las
+sesiones del Congreso y hacía mucho ruido en la tribuna aplaudiendo a la
+oposición. Salía de Madrid con recados secretos. No hablaba más que de
+la que se iba a armar, de una cosa tremenda..., ¿me entiende usted?».
+
+El anciano, después de tragarse la mitad de la atmósfera del cuarto,
+hizo signos afirmativos, arqueando las cejas y sonriendo como hombre
+conocedor de las debilidades de sus semejantes.
+
+«La última vez que le dejaron cesante, nos vimos tan mal, tan mal, que
+no se podía esperar a que le colocaran. Yo trabajaba; mi mamá cayó
+enferma; mi padre entró de corrector de pruebas en una imprenta donde se
+hacía un periódico grande, muy grande... Trabajaba todas las noches
+junto a un quinqué de petróleo que le abrasaba la frente. Se tragaba mil
+discursos, artículos, sueltos, decretos, y cuando llegaba la mañana
+(porque el trabajo duraba toda la noche) y volvía a casa, no descansaba,
+no, señor. ¿Qué creerá usted que hacía? Pues ponerse a escribir. Todos
+los días entraba con una mano de papel y la llenaba de cabo a rabo. ¿Qué
+creerá usted que escribía?
+
+--Cartas al Soberano, al Santo Padre, a los embajadores y ministros. Por
+ahí empiezan muchos.
+
+--¡Quia!; no, señor. Escribía decretos, leyes y reales órdenes. Aunque
+al salir de su cuarto cerraba siempre, yo hallé una noche medios de
+abrir, y vimos todo. Mi mamá y yo decíamos: «Quizás esté copiando para
+traernos algo de comer». ¡Qué chasco nos llevamos!; todo se volvía:
+_Artículo primero_, tal cosa; _artículo segundo_, tal cosa. Y luego:
+_Quedo encargado de la ejecución del presente decreto_. Hacía preámbulos
+atestados de disparates. Conforme llenaba pliegos los iba coleccionando
+con mucho cuidado, y a cada legajo le ponía un letrero diciendo: _Deuda
+Pública_, o _Clases Pasivas_, _Aduanas_, _Banco_, _Amillaramientos_.
+También ponía en ciertos paquetes rótulos que no entendíamos, porque
+eran ya locura manifiesta, y decían: _Ruinas_, o bien _Fanatismo_,
+_Barbarie_, _Urbanización de Envidiópolis_, _Vidrios rotos_, _Sobornos_,
+_Subvención Personal_, y así por este estilo. «¡Ay Dios mío!--dijimos
+mamá y yo--; ya no tenemos marido, ya no tenemos padre. Este hombre está
+loco». Estuvimos llorando toda la noche.
+
+--Todo sea por Dios--dijo, con emoción el viejo, al ver que Isidora se
+interrumpía para llorar--. Pero ¿qué es eso, hija mía, comparado con lo
+que Cristo padeció por nosotros?
+
+--Mi madre murió en aquellos días--prosiguió Isidora, casi completamente
+ahogada por el llanto--. Aquel día, ¡oh Dios mío, qué día!, mi padre
+hizo los disparates más atroces; no lloró, no se afectó nada. Cuando mi
+madre expiró en mis brazos, él dio dos o tres paseos por el cuarto, y
+mirándome con unos ojos..., ¡Jesús, qué ojos!..., me dijo: «Se le harán
+los honores de tenienta generala muerta en campaña...». No puedo
+recordar estas cosas; me muero de pena. Fue preciso encerrarle aquí. Un
+pariente bastante acomodado que teníamos en el Tomelloso se condolió de
+mí y ofreció dar la pensión de segunda. Yo me fui a la Mancha con él, y
+mi hermanito se quedó aquí con una tía de mi madre. Pasado algún tiempo,
+mi tío el canónigo se olvidó de pagar la pensión. Es el mejor de los
+hombres; pero tiene unas rarezas...».
+
+Desde la mitad de esta relación, ya tenía Isidora que beberse las
+lágrimas entre palabra y palabra. El bendito señor que la oía,
+enternecido de tanta desdicha, levantose de su asiento y dio algunos
+pasos para vencer su emoción.
+
+«Todo sea por Dios--dijo liando nerviosamente otro cigarrillo--. Noble
+criatura, su juventud de usted ha sido muy triste; ha nacido usted en un
+páramo...
+
+--Y todo cuanto he padecido ha sido injusto--añadió ella prontamente,
+sorbiendo también una regular porción de aire, porque todo es contagioso
+en este mundo--. No sé si me explicaré bien; quiero decir que a mí no me
+correspondía compartir las penas y la miseria de Tomás Rufete, porque
+aunque le llamo mi padre, y a su mujer mi madre, es porque me criaron, y
+no porque yo sea verdaderamente su hija. Yo soy...».
+
+Se detuvo bruscamente por temor de que su natural franco y expansivo la
+llevase, sin pensarlo, a una revelación indiscreta. Pero el escribiente,
+con esa rapacidad de pensamiento que distingue a los hombres
+perspicaces, se apoderó de la idea apenas indicada, y dijo así:
+
+«Sí, entiendo, entiendo. Usted por su nacimiento pertenece a otra clase
+más elevada; sólo que circunstancias largas de referir la hicieron
+descender... ¡Cosas de Nuestro Padre que está en los Cielos! Él sabrá
+por qué lo hace. Acatemos sus misterios divinos, que al fin y a la
+postre, siempre son para nuestro bien. Usted, señorita--añadió tras
+breve pausa, quitándose cortesanamente la gorra--, no ve, no puede ver
+en el infelicísimo Rufete más que un padre putativo, tal y como el Santo
+Patriarca San José lo era de Nuestro Señor Jesucristo».
+
+¡De qué manera tan clara relampagueó el orgullo en el semblante de
+Isidora al oír aquellas palabras! Su rubor leve pasó pronto. Sus labios
+vacilaron entre la sonrisa de vanidad y la denegación impuesta por las
+conveniencias.
+
+«Yo no quisiera hablar de eso--dijo tomando un tonillo enfático de calma
+y dignidad, que no hacía buena concordancia con su ruso--. ¡Respeto
+tanto al que llamo mi padre, le quiero tanto, nos quiso él tanto a mí y
+a mi hermanito!..., ¡fuimos tan mimados cuando éramos niños!... Nos
+hacía el gusto en todo, y como entonces mandaba el partido y él tenía
+una buena colocación (porque estaba en Propiedades del Estado), vivíamos
+muy bien. En aquella época Rufete puso nuestra casa con mucho lujo, con
+un lujo... ¡Dios de mi vida! Como él no tenía más idea que aparentar,
+aparentar, y ser persona notable...
+
+--Hija mía--dijo el anciano con vivacidad--, una de las enfermedades del
+alma que más individuos trae a estas casas es la ambición, el afán de
+engrandecimiento, la envidia que los bajos tienen de los altos, y eso de
+querer subir atropellando a los que están arriba, no por la escalera del
+mérito y del trabajo, sino por la escala suelta de la intriga, o de la
+violencia, como si dijéramos, empujando, empujando...».
+
+No bien hizo el venerable sujeto esta sustanciosa observación, que
+indicaba tanto juicio como experiencia, marchó con acompasado y no muy
+lento andar hacia el rincón opuesto del despacho. Reflexionaba Isidora
+en aquellas sabias palabras, fijos los ojos en las rayas de la estera de
+cordoncillo; pero su pena y la situación en que estaba la reclamaron, y
+volvió a suspirar y a asombrarse de que el Director tardase tanto.
+Cuando alzó los ojos, el anciano pasaba por delante de ella en dirección
+de la mesa; en seguida pasaba de nuevo en dirección del ángulo. Sin
+advertir que el buen señor estaba muy agitado, sin duda por hacerse
+generosamente partícipe de las penas que había oído referir, Isidora se
+distraía un poco, pues por grande que sea una desdicha y por mucho que
+embargue y ahogue, hay momentos en que deja libre el espíritu para que
+dé un par de vueltas o paseos por el campo de la distracción, y se
+fortifique antes de volver al martirio. Un dilatado aburrimiento, un
+largo período de antesala, ayudan este fenómeno del alma.
+
+Como en el despacho aquel reinaban el silencio y la calma; como en el
+pasar y repasar del anciano escribiente había algo de oscilación de
+péndulo; como, además, del propio interior de Isidora se derivaba una
+dulce somnolencia que aletargaba su dolor, la joven se entretuvo, pues,
+un ratito contemplando la habitación. ¡Qué bonito era el mapa de España,
+todo lleno de rayas divisorias y compartimientos, de columnas de números
+que subían creciendo, de rengloncitos estadísticos que bajaban
+achicándose, de círculos y banderolas señalando pueblos, ciudades y
+villas! En la región azul que representaba el mar, multitud de barquitos
+precedidos de flechas marcaban las líneas de navegación, y por la gran
+viñeta de la cabecera menudeaban las locomotoras, los vapores, los
+faros, y además muelles llenos de fardos, chimeneas de fábricas, ruedas
+dentadas, globos geográficos, todo presidido por un melenudo y furioso
+león y una señora con las carnes bastante más descubiertas de lo que la
+honestidad exige... ¡Qué silencio tan hondo y suave se aposentaba en la
+sosegada estancia, y cómo se sentía el ambiente puro del campo! Sólo
+cuando se abría la puerta entraba un eco lejano y horripilante de risas
+y gritos que no eran como los gritos y risas del mundo. ¡Y cuántos y
+cuán bonitos libros encerraba el armario de caoba, sobre el cual
+gallardeaba un busto de yeso! Aquel señor blanco sin niñas en los ojos,
+con los hombros desnudos como una dama escotada, debía de ser alguno de
+los muchos sabios que hubo en tiempos remotos, y en él, en el estante de
+los libros y en el mapa gráfico--estadístico se cifraba toda la
+sabiduría de los siglos.
+
+En este reconocimiento del lugar empleó Isidora menos de un minuto. De
+pronto se fijó en el anciano, que seguía pasando por delante de ella con
+rapidez creciente, y se asombró de ver la agitación de sus manos, el
+temblor de sus labios y la vivacidad de sus ojos, apariencias muy
+distintas de aquella su anterior facha bondadosa y simpática. Parándose
+ante Isidora, exclamó con palabra torpe y muy conmovida:
+
+«Señora, nunca hubiera creído esto en una persona como usted.
+
+--¡Yo!--murmuró Isidora, llena de espanto.
+
+--¡Sí!--dijo el otro alzando la voz--, usted me está insultando; usted
+me está insultando».
+
+El disparatado juicio, la voz alterada del viejo, su agitación
+creciente, fueron un rayo de luz para Isidora. Se levantó buscando la
+puerta; corrió hacia ella despavorida. El terror le daba alas. Entre
+tanto el anciano gritaba:
+
+«Insultándome, sí, sin respeto a mis canas, a mis sufrimientos de
+padre... ¡Oh, Señor! Perdónala, perdónala, Señor, porque no sabe lo que
+se dice».
+
+Isidora salió al pasillo cuando llegaba el Director, que al instante
+comprendió la causa de su miedo. Sonriendo, la tomó de la mano para
+obligarla a entrar.
+
+«El pobre Canencia...--dijo--. Cosa rara... Hace tanto tiempo que está
+tranquilo... Pero es un ángel, es incapaz de hacer el menor daño».
+
+Ambos le miraron. El semblante del anciano no expresaba ira, sino
+emoción, y dos lágrimas rodaban por sus mejillas.
+
+«También usted me insulta, señor Director--dijo oprimiéndose el pecho, y
+con la entonación y los ademanes de un cómico mediano--. No puedo más,
+no puedo más... ¡Adiós, adiós, ingratos!».
+
+Y salió escapado.
+
+«Eso le pasa pronto--indicó el Director a Isidora, que aún no había
+vuelto de su espanto--. Es un bendito; hace treinta y dos años que está
+en la casa y pasa largas temporadas, a veces dos y tres años, sin la más
+ligera perturbación. Sus accesos no son más que lo que usted ha visto.
+Principia por decir que tiene dos máquinas eléctricas en la cabeza y
+luego sale con que le insulto. Echa a correr, da unos cuantos paseos por
+la huerta, y al cabo de un rato está ya sereno. Trabaja bien, me ayuda
+mucho, y, como usted habrá visto si le ha oído, es de encargo para dar
+consejos. Parece un santo y un filósofo. Yo le quiero al pobre Canencia.
+Vino por cuestiones y pleitos con sus hijos... Historia larga y triste
+que no es de este lugar. Vamos a la de usted, que tampoco es alegre, y
+hoy menos que nunca».
+
+El Director dio un gran suspiro, expresión oficial de sus sentimientos
+compasivos, e Isidora quedose fría, aguardando terribles noticias. ¡Cómo
+miraba al buen señor, deletreando en su cara, y qué bien le decía esta
+que no esperara nada bueno!
+
+«Yo quisiera verle...--balbució Isidora.
+
+--Eso es imposible. ¡Verle!, ¿y para qué?... Mal, muy mal está el pobre
+Rufete--afirmó el Director, moviendo la cabeza--. Llénese usted de
+paciencia, porque, verdaderamente, si esta enfermedad es incurable, si
+no cesa de atormentarse el que la padece, mejor es que se vaya a
+descansar... Yo, lo digo con franqueza, si tuviera alguna persona de mi
+familia en ese estado, desearía...».
+
+Trabajo le costó a Isidora admitir la funesta verdad que se le quería
+anunciar con caritativas precauciones, y tragando saliva para deshacer
+aquel nudo que en su garganta se formaba, habló con medias palabras de
+esta manera:
+
+«Quién sabe... Todavía... Pero yo quiero verle.
+
+--Vamos, que no... Ya...».
+
+El buen señor estaba impaciente. Tenía que hacer.
+
+«Siéntese usted...--murmuró acercando un sillón--. ¿Quiere usted que le
+traiga un vaso de agua?».
+
+Isidora no decía nada. Sus ojos, aterrados, se clavaron en el busto de
+yeso. Lo examinó bien y estúpidamente, viéndole con claridad, por esa
+atracción rara que en el momento de recibir una noticia grave ejerce
+sobre los sentidos un objeto material cualquiera, que luego queda por
+algún tiempo asociado a la noticia misma...
+
+
+=--IV--=
+
+Al mismo tiempo que Isidora contaba sus desdichas al inocentísimo
+Canencia, ocurría no lejos de allí un hecho que, con ser muy triste, no
+afectaba grandemente a los que lo presenciaban. Eran éstos el Director
+facultativo, el administrativo, un practicante, alumno de Medicina, el
+capellán y un enfermero. El moribundo, pues de morirse un hombre se
+trata, era Rufete. La crisis era violenta y calmosa, de desarrollo fácil
+y término decidido. El enfermo apenas tenía movimiento y vida más que en
+la cabeza; no padecía nada; se iba por rápida y llana pendiente, sin
+choque, sin batalla, sin convulsiones, sin defensa.
+
+«Muere bien»--dijo en voz baja el médico.
+
+El paciente dio un gran suspiro, abrió los ojos, miró a todos uno por
+uno; y no con furia, no con espasmos de insensato, ni iracundas
+recriminaciones, sino con apagada voz, con sentimiento tranquilo, que
+más que nada era profundísima lástima de sí mismo, pronunció estas
+palabras: «Caballeros, ¿es cierto lo que me figuro?... ¿Es cierto que
+estoy en Leganés?».
+
+El médico le quiso consolar con palabras campechanas.
+
+«Hombre, no sea usted tonto...; si está usted en su casa... Vamos, que
+se va usted a poner bueno».
+
+El enfermo movió tristemente la cabeza. Permaneció largo rato mudo.
+Después tomó la mano del cura, la besó... Quiso hablar, no pudo, se le
+vio luchar con la palabra. Al fin, tras un desesperado esfuerzo de
+voluntad, pudo decir a media voz:
+
+«Mis hijos..., la marquesa...».
+
+Y calló para siempre. Médico y aprendiz observaron con la atención y la
+frialdad de la ciencia aquel caso de tránsito, y después se fueron a
+extender el parte. Acercose a ellos el Director, manifestándoles con más
+lástima que alarma la presencia en la casa de una hija del muerto. El
+aprendiz de médico declaró al punto conocerla, y alegrándose de que allí
+estuviera, quiso participar de las dificultades de darle la noticia y
+del compromiso de consolarla y darle algún socorro si lo había menester.
+
+Fue el Director a su despacho en busca de Isidora, y allí pasó lo que
+referido queda. Ya la desgraciada joven del ruso empezaba a comprender
+la certeza de su desdicha, cuando entró en el despacho un mozo como de
+veinticuatro años, el cual, llegándose a ella con muestras de confianza,
+le dijo:
+
+«¿Conque usted por aquí, Isidora?... ¡Y en qué momento tan triste!...
+¿Pero no me conoce usted? ¿Tan desmemoriada estamos, Isidora? ¿No se
+acuerda usted de D. Pedro Miquis, el del Toboso, que iba muchas veces al
+Tomelloso a buscar a su tío de usted, el señor Canónigo, para salir
+juntos de casa? Pues yo soy hijo de D. Pedro Miquis. ¿No se acuerda
+usted tampoco de mi hermano Alejandro? ¿No se acuerda de que algunas
+veces, por vacaciones, íbamos acompañando a mi padre?... Pues hace cinco
+años que estoy aquí estudiando Medicina. ¿Y cómo está su señor tío?
+¿Hace mucho que ha dejado usted aquel célebre Tomelloso?...».
+
+Isidora le miraba por una rasgadura hecha en la nube negra de su pena;
+le miraba y le reconocía. Sí, su memoria se iba iluminando ante aquella
+fisonomía que con ninguna otra podía confundirse. Aquel semblante pálido
+y moreno, tan moreno y tan pálido que parecía una gran aceituna; aquella
+brevedad de la nariz contrastando con el grandor agraciado de la boca,
+cuyos dientes blanquísimos estaban siempre de manifiesto; aquella ceja
+ancha, tan negra y espesa que parecía cinta de terciopelo, y aquellos
+ojos garzos donde anidaban traidoras todas las malicias y toda la ironía
+del mundo; aquella fealdad graciosa, aquella desenvoltura de maneras,
+aquel abandono en el vestir, y, por último, la desenfadada manera de
+insinuarse, pregonaban, sin dejar lugar a dudas, a Augustito Miquis, el
+hijo de D. Pedro Miquis, el del Tomelloso. De golpe entraron a la mente
+de Isidora ideas mil y recuerdos de una época en que la infancia se
+confundía con la adolescencia, época de tonterías, de miedos, de
+inocentes confianzas y de lances cuya memoria no siempre es agradable.
+No acertó a contestar sino con medias palabras. Miquis se hizo cargo de
+la situación, y poniéndose todo lo serio que podía, cosa en él de
+grandísima dificultad, dijo en tono grotescamente compungido:
+
+«Lo primero es que usted salga de esta casa...; ¡ay, qué casa!... Nada
+hay que hacer aquí. Si va usted a Madrid tendré mucho gusto en
+acompañarla».
+
+Isidora manifestó deseos de marcharse pronto. Quiso dejar el dinero que
+había traído para pagar los atrasos de la pensión de Rufete, pero el
+Director no lo consintió. En cuanto a las ropas, tanto instó al
+bondadoso señor para que las admitiera, que este hubo de dejarlas, dando
+las gracias en nombre de los demás enfermos pobres que tanto las
+necesitaban.
+
+Salieron Isidora y Augusto de la morada de la sinrazón y se alejaron
+silenciosos del tristísimo pueblo, en el cual casi todas las casas
+albergan dementes. Isidora no hablaba, y el charlatán Miquis, respetando
+su dolor, tan sólo indicó esto:
+
+«En Carabanchel hallaremos coches. Dicen que van a poner un tranvía».
+
+Al llegar al arroyo de Butarque, Miquis creyó oportuno distraer a su
+compañera de viaje, porque, realmente, ¿a qué conducía aquel llorar
+continuo, si nada podía remediarse? Era preciso hacer frente al dolor,
+fiero enemigo que se ceba en los débiles; convenía sobreponerse, pues...
+hacerse cargo de que... Tras estos emolientes que hicieron, como
+siempre, un efecto completamente nulo, Miquis habló de la belleza del
+primaveral día (que era uno de los hermosos de abril), del barranco de
+Butarque, a quien dio el nombre de oasis, y finalmente invitó a Isidora
+a descansar a la sombra de un espeso y verde olmo, porque picaba el sol
+y la jornada iba a ser un poco larga.
+
+Sentados uno junto a otro, callaron largo rato, él contemplativo,
+dolorida ella. Miquis canturriaba entre dientes. Isidora cuidaba de
+ocultar sus pies para que Miquis no viera lo mal calzados que estaban.
+
+«Isidora...
+
+--¿Qué?
+
+--No me acuerdo bien de una cosa. Ayude usted mi memoria. ¿Es cierto o
+no que en el Tomelloso nos tuteábamos?».
+
+
+
+
+Capítulo II
+
+La Sanguijuelera
+
+
+En el domicilio de su pariente y padrino, don José de Relimpio (de quien
+se hablará cuando sea menester), pasó Isidora la noche de aquel día de
+abril, esperando con impaciencia el amanecer del siguiente para visitar
+a Encarnación y a su hermanito, que habitaban en uno de los barrios más
+excéntricos de Madrid. La que llamaremos todavía, por respeto a la
+rutina, hija de Rufete, tenía la costumbre de representarse en su
+imaginación, de una manera muy viva, los acontecimientos antes que
+fueran efectivos. Si esperaba para determinada hora un suceso cualquiera
+que la interesase, visita, entrevista, escena, diversión, desde mediodía
+o medianoche antes el suceso tomaba en su mente formas de extraordinario
+relieve y color, desarrollándose con sus cuadros, lugares, perspectivas,
+personas, figuras, actitudes y lenguaje. Así, mucho antes del alba,
+Isidora, despierta y nerviosa, imaginaba estar en la casa de su tía y de
+su hermano; los veía como si los tuviera delante; hablaba con ellos
+preguntando y respondiendo, ya con seriedad, ya con risas, y oía las
+inflexiones de la voz de cada uno.
+
+Las ocho serían cuando salió para hacer verdadero lo imaginado; pero
+como tenía que ir desde la calle de Hernán Cortés a la de Moratines, en
+el barrio de las Peñuelas, deteniéndose y preguntando por no conocer muy
+bien a Madrid, ya habían dado las diez cuando entró por el conocido y
+gigantesco paseo de Embajadores. No le fue difícil desde allí dar con la
+morada de su tía. A mano derecha hay una vía que empieza en calle y
+acaba en horrible desmonte, zanja, albañal o vertedero, en los bordes
+rotos y desportillados de la zona urbana. Antes de entrar por esta vía,
+Isidora hizo rápido examen del lugar en que se encontraba, y que no era
+muy de su gusto. Tenía, juntamente con el don de imaginar fuerte, la
+propiedad de extremar sus impresiones, recargándolas a veces hasta lo
+sumo; y así, lo que sus sentidos declaraban grande, su mente lo trocaba
+al punto en colosal; lo pequeño se le hacía minúsculo, y lo feo o bonito
+enormemente horroroso, o divino sobre toda ponderación.
+
+Al ver, pues, las miserables tiendas, las fachadas mezquinas y
+desconchadas, los letreros innobles, los rótulos de torcidas letras, los
+faroles de aceite amenazando caerse; al ver también que multitud de
+niños casi desnudos jugaban en el fango, amasándolo para hacer bolas y
+otros divertimientos; al oír el estrépito de machacar sartenes, los
+berridos de pregones ininteligibles, el pisar fatigoso de bestias
+tirando de carros atascados, y el susurro de los transeúntes, que al dar
+cada paso lo marcaban con una grosería, creyó por un momento que estaba
+en la caricatura de una ciudad hecha de cartón podrido. Aquello no era
+aldea ni tampoco ciudad; era una piltrafa de capital, cortada y arrojada
+por vía de limpieza para que no corrompiera el centro.
+
+Y siguiendo en su manía de recargar las cosas, como viera correr por la
+calle--zanja aguas nada claras, que eran los residuos de varias
+industrias tintóreas, al punto le pareció que por allí abajo se
+despeñaban arroyuelos de sangre, vinagre y betún, junto con un licor
+verde que sin duda iba a formar ríos de veneno. Alzose con cuidadosa
+mano las faldas, y avanzó venciendo su repugnancia. No tuvo que andar
+mucho para encontrar la puerta que buscaba. Sí, allí era. Bien reconocía
+la muestra que años atrás estaba en la calle de la Torrecilla, y que
+decía clarito, con azules caracteres, _Cacharrería_. Reconoció también
+una amistad vieja en la otra tablita blanquecina, donde,
+jeroglíficamente, se anunciaba un importante comercio. ¡Cómo recordaba
+Isidora haber visto en su niñez la redoma pintada, en cuyo círculo
+aparecían nadando unas culebrillas, o curvas negras de todas formas, que
+servían de insignia industrial a Encarnación Guillén, conocida en
+distintos barrios con el nombre de _la Sanguijuelera_!
+
+La puerta tenía una trampilla en la parte baja, la cual parecía servir
+de mostrador, de resguardo contra los perros y los chicos, y hasta de
+balcón en caso de que por allí, cosa no imposible, pasasen procesiones
+cívicas o religiosas. Isidora se había figurado que su tía (o más bien
+tía de su supuesta madre) estaría en la puerta; pero esto, como otras
+muchas cosas de las que imaginaba, no resultó cierto. Asomose a la
+tienda, y de un golpe de vista abarcó la menguada granjería, sacando
+consecuencias poco lisonjeras del estado pecuniario de Encarnación
+Guillén. ¡Cómo había descendido la infeliz de grado en grado, desde su
+gran comercio de loza y sanguijuelas de la antigua calle del Cofre, en
+tiempos desconocidos para Isidora, hasta aquel miserable ajuar de
+cacharros ordinarios! Y los anélidos que componían su escudo, ¿dónde
+estaban? ¡Oh!, no podían faltar; allí se los veía en enormes botellas,
+con la viscosa trompa o ventosa pegada al cristal, enroscados,
+aburridos, quietos, como si acecharan una víctima y esperasen a que
+entrara por la puerta. Isidora admiró después el orden y aseo con que
+todo estaba puesto y arreglado en tienda de tan poco fuste.
+
+Los pucheros de Alcorcón, los jarros de Talavera y Andújar, los botijos
+y la cristalería de Cadalso, las escobas, las cajas de arena y tierra de
+limpiar metales revelaban una mano tan hacendosa como inteligente. Ni
+faltaba un poco de arte en aquellos cuatro trebejos colocados sobre
+cuatro no muy iguales tablas. Pero lo que mejor declaraba la limpieza de
+Encarnación era un estantillo que a mano izquierda de la puerta estaba,
+y que contenía diversidad de artículos, compañeros infalibles del ramo
+de cacharrería. En un hueco había flor de malva, en otro cercano
+violetas secas, más allá greda para limpiar, adormideras, cerillas de
+cartón. Seguía el pimentón molido, que sirve para pintar la comida del
+pueblo, y luego los cañamones, de que se sustentan los pajarillos
+presos. El espliego se daba la mano con los estropajos, y no faltaban
+algunas resmas de papel picado con que las cocineras adornan los
+vasares. Entre tanta chuchería, Isidora encontró otro antiguo conocido,
+otra amistad de su infancia. Era un cartel que decía:
+
+ Ojo al Cristo.
+ Aquí murió el fiar
+ y el prestar también murió,
+ y fue porque le ayudó
+ a morir el mal pagar.
+
+Isidora sabía de memoria esta composición epigramática de su tía, que
+terminaba así:
+
+ Si fío,
+ aventuro lo que es mío.
+ Y si presto,
+ al pagar ponen mal gesto.
+ Pues para librarme de esto,
+ ni doy, ni fío, ni presto.
+
+Estas observaciones y recuerdos duraron segundos nada más. Isidora
+gritó: «¡Tía, tía!».
+
+Apareció entonces _la Sanguijuelera_, y tía y sobrina se abrazaron y
+besaron. La joven callaba llorando; la anciana empezó a charlar desde el
+primer momento, porque no había situación en que pudiese guardar
+silencio, y antes se la viera muerta que muda.
+
+«¡Oh quimerilla!..., ya estás aquí... Pues mira, te esperaba hoy. Anoche
+supe que cerró el ojo Tomás... No te aflijas, paloma. Más vale así...
+¿Qué vas a sacar de esos sentimientos? Siéntate... Espera que quite
+estos botijos... Si Tomás ya no vivía ¡el pobre! Bien lo dije yo hace
+cinco mil domingos: «Este acabará en Leganés». Nunca tuvo la cabeza
+buena, hija, y con sus locuras despachó a tu madre, aquella santa,
+aquella pasta de ángel, aquel coral de las mujeres... ¡Pobre Francisca,
+niña mía!
+
+--¿Y Mariano?--dijo Isidora, que extrañaba no ver allí a su hermano.
+
+--Está en el trabajo... Le he puesto a trabajar. ¡Hija, si me comía un
+carcañal!... Es más malo que Anás y Caifás juntos. No puedo hacer
+carrera de él. ¡Vaya, que ha salido una pieza _colunaria_!... Yo le
+llamo _Pecado_, porque parece que vino al mundo por obra y gracia del
+demonio. Me tiene asada el alma. ¿Sabes dónde está? Pues le puse en la
+fábrica de sogas de ese que llaman _Diente_, ¿estás?, y me trae
+dieciocho reales todas las semanas...
+
+--¿Y no va a la escuela?--preguntó Isidora expresando no poco disgusto.
+
+--¡Escuela! Que si quieres... ¿Y quién le sujeta a la escuela? Bueno es
+el niño. Ahí le puse en esa de los _Herejes_, donde dicen la misa por la
+tarde y el rosario por la mañana. Daban un panecillo a cada muchacho, y
+esto ayuda. Pero aguárdate; un día sí y otro no, me hacía novillos el
+tunante. Después le puse en los _Católicos_ de ahí abajo, y se me
+escapaba a las pedreas... Es un purgatorio saltando. Nada, nada, a
+trabajar. ¡Qué puñales!..., no están los tiempos para mimos. Estoy muy
+mal de acá, hija. Ya ves este escenario. ¿Te acuerdas de mi
+establecimiento de la calle de la Torrecilla? ¡Aquéllos sí que eran
+tiempos majos! Pero tu divina familia me arrumbó; tu papaíto, que de
+Dios goce, ¡tres puñales, me trajo a esta miseria! ¡Ya ves qué polla
+estoy!; sesenta y ocho años, chiquilla, sesenta y ocho miércoles de
+Ceniza a la espalda. Toda la vida trabajando como el obispo y sin salir
+nunca de cristos a porras. Hoy ganado y mañana perdido. Todo se hace sal
+y agua. Eso sí, siempre tiesa como un ajo, y todavía, aquí dónde me ves,
+le acabo de dar una patada a la muerte porque el año pasado tuve una
+ronquera, pero una ronquera... Pues nada, Dios y la flor de malva
+aclararon el modo de hablar, y aquí me tienes. Soy la misma
+_Sanguijuelera_, más saludable que el tomillo, más fuerte que la puerta
+de Alcalá, siempre ligera para todo, siempre limpia como los chorros del
+oro, más fiera que el león del Retiro, si se ofrece, resignada con la
+mala suerte, sin deber nada a nadie, y más charlatana que todos los
+cómicos de Madrid».
+
+Era Encarnación Guillén la vieja más acartonada, más tiesa, más ágil y
+dispuesta que se pudiera imaginar. Por un fenómeno común en las personas
+de buena sangre y portentosa salud, conservaba casi toda su dentadura,
+que no cesaba de mostrarse entre su labios secos y delgados durante
+aquel charlar continuo y sin fatiga. Su nariz pequeña, redonda, arrugada
+y dura como una nuececita, no paraba un instante: tanto la movían los
+músculos de su cara pergaminosa, charolada por el fregoteo de agua fría
+que se daba todas las mañanas. Sus ojos, que habían sido grandes y
+hermosos, conservaban todavía un chispazo azul, como el fuego fatuo
+bailando sobre el osario. Su frente, surcada de finísimas rayas curvas
+que se estiraban o se contraían conforme iban saliendo las frases de la
+boca, se guarnecía de guedejas blancas. Con estos reducidos materiales
+se entretejía el más gracioso peinado de esterilla que llevaron momias
+en el mundo, recogido a tirones y rematado en una especie de ovillo, a
+quien no se podría dar con propiedad el nombre de moño. Dos palillos mal
+forrados en un pellejo sobrante eran los brazos, que no cesaban de
+moverse, amenazando tocar un redoble sobre la cara del oyente; y dos
+manos de esqueleto, con las falanges tan ágiles que parecían sueltas, no
+paraban en su fantástico girar alrededor de la frase, cual comentario
+gráfico de sus desordenados pensamientos. Vestía una falda de diversos
+pedazos bien cosidos y mejor remendados, mostrando un talle recto, liso,
+cual madero bifurcado en dos piernas. Tenía actitudes de gastador y paso
+de cartero.
+
+Era mujer de buena índole, aunque de genio tan turbulento y díscolo, que
+nadie que junto a ella estuviese podía vivir en paz. No había tenido
+hijos ni había sido casada. Crió a una sobrina, a quien quiso a su
+manera, que era un amor entreverado de pescozones y exigencias. La tal
+sobrina casó con Rufete, resultando de esta unión una desgraciada
+familia y el violentísimo odio que _la Sanguijuelera_ profesaba a todos
+los Rufetes nacidos y por nacer. Aquel matrimonio de una mujer bondadosa
+y apocada con un hombre que tenía la más destornillada cabeza del orbe,
+consumió diferentes veces las economías y la paciencia de Encarnación,
+que era trabajadora y comerciante, y tenía sus buenas libretas del Monte
+de Piedad. «Todo se lo comió ese descosido de Rufete--decía--, ese
+holgazán con cabeza de viento. Mi comercio de la calle del Pez se hizo
+agua una noche para sacarle de la cárcel, cuando aquel feo negocio de
+los billetes de lotería. La cacharrería de la calle de la Torrecilla se
+resquebrajó después, y pieza por pieza se la fueron tragando el médico y
+el boticario, cuando cayó Francisca en la cama con la enfermedad que se
+la llevó. He ido mermando, mermando, y aquí me tienen, ¡qué puñales!, en
+este confesonario, donde no me puedo revolver. Quien se vio en aquellos
+locales, con aquellas anaquelerías y aquel mostrador donde había un
+cajón de dinero que sonaba a cosa rica..., verse ahora en este nido de
+urracas, con cuatro trastos, poca parroquia, y en un barrio donde se
+repican las campanas cuando se ve una peseta..., ¡qué puñ...!».
+
+Francisca murió; Rufete fue encerrado en Leganés. De los dos hijos,
+Encarnación recogió al pequeñuelo, e Isidora partió al Tomelloso a vivir
+al amparo de su tío el Canónigo. De lo demás, algo sabe el lector, y el
+resto, que es mucho y bueno, irá saliendo.
+
+«¿Sabes que estás muy cesanta?»--dijo _la Sanguijuelera_, observando el
+vestido y las botas de Isidora, cosas que en verdad dejaban mucho que
+desear.
+
+Isidora contestó con tristeza que su tío el Canónigo no era hombre de
+muchas liberalidades. Después _la Sanguijuelera_ observó con malicia el
+rostro y talle de la joven, diciéndole:
+
+«Pero estás guapa. Pues no lo parecías... Cuando niña tenías un
+empaque... Me acuerdo de verte en aquella casa..., ¡qué casa!... Era la
+jaula del león..., pues andabas por allí en pernetas con un mal
+faldellín. Parecías el Cristo de las enagüillas. ¡Qué flaqueza!, ¡qué
+color! Yo decía que te habían destetado con vinagre y que te daban tu
+ración en moscas... Vaya, vaya, en la Mancha has engordado..., ¡qué
+duras carnes!--añadió pellizcándola en diferentes partes de su cuerpo--.
+Y en la cara tienes ángel. De ojos no andamos mal. ¡Qué bonitos dientes
+tienes! Veremos si te duran como los míos. Mírate en este espejo».
+
+Y le enseñó su doble fila de dientes, muy bien conservados para su edad.
+Isidora se aburría un poco. Mirando con tristeza a la calle, preguntó:
+
+«¿En dónde está trabajando Mariano? Yo quiero verle.
+
+--Si la vecina no tiene que hacer y quiere guardarme la tienda, iremos
+allá. No es a la vuelta de la esquina; pero yo ando más que un molino de
+viento... ¡Señá Agustina!...».
+
+Gritó desde la puerta; pero como no respondiera al llamamiento su
+vecina, salió impaciente. No tardó cinco minutos en volver acompañada de
+una mujer joven y flacucha, insignificante, lacrimosa, horriblemente
+vestida, pero peinada con increíble esmero. Aquella gente tiene su lujo,
+su aseo y su elegancia de cejas arriba, y aunque se cubra de miserables
+trapos, no pueden faltar el moñazo empapado en grasa y bandolina, ni los
+rizos abiertos y planchados sobre la frente, como una guirnalda de
+negras plumas, pegada con goma. Arrastraba aquella mujer una astrosa
+bata de lana roja con cuadros negros, que parecía haber servido de
+alfombra en un salón de baile de Capellanes.
+
+«Guárdeme la tienda un ratito--le dijo _la Sanguijuelera_--, que voy con
+mi sobrina a un recado... ¿No conocía usted a mi sobrina? ¿Ve usted qué
+moza?... Isidora, esta señora es una amiga..., pared por medio. Se llama
+la señora _A ti suspiramos_, porque no resuella como no sea para
+lamentarse. Verdad es que ella está enferma, su marido es borracho, su
+padre ciego, y la casa, ¡qué puñales!, no está empedrada con
+pesetas...».
+
+Agustina dio un conmovedor suspiro, seguido de dos expectoraciones. Con
+esto anunciaba un relato sentidísimo de sus desgracias. Pero _la
+Sanguijuelera_, cortándole la palabra, se echó un mantón sobre los
+hombros y salió con su sobrina, tomando el camino de la calle de las
+Amazonas, adonde llegaron pronto.
+
+
+
+
+Capítulo III
+
+Pecado
+
+
+«Ese tunante de _Pecadillo_--dijo _la Sanguijuelera_ metiéndose por un
+portal obscuro--no sospecha que viene a verle su hermana. No te
+conocerá. Era un cachorro cuando te fuiste. Pero qué..., ¿no ves?
+Agárrate a mí, que yo veo en lo negro como las lechuzas».
+
+Atravesaron un antro. Encarnación empujó una puerta. Halláronse en
+extraño local de techo tan bajo que sin dificultad cualquier persona de
+mediana estatura lo tocaba con la mano. Por la izquierda recibía la luz
+de un patio estrecho, elevadísimo, formado de corredores sobrepuestos,
+de los cuales descendía un rumor de colmena, indicando la existencia de
+pequeñas viviendas numeradas, o sea de casa celular para pobres. La
+escasa claridad que de aquella abertura, más que patio, venía, llegaba
+tan debilitada al local bajo, que era necesario acostumbrar la vista
+para distinguir los objetos; y aun después de ver bien, no se podía
+abarcar todo el recinto, sino la zona más cercana a la puerta, porque lo
+demás se perdía en ignoradas capacidades de sombra. Era como un gran
+túnel, del cual no se distinguía sino la parte escasamente iluminada por
+la boca. El fondo se perdía en la indeterminada cavidad fría de un
+callejón tenebroso. En la parte clara de tan extraño local había grandes
+fardos de cáñamo en rama, rollos de sogas blancas y flamantes, trabajo
+por hacer y trabajo rematado, residuos, fragmentos, recortes mal
+torcidos, y en el suelo y en todos los bultos una pelusa áspera,
+filamentos mil que después de flotar por el aire, como espectros de
+insectos o almas de mariposas muertas, iban a posarse aquí y allá, sobre
+la ropa, el cabello y la nariz de las personas.
+
+En el eje de aquel túnel que empezaba en luz y se perdía en tinieblas,
+había una soga tirante, blanca, limpia. Era el trabajo del día y del
+momento. El cáñamo se retorcía con áspero gemir, enroscándose lentamente
+sobre sí mismo. Los hilos montaban unos sobre otros, quejándose de la
+torsión violenta, y en toda su magnitud rectilínea había un
+estremecimiento de cosa dolorida y martirizada que irritaba los nervios
+del espectador, cual si también, al través de las carnes, los
+conductores de la sensibilidad estuviesen sometidos a una torsión
+semejante. Isidora lo sentía de esta manera, porque era muy nerviosa, y
+solía ver en las formas y movimientos objetivos acciones y
+estremecimientos de su propia persona.
+
+Miraba sin comprender de dónde recibía su horrible retorcedura la soga
+trabajada. Allá en el fondo de aquella cisterna horizontal debía de
+estar la fuerza impulsora, alma del taller. Isidora puso atención, y en
+efecto, del fondo invisible venía un rumor hondo y persistente como el
+zumbar de las alas de colosal moscardón, zumbido semejante al de
+nuestros propios oídos, si tuviéramos por cerebro una gran bóveda
+metálica.
+
+«Es la rueda--dijo _la Sanguijuelera_, adivinando la curiosidad de su
+sobrina y queriendo iniciarla en los misterios de aquella considerable
+industria.
+
+--¡La rueda! ¿Y Mariano, dónde está?».
+
+Miraba a todos lados y no veía ser vivo. Pero de pronto apareció un
+hombre, que salía de la oscuridad andando hacia atrás muy lentamente y
+con paso tan igual y uniforme como el de una máquina. En su cintura se
+enrollaba una gran madeja de cáñamo, de la cual, pasando por su mano
+derecha y manipulada por la izquierda, salía una hebra que se convertía
+instantáneamente en tomiza, retorcida por el invisible mecanismo. Aquel
+hombre del paso atrás, ovillo animado y huso con pies, era el principal
+obrero de la fábrica, y estaba armando los hilos para hacer otra soga.
+
+«¿No está D. Juan?»--le preguntó _la Sanguijuelera_ extrañando no ver
+allí al dueño del establecimiento.
+
+El huso vivo movió bruscamente la cabeza para decir que no, sin dignarse
+expresarlo de otro modo.
+
+«¿Pero dónde está mi hermano?»--preguntó Isidora con angustia.
+
+La anciana señaló a lo obscuro, diciendo con aterrador laconismo: «En la
+rueda».
+
+Isidora echó a andar hacia adentro, dando la mano a su tía. A causa de
+los accidentes del piso y de la oscuridad, necesitaban apoyarse
+mutuamente. Anduvieron largo trecho tropezando. ¡Oh! La soga era larga,
+la caverna parecía interminable. En lo obscuro, aun se veía la cuerda
+blanca gimiendo, sola, tiesa, vibrante. Cuando las dos mujeres
+anduvieron un poco más, dejaron de ver la soga; pero oyeron más fuerte
+el zumbar de la rueda acompañado de ligeros chirridos. Se adivinaba el
+roce del eje sobre los cojinetes mal engrasados y el estremecimiento de
+las transmisiones, de donde obtenían su girar las roldanas, en las
+cuales estaban atadas las sogas. Pero nada se podía ver.
+
+«¡Mariano, hermanito!--exclamó Isidora, que creía sentir su garganta
+apretada por uno de aquellos horribles dogales--. ¿En dónde estás? ¿Eres
+tú el que mueve esa rueda? ¿No estás cansado?».
+
+No se oyó contestación. Pero el artefacto amenguaba la rapidez de su
+marcha. Las roldanas, las transmisiones, la rueda, se emperezaban como
+quien escucha.
+
+«_Pecado_, ¿qué tal te va?»--gritó con bufonesco estilo _la
+Sanguijuelera_.
+
+Y añadió, volviéndose a su sobrina:
+
+«Es un holgazán. Así criará callos en las manos, y sabrá lo que es
+trabajar y lo que cuesta el pedazo de pan que se lleva a la boca... ¿Qué
+crees tú? Es buen oficio... No podía hacer carrera de este gandul. Todo
+el día jugando en el arroyo y en la praderilla. Al menos, que me gane
+para zapatos. Tiene más malicias que un Iscariote».
+
+Desde el comienzo de este panegírico, redoblose bruscamente la marcha
+del mecanismo, y acreció el ruido hasta ser tal que parecían
+multiplicarse las transmisiones, las roldanas y los ejes.
+
+«¡Mariano!--gritó Isidora extendiendo los brazos en la obscuridad--.
+¡Para, para un momento y ven acá! Quiero abrazarte. Soy tu hermana, soy
+Isidora. ¿No me conoces ya?».
+
+El ruido volvió a ceder, y la maquinaria tomaba una lentitud amorosa.
+
+«No puede pararse el trabajo»--dijo Encarnación.
+
+Pero como realmente se detenía, oyose un grito del huso viviente que
+dijo: «¡Aire! ¡Aire a la rueda!».
+
+Y en efecto, la rueda volvió a tomar su aire primero, su paso natural.
+Las dos mujeres callaron, consternada y atónita la joven, aburrida la
+vieja. Como había pasado algún tiempo desde su llegada al término de la
+caverna, los ojos de entrambas comenzaron a distinguir confusamente la
+silueta del gran disco de madera, que trazaba figura semejante a las
+extrañas aberraciones ópticas de la retina cuando cerramos los ojos
+deslumbrados por una luz muy viva.
+
+«¿Ves aquellas dos centellitas que brillan junto a la rueda?... Son los
+ojos de _Pecado_...».
+
+Isidora vio, en efecto, dos pequeñas ascuas. Su hermano la miraba.
+
+«Pronto serán las doce--indicó la anciana--. Esperemos a que levanten el
+trabajo, y nos iremos los tres a comer».
+
+La hora del descanso no se hizo esperar. Soltó el obrero el cáñamo,
+parose la rueda, y el que la movía salió lentamente del fondo negro,
+plegando los ojos a medida que avanzaba hacia la luz. Era un muchacho
+hermoso y robusto, como de trece años. Isidora le abrazó y le besó
+tiernamente, admirándose del desarrollo y esbeltez de su cuerpo, de la
+fuerza de sus brazos, y afligiéndose mucho al notar su cansancio, el
+sudor de su rostro encendido, la aspereza de sus manos, la fatiga de su
+respiración.
+
+«Es un gañán--dijo Encarnación examinándole la ropa con tanta severidad
+coma un juez que interroga al criminal ante el cuerpo del delito...--.Ya
+me ha roto los calzones... Ya verás, Holofernes, ya verás».
+
+Turbado por la presencia y los cariños de su hermana, a quien no
+conocía, Mariano no despegaba sus labios. La miraba con atención
+semejante a la estupidez. Por último, dijo así con aspereza, remedando
+el hablar francote y brutal de la gente del bronce:
+
+«Chicáaaa..., no me beses más, que no soy santo.
+
+--A casa»--dijo _la Sanguijuelera_, saltando sobre el cáñamo.
+
+Aquel día añadió Encarnación a su olla algo extraordinario. Comieron en
+la trastienda, que más bien era pasillo por donde la tienda se
+comunicaba con un patio. Durante el festín, que tuvo su añadidura de
+pimientos y su contera de pasas, no habría sido fácil explicar cómo con
+una sola boca podía _la Sanguijuela_ engullir medianamente y hablar más
+que catorce diputados. Isidora, triste, cejijunta, ni hablaba ni hacía
+más que probar la comida. Observaba a ratos con gozo la voracidad de su
+hermano.
+
+«Ya ves qué lindo buitre me ha puesto Dios en casa--decía Encarnación--.
+Es capaz de comerme el modo de andar, si le dejo. Él come y yo soy quien
+se harta; sí, me harto de trabajar para su señoría. Pero oye, león,
+¿dirás algún día: «Ya no quiero más»?».
+
+_Pecado_ devoraba con el apetito insaciable de una bestia atada al
+pesebre, después de un día de atroz trabajo.
+
+«Y tú, linda mocosa, ¿no comes?--añadió la vieja--. ¿O es que te has
+vuelto tan pava y tan persona decente que no te gustan estos guisos
+ordinarios? Vamos, que para otro día te pondré alas de ángel... Se
+conoce que allá en el Tomelloso se estila mucha finura».
+
+Isidora no contestó. Parecía que estaba atormentada de una idea. Cuando
+se acabó la comida y se marchó _Pecado_ para jugar un poco antes de
+volver al trabajo, Isidora, sin dejar su asiento y mirando a su tía, que
+a toda prisa levantaba manteles, le dijo:
+
+«Tía Encarnación, tengo que hablar con usted una cosa.
+
+--Aunque sean cuatro».
+
+Como quien se quita una máscara, Isidora dejó su aspecto de sumisa
+mansedumbre, y en tono resuelto pronunció estas palabras:
+
+«No quiero que mi hermano trabaje más en ese taller de maromas; no
+quiero y no quiero.
+
+--Le señalarás una renta--replicó la anciana con ironía--¡Le pondrás
+coche! Y para mis pobres huesos, ¿no habrá un par de almohadones?
+
+--No estoy de humor de bromas. Mi hermano y yo somos personas
+decentes...
+
+--Ya lo creo...
+
+--Pues claro.
+
+--Pues turbio.
+
+--Somos personas decentes.
+
+--Y príncipes de Asturias.
+
+--Aquel trabajo es para mulos, no para criaturas. Yo quiero que mi
+hermano vaya a la escuela.
+
+--Y al colegio.
+
+--Eso es, al colegio--replicó Isidora marcando sus afirmaciones con el
+puño sobre la endeble mesa--Yo lo quiero así..., y nada más».
+
+¡Qué fierecilla! ¡Cómo hinchaba las ventanillas de su nariz, y qué
+fuertemente respiraba, y qué enérgica expresión de voluntad tomó su
+fisonomía! Todo esto lo pudo observar _la Sanguijuelera_ sin dejar su
+ocupación. Amoscándose un poco, le dijo:
+
+«¿Sabes que estás cargante, sobrina, con tus colegios y tus charoles? A
+ver, echa aquí lo que tengas en el bolsillo. ¿Crees que la gente se
+mantiene con cañamones? ¿Crees que hay colegios de a ochavo como los
+buñuelos? ¡Qué puño!... Dame guita y verás.
+
+--Tengo para no pordiosear.
+
+--¿Te ha dado el Canónigo?
+
+--Lo bastante para poner a Mariano en una escuela y para vestirme con
+decencia.
+
+--¡Ah!, canóniga..., tú pitarás... Hablemos claro».
+
+Y se sentó, haciendo silla de una tinaja rota. Puesto el codo en la
+mesilla y el hueso de la barba en la palma de la mano flaca, aguardó las
+explicaciones de su sobrina.
+
+«Tía...--murmuró esta sintiendo mucha dificultad para iniciar la cosa
+grave que iba a decir--. Usted sabe que yo y Mariano... ¿Pero usted no
+lo sabe?
+
+--No sé sino que sois un par de perchas que ya, ya. Nada habría perdido
+el mundo con que os hubierais quedado por allá..., en el Limbo. Venís de
+Tomás Rufete, y ya sé que de mala cepa no puede venir buen sarmiento.
+
+--A eso voy, tía, a eso voy. Precisamente... Usted lo debe saber, como
+yo... Precisamente, ni yo ni mi hermano venimos de Tomás Rufete.
+
+--Justo, justo; mi Francisca, mi ángel os parió por obra del Espíritu
+Santo, o del demonio.
+
+--¿Para qué andar con farsas? No somos hijos de D. Tomás Rufete ni de
+D.ª Francisca Guillén. Esos dos señores, a quienes yo quiero mucho,
+muchísimo, no fueron nuestros padres verdaderos. Nos criaron fingiendo
+ser nuestros papás y llamándonos hijos, porque el mundo..., ¡qué mundo
+este!».
+
+_La Sanguijuelera_ cambió bruscamente de disposición y de tono. No
+palideció, por ser esto cosa impropia de la inanimada sustancia de los
+pergaminos; pero abrió los ojos, y empuñando el brazo de su sobrina, le
+golpeó el codo contra la mesa, y le dijo con ira:
+
+«¿De dónde has sacado esas andróminas? ¿Quién te ha metido esa estopa en
+la cabeza?
+
+--Mi tío el Canónigo.
+
+--Me parece a mí que tu tío el Canónigo...
+
+--Él me ha contado todo--afirmó Isidora con acento de profundísima
+convicción--. Usted se hace de nuevas, tía; usted me oculta lo que
+sabe... No se haga usted la tonta. ¿Es la primera vez que una señora
+principal tiene un hijo, dos, tres, y viéndose en la precisión de
+ocultarlos por motivos de familia, les da a criar a cualquier pobre, y
+ellos se crían y crecen y viven inocentes de su buen nacimiento, hasta
+que de repente un día, el día que menos se piensa, se acaban las farsas,
+se presentan los verdaderos padres?... Eso, ¿no se está viendo todos los
+días?
+
+--En sesenta y ocho años no lo he visto nunca... Me parece que tú te has
+hartado de leer esos librotes que llaman novelas. ¡Cuánto mejor es no
+saber leer! Mírate en mi espejo. No conozco una letra... ni falta. Para
+mentiras, bastantes entran por las orejas... Pero acábame el cuento.
+Salimos con que sois hijos del Nuncio, con que una señorita principal os
+dio a criar, y desapareció...
+
+--¡Usted lo sabe, usted lo sabe!--exclamó la joven rebosando alegría.
+
+--No sé más sino que te caes de boba. Eres más sosa que la capilla
+protestante.
+
+--Mi madre--declaró Isidora poniéndose la mano en el corazón, para
+comprimir, sin duda, un movimiento afectuoso demasiado vivo--, mi
+madre... fue hija de una marquesa».
+
+Como un petardo que estalla, así reventó en estrepitosa risa _la
+Sanguijuelera_, apretándose la cintura y mostrando sus dos filas de
+dientes semisanos. Se desbarataba riendo, y después le acometió una tos
+de hilaridad que le hizo suspender el diálogo por más de un cuarto de
+hora. Algo confusa, Isidora esperó a que su tía volviese en sí de aquel
+síncope burlesco para seguir hablando. Por último, dijo con malísimo
+humor:
+
+«¡Qué bien finge usted!
+
+--Perdone vuecencia--replicó Encarnación en el tono más cómico del
+mundo--. Perdone vuecencia que no la hubiera conocido... Pero vuecencia
+tendrá que hacer diligencias y buscar papeles.
+
+--Tengo papeles..., ¡y qué papeles!
+
+--¿Quiere vuecencia que le preste dos reales?..., porque tendrá que
+untar escribanos.
+
+--No creo que sea preciso, porque esta bien claro mi derecho.
+
+--Vuestra serenísima majestad cogerá una herencia, porque sin herencia
+todo sería pulgas, ¿verdad, hermosa?
+
+--Mi madre no vive. Mi abuela sí.
+
+--¡Ah!, ¿la abuelita de tu vuecencia vive? ¿Y quién es la señora
+pindonga?
+
+--No se burle usted, tía. Esto es muy serio--declaró Isidora tocada en
+lo más vivo de su orgullo--. Es usted lo más atroz... Yo que venía a que
+me diese pormenores y su parecer...
+
+--Voy a darte mi parecer, hijita de mi alma--repuso _la Sanguijuelera_
+levantándose--. Pues tú has querido que yo te dé pormenores..., pobre
+almita mía...».
+
+En el rincón del pasillo había una larga caña que servía para descolgar
+los cacharros. Encarnación revolvió sus ojos buscándola.
+
+«Vaya que ha sido una picardía haberle ocultado a estos angelitos que
+salieron del vientre de una marquesa».
+
+Y tomó la caña.
+
+«¡Quién será el dragón que ha querido birlarlos la herencia!... ¡A ese
+tunante le sacaría yo las entrañas!... Cuidado que engañar así a mis
+niños, haciéndolos pasar por hijos de un Rufete... Quitad allá, pillos,
+que mi niña es duquesa y mi niño es vizconde... ¡Re-puñales!».
+
+Honradez y crueldad, un gran sentido para apreciar la realidad de las
+cosas, y un rigor extremado y brutal para castigar las faltas de los
+pequeños, sin dejar por eso de quererles, componían, con la verbosidad
+infinita, el carácter de Encarnación _la Sanguijuelera_. Su flaca pero
+fuerte mano empuñó la caña, y descargándola sin previo anuncio sobre la
+cabeza de su sobrina, la rompió al primer golpe. Puso el grito en el
+cielo la víctima, exclamando: «¡Pero, tía!...». La vieja recogió y unió
+los dos pedazos de la caña, de lo que resultaba que podía pegar más a
+gusto, y ¡zas!, emprendió una serie de cañazos tan fuertes, tan bien
+dirigidos, tan admirablemente repartidos por todo el cuerpo de Isidora,
+que esta, sin poder defenderse, gesticulaba, manoteaba, gemía, se dejaba
+caer en el suelo, se arrastraba, escondía la cabeza, se revolvía. Y en
+tanto la feroz vieja, incitada al castigo por el castigo mismo,
+encendíase más en furia a cada golpe, y los acompañaba de estas
+palabras:
+
+«¡Toma, toma, toma duquesa, marquesa, puños, cachas!... Cabeza llena de
+viento... Vivirás en las mentiras como el pez en el agua, y serás
+siempre una pisahormigas... Malditos Rufetes, maldita ralea de
+chiflados... ¡Ah, puño!, si yo te cogiera por mi cuenta, con un pie de
+solfeos cada día te quitaría el polvo. Toma vanidad, toma lustre».
+
+Y cada palabra era un golpe y cada golpe un cardenal leve (es decir,
+subdiácono), un rasguño o moledura. Incapaz Isidora de desarmar a su
+verdugo, aunque lo intentó devolviendo cólera por cólera, hubo de
+rendirse al fin, y sucumbió diciendo con gemido: «Por Dios, tía, no me
+pegue usted más».
+
+En sus veinte años, Isidora tenía menos fuerza que la sexagenaria
+Encarnación. Sin aliento yacía en tierra la víctima, recogiendo sus
+faldas y sacudiéndoles la tierra, tentándose en partes diversas para ver
+si tenía sangre, fractura o contusión grave, mientras _la
+Sanguijuelera_, respirando como un fuelle en plena actividad, arrojaba
+los vencedores pedazos de caña y alargaba su mano generosa a la víctima
+para ayudarla a levantarse.
+
+«¡Cómo se conoce--dijo al fin la sobrina con vivísimo tono de
+desprecio--que no es usted persona decente!
+
+--¡Más que tú, marquesa del pan pringao!--gritó la vieja, esgrimiendo de
+tal modo las manos, que Isidora vio los diez dedos de ella a punto de
+metérselos por los ojos.
+
+--Usted no es mi tía. Usted no tiene mi sangre.
+
+--Ni falta... A mucha honra... De gloria y descanso te sirva tu ducado,
+harta de miseria. Mira, como vuelvas aquí, ¿sabes lo que hago?
+
+--¿Qué?--preguntó Isidora, sintiéndose con más fuerzas para rechazar un
+nuevo ataque.
+
+--Pues si vuelves aquí, cojo la escoba... y te barro ¡qué puño!, te echo
+a la calle como se echa el polvo y cáscaras de fruta».
+
+Isidora no dijo nada, y recobrándose marchó hacia la puerta. Abierta con
+trémula mano la trampilla, salió andando aprisa, cuesta arriba, en busca
+de la ronda de Embajadores, que debía conducirla a país civilizado.
+Temía que la vieja iría detrás injuriándola, y no se equivocó. _La
+Sanguijuelera_, echando la cabeza fuera de la puerta, la despedía con
+una carcajada que produjo siniestros ecos de hilaridad en toda la calle.
+Asomaban caras curiosas, frentes guarnecidas de rizos, bocas de
+amarillos dientes descubiertos hasta la raíz por estúpido asombro,
+bustos envueltos en pañuelos de distintos colores; y más de cuatro
+andrajosos chiquillos saltaron detrás de Isidora para festejarla con
+gritos y cabriolas.
+
+Sin detenerse, la joven lanzó desde lo profundo de su alma, llena de
+pena y asco, estas palabras:
+
+«¡Qué odioso, qué soez, qué repugnante es el pueblo!».
+
+
+
+
+Capítulo IV
+
+El célebre Miquis
+
+
+=--I--=
+
+Salvo algunas ligeras neuralgias de cabeza, Isidora gozaba de excelente
+salud. Tan sólo era molestada de frecuentes y penosos insomnios, que a
+veces la hacían pasar de claro en claro las noches. La causa de esto
+parecía ser como una sed de su espíritu, que se fomentaba, sin
+aplacarse, de audaces previsiones de lo futuro, de un perpetuo imaginar
+hechos que pasarían, que tendrían que pasar, que no podían menos de
+tomar su puesto en las infalibles series de la realidad. Era una segunda
+vida encajada en la vida fisiológica y que se desarrollaba potente,
+construida por la imaginación, sin que faltase una pieza, ni un cabo, ni
+un accesorio.
+
+En aquella segunda vida, Isidora se lo encontraba todo completo, sucesos
+y personas. Intervenía en aquellos, hablaba con estas. Las funciones
+diversas de la vida se cumplían detalladamente, y había maternidad,
+amistades, sociedad, viajes, todo ello destacándose sobre un fondo de
+bienestar, opulencia y lujo. Pasar de esta vida apócrifa a la primera
+auténtica, érale menos fácil de lo que parece. Era necesario que las de
+Relimpio, con quienes vivía, le hablasen de cosas comunes, que fuese muy
+grande el trabajo y empezase muy temprano el ruido de la máquina de
+coser, o que su padrino, el bondadosísimo D. José de Relimpio, le
+contase algo de su vida pasada. Como estuviera sola, Isidora se
+entregaba maquinalmente, sin notarlo, sin quererlo, sin pensar siquiera
+en la posibilidad de evitarlo, al enfermizo trabajo de la fabricación
+mental de su segunda vida.
+
+Cinco días después de su llegada a Madrid y a los cuatro de la escena
+con _la Sanguijuelera_, levantose Isidora más tarde que de costumbre,
+por haber dormido la mañana, y se arregló aprisa. Aquel día estrenaba
+unas botas. ¡Qué bonitas eran y qué bien le sentaban! Esto pensó ella
+poniéndoselas y recreándose en la pequeñez y configuración graciosa de
+sus pies, y dijo para sí con orgullo: «Hoy, al menos, no me verá con el
+horrible calzado roto que traje del Tomelloso». La vergüenza que sintió
+al mirar las botas viejas que en un rincón estaban, también muertas de
+vergüenza, no es para referida. Juró dar aquellos miserables despojos al
+primer pobre que a la puerta llegase.
+
+Púsose su vestidillo negro, que a toda prisa se había hecho aquellos
+días, colocose el velito en la cabeza y hombros, mirándose al espejo con
+movimientos de pájaro, y se dispuso a salir. Antes abrió el balcón, y
+mirando a la calle, dijo: «Allí está ya. ¡Qué puntual y qué caballero
+es!».
+
+Salió. Las de Relimpio le preguntaron que dónde iba.
+
+«Voy en busca de mi tía»--repuso ella.
+
+Y bajando la escalera decía para sí:
+
+«He tenido que mentir. Cuando yo esté en mi posición, en mi verdadera
+posición, no diré jamás una mentira. ¡Cuánto me repugna lo que no es
+verdad!... ¿Pero qué pensaría esa gente si yo les dijera que voy de
+paseo con Miquis?... Es domingo, hoy no tiene clase, y anoche me dijo
+que quería enseñarme las cosas bonitas de Madrid, el Museo, el Retiro,
+la Castellana».
+
+Y volvió a mirarse las botitas. Los documentos de que se ha formado esta
+historia dicen que eran de becerro mate con caña de paño negro cruzada
+de graciosos pespuntes.
+
+«Me han costado tres duros--pensó Isidora en los últimos peldaños--. Con
+siete del vestido son diez; seis que di a doña Laura a cuenta, son
+dieciséis. Aún me queda para vestir a Mariano y ponerlo en la escuela.
+Después el tío me mandará más, y después...».
+
+Isidora vivía en el 23 de la calle de Hernán Cortés. Miquis se paseaba
+desde la lechería a la esquina de la calle de Hortaleza, y estaba
+embozado en su capa de vueltas rojas, porque si bien el día era claro y
+hermoso, se sentía fresco.
+
+Saludáronse y emprendieron su marcha hacia el Retiro. Isidora, conforme
+a su costumbre de anticiparse a las ideas y a las intenciones de los
+demás, pensaba así durante los primeros pasos: «Ahora me va a decir que
+parezco otra, que me he transformado desde que estoy aquí...».
+
+Pero también se equivocó esta vez, como otras muchas, porque Miquis
+habló de cosa muy distinta.
+
+«Me parece--dijo--que yo conozco a esas de Relimpio. Las he visto en las
+regiones etéreas. ¿No entiendes? En el paraíso del Teatro Real.
+
+--Sí, allá van alguna vez. Son dos chicas, Emilia y Leonor. Trabajan
+mucho, cosen a máquina; pero ganan tan poco... Me han cedido un cuartito
+con balcón a la calle. Antes no sé si lo ocupaba un señor sacerdote.
+Necesitan ayudarse las pobres. Son muy buenas. Mi padrino D. José es el
+tipo más célebre del mundo».
+
+Isidora rompió a reír, y después, haciendo gala de uno de sus talentos
+más brillantes, el de retratar en cuatro rasgos a una persona, se
+explicó así:
+
+«¿No le conoces? Si le hubieras visto alguna vez no le olvidarías. Es un
+galán viejo con la cara sonrosada. Tiene un bigotito rubio que parece
+cabello de ángel, y hace pliegues con la boca... Los ojos son de
+almíbar; qué sé yo... Parecen dos uvas demasiado maduras. Usa un gorro
+con borla de oro, y es tan fino, tan relamido... Ha sido un tenorio,
+según dicen. Cose a máquina para ayudar a las chicas; pero su oficio es
+lo que llaman la Partida Doble. Se entretiene en poner todos los gastos
+en un libro grande, ¿sabes?... Es preciso que le conozcas.
+
+--¿Hace falta médico en la casa?
+
+--Hombre, sí. Doña Laura se queja de un dolor..., no sé dónde.
+
+--Pues entraré contigo. Iré a hacerte una visita de ceremonia, diciendo
+que me manda tu tío el de Tomelloso.
+
+--Ya veremos el modo de que entres».
+
+Siguieron hablando de otras cosas, y avanzaban poco en su paseo, porque
+Isidora se detenía ante los escaparates para ver y admirar lo mucho y
+vario que en ellos hay siempre. También era motivo de sus detenciones el
+deseo oculto de mirarse en los cristales, pues es costumbre de las
+mujeres, y aun en los hombres, echarse una ojeada en las vitrinas, para
+ver si van tan bien como suponen o pretenden.
+
+En el Museo las impresiones de aquella singular joven fueron muy
+distintas, y sus ideas, levantando el vuelo, llegaron a zonas mucho más
+altas que aquella por donde andaban al rastrear en los muestrarios
+llenos de chucherías. Sin haber adquirido por lecturas noción alguna del
+verdadero arte, ni haber visto jamás sino mamarrachos, comprendía la
+superioridad de lo que a su vista se presentaba; y con admiración
+silenciosa, su vista iba de cuadro en cuadro, hallándolos todos, o casi
+todos, tan acabados y perfectos, que se prometió ir con frecuencia al
+edificio del Prado para saborear más aquel goce inefable que hasta
+entonces le fuera desconocido. Preguntó a Miquis si también en aquel
+sitio destinado a albergar lo sublime dejaban entrar al pueblo, y como
+el estudiante le contestara que sí, se asombró mucho de ello.
+
+Llegaron por fin al Buen Retiro, cuyo lindo nombre ha querido en vano
+cambiarse con el insulso rótulo de _Parque de Madrid_. Allí las
+emociones de Isidora fueron una alegría casi infantil, un deseo vivo de
+correr, de despeinarse, de entrar descalza en los charcos de las
+acequias, de subir a las ramas en busca de nidos, de coger flores, de
+dormir a la sombra, de cantar. Aquella naturaleza hermosa, aunque
+desvirtuada por la corrección, despertaba en su impresionable espíritu
+instintos de independencia y de candoroso salvajismo. Pero bien pronto
+comprendió que aquello era un campo urbano, una ciudad de árboles y
+arbustos. Había calles, plazas y hasta manzanas de follaje. Por allí
+andaban damas y caballeros, no en facha de pastorcillos, ni al desgaire,
+ni en trenza y cabello, sino lo mismo que iban por las calles, con
+guantes, sombrilla, bastón. Prontamente se acostumbró el espíritu de
+ella a considerar el Retiro (que sólo conocía por vagos recuerdos de su
+niñez) como una ingeniosa adaptación de la Naturaleza a la cultura;
+comprendió que el hombre, que ha domesticado a las bestias, ha sabido
+también civilizar al bosque. Echando, pues, de su alma aquellos vagos
+deseos de correr y columpiarse, pensó gravemente de este modo: «Para
+otra vez que venga, traeré yo también mis guantes y mi sombrilla».
+
+Después de admirar el afeitado Parterre, fueron a dar la vuelta al
+estanque grande, que es un mar de bolsillo, como decía Miquis. Este la
+llevó luego por sitios escondidos y por las callejuelas y laberintos que
+están entre el estanque y la fuente de la China. Miquis estaba alegre
+como un niño, porque también en él, parroquiano constante del Retiro,
+hacía sentir su influjo la vegetación nueva de Primavera, los juegos del
+sol entre las ramas, el meneo de las hojas acariciándose, y aquel
+ambiente, compuesto de frescura y tibieza, que al mismo tiempo
+atemperaba el cuerpo y el alma. La capa le daba calor. Se la quitó
+arrojándola por tierra. Hizo después una almohada de ella y se tendió en
+el suelo. Isidora se sentó frente a él.
+
+«¿Oyes los pájaros?--dijo Miquis--Son ruiseñores».
+
+Isidora había oído hablar de los ruiseñores como cifra y resumen de toda
+la poesía de la Naturaleza; pero no los había oído. Estos artistas no
+iban nunca por la Mancha. Puso atención, creyendo oír odas y canciones,
+y su semblante expresaba un éxtasis melancólico, aunque a decir verdad
+lo que se oía era una conversación de miles de picos, un galimatías
+parlamentario--forestal, donde el músico más sutil no podría encontrar
+las endechas amorosas de que tanto se ha abusado en literatura. Miquis
+se echó a reír, y como si tuviera gusto en despoetizar la hermosa
+situación en que ambos se encontraban, dijo de improviso:
+
+«Isidora, ayer he estado trabajando en el anfiteatro con el Dr. Martín
+Alonso desde las dos hasta las cinco. Éramos tres alumnos. Le ayudábamos
+a hacer la autopsia de un viejo que murió de corazón. ¡Si vieras,
+chica!...».
+
+Isidora se puso las manos ante la cara con muestras de horror.
+
+«Es el trabajo más bonito--añadió Miquis--. Tonta, ¿por qué no se ha de
+hablar de esto? Si es la realidad, la ciencia... ¿Qué sería de la vida
+si no se estudiara la muerte? Nada me gusta como la Cirugía, chica. O he
+de ser un gran cirujano, o nada. Verás. Cuando el doctor no estaba allí,
+cogíamos uno de los brazos del muerto, y ¡zas!, nos pegábamos bofetadas
+unos a otros...».
+
+Isidora dio un grito.
+
+«Eres tonta... Pues si vieras lo que yo gozo cuando levanto un músculo
+con mi escalpelo, cuando me apodero de una entraña...».
+
+Isidora se levantó, echando a correr y metiéndose un dedo en cada oído.
+
+«Aguarda, ruiseñora, no hablaré más de esto».
+
+Luego se iban a otro sitio. Isidora, sentada junto a un tronco, se
+quedaba meditabunda, mirando por un hueco del ramaje las blancas masas
+de nubes que avanzaban sobre lo azul del cielo con soberana lentitud.
+Miquis cogía una rama seca, y acercándose cautelosamente por detrás de
+la joven, se la pasaba por la cara y decía con voz lúgubre: «¡La mano
+del muerto!».
+
+Isidora daba un chillido; después reían los dos. Miquis cantaba trozos
+de ópera, corrían un poco; escondíase él tras las espesas matas de
+aligustre, para que ella le buscase; encontrábanse fácilmente; se cogían
+las manos; se sentaban de nuevo; charlaban, convidados de la hermosura
+del día y del lugar, donde todo parecía recién criado, como en aquellos
+días primeros de la fabricación del mundo, en que Dios iba haciendo las
+cosas y las daba por buenas.
+
+
+=--II--=
+
+Augusto Miquis, por quien sabemos los pormenores de aquellas escenas, es
+hoy un médico joven de gran porvenir. Entonces era un estudiante
+aprovechadísimo, aunque revoltoso, igualmente fanático por la Cirugía y
+por la Música, ¡qué antítesis!, dos extremos que parecen no tocarse
+nunca, y sin embargo se tocan en la región inmensa, inmensamente
+heterogénea del humano cerebro. Recordaba las melodías patéticas, los
+graciosos ritornelos y las cadencias sublimes allá en la cavidad
+taciturna del anfiteatro, entre los restos dispersos del cuerpo de
+nuestros semejantes. Él, en presencia de Raoul y Valentina, o ante la
+sublime conjuración de Guillermo Tell, o en la sala de conciertos,
+pensaba en la aponeurosis del gran supinador. Él, posado sobre los
+libros, como un ave sobre su empolladura, soñaba con un monumento
+colosal que expresase los esfuerzos del genio del hombre en la conquista
+de lo ideal. Aquel monumento debía rematarse con un grupo sintético:
+¡Beethoven abrazado con Ambrosio Paré!
+
+Nació en una aldea tan célebre en el mundo como Babilonia o Atenas,
+aunque en ella no ha pasado nunca nada: el Toboso. Diole el Cielo
+inteligencia superior, que en aquella edad era todavía un desordenado
+instinto genial. Su aplicación no era constante como la de las
+medianías, sino intermitente y caprichosa. Tan pronto devoraba libros,
+emprendía penosos estudios y practicaba con ardor la cirugía, como lo
+abandonaba todo para leer partituras al piano, tocándolo con pocos dedos
+y menos nociones de Música. Pero en estas alternativas de trabajo y
+holganza, se ha apoderado poco a poco de la ciencia, y cada idea que
+llegaba a ser suya, daba al punto en su mente magníficos frutos.
+
+Todas las teorías novísimas le cautivaban, mayormente cuando eran
+enemigas de la tradición. El transformismo en ciencias naturales y el
+federalismo en política le ganaron por entero. Tenía gran facilidad de
+dicción. Se asimilaba prodigiosamente las ideas de los libros y las
+ideas de los maestros orales, sus frases, su estilo y hasta su metal de
+voz. Burla burlando, imitaba a todos los profesores de la Facultad, y
+como poseía extraordinaria retentiva, lo mismo era para él repetir un
+_allegro_ lleno de dificultades, que pronunciar dos o tres discursos
+sobre Medicina o Filosofía naturalista.
+
+Su carácter siempre alegre, erizado de malicias, se manifestaba en
+punzadas mil, en bromas a veces nada ligeras, en apropósitos y en
+charlar voluble, compuesto ya de hipérboles, ya de pedanterías
+burlescas, que ciertamente no indicaban que él fuese pedante, sino que,
+por bromear, bromeaba hasta con la ciencia. Tomando un tono hueco, hacía
+pasar por sus labios todas las palabras retumbantes, todas las frases
+obscuras de la fraseología científica, y las intercalaba de paradojas de
+su propia cosecha, graciosas y originales.
+
+Aún hoy, que es un hombre de saber sólido, no ha perdido Miquis aquellas
+mañas, y nos divierte con sus chuscas habladurías. A veces parece querer
+zaherir aquello que adora; pero en realidad no hace más que mofarse de
+lo que es realmente pedantesco. Entonces no; sus burlas no perdonaban ni
+la verdad misma, ni la ciencia adorada. En la leonera que tenía por
+vivienda y que era una caverna de disputas, se oía su voz declamatoria,
+diciendo estas o parecidas cosas: «... porque, señores, a todas horas
+estamos viendo que, unidas en fatal coyunda las enfermedades diatésicas,
+determinan la depauperación general, la propagación de los vicios
+herpético y tuberculoso, que son, señores, permitidme decirlo así, la
+carcoma de la raza humana, la polilla por donde parece marchar a su
+ruina...». O bien, elevándose a lo teórico, gritaba: «Reconociendo,
+señores, la revolución que las ciencias naturales, y especialmente la
+Química, han hecho en la materia médica moderna, no conviene afirmar que
+la Química, señores, forma un sistema médico por sí sola, porque antes
+que las leyes químico--orgánicas están las leyes vitales. Volved la
+vista, señores, a Paracelso, Helmoncio y Agrícola, y ¿qué hallaréis,
+señores?...».
+
+Isidora vio un araña que se descolgaba de un hilo, un pájaro que llevaba
+pajas en el pico, una pareja de mariposas blancas que paseaban por la
+atmósfera con esa elegante desenvoltura que tanto ha dado que hablar en
+poesía, y sobre estos accidentes y otros dijo cosas que hicieron reír a
+Miquis. Hablando y hablando, Augusto llegó a decir:
+
+«Señores, evolución tras evolución, enlazados el nacer y el morir, cada
+muerte es una vida, de donde resulta la armonía y el admirable plan del
+Cosmos».
+
+¡El Cosmos! ¡Qué bonito eco tuvo esta palabra en la mente de Isidora!
+¡Cuánto daría por saber qué era aquello del Cosmos!..., porque
+verdaderamente ella deseaba y necesitaba instruirse.
+
+«¿Quieres saber lo que es eso, tonta?--le preguntó Miquis--. Vamos, veo
+que eres un pozo de ignorancia.
+
+--No sé más que leer y escribir; deseo aprender algo más, porque sería
+muy triste para mí encontrarme dentro de algún tiempo tan ignorante como
+ahora. Enséñame tú. Yo me pongo a pensar que será esto de morirse. Pues
+el nacer también...
+
+--También tiene bemoles--añadió Augusto en tono sumamente enfático--,
+porque, señores, debemos principiar declarando que todo el mundo se
+compone de las mismas sustancias no creadas, no destructibles, y se
+sostiene por las mismas fuerzas imperecederas que actúan según las
+mismas leyes, desde el átomo invisible hasta la inmensa multitud de
+cuerpos celestes, conservándose invariables en el conjunto de su efecto
+total... ¿Te has enterado?
+
+--El demonio que te entienda... ¡Qué jerga!
+
+--¡Qué bonitos ojos tienes!
+
+--Tonto... Vamos a ver las fieras.
+
+--No me da la gana. ¿Qué más fiera que tú?
+
+--El león.
+
+--¡Leoncitos a mí!... Esos dos hoyuelos que te abrió Natura entre el
+músculo maseter y el orbicular me tienen fuera de mí... No te pongas
+seria, porque desaparecen los hoyuelos.
+
+--Vámonos de aquí--dijo Isidora con fastidio.
+
+--Estamos en el lugar más recogido del laboratorio de la Naturaleza.
+Señores, hemos sido admitidos a presenciar sus trabajos misteriosos.
+Entremos en la selva profunda y sorprenderemos el palpitar primero de
+las nuevas vidas. Ved, señores, cómo de los infinitos huevecillos
+acariciados por el sol salen infinitos seres que ensayan entre las ramas
+su primer paso y su primer zumbido. ¿No oís cómo estrenan sus
+trompetillas esos niños alados, que vivirán un día y en un día
+alborotarán la vecindad de este olmo? En el reino vegetal, señores, la
+nueva generación se os anuncia con una fuerte emisión de aromas
+mareantes, alguno de los cuales os afecta como si la esencia misma de
+vivir fuera apreciable al olfato. Las oleadas de fecundidad corren de
+una parte a otra, porque la atmósfera es mediadora, tercera o Celestina
+de invisibles amores. Sentís afectado por estas emanaciones lo más
+íntimo de vuestro ser. Mirad los tiernos pimpollos, mirad cómo al
+influjo de esa fuerza misteriosa desarrollan las menudas florecillas sus
+primeras galas, cómo se atavían las margaritas mirándose en el espejo de
+aquel arroyo, cómo se acicalan...
+
+--Cállate... Pues no tendrías precio para catedrático...
+
+--Para catedrático--poeta, que es la calamidad de las aulas. Mira: el
+día en que yo sea médico, voy a poner una cátedra para explicar...
+
+--¿Qué?
+
+--Para dar una lección de armonía de la Naturaleza--dijo Miquis,
+mirándola a los ojos--, y explicar esos radios de oro que nacen en tu
+pupila y se extienden por tu iris... Déjame que lo observe de cerca...
+
+--¡Qué pesado! Quita... enséñame las fieras.
+
+--Vamos, mujer, esposa mía, a ver esas alimañas--dijo Augusto en tono de
+paciencia--. Desde que me casé contigo me traes sobre un pie. Eras tan
+amable de polla, ahora de casada tan regañona y exigente... Vamos,
+vamos, y me pondré un tigre en cada dedo... ¿Qué más? Se te antoja una
+jirafa. ¡Isidora, Isidorilla!».
+
+Ambos se detuvieron mirándose entre risas.
+
+«Si no me das un abrazo me meto en la jaula del león... Quiero que me
+almuerce. O tu amor o el suicidio.
+
+--Si pareces un loco.
+
+--El suicidio es la plena posesión de sí mismo, porque al echarse el
+hombre en los amorosos brazos de la nada... Pero vamos a ver a esos
+señores mamíferos.
+
+--¿Qué son mamíferos?--preguntó Isidora, firme en su propósito de
+instruirse.
+
+--Mamíferos son coles. Vidita, no te me hagas sabia. El mayor encanto de
+la mujer es la ignorancia. Dime que el sol es una tinaja llena de
+lumbre; dime que el mundo es una plaza grande y te querré más. Cada
+disparate te hará subir un grado en el escalafón de la belleza. Sostén
+que tres y dos son ocho, y superarás a Venus.
+
+--Yo no quiero ser sabia, vamos, sino saber lo preciso, lo que saben
+todas las personas de la buena sociedad, un poquito, una idea de
+todo..., ¿me entiendes?
+
+--¿Sabes coser?
+
+--Sí.
+
+--¿Sabes planchar?
+
+--Regularmente.
+
+--¿Sabes zurcir?
+
+--Tal cual.
+
+--Y de guisar, ¿cómo andamos?
+
+--Así, así.
+
+--Me convienes, chica. Nada, nada, te digo que me convienes, y no hay
+más que hablar.
+
+--Pues a mí no me convienes tú.
+
+--_¡Boa constrictor!_
+
+--¿Qué es eso?
+
+--Tú.
+
+--Pero que, ¿es cosa de Medicina?
+
+--Es una culebra.
+
+--¿La veremos aquí?... Entremos. ¿Es esto la Casa de Fieras?
+
+--¿Quieres ver al oso? Aquí me tienes.
+
+--Sí que lo eres»--dijo Isidora riendo con toda su alma.
+
+Y entraron. Un tanto aburrido Miquis de su papel de indicador, iba
+mostrando a Isidora, jaula por jaula, los lobos entumecidos, las
+inquietas y feroces hienas, el águila meditabunda, los pintorreados
+leopardos, los monos acróbatas y el león monomaníaco, aburridísimo,
+flaco, comido de parásitos, que parece un soberano destronado y cesante.
+Vieron también las gacelas, competidoras del viento en la carrera, las
+descorteses llamas, que escupen a quien las visita, y los zancudos
+canguros, que se guardan a sus hijos en el bolsillo. Satisfecha la
+curiosidad de Isidora, poca impresión hizo en su espíritu la menguada
+colección zoológica. Más que admiración, produjéronle lástima y
+repugnancia los infelices bichos privados de libertad.
+
+«Esto es espectáculo para el pueblo--dijo con desdén--. Vámonos de aquí.
+
+--Aunque enamorado--indicó Miquis al salir--, estoy muerto de hambre. Lo
+divino no quita lo humano. Amémonos y almorcemos».
+
+
+=--III--=
+
+También Isidora estaba desfallecida. Discutieron un rato sobre si darían
+por terminado el paseo en aquel punto, yéndose cada cual a su casa; pero
+al fin Miquis hizo triunfar su propósito de almorzar en uno de los
+ventorrillos cercanos a los Campos Elíseos. No eran ciertamente modelo
+de elegancia ni de comodidad, como Isidora tuvo ocasión de advertir al
+tomar posesión de una mesa coja y trémula, de una silla ruinosa, y al
+ver los burdos manteles y el burdísimo empaque de la mujer sucia y
+ahumada que salió a servirles.
+
+Compareció sobre el mantel una tortilla fláccida que, por el color, más
+parte tenía de cebolla que de huevo, y Miquis la dividió al punto. El
+vino que llegó como escudero de la tortilla era picón y negro, cual
+nefanda mixtura de pimienta y tinta de escribir. El plato, mal llamado
+fuerte, que siguió a la tortilla, y que sin duda debía la anterior
+calificación a la dureza de la carne que lo componía, no gustó a Isidora
+más que el local, el vino y la dueña del puesto. Con desprecio mezclado
+de repugnancia observó la pared del ventorrillo, que parecía un mal
+establo, el interior de la tienda o taberna, las groseras pinturas que
+publicaban el juego de la rayuela, el piso de tierra, las mesas, el
+ajuar todo, los cajones verdes con matas de _evónymus_, cuyas hojas
+tenían una costra de endurecido polvo, el aspecto del público de capa y
+mantón que iba poco a poco ocupando los puestos cercanos, el rumor soez,
+la desagradable vista de los barriles de escabeche, chorreando
+salmuera...
+
+«¡Qué ordinario es esto!--exclamó, sin poderse contener--. Vaya, que me
+traes a unos sitios...
+
+--¡Bah, bah!... ¿No te gusta conocer las costumbres populares? A mí me
+encanta el contacto del pueblo... Para otra vez, marquesa, iremos a uno
+de los buenos _restaurants_ de Madrid... Perdóname por hoy... Tenías
+carita de hambre atrasada.
+
+--Esto no es para mí--dijo Isidora con remilgo.
+
+--¡Impertinencia, tienes nombre de mujer!--exclamó el estudiante, a un
+tiempo riendo y mascando--¡Descontentadiza, exigente! ¿A qué vienen esos
+melindres? Somos hijos del pueblo; en el seno del noble pueblo nacimos;
+manos callosas mecieron nuestras cunas de mimbre; crecimos sin cuidados,
+mocosos, descalzos; y por mi parte sé decir que no me avergüenzo de
+haber dormido la siesta en un surco húmedo, junto a la panza de un
+cerdo. Usted, señora duquesa, viene sin duda de altos orígenes, y ha
+gateado sobre alfombras, y ha roto sonajeros de plata; pero usted se ha
+mamado el dedo como yo, y ahora somos iguales, y estamos juntos en un
+ventorrillo, entre honradas chaquetas y más honrados mantones. La
+humanidad es como el agua; siempre busca su nivel. Los ríos más
+orgullosos van a parar al mar, que es el pueblo; y de ese mar inmenso,
+de ese pueblo, salen las lluvias, que a su vez forman los ríos. De todo
+lo cual se deduce, marquesa, que te quiero como a las niñas de mis ojos.
+
+--Vámonos--dijo Isidora con fastidio.
+
+--Vámonos a Puerto Rico--replicó Miquis, después de pagar el gasto--.
+Vámonos despacito hacia la Castellana, para que te hartes de ver coches,
+aristócrata, sanguijuela del pueblo... Si digo que te he de cortar la
+cabeza... Pero será para comérmela».
+
+¡Con qué inocente confianza y abandono iban los dos, en familiar pareja,
+por los senderos torcidos que conducen desde el camino de Aragón a
+Pajaritos! Bajaban a las hondonadas de tierra sembrada de mies
+raquítica; subían a los vertederos, donde lentamente, con la tierra que
+vacían los carros del Municipio, se van bosquejando las calles futuras;
+pasaban junto a las cabañas de traperos, hechas de tablas, puertas rotas
+o esteras, y blindadas con planchas que fueron de latas de petróleo;
+luego se paraban a ver muchachos y gallinas escarbando en la paja; daban
+vueltas a los tejares; se detenían, se sentaban, volvían a andar un
+poco, sin prisa, sin fatiga.
+
+Miquis, a ratos, hacía burlescos encarecimientos del paisaje.
+«Allá--decía--las pirámides de Egipto, que llamamos tejares; aquí el
+despedazado anfiteatro de estas tapias de adobes. ¡Qué vegetación!
+Observa estos cardos seculares que ocultan el sol con sus ramas; estas
+malvas vírgenes, en cuya impenetrable espesura se esconde la formidable
+lagartija. Mira estos edificios, San Marcos de Venecia, Santa Sofía, el
+Escorial... ¡Ay! Isidora, Isidora, yo te amo, yo te idolatro. ¡Qué
+hermoso es el mundo! ¡Qué bella está la tarde! ¡Cómo alumbra el sol!
+¡Qué linda eres y yo qué feliz!».
+
+Pasaban otras parejas como ellos; pasaban perros, algún guardia civil
+acompañando a una criada decente; pastores conduciendo cabras; pasaban
+también hormigas, y de cuando en cuando pasaba rapidísima por el suelo
+la sombra de un ave que volaba por encima de sus cabezas. Y ellos charla
+que charla. Miquis empezó contándole su historia de estudiante, toda de
+peripecias graciosas. Su hermano mayor, Alejandro Miquis, que estudiaba
+Leyes, había muerto algún tiempo antes, de una enfermedad terrible.
+Augusto despuntaba, desde muy niño, por la Medicina, y jamás vaciló en
+la elección de carrera. Su padre le enviaba treinta y cinco duros al
+mes, y él sabía arreglarse. ¡Había tenido diez y siete patronas!
+Entregábale las mesadas, y tenía además el encargo de vigilarle y darle
+consejos, un hombre de posición humilde y sanas costumbres, bastante
+viejo, amigo y aun algo pariente de los Miquis del Toboso. Este bravo
+manchego se llamaba Matías Alonso y era conserje de la casa de Aransis.
+
+Al oír este nombre Isidora palideció, y el corazón saltó en el pecho. Su
+espontaneidad quiso decir algo; pero se contuvo asustada de las
+indiscreciones que podría cometer. Después salió a relucir el tema más
+común en estos paseos de parejas. Hablaron de aspiraciones, del
+porvenir, de lo que cada cual esperaba ser. Miquis habló seriamente, sin
+dejar su expresión irónica, por ser la ironía, más que su expresión, su
+cara misma. Él esperaba ser un facultativo de fama y operador
+habilísimo. Llevaría un sentido por cada operación, y viviría con lujo,
+sin olvidar a su bondadoso y honrado padre, labrador de mediana fortuna,
+que tantos sacrificios hacía para darle carrera. En cuanto esta fuese
+concluida pensaba el buen Miquis hacer oposición a una plaza de
+hospitales.
+
+«En los hospitales--decía--, en esos libros dolientes es donde se
+aprende. Allí está la teoría unida a la experiencia por el lazo del
+dolor. El hospital es un museo de síntomas, un riquísimo atlas de casos,
+todo palpitante, todo vivo. Lo que falta a un enfermo le sobra a otro, y
+entre todos forman un cuerpo de doctrina. Allí se estudian mil especies
+de vidas amenazadas y mil categorías de muertes. Las infinitas maneras
+de quejarse acusan los infinitos modos de sufrir, y estos las infinitas
+clases de lesiones que afligen al organismo humano; de donde resulta que
+el supremo bien, la ciencia, se nutre de todos los males y de ellos
+nace, así como la planta de flores hermosas y aromáticas es simplemente
+una transformación de las sustancias vulgares o repugnantes contenidas
+en la tierra y en el estiércol».
+
+Pensaba Miquis trabajar y aplicarse mucho, sin desdeñar espectáculo
+triste, ni dolencia asquerosa, ni agonía tremenda, porque de todas estas
+miserias había de nutrir su saber. Después vendrían las visitas bien
+remuneradas, las consultas pingües. Él se dedicaría a una especialidad.
+Al fin completaría sus satisfacciones abonándose a diario a la Ópera,
+para que su espíritu, cansado del excesivo roce con lo humano, se
+restaurase en las frescas auras de un arte divino.
+
+Luego tocaba a Isidora explanar sus pretensiones. ¡Pero le era tan
+difícil hacerlo!... Sus ideales eran confusos, y su posición particular,
+su delicadeza, no le permitían hablar mucho de ellos. ¡Oh!, si dijera
+todo lo que podía decir, Miquis se asombraría, se quedaría hecho un
+poste. ¡Pero no, no podía explicarse con claridad! La cosa era grave.
+Quizás entre el presente triste y el porvenir brillante habrían de
+mediar los enojos de un pleito, cuestiones de familia, escándalos,
+revelaciones, proclamación de hechos hasta entonces secretos, y que
+llenarían de asombro a la buena sociedad, a la _buena sociedad_, fijarse
+bien, de Madrid. Entretanto, únicamente se podía decir que ella no era
+lo que parecía, que ella no era Isidora Rufete, sino Isidora... A su
+tiempo madurarían las uvas; a su tiempo se sabría el apellido, la casa,
+el título... Vivir para ver. Estas cosas no ocurren todos los días, pero
+alguna vez...
+
+Pasó un naranjero.
+
+«¿Son de cáscara fina?--preguntó Miquis al comprar cuatro naranjas--.
+Toma, cómete esta para que se te vaya refrescando la sangre. La fluidez
+de la sangre despeja el cerebro, da claridad a las ideas...
+
+--Así es--prosiguió Isidora con cierta fatuidad mal disimulada--, que si
+me preguntas cosas que no sean de lo que ahora está pasando, quizás no
+te podré contestar. ¿Qué sé yo lo que será de mí? ¿Conseguiré lo que
+deseo y lo que me corresponde? ¡Hay tanta picardía en este mundo!
+
+--Verdaderamente que sí--dijo Augusto en el tono más enfáticamente
+burlesco que usar sabía--. El mundo es una sentina, una cloaca de
+vicios. En él no hay más que dolor y falsía. Malo es el mundo, malo,
+malo, malo. ¡Duro en él! En cambio nosotros somos muy buenos; somos
+ángeles. La culpa toda es del pícaro mundo, de ese tunante. Es el gato,
+hija mía, el gato, autor de todas las fechorías que ocurren en... el
+Cosmos. ¡Ah, mundo, pillín, si yo te cogiera!... Pero ven acá, alma mía;
+puesto que vas a dar un salto tan brusco en la escala social..., dime:
+allá, en esos Olimpos, ¿te acordarás del pobre Miquis?
+
+--¿Pues no me he de acordar? Serás entonces un médico célebre.
+
+--¡Y tan célebre!... Vamos a lo principal. ¿Y tendrás a menos ser esposa
+de un Galeno?
+
+--¿De un qué?... ¿De una notabilidad?... ¡Oh, no! Poco entiendo de cosas
+del mundo; pero me parece que los grandes doctores pueden casarse con...
+
+--Con las reinas, con las emperatrices.
+
+--Y sobre todo chico--añadió Isidora--, de algo ha de valer que nos
+conozcamos ahora. Y lo que es a mí...».
+
+¡Cuánta ternura brilló en sus ojos, mirando a Miquis, que la devoraba
+con los suyos!
+
+«Lo que es a mí... no me han de imponer un marido que no sea de mi
+gusto, aunque esté más alto que el sol.
+
+--¡Bendita sea tu boca!--exclamó Augusto, apoderándose de las dos manos
+de ella--. ¡Ay!, prenda, ¡qué frías tienes las manos!
+
+--¡Y las tuyas, qué calientes!».
+
+Isidora volvió a pensar en que nunca más saldría a la calle sin guantes.
+
+«¿Querrás siempre a este pobre Miquis, que te quiere más?... Desde que
+te vi en Leganés, me estoy muriendo, no sé lo que me pasa, no estudio,
+no duermo, no puedo apartar de mí esos ojos, ese perfil divino y todo lo
+demás».
+
+Ella empezó a comer otra naranja, y él la miraba embebecido. Nunca le
+había parecido tan guapa como entonces. Sus labios, empapados en el
+ácido de la fruta, tenían un carmín intensísimo, hasta el punto de que
+allí podían ser verdad los rubíes montados en versos de que tanto han
+abusado los poetas. Sus dientecillos blancos, de extraordinaria igualdad
+y finísimo esmalte, mordían los dulces cascos como Eva la manzana, pues
+desde entonces acá el mundo no ha variado en la manera de comer fruta.
+Saboreando aquella, Isidora ponía en movimiento los dos hoyuelos de su
+cara, que ya se ahondaban, ya se perdían, jugando en la piel. La nariz
+era recta. Sus ojos claros, serenos y como velados, eran, según decía
+Miquis, de la misma sustancia con que Dios había hecho el crepúsculo de
+la tarde.
+
+Miquis intentó abrazarla. Isidora había despuntado un casquillo con
+intención de comérselo. Variando de idea al ver las facciones de su
+amigo tan cerca de las suyas, alargó un poco la mano y puso el pedazo de
+naranja entre los dientes de Miquis. Él se comió lo que era de comer y
+retuvo un rato entre sus labios las yemas de aquellos dedos rojos de
+frío.
+
+Isidora se levantó bruscamente, y echó a correr por el sendero.
+
+Corrieron, corrieron...
+
+«¡Ya te cogí!--exclamó Augusto, fatigadísimo y sin aliento, apoderándose
+de ella--. Perla de los mares, antes de cogerte se ahoga uno.
+
+--Formalidad, formalidad, señor doctorcillo--dijo Isidora, poniéndose
+muy seria.
+
+--¡Formalidad al amor! El amor es vida, sangre, juventud, al mismo
+tiempo ideal y juguete. No es la Tabla de Logaritmos, ni el Fuero Juzgo,
+ni las Ordenanzas de Aduanas.
+
+--Juicio, mucho juicio, Sr. Miquis.
+
+--El juicio está claro, señorita. Yo sé lo que me digo. Oye bien. Por mi
+padre, que es lo que más quiero, juro que me caso contigo.
+
+--¡Huy, qué prisa!...
+
+--Está dicho.
+
+--¡Mira éste!
+
+--Un Miquis no vuelve atrás; _un re non mente_; la palabra de un Miquis
+es sagrada.
+
+--¡Bah, bah!
+
+--Soy del Toboso, de ese pueblo ilustre entre los pueblos ilustres. Un
+tobosino no puede ser traidor.
+
+--Pero puede ser tinaja.
+
+--No te rías; esto es serio. Estamos hablando de la cosa más grave, de
+la cosa más trascendental».
+
+Y era verdad que estaba serio.
+
+«No nos detengamos aquí--dijo Isidora viendo que el estudiante buscaba
+un sitio para sentarse--. Hace fresco.
+
+--Sigamos. En otra parte hablaremos mejor.
+
+--¿A dónde quieres llevarme? Yo no voy sino a mi casa.
+
+--Por ahora bajemos a la Castellana, para que veas cosa buena.
+
+--Sí, sí, a la Castellana. Mi tío el Canónigo me decía que es cosa sin
+igual la Castellana.
+
+--Escribiré mañana a tu tío el Canónigo.
+
+--¿Para qué?
+
+--Para pedirte. Agárrate de mi brazo. Vamos aprisa... Cuando digo que me
+caso... Sí, estudiante y todo. Mi padre pondrá el grito en el cielo;
+pero cuando te conozca, cuando vea esta joya... desprendida de la corona
+del Omnipotente...».
+
+Las risas de Isidora oíanse desde lejos. Al llegar al barrio de
+Salamanca guardaron más compostura y desenlazaron sus brazos. Descendían
+por la calle de la Ese, cuando Isidora se detuvo asombrada de un rumor
+continuo que de abajo venía.
+
+
+=--IV--=
+
+«¿Hay aquí algún torrente?--preguntó a Miquis.
+
+--Sí, torrente hay... de vanidad.
+
+--¡Ah! ¡Coches!...
+
+--Sí, coches... Mucho lujo, mucho tren... Esto es una gloria
+arrastrada».
+
+Isidora no volvía de su asombro. Era el momento en que la aglomeración
+de carruajes llegaba a su mayor grado, y se retardaba la fila. La
+obstrucción del paseo impacientaba a los cocheros, dando algún descanso
+a los caballos. Miquis veía lo que todo el mundo ve: muchos trenes,
+algunos muy buenos, otros publicando claramente el _quiero y no puedo_
+en la flaqueza de los caballos, vejez de los arneses y en esta tristeza
+especial que se advierte en el semblante de los cocheros de gente
+tronada; veía las elegantes damas, los perezosos señores, acomodados en
+las blanduras de la berlina, alegres mancebos guiando faetones, y mucha
+sonrisa, vistosa confusión de colores y líneas. Pero Isidora, para quien
+aquel espectáculo, además de ser enteramente nuevo, tenía particulares
+seducciones, vio algo más de lo que vemos todos. Era la realización
+súbita de un presentimiento. Tanta grandeza no le era desconocida.
+Habíala soñado, la había visto, como ven los místicos el Cielo antes de
+morirse. Así la realidad se fantaseaba a sus ojos maravillados, tomando
+dimensiones y formas propias de la fiebre y del arte. La hermosura de
+los caballos y su grave paso y gallardas cabezadas, eran a sus ojos como
+a los del artista la inverosímil figura del hipogrifo. Los bustos de las
+damas, apareciendo entre el desfilar de cocheros tiesos y entre tanta
+cabeza de caballos, los variados matices de las sombrillas, las libreas,
+las pieles, producían ante su vista un efecto igual al que en cualquiera
+de nosotros produciría la contemplación de un magnífico fresco de
+apoteosis, donde hay ninfas, pegasos, nubes, carros triunfales y
+flotantes paños.
+
+¡Qué gente aquella tan feliz! ¡Qué envidiable cosa aquel ir y venir en
+carruaje, viéndose, saludándose y comentándose! Era una gran recepción
+dentro de una sala de árboles, o un rigodón sobre ruedas. ¡Qué bonito
+mareo el que producían las dos filas encontradas, y el cruzamiento de
+perfiles marchando en dirección distinta! Los jinetes y las amazonas
+alegraban con su rápida aparición el hermoso tumulto; pero de cuando en
+cuando la presencia de un ridículo simón lo descomponía.
+
+«Debían prohibir--dijo Isidora con toda su alma--que vinieran aquí esos
+horribles coches de peseta.
+
+--Déjalos... En ellos van quizás algunos prestamistas que vienen a
+gozarse en las caras aburridas de sus deudores, los de las berlinas. El
+simón de hoy es el _landau_ de mañana... Esto es una noria; cuando un
+cangilón se vacía otro se llena».
+
+Apareció un coche de gran lujo, con lacayo y cochero vestidos de rojo.
+
+«El Rey Amadeo--dijo Miquis--El Rey. Mira, mira, Isidora... No me
+quitaré yo el sombrero como esos tontos.
+
+--Si apenas le saludan...--observó Isidora con lástima--. Pues cuando
+vuelva a pasar, le hago yo la gran cortesía. Mí tío el Canónigo dice que
+está excomulgado este buen señor; pero el Rey es Rey».
+
+Pasado su primer arrobamiento, Isidora empezó a ver con ojos de mujer,
+fijándose en detalles de vestidos, sombreros, adornos y trapos.
+
+«¡Qué variedad de sombreros! ¡Mira este, mira aquel, Miquis!... ¡Vaya un
+vestidito! Y tú, ¿por qué no montas a caballo, para parecerte a aquel
+joven?...
+
+--Es un cursi.
+
+--Y tú un veterinario... ¡Qué hermosas son las mantillas blancas! Es
+moda nueva, quiero decir, moda vieja que han desenterrado ahora... Creo
+que es cosa de política. Mi tío el Canónigo decía...
+
+--Hazme el favor de no nombrarme más a tu tío el Canónigo, quiero decir,
+a mi querido tío... Esto de las mantillas blancas es una manifestación,
+una protesta contra el Rey extranjero.
+
+--¡Qué salado! Si yo tuviera una mantilla blanca también me la pondría.
+
+--Y yo te ahorcaría con ella.
+
+--¡Ordinario!
+
+--Tonta.
+
+--Esta gente--afirmó Isidora con mucho tesón--sabe lo que hace. Es la
+gente principal del país, la gente fina, decente, rica; la que tiene, la
+que puede, la que sabe.
+
+--Trampas, fanatismo, ignorancia, presunción.
+
+--¿Pues y tú?..., grosero, salvaje, pedante...
+
+--Isidora, mira que eres mi mujer.
+
+--¿Yo mujer de un albéitar?...
+
+--Isidora, mira que te cojo... y ni tu tío el Canónigo te saca de mis
+manos.
+
+--Basta de bromas. ¡Vaya, que te tomas unas libertades!... Nuestros
+gustos son diferentes.
+
+--Su gusto de usted, señora, se amoldará al gusto mío. Eso se lo
+enseñará a usted mi secretario, que es una vara de fresno.
+
+--¡A mí tú!--exclamó ella con brío, deteniéndose y mirándole.
+
+--No hagas caso... Te quiero como a la Medicina... Haz de mí lo que
+gustes...
+
+--Eso ya es otra cosa...
+
+--Cuando nos casemos, como yo he de ganar tanto dinero, tendrás tres
+coches, catorce sombreros y la mar de vestidos...
+
+--¡Si yo no me caso contigo!...»--declaró la joven en un momento de
+espontaneidad.
+
+Había en su expresión un tonillo de lástima impertinente, que poco más o
+menos quería decir: «¡Si yo soy mucho para ti, tan pequeño!».
+
+«Falta saberlo. Te casarás por fuerza. Te obligaré. Tú no me conoces.
+Soy un tirano, un monstruo, un Han de Islandia; beberé tu sangre...
+
+--¿Qué es eso de Han de Islandia?--preguntó ella en su prurito de
+ilustrarse.
+
+--Han de Islandia es berenjenas. Déjese usted de sabidurías. Coser,
+planchar y espumar el puchero.
+
+--No espumaré yo el tuyo, paleto.
+
+--¡Marquesa de pañuelo de hierbas!
+
+--Sacamuelas».
+
+Los dos se echaron a reír.
+
+«No te quiero--murmuró Isidora.
+
+--Pues me echo a llorar.
+
+--No te quiero ni pizca, ni esto.
+
+--Pues yo te adoro. Mientras más me desdeñas, más me gustas. Cuando
+pienso que ya se acerca la hora de separarnos, no sé qué me da... Se me
+antoja robarte.
+
+--¡Y cuánta gente a pie!--exclamó ella sin hacer caso de las gracias de
+Augusto.
+
+--Aquí, en días de fiesta, verás a todas las clases sociales. Vienen a
+observarse, a medirse y a ver las respectivas distancias que hay entre
+cada una, para asaltarse. El caso es subir al escalón inmediato. Verás
+muchas familias elegantes que no tienen qué comer. Verás gente
+dominguera que es la fina crema de la cursilería, reventando por parecer
+otra cosa. Verás también despreocupados que visten con seis modas de
+atraso. Verás hasta las patronas de huéspedes disfrazadas de personas, y
+las costureras queriendo pasar por señoritas. Todos se codean y se
+toleran todos, porque reina la igualdad. No hay ya envidia de nombres
+ilustres, sino de comodidades. Como cada cual tiene ganas rabiosas de
+alcanzar una posición superior, principia por aparentarla. Las
+improvisaciones estimulan el apetito. Lo que no se tiene se pide, y no
+hay un solo número uno que no quiera elevarse a la categoría de dos. El
+dos se quiere hacer pasar por tres; el tres hace creer que es cuatro; el
+cuatro dice: «Si yo soy cinco», y así sucesivamente.
+
+--Ya se van los coches»--dijo Isidora, que apenas había oído la charla
+de su amigo.
+
+Era tarde. Llegaba el momento en que, cual si obedeciera a una consigna,
+los carruajes rompen filas y se dirigen hacía el Prado. Es tan
+reglamentario el paseo, que todos llegan y se van a la misma hora.
+Isidora notó la confusión del desfile al galope, tomándose unos a otros
+la delantera, escurriéndose los más osados entre el tumulto; y oía con
+delicia el chasquido de látigos, el _¡eh!_... de los cocheros, y aquel
+profundo rumor de tanta y tanta rueda, pautando el suelo húmedo entre
+los crujidos de la grava. Ella habría deseado correr también. Su
+corazón, su espíritu, se iban con aquel oleaje. Allá lejos brillaban ya
+no pocas luces de gas entre el polvo del Prado. Aquella neblina que se
+forma con el vaho de la población, las evaporaciones del riego y el
+continuo barrer (de que son escobas las colas de los vestidos), se iban
+iluminando hasta formar una claridad fantástica, cual irradiación
+lumínica del suelo mismo. Viendo cómo los coches se perdían en aquel
+fondo, Isidora apresuró el paso.
+
+«Vámonos por aquí--dijo Miquis, desviándola de los paseos para subir
+hacia el Saladero y acortar camino.
+
+--¡Jesús!, siempre me llevas por lo más feo, por donde no se encuentran
+más que tíos. ¿Hay también aquí ventorrillos?
+
+--¿Quieres que comamos juntos? Iremos a una fonda.
+
+--No, no, no. Basta de paseos. Esto no está bien... ¡Qué se dirá de mí!
+Para calaverada, basta.
+
+--¡Maldita sea la hora en que nací!--gruñó el estudiante--. ¿Dejarte
+ahora, separarnos?... ¿Vas a tu casa?
+
+--Sí, hombre. ¡Qué dirán!
+
+--¡Oh!, sí, ¡qué dirán los marqueses de Relimpio!
+
+--No son marqueses, pero son personas honradas.
+
+--¿Quieres ir esta noche al Teatro Real?».
+
+¡El teatro Real! Otro golpe mágico en el corazón y en la mente de la
+sobrina del Canónigo.
+
+«Pero a eso que llamas paraíso, ¿van personas?...
+
+--¿Personas decentes?... Lo más decente de Madrid, la flor y nata».
+
+Como no estaba bien que ella saliese sola con Miquis por la noche,
+convinieron en que este convidaría también a las niñas de Relimpio. A
+esto debía anteceder la presentación reglamentaria de Augusto en el
+domicilio de D.ª Laura, para lo que se acordó, tras cortas vacilaciones,
+una mentirijilla venial. Isidora diría que al volver a su casa desde la
+de su tía se había encontrado al joven, amigo íntimo, deudo y aun
+pariente lejano del señor Canónigo. Era, no ya estudiante, sino médico
+hecho y derecho, y bien podía prestar servicios tan excelentes como
+gratuitos a una familia que no gozaba de perfecta salud.
+
+Despidiéronse con fuertes apretones de manos, que a Miquis no le
+parecían nunca bastante fuertes. Isidora subió sumamente fatigada. Las
+de Relimpio le dijeron que había venido a visitarla un caballero de muy
+buen porte. Entró la joven en su cuarto, donde la esperaba una gratísima
+sorpresa. Sobre la cómoda había una tarjeta con el pico doblado.
+
+
+
+
+Capítulo V
+
+Una tarjeta
+
+
+El corazón quería salírsele del pecho al ver los bonitos caracteres que
+decían:
+
+_El marqués viudo de Saldeoro_.
+
+Largo rato estuvo perpleja, la cartulina en la mano, sin apartar los
+ojos del sortilegio que sin duda contenían las letras negras del nombre
+y las pequeñitas de las señas: _Jorge Juan, 13_. Las emociones varias
+que se sucedieron en Isidora, las cosas que pensó en rápido giro de la
+mente, no son para contadas. Todo se resolvió en alegría, de la que se
+derivaban, como de rico manantial, diversas corrientes de sentimientos
+expansivos; a saber: un profundo agradecimiento al distinguido caballero
+que la visitaba, y un deseo vivo de que llegase pronto, muy pronto, lo
+más pronto posible, el día siguiente.
+
+Su buen tío había escrito a dos principales señores de Madrid, hijo y
+padre, para que la ampararan, defendieran y aconsejaran en el grave
+negocio de reclamar su posición y herencia. ¡Cosa extraña y digna de
+gratitud! Una de las personas a quienes venía recomendada, el hijo, el
+marqués de Saldeoro, de cuya gallardía y proezas galantes habían llegado
+noticias al mismo Tomelloso, no esperaba a ser visitado por ella, sino
+que, dando una prueba más de su acatamiento al bello sexo, apresurábase
+a visitarla en tan humilde morada...
+
+Y como la impresionable joven, cuando se entretenía en ver las cosas por
+su faz risueña y en hacer combinaciones felices llegaba a límites
+incalculables, empezó a ver llano y expedito el camino que antes le
+pareciera dificultoso; pensó que se le abrirían voluntariamente las
+puertas que creyó cerradas, y que todo iba bien, perfectamente bien.
+Usando entonces de aquella propiedad suya que ya conocemos, dio realidad
+en su mente al marqués de Saldeoro, favorito de las damas, según decían
+lenguas mil; le tuvo delante, le oyó hablar agradecida, le preguntó
+ruborizada; construyó, si así puede decirse, con material de
+presunciones y elementos fantásticos, la visita personal que al
+siguiente día no podía menos de realizarse.
+
+Consecuencias precisas de esta febril concomitancia con un personaje a
+quien adornado suponía de seductoras cualidades, fueron un desdén muy
+vivo hacia el pobre Miquis y una vergüenza de las escenas de aquel día.
+El paseo con el estudiante, la escena del ventorrillo, la vil tortilla
+cebolluna, las naranjas comidas en campo raso, las confianzas, las
+carreritas, se reprodujeron en su imaginación como un sabor amargo y
+malsano, haciendo salir el rubor a su semblante. Habían sido aquellas
+aventurillas tan contrarias a su dignidad y a su posición futura, que
+diera cualquier cosa porque no hubieran pasado.
+
+Tan metida en sí misma estaba con estos bochornos y aquellas alegrías,
+que apenas comió. Como recordara en la mesa que debía hablar algo de
+Augusto para preparar su presentación, dijo que era un estudiante pobre,
+un buen chico, hijo de labradores, algo tocado de la cabeza, más músico
+que médico y más médico que fino. Cuando Augusto llegó, negose Isidora a
+ir al teatro, porque le había dado jaqueca. Emilia y Leonor no quisieron
+ir tampoco, y el buen estudiante quedó en la situación más desairada del
+mundo. Pero como era tan listo, y maravillosamente a todo se plegaba,
+hasta dominar las situaciones más difíciles, bien pronto cautivó a la
+familia con sus donaires. Doña Laura propuso jugar a la brisca; trajo D.
+José de su cuarto una sebosa baraja, y en el comedor, bajo la pestífera
+llama del petróleo mal encendido, formaron el más alegre corrillo que
+vieron casas de huéspedes.
+
+Huyendo de tanta vulgaridad, retirose Isidora a su cuarto, donde se
+encerró.
+
+«Ese pobre Miquis--decía--es un buen muchacho, pero tan ordinario...
+¡Pobrecillo!, me da lástima de él; pero ¿qué puedo hacer? ¿Puedo hacer
+yo que las cosas sean de otra manera que como Dios las ha dispuesto?...
+Está que ni pintado para Emilia o para Leonor... Me alegraré mucho de
+que sea un hombre de provecho. Necesitará protección de las personas
+acomodadas, y en lo que de mí dependa...».
+
+Se acostó, no para dormir, sino para seguir dando vida ficticia en el
+horno siempre encendido de su imaginación a la visita del día siguiente
+y a las consecuencias de la visita. El marqués de Saldeoro entraba; ella
+le recibía medio muerta de emoción, le hablaba temblando; él le
+respondía finísimo. ¡Y qué claramente le veía! Ella rebuscaba las
+palabras más propias, cuidando mucho de no decir un disparate por donde
+se viniera a conocer que acababa de llegar de un pueblo de la Mancha...
+Él era el más cumplido caballero del mundo... Ella se mostraba muy
+agradecida... Él dejaría su sombrero en un sillón... Ella tendría
+cuidado de ver si alguna silla estaba derrengada, no fuera que en lo
+mejor de la visita hubiera una catástrofe... Él había de dirigirle
+alguna galantería discreta... Ella tenía que prever todas las frases de
+él para prepararse y tener dispuestas ingeniosas contestaciones...
+¡Cielo santo!, y aún faltaba una larga noche y la mitad de un larguísimo
+día para que aquel desvarío fuera realidad...
+
+Era preciso arreglar el cuarto lo mejor posible... ¡Qué pensaría el
+caballero ante aquellos miserables trastos!... Isidora no podía mirar
+sin sentir pena las tres láminas que ornaban las paredes empapeladas de
+su cuarto. Aquí una vieja estampa sentimental representaba la _Princesa
+Poniatowsky en momento de recibir la noticia de la muerte de su esposo_;
+allí el cuadro del _Hambre_; enfrente, dos amantes escuálidos,
+esmirriados y de pie muy pequeño, él de casaca con mangas de pemil, ella
+con sombrero de dos pisos, se juraban fidelidad junto a un arroyo... Si
+D.ª Laura no se incomodase, Isidora arrojaría a la calle las tres
+laminotas... Pues, ¿y la cómoda con su cubierta de hule manchado? Más
+valía no verla... Pero ella se levantaría temprano y fregotearía bien la
+cómoda, el lavabo de tres patas y haría maravillas de orden y
+limpieza... Después compraría una corbata bonita... Rogaría a D.ª Laura
+que la dejase traer de la sala dos sillas de damasco con sus fundas de
+percal... En fin... No contenta con pensar lo que pasaría al siguiente
+día, pensó los sucesos del tercer día y los del otro y los del mes
+próximo, y los del año venidero, y los de dos, tres o cuatro años más.
+
+Dejémosla mal dormida, abrazada consigo misma, a las altas horas de la
+noche, cuando todo ruido cesara en la casa. ¿Era aquello felicidad o
+martirio? Dice Miquis, y quizás dice bien, que no existiría ni siquiera
+el nombre de felicidad si no se hubieran dado al hombre, como se da al
+niño el juguete, el consuelillo de esperarla.
+
+
+
+
+Capítulo VI
+
+¡Hombres!
+
+
+=--I--=
+
+Aquella buena mujer que pared por medio de _la Sanguijuelera_ vivía,
+tenía por consorte a un rico mercader americano. Entiéndase bien que lo
+de rico se le aplica por ser tal su apellido (se llamaba Modesto Rico),
+y lo de americano por tener un establecimiento, no en las Américas que
+están de la otra banda del mar, sino en aquellas, menos pingües y
+lejanas, que se extienden por la Rivera llamada de Curtidores, pasan la
+procelosa Ronda de Toledo y van a perderse entre basuras, escombros y
+residuos de carbón en las Pampas de la Arganzuela, cerca de donde, por
+fétidas bocas, arroja Madrid sobre el Manzanares lo que no necesita para
+nada.
+
+Modesto Rico tenía un tingladillo de clavos usados, espuelas rotas,
+hebillas, cerraduras mohosas, jaulas de loros, abolladas alambreras y
+tinteros de cobre. Era además lañador y lañaba de lo lindo. Ganaba poco,
+y este poco se lo quitaba su afición a la horchata de cepas. Animal más
+digno de desprecio y lástima no se ha visto ni verá. Una y otra vez en
+el curso de la semana, y principalmente los domingos y lunes, hacía sus
+cuentas sobre las costillas de su mujer con una vara de acebuche o
+simplemente con la mano, más dura que granito.
+
+Pues de esta unión había nacido un niño, el más bonito, el más gracioso,
+el más esbelto, el más engañador y salado que en el barrio había.
+Contaba a la sazón diez años, que parecían doce, según estaba el rapaz
+de espigado y suelto. Su cara era fina y sonrosada, el corte de la
+cabeza perfecto, los ojos luceros, la boca de ángel chapado a lo
+granuja, las mejillas dos rosas con rocío de fango; y su frente clara,
+despejada y alegre, rodeada de graciosos rizos, convidaba a depositar
+besos mil en ella. Por estas lindezas, por la soltura de sus miembros y
+gallardía de su cuerpo alto y delicado, estaba más orgullosa de él su
+madre que si hubiera parido un príncipe. Hablaba el lenguaje de su edad,
+con graciosos solecismos, comiéndose medio idioma y deshuesando el otro
+medio. Si en el Cielo hay algún idioma o dialecto, el oír cómo lo
+destrozan los ángeles será el mayor regocijo y entretenimiento del Padre
+Eterno.
+
+Hacía grandes esfuerzos Angustias (a quien llamaban también
+_Palo--con--ojos_) por poner sobre aquellas tiernas carnes ropa
+apropiada a la preciosa cara y al bonito cuerpo de su hijo. Su pobreza
+no le permitía el lujo más ansiado de su corazón. Pero allá Dios le daba
+a entender, con guiñapos del Rastro y otros arreglados por ella,
+conseguía vestirle a su placer, y se recreaba en él; mirábase en aquel
+espejo que era su vida y sus amores; se henchía de satisfacción oyendo
+los encomios que del muchacho hacían las vecinas. Para los domingos
+tenía un pantalón azul, más bien recortado que corto, unas botas usadas,
+de segunda mano, o mejor, de segundos pies, y una camisola que su madre
+cuidaba de planchar el sábado. Pero lo más lindo era una chaquetilla de
+felpa roja, tan raída como bien ajustada, sobre la cual liaba Angustias
+una faja hecha de dos o tres cintas de colores perfectamente cosidas,
+con lo que el muchacho parecía un sol, más que un príncipe, algo de
+sobrenatural en belleza y gallardía, como un Niño Jesús vestido de
+torero. Desde que apareció por primera vez en la calle de Moratines, le
+pusieron por apodo _el Majito_, y así se llamó toda su vida. Su nombre
+era Rafael. Decían los vecinos que todas aquellas galas habían sido de
+niños muertos y de despojos allegados, sabe Dios cómo, del obscuro borde
+de la tumba. No nos corresponde aclarar esto, y tuvieran o no razón las
+murmuradoras, ello es que _el Majito_ estaba majísimo con aquellos
+arreos.
+
+Lo que vamos a contar pasó en un domingo. _El Majito_ salió brincando de
+su casa para ir a enredar a las ajenas. Mirole salir gozosa
+_Palo--con--ojos_; mas no era fácil que el regocijo se pintase en su
+cara, por tenerla casi toda cubierta con un pañuelo, a causa del dolor
+de muelas y de la hinchazón que estaba sufriendo aquel día. Y aun así no
+faltaban alrededor de su frente las sortijillas pegadas con tragacanto,
+ni la canastilla y peinas. Era la carátula más grotesca que imaginarse
+puede, pues uno de los lados de su rostro parecía calabaza, y era tal el
+peso, que no separaba de aquella parte la mano.
+
+_El Majito_ se metió de un salto en la tienda de _la Sanguijuelera_.
+Esta solía mimarle y le obsequiaba unas veces con piñones y otras con
+azotes.
+
+«Hola, lagartijilla, ¿ya estás aquí?... No enredes en la tienda, porque
+vas a cobrar.
+
+--¿Y _Pecado_?
+
+--En el taller... Dios le tenga allá...».
+
+Aquel día, aunque era festivo, el soguero tenía trabajo hasta las doce.
+No había querido ir Mariano; pero su severa tía le cogió por una oreja,
+y... ¡Valiente holgazán!
+
+«¿Y _Pecado_?--volvió a preguntar _el Majito_.
+
+--Te digo que está en el trabajo... No te montes sobre la tinaja. Si me
+la rompes, vas a ver. ¡Eh, eh! No te encarames, o te vas de aquí más
+pronto que la vista.
+
+--¿En dónde está _Pecado_?».
+
+Para preguntar, los sabios y los chicos. _La Sanguijuelera_, cansada de
+responder a la misma pregunta, le cogió con una mano los dos carrillos,
+estrujándoselos, con lo que la boca del _Majito_ resultó como una
+guinda. Le dio un beso en ella, diciéndole: «¡Qué pesado eres..., y qué
+rebonito!».
+
+«¡Suéltame, vieja!--exclamó Rafael, limpiándose la cara.
+
+--Eso es, frótate, bobo... Y me has llenado de babas.
+
+--¿Y _Pecado_?
+
+--¡Toma _Pecado_!».
+
+Y le arreó dos nalgadas. Como un jilguero saltó _el Majito_, y de un
+brinco se puso en el pasillo, y de otro brinco en el patio interior, y
+con un tercer brinco se metió en el aposento donde Encarnación vivía, el
+cual no era notable por su desahogo ni por sus claridades. Difícilmente
+se podría determinar, sin tener costumbre de andar dentro de tal
+laberinto, lo que allí había; pero _el Majito_, que conocía el local
+como un ratón conoce las entradas y salidas de la casa que habita, subió
+a eminencias que parecían camas; descendió a negros abismos que parecían
+arcones abiertos; trepó por las gastadas graderías de un estante viejo;
+se arrastró por suelos polvorientos; metió su brazo por tortuosas
+grietas formadas de informes bultos arrimados a la pared. Sin duda
+buscaba algo. Su flexible cuerpecillo se escurría y deslizaba en
+silencio de hueco en hueco, hasta que al fin, apoyado en un cofre, dio
+una voltereta agitando las patitas en el aire, y se sumergió como el
+nadador en persecución de la perla.
+
+Era un rincón obscuro, polvoroso, lleno de cachivaches, antes
+apreciables al tacto que a la vista, objetos de cartón, de cuero, de
+metal, algo como mochilas, bayonetas, cartucheras, trozos de arreos
+militares, desechados por inútiles en la liquidación de un bazar de
+juguetes. _El Majito_ miró y se estuvo quieto, atento. Sus ratoniles
+ojos veían en la obscuridad aquel montón de cosas. Era un cuadro en las
+profundidades del mar, con ansiedad de buzo y resplandor de mariscos
+entre el lívido verdor del agua. Las arañas se paseaban sobre los
+objetos, pero Rafael no les tenía miedo. Las correderas entraban y
+salían por los intersticios, huyendo azoradas al ruido, pero _el Majito_
+tampoco las tenía miedo. Estuvo un rato en acecho, dudoso, mirando y
+eligiendo. Fuerte cosa era decidir cuál objeto tomaría. Por último,
+decidido, tiró de una brillante empuñadura y sacó un sable. Después
+revolvió el conjunto y vio un brillo seductor de galones. Diole un salto
+el corazón de ratero y tomó lo que brillaba. Era un sombrero que parecía
+escudilla, un ros de cartón, deforme, cuarteado, pero con tres tiras de
+papel dorado pegadas en redondo. _El Majito_, que tan poco sabía del
+mundo, sabía que los tres entorchados son la insignia del capitán
+general, y que esta es la jerarquía más alta del ejército. ¡Vaya usted a
+averiguar dónde esos diablos de chicos aprenden estas cosas!
+
+Se puso el ros y vio que era bueno. Empuñó el sable. Era un palito
+pinchante amarrado a una empuñadura de metal, que en su origen parecía
+haber sido asa de un brasero de cobre. Había en la prenda militar una
+fabricación tosca, pero ingeniosa, que denotaba tanta habilidad como
+falta de medios. Autor y dueño de aquellos arreos era, como se habrá
+comprendido, el famoso _Pecado_, gran amigo de cosas de guerra, y que
+desde su tierna infancia se mostraba muy precoz para las artes
+mecánicas. Él apandaba, no se sabe dónde, aunque es de presumir que
+fuera de sus viajes por las Américas, restos de juguetes, pedazos de
+hojalata, de madera, de hierro; y con un clavo viejo, una cuerda, una
+navaja rota y un enorme guijarro que servía de martillo y de piedra de
+afilar, hacía maravillas.
+
+En cuanto al ros, justo es consignar que no vino a sus manos por causa
+de rapiña, sino que lo cogió en la calle, en el momento de caer de un
+balcón, arrojado por unos niños. Era pieza lastimosa; pero ¡cómo se
+trasformó en sus hábiles manos! Púsole visera que no tenía para lo cual
+le bastó media suela de una zapatilla; lo moldeó y le dio forma, que
+casi había perdido; adornole con una vistosa placa, que sacó de la chapa
+circular de un botecillo de betún, y por último, con ciertos tirajos de
+papel dorado, sutilmente desprendidos de una caja de mazapán, le puso
+sus tres entorchados. ¡Muy bien! ¡Así se hacen las cosas! El ros tuvo en
+sus orígenes plata y oro, insignias de comandante. _Pecado_ le hizo
+ganar de un salto la mayor jerarquía militar con una prontitud que
+envidiaría la misma _Gaceta_..., ¡hala!
+
+Dejemos a _Majito_ con el ros encasquetado, el sable en la derecha mano,
+en actitud tan belicosa, que si le viera el sultán de Marruecos
+convocara a toda su gente a la guerra santa. Con la mano siniestra se
+limpió el polvo y las telarañas que no querían desprenderse de la felpa
+de su chaqueta, y dando después tres o cuatro brincos, se puso en la
+calle gritando con todo el vigor de su pecho infantil: «Soy _Plin_».
+
+¡Ser Prim! ¡Ilusión de los hijos del pueblo en los primeros albores de
+la ambición, cuando los instintos de gloria comienzan a despuntar en el
+alma, entre el torpe balbucir de la lengua y el retoñar, casi
+insensible, de las pasiones! Esta ilusión, que era entonces común en las
+turbas infantiles, a pesar de la reciente trágica muerte del héroe, se
+va extinguiendo ya conforme se desvanece aquella enérgica figura. Pero
+aún hoy persiste algo de tan bella ilusión; aún se ven zamacucos de
+cinco años, con un palo al hombro y una gorra de papel en la cabeza, que
+quieren ser Prim o ser O'Donnell. ¡Lástima grande que esto se acabe, y
+que los chicos que juegan al valor no puedan invocar otros nombres que
+los gárrulos motes de los toreros!
+
+Ya lo hicimos--dijo Encarnación mirando al _Majito_--. Apandó los
+chirimbolos, y cuando el otro venga tendremos la de no te menees».
+
+_El Majito_ se dejó ir con grave paso por la calle de Moratines abajo.
+Era el día ventoso, frío y seco, hijo maldito de la malditísima
+primavera de Madrid. La pluma del ros del _Majito_ (porque una pluma de
+pavo tenía) se torcía con la fuerza del viento. La cola de las gallinas
+que andaban por la calle se doblaba también, obligándolas a dar tumbos
+entre el fango. Todo lo que colgaba de las paredes, ropa, trapos, sogas,
+se ponía horizontal; balanceábanse las bacías de cobre colgadas en la
+puerta del barbero; las faldas de las mujeres se arremolinaban; se
+rompían las vidrieras; los hombres se iban sujetando con la mano sus
+gorras y sombreros, los curas apenas podían andar; todo lo flotante
+tendía a tomar la horizontal, y en medio de esta desolación relativa,
+_el Majito_ avanzaba tieso y altanero, como hombre supinamente
+convencido de la importancia de sus funciones.
+
+En la calle de Ercilla tenía ya un séquito de seis muchachos; en la del
+Labrador, ya se le había incorporado una partida de diez y siete, entre
+hembras y varones, siendo las primeras, ¡cosa extraña!, las que más
+bulla metían. Los tres chicos del capataz de la fundición de hierro
+salieron batiendo marcha sobre una plancha de latón, y pronto se
+agregaron a ellos, para aumentar tan dulce orquesta, los dos del
+tendero, tañendo esas delicadas sonatas de Navidad, que consisten en
+descargar golpes a compás sobre una lata de petróleo. Eran estos
+enemigos del género humano pequeñuelos y sucios. Calzaban botas
+indescifrables, pues no se podía decir a ciencia cierta dónde acababa la
+piel y empezaba el cordobán. Estaban galoneados de lodo desde la cabeza
+a los pies. Si la basura fuera una condecoración, los nombres de
+aquellos caballeritos se cogerían toda la _Guía de forasteros_.
+
+Al desembocar el ya crecido ejército en la plaza de las Peñuelas, centro
+del barrio, agregose una chiquillería formidable. Eran los dos nietos de
+la _Tía Gordita_, los cuatro hijos de Ponce el buñolero, las del
+sacamuelas y otros muchos. Mayor variedad de aspecto y de fachas en la
+unidad de la inocencia picaresca no se ha visto jamás. Había caras
+lívidas y rostros siniestros entre la muchedumbre de semblantes alegres.
+El raquitismo heredado marcaba con su sello amarillo multitud de
+cabezas, inscribiendo la predestinación del crimen. Los cráneos
+achatados, los pómulos cubiertos de granulaciones y el pelo ralo, ponían
+una máscara de antipatía sobre las siempre interesantes facciones de la
+niñez. En un momento se vio a la partida proveerse de palos de escoba,
+cañas, varas, con esa rapidez puramente española, que no es otra cosa
+que el instinto de armarse; y sin saber cómo surgieron picudos gorros de
+papel con flotantes cenefas que arrebataba el viento, y aparecieron
+distintivos varios, hechos al arbitrio de cada uno. Era una página de la
+historia contemporánea, puesta en aleluyas en un olvidado rincón de la
+capital. Fueran los niños hombres y las calles provincias, y la aleluya
+habría sido una página seria, demasiado seria. Y era digno de verse cómo
+se coordinaba poco a poco el menudo ejército; cómo sin prodigar órdenes
+se formaban columnas; cómo se eliminaba a las hembras, aunque alguna
+hubo tan machorra que defendió a pescozones su puesto y jerarquía.
+
+Crecía el estrépito, engrosaban las haces. ¿De dónde había salido toda
+aquella gente? Eran la discordia del porvenir, una parte crecida de la
+España futura, tal que si no la quitaran el sarampión, las viruelas, las
+fiebres y el raquitismo, nos daría una estadística considerable dentro
+de pocos años. Eran la alegría y el estorbo del barrio, estímulo y apuro
+de sus padres, desertores más bien que alumnos de la escuela, un plante
+del que saldrían quizás hombres de provecho y sin duda vagos y
+criminales. De su edad respectiva poco puede decirse. Eran niños, y
+tenían la fisonomía común a todos los niños, la cual, como la de los
+pájaros, no determina bien los años de vida. La variedad de estaturas
+más bien indicaba los grados de robustez o cacoquimia que los años
+transcurridos desde que vinieron al mundo. El mal comer y el peor vestir
+pasaba sobre todos un triste nivel. Algunos llevaban entre sus labios, a
+modo de cigarro, un caramelo largo, de esos que parecen cilindro de
+vidrio encarnado, y con un fácil movimiento de succión le hacían entrar
+en la boca o salir de ella, repitiendo este gracioso mete y saca con
+presteza increíble.
+
+El militar paseo tenía por música, además del estruendo de las latas, el
+reír inmenso de la bandada, el pío pío mezclado de voces prematuramente
+roncas, y salpicado de esos dicharachos que, al ser escupidos de la boca
+de un niño nos recuerdan al feo abejón cuando sale zumbando del cáliz de
+la azucena. Había en las filas renacuajos de dos pies de alto, con las
+patas en curva y la cara mocosa, que blasfemaban como carreteros; había
+quien, mudando los dientes, escupía por el colmillo; había quien llevaba
+una colilla de cigarro detrás de la oreja y una caja de fósforos en un
+hueco, que no bolsillo, de la ropa. Había piernas blancas desnudas
+asomándose a las ventanas de un pantalón que a pedazos se caía; había
+zancas negras, esbeltas cinturas ceñidas por sucia cuerda o por tirajo
+informe; chaquetones que fueron de abuelos, y calzones que fueron
+mangas; blusas que aún se acordaban de haber sido chalecos; gorras
+peludas que fueron, ¡ay!, manguito de elegantes damas. Pero la animación
+principal de aquel cuadro era un centellear de ojos y un relampaguear de
+alegrías divertidísimo. Con aquel lenguaje mudo decía claramente el
+infantil ejército: «¡Ya somos hombres!». ¡Cuántas pupilas negras
+brillaban en el enjambre con destellos de genio y chispazos de
+iniciativa! ¡En cuántas actitudes se observaban pinitos de fiereza!
+¡Allí la envidia, aquí la generosidad, no lejos el mando, más allá el
+servilismo, claros embriones de egoísmo en todas partes! En aquel
+murmullo se concentraban los chillidos para decir: «Somos granujas; no
+somos aún la humanidad, pero sí un croquis de ella. España, somos tus
+polluelos, y cansados de jugar a los toros, jugamos a la guerra civil».
+
+
+=--II--=
+
+Llegaron a la vía férrea de circunvalación que corta el barrio, sin
+valla, sin resguardo alguno. La miseria se familiariza con el peligro
+como con un pariente. Sintieron silbar la máquina, y los condenados se
+pusieron a bailar sobre los carriles desafiando el tren mugidor que
+venía. Lo azuzaban, lo escarnecían, hasta que apareció la locomotora en
+la curva, y al verla cerca se dispersaron como bandada de gorriones. El
+tren de mercancías pasó, enorme, pesado, haciendo temblar la tierra, y
+ellos a un lado y otro de la vía le saludaban con espantosa rechifla, le
+amenazaban con puños y palos, le trataban de tú, remedaban con insolente
+escarnio los bufidos de la máquina, el desengonzado movimiento de las
+bielas, y por último pusieron al guardafreno como hoja de perejil. El
+tren les hacía tanto caso como a una nube de mosquitos, y desapareció
+dejando atrás su humo y su ruido.
+
+Volviose a ordenar la hueste y siguieron marchando, con _el Majito_ a la
+cabeza. ¡Ah! Todavía mandaba. Goza, goza del brillo de tu alta posición,
+que tiempo vendrá en que las grandezas se humillen y las altas torres se
+desplomen. Avanzaban por la planicie que se extiende entre el hospital
+del Niño Jesús y los collados áridos que rodean el barranco. Allí no hay
+casas todavía, es decir, no hay miseria. ¿Quién diréis que salió a
+recibirlos? Pues un pavo que habitaba en muladar próximo, y que todas
+las mañanas se paseaba solo por el llano, con la gravedad enfática que
+tanta semejanza le da con ciertos personajes. El pavo los miró; ellos le
+miraron y se detuvieron. Hizo él la rueda y les echó una arenga, es
+decir, que después de soltar dos o tres estornudos, que son la
+interjección natural del pavo, les soltó esa carcajada que parece
+ladrido. Los chicos se echaron a reír en inmenso coro, y el animal
+volvió a hacer la rueda y a echarles otra arenga, diciendo «amados
+compatricios míos...» con el cuello rojo cual la esencia del bermellón,
+el moco tieso, las carúnculas inyectadas como un orador herpético. Más
+gritaban ellos, más gargajeaba él. A cada voz respondía con sus
+estornudos y su carcajada. Parecían aclamaciones a la patria, _vivas_
+contestados con _hurras_. Después dio media vuelta y marchó delante. Era
+esa caricatura militar de antaño que se llamaba tambor mayor. El viento
+le despeinaba las plumas, y al arrastrar las alas y dar el estornudo era
+el puro emblema de la vanidad. No le faltaban más que las cruces, la
+palabra y la edad provecta para ser quien yo me sé.
+
+Había llegado el momento en que la partida necesitaba hacer algo para
+justificar su existencia. ¿Qué haría? ¿Una simple fiesta militar, o
+dividirse en dos bandos para batirse en toda regla? El susurro y la
+confusión indicaban que la falange se hacía a sí misma aquella pregunta.
+Bien pronto nadie se entendía allí. La discordia descompuso las filas, y
+todo eran empujones, codazos, gritos. No había uno que no quisiera ser
+Prim, incluso el renacuajo de las patas corvas. Pues qué, ¿_el Majito_
+no habían mandado ya bastante? Hasta el pavo, con aquella carcajada que
+parecía un vómito de sonidos, exclamaba: «¡Abaa... jojojo _el Majito_!».
+
+«Miá este--dijo uno de los chicos del carbonero, atacando al general en
+jefe con el codo, así como los pollos embisten con el ala--. Dice que me
+ponga detrás... Si no te callas, puñales, te pego la bofetá del siglo.
+
+--Pega, hombre, pega--chilló Rafael preparándose a recibirle, animoso,
+imponente, con el puño cerrado, y presentando también el codo y
+antebrazo como un escudo--. Vamos, hombre...
+
+--No vus perdáis, muchachos; no vus perdáis--dijo en tono conciliador el
+del herrero, interponiéndose.
+
+--Ponte atrás, ¡coles!--gritó _el Majito_--. ¡Qué coles! Si no te pones
+atrás, verás...
+
+--Que no me da la gana, hombre...
+
+--Achúchale, achúchale--dijeron algunos que querían ver reñir al
+_Majito_ con el hijo del carbonero.
+
+--No vus perdáis, muchachos--volvió a decir el otro, sin soltar de la
+boca sucia el caramelo largo.
+
+--¡Que le achuche, que le achuche!»--graznaron varios, arremolinándose.
+
+_El Majito_ y _Colilla_, que así se llamaba el del carbonero, se
+sacudieron el primer golpe en los hombros.
+
+«¡Leña!
+
+--¡Atiza!».
+
+A los primeros golpes cayó a tierra el ros. Más pronto que la vista lo
+cogió Gaspar (el de las patas corvas), se lo puso, y echó a correr hacia
+abajo, en dirección a las Yeserías. Allí le detuvieron dos muchachos que
+subían del río; le quitaron la codiciada prenda, y uno de ellos se la
+puso. Mirose en un charco verdoso, y estalló en risa. En tanto la
+refriega había cesado, y _el Majito_, con la cara soplada, los ojos
+encendidos, el corazón hirviendo de rabia, se había subido a una colina
+de las inmediatas al barranco, y desde allí gritaba que iba a matar a
+uno y a reventar a seis si no le devolvían su sombrero.
+
+Los que subían del río eran como de doce años, descalzos, negros,
+vestidos de harapos. El uno traía una espuerta de arena. Los dos
+mostraban grandes manojos de una hierba que se cría en aquellas
+praderas. Es una liliácea, que algunos llaman matacandil y otros jacinto
+silvestre o cebolla de lagarto. Tiene un tallo o tuetanillo que se
+chupa, ¡y es dulce!
+
+«¡Matacandiles!»--chillaron muchos, arrojando las armas y saliendo a
+recibir a los dos individuos, conocidos en la república de las picardías
+con los nombres de _Zarapicos_ y _Gonzalete_.
+
+«¿A cómo?--preguntó una voz.
+
+--A cinco.
+
+--¡Qué coles!..., a cuatro.
+
+--¡A cinco! El que no dé cinco no chupa.
+
+--Maldita sea tu madre..., ¡a cuatro!
+
+Y empezó un regatear febril, una disputa de contratación que retrasaba
+las ventas. Pero ¿qué se vendía y qué se compraba allí? Los matacandiles
+que en las tardes de primavera dan materia a un animado comercio
+infantil, ¿se cambiaban por dinero? No, porque la escasez de numerario
+lo vedaba. Sin embargo, no puede decirse que no fuera metálico el
+segundo término del cambio, porque los matacandiles se cambiaban por
+alfileres.
+
+_Zarapicos_ y _Gonzalete_ eran comerciantes. No daban un paso por
+aquellos muladares habitados, ni aun por las calles de Madrid, sin que
+sacaran de él alguna ganancia. ¡Bien por los hombres guapos! Vivían de
+sus obras y de sus manos; su casa era la capital de España, ancha y
+ventilada; su lecho el quicio de una puerta o cualquier rincón de casa
+de dormir; su vestido una serie de agujeros pegados unos a otros por
+medio de jirones de tela; su sombrero, el aire y el sol; sus zapatos,
+los adoquines y baldosas de las calles. No eran hermanos; eran amigos.
+Habían llegado cada uno a Madrid por distinta vía y puerta; _Zarapicos_,
+por el Norte; _Gonzalete_, por el Sur. Tenían padres; pero ya no se
+acordaban de ellos. Vinieron pidiendo limosna. Después habían visto que
+Madrid es un campo inmenso para la actividad humana, y a la limosna
+habían unido otras industrias.
+
+_Zarapicos_ fue durante algún tiempo lazarillo de un ciego; _Gonzalete_
+sirvió a una mujer que, al pedir en la puerta de la iglesia, le
+presentaba como hijo. Uno y otro se cansaron de aquella vida mercenaria
+y poco independiente, y ansiosos de libertad se lanzaron a trabajar por
+su cuenta. Entonces se conocieron, y entablaron cariñosa amistad. Ambos
+aspiraban a vender _La Correspondencia_ o _El Imparcial_, pero ¡ay!
+ciertas posiciones, por humildes que parezcan, no están al alcance de
+todos los individuos. Eran demasiado granujas todavía, demasiado
+novatos, demasiado pobres, y no tenían capital para garantizar las
+primeras manos. Uno de ellos logró vender _El Cencerro_ los lunes; otro
+merodeaba contraseñas en las puertas de los teatros. Eran dos
+millonarios en capullo. _Zarapicos_ decía a _Gonzalete_: «Verás, verás
+cómo semús cualquier cosa».
+
+Antes de llegar a las altas posiciones comerciales tenían que pasar por
+humillante aprendizaje y penoso noviciado. ¡Recoger colillas! Ved aquí
+un empleo bastante pingüe. Pero tal comercio tiene algo de trabajo, y
+exige recorrer ciertas calles, instalarse en las puertas de los cafés,
+consagrarse al negocio con cierta formalidad. Eran niños, necesitaban
+juego como el pez necesita agua, y así por las tardes se iban al río a
+recoger matacandiles. Allí se presentaba inopinadamente algún bonito
+recreo, tal como cortar la cuerda de una cabra que estuviera atada en
+los bardales, y a veces se presentaban buenos negocios. Ocurría con
+frecuencia el caso de tropezar con una herradura en la carretera del
+Sur, y ¡cuántas veces, junto a las fábricas, podían recogerse pedazos de
+lingote, clavos y otras menudencias que, reunidas, se vendían en el
+Rastro! Con estas cosillas resultaba que tanto _Zarapicos_ como
+_Gonzalete_ pudieran tocarse el titulado pantalón para sentir sonar algo
+como retintín de un cuarto dando contra otro. Eran ricos; pero no
+gastaban un ochavo en comer. Dos veces al día la guarnición de Palacio
+da a los chicos las sobras del rancho, a trueque de que estos les laven
+los platos de latón. Esta sopa boba, a la cual los granujas llaman
+_piri_, atrae a mucha gente menuda a los alrededores del cuerpo de
+guardia, y se la disputan a coscorrones.
+
+Después de bien llena la panza, nuestros dos amigos bajaban hacia el
+río. Si tenían ganas de trabajar, ayudaban a las lavanderas a subir la
+ropa; si no, tiraban hacia las Yeserías. Aquel día cogieron tantos
+matacandiles, que apenas podían llevarlos. Por la mucha abundancia,
+_Zarapicos_ fijó en cinco alfileres el precio de la docena de
+matacandiles. Hubo temporada en que se cotizaron a diez y once,
+manteniéndose firme este precio durante toda una semana.
+
+Lo mismo _Zarapicos_ que _Gonzalete_ tenían las solapas de sus deformes
+chaquetas llenas de alfileres tan bien clavados, que sólo asomaban la
+cabeza. El borde de la tosca tela parecía claveteado como un mueble...
+Las transacciones empezaron en seguida. Unos daban tallos, los otros
+chupaban y pagaban. Muchos tenían repuesto de alfileres; otros corrían a
+sus casas, encontraban a sus madres peinándose al sol, en las puertas de
+las casas, y les quitaban la moneda o se la robaban.
+
+En tanto _el Majito_, desde la cumbre de una eminencia formada por
+escombros, increpaba a la muchedumbre infantil de abajo, diciendo que
+iba a reventar a patadas a todos y cada uno si no le devolvían su
+sombrero. ¡Qué vergüenza! _Zarapicos_ lo tenía puesto, y estaba tan
+contento de su adquisición, que amenazó al _Majito_ con subir y sacarle
+las tripas si no se callaba. Con el viento y la bulla que el pavo metía
+apenas se sentían las chillonas voces provocativas. _El Majito_, cansado
+de parlamentar sin fruto ni resultado alguno, lanzó una piedra en medio
+de la turba de comerciantes. Al voltear, haciendo honda de su elástico
+brazo, parecía un gallito de veleta, obedeciendo más al viento que al
+coraje. _Gonzalete_, al recibir la piedra en un hombro, gritó:
+«¡Repuñales! ¡Maldita sea tu sangre!».
+
+Entonces _Zarapicos_ tiró al _Majito_; la piedra silbó en el aire y no
+hirió al muchacho, que al punto disparó la segunda suya.
+Instantáneamente, sin que se dieran órdenes ni se concertara cosa
+alguna, generalizose la pelea. Muchos se pasaron al bando del _Majito_,
+sin darse la razón de ello; otros permanecieron abajo, y todos tiraban,
+soldados bravos, saliendo a la primera fila y desafiando el proyectil
+que venía. Bajarse, elegir el guijarro, cogerlo, hacer el molinete con
+el brazo y lanzarlo, eran movimientos que se hacían con una celeridad
+inconcebible.
+
+Para que no les viera la gente mayor del barrio ni los del Orden
+Público, se corrieron al barranco de Embajadores, lugar oculto y
+lúgubre. Ninguna orden se dio entre ellos para este hábil movimiento,
+nacido, como la batalla misma, de un superior instinto. _El Majito_ y
+los suyos ocupaban la altura, _Zarapicos_ y su mesnada el llano. Piedra
+va, piedra viene, empezaron las abolladuras de nariz, las hinchazones de
+carrillos y los chichones como puños. Mientras mayor era el estrago,
+mayor el denuedo: «¡Leña!, ¡atiza!, ¡dale!». ¡Qué ardientes gritos de
+guerra! Ni las moscas se atrevían a pasar por el espacio en que se
+cruzaban las voladoras piedras. Una de estas alcanzó a una mujer y la
+detuvo en su camino, obligándola a retirarse con la mano en un ojo.
+Muchos chiquillos se retiraron también berraqueando, porque el dolor les
+enfriaba los ánimos, dando al traste en un punto con todo su coraje.
+
+El barranco de Embajadores, que baja del Salitre, es hoy en su primera
+zona una calle decente. Atraviesa la Ronda y se convierte en
+despeñadero, rodeado de casuchas que parecen hechas con amasada ceniza.
+Después no es otra cosa que una sucesión de muladares, forma intermedia
+entre la vivienda y la cloaca. Chozas, tinglados, construcciones que
+juntamente imitan el palomar y la pocilga, tienen su cimiento en el lado
+de la pendiente. Allí se ven paredes hechas con la muestra de una tienda
+o el encerado negro de una clase de Matemáticas; techos de latas
+claveteadas; puertas que fueron portezuelas de ómnibus, y vidrieras sin
+vidrios de antiquísimos balcones. Todo es allí vejez, polilla; todo está
+a punto de desquiciarse y caer. Es una ciudad movediza compuesta de
+ruinas. Al fin de aquella barriada está lo que queda de la antigua
+Arganzuela, un llano irregular, limitado de la parte de Madrid por
+lavaderos, y de la parte del campo por el arroyo propiamente dicho. Este
+precipita sus aguas blanquecinas entre collados de tierra que parecen
+montones de escombros y vertederos de derribos.
+
+La línea de circunvalación atraviesa esta soledad. Parte del suelo es
+lugar estratégico, lleno de hoyos, eminencias, escondites y burladeros,
+por lo que se presta al juego de los chicos y al crimen de los hombres.
+Aunque abierto por todos lados, es un sitio escondido. Desde él se ven
+las altas chimeneas y los ventrudos gasómetros de la fábrica cercana;
+pero apenas se ve a Madrid. Hay un recodo matizado de verde por dos o
+tres huertecillas de coles, el cual sirve de unión entre la plaza de las
+Peñuelas y la Arganzuela. En este recodo el transeúnte cree encontrarse
+lejos de toda vivienda humana. Sólo hay allí una choza guardada por un
+perro, dentro de la cual un individuo, al modo de gitano, cuida los
+plantíos de coles.
+
+Pues bien: por este paso, que se llama la Casa Blanca, los valientes
+muchachos se corrieron desde las Peñuelas a la Arganzuela, lugar que ni
+hecho de encargo fuera mejor para descalabrarse a toda satisfacción.
+
+¡Zas, zas!, iban y venían los pedruscos del campo del _Majito_ al campo
+de _Zarapicos_ y viceversa. Ocupaba el primero, como hábil capitán, las
+alturas sinuosas, y los desalmados del bando contrario se dispersaban
+por el llano, al borde de los charcos verdosos. Habíalos seguido el
+pavo, y colocándose en lugar seguro, de donde dominar pudiera la
+perspectiva del campo de batalla, les animaba con sus guerreros toques a
+degüello. Más enfurecidos ellos cuanto mayor era el número de los que se
+retiraban contusos, se atacaban con creciente furor. Estaban rojos. Sus
+brazos, al parecer descoyuntados, elásticos, flexibles como una banda de
+cuero, funcionaban con aterradora prontitud. Ni _Zarapicos_ se acordaba
+ya de los matacandiles, ni _Gonzalete_ de los alfileres. Morir matando
+era su ilusión. Estaban ebrios, y los más intrépidos se reían de los
+pucheros de los desanimados...
+
+De improviso hubo entre los combatientes de uno y otro ejército un
+movimiento de sorpresa. Oyose una voz, dos, veinte, que dijeron
+«_¡Pecado!_», y cien ojos se volvieron hacia el barranco. Por él venía,
+descendiendo a saltos, un muchacho fornido, rechoncho, tan mal vestido
+como los demás, el cual a cada paso lanzaba una interjección y amenazaba
+con el puño. Era el gallito del barrio, el perdonavidas de la partida,
+capitán de gorriones, bandolero mayor de aquellos reinos de la
+granujería, angelón respetado y temido por su fuerza casi varonil, por
+su descaro, por su destreza en artes guerreras y de juego. Así no hubo
+en el cotarro uno solo que no temblara al oírle gritar: «¡Estarvus
+quietos!.., ¡vus voy a reventar!...».
+
+
+=--III--=
+
+Detuviéronse las manos ardientes que empuñaban la piedra, y todos le
+miraron. Fundábase la superioridad de _Pecado_ en la fuerza, de donde
+venía la justicia, es decir, que solía dirimir contiendas de chicos,
+unas veces a trompada limpia y otras con atinadas y comedidas razones,
+aunque todo hace creer que el primer argumento era el que con más
+frecuencia usaba.
+
+«¿Por qué vos zurráis?»--preguntó ceñudo, tremendo.
+
+_El Majito_ había salido a su encuentro. _Pecado_ era para él más que un
+amigo, un protector, un maestro amado. Al verle, todo aquel valor
+homérico de que dio pruebas en la altura, se trocó en llanto de
+desconsuelo, cosa natural en chicos, cuya rabia se deshiela en lágrimas,
+y haciendo pucheros que desfiguraban su hermosura, exclamó:
+
+«Picos..., mi sombrero... Yo soy _Plim_.».
+
+En vez de llorar, el desvergonzado _Zarapicos_ se echó a reír como un
+sátiro. Con inflamados ojos miró _Pecado_ su querido ros en la cabeza de
+aquel monstruo de la rapacidad, y poniéndose los brazos en jarra, habló
+así:
+
+«¿Sabes lo que te digo?..., que si no sueltas el ros te reviento a
+patás.
+
+--¡Ladrón!»--chilló _el Majito_, sintiéndose otra vez más valiente por
+la presencia de Mariano.
+
+Al oírse llamar con nombre tan infamante, _Zarapicos_, que era un rapaz
+honrado, aunque pobre, no pudo contener el ímpetu de su ira, y echando
+la mano al cuello del insolente _Majito_, le derribó en tierra,
+diciendo:
+
+«¡Figuerero!..., ¡coles!, ¡te deslomo!».
+
+Pero _el Majito_ supo reponerse, sacudirse, levantarse, y, una vez en
+pie, sus manos alzaron un canto tan grande como medio adoquín.
+
+«Suéltalo»--le dijo prontamente _Pecado_ con voz y gesto de prudencia.
+
+_El Majito_ soltó la piedra refunfuñando feroces amenazas de asesinato.
+Volviéndose a los desvergonzados comerciantes, _Pecado_ les dijo con
+imperioso ademán, en que había tanta energía como orgullo:
+
+«Dirvos.
+
+--No nos da la gana.
+
+--Dirvos, digo.... y venga mi sombrero.
+
+--Miale, miale... ¿Te quieres callar? El sombrero es mío».
+
+Al oír _Pecado_ una afirmación tan contraria a los sagrados derechos de
+propiedad, no se pudo contener más. Huyó de su corazón la generosidad,
+de su espíritu la prudencia, y arremetió a _Zarapicos_ con tal empuje
+que este dio algunos pasos atrás, y habría caído en tierra si no fuera
+también un muchachote robusto. Lucharon, ¡ay!, con varonil fiereza. Las
+bofetadas se sucedían a las bofetadas, los porrazos a los porrazos. De
+cada golpe se inflaba un carrillo. Trabados al fin de manos y brazos,
+cayeron rodando. _Zarapicos_ debajo, _Pecado_ encima. _Pecado_ vencía, y
+machacó sobre su víctima con ferocidad. El niño rabioso supera en
+barbarie al hombre. ¿Habéis visto reñir a dos pájaros? El tigre es un
+animal blando al lado de ellos.
+
+Bien molido estaba _Zarapicos_, cuando acercó a coger entre sus dientes
+un dedo de _Pecado_. ¡Oh! ¡Con qué inefable delicia apretó las quijadas!
+Mariano dio agudísimo grito, y saltó como gallo herido. El otro se
+levantó. Su rostro era un conjunto de dolor, de vergüenza, totalmente
+embadurnado de fango y lágrimas. Al mismo tiempo reía y lloraba.
+_Pecado_ se cegó; no veía nada; llevó la mano a la cuerda que sujetaba
+sus calzones a la cintura. La última injuria que cambiaron fue referente
+a sus respectivas madres. Cuando nada inmundo les queda por decir,
+arrojan aquel postrer salivazo de ignominia sobre la cuna que poco antes
+les ha mecido.
+
+«Tu madre es una _acá_ y una _allá_.
+
+--Tu madre es esto o lo otro».
+
+_Pecado_ no dijo ni oyó más; sacó de la cintura una navajilla,
+cortaplumas o cosa parecida, un pedazo de acero que hasta entonces había
+sido juguete, y con él atacó a _Zarapicos_. Del golpe, el infeliz
+chiquillo cayó seco.
+
+¡Hombres ya!
+
+Silencio terrorífico. Los muchachos todos se quedaron yertos de miedo.
+Al principio no comprendían la realidad abominable del hecho. Cuando la
+comprendieron, los unos echaron a correr llevados de un compasivo
+horror; los otros rompieron a llorar con ese clamor intenso, sonoro,
+dolorido, que indica en ellos la intuición de las grandes desdichas.
+
+Aquello no era una travesura; era algo más. Aquello de que estaba
+manchado _Zarapicos_ no era el almagre de que se pintaban alguna vez
+para jugar; era sangre, ¡sangre! _Zarapicos_ no jugaba al muerto; no
+hacía gestos para hacer reír a sus compañeros; no decía con voz doliente
+¡madre! para representar una comedia; era que se moría realmente...
+Temblando, pálido y siniestro, con los ojos secos, sin tener clara idea
+de su acción, _Pecado_ arrojó el arma que había sido juguete. El
+instinto le mandaba huir, y huyó.
+
+Alborotose en un instante el barrio de las Peñuelas. Salieron todas las
+mujeres a la calle, gritando, algunas con el cabello a medio peinar. Los
+hombres corrían también. La Guardia Civil, que tiene su puesto en la
+calle del Labrador, se puso en movimiento; y hasta un señor concejal y
+un comisario de Beneficencia, que a la sazón paseaban por el barrio
+eligiendo sitio para el emplazamiento de una escuela, corrieron al lugar
+del atentado. ¡Horror y escándalo!
+
+Las mujeres clamoreaban alzando al cielo sus manos; los hombres gruñían;
+_la Sanguijuelera_ misma salió de su tienda a buen paso, medio muerta de
+terror y vergüenza, y por todas partes no se oía sino: «_Pecado_,
+_Pecado_».
+
+La Arganzuela se llenó de gente. Unos corrían en busca del juez; otros
+decían que el juez no le encontraría vivo; los más hablaban de llevarle
+a la Casa de Socorro, y todos decían: «¡_Pecado_!».
+
+Vino corriendo el boticario con árnica y vendajes, diciendo también:
+«¡_Pecado_!». El concejal, seguido del comisario de Beneficencia (que
+por ser hombre muy grueso no podía seguirle aprisa), hacía, siguiendo a
+la multitud, las consideraciones más sustanciosas sobre un hecho que, si
+bien algo extraordinario, no era nuevo en los anales de la criminalidad
+de Madrid.
+
+«Van siete casos de esta naturaleza en diez años--decía el comisario de
+Beneficencia, harto sofocado, por ser poco compatibles su gordura y la
+celeridad del paso.
+
+--Terrible es el matador hombre; pero el matador niño, ¿qué nombre
+merece?... Dicen que este tiene trece años.
+
+--¡Qué país!
+
+--¡Pero qué país!
+
+--En Málaga son frecuentes estos casos.
+
+--Y en Madrid lo van siendo también.
+
+--¡Y nos ocupamos de escuelas! ¡Presidios es lo que hace falta!
+
+--Escuelas penitenciarias, o cárceles escolares... Es mi tema».
+
+Cuando llegaron al sitio de la catástrofe, los dos señores, dignísimos
+representantes de lo más meritorio y venerable que hay en los pueblos
+modernos, se echaron recíprocamente el uno sobre el otro estas
+dramáticas exclamaciones:
+
+«¡Esto es espantoso!
+
+--Esto parte el corazón
+
+--Escuelas, Sr. de Lamagorza.
+
+--Presidios, Sr. D. Jacinto.
+
+--Yo digo que jardines Froebel.
+
+--Yo digo que maestros de hierro que no usen palmeta, sino fusil
+Remington.
+
+--Pero qué, ¿se lo llevan ya?
+
+--No está muerto; pero parece grave.
+
+--¡Golpe más bien dado!--murmuró un chulo--. Ese chico es de _buten_.
+
+--¡Vaya, que la madre que parió tal patíbulo!--apuntó una de estas que
+llaman del partido.
+
+--El asesino, el asesino, ¿dónde está?--gritó el concejal dándose gran
+importancia, y brujuleando en la muchedumbre con fieros ojos--.
+Guardias, busquen ustedes al criminal... ¡Qué País!... Pero guardias...,
+los del Orden Público, ¿dónde están?».
+
+Pero ya la Guardia Civil había comenzado sus pesquisas. Los chicos, que
+en estas cosas suelen ser más diligentes que los hombres, indicaban la
+dirección que siguió _Pecado_ en su fuga. Las opiniones eran diversas.
+Unos decían que se había refugiado en la Quinta de la Esperanza; otros
+que había tomado por la vía férrea adelante. Un naranjero, que con su
+comercio portátil de naranjas, cacahuetes y caramelos largos, se había
+acercado al lugar de la pelea, aseguró haber visto al matador saltar la
+tapia de una corraliza inmediata a las huertecillas de coles y acelgas
+que rodean el arroyo. Fundada era la declaración del naranjero.
+Acercáronse hombres y mujeres a la corraliza; unos empinándose sobre la
+punta de los pies, otros subiéndose a una piedra, miraron por encima de
+las bardas de adobes, y vieron al terrible chico tratando de esconderse
+en un ángulo. _Pecado_ miró con receloso espanto la hilera de cabezas
+que en el borde de la tapia se le aparecía, y ante aquella visión de
+pesadilla se sintió domeñado, aunque no cobarde. Terrible coro de
+amenazas e injurias brotó de aquella fila de bocas, y más de cincuenta
+brazos se extendían rígidos por encima de la tapia. Pero el alma de
+_Pecado_ se componía de orgullo y rebeldía. Su maldad era todavía una
+forma especial del valor pueril, de esa arrogancia tonta que consiste en
+querer ser el primero. El estado casi salvaje en que aquella arrogancia
+crecía, trájole a tal extremo. De esta manera, un muñeco abandonado a
+sus instintos llega a probar el licor amargo de la maldad y a saborearlo
+con infernal delicia. A _Pecado_ se le conquistaba fácilmente con
+hábiles ternuras. Era tan bruto, que _el Majito_ mismo, con un poco de
+mimo y otro poco de esa adulación que algunos chicos manejan como nadie,
+le tenía por suyo. Pero de ningún modo se le conquistaba con la fuerza.
+
+Así, cuando vio aquel cerco de semblantes fieros; cuando se vio
+amenazado por tantas manos e injuriado por tantas lenguas, desde la
+provocativa de las mujeronas hasta la severa y comedida del guardia
+civil; cuando notó la saña con que le perseguía la muchedumbre, en quien
+de una manera confusa entreveía la imagen de la sociedad ofendida,
+sintió que nacían serpientes mil en su pecho, se consideró menos niño,
+más hombre, y aun llegó a regocijarse del crimen cometido. Cosas tan
+tremendas como desconocidas para él hasta entonces, la venganza, la
+protesta, la rebelión, la terquedad de no reconocerse culpable,
+penetraron en su alma. Por breve tiempo la ocupaba el miedo, y lágrimas
+de fuego escaldaban sus mejillas; pero pronto la ganó por entero el
+instinto de defensa. Entrevió, como un--ideal glorioso, el burlar a toda
+aquella gente, escapándose y aumentando el daño antes causado con otros
+daños mayores.
+
+Esta era la situación moral de _Pecado_ cuando el comisario de
+Beneficencia, llevado de un celo que nunca será encomiado bastante, se
+empinó como pudo sobre una piedra, y asomando la cabeza y hombros por
+encima de la tapia, dirigió al criminal su autorizada y en cierto modo
+paternal palabra, diciendo:
+
+«Mequetrefe, sal pronto de ahí, o verás quién soy».
+
+¡Cuánto habría dado el criminal por que cada mirada suya fuera una
+saeta! Quería despedir muertes por los ojos. Cogió un ladrillo, y
+apuntando a la por tantos títulos respetabilísima cabeza del apóstol de
+la Beneficencia oficial, lo disparó con tan funesta puntería, que el
+buen señor gordo gritó: «¡Carástolis!», y estuvo a punto de caer
+desvanecido. Testigos respetables dicen que en efecto cayó.
+
+¡Víctima ilustre ciertamente!
+
+¿Nos atrevemos a decir que la agresión inicua y casi sacrílega de que
+había sido objeto el señor comisario, provocó algunas sonrisas y aun
+risotadas entre aquella gentuza, y que hubo quien entre dientes dijo que
+había tenido el chico la mejor sombra del mundo?... Digámoslo, sí, para
+eterno baldón de la clase chulesca.
+
+_Zarapicos_ fue llevado en gravísimo estado a la Casa de Socorro, y la
+nueva víctima pateaba y rabiaba de ira al sentir el dolor de su frente y
+ojo, y al verse manchada de sangre aquella mano benéfica que sólo para
+alivio de los menesterosos existía.
+
+«¡Guardias, guardias, reventad a ese miserable!... ¡Vaya un monstruo!...
+¡Carástolis! ¡Ay!, ¡ay! Sr. Lamagorza, este truhán me ha matado... ¡Qué
+país!, ¡qué país!».
+
+Alguien apoyaba por allí cerca estas sentidas razones con otras
+igualmente enérgicas, que revelaban una indignación fulminante. Era el
+pavo, que avanzó haciendo la rueda y arrastrando las alas hacia el señor
+comisario herido. En tanto _Pecado_, rápido como el pensamiento, se
+subió al cobertizo y se dejó caer en el arroyo por una vertical de más
+de cinco metros, deslizándose por la escabrosa superficie de tierra.
+Dieron vuelta hacia la otra parte los guardias y el público para
+cogerle; pero él se escurrió por el borde del arroyo, metió los pies en
+el agua cuando le faltó el terreno, y buscó un refugio en el agujero
+negro de la alcantarilla por donde aquella agua blanquecina y nada
+limpia desembocaba.
+
+«Que le cojan ahora--dijo una mujer del pueblo, que después de la
+descalabradura del señor comisario, simpatizaba, ¡oh vilipendio!, con el
+criminal.
+
+--¡Que venga la guardia de la alcantarilla!»--exclamó el concejal
+inflamado de coraje.
+
+Los guardias civiles y los de Orden Público trataron de remontar el
+arroyo; pero venía muy crecido. Peligraba el lustre de las botas y aun
+las botas mismas.
+
+«¿Quién pesca ahora a ese condenado?
+
+--Hay una reja que no le dejará internarse. Ha de estar a cuatro o cinco
+varas de la boca».
+
+Miraban todos y no le veían. Un guardia civil arriesgó las botas,
+acercándose a la boca. Llevaba fusil.
+
+«Allí está--gritó--. Le veo los ojos».
+
+El guardia distinguía dos luceros en la obscuridad. Desde allí _Pecado_
+atisbaba a sus perseguidores con cierta serenidad provocativa.
+
+«¡Granuja!--gritó el civil--, sal de ahí o te hago fuego.
+
+--¡Fuego, fuego!»--clamó a lo lejos la voz del comisario, a quien
+piadosas chulapas ponían una venda.
+
+_Pecado_ había entrado con ánimo de no parar hasta verse en lugar
+seguro, aunque tuviera que ir a las entrañas de la tierra. Pero la
+obscuridad y el espanto de aquel sitio acongojaron su corazón, aún no
+suficientemente varonil para arrostrar ciertos lugares. Se detuvo; viose
+entre dos especies de muerte, y vaciló... Le consolaba que los guardias
+no podían entrar a cogerle. ¿Y si le hacían fuego?... Entonces se achicó
+tanto, que volvió a ser niño y a tener miedo. Dirigió la mente a ciertas
+ideas confusas de su tierna niñez; pero aquellas ideas estaban tan
+borradas, tan lejanas, que poco o ningún alivio encontró en ellas. De
+Dios no quedaba en él más que un nombre. Era como un rótulo escrito
+sobre un arca vacía, de la cual, pieza por pieza, han ido sacando los
+ricos tesoros. Nada sabía; su tía le hablaba poco de Dios, y el maestro
+de escuela le había dicho sobre el mismo tema mil cosas huecas que nunca
+pudo comprender bien. Las nociones de su tía y las palabras del maestro
+se le habían olvidado con el penoso trabajo del taller de sogas y
+aquella vida errante de juegos, raterías y miseria.
+
+Sin saber cómo, este orden de ideas llevole a reconocerse culpable. Algo
+chillaba dentro de él que se lo decía. Era criminal, y sus perseguidores
+tenían razón en perseguirle, y aun en matarle atándole en un palo y
+estrangulándole. Esto le hizo estremecer de espanto, ¡a él que había
+visto una y otra ejecución en el Campo de Guardias sin conmoverse!...
+Pero aunque se reconoció bien perseguido, su orgullo estaba allí para
+aconsejarle no entregarse... ¡Fuera miedo!... Desgraciadamente para él,
+estos fieros pensamientos se aplacaban con el agotamiento de las fuerzas
+físicas. Estaba cansado; en todo el día no había comido más que el
+currusco de pan que le dio su tía al ir al trabajo. ¡Y había dado tantas
+vueltas a la rueda en el aposento obscuro del soguero!... ¡Y corrió
+tanto después para ir desde la calle de las Amazonas a su casa!...
+¡Tenía un hambre tan atroz y una sed!...; sobre todo, una sed de padre y
+muy señor mío. A estas insufribles molestias se unió el frío. Sus pies
+desaparecían en el agua, y desde lo interior del cañón de ladrillo venía
+un aliento glacial que le empujaba hacia afuera. ¿Qué haría?
+
+Determinose entonces en él ese fenómeno de observación retrospectiva que
+suele acompañar a las situaciones de gran perplejidad. El espíritu
+turbado abandona el palenque de la duda, y se refugia en los hechos que
+han precedido inmediatamente a la situación terrible. Espantose de no
+haber previsto lo que le pasaba, y comparo la serenidad de la mañana con
+el apuro y desasosiego de la tarde. ¡Qué lástima haber vivido aquel
+día!... ¡Qué lejos estaba de que iba a cometer barbaridad tan grande! No
+había ido con gusto al trabajo por ser domingo. Nunca iba con gusto,
+porque él daba a la rueda y su tía cobraba. Pero al fin, con gusto o sin
+él, allá fue tranquilo, pensando en que por la tarde se divertiría en el
+Canal o en la Arganzuela. Había estado toda la mañana esperando con
+mucho anhelo la hora de soltar el trabajo. Contaba los segundos por las
+vueltas de la odiosa rueda. Creíase motor del misterioso reloj del
+tiempo. Dale que le dale, había llegado al fin la hora, y la manivela,
+que para él era parte de sus propias manos, se había quedado sola en el
+taller, quieta y muda.
+
+Sin decir adiós al maestro, porque el maestro no le saludaba a él a
+ninguna hora, _Pecado_ había salido y bajado a saltos por la Ribera de
+Curtidores.
+
+Aún le parecía ver los puestos rastreros y las manos recogiendo
+cachivaches. Era día de toros. Aquellos barrios estaban muy animados.
+Todo lo recordaba perfectamente; todo lo veía, como si lo tuviera
+delante, revivido a sus ojos en la obscuridad de su escondite. Se
+acordaba de que, al llegar a la Ronda, le había detenido el paso un
+perezoso carromato de cinco mulas, de esos que no acaban de pasar nunca.
+El muchacho, impaciente y atrevido, atravesó por debajo de la panza de
+una de las mulas, que por más señas era torda. Después vio un entierro;
+luego encontró a dos chicas del barrio que le dieron un cacahuet, y
+él..., él las había administrado un par de nalgadas a cada una, porque
+eran muy bonitas... Representábase luego la llegada a su casa; recordaba
+que su tía, antes de darle de comer, le había anunciado el hurto del
+ros, y que él, sin poderse contener al oír tan atroz noticia, abandonó
+la comida, y subiendo otra vez a la Ronda, se lanzó por el barranco
+abajo en busca de la cuadrilla. Lo demás, por ser más reciente y
+desagradable, se le representaba con matices aún más vivos. El
+ensangrentado cuerpo de _Zarapicos_ no se quitaba ya de delante de sus
+ojos... Su orgullo y sus malos instintos rebuscaban todos los sofismas
+del egoísmo para producir una reacción; pero si estos ganaban algún
+terreno, al punto lo perdían. Los sofismas hacían grandes esfuerzos por
+destruir la hermosa flor del arrepentimiento; pero cuantas más hojas le
+arrancaban, más lozanas las echaba ella.
+
+«¡Date, date, canallita!--gritó el guardia--, o te dejo seco».
+
+_Pecado_ miró al guardia. No, no se entregaría. Antes morir que
+entregarse. Eso de que le llamaran canallita, le exasperaba... Vislumbró
+el presidio, como en sus sueños infantiles había vislumbrado otras veces
+el Cielo... Pero si el hambre y la sed le devoraban, ¿qué podía hacer
+más que entregarse? Y el guardia aquel era precisamente un hombre a
+quien Mariano admiraba mucho por su gallardía y su simpático rostro. Se
+llamaba Mateo González, y servía en el puesto de la calle del Labrador.
+_Pecado_ le imitaba en el modo de andar. En sus sueños de ambición, no
+se le ocurría jamás ser general, ni obispo, ni banquero, ni comerciante
+famoso, sino ser Mateo González.
+
+Este, que era ladino, tuvo una idea feliz. _Pecado_ le vio desaparecer,
+y por un momento tembló de alegría. Pero no le dio tiempo el guardia a
+regocijarse, porque otra vez apareció por el arroyo adelante. En vez de
+fusil, traía dos naranjas en la mano derecha.
+
+«¡Eh, Marianín!--gritó inclinándose para verle mejor y mostrarle lo que
+llevaba--. Sal; no seas tonto. No te haremos nada... ¿Ves? Si sales, te
+doy estas dos naranjas».
+
+_Pecado_ dio un salto hacia fuera y se arrojó en brazos del guardia.
+
+«¡Ah tunante...!»--dijo este con alegría, echándole la zarpa al cuello y
+dejándose arrebatar las naranjas.
+
+
+=--IV--=
+
+Consagremos un recuerdo de consideración y lástima, en el último renglón
+de esta tragedia, al digno señor comisario de Beneficencia, autor de
+tantos y tan hermosos expedientes. Él solo sería capaz, si le dejaran,
+de elevar en pocos años a una altura increíble, dentro de los archivos
+nacionales, esos grandiosos monumentos papiráceos en que se cifra
+nuestra bienandanza. Sería preciso tener corazón de estuco para no
+afligirse al verle descalabrado, con la mano en la frente y esta ceñida
+por un pañuelo, corriendo en coche simón hacia la Casa de Socorro de la
+calle de Embajadores, donde por la noche se vistió de la luz de los
+serafines el pobrecito _Zarapicos_.
+
+_La Correspondencia_ recogió en el Juzgado de guardia una nota del
+suceso de aquel día, y lo dio a sus lectores en un sueltecillo crudo.
+Cuando lo leyeron los amigos que acompañaban al señor de Lamagorza en su
+casa, y cuando este les refirió detalles del hecho, oyéronse las
+exclamaciones más ardientes sobre el estado moral e intelectual del
+país; se recordaron otros hechos análogos ocurridos antes en Madrid,
+Valencia y Málaga, y por último se declaró con unanimidad muy
+satisfactoria que era preciso hacer algo, ¡algo, sí!, y consagrar muchos
+ratos y no pocas pesetas a la curación del cuerpo social. Como la prensa
+alarmada acalorase el asunto en los días sucesivos, se formaron juntas,
+se nombraron comisiones, las cuales a su vez parieron diversas especies
+de subcomisiones; y hubo discursos seguidos de aplausos... y se lucieron
+los oradores; y otros, que ávidos estaban de dar sus nombres al público,
+adquirieron esa celebridad semanal que a tantos desvanece.
+
+Tanta actividad, tanta charla, tanto proyecto de escuelas, de
+penitenciarías, de sistemas teóricos, prácticos, mixtos, sencillos y
+complejos, celulares y panoscópicos, docentes y correccionales, fueron
+cayendo en el olvido, como los juguetes del niño, abandonados y rotos
+ante la ilusión del juguete nuevo. El juguete nuevo de aquellos días fue
+un proyecto urbano más práctico y además esencialmente lucrativo.
+Ocupáronse de él juntas y comisiones, las cuales trabajaron tan bien y
+con tanto espíritu de realidad, que al poco tiempo se alzó grandiosa,
+provocativamente bella y monumental, toda roja y feroz, la nueva Plaza
+de Toros.
+
+
+
+
+Capítulo VII
+
+Tomando posesión de Madrid
+
+
+La noticia de la barrabasada de su hermano fue para Isidora un golpe
+terrible. Precisamente, cuando supo el extraño caso, hallábase en la más
+lisonjera situación de espíritu que un alma juvenil puede apetecer.
+Todas sus ideas tenían como un tinte de aurora; detrás de cuanto
+pensaba, creía notar un resplandor delicioso, el cual, demasiado vivo
+para contenerse en su alma, salía por los sentidos afuera y matizaba de
+extrañas claridades todos los objetos. Nada veía que no fuera para ella
+precioso, seductor, magnífico o por cualquier concepto interesante, y
+hasta un carro de muertos que encontró al salir de la casa, más que por
+fúnebre, le chocó por suntuoso.
+
+Había salido temprano a comprar varias cosillas, o si se quiere, había
+salido por salir, por ver aquel Madrid tan bullicioso, tan movible,
+espejo de tantas alegrías, con sus calles llenas de luz, sus mil
+tiendas, su desocupado genio que va y viene como en perpetuo paseo. Los
+domingos por la mañana, si esta es de abril o mayo, los encantos de
+Madrid se multiplican; crecen la animación y el regocijo; hay bulla que
+no aturde y movimiento que no marea. Mucha gente va a misa, y a cada
+paso halla el transeúnte bandadas de lindas pollas, de cintura bien
+ceñida y velito en la frente, que salen de la iglesia, devocionario en
+mano, joviales y coquetuelas.
+
+Las campanas dijeron algo a Isidora, y entró a oír misa en San Luis, en
+cuya escalerilla se estrujaba la gente. Dentro, las misas sucedían a las
+misas, y los fieles se dividían en tandas. Unos se marchaban cuando
+otros caían de rodillas. Allí se persignaba una tanda entera, aquí se
+ponía en pie otra, y las campanillas, anunciando los diversos actos del
+sacrificio, sonaban sin interrupción.
+
+«¡Qué bueno es el Señor--pensaba Isidora delante de la Hostia--, que me
+allana mi camino y me manifiesta su protección, desde el primer paso que
+doy para lograr mi puesto verdadero...! No podía ser de otra manera,
+porque lo justo justo es, y Dios no puede querer cosas injustas, y si yo
+no fuera ante el mundo lo que debo ser, o mejor dicho, lo que soy ante
+mí, resultaría una injusticia, una barbaridad...».
+
+Y luego, cuando el sacerdote consumía:
+
+«Bendito sea el Señor que me ha deparado la ayuda del marqués de
+Saldeoro, ese caballero sin igual, fino y atento como no hay otro... ¡Y
+qué hermosos ojos tiene, qué guapo es y con qué elegancia viste! Aquello
+es vestirse; lo demás es taparse... ¡Qué bien habla, y cómo se interesa
+por mí! Tiene razón cuando me dice: «¡Oh!, esté usted tranquila, que si
+esto no se arregla por bien, como yo espero, entonces... ahí tenemos los
+tribunales. ¡Es asunto ganado!». ¡Oh! Sí, los tribunales. ¡Qué bonitos
+son los tribunales!... Todo será cuestión de algunos meses. Después...».
+
+Por la mente de Isidora pasaba una visión tan espléndida, que a solas y
+en presencia del sacerdote, del monaguillo y de los fieles, la venturosa
+muchacha sonreía.
+
+«No es caso nuevo ni mucho menos--decía--. Los libros están llenos de
+casos semejantes. ¡Yo he leído mi propia historia tantas veces...! ¿Y
+qué cosa hay más linda que cuando nos pintan una joven pobrecita, muy
+pobrecita, que vive en una buhardilla y trabaja para mantenerse; y esa
+joven, que es bonita como los ángeles y, por supuesto, honrada, más
+honrada que los ángeles, llora mucho y padece, porque unos pícaros la
+quieren infamar; y luego, en cierto día, se para una gran carretela en
+la puerta, y sube una señora marquesa muy guapa, y ve a la joven, y
+hablan, y se explican, y lloran mucho las dos, viniendo a resultar que
+la muchacha es hija de la marquesa, que la tuvo de un cierto conde
+calavera? Por lo cual de repente cambia de posición la niña, y habita
+palacios, y se casa con un joven que ya, en los tiempos de su pobreza,
+la pretendía, y ella le amaba... Pero ha concluido la misa. ¿Pies, para
+qué os quiero?».
+
+Y con tanta prisa y con tal desgaire bosquejaba la señal de la cruz
+sobre la frente, cara y pechos, y tan atropelladamente mascullaba un
+Padre Nuestro, al despedirse del santo altar, que parecía decir: «Abur,
+Dios».
+
+En la puerta, las vendedoras de flores entorpecían el paso de la gente,
+y alargaban sus manos con puñados de rosas y otras florecillas,
+gritando: «Un ramito de olor...». «Cuatro cuartos de rosas». Isidora
+compró rosas para acompañarse de su delicado aroma por todo el camino
+que pensaba recorrer. Al punto empezó a ver escaparates, solicitada de
+tanto objeto bonito, rico, suntuoso. Esta era su delicia mayor cuando a
+la calle salía, y origen de vivísimos apetitos que conmovían su alma,
+dándole juntamente ardiente gozo y punzante martirio. Sin dejar de
+contemplar su faz en el vidrio para ver qué tal iba, devoraba con sus
+ojos las infinitas variedades y formas del lujo y de la moda.
+
+¡Cuántas invenciones del capricho, cuántas pompas reales o
+superfluidades llamativas! Aquí las soberbias telas, tan variadas y
+ricas que la Naturaleza misma no ofreciera mayor riqueza y variedad;
+allí las joyas que resplandecen, asombradas de su propio mérito, en los
+estuches negros...; más lejos ricas pieles, trapos sin fin, corbatas,
+chucherías que enamoran la vista por su extrañeza, objetos en que se
+adunan el arte inventor y la dócil industria, poniendo a contribución el
+oro, la plata, el níquel, el cuero de Rusia, la celuloide, la cornalina,
+el azabache, el ámbar, el latón, el caucho, el coral, el acero, el raso,
+el vidrio, el talco, la madreperla, el chagrín, la porcelana y hasta el
+cuerno...; después los comestibles finos, el jabalí colmilludo, la
+chocha y el faisán asados, cubiertos de su propio plumaje, con otras mil
+y mil cosas aperitivas que Isidora desconocía y la mayor parte de los
+transeúntes también...; más adelante los peregrinos muebles, las
+recamadas tapicerías, el ébano rasguñado por el marfil, el roble tallado
+a estilo feudal, el nogal hecho encaje, las majestuosas camas de
+matrimonio, y por último, bronces, cerámicas, relojes, ánforas,
+candelabros y otros prodigios sin número que parecen soñados, según son
+de raros y bonitos.
+
+El hechizo que estas brillantes instalaciones producían en el ánimo de
+Isidora era muy particular. Más que como objetos enteramente nuevos para
+ella, los veía como si fueran recobrados después de un largo destierro.
+El entusiasmo y la esperanza que llenaban su alma la inducían a mirar
+todo como cosa propia, al menos como cosa creada para ella, y decía:
+«Con esas pieles me abrigaré yo en mi coche; en mi casa no habrá otros
+muebles que esos; pisaré esas alfombras; las amas de cría de mis niños
+llevarán esos corales; mi esposo..., porque he de tener esposo..., usará
+esas petacas, bastones, escribanías, fosforeras, alfileres de corbata; y
+cuando alguno esté enfermo en casa, se tomará esas medicinas tan buenas,
+guardadas en tan lindas cajas y botecillos».
+
+Por mirarlo todo, deteníase también a contemplar las encías con que los
+dentistas anuncian su arte, las caricaturas políticas de los periódicos,
+colgados en las vidrieras de los cafés, los libros, los cromos, los
+palillos de dientes, las aves disecadas, las pelucas y postizos, las
+condecoraciones, las fotografías, los dulces y hasta los comercios
+ambulantes en que todo es _a real_.
+
+Necesitaba comprar algo, poca cosa... Pero con el tiempo..., cuando ella
+saliera de su destierro social, ¡qué gusto ir de tienda en tienda, mirar
+todo, escoger, esto tomo, esto dejo, pagar, mandar llevar a casa el
+objeto comprado, volver al día siguiente...! Entró en una tienda de
+paraguas a comprar una sombrilla. ¡Le pareció tan barata!... Todo era
+barato. Después compró guantes. ¿Cómo iba a salir sin guantes, cuando
+todo el mundo los llevaba? Sólo los pordioseros privaban a sus manos del
+honor de la cabritilla. Isidora hizo propósito de usarlos
+constantemente, con lo cual, y con la abstinencia de todo trabajo duro,
+se le afinarían las manos hasta rivalizar con la misma seda.
+
+Después de adquirir un abanico no pudo resistir a la tentación de
+comprar un imperdible. ¡Cayó en la cuenta de que le hacía tanta
+falta!... Incapaz de calcular las mermas de su nada abundante peculio,
+vio en los Diamantes Americanos ciertos pendientes que, una vez puestos,
+habrían de parecer como nacidos en sus propias orejas. Comprolos, y no
+tardó en enamorarse de un portamonedas. ¿Cómo podía pasarse sin aquella
+útil prenda, tan necesaria cuando se tiene algún dinero? No había cosa
+peor, según ella, que llevar las monedas sueltas en el bolsillo,
+expuestas a perderse, a confundirse y a caer en las largas uñas de los
+rateros. Puesto el tesoro en el flamante portamonedas, siguió viendo
+cosas, y a cada instante emigraban de él las pesetas y los duros, ya
+para tomar algo de perfumería, ya para horquillas, ¡de que tenía tanta
+falta!, bien para una peina modesta, bien para papel de cartas, con su
+elegante timbre de iniciales. Verdaderamente no se podía pasar sin papel
+de cartas, ¡ni de qué servía un papel que no tuviera timbre!...
+
+«Aún me queda bastante--dijo al regresar a su casa--para poner a Mariano
+en un colegio y comprarle algo de ropa...».
+
+Hacía cuentas mentalmente; pero las cifras sustraídas eran tan rebeldes
+a su espíritu, que ni se acordaba bien de ellas, ni acordándose sabía
+darles su justo valor. Como todos los gastadores (cuya organización
+mental para la aritmética les hace formar un grupo aparte en la especie
+humana), veía siempre engrosadas las cifras del activo, y atrozmente
+flacas e insignificantes las del pasivo. Este grupo de los derrochadores
+arrastraría a la humanidad a grandes catástrofes, si no lo contrapesara
+el grupo de los avaros, creados por las leyes del equilibrio.
+
+Isidora se había dejado la calderilla suelta en el bolsillo, como cosa
+indigna de ocupar un departamento en los pliegues de raso del
+portamonedas, y por la calle iba dando limosna a todos los pobres que
+encontraba, que no eran ciertamente pocos. Eso sí: corazón más blando ni
+que más fácilmente se enterneciera con ajenas lástimas y desdichas no
+existió jamás. En su mano había quizás un vicio fisiológico, y decimos
+vicio, porque si esta noble parte de nuestro cuerpo parece hecha para el
+acto de la aprehensión, o por la aprehensión formada (que en esto hay
+graves diferencias entre los doctores), la suya parecía hecha para el
+acto contrario, y no habría tenido razón de ser, si el dar no existiera.
+
+Entró en su casa tarde, cargada de compras, porque añadió a las
+indicadas arriba dos cucuruchos con orejones y galletas para obsequiar a
+D. José Relimpio. Con tanto paquete entre las manos se le ajaron las
+rosas. Púsolas en un vaso con agua fresca, almorzó, y escribió dos
+cartas, gastando en ellas, por su torpeza en la caligrafía, ocho
+plieguecillos del timbrado papel, y habría gastado más si no le dieran a
+la sazón la noticia del crimen de su hermano. Dejolo todo y salió
+agitada, para enterarse en el Juzgado, visitar a Mariano en la cárcel y
+ver el partido que debía tomar. Entonces cayó en la cuenta de que
+necesitaría gastar algún dinero, y segura de tener bastante, registró
+los huequecillos rojos del portamonedas, contó, revisó, pasó las piezas
+de una parte a otra; pero por más vueltas que daba y trasiegos que
+hacía, resultaba siempre que apenas tenía dos docenas de pesetas. ¿En
+dónde estaba lo demás? ¿La habían robado?
+
+Por un momento creyose Isidora víctima de los infinitos timadores que
+hormiguean en Madrid; pero repasando las compras y estableciendo por la
+fuerza incontrastable de la Aritmética, que a veces se impone a sus
+mayores enemigos, la realidad de las cifras, hizo liquidación neta de
+todo y declarose ratero de sí misma. Su siempre viva imaginación veía
+las monedas que había tenido, la media onza, la pieza de a cuatro, los
+tres duros algo anticuados y por lo mismo más valiosos. ¿En dónde
+estaban? Poco a poco fue recordando que la primera había caído en tal
+tienda, la segunda más allá, y que a ocupar su lugar venían pesetas
+gastadas y algún duro flamante que parecía de lata. Cuando el manirroto
+suelta las monedas, le queda en el alma, a la manera de un dejo
+numismático, cierta creencia de que no las ha soltado, y conserva la
+idea o imagen de ellas, y no se convence de su error hasta que la
+necesidad le impele a trazar una cuenta. Entonces vienen los ceñudos
+números cargados de lógica y ponen las cosas en su lugar.
+
+Nada sacó en limpio Isidora de las diligencias de aquella tarde, sino un
+nuevo gasto en coches y tranvías. Acompañábala D. José Relimpio, el cual
+mostró tales deseos de fumar, que Isidora, sensible a esta necesidad
+como a todas, le obsequió con un paquete de puros de a medio real.
+Cuando regresaron, ella desalentada y pesarosa, él tieso y humeante, D.ª
+Laura recibió a su digno esposo con endemoniado gesto, y le dijo:
+
+«Quita allá; vicioso... Ya tenemos la chimenea encendida. ¡Contenta me
+tienes! Tú, con mirarte al espejo y chupar el maldito coracero, crees
+que no hace falta nada más. Mejor trabajaras...».
+
+
+
+
+Capítulo VIII
+
+Don José y su familia
+
+
+=--I--=
+
+A la mano se viene ahora, reclamando su puesto, una de las principales
+figuras de esta historia de verdad y análisis. Reconoced al punto el
+original del retrato exacto y breve trazado con tanta destreza por
+Isidora. El bigotito de cabello de ángel, de un dorado claro y húmedo;
+los ojos como dos uvas, blandos y amorosos; la cara arrebolada, fresca y
+risueña, con dos pómulos teñidos de color rosa, marchita; el mirar
+complaciente, la actitud complaciente, y todo él labrado en la pasta
+misma de la complacencia (barro humano, del cual no hace ya mucho uso el
+Creador), formaban aquel conjunto de inutilidad y dulzura, aquel
+ramillete de confitería, que llevaba entre los hombres el letrero de
+José de Relimpio y Sastre, natural de Muchamiel, provincia de Alicante.
+Rematemos este retrato con dos brochazos. Era el hombre mejor del mundo.
+Era un hombre que no servía para nada.
+
+Tenía sesenta años. Procedía de honrada y decentísima familia. Había
+sido militar en sus mocedades; pero, por no servir para la milicia,
+viose forzado a dejar la pesadez y estruendo de las armas. Había sido
+empleado en Rentas, pero cumplía tan mal y se tomaba tan largas
+vacaciones, que le despidieron de la oficina. Fue contador de un teatro,
+y se arruinó la empresa. Fue asociado de un contratista de fielatos, y
+por razón de su maldita amabilidad, la parte mayor de las vituallas
+entraban sin pagar. Fue marido de D.ª Laura, y gastó el reducido
+patrimonio de esta en varias suertes de amabilidades.
+
+Doña Laura, mujer de áspera naturaleza, agriada por la vejez y por el
+cansancio de aquella vida de tentativas penosas y sin fruto, le decía
+con dramático acento:
+
+«Hombre inútil, hombre--muñeco. El día en que me casé contigo debió el
+Señor haberme llevado de este mundo. ¿Para qué sirves tú, como no sea
+para comer?
+
+--Soy tenedor de libros»--respondía D. José, satisfecho de una razón
+que, a su juicio, excusaba todas las demás razones; y consideraba para
+sí cuán lejos está de la mente del vulgo aquel precioso arte o ciencia
+en que era maestro. Bien por su larga permanencia en oficinas, bien
+porque se dedicó resueltamente a ello, lo cierto era que D. José conocía
+la Partida Doble como conoció Newton las Matemáticas y Colón la Náutica.
+Hay afinidades verdaderamente extrañas entre el espíritu humano y los
+distintos modos del saber, y aquel que por su organización parece no
+prendarse de las cosas ideales y halagüeñas, encuentra en las arideces
+de la Contabilidad los mayores encantos. Habiendo dominado esta ciencia,
+emprendió el escribir un tratado de ella en sus ratos de ocio, que eran
+los más del año, y si no lo dejara a la mitad, habría sido un monumento
+de la humana sapiencia. Sobre cada parte de la Teneduría tenía escritos
+substanciosos tratados, y era de ver con qué inspirada sagacidad
+explicaba la _Banca en comisión_, las _Cuentas de Resaca_, la _Gruesa
+ventura a cobrar_, las _Fianzas_ y _Avales_, los _Depósitos_ y
+_Mercaderías_. Suspendió el trabajo al llegar a ocuparse del precioso
+tema de _Mi cuenta_, _Su cuenta_ y _Cuenta común_, y es lástima que en
+tan interesante punto lo suspendiese.
+
+Lo extraño era que siendo D. José poseedor de los más escondidos
+secretos de la Contabilidad, no tuviera nada que contar. El movimiento
+de sus fondos y el manejo de la casa no merecían que se emplease en
+ellos una gota de tinta; pero D. José, que tratándose de hacer números
+iba siempre más allá de las necesidades, tenía en su cuarto el libro
+_Mayor_, el _Diario_, el _Diario provisional_, el _Mayor de mercancías_,
+el de _Caja_, el de _Cuentas corrientes_, el de _Efectos a cobrar_, el
+de _Facturas_, y otros voluminosos mamotretos, en cuyas hojas ponía más
+números que arenas tiene el mar, sin que la familia supiese qué
+sustancia sacaba de ello.
+
+Pero lo que más a D.ª Laura enfurecía era que, con ser viejo y cascado,
+se mirase tanto al espejo. En efecto; además de que en su cuarto, a
+solas, se pasaba las horas muertas mirándose, no entraba en pieza alguna
+donde hubiese un espejillo sin que, ya con disimulo, ya sin él, se
+echase una visual para examinar su empaque, y atusarse después el
+bigote, o poner mano en los contados cabellos que venían flébiles y
+pegajosos, desde la nuca, a tapar el gran claro de la coronilla.
+
+«Eso es, mírate bien--le decía D.ª Laura--, para que no te olvides de
+esa cara preciosa. ¡Lástima que no vengan los pintores a sacar tu figura
+de gorrión mojado!».
+
+Don José se reía con esto. ¡Era tan bueno!... Si la miel es condición y
+substancia precisa en la naturaleza del hombre, aquel era, más que
+hombre, un merengue andando. Riendo decía a su cara consorte:
+
+«No todos tenemos la suerte de conservarnos como tú, que estás tan
+hermosa y frescachona como cuando te conocí.
+
+--Calla, Sardanápalo.
+
+--La verdad por delante. Todavía, todavía... Vamos, que alguien daría un
+resbalón.
+
+--Quita, quita--clamaba la señora con expresión de asco--. ¿Me tomas por
+esas...?».
+
+Don José había sido un galanteador de primera. No lo podía remediar:
+estaba en su naturaleza, en su doble condición de tenedor de libros y de
+galán joven, y así, ya casado y viejo, no veía mujer bonita en la calle
+sin que la siguiera y aun se propasase a decirle alguna palabreja. Entre
+sus amigos, solía llevar la conversación desde los temas trillados a los
+motivos de amor y aventuras; y todo se volvía almíbar, hablando de pies
+pequeños, de tal pantorrilla hermosa, vista al subir de un coche, de una
+mirada, de un gesto. Las aventuras no pasaban generalmente de aquí y
+eran pura charla, porque su timidez le ponía grillos para pasar a cosas
+mayores.
+
+Pero aun en aquellos días de vejez y decadencia, cuando salía a tomar el
+sol, embozado en su raída capita, iba a los lugares más concurridos de
+muchachas guapas. Si topaba con alguna que fuese sola, se aventuraba a
+seguirla con su paso vacilante, sin malicia, sólo por _rutina del
+oficio_, como solía decir; y siempre que en sitio y ocasión de
+apreturas, como parada militar y procesión de Corpus, se hallaba en
+contacto inmediato con alguna beldad, el alma se le salía a los labios,
+toda acaramelada y jaleosa, para decir: «¡Cómo me gusta usted,
+señora!... ¡Vaya una real moza!... Dichoso el mortal que tal posee».
+
+Este libertino platónico era tío de Isidora en tercer grado, por ser
+primo segundo de Tomás Rufete; y además la había sacado de pila. La
+había visto nacer y crecer, y desde aquellos tiempos había profetizado,
+con la seguridad de un conocedor profundo en teneduría de destinos
+humanos, que la niña sería una hermosa mujer, quizás elegante y famosa
+dama. ¡Cuánto se alegró de volver a verla ya crecida, y cuánto
+compadeció sus desgracias, y con qué puro interés se ofreció a ella para
+servirla en todo lo que hubiese menester!
+
+La familia Relimpio vivía pobremente, porque D. José, con ser tan
+maestro en números, no había sacado de ellos ninguna sustancia. Doña
+Laura conservaba una casa y una viña en Dolores, que le daban mil reales
+al año. Las niñas trabajaban para las camiserías. Tenían máquina, y
+cosiendo noche y día, velando mucho y quedándose sin vista, allegaban de
+cinco a siete reales diarios. Melchor, el varón, no había llevado hasta
+entonces un solo céntimo a la casa, como no fuera el caudal inmenso de
+ilusiones y proyectos; pero la familia fundaba en él grandes esperanzas.
+Melchor, recién salido del vientre de la madre Universidad, tan desnudo
+de saber como vestido de presunción, había de ser pronto un personaje,
+una notabilidad. ¿No lo eran otros? Este era un punto inconcuso, el
+axioma de la familia, pues no hay familia que no tenga algún axioma.
+
+Para pagar con desahogo la casa, la familia tenía que ceder un gabinete
+a caballero decente, sacerdote, o señora viuda sin hijos. Durante tres
+años proporcionáronle este alivio distintos sujetos. Vacó dos meses el
+gabinete, hasta que vino Isidora, y con ella los cuatro reales diarios,
+y a más los ocho de la comida. Sin este refuerzo la hacienda de Relimpio
+se habría resentido bastante.
+
+Pero las cosas vienen según Dios quiere, y no según nuestro gusto y
+conveniencia, y Dios quiso que a Isidora se le acabase el dinero, para
+lo cual le inspiró aquel desordenado apetito de compras, antes
+mencionado. Él se sabría los motivos de esto. Doña Laura, que gustaba de
+meterse a descifrar los designios del Ordenador de todas las cosas,
+decía que este le había mandado a Isidora, como una plaga de Egipto,
+para probar su paciencia.
+
+En suma, la de Rufete se quedó sin un cuarto, y su tío el Canónigo
+mostraba la mayor pachorra del mundo para enviarle fondos. ¡Ay!, esa
+gente de provincias cree que una onza es un millón. ¡Un mes llevaba la
+pobre de grandes apuros, haciendo diligencias inútiles en pro de su
+hermano, que en la cárcel seguía, y privada de todo, viendo tantas cosas
+bonitas sin poder comprarlas! Cumplido el vencimiento del hospedaje, no
+sólo no pudo pagar el dinero del gabinete ni los ocho reales de la
+comida, sino que, por añadidura, tuvo que pedir prestada cierta cantidad
+a D.ª Laura. Diósela esta con el gesto menos gracioso que se puede
+imaginar; pero la esperanza de un nuevo envío del Canónigo, a todos
+consolaba. Remolón era el buen señor, y transcurrió otro mes sin que
+entrase por las puertas la ansiada libranza. Áspera y recelosa D.ª
+Laura, invitó a Isidora a trabajar con espaciosos argumentos. ¿No tenía
+manos? ¿No sabía coser? ¿No trabajaban como negras aquellas dos
+señoritas decentes, Emilia y Leonor?
+
+Isidora era hábil en la costura y en prepararla, pero no sabía manejar
+la máquina. En esto era consumada maestra Emilia, la más inteligente y
+trabajadora de las dos hermanas. Había llegado a amar la máquina como se
+quiere a un animal querido; conocía los secretos de su maravilloso
+artificio, y había hecho de este un esclavo sumiso. Semanalmente la
+engrasaba con cariño, la recorría con interés fraternal, para ver si
+alguna parte o miembro de ella necesitaba reparación, y todos los días
+cosía en ella con presteza increíble. Cuando llegaba la hora del reposo
+la cubría y la abrigaba bien para que no le cayese polvo. Entre las dos
+costureras, una de hierro y otra de carne, hacían los pespuntes más
+preciosos, largos o menudos, según fuera menester. Además de esto,
+Emilia, a quien inspiraba sin duda el espíritu venturoso de Elías Howe,
+dominaba los mecanismos auxiliares para hacer dobladillos, enjaretar,
+marcar y coser bastillas.
+
+Don José conocía regularmente la máquina (que era la _Canadiense_ de
+Raymond) y sabía prepararla; pero aunque sus hijas y su mujer le
+apremiaban a todas horas para que cosiese y las ayudase, él no se daba a
+partido, bien porque le parecía impropio de varón aquel trabajo, bien
+porque creyera (y esto es lo más probable) que una cuenta bien llevada
+aprovechaba a la familia más que todas las costuras del mundo. A él que
+no le sacaran de apuntar números, de leer _La Correspondencia_, hacer
+cigarrillos y charlar. Todo lo demás era ocupación denigrante. Una noche
+de verano, sin embargo, en que estaba toda la familia reunida en el
+comedor, como de costumbre, D. José empezó a mover la máquina.
+
+«Papá--le dijo Emilia--, ya que no nos ayuda usted, al menos enseñe a
+coser a Isidora».
+
+Don José quería tanto a su ahijada y gustaba tanto de verse próximo a
+ella, que aceptó gozoso. Las primeras explicaciones tuvieron poco éxito.
+Isidora no podía comprender aquel endiablado mete y saca de hilo
+superior, que por tantos agujerillos tiene que pasar hasta que lo coge
+en su horadado pico la aguja, y empieza, debajo de la placa, la rápida
+esgrima con el hilo interior. Se atacan con encarnizamiento, se cruzan,
+se enlazan, se anudan y se retiran tiesos, para volver a embestirse
+después que pasa una vigésima parte de segundo.
+
+¡Lástima que Isidora no tuviera su espíritu aquella noche en disposición
+de atender a las sabias enseñanzas de su padrino! Estaba aburridísima.
+Habían pasado tres meses sin que su situación variara sensiblemente. El
+Canónigo la había mandado fondos; mas eran tan escasos que, cubiertas
+algunas atenciones perentorias, volvieron las escaseces y apuros.
+Mariano continuaba en la cárcel, y la causa seguía adelante. El interés
+que el público y la prensa habían mostrado por aquel grave suceso,
+quitaba toda esperanza de arreglarlo satisfactoriamente. A estos motivos
+de pena añadía la de Rufete el ningún adelanto que en tantos días había
+tenido el principal y más interesante negocio de su vida, con más otras
+cuitas, sobre las cuales, por tenerlas ella como en delicado secreto, no
+nos atrevemos a aventurar palabra alguna. Tan distraída estaba, de tal
+modo se le escapaba el pensamiento para entregarse a su viciosa maña de
+reproducir escenas y hechos pasados, presentes y futuros, el habla y
+figura de distintas personas, que no atendía a la lección más que con
+los ojos y con un mutismo respetuoso que Relimpio tomaba por la mejor
+forma de atención posible.
+
+Empezaba el verano. El comedor, expuesto al Poniente, estaba caldeado
+como un horno. Emilia y Leonor hilvanaban junto a la mesa, ya despojada
+de manteles, a ratos silenciosas, a ratos charlando por lo bajo sobre
+cosas que las hacían reír. Doña Laura había abierto la ventana que daba
+a un denegrido patio, por donde subía el vaho infecto de una cuadra de
+caballos de lujo instalada en el fondo de él; y acomodándose en un
+sólido sillón que, como señora gruesa, tenía para su exclusivo uso, se
+quedó dormida. En la misma mesa y en el lado opuesto al ocupado por las
+dos hermanas, tenía Relimpio máquina y discípula, y sobre aquel círculo
+amoroso de confianza y trabajo derramaba una colgada lámpara su media
+luz, tan pobre y triste, que los que de ella se servían no cesaban de
+recriminarla, achacando su falta de claridad a la escasez de petróleo, a
+la falta de mecha, o bien a lo mal que la preparara la moza. Todo era
+darle a la llave para subir la mecha, con lo cual se ahumaba el tubo, o
+para bajarla, con lo que se quedaban todos de un mismo color. Pero sin
+acobardarse por la pestilencia del petróleo ni por la penumbra de su
+avara luz, seguían trabajando aquellas pobres chicas, sometidas a la ley
+de la necesidad, que obliga a comprar el pan de hoy con los ojos de
+mañana.
+
+«Ahora voy a enseñarte a llenar una canilla--decía D. José--. ¿Ves este
+carretillo de acero que saco de la lanzadera? Pues hay que llenarlo de
+hilo, para lo cual se pone aquí, y con el mismo volante de la máquina se
+le hace dar vueltas y...».
+
+Isidora fijaba los ojos en la operación; pero ¡cuán lejos andaba su
+pensamiento!
+
+«¡Qué triste vida!--decía para sí--. La deshonra que ha echado Mariano
+sobre mí me impide reclamar por ahora nuestros derechos... Parece que
+Dios me desampara... Una persona me demostró interés. ¿Por qué no viene
+a verme ya? ¿Qué ha pasado? ¿Qué piensa de mí?...».
+
+«Ahora, ya que tenemos la canilla bien repleta de hilo la metemos en la
+lanzadera. Ajajá. Fíjate bien en la maña con que hay que ponerla. Pif,
+ya está. Ahora viene lo más delicado. De esto depende el coser bien o el
+coser mal. Atiende, hija; pon aquí tus cinco sentidos. Hay que pasar la
+punta del hilo por estos agujeritos, ¿ves?
+
+--Será preciso que yo le escriba. ¿No me recomendó mi tío a él y a su
+padre?... Pues le escribiré. Así no puedo vivir. ¡Qué triste es el
+verano en esta tierra! Toda la gente elegante se va, y yo me quedo sola,
+sin amigos, sin amparo...
+
+--Cojo la punta del hilo, sacándola por la izquierda de la canilla, la
+meto con mucho cuidado por el primer agujero, pif, ya está. Mira...
+Ahora mi señor hilo tiene que meterse por el segundo agujero, pif. Muy
+bien, y después allá va por el tercero. En seguida..., que no se te
+olvide esta particularidad..., el hilo pasa por debajo de la uncella, y
+ya está. Ahora pongo mi canillita en su puesto, enganchó el hilo de
+abajo con el de arriba, para lo cual hasta dar una vuelta, y... adelante
+con los faroles. Niñas, tela.
+
+--Hace cerca de veinte días que no viene a verme. ¿Se habrá ido a
+veranear sin despedirse de mí?... ¿Creerá que soy una impostora?... Esta
+idea me mata.
+
+--Ahora, bajo mi pisatela, acorto el punto, dándole una vuelta al
+tornillo..., atiende bien..., y después de aflojar un poco el hilo
+superior, empiezo. Anda, maquinita, que a casa vas...
+
+--¡Qué idea me ocurre! Iré a su casa... No, eso no debe ser... Le
+escribiré con cualquier pretexto... Quizás no sea preciso... El corazón
+me dice que vendrá mañana... ¡Oh! Dios de mi vida, si viniera...».
+
+
+=--II--=
+
+Doña Laura dio varias cabezadas, y entre dormida y despierta, exclamó
+con ira: «Siempre mirándote al espejo».
+
+«Mujer--dijo, riendo D. José sin dejar su obra--. Si no me miro al
+espejo, si estoy cosiendo...».
+
+Las niñas sonreían. Algo azarada D.ª Laura despertaba del todo, y decía:
+«No, no estaba dormida. Yo sé lo que me digo».
+
+Había en el comedor un reloj de pared que era el Matusalén de los
+relojes. Su mecanismo tenía, al andar, son parecido a choque de huesos o
+baile de esqueletos. Su péndulo descubierto parecía no tener otra misión
+que ahuyentar las moscas, que acudían a posarse en las pesas. Su muestra
+amarilla se decoraba con pintada guirnalda de peras y manzanas. De
+repente, cuando más descuidada estaba la familia, dejó oír un rumor
+amenazante. Allí dentro iba a pasar algo tremendo. Pero tanta
+fanfarronería de ásperas ruedas se redujo a dar la hora. Sonaron once
+golpes de cencerro.
+
+Doña Laura se levantó y las niñas dejaron la costura. La criada tomó el
+dinero de la compra. Isidora desapareció, mientras Emilia guardaba la
+máquina. Don José tenía la costumbre de acostarse una hora más tarde que
+su señora y niñas, y esa hora la empleaba en leer _La Correspondencia_,
+deleite sin el cual no podía pasar, y después de hacer cigarrillos de
+papel, valiéndose de un aparato conocido, cilindro de madera lleno de
+agujeritos, donde se introduce el papel liado, y se cargan y atascan
+después de picadura. Echose al cuerpo el periódico, leyendo con
+extremada atención las conferencias de hombres políticos, y repasando al
+fin los muertos y los anuncios. Luego, mientras atarugaba la máquina de
+pitillos, meditaba sobre los sucesos del día y sobre política general.
+No carecía de convicciones arraigadas en materia de gobernación del
+reino. Declarábase enemigo de todos los partidos; sostenía que los
+españoles debían unirse para bien de la patria, y entonces se acabarían
+las trapisondas y las revoluciones. Sentía por las glorias de su patria
+un entusiasmo ardiente. Tres cosas le indignaban: 1.ª Que los ingleses
+no nos devolvieran Gibraltar. 2.ª Que los ministros tuvieran treinta mil
+reales de cesantía. 3.ª Que no se hubiera levantado un monumento a
+Méndez Núñez. En aquellos tiempos, el repertorio de sus ideas se había
+enriquecido con una, muy firme, que no cesaba de manifestar en todas las
+ocasiones. «Nada, nada--decía--; este D. Amadeo es una persona decente».
+
+Cuando el reloj dio las doce, retirose D. José, dejando _La
+Correspondencia_ sobre la mesa, para que la leyera Melchor, que entraba
+siempre alrededor de las dos. Mucho sorprendió a Relimpio, cuando se
+acercó al lecho conyugal, ver a su cara mitad todavía despierta.
+
+«¿Estás en vela, chica?--le dijo quitándose su gorrete--. Acabo de leer
+el periódico... ¡Qué cosas pasan! ¡Cómo marean a ese pobre señor! Yo
+sigo en mis trece; sostengo que D. Amadeo es una persona decente.
+
+--Déjame en paz. ¡Contenta me tienes! Estoy desvelada pensando en esa...
+Valiente mocosa se nos ha posado encima.
+
+--Quia, quia, mujer. Es una huérfana...
+
+--¿Es mi casa hospicio? Nos va a arruinar esa... Dios me perdone el mal
+juicio; pero creo que acabará mal tu dichosa ahijadita. No le gusta
+trabajar, no hace más que emperifollarse, escribir cartas, pasear y
+lavarse. Eso sí; más agua gasta ella en un día que toda la familia en
+tres meses.
+
+--Quia, quia. Déjala que se lave. Pues también trabaja. Esta noche ha
+tomado con tanta atención y empeño la lección de costura, que dentro de
+poco coserá en máquina mejor que yo.
+
+--Eres bobo, Relimpio. Esa chica tendrá mal fin. ¡Y qué humos, bendito
+Dios, qué pretensiones! ¡Y qué morros nos pone a veces, después que la
+estamos manteniendo! Hay que echarle memoriales algunos días para
+poderle hablar.
+
+--Es una huérfana. ¿Crees tú que el Canónigo la desamparará? No, yo no
+lo creo.
+
+--Fíate del Canónigo y no corras. Lo más gracioso..., no sé cómo me río,
+es que ella está echando chispas de rabia porque no puede gastar en
+bicocas... Vamos, que si esta tuviera dinero, gastaría un lujo asiático,
+y tendría lacayos colorados como ese Rey...
+
+--El cual, la verdad por delante, es la persona más decente...
+
+--¡Ay, Isidorita, Isidorita!, me parece que usted es una buena pieza, y
+el día menos pensado la voy a plantar a usted en la calle.
+
+--¡Laura!--exclamó tímidamente D. José, ya acostado.
+
+--Quita, quita. Fuera moscones. No nos faltara quien ayude a pagar el
+alquiler. No quiero líos en mi casa.
+
+--¿Líos...? ¡Quia!
+
+--Líos, sí; ¿pues qué quieren decir las visitas del marqués de Saldeoro?
+¿Sabes quién es ese danzante?
+
+--Una persona decentísima, un caballero, un joven...--murmuró Relimpio
+aletargándose.
+
+--Sea lo que quiera, esas visitas me apestan. No es mi casa para estas
+cosas, señorita doña Isidora. Tú, Relimpio, como eres tan alma de Dios,
+no te fijas; yo sí. Ese marquesito, o lo que sea, vino aquí un día y
+estuvo de visita con ella un cuarto de hora. Volvió a la semana
+siguiente, y la encerrona fue más larga, ¿te enteras? Después siguió
+viniendo cada tres o cuatro días. ¡Oh, cómo se le conoce en la cara a
+esa berganta, cuando le espera, cuando tarda, cuando no ha de venir! Tú
+eres un simple y no ves nada. Yo me he puesto detrás de la puerta a
+escucharles, y les he sentido charlar muy animados, sumamente animados;
+pero no he podido entenderles una sola palabra. Les he oído reír, sí,
+reír mucho, pero ¿de qué...? Aquí hay algo, Relimpio; aquí hay algo».
+
+Don José, que ya estaba, si no enteramente dormido, a punto de llegar a
+estarlo, murmuró claramente estas dulces palabras, que salieron de sus
+labios envueltas en una sonrisa:
+
+«¡Y qué guapa es...!
+
+--Quita allá, quita, esperpento. ¡Contenta me tienes!...
+
+--Nada, mujer; decía que D. Amadeo es una persona...
+
+--¡Quita, quita...!
+
+--¡Quia, quia...!».
+
+
+=--III--=
+
+Las relaciones de Isidora con las hijas de su padrino, si cordiales al
+principio de la vida común, fueron enfriándose poco a poco. Isidora no
+disimulaba bien su idea de la inferioridad de Emilia y Leonor, ya en
+posición social, ya en hermosura, buen gusto y maneras de presentarse.
+Se creía tan por encima de sus primas en esto, que cuando se trataba de
+prendas de vestir, de la elección de un color, flores o adorno
+cualquiera, la de Rufete manifestaba a las de Relimpio un desdén
+compasivo. «Estas pobres cursis--decía para sí--de despepitan por
+imitarme, y no pueden conseguirlo».
+
+Algo de verdad había en esto. Isidora tenía una maestría singular y no
+aprendida para arreglarse. Con ella nació, como nace con el poeta la
+inspiración, aquella facultad de sus ojos para ver siempre lo más bello,
+sorprender lo armonioso y elegir siempre de un modo magistral, así como
+la destreza de sus manos para colocar sobre sí misma cualquier adorno.
+Poseía la rarísima afición a la sencillez, que comúnmente no se halla en
+las zonas medias de la sociedad, sino que es don especial de la
+civilización primitiva o de la muy refinada cultura. Las niñas de don
+José, reconociendo esta superioridad, se aconsejaban de ella,
+consultándole sobre todos los arreglos de trapos que hacían. Su pobreza
+les vedaba ciertamente el lujo; pero como es ley que todas las clases de
+la sociedad, a excepción de la jornalera, vistan de la misma manera, y
+como hay un verdadero delirio en los pequeños por imitar el modo de
+presentarse de los grandes (de donde resulta que la hija de un empleado
+de doce mil reales apenas se distingue, en la calle, de la hija de un
+prócer), las de Relimpio se emperifollaban tan bien con recortes,
+desechos, pingos y cosas viejas rejuvenecidas, que más de una vez dieron
+chasco a los poco versados en fisonomías y tipos matritenses.
+
+Eran ambas agradables, y Emilia bastante bonita, de ese tipo fino,
+delicado y esbelto que tanto en Madrid abunda. Largos meses vivieron con
+un solo vestido bueno para las dos, un par de botinas comunes y una
+pelliza blanca de invierno, de lo que resulta que cada día le tocaba a
+una sola niña salir a paseo con D.ª Laura. Mas a fuerza de trabajar, de
+desvelos y de casi inverosímiles economías, lograron vestirse y calzarse
+ambas de la misma manera, y aun tener sendos sombreros de moda,
+arreglados por ellas, bajo la inspección de Isidora, con despojos y
+reliquias de otros sombreros que conseguían de balde en una tienda para
+la cual trabajaban. ¿Qué mujer no tiene sombrero en los años que corren?
+Sólo las pordioseras que piden limosna se ven privadas de aquel atavío;
+pero día llegará, al paso que vamos, en que también lo usen. La
+humanidad marcha, con los progresos de la industria y la baratura de las
+confecciones, a ser toda ella elegante o toda cursi.
+
+Con ser tipos perfectos de la miseria disimulada, las niñas de D. José
+se habrían horrorizado de que se les propusiera casarse con un hábil
+mecánico, con un rico tendero o con un propietario de aldea. Doña Laura
+misma, hecha ya al vivir miserable, barnizado y compuesto para que no lo
+pareciese, no pensaba en alianzas denigrantes. Sus ilusiones eran que
+Emilia se casase con un médico, de estos chicos listos que salen ahora,
+por cuya razón no veía con malos ojos las visitas de Miquis. En cuanto a
+Leonor, a quien su madre suponía dotada de un talento no común, le
+vendría bien un oficial de Estado Mayor, de Ingenieros, o cosa así.
+
+En el paraíso del Teatro Real, adonde iban un par de veces por semana,
+tenían estas dos niñas finas su círculo de mozuelos galanteadores y
+estudiantes y empleados de esas categorías ínfimas que rayan en lo
+microscópico. Ellas se daban una importancia colosal, aparentando,
+particularmente Leonor, lo que ni en sueños podían tener; y como eran
+agradables de cara y sueltas de lengua, muchos inocentes caían en el
+lazo, y las miraban como lo granadito de la sociedad. La confusión de
+clases en la moneda falsa de la igualdad.
+
+Hablemos ahora de Melchor, honra y gala de la familia, orgullo de su
+madre, y esperanza de todos, pues primero se dudara allí de los Cuatro
+Evangelios que de la próxima ascensión del joven Relimpio a una posición
+coruscante. ¿Cómo no, si Melchor era, según D.ª Laura, lo más selecto
+del orbe en hermosura, talento y sociabilidad? Y verdaderamente, si la
+figura y buen talle es la escalera por donde los humanos han de subir a
+la gloria o a la riqueza, Melchor debía empinarse más que ningún otro
+porque tenía la mejor fachada personal que pudiera desear un hombre. Era
+el primer fruto del matrimonio de D. José con D.ª Laura, y aún decían
+malas lenguas que era tresmesino, cosa que no nos importa averiguar. Su
+edad no pasaba de veintiséis años. Tenía la barba negra, los ojos ídem,
+el pelo ídem, el entendimiento ídem; mas su filiación era difícil en lo
+tocante a la primera de estas señas personales, pues muy a menudo
+variaba la ornamentación capilar de su cara; de modo que si este mes se
+le veía con barba corrida, el que entra llevaba patillas; al año
+siguiente aparecía con bigote solo; después con bigote y perilla, como
+si quisiera inscribir en su cara, con la navaja de afeitar, la
+caprichosa inconstancia de sus pensamientos.
+
+Con ser primogénito y hombre, era el Benjamín y el niño mimado de la
+casa. Todos los sacrificios parecían pocos, y se le había acostumbrado a
+la humillación de sus padres ante la majestad de sus antojos. Mirábanle
+D. José y D.ª Laura como un ser superior, sagrado, que por casualidad o
+por misterioso intento de la Providencia, había nacido del vientre de
+aquella mujer humilde. En las cuestiones con sus hermanas, siempre tenía
+razón Melchor, y las niñas podían carecer de lo más preciso para que
+Melchor disfrutara de lo superfluo. Doña Laura comía mal o no comía para
+que su hijo fumase bien. A D. José se le negaba el vino en la mesa para
+que Melchor pudiese tomar café y no hacer un mal papel entre sus amigos.
+En las casas pobres suelen vestirse los hijos con la ropa desechada de
+los padres. Allí, por el contrario, le hacían a D. José chaquetas de los
+gabanes viejos de Melchor, y todas las corbatas de éste pasaban, después
+de usadas, a decorar el cuello paterno.
+
+El bolsillo de D. José estaba siempre más limpio que patena, porque era
+hombre tan derrochador que, si allegaba algún cuarto, cometía la vil
+acción de comprar castañas y sentarse a comérselas en un banco del
+Retiro. Pero en el chaleco de Melchor siempre sonaba algo, aunque fuera
+media docena de pesetas, reunidas por D.ª Laura, Dios sabe cómo, con mil
+apuros, con el enfermizo velar de las niñas y el ahorro llevado a
+límites increíbles.
+
+Melchor había seguido la carrera de Derecho. Un chico tan sin segundo,
+tan extraordinariamente dotado por Dios en talento y finura, no podía
+degradarse en oficios mecánicos y bajos menesteres. Darle carrera poco
+lucida habría sido contrariar sus altos destinos. Tenía doña Laura un
+hermano, que era y es afamado ortopédico de Madrid, hombre que ha
+labrado una fortuna en su taller. Este laborioso industrial, luego que
+Melchor, de quien era padrino, llegó a los quince, quiso llevarle
+consigo y enseñarle aquel honrado oficio; pero tanto D.ª Laura como D.
+José consideraron esto como un insulto. ¡Melchor ortopedista, arreglador
+de jorobas, corrector de hernias, fabricante de muletas y aparatos tan
+feos!... Vamos, vamos, esto era monstruoso. Doña Laura oyó las
+proposiciones de su hermano, no ya con indignación, sino con asco. El
+joven mismo, cuando ya despuntaba en la Universidad y tenía su barniz
+literario, reíase de su tío el ortopédico. Sólo la idea de ir a trabajar
+con él en aquella odiosa tienda le sublevaba. ¿Cómo podían entenderse él
+y su tío, él tan sabio, tan listo, llamado a sublimes destinos, y su tío
+un hombre tosco y rudo que sólo sabía hacer suspensorios y cazar, un
+bárbaro que llamaba _cláusulas_ a las cápsulas, y que cuando se puso el
+primer tranvía hablaba de la _tripulación_ de los coches, en vez de
+decir trepidación?
+
+Salió Melchor de la Universidad hecho, como decía Miquis, _un pozo de
+ignorancia_. Entre todas las ciencias estudiadas, ninguna tenía que
+quejarse por ser menos favorecida; es decir, que de ninguna sabía una
+palabra.
+
+Se trató entonces de _lanzarle_. Era un bonito bajel, recién hecho y
+pintado, al cual no faltaba ya más que hacerle flotar en el mar sin fin
+de las ambiciones. El diputado por Monóvar le consiguió un destino en la
+Dirección de Rentas Estancadas, asunto del cual Melchor entendía tanto
+como de cantar la epístola. Vamos, vamos, que entraba con pie derecho.
+Desgraciadamente pasó algunos años alternando entre colocaciones
+miserables y calamitosas cesantías. El joven se desesperaba, viendo la
+desproporción grande entre su posición real y la artificial, que se
+había creado con amistades de chicos pudientes, con la necesidad de
+vestir bien y sus eternas pretensiones, fomentadas sin cesar por toda la
+familia.
+
+No tenía amor al estudio, porque oía decir constantemente que el estudio
+de poco aprovecha. Pero el roce con muchachos listos le había
+suministrado un mediano caudal de frases hechas y de ideas de
+repertorio, por lo cual no era de los más callados en los cafés.
+Disputaba sobre política, y aun metió su cuarto a espadas en ella,
+escribiendo en algún periodiquejo. Era de notar que siempre lo hacía en
+tono tan indignado y mostrando tal ira contra el Gobierno, que sus
+trabajillos gustaban en las redacciones y aun le produjeron algunos
+cuartos.
+
+Fue colocado, y durante una temporada corta se dedicó al espiritismo. Se
+le veía en nocturnas reuniones de esta secta, que es la antesala del
+Limbo, y llegó a adquirir esas convicciones tenaces que sólo se
+encuentran en los prosélitos de los sistemas más absurdos. Muchas horas
+de la noche pasaba en su casa en tétrica conversación con las patas de
+las mesas, o bien escribiendo con mano temblona lo que, según él, le
+decían este y el otro espíritu; y aunque tales majaderías no agradaban
+mucho a D.ª Laura, por ser remachada católica, la bendita señora no le
+decía una palabra, ni trataba de arrancar de la mente de su hijo las
+telarañas de aquella ridícula doctrina.
+
+Pero pasó el tiempo, y con él el espiritismo de Melchor, dejando el
+puesto a otros ideales más prácticos. Veía transcurrir los años sin que
+sus medios pecuniarios estuvieran en armonía con sus pretensiones, ni
+con aquel porvenir brillante que su buena madre le anunciaba. El no era
+rico, pero era preciso parecerlo; es decir, vestirse como los ricos,
+tratar con ricos. Es cruel eso de que todos seamos distintos por la
+fortuna y tengamos que ser iguales por la ropa. El inventor de las
+levitas sembró la desesperación en el linaje humano.
+
+Padecía con esto Melchor horriblemente, y cada día sufría una
+humillación nueva. El lujo de los demás le azotaba la cara. Paseaba.
+¿Por qué era suyo el cansancio y de los demás el coche? ¿Por qué razón
+el sentía el amor, y era otro el que tenía la querida? Iba al teatro.
+¿Por qué era suya la afición a la música y ajeno el palco? Estas
+cuestiones brotaban sin cesar en su cerebro como las chispas en la
+fragua. Para colmo de pena, oía la historia de fortunas improvisadas. En
+el café, en los círculos todos, se referían maravillosos cuentos, como
+los de magia. Aquí un pobrete audaz había redondeado colosal ganancia en
+pocos meses. Allá una idea feliz, engendrando el más pingüe de los
+negocios, había hecho poderoso al que un año antes era mendigo. Mil
+agentes bullían en Madrid, realizando, con maravillosos beneficios, esas
+combinaciones obscuras entre el Tesoro y los usureros, entre los
+servicios y las contratas, de que resultaban los únicos milagros del
+siglo XIX.
+
+Desde que le asaltaron estos pensamientos, Melchor ideaba todas las
+semanas un plan o arbitrio nuevo. Lo maduraba en su mente, lo comunicaba
+a su madre expuesto ya en claras cifras; encontrábalo de perlas D.ª
+Laura; trataba él de llevarlo a la práctica, y entonces, de las
+dificultades venía la muerte del plan y el engendro de otro.
+
+Primero tratábase de una cosa muy sencilla: «Son habas contadas,
+mamá»--decía él. Consistía en combinar un sistema de anuncios con un
+sistema de regalos, ofrecidos por las tiendas a cuantos comprasen en
+ellas. El plan era soberbio. Produciría millones, con tal que todos los
+tenderos de Madrid aceptaran la cosa, y con tal que todos los
+industriales facilitasen los anuncios. Ya se había entendido él con un
+litógrafo que le haría las primeras tarjetas crómicas.
+
+A estas habas contadas sucedieron otras. Tratábase de una red de
+tranvías aéreos. ¿El capital? Seguridad tenía de encontrarlo cuando los
+banqueros conocieran su plan. Pero estos no supieron ver la inmensidad
+de millones que podía dar de sí el negocio, y los tranvías aéreos se
+quedaron en los aires. Después se trató..., también habas contadas...,
+de conseguir del Gobierno el privilegio de expender fósforos, luego de
+montar una agencia para conseguir destinos, y sucesivamente de otros
+delirios y extravagancias.
+
+Entre tantas combinaciones no se le ocurrió al joven Relimpio la más
+sencilla de todas, que era trabajar en cualquier arte, profesión u
+oficio, con lo que podía ganar, desde un peseta para arriba, cualquier
+dinero. Pero él fanatizado por lo que oía decir de fortunas rápidas y
+colosales, quería la suya de una pieza, de un golpe, no ganada ni
+conquistada a pulso, sino adquirida por arte igual al hallazgo de la
+mina de oro o del sepultado tesoro de diamantes. En los días a que
+nuestra historia se refiere, andaba Melchor algo desanimado, y
+grandísima confusión reinaba en su espíritu. En su mente lo inverosímil
+luchaba en sombrío pugilato con lo posible. ¿Saldría de este batallar
+alguna idea grande, algún plan jamás soñado de otro alguno? Las visiones
+de la riqueza real se peleaban dentro de él con las imágenes del
+bienestar ajeno, entre el estruendo de los rebeldes apetitos, tanto más
+revoltosos cuanto más distantes de ser saciados.
+
+Llegaba a su casa todas las noches entre una y dos de la madrugada,
+fatigado, triste, pensativo; soltaba la capa; ponía los codos sobre la
+mesa del comedor, las quijadas entre las palmas de las manos, y así se
+quedaba media hora o más en reposada meditación. Si había entrado
+fumando, que era lo más probable, consagraba su atención a curar,
+ennegrecer o _culotar_ (no hay otra manera de decirlo) una boquilla de
+espuma de mar, empeño que le traía muy atareado a diferentes horas del
+día. Llevaba adelante su obra con tanto esmero y paciencia, que en el
+café oía más de un elogio por la perfección e igualdad de ella. Hay
+orgullos muy singulares. El que Melchor fundaba en su pipa era
+disculpable, porque la pipa iba pareciéndose al ébano más puro y
+reluciente, y el artista, después de arrojar sobre ella,
+distribuyéndolos bien, chorros de espeso humo, la frotaba con el
+pañuelo, y se miraba después en aquel espejo de azabache... Cuando
+concluía de fumar, guardaba la pipa en el estuche y se iba a la cama, de
+donde no salía hasta la una del siguiente día.
+
+Isidora no simpatizaba con el mimado hijo de los Relimpios. Aquella
+hermosura tan ponderada por D.ª Laura parecíale a ella ordinaria, y los
+modales y vestir del joven afectados y cursis. En cuanto a las altas
+cualidades morales y mentales con que, en opinión de la familia, estaba
+agraciado por Dios, Isidora no comprendía nada. Parecíale el más
+desaforado holgazán, el más bárbaro egoísta del mundo.
+
+
+
+
+Capítulo IX
+
+Beethoven
+
+
+=--I--=
+
+El palacio de Aransis, situado en la zona de la parroquia de San Pedro,
+es un edificio de apariencia vulgar, como todas las moradas señoriales
+construidas en el siglo XVII, las cuales parecen responder a la idea de
+que Madrid fuese una corte provisional. Seguros los grandes de que tarde
+o temprano se fijaría el Rey en otra parte, hacían, en vez de casas,
+enormes pabellones o tiendas de campaña, empleando en vez de lienzo y
+tablas el ladrillo y el yeso. La importancia artística de tales
+caserones es nula; su solidez mediana, y en cuanto a comodidades
+interiores, solamente es habitable lo que ha sido reformado, pues los
+señores antiguos parece se acomodaban a vivir sin luz y sin abrigo, ya
+en anchas cavidades desnudas, ya en obscuras estrecheces.
+
+La casa de Aransis es de las reformadas en el siglo pasado. Al exterior,
+fuera de su puerta almohadillada, por la cual entrarían sin inclinarse
+los gigantones del Corpus, nada absolutamente tiene de particular.
+Interiormente conserva bastantes obras de mérito, como tapices, muebles
+y cuadros, sin que ninguna de ellas raye, ni con mucho, en lo
+extraordinario. El abandono en que sus dueños la tienen nótase desde la
+puerta al tejado, pues aunque todo está en orden y bien defendido de la
+polilla, hay allí olor de soledad y presentimiento de ruina. Digan lo
+que quieran los que se empeñan en que ha de ser bueno todo lo que no es
+moderno, el interés artístico de los salones de Aransis no pasa de
+mediano.
+
+Desde el 63 todo estaba cerrado allí; sólo se abría los días de
+limpieza. La casa tenía por habitantes el silencio, que se aposentaba en
+las alcobas, entre luengas colgaduras hechas a imagen del sueño, y la
+obscuridad se agasajaba en las anchas estancias. Por algunas rendijas la
+luz metía sus dedos de rosa, arañando las tapicerías. De noche, ni
+ruido, ni claridad, ni espíritu viviente moraban allí.
+
+Un día de otoño del 72 alegrose de súbito el palacio; abriéronse puertas
+y ventanas; entraron aire y luz a torrentes, y los plumeros de media
+docena de criados expulsaron el polvo que mansamente dormía sobre los
+muebles. Luego sucedió traqueteo de sillas, lavatorio de cristales y
+preparación de luces. En medio de este alboroto, oíanse las notas
+sueltas de un piano, martirizado en manos del afinador. Al día
+siguiente, hubo estruendo de baúles descargados, oficiosa actividad de
+lacayos, rodar tumultuoso de carruajes en la calle y en el portal
+inmenso, desnudo, vacío. Una señora de cabello entrecano y gallarda
+estatura envuelta en pieles, tapada la boca, trémula de frío, subió la
+escalera, dando el brazo a un señor cacoquimio, y pasó de pieza en
+pieza, sin parar hasta aquella donde debía reposar del viaje.
+Acompañábanla, además del señor cacoquimio, un jovencito como de catorce
+años, que llevaba tras sí, atado de una cadena, un enorme perro negro, y
+cerraban la comitiva dos criadas jóvenes y guapas, que no tenían facha
+de gente española.
+
+La marquesa de Aransis, viuda desde el 54, vivía de asiento en París, en
+Londres durante la temporada o _season_, parte del verano en un puerto
+de Bretaña, y algunos inviernos solía venir a España para templar su
+salud, no muy buena, en el clima de Córdoba, donde tenía casa y
+posesiones. En Madrid no estaba sino cuatro o cinco días, de paso para
+Córdoba o Granada. Aquel año efectuaba su viaje a fines de septiembre, y
+mostrándose, sin saber por qué, menos cariñosa que otras veces con su
+patria, había dicho al entrar en la casa: «Esta vez no estaré sino tres
+días». Era lunes.
+
+Descansó hasta las dos, hora en que el jovencito que la acompañaba se
+puso al piano para tocar dificilísimos ejercicios, y no lo dejó hasta la
+hora de comer. Recibió luego la señora muchas visitas, comió con el
+señor cacoquimio, el muchacho pianista, la marquesa de San Salomó, el
+apoderado de la casa y dos personas más, y retirose a su alcoba después
+de rezar mucho.
+
+Empleó casi todo el día siguiente en devolver visitas y se encerró a las
+cuatro. No quería recibir a nadie. Deseaba estar sola. Aquella casa la
+repelía arrojando sobre su alma una sombra triste y lúgubre, y al mismo
+tiempo la llamaba a sí y la retenían los amorosos recuerdos. Llegó la
+temprana noche. La marquesa había resuelto abrir el cuarto de su hija
+difunta, que estaba cerrado desde la muerte de esta, acaecida nueve años
+antes. En tan largo espacio de tiempo no había permitido la madre que
+fuese abierta por nadie la fúnebre alcoba; no había querido abrirla ella
+misma, porque la miraba como a una tumba y las tumbas no se abren. Pero
+en aquella ocasión decidiose a quebrantar su propósito. Ya desde París
+había traído la idea de realizar aquel acto tristísimo. Su deseo
+procedía de una piedad entrañable, del temor mismo, que a veces nos
+estimula robando su aguijón a la curiosidad.
+
+«Lo abriré esta noche»--, pensó dando un gran suspiro, y después de
+comer se trasladó a un hermoso gabinete, la mejor y más rica pieza de la
+casa. En uno de los testeros estaba el gran piano de Erard donde tocaba
+mañana y tarde el jovencito que había venido con la señora; en otro el
+espejo de la gran chimenea reproducía con misteriosa indecisión la
+cavidad adornada de la estancia. Frente al espejo, la abertura de dos
+cortinas, pesadamente recogidas, dejaba ver una puerta blanca, lisa,
+puerta en la cual se echaba de menos un epitafio.
+
+De las paredes colgaban cuadros modernos de dudoso mérito y algunos
+retratos de señores de antaño, de esos que están metidos en cincelada
+armadura de ceremonia, el brazo tieso y en la mano un canuto, señal de
+mando. Los muebles no eran de lo más moderno. Pertenecían a los tiempos
+del tisú y de la madera dorada, y los bronces proclamaban con su
+afectada estructura griega la disolución de los Quinientos y los
+_senatus consultus_ de Bonaparte. Aunque no hacía frío, la humedad de la
+desamparada casa era tal, que fue preciso encender la chimenea.
+
+El joven, más bien niño, entró jugando con el perro, a quien llamaba
+_Saúl_.
+
+«No alborotes, hijo--indicó la señora, molesta por el ruido--; deja en
+paz a _Saúl_».
+
+Poco después estaba el animal regiamente echado en medio de la sala, y
+parecía un león de ébano. Su hermosa cabeza destacábase soberbia,
+inteligente, a un tiempo cariñosa y fiera, sobre el ramaje de colores de
+la alfombra, y sus ojos devolvían en chispas vivísimas la lumbre de la
+chimenea.
+
+Trató de abrir la marquesa la puerta, mas con mano tan insegura lo
+hacía, que la llave tanteaba en el hierro sin acertar a introducirse. Al
+fin sonó el chasquido de la metálica lengua al recogerse. Empujada,
+cedió la puerta con lastimero sollozo de herrumbres, y mostró el ámbito
+negro, del cual salía un aliento de humedad estacionada, que se nutre de
+las tinieblas, de la quietud, de la soledad.
+
+La marquesa, que se había detenido en el umbral, paralizada del temor y
+respeto que aquel interior, no abierto en nueve años, le infundía,
+retrocedió un instante; tomó una de las dos lámparas que en el gabinete
+había, y resuelta, con devoción y ánimo, penetró en la habitación, cuya
+puerta de par en par abrió.
+
+«Hija de mi alma, ya te hemos perdonado»--murmuró a manera de rezo, al
+dar los primeros pasos.
+
+En el centro había una mesa, sobre la cual dejó la señora la lámpara.
+Sentose en un sillón junto a la mesa, y cruzando las manos empezó a
+llorar y a rezar, derramando su vista por todos los objetos de la
+estancia, los muebles y cortinas, y fijándola en algunos con la saña que
+a veces emplea contra sí misma el alma dolorida. La sed de ver se nutría
+del temor de ver, englobándose uno en otro, miedo y apetito, para que el
+alma no supiera distinguir del suplicio el goce. Entonces oyéronse las
+notas medias del piano acordadas dulcemente, indicando un motivo lento y
+sencillo de escaso interés musical, pero que semejaba una advertencia,
+el _érase una vez_ del cuento maravilloso.
+
+La marquesa no hacía caso de aquella música que estaba cansada de oír.
+Su nieto era un precoz pianista, un monstruo, un fenómeno de agilidad y
+de buen gusto. Había sido discípulo y era ya émulo de los primeros
+pianistas franceses. Orgullosa de esta aptitud, la marquesa obligaba al
+muchacho a estudiar diez horas al día. Sin hacerle caso aquella noche,
+ni aun darse cuenta de lo que el niño tocaba, la ilustre señora,
+solicitada de otros pensamientos y emociones más crudas y reales que las
+que produce la música, seguía mirando todo. No había visto aquellos
+objetos desde el día en que expiró su hija. La muerte estampaba su sello
+triste en todo. La falta de luz había dado a la tela de los muebles
+tonos decadentes. El polvo deslustraba las hermosas lacas, y tendido
+sobre todo una neblina áspera y gris que no podía ser tocada sin
+estremecimiento de nervios. Sobre la chimenea permanecía un jarrón con
+flores que fueron naturales y frescas nueve años antes. Eran ya un
+indescriptible harapo cárdeno, que al ser tocado, caía en partículas
+secas y sonantes, como los despojos de cien otoños. En los muebles
+finísimos de caprichosa construcción, los dorados se habían vuelto
+negros. Un armario ropero de triple luna tenía las puertas
+entreabiertas, y de su seno de cedro se veían salir desordenados
+vestidos, rasos y granadinas, fayas y gros riquísimos, todo ajado y
+descolorido, todo en tal manera invadido por la muerte, que parecía
+próximo a caer; si se le tocaba, en menudas partículas como las flores
+de antaño. Olor de polilla y de flores mustias y de perfumería podrida y
+descompuesta por la vejez, salía de aquellos despojos. Veíanse también
+por el suelo, junto al armario, zapatos y botitas apenas usados, y un
+corsé cuyo cordón suelto describía rúbricas por el suelo.
+
+Mirando esto, la marquesa recordó el más triste detalle de aquel día
+triste. Pocas horas antes de morir, su hija, creyéndose bien por una de
+esas raras alucinaciones del temperamento, que son la más tremenda
+ironía de la muerte, había tenido el antojo de engalanarse. Sintiendo en
+aquel instante engañosas fuerzas, se había vestido con febril ansiedad
+diciendo que ya no estaba mala y que iría al teatro aquella noche.
+Después había sentido de súbito como una puñalada en el corazón, y cayó
+al suelo. Le quitaron las ropas de lujo, la descalzaron, le fueron
+arrancando una a una las bellas prendas, profanadoras del sepulcro, y
+poco después dejó de existir.
+
+Este recuerdo, que siempre la horrorizaba, llevó a la marquesa a
+contemplar un hermoso cuadro colocado sobre la chimenea. Era un retrato
+de mujer, en cuyo agraciado rostro hacía contraste la sonrisa de los
+labios frescos con la melancolía de los ojos pardos, debajo de las cejas
+más galanas que han podido verse. Resultaba una doble expresión de
+enamorada y de burlona, y allí se echaba de ver el sentimiento hondo y
+fuerte, mal disimulado con la hipocresía de un carácter superficialmente
+picaresco.
+
+La marquesa no se saciaba de mirar al retrato. ¡Era tan parecido; era la
+pintura, como de Madrazo, tan fina, tan conforme con la distinción,
+elegancia y gracia del original! ¡Qué admirable aquella circumpostura
+del cabello abundante, guarneciendo el rostro, no ciertamente muy oval,
+antes bien tirando a una redondez algo voluptuosa! ¡Qué palidez tan
+encantadora! ¡Qué armonía entre lo enfermizo y las inexplicables
+seducciones! ¡Y aquella mano blanca recogiendo la negra mantilla, qué
+airosa, qué viva en su admirable modelado!... A la madre se le escaparon
+en un murmullo de dolor estas palabras:
+
+«¡Pobre hija mía! ¡Pobre pecadora!».
+
+Y diciendo esto, levantose de la caja del piano próximo un murmullo
+vivo, que pronto fue un lamento, expresión de iracundas pasiones. Era la
+elegía de los dolores humanos, que a veces, por misterioso capricho de
+estilo, usa el lenguaje del sarcasmo. Luego las expresiones festivas se
+trocaban en los acentos más patéticos que pudiera echar de sí la voz
+misma de la desesperación. Una sola idea, tan sencilla como
+desgarradora, aparecía entre el vértigo de mil ideas secundarias, y se
+perdía luego en la más caprichosa variedad de diseños que puede concebir
+la fantasía, para reaparecer al instante transformada. Si en el tono
+menor estaba aquella idea vestida de tinieblas, ahora en el mayor se
+presentaba bañada en luz resplandeciente. El día sucedía a la noche y la
+claridad a las sombras en aquella expresión del sentimiento por el
+órgano musical, tanto más intenso cuanto más vago.
+
+De modulación en modulación, la idea única se iba desfigurando sin dejar
+de ser la misma, a semejanza de un histrión que cambia de vestido. Su
+cuerpo subsistía, su aspecto variaba. A veces llevaba en sus sones el
+matiz duro de la constancia; a veces, en sus trémolos la vacilación y la
+duda. Ora se presentaba profunda en las octavas graves, como el
+sentimiento perseguido que se refugia en la conciencia; ora formidable y
+guerrera en las altas octavas dobles, proclamándose vencedora y rebelde.
+Sentíase después acosada por bravío tumulto de arpegios, escalas
+cromáticas e imitaciones, y se la oía descender a pasos de gigante,
+huir, descoyuntarse y hacerse pedazos... Creyérase que todo iba a
+concluir; pero un soplo de reacción atravesaba la escala entera del
+piano; los fragmentos dispersos se juntaban, se reconocían, como se
+reconocían, como se reconocerán y juntarán los huesos de un mismo
+esqueleto en el juicio final, y la idea se presentaba de nuevo
+triunfante como cosa resucitada y redimida. Sin duda alguna una voz de
+otro mundo clamaba entre el armonioso bullicio del clave: «Yo fui
+pasión, duda, lucha, pecado, deshonra, pero fui también arrepentimiento,
+expiación, redención, luz y Paraíso».
+
+
+=--II--=
+
+La marquesa, que no había dejado de mirar el rostro de su hija hasta que
+las lágrimas echaron un velo sobre sus ojos, volvió a rezar, y mientras
+pronunciaba una oración especialmente consagrada a las ánimas, pensaba
+así:
+
+«Dios te habrá perdonado, pobre alma querida, como te perdoné yo».
+
+Y empezó a traer a la memoria recuerdos mil, algunos tristes como
+reflejo del cariño herido, otros punzantes y terribles como la imagen
+del honor vulnerado. Recordó que si las faltas de la hija habían sido de
+estas que en los términos sociales no tienen excusa, la severidad de la
+madre había sido implacable. Con estas lastimosas memorias, la marquesa
+sintió algo que podría llamarse el remordimiento del deber. ¿Había sido
+cruel con su hija? El descubrimiento de liviandades que pronto se
+hicieron públicas, puso a la señora a punto de morir de indignación y
+vergüenza. ¡Qué bien recordaba esto, y cómo se renovaban su iras con las
+memorias, enardeciéndole la sangre! Ella entonces encerró a su hija, con
+todo el rigor que la palabra indica. Habíala recluido en aquella
+habitación, de donde no salía nunca, ni tenía comunicación alguna con el
+exterior. Vivió como emparedada seis meses. ¿De que murió? No se sabía
+bien. Murió de encierro, y fue víctima de la inquisición del honor.
+
+¡Oh rigor extremo! La marquesa era una mujer de otras edades. Estaba
+forjada en el yunque Calderoniano con el martillo de la dignidad social,
+por las manos duras de la religión. No cabían en ella las viles
+condescendencias que son el fruto amargo de una de las maneras de la
+civilización. Mientras su hija estuvo prisionera, se le permitía
+engalanarse, pero no salir del cuarto. La marquesa no hablaba con ella
+más que lo preciso, sin usar jamás frase cariñosa ni vocablo atento. La
+buena señora recordaba, como se recuerda la impresión de una quemadura,
+estas palabras de fuego dichas por su hija el día antes de caer enferma:
+«Mamá, mátame con cuchillo; no me mates con tus miradas».
+
+De súbito la enfermedad, incubada perezosamente, estalló,
+desarrollándose con rapidez en seis días. Desde el primero anunciose un
+fin desgraciado. Todo el rigor de la madre cedió al instante, como el
+hielo que se funde. ¡Qué bien recordaba, al cabo de nueve años, la
+expresión de la cara del médico, las medicinas, los antojillos de la
+enferma, nacidos de terribles aberraciones nerviosas! Ya pedía flores,
+ya helados que no había de tomar. De pronto pedía todos los libretos de
+ópera que se pudieran adquirir. Otra vez hizo llevar a su casa gran
+parte del almacén de música de Romero. «Pájaros, pájaros...». Le
+llevaron media plaza de Santa Ana. «¡Oh! ¡Tengo que contestar tantas
+cartas...!» Y se ponía a escribir. De estos deseos locos, ansiosos, que
+eran como los tirones que daba la muerte para arrancarla más pronto de
+raíz, se alimentaba su fiebre galopante.
+
+«Moriste como una pobre mártir--pensó la marquesa, rezando otra vez--.
+Moriste reconciliada con Dios, recitando oraciones y besando la santa
+imagen de Nuestro Redentor».
+
+Oyose otra vez la voz del clave, con triste elocuencia de salmodia. La
+frase tenía un segundo miembro. Bien podría creerse que un alma dolorida
+preguntaba por su destino desde el hueco de una tumba, y que una voz
+celestial contestaba desde las nubes con acentos de paz y esperanza.
+Descansaba el motivo sobre blandos acordes, y este fondo armónico tenía
+cierta elasticidad vaga que sopesaba muellemente la frase melódica. A
+esta seguían remedos, ahora pálidos, ahora vivos, sombras diferentes que
+iban proyectando la idea por todos lados en su grave desarrollo. Las
+sabias formas laberínticas del canon sucedieron a la sencillez soberana,
+de donde resultó que la hermosa idea se multiplicaba, y que de tantos
+ejemplares de una misma cosa formábase un bello trenzado de peregrino
+efecto, por hablar mucho al sentimiento y un poco al raciocinio,
+juntando los encantos de la mística pura a los retruécanos de la
+erudición teológica. Bruscamente, una modulación semejante a un hachazo
+variaba, con el tono, el número, el lenguaje, el sentido. Estrofa
+amorosa, impregnada de candor pastoril, aparecía luego, y después el
+festivo rondó, erizado de dificultades, con extravagancias de juglar y
+esfuerzos de gimnasta. Enmascarándose festivamente, agitaba cascabeles.
+Se subía, con gestos risibles, a las más agudas notas de la escala, como
+sube el mono por una percha; descendía de un brinco al pozo de los
+acordes graves, donde simulaba refunfuños de viejo y groserías de
+fraile. Se arrastraba doliente en los medios imitando los gemidos
+burlescos del muchacho herido, y saltaba de súbito pregonando el placer,
+el baile, la embriaguez y el olvido de penas y trabajos.
+
+Abriendo el pupitre de un escritorio de ébano, la marquesa revolvía
+papeles, cartas, objetos diversos. Sus ojos deseaban y temían encontrar
+las cosas; fijáronse en un paquete de cartas, recorrieron con sobresalto
+algunos renglones, y se apartaron con horror como de un espectáculo de
+oprobio. «Se quemará todo esto»--dijo poniendo a un lado el paquete
+execrable. Después halló un pliego en que estaba empezada una carta. La
+enferma había tenido delirio de escribir cartas; pero apenas comenzadas,
+las dejaba. En algunas sólo se veían deformes garabatos, hechos al
+rasguear de la pluma temblorosa; en otras las letras claras manifestaban
+ideas sueltas, palabras tiernas agrupadas sin sentido alguno. En algún
+papel la melancolía había repetido muchas veces una misma palabra,
+trazándola primero con grandes letras, que luego iban disminuyendo hasta
+ser como puntos.
+
+«Se quemará todo»--volvió a decir la marquesa, haciendo un montón de lo
+que se destinaba a la hoguera.
+
+Revolviendo más, encontró un retrato. La señora puso muy mala cara al
+verlo. Le causaba horror; mas por lo mismo volvió a mirar la aborrecida
+imagen, porque el odio tiene también sus embebecimientos. No bastaba
+destinar al fuego la cartulina. Era preciso descuartizar primero al reo.
+La marquesa rompió en menudos pedazos el retrato.
+
+¡Cómo se reía entonces Beethoven! Su alegría era como la de Mephisto
+disfrazado de estudiante. Luego entonaba graciosa serenata, compuesta de
+lágrimas de cocodrilo y arrullos de paloma. Pero la marquesa no ponía
+atención y seguía rebuscando.
+
+«¿Qué será esto?»--pensó al tomar un paquetito atado con cinta de color
+de rosa.
+
+Desdobló el paquete y vio un collar de perlitas, con un papel que decía:
+«Para mi hija. Le suplico que sea buena y rece por mí».
+
+La marquesa lloraba de nuevo. Su mano halló al instante un paquete más
+chico. Abriolo. Dentro vio una sortija pequeña, con un papel que decía:
+«Para mi niño, que hoy cumple cinco años. 12 de abril de 1863. Deseo que
+sea bueno y piense en mí».
+
+La marquesa lloraba ya con ruidosos gemidos. Acudió el perro negro y
+puso su hermosa cabeza sobre las rodillas de la dama, mirándola de hito
+en hito con sus ojos negros y cariñosos, a cuya dulzura nada podía
+compararse. Dejó de oírse la voz inefable del piano, y Beethoven, con su
+mundo de sentimientos y de formas, desapareció en el silencio como una
+viva luz tragada por las tinieblas. Acudió el niño músico, y asustado de
+ver a la señora tan afligida, le preguntó la causa de su duelo. La
+marquesa le besó en la frente, le tomó después la mano, buscó en ella un
+dedo...
+
+«¿Es para mí esa sortija?--preguntó el muchacho.
+
+--Para ti. Quizás sea demasiado pequeña... Pero en el meñique bien puede
+entrar. Ya está. No la pierdas.
+
+--¿Es regalo tuyo?
+
+--Sí».
+
+Y poco después se volvía a cerrar la triste alcoba, y retirándose
+personas y luces, todo quedaba en silencio y soledad tristísima. Y al
+día siguiente se hizo una mediana hoguera en la chimenea, donde ardieron
+con chisporroteo, que parecía una protesta contra la Inquisición,
+papeles varios, recuerdos, flores, mechones de cabello, cartulinas.
+Majestuosamente sentado sobre sus cuatro remos, el perrazo negro
+presenciaba con atención solemne aquel acto, retratando en sus pupilas
+de endrina la llama movible que se comía, sin hartarse, las páginas del
+ignorado drama. Cuando la llama se extinguía, lamiendo las últimas
+cenizas, _Saúl_ bostezó con soberano fastidio.
+
+Y no hubo más. El piano sonó también casi todo aquel día, y al siguiente
+la señora marquesa, acompañada del caballero cacoquimio, del niño
+músico, de las dos criadas extranjeras y del perro, partió para Córdoba;
+y el caserón de Aransis se quedó otra vez solo, frío, obscuro, mudo,
+como inagotable arca de tristezas que, después de saqueada, conserva aún
+tristezas sin número.
+
+
+
+
+Capítulo X
+
+Sigue Beethoven
+
+
+El caserón, no obstante, tenía su alegre nota. Como la voz del grillo en
+una grieta del sepulcro, así era la voz del conserje Alonso, cantando
+peteneras en su habitación cercana al portal y en el patio. Era un
+hombre casi viejo, de buena pasta, honrado y comedido. Vivía allí con su
+mujer enferma, de la cual no tenía hijos, y la mitad del día se la
+pasaba trabajando en carpintería, por pura afición, bien haciendo marcos
+de láminas, para lo que tenía especiales aptitudes, bien arreglando
+muebles antiguos para venderlos a los aficionados. No se sabe qué
+funciones había desempeñado en la casa en su juventud. Creemos que fue
+montero, porque siempre acompañaba al marqués de Aransis en sus
+excursiones venatorias. Lo cierto es que en una de estas tuvo Alonso la
+desgracia de perder una pierna, de lo que le vino aquel destino
+sedentario. A pesar de ser hombre acomodado (pues a sus gajes y ahorros
+añadía una regular herencia), nunca quiso abandonar el puesto humilde de
+conserje. Era natural del Toboso, y algo pariente de los Miquis.
+Manejaba los capitalitos de algunos manchegos que querían colocar su
+dinero en fondos públicos. Y ved aquí un banquero que pasaba horas
+largas limpiando metales, quitando el polvo, haciendo recorrer tejados y
+chimeneas, y cobrando, por ayudar al administrador, los recibos de
+inquilinato de las muchas casas que el marquesado de Aransis posee en
+Madrid.
+
+Estaba una mañana el buen hombre en el patio, cuando se abrió la puerta
+y aparecieron tres personas. Una de ellas saludó con mucha afabilidad a
+Alonso, el cual dijo así:
+
+«¡Dichosos los ojos que te ven, Augusto, cabeza sin tornillos...! Ayer
+tuve carta de tu padre. Dice que le escribes poco y que andas
+distraidillo.
+
+--¡Pobre viejo!... Si le escribo todas las semanas... ¿Y cómo está
+Rafaela?¿Qué tal va con las píldoras?
+
+--Pues no va mal. Hoy, como está el día tan bueno, le dije: «Anda,
+mujer, anda a que te dé un poco el aire». Y con efecto, ha salido. Ya
+sabes que un hermano suyo ha venido a establecerse en Madrid. Hará
+dinero, porque estos catalanes saben ganarlo. ¿No le has oído nombrar?
+Juan Bou, litógrafo. Está viudo; necesita quien le ayude a arreglar su
+casa..., y con efecto, Rafaela ha ido allá... Es calle de Juanelo. Yo
+debía haber ido también, y con efecto...
+
+--Con efecto--dijo Miquis repitiendo el estribillo de su amigo--,
+veníamos... Ya me parece que hablé a usted de ello la semana pasada.
+Estos dos amigos, esta señorita y este caballero, desean ver el palacio
+de Aransis. Cuentan que es tan hermoso...».
+
+Alonso era complaciente. Entró en su vivienda, sacó un manojo de llaves,
+y señalando la escalera, dijo con formas respetuosas:
+
+«Pasen los señores. Verán lo que hay».
+
+Miquis, presentando a los que le acompañaban, no pudo reprimir sus
+instintos de malignidad zumbona, y habló así con afectada finura:
+
+«El Sr. D. José de Relimpio y Sastre, ¡consejero de Estado!».
+
+Don José se inclinó turbado, sin atreverse a contestar.
+
+«Y su sobrina, la señorita de Rufete, que acaba de llegar de París...».
+
+Isidora miró a Miquis con tan indignados ojos, que el estudiante no se
+atrevió a seguir. El conserje echó una mirada a la poco flamante levita
+de D. José y al traje sencillamente decoroso de Isidora, sin hallarse
+completa armonía entre el vestido y las personas. O quizás, hecho a las
+burlas de Miquis, no quiso llevar adelante sus investigaciones.
+Subieron.
+
+«Esto es del género Luis XV--dijo con ínfulas de cicerone instruido,
+enseñándoles la primera sala--. La decoró el señor marqués viejo. Aquí
+todo es antiguo».
+
+Como en nuestra moderna edad, tan pronto demasiado enfatuada como
+descontenta de sí misma, se ha convenido en que sólo lo antiguo es
+bueno, Miquis, que hacía el papel de artista magistralmente, empezó a
+manifestar esa admiración lela de viajero entusiasta, y a lanzar
+exclamaciones, y a torcerse el pescuezo para mirar el techo, quedándose
+una buena pieza de tiempo con la boca abierta.
+
+«Esto es maravilloso--decía--. Vaya con las patitas de las consolas...
+¡Qué elegancia de curvas! ¿Y esas cortinas con amorcillos y
+guirnaldas?... ¡Pero dónde llega el techo...! ¡María Santísima! Yo me
+estaría toda la vida mirando esas pastoras que dan brincos y esos niños
+que cabalgan en un cisne. Ha de convenir usted conmigo, Sr. D. José, en
+que hoy por hoy no se hacen más que mamarrachos. Aquí tenemos un salón
+que usted debía tomar por modelo para el palacio que está usted
+construyendo en la Castellana. Verdad que no tiene usted allí una pieza
+tan grande; pero mucho se puede hacer todavía mandando tirar algún
+tabique».
+
+Don José le daba con disimulo codazos y más codazos para que cesara en
+sus burlas. También Relimpio creía de su deber honrar la casa que
+visitaban, embobándose de admiración y lanzando interjecciones cada vez
+que el bueno de Alonso señalaba un espejo, un cuadrito o el biombo de
+cinco hojas, tan lleno de pastores que ni la misma Mesta se le igualara.
+
+«Y a ti, Isidora, ¿qué te parecen estas maravillas?--prosiguió Augusto,
+cuando pasaban a otra sala--. Probablemente no te llamarán mucho la
+atención, porque vienes del centro mismo de la elegancia y del lujo, de
+aquel París... Mira, mira estos retratos de caballeros y señoras de los
+siglos XVI y XVII... ¡Qué nobles fisonomías! Aquel que empuña un canuto,
+semejante a los de los licenciados del ejército, debe de ser algún
+guerrero ilustre. ¡Vaya unos nenes! Aquella señora de empolvado pelo,
+¡cuán hermosa es y qué bien está dentro de su tonelete! ¿Y aquella
+monja?...
+
+--Es el retrato de sor Teodora de Aransis--indicó Alonso con respeto--,
+superiora del convento de San Salomó, donde murió ya muy anciana y en
+olor de santidad hace diez años.
+
+--¡Guapa monja! ¿Qué tal, D. José?».
+
+Don José dijo al oído de Miquis:
+
+«¡Si pestañeara!...».
+
+Pasaron de sala en sala, cada vez más admirados; Miquis, enfático y
+grandilocuente; D. José, repitiendo como un eco las exclamaciones de su
+amigo; Isidora, muda, absorta, abrumada de sentimientos extraños a las
+emociones del arte; mirándolo todo con cierta ansiedad mezclada de
+respeto, que más bien parecía el devoto arrobamiento que inspiran las
+reliquias sagradas.
+
+Llegaron al gabinete donde estaba el piano. Dejando que marcharan
+delante Alonso e Isidora, D. José se llegó a Miquis y en voz baja le
+dijo:
+
+«Oiga usted lo que pienso, amigo D. Augusto: ¡Lo que es el mundo!...
+¡Que unos tengan tanto y otros tan poco!... Es un insulto a la humanidad
+que haya estos palacios tan ricos, y que tantos pobres tengan que dormir
+en las calles... Vamos, le digo a usted que tiene que venir una
+revolución grande, atroz.
+
+--Eso digo yo, Sr. D. José. ¿Por qué todo esto no ha de ser nuestro? A
+ver, ¿qué razón hay? ¿Qué pecado hemos cometido usted y yo para no vivir
+aquí?
+
+--Justamente: ese es mi tema.
+
+--Hay que decir las cosas muy claritas.
+
+--Que venga esa revolución, que venga. ¿Somos iguales, sí o no?
+
+--Sí--afirmó Miquis con acento de Mirabeau.
+
+--Así es que yo no me explico...».
+
+La mente de D. José caía en un mar de confusiones, hundiéndose más a
+medida que veía más objetos, ya de lujo, ya de comodidad. Iba a seguir
+emitiendo juicios muy filosóficos sobre aquella revolución próxima,
+cuando Miquis acertó a ver el piano. Verlo, correr hacia él, abrirlo,
+hojear los papeles de música, y dar con su dura mano un acorde en la
+octava central, fue cosa de un instante.
+
+Beethoven estaba en aquel ingente librote, que por lo grande, lo
+revuelto, lo obscuro, tenía algo de mar; allí estaba su turbulento genio
+escondido debajo de mil líneas, puntos, rasgos, tildes y garabatos que
+parecen oscilar, encresparse y confundirse con la rítmica hinchazón de
+las olas. En la superficie alborotada de un libro de sonatas difíciles,
+sólo es dado navegar al músico experto. También estaba allí la nave,
+admirable construcción de Erard. No faltaba más que el piloto, el
+músico, el intérprete, bastante hábil para lanzarse al abismo con ánimo
+valeroso y manos seguras. Miquis sentía la inspiración en su mente; pero
+sus dedos, tan adiestrados en la cirugía, apenas acertaban a manejar
+torpemente algunas teclas, esto es, que no sabían apartarse de la
+orilla.
+
+Pero tocó. Apenas podía leer la enmarañada escritura del autor de
+_Prometeo_. Los sonidos equivocados, que eran los más, le desgarraban
+los oídos. El tono era difícil, y anunciaba sus asperezas una sarta de
+infames bemoles, colgados junto a las dos claves, como espantajo para
+alejar a los profanos. No obstante, ayudado de su voluntad firme, de su
+anhelo, de su furor músico, Miquis tocaba. Pero ¡qué sonidos roncos, qué
+acordes sesquipedales, qué frases truncadas, qué lentitud, qué tanteos!
+Resultaba lastimosa caricatura, cual si la poesía sublime fuera rebajada
+a pueril aleluya.
+
+En tanto, Alonso abría la puerta de la alcoba, y sin traspasar el umbral
+de ella, en voz baja y con respetuoso acento, hablaba de una persona
+muerta allí nueve años antes, de la puerta cerrada, del retrato, de la
+quema de papeles, de la piedad de la señora marquesa...
+
+«Y con efecto--añadió tocándose la punta de la nariz con la ídem del
+dedo índice--; dicen, y yo estoy en que será verdad, que para el año que
+viene se hará aquí una capilla... ¡Qué guapa era la señorita! ¿No es
+verdad?».
+
+Los tres contemplaron en silencio el retrato: Alonso, con lástima;
+Relimpio, con la curiosidad mundana del que se cree experto en cosas
+femeninas; Isidora, con doloroso pasmo en toda su alma, el cual crecía,
+dándole tantas congojas, que retiró su vista del cuadro y se apartó de
+allí para no dar a conocer lo que sentía.
+
+Ninguno de los presentes conocía el secreto de su vida. No quería
+confiarlo a D. José, por ser demasiado sencillo, ni a Miquis, por
+excesivamente malicioso. En la semana anterior fue grande su disgusto al
+saber, por Saldeoro, que la marquesa de Aransis había estado en Madrid
+tres días y que ella, por ignorarlo, no se había presentado a la noble
+señora. ¡Qué contrariedad tan penosa! Pasados algunos días, como
+sintiese cada vez más vivo el deseo de ver el palacio de Aransis, no
+quiso dejar de satisfacer prontamente aquel antojo y se valió de Miquis,
+cuya amistad con el guardián de la casa le era conocida. ¡Qué día aquel!
+Todo cuanto allí vio le había causado profundísimas emociones; pero el
+retrato, ¡cielos piadosos!, habíala dejado muerta de asombro y amor.
+
+«¡Si pestañeara!--dijo para sí aquel calaverón incorregible de D. José
+Relimpio--. Yo he visto esa cara en alguna parte; esa fisonomía no me es
+desconocida».
+
+Alonso seguía dando noticias discretas y mostrando algunas
+preciosidades, a lo que atendía con mucha urbanidad el padrino de
+Isidora. Pero esta no veía ni oía nada. Se había quedado de color de
+cera, y temblaba de frío. Por un instante sintiose a punto de perder el
+conocimiento, y a su turbación uníase, para hacerla más honda, el miedo
+de darla a conocer ridículamente. Se sentó; hizo firme propósito de
+serenarse. La endemoniada, balbuciente y atroz música de Augusto le
+rompía el cerebro. No era aquello el canto numeroso ni el expresivo
+lloro de las Musas, sino el berraquear insoportable de un chico mimoso y
+recién castigado.
+
+«Música alemana, ¿eh?--indicó Relimpio con airecillo de suficiencia--.
+Señor de Miquis, si eso parece un solo de zambomba...
+
+--¡Pobre Beethoven mío!--exclamó el estudiante dejando de tocar y
+haciendo un gesto de desesperación--. ¡Qué lejos estabas de caer entre
+mis dedos!
+
+--Me parece que debemos marcharnos--dijo el tenedor de libros ofreciendo
+un pitillo a Alonso, que respondió: «No lo gasto»--. ¿Nos vamos,
+Augusto?
+
+--A escape. Ya no me acordaba de que tienen ustedes que ir a comer a la
+embajada inglesa...».
+
+Salieron, desandando las habitaciones, no sin volver a contemplar de
+paso lo que ya detenidamente habían admirado. Isidora se quedó atrás.
+¡Qué ansiosas miradas! Sin duda querían recoger y guardar en sí las
+preciosidades y esplendores del palacio... Cuando llegó a la última sala
+se oprimió el corazón, dilatado por furioso anhelo, y no con palabras,
+sino con la voz honda, tumultuosa de su delirante ambición, exclamó:
+«¡Todo es mío!».
+
+
+
+
+Capítulo XI
+
+Insomnio número cincuenta y tantos
+
+
+«¡Qué hermoso palacio, Dios de mi vida! ¡Cuánto habrá costado todo
+aquello! ¡Pensar que es mío por la Naturaleza, por la ley, por Dios y
+por los hombres, y que no puedo poseerlo!... Esto me vuelve loca. Dios
+no quiere protegerme, o quiere atormentarme para que aprecie después
+mejor el bien que me destina. Si así no fuera, Dios hubiera hecho que yo
+me enterara de que la marquesa estaba en Madrid. El corazón no puede
+engañarme, el corazón me dice que cuando yo me presente a ella, cuando
+me vea... No, no quiero pleitos; quiero entrar en mi nueva, en mi
+verdadera familia con paz, no con guerra, recibiendo un beso de mi
+abuela y sintiendo que la cara se me moja con sus lágrimas. ¡Es tan
+buena mi abuelita!... Y aquel Alonso cojo, ¡qué fiel y honrado
+parece!... Siempre, siempre seguirá en la casa, con su pata de palo, que
+va tocando marcha por las escaleras... Mis papeles están en regla. Debo
+tomar el tren y marcharme a Córdoba. ¿Y con qué dinero, Virgen
+Santísima? Vaya, que mi tío se porta... Tantas promesas y tan poca
+substancia. ¡Ah! ¡Señor Canónigo, cómo se conoce la avaricia! Temo
+presentarme a mi abuela con esta facha innoble. Ya mis botas no están
+decentes, ya mi vestido está muy _cesante_, como dice _la
+Sanguijuelera_. Tanta vergüenza tengo de mí, que quisiera no hubiese
+espejos en el mundo... Siento llegar a ese lindo ganso de Melchor: es la
+una. Yo debería dormirme. ¡Si Dios quisiera darme un poquito de
+sueño!... Me volveré de este otro lado.
+
+»Ya siento un poco de sueño. Detrás de los ojos noto pesadez... Si no
+fuera por este pensar continuo y esto de ver a todas horas lo que ha
+pasado y lo que ha de pasar... Ven, sueñecito, ven... ¿Pero cómo he de
+dormir? Me acuerdo de mi hermano preso, y la cabeza se me despeja,
+doliéndome. Está visto, no me dormiré hasta las dos. ¡Pobre, infeliz
+hermano! ¡Qué afrenta tan grande para mí y para él! No, mientras esto no
+se arregle y Mariano salga de la cárcel no diré una palabra, no daré un
+solo paso, no veré a mi abuela... ¡Ay, infeliz Isidora, infeliz mujer,
+infeliz mil veces! ¿Cómo quieres dormir con tanta culebrilla en el
+pensamiento? Aquí, debajo de este casco de hueso, hay un nido en el cual
+una madre grande y enroscada está pariendo sin cesar... El palacio, mi
+abuela, mi hermano criminal, yo sin botas, yo llena de deudas, y luego
+aquel, aquel, aquel, que ha venido a trastornarme más... ¡Qué hermosos,
+qué divinos ojos los de mi madre! Cuando la vi en pintura me pareció
+verla viva, que me miraba y se reía, diciéndome cosas de esas que se les
+dicen a los hijos. Madre querida, mándame un beso y con él un poco de
+sueño. Quiero dormir; pero no se duerme sin olvidar, y yo no puedo echar
+de mi cabeza tanta y tanta cosa. ¡Si se lograra dormir cerrando mucho
+los ojos; si se pudiera olvidar apretándose las sienes!... Me volveré de
+este otro lado. ¿Para qué, si al instante me he de cansar también? Más
+vale que abra los ojos, que me distraiga rezando o contándome cuentos.
+¡Jesús, qué negro está mi cuarto! Si no duermo, vale más que encienda
+luz y me levante, y abra el balcón y me asome a él... Pero no, tendré
+frío, me constiparé, cogeré una inflamación, una erisipela. ¡Ay, qué
+horror! Me pondré tan fea..., y es lástima, ¡porque soy tan guapa, me
+estoy poniendo... divina! Aquí, recogida una en sí, y en esta soledad
+del pensar, cuando se vive a cien mil leguas del mundo, se puede una
+decir ciertas cosas, que ni a la mejor de las amigas ni al confesor se
+le dicen nunca. ¡Qué hermosa soy! Cada día estoy mejor. Soy cosa rica,
+todos lo afirman y es verdad... ¡Dios de mi vida, las dos! Este
+chasquido que oigo es el muellecito de la caja en que Melchor guarda su
+pipa. El asno bonito se acuesta...¡Las dos, y yo despierta!...
+
+»¡Qué silencio en la casa! Me volveré de este otro lado... ¡Oh!, ¡qué
+calor tengo! Me deslizaré a esta otra parte que está más fresca. Tengo
+un cuerpo precioso. Lo digo yo y basta... Vamos, ¿pues no me estoy
+riendo, cuando son las dos y no he podido dormirme? Virgen Santísima,
+sueño, sueño, olvido... Esta es otra; ¿por qué me palpita el corazón? Lo
+mismo fue hace dos noches. Yo tengo algo, yo estoy enferma. Este latido,
+este sacudimiento no es natural. Parece que se me salta... ¡Jesús, madre
+mía! ¿Qué siento? ¡Pasos en mi cuarto! ¡Alguien ha entrado!... ¡Ah!, no,
+no hay nada: es como una pesadilla... ¡Cómo sudo, y qué sudor tan frío!
+¡Si al menos me durmiera! ¿Pero cómo, si el corazón sigue palpitando
+fuerte?... Tengamos serenidad. Corazón, estate quieto. No bailes tanto,
+que me dueles... ¡Cuidado, que te me rompes, que te me rompes!... ¡Qué
+cosas pienso! Cuando estoy despabilada y paso toda la noche afinando el
+pensar, hasta se me figura que me entra talento... Y vamos a ver, ¿por
+qué no he de tener yo talento? Sí que lo tengo. Eso, antes que los
+demás, lo conoce la misma persona que lo tiene. No, mamá mía, no has
+echado tontos al mundo. Yo.... ya ves; y en cuanto a Mariano, deja que
+salga de esa maldita cárcel, que se afine, que se pulimente, que se
+instruya... ¡Dios me valga! ¡Las tres!
+
+»¿Pero las horas se han vuelto minutos? La noche vuela, y yo no duermo.
+Daré otra vuelta y cerraré los ojos; los apretaré aunque me duelan...
+¿Por qué no puedo estar quieta un ratito largo? ¿Qué es esto que salta
+dentro de mí? ¡Ah!, son los nervios, los pícaros nervios, que cuando el
+corazón toca, ellos se sacan a bailar unos a otros. ¡Qué suplicio! Me
+muero de insomnio... Un baile en aquellos salones. Cielo santo, ¡qué
+hermoso será! ¡Cuándo verás en ti, garganta mía, enroscada una serpiente
+de diamantes, y tú, cuerpo, arrastrando una cola de gro!... Me gustan,
+sobre todas las cosas, los colores bajos, el rosa seco, el pajizo claro,
+el tórtola, el perla. Para gustar de los colores chillones ahí están
+esas cursis de Emilia y Leonor... ¡Cómo me agradan los terciopelos y las
+felpas de tonos cambiantes! Un traje negro con adornos de fuego, o claro
+con hojas de Otoño resulta lindísimo... El buen gusto nace con la
+persona...
+
+»Vamos, gracias a Dios que me duermo. Poquito a poco me va ganando el
+sueño. Al fin descansaré: bien lo necesito... Ya llegan los convidados,
+mi abuelita me manda que los reciba. Estoy preciosa esta noche... Entran
+ya. ¡Cuánta sonrisa, cuánto brillante, qué variedad de vestidos, qué
+bulla magnífica! y... en fin, ¡qué cosa tan buena! Hay una tibieza en el
+aire que me desvanece; me zumban los oídos, y en los espejos veo un
+temblor de figuras que me marea. Pero esto es precioso, y ya que una ha
+de morirse, porque no hay más remedio, que se muera aquí. ¡Jesús, qué
+cosa tan buena! Mi vestido es motivo de admiración. Eso bien se conoce.
+Acaba de llegar Joaquín y se dirige hacia mí... ¿Qué campanas son estas?
+¡Las cuatro! Si estoy despierta, si no he dormido nada, sí estoy en mi
+cuarto miserable... Dios no quiere que yo descanse esta noche. Me
+volveré de este otro lado...
+
+»El tal marqués viudo de Saldeoro está loco por mí; pero no seré tonta,
+no le daré a conocer que me gusta... ¡Y cómo me gusta!... En fin,
+suspiremos y esperemos. Conviene tener dignidad. ¿Soy acaso como esas
+cursis que se enamoran del primero que llega? No, en mi clase no se
+rinde el corazón sin defenderse. Firmeza, mujer. Si Miquis te es
+indiferente y el marqués viudito te encanta, no des a entender tu
+preferencia... ¡Los hombres! ¡Ah!... que se fastidien. Se dice que son
+muy malos, y yo lo creo... Pero el marquesillo me gusta tanto... Es lo
+que ambiciono para marido; y él me jura que lo será... ¡Jesús, qué cosa
+tan buena! ¡Qué hermosa figura, qué modales, qué manera de vestir tan
+suya...! Pero yo me pregunto una cosa: ¿dirá que me quiere porque sabe
+que voy a ser riquísima?... Mucho cuidado, mujer; no te fíes, no te
+fíes... Por de pronto le agradezco sus invenciones delicadas para
+ofrecerme dinero y obligarme a aceptarlo... Por nada del mundo lo
+aceptaría... ¡Humillarme yo!... Antes morir... ¡Las cinco, Virgen del
+Carmen, y yo despierta!
+
+»No quiero pensar en Joaquín, ni en mi abuela, ni en mi hermano, ni en
+mis botas rotas, a ver si de este modo me olvido y duermo. Meteré la
+cabeza debajo de la almohada. ¡Ah!, esto me da algún descanso... Hace
+dos semanas que no veo a Joaquín, y me parece que hace mil años. ¡Estuve
+tan fuerte aquel día!... ¡Me fingí tan incomodada! Verdad es que él fue
+atrevido, atrevidísimo... Es tan apasionado, que no sabe lo que se
+hace... Estaba fuera de sí. ¡Qué ojos, qué fuerza la de sus manos! ¡Pero
+qué seria estuve yo!... Con cuánta frialdad le despedí..., y ahora me
+muero porque vuelva... ¡Jesús, acaban de dar las cinco y ya dan las
+seis! Esto no puede ser. Ese reloj está borracho... Tengamos calma.
+Siento mucho sueno. Al fin el cansancio me hará dormir. Si yo no
+pensase... ¡Qué felices deben de ser los burros!... Firme, mujer;
+mientras más apasionado esté Joaquín, más fría y tiesa tú... Ya siento a
+D.ª Laura trasteando por la casa. Ya entra la luz del sol en mi cuarto.
+¡Es de día y yo despierta! Todos, todos los talentos que hay en mi
+cabeza, los doy, Señor, por un poco de sueño. Señor, dame sueño y déjame
+tonta...
+
+»Ya siento bulla en la calle... Pasan carros por la de Hortaleza; pronto
+empezarán los pregones. Mañana, ¿qué digo mañana?, hoy es miércoles, 17.
+¿Recibiré carta y libranza de mi tío? Mi tío no es; pero así le llamo.
+¡El pobrecito es tan bueno, pero tan avaro!... Doña Laura riñe con la
+criada... ¡Maldita sea D.ª Laura! El día en que tenga con qué pagar a
+esa mujer feroz, será el más alegre de mi vida... ¡Las siete ya! Quiero
+dormir, aunque no despierte más. Esta cama es un potro, un suplicio. Si
+dentro de un rato no duermo, me levantaré. No puedo estar así. En mi
+cabeza hay algo que no marcha bien. Esto es una enfermedad. ¿Si se
+morirá la gente de esto, de no dormir?... Entonces la muerte será un
+despabilamiento terrible. Francamente, envidio a las ostras. ¡Cómo entra
+el sol por mi cuarto! El pícaro va derecho a iluminar mis pobres botas,
+que ya no sirven para nada. También da de lleno en mi vestidillo para
+hacerle, con tantísima luz, más feo de lo que es. ¡Qué miserable estoy,
+Dios mío! Esto no puede seguir así; no seguirá. Voy a escribir a mi tío,
+a la marquesa, a D. Manuel Pez, a Joaquín... ¡Las ocho, Dios de mi vida!
+Me levanto. Dormiré mañana a la noche».
+
+
+
+
+Capítulo XII
+
+Los Peces (sermón)
+
+
+=--I--=
+
+Dijo también Dios: Produzcan las aguas reptiles de ánima viviente...
+
+Y crió Dios las grandes ballenas, y toda ánima que vive y se mueve, que
+reprodujeron las aguas según sus especies... Y vio Dios que era bueno.
+
+Y las bendijo diciendo: Creced y multiplicaos y henchid las aguas de la
+mar...
+
+(_Génesis_, cap. I, versículos 20, 21 y 22.)
+
+Amados hermanos míos: Feliz mil veces _la postrera de las tierras hacia
+donde el sol se pone_, esta nuestra España, que concibió en su seno y
+crio a sus pechos a D. Manuel José Ramón del Pez, lumbrera de la
+Administración, fanal de las oficinas, astro de segunda magnitud en la
+política, padre de los expedientes, hijo de sus obras, hermano de dos
+cofradías, yerno de su suegro el Sr. D. Juan de Pipaón, indispensable en
+las comisiones, necesario en las juntas, la primera cabeza del orbe para
+acelerar o detener un asunto, la mejor mano para trazar el plan de un
+empréstito, la nariz más fina para olfatear un negocio, servidor de sí
+mismo y de los demás, enciclopedia de chistes políticos, apóstol nunca
+fatigado de esas venerandas rutinas sobre que descansa el noble edificio
+de nuestra gloriosa apatía nacional, maquinilla de hacer leyes, cortar
+reglamentos, picar ordenanzas y vaciar instrucciones, ordeñador mayor
+por juro de heredad de las ubres del presupuesto, hombre, en fin, que
+vosotros y yo conocemos como los dedos de nuestra propia mano, porque
+más que hombre es una generación, y más que persona es una era, y más
+que personaje es una casta, una tribu, un medio Madrid, cifra y
+compendio de una media España.
+
+Don Manuel José Ramón Pez andaba, en la época a que se refiere este
+nuestro panegírico, entre los cincuenta y los sesenta años. Desde su
+tierna edad servía en esta maternal Administración española. De niño
+había tenido el amparo de otros peces mayores y de los Pipaones, que
+también eran Peces por la rama materna. Más adelante se gobernó solo, y
+casi siempre desempeñó elevados y ubérrimos destinos, con intervalos de
+cesantías; que nada hay estable ni completo en este mundo. Gozaba
+reputación de honrado, lo que el predicador declara con gusto, aunque
+esto de la honradez bien sabemos todos que ha llegado a ser una idea
+puramente relativa. De sus principios políticos no queremos hablar,
+porque no hay para qué. Ni esto importa gran cosa, con tal de establecer
+que aquellos principios, presupuesto que los hubiera, tenían por
+atributo primero una adaptación tan maravillosa como la de los líquidos
+a la forma y color del vaso que los contiene. Eran, pues, principios
+líquidos, lo que no es ciertamente el colmo de la incohesión, pues
+también los hay gaseosos. Si un carácter ha de formarse de una sola
+pieza y de una sola substancia, descartando las demás como puramente
+ornamentales, el carácter de D. Manuel se componía de una sola y
+homogénea cualidad, la de servir a todo el mundo, prefiriendo siempre,
+por la ley de gravitación social, a los poderosos.
+
+Es fama que no hay cosa, debajo de la jurisdicción de lo humano, que no
+se consiguiera por mediación de Pez, y de aquí que Pez estuviera en
+aquellos días de apogeo tan abrumado de recomendaciones como lo está de
+ex--votos un santo milagroso. La recomendación es entre nosotros una
+segunda Providencia; equivale a lo que otros pueblos menos
+expedientescos llaman suerte, fortuna. Por ella se puede llegar a
+cumbres altísimas; por ella se abren los caminos que hallan cerrados el
+trabajo y el talento. Debemos al misticismo esa forma administrativa de
+la paciencia que se llama el expediente; debemos al favoritismo esa
+forma gubernamental del soborno que se nombra la recomendación.
+
+No como una segunda fase de su carácter servicial, sino como una
+ampliación de él, tenía don Manuel la virtud de la filogenitura, o sea
+protección decidida, incondicional, una protección frenética y
+delirante, a la copiosísima, a la inacabable, a la infinita familia de
+los Peces. En aquellos días, amados hermanos míos, desempeñaba una de
+las principales direcciones de Hacienda, y aun se le indicaba para
+ministro. En los mismos días veríais repartidos por toda la redondez de
+la Península número considerable de funcionarios que por llevar el claro
+nombre de Pez, manifestaban ser sobrinos, primos segundos, cuartos o
+séptimos, o siquiera parientes lejanos de D. Manuel. Había cuatro o
+cinco Peces entre los oficiales generales del ejército, todos con buenos
+lotes en direcciones o capitanías generales. Los magistrados y jueces y
+promotores fiscales del género Pez se contaban por centenares,
+distribuidos en toda la España. Para que en todas las jerarquías hubiera
+algún miembro de esta omnisciente familia de bendición, también había un
+obispo pisciforme, y hasta doce canónigos y beneficiados que pastaban en
+el banco del Culto y Clero. En ayudantes de obras públicas, capataces,
+recaudadores de contribuciones, empleados de Sanidad, vistas de Aduanas,
+inspectores de Consumo, jefes de Fomento, oficiales cuartos, séptimos y
+quincuagésimos de Gobiernos de provincia, el número era tal que ya no se
+podía contar. Invoquemos el texto divino: _Crescite et multiplicamini,
+et replete aguas maris_.
+
+De la Mancha, centro y venturoso nido de aquella familia, no hay que
+hablar, porque allí los había hasta de las más bajas categorías. Sin
+contar alcaldes, secretarios de Ayuntamiento, cuyo parentesco con D.
+Manuel era evidente, aunque remotísimo, coleaban mil y mil Pececillos,
+sólo relacionados con el ilustre jefe por los servicios mutuos y el
+apellido, que tomaban su parte de sopa boba, ya de peones camineros, ya
+de peatones, quier de maestro de escuela, quier de sacristán. Para
+decirlo todo de una vez, y concretándonos al distrito perpetuo de D.
+Manuel, basta decir que era una pecera. Amados hermanos míos, recordemos
+la opinión que acerca de esta gente formó el _Apóstol de las Escuelas_,
+Augusto Miquis, manchego. De sus profundos estudios ictiológicos sacó la
+clasificación siguiente: Orden de los _Malacopterigios abdominales_.
+Familia, _Barbus voracissimus_. Especie, _Rémora vastatrix_.
+
+
+=--II--=
+
+Amados hermanos míos: si de la Mancha pasamos, pues todo es España, a la
+Dirección de que era jefe D. Manuel, hallaremos un espectáculo no menos
+patriarcal. De su matrimonio con una de las hijas de D. Juan de Pipaón
+(que de Dios goza), había tenido D. Manuel siete criaturas. Descontando
+al hijo mayor, Joaquín Pez, de quien se hablará cuando le toque;
+descartando también a las dos señoritas de Pez, ya casaderas, quedaban
+cuatro pimpollos. Luis, de veintiséis años, tenía treinta mil reales en
+la Secretaría del Ministerio; Antoñito, de veintidós Navidades, gozaba
+veinticuatro en una Dirección limítrofe; Federico, de diez y nueve, se
+dignaba prestar sus servicios al lado del papá por la remuneración de
+catorce mil reales; Adolfito, de quince, había admitido un bollo de ocho
+mil entre los escribientes, y el gato..., no, el gato no había recibido
+aún la credencial; pero la recibiría en justo galardón de su celo
+persiguiendo a los ratoncillos que roían los papeles de la oficina.
+
+No pasaremos adelante, por respeto al mismo Sr. de Pez, sin hacer una
+breve excursión al campo de la Aritmética. Es una observación o problema
+que el público ha formado muchas veces ante ciertas antítesis, que, a
+fuerza de repetirse, han llegado a sernos familiares. Cuando D. Manuel
+era Director, el boato de su familia igualaba al de una familia
+propietaria con quince o veinte mil duros de renta. El no tenía bienes
+raíces de ninguna clase, no estaba inscripto en el gran libro, no debía
+de tener tampoco economías. Sumando su sueldo con el sueldo de los
+pececillos, el total no alcanzaba, con las mermas del descuento, a seis
+mil duros. Problema: ¿por qué misteriosas alquimias pasaba esta cantidad
+para alimentar las siguientes partidas: casa de diez y ocho mil reales,
+buena mesa, estreno constante de ropa por todos los individuos de la
+familia, lujosos vestidos de baile para las niñas, landó, palco a primer
+turno al Teatro Real, excursiones a los otros teatros, viajes de verano,
+imprevistos, etc...? Aun suponiendo doble el activo por lo que D. Manuel
+percibía de algunas compañías de ferrocarriles, quedaba la mitad del
+gasto en el aire. Pero estos rompecabezas, que en tiempos pasados
+preocupaban algo a los vagos, amigos de averiguar vidas ajenas, ya, por
+ser de todos los momentos, han llegado a parecer cosa natural y
+corriente. Familiarizada la sociedad con su lepra, ya ni siquiera se
+rasca, porque ya no le escuece.
+
+Introduzcámonos en el hogar Pez; nademos un momento en el agua de esta
+redoma de felicidad, donde brillan las escamas de plata y oro de este
+matrimonio dichoso, y de esta prole dichosísima. Los tiempos eran
+prósperos. Tocaba entonces estar arriba. El árbol fecundísimo del poder
+protegía con su plácida sombra a la familia. Bastaba alargar la mano
+para coger sus sabrosas frutas. El aroma de sus flores embriagaba. De
+situación tan bella procedía en todos aquel deseo febril de goces y el
+delirio de llamar la atención, de parecer mucho más de lo que realmente
+eran. La señora de Pez ya no aspiraba simplemente a que sus hijas
+casasen con hombres ricos y decentes. No; sus yernos habían de ser
+millonarios, y además, duques, o cuando menos, marqueses; ellas mismas
+(dañadas ya sus inocentes almas por la fatuidad) habían hecho suyas las
+ideas de su endiosada mamá, y aún iban más lejos, y soñaban con
+príncipes, ¿por qué no con reyes?
+
+Eran dos niñas preciosas, de hermosura delicada y frágil, de esa que
+luce en la juventud con la belleza enfermiza de una flor de estufa, y
+luego se disipa en el primer año de matrimonio; rubias, delgadas,
+quebradizas, porcelanescas. Sus ojos claros lucían demasiado grandes en
+la delgadez linda y afilada de sus caritas de cera. A fuerza de ser
+traídas y llevadas por su mamá de salón en salón, de teatro en teatro,
+de fiesta en fiesta, parecían fatigadas, pero no hartas de frívolos
+pasatiempos y goces. Se las educaba en la inmodestia, de donde resultaba
+que estas tales niñas apenas podían esconder, bajo el barniz de la
+urbanidad, el desprecio que sentían hacia todo lo que fuera o pareciese
+inferior a la esfera en que ellas estaban. No se les caía de la boca la
+palabra _cursi_, aplicándola a este o aquel que no viviese inmergido en
+el mar de felicidades de la familia Pez; y al hablar de este modo no
+comprendían las tontuelas que ellas caían también debajo del fuero de la
+cursilería, porque esta es un modo social propio de todas las clases, y
+que nace del prurito de competencia con la clase inmediatamente
+superior. Aquellas niñas, mil veces dichosas, no habían visto el mundo
+sino por su lado frívolo; no conocían la sociedad ni su mecanismo, ni
+sus orbes y gravitación admirables. Su instrucción se circunscribía a un
+poco de Catecismo, una tintura de Historia, ¡y qué Historia!, algunos
+brochazos de Francés y un poco de Aritmética. Pero ¿de que servían los
+rudimentos de esta ciencia madre a las preciosas Josefa y Rosita, si no
+les cabía en la cabeza que ellas careciesen de cosas que la hija del
+duque de Tal poseía en abundancia? En aquellos cerebros, tan limpios de
+malicia como de sindéresis, cerebros atiborrados de hojas de rosa, para
+ahuyentar las ideas, como si estas fueran cucarachas, no podía entrar la
+comparación entre los diez millones de renta del duque de Tal y los
+cincuenta mil reales del Director de Hacienda, aun suponiéndole Pez, y
+Pez grandísimo. _Creavit Deus Cete grandia_ (los grandes cetáceos).
+
+Dejémoslas en paz. Eran dichosas. ¿A qué conturbar su felicidad,
+picoteándola con números? Que gocen de la vida, de los verdes años.
+Ocupémonos de Adolfito, el precoz funcionario, que no iba a la oficina
+sino cuando le daba la gana; que había encargado un velocípedo a Londres
+y había extendido él mismo la orden para que el administrador de la
+Aduana de Irún lo dejase pasar sin derechos, ¡qué rasgo de genio! «Tú
+irás muy lejos, niño», le dijo el jefe de Negociado. Y realmente aquel
+rasgo valía una cartera. ¡Genialidad infantil que anunciaba el embrión
+de un hombre de Estado español!
+
+Ocupémonos también, amados hermanos míos, de Federico y Antoñito Pez,
+que estaban a punto de ser abogados, y que eran el uno filósofo (muchos
+filósofos de hoy tienen diez y siete abriles) y el otro economista. ¡Ah!
+La Economía política es una ilusión que se pierde siempre a los veinte
+años. Federico se había distinguido en esos círculos de sabiduría
+temprana donde centenares de ángeles juegan al discurso. Era oradorcito.
+Allí era de oír lo siguiente: «El señor que me ha precedido en el uso de
+la palabra...». Y el tal preopinante no llevaba chichonera porque hoy es
+moda que los niños de teta usen sombrero. Las controversias de los
+menudos filósofos y economistas tomaban siempre un tono de acaloramiento
+y personalismo, que agriaba los nobles caracteres. La Memoria escrita
+por Federico sobre no sé qué, pasó desde la tribuna a la prensa,
+apareció en una Revista; el niño se creció; inscribiose en un círculo
+más nombrado; hízose oír; le aplaudieron. Primero hablaba y luego
+gritaba. Ensordecía los pasillos. Llegó a envanecerse con su facilidad
+de palabra, y a creerse un Moret, un Gabriel Rodríguez. Hubo de volverse
+loco porque le dijeron que aún mamaba. ¡Disparate! El no mamaba sino del
+presupuesto.
+
+Antoñito, que era el filósofo, empleaba las horas de oficina en hacer
+revistas musicales para un periódico de teatros. La Filosofía y la
+Música tienen un alma de diez y nueve años, una afinidad que parece
+parentesco. Son dos cuerdas distintas del laúd de la tontería. Antoñito,
+que había hecho en su cabeza una especie de pasta filosófica, amasando
+al padre Taparelli con Augusto Comte, era además un wagnerista
+furibundo, aunque, la verdad ante todo, en jamás de los jamases había
+oído música de Wagner. En sus artículos llamaba a todas las cantantes
+_divas_, y a toda las obras _spartitos_. Era severísimo con los artistas
+cuando no le daban butaca.
+
+Ocupémonos, finalmente, de Luis Pez, el cual no era filósofo, ni
+economista, ni músico; era jinete. Había comenzado una carrera militar,
+pero tuvo que abandonarla por falta de luces. Su pasión eran los
+caballos. Se ocupaba del propio tanto como de los ajenos, y deploraba
+que no tuviéramos hipódromo (1872). Como el de sus hermanas, estaba su
+cerebro tan limpio de Aritmética, que no acertaba a comprender por qué
+él tenía un solo caballo, mientras su amigo, el hijo de los duques de
+Tal, montaba alternativamente cinco, sin contar los veinte que ocupaban
+la cuadra de la calle de San Dámaso. He aquí una contradicción económica
+ante la cual Federico Pez, un Bastiat en estado de larva, habría tenido
+quizás algo que decir. Iba nuestro galán centauro a la oficina lo menos
+que podía. Estaba agregado a la Comisión de empleados que redactaban las
+nuevas Ordenanzas de Aduanas. ¿Para qué había de molestarse este digno
+funcionario en asistir a su trabajo si él no sabía lo que era comercio;
+si no sabía lo que era un puerto; si no había visto otra mar que el mar
+sin barcos de Biarritz; si ignoraba lo que es un buque, un cargamento,
+lo que son derechos, valores, rol, tasa, escala alcohólica, arancel, y
+demás cosas que atañen al tráfico y desarrollo del cambio? Bostezaba en
+la oficina, cobraba su sueldo, esperaba con ansia la hora y la calle.
+Amados hermanos míos, tiempo es ya de que digamos con el ángel. _¡Ave,
+María!_
+
+
+=--III--=
+
+Sorprendamos a D. Manuel José Ramón Pez (o del Pez) cuando, recién
+abandonadas las ociosas plumas, entraba en su despacho a enterarse de
+varios asuntos, ajenos a su empleo, aunque muchos tenían con él relación
+misteriosa, sólo de él conocida. Envuelto en su abrigadora bata, calados
+los lentes o quevedos, afeitada y descañonada ya la barbilla violácea,
+bien peinadas y perfumadas con colonia las patillas de un gris de
+estopa, revolvía cartas, consultaba notas, hojeaba _memorándums_,
+ordenaba _in mente_ lo que no tenía orden, hacía cálculos, esbozaba
+proyectos, trazaba planes. La frase y el guarismo se entrecruzaban en su
+cerebro, demarcando en su frente una arruga fina, delicada, que parecía
+hecha con tiralíneas; abismábase en meditaciones; después, tarareando
+una cancioncilla, pasaba la vista por los periódicos de la mañana, daba
+algunas órdenes a sus escribientes y se ocupaba un poco de teatros y
+diversiones.
+
+A cada instante era visitado el despacho por un ángel que entraba
+retozando. ¡Qué cháchara suplicatoria y qué mendicidad mezclada de
+regocijo! «Papá, dale el dinero a Francisco para que vaya por el palco
+de la Comedia... Papá, no olvides que hoy se renueva el abono del
+Real... Papaíto, págame esta cuenta de Bach... Papá, el sastre... Papá,
+la modista... Papa, la florista... Papá, la cuenta de Arias... Papá,
+nuestros abanicos... Papá, el caballo... Papá, papá, papá...». Era un
+pío pío que no cesaba. Por fortuna don Manuel José Ramón era la imagen
+viva de la Providencia, según generosamente daba y repartía, sin
+quejarse, sin regañar; antes bien, regodeándose de ver tanto gusto y
+apetito satisfechos. Adoraba a la familia y se recreaba en ella. También
+él era feliz, porque si algún bien positivo hay en el mundo, es el que
+sienten mano y corazón en el momento de dar algo.
+
+Y en tanto, en el recibimiento de la casa se agolpaba un gentío fosco,
+siniestro, una turba preguntona y exigente, que quería hablar con el
+señor, ver al señor, decir dos palabritas al señor. Sonaba a cada
+instante la campanilla, y entraba uno más. Eran los desfavorecidos de la
+fortuna, pretendientes, cesantes de distintas épocas, de la época de Pez
+y de la época del antecesor de Pez. Algunas bocas famélicas pedían pan;
+otras no pedían más que justicia. Aquellos, sofocados por la necesidad,
+pedían para el momento; estos para el mes que viene, y algunos estaban
+atrofiados ya y tan sin fuerzas para pretender, que pedían _para cuando
+hubiese una vacante_. Con este gentío calagurritano se mezclaban los
+postulantes de otra esfera, personajes y señorones que pasaban al
+despacho desde que llegaban. El criado no podía contener a la turba
+impaciente, desesperanzada, a veces rabiosa, que tenía en sus maneras el
+ímpetu del asalto. Una mujer mal vestida atropelló en cierta ocasión al
+criado, se metió por el pasillo adelante, entró sin anunciarse en el
+despacho, y encarándose con D. Manuel, dijo con lágrimas y gestos de
+teatro: «Señor, soy viuda de un Pez».
+
+Don Manuel repartía promesas, limosnas, a veces credenciales de poca
+monta, y para todos tenía un consuelo, una palabra o un duro. Era
+bondadoso y muy bien educado. Había en su mente, junto a la idea de su
+derecho al presupuesto, la idea de ciertos deberes ineludibles para con
+la humanidad cesante y desposeída.
+
+Por concluir nuestro panegírico con un hecho concreto de la vida del
+santo, diremos que una mañana D. Manuel mandó que no entrase nadie.
+Estaba fatigado. Quería ir pronto a la oficina, donde tenía cita con el
+marqués de Fúcar y con el ministro para tratar de salvar al Tesoro,
+haciéndole un préstamo.
+
+«¡Ah!, se me olvidaba...--murmuró, echando la vista sobre una carta--.
+Francisco, dile al señorito Joaquín que suba».
+
+Joaquín Pez, el mayor de los Pececillos, tenía treinta y cuatro años. Se
+había casado por amor con la hija única de la marquesa de Saldeoro.
+Quedose viudo a los ocho años de matrimonio, no exento de alborotos, y
+cuando las cosas de esta relación ocurren estaba asombrosamente
+consolado de su soledad. Por dos calidades, de mucho valer ambas, se
+distinguía; física la una, moral la otra. Era su corazón bueno y
+cariñoso. Era su figura y rostro de lo más apuesto, hermoso y noble que
+se pudiera imaginar. Tenía toda la belleza que es compatible con la
+dignidad del hombre, y a tales perfecciones se añadían un aire de
+franqueza, una agraciada despreocupación, o sí se quiere más claro, una
+languidez moral muy simpática a ciertas personas, una cháchara frívola,
+pero llena de seducciones, y por último, maneras distinguidísimas, humor
+festivo, vestir correcto y con marcado sello personal, y todo lo que
+corresponde a un tipo de galán del siglo XIX, que es un siglo muy
+particular en este ramo de los galanes.
+
+Y hablemos ahora, amados hermanos míos, del defecto de Joaquín Pez,
+defecto enorme, colosal, reprobado por la Filosofía, por la Iglesia, por
+los Santos Padres y hasta por la gente de poco más o menos. Este defecto
+era la debilidad, deplorable incuria para defenderse del mal, dejadez de
+ánimo y ausencia completa de vigor moral. Conocidas las condiciones
+físicas y sociales del Pez, bien se comprenderá que este vicio del alma
+había de tener por expresión sintomática el desenfreno de las pasiones
+amorosas.
+
+Disculpémosle. Era tan guapo, tenía tanto partido, que más que el tipo
+del seductor leyendario, tal como nos lo han transmitido los dramas, era
+en varias ocasiones un incorregible seducido. Las mujeres absorbían su
+atención, todo su tiempo y todo su dinero, muy abundante al recibir la
+herencia de su esposa, pero muy mermado ocho años después. Cuando le
+conocemos, Joaquín estaba en el apogeo de sus triunfos, y en todos los
+terrenos sociales se presentaba con su carcaj y flechas; es decir, que
+no despreciaba ninguna pieza de caza, ya estuviese en palacios, ya en
+cabañas o andurriales.
+
+Ya os oigo decir, amados míos, que estas cacerías, lejos de fortificar
+al hombre, le desmedran y embrutecen. Tan claro es eso como el agua;
+pero nuestro vigoroso Pez no había llegado aún, cuando le conocimos, al
+grado de envilecimiento que es el término de las pasiones locas. Su
+vicio era todavía un vicio del corazón, intervenido con la fantasía. Aún
+persistían en él ilusiones juveniles, con sus delicadezas y entusiasmos,
+con sus melancolías, sus arrebatos e impaciencias. El cuerpo principiaba
+a envejecer antes que el alma, porque esta retardaba su extenuación con
+fantasmagorías y esfuerzos de iluminismo, de que nacían, aunque por modo
+artificioso, afectos parecidos a la ternura.
+
+Vivía solo este joven, en el piso bajo de la casa, cuyo principal
+ocupaban sus padres. Levantábase tarde, almorzaba con su familia, y
+después de la una rara vez le volvían a ver sus padres hasta el día
+siguiente.
+
+«Pero, hombre, ¿has visto?--le dijo el papá Pez, prejuzgando con su
+tonillo burlón el asunto de que iba a tratar--. Otra carta del Canónigo
+en que viene con las mismas historias... Nos recomienda a esa tal
+Isidora y a su hermano para que les aconsejemos y les dirijamos..., ¡qué
+tonterías!, en su pretensión... Dice que son nietos de la marquesa de
+Aransis; que él lo probará ante los Tribunales. ¿Tú crees esto?
+
+--Yo..., yo, verdaderamente...--manifestó Joaquín con aquella indolencia
+que de su cuerpo a su pensamiento se extendía--. No lo afirmo ni lo
+niego.
+
+--Logomaquias, hombre--dijo D. Manuel apartando de sí con desprecio la
+carta de su amigo el Canónigo, cacique y faraute de los Peces en buena
+parte de la Mancha--. Esto es novela... ¡Nietos de la marquesa de
+Aransis!... Cierto es que aquella pobre Virginia... ¿Conoces tú a esa
+Isidora?
+
+--Sí.
+
+--¿Y ella sostiene...?
+
+--Como el Evangelio.
+
+--Logomaquias. Estas historias de muchachos mendigos que a lo mejor
+salen con la patochada de tener por papás a duques o príncipes, no
+pueden pasar en el día, mejor dicho, yo creo que no han pasado nunca.
+Admitámoslo en las novelas; ¡pero en la realidad...! En fin, sea lo que
+quiera, es preciso atender al Canónigo, que nos sirve bien. Entérate.
+Dice que pongamos a disposición de la muchacha algunas cantidades. En lo
+que no le haré el gusto, por ahora, es en lo de hablar de ello a la
+marquesa de Aransis. Es cosa muy delicada. Cumpliremos diciéndoselo a su
+apoderado, el marqués de Onésimo... Logomaquias, hombre...
+
+--Yo me encargaré de esto--replicó decididamente Joaquín--. Ya he visto
+a esa hija de reyes. Es una muchacha simpática, discreta y buena, que
+merece, sí, merece, sin duda algo más de lo que posee».
+
+Cuando Isidora llegó a Madrid, recibió don Manuel una carta del Canónigo
+recomendando a su sobrina, e indicando de un modo vago el asunto que
+tanto había hecho reír al señor Director. Por encargo de este, Joaquín
+la visitó; encontrola guapa el primer día, el segundo muy guapa, y el
+tercero deliciosísima, con lo que la diputó por suya. Trazó las primeras
+paralelas; halló resistencia; trazó las segundas y halló más
+resistencia, una tenacidad que anunciaba el heroísmo. De aquí vino
+aquella retirada hábil que desconcertó, como antes se dijo, a la joven,
+no vencida por el ataque, sino por el aburrimiento de no verse atacada.
+¡Cuán cierto es que el ocio enerva y rinde al más aguerrido ejército
+antes que el fuego y las balas!
+
+Las dotes militares de Joaquín, más que de general de tropas regladas,
+eran de guerrillero hábil en golpes de mano. Viene esto de la índole de
+los tiempos, que repugnan la epopeya. No pueden substraerse los amores a
+esta ley general del siglo prosaico... El atrevido capitán de partidas,
+desde que habló con su padre, ideó, pues, la emboscada más hábil que
+concertaron guerrilleros en el mundo. No pondría sitio. Enviaría un
+parlamentario al enemigo para hacerle salir de la plaza. Si el enemigo
+caía en el lazo, si pasaba el río de la Prudencia y se ponía bajo los
+fuegos del desfiladero de la Audacia...
+
+En el capítulo siguiente veréis, ¡oh amados feligreses!, lo que pasó.
+
+
+
+
+Capítulo XIII
+
+¡Cursilona!
+
+
+Serían las cuatro cuando Isidora, acompañada de su padrino, llegó al
+portal de la casa de Joaquín Pez. Su ansiedad era grande, porque había
+recibido una elegante esquela en que el viudito de Saldeoro, después de
+declararse imposibilitado de salir a la calle, invitaba a la señorita de
+Rufete a venir a su casa, donde sería enterada de una comunicación del
+Canónigo en que se le enviaba dinero, y de un asunto extraordinariamente
+importante y venturoso. Los comentarios que hizo Isidora desde la calle
+de Hernán Cortés a la de Jorge Juan no cabrían en este volumen, aunque
+fuese doble. ¡De qué manera y con qué fecundidad de imaginación dio vida
+en su mente a la entrevista próxima a verificarse! Al llegar al portal,
+y al decir a D. José: «dese usted una vueltecita por el barrio y vuelva
+aquí dentro de media hora», ya había ella desarrollado en sí misma cien
+visiones distintas de lo que había de pasar. Cuando ella entraba, salían
+las dos niñas de Pez con su mamá para subir al coche que las esperaba en
+la calle. ¡Qué elegantes! Isidora las miró bien; pero iba ella, a su
+parecer, tan mal, con tan innoble traza, que de buena gana se hubiera
+escondido para no ser vista de las otras. Porque la de Rufete, pobre y
+mal ataviada, se consideraba fuera de su centro. Su apetito de
+engrandecerse no era un deseo tan sólo, sino una reclamación. Su pobreza
+no le parecía desgracia, sino injusticia, y el lujo de los demás
+mirábalo como cosa que le había sido sustraída, y que tarde o temprano
+debía volver a sus manos.
+
+Las niñas de Pez apenas se fijaron en la muchacha que entraba. Pero esta
+las examinó bien, y en menos de lo que se dice hizo de ellas crítica
+acerba, las desnudó, les quitó los sombreros, censuró aquellos talles de
+araña, y concluyó por considerar en su mente lo que resultaría si la más
+guapa de las chicas de Pez se vistiera con los arreos de Isidora, y esta
+se pusiera los de la chica de Pez.
+
+Entró en casa de Joaquín, y el criado la encerró en un gabinete mientras
+pasaba recado al señorito. ¡Qué hermosos y finos muebles, qué cómodos
+divanes, qué lucientes espejos, qué blanda alfombra, qué graciosas
+figuras de bronce, qué solemnidad la de aquel reloj, sostenido en brazos
+de una ninfa de semblante severo, y sobre todo, qué magníficas estampas
+de mujeres bellas! La escasa erudición de Isidora no le permitía saber
+si aquellas señoras eran de la Mitología o de dónde eran; pero la
+circunstancia de hallarse algunas de ellas bastante ligeras de vestido
+le indujo a creer que eran Diosas o cosa tal. ¡Y qué bonito el armario
+de tallado roble, todo lleno de libros iguales, doraditos, que mostraban
+en la pureza de sus pieles rojas y negras no haber sido jamás leídos!
+«Pero ¿qué harán en los rincones aquellos dos señores flacos? ¡Ah! Esa
+pareja se ve mucho por ahí. Son Mefistófeles y D. Quijote, según ha
+dicho Miquis. Yo no haré nunca la tontería de tener en mi casa nada que
+se vea mucho por ahí. Vamos, que aún puedo yo dar lecciones a esta
+gente». Mirando y remirando los ojos de Isidora toparon con el Cristo de
+Velázquez, y estaba ella muy pensativa tratando de averiguar qué haría
+nuestro Redentor entre tanta diosa, cuando entró Joaquín.
+
+«¡Albricias!--le dijo de buenas a primeras, tomándole las dos manos y
+apretándoselas mucho--. Papá ha tenido una carta del Canónigo... Papá se
+propone hablar a la marquesa de Aransis. Todo se arreglará... Esto va
+bien. ¿No lo dije yo?».
+
+Isidora quedó tan turbada por esta irrupción brusca de buenas noticias,
+que no acertó a decir nada. Miraba embebecida a Joaquín. Pasada la
+primera impresión de las noticias, lo que dominó en el espíritu de la
+joven fue la vergüenza de que Joaquín, tan admirador de ella, la viese
+mal vestida. Había estado dos horas arreglándose para disimular su mala
+facha. Venía compuesta con galana sencillez, respirando aseo y
+coquetería; pero todo el aseo del mundo, toda la gracia y sencillez no
+podían disimular la fea catadura del descolorido traje, ni menos, ¡y
+esto era lo más atroz!, la desgraciadísima vejez y mucho uso de las
+botas, que no sólo estaban usadas y viejas, sino ¡rotas! Lo que Isidora
+padecía con esto no es decible. Cuidadosamente escondía bajo las faldas
+sus pies, tan pequeños como mal calzados, para que Joaquín no se los
+viera.
+
+Pero ya él se los había visto, sin perder por eso el amor, o llámese
+como se quiera, que sentía; antes bien, exaltándose más. Por efecto de
+esas aberraciones del gusto que marcan el tránsito de la pasión al
+vicio, Joaquín la amaba más con aquel atavío grosero; y si estuviera
+completamente derrotada, como mendiga de las calles, viera en ella
+sublimado el ideal del momento.
+
+«¿Y cuándo hablará su papá de usted a la marquesa?--preguntó Isidora ya
+más dueña de sí--. La marquesa está en Córdoba...
+
+--¿En Córdoba?... Ya--murmurró Joaquín, a quien no le importaba gran
+cosa que la marquesa estuviera donde mejor le acomodase--. Eso no
+importa. La marquesa vendrá... ¡Ah!, ya me olvidaba de decir a usted lo
+mejor. Tenemos orden del señor Canónigo para entregar a usted las
+cantidades que necesite. Usted dirá.
+
+--¡Las cantidades que necesite!»--repitió Isidora embelesada, viendo en
+su imaginación una cascada de dinero.
+
+¡Tener dinero! ¡Qué alborozo! Parecía que en su alma, como en alegre
+selva iluminada de repente, empezaran a trinar y a saltar mil
+encantadores pajarillos. ¡De tal modo se le anunciaban las necesidades
+satisfechas, los goces cumplidos, las deudas pagadas y otras
+satisfacciones más, traídas por la soberana virtud del oro!
+
+Conocedor Joaquín de la manera de tocar ciertos registros del alma
+humana y de los efectos de la sorpresa teatral en los sentidos del
+hombre, y más aún de la mujer, llegose a la chimenea, tomó de ella una
+cajita, abriola y mostró a los ojos admirados de Isidora porción
+cumplida de dinero, monedas de oro y plata, y dos o tres manojillos de
+billetes de Banco.
+
+«No sé lo que habrá aquí--dijo Pez revolviendo el tesoro con sus dedos,
+y afectando hacerlo con indiferencia para dar a entender su familiaridad
+con los millones--. Mil, dos, cuatro, ocho... Usted dirá».
+
+El efecto fue inmenso. Atónita y embobada estaba la de Rufete, paseando
+su alma con las miradas por el interior de la hermosa cajita, y si bien
+la cantidad no era fabulosa ni mucho menos, por ser todos los billetes
+pequeños, la pobre joven, que tanto se dejaba llevar de la hipérbole,
+creía ver pasar por entre los dedos de Joaquinito Pez toda la corriente
+del dorado Pactolo.
+
+«Usted dirá--repitió él, hojeando los cuadernillos de billetes como si
+fueran libritos de papel de fumar--. Mi parecer es que usted, por quien
+es y por la posición que ocupará, no debe seguir viviendo en aquella
+casa. Usted debe tomar una casa para sí y su hermano, ponerse en otro
+pie de vida, no escatimar ciertas comodidades, en fin... ¿Quiere usted
+que yo me encargue de buscarle casa, de proporcionarle muebles,
+modista...?».
+
+Joaquín la miró. ¡Qué guapa era! Isidora le oía como si oyera una
+descripción del Paraíso a quien realmente ha estado en él. Luego, cuando
+Joaquín la miró tan de cerca que ella podía contarle los pelos de la
+barba rubia y los radios dorados de las pupilas obscuras, creyó ver al
+mismo ángel de la puerta del Paraíso mostrando las llaves de él... Por
+un instante Isidora no hizo más que saltar la mirada de la cajita al
+rostro, y del rostro a la cajita. La profunda admiración que por el
+joven sentía se acrecentaba hasta parecer cariño entrañable. ¡Era tan
+seductor su modo de mirar!... ¡Tenía un no sé qué tan distinto de todos
+los demás hombres!... Así lo pensó Isidora, sintiendo herida y
+traspasada toda aquella parte de su corazón que dejaba libre el orgullo.
+
+«Usted dirá»--volvió a indicar Joaquín, dejando a un lado la cajita y
+tomando las manos de Isidora.
+
+Esta se puso a temblar, tuvo miedo, porque Joaquín se le hizo más guapo,
+más seductor, más caballero, revistiéndose de todas las perfecciones
+imaginables.
+
+«¿Me porto mal--dijo él con voz blanda--; me porto mal en pago de la
+ofensa que usted me hizo despidiéndome y diciéndome que no podía
+quererme?».
+
+Isidora fluctuaba entre el reír y el temer. Se reía y estaba pálida.
+Después sintió frío.
+
+«Yo bien sé lo que pasará cuando usted llegue al fin de su
+camino--prosiguió él--. En vez de quererme entonces como ha prometido,
+me despreciará... ¡Será usted entonces tan superior a mí!...».
+
+La perfidia en estas palabras era tanta, que no cabía debajo de todos
+los pliegues del disimulo.
+
+Isidora, además de reír, además de temer, además de tener frío, se
+sentía como mecida en un vagoroso y aéreo columpio. La cara hermosísima
+del joven Pez pasaba ante sus ojos con oscilación de resplandores
+celestes que van y vienen. ¿Cómo no, si de pronto empezó a oír retahíla
+de palabras ardientes, que jamás oyera ella sino en sueños? Joaquín la
+tuteaba, Joaquín se extralimitaba de palabra. Rápidamente conoció
+Isidora la proximidad de su mal, y tuvo una de esas inspiraciones de
+dignidad y honor que son propias en las naturalezas no gastadas. Su
+debilidad tuvo por defensor y escudo al sentimiento que, por otra parte,
+era causa de todos sus males: el orgullo. Se salvó por su defecto, así
+como otros se salvan por su mérito. No es fácil definir lo que
+rápidamente pensó, las cosas que trajo a la memoria, las sacudidas que
+dio a su dignidad de Aransis para que se despertase y saliese a
+defenderla. Ello es que saltó del asiento con tal rapidez, que no pudo
+Joaquín detenerla, y con velocidad de pájaro se puso en la puerta. El
+violento palpitar de su seno, cortándole la respiración, apenas le
+permitió decir:
+
+«No quiero nada, no quiero nada».
+
+Evidentemente, referíase al contenido de la cajilla. Joaquín corrió tras
+ella, diciendo: «Formalidad, formalidad». Pero la de Rufete, valiente y
+decidida, trató de abrir la puerta. Estaba cerrada. Era de ver su
+ligereza de gorrión, su prontitud para correr de un punto a otro,
+perseguida, mas no alcanzada. Corrió a la ventana, que por ser de piso
+bajo estaba a dos varas de la calle, abriola, y apoyándose en el
+alféizar, vuelta hacia dentro, dijo así con animosa voz:
+
+«Si usted no me abre la puerta y me deja salir, grito desde aquí y pido
+socorro».
+
+Quedose parado el Pez; reflexionó un instante. De repente su amor se
+deshizo en despecho y su despecho en risa.
+
+«¿Escenita?... ¿Gritar en la calle? ¡Qué ridiculez! Usted se empeña en
+que hagamos el oso».
+
+La ira retozaba en sus labios. Miró a Isidora con tanto enojo, que esta
+se turbó y creyó haber sido desconsiderada y excesivamente altanera.
+Después el joven abrió la puerta. Indicó a Isidora la salida, dejando
+escapar de sus labios, trémulos de ira, esta palabreja:
+
+«_¡Cursilona!..._»
+
+Tres minutos después, Isidora se unía a don José en la esquina de la
+calle, y marchaba hacia su casa con el alma llena de turbación, alegre
+de la victoria y triste de la pobreza, satisfecha y desconcertada,
+diciendo para sí:
+
+«Me ofende por que soy huérfana, y me insulta porque soy pobre; y a
+pesar de todo...».
+
+
+
+
+Capítulo XIV
+
+Navidad
+
+
+=--I--=
+
+Al día siguiente recibió Isidora una carta de Joaquín incluyéndole
+algunos billetes de Banco, y pidiéndole perdones mil por el caso del día
+anterior. Decíale que si alguna palabra áspera y malsonante salió de sus
+labios al despedirla, la tuviese por dicha en son de broma o por no
+dicha. Finalmente, le pedía permiso para verla de nuevo en casa de
+Relimpio. Agradeció ella con toda su alma el desagravio, y sus
+aflicciones de aquel día se le disiparon con la grata vista del pan
+bendito, o llámese papel--moneda. Dio al olvido sus agravios; pero si
+perdonó fácilmente a Joaquín la injuria intentada contra su honor, tuvo
+que hacer un esfuerzo de bondad para perdonarle el que le hubiera
+llamado _cursilona_. Tal es la condición humana, que a veces el rasguño
+hecho al amor propio duele más que la puñalada asestada contra la honra.
+El marqués viudo la visitó dos días después, y su comedimiento, después
+de las audacias referidas, la cautivaba más, o si se quiere de otro modo
+más claro, su comedimiento tenía la virtud de hacer disculpable y aun
+amable la osadía pasada; que así se contradicen los corazones en su
+lógica de misterios. Poco a poco, con las visitas y el largo charlar de
+ellas, Isidora iba queriendo al viudo, y el viudo aficionándose tanto a
+ella, que llegó un punto en que hubo de sorprenderse y asustarse de la
+formalidad de su cariño. En tanto el asunto marchaba satisfactoriamente.
+Don Manuel Pez y el marqués de Onésimo habían escrito a la marquesa de
+Aransis, y aunque esta no contestaba, era de presumir que contestaría
+pronto y a gusto de todos. También llevaba buen camino lo de la causa
+criminal de Mariano. Joaquín bebía los vientos para que le soltase el
+juez, aunque fuera bajo fianza, por razón de la irresponsabilidad que le
+daban sus pocos años. Isidora visitaba a su hermano dos veces por
+semana, llevándole ropa y golosinas. Algunas veces se encontraba en la
+cárcel a _la Sanguijuelera_, que iba con fin semejante; y ambas se
+trataban de palabras, distinguiéndose la vieja por la procacidad de su
+lenguaje y erizado de _puños_ y el ningún respeto que a su sobrina
+tenía.
+
+Llegó Navidad, llegaron esos días de niebla y regocijo en que Madrid
+parece un manicomio suelto. Los hombres son atacados de una fiebre que
+se manifiesta en tres modos distintos: el delirio de la gula, la
+calentura de la lotería y el tétanos de las propinas. Todo lo que es
+espiritual, moral y delicado, todo lo que es del alma, huye o se
+eclipsa. La conmemoración más grande del mundo cristiano se celebra con
+el desencadenamiento de todos los apetitos. Hasta el arte se encanalla.
+Los teatros dan mamarracho, o la caricatura del Gran Misterio en
+nacimiento sacrílegos. Los cómicos hacen su agosto; la gente de mal
+vivir, hembras inclusive, alardea de su desvergüenza; los borrachos se
+multiplican. Tabernas, lupanares y garitos revientan de gente, y con las
+palabras obscenas y chabacanas que se pronuncian estos días habría
+bastante ponzoña para inficionar una generación entera. No hay más que
+un pensamiento: la orgía. No se puede andar por las calles, porque se
+triplica en ellas el tránsito de la gente afanada, que va y viene
+aprisa. Los hombres, cargados de regalos, nos atropellan, y a lo mejor
+se siente uno abofeteado por una cabeza de capón o pavo que a nuestro
+lado pasa.
+
+Las confiterías y tiendas de comidas ofrecen en sus vitrinas una
+abundancia eructante y pesada que, por la vista, ataruga el estómago. No
+bastan las tiendas, y en esquinas y rincones se alzan montañas de
+mazapán, canteras de turrón, donde el hacha del alicantino corta y
+recorta sin agotarlas nunca. Las pescaderías inundan de cuanto Dios crió
+en mares del Norte y del Sur. Sobre un fondo de esteras coloca Valencia
+sus naranjas, cidras y granadas rojas, llenas de apretados rubíes. En
+los barrios pobres las instalaciones son igualmente abundantes; pero la
+baratura declara la inferioridad del género. Hay una caliza dulzona que
+se vende por turrón, y unas aceitunas negras que nadan en tinta. De la
+Plaza Mayor hacia el Sur escasea el mazapán cuanto abunda el cascajo. La
+escala gradual de la gastronomía abraza desde los refinamientos de
+Pecastaing, Prast y la Mahonesa, hasta la cuartilla de bellota y la
+pasta de higos pasados que se vende en una tabla portátil hacia las
+Yeserías. El enorme pez de Pascuas comprende todas las partes y
+substancias de cosa pescada, desde el ruso _caviar_ hasta el escabeche y
+el arenque de barril, que brilla como el oro y quema como el fuego.
+
+Una familia podrá morirse toda entera; pero dejar de celebrar la Noche
+Buena con cualquier comistrajo, no. Para comprar un pavo, las familias
+más refractarias al ahorro consagran desde noviembre algunos cuartos a
+la hucha. ¿Cómo podían faltar los de Relimpio a esta tradicional
+costumbre? También ellos, pobres y siempre alcanzados, tenían su pavo
+como el que más, gracias a los estirones que D.ª Laura daba al dinero, y
+tenían, asimismo, sus tres besugos de dos libras y media, que se
+presentarían engalanados de olorosos ajos y limón. Don José era el
+hombre más venturoso de Madrid desde el día 22. Ocupábase en recorrer
+los puestos de la Plaza del Carmen para traer a su mujer noticias
+auténticas del precio de la merluza, el besugo, los pajeles. Tratábase
+de esto en Consejo, y D. José decía con gravedad: «Todo está por las
+nubes. Veremos mañana». El 23, D. José y D.ª Laura tomaban un berrinche
+porque no les había caído la lotería, fenómeno extraño que todos los
+años se reproducía infaliblemente. Opinaba D.ª Laura que todos los
+premios se los embolsaba el Gobierno, y que la lotería era un puro
+engaño; pero más juicioso D. José, aseguraba que el número jugado era
+muy bonito y que no habían faltado más que dos unidades (¡que te
+quemas!) para que tocara premio. Concluían ambos por exclamar con
+cristiana paciencia: «Otro año será».
+
+Pero llegaba la mañana del 24, y entonces D. José era la imagen de la
+felicidad, siempre que nos representemos a esta embozada en su capa y
+con su gran cesto enganchado en el brazo derecho. Don José llevaba el
+cesto y D.ª Laura el dinero, y aquí era el recorrer tiendas, el mirar
+todo, el preguntar precios, no arriesgándose a la empresa de sus compras
+hasta no estar seguros de que compraban lo mejor. Ya Relimpio estaba
+enterado de los puntos donde era legítimo el turrón de Alicante y
+Jijona, donde era más barato el mazapán, más dulces las granadas y más
+gordas las aceitunas. De todo compraban aunque fuera en cortísima
+cantidad.
+
+Los comentarios de él sobre la calidad de las cosas compradas no tenían
+término. Y luego, cuando entraban en la casa, ella con la bolsa vacía,
+él doblado bajo el grato peso de la cesta, ¿quién no se conmovería
+viéndole sacar todo con amor para enseñarlo a las chicas, y poner cada
+cacho de turrón ordenadamente sobre la mesa, diciendo a qué clase
+pertenecía cada uno, y regañando si algún ignorante confundía el de yema
+con el de nieve? Lo que no podía sufrir D.ª Laura era que él probase de
+todo para darlo por bueno, y con este motivo había ruidosas peloteras;
+pero él aseguraba que todo estaba riquísimo, que todo era gloria, y con
+esto y con recoger D.ª Laura las compras para guardarlas con siete
+llaves, concluían las cuestiones. Después, D. José se metía también en
+la cocina para ayudar y dar más de un consejo; que algo se le entendía
+de arte de estofados y otros culinarios estilos. Las niñas dejaban la
+costura aquel día; no se pensaba más que en la cena, y entre componerse
+para ir al Teatro Martín con Miquis, y ayudar un poco a su madre, se les
+pasaba la tarde.
+
+Don José, a quien las horas se le hacían siglos, no pensaba en apuntar
+en el Diario ni en el Mayor los gastos extraordinarios de aquel día. Por
+la tarde ocupábase de instalar la mesa en la sala, por ser el comedor
+muy pequeño para tan gran festín. Después se miraba diez y nueve veces
+al espejo, se acicalaba, y en el colmo ya del regocijo, les quitaba a
+los chicos del tercero el tambor con que atronaban la casa toda, y
+tocaba por los pasillos con furor y denuedo, seguido de la turba
+infantil y por ésta con alegres chillidos aclamado.
+
+A la bendita y honesta cena de esta excelente familia no asistía nunca,
+desde muchos años, el señorito Melchor, que cenaba con sus amigos. Lejos
+de censurar esto, D.ª Laura hallaba natural que su hijo, escogido entre
+los escogidos, no se sentase a la vulgar mesa de sus padres. Mejor papel
+haría en otra parte. Ya Melchor se rozaba con literatos, diputados,
+artistas y empleados de cierta categoría. Probablemente, aquel año iría
+a cenar en casa de un marqués.
+
+En cambio les acompañaba el ortopédico, hermano de D.ª Laura, y el hijo
+de este, llamado Juan José. ¡Ah! El ortopédico era saladisímo para una
+cena. Hombre de gran formalidad, se trocaba en el más gracioso del mundo
+en cuanto bebía dos vasos de vino; decía los disparates más chuscos que
+se podrían imaginar. Él y Relimpio, que también perdía la chaveta en
+cuanto empinaba un poco, por estar privado de mosto durante el año
+entero, eran los héroes de la fiesta; brindaban con gritos, se abrazaban
+riendo como locos, y por fin rompían a llorar. En suma, que era preciso
+llevarlos a cuestas a la cama, con gran algazara y risa de todos los
+comensales. Los únicos convidados de fuera de casa eran Miquis y un
+poeta presentado por este en la casa, llamado Sánchez Berande, el cual
+hacía monos y versos no se sabe bien si a Emilia o a Leonor.
+
+Ea..., ya tenemos la mesa arreglada en la sala, por ser el comedor
+pequeño para tanto gentío. Don José, que se pintaba sólo para arreglar
+un banquete, contemplaba su obra con legítimo orgullo, y se recreaba en
+el brillo de la loza y la cristalería, en la muchedumbre de luces, en el
+adorno y opulencia de la mesa. Después esparcía miradas de felicitación
+por toda la capacidad de la sala, por la sillería de reps que había sido
+desnudada de sus fundas de percal, y por las cajitas de dulces, las
+bandejas de latón y demás chucherías... Todo estaba bien, perfectamente
+bien. Hasta el retrato del dueño de la casa, al óleo, detestable,
+colgado en la pared principal, rebosaba satisfacción en su acaramelado
+semblante. «Estoy hablando», decía Relimpio siempre que lo miraba.
+Frente al retrato había una laminota, en la cual D.ª Laura se inspiraba
+siempre para increpar a su marido. Era Sardanápalo quemándose con sus
+queridas... Completaban el decorado de la pieza tres o cuatro
+fotografías de niños muertos. Eran los hijos que se le habían malogrado
+a D.ª Laura en edad temprana. Vistos a la luz de las bujías del próximo
+festín, los pobrecitos tenían cara de muy desconsolados por haberse ido
+del mundo tan pronto sin alcanzar la hartazga de aquella noche.
+
+
+=--II--=
+
+Isidora no cabía en sí de júbilo. Aquel día, el 24, soltarían a Mariano.
+Ella misma iba a sacarle de la horrenda cárcel. ¡Oh! ¡Si no se hallara
+muy mal de dinero, aquel día habría sido uno de los más felices de su
+vida! ¿En qué había gastado lo que le diera dos meses antes el marqués
+de Saldeoro por cuenta del Canónigo? Verdaderamente ella no lo sabía.
+Había pagado a doña Laura, se había comprado ropa... ¿Pero lo demás
+dónde estaba? Isidora reflexionó.
+
+En perfumería había adquirido lo bastante para tres años. ¿Y de qué le
+servían aquellos candeleros de bronce, y el jarro de porcelana, y el
+_cabás_ de cuero de Rusia? Cosas eran estas que compró por la sola razón
+de comprarlas. ¡Eran tan bonitas!... Pues ¿y aquel vaso de imitación de
+Sajonia, de qué le servía?... ¿Y las botellas para poner cebollas de
+jacinto?
+
+Más necesario era sin duda el librito de memorias, el plano de Madrid,
+las cinco novelas y la jaula, aunque todavía le faltaba el pájaro.
+Estaba muy desconsolada por no tener un buen baño; ¿pero cómo podía
+satisfacer este gusto en casa tan pequeña? Luego, la maldita D.ª Laura
+se ponía frenética por la mucha agua que Isidora gastaba. Si esta no
+podía disfrutar de una hermosa pila de mármol, en cambio se había
+provisto de tarjetas, de papel timbrado, de una canastilla de paja
+finísima, de una plegadera de marfil para abrir las hojas de las
+novelas, de un _antucás_, de pendientes de tornillo con brillantes
+falsos, de un juego de la cuestión romana y de algo más, tan lindo como
+caprichoso. Mucha, muchísima falta le hacía un buen mundo para poner la
+ropa; pero ya lo compraría más adelante. Tampoco estaba bien de ropa
+blanca; pero tiempo habría de hacerse un hermoso equipo.
+
+Gozosa, daba la última mano a su atavío para salir en busca del hermano.
+La orden del juez para soltarlo debía de estar ya en las oficinas de la
+cárcel. Salió radiante y satisfecha; mas no quiso tomar el breve camino
+de la calle de Hortaleza, porque le daba vergüenza de pasar por cierta
+tienda donde debía algunas cantidades, poca cosa en verdad.
+
+Ya anochecía cuando Isidora regresó acompañada de su hermano, el cual,
+vergonzoso y cohibido, bajaba los ojos delante de la gente. Recibiole D.
+José Relimpio con ciertos asomos de severidad, dándole una palmada en el
+hombro y diciendole: «Hombre, veremos cómo te portas ahora». Pero D.ª
+Laura, implacable y fiera, dijo que Mariano no se sentaría a su mesa,
+aunque bajase Cristo a mandarlo. Oyó esto Isidora con rabia; mas
+conteniéndose, devoró tal afrenta y se amordazó la boca para que no
+saliesen las palabras que del corazón le brotaban. Encerrose con el
+chico en su cuarto, le lavó y vistió, para lo que tenía apercibida gran
+cantidad de agua y ropa nueva. El muchacho observó en los ojos de
+Isidora una lágrima, más bien que del sentimiento, nacida del despecho,
+y le dijo:
+
+«¿Por qué lloras? ¿Por lo que ha dicho esa tía bruja?
+
+--¡Gente ordinaria!...--murmuró Isidora.
+
+--¿Por qué no le contestaste?--dijo Mariano con extraña rudeza.
+
+--No me rebajo yo a tanto.
+
+--¡Puño!».
+
+Mariano dio un puñetazo sobre su propia rodilla. Luego Isidora le echó
+un sermón sobre su detestable maña de decir a cada paso palabras
+malsonantes, y aunque el muchacho alegó, para defenderse, que también
+las decían los caballeros, ella se mantuvo inflexible, decidida a
+castigar las malas palabras como si fueran malas acciones.
+
+«Ahora, señorito--le dijo con severidad--, ha de andar usted derecho.
+Pase que en otro tiempo, cuando nuestra desgracia nos tenía poco menos
+que en la miseria, ocurrieran ciertas cosas..., ciertas barbaridades,
+Mariano, de que no quiero acordarme... Echémosles una losa encima. Pero
+ahora ya han cambiado las cosas. Eres un bárbaro, y vas a empezar a
+desbastarte. Tú no seas tonto; principia por convencerte de que eres
+persona decente, y así tendrás dignidad. De nuestra tía Encarnación,
+hazte cuenta de que no existe, porque no la volverás a ver. Eres ya otra
+persona».
+
+Oyó atentamente el muchacho estas advertencias, y se prometió a sí mismo
+hacer todo lo posible para entrar con pie derecho en aquella senda de
+caballería y decencia que su querida hermana le marcara. Tras esto
+Isidora cayó en la cuenta de que Mariano y ella habían de cenar aparte
+aquella noche, pues si el chico no podía sentarse a la mesa de los
+Relimpios, tampoco ella se sentaría por nada del mundo. Al punto
+determinó salir en busca de alguna cosa para aderezar la cena. ¡Muy
+bien, excelente idea! ¡Mariano y ella cenarían tan ricamente en su
+cuarto, solos, y sin rozarse con aquella gente ordinaria!
+
+Pero sobrevino la más grande contrariedad que en vísperas de un banquete
+puede ocurrir. Isidora no tenía dinero. Entre las múltiples propiedades
+de este metal, ella había notado principalmente una, la de acabarse en
+los momentos en que más falta hacía. El portamonedas no contenía más que
+un par de pesetas y algunos cuartos. Buscó y rebuscó Isidora en todos
+los bolsillos, gavetas y huecos, porque recordaba que en otra ocasión
+parecida había encontrado de repente una moneda de oro olvidada en el
+fondo de un cajón de la cómoda; mas ninguna moneda de plata ni de oro
+apareció aquella vez, con lo que se dio por vencida, y resolvió que la
+cena fuese una modesta colación, más propia de día de ayuno que de noche
+de Navidad. Aunque a D.ª Laura nada debía, antes muriera que pedirle
+dinero, después del atroz desaire recibido de ella. No se atrevía
+tampoco a acudir a Joaquín Pez.
+
+Salió. Mariano se quedó solo. Por no ser excesivo el número de sillas
+que en el cuarto había, estaba sentado en un baúl bajo. A su lado, en un
+rincón, vio paquetes de papeles viejos liados fuertemente con bramante.
+Eran los cartapacios y protocolos que Tomás Rufete había emborronado
+durante su enfermedad, y que fueron guardados en casa de Relimpio, hasta
+que sus hijos los recogieran, por si algo había de interés entre tal
+balumba de desatinos. Isidora los había llevado del desván a su cuarto,
+y allí los puso con ánimo de someterlos a un examen cualquier día.
+Mariano leyó, no sin trabajo, los rótulos que decían: «_Desolación...
+Hacienda pública... Desfalcos... Muerte... Latrocinio..._», y otras
+cosas extravagantes. Como ninguna distracción sacaba de ver letreros,
+empezó luego a revolver todo lo que su hermana tenía sobre la cómoda, y
+después lo que en el primer cajón había. Todo lo revisaba, lo examinaba
+por dentro y por fuera; hojeó las novelas, levantó de las botellas las
+cebollas de jacintos para ver las raíces, abrió el estuche de los
+tornillos de diamantes americanos, revolvió la caja y los sobres de
+papel timbrado; y como en el momento de estar sobando el papel echase de
+ver el tintero y la pluma, tomó esta y trazó sobre un plieguecillo, con
+no pocos esfuerzos, alargando el hocico y haciendo violentas
+contorsiones con el codo y la muñeca, estas palabras: _Mariano Rufete,
+alias Pecado_. Contempló satisfecho su obra, y luego, con gran ligereza,
+echó una rúbrica que parecía el dibujo de un puñal. Se echó a reír como
+un bruto, dejando el papel sobre la mesa. Luego dirigió su atención al
+tocador de la hermana; fue viendo uno por uno los botes que en él había,
+metiendo en todos las narices y diciendo «¡qué bueno!» o «¡qué rico!».
+Se puso pomada, se perfumó con esencias y se lavó las manos, sonriendo
+de gusto al ver cómo se deslizaban dedos sobre dedos al suave resbalar
+del jabón.
+
+«¡Eh!, ya me has revuelto todo--dijo Isidora al entrar de la calle--.
+¡Jesús, qué desorden! Mira, te voy a pegar».
+
+Mariano reía.
+
+«¿Y qué has escrito aquí? _Mariano Rufete, alias Pecado_... ¿Qué es eso
+de _Pecado_? ¡Como yo vuelva a oírte dándote a ti mismo esos apodos...!
+
+--Como los toreros--observó estúpidamente Mariano sin cesar de reír.
+
+--A ver... ¿Es que no quieres ser persona decente?... ¿Pero qué haces,
+gandul? ¿Te enjugas las manos en mi vestido? Quita allá, asqueroso. ¿No
+ves la toalla? Lo que digo; no quieres entrar por el camino de las
+personas decentes. Eres un salvaje... Ya se ve; no has tratado sino con
+cafres».
+
+Y diciendo esto, de un pañuelo que cogido por las cuatro puntas traía,
+sacó sucesivamente varios pedazos de turrón y algunos puñados de
+cascajo, castañas, nueces, avellanas y bellotas. Al poner sobre la
+cómoda la última porción de tan variados bastimentos, lanzó de su pecho
+un suspiro enorme.
+
+«¿Todo eso has traído?--preguntó Mariano--. ¿Y el pavo? Yo quiero pavo.
+
+--Cenarás lo que te den--replicó ella pasando de la pena al enfado--. Es
+una mala educación pedir lo que no hay.
+
+--El año pasado--dijo Mariano con rudeza y desdén--mi tía _la
+Sanguijuelera_ tenía besugo, y pimientos encarnados, y turrón de frutas,
+y lombarda, y una granada de este tamaño. Yo me la comí toda. ¡Estaba
+más rica...!».
+
+Ceñuda y pensativa, Isidora puso la mesa. Mariano se sentó en una silla
+alta y ella en otra baja.
+
+«Mañana será otro día--dijo ella--. Eso de atracarse la Noche Buena es
+propio de gente ordinaria. Ya te enseñaré yo a ser caballero... Vaya que
+está rico este turrón. Pruébalo...».
+
+No se hacia de rogar _Pecado_, antes engullía sin cumplimiento. En la
+sala de la casa había empezado ya el alboroto; mas no la cena, porque
+esperaban a Miquis. La entrada de este se conoció desde el retiro de los
+Rufetes por un repentino aumento del bullicio. Un instante después
+Isidora vio que se abría suavemente la puerta de su cuarto y que entraba
+la irónica fisonomía del estudiante.
+
+«Vengo a tener el gusto de saludar a la señora archiduquesa--dijo este,
+sombrero en mano, con ceremoniosa cortesía--. Bien se ve que estamos ya
+en plena aristocracia. Esta noche se _queda usted en casa_; quiero
+decir, que recibe usted a sus amigos...
+
+--Toma--le dijo Isidora ofreciéndole una bellota--. Es lo mejor que te
+puedo ofrecer.
+
+--Gracias, marquesa--repuso Miquis sentándose--. Es delicioso el
+obsequio. Vamos a cuentas y hablemos con seriedad. ¿Por qué no cenas con
+nosotros?
+
+--Nosotros--manifestó Isidora ahogada por la pena y el despecho--no
+somos dignos... Vete, vete pronto. Te esperan. Ya han sacado la sopa de
+almendras.
+
+--¡Ay, chiquilla! ¡Cuánto más me gustan tus bellotas!... Pero no llores.
+De buena gana te acompañaría... Pero es tan tiránica la sociedad...
+
+--Vete, vete... Mi hermano y yo cenamos solos. Ya ves... Estamos tan
+contentos... Mejor es así. Cada uno en su casa».
+
+Augusto la contempló en silencio, asombrado de su hermosura, que cada
+día iba en dichoso aumento, enriqueciéndose con un encanto nuevo.
+
+«Aquí viene bien aquello de _a tus pies, marquesa_»--dijo, levantándose.
+
+Y luego, volviendo la vista para observar con una mirada en redondo todo
+el cuarto, añadió:
+
+«Estás perfectamente instalada, marquesa. Magnífico gabinete. Aquí los
+arcones de roble; ahí el gran armario de tres lunas. Cuadros de Fortuny,
+tapices de los Gobelinos, porcelanas de Sèvres, y de Bernardo Palissy...
+Muy bien. Bronces, acuarelas...».
+
+Mariano le miraba con cierto espanto. Isidora entreveraba de sonrisas su
+pena profundísima. Pero se sintió herida en lo más vivo de su alma
+cuando Miquis, después de transformar el humilde cuarto en aristocrático
+gabinete, dijo con el mismo tono de encomio:
+
+«Bien se conoce en esta rica instalación el buen gusto del marqués viudo
+de Saldeoro. Adiós, marquesa. Ceno en el palacio de Relimpio».
+
+
+=--III--=
+
+Cuando Augusto se marchó, quedose Isidora meditabunda, clavados los ojos
+en su propia falda.
+
+«¿Quién es ése?--le preguntó Mariano.
+
+--Un tipo, un mequetrefe--repuso ella sin mirar a su hermano, señales
+claras por donde manifestaba estar aún dentro de la esfera de atracción
+del pensamiento que la dominaba.
+
+--Dame más turrón, marquesa--exclamó el muchacho.
+
+--¿Por qué me llamas así?--preguntó Isidora bruscamente, despertando de
+su mental sueño.
+
+--¿Es apodo? ¡Puño!... ¿Y por qué te pone motes ese gatera?
+
+--Mariano, cuidado cómo se habla.
+
+--¡Se burla de ti!--gritó _Pecado_ con aquel arrebato de infantil
+fanfarronería que en él parecía cólera de hombre.
+
+--Yo te juro que no se burlará más»--dijo ella con los ojos húmedos de
+lágrimas.
+
+Mariano la miró, diciendo:
+
+«Tonta, no ha sido para tanto... Las mujeres lloran por cualquier cosa.
+Que venga a mí con bromas; verá cómo le saco las entrañas...
+
+--Mariano, loco, bruto y salvaje--gritó ella, despertando otra vez en su
+letargo de pena y despecho--. Si te oigo hablar así otra vez...
+
+--No dije nada, nada... Dame turrón».
+
+La algazara de la sala crecía, y por las palabras sueltas, los plácemes
+y exclamaciones que de ella hasta el cuarto de los Rufetes llegaban, así
+como por los olores culinarios que invadían toda la casa, se podía saber
+a qué altura andaba el festín. Se sintió sucesivamente la aparición del
+besugo, la del pavo, aclamado con palmoteo y vivas. Don José lo recibió
+cantando la Marcha real. Después se oyeron las ruidosas cuestiones a que
+dio motivo el gran acto de trincharlo. Las risas sucedían a las risas, y
+los comentarios a los comentarios. Al mismo tiempo se conocían los
+efectos del Valdepeñas y del Cariñena en la torpe lengua del ortopédico,
+que desgranaba las palabras, y en el entusiasmo anacreóntico de D. José
+Relimpio, que no decía cosa alguna derecha y con sentido.
+
+La criada entró en el cuarto de Isidora, trayendo un plato con varias
+lonjas de pechuga y un poco de relleno. Encendiéronsele a Mariano con
+luces mil los ojos, y no parecía sino que cada destello de su mirar era
+un largo tenedor; pero Isidora, en quien el orgullo no daba lugar al
+agradecimiento ni al perdón, vio con repugnancia aquel tardío obsequio.
+Aunque comprendió que este había nacido en el bondadoso corazón de
+Emilia, siempre veía en él como un mensaje de lástima. Rechazó la fineza
+diciendo:
+
+«Que muchas gracias y que no queremos nada.
+
+--Chica, chica, tú eres tonta--gruñó Mariano con su rudeza propia,
+exacerbada hasta el salvajismo.
+
+--Si no te callas, te pego.
+
+--Yo quiero cenar--afirmó él con brutal terquedad, echando a un lado la
+cabeza y dando un golpe con ella sobre la mesa.
+
+--Eso es, rómpete la cabeza.
+
+--Mala hermana, ¡no das de cenar a tu hermanito! Mira tú, mejor estaba
+en la cárcel...
+
+--Como vuelvas a nombrar...
+
+--¡Nombro!... ¡Puño!
+
+--Como vuelvas a decir...
+
+--¡Puño!--repitió el bergante alzando la mano.
+
+--¡Alzas la mano!..., ¡a mí!..., a tu hermana.
+
+--Yo me quiero ir con mi tía.
+
+--Si vuelves a nombrar...
+
+--¡Mala hermana..., marquesa!...».
+
+_Pecado_ hizo burla de su hermana con tanto descaro, que esta hubo de
+ponerle a raya con dos bofetadas muy bien dadas que, o mucho nos
+engañamos, se oyeron desde la sala. No era ella mujer que se dejaba
+embromar de un mocoso, aunque este tuviera los buenos puños y los
+medianos antecedentes del señorito Rufete. Dominado este por la actitud
+de su hermana y por el cariño que le tenía, se contuvo. Echado de bruces
+sobre la mesa, la barba apoyada en el arco que con sus brazos hacía, a
+Isidora contemplaba en silencio con la seriedad y atención hosca de uno
+de esos perrazos que muerden a todo el mundo menos a su amo.
+
+El bullicio de la sala llegaba ya al delirio. Don José hacía el amor a
+su mujer echándole ternísimos requiebros entre los aplausos de los
+divertidos comensales. Doña Laura llamaba a su marido Sardanápalo. El
+ortopédico había empezado a cantar villancicos, acompañándose de golpes
+dados sobre la mesa con el mango del cuchillo. Sólo Emilia y Leonor
+conservaban su amable serenidad, la una obsequiando a Miquis, la otra a
+Sánchez Berande. El joven poeta, Miquis y el hijo del ortopédico
+alborotaban también, el primero con sus discursos, el segundo con sus
+cantorrios de tangos y malagueñas. Después se hizo una grande y solemne
+pausa, porque Berande, a ruegos de todos, iba a recitar versos. Creíase
+destinado a la inmortalidad; tenía un buen tomo preparado para darlo a
+la estampa, en el cual, como en muestrario de bazar, había de todo:
+elegías, odas, pequeños poemas, poemas grandes, epigramas, doloras,
+_suspirillos germánicos_, sáficos y octavas reales. La sala parecía
+tribuna del Congreso, que se hundía con los aplausos al terminar Berande
+su recitación.
+
+«Versos--dijo Mariano, alzando su cabeza y poniendo atención.
+
+--¿Te gustan los versos?--preguntole Isidora, gozosa de sorprender a su
+hermano un síntoma de decencia.
+
+--Sí--replicó el muchacho--; me sé de memoria los de _Francisquillo el
+Sastre_, que empiezan:
+
+ Salga el acero a brillar,
+ pues soy hijo del acero...
+
+--Calla, bruto; esas son barbaridades.
+
+--También sé los del _Valeroso Portela_, que dicen:
+
+ Escuchen, señores míos,
+ les diré de Juan Portela,
+ el ladrón más afamado
+ de la gran Sierra Morena.
+
+--Calla, hijo, calla por Dios. Me estás envenenando con tus horribles
+coplas. Ningún joven guapo y decente aprende tales cosas. Esto está bien
+para el pueblo, para el populacho. ¿Sabes tú lo que es el populacho?
+
+--Mi tía _la Sanguijuelera_--contestó el chico con tan graciosa
+naturalidad, que Isidora no pudo contener la risa.
+
+--Ya aprenderás mil cosas que no sabes. Y dime ahora, ¿qué aspiración
+tienes tú?... ¿Qué quieres ser?...
+
+--Yo no quiero ser nada--repuso él con apatía.
+
+--Es preciso que estudies y que trabajes. No volverás a la fábrica de
+sogas. Irás a un colegio. ¿Qué carrera quieres seguir?».
+
+Mariano meditó un instante. Después dijo con resolución:
+
+«La de tener mucho dinero.
+
+--¿Y para qué quieres tú el dinero?
+
+--Toma..., _mia_ ésta... Pues para ser rico.
+
+--Pero es preciso que seas algo.
+
+--Rico...
+
+--¿Y en qué gastarías el dinero?
+
+--En comer lomo, granadas, turrón y en beber buen vino. Tendré un
+caballo y me vestiré todo de seda.
+
+--¿No te gustaría militar y llegar a general?
+
+--Sí, sí--afirmó _Pecado_, despidiendo de sus ojos brillo de animación y
+alegría--. Para ir mandando la tropa y arreando palos..., así..., ¡toma!
+
+--No, no, no se pega. No creas que los generales pegan... Hay carreras
+preciosas, como Estado Mayor, Ingenieros, Artillería.
+
+--¡Artillero, artillero!--gritó _Pecado_, dando golpes en la mesa--. Ya
+me verás, cañonazo va, cañonazo viene... ¡Bum, bum!
+
+--Dispararías cuando fuera menester...
+
+--No, no, siempre... Al que me hiciera algo, ¡zas!...».
+
+A esto llegaban cuando volvió la criada trayendo un plato con varios
+pedazos de turrón, de parte de la señorita Emilia y del señorito Miquis.
+No considerándose aún desagraviada Isidora con estos regalitos, negose a
+admitirlos; pero Mariano se abalanzó al plato más pronto que la vista, y
+arrebatando el turrón, empezó a engullir con tanta prisa, que no pudo su
+hermana evitarlo.
+
+«¡Malcriado..., glotón!--le dijo cuando otra vez se quedaron solos--.
+¿No has comido ya bastante?».
+
+Mariano negó con la cabeza, por no poder hacerlo con la boca.
+
+«Te pondré interno en un colegio».
+
+Mariano hizo con los dedos una señal que quería decir: «Me escaparé».
+
+«No te escaparás. ¿Piensas que vas a lidiar con bobos? Hay un maestro
+muy rígido.
+
+--De la bofetada que le pego--dijo Mariano pudiendo ya articular algunas
+palabras--, va volando al tejado.
+
+--¡Fanfarrón!...».
+
+En la sala, la cena parecía tocar a su fin. Todas las clases de turrón
+habían sido probadas, así como las granadas y las ruedas de naranjas
+espolvoreadas de azúcar. Relimpio, con la última copa de cariñena, dio
+con su cuerpo en tierra. «¡A la Misa del Gallo, vamos a la Misa!»,
+gritaba con torpe lengua el insigne galán rodando debajo de la mesa.
+Muertos de risa los demás, le cogieron por los cuatro remos para
+llevarle a la cama, y él iba cantando el _Kirie_ _eleisón_ con voz de
+sochantre, y los demás riendo y vociferando, de lo que resultaba el más
+grotesco cuadro y música que se pudiera imaginar.
+
+«¡Cuánta grosería! ¡Qué gente tan ordinaria!»--exclamó Isidora.
+
+Poco después llegó Emilia al cuarto de esta, y diole excusas por la
+soledad en que se había quedado en noche de tanta alegría. Mas, no dando
+su brazo a torcer Isidora, replicó que había estado perfectamente en su
+cuarto. Trajeron un catre de tijera para que se acostase Mariano, y
+cuando Isidora le mandó que se recogiera, por ser ya más de medianoche,
+el maldito muchacho se le plantó delante y le dijo con sus bruscos
+modos:
+
+«Dame dinero.
+
+--¿Y para qué quieres tú dinero, tunante? Acuéstate.
+
+--Me acostaré; pero yo quiero dinero. Si no me das dinero, no te
+quiero...
+
+--¿Para qué lo necesitas?
+
+--Para ir mañana a los toros.
+
+--Si ahora no hay toros, mentecato.
+
+--Pero hay novillos y mojiganga.
+
+--¿Y cómo sabes eso?
+
+--Por los chicos... Si no me das dinero, no te quiero.
+
+--Mañana te daré unos cuartitos...
+
+--¿Cuartitos? Tú eres rica--dijo pasando la vista con malicioso examen
+por los diversos objetos que Isidora poseía--. Tú tienes dinero, porque
+has comprado estas cosas ricas, y yo no tengo nada, nada; soy un pobre».
+
+Al decir esto se desnudaba para acostarse.
+
+«Yo también soy pobre--afirmó Isidora--; pero con el tiempo, tal vez
+dentro de poco, tú y yo estaremos bien y tendremos todo lo necesario y
+aún más.
+
+--La señorita gasta y come bien, y tiene a su hermanito muerto de
+hambre--gruñó él, acostado ya.
+
+--No seas tonto. Cállate y duerme.
+
+--Si mañana no me das dinero, salgo a la calle y pido limosna. Ya sé yo
+cómo se pide. Me lo ha enseñado un chico.
+
+--¿Qué estás diciendo, cafre?
+
+--Que pediré limosna. Verás.
+
+--No me sofoques... A un colegio, a un colegio.
+
+--Ya me estoy durmiendo... Hasta mañana.
+
+--¿No rezas, herejote?».
+
+Mariano murmuró algo que no era fácil descifrar, y se durmió
+sosegadamente. Todavía quedaba en él algo de niño. Su hermana le
+contempló un instante movida de un sentimiento extraño en que se
+combinaban el cariño y el terror. Iba a darle un beso; pero cuando ya
+casi le tocaba con sus labios, se apartó diciendo: «Temo que se
+despierte y me pida lo que no puedo darle».
+
+
+
+
+Capítulo XV
+
+Mariano promete
+
+
+A la siguiente mañana, no repitió Mariano sus exigencias de la noche de
+Navidad. Estaba de buen humor, alegre, saltón, inquieto y
+condescendiente. Gozosa también Isidora de verle sin las siniestras
+genialidades de la pasada noche, hízole mil caricias, le vistió, le
+arregló, púsole una elegante corbata, que ha días tenía para él, le
+peinó, sacándole raya, y cuando estuvo, a su parecer, bastante acicalado
+y compuesto, llevole delante del espejo para que se viera, y le dijo:
+«Ahora sí que estás hecho una persona decente». Él se miraba riendo, y
+decía una y otra vez... «Quia, quia; ese no soy yo».
+
+Después salieron juntos a pasear por las calles. A cada paso, Mariano
+quería que le comprara cosas; y en verdad que si ella tuviera algo en su
+bolsillo, le tapara la boca más de una vez; pero nada tenía, y los dos
+se volvieron a casa cariacontecidos. Él se preguntaba que de qué servía
+tanta pomada en el cabello, tal lujo de corbata y camisa blanca, si
+entre los dos no tenían ni un ochavo partido. Por la tarde, Mariano
+salió solo, cuando su hermana no estaba en el cuarto, y volvió ya muy
+entrada la noche, todo sucio, desgarrado, la camisa rota y la corbata
+hecha jirones. Pintar la ira de Isidora al verle en tal facha, fuera
+imposible. Mariano confesó, con loable franqueza, que había estado
+jugando al toro con otros chicos en la plaza de las Salesas, con lo que
+redoblándose el enojo de la hermana, le dio un vapuleo de esos que
+duelen poco. Lo más extraño es que el muchacho, con ser tan bravío y
+rebelde, no se defendió de los azotes, ni hizo ademán de volver golpe
+por golpe, ni chistó siquiera... Por la noche ya habían hecho las paces;
+él prometía ser bueno, y fino y persona decente. Exigió que su hermana
+le llevara al teatro, ella lo prometió así; mas como no pudiese cumplir
+al siguiente día por la causa que fácilmente conocerá el lector, se
+enfureció el chico, pidió dinero, negóselo ella, hablaron más de la
+cuenta, y él puso término a la disputa con esta amenazadora frase:
+
+«¡Dinero! Ya sé yo cómo se encuentra cuando no lo hay. Los chicos me lo
+han enseñado».
+
+Isidora no hizo caso. El día de Inocentes salió un rato. Al volver,
+Mariano había revuelto todo el cajón alto de la cómoda.
+
+«¿Qué haces?--preguntole su hermana, previniendo algún desastre.
+
+--¿Aciértame que tengo aquí?»--le dijo Mariano mostrándole su puño
+cerrado.
+
+Isidora trató de abrir el puño del muchacho; pero este apretaba tan
+fuertemente sus dedos, que los blandos y flojos de Isidora no pudieron
+moverlos ni un punto, ni separarlos. Con su fuerza varonil, Mariano
+hacía de su mano un arca de hierro.
+
+«Abre la mano, ábrela.
+
+--No quiero.
+
+--¿Qué tienes ahí?... ¿Qué has cogido?».
+
+Mariano se puso de un salto en la puerta, siempre con el puño cerrado.
+Riendo como un desvergonzado bruto, dijo a su hermana: «Abur, chica».
+
+Al punto echó Isidora de menos sus diamantes de tornillo, que aunque
+falsos, valían cuatro duros. ¡Cuántas lágrimas derramó aquel día!
+Mariano estuvo una semana sin parecer por la casa de Relimpio.
+
+Una noche, cuando menos se le esperaba, apareció al fin avergonzado,
+compungido, la ropa hecha jirones, imagen del hijo pródigo. Con la
+alegría de verle, no fue la severidad de Isidora tan grande como
+cumplía, y le perdonó. Tenía Mariano entre sus maldades, desarrolladas
+por el abandono, algunas cosas buenas, y la cualidad mejor era la
+franqueza con que confesaba sus delitos sin ocultar nada, ni dorarlos
+con comentarios artificiosos para hacerlos pasar por donaires. Todo
+cuanto había hecho en la semana lo contó puntualísimamente; pero ninguna
+parte de aquella Odisea de travesuras causó tan penoso efecto en el alma
+de la señorita de Rufete como estas palabras:
+
+«Estuve en casa de mi tía Encarnación, ¿sabes?..., y mi tía Encarnación
+y la tía _Palo--con--ojos_ comían juntas; y mí tía Encarnación me dijo:
+«Anda, pillete, anda con tu hermana a que te dé de comer y te vista de
+señorito, pues bien puede hacerlo». Entonces mi tía Encarnación y la tía
+_Palo--con--ojos_ se pusieron a hablar de ti, y mi tía Encarnación dijo
+que tú tienes un novio marqués que te da mucho dinero».
+
+Isidora se quedó yerta; pero como el mostrar enfado por aquel ultraje
+habría sido ocasión de que entrara más en malicia el chico, harto
+malicioso ya, fingió tomar a broma el caso, aunque le destrozaba el
+alma, y se echó a reír. Pero su fingimiento de buen humor fue de todo
+punto imposible cuando Mariano, con aquel descaro que determinaba el
+tránsito brusco del candor al cinismo, le dijo:
+
+«Ya, ya. Las mujeres sois todas unas... Bien sé lo que hacéis para tener
+siempre dinero. Los chicos me lo han dicho».
+
+Risas, azotes, lágrimas sucedieron a esta declaración; pero también
+paces al siguiente día. Isidora, que recibió del marqués de Saldeoro
+otra visita platónica y una nueva remisión de fondos por cuenta, al
+parecer, del Canónigo, salió de aquella sombría situación de escaseces y
+apuros; pagó sus deudas, compró un Diccionario de la Lengua castellana y
+llevó a su hermano al teatro, de lo que este recibió tanto gusto, que en
+algunos días apareció como transformado, encendida la imaginación por
+las escenas que había visto representar, y manifestando vagas
+inclinaciones al heroísmo, a las acciones grandes y generosas. Contenta
+Isidora de esto, comprendió cuánto influye en la formación del carácter
+del hombre el ambiente que respira, las personas con quienes tiene roce,
+la ropa que viste y hasta el arte que disfruta y paladea.
+
+Animada Isidora al ver que no carecía su hermano de algún fundamento
+bueno y sólido para construir en él la persona decente, determinó que no
+corriera un día más sin ponerlo en un colegio. Pasados Reyes, el
+señorito fue confiado a un profesor que apacentaba su rebaño de chicos
+en un colegio de la calle de Valverde. Mal, muy mal le supo al de Rufete
+la sujeción, porque sobre todos sus instintos malos y buenos dominaba el
+de la vagancia y el gusto de correr por calles y caminos, con cierto
+afán como de buscar aventuras. La mortificación de su amor propio al ver
+que le eran muy superiores niños de menos edad que él, aumentaba el
+horror que hacia el colegio y su maldito profesor sentía. Era casi un
+hombre, y en todas las clases ocupaba el último lugar. Era el burro
+perpetuo, burla y mofa de los demás chicos. Su barbarie llegó a ser
+proverbial en las clases; los alumnos todos celebraban con risas y
+pataleo los dislates que decía en sus lecciones, y el maestro mismo,
+cargando sobre él el peso de su desdén pedagógico, solía decir,
+reprendiendo a cualquiera de los alumnos: «Eso no se le ocurre ni al
+mismo Rufete. Eres más tonto que Rufete».
+
+La poca estimación que se le tenía mató en él sus escasos deseos de
+aprender. Concluyó por despreciar el colegio como el colegio le
+despreciaba a él, de donde vino su costumbre de hacer novillos, la cual
+aumentó de tal modo que, sin saberlo su hermana, dejó de asistir un mes
+entero al estudio. En aquellos días de aventuras y pilladas y
+esparcimiento, cualquiera que hubiese tenido interés en seguir los pasos
+de este desgraciado chicuelo le habría visto encaramándose en la verja
+de la puerta principal de la Plaza de Toros para alcanzar a ver algo del
+ensayo de la mojiganga, o bien jugando en los tejares adyacentes, o en
+el río entre las lavanderas. En sus compañías, que al llegar al colegio
+fueron de niños decentes, descendió poco a poco hasta el más bajo nivel,
+concluyendo por incorporarse a las turbas más compatibles con su fiereza
+y condición picaresca. Granujas de la peor estofa, aspirantes a
+puntilleros, toda clase de rapaces desvergonzados y miserables, formaban
+su pandilla; y como Mariano solía tener algún dinero, eran de ver su
+boga y popularidad entre esta chulería menuda, que sin cesar se ofrece a
+nuestra vista por calles y caminos con escándalo de la moral, con
+bochorno de la sociedad y del cristianismo, que no aciertan a recoger y
+sujetar estos presidios sueltos del porvenir.
+
+
+
+
+Capítulo XVI
+
+Anagnórisis
+
+
+¡Hosanna, hosanna! A principios de febrero, Joaquín visitó una tarde a
+Isidora para anunciarle que la señora marquesa de Aransis había llegado
+de Córdoba y deseaba verla. El regocijo que esta nueva produjo en
+Isidora la dejó alelada por breve rato, y en su aturdimiento no hacía
+más que contemplar al mensajero y recrearse en su belleza. Si no hubiera
+puesto ya en él todos los afectos disponibles de su gran corazón,
+bastaría aquel acto para que le amase sobre todas las cosas. Pero
+Joaquín dijo más. La señora marquesa de Aransis se había dignado fijar
+el día siguiente, 11 de febrero, a las cuatro de la tarde, para recibir
+a la señorita de Rufete. Esta se ruborizó de golpe por la idea sola de
+aproximarse a la marquesa. ¡Qué minuto de asombro y congoja dulce!
+Después el marqués viudo habló algo de los graves sucesos políticos del
+día; pero a Isidora le importaba poco que se llevara el diablo a todos
+los políticos y no se enteró de nada.
+
+Cuando se quedó sola, ¡qué cosas pensó y dijo! Y por la noche, ¡cómo se
+anticipó a los sucesos! ¡Con qué vigor y fuerza de fantasía construyó en
+su mente la persona de la marquesa, a quien nunca había visto, y qué
+bien imaginaba, falsificando la realidad, el cuadro que las dos harían,
+abrazadas, llorando juntas, sin poder expresar la multitud de afectos
+propios de un modo tan sublime! Viose repentinamente transportada a las
+altas esferas que ella no conocía sino por ese brillo lejano, ese eco y
+ese perfume tenue que la aristocracia arroja sobre el pueblo. Viose
+dueña del palacio de Aransis, mimada, festejada y querida. Dio gracias
+al Señor porque reparaba al fin la gran injusticia cometida con ella por
+la sociedad; rezó, se espiritualizó, bañó su alma, si así puede decirse,
+en ondas de honradez y virtud; la aromatizó con esencias sacadas de la
+dignidad, de la magnanimidad y nobleza. Hizo luego mil proyectos, todos
+grandiosos y humanitarios, como socorrer pobres, vestir desnudos y
+consolar afligidos y menesterosos; y desde esta región de la
+beneficencia se precipitó a escape hacia los ensueños del lujo, en un
+carro triunfal tirado por atrevidos pensamientos, corriendo por entre
+nubes de supuestas delicias, hasta que fue a caer sin aliento, fatigada
+y moribunda en el abismo de rosas de un sueño dulce.
+
+Al despertar creyose por un momento en los brazos de su abuela. ¡Oh! La
+luz de aquel día, de aquel jueves, 11 de febrero, tenía para ella un
+tinte sonrosado y divino, lleno de poesía y de esperanza, como si todo
+el día fuera aurora. Su primer juicio fue para apreciar lo que tardaba
+la hora de su dignificación gloriosa; la hora de una de las más grandes
+justicias que había visto la tierra. En el tiempo había aquel día un
+monstruoso pliegue: las cuatro de la tarde.
+
+Isidora empezó a arreglarse desde muy temprano. ¿Cómo iría? No era
+conveniente presentarse a su abuela con apariencias de notorio
+bienestar. Todo prurito de llamativa elegancia en su honrada pobreza le
+parecía chocarrero y de mal gusto. Tampoco convenía presentarse con
+desaliño, anunciándose como demasiado influida por la baja condición en
+que tan injustamente había vivido. El desaseo y abandono serían de muy
+mal efecto. Era preciso que en su apariencia comedida, modesta, honrada
+y grave revelara la dignidad con que pasaba de su estado miserable a
+otro esplendoroso. Así se mostraría merecedora del nuevo puesto,
+demostrando no haber deshonrado su origen en la humildad. Toda la mañana
+la pasó en estos pensamientos. También meditó si convendría o no llevar
+consigo a Mariano, decidiéndose por la negativa, por temor a que la
+comprometiese con su salvajismo. Tiempo habría de presentarle y también
+de ponerle en un colegio de Francia, donde seguramente vendría a ser
+caballero digno de su escogido linaje.
+
+Cuando se acercaba la hora, púsose la de Rufete su vestido de merino
+negro, tan decente que no se podía pedir más, muy bien cortado y hecho;
+pero sin perifollos ni afectados paramentos. Mirose mucho al espejo,
+embelesándose en su propia hermosura, de la cual muy pronto se había de
+congratular la marquesa como de cosa propia, y se dio algunos toques en
+el peinado. Uno de sus mayores encantos era la gracia con que compartía
+y derramaba su abundante cabello castaño alrededor de la frente, detrás
+de las orejas y sobre el cuello. Aquella diadema de sombra daba a su
+rostro matices de poesía crepuscular, como si todo él estuviese formado
+con tintas y rasgos tomados de la melancolía y sosiego de la tarde. Sus
+ojos eran pardos y de un mirar cariñoso con somnolencias de siesta o
+fiebre de insomnio, según los casos; un mirar que lo expresaba todo, ya
+la generosidad, ya el entusiasmo y siempre la nobleza. Rara vez se le
+conocía el orgullo en su mirada afable y honesta. Miquis decía que había
+en aquellos ojos mil elocuencias de amor y propaganda de ilusiones.
+También decía que eran un mar hondo y luminoso, en cuyo seno cristalino
+nadaban como nereidas la imaginación soñadora, la indolencia, la
+ignorancia del cálculo positivo y el desconocimiento de la realidad.
+
+Mirose mucho al espejo y se puso el velo. ¡Bien, bien! Su dignidad, su
+hermosura, su derecho mismo, resplandecían más en la decencia correcta y
+limpia de su vestido negro. Mirose luego a los pies. ¡Bien, muy bien!
+Admirablemente calzada, aunque sin lujo, completaba su personalidad con
+la decencia de las botas, parte tan principal del humano atavío, que por
+ella quizás se dividen las clases sociales.
+
+Dieron las tres. Tomó de una gaveta, donde muy guardados estaban, los
+papeles que su tío le había dado, y que eran testimonio de su derecho
+incontestable; a saber: dos partidas de bautismo, varias cartas y otro
+documento interesantísimo. Pasó la vista por ellos, aunque ya se los
+sabía de memoria, y los guardó. No los necesitaba, sin duda, porque la
+cosa era tan clara...; pero quiso llevarlos por previsión o delicadeza.
+Al salir echó sobre su pobre aposento una mirada de lástima en que
+también había algo de gratitud. Le parecía tan excesivamente humilde,
+que se admiraba de que ella se hubiera dignado por tanto tiempo honrarlo
+con su presencia. La princesa de Poniatowsky parecía más triste al verla
+partir, y los del cuadro del _Hambre_ se volvían más flacos y
+macilentos. ¡Pobre cuarto..., tan pobre y tan rico en recuerdos, sueños
+y emociones! Se lo hubiera llevado con gusto para incrustarlo en los
+muros venerables del palacio de Aransis.
+
+Al salir se despidió mentalmente de las de Relimpio. Les echó una
+rociada de desprecio. Así puede decirse, pues tal era su idea. Se
+figuraba que tenía en la mano una de aquellas mangas de riego que había
+visto en las calles, y que, apuntándola a D.ª Laura, arrojaba sobre
+ella, en forma de inundación, todo el desdén que puede caber en un
+corazón tan grande como el depósito del Campo de Guardias. Sólo
+exceptuaba de este chaparrón al bueno de D. José, para quien destinaba
+_in mente_ la plaza de tenedor de libros en cierta casa. Don José, como
+siempre, la acompañó aquella tarde.
+
+Serían las tres y media cuando pasaron por la Puerta del Sol. A medida
+que se acercaba Isidora a los barrios próximos a San Pedro iba sintiendo
+turbación tan grande, que creyó le faltarían las fuerzas para llegar
+allá. Miraba la hora en los relojes de las tiendas y tabernas. Unos
+marcaban ya las cuatro, otros las cuatro menos diez. Nueva confusión. El
+tiempo estaba también turbado. No sabía si apresurarse o detenerse. No
+quería llegar ni antes ni después de la hora. Al fin vio en el extremo
+de una callejuela un esquinazo de revoco, un balcón, el primero de larga
+fila de balcones, y se detuvo mirándolo. Allí era: tuvo miedo, frío y
+ganas de llorar...
+
+Despidiose de D. José, el cual no comprendía por qué su ahijada le
+mandaba retirarse.
+
+«¿Pero qué? ¿Te quedas aquí?... ¿No vuelves a casa?...
+
+--No me pregunte usted nada, padrinito. Pronto lo sabrá usted todo.
+Adiós.
+
+--A ti te pasa algo. ¡Qué pálida estás!... Pero aguarda...
+
+--Adiós, adiós».
+
+Dejándole plantado en medio de la calle, dirigiose a la puerta del
+palacio. El gran sobresalto de su alma crecía a cada paso. ¡Oh! Sin
+duda, su abuelita la esperaba con igual ansiedad. Hasta llegó a imaginar
+que estaría en un balcón esperándola. Miró y no había nadie. La casa
+estaba muda, cerrada, como el retiro misterioso donde, para gozarse en
+sí mismo, se hubiera confinado el silencio; la puerta principal
+entreabierta. Isidora, al tocarla, sintió como un valor repentino. El
+contacto de su propiedad le devolvía el dominio de sí misma. ¡Revelación
+magnética de su derecho!
+
+Con voz clara preguntó al conserje por la marquesa. El cojo, como si la
+esperara, la invitó a pasar adelante y subir. En lo alto de la escalera
+había otro criado que, sin aguardar a que ella preguntase, abrió con
+mucho respeto una mampara. Esto animó a Isidora. Dentro de ella se reía
+un sentimiento y lloraba otro. Andaba como una máquina. Su corazón no
+era corazón, sino un martinete que daba golpes terribles. Un tercer
+criado le salió al encuentro, y diciéndole: «Pase usted», la llevó de
+sala en sala hasta un gabinete. El criado dijo: «La señora saldrá al
+instante».
+
+Isidora se sentó. Instante único, tremendo; ángel con el pie levantado y
+las alas extendidas, que va a volar y no se sabe si dirigirá su vuelo al
+suelo o al infinito; instante soberano; dogal que oprime la garganta;
+espada de un cabello suspendida; es hermano del instante en que se nace
+o en que se muere, del instante en que se hunden los imperios, y de
+aquel, no conocido todavía, en que se acabará el mundo... ¡Ah!, la
+puerta del gabinete se abría... Isidora vio entrar una dama de cabello
+casi blanco, grave, hermosa, imagen de la dignidad y de la nobleza, como
+reina y madre de reyes. Tan turbada estaba Isidora, que no acertó a
+contestar al saludo afectuoso de la señora. No sabía lo que le pasaba.
+Se levantó, volvió a sentarse. No podía asegurar si dijo o no dijo algo.
+Se sentía morir. ¡El semblante de la marquesa no expresaba nada..., la
+marquesa no la había abrazado..., la marquesa no había parado mientes en
+su fisonomía!... Las dos se miraron.
+
+Entonces Isidora vio que la marquesa sacó unos lentes de oro, y
+aplicándolos a sus ojos, la miraba, la observaba detenidamente, callada,
+fría, como si examinara un objeto raro, pero no tan raro como para
+despertar admiración. Isidora creyó que la señora había estado mirándola
+siglo y medio, año más, año menos.
+
+Al fin, de aquella hermosa esfinge con lentes salió una palabra.
+
+«El Sr. de Pez me ha dicho que usted deseaba hablarme. El Sr. de Pez me
+escribió a Córdoba diciéndome que usted..., parece que asegura...».
+
+¡Cosa rara! También parecía turbada la marquesa. Pero lo que más pasmó y
+confundió a Isidora fue no ver en la digna señora señales de
+enternecimiento.
+
+«Es usted, según creo--dijo esta--, una joven que se llama Isidora, hija
+de un tal Rufete...
+
+--No, señora--manifestó Isidora recobrando en un punto su valor, y
+usando un lenguaje en que se combinaba hábilmente la energía con la
+urbanidad--. He llevado y llevo ese nombre, que no es el mío. Don Tomas
+Rufete ha pasado, hasta que murió por padre mío, y por tal le tuve y le
+quise; pero yo me llamo Isidora de Aransis».
+
+La marquesa la interrumpió con un gesto de enojo. Volvió a mirarla
+fijamente y palideció.
+
+«Me han asegurado--dijo--que usted pretende pasar por hija de mi
+desgraciada Virginia. ¿Es cierto que usted lo cree así?
+
+--¡Oh!, ¡que si lo creo!--exclamó Isidora echándose a llorar--. Si no lo
+creyera, no viviría...
+
+--Parece--indicó la marquesa--que esa creencia en usted es sincera;
+parece que es una convicción arraigada y profunda... No puede usted
+figurarse--añadió con cierto cariño--lo que me ha dado que pensar esta
+idea de usted. Cuando me escribieron dándome cuenta de una joven que se
+llamaba mi nieta, estuve muchos días preocupada con esto... He tenido
+mucha curiosidad de ver a usted..., y ahora que la veo, no puedo negarle
+que me interesa un poco. Si la apariencia, si el semblante son indicios
+de la condición moral de las personas, desde luego aseguro que al
+declararse usted nieta mía, no la ha movido ningún interés maligno.
+Usted es sincera y honrada, usted tiene la convicción...
+
+--Señora--exclamó Isidora cayendo de rodillas a los pies de la
+aristócrata--. La voz de la sangre me ha llamado hace tiempo; la voz de
+la sangre me pone ahora a los pies de la madre de mi madre».
+
+Le besó las manos con religioso respeto. Y el alma se le iba tras los
+besos, con la más santa y sincera afección que es dado imaginar. Pero
+aquellas manifestaciones tan extraordinariamente expresivas, lejos de
+enternecer a la marquesa, la provocaron a recoger su ánimo, y dijo con
+sequedad:
+
+«Pero ¿qué es esto?... Levántese usted, hija... No puedo consentir...
+Usted no me ha entendido bien...».
+
+Isidora se levantó. Creía que la marquesa quería llevar las cosas por el
+terreno de las explicaciones frías antes de entregarse a las expansiones
+del sentimiento.
+
+«Usted no me ha entendido bien--replicó la de Aransis, viendo cómo
+Isidora se enjugaba las lágrimas luego que se sentó--. He dicho tan sólo
+que usted, por la manera de expresarse, por cierto sello de honradez y
+bondad que noto en su fisonomía... (es usted muy hermosa...) me ha
+parecido desde un principio digna de interés y consideración. Usted sin
+duda no ha venido aquí a representar una comedia; usted se declara hija
+de mi desgraciada hija porque así lo cree, fundada en motivos y
+circunstancias que ignoro; pero de eso, a admitir que usted tenga razón,
+hija mía, hay inmensa distancia, y así, señorita, no puedo menos de
+manifestar a usted con la seriedad que exige el caso, que está usted
+completamente equivocada».
+
+Si a Isidora le hubieran dejado caer de un golpe sobre el corazón todas
+las cataratas del Niágara, no habría experimentado sensación más
+dolorosa de choque duro y frío. Quedó convertida en estatua, y sus
+lágrimas se secaron, evaporadas por el vivo calor interno que le salió a
+los ojos. _¡Completamente equivocada!_ Decirle esto a ella era lo mismo
+que decirle: «Tú no existes, tú eres una sombra; menos aún, un ente
+convencional». ¡Tan profundas raíces tenía en su alma aquella creencia!
+
+«Yo no sé--prosiguió la marquesa con frialdad--cómo ha llegado usted a
+adquirir ese absurdo convencimiento; no sé, ni quiero saberlo, por qué
+serie de circunstancias, de _qui pro quo_ y de falsas apariencias, ha
+llegado usted a creerse nacida de mi desgraciada hija. Ignoro si en su
+error ha obrado, como causa, una mala inteligencia, o la astucia de
+seres malignos que esperan sacar ventaja de estas cosas; lo que sí puedo
+asegurar a usted, y lo aseguro porque lo sé, es que ha sido usted
+atrozmente engañada, hija mía, y espero que no insistirá en ello después
+de lo que acabo de manifestar».
+
+Pedir a Isidora que no insistiera, era como pedir al sol que no
+alumbrase. Era toda convicción, y la fe de su alto origen resplandecía
+en ella como la fe del cristiano dando luz a su inteligencia, firmeza a
+su voluntad y sólida base a su conciencia. El que apagase aquella
+antorcha de su alma, habría extinguido en ella todo lo que tenía de
+divino, y lo divino en ella era el orgullo. Al oír a la marquesa creía
+escuchar los términos más terribles de la injusticia humana. La pena que
+con esto sintiera la colmó de confusión y espanto en los primeros
+momentos; pero después su orgullo contrariado se hizo brutal soberbia.
+Su ira surgió como una espada que se desenvaina, y le dio concisa
+elocuencia para decir:
+
+«Por Dios que nos oye, juro que soy quien soy, y que mi hermano y yo
+nacimos de doña Virginia de Aransis. Se nos podrá arrebatar lo que es
+nuestro; se nos podrá negar nuestro patrimonio y hasta nuestro nombre;
+pero Dios, que conoce nuestro derecho, nos defenderá.
+
+--En vista de esa terquedad--dijo la marquesa esforzándose en no llevar
+la cuestión a un terreno dramático y en huir de las declamaciones--me
+arrepiento de haber hecho a usted la justicia de creerla sincera y sin
+malicia. Una vez para siempre digo a usted que de los dos niños de mi
+infeliz hija, la hembra murió, el varoncito vive y está a mi lado. Si
+insiste usted en traer a mi casa esas farsas estudiadas, o capítulos de
+novelas, me veré obligada a tenerla a usted o por impostora o por
+demente...
+
+--Tengo documentos--exclamó Isidora mostrando sus papeles.
+
+--No quiero verlos. Supongo qué pruebas son esas. Yo las tengo
+clarísimas para probar lo que he dicho.
+
+--Y yo..., ¡yo también probaré!--balbució Isidora con el corazón, hecho
+pedazos, en los labios--. ¡Ah! ¡Qué desgraciada soy, señora! Yo me
+muero».
+
+Rompió a llorar con tanta amargura, que la marquesa, la bondad misma,
+tuvo lástima de ella.
+
+«He empleado con usted palabras muy duras--le dijo--. Pero usted ha
+tenido la culpa, hija mía. Usted ha sido engañada. No será quizás
+impostora. Hablará usted de buena fe; pero han abusado miserablemente de
+su credulidad y de su inocencia... Usted parece buena... Confiéseme sus
+penas, porque penas hay, lo sospecho. ¿Quién ha metido a usted en la
+cabeza esas historias? Cuénteme usted todo. Después, si necesita algo,
+si usted se ve en alguna necesidad...
+
+--Hasta aquí he vivido arrojada de mi casa, de mi posición, privada de
+mi verdadero nombre. Si no se me restituye lo que desde que nací me
+pertenece, nada quiero. Pido justicia, no limosna».
+
+La marquesa no creyó deber prolongar un coloquio de aquella especie. Las
+últimas palabras de Isidora tocaban en la insolencia. Levantose, y
+mirando a la pobre joven con más lástima que cólera, le dijo:
+
+«Si tan convencida está usted, acuda usted a los Tribunales.
+
+--Acudiré--exclamó Isidora con firme convicción.
+
+--Entretanto, es inútil que disputemos aquí. Puede usted retirarse».
+
+La marquesa intentó tirar del cordón de la campanilla. Con un movimiento
+inesperado, Isidora la detuvo, y postrándose ante ella, exclamó con viva
+explosión de sentimientos nobles:
+
+«Señora, usted me echa de su casa, cuando yo esperaba que me recibiría
+usted con los brazos abiertos... Usted me aborrece porque no cree en mi
+derecho, y yo la adoro porque creo en él. No hay odio en mi corazón ni
+puede haberlo para la madre de mi madre... Déjeme usted besar sus
+manos».
+
+La marquesa parecía muy disgustada de tal escena. Volviendo el rostro,
+apartaba de sí a Isidora. Esta se puso en pie. Tuvo otra inspiración más
+audaz que la anterior. Con gentil arrogancia separó su velo para mostrar
+más completos el rostro y el busto. Su cara se sublimaba por la fe. ¿Qué
+destello divino era el que de sus ojos emanaba? No puede darse idea del
+timbre de su voz al decir:
+
+«¿Para qué leyes? Soy mi propio testigo, y mi cara proclama un derecho.
+Soy el retrato vivo de mi madre».
+
+La marquesa la miró otra vez palideciendo. ¿Cruzó por la mente de la
+noble señora un rayo de duda?... ¿Vaciló su firme creencia? ¡Quién puede
+saberlo! A sus ojos asomaron las lágrimas.
+
+«No interprete usted mis lágrimas como una concesión--dijo a Isidora--.
+Lloro por el recuerdo de mi querida hija. En cuanto al parecido...».
+
+Volvió a observarla tan fijamente, que Isidora, al sentirse acariciada
+por aquel mirar profundo, se estremeció de esperanza. La hermosura de la
+joven, su distinción innegable, su modo de vestir, sencillo y honesto,
+hicieron en la noble dama profunda impresión.
+
+«En cuanto al parecido--continuó esta--, nada tengo que decir, porque si
+alguno hay, es puramente casual... Me hará usted un favor en retirarse».
+
+Tiró de la campanilla, y se alejó serenamente sin prisa y sin cólera,
+como nos alejamos después de aplastar un insecto.
+
+Isidora se encontró sola en el gabinete. Un lacayo apareció en la
+puerta. Era señal de que la ponían bonitamente en la de la calle.
+Levantose y salió. Andaba con la teatral arrogancia y la serenidad
+terrible de que se revisten algunos al subir al cadalso. Las salas del
+palacio se iban quedando atrás, como se desvanece el mundo cuando nos
+morimos.
+
+Cuando bajaba la escalera, un lacayo subía. Tomola este por una de las
+infinitas personas, de aspecto decente, que iba a pedir limosna a la
+marquesa, y le dijo: «¡Qué bonita es usted, prenda!».
+
+Puede juzgarse cómo estaría su espíritu, cuando este ultraje apenas le
+hizo impresión. En el portal estaba Alonso y un hombre muy gordo, el
+cual al pasar la miró con atención picaresca. Ambos le hicieron un frío
+saludo. Salió sin darse cuenta de nada y dio algunos pasos por la calle.
+Como si tropezara con un poste, hallose de improviso frente a D. José de
+Relimpio. Isidora despertó al choque y dijo:
+
+«¿Pero está usted aquí?
+
+--Sí, hija mía--replicó el galán viejo muy conmovido--. El corazón me
+decía que habías de salir pronto, y esperé... No me podía acostumbrar a
+la idea de no volver a verte... ¿Qué quieres tú?... Yo tomo cariño a las
+personas con mucha facilidad... Aquí se me ha pasado el tiempo mirando
+como un bobo a los balcones y diciendo: «Ella ha de salir, ella ha de
+salir».
+
+
+
+
+Capítulo XVII
+
+Igualdad.--Suicidio de Isidora
+
+
+Isidora no ponía atención en las cariñosas palabras de D. José. Sintió
+en su cerebro una impresión extraña, como el rastro aéreo de inmensa
+caída desde la altura a los más hondos términos que el pensamiento puede
+concebir. ¡Y qué manera tan rara de ver el mundo y las cosas todas que
+están debajo del cielo, y aun, si se quiere, el cielo mismo! Cambio
+general. El mundo era de otro modo; la Naturaleza misma, el aire y la
+luz eran de otro modo. La gente y las casas también se habían
+transformado; y para que la mudanza fuera completa, ella misma, Isidora,
+era punto menos que otra persona.
+
+«¿Pero a dónde vamos, hija?»--preguntó Relimpio viendo que andaban y
+desandaban calles, subían costanillas, y divagaban pasando muchas veces
+por un mismo sitio.
+
+Isidora no le contestaba y adelante seguía, llevándolo como rodrigón.
+Ella miraba al suelo, él el cielo. Sin saber cómo, halláronse en las
+Vistillas. Caía la tarde. Don José llamo la atención de su ahijada hacia
+la magnificencia del crepúsculo que desde aquel despejado sitio se
+gozaba; alzó los ojos ella y miró, arrojando un suspiro tan grande sobre
+el inmenso paisaje que a su vista tenía que parecía querer llenarlo de
+tristeza. Como Isidora siempre trataba de encontrar armonías entre su
+estado moral y la Naturaleza, la hermosísima retirada y apagamiento del
+día no eran extraños al occidente que había en su alma. Los destellos de
+oro fundido iban palideciendo poco a poco, o se hundían dejando tras sí
+un rastro pálido y verdoso. A la derecha, la sierra azul, de masa
+uniforme y sin contornos, se alejaba, desvaneciéndose en el fondo del
+firmamento, donde al fin quedaría como el espectro de un mundo.
+Marcábanse las curvas del río por jirones de niebla desvanecida,
+vellones sueltos, que se iban reuniendo hasta formar un velo salpicado
+de motas blancas, o sea la ropa de los lavaderos.
+
+«¡Qué feísimo es esto!»--murmuro Isidora con ira que indicaba cierta
+hostilidad contra la Naturaleza.
+
+Entonces el patriarcal D. José se puso a admirar la belleza del cielo,
+que estaba limpio, azul, profundo, expresando como nunca la proyección
+abovedada del pensamiento humano. La luna nueva, como una hoz de plata,
+caía del lado del Poniente, precedida de Venus. Apenas, en lo restante
+del firmamento principiaba a verse una que otra estrella como el vago
+apuntar de la idea en el cerebro. Don José desparramó su vista por toda
+la redondez de arriba, y apuntando con suficiencia de astrónomo a un
+astro que brillaba más a cada instante, dijo lacónicamente:
+
+«¡Júpiter!».
+
+Isidora también miro, pero con escarnio y desdén.
+
+«¡Qué horrible está la luna!»--murmuró.
+
+Y la comparó al corte de una uña. Volviéndose a su embelesado padrino,
+que osó hablar de distancias y magnitudes siderales, le dijo con mucha
+displicencia:
+
+«¿Y qué tengo yo que ver con Júpiter?... ¿Qué me va a dar a mí
+Júpiter?».
+
+Bajaron a la calle de Segovia, ella delante, detrás él.
+
+«A ti te pasa algo... ¿Qué tienes?--le dijo el maestro de Teneduría.
+
+--¡Qué le importa a usted! Si no quiere usted acompañarme, puede dejarme
+sola.
+
+--¡Pues no faltaba más!... Hasta el fin del mundo...».
+
+Una sombra lúgubre que sobre la calle se proyectaba les hizo alzar la
+vista, y vieron la mole del viaducto en construcción, un bosque de
+andamios sosteniendo enorme enrejado de hierro.
+
+«Cuando este puente se acabe--dijo Relimpio en tono de mucha
+autoridad--, no servirá sino para que se arrojen de él los
+desesperados».
+
+Isidora miró con desprecio al puente, y repuso:
+
+«¡Quia! Eso es muy bajo».
+
+Subieron por la calle adelante. De una taberna, donde vociferaban media
+docena de hombres entre humo y vapores alcohólicos, salió una
+exclamación que así decía: «Ya todos somos iguales», cuya frase hirió de
+tal modo el oído, y por el oído el alma de Isidora, que dio algunos
+pasos atrás para mirar al interior del despacho de vinos.
+
+«Se confirma lo que esta mañana se decía--murmuró D. José demostrando
+una gran pesadumbre--. El Rey se va, renuncia a la corona, y a mí no hay
+quien me quite de la cabeza que es la persona más decente...
+
+--Todos somos iguales»--afirmó Isidora repitiendo la frase.
+
+Y la frase parecía volar multiplicada, como una bandada de frases,
+porque a cada paso oían: «Todos somos iguales... El Rey se va». Salían
+estas palabras de los grupos de hombres, y aun de los que formaban
+mujeres y chicos en las puertas de algunas casas.
+
+Mientras D. José dejaba oír con tímida voz consideraciones prudentes y
+juiciosas sobre el suceso del día, Isidora pensaba que aquello de ser
+todos iguales y marcharse el Rey a su casa, indicaba un acontecimiento
+excepcional de esos que hacen época en la vida de los pueblos, y se
+alegró en lo íntimo de su alma, considerando que habría cataclismo,
+hundimiento de cosas venerables, terremoto social y desplome de antiguos
+colosos. Esta idea, no obstante, con ser tan conforme al hundimiento
+moral de Isidora, no la consolaba. A la momentánea alegría siguió
+agudísima pena. Por un instante se sintió invadida de un dolor tan
+grande, que llegó a pensar en que no debía vivir más tiempo. Pero esta
+desesperación también duró poco. Todos los medios de apartarse
+voluntariamente de la vida le parecían dolorosos, antipáticos y aun
+cursis. Heridos su orgullo y su dignidad, muertas sus ilusiones, algo la
+ataba aún a la vida, aunque no fuera más que la curiosidad de goces y
+satisfacciones que no había probado todavía... No, morir, no. Tiempo
+había para eso.
+
+A medida que se acercaba a la zona interior de Madrid y recibía su calor
+central, se iba robusteciendo en ella la idea del vivir, del probar, y
+del ver y del gustar. Había sofocado una vida para fomentar otra. Cuando
+esta moría, justo es que aquella resucitara.
+
+De la calle Mayor pasaron a la plaza de Oriente, porque Isidora estaba
+cansadísima y quería sentarse. No sólo tenía necesidad de reposo, sino
+de meditación, pues tanto como su desengaño la mortificaba aquella noche
+la idea de tener que volver a casa de D.ª Laura. No; decididamente allá
+no volvería aunque tuviera que quedarse a dormir en aquel banco frío y
+duro. En tanto don José miraba al Palacio, tratando de adivinar lo que
+en su interior ocurría; mas nada revelaba el coloso en su muda faz de
+piedra. En ningún balcón se veía luz. Todo estaba cerrado y sombrío como
+el disimulo que precede a las grandes resoluciones.
+
+«¡Pobre señor!--exclamó Relimpio ofreciendo a la dinastía extranjera el
+homenaje de un suspiro--. Le tienen mareado..., aburrido. Yo me pongo en
+su caso...».
+
+Después de sondear su alma y de pensar atropelladamente diversas cosas,
+Isidora dijo esto a su buen padrino:
+
+«Debe usted marcharse... Yo no voy a casa todavía.
+
+--¡Marcharme!, ¡dejarte sola!... Tú estás loca--replicó él no sabiendo
+renunciar al goce indecible de estar al lado de su ahijada.
+
+--Es que no puedo ir a casa todavía... Márchese usted, que si no le
+reñirá D.ª Laura.
+
+--Déjala... Yo te acompañaré adonde quieras. No faltaría más...; ¡ir tú
+sola, de noche, por esas calles! En Madrid hay mucho atrevido. Te lo
+digo con franqueza, porque yo no soy ningún anacoreta. A los pícaros
+españoles nos gustan tanto las hembras bonitas... No, hija, no. No
+puedes andar sola de noche. Estás cada día más guapa, y por dondequiera
+que vas llamas la atención.
+
+--¡Llamo la atención!--, pensó ella, y se levantó decidida.
+
+--¿A dónde vamos, hija?
+
+--No lo sé todavía».
+
+Al penetrar en las calles bulliciosas, cuya vida y animación convidan a
+los placeres y a intentar gratas aventuras, sintió la joven que se
+amenguaba su profundísimo pesar, como el dolor agudo que cede a la
+energía narcótica del calmante. Se sintió halagada por el contacto de la
+sociedad; percibió en su cerebro como un saludo de bienvenida, y voces
+simpáticas llamándola a otro mundo y esfera para ella desconocida. Y
+como la humana soberbia afecta desdeñar lo que no puede obtener, en su
+interior hizo un gesto de desprecio a todo el pasado de ilusiones
+despedazadas y muertas. Ella también despreciaba una corona. También
+ella era una reina que se iba.
+
+Adelante. La Puerta del Sol, latiendo como un corazón siempre
+alborozado, le comunicó su vivir rápido y anheloso. Allí se cruzan las
+ansiedades; la sangre social entra y sale, llevando las sensaciones o
+sacando el impulso. Madrid, a las ocho y media de la noche, es un
+encanto, abierto bazar, exposición de alegrías y amenidades sin cuento.
+Los teatros llaman con sus rótulos de gas, las tiendas atraen con el
+charlatanismo de sus escaparates, los cafés fascinan con su murmullo y
+su tibia atmósfera en que nadan la dulce pereza y la chismografía. El
+vagar de esta hora tiene todos los atractivos del paseo y las
+seducciones del viaje de aventuras. La gente se recrea en la gente.
+
+Isidora observó que en ella renacía, dominando su ser por entero, aquel
+su afán de ver tiendas, aquel apetito de comprar todo, de probar
+diversos manjares, de conocer las infinitas variedades del sabor
+fisiológico y dar satisfacción a cuantos anhelos conmovieran el cuerpo
+vigoroso y el alma soñadora. Se miraba en los cristales, y se detenía
+larguísimos ratos delante de las tiendas, como si escogiera. No paraba
+mientes en el susurro de los grupos, que decían: «El Rey se aburre, el
+Rey se va».
+
+A la entrada de la calle de la Montera la animación era, como siempre,
+excesiva. Es la desembocadura de un río de gente que se atraganta
+contenido por una marea humana que sube. A Isidora le gustaba aquella
+noche, sin saber por qué, el choque de las multitudes y aquel
+frotamiento de codos. Sus nervios saltaban, heridos por las mil
+impresiones repetidas del codazo, del roce, del empujón, de las cosas
+vistas y deseadas. El piso húmedo, untado de una especie de jabón negro,
+era resbaladizo; pero ella se sostenía bien, y en caso de apuro se
+colgaba del protector brazo de su padrino. El ruido era infernal. Subían
+los carros de la carne con las movibles cortinas de cuero chorreando
+sangre, y su enorme pesadez estremecía el suelo. Los carreteros
+apaleaban a las mulas. Bajaban coches de lujo, cuyos cocheros gritaban
+para evitar el desorden y los atropellos. Deteníanse los vehículos
+atarugados, y la gente, refugiándose en las aceras, se estrujaba como en
+los días de pánico. La tienda del viejo Schropp detenía a los
+transeúntes. Como se acercaba Carnaval, todo era cosa de máscaras,
+disfraces, caretas. Estas llenaban los bordes de las ventanas y puertas,
+y la pared de la casa mostraba una fachada de muecas. Enfrente, el
+escaparate del Marabini, lleno de magníficos brillantes, manifestaba al
+público tentadoras riquezas.
+
+«Dejemos esto, chica--dijo D. José a su ahijada, que miraba embebecida
+las joyas--. Esto no es para nosotros».
+
+De repente la de Rufete anduvo hacia la Puerta del Sol.
+
+«¿Otra vez?
+
+--Quiero ir hacia el Congreso--declaró ella.
+
+--Ya..., ¿para ver si se arma?... No nos metamos en apreturas, hija, no
+sea que por artes del demonio...».
+
+Menudeaban los grupos, todos pacíficos. No eran hordas de descamisados,
+sino bandadas de curiosos. Se oía decir aquí y allí: «La República, la
+República», pero sin gritos ni amenazas. Se hablaba con frialdad de
+aquella cosa grande y temida. No había entusiasmo ni embriaguez
+revolucionaria, ni amenazas. La República entraba para cubrir la vacante
+del Trono, como por disposición testamentaria. No la acompañaron las
+brutalidades, pero tampoco las victorias. Diríase que había venido de la
+botica tras la receta del médico. Se le aceptaba como un brebaje de
+ignorado sabor, del cual no se espera ni salud ni muerte.
+
+¡Cuánta gente en la Carrera! Es abierta lonja de noticias. El Congreso,
+donde se forja el rayo; el Casino, donde imperan los desocupados, y el
+café de la Iberia, que es el Parnasillo de los políticos, dan a esta
+calle, en días o noches de crisis, un aspecto singular. Isidora y su
+padrino siguieron la corriente. ¡Cuántos hombres, y también cuántas
+mujeres! El contacto de la muchedumbre, aquel fluido magnético conductor
+de misteriosos apetitos, que se comunicaba de cuerpo a cuerpo por el
+roce de hombros y brazos, entró en ella y la sacudió.
+
+«Déjeme usted sola--dijo a su padrino--. Yo tengo que hacer. Le va a
+reñir a usted doña Laura.
+
+--Deja a D.ª Laura que se la lleve el demonio--exclamó Relimpio, a quien
+la idea de no acompañar a su sobrina le ponía furioso--. ¡Hay por aquí
+tanto hombre imprudente!... Ya ves que no cesan de echarte requiebros y
+decirte flores. Esto es indecoroso, y no sería extraño que yo tuviera un
+lance».
+
+¡Ay Isidora! ¿Qué significó ese susurro de carcajadas que sentiste
+dentro de ti?... ¿Era que empezaba a comprender la posibilidad de
+consolarse sin renunciar a sus ideas? ¡Oh, no! Antes morir que abandonar
+sus sagrados derechos. «¡Las leyes!--pensó--. ¿Para qué son las leyes?».
+Esta idea le infundió algún contento. Sí; ella confundiría el necio
+orgullo de su abuela; ella subiría por sus propias fuerzas, con la
+espada de la ley en la mano, a las alturas que le pertenecían. Si su
+abuela no quería admitirla de grado, ella, ¿qué tal?..., ella echaría a
+su abuela del trono. Venían días a propósito para esto. ¿No éramos ya
+todos iguales? El pueblo había recogido la corona arrojada en un rincón
+del Palacio y se la había puesto sobre sus sienes duras. ¡Bien, bien,
+bien! Y se aplaudió a sí misma, se palmoteó con esas manos inmateriales,
+que para apoyar sus discursos tiene el corazón. ¡Pleito! Esta palabra,
+anunciadora de una gran idea, se le quedó fija en la mente desde
+entonces, como grabada en fuego. Vio una turba infinita de escribanos y
+jueces, y pirámides de papel en cuya cúspide brillaba deslumbrante y
+cegadora la inextinguible luz de su verdadero estado civil.
+
+En la calle de Floridablanca el gentío era más espeso; pero los curiosos
+no hacían nada, ni siquiera gritaban. Eran turbas comedidas que no daban
+vivas ni mueras. Se hablaba de la llovida República, como se habría
+hablado de un chubasco que acabara de caer. Nada de lo que dentro de las
+Cortes pasaba se traslucía fuera.
+
+Aunque Isidora no iba sola, era demasiado guapa y D. José demasiado
+humilde para que la joven dejase de oír una y otra vez algunas fórmulas
+equívocas del requiebro de las calles, nacido de la mala educación y de
+la falta de respeto a las mujeres.
+
+«Vámonos a casa--dijo Relimpio algo amostazado--. Yo no me puedo
+contener. Soy una pólvora. Tú no conoces mi genio. Pues bien, me estás
+comprometiendo.
+
+--Váyase usted, que yo me quedo--replicó ella impávida.
+
+--¿Pero estás loca?...
+
+--No estoy loca. Es que...
+
+--Pero ¿tú buscas a alguien? ¿Esperas a alguien?».
+
+Isidora no apartaba sus ojos de aquella puerta pequeña por donde entra y
+sale toda la política de España.
+
+«Vaya, que tienes unas cosas... Ya van a dar las diez».
+
+Isidora no le hizo caso. De repente avanzó hacia la calle del Sordo,
+mirando, no sin disimulo, a tres individuos que acababan de salir del
+Congreso. Uno de ellos se distinguía por su gabán claro.
+
+«¿Al fin nos vamos?--preguntó D. José con alegría.
+
+--No se enfade usted conmigo, padrinito--dijo Isidora mirándole--. Le
+quiero a usted mucho».
+
+Avanzaban por la calle del Turco. Relimpio no se había fijado en los
+tres señores que delante iban a distancia como de unos treinta pasos. Al
+llegar al extremo de la calle, D. José, que gozaba mucho por los
+recuerdos históricos, se paró y dijo con voz lúgubre:
+
+«Aquí mataron a D. Juan Prim. Todavía están en la pared las señales de
+las balas».
+
+Isidora no miró las señales de los proyectiles. Miraba a los tres
+caballeros, que se habían detenido algo más arriba, junto al jardín de
+Casa--Riera. Parecía que se despedían. En efecto, dos siguieron hacia la
+Presidencia, y el del gabán claro bajó por la calle de Alcalá.
+
+¡Instante tremendo, que no olvidaría jamás D. José Relimpio aunque
+viviera mil años! Cuando el señor del gabán claro pasó por la trágica
+esquina, Isidora echó a correr, llegose a él, se le colgó del brazo.
+Hubo exclamaciones de sorpresa y alegría... Después siguieron juntos, y
+se perdieron en la niebla.
+
+«¡Ah!--murmuró D. José con vivo dolor--. Es el marqués viudo de
+Saldeoro... ¡Ingrata!... ¡Y qué hermosa!».
+
+El pobre señor se apoyó en la esquina: su desconsuelo era grande. Pensó
+que no la vería más. Vuelta la cara a la pared, ¿qué hizo durante el
+rato que permaneció allí?... ¿Lloró? Quién lo sabe. Tal vez estampó una
+lágrima en aquella pared donde a balazos estaba escrita la página más
+deshonrosa de la historia contemporánea.
+
+
+
+
+Capítulo XVIII
+
+Últimos consejos de mi tío el Canónigo
+
+
+¡Qué lástima no ser poeta épico para expresar, con la elocuencia propia
+del caso, el enojo de D.ª Laura, el cual, si no rayaba tan alto como la
+ira de los dioses, hallábase a dos dedos de ella! Todo por que la
+señorita Isidora no se conducía decorosamente. Don José estaba
+profundamente afligido por no poder lanzarse a la defensa de su querida
+ahijada. Y si alguna tímida palabreja salía de su boca, D.ª Laura se le
+quería comer vivo. El cargo principal que contra Isidora se formulaba
+era que se había quedado fuera de casa en la noche del 11. «Nada,
+nada--dijo la iracunda señora a su marido del modo más imperioso--.
+Esa... _Sardanápala_ no tiene que poner más los pies en mi casa. Si la
+ves, dile que mande por sus cuatro pingos y por los papelotes de su
+padre».
+
+Y en efecto, al anochecer del 12, Isidora mandó por su equipaje.
+¡Temblad, humanos!..., ¡ponía casa! El furor de D.ª Laura creció, y en
+ella chocaban las palabras con las ideas y las ideas con las palabras,
+como las olas de un mar embravecido. Relimpio no podía disimular una
+aflicción honda que tenía su asiento en la región cardíaca. Parecía
+atacado de un aplanamiento general. Melchor dijo mil groserías de la
+ahijada de su padre, y las dos chicas, contenidas por el pudor, no
+dijeron nada.
+
+Y tú, ¡oh lector!, ¿qué dices? Yo te ruego que no sigas a esta familia
+por el peligroso sendero de los juicios temerarios. Sabe que el poner
+casa la de Rufete no puede atribuirse aún a sospechosos motivos; sabe,
+pues hay obligación de que se te diga todo, que el mismo día 12 por la
+mañana recibió nuestra hermosa protagonista dos cartas de Tomelloso. En
+la una, su tío el Canónigo se despedía de ella para el otro mundo y le
+daba mil consejos de mucha substancia, amén de un legadillo para que
+ambos huérfanos prosiguieran la empresa de reclamar su filiación y
+herencia, si ya no estaban en posesión de ambas cosas. La otra carta
+anunciaba la muerte del santo varón.
+
+El cual, hora es ya decirlo, no era tal Canónigo ni cosa que lo valiera,
+sino un seglar soltero, viejo y extravagante, a quien desde luengos años
+se había aplicado aquel apodo por su amor a la vida descansada, regalona
+y sibarítica. En sus buenos tiempos, D. Santiago Quijano--Quijada, primo
+carnal de Tomás Rufete, había sido mayordomo de una casa grande, y
+después administrador de otras varias. Cuando tuvo para vivir sin ayuda
+de nadie, se retiró a su pueblo, donde vivió célibe, entre primas y
+sobrinos, más de treinta años, dedicado a la caza, a la gastronomía y a
+la lectura de novelas. Tenía ciertos hábitos de grandeza, y en su modo
+de hablar y de escribir distinguíase tanto de sus convecinos, que antes
+que lugareño parecía de lo más refinado y discreto de la corte. Era muy
+avaro y sumamente excéntrico. Omitiendo las mil aseveraciones
+contradictorias que corrían por toda la Mancha acerca de su
+caballerosidad o de su avaricia, de su ingenio o de sus no comprendidas
+chifladuras, dejaremos que se nos muestre él mismo en la carta que
+escribió a Isidora, y que copiamos a la letra:
+
+«El Tomelloso, a 9 de febrero de 1873.
+
+»Mi querida sobrina (o cosa tal): Cuando recibas estos renglones, ya
+este pecador, a quien llamaste tío y que más que tío ha sabido ser padre
+tuyo, estará en la Eternidad dando cuenta a Dios de sus muchas culpas.
+Aquella dolencia que ni el médico de este pueblo ni el de Argamasilla
+entendieron, me coge ya toda el arca del pecho, quitándome la
+respiración de tal modo, que a cada momento pienso que se me va fuera el
+alma. Y aprovecho el poquito tiempo que esta señora ha de estar dentro
+de mi cuerpo, para escribirte y darte la despedida, sintiendo mucho no
+poderlo hacer por mi mano. Tengo que estar tendido boca arriba sin
+movimiento, y el Sr. Rodríguez Araña, secretario del Ayuntamiento, me
+hace el favor de escribir lo que dicto, puesto el pensamiento en ti y en
+tu hermano, a quienes supongo ya en pacífica posesión del marquesado.
+
+»Por tu última carta veo que esperabas aviso de la señora marquesa de
+Aransis. Esa buena señora os habrá reconocido como nietos, porque no
+puede ser de otra manera. Ojalá fuera tan seguro que he de alcanzar la
+gloria eterna, como lo es que tú y Mariano nacisteis de aquella hermosa
+y sin ventura Virginia, de quien sacaste tú la figura y rostro de tal
+manera y semejanza, que verte a ti es lo mismo que verla a ella
+resucitada. Pero si por artes de algún enemigo o tontunas de la marquesa
+(que a esta gente endiosada hay que tenerle miedo) se te hubiese cerrado
+la puerta de Aransis, te aconsejo, te mando y ordeno que acudas con tu
+cuita a los Tribunales de justicia, pues tan claro y patente está tu
+derecho en los papeles que tienes y en otros que yo conservaba para el
+caso y que te remito, que en dos repelones has de ganar el pleito y
+tomar por la ley lo que de otro modo no quisieran darte. Yo tengo gran
+fe en la fuerza de la sangre, y me parece que estoy viendo a la señora
+marquesa echándote los brazos al cuello y comiéndote a besos. Si las
+cosas han pasado de otra manera, trata de que la señora te reconozca por
+el parecido. Conviene que te registres bien el cuerpo todo, a ver si
+tienes en él algún lunar o seña por donde la marquesa venga en
+conocimiento de que eres hija de su hija; que yo he leído casos
+semejantes, en los cuales un lunarcillo, un ligero vellón o cosa así han
+bastado para que encarnizados enemigos se reconocieran como hijo y padre
+y como tales se abrazaran. De esto están llenas las historias.
+
+»Para que lo gocéis, si es que ya estáis en vuestro trono, o para que
+siga el pleito, si no lo estáis, os dejo un legado que no es cosa mayor.
+Os doy por curador a mi amigo el Sr. D. Manuel Pez, nuestro diputado,
+persona a quien conoces y seguramente tendrás por la misma
+caballerosidad.
+
+»Cuando poseas lo de Aransis, que es buen bocado, no dejes que se te
+vaya la mano en el gastar, pues las liberalidades consigo mismo o con
+los demás son el peligro de los ricos y la sangría de las bolsas. Cásate
+con persona de tu condición, pues si lo haces con quien por debajo de ti
+esté, te expones a que el peso de tu cónyuge te tire hacia abajo y no te
+deje flotar bien. En caso de no hallar exacta pareja, más vale que te
+unas con quien te sea superior, que también hay príncipes y duques por
+estas tierras.
+
+»No tengas vanidad; pero tampoco des tu brazo a torcer. Haz limosnas,
+que los pobres y necesitados tienen a los ricos por providencia
+intermedia entre la Providencia grande y su miseria. Sois como delegados
+del Sumo Repartidor de bienes, para que de lo vuestro deis una parte a
+los que nada tienen.
+
+»Que no se conozca nunca que has sido pobre, pues si descubres por entre
+tus sedas el paño burdo de tus primeros años, habrá tontos que se rían
+de ti. Instrúyete bien en las cosas que no has podido aprender en la
+pobreza. Tú eres lista y harás grandes progresos. No olvides de darte
+algunas tareas de piano, que eso de teclear es, a mi modo de ver, cosa
+fácil y que se aprende con un poco de paciencia.
+
+»Para no descubrirte, muéstrate al principio circunspecta y callada, que
+con esto pasarás por modesta, y la modestia es virtud que en todas
+partes se aprecia; y en este periodo primero de circunspección, dedícate
+a observar lo que hacen los demás para aprenderlo y hacerlo tú misma
+luego que te vayas soltando. Observa cómo saludan, cómo manejan el
+abanico, cómo dan el brazo, cómo se sientan a la mesa y ponen el abrigo.
+Hasta de la manera de dar limosna a un pobre tienes que hacer particular
+estudio. Date un buen curso de todas estas cosas para salir consumada
+maestra.
+
+»Dicen que la sociedad camina a pasos de gigante a igualarse toda, a la
+desaparición de las clases; dicen que esos tabiques que separan a la
+humanidad en compartimientos, caen a golpes de martillo. Yo no lo creo.
+Siempre habrá clases. Por más que aseguren que esta igualdad se ha
+iniciado ya en el lenguaje y en el vestido, es decir, que todas las
+personas van hablando y vistiendo ya de la misma manera, a mí no me
+entra eso. ¿La educación general traerá al fin la uniformidad de
+modales? Patarata. ¿Los salones de la aristocracia se abren a todo el
+mundo y dan entrada a los humildes periodistas y folicularios? A otro
+perro con ese hueso. Dicen que las señoras de la grandeza cantan
+flamenco y que los veterinarios echan discursos de filosofía. Esa no
+cuela. Yo no lo creeré aunque lo vea. Si en algún momento de inundación
+social ha podido pasar eso, las cosas volverán a su cauce.
+
+»Haz lo posible por distinguirte de los demás sin humillar a nadie, se
+entiende. Usa siempre las mejores formas, y hasta cuando quieras
+ofender, hazlo con palabras graciosas y suaves. Si tienes que dar una
+bofetada, dala con mano de algodón perfumado, que así duele más.
+
+»Una buena mesa es cosa que enaltece al rico y pone, por decirlo así, el
+sello a su grandeza. En nada se conoce el buen gusto, nobleza y dignidad
+de un alto señor como en sus guisos y manera de presentarlos y
+servirlos. Digna corte de los finos manjares es un buen círculo de
+convidados que sazonen la comida con las especias finísimas del ingenio
+discreto; especias, hija mía, que más bien son flores de aroma delicado.
+Mira bien a quién convidas. No sientes parásitos a tu mesa, que estos,
+después de vivir a tu costa, te criticarán. Elige diariamente un pequeño
+número de comensales, graves sin afectación, ingeniosos sin descaro,
+festivos sin chocarrería, y que coman sin gula y beban sin embriaguez,
+honrando tu casa y celebrando tu mesa.
+
+»Mucho te hablaría de tu cocina, si mi mal me diera espacio para ello.
+Solamente te diré, que pues la moda quiere que el arte francés con sus
+invenciones, en que entran el gusto y la forma, prevalezca sobre nuestra
+cocina nacional, no te dejes vencer del patriotismo, tratando de
+restablecer usos culinarios que están ya vencidos. Adopta la cocina
+francesa, toma un buen jefe y provéete de cuanto la moda y la
+especulación traen de remotos países. Pero has de saber que es de buen
+gusto el no condenar en absoluto nuestras sabrosas comidas; y así, no
+hay cosa de más chispa que sorprender un día a tus convidados con un
+plato de salmorejo manchego, bien cargado de pimienta, o con un estofado
+de la tierra, bien espeso y oloroso. Esto, hecho a tiempo y tras una
+exhibición hábil de fruslerías francesas, no sólo no te será vituperado,
+sino que te valdrá grandes alabanzas.
+
+»Vístete con primor. Huye tanto de la vulgaridad poniéndote lo que todas
+se pongan, como de la excesiva singularidad poniéndote lo que a nadie se
+le haya ocurrido usar. Hay un término medio, delicadísimo, muy difícil
+de alcanzar, en el cual debe mantenerse la persona verdaderamente
+elegante. Muchos que quieren huir demasiado de la vulgaridad, dan en la
+extravagancia; procura que en tus atavíos, sin que falte lo común y
+corriente, haya algo exclusivamente tuyo, algo personal, personalísimo,
+que no puedan imitar los demás, y habrás logrado el objeto.
+
+»Sé siempre buena católica cristiana, que lo primero es salvar el alma.
+Cumple los preceptos de la Iglesia, que todo ello se puede hacer sin
+fatigarse. Pero no te entregues con excesivo afán a las prácticas
+religiosas; trata a los curas con consideración, y dales para que coman,
+que a esta gente hay que tenerla contenta. De cuando en cuando costea
+novenas y alguna que otra función; pero sin pasar de ahí ni abrir tu
+puerta a los señores de hábito negro, los cuales, si les dejaras, pronto
+imperarían en ti y en tu casa. Ten cuenta que si eres beata, dirá la
+gente que lo haces para encubrir alguna trapisonda, y considera que ya
+no hay santos ni cosa que lo valga.
+
+»De un punto sumamente grave te quiero hablar ahora, y es de la vida
+conyugal, cosa que, según oigo decir, anda ahora muy por los suelos. Yo
+quisiera que la tuya fuera ejemplar y que nadie pudiese en ningún punto
+poner en duda la limpieza de tu honor ni la firmeza de tu fe
+matrimonial. Es muy posible que tu esposo, llevado de la corriente y de
+los perversos usos del día, se hastíe un poco de ti, y busque
+entretenimiento y variedad en otras mujeres. ¡Atroz desaire que te
+producirá no pocos sofocones y te pondrá a dos dedos del mayor peligro
+en que jamás se han visto tu dignidad y virtud!... Pues si te dejas
+llevar del despecho y rabia de los celos, si te impacientas demasiado
+por la soledad en que tu esposo te tiene, te faltará poco para caer en
+pecado igual al suyo. Cuidado, hija mía, mucho cuidado. A su poligamia
+contesta con tu castidad, a su lascivia con tu abstinencia. Aguanta,
+resiste, y no degrades tu corazón dándolo a algún mequetrefe que lo tome
+por vanidad, y por hacer gala de tu conquista entre los tontos y
+desocupados. Consérvate digna, recatada, siempre señora inexpugnable;
+que al fin y al cabo tu marido, por la fuerza de sus vicios, reventará,
+y entonces podrás volverte a casar eligiendo con todo cuidado otro
+marido que te considere más y te atienda mejor que el primero.
+
+»Otras muchas cosas quisiera decirte; pero como creo haber manifestado
+las más importantes, no digo más, porque las fuerzas me faltan.
+Acuérdate de lo mucho que hemos hablado de esto en las largas noches de
+invierno. Mi pensamiento se va nublando, y temo que, si no doy punto
+aquí, me falten fuerzas para firmar esta. Dentro de poco habré cerrado
+mis ojos a la luz de este mundo. Quiera Dios abrírmelos a los de la
+gloria eterna. He recibido los Santos Sacramentos, y espero el perdón de
+mis culpas. Tengo la conciencia tranquila; no temo la muerte, y me
+importan ya poco las molestias de mi cuerpo. Perdono a mis enemigos; me
+despido de mis amigos, y recibe tú el último pensamiento y el suspiro
+último de tu amantísimo tío (o cosa tal),
+
+SANTIAGO QUIJANO QUIJADA».
+
+Madrid.--Junio de 1881.
+
+FIN DE LA PRIMERA PARTE
+
+ * * * * *
+
+
+
+
+Segunda parte
+
+
+ PERSONAJES DE ESTA SEGUNDA PARTE
+
+ ISIDORA RUFETE, _protagonista._
+ MARIANO RUFETE, _su hermano._
+ AUGUSTO MIQUIS, _doctor en Medicina._
+ JOAQUÍN PEZ.
+ DON JOSÉ DE RELIMPIO Y SASTRE, _tenedor de libros._
+ MELCHOR DE RELIMPIO, _arbitrista._
+ EMILIA DE RELIMPIO DE CASTAÑO.
+ LA SANGUIJUELERA.
+ DON ALEJANDRO SÁNCHEZ BOTÍN, _padre de la Patria._
+ JUAN BOU, _litógrafo._
+ JUAN JOSÉ CASTAÑO, _ortopedista._
+ MUÑOZ Y NONES, _notario._
+ MADAMA EPONINA, _modista._
+ RIQUÍN, _niño._
+ EL MAJITO.
+ MODESTO RICO, _tratante de vinos._
+ PALO--CON--OJOS.
+ GAITICA.
+ DIVERSOS PECES.
+ DIVERSOS PÁJAROS.
+ UN GRAN PERSONAJE _(que no habla)._ DIVERSOS PERSONAJES _(que no hablan
+ tampoco)._
+
+ Un abogado, testigos, carceleros y carceleras, curiales, un oficial de
+ litografía, hombres y mujeres del pueblo, porteros, tropa, etc._
+
+ _La escena en Madrid y principia en diciembre de 1875._
+
+
+
+
+Capítulo I
+
+Efemérides
+
+
+La República, el Cantonalismo, el golpe de Estado del 3 de enero, la
+Restauración, tantas formas políticas, sucediéndose con rapidez, como
+las páginas de un manual de Historia recorridas por el fastidio, pasaron
+sin que llegara a nosotros noticia ni referencia alguna de los dos hijos
+de Tomás Rufete. Pero Dios quiso que una desgraciada circunstancia
+(trocándose en feliz para el efecto de la composición de este libro)
+juntase los cabos del hilo roto, permitiendo al narrador seguir
+adelante. Aconteció que por causa de una fuerte neuralgia necesitó este
+la asistencia de Augusto Miquis, doctorcillo flamante, que en los
+primeros pasos de su carrera daba a conocer su gran disposición y
+altísimo porvenir. Enfermo y médico charlaban de diversas cosas. Un día,
+cuando ya se había iniciado la convalecencia, recayó la conversación en
+los sucesos referidos en la Primera parte, y Miquis, para quien no podía
+haber un tema más gustoso, habló largamente de Isidora, diciendo, entre
+otras cosas, lo siguiente:
+
+«Está ahora esa mujer..., vamos..., está guapísima, encantadora. Parece
+que ha crecido un poco, que ha engrosado otro poco y que ha ganado
+considerablemente en gracia, en belleza, en expresión. Se me figura que
+será una mujer célebre. Vive en la misma casa donde se instaló hace dos
+años, al final de la calle de Hortaleza. Ha tenido un hijo.--¡Un hijo!
+¿Qué me cuenta usted?--Lo que usted oye. Ya tiene dos años. Es algo
+monstruoso; lo que llamamos un _macrocéfalo_, es decir, que tiene la
+cabeza muy grande, deforme. ¡Misterios de la herencia fisiológica! Su
+madre me pregunta si toda aquella gran testa estará llena de talento. Yo
+le digo que su delirante ambición y su vicio mental le darán una
+descendencia de cabezudos raquíticos... El chico es gracioso y de una
+precocidad alarmante...
+
+»Pasando a otra cosa, yo tengo para mí que el marqués viudito está más
+tronado que la nación española. Sus deudas se remontan como el águila
+ávida de las altas cumbres; sus gastos no disminuyen. Para estos tales,
+carecer es morir, y pasarán por toda clase de ignominias antes que
+decapitarse renunciando al lujo y a la vida de rumbo y disipación. Por
+desgracia de la sociedad, siempre encuentran tontos que les presten,
+cándidos que les fíen y malvados que los ayuden. Observe usted que nunca
+mueren en un hospital. Su mendicidad no tiene harapos; pero piden, y a
+veces toman sin pedir.
+
+»Yo pregunto: ¿No habrá algún día leyes para enfrenar la alta vagancia?
+¿No se crearán algún día palacios correccionales? ¿No establecerán las
+generaciones venideras asilos elegantes, forrados de seda, para tener a
+raya la demagogia azul, dándole de comer? Yo pregunto también: Puesto
+que tanto se ha hablado del derecho a la vida, ¿existirá también el
+derecho al lujo? Si el populacho nos pide los talleres nacionales, la
+alta vagancia nos pedirá algún día los casinos costeados por el Estado.
+Lógica, lógica, digo yo. Y a los que predican el comunismo les digo:
+«Estáis tocando el violón, porque el comunismo existe entre nosotros con
+tan profundas raíces como la religión: es nuestra segunda Fe. No falta
+más que perfilarlo, darle la última mano, y ponerlo bien clarito en las
+leyes, tal como lo está en nuestras costumbres».
+
+»Ahora bien, señores, si esto no os gusta, empecemos por renovar la
+sociedad toda. Hagamos una revolución para destruir el comunismo, y esto
+es lo práctico, porque hacer revolución por establecerlo es como si
+encendiéramos el gas de las calles en pleno día. Revolución, pues.
+Suprimamos la Administración, que es una hipocresía del reparto
+universal; suprimamos el presupuesto, que es la forma numérica del
+_restaurant_ nacional; suprimamos las contribuciones, que son el
+almacenaje omnímodo de que se nutre el comunismo, y una vez suprimido
+esto, lo demás, ejército, gobierno, armada..., se suprimirá por sí
+mismo. Entonces diremos: _todo acabó_; _nadie se encarga de nada_... Que
+cada cual salga por donde pueda. Fúndese una sociedad nueva entre el
+estruendo de los palos. ¿Qué tal? Sí, señores, el comunismo no muere
+sino ahogado en un océano de negaciones. Luego se unirán el interés y la
+fuerza para crear el nuevo derecho».
+
+Todos los que conozcan a Miquis verán que no exageramos ni añadimos nada
+al poner aquí sus festivas paradojas.
+
+Efectivamente, Isidora vivía al fin de la calle de Hortaleza en un
+número superior al 100. Su casa era nueva, bonita, alegre, nada grande.
+Constaba, como todas las casas de Madrid que, aunque nuevas, están
+fabricadas a la antigua usanza, de sala mayor de lo regular, gabinetes
+pequeños con chimenea, pasillo ni claro ni recto, comedor interior dando
+a un patio tubular, cuartos interiores de diferentes formas y escasas
+luces. Los gabinetes daban paso a las alcobas por un intercolumnio de
+yeso, plagiado de las embocaduras de los teatros. No estaba mal decorada
+la casa, si bien dominaba en ella la heterogeneidad, gran falta de orden
+y simetría. La carencia de proporciones indicaba que aquel hogar se
+había formado de improviso y por amontonamiento, no con la minuciosa
+yuxtaposición del verdadero hogar doméstico, labrado poco a poco por la
+paciencia y el cariño de una o dos generaciones. Allí se veían piezas
+donde el exceso de muebles apenas permitía el paso, y otras donde la
+desnudez casi rayaba en pobreza. Algún mueble soberbio se rozaba con
+otro de tosquedad primitiva. Había mucho procedente de liquidaciones,
+manifestando a la vez un origen noble y un uso igualmente respetable.
+Casi todo lo restante procedía de esas almonedas apócrifas, verdaderos
+baratillos de muebles chapeados, falsos, chapuceros y de corta duración.
+
+La sala lucía sillería de damasco amarillo rameado; en imitación de palo
+santo, dos espejos negros, y alfombra de moqueta de la clase más
+inferior; dos jardineras de bazar y un centro o tarjetero de esas
+aleaciones que imitan bronce, ornado de cadenillas colgando en ondas, y
+de piezas tan frágiles y de tan poco peso que era preciso pasar junto a
+él con cuidado, porque al menor roce daba consigo en el suelo. La
+consola sustentaba un relojillo de estos que ni por gracia mueven sus
+agujas una sola vez. El mármol de ella se escondía bajo una instalación
+abigarrada de cajas de dulces, hechas con cromos, seda, papel cañamazo y
+todo lo más deleznable, vano y frágil que imaginarse puede... A Isidora
+no gustaba esta sala, que era, según ella, el tipo y modelo de la sala
+cursi. Había sido comprada _in solidum_ por Joaquín en una liquidación,
+y provenía de una actriz que no pudo disfrutarla más de un mes. Isidora
+tenía propósito de deshacerse a la primera oportunidad de aquellas
+horrorosas sillas de tieso respaldo, con cuyo damasco rameado había lo
+bastante para media docena de casullas, y aún sobraba algo para vestir
+un santo y ponerle de tiros largos.
+
+En el gabinete próximo a la sala estaba casi constantemente la heroína
+de esta historia. A la izquierda de la chimenea tenía su armario de
+luna, mueble chapeado y de gran apariencia en los primeros días de uso,
+pero que pronto empezó a perder su brillo y a desvencijarse,
+manifestando su origen, como nacido en talleres de pacotilla y vendido
+en un bazar por poco dinero. A la derecha, cerca del balcón, estaba el
+tocador, mueble precioso, pero muy usado. Había pertenecido a una casa
+grande que liquidó por quiebra. Un escritorio pequeño con gavetillas y
+algún secreto ocupaba uno de los lados de la puerta, quedando el otro
+para la cómoda. Sobre esta se elevaba un montón de cosas revueltas, en
+cuya ingente masa podían distinguirse cajas de sombreros y cajas de
+sobres estropeados, libros, líos de ropa, un álbum de retratos, un
+Diccionario de la Lengua Castellana y un caballo de cartón.
+
+En la chimenea, y sobre graciosos caballetes de ébano y roble, había
+varios retratos, entre ellos el de Isidora, obra admirable por la
+perfección de la fotografía y la belleza de la figura. Parecía una
+duquesa, y ella misma admiraba allí, en ratos de soledad, su continente
+noble, su hermosura melancólica, su mirada serena, su grave y natural
+postura. En la pared no había ninguna lámina religiosa; todas eran
+profanas; a saber: las parejas de frailes picarescos con que Ortego ha
+inundado las tiendas de cromos; canónigos glotones, cartujos que catan
+vinos, el clérigo francés que se come la ostra y el que muestra el
+gusano en la hoja; además, borrachos laicos y algunas majas y chulos que
+entonces empezaban a ponerse de moda. Todo esto había sido adquirido por
+Joaquín, que se reía mucho contemplando al fraile embobado junto a la
+muchacha, o al capuchino beodo. Pero a Isidora no le hacían maldita
+gracia los cromos frailescos. Encontrábalos groseros, de mal gusto y
+ordinarios, por ser cosa de estampa que se veía en todas partes. ¡Cuándo
+realizaría ella su gran ideal de rodearse de hermosos cuadritos al óleo,
+de los primeros pintores!
+
+Desde principios de marzo del 73, ocupaba Isidora aquella vivienda. Si
+había sido feliz o desgraciada en su modesta y bonita casa, ella misma
+nos lo dirá. Todo lo ocurrido en ese largo espacio de treinta y cuatro
+meses en que ha estado fuera de nuestra vista, merece algo de historia,
+y para ello aprovechemos las efemérides verbales de D. José de Relimpio,
+cuya amabilidad para el suministro de noticias es inagotable.
+
+1873. _1.º de marzo_.--Instalación de Isidora en su casa de la calle de
+Hortaleza, no se sabe sin con propios recursos o a expensas del marqués
+viudo de Saldeoro. Escándalo. Pronuncia D.ª Laura su célebre frase: «Ya
+veía yo venir esto». Disturbios en Barcelona; cunde la indisciplina
+militar.--_La Sanguijuelera_ visita a los de Relimpio y califica la
+conducta de su sobrina con palabras que a pluma más hipócrita no podría
+velar con los disimulos del lenguaje.
+
+_Abril_.--Desarme de la Milicia por la Milicia. Dos cobardías se
+encuentran frente a frente y del choque resulta una página histórica. No
+corre la sangre.--Primera cuestión entre Isidora y Joaquín por la manera
+de invertir el dinero heredado del Canónigo. Isidora gasta sin
+substancia una buena parte de él en los preliminares de su pleito. Se
+permite el esplendor de una berlina de Alonso, pero al mes tiene que
+privarse de este inocente lujo. La modista apunta con ojo certero a los
+fondos que quedan de la herencia. En la casa reina una abundancia
+incongruente. Suelen escasear, y aun faltar del todo, las cosas
+necesarias. El panadero y el carbonero son tan mal educados, que se
+atreven a quejarse de que no se les atiende con puntualidad.--Célebre
+discurso de Pi.
+
+_Junio_.--Reúnense las Cortes Constituyentes. La guerra toma
+proporciones alarmantes, y en Navarra se ven y se tocan las desastrosas
+consecuencias de la desgraciada acción de Eraul.--Joaquín Pez marcha a
+Biarritz. Isidora tiene que quedarse en Madrid para averiguar el
+paradero de su hermano, que ha desaparecido del colegio en que
+estaba.--Consternación. Nuevo Gabinete. Asesinato del coronel
+Llagostera. La guerra, la política, ofrecen un espectáculo de confusión
+lamentable. Don José de Relimpio manifiesta con gran seso que la
+cesantía de treinta mil reales que disfrutan los ex ministros españoles
+es la causa de estas tremolinas.
+
+_Julio_.--Alcoy, Sevilla, Montilla. Sangre, fuego, crímenes,
+desbordamiento general del furor político.--Doña Laura cae gravemente
+enferma.--La guerra civil crece. Cada día le nace una nueva cabeza y un
+rabo nuevo a esta idea execrable. Isidora, sin esperanzas de encontrar a
+su hermano, toma el tren y se va a Santander, donde llama la atención y
+se hacen acerca de ella novelescos comentarios.--Ministerio Salmerón.
+
+_Septiembre_.--Cartagena, excursiones de las fragatas. ¡Oh! Don José les
+perdonaría a los cantonales en su calaverada si aprovecharan el empuje
+de las fragatas para irse a Gibraltar y conquistar aquel pedazo de
+nuestro territorio, retenido por la pérfida Inglaterra. Si viviera
+Méndez Núñez, otro gallo nos cantara.--Horrores del cura Santa
+Cruz.--Doña Laura, como si fuera símbolo humano de la unidad y el honor
+de la patria, sucumbe en aquellos tristes días. Antes de morir tiene el
+inefable consuelo de ver a su hijo gobernador de una provincia de
+tercera clase.--Célebre apóstrofe de D. Manuel Pez contra las
+improvisaciones. Los prohombres de la tertulia de Pez exhalan, en
+desgarradoras quejas, su sentimiento de ver a la patria en situación tan
+triste. Todos quisieran salvarla. Don Manuel, recordando su destino,
+iguala a Isaías en gravedad elegíaca y arrebato poético. Verifícase en
+toda España una limpia general del comedero de todos los Peces habidos y
+por haber. Hay quien cree firmemente que se acaba el mundo.--Dispersión
+de la familia de Relimpio. Isidora vuelve a Madrid; está algo
+desfigurada, pero, según sus cuentas, en diciembre concluirá
+aquello.--Castelar, ministro. El buen Relimpio, en quien no se había
+entibiado ni un punto la noble simpatía que por su ahijada sentía, se va
+a vivir con ella, la sirve en todo lo que puede y la acompaña cuando
+está sola y aburrida. Recuerda el noble anciano a su esposa, y honrando
+la memoria de sus cualidades, deja escapar melancólicos suspirillos.
+
+_Diciembre_.--Castelar reorganiza el Ejército. La patria da un suspiro
+de esperanza. Se convence de que tiene siete vidas, como vulgarmente se
+dice de los gatos. La marea revolucionaria principia a bajar. Se ve que
+son más duros de lo que se creía los cimientos de la unidad nacional. El
+24, Nochebuena, Isidora da a luz un niño, a quien ponen por nombre
+Joaquín.--Háblase ya de la sima de Igusquiza y se cuentan horrores del
+feroz Samaniego.
+
+1874. _Enero_.--El día 3 Pavía destruye la República sin disparar un
+tiro. Desaloja el salón del Congreso y pone en las calles cañones que no
+hacen fuego. Llueve un Poder Ejecutivo.--_La Sanguijuelera_, que
+permanece adicta al antiguo régimen y no cree que hay más reina que
+Isabel II, da un viva al príncipe Alfonso. Célebre apotegma de D. Manuel
+María Pez sobre el orden armonizado con la libertad, y la libertad
+armonizada con el orden. Este varón insigne ocupa otra vez la Dirección
+con beneplácito de los Peces, los cuales, multiplicándose de nuevo,
+colean en todo el país. Recobran los Peces hijos sus puestos, con lo que
+la Administración nacional queda asentada sobre fundamentos diamantinos.
+Todo va bien, admirablemente bien. La guerra civil avanza. Sobre las
+ruinas de las fortunas que desaparecen, elévanse las colosales riquezas
+de los contratistas. El Tesoro público hace milagros.--La provincia que
+gobernaba Melchor se ve libre de este azote. Melchor, reducido otra vez
+a la nada, da vueltas en su cerebro a un nuevo proyecto. Ahora sí que
+son habas contadas. Trátase de comprar habichuelas podridas y arroz
+picado para vendérselo al Gobierno como bueno. Para realizar sus
+milagros, este taumaturgo cuenta con amistades de valer en altos
+centros, y aun aparenta entusiasmo por el nuevo régimen, tomando una
+actitud completamente pisciforme.
+
+_Marzo_.--San Pedro Abanto. Inmenso interés despiertan en toda España el
+estado de la guerra y el sitio de Bilbao. Tristeza del marqués viudo de
+Saldeoro. Los últimos vencimientos le abruman. Su fortuna triplicada no
+le bastaría para pagar. Toma por modelo al Tesoro público y recibe
+dinero al trescientos por ciento. Renuévanse las discordias entre
+Joaquín e Isidora por cuestiones de celos y fondos. Padecimiento moral
+de la de Rufete por su situación social, su penuria y la poca esperanza
+de remedio. Comenzado el pleito, intenta pleitear por pobre; pero el
+bienestar aparente de su casa y el lujo de su persona hacen fracasar la
+información. El viudito de Saldeoro, para obtener de ella el empeño de
+las alhajas, le hace mimos y repite su antigua, manoseada y ya
+gastadísima promesa de casarse con ella.--Sangrientos combates del 25,
+26 y 27, que ocupan la atención pública. Hay muchos liberales que, por
+ser enemigos del Gobierno, se alegran de las ventajas carlistas. Contra
+estos truena en patriótica indignación don José de Relimpio, el cual se
+compra un mapa de Vizcaya y, clavando sobre él alfileres, sigue y
+escudriña y estudia con sublime anhelo los movimientos militares.
+
+_Mayo_.--Bilbao es libre. Alegría, repiques, farolitos. Crece a los ojos
+del país la gran figura militar del marqués del Duero.--Mariano Rufete,
+que ha vuelto al lado de su hermana, parece inclinado a mejorar su
+conducta. Ha aprendido algunas cosas; en modales y lenguaje sus
+adelantos son imperceptibles. Lee bastante; pero sus lecturas no son de
+lo más escogido. Su hermana daría cuanto tiene (menos los ideales) por
+verle corregido.--Emilia Relimpio se casa con su primo Juan José, hijo
+del ortopedista; Leonor, ilícitamente unida a un sargento primero,
+desaparece de Madrid. Don José, recordando los grandiosos pensamientos
+de D.ª Laura acerca del himeneo de las niñas con célebres médicos y
+oficiales de Estado Mayor, se aflige extraordinariamente, y aun derrama
+una lágrima que va a caer sobre el mapa de la guerra civil. Vive
+constantemente con Isidora, y esta le aprecia mucho. Crece el niño de
+Isidora. Es bonito y sabedor, pero tiene la cabeza muy grande. Don José
+le pasea, le mima, le cuida, le viste, le canta. _La Sanguijuelera_, que
+algunas veces visita a su sobrina, tiene gran cariño al cabezudito: le
+coge, le zarandea, le da gritos, y le llama _¡rico!, ¡riquín!_... De
+donde resulta que al muchacho se le pega este nombre, y en lo sucesivo
+todos le llaman _Riquín_.
+
+_Junio_.--Muerte del general Concha. Pánico y luto. Retirada. La patria,
+que creía próxima su salvación, gime. Augusto Miquis expone con su
+acostumbrada originalidad una peregrina paradoja. Según él, la mejor
+manera de acabar con los carlistas es dejarlos triunfar, traer a D.
+Carlos a Madrid y plantarle en el Trono. En España, el primer paso para
+la ruina de una causa es su triunfo. El carlismo guerrero se sostiene.
+El carlismo establecido no podrá durar un mes. Desde el momento en que
+se trate de aplicar a la vida real sus ideales, se hundirá por su propio
+peso y caerá hecho polvo.
+
+_Diciembre_.--La guerra sigue. La Restauración toca a las puertas de la
+patria con el aldabón de Sagunto. Asombro. La Restauración viene sin
+batalla, como había venido la República. La Providencia y el Acaso
+juegan al ajedrez sobre España, que siempre ha sido un tablero con
+cuarteles de sangre y plata.--Entusiasmo de _la Sanguijuelera_, que cada
+día simpatiza menos con la demagogia. Dice que los señores son siempre
+señores y los burros siempre burros. Se promete ir a recibir al nuevo
+Soberano y aun medita una arenga.
+
+1875.--Isidora visita a Emilia y se queda encantada de la dichosa paz
+que reina en la ortopedia. El padre de Juan José se ha retirado del
+trabajo, y no se ocupa más que de cultivar la huerta que ha comprado en
+Pinto. Juan José está al frente del establecimiento, y bajo su hábil
+mano este se conserva en el mismo estado de prosperidad. Isidora
+quisiera un aparato para que la cabeza de _Riquín_ no creciera tanto.
+Juan José, que algo entiende de Medicina, se ríe y receta al hijo
+reconstituyentes y a la madre un Manual de Doctrina
+Cristiana.--Consternación. Los Peces grandes y chicos se ven desterrados
+de las claras aguas de sus plazas y oficinas. Bien quisieran ellos
+aclamar también al Rey nuevo; pero la disciplina del partido les impone,
+¡ay!, una consecuencia altamente nociva a sus intereses. Tienen que
+poner un freno a sus agallas. Además, la lucha por la existencia, ley de
+las leyes, ha llevado a los Pájaros al Gobierno, y estos no encuentran
+en la Administración bastantes ramas en que posarse. Algunos Peces de
+menor tamaño y del género _voracissimus_ quedan en oficinas obscuras.
+Son Peces alados, transición zoológica entre las dos clases, pues la
+triunfante tuvo en situaciones anteriores sus avecillas con
+escamas.--Mariano torna a ser vagabundo. Gusta mucho de los toros.
+Asiste a una novillada en Getafe, y su preciosa vida está en gran
+peligro. Saldeoro parece reparar sus desastres. Terribles celos de
+Isidora, que descubre en su amante fervorosa inclinación a la secta de
+los mormones. Riñas y escándalos, acompañados de no pequeños
+apuros.--Todos los Peces, confirmando la antigua idea de que en España
+el despecho es una idea política, se alegran de las ventajas de los
+carlistas.--Isidora activa su pleito. Pretende de nuevo la información
+de pobreza, pero no puede conseguirlo. Celebrado el juicio de
+conciliación, presenta su demanda.--Miquis gana por oposición la plaza
+de médico--director de uno de los principales hospitales de Madrid. Es
+novio de la hija del honrado notario Muñoz y Nones.--Sábese por buen
+conducto que Leonor tiene una casa de huéspedes en La Coruña.--Ocúpase
+la prensa de cierta irregularidad administrativa en que ha intervenido,
+como irregularizador, Melchor de Relimpio. La gente se pregunta si será
+mandado a presidio, y efectivamente, la _Gaceta_ le nombra... oficial
+primero de Aduanas en Cuba. Parte decidido a concluir la insurrección,
+para lo cual no procede llevar tropas a Cuba, sino traerse a Cuba a
+España. Habas contadas. Él se traerá de seguro las tres cuartas partes
+de la Isla, o las Antillas todas, dejando vacío el Mejicano Golfo.
+
+
+
+
+Capítulo II
+
+Liquidación
+
+
+=--I--=
+
+«Isidorita Rufete, ¿conoces tú el equilibrio de sentimientos, el ritmo
+suave de un vivir templado, deslizándose entre las realidades comunes de
+la vida, las ocupaciones y los intereses? ¿Conoces este ritmo que es
+como el pulso del hombre sano? No; tu espíritu está siempre en estado de
+fiebre. Las exaltaciones fuertes no cesan en ti sino resolviéndose en
+depresiones terribles, y tu alegría loca no cede sino ahogándose en
+tristezas amargas. ¿Persistes en creerte de la estirpe de Aransis? Sí;
+antes perderás la vida que la convicción de tu derecho. Bien; sea. Pero
+deja al tiempo y a los Tribunales que resuelvan esto, y no te
+atormentes, construyendo en tu espíritu una segunda vida ilusoria y
+fantástica. Ten paciencia, no te anticipes a la realidad; no te trabajes
+interiormente; no saborees con falsificada sensibilidad goces de que
+están privados tus sentidos. Miquis te ha dicho, bien lo sabes, que eso
+es un vicio, un puro vicio, como tantos otros hábitos repugnantes, como
+la embriaguez o el juego, y de ese vicio nace una verdadera enfermedad.
+El pensamiento se pone malo, como las muelas y el pulmón, y ¡ay de ti si
+llegas a un estado morboso que te impida disfrutar luego de la realidad
+lo que ahora quieres gozar, en sueños, contraviniendo a las leyes del
+tiempo y del sentido común!
+
+»Sostienes que ese vicio, aberración o como quiera llamarle Miquis, es
+una fuente de consuelos para ti. Ya, ya se conoce tu sistema. Después de
+un día de penas, apuros, celos y disputas, llega la noche, y para
+consolarte... das un baile. ¡Qué gracioso! Satisfaces tu orgullo y tus
+apetitos determinando en ti una gran excitación cerebral, de la cual
+irradian sensaciones y goces. Sabes vestir con tal arte la mentira, que
+tú misma llegas a tenerla por verdad. Te engañas con tus propias farsas,
+desgraciada. Te posees de tu papel y lo sientes. Enseñas a tus nervios a
+falsificar las sensaciones y a obrar por sí mismos, no como receptores
+de la impresión, sino como iniciadores de ella. ¡Bonito juego!
+¡Violación de los órdenes de la Naturaleza!
+
+»Mira, Isidorita; tu vida social está bastante desarreglada; pero tu
+vida moral lo está más aún. El principal de tus desórdenes es el amor
+desaforado que sientes por Joaquín Pez. Le amas con lealtad y
+constancia, prendada más bien de la gracia y nobleza de su facha que de
+lo que en él constituye y forma el ser moral. Bien dices tú que ya el
+amor no es ciego, sino tonto. Tienes razón: ya se le conoce el largo
+trato que ha tenido con los malos poetas. ¿Por qué no haces un
+esfuercito para desprenderte del cariño que tienes a Pez? Por ahí debe
+empezar tu reforma. Tú le adoras y no le estimas. Él te ama y tampoco te
+estima gran cosa. Considera cuánto perjudican a tus planes de
+engrandecimiento tus relaciones con el hombre que ha manchado tu
+porvenir y deshonrado tu vida. Isidora de Aransis..., pues según tú, no
+hay más remedio que darte este nombre... Isidora de Aransis, mírate bien
+en ese espejo social que se llama opinión, y considera si con tu actual
+trazo puedes presentarte a reclamar el nombre y la fortuna de una
+familia ilustre. Tonta, ¿has creído alguna vez en la promesa de que
+Joaquín se casara contigo? Advierte que siempre te dice eso cuando está
+mal de fondos, y quiere que le ayudes a salir de sus apuros... Casada o
+no con él, esperas rehabilitarte; dices que el mundo olvida. No te fíes,
+no te fíes, pues tal puede ser la ignominia que al mundo se le acabe la
+indulgencia. Se dan casos de estos.
+
+»Hay otro desorden, Isidorita, que te hace muy desgraciada, y que te
+llevará lejos, muy lejos. Me refiero a las irregularidades de tu
+peculio. Unas veces tienes mucho, otras nada. Lo recibes sin saber de
+dónde viene; lo sueltas sin saber a dónde va. Jamás se te ha ocurrido
+coger un lápiz (que cuesta dos cuartos) y apuntar en un pedacito de
+papel lo que posees, lo que gastas, lo que debes y lo que te deben. No
+haces cuentas más que con la cabeza, ¡y tu cabeza es tan inepta para
+esto!... La Aritmética, hija, no cabe dentro de la jurisdicción de la
+fantasía, y tú fantaseas con las cantidades; agrandas considerablemente
+el activo y empequeñeces el pasivo. De vez en vez parece que quieres
+ordenar tu peculio; pero tus apetitos de lujo toman la delantera a tus
+débiles cálculos, y empiezas a gastar en caprichos, dejando sin atender
+las deudas sagradas.
+
+»Tu generosidad te honra porque indica tu buen corazón; pero te perturba
+lo indecible. Has sido estafada por algunos que, conociéndote el flaco y
+tu índole liberal, se han fingido menesterosos. Y dime ahora: ¿qué has
+hecho de los dos mil duros que a ti y a tu hermano os dejó D. Santiago
+Quijano? Ya los has gastado en el pleito, en vestidos, en la educación
+de Mariano, y.... confiésalo, que si es un misterio para todo el mundo,
+no lo es para quien te habla en este momento... No lo ocultes, pues no
+hay para qué. Más de la mitad de aquel dinero te lo ha distraído Joaquín
+Pez».
+
+Voz de la conciencia de Isidora o interrogatorio indiscreto del autor,
+lo escrito vale.
+
+
+=--II--=
+
+Una mañana de diciembre de 1875, estaba Isidora triste y sin sosiego.
+Sus idas y venidas dentro de la casa, sin motivo aparente de tal
+actividad, indicaban que algo muy grave ocurría. Se sentaba, leía una
+carta, lloraba un poco, guardaba luego la carta, arrugándola en el
+bolsillo de la bata; iba en seguida al comedor, regresaba al gabinete,
+repetía la lectura, la lágrima y el estrujamiento del dichoso papel...
+¿Qué es eso, señora? ¿Qué pasa?
+
+Desde el gabinete se veía toda la cavidad de la alcoba, donde la gran
+cama dorada se alzaba como un catafalco, elevando hasta muy cerca del
+techo su armadura de cobre, sin cortinas. La alcoba se comunicaba con
+otro cuarto, del cual venían dos voces distintas, pero acordadas en un
+tono de candorosa alegría. Era la una dulce, angelical y ternísima. Era
+la otra cascada y a veces chillona. ¡Vaya con la pareja! _Riquín_ y D.
+José de Relimpio jugaban arrastrándose por el suelo. Caballo y jinete se
+besaban, locos de regocijo, en la confusión de las caídas leves.
+
+Abriose de pronto la puerta de la sala, y entró... nada menos que _la
+Sanguijuelera_.
+
+«Gracias a Dios que viene usted, tía--le dijo Isidora reconviniéndola--.
+Siéntese usted; tenemos que hablar detenidamente.
+
+--¡Hablar detenidamente!--exclamó la vieja puesta en jarras--. No digas
+más; ya entiendo tus _detenidamentes_. Ya sé que es para pedir dinero.
+Sí, en cuanto llegó a casa tu D. José y vi su cara de carnero a medio
+morir, dije: «Ojo al Cristo...». Pues mira, hija, toca a otra puerta».
+
+Isidora, harto afligida, no pudo seguir a su tía por el camino de las
+bromas. Con la concisión de los grandes apuros, dijo que era cuestión de
+vida o muerte para ella reunir en aquella mañana cierta suma, y que
+contaba con la generosidad de su tía, a quien otras veces había pedido
+caudales, reembolsándoselos con buenos intereses.
+
+«Cierto que te he consolado; cierto que me has pagado; pero no lo hay.
+Ya sabes que _aquí murió el fiar_... Pues sí; que están unos tiempos
+divinos... Pero di, quimerilla, ese hombre, ese hombre, ¿en qué piensa
+que no te da...?
+
+--Lea usted--replicó Isidora alargando la carta con un gesto y tono que
+se usan mucho en los dramas.
+
+--¡Oh!, no; ya sabes que me estorba lo negro.
+
+--Pues dice... En fin, hemos reñido. Él está mal. Probablemente tendrá
+que irse con un empleo a La Habana... ¿Qué le parece a usted eso?
+
+--Sopas en queso. ¿A mí qué más me da que se vaya a La Habana o a
+_Sierra--Ullones_, o al Infierno?
+
+--En fin, hemos reñido. Todo se acabó. No hablemos más de eso. Hoy tengo
+un gran compromiso.
+
+--¡Anda, anda, frutilla temprana!... ¡En la que te has metido!--dijo
+Encarnación encendida de ira--. ¿Y qué vas a hacer ahora? Ya no tienes
+salvación, ya estás perdida. Bien me lo temí y bien te lo dije cuando te
+vi en estos andares. Yo tengo mucho mundo--añadió señalando del modo más
+insinuante su ojo derecho--; aquí dentro hay mucho quinqué. Pues, claro,
+a esto habías de venir a parar. Ahora empiezas, ahora. ¡Y quieres que te
+dé dinero!... Anda, anda, castaña pilonga, que otra cosa podrá faltarte
+ahora; pero dinero... No, no cuentes con tu tía; no te acuerdes más de
+esta perla vieja de la honradez».
+
+Las groserías de su tía Encarnación enfadaban atrozmente a Isidora.
+Queriendo concluir pronto, expuso en términos tan concretos como
+pavorosos su situación, y luego hizo una protesta enérgica de sus ideas
+morales. Ella quería y se proponía ser honrada. Las reticencias de su
+tía la herían en lo más vivo del alma.
+
+«No vengas con andróminas--replicó la cacharrera--. Tú podrás tener
+buenas ideas; pero has dado el pasito, y ya no puedes volver atrás. ¡El
+pasito, hija! ¡Repuñales! De todo tiene la culpa ese hombre, ese
+hombre... Es un lameplatos. Siento que no esté aquí para despotricarme
+con él y decirle las del barquero... Total, chica, que yo no tengo un
+real partido por medio.
+
+--No, no creo que usted me vea en tales agonías y no me favorezca.
+
+--¿Yo?... ¿Y de dónde lo voy a sacar?
+
+--Del arca.
+
+--No estás tú mal arca de Noé.
+
+--¡Tía!
+
+--¡Si debes más que el Gobierno; si te has metido en unos belenes...!
+Suponte tú, y es mucho suponer, que yo, echando por zancas y barrancas,
+arañando aquí y allá, reúna mil reales...
+
+--Mil reales es muy poco.
+
+--¿Pues qué?... ¿Creías que te iba a dar un ojo de buey?--gritó la vieja
+riendo a todo reír--. ¡Mira ésta!...
+
+--Yo quería lo menos dos mil--dijo Isidora con terror.
+
+--¡Jo... sús! ¡Los dos mil los tienes tú en el canto de la memoria! Yo
+los quisiera para mí. En fin, y _mismamente_..., si me prometes
+devolvérmelos pronto, podré buscarte mil... ¡Ay! arrastrada, ¿en qué
+gastas tú el dinero? Si hubieras hecho lo que yo te aconsejé... Yo te
+decía: «Guarda, aprovéchate; sácale a ese hombre el redaño y ve poniendo
+en el Monte para el día de mañana...». Pero tú, grandísima pandorga, con
+gastar y gastar... Aquí parece que siempre está la gata de parto, según
+se gasta y derrocha.
+
+--¡Tía, dos mil!
+
+--Dos mil puñales...
+
+--Ande usted...
+
+--No, no te caerá esa breva.
+
+--No la dejaré a usted en paz hasta que me los dé...
+
+--Trabajo tienes... Ganas de trasquilar la marrana.
+
+--Pues vengan los mil; pero pronto, al momento».
+
+Instantáneamente formó Isidora un plan distinto del que había hecho
+contando con los dos mil.
+
+«Te los traeré para las doce. ¡Ay! ¿En qué parará esto?...
+
+--Antes de las doce, si puede ser. Váyase usted pronto para que vuelva
+pronto... Coja usted un coche.
+
+--Venga la peseta.
+
+--Tome usted la peseta.
+
+--Otra para el papel del recibo..., porque no te pienses que te los voy
+a dar sin recibo.
+
+--¿Otra peseta?... Ahí va. Váyase usted pronto. ¡Ay!, ¡qué día
+está!--dijo Isidora mirando con tristeza al balcón, cuyos cristales,
+azotados por la lluvia, sonaban con estrépito de perdigonada.
+
+--¡Si fueran monedas de cinco duros...! Voy a dar un beso a _Riquín_.
+
+--Después, después.
+
+--¡Jo... sús! ¡Qué prisa!... Agur, agur».
+
+Luego que la anciana estuvo fuera, Isidora sacó de la cómoda un
+cofrecillo y del cofrecillo un libro. Era una novela entre cuyas hojas
+había varios papeles o cédulas guardadas con cierto orden y
+clasificación. No debían de ser ciertamente billetes de Banco, porque
+Isidora, al volver de cada hoja, daba un suspiro y ponía cara de mal
+humor. Después de pasar revista a su tesoro negativo, gritó: «D. José»,
+y como D. José, a causa del ruido que él mismo hacía, jugando con
+Joaquín, no pudiera oír la voz de su ahijada, esta tuvo que levantarse a
+llamarle por la puerta de la alcoba.
+
+«¡Venga usted acá, por Dios!...
+
+--¡Hija, no te había oído!».
+
+Veríais entonces aparecer al gran D. José, fatigado de tanto andar a
+cuatro pies, ligeramente encendido el rostro; pero hecho todo miel, y
+tan risueño y bondadoso como antaño. Traía en brazos a _Riquín_, que era
+muy lindo, gracioso y dicharachero. Su deformidad incipiente no era tal
+que le privara de los encantos de la niñez, antes bien daba risa verle
+erguir su cabezota con cierto aire de valentía, como un hijo de Atlante
+predestinado a superar a su padre en la facultad de cargar grandes
+pesos.
+
+«Deje usted al niño... _Riquín_, hijito; vas a irte un rato con
+Ramona... ¡Ramona!».
+
+El sucesor de los Rufetes (o Aransis, que ello está por saber) declaró
+con un gesto de fastidio y preludio de llanto el agravio que a su
+dignidad se hacía pasando de los brazos de D. José a los de la niñera.
+Pero no le valieron sus artimañas. Cargó con él la moza, y D. José y su
+ahijada se quedaron solos en presencia de las papeletas.
+
+«Es preciso echar un esfuerzo, echar mano de todo.
+
+--¡Cuánta papeleta!»--exclamó el santo varón cruzando sus manos con
+ademán piadoso.
+
+Isidora las pasaba, las leía, las iba contando. ¡Ay! Cuando se entregaba
+a la Aritmética, su cara se volvía lúgubre y desconcertada, cual si
+estuviera sometida a la acción de fenómenos morbosos. La Aritmética
+tenía para ella algo de enfermedad cimótica, y así, desde que absorbía
+con su atención aquellos miasmas deletéreos llamados números, se ponía
+pálida y se le alteraba el pulso. ¡Y pensar que no puede haber dinero
+sin que haya cifras! Los hombres lo empequeñecen todo. Desdichadas las
+almas que siendo hermanas de lo infinito, tienen que entroncarse a la
+fuerza con estas miserias del planeta llamadas cantidad, relación,
+gravedad. Verdaderamente, ¿qué cosa más contraria a lo infinito y a lo
+ideal que aquellos nefandos papeles?
+
+«Esta es del Monte--murmuró Isidora con el corazón oprimido--. Esta...
+¿a ver?.... es la de mi calabrote.
+
+--El calabrote está en la calle del Clavel--manifestó Relimpio con el
+aplomo de un agente de Bolsa, que tiene en la memoria las colocaciones
+de fondos realizadas en todo el año.
+
+--Es verdad... ¿Y el brillante?
+
+--También, hija. ¿No te acuerdas? Lo llevé el mes pasado. Del Monte ha
+de haber cinco papeletas.
+
+--Justo, cinco... Hay además ocho...
+
+--Tu reloj... Si no recuerdo mal, está en treinta duros. ¿Pero qué te
+pasa hoy? ¿Vas a sacar todo?
+
+--¿A sacar?--repitió Isidora, herida por aquella ironía como por un
+porrazo.
+
+--¿Qué cálculos haces?».
+
+Isidora se auxiliaba de sus dedos para calcular. La tersura y fineza de
+aquellas extremidades de sus manos indicaban no estar ocupadas ya más
+que en trabajos matemáticos.
+
+«Ya comprendo, hija--dijo él entre dos suspiros.
+
+--¿Cuánto darán por esto?--preguntó ella, mostrando aquellas cédulas que
+por su nombre debían ser montaraces.
+
+--Eso no puedo decirlo. Se las llevaré a Rodríguez, el de la calle de
+Cádiz. Es amigo mío...; buena persona. Por papeletas, ya sabes que no se
+corren mucho».
+
+Isidora se llevó las manos a las orejas.
+
+«¿Tus pendientes?... Espera, te vas a hacer daño. Yo te los
+destornillaré».
+
+Y con suma delicadeza realizó la operación, gozoso de que sus dedos
+jugaran, siquiera por un momento, con los pulpejos de las orejitas de su
+ahijada.
+
+«Ya están aquí.
+
+--Pongámoslos en el estuche.
+
+--Estos te los regaló cuando vino al mundo _Riquín_. Por estos te
+darán... darán...».
+
+Se cogió entre los dedos el labio inferior, y moviendo la cabeza y
+hundiendo la barba en el pecho, metía los ojos debajo de las cejas.
+
+«En fin..., yo hablaré con Rodríguez... Es amigo mío..., buena persona.
+
+--¡Dos mil quinientos!--murmuró la joven ensimismada en sus cálculos,
+como un calenturiento sumergido en el doloroso caos de su estupor
+febril.
+
+--Veremos... Quizás se pueda...
+
+--Ahora--dijo Isidora con resolución alargando la mano hacia el chaleco
+del buen hombre--, venga el reloj...
+
+--¿El mío?... ¿Y la cadena?
+
+--Todo».
+
+Algo se desconcertó el viejo al verse privado del uso de aquella prenda,
+no de mucha valía, que Isidora le había regalado el 19 de marzo del año
+anterior. Pero como la voluntad de su ahijada era ley para él, no dijo
+más que lo siguiente:
+
+«Déjamelo puesto, pues yo lo he de llevar... Darán diez y ocho o veinte.
+Recordarás que la otra vez...
+
+--Ahora los cubiertos de plata.
+
+--¿Los...?
+
+--Sí--afirmó ella levantándose con expresión triunfante--. Creo que está
+vencida la situación por hoy. Pero la semana que entra...
+
+--Dios dirá.
+
+--La semana que entra--declaró Isidora--vendo la sala.
+
+--¡Vendes la sala!
+
+--Sí. Pásese usted luego por casa de la prendera. Que venga a verla.
+Veremos lo que da».
+
+Después echó una mirada de cariñoso desconsuelo al armario de luna.
+
+«¿Y el armario también?
+
+--También.
+
+--¿Y la cama dorada?».
+
+Isidora meditó un rato. Después dijo:
+
+«No; me quedo con la cama».
+
+En esto andaban cuando reapareció _la Sanguijuelera_. Entró sacudiéndose
+el mantón, calado de agua.
+
+«¡Jo... sús, qué tiempo! Llueven capuchinos de bronce.
+
+--Pero ¿no ha venido usted en coche?
+
+--¿Por quién me tomas, tonta? La peseta del coche es para mí, por el
+mandado. Tengo más salud que el Botánico, hija, y ando más que un molino
+de viento... Conque toma... Cuatrocientos y cuatrocientos son
+ochocientos... Nueve duros en plata...
+
+--Falta un duro.
+
+--¡Reparona! ¿Qué más da?
+
+--Son novecientos ochenta--declaró D. José, haciendo gala de su saber de
+cuentas.
+
+--¿Quiere usted callar?... Usted, Sr. D. Pepe, no tiene que poner su
+carne en este garfio.
+
+--La equidad, amiga D.ª Encarnación...
+
+--¡Amiga, doña!... Diga usted, tío Lilaina, ¿en qué bodegón hemos comido
+juntos? ¿Se quiere usted meter en sus cosas y dejarme a mí?
+
+--Falta un duro--repitió Isidora.
+
+--Total, que no he podido reunir más. Aquí está el papel para el
+recibo... Pon mil doscientos reales para el mes que viene.
+
+--Mejor será para el otro mes.
+
+--Mira, mira, no pintes el diablo en la pared. Pon el mes que viene».
+
+Don José empezó a extender el recibo.
+
+«Bien clarito, señor escribano... ¡Hola, hola!, ¿está aquí tu
+Holofernes?... ¡Vida! ¡Gloria!».
+
+Había entrado _Riquín_ paso a paso, porque sus piernas eran cortas y
+débiles. Se le había desatado el faldellín, corriéndose por la cintura
+abajo. Estaba, pues, en traje talar que le arrastraba, y por los bordes
+de él asomaban sus patitas vacilantes. Traía empuñado en ambas manos el
+bastón de D. José, y caminaba derecho a _la Sanguijuelera_, todo risas y
+alegría, con la evidente intención de darle un palo. Ella se dejó pegar,
+le cogió luego en brazos y le dio tantos y tan sonoros besos, que el
+muchacho empezó a gruñir y a defenderse a cabezadas.
+
+«Dale un palo a tu madre; anda, pégale...
+
+--No, no, no se pega--dijo Isidora, atándole en su sitio la falda--. No
+le gusta más que pegar. En las piernas no tiene fuerzas; pero en los
+brazos...
+
+--_Riquín_, hijo mío, dile: «Yo voy a ser un hombre de puños...». ¡Leña
+a ella!... Como te coja... Cuidado como riñen a mi cabezudito.
+
+--El médico me ha dicho que ahora se le desarrollará bien el
+cuerpo--afirmó Isidora contemplándole con satisfacción de madre.
+
+--Pues si no... ¡Y qué bonito es, qué rico, qué galán! ¡Le quiero
+más...! ¡Qué tonta soy! Me da rabia conmigo misma. Desde que veo un
+mocoso, ya se me cae la baba».
+
+Isidora reía. Cogió a _Riquín_ y le hartó de besos.
+
+«¡Pobrecito mío! Todos han de tener que decir algo sobre si tiene la
+cabeza grande. Pues yo digo que la tiene toda llena de talento.
+
+--¿Sabes lo que te digo?--manifestó _la Sanguijuelera_ en tono de
+misterio--. Pues digo que este chico es el Anticristo. No te rías. Sí;
+por lo que sabe, parece que tiene cuatro años.
+
+--No, mi niño no es un fenómeno; mi niño no es el Anticristo--dijo
+Isidora oprimiendo contra su garganta aquella cabeza, mayor de lo
+conveniente, pero muy hermosa.
+
+--Te digo que este chico ha venido al mundo para alguna tremolina. ¿Ves
+esa cabeza? ¡Pues dentro debe de traer una cosa...! Hija, tu pimpollo es
+cosa mala.
+
+--No diga usted disparates.
+
+--Anticristo o lo que seas--exclamó Encarnación volviendo a tomarle en
+sus brazos--, me tienes boba. Te voy a comer».
+
+Y estallaban los besos como cohetes. En pie ya para marcharse, después
+de tomar su recibo, _la Sanguijuelera_, sin soltar a _Riquín_, dijo a
+Isidora:
+
+«¡Pero qué alma tienes! Dijiste que le ibas a comprar un pandero, y no
+se lo has comprado... ¡Anda, mala madre! Yo se lo compraré, yo, yo.
+¿Verdad, hijo?...
+
+--Ven acá, ven acá, que la tía se marcha.
+
+--Oye tú..., dame una peseta.
+
+--¿Para qué?
+
+--Vaya que estás lela... Para el pandero».
+
+Diole Isidora la peseta, y _la Sanguijuelera_ se fue gruñendo.
+
+
+=--III--=
+
+Decir cómo aquella casa llena de comodidades se deshizo en unos cuantos
+días; contar cómo las feroces prenderas llegaban, venían, tasaban,
+huían, llevándose en las garras, cuál un dorado reloj, cuál la alfombra
+o lavabo, sería lacerar el corazón de nuestros lectores. Isidora, que no
+sabía regatear comprando, era vendiendo enemiga de entorpecer los
+negocios con prolijas discusiones. Tomaba lo que le ofrecían, después de
+pedir tímidamente un poco más. Así, pieza tras pieza, se desmontaba la
+casa. Y esta, poco a poco, se iba quedando vacía, se iba agrandando. El
+frío y la soledad se apresuraban a invadir los polvorientos y
+tristísimos huecos que los muebles dejaban tras sí.
+
+Cuando hubo concluido, la sala era un páramo. Para estar en ella habría
+sido necesario proveerse de tiendas de campaña. El gabinete conservaba
+su alfombra, la cómoda, un espejo pequeño y algunas sillas. La cama
+dorada de la alcoba permanecía como núcleo y fundamento de la casa.
+Interiormente habían desaparecido la sillería y aparador de nogal
+tallado del comedor; subsistían intactos el cuarto de _Riquín_, el del
+baño, parte principal de la casa; el que solía ocupar D. José Relimpio
+cuando allí pernoctaba, el de Mariano y el de la muchacha. La cocinera y
+doncella habían sido despedidas; no quedaba más que la niñera, a quien
+Isidora revistió de las más extensas atribuciones.
+
+«He pagado mis deudas y tapado la boca al procurador--dijo Isidora a su
+padrino la noche del último día de liquidación--. Estoy tranquila. Me
+queda esto».
+
+Dio un gran suspiro mostrando un papel donde había varías monedas y un
+sucio billete de Banco.
+
+«¿Cuánto es?
+
+--Vamos a contar»--dijo ella extendiendo su tesoro sobre el veladorcito
+del gabinete, mueble de hierro pintado que se salvó por milagro.
+
+Don José puso la luz en el velador y tomó asiento.
+
+«¡Si hay aquí un dineral! El billete es de doscientos...; veinte,
+cincuenta, ochenta. Total: setecientos veintiocho reales y dos perritos.
+
+--Y no debo nada al casero... Estamos bien. Ahora se verá si soy mujer
+de gobierno. Principio quieren las cosas... Señor don José--añadió en el
+tono especial de las cuentas galanas--, desde hoy en adelante trabajaré.
+
+--Si es lo que yo te vengo diciendo desde hace tres años, hija--replicó
+el anciano con las narices hinchadas por esa satisfacción vanidosa que
+acompaña a las ideas felices--¡Si es mi tema! Tú tienes grandes
+habilidades. Si quieres entrar en una vida de orden, economía y trabajo,
+aquí me tienes para ayudarte.
+
+--He sido muy tonta. Pero ya veo con claridad lo que me conviene. Si mi
+pleito marcha adelante, como espero, es preciso que mientras dure, y
+después y siempre, nadie me tome en lenguas. Soy honrada, quiero ser
+honrada, honradísima, por respeto a mi nombre, a mi familia... ¡Ah!, mi
+familia--añadió, suspirando otra vez...--. ¡Si me hubieran acogido con
+amor, no habría dado yo un mal paso! Mi familia tiene la culpa, ¿no es
+verdad, padrino?
+
+--Sí, sí, hija mía, ella tiene la culpa. Pero vamos a lo que importa...
+¿Con qué cuentas para mantenerte? ¿Qué te queda de lo que te dejó tu
+tío?
+
+--Nada--replicó con profunda tristeza la joven, haciendo con sus manos
+un significativo movimiento que representaba el vacío--. ¡Pero
+trabajaré! ¿No tengo yo manos?».
+
+Y diciendo esto se le representaron en la imaginación figuras y tipos
+interesantísimos que en novelas había leído. ¿Qué cosa más bonita, más
+ideal, que aquella joven, olvidada hija de unos duques, que en su
+pobreza fue modista de fino, hasta que, reconocida por sus padres, pasó
+de la humildad de la buhardilla al esplendor de un palacio y se casó con
+el joven Alfredo, Eduardo, Arturo o cosa tal? Bien se acordaba también
+de otra que había pasado algunos años haciendo flores, y de otra cuyos
+finos dedos labraban deslumbradores encajes. ¿Por qué no había de ser
+ella lo mismo? El trabajo no la degradaba. ¡La honrada pobreza y la
+lucha con la adversidad cuán bellas son! Pensó, pues, que la costura, la
+fabricación de flores o encajes le cuadraban bien, y no pensó en ninguna
+otra clase de industrias, pues no se acordaba de haber leído que ninguna
+de aquellas heroínas se ocupara de menesteres bajos, de cosas
+malolientes o poco finas.
+
+«¡A trabajar, a trabajar!--exclamó inundada de aquel entusiasmo que tan
+fácilmente se posesionaba de su alma.
+
+--Yo te ayudaré. Si tuviéramos ahora la máquina... harías camisas de
+hombre...
+
+--¿Camisas de hombre? Eso no me gusta.
+
+--O ropa blanca de señoras... Cosa rica, cosa buena.
+
+--Mejor sería... Yo pensaré.
+
+--Confecciones, sombreros... ¿Qué tal? Tú tienes un gusto...
+
+--Gusto sí.
+
+--Consulta con Emilia. Ella te dará buenos consejos
+
+--Yo lo pensaré; yo meditaré sobre esto y lo decidiré pronto. Ahora
+vamos a otra cosa. De nada vale el trabajo sin orden y economía.
+
+--Perfectamente; muy bien pensado y dicho.--exclamó Relimpio, dando todo
+su asentimiento a tan hermosa idea--. Si no, acuérdate de lo que hacía
+mi pobre Laura con lo poco que se ganaba. Hacía milagros.
+
+--Por consiguiente, de aquí en adelante, gastar poquito y, sobre todo,
+saber lo que se gasta, pues si no se sabe se equivoca una. ¿Creerá usted
+que en mi vida he apuntado una cifra? Todas mis cuentas las he hecho
+siempre con mi cabeza. Así ha salido ello.
+
+--¡Oh! Malo, malo... La primera condición del orden es una buena
+contabilidad. La Providencia te ha deparado a uno de los hombres, no lo
+digo por alabarme, a uno de los hombres que no temen desafiarse con todo
+Madrid en Contabilidad y Partida Doble. Has hecho tu suerte, chica. Ya
+verás, ya verás qué libros.
+
+--Todo lo apuntaremos--dijo Isidora, jugando con aquella idea, como un
+niño juega con una mariposa--. Se dice, por ejemplo: hay que gastar
+tanto; las cosas valen cuanto; y luego se apunta todo...
+
+--Nada, te has salvado, chica. Vamos a ver. ¿Tomas criada?
+
+--Pienso pasarme con Ramona.
+
+--Admirable. Yo te auxiliaré en todo... Ramona es buena y humilde, pero
+algo torpe. Ya la despabilaremos. A fe que va a lidiar con tontos; ya,
+ya. Yo te la instruiré en dos palotadas. Mira, pon atención y verás cómo
+puedo ayudarte. Yo--dijo marcando por los dedos las distintas funciones
+que desempeñaría--te haré la compra; yo... te aviaré las luces; yo... te
+haré todos los recados que exijan cierta inteligencia, como cobrar
+cuentas, tomar localidades en algún teatro, etc...; yo coseré a máquina
+si decides comprar una; yo apuntaré en mis libros todos los gastos e
+ingresos, sin olvidar, sin perdonar ni el ochavo que se le da a un
+pobre; yo..., por último, cuidaré a _Riquín_ y le pasearé y entretendré
+todo el tiempo que me dejen libres mis ocupaciones principales.
+
+--Bueno, bueno.
+
+--Y también entiendo de limpiar metales, de componer algo de
+carpintería; hasta de cocina entiendo un poco... Ea, señora--dijo
+restregándose las manos una con otra con tanta fuerza que a poco más
+saca lumbre--, empecemos. Disponga usted la compra de mañana.
+
+--Un duro.
+
+--Es un despilfarro. Vengan catorce reales. Yo me entiendo; basta de
+mimos. Comerá usted lo que haya.
+
+--Hay que traer carbón.
+
+--Eso es aparte.
+
+--Y cerillas.
+
+--Las compraré al por mayor. Una gruesa... Traeremos al por mayor todo
+lo que se pueda, para lo cual destinará usted una cantidad que se carga
+a la cuenta del mes. Quédese el diario en diez reales, y deme usted seis
+duros para el por mayor. Adelante. ¿Qué principio traigo?
+
+--Langosta.
+
+--¡Un ojo de la cara!
+
+--No importa. Por una vez...
+
+--¿Qué postre?
+
+--¿Tendremos tangerinas?... Ciruelas de Burdeos.
+
+--Eso es caro; pero yo lo sacaré barato. Regatearemos, sí señora;
+regatearemos.
+
+--El queso de Italia, la cabeza de jabalí y las salchichas de Bolonia me
+gustan.
+
+--Todo eso, traído al por mayor, puede obtenerse... en buenas
+condiciones.
+
+--No tomaremos Champagne. Es muy caro.
+
+--Veremos si hallo una partida..., pues..., en buenas condiciones».
+
+No prolongaremos la relación circunstanciada de lo que hablaron aquella
+noche padrino y ahijada. Acostose Isidora pensativa y D. José se retiró
+muy entusiasmado a su cuartito. Durmiose como un serafín, y soñó que
+estaba en la contaduría de una casa grande, donde había catorce
+empleados y más de cien libros. Ingresos y gastos ascendían a millones;
+pero todo iba al pelo. Era D. José como un director de orquesta, sólo
+que los músicos eran escribientes y las notas números. Resultaba una
+sinfonía de orden, que mecía en embriagador arrobamiento el espíritu del
+tenedor de libros.
+
+Al día siguiente, cuando Isidora se levantó, ya estaba su padrino de
+vuelta de la compra. Traía el cesto bien repleto, y fue sacando cosas y
+mostrándoselas a Isidora, que admiraba la bondad y baratura del género.
+
+«El primer gasto, hijita, ha sido para comprar estos tres libros de
+cuentas--dijo Relimpio, mostrando dos enormes y uno pequeño.--El Mayor,
+el Diario y el Provisional. Sin esto no haremos nada, porque la base del
+orden es una contabilidad perfecta... ¿Ves? Aquí está la langosta. Te
+permito este lujo. Aquí está la carne. No compré las ciruelas.
+Conténtese usted con dátiles. Tampoco he traído Champagne porque no lo
+hallé en buenas condiciones. Patatas. Faltan los garbanzos y el azúcar,
+que no pude comprar porque se me acabó el dinero... ¡Ah!, un mazo de
+cigarros para mí.
+
+--Muy bien--dijo Isidora con benevolencia, echando una mirada compasiva
+a los libros de cuentas--. Todo está muy bien».
+
+Don José tuvo que salir a la calle dos veces más porque era preciso
+traer garbanzos, azúcar y huevos. Después volvió a salir porque no había
+sal, ni perejil, ni sopa. Trajo tapioca, y de camino tomó nota de
+diversas cosas que se pudieran adquirir... _en buenas condiciones_.
+
+Luego que almorzaron, alegres y satisfechos del buen principio que tenía
+una vida tan arreglada y económica, Isidora fue a vestir a _Riquín_ y a
+endulzar con él la tristeza que no podía vencer. Más tarde se bañó,
+costumbre a que no podía renunciar. La peinadora vino luego y se
+distrajo con ella un rato. Érale difícil adquirir el hábito de peinarse
+por sí misma. Toda aquella tarde estuvo pensando en la clase de
+ocupación que más le convendría; pero sus grandes cavilaciones no
+llevaron luz ninguna a la confusión y perplejidad que en su mente
+reinaba.
+
+En tanto D. José se dio con toda su alma a la gran tarea de abrir las
+cuentas en los libros. Con una importancia y gravedad indecibles, apuntó
+gastos e ingresos, sin olvidar lo más mínimo; _cargó y abonó_; dibujó
+preciosos números, tiró líneas con regla, hizo cuentas de _varios a
+varios_, de _imprevistos_, de _suplidos_ y de _deudores varios_. En
+esta, dando una prueba de exquisita honradez, puso el importe de los
+cigarros que con el dinero de Isidora se había comprado.
+
+
+
+
+Capítulo III
+
+Entreacto con la Iglesia
+
+
+Un mes no completo había transcurrido de esta vida honrada y económica,
+sin que Isidora pudiera llegar a decidir en qué profesión, arte u oficio
+había de emplear su talento y ganas de ponerse al trabajo. Los libros de
+D. José, ya repletos de números, no contenían más que partidas fallidas,
+y daba dolor ver en sus garabateadas páginas el triste papel que hacían
+los Haberes junto a las nutridas columnas del Debe.
+
+Veamos cómo pasaba el tiempo la dueña de la casa. Entre bañarse,
+peinarse, vestir y arreglar a _Riquín_, se le iba la mañana. Por la
+tarde, si no tenía que ir a casa del procurador, solía matar el fastidio
+en las iglesias, de donde resultó que en aquel periodo oyó más sermones
+y rezó más novenas que en el resto de su vida. Distraíase con estas
+superficiales devociones, y aun llegó a figurarse que se había
+perfeccionado interiormente. Recordaba las preces aprendidas en su
+niñez, y se deleitaba con las formas de religión, por pura novelería.
+Pero esta santidad de capricho no sofocaba, ni mucho menos, su orgullo
+dentro de la Iglesia. Más que el sermón ampuloso, más que el brillo del
+altar, más que la poesía del templo y las imágenes expresivas, la
+cautivaba el señorío que iba por las tardes a la Casa de Dios. Cuando
+había novena o Manifiesto costeado por alguna dama de la aristocracia,
+de aquellas que ocupaban los bancos de la nave central ostentando en su
+pecho la cinta de la cofradía, Isidora no faltaba, y desde el rincón de
+una capilla observaba todo con interés profundo, más atenta a las
+Magdalenas que venían con el bálsamo que a Jesús mismo. Causábale
+admiración y envidia la señora del petitorio, que no cesaba de
+repiquetear con una moneda en la bandeja de plata.
+
+Pollos elegantes y atrevidos se agolpaban en las naves laterales para
+mirar a las niñas y ser de ellas mirados. Había sonsonete de rezos y
+rumor de cuchicheos mundanos, los cuales, unidos al rodar de coches de
+lujo en la calle, no permitían oír con claridad el sermón. ¿Pero qué le
+importaba a Isidora el sermón, aunque saliera de labios elocuentes? Lo
+que a ella le interesaba no eran las manotadas y enfurecimiento de aquel
+santo varón que no cabía en el púlpito, sino el aspecto y brillo del
+público, de aquel público que, si hubiera revisteros de iglesia, sería
+_distinguido_, _elegante_ y _numeroso_, como el de los teatros. ¡Oh!
+¡Dios de mi vida! ¡Qué injusticia tan grande! La pobre señorita Isidora
+no debía verse olvidada en un rincón, al lado de cuatro viejas rezonas,
+sino en la gran nave, donde luciera como merecía, o pidiendo en la mesa
+de petitorio entre dos velas. ¡Qué bien repicaría ella en la bandeja, y
+que maña se daría para que cuantos entraran aflojasen pesetas y duros!
+La belleza de las postulantes aguza la caridad.
+
+Una tarde notó que un señor la miraba con insistencia. Sus ojos,
+distraídos de cuanto en la iglesia había, pasaban por delante del orador
+(con no poca irreverencia) e iban derechitos a buscar a Isidora al fondo
+de la capilla donde ponerse solía. A la tarde siguiente observó que
+aquel señor de los ojos irreverentes entraba con unas damas muy
+guapetonas; que estas pasaban al centro, adornadas con la cinta de la
+cofradía, y que él se quedaba entre la masa de hombres. Seguía
+mirándola, y ella le miraba alguna vez sin otro móvil que el de la
+curiosidad. El caballero, en verdad, no tenía nada de simpático; era muy
+descarado, bastante feo, morenísimo, de edad entre los cuarenta y cinco
+y los cincuenta. Mientras Isidora hacía estas y otras observaciones,
+notaba que algunas de las elegantes cofrades eran miradas tenazmente por
+los caballeretes, y que ellas solían mirarlos también con afectada
+distracción, de donde vino a considerar que si tanto flechazo de ojos
+dejase una raya en el espacio, el interior de la iglesia parecería una
+gran tela de araña. ¡Mísera humanidad!
+
+Tercera tarde. Cuando Isidora salió, ya anochecido, vio en la puerta al
+señor mirón. Hablaba con Miquis, y al pasar ella cuchichearon. Apresuró
+la joven el paso y se fue a su casa, donde Relimpio, celoso del buen
+desempeño de su cargo, se creyó en el deber de manifestarle seriamente
+el horroroso déficit que arrojaban los libros. Las cifras del Debe,
+encrespadas y amenazadoras, eran ya como las olas de un piélago
+tempestuoso donde naufragaba el frágil esquife del Haber. ¡Oh! ¡Fugaz
+curso de las cosas humanas! Aquel orden tan perfectamente inaugurado, no
+era más que humo. No sólo se había concluido el dinero, sino que se
+debía a todo el mundo; y el panadero, la lechera y el de la tienda
+venían todos los días a dar tormento con su grosero pedir. Don José los
+recibía con bondadosa sonrisa, les enseñaba los libros de cuentas por el
+forro, y les decía: «No hay cuidado, señores; estamos esperando fondos,
+y ya no pueden tardar».
+
+Isidora padecía horriblemente con este género de vida, pues su carácter,
+su nobleza, no se avenían con las trampas. Gastar mucho, sí, pero pagar
+sin dilación era su ideal. Había llegado a carecer de lo más preciso. La
+limpieza de sus bolsillos era absoluta, y el crédito, apurado ya,
+faltaba. ¡Qué habría sido de ella si sobre estos horrores no apareciera
+un sol de vida y esperanza! ¡Ganar el pleito! La idea de un triunfo
+próximo le daba fuerzas para hacer frente a tantas humillaciones. Si el
+procurador le decía que había tarea para mucho tiempo, su
+descorazonamiento rayaba en desesperación. En su casa se entretenía con
+el hijo, resucitaba los proyectos de trabajar..., ¿pero en qué?
+Convencíase pronto de que era imposible; sonaba la campanilla de la
+puerta anunciando acreedores que entraban fieros como leones; y a los
+tormentos de zozobra y vergüenza seguían horas y noches enteras de
+tristeza y desaliento. El nuevo día llegaba acompañado de la escasez, de
+la privación, de la miseria...
+
+No se sabe cómo se puso al habla con Isidora el señor mirón; pero es
+indudable que se puso. Manifestó el caballero que conocía los
+antecedentes todos y la historia completa de la desgraciada joven, y se
+presentó con bienhechor de la humanidad, amparo y arrimo de la orfandad
+desvalida. ¡Era tan rico!... ¡Pero tan antipático!...
+
+¡Pobrecito D. José! Ahora sí que eres el más infeliz de los hombres. No
+sólo te han quitado tus venerados libros, sino que te han puesto de
+patitas en la calle con orden expresa de no volver a presentarte en la
+casa de tu ahijada. ¡Crueldad sin ejemplo! Hay hombres que parecen
+fieras... José, eres un mártir.
+
+
+
+
+Capítulo IV
+
+A o b... Palante
+
+
+=--I--=
+
+Mientras duraron en casa de Isidora las abundancias y el regalo, Mariano
+hizo la vida de señorito holgazán, rebelde al estudio, duro al trabajo,
+blando a la disipación y al juego. Su precocidad para dar gusto a los
+sentidos revelaba que había de ser muy menguada en él la vida del
+espíritu. Diríase que la Naturaleza quiso hacer en aquella pareja sin
+ventura dos ejemplares contrapuestos de moral desvarío; pues si ella
+vivía de una aspiración insensata a las cosas altas, poniendo, como dice
+San Agustín, su nido en las estrellas, él se inclinaba por instinto a
+las cosas groseras y bajas. Recibía gusto especial del desaliño, y
+recogía con lamentable asimilación todas las palabras necias y bárbaras
+para darse, usándolas desvergonzadamente, aires de matón. Pronto
+comprendió Isidora que su hermano no sería nunca persona decente, y que
+no había bajado del sol colegio humano capaz de darle pulimento. Y si al
+principio podía dominarle, valiéndose del amor, más tarde el amor de
+Mariano se enfrió; con el cariño huyó el respeto, y ya no fue posible
+contener la impetuosa inclinación del muchacho a la vida vagabunda y
+aborrecimiento del estudio. Pasado algún tiempo de luchas, empezó a
+tenerle miedo, asustada por su bestial y aborrecido lenguaje. Donde
+suena un lenguaje soez sólo puede haber malas acciones y pensamientos
+poco delicados. Donde cantan las ranas, ¿qué ha de haber sino charcos y
+cieno?
+
+Cuando _Pecado_ curó de las heridas que le hizo el novillo de Getafe,
+Isidora se armó de valor, echole un sermón, y le dijo muy clarito que no
+volvería a tener un cuarto si él mismo no lo ganaba. Quedó, pues,
+convencido que aprendería un oficio; pero hasta en aquella ocasión
+excepcional descollaron sobre el enojo de Isidora sus pruritos
+aristocráticos, porque no consintió que su hermano fuera zapatero, ni
+albañil, ni cerrajero, ni sastre, ni menos peluquero; y discurriendo
+sobre a cuál industria le dedicaría, vino en determinar que sería
+grabador, es decir, fabricante de esas preciosas estampas que adornan
+las publicaciones ilustradas y de las magníficas reproducciones de los
+Museos... Para que la industria pueda hacerse pasar por noble, necesita
+fingir parentescos con el arte.
+
+Buscando por ahí, buscando por acá, no se hallaban otros talleres que
+los de litografía. Miquis tomó con empeño el asunto, y habló al cuñado
+de Matías Alonso, un tal Juan Bou, que se había establecido
+recientemente, y tenía, entre otras cualidades, la de ser muy severo con
+sus oficiales. Consintió Bou en admitir a Mariano, de cuyas
+inclinaciones aviesas se le dio noticia para que le tratase con rigor, y
+sacara de él, si era posible, un obrero hábil y laborioso.
+
+Juan Bou era un barcelonés duro y atlético, de más de cuarenta años,
+dotado de esa avidez de trabajar y de esa potente iniciativa que
+distinguen al pueblo catalán; saludable como un toro, según su propia
+expresión; de humor festivo y palabra trabajosa. Su cara, enfundada en
+copiosa barba negra y revuelta, mostraba por entre tanto áspero pelo dos
+ojos desiguales, el uno vivísimo, dotado de un ligero movimiento
+rotatorio, el otro fijo y sin brillo; más abajo, y puesta como al acaso,
+una nariz ciclópea; más arriba una frente lobulosa, que estaba pidiendo
+algunos golpes de escoplo para ser como las demás frentes humanas; ítem,
+una cicatriz sobre la ceja derecha, resultado, según decía, del _beso de
+una bala_...
+
+Podía pasar por marinero curtido en cien combates contra las olas, y
+también por bandido de las leyendas. Tenía en sus extremidades altas dos
+manojos de dedos con que trabajaba; y ciertamente, nadie que viera la
+tosquedad de aquellas manazas creería que eran delicadísimas para el
+dibujo. Su estructura basta las hacía más propias para la maroma de la
+vela mayor o la barra del cantero. Respiraba como el fuelle de una
+fragua, y siempre tenía tos; pero una tos tan bronca y sofocante que,
+cuando le daba el acceso, se quedaba mi hombre cabeceando y todo
+encendido; creeríase que iba a reventar, y el ojo rotatorio se le echaba
+fuera, mientras el apagado se escondía en lo más hondo de la órbita.
+
+Tenía dos géneros de fanatismo: el del trabajo, pues no podía estar
+inactivo, y el de la política. Deliraba por los derechos del pueblo, las
+preeminencias del pueblo y el pan del pueblo, fundando sobre esta
+palabra ¡pueblo! una serie de teorías a cuál más extravagantes.
+Realmente estas teorías no eran suyas. Una generación se había embobado
+con ellas, mirándolas como pan bendito. Pero Juan Bou las había
+sublimado en su mente indocta, convirtiéndolas en una fórmula de brutal
+egoísmo. Según él, muchos miembros importantes del organismo social no
+tenían derecho a ser comprendidos dentro de esa designación sublime y
+redentora: ¡el pueblo! Nosotros, los que no tenemos las manos llenas de
+callos, no éramos pueblo; vosotros, los propietarios, los abogados, los
+comerciantes, tampoco erais pueblo... De toda idea exclusiva nace una
+tiranía, y de aquella tiranía nació el obrero--sol: Juan Bou, que decía:
+«El pueblo soy yo».
+
+En Barcelona había logrado fundar un buen establecimiento de litografía.
+Pero sus economías y el establecimiento mismo naufragaron por las
+liviandades de una mujer con quien, por obra del demonio sin duda, se
+había casado. Su señora tampoco era pueblo; era una sanguijuela del
+país, como vosotros los que esto leéis. ¡Quién le metería en la cabeza a
+Juan Bou casarse con la hija de un recaudador de contribuciones! De
+semejante vampiro, ¿qué podía nacer sino una hembra disipadora,
+antojadiza, levantada de cascos? Enviudó Juan al fin, y para rehacer su
+peculio destruido, se puso a trabajar de nuevo. Pero con el sacudimiento
+del 68, encendiose el ánimo del obrero; de manso se hizo furibundo, de
+discreto charlatán; creyó que el mundo se iba a volver del revés, y que
+la sociedad alteraría sus elementos inmortales; vio la eterna columna
+con el ligero capitel en el suelo y el pesado plinto en el aire; imaginó
+que de allí en adelante se andaría con la cabeza y se pensaría con los
+pies; y llevado de estas ideas, tomó parte en todos los motines, trabajó
+en todas las sublevaciones, fue desterrado, perseguido, moró en
+calabozos y arrastró durante algún tiempo vida penosa y miserable.
+
+Cuando los acontecimientos políticos le dieron respiro, vino a
+establecerse a Madrid, donde vivía su hermana, casada con el conserje de
+la casa de Aransis. Pero antes que pudiera empezar a trabajar, otros
+acontecimientos le arrastraron de nuevo a las aventuras; cayó enfermo,
+tuvo que abandonar las luchas políticas, y en octubre del 73 estaba
+definitivamente establecido en Madrid, mas no curado de su superstición
+redentorista.
+
+Oyéndole contar sus proezas, era cosa de canonizarle. Él no era sólo un
+apóstol, era un mártir. La fama no tenía trompetas ni figles bastantes
+para llevar a todas partes la noticia de sus persecuciones. Las
+celebridades del partido liberal no habían hecho nada... ¡Farsa, pura
+farsa! Él lo había hecho todo, y su gran vanidad no conocía freno cuando
+daba en formular planes de Gobierno. Todo se lo sabía. Éranle familiares
+cosas y personas, y fácilmente lo arreglaba todo. Sus procedimientos
+tenían el encanto de la sencillez. Lo primero era coger cuatro docenas
+de individuos y colgarlos de los faroles de la Puerta del Sol. Después
+venían los decretos, todos de _Artículo único_. ¡Si sabría él lo que
+tenía que hacer, un hombre que había leído tanto, un hombre que arrastró
+grillos y cadenas y fue llevado de calabozo en calabozo!... Así como el
+soldado muestra sus heridas, él mostraba la huella de las esposas en sus
+manos... ¡Había comido ratas! ¿Qué más títulos necesitaba para gobernar
+el mundo?
+
+Sus primeros años de trabajo en Madrid fueron muy felices, y ganó
+bastante dinero. Entonces había algo de renacimiento industrial, y
+empezaba a desarrollarse el gusto por presentar los objetos mercantiles
+con primor, halagando los ojos del que compra. Hizo Bou muchos millares
+de etiquetas para almacenes de vinos, tarjetas de anuncios, cartelillos
+de tres o cuatro tintas y cromos ordinarios para cajas de fósforos. ¡Qué
+iniciativa la suya! Fue el primero que imaginó hacer en gran escala las
+cenefas con que adornan las cocineras los vasares. Antes que él nadie
+había hecho el siguiente cálculo: Hay en Madrid 92.188 viviendas, que
+son 92.188 cocinas o lo que es lo mismo, 92.188 cocineras. Suponiendo
+que haya 70.000 que renueven el papel tan sólo una vez al mes, poniendo
+sólo tres tiras resultan 210.000 tiras a cuarto. La resma de 1.000 tiras
+se vende a tres duros. Las 210 resmas hacen, pues, 630 duros mensuales.
+Ensayó, y bien pronto las cacharrerías todas de Madrid expendían papel
+picado, que en comparación del antiguo era un modelo de elegancia, pues
+tenía figuras de majas, toreros y tipos populares.
+
+El único vicio de Juan Bou, si vicio puede llamarse, era la Lotería. No
+había extracción en que no comprase su par de décimos. Era para él este
+juego nacional una forma hipócrita de la administración socialista.
+Tenía muy mala suerte; pero no desmayaba, y sabía escoger siempre los
+números más bonitos. Con todo, no había tenido más ganancias que las de
+su trabajo. Así, desde que sacó adelante el negocio de las cenefas,
+estableciose en la calle de Juanelo, donde tenía un taller grande,
+aunque incómodo. Compró algunas piedras más de gran tamaño, una hermosa
+máquina de Janiot, guillotina, glaseadora, buenas tintas, aparatos de
+reducciones y otras cosas. Su iniciativa no descansaba. Comprendiendo
+que algo de imprenta no venía mal como auxilio de la litografía,
+adquirió cajas y máquinas, y se quedó con todas las existencias de una
+casa que trabajaba en romances de ciegos y aleluyas. El material de
+planchas y grabados era inmenso, y se lo dieron por un pedazo de pan.
+Montó también esta especulación en gran escala, y los ciegos pudieron
+comprar la mano de romances a un precio fabulosamente barato. Las
+cacharrerías, las tiendas de arena y estropajo y los vendedores
+ambulantes se surtían por muy poco dinero de aleluyas del antiguo
+repertorio, y de otras nuevas con soldados franceses o españoles, moros
+o cristianos.
+
+El establecimiento era un verdadero laberinto, como formado de distintas
+piezas, que se habían ido agregando poco a poco, según las necesidades
+de ensanche lo pedían. Ocupaba la imprenta destinada a romances y
+aleluyas la peor y más lóbrega parte. Todo allí era viejo, primitivo y
+mohoso. La máquina, sonando como una desgranadora de maíz, tenía
+quejidos de herido y convulsiones de epiléptico. Consagrada durante seis
+años a tirar un periódico rojo, subsistía en ella un resto, un dejo de
+la fiebre literaria que por tanto tiempo estuvo pasando entre sus
+rodillos y su tambor. Las cajas, donde yacía en pedazos de plomo el caos
+de la palabra humana, eran desvencijadas, polvorientas y sudaban tinta.
+Habían servido para componer papeles clandestinos, y conservaban el
+aspecto de la negra insidia, que trama sus actos en la sombra. La
+horrible guillotina, cuya enorme cuchilla lo mismo podía cortar un
+librillo de papel de fumar que una cabeza humana, ocupaba el ángulo más
+sombrío de la sucia estancia, que más parecía una bodega o sótano que
+taller del Arte de imprimir, soberano instrumento de la Divinidad,
+vicario de la Providencia en la Tierra. Viendo aquellos trebejos, se
+podría sospechar que el tal Arte había sido encarcelado allí para expiar
+las culpas que alguna vez, por andar en malas manos, ha podido cometer.
+
+
+=--II--=
+
+En esta mazmorra de Gutenberg fue metido Mariano para su aprendizaje.
+Primero le había puesto Juan Bou a copiar dibujos fáciles con tinta
+autógrafa; pero mostró tan escasa disposición para esto, que le confirmó
+a la imprenta, mandándole adiestrarse en la caja. Sus primeras torpezas,
+sus descuidos, sus malas respuestas, fueron castigadas tan severamente
+por el maestro, ayudado de una correa, que bien pronto el muchacho le
+cogió miedo, y con el miedo vino el respeto y cierta convicción de que
+la obediencia y el trabajo le convenían por el momento más que la
+holganza y la maldad. En poco tiempo adquirió alguna destreza, al amparo
+de un cajista viejo casi inválido y de un chico listísimo, a quien años
+atrás conocimos y conoció mejor Mariano con el nombre de _Majito_. Este
+ganaba cuatro reales, y _Pecado_ tan sólo dos; pero aquella honrada
+ganancia llevaba semanalmente a su alma como un grano de legítimo
+orgullo, el cual bien podía con el tiempo, ser base sobre que se
+construyera la dignidad de que carecía.
+
+El rigor del castigo y la obligación de ocuparse en un ejercicio
+sedentario y monótono, en local de mediana luz y nada alegre, hicieron a
+Mariano taciturno; palideció su rostro y adelgazó su cuerpo. A los
+cuatro meses ya componía él solo, si no con ligereza, con exactitud, las
+leyendas de las aleluyas, que eran en número fabuloso. Se las sabía
+todas de memoria y le bastaba ver la tosca viñeta para adivinar y
+componer en seguida los pareados. Él y su compañero _el Majito_ se
+disparaban a cada instante los versillos, aplicándolos a cualquier idea
+o suceso del momento. Tan pronto sacaban a relucir alguna oportuna cita
+de la _Vida del hombre flaco_, a saber: _El verlo en paños
+menores--causaba risa, señores_, como aquella de la _Vida de don
+Espadón_, que dice: _Todo el día está bailando--y a su dama
+acariciando._ El aburrimiento de los dos chicos les llevaba por una
+especie de proceso psicológico que enlaza el bostezo con el arte, a
+poner en música los tales pareados, y cuando _el Majito_ cantaba los de
+la _Procesión del Viernes Santo_, que dicen: _Muchos niños en
+seguida--van con velita encendida_, le contestaba _Pecado_: _Delante van
+con decencia--los de la Beneficencia._
+
+También sabían de memoria, sin olvidar una tilde, los romances de
+matones, guapezas, robos, asesinatos, anécdotas del patíbulo.
+
+Cuando Mariano ganó tres reales, Juan Bou, haciendo justicia a sus
+progresos, atendió sus reclamaciones. El muchacho aborrecía la caja.
+Quería trabajar en litografía; pero como no tenía aptitud ni pulso para
+el dibujo, quiso ser estampador. Púsose a ello, ayudando al oficial de
+la prensa y máquina, y bien pronto conoció Bou que Mariano había
+escogido bien. Aprendió a manejar con habilidad el ácido y la grasa, y
+también sabía marcar con precisión. La máquina gustaba tanto a _Pecado_,
+que siempre que podía no se quitaba de alrededor de ella, atento a sus
+ordenados movimientos. Al mirarla, afanada, despidiendo de sus dientes y
+coyunturas un sudor negro y craso, sentía que se le comunicaba el
+vértigo de ella, y por momentos se suponía también compuesto de piezas
+de hierro que marchaban a su objeto con la precisión fatal de la
+Mecánica.
+
+A pesar de sus baladronadas políticas y de su aspecto feroz, Juan Bou,
+el _ursus spelæus_, era lo que vulgarmente se llama un infeliz, un
+buenazo, un alma de Dios. Tenía corazón tierno, bondadoso y sensible, y
+no podía ver una desgracia sin tratar de aliviarla. Si cuando estaba
+picado de mala mosca su lenguaje era conciso y brutal y se comía a los
+niños crudos, cuando le volvía el buen humor su dicción se fluidificaba,
+adornándose con toda la hojarasca de la fanfarronería. Conversaba
+familiarmente con los muchachos, mostrándoles, ya la expresión seductora
+de sus sabidurías políticas, ya los dramáticos pasajes de su historia de
+mártir.
+
+Cuando Mariano llevaba seis meses de aprendizaje con jornal de seis
+reales, era, ¡cosa rara!, el oficial con quien más simpatizaba Juan Bou.
+¿Había entre ellos semejanza grande o disparidad absoluta? No se sabe
+bien. No se sabe tampoco cuál de estas dos cosas engendra la simpatía.
+Conste, sin embargo, que también Mariano era fanfarrón, y que en el
+trato de seis meses con Bou se le había comunicado la idolatría del ente
+Pueblo. En cuanto a las sanguijuelas del país, _que chupan la sangre del
+obrero_, y en cuanto a todos nosotros, que no tenemos callosidades en
+las manos, Mariano creía aborrecerlos tanto como su maestro; pero lo que
+hacía era envidiarlos, pues la envidia suele usar la máscara del odio.
+
+En el fondo de su alma, _Pecado_ anhelaba ser también sanguijuela y
+chupar lo que pudiera, dejando al pueblo en los puros huesos; se
+desvivía por satisfacer todos los apetitos de la concupiscencia humana y
+por tener mucho dinero, viniera de donde viniese. En esto se distinguía
+radicalmente de su maestro, amantísimo del trabajo. Bou no quería galas,
+ni lujo, ni vicios caros, ni palacios; lo que quería era que todos
+fuésemos pueblo; que todo el que tuviera boca tuviera una herramienta en
+la mano; que no hubiera más que talleres y se cerraran los lugares de
+holganza; que se suprimieran las rentas y no hubiera más que jornales;
+que cada cual no fuera propietario nada más que de la cuchara con que
+había de comer la sopa nacional.
+
+En la sala donde estaba la máquina, tenía Bou su mesa de trabajo, y en
+esta la piedra en que dibujaba, puesta sobre un disco de madera
+giratorio, con cuyo mecanismo él le daba vueltas como si fuera un papel.
+A poca distancia veíase la prensa de mano donde se sacaban las pruebas y
+se hacían los reportes. El estampador era un joven muy aficionado a la
+charla, hablaba sin ton ni son, escapándose de él el discurso y la
+palabra como se escapa el aire de un fuelle agujereado. Era un
+_intellectus_ lleno de roturas. Mariano tenía en su laconismo una
+brutalidad sentenciosa.
+
+«¿Que habláis ahí, muchachos?--dijo de pronto Juan Bou, que estaba aquel
+día de bonísimo talante, por haber cobrado una antigua cuenta.
+
+--Este--replicó el estampador con el sentimiento de modestia que le
+inspiraban sus pocas luces al ponerlas frente a la sabiduría del
+maestro--, este dice que el año que viene ya no trabaja más.
+
+--Eso lo dirá la correa--manifestó Bou sonriendo y sin levantar los ojos
+de la piedra--. ¿Y qué vas a comer si no trabajas?... Me parece que tú
+eres de casta de sanguijuela... Y algo he oído yo. No sé quién me dijo
+si eres noble o no eres noble...
+
+--Dice este--prosiguió el estampador, gozoso de que el maestro pensase
+como él--que cuando su hermana gane el pleito, será caballero.
+
+--¿El pleito?... ¿Sabéis como haría yo que se ganaran de una vez todos
+los pleitos?--dijo Bou, regocijándose con el efecto que sus admirables
+ideas causaban en los dos muchachos--. Pues mandaría pegar fuego a todos
+los archivos, a la escribanía _A_ y a la escribanía _B_. Total, que no
+dejaría un papel vivo. La humanidad no necesita de papeles. Hay que
+liquidar..., ¿estáis? Hay que decir: «Hasta aquí llegó la cosa»..., y
+_palante_... Yo diría a los jueces, escribanos, alguaciles, magistrados
+y demás pillería: «¿Queréis almorzar? Pues ahí tenéis la azada, el
+arado, el escoplo o lo que más os convenga. Pero con papeles no se come
+aquí, señores...». ¿Que no querían? Pues hacia un estanque de tinta, los
+ahogaba en él..., y _palante_.
+
+--Dice este--repitió el oficial, que se pirraba por delatar los
+disparates de su amigo--que todos no son iguales y que él está ya
+cargado de ser pobre.
+
+--No hay pobreza en la honradez, no hay honra como la del
+trabajo--afirmó Juan Bou incorporándose y dejando ver el esplendor
+lumínico de su ojo rotatorio, que parecía una rueda de fuegos
+artificiales--. ¡Pobre!¿Qué ere decir esto? Es una necedad, una...
+lucubración contraria a los grandes principios. ¿Tienes satisfechas tus
+necesidades? Sí. ¿Tienes hambre? No. ¿Estás vestido? Sí. Pues eres tan
+rico como el duque _A_ o el conde _B_, o quizá más».
+
+Y de este lenguaje sencillo y lapidario, que a la altura de Marco
+Aurelio le ponía, pasó por gradación suave a otro más acentuado, más
+enérgico, si bien no más elocuente, diciendo:
+
+«Todo lo demás es superfluidad y lujo, es explotar al obrero, chupar su
+sangre, alimentarse de su sudor bendito, comerse los refinados manjares
+amasados con las lágrimas del pobre. Ved esos que andan por ahí, toda
+esa chuma de esos señores y holgazanes. ¿De qué viven? De nuestro
+trabajo. Ellos no labran la tierra, ellos no cogen una herramienta,
+ellos no hacen más que pasear, comer bien, ir al teatro y leer libros
+llenos de bobadas... Comparémonos ahora. Nosotros somos las abejas,
+ellos los zánganos; nosotros hacemos la miel, vienen ellos y se la
+comen. Nos dejan las sobras, nos echan un pedazo de pan, por lástima,
+como a los perros... Pero todo se andará, tunantes, todo se andará;
+vendrá la cosa y haremos cuentas, sí, la gran cuenta, el Juicio Final de
+la humanidad. ¡Oh, pillos!, también nosotros tenemos nuestro valle de
+Josafat. Allí se os aguarda. Allí estaremos. Con un pedazo de lápiz
+tamaño así, y un papel de cigarro, basta para hacer el gran balance. Es
+la liquidación fácil, porque es la última... y _palante_».
+
+Mariano y su colega le oían absortos.
+
+«Dice este--continuó el estampador, incansable en la denuncia--que él ha
+de poder poco o ha de soltar pronto la blusa.
+
+--Vamos a ver--manifestó el maestro volviendo a su trabajo--; explícanos
+lo que tú piensas... ¿A qué aspiras tú? ¿Qué deseas tú?
+
+--¿Yo?--dijo Mariano con terrible laconismo--. Tener dinero.
+
+--¡Tener dinero! El dinero es una fórmula, un medio de cambio--declaró
+con olímpica suficiencia Juan Bou--. ¿Y si llega un día en que no haya
+dinero, en que no represente nada el dinero, porque las cosas, o mejor
+dicho, el servicio _A_ y el servicio _B_ se cambien directamente sin
+necesidad de ese intermediario?
+
+--Chúpate esa--dijo por lo bajo el estampador a compañero.
+
+--Sí, se suprimirá el dinero, que no sirve más que para negocios
+indecentes. Suprimiendo el numerario, quedarán suprimidos los
+ladrones... y _palante_».
+
+Ambos abrieron medio palmo de boca.
+
+«Pero el dinero--se aventuró a decir Mariano--no se ha de quitar hoy ni
+mañana...
+
+--Quién sabe... La cosa está mal. Dicen que esto se va. Me escriben de
+Barcelona que se está trabajando...
+
+--El dinero no se suprime--afirmó _Pecado_ rebelándose tenazmente contra
+la incontrovertible sabiduría del maestro.
+
+--Hombre, que sí.
+
+--Pues yo quiero ser rico.
+
+--¡Ser rico! ¿Y qué es la riqueza, bruto? Es una cosa convencional,
+acémila. Hay por ahí unos cuantos tunos que se comen lo que no es suyo,
+lo que es de todos, del común, y el día en que se diga: «Ea, bastante ha
+durado la mamancia...», va a ser bueno, va a ser bueno. Nosotros
+diremos: «A ver, señor duque de Tal, ¿de dónde sacó usted las tierras
+_A_ y las dehesas _B_? Señor banquero Cuál, ¿de dónde sacó usted los
+millones _A_ y _B_ que tiene en el Banco?».--«Hombre, dirán ellos, pues
+yo...».--«Valientes pillos están ustedes, acaparadores, por no decir
+otra cosa...». Conque ya ves. No habrá entonces dinero, ni Banco, ni
+Bolsa; no habrá más que servicios mutuos, toma y daca. Que yo necesito
+un jamón, el comestible _A_ o el comestible _B_: me voy a la tienda, y
+me encuentro que el tendero necesita etiquetas, anuncios. Pues ahí va, y
+venga. El sastre hará pantalones al zapatero, y el zapatero le hará
+zapatos al sastre. Es un organismo sencillísimo, brutos. Vosotros no
+habéis estudiado la cosa, no habéis trabajado por la cosa, no habéis
+estado en calabozos, no habéis comido ratas desabridas... Se trata de un
+organismo; ¿sabéis lo que es un organismo?».
+
+Ambos callaron. Creían que se trataba de un organillo; pero no se
+atrevían a decirlo.
+
+«Este dice también--añadió el denunciador sin poder contener la
+risa--que quiere ser célebre.
+
+--¡Célebre! Ta, ta, ta--exclamó Juan Bou, radiante, al considerar el
+triunfo que a su oratoria se preparaba--. ¿Conque célebre y todo..., es
+decir, hombre grande? ¡Valiente papamoscas! ¿Y qué entiendes tú por
+celebridad? La de los guerreros y capitanes, la de esos bobos que llaman
+poetas, escritorzuelos... Los unos son los verdugos de la humanidad: no
+han hecho más que matar gente. Los otros han engañado y extraviado a la
+humanidad, contándola mil mentiras y embelecos. Cógeme a tal o cual
+guerrero, al poeta _A_ o al prosista _B_. ¿Qué han hecho por el pueblo?
+Nada. Su celebridad se acabará también, porque se suprimirá la Historia.
+Se hará una Historia nueva, en que no figuren más que los que han
+inventado una máquina o perfeccionado la herramienta _A_ o _B_. Esos sí,
+esos sí que tendrán estatuas.
+
+--¿Y quién... va a hacer las estatuas?--preguntó con gran viveza de
+pensamiento Mariano.
+
+--Toma--dijo Bou, reponiéndose después de desconcertarse un poco--, los
+escultores. Habrá escultores que harán las estatuas de los obreros
+célebres, de los padres de la patria, y se les pagará con comestibles,
+mano de obra... Parece que eres tonto... Ahora, si tú quieres ser
+célebre inventando la dirección de los globos, o cosa así, entonces nada
+te digo. Por ahí, por ahí... Pero no envidies a los personajes del día,
+a esas sanguijuelas del pueblo. Mira tú qué tipos. ¿Prim?, un tunante.
+¿O'Donnell?, un pillo. Tiranos todos y verdugos. Olózaga, Castelar,
+Sagasta, Cánovas. Parlanchines todos. ¿Y ese Thiers de Francia? Otro que
+tal. Cuando toquen a barrer, veréis cómo queda esto... Nada, nada;
+aplícate a este oficio y puede que llegues a notabilidad. Ya sabes,
+comerás y vestirás con tu trabajo. Toma y daca... y _palante_.
+
+--Pero este dice que quiere ser célebre, aunque para ello tenga que
+hacer una barbaridad.
+
+--Hombre, hombre, ¿tú quieres dar golpe? Valiente papamoscas. Pues dalo,
+hombre, dalo. No te faltará ocasión, cuando se grite «abajo la tiranía»,
+pórtate bien. Inventa cualquier cosa, aunque sea una barbaridad, como
+dices. Puede que no lo sea. Hoy se tiene por barbaridad lo que mañana
+quizá se mire como una gran acción. Nada, hombre..._palante_,
+_palantito_...».
+
+Siguió hablando en este tono y desarrollando su idea con tal copia de
+audaces juicios, que los muchachos le oían como si fuera una sibila.
+
+«Lo que yo quiero es moneda--volvió a decir Mariano con rudeza concisa.
+
+--¡Ah!, ya no quieres celebridad, sino plata. No era como tú el célebre
+Erostrato.
+
+--¿Quién?
+
+--Uno que pegó fuego--dijo Bou reventando de erudición--a un templo...
+no sé si de Babilonia, de Venecia o de dónde.
+
+--¿Y sacó dinero?
+
+--Vuelta con el dinero.
+
+--Con dinero se tiene todo.
+
+--Y tú quieres tener todo: gozar, disfrutar; lo mismo que cualquiera de
+esos pillos, lo mismo que la sanguijuela _A_ o la sanguijuela _B_.
+
+Mariano gruñía, dando a conocer, con bárbaro modo, su ardiente anhelo de
+ser sanguijuela.
+
+«Ea, bastante se ha charlado--dijo el maestro echando un vistazo a la
+prensa--._Palante_... Sacadme esos reportes ahora mismo».
+
+Y siguió un silencio sólo turbado por los rumores de la actividad
+taciturna. Oíase el gemido de la prensa, el roce del pegajoso rodillo
+negro y el rascar de la pluma del maestro sobre la piedra. Juan Bou, que
+aunque buen catalán tenía un oído infernal, destrozaba entre dientes _La
+Marsellesa_, como destroza el fumador la colilla del cigarro. Después
+escupía unas cuantas notas, y callaba para empezar de nuevo al poco
+rato. Se había contagiado de la afición de sus aprendices a cantorrear
+los pareados de las aleluyas, y así, sin pensarlo, cantaba con la música
+de Rouget de L'Isle estos versos: _Muchos niños pequeñitos--van vestidos
+de angelitos_.
+
+
+
+
+Capítulo V
+
+Entreacto en el café
+
+
+Mariano pasó algún tiempo en esta vida, sin que ocurriera cosa alguna
+digna de ser contada. Pero en la primavera del 76 ya empezó a
+fastidiarse. Dejaba de asistir al taller con harta frecuencia, y se
+pasaba horas y más horas en el café del Sur. Por el afán de aumentar su
+peculio había contraído el vicio del juego, frecuentando innobles
+garitos, o agregándose a los nefandos círculos que al aire libre, en las
+puertas de los ventorros de extramuros funcionan. Su suerte era mala, se
+aturdía y perdía casi siempre. Cuando ganaba se permitía lujos
+desenfrenados, como ir al teatro de la Infantil y ver todas las
+funciones desde la primera a la última, convidarse a chuletas con tomate
+en cualquier taberna, ir a los bailes vespertinos de criadas y
+costureras, donde danzaba y hacía conquistas. Cuando las ganancias
+habían sido por ventura fenomenales, alquilaba un jamelgo, se iba
+trotando hasta la Puerta de Hierro, o daba la vuelta a Madrid paseando
+por el Retiro entre las filas de coches de lujo y jinetes ricos. Para
+que esta parodia vil y nauseabunda de las disipaciones de la clase
+superior fuese más completa, tenía sus pequeñas deudas con el mozo del
+café y con los amigos.
+
+Ya faltase todo el día al taller de Bou, ya asistiese puntualmente,
+nunca dejaba de ir al café del Sur. A veces no estaba más que un rato, a
+veces cuatro o cinco horas. Se le veía solo, en blusa azul y gorra, con
+los codos sobre la mesa, el vaso de café delante y en la boca un puro de
+a cuarto, mirando las nubecillas de humo con estúpida somnolencia.
+
+¿Pero quién es aquel señor que abre la puerta del café y esparce su
+vista por el local, como buscando a alguien, y desde que ve a Mariano
+viene hacia él, y se le sienta enfrente? ¿Quién ha de ser sino el
+bendito D. José? Bien se conoce en su faz su martirio y las tristezas
+que está pasando. Ved su cara demacrada y mustia, sus ojos impregnados
+de cierta melancolía de funeral; ved también sus mejillas, antes
+competidoras de las rosas y claveles, ahora pálidas y surcadas de
+arrugas. ¿Qué le pasa? Él nos lo dirá. Durante algún tiempo su único
+consuelo ha sido agregarse a Mariano en el café del Sur y frente a él
+exhalar sus quejas, semejantes a las de los pastores de antaño; y así
+como las ovejas (dicho está por los poetas) se olvidaban de pacer para
+escuchar los cantos de los Salicios y Nemorosos, Mariano dejaba enfriar
+el café por atender a lo que D. José le refería.
+
+«Hoy tampoco la he podido ver--dijo aquel día (abril de 1876)--. Ese Sr.
+Botín es un verdugo: no la deja salir de casa; no la deja asomarse al
+balcón... Te digo que me gustaría que el señor Botín y yo nos viéramos
+un día las caras... Yo soy padrino de tu hermana, yo soy su segundo
+padre, y debo velar por ella... ¡Luego el pobre _Riquín_ estará tan
+solo, extrañará tanto no verme a todas horas y no jugar conmigo, como
+antes!... Porque has de saber que _Riquín_ no quiere a nadie más que a
+mí; me quiere más que a su propia madre. Lo que es a Botín no le puede
+ver».
+
+Al decir esto, Relimpio dejaba conocer, al trasluz de su pena, el
+regocijo de la venganza. ¡_Riquín_ no quería al otro! ¡Oh placer de los
+dioses!
+
+«Mi hermana tiene la culpa--dijo Mariano--. Ese tío Botín es una fiera.
+¿Por qué no le planta en la calle, como es debido? Pero vea usted..., de
+aquellas cosas que pasan, ¡puño!... Él es rico; ella se ve mal... Si
+trabajara como yo, viviría como es debido... De consiguiente, yo no
+pienso poner los pies en su casa, porque una vez que fui me dijo que no
+volviera. De consiguiente, ese Botín no quiere que ni yo, ni usted, ni
+mi tía Encarnación vayamos allá. No quiere estorbos. Yo no voy, porque
+suponga usted que nos encontramos Botín y yo, hablamos, y sin saber
+cómo, pues..., de aquellas cosas que pasan..., reñimos. Total, que me
+hago cuenta de que no tengo tal hermana.
+
+--Si al menos la dejara salir a la calle siempre que ella
+quisiera--indicó Relimpio embuchándose el café, mientras el otro se
+rompía las mandíbulas para sacar humo del duro cigarro--Pero quia, quia.
+Tiene que valerse de mil tretas para salir. La pobre lleva ya tres meses
+de esta vida y no sé cómo aguanta. ¿Al teatro? Que si quieres... Los
+domingos la hace ir a misa, y aquí paz... Dicen que ese señor es
+mojigato.
+
+--Es rico--afirmó Mariano con el tono de asombro mezclado de respeto que
+empleaba siempre para expresar aquella idea.
+
+--Riquísimo. Gana millones. Si le dejan se come a España en menos que
+pía un pollo. ¿Y no sabes lo mejor? Es casado. Mira, si yo no fuera una
+persona decente, le escribiría un anónimo a su señora contándole los
+devaneos... Pero no está en mi sangre, no. La señora de Botín es condesa
+o baronesa; él es conde o barón consorte, ¿te enteras? Ella es, según
+dicen, buena persona, y hace muchas caridades. Hablan de que va a fundar
+un hospital.
+
+--Sanguijuelas del país y del pobre que trabaja, ¡repuño!... Ellos
+gastan lo nuestro... Pero ya, ya verán, ¡puño! El mejor día... de
+aquellas cosas que pasan... El mundo da una vuelta, y _palante_... Ahora
+nos toca a nosotros. De consiguiente, venga dinero. Que todo se reparta
+como es debido.
+
+--Y el que no trabaje que no coma. Lo mismo pienso yo. Desde que se fue
+D. Amadeo, ¡y aquel sí era persona decente!, esto está perdido. Es
+verdad que se acabó la guerra; pero ¿cómo se acabó? A fuerza de dinero.
+Esta gente es atroz. Aquí no hay administración, ni se llevan los libros
+de cuentas del Estado como manda la Teneduría. Mira tú; mientras no se
+suprima eso de que los ex ministros tengan treinta mil reales... Yo no
+sé cómo no se les ocurren estas cosas... Señor, que no podemos con la
+Hacienda, que hay déficit. ¿Pues qué más tiene usted que quitar tanto
+empleado vagabundo?... Señor, que la política... Pues fuera política...
+Si quisieran, todo lo arreglarían bien. Con ir dejando a un lado a los
+piratas y colocando a la gente honrada... Mira tú, es bien fácil. A
+ver... ¿D. Fulano es un hombre honrado? Sí señor. Pues venga acá. ¿Y D.
+Zutano? También. Venga. Ea, ya me tienes la Administración arreglada. Yo
+sé que los tunantes chillarían; pero que chillaran hasta reventar».
+
+Estas sabias apreciaciones duraban poco, y luego volvía D. José a la
+monotonía de sus lamentos pastoriles. Durante varios días repitió las
+mismas cosas... La había visto un momento... Estaba desmejorada y
+triste... _Riquín_ tampoco era feliz... En mayo añadió a tan enfadosos
+temas uno que era más agradable a la concupiscencia de Mariano.
+
+«¿Sabes--le dijo--que mi hijo Melchor ha emprendido un gran negocio?
+Llegó aquí el mes pasado. Por cierto que me cogió desprevenido. Yo le
+creía en la Habana. Pero el Capitán General le quitó el destino a los
+veinte días de haber tomado posesión de él y me lo embarcó para la
+Península... Intrigas políticas... envidias y miserias.
+
+--De aquellas cosas que pasan...--murmuró Mariano, demostrando
+perspicacia--. Don Melchor tendría las uñas un poco largas; de
+consiguiente...
+
+--Quita, quita, hombre. Melchor es la misma honradez.
+
+--Sí; pero..., de aquellas cosas que pasan..., al verse allí entre tanto
+dinero..., de consiguiente...
+
+--Hombre, no.
+
+--Total, que se volvió para acá sin un real.
+
+--No tanto. Algo ha traído... Pues te contaré el negocio, que es grande,
+tremendo. Es un secreto que ha descubierto.
+
+--¡Un secreto!... Y lo guardará... como es debido.
+
+--No, lo pone a disposición de todo el mundo. Ha hecho unos
+prospectitos, ¿sabes? Luego ha puesto un anuncio en los periódicos,
+diciendo que el que quiera saber el secreto del negocio mande veinte
+reales en sellos. Ajajá. No puedes figurarte los sellos que han entrado
+en casa. Pero ya se va cansando la gente y vienen pocas cartas.
+
+--¿Pero el secreto...?
+
+--No sé cuál es.
+
+--¿Y si..., de aquellas cosas que pasan..., resulta que no hay tal
+secreto...?
+
+--Yo no sé... Desde que tomó la casa en la calle de los Abades, donde
+vivimos, se ocupa de otras cosas. Escribe artículos en un periódico. La
+ha tomado con las compañías de ferrocarriles y otras empresas gordas, y,
+¡si vieras!, las pone como hoja de perejil. Nada, que las mata, que las
+está matando. Yo le digo que ya que escribe, escriba de cosas útiles,
+por ejemplo, de que los ingleses deben devolvernos a Gibraltar. Eso sí,
+yo creo que si esto se dice un día y otro día, al fin hemos de lograrlo.
+Y si no, guerra, guerra con los ingleses. ¡Ah! ¿No hicimos lo del
+Callao? Aquello si que fue grande. Te lo contaré, pues lo sé como si lo
+hubiera visto».
+
+Pero Mariano no paraba mientes en aquel interesante capítulo de
+Historia. La epopeya de los veinte reales en sellos cautivaba más su
+espíritu, adormeciéndole en cálculos voluptuosos y combinaciones de
+riquezas y placeres.
+
+Algunos días después, Mariano era el que llevaba noticias del hijo de D.
+José.
+
+«Ayer--dijo--estuvo D. Melchor hablando más de dos horas con Juan Bou.
+Ha inventado una rifa para los pobres. Está unido con otros señores, y
+de consiguiente, tiene autorización del Gobierno, como es debido.
+¡Recontrapuño, qué negocito! Juan Bou hace los billetes y le dan parte.
+
+--Si estoy enterado, hombre. Como que yo he de llevar la contabilidad.
+Es una idea humanitaria. Ya no habrá más pobres por las calles...
+Volviendo a lo mismo, Marianín, te diré que la vi ayer en misa. Por la
+tarde fui a sacar al niño a paseo. ¡Ah!¿No sabes? Lo del pleito va bien.
+Hombre, si te veremos al fin...».
+
+Mariano se desperezó y después que hubo estirado bien sus extremidades,
+descargó el puño sobre la mesa, diciendo:
+
+«¡Maldita sea la Biblia!».
+
+Isidora, que vivía en la calle de las Huertas, salía con frecuencia al
+balcón, y si veía a su padrino paseándose de arriba abajo y echando con
+disimulo un vistazo al piso segundo, sentía pena y lástima. Unas veces
+le hacía señales de que entrase, otras de que no entrase, y D. José
+obedecía con humildad. Llamole un día con agraciado gesto, desde dentro,
+alzando el visillo y mostrando su cara preciosa tras el cristal.
+Relimpio subió.
+
+¡Cómo le palpitaba el corazón! Entró, cogió en sus brazos al niño, diole
+mil besos en la frente, en los rizos, y cargado con él, entró en la
+sala. Isidora vestía una bata azul de corte elegantísimo. Acababa de
+peinarse y su cabeza era una maravilla. Nadie que la viese, sin saber
+quién era, podría dudar que pertenecía a la clase más elevada de la
+sociedad. Contemplola D. José, más que con amor, con veneración, con
+fanatismo, como el salvaje contempla el fetiche, y poco faltó para que
+se la hincara delante.
+
+«Estás, estás...--le dijo turbado por la emoción--, que pareces una
+diosa... Vengan las duquesas a tomarte por modelo... ¡_Riquín_!, hijo
+mío, sol, dame más besos... ¡Bendita sea tu madre!».
+
+Mucho se alegraba también Isidora de ver a su padrino; pero un asunto
+urgentísimo les separaría muy pronto.
+
+«¿No viene hoy ese bruto?--dijo Relimpio.
+
+--No; hoy habla en el Congreso.
+
+--¿De modo que me estaré aquí hasta anochecida?
+
+--No, porque tengo que hacer, tengo que salir...».
+
+¡Don José puso una cara tan triste!... Sus ojos vivos se amortiguaron
+como la llama de la exhausta lámpara colgada delante del santo.
+
+«Tengo que hacer--dijo Isidora, sacando una carta--. Y usted me va a
+hacer el favor de llevar ahora mismo esta carta a Joaquín».
+
+Don José dio un gran suspiro. Puso la cara más desconsolada y agoniosa
+del mundo, la cara que pondría toda persona a quien se obligara a beber
+un vaso de vinagre.
+
+«¿De veras que no estás hoy en casa?
+
+--No. Si usted quiere, puede venir a jugar con _Riquín_.
+
+--Le sacaré a paseo. Está bueno el día. ¿Qué te parece?
+
+--Muy bien.
+
+--Pues voy, voy a hacer tu encargo»--murmuró el viejo, consolándole la
+idea de pasear al niño.
+
+Isidora salió. Su traje realizaba el difícil prodigio, no a todas
+concedido, de unir la riqueza a la modestia, pues todo en ella era
+selecto, nada chillón, sobrecargado ni llamativo. Llevaba en su cara y
+en sus maneras la más clara ejecutoria que se pudiera imaginar, y por
+dondequiera que iba hacía sombra de blasones. Y sin embargo, por
+desgracia suya, empezaba a ser conocida, y cuantos la encontraban sabían
+que no era una _lady_.
+
+¡Dama por la figura, por la elegancia, por el vestido!... Por el
+pensamiento y por las acciones, ¿qué era?... La sentencia es difícil.
+
+
+
+
+Capítulo VI
+
+Escena vigésimaquinta
+
+=Aposento no muy grande, cómodo, bien amueblado y a media luz=
+
+=ISIDORA Y JOAQUÍN=
+
+
+JOAQUÍN.--=(Con admiración)= ¡Pero qué guapa estás, o mejor dicho, qué
+hermosa eres!... Joya digna de un rey, ¿por qué estás condenada a
+encerrar tu brillo dentro de la esfera de una posición mediana, obsura y
+equívoca? ¡Tremendas ironías del destino! Fíate de que el nacimiento y
+el temperamento te hayan hecho ilustre... si la realidad y el mundo
+traidor no te permiten manifestarte como eres... Pero no suspires, no te
+entristezcas. Hoy es día de alegría y juntos los dos aquí olvidaremos
+todas nuestras penas... Cada día me es más difícil vivir sin ti.
+
+ISIDORA.--=(Con coquetería)= ¡Embustero!... Me quieres cuando me
+necesitas, cuando eres desgraciado. ¡Desde que prosperas un poco,
+¡adiós!, ya no te acuerdas de mí! Yo no debía hacerte caso; pero mi
+debilidad es más fuerte que mi fortaleza, ¿entiendes?... ¿Quién no tiene
+un castigo en el mundo? Mi castigo eres tú. En vez de darme enfermedades
+o de volverme fea, Dios me ha dicho: «Quiérele»; y ya ves, te quiero y
+padezco. El corazón me dice que será constante. Te amaré siempre,
+mientras viva. Mi corazón es de una pieza. No puede amar sino a uno
+solo, y amarle siempre... Los hombres, descartando el mío, me hastían;
+les aborrezco. Uno solo me ha conquistado, y de ese soy. Venga lo que
+viniere, a mi amor me atengo. No sé cómo hay mujeres que adoran hoy a
+este y mañana al otro. Yo no soy así. =(Con tristeza.)= ¿No es verdad que
+nací para ser honrada?
+
+JOAQUÍN.--Y para mí. =(Entusiasmándose por grados.)= Sólo yo te comprendo,
+sólo yo. Los demás te juzgarán mal quizás. Yo, que te conozco, sé que
+eres un ángel de bondad. La responsabilidad de tus faltas las tomo para
+mí y te dejo a ti la gloria de tus bellas acciones. ¡Y qué ingrato he
+sido contigo! Pero me has dado una de esas lecciones que son propias de
+las grandes almas. A mis ligerezas respondes con tu generosidad.
+
+ISIDORA.--=(Mirándole a los ojos.)= ¿Estás satisfecho de mí?
+
+JOAQUÍN.--Te idolatro.
+
+ISIDORA.--¿Me he portado bien?
+
+JOAQUÍN.--Como una princesa, como una reina. No todas las coronas están
+donde deben estar... ¡Ay, Isidora, bendito sea tu orgullo! Quien nota en
+su alma esa chispa, ese no sé qué, signo de elevación sobre el nivel
+común, está preparado para las cosas grandes y sublimes. El orgullo no
+es en ti un defecto, es una inspiración santa.
+
+ISIDORA.--Pero no tengo la conciencia tranquila... Ya ves que...
+
+JOAQUÍN.--Desecha las ideas convencionales. Cada acción tiene un punto
+de vista desde el cual debe juzgársela, lo cual prueba la gran variedad
+de las perspectivas del alma humana...
+
+ISIDORA.--Yo siento algún remordimiento...
+
+JOAQUÍN.--Porque no has hecho un análisis frío del hecho en sí y te
+dejas llevar de la rutina.
+
+ISIDORA.--=(Gozosa.)= ¿Te pusiste contento cuando recibiste mi carta?
+
+JOAQUÍN.--La besé mil veces, y aun creo que se me escapó una lágrima,
+cosa en mí desusada.
+
+ISIDORA.--Ya ves que cumplí mi palabra. El jueves, cuando me pintabas tu
+compromiso y me decías que tu honor y tu buen nombre estaban en peligro,
+te dije: «Yo, a quien tan grandes desaires has hecho, te he de
+salvar...». No hay nada que me cautive tanto, que tanto interese a mi
+alma, como un acto de estos atrevidos y difíciles, en que entren la
+generosidad y el peligro. Nací para estar arriba, muy arriba.
+
+JOAQUÍN.--En las estrellas te pondría yo.
+
+ISIDORA.--Las cosas bajas y fáciles, las pasiones mezquinas no caben en
+mí. Tú me habías hecho muchas picardías; pues ahora verás... Yo soy así.
+La idea de devolverte bien por mal me daba alegría y valor para vencer
+las dificultades. Fui a mi casa pensando en tus apuros. Yo calculaba,
+discurría, hacía cuentas. A medianoche no había dormido aún; estaba
+sola. Podía pensar a mis anchas, y pensar en ti como me diera la gana.
+Llegó la mañana. ¿Qué creerás que hice? La cantidad era enorme. ¡Mil
+duritos! ¿De dónde había de sacar yo ese dineral? Pues verás... Vendí
+mis pendientes de tornillo y mi alfiler grande. Saqué doce mil reales.
+Compré otros diamantes falsos para que él no conociera el engaño.
+Después empeñé la pulsera, el reloj; pero nunca bastaba, hijito. Por tu
+suerte, él me había dado cierta cantidad para renovar parte de la
+sillería..., pues al montón con ella. En fin, mi tía Encarnación me
+proporcionó el resto... Y aquí vienen los escozores que siento en mi
+conciencia...
+
+JOAQUÍN.--=(Con escepticismo y fortaleza de espíritu.)= Eres una
+chiquilla. Es preciso que tu inteligencia se ponga a la altura de tu
+gran corazón.
+
+ISIDORA.--=(Con monería.)= Déjame, que yo me entiendo. Te diré la verdad
+pura. Por engañarle no tengo remordimientos. Es un animal a quien
+aborrezco con toda mi alma. No me merece... ¡Pero hay tantas clases de
+traición!... Te diré...
+
+JOAQUÍN.--=(Azotándola con cariño.)= Pero ven acá, tonta...
+
+ISIDORA.--=(Abofeteándole con amor.)= Escucha, idiota... Digo que las
+traiciones de dinero no me gustan. Hay algo ahora en mí que las rechaza.
+Te diré: con gusto o sin gusto mío, él me da cuanto necesito. Es verdad
+que los tornillos eran míos; me los habías regalado tú. Pero el alfiler
+me lo dio él..., y el dinero para la sillería... Ya ves.
+
+JOAQUÍN.--Déjame hablar ahora.
+
+ISIDORA.--=(Tapándole la boca.)= Aguarda.
+
+JOAQUÍN.--=(Quitándose a viva fuerza la mordaza y besándola mucho.)=
+Déjame hablar a mí. Escucha, escucha. Si ese animal tuviera cien veces
+más dinero del que tiene; si en vez de haberse comido una parte del país
+se lo hubiera comido entero, todo su caudal no bastaría para pagar una
+de tus caricias, aun otorgada con violencia y sin amor. Esa cantidad que
+he recibido de ti me ha salvado de la deshonra. Yo te quería ya, yo te
+amaba siempre, a pesar de mis devaneos. Pero ahora te adoro, ahora soy
+tu esclavo. Esta deuda es sagrada, es doble; deuda del corazón y deuda
+de bolsillo. Te pagaré religiosamente.
+
+ISIDORA.--¡Pagarme! ¡Ay! Yo no cobro nunca. Mis manos no nacieron para
+eso. Si en algo estimas el beneficio que de mí has recibido, ya sabes la
+recompensa que quiero.
+
+JOAQUÍN.--=(Amoscado.)= ¿Cuál?
+
+ISIDORA.--Te lo he dicho mil veces. El reconocimiento de Joaquín...
+
+JOAQUÍN.--=(Sintiéndose atacado de sordera.)= No te oigo.
+
+ISIDORA.--Que reconozcas a nuestro hijo.
+
+JOAQUÍN.--¡Ah!, ya...; eso es corriente. =(Disimulando su contrariedad.)=
+En estos días me hallo en tal situación, que no podré celebrar ningún
+acto civil... ¡Ay!, querida mía, confesor mío, para ti no debo tener
+secretos. Delante de ti no debo ni puedo disimular mis faltas. He sido
+un calavera, un disipador; merezco lo que me está pasando. Yo tenía una
+regular fortuna. ¿Sabes tú cómo se me ha ido de entre las manos? Pues yo
+tampoco lo sé, y me confundo... Cosa de magia, chica, porque yo... te
+juro que vivo con economía... Malditos sean los usureros, fieras
+desenjauladas, dragones sueltos contra quienes nada puede la humanidad
+indefensa. Y gracias que renovando a tiempo, con tu divino auxilio =(Da
+un gran suspiro.)=, he podido salvar el honor por el momento. A ti te
+debo que no haya caído una gran mancha sobre el honrado nombre de Pez...
+¿Pero qué sucederá? Que dentro de poco llegará otro vencimiento.
+Chiquilla, con las fechas no se juega. El tiempo es implacable... Papá
+me ha hablado seriamente el otro día. Hemos hecho un balance. Le he
+descubierto todos mis líos; se ha incomodado, y por fin hemos resuelto
+que no tengo más remedio que irme a la Habana.
+
+ISIDORA.--¡A la Habana!
+
+JOAQUÍN.--Sí, con un destino en la Aduana, un gran destino. Es el único
+remedio. Los españoles tenemos esa ventaja sobre los habitantes de otras
+naciones. ¿Qué país tiene una Jauja tal, una isla de Cuba para remediar
+los desastres de sus hijos?
+
+ISIDORA.--¡Ya!
+
+JOAQUÍN.--Me iré a la perla de las Antillas, como decimos por acá.
+¿Quieres ir conmigo?
+
+ISIDORA.--=(Reflexionando seriamente.)= Te diré...; ir contigo sería mi
+dicha. Yo te cuidaría si caías malo, y te desviaría de tus calaveradas,
+porque allá... Pero no puedo, no puedo salir de aquí. Tengo que estar a
+la mira de mi pleito. El abogado me ha dicho que lo ganaré si tengo
+paciencia. Ya se ha hecho lo que llaman la réplica, y luego que la
+señora presente su dúplica, vendrá la prueba... Ya ves, me voy enterando
+de estas cosas fastidiosas.
+
+JOAQUÍN.--Si lo ganaras... =(Afectando confianza.)= Yo creo...
+
+ISIDORA.--Es el principal móvil de mi vida. Cuando consiento en
+separarme de ti por pleitear, figúrate si es cosa de importancia.
+
+JOAQUÍN.--=(Con seriedad.)= Y yo lo comprendo... No debes salir de aquí.
+Cuando yo venga, ¡toma!, de seguro te encontraré en pacífica posesión de
+la casa de Aransis.
+
+ISIDORA.--¡Dios te oiga!... Yo también lo creo así.
+
+JOAQUÍN.--Es evidente... Nada, nada; es cosa hecha.
+
+ISIDORA.--Cosa clara. =(Se abrazan para comunicarse recíprocamente su
+confianza.)= ¿Y cuándo te vas?
+
+JOAQUÍN.--No lo sé. Dejaré pasar el verano. Papá y el ministro han
+hablado ya. Aunque en el Congreso se tiran a matar, allá, entre
+bastidores, son amigos y se sirven bien. Cuando papá era Director,
+servía a este señor en cuanto le pedía, y ahora para el Ministro no hay
+mejor recomendación que la de mi padre.
+
+ISIDORA.--=(Con mucho mimo.)= Pero yo siento que te vayas. ¿Por qué no
+tratas de remediarte aquí? ¿Por qué no trabajas en algo?
+
+JOAQUÍN.--¿Aquí? ¡Trabajar aquí!... Tú te has caído de un nido. En
+España no se recompensa el mérito. ¡Qué país! Es claro; yo trabajaría,
+yo me dedicaría a algo; pero ¿qué pasa? Los escritores, los artistas,
+los industriales y hasta los tenderos todos se mueren de hambre. Que
+trabaje el obispo. No hay más medio de ganar dinero aquí que metiéndose
+en negocios patrocinados por el Gobierno. Pídele datos de esto a tu
+señor Sánchez Botín. Es un genio.
+
+ISIDORA.--=(Con malignidad.)= Es un genio... inaguantable. Está muy hueco
+con el discurso que pronunció ayer. Es de..., de la Comisión. ¿No se
+dice así?
+
+JOAQUÍN.--De la Comisión, justo. Todavía no he leído su discurso. =
+(Incorpórase, y del bolsillo de su levita saca un diario.)= Es un hatajo
+de necedades soporíferas. Cuando hablaba, no había seis diputados en el
+salón, y de estos seis, cinco estaban dormidos. Todos los oradores
+versados en administración producen estos efectos de narcótico. Papá
+mismo, cuando habla de esto, es el puro beleño. Pero ayer era el único
+que logró estar despabilado durante la oración fúnebre--administrativa
+de Sánchez Botín.
+
+ISIDORA.--Pues él dice que apabulló a tu padre.
+
+JOAQUÍN.--¡Qué gracia! Verás. =(Amenaza leer.)=
+
+ISIDORA.--Por Dios, dejo eso.
+
+JOAQUÍN.--Oye qué admirable estilo. =(Lee.)= «Los señores que se sientan
+en esos bancos...».
+
+ISIDORA.--¡Por la Virgen Santísima!
+
+JOAQUÍN.--Si esto es muy divertido. =(Sigue leyendo.)= «... no quieren
+acabar de comprender que los que nos sentamos en estos bancos y la
+Comisión...».
+
+ISIDORA.--=(Arrebatando el papel de manos de Joaquín.)= Si tú le
+estuvieras oyendo a todas horas...
+
+JOAQUÍN.--Es un bruto que merecía el desprecio si no mereciera el
+presidio. Su discurso es el colmo de la sabiduría. Dice que en tiempo de
+papá eran mayores los escándalos y las irregularidades... Voy a contarte
+en dos palabras las gradas de Botín.
+
+ISIDORA.--=(Tristemente.)= ¿Será tarde? =(Hace un gorro con el periódico en
+que está el discurso de Botín.)=
+
+JOAQUÍN.--No, querida; es temprano.
+
+ISIDORA.--Paréceme que entra poca luz, que anochece...
+
+JOAQUÍN.--Es que se ha nublado.
+
+ISIDORA.--Mira el reloj.
+
+JOAQUÍN.--No me da la gana.
+
+ISIDORA.--¡Qué horas tan felices si no fueran tan cortas! =(Acaba el
+gorro de papel y se lo pone.)= ¿Qué tal?
+
+JOAQUÍN.--=(Dando su aprobación expresivamente.)= ¡Mona!... Pues te
+contaré las gracias de Botín.
+
+ISIDORA.--¡Ay! Esas gracias me han hecho llorar mucho. ¡Si él supiera
+las mías!...
+
+JOAQUÍN.--Hace unos quince años Sánchez Botín era un zascandil. Andaba
+por ahí con un gabán perenne y sucio; pero ya dejaba traslucir sus
+disposiciones para la intriga; adulaba a todo el mundo, y agenciaba
+cosas de poco valor en las oficinas. Empezó a levantar cabeza,
+trabajando elecciones por los pueblos del Alto Aragón. Hacía diabluras,
+resucitaba muertos, enterraba vivos, fabricaba listas, encantaba urnas.
+Después le colocaron en el Ministerio, y casó con la de Castroponce, que
+le aportó dos millones. Hízose diputado y gerente del ferrocarril de
+Albarracín. Aquí empiezan sus triunfos. Como tiene amistad con el
+ministro y allá se gobiernan bien los dos, hace lo que quiere. Figúrate,
+la ley autoriza a los Ayuntamientos para auxiliar a las Compañías de
+ferrocarriles con el 80 por 100 de sus bienes propios.
+
+ISIDORA.--=(Bostezando.)= ¡Qué cosas!
+
+JOAQUÍN.--Tú no entenderás esto. Yo tampoco. Ello es que hay un papel
+que se llama Inscripciones, el cual está en la Caja de Depósitos. Botín
+se arregla para sacarlo, da una pequeña parte al Ayuntamiento, y con el
+resto y la subvención van construyendo el ferrocarril sin adelantar una
+peseta. El Gobierno les da prórrogas.
+
+ISIDORA.--=(Cerrando dulcemente los ojos.)= ¡Qué picardía!
+
+JOAQUÍN.--=(Con verbosidad.)= Pero esta tostada, con ser un negocio
+inmoral, no es tan atroz como la que resulta de comprar por un pedazo de
+pan los abonarés de los soldados de Cuba, que llegan aquí muertos de
+miseria, enfermos y con un papel en el bolsillo. El Gobierno no puede
+pagarles; pero Botín ha reunido millones en esos abonarés, y el mejor
+día se los admite el Gobierno en pago de un empréstito... Pues en las
+subastas no te digo nada. Ahí es donde están las ricas tostadas. Él hace
+lo que quiere. Es un bajá administrativo, mejor dicho, un sultán que
+tiene las rentas públicas por serrallo. Se pone de acuerdo con el
+Gobierno, y redacta a su gusto el pliego de condiciones, de manera que
+no se puede presentar nadie... Pero ¿qué es eso?... =(Poniéndole la mano
+en la frente.)= ¿Isidora?... Se ha dormido... ¡Qué hermosa está! ¡Qué
+cuello y hombros tan admirables!... Pura escuela veneciana... ¡Isidora!
+
+ISIDORA.--=(Despertando.)= Me dormí arrullada por las gracias de Botín.
+¿Será tarde? Ahora sí que anochece.
+
+JOAQUÍN.--Es que es un chubasco, tonta. El cielo está negro.
+
+ISIDORA.--Es hora de marcharme. Mira el reloj.
+
+JOAQUÍN.--Para que te desengañes. =(Mira el reloj.)= ¿Ves? Todavía me
+debes una hora, según lo convenido.
+
+ISIDORA.--¡Una hora! =(Con pena.)= Sesenta minutos me separan de la
+presencia de ese bruto. No le puedo apartar de mi imaginación. Es una
+pesadilla que me atormenta noche y día. ¡Cuándo despertaré de ese
+hombre!... Me parece que le veo entrar esta noche como todas. «Buenas
+noches»--, buenas noches. «¿Dónde has estado? Tú has salido...». Aquí de
+mi talento para inventar cosas. Yo no he gustado nunca de decir
+mentiras; pero desde que vivo con él me he adiestrado de tal modo en
+ellas, que las suelto sin pensar; se me ha desarrollado un talento para
+mentir... Pues te diré. Entra él; como entienda que he salido sin su
+permiso. ¡María Santísima! Él gasta en mí su dinero a la calladita; y me
+compra cuanto apetezco con tal que no lo luzca, con tal que nadie me
+vea. Quiere que me ponga guapa para él solo. Basta que cualquier persona
+me mire para que él se enfade, porque cree que con los ojos se le roba
+algo de lo que tiene por suyo. No quiere que me dé a conocer en la
+calle, porque no gusta de escándalos, y se asusta de que esto se
+descubra. Dice que aquí no estamos en París, y que es preciso no chocar,
+no dar motivo a la murmuración, no faltar a las buenas apariencias
+sociales. Es un egoistón y un hipócrita... Lo primero que me encarga es
+que vaya a misa todos los domingos. Dice que conviene no dar mal ejemplo
+al pueblo. Cuando echa un discurso sobre los buenos principios, que son
+la base del orden social, me lo lee con entonación grave..., ¡si le
+oyeras!, y me dice con toda su alma: «Yo no puedo desmentir estas ideas.
+Conque mucho cuidado...». En teatros no hay que pensar. Alguna vez me
+permite ir de tapadillo, vestida de cualquier modo, y me hace subir a
+los anfiteatros. Ni aun allí me deja libre, porque le veo atisbándome
+desde las butacas y observando si miro o no miro, si hay moros por la
+costa, o algún hombre sospechoso cerca de mí... En fin, es un tipo
+insufrible. ¡Qué celoso, Dios mío! Si me ve asomada al balcón, ya se le
+figura no sé qué. ¡Ah!..., pues lo mejor es que a cada instante me está
+sacando a relucir su dinero. ¡Qué tonillo toma! =(Remedando voz de
+hombre.)= «Señora, yo me gasto con usted mi dinero, y usted ha de ser
+para mí...». ¡Para él! Él quisiera que yo fuera un vaso de agua para
+beberme de un trago. Quiere absorber mis miradas todas y empaparse en
+mis pensamientos.
+
+JOAQUÍN.--=(Con desprecio.)= ¡Zopenco!
+
+ISIDORA.--¡Y cuánto me hace padecer! Si me río, cree que me burlo de él;
+si estoy seria, dice que no le quiero y que estoy pensando en otro. Si
+me canso, me llama _fría_, _pedazo de mármol_. Me toma cuenta del
+respirar, y si doy un suspiro, ¡ay Dios mío!, ya está armada la
+tempestad. ¡Y cómo me agobia! No sabe lo que es delicadeza. A veces
+quiere tenerla, y sus melifluidades me dan asco. Menos me repugna bruto
+y celoso que enamorado. Mi tía Encamación dice que es el papamoscas de
+Burgos injertado en el bobo de Coria. Yo me río de él, no lo puedo
+remediar. =(Ríe.)= Cuidado que es feo, ¿no es verdad? No tiene más que la
+figura, que es medianilla, aunque ha engordado demasiado. ¿Has visto
+aquella cara apelmazada, que parece hecha en barro a puñetazos?
+
+JOAQUÍN.--Pues pocos habrá de más pretensiones. Dicen que en los escaños
+del Congreso está siempre mirándose el pie, porque lo tiene muy pequeño.
+La verdad es que otro más antipático no ha nacido...
+
+ISIDORA.--Cuando palidece se le pone la cara de un tinte ceniciento que
+causa horror. Si se quita las gafas sus ojos son tan feos, tan raros...
+Te digo que no se le puede mirar, porque los ojos parecen dos huevos
+duros, todos surcados de venillas rojas. Cuando el bigote se le
+desengoma y la barba negra y cana se le desordena, parece un escobillón
+inglés. =(Ríe.)= Las manos las tiene bonitas...; sin duda es de contar
+tantos billetes de Banco... Pues no digo nada de la gracia que me hace
+cuando se pone a echarme sermones, y a reírse de mi pleito y de mi
+nacimiento. Un día por poco le pego... Cuando está por moralizar, me
+dice que si me porto bien haré mi suerte con él; que hay muchos modos de
+ser honrada una mujer, y que yo puedo serlo todavía. =(Da un gran
+suspiro.)= «Si quieres llevar una buena vida, me dice, yo te protegeré.
+Te casarás con un criado mío, que es ni pintado para el caso. =(Con gran
+indignación.)= Y una vez que estés casada te daré un estanco». ¡Un
+estanco! =(Riendo con estrépito.)= Ese animal no sé qué se figura... Habla
+muy poco de su mujer. Dice que es un ángel; pero que se ha hecho muy
+mística, y que él, respetando mucho el misticismo, ha tenido que buscar
+fuera de su casa lo que en ella no encontraba... No tiene hijos. Una
+cosa me agrada de él... para que veas que todo no ha de ser malo...
+Quiere mucho a mi Joaquín, lo acaricia, le cuenta cuentos, lo pone a
+cabalgar sobre sus rodillas, le lleva dulces y juguetes... Esto sólo
+hace que le respete y le estime un poco, ya que no pueda de ningún modo
+quererle ni estimarle.
+
+JOAQUÍN.--Has hecho de él la gran pintura. No tiene delicadeza ni
+verdadera generosidad, porque lo que te da es para que realces tus
+atractivos y te ofrezcas más rica y sabrosa a sus insaciables
+apetitos... No comprendo estos caracteres. Me parece que son la escoria
+del género humano; me parecen hechos con algo puramente material y
+grosero que sobró después de hacemos a todos, y que pudo tal vez ser
+destinado a crear los animales. Pero la mente divina quiso formar la
+transición del hombre al bruto, y fabricó a Botín.
+
+ISIDORA.--=(Riendo.)= Es verdad, es verdad. Entre la palabra y el rebuzno,
+¿qué hay? Un discurso de Botín.
+
+JOAQUÍN.--¡Bravísimo!... Vamos, cuando me comparo con él... Permíteme
+que me alabe en presencia de ese bárbaro egoísta. Yo vivo de lo ideal,
+yo sueño, yo deliro y acato la belleza pura, yo tengo arrobos
+platónicos. En otro tiempo, ¿quién sabe lo que hubiera sido yo? Quizás
+un D. Juan Tenorio; quizás uno de esos grandes místicos que han escrito
+cosas tan sublimes... Ahora, ¿qué soy? Un desgraciado, por lo mismo que
+me estorba lo negro en cuestiones de positivismo. Y, sin embargo, yo me
+congratulo de ser como soy. Es verdad que falto a la moral, ¿pero por
+qué? Porque no he sabido poner freno a mi fantasía; porque no he podido
+cerrar y soldar mi corazón, vaso riquísimo que cuanto más se derrama,
+más se llena... He querido a muchas mujeres; he hecho mil disparates; he
+derrochado una fortuna. ¡Desventajas de la constante aspiración a lo
+infinito, de esta sed, Isidora, que no se satisface nunca! ¿Ves mis
+calaveradas? Pues nunca he sido verdaderamente vicioso. ¡Oh!, ¡quién
+hubiera sido poeta!... Derramando mi idealidad en versos, habría
+conservado mi ser moral. Pero nunca supe hacer una cuarteta, ni he
+sabido distinguir a Júpiter de Neptuno... ¿Ves cómo estoy? ¿Ves mi
+ruina? Pues mira, tengo la conciencia tranquila. No he despojado a
+nadie. Joaquín Pez pedirá limosna antes que comerciar con el hambre y la
+desnudez de un licenciado de Cuba. Yo no puedo ver en la calle un pobre
+sin echar mano al bolsillo; yo no puedo ver una mujer guapa sin
+prendarme de ella. =(Isidora le da un pellizco.)= ¡Ay! Será debilidad,
+será lo que quieras. Yo lo llamo _abundantia cordis_, opulencia del
+corazón. No lo puedo remediar. Soy como una pelota. La mano de la
+generosidad me arroja, y voy a estrellarme en la pared de la belleza...
+¿Ves lo de mi proyectado viaje a la Habana? Pues se me figura que
+volveré de allá tan pobre como estoy aquí. Yo no sirvo para esto. No soy
+como mi padre y mis hermanos, que saben Aritmética. Yo no la entiendo.
+Esa ciencia y yo... no nos hablamos hace tiempo... Yo la he despreciado,
+¡y ella se venga haciéndome unas perradas!...
+
+ISIDORA.--=(Con efusión de amor.)= Menos en lo de querer al por mayor,
+¡cuánto nos parecemos! Yo también veo lo infinito, yo también deliro, yo
+también sueño, yo también soy generosa, yo también quisiera tener un
+caudal de felicidad tan grande, que pudiera dar a todos y quedarme
+siempre muy rica... Mi ideal es ser rica, querer a uno solo y recrearme
+yo misma en la firmeza que le tenga. Mi ideal es que ese sea mi esposo,
+porque ninguna felicidad comprendo sin honradez. Riqueza, mucha riqueza;
+una montaña de dinero; luego otra montaña de honradez, y al mismo tiempo
+una montaña, una cordillera de amor legítimo...; eso es lo que quiero.
+¡Oh, Dios de mi vida! =(Llevándose las manos a la cabeza.)= ¿Llegará esto
+a ser verdad?
+
+JOAQUÍN.--¿Pues no ha de llegar a serlo?... Abrázame fuerte.
+
+ISIDORA.--Ahora sí que es tarde. =(Alarmándose.)= Me voy, me voy.
+
+JOAQUÍN.--Todavía...
+
+ISIDORA.--Sí, ya han encendido el gas. =(Mira al techo.)= Mira los dibujos
+que hacen en el techo la sombra de los árboles de la calle y el
+resplandor de los faroles.
+
+JOAQUÍN.--Sí. Sonó la hora triste. Y ahora, ¿qué día...?
+
+ISIDORA.--¡Ay!, tontín, ¿sabes que no lo puedo decir? =(Arreglándose
+aprisa.)= Se me figura que nuestro dragón está receloso. Me vigila mucho.
+Tengo la seguridad de que sospecha algo. El mejor día descubre mis
+gracias...
+
+JOAQUÍN.--No lo creas...
+
+ISIDORA.--¡Ah!, es muy tuno... Sí, yo creo que nos sigue la pista. Estoy
+viendo que cualquier día regañamos, y le mando a paseo. Sin ir más
+lejos, mañana habrá cuestión. ¿No es mañana San Isidro?
+
+JOAQUÍN.--Sí.
+
+ISIDORA.--Pues yo deseo ir a la pradera y ver la romería, que nunca he
+visto, y él se empeña en que no he de ir... Allá veremos. ¡Dios de mi
+vida, qué tarde!
+
+JOAQUÍN.--¿Y cuándo te veré?
+
+ISIDORA.--Te avisaré con mi padrino, =(Despídense con manifestaciones de
+ardiente cariño.)=
+
+JOAQUÍN.--Abur, chiquilla.
+
+ISIDORA.--_Riquín_, adiós. =(Al salir.)= No me olvides.
+
+JOAQUÍN.--=(Solo.)= ¡Bendita sea ella! Vale infinitamente más que yo.
+
+
+
+
+Capítulo VII
+
+Flamenca Cytherea
+
+
+La unión nefanda de estos dos vocablos, bárbaro el uno, helénico el
+otro, merece la execración universal; pero no importa. Adelante.
+
+Contraviniendo la voluntad y las amonestaciones claras del Excmo. Sr.
+(tenía la Gran Cruz) D. Alejandro Sánchez Botín, Isidora fue a la
+pradera de San Isidro, acompañada de su doncella, de _Riquín_, de D.
+José de Relimpio y de Mariano. La prisionera del Sátiro no podía
+resistir ya el anhelo de expansión, de correr libremente, de ser dueña
+de sí misma un día entero, y, principalmente de darse el gusto de la
+desobediencia. Haciéndole rabiar gozaba más que divirtiéndose ella. Ya
+se aplacaría el tirano, pronunciando un par de buenos sermones, y si no
+se aplacaba, mejor. Estaba cansada de tan grande y molesto estafermo, y
+bien podía suceder que no haciendo caso de sus insufribles exigencias
+llegase a dominarle y someterle. Para fundar este imperio convenía un
+golpe de Estado.
+
+Entre su doncella y la peinadora la vistieron de chula rica. Aquella
+mañanita de San Isidro, mientras duró el atavío chulesco, todo era
+regocijo en la casa, todo risas y alegrías. Don José andaba a gatas
+sirviendo de caballo a _Riquín_, ya vestido desde el amanecer de Dios, y
+Mariano cantaba en la cocina rasgueando una guitarra. El vestirse de
+mujer de pueblo, lejos de ofender el orgullo de Isidora, encajaba bien
+dentro de él, porque era en verdad cosa bonita y graciosa que una gran
+dama tuviera el antojo de disfrazarse para presenciar más a su gusto las
+fiestas y divertimientos del pueblo. En varias novelas de malos y de
+buenos autores había visto Isidora caprichos semejantes, y también en
+una célebre zarzuela y en una ópera. Si esto pensaba cuando la doncella
+y peinadora la estaban vistiendo, luego que se vio totalmente ataviada y
+pudo contemplarse entera en el gran espejo del armario de luna, quedó
+prendada de sí misma, se miró absorta y se embebeció mirándose, ¡tan
+atrozmente guapa estaba! El peinado era una obra maestra, gran sinfonía
+de cabellos, y sus hermosos ojos brillaban al amparo de la frente
+rameada de sortijillas, como los polluelos del sol anidados en una nube.
+No le faltaba nada, ni el mantón de Manila, ni el pañuelo de seda en la
+cabeza, empingorotado como una graciosa mitra, ni el vestido negro de
+gran cola y alto por delante para mostrar un calzado maravilloso, ni los
+ricos anillos, entre los cuales descollaba la indispensable haba de mar.
+En medio de Madrid surgía, como un esfuerzo de la Naturaleza que a
+muchos parecería aberración del arte de la forma, la Venus flamenca. Don
+José estaba medio lelo, y si fuera poeta no dejara de cantar en sáficos
+la novísima encarnación de la huéspeda de Gnido y Pafos.
+
+Salieron gozosos, acomodándose en una carretela que alquiló Isidora...,
+y a vivir. Llegaron a la pradera. Isidora sentía un regocijo febril y
+salvaje. Todo le llamaba la atención, todo era un motivo de grata
+sorpresa, de asombro y de risa. Su alma revoloteaba en el espacio libre
+de la alegría, cual mariposa acabada de nacer. Almorzaron en un
+ventorrillo. Nunca había comido Isidora cosas tan ricas. ¡Cuánto rieron
+viendo cómo se atracaba Mariano! Don José compró dos pitos, uno para
+_Riquín_ y otro para él, y ambos estuvieron pita que te pitarás todo el
+santo día. Si hubieran dejado a Isidora hacer su gusto, habría comprado
+lo menos dos docenas de botijos, uno de cada forma. Pero no compró más
+que cuatro. De todas las fruslerías hizo acopio, y los bolsillos de la
+pandilla llenáronse de avellanas, piñones, garbanzos torrados,
+pastelillos y cuanto Dios y la tía Javiera criaron. Nunca como entonces
+le saltó el dinero en el bolsillo y le escoció en las manos, pidiéndole,
+por extraño modo, que lo gastase. Lo gastaba a manos llenas, y si
+hubiera llevado mil duros, los habría liquidado también. A los pobres
+sin número les daba lo que salía en la mano. A todos los cojos,
+estropeados, seres contrahechos y lastimosos, les arrojaba una moneda.
+Por último, se le antojó también pitar, y compró el más largo, el más
+floreado y sonoro de los pitos posibles. Mariano y la doncella también
+pitaron.
+
+Visitó la ermita y el cementerio, y por último, no queriendo acabar el
+día sin experimentar todas las emociones que ofrecía la pradera, visitó
+una por una las innobles instalaciones donde se encierran fenómenos para
+asombro de los paletos; vio la mujer con barbas, la giganta, la enana,
+el cordero con seis patas, las serpientes, _os ratas tigres provenientes
+do Japao_, y otras mil rarezas y prodigios. Por dondequiera que pasaba,
+recibía una ovación. Preguntaban todos quién era, y oía una algarabía
+infinita de requiebros, flores, atrevimientos y galanterías, desde la
+más fina a la más grosera. Cuando se retiró estaba embriagada de todo
+menos de vino, porque apenas lo probara, embriagada de luz, de ruido, de
+placer, de sorpresa, de polvo, de gentío, de pitazos, de coches, de ayes
+de mendigos, de pregones, de blasfemias, de vanidad, de agua del Santo.
+Cuando llegó a su casa le dolía la cabeza; acordose entonces de Botín, a
+quien de seguro encontraría, esperándola airado, y entonces cayó un velo
+negro sobre sus alegrías. Se volvieron obscuras, y andaban dentro de
+ella azoradas, corriéndosele del corazón a los labios y dejándole un
+sabor amargo en todas las partes de su ser por donde pasaban.
+
+Al subir la escalera, despacio, se representaba en la mente, según su
+costumbre, lo que le había de decir Botín y lo que ella había de
+contestarle. Decididamente le pondría cara de perro; él echaría su
+sermón de costumbre sobre el escándalo, y después se aplacaría. Llegaron
+jadeantes al piso segundo. Don José, que cargaba a _Riquín_ dormido, iba
+detrás pitando todavía.
+
+Entró en la sala y vio luz en el gabinete. Allí estaba sin duda. Pasó
+adelante y le halló sentado en una butaca fumando. Desde la primera
+mirada comprendió Isidora que la gresca sería fenomenal. Botín (a quien
+no describiremos porque Isidora misma lo ha descrito) estaba pálido, con
+cierta hinchazón en las serosidades de su cara lobulosa. Isidora afectó
+indiferencia, dejándose caer en el sillón con la pesadez propia de su
+cansancio. Como entraron también irreflexivamente Relimpio y Mariano,
+Botín hizo un gesto de expulsión, diciendo: «No quiero aquí a nadie».
+
+«Con permiso...»--balbució D. José.
+
+Quedáronse solos los dos amantes. Isidora, viéndose en el trance de
+hacer frente a la tempestad y aun de provocarla, ofreció el pito a
+Botín, diciéndole con sorna:
+
+«Te he feriado. Toma el pito del Santo».
+
+Botín rompió en dos pedazos el tubo de vidrio y lo arrojó al suelo con
+ira.
+
+«Todo ese furor es porque he ido a San Isidro sin tu permiso».
+
+Botín vacilaba. En su alma luchaban la ira y el asombro, o más bien la
+pasión que despertaba en él la traza chulesca de Isidora. Fuertes
+razones había sin duda para que venciera la cólera.
+
+«Mucho me enfada--dijo con cierta gravedad parlamentaria--que haya usted
+ido sin mi permiso a la romería. Pero hubiera perdonado fácilmente esa
+falta. Otras no se pueden perdonar... Estoy aquí desde las cuatro
+esparándola a usted para decirle que se porta conmigo de una manera
+infame».
+
+Isidora palideció. Subiendo la escalera había previsto la disputa; pero
+en esta resultaba una espantable cosa que ella no había previsto.
+
+«De una manera infame--repitió Sánchez Botín--. Acabemos. Me gustan las
+cosas claras y los juicios rápidos. ¿Dónde están los pendientes de
+tornillo?
+
+--Aquí están--dijo Isidora llevándose la mano a la oreja.
+
+--¡Mentira! Esos son falsos. Los buenos los ha vendido usted... ¿Y el
+alfiler, la cadena, el medallón...?
+
+--Esas prendas son mías y puedo disponer de ellas a mi gusto--dijo
+Isidora prontamente, dueña ya de sí misma.
+
+--Las ha empeñado usted.
+
+--Las he _pignorado_--replicó ella con aplomo y burla--, como dicen
+ustedes los hombres de negocios.
+
+--Sé por el tapicero que no ha pagado usted las sillas. Y sin embargo...
+
+--Usted me dio el dinero. Yo preferí emplearlo en otra cosa».
+
+Al decir esto Isidora se puso muy encarnada. Su lengua estaba torpe.
+
+«Se turba usted...
+
+--No me turbo, no»--dijo ella subiéndose de un salto a la cúspide de su
+orgullo y contemplando desde allí la cólera mezquina de Botín.
+
+Durante la pausa lúgubre que siguió a esta última frase, Isidora
+revolvió su mente hacia el origen de aquella escena; consideró con
+vergüenza y despecho que su infidelidad había sido descubierta, y pasó
+revista a las circunstancias que pudieron haber motivado el tal
+descubrimiento. ¡Ah!, las indiscreciones de Joaquín Pez, la falta de
+prudencia... Bien conocía ella que el viudito no era hombre para guardar
+secretos. Sin duda otras mujeres andaban en aquel torpe lío... Pensó en
+las prenderas, en las peinadoras, en los chismes y enredos que forman
+invisible tela de araña en torno de toda existencia equívoca e inmoral;
+y la ignominia de un hecho tan poco noble abatió por un instante el
+orgullo de su alma.
+
+«Hace usted un bonito uso de mi dinero»--dijo Botín.
+
+Isidora iba a contestar lo siguiente: «¿Y para qué me lo da usted?».
+Pero su conciencia se alborotó, y sintiose llena de perplejidad, que
+nacía del fiero tumulto y combate en que estaban dentro de ella la
+cólera, los remordimientos, el orgullo. Buscaba una salida pronta,
+enérgica, que cortase la disputa, dejando a un lado la cuestión moral.
+Encontrola en estas palabras:
+
+«Usted me es muy antipático. Déjeme usted en paz.
+
+--¡Y tiene el atrevimiento de despedirme!--exclamó Botín con sarcasmo--.
+Usted que estaba muerta de miseria cuando yo...».
+
+Isidora sentía que venían llamas a su lengua. No pudo contenerse, y
+abrasó a Botín con estas palabras:
+
+«Su dinero de usted no basta a pagarme... Valgo yo infinitamente
+más...».
+
+Botín, cubriéndose con su calma egoísta y dando a la disputa un giro
+tranquilo, que era como los círculos que hace la serpiente, dijo así:
+
+«No quiero incomodarme. Veremos quién desaloja... Isidora, he sabido
+todo lo que ha pasado. No hay que fiarse de precauciones... Esto se
+acabó... Usted se lo ha ganado... Usted pierde más que yo.
+
+--Me está usted mareando. Déjeme usted en paz.
+
+--A eso voy, a dejar a usted en paz. A ver, a ver, las alhajas, todas
+las alhajas que he dado a usted y que no estén... pignoradas, váyamelas
+usted entregando».
+
+Isidora se quitó con nerviosa presteza las sortijas; sacó de una cajita
+varios objetos de oro, y todo lo tiró a los pies de Botín.
+
+«Bien, bien--dijo el padre de la patria, no desdeñándose de inclinarse
+para recoger lo que estaba por el suelo--. Ahora quítese usted el mantón
+de Manila».
+
+Isidora se lo quitó, y haciéndolo como un lío se lo tiró a la cara.
+
+«¿Quiere usted que le entregue todos mis vestidos?
+
+--No es preciso que me los entregue usted--replicó Botín con calma
+feroz--. Yo me haré cargo de ellos. Quítese usted el que lleva puesto».
+
+Bien pronto la Cytherea se quedó en enaguas.
+
+«Es lástima que no se lleve usted también mis botas--dijo Isidora
+sentándose y apoderándose con verdadera furia de uno de sus pies para
+descalzarlo--. Llévelas usted para que las use su señora».
+
+Y se quitó una bota.
+
+«No, no tanto--dijo Botín--; conserve usted su calzado».
+
+Isidora dio algunos pasos cojos con un pie calzado y otro no, y entrando
+en su alcoba se puso otras botas.
+
+En aquel instante, Botín tuvo que dar a su pasión una nueva batalla;
+pero el caso era tan grave, que la dignidad llevó la mejor parte. Apartó
+los ojos de la despojada imagen que delante tenía, y para verla lo menos
+posible, levantose, y con atención de prendero avaro, abrió el armario
+de luna y las gavetas de la cómoda, entró en la alcoba, registró todo
+como un curial que embarga o inventaría. Isidora en tanto arrojaba las
+preciosas botas en medio del gabinete, y después hacía lo mismo con su
+peineta.
+
+«Bien--dijo Botín, sentándose otra vez y mirándose su pie pequeño como
+hacía en el Congreso--. Ahora póngase usted el vestidito que usaba
+cuando iba a rezar a la iglesia con tanta devoción.
+
+--Lo he dado. Yo no guardo pingos».
+
+Botín volvió a la alcoba. Tomó de una percha una bata, y ofreciéndola a
+Isidora con imperturbable frialdad, le dijo: «Póngase usted este».
+
+Volvió la cara para no verla, para no ver las lágrimas gruesas que
+corrían por las mejillas de Isidora, lava de su orgullo que como
+ardiente volcán bramaba en su pecho.
+
+Sin decir nada, vistiose ella. Botín tomó entonces un tonillo
+conciliatorio. No era todo lo fiera que es necesario ser para habitar en
+medio de los bosques. Tenía algo de hombre, si bien nada de caballero.
+
+«Puede usted disponer de toda la ropa blanca--murmuró--. Mande usted por
+ella mañana.
+
+--No quiero nada--replicó Isidora, bebiéndose sus lágrimas de fuego,
+pálida, trémula. Y andando hacia la puerta tuvo una inspiración de
+drama; se volvió a él, le echó rodadas de desprecio por los ojos y le
+dijo: «Soy la vengadora de los licenciados de Cuba».
+
+Botín se sonreía como un demonio que ha ganado un alma.
+
+«Gozo, gozo con haber ultrajado a un hombre como usted.
+
+--Todavía--dijo Botín haciendo esfuerzos para reír, y golpeándose con el
+bastón el pie bonito--, todavía tiene usted algo que agradecerme. Puede
+usted llevarse todo lo del niño.
+
+--Mi hijo no necesita nada».
+
+Isidora corrió hacia adentro. En la cocina, Mariano dormía, reclinado
+sobre la mesa. En el comedor, D. José y la doncella asistían a _Riquín_,
+que había vomitado, y reclinando su hermosa cabeza grande sobre el
+hombro de Relimpio, se quejaba con agitada somnolencia.
+
+«Le ha hecho daño la comida--dijo el tenedor de libros.
+
+--Tiene algo de calentura»--indicó la doncella, tocándole las mejillas.
+
+Isidora le examinó. Sus lágrimas volvieron a correr
+
+«Don José--dijo resuelta--. Cargue usted a _Riquín_. Envolvedlo bien en
+un mantón. Nos vamos ahora mismo.
+
+--¡Ahora!»--exclamó D. José con espanto.
+
+En la puerta del comedor apareció Botín. Después se paseó en el pasillo.
+Si Isidora estuviera fuerte en Mitología, le habría comparado al
+Minotauro vagando por las obscuras galerías del laberinto de Creta.
+Volvió la bestia al gabinete, y desde allí llamó con voz fuerte:
+«¡Isidora, Isidora!». Y viendo que esta no acudía, salió otra vez al
+pasillo y dijo en tono más humanitario:
+
+«No llevemos las cosas hasta el último extremo. _Riquín_ está malo.
+Puedes quedarte aquí hasta mañana».
+
+Pero Isidora iba y venía recogiendo algunas cosas _enteramente suyas_.
+
+«Quédate, mujer, quédate hasta mañana».
+
+Entró ella en la alcoba. Botín se paseaba con lento andar en el
+gabinete.
+
+«Vamos, vamos, no seas terca. No te perdono; pero te doy respiro hasta
+mañana. Además...».
+
+La miró atentamente, mientras ella revolvía en la cómoda. La miró
+embelesado, ¿a qué negarlo?, y algo confuso le dijo:
+
+«Y mañana podrás llevarte todos tus vestidos».
+
+Isidora no le contestó, ni le miró siquiera. Pero él seguía dando
+paseos. Estaba nervioso, incomodado consigo mismo. Mitológicamente
+hablando, se mordía su propia cola.
+
+«Estas mujeres locas--murmuró gruñendo--, si comprendieran su interés;
+si supieran apreciar lo que valen las relaciones con una persona
+decente... Isidora, aguarda, oye la voz de un amigo. Vuelve en ti,
+reflexiona, acuérdate de lo que muchas veces te he dicho. ¿Por qué no
+has de entrar en una vida ordenada? Yo estoy dispuesto a auxiliarte,
+proporcionándote un estanco...».
+
+Isidora salió sin concederle ni una mirada. Él fue tras ella. Desde la
+sala repitió en voz alta:
+
+«Puedes contar con el estanco...».
+
+No recibió contestación. De repente oyó el golpe de la puerta cerrándose
+con violencia. Todos, menos la doncella, habían salido.
+
+
+
+
+Capítulo VIII
+
+Entreacto en la calle de los Abades
+
+
+=--I--=
+
+«¿A dónde vamos?--preguntó Isidora cuando salieron a la calle.
+
+--¡Qué pregunta!... A mi casa--replicó don José, estrechando a _Riquín_
+entre sus brazos con ardiente cariño--. Abades, 40. No parece sino que
+hemos de quedarnos en la calle. No te apures, hija; de menos nos hizo
+Dios. En casa no te faltará nada. Melchor la ha puesto muy guapamente».
+
+Y en medio de la turbación que el repentino desalojamiento le producía,
+D. José sintió íntimo gozo al considerarse protector de su ahijada, al
+sentirla tan cerca de sí, sometida a su generoso amparo. Siempre que
+hacía algo en beneficio de ella, el pobre señor se crecía y se hinchaba;
+que hay muchas especies de orgullo. Iban silenciosamente por la calle,
+él delante, ella detrás, porque la estrechez de las aceras no les
+permitía caminar juntos.
+
+Cuando llegaron, Melchor estaba en casa. Había hecho de la sala despacho
+y oficina, y trabajaba en ella, a la luz de una lámpara con pantalla
+verde que derramaba un círculo de claridad sobre la mesa. Un hombre
+acompañaba a Melchor, trabajando con él en la misma mesa. Del cerebro
+del hombre descendía al pupitre una invisible corriente de cálculos que
+al tocar el papel se condensaba en números, como al influjo de la helada
+la humedad de la atmósfera cristaliza sobre el suelo. Melchor se levantó
+un momento para recibir a Isidora, enterarse de lo ocurrido y ofrecerle
+su casa. Después se volvió a sentar, y requiriendo la benéfica pluma,
+entonces consagrada a la humanidad doliente, siguió su trabajo.
+
+Rápida ojeada bastó a Isidora para observar a Melchor, que
+definitivamente se había dejado toda la barba y tenía un aspecto muy
+vistoso, aunque nunca simpático; para observar también al hombre de los
+números, que la miró con cierto azoramiento de bestia taurina al
+hallarse en medio del redondel. Vio también la desamparada sala con su
+estante, formando como nichos de cementerio, donde yacían ordenados
+papeles. Un plano de Madrid acompañaba al de la Península. Hacían ambos
+el papel emblemático de los planos de minas o ferrocarriles en las
+oficinas de explotación. Prospectos de cuatro tintas en que se pintaban
+figuras altamente conmovedoras, con Hermanas de la Caridad conduciendo
+mendigos al Asilo; el frontón mismo del Asilo ideal con columnas griegas
+y un sol con la insignia triangular de Jehová, difundían por toda la
+sala la idea de que allí se trabajaba para aliviar la suerte de los
+menesterosos. Las palabras _Rifas_, _Grandes rifas_, _Tres sorteos
+mensuales_, _seis millones_, impresas en colores, revoloteaban por las
+paredes cual bandadas de pájaros tropicales; y como el papel en que
+aquellas campeaban era de ramos verdes, la fantasía loca de Isidora no
+había de esforzarse mucho para hacer de aquel recinto una especie de
+selva americana alumbrada por la luna. Después vio el resto de la casa,
+que era de construcción reciente, mas con tan sórdido aprovechamiento
+del terreno, que más parecía madriguera que humana vivienda. Don José
+destinó a Isidora su propio cuarto, por no haber otro mejor en la casa,
+y al punto se ocupó en desalojarle. Él se iría al aposento de la
+muchacha y la muchacha dormiría Dios sabe dónde. Era interior el cuarto,
+y tan vasto, que a Isidora le pareció un sepulcro. Don José iba y venía
+cargando trastos, y cuando estuvo instalada la cama y acostaron en ella
+a _Riquín_, díjole Isidora:
+
+«Vaya usted a buscar a Miquis, que ahora, para acabar de arreglar la
+habitación, la muchacha y yo nos entenderemos».
+
+La muchacha era una alcarreña de esas que acababan de llegar al mercado
+de criadas, y traía frescas la rudeza del pueblo, la suciedad, la
+torpeza de manos y de cabeza. Todo lo hacía al revés. Tenía buena
+voluntad, pero un aliento insoportable. Sus ropas parecían no haberse
+desprendido de su rechoncho cuerpo desde que nació, y sus greñas mal
+peinadas, de color de barbas de maíz, despedían un olor a pomada de
+baratillo, más desagradable que su aliento. Isidora sentía hacia ella
+repulsión invencible; no la podía mirar, no la podía tocar, y al
+sentirla cerca, se estremecía de horror. Antes moriría de hambre que
+comer cosa guisada por ella. Lo primero que Isidora echaba de menos era
+su doncella, Agustina, tan aseada, tan lista, tan ligera, tan señorita.
+«No, no--exclamó la joven con angustia--. Yo no nací para pobre, yo no
+puedo ser pobre».
+
+Dios la amparó en aquella noche de prueba, porque al poco rato de haber
+lanzado la exclamación dolorosa, salida de lo más vivo de sus entrañas,
+llegó su cara doncella. Traía en un gran lío toda la ropa de _Riquín_ y
+algo de la del ama.
+
+«La fiera--dijo--me mandó sacar todo esto. Está bramando. ¡Ay señorita!,
+si usted le dice dos palabras al salir, hay reconciliación... Yo lo
+siento. Está arrepentido de su barbaridad. Yo quería traer más; pero no
+me dejó. Mañana llamará a las prenderas... ¡Ay! ¡Qué lástima! ¡Qué
+riqueza hay allí!».
+
+Agustina se ofreció a seguir a su servicio, e Isidora lo aceptó con
+gozo, aunque no tenía en sus bolsillos una sola moneda. ¡Terrible
+contradicción! Ella no podía ser pobre, y sin embargo lo era.
+
+Ocupándose de arreglar la habitación y de procurarse algunas
+comodidades, ¡cuántas cosas echaban de menos!... Empezaron a nombrar
+esto y lo otro. Tal cosa había quedado en la tercera gaveta de la
+cómoda; tal otra en el armario de luna... Pero ya no había remedio. Por
+cada objeto que no tenía, Isidora echaba a volar media docena de
+suspiros, encargados de transmitir su desconsuelo a las insondables
+esferas de lo pasado.
+
+_Riquín_ parecía mejor. Dormía tranquilamente, y su respiración fácil
+sonaba como el eco de músicas serafinescas tañidas a la parte allá de lo
+visible.
+
+Miquis y D. José tardaban. Isidora pasó a la sala porque Melchor le
+había dicho que tenía que hablarle. Era para ampliar sus ofrecimientos.
+Podía disponer de toda la casa si gustaba. Si era necesario llamar algún
+médico afamado, que lo llamaran al momento, y de cuenta de él, del
+benéfico y filantrópico Melchor, corrían los gastos de botica. Lo
+principal era que ella se tranquilizase, que no tomara el cielo con las
+manos, pues estaba en casa de parientes que la querían de veras y donde
+nada la faltaría... En tanto el hombre corpulento que hacía números no
+quitaba del rostro de Isidora sus ojos, y parecía pasmado, fascinado por
+religiosa o mitológica visión.
+
+Como el gran Relimpio hablara entonces de médicos y ensalzase a Miquis,
+el hombrazo dijo:
+
+«¡Ah Miquis!... Ese todo lo cura con agua fría. Le conozco mucho. Asiste
+a mi hermana Rafaela, la mujer de Alonso, el conserje de la casa de
+Aransis».
+
+Isidora no esperaba oír citar su casa ilustre, y se inmutó un poco. Sin
+dejar de mirarla, el hombrón prosiguió así:
+
+«Y ahora que nombro a la casa de Aransis, me parece... ¡Ah!, bien decía
+yo. Ya me acuerdo. Un día..., hace años, estaba yo con mi hermana en el
+portal del palacio y salieron usted, Miquis y otro sujeto. Eso es...
+Bien decía yo que no era la primera vez... Después he tratado mucho a
+Miquis. Es simpático. Como él tiene instrucción y yo... algo entiendo de
+ciertas cosas, discutimos sobre la cuestión _A_ o la cuestión _B_. Yo le
+aprieto de firme y él se defiende con retóricas...
+
+--Vamos, vamos a concluir esto--dijo Melchor con impaciencia--. Tenemos
+que de los veinticuatro mil billetes quedan sin vender y a beneficio de
+la Administración seis mil quinientos...».
+
+Isidora no oyó más, porque llegaron Miquis y D. José. El médico venía de
+frac, que se alcanzaba a ver bajo un ligero abrigo. Iba a un sarao de
+cierta casa de tono. Precursoras y compañeras de su fama eran las
+relaciones, y la entrada que iba teniendo en los más escogidos círculos
+de la sociedad.
+
+Examinado _Riquín_, le recetó un calomelano. Era cosa ligera, una
+indigestión, y probablemente al venidero día estaría como si tal cosa.
+Hablando después con Isidora del suceso de aquella noche, le dijo así:
+
+«Siento ese percance, porque no hallarás otra fiera como esa. No hay dos
+Botines en el mundo. Si los hubiera, ¿dónde estaría ya nuestra querida
+patria? Desde Pirene a Calpe habría sido devorada, y todos los españoles
+nos agitaríamos en una cárcel de tela, ¡ay!, en los bolsillos de ese
+afanador de naciones... ¡Tonta, si hubieras sabido aprovecharte!... Pero
+tú no haces números, y en esta época el que no hace números está
+perdido.
+
+--Déjame a mí de números. ¿A dónde vas ahora?».
+
+El frac le cautivaba, y ya se estaba ella figurando en su mente los
+brillantes salones en que iba a entrar Augusto dentro de poco, la mesa
+riquísima en que se sentaría y las personas cultas y elegantes con
+quienes había de estar en roce familiar y discreto gran parte de la
+noche. Era esta la clase de imaginaciones que más fácilmente se moldeaba
+en su cerebro. Miquis lo conocía y le pasaba la miel por los labios,
+contándole cosas estupendas, algunas de ellas falsas, y describiéndole
+aquellos apartados mundos donde ella no podía penetrar sino con la
+fantasía, mejor aún, con su ferviente anhelo.
+
+«Hace pocas noches--le dijo--comí en casa de la duquesa con tu Pez.
+Parece que se va a nadar a la Habana, porque aquí se queda en seco. Le
+han escamado los usureros. ¿Sabes que me da lástima? Es lo que llaman un
+buen muchacho, servicial, amable, cariñoso, débil, y que no hace daño a
+nadie más que a sí mismo».
+
+Isidora, turbada y nerviosa, varió la conversación y fingió ganas de
+reír.
+
+«¡Ah!, me han dicho que te casas. ¿Es verdad?
+
+--Eso dicen, sí. Y cuando el río suena, boda lleva.
+
+--¿Con la del notario?
+
+--Con la de Muñoz y Nones.
+
+--Bien sabes tú arrimarte a buen árbol. Es rica.
+
+--Te juro que no me ha movido la riqueza. Desprecio las pompas y
+vanidades del mundo. Me caso por amor, por puro amor del corazón. Esto
+no lo hacemos ya más que los pastores y yo...
+
+--¿Y es bonita?
+
+--Para mí no hay otra que se le iguale.
+
+--«Mejorando lo presente», se dice.
+
+--Y sin mejorarlo, vamos. Antes que todo es mi dama.
+
+--¿Por qué no dices a tu suegro dos palabritas acerca de mi pleito? Va a
+declarar como testigo. Además es el notario de la casa de Aransis.
+
+--¡Culebra! Quieres corromper al ave fénix de los notarios.
+
+--No, no. Es justicia. Yo le pido que no se deje corromper por los de
+Aransis. Con eso me basta.
+
+--No conoces a mi presunto suegro. Con decirte que él, por sí solo,
+desmiente y hace olvidar la mala fama que en todos tiempos han tenido
+los señores de pluma y sello... Muñoz y Nones ofrece a la admiración de
+la humanidad el siguiente fenómeno: es un hombre que ha hecho una
+fortuna con su honradez, fortuna no muy grande, se entiende, como
+corresponde a la materia de que está hecha. Mi suegro desacredita y
+niega mil cosas convencionales y rutinarias. Desde Quevedo acá, se ha
+tenido por corriente que los escribanos sean rapaces, taimados, venales
+y, por añadidura, feos como demonios, zanquilargos, flacos, largos de
+nariz y de uñas, sucios y mal educados. Este tipo amanerado ha
+desaparecido, y en prueba de ello ahí tienes a mi suegro, que es
+honrado, franco, liberal, y además guapo, simpático, amabilísimo y de
+agradable trato. En estos tiempos de renovación social las figuras
+antiguas fenecieron, y no hay ya un determinado modelo personal para
+cada arte o profesión Así verás hoy un juez de primera instancia que
+parece un Guardia de Corps; verás un barítono que parece un alcalde de
+Casa y Corte; verás marinos que parecen oidores, y hasta podrás ver un
+filósofo que se confundiría con un canónigo. Dígolo porque Muñoz y Nones
+parece un diplomático. Tiene inclinaciones de gran señor y hábitos de
+_sportman_. ¡Lástima que no haya abierto nunca más libro que la _Ley de
+Enjuiciamiento civil_! Por lo demás, en la honradez es un lince, y tiene
+por este concepto casi tanta fama como la que otros tienen por pillos.
+Es costumbre en nuestra edad suponer y afirmar que no hay por todas
+partes sino malos acciones, egoísmo y rapacidad. ¡Error, disparate! El
+mundo se pudriría si le faltase en un momento el desinfectante de la
+virtud, cuya acción enérgica se nota en todas partes, en las más altas
+así como en las más bajas esferas... Conque me voy, porque te estoy
+aburriendo...
+
+--Quedamos en que recomendarás a tu suegro mi pleito.
+
+--Quedamos en que es inútil.
+
+--Bobalicón.
+
+--Serpiente de cascabel, abur».
+
+
+=--II--=
+
+Después que se fue Miquis entró Mariano, que buscaba a su hermana para
+que le proveyese de fondos. Tan lejos estaba de encontrar allí a su
+maestro, que al verle se desconcertó, porque hacía una semana que no
+aparecía por el taller. Levantose contra él una tempestad de censuras.
+Increpole su hermana por su mala conducta, hizo Juan Bou consideraciones
+morales, Melchor le llamó vago, pillete y predestinado al presidio, y
+hasta su amigo y compañero de café, Relimpio, promulgó sobre la vagancia
+los conceptos más severos. Anonadado, y sin valor para pedir a su
+hermana dinero, Mariano se retiró a un banco de palo que en el estrecho
+recinto había, y allí permaneció larguísimo rato solo, callado, hecho un
+ovillo, meditando sobre una sola idea, ya mil veces apurada, como un
+perro que roe y voltea un solo hueso después de haberle quitado hasta la
+última hilacha de carne.
+
+El afán de goces, el apetito y sed ardiente de satisfacciones materiales
+que tan grande parte tenían en el ser moral de Mariano, y que habían de
+tenerla mayor cuando fuera hombre formado, se objetivaban, valga la
+palabra, en el hijo de D. José Relimpio. Aquellas pasiones vagas siempre
+cristalizan, por decirlo así, en envidia, que es unipersonal y
+antropomórfica.
+
+Mariano, arrinconado en el recibimiento, y oyendo desde allí el rasguear
+de las plumas que en la sala hacían tan lucrativos números, se
+preguntaba por qué razón tenía el señorito Melchor sombrero de copa y él
+no; por qué motivo el señorito Melchor vestía bien y él andaba de blusa;
+por qué causa el señorito Melchor comía en los cafés, galanteaba
+bailarinas, fumaba buenos puros y paseaba con caballeros, mientras él,
+el pobre _Pecado_, comía y fumaba casi como los mendigos, y tenía por
+amigos a otros tan pobres y desgraciados como él. La soledad en que
+vivía le despabiló antes de tiempo. Su precocidad para comparar y hacer
+cálculos, no era común en los chicos amparados por padres o parientes
+cariñosos. Porque el abandono y el vivir entregado a sí propio,
+favorecen el crecimiento moral en el niño. De la índole nativa depende
+que este crecimiento sea en buen o mal sentido, y es evidente que los
+colosos del trabajo, así como los grandes criminales, han nutrido su
+espíritu en una niñez solitaria. El árbol salvaje, juguete de los
+vientos en deshabitado país, adquiere un vigor notorio.
+
+Mariano era rebelde por naturaleza; no se dejaba querer, ni sabía
+apreciar el dulce calor de la casa de familia. No quería vivir con su
+tía Encarnación porque le trataba con aspereza, ni con su hermana porque
+le sermoneaba, ni con Juan Bou porque vigilaba todas sus acciones.
+Gustaba de albergarse en fementidas casas de huéspedes de los barrios
+del Sur; mudaba de domicilio con frecuencia, y por temporadas, en vez de
+tener domicilio fijo, pernoctaba en las casas de dormir y comía en las
+tabernas. El ejercicio de la vida independiente le dio cierto vigor de
+voluntad, que es propio de los vagos; aguzó su ingenio, precipitó su
+desarrollo intelectual. Conviene estudiar bien al vago para comprender
+que es un ser caracterizado por el desarrollo prematuro de la
+adquisitividad, del disimulo y de la adaptación. No se explican de otro
+modo la gran precocidad ni los rasgos geniales que son desesperación de
+la Policía y espanto de la sociedad en criminales de diez y ocho y
+veinte años. El gitano, ser salvaje dentro de la sociedad, es un
+prodigio de agudeza, un archivo de triquiñuelas jurídicas y un burlador
+hábil de la Policía. El vago adolescente, otra manera de salvaje, sabe
+más mundo y más Economía política que los doctores recién incubados en
+la Universidad.
+
+Hallábase Mariano a la sazón a punto de consumar su sabiduría en
+aritmética parda; se le había desarrollado ya el genio de los cálculos,
+el furor de la adquisitividad, y las facultades obscuras de la
+adaptación, del disimulo y de la doblez.
+
+Después de aquella noche en que le dejamos arrinconado en el banco del
+recibimiento, asistió de nuevo con puntualidad al taller. Trabajaba por
+hipocresía. El maestro Juan Bou se mostraba tan amable con él aquellos
+días, que no sabía qué hacerle. Y su amabilidad era tan extraordinaria,
+que hasta llegó a llamarle hijo y a departir con él como de igual a
+igual.
+
+«Bien, hijo, bien; vamos bien. Has sido algo calavera pero tú mismo
+conoces que el trabajo es la vida, la religión del pueblo... Voy a
+hacerte una proposición. ¿Quieres venirte a vivir conmigo? Yo estoy
+solo. Te daré un cuarto, una cama, un plato y una cuchara. En mi casa no
+hay lujo, pero no falta nada de lo necesario».
+
+Después le hacía acerca de Isidora mil preguntas enojosas y prolijas, a
+las que Mariano no sabía qué contestar. Si su hermana vivía contenta, si
+se levantaba tarde o temprano, si le gustaba la fresa y el requesón, si
+iba al teatro. Además, el maestro Juan Bou parecía reventar de gozo...
+Los oficiales no se explicaban la causa de esta alegría; unos la
+atribuyeron a la buena marcha del negocio de las Rifas; otros a que se
+había sacado el premio gordo de la Lotería. Pero Juan Bou desconcertaba
+todas las disquisiciones de sus oficiales, porque de repente se volvía
+triste y daba unos suspiros que habrían partido la piedra litográfica si
+esta fuera un poco menos dura. Creyérase que se incomodaba consigo mismo
+y que quería echar de sí una mala idea. Algunos días trabajaba poco, y
+más de una vez ocurrió que se retrasaran y embrollaran los dibujos _A_ o
+_B_ por las distracciones y torpezas del maestro, cosa totalmente
+desusada en hombre tan metódico para el trabajo.
+
+Otro suceso digno de llamar la atención ocurrió por aquellos días. Juan
+Bou notó que la contabilidad en la empresa de las Rifas benéficas no
+marchaba con toda la limpieza que debía esperarse, y ya fuera por
+obedecer a su conciencia, ya por ceder al egoísmo, que le aconsejaba no
+comprometerse con la Justicia, echose fuera de la sociedad, renunciando
+a toda participación en ella. Quedose, sí, con los trabajos de
+litografía, que le habían de pagar religiosamente, según convenio. Desde
+entonces sus relaciones con Melchor fueron menos estrechas.
+
+Entrado el mes de junio, Mariano notó con envidioso asombro que Melchor
+avanzaba rápidamente por el camino de la prosperidad. Salía en coche de
+dos caballos, acompañado de señorones; comía siempre fuera de casa;
+recibía regalos de puros de la Habana y otras cosas ricas; el sastre le
+traía ropas y más ropas; amueblaba con lujo parte de la casa... Y de
+tanto pensar en la creciente prosperidad del señorito Melchor, _Pecado_
+perfeccionaba su _intellectus_, enriqueciéndolo con luces nuevas acerca
+de la propiedad, de la adquisición del número y de la cantidad, luces o
+ideas que burbujeaban en su cerebro, como los embriones de la belleza y
+el vago apuntar del plan artístico en la mente del poeta, al pasar de
+niño a hombre.
+
+Por San Juan dejó de trabajar. Una noche fue a pedir dinero a su
+hermana, y como esta no quisiese dárselo, se enfureció, trabáronse de
+palabras, asustose ella, renegaron uno de otro, él le dijo algún vocablo
+malsonante, lloró Isidora, intervino con más celo que autoridad don
+José, y, por fin, el chico salió de la casa gruñendo así:
+
+«No me quieres dar nada. Pues me lo dará Gaitica...».
+
+Desde aquella noche Mariano desapareció. Le buscaron y no fue hallado
+por ninguna parte, ni en mucho tiempo se tuvo noticia de él.
+
+
+=--III--=
+
+Con estas y otras cosas, Isidora cayó en grave tristeza. Sus insomnios
+se repetían casi todas las noches, atormentándola con el alternado
+suplicio de ilusiones locas y de miserias reales, de delirio suntuario y
+de terror o desengaño. Un pensamiento, referente a cosa muy práctica, la
+punzaba y afligía, y era el siguiente:
+
+«Por cierto que en mes y medio que llevo aquí, Melchor me ha ido
+facilitando, facilitando cantidades, que será preciso pagarle algún
+día... Es tan cómodo el sistema para mí, que sin saberlo cómo, me estoy
+empeñando en dinerales. Me basta decir a D. José mis necesidades; D.
+José corre a la sala, habla con él, y del fondo de Rifas... ¡Dios mío!,
+¿a cuánto subirá ya? Yo no lo sé, porque no apunto nada. Aquí vendrían
+bien los librotes del padrino. Melchor lo apuntará, de fijo, y pensará
+cobrarme, pero ¿de qué manera?...».
+
+Largos ratos pasaba en cavilaciones sobre el pleito, y decía:
+
+«Va marchando. Ahora viene lo que llaman el alegato de bien probado.
+Pero hasta que pase el verano no habrá nada. El abogado me da grandes
+esperanzas. ¡Si esto se resolviera pronto para pagar a Melchor y escapar
+del lazo que me tiende!...».
+
+Pensando en Juan Bou, que a menudo la obsequiaba, decía:
+
+«¡Pobre Bou! Es el animal más cariñoso que conozco. Le quiero como se
+quiere al burro en que salimos a paseo».
+
+El barrio en que su mala suerte la había traído a vivir, era para la de
+Rufete atrozmente antipático. Algunas tardes salía con _Riquín_ y D.
+José a dar una vuelta por la calle del Mesón de Paredes, el Rastro y
+calle de Toledo, y sentía tanta tristeza como repugnancia. El calor era
+ya insoportable, y por la noche todo el vecindario se instalaba en las
+aceras, los chicos jugando, las mujeres charlando. Isidora hallaba en
+todo, casas, calle, gente, hombres, mujeres y chicos, un sello de
+grosería que su compañero de paseo no apreciaba como ella. La estrechez
+de las aceras, obligando al transeúnte a contradanzar constantemente del
+arroyo a las baldosas, añadía nueva incomodidad a la molestia de la
+bulla, del mal olor y del polvo.
+
+Expulsada de aquellos sitios por su propia delicadeza y buen gusto,
+solía dirigirse hacia el Norte y acercarse a la Puerta del Sol «para
+respirar un poco de civilización». Pero no se aventuraba mucho por los
+barrios del centro, porque la vista de los escaparates, llenos de
+objetos de vanidad y lujo, le causaba tanta pena y desconsuelo, que era
+como si le clavasen un dardo de oro y piedras preciosas en el corazón.
+La repugnancia de la zona del Sur y el desconsuelo de la del centro la
+llevaban a las afueras, con gran gusto de D. José, que amaba el campo y
+los retozos pastoriles.
+
+Julio hacía de Madrid una sartén. _Riquín_ fue atacado de las tos
+ferina, y era preciso llevarle a otra parte. ¡Pobrecito Anticristo! Daba
+pena verle, cuando le daba el ataque, todo encendido, agarrotado y sin
+aliento, como si estuviese a punto de perder la vida en aquel mismo
+instante... Pero su mamá carecía de recursos para el viaje, de lo que
+recibía grandísima pena. Joaquín Pez estaba en Francia, y ni siquiera
+escribía... Afortunadamente (y quién sabe sí desgraciadamente), Melchor
+se brindó de muy buen grado a resolver el difícil problema. ¡Porque la
+pobre carecía de tantas cosas! No tenía ningún vestido propio para
+viaje, ni sombrero, ni nada de lo que ordena el implacable imperio del
+verano, que con sus chapuzones iguala en dispendios al invierno con sus
+bailes y fiestas. _Riquín_ estaba casi desnudo.
+
+«Nada, nada--dijo Melchor en tono paternal--; yo no puedo consentir que
+carezcas... Pues no faltaba más...».
+
+Empezaron a funcionar las modistas, y estas, así como la elección de
+telas y de sombreros, tuvieron a Isidora febrilmente distraída y
+excitada durante algunos días. La vanidad le hacía vivir doble y la
+engañaba, como a un chiquillo, con apariencias de bienaventuranza.
+Volvió a ver lucir su belleza dentro de un marco de percales finos, de
+cintas de seda, de flores contrahechas, de menudos velos, y a recrearse
+con su hermosa imagen delante del espejo. ¿Qué es la vida? Un juguete.
+
+Melchor decidió que fuese al Escorial, y él quiso acompañarla. A Isidora
+no le hacía maldita gracia la compañía; pero las circunstancias, ¡ay!,
+con su abrumadora lógica, la obligaron a aceptarla. Hallábase en las
+unas de su insidioso prestamista, y no podía evadirse. Fue víctima de
+una emboscada, formada en las traidoras sombras de la miseria; cayó en
+una trampa de infame dinero, armada con el cebo de la vanidad. Aún podía
+salvarse rompiendo por todo, declarándose insolvente y resignándose a la
+indigencia; pero _Riquín_ tenía la tos ferina, estaba como un hilo,
+amenazado de morir consumido en los calores de Madrid como arista en el
+fuego. Era forzoso rendirse a la fatalidad, según Isidora decía,
+llamando fatalidad a la serie de hechos resultantes de sus propios
+defectos.
+
+Melchor dispuso que su padre se quedara en Madrid para cuidar la casa.
+¡Atroz destierro y pesadumbre para D. José! Según el bien meditado plan
+del sesudo Melchor, este iría y vendría, residiendo algunos días en El
+Escorial y otros en Madrid, pues sus negocios no le permitían abandonar
+la Corte sino por poco tiempo. Cumpliose fielmente el programa. Don José
+iba a El Escorial los domingos en el tren de recreo cuando Melchor
+quedaba en Madrid. ¡Qué feliz aquel día! ¡Diez horas con Isidora y con
+_Riquín_! Algo enturbiaba su dicha el notar en su ahijada una tristeza
+sombría y como enfermiza. Si hablaba de Melchor lo hacía en los términos
+más desfavorables para el aprovechado joven. ¡Y qué ardientes deseos
+tenía de volver a Madrid! _Riquín_, ya muy mejorado, saltaba y corría
+por el campo, y en sus mejillas renacían los frescos colores de la
+salud. Todo el día lo pasaba D. José embelesado, y no hartaba sus ojos
+de mirar a la madre y al hijo. Paseaban los tres por la montaña, se
+sentaban, hacían vida de idilio, semejante a la que D. José había visto
+pintada en los biombos de la casa de Aransis. Por la noche regresaba
+Relimpio a Madrid y a su casa; dormía como un santo y soñaba que era
+pájaro y que cantaba posadito en la rama de un árbol. También _Riquín_
+era pájaro y revoloteaba dando sus primeros pasos por el mundo aéreo.
+Isidora era una avecilla melancólica. Todos cantaban; pero D. José era
+el que cantaba más y el que a la rama más alta subía.
+
+A mediados de septiembre regresó Isidora a Madrid, dejando fama en la
+colonia veraniega de El Escorial. Entonces ocurrió en la vida de Melchor
+un hecho singular. De repente su prosperidad, su boato y grandeza se
+hundieron como por escotillón, sin que se supiera la causa. Juan Bou
+decía que los señores de la sociedad rifadora debieron de hallar sapos,
+culebras y otras alimañas en la gestión del joven Relimpio. Lo cierto
+fue que un día vinieron mozos de cuerda y se llevaron los libros y todo
+el material de la oficina. Melchor se despidió por la tarde de su padre
+y de Isidora, diciéndoles que allí les quedaba la casa, que hicieran de
+ella lo que gustaran, porque él se iba a Barcelona a emprender un nuevo
+negocio.
+
+Quedáronse, pues, solos los tres: Isidora, _Riquín_ y el viejo, y véase
+por donde vino a ser casi real el sueño ornitológico de D. José: los
+tres gorjeando en las ramas. Eran efectivamente pájaros, porque no
+tenían más que lo presente y lo que la Providencia divina quisiera
+darles para pasar del hoy al mañana. El mundo se diferencia de los
+bosques en que es necesario pagar el nido. Nuestras tres avecillas
+tenían casa, pero no con qué pagarla, pues Melchor había dejado las
+arcas en tal estado de pulcritud, que no se encontraba en ellas rastros
+de moneda alguna. «Dios aprieta, pero no ahoga», dijo Relimpio. Isidora,
+para atender a las apremiantes necesidades de cada día, empezó a
+despojarse de su ropa. No era la primera vez que tenía que desnudarse
+para comer. Poco a poco los vestidos fueron pasando de la cómoda a la
+cocina, por conducto de las prenderas. Últimamente, en un triste y
+húmedo día de octubre, se comieron el sombrero de paja de Italia. ¡Era
+el último plato!
+
+
+
+
+Capítulo IX
+
+La caricia del oso
+
+
+En todo este periodo de desastre, en que los tres desgraciados
+habitantes de aquella casa (Abades, 40) se iban desprendiendo de su
+equipaje, como el buque náufrago que arroja su carga para mantenerse una
+hora más sobre las olas, Juan Bou los visitaba todas las noches después
+del trabajo. Isidora ocultaba cuidadosamente la lenta y dolorosa
+catástrofe, procurando dar a la casa cierto aspecto de orden, y velar
+sus afanes bajo apariencias de mentirosa tranquilidad. Movido de un
+galante respeto hacia Isidora, Bou violentaba su palabra para que no
+fuese áspera, y así, hablando del pueblo y de la liquidación social,
+usaba términos blandos y oraciones trabajosamente delicadas que salían
+de su boca, como los gorjeos de un buey que se propusiera ser émulo de
+los ruiseñores. En esto se conocía la pasta de su corazón.
+
+Miquis había hecho del buen litógrafo infinitas definiciones. Era, según
+nuestro amigo, un tonel con marca de _alcohol_ y lleno de agua; un oso
+torcaz; una hidra sin hiel; un alfiler guardado en la vaina de un sable;
+un cardo con cáliz de azucena; un gorrión vestido de camello, y un
+epigrama escrito en octavas reales. Oírle contar sus épicas luchas por
+la causa del pueblo era el gran pasmo de D. José y de _Riquín_; pero
+Isidora no contenía fácilmente la risa.
+
+Las galanterías de Bou con Isidora semejaban a las del oso que quiso
+mostrar el cariño a su amo matándole una mosca sobre la frente. Alguna
+vez, dejando hablar a sus sentimientos, se expresaba con sencillez y
+naturalidad. Era como esos mascarones trágicos que en el arte decorativo
+aparecen echando flores de sus bocas monstruosas.
+
+Una de las deferencias más expresivas que Bou tenía con Isidora y su
+padrino, era ofrecerles participación en los billetes de Lotería que
+jugaba; pero como había tanta falta de dinero en la casa, rara vez se
+realizaba la operación. El oso quería ceder gratuitamente la parte de
+billete, pero Isidora no lo consentía. Las demás atenciones eran
+acompañarlos a paseo por el Retiro, y comprar dulces y juguetes a
+_Riquín_ y darles de noche larga y cariñosa tertulia. ¡Era blandamente
+obsequioso con Isidora y la miraba con manifiesta intención de decirle
+algo delicado y difícil...! A veces, en los largos paseos que daban, iba
+Juan Bou callado y suspirante. Parecía que su misma fiereza nutría su
+timidez. En cambio, en la tertulia de la noche desatábase a charlar de
+cosas diversas, ponderaba con inmodestia su amor al trabajo, sus
+ganancias, y hacía planes de vida regalada y espléndidamente metódica.
+Además tenía noticias de la muerte de un pariente suyo, muy rico, y
+esperaba una bonita herencia. Se conceptuaba afortunadísimo, aunque algo
+le faltaba, sí, algo le faltaba para ser completamente feliz.
+
+También hacía mención de su hermana Rafaela, mujer de Alonso, que seguía
+enferma, y al oír mentar la casa de sus antepasados, Isidora se conmovía
+y alteraba. Repetidas veces la invitó Bou a visitar juntos el palacio de
+Aransis, cuyas bellezas él no había visto; pero Isidora se excusaba
+siempre por miedo a la exacerbación de sus sentimientos en presencia de
+aquellos venerados y queridos sitios, su patria perdida.
+
+Un día que la Rufete venía de casa de su prendera, encontró al litógrafo
+en la calle del Duque de Alba.
+
+«Voy al palacio de Aransis a ver a mi hermana--le dijo--. Está peor, y
+anoche le han dado los Sacramentos. ¿Quiere usted venir?».
+
+El primer impulso de ella fue rechazar la compañía de Bou; pero con tal
+empeño redobló este sus instancias y ruegos, que, por fin Isidora no
+quiso ser esquiva con él en tanto grado, y se fueron juntos. Por otra
+parte, la misma emoción que temía la solicitaba con fuerza misteriosa.
+Hay en toda alma, juntamente con el miedo a las emociones, la curiosidad
+de ellas, indefinible simpatía del humano corazón con lo patético. Como
+la vista en las alturas siente el llamamiento del abismo, así el alma
+siente la atracción alevosa del drama.
+
+Llegaron. Rafaela mejoró aquel día, y los Sacramentos, dando reposo y
+alegría a su espíritu, habían amansado el mal. Alonso parecía contento y
+con no pocas esperanzas de salvar a su mujer. Isidora y Bou estuvieron
+largo rato en la salita de la portería, hablando de enfermedades en
+general y del asma en particular, del clima de Madrid, del de Mataró,
+patria de los Bous, de los médicos, del remedio _A_ o _B_... Realmente,
+Isidora no tomaba parte en la conversación sino con monosílabos de
+cortés aquiescencia, porque sus cinco sentidos estaban puestos en la
+observación de la portería de su casa, y en admirar la confortable
+humildad de aquel nido de pobres hecho en un rincón de un palacio de
+ricos. La estera, la cómoda, los muebles, desecho glorioso de la
+anterior generación de Aransis, y sobre todo las múltiples láminas de
+santos y vírgenes, la estampa de los Comuneros y otros grabados de
+ilustraciones, pegados en la pared con graciosa confusión, la ocuparon
+todo el tiempo que allí estuvo. Cansado de hablar y enormemente
+satisfecho de la mejoría de su hermana, levantose Bou del sofá de paja,
+emblandecido con colchonetes de percal rojo, y estirándose, dijo:
+
+«Matías, dame las llaves, que quiero ver lo de arriba».
+
+Entregando un sonoro manojo de llaves, Alonso miró a Isidora con
+atención recordativa.
+
+«Me parece--indicó--que he visto aquí otra vez a esta señorita... En
+fin, suban ustedes y vean lo que hay».
+
+Juan Bou subió la gran escalera despaciosamente, porque su corpulencia
+era declarada enemiga de la agilidad. Isidora subió corriendo y en el
+último peldaño esperó a su amigo, echándole una mirada triste y una
+sonrisa discreta y amistosa, a la cual se podía dar atrevida
+interpretación de burla. La persona del bravo catalán se componía de dos
+partes: su cuerpo atlético, liado en una americana de cuadros, y un
+bastón roten, cuyo puño, formado de un asta de ciervo, se encorvaba,
+ofreciendo a la mano todas las facilidades de adaptación, ya para
+apoyarse, ya para hacer el molinete, o bien para que el palo fuera una
+especie de batuta de la palabra. Jamás, fuera de casa, se separaban el
+bastón y el hombre, y se apoyaban el uno sobre el otro, según los casos.
+Completaba la persona de Bou un sombrero hongo, de la forma más vulgar,
+ligeramente inclinado al lado derecho, como si de aquella parte
+estuviesen todas las ideas que era preciso proteger de la intemperie.
+
+Y al subir canturriaba entre dientes. ¿En qué consiste que es tan
+difícil echar de los labios una tonadilla cuando a ellos se pega? Sin
+saber lo que decía, Bou entonó a murmullos no sabemos qué música con
+letra de aleluyas. Isidora no podía contener la risa oyéndole cantar:
+_Vienen luego los ciriales--con las mangas parroquiales_.
+
+«¡Cómo me canso de subir escaleras!--dijo el oso torcaz llegando
+arriba--. Cuando se reforme la sociedad, se suprimirán los escalones.
+Piso bajo todo el mundo».
+
+Abrió la primera puerta y entraron; y mientras Bou seguía franqueando
+puertas, Isidora hacía lo mismo con los balcones para que entrase la
+luz, ganosa de alumbrar los ricos antros. Creeríase que todo el
+contenido de las vastas salas se regocijaba al verse iluminado.
+Despertaba todo, abriéndose cual ojos soñolientos, y la luz, acometiendo
+las cavidades negras, resucitaba, como a bofetones, tapicerías, muebles
+y cuadros.
+
+«Anda, anda, ¿quién será este animal?--decía el litógrafo parándose ante
+los retratos--. ¡Vaya una tiesura! perdone, caballero; yo creí que era
+usted un palo. Y nos mira con cierto enfado... Nada, señor, no nos
+comemos la gente... Toma; también hay aquí una monja. ¡Y es guapa...!
+Buena pieza sería usted, hermana. ¡Qué tiempos! Siento que se hayan
+ustedes muerto, señores, porque así no verán cómo vamos a arreglar a las
+sanguijuelas del pueblo, a los verdugos del pobre obrero... ¡Ah!, usted,
+el de la golilla que parece un plato, el de la cruz de Calatrava, usted,
+caballerete, si viviera en estos tiempos de ahora y alcanzara el día de
+la justicia, no nos miraría con esos ojos... ¡Quia!, se le pondría una
+escoba en la mano; mi señor cruzado barrería las calles..., y
+_palante_».
+
+Después, volviéndose a Isidora, que, horrorizada del bestial lenguaje de
+su amigo, miraba a la calle al través de los vidrios, le dijo:
+
+«Es cosa que aterra el pensar todo el sudor del pueblo, todos los
+afanes, todas las vigilias, todos los dolores, hambres y privaciones que
+representa este lujo superfluo. Eso es; el pobre obrero se deshuesa
+trabajando para que estos holgazanes se den la buena vida en estos
+palacios llenos de vicios y crímenes, sí, de crímenes, no me arrepiento
+de lo dicho. ¡Maldita casta!... Isidora, ¿no piensa usted como yo? Por
+ejemplo: el pobre obrero se rompe el espinazo trabajando, duerme en una
+mala cama, come un mal puchero, no tiene en su casa más que una silla
+dura en que sentarse, mientras estos tíos..., estos tíos, por no decir
+otra cosa, sin coger una herramienta en la mano, ni ocuparse de nada,
+pisan alfombras, comen de lo fino, beben y se recuestan en muebles
+blandos, que ellos no saben fabricar».
+
+Y uniendo la acción a la palabra, se recostó, mejor dicho, se dejó caer
+sobre un sillón de muelles en los cuales se hundía su pesado cuerpo.
+
+«_Voto va Deu_, ¡qué blando es esto!, ¡qué comodidad!--exclamó riéndose
+de su propia malicia--. ¡Valientes pícaros! Ya os daría yo en vez de
+sillones de muelles, por ejemplo, un banco de carpintería... ¡Hala, y
+darle al mazo!».
+
+Tan groseras chocarrerías irritaron a Isidora. ¡Y el pobre Juan Bou tan
+inocente del efecto que producían sus ladridos! A cada instante decía:
+«¿No piensa usted como yo?», y andando de un lado para otro, se tiraba
+con violencia en sillas y sofás para probar su blandura, se arrodillaba
+en el cojín de un reclinatorio, daba vueltas alrededor de un biombo, se
+reía como un salvaje, ponía el dedo en los bronces, acariciaba las
+mejillas de las ninfas doradas, decía chicoleos a las damas retratadas,
+y siempre que iba de una sala a otra, daba fuertes golpes con su bastón
+sobre el piso, como deseando que también la alfombra recibiese, con el
+lenguaje de los palos, la expresión contundente de la ira del pueblo...
+En tanto Isidora no le podía mirar. Creía ver en sus palabras, en sus
+actitudes de burla, en sus carcajadas, en su persona toda y en su
+bastón, erigido en intérprete del populacho, la profanación más odiosa.
+Era como el hereje que pisotea la hostia. Por momentos le aborrecía, le
+execraba, y habría dado algo de gran valor por poder plantarle en la
+calle, después de mandar que le rompieran su bastón en las costillas.
+
+«¡Y qué cortinas!--decía Bou tocándolas de un modo irreverente con el
+roten--. Esta gente no gusta de tener frío. ¡Toma!, el frío se ha hecho
+para el pobre obrero que anda sin trabajo por las calles. Eso es, hay
+dos Dioses, el Dios de los ricos que da cortinas, y el Dios de los
+pobres que da nieve, hielo. Isidora, Isidora..., ¿no opina usted como
+yo, no cree usted que esta canalla debe ser exterminada? Todo esto que
+vemos ha sido arrancado al pueblo; todo es, por lo tanto, nuestro. ¿No
+cree usted lo mismo?».
+
+La de Rufete, por no contestarle con la severidad que merecía, no decía
+nada, y hacía como que miraba las porcelanas. Bou admiró también
+aquellas mil chucherías que no servían para nada; las tocaba, las cogía
+en la mano y las volvía a poner con violencia en su sitio, a riesgo de
+romperlas. Pasado un largo rato volviose para decir algo de mucha
+importancia a su amiga, y no la vio. Llamola en voz baja, después a
+gritos; pero Isidora no respondía.
+
+Pasó Bou a otra sala; de allí a un hermoso gabinete, del gabinete a una
+recatada y obscura alcoba, y allí creyó distinguir a la que buscaba. La
+escasa claridad no permitía a Juan Bou ver los objetos. Avanzó, empezó a
+ver bien, y en efecto, allí estaba Isidora, sentada junto a una cama en
+la cual apoyaba su brazo derecho. Reclinada la cabeza sobre el brazo,
+lloraba en silencio, expresando una pena viva y sin espasmos, un dolor
+tranquilo, como todos los dolores viejos que se normalizan con su
+monótona permanencia. Quedose absorto Juan Bou ante aquella escena, y
+después hizo una tras otra las preguntas vulgares propias del caso.
+¿Está usted mala? ¿Tiene usted algo?
+
+Viendo que Isidora no le contestaba, Bou tomó una silla y se sentó junto
+a la dolorida. En el momento de sentarse ocurriole una idea que le causó
+grande aflicción. Había recordado súbitamente que Isidora pleiteaba con
+una casa noble. ¡Cielo santo!, aquella casa era la de Aransis, sí,
+recordaba haber oído vagas noticias sobre ello, porque Isidora hablaba
+de su pleito sin nombrar jamás a la marquesa. Sin duda las cosas
+importunas dichas por Bou al visitar las salas habían ofendido a la
+joven, que se suponía heredera y lo era sin duda de tan ilustre familia.
+
+«¿Está usted enojada conmigo por las tonterías que he dicho? ¿Se ha
+resentido usted?...».
+
+Isidora negó con la cabeza.
+
+«¡Ah! ¡Ya sé, ya sé!»--exclamó él con regocijo, variando de
+pensamientos.
+
+Creyó penetrar entonces en la verdadera causa del dolor de su amiga.
+Había entendido que Isidora estaba mal de intereses. Sin duda en aquel
+día los ahogos pecuniarios habían llegado a su mayor grado, y la infeliz
+e interesante joven se veía amenazada de un conflicto grave. ¡Oh! ¡Qué
+bella ocasión se le presentaba a Juan Bou para realizar un acto moral
+que ha tiempo meditaba! ¡Soberbia coyuntura! En un punto, en un momento
+podía atender a la caridad y al amor, dos cosas que son una sola,
+hemisferios diversos de un solo mundo infinito.
+
+Algo había en el lugar solitario y recogido, así como en la pena de
+Isidora, que le incitó a no retardar más tiempo su generosa resolución.
+¡Oh Dios del cielo! Si en todas las ocasiones Isidora le había parecido
+hermosa, en aquella le pareció punto menos que sobrenatural, engalanada
+con la divina expresión de su pena. Lástima y amor juntos, ¡qué poder
+tan grande sois!
+
+«Isidora, Isidora»--dijo balbuciente la hidra sin hiel.
+
+Después se calló por algún tiempo. Pasó un cuarto de hora, que fue para
+él un cuarto de siglo. Deshaciéndose todo en un suspiro colosal, volvió
+a decir: «Isidora».
+
+Esta le miró sin hablarle, fijando en la ciclópea catadura de Bou sus
+ojos empañados por las lágrimas. Bou sintió que su corazón se partía en
+una porción de pedazos, y se expresó así con acongojada voz:
+
+«Isidora, ya que usted no quiere confiarme sus penas, le voy a confiar
+las mías. Hace tiempo..., desde que tuve la dicha de conocerla a
+usted...».
+
+Isidora, con su penetración admirable, comprendió todo. Tuvo una visión.
+Rasgose un velo y vio al monstruo herido que se postraba ante ella y le
+lamía las manos. Tuvo horror, asco. Toda la nobleza de su ser se sublevo
+alborotada, llena de soberbia y despotismo. Era cosa semejante al
+allanamiento de las moradas aristocráticas por la irritada y siempre
+sucia plebe. Sonaba el odiado trueno de las revoluciones, y destruidas
+las clases, el fiero populacho quería infamar las grandes razas
+emparentándose con ellas.
+
+«Mis intenciones han sido siempre buenas--dijo el catalán, que,
+imposibilitado de remontarse al drama, caía en la vulgaridad--. Primero
+me agradó usted; después me hizo soñar; hízome pensar después. Tornose
+esto en una necesidad del corazón, y como estoy solo, como no me gusta
+estar solo... No tengo grandes riquezas que ofrecer a usted, pero soy
+trabajador, gano bastante y holgura... ¡Desde que la vi a usted me gustó
+tanto!... La vi salir de esta casa, y dije: «¿Quién será?...». En fin,
+que usted vale mucho, es muy buena, y yo quiero casarme con usted...
+Vamos, ya lo dije... y _palante_».
+
+Isidora, estupefacta, no sabía en qué términos responder. Tenía que
+contestar negativamente, porque la idea de casarse con aquel bárbaro le
+causaba horror. Pero Bou era un hombre sincero y honrado, que no debía
+recibir el desaire con crudeza y desvío. Ella valía infinitamente más
+que él, ella era noble; pero la dudosa ejemplaridad de su vida podía
+hacerla inferior. ¡En qué vacilación tan grande estaba! En su alma el
+asco era inseparable del agradecimiento. ¿Cómo contestarle y expresar en
+una frase el desprecio y la consideración?... ¡Que un ganso semejante se
+atreviese a poner sus ojos en persona tan selecta! Era para darle de
+palos y mandarle a la cuadra. Pero al mismo tiempo... ¡cuán sencillo y
+generoso! Ofrecía su mano con verdadera intención y creencia firme de
+hacer un bien. ¡Si el pobre no alcanzaba más; si era un zopenco; si
+ignoraba con quién hablaba...! Isidora buscó rápidamente las frases más
+convenientes, y al fin dijo:
+
+«Señor Bou, yo le agradezco a usted mucho su proposición; yo le aprecio
+a usted. Es usted una buena persona. Pero me veo obligada a no
+admitir..., porque quiero a otro hombre.
+
+--¡Quiere a otro hombre!--repuso con aturdimiento el litógrafo--.
+Después que nos casemos le olvidará usted, y me querrá a mí. Yo soy muy
+bueno».
+
+Isidora sonrió.
+
+«Yo soy bueno, aunque así, al pronto, meto miedo, por estas ideas que
+tengo y porque... Como he sido tan perseguido y... aunque me esté mal el
+decirlo..., he hecho heroicidades y cosas grandes, tengo este modo de
+hablar tan tremendo. Eso sí, no bajo mi cabeza al despotismo. Soy hombre
+que valgo para cualquier cosa, y en Cataluña basta que yo me presente
+para que se arme la gorda... Pasando a otra cosa, yo trabajo bien y
+gano; espero una herencia... No le faltará a usted nada.
+
+--Quiero a otro hombre--repitió Isidora, creyendo que esta afirmación
+daba a tan penoso asunto el corte brusco que más convenía.
+
+--Y ahora--dijo Juan Bou, con un nudo en la garganta--, ¿lloraba usted
+por ese...?».
+
+La sospecha de que su rival era una sanguijuela del pueblo, elevaba el
+aborrecimiento de Juan a los más altos límites.
+
+«Sí, sí; por él»--repuso decididamente Isidora, para ver si con esto se
+callaba el monstruo y la dejaba en paz.
+
+Y como se desgaja la peña del monte y rodando cae al llano y aplasta y
+destruye cuanto encuentra, hasta que para y queda inerte otra vez,
+rodeado de muerte y silencio, así se desprendió del alma de Juan Bou su
+esperanza; rodó, hizo estrago, produjo cólera y despecho; pero bien
+pronto todo quedó en atonía dolorosa y muda. Miraba al suelo y su
+respiración sonaba como el mugido de una tempestad lejana, que a cada
+rato está más lejos. La cólera fue instantánea. Pasó dejando el
+abatimiento en el alma y la confusión en el cerebro del coloso. Y en el
+cerebro fluctuaban, como restos de un vapor fugitivo, las vagas notas de
+un canto acompañado de sílabas. ¿Por qué esas músicas pegajosas, que
+toman posesión del oído y de los labios, insisten en su fastidioso
+dominio cuando el alma azarada, después de una catástrofe, se desmaya en
+duelo y tristeza? No se sabe. Se sabe, sí, que entre el oído, el cerebro
+y los labios de Juan Bou, andaba vagamente un sonsonete que decía: _Los
+curas van alumbrando--el Miserere rezando_.
+
+Isidora había secado sus lágrimas. Para poner fin a tan fastidiosa
+escena, lo mejor era marcharse.
+
+«Yo no puedo detenerme más»--dijo andando lentamente hacia la puerta.
+
+Bou no contestó nada, ni hizo movimiento alguno.
+
+«¿Viene usted?».
+
+Al decir esto, la miró desconsolado. Isidora sintió provocación de risa,
+pero se contuvo.
+
+«Nos iremos»--dijo Bou levantándose con tanta pesadez, que parecía
+haberse hecho de bronce.
+
+Isidora iba delante, él detrás, Salieron y bajaron sin decirse nada. En
+la puerta de la calle, el desairado amante manifestó que se quedaría un
+rato más en casa de su hermana.
+
+«Me ha matado usted--dijo al despedir a la ingrata--. Creo que estoy
+malo. Maldita sea mi suerte».
+
+Y cuando ella se alejó, el bárbaro, mirándola desde el portal, pensaba
+cosas tristísimas y abominables. Sus pensamientos desencadenados
+brotaban en burbujas sueltas.
+
+«¡Ingrata!, no conocer el valor del hombre que se le ha ofrecido... ¿Soy
+acaso un chisgarabís, un danzante, uno de esos vampiros del pueblo?...
+Yo tan tremendo; yo tan formal; yo tan útil a la humanidad; yo que tengo
+estas ideas tan elevadas... Y yo pregunto: ¿Por qué es tan guapa?... El
+demonio le hizo a ella la hermosura y a mí los ojos... ¡Despreciarme a
+mí!... La mujer es una traba social, una forma del obscurantismo, y si
+el hombre no tuviera que nacer de ella, debería ser suprimida».
+
+
+
+
+Capítulo X
+
+Las recetas de Miquis
+
+
+=--I--=
+
+Día de prueba fue el siguiente. No sólo estaban agotados todos los
+recursos, sino también todas las combinaciones para vencer los apuros
+del momento. No había crédito, no había materia pignorable. ¡Oh
+situación horrible! Faltaba ya de un modo absoluto el sustento. Isidora,
+_Riquín_ y D. José tenían hambre.
+
+Inspirado por la desesperación, D. José tuvo una idea, ¡oh rasgo de
+humanidad y de amor! Se le ocurrió salir disfrazado a pedir limosna,
+seguro de encontrar almas generosas. No llegó esto a efectuarse porque
+se opuso resueltamente Isidora. ¿Pero qué harían? ¿Pedir a Emilia? De
+ninguna manera. Antes acudir a la limosna. ¿A quién, a quién, ¡Dios de
+mi vida!, si ya estaban explotadas todas las amistades?
+
+Alguien se presentó en casa de Isidora a ofrecerle cuanto necesitase
+para vencer dificultades tan angustiosas. Pero las condiciones de estos
+anticipos eran tales, que la joven los rechazó, espantada. El loco amor
+al lujo y las comodidades eran los puntos débiles de Isidora; su
+necesidad la brecha por donde la atacaban, prometiendole villas y
+castillos; pero no obstante estas desventajas, resistía batiéndose con
+el arma de su orgullo y amparada del broquel de su nobleza. Tanta fuerza
+tomó en esto, que cortó los vuelos a la tentación, diciendo: «Antes
+pediré limosna». ¡Oh!, si Joaquín estuviese en Madrid, no pasaría ella
+tan crueles angustias. Pero a París, donde estaba, le había escrito
+siete veces en tres meses sin obtener contestación. Volvíase con el
+pensamiento a todas partes, como el habitante de la casa incendiada que,
+cercano a las llamas, busca un escape, un sostén, una cuerda... ¡Ah,
+cielos divinos! De pronto vio Isidora su cuerda. Acordose de una
+persona, y la esperanza rieló en la superficie de su ennegrecido
+espíritu.
+
+Era de noche. Al día siguiente pondría en ejecución su pensamiento. Por
+fortuna, D. José había tenido la inmensa suerte de encontrar aquella
+tarde a un bondadoso amigo que le facilitó la cantidad precisa para un
+mediano almuerzo. Segura, pues, Isidora de que habría con qué
+desayunarse a la venidera mañana, pasó tranquila la noche. A las once
+del siguiente día llamaba a una puerta.
+
+«¿Está el doctor Miquis?».
+
+¡Qué suerte! Estaba. Pasó la joven al despacho, y allí, sola con el
+médico, no pudiendo contener la pena que se desbordaba de su corazón,
+rompió a llorar. Recibiola con mucha bondad Augusto, la hizo sentar,
+preguntole mil cosas; pero ella, acongojada, no podía decir más que
+esto, que repitió tres veces:
+
+«Dame de comer y no me toques».
+
+Augusto se puso serio, comprendiendo que la situación de su amiga no era
+para tratada en broma. Hablaron. Él, aunque joven, tenía el arte de la
+interrogación, y ella comprendía cuán ventajosas le serían la
+espontaneidad y franqueza. Así, al cuarto de hora de confesión, ya
+Miquis sabía los últimos episodios de la vida de ella, el viaje al
+Escorial, la penuria, la declaración de Bou, las proposiciones de
+aquellas tales... Cuando nada importante quedaba por decir y formuló
+Isidora la síntesis de su problema, diciendo: «¿Qué debo hacer para
+poder vivir?», Miquis se quedó en silencio un buen rato, y después le
+contestó así:
+
+«No te apures, no te apures. Veremos. Estás enferma, estás llagada. Tu
+mal es ya profundo, pero no incurable».
+
+La inspiración brotó en su mente. Su grande y vivaz ingenio le sugirió
+una idea, y con la idea estas palabras:
+
+«Pues he de curarte... Lo dijo Miquis, punto redondo».
+
+Isidora llenó el despacho con un suspiro. Era el quejido de su
+enfermedad, ya extendida y profunda.
+
+«Manos a la obra--dijo Augusto con gran solemnidad--. ¿Quieres que te
+cure? Responde ¿sí o no?
+
+--Sí.
+
+--Pues bien: ¿Estás dispuesta a ponerte a mis órdenes, y a hacer
+ciegamente lo que yo te mande?
+
+--Sí, sí--replicó ella con ansiedad doliente.
+
+--Pues empecemos. Lo primero es cambiar de aires.
+
+--¿Me mandas al campo?
+
+--No... Mejor dicho, sí, te mando a un valle urbano».
+
+Y llevándola al balcón, le mostró la casa de enfrente. En el piso bajo
+veíanse unas rejas, por entre cuyos hierro salían matas de tiestos,
+colocados dentro en una tabla. La casa hacía esquina, y el cuarto bajo a
+que correspondían las rejas tenía por la otra calle una tienda con dos
+vitrinas. Pero esto no se veía desde el balcón de Miquis, aunque se
+adivinaba, mirando un rótulo que en áureas letras decía: _Castaño,
+ortopedista_. Otra grande y aparatosa muestra, colgada más arriba, en el
+piso principal de la misma casa, decía: _Eponina, modista_. Como Isidora
+la mirase, díjole Miquis:
+
+«Huye de esas peligrosas alturas, y vuelve tus ojos al valle ameno que
+está abajo.
+
+--Sí; Ahí viven Emilia y Juan. ¡Qué felices son!
+
+--Pues en esa casa, en ese establecimiento salutífero vas a vivir desde
+mañana.
+
+--¡Oh! ¡Si vieras qué envidia les tengo! Pero no, no me admitirán.
+
+--¿Te negarán ese favor si se lo pido yo?... He salvado del garrotillo
+al mayor de sus chicos. Los asisto de balde. Me llaman casi todos los
+días.
+
+--Entonces tú les pedirás que me admitan...
+
+--Hoy mismo; pero ya comprenderás que les he de responder de tu buena
+conducta. Cuidado...
+
+--¡Oh!, yo te juro... Lo que deseo es tranquilidad, paz...
+
+--Bien--dijo Miquis, retirándose del balcón--. Ahora viene lo mejor. Una
+vez que cambies de aires, has de considerar que empiezas a vivir de
+nuevo. Tienes que educarte, aprender mil cosas que ignoras, someter tu
+espíritu a la gimnasia de hacer cuentas, de apreciar la cantidad, el
+valor, el peso y la realidad de las cosas. Es preciso que se te
+administre una infusión de principios morales, para lo cual, como tu
+estado es primitivo, basta por ahora el catecismo. ¡Oh! ¡Si tuvieras
+buena voluntad...!
+
+--La tendré.
+
+--Ahora viene lo gordo, hija. Después de entonarte, paso a recetarte el
+gran emético, medicina un poco fuerte y desagradable; pero que si la
+tomas con buena voluntad, ha de probarte maravillosamente con el tiempo
+y regenerarte por completo.
+
+--¿Cuál es la medicina?
+
+--Pues que te cases con Juan Bou».
+
+Isidora hizo un movimiento de repeler cosa muy nauseabunda..., y puso
+una cara..., ¡Jesús, qué cara!
+
+«Comprendo que no te agrade por el pronto. Pero reflexiona. ¿No has oído
+decir que toda persona tiene la fortuna en la mano una sola vez en la
+vida?
+
+--Sí lo he oído; pero te diré...
+
+--Pues considera si en tu situación puede haber para ti fortuna mayor
+que el que un hombre honrado te ofrezca su mano. No creo que pretendas
+un Coburgo Gotha. Reflexiona, observa el punto en que te hallas, echa
+una mirada atrás, otra delante, y di si mi medicamento no está
+perfectamente indicado.
+
+--Yo no sé si será eficaz o no--dijo Isidora con tristeza y confusión--.
+Podrá serlo, mirando las cosas por lo bajo... Pero en cuestión de
+matrimonio, el gusto y el amor son lo primero...
+
+--Es verdad que Juan Bou no es un Adonis; pero no es tampoco un
+monstruo... Es un hombre de bien, trabajador, sencillote, y, a pesar de
+sus bravatas, tiene el corazón más bondadoso y tierno del mundo.
+
+--Lo sé, lo sé...; pero... quita allá, por la Virgen Santísima; yo no
+seré su mujer. No lo pienses... Este caso mío no es como otros
+casos--dijo Isidora, haciendo los mayores esfuerzos para que su acento
+expresase la convicción firmísima de su alma--. Para juzgar las cosas
+conviene verlas completas. Es verdad que si fuera yo nada más que lo que
+parezco, la cosa no tenía duda; pero tú bien sabes que sostengo un
+pleito de filiación con una familia poderosa; tú debes considerar que el
+mejor día gano el pleito, como es de ley; que paso a ocupar mi puesto y
+a heredar la fortuna y el nombre de esa familia, que son míos y me
+pertenecen. Pues bien, ¿te parece bonito que al tomar posesión de mi
+casa lleve colgado del brazo ese lindo dije de Juan Bou? A fe que me
+lucía... Miquis, tú estás lelo: yo no sé dónde tienes el talento, cuando
+dices ciertas cosas.
+
+--¡El pleito! Precisamente has nombrado un desorden fisiológico que me
+trae a la memoria otra de las más importantes medicinas que te voy a
+recetar.
+
+--¿Cuál?
+
+--Resumamos. Primero mudar de aires; luego entonarte con una enseñanza
+primaria; después sigue la gran toma, el casorio con Juan Bou, y por
+último viene la extirpación del cáncer, que es la idea del marquesado».
+
+Isidora creía escuchar el mayor de los insultos.
+
+«Si de ese modo quieres curarme--dijo con altivez--, renuncio a tus
+medicinas.
+
+--Entendámonos--añadió Miquis rectificando--. Si tus derechos no son una
+farsa, si hay algo de serio y legítimo en eso, enhorabuena que siga
+adelante tu pleito. Lo que yo quiero es que no consagres tu vida a la
+idea de ocupar una posición superior, que no vivas anticipadamente en
+ella con la imaginación, sino que tengas paciencia y reposo de
+espíritu... ¿Que ganas el pleito? Pues bien; te embolsas tu herencia y
+sigues, con tu marido, en la esfera de modestia, quietud y desahogo en
+que todos vivimos. ¿No quieres? ¿No aceptas mi plan?
+
+--No lo acepto, no--dijo Isidora de muy mal humor--. Es un plan tonto.
+
+--¡Ah mimosa! ¿Sabes lo que debo yo hacer, en vista de tu rebeldía? Pues
+no tenerte lástima, no interesarme por ti, y mirarte como tierra común
+en la cual todos tienen derecho a sembrar sus deseos para recoger tu
+deshonra. Desgraciada, si no acabas en la casa de Aransis, acabarás en
+un hospital.
+
+--Bien, me agrada eso. O en lo más alto o en lo más bajo. No me gustan
+términos medios.
+
+--Y sin embargo en ellos debemos mantenernos siempre... ¿Conque quedamos
+en eso?
+
+--¿En qué?
+
+--En que, rechazado por ti mi tratamiento, te debo considerar como
+incurable y hacerte el amor.
+
+--¡Qué disparates dices!
+
+--¿Vámonos al Retiro?... ¿Te acuerdas de aquellos paseítos, del Museo,
+de las fieras, de las naranjas que nos comimos entre los dos?
+
+--Bien me acuerdo... Déjate de tonterías.
+
+--No, no creas que voy a repetir ahora lo que entonces te decía. No
+habrá aquello de «me caso contigo». Entonces te lo decía; pero no
+pensaba hacerlo, no creas...
+
+--Ya lo suponía.
+
+--¡Y la verdad es que me gustabas muchísimo!... Y si he de serte franco,
+creía hacer contigo la gran conquista. Yo quería acreditarme entre mis
+compañeros, y decía para mí: «Esta no se me escapa.» ¡Y qué
+traidoramente se me escapó! Hoy nos encontramos otra vez. Tú, después de
+dar mil vueltas, vienes a mí... Pues mira, simplona, te juro que en este
+momento, vista tu terquedad en no dejarte curar, debiera yo ponerte los
+puntos..., y si no fuera por esta...».
+
+Se levantó, y, tomando un retrato que sobre la mesa estaba, lo mostró a
+Isidora.
+
+«¡Ah!, tu novia... Ya sé que te casas pronto, maulón. ¿Sabes que no vale
+nada?
+
+--Te pego si lo vuelves a decir. Vale más que tú. No es muy guapa; pero
+es un ángel.
+
+--Si no vale dos cominos--dijo Isidora riéndose descaradamente ante el
+retrato.
+
+--¿Qué entiendes tú de eso? Esta, esta que ves aquí es mi salvaguardia
+contra ti; es mi patrona, mi abogada, mi Virgen del Amparo. Por esta,
+¿la ves bien?, por esta con quien me casaré el lunes, Dios mediante, me
+libro del peligro de tenerte ante mí, y me hago un señor héroe, y
+atropellando por todo, te doy la batalla y te venzo y por fin me salvo,
+aunque no quieras... Esta tarde misma hablaré con Emilia, y mañana te
+irás a vivir con esa gente, para que aprendas, víbora, para que veas,
+pantera, para que sepas, demonio con faldas, lo que es el bien».
+
+A cada frase daba un paso hacia ella, amenazándola con el retrato. Ya
+Isidora se había serenado bastante, y no veía las cosas tan tétricamente
+como antes. Él, por su parte, iba dejando de mano la gravedad de médico,
+el énfasis de moralista, y tomaba a ser, por gradación rápida, el Miquis
+de antaño, ingenioso, alegre y vivo, con su follaje de palabrería
+metafórica y su corazón repleto de bondad.
+
+«No me acordaba de que tengo que escribir unas cartas--dijo Isidora
+repentinamente--. ¿Me las dejas escribir aquí, en tu mesa?
+
+--Sí, sí, ángel ponzoñoso»--contestó Augusto, en cuya alma retoñaban
+devaneos estudiantiles.
+
+Precipitadamente sacó papel, sobres. Isidora se sentó en el sillón de la
+mesa de despacho, él la dio pluma y ella se puso a escribir. Mientras la
+joven despachaba su correspondencia, que era algo larga, Miquis se
+paseaba, las manos metidas en los bolsillos, y miraba a Isidora con
+expresión entremezclada de asombro y miedo, diciendo para sí:
+
+«Fuera ciencia, fuera gravedad... Juventud, no te me vayas sin dárteme a
+conocer... Tiempo hay de encerrarse en esa armadura de cartón que se
+llama severidad de principios».
+
+Y volvió al paseo, y a echarle ojeadas y a meditar.
+
+«Pero si me caso el lunes, y hoy es miércoles... ¡En qué ocasión se le
+ocurre a uno casarse!... Estoy entre el altar y el abismo... Hombre,
+_homo sapiens de Linneo_, no te deslices, coge una piedra y date con
+ella en el pecho como San Jerónimo. Honradez, tienes cara de perro...».
+
+Isidora dejó de escribir, poniendo la pluma a un lado.
+
+«Voy a descansar un ratito.
+
+--Aunque sean dos ratitos, chica... Ya sabes que tengo el mayor gusto...
+Estás en tu casa...
+
+--Vaya que tienes un bonito cuarto. Pero, hombre, ya podías haber puesto
+ese esqueleto en otra parte. ¡Qué horror!
+
+--Quiero estar contemplando a todas horas la miseria humana.
+
+--¿De quién serían esos pobres huesos?...
+
+--Son de mujer. Quizás una tan hermosa como tú... Mírate en ese espejo.
+
+--Gracias, chico. Tus espejos son muy particulares. ¡Y cuánto librote! A
+ver. ¡Jesús, que títulos! Todo Medicina. ¡Qué lástima de dinero empleado
+en esto! Tanto libro para no saber nada. Porque tú no sabes nada,
+Miquis; eres un ignorante, un tonto.
+
+--Quizás estás diciendo la más profunda verdad que ha salido de esos
+labios, de esas envenenadas rosas. Sí, soy un mentecato. Desprecia a
+Miquis, que habiendo descubierto un tesoro, permitió que ese tesoro
+fuera para todos menos para él. El simple y desventurado Miquis ha sido
+un libertino del estudio; sus calaveradas han sido las calaveras. A su
+lado pasó, coronada de rosas y con la copa en la mano, la imagen de la
+vida, y Miquis volvió los ojos para contemplar embebecido, ¡ay!, la
+rugosa faz de los catedráticos. La ocasión de vivir, de gozar, de ver
+cara a cara el ideal, de tocar el cielo, se le ha presentado varias
+veces; pero Miquis, este memo de los memos, en vez de poner la mano en
+toda ocasión hermosa, se iba a descuartizar cadáveres... ¡Y este Miquis
+se casa el lunes, es decir, que el lunes cierra la puerta a la juventud
+y entra en la madurez de la vida, en el régimen, en la rutina y método!
+Para él se acabó lo imprevisto; se acabarán los deliciosos disparates.
+¡Desgraciada la boca tapiada a la risa! Ahora, ciencia, trabajo, suegro,
+amas de cría. Terrible cosa es recibir el adiós a la libertad, y ver la
+espalda a la juventud fugitiva. ¡Bienaventurados los chiquillos, porque
+de ellos es la vida!
+
+--Tienes una bonita casa--dijo Isidora sin hacerle caso--. ¿Cuánto te
+cuesta?
+
+--A ti nada te importa, pues no me la has de pagar. ¿Han concluido tus
+cartas?
+
+--Voy a concluirlas».
+
+Y él volvió a pasearse y a mirarla... ¡Qué hermosa estaba! ¿Quién lo
+metía a él a moralista ni a redentor de samaritanas? Soltó una carcajada
+en lo recóndito de su ser, allí donde su alma contemplaba atónita la
+imagen de la ocasión. «Pero me caso el lunes, el lunes...». Miró el
+retrato de su novia...
+
+De pronto suena la campanilla, entra un señor y pasa a la sala... Es el
+papá de la novia de Miquis, que viene a consultarle un punto de Higiene.
+Augusto deja a Isidora en su despacho, y tiene que resistir durante una
+hora la embestida de su suegro, el cual le habla de Sanidad y de la
+fundación de la Penitenciaría para jóvenes delincuentes.
+
+Cuando su suegro se marcha, Miquis vuelve al despacho. Está aturdido; la
+visita le ha dejado insensible. Hay en su cuerpo algo del efecto de una
+paliza; pero está fortificado interiormente. Isidora aguarda ansiosa.
+Está pálida y ha llorado un poco, porque no puede apartar del
+pensamiento que su hijo y su padrino no tienen qué comer aquella tarde.
+
+«¡Cuánto has tardado! Es pesadito ese señor. En fin, amigo, yo siento
+molestarte. Acuérdate de lo que te dije al entrar».
+
+Miquis hace una rápida exploración en su alma, encuentra en ella algún
+desorden y dispone que todo vuelva a su sitio. «Soy un hombre
+sublime--dice para sí--, un hombre de honor y de caridad, soy también un
+hombre que se casa el lunes».
+
+Isidora le había dirigido al entrar una súplica angustiosa, elocuente
+expresión salida de los más sagrados senos del alma humana. Juntando el
+quejido de la necesidad a la súplica del pudor, Isidora le había dicho:
+«Dame de comer y no me toques».
+
+Miquis abre su bolsa a la desvalida hermosa, y con magnánimo corazón le
+dice:
+
+«Mañana estarás en casa de Emilia».
+
+
+=--II--=
+
+La admitieron. ¡Tanto pesaba en aquella casa la recomendación de Miquis,
+que había salvado del _croup_ al niño mayor, y de los peligros de la
+dentición al más pequeño!
+
+Ya sabe el lector cómo Emilia de Relimpio se casó con su primo, el hijo
+del ortopédico, que llamaba _cláusulas_ a las cápsulas; matrimonio
+degradante si se le mira desde la altura de las pretensiones de D.ª
+Laura; pero muy natural, proporcionado y acertadísimo, siempre que la
+interesada lo mirase al nivel de sus sentimientos y de su porvenir moral
+y práctico. Juan José Castaño era tan hábil como su padre, y le superaba
+en inventiva y en asimilarse los descubrimientos y novedades del arte
+ortopédico. Sostenía el crédito del establecimiento y ganaba mucho
+dinero, porque, desgraciadamente para la Humanidad, parece que esta es
+una vieja máquina que se desvencija y deshace, hallándose cada día más
+necesitada de remiendos y puntales, o llámense muletas, cabestrillos,
+fajas, cinchas, suspensorios, etc. Nada, nada, nos desbaratamos. Unos
+dicen que es por estudiar mucho, otros que por gozar demasiado, y
+alguien echa la culpa a las armas de precisión; pero, cualquiera que sea
+la causa, ello es que la Ortopedia tiene un porvenir tan brillante como
+el de la Artillería. Son dos ciencias complementarias como la Filosofía
+y el Alienismo.
+
+En su pacífica y laboriosa vida, Emilia, mujer de buen fondo y excelente
+corazón, se había curado de aquellas tonterías de aparentar y suponerse
+persona encumbrada. No volvió a ponerse sombrero más que cuando iba de
+viaje los veranos, ni a tratar de parecerse a las niñas de Pez, las
+cuales (dicho sea de paso) continuaban tratando de imitar a las niñas de
+los duques de Tal. Poseía un sólido bienestar; ella, su marido y sus
+hijos satisfacían plenamente sus necesidades, y de añadidura tenían
+buenos ahorros, un establecimiento de primer orden, y además, como
+perspectiva risueña, la hermosa finca de Pinto, con otras riquezas que
+el viejo guardaba. En suma, Emilia había tomado un magnífico sitio en el
+anfiteatro de la vida, donde tantos están en pie o pésimamente sentados.
+Su marido era sencillo, bueno, cariñoso, sin más defecto que el querer
+hacer las cosas demasiado bien y pronto, por lo que siempre estaba en
+riña con sus oficiales.
+
+Por más que Isidora reconociera la importancia moral de aquella casa, no
+podía remediar que le fueran antipáticos el establecimiento, la tienda,
+llena de feísimos objetos, la trastienda donde trabajaban Rafael y sus
+oficiales, y la vivienda toda, honrada, virtuosísima, modelo de
+dignidad, de laboriosidad y de cristianismo, pero impregnada de un
+cierto olor de badana cruda, con malas luces y ruidos de taller.
+
+Este juicio no excluía el agradecimiento que tenía a Juan José y a
+Emilia. ¡Insigne mérito y bondad había en ellos al admitirla, cuando, si
+la despreciaran, estaban en su derecho! Y véase aquí la eficaz
+influencia del medio ambiente. A los tres o cuatro días de estar allí,
+el espíritu de Isidora se adaptaba mansamente a la regularidad
+placentera de la casa, a la poca luz, al olor de badana, a la vista de
+los feos objetos, y notaba en sí una tranquilidad, un gozo que hasta
+entonces le fueron desconocidos. _Riquín_ hizo tan buenas migas con los
+dos chicos de Emilia, como si se hubieran criado en la misma cuna. Todo
+el santo día lo pasaban enredando desde la trastienda a la cocina e
+inventando diabluras. Don José era el que parecía menos feliz. Estaba
+triste, según decía, por la falta de ocupación. Castaño, que no
+necesitaba tenedurías, le empleó en llevar recados y cobrar cuentas;
+pero aunque el buen señor desempeñaba estos encargos con docilidad, bien
+se le conocía que su principal gusto era no hacer nada, contemplar a
+Isidora, pasear con ella, y prestarle cuantos servicios hubiese
+menester.
+
+Miquis solía pasar por allí, pero estaba muy poco tiempo. Como vivía
+enfrente, por las tardes enviaba con su criada unos papelitos que hacían
+reír a Isidora, a Emilia y al mismo D. José taciturno. He aquí una
+muestra:
+
+«RÉCIPE.--_Del extracto de paciencia, 100 gramos. Del ajetreo de
+máquinas de coser, c. s. Mézclese y agítese s. a. Para tomar a todas
+horas._
+
+DOCTOR MIQUIS».
+
+«¿Ves?--decía Emilia, riendo--. Te manda que trabajes y me ayudes a
+coser en la máquina. Este Miquis es lo más salado... ¡Y qué razón tiene!
+Ocuparte en algo es lo que más te conviene. Cuando se pone la atención
+en cualquiera labor, no hay medio de pensar tonterías».
+
+Bien lo comprendía la enferma; así, desde el primer día empezó a
+adiestrarse en la soberbia máquina de Singer que Emilia poseía. ¡Bien,
+bien! Con un poco de aplicación llegaría a dominarla. Al siguiente, otro
+papelito:
+
+«RÉCIPE.--_De la infusión de raíz del olvido, 25 gramos. De esencia de
+modestia, 7 toneladas. Disuélvase en agua de goma, añádase la
+ipecacuana, o sea Juan Bou, y háganse 40.000 píldoras para tomar una
+cada segundo, con observación._
+
+DOCTOR MIQUIS.
+
+_Nota_. El cual entra mañana en capilla. Cantad la salve de los presos».
+
+Aunque las recetas eran de burlas, no desestimaba Isidora la prudente
+lección contenida en ellas. Hizo propósito firme de trabajar, de poner
+en olvido ciertas cosas, originarias de su perdición, y de acortar los
+orgullosos vuelos de su alma. Otro papel apareció diciendo:
+
+«Se recomienda a la enferma que ayude a su patrona en cosas de la casa
+para que se vaya instruyendo, y que en las horas de descanso se dé un
+atracón de lectura. Le recomiendo el _Bertoldo_, el _Año cristiano_ o
+las _Páginas de la Infancia_. Adiéstrese en contar para que se
+familiarice con las cantidades. En esto le podrá servir el águila de
+Patmos de la Contabilidad, su padrinito. Se recomienda especialmente a
+la enferma que si va Juan Bou (_alias_ Ipecacuana), le reciba con
+amabilidad. El pobre está triste, aunque espera una herencia.
+
+»_Nota_. El patíbulo de miel está armado en la capilla de los
+Desamparados. Orad por Miquis».
+
+Por la noche fue Miquis un momento cuando estaban comiendo. ¡Qué
+algazara! Los tres chicos corrieron hacia él, y mientras uno se le
+colgaba de un brazo, el otro se le enredaba en una pierna, y todos le
+aclamaban como si el joven doctor fuera el más divertido de los
+juguetes. Isidora y Emilia le sacaron el tema de su boda, y ya le
+felicitaban, ya le hacían burla, mientras él, tan pronto hacía el
+panegírico de su futura como se lamentaba de perder su libertad. Subió
+luego al piso principal a ver a una anciana, madre de la célebre modista
+Eponina. Esta era una habilidosa francesa de mucha labia y trastienda,
+que en pocos años había hecho gran clientela. La vecindad fue causa de
+que Eponina y Emilia entablaran amistad. Algunas noches bajaba la
+francesa a casa del ortopedista, y otras los de Castaño subían al taller
+de modas. Isidora ya tenía conocimiento con Eponina, porque esta le hizo
+algunos vestidos en los prósperos tiempos botinescos. Conocedora Eponina
+del buen gusto de la de Rufete, siempre que esta subía mostrábale sus
+galanas obras, pidiéndole parecer, de lo que Isidora recibía mucho
+gusto, si bien este se desvanecía con el desconsuelo de ver tantas cosas
+ricas que no eran para ella. Luego, al volver a la ortopedia con el
+cerebro lleno de peregrinas visiones de trapos y faralaes, caía en
+profunda tristeza...
+
+De esta manera pasaron algunos días. Miquis les envió los dulces de la
+boda, acompañados de estos renglones:
+
+«Desde la mazmorra de flores, desde el delicioso ataúd de la luna de
+miel, el inmolado Miquis saluda a los señores de Castaño y a la señora
+de Bou. Recomiendo a esta la calma. He sabido con disgusto que ha
+contravenido mis prescripciones higiénicas, remontándose al taller de
+madama Eponina, y probándose varios vestidos de baile para ver su buen
+efecto. Eso es muy peligroso y reproduce la fiebre. Prescribo el
+alejamiento absoluto de los centros miasmáticos. En los ratos que tenga
+libres, dedíquese la enferma a bordar unas zapatillas al Sr. Juan Bou,
+para lo cual dicho se está que ha de emplear dos varas de cañamazo. Eso
+no importa. Yo regalo el cañamazo y las lanas. La enferma irá a
+convalecer a la sombra del árbol de la Ipecacuana, ese árbol milagroso,
+señoras, que está plantado en la litografía de la calle de Juanelo, y
+que ansía estrechar entre sus ramas a la descendiente de cien
+reyes.--Saluda a todos el más novel de los maridos y el más feliz de los
+médicos.--MIQUIS».
+
+Ya no se reía Isidora de las cartas y recetas. Desde el día anterior
+estaba muy ensimismada, y hablaba muy poco. Atribuyendo Emilia y Castaño
+la repentina tristeza de su amiga a que se veía apremiada por el
+procurador para abonar los crecidos gastos del pleito, la exploraron con
+habilidad; mas ninguna explicación categórica pudieron obtener de su
+taciturna melancolía. Un accidente habían notado que les hizo caer en
+desagradables sospechas: D. José, al volver de la calle, habló en
+secreto con Isidora, y de aquel secreto databan el abatimiento y
+tristeza de la joven enferma. Observando con malicia, los esposos
+notaron que Relimpio salía y entraba con frecuencia, como si trajera y
+llevara recados, y que padrino y ahijada cambiaban recatadamente
+palabras breves y cautelosas. Cuatro días pasaron así, cuando Isidora
+salió para ir, según dijo, a casa de su procurador, y como al otro día y
+al siguiente repitiese el mismo viaje, los esposos se alarmaron y dieron
+en creer que Isidora no merecía la caritativa hospitalidad que le habían
+dado.
+
+Fiel como un perro y callado como un cenotafio, D. José fortalecía de
+tal modo su discreción, que en esta no hallaba el más breve resquicio la
+curiosidad de su hija. ¡José, eres una alhaja!
+
+
+=--III--=
+
+Y en tanto, excesivamente distraída de sus trabajos, Isidora visitaba
+con frecuencia el taller de Eponina, y allí se encantaba contemplando
+los magníficos vestidos, entre los cuales a la sazón había tres de
+baile. Eran para una joven condesa que tenía la misma estatura y talle
+de nuestra enferma. Eponina quiso que esta se los pusiera para ver el
+efecto. ¡Ave María Purísima!... Púsose el primero; estaba encantadora.
+Púsose el segundo. ¡Oh, arrebataba! El tercero..., ¡Cristo!, el tercero
+caía tan bien a su cuerpo y figura, que sólo la idea de tener que
+quitárselo le daba escalofríos. Contemplose en el gran espejo,
+embelesada de su hermosura... Allí, en el campo misterioso del cristal
+azogado, el raso, los encajes, los ojos, formaban un conjunto en que
+había algo de las inmensidades movibles del mar alumbradas por el astro
+de la noche. Isidora encontraba mundos de poesía en aquella reproducción
+de sí misma. ¡Qué diría la sociedad si pudiera gozar de tal imagen!
+¡Cómo la admirarían, y con qué entusiasmo habían de celebrarla las
+lenguas de la fama! ¡Qué hombros, qué cuello, qué... todo! ¿Y tantos
+hechizos habían de permanecer en la obscuridad, como las perlas no
+sacadas del mar? No, ¡absurdo de los absurdos! Ella era noble por su
+nacimiento, y si no lo fuera, bastaría a darle la ejecutoria su gran
+belleza, su figura, sus gustos delicados, sus simpatías por toda cosa
+elegante y superior.
+
+Queda, pues, sentado que era noble. ¿Por qué no era suyo, sino prestado,
+aquel traje, y había que quitárselo en seguida, sin poder siquiera, como
+los cómicos, lucirlo un momento? No era reina de comedia, sino reina
+verdadera. Se miraba y se volvía a mirar sin hartarse nunca, y giraba el
+cuerpo para ver como se le enroscaba la cola. Pero qué, ¿iba a entrar
+realmente en el salón de baile? Su mentirosa fantasía, excitándose con
+enfermiza violencia, remedaba lo auténtico hasta el punto de engañarse a
+sí misma.
+
+De repente oyéronse pasos. Isidora y Epinona miraron hacia la sala
+inmediata, y vieron entrar a un hombre. Era Miquis.
+
+«Pase usted, doctor--dijo la modista--, y verá usted cosa buena. Usted
+no estorba nunca».
+
+Era Eponina mujer desordenada; mucho tiempo hacía que no pagaba al
+médico, el cual visitaba con gran celo a la anciana madre de la modista.
+Para hacerse perdonar su falta de conducta, la francesa era complaciente
+con Augusto, y le permitía entrar en su taller a todas horas y bromear
+con las oficialas. Al ver a Miquis, Isidora se turbó un momento. Después
+se echó a reír.
+
+«¿Te asombra de verme vestida de baile?--le dijo--. Sé que me has de
+reñir; pero, vamos, sé franco. ¿Estoy bien así, sí o no?».
+
+Absorto la miraba el joven, y con voz balbuciente, que declaraba su
+sorpresa y embeleso, dijo:
+
+«Estás..., no ya hermosa, ni guapa, sino... ¡divina!
+
+--Vamos, que te he hecho tilín.
+
+--A un ahorcado no se le hace tilín tan fácilmente; pero... Abismo de
+flores, de veras te digo que si no estuviera con la soga al cuello...
+Pero no, ¡fuera simplezas! El médico, el médico es el que habla ahora».
+
+Y esgrimió el bastón ante la imagen hechicera de la dama vestida de
+baile.
+
+«Has contravenido mi plan; te has burlado de mis recetas. No te
+salvarás, Isidora. Yo te abandono a tu desgraciada suerte.
+
+--Siéntese usted, Augusto; deje usted el sombrero»--dijo Eponina con
+melosa urbanidad.
+
+Desasosegado, Miquis se sentaba primero en una silla, después en otra,
+luego paseaba, y de pie y andando, no quitaba los ojos de su enferma.
+
+«Pues mira--le dijo Isidora con cierto descaro--, no me riñas, porque
+con tus medicinas tontas y con tu asquerosa ipecacuana no me he de
+curar, ni quiero curarme.
+
+--Ya lo sé que no quieres. ¿Piensas que no estoy enterado de tus malos
+pasos de estos días? A los médicos no se nos escapa nada. ¿Quieres que
+te lo cuente?».
+
+Isidora se turbó otra vez.
+
+«Pues oye: la semana pasada llegó de Francia Joaquín Pez en el estado
+más deplorable. Sus acreedores, cansados ya de contemplarle, le han
+caído encima como buitres hambrientos. Su padre ha decidido no ampararle
+más y le ha echado de su casa...
+
+--Es verdad, es verdad--dijo la de Rufete con emoción, preparándose a
+derramar lágrimas.
+
+--El pobre hombre, con el agua al cuello, desesperado y sin fuerzas para
+luchar con su destino, ha recurrido a ti. Sé que te ha buscado; que te
+mandó un recadito con tu padrino; que fuiste a verle... Es cierto, ¿sí o
+no?
+
+--Es cierto.
+
+--Se ha refugiado en una miserable casa de huéspedes donde no hay más
+que toreros de invierno, jugadores y gente perdida... Le visitaste hace
+cuatro días; has ido después varias veces... Lo sé por el ama de la
+casa, que es una Aspasia jubilada, y tiene relaciones con uno de mis más
+desgraciados enfermos. Reflexiona lo que haces, mira bien qué pasos das
+y entre qué gente vas a meterte.
+
+--Es verdad lo que has dicho. ¿Cómo es que todo lo sabes y todo lo
+averiguas?--dijo Isidora, rompiendo a llorar--. Augusto, ten compasión
+de mí. No, no me digas cosas... Él está perseguido, huye de la justicia,
+y ha tenido que refugiarse en un sitio, que por ser tan malo, le ofrece
+seguridad. No se comunica con ninguno de la casa. No le denuncies, ni me
+riñas a mí porque no he querido abandonarle en la desgracia.
+
+--Perdóneme usted, amiguita--indicó Eponina con bondad--, me va usted a
+estropear el vestido; me lo está usted mojando con sus lágrimas.
+
+--Me lo quitaré--replicó Isidora haciendo un gesto de niña mimosa--.
+Miquis, haz el favor de pasarte a la sala, que me voy a mudar de traje».
+
+Alejose un rato el médico. Cuando volvió, ya Isidora había tomado su
+forma primera. Se abrochaba su vestidillo humilde diciendo: «Ya tengo
+otra vez la librea de la miseria».
+
+Eponina salió, dejándolos solos. De repente Isidora se fue derecha hacia
+Miquis, y cruzando las manos delante de él, le dijo con acento de
+intenso dolor:
+
+«¡Amigo, estoy desesperada!
+
+--¿Qué tienes?--le preguntó él, sintiendo ante aquella pena y aquellas
+lágrimas una cobardía dulce.
+
+--¡Estoy desesperada! A ti me dirijo, a ti que eres bueno y me conoces
+hace tiempo.
+
+--¿Bueno yo?...--dijo Augusto con ironía--. A ver, ¿qué quieres?
+
+--Necesito..., ¿tendré que decírtelo?..., necesito dinero.
+
+--Ya...
+
+--Yo no puedo estar así. Váyanse al diablo tus recetas. Te diré..., yo
+quiero vivir y esto no es vivir.
+
+--Dinero para el Pez.
+
+--No, no; lo necesito para mi procurador y para mí. Estoy vestida de
+harapos... No me riñas, cada cual tiene su manera de ver las cosas de la
+vida. Sé que me vas a sermonear, y hablarme de moral y qué sé yo... No
+entiendo tus medicinas. Te diré... Dios no quiere favorecerme, Dios me
+persigue, me ha declarado la guerra...
+
+--¡Qué pillín!
+
+--Yo quiero ir por los buenos caminos, y Él no me deja--prosiguió
+Isidora con tanta agitación que parecía demente--. Veremos si al fin me
+favorece. Te diré...; lo que importa es que yo gane ese pleito. Cuando
+lo gane, tomaré posesión de mi casa... Mucho siento no poder llegar a
+ella con todo el honor que mi casa merece..., pero ¿qué hacer ya?
+Entretanto, amigo, la miseria me es antipática, es contraria a mi
+naturaleza y a mis gustos. La miseria es plebeya, y yo soy noble.
+
+--Isidora--declaró Augusto con seriedad--, al nacer te equivocaste de
+patria. Debiste nacer en Francia. Eres demasiado grande, eres un genio y
+no cabes aquí. ¿Quieres el último consejo? Pues vete a París. Allí
+encontrarás tu puesto. Aquí te degradarás demasiado. Aquí no las
+gastamos de tanto lujo como tú».
+
+Levantose para marcharse.
+
+«No, no te vas--dijo ella deteniéndole con fuerza por un brazo--; no te
+vas sin decirme si puedo contar contigo.
+
+--¿Para qué?»--murmuró el médico temblando.
+
+¡Sentía un frío...!
+
+«Yo necesito una cantidad--dijo Isidora febril, los labios secos.
+
+--No puedo... complacerte--repuso el joven, dejándose caer en una silla.
+
+--Sí puedes, sí puedes. ¡Augusto, por amor de Dios!..., socórreme,
+socórreme. Te diré...
+
+--Si es nada más que un socorro...».
+
+Miquis, turbado hasta lo sumo, aprecio con rápida ojeada interior su
+situación. ¡Se había casado seis días antes, estaba en la luna de
+miel!... ¡Ser traidor a su joven y amable esposa! «No, no, no», gritó
+para sí, y luego, en voz alta:
+
+«Pobre mujer, criminal o desgraciada, noble, plebeya o lo que seas, yo
+no te puedo amparar... Busca en otra parte...
+
+--¡Ah! ¡Qué amigos estos!--exclamó ella en lo último de la angustia--¡Y
+luego nos injurian si al vernos desamparadas corremos a la degradación!
+Bueno, bueno; me perderé, me arrastraré».
+
+Miquis cerró los ojos para no verla. Si la veía un momento más estaba
+perdido... Por lo que, sin añadir una palabra, echó a correr fuera del
+gabinete y de la casa.
+
+Iba por la calle adelante, satisfecho de su triunfo, cuando sintió
+rápidos y leves pasos detrás de sí. Al mismo tiempo oyó que le llamaban.
+Una mujer corría tras él. Al reconocer a Isidora, el pobre médico tembló
+de nuevo.
+
+«Tengo un recelo--le dijo Isidora agitadísima, la voz balbuciente, la
+expresión turbada y agoniosa--. No me has comprendido... Habrás creído
+tal vez que deseo ser tu querida, que te he propuesto que me compres...
+No me juzgues mal; yo quiero ser honrada. Si no lo consigo es porque...,
+te diré...
+
+--¡Honrada!
+
+--Sí, sí. No me comprendes. Sí me socorres, yo te pagaré..., dinero por
+dinero.
+
+--Déjame en paz--dijo Miquis retirándose.
+
+--No, no te vas--replicó ella deteniéndole con fuerza--. Estoy
+desesperada. Necesito... En último caso, paso por todo.
+
+--Soy pobre.
+
+--La desesperación es ley, Augusto. Te hablaré con el corazón; te
+diré... Yo no quiero más que a un hombre. Por él doy la vida, y en
+último caso el honor... Di, ¿me favoreces?
+
+--Lo que necesitas, ¿es para comer?
+
+--No; necesito mucho.
+
+--No puedo, no puedo».
+
+«Augusto, Augusto--exclamó ella colgándosele del brazo--. Mi necesidad
+es tan grande, que no puedo tener tesón ni dignidad, ni nobleza. Yo no
+te quiero, no puedo quererte; pero como Dios me abandona, yo me vendo».
+
+Pausa. Miquis la miraba pestañeando. Sobre ambos, un farol de gas
+alumbraba con rojiza luz aquella escena indefinible en que la necesidad
+desesperada, de un lado y la integridad vacilante de otro, se batían con
+furor. ¡Dinero y hermosura, sois los dos filos de la espada de Satanás!
+
+«Soy pobre--repitió Miquis, haciendo un esfuerzo--; vete a París.
+
+--¡Augusto!».
+
+Augusto sintió cólera. Aprovechándose de aquel movimiento del alma,
+desprendió su brazo de la mano de Isidora, y con toda energía le dijo:
+
+«Dios te ampare».
+
+Ya estaba distante cuando oyó esta voz sarcástica: «¡Farsante!».
+
+Aquella misma noche desapareció Isidora de la casa de sus buenos amigos,
+dejándoles un papelito que decía:
+
+«Emilia, Juan José, amigos queridos: no soy digna de vivir en vuestra
+casa. Cuidad de mi hijo esta noche. Tened lástima de mí».
+
+
+
+
+Capítulo XI
+
+Otro entreacto
+
+
+En el famoso pleito de filiación había terminado la prueba; varios
+testigos habían declarado y ambas partes respondido a infinitas
+preguntas, repreguntas y posiciones; una bandada de golillas revoloteaba
+en torno a las ramas de aquel árbol de escaso fruto; se había presentado
+el alegato de bien probado; se aproximaba la vista, a que seguiría la
+sentencia, y con esto la demandante se las prometía muy felices. Verdad
+que en la prueba, llamada Isidora a manifestar algún recuerdo de su
+niñez por donde se viniera a aclarar su nacimiento, no pudo suministrar
+noticia alguna que ayudara eficazmente a su defensa.
+
+Las declaraciones de los testigos eran desacordes y confusas por todo
+extremo. Un tal Arroyo, del Tomelloso, amigo del Canónigo y de Tomás
+Rufete, confirmaba la pretensión de Isidora. Un tal Arias depuso en
+términos diametralmente opuestos, y D. José de Relimpio, llamado
+también, declaró en términos categóricos a favor de la que llamaba su
+ahijada; mas su declaración, falta de solidez, daba lugar a dudas acerca
+de la sinceridad del anciano. Sobre tan misterioso asunto, él no sabía
+gran cosa. Sabía, sí, y esto no podía dudarlo, que en 1851 había sacado
+de pila a una niña, hija de Tomás Rufete. A los seis meses no cabales,
+Relimpio y Rufete riñeron por cuestión de una pequeña herencia y
+estuvieron siete años sin hablarse ni tener trato ni comunicación
+alguna. Hechas las paces al cabo de tan largo tiempo, ambas familias
+volvieron a entrar en relaciones. Entonces vieron los de Relimpio que en
+casa de Rufete había dos niños, Isidora y un varoncillo de dos años.
+Tomás dijo a Relimpio con misterio que su hija había muerto y que
+aquella que vivía y el niño se los había dado a criar una dama que no
+nombró. Don José, que no había visto a Isidora desde la edad de seis
+meses, no podía, por el rostro de ella, discernir si era cierto o falso
+lo que afirmaba su pariente; pero por costumbre siguió llamándola
+ahijada, y desde entonces comenzó el cariño de que tan grandes pruebas
+diera más tarde. En cuanto a Francisca Guillén, nunca pudo Relimpio
+obtener de ella una declaración terminante acerca de las dos criaturas
+que pasaban por suyas. Cuando Tomás estaba en el Tomelloso, la buena
+mujer aventurábase a decir algo, que llenaba de gran confusión a D.
+José; pero cuando el otro volvía, todo eran vaguedades y misterios.
+
+Esto era lo que Relimpio sabía, y estos breves datos y sus
+conversaciones, no largas, con Tomás y Francisca, debieron de haber
+constituido su declaración; pero, llevado de un sentimiento de
+caballeresca protección a la desgracia, hizo las afirmaciones más
+conformes con su deseo y el de su ahijada. Sigamos ahora los pasos de
+Isidora, de cuyo paradero ni Emilia ni Juan José tenían noticia alguna.
+Tres veces en dos días había ido la pícara a ver a _Riquín_, porque la
+ortopedista no se lo había querido entregar; pero ni con preguntas
+capciosas pudo obtener de ella un indicio del sitio en que moraba. Debía
+de saberlo don José; mas también guardaba fielmente el secreto. Tristeza
+tan profunda dominaba al buen tenedor de libros, que con el peso de ella
+parecía habérsele aumentado la cuenta de los años, extremando su vejez.
+Casi todo el día lo pasaba fuera de su casa, y cuando entraba en ella
+anunciábase con suspiros. Había perdido el apetito, dormía muy mal y
+tenía los sueños más raros del mundo. Soñaba que se batía en duelo de
+honor con Pez, Botín y otros caballeros, y que a todos les mataba,
+sacándoles hasta la postrera gota de sangre. ¡Horror de los horrores!
+
+Pero si Relimpio era la misma tristeza, otro personaje muy conocido
+nuestro, el gran Bou, veía de súbito compensadas sus desdichas amorosas
+con una gran ventura en cuestión de intereses. ¡Oh! Si la ingrata se
+aviniera a dar el deseado _sí_, el Obrero--Sol sería un ejemplo de
+hombre venturoso cual pocas veces se ha visto sobre la Tierra. Diríase
+que la Providencia cristiana, no menos caprichosa a veces que la pagana
+Fortuna, se había propuesto abrumarle de bienes positivos, negándole los
+que su corazón apetecía, y le colmaba de frutos riquísimos sin dejarle
+ver y gozar la flor hermosa del amor. Desde la visita al palacio de
+Aransis empezó la tal Providencia a divertirse con él. En el espacio de
+quince o veinte días le quitaba por un lado toda esperanza de amor, y
+dábale por otros tres gollerías o momios pecuniarios a cuál más valioso.
+Primero: aseguró un buen negocio contratando cierto trabajo de
+impresiones y etiquetas con un afamado industrial; segundo: percibió una
+herencia de ciento setenta mil reales; tercero: se sacó un segundo
+premio de lotería, importando cinco mil duros. ¿Qué tal? Aun con ser
+estos embolsos un estorbo más para llegar a la deseada liquidación
+social, Bou se guardó su dinero y se puso muy contento, considerando en
+lo más escondido de su mente, que bien podía aplazarse la tal
+liquidación, o exceptuar de ella, en el punto y hora en que se hiciera,
+el dinero de la gente honrada.
+
+Miquis, que le apreciaba y se reía con él, fue a darle la enhorabuena, y
+le encontró en su taller trabajando como siempre. Bou se levantó, saludó
+a gritos, estrujó la mano de su amigo, y después fue acometido de una
+tos tan violenta, que su cara parecía un cuero de vino, y el ojo
+rotatorio estuvo a punto de desalojar su holgada órbita y caerse al
+suelo.
+
+«Ese alquitrán, hombre, ese alquitrán...
+
+--Déjese usted de alquitranes y de potingues. Ni curas ni boticarios me
+sacarían un cuarto. Que coman yerba..., ¡hala! Y a ustedes los médicos,
+si yo arreglara el mundo, los pondría a que me barrieran las calles, a
+que me desecaran los pantanos, a que me desinfectaran las
+alcantarillas... Ahí es donde están las enfermedades.
+
+--Pues a los litógrafos los pondría yo a que me afeitaran todas las
+ranas que se pudieran coger... Pero vamos al caso... ¿Convida usted o no
+convida?
+
+--Sí, señor; convido a una copita... y nada más.
+
+--¡Qué miserable! Yo esperaba un banquete regio.
+
+--No me gustan aparatos ni bulla.
+
+--Hombre, siquiera un cubierto de cincuenta reales..., cuatro amigos...
+
+--Pues _palante_--exclamó el catalán, disparando su risa--, y aunque sea
+de doscientos reales. Pero cuatro o cinco amigos nada más».
+
+Siguieron hablando de la buena fortuna. Bou la había recibido con calma
+y no pensaba hacer locuras. Si al fin se casaba, seguiría trabajando,
+con el mismo sistema de vida modesta y obscura. Pero si no se casaba,
+tenía el pensamiento de proporcionarse algunas satisfacciones, porque
+_¡voto va Deu!_, no hay dinero más soso que el que uno deja a sus
+herederos cuando se muere. Es necesario irse al otro mundo sin poder
+contar por allá algo de lo poco bueno que hay en este; y luego, si viene
+la liquidación, si tocan a desamortizar, es triste cosa que le limpien a
+uno sin haber sido sanguijuela por un poco de tiempo. El trabajo es
+bueno, magnífica cosa, sí señor, admirable en extremo; y los holgazanes
+que se aprovechan del trabajo del pobre para gozar, son unos pillos, sí
+señor, grandes tunantes; pero el obrero que tiene una ocasión de
+introducirse, siquiera sea por breve tiempo, en el palacio encantado de
+los goces mundanos, debe hacerlo, aunque no sea sino por conocer el
+género de vida de las sanguijuelas y tenerlo en consideración el día en
+que se ajusten cuentas. Él (Juan Bou) había pensado esto, y sacado en
+consecuencia que las teorías puras no resuelven la cuestión social; es
+preciso estudiar prácticamente los excesos de la holgazanería.
+
+Aprobó Miquis cumplidamente estas ideas y con toda energía excitó a su
+amigo a probar las escasas dulzuras de esta corta vida, ya que sin
+quererlo tenemos siempre entre los labios sus amarguras, y pues la
+ocasión de ser dichoso no se presenta siempre, aprovéchese cuando viene,
+que tiempo hay de sobra para privaciones, disgustos y penas.
+
+«Supongo--añadió--que andaremos en coche y a caballo, que tendremos
+buena mesa y palco en el Real».
+
+Echose a reír Juan Bou y dijo que no pensaba correrse mucho, ni hacer el
+oso, ni ponerse en ridículo como un indianete sin seso; que tan sólo
+obsequiaría a cuatro amigos, y que sin abandonar su taller, trataría de
+ver qué sabor tiene la sangre del pueblo.
+
+Después nombró Miquis a la ingrata, y oído su nombre, se puso tan serio
+el otro, que parecía haber perdido en un instante todo su contento. No
+habrían dejado aquí un tema tan del gusto de ambos si en aquel punto no
+hubiera entrado D. José, el cual se turbó al ver al médico. Bou, también
+algo turbado, pidió perdón a Miquis y se fue con Relimpio a un
+despachito cercano, donde Augusto les oyó secretearse.
+
+«Le ha traído una carta o recadillo--pensó el doctor, proponiéndose no
+darse por entendido--. Ya, ya...».
+
+Don José salió, al parecer con otra esquela o recadito verbal, aunque es
+más probable que llevara lo primero, y al salir habló a Miquis del
+tiempo, de política, de Cánovas y de que las tropelías de los ingleses
+en el campo de Gibraltar daban motivo a España para exigir de Albión que
+nos devolviera aquel pedazo de nuestro territorio. Augusto se mostró
+conforme con estas patrióticas ideas y le dejó marchar, compadecido de
+su aspecto caduco y del azoramiento que el semblante del pobre viejo
+declaraba. Convidado por Bou al banquete que celebraba a la siguiente
+noche, fue D. José vestido con su levitita anticuada y su corbata azul
+de alfiler. Grave y silencioso estuvo toda la noche, sin que los demás
+comensales pudieran comunicarle su alegría. Era tan flojo de cerebro,
+que en cuanto bebía dos copas se ponía perdido, y he aquí que al probar
+el Champagne, el buen tenedor de libros, después de haber dado varias
+pruebas de no ser dueño de sus ideas, se dirigió a Juan Bou y con lengua
+solemne aunque torpe, le dijo:
+
+«¡Caballero, usted me dará una satisfacción, o me veré obligado a llevar
+la cuestión a un terreno...!».
+
+Todos prorrumpieron en risas. Exacerbado con ellas el humor pendenciero
+de D. José, se puso éste como la grana, y uniendo el gesto impetuoso a
+la dicción enfática, añadió:
+
+«Porque usted se empeña en mancillar el honor de una joven de altísima
+familia, y yo no permito, ¿lo entiende usted?, no permito... ¡yo que soy
+su segundo padre...!
+
+--Tiene razón--dijo Miquis--. Esto no puede quedar así. El lance es
+inevitable.
+
+--Inevitable--gritó Relimpio descargando el puño sobre la mesa y
+rompiendo un plato--. Elija usted hora y arma. Si quiere usted, a la
+hora del alba...
+
+--_Al matutino albore_...».
+
+Lo más particular fue que Bou, que también era hombre incapaz de llevar
+con aplomo tres copas de vino blanco, empezó a disparatar. Primero se
+rió mucho, después todo su empeño era abrazar a D. José y llamarle su
+amigo. Relimpio, por el contrario, más se enfurecía a cada instante. Los
+otros le incitaban, y sabe Dios cómo habría concluido el lance si el
+catalán, que brindaba a cada momento, no diera de improviso con la mole
+de su cuerpo en tierra.
+
+Levantose en esto D. José y señalando con dramático acento el cuerpo que
+parecía cadáver, dijo:
+
+«¡La suerte me ha sido favorable, caballeros, señal de mi derecho! ¡Le
+he matado!... He salvado el honor de una eminente doncella, de aquella
+hermosa entre las hermosas, de aquella oriental perla, de aquel
+serafín...».
+
+Dio tres o cuatro pasos en falso, giró como un trompo, y fue a caer en
+un diván de hule, donde Miquis le mojó la cara.
+
+
+
+
+Capítulo XII
+
+Escenas
+
+
+=--I--=
+
+JOAQUÍN.--=(Solo, paseándose meditabundo por la habitación, que es de
+bajo techo, sucia, con feísimos y ordinarios muebles, todo en desorden.)
+= Ni un día más durará esta vida. Protesto con toda mi energía de ser
+racional y libre, declaro absurdo y necio el deber de vivir. No hay tal
+deber. Cuando la sociedad nos declara la guerra, o hay que rendirse
+entregándole las llaves de la plaza del alma, por otro nombre la
+vergüenza, o hay que tomar las de Villadiego, emigrando a la eternidad.
+Este es el dilema, _the question_, como decía el otro: o vivir sin
+decoro, o buscar en la muerte la imposibilidad absoluta de ruborizarse.
+Opto por morir. =(Da un gran suspiro, alza los ojos del suelo, y
+fijándolos en un espejo que hay en la pared, sucio de moscas y con gran
+parte del azogue borrado, se contempla en silencio un gran rato.)=--¿Eres
+tú, imagen que aquí veo, la de Joaquín Pez? Te desconozco. Tú no eres
+yo. Yo era hermoso, y tú, con esa palidez de Santo Cristo viejo y sin
+barniz, das grima. Mis ojos derramaban la alegría y la felicidad y los
+tuyos están mortecinos y sin brillo. ¿Cómo puedo creer que el hombre
+mejor vestido de Madrid sea este que aquí veo dentro de esta levitita
+abotonada hasta el cuello, con los ojales rotos y los bordes grasientos
+y con flecos? No: el hombre que, a la hora que es, no ha tomado más que
+un café y un poco de pan, no puede ser el Joaquín Pez que yo conocí. =
+(Da media vuelta y sigue paseando.)= Me repugno, me doy asco. Vivir así
+es peor que cien muertes.
+
+»Ya no puedo pasar mucho tiempo sin que me descubran. Me prenderán, me
+meterán en la cárcel... ¡Qué iniquidad! =(Se conmueve.)= Soy un
+desgraciado, un hombre débil que no conoce el orden; soy un tonto; no
+tengo sentido común, no sé arreglarme..., no valgo dos cuartos. Cuanto
+se diga de mí en este sentido es justo. ¡Pero acusarme de estafador!...
+Que en París contraigo deudas; que me vengo a España con intención de
+pagar; que un francés sale escapado detrás de mí persiguiéndome; que le
+entretengo unos días; que me endosan unas letras para que las cobre; que
+las cobro y pago al francés; que los acreedores de aquí, envidiosos de
+ver la buena suerte del extranjero, se me echan encima, me ahogan, me
+embargan, me despojan la casa; que mi padre se enfurece y riñe conmigo y
+me retira su apoyo; que el dueño de las letras me exige su dinero; que
+no se lo puedo dar; que le pido un plazo; que me lo niega; y tomándolo
+por la tremenda da parte a la Justicia; que corro y me afano buscando un
+prestamista, y no lo puedo encontrar; que protesto de mis buenas
+intenciones y de mis deseos de cumplir, y nadie me cree; que me acusan
+de trapisondista y de estaf... No, no lo puedo sufrir. En mí hay error;
+pero mala fe, jamás. La ligereza, ¿será hermana del crimen?...
+
+»He recurrido al juego y no he tenido suerte; se han conjurado contra mí
+hasta los abominables ganchos de los garitos. Es una guerra universal
+contra el infeliz caído; es la venganza de la cursilería contra el que
+fue ídolo de la sociedad y de las damas, hombre de moda y verdadero tipo
+del bien vestir. =(Dando un gran suspiro.)= Yo juro que no se reirán de
+mí; no, no me humillaré; no haré el mamarracho. Es preciso acabar
+dignamente. Cada cosa que pierde el cimiento cae según su natural
+condición. Caeré con catástrofe, como las torres, y los que oigan el
+estrépito de mi fin dirán: «Este es un hombre»... =(Acércase a un rincón
+en que hay una percha, de la cual pende un gabán. Toca la tela,
+reconociendo por fuera algo que abulta dentro de un bolsillo.)= Aquí
+estás, pasaporte, billete de ida sin vuelta. Te guardaré en el cajón de
+la mesa =(Lo hace.)= para que no te vea Isidora, que se asusta tanto de
+las armas de fuego. Ayer te vio y quiso tirarte a la calle. Esta noche,
+tú y yo nos entenderemos. Las horas, que se arrastran pesadamente de la
+mañana a la noche, despidiendo como una baba pegajosa, empapan mi alma
+en desesperación. Esto ya no es vivir. Hágome cuenta de que ya se acabó
+todo, y voy a escribir. No quiero irme sin decir algo a ciertas
+personas. =(Se sienta en una claudicante silla, junto a la más derrengada
+mesa que es posible ver, y escribe.)= Suprimiremos la fórmula vulgar de
+«A nadie se acuse de mi muerte». Diré a mi padre que... Siento pasos.
+Isidora viene. Esta desgraciada es el único ser que ha tenido la
+abnegación de unirse a mí y ampararme cuando me ha visto abandonado por
+todos. ¡Oh corazón generoso! Ha querido confortar mis penas con sus
+ilusiones y mi desesperación con su esperanza. Cuando la veo, me dan
+ganas de vivir y de ser bueno y arreglado y de unirme para siempre con
+ella. Aquí está...».
+
+
+=--II--=
+
+ISIDORA.--=(Entra con muestras de cansancio. Viene humildemente vestida y
+trae un lío de ropa. Siéntase en un sofá inválido que se inclina más de
+un lado que de otro, y poniendo sus ojos llenos de dulzura en Joaquín,
+espera que este le dirija la palabra.)= ¡Dios mío, qué escalera!
+
+JOAQUÍN.--Más grande es la del Paraíso; al menos así lo dicen, que yo no
+la he visto.
+
+ISIDORA.--¿Ha venido mi padrino?
+
+JOAQUÍN.--No he tenido el gusto de ver a su señoría.
+
+ISIDORA.--¡Cuánto he andado, cuánto he corrido hoy!... He vuelto a casa
+de Emilia para ver a _Riquín_. He querido traérmele, temiendo que les
+molestase; pero Emilia no lo ha consentido... Hemos llorado... =(Se
+conmueve.)=
+
+JOAQUÍN.--Has hecho bien en dejarle allí. En ninguna parte estará mejor.
+
+ISIDORA.--=(Suspirando fuerte.)= ¡Ay! Dios de mi vida, ¡qué angustia! Por
+fin he logrado reunir... =(Lleva la mano a su bolsillo como para
+defenderlo de un brusco movimiento de Joaquín.)=--No, no te doy un
+cuarto. Déjame, que yo iré arreglando las cosas. Por de pronto es
+preciso que salgas de aquí. Esta casa es una pocilga, y ¡qué vecindad,
+qué huéspedes, qué patrona! Anoche no me dejaron dormir estos torerillos
+y demás gentuza que cantaba y daba palmadas en el comedor. Pero di, ¿no
+hallaste otro sitio mejor en que meterte?
+
+JOAQUÍN.--=(Con desaliento.)= Perseguido, aterrado, aturdidísimo, me dejé
+conducir por un amigo, Pepe Nules.
+
+ISIDORA.--Pues ya tengo para pagar los ocho días que has estado aquí. Yo
+no he estado más que tres. El gasto es poco. Hoy te haré traer comida
+buena de la fonda.
+
+JOAQUÍN.--No te apures por eso...; lo mismo me da.
+
+ISIDORA.--Y mañana irás a una casa más decente.
+
+JOAQUÍN.--=(Con indiferencia.)= ¿Para qué?
+
+ISIDORA.--Para que vivas con más decoro.
+
+JOAQUÍN.--¡Ideas convencionales!
+
+ISIDORA.--=(Pensativa.)= Ayer te dije que tomaría una casita, y nos íbamos
+a vivir juntos, ocultamente, sin que nadie se enterara. Ya he
+reflexionado, y eso no puede ser.
+
+JOAQUÍN.--Esas ideas de vivir ocultamente, y eso de hacer un nido y... =
+(Riendo.)= Estupideces, hija. Eso lo pueden hacer los pájaros, que no
+conocen la acuñación de moneda. Estamos dejados de la mano de Dios. No
+hay que pensar en casita ni en simplezas. Los novelistas han introducido
+en la sociedad multitud de ideas erróneas. Son los falsificadores de la
+vida, y por esto deberían ir todos a presidio.
+
+ISIDORA.--No te desesperes. =(Sonriendo con dulzura.)= ¿Y si yo te dijese
+que tengo probabilidades de reunir algún dinero?
+
+JOAQUÍN.--Tu dinero nos serviría para ir pasar dos días, tres. Luego
+volveríamos a la misma situación de miseria, y como tus riquezas no
+habían de ser tales que yo pudiera con ellas romper este cerco en que me
+hallo...
+
+ISIDORA.--=(Con cariño.)= ¿Y si yo pudiera...?
+
+JOAQUÍN.--Ta, ta, ta. Tú vives de ilusiones. Aquí tenemos otra vez la
+fantasmagoría del pleito. Siempre crees que mañana te duermes Isidora y
+te despiertas marquesa de Aransis, harta de millones. No sé cómo, con tu
+buen talento, vives así, engañada por el deseo.
+
+ISIDORA.--Vamos, hoy todo lo ves negro.
+
+JOAQUÍN.--Es que todo se ha vuelto ya retinto para mí.
+
+ISIDORA.--Si quieres que no riñamos, no me hables del pleito con ese
+desprecio. Yo tengo confianza, y quiero que tú la tengas también. El
+procurador me ha dicho que es cosa ganada... Tardará algún tiempo,
+porque mi abuela apelará; pero de que lo gano, no te quede la menor
+duda.
+
+JOAQUÍN.--Pues poniendo las cosas a tu gusto, siempre pasarán tres,
+cuatro o cinco años antes que lo ganes. Ayúdame a sentir. Ni cómo he de
+remediarme yo ahora y sortear mi deshonra, con esos caudales que todavía
+no se han acuñado.
+
+ISIDORA.--Al darte esperanzas, no me refería precisamente al pleito. Yo
+pensaba conseguirte el dinero con un préstamo.
+
+JOAQUÍN.--¡Un préstamo! =(Con estupor.)=
+
+ISIDORA.--En fin, yo me entiendo... No te desesperes...
+
+JOAQUÍN.--No creo ya en los préstamos, como no creo en los milagros. =(Da
+media vuelta y se pasea otra vez.)=
+
+ISIDORA.--=(Aparte, y después de mirar un rato a Joaquín).= Es preciso
+sobreponerse a la desgracia... Arreglaré el cuarto que parece una
+leonera.
+
+=Larga pausa. Durante un momento, ambos personajes callan. Isidora coloca
+las sillas con cierto orden, arregla las camas, quita el polvo. Cuando
+limpia el espejo, se mira un poco, y dice:= «Parezco que sé yo qué.
+=(Alto.)= Hoy traeremos dos cubiertos de la fonda.
+
+JOAQUÍN.--Como tú quieras. El comer bien o el comer mal me es
+indiferente; pero, pues tú lo quieres, comamos bien, que nada se pierde
+en ello.
+
+ISIDORA.--=(Sentándose fatigada.)= La miseria, hijo, me espanta. No tengo
+un vestido decente que ponerme... ¿Pues y tú? ¡Y a esto llaman vivir!...
+
+JOAQUÍN.--La vida sin dinero es una enfermedad del cerebro, una fiebre
+galopante, una meningitis. Ni el amor es posible en la pobreza. Mete a
+los amantes más finos y más exaltados, a Romeo y Julieta, por ejemplo,
+en un cuchitril, donde no tengan más que el consabido _pan y cebolla_, y
+a los dos días se arañan la cara. La miseria es enemiga del alma humana.
+Con ella no es posible el talento, ni los afectos, ni la amistad, ni el
+arte, ni la dignidad, ni nada. Es la forma sintética del mal. Oye, oye,
+Isidora: el reloj de las monjas ha dado las tres. Tengo una debilidad...
+Si persistes en el sibaritismo de traer algo de la fonda, mándalo traer
+pronto, ya sea almuerzo, ya comida, porque me muero de hambre.
+
+=Nueva pausa, durante la cual entran una criada de la casa y un mozo de
+la fonda. Este sirve el almuerzo. Joaquín demuestra más apetito que
+Isidora.=
+
+ISIDORA.--=(De sobremesa.)= ¿Qué tal?
+
+JOAQUÍN.--Los langostinos estaban muy buenos; el _bistec_ me ha
+rejuvenecido. ¡Bendita seas tú, que siempre tienes ideas grandes! Eso de
+sorprenderme con dos botellas de Champagne prueba que en ti todo es
+noble, lo mismo el corazón que la cabeza. Dejaremos una botella para
+mañana, porque la economía es la primera de las virtudes; no, la
+segunda, que la primera es cuidarse bien.
+
+ISIDORA.--Alguna otra sorpresa he de darte todavía. Dime, ¿mereces tú lo
+que hago por ti?
+
+JOAQUÍN.--No lo merezco ciertamente. Muchas veces te lo he dicho. Eres
+un ángel..., no de esos ángeles desabridos que pintan en los cuadros y
+en las poesías, los cuales vienen con consuelillos de moral emoliente,
+sino un ángel mundano que derrama sobre el corazón del desgraciado
+bálsamo eficaz. En una palabra, eres un ángel práctico. Bien se conoce
+en todas tus acciones la nobleza. Podrás equivocarte, cometer faltas;
+pero ser innoble, jamás. No sé si me explicaré diciendo que tienes la
+elegancia del alma.
+
+ISIDORA.--Tienes razón. Seré cualquier cosa; seré... mala si se quiere,
+pero ordinaria jamás.
+
+JOAQUÍN.--Indudablemente eso está en la sangre. ¡Por vida de...! Si no
+ganas ese endiablado pleito, no hay justicia en la tierra... ni en el
+cielo. ¡Ay! Isidora, no sé por qué el Champagne da a mi alma un vigor
+que ya no tenía. Ello es que siento deseos de echarme a pensar cosas
+agradables. Isidora, Isidora, mujer mía. =(La abraza tiernamente.)=
+Entretengámonos un momento con ilusiones...
+
+ISIDORA.--=(Riendo.)= Mejor es soñar que ver.
+
+JOAQUÍN.--Ganarás el pleito... Yo me casaré contigo...
+
+ISIDORA.--=(Entristeciéndose súbitamente.)= En lo primero creo, en lo
+segundo no. Esa ilusión es demasiado bonita para que pueda engañar.
+
+JOAQUÍN.--¿Por qué lo dices?... ¿Porque te lo he prometido muchas veces,
+y nunca lo he cumplido? Ahora...
+
+ISIDORA.--Ni ahora ni nunca. Tú no te casarás conmigo. =(Derrama unas
+lágrimas.)=
+
+JOAQUÍN.--El mundo es olvidadizo, tontuela.
+
+ISIDORA.--Pero no tan olvidadizo que...
+
+JOAQUÍN.--Y en seguida que nos casemos, haremos un viaje por Italia y
+Suiza.
+
+ISIDORA.--O por Inglaterra y Escocia. =(Con toda su alma.)= ¿Sabes que de
+tanto oír hablar de Italia me apesta la tal Italia? Mas quiero ver a
+Londres, sus inmensas calles, sus muelles que no tienen fin, sus
+parques... Aquello sí que es grandeza. Te diré... Luego haría una
+excursión por Escocia, ¡donde hay unos lagos preciosos y unas
+montañas...! Por allí andan las _ladys_ visitando grutas, escudriñando
+ruinas y pintando paisajes. No hay nadie que entienda como esa gente
+inglesa el modo de hacer vida elegante en medio de la Naturaleza. Botín,
+que ha estado en Inglaterra, me contaba cosas que me hacían feliz.
+
+JOAQUÍN.--Pues si lo prefieres, iremos a Londres y Escocia.
+
+ISIDORA.--Calla, calla. Te diré... Iré yo sola, o contigo, si quieres
+acompañarme... Porque no me casaré, Joaquín; viviré soltera riéndome del
+mundo.
+
+JOAQUÍN.--¡Soltera! Si yo no me casara contigo, tendrías ocho mil
+pretendientes por semana.
+
+ISIDORA.--=(Decidida.)= A todos les daría con mi puerta dorada en los
+hocicos. ¡Soltera, libre! Vestiré muy bien, protegeré las artes, seré
+una gran señora. Te diré... Mi casa va a tener que ver, porque no
+entrará en ella nada que no sea de lo más escogido. No has de ver ni
+cosas vulgares, ni tapicerías chillonas, ni objetos de mal gusto, ni
+cosa alguna que se vea en otra parte. Compraré cuadros de los grandes
+maestros, y tapices y antigüedades, y todo lo que sea curioso sin dejar
+de ser bello, porque las rarezas sin hermosuras me desagradan como las
+bellezas comunes.
+
+JOAQUÍN.--¡Bendito sea tu talento!
+
+ISIDORA.--En mi casa no entrarán los tontos; eso puedo jurártelo. Me
+rodearé de hombres discretos, distinguidos. En fin, será mi casa la
+academia del buen gusto, del ingenio, de la cortesía y de la
+inteligencia. Daré conciertos de música clásica.
+
+JOAQUÍN.--=(Con un poco de malicia.)= ¿La has oído? ¿Te gusta?
+
+ISIDORA.--Yo no sé si la he oído o no; pero puedo asegurar que me gusta.
+Te diré... ¿Hay una música en que no se oigan esos mil sonsonetes de
+ópera que conocemos por los organillos, las bandas militares y los
+cantantes de afición? Pues esa es mi música. Lo que te puedo asegurar es
+que un día fui al salón del Conservatorio a oír los cuartetos y me gustó
+tanto, que estaba embelesada... Aquello era un coro de serafines con
+guante blanco. ¡Qué sensaciones tan delicadas! Yo me remontaba a un
+cielo que también era salón.
+
+JOAQUÍN.--=(Con arrobamiento.)= ¡Isidora, tú eres noble!
+
+ISIDORA.--Te diré... Oyendo aquella música, yo me olvidaba de todo y
+bendecía a Dios, que no me ha hecho vulgo... Vamos a otra cosa. Yo no
+entiendo de pintura; pero cuando tenga mi casa, entrarás en ella, y te
+desafío a que encuentres algo que no sea superior. Me atengo a los
+grandes maestros, y como he de ser muy rica, me formaré una buena
+colección. También tendré contemporáneos, siempre que sean muy
+escogidos. Tres o cuatro veces nada más he estado en el Museo. ¡Qué
+cosas, hijo! Aquello sí es grande. Con el talento que hay colgado de
+aquellas paredes había para hacer un mundo nuevo si este se acabase. Yo
+me figuraba que había pasado a otro mundo, a Venecia, a Roma, a la corte
+del Buen Retiro. Unas veces creía que estaba cubierta de brocados y
+otras que andaba a la ligera como se anda por el Olimpo. Aquella es
+belleza; chico, aquella es gracia. Yo decía: eso lo siento yo, esto es
+cosa mía, esto me pertenece...
+
+JOAQUÍN.--=(Con entusiasmo.)= ¡Eres noble, eres noble!
+
+DON JOSÉ.--=(Entrando súbitamente, produce, con la irrupción inesperada
+de su personalidad, un abatimiento brusco del exaltado vuelo de su
+ahijada.)= Aquí estoy.
+
+ISIDORA.--¡Ah!... Don José...
+
+DON JOSÉ.--=(Aprovechando el momento en que Joaquín vuelve la espalda, da
+un papelito a Isidora.)= Toma.
+
+ISIDORA.--=(Guardando el papelito.)= Padrinito, ahora debe usted
+retirarse. Es de noche y estará usted cansado. Mañana le necesito. Pero
+no se moleste usted en subir. Aguárdeme en la puerta y me acompañará a
+varios sitios donde he de ir. =(Despidiéndose con una mirada cariñosa.)=
+Abur.
+
+DON JOSÉ.--=(Con cierta reconcentración shakespeariana.)= La sangre que
+destila de mi corazón amarga mis labios. =(Exit.)=
+
+
+=--III--=
+
+=Es de noche. Agonizante luz de un quinqué con pantalla torcida y sucia
+alumbra la estancia. JOAQUÍN, cansado de dar vueltas por el cuarto y de
+fumar cigarrillos, se arroja vestido a la cama y se duerme. ISIDORA se
+reclina en el sofá y cierra los ojos. Pero no pudiendo dormir, habla
+consigo misma.=
+
+«Decididamente optaré por el canelo con combinación níquel, por el azul
+de ultramar y por el negro con combinación de brochado, oro y
+cardenal... En los sombreros no determino nada hasta no enterarme bien.
+¡Ay Jesús!, lo primero que tengo que hacer es tomar un profesor de
+francés... Supongamos que cuando menos se piensa, mañana, o la semana
+que entra, o el mes que entra, gano el pleito; bien porque lo gano, bien
+porque la marquesa se cansa, reconoce su terquedad, y cede y me llama y
+me dice... Hace días que me estoy figurando esto y nada tendría de
+particular que lo que pienso resultase verdad. Pues bien: mi abuela me
+llama el mejor día; voy allá, subo, entro, espero un ratito en el
+gabinete del piano, sale ella, me mira, me toma las manos, me las
+aprieta mucho y me dice: «Basta de pleitos, hija; abracémonos». Y me
+abraza, y yo me echo a llorar, y ella también, y todo queda concluido, y
+yo en la casa y en posesión de lo que es mío... Supongamos esto, que es
+lo más natural, lo más lógico. ¡Qué alegría tan grande, Dios de mi vida!
+Entonces sí que podré tener cuanto necesite y cuanto me agrade sin
+humillarme. Sacudiré la tierra que se haya pegado a las suelas de mis
+botas, y diré: «Ya no más, ya no más lodo de las calles». El cristal más
+puro no podrá compararse entonces a mi conciencia. Seré tan honrada como
+los ángeles... Levantaré mi frente... =(Se interrumpe y da un gran
+suspiro.)=
+
+»¿Pero podré levantarla con el peso de ciertas cosas de mi vida
+pasada... y presente? Esto me vuelve loca. ¡Maldita sea la necesidad,
+que no es otra cosa sino lo que antes se llamaba el Diablo! La decencia
+del vestir, la delicadeza en el comer, el aseo y las comodidades, que
+son tan necesarias a ciertas personas como el aire y la luz, nos matan
+el alma... ¡Que venga Dios en persona a sacarme de este círculo maldito!
+Si me privo de todo, me muero de pena, y si no me privo me deshonro...
+¡Oh Dios!, ¡quién fuera cursi, quién fuera populacho!... Me pasaría la
+vida haciendo cigarros, lavando ropa, comiendo bodrio, durmiendo en un
+jergón asqueroso; me casaría con un cafre hediondo, tendría un chiquillo
+cada año, viviría como una bestia, toda imbécil, toda sucia...; ¡pero
+sería feliz como son felices los que no conocen el dinero!... ¿Qué es
+mejor, ser una piedra, que se está donde la ponen, o ser una criatura
+racional que quiere ir a alguna parte? ¡No sé, no sé! ¡Benditos sean los
+adoquines, que ni siquiera sienten los pisotones que les dan!... Vaya,
+vaya, qué duro es este sofá. Y el pobre Joaquín, ¡qué profundamente
+duerme! ¡Buena falta le hace! ¡Cuánto has padecido estos días,
+desgraciado mártir de la sociedad! Tienes mala cabeza, pero eres bueno.
+Has gozado mucho, demasiado quizás, y ahora lo estás pagando. Los muy
+felices tienen que pagar su felicidad con desgracias, y viceversa. Por
+eso yo, que he sido y soy tan desgraciada, he de cobrar pronto la
+felicidad que se me adeuda... =(Suspira y se aflige.)= Sí, sí; no hay
+debajo del sol una persona más desgraciada. Y, no me digan que soy mala.
+Yo no soy mala. Es que las circunstancias me obligan a parecerlo. Y si
+no, que baje una santa del cielo y se ponga en mi lugar, a ver si no
+haría lo mismo... =(Se da un golpe en la frente.)=
+
+»Cuando pienso lo que me espera mañana, me dan ganas de matarme. Y al
+mismo tiempo, ¡vaya con las jugarretas que me hace mi destino! Deseo que
+llegue mañana. Mis necesidades, los apuros de este infeliz y la urgencia
+de pagar los gastos de mi pleito, me hacen cerrar los ojos... El honor
+me echa hacia atrás; la ansiedad de satisfacer mis necesidades me echa
+hacia adelante. Pues no hay otro remedio, adelante. El sí y el no me
+vuelven igualmente loca. =(Rompe a llorar, y para sofocar sus lamentos
+muerde el pañuelo. Larga pausa.)= ¡Y cómo duermes tan tranquilo!... Si yo
+no te quisiera tanto, podría suprimir uno de los principales motivos que
+tengo para dar este mal paso, y quizás, quizás hallaría otros medios...
+Pero no puedo remediarlo; se me despedaza el alma de verte así... Y para
+que veas lo que soy, siempre que considero lo mal que te has portado
+conmigo, me entran ganas de servirte, de favorecerte. Te diré..., yo soy
+así; Dios mío, ¿por qué me hiciste noble? ¿Por qué no me hiciste nacer
+de vil populacho? ¿Por qué no me hiciste canalla de la cabeza a los
+pies, canalla la figura, canalla los modales, canalla el alma?... =(Gran
+pausa, durante la cual se adormece.)= No, no; me decidiré por el azul
+Ultramar con combinación rosa y plata...
+
+=(Otra pausa, durante la cual amanece.)=»Es de día; me levantaré y saldré
+sin que él me vea. Aún es demasiado temprano. Procuraré no hacer
+ruido... Le dejaré el dinero suelto que me queda aquí y dos palabras
+escritas con este lápiz. =(Escribe; pone sobre la mesa el papel y algunas
+monedas.)= Vaya, ya es tiempo. =(Afligidísima.)= ¡No poderle decir adiós!
+¡Qué vida, qué humanidad! Me voy, porque si despierta, no tendré valor
+para salir. =(Vase.)=
+
+JOAQUÍN.--=(Despertando, ya entrado el día.)= Isidora, Isidora... No está.
+Se ha ido. Me levantaré. Como estoy vestido, mi _toilette_ no ofrece
+grandes dificultades. ¿Habrá por aquí el lujo de un peine? Es posible.
+=(Levántase y da algunos pasos por la habitación.)= ¡Que claridad! ¡Qué
+feo y antipático es el día! Prefiero la noche, tapadora y discreta.
+¡Ah!, la señora de la casa, antes de marcharse, ha dejado aquí sus
+disposiciones. =(Toma dos duros que hay sobre la mesa y el papelito, y
+lee.)= Vamos, bien, me ha dejado el dinero para que almuerce hoy. = (Lee.)=
+«Manda traer de la fonda tu almuerzo. No te apures. No volveré hasta la
+noche, porque tengo que hacer». Esta pobre Isidora, ¡qué buena es! Si no
+fuera la maldita manía del pleito, que no ganará nunca, sería una
+muchacha ejemplar. Bien, bien; haremos lo que manda la señora. La fiera
+patrona no me envenenara con sus guisotes. Voy a llamar, a pedir agua, a
+lavarme, y después esperaremos. Luego que almuerce dictaré mis últimas
+disposiciones, y en cuanto llegue la noche, la querida noche...
+
+=Pausa de algunas horas, durante la cual entra y sale una zafia criada,
+arréglase el personaje, y luego almuerza lo que te traen de la fonda.=
+
+»Me olvidé de la botella de Champagne que está en aquel armario. No me
+importa que se la beba otro. En mi testamento la dejaré a los huéspedes
+de esta casa para que la vacíen por mi salvación eterna... Ya que estoy
+solo escribiré a papá y a Isidora. =(Se sienta y escribe.)= ¡Buenos cosas
+le digo a mi señor padre!... Si los deslices del hijo han sido grandes,
+el padre no tiene aún motivos para dudar de su buena fe... Jamás he
+cometido una vileza. Mis faltas son debilidades, y además un efecto
+preciso de la mala, de la perversa educación que he recibido. ¿Por qué
+educaron en el lujo al hijo de un pobre empleado con treinta mil reales?
+¿Por qué desde niño me enseñaban a competir con los hijos de los grandes
+de España? ¿Por qué no me dieron una carrera, por qué no me aplicaron a
+cualquier trabajo, en vez de meterme en una oficina, que es la escuela
+de la vagancia? Estas son las consecuencias. Me criaron en la vanidad, y
+la vanidad me conduce a este fin desastroso. =(Sigue escribiendo con
+agitación, se pone pálido y, al concluir, su mano tiembla.)=
+
+»Ahora escribiré a Isidora, a quien no veré más. La única persona por
+quien siente emociones cariñosas mi corazón es ella. ¡Cuánto más vales
+tú que otras virtudes secas y orgullosas! Nuestras dos almas han
+simpatizado, porque son similares. Tú, como yo, fuiste educada en la
+idea de igualar a los superiores... =(Escribe.)= «Querida y adorable
+amiga: Próximo a morir, adquiero una lucidez extraordinaria; veo el
+mundo y la vida en su verdadero aspecto. Yo no tengo ya salvación; tú
+puedes salvarte. Procura olvidar tus aspiraciones; renuncia a ese
+pleito, hazte humilde, y si se te presenta un hombre honrado que quiera
+casarse contigo, cásate, aunque sea muy bruto». =(Hablando.)= No, no
+miento nada al decir que la quiero con todo mi corazón. Su lealtad
+conmigo, la constancia de afecto con que ha pagado mis desvíos prueban
+la grandeza de su alma. =(El personaje redacta largos párrafos amorosos y
+llena cuatro carillas de papel...)= ¡Ah!, me olvidaba de lo principal, de
+_Riquín_, mi hijo. ¡En esta hora triste me ha entrado un amor por él!...
+¡Si estuviera aquí me lo comería a besos!. Le reconoceré. = (Escribe otro
+larguísimo párrafo, y pasa el tiempo y avanza la tarde.)= En fin, esto es
+hecho. Ahora, ánimo. Tremenda cosa es afrontar el dudoso abismo de la
+eternidad. Pero no puede ser de otra manera. Dios me perdonará mi
+crimen. ¡Todo antes de ser chacota de la gente y presenciar la befa de
+mi honor! Pronto anochecerá. No vacilo más. =(Se dirige a la percha, saca
+el revólver y lo examina.)= Aquí está. Me parece un juez de hierro que me
+condena sin permitirme defensa ni apelación.
+
+UNA VOZ.--=(Que suena cavernosa detrás de la puerta, acompañada de dos
+golpecitos.)= ¿Se puede?
+
+JOAQUÍN.--Adelante.
+
+DON JOSÉ.--=(Entrando.)= Buenas tardes.
+
+JOAQUÍN.--¿Viene usted en busca de Isidora? No está.
+
+DON JOSÉ.--No, vengo de parte de ella. Esta carta...
+
+JOAQUÍN.--=(Tomando la carta con mano temblorosa.)= ¿A ver?... ¿En dónde
+está Isidora?
+
+DON JOSÉ.--=(Con sequedad.)= Hace un rato estaba en una tienda de la calle
+del Carmen, escogiendo telas para vestidos.
+
+JOAQUÍN.--=(Estupefacto)= ¡Telas! =(Abre la carta, que es voluminosa.
+Dentro del pliego aparecen risueños algunos billetes de Banco; Joaquín
+palidece.)= ¿Qué es esto? =(Se sienta y lee. Palidece más y luego se pone
+encarnado y vuelve a palidecer.)=
+
+DON JOSÉ.--=(Aparte, mirando a Joaquín con expresión de poca simpatía.)=
+No lloro porque soy hombre. Mi corazón concluirá por ser como las rocas
+en que bate el mar.
+
+JOAQUÍN.--=(Guardando la carta en el bolsillo, se pasea.)= ¡Estoy salvado!
+La cantidad es redonda... ¿Pero aceptaré esto? ¿De dónde procede?... ¿Es
+una vileza aceptarlo? Sí que lo es; pero las circunstancias... ¡El
+abismo!... Supongamos que un desventurado está al borde del precipicio y
+se le presenta el demonio de la infamia y le alza en sus manos. No, no;
+antes rodar al fondo del abismo. =(Alto.)= Don José vaya usted allá, y
+devuelva esto a Isidora.
+
+DON JOSÉ.--=(Aparte y tétricamente, coincidiendo en sus expresiones sin
+sospecharlo, con Otelo.)= Oh flor graciosa y bella, ¿por qué has nacido?
+
+JOAQUÍN.--=(Vacilando.)= No, no; deshonra por deshonra... Pesémoslas ambas
+en la balanza de la fría razón. ¿Cuál pesa más? ¡Oh!, no hay que
+vacilar. Esta lleva en sí la imposición del acontecimiento, del hecho
+real. Tomaré el dinero... Me he salvado. Pero ¿por qué no estoy tan
+contento como debiera? =(Alto.)= Don José, ¿con quién ha hablado hoy
+Isidora?... ¿En dónde ha estado?
+
+DON JOSÉ.--No lo sé... =(Aparte, lleno siempre de espíritu
+shakespeariano.)=--¡Estúpido! ¿cómo quieres que te lo diga? No me
+atreveré a decirlo ni aun a vosotras, ¡oh castas estrellas!
+
+JOAQUÍN.--Usted nunca sabe nada. Usted está siempre en Babia. =(Aparte.)=
+¡Malditas sean las circunstancias!... Me engañaré a mí mismo, haciéndome
+creer que este dinero es de procedencia honrada. Es tan torpe el ser
+humano, que fácilmente se le engaña... Pero discutamos esto; abordemos
+la cuestión con filosofía. Si este dinero ha venido a mí por una vía
+poco honrosa, es evidente que yo no he ido a buscarlo por dicha vía. Los
+procedimientos de la Providencia son misteriosos. Es irreverente y
+sacrílego ponerse a discutir sus designios. El hecho consumado lleva ya
+en sí una dosis tan grande de lógica, que no necesita argumentaciones
+retóricas. =(Alto.)= ¿No piensa usted lo mismo, hombre de Dios?
+
+DON JOSÉ.--=(Como quien despierta de un sueño.)= ¿Yo?... Yo no pienso.
+
+JOAQUÍN.--=(Volviendo a mirar con cariño los billetes.)= ¡Y la cantidad es
+redondita! ¡Pobre Isidora! ¿Cómo no amarla? No sé qué daría porque
+ganara el pleito. Pero no, no lo ganará. Sólo los pillos tienen suerte.
+¡Don José, señor don José!
+
+DON JOSÉ.--=(Pasándose la mano por la frente y el cráneo como para
+detener una idea que intenta escaparse.)= ¿Qué?...
+
+JOAQUÍN.--Le voy a convidar a usted a una copa de Champagne.
+
+DON JOSÉ.--=(Con repugnancia.)= Gracias, no..., me mareo. =(Vacilando.)=
+Pero, sí, venga; así se olvida.
+
+JOAQUÍN.--¿Tiene usted muchas penas que olvidar?
+
+DON JOSÉ.--=(Mirándole con ojos dulzones.)= ¿Yo?... ¿Penas yo? =(Contrae
+horriblemente sus facciones al tratar de contener la emisión de un
+suspiro.)=
+
+JOAQUÍN.--=(Escanciando.)= Ahí va.
+
+DON JOSÉ.--=(Bebe.)= ¡Cómo pica la maldita! =(Apenas ha llegado a su
+estómago la primer gota del precioso líquido, inclina la cabeza y cierra
+los ojos, diciendo.)= ¡Mundo miserable!
+
+JOAQUÍN.--¿Qué?... ¿Por tan poca cosa?
+
+DON JOSÉ.--=(Levántase bruscamente, los ojos brillantes y airados, la
+actitud trágica.)= Sí, lo repito. Un caballero no recoge sus palabras.
+¡Es usted un miserable, y le voy a romper a usted el bautismo!
+
+JOAQUÍN.--=(Soltando la risa.)= ¡Don Pepe!
+
+DON JOSÉ.--=(Cuadrándose.)= A sable o a pistola, como usted quiera. Me es
+igual. De todas maneras sabré castigar su infamia. ¡Usted, un hombre
+ordinario, un monstruo, un cafre, atreverse a coger en sus garras aquel
+lirio! =(Da algunas vueltas por la habitación, perseguido por espectros.)=
+No, no os tengo miedo, no. Pez, Botín, Melchor, Bou, no os temo. Os
+mataré a todos, os haré polvo. Soy el defensor de la virginidad
+ultrajada, de la inocencia perseguida, de la casta paloma... ¡Vamos, al
+momento, al momento, me bato con los cuatro!
+
+JOAQUÍN.--=(Le empuja hacia el sofá.)= ¡Pobre hombre!
+
+DON JOSÉ.--=(Cayendo en el sofá como un talego.)= Me habéis matado, porque
+sois cuatro. Os perdono a todos menos a uno. Os perdono a los tres; pero
+a ti, bestia repugnante, a ti, tronco de la Ipecacuana, no puedo
+perdonarte. =(Se desvanece.)=
+
+JOAQUÍN.--=(Disponiéndose a salir.)= Ahí te quedarás hasta que te pase.
+
+
+=--IV--=
+
+=Mutación. La escena representa un aposento semi--elegante que parece ser
+fonda.=
+
+
+ISIDORA.--=(Mirando con zozobra hacia la puerta, en la cual ha dado
+golpes una mano indiscreta.)= ¿Quién es?
+
+DON JOSÉ.--=(Levantándose de un sillón en que yace soñoliento.)= Si es
+visita, me retiraré.
+
+UN SEÑOR.--=(Entrando sombrero en mano y dirigiéndose a Isidora.)= ¿Es
+usted doña Isidora Rufete?
+
+ISIDORA.--=(Trémula.)= Servidora...
+
+AQUEL SEÑOR.--=(Avanzando, seguido de otro individuo poco simpático y
+nada cortés.)= Señora, el objeto de mi visita es poco agradable. Vengo a
+prender a usted de orden del juez del Hospicio. =(Muestra el auto de
+prisión.)=
+
+ISIDORA.--=(Aterrada.)= ¡Prenderme!... ¡A mí! ¿Está usted seguro?...
+
+EL ESCRIBANO.--=(Volviendo a mostrar el auto.)= Vea usted... Conque si
+tiene usted la bondad de seguirme...
+
+DON JOSÉ.--=(Aparte, deplorando no tener espada, y sobre todo no ser
+hombre capaz de sacarla en caso de que la hubiera tenido.)= ¡Qué
+picardía!
+
+EL ESCRIBANO.--=(Queriendo, como hombre humanitario, sacar a Isidora de
+su extraordinaria perplejidad.)= Ya sabría usted que la parte contraria
+pidió que se sacara el tanto de culpa...
+
+ISIDORA.--=(Confusa y mareada.)= Sí.
+
+EL ESCRIBANO.--Y el juez ha encontrado el fundamento.
+
+ISIDORA.--Pues daré fianza...
+
+EL ESCRIBANO.--Precisamente... en el delito de que se trata no puede
+concederse fianza.
+
+ISIDORA.--¡Delito! ¿Está usted seguro de lo que dice?
+
+EL ESCRIBANO.--El pleito es ahora causa criminal...
+
+ISIDORA.--=(Iracunda.)= ¿Y de qué me acusan?
+
+EL ESCRIBANO.--De falsificación.
+
+ISIDORA.--¿Falsificadora yo?... =(Fuera de sí.)=
+
+DON JOSÉ.--=(Aparte, apretando los dientes, frunciendo las cejas y
+contrayéndose todo.)= No te pierdas, José.
+
+ISIDORA.--Esto es una infame trama de mis enemigos... Pero Dios no
+consentirá que me pierdan ni que me deshonren. =(Llora.)= ¡Y a esto llaman
+justicia, ley! =(Sobreponiéndose al dolor y secando sus lágrimas de tal
+modo que parece que se abofetea.)= Yo probaré mi inocencia... Esto me
+faltaba, esto; ser mártir. =(Aparte, con entereza y orgullo.)= Bien venida
+sea esta noble corona. El martirio me purificará de mis culpas, y hará
+que resplandezcan mis derechos de tal modo que lo puedan ver hasta los
+ciegos. =(Alto.)= Vamos, cuando usted quiera.
+
+
+
+
+Capítulo XIII
+
+En el Modelo
+
+
+=--I--=
+
+La irritación y la vergüenza, unidas a un desorden nervioso que casi la
+privaba de sensibilidad, tuvieron a Isidora toda aquella tarde y noche
+en un estado parecido al sonambulismo. Veía las cosas, las tocaba,
+preguntaba, y aun respondía como cediendo a una fuerza mecánica. No
+estaba segura de hallarse despierta, ni de que fuese realidad lo que le
+pasaba; iba y venía medio ciega, mareada, con algo en el cerebro, entre
+jaqueca y manía, sorprendiéndose de ver cómo brillaban instantáneas,
+sobre la densa lobreguez de su pena, algunos relámpagos de alegría.
+Rindiola el cansancio después de medianoche; se acostó vestida, cerró
+los ojos tratando de adormecer el dolor de cabeza, y entonces revivió
+bajo su cráneo, entre la vibración de los nervios encefálicos, todo lo
+acaecido desde que el escribano se presentó en su casa para prenderla.
+Veíase en el coche de alquiler que los condujo a la calle de Quiñones,
+donde está el vulgar y triste edificio llamado _Modelo_ con descarada
+impropiedad; el coche paraba junto a una puerta en la cual había un
+soldado de guardia, y más a la izquierda un grupo de pobres disputándose
+las sobras del rancho de las presas.
+
+Isidora y el escribano entraban en un vestíbulo nada espacioso; salía a
+recibirlos un empleado con gorra galoneada, traspasaban un cancel de
+cristales, y volviendo un poco a la derecha, encaraban con una puerta de
+pesados cerrojos, sobre la cual se leía en letras negras la palabra
+_Rastrillo_. Una mujer de edad madura abría la puerta, Isidora pasaba,
+subía por la gran escalera blanqueada, y al llegar a lo alto miraba el
+letrero de la _Sala primera_; y echando la vista por el hueco, veía un
+claustro grande y luminoso, en cuya capacidad sesteaba, tomando el sol,
+el más bullicioso y pintoresco ganado femenino que se pudiera imaginar.
+La idea sola de tener que vivir entre aquella gente había horrorizado a
+la de Rufete. Pero ella tenía fondos; ella pagaría una habitación
+decente, y viviría con ciertas comodidades y completo decoro los pocos
+días que, a su parecer, habría de permanecer en aquel tremendo asilo.
+
+Una señora mayor, bondadosa y amable, la acompañaba, y precedíala una
+celadora, cabo femenino o presidiaria distinguida, de aspecto gitanesco
+y hombruno. Hacia la izquierda estaba el aposento que a Isidora se
+destinaba, el cual tenía una ventana enrejada a la calle, un camastrón
+de hierro, mesa y dos sillas... La dejaban sola; poco después entraba la
+celadora, quien, con formas de adulación artera y llamándola _señorita_,
+ofreció servirla y acompañarla. Isidora la miraba con repulsión. Llegada
+la noche le servían una cena, que no quiso probar, y al fin, sola,
+encerrada, abrumada por la pena, el cansancio y la jaqueca, se recostó
+en la cama, donde su cerebro le reprodujo una, dos, tres veces o más, la
+serie de impresiones y sucesos que hemos referido.
+
+Por la mañana, despertáronla los gritos y desaforadas blasfemias de una
+mujer que moraba al otro lado del tabique de su cuarto, el graznido de
+un ave domesticada, el ruido de la calle, el bullicio de la próxima
+_Sala primera_, y el _tan tan_ de la campana de Montserrat, iglesia del
+convento que hoy es prisión del bello sexo. Y si el alma humana en las
+situaciones de gran tribulación se ve siempre sacudida por ráfagas de
+inexplicable alegría, que más bien parecen protesta aislada de algún
+nervio rebelde contra el dolor, en Isidora había un motivo para que
+aquellas ráfagas de alegría fueran algo más duraderas y eficaces, porque
+la prisión, con ser tan odiosa, había venido a librarla de otra
+esclavitud atrozmente repulsiva.
+
+«Casi me alegro de esto--decía--, porque si no estuviera aquí estaría ya
+muerta de horror y asco...».
+
+Además, la prisión no podía durar, porque los jueces, ¡cosa evidente!,
+habrían de convencerse pronto de la inocencia de la pobrecita
+demandante. Dios le había deparado sin duda aquel trance para probarla y
+darle de improviso, cuando más afligida estuviese, el alegrón de ganar
+el pleito y confundir a su implacable abuela. Pero donde la hallamos más
+en carácter es en aquel punto y hora en que echaba mano de su cualidad
+de idealizar las cosas para obtener los más dulces confortamientos. ¿No
+ennoblece el martirio a las criaturas? Si los culpables, cuando son
+perseguidos, inspiran lástima, los inocentes que sufren tormento de la
+Justicia, ¡cuánto no se avaloran y subliman en el concepto de las almas
+sensibles! Era inocente, sufría persecuciones inauditas; luego tenía
+bastante motivo para erigirse en criatura celestial. Poco le faltaba
+aquella mañana para figurarse que todo Madrid la compadecía, que era el
+ídolo de multitudes, que se hacía interesantísima, que era un tipo
+novelesco, y aun que salían por aquí y por allá bravos caballeros
+dispuestos a hacer cualquier barrabasada por sacarla de aquel mal paso.
+
+¡Pero qué feo, qué desmantelado el cuarto! ¡Qué cama, que muebles, qué
+desnudas paredes! Era cosa de morirse de abatimiento. Y no obstante,
+como ella, para hacer frente a un hecho, siempre tenía pronta una idea,
+amparose de una bellísima, que le valió de mucho para consolarse. ¿Con
+quién creerá el lector que se comparó? Con María Antonieta en la
+Conserjería. Era ni más ni menos que una reina injuriada por la canalla.
+Determinó, pues, imitar en todos sus actos y palabras, hasta donde la
+realidad lo permitiese, la dignidad de aquella infelicísima señora, con
+lo que se crecía a sus propios ojos, y se veía idealizada por el
+martirio, grande en la humildad, rica en la pobreza y purificada en los
+padecimientos. El día lo pasó en estas cavilaciones, acordándose mucho
+del Delfín, de Joaquín Pez y de otras personas. Mandáronle ropas, y Juan
+Bou, a quien pidió un libro de entretenimiento, le envió _Los
+Girondinos_, de Lamartine, y un gran ramo de flores. Isidora leyó en el
+libro y deshojó las flores, dándose el gusto de pisotearlas. Le
+recordaban cosas muy desagradables la osadía y desparpajo de la canalla
+profanadora.
+
+Empezó el sumario. Cuando bajaba a prestar declaración a la salita de
+rojo dosel, que está junto al despacho del alcaide, Isidora contestaba a
+las preguntas del juez con serenidad tranquila, con confianza en su
+derecho y al mismo tiempo con un aire de superioridad que cautivaba,
+preciso es decirlo, al mismo señor juez dignísimo y al escribano. En
+todo el trayecto desde su cuarto a la salita, lo mismo al subir que al
+bajar, la Rufete era gran incentivo a la curiosidad de las presas, que
+se agolpaban a la puerta de la Sala para verla pasar, y luego estaban
+comentándola tres o cuatro horas. Quién aseguraba que era una duquesa
+perseguida por su marido; quién la tenía por una cualquiera de esas
+calles de Dios; y alguna, que la conocía verdaderamente, refería parte
+de su vida y milagros, añadiendo maliciosas invenciones. Y ella, a
+solas, sumergida en hondas perplejidades y tristezas, repetía en su
+mente las preguntas del juez, deploraba no haber dado tal o cual
+contestación, revolvía lo cierto con lo dudoso, la acusación de la ley
+con los datos de su memoria, el testimonio de su conciencia con ciertas
+presunciones y sospechas, para tratar de sondear aquel antro obscuro
+que, desde la acusación por falsificadora, se había abierto ante sus
+ojos. Negaba con toda su alma, y al negar, su conciencia mostrábase en
+la plenitud de la verdad. Los documentos se le habían entregado tal y
+como estaban; y ella no había añadido ni quitado cosa alguna, ni tenía
+noticia de que nadie lo hubiera hecho. No era posible que su tío el
+Canónigo alterase los tales papeles, y en cuanto al primitivo poseedor
+de ellos, Tomás Rufete... Al llegar a este punto de su cavilación,
+Isidora fruncía el ceño y ahondaba, ahondaba en aquel mar inmenso de lo
+dudoso. ¿Pero a qué martirizar el pensamiento? Los jueces, la ley, la
+marquesa de Aransis, la curia infame y el señorío prepotente eran los
+verdaderos autores de aquel embrollo, con el inicuo fin de desposeer a
+una huérfana noble, a un ángel desvalido. Pero Dios los castigaría, Dios
+volvería por los fueros de la verdad y de la inocencia. ¡Pues no faltaba
+más!
+
+Durante el sumario, la incomunicación no fue tan rigurosa como la ley
+ordena, porque los cerrojos de nuestras cárceles se ablandan fácilmente.
+Isidora, como persona de aspecto decente y algo adinerada, se captó las
+simpatías de las compasivas mujeres que guardaban a sus compañeras. Así
+pudo tener el gusto de ver, aunque por cortos ratos, a _Riquín_ y a D.
+José, a su tía _la Sanguijuelera_ y a Miquis. El día mismo en que cesó
+la incomunicación fue este a verla, y tuvo con su amiga largo y
+substancioso coloquio. El simpático doctor sintió viva emoción cuando
+vio aparecer detrás de las dobles rejas del locutorio aquella figura
+hermosa, aquel rostro pálido, con expresión de noble conformidad.
+
+«Isidora, gran mujer--le dijo fingiendo burlas para ocultar emociones--.
+Estás guapa. Eres el soborno de la ley y la sustancia corrosiva del
+Código penal. Como sigas así, la curia, en vez de tomarte declaraciones,
+te las hará, y vas a pisar una alfombra de togas y a subir por una
+escalera de birretes.
+
+--Déjate de tonterías--replicó ella apoyando los codos en la reja
+interior y sosteniendo la cabeza entre las palmas de las manos, actitud
+de aburrimiento que tomaba siempre que estaba largo rato en el
+locutorio--. ¡Ay, Miquis, esto es morir!
+
+--Con tu permiso, eso es vivir. ¿Pues qué creías tú?... La vida toda es
+cárcel, sólo que en unas partes hay rejas y en otras no. Unos están
+entre hierros y otros entre las paredes azules del firmamento... Pero
+vamos a otra cosa, gran mujer. Hoy vengo a darte noticias que serán para
+ti alegres o tristes, según como las tomes.
+
+--Dímelas pronto.
+
+--Mi suegro me ha hablado de ti, me ha hablado también de la marquesa».
+
+Isidora, sin decir nada, demostraba inmenso interés.
+
+«La marquesa llegó ayer, de paso para Córdoba. La buena señora se pone
+nerviosa y triste siempre que le hablan de este pleito y de tu prisión».
+«Muñoz y Nones--dijo la señora a mi suegro--, yo quiero que usted
+arregle esto. Tómelo usted por su cuenta, hable a esa desgraciada,
+demuéstrele lo inútil de su tenacidad, y ofrézcale en mi nombre lo que a
+usted le parezca, con tal que me deje en paz».
+
+--¿Eso le dijo?...
+
+--Sí; ya sabes que el documento falso, porque la existencia de la
+falsificación ya no ofrece duda, aparece otorgado por Andréu, compañero
+y amigo de mi suegro. ¿Sabes lo que mi suegro dice? Que la falsificación
+no está hecha por ti».
+
+Isidora callaba. Hasta que el diálogo tomó otro giro, estuvo como una
+estatua, fijos en Miquis los ojos:
+
+«Oyes. ¿Sabes que te me estás pareciendo a la pantera del Retiro? ¿Por
+qué me miras así y no dices nada? Pues bien: mi suegro, que es notario
+de la casa de Aransis, vendrá a hablarte; te anuncio esa grata visita.
+Te ofrecerá la libertad, la declaración de tu inocencia, y _ainda mais_,
+una gratificación, un socorro. Pobrecita, has sido víctima de un grande
+y tremendo engaño. Broma más pesada no se ha dado ni se dará. Quién fue
+el autor de ella, tú lo sabrás... Pero qué, ¿te has vuelto muda? ¿Eres
+de piedra? ¿A dónde miras? ¿Estas gozando de alguna visión? ¿Estás en
+éxtasis?».
+
+Él también se callaba y la miraba. Metió la mano por la reja exterior e
+hizo algunas castañetas con los dedos, como cuando se trata de llamar la
+atención a un animal perezoso. Ni por esas. Isidora no decía nada.
+
+«Voy a hablarte de otra cosa--añadió Miquis--. Ayer he tenido una grata
+sorpresa. Iba por la calle de Preciados cuando oí una voz que decía:
+«Señorito Miquis, señorito Miquis». Volvime y vi a tu tía, la sin par
+_Sanguijuelera_. «¿No sabe usted--me dijo--que hemos encontrado a la
+fiera perdida?...». «¿A quién?». «A _Pecado_». Allá en su lengua
+especial me contó que le habían dado noticias de tu hermano otros
+muchachos. Ha vivido algún tiempo en un tejar detrás de la nueva Plaza
+de Toros. ¡Pobre chico! Fuimos allá, y dos mujeres que encontramos y que
+no se recomiendan por su fisonomía, nos dijeron que, habiendo caído
+enfermo con calenturas, le habían llevado al hospital.
+
+--¡Al hospital!--repitió Isidora saliendo de su letargo.
+
+--Corrimos al momento al Hospital General, y le encontramos
+convaleciente. La enfermedad debe haber sido terrible, porque está poco
+menos que idiota, y tan desmejorado como puedes suponer. De su vida en
+el tejar y de sus correrías y altas hazañas, antes de caer enfermo,
+supimos algo que contaremos cuando tengas más tranquilidad de
+espíritu... Y ahora voy a hablarte de una tercera cosa, de Juan Bou.
+Dice que le haces muchos desaires, que no contestas a sus cartas, que
+pisoteas los ramos que te regala... Dice que eres la ingratitud misma.
+
+--Augusto--murmuró Isidora gravemente, apartándose de la reja--, es la
+hora de reglamento. Dispénsame que te despida. Estoy fatigada. Adiós.
+Vuelve mañana».
+
+Y se marchó _como una reina_, según dijo Miquis para sí, viéndola
+internarse en la cárcel. Y él se salió a la calle: repitiendo: «¡Gran
+mujer, gran mujer!».
+
+
+=--II--=
+
+¡Falsificación! ¡Profanación de aquella santa escritura de la cual
+emanaba el más santo de los derechos! Si había delito, ¿quién era el
+autor de él? ¿El Canónigo o Tomás Rufete? ¡Enorme, endiablada
+confusión!... Pero lo que puso remate a la duda y trastorno de la
+infeliz presa fue que su abogado le dijo un día estas palabras:
+
+«Desde el tanto de culpa la cuestión ha variado por completo. La casa de
+Aransis y el Sr. Muñoz y Nones tratan de probar la falsedad de un
+documento que es la base de nuestra demanda. Si la prueban, nos
+quedaremos en el aire, hija mía. El pleito toma un giro tal que
+difícilmente podremos obtener un resultado satisfactorio. Haremos los
+mayores esfuerzos, y llegaremos hasta donde se pueda llegar. En caso de
+que la falsificación resulte evidente, creo fácil probar que no ha sido
+usted la falsificadora, y que en este asunto ha procedido de buena fe.
+En resumen: seguridades de éxito en la causa criminal; seguridades de un
+fracaso en el pleito de filiación. Ya sabe usted que en la prueba hemos
+estado muy flojos, por no conservar usted recuerdos de la niñez que nos
+favorecieran, y por resultar muy débiles los testimonios de otras
+personas».
+
+Y dicho esto, el abogado, frío, honrado y cruel, se despidió dando un
+suspiro, último tributo de la ley al volverse hostil.
+
+«¡También, también me han corrompido a mi abogado!--exclamó Isidora
+cuando se quedó sola--. ¡Bien, seré mártir; que me maten de una vez, que
+acaben conmigo, que me lleven al cadalso!».
+
+Pasada la crisis de ira, estuvo dos días sin salir del lecho; apenas
+hablaba; no tenía fuerzas para nada; sentíase también algo idiota como
+su hermano, convaleciente de intensa fiebre. A ratos injuriaba con dura
+frase a la justicia humana, exaltándose, para caer después prontamente
+en el desánimo y derramar abundantes lágrimas. Su sueño era entonces
+breve, erizado de pesadillas, como un camino incierto y tortuoso, lleno
+de obstáculos. Unas veces se le aparecía _Riquín_, ladeando con gracia
+la enorme cabeza bonita, fusil al hombro, marchando al paso de soldado.
+Y el pícaro Anticristo la miraba, echándose el fusilillo a la cara con
+infantil gracejo, y ¡zas!, disparaba un tiro que la dejaba muerta en el
+acto; acudían otros chicos, camaradas de _Riquín_, y entre risotadas y
+gritos la cogían y la arrastraban por las calles. Gran algazara y befa
+de la multitud, que decía: «¡La marquesa, la marquesa!».
+
+Otras veces era gran señora, y estaba en su palacio, cuando de repente
+veía aparecer un esqueleto de niño, con la cabeza muy abultada, y los
+huesos todos muy finos y limpios, cual si fueran de marfil. El esqueleto
+traía su fusilito al hombro y marchaba con paso militar. Llegándose
+ella, movía la gran cabeza y se reía y hablaba. Pero Isidora, sin poder
+entender sus palabras, temblaba de espanto al oírlas. Luego se borraba
+el niño del campo de los sueños, y aparecía Joaquín en mitad de una
+orgía, ebrio de felicidad y de Champagne. Por delante de la mesa se
+paseaba una sombra andrajosa: era ella, Isidora. Todos la miraban y
+prorrumpían en carcajadas. Ella se reía también; pero, ¡cosa rara!, se
+reía de hambre. La debilidad contraía sus músculos haciéndola reír..., y
+por aquí seguía de disparate en disparate hasta que despertaba y volvía
+al tormento de la realidad, no menos cruel que el de los sueños.
+
+A los tres meses de aquella tristísima vida, a la cual llegó a
+acostumbrarse, porque es ley que nos acostumbremos a todo, sus
+guardianes le aplicaban con mucha laxitud el reglamento del Modelo,
+permitiéndole visitas largas, sin bajar al departamento de comunicación.
+La conducta de Isidora en la cárcel era irreprensible: no daba
+escándalos; trataba a las celadoras con urbanidad y miramientos; se
+había hecho querer de todas, y las presas que pudieron gozar de su
+intimidad, se hacían lenguas de su buen corazón, finura y agradable
+trato. No tenía poca parte en esto la generosidad de la procesada y su
+prontitud obsequiosa en remunerar cuantos servicios se le hacían. Lo
+peor de esto era que el dinero, mermado velozmente de día en día,
+marchaba a su completa extinción y acabamiento. Siempre que en esto
+pensaba, Isidora sentía trasudores y congojas, y echaba una sonda a lo
+futuro para ver si por alguna parte había señales de cosa metálica.
+Grande fuera su pena si no la distrajeran a ratos los amigos. Juan Bou
+iba ya pocas veces, porque la franqueza con que la ingrata demostraba su
+antipatía, era lento antídoto del veneno de la pasión de él, y así, o
+por dignidad o por enfriamiento, el buen hombre se retraía y apartaba de
+aquel gran peligro de su vida.
+
+«Calavera de un día--decía para sí--, vuelve a tu choza y no pierdas la
+chaveta. Bastante has gozado; ya supiste lo que es la vida de esas
+infames sanguijuelas... Vamos, que si no meten a esa divinidad en la
+cárcel, ¡pobre Juan Bou, infeliz obrero!... Sigamos ahora siendo pueblo
+llano, independiente, liberal, y cuando caiga otra breva, veremos si
+conviene ser pueblo o echar una cana al aire en el mundo de los
+burgueses. ¡Valientes pillos! Pero aquello es vivir...».
+
+_La Sanguijuelera_ iba casi todos los días a ver a su sobrina. Cuando le
+llevó a Mariano, Isidora se afligió grandemente, porque estaba tan
+flaco, extenuado y consumido el chico, que apenas se le conocía. La
+fiebre le había dejado en los puros huesos, y la piel se le
+transparentaba. En sus modales, en su manera de hablar, en su espíritu
+mismo, había dejado el mal huellas quizás más profundas, porque hablaba
+poco, contestaba tardíamente, cual si necesitara mucho tiempo para
+recoger y coordinar sus ideas desparramadas y fugitivas. Miraba a su
+hermana con espantados ojos.
+
+«Ya ves--dijo Isidora, sin saber qué términos emplear para dar una
+explicación de su estado miserable--. Ya ves a dónde me han traído las
+picardías, las infamias de nuestros enemigos... Para que vayas formando
+idea de lo que es este mundo miserable, donde no hay justicia, ni ley...
+Y tú, ¿qué has hecho? Cuéntame. ¡Has estado malo! ¿Ves? Si no hubieras
+salido de casa de la tía, ella te habría cuidado bien. ¡Qué tremenda
+lección!».
+
+Mariano no decía nada, y con la barba hundida en el pecho, tan pronto
+miraba al suelo como al rostro de su hermana.
+
+«¿No me dices nada?--preguntó ella impaciente--. ¿Te has vuelto mudo?
+Esa cara, ese mirar, ¿qué son?, ¿arrepentimiento o señal de mayor
+barbarie? ¡Ah! Mariano, Mariano; el único consuelo que podría tener yo
+ahora es verte corregido, verte caballero y persona decente. Levanta esa
+cabeza, abre esa boca, mueve esa lengua, habla, contéstame...».
+
+Y, dándole un golpe en la barba, le hizo alzar la cabeza.
+
+«Su señoría gasta ahora pocas palabras--dijo Encarnación--. Le hemos de
+poner dentro de un cántaro en un cuarto obscuro, como a las maricas,
+para enseñarle a hablar... ¿Quieres ver tú que pronto se despabila el
+pájaro? Pues enséñale el cañamón. Verás...».
+
+Metiendo la mano en su bolsillo, sacó una peseta y la mostró al
+muchacho, cuyos ojos soñolientos se reanimaron de súbito, y alzó la mano
+hacía la moneda, diciendo con un gruñido:
+
+«_Pa mí_.
+
+--Sí, para ti estaba»--dijo, riendo _la Sanguijuelera_, guardándose la
+moneda con más viveza que un prestidigitador.
+
+Mariano miró a su hermana, la cual, compadecida, echó mano a la
+faltriquera, y sacando dos pesetas dióselas al chico.
+
+«Para ti..., pero con la condición de que has de contarme lo que has
+hecho en todo este tiempo, cómo caíste enfermo, cómo has vivido, quién
+te ha dado de comer...».
+
+Con gran prontitud se guardó _Pecado_ su dinero, y alzando los hombros y
+echando de sí un enorme suspiro, pronunció torpemente estas palabras:
+
+«Yo... de aquellas cosas que pasan..., lo cual que me vi solo, y... no
+me ha pasado nada.
+
+--Nos hemos enterado.
+
+--Tiene seco el entendimiento--indicó _la Sanguijuelera_--. La calentura
+le abrasó los sesos. Dice el señorito Miquis que le dé baños en el río.
+Oye tú--añadió alzando la voz, como cuando se habla con un sordo--:
+¿quieres trabajar, quieres volver al taller del Sr. Bou?».
+
+Como si nada oyera, Mariano se levantó desperezándose, y dijo:
+
+«Me voy.
+
+--Alto ahí, amiguito--replicó Encarnación siguiéndole--. Has de
+arrastrar una calza como los pollos. No saldrás sin mi compañía».
+
+Pero Mariano no le hacía caso y salió. La vieja fue detrás de él,
+gritando:
+
+«Aguarda, aguarda, mala sangre. No creas que te me escapas. Yo también
+tengo buenos remos».
+
+Al quedarse sola, Isidora estuvo largo tiempo pensando en su infeliz
+hermano, y decía:
+
+«¡Imbécil, imbécil!... Así no sentirá nada... Y yo, cada vez con más
+talento para pensar, para comparar... ¡Qué desgraciada soy, y él qué
+feliz!».
+
+
+=--III--=
+
+Tres días después volvió Mariano solo. Parecía más ágil, más
+despabilado, más dueño de su pensamiento y de su palabra.
+
+«¿Vienes solo?--le preguntó Isidora, asombrada de que no le acompañara
+su tía.
+
+--Solito.
+
+--¿Y tu tía Encarnación?
+
+--¿La vieja? En su casa. Yo soy hombre... De consiguiente, no necesito
+que me lleven y me traigan.
+
+--¿Has ido al trabajo?
+
+--Sí.
+
+--¡Mentiroso!
+
+--Mira--dijo _Pecado_ abriendo su mano y mostrando algunas pesetas.
+
+--¿Quién te ha dado eso?
+
+--_Gaitica_.
+
+--¿Gai...?
+
+--Tica, tica. ¿No lo conoces? Es un caballero, un amigo mío.
+
+--¿Y por qué te ha dado ese dinero?
+
+--Porque me lo gané.
+
+--¿Cómo?».
+
+Mariano guardó las monedas para dejar desembarazada la mano, metió esta
+luego por una abertura de su pantalón y...
+
+«¿Aquí no nos ve nadie?...--preguntó receloso mirando a las paredes y a
+la puerta.
+
+--Nadie.
+
+--Porque si me guipan...».
+
+Y sacó del bolsillo un objeto cilíndrico, largo, como de media tercia,
+de dos pulgadas de diámetro. Era un canuto fuertemente liado con
+bramante.
+
+«¿Qué es eso?
+
+--Un petardo.
+
+--¡Ah!, ¿eso que estalla?--exclamó Isidora con espanto--. ¡Y va a
+estallar aquí!...
+
+--Burra... no estalla mientras no se le enciende la mecha. Este es para
+esta noche. Anoche puse uno en la puerta de la casa del duque, y cuando
+reventó cayeron todos los cristales de dos casas.
+
+--¿Y te ocupas en eso? ¡Bárbaro!... No lo digo porque me importe nada
+que el palacio del duque salte en cuatrocientos mil pedazos. Yo pondría,
+si pudiera, un petardo tan grande, que levantara hasta el cielo todos
+los palacios de esa gente egoísta que nos quita lo nuestro.
+
+--Lo pondremos--replicó Mariano, haciendo de la malignidad y de la
+estupidez una sola expresión.
+
+--Pero eso es juego de chicos... Es como armar guerra con cohetes en vez
+de hacerla con cañones. ¿Qué resulta? Que suena mucho, que se asustan
+los que pasan, que se rompen dos cristales, que se caen algunas
+personas, y nada más. ¡Simplezas y pamplinas!
+
+--Pondremos uno de este tamaño--dijo _Pecado_, expresando con la
+distancia de una mano a otra la grandeza de sus planes de petardista--.
+Hay en Madrid mucho pillo. Ellos guardan todo el dinero que debía ser
+para nosotros, ¿eh?
+
+--Lo de menos es que guarden el dinero. Lo peor es que nos quitan
+nuestro nombre, nuestra representación social; nos meten en calabozos
+inmundos, nos martirizan, y entretanto ellos gozan y se divierten con lo
+que roban. El mundo está perdido. Si no sale alguien que le vuelva del
+revés y ponga lo de arriba abajo y lo de abajo arriba...
+
+--Lo de abajo arriba y lo de arriba abajo--repitió Mariano con el gozo
+de quien ha encontrado la fórmula de un pensamiento que no ha sabido
+expresar--. ¿Sabes?... ¡Cosas que pasan! Ayer he visto al señorito
+Melchor en coche de dos caballos. Iba con dos señoras, dos tías, ¿eh?, y
+un caballero. Parecía un marqués.
+
+--No le nombres delante de mí--dijo Isidora cerrando los ojos.
+
+--¡Cuánto ha robado!--exclamó el muchacho con cierta efusión--. ¡Y
+nosotros tan pobres..., porque somos buenos, porque no robamos!
+
+--¡Oh!--exclamó Isidora sintiendo un nudo en la garganta--. Dios nos
+protegerá. Las persecuciones, los martirios, son nuestras coronas por
+ahora...; pero esto ha de cambiar. ¿Quién sabe lo que pasará el mejor
+día? Yo he leído que los soberbios serán humillados y los humildes
+ensalzados».
+
+Interpretación tan singular del texto evangélico cayó en el cerebro de
+Mariano como semilla en tierra fecunda, y bien pronto nacieron y
+fructificaron en él las ideas más extrañas.
+
+«Ellos nos han quitado lo que es nuestro, ¿verdad, hermana?».
+
+Isidora rompió a llorar.
+
+«Sí, sí, sí--dijo entre lágrimas y sollozos--. Picardía tras picardía,
+nos han quitado nuestro derecho, es decir, nos lo han negado... ¿Cómo?
+Inventando mentiras, comprando la ley. La ley se vende, hijo. Tú y yo
+tenemos derecho a una casa y a una herencia. Pues bien: nos la han
+quitado. Mira lo que han hecho conmigo; meterme en una cárcel. Pues
+contigo harán lo mismo, y nos ahorcarán, si pueden».
+
+Oía Mariano absorto, y ella sacaba de su despecho admirables rasgos de
+elocuencia.
+
+«Un marquesado, una fortuna de millones es lo que nos pertenecía. Pues
+ya ves: cárcel, infamia, pobreza. Tú y yo seremos mendigos o Dios sabe
+qué. ¡Y Dios permite esto, y el cielo no se hunde, y todo sigue lo
+mismo! Y clamamos a gritos, sin que nadie nos oiga. Al contrario, a
+nuestros clamores responden con sus carcajadas, y nos llaman
+pordioseros, envidiosos, y nos desprecian, nos injurian. De nada nos
+vale invocar la ley. La ley es suya, porque teniendo ellos el dinero,
+tienen la conciencia de los jueces... Que me den a mí el dinero, aunque
+sólo sea por ocho días, y verán lo que soy. Pero estamos sin armas, y ya
+ves, nos abrasan, nos matan. ¿Qué es la ley? Una engañifa, una farsa.
+Los que la representan, ¿qué son sino ladrones? La autoridad..., ¡ah!,
+¡qué gracia me hace a mí la autoridad! Es la comedia de las comedias,
+mal representada para engañarnos, para explotarnos.
+
+--Les pondremos un petardo, ¿eh?
+
+--¿Uno? ¡Cuatro mil; un millón!... Tú eres un infeliz, chico, y no sabes
+lo mala que es esa gente».
+
+Siguieron hablando de esto, y al día siguiente hablaron de lo mismo,
+porque Isidora, cuando tomaba en su boca este asunto, no lo soltaba
+fácilmente. A medida que sus ilusiones decaían, determinábase en su alma
+un cambio de sentimientos; simpatizaba más con el pueblo, a quien creía
+oprimido, y le entraba un vivo aborrecimiento de la gente grande. Lo más
+extraño era que, sin ceder en su vanidad ni en lo que pudiéramos llamar
+coquetería de la desgracia, seguía encariñada con el bonito papel de
+María Antonieta en la Conserjería. Pero en aquel caso la buena reina
+estaba martirizada por la cruel y egoísta aristocracia, de donde venía
+que simpatizase en principio con el vulgo, con el populacho, con los
+descamisados; y decimos en principio, porque ninguna idea del mundo,
+unida a todo el despecho de su corazón, le hubiera hecho tolerar la
+grosería y suciedad de las personas bajas. Pensando en esto, ella daba
+vida en su mente a una gallarda utopía, es decir, a la existencia
+posible de un populacho fino o de una plebe elegante y bien vestida.
+Pero esto, ¿no era una atrevida excursión al porvenir? Algo de genial
+había en ella, porque, confundida y mareada de tanto pensar, solía poner
+fin a sus cavilaciones sobre la plebe fina, diciendo: «¡Qué talento
+tengo y qué cosas me ocurren!».
+
+
+
+
+Capítulo XIV
+
+De aquellas cosas que pasan...
+
+
+=--I--=
+
+Desde que Mariano empezó a entonarse, su tía Encarnación no podía hacer
+carrera de él. Halagos y amenazas, blanduras y rigores, eran igualmente
+ineficaces contra él. Más le habría gustado a la buena mujer verle
+travieso, enredador e indomable como en su niñez, que observar aquella
+indolencia taciturna, aquella tétrica quietud, semejante al acecho de
+las bestias carnívoras, en las cuales la paciencia es precursora de la
+ferocidad.
+
+«¿En qué piensas, animal?--le decía bruscamente--. ¿Vas a inventar la
+pólvora o qué? Eres un talego. ¿Por qué te estás dos horas mirando al
+suelo? Mira siquiera al cielo estrellado, y aprende para zaragozano,
+¡puñales! ¿Vas a hacer el Almanaque del empedrado? ¡Qué poste! Tu
+hermana, de tanto mirar arriba, se ha perdido. Tú llevas otro camino,
+pero llegarás al mismo fin. ¿Por qué no trabajas?
+
+--Porque no me da la gana..., _hala_...--respondía Mariano saliendo de
+su somnolencia intelectual por la virtud de un pellizco.
+
+--Pues ve a que te mantenga el obispo.
+
+--No necesito que usted me mantenga. Tengo de acá.
+
+--¡Anda, anda, chaval desorejado!... ¡Y con qué tipos te ajuntarás tú
+para allegar eso! ¿Qué diabluras haces? ¿En qué te ocupas por las
+noches? ¿Qué llevas aquí debajo de la blusa?
+
+--El copón.
+
+--¡Jo... sús! ¡Qué blasfemias dices! Mira, mira, tú y yo haremos malas
+migas. Si sigues así, desocupa, hijo, desocupa y deja la casa. El día en
+que te den garrote iré a verte.
+
+--_¡Aur!..._»--murmuró _Pecado_ con gutural sonido.
+
+Y se marchó despacio, las manos en los bolsillos, la gorra encasquetada,
+la mirada vagabunda y sin fijeza, como su andar y pensamiento. Algunos
+días, dando a su teórico paseo una dirección determinada, íbase a casa
+de Juan Bou, no a pedir trabajo, sino a charlar un poco con el maestro,
+por quien conservaba ligera inclinación, parecida al afecto. Llegó al
+taller un día (enero del 77) y encontró al buen catalán festivo y
+engolfado en el trabajo, como en sus buenos tiempos.
+
+«Hola, tagarote, ¿qué buscas por aquí?--le dijo, tocado de aquella
+verbosidad que fuera indeterminable si no le entrecortara la tos--.
+Siéntate. Pues todavía mejoras poco. Hombre, a ver si echas de una vez
+ese pelo. Tienes la cabeza como la de un ratón acabado de nacer... Te
+digo que te sientes y que te pongas la gorra. Aquí no se gastan
+cumplidos. Conque cuéntame: ¿trabajas o no?».
+
+Mariano quiso contestar que no trabajaría más a jornal; pero Bou tenía
+tantas ganas de decir algo, que le cortó la palabra con la suya
+inagotable, diciéndole así:
+
+«Aprovecho esta ocasión para decirte que tu hermana es una loca, una mal
+agradecida, una mujer ligera, una tonta, una disipadora, una cabeza
+destornillada. Yo la quise como yo sé querer, y me hubiera casado con
+ella. ¡_Voto va Deu_, de buena me he librado! Porque tu hermana es una
+calamidad. Ahí la tienes en la cárcel por terca, porque se ha empeñado
+en que es marquesa. Tan marquesa es ella como yo subdiácono. En fin,
+ella lo quiere, con su pan se lo coma. Bien se ha comido el mío; y no
+creas lo que dicen por ahí, no; no es cierto que yo me gastara con ella
+lo que me saqué a la lotería y la herencia de mi tío. En total, no me
+pellizcó arriba de dos mil duros, porque como la Justicia me la quitó de
+entre las manos cuando menos lo pensaba... Digan lo que quieran, chico,
+hay Providencia. Mi dinero se salvó en un papel, el auto de prisión;
+porque trapitos por aquí, trapitos por allá, el caprichito _A_, la
+chuchería _B_, ello es que se me evaporaron diez o doce mil reales en
+una mañana. Tu hermana es una liquidadora como no se ha visto. En su
+corazón, lleno de apetitos, está escrito con letras de oro «¡abajo los
+ricos!». Buena pieza, sí. Es un tigre para el bolsillo ajeno. Quien ve
+aquella cara, ¿cómo ha de sospechar lo que hay dentro? Quien ve aquellos
+ojos divinos, donde tienen su madriguera los ángeles, ¡cómo ha de pensar
+que estos ángeles son una cuadrilla de secuestradores!... Yo estaba
+ciego, yo estaba tonto. Cuando me mandó la primera carta con su padrino,
+pidiéndome socorros, me pareció que se me abrían las puertas del cielo.
+Esta es la mía, dije, y con dos o tres cartas, yo proponiendo, ella
+aceptando, nos arreglamos. La puse en una fonda mientras arreglábamos
+una casita; yo estaba embobado; quería probar las delicias del mundo,
+cuando la Justicia..., ya sabes... Este animal de Bou se quedó con la
+copa en los labios... Ahora me alegro. Con los pocos tragos que gusté,
+tengo lo bastante para poder decir: conozco el mundo, señores, conozco
+sus delicias mentirosas, sus dulzuras y sus quebrantos; sé lo que
+cuestan los goces. Desde la sobriedad del pobre a la disipación inmoral
+de los ricos, todo lo conozco, todo es canalla, canalla arriba, canalla
+abajo. ¿Se hace el bien?, pues nadie lo agradece. ¿Se hace el mal?, pues
+nadie lo censura. Mal y bien todo es igual. Si amas te desprecian; si
+eres rico te adulan; si eres pobre te escupen. O si no, observa lo que
+ha hecho tu hermana conmigo. La saqué de la miseria, la vestí, la calcé,
+le di regalo, comodidades, cuanto pudiera apetecer. Ella abría la boca y
+yo abría el bolsillo, y _palante_ siempre. Pues mira el pago. Dice que
+soy un bruto, que le repugno, que le doy asco. Le mando un ramo de
+flores y lo pisotea. Le escribo cartas y no me contesta. Voy a verla y
+me recibe con un gesto... En fin, la he mandado a paseo. Te digo estas
+cosas para que se lo cuentes a ella. Anda, anda, dile todo; no me
+importa. Veremos lo que hace cuando se le acabe el dinero y no tenga con
+qué pagar el cuarto en la cárcel. La pondrán en aquellas grandiosas
+salas, donde podrá pasearse y comer y dormir con aquellas lindas
+duquesas y baronesas que están allá por hurtos, lesiones y otras
+gracias. Bien merecido. Ella no te preguntará por mí. Si te pregunta, le
+dices que el señor _Ipecacuana_ (así me llama) está contento de haberla
+perdido de vista, que ha hecho las paces con su bolsillo y con el
+sentido común, y que le va tan lindamente. Dile que trabajo como antes,
+que buscaré una mujer de bien con quien casarme; que, como hijo del
+pueblo, me río de su aristocracia estúpida, y que me alegraría de que
+todos los aristócratas y chupadores juntos no tuvieran más que un solo
+pescuezo para ahorcarlos a todos de una vez».
+
+Más hubiera dicho, pero la tos, que por lo homérica, tenía cierta
+semejanza con la risa de los dioses, le invadió de súbito y allí fue
+Troya. Concluido el acceso, el ojo rotatorio derramó abundante lloro,
+mientras el otro, más cerrado que arca de avaro, no daba señales de
+existencia.
+
+«Y ahora--continuó Bou, gozoso del mutismo de Mariano--, si quieres que
+te dé consejos, te los daré. Porque tú tan callado, tú tan sombrío, no
+vienes a que te dé trabajo, ni dinero, sino un buen consejo, que valga
+millones. Oye bien. Si quieres trabajar, trabaja; si no quieres
+trabajar, no trabajes. En este mundo, el que más trabaja tiene
+probabilidades de morirse de hambre, si no viene en su ayuda la lotería
+o alguna herencia. Tú eres listo; busca un negocio atrevido, emprende
+algo, especula con la candidez de los demás. Yo he visto mucho mundo, y
+sé que los más pillos son los que tienen más dinero. Cuando tú lo
+tengas, gástalo, que hay tontos que al verte tirar tu dinero te darán el
+suyo; así es el mundo. Haz cosas atrevidas, date a conocer, aunque sea
+con un gran escándalo; procura que tu nombre suene, aunque sea para
+decir: «¡Qué bárbaro es!». Aquí hay dos papeles, el de víctima o el de
+verdugo. ¿Cuál vale más? El de verdugo. Chupar y chupar todo lo que se
+pueda. El pueblo está sacrificado. Los grandes se comen todo lo que hay
+en la nación. No hay más que dos caminos: o acabar de una vez con todos
+los grandes, lo cual no es fácil, o meterse entre ellos y aprender sus
+marrullerías y latrocinios. Escoge, toma tus medidas y echa a andar
+_palantito_.
+
+--Yo--dijo Mariano con súbita animación--quiero que se hable de mí.
+
+--¡Que hablen de ti!..., pues mete ruido.
+
+--Lo que es ruido..., ya lo meto--replicó Mariano.
+
+--¿Cómo? ¿Con un cencerro?
+
+--Con esto--dijo Mariano mostrando un canuto.
+
+--¡Ah! ¡Tunante!...--exclamó Bou muy asombrado de ver el instrumento
+músico que el chico mostraba--. Conque tú te ocupas... Pues mira: desde
+hoy perdemos las amistades, porque con esa clase de armas no se defiende
+al pueblo. ¡Petardos, arma traidora de los perdidos, truhanes, jugadores
+y demás escoria! Oye tú, mírame a la cara. ¿Me ves bien? Pues este que
+aquí ves, este nieto de mi abuela, cuando quiere significar su desprecio
+al Poder público; cuando quiere dar una bofetada a cualquiera que
+represente la autoridad usurpada y la ley tiránica, lo hace cara a cara,
+a pecho descubierto, poniéndose entre el peligro y la inmortalidad,
+entre el verdugo y la gloria. ¡Pero disparar cohetes en la sombra,
+asustar a las mujeres y desesperar a los de Orden público!...
+Reflexiona, hijo mío--añadió, después de una pausa, con tonillo de
+propaganda evangélica que sabía adoptar en ciertos casos--; reflexiona
+en que si quieres educar tus virtudes cívicas, y llegar al grado de
+estimación pública a que hemos llegado los que estamos llenos de
+heridas, los que hemos ido de calabozo en calabozo, los que hemos comido
+ratas...».
+
+Dios sabe a dónde habría llegado por este brillante camino, si Mariano
+no se hubiese levantado, anheloso de marcharse. En el singular estado
+fisiológico en que se encontraba, su lúgubre atonía se interrumpió
+bruscamente por impaciencias inexplicables. Con un poquillo de ironía
+dio las gracias al maestro por sus consejos, y se fue a escape, como
+alma que lleva el diablo.
+
+«Este chico tiene algo»--dijo Bou para sí.
+
+Olvidándose luego del muchacho, siguió pausadamente los pasos contados
+de su metódica vida; paseó un poco por la tarde, comió después, fue al
+café, regresó a su casa, y cuando se estaba acostando, ¡ay Dios!, oyose
+un estrépito tal, que no parecía sino que reventaba una mina junto a la
+casa y que esta se venía abajo de golpe. El estremecimiento y el ruido
+dejaron a Bou parado y sin aliento, los vidrios estallaron en pedazos
+mil, la puerta de la casa saltó del quicio, y el vecindario,
+alarmadísimo, salía gritando a la calle con pánico horrible...
+
+¡Ah pillete aristócrata!--dijo Bou serenándose al comprender lo que
+era--. ¡Si te cojo!...».
+
+
+=--II--=
+
+Y algunos días después de esto, Mariano estaba en la encrucijada que
+llaman las Cuatro Calles, mirando indeciso las vías que allí concurren,
+sin saber cuál escoger para entrar por ella. Oigámosle:
+
+«¿Iré a casa de mi tía? No, que llama a los de Orden público y me cogen.
+¿Iré a ver a mi hermana? No, que estará allí _Gaitica_. ¿A dónde iré?...
+Dejémonos ir. Por aquí, por la Carrera abajo, veré la gente que va a
+paseo, veré los coches, subiré al Retiro, y me estaré allí toda la
+tarde... Hace buen tiempo, tengo dos duros y no se me da cuidado de
+nada... Ya empieza a pasar la pillería. Allá va un coche..., y otro y
+otro. Toma, aquel es de ministro. _Chupa--gente_, ¿sabe el coche?
+_Oigasté_, ¿y si le dijeran: «Suelte lo que no es suyo?...». Ahí va
+otro. ¡Cuánto habrá robado ese hombre para llevar cocheros con tanto
+galón!... Anda, anda, y allí va un cochero montado en el caballo de la
+derecha, con su gorrete azul y charretera... ¡Eh!, y en el coche van dos
+señoras... ¡Vaya unas tías, y cómo se revuelcan en los cojines! _Oigan
+ustés_, ¿de dónde han sacado tanto encaje? Y qué abrigaditas con sus
+pieles... Pues yo tuve anoche mucho frío, y ando con los zapatos rotos.
+Paren, paren el coche, que voy a subir un ratito. Estoy cansado.
+¡Valientes tías!... Subiré por el Dos de Mayo. Por aquí va mucha gente a
+pie.
+
+»Este Retiro es bonito; sólo que..., de aquellas cosas que pasan,
+habiendo tantos que tienen frío, el pueblo debía venir aquí a cortar
+leña... Entro por este paseo de los muñecos de piedra con las manos y
+las narices rotas. ¡Qué feos son!... Hola, hola, ¿niñitos con guantes?
+¡Y cuántos perifollos gasta esta familia! Con lo que lleva encima la
+criada había para vestir a cuatro mil pobres... El papá debe de haber
+robado mucho. Está gordo como un lechón... De consiguiente, que lo abran
+en canal... Tomemos por aquí a la derecha, para ir a la Casa de
+Fieras... Pero no entraré; estoy cansado de verlas. ¡Puño, cuánto coche!
+Allá va D. Melchor acompañando a dos niñas. Sí, para ti estaban, bruto.
+Son las niñas de Pez. Y el Sr. Pez va también con la gran tripa llena de
+billetes de Banco, que ha tragado... Más coches, más coches, más. Bien
+dice el maestro que lo bueno sería que toda esta gente no tuviera más
+que un solo pescuezo para ahorcarla toda de una vez... De consiguiente,
+todos viviríamos al pelo... Pero ¿qué es aquello que viene allí? ¡Ah!,
+ya sé. Primero un batidor a caballo. Después el gran coche con seis
+caballos... Puño, y toda esa gente de galones, ¿para qué sirve? Miale,
+miale, cómo saluda a todo el mundo, sombrero en mano; y ella también
+saluda, moviendo la cabeza. Descuidar, que alguno habrá que vus arregle.
+Yo lo que digo es que muerto el perro se acabó la rabia, y que muerta la
+cabeza, manos y pies se mueren... Miales, miales; dan vueltas para que
+les vean mejor. Ahora vuelven para acá; ya vus hemos visto bien.
+
+»¡Valientes perdularios! Si hubiera un hombre de corazón, ¿a dónde
+iríais a parar todos? Todos os pasaríais al partido de los pobres.
+¡Vivan los pobres! digo yo, y caiga el que caiga. ¡Abajo los
+ladrones!... Puño, vienen más coches, todos con tías brujas o con mozas
+guapas muy tiesas. Ya, ya; ¿sombrillita para que el sol no les queme las
+caras? Pues yo, tías brujas, ando al sol y al aire, con los zapatos
+rotos, y la blusa rota, muerto de frío; con que... ¡Eh!... ¿Quién es
+aquel que va a caballo? ¿No es Gaitica? El mismo, un chulo vestido de
+persona decente. Y saluda a dos que van en un coche. Todo porque estos
+días ha ganado al juego muchos miles. Ladrón, ruletero, chulapo,
+ordinario, canalla. Apuesto a que pasa por junto a mí y no me saluda;
+¿apostamos? Aquí viene; me acercaré para que me vea. Le hablaré en
+flamenco. «Buenas tardes, zeñó Zurupa».
+
+Esto decía Mariano acercándose a un jinete que avanzaba por la orilla
+del paseo, montado en un caballo español puro, de cuello corvo y
+movimientos tan gallardos como pesados. El jinete vio al chico, y entre
+bromas y veras, sacudió el siniestro brazo, y con el látigo, quizás sin
+pensarlo, le cruzó la cara, diciéndole: «_Granujilla_...».
+
+
+=--III--=
+
+En una casa, que por su desordenado aspecto, la suciedad de sus muebles
+y la catadura ordinaria de sus habitaciones, parecía ser la misma en que
+Joaquín e Isidora pasaron las tristes horas que en otra parte de esta
+historia quedan contadas, halláronse juntos otro día Mariano y el
+caballero (llámase así porque iba a caballo) designado con el nombre de
+_Gaitica_. Entró Mariano en el cuarto en que el tal estaba y sin
+saludarle le dijo:
+
+«Vengo _a_ por aquello.
+
+--¡Ah!, que listo andas. Agradece que lo hay. Toma, roío niño».
+
+Sacó tres duros del bolsillo y sin mirarle se los arrojó sobre la mesa.
+
+«El otro día--dijo Mariano con timidez entre recelosa y salvaje--me dio
+usted un latigazo.
+
+--Niño, fue sin querer. Pues qué, ¿a un roío caballero como tú se le dan
+latigazos?... ¡Taco, y qué orgullo vas echando!... ¡Roer! Átame esa
+mosca. Por ahora no necesito de ti. Si algún día necesitas una roía
+peseta, vente acá. Si algún día no tienes qué comer, no faltará acá un
+roío pedazo de pan que darte. Comerás las sobras de la mesa. Eres un
+roío gandul, un roío holgazán, un roío bergante, y acabarás en presidio.
+
+--Como usted--dijo Mariano con descaro.
+
+--¡Roer!, no te me subas a las barbas, porque de un roío puntapié vas a
+parar a Flandes. Yo soy una persona decente. Los holgazanes y gandules
+me cargan, ¡taco! Porque la necesidad le obligue a uno a poner la
+ruleta, no quiere decir que no sea persona decente. Ahora soy hombre
+formal, y voy a comprar mulas para venderlas a la Artillería; hombre de
+negocios, hombre que se puede poner delante del rey, sí, señor; porque
+es un hombre que paga la contribución, un hombre de orden, de ley, que
+no gusta de oír hablar del roío pueblo ni de la roía revolución; un
+hombre, en fin, más honrado que Dios, más caritativo que la roía
+Biblia».
+
+Mariano le oía espantado y con despecho. ¡También _Gaitica_, aquel ser
+de la última gradación moral, aquel hombre a quien _Pecado_ consideraba
+como inferior, se sublimaba por la virtud de su pequeño capital,
+adquirido en infames juegos de azar, y quería revestirse de la dignidad
+del burgués pacífico, del propietario conservador, y clasificarse entre
+los ciudadanos probos, que son base, sustento del orden social! Era lo
+último que a Mariano le quedaba que ver.
+
+«Sí--prosiguió aquel individuo, cuyo retrato no haremos porque una mano
+más hábil lo hará después--, soy hombre caritativo. Sabes que he visto a
+tu hermana, y que la he amparado. La he conocido estos días, cuando he
+ido al Modelo a ver a una prima que está allí por unas roías lesiones...
+Tu hermana es muy guapa. La he amparado; la vi muy afligida porque se le
+había acabado el dinero y tenía que pasar a la sala común. ¡Roer!, ¡un
+hombre como yo ver esas cosas!... Al momento arreglé con el alcaide el
+pago del cuarto. Yo soy un hombre generoso, un caballero que sabe gastar
+las roías pesetas en beneficio del pobre y necesitado... Tu hermana es
+muy buena y muy señora. Voy a visitarla todos los días y a ofrecerle mis
+servicios. ¡Oh!, no es como tú, que eres de lo que llaman un parásito,
+la polilla del orden social, un vago. Tú y tus compañeros debéis ser
+exterminados, porque la roía sociedad..., en fin, yo me entiendo.
+Márchate. ¡Roer!, ¿qué haces ahí como una estatua? Tú no tienes
+inteligencia, no comprendes lo que yo hablo... Abur».
+
+En el cerebro de Mariano se repercutían, como vibraciones de una
+campana, aquellos execrables conceptos, que son fiel copia de los textos
+auténticos del célebre _Gaitica_. Conocido de todo Madrid, este tipo ha
+venido a nuestra narración por la propia fuerza de la realidad. El
+narrador no ha hecho más que limpiar todo lo posible su lenguaje al
+transcribirlo, barriendo con la pluma tanta grosería y bestialidad, para
+no dejar sino la escoria absolutamente precisa.
+
+Cuando Mariano se retiró aquella noche a su miserable alojamiento,
+después de vagar toda la tarde y parte de la noche por las calles sin
+tomar alimento, sufrió un ataque epiléptico. Parecía que se desbarataba
+en horrorosas convulsiones, y se mordió las manos y se golpeó todo,
+quedándose maltrecho. Por fin le pasó, Dios sabe cómo, y al volver en sí
+encontrose con una gran novedad en su cerebro: tenía una idea; pero una
+idea grande, clara, categórica, sinceramente adherida a su inteligencia.
+No durmió en toda la noche, no comió nada a la mañana siguiente. Tenía
+momentos de gran temblor y confusión, y otros en que una actividad
+febril obligábale a correr por las calles, sin ver a nadie, sin fijarse
+en nada más que en los coches que iban y venían.
+
+Tomaba un bocado en cualquier taberna, y paseaba, paseaba. Pasear era su
+vida y el pasto de su idea. Rompió toda clase de relaciones, dejó de ver
+a su hermana, a su tía, a Bou, a _Gaitica_, y con quien únicamente
+cambiaba alguna palabra era con Modesto Rico, que vivía con él y estaba
+casi siempre embriagado. Las noches siguientes las pasó también sin
+dormir. Un malestar inexplicable que a veces tomaba formas como de
+entusiasmo, a veces como de abatimiento letal, actuaba sin cesar dentro
+de él, absorbiendo todas sus fuerzas y pensamiento. Repitiole el ataque
+epiléptico, y cuando le pasó, disparataba cual si hubiera perdido la
+razón. Durmió luego profundamente; levantose alegre, salió, y
+dirigiéndose al Rastro detúvose en un puesto a comprar algo. Regateó con
+discreción y tacto, y de vuelta en su casa con el objeto que había
+comprado, lo escondió, lo agazapó debajo del colchón, diciendo estas
+palabras:
+
+«Estáte quieta, ahí, quieta».
+
+
+
+
+Capítulo XV
+
+¿Es o no es?
+
+
+=--I--=
+
+¡Generoso señor aquel que evitó a Isidora la angustia y el bochorno de
+la sala común, apresurándose a pagar la miserable cuota! ¿Quién era
+aquel ser benéfico que practicaba la caridad tan oportuna y noblemente?
+La agraciada no le conocía más que de haberle visto dos o tres veces en
+el cuarto de su vecina (una tal Antoñita Surupa, que por ciertos
+porrazos, calificados de lesiones graves, estaba en la casa purgando la
+impetuosidad de su naturaleza meridional), y por lo mismo que era tan
+superficial el conocimiento, era mayor su gratitud. Al día siguiente de
+aquel rasgo, merecedor de los mayores encomios, el autor de él,
+Frasquito Surupa, a quien por mote llamaban _Gaitica_ en círculos que
+apenas es lícito nombrar, visitó solemnemente a Isidora.
+
+Según él mismo dio a entender, era persona notable y acaudalada, hombre
+de gran mérito, que todo se lo debía a sí mismo, pues abandonado de sus
+nobles padres y desheredado por sus nobilísimos abuelos (¡miserias y
+bribonadas del mundo y de la ley!), había tenido que crearse una
+posición con su ingenio y su trabajo. Motivos diferentes halló Isidora
+en su nuevo amigo para sentir hacia él simpatía y antipatía, en
+porciones casi iguales, porque si bien aquello de ser hijo natural y
+abandonado, víctima del egoísmo de sus padres, le hacía sobremanera
+interesante, en cambio sus modales y su lenguaje eran de lo más soez y
+chabacano que imaginarse podría. Su figura hermosa, juvenil y hasta
+cierto punto elegante, que recordaba la de Joaquín Pez, perdía todas sus
+ventajas con lo que del alma salía a los labios de tan singular
+criatura, en esa florescencia del ser que se llama conversación. Por
+momentos Isidora le encontraba agradable, por momentos aborrecible. Él,
+hablando sin cesar de las injusticias humanas y contando los martirios y
+persecuciones de que había sido víctima, cautivaba más la atención de la
+prisionera.
+
+La soledad de Isidora era cada vez mayor. Emilia y Castaño no la
+visitaban ya; Bou había roto con ella; Miquis iba muy rara vez. Sólo
+eran constantes D. José y _la Sanguijuelera_, que llevaba a _Riquín_.
+Joaquín Pez, cuyo trato en aquella soledad habría sido muy grato a
+Isidora, estaba en la Habana, desde donde le había escrito algunas
+cartas cariñosas. _Riquín_, Encarnación y Relimpio eran, pues, los
+únicos que llevaban la alegría, la distracción y la esperanza a la
+triste celda durante un rato, que se alargaba todo lo posible, contando
+con la bondad de la celadora.
+
+Miquis fue a verla un día para anunciarle la visita definitiva de Muñoz
+y Nones.
+
+«Oye tú, gran mujer--le dijo--: mañana viene mi querido suegro. Recíbelo
+como se merece. Le hablé de ti y viene dispuesto a favorecerte todo lo
+posible. Te hablará largo de tu pleito y de tu causa criminal, y
+poniendo las cosas en su verdadero lugar, te las hará ver claras y sin
+telarañas. No te asustes de su franqueza. Es un hombre que dice las
+cosas como las siente. Dice a veces barbaridades; pero sus barbaridades
+valen más que el oro, la plata y las piedras preciosas, porque son
+verdad pura. Lo que él te diga tómalo como el Evangelio. Si trata de
+encarrilarte por el camino _A_ o el camino _B_ (aquí de nuestro
+_Ipecacuana_), marcha adelante con los ojos cerrados. Deja el orgullo a
+un lado, como se deja una corona de teatro después de acabada la
+representación. Así como se hace examen de conciencia antes de confesar,
+haz ahora examen de tonterías para que las abjures todas. Acopia sentido
+común y ensáyate toda esta noche en apreciar la extensión verdadera, el
+número y peso exacto de las cosas humanas. Siempre que tu fantasía
+quiera llevarte a una apreciación falsa de la realidad, date un gran
+pellizco..., y por último, no coquetees delante de mi suegro, porque,
+aunque muy bueno, es medianamente aficionado a las muchachas guapas, y
+podría suceder...».
+
+La primera impresión de Isidora al ver entrar a Muñoz y Nones fue muy
+grata, porque el notario era un hombre admirablemente dotado por la
+Naturaleza en figura, modales, gracia de expresión y don de gentes. Su
+edad no pasaba de cincuenta años, y vestía con pulcritud y corrección.
+Gran calva lustrosa, bajo la cual actuaba sin cesar el prurito de la
+fundación de una _Penitenciaría para jóvenes delincuentes_, le
+caracterizaba, en primer término. Era además hombre que miraba con
+extraordinaria penetración a las personas con quienes hablaba, y que
+para aprobar y afirmar decía siempre: _Mucho, mucho_, y para negar
+empleaba irrevocablemente la frase _no hay tal cosa, ni ese es el
+camino_. No usaba más que una comparación. Para él, todo era... _como la
+luz del mediodía_. Si la costumbre de usar chalecos blancos, aun en
+invierno, significaba algo, Muñoz y Nones era un hombre singularísimo en
+esta materia. Si el deseo de no parecer barrigudo distingue a un hombre
+grueso de otro, Muñoz y Nones debe ser puesto en la categoría de los que
+viven decididos a morirse esbeltos. Decir que era un tanto presumido y
+un mucho simpático, acabará de pintarle por fuera. Su franqueza le había
+valido algunos disgustos, pero también grandes triunfos, porque el culto
+de la verdad, proclamando la honradez, trae siempre ventajas, las cuales
+no se concretan a la conciencia y a la moral, sino que se extienden a la
+esfera utilitaria de la vida. Por esto, y relacionando sus virtudes con
+sus éxitos, decía el gran notario que _también la honradez es negocio_.
+
+«La señora marquesa--dijo Muñoz después de los saludos--está en las
+mejores disposiciones respecto a usted. No sé si sabrá usted que esa
+señora es un ángel, una criatura celestial. Si no lo sabe, se lo digo
+yo, y basta. Imagínese usted el ser más bondadoso, más prudente, más
+sensible y cariñoso, y lo que resulte de ese esfuerzo de la imaginación
+será siempre inferior a la marquesa de Aransis.
+
+--No lo dudo--replicó Isidora, contrariada, porque habría querido oír
+hablar mal de su abuela, dado que lo fuese--. La señora marquesa será
+muy buena, aunque en este caso mío...
+
+--Pero, criatura--dijo Muñoz sin poderse contener--, ¿todavía no se ha
+curado usted de la enfermedad de esa idea absurda?... ¿Todavía cree
+usted pertenecer a la casa de Aransis?
+
+--¿Acaso me han probado lo contrario?
+
+--¡Probado!... ¡Si está más claro que la luz del mediodía! No se trata
+ya del pleito de filiación, ni Ese es el camino. Eso es cosa juzgada.
+Empéñese usted en seguirlo adelante, y consumirá su vida, su dinero y su
+salud inútilmente».
+
+Isidora sudaba.
+
+«¿De modo--dijo esforzándose en vencer su abatimiento y espolear sus
+ánimos decaídos--, de modo que usted cree en esa gran paparrucha de la
+falsificación?
+
+--¿Conque paparrucha?... ¡Ay niña, niña, usted no sabe lo que se dice!
+La falsificación es tan clara, tan evidente como la luz del mediodía. El
+Tribunal lo ha declarado categóricamente. El pleito de filiación carece
+de base y se cae, como un castillo de naipes».
+
+Isidora sintió que se mareaba, que se le iba la vista, que el cuarto
+daba vueltas, que Muñoz y Nones se reproducía en infinitas imágenes o
+copias del mismo Muñoz y Nones.
+
+«Explíquese usted...--balbució con voz dolorida, cerrando los ojos--No
+puedo entender...
+
+--Pues muy sencillo... ¿Pero se pone usted mala? Un vasito de agua...
+
+--No es nada. Usted qué entiende de estas cosas...
+
+--Mucho, mucho. La falsificación existe. Que usted no es autora de ella,
+no tiene duda, pues se perpetró ese delito, según todas las apariencias,
+cuando usted tenía tres años.
+
+--Entonces...
+
+--Su padre de usted, Tomás Rufete, era un hombre ligero, de costumbres
+desordenadas. Le conocí, le tuve de escribiente. Muchas veces le presté
+dinero que no me devolvió; pero esto no hace al caso ni ese es el
+camino...
+
+--¡Mi padre!... ¿Usted está seguro de que era mi padre?--exclamó Isidora
+sacando fuerzas no se sabe de dónde--. Estas cosas no se pueden apreciar
+así, señor mío.
+
+--¿Pues no se han de poder apreciar, señora mía? Yo me contento con
+decir que la casa de Aransis no ha tenido parte mínima en echarla a
+usted al mundo. Dos chicos nacieron de una señorita desgraciada...
+
+--¿Usted la conoció?--dijo Isidora con energía apelando a un recurso de
+gran efecto.
+
+--Sí.
+
+--¿Me ha mirado usted bien?».
+
+Muñoz y Nones, que ya la había mirado bien, consecuente con la dulce
+afición declarada por Miquis, la volvió a mirar.
+
+«En efecto--dijo sonriendo--, es usted muy guapa.
+
+--¿Y no halla usted semejanza...?
+
+--En la Naturaleza--replicó Muñoz muy serio--se observan fenómenos de
+semejanza... Sin embargo, usted y Virginia sólo se parecen como dos
+mujeres hermosas. El cabello..., efectivamente. En los ojos hay algo...,
+pero no, no es tal la semejanza que pueda inducir a suponer parentesco».
+
+Isidora no pudo contener su dolor. Se echó a llorar.
+
+«Aunque se aflija, para mí la verdad es lo primero. No hay semejanza ni
+ese es el camino.
+
+--¡Oh! Señor Muñoz--dijo ella con extraordinario énfasis--; si usted en
+esto que me dice, en esto que hace, no procede de buena fe, declaro que
+es usted el hombre más malo, el mayor monstruo...
+
+--Crea usted lo que quiera. ¿Tengo yo fama de monstruo?
+
+--No, no. Diré a usted...».
+
+Impaciente, inquieta en su asiento, como si por todas partes estuviese
+rodeada de púas, movía los brazos queriendo expresar con ellos una
+convicción más enérgica que la que expresaban los labios.
+
+«De modo que según usted, según usted, señor Nones, yo soy, yo soy...
+una cualquiera.
+
+--Según lo que usted entienda por _una cualquiera_. Lo que yo afirmo es
+que al declararse usted sucesora de la casa de Aransis, ha sido víctima
+de un gran engaño. Las indagaciones que hemos hecho nos han llevado a
+averiguar que el autor de esa execrable comedia fue Tomás Rufete,
+logrando engañar primero a D. Santiago Quijano y después a su hija...
+
+--¿Conoció usted a mi tío el Canónigo?
+
+--Mucho, mucho, y tengo que decir a usted que era uno de los hombres más
+sencillos, hablemos claramente, más tonto que han comido pan en el
+mundo. Le traté mucho. ¡Qué hombre, Santo Dios! Una vez le hicimos creer
+que con miga de pan se quitaban las canas, y andaba con la cabeza hecha
+una panadería. También le hicimos creer que la baba del conejo era
+venenosa, y consultó cuatro médicos y se cauterizó un brazo. Se le daban
+las bromas más extraordinarias que usted pueda figurarse. Era poco
+valiente, como usted sabe, pero pundonoroso. Armábamos una camorra por
+cualquier tontería. Uno de nosotros se fingía agraviado. Los demás
+acalorábamos la disputa. No había más remedio que batirse. Quijano hacía
+de tripas corazón. Le llevábamos al campo del honor, donde con mucho
+miedo, pero con tesón muy grande, apuntaba al pecho de su contrario; mas
+como las pistolas estaban cargadas con sal, no pasaba nada... Lo extraño
+es que siendo medianamente instruido, creyese en influencias de las
+estrellas, en barruntos y aun en maleficios. Escribía clásicamente, leía
+novelas, era muy apasionado de las cosas aristocráticas, se sabía de
+memoria el _Becerro_, y tenía en la punta de la uña todos los linajes de
+España. Juzgue usted si ese santo varón era que ni pintado para sostener
+un bromazo que Tomás Rufete quiso dar a sus hijos.
+
+--Esas historias, señor Nones--dijo Isidora aparentando una firmeza que
+no tenía--, nada me prueban.
+
+--Mucho, mucho. Pero son datos preciosos. Vamos a otra cosa. Un coronel
+de Artillería, cuya nombre debe usted saber, se presentó en el despacho
+de Andréu, primo y compañero mío, hace quince años, y le habló de un
+asunto penoso y delicado. Al día siguiente Andréu había extendido un
+documento que llamamos _acta de reconocimiento_. En él reconocía como
+hijos suyos a una niña... (paciencia..., déjeme usted concluir), a una
+niña y un niño, nacidos de quien usted sabe, de aquella desventurada
+joven que, digámoslo otra vez, no tiene con usted semejanza de
+fisonomía, ni ese es el camino. Adelante. En el mismo documento hacía
+constar que confiaba ambos mocosos al cuidado de un antiguo criado y
+deudo suyo, retirado de la Guardia civil, el cual vivía... ¿sabe usted
+dónde?
+
+--¿Yo qué he de saber?»--replicó Isidora con desvío y detestable humor.
+
+Muñoz y Nones se levantó. Dirigiéndose a la reja, y mirando hacia la
+calle, señaló una casa de la acera de enfrente hacia la plazuela de las
+Comendadoras.
+
+«¿Quién vivía en aquella casa?
+
+--Yo.
+
+--Tomás Rufete tenía por vecino en el piso tercero a un licenciado de la
+Guardia civil. ¿Se acuerda usted?
+
+--Yo no.
+
+--¿Tampoco recuerda usted cuando se quemó esa casa?
+
+--De eso tengo una idea; era yo muy niña. Mi hermanito empezaba a andar
+entonces.
+
+--Mucho, mucho. Cuando se quemó la casa, Nicolás Font...
+
+--¿El guardia civil?
+
+--Estaba enfermo de gravedad. Lo que pasó aquel día no lo sé. Font muere
+más tarde; la niña también; la viuda se va a vivir a Getafe; el niño es
+recogido más adelante por la marquesa de Aransis. Pasa el tiempo y se
+presenta usted con sus pretensiones apoyadas en el testimonio de su
+padre difunto, en una tradición de familia y en varios documentos. Las
+partidas de bautismo de los dos hijos del coronel nada prueban. Debieron
+de ser substraídas de casa de Font el día del incendio. Pero hay otro
+documento: el acta hecha por Andréu. En ella aparece una novedad y es
+que el nombre de Nicolás Font aparece sustituido por el de Tomás Rufete.
+La falsificación está hecha con suma habilidad, y las circunstancias le
+favorecen. Ha fallecido en Filipinas el coronel a quien usted tiene por
+su papá, y que es tan papá de usted como mío; han muerto la mujer de
+Font y los tres testigos; pero por fortuna vive Andréu. Se busca en el
+protocolo la matriz, y se encuentra la misma sustitución o enmienda.
+Tomás Rufete vivió en gran intimidad con un escribiente de mi
+compañero... ¿Va usted atando cabos?...
+
+--Yo no ato ningún cabo, ni ese es el camino, Sr. Nones--dijo Isidora,
+dándose, en su despecho, el gusto de remedar un poco el estilo del
+notario.
+
+--Ahora lo veremos. Se busca al cómplice de Tomás Rufete, a quien Andréu
+despidió hace años por infiel. Es medio químico y muy hábil; pero su
+principal habilidad está en huir de la justicia. Se entrega el documento
+original a los peritos calígrafos y químicos, y al instante la falsedad
+salta a la vista. Hecha con precipitación, es mucho más grosera que la
+de la copia. El Tribunal ve claro, y como usted en el pleito de
+filiación ha presentado testimonios tan débiles; como la prueba ha sido
+tan flojísima; como ninguno de los recuerdos de su infancia favorece a
+usted, es casi seguro que irá a presidio por delito de usurpación de
+estado civil.
+
+--Yo no soy falsificadora--afirmó Isidora quedándose como una muerta...
+
+--¡Qué gracia! No es usted falsificadora de un papel; pero lo es de un
+derecho, y con testimonios débiles y documentos apócrifos trata de
+usurpar un puesto que no le corresponde».
+
+La de Rufete estaba humillada y abatida. Difícilmente entraba en su
+cabeza la idea de no ser quien pensaba, y de la lucha que con sus dudas
+sostenía, resultaba un decaimiento parecido a la agonía de morir. Nones
+la miraba en silencio, esperando una palabra.
+
+«Dígame usted--murmuró ella al fin con temor--, ¿qué tengo que hacer
+para evitar... eso de ir a presidio?
+
+--Declarar que ha sido engañada; descargar su responsabilidad sobre su
+señor papaíto, reconocer que no tiene derecho alguno...
+
+--¿Y quién me asegura que no lo tengo?...»--volvió a decir,
+reaccionándose.
+
+El instinto de conservación de su error era tan grande, que este
+necesitaba muchos y muy fuertes golpes para someterse. Muñoz y Nones
+tomó su sombrero.
+
+«No se vaya usted, no--dijo ella, temiendo quedarse sola con sus fieras
+dudas--. Hábleme algo más. No estoy convencida, pero dudo. ¡Oh! Si me
+muriese hoy mismo, si me muriese antes que empezara a destruirse esta
+fe, ¡qué dichosa sería! Señor Nones, usted es un hombre honrado. Augusto
+lo ha dicho. Usted no es capaz de fingir, ni de mentir, ni de engañar.
+Júreme usted por Dios, por su madre, por sus hijos, que no cree en mi
+derecho; jureme usted que lo que dice es verdad, y entonces quizás pueda
+yo empezar a acostumbrarme a esta idea...
+
+--¡Jurar! Eso es anticuado. Basta la palabra de un hombre de bien... No
+hay motivo para tanta aflicción ni ese es el camino. Una existencia
+humilde y sin los desasosiegos de la ambición, puede hacerla a usted
+dichosa. La señora marquesa me ha autorizado para ofrecer a usted un
+auxilio siempre que se preste a dar a esta enojosa cuestión un corte
+rápido y decisivo. La señora está disgustadísima; aborrece el escándalo
+y llora mucho al ver que el nombre de su pobre hija es traído y llevado
+por las lenguas que gozan en resucitar deshonras pasadas. La señora no
+duda, ni puede dudar del resultado del pleito. Si usted espera aún,
+consulte a todos los abogados de Madrid, y como haya uno que aliente sus
+esperanzas, me dejo cortar la cabeza. Pero nuestras leyes favorecen a
+los pleiteantes tercos, y usted, empeñándose en seguir adelante, puede
+prolongar el litigio sin ningún fruto para usted y con cien
+probabilidades contra ninguna de ser condenada a presidio... Me retiro y
+le doy a usted unos días de término para que lo piense bien. Mi yerno me
+ha dicho qué tiene usted buen fondo y clara inteligencia, aunque
+ofuscada por desvaríos y falsas apreciaciones de la vida. Si usted
+lograra ver cada cosa como es realmente, estábamos de la otra parte.
+Conque... ánimo. Y para concluir: sé que tiene usted un hermanito que es
+una alhaja. Yo le prometo a usted darle la primera plaza cuando
+inauguremos la _Penitenciaría para jóvenes delincuentes_. Le
+reformaremos, y usted... trate de reformarse».
+
+
+=--II--=
+
+¿Soy o no soy? Esta pregunta fue para Isidora, desde aquella entrevista,
+el eje de todos sus pensamientos, de todo el sentir y obrar de su vida.
+Olvidada de molestias y humillaciones de la cárcel, no tenía seso ni
+corazón más que para raciocinar sobre aquel problema y dolerse de él;
+porque sí, era un problema semejante a una llaga, un problema que la
+enloquecía como un logogrifo indescifrable, y la lastimaba como una
+úlcera abierta en lo más delicado y profundo de sus entrañas. La
+pavorosa duda tenía alternativas y lances de batalla. Ya vencía la
+convicción, y echaba bravatas de pueril orgullo; ya, por el contrario,
+triunfaba la sospecha, proclamando con gemidos de amargura la derrota de
+sus vanas grandezas. Con ser tan abultados los autos, no contenían
+tantas ideas, tantas fórmulas de investigación, tantos ni tan variados
+argumentos como los que ella febrilmente acumulaba en su cerebro aquella
+tarde, aquella noche, y en las horas claras y obscuras de tres días
+sucesivos. Porque diabólica era ciertamente la claridad e insistencia
+conque surgían en su mente todos los argumentos negativos de su derecho.
+Ella quería rechazarlos, y ellos crecían fortaleciéndose, vestidos con
+la inmaculada vestidura de lo evidente. Sí, su tío el Canónigo era
+tonto. ¿No podía dar ella mil testimonios de sus necias credulidades?
+Ella misma le había imbuido algunas veces ideas sumamente extrañas.
+
+Como D. José, su tío el Canónigo daba calor en su entendimiento a las
+ideas más absurdas, las fomentaba y se engreía con ellas. Su tío,
+engañado por Rufete, había representado con ella la comedia funesta que
+tan desgraciada la había hecho. ¡Cuántas veces en las noches del
+invierno él la embelesaba diciéndole que sería marquesa, que tendría
+palacio, coches, lacayos, lujos sin fin, y riquezas semejantes a las de
+_Las mil y una noches_! Él la había enseñado a no trabajar, a esperarlo
+todo de una herencia, a soñar con grandezas locas, a enamorarse de
+fantasmagorías. Habíale llenado la cabeza de frivolidades, habíale
+educado en la contemplación mental de un orden de vida muy superior a su
+verdadero estado. Él, cuando ella se cansaba, le decía: «Tendrás coche».
+Cuando ella trataba de arreglarse un vestidillo, le decía: «Tendrás
+veinte modistas a tus órdenes». Decíale: «¡Qué palacio el tuyo!», y
+otras expresiones que encendían más y más en ella el volcán de ambición
+que ardía en su pecho... Sí, su tío era tonto, tonto rematado, un hombre
+calamitoso, en su buena fe, un hombre sin seso, un maestro contra la
+realidad, el apóstol de todo lo extravagante, ficticio y convencional
+que engendra en su estado morboso el pensamiento humano.
+
+Luego pensaba en su padre. Sí, sí, Tomás Rufete era un hombre
+desordenado, un hombre de insaciables apetitos y devorado por la
+envidia. Bien podía ser verdad lo que Nones decía, y Tomás autor de
+aquel dramático sainete, por satisfacer su codicia, o simplemente por
+obtener de la marquesa, mediante un pleito enojoso, cualquier suma, en
+calidad de transacción. Esto era razonable. ¿Qué demonio de lógica se
+escondía dentro de estas ideas, dándoles cuerpo y vida?... También
+pensaba en su madre. ¿Por qué siempre que Tomás Rufete hablaba de la
+marquesa, de los niños de la marquesa y de la indudable herencia y
+estado de estos niños, Francisca Guillén bajaba la cabeza, se ponía de
+mal humor y no añadía palabra alguna a las expresiones de su marido? Su
+madre, pues indudablemente debía darle ya este nombre, era una mujer
+honrada. Rufete la atormentaba y la dominaba. Él le había impuesto su
+infame comedia, y ella, por miedo y quizás por la ilusión de que sus
+hijos fueran marqueses, aunque usurpadores, callaba. ¿Por qué su tía
+(pues ya no había duda de que era su tía) se burlaba siempre del
+marquesado y de las ideas ambiciosas de Rufete? Y D. José, que en la
+declaración de la prueba había dado por amor a ella testimonio
+favorable, también dudaba, sí, o tal vez estaba seguro de la farsa. Bien
+se le conocía al tenedor de libros que no tenía fe en lo de Aransis,
+porque hablaba poco de esto y siempre en términos indecisos.
+
+Al tercer día de andar en brega con estas dudas y sospechas, tomando muy
+poco alimento, sin dormir, llena de fiebre y medio trastornada, Isidora
+llegó al colmo de la crisis. Una noche, hallándose sola, corrió furiosa
+a la reja, se agarró a ella, deseosa de hacerla pedazos, y a gritos, que
+alborotaron la calle, decía:
+
+«Y, sin embargo, soy noble. ¡Jueces, notarios, abuela, gente toda que me
+tenéis aquí, yo soy noble!».
+
+Luego recorría de un ángulo a otro el cuarto con las manos en la cabeza,
+gritando:
+
+«Soy noble, soy noble. No me quitaréis mi nobleza, porque es mi esencia,
+y yo no puedo ser sin ella, ni ese es el camino, ni ese es el camino».
+
+Entraron la celadora y dos amigas y quisieron calmarla, Trajéronle algo
+de comer para combatir el desvarío combatiendo la debilidad; pero ella
+tiró los platos y despidió a las mujeres.
+
+«A mí no se me presenta ese bodrio. Eso no es para mí--exclamaba--. Que
+me traigan mi baño. ¡Yo no puedo vivir sin baño! Que me saquen de esta
+pocilga; que me traigan mis vestidos, mi coche; que venga Joaquín...».
+
+Todo fue inútil para calmarla; pero al fin el exceso de la irritación
+trajo a la mañana siguiente el agotamiento y con él la remisión de un
+mal tan penoso. No obstante, era de todo punto imposible hacerle tomar
+alimento. Se quitó el vestido, diciendo que no podía tener encima tales
+harapos, y pidió una y otra vez su baño, su querido baño. Por último, le
+trajeron a _Riquín_, y viéndole y acariciándole, descendió lentamente,
+en alas del cariño materno, de las borrascosas alturas en que su razón
+estaba tan nublada.
+
+
+
+
+Capítulo XVI
+
+Las ideas de Mariano.--La síntesis
+
+
+_La Sanguijuelera_ acompañó a su sobrina a la siguiente mañana,
+obsequiándola con una retahíla de preciosos consejos que debieran
+reunirse y archivarse como uno de los mejores ejemplos de la sabiduría
+humana.
+
+«Lo de tu herencia es ya sal y agua. Después de tantos mareos y bascas,
+has vomitado al fin la gran pandorga. Si quieres ser honrada te llevo a
+vivir conmigo, te cedo la tienda, y no te pongo más obligación que
+mantenerme y cuidarme los huesos hasta que venga por ellos la muerte.
+Cuando te vi en malos andares, te negué un ochavo y te saqué lo que
+pude; si ahora te enderezas, cuanto tengo es para tu rica persona y para
+este sol cabezudo del mundo... ¿Vas a ser honrada, sí o no? Mira, tienes
+varios caminos: o te casas con el estampador de la calle de Juanelo, o
+te vas en busca de aquel Sr. Botín de otros tiempos y le pides el
+estanco que te prometió. Pondremos estanco y cacharrería en dos tiendas
+juntas de una buena calle, y no habrá quien nos tosa... Pero en mi casa
+no entran pantalones; ¿te conviene? Otra cosa te propongo. ¿Quieres ser
+ama de cura? Yo conozco un capellán de monjas, ancianito, buen
+cristiano, y que convierte gente mala, porque tiene un pico de oro, un
+gancho del Cielo que es un primor; el cual curita me está diciendo
+siempre que le busque un ama de fundamento... Decídete; ¿estampería,
+estanco o religión con llaves?».
+
+Isidora no contestó nada, porque ni siquiera oía lo que Encarnación
+hablaba. Después nombraron a Mariano.
+
+«Es cosa perdida. Hagamos cuenta de que se lo han llevado los demonios.
+Está viviendo con Modesto y Angustias en un cuarto de la calle de
+Ministriles que más parece ochavo que cuarto. Modesto sirve en un
+almacén de vinos, y _Palo--con--ojos_ va al río. Vivirían si él no
+bebiera tanto. Es un pellejo con pies y manos. Lo bueno es que ya no le
+pega a la mujer, porque en cuanto levanta la mano pierde pie y se cae al
+suelo».
+
+Isidora se echó a reír. En el mismo instante, _Riquín_ le daba
+bofetadas.
+
+«No se pega, no se pega.
+
+--Anda, cáscale duro... Déjale que pegue. Este va a tener más talento...
+Le criaremos para cura de escopeta y perro. Verás qué sermones salen de
+esa cabezota. ¿Verdad, hijo? Le has de ver obispo y puede que Papa...
+¡Leña a los herejes y protestantes; duro, firme!».
+
+Acto seguido, Encarnación cogió al niño por un brazo y se dispuso a
+salir.
+
+«¿A dónde va usted?
+
+--A ver la corte, que va hoy a Atocha de toda gala. Me pirro por ver la
+gala de la corte de España, que es la primera del orbe mundo. Pero
+ahora, hijita, todo es miseria. Yo me acuerdo de los tiempos de la
+Reina, de aquellos tiempos, hija, en que el pan estaba a doce cuartos
+las dos libras y en que había más religión, más aquel, más principios,
+en que los grandes eran grandes y los chicos chicos, y había más respeto
+a todo. Yo me acuerdo de aquel tiempo y me dan ganas de llorar. Aquello
+era ser Majestad, aquello era señoría y grandeza. Entonces se daban
+vivas a la Reina y le gustaba a uno verla tan frescota, tan señora, con
+aquel aire... ¡Y con qué cariño miraba ella al pueblo! Parecía que iba
+diciendo: «Aquí tenéis a vuestra madre...». ¡Pero ahora...! Pasa la
+corte, y todo el mundo _mutis_. Dicen que libertad... Miseria, hija. Los
+pobres están más pobres, y la _Minificencia_ no puede recoger a tantos.
+¡La libertad!... Pillería, chica, pillería. Entonces había más señorío,
+créelo, y donde hay señorío corre el dinero y vive el pobre. Conque
+abur, abur».
+
+Encarnación salió con _Riquín_, encaminándose hacia el centro de Madrid.
+Era día de gran solemnidad cortesana por motivos que no es necesario
+precisar. Las calles del centro estaban animadísimas. La gente circulaba
+alegre, bulliciosa, con frivolidad y alegría propiamente madrileñas,
+arremolinándose en algunos parajes para dar paso a los regimientos que
+llegaban a cubrir la carrera. Los balcones, con abigarradas colgaduras,
+mostraban damas hermosas. El mujerío, la militar música y el cielo de
+Madrid, que es un cielo de encargo para festejos populares, concurrían a
+dar a la solemnidad su expresión característica.
+
+_La Sanguijuelera_, que había visto y gozado un número infinito de
+funciones de tal especie desde la entrada de María Cristina hasta la de
+D. Juan Prim, desde esta hasta las festividades del actual reinado,
+hallaba en aquel espectáculo desinteresados placeres. Encarnaba en sí la
+novelería, la bullanga y el entusiasmo monárquico del antiguo pueblo de
+Madrid. Ella conocía, como se conocen los muebles de la casa, todos los
+coches de Palacio, el de carey, el de nácar, el de los globos, y hasta
+de los paramentos y arneses podía dar circunstanciada noticia. Conocía
+también como los dedos de su propia mano, el ceremonial y el orden de
+los coches, el puesto de los distintos grupos de la servidumbre, y otras
+particularidades que interesaban más a la gente antigua que a la
+moderna. En cuanto a elegir los sitios más propios y cómodos para verlo
+todo, nadie la igualaba.
+
+En la calle Mayor encontró a su antigua vecina _Palo--con--ojos_. Esta y
+Encarnación, que alzó en sus brazos a _Riquín_, se colocaron en la
+embocadura del callejón de San Ginés, lugar donde no era grande la
+aglomeración de gente, con la ventaja de una retirada segura en caso de
+corrida o apretujones.
+
+«Todavía es temprano. Tenemos para un rato--dijo Angustias desatándose y
+liándose el pañuelo bajo la barba, con ese movimiento maquinal que en la
+gente chulesca hace las veces del movimiento de abanico.
+
+--¿Y mi bergante?
+
+--Esta mañana salió muy temprano. Desde ayer me ha estado marcando
+porque le tuviera hoy camisa limpia; ha salido hecho un brazo de mar,
+con la corbata negra y amarilla que se compró la semana pasada.
+
+--Anda, anda.
+
+--Hoy estrena zapatos y calzones. Yo no sé de dónde ha sacado los
+cuartos. Yo le dije, digo: «¿Has descargado la borrica?»; y él me dijo,
+dice: «Váyase usted al acá y al allá». Pues por ahí te pudras. Está...,
+vamos, si usted le ve, no le conoce. Le ha dado el accidente cinco
+veces, y parece un pergamino mojado. Los ojos se le saltan del casco,
+las manos le tiemblan y la lengua es un estropajo. A veces se pone a dar
+vueltas, y marea, hija, marea. En fin, yo no sé qué va a ser de él. No
+trabaja, no sirve para nada. Modesto le da consejos; calcule usted...
+¡Modesto, consejos! Él, que es ya un puro aguardiente desde la cabeza a
+los pies...
+
+--Todo sea por Dios»--dijo Encarnación, y más iba a decir; pero en aquel
+momento oyéronse cornetas y clarines, luego la Marcha Real y el murmullo
+expectante unido a las frases sueltas «Ya vienen, ya vienen». Gran
+estupefacción de _Riquín_, que nunca había visto cosa más bonita;
+éxtasis de _la Sanguijuelera_, que no cerraba el pico un momento al paso
+de la comitiva o procesión real, poniendo un comentario a cada parte de
+ella.
+
+«¡Qué viejecitos están ya los reyes de armas!... ¿Ve usted? Ahora vienen
+los caballos de silla... Sigue el coche amarillo..., penachos morados...
+Ahora vienen el mayordomo y el intendente..., penachos azules y blancos.
+Mire usted qué guapos chicos... Ahora viene el coche de nácar...,
+penachos verdes. ¿Quién será este señor con tanto morrión y tanta cruz?
+Debe de ser de extranjis... Coche de concha..., penachos blancos...
+Ahora viene lo bueno... ¡Qué preciosas van!..., penachos rojos».
+
+Y así continuó, despachándose a su gusto con progresivo entusiasmo,
+hasta el paso de la escolta, cola y remate de la procesión.
+
+«¿Nos quedamos para verlo otra vez a la vuelta?»--dijo luego, no saciada
+aún del goce de aquel variado y teatral espectáculo.
+
+Arremolinose la gente; la tropa maniobró, y entre la revuelta
+muchedumbre, _Palo--con--ojos_ distinguió a un individuo que iba en
+dirección a la Plaza Mayor.
+
+«¡Allá va, allá va!--gritó señalando.
+
+--¿Quién?
+
+--El bergante.
+
+--Sí, él es... ¡Mariano, _Pecado_...!».
+
+Pero Mariano que las vio y oyó los gritos de su tía, se hizo el tonto y
+apretó el paso como quien desea evitar un importuno encuentro. Poco
+después estaba sentado en un banco de la Plaza Mayor, junto a una de
+aquellas graciosas fuentes, en las cuales el agua, saliendo de una
+fingida roca, forma un globo elástico, cuyas paredes se ahuecan y se
+deprimen según las bate más o menos el aire. En la movible costra
+líquida hace el sol caprichosos iris y se retratan convexas imágenes del
+jardín y de los transeúntes. Completaba la fascinación del globito de
+agua un bullido juguetón, en el cual cualquier poeta habría podido oír,
+con buena voluntad, las risotadas de los niños de las náyades. Mariano
+puso los codos en las rodillas, las quijadas en las palmas de las manos,
+y estuvo mirando el extraño surtidor... Dios sabe cuánto tiempo.
+
+Así como su hermana, invadiendo con atrevido vuelo las esferas de lo
+futuro, se representaba siempre las cosas probables y no acontecidas
+aún, _Pecado_, cuando se sentía dispuesto a la meditación, resucitaba lo
+próximamente pasado, y se recreaba con un dejo de las impresiones ya
+recibidas. Era un trabajo de rumiante y un placer de perezoso. Vio,
+pues, todo lo que había hecho aquel día, casi tan a lo vivo como si aún
+estuviera pasando. Se había levantado muy temprano después de una noche
+de desvelos y tortura; habíase puesto su camisa limpia y las demás
+prendas que estrenaba, mostrando un empeño particular en aparecer con la
+facha más decente que le fuera posible; había salido y tomado café en un
+puesto de la calle del Ave María, y después se fue a vagar por las
+calles. A eso de las diez almorzó en una taberna jamón con tomate, que
+estaba muy rico, y después había comprado un periódico y leído la mitad
+de él, indignándose con todas las picardías que denunciaba, y
+participando de la noble ira de sus redactores contra el Gobierno.
+
+Más tarde paseó por la Carrera para ver la gente y la tropa que de los
+cuarteles venía. Bonito estaba todo; pero él lo miraba con desdén y,
+sobre la impresión recibida, ponía un pensamiento de melancólica burla y
+sarcasmo. En un balcón había visto a Melchor de Relimpio, muy enfatuado,
+junto a unas damas que le parecieron las de Pez. No lejos de allí, uno
+de los Peces (él no los conocía bien, pero debía de ser Luis Pez)
+acompañaba en otro balcón a la familia del duque de Tal. Siguió
+adelante, y a la vuelta de una esquina encaró con el nunca bien
+ponderado _Gaitica_, que venía a caballo, hecho un potentado, un
+sátrapa. La extraviada imaginación de Mariano veía a este personaje cual
+si fuese un resumen de todas las altas categorías y la cifra del
+encumbramiento personal. «¡Cuánta pillería!», exclamó para sí.
+
+Todos triunfaban y vivían regaladamente escalando cada día un lugar más
+elevado, mientras él, el pobre y desvalido _Pecado_, permanecía siempre
+en su nivel de miseria, insignificante, sin que nadie le hiciera caso ni
+fuese por nadie distinguida su persona en el inmenso mar de la
+muchedumbre. ¿Por qué era esto, cuando él valía más que toda aquella
+granujería de levita? Él, según las creencias firmes de su hermana,
+había nacido de sangre noble. Le habían sustraído lo suyo, le habían
+despojado de todo, arrojándole desnudo y miserable al seno del
+populacho, como se arroja al basurero un despojo inútil. ¿Quién sabía si
+muchas de aquellas casas, engalanadas con colgaduras de varios colores,
+eran suyas? ¿Quién sabía si el dinero de que debían de tener llenos los
+bolsillos todos aquellos caballeros y damas procedía de riquezas que en
+rigor de la ley le pertenecían a él? ¿Y a quien se dirigía para reclamar
+lo suyo? A nadie, porque desde el primero al último todos eran
+grandísimos pícaros.
+
+La nación en masa, ¿qué nación?, la sociedad entera estaba confabulada
+contra él. ¿Qué tenía que hacer, pues? Crecerse, crecerse hasta llegar a
+ser por la fuerza sola de su voluntad tan considerable que pudiera él
+solo castigar a la sociedad, o al menos vengarse de ella. ¿Cómo? Por su
+mente rondaba tiempo hacia una idea que resolvía la cuestión. La idea y
+el propósito de ejecutarla se habían apoderado de él juntamente,
+dominándole y llenándole por entero. Idea y propósito eran como una
+llaga estimulante en el cerebro, la cual le dolía y le comunicaba un
+vigor extraño. Repetidas veces había puesto en ejecución su pensamiento,
+¿pero cómo?, en sueños, y también alguna vez despierto, cediendo como a
+una fuerza automática y fatal que no era su propia fuerza. En estos
+casos de repetición o ensayo mental del hecho, se quedaba fatigado y
+orgulloso, cual si lo hubiera ejecutado realmente. Sondeándose para ver
+cuándo había aparecido en él aquella idea y aquel propósito, calculaba
+que los tenía desde antes de nacer. ¡Tan viejos, tenaces y arraigados le
+parecían!
+
+Mirando siempre el globo de agua, pensaba que si no fuera por el firme
+tesón que en aquel momento tenía, su miedo sería grande. Estaba viendo
+el terror escondido debajo del orgullo y asomando la cabeza; pero el
+orgullo, o, mejor, la terquedad, no le dejaba salir. No sentía miedo,
+sino dolor, un dolor inexplicable en el pensamiento, una sensación rara
+de no dormir nunca, de no reposar jamás, de un alerta eterno. Detrás del
+punto negro que tenía delante y que ya estaba cerca, veía seguro y claro
+un triunfo resonante. Principalmente la idea de que todo el mundo se
+ocuparía de él dentro de poco le embriagaba, le hacía sonreír con cierto
+modo diabólico y jactancioso. La aberración de su pensamiento le llevaba
+a las generalizaciones, como en otros muchos casos en que la demencia
+parece tener por pariente el talento. El mismo criminal instinto le
+ayudaba a personalizar, y en efecto, siendo tan grande y múltiple el
+enemigo, ¿cómo aspirar a castigarle, sin hacer previamente de él una
+sola persona?
+
+Rumor de voces, cornetas y músicas anunciaban que el gran cortejo volvía
+de Atocha. Levantose Mariano, y por la calle de Ciudad--Rodrigo ganó la
+calle Mayor y la plaza de la Villa. Multitud, tropa, caballos,
+uniformes, penachos, colores, oropeles y bullicio le mareaban de tal
+modo, que no veía más que una masa movible y desvaída, semejante a los
+cambiantes y contorsiones del globo de agua que había estado mirando
+momentos antes. Se le nublaron los ojos, y apoyándose en un farol, dijo
+para sí: «Que me da, que me da». Era el ataque epiléptico, que se
+anunciaba; pero tanto pudo su excitación, que lo echó fuera, irguió la
+cabeza, se sostuvo firme...
+
+Pasó un momento. Nunca había sentido más energía, más resolución, más
+bríos. El ruido de las músicas le embriagaba. Vio pasar uno y otro
+coche. Cuando llegó el que esperaba, Mariano era todo ojos. Miró bien...
+En el acto sacó de debajo de la blusa una pistola vieja, y apuntando con
+mano no muy firme, salió el tiro con fugaz estruendo... Movimiento y
+estupor en la muchedumbre, gritos, pánico, sacudidas. La bala se
+estrelló en la pared de enfrente sin hacer daño a nadie, y el autor del
+infame atentado cayó en una trampa, la indignación pública, cuyo
+engranaje de brazos y manos le oprimía, como si quisiera pulverizarle.
+
+
+
+
+Capítulo XVII
+
+Disolución
+
+
+=--I--=
+
+La noticia de este hecho, llevada por el viento de la novelería, penetró
+en los últimos y más apartados rincones de Madrid, en los palacios y en
+las covachas, y cuando ya todo el vecindario lo sabía, se enteraron del
+caso las monjas de los conventos, los enfermos de los hospitales y los
+presos de la cárcel. Las presas fueron las últimas en saber la
+ocurrencia. Lo que agradecerían las cien lenguas del Modelo aquel pasto
+riquísimo no es para dicho. Comentáronlo de infinitos modos. Una gitana
+aseguró que ella lo había soñado la noche anterior y otra hacía gala de
+un entusiasmo monárquico tan estrepitoso, que hubieron de encerrarla
+para que entrase en vías razonables. La piedad aconsejaba no se revelase
+a Isidora un suceso que debía de impresionarla terriblemente; pero a sus
+amigas les faltó tiempo para decírselo. Ella no lo quería creer; decía
+que era imposible, que ciertas cosas no pueden pasar nunca. Poco a poco
+se fue convenciendo, y últimamente razonaba el caso de este modo:
+
+«Sí, basta que sea disparatado y horrendo para que sea cierto. Dios se
+vuelve contra mí, Dios me deja de su mano».
+
+Y diciéndolo, le entró una pena y una desesperación tal, que si no
+enderezara su espíritu en el mismo instante por la vía religiosa, habría
+estado en peligro de perder la razón. Pidió a la celadora con vivas
+instancias la llave del coro, y se fue a él sola, decidida a hacer un
+acto espiritual que diese salida y respiro al dolor condensado en su
+seno. En el coro hizo tentativas de rezo, puesta de rodillas y mirando
+al altar. La cavidad sosegada, ancha y blanquecina del templo ofreció a
+la tensión de su espíritu un alivio dulce y lento; pero cuando más
+recogida estaba, se le desvaneció la cabeza, inclinose de un lado, y no
+teniendo tiempo para asirse a la reja, cayó al suelo sin sentido.
+
+Cuando la llevaron a su cuarto, el volver en sí fue la vuelta de la
+desesperación y de los gritos; pero ya no se acordaba de la religión,
+sino de la libertad, y decía:
+
+«Que me saquen de aquí. Señor Nones, yo firmaré lo que usted quiera con
+tal que me saquen de esta basura. Quiero aire, calle, mi baño, mi casa,
+vestirme como debo, y ser honrada y feliz».
+
+Después, sin poder apartar de su mente el crimen de su hermano,
+increpaba a este con las frases más duras. Algo había en lo íntimo de su
+ser que representaba como una tímida aprobación del intento de Mariano,
+si no de la forma en que fuera realizado. Pero no, el crimen y la
+barbarie no hallarían jamás en su espíritu benevolencia ni simpatía. Su
+hermano era un bandido incorregible; ella era una mártir angelical. Lo
+que principalmente anhelaba ya era libertad, libertad aun sin nobleza,
+porque el papel de María Antonieta en la Conserjería, con ser muy
+poético, empezaba a serle odioso. El mal olor de su inmundo asilo, la
+falta de comodidades, el detestable comer y peor vestir, eran contrarios
+a su naturaleza aristocrática, y la misma corona del martirio, con todo
+su nobleza y su resplandor de gloria, le destrozaba las sienes tan
+horriblemente, que prefería, sí, prefería mil veces un sombrero de
+última moda. Pero, ¿y sus derechos? Ya dudaba de ellos; ya casi no creía
+en ellos. ¡Ay de aquel dogma que es contaminado de la duda! En seguida
+se daña y muere, y para en ser ludibrio de quien antes lo adoraba. Y aun
+suponiendo que su dogma fuera verdadero, ¿qué podía obtener de su
+insistencia? Nada, porque las leyes todas se habían conjurado contra
+ella, y la condenarían y la encerrarían en un presidio. Libertad, pues,
+y adiós para siempre la ilusión de toda su vida, el sostén y fundamento
+de su ser moral; adiós nobleza, marquesado, fortuna...
+
+Mas ¿por qué afligirse tanto, si en sí misma hallaba Isidora indecibles
+consuelos? Libre y ya sin pretensiones, procuraría ser siempre muy
+señora. ¿Acaso el verdadero señorío no puede existir sin títulos y
+grandes riquezas? Sí, sí; sería muy señora, muy honrada, muy decente,
+arreglaría sus cosas, trabajaría (¡otra vez!), pondría el mayor orden en
+todos los actos de su vida, educaría admirablemente a su hijo, se
+casaría con un hombre modesto y juicioso... Al pensar esto, un sabor
+ideal de ipecacuana le hizo contraer los labios. «Adelante,
+adelante--dijo--; cerrar los ojos y adentro con la medicina, como dice
+Augusto. Es forzoso amoldarse a las circunstancias, y templar el alma en
+las adversidades. La mía no se dejará vencer de la desesperación. Plan
+magnífico: mujer de bien, mujer ordenada, mujer trabajadora, mujer
+exclusivamente práctica, eso es, práctica». ¡Oh, qué tarde!
+
+Pensando en esto, que tanto le ayudaba a combatir su desaliento, vio
+entrar a D. José, el cual venía muy erguido, con los ojos animadísimos,
+la sonrisa en los labios, y en su rostro una expresión particular y
+desusada que alarmó a Isidora. Sentándose en el único sillón que en la
+celda había, el anciano la contempló con éxtasis. ¿Qué había en él?
+¿Estupidez o desvarío? Isidora le observó con tanta lástima como
+sorpresa, diciendo: «¡Padrino...!».
+
+Relimpio la miró como se mira una visión celeste, y poniendo los ojos en
+blanco, todo suspenso y como transportado a una esfera ideal por el
+delirio de la inspiración poética, murmuró con arrullo estas palabras:
+
+«¡Hurí, hurí..., nadie osará ya mancillar tu blancura! Los dragones
+todos fueron vencidos por el fuerte brazo de tu caballero, a quien
+perteneces y que te pertenece».
+
+Inmediatamente le entró como un acceso congestivo, inclinó la cabeza,
+cerró los ojos y empezó a roncar desaforadamente. Asustadísima, Isidora
+le mojó la cabeza, le llamó a voces, a gritos: «¡Padrino, padrino!».
+
+Anunciado por un suspiro, reapareció en la persona de D. José el
+conocimiento de sí mismo. Abrió el viejo los ojos, suspiró más, y al ver
+a Isidora y hacerse cargo de su situación, se avergonzó un poco.
+
+«Ya me ha pasado--dijo frotándose la frente con la palma de la mano--.
+¿Ha sido breve?... ¿He dicho muchos disparates?... No me riñas, no me
+riñas.
+
+--¿Pero qué es eso?
+
+--Nada, nada. Ahora me dan... estos mareos... Todos tenemos nuestras
+debilidades, hija... ¡Miseria humana! He contraído un pequeño vicio;
+pero no ha sido por relajación, no; ha sido por tristeza, por la fuerza
+de mis desgracias sin número. Creo que me comprenderás».
+
+Isidora, en efecto, no comprendía nada.
+
+«Soy muy desgraciado; padezco los mayores tormentos..., tormentos
+morales, del corazón--dijo Relimpio con la voz más débil y balbuciente
+que se puede oír--. Cierto día unos amigos me hicieron tomar Champagne.
+¿Qué creerás? Hubo en mí una revolución, me entró el mareo, y con el
+mareo pasé a ser otro ser distinto, quiero decirte que fui otro hombre,
+fui un caballero, un joven, un héroe, qué sé yo... ¿No es cosa buena ser
+algo por espacio de diez minutos? Luego he repetido la toma y los
+efectos han sido los mismos. Concluye todo por un sopor tan breve como
+profundo, y en seguida vuelvo a mi ser natural, ¡ay!, a la miseria
+humano, a la realidad asquerosa, a la vejez caduca...
+
+--¡Don José! ¡Don José de mi alma!
+
+--No me riñas; te digo que no me riñas. ¡Ser algo durante diez minutos!
+Los que no somos nada, caemos en estos peligros. Pues te confesaré todo
+con tal que no me riñas. Me he comprado una botella de eso que llaman
+_fine Champagne_, y cuando veo que me entra la gran tristeza, cuando
+siento que se me desgarra el corazón y se me retuerce toda el alma, me
+tomo mi copita...
+
+--¡Padrino!
+
+--Somos frágiles... A mi edad... No te enfades. Cuando estoy con el
+mareo, te veo, te defiendo, te pongo en las nubes, hago por ti las cosas
+más bellas, arriesgadas y sublimes...
+
+--¡Por María Santísima!--exclamó ella poniéndole la mano en la boca.
+
+--En fin, ya esta vez me ha pasado... Vine por la calle con el mareo. Al
+entrar, creí que entraba en un encantado y hermosísimo palacio; las
+presas me parecieron unas ninfas muy aéreas, unas como animadas flores,
+hijas del viento, ¿qué tal? La escalera, una escalera de plata y la
+celadora, un ángel...
+
+--¡Jesús, basta, basta!...
+
+--Basta, sí; ya pasó, ya pasó. Hablaré ahora de lo que quieras.
+
+--Es que yo no me fío de esa cabeza... Sin embargo, óigame usted,
+padrino. Estoy inclinada a renunciar a mis derechos para librarme de la
+persecución de los malos. ¡Qué infames picardías! ¿Debo o no debo
+hacerlo? Respecto a mis derechos, ¿los tengo yo? ¿Son un delirio o una
+verdad? Usted que conoció a mis padres, que debió de estar al corriente
+de lo que pasaba en su casa, dígame al fin de una vez y con completa
+sinceridad lo que piensa; pero la verdad, la verdad.
+
+--Hija, querida hija mía--repuso el viejo con una torpeza de palabra y
+de pensamiento que anunciaban un lamentable estado cerebral--. ¿Sabes lo
+que me pasa?...
+
+--¿Qué?
+
+--Que he perdido completamente la memoria. No me acuerdo de ninguna cosa
+anterior a la época en que viniste a vivir a mi casa de la calle de
+Hernán Cortés. Ayer estuve todo el día preocupado con una idea, y es que
+yo fui un lince en Partida doble.
+
+--Sí, sí.
+
+--¿Pues creerás que trataba de recordar algo de esta ciencia sublime,
+madre de todas las demás ciencias, y no podía?...
+
+--¡Pobre padrino, pobre padrino!... ¿Se ha enterado usted de la acción
+de Mariano?
+
+--Sí, hija. ¡Qué deshonra!
+
+--¡Qué deshonra!... Dios se ha vuelto contra mí, me ha dejado de su
+mano. Pero yo me haré mujer formal, mujer ordenada, mujer trabajadora,
+me casaré...
+
+--¡Casarte!--exclamó el viejo con espanto.
+
+--Casarme con cualquier hombre honrado... Juan Bou me ofreció su mano, y
+aunque me gusta poco, es un hombre de mérito...
+
+--¿Casarte...? con el monstruo, con el dragón...».
+
+Y obedeciendo a una fuerza superior que nacía no se sabe en qué parte de
+su turbado ser, el tembloroso anciano marchó hacia la puerta. ¿Iba en
+busca de la milagrosa copita?... De pronto se detuvo, diose una manotada
+en la frente, se echó a reír, y mirando a Isidora con gozo, dijo:
+
+«¡Maldita memoria mía! Ya no me acordaba...
+
+--¿De qué?
+
+--Tranquilízate, José. Juan Bou ha pedido ayer la mano de la hija de un
+herrero muy rico de la calle de las Navas de Tolosa; él mismo me lo ha
+dicho».
+
+Isidora meditó.
+
+
+=--II--=
+
+La primera entrevista que tuvo con _la Sanguijuelera_ después del
+atentado de Mariano fue conmovedora. La de Rufete no había visto nunca
+llorar a su tía, la cual, envejecida considerablemente en aquellos
+tristes días, traía un mantón negro echado por la cabeza, con lo que su
+aspecto era harto lúgubre y repulsivo. No decía sino: «¡Qué pena, qué
+bochorno!», y de sus apergaminados labios habían huido los donaires
+quizás para siempre. Parecía que se duplicaba, con la común desgracia,
+el cariño que a su sobrina tenía y que deliraba por _Riquín_. En los
+días sucesivos la buena anciana no cesaba de hacer preguntas a Isidora
+acerca de sus planes, y perseverando en el proyectillo de colocarla
+ventajosamente, le decía una y otra vez:
+
+«Decídete pronto, pronto, a ser capellana, que es lo que te conviene,
+porque así matas de un tiro dos pájaros, _verbo y gracia_: que te
+colocas y que salvas el alma, porque en la compañía de aquel santo varón
+te harás, aunque no lo quieras, una santa mujer... ¡Ay qué pena, qué
+bochorno!».
+
+No parecía la de Rufete muy inclinada a aceptar tales ofrecimientos, a
+pesar del risueño horizonte espiritual que le señalaba su tía.
+
+«El honor de la familia--decía luego Encarnación--está en los calabozos
+del Saladero y ha de tener que ver con los señores de la Paz y Caridad.
+Ya que no nos es posible salvar el honor de la familia, ¡puñales!,
+escondámonos donde nadie nos vea, metámonos en un rincón y vivamos
+tranquilas, diciéndole al Señor: «Señor, nosotras no fuimos, nosotras no
+tuvimos culpa de aquella barbaridad, nosotras quisimos que fuera bueno;
+pero él se juntó con los pícaros... y sacó de su cabeza otras
+picardías». Conque hija, vente a vivir conmigo y olvídate de tus
+locuras, y si alguien quiere pleito, que lo siga con el Nuncio de Puerta
+Cerrada».
+
+No estaba aún completamente decidida Isidora a comprar la libertad con
+la renuncia total de sus pretensiones. Muñoz y Nones le hizo otra
+visita, en que charlaron mucho; mas los argumentos de ella eran tan
+endebles, que el hábil notario los destruía con poco esfuerzo. En cuanto
+al caso extraordinariamente horrible de Mariano, Nones dio pocas
+esperanzas, y el único consuelo que pudo ofrecer a la atribulada hermana
+del delincuente fue que la corta edad y el evidente desorden cerebral de
+este pesarían algo en la balanza de la Justicia.
+
+Un mes después de la primera entrevista con el suegro de Miquis, Isidora
+había perdido ya la fe en sus derechos a la casa de Aransis. De ellos no
+quedaba en su alma sino una grande y disolvente ironía. Ya no creía en
+si misma, o lo que es lo mismo, ya no creía en nada. Deshojada poco a
+poco por una lógica al principio tímida y por último irresistible,
+aquella vistosa flor de su presunción aristocrática, la cual, a falta de
+otras morales, desempeñaba en su alma un papel defensivo de primer
+orden, quedó completamente seca, muerta y más propia para irrisorio
+sambenito, que para adorno del cuerpo y del alma... Un día llevó Muñoz
+un papel, firmolo Isidora, después de negarse resueltamente a aceptar el
+auxilio que le ofrecía la marquesa, y a las dos semanas el juez decretó
+la absolución libre.
+
+«¿A dónde vas ahora?»--pregunto con interés de padre D. José de
+Relimpio.
+
+Isidora tenía un papel en que había apuntado varias cantidades. Era
+mujer de orden. Aquellos numeritos representaban deudas contraídas en la
+prisión.
+
+«No se preocupe usted de eso, niña--dijo una voz, la voz áspera y
+antipática de un ser humano (por la figura) que apareció en la estancia
+cuando la joven fijaba su atención toda en el funesto papel--. ¿A qué
+hora sale usted? ¿A las tres? Dígolo por traer una carretela para
+llevarla a usted a mi casa. ¿Usted se entera?».
+
+Isidora, sentada y apoyando la sien en el puño, parecía estar con su
+pensamiento en el más lejano de los mundos posibles.
+
+«Si usted no aceptara, me ofendería--prosiguió el ser humano a quien
+Relimpio miraba (dígase de paso) con la expresión más hostil--. Mi casa
+es una casa--palacio. ¿Usted se entera? No le haré a usted compañía esta
+tarde, porque voy a comer con _Frascuelo_ y el marqués de Torbiscón...
+Oigasté, Isidora, usted manda en mi casita, donde no faltará un roío
+pedazo de pan. Una persona que sale de la cárcel no puede hallarse en
+disposición de atender a las primeras necesidades. Así, cuando usted
+entre por aquella puerta, hallará una modista y un chico de la tienda de
+sombreros que irá con muestras..., ¿usted se entera?... Tengo allí el
+gran cuarto de baño; usted calcule... Conque hasta las tres. Voy a ver a
+mi hermana, que se va a quedar muy triste, usted calcule, con la marcha
+de su amiga. Adiós... Abur, Pepillo».
+
+Y al salir hizo un gesto tan irreverente ante las barbas venerables de
+D. José de Relimpio, que este, furioso ya por oírse llamar _Pepillo_, no
+pudo contener su indignación, y cuando el ser humano estuvo fuera,
+exclamó:
+
+«¡Canalla!... ¿Pero es posible, hija, que tú, tú, aceptes?...
+
+--Provisionalmente--dijo Isidora, como si despertara de un desagradable
+sueño--. ¡Estoy tan mal...! Necesito...».
+
+¡Necesito! ¡Cómo sonó este verbo en el cerebro del santo varón! Lo había
+oído tantas veces en momentos terribles, que era para él como una voz de
+alarma que le erizaba el cabello y le detenía la circulación de la
+sangre. Su abatimiento era tan grande, que si tuviese allí la botella,
+quizás, quizás la apurase valientemente de un trago.
+
+¡Libertad, comodidades, buena ropa, baño, casa, lujo, dinero!... Así
+como a D. José le entraba el mareo con lo que el lector sabe, a Isidora
+le atacaba el mismo mal con sólo la probabilidad de hacer efectivas las
+ideas expresadas por aquellos mágicos vocablos. Cada ser tiene sus
+imanes.
+
+¡Oh pena de las penas! Cuando D. José la vio salir y entrar en la
+carretela de aquel ente que le llamaba Pepillo, cuando la vio partir...
+¡Oh, qué horrores alumbra el desvergonzado sol, esa cínica lumbrera que
+no sabe llenar de tinieblas la tierra cuando se consumen hechos tan
+contrarios a las hermosas leyes del bien! El pobre hombre olvidaba que
+el error tiene también sus leyes, y que en la marcha del universo cada
+prurito aspira a su satisfacción y la consigue, resultando la armonía
+total, y este claro--obscuro en que consiste toda la gracia de la
+humanidad y todo el chiste del vivir.
+
+Pero el buen viejo no podía ver aquello. Su espíritu se enardecía, sus
+sentimientos se sublevaban, quiso darse un fuerte golpe en la cabeza
+contra la pared de la iglesia de Montserrat para concluir allí su
+preciosa y fatigada existencia; pero no tuvo valor para ello. Necesitaba
+marearse, sí, darse un buen paseo por las doradas regiones de lo ideal.
+Esta necesidad se impuso a su naturaleza de un modo tan imperioso, que
+no tuvo paciencia para salvar la distancia que le separaba de su casa, y
+se metió en la primera taberna que encontró al paso.
+
+
+=--III--=
+
+Y un día Emilia y Juan José Castaño vieron entrar en su casa a la gran
+Isidora elegantemente vestida de negro, con un lujo, con un señorío, con
+un empaque tal, que ambos esposos se quedaron perplejos, como quien ve
+visiones, y no acertaron a contestar a sus primeras preguntas. Iba la
+madre a ver a su hijo, al noble, al precioso y cabezudo _Riquín_, que
+recogido y amparado en casa de Castaño durante los cinco meses de
+prisión, miraba a Emilia como madre y a los niños de aquella como sus
+hermanitos. Muy afligida Emilia al ver la resolución de Isidora de
+llevarse a su hijo, no se atrevió a poner resistencia; pero Juan José,
+hablando con firmeza y tesón, dijo que no entregaría a Joaquinito,
+porque Isidora, con su mala conducta, perdía los derechos de madre, y
+que él estaba decidido a llevar la cuestión a los Tribunales, seguro de
+que el juez le autorizaría para retener al desgraciado niño en su poder.
+
+Irritada Isidora, manifestó que no admitía tales ideas, y ya se agriaba
+la cuestión, cuando abriose una puerta y apareció un señor obispo...,
+digo, era _Riquín_, el cual traía en la cabeza una gran mitra de papel,
+y echando la bendición graciosamente con su mano derecha, cantó en el
+latín más estropajoso que se ha oído jamás: _Dominis vobiscum_.
+
+Conviene hacer constar que los dos chicos de Castaño tenían loca afición
+a los juguetes de Iglesia, que es un jugar muy común en la infancia de
+estos tiempos, en los cuales cada cosa grande tiene su manifestación
+pueril. En el comedor de la casa tenían su magnífico altar, y cada día
+ponían en él un objeto nuevo, bien araña, bien cáliz o manga--cruz. Por
+distintas partes de la casa se veían retablos diminutos, sagrarios y
+hasta púlpitos improvisados con sillas. Últimamente habían hecho
+casullas de papel, y decían sus misas como unos canónigos, echando cada
+latín que metía miedo y observando todas las reglas de aquel acto con
+notorio puntualidad. Que el misal fuese una novela y el copón una
+huevera, no era motivo de escándalo, porque la inocencia lo santificaba
+todo con su carácter altamente divino. _Riquín_ hacía al principio de
+sacristán; pero empezó a mostrar tales disposiciones, que pronto dijo
+también sus misas y echaba graciosos sermones. Las reyertas frecuentes y
+el mucho ruido con que a menudo se disputaban allí las jerarquías
+eclesiásticas, exigían en ocasiones la intervención de Emilia, que más
+de una vez se prestó a ser monaguillo para apaciguar los ánimos y
+llevarlos a honrosas capitulaciones. Aquel día, que era domingo,
+_Riquín_ había sido elevado a la silla metropolitana, y estaba oficiando
+de pontificial cuando su mamá y Juan José disputaban.
+
+«Ven--le dijo Isidora sentándole sobre sus rodillas, dándole muchos
+besos--, y te haré una casulla de oro y un altar de plata».
+
+El chiquillo la miraba espantado.
+
+«Que él decida--indicó Juan José tomando al muchacho y poniéndole en
+medio de la sala--. _Riquín_, ¿quieres irte con tu madre?».
+
+Tan fuertemente negó con su cabezota, que se le cayó la mitra. En
+realidad es fuerte cosa que le propongan a un hombre abandonar su
+diócesis para irse con una mala mujer...
+
+«¿Que no, dices que no?».
+
+El chico dijo entonces claramente:
+
+«No _quielo_».
+
+Y echó a correr para dentro.
+
+«No vale, no vale, eso no vale--gritó Isidora con afán--. Mi hijo vendrá
+conmigo».
+
+A esto siguieron algunas lágrimas, y tomando entonces Castaño un tono
+conciliador, manifestó a la afligida madre que estando el niño en la
+ortopedia mejor que en ninguna parte, le dejase aquí. Quizás ella, por
+sus muchas ocupaciones de señora principal, no podría cuidar y atender a
+Su Ilustrísima como merecía, y así, quedándose él donde estaba, ganaban
+todos: los ortopedistas, porque conservaban a _Riquín_, a quien miraban
+como hijo; Isidora, porque estaría más ancha y podría campar por sus
+respetos libremente, y _Riquín_ porque no se vería separado de su
+cabildo. Isidora cedió, mas no sin obtener permiso para ir a ver a su
+hijo cuando quisiera.
+
+Y en efecto, venía dos, tres y hasta cuatro veces por semana, trayendo
+golosinas para _Riquín_ y sus camaradas, y además velas de cera, cálices
+de plomo, efigies, estampas del Sagrado Corazón, mitras, estolas, y por
+último un monumento de Semana Santa tan completo y hermoso que no había
+más que pedir. Algunas veces se encontraba allí con _la Sanguijuelera_,
+que también a menudo visitaba a su adorado Anticristo; y ambas
+regañaban, si bien Encarnación había perdido el humor festivo, y estaba
+muy caduca y suspirona, no pudiendo apartar de su mente ni un instante
+la deshonra que había caído sobre la familia. Cuando se hablaba de esto,
+las dos lloraban, y, olvidando toda rencilla, confundían sus almas en un
+solo sentimiento.
+
+Miquis no vivía ya frente a la ortopedia, ni visitaba tan frecuentemente
+a sus buenos amigos; pero siempre que iba a casa de Castaño preguntaba
+con mucho interés por Isidora. Pasados tres meses desde que la Rufete
+salió de la cárcel, Emilia, dando noticia al médico de las observaciones
+que hacía en la persona de aquella, le decía una noche:
+
+«Desde la primera vez que vino en esta temporada hasta ahora ha variado
+tanto... Y parece que va descendiendo, que cada día baja un escaloncito.
+La primera vez parecía una gran señora: traía un vestido de gro negro y
+un sombrero, que ya, ya... Poco después venía vestida de merino y con
+mantilla, algo desmejorada la cara. A la semana siguiente me pareció que
+su traje tenía algunas manchas, y sus botas algunos agujeros. Por fin el
+lunes de la semana pasada vino muy pálida y quejándose del pecho, con la
+voz ronca. El sábado creí observar en su cara algunos cardenales, y
+traía una mano liada. Ayer, señor doctor, vino con pañuelo a la cabeza,
+con bata de percal, zapatillas, la voz muy ronca, y lo más salado de
+todo fue... que me pidió dos reales... Debe de andar mal. Como
+siempre..., ¡qué carácter y qué vida!».
+
+Después hablaron del ser humano con quien Isidora vivía, y acerca de él
+dijo Miquis cosas tan atroces como verdaderas, de que se escandalizaron
+mucho Emilia y su marido. Aquel tal era jefe de garito, ruletista y
+empresario de ganchos, un caballero de condición tan especial, que si le
+mandaran a presidio (y no le mandarían), los asesinos y ladrones se
+creerían deshonrados con su compañía.
+
+«Nuestra pobre amiga--dijo Augusto--, llevada de su miserable destino, o
+si se quiere más claro, de su imperfectísima condición moral, ha
+descendido mucho, y no es eso lo peor, sino que ha de descender más
+todavía. Su hermano y ella han corrido a la perdición: él ha llegado,
+ella llegará. Distintos medios ha empleado cada uno: él ha ido con trote
+de bestia, ella con vuelo de pájaro; pero de todos modos y por todas
+partes se puede ir a la perdición, lo mismo por el suelo polvoroso que
+por el firmamento azul».
+
+Desde que fueron dichas por el sabio Miquis estas sentenciosas frases y
+otras que omitimos, Isidora estuvo muchos días sin presentarse en la
+casa de Emilia. Don José también se había eclipsado, por lo que estaban
+los de Castaño disgustadísimos y llenos de temor. Un día, por fin, entró
+Relimpio en casa de Miquis, y entre lloroso y turbado, le dijo:
+
+«Venga usted, venga usted, Sr. D. Augusto, a ver si la sana.
+
+--¿Qué hay, pero qué...? ¿está mala?--preguntó Miquis encasquetándose el
+sombrero y tomando el bastón.
+
+--No, señor..., sí, señor..., quiero decir que no está buena, aunque
+tampoco está enferma, porque ya se levanta.
+
+--Es decir, que ha estado mala.
+
+--Sí, señor.
+
+--¿Y por qué no me avisó usted, hombre de Dios, mejor dicho, hombre de
+todos los demonios?
+
+--Porque ella no quiso... Hoy, sin su permiso, vengo a buscarle a usted
+para que le quite de la cabeza...
+
+--¿Qué le he de quitar, hombre?
+
+--Una idea--dijo Relimpio, cuando ambos andaban aprisa por la calle.
+
+--¿Y cree usted que yo soy quitador de ideas?... Vamos a ver: ¿usted
+está en su sano juicio, o se ha mareado hoy?
+
+--No, Sr. D. Augusto; hace tiempo que no me mareo. Ella no me deja.
+Desde que vivimos juntos...
+
+--¿Cómo?
+
+--Sí; ese salvaje, ese canalla, ese asqueroso reptil, ese inmundo...,
+perdone usted, Sr. D. Augusto; me faltan palabras apropiadas... Para no
+cansar, ese basurero animado, la abandonó después de darle tantos
+golpes, que por poco la mata; después de cruzarle la cara... mire usted,
+por semejante parte, con un navajazo. Por fortuna su herida no fue
+grave, aunque le ha dejado una cicatriz que desfigura bastante aquel
+rostro celestial, aquel encantador palmito...».
+
+Se limpió una lágrima con la mano.
+
+«Pues sí; desde este suceso, la pobrecita, con los pocos cuartos que
+pudo salvar y la escasa ropa..., en fin, tomó un cuarto en la calle de
+Pelayo, número 93, piso cuarto, puerta número 6, y allí ha estado un mes
+retirada del mundo sin tratarse con nadie más que conmigo..., pero
+honradamente, Sr. D. Augusto, honradamente. Yo le juro a usted por lo
+más sagrado...».
+
+Y con la mano derecha abierta y puesta sobre el pecho como una
+condecoración, los ojos en blanco, protestó el anciano de su honesta
+conducta.
+
+«Lo creo, hombre, lo creo.
+
+--Yo la acompañé, yo la asistí, mientras se curaba; yo la he servido...
+¡Qué días, qué noches! Yo: «Voy a llamar a Miquis»; y ella: «No llame
+usted a Miquis ni a nadie; no quiero que nadie me conozca, soy una
+persona anónima, yo no existo». En fin, esta mañana me dijo unas cosas
+que me han partido el corazón.
+
+--¿Qué cosas?--preguntó Miquis deteniéndose en el portal de la casa y
+mirando atentamente al desgraciado viejo.
+
+--¡Ay!, ¡no puedo repetirlas!»--exclamó Relimpio llorando como un niño.
+
+
+=--IV--=
+
+Augusto subió y entró en la casa. Si pasmada y llena de turbación se
+quedó Isidora al verle, mayor fue el asombro y pena del joven médico al
+ver en deplorable facha y catadura a la que conoció en forma tan
+distinta. No sólo había perdido grandemente en el aspecto general de su
+persona, en su aire distinguido y decoroso, sino que su misma hermosura
+había padecido bastante, a causa del decaimiento general, y más aún del
+chirlo que tenía en la mandíbula inferior, bajo la oreja izquierda.
+Estaba ella planchando unas chambras, y la ligereza de su vestido
+permitía ver sus bellas formas enflaquecidas. Dejó la plancha y se sentó
+en un miserable sofá de paja. Un ratito no muy largo estuvo llorando, y
+después dijo así:
+
+«No quería que nadie me viese en este estado. Como pienso salir de él y
+hallarme en mejor posición, porque todavía... A ver, ¿qué tal me
+encuentras?
+
+--Muy mal, muy mal.
+
+--¿He perdido mucho? ¿No me respondes? He estado muy mala, ¡qué
+puño!...».
+
+Miquis no dijo nada. La sorpresa que le causó la voz ronca de Isidora, y
+más que la voz oír algunas expresiones que de la boca de ella se
+escaparon, túvole perplejo y mudo por breve rato.
+
+«Te encuentro muy variada; tú no eres Isidora.
+
+--Te diré... Yo misma conozco que soy otra, porque cuando perdí la idea
+que me hacía ser señora, me dio tal rabia, que dije: «Ya no necesito
+para nada la dignidad, ni la vergüenza». ¿Tú te enteras?... Por una idea
+se hace una persona decente, y por otra roía idea se encanalla. Pero no
+creas, todavía hay algo en mí que no perderé nunca, algo de nobleza,
+aunque me esté mal el decirlo... Mira tú, chavó, qué quieres..., el aire
+hace a la persona. He vivido tres meses entre perros de presa. No te
+asombres de que muerda alguna vez...
+
+--Sí, esa voz, esas expresiones, ese acentillo andaluz... Dime, ¿qué es
+lo que te queda de nobleza?
+
+--No sé, no sé...--dijo Isidora aturdida, cual si registrara en su
+corazón y en su pensamiento--. Me queda el delirio por las cosas buenas,
+la generosidad... ¿Sabes? Ayer no tenía más que dos duros; esta mañana
+vino una amiga a llorarse aquí..., total, que quedé sin un cuarto.
+
+--¿Necesitas algo?»--dijo Augusto llevándose la mano al bolsillo.
+
+Y sacó algunas monedas. Mirolas Isidora con codicia, alargó su mano
+hacia la mano de Augusto... De repente se contuvo diciendo:
+
+«No; todavía soy noble.
+
+--¿En qué consiste tu nobleza?
+
+--En que no recibo limosna... Pero por ser de ti...».
+
+Vacilaba, mirando alternativamente al rostro y la mano de Miquis. De
+súbito lanzó una exclamación no muy delicada y dijo:
+
+«¿Sabes?..., ya se me ha ido la delicadeza. Venga el dinero».
+
+Y antes que Miquis se lo diera, ella lo tomó de la mano de su amigo.
+
+«¿De qué te espantas, bobo?... ¿de mis nuevas maneras? Ahora soy así. Te
+diré... A los hombres, desplumarlos y sacarles las entrañas; quererlos,
+nunca. Sois muy antipáticos; os desprecio a todos.
+
+--¿Vas a meterte monja...?
+
+--¿De veras?... ¡Qué sombra! ¿Monja yo?
+
+--Ya sabes que Joaquín Pez ha venido de la Habana, casado con una
+americana muy rica. Da gusto verle, según está de contento y
+satisfecho».
+
+Isidora palideció. Después dijo:
+
+«Ya lo sabía... Toma, si le vi, le vi una tarde. Yo iba por la Red de
+San Luis y pasó él en coche. Me vio, pero el tunante fingió que no me
+veía. El corazón me dio un brinco; aquella noche lloré, pero ya me voy
+dominando y concluiré por aborrecerle también. Es un tipo.
+
+--Pero _Gaitica_...
+
+--¡Ah! Ese es de los que deben ser cogidos con un papel como se coge a
+las cucarachas, y luego tirados a la basura. Vamos, que sólo de mirarle
+se te ensucian los ojos...
+
+--Y sin embargo, le has querido.
+
+--¿Yo?... Hombre, tú estás malo. Que se te quite eso de la cabeza. Con
+decirte que me acordaba de Juan Bou y este me parecía un ramillete de
+rosas... ¡Pobre _Gaitica_! El día de la disputa ¡le escupí más...! Es un
+hombre con el cual no se debe hablar con palabras, sino con una
+zapatilla: es un bicho asqueroso. Aplastarlo y barrerlo luego. Pero qué
+quieres, mi destino, mi triste destino... Yo empeñada en ser bueno, y
+Dios, la Providencia y mi roío destino empeñados en que he de ser mala.
+Salí de la cárcel, le debía dinero, no tenía sobre qué caerme muerta, me
+llevó a su casa, me dio cuanto necesitaba, mucho más de cuanto
+necesitaba... Yo tengo este defecto de volverme loca con el lujo. Vi los
+trajes, el dinero y las comodidades, y no vi al hombre. Poco a poco se
+me fue dando a conocer el hombre. Principió por escatimarme los gastos.
+Cada día me parecía la vida más triste y él más horroroso. Y no lo digo
+por su cara, que no es mala, aunque sí de un tipillo afeminado que no me
+gusta. ¿Le conoces? Ya ves qué carita de Pascua, qué patillas de
+azafrán, y qué barba afeitadita y qué labios de carmín. Aquellas
+mejillas que parecen afeitadas me dan un asco... Pero donde aparece de
+oro el tal es en el trato. Coge la desvergüenza, la traición, la rapiña,
+la crueldad, júntalo todo, añádele toda la basura que puedas encontrar,
+revuelve, haz un muñeco, sopla, dale vida y tendrás al que ha sido mi
+señor y dueño durante tres meses: peor que Bou, peor que Botín y que
+Joaquín, el cual era ya más malo que Judas. En fin, los hombres sois
+todos unos. Hay que vengarse, perdiéndoos a todos y arrastrándoos a la
+ignominia. Nosotras nos vengamos con nosotras mismas.
+
+«Isidora, Isidora--le dijo Augusto con profunda pena--: valdría mil
+veces más que te murieras.
+
+--No pienso en tal cosa... Te diré. Cuando estaba en la cárcel quise
+matarme. La vida me pesaba como un sombrero de plomo. Cuando _Gaitica_
+me maltrató y no pude hacerle pedazos ni aplastarle con la zapatilla,
+también tuve un momento de bochorno, de ira y de desesperación en que
+quise suicidarme. Pero después me he serenado. Eso de matarse se deja
+para los tontos. El que quiera viaducto, con su pan se lo coma. A vivir,
+vidita, que vivir es lo seguro. Alma atrás... Lo quiere el mundo, pues
+adelante. Que la sociedad para arriba y la moral para abajo...; a hacer
+puñales. Yo me basto y me sobro. ¿No era yo noble? ¿No tenía buenas
+inclinaciones? ¿Pues por qué me cerraron la puerta?
+
+--Pobre mujer, todavía, todavía es tiempo...
+
+--¿De qué?
+
+--De adoptar una vida arreglada. Yo te buscaré trabajo.
+
+--No sé hacer nada.
+
+--Yo te pasaré una pequeña pensión...
+
+--Dirán que soy tu querida. Concluiré por serlo...
+
+--Búscate un modo de vivir. Vete con tu tía...
+
+--No hay _tu tía_, no, no...; déjame. ¿Para que has venido acá? Ni
+falta... Aire, aire. No necesito consejos.
+
+--Aborreces a Surupa, y, sin embargo, ¡cuánto se te ha pegado de él!
+Cuando recuerdo cómo eras y cómo eres, cómo hablabas y cómo hablas, no
+sé qué me da.
+
+--Así es el mundo: unos se quedan y otros se van Yo me fui, ¿te enteras?
+Yo me he muerto. Aquella Isidora ya no existe más que en tu imaginación.
+Esta que ves, ya no conserva de aquella ni siquiera el nombre.
+
+--Pues aquella era mi buena amiga--dijo Augusto con tesón--; esta me
+repugna».
+
+Isidora se conmovió al oír esto, pero disimulaba bien, esforzándose por
+una inexplicable modificación de su orgullo en parecer peor de lo que
+era.
+
+«Y no teniendo nada que hacer aquí--dijo Miquis levantándose--, me
+retiro».
+
+Isidora le miró de un modo que indicaba deseos de que no se marchara;
+pero después se inclinó de hombros.
+
+«Ya me han humillado tanto--murmuró entre dos suspiros--, que el ver
+salir al último amigo no me causa impresión.
+
+--Señor D. Augusto de mi alma--dijo a la sazón Relimpio, que hasta
+entonces, testigo mudo y doliente, no se había atrevido a decir nada--;
+no se marche usted y exhórtela, predíquele, y amonéstele para que se le
+quite... eso... de la cabeza.
+
+--¿Qué?
+
+--Eso.
+
+--¿Y qué es eso?
+
+--El disparate que quiere hacer. Vea usted cómo calla y se sonríe la
+pícara... A mí me lo ha dicho, pero a usted no se lo quiere decir.
+
+--¿Suicidio?
+
+--Por ahí...
+
+--No, no es suicidio--exclamó el anciano con desesperación, arrancándose
+(o tratando de arrancarse, que es más verosímil) un mechón de
+cabellos--. ¿Ve usted? Se ríe... Y que no diga que lo hace por no tener
+qué comer. Yo... aún puedo trabajar».
+
+Isidora, sin desplegar los labios, clavaba sus ojos en las ascuas de
+carbón sobre que se calentaban las planchas. Parecía que de aquel
+rescoldo ardiente y melancólico tomaba sus ideas.
+
+«Pues yo le he de quitar de la cabeza esas tontunas--dijo el médico
+inclinándose hacía ella y mirándola de cerca.
+
+--¿Sabes lo que te digo?--replicó Isidora con el tono insolente que se
+le había pegado de la sociedad gaitesca--. ¿Sabes lo que te digo? Que no
+me vengas con dianas, que no me marees. No te hago caso; el corazón se
+me ha hecho de piedra y mi cabeza es como esa plancha».
+
+Levantose, y murmurando no se sabe qué palabras, aunque es de suponer no
+serían de las más finas, tomó el pesado hierro y se puso a planchar con
+verdadera furia. Miquis se fue sin añadir una palabra, y D. José le
+siguió hasta la escalera con las manos cruzadas, el mirar compungido y
+suplicante.
+
+«Don Augusto de mi alma--le dijo--, por Dios, no la abandone usted...
+Mire usted que lo hace, y lo hace... y yo me muero...».
+
+
+
+
+Capítulo XVIII
+
+Muerte de Isidora.--Conclusión de los Rufetes
+
+
+Aunque Augusto no manifestó su propósito, lo tenía, y muy firme, de no
+abandonar a la infeliz mujer que tan sola y en peligro de ruina estaba.
+Volvió al día siguiente; mas quiso Dios que fuese aquel uno de esos días
+lúgubres que anublan la perpetua alegría de los meses de Madrid, uno de
+esos días, por desgracia no muy raros, en que el vecindario está
+tristísimamente impresionado por una terrible solución de la justicia
+humana, y encuentra, a su paso por ciertas calles, manifestaciones
+patibularias que llevan el pensamiento a cosas y personas de edad muy
+remota.
+
+Y en la tarde del día anterior, una mujer vestida de negro con un mantón
+echado por la cabeza, alta, flaca, vieja, semejante a una momia animada
+por la aflicción, acechaba en las proximidades del Palacio Real la
+salida y paso de un coche. Su ansiedad era grande, su esperanza débil,
+aunque poseía el más vivo fervor monárquico que ha existido quizás en el
+presente siglo. Su idea del poder, de la misión providencial de los
+reyes, y principalmente la semejanza que suponía entre el soberano
+visible y el Rey de los cielos, dábanle un poco de aliento. Por eso
+cuando salió el coche, avanzó ella a escape sin temor de ser atropellada
+por los caballos, llegó hasta la portezuela, y con la presteza del
+asesino que alarga el puñal, alargó un papel arrollado en forma de
+canuto. El papel cayó en el coche, y las dos personas que iban en este
+se inclinaron al mismo tiempo para cogerlo. ¡Oh dicha! Leían el
+memorial, o al menos pasaban la vista por él. ¿Quién sabe si accederían
+a lo que en él con formas tan respetuosas y sentimentales se solicitaba?
+Así como es propio del pueblo la ofensa, propio y digno de los reyes es
+el perdón. ¡El perdón! Ved aquí el punto de semejanza y parentesco con
+la divinidad. «¿Para qué servirían los reyes--dijo _la Sanguijuelera_
+concretando sus ideas monárquicas--, si no sirvieran para indultar?».
+
+La pobre mujer, en el momento de arrojar su papel dentro del coche,
+había lanzado con él una exclamación, que sintetizaba su respetuoso
+cariño hacia el primer personaje de la Nación, y su pena acerba y
+desgarradora: «Rey mío... Niño--Dios de España, piedad para un
+desgraciado loco».
+
+Había invocado la juventud, la grandeza, el sentimiento religioso, para
+interesarlos en su cuita. Satisfecha de lo que había realizado, y con
+cierta confianza en el éxito, se dirigió lentamente hacia el Saladero.
+¡Largo y tremendo día, inmensa y pesada noche! Hay horas que parecen
+pedazos arrancados a las pavorosas eternidades del infierno. _La
+Sanguijuelera_ esperaba, esperaba, y el indulto no aparecía. La infeliz
+mujer, tan prendada de los poderes autoritarios, no sabía que el
+Soberano tiene una esposa, la Ley, y que, según el arreglo que hemos
+hecho, con el anillo nupcial de este himeneo se han de sellar lo mismo
+la sentencia que el perdón.
+
+Hemos dicho que Augusto volvió a la casa de Isidora. Encontrola en el
+estado más deplorable, sentada en un rincón del cuarto, tras un sofá
+viejo, los pies desnudos, el vestido muy a la ligera, encorvada sobre sí
+misma, en desorden el precioso cabello. Con ambos índices se tapaba los
+oídos, y su mirar revelaba espanto de pesadilla. Contemplábala Augusto
+sin saber por dónde empezar su empresa caritativa, cuando D. José se le
+acercó y con voz cautelosa le dijo:
+
+«Amigo Miquis, hoy no hemos comido. Día tremendo es hoy...; ya puede
+usted suponer por qué está tan afligida».
+
+Augusto dio dinero a Relimpio para que trajese con qué arreglar una
+buena comida, y quiso tranquilizar a Isidora y obligarla a que se
+acostase. Ella no decía más que esto: «¡Hoy!, ¡hoy!».
+
+Ya de regreso el padrinito, lograron ambos, a fuerza de persuasiones y
+añadiendo a ellas algo de violencia, que Isidora se acostase. Relimpio
+preparó la comida. Augusto consolaba a su amiga con las frases más
+escogidas, con los pensamientos más cristianos que le sugería su rica
+imaginación; pero toda su dialéctica, engalanada de formas poéticas y de
+bonitas paradojas, no logró llevar la serenidad al perturbado espíritu
+de la pobre mujer. Esta le dijo:
+
+«Mañana, mañana me tocará a mí».
+
+Dicho esto, su silencio fue absoluto durante todo el día. Miquis y D.
+José le hacían mil preguntas, pero ella no contestaba nada. Por la noche
+Augusto, después de prescribirle el reposo, se retiró seguro de hallarla
+mejor al día venidero, lo que no resultó cierto, porque a la siguiente
+mañana encontró el médico en su infeliz enferma el mismo silencio, la
+mismo apatía lúgubre y la propia indiferencia del día precedente.
+Isidora, no obstante, comió con mediano apetito, y Miquis no hallaba en
+ella síntomas claros de enfermedad. Don José suspiraba a cada instante;
+iba y venía sin cesar de una parte a otra de la casa con gran
+desasosiego. Por la tarde, cuando Miquis, después de su tercera visita,
+se retiraba, D. José cuchicheó con él en la escalera.
+
+«No nos abandone usted, señor doctor--le dijo angustiadísimo--. Hemos de
+estar con cien ojos... Hay moros por la costa...
+
+--¿Qué es eso?
+
+--Que aunque parece que no habla, habla, sí, señor; hoy a las doce
+estuvo aquí una mujer que la viene persiguiendo hace días... Es un
+dragón, ¿me entiende usted?... Pues Isidora charló largamente con ella.
+No pude entender lo que decían, porque me mandó salir fuera; pero
+hablaban con animación, y la mujer aquella, a quien vea yo partida por
+un rayo, le enseñaba, ¡ay!, muestras de vestidos.
+
+--Veremos; habrá que hacer algo decisivo--dijo Augusto bajando
+pausadamente los últimos escalones--. Mañana temprano vendré con Emilia,
+_Riquín_ y Encarnación. Trataremos de llevárnosla a cualquier parte».
+
+Don José movió la cabeza con expresión de profundísima incredulidad, y
+cerrando la puerta con llave, se guardó ésta en el bolsillo.
+
+Isidora dormía, al parecer, sosegadamente; D. José, que desde algún
+tiempo antes se había sometido a un meritorio régimen de sobriedad en
+alimento y lecho, se recostó vestido en un sofá de paja, frontero a la
+cama de su ahijada, el cual le servía de punto de acecho o vigilancia
+para no perder ni el más ligero movimiento de la enferma. Toda la noche
+ardía una vela, puesta dentro de una jofaina. Así, desde que Isidora
+parecía intranquila, D. José se levantaba diligente y acudía junto a
+ella.
+
+Las diez serían cuando Relimpio, que había descabezado un sueñecillo,
+despertó con sobresalto porque oyó la voz de Isidora. ¿Había alguien en
+la habitación? No, no había nadie. Isidora hablaba consigo misma. Don
+José la miraba sin moverse de su duro y martirizante sofá; pero su
+atención se trocó en asombro al ver que la joven se levantaba, se
+vestía, aunque a la ligera, echándose la bata, se calzaba y se dirigía
+al mezquino tocador próximo a su lecho. Un terror acongojante y como
+supersticioso que se amparó del bueno de D. José, le impedía moverse y
+hablar. Le parecía contemplar una escena de sonambulismo, o quizás ser
+víctima de un fenómeno óptico, formado y como vaciado en su propia
+mente. «Puede ser--se dijo--que esto que veo sea un sueño mío y que la
+pobrecita esté tan tranquila en su cama, mientras yo la veo levantada y
+enredando en el tocador».
+
+Isidora, pues ella misma era y no una vana imagen, se miró largo rato en
+el espejo. Aunque este era pequeño y malo, ella quería verse, no sólo el
+rostro, sino el cuerpo, y tomaba las actitudes más extrañas y violentas,
+ladeándose y haciendo contorsiones. La ligereza de su ropa era tal, que
+fácilmente salían al exterior las formas intachables de su talle y todo
+el conjunto gracioso y esbelto de su cuerpo. Don José se quedó lelo,
+frío, inerte, cuando oyó estas palabras, pronunciadas claramente por
+Isidora:
+
+«Todavía soy guapa..., y cuando me reponga seré guapísima. Valgo mucho,
+y valdré muchísimo más».
+
+Luego empezó a recoger tranquilamente algunas prendas de ropa que
+estaban arrojadas en diversos lugares de la estancia, y con ellas formó
+un lío. Entonces el santo varón hizo un esfuerzo para vencer su inercia
+terrorífica, se sacudió todo y con una fuerte voz dijo:
+
+«Niña mía, ¿a dónde vas?
+
+¡Ay!--exclamó ella sobresaltada, dando un chillido--. Me ha asustado
+usted. Yo creí que estaba sola».
+
+¡Sola! Según eso, D. José era un mueble. Esta idea causó al infeliz
+viejo grandísima aflicción.
+
+«¿Pero qué haces, mujer? ¿Te has vuelto loca? Estás enferma y te
+levantas así...
+
+--¿Enferma yo?--dijo Isidora echándose a reír con descaro--. Usted sí
+que lo está, de la cabeza, lo mismo que ese tonto de Miquis. Yo estoy
+buena y sana.
+
+--¿Pero a dónde vas?
+
+--A la calle.
+
+--¡A la calle! ¿Y qué vas a hacer en la calle? ¿Necesitas algo? Yo
+saldré.
+
+--Ea, ea, no sea usted majadero. Acuéstese usted, duerma si tiene sueño,
+y déjeme a mí, que yo sé lo que tengo que hacer. No dependo de nadie,
+¿estamos? Soy dueña de mi voluntad, ¿estamos?».
+
+La determinación firme que revelaban estas palabras llevó al bendito D.
+José a las más elevadas regiones del pasmo, del aturdimiento, de la
+confusión. Antes que él pudiera decir algo, Isidora prosiguió de este
+modo:
+
+«Me fastidia usted con su preguntar, con su entremeterse en todo, con
+sus cuidados tontos...».
+
+Cada palabra era como un golpe de maza en el bondadoso corazón de
+Relimpio, el cual, a punto de romper a llorar, se incorporó en el macizo
+lecho y habló así:
+
+«Hija mía, yo te quiero más que a las niñas de mis ojos. Me intereso por
+ti, por tu bien, y no quiero que hagas disparates, ni que te pase mal
+alguno...
+
+--Yo también le quiero a usted; pero... vamos, deseo ser libre y hacer
+lo que se me antoje, sin que usted venga con sus mimos, ¿estamos?
+
+--Todo sea por Dios--dijo Relimpio, conociendo que había llegado la
+ocasión de mostrar energía--. Sospecho que vas a mala parte, sospecho
+que te perderemos para siempre, y no te puedo abandonar, no; tú eres lo
+que más amo, te quiero más que a mis hijas, porque te quiero de dos
+maneras, como padre y como..., en fin, yo me entiendo. Si, como
+sospecho, quieres perderte, quieres infamarte, no lo consentiré mientras
+tenga un aliento de vida; primero te rogaré, te suplicaré aunque me sea
+menester ponerme de rodillas delante de ti».
+
+Hallábase tan acongojado, que la frase se le retortijó en la garganta, y
+juzgando que más que las palabras serían elocuentes las actitudes, se
+hincó delante de su ahijada, y le tomó las manos para besárselas, y
+luego que pasó un rato en estas mímicas, conmovidos ella y él, pudo
+articular Relimpio estas palabras:
+
+«Niña mía, no des ese paso, detente...
+
+--¡Qué desgracia!...--murmuró ella llevándose la mano a los ojos, como
+para disimular una lágrima--. ¿Y quién me va a mantener?
+
+--¡Yo!--exclamó Relimpio dándose un golpe tan fuerte en el pecho que
+este resonó en hueco como una caja.
+
+--¡Usted!... ¡Ay, qué gracia! ¡Si usted más está para que le mantengan
+que para mantener!
+
+--Trabajaré.
+
+--Sí, y comeremos cañamones... Padrino, padrino, déjeme usted en paz; no
+se meta usted en mis cosas... Yo vengo pensando hace tiempo lo que debo
+hacer; he tomado un partido, y ya no me vuelvo atrás».
+
+El anciano había vuelto al sofá, donde estaba reclinado, sin fuerzas
+para seguir adelante en la lucha.
+
+«Mira--le dijo, echando lumbre por los ojos--, yo puedo trabajar...;
+pediré un destino y me lo darán...
+
+--¡Qué inocencia!
+
+--Y con lo que yo gane y algo que te darán Emilia y Miquis, viviremos
+tan ricamente.
+
+--Sí, muy ricamente--replicó Isidora con terrible ironía--. ¡Miserias,
+harapos, suciedad, escaseces, privaciones! Guarde usted todo eso para
+los tórtolos simples que lo quieran.
+
+--Si es que te dan pesadumbre algunos hechos de tu vida pasada, no
+trates de borrarlos con una vergüenza mayor--dijo Relimpio, sintiéndose
+dotado por la Providencia, en aquel instante, de una lucidez filosófica
+que no era propia de él--. Lo mejor es que borres lo pasado con una
+conducta ejemplar. ¿Quieres un nombre, una posición? Pues yo te daré
+ambas cosas. Óyeme--añadió solemnemente--; yo me casaré contigo; y para
+que no interpretes mal mi ofrecimiento, te prometo no ser tu esposo más
+que en el nombre y mirarte como una hija».
+
+Por lástima del pobre viejo no se echó a reír Isidora con el desenfado
+que había adquirido últimamente. En la pérdida de tantas nobles
+cualidades conservaba algo de piedad.
+
+«¿Conque nombre y posición?--dijo--; gracias, gracias; es usted muy
+bueno. ¿Conque no puedo con mi nombre y quiere usted que tome otro sobre
+mí? ¡Qué puño!... Si pudiera desbautizarme y no oír más con estas orejas
+el nombre de Isidora, lo haría... Me aborrezco; quiero concluir, ser
+anónima, llamarme con el nombre que se me antoje, no dar cuenta a nadie
+de mis acciones.
+
+--¡Isidora!...
+
+--Ya no soy Isidora. No vuelva usted a pronunciar este nombre».
+
+¡No pronunciarle más, cuando a él le parecía tan dulce, tan armonioso,
+cifra y compendio de la melodía infinita! Echó D. José un gran suspiro y
+tras él estas palabras:
+
+«Ha sido una tontería que te ofrezca la mano y el nombre de un viejo
+caduco. Tú no puedes vivir sin amor. ¿Cómo habías de quererme a mí, que
+sólo tengo juventud en el corazón?... Óyeme...».
+
+Cada vez que decía «óyeme» tomaba una actitud sacerdotal y el tono más
+solemne del mundo.
+
+«Óyeme. Tú has amado a un solo hombre; ese hombre ha vuelto de la
+Habana. De todos tus amantes, él era el más simpático, el más caballero.
+Antes que verte caminar a la última degradación, consiento en que
+reanudes tus amores con él. No me gusta esto, pero antes que lo otro...
+yo me entiendo. ¿Quieres que le lleve un recadito tuyo, quieres que le
+busque, que le hable de ti?... Odiosa misión, hija mía; pero si con ella
+te aparto de la ignominia final, creeré realizar una acción meritoria.
+
+--¿Joaquín, ese pillo?... Le diré a usted... Siempre que le veo, me da
+un vuelco el corazón. Le quise y aún me parece que podría volver a
+quererle... Pero déjele usted donde está. Yo estoy mejor así. Es un
+canalla ingrato... Y bastante hemos hablado, Sr. D. José. Yo me
+marcho...
+
+--Por Dios, mujer...
+
+--He dado mi palabra.
+
+--Esas palabras no se cumplen. ¿De modo que no te veré más?
+
+--Vendré por aquí... No se mueva usted de esta casa. Yo le daré algo
+para que se mantenga y pague el alquiler...».
+
+Relimpio tembló con sudor frío.
+
+«Por mi hijo y por usted consiento en ser Isidora algunos ratitos.
+Conque... abur, abuelo...».
+
+Corrió hacia la puerta, y hallando que no estaba la llave en ella, como
+de costumbre, retrocedió para buscarla.
+
+«No, no te doy la llave; no saldrás mientras yo viva»--exclamó D. José,
+haciéndose superior a sí mismo y mostrando la energía que a veces surge
+del flaco ánimo de los débiles, como en ciertos momentos de crisis las
+sublimidades brotan del cerebro de los tontos.
+
+Isidora le miró con ira, y respiró fuerte apretando contra el talle el
+lío de ropa.
+
+«¡La llave, la llave!
+
+--No saldrás sino pasando sobre mi cadáver»--gritó con cavernosa voz
+Relimpio, sintiéndose héroe de teatro.
+
+Y al decirlo, oprimía contra su pecho la llave para protegerla de un
+ataque de su enemiga.
+
+«Vamos, vamos, que no tengo ganas de bromitas--dijo la de Rufete
+encolerizada--. Venga la llave, o la tomaré dondequiera que la
+encuentre. Mire usted que ya no soy lo que antes era: de cordera, me he
+vuelto loba. Ya no soy noble, Sr. D. José; ya no soy noble.
+
+--Pero aunque no seas noble, no serás capaz de ultrajar a tu pobre
+viejo, a tu padre...».
+
+Acompañadas de lágrimas, estas palabras eran harto elocuentes.
+
+«Vamos, abuelito, que ya me canso, que se me acaba la paciencia, que las
+simplezas me cargan, que no estoy de humor de mimos...».
+
+Y con la loca impaciencia, airada, insensible para todo lo que no fuera
+su deseo y propósito, avanzó las manos contra el viejo, le atenazó los
+brazos, le sacudió un momento... ¡Ay!, ¡ay! Relimpio sintió que sus
+brazos se volvían de algodón. Como si el roce de la piel de Isidora
+fuese un contacto mortífero, se quedó echo una momia. Y mientras ella le
+quitaba la llave, él, inerte, sin vida, la miraba con espanto, y no
+podía defenderse, ni sabía detenerla, ni era dueño de ninguna de las
+energías de su ser, como no fuera de la voz, pues allá casi entre
+dientes pudo articular tres sílabas y decir: «¡Bribona!...».
+
+Isidora marchó hacía la puerta. Bruscamente arrepentida de su acción,
+retrocedió hacia el sofá donde estaba la yacente estatua de Relimpio, le
+miró un sí es no es conmovida (todavía era algo noble), y poniéndole la
+mano sobre la cabeza llena de canas, le dijo:
+
+«Padrinito, le he ofendido a usted..., pero... no lo puedo remediar.
+Este es mi destino...; quizás no nos veremos más... Adiós».
+
+Tuvo la singularísima piedad de inclinar sobre él su rostro y darle un
+rápido beso sobre las venerables canas. Él no tuvo fuerzas ni espíritu
+más que para verla salir. Salió, efectivamente, veloz, resuelta, con
+paso de suicida; y como este cae furioso, aturdido, demente en el abismo
+que le ha solicitado con atracción invencible, así cayó ella despeñada
+en el voraginoso laberinto de las calles. La presa fue devorada, y poco
+después en la superficie social todo estaba tranquilo.
+
+Don José se levantó, anduvo como desconcertada máquina hasta un
+aposentillo interior donde tenía sus trastos, y tanteando con las
+temblorosas manos en la obscuridad, encontró una botella. Apuró del
+contenido de ella porción bastante, y al tratar de volver al sofá, las
+piernas le faltaron y cayó rodando en mitad del aposento.
+
+Como la puerta había quedado abierta, Miquis, Emilia y _Riquín_ entraron
+sin necesidad de fatigar la campanilla a una hora que, según cálculos
+aproximados, debía de ser la de las nueve de la mañana del día
+siguiente. Y como vieran a don José tendido en el suelo sin compañía, al
+punto coligió Miquis que Isidora estaba ausente. Mientras Emilia corría
+veloz al socorro de su padre, que parecía como a dos dedos de la muerte,
+Augusto hizo un rapidísimo reconocimiento de la habitación, buscando a
+Isidora. ¡No estaba!
+
+«¡Se ha ido, se ha ido!»--exclamó poniéndose de rodillas junto al pobre
+viejo para prestarle algún auxilio.
+
+Con un poco de trabajo transportaron a Relimpio al sofá, donde le
+tendieron, y él entonces entreabrió los ojos y los labios echando una
+mirada y un suspiro sobre el mundo, de que se alejaba para siempre. La
+notabilísima alteración de las facciones del anciano alarmó a Miquis, el
+cual respondía con muda expresión de desconsuelo a las apremiantes
+interrogaciones de Emilia.
+
+«¿Pero esto es embriaguez... o qué?...»--preguntó la atribulada hija.
+
+Y al oírlo D. José se reanimó de súbito, como la llama moribunda que se
+revuelca en las tinieblas; echó su espíritu un resplandor de vida, y
+moviendo la lengua, no menos pesada que la de una campana, dijo
+pausadamente estas palabras:
+
+«La hurí ha bajado a los infiernos, y yo voy... en busca suya».
+
+A la sazón entraron algunos vecinos, y se ofrecieron a prestar los
+servicios propios del caso. Miquis, sin dejar de tomar disposiciones,
+veía que los remedios serían inútiles. Cerca ya del fin, el espíritu de
+D. José volvió a relampaguear, diciendo con expresión enamorada y
+caballeresca:
+
+«La amé y la serví... Fui su paladín... Mas ved aquí que la ingrata
+abandona la real morada y se arroja a las calles. Vasallos, esclavos,
+recogedla, respetad sus nobles hechizos. Tan celestial criatura es para
+reyes, no para vosotros. Ha caído en vuestro cieno por la temeridad de
+querer remontarse a las alturas con alas postizas».
+
+Oyendo estos disparates, Emilia era un mar de lágrimas. Miquis la llevó
+a un cercano aposento, y en él la encerró con el pobre _Riquín_, que
+también lloraba, para que ambos no presenciasen el fin del buen
+Relimpio, el cual ocurrió media hora más tarde, y fue tranquilo y suave.
+Su muerte remedó el dulce acceso de embriaguez que le transportaba,
+mediante una breve toma, desde las miserias de la realidad a las
+delicias de una vida apócrifa, compuesta con extraños fingimientos de
+juventud, pasión y energía. ¿Entraba al fin en un mareo eterno? ¿Iba ya
+derechamente a ser el noble, enamorado y valiente caballero, defensor y
+amparo de la hurí en las edades sin término y en los espacios sin
+medida? José, eres un ángel.
+
+Abrazando estrechamente a _Riquín_ y cubriéndole de besos la cara,
+Emilia le decía:
+
+«Tan huérfano eres tú como yo; pero en mí tendrás la madre que te falta.
+Aquella mamá tuya no existe ya, se ha ido para siempre y no volverá; se
+ha caído al fondo, hijo mío, al fondo... Ya lo entenderás más adelante».
+
+
+
+
+Capítulo XIX
+
+Moraleja
+
+
+Si sentís anhelo de llegar a una difícil y escabrosa altura, no os fiéis
+de las alas postizas. Procurad echarlas naturales, y en caso de que no
+lo consigáis, pues hay infinitos ejemplos que confirman la negativa, lo
+mejor, creedme, lo mejor será que toméis una escalera.
+
+Madrid.--Junio de 1881
+
+FIN DE LA NOVELA
+
+
+
+
+
+
+End of the Project Gutenberg EBook of La desheredada, by Benito Pérez Galdós
+
+*** END OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK LA DESHEREDADA ***
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+Produced by Chuck Greif
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+To learn more about the Project Gutenberg Literary Archive Foundation
+and how your efforts and donations can help, see Sections 3 and 4
+and the Foundation web page at https://www.pglaf.org.
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+Section 3. Information about the Project Gutenberg Literary Archive
+Foundation
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+The Project Gutenberg Literary Archive Foundation is a non profit
+501(c)(3) educational corporation organized under the laws of the
+state of Mississippi and granted tax exempt status by the Internal
+Revenue Service. The Foundation's EIN or federal tax identification
+number is 64-6221541. Its 501(c)(3) letter is posted at
+https://pglaf.org/fundraising. Contributions to the Project Gutenberg
+Literary Archive Foundation are tax deductible to the full extent
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+business@pglaf.org. Email contact links and up to date contact
+information can be found at the Foundation's web site and official
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+For additional contact information:
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+ Chief Executive and Director
+ gbnewby@pglaf.org
+
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+Section 4. Information about Donations to the Project Gutenberg
+Literary Archive Foundation
+
+Project Gutenberg-tm depends upon and cannot survive without wide
+spread public support and donations to carry out its mission of
+increasing the number of public domain and licensed works that can be
+freely distributed in machine readable form accessible by the widest
+array of equipment including outdated equipment. Many small donations
+($1 to $5,000) are particularly important to maintaining tax exempt
+status with the IRS.
+
+The Foundation is committed to complying with the laws regulating
+charities and charitable donations in all 50 states of the United
+States. Compliance requirements are not uniform and it takes a
+considerable effort, much paperwork and many fees to meet and keep up
+with these requirements. We do not solicit donations in locations
+where we have not received written confirmation of compliance. To
+SEND DONATIONS or determine the status of compliance for any
+particular state visit https://pglaf.org
+
+While we cannot and do not solicit contributions from states where we
+have not met the solicitation requirements, we know of no prohibition
+against accepting unsolicited donations from donors in such states who
+approach us with offers to donate.
+
+International donations are gratefully accepted, but we cannot make
+any statements concerning tax treatment of donations received from
+outside the United States. U.S. laws alone swamp our small staff.
+
+Please check the Project Gutenberg Web pages for current donation
+methods and addresses. Donations are accepted in a number of other
+ways including including checks, online payments and credit card
+donations. To donate, please visit: https://pglaf.org/donate
+
+
+Section 5. General Information About Project Gutenberg-tm electronic
+works.
+
+Professor Michael S. Hart was the originator of the Project Gutenberg-tm
+concept of a library of electronic works that could be freely shared
+with anyone. For thirty years, he produced and distributed Project
+Gutenberg-tm eBooks with only a loose network of volunteer support.
+
+
+Project Gutenberg-tm eBooks are often created from several printed
+editions, all of which are confirmed as Public Domain in the U.S.
+unless a copyright notice is included. Thus, we do not necessarily
+keep eBooks in compliance with any particular paper edition.
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+Most people start at our Web site which has the main PG search facility:
+
+ https://www.gutenberg.org
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+This Web site includes information about Project Gutenberg-tm,
+including how to make donations to the Project Gutenberg Literary
+Archive Foundation, how to help produce our new eBooks, and how to
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